Hijiene de la INFANCIA por el Dr*Jacinto Ugarte Fundador i director de la Policlínica de niños de la Caridad Santiago de Chile Imprenta Gutenberg 38-Estado~38 1887 INTRODUCCION En el gran banquete de la vida, según a pintoresca espresion de un poeta, toma asiento una ávida muchedumbre; mas, mu- chos de los convidados dejan su asiento yació i se levantan ántes de terminarlo. En efecto ¡cuántas existencias cegadas il primer albor de la vida, ántes que hayan lodido darse cuenta de su propia indivi- ualidad; cuántas, cuando apénas han em- lezado a pagar con sus inocentes caricias ¡1 tributo de gratitud de que son deudores i la abnegación i al solícito anhelo de sus ladres; cuántos, cuando empezaban a vis- lumbrar un risueño porvenir; cuántos, en la plenitud del vigor i de la vida, dejando en dos de sí el eco dolorido del hogar que :pieda sin el padre o sin la madre, i cuán locas, en fin, llegan al término natural de a humana existencia, que es tan breve! Es necesario suponer, sin embargo, que oda criatura humana tiene su papel en la INTRODUCCION creación, i que la muerte anticipada viene í impedir su cumplimiento. No es posible aceptar que si las plantas por sus brotes o sus semillas están llama- das a renovar i perpetuar el reino vejetal, i la especie animal por sus jeneraciones su- cesivas a mantener la vida i la juventud de las razas, no es posible aceptar, decimos, que al jénero humano, es decir, al tipo mas acabado i mas perfecto de la creación, le sea dado empezar i concluir su existencia sin que se vea el móvil o el fin de este rá- pido tránsito. Según las mas antiguas tradiciones reli- jiosas que conserva la humanidad, al darei Hacedor la vida al primer hombre le dijo: creced i multiplicaos. Es decir, desarrollad las fuerzas físicas e intelectuales que exis- ten en jérmen en vuestra naturaleza, i para que esas facultades adquiridas no se pier- dan, multiplicaos a fin de que las jen da- ciones que vengan las aprovechen i acre- cienten. Esta tradición esc o a ■ su favor el as fitími f la misión d ; feccionamh -o ce, > i n r INTRODUCCION Ahora bien ¿cuántos de los infinitos que mueren ántes de tiempo serian, si alcanza- ran al término natural déla vida, intelijen- :ias esclarecidas que podrían dilatar el horizonte de los conocimientos humanos i, ademas, cuántos corazones jenerosos que habrían podido derramar inagotable savia Je abnegación, de amor i de ternura para mitigar, en lo posible, los inmensos dolo- res i las grandes amarguras que aflijen a la masa social? Si un sentimiento instintivo no nos hicie- ra mirar con profunda pena tan asombrosa como prematura mortalidad de la especie humana, un sentimiento de egoísmo nos haría desear que quedara reducida a mas estrechos límites. En efecto, la estadística de la mortalidad, 3on el rigor de sus números nos manifiesta- '[ue una tercera parte de los que nacen no ilcanza a pasar de los cinco años, i la de nuestra querida tierra es con mucho supe- rior a la de todos los países de Europa i América que llevan una estadística prolija. Así, miéntra« que en Inglaterra mueren 26 ñor ciento, en Francia 29, en España 36, -n Italia 39, en Nueva York 45, en Chile INTRODUCCION mueren no ménos de 50; de tal manera quf a la edad de siete años la mortalidad oscila entre 58 i 60 por ciento. Tomando en consideración las diversa* causas físicas que obran para producir te mortalidad ¿se puede decir que la propor- ción señalada a los diversos países es ine- vitable, necesaria? Léjos de eso. La mis ni; estadística nos manifiesta que allí donde sí prodiga al niño los cuidados que la frajili- dad de su naturaleza requiere, la mortalidad es inmensamente menor. Asi se esplica que siendo en Inglaterra de 26 por ciento come queda dicho, no exceda del 15 por cíente entre la clase aristocrática i el clero, que en Noruega pais sumamente frío, la mor- talidad sea menor que en el resto de la Eu- ropa, pero en el cual la lactancia mater- na es la regla, i por fin, que en Chile los estranjeros solo pierdan un 25 por ciento siendo como liemos visto el común de las defunciones de 50 por ciento. El abandono, el frió, la miseria, la escasa o mala ali poderosas m \ - fie: Es un lie te se ceba uio¿ «.« INTRODUCCION nados, provenientes de alianzas ilejítimas, en las cuales la madre no puede ordinaria- mente criar a su hijo, i en caso de hacerlo carece de los medios de subsistencia nece- sarios para proporcionarle una leche abun- dante i rica. No pudiendo criar la madre, el niño es entregado a una ama mercenaria que lo sustenta a menudo a media leche, i que cuando la que tiene es escasa lo ali- menta con leche de vaca, mazamorras u otras sustancias inaparentes, i que tarde o temprano producen fatales resultados. Si es posible, pues, reducir la mortalidad jeneral i la de Chile en particular a inferio- res proporciones, debemos poner todo em- peño en obtenerlo, i a tal proposito va enca- minado este trabajo. La corriente de la actual civilización, al mismo tiempo que tiende a profundizar i ensanchar los conocimientos adquiridos, se inclina también a jeneralizarlos por medio de la instrucción del pueblo i de una vasta publicación. ; . argo, es necesario no hacerse c. ña ciencia, como conocimiento iH.do, i telijente i completo en cuales- ■ -¡ de s variadas esferas, permanecerá INTRODUCCION siempre limitada i siendo el patrimonio de unos pocos. No todos pueden vivir del estudio pacien- te del gabinete, i por lo mismo la jeneralidad no podrá poseer sino conocimientos o no- ciones jenerales, útiles, sin duda, pero de ninguna manera completas para poder for- mar en cualquiera materia un juicio preciso i correcto. No se puede en la actualidad ser enciclo- pedista, porque el campo de los conoci- mientos es cada dia mas vasto i, como se comprende, miéntras mas se abarca en superficie mas se pierde en profundidad. Si lo que decimos es exacto tratándose de las ciencias en jeneral, lo es aun mas tra- tándose de los conocimientos de la ciencia del hombre o de la medicina. Las prolon- gadas i pacientes investigaciones de anato- mía i fisiolojía, de patolojía i terapéutica, sobre el vivo o sobre el cadáver, con los medios ordinarios de esploracion o valién- dose del microscopio, son demasiado nu- merosas para que puedan, no diremos je- neralizarse, pero ni siquiera abarcarlas el médico. Es indispensable limitar i circunscribir eí INTRODUCCION campo para poderlo cultivar con fruto. Es por eso que cada dia se va haciendo mas común dedicarse a una especialidad, a un círculo mas reducido i mas modesto que permita al que lo abarque estudiar con mas precisión sus detalles. Partiendo de esa base, creemos que la medicina, por lo mismo que afecta directa- mente los intereses mas vitales del indivi- duo i de la sociedad, i que tiene por objeto la conservación de la salud i la curación de las enfermedades, no puede confiarse a manos inespertas. Si en las demas ciencias aquello de que lo que se pierde en profundidad se gana en superficie no tiene inconvenientes se- rios, en medicina no sucede lo mismo, porque un lijero error cometido puede sig- nificar un gran trastorno al que lo sufre i en algunos casos la vida misma. No sin razón, pues, la jen te ilustrada pre- fiere, para curar sus dolencias, a aquellos mío nnsppn mas ciencia i mas prudencia. El vulgo* :pie no sabe discernir, llama al primer titulado, i er aficionado. El vid- es la jeneralidad, cree INTRODUCCION que recorriendo un libro de patolojía i le- yendo el capítulo que corresponde a una enfermedad, queda perfectamente impuesto de ella i en aptitud de discurrir i de reco- mendar algunos de los medios indicados. Son pocos los que, tratándose de algún amigo enfermo, no tienen algún famoso re- medio que lia producido admirables efectos en otros casos análogos, encareciendo por lo mismo la conveniencia de su aplicación, i no faltan cándidos que posponen las pres- cripciones del médico para ensayar el re- medio recomendado por un aficionado que no sabe ni el bien ni el mal que puede ha- cer al enfermo. No, la práctica de la medicina exije co- nocimientos claros i precisos para no esponer la salud i la vi tía del paciente, i esos conocimientos no podrán vulgarizarse nunca. Mas, si el arte de curar tiene que ser el patrimonio de algunos, en cambio, el arte de conservar la salud puede i debe ser el patrimonio de todos, i, por lo mismo, la vul- garización de la hijiene pública i privada es una imperiosa necesidad. La hijiene tiene, en efecto, por objeto INTRODUCCION colocar al hombre por medio de sus indica- ciones prácticas en la situación mas ade- cuada para alcanzar el desarrollo i conser- vación de sus facultades físicas, intelectua- les i morales. Siendo así, es innegable que no hai conocimientos que redunden en mas directo beneficio del individuo i de la so- ciedad. Los preceptos de la hijiene tienen ade- mas la gran ventaja de que nunca perjudi- can, sino que, al contrario, su severa i constante observancia es el mas poderoso blindaje contra los ajenies tanto interiores como esteriores que tienden a trastornar la salud. Es increíble que, dado el estado actual de nuestro progreso, se relegue al olvido una materia tan importante, i en vez de ser la hijiene uno de los ramos de preferente en- señanza en las escuelas de instrucción pri- maria, permanezca eliminada del breve pro- bara dar preferencia a m.n como ¡a je.'a rafia, el dibujo, la j'»ns¡ ,< - . o sí de provechoso co- ime i- .:’:;’'»'' ho de tener el inte- res hu a (piel la. ('■<- e.v ■ ra el principia run- INTRODUCCION damental de la ciencia entre los antiguos pueblos civilizados, griegos i romanos, i ¿quién se atrevería o sostener en nuestros dias que esa base científica ha perdido su primitiva importancia? ¿Quién se atrevería a sostener que el conocimiento, por limi- tado que sea, de la estructura i disposición de los diversos órganos del cuerpo i de las funciones que desempeñan, como los me- dios de evitar las perturbaciones a que están espuestos, no son de una utilidad in- discutible? I, sin embargo, es triste confe- sarlo, son bien pocos los que, pasando en la sociedad como hombres ilustrados, pue- dan decir que no les es ajeno el conoci- miento de la admirable máquina humana. Mas, ya que no es posible por ahora que el estudio de la anatomía i ñsiolojía formen parle del plan de estudios, no diremos de la instrucciou primaria, pero ni siquiera de la secundaria, seria de desear que la hijle- ne, al ménos, constituyera uno de los ra- mos principales de la enseñanza en las es- cuelas públicas. Su estudio así vulgarizado, disiparía infinitos errores i prestaría servi- cios incalculables al pueblo, que carece INTRODUCCION por completo de las nociones mas elemen- tales del buen vivir. La asistencia de mas de cincuenta mil ni- ños en la policlínica de la Caridad desde su fundación hasta el presente i la de muchos miles en la práctica civil, nos ha formado la profunda convicción de que la falta de nociones de hijiene es la causa mas pode- rosa de la inmensa mortalidad de párvulos de que hemos hablado poco ántes. Es verdaderamente doloroso ver casi ago- tarse tan estérilmente la fecunda savia de este pais, el primero talvez por la propor- ción de los nacimientos en relación con la población a causa de los perversos hábitos de nuestro pueblo, tan ignorante en todo lo que se refiere a los cuidados de la con- servación de la salud i de la vida. El deseo de ayudar en la medida de nues- tras fuerzas a las madres de familia, sobre todo, a las que lo son por primera vez, en la difícil tarea de preservar a sus queridos hijos de las enfermedades, tan numerosas de infancia, nos ha movido a escribir este modesto opúsculo. Al emprender este trabajo hemos vaciia- d«; muchas veces ántes de concluirlo. He- INTRODUCCION mos observado de mui de cerca, de capítulo en capítulo, la importancia de la obra i la debilidad del operario, i temiendo la crítica justa i severa, liemos ocultado, con no di- simulada vergüenza, las pajinas ya escritas. Mas, dominados por el deseo de hacer algo útil, por poco que sea, en favor del pueblo, hemos hecho el sacrificio de nuestro amor propio. A imitación del poeta latino, hemos dicho al dar término a este breve trabajo i al resolvernos a darlo a la publicidad: ut titulo careas, ipso noscére colore: disimulare velis te licét esse meurn. Para proceder con acierto al estudio de la hijiene de la infancia, hemos creído que debíamos tomar al niño desde su primitivo oríjen, es decir, desde su concepción. Sides- de este momento empieza la vitalidad del nuevo sér, si la vida en el seno materno es la primera piedra del edificio, tendrá una ver- dadera importancia el modo cómo se opera ese misterioso trabajo de organización que no concluye sino cuando el feto está tan correctamente formado que pueda soportar sin obstáculos la vida independiente. Las reglas de hijiene que debe observar la mu- jer embar i i para que llegue a feliz térrni- INTRODUCCION no el importante fenómeno que empieza con la concepción i termina con el parto, no podrian de ninguna manera considerarse ajenas al estudio de la hijiene de la mujer embarazada. ' Mas, como después del nacimiento todavía permanece el niño ligado a la madre por es- trechos vínculos desde que la naturaleza la ha confiado la misión de la crianza, alimen- tándolo con la leche que vierten sus senos, es necesario también indicar las reglas a que debe someterse la lactancia tanto en lo que se refiere al hijo para que, alimentado metódicamente, se la pueda terminar con felicidad, cuanto en lo que interesa a la madre para realizar su misión sin acciden- tes ni molestias. Pasamos en seguida a ocuparnos de las diversas reglas que deben observarse en la crianza i educación del niño durante su in- fancia. Esta edad la dividimos en dos pe- ríodos: primera i segunda infancia. La pri- mera infancia abarca desde el nacimiento hasta computar la dentición o sea hasta terminar el segundo año. Aunque este período admite subdivisio- nes, ellas no tienen importancia para el es- INTRODUCCION dio de las reglas de hijiene. En efecto aun- que hai ciertas reglas de hijiene que perte- necen esclusivamente a la infancia, la ma- yor parte de sus indicaciones son aplicables a todas las edades de la vida. La segunda infancia abarca el espacio de tiempo comprendido entre la terminación de la primera i la aparición de la pubertad. Como a este periodo le son aplicables las reglas hijiónicas indicadas al tratar de la primera infancia no las repetiremos. Nos ocuparemos únicamente del estudio de dos cuestiones de alta importancia que tienen especial aplicación en esta edad; la jimna- sia i la hidroterapia. Hemos creido que dando algún desarrollo at estudio de estas dos cuestiones de hijiene, podríamos hacer una obra útil, pues son a nuestro juicio las dos palancas mas poderosas para el desa- rrollo físico e intelectual, i por lo mismo la base de la rejeneracion de nuestra raza que tiende a debilitarse dia por día. Este libro no es un testo de hijiene, es solo un simple estudio de aquellos precep- tos que se refieren a la educación i crianza del niño para que alcance su mas regular i perfecto desenvolvimiento. Por eso no nos INTRODUCCION hemos sometido a un* método escolástico, tomándonos mas libertad para desarrollar aquellas ideas que hemos creído mas útiles, pasando por entre otras que hemos consi- derado menos necesarias. Nuestro mayor esfuerzo ha consistido en tratar de convencer a los padres de familia de la importancia que tiene para la crianza del niño la estricta observancia de las re- glas de hijiene. No será estraño que persi- guiendo este propósito incurramos en algu- nas repeticiones que puedan hacer mas pesada aun la lectura de este trabajo. Sírva- nos, sin embargo, de escusa, la profunda convicción que tenemos de que la hijie- ne es no solo la base de la salud de los niños, sino que, como dice Mr. Bouclmt la medicina misma de esa edad reposa casi por completo en ella. Dr. Jacinto Ugarte. CAPÍTULO I § I Hijiene de la mujer embarazada Los preceptos hijiénicos a que debe so- meterse una embarazada difieren mui poco de los que corresponden a una persona sa- na; pero, como ellos pueden ser en jeneral desconocidos, es conveniente resumirlos para evitar de esa manera muchos abusos que suelen cometerse i que pueden ser de trascendencia tanto para la madre como para el hijo. La hijiene del embarazo no está someti- da a reglas precisas i absolutas; ellas serán dictadas por la naturaleza, el temperamento i las condiciones especiales de cada perso- na. Al médico de la familia corresponde fijar los preceptos a que debe someter a su cliente tomando en consideración las con- diciones antedichas de salud i de tempera- mento, como asimismo los antecedentes de la familia. No obstante, las reglas jenerales HIJIENE DE LA INFANCIA 22 de hijiene tendrán en todo caso aplicación, pues que si hai casos escepcionales que se desvian de ellas, no las contradicen i prue- ban únicamente que hai idiosincrasias o fenómenos que no tienen una esplicacion clara, lo que no es raro observar en la na- turaleza. Por otra parte, en la embarazada sobre- vienen accidentes especiales propios de su estado que conviene cuidar o prevenir, pa- ra que el período de la jestacion termine con felicidad. Es tan íntimo el vínculo que une al em- brión i al feto con la madre, que se puede decir con Mr. Roger, que gracias a la soli- daridad vascular (i tal vez nerviosa) que une el hijo a la madre, todo Ies es común, la salud i la enfermedad en esa doble exis- tencia, i la madre que da la vida puede dar también los jérmenes de la muerte. Es, pues, necesario que la joven que se siente embarazada se ciña en su conducta durante el embarazo a los preceptos que la hijiene tiene establecidos para conservar su salud i para facilitar el desarrollo del hijo hasta su completa evolución intraute- rina. HIJIENE DE LA INFANCIA 23 § 11 Signos del embarazo El médico es mui frecuentemente con- sultado para diagnosticar el embarazo pre- sumido por la interesada o por su familia. Se cree jeneralmente que es cosa fácil la de poder decir si una mujer está o nó em- barazada i que basta la simple inspección o bien el exámen del pulso para conocerlo. Pe- ro, léjos de ser esto exacto, el diagnóstico del embarazo en las primerizas i en los dos o tres primeros meses es uno de los pro- blemas de mas difícil solución para el prác- tico. En efecto, el embarazo no se anuncia en los primeros meses por ningún signo que ofrezca la certidumbre que requiere un diagnóstico preciso. Si hai ciertos signos jenerales, accidentales o conjeturales, ellos no bastan, en la jeneralidad de los casos, para establecer el diagnóstico, tanto por- que no siempre existen, cuanto porque, aun presentándose, pueden tener otra causa que el embarazo. Malestar jeneral, un escalofrío inicial in- 24 HIJIENE DE LA INFANCIA voluntario, bochornos, languidez jeneral, sensación de peso en los miembros i en especial en los muslos, perturbaciones morales, caprichos o antojos raros, acci- dentes nerviosos como cefalaljia (dolor de cabeza), vértigos, odontaljia (dolor de mue- las) periódica, anorexia (o falta de apeti- to), náuseas, vómitos, sobre todo en la mañana, salivación i, por último, la supre- sión de flujo menstrual; tal es el conjunto numeroso de síntomas que sirven de base para poder fijar el diagnóstico del embara- zo, i a pesar de su número, no se puede obtener con todos ellos la certidumbre que es necesaria en muchos casos para poder asegurarlo. I tan es así, que se ha visto co- meter errores capitales a prácticos eminen- tes, siempre que no han contado con mas datos que los anteriores i aun lo que es mas, con signos de los que en jinecolojía se designan como signos ciertos. Según Hipócrates, en la persona emba- razada los ojos aparecen mas lánguidos, escavados i rodeados por un círculo azulejo o lo que en la familia se designa con el ca- lificativo de ojeras. Hai también una tradición tan antigua co- H1JIENE DE LA INFANCIA 25 mo vulgar, de la cual Aristóteles se hizo eco, que sostiene que puede asegurarse que la mujer ha sido fecundada cuando des- pués del coito no se nota ningún derrame vajinal i que el miembro viril sale mas seco que de costumbre. En medio de esta oscuridad es necesario ser mui prudente i no asegurar ningún em- barazo que solo es presumible. No obstante, de entre los signos señala- dos hai algunos que son mui importantes si se presentan combinados i sobre todo, en vista de los antecedentes. Así, por ejem- plo, la suspensión del flujo menstrual que no tiene un gran valor tratándose de una joven débil i cloro-anémica en la que las reglas han sido siempre irregulares antes del matrimonio, lo tiene i mucho en la que ha sido siempre bien reglada. Es verdad que aun en estas últimas puede suspender- se la menstruación en los primeros meses del matrimonio a consecuencia del eretismo nervioso, perturbación orgánica provocada por las relaciones sexuales en personas exi- tables o de temperamento nervioso, pero este fenómeno no es común, i, en todo ca- so, la supresión déla regla en una joven 26 HIJIENE DE LA INFANCIA bien reglada es un síntoma probable de embarazo. Sin embargo, conviene no olvidar que si esta regla que durante el embarazo se su- prime la menstruación, hai casos, i no ra- ros, en los cuales esta función continúa por varios meses después de la fecundación; hai otros en los que la concepción se opera durante una suspensión de las reglas ante- rior de varios meses i aun sin haber tenido la menstruación hasta esa fecha. Mas aun, se ha visto personas que solo han tenido sus reglas cuando han estado embaraza- das. Algunos prácticos dan un gran valor a la mayor sensación de voluptuosidad i de im- presionabilidad de todo el organismo que esperimentan algunas mujeres en el coito fecundante, en lo cual conocen de un mo- do cierto su embarazo. Si este hecho es innegable, solo pueden darse cuenta de él los que han tenido varios hijos, i por otra parte, no es constante, pues, por el con- trario, es frecuente que la mujer no se dé cuenta del momento de su fecundación. Síntoma común del embarazo es la apa- rición de las náuseas i vómitos. Se presen- HIJIENE DE LA. INFANCIA 27 tan los vómitos sin que ni el estado de la lengua ni ningún accidente de considera- ción ios esplique. Se observan en la maña- na al levantarse, dando lugar a la espulsion de saliva i secreciones mucosas parecidas a la clara de huevo; al poco tiempo sobre- vienen vómitos después de la comida, dando lugar a la espulsion del alimento, de mane- ra que si este accidente persiste, determi- na en la embarazada un estado de inanición i de aniquilamiento. Mas, este fenómeno no es durable. Pasado el tercero o cuarto mes, desaparecen las náuseas i vómitos, quedando solo un estado de anorexia o ina- petencia mas o ménos invencible, o bien sucede por el contrario a los vómitos un apetito voraz. El vómito no se presenta siempre en el embarazo, i, aunque fuera un síntoma cons- tante, no seria un signo seguro del embara- zo. En efecto, en las personas de tempe- ramento nervioso no es raro observar las náuseas i vómitos sin que haya, por lo demas, ninguna otra causa a la cual poder atribuirlos. En las personas dispépticas no es raro observar este fenómeno que será naturalmente sobrexitado en la mujer casa- 28 HIJIENE DE LA INFANCIA da por Jas relaciones sexuales. El catarro i las granulaciones i ulceraciones del cuello del útero i las diversas lesiones de este órgano, pueden provocar vómitos, mas o me- nos persistentes; de manera, pues, que no se les puede atribuir un gran valor diagnóstico. Sin embargo, si sobrevienen a una hora fija, en especial por la mañana, si no se observan otros síntomas que indiquen la existencia de alguna enfermedad; si se pre- sentan al poco rato de haber comido, a ve- ces con apetito, i volviendo el bienestar una vez que se ha verificado la espulsion de los alimentos; si, en fin, a estos síntomas acompañan los otros que se observan en el embarazo, tienen entonces mucha impor- tancia. Los otros signos del embarazo, que he- mos señalado como propios de los prime- ros meses, son aun mucho menos constan- tes i seguros que la supresión de la mens- truación i que las náuseas i vómitos, i por lo mismo, su valor para conocer el embarazo es de mucha menos estimación. De manera, pues, que en los tres primeros meses déla jestacion no se puede aventurar un diag- nóstico. Si se presentan los mas importan- H1JIENE DE LA INFANCIA 29 tes de Jos signos anteriores, liabrá la suma de las probalidades; pero no la certidumbre que se requiere para afirmar categóricamen- te la existencia del embarazo. No sucede lo mismo desde el cuarto mes en adelante, pues entonces ya hai signos que difícilmente inducirán a error. Así, por ejemplo, los movimientos activos i pasivos del feto, la circulación de la sangre i las contracciones del corazón del mismo, el aumento del volumen del vientre i varios otros, permiten fundar un diagnóstico se- guro. Hemos entrado en estos detalles basta cierto punto estrados a la hijiene del emba- razo, porque para poder dar Jas reglas a que debe sometérsela mujer en cinta, es nece- sario que lo esté en realidad. I, mas de una vez se observa en la práctica profesional que una joven recien casada es sometida a un reposo absoluto i a todas las prescrip- ciones aconsejadas en los casos de aborto a consecuencia de que ella lia tenido por las causas ántes indicadas, un desarreglo en la menstruación de uno o mas meses, i la vuelta de esa función es considerada como una hemorrajia indicadora de un aborto. 30 HIJIENE DE LA INFANCIA Fácil es calcular los peligros que un error semejante puede traer consigo. Es por con- siguiente indispensable en el caso de que se presuma un embarazo, no olvidar todos los signos señalados para que en vista de ellos i del conocimiento que el médico de la familia tenga de los antecedentes de la recien casada pueda éste formar su opi- nión i dar los consejos que sean adecuados. En el caso de que no se consulte al médico, serán útiles a la embarazada los consejos que siguen. § ni Desde el momento de la concepción em- piezan los deberes de la maternidad, pues- to que miéntras mas arreglada i metódica sea la vida de la madre, mas probabilidades tendrá de terminar el embarazo sin acci- dentes ni trastornos de ninguna especie i mas sano i mas hermoso será el fruto de sus desvelos. Será mui útil a la embarazada el ejercicio al aire libre en las horas del dia mas apa- rentes para hacerlo como en la mañana i en la tarde, siempre que el estado del tiempo lo permita. IIIJIENE DE LA INFANCIA 31 El ejercicio tanto a pié como en carruaje debe ser suave i moderado. Hai muchas personas que una vez que se sienten em- barazadas no salen de la casa i evitan todo ejercicio. Es esto un mal sistema, porque el ejercicio es necesario para cambiar el aire que se respira, para distraer el espíritu, para mantener la actividad del movimiento orgánico, para conservar el apetito i facili- tar la dijestion. Es un hecho esperimental que un ejercicio moderado activa i facilita las funciones di- jestivas i que la vida sedentaria enerva en jeneral las fuerzas i prodúcela constipación (sequedad) de vientre, accidente siempre perjudicial para la salud i mucho mas aun en la persona embarazada. En efecto, la re- pleción de materias fecales en la cavidad de la pelvis, en donde se encuentra la últi- ma sección del intestino en el cual se de- tiene el escremento, puede perturbar el de- sarrollo del útero que se encuentra en la misma cavidad i desviar la posición de este órgano en su desarrollo, desviación que si se hace persistente puede molestar después mucho a la embarazada i orijinar aun incon- venientes en el parto. 32 H1JIENE DE LA INFANCIA El ejercicio debe hacerse mejor a pié que en carruaje, i en caso de usar el coche debe ser suave i elijiendo un pavimento cómodo para evitar choques i sacudidas violentas. Así como es útil un ejercicio mo- derado, es perjudicial i peligroso cuando sale de los límites debidos al estado de preñez. El uso del caballo, los paseos rápidos i prolongados, el baile i demas movimientos exajerados, deberán evitarse en absoluto. Baños.—El uso de los baños o abluciones durante el embarazo tiene muchas venta- jas. A mas de ser un elemento poderoso de estímulo que activa la circulación i aviva el ejercicio funcional de todos los órganos i tejidos, mejorando la constitución, tiene también la propiedad de calmar i evitar los accidentes nerviosos, tan comunes en ese estado, tales como neuraljias, palpitacio- nes, histerismo, gastraljias, etc. El baño de lluvia, las abluciones i las du- chas deben ser preferidas al baño de tina, tanto porque son de mas fácil aplicación, como porque la reacción es mas rápida i segura en cualquiera estación del año. Solo al terminar el embarazo conviene HIJIENE DE LA INFANCIA 33 usar una o dos veces por semana el baño tibio con el objeto de determinar una laxi- tud muscular, estimular la dilatación del cuello del útero i facilitar así el trabajo del parto. Su uso mas frecuente es mas bien perjudicial que útil, porque el baño tibio es debilitante. Si la mujer no es nerviosa, si no sufre de espasmos, insomnios u otros acci- dentes parecidos que hagan temer su repe- tición durante el parto, no hai necesidad de dejar las abluciones frias o baños de lluvia ni de reemplazarlo por baños tibios de tina. Vestidos.—El estraordinario desarrollo que esperimenta el útero durante la jestacion, lo hace cambiar por completo de su posi- ción ordinaria en estado de vacuidad. Este órgano que tiene un diámetro verti- cal normal de 6 a 8 centímetros, alcanza en el noveno mes del embarazo a 35 i 36 centímetros, i en proporción es el aumento de [sus otras dimensiones. Así se esplica que la matriz, que en estado de vacuidad apénas alcanza por su vértice al estrecho superior de la pélvis, se penga en relación en el último mes de la jestacion con la pa- red abdominal, con el colon trasverso, con el estómago, con el espinazo o columna 34 HIJIENE DE LA INFANCIA vertebral i, en una palabra, con todos los órganos contenidos en la cavidad abdomi- nal (o sea la barriga.) Con este antecedente se comprende, sin esfuerzo, que todo lo que ponga obstáculo al desenvolvimiento del útero será perjudi- cial no solo al órgano mismo sino también al feto. El útero, no podiendo estenderse siguien- do en dirección natural, se inclinará o des- viará en el sentido que le sea posible, i este cambio de posición podrá ser un obstácu- lo al parto. Esta desviación traerá también como consecuencia obligada, una presión exajerada sobre el órgano u órganos del vientre, sobre los cuales gravite anormal- mente, presión que es de suponer no será sin inconvenientes para esos órganos. El feto, encerrado en una cavidad defor- mada, se desviará igualmente, i este cambio de posición puede ser el oríjen de una pre- sentación irregular i viciosa que dificulte el fenómeno del parto. En vista de estas consideraciones, es que se recomienda a la embarazada que aban- done el corsé tan pronto como lo exija el crecimiento del vientre, tratando de evitar HIJIENE DE LA INFANCIA 35 así que su uso sea un obstáculo al espedito acrecentamiento de la matriz. Hai, sin embargo, algunas jóvenes que, sea para disimular el embarazo i en parte también con la idea de no descomponer sus formas i su elegante talle, no abandonan el corsé sino cuando no les es posible sopor- tarlo, ignorando los inconvenientes ya se- ñalados. No es presumible, en efecto, que conociendo los peligros a que se espo- lien, insistan, sin embargo, en su aplica- ción. En las multíparas o sea en las que han tenido varios hijos i en las que se observa una relajación o soltura manifiesta de las paredes del vientre, no les viene mal el uso de una faja o aparato elástico que sostenga la pared abdominal i contribuya a evitar las inclinaciones o desviaciones de la ma- triz una vez que, aumentando de volumen por el embarazo, tienda a apoyarse en las paredes del vientre, como es de regla, es decir del quinto mes para adelante. Alimentos i bebidas.—El embarazo se pue- de dividir en dos períodos bien marcados: el primero comprende los tres primeros me- ses i el segundo los seis restantes. Durante 36 el primer período el desarrollo del embrión1 es mui lento, de manera que la madre no distrae en él sino una parte mui limita- da de su sangre i de su propia sustancia; no así en el período siguiente, en el que el feto toma un crecimiento rápido. Así, mien- tras en el tercer mes solo tiene un peso de 40 a 50 gramos, en el cuarto mes alcanza a 200 gramos, en el quinto a 500 gramos, aumentando en esa progresión hasta el no- veno mes en el cual el peso es de 3 a 4 ki- logramos. En los primeros meses del embarazo la madre no necesita tomar mucho alimento, tanto porque el embrión no le demanda mu- cho gasto de fuerza, como porque se encuen- tra en la época de mayor excitabilidad ner- viosa, que se traduce en lo referente al aparato dijestivo por inapetencia, náuseas i vómitos mas o menos tenaces. Pasada esa época, estos accidentes disminuyen o de- saparecen, las funciones orgánicas se ador- mecen en parte, pareciendo que toda la actividad se circunscribe en la matriz, la HIJIENE DE LA INFANCIA 1. El fruto de la concepción sedesitrna con el nom- bre de embrión durante los tres primeros meses, i en los restantes toma el nombre de feto. HIJIENE DE LA INFANCIA 37 cual toma un vigor estraordinario, adqui- riendo desde entonces el feto, como lo lie- mos dicho, un estraordinario desarrollo. En el segundo período del embarazo el apetito aumenta, al mismo tiempo que se nota en la embarazada una sensación de sueño, en algunos casos sobre todo, casi invencible, lo que prueba todavía que la actividad de la nutrición no está relaciona- da con el ejercicio délas funciones propias, sino con el fenómeno de la jestacion. La naturaleza misma indica, por consi- guiente, la necesidad de un mejor i mas nutritivo alimento. Convendrá que lo elija entre las sustancias que, sin hacer gastar mucho las fuerzas dijestivas, contengan mas elementos de reparación orgánica, tratando de eliminar aquellos que ocupan el estóma- go por mucho tiempo por ser de difícil dijestion i que no contienen muchas sus- tancias asimilables. En una palabra, con- viene tomar poco alimento pero bueno en cada comida, que en la embarazada debe ser mas frecuente que en el estado normal. Hai muchas personas que creen que por el hecho de estar embarazadas deben har- tarse de alimento para poder dar a luz un 38 H1JIENE DE LA INFANCIA niño vigoroso. ¡Grave error! El alimento debe ser proporcionado a las fuerzas dijes- tivas, i si se abandona ese prudente límite, vendrá como consecuencia obligada la dis- pepsia (dijestion difícil) con todo su corte- jo de molestias: cólicos, meteorismo, piro- sis (ardor de estómago), regurjdaciones, vómitos, diarreas, etc., i, como resultado final, el agotamiento de las fuerzas de la embarazada i el debilitamiento del feto. Hai otras que en vez de alimentarse con- venientemente se mantienen con verduras, ensaladas, frutas, limonadas i otros apeti- tos, con los cuales adormecen el hambre manteniendo la plenitud del estómago i lle- gando al mismo resultado final que las anteriores. Algunas escusan este réjimen perjudicial, alegando que son caprichos o antojos, de los cuales no pueden ni deben dominarse. Mas, si es verdad que hai real- mente caprichos o antojos durante el em- barazo, ellos son mui poco comunes, i por otra parte, es mui difícil que haya uno solo que no pueda dominarse i que una sana reflexión i un poco de buen sentido no bas- ten para apartar del réjimen alimenticio esas perjudiciales anomalías. 39 A las personas irritables, propensas a erupciones de la piel, a enfermedades her- péticas, escrofulosas, etc., no les conviene usar durante el embarazo ni después du- rante la lactancia, de alimentos que estimu- len la manifestación de esas erupciones, como las bebidas alcohólicas, el café, la pi- mienta, el ají i demas excitantes ni el uso in- moderado de las frutas i en especial del me- lón i la sandía tan apetecidos entre nosotros. Las erupciones de la cara i de la piel co- mo exantemas, vesículas, herpes etc., etc., tan comunes en los niños, tienen por oríjen estos desarreglos del réjimen alimenticio. Sueño.—Si en la vida ordinaria el sueño es un medio poderoso de reparación orgá- nica, durante el cual parece que todos los órganos entran en reposo, aun aquellos que, sosteniendo una perpetua actividad, como el corazón, los pulmones i el aparato dijestivo, los que, como órganos de la vida vejetativa, están encargados de mantener la vida del cuerpo; si aun estos órganos dis- minuyen la actividad de sus funciones, co- mo está probado, se comprenderá la im- portancia que tiene el sueño en la conser- vación de la salud. IIIJIENE DE LA INFANCIA 40 H1JIENE DE LA INFANCIA La embarazada que vive llena de acciden- tes, que come ordinariamente mal a con- secuencia de los vómitos que la molestan a veces durante todo el embarazo, que se encuentra, en fin, en un estado especial de excitación nerviosa, necesita mas que nadie del sueño que dé tregua i reposo a su aji- tado organismo. Este reposo de los senti- dos, de las facultades de la intelijencia i de los órganos de la vida de relación (o mo- vimiento') que constituyen el fenómeno del sueño es tan necesario para el manteni- miento de la vida como el alimento lo es para reparar los materiales consumidos por la nutrición de los tejidos. Es por eso que la vijilia produce un marcado malestar en las personas que son forzadas a soportarla. Es, pues, mui conveniente que la emba- razada procure evitar las causas que per- turben su sueño, recojerse temprano i dormir el número de horas que tenga cos- tumbre o que el estado de su salud re- quiera. Debe igualmente evitar toda causa de fatiga física o moral, el ejercicio excesivo, las impresiones vivas, una comida inmode- rada, las bebidas excitantes, las atenciones 41 H1JIENE DE LA INFANCIA delicadas de la familia i, en una palabra, todo lo que directa o indirectamente con- tribuya a que su sueño sea intranquilo i poco reparador. Relaciones sexuales.—Una vez que se note el embarazo, debe procurarse no abusar de las relaciones matrimoniales, porque el ejer- cicio repetido del coito puede provocar el aborto en las personas excitables i de tem- peramento nervioso. Si hai el antecedente de abortos anteriores, entonces sí que es necesario prohibir en los primeros meses todo contacto con el marido, porque la excitación provocada sobre la matriz por el coito i el eretismo nervioso que es su con- secuencia, puede determinar el aborto en las personas predispuestas. Pasados los dos o tres primeros meses, el coito no es tan ocasionado a accidentes, siempre que no se abuse. En los últimos meses de la jestacion es prudente que las relaciones sexurdes sean ménos frecuentes que en las anteriores para evitar a la mujer diversas molestias, flujos catarrales o sanguíneos i en algunos casos fenómenos de parto i aun el parto prematuro. No obstante las anteriores reflexiones, 42 HIJIENE DE LA INFANCIA no creemos aceptable la opinión de algunos prácticos que proscriben casi en absoluto las relaciones sexuales por creerlas ocasio- nadas no tan solo al aborto, sino también a las hemorrajias uterinas, ulceraciones, in- fartos de la matriz, a perturbaciones en el desarrollo, a las deformidades del feto i a cambios en la posición de éste que pueden dar por resultado un parto laborioso i difí- cil. Creemos que se atribuye al coito una acción exajerada i que muchos de esos accidentes tienen causas mui diversas i que en algunos de ellos la causa mas positiva es, como lo sostiene Mr. Courty,1 el mismo estado de jestacion i el trabajo del parto. Estado moral.—La embarazada procura- rá evitar todo aquello que pueda impre- sionarla vivamente, porque toda fuerte im- presión moral o física tendrá su repercu- sión en el feto. Una fuerte impresión moral puede pro- ducir trastornos mas o menos graves en el desarrollo del feto, en sus órganos en via de formación, en la circulación de la san- gre, infartos, conjestiones, etc., i en algu- i. Maladies de l'utérus, pájina 304. HIJIENE DE LA INFANCIA 43 nos casos la muerte del feto, el aborto o el parto prematuro. Estos hechos están com- probados por la esperiencia diaria, i seria inútil citar ejemplos que los afirmen. Es necesario, sin embargo, evitar las exajera- ciones en que caen muchas personas i aun los mismos médicos. La influencia de la imajinacion es pode- rosa en la mujer i en especial en el esta- do de embarazo, durante el cual el apara- to nervioso está sobrexcitado. Es también probable, como lo sostienen fisiolojistas distinguidos, que hai una correlación nota- ble entre los órganos homónomos (seme- jantes) de la madre i del feto, de manera que saca el hijo las fuerzas o debilidades de que están revestidos los de aquella. Asi se esplica que el hijo saque las apariencias físicas de sus padres, su color, su estatu- ra, su vigor físico i moral, etc. Pero, todo esto tiene sus límites i no pueden ser traspasados, pues, si asi no fue- ra ¿qué seria de la especie humana? ¿hasta dónde habría llegado en la serie de sus trans- formaciones, si bastara la impresión mas o ménos violenta de la madre para que el hijo sufriera la influencia de esa impresión? 44 HIJIENE DE LA INFANCIA Si diéramos crédito a los romances que nos cuentan las crónicas de otras épocas de mas viva credulidad i en las que todo lo que revestía el carácter de sobrenatural era aceptado con profundo respeto, el hombre habría sufrido transformaciones tales que estaría completamente cambiado. Schenckins, profesor de la Universidad de Jena, refiere que una mujer dió a luz un niño mui parecido al diablo, porque en un día de carnaval su marido, vestido de diablo, la acarició significándole que tenia deseos de hacerle un diablito. Gaharliep cita el caso de una princesa turca que, con motivo déla sorpresa que le causó la vista de un negro, dió a luz un hijo del mismo color. Es inútil seguir mas adelante. Bastan los dos hechos referidos para manifestar que si les diéra- mos crédito, no veríamos a cada paso sino monstruosidades. Pero, por suerte, la naturaleza no se tras- forma así no mas, i la fuerza jeneradora conserva su enerjía a pesar de las impre- siones momentáneas que pueda esperimen- tarla madre, para que la especie no dejene- re, que el fruto sea parecido a su oríjen, que el hijo se asemeje a sus padres, tomando HIJ1ENE DE LA INFANCIA 45 de ambos las formas i facultades predomi- nantes. Dentro de este cuadro de fenómenos ner- viosos deben colocarse las irregularidades del mismo oríjen que tienen su asiento en el aparato dijestivo, conocidas con el nom' bre de antojos. En realidad, durante el embarazo se ob- servan a veces los caprichos mas estrava- gantesdel sentido del gusto. Así, por ejem- plo, se ve que la embarazada esperimenta deseos de comer sustancias indijestas que no ha acostumbrado, alimentos o frutas que no tiene facilidad de obtener, materias es- tractivas o terreas, etc. Otras tienen antojos que, si no perjudican la salud, atacan direc- tamente la base económica de su posición: anhelan de joyas, vestidos i artículos de lu- jo que no puede proporcionarse o que, para hacerlo, obliga al marido a grandes sacrifi- cios. Se ha visto mujeres embarazadas que tienen un gusto especial por la tiza, el car- bón, el yeso, pescado o carne cruda, vina- gres, ácidos, aguas sucias, etc. Ahora bien, hai la creencia vulgar i mui jeneralizada de que es necesario satisfacer estos antojos de la embarazada, para evitar 46 HIJIENE DE LA INFANCIA un mal mayor: su enfermedad i accidentes en el desarrollo del feto. De entre las infinitas curiosidades que refieren las crónicas tomaremos de Debay1 la relación hecha por un pobre marido a su amigo médico pidiéndole consejos. «Mi mujer, dice, es atacada en cada embarazo de los antojos mas estravagantes i por des- gracia también mas ruinosos: ya desea un cupé con bonitos caballos, ya un magnifico servicio de porcelana del Japón i la reno- vación completa del menaje de su departa- mento; de manera que por poco que sus antojos se hubieran renovado, mi fortuna no habría podido bastar. Por suerte en su tercer embarazo el esfuerzo de su fantasía se dirijió a un pastel de venado i a un cue- ro de marroquí que se comió en parte. Otra vez se puso de rodillas para arrancar con sus bonitos dientes las orejas de un puerco tierno que asaba a la parrilla. Satisfacía con gusto los antojos de su paladar, ni me que- jaba aun cuando fuera necesario alimentar- la con garbanzos verdes en abril, cerezas en mayo, damascos en junio; pero lo que 4. Iíygiéne du mariage, paj. 405. HIJIENE DE LA INFANCIA 47 me desespera es que coma yeso so pretesto de que la piel del niño será así mas blanca, i que quiera que yo coma con ella, a lo que no puedo acceder. Ayer por la mañana, viniendo del campo, vió una bandada de cuervos que se comían un animal muerto, con tanto apetito, que tuvo un antojo in- vencible de tomar su parte. Mandó al co- chero detener el carruaje i que le fuera a sacar su presa, a lo cual el cochero obede- ció por complacerla. Llegada a la casa se puso a devorarla mas bien que comerla, es- pantaba verla. «No sé yo en que consista su primer an- tojo; pero tiemblo que sea sobre cosas di- pendiosas o desagradables. Si hai algún me- dio de combatir los antojos estravagantes de las mujeres embarazadas, apresuraos, mi amigo, a indicármelo. Os aseguro que si tuviera que volver a casarme, exijiria que en el contrato matrimonial se insertase una cláusula por la cual el padre garantizase los antojos de su hija.» Ahora bien, ¿es posible creer que hai pe- ligro para la madre o para el producto de la concepción en resistir a caprichos se- mejantes? No por cierto. 48 HIJIENE DE LA INFANCIA Si la mujer no tuviera el conocimiento del dominio que ejerce sobre su marido i sobre la familia, sus antojos serian mas ra- los i menos molestos. Si no viera que su marido tiene un especial cuidado en aten- derla i complacerla para hacerle mas lle- vadero su estado, si no comprendiera que éste, por un instinto de la naturaleza, anhe- la conservar el fruto de la concepción, po- niendo de su parte todos los medios que están a su alcance, los antojos serian me- nos frecuentes i también ménos estrava- gantes. Es, pues, evidente que, siendo efectiva la perturbación del sistema nervioso i del es- tado moral de la embarazada, los caprichos raros, los antojos perjudiciales de que ha- blamos, pueden ser combatidos con una sana i prudente reflexión, sin que haya in- conveniente en rechazarlos, siempre que sean nocivos a la salud de la madre o al fruto de la concepción. CAPITULO II § I Accidentes del embarazo i medios de combatirlos El embarazo provoca accidentes diver- sos, en jeneral de poca gravedad, pero que revisten un carácter notable de tenacidad, resistiendo a la acción de los medios que mas eficaz efecto producen, cuando se pre- sentan fuera del estado de jestacion. Estas perturbaciones funcionales tienen la parti- cularidad de no ir acompañadas, en la je- neralidad de los casos, de ninguna de las lesiones anatómicas o materiales que se observan cuando se presentan fuera del em- barazo. Haremos una lijera descripción de ellos, indicando al mismo tiempo los me- dios que pueden usarse para combatirlos, advirtiendo que no todos pueden adminis- trarse sin consulta del médico. Vómitos.— Este accidente, talvez el mas común de los fenómenos del embarazo pre- senta diversos grados de intensidad. Pre- 50 HIJIENE DE LA INFANCIA cursor del embarazo, se presenta desde que se verifica la concepción o desde la sus- pensión de la primera regla, i dura, en la generalidad de los casos, dos o tres meses, pero puede prolongarse por mas tiempo, no cesando aveces sino después del parto. Acompaña al vómito una anorexia o falta de apetito mas o ménos completa i persis- tente. Antes del vómito se presentan las náuseas o arcadas i poco a poco va sobre- viniendo la espulsion de la saliva i secre- ción estomacal, secreción mucosa e insí- pida unas veces i en otras mas fluida i mas acida. Cuando los vómitos son mui fre- cuentes se arrojan los alimentos i algunos elementos biliares. La gravedad del vómito está en relación con su intensidad. Cuando solo se presenta en la mañana i en ayunas, no repitiéndose sino rara vez durante el dia, como es fre- cuente observarlo, sobre todo en los pri- meros meses del embarazo, no orijinan sino molestias. No sucede lo mismo cuando son constantes i duran muchos meses, pues en- tonces el estómago no alcanza a mantener por mucho tiempo el alimento, gasta sus jugos dijestivos i no alcanzan los alimentos HIJIENE DE LA INFANCIA 51 a ser asimilados o absorbidos, lo que da por resultado el aniquilamiento orgánico, que puede llegar a un grado estrenuo i mui peligroso, en particular en personas de una constitución poco resistente. Esta es la ra- zón del empobrecimiento de la sangre o cloro-anemia que se observa en las emba- razadas, fenómeno comprobado por todos los prácticos. ¿Cuál es la causa de los vómitos? Muchas hipótesis se han formulado para esplicarlos; hasta el distinguido profesor Jouliri1 que se declara enemigo de ellas, no se ha creído exento por eso de formular la suya, atri- buyéndolos a la compresión i estiramiento del peritoneo (menbrana serosa que envuél- velos intestinos i cubre una parte déla ma- triz), en atención a que las enfermedades de esa menbrana se acompañan ordinaria- mente de vómitos. Pero tanto esta teoría como todas las demas, carecen de base só- lida i no resisten una discusión. En efecto, para no considerar sino la opinión citada, si los vómitos tienen por orijen la presión del peritoneo, siendo ella constante, los vó- 1. Traité complet d’acouchements paj. 52 HIJIENE DE LA INFANCIA mitos debieran presentarse siempre i du- rante todo el embarazo. Pues bien, hai mu- chas embarazadas que no esperimentan este accidente i en otras solo se observa en los primeros meses, siendo que la presión del peritoneo es mayor a medida que el vien- tre toma mas desenvolvimiento. Lo mejor es confesar, como dice el cita- do práctico, que ignoramos la causa íntima del fenómeno i que solo podemos estable- cer que su causa manifiesta es el embarazo, como la del mareo es la navegación, i que basta que el feto sea espulsado o que mue- ra para que cesen los vómitos. Es un hecho curioso que por mas que la embarazada se maltrate con el accidente de que venimos hablando, hasta llegar a un alto grado de postración, el feto no se re- siente de un modo notable, i es frecuente ver que el niño nace sano i bien desarro- llado a pesar de los padecimientos de la madre. ¿Cómo combatir los vómitos? Los medios de que se vale la medicina son tan varia- dos como inciertos los resultados por ellos obtenidos. Podría aplicarse bien al presen- te caso la majistral sentencia del profesor HIJIENE DE LA INFANCIA 53 And ral, sentada con motivo de una impor- tante discusión habida en la Academia de medicina de Paris en 1837. «Todos los tra- tamientos fracasan, todos los tratamientos producen buen resultado.» En efecto, el remedio que en un caso produce brillante resultadoes completamente ineficaz en otro, razón por la cual es necesario ensayar su- cesiva o combinadamente todos aquellos que la esperiencia aconseja como mejores o que tienen por su acción física o quími- ca alguna esplicacion fisiolójica. Los alcalinos i absorbentes como la mag- nesia calcinada, el bicarbonato de soda, la creta, el bismuto, los narcóticos, como el opio, la belladona, el agua de laurel cerezo, los derivativos como los sinapismos i mos- cas o cáusticos volantes aplicados sobre la rejion del estómago, las bebidas gaseosas, minerales o artificiales, la champaña, cerve- za i limonadas, los remedios conocidos co- mo antiespasmódicos como la valeriana, el éter, el oxalato de cerio, el óxido de zinc, las aguas carminativas de azahar, melisa, los amargos como el colombo, la genciana, etc. i por fin, la nieve sola o combinada con al- guno de los medios anteriores son, entre 54 HIJIENE DE LA INFANCIA otros, los recursos de que echa mano la medicina, para combatir el molesto i per- judicial accidente del vómito. El tratamien- to bidroterápico (duchas, lluvias, baños de tinas) i el cambio de temperamento suelen también ser mui eficaces. Si la dijestion se encuentra mui alterada, haciéndose imper- fectamente, deberán usarse los dijestivos artificiales, la diastasa, pepsina, pancrea- tina, etc. Las prescripciones de la hijiene no son ménos importantes. La embarazada no de- be cargar mucho el estómago, sino comer poco cada vez i con mas frecuencia, usan- do un alimento de fácil dijestion i nutritivo, como la leche, el jugo de carne, huevos frescos, vino, etc., tratando en todo caso de conformarse con la susceptibilidad del estómago, que es, en jeneral, mui capri- choso. Asi se ve en efecto, que soporta me- jor a veces los alimentos mas indijestos i rechaza los mas sanos; pero esto es la es- cepcion. Es una grave imprudencia no tratar de reducir en lo posible los inconvenientes de la inanición (o falta de alimentación i nutri- ción) porque las consecuencias de ese es- HIJIENE DE LA INFANCIA 55 tado pueden ser un parto mas recio, una convalescencia mas difícil i, sobre todo, que no siempre es fácil recuperar las fuer- zas perdidas. Así, pues, a pesar del males- tar del estómago i de las náuseas o vómitos, es necesario procurar tomar alimento lijero i nutritivo i tratar de sostenerlo, sea to- mándolo frió o sea tomando nieve, agua gaseosa, champaña, etc. Constipación i diarrea.— La estitiquez o sequedad de vientre es un accidente mui común en la mujer i especialmente duran- te el embarazo. En parte debe atribuirse al estado de jestacion i a la compresión ejer- cida por el útero sobre el recto o última porción del intestino. Ya hemos manifestado ántes el inconve- niente de este estado, siendo por lo mismo necesario combatirlo. Para eso se usarán las aguas minerales purgantes, como la de Unyadi János, Galsbad, Chillan, Panimávi- da, etc., los purgantes salinos, el aceite de palma-cristi a dosis moderadas i repetidas. Mas, un tratamiento mas fácil, menos peli- groso i mas seguro es el uso de las lavati- vas. Hai la preocupación de creer que la lava- 56 HIJIENE DE LA INFANCIA tiva puede ser perjudicial durante el emba- razo; pero no pasa de ser un error com- pletamente desprovisto de fundamento. La lavativa no debilita ni irrita, i únicamente tiene una acción estimulante del intestino, provocando su contracción i como conse- cuencia la defecación. El uso continuado de los purgantes puede ser nocivo a la salud, irritar el estómago i los intestinos, siendo necesario después de un uso prolongado aumentar las dosis considerablemente; la lavativa de agua fria o templada sola o con sal, jabón, aceite de almendras o glicelina no tiene ningún inconveniente, aunque se use por mucho tiempo i una o dos veces por dia. Un accidente mas raro pero que suele observarse en el embarazo es la diarrea. Hai personas de vientre seco, como se dice vulgarmente, que tan pronto como se ha- cen embarazadas empiezan a tener diarrea, la cual es a veces bastante persistente i molesta, para que sea necesario combatirla. El tratamiento mas adecuado en estos ca- sos es la creta i el bismuto, i si no cede a estos remedios se la puede combatir con algunas gotas de láudano, sea administra- IIIJIENE DE LA INFANCIA 57 das en una pocion gomosa o en lavativas. Aunque el uso del opio exije la consulta del médico, en un caso de apuro, por ejemplo, se podrán tomar unas cinco gotas en un pocilio de agua de goma o linaza, una, dos o tres veces al dia, o bien agregando unas 40 o 15 gotas de este calmante a una lava- tiva de almidón. Sin embargo, no está de- mas advertir que estas diarreas suelen re- sistir a todo tratamiento i que solo cesan con el parto. La alimentación en este estado debe ser adecuada al carácter de la diarrea, procu- rando que sea sana, pero sin someter a la enferma a un réjimen demasiado estricto que pueda aumentar la postración produ- cida por la diarrea. Para completar el cuadro de las pertur- baciones que lajestacion puede determinar en el aparato dijestivo, diremos que la falta de apetito, a veces casi absoluta, la repul- sión por ciertos alimentos i la predilección por otros, la salivación abundante, las ace- días i ardores de estómago son accidentes que presentándose a menudo desaparecen solo después de cierto tiempo, sin que sea fácil abreviar su duración con los recursos 58 HIJIENE DE LA INFANCIA de la terapéutica. Sin embargo, las acedías i ardores de estómago, que tanto mortifican, pueden disminuir i aun desaparecer con el bicarbonato de soda, agua de Vichy, mag- nesia fluida, la creta i el bismuto, i también con el uso de bebidas carminativas i aro- máticas como las de hojas de naranjo, anis, toronjil, etc. Accidentes nerviosos. Síncope, tos, neuraV jias, corea.—Aunque en la serie de acciden- tes nerviosos que pueden presentarse du- rante el embarazo, los indicados son los mas benignos, siendo la eclampsia (con- vulsión) i las parálisis los verdaderamente serios i alarmantes tanto para la familia como para el médico, solo diremos algo so- bre aquellos por ser los mas comunes i porque estos pertenecen por completo a la patolojía, i son por lo mismo del dominio esclusivo del práctico. A menudo, al principio de la jestacion i a veces en toda ella se presenta el síncope en las personas impresionables i nerviosas. Cuando aparece desde los primeros dias este fenómeno, no tiene mas razón de ser que el estado de jestacion, pero después del cuarto mes puede esplicarse por el empo- H1JIENE DE LA INFANCIA 59 brecimiento de la sangre i por las pertur- baciones en la circulación de la misma. El síncope empieza por una sensación de malestar o fatiga^zumbido de oidos, obnu- bilación, un sudor frió, palidez del sem- blante i enfriamiento de las estremidades. Las funciones de los sentidos quedan casi abolidas, de manera que se puede restre- gar con fuerza la piel, poner sinapismos, etc., sin que la enferma haga ninguna ma- nifestación, perdiendo el conocimiento por un tiempo mas o ménos largo. Pueden provocar el síncope las impresio- nes vivas, tales como una viva alegría, la cólera, un disgusto violento, un olor fuerte, la vista de un objeto en movimiento, etc. El corsé mui apretado es también una cau- sa poderosa para que sobrevenga este tras- torno. Para combatir este accidente se puede usar el amoniaco (álcali-volátil), el éter, las abluciones frías, i ántes que todo, colocar a la enferma en la posición horizontal, desa- tándole sus vestidos para facilitar el libre curso de la sangre. El corea o baile de San Vito o los acci- dentes histéricos tan comunes en las muje- 60 H1JIENE DE LA INFANCIA res nerviosas suelen presentarse en el em- barazo. El tratamiento que debe seguirse es el mismo que para el síncope, con la dife- rencia que, en estos casos, después del ata- que, deben usarse los medicamentos ade- cuados para prevenirlo, como el fierro, los amargos, el bromuro de potasa, etc. Pero los accidentes mas comunes duran- te el embarazo son las neuraljias, siendo la mas frecuente de todas la odontaljia o dolor demuelas. Estaneuraljia empieza poco des- pués de la concepción i dura hasta el cuarto o sesto mes con remisiones mas o ménos largas. El dolor tiene su asiento en el maxi- lar o mandíbula inferior, sea en uno o en ambos lados de la cara. A veces coincide con la caries de uno o mas dientes, podien- do atribuirse la enfermedad a esta causa, pero la prueba mas evidente de que la neu- raljia no tiene ese oríjen es que la estrae- cion del diente o muela cariada no la hace desaparecer. Otras veces se presentan dolores vagos i pasajeros o fijos i tenaces ya intercostales, ya en la rejion sacra o lumbar (en el espina- zo) dolores de cabeza, jaquecas, dolores de caderas que se prolongan a las piernas, etc. HIJIENE DE LA INFANCIA 61 Todas estas neuraljias ceden solas des- pués de algún tiempo i se resisten como los demas accidentes provocados por el emba- razo a los tratamientos mas activos. Sin embargo, se puede obtener a veces la cura- ración, i otras algún alivio con el uso de los antiespasmódicos, como la valeriana, el opio, la belladona, el éter, la quinina, etc. Hemorroides, várices. — Las hemorroides, conocidas con el nombre vulgar de almo- rranas, consisten en la dilatación de las ve- nas hemorroidales que están situadas en el ano i última parte del intestino, conocido con el nombre de intestino recto. Las vári- ces consisten en la dilatación de las venas de los miembros inferiores i a veces tam- bién de las del aparato jenital. La causa del desarrollo de las hemorroides i de las vári- ces es la dificultad en la circulación de la sangre en las venas, dificultad que trae su oríjen de la compresión verificada durante la jestacion por el aumento de volumen del útero, el cual comprime todas las venas que pasan por la cavidad de la pélvis.1 1. Se llama pélvis el aparato huesoso conocido con el nombre de caderas, i en su cavidad se encuentran el útero, la vejiga de la orina, el ano, el recto i las ve- 62 HIJIENE DE LA INFANCIA En la mujer que es de ordinario estítica, hasta haber algunas que solo defecan una vez a la semana, el escremento se detiene en el recto, el cual esperimenta con el tiem- po una dilatación considerable, ejerciendo sobre las venas una presión constante que da por resultado la formación de las almo- rranas. Es, pues, indispensable facilitar el curso de la sangre para evitar la formación de las hemorroides i várices. Conviene, por lo tan- to, mantener el vientre libre, sea por medio de purgantes o, mejor aun, por medio de la- vativas diarias. Las hemorroides i várices promovidas por la jestacion persisten hasta algún tiempo después del parto. Convendrá, sin embargo, cuando molestan mucho, to- mar cama para facilitar la circulación con la posición horizontal. Si las almorranas se irritan i ponen dolorosas, se usarán baños de asiento fríos o templados, i lavativas o cataplasmas laudanizadas, la aplicación de pomada mercurial con belladona, etc. La cantidad de láudano que debe ponerse a la lavativa es de 15 a 20 gotas i a las cataplas- ñas i arlerias que bañan los miembros inferiores o sea musios i piernas. HIJIENE DE LA INFANCIA 63 mas el doble. Las lavativas son a veces de mui difícil aplicación a consecuencia de la irritación de las hemorroides, por lo cual las cataplasmas son de uso mas constante. Prurito.—Suele sobrevenir durante el em- barazo una comezón o prurito de la piel, que tiene su asiento mas frecuente en los grandes labios u órganos jenitales estemos, tomando a veces un carácter de intensidad tal que lo hace insoportable. Esta enferme- dad puede considerarse como una neuraljia de la piel, pues no hai alteración ni erup- ción en la parte afectada; solo después de algún tiempo i a consecuencia de la acción de las manos de la paciente, suelen notarse algunas erosiones. Los baños alcalinos han dado a veces buenos resultados. También se recomiendan los baños con sublimado, la glicerina, las pomadas con óxido de zinc, precipitado blanco, etc. § II Aborto Creeríamos incompleto el estudio de los artnidpntps dp.l pmbarazo si nn tratáramos 64 HIJIENE DE LA INFANCIA con algunos cortos detalles el mas impor- tante de todos, cual es el aborto; manifestar las causas que pueden provocarlo i los me- dios que la hijiene i la medicina ofrece para evitarlo. Este asunto es tanto mas importante cuan- to que en Chile es el aborto un accidente mui frecuente, debido en gran parte a que se desconocen las causas que lo provocan, i a que no se pone remedio a tiempo, es de- cir, cuando se notan los primeros síntomas. Se llama aborto la espulsion del fruto de la concepción antes que pueda soportar la vida independiente, es decir, antes que sea viable. El feto puede ser viable desde que ha cumplido el sesto mes; de manera que hai aborto cuando la espulsion se verifica antes de ese tiempo. Aunque lajestacion debe durar nueve me- ses para que el feto complete su desarrollo intra-uterino i nazca con la resistencia su- ficiente para soportar las nuevas influencias a que debe quedar sometido, como el aire, la luz, el alimento, etc., es un hecho com- probado que desde el sesto mes puede nacer vivo i resistir esas influencias, siempre que esté sostenido por asiduas atenciones. HIJIENE DE LA INFANCIA 65 Causas del aborto.—Las causas del aborto tienen su orijen en la madre, en el padre i en el feto. Causas pertenecientes a la madre.—Estas pueden ser morales i físicas. Las impresio- nes vivas que afectan profundamente la sen- sibilidad de la embarazada pueden provo- car el aborto; así se ve a menudo que un terror súbito, una alegría intensa, una fuerte emoción de cólera, un sufrimiento vivo i prolongado pueden determinarlo. Conviene por consiguiente evitara la embarazada to- da impresión moral violenta. Las relaciones sexuales excesivas que determinan en la mujer, sobre todo en la de constitución dé- bil e impresionable, un eretismo del sistema nervioso, pueden colocarse en el mismo or- den de causas. Entre las causas físicas deben colocarse los golpes o caídas violentas i en especial, aquellas que obran directamente sobre el vientre, el uso del corsé o trajes apretados que impiden el desarrollo del útero, los ejer- cicios prolongados a pié, a caballo o en co- che, el abuso de los alimentos que llegan a producir indijestiones i flujos intestinales abundantes, i, en una palabra, todo esfuerzo 66 HIJIENE DE LA INFANCIA o movimiento exajerado. Sin embargo, el efecto de las causas indicadas, contusiones, caídas i demas accidentes violentos, varia de un modo admirable según las personas, i si bai embarazadas como dice Mauriceau, tan delicadas que abortan por el menor tras- pié o solo por levantar demasiado el brazo, hai en cambio otras que soportan los acci- dentes mas graves sin que esperimenten ningún trastorno. Mr. Tardieu1 refiere los casos siguientes: un campesino que liabia seducido a su sir- vienta, quiso hacerla abortar. Subió para eso en un brioso caballo, llevando consigo a la sirvienta, i cuando iba con mayor velo- cidad la arroja al suelo. Habiendo repetido sin éxito este bárbaro procedimiento, apli- có sobre el vientre de la desgraciada mujer panes calientes recien sacados del horno, sin que obtuviera por este medio mejor re- sultado que con el anterior, desembarazan- do al fin de término la pobre un niño vivo i bien constituido. Una señora de Munich, habitaba con su marido en California. Habiéndose hecho em- 1. Étude médico-légal sur l’avortement, páj. 28 HIJIENE DE LA INFANCIA 67 tarazada manifestó su firme voluntad de ir a desembarazar a su pueblo natal. Al hacer su viaje, habiendo tomado el tren del istmo de Panamá, chocó este con otro que venia en sentido contrario. A consecuencia de esa tremenda colisión estuvo en peligro de abor- tar, pero habiendo librado bien se embarcó paraPortsmouth, esperimentando una pési- ma navegación; pero, a pesar de haber sen- tido nuevos síntomas de aborto, éstos pa- saron tan bien como los primeros. Después de unos cuantos dias de reposo se embarcó de nuevo i llegó sin novedad a París. Aquí dió en el hotel una caída i rodó escalera aba- jo; en la mañana siguiente se presentaron dolores de parto. Hecho el reconocimiento se comprueba un embarazo de ocho meses mas o menos; había también una constipa- ción de vientre que databa desde quince dias, pero que cede a una lavativa purgante. El trabajo de espulsion se detiene; el cuello del útero, que estaba dilatado, se contrae de nuevo. Esta señora vuelve a tomar el ferro- carril en la mañana siguiente, i desembaraza sin novedad algunos dias después de su lle- gada a Munich. Mr. Cazcaux cita el caso observado por él 68 HIJ1ENE DE LA INFANCIA mismo de una mujer embarazada de cinco meses, que, desesperada por la conducta de su amante, se arrojó ai Sena desde la altura del Puente Nuevo, sin que el embarazo su- friera ninguna perturbación. En cambio,estamos viendoconstantemen- te en la práctica profesional que un golpe lijero o una impresión mas o menos viva provoca el aborto, determinando a menudo, como fenómeno precursor, la muerte del feto. De lo espuesto se deduce que las causas indicadas no bastan por sí solas para pro- ducir el aborto i que es necesario cierto es- tado especial de impresionabilidad de la persona para que pueda o no tener lugar Esta es también la razón por Ja cual une persona que ha abortado una vez queda li siada a abortos sucesivos, fuera de las otras causas que puedan obrar conjuntamente. Las enfermedades jenerales agudas o cró- nicas que producen un grave trastorno en el organismo de la madre, i especialmente las pulmonías i fiebres eruptivas, como la viruela, el sarampión (o alfombrilla) i la es- carlatina, pueden provocar el aborto. La sífilis o mal venéreo es una causa mui HIJIENE DE LA INFANCIA 69 activa de aborto, obrando no solo sobre la madre sino también sobre el fruto de la con- cepción, el cual nace jeneralmente muerto. Las enfermedades de la matriz, las ñores blancas o flujos de la membrana mucosa uterina, las irritaciones del cuello del útero, etc., pueden también determinar el aborto. Causas de aborto relativas al padre.—La única causa positiva referente al padre es la sífilis, que puede trasmitir al fruto déla concepción, el cual, como liemos dicho, no resiste a la influencia de este virus. Causas de aborto relativas al feto.—El fe- to puede tener también su parte en la pro- ducción del aborto. Las enfermedades o vi- cios de conformación orgánica que puede esperimentar durante su evolución intra- uterina, los golpes que puede recibir, las enfermedades agudas que pueden sobre- venirle por trasmisión de la madre, como las fiebres eruptivas, el desprendimiento de la placenta (o par) que lo une a la madre i le suministra los materiales para su nutri- ción i desarrollo, son otras tantas causas de aborto. Esta exhibición de las causas mas comu- nes del aborto, en este trabajo escrito es- 70 H1JIENE DE LA INFANCIA presamente para las jóvenes recien casadas i sin esperiencia, tiene por objeto el que, conociéndolas, traten de evitarlas, tengan un buen embarazo i, como consecuencia, un parto feliz. Asi, pues, tan pronto como se sientan embarazadas deberán poner sumo cuidado en evitar toda impresión moral viva de cual- quiera naturaleza, triste o agradable. Deben igualmente evitar los choques o caídas, los ejercicios violentos, los bailes i todo movi- miento exajerado. Siendo la sífilis una enfermedad contajio- sa i de fatales consecuencias para la familia, i siendo, como hemos dicho, una de las cau- sas mas poderosas del aborto, es un deber ineludible postergar el matrimonio mientras dure el tratamiento de esta grave enferme- dad. No habría en realidad ninguna consi- deración atendible que pudiera hacerse va- ler para justificar un procedimiento distin- to, que seria indigno i criminal. Síntomas clel aborto.—Para poder indicar Jos medios de precaución que es necesario tomar una vez que por alguna de la causas indicadas se tema que sobrevenga el abor- to, daremos a conocer algunos de los sin- HIJIENE DE LA INFANCIA 71 tomas principales que anuncian la apari- ción de este temible accidente. Los síntomas de aborto varían según la época de la jestacion en que se verifica i la causa que lo provoca. Asi, cuando tiene lu- gar en los primeros dias del embarazo o cuando el embrión no tiene sino un mes mas o ménos, los fenómenos que lo acom- pañan son poco marcados i pueden com- pararse a los de una menstruación difícil. Con las primeras contracciones de la ma- triz se desprende el huevo fecundado, sa- liendo entero o en pedazos, envuelto en un poco de sangre coagulada, de manera que se confunde con un simple coágulo, cre- yéndose entonces que ha habido solo un retardo en la aparición de la regla, la cual ha sido talvez, por lo mismo, mas molesta i abundante. \ No sucede lo mismo cuando el aborto sobreviene después de algunos meses, por- que entonces los síntomas son mas mar- cados. Si el accidente proviene de una en- fermedad de la madre, se presentan los fenómenos siguientes: escalafrios seguidos ¡de calor o bochornos, enfriamiento de las estremidades, inapetencia, náuseas o vó- 72 HIJIENE DE LA INFANCIA mitos, cierto malestar, abatimiento jeneral, sensación de peso en la rejion del ano, do- lores de cintura i de caderas, deseo mas o menos vivo de orinar, pero sin conseguirlo. A esto se agrega luego una pérdida por la vajina de un humor seroso-sanguinolento, que se convierte luego después en una ver- dadera hemorrajia, i junto con ella viene el aborto. Guando la causa del accidente es una contusión violenta del vientre, el abor- to puede verificarse sin demora, pero ame- nudo tarda varios dias, notando la madre la cesación de los movimientos del feto. El dolor, agudo en el primer momento, puede ceder, para presentarse después con mas intensidad, i junto con esta reagravación del dolor, las contracciones de la matriz, la hemorrojia i el aborto. Por fin, cuando la causa ha obrado directamente sobre el feto, sea mecánicamente, por efecto de un golpe o una caida sobre el vientre o bien por una acción propia sobre el mismo, obrando so- bre su desarrollo o debilitando su conexión con la matriz, después de pasada la prime- ra impresión desaparece el dolor i la moles- tia producida por el accidente. La madre se siente bien, pero después de uno o mas dias HIJIENE DE LA INFANCIA 73 los movimientos del feto van haciéndose menos sensibles hasta que llegan a desapa- recer por completo. Desde este momento los síntomas del embarazo cesan, las per- turbaciones dijestivas, como náuseas i vó- mitos, el infarto i comezón de los pechos de- saparecen i el aborto se verifica, unas veces luego i otras después de algunos dias i aun después de algunas semanas. Los sin tomas mas constantes, los que casi no faltan nunca son el dolor en la re- jion lumbar i sacra o sea dolor de caderas, i de cintura i la hemorrajia de sangre en cantidad variable. Tratamiento del aborto.—Tan pronto como se noten los síntomas que acabamos de in- dicar, que anuncian un aborto mas o menos inminente, es necesario tratar de evitarlo por todos los medios posibles. La enferma empezará por echarse a la cama, conser- vando en ella la posición horizontal i evi- tando todo movimiento. Se administrarán en seguida lavativas opiadas, las cuales po- drán contener 15, 20,30 o mas gotas de láu- dano de Sidenham i repitiéndolas a menu- do, para procurar evitar con ellas los movi- mientos de contracción de 1a. matriz que 74 HIJIENE DE LA INFANCIA tiendan a espulsar el feto. Como el objeto de la lavativa es la absorción del opio, debe ponerse esa sustancia en la menor cantidad de agua posible i con una temperatura de 30 a 35 grados centígrados o sea agua tibia, i empleando para su aplicación una jerin- guita pequeña como las que se usan para lavativas en niños pequeños o bien las je- ringuitas de goma Savar núm. 4 que se usan para lavatorios de oidos. Mientras menos cantidad de agua se use i mas templada sea su temperatura, mas fácilmente será rete- nida, condición indispensable para que el opio pueda ser absorbido i produzca el efec- to que se desea. También pueden ser mui útiles las apli- caciones sobre el vientre de paños hume- decidos con agua pura, agua blanca o agua con vinagre. La ergotina usada ai interior o en inyec- ciones hipodérmicas, combinada con los re- medios anteriores, contribuirá a detener la hemorrajia. Como se comprenderá fácilmente, aunque algunas de las indicaciones espuestas pue- den llenarse inmediatamente, las otras exi- jen imperiosamente la presencia del médico, HIJIENE DE LA INFANCIA 75 pues de su prudente o bien dirijida aplica- ción dependerá muchas veces la conserva- ción del feto. CAPÍTULO III §1 Parto En un trabajo hecho para las familias i en especial para las recien casadas, como es éste, no se puede esperar que contenga sino datos jenerales de fácil esplicacion i no el desenvolvimiento que exijiria si fuera es- crito para las personas que hacen de la me- dicina su carrera i su escala social. Es por eso que al tratar del parto solo entraremos en breves consideraciones que puedan ser de alguna utilidad para las personas a las cuales están dedicadas. Es un hecho de diaria observación que la embarazada, una vez que ve acercarse el término de la jestacion, empieza a esperi- mentar un cierto terror, preocupada con la idea de que no podrá resistir el trabajo del parto i que morirá en él. Este miedo, a pe- sar de ser quimérico, no hai por que estra- ñarlo; es, al contrario, natural i lójico. 78 H1JIENE DE LA INFANCIA En efecto, entre los diversos aconteci- mientos que pueden ocurrir en ia vida de la mujer, ninguno hai tan notable i que revista la importancia que tiene para ella el parto, i por lo mismo nada hai que pueda produ- cirle una impresión mas viva. A este acon- tecimiento estraordinario para la familia se vincula el sentimiento de la maternidad, el amor al marido, i a estas dos causas tan po- derosas para excitar la sensibilidad, va tam- bién ligado el recuerdo de la sentencia que conserva la tradición relijiosa que le dice: ¡parirás tus hijos con dolor! Sin embargo, por poco que la embarazada reflexione se convencerá de que su miedo es infundado i que lo natural es que su alum- bramiento sea feliz. En efecto, el parto que consiste en la espulsion del fruto de la con- cepción una vez que ha llegado al término de su desarrollo en el seno de la madre, es un fenómeno natural i común a todos los animales superiores, i si aceptamos que na- da hai mas perfecto i mas armónico que las leyes que gobiernan la creación, debemos convenir que el parto debe verificarse cons- tantemente sin accidente alguno. La naturaleza lo prepara todo de una nía- HIJIENE DE LA INFANCIA 79 ñera admirable desde ántes que se verifique este acontecimiento. Así como cae del árbol el fruto maduro para esparcir en la tierra el jérmen que debe renovar la planta, así como le coloca a la semilla aparatos de viento que la arrastre a largas distancias, cuidando siempre por la propagación i re- novación de la especie, así también todo lo dispone en el seno de la madre para que el fruto de la concepción, una vez maduro, si nos es permitida esta espresion, es decir, una vez que está en aptitud de soportar la vida independiente, pueda desprenderse del seno de la madre sin obstáculos ni peligros de ninguna especie. Así, vemos que las paredes de la matriz engruesan considerablemente para que ten- gan mas fuerza para la espulsion del feto en ella contenido; el cuello de este órgano grue- so i de orificio estrecho se adelgaza hasta borrarse casi por completo, dilatándose al mismo tiempo el orificio, no poniendo en este estado dificultad al paso de la criatura; todos los tejidos blandos, como la vajina i los órganos jenitales estemos, son hume- decidos o lubrificados por una secreción mucosa abundante que los pone en aptitud 80 HIJIENE DE LA INFANCIA de estirarse o ensancharse, sin peligro de dislaceramiento; los huesos de las caderas, en fin, se aflojan en sus coyunturas o arti- culaciones aumentando así la amplitud de su cavidad. Es por esto que el parto es siem- pre menos ocasionado a accidentes que un aborto, porque en este caso la naturaleza es sorprendida, se puede decir, por un acci- dente para el cual no se halla preparada. Si consultamos a los hechos, la estadís- tica universal vendrá, con su elocuencia in- destructible, a prestar su confirmación a las reflexiones anteriores. En efecto, todos los prácticos están de acuerdo en que son ra- ros los partos difíciles en proporción a los que se verifican naturalmente i tanto mas si la mujer es sana i de buena constitu- ción. En el Memorial del arte de Jos par- tos, de Mme. Boivin, se ve que sobre 20,357 partos verificados en la Maternidad de Pa- rís, 20,183 han sido naturales i 174 solamen- te han sido dificiles. Sobre 1,923 partos observados en Viena, solo se presentaron, según Baer, 53 casos difíciles, i para no es- tendernos demasiado, los cuadros publica- dos constantemente por el doctor Murillo, jefe del servicio de la Gasa de Maternidad HIJIENE DE LA INFANCIA 81 establecida en el hospital de San Borja, ma- nifiesta que entre nosotros los partos se ve- rifican constantemente sin accidentes. I, si los partos son por regla jeneral felices, lo son aun con mas razón tratándose de los que tienen lugar en la jente acomodada i que puede, por lo mismo, someterse a un réjimen hijiénico adecuado, en vez de so- portar las fatigas i privaciones de la jente del pueblo. Conviene, pues, que la joven que va a de- sembarazar por la primera vez no se preo- cupe de los accidentes que van a sobreve- nirle, que aleje todo infundado temor, pues de esa manera evitará sufrimientos inútiles i no desperdiciará fuerzas que puede apro- vechar con fruto en el trabajo del parto. Por otra parte, a pesar de que, en jene- ral, el parto ocasiona dolor, él es mui va- riable en su intensidad. Muchas personas que han tenido familia dicen que los dolo- res del parto son menos molestos i de mas corta duración que el que se esperimenta por efecto de una menstruación difícil. Ade- mas, hai personas que desembarazan rápi- damente i casi sin dolor. Entre nosotros los casos de esta especie son numerosos, pre- 82 HIJIENE DE LA INFANCIA sentándose algunos en los cuales apénas alcanza a llegar la matrona o el médico, bastando uno que otro dolor, provocado por la contracción de la matriz, para que se ve- rifique el parto. De manera que si a veces el trabajo del alumbramiento es largo i mo- lesto, en muchas otras es de corta duración i mui soportable, al decir de las mismas do- lientes, lo cual prueba que la antes citada sentencia del Creador a la madre Eva de pa- rir los hijos con dolor, no es ni tan rigorosa ni tan absoluta. Ahora bien, si la naturaleza misma exime a algunas madres de los dolores del parto, la ciencia en su marcha lenta, pero progre- siva, ha conseguido también hacer que el parto se verifique sin dolor, siendo ésta una de las mas grandes conquistas de nuestro arte en el presente siglo. Al ilustre cirujano inglés Simpson se debe la introducción del cloroformo como anes- tésico en el parto. Desde el año 1847 en que empezó sus ensayos con el éter, i el año si- guiente en que lo reemplazó por el cloro- formo, ha venido jeneralizándose su aplica- ción principalmente en Inglaterra, Estados HIJIENE DE LA INFANCIA 83 Unidos i Alemania, con un éxito nunca des- mentido hasta el presente. Entre nosotros ha empezado también a usarse desde hace pocos años, i nosotros hemos aplicado varias veces el cloroformo con¡ el mejor resultado, hasta el punto que la madre no ha sabido su desembarazo sino cuando algunos minutos después ha sentido los gritos de la criatura. § II En cnanto a los fenómenos o síntomas que indican la proximidad del parto, los mas marcados son los siguientes: dolor, dilata- ción del cuello de la matriz, secreción de mucosidades sanguinolentas i ruptura de la bolsa de las aguas. El dolor al vientre, que es, como hemos dicho, provocado porta contracción del te- jido muscular o carnoso del útero, tiene por objeto disminuir el espesor del cuello de este órgano hasta reducirlo casi a una mem- brana mui delgada, determinando al mismo tiempo la dilatación de la abertura u orifi- cio del mismo cuello. A medida que los do- lores aumentan, la dilatación va haciéndose 84 HIJIENE DE LA INFANCIA cada vez mayor, hasta que llega un momento en que la cabeza del feto puede pasar al través de esa abertura del cuello, siendo és- te el momento mas crítico del parto. Mientras se verifica la dilatación del cue- llo, aparece en él lo que se llama la bolsa de las aguas o sea la membrana que en- vuelve al feto dentro de la matriz, conte- niendo una cantidad considerable de un líquido seroso que sirve de protección a la criatura contra los choques o golpes vio- lentos que pueda recibir la madre sobre el vientre durante el embarazo. Tan pronto como la dilatación del cuello tiene alguna estension, aparece i sobresale hacia la va- jina la membrana indicada i una parte del líquido en ella contenido, formando una es- pecie de bolsa o vejiga. Esta bolsa va po- co a poco aumentando hasta que, siendo ya mui grande la dilatación del cuello., la con- tracción de Ja matriz obra directamente so- bre ella i determina su ruptura i, como con- secuencia, la salida por la vajilla de una abundante cantidad de líquido. Este es el oríjen de la salida de las aguas que anuncia la proximidad del parto, de tal manera que a veces coincide la ruptura de la bolsa de HIJIENE DE LA INFANCIA 85 las aguas con la aparición del feto en la vulva u orificio esterno del aparato jenitab Coincide con estos signos del parto una secreción abundante de ia membrana mu- cosa del cuello del útero i de la vajina mez- clada con un poco de sangre, proveniente de la ruptura de pequeños vasos venosos. Tan pronto como estos accidentes se pre- sentan con alguna intensidad, conviene que la parturienta se acueste en su cama, pre- parada de antemano con sus sábanas i hule de jeve o cueros para evitar que se ensucie la ropa, que debe conservar después del parto. Como una medida de aseo i para evitar mayores molestias, es mui útilque se pon- ga la parturienta una lavativa que desocu- pe la última parte del intestino de las ma- terias ferales que pueda contener. Siendo el parto un fenómeno natural i que se verifica constantemente sin dificul- tad, debe conservar la parturienta la tran- quilidad i el reposo posible. Es mui frecuen- te observar que las matronas, aun algunas que son intelijentes, aconsejan a las pacien- tes que ayuden las contracciones de la ma- triz que acompañan al dolor, haciéndola s 86 HIJIENE DE LA INFANCIA pujar i repujar hasta que les manifiestan que están cansadas i que no pueden mas. Estos pujidos son casi siempre innecesarios, pues- to que las contracciones del útero no obede- cen a la voluntad, no están sujetas a las contracciones de los músculos de las pare- des abdominales, i cuando estas contrac- ciones pueden ayudar en algo al parto, se hacen también involuntarias, como lo reco- nocen todos los prácticos. Uua prueba de que estos pujidos son inútiles es, que en las personas que son asistidas con cloroformo, el parto se verifica perfectamente a pesar de que solo entra en contracción la matriz 1 en una mínima parte, i al fin del trabajo los músculos voluntarios que son los que se contraen pujando. Cuando la cabeza del feto ha atravesado el cuello del útero i se presenta en la vulva, es indispensable protejer lo que se llama el plano del periné o sea las partes blandas i esternas del aparato jenital, de las con- tracciones mui vigorosas de espulsion. Es- ta protección consiste en colocar la palma de la mano sobre esos tejidos, sin compri- mirlos, sino solo para que la mano sirva de punto de apoyo a fin de que la contracción HIJIENE DE LA INFANCIA 87 que los últimos esfuerzos deespulsion ejer- cen, dilata ndo la vulva, para que pase por ella el feto, sean mas suaves. Sin este cuidado, una contracción violenta puede dilacerar o romper estos tejidos, ya mui adelgazados, lo cual constiye uno de los accidentes mas molestos i desagradables del parto. Esta atención corresponde al médico partero o ala matrona que asiste a la parturienta. Verificado el parto, o sea la espulsion de la criatura, queda ésta adherida aun a su madre por el cordon que,partiendo del om- bligo del niño, va a terminar a la placenta o par, que permanece todavía en la matriz por algunos minutos mas. La naturaleza deja a la madre, una vez parida, un lijero reposo, para renovar enseguida las contracciones de la matriz que han de desprender la pla- centa de sus adherencias con ese órgano. Este tiempo es variable; unas veces es de unos pocos minutos, i otras es de media hora i aun mas. Si la madre está mui fatigada no hai para que apurar ese trabajo con ti- rones o traccionamientos del cordon, que solo tienen por resultado irritaciones de la matriz, dislaceraciones de la par i aun la ruptura misma del cordon. Solo en caso de 88 HIJIENE DE LA INFANCIA hemorrajias o de mucho retardo de la es- pulsion de la placenta, puede recurrirse a los diversos medios que para esos casos se aconseja, siendo el principal de todos laes- traccion artificial. CAPITULO IV Cuidados que exije una parturienta Una vez que se ha verificado el parto i desprendido la placenta, es necesario quitar de la cama las sábanas, hule de jeve o cue- ros que se habian colocado en ella para re- cibir las aguas i la sangre provenientes del trabajo del parto, como lo hemos indicado, procurando ántes limpiar a la enferma en sus partes jenitales humedecidas por esos líquidos, para que pueda reposar en segui- da tranquila unas cuantas horas. Después que se ha hecho el aseo viene la aplicación del apretador, que mantenga en una suave presión las paredes del vientre que han quedado sueltas i relajadas des- pués del parto. El apretador contribuye igualmente a dar cierta fijeza al útero, que Se encuentra también movible, porque los ligamentos o amarras que lo tenian fijo se han estirado durante el embarazo, quedan- do sueltas después del parto. Todos los te- 90 HIJIENE DE LA INFANCIA jicios que lian sufrido ese estiramiento tan considerable durante nueve meses de jes- tación, tienen que volver a recuperar sus primitivas formas i posiciones; mas esta operación no puede verificarse en un mo- mento, demora algunos dias, que pueden ser mas o ménos según las fuerzas de la parturienta i según los cuidados a que se someta. Es por eso que conviene el uso del apretador, conservándolo, si es posible, un par de meses o por lo ménos un mes. También es necesario guardar cama, con- servando en ella la mayor quietud, i en cuanto sea posible, la posición decúbita de espaldas. Miéntras ménos movimientos ha- ga en los primeros dias, en los que el tra- bajo de retracción es mas activo i la rela- jación de los tejidos mayor, tanto mas probabilidad habrá de que la parturienta quede mejor, evitando así muchos acciden- tes desagradables. Por no seguir estas indicaciones, por moverse i cambiar constantemente de pos- turas en la cama, por sentarse ántes de tiempo i por levantarse a los pocos dias, como va siendo moda en nuestra sociedad, se ven aparecer al poco tiemdo después del HIJ1ENE DE LA INFANCIA 91 parto, dolores de caderas o de cintura, que se suelen propagar a las piernas, perturba- ciones en la dijestion, falta de apetito, náu- seas i vómitos, descomposición del sem- blante, observándose en él la enfermedad conocida vulgarmente con el nombre de paño. Muchas veces estas perturbaciones de la dijestion, que son mui mortificantes, son combatidas por todos ios remedios aconsejados contra las enfermedades del estómago i del hígado, sin obtenerse nin- guna mejoría, hasta que al médico se le ocurre preguntar a la enferma si tiene al- gunos signos que anuncien algún trastorno de los órganos del aparato jenital interno. Examinada la enferma se viene a ver que tiene una irritación al cuello del útero o al- guna desviación o flexión de este órgano que trae su oríjen del parto, es decir, de no ha- berse cuidado suficientemehte. En el dia se hace alarde de que la desem- barazada no necesita guardar tantos dias de cama, como se acostumbraba ántes; pe- ro bien se puede también agregar que nun- ca habia ántes tantas enfermedades inte- riores (como se llama a las del útero) como las hai en la actualidad. 92 HIJIENE DE LA INFANCIA Hai ademas otro inconveniente para aban- donar la cama antes del tiempo requerido para que los tejidos distendidos por el em- barazo recuperen su dimensión i vigor na- turales. Él consiste en que se pierde la belleza física i la regularidad de las formas. Así vemos a menudo a las madres de fami- lia que no han conservado el apretador un tiempo prudente i que sin él han hecho movimientos anticipados, con un vientre tan abultado como si no hubieran desem- barazado, defecto harto sensible que tratan de correjir solicitando remedios i consul- tando a las comadres i al médico, pero que es, por desgracia, irreparable. Todavía otro inconveniente. Si ocurre un nuevo embarazo, una vez que la matriz ha tomado algún desarrollo i asciende a la ca- vidad del abdomen, carecerá de puntos de apoyo, i si no se tiene la precaución de usar cinturones especiales (barrigueros), la ma- triz se desviará a un lado u otro compri- miendo los órganos contenidos en el vien- tre, i el parto podrá ser también mas difícil. Las consideraciones espuestas son una prueba irrefutable de que las ventajas de levantarse de la cama al poco tiempo des- HIJIENE DE LA INFANCIA 93 pues del parto i de quitarse el apretador prematuramente, distan mucho de com- pensar sus inconvenientes. Sin embargo, se hace a menudo la objeción de que la mujer del pueblo se levanta recien desem- barazada, sin ninguna precaución, i no obs- tante no se enferma. Si es cierto que la mujer pobre se ve, obligada por la miseria, en la necesidad de entregarse a sus quehaceres anticipada- mente, también es cierto, por desgracia, que la aflijen muchos de los accidentes i dolencias de que hemos hablado i que las enfermedades interiores son mui comunes en lajeóte del pueblo. Temperatura, ventilación.—La pieza que ocupa la parturienta debe ser grande i bien ventilada, procurando renovar el aire varias veces al dia por medio de corriente suaves. La temperatura debe ser también templa- da, porque un aire frió puede producir resfrio, la suspensión o disminución de los loquios o algún otro accidente de mas gra- vedad. Si por el contrario, la temperatura de la habitaciones mui elevada, provocará sudores abundantes, dolores de cabeza que debilitan i molestan a la enferma. 94 HIJIENF. DE LA INFANCIA El aire debe ser puro, prohibiendo en ab- soluto el uso en la habitación de sustancias aromáticas de cualquiera naturaleza que sean, como ñores, esencias, etc. Silencio.—La tranquilidad i el reposo son indispensables para recuperar las fuerzas agotadas por el trabajo del parto. Es por lo tanto indispensable evitar la entrada a la pieza de la que acaba de desembarazar, de las personas de la familia i de los amigos que tienen la curiosidad de ver a la madre i al recien nacido. Los pueblos de la antigüedad eran tan celosos en seguir estas prácticas hij iónicas que acostumbraban colocar una corona en la puerta de la casa de la parturienta, para avisar a Jos amigos que debían evitar las visitas. Estos pequeños cuidados tienen je- neralmente mucha importancia para la sa- lud de la madre. Alimentos i bebidas. — La recien parida tomará como bebida ordinaria o agua a pas- to, la de tilo o de hojas de naranjo, pero solamente templada. No le conviene ningu- na bebida ni alimento caliente por la razón que indicaremos luego. El alimento debe ser lijero i de fácil dijestion, como el caldo, HIJ1ENE DE LA INFANCIA 95 la leche, huevos del dia, chuño u otros pa- recidos, no repitiéndolos demasiado a me- nudo i variándola cantidad según el estado i vigor de la paciente. Entuertos.—Después de terminado el par- to i de haber salido la par, persisten aun algunos dolores en la matriz, que se desig- nan con el nombre de entuertos i que pro- vienen de las contracciones de este órgano, que tiene por objeto la espulsion de algunos coágulos i de un poco de sangre que que- da después del parto dentro de la cavidad uterina, i que pueden también formarse al- gunas horas después, cuando liai un poco de debilidad o relajación del útero. Los en- tuertos son por eso mas intensos i persis- tentes en las que han tenido varios hijos que en las primerizas. Aun cuando los en- tuertos son inevitables, si se prolongan mucho i son mui intensos se puede hacer algo para calmarlos. Si se cree que a con- secuencia de un estado de relajación de la matriz, las contracciones, aunque doloro- sas, no pueden arrojar los coágulos conte- nidos en su cavidad, se puede usar el cor- nezuelo de centeno a la dosis de uno a dos gramos en las veinticuatro horas. Este 96 H1JIENE DE LA INFANCIA remedio aumenta la fuerza de las contrac- ciones determinando la espulsion de los coágulos. Para calmar el dolor pueden usarse pe- queñas lavativas opiadas, con cinco o diez gotas de láudano, dos o tres veces al dia. También se podrán colocar en el bajo vien- tre cataplasmas laudanizadas (con doble cantidad de láudano que la de las lavati- vas), procurando que no sean calientes sino solamente tibias. El uso de bebidas, alimentos o remedios ca- lientes después del parto pueden provocar he- morrajias de sangre, siempre perjudícales i en ulgunos casos, tanto por la cantidad de la per- dida de sangre como po reí estado de la partu- rienta, pueden ser de gravísimas consecuencias. Loquios.—Se designan con el nombre de loquios los humores que sigue arrojando la parturienta por la vulva durante un tiem- po que varia entre veinte i cuarenta dias. En las primeras horas después del parto los loquibs son sanguinolentos i van paso a paso perdiendo este aspecto, de manera que después del tercero o cuarto dia toman un color blanco-amarillento que conservan hasta el fin. HIJIF.NE DE LA INFANCIA 97 Los loquios tienen por oríjen un trabajo de reparación que se verifica en la parte de la matriz en la cual ha estado adherida la par, contribuyendo también a formarlos una hipersecrecion de la mucosa uterina i vaji- nal. La secreción de los loquios disminuye mucho durante la fiebre de la leche, i vuel- ve a aumentar en seguida para ir disminu- yendo gradualmente hasta su completa de- saparición. Los loquios no requieren mas cuidados que el aseo de las partes jenitales, el cual debe hacerse tan a menudo Como lo requie- ra la abundancia de la secreción. Si fueran mui fétidos, como suele suceder a veces, convendrá el uso de jeringatorios con coci- miento de agua de cascarilla o de hojas de nogal, a los cuales se les puede agregar un poco de ácido fénico, permanganato de po- tasa, licor de Labarraque, etc. Fiebre de la leche.-—A las cuarenta i ocho horas después del parto las mamas (pechos) se endurecen i aumentan de volúmen. La mujer esperimenta dolor de cabeza, bochor- nos, escitacion jeneral/aceleración del pul- so, sequedad de la piel al principio, la cual es remplazada a las cuantas horas por un 98 HIJIENE DE LA INFANCIA sudor mas o ménos copioso, i Ja temperatu- ra sube de 37 grados que es la normal a 38 grados i mas. Coincide con esta excitación febril la disminución de los loquios. Esta fiebre de la leche dura de 24 a 48 horas i si persiste por mas tiempo, liai que temer al- guna complicación. Como lo indica su nom- bre, la fiebre es provocada por el desarrollo de la nueva función orgánica de la secreción de la leche, la cual una vez que cesa la fie- bre fluye en mas abundancia. La fiebre es siempre ménos viva i el infar- to o abultamiento de los pechos ménos mo- lesto cuando la madre da al niño el pecho poco después del parto. La succión evita la obstrucción de los conductos de la leche, la cual sale con facilidad sin ningún accidente. Es mui útil cubrir los pechos después del parto i durante la fiebre láctea, para evi- tar la impresión viva del aire, con franela o con un poco de algodón. Los infartos do- lorosos i algunas supresiones de la secre- ción de la leche son orijinadas por la in- fluencia del frió sobre los pechos. Durante la fiebre la alimentación debe ser mui lijera i sencilla, una dieta rigurosa que solo se abandonará una vez que se hayan HIJ1ENE DE LA INFANCIA 99 calmado los accidente febriles, reempla- zándose por alimentos mas suculentos i en mayor abundancia, de manera que una se- mana después del parto se pueda usar la ali_ mentación ordinaria, siempre que sea sana. La constipación de vientre que se obser- va después del parto a consecuencia de la dilatación i relajación intestinal, será corre- jida por medio de lavativas abundantes de agua templada o por purgantes suaves. Si la parturienta no lia de criar i necesita por lo mismo secar la secreción de la leche, deberá reducir su alimentación, usar como bebida a pasto una infusión de cañafístula, i a mas uno que otro purgante salino, como el citrato de magnesia, el sulfato de soda o de magnesia, la sal de Calsbad, etc., pro- curando ántes que todo, evitar en absoluto que el niño tome el pecho. Si a pesar de es- tos medios, la secreción de la leche persis- te, corresponderá al médico prescribir aque- llos ajen tes que se consideran en materia médica, mas adecuados para ese objeto. Relaciones sexuales.—Por regla jeneral se puede decir que ellas no deben tener lugar sino después de la aparición de las reglas. La vuelta déla menstruación es un indicio 100 HIJIENE DE LA INFANCIA de que el útero ha vuelto a su estado nor- mal i por lo tanto, el coito no tiene incon- venientes. Si la mujer no menstrua durante la lac- tancia, las relaciones sexuales podrán ve- rificarse una vez que la secreción de los loquios ha terminado o sea a los treinta o cuarenta dias después del parto. Es una grande imprudencia verificar el coito antes del término indicado, porque no habiendo recobrado aun el útero su estado normal, pueden sobrevenir accidentes mui molestos i peligrosos para la mujer, como irritaciones agudas del útero, infartos i lie- morrajias tenaces, catarros agudos, etc. HIJIENE DE LA INFANCIA CAPITULO I § I Antes de entrar a describir las reglas hi- jiénicas que tienen por objeto la conserva- ción de la salud i regular desenvolvimiento del niño, vamos a dar una lijera idea del estado de desarrollo de sus órganos al na- cer i durante la infancia. Estas nociones serán de mucha utilidad para los padres, pues les dará una idea de los cuidados i atenciones que su débil i movediza consti- tución requiere. Procuraremos conciliar la exactitud que debe tener la esposicion cien- tífica del desarrollo orgánico i fisiolójico del niño, con la claridad que es necesaria para la fácil comprensión i vulgarización de es- ta interesante materia. La criatura al nacer se presenta con to- das las debilidades de su organización para 102 HIJIENE DE LA INFANCIA luchar contra todas las causas esternas que obran de un modo mas o ménos activo, para provocar las numerosas enfermedades que aquejan de ordinario a la naturaleza humana. Hasta el momento de nacer, casi todos los órganos de su frájil materia se han mantenido en completa inacción. De la trí- pode vital, o sea de los tres aparatos mas importantes para mantener la vida, el co- razón, los pulmones i el tubo dijestivo, solo el corazón ha funcionado de una manera imperfecta en el seno materno. En efecto, si es verdad que el corazón empieza a latir desde el cuarto mes de la vida intra-uteri- na, su acción es mui limitada i las funcio- nes de la nutrición de los tejidos, que deben verificarse por medio de la sangre, tienen lugar en el feto por medio déla circulación placentaria, es decir, por la de la madre, que pasando de la matriz a la par o placen- ta, corre por los vasos sanguíneos del cor- don umbilical para ir a dar vida i desarrollo al fruto de la jeneracion. El corazón del feto no está tampoco en estado de desem- peñar sus funciones, como debe verificar- las poco después del nacimiento, pues que H1JIENE DE LA INFANCIA 103 las cavidades del corazón están comunica- das, i los grandes vasos que parten de él, para repartirse en todo el organismo, tam- bién lo están, de manera que la sangre que por ella circula no tiene las propiedades que debe tener para el sostenimiento de la vida. Después del nacimiento suele obser- varse que esta comunicación, sea de las cavidades del corazón, sea de los vasos o arterias de que acabamos de hablar, persis- te, i entonces se observa lo que se designa con el nombre de cianosis de los recien na- cidos, o sea una coloración lívida o azule- ja del cuerpo. Este estado, si no es mui transitorio, es decir, si las comunicaciones de las cavidades del corazón no se cierran, es un peligro inminente de muerte, pues es incompatible con el ejercicio normal de las funciones del cuerpo. El aparato de la respiración, o sea los pulmones, solo se despliega o se abre para dar entrada al aire, que con su oxijeno re- jenera la sangre, con el primer grito o je- mido que anuncia la vida del nuevo ser; pero esta función tan importantísima, solo se ejecuta imperfectamente i es necesario el trascurso del tiempo para que vaya per- 104 HIJIENE DE LA INFANCIA feccionándose. Es por esto, que no es raro ver niños que nacen asfixiados, es decir, en los cuales el aire no tiene libre entrada en los pulmones, sea por debilidad o sea por algunas secreciones mucosas, que ocupan las primeras vías del aparato respiratorio, como la larinje i la tráquea (o sea la gar- ganta). El aparato dijestivo empieza a funcionar cuando se da al niño el pecho por la pri- mera vez, i aunque la dijestion es fácil i rá- pida, también puede perturbarse por la mas lijera causa, puesto que la leche, único ali- mento natural i apropiado a la dijestion del recien nacido, puede sufrir alteraciones va- riadas en su composición i calidad. Esta sola causa bastará para producir cólicos, diarreas, vómitos, i junto con estos acci- dentes la enfermedad conocida con el nom- bre de mouguet (o algorra), tan frecuente en los recien nacidos. Aunque hasta el dia no se ha hecho el análisis de los jugos di- jestivos del estómago i de los intestinos, la lójica, en primer lugar, i por otra parte la opinión de todos los prácticos, hace su- poner que difiera notablemente de su com- posición posterior, correspondiente a la HIJIENE DE LA INFANCIA 105 época en que el niño abandona la alimen- tación láctea para seguir el réjimen común. En efecto, si hai armonía en el desarrollo orgánico, es de suponer que así como el niño no tiene dientes i muelas, que siendo un bello adorno, son sobre todo, elemen- tos poderosos para preparar los alimentos sólidos por la masticación i la acción de la saliva, a la dijestion que debe verificarse en el estómogo i en todo el tubo dijestivo, así también el jugo gástrico i los demas del intestino, deben carecer de la fuerza que tendrán mas tarde para verificar la dijes- tion de esos alimentos. El tegumento esterno, o sea la piel que desempeña las importantes funciones de la traspiración i la absorción, estableciendo por medio de ellas un equilibrio constante con las funciones de los órganos internos, siendo la enfermedad el resultado inevita- table de su perturbación, se encuentra en la matriz cubierto por un líquido seroso designado, como hemos dicho ya, con el nombre de agua del amnios, o bolsa de las aguas, i protejido por una cubierta sebá- cea (de aspecto de sebo) que al nacer debe quitarse por el lavado, como lo veremos 106 H1JIENE DE LA INFANCIA mas tarde. En estas condiciones, la piel no tiene el carácter que necesita i debe conservar para el regular ejerció de sus funciones, razón por la cual a los pocos dias del nacimiento, empieza un trabajo de esfoliacion de la epidermis (cútis), la cual, al desprenderse, deja en su lugar otra de nueva formación, mas adaptada a sus ne- cesidades i que tiene el carácter de perma- nencia. El cerebro de un volumen estraordinario que está en proporción al peso como 1 a 8 con el resto del cuerpo i que en el adulto está en la 1 a 40, no se encuentra, a pesar de su tamaño, sino en un estado de desa- rrollo mui imperfecto i solo se ejercitan sus facultades mas inferiores, la sensibilidad i su acción vital, manteniendo por medio del sistema nervioso la actividad de todas las funciones de los diversos órganos del cuer- po, pero las facultades de la intelijencia permanecen adormecidas o inactivas por mucho tiempo, siendo su desenvolvimiento mui lento i paulatino. Los órganos de los sentidos que tienen un desarrollo mas precoz se encuentran al nacimiento en un estado, puede decirse, HIJIENE DE LA INFANCIA 107 rudimentario; la vista percibe la luz, pero sin distinguir ni los objetos ni los coloridos de los cuerpos, el oido percibe los sonidos, pero no se da cuenta ni de su timbre ni de sus variedades, i solo después de dos o tres meses a lo menos empezará el niño a dis- tinguir a su madre en sus sonrisas i colo- quios; el olfato i el tacto son aun mas tar- díos que las anteriores en su desarrollo; el del gusto no esta mas avanzado, i el recien nacido chupa instintivamente cuanto cuer- se aproxima a sus labios, sin que se note que perciba diferencia entre los diversos líquidos que pueden suministrarle. En una palabra, todos los órganos, todos los tejidos, todos los aparatos de que se compone ésta pequeña máquina humana, la cubierta esterna como las visceras inte- riores, el tejido muscular como el huesoso, las facultades morales e intelectuales como las físicas o las de la vida de relación, se encuentran en un estado embrionario, sien- do, se puede decir, el jérmen de lo que cons- tituirá mas tarde el ser pensante, el reí de la creación, segnn nos lo recuerda tan ha- lagadoramente la sagrada leyenda de todos los pueblos. I sin embargo, en el seno de 108 HIJIENE DE LA INFANCIA ésta frájil existencia i con instrumentos tan débiles, se verifican con una asombrosa exactitud todos las funciones de la econo- mía que tienen por objeto su conservación i progresivo desenvolvimiento. Siendo en el niño la actividad de las fuer- zas vitales mayor que en las otras edades, las revoluciones del organismo son también mayores, i por lo mismo, los peligros de sus perturbaciones mucho mas inminentes. La estadística universal viene a compro- barnos esta verdad de una manera irrefu- table. Ella nos dice, en efecto, que muere un niño sobre cinco en el primer año de la vida, i uno sobre tres al llegar al quinto año. § II El doctor Farr publicó en 1806 un cuadro estadístico de la mortalidad hasta la edad de cinco años de los principales paises de Europa. Vamos a copiarlo a continuación, pues es interesante bajo muchos aspectos. (Motar, tomo, I, páj. 38G). Noruega 17 por ciento Dinamarca 20 “ “ HIJIENE DE LA INFANCIA 109 Suecia 20 po rciento Inglaterra 26 “ “ Béljica 27 “ “ Francia ... 29 “ “ Prusia 32 “ u Holanda 33 “ “ Austria 36 “ “ España 36 “ “ Rusia 38 “ “ Italia 39 “ Si en vez de tomar el cuadro de los cin- co primeros años, tomamos el de la morta- lidad durante el primer año, nos conven- ceremos mas aun de los graves peligros que amenazan al niño en esa tierna edad. MORTALIDAD DE NIÑOS DE 1 DIA Al AÑO SOBRE 1.000 En Inglaterra en 1858 188 Id. id. 1859; 153 Béljica [Estadística de Mr. Qué- telet] • • 162 Francia, 1858 180,8 I esta mortalidad aumenta en proporción mientras mas cerca del nacimiento se le considera. 110 HIJIENE DE LA INFANCIA Así en Béljica sobre una mortalidad de 150 en 1 000, durante el primer año han co- rrespondido 51,7 al primer mes; 17,5 al se- gundo; 12,6 al tercero; 10,7 al cuarto; 8,6 al quinto; 7,6 al sesto; 7,2 ai sétimo; 6,6 al octavo; 6,5 al noveno; 6,5 al décimo; 6,3 al undécimo i 8 al duodécimo mes. En París, durante el año de 1865, sobre 8,622 niños muertos hasta la edad de un año, correspondieron a los tres primeros meses 4,986; a los tres meses siguientes 1,326 i a los seis últimos meses 2,328. Si de estos datos pasamos a los que se refieren directamente a nuestro pais, aun- que sin ser tan detallados e importantes como los anteriores, nos revelan una triste i desconsoladora verdad. En Chile la mor- talidad de niños es mayor que la de cual- quier otro pais del mundo. Así, por ejem- plo, miéntras la estadística del Dr. Farr da para la Italia, el pais de Europa de ma- yor mortalidad de párvulos, 39 por ciento en 1866, el Anuario Estadístico de la Repú- blica nos da para el mismo año 53 por cien- to. La estadística de Italia durante los años de 1872 a 75, da para los cinco primeros años 47.60, la de Chile, en esos mismos HIJIENE DE LA INFANCIA 111 años, ha oscilado entre 58,G i 60,1 por cien- to de los nacidos. En Francia, Suiza, Béljica i Estados Uni- dos la mortalidad de los párvulos, conside- rados hasta la edad de diez años, es como sigue: Francia de Suiza de Béljica de Estados Unidos 1866 a 1873 1873 a 1875 1865 a 1875 en 1870 De 0 a 1 año 18,66 26,14 20,09 22,44 » 1 a 5 » 10,85 7,58 16,84 17,01 » 5 a 10 » 3,13 2,48 4,55 5,37 » 0 a 10 32,64 37,10 41,48 44,80 Ahora bien, comparando un año de los que corresponden a estos datos con la Es- tadística de Chile o sea el año 1871, la pro- porción es de 58 por ciento i todavía liai la diferencia de que esta proporción alcanza solo hasta la edad de siete años i las ante- riores a la de diez. Vemos pues, que mientras mas cercano a su nacimiento consideramos al niño, ma- yores son los peligros que amenazan su exis- tencia. Es, por lo mismo, de suma utilidad conocer los preceptos que la hijiene acon- seja para evitarlos, si se desea, como es na- tural, conservarlos sanos i desarrollar con tino i prudencia sus fuerzas. La propagación i jeneralizacion de estos conocimientos es aun mas necesaria entre nosotros, pues la mortalidad de niños, es, como lo hemos manifestado, tan considera- ble que sin contar los abortos que son tan numerosos, a los siete años de 400 nacidos solo quedan 40. «Las causas que influyen en la despro- porción de muertes durante la infancia, la puericia i la adolescencia (dice el ilustrado redactor del Anuario Estadístico) no deben buscarse en las condiciones climatéricas i de salubridad de Chile. No son su cielo i suelo menos benignos i sanos que los mas favorecidos del globo. Provienen evidente- mente, casi en su totalidad, de perversos hábitos de vida, entre las clases menos aco- modadas de nuestra población i entre gran yarte de la mas educada que desconocen i aun contrarían los mas vulgares preceptos de hijiene. El cambio de tal situación ven- dría con una rejeneracion completa de sus hábitos, pero la obra es larga i costosa. Sin embargo, puede ella llevarse a cabo median- te la munificencia i la dilijente enseñanza de la filantropía i de la instrucción pública1.» 1. Anuario Estadístico, tomo XXII páj. XV. 112 HIJIENE DE LA INFANCIA HIJIENE DE LA INFANCIA 113 Es tan cierto lo que afirma el autor cita- do, que se puede probar hasta la evidencia que aumentando los cuidados i las atencio- nes del niño se conserva en proporción mu- cho mayor. El doctor Juan J. Nagle que hizo el suma rio de los nacimientos, matrimonios i de- funciones de Nueva York en 1878, dice: «la proporción de muertes de niños de ménos de cinco años sobre el total de la mortali- dad durante ocho años fué de 48,19. Se ob- serva principalmente esta mortalidad entre niños de jente pobre, especialmente entre los que se hallan mal amamantados i sin el adecuado nutrimiento. El monto déla mor- talidad es mayor entre los que habitan edi- ficios de varias familias i en gran parte se atribuye la causa a la carencia de medios entre los pobres para procurarse el alimen- to correspondiente, aire puro, asistencia i auxilio del médico, como asimismo a la mala ventilación de esos edificios, a las con- secuencias naturales de la aglomeración de personas, desagües imperfectos, calles de- saseadas, acumulación de basuras, etc.» Pues bien, nuestro Anuario Estadístico de 1879 refiriéndose a estos datos, dice lo 114 HIJIENE DE LA INFANCIA siguiente: «Confirman estas observaciones la proporción de muertos de ménos de siete años de los habitantes disidentes en Chile, los que por el mayor cuidado i previsión en el alimento i abrigo de la infancia que los que presta el común de nuestro pueblo, la mortalidad de aquella edad de niños solo ha sido de 28, 4 por ciento en el año 1878. El doctor Farre manifiesta igualmente que en Inglaterra, por ejemplo, entre los pares i los miembros del clero, la mortalidad de niños hasta la edad de cinco años solo al- canza a 10 por 100, siendo la de la Gran Bre- taña en común de 26 por ciento. El conocimiento de la hijiene de la infan- cia tiene, pues, una importancia indiscuti- ble i dedicaremos por lo mismo a su estu- dio, el resto de este trabajo. CAPITULO II § I Cuidados que requiere el niño al nacer Al desprenderse la criatura del seno de la madre, empapado en los humores i san- gre que acompañan su salida, es una espe- cie de materia inerte, que aunque tiene to- dos los elementos de vitalidad, carece de las fuerzas necesarias para resistir a la ac- ción de los ajentes atmosféricos, bajo cuya influencia queda sometido. Ante todo, es necesario, tan pronto sale del seno de la madre, ver si viene el cordon enredado en el cuello, como suele ocurrir, para desenredarlo, colocando en seguida al chico con la cabeza levantada i distante de las partes jenitales para que en caso de que empiece luego a respirar, los humores no sean aspirados en vez de aire. En el vientre materno vivia con un calor uniforme de 37 a 38 grados. Al nacer tanto por la impresión del aire atmosférico que 116 HIJIENE DE LA INFANCIA tiene siempre una temperatura mui inferior, pudiendo llegar en el invierno entre noso- tros hasta menos de 0 grado, como por el enfriamiento de la capa húmeda que cubre el cuerpo del recien nacido, la temperatura de éste tiende a bajar i baja en efecto, como está plenamente probado,1 a los pocos mi- nutos después del parto, durando el descen- so algunas horas i siendo la disminución de uno a dos grados. Este enfriamiento puede cuando menos ser el orijen de un coriza (romadizo) que mo- lestará estraordinariamente al niño, dificul- tando el paso del aire a los pulmones para la respiración, i, lo que es mas serio aun, hará mui difícil el acto de mamar, por que no pudiendo respirar por la nariz tiene que hacerlo por la boca, lo que le obligará a soltar el pecho a cada instante, i como no tiene mas medios de manifestar sus impre- siones que el llanto, llorará constantemen- te. Esta dificultad para mamar puede traer consigo la inanición, el aniquilamiento i la muerte. Es pues, indispensable tratar de envolver 1. «De la température chez les enfanls, par H. Ro- ger.» HIJIENE DE LA INFANCIA 117 bien a la criatura una vez que nace, i man- tener la habitación a una temperatura suave i templada, en especial en el invierno, i pro- ceder lomas pronto posible al lavaje del ni- ño, para poder abrigarlo convenientemente. Después de verificado -el parto, el niño queda aun vinculado a su madre por medio del cordon umbilicar, el cual partiendo del ombligo de la criatura va a terminar en la placenta (par, via) i como ésta no se des- prende sino algún rato después del parto, es necesario cortar el cordon que ha sido en el seno materno el intermedio por el cual se ha alimentado el feto, recibiendo por él la sangre materna, verdadera savia de su vi- da i crecimiento intra uterino. Una vez na- cido no necesita de este medio de vida por que tiene ya vida propia e independiente 1 es necesario cortar el cordon para sacarlo del medio de sangre i humores en que se encuentra colocado i para evitar el enfria- miento. Para proceder a cortar el cordon es nece- sario ántes ligarlo (amarrarlo) en dos par- tes, la una a cuatro traveses de dedo (o sea el ancho de le mano) distante del ombligo i la otra a continuación de la anterior. Se de- 118 HIJIENE DE LA INFANCIA be colocar la primera a la distancia indica- da del ombligo porque a menudo se encuen- tra en ésta parte del cordon alguna tripa i parte del intestino del chico, que podria amarrarse si la ligadura se colocara mas cerca del ombligo, lo cual seria el oríjen de un accidente gravísimo o mejor dicho mor- tal, sino se le desatara tan luego como se pudiera descubrir la falta cometida; pero, no está demas advertir, que seria mui difí- cil descubrirla. La otra ligadura se coloca con el objeto de evitar que la madre siga perdiendo sangre por la sección del cordon, hemorrajia que puede ser mas o menos con- siderable según el tiempo que se demore en desprenderse la placenta. Esta hemorra- jia debe evitarse en todo caso por inútil i. con mayor razón si el parto ha sido difícil i la parturienta está mui debilitada, pues en este caso seria mui peligrosa. La ligadura debe hacerse con un cordon de hilo o de seda, resistente, lijeramente encerado, i que se tiene preparado de an- temano, lo mismo que la tijera que sirva para hacer la sección, una vez hechas las dos ligaduras; así se evitarán demoras per- judiciales. HIJIENE DE LA INFANCIA 119 § II Asfixia o muerte aparente de los recien nacidos. Sucede a veces que con motivo de parto largo i laborioso, por la compresión prolon- gada del cordon umbilical, por el desprendi- miento prematuro i parcial de la par, por la obstrucción de la parte inferior del conducto de la respiración, por la compresión pro- longada de la cabeza en su comunicación con el espinazo (o sea la rejion del cuello), por derrames de sangre en el cerebro, etc,... el niño nace en un estado de asfixia que se manifiesta ordinariamente por un amo- ratamiento o lividez jeneral del cuerpo i en especial de la cara i las estremidades. Este estado designado por algunos prácticos con el nombre de muerte inminente, es en rea- lidad gravísimo i exije un tratamiento acti- vo i continuado para hacer salir al niño de esta amenazante situación. Como una de las causas principales de la asfixia es la alteración de la sangre, por la compresión del cordon en los partos la- boriosos i largos, compresión que determi- na la intoxicación de dicho líquido por el 120 HIJIENE DE LA INFANCIA ácido carbónico, conviene activar la pene- tración del aire en los pulmones. Para ob- tenerlo, debe introducirse el dedo (el pe- queño de la mano) en la boca del niño para sacar las mucosidades que pueda tener acumuladas en el fondo de la boca i para provocar una reacción respiratoria por la escitacion que esta operación determina. Otra precaución indispensable es la de cor- tar el cordon i no poner la ligadura de que hemos hablado antes, sino una vez que ha- ya salido alguna cantidad de sangre (una cucharada de sopa mas o ménos). En se- guida se fricciona la piel, sea con la mano o con cepillo áspero, se hacen afusiones (rociar o mojar) con agua fria i se sumerje luego al chico en un baño caliente, de 35 a 38 grados, imprimiéndole algunos movi- mientos i sacándolo de cuando en cuando del baño para volverlo a sumerj El ir.aire de la pieza debe ser puro, fresco i renovado constantemente. Con las precauciones anteriores, el niño que no daba señales vida, empieza a gritar, lo cual es el signo de que el aire penetra mas fácilmente en el pulmón, el amorata- miento desaparece poco a poco, todas las HIJIENE DE LA INFANCIA 121 funciones se regularizan; la criatura está salvada. Sin embargo, en los casos mas graves, los medios indicados no bastarian i es necesario recurrir a la respiración ar- tificial, o sea la insuflación de aire, sea di- rectamente de boca a boca o sea por medio de un tubo que se introduce en el conduc- to respiratorio (larinje, garganta). La respiración artificial debe ser practica- da por el médico, pero en caso de apuro, podria ensayarse en su ausencia la insufla- ción de aire de boca a boca. Antes de ha- cerlo, debe limpiarse bien con el dedo las mucosidades de la boca i garganta, en se- guida se hace una grande aspiración, se tapa la nariz del chico con los dedos, se aplica la boca a la del niño i se sopla sua- vemente, procurando no darle sino una parte del aire aspirado. Debe acompañar a esta insuflación la presión del pecho, una vez verificada la insuflación del aire, para imitar el movimiento de espiración, repi- tiendo el procedimiento por algún tiempo. La insuflación de aire por un tubo o cánula introducida en la larinje, solo puede hacer- la el médico. 122 HIJIENE DE LA INFANCIA § III Lavaje.—La superficie cutánea, durante la jestacion, se halla bañada por las aguas del arnnios. Para evitar la maceracion o al- teración de la piel, se encuentra ésta cu- bierta de una capa sebásea o de apariencia de sebo. Después del nacimiento, la super- ficie del cuerpo queda bajo la impresión del aire atmosférico i la capa sebásea es entonces inútil i hasta perjudicial. Esta ma- teria protectora de la superficie cutánea en la vida intra-uterina, es común en todos los animales. El instinto hace que en la je- neralidad las madres laman sus crias para quitarles ese unto sebáseo, inmediatamen- te después de nacidas, i en la especie hu- mana se recurre al lavaje. Para quitar esa cubierta de que vamos hablando, se acostumbra frotar suavemen- te la piel del niño con aceite de olivo o de almendras, con cerato, mantequilla o yema de huevo, siendo esta última sustancia la mas aparente, porque hace que la materia sebásea se mezcle mas fácilmente con el agua i quede así mas limpia la cutis. Las H1JIENE DE LA INFANCIA 123 partes mas cargadas de unto i sobre las cuales debe tenerse mas cuidado de friccio- nar, son la cabeza, el cuello, el hueco déla axila (sobaco), los pliegues de los muslos i las partes jenitales. Después de verificada la fricción, se su- merje al niño en un baño tibio de30 a 32 gra- dos i por medio de una esponja se restre- ga el cuerpo suavemente, se le seca en seguida con un paño o toballa i se le en- vuelve en mantillas de franela de Jana o algodón, miéntras se le viste. Teniendo la precaución de friccionar bien con yema de huevo, no hai necesidad de usar jabón du- rante el baño. En toda la operación del lavaje, o sea fricción, baño i secamiento, debe emplear- se el menor tiempo posible para evitar el resfrio. Muchos chicos se resfrian i les vie- ne romadizo o tos, nada mas que por des- cuido, prolongando mucho la fricción o el baño. Debe tenerse mucho cuidado en se- car bien la cabeza, porque si se la deja hú- meda, es seguro que sobreviene el coriza • romadizo). Una vez lavado i secado el niño, se le empieza a vestir, principiando por la ca- beza, la cual se cubre con dos gorritas, una 124 H1JIENE DE LA INFANCIA de tela fina i suave, que es la que queda en inmediato contacto con la pie], i sobre és- ta, la otra mas gruesa, que sirve de abrigo. Ponése en seguida la camisa i, para abre- viar, conviene poner al mismo tiempo que la camisa el paltocito o saco, para lo cual bastará meter las mangas de la primera en las de éste. Hecho lo anterior, llega el momento de arreglar el cordon umbilical. Cortado ya, como hemos dicho, a cuatro traveces de dedos de la pared del vientre, debe colocar- se la parte restante dentro de una compre- sa (tejido de lienzo doblado) doblada en uno o mas dobleces, según el grueso del jénero que se usa, i el espesor del cordon. Se in- troduce en ella por un agujero que se le hace previamente, teniendo también la pre- caución de untarla con cerato. Pasado el cordon por el agujero de la compresa, se dobla ésta sobre sí misma, se le coloca en- cima otra compresa o pañito fino, i se sostie- ne el todo por medio de una venda suave- mente apretada. Si no se tiene cuidado de untar con cerato la compresa, en la parte que contiene el cordon, podria suceder que éste al secarse se pegue a la compresa, la HIJIENE DE LA INFANCIA 125 cual al moverse, por aflojarse la venda, o bien cuando se le cambie, puede traccionar (estirar) o arrancar el cordon antes del tiempo en que debe desprenderse natural- mente, lo cual puede ser el oríjen de varios accidentes. Si el cordon es mui grueso i humedece mucho la compresa i llega por lo mismo a tomar mal olor, se le cambiará al segundo dia i siguientes, pero esto rara vez ocurre, i de ordinario no hai necesidad de cambiar- la hasta que se desprende con el cordon, lo que tiene lugar del cuarto al octavo dia. Una vez caido el cordon, es necesario cui- dar del ombligo, lavarlo por varios dias, i si hai un poco de supuración, ponerle hilas con cerato o glicerina, i si hai solo una li- jera humedad, una vez lavado, ponerle pol- vos finos de licopodio, arroz o almidón. § IV En seguida, se concluye la operación de vestir al chico. En nuestra sociedad existe la costumbre de envolver en cuadros o pa- ñales al niño, cuadros que tienen la forma triangular o de tres puntas, una de las cua- 126 IIIJIENE DE LA INFANCIA les se pasa por entre las piernas i va a unirse con las otras dos que, viniendo por detrás, se doblan sobre la parte anterior de la cintura. Este sistema de fajar, que es el que se si- gue en Francia, tiene el inconveniente, so- bre todo en razón del número de paños que se acostumbran i del fajamiento de la parte superior del muslo que con ellos se verifica, que se le quita al niño la acción sobre sus piernas, las cuales quedan en- treabiertas, i cuando empieza a andar o se le para en el suelo, se les ve formar con ellas un arco con la convexidad hácia afue- ra. Esta deformación que es pasajera, no tendida inconveniente sino significara una perturbación en el desarrollo del niño i que puede ser de mui malas consecuencias en los que tienen alguna propensión al raqui- tismo. También se usa entre nosotros el sistema inglés, que consiste: i.° en una ca- misa de tela fina; 2.° un paño triangular co- locado en la parte posterior que envuelve las nalgas, uniéndose dos de sus puntas, que dan vuelta la cintura, con la tercera que, pa- sando por entre los muslos se lleva hacia adelante hasta la barriga; 3.° una pieza de ta- HIJIENE DE LA INFANCIA 127 fetan gomado superpuesta a la precedente. Si la estación es tria, se agregan uno o dos paños de lana de la misma forma que los anteriores; 4.° un saco largo de franela con mangas; 5.° en fin, el traje se completa con medias o calcetines de punto de lana. Aunque este sistema de vestir deja mas li- bre los movimientos del niño, es todavía preferible la costumbre de nuestra jente del pueblo, que consiste en unas mantillas, las que se sujetan en la cintura i se pro- longan hasta una cuarta o mas de los pies. Con esta mantilla que es de forma cuadra- da, se envuelve al niño sin apretarlo, deján- dolo completamente libre para que verifique sus movimientos, sin perturbar el desa- rrollo. La amarra de la cintura por medio de una venda o faja, debe servir solo para mantener las mantillas en su colocación, procurando, por tanto, no apretarla dema- siado; también puede ponerse mas abajo de los piés otra amarra que cierre el traje e impida que se abra fácilmente. El menaje de esta mantilla es el siguiente: 4.° un cua- dro de lienzo o pañal de lienzo; 2.° otro de bayeta de Castilla; 3.° una faja para ama- rrar los cuadros sobre la cintura, i 4.° una 128 HIJIENE DE LA INFANCIA cinta o huincha para amarrar la mantilla en la estremidad inferior. Este vestido, a mas de la facilidad para su colocación, es como se ve, tan cómodo que no puede mo- lestar en lo menor. En tiempo frió se agre- ga otra bayeta de Castilla, si es necesario. Nuestra jente del pueblo apreta demasiado la mantilla i la amarra inferior la pone or- dinariamente, no debajo de los piés, sino que dobla la mantilla i la amarra al nivel del tobillo. Con ese apretamiento i esa co- locación de la amarra inferior, quita en mu- cha parte la libertad de los movimientos de las piernas, i por lo mismo las ventajas de la mantilla. Nuestra sociedad que vive a la derniére i que sigue con rigurosa precisión la moda de Paris, no abandonará por cierto la cos- tumbre adoptada i seguirá envolviendo a los niños con los aparatos de vendaje, si podemos espresarnos así, con los que cubre las piernas, e irrítalas partesjenitales, man- teniendo la orina i materias fecales en inme- diato i prolongado contacto con ellas i pro- vocando así las cociduras, que tanto hacen sufrir a las criaturas. Pero nosotros nos atreveríamos a pedir a los que no viven HIJIENE DE LA INFANCIA 129 oprimidos por la servidumbre del hábito, que adopten el traje vulgar como el mejor i mas cómodo. Conviene hacerle únicamen- te una modificación. Inmediatamente sobre el primer cuadro, o sea entre el de lienzo i el de bayeta, es mui útil poner otro de ta- fetán inglés o de hule de jeve para evitar que todo el vestido se moje con la orina o las evacuaciones. Esta precaución tiene a mas de la ventaja del aseo, la mas importan- te de evitar el rápido enfriamiento de dichos humores i los accidentes que pueden ser su consecuencia en la salud del chico, en especial en la estación de invierno. El vestido debe sujetarse con huinchas i botones i nunca con agujas o alfileres como se suele hacer, pues no es raro que se in- troduzcan en el cuerpo del niño, lo que como es natural, los hace sufrir horrible- mente, ignorándose la causa, hasta que la casualidad o el médico llega a descubrirla. Varias veces hemos tenido que estraer agu- jas perdidas en las carnes de las criaturas desde un tiempo mas o ménos largo. 130 HIJIENE DE LA INFANCIA § V Abrigo.—Como dice mui bien el señor Fer- nandez Frías en su obrita «la salud de los niños», el frió es una de las causas mas fre- cuentes de enfermedad i aun de la muerte en la primera infancia. Es necesario tener so- bre todo presente que en esta edad, aunque el calor animal se produce en la misma pro- porción que en el adulto i que en ambas edades la temperatura del cuerpo es la mis- ma con diferencias insignificantes, el niño pierde mas fácilmente en calor por la inac- ción o falta de ejercicio i movimiento i por lo mismo, está mas espuesto al enfriamien- to, afectándole mas vivamente las varia- ciones bruscas de la temperatura atmosfé- rica. Es, en efecto, mas soportable para el organismo un frió intenso, pero constante, que las oscilaciones del calor en las diversas horas del dia, aunque la temperatura no alcance en sus variaciones grados mui es- trenaos. Es pues necesario evitar al recien nacido toda causa de enfriamiento, procu- rando abrigarlo mas que en cualquiera otra edad de la vida. HIJIENE DE LA INFANCIA 131 Después de completado el vestido se acos- tará al niño en su cuna preparada de ante- mano. No es raro ver que en vez deponerlo en su cuna se lo coloca en la cama de la madre, pero tanto esta costumbre como la de hacerlo dormir en las faldas para poner- lo en seguida en la cuna son perniciosas. El niño necesita respirar un aire puro i no el del lecho materno viciado por las depura- ciones i humores de la madre, como los loquios, el sudor, la respiración, etc. Ha- cerlo dormir en las faldas para acostarlo en seguida en su cuna es también una mala costumbre porque el chico estraña inme- diatamente la diferencia de temperatura de la cuna, por lo cual se dispierta i se pone a llorar. En este caso se vuelve a tomar en brazos para hacerlo dormir de nuevo i en esta alternativa se pasa el tiempo i se per- turba tanto su reposo como el de la madre. Es pues necesario habituarlo a dormir solo en la cuna, lo que se consigue fácilmente al principio, poniéndolo en ella una vez que haya mamado. Cuando la estación es fria puede tempe- rarse el aire del dormitorio por medio de la estufa o chimenea. Es también mui conve- 132 HIJ1ENE DE LA INFANCIA rúente cubrir la cuna con una cortina tijera que aunque no quede completamente cerra- da preserve al chico de corrientes de aire i de la impresión viva de la luz al desper- tar; muchas irritaciones de la vista se evi- tarán con esta precaución. Es, por desgracia, mui frecuente obser- var en la primera infancia irritaciones a los oidos que molestan vivamente, que hacen llorar al chico constantemente sin saber a que atribuirlo, hasta que aparece la supura- ción. ¿A qué atribuir estas irritaciones del oido? A nuestro juicio, ellas provienen de la impresión del aire frió, que obra en esta edad de una manera mas directa sobre las diversas partes del aparato auditivo, por que la capa huesosa que pro teje al oido in- terno es sumamente tenue. Es por eso que la supuración no solo aparece por el con- ducto auditivo sino que también se acumu- la en abceso [apostema] en la parte esterna i posterior de la oreja. Creemos, por lo di- cho, que debe tenerse mucho cuidado en mantener siempre cubierta la cabeza con la gorra,protejiendo con ellalarejion del oido. Después de estas consideraciones sobre los cuidados que reclama el niño recien na- HIJIENE DE LA INFANCIA 133 cido, pasaremos a ocuparnos de la impor- tante cuestión de la lactancia, principio i fundamento de su conservación i progresivo desarrollo. CAPITULO III § i ¿Cuándo debe empezar a mamar el recien nacido? El aparato intestinal se encuentra inactivo durante la vida intra-uterina i su superficie interna o mucosa se encuentra lubrificada por la secreción del aparato glandular i por la bilis. Estas secreciones juntas con el epitelium desprendido de la membrana mucosa constituyen la materia conocida con el nombre de meconio1 que el niño debe arrojar después del nacimiento. Este meco- nio, de un color moreno o moreno-verdusco, parecido al estrado de opio, de donde deri- va su nombre, viscoso, pegajoso, sin olor i desabor insípido, no siempre se desprende i es espulsado de los intestinos con facili- dad. La sabia naturaleza, que todo lo dis- pone admirablemente, prepara para este objeto la leche de la madre con una compo- sición especial. i. Ch. Robin. sur les humeurs paj. 578. 136 K1JIENE DE LA INFANCIA En efecto, desde algunos dias antes del parto hasta unos ocho o diez dias después, las mamas segregan un líquido lactescente, viscoso i mucilajinoso, amarillento, bastan- te consistente, de reacción alcalina i mas abundante en las mujeres que han tenido varios hijos i de buena constitución que en las primíparas i de constitución delicada. Este líquido designado, con el nombre de calostro, es mas denso que la leche normal, variando su peso entre 1040 i 1060 (siendo de mil la unidad de peso del agua) i tiene la particularidad de descomponerse (podrir- se) mas pronto que la leche i de coagularse por el calor (la leche como es sabido puede calentarse sin que se coagule o cuaje). Para mayor exactitud en la comparación de la primera leche o calostro i la leche normal, colocaremos a continuación los cuadros da- dos por Clemm i Robín. COMPOSICION DE LA LECHE DE MUJER SEGUN CH. ROBIN Agua 902,717 a 861,799 Cloruro de sodio 0,240 » 0,840 » potasio 1,440 » 1,830 Sulfato de potasa Señales » soda 0,074 » 0,075 HIJIENE DE LA INFANCIA 137 Carbonato de soda 0,053 » 0,056 » cal 0,069 » 0,070 Fosfato de cal (de los huesos) 2,010» 3,440 » magnesia 0,420 » 0,640 » soda 0,225 » 0,230 » fierro 0,032 » 0,070 Latacto de soda 0,420 » 0.450 Mantequilla Mai'garina 17,000 a 25,840 Oleina 7,500 » 11,400 Butirina, caprina, coproi- na, caprilina 0,500 » 0,750 Sales ácidas, grasas o jabonosas algunas pero no buscadas. Lactina o lactosa 37,000 a 49,000 Caseína seca 29,000 » 39,000 Lacto-proteina 1,000 » 2,770 Albúmina indicios » 0,880 Tiene también la leche en solución 30 centímetros cú- bicos de gas por litro, formados por 16,55 c. c. de ácido carbónico, 12,16 c. c. de ázoe i 1,29 c. c. de oxíjeno, según Hoppe. COMPOSICION DEL CALOSTRO DE LA MUJER SEGUN CLEMM. Agua 945,24 a 851,87 Cloruro de sodio.. Id. de potasio Fosfatos i sulfatos de potasa.. Id. de cal i de magnesia.. Id. de fierro 4,41 » 5,44 Mantequilla 7,07 » 41,30 Lactosa 17,27 » 43,69 Albúmina 29,81 » 80,73 138 HIJIENE DE LA INFANCIA A los dos'o tres días después del parto, la albúmina desaparece, siendo reemplaza- da por la caseina. De la comparación de estos dos cuadros se deduce que la leche i el calostro difieren notablemente en su composición, i esta di- verjencia de composición no es indiferente para el niño recien nacido. El calostro pre- parado por la naturaleza para los primeros dias del nacimiento es de mas fácil dijes- tion, por su composición mas simple i tie- ne también una acción suavemente pur- gante que facilita el desprendimiento de meconio. Con estos antecedentes se puede contes- tar la pregunta que encabeza este capítulo. Suponiendo que la madre crie a su hijo, no tiene inconveniente para ofrecerle el pecho tan pronto como sea posible, es decir, una vez que ambos hayan recibido los cui- dados hijiénicos i de aseo exijidos por el parto. Mas, si éste ha sido largo i difícil, dejando a la parturienta fatigada i adolori- da, podrá demorar algunas horas, que uti- lizará en dormir o reposaT, para recuperar sus agotadas fuerzas, sin que por eso se resienta la criatura, pues al poco de haber HIJIENE DE LA INFANCIA 139 nacido, sea por la viva impresión que le han producido los ajen tes esteriores o el nuevo medio en que se encuentra coloca- do, o por la fatiga misma provocada por las numerosas funciones que tiene que de- sempeñar su organismo, cae ordinariamen- te en un profundo sueño que suele durar algunas horas. Si este adormecimiento no sobreviene i, a pesar del abrigo, el niño llora, se le puede entretener con un chu- pón embebido en agua azucarada. La lactancia puede practicarse de varios modos: 1.® lactancia materna; 2.° lactancia por nodrizas; 3.° lactancia animal, i 4.° lac- tancia artificial. Algunos prácticos estable- cen también como un medio especial la lactancia mista, o sea aquella en la cual a la alimentación de la leche materna se agrega la mamadera en una época mas o ménos próxima al nacimiento; pero no nos parece útil hacer en este caso una clasifi- cación distinta, desde que la base verdade- ra de esta lactancia es la leche materna, i desde que en la jeneralidad de los casos la madre no podria criar sin ayudarse con la mamadera. 140 HIJIENE DE LA INFANCIA SII Lactancia materna.—Este medio es el me- jor sin disputa para criar niños sanos i vi- gorosos. La naturaleza, que no hace obras imperfectas, ha dispuesto que la madre no solo lleve en su seno al hijo durante nueve meses, sino que también ha dispuesto que lo crie con la leche de sus pechos colo- cados en un lugar aparente para que al mismo tiempo que la criatura esprime la savia de vida en ellos contenida, pueda también ella abrigarlo i llenarlo de besos i caricias. Por eso decía con tanta elecuen- cia Favoriti «Pensáis que esos globos se- ductores que adornan vuestro sexo, hayan sido redondeados por las gracias para ser un simple adorno, e ignoráis que la natura- leza los ha destinado a ser el recurso del recien nacido?» Es un hecho ñsiolójico i de diaria com- probación que la naturaleza esperimenta un verdadero placer en el ejercicio regular de las funciones que corresponden a cada par- te del organismo. Goza con el uso de los sentidos, con el movimiento i con el reposo, HIJ1ENE DE LA INFANCIA 141 con la vijilia i con el sueño, etc. Naturales también que la madre esperimeute con la crianza una sensación particular, de la cual dan un irrecusable testimonio las que cum- plen con ese deber de la naturaleza. Pare- ce, en efecto, que la lactancia despierta i aviva la sensibilidad de la madre, aumen- tando su ternura para con su hijo, como el ejercicio de los sentidos perfecciona i aumen- ta las impresiones por ellos trasmitidos. ¿A. qué causa atribuir, dice el ilustre íisiolojis- ta Longet,1 el fácil despertar de la madre al menor suspiro de su hijo? En vano el ruido de la calle resuena en el aire i los gritos de los transeúntes hacen vibrar su oido, en vano el rayo amenaza i estalla, ella duer- me. Mas, un lijero soplo ha hecho vibrar los labios de su hijo o bien se ha movido en su cuna, e inmediatamente se despierta: ella ha oido ese soplo, ese movimiento, pues estaba alerta, ella quería oir. El cuerpo pue- de dormir, el alma puede dormitar; pero el amor de una madre para con su hijo no duerme ni dormita.» Es evidente que esa lei de placer estable- 1. Traité de physiologie, tomo 2, páj. 624. 142 HIJIENE DE LA INFANCIA cida por la naturaleza para el ejercicio de las funciones orgánicas no puede dejar de tener su aplicación en el ejercicio de la fun- ción mas noble, mas intintiva, mas confor- me con la naturaleza, que en todo busca la conservación i propagación de las especies. Siendo esto exacto, es natural i lójico ad- mitir, que, salvo rarísimas escepciones, to- da madre puede criar a su hijo, por débil o delicada que sea. A menudo se observa que la de menos apariencia una vez que se de- cide a criar se desarrolla i vigoriza, i su hijo presenta un aspecto envidiable de salud i bienestar. Si solo debieran criar aquellas que presentan una apariencia de salud i ro- bustez, como se exije cuando se trata de una nodriza, seria casi indispensable renun- ciar como dice el profesor Caseaux1 a ver criar a sus hijos a las personas de la eleva- da sociedad. La leche de la madre no nece- sita ser mui rica, basta aun una leche de mediana calidad para la crianza de su pro- pio hijo, siendo muchas veces mejor que una leche rica i abundante de una mujer mercenaria. ¿Por qué? Difícil seria dar una i. Traité des accouehements páj. 1105. HIJIENE DE LA INFANCIA 143 esplicacion satisfactoria de un fenómeno tan interesante, pero no será por cierto el único que podamos comprobar sin esplicarlo en- tre los tan numerosos que la naturaleza nos presenta a cada paso. Sin embargo, ¿qué tiene de raro que la criatura que se ha formado i desarrollado en el seno de la madre, tenga con ella cierta anaiojía, i que la leche que después del na- cimiento continúa esa obra admirable sea adecuada a sus necesidades? Si, como vere- mos después, no es indiferente a la salud del niño el uso de la leche de vaca o de cual- quier otro alimento parecido aplicado des- de los primeros dias del nacimiento, siendo como es, mas rica que la leche de mujer, ¿qué tiene de raro que tampoco sea indife- rente el uso de otra leche que la de la madre, por mas que sea mas rica i abundante? Pero hablaremos claro. Un sentimiento de coquetería mui desarrollado en la mujer, sobre todo en el estado actual de nuestra sociedad, i por otra parte los matrimonios verificados muchas veces por conveniencia, entibian los vínculos de familia i adormecen en la mujer ese eco elocuente de la natura- leza, que la llama por medio de los gritos 144 HIJIENE DE LA INFANCIA inocentes i doloridos de su hijo al cumpli- miento de su deber. Nosotros tenemos la íntima convicción de que son raras las señoras de nuestra socie- dad que no pueden criar a sus hijos, como es escepcional entre las hembras de los ani- males mamíferos el que carezcan de la leche suficiente para alimentar a sus crias. I si nó (.cómo se esplicaquela jen te del pueblo, que vive de su trabajo, con escaso alimen- to, con absoluta carencia délas comodida- des que proporciona el dinero, pueda criar i crie constantemente a sus hijos? Cuando falta la voluntad todo falta, cuan- do se siente el peso que la crianza orijina, cuando preocupa la conservación de la be- lleza de las formas, cuando se toman en consideración las vijilias que trae a menudo consigo la lactancia, cuando, en fin, se te- me la esclavitud del cumplimiento del de- ber, entonces los inconvenientes son insu- perables, i la crianza imposible. I bien, ¿la mujer que rompe así por esas considera- ciones los lazos de la carne i de la sangre, siendo insensible a las afecciones materna- les mas puras, podrá ser mas leal, mas cons- tante i mas severa con sus deberes sociales HIJIENE DE LA INFANCIA 145 i con los compromisos que la ligan al ma- rido? Quisiéramos que nuestra palabra fuera bastante elocuente para estimular a las ma- dres a criar a sus hijos, siguiendo el ejem- plo de la reina de Francia, madre de Luis IX, conocido con el nombre de San Luis. Es- ta señora criaba a su hijo, siendo su ejem- plo seguido por la nobleza. Sucedióle un dia en que se encontraba afiebrada, que ha- biéndose quedado dormida algunas horas, al despertar su hijo no quiso tomar el pe- cho. Al momento preguntó si alguna dama de la-corte le había dado de mamar. Una de ellas, en efecto, para tranquilizar al chico le había dado una vez. La reina introdujo entonces sus dedos en la boca del niño, pa- ra hacerle vomitar la leche, diciendo que no quería que nadie le disputara sus dere- chos de maternidad. Si la reina de Francia era exajerada en sus sentimientos mater- nales, esa exajeracion honra en todo caso i manifiesta cuán grande i sólido es el cari- ño de una madre virtuosa. Bien sabido es que cuando el niño es cria- do por una nodriza, tan pronto como em- pieza a distinguir i conocer tiende sus bra- 146 HIJIENE DE LA INFANCIA zos cariñosos i arrulla con ese encanto pro- pio de la edad a la que lo calienta entre sus senos i lo alimenta con su propia sangre, considerándola su verdadera madre; él no tiene intelijencia, pero el instinto lo hace caer en el error de creer que es su madre la que desempeña para con él un deber so- lo a ella confiado. La supresión del ejercicio funcional de un órgano cualquiera produce en todo el organismo una perturbación mas o ménos sensible; la supresión de la traspiración de la piel es el oríjen de casi todas las enfer- medades agudas i febriles, la supresión o perturbación de la secreción de la bilis pro- duce el infarto o inchazon del hígado, etc... Siendo esta una lei del equilibrio orgánico, es natural suponer que no sea indiferente, para la salud de la madre, la supresión de la secreción de leche, cuando no cria. Una de Jas consecuencias mas palpables es el infarto o endurecimiento doloroso de las mamas que mui a menudo termina por la supuración. Es verdad que las madres que crian están también espuestas a este acci- dente, pero con ménos frecuencia i sobre HIJ1ENE DE LA INFANCIA 147 todo tomando las precauciones que luego espondremos. Observando un buen réjimen, la lactan- cia es mucho mas soportable que en la je- neralidad de los casos, en los que por no someterse a los consejos de la hijiene, la madre i el hijo están espuestos a mil moles- tias i enfermedades. Las reglas que van a continuación se apli- can tanto ala madre como a la nodriza. § III Precauciones que deben tomar las madres que desean criar Estas precauciones son de dos clases, las primeras relativas a preparar las fuerzas de la madre para que pueda soportar la lactancia sin detrimento para la salud, i las segundas para preparar el pezón para que el niño pueda tomarlo sin dificultad i sin accidentes para la madre. Si la madre es de una constitución sana i vigorosa, le bastará evitar toda causa de aniquilamiento orgánico, por medio de una vida regular, una alimentación sana, un 148 HIJIENE DE LA INFANCIA ejercicio moderado i durmiendo las horas que su naturaleza requiera, para la repara- ción de sus fuerzas. Si es débil i de cons- titución delicada, deberá someterse a los mismos cuidados anteriores i ademas tra- tar de aumentar sus fuerzas por medio de una alimentación nutritiva i ordenada, a la cual agregará el uso de los tónicos recons- tituyentes como las preparaciones de fierro, los amargos como la cascarilla, el colombo, el vino de quina i todas aquellas prepara- ciones especiales que, según la opinión del médico, la naturaleza de su constitución re- quiera. Suele suceder que el pezón es mui pe- queño i aun que casi no existe i, en tal ca- so, el niño no puede verificar la succión, por mas esfuerzos que haga. En estos casos es necesario desarrollar o formar el pezón, lo cual no siempre es posible conseguir. Esta pequeñez del pezón i su ausencia casi completa tiene una causa mui podero- sa, cual es el uso del corsé, razón por la cual es tan poco común, tan escepcional, observar este defecto de conformación en Ja jen te del pueblo. La presicn ejercida por el corsé, que, como es de rigor, debe ir HIJIENE DE LA INFANCIA 149 bien apretado para que baga una bonita cinturita, orgullo especial de las jóvenes, comprime las mamas, las hace perder las formas giobuladas, dándole la poca gracio- sa de una torta, siendo naturalmente el pe- zón el que mas sufre, deteniéndose su de- sarrollo i llegando basta borrarse. La madre que piensa criar en estas condiciones tiene que sufrir las consecuencias de un hábito contrario a la naturaleza, su hijo hará ma- yores esfuerzos de succión i las mamas se resentirán, aparecerán grietas o rasgaduras del pezón, que son mui difíciles de curar, porque se renovarán con cada esfuerzo de succión. En esta situación, la madre, a causa del dolor producido, se ve obligada a no dar de mamar por el pecho enfermo, lo que da por resultado que el pecho se llena de leche, se pone duro i dolorido i de ahí a la inflamación i supuración no hai mas que un paso. El principal remedio para evitar las de- formaciones de las mamas i del pezón, se- ria cuidar que, ya que no es posible deste- rrar el corsé, las niñas no lo usen mui apretado i procurar que él sea bien hecho para que no comprima las mamas i les 150 HIJIENE DE LA INFANCIA permita su perfecto desarrollo. También convendrá colocar siempre sobre el pezón un poco de colchado de algodón para que no se irrite ni oprima. ¿Se seguirá este con- sejo dictado por la esperiencia i por el buen sentido? Mucho tememos que las exijencias de la coquetería i de la moda se sobrepon- gan a toda sana reflexión. Cuando el pezón es pequeño, es conve- niente desarrollarlo, para lo cual se ensaya la titilación, la succión directa por medio de la boca i la indirecta por medio del pe- zón artificial. Estos medios pueden en al- gunos casos prestar buenos servicios acre- centando el pezón; pero cuando éste está casi borrado, el resultado es no solo incier- to sino jeneralmente ineficaz. La titilación o cosquilleo debe practicar- se desde el principio del embarazo, varias veces al dia i por cortos intervalos para no provocar una irritación excesiva i dolorosa, procurando en este caso suspender la ope- ración por algunos di as. La succión directa es el procedimiento mas adecuado, tanto porque es el mas na- tural como porque la saliva de la boca con- tribuye a aumentar la flexibilidad del ma- HIJIENE DE LA INFANCIA 151 melón i facilita su prolongamiento. La succión puede hacerla el marido o una per- sona de confianza, procurando que sea moderada, prolongándola un largo rato i practicándola varias veces al dia. A medida que se va formando el pezón es conveniente envolverlo en cera ablanda- dada previamente por el calor, para prote- jerlo contra el roce de las ropas. Después de la succión es útil lavar el pezón con vi- no astrinjente para vigorizarlo. Cuando hai inconveniente para verificar la succión directa, se puede emplear el pe- zón artificial. Él consiste en una placa de madera torneada i cóncava, en el centro de la cual se encuentra una pequeña esca- vacion en donde se introduce el pezón. La mujer se coloca esta placa directamente sobre la mama manteniéndola sujeta por el corsé o el corpiño, de manera que no cambie de colocación. Este sencillo apara- to, ejerce cierta presión sobre la ma- ma, ménos en la parte correspondiente al pezón, éste hace eminencia i con dos o tres meses de uso puede alcanzar a un centí- metro de lonjitud. También se acostumbra otro aparatito o 152 HIJIENE DE LA INFANCIA pezonera que consiste en una ampolleta de vidrio, del centro de la cual parte un tubo de goma por medio del cual puede la mis- ma interesada hacer algunas aspiraciones sobre el mamelón. Pistos diversos medios pueden combinar- se para obtener un resultado mas seguro. Cuando no se usa la succión directa sino los otros procedimientos indicados, es siem- pre conveniente humedecer previamente el pezón, sea por medio de agua de malva o linaza, sea por medio de un cuerpo graso como la glicerina, pomada de almendras, etc., para que la succión no provoque do- lor ni irritación. § IV ¿Cuándo la madre no debe criar a sus hijos? Aunque como liemos dicho, la lactancia materna es la natural i la mas ventajosa para el niño, liai circunstancias en las cua- les es conveniente que la madre se prive de ese grato i sagrado deber. Cuando el pe- zón es mui pequeño o no existe, cuando carece de la leche suficiente, cuando hai antecedentes de familia o personales de HIJIENE DE LA INFANCIA 153 afecciones que pueden trasmitirse como enfermedades de la piel, escrófulas, tubér- culos, cáncer (o saratan) de afecciones ner- viosas como la histeria, la epilepsia, la lo- cura en cualquiera de sus variadas formas; cuando la madre padece alguna enfermedad orgánica que la debilite i mantenga en un es- tado de sufrimiento habitual i, en una pala- bra, en todos aquellos casos en que en con- cepto del médico la lactancia sea un peligro parala madre i para el hijo, es natural (pie no deba verificarse, procurando entonces buscar una nodriza que por su buena cons- titución corrija los vicios orgánicos que pueda haber heredado el niño de sus pa- dres. La sífilis, (gálico) enfermedad fatal que pueden tener los padres i que el hijo puede recibir en herencia, por desgracia mui in- mediata, exije preceptos especiales, pues la nodriza que tome un niño atacado de esta enfermedad puede sufrir el contajio, siendo los padres responsables. I no solo la nodri- za puede contajiarse sino también trasmitir la afección sifilítica. «Una de las observa- ciones mas tristemente interesantes, dice 154 HIJIENE DE LA INFANCIA Mr. Roger1 , en su notable trabajo sobre lá sífilis infantil, i que recuerda los hechos citados por Ricord, es el de una mujer que había tomado a un recien nacido en Caridad de Lyon, el cual murió a los tres meses. Aunque atacadá consecutivamente de un chancro (llaga) del mamelón, del cual no se preocupaba, dió de mamar a tres niños para sacarse la leche i los envenenó a todos; los dos primeros infectaron a sus madres i es- tas a sus maridos. El tercero, intoxicado por haber tomado el pecho solamente dos veces, tuvo una afección específica de la garganta con afo- nía (pérdida de la voz) que le duró nueve meses, trasmitiendo la sífilis a su madre i ésta a su marido; todas estas mujeres tuvie- ron también abortos (accidente provocado constantemente por la sífilis.) Asi, hé aquí a una nodriza que contaminada por su ama- mantado, comunica la sífilis a tres nodrizas i a sus maridos, de manera que por la pro- pagación de la enfermedad, la sífilis del ni- ño es el oríjen de once infecciones i la causa de una muerte i cuatro abortos.)) 1. Recherches cliniques sur Ies maladies de l’en- fance, año 1883. Tomo II. HIJIENE DE LA INFANCIA 155 Estos hechos son por desgracia numero- sos i prueban los peligros ele lactancia de un niño sifilítico. En jeneral siempre que la madre no tenga algún obstáculo insupera- ble debe criara su hijo,pues el tratamiento que ella use para combatir tan cruel afec- ción será también aprovechado por la cria- tura. CAPITULO IV Reglas de la lactancia La lactancia ha sido dividida en tres pe- ríodos: el primero que termina con la fiebre de leche, el segundo a los seis meses i el tercero con el destete. No vemos ni la ne- cesidad ni la conveniencia de estas divisio- nes, tanto porque las reglas de la lactancia abarcan toda su duración, con escepcion de algunos detalles de poca importancia, co- mo porque no es posible establecer circuns- tancias ni fenómenos importantes que pre- cisen el tiempo designado a cada período. §1 Hemos dicho ya que la madre ofrecerá el pecho a su hijo desde las primeras ho- ras. Procediendo así el niño recibe el ali- mento que le está preparado por la natura- leza que por su composición es también aparente parala espulsion del meconio, evi- 158 H1JIENE DE LA INFANCIA tando su uso la necesidad de recurrir a los purgantes que son indispensables cuando la madre no cria. La succión estimula la secreción de la leche, evita la plenitud o infartos de los pe- chos i el dolor i deformación del pezón que este estado determina. Tiene también la ventaja que la fiebre de la leche es siempre menos viva, llegando a hacerse aveces casi imperceptible. Una medida hijiénica mui útil i mui poco conocida i practicada es la de lavar o hu- medecer el pezón ántes de presentarlo al niño. En el orificio de los conductos galac- tóferos, por los cuales baja la leche de la glándula al pezón, se encuentra siempre un poco de materia sebasea (como hai una se- creción especial en el conducto del oido, de la nariz, etc.,) la cual se endurece i ad- hiere al orificio del conducto. Una suc- ción algo brusca desprende la materia se- básea con una parte de la epidermis a la cual está adherida, siendo este el primer oríjen de las grietas o rasgaduras del pezón que tantas molestias producen, obligando a menudo a suspender la lactancia. Con el lavaje del pezón sea con agua templada o HIJIENE DE LA INFANCIA 159 tibia, sea con agua alcoholizada, con vino aromático o con alguna locion astrinjente, según los casos, se evitarán estos acciden- tes. En la jeneralidad de los casos basta el agua tibia, la saliva o un poco de leche, pues lo que se desea es humedecer el pezón para reblandecer la secreción sebásea i hacer que se desprenda sin dificultad. Guando el pezón es mui sensible i la cutis o epidermis mui fma podrán usarse con ventaja las lo- ciones escitantes i astrinjentes indicadas (cocimiento de hojas de nogal, de cascari- lla, vino aromático, etc.) El simple humedecimiento del pezón de- be hacerse siempre que se da de mamar, i las lociones astrinjentes una o dos veces al dia. Como el chico por instinto trata de hacer la succión de todo cuerpo que llega a sus labios, es necesario colocarle bien el pezón tanto para evitar que estando mal colocado los dislacere como para que la succión sea mas espedíta i eficaz. Es indispensable igualmente cuidar de no acercarlo demasiado al pecho para que las narices no sean comprimidas, dificultan- do la respiración i perturbando la succión. 160 HIJIENE DE LA INFANCIA En los primeros dias del nacimiento debe observarse atentamente si el niño mama bien o si solo hace débiles esfuerzos de suc- ción sin que esprima la cantidad de leche necesaria a su alimentación. El frenillo, la debilidad conjénita o cual- quier defecto de conformación de la boca pueden ser un obstáculo para que el niño mame regularmente. Si se descubre alguna causa, debe ponér- sele pronto remedio, si es posible, procu- rando desde luego, en todo caso, alimentar- lo, vaciándole la leche por medio de una mamadera o cucharita. Si inmediatamente después de la fiebre de la leche la secreción de esta aumentara considerablemente, provocando la reple- ción de las mamas o el infarto doloroso, bo- rrándose un poco el pezón i haciéndose por lo mismo difícil la succión, convendrá es- traer artificialmente la leche por medio de una aspiración con un aparato de bomba, si la succión directa no fuera suficiente. Es- te accidente es mui raro en las que dan de mamar desde el primer dia. HIJIENE DE LA INFANCIA 161 §11 El buen réjimen tan necesario en todo i en especial para la conservación de la sa- lud es de absoluta necesidad en el niño. En los primeros dias del nacimiento no es fá- cil rejimentar la lactancia tanto porque la criatura mama mui poco cada vez, como porque el sueño que se prolonga por mu- chas horas en esta edad de la vida no debe interrumpirse sino en casos escepcionales. Mas a fines del primer mes o ai principiar el segundo debe someterse al chico a un réjimen de alimentación regular i ordenado en beneficio propio i en el de su madre o nodriza. Debe procurarse que el niño ma- me cada dos o tres horas i nunca mas a me- nudo durante el dia, tratando que la última vez lo haga a la hora en que la madre acos- tumbre dormirse o sea de diez a doce de la noche. Pasada esta hora no debe mamar sino después de cinco o seis horas; en se- guida el niño volverá a dormir otras tres o cuatro horas. De esta manera la madre podrá dormir unas ocho o nueve horas, tiempo suficiente 162 HIJIENE DE LA INFANCIA para que saque su sueño, como se dice vul- garmente, es decir, para que pueda repo- nerse de las pérdidas esperimentadas por su organismo tanto por sus funciones nor_ males, como por la lactancia. El reposo de la madre no es indiferente a la salud del niño, como es natural suponerlo, i tanto la calidad como la cantidad de la leche mar- charán en razón directa de su bienestar. Una mala noche se traduce constantemente por disminución en la cantidad de la leche para el dia siguiente, disminución de su ri- queza a mas de los accidentes obligados de una trasnochada como la pérdida del ape- tito, mal estar jeneral, cierta escitacion fe- bril i aun la ñebre misma, aumentada por la preocupación moral que aflije a una ma- dre con la idea de alguna enfermedad de su hijo. Por otra parte el niño que es sometido al réjimen indicado dijerirá mejor su leche, su aparato dijestivo tendrá sus horas de re- poso i el apetito aumentará cada dia mas, como resultado natural del desarrollo nor- mal del organismo. Pero, si en vez de seguir este saludable método de alimentación se da al chico el pecho a cada instante, sin re- HIJIENE DE LA INFANCIA 163 gla alguna, sucederá que todavía no se ha hecho la dijestion de la leche recien mama- da cuando ya viene otra a mezclarse con ella entorpeciendo i perturbando la dijes- tion empezada i así sucesivamente. Pues bien, si el adulto no puede comer a cada instante sin que la dijestion se dificulte, si las dispepsias o enfermedades del estómago tienen por principal causa en él el abuso de los alimentos ¿cómo es posible irnaji- narse siquiera que el niño con órganos mas débiles e imperfectos pueda soportar mejor una costumbre tan contraria al buen senti- do? De esta perniciosa costumbre resulta la irritabilidad del estómago, la indijestion, la formación exajei ada de gases, que producen el abultamiento o hinchazón de vientre, los vómitos de leche cuajada i agria, la eva- cuación de leche sin dijerir i la diarrea que puede tener fatales resultados. Como es ló- jico suponer, la criatura no es insensible a estos tratornos, espresando sus sufrimien- tos, provocados por la irritación de todo el aparato intestinal, por medio del llanto, oyéndosele asi llorar dia i noche, estirán- dose i ajitándose sin descanso, de manera que solo dormita o duerme por cortos in- 164 HIJIENE DE LA INFANCIA térvalos, un sueño bien poco reparador. Existe, por desgracia, la fatal costumbre de ofrecer al niño el pecho tan pronto como grita. ¿Acaso siempre que llora lo hace por hambre?¿será de frió, de sed, por algún do- lor cualquiera, como una simple manifesta- ción de su vitalidad talvez, desde que en él el grito es su única espresion?No importa, es necesario taparle la boca, es necesario que mame. ¿Pero hace poco que ha mama- do, la leche es un poco gruesa, sus fuerzas dijestivas escasas, la dijestion es laboriosa, hai formación de gases, el niño tiene tai- vez dolores cólicos: la leche le caerá mal? No importa, el niño llora, luego debe ma- mar. Lo que parece inconcebible en teoría es lo que el médico ve a cada paso en la prác- tica, no en la jente del pueblo sino en la jente ilustrada. No se crea, por lo demas, que es mui di- fícil rejimentar la lactancia, que el niño no resistirá; léjos de eso. Bastan dos o tres dias para que el chico se someta i acos- tumbre a él, no despertando en sus horas de sueño sino a la que se le ha acostum- brado a mamar. HIJIENE DE LA INFANCIA 165 Este hecho pueden atestiguarlo las ma- dres de familia que crian a sus hijos si- guiendo los consejos de la hijiene. Es necesario únicamente tener el valor de re- sistir por dos o tres dias a la tentación de ofrecer el pecho fuera de las horas fijadas, soportar un poco los gritos del chico pro- curando distraerlo o ponerle en la boca un chuponcito para que se entretenga; luego probará éste que es un animal de costum- bre i que se puede hacer con él lo que se quiera, siempre que se sepa dirijirlo. La madre debe siempre dar de mamar de ambos pechos cada vez. De esa manera la secreción de la leche será regular i uni- forme, evitando que un pecho segregue mas que el otro; impedirá también así la acumulación de leche, la repleción de la mama i los accidentes que pueden oriji- narse. Ofreciendo cada vez ambos pechos se evita también que la succión se prolongue mucho en cada uno de ellos, alejándose otra causa de irritación,, de dolor del pezón. § III Una vez que el niño ha mamado suñ- 166 HIJIENE DE LA INFANCIA cientemente, la plenitud del estómago, el trabajo de la dijestion i el mismo calor del regazo materno son causas poderosas para que se duerma. Es de toda necesidad evitar que el niño se duerma en brazos de la madre; solo de- be dormir en su cuna. En primer lugar el niño se ocostumbra a dormir en brazos i con el pecho en la boca. Lo primero es malo, tanto porque no es posible que la madre lo tenga siempre cargado durante el sueño, pues ella a mas de necesitar de su reposo, necesita también en el día atender a sus ocupaciones, como dueña de casa, i lo se- gundo porque la leche que conserva de esa manera en la boca se descompone, fermenta rápidamente avinagrándose, i de ahí provie- ne a menudo la enfermedad conocida vul- garmen te con el nombre de algorra o muquet, tan común en la primera edad. En segundo lugar el niño sintiéndose bien en los brazos de su madre, estraña la traslación a su cu- na, nota la diferencia de temperatura, sien- te frió i despierta gritando. Naturalmente es necesario volverlo a tomar en brazos hasta que se duerma de nuevo, tarea larga i penosa que perturba el reposo de la ma- HIJIENE DE LA INFANCIA 167 dre i del hijo. La transición de temperatura que hace despertar al niño, puede también resfriarlo i provocar cuando ménos el ro- madizo o coriza, enfermedad molestísima i que lo deja mamar con dificultad. Así pues, tan pronto haya mamado suficiente- mente debe retirársele el pecho, i, si se no- ta que tiene sueño, debe ponérsele en la cuna para que se acostumbre a dormir so- lamente en ella. CAPITULO V Iléjimen de la madre que cria Las reglas hijiénicas a que debe someterse la madre, son igualmente aplicables a las nodrizas, de manera que no las repetire- mos al tratar de la lactancia por las nodri- zas. § I Alimentos.—Procurará tomar un alimento sano i nutritivo que no contenga muchos condimientos. El ajo, ají, pimienta, rábano rústico, etc., deben eliminarse de su ali- mentación o restrinjir lo mas posible su uso. Las bebidas excitantes, el té, el café, los licores espirituosos son también perjudi- ciales, porque producen un estado particu- lar de irritabilidad de la leche, que se tra- duce en el niño por erupciones diversas de la piel. Sin embargo, procurando que los alimentos sean sanos i de fácil dijestion no hai por qué someterse a una alimentación 170 HIJIENE DE LA INFANCIA especial. La madre que cria debe, al con- trario, tomar una alimentación completa, en la cual entrarán no tan solo las sustan- cias azoadas, como la carne, la leche, los huevos frescos, un buen caldo, sino tam- bién las sustancias hidrocarburadas, como las feculentas, el trigo, la harina, el pan, las papas, verduras i legumbres bien coci- das Es un error creer que las legumbres i verduras que usa la nodriza hacen mal al niño, desde que dichas sustancias son ne- cesarias a la alimentación de la madre pa- ra que su nutrición sea mas perfecta i en- cuentre en los alimentos injeridos todos los elementos de la recomposición orgáni- ca, i por lo mismo todos los materiales que han de servir a la composición de la leche. El mal está no en su uso moderado sino en el abuso que se hace de ellos. Así, por ejemplo, hai personas que en vez de tomar un alimento misto compuesto de buen cal- do, carne, algunas farináceas, verduras, un poco de vino, solo se alimentan con ensa- ladas cargadas de vinagre, con frutas, no siempre maduras, o con otros alimentos de difícil dijestion i poco nutritivos. Se puede decir, de un modo jeneral, que HIJIENE DE LA INFANCIA 171 en caso de no usarse una alimentación mis- ta de sustancias azoadas e hidrocarburadas que, como queda dicho, es la mas aparen- te, la alimentación por medio de las mate- rias feculentas i farináceas, es mas prefe- rible a la de la carne para la formación i aumento de la secreción de la leche. Esta observación tiene por objeto com- batir la costumbre que existe jeneralmente en las familias cuando toman una nodriza, de proscribir de su alimentación las legum- bres i verduras, so pretesto que puede per- judicar al niño produciendo en él cólicos o diarreas, que con una alimentación mas fuerte aumentará la leche i se entonará el ama, reduciéndola a una alimentación casi esclusiva de carne. Error perjudicial, pues esta variación brusca de réjimen trae por resultado inmediato la disminución de la leche hasta el punto que puede casi estin- guirse, de manera que se obtiene un resul- tado contrario al que se busca. Por otra parte, el uso moderado de las legumbres i verduras es ventajoso a la salud de la no- driza, tanto porque constituye la base de la alimentación del pueblo que se conserva así sano i robusto, como porque, como he- 172 HIJIENE DE LA INFANCIA mos dicho ántes, la dijestion se hace me- jor cuando se combinan en la alimentación las diversas sustancias alimenticias. Si la nodriza tiene una buena dijestion no hai temor de que la criatura sufra por los alimentos que ella injiera i jus- tamente el peligro está en que tomando un alimento mas fuerte, al cual no está habi- tuada, i de dijestion mas difícil, ésta se perturbe i el niño se resienta del malestar de su nodriza. Así pues, debe conservarse, en cuanto sea posible, el réjimen alimenti- cio del ama, mejorándolo con el uso de sustancias nutritivas i de fácil dijestion i reglamentándolo, es decir, tratando de que coma a ciertas horas fijas i no a cualquiera hora i sin tasa ni medida. § II Estado moral.—Es de absoluta necesidad para el bienestar del niño que la madre o nodriza eviten toda impresión viva de ale- gría, de cólera, de susto, tristeza, etc., por- que nada hai talvez que tenga mayor in- fluencia i repercuta mas intensamente en la salud de la criatura. HIJIENE DE LA INFANCIA 173 Si después de una impresión viva se exa- mina la leche de la nodriza, no se encuen- tra casi diferencia alguna de su conposi- cion ordinaria, a no ser un aumento en la proporción de agua o sea cierto empobre- cimiento, de manera que de su análisis químico podria deducirse que no ha sufrido alteración sensible. Sin embargo, la espe- riencia diaria dice otra cosa mui distinta. En efecto, son innumerables los hechos observados que atestiguan que la leche ma- mada después de una fuerte impresión mo- ral determina en el niño accidentes mas o menos graves, desde la simple indijestion, la diarrea o el vómito, hasta la muerte in- mediata. La alteración que en estos casos esperi- menta la leche nos es desconocida; pero no es por eso ménos incontestable. Lo mas común es que el niño vomite la leche al poco de haberla mamado, i en el caso con- trario provoca una indijestion segura, con dolores intestinales i evacuaciones copio- sos. Pero entre los fenómenos mas alar- mantes, i por cierto, con sobrada razón, se encuentran los accidentes nerviosos, las convulsiones. El niño tiene una predisposi- 174 H1J1ENE DE LA INFANCIA cion especial para las convulsiones, de tal manera que no liai casi enfermedad de al- guna importancia que no se traduzca por fenómenos convulsivos. No es raro, por consiguiente, que se pre- senten cuando mama leche alterada por una viva emoción moral de su madre o no- driza. Muchas veces estos accidentes co- nocidos con el nombre de alferecía, son pasajeros i de poca gravedad; pero otros se terminan con la muerte. Si ocurre, pues, durante la lactancia al- gún suceso que impresione vivamente i se teme que la leche se altere, es necesario estraer esa leche artificialmente i no dar de mamar sino una vez que haya vuelto la tranquilidad del espíritu. § III Influencia de la menstruación sobre la lac- tancia.—Es regla jeneral que la mujer que cria no menstrua durante la lactancia; pe- ro esta regla tiene numerosas escepciones. Así se ve que algunas ven aparecer sus re- glas al segundo o tercer mes después del HIJIENE DE LA INFANCIA 175 parto; pero mas común es que sobreven- gan del noveno al décimo mes. La renovación de la actividad funcional del útero que indica el fenómeno de la menstruación, no deja de tener su influen- cia en la composición i cantidad de la le- che. Ordinariamente la secreción de la le- che disminuye i pierde también parte de sus elementos constitutivos haciéndose mas serosa. Sin embargo, esta alteración es mayor durante el período menstrual, volviendo a aumentar en cantidad i riqueza una vez que termina, de manera que si la leche es buena, esta pasajera alteración puede soportarla el niño sin accidentes. No obstante, eq algunos casos suele esperi- mentar cólicos, vómitos o diarrea. Si esto llega a ocurrir es prudente no dar de ma- mar durante la menstruación i sostener al chico con mamadera. Si los accidentes per- sisten aun después de pasada la menstrua- ción i se observa que la leche ha disminui- do, es prudente buscar ama si el niño es de poca edad, o continuar con la alimenta- ción artificial por la mamadera, si tiene ya algunos meses i puede soportar ese réji- men. 176 HIJIENE DE LA INFANCIA Cuando la menstruación se presenta des- de el principio de la lactancia, se puede cal- cular que la secreción láctea no será de mucha duración, de manera que tratándo- se de una nodriza se procurará que no pre- sente este inconveniente. § IV Influencia del embarazo sobre la lactancia. —Si la aparición de las reglas no es un in- conveniente para la lactancia, el embarazo es casi siempre una contraindicación. Aun- que la leche no sufre alteraciones especia- les que la hagan nociva, disminuye mucho en cantidad hasta suprimirse por comple- tos aumentando la proporción de los ele- mentos sólidos i disminuyendo la parte serosa o el agua que contiene. Con este motivo, el niño carece del alimento sufi- ciente i, por efecto de su mayor densidad, se hace mas difícil de dijerir, provocando cólicos i una diarrea abundante, de un co- lor verdoso i mui frecuentemente vómitos. Los casos en los cuales el niño soporta la leche de una mujer embarazada son mui raros i en jeneral solo en los primeros me- HIJIENE DE LA INFANCIA 177 ses del embarazo; sin embargo, como no hai para qué esponerlo a trastornos en su salud, es conveniente cambiarle de leche tan pronto como la madre o nodriza se con- sidere embarazada. CAPITULO VI ¿Cuándo podrá darse al niño otro alimento? Interesante cuestión es esta i que mere- ce por lo mismo algunos detalles para su mas acertada solución. § I La lecbe, alimento preparado por la na- turaleza para la conservación i progresivo crecimiento del nuevo sér, lleva en su com- posición todos los elementos constitutivos de una alimentación no solamente comple- ta i reparadora, sino también adaptada al imperfecto desarrollo del aparato dijestivo, que debe prepararlo a la absorción i nutri- ción de los diversos tejidos del organismo. Tan cierto es esto, que los elementos que entran en la composición de la leche de mujer, difieren en sus cualidades i reac- ciones químicas de los mismos elementos que entran en la composición de la leche 180 HIJIENE DE LA INFANCIA de los otros animales. Así por ejemplo, M. Biddart ha comprobado que la caseína (la parte de la leche que forma la base del queso) de la leche de mujer, no es coagu- lada por los mismos ajentes que lo verifi- can con la caseína de la leche de los otros animales. La caseína no se separa de la le- che de mujer cuando diluida en 20 volúme- nes de agua destilada se hace pasar por su masa una corriente de ácido carbónico, o por lo ménos su coagulación es mui imper- fecta. Agregando ácido acético i atravesando en seguida una corriente de ácido carbóni- co, la leche de vaca deposita su caseína, se hace trasparente i fácil de filtrar; la leche de mujer, en idénticas condiciones, no so- lamente no se coagula sino que queda tur- bia aun después de filtrada, no filtrando sino difícilmente. Saturada la leche de vaca de sulfato de magnesia, deposita su caseína, lo que no sucede con la de mujer.1 La misma diferencia de reacción ofrecen i. Datos tomados de la Revue de chimie biologi- que del Dr. Mehu, des archives genérales de Medici- ne.— 1873.—vol. I. HIJIENE DE LA INFANCIA 181 las materias grasas que componen la leche i forman la base de la mantequilla. Si pues, vemos que la leche de mujer es especial no solo por su composición sino también por sus reacciones químicas, nada mas natural que deducir que no habrá otras sustancias que puedan reemplazarla en la alimentación del niño, para el cual está es- presa i particularmente preparada. Muchas sustancias alimenticias podrían usarse en su lugar, pero ninguna podrá de ninguna manera comparársele. Partiendo de esta base se puede establecer que la lactancia debe durar el mayor tiempo posible i que es un error querer acostumbrar al chico desde temprano al uso de alimentos diver- sos, con el objeto, según se dice vulgar- mente, de formar i acostumbrar al estóma- go a toda clase de sustancias, haciéndolo así mas vigoroso. Error funestísimo i que produce casi siempre fatales consecuen- cias. Si bastara querer para poder, haría- mos también que el niño anduviera i hablara ántesdel tiempo señalado por la naturaleza. No está en nuestra mano variar las leyes que rijen el ejercicio funcional de los seres organizados; por consiguiente, la lójica i el 182 HIJIENE DE LA INFANCIA buen sentido nos indican que no debemos intentar introducir en la alimentación del niño sustancias que no podrá dijerir i que producirán perturbaciones serias en su salud. La leche es el alimento natural de la pri- mera infancia, de manera que debe ser la base de su alimentación por el mayor tiem- po posible. Mas, como por motivos diversos, tales como la escasa cantidad de leche, las en- fermedades que pueden sobrevenir a la ma- dre, etc., el niño puede necesitar otro alimento, es necesario saber escojerlo i prepararlo, procurando que se asemeje lo mas posible a la leche materna, para que su dijestion se verifique con facilidad. Pro- cediendo de esta manera, se podrá esperar que la criatura no sufra perturbación en su rápido i progresivo desarrollo, i que la ma- dre, que muchas veces es débil i de cons- titución delicada, resista sin deterioro de su salud una lactancia prolongada. §11 Es un hecho comprobado por la estadís" tica universal que no conviene alimentar al HIJIENE DE LA INFANCIA 183 niño artificialmente desde los primeros dias del nacimiento. Por eso todos los prácticos están de acuerdo en que solo por necesidad se debe empezar a dar otro alimento que la leche materna ántes de los tres meses. Si la secreción láctea es escasa i la ma- dre desea criar a su hijo, puede anticiparse el uso de la mamadera, en atención a las ventajas que tiene la leche materna, i en tal caso podrá darse al chico una mamadera al dia a fines del primer mes o al princi" piar el segundo. Pasado el tercer mes el aparato dijestivo ha adquirido mayor fuerza i podrá ayudar- se la crianza con el uso de la mamadera, siempre que se procure que el alimento ar- tificial sea, como hemos dicho, parecido a la leche materna. En todo caso debe pro- cederse con mucha cautela i observar el efecto que el nuevo alimento produce, pues si se vé que no es bien dijerido, que provo- ca vómitos, cólicos o diarrea, saliendo en la evacuación la leche cortada o coagulada, seria imprudente continuar administrando un alimento que produce un malestar evi- dente i que no es tolerado por el estómago. La vijilancia indicada, es tanto mas ne- 184 HIJIENE DE LA INFANCIA cesaría cuanto que no es posible establecer reglas fijas parala preparación del alimen- to artificial, pues hai niños que soportan bien desde el principio la leche de vaca, de yegua, de burra, la harina lacteada, etc. Como es necesario procurar acercarse lo mas posible en la alimentación artificial a la natural es prudente elejir de entre estas leches la que tenga mas analojía con la de mujer, siendo por eso preferible la de burra o a falta de ella la de yegua; mas como am- bas son jeneralmente difíciles de obtener en la cantidad necesaria, se recurre mas frecuentemente a la de vaca, que es la que mas difiere de aquella por su composición. Cuando se usa la leche de burra conven- drá al principio agregarle una cuarta o quin- ta parte de agua hervida de hojas de naran- jo, yerba-buena, de semilla de anis u otra planta carminativa para disminuir un poco [a densidad de la leche, i evitar los cólicos o desarrollo de gases intestinales. Esta can- tidad de agua se reducirá poco a poco, has- ta suprimirla por completo, si después de algunos tanteos se vé que es bien dijerida. De la misma manera se procederá res- pecto de la leche de yegua, teniendo la pre" 185 HIJIENE DE LA INFANCIA caución tanto con esta como con la de bu- rra de no calentarlas hasta hacerlas hervir, porque ambas se cortan con la ebullición, bastando solo con entibiarlas, es decir dar- les mas o ménos el calor de la leche de la madre. Estas leches son constantemente bien soportadas por el niño, siendo la es- cepcion el que provoquen cólicos, diarrea o cualquiera otra perturbación dijestiva. No diremos lo mismo déla leche de vaca, la cual exije muchos tanteos i precauciones antes de quesea bien tolerada por el estó- mago. Como es mas gruesa que la de mu- jer es necesario diluirla en mayor cantidad de agua que las anteriores, empezando por partes iguales, reduciendo el agua en se- guida paulatinamente a la tercera, cuarta i quinta parte, no siendo prudente adminis- trarla pura sino después del quinto o sesto mes i eso después de prudentes ensayos. El agua que debe entrar en la mezcla debe también ser hervida i conteniendo las sus- tancias carminativas o estomáticas indica- das anteriormente. De todos modos, la mezcla de la leche con agua produce una alteración mas o mé- nos marcada en su composición, que no es 186 HIJIENE DE LA INFANCIA indiferente sino que, por el contrario, tie- ne su importancia relativamente a su pro- propiedad de asimilación al organismo i a la facilidad de su dijestion. Por otra parte, es mui difícil, sino imposible obtener una leche siempre igual en su composición, aun cuando se tenga una vaca especial para or- deñarla, pues, como es sabido, la leche va- ria en riqueza según el alimento, la esta- ción, la mayor o menor abundancia de su producción, etc. Es por eso, que se reco- mienda, cocerla i una vez enfriada, descre- marla o sacarle la nata; de esta manera se obtiene una leche mas delgada, de compo- sición mas uniforme, i a la cual no es nece- sario agregarle tanta cantidad de agua, sien- do también mas fácilmente dijerida. La preparación conocida con el nombre de harina lacteada, de un uso mui jenerali- zado ya, es ordinariamente bien tolerada aun por los niños de corta edad, reempla- zando en muchos casos con ventaja a la le- che de vaca tanto por la facilidad de su preparación como por su invariable compo- sición. Para preparar una mamadera basta mez- clar una cucharada de harina con diez o mas HIJIENE DE LA INFANCIA 187 de agua hirviendo, obteniendo así un ali- mento de consistencia líquida que pasa bien por el chupón de la mamadera. Con- viene si ántes de ponerla el agua caliente disolverla con un poco de agua tibia para que no contenga grumos no disueltos; así preparada se le agrega el agua caliente, ha- ciéndola hervir de veinte a treinta minutos. A pesar de ser esta una buena i sana pre- paración, no siempre es bien tolerada i convendrá suspender su uso si después de varios ensayos se observa que el niño se resiente de su administración. Con la leche materna i la mamadera pre- parada con las sustancias indicadas debe mantenerse el niño, sin ningún otro agre- gado hasta los cinco o seis meses. Desde el sesto mes se puede empezar a darle una o dos veces al dia un poco de cal- do delgado, desgrasado, sopas hechas en el mismo caldo, de arroz bien cocido, sémola, sagú, tapioca, arroz o fideos. La sopa de pan que tanto se acostumbra es la mas in- dijesta, sobre todo cuando el pan no está bien molido i cocido en el caldo, producien- do acedías i determinando una abundante formación de gases intestinales, que oriji- 188 H1JIENK DE LA INFANCIA nan cólicos dolorosos, lo que indica un tra- bajo de fermentación perjudicial a la salud. Pasado el primer año i después que el niño tiene sus dientes i primeras muelas puede ensayarse el uso de carne de ave o pescado molido o cortado en pequeñas porciones, huevos del dia i pedacitos de pan depojados de su miga. Solo después de la salida de los colmi- llos podrá ensayarse la alimentación común, metódica i prudentemente dirijida. CAPITULO VI ¿Cuándo debe despecharse al niño? Cuestión considerable es esta i que tiene una importancia suma para el bienestar del niño. § I En el lenguaje vulgar despechar significa no solo quitar el alimento materno sino también dar a la criatura toda clase de ali- mentos. Este sistema de despechares con- trario a la lójica i al buen sentido. En efec- to, si el niño entra por grados sucesivos i palpables en el ejercicio de todas sus fun- ciones, tanto físicas como intelectuales, si antes de andar i correr empieza por pararse i dar pasos vacilantes, si antes de hablar balbucea i pronuncia las palabras de una manera-imperfecta;, en una palabra, si to- dos sus órganos i las funciones que le son anexas se desarrollan lenta i paulatinamen- te, es natural suponer que las fuerzas del 190 H1JIENE DE LA INFANCIA aparato dijestivo no hagan escepcion al de- senvolvimiento orgánico i que, por lo tan- to, la alimentación debe ser prudentemente dirijida, si no se quiere provocar una per- turbación perjudicial a la salud i al armó- nico desarrollo del organismo. Esto es tan natural que no admite discusión, de manera que despechar no significa otra cosa que es llegado el caso de dar al niño otros ali- mentos de fácil dijestion i que reemplacen sin accidentes la lactancia materna, alimen- tos que sean hasta cierto punto parecidos, como la leche de vaca, huevos frescos, car- ne blanca, sopas, etc., i a los cuales se haya ido poco a poco acostumbrando, porque seria una verdadera imprudencia despe- charlo de repente, sometiéndolo a una ali- mentación que no se sabe aun si es bien tolerada. Previas estas observaciones, es llegado el caso de establecer la época en que puede verificarse el destete. Es un hecho establecido por la íisiolojía que para la dijestion de los alimentos sóli- dos es necesario que ántes de que lleguen al estómago sean sometidos al acto previo de la masticación, la cual a mas de triturar IIIJIENE DE LA INFANCIA 191 el alimento reduciéndolo aúna papilla,tiene también por objeto embeberlo en la saliva que contiene una sustancia útil a la dijes- tion. Ahora bien, si la masticación es tan necesaria, es evidente que no convendrá usar alimentos que debiendo ser mastica- dos no pueden serlo por falta de medios o instrumentos de masticación como son los dientes i las muelas. Tan cierto es esto que en el adulto la dispepsia o dijestion difícil, se observa constantemente siempre que por comer lijero no mastica bien los ali- mentos o bien cuando no lo hace por falta de muelas, a pesar de que sus fuerzas dijes- tivas hayan alcanzado todo su vigor. Así pues, para despechar a un niño es necesario que le haya salido un número de dientes i muelas que alcance a verificar la masticación. ¿Cuál es ese número i la época en que aparecen? § H El período de evolución de los dientes llamados de leche, porque aparecen duran- te la lactancia, es mui variable teniendo su inflencia el sexo i la constitución indi- 192 HIJIENE DE LA INFANCIA vidual. Así, es común observar que en la mujer los dientes aparecen antes que en el hombre i que mientras mas robusta es la constitución del niño mas prontamente bro- tan los dientes. La erupción dentaria está sujeta a lei je- neral del desarrollo orgánico verificándose paulatinamente i por grupos, observando entre cada uno de ellos un espacio mas o ménos largo, un intervalo de reposo. El orden j eneral de evolución es el si- guiente: l.er grupo, formado por los dos dientes incisivos medios inferiores; 2.° los cuatro incisivos superiores medios i late- rales; 3.° los dos incisivos laterales infe- riores i las cuatro primeras muelas; 4.° los cuatro dientes caninos o colmillos i 5.° las cuatro segundas muelas, con los cuales se completa la primera dentición con un total de veinte dientes. El tiempo empleado en esta evolución es mui variable, observándose casos precoces en los cuales la aparición de los primeros dientes tiene lugar del cuarto al quinto mes, i otros en los cuales solo se verifica del décimo al duodécimo; pero lo mas corrien- te es que se presenten del sétimo al octavo HIJIENE DE LA INFANCIA 193 mes. Después de la aparición de estos dien- tes que forman el primer grupo, hai un re- poso de dos a tres meses después del cual se presenta el primer diente de los cuatro que forman el segundo grupo. Por regla jeneral, vienen primero los incisivos me- dios i después los laterales; pero no es raro observar la inversión de este orden salien- do primero estos últimos. Entre el segundo i tercer grupo hai dos meses de descanso, presentándose primero los incisivos late- rales inferiores i en seguida las primeras muelas. Sin embargo hai casos en los cua- les la aparición de las muelas precede a la de los incisivos. Entre este grupo i el cuar- to hai un reposo de cuatro o cinco meses. La evolución de los caninos o colmillos que forman el cuarto grupo es la mas larga i difícil i por lo mismo, la mas ocasionada a accidentes. Sea porque los colmillos son los dientes de mas larga raiz, sea porque nacen enclavados, es decir, en medio de dos dientes ya aparecidos, lo que no habia ocurrido anteriormente, sucediendo a me" nudo que, con motivo de la poca amplitud de la mandíbula, el espacio que correspon- de al colmillo es un poco estrecho, lo cierto 194 HIJIENE DE LA INFANCIA es que este grupo es siempre el mas peli- groso parala salud del niño, siendo los tras- tornos gastro intestinales mas frecuentes i mas serios. Después de haber salido el cuarto colmi- llo sobreviene un nuevo reposo de tres a seis meses, terminado el cual se verifica la erupción del último grupo de los dientes de leche. El tiempo empleado por cada grupo en su evolución es variable; pero puede calcu- larse entre uno i tres meses, con escepcion del primero que no pasa ordinariamente de quince dias. Tenemos, pues, que, tomando en cuenta tanto la época de erupción de cada grupo como el tiempo empleado en su evolución, la dentición no se completa sino después de dos años. Pues bien, si durante el período de la den- tición se observa, como todo el mundo lo sabe, una irritabilidad marcada en todo el aparato dijestivo, manifestada por una se- creción abundante de saliva i por otra se- mejante de toda la membrana mucosa del tubo intestinal, que se revela por evacua- ciones mas abundantes, mas frecuentes i HIJIENE DE LA INFANCIA 195 mas líquidas, tomando a veces el carácter de una verdadadera diarrea, i a mas de es- ta irritabilidad de la membrana del aparato de la dijestion se observan también otras manifestaciones en los diversos órganos, ta- les como en la membrana mucosa del apa- rato de la respiración (el catarro pulmonar es mui común en el período déla dentición), i sobre todo, un estado especial de impre- sionabilidad del sistema nervioso, que se traduce a menudo por accidentes convulsi- vos, desde los mas lijeros hasta los mas graves, como la eclampsia o alferecía, no se podrá negar que el período de la dentición es verdaderamente un período crítico i que exije una vijilancia esmerada si se quiere preservar al niño de los peligros a que se halla espuesto. Ademas, si, como queda dicho, la dijes- tion de los alimentos sólidos requiere como acto previo la masticación, para que ésta pueda verificarse convenientemente, es ne- cesario que el niño tenga un número de dientes que basten al acto de la masticación i ese número si no es el total de los dientes de leche, por lo menos debe ser el mayor posible. 196 HIJIENE DE LA INFANCIA Por otra parte, si para verificar el destete se espera que se termine la evolución de cuatro grupos o de los colmillos que son los que ofrecen mas peligro, se evitarán las complicaciones que pudieran sobrevenir con una alimentación que exija un perfecto estado en la salud i por la calidad de los ju- gos que han de servir para su dijestion. Por consiguiente, la prudencia aconseja no verificar el destete antes de la aparición de los colmillos. Es por eso que los prácticos aconsejan verificar el destete después de la salida de los colmillos. Así, uno de los mas ilustres Mr. Trousseau, hablando sobre esta impor- tante materia dice: «Mi regla es la siguien- te: mientras no hai serios obstáculos inde- pendientes de la voluntad de las familias, aguardo para despechar los niños a que sea completa la evolución de los caninos, cu- yo trabajo es jeneralmente mas laborioso que el de los incisivos i primeros molares. Espero, pues, que tenga el niño dieziseis dien- tes, sin que éntre para nada en cuenta la edad. Pero cuando por circunstancias, bastante frecuentes por desgracia, no puede prolon- garse la lactancia hasta esa época, aguardo HIJIENE DE LA INFANCIA 197 por lo ménos que el niño tenga los doce pri- meros dientes.» Felices nos consideraríamos si pudiéra- mos inculcar en las familias las reglas fija- das por este afamado práctico. Desgraciadamente domina en la sociedad la funesta preocupación de anticipar el uso de los alimentos i verificar lo mas pronto posible el destete, creyendo aun que la le- che materna o cualquiera otra no bastan para alimentar al niño que ha entrado al segundo año. Error considerable por las consecuencias prácticas que de él se deri- van. En efecto, la mayor parte de las per- turbaciones dijestivas que sobrevienen en la infancia, durante el período de la denti- ción, no tienen otro oríjen que los alimentos indijestos que se suministran a los niños. De cien casos de diarrea, por ejemplo, no- venta i cinco provienen de una alimenta- ción imprudente i desordenada i un cinco por ciento, del estado fluxionario determi- nado por la dentición i que llega a tomar el carácter de una verdadera diarrea. Las dia- rreas mas graves, la disentería i los acci- dentes mas serios del aparato dijestivo, traen su oríjen constantemente de una in- 198 HIJIENE DE LA INFANCIA dijestion o, empleando la designación vul- gar, de un empacho. Esto no admite controversia. No habrá en realidad un médico práctico en las en- fermedades de la infancia que no esté po- seído de esta verdad. Sin embargo, por una paralojizacion pro- pia de una observación imperfecta, las fa- milias se inclinan a creer que las causas de las indijestiones es la mala calidad de la leche o algún dientecito que viene apare- ciendo, pero no se da ninguna importancia, ni se supone siquiera que pueda ser alguna frutita, algún pastelito o friturita o algún otro alimento indijestivo que se suele dar al chico para que se entretenga ¡o para que no se le reviente la hiel! Desvanecer un error, combatir con éxito una preocupación jeneralizada, es mas di- fícil a veces de lo que se cree i es por eso que se conservan en las familias, aun mui ilustradas, ideas tan estravagantes. La ver- dad es que la leche nunca hace mal al niño, salvo en los casos escepcionales ya indicados al tratar del estado moral de la madre i del embarazo i que, si la leche es pobre, constituirá un alimento débil i que H1JIENE DE LA INFANCIA 199 no bastará a la nutrición i desarrollo, pero que en ningún caso podrá ser nociva. En cuanto a la influencia de los dientes, si ella es innegable, no alcanza en la jenerali- dad de los casos a producir otra cosa que una ipersecrecion de los jugos intestinales que aumentarán el número de las deposi- ciones i disminuirán su consistencia, pero rara vez llegará a convertirse en diarrea, si el niño está sometido a un buen réjimen alimenticio. Si nos liemos estendido demasiado en las anteriores consideraciones, es porque, a nuestro juicio, tienen una importancia ca- pital para la conservación de la salud de los niños, pues, como dice el eminente es- pecialista en las enfermedades de la infan- cia, Mr. Ilenry Roger, así como la mujer está toda en su útero el niño de pecho está todo en su estómago. Antes de terminar las observaciones que se relacionan con el destete, creemos nece- sario decir unas cuantas palabras sobre la diarrea que se presenta con tanta frecuen- cia en la primera infancia i mui especial- mente al despechar al niño. Hemos visto ya que con motivo de la 200 HIJIENE DE LA INFANCIA irritabilidad provocada por la dentición, i mui principalmente por el uso anticipado de alimentos indijestos i por el destete prematuro, sobrevienen indijestiones i la diarrea que es su consecuencia. Ahora bien, según la opinión corriente en las familias, opinión apoyada a veces por la autoridad de algunos médicos, esta diarrea que se presenta durante la dentición i que coincide con la erupción de algún diente, no debe combatirse por el temor de que so- brevenga alguna grave complicación, sien- do la mas temida de todas el ataque al ce- rebro, como se dice, incluyendo en esta denominación tanto las enfermedades in- flamatorias de la masa cerebral i de sus membranas, como los accidentes nerviosos de orijen reflejo o esenciales. Guando el médico es llamado para aten- der a un niño con diarrea, nunca se le deja de observar que debe provenir de la salida de tal o cual diente, para que proceda en consecuencia con la debida precaución, evitando los escollos a que pudiera condu- cirlo una medicación activa e imprudente. Mas aun. Los padres de familia se creen con derecho para reformar las prescripcio- HIJIENE DE LA INFANCIA 201 nes del médico, disminuyendo la dosis de los remedios o posponiéndolos a alguna medicina casera recomendada por alguna comadre o aficionada. Si es verdad que la diarrea provocada por la dentición no necesita, por su carác- ter ordinariamente benigno, un tratamiento mui activo, no sucede lo mismo cuando reviste alguna intensidad i se prolonga al- gunos dias. Dejarla abandonada sin apli- carle un tratamiento eficaz, es mucho mas peligroso que combatirla con mas enerjía que la requerida por la naturaleza del mal. En efecto, pocas enfermedades determi- nan mas rápidamente que la diarrea el ani- quilamiento del organismo i este agota- miento de fuerza trae por resultado natural el empobrecimiento de la sangre, la cual se hace inaparente para la nutrición de los tejidos. El cerebro, que por su notable volúmen exije también una cantidad considerable de sangre, i de buena calidad, para el ejercicio regular de sus funciones, es el primero en resentirse; presentando fenómenos tan pa- recidos a los de una irritación, que amenu- do es difícil distinguirlos. Ese conjunto de 202 HI.TIENE DE LA INFANCIA fenómenos que simulan una verdadera en- fermedad cerebral, descrita por Marshall Hall con el nombre de enfermedad Mdroce- faloidea i que ha recibido después el de pseudo meninjitis o lo que equivale a de- cir falsa enfermedad cerebral, se observa especialmente a consecuencia de la diarrea de la infancia. «No hai enfermedad, dice el doctor West, miembro del colejio R.eal de médicos de Londres i médico del hospital de niños, en la cual las dos condiciones de una pertur- bación simpática considerable del cerebro, asociada a un agotamiento rápido de las fuerzas vitales, se encuentren tan completa- mente realizadas como en la diarrea infan- til; por lo mismo no hai tampoco otra en la cual encontremos ejemplos tan patentes i bien marcados de la producción de la en- fermedad h yd rocefal oidea.» De manera, pues, que dejando de comba- tir una diarrea que, siendo copiosa i pro- longada estenúa las fuerzas del niño, por el temor de provocar accidentes peligrosos, éstos se presentarán como una consecuen- cia de esa imprudente abstención. El distinguido práctico, Mr. Trousseau, HIJIENE DE LA INFANCIA 203 hablando sobre la creencia vulgar de que la diarrea es favorable en la época de la den- tición, se espresa así: «Hé aquí uno de los errores contra el que os conjuro a que os prevengáis i levantéis con todas vuestras fuerzas. La diarrea de los niños de pecho es un accidente que se debe mirar con se- riedad. Si bien no se puede negar que una dia- rrea mui moderada parece templar la fiebre, así como la fluxión de las encías, cuando dura mas de cuatro o cinco dias o se hace algo viva, exije que se la combata de un modo activísimo.)) ¿Quiere saber el lector cómo se previene la diarrea, i en caso de que aparezca, cómo podrá combatírsela con éxito? Metodizando la alimentación, de manera que el niño mame solo después que haga la dijestion de la leche o alimento tomado anteriormente, evitar en absoluto, sobre todo durante el período déla dentición, toda sustancia indijesta o de dijestion difícil, alejándolas de la vista del niño, si no se tiene la prudencia de no dárselas cuando las solicita; en una palabra, siguiendo las indicaciones ya espresadas anteriormente 204 H1JIENE DE LA INFANCIA al tratar del réjimen alimenticio de la lac- tancia. Si a pesar de haber seguido un buen ré- jimen sobreviene la diarrea, debe inda- garse si la nodriza o mujer encargada del cuidado del niño no le ha dado alguna sus- tancia inconveniente, i vij i lar las evacuacio- nes, las cuales revelan siempre la verdad, que las sirvientes tratan de ocultar, apare- ciendo en ellas las materias no dijeridas que han provocado la irritación intestinal. En todo caso, tan pronto como se pre- senta la diarrea, es necesario una mayor vijilancia en los alimentos, suprimiendo aquellos que pudieran tener alguna influen- cia, i, si a pesar de eso la diarrea persiste, será indispensable que mame solamente. Muchas veces para curar una diarrea tenaz que ha resistido a todos los remedios su- ministrados por el médico, basta volver a dar de mamar al niño, si se le ha despecha- do, o darle solo el pecho, si es que toma también otros alimentos. Estos casos son mui frecuentemente observados cuando el niño ha sido despechado antes de tiempo i sometido por lo mismo a una alimentación inconveniente. HIJIENE DE LA INFANCIA 205 § III Terminaremos este largo capítulo sobre el destete con la siguiente reflexión: ¿Es indiferente despechar el niño en cualquiera estación del año? La solución de la pregunta anterior no es indiferente, como podrá creerse a primera vista, para el buen éxito del destete i para la conservación de la salud. En los países templados, como el nuestro, las estaciones son mas marcadas que en las zonas tropicales en las cuales se diferen- cian solo por la mayor intensidad del calor. Así, entre nosotros la estación de invierno es caracterizada por un descenso notable de la temperatura, descenso que es tanto mas sensible cuanto que no es paulatino, sino rápido. Mientras en la mitad del dia la temperatura media oscila entre 15 i 20 grados sobre cero, en la noche alcanza a descender a 1 i 2 grados bajo cero. De estos cambios bruscos, a ios cuales el organismo no se acostumbra fácilmente, resultan las enfermedades a frigore, como se dice en medicina, término que en el lenguaje vul- 206 HIJIENE DE LA INFANCIA gar es reemplazado por el de resfrio i mas impropiamente con el de constipado. Las fiebres i casi todas las enfermedades agu- das tienen ese oríjen. En esta estación las funciones de la piel, es decir, las secreciones i las traspiraciones, son casi imperceptibles. Gomo hemos di- cho en otra parte, todos los órganos i teji- dos del cuerpo se encuentran íntimamente ligados en el ejercicio de las funciones que les está encomendada, para mantener así la armonía por medio del equilibrio orgáni- co; de manera que mientras unos órganos trabajan, otros reposan. Cuando la piel per- manece en reposo, como sucede en el in- vierno, los órganos internos aumentan su actividad, razón por la cual la dijestion, la nutrición, la respiración, la secreción de la orina, etc., son mas rápidas, atreves, en la estación de calor, la piel recobra su acti- vidad, las secreciones de las glándulas que se encue tran en ella son mas abundantes i la traspiración copiosa, pero en cambio las otras funciones del organismo langui- decen, el apetito disminuye, la dijestion es lenta i difícil, porque la secreción de los jugos dijestivos es menor, pudiendo decir HIJIENE DE LA INFANCIA 207 otro tanto respecto de las funciones del ri- ñon, de la respiración, etc. El uso inmode- rado del alimento, o la sola continuación del réjimen seguido durante la estación fresca, basta para provocar una perturba- ción en la dijestion, que en algunos casos puede tomar caracteres alarmantes. Por eso es que en el verano son tan co- munes las indigestiones, diarreas, disente- rías i colerina, mientras que en invierno son frecuentes las enfermedades de resfríos, ca- tarros bronquiales, reumatismos, etc. A lo dicho se agrega que con la estación de calor coincide la maduración de las fru- tas las que, no siendo tomadas en toda su sazón, determinan también perturbaciones digestivas. ¿Serán aparentes las estaciones estreñios de frió o de calor para verificar el destete, acontecimiento importantísimo para la salud del niño i el período mas crí- tico de la infancia? Evidentemente nó. La estación de verano sobre todo, es la mas ocasionada a accidentes, particular- mente entre nosotros, pues, como es sabido, la fruta verde es la base de la alimentación, por no decir el único alimento de algunas familias, i el chico tiene que seguir las mis- 208 H1JIENE DE LA INFANCIA mas costumbres. Por eso es que la mayor parte de las enfermedades de los niños en verano corresponden al aparato dijestivo, observándose desde el cólera infantil o co- lerín de los niños, que los mata en pocas horas hasta esas diarreas interminables que agotan todas las fuentes de su vitalidad i les dan el aspecto de verdaderos viejos o mas bien de verdaderas momias con su piel arrugada i seca, la que adherida a los hue- sos es el único resto de la pasada lozanía. En resúmen, el destete, siempre que no haya razones poderosas que lo impidan, de- de verificarse en las estaciones mas suaves del año como la primavera i el otoño, sien- do preferible esta última por ser mas regu- lar i ménos espuesta a variaciones bruscas de temperatura. CAPITULO VIII § I Lactancia por medio de nodrizas Puede decirse que la jestación o el em- barazo no termina con el parto por lo que se refiere al desarrollo del niño, sino que se divide en dos periodos, uno que es el intra- uterino o el embarazo propiamente dicho, i el otro que corresponde a la lactancia; si es verdad que en el primero el feto está íntimamente ligado a la madre, que se en- cuentra en su estado inicial o embrionario i por lo mismo en aptitud de recibir las for- mas i el sello de su futura individualidad, no es menos cierto que en el período ex- tra-uterino o el de la lactancia es también un verdadero anexo de la madre recibiendo de ella por su leche la única savia de su vi- talidad i de su progresivo desenvolvimiento. Ademas, este segundo período es mas lar- go, el doble del primero, i el desarrollo del niño es proporcionalmente mucho mayor. 210 HIJIENE DE LA INFANCIA Así, mientras en el cuarto mes de la jesta- cion el feto solo pesa 250 gramos i en la época del nacimiento 3 kilogramos como término medio, al fin del primer año del nacimiento tiene un peso de 9 kilogramos, siguiendo este aumento una escala progre- siva hasta la terminación de la lactancia. Coincide también con este aumento en el peso su desarrollo físico i los primeros in- dicios de sus cualidades afectivas e inte- lectuales. Se comprende, pues, la importancia tras- cendental que tiene para la salud del niño la elección de una buena nodriza, ya que la madre se encuentra imposibilitada para ve- rificar la importante función de la crianza. Por mui buena que sea la nodriza, siem- pre tendrá que estrañar el niño el uso de una leche que no es segregada espresamen- te para él. En efecto, asi como cada planta necesita de su suelo i de abono especial para adquirir todo su vigor i lozanía, ani- quilándose i dejando aun de producir su fruto cuando no encuentra en la tierra las condiciones aparentes a su vejetacion, asi también sucede que la leche de la ma- dre adaptada a las condiciones orgánicas i HIJIENE DE LA INFANCIA 211 de constitución del niño para el cual está destinada, es preferible a cualquiera otra que tenga mas apariencias de riqueza. So- lo de esta manera se esplica que muchas nodrizas crien perfectamente a sus hijos i que cuando llegan a criar otro niño este no prospere de la misma manera. De lo anterior se deduce que, cuando sea necesario buscar una nodriza, debe exijirse de ella cualidades de constitución i de sa- lud que compensen las desventajas que les son inherentes. Sin embargo, ¿quién no conoce las dificultades con que se tro- pieza para encontrar una buena nodriza? ¿Cuántas veces aquella que ofrece un as- pecto halagador i en la cual no se descubre ninguna manifestación que pueda infundir sospecha sobre su salud, aun sometida al exámen del médico, después de algún tiem- po de haberla tomado se viene a descu- brir que era realmente enferma i que ha trasmitido o puede trasmitir el mal al niño que cria? Porque, es necesario decirlo, el exámen a que es sometida la nodriza por el médico, es siempre incompleto e incierto en sus re- sultados. Hai enfermedades que permane- 212 H1JIENE DE LA INFANCIA cen por algún tiempo ocultas sin manifes- tación ninguna i que el médico no puede adivinar; otras que aparecen por períodos, no dejando tampoco una huella sensible de su paso. Así, por ejemplo, las afecciones herpéticas, una vez que son tratadas conve- nientemente, desaparecen los granos o ma- nifestaciones esternas hasta que después de un período mas o menos largo, vuelven de nuevo a presentarse. El reumatismo, la gota, las enfermedades nerviosas como la histeria i la epilepsia, las perturbaciones mentales i muchas otras enfermedades, no dejan, al pasar, vestijio alguno que pueda servir al médico para descubirlas; i, como la nodriza que quiere tomar servicio tiene interes en ocultar todo aquello que pueda hacerla perder una colocación que solicita por ventajosa, el resultado del examen fa- cultativo no puede ser en ningún caso com- pletamente exacto i satisfactorio. Si del examen de la salud de la nodriza pasamos al de las cualidades de la leche, encontraremos nuevas dificultades. Diariamente es consultado el médico so- bre la calidad de la leche de la nodriza que se desea tomar, presentándole la copa con- HIJIENE DE LA INFANCIA 213 teniendo el líquido estraido del pecho para que diga si es o no buena. El médico, obli- gado por la costumbre, da su majistral opinión, ajitando la copa para ver si es mas o ménos gruesa, dando su dictámen en vis- ta de su aspecto. Pero, para eso no se ne- cesita en jeneral consultar al médico, por- que todo el mundo sabe que una leche que empaña mas o ménos la pared del cristal es mas o ménos densa o gruesa. Si la nodriza ha pasado algunas horas sin dar de mamar, la leche será mas abun- dante, i su densidad menor; por el contra- rio, si hace poco que lo ha hecho, tendrá en sus pechos ménos leche i ésta será mas rica en materias estractivas: de manera que si no se tiene en vista este antecedente, el error es seguro. Si la leche que se estrae es tomada algún tiempo después de las co- midas, será mas rica que cuando se la saca estando el ama en ayunas o habiendo to- mado un alimento escaso i pobre. La sim- ple inspección de la leche no basta, pues, para conocer su riqueza. Si se quiere evitar el error, es necesario recurrir al lactoscopio, al lacto-butirómetro i al exámen micros- cópico. Por medio de estos instrumentos 214 HIJIENE DE LA INFANCIA se podrá juzgar con mas precisión la can- tidad de materias estractivas contenidas en la leche, i por el lacto-butirómetro la por- ción de materia grasa o mantecosa. Mas, la composición de la leche de la nodriza no es constante, pudiendo variar por causas mui diversas, de manera que no basta el análisis de la leche, hecho una vez, para creer que se conservará siempre bue- na. En efecto, fuera de muchas causas, que a menudo se escapan a la observación del médico i de la familia, podemos citar como las mas constantes en alterar su calidad i cantidad: l.° la alimentación, 2.° las reglas, 3.° el embarazo, 4.° la edad de la leche, 5.° las impresiones morales, 6.° la acción del frió, i 7.° las enfermedades agudas. La influencia ejercida por la alimentación en la cantidad i calidad de la leche no ad- mite la menor duda. Si el alimento es sano, suculento, variado, es decir, que se com- ponga tanto de sustancias azoadas (carne, caldo, huevos, leche, etc.) como hidro car- buradas, (harinas, pan, papas, grasa, man- tequilla, legumbres, verduras, frutas madu- ras, etc.,) en proporción conveniente i a horas determinadas, la leche será siempre HIJIENE DE LA INFANCIA 215 mejor, en igualdad de circunstancias, que cuando es poco suculento, escaso en can- tidad i poco adecuado a los hábitos i nece- sidades de la nodriza. Si se toma, por ejemplo, a una mujer del campo, acostumbrada a alimentarse con fréjoles, harina, galletas, papas i una que otra verdura, i se la somete a la alimenta- ción de carne, base casi esclusiva de la comida de nuestras familias acomodadas, que usan la carne para la confección del puchero o cocido, para la confección de los otros guisos, para el asado, etc., pros- cribiéndole las legumbres, frutas i verdu- ras, por temor de que perjudiquen a la salud del niño, la nodriza estrañará indudable- mente el nuevo réjimen a que se encuentra sometida, la dijestion será lenta i difícil, i la secreción de la leche disminuirá sensi- blemente, siendo necesario buscar otra no- driza si no se cambia de réjimen, es decir, si no se le permite que continúe con el uso de los alimentos a que está habituada. Si se hace esto último, procurando mejorar la alimentación introduciendo en ella el uso de la carne, de un buen caldo, etc., en pro- porción moderada, se verá, por el contra- 216 H1JIENE DE LA INFANCIA rio, que la leche aumentará gradualmente en cantidad i riqueza. Ya que hablamos del alimento de la no- driza, creemos conveniente manifestar que toda sustancia soluble en el agua es absor- bida i pasa fácilmente a la leche. Sabido es que la leche de vaca toma el gusto o el olor del pasto con que se alimenta el animal, sucediendo igual cosa con la de mujer. En medicina se aprovecha esta cualidad para suministrar por medio de la leche de la madre o nodriza medicamentos que puede necesitar el niño i que no pueden ser fácil- mente administrados de otro modo. Con- viene por lo mismo evitar en la alimenta- ción de la nodriza sustancias que puedan pasar ala leche i que sean desagradables o nocivas. Así, por ejemplo, no convendrá dar a la nodriza sustancias aromáticas, esencias, especias o condimentos, como el ajo, ajenjo, cebolla cruda, sales purgantes, como el sulfato de magnesia o sal de In- glaterra, sulfato de soda, etc. Cuando el ama necesita de un purgante se preferirá el aceite de palmacristi, si no se quiere provocar la misma acción en el niño. Las bebidas excitantes, alcoholizadas o HIJIENE DE LA INFANCIA 217 fermentadas, deben usarse con mucha pre- caución, i si la nodriza no está acostumbra- da a su uso, vale mas proscribirlas. En esta categoría podemos colocar el vino, aguardiente, coñac, cerveza, café i té. La cerveza inglesa de esportacion i en particu- lar la pale-ale, que a mas de ser mui alco- holizada suele contener nuez vómica o falsa angustura, puede producir en el niño (por el uso de la nodriza, bien entendido) acci- dentes de excitación nerviosa mui marca- dos, razón por la cual debe proscribírsela absolutamente. La cerveza doble del pais, bien fermentada, sobre todo la negra, pue- de, sin embargo, usarse con ventaja, para mejorar el apetito i aumentar la secreción de la leche. ¿Hai alimentos que favorecen la secreción de la leche? Se cree vulgarmente que algu- nos leguminosos, como las lentejas, fréjoles, sustancias farináceas como la mazamorra hecha de harina de trigo, el alimento cono- cido con el nombre de ulpo preparado con harina de trigo amarillo tostado previamen- te, la zanahoria i las sustancias que contie- nen azúcar, aumentan la secreción de la leche. Sin embargo, la esperiencia nada 218 HIJIENE DE LA INFANCIA dice a este respecto, pues si hai algunas nodrizas que obtienen algún resultado de dichos alimentos, eso proviene mas bien de que con su uso vuelven al réjimen a que han estado habituadas; pero cuando por cualquier accidente la secreción láctea dis- minuye o se suprime, no hai, en la jenera- lidad de los casos, ningún medio seguro para evitarlo. Acción de la menstruación, del embarazo i de las impresiones morales.—No necesitamos volver a hablar aquí sobre la influencia que sobre la secreción de la leche tienen la menstruación, el embarazo i las impresio- nes morales pues lo dicho, tratándose de la lactancia materna, es del todo aplicable a la nodriza. Bueno será, sí, tener presente que al to- mar una ama de leche debe procurarse no solo que no esté embarazada, sino también que no le haya aparecido su menstruación, porque, como queda dicho, estos dos acci- dentes tienen una influencia mas o ménos considerable en la cantidad i composición de la leche. La edad de la leche tiene también, como es de suponerlo, una influencia marcada en HIJIENE DE LA INFANCIA 219 su composición. Hemos manifestado ya que Ja leche segregada después del nacimiento tiene una constitución especial, adecuada a las necesidades del niño, i que después de algunos dias cambia gradualmente hasta tomar los caractéres de la normal. Mas la misma leche de la nodriza no tiene durante toda la lactancia la misma composición, la misma fuerza orgánica o vital, si nos es permitida esta manera de espresarnos, pues es lójico, i la esperiencia lo comprueba, que así como el colostro o primera leche no es igual a la leche de quince dias, ésta no puede ser igual a la de dos meses, ni a la de seis, ni a la que tiene mas edad. El desarrollo orgánico del niño va necesitando una leche mas i mas vigorosa que la sabia naturaleza no podría negarle. Así al sesto o séptimo mes, la secreción láctea está en la plenitud de su vigor, tanto por su can- tidad como por su riqueza. Pasado este tiempo, después del primer año, la secre- ción láctea empieza a disminuir pero con- servando su riqueza i aun aumentando en proporción con la disminución en la canti- dad segregada, hasta que llega a suprimir- 220 HIJIENE DE LA INFANCIA se, lo cual tiene lugar ordinariamente de los diezioclio meses a los dos años. Si, pues, la leche varia en sus cualidades alimenticias según su edad, no es indife- rente tomar para un niño recien nacido una nodriza cuya leche tenga seis meses o un año. Debe procurarse que la edad de la leche coincida con la del niño a que está destinada, no importando que haya alguna diferencia de poco tiempo. Si esta diferen- cia existe debe ser tomando siempre en cuenta el beneficio del niño. Si se presenta una nodriza que tenga buenas condiciones de salud para criar un niño de seis meses, no importará que su leche tenga dos meses, por ejemplo, pues si es verdad que hai al- guna desproporción, ella no tiene mayores inconvenientes, dada la constitución de la nodriza, i en cambio tiene la ventaja deque la lactancia podrá durar mas tiempo, lo cual es un verdadero beneficio para el niño, co- mo lo hemos dicho ántes. Si por el contra- rio, la leche tiene seis meses i el niño solo dos, éste recibirá un alimento mas vigoro- so, lo cual no siempre es una ventaja, por- que puede ocurrir que su dijestion sea mas difícil, teniendo a mas el inconveniente de H1JIENE DE LA INFANCIA 221 que la secreción se agotará ántes del tiem- po requerido, para que el destete se verifi- que sin peligros para la criatura. Como no es fácil obtener una nodriza re- cien parida, sino a lo ménos de quince a treinta dias, pues no es posible que pueda levantarse ántes sin peligro para su salud, es necesario suplir el colostro, dado el ca- so de que la madre no pueda alimentar a su hijo ni en los primeros dias, por medio de un poco de agua azucarada, la cual tiene una acción lijeramente purgante, sirviendo por lo mismo para evacuar el meconio. Si con agua azucarada no se consigue este resultado, se usará el jarabe de chicorias solo o mezclado con igual cantidad de aceite de almendras o glicerina. Acción del frió.—En los paises templados en los que las variaciones de temperatura son rápidas i por lo mismo mui sensibles, no es raro observar que una impresión brus- ca de aire sobre el pecho o las espaldas produzca una disminución mas o ménos considerable en la secreción de la leche. La simple esposicion de este fenómeno basta para comprender la necesidad de que la no- driza se ponga en guardia contra un acciden- 222 HIJIENE DE LA INFANCIA te perjudicial al niño que cria i a su propia salud; para lo cual evitará las corrientes de aire, protejiendo constantemente sus ma- mas i sus espaldas con un abrigo suficiente. Acción de las enfermedades agudas o febri- les.—Si las enfermedades febriles que pue- den sobrevenir a la nodriza en el curso de la lactancia alteran la composición de su leche, esta alteración no tiene la importan- cia ni el alcance que ordinariamente se le atribuye. Se cree, en efecto, que una leche afiebrada trasmite la fiebre a la criatura, i que su descomposición puede ser tal que llegue a contener elementos nocivos que puedan envenenar al niño, todo lo cual es un error mui grande. Solo las fiebres eruptivas pueden produ- cir el contajio del niño, no precisamente por medio de la leche sino por la relación de contacto o directa comunicación de la nodriza i el niño. Fuera de estos casos, nin- gún accidente* febril de la nodriza puede determinar otro idéntico en la criatura. La alteración esperimentada por la leche en caso de fiebre consiste en la disminución de la cantidad segregada, asi como se dis- minuyen las demas secreciones, reducién- HIJIENE DE LA INFANCIA 223 (lose la proporción de agua que contiene i haciéndose mas densa, razón por la cual el niño no la dijiere fácilmente, sobrevinién- dole vómitos i diarrea. Si el accidente febril es de corta duración i no determinado por lesiones orgánicas que dejen a la nodriza con su constitución notablemente trastornada, se puede espe- rar que, una vez terminado, la secreción láctea recobre sus cualidades anteriores i pueda continuarse la lactancia, adminis- trándose durante la fiebre la leche de otra nodriza o la mamadera. En el único caso en que la leche puede alterarse, es cuando la fiebre proviene de una inflamación de las mamas terminada por supuración. En este caso el pus puede abrirse paso por alguno de los conductos de la leche, i si se da de mamar de ese pecho, como se tiene a veces la imprudencia de hacerlo entre lajente ignorante, el niño ma- mará leche mezclada con puso materia. § II Volviendo a la cuestión, de la cual nos liemos separado incidentalmente tratando 224 HIJIENE DE LA INFANCIA de las alteraciones que puede esperimentar la leche, es decir, la de conocer si una no- driza es buena lechera para encomendarle la crianza de un niño, diremos que éste es quien podrá darnos los datos mas positi- vos. En efecto, cuando mama quedándose en seguida tranquilo i con tendencia al sue- ño, cuando no llora constantemente solici- tando el pecho, cuando tomándolo no lo suelta luego manifestando descontento, la nodriza tiene buena i suficiente leche. Por otra parte, el bienestar del niño, el buen aspecto de sus deposiciones i, en una pa- labra, su aumento de peso, son los únicos signos ciertos de la buena calidad de la le- che. Cuando se quiera tener una pauta segura del desarrollo de un niño, debe sometérse- lo a pesajes repetidos. Con este sistema hai la seguridad de no equivocarse i de sa- ber con precisión el aumento de peso ad- quirido en cada mes, cada semana i cada dia, como igualmente la disminución deter- minada por una mala leche, por un cambio de nodriza, por una alimentación artificial inaparente o por efecto de alguna enfer- medad. HIJIENE DE LA INFANCIA 225 En los cinco o seis primeros dias del na- cimiento, el niño pierde un poco en el peso, 100 gramos mas o menos por la espulsion de la orina, materias fecales, caida del cor- don, etc. Pero pasados esos dias empieza a aumentar constantemente a razón de 20 a 30 gramos diarios. Si el aumento es me- nor de 20 gramos o bien se observa dismi- nución en el peso, se debe deducir o que la leche es escasa o de mala calidad, o que el niño padece una enfermedad debilitante. Un niño sano i de regular constitución mama mas o ménos la cantidad siguiente en 24 horas. 1. er día 30 a 40 gramos. 2. » 100 a 150 y> 3. er » 3'0 a 400 » 4. » 400 a 450 » 5. u » 450 a 500 » 6. » 500 a 550 » En el 2.° mes 550 » En el 3.er mes 750 » En el 4.° mes 850 » Desde el 5.° mes al año de. 900 a 1000 » Aunque la cantidad de leche mamada por el niño desde el primer dia hasta completar el año, es, volvemos a repetirlo, aproxima- 226 H1JIENK DE LA INFANCIA tiva, ella podrá dar una idea del peso que debe obtenerse antes i después de mamar. Asi, por ejemplo, si tenemos un niño de cuatro meses que mama seis veces al dia, debe mamar cada vez de cinco a seis onzas o sea de 150 a 180 gramos. Si pesamos, pues, al niño antes i después de mamar i la diferencia de peso corresponde a la can- tidad indicada, deduciremos que la nodriza tiene la cantidad de leche necesaria a la edad del niño. De manera, pues, que este dato unido al crecimiento i bienestar del chico nos indican con certidumbre la bue- na calidad de la leche. 1 decimos ambos datos en conjunto, porque hai muchos ca- sos en los que una nodriza puede segregar abundante leche, pero de mala calidad, o bien, como hemos dicho anteriormente, la leche que es excelente para un niño puede caer mal a otro por razones especiales de vitalidad o de constitución individual. Si la nodriza es aparentemente sana i de buena constitución i la leche tiene los ca- racteres señalados, se la puede tomar sin vacilación con la seguridad de que el niño prosperará. Las demas condiciones que se exijen en una nodriza son secundarias, aun- HIJIENE DE LA INFANCIA 227 que no por eso sin importancia. A mas de su buena constitución conviene que sea joven, es decir de 20 a 30 años, de aspecto agradable, que revele su buen carácter, para que sea mas solícita i afectuosa con su hijo adoptivo. Se cree jeneralmente que la mujer de tez morena es mejor lechera que la blanca i rubia, razón por la cual se la prefiere ordi- nariamente. ¿Será esta idea verdadera o una preocupación, así como la creencia vulgar que en la raza vacuna la de piel negra es mejor lechera que las de otro pelo? La es- periencia nada dice a este respecto. En jeneral, es preferible una nodriza que haya tenido mas de un hijo, porque tendrá rilas esperiencia i podrá cuidar mejor al ni- ño; pero si la madre es esperimentada i vi- jila constantemente al ama, no será éste un requisito indispensable. Debe procurarse que se mantenga asea- da, que se lave diariamente i que se dé de cuando en cuando un baño tibio o templa- do, para que desaparezca por este medio cualquier mal olor provocado por el sudor u otra secreción. Debe procurarse, por último, que tenga 228 HIJIENE DE LA INFANCIA buenos dientes i que no presente infartos ganglionares (hinchazón de glándulas) del cuello, ni de la amígdalas (glándulas de la garganta) que revelen cierto estado de de- bilidad accidental o constitucional. En cuanto a las mamas o pechos se puede decir que no son las mas grandes las que dan mas leche. Las que la segregan ordi- nariamente en mas abundancia son de me- diano volumen, algo alargadas parecidas a las ubres de cabra o que presentan la forma de pera, que están surcadas de venas bas- tante desarrollas i que ofrecen al tacto cier- ta dureza dando la sensación de un con- junto de cordones anudados. El pezón debe ser bien formado, sin grietas, ni induracio- nes. Debe también tenerse presente que una nodriza que ha tenido bastante leche i cria- do bien a su chico, al entrarse a servir to- mando un nuevo niño, i cambiando el ré- jimen alimenticio a que estaba habituada, puede esperimentar en los primeros dias una disminución considerable en la secre- ción de leche. El abandono de su hijo i de su hogar, la diferencia de réjimen i de hábitos son la HIJIENE DE LA INFANCIA 229 cansa de este trastorno que a veces puede ser irremediable, pero que de ordinario so- lo dura tres o cuatro dias, volviendo en se- guida la secreción láctea a recuperar su anterior enerjía. Conviene, pues, tener mui presente este hecho para no despedir una nodriza que se presenta en buenas condi- ciones i que puede, después de pasada la impresión moral i orgánica, ser una ama excelente. CAPITULO IX § I Lactancia artificial Cuando la madre no cria, cuando lia sido necesario desprenderse de la nodriza i no se puede obtener otra que llene las condi- ciones requeridas, hai que recurrir a la lac- tancia artificial, deplorable necesidad que solo la absoluta imposibilidad de verificar la lactancia materna por medio de nodrizas puede autorizar. En efecto, la alimentación artificial es casi siempre mal tolerada por el niño, so- bre todo cuando es sometido a ella desde los primeros dias del nacimiento. Asi lo maniíiesta la estadística de una manera evidente. Para no entrar en muchos deta- lles citaremos solo los datos recojidos por Villermé. Este distinguido práctico ha com- probado que mientras en Lyon, de los niños espósitos confiados a nodrizas, la mortali- dad era de 34 por ciento, en Prnims siendo 232 HIJIENE DE LA INFANCIA alimentados artificialmente la mortalidad era de 64por ciento. Esta notable diferencia en la mortalidad es un hecho comprobado en todas partes i reconocido por todos los prácticos. Yed lo que dice Mr. Trousseau sobre la lactancia artificial. «La lactancia artificial que consiste en alimentar a los niños por la mamadera o con cucharadas de leche de animales es, por punto jeneral, un modo deplorable de alimentar. En París, sobre todo, i en las grandes ciudades es la causa mas poderosa de la mortandad de los niños pequeños; de cuatro que se crien así muere uno por lo menos i si resisten es muchas veces con detrimento de su salud i de su constitución.)) ¿A qué atribuir esta considerable mor- talidad? Vamos a manifestar brevemente las causas. Guando se somete a un niño a la alimen- tación artificial se recurre a la leche que es mas fácil obtener, razón por la cual se usa la de vaca. Esta leche, según queda di- cho es mucho mas gruesa que la de mujer, conteniendo en mucha mayor proporción caseína i mantequilla, sustancias ambas que hacen que la leche de vaca sea mui II1JIENE DE LA INFANCIA 233 pesada para un niño o, lo que es lo mismo, de mui difícil dijestion. Para disminuir la densidad i riqueza de la leche de vaca i hacerla asi mas adapta- ble a las fuerzas dijestivas del niño, se la mezcla con agua en proporción variable se- gun su edad. Mas ¿quién podrá estable- cer esa proporción en la mezcla? Para que sea aparente debe saberse la composición de la leche que debe administrarse, pues sin eso se procederá a ciegas, sin norma alguna i sin tener la menor seguridad de que la leche asi mezclada quede gruesa o delgada. En efecto, la leche de vaca no tiene siempre una composición invariable; lejos de eso, se puede decir, sin temor de equivocarse, que talvez no hai dos leches de distintas vacas que sean deagual composición: una tendrá mas caseína, otra mas mantequilla, unas serán ricas en estos elementos i otras los contendrán en escasa cantidad i lo que de- cimos de estas dos sustancias que consti- tuyen la riqueza i bondad de la leche se puede decir de las demas que entran en su composición. Pero, supongamos dominada la dificultad 234 H1JIENE DE LA INFANCIA anterior, ¿es esa la única? Desgraciadamen- te nó. La caseina (caseurn, queso) de la leche de mujer al coagularse por la acción del calor o de los ácidos se precipita en forma de jalea, compuesta de pequeños coágulos granulados miéntras que la leche de los animales mamíferos i en particular la de va- ca se precipita en grandes i mas densos coágulos. En el estómago la leche se en- cuentra sometida a la acción del jugo gás- trico que es ácido i tiene la propiedad de coagularla. Pues bien, basta la simple es- posicion de la diferencia que hai en la coa- gulación de la leche de mujer, de la de vaca para comprender que la acción de los ju- gos del estómago será mas eficaz sobre la leche de mujer, coagulada en pequeños i blandos coágulos, que sobre la otra que se compone de coágulos de mucho mayor di- mensión i densidad. Es por esto que la leche de vaca no es bien dijerida por el jugo gás- trico del niño i pasa asi al través del tubo dijestivo, apareciendo en las deposiciones con el aspecto de leche cuajada, sin haber sufrido ninguna alteración. Esto se observa constantemente cuando se usa la leche de HIJIENE DE LA INFANCIA 235 vaca desde los primeros dias del nacimien- to. Una vez que el niño crece i que sus fuer- zas dijestivas se acrecientan, la dijestionde la leche de vaca puede hacerse sin incon- veniente. Para que esto suceda hai que es- perar que pase el tercer mes i aun el cuarto si no se quiere correr el peligro de alguna perturbación que pueda comprometer la salud de la criatura. Es por eso también que cuando la madre cria no debe adoptar la alimentación mista sino después de pasado el tercer mes ano ser que haya absoluta imposibilidad de alcanzar a esa época por la lactancia materna. Guando la secreción de la leche es tan escasa que obligue a usar de la mamadera desde el primer mes, es indispensable vijilar al desarrollo del niño, pues el deseo de criarlo i de no recurrir a una ama mercenaria, por mui bueno que sea, no debe llevarse hasta el punto de de- tener el desarrollo del i chico con una ali- mentación escasa e inaparente, comprome- tiendo igualmente su salud i su vida. Hai, es verdad, niños, que resisten desde los primeros dias el uso de la mamadera, pero éstos son la escepcion, i por casos es- cepcionales no se puede sentar el hecho de 236 HIJIENE DE LA INFANCIA que la mamadera no tiene inconvenientes administrada desde los primeros dias del nacimiento; lo contrario es lo comprobado por todos los prácticos. Asi, pues, cuando la madre no tiene leche suficiente para criar al hijo en los primeros meses, debe buscar una nodriza para su ni- ño, tanto porque los primeros meses de la vida son mucho mas difíciles i ocasionados a la muerte, como lo hemos visto ya al tratar déla mortalidad de los niños, como porque es mui de temer que cuando la secreción escasea al principio de la lactancia, dismi- nuya cada dia i se agote al poco tiempo. La leche de vaca que se administra en la mamadera, se cuece previamente, según es costumbre para colarla i descremarla co- mo un medio de hacerla mas dijestiva. Es- ta operación preliminar tiene sus ventajas innegables, pero ¿no le liara perder al mis- mo tiempo alguna de sus cualidades? No es posible dar una contestación categórica. Sin embargo existe un hecho comprobado por la esperiencia que puede dar alguna luz. En efecto, la leche cruda, la leche tomada al pié de la vaca, produce en jeneral una ac- ción distinta sobre el aparato dijestivo que HIJIENE DE LA INFANCIA 237 la leche cocida; la una provoca a menudo diarrea, i la otra nó. Si esto ocurre al adulto, en el cual el vigor dijestivo se encuentra en todo su apojeo, bien se puede creer que la leche esperimenta alteraciones con el cambio de temperatura, que la hacen variar en sus condiciones de dijestibilidad; a mas de lo que hemos dicho sobre la mas fácil dijestion de la leche cocida, tiene también otras ventajas. No es posible al comprar la leche cono- cer su procedencia, i aun conociéndola no es tampoco fácil saber si la leche proviene de uno o de muchos animales sanos. Aho- ra bien ¿es indiferente el estado de salud deljanimal,o en otros términos, pueden tras- mitirse por medio de la leche las enferme- dades de los animales? Distinguidosesperimentadores, entre otros Villemin, Pasteur, Murchison i Bollinger han comprobado la existencia en la leche de jérmenes diversos, i en particular delbacil- lus de Koch en la proveniente de animales tísicos o tuberculosos, i han comprobado igualmente la trasmisión de la tuberculo- sis i otras enfermedades del animal por el uso de la leche proveniente de esos anima- 238 HIJIENE DE LA INFANCIA les enfermos. Mas, suponiendo que este hecho importante no estuviera patentizado por la esperimentacion ¿no seria natural de- ducirlo? ¿Si la mujer puede trasmitir por medio de su leche su vigor o su debilidad, su sana constitución o las enfermedades que la aquejan, razón por la cual seproscri. be la lactancia de las personas marcadas con algún vicio orgánico o constitucional, ¿por qué no podria verificarse idéntico fe- nómeno con el uso de leche de un animal enfermo?¿Quién podria sostener que las ma- nifestaciones tuberculosas como meninjitis, tabes mesentéricas, dejeneraciones en el sistema huesoso en niños provenientes de padres sanos i robustos, no podria provenir deluso de la leche de animales enfermos? Luego, si la leche de vaca o de otro ani- mal cualquiera puede ser oríjen de diversas enfermedades para el niño o para el adulto que la use, es prudente evitar ese peligro. ¿Cómo? El primero de los medios consiste en procurarse, siempre que sea posible, una leche proveniente de un animal reco- nocido como sano, escojido entre los que presentan mejor aspecto i no mui gastados por una alimentación pobre i una conside- HIJIENE DE LA INFANCIA 239 rabie secreción de leche. Es prudente en todo caso desconfiar de la leche comprada en el mercado i de incierta procedencia. El otro medio que puede usarse siempre como útil precaución, es el cocimiento de la leche ántes de usarla. Los jérmenes orgánicos, fuente de las en- fermedades que pueden ser trasmitidas, no resisten a la acción del calor; de manera que la cocción de la leche le quita toda cua- lidad nociva. En resúmen, la leche de vaca es inapa- rente para la alimentación del niño en los primeros meses de la vida, i solo puede recu- rrirse a ella pasado al tercer mes. Mas, co- mo hai muchos casos en que la madre no cria i no tiene tampoco los medios de obte- ner una nodriza, se tiene que recurrir a ella como base de la alimentación artificial, co- rrespondiendo a este sistema de lactancia una mortalidad de 30 a 40 por ciento. § II Preparación ele la mamadera.—Para dismi- nuir en lo posible los inconvenientes de la lactancia artificial, es necesario preparar la 240 HIJIENE DE LA INFANCIA leche de manera que sea lo mas fácilmente dijerible, es decir, procurando que se ase- meje a la leche de mujer. Para esto, se debe hervir la leche previa- mente, i después de verificada esa operación, dejarla enfriar un rato para que la nata que se forma pueda ser estraida, haciéndola pa- sar por un tamiz fino. Este procedimiento da per resultado la disminución déla densidad de la leche, eli- minándose una parte de la crema, siendo asi mejor tolerada por el estómago del ni- ño. Así preparada, se le agrega una cantidad de agua proporcionada a la edad de la cria- tura. En los primeros dias podrá mezclarse una parte de la leche con otra igual de agua, reduciendo ésta gradualmente,i según el es- tado de la dijestion, a la tercera o a la cuarta parte, hasta que después del cuarto o quin- to mes se llegue a usar la leche pura. Como decimos, es necesario proceder con tino, por ensayos sucesivos, para evitar cual- quiera perturbación dijestiva. Para obviar el inconveniente de la den- sidad i espesor de los coágulos de la leche que pueden acumularse, formando una ma- sa gruesa apelotonada i sobre la cual el ju- HIJIENE DE LA INFANCIA 241 go gástrico obre con dificultad, la mayor par- te de los prácticos recomiendan mezclar la leche no con agua pura, sino con un coci- miento de cebada perla (cebada inglesa) o harina de avena. Con este procedimiento se consigue en parte que la coagulación de la leche que tiene lugar, como queda di- cho, por la acción del jugo del estómago o jugo gástrico, se verifique aislándose cada glóbulo, sin que se forme acumulamiento, facilitándose la dijestion. Si el cocimiento de cebada o de avena se hace cada vez que se prepare la mamadera, no tiene inconve- niente i es, por el contrario, útil para hacer la mezcla; pero si no se tiene esa precau- ción, sobre todo en verano, i se guarda el agua cocida algunas horas, puede avina- grarse i producir una indijestion. Sea que se use el agua pura hervida o el cocimiento de cebada o avena, conviene también agregar alguna sustancia carmina- tiva, para evitar la formación de gases en cantidad excesiva, como es frecuente obser- var con el uso de la mamadera. Así, por ejemplo, se puede poner al agua o al coci- miento una hoja de naranjo, de yerba bue- na, granos de anis, hinojo, etc., colando el 242 HIJIENE DE LA INFANCIA agua o cocimiento ántes de hacer la mezcla. Si a pesar de eso se observa que la dijes- tion es difícil, que hai regurjitaciones o vómitos de leche, saliendo ésta con un olor agrio que revela exceso de acidez del es- tómago, se podrá agregar a la mamadera una cucharada de postre o de sopa de agua de cal o bien 5 a 15 centigramos de bicar- bonato de soda. Como la leche de vaca tiene ménos azú- car que la de mujer i esa proporción dis- minuye aun en la mezcla de agua, conviene agregarle una pequeña cantidad. Es por esto necesario que la madre pruebe la mamade- ra para que juzgue de su gusto, evitando así que el chico pueda tomar leche vinagre o de un sabor desagradable. La leche de la mamadera debe tener un calor suave, semejante al de la leche de mujer, es decir tibia, con una temperatura de 30 a 37 grados centígrados. La mamadera debe conservarse en per- fecto aseo, cuidando de lavarla después de usarla, para evitar que se acidule el sobran- te que queda adherido a ella i a la pezonera o pezón artificial, procurando renovar el aparato de goma tan pronto como se note HIJIENE DE LA INFANCIA 243 en él la mas lijera alteración. El lavado de la mamadera debe hacerse con agua ca- liente para destruir todo jérmen o fermento que pueda quedar adherido a sus paredes. § III Superiores a la leche de vaca para la lac- tancia artificial son las leches de burra i de yegua. Estas tienen una composición que se asemeja mucho a la de mujer; de manera que siendo fácil obtener un animal de los indicados que proporcione la cantidad su- ficiente para la lactancia, debe preferirse su leche sin vacilación. Esta leche necesita una mezcla de agua mucho menor, bastando desde el principio una tercera o cuarta parte, pudiendo ser administrada pura desde el segundo mes. Las leches de yegua i de burra se coagu- lan fácilmente por la ebullición, por lo cual al preparar la mamadera debe tenerse mu- cho cuidado de suspender el calentamiento una vez que la leche empieza a hervir, es- perando que se entibie para administrarla. La leche de cabra que también se suele 244 HIJIENE DE LA INFANCIA usar, tiene el inconveniente de que es mui gruesa i que necesita como la de vaca una considerable mezcla de agua. Sin embargo, si la cabra tiene abundante leche i se toma la precaución de no estraérsela toda, pues la última parte es mas densa, o el apoyo como se la designa vulgarmente, puede servir para la lactancia, teniendo cuidado de vijilar las deposiciones, aumentando o disminuyendo el agua de la mezcla según el aspecto de ellas, es decir, aumentar la mezcla de agua si se nota que la leche por ser mui gruesa no es bien dijerida i sale en la deposición una parte no elaborada. Sin embargo, esta leche es mas fácilmente di- jerida que la de vaca i la razón principales que el glóbulo de la leche de cabra es mu- cho mas pequeño que el de la de vaca i por lo mismo el jugo dijestivo del estómago obra sobre aquel con mas enerjía. También se puede usar la alimentación directa, es decir, haciendo que el niño mame a la cabra, lo que se puede hacer después del tercero o cuarto mes cuando no haya necesidad de mezclar la leche con agua. La cabra, por lo demas, se acasera de tal modo que conoce al niño i lo busca ella HIJIENE DE LA INFANCIA 245 misma, sobre todo cuando lo siente llorar. También se suele usar la leche de perra, sea como alimento esclusivo, sea como au- siliar de otro alimento artificial. Aunque no podríamos decir cuales son los caracteres de esta leche, conocemos varios casos de ni- ños sometidos a este réjimen que la han soportado mui bien, i se cree que el chico adquiere una gran fuerza dijestiva. Hai, ademas de la leche de animales, otras preparaciones artificiales que suelen prefe- rirse aun a la leche fresca como la harina lacteada, la leche Loeflund, etc. La harina lacteada, mas conocida entre nosotros, es en jeneral bien soportada, i su dijestion es fácil aun para niños de corta edad. Tiene la ventaja de ser de fácil preparación, de ser poco alterable siempre que se le guarde convenientemente, i su precio relativamen- te módico. Cuando la mamadera de leche de vaca no es tolerada i su dijestion es mui difícil, se puede ensayar sin inconveniente la harina lacteada. Para prepararla basta disolver una cucharada de postre o de sopa según la edad del niño en un poco de agua tibia i después de deshacerla bien, destru- yendo los grumos que se forman, se la pone 246 H1JIENE DE LA INFANCIA a hervir en la cantidad de agua suficiente para que después de haber hervido de 15 a 30 minutos conserve una consistencia se- mi-líquida, de tal modo que pase sin difi- cultad por el pezón déla mamadera. Antes de administrarla debe probarse para que no quede ni fria ni mui caliente. La leche Loeflund compuesta de leche de vaca i estracto de trigo condensado sin azúcar es una preparación que puede tam- bién utilizarse, teniendo en Alemania algu- na aceptación. Según la fórmula de su pre- paración se debe poner una cucharada a siete de agua hirviendo para un niño recien nacido, cinco de agua para niños de 2 a 3 semanas, cuatro para niños de 2 a 3 meses i tres de agua por una de leche pasados los seis meses. Debe tomarse la precaución de vaciar gradualmente el agua sobre el tiesto que contiene la leche, como se hace para la preparación del chuño. Hemos terminado ya las reglas i conse- jos que teníamos que dar sobre la lactancia. Aunque el período de la vida a que ella corresponde es importantísimo, el mas oca- sionado a accidentes variados, i aunque en el buen gobierno de la crianza está basado HIJIENE DE LA INFANCIA 247 el desenvolvimiento físico del niño i es el mas sólido fundamento de su presente i futura salud, creemos que con lo espuesto basta para que la lactancia se verifique en las mejores condiciones posibles. CAPITULO X Vacuna § I Antes de entrar en algunas consideracio- nes relativas a la hijiene de la primera i se- gunda infancia, nos detendremos un mo- mento en hablar sobre la vacuna como medio profiláctico o preservadordela peste virue- la. Trataremos de esponer con la mayor concisión i claridad todo aquello que con relación a la vacuna pueda interesar al lec- tor. De las plagas que mas cruelmente atacan a la especie humana, pocas o ninguna quizá tan terrible como la peste viruela, tanto porque por su poderosa actividad de pro- pagación puede atacar poblaciones enteras, cuanto porque es una enfermedad repelente i que obliga aun a los parientes mas próxi- mos a abandonar al apestado a su propia suerte por el lejítimo temor del contajio. Esta peste, orijinaria de Asia, penetró en 250 H1JIENE DE LA INFANCIA Africa primero, siendo llevada en seguida a Europa por las diversas invasiones que vi- nieron de Oriente, i mas tarde por los cru- zados cristianos que volvieron de las pere- grinaciones a Jerusalen. Los conquistadores españoles trasplanta- ron a América esta funesta plaga que, en los primeros tiempos, ha concluido con nu- merosas poblaciones indíjenas. La viruela es pues, una enfermedad que no ha respetado climas ni latitudes i que estiende su mano destructora a todas las rejiones habitadas del globo, tomando a veces el carácter de epidemia o de jenera- lizacion, atacando mas comunmente a las personas mas robustas i cebándose con las personas adultas. En la vejez i en la prime- ra infancia es mui raro observarla, pero en caso de epidemia el peligro es jeneral. Pues bien, la ciencia ha hecho esfuerzos superiores con el fin de poner una valla, de buscar un antidoto contra esta terrible enfermedad, pero, por largo tiempo fraca- saron todos los esfuerzos quedando solo en trasparencia que el único preservativo de la viruela era la viruela misma, es decir, que el atacado una vez de la peste, adquiria la HIJIENE DE LA INFANCIA 251 inmunidad para lo sucesivo. Este hecho enseñado poruña larga esperiencia, arras- tró a los médicos del Oriente a la osada tentativa de inocular el virus de viruela be- nigna a las personas sanas, con el propósito de provocar en ellas una viruela también benigna, que las preservara de los estragos que esta peste produce en casos de epide- mia, i en especial en aquellas que revisten caracteres de malignidad. El buen éxito ad- quirido con esta tentativa hizo jeneralizar la práctica de la inoculación de la viruela? siendo adoptada en Constantinopla el año 1673. La distinguida Lady Montague que viaja- ba por Constantinopla el año 1717, viendo los buenos resultados obtenidos por la ino- culación de la viruela, hizo practicar esa operación en su hijo, i luego después a su vuelta a Inglaterra, hizo lo mismo con su hija. El éxito alcanzado en ambos casos mo- vió a muchos médicos ingleses a seguir el procedimiento, que llegó luego a jenerali- zarse en el pais. Desde esta época data el uso de la inoculación de la viruela en Eu- ropa, que, con mas o ménos serias resisten- cias, se estendió a Alemania, Prusia i por 252 HIJIENE DE LA INFANCIA último a Francia en donde dio el ejemplo el duque de Orleans. Mas, la inoculación virulenta del fluido mismo de la viruela tenia sus graves incon- venientes. En primer lugar no siempre la inoculación de la viruela producia la virue- la con el mismo carácter de benignidad que la fuente de donde habla sido tomada. Asi una viruela benigna i discreta, producia muchas veces una viruela confluente i gra- vísima, dando la muerte al que se habia tratado de preservar, siendo que sin la ino- culación no habría talvez tenido la enferme- dad virulenta. Ademas, se observó también que con motivo déla inoculación, se propa- gó la viruela hasta determinar un estado epidémico al rededor del foco de inocula- ción. Pero, a pesar de estos inconvenientes, la inoculación de la viruela se jeneralizó en Europa i América como el único medio pre- servador de tan maligna enfermedad. En este estado se encontraba la ciencia con relación a la profilaxis de la peste in- dicada, cuando a fines del siglo pasado Benjamín Jesty, apoyándose en la opinión jeneralizada en la comarca de su residencia, Downshay, de que los individuos que con- H1JIENE DE LA INFANCIA 253 traían el cow-pox, cuidando vacas atacadas de esa enfermedad, quedaban libres de la viruela, por mas que se espusíeran a su ac- ción contajiosa, tuvo el atrevimiento de en- sayar la inoculación del cow-pox, practican- do esa operación en su mujer i sus dos hijos Roberto i Benjamin. Mas tarde Jenner, sin conocer talvez el ensayo de Benjamin Jesty, pero sí la tra- dición sobre la acción preservadora del cow-pox, repitió los esperimentos de inocu- lación, obteniendo tan excelentes resultados que en 1798 hizo su primera publicación anunciando su descubrimento. Por mas obtáculos que encontró al principio, tardó poco en jeneralizarse en Inglaterra i luego se estendió por toda Europa la inoculación del cow-pox o vacuna. Junto con la inoculación directa del flúi- do del cow-pox, se practicó también i con el mismo buen éxito la inoculación del Añi- do vacuno por medio de la trasmisión de hombre a hombre, o sea del Añido sacado del grano formado en el hombre, por una inoculación del cow-pox a una serie de in- dividuos, los cuales servían a su vez de vacinífero o de nueva fuente para la inocu- 254 hijiene de la infancia lacion. El buen resultado alcanzado con es- tas vacunaciones de hombre a hombre o de brazo a brazo, como se las designa entre nosotros, hizo olvidar en parte la vacuna animal. Mas, el flúido vacuno pierde después de algún tiempo i de repetidas jeneraciones su primitiva actividad i su acción preservado- ra, razón por la cual es indispensable reno- var el fluido tomándolo de su fuente primi- tiva o sea el cow-pox o vacuna animal. Solo asi la vacuna conservará todo su mérito, siendo el único recurso salvador contra la mas terrible de las plagas que atacan a la especie humana. Ya que hablamos de la vacuna animal i de la humanizada, trataremos en dos pala- bras la cuestión siguiente: ¿es indiferente usar la vacuna animal o la humanizada o es preferible alguna de ellas? Como queda dicho, la vacuna humanizada o trasmitida de brazo a brazo trae su orí- jen de la vacuna animal o del cow-pox. La única diferencia entre ambas consiste en que la humanizada, habiendo sido primera- mente tomada del animal, se ha trasmitido en seguida de hombre a hombre por vacu- HIJIENE DE LA INFANCIA 255 naciones sucesivas. Si, pues, esta trasmi- sión del fluido no lo hace dejenerar i con- serva la acción preservadora de la viruela, es indudable que no hai razón para prefe- rir una a otra, pudiendo vacunarse indife- rentemente con la vacuna animal o con la humanizada. I por los datos que nos sumi- nistra la estadística médica se puede ase- gurar que esa acción se conserva en la va- cuna de brazo a brazo sin alteración, es decir, que la inoculación hecha sacando el fluido de un grano bien desarrollado i to- mado en tiempo hábil, producirá la inmuni- dad contra la viruela, siempre que la vacu- na prenda i produzca una erupción bien caracterizada. ¿La duración de la acción preservadora seria mayor con la vacuna animal que con la humanizada? No es posible contestar esta pregunta por- que la esperiencia no establece nada posi- tivo i lo único que se puede decir que en ambos casos la acción preservadora será mayor o menor según la fuerza del flúido que se use i la constitución del individuo, condiciones ambas que no siempre es po- sible precisar. 256 HIJIENE DE LA INFANCIA Asi, pues, la vacuna animal i la de brazo a brazo o humanizada pueden usarse indis- tintamente, porque ambas producen la in- munidad contra la viruela. Sin embargo, la consideración anterior no es la única que hai que tener en vista tra- tándose de la vacuna, sino que también la pureza del flúido inoculable, para evitar que junto con la vacuna pueda trasmitirse alguna otra enfermedad de que pueda estar impregnado el vacinífero o fuente de don- de se toma el flúido vacuno. Por desgracia, una larga esperiencia., for- mada por hechos numerosos i perfectamen- te comprobados establece que junto con la vacuna humanizada puede también trasmi- tirse la sífilis (gálico) enfermedad terrible por sus consecuencias i mui especialmen te en los niños. Como este trabajo no es escrito para hom- bre de la ciencia sino para el público, creo inútil citar las pruebas inescusables de la trasmisión del virus sifilítico por medio de la vacuna de brazo a brazo, bastando, a mi juicio, indicar el hecho para que en caso de recurrir a este medio de inoculación se to- men las debidas precauciones para evitar HIJIENE DE LA INFANCIA 257 el peligro indicado. Ilai que tener también presente que no siempre es fácil saber si el niño que sirve de vacinífero está comple- tamente escento del virus sifilítico, por ca- recer en el momento de la operación, de to- da manifestación esterna, como ha sucedido en algunos casos de infección. Mas aun, se ha observado la trasmisión de la sífilis ha- ciendo la vacunación por medio del fluido humanizado conservado en tubos, como su- cedió, entre otros casos, en el referido por M. Marone, en el cual tanto la niña que re- cibió ese fluido como 22 mas que se vacuna- ron con la vacuna en ella desarrollada, fue- ron atacados por los accidentes sifilíticos. El mismo oríjen tuvo la epidemia sifilítica de Auray en 1886 estudiada por Mr. Depaul director de vacuna i Mr. Roger nombrados por la Academia de Medicina de París, a petición del ministro de agricultura. Por suerte, estos casos de contajio sifilí- tico, aunque irrefutables, son raros sobre todo cuando se tiene la precaución de to- mar la vacuna de niños sanos i de padres conocidos. En todo caso es preferible la vacuna ani- mal porque está probado que el cow-pox 258 HIJIENE DE LA INFANCIA proporciona un virus completamente al abrigo de todo peligro de contajio sifilítico. § II No entraremos aquí a precisar las reglas que deben seguirse para practicar la ino- culación de la vacuna, bastando solo al objeto indicar que el ñúido debe tomarse de un individuo sano i robusto, que el grano que sirve para la operación sea bien desa- rrollado, que no tenga menos de cinco ni mas de ocho dias i que si puede bastar una sola inoculación para conseguir la inmuni- dad de la viruela, es mas seguro este re- sultado practicando varias inoculaciones, según lo prueba una larga esperiencia. Hai una preocupación mui jeneral, sus- tentada aun por médicos, que siguen en es- to la corriente de la opinión vulgar, que consiste en creer que no se debe lavar o bañar al niño que ha sido vacunado por te- mor de que no brote la vacuna. Sin embar- go, el doctor Martin ha cauterizado con pas- ta de Viena las picaduras de la inoculación de la vacuna, momentos después de prac- ticada, lo cual no impidió la absorción, pues H1JIENE DE LA INFANCIA 259 las nuevas revacunaciones no dieron resul- tado. Médicos ilustres, como los señores Peter i Trousseau, han hecho numerosas pruebas, lavando i frotando fuertemente los puntos donde acababan de practicar la inoculación de la vacuna, sin que nunca dejara de desarrollarse la erupción. § III ¿Cuánto tiempo dura la acción preserva- dora de la vacuna? Desde su descubrimien- to se creyó que este poderoso recurso de- bía tener una duración limitada, i no pasa- ron muchos años sin que esta creencia se viera plenamente confirmada. En efecto, en los primeros años de la vulgarización de la vacuna la viruela se hizo mui rara, i las vacunaciones practica- das por via de ensayo fueron estériles; pero después de algunos años reapareció la viruela con bastante fuerza. Jeneraliza- da la vacuna en Europa i en las colonias inglesas i españolas de 1800 a 1802, la re- crudescencia de la viruela tuvo lugar de quince a veinte años después; así, en Francia se observó la viruela en indivi- 260 HIJIENE DE LA INFANCIA daos vacunados o no vacunados, en 1816; en Alemania, en 1819; en América, en 1815; en la India inglesa, en 1819, etc. En todos los casos en los cuales se observó la virue- la en personas vacunadas, esta operación habia sido practicada por lo ménos diez años antes, i mas jeneralmente de quince a veinte. Esta esperiencia se refiere tanto a las vacunaciones hechas de hombre a hombre como a las verificadas con la va- cuna animal. Si, pues, la acción de la vacuna tiene una duración limitada, oscilando entre diez i veinte años, la prudencia aconseja reva- cunarse, repitiendo esta operación de diez en diez años. Si la nueva inoculación pro- duce la vacuna, se habrá evitado la apa- rición de la viruela; si no brota, no se ha- brá perdido nada, obteniendo en cambio la garantía de que el inoculado conserva aun la inmunidad adquirida por la vacu- nación anterior. Es verdad que se han observado casos en los que un individuo vacunado ha teni- do la viruela; pero, a mas de ser mui raros, también se ha notado que la peste es mas benigna. Nada tiene, por lo demas, de es- HIJIENE DE LA INFANCIA 261 traordinario este fenómeno, si se tiene pre- sente que la viruela puede observarse en personas que la han tenido ya antes, lo que prueba que ni ella misma preserva de un modo absoluto. § IV Otra consideración que debe tenerse pre- sente al practicar la vacunación es que la persona que va a ser vacunada se encuen- tre en buenas condiciones de salud. Se ob- serva, en efecto, que cuando se aplica la vacuna a niños enfermos, sobre todo cuan- do tienen manifestaciones herpéticas o es- crofulosas, granos, supuraciones, infartos glandulares, etc., la vacuna se desarrolla mal, la pústula específica dejenera i la ac- ción preservadora es mui incierta en cuan- to a su duración. Así, se ha visto niños sujetos a la influencia de la diátesis escro- fulosa o herpética, en los que habiendo prendido bien la vacuna, han tenido al poco tiempo la viruela. Por esta razón se aconseja para practicar la vacuna que el niño no esté bajo la activa influencia de alguna de estas u otras enfermedades de- 262 HIJIENE DE LA INFANCIA bilitantes. Pero, si en la jeneralidad de los casos es necesario seguir este consejo, hai otros en los que es un deber desatenderlo para evitar un mal mayor. En efecto, cuan- do se presenta la viruela con tendencias a jeneralizarse, tomando el carácter de epi- demia, no se debe vacilar ni por un mo- mento en practicar la inoculación de la vacuna, pues la neglijencia o el temor po- drían ser fatales. Hemos tenido el senti- miento de observar algunos casos, como el que vamos a referir, que justifican esta opinión. Un niño hermoso, de diez meses, de un tamaño notable para su edad, iba a ser vacunado algunos meses ántes de la época en que lo vimos profesionalmente. Mas, como tuviera algunos granos en el cuerpo, el médico de la familia aconsejó a la madre retardar la vacunación. Aunque liabia viruela en Santiago, no revestía el carácter de un estado epidémico. Sin em- bargo, el niño a que nos referimos tuvo una erupción confluente i hemorrájica, a consecuencia de la cual sucumbió al cuar- to dia. HIJIENE DE LA INFANCIA 263 § V ¿Hai peligro de provocar la viruela cuan- do se vacuna en tiempo de epidemia? En la jente del pueblo i también entre personas de alguna ilustración, existe un terror pánico por la vacuna, creyendo que puede ocasionar la viruela, razón por la cual se resisten tenazmente a vacunarse. Hai preocupaciones que, no por ser infun- dadas, dejan de tener un gran dominio en el vulgo, i esta es una de ellas. Se ha visto casos en ios cuales la vacuna no ha preservado de la viruela en épocas de epidemia, i de estos hechos se ha dedu- cido que la vacuna ha sido el oríjen de la peste. Este es el hecho. Está comprobado poruña larga esperien- cia que, cuando el individuo está bajo la influencia del contajio de la viruela, la va- cuna no alcanza a evitar su influencia ni detener su desarrollo. Mas aun, se ha ob- servado que la vacuna brota conjuntamen- te con la viruela, sin que ninguna de las dos erupciones se confundan ni perturben en su marcha; pero esta es una escepcion 264 HIJIENE DE LA INFANCIA a la regla jeneral, que consiste en que, cuando se vacuna a una persona que está ya bajo la influencia epidémica, o sea im- pregnada del miasma virulento, la viruela es modificada, siendo constantemente mas benigna. Jamas por jamas, ningún médico ilustra- do ha sostenido ni visto que la vacuna pue- da ser la causa provocadora o determinan- te de la viruela; léjos de eso, cuando la viruela se presenta con caractéres alar- mantes, la primera medida propuesta por las juntas de sanidad es la propagación de la vacuna, como la única tabla de salvación contra tan tremendo flajelo, siendo todas las otras indicaciones hijiénicas de un or- den secundario. Proscribir, por consiguien- te, la vacuna durante una epidemia de vi- ruelas, es dejar espedita la acción del con- tajio i buscar víctimas para la peste. Terminaremos estas reflexiones sobre las ventajas i necesidad de la vacuna, con un cuadro estadístico que establece de un modo palpitante la bienhechora influencia del descubrimiento de Jenner. Dicho cua- dro compara la mortalidad observada a consecuencia de la viruela en diversos pai- HIJIENE DE LA INFANCIA 265 ses de Europa, ántes i después de Ja intro- ducción de la viruela: Influencia de la vacuna sobre la viruela.—Estragos de la viruela ántes i después de la introducción de la va- cuna. Antes de la introducccion de la vacuna. l.° Números proporcionales. Londres, 1750 a 1800 1 sobre 10 Berlin, 1782 1 » 10 Id. 1786 1 » 6 Viena, 1784 1 » 12 Id. 1787 1 » 55 Copenhague, 1785 1 » 8 Islanda, 1707 1 d 6 Suecia, 1773 a 1778 1 » 14 Término medio Muertos. Después ele la introducción de la vacuna. Muertos. Londres Berlin, 1812-22 1 sobre 116 San Petersburgo, 1821 1 » 24 Viena, 1829 1 » 40 Praga, 1820 1 » 262 Lombardía, 1827 1 » 9,250 Austria, 1828 1 » 5,440 Suecia, 1813 1 » 1,515 Término medio 1 » 2.378 266 H1JIENE DE LA INFANCIA 2.° Números enteros. A ntes de la introducción de la vacuna. Mortalidad anual. Térmi- no medio. Londres, 1720 a 1730 2,257 Id. 1730 a 1740 1,978 Id. 1740 a 1750 2,002 Id. 1750 a 1760 1,957 Id. 1790 1,617 Suecia, 1778 a 1783 26,358 Id. 1783 a 1788 25,434 Id. 1788 a 1793 19,800 Id. 1793 a 1798 18,297 Id. 1798 a 1803 24,482 Después de la introducción de la vacuna. Mortalidad anual. Térmi- no medio. Londres, 1810 1,198 Id. 1820 a 1830 715 (Medical Statisties. Bisset Hawkins). Suecia, 1803 a 1808 7,975 Id. 1808 a 1813 4,877 Id. 1813 a 1818 2,017 Id. 1818 a 1823 365 Id. 1824 (epidemia) 560 (Informe del Consejo de Sanidad de Estocohno). HIJIENE DE LA INFANCIA 267 Al terminar las observaciones referentes a la vacuna, advertiremos al lector que es conveniente no descuidar su aplicación desde la primera infancia. Del tercero al cuarto mes, siempre que el niño goce de bienestar, debe vacunársele; i en caso de haber algún impedimento accidental, no debe retardarse la vacunación sino el tiem- po indispensable para que ese entorpeci- miento desaparezca. Todo retardo, toda neglijencia puede ser perjudicial, sobre to- do si existe viruela en la población. Si en vez de haber casos aislados de vi- ruela existe un estado epidémico, no hai en jeneral nada que contraindique la vacu- nación, pues las consideraciones que pue- den hacerse valer en casos ordinarios no tienen valor cuando se vive bajo la influen- cia de una constitución epidémica de pes- te. Un poco mas o un poco ménos de ma- lestar o de fiebre, no significan nada ante el peligro del contajio i de la muerte, con- secuencia casi necesaria de la viruela en los primeros meses de la vida. Por otra parte, la revacunación es una medida de precaución saludable, si reina la epidemia de viruelas, sea que la vacu- 268 HIJIENE DE LA INFANCIA nación o vacunaciones anteriores no hayan tenido éxito, o que habiéndolo tenido da- ten de mas de cinco años, sobre todo si el sujeto ha tenido afecciones herpéticas o supuraciones prolongadas i abundantes. Procediendo de esta manera no se pierde nada, i en cambio, cada vacunación fecun- da significará una víctima ménos escapada al terrible flajelo. CAPITULO XI Hijiene «le la infancia § 1 La hijiene, rama importantísima de la medicina, qne tiende a la conservación de la salad, tiene una basta aplicación en la infancia, época en la cual las evoluciones del organismo son mas notables i, por lo mismo, mas ocasionadas a perturbaciones considerables. De una exacta i constante aplicación de las reglas de hijiene en la in- fancia depende el desenvolvimiento orgáni- co, el perfecto i uniforme crecimiento i de- sarrollo de los órganos i tejidos del cuerpo, i por consiguiente, la probabilidad de una vida mas larga i menos enfermiza del indi- viduo. La uniforme opinión de todos los pueblos i una esperiencia nunca desmentida ha de- jado establecido el aforismo de que, las fa- cultades de la intelijencia tienen tanto mas vigor cuanto mas sano i robusto es el in- 270 HIJIENE DE LA INFANCIA dividuo: mens sana in corpore sano inteli- jencia sana en cuerpo sano. De manera qne la aplicación de las reglas de hijiene, que tienden a la conservación de la salud, tienen también como resultado el desarro- llo intelectual. Vamos, pues, a esponer aquellas reglas hijiénicas que tienen mas directa aplicación a la infancia. Para proceder con orden di- vidiremos la infancia en dos períodos. El primero se estenderá desde el nacimiento hasta terminar la primera dentición, i el se- gundo desde esta época hasta la adolescen- cia. Aunque estos dos períodos en que dividimos la infancia podrian admitir subdi- visiones, preferimos no hacerlo para abar- car de una sola ojeada las épocas mas im- portantes de esta edad de la vida, i hacer asiménos molesta su lectura. § II Primera infancia El período de la vida que empieza con el nacimiento i que termina con la primera dentición es, sin duda alguna, aquel en el que la evolución orgánica es mas activa i HIJIENE DE LA INFANCIA 271 mas ocasionada a trastornos i perturbacio- nes peligrosas. Hemos visto que en lo primeros meses de la vida la muerte anda cerca de la cuna del niño, que el período de la dentición es- tá lleno de variados accidentes i que la épo- ca en que se verifica el destete es todavía mas lleno de trastornos para la salud, sobre todo cuando no se ha tenido la precaución de preparar al niño para la supresión del pecho, con el uso de alimentos sanos i de fácil dijestion, los cuales deben reemplazar gradualmente a la leche materna. Cualquiera de las causas anteriores que haya obrado de una manera perniciosa perturbando la salud, tendrá una trascen- dencia mas o menos considerable sobre el bienestar i futuro desarrollo del niño, de- jando huellas indelebles en su constitución física. Asi como de la buena constitución de los padres depende en gran parte la ro- bustez de los hijos, asi también del regular i perfecto desarrollo de la infancia depende la futura organización del hombre adulto. La infancia es para el hombre lo que el ci- miento para la solidez de un edificio, pues así como nada estable puede fundarse sobre 272 H1JIENE DE LA INFANCIA arena, no es posible suponer un hombre vigoroso que ha tenido una infancia mal di- rijida, débil i enfermiza. Si hai casos escep- cionales de robustez adquirida posterior- mente, merced aunréjimen hijiónico bien i constantemente dirijido, ellos no bastan para debilitar el principio establecido. Las reglas hijiénicas referentes a la pri- mera infancia están ya en su mayor parte descritas al tratar de las reglas de lactancia i de los cuidados* que exije el recien nacido. Poco tendremos por eso que agregar para completarlas. § III Alimentos i bebidas.—En la primera in- fancia la base de la alimentación esla leche de la madre o nodriza. Ella debe constituir el único alimento de los primeros meses de la vida cuando el niño es débil o mal desa- rrollado i siempre que la madre tenga la leche suficiente para sostenerlo. Mas, si la madre es débil i su leche es insuficiente para las necesidades de la criatura, podrá ayudarse con la alimentación artificial ya indicada, desde el tercero o cuarto mes, HIJIENE DE LA INFANCIA 273 procurando así continuar la lactancia el mayor tiempo posible, es decir hasta des- pués, de la aparición de los colmillos. Para hacer mas fácil esta prolongación de la lactancia se podrá agregar después del ses- to mes, el uso de caldos lijeros, de sopa bien cocida i de leche de vaca en mayor cantidad, tratando siempre que los alimen- tos con los cuales se combine la lactancia sean liquidos o semi-líquidos i de fácil di- jestion. El uso de alimentos sólidos i que exijen la masticación no debe anticiparse a las indicaciones de la misma naturaleza, es de- cir, cuando la boca contiene los dientes i muelas que permitan el ejercicio de esa función preliminar de la dijestion de los alimentos sólidos. El uso anticipado de esos alimentos trae, como consecuencia necesaria i obligada de la falta de preparación del aparato dijestivo para recibirlos, las indijestiones, diarreas i cólicos, qne hacen sufrir mucho al niño i que pueden ser la fuente de trastornos de mayor consideración si se continúa con ese réjimen pernicioso, i si los accidentes pro- vocados por él no son combatidos a tiempo. 274 HIJIENE DE LA INFANCIA Insistir en una materia ya tratada i de tan fácil comprensión parecerá talvez una redundancia; pero cuando se tiene por des- gracia la oportunidad de observar dia a dia que esas sencillas reglas de buen sentido son olvidas i que si no es la madre, la no- driza o cuidadora dá al niño alimentos indi- jestos, inaparentes a su edad, tocándole al médico descubrir constantemente por la ins- pección de las evacuaciones, la causa cons- tante de las perturbaciones dijestivas, no creemos que se pueda tachar de indebida la insistencia en aconsejar que se sigan esas imprescindibles indicaciones de hijiene de la infancia. Por otra parte, despechar a un niño no quiere decir que se le someta a una alimen- tación tan jeneral que no haya nada qne no pueda comer. Despechar quiere decir suprimir la lactancia materna para someter al despechado al uso de la leche de vaca i otros alimentos sanos, de fácil dijestioii, a los cuales se irá acostumbrando con tiento i en proporción medida. Salir de esos lími- tes es esponer al niño a una via-crucis de sufrimientos i de males. Raro será el niño que en la época del des- HIJIENE DE LA INFANCIA 275 tete rio tenga que pagar su tributo mas o ménos oneroso al uso de alimentos impro- pios a su desarrollo dijestivo. Los padres que ven al niño aspirar con entusiasmo to- do aquello que ve comer a los demas, no se atreven a resistirse a su pedido, suponien- do que, por el hecho de que coman con gus- to, no hai temor de indijestion. No insis- tiremos mas sobre los peligros de semejante error, limitándonos a sostener con todos los prácticos, sin que haya uno solo que dis- crepe, que el réjimen alimenticio impruden- te que sucede al destete es la causa de una enorme mortalidad. El uso de las bebidas i licores debe pros- cribirse en absoluto en la infancia, bastan- do el aguapura o a lo mas mezclando en las comidas el agua con un poco de vino bur- deos. § IV Hijiene de la piel. -La cubierta cutánea que tan importantes funciones desempeña, debe ser desde el principio cuidada con es- mero. Activar el ejercicio de las funciones que le están encomendadas, estimular su circulación, vigorizarla de manera que re- 276 HIJIENE DE LA INFANCIA sista sin trastornos las alternativas de frió i de calor a que se halla constantemente es- puesta, por su contacto con el aire ambien- te, hé ahí el objeto de las reglas de hijiene. Para que las glándulas secretorias de la piel funcionen sin obstáculo, es necesario que su secreción pueda eliminarse fácilmente, pa- ra lo cual es necesario que el orificio de sus conductos que van a desaguaren la superfi- cie cutánea, se mantenga siempre abierto i libre de toda obstrucción. Ahora bien, la epidermis que se renueva constantemente por el desprendimiento de la capa mas su- perficial, encontrándose al caer una capa nueva; las secreciones glandulares del su- dor i de las otras diversas secreciones depo- sitan sobre la superficie cutánea el producto segregado, el cual pierde poco a poco el agua que contiene, quedando la parte sólida adherida al tegumento. Si la epidermis cutis) desprendida, i los restos de la secre- ción glandular no son retirados, serán un obstáculo para el ejercicio espedito de la secreción glandular, obturando los orificios por los cuales se derrama en la piel el pro- ducto de esas secreciones. Ademas esos mismos elementos segregados i que se man- HIJIENE DE LA INFANCIA 277 tienen en la piel sufren alteración, toman un olor mas o ménos acre i sirven también de elementos de irritación de dicho aparato, irritación que es el oríjen de la mayor parte de las enfermedades cutáneas. De lo es- puesto se deduce que, para que la cubierta tegumentaria se conserve sana, debe ser lavada constantemente, para desprender todos sus productos de escrecion. Es, pues, necesario lavar al niño desde los primeros dias, sea diariamente o dia por medio con agua tibia o templada, para ir po- co a poco disminuyendo su temperatura hasta dejarla al natural. Debe tenerse mui presente que el niño tiene ménos resisten- cia a la acción del frió i tanto ménos cuan- to mas se aproxima al nacimiento, razón por la cual es necesario tomar sus precau- ciones para el lavaje. Si se usa el baño como el mas cómodo medio de lavar al niño, se cuidará que el agua esté en las condiciones indicadas, i que la duración del baño sea solo la nece- saria al principio para humedecer la cutis i reblandecer las secreciones depositadas en ella, para que sean fácilmente estraidas al secarlo. 278 IIIJIENE DE LA INFANCIA A medida que el niño crece puede irse prolongando la duración del baño i bajar la temperatura del agua hasta dejarla fria, teniendo siempre en vista el calor del aire ambiente, porque la reacción que viene después es mas fácil i segura en verano que en invierno. Si en esta estación el ba- ño es frió i prolongado la reacción puede ser difícil i entonces el chico puede res- friarse, perdiendo los beneficios del baño i pudiendo contraer alguna enfermedad mas o ménos grave. Es sabido que la mayor parte de las enfermedades agudas traen su oríjen de un resfrío o sea del enfriamiento brusco o continuado de la piel, por lo cual es necesario tratar de evitar que el baño las provoque. Las abluciones que consisten en restregar el cuerpo con una esponja humedecida, es un medio mas espedito i ménos ocasionado a accidentes que el baño en tina o de in- mersión. La ablución llena las condiciones del lavaje del cuerpo, es decir, limpia la cútis librándola de todas las secreciones depositadas en la piel, excita i activa las funciones secretorias estimulando la circu- lación de la superficie cutánea. La reacción IIIJIENE DE LA INFANCIA 279 es con este procedimiento fácil i pronta, de manera que no hai temor de enfriamiento i de los accidentes que lo acompañan. No sucede lo mismo con el baño de tina, pues no siempre es fácil graduar la temperatura del agua ni la duración del baño, desde que no siempre la naturaleza está igualmente dispuesta ni con la misma resistencia. Pa- ra que se comprenda bien esta reflexión conviene tener presente de que si es verdad que la acción del frió obrando sobre la piel de un modo mas o ménos vivo, puede tras- tornar la salud, no siempre produce los mismos efectos. Así, por ejemplo, un fuerte resfrio puede en muchos casos provocar un trastorno pasajero en el individuo, i en otros casos una impresión de aire ménos intensapuede determinaren el mismo gra- ves trastornos en la salud, como una pul- monía, un reumatismo agudo, etc. Lo espuesto no quiere decir que el peli- gro que puede tener un baño mal aplicado puede hacer retraerse de su aplicación. Lejos de eso. Laesposicion de los inconve- nientes de un baño mal aplicado tiene úni- camente por objeto el que se procure evi- ios, pues su uso es de imperiosa necesidad 280 H1JIENK DE LA INFANCIA para el regular ejercicio de las importantes funciones que le están encomendadas a la superficie cutánea, como ya queda mani- festado. Dichas funciones son, se puede decir, reguladoras de las demas del orga- nismo, de tal manera que perturbándose aquéllas éstas tienen también que trastor- narse. Mas tarde, al hablar de la acción del baño en la segunda infancia, será llegada la oportunidad de manifestar la grande im- portancia que él tiene para el desarrollo físico i para mejorar las constituciones dé- biles i enfermizas. Baste por ahora indicar que la hijiene de la piel, sea por el baño de tina o mejor aun por las abluciones, es de suma utilidad en la primera infancia. Su uso tendrá, a mas de las ventajas indicadas, la de mantener el ejercicio regular de las secreciones, de entonar i vigorizar la piel, librarla igualmente de las irritaciones, co- ceduras i de las mil erupciones que se ob- servan en la primera edad de la vida, la mayor parte ocasionadas por la falta de aseo. HIJIENE DE LA INFANCIA 281 § V Vestidos. —La protección del cuerpo por medio del vestido tiene su importancia para la conservación de la salud. Sin embargo, lo dicho al tratar del abrigo del recien na- cido nos exime de estendernos mucho mas sobre esta materia. Insistiremos solo en la necesidad de re- lacionar el vestido con las exijencias de la estación. En el verano es conveniente no cargar al niño con tanta ropa que lo fatigue i mantenga en una constante traspiración, porque haciéndolo así se enerva su natura- leza, se la debilita de una manera estraor- dinaria, no pudiendo soportar ni las lijeras variaciones de la temperatura de la misma estación de calor. Llegando la estación fria o variable, la constitución física debilitada no la resistirá sin tener que sostener una lucha, en la cual saldrá de ordinario ven- cida, esperimentando trastornos mas o me- nos serios que pueden concluir con la vida. En la estación fria, el vestido debe ser tal que preserve al chico de una disminu- ción considerable de su calor propio, ya 282 HIJIENE DE LA INFANCIA que, como queda dicho, la producción del calor, es en la primera edad mas irregular que en el adulto, razón por la cual está mas espuesto a enfriamientos peligrosos para la conservación de la salud. No es necesario usar una cantidad de ro- pa excesiva que constituya una carga pesada para el niño, vale mas usar ropa de lana que conserva mas el calor. Una pieza de tejido de lana como camisa o calzón puede reemplazar a muchas de algodón o de otra clase, teniendo la ventaja de abrigar i pro- tejer mucho, pesando mui poco. Se dice jeneralmente que para criar bien a un niño es conveniente criarlo poco deli- cado, a la manera de la jen te del pueblo, que cria a sus hijos casi desnudos i que sin embargo los conserva sanos i robustos. Para que esta idea fuera exacta i pudiera tener aplicación en las familias acomoda- das, seria necesario que ese réjimen fuera constante i uniforme, lo que no sucede de ordinario. El hijo del pueblo, duerme sin abrigo i vive siempre desnudo, habituándo- se de esa manera a resistir desde pequeño los rigores de la estación. El hijo de fami- lia acomodada, por el contrario, duerme HIJIENE DE LA INFANCIA 283 en abrigado lecho, i vive jeneralmente bien vestido, i en habitaciones cerradas i solo de vez en cuando, como para lucir sus for- mas i belleza se le deja sus piernecitas i brazos desnudos i hasta se les escota; se les saca entonces a paseos i se los tiene a todo aire un tiempo variable. Si el hábito forma, como se dice con tanta verdad, una segunda naturaleza, el hijo del pueblo re- sistirá su desnudez porque se ha acostum- brado a ella desde su nacimiento, i el niño de posición elevada, teniendo otros hábitos, sufrirá con el desabrigo a que no está acos- tumbrado. Así, pues, el vestido debe estar en relación con la edad, los hábitos i la es- tación. En los paises fríos o cálidos, pero de temperatura uniforme o espuesta a lijeras variaciones, no hai necesidad del mismo cuidado en el abrigo como en los paises templados, en los cuales las variaciones de temperatura son mucho mas bruscas. Así, pues, no creemos que en paises como el nuestro pueda permitirse sin inconvenien- tes que los niños no usen vestidos que los protejan de los cambios de temperatura de las diversas horas del dia. Si las personas adultas i sanas se resienten de esas alter- 284 HIJIENE DE LA INFANCIA nativas termornétricas, ¿con cuánta mayor razón no las esperimentará el niño cuya resistencia es tanto menor? Se tiene también la costumbre de envol- ver al chico de tal manera que se le coarta la libertad de sos movimientos. Este siste- ma es pernicioso porque la inmovilización de los brazos i de las piernas, a mas de ser molesta para la criatura, perjudica al creci- miento i regular desarrollo físico. El vesti- do tiene únicamente por objeto protejer la conservación del calor, i por lo tanto no debe hacérsele desempeñar otro papel. Las amarras o ligaduras con las cuales se sostienen las ropas, deben colocarse bastante flojas para que no ciñan ni mo- lesten, pues, a mas de este inconveniente, cuando están mui apretadas tienen también el de dificultar la circulación de la sangre. Estos detalles que pueden parecer de poco valor, son sin embargo de importancia pa- ra el bienestar del niño, i para su perfecto desenvolvimiento. HIJIENE DE LA INFANCIA 285 § VI Ventilación, ejercicios A donde el sol no entra, entra a menudo el médico.—El aire admosférico desempeña un importante papel en la trasformacion de la sangre por el acto de la respiración. En efecto, la sangre que ha servido para la nu- trición de los tejidos del organismo, ha perdido en ese trabajo, entre otros elemen- tos, una parte de su oxíjeno, el cual con- binado con carbono proveniente de la com- bustión animal, se ha trasformado en ácido carbónico, dando a la sangre venosa un color azulado, que la distingue del color rojo vivo de la sangre arterial. Pues bien, la sangre que después de haber alimentado los tejidos diversos del organismo, vuelve por las venas al corazón, para ser de ahí impulsada al aparato de la respiración (pulmones) cambia, por el contacto del aire que penetra en los pulmones en cada res- piración, su color azul en rojo, tomando al aire su oxíjeno que es el que determina ese cambio de coloración, i desprendiéndose de su ácido carbónico i de un poco de va- 286 H1JIENE DE LA INFANCIA por de agua. Se verifica, por consiguiente, en cada respiración un doble fenómeno fí- sico de endosmósis i exosmósis (absorción i eliminación). Para que estas funciones se verifiquen normalmente i satisfagan las ne- cesidades orgánicas, es indispensable que el aire que sirve para verificarlas tenga su composición normal i que sea lo mas puro posible: Si suponemos al niño encerrado en una pieza estrecha, habitada también por una o mas personas, sin que el aire en ella conte- nido pueda fácilmente renovarse ¿qué su- cederá? Según pacientes i prolongadas esperi- mentaciones de esclarecidos físicos i fisio- lojistas,1 se ha llegado a establecer que un adulto absorve por la respiración de 20 a 25 litros de oxíjeno por hora i elimina en el mismo tiempo de 20 a 23 litros de ácido carbónico. Al mismo tiempo que se verifi- ca este cambio en la composición del aire de la pieza a que hacemos referencia, tiene también lugar otro no ménos importante. El aire espirado es mas caliente (pie el que \. Lavoisier, Seguin, Gavarret, Spallazani,Desprelz, Andral, Dumas, H. Davy, Müller, etc. HIJIENE DE LA INFANCIA 287 sirve para la inspiración, o lo que es lo mismo, el aire que penetra el pulmón tiene al salir una temperatura mayor que cuando entró a él. A mas de este calentamiento del aire por la respiración, se verifica también otro por efecto déla evaporación que tiene lugar por la superficie cutánea, al cual de- be agregarse igualmente el producido por la combustión del fuego, de las lámparas, velas, calentadores, etc., que puedan usar- se en la misma pieza. Por otra parte, para el consumo del oxí- jeno verificado por la respiración, necesita un hombre adulto de 400 a 500 centímetros cúbicos de aire por cada inspiración, lo que da, calculando 18 respiraciones por minu- to, 9,000 centímetros cúbicos (o sea 9 li- tros), i en 24 horas, 13 metros cúbicos de aire espirado. Tenemos pues, que el hombre por medio de la respiración quita al aire su oxijeno i lo carga de gas irrespirable o ácido carbó- nico, en las proporciones indicadas. La química moderna nos enseña, por otra parte, que el aire atmosférico contiene 23 por ciento de oxijeno i 77 por ciento de 288 HIJIENE DE LA INFANCIA ázoe, o sea en cifras redondas la quinta parte de oxíjeno. El aire de la pieza de que liemos hecho referencia se encontrará, por consiguiente, viciado por las siguientes causas: l.° por disminución del gas respirable u oxíjeno; 2.° por aumento del gas irrespirable o ácido carbónico; 3.° por aumento del calor como consecuencia de la mayor temperatura del aire espirado i de las evaporaciones de la piel, como también por las combustiones provocadas por el fuego o las luces de Ja habitación. A todo eso debe agregarse también las emanaciones orgánicas provenientes de las diversas secreciones del cuerpo que vician el aire dándole un olor mas o menos repe- lente Si el aire de la pieza no se renueva cons- tantemente de manera que, como lo esta- blece Mr. Guerard, en habitación cerrada, destinada a recibir personas sanas, la ven- tilación suministre a lo menos 6 metros cúbicos de aire nuevo por hora, el conte- nido en ella se irá descomponiendo poco a poco hasta perder sus cualidades de aire respirable, trasformándose por lo tanto en H1JIENE DE LA INFANCIA 289 un elemento perturbador de la conservación de la salud i la vida. Por desgracia hechos numerosos atesti- guan esta verdad. G. Wite refiere que en 1756, en la guerra de los ingleses al Indos- tan, 146 prisioneros ingleses fueron ence- rrados en Calcuta en una pieza de 24 pies cuadrados con dos pequeñas ventanas para su ventilación. Al cabo de cuatro horas muchos cayeron en un estado letárjico i otros en un delirio violento; después de seis horas habían sucumbido 96 i después de ocho horas solo quedaban 23 sobrevivien- tes. Después de la batalla de Austerlitz 300 prisioneros austríacos fueron encerrados en una bodega estrecha i en un espacio de tiempo relativamente corto solo quedaban vivos 46. En los lugares donde el aire se encuentra confinado sin renovación i cargado de ga- ses irrespirables, como en los pozos, minas, etc., pueden observarse i se han observado a menudo casos de muerte instantánea. De manera que puede decirse en rigor que si un aire irrespirable mata rápidamente, un aire impuro mata paulatinamente, pertur- bando el regular ejercicio de las funciones 290 HIJIENE DE LA INFANCIA de la respiración que tienen una capital importancia para todo el organismo. Debe tenerse presente, en efecto, que una vez que la sangre sufre en el pulmón, por medio déla acción del aire, la notable tras- formacion que le hace cambiar el color azu- lejo o lívido que traía al penetrar en él por el color rojo vivo que tiene a su salida, des- prendiéndose del ácido carbónico formado en el seno del organismo i en el mismo apa- rato respiratorio, como resultado de las com- bustiones orgánicas, vuelve al corazón de donde es impulsada en seguida por el siste- ma arterial para ir a servir de alimento i vida a todos los variados tejidos del humano organismo. Miéntras mas puro sea, pues, el aire respirado, mejor se verificará la reje- neracion de la sangre por la respiración i su acción será también mas vivificante. Tal es el fundamento del precepto liijié- nico que exije que se renueve constante- mente el aire de la pieza en que se coloque al niño, el cual mas que el adulto necesita de un aire mas puro, tanto porque, siendo mucho mayor en él la actividad funcional, necesita también una mas frecuente reno- vación i purificación de su sangre, cuanto HIJIENE DE LA INFANCIA 291 porque la frajilidad de su naturaleza no le permite resistir a la influencia perniciosa de un aire malsano. Es, por tanto, necesario que la pieza en que esté colocado el niño sea espaciosa, con fácil i regular ventilación, que no la habiten muchas personas i que no haya muchos fo- cos de combustión como braseros lámpa- ras, etc. Ademas, durante el dia, si el esta- do de la salud del niño i el tiempo lo per- miten, es mui saludable sacarlo a respirar el aire de las avenidas o paseos públicos. Este ejercicio al aire libre debe hacerlo en compañía de su nodriza para que ella bene- ficie también de sus ventajas. Deberá tener- se la precaución de vestir al chico conve- nientemente en relación con su edad i con la estación, para evitar o un resfrio por fal- ta de abrigo en la estación de invierno i de las variaciones atmosféricas como en la primavera, o una traspiración excesiva por exceso de abrigo en la estación de calor. La duración de estos paseos debe también ser moderada, podiendo prolongarse mas cuando el tiempo lo permita, es decir, cuan- do la temperatura sea pareja sin bruscos cambios del calor al frió, prefiriendo siena- 292 HIJIENE DE LA INFANCIA pre para verificarlos las horas de la maña- na que son casi siempre las menos varia- bles. Si el niño anda, debe dejársele cierta libertad, para que se ejercite en el movi- miento i no andarlo trayendo tomado del brazo o metido en carretillas, para evitarle alguna caida. Siempre que se les tenga a la vista es mejor que ejerciten sus movi- mientos, de pié, sin ningún auxiliar, porque así aprenden mas pronto a hallar el equili- brio que necesitan para la estación. Es imprudente tratar de hacerlos andar anticipadamente o esforzarlos en sus mo- vimientos mas allá de lo que lo permite su desarrollo físico. En el primer año, i particularmente en los primeros meses, el tejido muscular es- tá mui poco desarrollado, siendo formados los miembros inferiores i superiores por el tejido huesoso, por una gran cantidad de ma- teria adiposa (grasosa) i por músculos en estado rudimentario. Un ejerció que no es- té en relación con este desarrollo muscu- lar, puede producir una desviación de las piernas o de la columna vertebral (espina- zo). No diremos lo mismo cuando el niño HIJIENE DE LA INFANCIA 293 tiene dos años o mas, i puede andar i mo- verse con facilidad, pues entonces se oriji- na un verdadero perjuicio con detener al chico coartándole su libertad de movi- miento. Al tratar sobre este punto en la segunda infancia entraremos en mayores detalles. § VII Sueño.—En los primeros meses de la vi- da el niño no hace otra cosa que comer i dormir, es una vida puramente vejetativa; pero a medida que el organismo se desa- rrolla, que los sentidos despiertan bajo la influencia de las impresiones de la luz, del sonido, etc., la duración del sueño va sien- do mas corta i ménos imperiosa. La ausen- cia del sueño en un niño de corta edad es una prueba evidente de malestar físico, que es necesario combatir, tratando para eso de procurar descubrir las causas que puedan determinarlo para ponerle pronto remedio. La falta de sueño es tan perjudi- cial en esta edad como la falta del alimento. El sueño i el alimento son los dos medios de reparación orgánica de que se vale la naturaleza en todas las edades de la vida i 294 HIJIENE DE LA INFANCIA mui especialmente en la infancia, en la cual la actividad funcional es tan viva co- mo incesante. En esta época en que todos los tejidos se trasforman con admirable ra- pidez i todos los órganos se desarrollan, pa- sando del estado embrionario a un estado de perfección tal que los habilita para el ejercicio regular de las funciones que les es- tán encomendadas, el sueño es un elemen- to de reparación importante. Hasta la edad de dos años el niño debe dormir durante el dia sus dos o tres horas, procurando siempre no hacerlos dormir inmediatamen- te después de mamar o de tomar sus ali- mentos, porque el trabajo de ladijestion se hace menos activo durante el sueño i éste es ménos tranquilo i reparador. Vale mas tratar de distraer al chico después de dar- le su alimento, dejando pasar una hora o mas para hacerlo dormir. ¿Es conveniente guardar silencio o acos- tumbrar al niño, como lo aconsejaba R.ou- seau, desde la mas temprana edad a que duerma en medio del bullicio? A nuestro juicio, que es también el de muchos prácticos, vale mas procurar que el niño duerma en silencio, pues su sistema HIJIENE DE LA INFANCIA 295 nervioso es mui impresionable, i el ruido repentino, variado o vivo, puede hacerle despertar sobresaltado, llorando, i aun pro- vocar convulsiones, fenómenos que no se observan en el adulto i que en la infancia son frecuentes. El niño debe ser acostado antes de dor- mirse para que se acostumbre a dormir solo en su cama. El mecer la cuna para adormecer al chi- co no deja de tener sus inconvenientes. Un movimiento suave no hai talvez porque criticarlo, pero no así cuando es fuerte i el balance considerable. El movimiento en es- te caso se parece al del columpio, el cual puede producir accidentes nerviosos en las personas grandes, sobre todo en la mujer cuando es impresionable i delicada, i en el niño pueden traducirse por convulsiones. ccEl mecimiento, dice Galeno, puede sdr comparado al vaivén de un buque ajitado por las olas. Si los hombres robustos no pueden soportarlo, cómo queréis que sea útil al niño? Adormecedlo mejor con una hermosa canción, es el medio de inspirarle una noble pasión por la melodía.» CAPITULO XII § I Dentición. Cuidados que requiere.—En el recien nacido existe el jérmen de cincuenta i dos dientes o sea de los que lian de apa- recer en la primera i segunda dentición. La cavidad o alvéolo correspondiente a un inci- sivo, por ejemplo, esta dividida en dos par- tes, la mas profunda corresponde al jérmen o vesícula dentaria del incisivo permanente o de la segunda dentición i el mas superfi- cial al diente de leche o de la primera den- tición. Ya hemos tenidp oportunidad de hablar lo bastante sobre la marcha de la erupción dentaria de la primera dentición, de su or- den de aparición, de los períodos de repo- so, etc., razón por la cual creemos inútil detenernos i entrar en mayor desarrollo de esa materia. Nos ocuparemos únicamente de los accidentes mas comunes de la den- tición i los cuidados que requieren. 298 HIJIENE DE LA INFANCIA Ante todo, cuáles son las enfermedades propias de la dentición? Gomo queda di- cho, desde que el niño nace i aun desde su estado fetal hasta los veinticuatro o treinta meses después del nacimiento, la evolu- ción de los dientes se verifica con mas o ménos actividad; pero puede decirse que es mas activa cuando empieza la brota de los primeros incisivos hasta que termina la primera dentición, es decir, desde el ses- to o sétimo mes hasta el vijésimo cuarto o trijésimo mes, o sea durante año i medid o dos años, es decir, las tres cuartas partes de la primera infancia. Pues bien, es sabido por una triste es- periencia que la primera infancia es la épo- ca mas ocasionada a accidentes i, por lo mismo, la que arroja mayor mortalidad de todas las edades de la vida. ¿Qué propor- ción de esa mortalidad durante el período de la dentición corresponde a esta impor- tante evolución orgánica? En otros térmi- nos ¿la dentición es la causa ocasional o determinante de la mayor parte de las en- fermedades que se presentan miéntras se verifica o simplemente coinciden con ella? Cuestión es ésta de mui difícil solución, HIJIENE DE LA INFANCIA 299 por cuanto las estadísticas de la mortalidad de los diversos países no especifican ni las defunciones que corresponden a cada mes de la primera infancia ni tampoco se espe- cifica en ellas las que pueden haber tenido relación directa con la dentición. Sin em- bargo, ellas establecen que la mortalidad en los primeros meses es enorme i que ella va disminuyendo mes a mes a medida que el niño va avanzando en su desarrollo has- ta terminar la primera infancia. En efecto, de los datos estadísticos su- ministrados por F. Osterlen resulta que en Béijica, sobre una mortalidad de 150 por mil en el primer año, la proporción ha sido la siguiente: 51,7 en el primer mes; 17,5 en el segundo; 12,6 en el tercero; 10,7 en el cuarto; 8,6 en el quinto; 7,6 en el sesto; 7,2 en el sétimo; 6,6 en el octavo; 6,5 en el no- veno; 6,5 en el décimo; 6,3 en el undécimo, i 8 en el duodécimo. En París en 1865 sobre 8,622 niños muer- tos hasta la edad de un año, han correspon- dido a los tres primeros meses. 4,968, de tres a seis meses 1,326, i de seis meses a un año 2,328. 300 HIJIENE DE LA INFANCIA Los datos anteriores manifiestan que de la mortalidad del primer año una cuarta liarte solamente corresponde a los seis úl- timos meses, durante los cuales tiene lugar la dentición. De este 25 por ciento, ¿cuán- tos corresponden a las enfermedades de la dentición? Aunque no seria posible fijar la proporción, por cuanto la estadística no la especifica, en jeneral, aceptemos como exacta la proporción de cinco por ciento que da, según Ch.West., la estadística de Londres para el primer año, i de 7 por cien- to de uno a tres años. De lo espuesto se deduce que la denti- ción influye en reducida proporción en la mortalidad de la primera infancia. Hemos entrado en estos detalles, porque deseábamos dejar establecido, que la den- | ticion, si tiene alguna influencia en la salud del niño, no es ella tan considerable que pueda ser el gran terror de las familias que ¡ ven llegar ese período con verdadero páni- co. Hai muchas otras causas que obran de : un modo mas seguro i constante sobre su salud i a las que no se presta la debida atención. Si es verdad que el período de la denti- HIJIENE DE LA INFANCIA 301 cion es para el niño un período crítico por la notable evolución orgánica que en ese es- tado se presenta, determinando una serie de accidentes de excitación en diversos ór- ganos i tejidos, también es verdad que esa excitación no es constante, ni constituye por sí sola una enfermedad. El distinguido práctico inglés Gh. West se espresa así: «Es casi innecesario advertir que no deben considerarse como precisamente dependientes del trabajo de la dentición ni to- das las enfermedades que pueden sobrevenir en ese período, ni todas las indisposiciones que se muestran entonces como sintomáticas del malestar local, que el niño esperimenta en la bocai>. Sin embargo, todavía no se presenta al- guna alteración pasajera o grave en un niño que está en su dentición, cuando ya se sos- tiene que es ocasionada por esta causa. Pueden haber aparecido, dos, tres o mas dientes sin el menor trastorno; i si un res- frío, una indijestion provoca una bronquitis o una diarrea, estas enfermedades se atri- buyen a algún dientecito que está por apa- racer. Esta falsa apreciación tiene el grave inconveniente de que se deja ordinariamen- 302 HIJIENE DE LA INFANCIA te la enfermedad sin tratamiento, abando- nándola a la acción de la naturaleza, la cual no siempre es bastante poderosa para cu- rarla, con tanta mayor razón, cuanto que siendo la diarrea, por ejemplo, provocada por la injestion de sustancias indijestas, la curación no podrá tener lugar sin suprimir la causa determinante. Se deja pues, que la enfermedad siga adelante i se agrave produciendo la estenuacion del enfermito i con ella los fenómenos conocidos con el nombre de pseudo meninjitis o falso ataque cerebral, que tiene los mismos síntomas que el verdadero. Con este nuevo accidente queda confirmada la idea de que el niño está bajo la influencia de la dentición i que todos los trastornos que esperimenta son provocados por ella. El mismo práctico, ántes citado, hablan- do de esta enfermedad cerebral (pseudo meninjitis) se espresa así: «No hai estado mórbido en el cual las dos condiciones de una perturbación simpática considerable del cerebro asociada a un agotamiento rápido de las fuerzas vitales, se encuentren tan completamente realizadas como en la dia- rrea infantil; per lo mismo, no hai otra en- HIJIENE DE LA INFANCIA 303 fermedad en la cual encontremos ejemplos mas frecuentes i bien precisos de la enfer- medad hidrocefalóidea». Délo dicho se deduce con evidencia que no es indiferente para la salud i la vida del niño una equivocación en el diagnóstico, puesto que este trastorno cerebral, si no tiene la gravedad de un verdadero ataque al cerebro, es sin embargo bastante serio i prueba una notable perturbación de todo el organismo, que no es mui frecuente domi- nar. Tenemos la convicción de que muchas enfermedades o accidentes atribuidos a la dentición, no le pertenecen i que las que realmente tienen esa causa son mui pocas, ordinariamente benignas, i que si llegan a revestir alguna gravedad, es porque van complicadas con trastornos provocados por causas distintas i variadas, como también a consecuencia de la constitución especial del enfermo. Previas estas observaciones, entraremos a describir las enfermedades mas comunes de la dentición. 304 H1JIENE DE LA INFANCIA § II Los accidentes de la dentición son loca- les i jenerales. Entre los primeros deben clasificarse el infarto o tumefacción i la tensión de las en- cías, la estomatitis simple, las aftas i la adenitis cervical; entre los segundos la fie- bre, las irritaciones de la piel, la larinjitis i bronquitis, la diarrea, los vómitos i ios fe- nómenos nerviosos. Accidentes locales de la dentición. Infarto i tensión de las encías.—Desde algún tiempo antes de la aparición de los primeros dien- tes que, como es sabido, es mui variable, empieza a esperimentar el niño una excita- ción mui sensible de todo el aparato bucal, aumentando considerablemente la secre- ción del aparato glandular, de tal manera que la boca se llena constantemente de sa- liva, razón por la cual es necesario renovar constantemente los baberos del niño, que se quitan a menudo empapados. Esta hiper- secrecion de saliva, coincide con un traba- jo mui activo de evolución de los dientes, con hinchazón de las encías, las que se po- HIJIENE DE LA INFANCIA 305 nen mui sensibles i enrojecidas. A medida que el trabajo de la dentición avanza, va desapareciendo gradualmente el cordon o borde de la encía, el cual vá poco a poco redondeándose, hasta que por fin la punta del diente hace eminencia, terminando por abrirse paso i quedar al descubierto. Durante el tiempo que trascurre entre el principio i fin de esta evolución del diente es cuando se observan todos los fenómenos de la dentición. Sucede a veces que, sea por efecto de una debilidad conjénita o bien adquirida después del nacimiento, a consecuencia de una lactancia imperfecta, o sea a causa de una rejidez estraordinaria del tejido de la encía que el diente debe desgastar i rom- per, lo cual es mucho menos frecuente, la erupción de ios dientes es mui penosa i di- fícil. A mas de hinchazón i rubicundez de la encía, acompañados de una abundante salivación, se observa lo que se ha desig- nado con el nombre de prurito de la den- tición o sea una excitación especial de la encía, que induce al niño a llevarse cons- tantemente los dedos a la boca i a morder los objetos que llegan a sus manos. Esta 306 HIJIENE DE LA INFANCIA sensación, como se comprende, es mui mo- lesta i el chico abre a menudo su boca como si sintiera un vivo ardor en las encías i encontrara algún bienestar con la impre- sión del aire fresco recibido en cada inspi- ración. Estos accidentes son los mas propiamen- te ocasionados por la dentición, como que tienen lugar en el sitio mismo en que ese trabajo se verifica. De ellos i como fenóme- nos simpáticos se derivan muchos otros [ en particular los que se refieren al sistema nervioso. La estomatitis simple o irritación de la mem- brana mucosa de las encías puede también estenderse a toda la mucosa de la boca i aun a la lengua. La mucosa de la boca o de las encías se presenta en esta enfermedad seca, brillante i con una coloración rojiza mui intensa. Gomo consecuencia de esta irritación, el niño esperimenta una sed viva, toma con vehemencia el pecho, pero lo suelta a menudo, por efecto de la misma sensibilidad de la encía. La estomatitis tie- ne una fiebre moderada i de corta duración. Poco después del primer período de irrita- HIJIENE DE LA INFANCIA 307 cion, la sequedad de la boca es reemplaza- da por una salivación abundante. Aftas.—Gomo un período mas avanzado de la enfermedad anterior puede considerarse la designada con el nombre de aftas i mas científicamente estomatitis policulosa. Esta enfermedad que no es esclusiva del período de la dentición, pero sí mas fre- cuente, está caracterizada por la formación en el interior de la boca de pequeñas ve- sículas (ampollitas) induradas de un color gris amarillento i variando su dimensión entre la cabeza de alfiler i una lenteja. Estas vesículas están rodeadas de una aureola o círculo rojizo. En el interior contienen un humor amarillento, cubierto por una capa delgada de epitelium (membrana), la cual se rompe a los dos o tres dias i deja escapar el humor contenido; forma entonces el afta el aspecto de lo que vulgarmente se desig- na con el nombre de llaga o úlcera. Las aftas pueden desarrollarse en toda la mu- cosa bucal, labios, encías, paladar, etc. Es- ta enfermedad es acompañada constante- mente de un lijero movimiento febril. Adenitis cervical—Empleando un lenguaje mas comprensivo, infarto o inchazon de 308 H1JIENE DE LA INFANCIA los ganglios linfáticos del cuello. Sea que la irritación de la mucosa de la boca se propague por medio de los vasos quilíferos a los ganglios del cuello, en donde van a desaguar, o sea por acción de simpatía o como fenómeno simpático, de los cuales se observan tantos en el organismo, es fre- cuente ver irritarse los ganglios del cuello, irritación que puede ser lijera i sin acciden- tes o bien puede ser considerable, hasta terminar por la supuración, sobre todo, cuando el niño tiene antecedentes escrofu- losos. Todas estas enfermedades locales de la dentición son benignas, en jeneral, i sin influencia mui marcada en el organismo. El tratamiento que reclaman es, por lo mis- mo, suave. Combatir el movimiento febril con agua de tilo, un poco de alcoholaturo de acónito u otras preparaciones parecidas, i en cuanto a tratamiento local tanto en la estomatitis simple como mas particular- mente en las aftas bastará un calutorio de miel de bórax (conocida vulgarmente con el nombre de miel de llagas) o con alumbre calcinado, repetido cada dos o tres horas, procurando limpiar bien la boca i aplicarla HIJIENE DE LA INFANCIA 309 preparación indicada en toda la parte en- ferma aunque sea molesto para el niño. Si se observa algún desarreglo intestinal, su- ciedad de lengua, etc., podrá administrarse algún lijero purgante. Mas, hai a veces una indicación mui im- portante que llenar para disminuir o supri- mir la violencia de los accidentes locales. Ella consiste en la incisión o escarificación de las encías. Guando la encía está mui hinchada i ru- bicunda, cuando la tensión es mui conside- rable i persistente, i, sobre todo, cuando se observa que el diente encuentra en la encía una resistencia mui considerable, de ma- nera que pueda estimársela como un obs- táculo para la erupción del diente, debe pro- cederse a la escarificación, porque en esas condiciones es cuando pueden sobrevenir complicaciones peligrosas para la salud del niño, como la diarrea intensa, fiebre aguda i mas que todo, accidentes nerviosos, como convulsiones eclampsia i ataques epilepti- formes. La incisión puede hacerse con el propó- sito de provocar la salida del diente i en es- te caso debe ser honda i crucial llegando a 310 H1JIENE DE LA INFANCIA la corona del diente, procurando cortar to- das las bridas que puedan impedir su apa- rición. También puede hacerse la incisión tratándose solamente de desinflamar la en- cía hinchada, rubicunda i dolorida i en tal caso bastan escarificaciones superficiales. Esta sencilla operación está indicada con precisión en los casos en que se ha obser- vado ya que la aparición de cada diente ha provocado los accidentes arriba indicados, i mui particularmente, en los casos de con- vulsiones repentinas, en apariencia sin cau- sa, siempre que coincidan con un período de erupción dentaria i haya un infarto mar- cado de la encía. Fuera de estos casos, la incisión no tiene objeto i si no es perjudicial como la creen algunos, la mayor parte de los prácticos, contándose entre ellos Wert, Trousseau, Ri- lliet i Barther, la consideran por lo ménos inútil. § III Accidentes jenerales de la dentición.—A las perturbaciones anteriores de carácter local hai que agregar las que tienen lugar en otros órganos o tejidos del cuerpo i que son sin HIJIENE DE LA INFANCIA 311 disputa, en la jeneralidad de los casos, de la mayor importancia. Estas afecciones son según su orden de frecuencia la diarrea, las erupciones cutá- neas, la tos, los vómitos i las perturbacio- nes del sistema nervioso. Estas alteraciones revisten en jeneral un carácter especial que permite darles su ver- dadero significado. Asi, por ejemplo, la tos que complica la dentición es ordinariamen- te seca sin hipersecrecion catarral de la mucosa de los bronquios; la diarrea, aun- que abundante, no reviste el carácter de una verdadera irritación intestinal o enteritis, no bai dolor, ni meteorismo, ni secreción mucosa abundante, ni un cambio de color de las deposiciones; el vómito, aunque a veces mui repetido, no produce una alte- ración marcada del rostro del chico, ni un trastorno palpable del estado jeneral. Ademas de las enfermedades indicadas como accidentes o complicaciones de la dentición, las enfermedades accidentales sobrevenidas en ese período revisten un carácter especial ocasionado por el estado de sobreexcitación que esperimenta. todo el organismo. Hé aquí lo que dice Guersant 312 HIJIENE DE LA INFANCIA sobre el particular. «Todas las afecciones del pecho i de los órganos de la dijestion se complican a menudo con síntomas nerviosos icerebrales en la época del trabajo de la den- tición i, aunque no se pueda saber hasta que punto la dentición influye sobre la for- ma que toman esas enfermedades, no se puede poner en duda que ella les imprime una tendencia hacia las afecciones cere- brales.» Los señores Rilliet i Barther hablando sobre esta materia se espresan así: «La ma- yor gravedad de las enfermedades que so- brevienen en la época de la dentición no proviene siempre de que la evolución den- taria se haga difícil e incompletamente, pues las hemos visto seguir su marcha fatal a pesar de la fácil salida de muchos dientes. La enfermedad aguda anterior no produce ningún obstáculo a la evolución dentaria. Hemos visto a uno o muchos dientes rom- per la encía sin ninguna dificultad en el curso de una meninjitis, (ataque al cerebro), de una enteritis i aun de una fiebre tifoidea; pero debemos agregar que este trabajo fá- cil no ha determinado modificaciones ven- tajosas en la enfermedad principal. Este HIJIENE DE LA INFANCIA 313 hecho viene en apoyo de la opinión que atri- buye una importancia exajerada a los fenóme- nos locales déla dentición. En efecto, cuando se estudia de cerca la cuestión, uno se in- clina a acordar una importancia mucho ma- yor al estado jeneral fisiolójico i mórbido que acompaña a la dentición que al estado local propiamente dicho. Es al desarrollo preponderante del aparato folicular gastro intestinal, al acrecentamiento rápido del sis- tema encéfalo raquídeo i a su actividad funcional, al estado de la sangre en este período de osificación i en fin, a las simpa- tías multiplicadas que despiertan en la eco- nomía los cambios que en ella produce la evolución orgánica, a lo que debe atribuirse una parte de los fenómenos patolójicos de la dentición». El tratamiento de las enfermedades jene- rales de la den tinción debe corresponder al concepto que de ellas hemos formado, es decir, mas bien obrar sobre el estado jene- ral que sobre la perturbación local. La hi- jiene bien dirijida será el ájente mas pode- roso de tratamiento. Un ejercicio al aire libre en tiempo adecuado, una alimentación sana en relación con la edad i constitución 314 HIJIENE DE LA INFANCIA del niño, i baños tibios prolongados para combatir la excitabilidad del sistema ner- vioso. Ya en otro lugar hemos tenido ocasión de manifestar que la diarrea de la dentición es en jeneral benigna i sin accidentes, pe- ro si a ese estado especial del aparato di- jestivo se agrega una falta de hijiene en la alimentación, si se dá al niño alimentos in- dijestos que por sí solos pueden provocar una indijestion i la diarrea (o enteritis) con- siguiente, la enfermedad puede entonces revestir caracteres verdaderamente alar- mantes, tanto mas cuanto que con la preo- cupación de atribuir a la dentición toda diarrea que se presenta en ese período, se posterga el uso de los remedios adecuados para combatirla. En nuestra jente del pueblo esta falta ab- soluta de cuidado en la alimentación de los niños hace de la diarrea de la dentición la causa mas poderosa de mortalidad. Da ver- daderamente pena ver llegar a la dispensa- ría de niños, enfermitosde seis meses aun año mas o menos, todavía sin dientes o con los primeros incisivos, atacados de diarrea aguda, vómitos tenaces i en un estado de HIJIENE DE LA INFANCIA 315 demacración notable, trayendo en sos ma- nitos o chupando tortillas, frutas, queso, etc. Pero, señora, por Dios ¿cómo es posi- ble que estando su niño con diarrea le dé a comer cosas tan indijestas? No, señor, si no las come el niño, es solo para que se entretenga. ¿Pero que no vé, señora, que la fruta o queso está gastada en parte i se ve bien que el chico ha comido? La madre se calla ante la evidencia, pero eso no im- pide que mas tarde, a pesar de los conse- jos, vuelva a hacer lo mismo. Esta es la verdad. Mientras no se instru- ya a nuestra jente del pueblo i se le den las nociones de hijiene tan indispensables para la conservación de la salud, la mortalidad tan crecida de nuestro pais no deberá lla- marnos la atención. Las afecciones del sistema nervioso de- ben ser combatidas con actividad tan pron- to como se presenten, para evitar que su repetición provoque accidentes graves. Los baños tibios frecuentes i prolongados i en otros casos las abluciones, las preparacio- nes antiespasmódicas o sedantes del siste- ma nervioso, como la valeriana, la flor de zinc, el bromuro de potasio o de alcanfor, 316 HIJIENE DE LA INFANCIA el almizcle, etc., podrán reducir o curar esa escitacion. Así como tratamos de com- batir los accidentes cerebrales o nerviosos por los medios anteriores, es, por otra par- te, indispensable para que ellos produzcan todo su efecto, suprimir todo lo que pueda ser causa de escitacion como el uso del té, café, tanto en el niño como en la madre o nodriza. Proscribir en ésta el uso de las be- bidas alcohólicas i evitar en lo posible toda escitacion viva que pueda obrar sobre la salud del niño. Terminaremos estas observaciones con el tratamiento que corresponde a las enfer- medades de la piel sobrevenidas o provoca- das por la dentición. Diversas son las manifestaciones de la piel que pueden sobrevenir durante la den- tición, como simple coincidencia o como ocasionadas por ella. Las enfermedades de la cubierta tegumentaria son mui frecuen- tes en la primera infancia, pudiendo ser manifestaciones de un estado lierpético he- reditario o adquirido, o bien provenientes de una constitución escrofulosa o linfática. Ahora bien, hai una opinión jeneralizada que consiste en suponer que las afecciones HIJIENE DE LA INFANCIA 317 de la piel, que se presentan durante la den- tición, no deben ser curadas, porque son como una válvula de seguridad para el ni- ño, que los preserva de muchos accidentes i que su supresión puede provocar pertur- baciones considerables en los órganos in" teriores, como la diarrea, catarros pulmo- nares agudos i lo que es mucho peor aun, ataques cerebrales. I sin embargo, no se puede negar tampoco que cualquiera que sea el oríjen de la enfermedad de la piel, cuando ésta es abandonada a sí misma pue- de tomar un gran desarrollo i provocar a su vez trastornos considerables en la salud del niño. Todos los fisiolojistas están en perfecto acuerdo sobre la íntima correlación que existe entre las funciones de la piel i las del aparato dijestivo, respiratorio i uropoyéti- co, o sea de la secreción urinaria. Así, es frecuente observar que la impresión de frió sobre la piel, la supresión rápida de la tras- piración o bien la curación activa de una erupción jeneralizada del tegumento, provo- can una diarrea aguda, un catarro pulmo- nar o de la vejiga urinaria, etc. Mas aun, una afección aguda de la piel, como por 318 HIJIENE DE LA INFANCIA ejemplo, una quemadura algo intensa i que abrace alguna porción considerable o la so- la aplicación de un vejigatorio, produce constantemente una cistitis o irritación aguda i dolorosa del aparato urinario i par- ticularmente de la membrana mucosa de la vejiga. Dados estos antecedentes, ¿qué deberá hacerse cuando se presente una enferme- dad de la piel durante el período de la den- tición? ¿Deberemos dejar que la enfermedad siga su curso normal, esperando que pase la dentición para combatirla, para evitarlas consecuencias o accidentes que ella misma pueda provocar? No es posible resolver es- ta cuestión de un modo categórico, pues la determinación que el médico debe tomar está en relación con los antecedentes que tenga del estado constitucional del niño, con la naturaleza de la enfermedad i con su mayor o menor gravedad. Asi, por ejem- plo, si la erupción tiene un oríjen herpético heredado de los padres, su curación será mas difícil i el tratamiento que deberá di- rijirse tanto al enfermo como a la madre que lo cria o a su nodriza, será suave pero continuado. Un tratamiento activo en este HIJIENE DE LA INFANCIA 319 caso, para suprimir la erupción en bre- ve tiempo, si así fuera posible, tendría los inconvenientes arriba señalados, no así un tratamiento prudentemente dirijido no a suprimir violentamente la enfermedad, sino aminorar sus efectos i molestias. Este pro- cedimiento curativo es racional i sin peli- gro para el bienestar del enfermo. Si se trata de una enfermedad de natura- leza escrofulosa que pueda atribuirse a una debilidad heredada de los padres, deberá también combatírsela con prudenca i con perseverancia, porque de no hacerlo así, la misma dentición que por sí sola es ca- paz, cuando es difícil, de trastornar el or- ganismo, perturbando el ejercicio fisiolójico de las funciones de los órganos i tejidos, podrá dar mayor desarrollo a ese estado escrofuloso, conduciendo al desgraciado enfermito a resultados tan deplorables por las lesiones o enfermedades que puedan ser su consecuencia como por la dificultad de combatirlas con éxito. Si la enfermedad es proveniente de un estado escrofuloso adquirido después del nacimiento a consecuencia de una pobre o viciosa alimentación, también podrá com- 320 H1JIENE DE LA INFANCIA batírsela, tanto mejorando el réjimen ali- menticio como por medio de un tratamien- to terapéutico, tónico i reconstituyente que levante las fuerzas del enfermo i que de- tenga i minore las manifestaciones de la en- fermedad. En este caso es cuando puede decirse mas propiamente que no es el mé- dico, o la medicina mejor dicho, la que cu- ra, sino que solamente sirve de auxiliar, como verdadera palanca, para levantar las fuerzas debilitadas del organismo, obtenien- do así que la naturaleza aproveche de ese auxilio en beneficio de la rejeneracion or- gánica. Mas, si se trata simplemente de enferme- dades de la piel en niños de buenos ante- cedentes de salud i que, por lo tanto, puedan considerárselas como benignas i pasajeras, simples manifestaciones de la irritabilidad que sobre ese tejido puede provocar la den- tición, en este caso es prudente esperar que pase el período de erupción dentaria que las ha provocado, que con él desapa- recerá también la enfermedad de la piel. Bastará solamente con mantener al niño con regular abrigo, sujeto a una alimenta- ción sana i ordenada, dándole un poco de HIJIENE DE LA INFANCIA 321 agua de tilo i si fuera preciso uno que otro baño tibio emoliente de afrecho o almidón. Un recto criterio, una prudente mesura en el uso de los remedios i un conocimien- to cabal de la naturaleza de la enfermedad deben ser la guia del médico en el trata- miento de las enfermedades de la piel en la época de la dentición. SEGUNDA INFANCIA Después de lo dicho ya referente a la pri- mera infancia, bien podríamos terminar este pequeño trabajo con la sola observación de que las reglas de hijiene señaladas para la primera edad de la vida, tienen también la misma aplicación tanto para la segunda infancia como para la pubertad, edad viri- i la vejez, sin mas modificaciones que aquel lias que naturalmente fluyen de la diferencia de edad, de ocupaciones i de deberes o ne- cesidades sociales. En efecto, la alimentación debe ser siem- pre regular, sana i proporcionada a las ne- cesidades de cada individuo i con mayor razón aun tratándose del niño en su segun- da infancia, durante la cual continúa con 322 HIJIENE DE LA INFANCIA grande actividad su desarrollo físico, i en la cual se despiertan i cultivan las faculta- des morales e intelectuales. Si en vez de seguir esas sanas i prudentes indicaciones se descuida la alimentación del niño, si en vez del alimento sano i nutritivo se le deja saciarse con apetitos, dulces, galletas, etc., las fuerzas dijestivas se gastarán sin verda- dero beneficio para la salud, vendrá gra- dualmente el debilitamiento de todo el or- ganismo, i como sus frutos mas ciertos e inmediatos las deformaciones del esqueleto, el raquitismo, la escrófula i el linfatismo con ese repugnante i penoso cortejo de hinchazones o infartos grandulares, supu- raciones prolongadas, etc., que hacen lle- var al pobre niño una vida lánguida i llena de molestias, precursoras de males mas graves para el porvenir. Lo mismo que sobre la alimentación po- dría decirse respecto de las demas necesi- dades físicas i de las reglas hijiónicas que a ellas se refieren. Pero, basta realmente lo ya dicho para no necesitar insistir mas, desde que la hijiene es una para todas las edades con bien corta diferencia con rela- ción al sexo i a la edad. No volveremos HIJIENE DE LA INFANCIA 323 pues, a hablar sobre lo ya tratado en la primera infancia. Mas, hai dos puntos sobre los cuales de- seamos llamar la atención, porque tiene una importancia capital para la salud, i so- bre los cuales no nos hemos ocupado hasta ahora sino de paso, por corresponder mas propiamente a una época de mayor desen- volvimiento orgánico. Nos referimos a la jimnasia i a la hidroterapia. CAPITULO XIII § 1 Jimnasia.—Para que la salud sea regular i perfecta es necesario que cada tejido, que cada órgano del cuerpo ejerza con regula- ridad la función que le está encomendada por la naturaleza. La falta de acción de un órgano i la actividad normal en otro es ya una perturbación en el equilibrio orgánico i lo será mayor aun si a la inercia de aquel órgano se agrega la actividad excesiva del otro. El cuerpo humano, como toda má- quina complicada tiene cada uno de sus elementos destinados a un fin que es, en resúmen, el mas perfecto funcionamiento del conjunto, de tal manera que basta a me- nudo la perturbación mas insignificante para entorpecer o paralizar la acción jene- ral. Si este principio de armonía orgánica es verdadero en jeneral, lo es sobre todo tratándose de aquellas funciones que cons- 326 HIJIENE DE LA INFANCIA tituyen, por decirlo así, la vida animal. Así, por ejemplo, si cualquiera puede vivir sin el ejercicio de las facultades intelectua- les o con una aberración de esas facultades, presentando un tipo imperfecto, incompleto si se quiere, pero al fin, conservando la vi- da animal, no sucede lo mismo cuando la perturbación ataca alguna de las fuentes principales de la vitalidad, como la circu- lación, la nutrición, la respiración o el sis- tema nervioso que gobierna estas funciones, fin estos casos la vida se hace ya mas o ménos difícil, según la magnitud del tras- torno. Es por esto que el ejercicio regular i prudente de las funciones de los diversos órganos i tejidos del cuerpo es la fuente mas fecunda de la salud. El niño, en su segunda infancia, se en- cuentra en un período de actividad i de- sarrollo sino tan notable como en la pri- mera, en cuanto al aumento proporcional en peso i en volumen, por lo ménos mui considerable i superior a las otras edades de la vida, despertándose en ella como queda ya dicho nuevas facultades morales e intelectuales que influirán poderosamen- te sobre el organismo i que tendrán su HIJIENE DE LA INFANCIA 327 parte importante en su mas o menos rápi- do aniquilamiento. Dar vigor al cuerpo, hacerlo mas resis- tente a las influencias tanto interiores co- mo esteriores que tienden a debilitarlo o destruirlo, buscar la armonía en la robusta actividad de cada una de las funciones or- gánicas, tal es el objeto de la jimnasia. La fisiología esperimental ha establecido que el movimiento estimúlala circulación i con ella la actividad de todas las funciones orgánicas. Para no entrar en pruebas que no tienen cabida en este trabajo i que exijirian ade- mas un lato desarrollo, citaremos simple- mente el resultado de una sencilla espe- rieneia que basta por sí sola para dar una clara idea de la influencia del movimiento sobre la actividad orgánica. Habla el eminente fisiolojista Claudio Ber- nard, una de las lumbreras mas esclareci- do del presente siglo1. (cLa sangre, circulando al rededor de los elementos musculares i nerviosos, les per- mite ejendrar i manifestar propiedades es- pecííicas por medio de un verdadero cambio 1. Gl. Bernard. Physilogia Genérale, paj. 39 i 30. 328 HIJIENE DE LA INFANCIA nutritivo que se produce entre estos ele- mentos i el medio sanguíneo. Para conocer la naturaleza de este cam- bio nutritivo es necesario examinar la com- posición de la sangre ántes i después de su contacto con los elementos musculares i nerviosos. El método analítico de la fisio- lojía jeneral conduce en efecto a considerar los fenómenos de la vida no en todo el or- ganismo a la vez sino en cada órgano, en cada tejido i en cada elemento en particu- lar. La nutrición del músculo i la nutrición del nervio forman una de las partes mas interesantes de la ñsiolojía; pues, a mas de la importancia de las funciones de estas dos especies de órganos, los nervios i los músculos constituyen por su masa la casi totalidad del cuerpo de los vertebrados. Hace ya mucho tiempo que he dado prin- cipio a la investigación sobre la nutrición de los músculos sobre el animal vivo i he in- sistido sobre la necesidad de considerar los cambios que esperimenta la sangre en los órganos en el estado de reposo i en el de función. En efecto, he visto que duran- te la contracción, la sangre venosa muscular sale mas caliente que la sangre arterial al HIJIENE DE LA INFANCIA 329 mismo tiempo que tiene un color mui negro i que contiene mucho ácido carbónico i poco oxíjeno. Durante el reposo absoluto del músculo, es decir, después de la sección de los nervios que lo animan, la sangre veno- sa muscular parece poco quemada; sale casi tan roja como la sangre arterial i con- tiene aun mucho oxíjeno. Debe deducirse de ahí que el estado de función del mús- culo es necesario para que su nutrición se verifique. Esto está de acuerdo, por lo de- mas, por otras observaciones que prueban que los músculos paralizados o condenados al reposo durante largo tiempo terminan por atrofiarse i caer en dejeneracion gra- sosa. Mas, se puede evitar esta dejenera- cion de los músculos excitando su función por medio del galvanismo que reemplaza entonces la influencia nerviosa i vuelve a la vez al órgano su función i nutrición.)) Las observaciones anteriores del mas distinguido fisiolojista francés contemporá- neo bastan para dejar establecido que la vitalidad de cada órgano o tejido está en relación con la mayor o menor actividad funcional, i que por lo mismo estimular su función, es contribuir a su enerjía i a su 330 H1JIENE DE LA INFANCIA progresivo desarrollo. Bien entendido que se trata de una acción regular, metódica, prudente, pues lo contrario, es decir, un ejercicio violento, desproporcionado a la fuerza i resistencia orgánica, conduciría simplemente a la fatiga i al aniquilamiento- Así como está probado que el ejercicio estimula la actividad orgánica, está también igualmente comprobado que la falta de fun- ción de un órgano es mui perjudicial, pues las funciones de su nutrición se debilitan i entorpecen llegando poco a poco a dismi- nuir su volumen i aun dejenerarse. El ejer- cicio debe pues, ser regular i moderado, procurando que él tenga lugar cuotidiana- mente, distribuyendo* su duración de tal manera que no baje de dos horas i hacién- dolo mas o ménos continuado o interrum- pido, según la naturaleza del ejercicio. Así, si se trata de la marcha, por ejemplo, ella puede durar un tiempo mucho mayor que si se tratara de la carrera o del baile. En todo caso, el límite del ejercicio lo dá la naturaleza misma, espresándolo por me- dio de la fatiga. Es indispensable tomar re- poso cuando el cuerpo lo pide después de un ejercicio, necesidad que será mas o mé- HIJIENE DE LA INFANCIA 331 nos prontamente sentida según las condi- ciones particulares de salud i de constitu- ción. Pues bien, si el ejercicio muscular es tan útil al organismo que no se puede prescin- dir de él en ninguna época de la vida, pue- de decirse que el movimiento es la vida de la infancia. La naturaleza misma desarrolla en el niño una ajilidad estraordinaria de manera que éste, siguiendo su instinto, no puede mantenerse quieto, lucha contra to- das las resistencias para dar vuelo a su as- piración de moverse, andar i correr, por mas que en esta admirable movilidad espe- rimente una verdadera vía-crucis, por las caidas, golpes i contusiones que tiene que soportar. Si en la primera etapa de la segunda in- fancia el niño se vé libre i en aptitud de mo- verse sin cortapisas, no sucede lo mismo cuando llegado a la edad de seis o siete años empieza a ir a la escuela, a preparar el cul- tivo de sus facultades intelectuales. En esta época es cuando mas se descuida el ejerci- cio muscular, el mas poderoso escitador del desarrollo físico, i por lo tanto, cuando empieza el debilitamiento del cuerpo, el 332 HIJIENE DE LA INFANCIA cual, si ha alcanzado hasta entonces algún desenvolvimiento, es solamente, como ya queda dicho, en el período inicial del creci- miento orgánico, desde que solo se com- pleta la evolución en el hombre a los treinta años i en la mujer de los veinte a veinti- cinco. § II La actual educación de la juventud, so- bre todo entre nosotros, adolece de un vi- cio capital: dedicar mucho esfuerzo al cul- tivo de la intelijencia i mui poco al del organismo. La gran tarea, el gran triunfo escolar consiste en alcanzar el mayor pro- greso en los cursos o carreras en el mas breve tiempo, de tal manera que se pueda exhibir como una prueba de la aptitud inte- lectual, la temprana edad en que se las ha terminado. Aun mas, cuando algún niño re- vela cualidades intelectuales sobresalien- tes, en vez de hacer que siga sus cursos en el tiempo debido, con ménos trabajo i mejor éxito, estimulando a su vez las fuer- zas físicas, se le dá la mano para ayu- darlo a pasar por sobre lo regular i es- H1JIENE DE LA INFANCIA 333 tablecido, i se le obliga a cursar ramos que pertenecen a otra sección mas avanzada, presentándolo como modelo de aprovecha- miento i de precocidad. Muchos inconve- nientes tiene este procedimiento de educa- ción, bajo el punto de vista intelectual i del sólido aprendizaje, no siendo el menor el que mui a menudo ese esfuerzo exajerado de una intelijencia despejada en mui tem- prana edad, puede conducir a un debilita- miento cerebral de fatales consecuencias para el porvenir. Pero, sobre todo, es perjudicial bajo el punto de vista físico, porque el organismo no resiste sin detrimento, esa actividad ce- rebral desproporcionada a su desarrollo, i puede decirse que este mismo aniquila- miento físico esplica el enervamiento inte- lectual que suele sobrevenir, pues es una irrevocable verdad, como decian los roma- nos, que solo puede haber intelijencia sana en cuerpo vigoroso (mens sana in corpore sanus). ¿Quién no sabe que un trabajo inte- lectual absorbe casi todas las fuerzas orgá- nicas i que sin una completa abstracción o concentración, dicho trabajo es entera- mente infecundo? ¿Quién que vive de esta 334 HIJIENE DE LA INFANCIA clase de ocupaciones intelectuales no ha esperimentado muchas veces la imposibi- lidad de trabajar a consecuencia de la mas lijera indisposición física, como asimismo que un trabajo intelectual excesivo i pro- longado produce mucho malestar orgánico,- siendo lo primero, la inapetencia, la difi- cultad de la dijestion que puede convertir- se en una dispepsia grave i persistente i, con esta perturbación de las funciones dijesti- vas, una serie de interminables molestias? Pues bien, nada habrá por consiguiente que estrañar, que el niño, que se encuentra en un período activo de crecimiento, no de- ba dedicar sino un tiempo limitado al cul- tivo intelectual si se quiere que el desarro- llo de esta facultad coincida con un regu- lar desenvolvimiento físico. La educación escolar debería tener en vista i abarcar por lo mismo ese doble objeto. La prudente repartición del tiempo entre los ejercicios corporales i los estudios, guardando una justa proporción con la edad del niño i su constitución, deberían ser materia de un programa de educación aprobado por la autoridad al concederse la licencia para abrir un establecimiento de HIJIENE DE LA INFANCIA 335 educación, con derecho a ios privilejios que le acuerda la leí de instrucción pú- blica. No basta que en cada establecimiento haya algunas horas de recreación, durante las cuales el niño pueda entregarse a los ejercicios i juegos corporales, es también necesario que esos ejercicios sean ordena- dos i bien distribuidos en relación al tiem- po que se dedica al trabajo intelectual. Los diversos ejercicios de jimnasia, carrera, salto, trapecio, ascensión en cuerdas, la barra, el salto etc., etc., son todos movi- mientos mui útiles para el desarrollo de los diversos miembros i tejidos del cuerpo, contribuyendo todos a activar las funcio- nes jenerales del organismo i a vigorizar la constitución. Pero, por lo mismo que tie- nen ese valor, es necesario hacer de ellos un uso prudente, empezando por los mas suaves hasta llegar gradualmente a los que exijen mayor esfuerzo muscular. «El ejercicio muscular del cuerpo, dice Dalton,1 debe ser hecho con regularidad 1. Dalton, profesor de fisiolojía en el Colejio de mé- dicos i cirujanos de Nueva York. 336 HIJIENE DE LA INFANCIA i moderación para que produzca ei efecto deseado. A nadie conviene permanecer inactivo la mayor parte de la semana i en- tregarse en seguida, durante un dia, a un ejercicio excesivo. La falta de ejercicio re- gular no puede ser compensada por exceso accidental. La acción uniforme i saludable puede únicamente estimular conveniente- mente los músculos i contribuir a su nu- trición i crecimiento. Un ejercicio violento i continuado largo tiempo, ocasionada el agotamiento i una fatiga estraordinaria; seria mas bien un mal que una ventaja, i producirla un aniquilamiento i un gasto de fuerza muscular en vez de favorecer su de- sarrollo .» Estas reflexiones son tan lójicas i tan de sentido común que es innecesario in- sistir en ellas. Sin embargo es de lamentar que ni en las escuelas o colejios del Estado ni en los de iniciativa particular sean aten- didos con el interes o dedicación que su importancia requiere. Por eso vemos cada dia que los niños se debilitan sensiblemen- te, siendo a menudo necesario sacarlos del colejio i someterlos por largo tiempo a tra- tamientos tónicos, reconstituyentes que, si HIJIENE DE LA INFANCIA 337 de algo sirven, es necesario confesarlo, son a.menudo auxiliares poco eficaces para com- batir el agotamiento i los trastornos espe- rimentados por su frájil organización. La falta de estos cuidados físicos en la in- fancia, constituyen para el porvenir una fuente de sufrimientos i dolores, ilejítimo e injustificable tributo pagado a la impre- visión de los padres i de los encargados de la educación de la juventud. Aun mas. Si el cultivo del desarrollo físico es de una evidente importancia en jeneral, tiene todavía una importancia especial tra- tándose de la mujer. En efecto, puede calcu- larse que entre el desarrollo de hombre i el de la mujer hai una diferencia de seis a ocho años. Así, mientras la manifestación mas categórica de la pubertad en la mujer, la menstruación, se presenta de ordinario de 12 a 14 años, las muestras de la pubertad en el hombre solo empiezan a los dieziocho o veinte años. De manera que, en el breve espacio de doce a catorce años, la mujer recorre la parte mas importante de su evo- lución orgánica hasta quedar apta para la concepción. Es verdad que a esa edad no ha adquirido todavía todo el vigor físico i mo- 338 HIJIENE DE LA INFANCIA ral que tendrá mas tarde i que le son casi in- dispensables para que pueda desempeñar con perfección las funciones que como a madre le corresponden, pero no es menos cierto que la naturaleza no anticipa las fun- ciones de los órganos i que, cuando a la edad indicada hace aparecer la importante función de la menstruación, que habilita a la joven para la concepción, es porque no hai incompatibilidad para la verificación de tan interesante fenómeno. Si el desarrollo de la mujer es tan rápido, de tal manera que la infancia acaba cuando apenas empieza, puede decirse, la educa- ción intelectual, fácilmente se comprende cuán necesario es prestar al cultivo de su desarrollo físico toda la dedicación que su importancia requiere, teniendo en vista el papel que le corresponde para la procrea- ción i conservación de la especie. Es, por consiguiente, una cuestión de interes so- cial de la mas alta importancia, que la edu- cación física de la mujer sea correctamente dirijida. Si, pues, como decíamos ántes, de la buena educación física de la infancia de- pende la salud i vigor futuro del varón, de HIJIENE DE LA INFANCIA 339 la misma acertada educación de la nina de- pende el porvenir de la familia i de la socie- dad. Sin embargo, sensible es decirlo, una de las cosas que ménos se tiene en vista en la educación de los niños es el cuidado de su desarrollo físico. A.1 presente, sea por consideraciones de conveniencia o por un desconocimiento de los sagrados deberes que la naturaleza ha confiado a las madres, tan pronto como la niña ha llegado a los ocho o diez años se la coloca en un internado para que reci- ba en él el barniz de educación intelectual que en ellos se acostumbra dar, para que salgan en seguida a lucir en los salones sus gracias i atractivos. La niña, por constitución i por tempera- mento, es jeneralmente poco inclinada a los ejercicios corporales activos, prefiriendo de ordinario la vida sedentaria. Nerviosa por temperamento i dotada de una viva imaji- nacion, prefiere mas la amena charla con las compañeras, buscando en ella un hala- go para su espíritu entusiasta i soñador que el movimiento activo que desarrolla su organización i que, repartiendo proporcio- 340 H1JIENE DE LA INFANCIA nalmente las fuerzas vitales, apaga un poco la actividad cerebral. Esas dos corrientes diversas, esas dos opuestas inclinaciones del hombre i de la mujer son palpables des- de la mas tierna edad: el niño acariciando con ardor entre sus juguetes predilectos la huasca i el caballo i la niña sentándose a arrullar su muñeca i a vestirla con su ca- prichoso i mal desarrollado gusto, mecerla i hacerla dormir. En los internados de niñas no solo no se piensa en estimular el vigor físico por me- dio de ejercicios jimnásticos metódica i prudentemente dirijidos sino que ni aun las cortas horas del recreo son debidamen- te aprovechadas. I es tal la poca atención que se presta a esta importante materia, que se llega a creer aun que el recreo es un simple reposo dado a los trabajos inte- lectuales, de manera que aquellas niñas que por neglijencia o poca aptitud no cum- plen con sus obligaciones escolares son castigadas con la supresión del recreo. Si no se tuviera tan escasa nocion de los ver- daderos principios de una sana educación, ¿sería siquiera de presumir que se usaran tales castigos en colejios que deben estar HIJIENE DE LA INFANCIA 341 bajo la alta vijilancia del Estado? I que este procedimiento se sigue en todos los esta- blecimientos tanto de hombres como mui particularmente en los de mujeres ¿quién podria negarlo de buena fe? A esta viciosa educación de la infancia hai que agregar todavía la pobre o escasa alimentación que se recibe en los interna- dos. Bien sabido es que las comidas hechas para un número considerable de personas no tienen el vigor nutritivo que las prepa- radas en las casas para una familia redu- cida, de manera que, por mas empeño que se ponga en los colejios, los caldos i demas guisos son siempre delgados i poco alimenticios. Ademas, su confección no es mui cuidada i el niño, encontrando el gui- so poco atrayente por su aspecto o sabor, no se siente estimulado a comerlo, de lo cual resulta que la alimentación a mas de ser pobre es también escasa en su cantidad. Gomo en todo establecimiento de educa- ción, la parte económica es especialmente atendida i mui particularmente en aquellos que tienen por oríjen la especulación, el alimento que se da al niño es jeneralmente 342 HIJIENE DE LA INFANCIA pobre por su cantidad i calidad. Es por eso que en algunos colejios, para evitar que el niño se quede con hambre, ya que no es posible darle un buen alimento, se acos- tumbra darle pan a discreción para que supla con él los defectos de la alimenta- ción. Pero, fácilmente se comprende que un niño sometido a una vida poco activa i a ejercicios intelectuales se resentirá poco a poco de una alimentación imperfecta, siendo la debilidad jeneral u orgánica la consecuencia necesaria. Es por eso que el niño pierde gradualmente su apetito, se vuelve pálido, la sangre pierde muchos de los principios fundamentales para la nutri- ción de los diversos órganos i tejidos del cuerpo i, si la constitución es linfática i con antecedentes escrofulosos, se presentarán luego los infartos ganglionares, las ulcera- ciones, erupciones de la piel i en una pala- bra, todo un cuadro patolójico relacionado con la debilidad jeneral del organismo. En la niña, a mas de los accidentes indicados, se perturban las funciones catameniales, sobreviene la dismenorrea o menstruación dolorosa i difícil, la sangre pierde su color oscuro para ponerse sonrosada o casi in- HIJIENE DE LA INFANCIA 343 colora i, como consecuencia de este desa- rreglo menstrual, se desarrolla un catarro uterino i vajinal que reviste luego la forma crónica i que es una verdadera fuente que aumenta la debilidad constitucional. Este catarro conocido vulgarmente con el nom- bre de flores blancas es casi universal en las niñas educadas en los internados. Hai que agregar a lo dicho que, siendo la menstrua- ción un fenómeno de la mayor importancia en la vida de la mujer, es necesario cuidar mucho que se verifique con regularidad. Pues bien, en los internados, las niñas por vergüenza i por temor a la burla de las compañeras se mojan i toman todas aquellas medidas que tienden a ocultar la existencia de esa función, con lo cual per- turban su regular evolución, sucediendo mui a menudo que se elevan, como acos- tumbran decir, o, lo que es lo mismo, que se suprime la menstruación, supresión que puede durarles muchos meses. Esta ausen- cia de la menstruación es perniciosísima para las niñas, porque el organismo sufre uno de aquellos trastornos que mas impre- sión producen sobre él i que es mui difícil correjir. Puede decirse con razón que la vi- 344 HIJIENE DE LA INFANCIA da de la mujer está en el útero i que la falta o vicios en sus funciones constituyen toda la patolojía de su sexo. No hai pues, de que estrañarse, cuando se observa la dejeneracion o debilidad de la juventud actual. Es común oir hacer la observación de que nuestros padres i abue- los son mas robustos que sus hijos sin que se encuentre la esplicacion de ese fenóme- no. Pero ¿qué cosa mas natural que eso suceda, cuando actualmente se descuida la educación física i el niño empieza a ser trabajado intelectualmente desde la mas tierna edad, por lo cual se observa el he- cho curioso de que habiéndose duplicado el programa de estudios en escuelas i cole- jios, los niños concluyen sus carreras a la misma edad que antes, dando por resultado que el hombre sale debilitado de los cole- jios i la mujer enferma, para cumplir los importantes deberes a que los llama la na- turaleza? Es, pues, un deber imperioso de la familia i de la sociedad velar por el desa- rrollo físico de la juventud si se quiere tener una jeneracion sana i vigorosa. HIJIENE DE LA INFANCIA 345 § III La educación física es no solo útil 'para el perfecto desarrollo del niño, sino también para correjir los vicios orgánicos hereda- dos de los padres o adquiridos después del nacimiento. Así, por ejemplo, si un padre o madre tienen la desgracia de sufrir algu- na debilidad orgánica o alguna enfermedad de familia, como la escrófula, el tubérculo, etc., sus hijos tendrán naturalmente que recibir esa dolorosa herencia, i, ya que eso es inevitable, es un deber ineludible traba- jar porque el hijo se rejenere i pierda por el cultivo de sus órganos esas debilidades, que llevan en jérmen i que en caso de des- cuido serán, a no dudarlo, la causa de su mas o ménos próxima destrucción. Si el niño, por efecto de una alimentación viciosa o por otras causas debilitantes, que han obrado después del nacimiento, se encuen- tra con una constitución delicada i frájil o con manifestaciones de raquitismo, solo po- drá levantarse, hasta salir de ese estado, por medio de la jimnasia prudentemente diriji- da, auxiliada por los otros recursos de re- 346 HIJIENE DE LA INFANCIA constitución orgánica con que cuenta la medicina. Es un error creer que basta en estos ca- sos con administrar constantemente al ni- ño tónicos i alimentos. Nó, en muchos casos estos recursos son estériles porque no hai reacción orgánica, no hai actividad en la circulación i ni los tónicos ni los alimen- tos son asimilados por el organismo. La jimnasia tiene el efecto poderoso de esti- mular la actividad funcional de todos los tejidos, de provocar el apetito, de regulari- zar las secreciones, facilitar la dijestion i de dar por lo mismo a la sangre aquellos elementos que le son indispensables para la nutrición, repartiéndolos por medio de su movimiento perpetuo según las necesi- dades de cada órgano o tejido de esta ad- mirable máquina humana. La vida seden- taria que es la consecuencia obligada de muchas profesiones u ocupaciones sociales es contraria a las leyes de nuestra organi- zación i es por eso que vemos constante- mente que ese modo de vivir ocasiona una serie de perturbaciones i enfermedades. La falta del apetito, la dispepsia la debilidad jeneral, etc., son la consecuencia necesaria. HIJIENE DE LA INFANCIA 347 La jimnasia o sea la actividad muscular en cualquiera de sus formas que desarrolle i sostenga el vigor orgánico es indispensa- bve para la conservación de la salud i para curar muchas enfermedades. CAPITULO XIV §1 Hidroterapia.—La influencia de este po- deroso ájente está basada principalmente en la acción que ejerce sobre el organismo la temperatura del medio ambiente, siendo como es un hecho esperimental en física i fisiolojía que, el calor del aire según las es- taciones i los climas, obra de un modo activo sobre la temperatura i la actividad de las funciones orgánicas. En otros térmi- nos, la acción del baño está en relación directa con la mayor o menor influencia que el agua puede hacer esperimentar al cuerpo según su temperatura, composición, densidad, presión, etc. Supongamos a un individuo sumerjido en un baño caliente, es decir, con una tempe- ratura superior a la del cuerpo. ¿Cuál es su electo? La piel se enrojece, el calor animal que es la consecuencia necesaria de las funciones de la vida orgánica sigue produ- 350 HIJIENE DE LA INFANCIA ciéndose i acumulándose en el organismo, el pulso aumenta en frecuencia, la res- piración se acelera, la sangre afluye a la superficie de la piel, la actividad de las fun- ciones de este tejido aumenta, producién- dose un movimiento de traspiración, que en el aire se manifiesta por medio de un sudor abundante, que se desprende por la evaporación, pero que en un baño no tiene lugar sino de un modo imperfecto, por efecto de la presión del agua. Esta sudación i eva- poración solo tiene lugar en la parte del cuerpo que no está sumerjida, como la cara i la cabeza, de las cuales se siente despren- derse gruesas gotas de sudor. En cambio, la evaporación por medio de la respiración es mui activa. La respiración es mas frecuen- te, penosa i difícil, la circulación se hace mas activa e irregular, presentándose al poco tiempo fenómenos de opresión, vérti- gos i un malestar profundo que puede ter- minar en un síncope o una apoplejía. Coloquemos ahora al individuo en un ba- ño frió. ¿Cuál será el efecto de este baño? El primer efecto es una viva impresión ner- viosa que determina la contracción espas- módica o rápida del tejido tegumentario, el HIJIENE DE LA INFANCIA 351 aparato glandular se hace perceptible to- mando la piel el aspecto del que se obser- va en la gallina desplumada, por lo cual se designa esa apariencia con el nombre de carne de gallina; los vasos sanguíneos i lin- fáticos de la piel esperimentan la misma contracción, i, como consecuencia, la san- gre en ellos contenida abandona la perife- ricia de la piel i tejido celular superficial i se dirije a los órganos interiores, corazón, pulmón, riñones, etc. La temperatura del cuerpo disminuye i si él se encuentra re- cargado de un esceso de calor, por efecto del clima u otra causa cualquiera, su dismi- nución produce un inmediato bienestar. Mas, la prolongación del baño da por re- sultado un enfriamiento cada vez mayor, que puede llegar a ser incompatible con el ejer- cicio de las diversas funciones orgánicas, produciéndose un trastorno en la inerva- ción i una perturbación en su acción sobre los diversos fenómenos que están sujetos a su influencia. La piel se enfria, se vuelve insensible, sobrevienen calambres, chas- quido de dientes, tétanos o contracciones involuntarias; las funciones del corazón se perturban hasta producirse una reducción 352 HIJIENE DE LA INFANCIA considerable en sus movimientos o pulsa- ciones; la respiración se hace difícil, corta, precipitada, anhelante, convulsiva. A con- secuencia de este estado, las estremidades palidecen, los labios toman un color violá- ceo, la nariz se afila, tomando el sujeto un aspecto cadavérico. La concentración déla sangre en los órganos internos junto con la perturbación de las funciones de dichos órganos., determina un agudo dolor epigás- trico o en la rejion del pecho, gusto de sangre en la boca, espectoracion sanguino- lenta, cefalaljia, embriaguez, el síncope i la muerte. Tal es la influencia que un baño caliente o frió, prolongado hasta el exceso puede producir en el individuo. Mas, sien vez de una inmersión tan exce- sivamente prolongada, se la sujeta a un límite prudente, después de haber alcan- zado la acción de un activo enfriamiento, por ejemplo, cuando el organismo sorpren- dido, puede decirse, por esa brusca impre- sión, haciendo un vigoroso esfuerzo para resistir la influencia de ese ájente, redobla su enerjía hasta llegar a normalizar sus funciones; si se detiene en este punto la H1JIENE DE LA INFANCIA 353 acción del baño, entonces la sangre aban- dona las visceras interiores o vuelve a la superficie, la circulación recobra su acti- vidad, la piel se colora, la respiración se facilita, haciéndose mas amplia i prolonga- da, i un calor suave i agradable se deja sen- tir en todo el cuerpo. Este fenómeno de vuelta del organismo a su estado normal, por medio de un esfuerzo propio i activo, es lo que se denomina reacción, base de la hi- droterapia racional, hijiénica i terapéutica. Veremos mas adelante la poderosa influen- cia que el baño ejerce sobre la conserva- ción de la salud i para su restablecimiento en los casos en que esperimenta alteración. La acción del baño no se limita a la reac- ción orgánica indicada. La cubierta tegumentaria que reviste al cuerpo humano desempeña dos importan- tes funciones, siendo su normal i perfecto ejercicio condición indispensable para la conservación de la salud. Una de ellas es la traspiración insensible. Esta función consiste en la eliminación de sudor en proporción variable según la tem- peratura del aire i la actividad de las otras funciones orgánicas, como la alimentación, 354 HIJIENE DE LA INFANCIA las bebidas, el ejercicio muscular, etc. Con un calor de verano i un ejercicio muscular activó, la traspiración insensible se cambia en una traspiración activa, en un sudor co- pioso i abundante i, al reves, con el frió del invierno i un ejercicio corporal limita- do, la traspiración insensible queda redu- cida al mínimum. Entre uno i otro límite la cantidad de sudor eliminado varia enor- memente. Asi, siendo el mínimum equiva- lente, según los fisiolojistas que se lian ocu- pado especialmente de esta materia, de 500 gramos en 24 horas, puede alcanzar a 1,000 i mas gramos por hora, siempre que una elevada temperatura atmosférica, una ali- mentación suculenta i un ejercicio activo lo favorezcan. Pues bien, a medida que esa traspiración insensible o ese sudor abun- dante se volatiliza, queda en la superficie de la piel la parte de materia orgánica i las di- versas sales que se encuentran disueltas en dicha secreción. La proporción de este residuo es de 5 gramos en mil gramos de sudor, según las prolijas investigaciones del fisiolojista M. Favre. A este sedimento proveniente de la tras- piración hai que agregar el desprendimien- 355 HIJ1ENE DE LA INFANCIA to constante de tá capa epidérmica que se verifica para la renovación de la cubierta que reviste la superficie cutánea. Esa epi- dermis queda adherida a la piel i es fácil desprenderla por medio del agua tibia i con agua jabonosa, podiendo también verificar- se de manera menos sensible por el agua fria i la frotación. Ahora bien, estas diversas materias eli- minadas por el aparato tegumentario, per- maneciendo adheridas a él, son un verda- dero obstáculo para que continúen verifi- cándose las funciones de la piel i de las glándulas en ella contenidas, obstruyendo los poros u orificios por donde se despren- den las diversas secreciones. Ademas estos residuos orgánicos i salinos acumulados en la superficie de la piel producen también sobre ella una acción irritante continuada, siendo por sí solos, i con mayor razón si el individuo tiene algún jérmen herpético o escrofuloso, oríjen i causa determinante de diversas erupciones que pueden jenerali- zarse en todo el tegumento i revestir un carácter de tenaz cronicidad. Por otra parte, la piel es el órgano de la sensibilidad táctil por medio de la cual el 356 IIIJIENE DE LA INFANCIA individuo puesto en contacto con los obje- tos estemos se precave de aquellos que tienen sobre él una acción dolorosa o per- judicial. El embotamiento de esta sensibi- lidad como la excesiva impresionabilidad son perniciosas para la salud. La primera disminuye i debilita la actividad de las fun- ciones de la piel i la segunda puede oca- sionar trastornos del sistema nervioso, los cuales son en todo caso un perjuicio pero de mucho mayor trascendencia para la in- fancia, en la cual las enfermedades de dicho sistema son mas frecuentes i mas graves. Pues bien, el baño en sus diversas formas tiene la propiedad de desprender todas las materias estrañas acumuladas en la super- ficie de la piel, disolver las sales deposita- das en ella por la evaporación del sudor, reblandecer i desprender la capa epidérmi- ca eliminada i que permanece adherida a la de nueva formación, i en fin, por la ac- ción estimulante i tónica del agua de vi- gorizar las funciones de la piel i estimular sus funciones fisiolójicas o naturales. I, co- mo las funciones de la piel tienen una rela- ción directa con las de los demas órganos internos del cuerpo, el ejercicio correcto H1JIENE DE LA INFANCIA 357 de aquellas facilita la regularidad de las de estos. Estas nociones elementales de fisiolojía son también casi de simple buen sentido, por lo cual han sido conocidas i recomen- dadas desde la mas remota antigüedad. Tanto la necesidad del aseo de la piel como la de reponer sus fuerzas gastadas por un fuerte calor i de obtener al mismo tiempo el agradable bienestar que el baño produce en esos casos, han hecho que su uso haya sido un hábito jeneralizado en los pueblos del Asia i de Europa oriental, estendiéndo- se poco a poco al resto de Europa. Pero, aun, en los pueblos a los que no ha llegado la civilización, el hábito del baño es tam- bién jeneral, no ya como un precepto de hijiene que les es desconocido, sino única- mente como una fuente de placer i hasta como un sentimiento instintivo de su ac- ción tónica i vigorizante. Nuestros arauca- nos poco acostumbrados a los hábitos de aseo, acostumbran, sin embargo, bañarse; i es de regla entre ellos lavar a sus niños recien nacidos en las márjeues de sus cris- talinos i caudalosos rios. 358 HIJIENE DE LA INFANCIA § II Pero, entre el simple baño de aseo aúna temperatura suave, que difiere en poco de la temperatura esterior del cuerpo, i el ba- ño frío, o de una baja temperatura, que produce una viva impresión, que no es por lo mismo agradable, pero que produce una fuerte reacción, hai una gran diferencia. El primero constituye propiamente lo que se llama la balneación, el baño hijiénico pro- piamente dicho, i el segundo es el baño tónico estimulante, base de la hidroterapia fisiolójica, hijiénica i terapéutica, tomando en este caso la palabra hijiene en el senti- do científico, es decir, de la que tiene en vista prevenir las enfermedades a que son ocasionadas constituciones débiles i linfá- ticas. En otros términos, el baño templado satisface la necesidad de limpiar la cubier- ta tegumentaria de las materias eliminadas por sus secreciones i de las que se adhieren a ella por el contacto de los cuerpos este- rtores, con los cuales está en comunicación por medio del aire. Su acción facilita por consiguiente la actividad de las funciones HIJIENE DE LA INFANCIA 359 de la piel. El baño frío produce a mas de ese efecto la acción estimulante de todas las funciones orgánicas i la reacción activa, de que hemos hablado al empezar este ca- pítulo, siendo sus consecuencias para el organismo de gran trascendencia. La hijiene tiene por objeto no solo la con- servación de la salud sino también fortificar i robustecer las constituciones que, aunque en estado de salud, son débiles i ocasiona- das a trastornos mas o meaos serios, por efecto de los ajentes esteriores que obran sobre ellas o por el ejercicio imperfecto de las mismas funciones orgánicas. La palabra salud tiene diverso significado según el individuo. Así, por ejemplo, vemos que hai personas que pasan largos años espuestos a una vida laboriosa, llena de privaciones, a la intemperie, sujetas a la ac- ción de ajentes debilitantes, sin someterse a ningún precepto hijiónico, cometiendo abu- sos en su alimentación, en la bebida, tras- nochando i cometiendo, en una palabra, toda clase de excesos, i llegar sin embargo a una edad avanzada sin que hayan espe- rimentado notable malestar ni enfermedad alguna grave. En cambio, hai otros que 360 H1JIENE DE LA INFANCIA siendo también sanos i sin ningún trastor- no o lesión orgánica, i llevando una vida mas arreglada a los preceptos de liijiene,son mas susceptibles a las influencias esteriores, sea atmoféricas o de la alimentación. Esta diferencia tan notable entre personas en buen estado desalud, depende de la consti- tución individual, de la fuerza vital o bien del mayor o menor vigor de cada organiza- ción, que le permite sobreponerse a la in- fluencia perniciosa de los ajen tes indicados. El primer modo de ser que revela una salud robusta i perfecta corresponde al temperamento o constitución sanguínea, en la cual el sistema vascular es mas desa- rrollado, el corazón mas voluminoso, la cantidad de sangre mayor i su composición mucho mas rica en glóbulos rojos i demas principios nutritivos que en cualesquiera de las otras constituciones, razón por la cual las funciones de nutrición i asimilación i, en una palabra, todas las del organismo se verifican con notable enerjía. En estas condiciones, el apetito es vigoroso, la piel rosada, rojas las membranas mucosas, de- sarrollado el sistema muscular, revelándo- se en todo la robustez i la fuerza. HIJIENE DE LA INFANCIA 361 Al contrario, el temperamento linfático es el tipo del segando modo de ser. El sujeto que lo posee tiene un predominio notable del sistema vascular linfático, pareciendo como dominado por los jugos blancos, llamados también linfáticos, que circulan en ese sis- tema. La sangre es mas descolorida i me- nos rica en calidad i cantidad que la del temperamento sanguíneo. La piel pálida, las membranas mucosas, labios, etc., están descoloridas, las carnes blandas, el tejido muscular escaso, predominando el tejido adiposo, dando en jeneral al cuerpo una forma redondeada, sobre todo en la mujer. Todas las funciones orgánicas son lentas, perezosas, difíciles i, aunque funcionen con regularidad, son mui ocasionadas a pertur- barse por la mas leve causa. Este temperamento es pues, el mas próxi- mo a la enfermedad i el que corresponde a los sujetos nacidos depadres débiles, enfer- mizos, escrofulosos, tuberculosos, etc., i el de aquellos que después del nacimiento han sufrido mucho por una alimentación incon- veniente o por enfermedades debilitantes. Cambiar este modo de ser, reformar esta contitucion débil, este temperamento lin- 362 HIJIENE DE LA INFANCIA fático, para acercaren lo posible al indivi- duo al temperamento sanguíneo o sea al tipo mas perfecto de salud, tal es el objeto de la bijiene hidroterápica. Si este es el objeto de la hidroterapia, en ninguna edad de la vida será mas conveniente que en la infancia. En esta edad, puede decirse que no hai temperamento franco i declarado. Solo se observa una gran actividad funcio- nal encaminada al crecimiento i a la con- servación de la materia orgánica existente. Durante esta activa evolución, cualquier trastorno en el ejercicio de una o de varias de las funciones orgánicas puede fácilmen- te, debilitando las fuerzas jenerales, desviar la acción fisiolójica de esas funciones i pro- ducir gravísimos trastornos de trascenden- tal influencia para el presente i para el por- venir. El niño es el molde del hombre adulto i, por lo tanto, de su perfecta edu- cación física dependerá su futuro vigor.— I, así como siendo una masa blanda i deli- cada, está mas espuesta a la influencia de las causas debilitantes, así también es mas aparente, para ser sometida a una correcta educación que, manteniendo el equilibrio funcional, vigorice paulatinamente cada IIIJIENE DE LA INFANCIA 363 uno de los aparatos i tejidos del cuerpo, i crie el temperamento sanguíneo que cons- tituye, como queda dicho, el tipo de la salud mas perfecta.—Conseguido esto, se habrá librado al niño délas variadas mani- festaciones de las afecciones escrofulosas, tan íntimamente ligadas con el tempera- mento linfático, tan jeneralizadas por des- gracia en nuestra época. Se evitarán igual- mente las enfermedades de la piel, se pondrá una barrera constitucional contra las enfermedades tuberculosas hereditarias, se evitarán las tan frecuentes como funes- tas afecciones nerviosas, como las convul- siones de la infancia, el corea, la epilepsia, la histeria, i se conseguirá, en fin, el mas perfecto desarrollo físico e intelectual. Para dar mayor fuerza a estas reflexiones citaremos la opinión de Van Esschen en la parte referente a esta materia, tomándola de obra majistral de Mr. Luis Fleury. «La degradación progresiva de la raza humana bajo el punto de vista físico es un hecho constante, admitido por todos. Los sa- bios, los filósofos, los moralistas, los hom- bres de Estado han tomado un igual interes en buscarlas causas de un hecho tan grave. 364 HIJIENE DE LA INFANCIA Diversas razones mas o ménos plausibles han sido invocadas: los unos no han visto en la dejeneracion de la especie mas que la aplicación de una lei natural que quiere que toda especie como todo individuo ten- ga sus períodos de crecimiento, de estado i de declinación. La humanidad habría pues, salido de su apojeo i se encontraría fatal- mente sumerjida en la vía de su decre- pitud. ((Otros han creído reconocer en esta de- gradación las consecuencias desastrosas de nuestras enfermedades graves que han aso- lado al antiguo mundo en estos últimos siglos, tales como la sífilis, por ejemplo. Según muchos, en fin, la raza declinaría por el solo hecho de la civilización, de la con- centración de las poblaciones i de la rela- jación de las costumbres. «Todas estas causas ciertamente i mu- chas otras aun han contribuido a producir el resultado que comprobamos; pero, seria completamente injusto atribuir a una sola de entre ellas una influencia absoluta. Es positivo que la multiplicación exajerada de los hombres, en espacios limitados ha he- cho la existencia física mas precaria; los HIJIENE DE LA INFANCIA 365 numerosos años de escasez i de crisis por los que hemos atravesado en estos últimos tiempos, han dado evidentemente un funes- to golpe a la mayor parte délas poblaciones de Europa i concurrido poderosamente ala estension del pauperismo. La introducción i multiplicación de las manufacturas i fá- bricas, el abuso siempre creciente de las bebidas alcohólicas, del tabaco, etc., deben ocupar igualmente un lugar importante en- tre los factores de nuestra ruina física. Mas, hai un punto esencial, un punto capital so- bre el cual se pasa con excesiva lijereza i que debería, sin embargo, preocupar en primera línea a los hombres de Estado i a los filántropos de todos los países: Es la educación física de la juventud. Este es el nudo del gran problema social que aborda- mos en este momento, i mientras no se pro- cure establecer esta educación sobre bases racionales i fisiolójicas, se puede estar cier- to de no obtener sino resultados nulos o poco menos. No es solamente mejorando sus condiciones de existencia, haciéndole comer bastante sal como se desarrollarán las fuerzas del hombre i se prolongará su 366 H1JIENE DE LA INFANCIA existencia. Para tener hombres es necesa- rio formar niños. «La historia nos proporciona aun aquí el recurso de su testimonio irrevocable. Es incontestable que la educación física ha con- tribuido de un modo importante al poder i esplendor de los pueblos antiguos. En Es- parta se llevaba tan léjos el culto de la fuer- za física, que una lei ordenaba inmolar sin piedad a los niños afectados de algún grave trastorno físico. Todas las instituciones, las carreras, los juegos, las luchas, los bailes, los baños, unciones i fricciones estaban empapados en el mismo espíritu i tendían al mismo fin. Los romanos siguieron la via trazada por los griegos, i su grandeza duró tanto como la virilidad de su educación. «En aquellos tiempos se creía en el afo- rismo mens sana in corpore sano, i las obras inimitables de bellas artes i de literatura producidas por la Antigüedad parecen con- firmar plenamente esta proposición. «Nosotros que nos proclamamos hombres de intelijencia i de progreso, parece que hubiéramos tomado a pecho seguir la via directamente opuesta La educación inte- lectual absorbe toda nuestra atención. Qué HIJIENE DE LA INFANCIA 367 le importa a un comerciante que su hijo sea anémico i enclenque a los 25 años, si ha hecho de él un médico o abogado ¿no ha alcanzado el colmo de sus aspiraciones?».... Entra Van Esschen, en su informe al ministro de guerra de Béljica, sobre la uti- lidad de la hidroterapia, en diversas re- flexiones sobre el sistema de educación actual i sobre las ventajas de la jimnástica, indicando al mismo tiempo algunas dificul- tades en su aplicación, i continúa así: «La jimnasia, es pues, del todo insuficiente para alcanzar el fin que perseguimos. Es nece- sario un ájente de aplicación jeneral i fácil, que fortifique todas las constituciones, pero, sobre todo, aquellas que son débiles i ané- micas, cuyo uso puede ser prescrito regla- mentariamente, que no ofrezca ni peligro ni inconveniente i cuya eficacia no pueda ser puesta por nadie en duda. «Este ájente es el agua fría administrada de manera que se obtenga de ella única- mente su acción estimulante: es la ducha jeneral de agua fria, de lluvia i de corta du- ración. «Bajo la influencia de esta ablución cuo- tidiana se ve pronto a la piel animarse, co- 368 HIJIENE DE LA INFANCIA toreándose por el notable desarrollo de la circulación capilar. Una sangre roja i vigo- rosa vivifica esta vasta superficie, en la cual se verifican tan importantes fenómenos de la vida vejetativa. La actividad funcional de la cubierta cutánea i la regulanzacion de la circulación traen como consecuencia ine- vitable una asimilación mas completa i una nutrición mejor i, por lo mismo, una dijes- tion mas perfecta i un apetito mas pronun- ciado. «Basta a menudo una quincena de dias para ver aparecer esta metamorfosis, sobre todo en tos sujetos pálidos, medianamente sanos por lo demas, pero en tos cuales la piel privada de estimulación conveniente se encuentra en un estado de perpetua inercia. «Si se piensa en que tos efectos enume- rados se repitirán cada dia durante tos ocho o diez años que dura la educación prima- ria i media se quedará admirado del éxito final. «Yo que no veo aquí en Schwalheim mas que constituciones deterioradas por largas i crueles enfermedades, yo que soi testigo de la rejeneracion relativamente rápida de HIJIENE DE LA INFANCIA 369 esos organismos estenuados, estoi con- vencido por la invencible Jójica de los hechos, qne la introducción de las aplica- ciones cuotidianas de agua fria en los es- tablecimientos de instrucción, conducida con seguridad a una trasformacion radical de la salud pública. Este es el remedio de la horrible escrófula, del raquitismo i de la tisis, este es el medio profiláctico que se puede oponer al estrago de las epidemias. Aumentad la fuerza, la resistencia vital, así lo podéis, esperando que la medicina se convierta a la doctrina de razón que se pre- senta. Mas tarde, cuando la medicina sea confundida con la hijiene, habremos reali- zado este axioma que debería ser conside- rado como el fin del arte: Si vis sanitem para morbum, si queréis la salud evitad la enfermedad.» Reconocemos con verdadero placer que no nos habría sido posible evidenciar con mas precisión i con tal claridad la importancia tan capital que la hidroterapia tiene para producir el mejoramiento físico de la espe- cie humana, que tiende a decaer dia por dia. La hidroterapia es, pues, un poderoso re- curso para vigorizar el cuerpo, estimulando 370 HIJIENE DE LA INFANCIA el correcto i activo ejercicio de todas las funciones orgánicas. Es, por lo tanto, de gran utilidad para la conservación de la sa- lud de las personas sanas, pero es, sobre todo, indispensable para las naturalezas dé- biles i enfermizas, en las cuales predominan los elementos linfático i escrofuloso, fuen- tes de variados trastornos i causas predis- ponentes de la afección tuberculosa, que hace especialmente su aparición i sus es- tragos de los veinte a los treinta años. No está demas advertir que la medicina o, mejor dicho, los medicamentos son en jeneral impotentes para destruir el vicio escrofuloso. Por mas que se trabaje con actividad i con perseverancia en el uso de los remedios recomendados como recons- tituyentes, ellos no alcanzan a producir sino una acción imperfecta i pasajera, razón por la cual el niño que es en jeneral objeto de este tratamiento, pasa años enteros some- tido al uso de remedios, i tan pronto como se suprimen vuelve otra vez a decaer i a esperimentar las consecuencias de su de- bilidad constitucional. La misma falta de actividad orgánica hace que los medicamen- tos no sean fácilmente asimilados i que, al HIJIENE DE LA INFANCIA 371 fin de cuentas, la naturaleza se muestre re- fractaria a su acción estimulante. Mas, si por medio de la hidroterapia, prudentemen- te aplicada, se provoca esa prodijiosa acti- vidad de todas las fuerzas orgánicas, los medicamentos servirán de poderosos ausi- liares i se podrán observar estraordinarias trasformaciones. Como hemos dicho, para que la hidrotera- pia sea eficaz es necesario que la acción del agua, obrando sobre la cubierta cutánea, provoque un movimiento en la circulación, impulsándola hácia los órganos internos i que luego después, por un esfuerzo activo del organismo, vuelva otra vez la sangre con cierta enerjía hácia el tegumento ester- rio de donde se habia retirado; que sobre- venga, en una palabra, la reacción, base fundamental de la acción estimulante de la hidroterapia. Mientras mas fácil i mas vi- gorosa sea esta reacción, mas seguro i mas rápido es el efecto del baño. § III ¿Qué condiciones requiere el baño para producir la acción estimulante? Diversas 372 HIJIENE DE LA INFANCIA son las causas que contribuyen para pro- ducir dicha acción. Ellas se refieren al indi- viduo, al medio ambiente i a las cualidades del agua que se emplee para el baño. Dare- mos una lijera idea de la influencia de estas causas o, lo que es lo mismo, de las con- diciones que requiere un baño estimulante. Causas individuales.—La fuerza de reac- ción con que el organismo responde a la acción del baño varía con cada individuo, pudiendo decirse que es personal i directa- mente vinculada con la constitución, tem- peramento, edad, sexo, estado moral, salud e idiosincrasia de cada persona. Sobre to- do, la reacción está bajo la directa depen- dencia del sistema nervioso, de tal manera que aquella persona que tenga un sistema nervioso mas impresionable o irritable es- perimentará una reacción mas pronta i mas activa Así se esplica el porque esa reacción es mas sensible en el niño que en el adul- to i en éste mas que en el viejo, en el cual la sensibilidad nerviosa está mui disminui- da, i como, sin una franca reacción, no es posible obtener el resultado tónico i esti- mulante, en esa edad avanzada el baño frío es menos eficaz i debe por lo mismo usarse H1JIENE DE LA INFANCIA 373 con mucha prudencia. Este ese! fundamen- to de aquel dicho vulgar: de los cuarenta años para arriba no te mojes la barriga. La reacción es mas pronta i segura en una joven delicada, enclenque, débil i ané- mica, en la cual se observa siempre una exaltación de la excitabilidad del sistema nervioso que en un hombre adulto, vigoroso i sanguíneo. La sangre es el moderador del sistema nervioso, ha dicho el padre de la medicina, i es este un aforismo tan exacto que solo como una verdadera escepcion puede encontrarse una persona de tempe- ramento sanguíneo que sufra de esferme- dades nerviosas. Al contrario, la de tempe- ramento linfático es mucho mas propensa a esas enfermedades. Está por otra parte comprobado por la esperiencia, que la hi- droterapia, mejorando la constitución linfá- tica hasta acercarla a la constitución san- guínea, es el mas seguro tratamiento de las afecciones nerviosas. Sería, pues, un error creer que una per- sona,por ser débil i nerviosa no podría so- portar el tratamiento hidroterápico, siendo en ella justamente en la que produce los resultados mas prontos i admirables. 374 HIJIENE DE LA INFANCIA El estado del ánimo tiene también una influencia mui marcada en lareaccion. Las emociones morales tristes producen una depresión mui notable en el organismo i la reacción es mas lenta i difícil; las impre- siones agradables la hacen mas activa. El estado de salud o de enfermedad no puede ser indiferente para la reacción. Si en buena salud un individuo puede según su temperamento obtenerla en condiciones ventajosas, la enfermedad puede entorpe- cer o facilitar esa reacción. Así hemos visto que las enfermedades nerviosas contribu- yen a aumentarla, pero sucederá lo contra- rio con aquellas que tienden a embotar la sensibilidad o a perturbar la circulación de la sangre. En estos casos es el médico el llamado a discernir la eficacia o los incon- venientes de la hidroterapia. El medio ambiente.—La temperatura del aire atmosférico ejerce una influencia po- derosa sobre las funciones de la piel, como ya hemos tenido la ocasión de manifestarlo. Entre un calor suave de 15 a 20 grados que mantiene en cierta actividad las secrecio- nes del aparato glandular i la perspiracion o traspiración insensible i un calor de 35 a HIJIENE DE LA INFANCIA 375 40 grados i mas, como se observa en los paises cálidos o, por el contrario, una tem- peratura de algunos grados bajo cero, como se esperimenta en los paises fríos; entre esos diversos grados de calor, decimos, el estado funcional de la piel es mui diverso i la influencia de la hidroterapia es, por lo mismo, mui distinta. Mientras mayor es la actividad funcional de la piel, mas desarro- llado está también el aparato vascular i nervioso que anima esa función. La aplica- ción del agua sobre el tegumento encontrará una mayor cantidad de sangre i un sistema nervioso mas sensible a la impresión por ella provocada. Al contrario, una baja tem- peratura atmosférica, produce una retrac- ción continua del aparato vascular sanguí- neo i un embotamiento de la sensibilidad nerviosa i como consecuencia, la falta de actividad de las funciones de la piel. La reacción provocada por el baño será en es- te caso mas difícil. Para obtener el efecto deseado tónico re- constituyente será, por lo tanto, indispen- sable que el agua empleada sea tan fría como lo exija la reacción que se busca. Así, por ejemplo, si la temperatura del aire es 376 HIJIENE DE LA INFANCIA mui considerable i, especialmente, si el ai- re es caliente i húmedo, el cuerpo humano se recargará de calor tanto porque el calor animal no solo no se pierde en neutralizar la diferencia de temperatura atmosférica, como ocurre cuando el aire ambiente tiene menor temperatura que la de la piel, como porque la saturación del aire de vapor de agua impide o dificulta la evaporación del sudor. El cuerpo está, pues, recargado de calor. Si en estas condiciones se toma un baño de agua templada producirá como efecto inmediato una disminución del ca- lor del cuerpo i, por lo mismo, una sen- sación de bienestar mui agradable, norma- lizando las funciones orgánicas perturbadas por el exceso de calor, pero no producirá esa impresión viva que se necesita para alcanzar una reacción activa del organismo. Un baño templado será, pues, agradable i benéfico para el cuerpo, pero no será un baño estimulante o tónico. Si, al reves, la temperatura esterior es mui baja, de cero grado o bien ménos, i se toma un baño a la misma temperatura o lijeramente supe- rior, su influencia, aun cuando el agua sea realmente fria, será mui limitada, por cuan- HIJIENE DE LA INFANCIA 377 to no producirá sobre Ja piel una impresión mui viva i por lo mismo no provocará una notable reacción. Para obtener la acción tónica estimulante es necesario, por consiguiente, que el agua sea mas o ménos fría, según la temperatura del aire ambiente: será mui fría o caliente en los países fríos, i fría en los países cálidos. Un baño con agua templada en un pais cálido i fria, pero con mayor calor que el del me- dio ambiente, en los paises frios, son sim- plemente baños agradables, pero no tó- nicos. Cualidades del agua de baño.—1.a Tempe- ratura. Esta condición íntimamente rela- cionada, como hemos visto, con la tempe- ratura del aire, es la mas importante en hidroterapia. Poco tendremos que agregar a lo ya di- cho anteriormente. Tomando por base una temperatura atmosférica, podremos preci- sar la que necesita tener el agua para pro- ducir la acción estimulante. Así, por ejem- plo, cuando la temperatura del aire oscile entre 20 i 30 grados, la del agua debe tener mas o ménos 10 grados. Si en vez de esta temperatura tiene de 15 a 20, aproximán- 378 HIJIENE DE LA INFANCIA dose mucho a la del aire i a la que tiene también la piel, la impresión producida so- bre ella será tan poco viva que no podrá provocar el movimiento de retracción del aparato vascular sanguíneo de ese tejido i el impulso de la sangre hácia los órganos internos i, por lo mismo, no se observará el movimiento subsiguiente de reacción activa del organismo, volviendo la sangre hácia la superficie, llenando de nuevo el aparato vascular de donde había sido espul- sada, movimiento de vaivén que constituye la acción excitante del baño. Si el agua en igualdad de condiciones atmosféricas en vez de tener los 10 grados, que considera- mos como necesarios para la acción exci- tante, tiene ménos temperatura, la acción será mas viva, mientras mas fuerte es la impresión producida, pero, por lo mismo, ménos tolerable. La duración del baño tiene, por lo demas, una influencia mui marcada. En jeneral, para obtener la reacción basta un baño que no exceda de un minuto. Si el sujeto es débil la impresión será mayor i la reacción mas rá- pida, por lo cual mientras mas débil es el in- deviduo mas corto debe ser el baño. La tem- HIJIENE DE LA INFANCIA 379 peratura del baño debe ser, como hemos dicho, de 10 grados sobre cero, pero si es menor, la impresión producida será mui violenta, i será mui pernicioso el que se prolongue mas allá de lo estrictamente ne- cesario. Se procurará por consiguiente, que la duración del baño sea tanto menor cuan- to mas baja sea la temperatura del agua. 2.a Composición química del agua.—Poca importancia debe atribuirse a la composi- ción del agua tratándose del baño frió i sobre todo del baño estimulante i tónico, el cual debiendo ser mui corto no tienen lugar en él los fenómenos de absorción, que pueden fácilmente observarse en baños tem- plados o frescos, es decir, a una tempera- tura lijeramente inferior a la de la piel. Mas, si la composición del agua no tiene signifi- cado bajo el punto de vista de la absorción, no deja de tenerla en cuanto a la misma acción estimulante. En efecto, la composi- ción química del agua influye sobre la piel por su acción de contacto i por la disminu- ción de temperatura que puede producir. Tal es lo que sucede con el agua de mar. En igualdad de temperaturas, el agua de mar, tanto por su mayor densidad como por las 380 H1JIENE DE LA INFANCIA diversas sales que contiene i particularmen- te por el cloruro de sodio i el ácido carbó- nico libre es mucho mas excitante que el agua común. Esta es la razón por la cual los baños de mar no son bien soportados por algunas personas débiles i mui nervio- sas. Para poder administrar estos baños a dichas personas es indispensable dismi- nuir en parte su acción excitante, moderan- do la temperatura, es decir, usando baños de agua templada, disminuyendo gradual- mente la temperatura a medida que la na- turaleza vaya acostumbrándose a su in- fluencia. Ya que tratamos de los baños de mar no estará demas entrar en lijeras observacio- nes sobre su aplicación, ya que son tan je- neralmente recomendados, i con tanta ra- zón, a las personas débiles. Es mui frecuente observar que por indi- cación del médico, las familias van a pasar una temporada a los puertos o costas veci- nas para tomar baños de mar, con el pro- pósito de combatir la debilidad jeneral, la cloro-anemia de los niños, para normalizar la menstruación que, por motivo de esa anemia, es difícil, dolorosa o escasa, acom- HIJIENE DE LA INFANCIA 381 panada i seguida de secreciones catarrales del aparato jenital, conocidas con el nombre jenérieo de flores blancas. A pesar de la poderosa acción tónica es- timulante de los baños de mar, los enfer- mos vuelven muchas veces sin haber obte- nido el resultado con tanto anhelo i tanto sacrificio buscado. ¿Cuál es la causa? No es otra que la mala aplicación del baño. En efecto, en vez de entrarse al agua in- mediatamente después de quitarse el ves- tido, permanecer en ella sumerjido hasta el cuello uno o dos minutos, haciendo suaves movimientos i salirse en seguida, para ves- tirse lijero i ayudarla reacción por un ejer- cicio moderado, hacen todo lo contrario. Después de desnudos se demoran al aire algunos minutos, se humedecen primero los pies i solo después de muchas tentati- vas llegan asumerjirse. Una vez en el baño i pasada la primera impresión se entretie- nen en el agua, permaneciendo en ella un cuarto de hora i aun mas, de manera que solo dejan el baño cuando ya no pueden soportar el frió. Para vestirse i arreglarse demoran también demasiado, i en seguida se vuelven a la casa sin hacer el ejercicio 382 HIJIENE DE LA INFANCIA que es tan poderoso ausiliar de la reacción, que tanto contribuye a activar la circula- ción de la sangre i, con esa actividad, a estimular el funcionamiento mas perfecto de todos los aparatos orgánicos. En estas condiciones el baño no es solo inútil sino perjudicial. Gomo ya lo hemos repetido varias veces, sin una reacción acti- va del organismo, el baño no puede produ- cir la acción tónica estimulante i, con ese modo de bañarse, la reacción no tiene lu- gar sino de un modo imperfecto, porque la prolongación del baño la destruye en gran parte, por lo cual la bañante no siente des- pués de él esa sensación agradable de ca- lor, signo cierto de la acción benéfica que debe producir el baño bien tomado; léjos de eso, en vez de esa sensación de calor se siente una impresión de frió desagradable i que persiste a veces largas horas. Este ba- ño no es tónico sino debilitante i ocasionado a una variedad de accidentes perniciosos para la conservación de la salud. Repetire- mos, pues, lo que ya hemos dicho: miéntras mas fria es el agua i mas excitante por su composición mineral (i el agua de mar tie- ne ambas cualidades en alto grado), mas 383 HIJIENE DE LA INFANCIA corto debe ser el baño para que se produz- ca una reacción activa, condición indispen- sable del baño tónico estimulante. Pero hai mas todavía. Algunas personas con el propósito de obtener mayor i mas pronto efecto acostumbran tomar baños diarios. Parece escusado manifestar que este procedimiento es inconsulto i que bas- ta i sobra con un baño de mar al dia. Por lo mismo que el efecto del baño es consi- derable, no es posible abusar de él i puede decirse sin vacilación que la repetición dia- ria casi nunca es útil, i jeneralmente es per- niciosa. Sensible es sin duda cuando el tiempo de que se puede disponer para ba- ños es escaso i no alcanzar a obtener de ellos todo el bien apetecible, pero es mas sensible aun que su mala aplicación los esterilice por completo. Si el baño de mar es útil para toda per- sona débil, para los niños de constitución linfática i escrofulosa su acción es admira- ble. La esperiencia constante de todos los prácticos está de acuerdo en que el uso continuado de los baños i el aire de mar produce verdaderas reconstituciones orgá- nicas en los niños afectados de esos esta- 384 HIJIENE DE LA INFANCIA dos constitucionales. Pero es necesario te- ner mucho tino i prudencia en la aplicación del baño. Desde luego, en niños de menos de tres años no es prudente su uso, porque la impresión es demasiado viva, i en esa edad peligrosa porque la calorificación es imperfecta, lo cual hace que la reacción sea difícil. Bastará en ellos el baño templado o las abluciones con una esponja humede- cida; mas, si el baño no tiene en esa edad una amplia aplicación, en cambio la forma usable por una parte i la influencia del aire de costa saturado constantemente de vapor de agua de mar por otra, son para ellos poderosos ajentes de reconstitución, que bastan en jeneral para obtener la acción tónica que haga desaparecer las manifes- taciones del estado linfático i del vicio es- crofuloso. Después del tercer año puede usarse sin inconveniente el baño de mar, procurando que sea mui corto, de uno a dos minutos cuando mas, haciendo que por medio de un ejercicio inmediato i activo se obtenga la reacción. No siempre se ve inmediatamente, sobre todo cuando la estadía en los baños no es prolongada, la acción de los baños de mar; HIJIENE DE LA INFANCIA 385 pero al poco tiempo se hace evidente, obser- vándose en el niño un aumento del apetito, una coloración mas viva de la piel, un sue- ño mas perfecto i la desaparición de los in- fartos ganglionares i demas manifestacio- nes escrofulosas. 3.a jFuerza de proyección.—La acción que el agua ejerce en razón de su temperatura, puesta en contacto con la superficie de la piel, puede también ser aumentada por la mayor o menor fuerza o presión en que tiene lugar ese contacto. Con la inmersión del cuerpo en un baño de tina se obtiene solo la acción del agua fria, pues el aumen- to de la presión del agua que viene a agre- garse a la del aire es insignificante; pero si en vez del agua tranquila del baño de tina se hace una ablución en la cual al contac- to del agua fria se agrega la presión o fro- tación de la piel, entonces la acción esti- mulante se aumenta considerablemente. Si en vez de una simple ablución se deja caer el agua sobre el cuerpo desde cierta distan- cia como en el baño de lluvia, la estimula- ción será mayor aun. Mas, cuando esa dis- tancia es de algunos metros i el agua lleva cierto impulso como sucede con la ducha, 386 HIJIENE DE LA INFANCIA la acción excitante llega al máximum, i la reacción es mucho mas viva i rápida que en las formas anteriores. Es por esto que para obtener la acción tónica estimulante, la ducha es el procedimiento mas seguro i eficaz. Las duchas pueden ser mas o ménos fuer- tes según la mayor o menor presión del agua empleada. Así, en igualdad de diámetro del pistón que da el chorro de la ducha, esta presión será mayor mientras mas elevado está el receptáculo del agua. Sin embargo, la presión debe tener su límite, porque si bien una mui considerable es mui excitante, es- ta excitación puede llegar a ser excesiva hasta el punto de producir contusiones o irritaciones interiores i peligrosas. Una du- cha suave puede ser ineficaz para producir la acción tónica estimulante, pero no será nunca perjudicial. Para que la ducha sea francamente estimulante basta con que el receptáculo o depósito de agua esté colo- cado a una altura de diez o quince metros. Como se comprende fácilmente, el uso de los baños excitantes requiere un cono- cimiento cabal de la constitución i de la naturaleza de la per sona que ha de ser so- HIJIENE DE LA INFANCIA 387 metida á su acción. Sin este previo conoci- miento es imprudente su aplicación, i tanto mas cuanto mayor sea la estimulación pro- vocada. Los preceptos hijiénicos son de ordinario mui sencillos, al alcance de todos; pero en su aplicación individual es necesa- rio tomar en consideración las condiciones especiales de resistencia i de fuerza de cada individuo, que se relaciona enjeneral con el temperamento, la edad, el vigor fí- sico, etc. Así como el baño de mar no tie- ne aplicación en los primeros años de la vida, ni es tampoco tolerado siempre por las personas mui nerviosas, así también la ducha, por lo mismo que es un medio de estimulación poderoso, no tiene una jene- ral aplicación. En la primera infancia seria verdaderamente una imprudencia su uso, porque seria ocasionado a perturbaciones mas o menos graves, como las ya indicadas al hablar de la ducha mui fuerte o sea a conjestiones orgánicas, a contusiones loca- lizadas a los puntos en los que el chorro se detenga un breve tiempo. Creemos, por lo tanto, que tratándose de la hidroterapia tónica estimulante aplicada a la infancia debe eliminarse la ducha, por 388 HIJIENE DE LA INFANCIA lo menos en los tres o cuatro primeros años de la vida. En cambio, las abluciones por medio de una esponja humedecida con agua sola, con agua con vinagre, agua flo- rida, agua salada, etc., tienen una vasta i útilísima aplicación. Este procedimiento es sin inconvenientes i tiene todas las venta- jas de la acción estimulante del agua fria. El niño, mui sensible a la acción del frió obtiene por medio de la ablución, en la cual a la impresión del agua se agrega la estimulación provocada por el frotamiento, toda la acción tónica reconstituyente que puede necesitar para vigorizar su organis- mo, activar la circulación jeneral i la de la piel en particular, activar las funciones de la dijestion i nutrición i combatir, en una palabra, la debilidad adquirida o heredi- taria. Partidarios decididos como somos de las abluciones, las liemos recomendado cons- tantemente en nuestra práctica profesional i, podemos decir sin jactancia, como lo di- rán igualmente todos los médicos que tie- nen nuestro modo de pensar, que los re- sultados son notables. No es fácil calcular la duración que debe HIJIENE DE LA INFANCIA 389 tener el baño que se dá al niño, porque no es siempre posible calcular la mayor o me- nor impresionabilidad para el agua. Un baño de inmersión, por breve que sea, puede ser superior a la resistencia orgánica del niño, de lo cual resulta que la reacción sobre- viene con dificultad, tanto mas cuanto que esa reacción no es ayudada por el ejercicio muscular en un niño pequeño. Esa reac- ción imperfecta puede dar por consecuen- cia un enfriamiento que produzca lo que se llama un resfrio, afecciones catarrales, romadizos, bronquitis, etc. La ablución no tiene ese inconveniente. El procedimiento es por una parte breve i por otra la excitación del frotamiento esti- mula i produce una pronta i segura reac- ción activa. A medida que el niño va creciendo pueden también ir empleándose los procedimien- tos de hidroterapia mas poderosos, como el baño de lluvia primero i después la du- cha de chorro, circular, etc. Hemos creido necesario entrar en estos detalles, tratándose de la aplicación de la hidroterapia en la infancia, porque tene- mos plena fe en sus saludables efectos, i, 390 HIJIENE DE LA INFANCIA por lo mismo, temeríamos que una incon- veniente aplicación de ella pudiera hacer desconfiar en su eficacia, perdiendo así un tratamiento por sí solo ventajosísimo para combatir el linfatismo i la escrófula, tan frecuentes, como hemos dicho, en la infan- cia i que son el principio de molestas i va- riadas dolencias. Una discreta aplicación de la hidroterapia no tiene inconvenientes en la infancia, nun- ca será perjudicial, siempre será ventajosa i, en algunos casos, la única fuente de salud para niños que por diversas causas sopor- tan una debilidad jeneral. Será para ellos su verdadera rejeneracion orgánica que les permitirá alcanzar el vigor físico i moral que necesitan para ser miembros útiles de su familia i de la sociedad. En resúmen, la hidroterapia i la jimnasia prudentemente dirijidas son los dos ele- mentos mas poderosos de que dispone la hijiene para sostener el vigor orgánico en las personas de buena constitución i para rejenerarlas constituciones debilitadas por enfermedades adquiridas o heredadas. FIN. INDICE Pájs. INTRODUCCION Y CAPITULO I Hijiene de la mujer embarazada 21 Signos del embarazo 23 Reglas hijiénicas 30 CAPITULO II Accidentes del embarazo i medios de combatirlos... 49 Aborto 64 Causas del aborto 65 Síntomas del aborto 70 Medios de evitar el aborto 73 392 ÍNDICE CAPITULO III PARTO Pájs. El terror de la mujer por los peligros del parto, aunque natural, es infundado 77 Síntomas i fenómenos del parto 83 CAPITULO IY Cuidados que exije una parturienta...... 89 HIJIENE DE LA INFANCIA CAPITULO I Breve esposicion del estado fisiolójico del niño re- cien nacido i durante la infancia 101 Mortalidad en la infancia 108 CAPITULO II Cuidados que requiere el niño al nacer 115 Asfixia o muerte aparente de los recien nacidos 119 Lavaje 122 Yestido 125 Abrigo 130 ÍNDICE 393 CAPITULO III Pájs. Cuándo debe empezar a mamar el recien nacido.... 135 Lactancia materna 140 Precauciones que deben tomar las madres que de- sean criar 147 Cuándo la madre no debe criar a su hijo 152 CAPITULO IV Reglas de la lactancia 157 CAPITULO V Réjimen de la madre que cria 169 Alimentos 169 Estado moral 172 Influencia de la menstruación sobre la lactancia.... 174 Influencia del embarazo sobre la lactancia 176 CAPITULO VI Cuándo podrá darse al niño otro alimento 179 CAPITULO YII Cuándo debe despecharse al niño 189 394 ÍNDICE Pájs. Orden i tiempo que demora la evolución de los dientes 191 Inconvenientes del destete prematuro 197 Accidentes que ocasiona el descuidar la diarrea en los niños, creyéndola ocasionada por la dentición 200 ¿Es indiferente despechar al niño en cualquier es- tación del año? 205 CAPITULO VIII Lactancia por medio de nodrizas; sus inconvenien- tes; condiciones de una buena nodriza; atencio- nes que requiere 209 CAPITULO IX Lactancia artificial; sus inconvenientes; modo de preparar la mamadera; composición de ella o sustancias que pueden servir a su preparación.... 231 CAPITULO X Vacuna.—Reseña histórica; su importancia; necesi- dad de no descuidar su aplicación en la infancia; vacuna animal i humanizada; preocupaciones que reinan con relación a la vacuna 249 ÍNDICE 395 CAPITULO XI HIJIENE DE LA INFANCIA Reglas hijiénicas que son aplicables a la primera in- fancia 269 Pájs. CAPITULO XII DENTICION Accidentes de la dentición;cuidados que requiere... 298 CAPITULO XIII Jimnasia. Su acción sobre el organismo; su podero- sa influencia para desarrollar i conservar las fuer- zas físicas; defectos de la actual educación 325 CAPITULO XIY Hidroterapia.—Acción del agua sobre el organismo; su vital influencia para conservar la salud i para mejorar las constituciones débiles i enfermizas.— Reglas para aplicar el bafio según el fin que se desee alcanzar 349 ERRATAS NOTABLES Páj. línea. Dice Debe decir 26 4 esta regla es regla 26 22 los las 45 18 de joyas joyas 62 15 promovidas producidas 77 3 éste este 87 4 dilacerar dislacerar 90 27 tiemdo tiempo 93 25 habitaciones mui habitaciones es mni 118 3 tripa i tripa o 120 20 sumerj El ir. sumerjir. El 163 9 en él el el 164 26 la que la en que 192 6 a lei a la lei 239 15 al el 291 27 prefiriendo siempre prefiriendo 300 9 aceptemos aceptamos 307 19 forma toma 313 1 que atribuye que no atribuye 327 26 ejendrar enjendrar 329 12 por con 333 23 sanus sano 353 2 o vuelve i vuelve