_fi8_5Íf''í*^ • «*_8__4 SHKUSSr VÍVV'"' ■Rít^'-v'- xo.UMSZ ^ P.m. ■,* *_'■■•' Ff _¿ HIGIENE LA INFANCIA glytmuf ^5- ^tteitfes. «IJURART. -J TIPOGRAFÍA DE AGUSTÍN MENA Y Ca. calle de pescadores n° 135. 1859. espensas del Gobierno Peruano se publicó en Bélgica una traducción de la obra del Dr. Serváis sobre Higiene de la Infan- cia; tan importante es en sí misma esa obra, como plausible la intención de propagar en nuestra sociedad un libro llamado á servir de guia á las madres de familia en la crianza y primera edu- cación física de sus hijos. Sin embargo, la circunstancia de haber circulado po- co esa traducción y de no haberse he- cho en ella las modificaciones esencia- les y exigidas por las condiciones espe- cíales del país á que se destinaba, deja- ban en ella un vacío considerable. Tales motivos me han conducido á se- guir las huellas del acreditado Dr. Ser- vais, escribiendo un tratado, aunque pequeño, completo de las reglas nece- sarias para la crianza de los niños desde el instante de su nacimiento hasta que pasan de la segunda infancia, determi- nando los cuidados higiénicos que exi- gen desde que su existencia se hace sensible para la mujer que los abriga en su seno. Para llevar á cabo mi traba- jo, he consultado á casi todos los trata- distas modernos adoptando, en cuanto á la descripción de las enfermedades, las doctrinas deCapuronque tan minucio- sa y detalladamente se ha ocupado de las enfermedades de los niños. Las obras de Serváis, Lan.de, Capu- ron, Monlau, Becquerel y Tardieu, son las que me han servido para establecer mi doctrina que no es, en realidad, sino la de esos escritores alterada en la par- te que lo exigen los datos estadísticos lo- cales y las especiales condiciones de nuestro país. No me ha movido para emprender es- te trabajo una mira especulativa ni de innoble interés. Mis deseos son que es- te pequeño libro se encuentre en todas las casas, que se halle en manos de to- das las madres de familia, y tan lejos es- toy de querer hipócritamente aparentar patriotismo y desprendimiento cuanto que en prueba de que estos verdaderos sentimientos me estimulan, he cedido al Supremo Gobierno mi derecho de autor para que, si lo cree conveniente, pueda mandar hacer una edición que haga la adquisición del libro posible para toda persona. Si el libro pues no tiene ningún mé- rito, sino he sido bastante feliz para acertar en hacer una cosa de prove- cho público, debe al menos aceptarse la buena intención que me ha animado. Lima, Mayo de 1859. Manuel A. Fcextes. i MI ESPOSA. ocas madres merecerán mas que tú que se les dedique un trabajo de esta clase. Trece años hace que tu vida, es la vida de tus hijos y que tu existencia pasa y se consume prodigándoles esos cuidados esmerados y asiduos propios de un co- razón repleto de amor y de ternura. Quien ha visto que el nacimiento de nuestro primer hijo fué para tí el fin de todos los placeres del mundo; quien te ha considerado durante ese tiempo consagrada exclusivámeme m uuiunuu de los tiernos seres con que la Provi- dencia se ha servido estrechar los dul- ces vínculos de nuestra unión; quien te ha contemplado llena de alarma, de vigilancia y de dolor, pasando noches enteras al pié del lecho de un hijo en- fermo, no podrá menos que citarte co- mo el modelo de las mujeres que mas y mejor han comprendido los deberes de una buena madre. Este libro es escrito para las que co- mo tú hacen consistir toda su vida en ver crecer á sus hijos y para aquellas que no reconocen amargura ni sacrificio cuando se trata de la salud y del bien de estos; este libro pues te pertenece por mil títulos, y entre ellos, por el ca- riño respetuoso que como á mi buena compañera te profeso. ----:K>^< HIGIENE DE LA INFANCIA. PRIMERA PARTE. CAPÍTULO PRIMERO. PREÑEZ. El hombre vive desde antes de nacer, y desde que su existencia se anuncia en el seno de su madre, exige la apu- ración de multitud de cuidados espe- ciales que tiendan á su perfecto desar- rollo hasta el momento de salir á luz y á evitar que nazca con ciertos defectos ó enfermedades que pueden provenir de algunas causas que obran sobre la mu- jer que ha de ser madre. Como el nue- vo ser no está en actitud de recibir di- rectamente esos cuidados; y como su existencia está de tal modo ligada á la •) HÍGI^i*. de su madre que, así como de las entra- ñas de esta recibió su origen, recibe también diariamente los elementos de su crecimiento; así mismo, el régimen higiénico que esta observe es el que in- fluye directamente sobre aquel. El gé- nero de vida de la mujer encinta, es el uénero de vida del niño; preciso es pues oeuparnos'de las reglas que durante el embarazo deben seguirse, tanto para atravesar felizmente ese delicado perío- do de la vida, cuanto para propender á que su terminación sea feliz, y buena c! fruto que con tanta ansia como amor se espera. Por preñez se entiende el estado de vina mujer que lleva en su seno el ger- men fecundizado de un nuevo ser. Las señales del embarazo se dividen en ra- cionales y sensibles. Las primeras son : Jo la supresión de los menstruos: 2° aumento de volumen del abdomen: 3a la prominencia del ombligo : 4° la hin- chazón de los pechos con cierta tirantez dolorosa: 5° el desarrollo y cambio del color de los pezones : 6° la excreción de la linfa lechosa: 7° el fastidio, las nau- seas, los vómitos: 8» las modificaciones del pulso : 9°la especloracion frecuenta DE LA INFANCIA. 3 J 10o los trastornos en los hábitos físi- cos y en las facultades intelectuales. Las señales sensibles son : lo ]os mo- vimientos activos del feto producidos por la acción de los músculos : 2o los movi- mientos pasivos que se le imprimen co- mo á cuerpo inerte y que se llaman sa- cudimientos. Estos movimientos se no- tan comunmente á los cuatro, ó cuatro y medio meses del embarazo. REGLAS HIGIÉNICAS. Las reglas que la higiene aconseja co- mo indispensables para que la mujer embarazada se vea libre de los muchos accidentes áque, por su mismo estado, se vé expuesta son: Ia Evitar toda emoción intensa, sen física, moral ó intelectual. 2a No entregarse á ningún ejercicio activo y violento. 3a No trabajar de noche, ni menos hasta muy tarde. ia No pasear á caballo, ni en coches que no tengan un suave rodaje. 5a Alejarse de los bailes. 6" No levantar ninguna cosa pesada, 7" Abstenerse de bebidas espirituosas. 4 HIGIh^r, S» No usar vestidos ajustados y mu- cho menos corsé; ni comprimir los pies ni apretarse las ligas. 9a No sentarse en asientos frios ni hú- medos. 10a No hacer uso del agua fria para la limpieza del cuerpo. 11a Evitar la humedad délos pies. 12a Usar la ropa necesaria, según la estación, sin echar mucho peso sobre la cintura. 13a No tomar vomitivos ni purgantes. 14a No bañarse, sino por consejo del médico y nunca antes de haber sentido los movimientos del feto. 15a Mudarse con frecuencia la ropa interior, teniendo cuidado de calentar- la cuando la estación sea fria. 16a Conservar la habitación bien ven- tilada y en una temperatura templada. 17a No recargar el estómago por la noche á fin de evitar las indigestiones. 18a Comer, á las horas establecidas, alimentos sanos, abundantes, nutritivos y sin condimentos excitantes. 19a No permanecer mucho tiempo en pié, ni pararse en lugar húmedo ó frió. 20a Atender con cuidado á que el vientre se conserve expedito para sus DE LA INFANCIA. 5 funciones, y á precaver las obstruccio- nes é irritaciones gástricas. 21a Pasearse á pié con frecuencia. pero lentamente, y parándose, para to- mar aliento, antes de que principie el cansancio. 22a Bañarse en los últimos meses de! embarazo, en agua tibia. Durante el tiempo de la preñez debe pensar la madre en todos los pormeno- res relativos al ajuar del niño ; y aunque este punto dependa, en grande parte, de las comodidades de las familias, da- remos algunos apuntes sobre el parti- cular. La ropa interior del recien nacido con- siste en la camisa y el pañal que deben ser de lelas finas, suaves y delgadas, de hilo ó de algodón según lo exija la esta- ción y lo permitan los medios de la ma- dre ; usánse exteriormente las mantillas generalmente de lana, que si deben bas- tar para conservar al niño en el grado de abrigo que le es necesario, no deben ser, sin embargo, ni muy gruesas ni mu v pesadas. Las gorras deben ser también de telas delgadas de hilo ó de lana. CAPÍTULO Tí. DEL PARTO. Para poder prestar á la mujer los cui- dados higiénicos que exige en un mo- mento tan solemne y delicado, es preciso conocer los fenómenos que anuncian su llegada. La preñez dura ordinariamente de ocho á nueve meses, y al cabo de este tiempo, es expulsado el producto de la concepción. Las señales precursoras de esta expulsión se deducen de ciertos sín- tomas que la mujer siente, y de otros que son conocidos y apreciados del médico ó ele la matrona. DE LA INFANCIA. i Los fenómenos que experimenta la mujer y que pertenecen a la clase de síntomas sensibles para ella, son : doto- res verdaderos, aparición de serosida- des sanguinolentas, formación y rotura de la bolsa de las aguas, pujo periódico. La mujer debe, desde que experi- mente el primero de esos síntomas, lla- mar á la matrona ó médico á quien quie- ra confiar su asistencia, el que practi- cará lodaslas investigaciones necesarias para apreciar la proximidad y natura- leza del parlo. Indicar todos los acci- dentes que durante él, pueden sobreve- nir, es asunto que no pertenece á la hi- giene, y por lo mismo consideraremos el parlo feliz, en el cual se suceden los fenómenos sin que haya nada de alar- mante ni de temible. El primer cuidado que debe tomarse desde que se conozca que principia el parlo, es el de alejar de la habitación á todas aquellas personas cuya presencia pueda causar á la. parturienta el mas pe- queño encojimiento. Algunas mujeres acostumbran echarse desde que princi- pian á experimentar los dolores, pero es lo mejor dar pequeños paseos hasta que se sienta próximo el instante de la 8 HIGIENE expulsión. Entonces, debe la mujer acostarse boca arriba y ayudar, con es- fuerzos moderados los efectos de las contracciones uterinas. Comadronas ig- norantes, como algunas de las que hasta el dia se conservan en nuestros pue- blos, fatigan alas parturientas obligán- dolas, en medio de los dolores, á ejer- cicios viólenlos, y sacudiéndolas fuerte- mente, ocasionando con su torpeza é impericia desgracias que sin ellas no hu- bieran seguramente sobrevenido, como la rotura del útero y las hernias ingui- nales. Al poco tiempo después de haber sa- lido el niño, experimenta la madre nue- vos dolores y nuevas contracciones del útero para la expulsión de las secundi- nas. En el mayor número de casos suelen bastar ligeras tracciones del cordón um- bilical para extraer la placenta; pero cuando no está todavía desprendida, y ofrece alguna pequeña resistencia, es lo mas natural esperar algún rato sin recur- rir á maniobras ni medios violentos de extracción. Pasados estos actos debe la parida ser colocada en su cama después de haber- le calentado las sábanas y cobertores. DE LA INFANCIA. 9 si la estación es fria ; disponiendo las al- mohadas de manera que la cabeza se conserve un poco alta; debe aplicárse- le al derredor del vientre una tohalla, «' uva presión supla por la que las visceras estaban acostumbradas á experimentar mucho tiempo antes, y cuya cesación re- pentina podría acarrear algunos malos resultados. Las lociones atemperantes son prefe- ribles á las que se practican con vino ú otras preparaciones estimulantes á no ser que se presenten indicaciones parti- culares que las exijan. La quietud absoluta, una temperatu- ra suave, al derredor de la enferma, la separación de todo lo que puede cau- sarle cualquiera emoción, las bebidas diluentes y ligeramente diaforéticas, los alimentos al principio ligeros y la dieta severa luego que sobreviene la calentu- ra de la leche, tales son las cosas que componen el régimen á que la recien parida debe sujetarse. Es también prudente evitar á la en- ferma las impresiones que producen las llores fragantes y todo olor fuerte, que podrían ocasionarle dolores de cabeza ó algunos otros accidentes nerviosos, CAPÍTULO III. CCIDADOS QLE EXIGE EL RECIÉN NACIDO. Cuando el niño eslá completamente desprendido del vientre materno se le corta y ata el cordón del ombligo á dos pulgadas poco mas ó menos. Se acostum- bra ponerle sobre el corte una ligera compresa empapada en aceite hasta los siele ú ocho dias en que regularmente se desprende la ligadura y queda for- mado el ombligo. Inmediatamente después de atado el cordón se lava al niño de pies á cabeza; en el lavatorio se emplea el aceite fino de olivo, ó de almendras dulces, ó yemas de DE LA INFANCIA. 11 huevo bien batidas; ó vino burdeos di- luido enagua libia ó simplemente esla. El objeto del baño es separar del cuer- po del recien nacido la capa de sebo que lo cubre. Algunas matronas acostumbran separar ese sebo con una hoja de naipes ó con un papel grueso, costumbre que debe evitarse en atención á lo finísimo de la piel del niño. Cualquiera que sea el líquido que se emplee en el lava torio debe usarse libio y dentro de una vivienda abrigada; ter- minado aquel, se secará el cuerpo con un paño de tela fina, suave y calentado haciendo esta operación con delicadeza y prolijidad y sin refregar la piel ni es- tropear los miembros que con la menor fuerza podrían laslimarse. Seco ya el niño, se le envuelve cuidadosamente en sus pañales y mantillas calientes, po- niéndole antes una faja moderadamente apretada para que sostenga el cordón umbilical, y dejando los vestidos llojos y de manera que no impidan la libertad de los movimientos y funciones. importa mucho que el médico ó la parlera reconozcan al niño para ver si desgraciadamente ha sacado algún vicio de conformación; pero impor- i 2 HIGIENE la mucho mas evitar que se practi- quen esas operaciones de las ignoran- tes comadronas que desde el acto del nacimiento manosean la cabeza del niño para corregir imaginarias deformidades: les aprietan las narices para hacerlos aguilenos y les abren los párpados para que tengan mas tarde buenos ojos. Esas operaciones hijas de la barbarie y de la ignorancia pueden ocasionar verdade- ros defectos, atendida la poca consisten- cia de los huesos y lo fino y delicado de los órganos del ser que acaba de venir al mundo. No es menos bárbara la costumbre de encerrar la cabeza de los niños en gor- ros gruesos y ajustados y fuertemente atados contra la frente ó la barba, así como la de liarlo desde el pecho hasta abajo del abdomen, metiendo los brazos dentro délas ligaduras y manteniéndole en una situación recta y tiesa, sin po- der practicar el menor movimiento con los miembros. Un hombre adulto pue- de calcular los tormentos que sufriría permaneciendo en semejante situación; pero el vulgo no calcula lo que debe sufrir un tierno ser condenado á estar privado de acción, y á gemir en una pri- DE LA INFANCIA. 13 sion estrecha y molesta desde los pri- meros momentos de su vida, y cuando necesitan sus órganos de grande inde- pendencia para su acrecentamiento y desarrollo. Vestido ya el niño, se le suele dar al- gunas pequeñas cucharadas de agua y miel, ó de jarabe de achicorias, ó de ja- rabe simple con algunas gotas de aceite canime (copaiba) para que evacué el meconio, operación á que contribuyen eficazmente las primeras secreciones de los pechos de las paridas llamados calos- tro. En sentir de algunos médicos, entre los cuales figura nuestro ilustrado y científico compatriota el doctor Unanue, el jarabe de achicorias mezclado con la copaiba no solo tiene por objeto facili- tar la expulsión del meconio sino que preserva á los niños de las convulsio- des deque, con tanta frecuencia, se ven atacados. Después de todas estas preparaciones se pone el niño en una cama abrigada pero de poco peso. La cuna destinada al niño debe colo- carse en un sitio en que la luz solar no dé de frente al recien nacido para evitar li HIGIENE que le hiera la vista y le ocasione of- talmías, ni de lado, para que no se de- sarrolle un estrabismo. Es prudente que el forro de la cuna y Jas cortinas sean verdes, y dispuestas las últimas de manera que se puedan abrir completamente cuando sea necesario asear ó ventilar la cama. El colchón y la almohada del niño de- ben ser de crin ó de lana; el primero debestr mas ancho que la cuna, de ma- nera que levantándose los bordes impi- dan que el niño pueda golpearse contra esta cuando se le meza. Las sábanas de- ben ser de tela fina, completándose Ja. ropa de cama con una frazada y una col- cha ; repetimos que el todo ha de pres- tarunabrigo competente,sin serpesado. Algunas personas acostumbran poner entre el colchón y la sábana inferior, pieles de carnero ó de cabrito para evi- tar que los orines del niño mojen y pu- dran el colchón. El uso de tales pieles no es provechoso por el excesivo calor que pueden producir, y es preferible el hule ó lela encerada cubierta por de- iras de franela; tanto porque está exen- to del inconveniente indicado cuanto porque es bastante impermeable para DE LA INFANCIA. 15 conservar el colchón libre de humeda- des. Los niños deben dormir con la cabeza alta, y es conveniente acostarlos sobre el lado derecho. La grande cantidad de las escreciones en la primera edad hace muy necesaria la abundancia de ropa, i mes uno de los primeros y mas esen- ciales cuidados de una madre ó nodriza ha de ser el de evitarque los niños perma- nezcan un solo iustanle mojados ni puer- cos. Cada vez que se les limpie es bue- no usar de paños mojados en agua libia, Como la piel del niño es excesivamen- te tina, los pliegues naturales del cuer- po y en especial los que se forman en las ingles, corleas, zobacos y cuello su- fren con baria frecuencia escoriaduras ligeras que es preciso sin embargo com- batir. Para este efecto se usan el al- midón y los ojos de cangrejo, pero son preferibles los polvos de rosa ó los ba- ños conalguna infusión astringente pero muy diluida. Es importaníe no acostumbrar á los niños á que se duerman en las rodillas de la madre ó de la nodriza, ó pasean- dolos, ó meciéndolos en Ja silla; el me- jor modo de provocarlos á dormir, cosa 16 HIGIENE por otra parte innecesaria atendida la constante tendencia del niño al sueño, es acostarlos en una cuna colgada, cuyo suave, igual y uniforme movimiento no conmueva el cerebro ni excite la sensi- bilidad del sistema nervioso. El sueno del recien nacido debe ser muy respe- tado y ha de tenerse grande precaución para no despertarlo de modo que le ocasione sobresalto. Es nocivo exponer al niño á la acción de una luz natural o artificial demasiado intensa ; á un fuer- te calor, á la acción del frió ó de la llu- via, así como hacerlo que se impresione de sonidos fuertes. Si se observa que el recien nacido tar- da mucho en expeler la orina, es conve- niente, aplicarle al vientre una ligera cataplasma emoliente , y echarle una ayuda de muy corta cantidad de un co- cimiento de malva ó de linaza; recur- riendo, si estos medios no bastan, á un baño tibio. En todo caso en que haya de bañarse al niño debe procurarse no mojarle la cabeza, que le sostendrá por la nuca la persona que lo bañe, con la mano iz- quierda, poniendo la derecha bajo la ar- ticulación de las rodillas. CAPÍTULO IV. LACTANCIA. Cuando la madre haya de criar á Ja criatura, podrá arrimársela á su pecho dos ó tres horas después de haber pari- do. El pecho contiene entonces el líquido mas á propósito para favorecer la expul- sión de las materias acumuladas en el intestino recto del niño, durante su vi- da íntra-uterina, á los cuales se dá el nombre de meconio. Si para darle el pecho se espera á que sobrevenga la calentura de la leche, puede resultar que el pecho adquiera una grande sen- sibilidad por efecto de la tensión que su- 2 ÍS HIGIENE fre, y que se borre el pezón, por la ma- yor extensión de su base,de manera que el niño no pueda cogerle ó conservar e en la boca, causando vivos dolores a la madre y algunas veces prietas y mu- chos otros accidentes. La actividad de las glándulas mama- rias principia desde los primeros tiem- pos de la preñez; pero el Huido que se- gregan entonces, y mas particularmen- ie en los primeros dias de la gestación, presenta caracteres muy diferentes de los que ha de ofrecer en lo sucesivo. Este líquido, que se llama calostros, es amarillento, de sabor azucarado albu- minoso, coagulable por el calor, y solo después de la calentura de la leche ad- quiere las propiedades que esta tiene. Propiedades cada vez mas marcadas a medida que va trascurriendo mas tiem- po desde que se verifica el parlo. El calostro tiene mas parles sólidas que la leche y abunda en sales, en azú- car y en manteca. A esta composición debe sus propiedades laxativas, indis- pensables para hacer arrojar el meco- nio que es una sustancia verdosa ó par- duzca y viscosa que, como lo hemos di- rlm.seamonloiiaeniosnitesUnosdelfeto. DE LA INFANCIA. 19 La succión que el niño ejerce en el pecho es el estimulante propio que ex- cita á las glándulas mamarias para dar principio á sus funciones. Cuando falta ese esiínuilo al pezón, la secreción aca- ba, y el pecho puede ser ei sitio de una congestión. La calentura de la leclie sobreviene regularmente setenta y dos horas des- pués del parto ; pero ni en todas.las pa- ridasse manifiesta en unimismo tiempo, ni es de igual duración, ni ofrece la mis- ma intensidad en los síntomas, pues mu- chas casi ni la sienten. Aunque por lo general esa calentura no sea alarmante, pero si los síntomas ordinarios se presentan con alguna fuer- za, es conveniente llamar al médico y tomar su consejo. Los caracteres de esa fiebre son : hin- chazón y endurecimiento de los pechos ; aceleración del pulso; sed intensa; do- lor de cabeza; rubicundez en la cara; animación en los ojos; sequedad en la boca ; repugnancia para los alimentos. Esta fiebre dura 12, 21, 36 y, pocas ve- ces, í-8 horas. En el período agudo no debe darse el pecho al niño; pues im- porta mucho el descanso de la niírdre. 20 HIGIENE En tales circunstancias, se ocurre al au- xilio de una nodriza, ó al de dar al re- cien nacido un poco de agua tibia azu- carada y gomosa, ó de agua de cebada con azúcar blanco, procediendo con pre- caución y con prolijo conocimiento de las necesidades del niño. CAPÍTULO V. CLASES DE LACTANCIA. La lactancia puede ser natural ó ar- tificial. La primera consiste en el ama- mantamiento directo por la madre ó pol- lina nodriza ; la segunda, en criar al ni- ño con la leche de varios animales, ya sea que la reciban de! pecho de éstos, ó ya en mamaderas ó á cucharadas pe- queñas. La leche de la mujer, así como la de todos los animales, contiene una materia animal rica en ázoe, caseína, azúcar de leche, sales, agua y mantequilla ; estas sustancias no se encuentran en iguales 22 HIGIENE proporciones en todos los animales. La leche de la mujer es mas abundante en azúcar de leche que es uno de los ali- mentos respiratorios. No es necesario empeñarse en demostrar que el alimen- to mas análogo al niño recién nacido, es la leche de mujer, pues basta conside- rar que ese alimento le está preparado por la misma naturaleza y que su com- posición y caracteres son proporcionales al estado que los órganos van adquirien- do progresivamente. La leche es un fluido algo espeso, de un color blanco, algo azulado, de sabor dulce, sin olor y de una consistencia que la permite conservarse en gotas pe- queñas sobre una superficie pulida é in- clinada. Estos caracteres así como la propor- ción de las sustancias componentes de la leche varían mucho desde los prime- ros dias del parto hasta algún tiempo después. CAPÍTULO VI LACTANCIA MATERNAL. La lactancia maternal es igualmente ventajosa para la madre y para el niño; si la primera no ejerciese esa función natural, se expondría á multitud de ac- cidentes inflamatorios y á reumatismos mas ó menos peligrosos. Con respecto al niño, ya hemos dicho que los primeros jugos del pecho ma- terno son los mas á propósito para el recien nacido, y que no solo le sirven de alimento sino que contribuyen á puri- ficarlo del meconio. Pero no es solo el alimento lo que el niño recibe del seno 21 HIGIENE materno; recibe también una verdade ra incubación, los cuidados de su ter- nura y una solicitud que nada puede reemplazar. Así es que solo pasando por todos los inconvenientes de la lac- tancia de una nodriza extraña, se llega á conocer las ventajas de que las ma- dres crien á sus propios hijos. Si pudiera encontrarse una mujer que, pariendo al mismo tiempo que la madre que ha de confiarle su niño, pudiera reunir á todas las cualidades físicas que constituyen una buena nodriza, el jui- cio, la docilidad, una vigilancia esme- rada, un cariño sincero, etc., entonces todos los inconvenientes que lleva con- sigo la lactancia de otra nodriza no se- rian tan grandes ni tan ciertos como lo son. La escasa cantidad de leche no pue- de ser una causa racional para que una madre deje de criar á su hijo; porque la succión, ayudada de un método analép- tico, puede aumentar esa secreción y hacerla suficiente. La presencia de los menstruos no es un embarazo para la crianza, si no mi- nora considerablemente la cantidad de la leche, ó si esta no hace daño al niño. DE LA INFANCIA. 25 Cuando la criatura habitualmente sana, experimenta cólicos ú otros síntomas, durante la menstruación de la madre, es prudente que esta suspenda tempo- ralmente la lactancia. Algunos autores y entre ellos Londe, aseguran que el embarazo de la madre ó de la nodriza solo puede ser causa de la suspensión de la lactancia cuando aquellas ó el niño experimentan algu- nos efectos mórbidos. Generalmente ha- blando parece imposible que tales efec- tos no se desarrollen, y no puede califi- carse sino de imprudencia esperar á que se manifiesten, es decir, á que el daño exista ya, pudiendo muy bien manifes- tarse en el niño con tal intensidad, que su remedio sea, si no imposible, á lo menos dilatado y difícil. Es indudable que la mujer que se ha- ce embarazada mientras está criando,su- fre una disminución en la secreción de la leche, así como lo es que esta misma experimenta alteración en cuanto á las proporciones de sus principios constitu- yentes ; la leche de la mujer embaraza- da es serosa y por lo mismo el lactante queda sujeto á una alimentación insufi- ciente y de mala calidad. Este solo he- 26 HIGIENE cho, que está fuera de duda, bastaría en todo caso para considerar la preñez co- mo causa suficiente para suspender la lactancia ; pero sus funestas consecuen- cias son lan repelidas como dolorosas y bastan para que se establezca como prin- cipio absoluto que la mujer embarazada debe abstenerse de criar: 1° porque puede ocasionar á su hijo nacido des- arreglos gástricos que con mucha fre- cuencia terminan con la muerte: 2° por que el fe toque tiene en su vientre pue- de extenuarse por la pérdida que sufre, con la lactancia, de los materiales que necesita para su crecimiento: 3o porque ella misma se extenúa y debilita tenien- do que proporcionar de su propio ser el alimento á dos hijos á un mismo tiem- po. La mala conformación del pezón, puede ser causa de que la madre no pueda criar á su hijo, pero muchas ve- ces se remedia ese defecto con pezone- ras artificiales. Las grietas de los pezones no son nun- ca un obstáculo para la lactancia. Se asegura, sin embargo, que cuando las grietas son muy grandes, si por una par- te la succión es provechosa á la madre DE LA INFANCIA. 27 para descargar el pecho,pueden por otra ocasionar aftas á la criatura; pero lo cierto es que si la madre puede sopor- lar la succión no hay inconveniente pa- ra que la criatura mame, siempre que se cubran las grietas con una pezonera. Las enfermedades contagiosas que contraiga la madre después del parto, deben considerarse como motivo sufi- ciente para suspender la lactancia; pero si hubiese adquirido algunas anles del parlo, debe criar al hijo, pues los re- medios de que ella haga uso servirán también para éste. La tisis se opone á la lactancia por que la extenuación que entonces oca- siona, acelera la terminación de esa en- fermedad funesta é incurable. Las enfermedades que sobrevienen durante la lactancia y perturban la se- creción exigen que la madre deje de criar. La persona que experimente con fre- cuencia accesos de cólera ó que se halle dom in ada por cualquiera pasión ¡n tensa, no debe criar, porque la leche se alte- ra y no solo ocasiona al niño perturba- ciones en la salud, como convulsiones y 28 HIGIENE cólicos sino que también puede hacerle adquirir ciertos defectos en el carácter Debe también excusarse de criar la mujer que tenga ciertas predisposicio- nes mórbidas cuyo germen pudiera el niño mamar con la leche. CAPÍTULO VIL DE LA LACTANCIA POR MEDIO DE LN.A NODRIZA. i\o puede ser buena madre, ha dicho J. J. Rousseau, la que cria al hijo de otra en vez del suyo. ¿ Cómo será pues buena nodriza ? Si en cualquiera parte del mundo es una desgracia la necesidad de tener que entregar á un hijo á un seno mercena- rio, en el Perú es tan grande que casi parece preciso hacer el ánimo á sacrifi- car la existencia del niño. Si en Europa y especialmente en Francia se han adop- tado todas las medidas mas prolijas y las 30 HIGIENE mas minuciosas precauciones para pro- curar á las madres de familia, nodrizas sanas y de buena índole y costumbres experimentándose á pesar de ello gra- ves desagrados ¿qué no habrá [de su- frirse en un país en donde aceptan la ocupación de nodrizas, mujeres en su mayor parte corrompidas, cuyos malos hábitos han gastado la sensibilidad; que ven morir á sus hijos sin echar una so- la lágrima; que buscan el acomodo sin conocer ni apreciar el alio grado de con- fianza que en ellas se deposita? La no- driza peruana es generalmente detesta- ble ; por su régimen de vida es regular- mente mal sana; por su indolencia, poco cuidadosa y á veces cruel con el niño ; por su natural desaseo, poco prolija en conservar á la criatura en el estado de limpieza que tanto importa para la con- servación de su salud; por su petulan- cia y grosería se convierte en una ver- dadera ama del niño y de la familia ; y por la dureza de su corazón es mas de una vez el verdugo desapiadado de un inocente ser. La experiencia ha acre- ditado que no hay medio que baste á contentar las exijencias, y á reformar el mal natural de las mujeres que se dedi- DE LA INFANCIA. 3f can al amamantamiento de los niños ágenos; ni lo subido del salario, ni el cuidado y la condescendencia, ni la abundancia y buena naturaleza de la alimentación, nada asegura que la no- driza no abandone al niño cuando menos se jiiense, y quizá cuando la edad de esle hace imposible que tome el pecho de otra mujer. Son por otra parte tan débiles las dis- posiciones de la policía sobre este par- ticular, que no se conoce un medio efi- caz de compeler á una nodriza al cum- plimiento de las obligaciones que se im- pone. Ningún reglamento existe para ellas, ninguna oficina en donde se're- gistren y lomen los datos necesarios, á lo menos, para conocer su vida anterior; así es que la elección de una mujer que tiene que influir en la vida de un obje- to tan amado como un liijo,se hace siem- pre á ciegas y bajo el riesgo seguró de que sea mala. En París, como en algunos oíros pue- blos, hay establecidas oficinas con el pro- pósito de procurar nodrizas á las fami- lias; las mujeres que se presentan en ellas son prolijamente reconocidas por ¡os médicos de la administtrácion, así 32 HIGIENE como examinados sus hijos. Tomándose ademas todos los datos posibles sobre la conducta, vida y costumbres de las no- drizas. Si muchos son los disgustos y muchos los riesgos que ocasiona la lactancia de un niño por medio de una nodriza que cria en la casa de los padres, confiarles al niño para que lo lleven á la suya es firmar la sentencia de muerte de ese ni- ño : es preciso no tener corazón para confiar al hijo á mujeres que viven re- gularmente en habitaciones puercas, mal sanasyextrechas,que se alimentan mal y con desarreglo, que hacen fre- cuente uso de bebidas alcohólicas y de alimentos estimulantes y que se arras- tran en una vida de crápula y de orgía; un hecho elocuente manifiesta que no hay la menor exageración en lo que acaba de decirse. Nunca podremos expresar la indigna- ción y el doloroso sentimiento que nos causó la inspección de los libros de la casa de Huérfanos lactantes de esta ca- pital. Este establecimiento, casi siem- pre escaso de nodrizas que vivan en él, se entrega á las de la calle el mayor nú- mero de los niños expuestos que, por un DE LA INFANCIA. 33 término medio es de ciento setenta al año, de los cuales mueren en el mismo período ciento doce ; es decir, un 65 15/17 por 100. Esta cifra horrorosa re- sulta de que poquísimos de esos niños, que se crian fuera del hospicio, viven seis meses desde el diade su salida, pues es fácil ver en las partidas de asiento, la entrada del niño, su entrega y próxima muerte. Como principio general, cuya verdad nadie podrá objetarnos, se pue- de establecer que el 95 por ciento de los expósitos, entregados á la nodriza para que los amamante en su casa, son víctima infalible de la muerte. Estos hechos ya revelados al público no han movido el corazón de las auto- ridades; y la Municipalidad á quien in- cumbe examinarlos y remediarlos no lia dado sobre tan interesante asunto el me- nor paso, ni expedido la mas insignifi- cante providencia. A pesar pues que creemos absoluta- mente imposible que sobre este parti- cular puedan llenarse los preceptos de la higiene, indicaremos las condiciones que debe tener una buena nodriza cuan- do una desgraciada necesidad haga in- dispensable su elección. 3 31 HIGIENE La edad de la nodriza debe ser de' veinte á treinta años; deberá haber pa- rido poco tiempo anles, el menor que sea posible; la leche de una mujer que ha parido mas de seis meses antes, no está en proporción con las fuerzas di- gestivas del recien nacido. La glándula mamaria de la nodriza debe estar des- arrollada, y el pezón bastante formado para que el niño pueda cojerlo con fa- cilidad y retenerlo en su boca; la leche debe tener los caracteres que anles he- mos indicado. No solo deben recono- cerse los pechos sino que también es necesario examinar la cantidad de leche que pueden suministrar, porque el vo- lumen de aquellos no anuncia siempre Ja abundancia de la secreción. Debe investigarse si la nodriza ado- lece de alguna enfermedad trasmisible romo la sífilis, escrófulas, etc.; si es bien constituida, si disfruta de bue- na salud, y si esinlelijente, de un ca- rácter suave é igual ; investigar si es aseada, y melódica. Debe prefe- rirse una nodriza que tenga buenos dientes, la piel morena, los ojos y \o> cabellos negros y que sea de buena cons- titución. CAPÍTULO MIL PRECAUCIONES CON QUE HA DE DARSE DE MAMAR AL NIÑO. Cuando se dá de mamar al niño debe mantenérsele en una posición en que pueda fácilmente tragar ; es decir, mas vertical que horizontal, teniendo mu- cho cuidado de no taparle las narices con el pecho ; no darle dos veces líqui- dos de un mismo pecho á fin de que se vacien con igualdad las dos glándulas mamarias; no aguardar nunca, para darle de mamar, á sentir dolor enlos pe- dios, por efecto de su plenitud, porque la succión puede aumentar esos dolores y ocasionar accidentes inflamatorios. * CAPÍTULO IX. RÉGIMEN DE LA MUJER QUE CRIA. La mujer que cria no está sujeta, en su régimen, á reglas particulares, pero debe, mas que cualquiera otra, observar los preceptos generales de la higiene en atención á que su estado requiere al- gún mas cuidado que el necesario en las circunstancias ordinarias, y porque la salud del niño depende en gran par- te de la de quien le dá de mamar. Las reglas que la higiene recomienda mas especialmente á la mujer que cria son: DE LA INFANCIA. 37 i * Usar de alimentos sanos, nutritivo> y que sean con mas facilidad digeridos. 2- Abstenerse de los alcohólicos,por que estos pasando a la leche y con ésla á los óiganos del niño, ejercen en ellos una acción igual á la de los venenos verdaderos, produciendo cólicos, con- vulsiones, embriaguez y lal vez Ja muer- te. 3" No usar especies, ni té ni café, ni otros alimentos de esa clase. 4* Hacer un ejercicio suficiente para conservar la salud, pero sin excederse, para no desviar hacia los músculos los materiales que se destinan á la elabora- ción de la leche. 5a Conservar el mayor aseo en el cuerpo, en la ropa y en la habitación. 6a Conciliar todos los medios de ob- tener un sueño bueno, competente y reparador, necesario para que se forme la leche y se renueven sus calidades fisiológicas. 7" Si la nodriza se lia criado en el campo ó ha sido de muy escasa fortuna, conviene no darla los alimentos condi- mentados que se acostumbran en las ca- sas acomodadas. 8a El régimen alimenticio debe ser 38 HIGIENE mixto, es decir, que no debe componer- se ni solo de alimentos animales ni ex- clusivamente de vegetales. 9a La mujer que cria no debe perma- necer continuamente en una habitación de alta temperatura, ni largo tiempo sentada en sillones muy blandos. 10a Usar en sus ablusiones del agua tibia y conservar limpios los dientes, la cabeza y la boca. 11' Evitar toda excitación viólenla que pueda conmover cualquier órgano; porque toda conmoción perturba la se- creción de la leche, altera la naturaleza de esta y aun puede suprimirla. Por consiguiente, debe huirse de espectácu- los trágicos, de los juegos de suerte y de las lecturas tristes. 12" Evitar todo cuanto pueda encen- der pasiones violentas ó afecciones muy vivas, pretendiendo conservar los sen- tidos y el sistema nervioso libre de toda excitación sobrenatural. 13» Usar con mucha moderación de la Venus cuidando de no dar al niño el pecho inmediatamente después de la perturbación que ocasiona. 1 '¡■" Evitar toda compresión en los pe- chos y no exponerlos á la acción del frió. CAPÍTULO X. DE LA LACTANCIA ARTIFICIAL. Es indispensable recurrir á la lactan- cia artificial: 1° Cuando no pueden remediarse las causas que dificultan ó imposibilitan la succión: 2o Cuando el niño nace enfermo de alguna afección contagiosa, y fallándo- le su madre, las nodrizas no quieren en- cargarse de su crianza: ■i<> Guando la madre no puede criar v no se encuentra una nodriza. Se comprenderá fácilmente que tra laudóse de dar al niño un alimenlo, has" lo HIGIEXI ta cierto puntoextraño,no debe recurrí i- se á la lactancia artificial sino en los t re> casos que se han indicado y después de agotar todos los medios que pudieran conducir á evitarla. La poca experiencia que nosotros liemos adquirido sobre este punto, nos llega á establecer como prin- cipio absoluto, no exento de muy limita- das excepciones,que en lodos los casos en que se ha recurrido en el Perú á la lac- tancia enteramente artificial, se han ma- logrado los niños sometidos áella. Sea que no se haya tenido suficiente proli- jidad en el aseo de las vasijas en que se conservaba ó daba el alimento al niño ; ó sea que en la preparación de esleí no se procediese con la necesaria cautela, hemos visto perecer muchos niños de afecciones gástricas violentas, después de haberse mantenido débiles, flacos y de padecer frecuentes cólicos. En los casos de lactancia artificial, convendría dar al niño aquellas leches que mas se aproximan ala de la mujer, pero generalmente se prefieren la de ca- bra ó vaca porque se consiguen con mas facilidad. La leche se mezcla regular- mente con cocimientos de cebada ó ar- roz ó con agua pura, dando en los pri- DE LA INFANCIA. íi meros meses dos tercios de ese coci- miento y uno de leche y aumentándose poco á poco la cantidad de ésta hasta fiarla pura á los seis meses de edad del niño. En esta época y para que la leche conserve sus propiedades se hace, á ve- ces, que el niño mame la tela del ani- mal, escojiéndose para este caso una cabra á causa del tamaño de sus pezones. La cabra se elije blanca porque se supone (p«e su leche tiene menos olor que siendo de cualquier otro color ; es esencial que sea joven y examinar su leche, así como la influencia que ejerce en el estómago del niño. Debe darse por alimento al animal «pie sirve de nodriza vegetales verdes con el objeto de que la leche sea mas serosa y acomodada á los órganos de la criatura. Debe comer al aire libre y acostarse sobre paja que se renueve diariamente; si hay que conservarlo dentro de la casa es necesario pasarle la almohaza y limpiarlo diariamente para facilitar la acción respiratoria de la piel; también es bueno hacerlo pa- sear un poco. Cuando se reconozca que el animal elegido es a propósito para dar buena 42 HIGIENE leche al niño no debe cambiarse; es conveniente también ordeñarlo de la leche sobrante. Así como las afecciones morales influ- yen en la mujer y alteran la secreción y propiedades de la leche, así también obran en el animal destinado á criar un niño; por esla razón se cuidará de no tratarlo mal y de no asustarlo, debien- do advertirse que basta maltratar en su presencia á la cria de un animal hem- bra para que ésia dé una leche mala y aun para que se le suspenda la secre- ción. Todo lo que liene relación con el trabajo, la fatiga del animal, ele, pue- de deducirse de lo que hemos dicho al hablar del régimen de la mujer que esta criando. Anles de que el niño tome el pecho del animal y cuando se alimenta con la leche preparada del modo que antes lo hemos dicho, se le dá con cuchara ó por medio del biberón ó mamadera. El uso de la cuchara es muy incómodo, pero no tiene los inconvenientes ni produce los malos resultados que la mamadera, á la cual atribuyen muchos médicos los cólicos, flatos y diarreas que experimen- tan los niños que las usan. DE LA INFANCIA. 13 Sin embargo, aunque largo tiempo proscrito el empleo del biberón, se lia aceptado nuevamente tanto por la co- modidad, cuanto porque es mas á pro- pósito para imitar lo que pasa en la ac- ción de mamar; es decir, para introdu- cir poco á poco en el estómago y mez- clada con la saliva, la leche que la cú- chala precipita en él en demasiada can- tidad y sin ir impregnada de aquel fini- do tan necesario para la digestión. !>as mamaderas comunes consisten simplemente en una botella de cual- quiera figura, en cuya boca se pone una esponja fina y corlada en forma de pe- zón. Otras tienen, en lugar de Ja espon- ja, un pezón figurado de cristal, y otras en fin reciben un pezón artificial pre- parado con el pezón natural de las va- cas muertas. De estas tres clases la úl- tima es la mejor. Debe cuidarse de limpiar el biberón siempre (pie haya servido y siempre que haya de servir; de conservar el pezón, cuando sea de vaca , en alcohol para evitar que se corrompa, lavándolo cui- dadosamente enagua caliente hasta que pierda todo olor y todo sabor alcohó- lico. Sí HIGIENE La leche para la mamadera debe re- novarse con frecuencia y prepararse en los momentos en que vaya á darse al ni- ño, es necesario que éste la tome á la misma temperatura de la (pie sale del pedio, es decir tibia; para esto se ca- lienta la leche, secuela para evitar que pase por el pezón algunas partículas de (•11017)08 extraños, se tercia con el agua y con el cocimiento que se acostumbra ó se dá al niño. Muchas veces el agu- jerillo del pezón se dilata á consecuen- cia del uso, y en tal caso, aunque lo mas prudente es mudarlo, es necesario lener cuidado con que la grande canti- dad de leche que atrae hacia la boca la succión no fatigue al niño y no lo deje tragar con facilidad. CAPÍTULO XI. RÉGIMEN DEL NIÑO. El régimen del recien nacido depende de vanas condiciones que se refieren al estado de salud de la nodriza, á la canti- dad y naturaleza de la leche, y a la cons- titución del niño; por lo mismo es im- posible determinar un régimen que pue- da considerarse como general y aplica- ble en lodos los casos. Durante los tres ó cuatro primeros meses no debe el niño recibir otro ali- mento mas que la leehe de su madre ó de la nodriza, y solo después de ese tiempo podra empezársele á dar, según 46 HIGIENE el estado de sus fuerzas digestivas, pa- pillas de bizcochos. Cuando llegue el tiempo del destete, se le darán papillas de leche poco espesas y muy cocidas, hechas con harina tostada, esto es, meti- das al horno, bien pulverizadas y pasadas por un tamiz; por último, se dará panate- las y después sopas ordinarias de pan ó de fideos muy delgados, solos y bien co- cidos. Mientras mas sencillo sea el régi- men alimenticio, mucho mas sano se conservará el niño. En este régimen, no debe entrar la carne sino cuando ya tu- viere lodos los dientes; y aún entonces esta sustancia no debe darse sino en muy corta cantidad y preparada del mo- do mas sencillo como asada ó cocida. Se deben excluir del régimen del niño las salsas, el café, el vino, la cerveza y en general todo licor fermentado cual- quiera que sea ; porque aun suponien- do que el uso de esa alimentación esti- mulante no le causase enfermedad al- guna, lo cual seria muy raro, siempre existe por lo menos, el inconveniente de acelerar los actos del organismo y de abreviar la vida, haciéndola marchar desde el principio con demasiada rapi- dez. DE LA INFANCIA. 47 Para el niño que solo mama, no es posible liacer una determinación de ré- gimen en cuanto á las veces que debe dársele e pecho, ni en cuanto á Ja can- tidad de leche que le es necesaria. La necesidad es la única que en esa cir- cunstancia prescribe las reglas que de- ben seguirse, fin embargo es un pre- cepto de rigurosa observancia satisfacer esa necesidad cada vez que el niño la manifieste, pero no excitarla. El niño mama con mas frecuencia en los primeros dias que siguen al de su nacimiento, pero puede disminuirse el numero de raciones mientras mas ade- lanta en la vida. Es prudente dejar cor- rer hora y media por lo menos, y tres horas cuando mas, entre las dos veces en que mame, sin que jamás se le inter- rumpa el sueño para darle el pecho. La cantidad de leche no puede deter- minarse, pero debe evitarse todo exce- so a fin de precaver los vómitos y, que desarreglándose el vientre, se arrojen materias sueltas ó agrias y verdosas. Es un error hijo de la ignorancia, suponer que aprovechan á los niños los vómitos que proceden de la saciedad ó reple- \ion i8 HIGIENE Hemos recomendado anles y repeti- mos ahora, la necesidad de que se con- serve el niño en el estado posible de aseo y de limpieza. Nada altera lauto la salud de una criatura como dejarla de noche ó dedia con pañales ó manti- llas húmedas ó puercas; el acto de mu- darlas debe ser inmediato al de haber- se emporcado ó mojado. Debe acostumbrarse al niño,desde sus primeros días, al uso de los baños tem- plados ó tibios, y cuando menos se le darán dos por semana, cuidando mucho que al salir no se afecte de un cambio de temperatura, ni reciba la impresión del aire,cualquiera quesea la estación. Entre las muchas ventajas de los baños se encuentran la de asear el cuerpo y la de producir al niño un sueño tran- quilo y prolongado. Conviene prevenir que el baño no debe durar mas de ocho ó diez minutos ; que el momento mas oportuno es aquel en que se suponga realizada la digestión y no se sienta la piel sudosa, y que la noche es mas apa- rente para él, tanto porque se evila me- jor la influencia atmosférica á la salida, cuanto porque el niño, como lo hemos dicho poco ha, duerme mejor. DE LA INFANCIA. 49 Si se debe mantener al niño, en los primeros dias, en una habitación abri- gada del aire y resguardada de una luz demasiado intensa, es preciso acostum- brarlo poco á poco á la acción de esos dos agentes poderosos de la vida. Solo en el caso de que los niños se manifiesten débiles y enfermizos se ha- ce preciso conservarlos dentro de las habitaciones; pero cuando no existan fatales condiciones es necesario sacarlos á pasear teniendo cuidado, sin embar- go, de aprovechar el tiempo en que no haya lluvia ni un frió ó calor fuertes. La benéfica influencia de la luz y del aire nos la demuestran los niños criados en el campo, mucho mas robustos y de mejor color que los que se crian en las poblaciones, y mucho mas aún que los que nacen en el seno de las familias ri- cas que, por efecto de inconsiderada contemplación, no dejan respirar á los niños sino el aire viciado de los salones. i CAPITULO XII DESTETE. Por lo general, la aparición, de los dientes indica la época del destete, so- bre la cual no pueden darse reglas fijas porque él depende de multitud de con- diciones del niño y de la nodriza. Si aquel es de una buena constitución y sano, claro es que podrá resistir el des- tete mucho antes que otro que se en- cuentre en circunstancias opuestas. Si el estado de la madre ó de la nodriza hiciese temer que el amamantamiento no pueda prolongarse hasta los quince meses que, según la opinionde algunos DE LA INFANCIA. 51 médicos, debe durar la lactancia, con- viene mucho preparar al niño para el destete antes que los dolores y los acci- dentes de la dentición se junten y com- pliquen con el pesar y efectos que oca- siona la privación del pecho. La lactancia demasiado corta ejerce en los niños una influencia perniciosa de la que es fácil convencerse con solo considerar la grande mortandad que reina entre los que se crian ú beneficio de una lactancia puramente artificial. La laciancia demasiado larga liene también inconvenientes, ya porque fa- tiga á la madre y ya también porque la leche deja, al cabo de cierto tiempo, de estar en relación con las necesidades que experimenta ej niño para su rápido cre- cimiento. Por esta razón, vemos algunos de ellos que habiendo gozado de una salud robusta en los primeros meses des- pués de su nacimiento, enflaquecen lue- go y continúan así hasta que, con mo- tivo del destete, se les somete á un ré- gimen mas acomodado á sus necesida- des. La lactancia no debe interrumpirse de pronto ; los óiganos del niño deben prepararse para ella, añadiendo cada 52 HIGIENE dia á la leche algún otro alimento, cuya cantidad se aumentará gradualmente conforme se vaya disminuyéndola déla leche. La costumbre de destetar súbi- tamente á los niños, les ocasiona indi- gestiones, diarreas y vómitos, acciden- tes que son debidos á la impresión re- pentina de un género de alimentos en- teramente nuevos para él. Esta mala costumbre puede ser no menos perju- dicial á la madre, porque ademas de las afecciones á que dá lugar con frecuencia y que se llaman vulgarmente derrames de la leche, puede también ocasionar todas las consecuencias de la plétora. Con la adición de nuevos alimentos se manifiestan en el niño el deseo y la necesidad de hacer ejercicio, y es muy esencial no contrariar la satisfacción de esa necesidad, porque el ejercicio sirve tanto para facilitar la asimilación de los materiales que se introducen en la eco- nomía del niño, cuanto para distraerlo de la privación que se le impone quitándo- le el pecho. La madre necesita también ejercitar sus músculos para llamar ha- cia ellos ó para disipar mediante la pers- piracion cutánea, la cantidad excedente DE LA INFANCIA. 53 de jugos vitales que se dirigía antes ha- cia las glándulas mamarias. Cuando se está destetando á un niño es necesario precaverse de dar, delante de él, el pecho á otro. Los alimentos adecuados al niño que acaba de destetarse, se han indicado en el capítulo anterior. CAPÍTULO XIII. DEL LLANTO. El llanto es la expresión del sufri- miento y el único medio como los niños anuncian sus necesidades y dolores. En un ser en que las pasiones y los capri- chos no existen, es un error imputar los llantos y gritos de los niños á lo que vulgarmente llaman odiosidades, y re- currir á paseos y á sacudimientos fuer- tes, para obligarlos á que callen. El niño que tiene hambre llora; llora el que experimenta dificultad para ejer- cer alguna de sus funciones natu- rales ; llora el que se encuentra com- DE LA INFANCIA. .üt primido ó muy sujeto por las ligaduras de su ropa; yliora, en fin, el que expe- rimenta algún dolor; por lo mismo, lo que debe, desde luego, hacer la madre del niño, cuyo llanto no cesa con tomar el pecho, es desatarlo y examinar pro- lijamente si la mortificación la ocasiona el vestido ó tal vez algún insecto de los quepuedanencontrarse enlacama,como una pulga ó una chinche, y si tales cau- sas no existen, necesario es atribuir el llanto á un dolor ó enfermedad. Todo el mundo sabe la frecuencia con que sufren los niños dolores mas ó menos intensos de vientre y es muy fácil co- nocer cuando los experimentan, por el afán con que mueven las piernecilas y pretenden comprimirse con ellas la bar- riga. Cuando esos dolores no son síntomas de afecciones orgánicas del estómago, sino pasajeros y periódicos, se mitigan ó desaparecen, haciendo á los niños, en lodo ei vientre, unturas con aceite de almendras tibio y aplicándoles después paños ligeramente calentados. Suele también dárseles cucharaditas de agua azucarada libia con anis ó algunas go- las de agua de flor de naranja ; pero e* 56 HIGIENE necesario usar con moderación de esa> bebidas. En general lo que mas con- viene es acudir al estómago y ponerlo corriente, lo cual se consigue ó bien con ayudas emolientes y azucaradas ó por medio de unturas de aceite ó de cata- plasmas de linaza. Acostumbran algunas personas tener incesantemente á sus hijos recien naci- dos que padecen frecuentemente de có- licos con un paño impregnado de sebo prieto que se ha hecho derretir echán- dole un poco de alhucema y se asegura que es un preservativo eficaz; desde lue- go el remedio no puede tener ningún inconveniente en su aplicación, pues el mayor sería, en todo caso, que no pro- dujera los apetecidos resultados. La ignorancia y la charlatanería, lla- madas por desgracia, á dar consejo en toda materia y escuchadas mas de una vez con una credulidad inocente ó es- túpida, conservan hasta hoy en cierta clase del pueblo la extravagante creen- cia de que es bueno dejar que los niños lloren y griten, tanto porque ese esfuer- zo es provechoso á su desarrollo, cuan- to porque contribuye á hacer que la voz del niño sea mas fuerte y vigorosa. Las DE LA INFANCIA. 57 madres que han aceptado como racio- nal ese absurdo, no han dejado de llo- rar sus consecuencias, viendo á sus tier- nos hijos adquirir, por resultado de lar- gos y fuertes llantos, relajaciones ó her- nias umbilicales ó inguinales. Cierto es ¡fue estas afecciones son curables en la primera edad, pero ¿era preciso pro- longar á la criatura su aflicción y no enjugar su llanto para proporcionarle por resultado otras mortificaciones ? No debe pues nunca desatenderse el llanto de los niños, sino apresurarse á investigar sus causas y á combatirlas desde luego. SEGUNDA PARTE. CAPÍTULO PRIMERO. ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS. El Dr. Serváis en su importante obra sobre la Higiene de la Infancia, se ocu- pa con alguna extensión de las enfer- medades de los niños indicando sus di- versos síntomas, así como los remedios a que debe acudirse anles que el enfer- mito sea puesto bajo la dirección del medico. Muy lejos estamos de querer que nuestra pobre opinión domine so- bre la de un ilustrado profesor cuyos DE LA INFANCIA. oí) conocimientos y trabajos han sido apre- ciados y premiados por los monarcas de los principales Estados de la Europa. Nuestra vanidad no llega hasta el pun- to de querer mejorar una obra escrita por un médico experimentado, pues se- ria incomparable atrevimiento que no- sotros, para quienes la medicina es una ciencia extraña y que escribimos cedien- do á un deseo de ser útiles á la socie- dad, nos lanzáramos hasta querer me- dir nuestras fuerzas de pigmeo con las de un Hércules. Sin embargo para no seguir las huellas del Dr. Serváis tene- mos una razón, en nuestro sentir, har- to poderosa. ¿Para quien escribimos? ¿Qué objeto nos proponemos al hacer- lo ? Nuestro libro se dirige á toda clase de individuos y especialmente á las mu- jeres á quienes la naturaleza confia, ca- si exclusivamente, la existencia del hijo que dieron á luz, en los primeros meses de su vida. Dedicamos este trabajo á to- da mujer que sepa leer ; lo dedicamos á todo padre de familia de todo rango, fortuna y condición. En tal caso, nos parece prudente, no poner en manos de individuos, tal vez de limitada inlelijen- cia, un libro que pudiera en ocasiones 60 HIGIENE ser mas perjudicial que provechoso. Los libros de medicina doméstica y de far- macia casera han hecho, en manos de personas ignorantes, muchos mas daños que bienes á las personas ilustradas por que ciertamente no puede exigirse la exacta aplicación de los principios de una ciencia por parte de las personas que la ignoran completamente. Si el objeto de describir las enferme- dades é indicar su primera medicamen- tacion se endereza á excitar el celo de las madres, harto vigilante es este para que necesite comprender el peligro de su hijo antes de aprestarse á salvarlo. Para una buena madre, una lágrima de mas, un solo quejido de su hijo, es un grito de alarma que la pone en agita- ción y en sobresalto; y al mismo tiem- po que con los ojos del alma pretende ver en el interior de su hijo la causa de sus padecimientos, se apresura á a eli- dirle con mil remedios caseros y á soli- citar al médico. Se pudiera decir que la prescripción de los métodos curativos traería la ventaja de no hacer incurrir á la madre en error y de evitar que die- se un medicamento nocivo en vez de provechoso, pero nosotros negamos á DE LA INFANCIA. 61 la generalidad de las mujeres y de los hombres la posibilidad de reconocer y de apreciar los síntomas para hacer el pronóstico de la enfermedad, para cla- sificarla y para echar mano del medica- mento indicado por la ciencia. Nosotros quisiéramos al contrario que ni la ma- dre ni el padre, si esle no posee sufi- cientes conocimientos, invadieran en lo menor el terreno de la medicina en los casos de las enfermedades de sus hijos; que al primer signo de enfermedad re- currieran al médico, sin esperar al efec- to de los remedios que emplearan por su propio dictamen ó por consejo de en- trometidas curanderas. Deseamos que las madres sean observadoras escrupu- losas de los principios de la higiene, vi- gilantes, siempre despiertos del estado de la salud de sus hijos, pero nunca sus médicos. Podemos asegurar que la premura con que se acude al niño enfermo con multitud de medicinas de toda natura- leza y el descuido con que en otras oca- siones se tratan ciertas dolencias, califi- cándolas ignorantemente de pasajeras, son las causas de la mortalidad asom- brosa de niños que ocurre anualmente 62 HIGIENE en el Perú y con especialidad en la ca- pital. En efecto, dos mil setenta y siete niños se sepultan, por término medio, en el cementerio general; es decir, po- co menos del tola! de nacidos que llega á 3168 individuos por año. Con tanta mayor razón atribuimos esta espantosa mortalidad á ias causas indicadas, cuan- to que es evidente que los niños en Li- ma no padecen las multiplicadas enfer- medades, que vemos en los libros, seña- ladas como propias de la primera edad. Una grande parle de las muertes de los niños reconoce por origen un mal régimen higiénico, un vicioso sistema úe lactancia, la pronlitud con que, en ocasiones, se dan al niño alimentos que aiín no puede digerir y á las enferme- dades dominantes que son la tabe me- sentérica, los accidentes graves de la dentición, las convulsiones y las fiebres de varias clases. Enumerar todas estas y las demás en- fermedades, describirlas é indicar su ré- gimen curativo nos parece, lo repeti- mos, que sería alejarnos de la natura- leza de un tratado higiénico para es- cribir una patología de la infancia. Pe- ro hay ciertos accidentes, tales como los DE LA INFANCIA. (J.{ que dependen del parto y algunas otras enfermedades congénitas de los niños que lanío por la clara manifestación de sus síntomas, cuanto porque en ocasio- nes no exigen sino la aplicación de me- didas puramente higiénicas, de oue nos parece oportuno tratar, porque pueden ser combatidas por los padres sin riesgo alguno, al menos mientras se pone al en- teiano bajo el cuidado del médico. CAPÍTULO II. ENFERMEDADES INTERNAS QUE DEPENDEN DEL PARTO. Apoplegia de los recien nacidos. — El niño que nace apoplético está profun- damente adormitado y mas ó menos re- pleto de sangre ; no tiene sentido ni mo- vimiento, ni dá ninguna señal de vida ; pero su cara en lugar de tener el color pálido que acompaña á la muerte, esta negruzca, aplomada, é hinchada: loque dá á entender cual es la causa, sitio y naturaleza del mal, así como la curación que conviene. Esta enfermedad proviene de la com- DE LA INFANCIA. 65 presión del cerebro que puede tener lugar por multitud de causas durante el parto. Los medios de precaver esta enferme- dad son del dominio de la partera y del médico, que saben apreciar las causas que pueden producirla, según los acci- dentes que el parto ofrezca. Curación— Los remedios esenciales para combatir la apoplegía son: reani- mar la circulación que se halla entor- pecida y excitar la acción de los pulmo- nes; para esto se sangra cortando el ombligo ó aplicando sanguijuelas detras de las orejas. De este modo se evacúan los vasos de la cabeza y sequila la com- presión del cerebro. Siesta evacuación no es suficiente, se mete á la criatura en un baño caliente, animado con algún licor estimulante como el vino, aguar- diente ó vinagre á fin de excitar la sen- sibilidad general; se dan friegas en to- da la columna vertebral con paños ca- lientes, y en general, se usa de todos los medios que pueden determinar la pri- mera inspiración en los casos de asfixia. Asfixia de los recien nacidos___El cuerpo del niño asfixiado parece que no tiene sangre; está pálido, descolorido, 5 66 HIGIENE marchito, inmóvil é insensible : el niño no dá señal alguna de vida y solo pre- senta la apariencia de la muerte. Esta enfermedad se distingue de la apople- gía en que, en esta última, la cara del niño, está, como lo hemos dicho, rene- grida, aplomada y mas ó menos hincha- da. Se distingue también del sincope en que este es pasajero y de corta duración. La causa de la asfixia de los recien na- cidos es la hemorragia que precede ó acompaña al parlo. Curación___Póngase al niño al aire libre luego que nazca, échesele de lado con los pies un poco mas al los que la cabeza; saqúese de la boca la linfa ó mucosidades introduciendo el dedo, ó echándole en la boca un grano de sal; si á pesar de estos remedios, se queda todavía el agua del amnion en la tra- qúearieria, puede sacársele introdu- ciendo una sonda flexible á la que se adapta una jeringuilla. Dense friegas al asfixiado en la región del corazón, en las sienes y en la columna vertebral con paños calientes ó con una esponja fina empapada en algún licor espirituoso co- mo el aguardiente, agua de colonia, etc.; tírese un poco ó levántese con cuidado DE IV INFANCIA. 67 el cordón umbilical, á fin de procurar * primera inspiración. Procúrese in- t ducir aire en los pulmones insuflan- do por ja büt,l ó p01.Jas iiar.ce a «o cual se introduce una sonda flexible ■i Ja cual se adapta un fuelle pequeño hien limpio, que no lenga polvo ni ce- niza ; durante esta operación se empu- jara suavemente la laringe hacia airas para impedir que el aire vaya al estó- mago, y después se apretarán las pare- an , !,P?cho Dara fIue sa*ga el aire. Debilidad de los recien nacidos ~ La criatura enferma de debilidad, ofre- ■<; un estado de grande languidez y de vida imperfecta ; no llora, ni se le per- -ibe la respiración, el pulso es lento •a>¡ imperceptible; su cara está pálida J descolorida, sus miembros apenas se mueven ó á lo menos los movimientos son también imperceptibles. La debili- dad puede provenir de los partos lar- gos o difíciles ó de las hemorragias ó sín- copes que pueden ocurrir en aquellos- pero generalmente resulta de la mola salud de los padres, de los excesos de la madre, de su vida licenciosa y tam bien de Jas pasiones de ánimo que liaya "xperimentado durante la preñez. 68 HIGIENE Por lo común se puede asegurar que no vivirán aquellas criaturas que nacen muy débiles, por haber sido dadas á luz antes de tiempo ó por haber padecido alguna enfermedad durante su vida in- tra-uterina, ó porque sus padres sean enfermizos. Curación. — Los medios de socorrer a los niños que nacen débiles, aunque sean de tiempo, se reducen á meterlos en un baño caliente, echando en él un poco de vino ó aguardiente y darles mu- chas friegas. Si esto no es suficiente, se recurre á las sustancias volátiles como los vapores del amoniaco ó del vina- gre radical. CAPÍTULO III. ENFERMEDADES EXTERNAS QUE DEPENDEN DEL PARTO. Prolongación de la cabeza.— Este deformidad es accidental y se observa comunmente en los niños que han na- cido de cabeza. Su causa es solamente la desproporción de la cabeza con la pel- vis, ó la rigidez y resistencia de las par- tes sexuales como sucede en las mujeres adultas primerizas. Regularmente se corrige por sí misma esa deformidad; pe- ro si exige alguna operación debe ser hecha siempre por las manos de un mé- dico hábil. 70 HIGIENE Tumor del tegumento cabe lioso. — Muchas criaturas, de las que nacen de cabeza, sacan un tumor mas ó menos du- ro en la parte posterior de ese órgano. Esa deformidad accidental proviene siempre de la rigidez de las partes se- xuales, y especialmente de la resisten- cia que opone el cuello del útero á la extremidad de la cabeza, que lo entre- abre, y á la cual aprieta como pudiera hacerlo una ligadura. Los líquidos que riegan esta parte, no pudiendo circular por ella con la necesaria libertad, se acumulan é infiltran en su tejido celu- lar debajo del tegumento cabelloso ó encima de los huesos y á veces en el mismo cerebro. El tumor que resulta de esa presión puede estar formado de sangre ó de se- rosidad, puede ser chico ó muy grande y ofrecer accidentes mas ó menos gra- ves ; importa por lo mismo confiar su curación á un médico desde que se no- ta su existencia. Contusiones— Las contusiones délos niños recien nacidos, reconocen varias causas, pero especialmente las manio- bras violentas á que hay que ocurrir en DE LA INFANCIA. 71 los casos de partos difíciles y en que ha operado el cirujano. Las contusiones tienen un color rojo, moreno, y mas ó menos intenso, con es- coriación ó sin ella en la piel; comun- mente sobreviene cierto grado de infla- mación que se manifiesta por una ten- sión é hinchazón mas ó menos conside- rable, y su terminación es por resolu- ción, supuración ó gangrena. Las contusiones son peligrosas si in- teresan los órganos de las cavidades. Curación. —Las simples contusiones ó los cardenales no exigen curación, pues desaparecen en poco tiempo con solo lavarlos con un poco de vino ó de aceite; pero las contusiones fuertes de- ben ser curadas por el médico. Luxaciones y fracturas — En los partos naturales no sobrevienen solu- ciones de conlinuidad ni de contigüidad en los huesos de los niños, pues para que estas se verifiquen es necesario que hayan antecedido maniobras mas ó me- nos fuertes y extraordinarias en el cuerpo ó miembros de aquellos. Las luxaciones (dislocaciones de los huesos) se conocen en el desorden de las articulaciones, en que los miembros 72 HIGIENE están mas cortos ó mas largos, en la di- ficultad de los movimientos, y en loe dolores. Las fracturas (roturas de lo: huesos) se manifiestan porque falta la continuidad de los huesos, por la figu- ra, dirección, grueso y longitud de los miembros. Cuanto mas considerables son estos desórdenes son tanto mas peligrosos. Las luxaciones de los miembros no son tan graves como las de las vértebras. Las fracturas pueden estar mas ó me- nos inmediatas á las articulaciones, y complicarse con las luxaciones y con- tusiones, lo cual las hace mas peligro- sas. Curación___La curación de estas en- fermedades consiste en reducir los hue- sos á su lugar, mantenerlos en él y pre- caver los accidentes que sobrevengan. Siempre que pueda tenerse un médico, es prudente confiar á manos de éste la colocación de los huesos dislocados; pero la operación en los miembros de los niños no es difícil; consiste en tirar suavemente el hueso que ha perdido su sitio, y hacer un movimiento de contra-extensión hasta colocarlo en su sitio. DE LA INFANCIA. 73 Los huesos se contienen en su sitio por medio de vendajes y compresas, y los accidentes inflamatorios se precaven con lociones y cataplasmas emolientes. CAPÍTULO IV. ENFERMEDADES CONGENITAS DE LOS RECIÉN NACIDOS. Cerramiento de los párpados. — Este cerramiento puede consistir ó en una simple pegadura de los párpados ó en la interposición de una membrana; pue- de ser total ó parcial; simple ó compli- cada con adherencia al globo del ojo. Curación. — Cuando el cerramiento es parcial se introduce una sonda cana- lada debajo de los párpados, para sepa- rarlos del ojo, y se destruye la unión con las tijeras ó con un bisturí, cuya punta corre por la cánula. Pero si el cerramiento es total, se abren primero DE LV INFANCIA. 75 los párpados hacia el ángulo pequeño del ojo y se corla el pliegue con las ti- jeras ó con el bisturí, inlrodiícese lue- go la sonda y se termina la operación como anles se ha dicho. Es necesario tener mucho cuidado para no herirla glándula ni Jos pun- tos lagrimales, con el instrumento. Si en la operación se Jiace preciso maltratar alguno de los párpados, es mejor cortar el inferior porque no es tan importante como el superior. Se precave que los párpados vuelvan a pegarse entre sí ó con el globo del ojo, lavándolos y haciendo inyecciones frecuentes con agua y vino tibios. Cerramiento de la pupila. __ Puede nacer la criatura sin pupila, ó estar es- ta cerrada por la membrana pupilar; la operación que este accidente exige no debe practicarse sino por el médico. Cerramiento de las naricee _Este defecto puede provenir ó de ciertas mucosidades que tapan las narices, ó de una membrana que cierra sus aber- turas, ó de la adherencia de las alas de la nariz con el tabique que las separa. Curación. — En el primer caso no hay sino introducir en las narices las 76 HIGIENE barbas de una pluma mojadas en agua tibia ó en aceite. En el segundo, debe hacerse una in- cisión en forma de cruz en la membra- na y tener separados los pedazos poi medio de un tapón, cuyo volumen se aumenta progresivamente cuando es muy estrecha la abertura que resulta del corte. En el tercer caso no hay esperanza de curar el cerramiento. Cerramiento de las orejas___Esta im- perforacion produce la sordera y por consiguiente la mudez. Puede consistir ó en una membrana delgadita que tapa el conducto auditivo externo, ó en una carnosidad que se propaga hasta el tím- pano. Curación___En el primer caso se qui- ta la membrana y se restablece la fa- cultad auditiva. En el segundo, se pro- cura extirpar la masa carnosa, tenien- do cuidado de no dañar la cavidad del tímpano. Cerramiento de los labios___Este cer- ramiento puede depender de una sim- ple adherencia de los labios entre sí, ó de estar pegados por medio de una membrana; puede ser parcial ó total; DE LA INFANCIA. 77 simple ó complicado con adherencia á las encías. Curación.—La operación necesaria en esle caso es sencillísima";' se verifica como la abertura de los párpados. Se evita que vuelvan á unirse los labios interponiendo un banda I ele encerado ó dando con frecuencia el pecho al niño. No hay ejemplo de adherencia con- génila del labio inferior con la encía, ni del labio superior con la nariz. Cerramiento del ano__Este vicio de conformación es muy frecuente. El re- cien nacido que tiene la desgracia de padecerlo, muere del mismo modo que si tuviera cerrada la boca. VA ano puede estar tapado solamente por una membrana, ó puede solo ser tan estrecho que no permita salir sino el excremento mas líquido. Algunas veces existe la abertura natural, pero á cierta altura suele estar cerrado pol- lina membrana. Cuando es una membrana la que ta- pa el ano, se conoce por la salida que hace, por el color aplomado que liene á causa del meconio, y por la fluctua- ción que se siente ó percibe en aquella parte, aplicando el dedo. 7M HIGIENE Curación. — En el caso de la exis- tencia de la membrana, de que acaba- mos de hablar, se hace en ella una aber- tura longitudinal ó en forma de cruz, con un bisturí; se evacúan por esle me- dio los materiales detenidos, y el conlí- nuo paso de estos impide que se reúnan los pedazos corlados. Si fuese la piel la que lapa el ano, extendiéndose desde la margen de el hacia el centro, se corla con el bisluri y la sonda acanalada : lo mismo se hace en el caso de que haya algunas excre- cencias carnosas cuidando siempre de no locar al esfínter. Se vé pues que es muy fácil curares- te vicio de conformación en dos casos; pero no sucede lo mismo cuando existe la abertura natural, pero el intestino está cerrado, á cierta altura, por la interpo- sición de una membrana. Como la ope- ración, en este caso requerida no puede ser ejecutada sino por el médico, no haremos relación de ella. Cerramiento de la vulva___La niña recién nacida puede tener cerrada la vulva completa ó incompletamente. En el primer caso es inevitable la muerte si el arle no la abre prontamente para DE I. \ INFANCIA. 7í) dar salida á la orina ; para esto se hace una incisión bastante larga entre el pu- bis y el perineo, para que mas tarde, pueda la niña casarse y parir. Cerramiento de la vagina. — El cer- ramiento de esle órgano pite de ser tam- bién total ó parcial y muchas ocasiones solo se advierte en los momentos del parlo. En lodo caso la curación de ese defecto es de la exclusiva incumbencia del médico. ímperforación del prepucio // de la uretra. —VA prepucio es la piel que cubre la extremidad del miembro viril; suele estar completamente cerrado ó tener una abertura tan pequeña que apenas permita salir la orina. Este vi- cio de conformación se conoce porque el niño no orina y porque hace conti- nuos esfuerzos como si quisiera obrar, aunque arroja el meconio con facilidad. La uretra, que es el canal de la orina cuyo orificio ó abertura se ve en la ex- tremidad del miembro, suele estar tapa- da por una membrana delgadita que cu- bre ese orificio ; otras veces falla ese canal ó no está abierto del lodo. Curación — Cuando el prepucio es muy largo, debe practicarse la circun- 80 HIGIENE cisión y si está infiltrado se procura qui- tar la hinchazón, dando salida á la se- rosidad, por medio de unas ligeras pi- caduras. Cuando se advierte tapado el orificio de la uretra, por medio de la membrana que hemos indicado, basta cortar esta con la punta de una lanceta; en los casos de cerramiento ó falta del canal, toca al médico practicar las ne- cesarias operaciones. Adherencia de la lengua á las encías. Este vicio de conformación impide los movimientos de la lengua, que no pue- de, en tal caso, alargarse, acortarse ni contraerse. De esto resulta que no pu- diendo formar el niño vacio en la boca, no puede tampoco mamar: este vicio es también causa de mudez ó de un tarta- mudeo masó menos ininteligible. Curación. — Como la adherencia con- siste en la existencia de ciertas fajas ó tiras ligamentosas ó membranosas, es preciso cortarlas desde que se noten, con unas buenas tijeras. Para esla ope- ración se agarran las narices del niño; la necesidad de respirar le hace abrir la boca, y se aprovecha de esa ocasión para introducir las lijeras y corlar las adherencias. Después se mete el dedo DE LA INFANCIA. 81 de vez en cuando para evitar que se reunmías parles divididas. No debe te- merse que sobrevenga la hemorragia por el poco calibre de los vasos situados en las partes laterales de la lengua. Frenillo de la lengua__Se llama. frenillo de Ja lengua á una especie de ligamento situado debajo de esle órga- no que lo ala á las parles vecinas. Se conoce este vacío de conformación, introduciendo un dedo en la boca del recien nacido, porque no puede resba- lar su lengua por debajo del dedo, ni encornarla sobre su longitud para for- mar aquella especie de canal que la abrace; notándose igualmente que no pudiendo el niño hacer vacío en la bo- ca, no puede tampoco mamar. Curación — La operación de extirpar el frenillo es muy sencilla, y consiste en introducir en la boca del niño el índice de la mano izquierda, de modo que, que- dando aquella abierta, quede también levantada la lengua y estirado el fre- nillo. Córlase éste, con la mano dere- cha y con unas tijeras de punta roma y corvas de canto, y acto continuo cesa el impedimento para mamar. Aunque la operación es demasiado fácil, la im- 6 82 HIGIENE pericia para practicarla, puede ocasio- nar un grave daño, cual es el que resul- taría de introducir mucho las tijeras, cortar las venas ó las arterias raninas y producir una hemorragia mortal, no Santo por la cantidad de sangre que esos vasos puedan arrojar en poco tiempo, cuanto por la que hace verter la fre- cuente succión del niñp. La necesidad de precaver ese acciden- ■Je, impone la de proceder con grande cautela para confiar la corladura del frenillo á personas inexpertas, siempre «pie pueda recurrirse á un médico. Union de los dedos___Los dedos de los pies ó de las manos pueden presen- tarse, en el recien nacido, unidos por medio de una membrana ó pegados sin la existencia de ésta. Curación. — La operación es sencilla y no ofrece riesgo alguno. Si la mem- brana existe, se corta con una tijera; en el caso de simple pegadura, se separan los dedos con un bisturí. Para preca- ver que vuelvan á unirse, se interpone entre uno y otro un lienzo encerado ó una simple venda. Labio leporino congénito.__Algunos niños nacen con el labio superior lien- DE LA INFANCIA. H'.i dido. Esta deformidad puede ser simple. doble ó complicada, según haya una ó dos hendiduras, que la arcada dental,y la bóveda del paladar, se hallen también hendidas ó que las láminas ó pedazos del labio estén unidos á las encías. Ele vicio de conformación se cono- e á la simple vista. El labio superior presenta una hendidura triangular, cu- .\ os bordes gruesos y redondos están cu- biertos de una película delgada, de co- lor de rosa y se separan cuando se con trae el músculo labial. Curación.— Ea operación necesaria en este caso es la sutura que debe prac- ticarse por el médico cuando el niño íenga cinco ó seis años, ó cuando me- nos, cuando ya no mame. ílifiospadias.—Se llama hipospadias la abertura de la uretra por la parte in- ferior del miembro viril; epispadias, la abertura del mismo canal por la parte superior; ypleuros podías las abertu- ras que caen álos lados. El primer vi- cio es el mas frecuente, de los otros se presenian rarísimos casos. Curación — En los casos en que el orificio natural de la uretra esté cerra- do, la abertura de la base del miembro 8i HIGIENE en lugar próximo al frenillo, no ofrece ninguna molestia al niño, ni le impedirá procrear cuando sea hombre; pero si la abertura es próxima á la raiz del miembro, es segura la impotencia. En lodo caso, lo mas prudente es no pre- tender curar las hipospadias. Dedos supernumerarios__Hay niños que nacen con un sexto dedo en los pies ó en las manos, cuya extirpación inmediata con una tijera, bien corlante, no ofrece ningún inconveniente. Des- pués del corle, se bañan las heridas y se vendan. Excrecencias congénilas. — Algunas criaturas nacen con unas excrecencias, mas ó menos grandes é irregulares en su figura, que se manifiestan mas co- munmente en la cara. Los llamados lu- nares de carne pertenecen á esta clase de vicios. Curación—Siempre que las excre- cencias sean grandes, si están adheridas á la piel por un pedículo ó pezoncillo, se hacen caer mediante una ligadura, hecha con seda ó cerda, que se estrecha diariamente ; ó con algún instrumento cortante si tienen la liase ancha. Algunas veces se observan tumores DE I. \ INFANCIA. 85 congénilos en el interior de la boca, en los labioso en las encías; debe procu- rarse, en tales casos, que no impidan al niño que mame, y para conseguirlo bas- ta hacer en estos una doble incisión. I'alta congeni I a de algunas partes.__ Pueden fallar al recien nacido un ojo, una oreja, una de las extremidades in- feriores ó superiores, ó algunas parles de éstas como una mano ó un dedo. Es- tas deformidades son incurables, aun cuando algunas veces se pretendan re- mediar con miembros artificiales corno ojos, piernas, ele. Hidropesía del escroto___Esta enfer- medad es causada por una colección de serosidad que se escapa del abdomen al través del ayillo inguinal (pie e>tá toda- vía abierto. En estos casos, el líquido está encerrado en la prolongación del peritoneo que envuelve al testículo al tiempo de caer el escroto. Esta especie de hidropesía se conoce p«r el tumor mas ó menos tirante y vo- luminoso, según el enfermo, esté de pie ó echado; y porque so siente la fluc- tuación del líquido. ('//ración___La curación consiste en hacer que vuelva á subir al vientre la 86 HIGIENE serosidad, lo cual se consigue, á vece>, cuando una mano hábil comprime el tu- mor; en otras ocasiones, es preciso que la compresión sea duradera, continua- da y melódica é impedir que el lí- quido vuelva á caer aplicando un ven- daje sobre una compresa colocada exac- tamente sobre el anillo. En este caso, la abertura que dio origen al descenso del líquido se oblitera, como hubiera suce- dido naturalmente, si no hubiera habi- do tal líquido. Infiltración congénita de los órganos genitales.— Algunos recien nacidos tie- nen el escroto hinchado; esta especie de tumor no es mas que una infiltra- ción del tejido celular que se extiende muchas veces hasta el pene, y el prepu- cio. Se observa también que muchas niñas recien nacidas, tienen hincharlos los grandes labios, y que las ninfas salen fuera de la vulva. Curación—La limpieza y el aseo bastan, casi siempre, para que desapa- rezcan esas infiltraciones, especialmente si hay cuidado de ayudar á la natura- leza con un vendaje compresivo. Si esos medios no bastan, se lavan las parles con alguna fusión aromática, como la DE LA INFANCIA. 87 de salvia, y se aplican compresas empa- padas en vino ó en muriato de amo- niaco. II <'Tilias congeni tas.—En general se llama hernia toda salida de un órgano del sitio en que debe estar contenido naturalmente; hay por lo mismo multi- tud de hernias, pero nos ocuparemos solo de la umbilical é inguinal. La primera es muy común en los re- cién nacidos y se conoce, ó al menos se sospecha su e\islencia, por el volumen considerable del ombligo, y retinencia del cordón umbilical á lo largo del que se escurre del intestino. La prudencia exige (pie en tal caso, anles de acostar- se y alarse el ombligo se examine con cuidado la naturaleza del tumor que présenla, porque sise corla ó ata algún pedazo del intestino no larda mucho la criatura en ser víctima del descuido ó negligencia. Curación__Todo el método curativo consiste en reducir la hernia, haciendo que el intestino vuelva á entrar en el abdomen, y precaver que se vuelva á salir poniendo un vendaje al cual se fija una planchila de plomo forrada en un lienzo fino, en cuyo centro se coloca ^8 HIGIENE una pelota proporcionada ala abertura del anillo. La hernia inguinal proviene de que el anillo inguinal ó está muy flojo ó mas abierto que lo regular y sucede siem- pre al tiempo que el testículo baja al es- croto. Esta hernia forma un tumor cir- cunscrito y renitente, sin mutación en el color de la piel; que se abulta ó au- menta cuando el niño llora ó esta de pié y disminuye cuando se echa; se entra en la cavidad, y desaparece algunas ve- se puede también rapar Ja cabeza para quitar con mas comodidad la grasa ó porquería. Pero si existen úl- ceras en la piel de la cabeza, seria muy DE LA INFAXCIV. i2\ peligroso emplear esas pomadas y cor- lar el pelo. Viruelas___La viruela es una enfer- medad terrible, que no solo arrebata multitud de niños, sino que deja, á los (pie escapan de su furor, marcados pa- ra siempre ; y en ocasiones deformes v defectuosos. Presentándose unas veces como endémicas y otras como epidémi- cas, pero siempre con un carácter con- tagioso, atacan con igual fuerza y en to- das las estaciones á los individuos de todo sexo y edad. Sin embargo, la primera edad es la mas expuesta a esta tremenda enferme- dad y principia por lo común á desar- rollarle en la primavera, sigue en las dos estaciones inmediatas y desaparece en el invierno. Las viruelas pueden ser falsas ó la- cas, ó verdaderas, dividiéndose estas úl- timas en discretas ó confluentes. El curso de las viruelas puede divi- dirse en cinco períodos sucesivos que son : 1" Incubación ó tiempo del contagio «pie es el que media desde la infección hasta la aparición de los primeros sín- tomas; en esle estado no se manifiesta 122 niGlENE ningún signo exterior y no puede, de- cirse que hay enfermedad. 2 La desecación ocurre Ires ó cua- tro dias después, del décimo al undéci- mo, y desaparecen la calentura y la hin- chazón de la cara. Los primeros boto- nes que salieron, adquieren un color moreno, se secan y forman costras; caen (islas y son reemplazadas por unas es- camas que exhalan un olor particular; queda por algún tiempo la piel con unas manchas oscuras, y conserva cicatrices mas ó menos profundas. Tal es el rumbo de las viruelas dis- cretas; las confluentes presentan mil anomalías y desórdenes. La diferencia entre ambas clases de viruelas, en cuan- to á la forma de las pústulas, es que las confluentes se aproximan hasta no for- mar en la cara sino una vejiguilla que la cubre toda, y en que las modificacio- nes de color, ele, son también diver- sas. Las viruelas locas son tan fáciles de distinguirse de las verdaderas, como las 124 HIGIENE discretas de las confluenles. En aque- llas, la calentura es ligera, y dura á lo mas, de quince á veinticuatro horas. La erupción principia por el pecho y se deja ver, casi al mismo tiempo, en va- rias partes del cuerpo. Los granos se llenan al momento de un humor linfá- tico y transparente, sin ninguna señal de supuración ni de calentura secun- daria;.se marchitan á los tres ó cuatro dias, y dejan unas manchas menos ru- bicundas y unas cicatrices mas superfi- ciales que las viruelas verdaderas. Curación. — Al detenernos en la des- cripción de esta enfermedad lo hemos hecho tan solo cóYi el objeto de que ma- nifestados sus primeros sínlomasse apre- suren los padres á llamar al médico á quien deben encomendar la curación de sus hijos que la padezcan. Vacuna ó inoculación. _ Para preca- ver los tremendos efectos de las virue- las, se recurrió en el siglo pasado á la inoculación que consistía en introducir, bajo la epidermis del brazo de un niño, el fluido varioloso extraído de una pus- tula madura; comunicada así la viruela, el individuo inoculado estaba expues- to á fenómenos muchos menos graves DE LA INFANCIA. 12") que los que produce su invasión ordi- naria. Una nueva y casual invención hecha en 1776 ha arrancado á millones de víc- timas de las garras de la muerte. Lava- cuna, quizá el mas portentoso de los descubrimientos de la Medicina, se ha extendido por el universo como el úni- co y poderoso preservativo de una en- fermedad arrasadora. La humanidad debe un eminente servicio alDr. Jenes, inmortal descubridor de la vacuna que tuvo que combatir con tenaces oposi- tores de esla, hasta hacer triunfar sus inapreciables ventajas. Mientras el imperio de la vacuna ex- tendiéndose en lodos los países algún tanto civilizados, se ha reconocido co- mo uno de los mas poderosos elementos del aumento de las sociedades ¿quién creyera que en el Perú llega la indolen- cia de la generalidad de sus habitantes hasta consentir que la viruela, presen- tándose de vez en cuando en sus pobla- ciones, devore furiosa á un gran número de niños? Varias disposiciones gubernativas se han expedido para la propagación de la vacuna en todo el territorio peruano 1*26 HIGIENE ¿pero qué valen esas disposiciones es- critas cuando no existe, ni siquiera en cada provincia, un médico ó un curan- dero encargado de propagar la vacuna? Tan solo cuando la epidemia de virue- las acomete á un lugar, se piensa en contenerla, acudiendo á él con la vacu- na, cuando ya aquellas han hecho es- tragos y diezmado nuestras escasas po- blaciones. ¿Y qué extraño podrá pare- cemos que tales cosas sucedan en los pueblos, cuando en la misma capital, se nota tanta indolencia en los padres y madres, como poca vigilancia en la au- toridad pública para salvará una gran- de parte de los recién nacidos de un terrible y mortífero azote? Tres mil ciento sesenta y ocho niños nacen anual- mente solo en el recinto de Lima; no puede ser menos de la mitad el de los que nacen en las haciendas, valles y pueblos inmediatos, pero suponiendo que fuesen solo mil, el tolal de nacidos será de cuatro mil y pico. ¿Cuántos de estos se vacunan anualmente ? Nosotros hemos tenido especial cuidado en ave- riguar el número de niños que concur- ren semanalmenle á las celadurías mu- nicipales, para ser vacunados, y el du DE LA INFANCIA. • ¿ ' aquellos que lo son en sus domicilios. j ¡ quién creyera que unos y otros no llegan ni á mil; es decir, que son ape- nas cerca de la cuarta parle de nacidos! No es por lo mismo extraño que en algunos años se experimenten en la ca- pital y en las provincias, fuertes epide- mias de viruelas que matan multitud de seres inocentes, víctimas de la indolen- cia de sus padres y de las autoridades locales. Modo de practicar la vacuna. —ha. inoculación del virus ó pus varioloso, requería ciertas condiciones en el indi- viduo que debia experimentarla, así co- mo un régimen curativo que no exigí- la vacuna. Esla no necesita preparación alguna, ni método curativo antes ni des- pués de practicada. No producen mu- danza alguna en su carácter ni la edad, ni el temperamento, ni el sexo del indi- viduo, ni la estación, ni las enfermeda- des en ella dominantes. Ordinariamente se espera que el ni- ño tenga seis semanas ó dos meses para v acunarlo, pero la experiencia ha he- cho ver que esa operación puede piar- ticarse hasta en niños de veinticua- tro horas de nacidos. ,áí? HIGIENE Sin embargo es prudente observar las siguientes prescripciones: Ia Preferir la edad de dos á seis me- ses, porque entonces la vacuna es mas regular y mas benigna la calentura que suele producir. 2a Esperar que no reine el rigor del invierno ni del eslío. 3a Remover todo lo que pudiera per- judicar la salud del niño, á no ser que la vacunación sea urgente porque rei- ne la epidemia de viruelas. 4a No vacunar en la época déla den- tición a causa de la disposición mórbida que entonces existe en los niños. Siempre que se pueda debe vacunar- se de brazo á brazo, si no se conserva el virus en vidrios ó tubos capilares pues en este caso es preciso diluirlo en leche ó agua libia. La vacunación puede operarse con cualquier instrumento de punta aguda pero debe preferirse la lanceta, cuya punta se moja introduciéndola en un grano bien formado, limpio é intacto que no presente todavía una apariencia Jactea; así mojada Ja lanceta se intro- duce bajo la epidermis en la parte pos- terior del brazo, haciendo una picadura DE LA INFANCIA. 129 ligera y superficial, evitando, cuanto -ea posible, que se derrame sangre. Se deja por un momento la punta de la lanceta debajo de la epidermis, y an- les de sacarla se la aprieta con el dedo pulgar para que quede dentro de la pi- cadura la materia que contenia. Los síntomas de la vacuna pueden dividirse en locales y generales. La pi- cadura de la lanceta no presenta mu- danza notable hasta el fin del tercero ó cuarto dia, y muchas veces hasta el oc- tavo, décimo y aun mas. Al cuarto dia, se ve regularmente, una ligera dureza, sensible altado, que for- ma el borde de la picadura, apariencia de un color rojo claro y elevación. Al quinto dia, aplicación de la pica- dura al cuerpo de la piel, aparición cir- cular de la elevación que se percibía la víspera, color mas encendido y alguna comezón. Del sexlo al décimo va en aumento la elevación de la pústula y su areola lle- ga á tener la extensión hasla de una ó dos pulgadas, condensación de la piel (pie la cubre, apariencia de erisipela, dolor en las glándulas del sobaco, moví miento febril, palidez y encendimiento 9 130 niGIENE alternativos del rostro. Algunas veces ruptura exponlánea del grano, excre- ción de una gola muy clara, que, al mo- mento, es reemplazada por otra; señal de la madurez de la vacuna y de su pro- piedad contagiosa. Al undécimo dia cesa el período in- Üamatorio y principia la desecación; desde el catorceno hasta el veinte ó veintitrés se manifiesta un endureci- miento del rodete que se convierte en una costra sólida y mas oscura, sin per- der la depresión natural. Algunas personas que habiendo sido vacunadas se ven atacadas de viruelas y otras cuyos hijos sufren esa misma en- fermedad, á pesar también de estar va- cunados, niegan el poder benefactor de la vacuna, y la reputan mas como una impostura que como un benéfico preser- vativo. Pero esas personas ignoran que la va- cuna puede también ser falsa y que, en este caso, carece, ciertamente, de esa virtud presenaüva. Para poder estar tranquilo sobre la naturaleza de la va- cuna, importa mucho que el médico vi- site al niño vacunado á lo menos dos veces durante el período en que aque- DE LA INFANCIA. 131 lia sigue el curso natural (pie hemos descrito poco ha, pero para el caso en (pie no pueda obtenerse la presencia del medico, lo cual es ordinario y fre- cuente en muchos pueblos, daremos una ligera idea de la falsa vacuna. En esta, principian los síntomas, si no el mismo dia, al siguiente de la inoculación; iu>- tase casi al momento una ligera intu- mescencia que se aplana y extiende; el grano se eleva en punta, sin depresión en su centro, areola de un rojo pajizo sin supuración sensible ; rodete de un color amarillento y no plateado; nin- gún movimiento febril como lo hay en la verdadera vacuna ; muchas irregula- ridades en la forma y color de los gra- nos, en la areola que los rodea y en la. desecación de la materia que los llena; ninguna cica triz, y únicamente una man- cha en la piel, después decaída la eos- ira. Esla erupción puede desenvolverse en personas que han padecido anles de viruelas, lo cual prueba que de ningún modo puede servir para evitarlas. Hay otra especie de vacuna falsa muy distinta de aquella de que acabamos de tratar y que se conoce con bástanle fa- cilidad,. Resulta de la acción de un es- 132 HIGIENE timulante físico en sugclos <|ue no ha- yan tenido viruelas. Cuando se emplean lancetas mal afi- ladas, despuntadas ú oxidadas ; cuando se inocula con hilo; cuando la opera- ción se hace empleando un fluido puru- lento, ó el que se ha conservado en vi- drios sin haberlo diluido suficientemen- te, ó cuando, en fin, se hacen incisiones profundas, se desarrolla una falsa va- cuna cuyo curso es el siguiente : En el mismo dia ó al siguiente de la operación, se manifiesta una prominen- cia y una encendida rubicundez de la piel; en el segundo dia, prominencia mas sensible y menos encendida que en el anterior, areola ligera al rededor de la herida. En el tercero, el grano se presenta puntiagudo y contiene un pus opaco y amarillento ; luego una cos- tra amarilla, blanda, aplanada que cae del quinto al sexto dia y que se renue- va con frecuencia, sobreviniendo una úlcera rebelde. Repetimos que solo confundiéndose la falsa vacuna con la verdadera, se cor- re el riesgo de que el niño que se cree vacunado haya de experimentar la vi- ruela verdadera, pues la loca ataca sin DE LA INFANCIA. 133 distinción á los individuos vacunados ó no, siendo sus resultados casi siempre benignos, cuando ha sido bien asistido el enfermo. Sarampión__Es muy raro que una persona no padezca de sarampión una vez en su vida ; pero la infancia es la edad en que mas comunmente se con- trae. El sarampión principia por un movi- miento febril casi semejante al que pre- cede á las afecciones catarrales : los ni- ños se abaten, se ponen inquietos, en- tran en desazón y pierden el apetito; se quejan de peso en la cabeza, y están atormentados de bostezos, nauseas y algunas veces vómitos. EÍ primer dia tienen alternativas de frió y de calor; en los siguientes se aumenta la calentu- ra y se añaden á estos síntomas la oftal- mía, la coriza y aun la angina; se hin- chan la cara y los párpados ; los ojos se ponen encendidos, dolorosos, y tan sen- sibles que no pueden sufrir la luz. Se afectan al mismo tiempo las narices y destilan un humor acre que excita el estornudo ; la tos es frecuente y con- tinua, con cierta molestia ala garganta. Algunos niños de pecho son atacados, t.H HIGIENE al mismo tiempo, de diarreas, de tem- blores de manos y de convulsiones. El aparato febril y calar ral dura hasta el cuarto dia en que empieza la erup- ción que principia por la cara, después de sentirse un calor fuerte en la piel. En el principio, esa erupción consiste en unas pequeñas pintas encarnadas que después se reúnen en manchas irregu- lares mas prominentes y mas ásperas. Los síntomas febriles y catarrales sub- sisten durante el período de la erup- ción, y las manchas a los tres ó cuatro dias después de ésta, empiezan á pa- lidecer en la frente y en la cara; al oc- tavo dia principia la escamadura ; del noveno al undécimo desaparecen la ca- lentura y la afección catarral y del doce al quince vuelve á tomar la piel su co- lor natural. Tal es el curso natural del sarampión simple y benigno, que puede fácilmen- te distinguirse de las viruelas por la afección catarral que siempre lo acom- paña. Curación___Si el sarampión es benig- no bastan los esfuerzos de la naturale- za para que recorra su período y para que tenga buen éxito; sin embargo, no DE LA INFANCIA. 135 debe perderse de vista la afección ca- tarral y por lo mismo debe estar el en- fermo encama con quietud y tranquili- dad ; la vivienda donde aquel este de- be tener poca luz; y es bastante dar al enfermo bebidas diluenles, y mucilagi- nosas libias para favorecer la traspira- ción. En caso de complicaciones indis- pensable la presencia del médico. Las resullas del sarampión son mas comunes y peligrólas (fue las de las vi- ruelas. Se observa que los niños que tienen el pecho delicado, no convale- cen del lodo, porque les suele quedar una loseeilla seca, calor en la piel y cierto movimiento febril que, en oca- siones, los conduce á la tisis. Es por es- ta razón necesario precaver mucho del aire á los niños que acaban de experi- mentar el sarampión y no dejarlos salu- de las viviendas hasta que no haya de- saparecido completamente la tos. Oftalmía.__Se conoce con el nom- bre de ofialmia la inflamación de la membrana mucosa del ojo. El niño re- cién nacido esta mas predispuesto á es- la enfermedad por la sensibilidad ex- quisita de sus órganos; la menor cor- riente de aire, la impresión del frío ó 136 HIGIENE de la humedad pueden producirla cuan- do no se liene mucho cuidado de la sa- lubridad del aposento en que pare la madre. La oftalmía principia por la rubicun- dez é hinchazón de los párpados; lo-, ojos se ponen tan irritados que apenas pueden abrirse, fluyendo de ellos un humor claro que loma luego consisten- cia y se convierte en una materia purei- forme. Curación. — Esta enfermedad es de muy poca consecuencia y su curación está reducida á mantener al niño en una temperatura suave y uniforme; á lavarle los ojos con agua de malvas li- bia ó con la leche de los pechos de la madre. Aftas. — Las aftas pueden ser sim- ples ó gangrenosas, y aunque su pre- sencia deba motivar desde luego, la lla- mada del médico, trataremos de las pri- meras que pueden curarse por la ma- dre en los casos en que no pueda obte- nerse un facultativo. Esla enfermedad es mucho mas frecuente en los recién nacidos, sin dejar de atacar á niños de algunos meses. Entre las causas que mas general- DE LA INFANCIA. 137 mente la.producen deben contarse: las habitaciones mal sanas, la insalubridad del aire, especialmente cuando es hú- medo y cálido ó frió al mismo tiempo; el desaseo ó falta de cuidado y vigilan- cia en la educación física de los niños, la leche extraña ó mercenaria, la mi- seria, la escasez ó mala calidad de la le- che ó de los alimentos que la sostitu- yen. Eácil es explicarse, por esla enu- meración de causas, la prontitud con rpie las aftas acometen á los niños tier- nos que entran á respirar el aire de Jos hospitales v, por que reinan con tanta fuerza en los hospicios de huérfanos. Las aftas se anuncian por la presen- cia de una calentura continua acompa- ñada dcajitacion y de gritos. Los niños loman el pecho con lauta ansia como si tuvieran mucha sed, y lo rehusan poi- que no pueden chuparlo ; se desarro- llan gran calor en la boca, nauseas, véi- mitos, ronquera y evacuaciones verdes ó grises; principia después á manifes- tarse un color rojo subido en la cavidad da la boca ) levantándose la epidermis se ven en ella las primeras aftas, pe- queños tubérculos blancos que se pro- pagan en toda ella, así como en el eso- 138 HIGIENE fago é intestinos; esos tubérculos se convierten después en costras (pie caen (-n fragmentos, doce ó veinticuatro ho- ras después de la erupción y en ocasio- nes á Jos dos, ¡res y aun nueve dias. E^tos son los principales síntomas de las aftas simples que pueden ser también discretas ó con/luentes. Se conocen las primeras porque son siempre benignas, porque los tubérculos son gruesos, su- perficiales y poco apretados, porque no se notan síntomas inflamatorios en sus intersticios, porque la diarrea es ligera y porque la boca conserva su calor y (-olor casi naturales. Curación. — La curación de las aftas simples benignas consiste en hacer cam- biar al niño de leehe, si la que lo ama- manta, no es buena y suficiente, y en aplicar á los labios, encías y demás lu- gares en (pie se presenten, un hisopillo mojado en agua de cebada con miel ro- sada. Después de la caída délas costras es inútil la aplicación de remedios. Coriza—Esla enfermedad es gene- ralmente conocida con los nombres de romadizo, catarro ó reuma de cerebro. Los niños tienen una natural predispo- sición para contraer esta enfermedad, DI LA INFANCIA. 139 por el predominio del sistema mucoso y por la sensibilidad (pie les es propia. Se observa regularmente en el otoño, en el invierno y en la primavera (pie son las estaciones mas variables. El enfria- miento repentino de todo el cuerpo ó de los pies ó de la cabeza es la causa mas frecuente de esta afección. La coriza se anuncia regularme n t e por la resecación de las narices, pesadez de la cabeza, encarnación de los ojos que se ponen húmedos y llorosos ; estornu- dos y pérdida del apetito. Algo después se restablece la secreción del moco na- sal j se desprende con abundancia. La membrana mucosa de la nariz pasa por varios grados de rubicundez y de hin- chazón antes de volver á lomar su co- lor natural. Cuando la afección esmuy intensa, hay calentura y recargos, espe- cialmente por las lardes y por las no- ches, durante las cuales están mas aba- tidos los niños. Curación__Cuando el catarro es li- bero y no esta complicado con algunos padecimientos del pecho, bastan el buen régimen, ei abrigo, los pediluvios libios y algunos sudoríficos. Si los síntomas uo HIGIENE son exaltados y si existe la fiebre debe ocurrirse al médico. Convulsiones___Esla tremenda enfer- medad es demasiado frecuente, entre nosotros y conduce multitud de niños al sepulcro. Se presenta muchas veces con otros muchos males y de allí la ra- zón que tenemos para no tratar de ella por el riesgo de que mal comprendidas sus causas, pudiera tal vez, aplicarse un remedio dañoso. Sus síntomas, siempre alarmantes, no pueden menos que obligar á las madres á llamar inmediatamente al médico; pu- diéndose por lo pronto acudir al enfer- mo con pediluvios calientes y evacuan- tes oleosos para hacer cesar la convul- sión. Casi no hay enfermedad, un poco gra- ve en los niños, que no ocasione el tre- mendo fenómeno nervioso de las con- vulsiones, que tanta congoja y dolor ocasionan al que asiste á un niño que sufre contorsiones y que, privado de sen- tido, presenta el triste espectáculo de agitarse con violencia y de desfigurarse de una manera mas ó menos horrible. Ya hemos indicado todos los acciden- tes que pueden complicarse con las con- DL LA INFANCIA. líl vulsiones; pero el (fue con mas frecuen- cia los provoca en esle país es la denti- ción. Eas convulsiones no solo amena- zan de muerte á los niños; muchos de ellos que las han experimentado quedan con defectos que los acompañan duran- te toda ó casilodasu vida; el estrabis- mo, la sordera, la parálisis de algún miembro y otros muchos vicios de esta clase son á veces los fatales resultados de las convulsiones. Segunda dentición ■__Hacia los siete años principia la segunda dentición; en- tonces se caen los veinte ó veinticuatro primeros dientes, siguiendo el orden con quesal¡cron,ysal.en otros que deben du- rar toda la vida. Los dientes secundarios tienen su germen particular que levan- la las raices de los primeros. Sucede algunas veces que sin que estos caigan empiezan á asomar los de la segunda dentición y que no pudiendo desalojar- los, adquieren una mala posición que baria la dentadura irregular y defec- tuosa. En esle caso, se recurre á sacar el diente antiguo que estorba la buena colocación del nuevo. La segunda dentición no está acom- pañada de accidentes mórbidos; pero IV2 HIGIKNK ¡le los diez y ocho para adelante salen las últimas muelas llamadas del juicio, cuya erupción suele anunciarse con in- flamaciones viólenlas en las encías y en la cara. TERCERA PARTE. En el curso de esle libro hemos indi- cado todas las reglas higiénicas de ne- cesaria observancia para conservar la salud del recien nacido y para libertar- lo de ciertas enfermedades ; considera- remos ahora á ese niño después del des- lele, y pasemos á indicar el régimen hi- giénico á que debe sujetársele durante la segunda infancia. CAPÍTULO PRIMERO. DISPOSICIONES IIEV.EDITARÍAS. El niño puede venir al mundo trayen- do en su propio ser el germen de der- las enfermedades ó ciertas condiciones ipie han de desarrollarse en él mas lar- 1H HIGIENE de ó mas temprano. Esta predisposición se llama hereditaria, si aquellas enfer- medades ó condiciones se encuentran en el padre, en la madre ó en ambos. Se heredan las condiciones fistol(ap- eas como la fisonomía, la estatura, las semejanzas morales, los caracteres de la raza y los temperamentos; y las con- diciones patológicas como los vicios de conformación de los órganos internos y externos y las predisposiciones para ciertas enfermedades. Para modificar ó neutralizar los per- niciosos efectos de las predisposiciones hereditarias, deben observarse estas re- glas. 1" Dar al niño alimentos apárenles para combatir la disposición mórbida, para lo cual debe consultarse al médico. ^ Colocarlo en una localidad ó bajo un clima distante de aquel en que los padres contrajeron la enfermedad tras- mitida. 3a Dirigir la educación física y moral del niño, en sentido opuesto á Ja predis- posición mórbida. i'1 Inclinarlo á una profesión distinta de Ja que pudo ocasionar al padre la enfermedad. CAPÍTULO II. HÁBITOS. En ninguna edad se contraen con mas facilidad los hábitos, que en la infancia. Eos hábitos sou fisiológicos, cuando se refieren á ciertas funciones orgánicas mas ó menos sometidas á la influencia de la voluntad; son viciosos cuando con- sisten en ciertos actos nuevos que no en- tran en el número de las funciones fisio- lógicas ordinarias y que ejercen por lo mismo una influencia viciosa en la sa- lud. Ciertos hábitos fisiológicos deben fo- mentarse en los niños, tales son los que 10 t'l(¡ HIGIENE se refieren á que no coma sino en cier- tas horas,y los que tienden al perfeccio- namiento de los sentidos evitando, en todo caso, una detenida atención y todo esfuerzo de inteligencia desproporcio- nado á la edad. Los hábitos viciosos deben combatir- se desde que se manifiesten, recurrien- do á medios dulces y sagaces de prefe- rencia al rigor y al castigo. CAPÍ TELO III. OBESIDVD V FLACURA. Ea obesidad consiste en un desarrollo excesivo de gordura y predispone acier- tos accidentes especiales: los medios de combatirla en los niños son: obligarlos á ejercicios físicos activos y prolonga- dos; á hacer uso de alimentos escasos y á procurar que las funciones del es- tómago se mantengan expeditas; hacer- les dormir poco y levantarlos tempra- no; proporcionarles habitaciones bien secas. La flacura casi siempre es constitu- cional y se combate por los medios opuestos á los indicados para rebajar la gordura. CAPÍTULO IV. ATMÓSFERA. Los niños no deben exponerse nunca á un calor intenso, porque su exquisita sensibilidad no puede menos que afec- tarse fuertemente de él y ocasionar al- gunas enfermedades. Es malo dejar que los niños jueguen al sol en el verano, ni obligarlos á largas caminatas en esa estación, en las horas en que sea rigu- roso el calor. El mismo exceso de sensibilidad hace nociva para los niños las impresiones de un frió intenso, que puede ocasionar mil accidentes graves. Conviene pues abrigarlos debidamente, no dejarlos sa- lir precipitadamente de una vivienda DE LA INFANCIA. 149 abrigada á otro lugar frió, no permitir conveniente también no acostum- brar á los niños á alimentos delicados; si son fuertes y de buena salud se les debe habituar á lodo para que, si algu- na vez minora la fortuna de la familia á (pie pertenecen, no tengan que sufrir ni (pie extrañar. El niño debe acostarse con el estómago no enteramente vacío, pero tampoco es bueno que se repleten en la cena; el sueño, en esos casos de completa vacui- dad ó de replexion es inquieto, y en el segundo caso, la digestión es laboriosa. CAPÍTULO N. EJERCICIO. La naturaleza imprimiendo al niño una grande movilidad, indica la necesidad imperiosa que iene de ejercicio. El que se haga hacera los niños, que no pue- dan sostenerse sobresuspiernas, no debe ser, como se acostumbra viciosamente, suspendiéndolos por los sobacos para que arrastren los pies por el suelo. To- dos los llamados andadores, comprimen el pecho, levantan los hombros, entor- pecen el curso de la sangre en los vasos axeilares, dañan la respiración y circu- lación, producen la desviación de las rodillas y algunos oíros accidentes. DE LA INFANCIA. 165 Debe pasearse á los niños con frecuen- cia, pero llevándolos de los dos brazos y medio echados; y hacerles hacer un ejercicio pasiv o en carruajitos pequeños en donde se les acomode sobre asientos suaves y blandos. El ejercicio que mas conviene al ni- ño es el que se le permite hacer sobre una estera ó alfombra ancha, extendida en el suelo; déjesele con los vestidos sueltos para que se ejercite por sí mis- mo dando vueltas y moviéndose á su an- tojo, y seguramente adquirirá fuerzas mediante esos movimientos en que lo- man parte todos los músculos que sir- ven para enderezarse y levantarse. En sus primeros ejercicios, debe abando- narse al niño á las inspiraciones de su instinto; dejarlos que se arrastren por el sucio, durante algunos meses, con el auxilio de las manos y de los pies, poi- que ese ejercicio es el único natural y por lo mismo el mas á propósito y salu- dable para que se desarrollen las for- mas. Luego que el niño ha hecho ese ejercicio, por algún tiempo, intenta po- nerse derecho y se cae de manos, se endereza otra vez y cae nuevamente y después de haber repetido varios dias 166 HIGIENE esas tentativas, se aventura á dar unos cuantos pasos. Lo hace primero por juego, lo repite á instancias de la no- driza, y si se ve apurado vuelve á an- dar á gatas. Pasadas algunas semanas, deja de andar de esle modo, y para siem- pre empieza á hacerlo de pié. El niño aprende de esle modo á an- dar por sí mismo y bien pronto corre con grande agilidad. Si pierde el cen- tro de gravedad, se deja caer solne las manos ó sobre las nalgas, y muchas ve- ces lo hace así para descansar. Adies- trado de esla manera natural y expon- tánea, llega el niño á Jos dos años sin haber sufrido los accidentes y contusio- nes á que está sujeto cuando, por me- dios artificiales, se pretende acelerar la acción de la naturaleza. Luego (pie lle- ga el niño á los tres años empieza á ejer- citarse con sus juguetes que arrastra de un lugar á otro, por lo cual es bue- no darle carritos que haga rodar; des- pués llega la época en que se reunecon olios niños y se ejercita en marchar, bailar, jugar al toro, á la pelota, aro, etc., y por último, en los gimnasios y en la natación que le son provechosos pa- ra desarrollarse con vigor. CAPÍTULO XI. SUMIDOS EXTERNOS. Tacto—El órgano del tacto es la piel en general; la finura de este ór- gano hace exquisito el sentido, así co- mo su endurecimiento lo vuelve menos perfecto; siendo la piel de los niños ex- cesivamente sensible, las reglasque con respecto al tacto en ellos deben ob- servarse son las siguientes: Después de las seis primeras semanas se debe procurar que el niño vaya ha- bituándose poco apoco al aire y se for- tificara esle hábito al paso que se de- senvuelva la facultad productora del 16S IIK.IIM calor. Para los niños de uno á dos años. el invierno, no siendo muy riguroso, no ofrece mas peligros que las otras esta- ciones. Es fácil comprender lo útil (pie es que el niño, cuando llegueá ser menos vigilado, pueda soportar todas las muta- ciones atmosféricas, pero repetimos que debe precederse para exponerlo aellas de un modo cuidadoso y progresivo. Después déla primera dentición debe habituarse al niño á tener la cabeza des- cubierta, á vestidos algo mas ligeros y al uso de las lociones libias y después frias que endurezcan las papilas ner- viosas de la piel. En la primera edad las impresiones táctiles no dejan ningún resultado en el cerebro. Gusto—El órgano del gusto, como todos los sentidos externos, se perfec- ciona con la edad; los sabores no se dis- tinguen ni aprecian bien por los niños a pesar- de la sensibilidad de la mucosa de la boca; sin embargo, la repugnancia á los sabores desagradables se manifies- ta mediante los gritos y el llanto. Con- viene dar á los niños alimentos de todo sabor, con tal que sean sanos y no esti- DE LA INFA.NCIV 169 muíanles, para que se habitúen á ellos y no sufran cuando la desgracia, los via- jes ó algunas otras circunstancias no les permitan conseiruir manjares agrada- bles. Olfato___El sentido del olfato, en la primera edad, no está desarrollado; mas tarde cuando empieza á desenvolverse debe cuidarse de no producir en ese órgano impresiones fuertes y enérgicas y cuidar de su sensibilidad para que no se embole muy pronto. Oido__Los sonidos intensos, sean gra- ves ó agudos, pueden producir grandes accidentes en los órganos de la audición de las personas adultas, y con mucha mayor razón en los de los niños tiernos. Conviene por lo misino no silbarles ni besarlos en los oídos ni exponerlos á ninguna impresión fuerte en esos ór- ganos. I isla. _ La completa privación de la luz ocasiona en el ojo una grande pér- dida de su sensibilidad; y una luz de- masiado activa y por largo tiempo ex- perimentada, ocasiona accidentes bas- tante peligrosos. Tales motivos exigen que se habitúe al niño poco á poco á la influencia de la luz sin permitirle 170 HIGIENE (pie pase hasta horas avanzadas de la noche delante una luz artificial viva. ni que, durante el dia, levante los ojos al sol. CAPÍTULO XII. SENTIDOS INTERNOS. Hambre— Los niños experimentan mucho mas hambre que las personas adultas y necesitan comer á menudo; el recién nacido loma el pecho ácada ins- tante; esle es el efecto de la natural tendencia al desarrollo y crecimiento. Es necesario apaciguar el hambre de los niños, y al tratarse de los que ya no maman, deben tenerse presentes las indicaciones que hemos hecho al ha- blar de los alimentos. Sed— El niño que mama satisface la sed al mismo liempo que el hambre; 172 IIIUIENE como en la primera edad se bebe pro- porcionalmente mas que en la puber- tad, es necesario que los alimentos que se dan al recien destelado tengan la for- ma líquida. CAPÍTULO X1IE PASIONE* V FACULTADES INTELECTUALES. Con el curso de los años se desarro- llan en los niños ciertos sentimientos é inclinaciones «pie pueden ser hastacier- ta punto instintivos, pero en cuyo de- senvolvimiento influye de una manera poderosa la educación. Importa que los padres sean severos para contener las malas inclinaciones desde que su exis- tencia se anuncie por algún signo inte- rior. La tarea no es árdu i si hay dul- zura, prudencia y| perseverancia; y el mayor número de ocasiones los conse- I7i HIGIENE jos y la ternura producen nías provecho- sos resultados que el terror y los casti- gos. La educación moral está fuera del dominio de la higiene en cuanto al mo- do de dirigir y de morigerar las pasio- nes ; aunque no pueda menos de reco- mendarse á los padres grande vigilancia sobre este punto, supuesto que el des- arrollo de ciertos vicios morales influ- ye de una manera harto enérgica en la salud de los niños. La época en que debe el niño prin- cipiar á ejercer metódicamente sus fa- cultades intelectuales y á contraerse al estudio, depende de ciertas circunstan- cias individuales como su robustez, sa- lud y precocidad. En todo caso, no es prudente que la educación literaria de un niño principie antes de los cinco ó seis años ; las reglas higiénicas mas ne- cesarias de observarse sobre este punto consisten en alternar los trabajos inte- leclualescon ejercicios físicos con el des- canso y con el paseo; no fijarla atención de los niños en cosas serias y que no sean proporcionadas á su inteligencia; cal- cular la tarea que debe señalarse al ni- ño teniendo en cuenta el grado de ca- pacidad intelectual que manifiesta. CAPITULO XÍV. SUEÑO. El sueño es el reparador de las fuer- zas que se pierden duran le el dia por efecto del ejercicio. En la infancia esas fuerzas vitales no tienen aun la sufi- ciente energía, y por lo mismo mientras mas tiernos son los niños, tienen mas necesidad de dormir. Es necesario de- jar dormir al niño siempre (pie tenga sueño, quitar de la habitación lodo cuanto contribuya á inquietarlo ó a impedirle que duerma ó á despertarlo súbita ó sorpresivamente. 176 HIGIENE DE LA INFANCIA. En cuanto á las condiciones de las ca- mas y dormitorios, las hemos ya indi- cado en otros lugares de este libro. APÉNDICE. EXPLICACIÓN DE LAS VOCES CIENTÍFICAS iVIPLEADAS EN ESTE LIBRO. A. Aiiuumkn. La parle inferior del tronco del cuerpo llamada también vientre. vuut.io^. Véase Loción. Afección. /.» general, es toda modificación <> sentimiento del alma y del cuerpo. En pulolmjia. la palabra afección es sinónimo de enfermedad. Aun mina. J luido viscoso, incoloro, diáfano, alijo salobre, soluble y desleíble en el agua. en los ácidos 1/ en los álcalis; coagulable por medio dd calor. La albúmina es una de las materias inmediatas de los cuerpos orqánicos como loS animales y vegetales. Areola, fl circulo colorado que rodea el pe- zón, y el que acompaña á los granos en ciertas erupciones como en la ciruela, va- cuna, ele. vrtkkias. Son los rasos desfinados a condv- cir la sangre del corazón á los pulmones y á los demás rasos que, desde el mismo co- razón, la conducen á las otras partes del cuerpo. Arteria ramna. La terminación de la arte- ria lingual. (80 APÉNDICE Asimilable. Lo que puede asimilarse ó con- fundirse en naturaleza con otra cosa. Asi- milar es convertir los alimentos á la sus- tancia animal del individuo alimentado. Asimilación. La acción y efecto de asimilarse Atemperantes. Medicamentos á que se atri- buye la propiedad de moderar la actividad excesiva de la circulación. c. Circilaciox. Movimiento continuo de la san- gre llevada del corazón á las arterias y vuelta al mismo órgano por las venas, pa- ra salir de nuevo, después de haber atrave- sado el aparato respiratorio y de haber re- cibido la injluencia vivificante del aire at- mosférico. Colimva vertedral. El conjunto de todas las vértebras unidas; se llama también espi' nazo. I'onckmto. Lo que 110 es adquirido, sino que depende de la organización primitiva del individuo. Constitución. El estado general de la organi- zación particular de cada individuo, riel que resulta cierto grado de fuerza física, de resistencia á las enfermedades, y de vi- talidad. Contracción. Fenómeno que ofrece un mus' culo, ó un órgano cuyas fibras se acor- tan y se retiran de un modo mas ó menos sensible. Cutáneo. Lo que coi responde ó tiene relación con la culis. APÉNDICE. 181 D. Deformidad. El vicio en la estructura ó con- formación de un órgano. Ese vicio puede ser natural ó congénito, ó accidental. Demulcente. El i emedio que tiene la propie- dad de ablandar ; se toma como sinónimo ile emoliente. Dfhiesiov Hundimiento. Diluente. El medicamento que tiene la pro- piedad de contribuir á la liquidez de la sangre y délos humores, aumentando su volumen á expensas de la masa. E. Economía animal. El conjunto de leyes que ri- gen la organización de los animales. La ■reunión délas partes que constituyen al hombre ó á los animales. Emolientes. Se llaman asi las sustancias me- dicamentosas que tienen la propiedad de reblandecer los tejidos con que se ponen en contacto, ó disminuir s% tenacidad y embo- tar su sensibilidad. Epidermis. La membrana fina y delgada que cubre exteriormente la piel; se llama tam- bién cutícula. Ks< oüiadira ó escoriación. Desolladura; he- rida que solo interesa la piel. Ksmnter. Sombre de ciertos músculos anu- lares que sirven para cerrar algunos con- ducios, como el esfínter del ano. Cs¡ orlante. Se dá este nombre á las sustan- LS-2 APÉNDICE c tas que tienen la propiedad de excitar .con mas ó menos pronlitud y de un modo ma- nifiesto, la acción orgánica délos diferentes sistemas déla economía. Exantema. Las manchas y erupciones de la piel, como las viruelas, sarampión, cara- cha, etc. Excreción. La acción de ciertos órganos que arrojan las matcriasliquidas ó sólidas que contienen. Las mismas materias se llaman también excreciones. F. Feto. El producto de la concepción; se lla- ma germen mientras no tiene forma, y em- brión citando empieza á tenerla. G. Gástrico. Lo que pertenece ó liene relación con el vientre. Gestación. El tiempo durante el cual la hem- bra de los mamíferos, lleva á sus hijos en el vientre. La palabra gestación indica también el movimiento de un individuo t CAPÍTULO VI \e,lido;............................... 132 CAPÍTULO VII. Cosmético-'............................. l-">(i CAPÍTULO VIII. Baños................................. 138 CAPÍTULO IX. Alimentos y bebidas.................... !(H) CAPÍTULO X. Ejercicio............................... '6S 192 ÍNDICE. CVPÍTULO XI Sentido- externos.............. CAPÍTULO XII Sentidos internos................ CAPÍTULO XIII. Pasiones y facultades intelectuales CAPÍTULO XIV. Sueño ......................... Api'nmce.............. ^ 2» HIGIENE LA, INFANCIA ■y TIPOGRAFÍA DE AGUSTINTmTN A" Y~Ca. 1 CALLE DE PESCADORES N° 135. 1859. i ft , v .- ^•% «'• •*•• . •■ • • • • I -v • . 1 -: 4 / . %* • vjfc • t. ^s -^ • • • • •V%.* *w¿-*' % íttk • • ' V • • • ■'. •■•' •V imm- '•á'tf,'"-c Wi ,1..■<*•• v--a .- ¿;. í~*f«■■*?&*, .Ki