EX^i^íérpa ywrotóACTivo. V Estudio éobre el balneario / SESOS POR EL V T)r. £uís G. (Liares Delanbo {I » AREQUIPA T1P. CACERES.-LA MERCED 127 Y 129 1917 NOTA El presente folleto contiene el informe presentado á la Sociedad de Beneficencia y la serie de artículos publicados por el autor, en el diario «El Pueblo», sobre el problema radioactivo del balneario de Jesús. a 12 de octubre de 1916. Señores miembros de la Comisión de la H. Sociedad de Benefi- cencia para el mejoramiento de los balnearios de Yura y Jesús: Tengo el agrado de dar respuesta a la circular por la que se sirven Uds. solicitar mi opinión sobre estos dos puntos en controversia, con motivo del proyectado ensanche de los pozos: Io. ¿Se desvirtuarían las aguas en su composición quí- mica como medio terapéutico? ¿Qué modificaciones se- rían estas? 2o. ¿La radio actividad de las aguas sería perdida o aminorada por el ensanche? Después de haber leído atentamente los dictámenes de los señores doctor Escomel y señor Castresana, y del doctor Piérola, y previo un estudio minucioso del pro- blema, así como del plano del señor Ingeniero Corry, pa- so a dar mi opinión sobre tan interesante materia: Primera pregunta: ¿Se desvirtuarán las aguas en su composición química ? Mi respuesta es negativa, y consi- dero que no tendría interés el que me detuviera a exami- nar esta primera parte del problema, tanto más, cuanto 4 que los señores informantes arriba mencionados están acordes en esta conclusión. Segunda pregunta: ¿La radio-actividad sería perdida o aminorada por el ensanche de los pozos? No conside- rándome con derecho para dar una respuesta simplemen- te categórica, a lo magister dixit, sin indicar los fun- damentos de ella, por no ser una autoridad en este ramo tan especial de las ciencias físicas, véome obligado a ex- poner, del modo más sintético posible y citando textual- mente a los maestros, cuales son los principios de la ra- dioactividad en el estado actual de los conocimientos, pues de ellos se deducirá, de modo incontrovertible, la respuesta a la cuestión planteada. "En 1896, Henri Becquerel observó que el Uranium y sus compuestos emiten, espontánea y continuamente, rayos que atraviesan los cuerpos opacos, impresionan las placas fotográficas y vuelven a los gases conductores de la electricidad. El estudio de esta irradiación condujo al descubrimiento de las mismas propiedades en otros cuerpos, pricipalmente el Torium, el Polonium de Mme. Curie, el Radium de Pierre Curie y Mme. Curie, el Acti- nium de Debierne. A fin de fijar las ideas, consideremos por un instante el Radium, que es el cuerpo radioacti- vo que conocemos mejor". "El Radium es un elemento inestable, cuyo átomo, desmintiendo su etimología, se fragmenta gradualmen- te. Limitándonos a enunciar aquí el Helium-elemento estable y no radioactivo que es uno de sus productos de desintegración-el radium suministra, ante todo, un primer producto, un gas radioactivo, al cual Rutherford ha dado el nombre de Emanación. Este gas se destruye rápidamente, dando nacimiento a un nuevo cuerpo, el Radium A., que se precipita al estado sólido sobre los objetos sumergidos en la emanación, y el cual, a su vez, se convierte poco a poco en Radium B. El Radium B engen- dra el Radium C, y Rutherford ha podido seguir la trans- 5 formación hasta el Radium F., que parece idéntico al Po- lonium. Durante el curso de esta "degradación" pro- gresiva de sus átomos, el radium libera, bajo forma de luz, de calor, de electricidad y de rayos análogos a los rayos X, enormes cantidades de energia. De una manera general, con detalles e intensidades aproximadas, se ob- servan fenómenos análogos en las diversas sustancias radioactivas" (Ch Moureu, Bibliothéque de Thérapéuti- que, Gilbert et Carnot, tom. VIII, pag. 36) Vemos, pues, que el radium, en el eterno trabajo de desintegración en que se encuentra, dá origen a un gas, sobre el que conviene que llamemos la atención. "La Emanación, producida por el radium, es un gas fijo, dotado de las propiedades de todos los gases. Tiene una densidad superior a la del aire y puede así verterse de un recipiente a otro como el ácido carbónico. Se le puede con- centrar por el frío, dilatarlo por el calor; es difusible; al espectroscopio presenta rayas características.... El des- predimiento de Emanación por una porción de radium, es proporcional a su energía radioactiva. Si se le coloca en un espacio cerrado, a medida que la presión aumenta po1 el desprendimiento de la Emanación, la produción de és- ta disminuye. Y la presión puede hacerse tan grande, que se han visto tubos de vidrio que contenían radium hacer explosión. Si, por el contrario, se hace el vacio sobre una sal de radium, o si se la calienta, la cantidad de emanium recibida aumenta, pero la sal se empobrece y le es ne- cesario un cierto tiempo para readquirir su radioactividad primera". "Prácticamente, para recoger y aislar la emanación, se la deja desprender en cantidad suficiente de una solu- ción de bromuro de radium, y luego se la aspira por el vacío o se la arrastra mediante una corriente de aire" (Doctores Oudin et Zimmern, Bibliothéque de Therapéu- tique, Gilbert et Carnot, tom. V, pag. 353). Hemos visto que la emanación goza a su vez de la pro- piedad de desintegrarse espontáneamente, dando nací- 6 miento al "radium A", y que este sigue el mismo pro- ceso destructivo convirtiéndose en "radium B", y así su- cesivamente, habiéndose podido seguir el singularísimo fenómeno hasta el "radium F". Uno de los residuos de la desagregación espontánea viene a ser el "helium", que es un gas estable y fijo que se encuentra en la atmósfera te- rrestre, y, sobre todo, en la del Sol, de donde le viene su nombre. La velocidad de desintegración de la emanación del radium es tal, que al cuarto día su volúmcn se reduce a la mitad y esta mitad se reduce también en la misma pro- porción en otros cuatro días, y así sucesivamente. La ema- nación del "torium" queda reducida a la mitad en 45 segundos, y la emanación del "actinium", que tiene una vi- da mucho más efímera todavía, en sólo cuatro segundos. Conviene decir ahora algo sobre la radioactividad indu- cida. "Es al depósito de partículas radioactivas sobre todos los cuerpos sumergidos en la "emanación", a lo que se ha da- do el nombre de radioactividad inducida. Esta se pro- duce en el mismo grado sobre los cuerpos orgánicos como sobre los metales, sobre los líquidos como sobre los sólidos. Las grasas y los líquidos toman muy fácilmente la ra- dioactividad inducida, la cual impregna toda su masa con una gran rapidez. Es por haber pasado por terrenos radíferos, que ciertas aguas minerales llegan al grifón cargadas de emanación, a la que pierden conforme a la ley de decrecimiento habitual". "Cuando un cuerpo ha permanecido en la proximidad de una sal de radium, puede adquirir una radioactividad que, por un tiempo bastante corto, es cierto, iguala casi a la del radium. En los laboratorios en donde se trabaja con el radium, todos los objetos, los mismo operadores, son radioactivados, y se necesitan las más grandes pre- cauciones para sustraer a los instrumentos de medida de esta acción". "Según lo que antecede, se ve que al exponer durante 7 cierto tiempo un organismo a las radiaciones del radium, se actúa como si se les inyectara en sus tejidos una sus- tancia viva, capaz de transformarse y evolucionar espon- táneamente durante largo tiempo después de la inyección" (Dres. Oudin et Zimmern, loe. cit.) He aquí las nociones fundamentales que se necesitan co- nocer para comprender lo que pasa con la radioactividad de las fuentes minerales. Esta radioactividad es debida, por consiguiente, en primer lugar a la "emanación", que siendo un gas, es arrastrada en las profundidades de las rocas por las aguas minerales, exactamente lo mismo que el ácido carbónico, el ázoe y demás gases que, en propor- ciones variables con las fuentes, se desprenden espontá- neamente de su masa líquida en el momento de surgir en el grifón; y en segundo lugar, a la radioactividad in- ducida que impregna toda la masa acuosa. Por tanto, dada una fuente que se trate de estudiar, se principiará por recoger y examinar la radioactividad de los gases que se desprenden espontáneamente en el ver- tedero, y entre los cuales se encontrarán, en mayor o me- nor cantidad, una o varias clases de emanaciones, y des pués se determinará la radioactividad inducida del agua misma. La medida de esta última radioactividad se efec- túa extrayendo por ebullición prolongada los gases di- sueltos, con los cuales se desprende la totalidad de la emanación que impregnaba el agua. Ahora bien, la cantidad de emanación contenida en los gases que se desprenden espontáneamente de las fuentes, es muy superior a la cantidad de emanación que constitu- ye la radioactividad inducida del agua. Y tanto esta ra- dioactividad inducida, como la dependiente de la emana- ción mezclada a los gases, presentan su máximun de inten- sidad en el instante preciso en que brota el líquido del gri- fón. Hemos visto que conformé a la "constante de desac- activación" de la emanación del radium, que es a la que deben principalmente su radioactividad las fuentes mine- rales, ésta se reduce a la mitad al cuarto día, y los resi- 8 dúos de emanación continúan reduciéndose siempre a la mitad cada cuatro días. Aplicando el análisis matemá- tico se vé, que si durante los cuatro primeros días la pér- dida es doble de la sufrida en los cuatro siguientes, del mismo modo la pérdida de emanación será mayor en los dos primeros días, que en el 3o. y 4o., y mayor en el primer día que en el segundo, y mayor en las doce primeras ho- ras que en las doce siguientes, y así sucesivamente. De modo, pues, que son las primeras horas las más perjudi- ciales para la radioactividad de las fuentes termo-minera- les. Para dar una idea de la relación en que se encuentra la radioactividad de los gases espontáneos, con la ra- dioactividad inducida del agua, copio a continuación las cifras encontradas en algunas fuentes francesas: Fuentes Radioactividad en miligramos minu- tos de 10 litros de gases. Radioactividad en miligramos minu- tos de 10 litros de agua. La Bourboule (Puits Choussy) 22.00 3.56 Bagnéres-de-Luchon (Grande sourse Borden) 18.36 2.20 Bagnéres-de-Luchon. Pré N? 1 10.23 0.65 ,, ,, ,, Ferras- Enceinte 4.19 0.51 Grisy (Source d'Is) 3.38 0.82 Plombieres (Source Vauquelin) 14.90 0.84 La Chaldette 12.80 1.98 La radioactividad está expresada en "miligramos mi- nutos", y es referida a diez litros. Al decir que la radioac- tividad de los gases espontáneos en la fuente "Vauquelin" es de 14.9, se expresa que la cantidad de emanación exis- tente en 10 litros de gases es igual a la que desprendería un peso de 14.9 miligramos de bromuro de radium en un minuto. De las cifras anteriores se deduce la gran importan- cia que para una fuente mineral tienen sus gases, y que la pérdida de éstos, activa sobre todo en el momento en que brota el agua, tiene que traducirse fatalmente por 9 una disminución, más o menos considerable, de su ra- dioactividad. Al desprenderse los gases de una fuente, como la ema- nación es más pesada que el aire, tendremos que si la atmósfera del recinto del pozo se halla completamen- te tranquila, sin ninguna corriente de aire, la emana- ción se acumulará en la parte vacía del pozo, exactamen- te como pasa con el ácido carbónico. Una ventilación ac- tiva del pozo viene a ser así perjudicial para la radioac- tividad, circunstancia que debe tenerse presente en nues- tras termas. Creo que con lo expuesto sumariamente, basta para de- ducir conclusiones terminantes en respuesta a la segunda pregunta de vuestra circular, haciéndose innecesario en- trar en más detalles. Tratándose de aguas radioactivas, como la de Jesús, el factor tiempo tiene una gran importancia. Una fuente mineral viene a ser, como dice Landouzy, "un agente de materia médica mineral organizada, viviente, en plena evolución, en potencia de transformación, de mutación". Desde este punto de vista, escribe Moureu, "puede decirse de una agua mineral, cuando su radioactividad es fuerte, que ella está viva en la fuente, y que se muere en seguida gradualmente, hasta convertirse finalmente en un cadá- ver." Así, pues, las cualidades terapéuticas de una fuente termal que dependan de su radioactividad, serán máximas en el momento de verter el agua, e irán disminuyendo con- forme a la ley que hemos indicado, hasta anularse del to- do, lo cual sucede prácticamente para todas las vertien- tes, aún las más fuertes radioactivas, al cabo de un mes. La pérdida más considerable es debida al desprendimien- to de los gases, entre los cuales se encuentra, como ya sa- bemos, la mayor parte de la emanación. Y como el des*- prendimiento gaseoso es grandemente activado por la agi- tación del agua, es claro que la masa líquida del pozo con- tendrá tanto más radioactividad cuanto más tranquila 10 se halle. En cuanto a la radioactividad inducida, es evi- dente, conforme a la ley de desactivación, que mientras más grande sea la capacidad del pozo, o lo que es lo mis- mo, mientras más lenta sea la renovación del agua y ma- yor el tiempo que permanezca en la piscina, menor se- rá su radioactividad en miligramos minutos por cada 10 litros, suponiendo, desde luego, una mezcla poco menos que completa de todo el líquido acumulado. Pero, en el caso del balneario de Jesús, hay que tomar en consideración la circunstancia, muy favorable, de que el agua no sólo vierte en la gruta del extremo, sino en mu- chos puntos del fondo mismo del pozo, de modo que los bañantes recibirán siempre, aún en el caso de ser agran- dada la piscina, agua virgen recién nacida y contenien- do su máximun de gases y de radioactividad inducida. Si la fuente se encontrara fuera de la piscina, y esta fuera llenada por un canal vector del líquido, entonces el aumento de su capacidad tendría un real y efectivo in- conveniente, como es fácil comprenderlo, pues los enfer- mos ya no se pondrían en contacto con agua absolu- tamente virgen, y, lo que es más importante, una fuerte proporción de gases se desprenderían, no ya en la mis- ma masa líquida de baño, sino en el grifón situado fue- ra de éste. Y he aquí cual es, precisamente, el caso desfavorable del pozo de los pobres. Este se llena actualmente en una hora, con el rebalse de la piscina de los pagantes que em- plea dos horas en llenarse. En total son tres horas de ra- dioactividad perdida. Conocida la " constante de desac- tivación" se podría calcular, dada la radioactividad indu- cida en el momento de surgir el agua y el rendimien- to de la fuente, cual debe ser la radioactividad en el pozo de los pobres reducida por esas tres horas de pérdi- da, suponiendo siempre una mezcla perfecta del agua. En cuanto a la radioactividad de los gases, que es con mucho la más importante, la pérdida es, indudablemen- te, más considerable, pues durante la permanencia del 11 agua en el primer pozo, agitada constantemente por los bañantes, se desprende una fuerte cantidad de gases, y, por tanto, de emanación radioactiva. Sólo un análisis comparativo de la riqueza en gases del agua en el grifón de la fuente y en el pozo de los pobres, podría permitir la apreciación exacta de dicha pérdida importante. Si se llevara a cabo el ensanche proyectado para am- bas piscinas, tendríamos elevada la pérdida a algo más de 5 horas, lo cual, con toda evidencia, haría desmejorar al pozo de los pobres, aún en proporciones más fuertes desde el punto de vista radioactivo. Hoy mismo pode- mos afirmar, a priori, que la piscina de los pobres debe gozar de propiedades sedantes menos marcadas que la piscina de los ricos, por razón de esa disminución de la preciosa cualidad radioactiva, Así, pues, el ensanche de los pozos, de mediocre importancia para los ricos que siempre se pondrían en contacto con el agua virgen que vierte en la misma piscina, seria notablemente perjudi- cial para los desvalidos del segundo pozo. En nombre de estos, de cuya salud está encargada la H.-Sociedad de Beneficencia, cumplo con el deber de oponerme al en sanche proyectado. A las razones arriba expuestas hay que agregar la con- sideración de que una piscina de 8.50 metros de largo, por 3.80 de ancho, esto es, de más de 32 metros cuadrados de superficie, es un lujo como pozo ter- momineral de natación, que muy pocas estaciones de Europa se pueden permitir. Suponiendo unas diez horas útiles por día, y un promedio de 40 bañantes por ho- ra, gracias a las 24 cabinas que van a construirse, tendría- mos una capacidad, con el actual pozo, para cuatrocien- tos enfermos diariamente, sin contar a los no pagantes. Esta cifra demuestra que no existe la necesidad de en- sanchar la piscina. Otra circunstancia que no se ha tomado en cuenta y que ya he indicado a la ligera, es la de la ventilación. Hemos visto que la emanación del radium, como gas más 12 pesado que el aire, se acumula en la parte vacía del pozo y de la atmósfera del recinto, exactamente lo mismo que el ácido carbónico. La actual bóveda baja que cubre la piscina de Jesús, con su escasa ventilación, lo que la da a esta un aspecto medio-eval, según el doctor Escomel, constituyen, a no dudarlo, circunstancias favorables pa- ra aumentar la radioactivación de los enfermos, los cua- les aprovechan así de una veradera cura de inhalación, cura a la que se dá gran importancia en todos los esta- ciones termales de Europa. La destrucción de esa bóveda, la construcción de un techo plano más elevado, el agran- damiento considerable del recinto y el aumento de la ven- tilación, determinarían la difusión y pérdida rápida de la emanación desprendida, con desmedro del balneario. La construcción de galerías de cabinas higiénicas y có- modas es una necesidad inaplazable para el balneario de Jesús. Pero, mientras un hidrólogo competente no reali- ce la captación de las aguas de Jesús y proyecte su utili- zación científica para obtener el máximun de rendimien- to de sus cualidades terapéuticas, opino porque dichas galerías se construyan al rededor inmediato de las pisci- nas, sin ensancharlas ni destruir sus actuales recintos por las razones que acabo de exponer. El agrandamiento de las piscinas podría influenciar también desfavorablemente a la temperatura del agua. De las observaciones termométricas del doctor Piérola se deduce que existen, por lo menos, dos clases de aguas en Jesús con una diferencia de 1 grado 6|10 de tempera- tura, lo cual no tiene nada de extraño, pues en la mayo- ría de las localidades favorecidas con estas fuentes, son verdaderos grupos hidrotermales los que surgen de las diaclasas o fracturas de las rocas, y en los cuales suele haber 20, 30 y más clases de aguas diferentes en tempera- tura, composición química, grado de electricidad, poder radioactivo, etc. Hay así balnearios en Europa, en los cua- les, gracias a una buena captación, se ha podido establecer verdaderas gamas o escalas de aguas, más o menos exi- 13 tantes, y más o menos sedantes, según las afecciones que deben tratarse. "En principio, dice De Launay, captar una fuente termal es, primeramente, recibir la mayor canti- dad posible de agua termal subterránea con su máximun de termalidad y de mineralización, y, en segundo térmi- no, impedir, problema más importante tal vez, el acceso de las aguas superficiales hacia el grifón hidrotermal al que pueden contaminar". Semejante captación de nuestras termas, la protección de estas contra su contaminación o desvirtuamiento por las capas acuosas y filtraciones su- perficiales, y, finalmente, el estudio y proyecto de un siste- ma completo de instalaciones para las diversas clases de aplicaciones terapéuticas de las aguas, aumentarían enormemente el valor de los balnearios de Jesús y de Yu- ra. Como esta clase de estudios sólo podrían ser practi- cados por un hidrólogo especialista en termas, me per- mito insinuar la conveniencia, ya que las rentas de la H. Sociedad de Beneficencia son tan reducidas, que se soli- cite del Supremo Gobierno el que contrate en Europa, por intermedio de alguna de nuestras legaciones, los ser- vicios de un buen hidrólogo. Este haría, no sólo los es- tudios de nuestras termas, sino de todas las que existen en el Perú y que constituyen verdaderas riquezas in- gentes que se pierden en la actualidad. Realizados estos estudios, podrían establecerse sindicatos de capitalistas arequipeños para la explotación de estos venéreos de ri- queza, canalizándose así tal vez, gracias a este incentivo, hacia obras de salud y progreso, parte de los capitales que hoy realizan mediante la usura, tan virilmente fusti- gada por Juan Manuel Polar, obra de empobrecimiento y calamidad pública. Dejando asi contestadas vuestras preguntas, y felici- tando a la H. Sociedad de Beneficencia por sus inciati- vas, me es grato suscribirme como vuestro muy atento y S. S. LIUS A. CHAVES VELANDO EL PROBLEMA RADIOACTIVO Arequipa, a 23 de Octubre de 1916. Señor director de "El Pueblo" Presente La publicación de la carta que mi distinguido y esti- mado colega, doctor Urquieta, dirige a Ud. con motivo de la encuesta sobre la conveniencia o inconveniencia del ensanche de las piscinas de Jesús, me obliga a sostener públicamente mis opiniones, exponiendo los motivos por los cuales discrepo de las conculsiones a que llega el doc- tor Urquieta en el dictamen que presentó a la H. Socie- dad de Beneficencia. Concretaré la discusión a los puntos en que disentimos, y, como este debate no va a realizarse en el seno de una institución científica, tendré que entrar en ciertos deta- lles y explicaciones necesarias para el público, ajeno a las ciencias físico-médicas, que va a leernos. I El doctor Urquieta sostiene que el ensanche del pozo en nada modificará la radioactividad y la temperatura de las aguas de Jesús; y yo creo, por el contrario, que dicho agrandamiento de la piscina disminuirá la potencia ra- dioactiva del balneario, y que puede, también, influir so- bre su temperatura. Principia el doctor Urquieta su dictámen enumerando las cualidades físicas y químicas de que depende la ac- 15 ción terapéutica derbalneario de Jesús, y termina dicha enumeración con la siguiente frase de Foucaud y Salignat: "Es menester no olvidar que cada agua mineral forma un bloque terapéutico indivisible, en el cual cada elemento tiene su importancia, sin que pueda separarse de dicho bloque si se le quiere conservar toda la intensidad de su acción" Hasta aquí pienso lo mismo que mi distinguido colega. Después de esta cita, comienza el doctor Urquieta su exposición razonada con estas palabras: "Ahora bien: éste conjunto de acciones físicas y químicas, este siste- ma de elementos de energía varios y complejos, éste blo- que viviente indivisible emerge formado ya, de cuerpo entero, digámoslo, desde debajo del suelo de Jesús. A nadie se le podrá ocurrir que sólo queda constituido al llegar las aguas al pozo. El simple sentido común sonrei- ría ante tan peregrina interpretación." En esto último estoy conforme con el doctor Urquieta, y también lo estará, seguramente, el público todo, pues jamás he sabido de alguien que haya pensado la extra- vagancia de que las piscinas son algo así como misterio- sas retortas donde se elaboren las aguas termominerales con los ingredientes venidos de las profundidades de las rocas. Pero, en lo que no estoy conforme es en el cam- bio o juego de palabras que se hace con la frase, bloque terapéutico indivisible, de Foucaud y Salignat; cambio ba- ladí y sin significación, a primera vista, pero que conduce a un error sustancial y a conclusiones reñidas con lo que nos enseñan una ya larguísima experiencia y todos los maestros especializados en crenoterapia. Dicen Foucaud y Salignat, para expresar que la acción de una fuente es debida no a tal o cual de sus cualidades, sino al conjunto de todas ellas, que "cada agua mineral forma un bloque terapéutico indivisible." Y el adjetivo in- divisible, no quiere decir aquí imposibidad material de di- vidir o separar los elementos de una fuente, sino imposibi- lidad de conservar a una agua mineral intacta su acción 16 salutaria si se le resta o amengua alguna de sus propieda- des (composición química, temperatura, riqueza en gases, grado electrógeno, radioactividad, etc.) Por eso termina la frase de Foucaud y Salignat con estas palabras relativas al bloque terapéutico: "en el cual cada elemento tiene su importancia, sin que pueda separarse de dicho bloque si se le quiere conservar toda la intensidad de su acción". Y Moureu, para combatir los exclusivismos en la inter- pretación de las acciones fisiológicas que ejercen las aguas minerales, dice que debe considerarse a toda fuente "co- mo un todo, y, por consiguiente, reconocer a cada uno de sus componentes una parte de la acción total" Ahora bien, el doctor Urquieta, en un lapsus calami con- vierte al bloque terapéutico indivisible-y a sabemos en qué sentido-en un bloque viviente indivisible. Y esta ex- presión de bloque viviente indivisible encierra un error fundamental, como voy a demostrarlo. Del error de las palabras al de las ideas sólo hay un pa- so y a veces ninguno. La expresión de bloque viviente in- divisible, implica, en cierto modo, la idea de inmutabi- lidad o, por lo menos, la idea de permanencia, de constan- cia en las cualidades. Por eso, sugestionado el doctor Ur- quieta por la frase elegante que brotara de su pluma lite- raria, exclama: "Se desvirtuarán las aguas, perderán de su riqueza, de sus energías, se les restará alguna fuerza a su radioactivi- dad por que una de las paredes del pozo principal, que ahora dista de la del frente 3 metros 50c., se le retire a la distancia de 4 m. 70 c.?" "Declinarán la riqueza de composición química y la po- tencialidad eléctrica de las aguas, que seguirán brotando en bloque viviente indivisible desde debajo del suelo, por- que se les recibirá en recinto más amplio, con techumbre más vasta, mejor ventilado y con capacidad para una ma- sa líquida mayor, más enérgica y más rica?" Nada es más divisible, más variable, más mutable y contingente, que una fuente termal. El agua de un ma- 17 nantial termomineral sólo se iguala a si misma en el mo- mento preciso en que brota del grifón, pues a partir de ese instante principia a desvirtuarse y perder su energía. Es un hecho de observación clínica antiquísimo, que las fuentes pierden rápidamente sus cualidades terapéuticas iniciales, y, en todo tiempo, los médicos se han esforzado siempre por explicar el porqué de esta decadencia, de es- te desvirtuamiento rápido de las aguas minerales. Como la pérdida espontánea de gases es uno de los fenómenos que se impone a todo el que observa una fuente, se principió por atribuir, naturalmente, a dicha pérdida el debilitamiento del agua. De ahí que para la ex- portación se embotellaran las aguas cargándolas artifi- cialmente de gas ácido carbónico. Pero pronto se observó, que siempre es muy distinto, desde el punto de vista tera- péutico, beber un vaso de agua embotellada y cargada de ácido carbónico de cierta edad, que beber un vaso de agua naciente en la misma fuente. Pensóse entonces que el gas natural no era reemplazable por un gas artificial, y enton- ces se principió a embotellar las aguas con sus gases natu- rales. Todos han leído en los membretes este reclame: em- botellada con sus gases naturales. La experiencia vino siempre a defraudar las esperanzas fundadas en estos ga- ses naturales; y la razón de ello la conocemos al presente, gracias al descubrimiento de los gases radioactivos de las fuentes, los cuales son esencialmente mutables, perece- deros, tanto que al cabo de un mes ya han desaparecido completamente por desintegración espontánea. Por eso, para la cura por ingestión, que tan importantí- simo papel desempeña en la mayoría de las grandes es- taciones termales de Europa, las buvettes o bebederos se hallan establecidos sobre las vertientes mismas, y las empleadas llenan los vasos de los clientes con el agua reco- gida en el instante preciso en que brota. Refiriéndose a Vi- chy, dice Heitz: "La temperatura natural (aguas frescas) de las fuentes de Vichy permite administrarlas tales co- mo brotan del suelo (así subrayado), es decir, conservan- 18 do todavía su potencia en gas y el conjunto integral de sus propiedades físicas y químicas" (Heitz: "Stations du platcau central", pag. 295). El mismo autor dice refiriéndose a la cura de inges- tión: "De una manera general, se tiende en Francia, en la medida de lo posible, a hacer tomar el agua mineral como bebida en condiciones tan aproximadas como sea posible a aquellas que se encuentra en el grifón" (Heitz: Technique des cures hydrominérales, pag. 80). En la estación mineral de Pougues, situada cerca del Loire, la cura de ingestión es la principal. He aquí como la describe Heitz: "La cura de Pougues es, ante todo, una cura de bebida. Por eso se han tomado precauciones es- peciales para asegurar una toma de agua perfecta que evite al medicamento hidromineral toda impurificación, todo contacto del aire. La captación se realiza en la roca, a 35 metros de profundidad. La fuente está cubierta por una campana de vidrio con obturación hidráulica que impide toda comunicación con la atmósf era. De esta pro- fundidad el agua mineral es conducida a la buvette (bebe- dero) por tubos anchos, plateados en su interior, que pe- netran el capa líquida a 1 m. 50 por debajo de su ni- vel superior. Los vasos se llenan en el fondo del pozo gra- cias a un dispositivo especial, y están provistos de una ta- pa atravezada por un tubo, por el cual el agua penetra al fondo del vaso: de este modo el aire es expulsado así por la capa superficial, que está en contacto con él y que es siempre la misma". "El vaso, una vez llenado, sube a la superficie del pozo, siempre protegido por su tapa, la cual no se le quita sino en el momento en que la empleada lo alcanza al consumi- dor" (Heitz: "Stations du plateau central, pag. 344"). ¿Qué habría dicho el doctor Urquieta si alguien hubie- ra propuesto, para la cura de ingestión, precauciones se- mejantes en nuestro balneario de Jesús, cuando acabamos de ver que con se teoría del bloque viviente indivisible sostiene que las cualidades de éste son completamente in- 19 dependientes de las condiciones en que se le recibe y con- serva ? Bloque viviente es ciertamente toda fuente mineral; pero bloque que, desde el instante en que nace al exterior, venido del laboratorio misterioso de las profundidades de la tierra, comienza a evolucionar, a transformarse, a des- doblarse en sus energías que se pierden rápidamente. Tal es el concepto moderno, el concepto formado gracias al maravilloso descubrimiento de las sustancias radioacti- vas que han venido a revolucionar la ciencia y alumbrar, con la luz vivísima de sus radiaciones, las profundas tinie- blas que aún rodeaban muchos fenómenos de la naturale- za. La inestabilidad de las fuentes ha obligado a tomar mi- nuciosas precauciones, no sólo para la cura de ingestión, sino también para los baños. Siempre que la temperatura de la fuente lo permite, se establecen las tinas y los pozos (individuales o comunes) de modo que reciban agua vir- ginal, recién brotada, la cual se renueva con la mayor ra- pidez posible. No es lo mismo tomar un baño-en pisci- na o en tina-en agua durmiente que en agua circulante, y estos dos modos sirven para reglar la energía del trata- miento en las estaciones hidrotermales. Entre las fuen- tes cuya temperatura permite aplicarlas sin necesidad de enfriarlas ni elevar su grado térmico, tenemos la de Sa- lins-Moutiers. He aquí lo que dice Heitz respecto de éste establecimiento: "Agreguemos que la fuente tiene 36°,6 en el grifón, lo que permite dar los baños con agua corrien- te, sin adulterar su composición con las manipulaciones necesarias en otras estaciones de termalidad más eleva- da o más baja, o de concentración mineral excesiva o muy débil. Así, pues, se les utiliza directamente e inmediata- mente en las tinas o piscinas, en las que el agua mineral es constantemente renovada gracias a su enorme rendimien- to (3 500 metros cúbicos por 24 horas)" (Heitz: Stations du Sud-Est, pag. 452). En nuestra ya grande piscina de Jesús el agua mineral 20 está, podemos decir, durmiente, pues sólo se renueva en dos horas. El doctor Urquieta piensa que como el agua sale ya fabricada de la tierra, en bloque viviente indivi- sible, poco importa que el reservorio sea grande o chi- co, que el baño sea con agua circulante o durmiente, en lo cual se halla en flagrante oposición con lo que opinan todos los médicos hidrólogos de Europa. El actual pozo de Jesús es ya demasiado grande para el rendimiento de 475 metros cúbicos por 24 horas de la fuente, y la situa- ción tiene que empeorar por el aumento del 50 % de ca- pacidad que se le va a dar. Oigamos al sabio maestro Landouzy, Decano de la Fa- cultad de medicina de París y uno de los creadores de la actual ciencia crenoterápica: "Bien vistas las cosas ¿no es a esa materia médica mine- ral organizada viviente que emerge de los grifones, que nuestras estaciones deben las fuerzas orgánicas (baregi- na, sulfo-bacterias, etc.), las fuerzas metálicas, térmicas, radioactivas, materia que se diferencia singularmente de los agentes posologados en las oficinas de la Farmacia quí- mica y que pertenecen a la materia médica mineral muer- ta?" "¡ Cuán viviente es, en efecto, el agua nativa, que, ya bebida en el grifón, toda ella llena de potencial, toda ella vibrante y activa, o ya circulando en la piscina o en la tina, impregna al enfermo con la primavera de sus con- tactos enérgicos, para solicitarlo a una continuidad de fe- nómenos reaccionales!" "Se concibe que semejante enfermo, bebiendo directa- mente en el grifón o sumergiéndose en una tina de agua circulante-conservando el agua de bebida y el agua del baño toda íntegra su virginidad térmica, mineral, orgá- nica, radioactiva-tenga que reaccionar a las solici- taciones impuestas a sus tegumentos o a sus mucosas, de modo muy distinto que si el agua de la fuente hubiese sido embotellada, trasportada, servida, mezclada o ca- lentada " 21 "Esta mutabilidad de las aguas termales, ésta aptitud (para emplear el lenguaje de Max. Durand-Fardel) a transformarse, a exaltarse o bajar en la sulfuración, es la prueba de la vida de que las fuentes están llenas en su emergencia". "Lo que ha dicho Claudio Bernard del ser vivo, " ince- santemente atravesado por una corriente de materia, que lo renueva en su sustancia y lo mantiene en su forma", me parece que debe aplicarse a las fuentes. Estas también están incesantemente atravesadas por una co- rriente de materia que las renueva en su sustancia, mante- niéndolas en su forma orgánica, química, termal, eléctri- ca". "Semejantes sugestiones cambian singularmente, res- pecto de la estática y la dinámica de las aguas minerales, el concepto de nuestros padres; pues a los ojos de éstos, las fuentes se presentaban como simples soluciones sali- nas, a las cuales iba el enfermo a pedirles el medio de cambiar su quimismo anormal". "Esta cuestión de combinaciones y de disociación de las aguas minerales, es uno de los problemas más delicados a los cuales se dedica con ardor la joven escuela crenoló<- gica. Numerosos, muy numerosos, son los trabajadores que, sobre todo en Francia, han cavado, en ese vasto cam- po de estudios, surcos profundos prometedores de próxi- mas cosechas". "Para el que sabe que la acción fisiológica de una fuen- te reside en la trasmisión de fuerzas, más que en el apor- te de sustancias, ningún asombro le causará el que los efec- tos terapéuticos observados no guarden ninguna paridad con la mineralización global constatada". "Si se trata de trasporte de ondas más que de aporte de sustancias minerales, si se trata de dinamismo y de po- tencial desprendidos más que de las sales absorvidas, nuestra manera de ver y de comprender se ensancha sin- gularmente" (Bibliothéque de Thérapeutique, tom, VII, pag. XV). 22 Ha hablado el maestro, y sus palabras, profundamente sugestivas, llevan a todo el que las lee el convencimiento de la verdad que proclaman, de esa verdad que no ha po- dido penetrar en los ámbitos de la H. Sociedad de Bene- ficencia. En la cura termomineral se trata, principalmente, de trasmisión de ondas, de contactos primaverales que infun- den dinamismo poderoso a los organismos decaídos; pe- ro esas ondas, ese dinamismo debe buscárseles, sobre todo, en las aguas vírgenes, en las que acaban de nacer del fe- cundo seno de la tierra, pues las energías que nos aportan se dispersan, se desgranan, se pierden rápidamente en el medio ambiente que nos rodea. El bloque viviente indivisible, que dice el doctor Urquie- ta, es pues lo más divisible y precario que existe, desde el punto de vista dinámico y por tanto curativo, pues sus energías se esfuman en una vida pasajera de 30 días. Al cabo de un mes toda agua mineral es ya un cadáver. Su primavera ha sido de unos cuantos fugaces minutos. Y el bloque viviente termo-mineral es tan sensible y de- licado en su textura, que hasta los cambios atmosféricos ejercen influencia marcada sobre él. "No sabíamos ya em- píricamente-dice Landouzy-mucho antes de los precio- sos análisis de los físicos y de los químicos, cuántos cam- bios introducen en la composición como en los efectos de las fuentes, las perturbaciones atmosféricas? Seme- jantes modificaciones-signos precursores que anuncian los cambios de tiempo bien conocidos por el pueblo-se acusan en las termas de los Pirineos, por ejemplo, en el color, en el olor, en la temperatura y en el estado eléctri- co de las aguas que brotan de los grifones." Tal vez, si nuestras termas, experimentan también los efectos de las nevadas que tanto mortifican a los arequipeños nervio- sos. Vea, pues, el doctor Urquieta, que según el profesor Landouzy, "esta cuestión de combinaciones y de disocia- ción de las aguas minerales, es uno de los problemas más 23 delicados a los cuales se dedica, con ardor, la joven Es- cuela Crenológica". Pero, en Arequipa, tal problema ha sido considerado como cosa banal que podía resolverse con el simple sentido común. Y al decir esto no invento nada. Léase, en efecto, cómo plantea su rígida disyuntiva el doctor Urquieta: "Así, pues, es el simple buen sentido el que plantea esta rígida disyuntiva:-Las virtudes medi- cinales de las termas de Jesús se deben a los manantia- les que la alimentan o al pozo en que se reciben? Y como la respuesta a nadie pondrá en trance duro, ha de con- cluirse de la disyuntiva que las aguas son lo esencial y el pozo lo accesorio; luego no habrá desatino en reformar lo accesorio con tal de no trastornar lo esencial". Y agrega el doctor Urquieta a continuación: "Mas he aquí que en nombre del criterio científico, y sin duda con la mayor buena fé, se ha llegado a turbar el buen senti- do". Aquí estamos, pues, en presencia de una antítesis irre- ductible : el doctor Urquieta dice que basta el simple buen sentido para resolver la cuestión planteada por la H. So- ciedad de Beneficencia, y el sabio eminentísimo, profesor Landouzy, proclama que la disociación de las aguas mine- rales es uno de los problemas más delicados. El doctor Ur- quieta profesa que una fuente mineral es un bloque vi- viente indivisible para el cual el factor tiempo no tiene im- portancia, y para el profesor Landouzy, una fuente mine- ral es "un agente de materia médica mineral, organizada, viviente, en plena evolución, en potencia de transforma- ción, de mutación". Este concepto, nacido a la luz de los descubrimientos modernos, ha venido a plantear, para todas las termas, problemas delicadísimos y complejos para la buena uti- lización de las aguas minerales. Ya hemos visto, por ejem- plo, las minuciosísimas precauciones tomadas en Pougues para recoger el agua destinada a la ingestión medicinal, precauciones que resultarían incomprensibles a la luz del simple buen sentido. Y semejantes precauciones tie- 24 nen que tomarse para las piscinas individuales o comunes, para los baños e irrigaciones locales; para las curas de inhalación de los gases y de los vapores, etc, etc. Las insta- laciones y material técnico resultan asi cosa esencial en las estaciones termales, y ello se comprende si se piensa que la linfa que brota del seno de la tierra, sale a luz cargada de potencialidad, pero cual un castillo de fuer- zas en equilibrio tan inestable que, desde el instante en que nace, principia a derrumbarse al soplo del medio am- biente. Son esas fuerzas, que recién principiamos ahora a conocer y medir, a las que los pueblos primitivos, con esa profunda intuición que poseen, personificaron en las her- mosas náyades que presidían a las fuentes. Y las hermosas náyades ahí están: fuerzas sugestivas que apasionan a los sabios, radiaciones sutiles que nos rejuvenecen con sus contactos primaverales, y que plantean "uno de los proble- mas más delicados" de la ciencia moderna. Y problema delicado es, no sólo la utilización de la integridad potencial de las aguas minerales, sino tam- bién el arte de su aplicación terapéutica. Sobre este punto dice Landouzy: "Jamás se proclamará lo bastante el pre- cioso instrumento terapéutico que representa una Estación termal. Jamás, también, se dirá suficientemente cuan deli- cado es el manejo del arma de dos filos que esa medica- ción pone en manos del crenoterapeuta!" Como resumen de esta primera parte voy a plantear al doctor Urquieta esta rígida disyuntiva: o continúa cre- yendo que una fuente mineral es un un bloque viviente indivisible que, brotando completamente formado de de- bajo del suelo, no sufre ningún desmedro en su potenciali- dad por efecto del tiempo, del contacto atmosférico, de la ventilación, de las dimensiones de las piscinas en que se le recibe, etc; o bien acepta el concepto moderno de la inestabilidad dinámica, de la transformación, a partir del instante en que la fuente surge al exterior, lo que dá por resultado que el máximun de energía curativa sólo lo posee la linfa naciente. 25 II De los inestables elementos dinámicos que integran una fuente mineral, me ocuparé, primeramente, del calor, y después de la radioactividad, respetando así el orden en que los ha tratado el doctor Urquieta. Dice mi distinguido colega: "Hase afirmado que al cons- truir un receptáculo más ancho para las aguas, estas per- derán en calor todo lo que ganen en superficie". "Tal afirmación no debe ser un sofisma: la probidad y la circunspección de las respetables personalidades que la emitieran, no lo consienten; pero encierra tamaño error. Una masa líquida se enfría más pronto cuanto más delga- do es su espesor o profundidad y cuanto más se la extien- da en superficie; pero no puede enfriarse más pronto si al dilatar su superficie no ha disminuido su espesor. Así, en igualdad de condiciones, un vaso de agua caliente de un litro se enfriará en el mismo grado y tiempo que dos vasos, o tres, o cien iguales, puestos todos-repito-en idénticas condiciones". Discrepo en absoluto de las anteriores afirmaciones del doctor Urquieta aplicadas al caso-como él lo hace-de un pozo alimentado por una fuente de rendimiento constan- te. Afirmar "gue al construir un receptáculo más ancho para las aguas, éstas perderán en calor todo lo que ganen en superficie", es sostener sencillamente un principio de Física elemental de rigurosa exactitud matemática, y só- lo por uno de esos lapsus de que nadie está libre, ni los hombres de más talento, me explico que mi ilustrado co- lega haya podido negarlo. La demostración de mi aserto es facilísima y, para más claridad, la haré con números. Voy a permitirme enunciar, antes de entrar en materia, algunas nociones elementales de Calorimetría. "Una cantidad de calor se mide en calorías. La caloría es la cantidad de calor necesaria para elevar de 0o a Ia, la temperatura de un gramo de agua pura. Se llama tam- 26 bién pequeña caloría por oposición a la gran caloría o ki- localoría, que es la cantidad necesaria para elevar de 0o. a Io la temperatura de un kilogramo de agua". "La calorimetría tiene por objeto la evaluación de las cantidades de calor. Se funda en los dos principios si- guientes : "Io La cantidad de calor necesaria para elevar un núme- ro de grados cualquiera la temperatura de un cuerpo, es proporcional a su masa". "De donde resulta que una gran caloría iguala a mil pequeñas calorías". "2o. La cantidad de calor perdida por una masa determi- nada de un cuerpo, por un descenso de temperatura de T° a L°, es igual a la cantidad de calor ganada por el mis- mo cuerpo, en una elevación de temperatura de L° a T°" (Ganot Maneuvrier: Tratado elemental de Física, pag 230) A fin de facilitar el cálculo, supondremos que el agua de Jesús es pura, es decir, que para elevar o bajar en 1°. un kilo o un litro de ella, necesitaremos hacerle ganar o per- una kilocaloría. En realidad se necesita más de una kilo- caloría, pues todos saben que las sales en disolución en el agua aumentan su calor específico. Supondremos también que el agua de Jesús no se enfría por la conductibilidad de las paredes del pozo y con ello nos apartaremos en una cantidad insignificante de la ver- dad, como es fácil comprenderlo. En estas condiciones, la masa liquida de una piscina pierde calor por radiación y por evaporación. La pérdida de calor por radiación es proporcional a la superficie, y esto es tan elemental que se hace inne- cesario insistir en ello. La radiación depende también de la diferencia de temperatura con el medio ambiente, es decir, que mientras más caliente sea el agua y más frío el aire, mayor será la rapidez del enfriamiento. La evaporación es causa enérgica de enfriamiento, por- que el agua para pasar al estado de vapor roba un canti- dad considerable de calórico al resto de la masa acuosa. 27 Regnault ha encontrado que cada gramo de agua absorve para evaporarse 537 calorías. De modo que si tenemos 537 gramos de agua a 50°, por ejemplo, en un recipiente, y se evapora un gramo (un centímetro cúbico) en un mi- nuto, la temperatura de toda el agua bajará en un gra- do. Por consiguiente, todos los factores que activan la eva- poración, activarán el enfriamiento a razón de 537 calo- rías, poco más o menos, por cada gramo de agua evapo- rada. La velocidad de evaporación está sujeta a las siguien- tes leyes: "l^Es proporcional a la magnitud de la superficie li- bre del líquido"; "2°.Es proporcional a la diferencia entre la presión máxima del vapor del líquido a la temperatura que se ex- perimenta, y la presión que en ese momento tiene el va- por del liquido en la atmósfera". "En consecuencia, la elevación de temperatura acele- ra la evaporación, por el crecimiento de presión máxima que comunica a los vapores". "Finalmente, la corriente de aire activa la evapora- ción, renovando la atmósfera y retrasando la saturación" (Ganot Maneuvrier, pag. 257). El descenso de la presión atmosférica acelera también la evaporación. Como Arequipa se halla a más de 2 000 metros de altura sobre el nivel del mar, y nuestra atmós- fera es, además, excesivamente seca, la evaporación acuo- sa resulta muy enérgica entre nosotros. Por eso ésta consti- tuye para Jesús el factor con mucho el más importante de enfriamiento del agua mineral. Pido perdón por esta un poco larga enumeración de leyes físicas, pero ella tiene la utilidad de plantear con todos sus elementos el problema térmico de Jesús. De las anteriores leyes se deduce que la evaporación e irradiación, únicas causas de enfriamiento en el caso que nos ocupa, dependen sólo de estos factores: superficie 28 libre del líquido, desnivel de temperatura entre éste y el medio ambiente, presión atmosférica, grado higromé- trico, grado de temperatura y ventilación. Podemos agre- gar también el enfriamiento que determinan los gases di- sueltos que, al desprenderse espontáneamente de la ma- sa acuosa, absorben calor para pasar del estado liquido al gaseoso. Vemos que entre estos factores que condicionan la rapi- dez del enfriamiento no se encuentra el espesor de la capa líquida, al que hace intervenir el doctor Urquieta, sin razón alguna. Ningún físico menciona-ni podría men- cionar-el espesor de la capa acuosa como elemento que pueda aumentar o disminuir la irradiación o la evapo- ración. Sobre lo que sí influye el espesor es sobre el volú- men o masa de líquido que se enfría, pero no sobre el nú- mero de calorías perdidas por minuto. Y aquí convie- ne que definamos la capacidad calorífica. Esta viene a ser, para cada cuerpo, el producto de su masa por su calor específico. Supongamos un pozo de agua de 1 metro cua- drado de superficie y uno de profundidad. Si en una hora se pierde en la superficie mil kilocalorías, la temperatura del agua bajará sólo en un grado, puesto que la capacidad calorífica del pozo es de 1000 kilocalorías. Si al pozo le damos 2 metros cuadrados por uno de profundidad, en- tonces se perderán en una hora 2000 kilocalorías, que repartidas entre los dos mil litros de agua darán siempre un descenso de 1 grado; y así sucesivamente. Suponga- mos, ahora, que el pozo de un metro cúbico sea llenado en una hora por una fuente termal. Es claro que durante esa hora la temperatura bajará en un grado. Ahora bien, para que la temperatura del pozo de dos metros cúbicos bajara sólo un grado sería indispensable que el rendimien- to de la fuente se duplicara para poder llenar dicho pozo en sólo una hora. Pero si el débito de la fuente conti- nuase siendo el mismo, el pozo más grande sólo se lle- naría en dos horas, al cabo de las cuales el descenso térmico resultaría de dos grados, es decir, aumentado en el 29 100 por 100 que se ha acrecentado la superficie (4.000 kilocalorías restadas de 2.000 kilos de agua). Y este des- censo de 2 grados es constante cualquiera que sea el mo- mento en que se considere el pozo desde que comienza á llenarse. Tal es el caso de Jesús si se agranda el pozo en el 50 por 100 que se ha proyectado, es decir, que la pérdida de temperatura-á igualdad de condiciones-resultará acre- centada en ese 50 por 100, como lo vamos á calcular más adelante. "Una masa liquida (un pozo) se enfría más pronto --dice el doctor Urquieta-cuanto más delgado es su es- pesor o profundidad y cuanto más se le extienda en su- perficie; pero no puede enfriarse más pronto si al dilatar su superficie no ha disminuido su espesor",-debió agre- gar-siempre que se aumente el caudal de la fuente ali- mentadora en la misma proporción que la superficie. Y análogo aditamento es necesario hacer a los demás párra- fos que dedica el doctor Urquieta al problema de la tem- peratura, para que dejen de ser erróneos. De todo lo anterior se deduce-como lo habrá observa- do ya el doctor Urquieta-con rigurosidad matemática, que dadas idénticas condiciones de medio ambiente y de rendimiento de la fuente, la pérdida de calórico depende- rá exclusivamente de la superficie libre del líquido. Es decir, que si dicha superficie es de un metro cuadrado y se pierden 100 Kilocalorías por minuto, esta pérdida au- mentará a 200, 300, 400, etc, Kilocalorías, si hacemos que el pozo tenga 2, 3, 4, etc, metros cuadrados. Pero como se trata de determinar, no sólo el gasto de calorías, sino lo que queda en el pozo para utilidad de los enfermos, se hace necesario calcular, como ya lo he- mos hecho más arriba, la capacidad colorífica del pozo. Es axactamente como si se tratara de una cuenta de caja, en la que si se desea saber cuanto se tiene, debe compa- rarse las entradas con las salidas. Las entradas en nuestro problema están constituidas por el número de Kilocalo- 30 rías que aporta la fuente, y las salidas por el número de Kilocalorías que se pierden por irradiación y evaporación en la superficie libre del líquido. Hagamos números: Calculemos las entradas. Estas están formadas por los 330 litros de agua a 24° que vierte la fuente cada minuto o lo que es lo mismo, por 330 x 24= 7,920 Kilocalorías por minuto. Para determinar las salidas, supongamos que, por irra- diación y principalmente por evaporación, se pierde Una Kilocaloría por minuto y por decímetro cuadrado de su- perficie. Como el pozo actual tiene aproximadamente 30 metros cuadrados, la pérdida sería: 1 x 30 x 100= 3,000 Kilocalorías por minuto. Luego en cada minuto se tiene este balance: Entradas 7920 Salidas 3000 Saldo. 4920 Kilocalorías Si se realiza el ensanche, tendremos un pozo de 45 me- tros cuadrados de superficie libre. Cálculo: Entradas: 7,920 Kilocalorías por minuto. Salidas: 4,500 „ „ „ Saldo 3,420 „ „ „ La pérdida por minuto resulta aumentada en un 50 por 100, igual al aumento de la superficie del pozo. Ahora, si queremos calcular la pérdida de los dos pozos llenos, podemos aceptar, desde luego, para no complicar demasiado los cálculos, que la temperatura que alcanza a tener el agua en la piscina actual al finalizar las dos horas que tarda en llenarse, se mantiene constante a partir del instante en que se inicia el rebalse al pozo de los pobres, y que lo mismo sucedería con la nueva piscina proyec- tada a partir del final de la 3a. hora, pues son tres las que se requiririan para locupletarla. 31 Según esto, tendríamos con la pérdida de una Kilocalo- ría por un minuto y decímetro cuadrado: Piscina actual Entradas: 7,920 x 60 x 2=950,400 Kilocalorias Salidas: 3,000 x 60 x 2=360,000 Saldo en dos horas: 590,400 „ Para encontrar la temperatura al finalizar la 2o hora, tenemos que repartir éstas 590,400 Kilocalorias en to- da el agua del pozo, supuesta una mezcla perfecta del lí- quido. Realizada la división, se obtiene como temperatu- ra: 14°. 91. Piscina proyectada Entradas: 7920 x 60 x 3=1.425,600 kilocalorias Salidas: 4500 x 60 x 3= 810,000 Saldo en tres horas: 615,600 Repartiendo este saldo entre los 59,400 litros acumula- dos en tres horas, se tendrá una temperatura de 10°. 35. Así, pues, la piscina actual sufriría un descenso térmico de 9°.O9, y la piscina proyectada, en las mismas circunstan- cias, un descenso de 131-65, esto es, mayor que el anterior en un 50 por 100. El descenso térmico resulta muy fuerte en el caso que acabamos de resolver, porque hemos supuesto una pér- dida considerable por minuto y decímetro cuadrado, a fin de hacer resaltar mejor la influencia del aumento de superficie. Con el fin de hacer deducciones prácticas, he calculado los descensos de temperatura partiendo de 24° iniciales para el actual pozo y el proyectado, comenzando de una pérdida mínima de 1 Kilocaloría por metro cua- 32 drado en un minuto, y aumentándola gradualmen- te hasta llegar a 25 Kilocalorías. Las temperaturas solo las he calculado hasta décimos de grado para hacer más claras las cifras. El siguiente cuadro es el resumen de todos esos cálculos: Nñmero de kilocalorías perdidas por m2 en 1 minuto PISCINA ACTUAL PISCINA PROYECTADA Pérdida por minuto Pérdida por 2 horas Nempera- tura álas 2 horas Pérdida por minuto Pérdida por 3 horas Tempera- tura á las 3 horas 1 30 3,600 23,91 45 8.100 23,86 2 60 7,200 23,82 90 16,200 23,73 3 90 10.809 23,73 135 24,300 23,59 4 120 14,400 23,64 180 32,400 23,45 5 150 18,000 23,5 225 40,500 23,3 10 300 36,000 23,1 450 81,000 22,6 15 450 54,000 22,6 675 122,000 21,9 20 600 72.000 22,2 900 162,000 21,3 25 750 94,000 21,6 1125 202,500 20,6 (249 iniciciales de temperatura en el grifón.) En primer lugar, vemos en el cuadro anterior que cuan- do la pérdida de calórico es sólo de 1 Kilocaloría por m', el agua en el pozo actual pierde 1 décimo de grado, y en el pozo proyectado sólo % décimo más. A medida que se eleva la pérdida a 5,10,15, 20 y 25 kilo- caloría por m2, el exceso de enfriamiento en la piscina proyectada va subiendo a 0.3, 0.5, 0.7, 0.9 décimas y un gra- do. Luego tenemos esta primera conclusión importante: El perjuicio térmico causado por el ensanche del pozo re- sultaría mínimo y de muy escasa importancia cuando las condiciones atmosféricas ocasionan una pérdida también mínima de calórico por irradiación y evaporación; y dicho perjuicio iría aumentando y haciéndose más importante a medida que las condiciones climatéricas activaran el enfriamiento del agua. 33 Determinemos ahora, aproximadamente, el valor de las pérdidas máxima y mínima de calórico sufridas por la pis- cina durante el año. Para ello no contamos, desgraciadamente, con observa- ciones termométricas completas. El doctor Escomel dice que Raymondi marcó la temperatura de Jesús "con 22 a 23 grados en el termómetro centígrado". Aún cuando no conozcamos los detalles de esta observación, podríamos inferior de ella que fué en la piscina llena donde Raymon- di constató esas oscilaciones térmicas que llegaban hasta un grado. El hecho de que el doctor Piérola haya encon- trado una temperatura marcadamente superior, de 23°5, en el surtidor de la gruta, da fuerza a la suposición de que aquellas variaciones térmicas de un grado correspon- den al agua del pozo lleno. Según esto creo que se puede, sin gran error, fijar en 1 grado el enfriamiento máximo que puede realizarse en la piscina de Jesús. En cuanto al enfriamiento mínimo, cifrándolo en 1110 de grado segura- mente que nos aproximaremos mucho a la realidad. La termometría de una piscina resulta muy delicada y compleja, si de ella quieren sacarse deducciones exactas respecto al grado de enfriamiento de una fuente termal. Mi estimado y querido colega, doctor Piérola, cree que es fácil hacer el cálculo con sólo "saber la temperatura del agua al emerger del suelo y la que afecta el pozo una vez lleno". Pero, he aquí, precisamente, lo difícil: saber la temperatura del pozo. Y si, como en el caso de Jesús, vierten en el pozo dos fuentes de temperatura distinta, entonces se complica aún más la termometría. En efecto, el agua fría (sea la que brota asi o la que se enfria en la superficie) tiende a acumularse en el fondo, y la más caliente en la capa superior. Si la masa acuosa está tran- quila, se formarán, pues, una serie de capas líquidas de temperaturas decrecientes de la superficie al fondo. Cada 34 observación termométrica tendría que ser múltiple, es decir, practicada con un cierto número de termómetros, colocados al mismo tiempo en diferentes puntos del pozo y a distintas profundidades. El término medio de estas temperaturas así tomadas, vendría a ser, con más o menos aproximación, pero nunca con rigurosa exactitud, la tem- pertura del pozo en el momento de la observación. Com- parándola entonces con la temperatura del agua termal en el mismo grifón, se tendría la pérdida o enfriamiento sufrido. Bien se comprende que para estos estudios se ne- cesitan termómetros de mínima muy exactos y sensibles. De lo anterior se deduce, que sólo las grandes variacio- nes, aquellas que por lo menos lleguen a % grado o un grado, por ejemplo, serían constatables por el termómetro (salvo que se trate de piscinas muy pequeñas), y que en los casos de enfriamientos pequeños cifrados sólo en po- cos décimos o fracciones de décimo de grado, la termome- tria más escrupulosa fracasaría. De consiguiente, es al cálculo a lo que hay que recurrir forzosamente para de- terminar, con precisión, los enfriamientos sufridos por una agua termal en piscinas de distintas dimensiones. Es para realizar estos cálculos que se necesita conocer, como datos previos, cuales son los enfriamientos máxi- mo y mínimo constatados, por término medio, en un año. No quiero entrar en otras consideraciones relativas a la posibilidad de que, en la época de lluvias principalmen- te, hayan venas líquidas de poca profundidad que puedan alterar y enfriar la vertiente, porque ello nos complica- ría ya demasiado el razonamiento, tanto más, cuanto que la cifra máxima de enfriamiento que he fijado, es estudia- damente moderada. Las conclusiones podemos formularlas así: En la actual piscina de Jesús puede fijarse, según las ob- servaciones termométricas que existen, en 1 grado el en- friamiento máximo en el día más desfavorable del año y en l|10 de grado el enfriamiento mínimo. No es por la termometría, sino por el cálculo, como' 35 puede determinarse con exactitud cuál será el mayor des- censo térmico que se sufrirá con los agrandamientos de la piscina. Analicemos sumariamente las circunstancias climaté- ricas que determinan en el balneario de Jesús los descen- sos térmicos máximos y mínimos. En primer término, la pérdida de calor por irradiación tiene poca importancia. El doctor Piérola encontró 18° para la temperatura ambiente en el recinto del pozo, el día 3 de octubre del presente año, a las 9 y 20 a. m., mien- tras que la temperatura del pozo en la superficie era de 23° 5, esto es, sólo una diferencia de 5 grados y medio en- tre el aire y el agua. Con este pequeño desnivel, claro está que la rapidez de la nivelación térmica tiene que ser len- ta. La evaporación, por el contrario, y sobre todo en Jesús, es la más importante de las causas del enfriamiento. Aho- ra bien, de los cuatro factores esenciales que pueden ha- cer variar la rapidez de evaporación, esto es, el grado hi- geométrico, la temperatura, la ventilación y la presión at- mosférica, podemos prescindir de esta última, porque las oscilaciones barométricas en Arequipa son muy poco acu- sadas. Tengamos sólo presente que la gran altura a que nos encontramos acelera mucho la evaporación. Examinemos el grado hígrométrico. Un hecho domi- na la climatología arequipeña, y es la gran sequedad de la atmósfera, causa enérgica de aceleramiento de la eva- poración y de enfriamiento. Ahora bien, es en el invierno que se observa casi siempre la mayor sequedad del aire, llegando a bajar a veces el higrómetro por debajo de 30 por ciento. Por el contrario, en verano, que es cuando llue- ve, el grado de humedad aumenta considerablemente y la evaporación disminuye en la misma proporción. 36 Veamos ahora la temperatura atmosférica, cuyo au- mento activa la evaporación, no sólo por acción directa, sino por el aumento de presión máxima que comunica al vapor. A priori, podría pensarse que la máxima de tempe- ratura corresponde al verano, pero sucede lo contrario, pues es en el invierno que el termómetro marca el mayor grado termométrico del año. Asi, pues, si aunamos esta máxima térmica ocurrida en invierno con la excesiva se- quedad del aire en la misma estación, obtendremos las condiciones más propicias para acrecentar considera- blemente la evaporación del agua y el enfriamiento de la piscina. De un modo general podemos afirmar, en consecuencia, que es en el invierno que se efectúa el en- friamiento máximo de la piscina de Jesús. En el verano hay dos factores que luchan por anularse: el aumento notable de la humedad relativa que reduce la evaporación y el mayor calor (no en forma de máximas fugases sino en elevación térmica media) que tiende a exagerar la evaporación. Pero como el factor principalísi- mo es el grado higrométrico, la balanza se inclinará du- rante el estío hacia el enfriamiento mínimo del agua. Respecto a la ventilación que tanto activa la evapora- ción, la situación de Jesús en altura y completamente expuesto a los vientos dominantes, tienen que ser cir- custancias favorecedoras del enfriamiento de la piscina. La conclusión del anterior ligero análisis lo formula- remos así: En tesis general, el enfriamiento máximo de la piscina de Jesús, que muy problablemente puede llegar a 1 gra- do, se realiza en invierno, y el enfriamiento mínimo, que puede ser de sólo 1|10 de grado, acontece en verano. Llegamos a la cuestión más interesante. ¿Qué impor- tancia tiene, desde el punto de vista térmico, el proyec- 37 tado ensanche del 50 por ciento de capacidad de la pisci- na? Hemos apreciado en í grado el enfriamiento máximo que sufre la actual piscina. Ahora bien, esta pérdida máxi- ma depende exclusivamente de la dimensión del pozo. Si la piscina es chica, el máximo será pequeño; si la pis- cina es grande el máximo será grande. Si la piscina en vez de tener 30 metros cuadrados, só- lo presentara una superficie de 15 metros cuadrados (po- zo de 5 m. de largo por 3 de ancho), entonces, esas mis- mas condiciones climatéricas adversas en grado máxi- mo, que ocasionan en el actual pozo un descenso de 1 grado, en ese pozo más chico sólo determinarían un des- censo de % grado. Por el contrario, aumentando el pozo en un 50 por ciento, como en el proyecto, las mismas circuns- tancias adversas producirían una baja de 1 grado y medio; y si el pozo actual se hiciera 2, 3, 4, 5, etc. veces más gran- de, el máximo enfriamiento alcanzaría 2, 3, 4, 5, etc, grados de temperatura. Y como, dada la escasa termalidad de Jesús, un descenso de % grado puede calificarse de per- judicial, es incuestionable que existe el interés primor- dial de dar a la piscina una capacidad lo más moderada posible. Por ejemplo: un pozo de 15 metros cuadrados, con un enfriamiento máximo de % grado en el día más frío, seco y ventoso del año, y con capacidad para 200 enfermos diarios. La conclusión fundamental puede formularse en los si- guientes términos: Las oscilaciones térmicas son tanto más reducidas cuan- to más pequeña es la piscina. Dada la escasa termalidad de la fuente de Jesús y a fin de reducir el máximo en- friamiento a 0o. 5 en el día más desfavorable del año, debe dársele a la piscina, conforme lo demuestra el cálculo, una superficie libre que no exceda de 15 metros cuadra- dos, lo que le dá una capacidad para 200 enfermos diarios cómodamente. 38 Para contrarrestar el mayor enfriamiento en el proyec- tado pozo, se ha hablado de los cristales deslustrados que se pondrán en el techo y que darán lugar al calenta- miento del ambiente del recinto, y, se dice, hasta del agua. Analicemos esta afirmación. Supongamos que el techo de cristal hace subir la tem- peratura del aire por encima de 24 grados, que es el maximun que podemos suponerle al agua termal en el grifón mismo. Para que este fenómeno se realice, sería menester que el recinto se ventilara poquísimo, lo cual es sumamente difícil, pues dada la situación elevada del balneario y su ninguna protección contra los vientos do- minantes, el simple hecho de abrir las puertas para dar ingreso a los bañantes, ocasionaría la renovación rápida del aire y el descenso de su temperatura. Pero, pasemos sobre esta dificultad, y aceptemos que la temperatura ambiente llegue a ser superior a la del agua. En este caso será el aire el que tenderá a enfriarse y el agua a calen- tarse por la nivelación de temperaturas. ¿Podrá llegar a tener importancia este aporte de calorías al agua de parte del aire ambiente? Lo dificulto por las siguientes razones. La subida de temperatura del recinto tiende a producir estos dos efectos contrarios: a invertir el efecto de la ra- diación en favor del agua, y a desecar o bajar el grado hi- grométrico del aire, lo que aceleraría la evaporación y el enfriamiento. Esta mayor sequedad del ambiente tiende a ser contrabalanceada por la evaporación de la piscina. Supongamos, lo que ya es suponer demasiado, que gracias a la evaporación no baje el grado higrométrico. Entonces tendríamos las circunstancias ideales para que el agua no se enfriara, sino, al contrario, para calentarse al con- tacto del aire cálido del recinto. Calculemos la importan- cia de este aporte calorífico: El calor específico de 1 gramo de aire a presión cons- tante es, aproximadamente, 5 veces menor que el del agua, 39 y como la densidad del.aire es unas mil veces inferior a la del agua, resulta que, de un modo aproximado, para trasmitir sólo 1 Kilocaloría al agua, tendrían que perder un grado de temperatura 5000 litros de aire. Para que el aire más caliente aumentara en sólo 1110 de grado la tem- peratura de los sesenta metros cúbicos de agua del pozo proyectado, sería menester que le trasmitiera 6,000 kilo- calorías. Pues bien, estas 6,000 kilocalorías representa- rían un descenso de 1 grado en un volúmen de 30 millo- nes de litros, o sea, de 30,000 metros cúbicos de aire. Como el recinto proyectado tiene, poco más o menos, 500 metros cúbicos, si éstos se calentaran 60 veces más que el agua, o sea, hasta 84°, deberían enfriarse nuevamente hasta 24° pa- rara calentar la piscina únicamente en 1 ¡10 de grado. Se- mejante trasmisión de calórico sólo podría realizarse en una superficie de contacto de 45 metros cuadrados, en mu- cho inferior a los 125 metros cuadrados de todo el recinto. Por el contrario, bastaría que el aumento de temperatura del recinto acelerara un poquito la evaporación, para que sólo 100 gramos de agua evaporados en la superficie del pozo, anularan completamente aquel laborioso ascenso de 1110 de grado en la temperatura de la piscina. Los anteriores cálculos tienen por objeto hacer ver lo di- fícil que es, por no decir imposible, que la calefacción del recinto por los vidrios deslustrados del techo, pueda in- fluir en la temperatura del pozo. No hago más cálculos y deducciones prácticas, porque- el cuadro anotado basta para que con él se resuelvan to- dos los casos que quieran plantearse. Como conclusión final diré que, desde el punto de vista térmico, el ensanche de los pozos significaría, con eviden- cia que no admite dudas, un perjuicio positivo para el balneario de Jesús, de tan escasa termalidad. 40 Seguro estoy de que mi distinguido colega, doctor Ur- quieta, habrá reconocido rápidamente, el error de física elemental que cometió al afirmar, de primera intención, que el aumento de la superficie del pozo no podía deter- minar un mayor enfriamiento del agua termal. Y aquí no caben discusiones. En eso consiste, precisamente, la rigi- dez de la lógica de los números. III "Pasemos al argumento de más cuerpo-escribe el doc- tor Urquieta-entre todos los que se oponen al ensanche del balneario: ¿Las aguas perderán en fuerza de radioac- tividad y en ionización?" Después de plantear así el problema, hace una breve si- nopsis de la historia del descubrimiento de la radioacti- vidad, indicando que ésta determina la producción de fe- nómenos eléctricos, luminosos, caloríficos, químicos y bio- lógicos. Y entre los eléctricos se detiene en la ionización, a la que concede el papel principal en la siguiente frase: "Así, pues, la ionización es la forma como se entiende el proceso de la radioactividad, sobre todo en su fase eléctrica." Voy, por eso, a permitirme el decir algo sobre la ioni- zación. Supongamos una pila eléctrica cuyos dos polos se hallen sumergidos en un recipiente lleno de agua destilada. La corriente pasará en pequeña cantidad por ser el agua destilada mala conductora. Si agregamos entonces un po- co de cloruro de sodio (sal de cocina), se observa que la corriente pasa, quedando cerrado el circuito, como se dice en lenguaje técnico. ¿Por qué mecanismo la sal agregada al agua ha facilitado tan grandemente el paso de la co- rriente eléctrica? He aquí lo que acontece. En el instante preciso en que hemos arrojado al agua el cloruro de so- 41 dio, cuya fórmula química es Na Cl, los átomos de sodio (Na) y de cloro (Cl) que forman las moléculas de la sal, se separan y constituyen lo que se llama iones. De estas dos clases de iones en que queda fragmenta- da cada molécula de sal, el ion sodio se halla cargado de electricidad positiva, y el ion cloro de electricidad negati- va. Tal es, en síntesis, el fenómeno al que se da el nombre de ionización. Esta es, pues, sencillamente la disgregación de las moléculas de un cuerpo en dos clases de iones po- sitivos y negativos. Siempre que se disuelve una sal, un acida o una base, en agua, las soluciones quedan ioniza- das, sin que sea necesaria la acción de la electricidad, ni de ningún otro agente. Si la proporción de sal, de ácido o de base, es muy pequeña, la ionización es completa, es de- cir que, suponiendo el caso de arriba, no quedará ninguna molécula de cloruro de sodio (Na Cl) íntegra, hallándose todas divididas en sus respectivos iones de sodio y iones de cloro. Si las soluciones son más concentradas, sólo una parte de las moléculas se desdoblará, quedando ente- ras las restantes. La ionización se dice entonces incomple- ta. He aquí, pues, un primer hecho capital: Las soluciones salinas débiles se encuentran siempre más o menos io-^ nizadas. Y como las fuentes minerales se hallan en este caso, es decir, que son soluciones salinas débiles, resulta que todas ellas, y por tanto la de Jesús, brotan de la tie- rra en estado de ionización más o menos completa. Y has- ta aquí nada ha tenido que hacer la electricidad (en forma de corriente se entiende) ni la radioactividad. Más arriba vimos que la solución ionizada de cloruro de so.dio dejó pasar la electricidad que se hallaba detenida o atajada por el agua destilada. El porqué de este intere- sante fenómeno voy a explicarlo en una forma objetiva, pues así se comprenderá mejor y quedará grabado en la memoria. Si queremos ir a Moliendo, por ejemplo, tendremos que tomar un vehículo que nos conduzca: ferrocarril, caba- llo, o bien, el autovehículo de las piernas. A la electrici- 42 dad le pasa lo mismo, necesita un vehiculo para trasladar- se, y los vehículos que emplea son, precisamente, los iones de que acabamos de hablar. En efecto: tenemos de un lado la solución de cloruro de sodio espontáneamente ionizada, y del otro los alambres o electrodos, positivo y negativo, de una pila eléctrica, que los hemos sumergido en esa solución. Es una ley de física conocidísima, que las electricidades del mismo nombre se rechazan, y las de nombre contrario se atraen. Luego, todos los iones de sodio cargado de electricidad positiva se- rán atraídos por el alambre o polo negativo, llamado también cátodo, y se precipitarán hacia él con una velo- cidad vertiginosa conduciendo su carga de electricidad positiva. Por eso a los iones-positivos se les llama catio- nes, porque corren hacia el cátodo. En cuanto a los iones de cloro, como están cargados de electricidad negativa, se precipitará hacia el polo positivo, llamado también ánodo, por lo que reciben la denominación de aniones. Vése que los iones constituyen así, para el fluido eléctrico, los vehículos para trasladarse, los trenes expresos, dada la velocidad con que se mueven. El paso de la corriente eléc- trica da así como resultado el que los iones se descarguen, al llegar a sus respectivos polos, de la lectricidad que lle- vaban, quedando descompuesta la sal en sus componentes. Esta descomposición recibe el nombre de electrólisis. De aquí se deduce que para que un cuerpo líquido o gaseoso, sea buen conductor de la electricidad, es necesa- rio que se halle ionizado. Si no hay iones podríamos decir, en lenguaje figurado, que la electricidad se queda a pié. Las sustancias radioactivas tienen la propiedad de ionizar los gases, como el aire v. g., y volverlos de este modo bue- nos conductores de la electricidad. Analicemos un poco más este tan curioso fenómeno. Los iones, acabamos de verlo, son las dos partículas en que se divide cada molécula. Estudios recientes han dado a conocer que cada ion-gramo tiene una carga eléctrica, positiva o negativa, de 96 540 culombios (el culombio es 43 una unidad de medida eléctrica); y este ion-gramo, según el cálculo, se compone de cerca de medio cuatrillón (500,000^000 000^000 000'000 000) de iones. Imposible sería imaginar lo que viene a ser el peso de un ion. Y cada ion, cada una de esas partículas infinitesimales de materia, tie- ne su respectiva carga de electricidad, positiva o negativa. A esa mínima cantidad de electricidad que acompaña a la mínima cantidad de materia (ion), se le da el nombre de electrón. Tendremos, por tanto, electrones positivos yux- tapuestos a los iones cationes, y electrones negativos uni- dos a los iones aniones. En la molécula no dividida en sus iones, el electrón positivo y el electrón negativo se en- cuentran unidos, constituyendo el neutrón. Hemos visto que la conductibilidad eléctrica de los lí- quidos y los gases depende de su ionización. Pero la io- nización o división de las moléculas en iones, significa, al mismo tiempo, la fragmentación de los neutrones en electrones positivos y negativos. Se cree, por eso, que en los metales buenos conductores, como el cobre, los neu- trones deben hallarse fuertemente disociados, y que a ello deben su cualidad conductora de la electricidad. En el alambre de cobre de un circuito eléctrico tendríamos, se- gún esta teoría, a los electrones positivos corriendo ha- cia el polo negativo con una velocidad de unos 300 000 kilómetros por segundo, y a los electrones negativos des- lizándose, en análoga carrera fantástica, en demanda del polo positivo. Si el alambre es grueso, los electrones positi- vos y negativos pueden correr, en sentidos contrarios, de un modo desahogado, por decirlo así; pero, a medida que el hilo metálico se hace más delgado, los electrones rozan entre sí con más fuerza, y este razonamiento da por resul- tado el calentamiento del alambre. Hágase a este suficien- temente delgado y se pondrá incandescente. Así es como se genera la luz eléctrica. Tal es, el términos sencillos, la teoría de los iones y elec- trones, teoría que parece encontrar su comprobación en los fenómenos sorprendentes de disociación de la materia 44 que examinaremos al ocuparnos de la radioactividad. Na- turalmente, respecto de la naturaleza íntima de los iones y electrones, no se ha dicho todavía la última palabra. Se- gún Lorentz, Larmor, Abraham, la materia sería exclusi- vamente de origen eléctrico. Trascribamos ahora, textualmente, lo que dice el doctor Urquieta sobre la ionización'. "Entre estos asombrosos fenómenos, los debidos a la acción eléctrica-y lo mismo sucede sea cual fuere la fuen- te de electridad que los produce-,suelen, en determina- das condiciones, partir en dos, por decirlo así, el átomo que ya no se tiene por indivisible ni mucho menos se reputa como la partícula mínima de la materia. Partido en dos el átomo bajo la influencia de la electricidad o de la radioactividad, una parte-la más voluminosa,-se lan- za al polo negativo de la corriente y es el elemento positi- vo o ion; la otra parte, mucho más pequeña, toma el cami- no contrario y es el elemento negativo del átomo, o el electrón. El ión tiene la propiedad de llamar en su derre- dor otras y otras moléculas, cargarlas todas de electricidad o de fuerza radioactiva y convertirse en núcleo y fuente de energía. Así, pues, la ionización es la forma como se entiende el proceso de la radioactividad, sobre todo en su fase eléctrica" (Doctor Urquieta). El anterior acápite trascrito habría que corregirlo cam- biando completamente su redacción y hasta algunas de sus afirmaciones. Así, se dice que la electricidad-en los fenómenos de ionización-parte al átomo en dos. Desgra- ciadamente no es el átomo, sino la molécula, la que se di- vide espontánamente, como lo hemos visto, lo cual es cosa muy distinta. Y he dicho desgraciadamente, porque si en la electrólisis se disociaran en realidad los átomos, hace ya mucho tiempo que la unidad de la materia podría estar demostrada, y convertido en una realidad el dorado sueño de los alquimistas. Luego se dice que partido en dos el átomo (la molécula), una parte se lanza al polo negativo y es el elemento positivo o ion (ha debido decirse que es el 45 ión positivo); y que, la otra parte toma el camino contra- rio y es el elemento negativo del átomo (de la molécula) o el electrón (hay que tarjar y escribir el ión negativo) Es a las cargas eléctricas de los iones, como acabamos de explicarlo, a las que se designa con los nombres de electro- nes positivos y negativos. Y continúa el acápite: "El ión tiene la propiedad de llamar en su derredor otras y otras moléculas (efectiva- mente, así parece suceder en los gases ionizados, pero de- bió decirse moléculas neutras), cargarlas todas de electri- cidad o de fuerza radioactiva. . " Esta última frase hay que suprimirla, pues no cabe corrección en ella. ¿Es que un ion puede cargar de electricidad a las moléculas que atrae y que se hallan cargadas de sus respectivos neutrones? Y sobre todo, ¿un ion puede cargar a esas moléculas atraí- das, de fuerza radioactiva? La fuerza radioactiva es la cualidad de emitir radiaciones, cualidad que es conse- cuencia de la disociación espontánea de los átomos como lo veremos en su oportunidad. Si lo afirmado por el doctor Urquieta fuera cierto, sería cosa facilísima obtener fenó- menos radioactivos con sólo preparar una solución de sal de cocina o con determinar la ionización del aire u otros gases. Terminado este ligero análisis relativo a la ionización, voy a ocuparme del punto capital, o sea de la radioacti- vidad. IV Tócame ocuparme de la tan debatida radioactividad del balneario de Jesús. Ya en mi primer artículo dije, que las circunstancias es- pecialísimas en que ésta discusión se ha iniciado, no en un centro científico, sino ante un público que nos lee, que se interesa por el problema en debate, y que desea formar- se un criterio y pronunciar un fallo, tenía que obligarme 46 a entrar en explicaciones que no están, ni podían estar nunca, dirigidas a mi muy ilustrado colega, doctor. Ur- quieta. Es como si lleváramos el espíritu democrático hasta el terreno científico. El magister dixit, perteneció a la época del derecho divino de los reyes. Ahora sólo exis- te un derecho divino: el de la verdad demostrada, no só- lo en el terreno político, sino también en el científico. Pido, pues, la venia a mi distinguido colega y amigo, para hacer previatnente algunas explicaciones. Siguiendo a estas con un poco de atención, podrán formarse los lec- tores, aunque sus conocimientos de física sean muy ele- mentales, una idea aproximada de los problemas formida- bles y grandemente sugestivos que plantea la constitución íntima de la materia, así como de los fenómenos sorpren- dentes y de apariencia casi milagrosa que la radioactivi- dad origina. Esta discusión vendrá así a formar parte de la obra de extensión universitaria que a todos los profesiona- les compete. En mi anterior articulo expliqué que cuando se disuel- ve una sal, un ácido, o una base en agua, parte de las molé- culas se dividen espontáneamente en iones, cargados unos de electricidad positiva, y otros de electricidad negativa. Que estos iones venían a constituir así los vehículos de la electricidad, por lo que sólo las soluciones y los gases ioni- zados son buenos conductores eléctricos. También indiqué, que a la carga eléctrica de los iones se la designa con el nombre de electrones, y que cada mo- lécula, antes de dividirse en dos iones, poseía un electrón positivo y un electrón negativo, los que reunidos en la mo- lécula neutra forman lo que se llama el neutrón. Así dejé expuesta en su forma más sencilla, la teoría de los iones y electrones, que tanta luz ha proyectado en 47 los fenómenos físico-químicos, y sin entrar a analizar la naturaleza íntima de los fragmentos moleculares, ni las hipótesis a que ha llegado la ciencia moderna. Pero, ahora que se trata de radioactividad, se hace ne- cesario, para tener ideas claras, ahondar un poco la cons- titución molecular y atómica de la materia a la luz de los descubrimientos recientes. Principiaré por explicar lo que los Físicos llaman el cuarto estado de la materia. Todos los gases están dotados de fuerza expansiva, y por eso el volumen que ocupan depende de la presión a que están sujetos. Las moléculas gaseosas se hallan en una agitación constante y tendiendo a separarse unas de otras a consecuencia de las fuerzas repulsivas que las animan. Cuando un gas, el aire por ejemplo, se encuentra suje- to a la presión atmosférica, sus moléculas hállanse apreta- das unas contra otras, sin poder disponer de espacio li- bre para sus movimientos. Recordad lo que es una multi- tud apiñada en un recinto del cual todos procuran salir. Cada individuo, en sus esfuerzos, determinará sólo peque- ños movimientos de vaivén en toda la masa, pero no po- seerá libertad de acción individual. Asi pasa en los ga- ses: cada molécula está apretada contra las otras, como las personas de aquellas multitudes compactas e inquie- tas por salir. Supongamos ahora que principian a salir gran núme- ro de individuos o de moléculas de aire del recinto cerra- do. Entonces comenzarán a tener libertad de movimientos, y ésta libertad será tanto más considerable, cuantos más individuos o moléculas hayan salido. 48 Sea una esfera de vidrio (figura 1) en la cual se hace el vacío con una máquina neumática. Si llevamos la aspira- ción del aire hasta donde nos sea posible, conseguiremos FIGURA 1 reducir el número de moléculas gaseosas a la milloné- sima parte, poco más o menos, es decir, que de cada mi- llón sólo queda una. Estas que quedan poseerán, natu- ralmente, una gran libertad de movimiento para dar jue- go a su eterna tendencia de expansión.Faraday llama a esto el cuarto estado de la materia, o lo que Crookes de- signa también con el nombre de materia radiante. Ahora bien, si determinamos dentro de ese aire enrare- cido una corriente eléctrica, mediante las varillas metá- licas C y A puestas en comunicación con los dos polos de una buena máquina productora de electricidad, se produ- cirán fenómenos interesantísimos. A priori, podemos ya suponer que los corpúsculos positivos y negativos, de que están compuestas las moléculas, tendrán que ponerse en movimiento diversamente orientados: los negativos debe- rán huir velozmente del cátodo C por estar cargados de la misma clase de electricidad, y los positivos, rechaza- dos por el ánodo A, tendrán que precipitarse, por el con- trario, hacia el cátodo de electricidad contraria. Y, efectivamente, es eso lo que sucede. Cuando expli- qué, en mi artículo anterior, la manera como la electrici- dad se trasmite por los conductores metálicos, v. g. un alambre de cobre, vimos que los electrones negativos ca- 49 minaban en él hacia el polo positivo (ánodo) con una ve- locidad de 300,000 Kilómetros por segundo. Al llegar, por consiguiente a la extremidad C dentro de la esfera, estos electrones se precipitarán con una velocidad, tanto más grande, cuanto menos denso sea el aire que hay dentro, esto es, cuanto menos resistencia encuentren en la masa gaseosa enrarecida. Si el vacío es sólo mediano, los elec- trones negativos tendrán dentro del globo una velocidad de 40 Kilómetros por segundo, y si el vacío ha sido lleva- do al grado extremo que es posible obtener con nuestras bombas neumáticas, esa velocidad llegará a 100,000 Kiló- metros por segundo y aún más. El manojo o haz de electrones que parten así del cáto- do C, forman los rayos catódicos, los cuales van en línea recta a estrellarse contra la pared opuesta de la esfera de vidrio. Los átomos del vidrio, bajo el choque de este bom- bardeo, se estremecen, y estos estremecimientos comuni- cados al eter que impregna todos los cuerpos, constituyen la fluorescencia con que se ilumina la parte que se halla frente al cátodo. El choque de los electrones negativos calienta también el vidrio y, si se prolonga la experiencia, pueden ponerlo incandescente y hasta fundirlo. Si dentro de la esfera se coloca un pequeño molinito, lo veremos gi- rar, pues sus aspas serán impulsadas por los electrones dis- parados por el cátodo C. Los electrones negativos parten siempre perpendicularmente a la superficie libre del cá- todo. Si le damos a este la forma cóncava, los electrones vendrán a concentrarse en un sólo punto, y colocando ahí un alambre de platino se pondrá incandescente a causa del bombardeo catódico así concentrado. En la figura 1, el cá- todo C es un poco cóncavo y los electrones que dispara van a caer sobre una placa metálica inclinada y situada delan- te de él. ¿Qué pasa en dicha placa? Hemos dicho que el bombardeo catódico determina la calefacción del vidrio y la formación de radiaciones lu- minosas de que depende la fluorescencia que adquiere el vidrio. Pero no es ésto todo. La conmoción atómica violen- 50 ta del vidrio origina en el eter nuevas pulsaciones y ondu- laciones rapidísimas que tienen, como todas las vibracio- nes etéreas, una velocidad de propagación de 300,000 Kiló- metros por segundo, y a las cuales el físico alemáa Ront- gen las llamó rayos X por no poder explicar su naturaleza especial. Estos rayos X tienen propiedades particularísi- mas: caminan en línea recta sin reflejarse, ni refractarse, y atraviesan los cuerpos opacos a la luz ordinaria. Esta propiedad de atravesar los cuerpos es utilizada, como sa- ben todos, para obtener fotografías del esqueleto humano, descubrir cuerpos extraños y proyectiles enclavados en el cuerpo, etc. Fué para evitar que el vidrio de la ampolla se fundiera bajo el influjo del choque de los electrones, que Sylvanus Thomson tuvo la idea de interponer la placa metálica A, llamada anticátodo. Los electrones al chocar con ella, ori- ginan los Rayos X que se dispersan en todas direcciones en la parte del espacio situada por delante del plano de la placa. Los electrones, a su vez, también se reflejan en el anticátodo y van a chocar con la mitad de la esfera sitúa- FIGURA 2 Rayos catódicos (c), rayos catódicos reflejados (r), y rayos x los que salen de la ampolla de vidrio. 51 da de ese lado, y volviendo fluorescente al vidrio (figu- ra 2). Si suprimimos la placa metálica anticatódica, y el sitio de la pared de la esfera donde van a chocar los electrones negativos lo reemplazamos por una lámina de aluminio, los rayos catódicos, gracias a su velocidad, atraviezan dicha lámina y salen al exterior. Examinándolos, se ve que impresionan las placas fotográficas y que ionizan el aire, es decir, lo vuelven buen conductor eléctrico. Si se acerca un imán, son desviados de su trayectoria, y el sen- tido de esa,, desviación demuestra que están con electrici- dad negativa. Además, todo cuerpo que reciba el choque de esos electrones negativos se electriza también negati- tivamente. Se ha calculado que la carga eléctrica de un gramo de estos electrones es de 180 millones de culombios. En las soluciones ionizadas vimos que la carga eléctrica de un ion-gramo, de hidrógeno por ejemplo, es sólo de 96,540 culombios, esto es, 2,000 veces menor. Ahora bien, como la carga eléctrica de un ion de hidrógeno es la más pequeña cantidad libre de electricidad que puede existir en una partícula en movimiento, hay que admitir, forsozamente, que en el gas enrarecido de la esfera, cada átomo se ha fragmentado en 2,000 pedazos para poder trasportar esa carga 2,000 veces mayor. Y es así como el concepto del áto- mo indivisible cayó por tierra. Pero, estos dos mil fragmentos o electrones negativos no son los únicos que entran en la constitución del átomo neutro no dividido, pues en éste tiene que existir la otra parte cargada positivamente. De consiguiente, dentro de la esfera de vidrio deben estar también los iones positivos liberados por los electrones negativos que se han sepa- rado de ellos. ¿Cómo se llegó a ponerlos de manifiesto? Goldstein fué el primero que lo consiguió mediante peque- ños agujeritos que practicó en el cátodo C. Veamos que es lo que sucede. Cuando los electrones negativos se es- capan del cátodo C bombardean intensamente todo lo que 52 encuentran a su paso, y, por tanto, también chocan con las moléculas del aire enrarecido. El sacudimiento que su- fren estas es tan violento que se rompen y dividen, que- dando así ionizado el aire. Todos los iones positivos, atraídos por el polo negativo, se precipitan hacia el cáto- do C, por cuyos agujeritos se escapan muchos de ellos yendo a constituir, en la parte posterior, un manojo o haz de rayos anódicos. Estos rayos están, pues, constituidos por los corpúsculos positivos, los cuales tienen una masa mucho mayor que la de los electrones negativos. De los hechos anteriores, expuestos sumariamente en su parte fundamental, se deduce la nueva teoría sobre la constitución de la materia. Cada átomo viene a estar for- mado por un centro de atracción, el ion positivo, el cual, para conservar su equilibrio, se halla animado de un mo- vimiento rapidísimo de rotación al rededor de su propio eje. En torno de este centro muévense los electrones nega- tivos con una velocidad extrema, exactamente como los planetas giran al rededor del Sol. Cada átomo viene a ser así un sistema planetario, en el cual los planetas (electro- nes negativos) guardan, en cuanto a sus dimensiones y distancias relativas, relaciones análogas a las de los ver- daderos sistemas planetarios del universo estelar. Si con la imaginación nos representamos a un átomo del tama- ño de una esfera de 60,000 metros de diámetro, dice Ru- therford, los electrones negativos gravitando al rededor del ion positivo (que sería su Sol) vendrían a estar re- presentados por 2,000 cuerpos (planetas) del tamaño de perdigones de plomo. Así como los planetas de nuestro sis- tema solar, gracias a las enormes distancias a que se en- cuentran unos de otros, pueden girar en torno del Sol sin estorbarse en sus trayectorias, asi también, esos 2,000 electrones negativos pueden gravitar libremente, sin en trechocar, al rededor de su ion positivo. Esta materia, que a nuestros pobres sentidos se presenta tan prosaica, tan unida, tan compacta, tan inerte, escu- driñada con la vista penetrante de la ciencia se nos ofrece 53 maravillosamente compleja. Sus partículas elementales más pequeñas aún que las microscópicas, diremos mejor infinitesimales, conviértense ante nuestra estupefacta in- teligencia, en verdaderos mundos constituidos de modo análogo a los mundos siderales, y encerrando en su seno cantidades incalculables de energía varia. A la ilusoria homogeneidad se sustituye una organización constelar atómica que embarga la imaginación más poderosa, y al dogma de la inercia de la materia tenemos que reempla- zarlo con esa vida misteriosa, potente, complicadísima, que se encierra en cada microcosmos atómico. El infini- to nos envuelve. Sentímonos sumergidos en él, arrastra- dos por sus torbellinos misteriosos e insondables, satu- rados por su energía inconmensurable. Ya veremos como se manifiesta esa energía en los cuer- pos radioactivos. Gracias a las nociones anteriores pode- mos abordar ya el estudio de la radio-actividad. V La disociación del átomo bajo el influjo de una co- rriente eléctrica a través del aire enormemente enrare- cido, nos ha dado, como acabamos de verlo en el artículo anterior, la élave de la misteriosa constitución atómica de la materia. Hasta hace poco, se creía que el átomo era la partícula elemental e indivisible de toda sustancia, y que, de consiguiente, existían más de ochenta clases de átomos, completamente irreductibles unos en otros, constituvos de otros tantos cuerpos simples descubiertos por los químicos. Todos saben que los antiguos alquimistas perseguían la transformación de los diversos metales en oro, y sus perse- verantes ensayos para encontrar la famosa piedra filoso- fal que debía de permitirles tal mutación, contribuye- ron notablemente al adelanto de la Química. 54 La ciencia, con sus progresos, puso de manifiesto la ina- nidad del dorado ensueño alquimista, y demostró, al mis- mo tiempo, que el oro y demás metales conocidos eran sus- tancias simples, inconvertibles unas en otras. Un átomo de oro es siempre igual a sí mismo, cualquiera que sea la sal o cuerpo de que forme parte. Un átomo de oxígeno, ya se halle formando parte de una gota de agua en el fondo del mar, o integrando la molécula de oxihemoglobina de la sangre que vivifica nuestro organismo, o bien pase a combinarse con el carbono en la flama de upa hoguera, será siempre átomo de oxígeno, invariable, igual a sí mismo. Y lo mismo ocurre con los átomos de ázoe, de hi- drógeno, de hierro, de cobre, de platino, y de todos los cuerpos simples. La inmutabilidad del átomo constituía así uno de los fundamentos de la Química. Los fenómenos que se realizan dentro de una ampolla productora de Rayos X, y el descubrimieto de las sustan- cias radioactivas, vinieron a echar por tierra este concep- to de la inmutabilidad atómica, y, hoy día, puede decir- se que todos los sabios admiten el principio de la unidad de la materia. Según este principio, análogo al de la uni- dad de la fuerza, los átomos de los llamados cuerpos sim- ples estarían constituidos por la misma sustancia, o tal vez por la misma energía, dispuesta en electrones negati- vos y iones positivos organizados en sistemas planetarios, y diferenciándose únicamente por su mayor o menor com- plejidad. Esto no quiere decir que, con este descubrimiento, se haya venido a caer en cuenta de que sea un fenómeno corriente la disociación de los átomos en sus partículas constitutivas, y que nos encontremos ya en condiciones de fabricar, mediante ese uniforme polvo atómico, toda clase de edificios químicos, entre los cuales habría que dar la preferencia al codiciado oro, a la famosa piedra filo- sofal de los alquimistas. Nó; de ninguna manera. Los áto- mos de las sustancias simples, a pesar de su organización 55 complicada, presentan un tal equilibrio y estabilidad, que vienen a ser como rocas infinitesimales que soportan im- pávidas, sin sufrir desmedro, los más furiosos embates de las oleadas químicas de nuestras retortas, mantenién- dose invariables en su estructura a través de las múlti- ples combinaciones y descomposiciones porque pasan en los laboratorios y en la Naturaleza. Esta estabilidad ató- mica nos explica como ha podido subsistir hasta el pre- sente el concepto de la multiplicidad de las sustancias simples, no obstante los maravillosos progresos de la quí- mica analítica y sintética. Establecida la realidad de la disociación atómica y la gran verosimilitud de la unidad de la materia, deja de ser ciertamente una idea absurda el ideal alquimista, pero la dificultad de su realización continúa siendo casi la misma. Pero, como nada es absoluto en la naturaleza, esa esta- bilidad atómica debe tener indudablemente sus límites, pasados los cuales , a la estabilidad o equilibrio de fuerzas se sustituirá la inestabilidad o ruptura del equilibrio diná- mico. Y así es, en efecto. Con los átomos, que son edificios de electrones y iones, sucede lo mismo que con nuestros monumentos, hechos de piedra y cal. A medida que una construcción es más elevada, más profundos tienen que hacerse los cimientos y más fuerte la armazón para asegu- rar su estabilidad. Todos han oído hablar y visto en foto- grafías los famosos rasca-cielos de New-York, con 30, 40 y más pisos. Si los norteamericanos continuaran en ésta lo- cura por las alturas, llegaría el día en que sobrepasados los limites de la resistencia de los materiales, los colosales edificios, al impulso de la más ligera brisa, tendrían que venirse a tierra. Pues bien, la Naturaleza ha ganado en es- to a los yankis, pues ha construido rasca-cielos atómicos en los cuales queda rebasado el limite del equilibrio que es posible en los edificios de electrones y iones, y, por tan- to, se les ve derrumbarse espontáneamente. ¿Cuáles son esos átomos inestables? Los más comple- jos o, lo que es lo mismo, los más pesados. 56 Los químicos han llegado a determinar los pesos de las distintas clases de átomos comparándolos con el del hi- drógeno, que es el más ligero de todos, y al que se ha ele- gido por eso como unidad de peso. He aquí algunos pesos atómicos: HIDROGENO 1. Antimonio 119.3 Argón 39.56 Bario 136.27 Calcio 39.75 Cloro 35.17 Cobre 63.06 Estaño 118.1 Fósforo 30.79 Helio 3.96 Hierro 55.40 Mercurio 199. Manganeso 24.15 Neón 20.40 Níquel 185.7 Azoe -s 13.89 Oro 195.7 Oxígeno 15.88 Plata 107.02 Platino 193.6 Plomo 205.45 RADIO 224.6 TORIO 230.6 Tungsteno 182.6 URANIO 236.7 Xenón 129.2 De todos los cuerpos simples conocidos, el uranio es el que tiene mayor peso atómico, como se ve en el cuadro anterior. Por consiguiente, si se nos dice que existen en la naturaleza átomos inestables, habrá que pensar que ellos 57 deben ser probablemente los del uranio, pues el elevado peso que tienen sus átomos demuestra su complejidad en electrones negativos planetarios y en iones positivos centrales. Y así es. En el año 1896, el gran físico Becque- rel observó, de modo casual, que los compuestos del ura- nio que había guardado junto con una placa fotográfica, perfectamente protejida en un cliché, impresionaron a és- ta exactamente como lo hace la luz. Comprobado el hecho, quedó establecido que el uranio emite espontáneamente radiaciones que atraviesan los cuerpos opacos, impresio- nan las placas fotográficas y ionizan el aire. No quedaron limitados a ésto los descubrimientos sor- prendentes e inesperados. Los esposos Curie constataron que si del mineral llamado uraninita o pecblenda se ex- trae el uranio que contiene, el residuo que queda posee en mucho mayor grado la propiedad de emitir esos rayos que impresionan las placas fotográficas. La deducción que se imponía de este hecho, era que en dicho residuo existía una sustancia más activa que el uranio en desprender aquellos rayos especiales, y al fin lograron descubrir y ais- lar un cuerpo que es un millón de veces más activo que el uranio y al cual llamaron Radio. No es ésto todo, pues la señora Curie descubrió el Polonio, Debierne el Actinio, Rutherford el Torio X, que son cuerpos que emiten, es- pontáneamente, radiaciones semejantes a las del uranio y del radio. A todas estas sustancias se les llama radioactivas, y a la propiedad de emitir aquellos rayos especiales se de- signa radioactividad. Siendo el radio el mejor estudiado de todos ellos, vamos a ocuparnos especialmente de sus propiedades. VI El Radio es un metal semejante al Bario, y son sus sa- les las que se emplean principalmente: el bromuro de ra- 58 dio que es muy soluble en el agua, y el sulfato de radío que es insoluble. Estqs sales huelen a ozono porque electrizan el aire, despiden constantemente calor y una lúz débil. Si se les coloca en contacto con la piel la irritan, y si se prolonga el contacto determinan la formación de llagas. El radio se halla muy esparcido en la naturaleza, pero en cantidades pequeñísimas. La señora Curie para obte- ner sólo 0,20 centigramos de bromuro de radio, tuvo que tratar 20 quintales métricos de uraninita. Esto explica el precio elevadísimo que tienen las sales de radio en el co- mercio. La propiedad de emitir radiaciones la debe 'el Radio a la disociación espontánea de sus átomos. Los fenómenos que se realizan con esta disociación pueden ya compren- derse claramente gracias a las explicaciones dadas en los artículos anteriores. Un átomo, es un sistema planetario, como ya se sa- be. En el centro está el ion o iones positivos animados de rapidísimo movimiento giratorio sobre sí mismos, y gravi- tando en torno suyo, como la Tierra y demás planetas al rededor del Sol, muévense con velocidad enorme los elec- trones negativos. Ahora bien, si suponemos que se rompe el equilibrio dinámico de este sistema planetario, pasa- rá con los electrones lo mismo que con una piedra colo- cada en una honda que se hace girar rápidamente al re- dedor de la mano. Suéltese un cabo de la honda, y la fuerza centrífuga lanzará con violencia la piedra a gran distancia; que se anule la fuerza centrípeta que retenía a los electrones, y estos, que giraban con una velocidad enorme, saldrán disparados como la piedra. Supongamos una pequeña cantidad de radio colocado en un hueco practicado en un pedazo de plomo (figu- ra 3). La disociación de los átomos dará lugar al despren- dimiento de un número inmenso de electrones negativos y de iones positivos, como si se tratara de un pequeño fuego artificial. Los electrones negativos constituyen un haz -o manojo de rayos análogos a los rayos catódicos 59 que estudiamos en la ampolla productora de los rayos X, y han recibido el nombre de rayos beta. Son los que se ven a la derecha de la figura. Los iones positivos libera- FIGURA 3 dos forman otro haz de rayos semejantes a los rayos anódicos de la ampolla de Roentgen. Se les ve a la iz- quierda de la figura, y se les llama rayos alfa. Finalmente la conmoción enérgica que estos corpúsculos determi- nan, dá lugar a vibraciones rapidísimas en el éter seme- jantes a los rayos X, y se les llama rayos gama. Son los que se desprenden en linea recta hacia arriba al medio de la figura. Pero el desmoronamiento de los átomos de radio no li- bera a la totalidad de electrones y iones que los compo- nen, sino únicamente una parte de ellos, de modo que los sitemas planetarios complicados se reducen a nuevos edi- ficios o átomos más sencillos, y estos nuevos átomos vie- nen a constituir, no ya radio por supuesto, sino una nueva sustancia gaseosa denominada emanación. Los átomos de éste gas, que son menos complicados, tienen sólo un peso atómico de 176, menor que el del radio que es de 224.6. 60 Más arriba comparamos a la parcela de radio bombar- deando el ambiente con sus electrones y iones a un fuego artificial. Si continuamos la comparación, diremos que la emanación viene a ser respecto del radio que se disocia lo que el humo respecto del castillo de luces de bengala que arde. Los átomos de la emanación, aún cuando más sencillos, no han adquirido suficiente estabilidad y continúan des- moronándose. Este derrumbe atómico dá origen a nuevas proyecciones de rayos alfa, beta y gama, y los nuevos áto- mos más sencillos que resultan constituyen un nuevo cuer- po: el Radio A. Este continúa a su vez disociándose, se desprenden más electrones y iones (rayos alfa, beta y ga- ma), y los nuevos átomos, menos pesados, forman otra sustancia: el Radio B. Y así sucesivamente van naciendo de este desmoronamiento los nuevos radios C, D, E, F. El Radio F es igual al Polonio que descubrió Mme Cu- rie. Aún cuando la serie de átomos cada vez más sencillos sólo ha podido seguirse hasta el radio F, las mutaciones no se detienen ahí, pues continúan y dán, como término último de la disgregación atómica, un gas, el Helio, de átomos perfectamente estables y cuyo peso es sólo de 3.96, como lo vimos en el cuadro del artículo anterior. En resu- men : átomos complejos de 224.6 de peso (la unidad, como se sabe, es el peso 1 del átomo de hidrógeno), se han deshe- cho gradualmente, por escalones sucesivos, hasta conver- tirse en modestos átomos de Helio de un peso exiguo de 3.96. En el cuadro de los pesos atómicos vimos que los del Uranio y del Torio son los más elevados, y éste solo hecho basta, como dijimos, para suponer que deben desagre- garse espontáneamente. En cuanto al Uranio, ya vimos que desprende rayos que impresionan la placa fotográfi- ca, y lo que es más interesante, se han seguido sus di- versas mutaciones que dan nacimiento sucesivamente al Uranio X, luego al Ionio, y después al Radio que ya cono- cemos. Es por eso que todos los minerales que contienen 61 Uranio, también tienen Radio, por esta mutación espontá- nea del primero en el segundo. Esta genealogía del Radio está demostrada por el siguiente experimento: si se guar- da cuidadosamente una solución pura de nitrato de ura- nio, desprovista de toda traza de radio, se vé que al cabo de tres o más años contiene nuevamete radio, sin que haya lugar a dudas. El Torio, de átomos complicadísimos, no hace excepción a esta como ley de disociación espontánea que acabamos de seguir en sus diversas fases, desde el Uranio hasta el Helio, pasando por el Radio. La serie de sustancias ra- dioactivas que nacen del Torio son estas: Torio, Mesoto- rio 1, Mesotorio 2, Radiotorio, Emanación, Torio A, B, C. El Actinio, al disociarse, también dá nacimiento a una serie de cuerpos que son: Radioactinio, Actino X, Emana- ción, Actinio A, B, C. Y parece, aún cuando no esté demostrado aún, que el término último de la disociación de todas estas sustancias radioactivas es el Helio. La rapidez de disociación o destrucción de éstas diver- sas sustancias radioactivas trasmutándose unas en otras, descendiendo de las más complejas a las más sencillas, varía muchísimo. Ya es de sólo unos cuantos segundos, como de millares de años. Podríamos comparar esta desa- gregación de la materia, a fin de hacer una imagen viva del fenómeno, con lo que pasa en los grandes y elevadí- simos glaciares, en donde va fundiéndose lenta, muy len- tamente, la nieve, y el agua que resulta desciende, ya en rápidos torrentes, ya en cascadas tumultuosas o en cursos lentos y zigzagueantes, hacia el último término de su des- censo: el mar. Pues bien, el Uranio, el Torio, el Actinio, el Radio, vendrían a ser los elevadísimos picos de la es- tructura atómica, y desde ahí, fundiéndose, descenderían esos átomos complicadísimos e inestables, ya en cascadas, ya en lentas corrientes, cada una de las cuales representa una nueva sustancia, hacia el mar de la materia, o sea, hacia el Helio, término último de la disociación atómica. 62 Y generalizando más el fenómeno, por inducción, debe- mos considerarlo como una cualidad atómica universal, como la consecuencia del envejecimiento, si así puede de- cirse, de la materia, cuyos átomos, en los variadísimos cuerpos simples y compuestos que constituyen los mundos, irían poco a poco, bajo el influjo de los choques y emba- tes de las mil y mil clases de vibraciones y radiaciones que surcan el Universo, desmoronándose, como se desmoronan los acantilados graníticos ante el embate de las embra- vecidas olas del océano. Sólo que éste envejecimiento o di- sociación atómica, es únicamente sensible y apreciable para nuestros instrumentos en las sustancias radioactivas, cuyos iones y electrones se desgranan con rapidez, en tan- to que en los demás cuerpos, principalmente los de no muy elevado peso atómico, la senectud o muerte de los átomos que se metamorfosean en otros, es tan excesivamente len- ta, que se necesitarían centenas o millares de años para constatar su existencia. Voy a dar algunas cifras para precisar las ideas respec- to a los formidables fenómenos de la radioactividad. Hemos indicado ya la propiedad que tienen las sales de Radio de desprender calor. Curie calculó que un gramo de sal de Radio emite una caloría en una hora. Si se piensa que para que ese gramo de Radio pierda sólo un miligra- mo de su peso se necesitarían centenares de años, se com- prenderá la cantidad enorme, casi inconcebible, de energía que se halla almacenada en los átomos de aquel cuerpo. Hay que fijarse que sólo hablamos aquí de la energía calorífica, sin tomar en consideración la energía luminosa, eléctrica, mecánica, etc, que se desprende con los rayos alfa, beta y gama. Y éstas energías se escapan incesante- mente de las partículas radíferas, y cada una de estas partículas emplea dos mil años en reducirse a la mitad, y otros dos mil en acabar de desagregarse completamen- te. Si la desintegración del radio es milenaria, la del Ura- nio se prolonga diez millones de años. Durante estos milla- res de años, cada miligramo de radio emite sin descanso 63 varios millones de iones positivos y electrones negativos por segundo, y cada gramo de éstos encierra una carga eléctrica de 180 millones de culombios. Y en cuanto a la energía mecánica, los iones positivos (rayos alfa) son lan- zados con una velocidad de 20,000 Kilómetros por segun- do, los electrones negativos ( rayos beta) con una rapidez de más de 200,000 Kilómetros en el mismo tiempo, y los rayos gama (rayos X) con la velocidad de la luz (300,000 Kilómetros por segundo). La imaginación más poderosa queda confundida an- te estas formidables cifras que dán idea de lo que es la materia, infinitamente grandiosa en los mundos estelares como en sus más diminutas partículas, infinitamente lle- na de energía, de vida, en su maravillosa esencia. Es ésta energía incomcnsurable la que va perdiendo la materia radioactiva en su descenso hacia el Helio, exacta- mente lo mismo que el agua de los torrentes, que al des- cender desde los glaciares hacia el mar, vá perdiendo la fuerza que recibió del Sol y quedó almacenada en su ma- sa. Pero en éste caso el circulo se renueva eternamente. AI llegar al mar, el agua absorve la energía calorífica de los rayos Solares, se evapora, se condensa en nubes, que los vientos,que son también fuerza solar transformada, arrrastran hacia las cumbres de las montañas, donde se precipitan y acumulan en forma de nieve, para volver a comenzar así ese ininterrumpido ciclo acuoso que en- tretiene la vida sobre la Tierra. Este ciclo se renueva, como vemos, gracias a la energía solar que devuelve al agua la fuerza que perdió en su caída. Pero, en las sustan- cias radioactivas, su degradación hacia el Helio es fatal, definitiva, pues para que la evolución de la materia resul- tara un circulo, como el del agua, sería necesario recons- truir aquellos átomos complicadísimos, devolviendo a las moléculas de Helio la energía incalculable que perdieron. ¿Dónde existirá ese maravilloso Sol o fuente de energía ca- páz de verificar con sus poderosas ondas tan estupenda obra de reconstrucción atómica? Lo ignoramos; pero, co- 64 mo científicamente hablando, toda evolución implica un ci- clo completo de metamorfosis, como no sería posible acep- tar que sólo para la materia no se cumple esa ley general, hay que imaginar que en el Universo, en el cual nada se pierde, ván acumulándose en forma latente las fuerzas desprendidas de la materia que envejece, y que en el reloj de la vida universal, en que cada milenario es fugaz ins- tante, tendrá que sonar la hora en que se produzca la con- flagración cósmica que ha de devolver a los desmedrados átomos sus energías primeras, renaciendo el caos primi- tivo formado por la materia en toda su pujante energía juvenil. Y la evolución atómica recomenzaría así eterna- mente. Con ésto llegamos a la parte principal del presente estu- dio, pues voy a analizar someramente las cualidades de las radiaciones alfa, beta y gama, indicando la acción que ejercen sobre el organismo. VII Hemos visto que el Radio, al disociarse, libera tres cla- ses de radiaciones: los rayos alfa, beta y gama. Estudiemos separadamente cada una de ellas. Rayos alfa.- (El haz de la izquierda de la figura 3) Ya sabemos que estos están formados por los iones positivos libertados. La masa de éstos corpúsculos es mucho mayor que la de los electrones negativos. Aproximando un imán se desvían, y el sentido de esta desviación demuestra que están cargados positivamente. La velocidad con que se des- prenden es de 20,000 Kilómetros por segundo, demasiado pequeña si se la compara con la de la luz. Por su masa y por la resistencia que encuentran en el aire, pierden rá- pidamente su impulso y apenas si avanzan algunos milí- metros. Son detenidos por cualquier obstáculo que encuen- tren, aún cuando sea una simple hoja de papel. Por eso, 65 se les ve que en la ampolla de los rayos X (rayos anódicos) no pueden atravesar el vidrio y se quedan dentro del glo- bo. Lo mismo sucede si se pone una sal de Radio en un tubo de vidrio tapado: los rayos alfa se quedan dentro. Estos rayos forman el 90 por 100 de la radiación total del Radio. Los rayos alfa tienen una marcada acción bactericida, y es a ellos que el Radio y demás sustancias radioactivas deben su poder desinfectante. Pero si se desea que el Radio ó sus sales ejerzan esta acción sobre algún germen ó cul- tivo, es indispensable que se bailen bien cerca de los mi- crobios sobre los que se quiere estudiar su acción, y que no se haya interpuesto entre ellos ningún cuerpo, ni la más ligera lámina. La razón de ello ya sabemos cual es: la es- casísima ó casi nula fuerza de penetración que poseen los rayos alfa y su diminuta trayectoria. Asi, en una pis- cina radioactiva los rayos alfa sólo se elevarán algunos milímetros por encima del nivel del agua. Coloqúese una partícula de bromuro de Radio (expe- riencia de Pfeiffer y Friedberger) a 6 centímetros de dis- tancia de unos cultivos de lif obacilos y colerabacilos, y su acción antiséptica será completamente nula. Acérquese la sal a un centímetro de distancia, y entonces se paraliza del todo el desarrollo de aquellos microbios. Hoffmann logró matar completamente cultivos de es- tafilococos y de bacilos antracis colocando a pocos milí- metros de distancia de ellos una sal de Radio. Si las colo- nias están en tubos de gelatina y se han desarrollado pro- fundamente en la misma masa de ésta, veremos que sólo las superficiales son esterilizadas, a causa de la escasísima penetración en la gelatina de los rayos alfa. La acción antiséptica de estos sobre los bacilos de la tu- berculosis y de la difteria se ha demostrado con la siguien- te experiencia concluyente. Si a dos animales de labora- torio se les inocula dichos bacilos y en seguida se les hace una inyección de bromuro de Radio, los animales, en lugar de resultar infectados, quedan completamente indemnes. 66 En los cultivos de estreptococos sometidos a la acción de los rayos alfa se observa una disminución considerable del número de colonias. De los diversos microbios estudiados desde este punto de vista, parece que uno de los más sensibles es el gono- coco. Rayos beta (El haz de la derecha de la figura 3). Cons- tituidos por los electrones negativos, como ya se explicó, vienen a ser los análogos a los rayos catódicos de la ampo- lla de rayos X. La diferencia está en que los rayos beta tienen un poder de penetración mucho mayor, pues los más rápidos o duros pueden atravesar las láminas de plo- mo de dos y tres milímetros de espesor, en tanto que los rayos catódicos de la ampolla de Roentgen se quedan den- tro detenidos por el vidrio. Si los rayos alfa tienen una tra- yectoria de sólo unos cuantos milímetros, los beta se pro- pagan lejos a gran distancia de su foco de origen. El poder de penetración no es igual para todos los rayos del haz, ni para todas las sustancias radioactivas. Hay rayos beta blandos que se amortiguan en las capas superficiales de la piel, y otros rayos duros que sólo quedan detenidos en los órganos profundos. Ahora bien, cuando estos electrones negativos, que son como infinitesimales torbellinos de energía eléctrica, atraviesan las células de los tejidos or- gánicos, son tan veloces, de masa tan diminuta, que casi puede decirse nula, que no dejan huella ni determinan lesión alguna en dichas células; pero una vez que pierden su velocidad y son atajados en algún órgano, entonces ca- da célula en la que se queden enclavados los torbellinos eléctricos se desorganiza y muere. Es a esta acción destruc- tiva a la que deben los rayos beta (en unión de los rayos gama como luego veremos) su aplicación curativa en los cánceres. Si un cáncer o tumor maligno está situado su- perficialmente en la piel, habrá que emplear rayos beta blandos; y si el tumor es profundo, será menester, por el contrario, usar de una pantalla fútrante que detenga a los 67 rayos blandos para que no irriten o ulceren la piel, a fin de que sólo pasen los rayos beta duros que irán a amorti- guarse hondamente hacia donde están las células cance- rosas que deben destruirse. Dijimos que los rayos alfa constituyen el 90 por 100 de la radiación total del Radium. Los rayos beta forman sólo el 10 por 100 restante. Rayos gama. (El haz que está al centro de la figura 3) - Son iguales a los rayos X de la ampolla de Roentgen. Aque- llos rayos, que vienen a ser las vibraciones rapidísimas que determinan en el éter los electrones y iones al disper- sarse, son desde luego neutros eléctricamente, y su poder de penetración es considerable, mayor aún que el de los rayos Roentgen, pudiendo los más duros atravesar láminas de plomo de 4 y 5 centímetros de espesor. El radio y sus sa- les no sirven para obtener fotografías del esqueleto huma- no, porque los rayos gama atraviesan también los huesos y estos ya no hacen sombra sobre la placa fotográfica, como pasa con los rayos X. Pero no todos los rayos gama atra- viesan el cuerpo humano,pues también los hay blandos que se amortiguan en los órganos profundos. Son estos los que en unión de los rayos beta, ejercen su acción des- tructiva sobre las células de los tumores donde se atajan. Estos rayos alfa ,beta y gama no se producen en la mis- ma cantidad por las diversas sustancias radioactivas, abundando ya los unos o los otros, como también varían su energía y poder de penetración. De aquí problemas complicadísimos de dosaj«, de filtración, de elección de las sustancias radioactivas, de modo de aplicación etc.; pro- blemas que no hago más que señalarlos, dada la índole de estos artículos. Además, estos problemas están muy le- jos de haber sido resueltos, a pesar de los descubrimien- tos notables que ya se han realizado, y, día a día, van planteándose nuevas e interesantísimas cuestiones. Como las sustancias radioactivas necesitan millares de años para destruirse por disociación atómica, un mili- 68 gramo de bromuro de Radio, v. g., desprende constante- mente, sin sufrir desmedro apreciable, sus rayos alfa, be- ta y gama, los que pueden emplearse en las curaciones sin temor de que se agoten. Constituyen, pues, manantiales de energía terapéutica prácticamente inextinguible. Si las. aguas minerales tuvieran entre sus sales alguna de Radio, aún cuando fuera en pequeñísima proporción, resultarían eternamente radioactivas. Pasemos a ocuparnos de la acción biológica y terapéu- tica de la emanación. VIII Emanación o Emgnium.-Hemos visto que de los ra- yos alfa, beta y gama, son los alfa los que poseen una ac- ción netamente desinfectante. La Emanación, esto es el gas que resulta de la desagregación atómica del Radio, desprende abundantes rayos alfa. También los produ- cen los Radios secundarios A, R, C, etc, que se van ori- ginando sucesivamente como ya se explicó. Es a la ac- ción de estos rayos alfa que debe atribuirse la falta ab- soluta de infección que siempre se observa en las ulce- raciones producidas por la aplicación prolongada de sa- les de Radio sobre la piel. Algo más, los hechos parecen demostrar que la Emanación es más enérgicamente an- tiséptica que las mismas sales de Radio. Los cultivos de bactericida carbonosa son muertos por la Emanación, y no pueden desarrollarse en una atmós- fera que se halle cargada de este gas. Goldberg ha demostrado que la Emanación mata a los bacilos de la fiebre tifoidea y al colibacilo, y también destruye a los microbios del cólera y de la difteria. En resumen, queda demostrado con hechos positivos, incuestionables, la acción netamente desinfectante de los 69 rayos alfa emitidos por el Radio, la Emanación y demás sustancias radioactivas. Los organismos inferiores, como los infusorios, son también rápidamente muertos por los rayos alfa. La Emanación ataca a los fermentos organizados, co- mo el fermento láctico, por ejemplo; pero, felizmente, activa un poco la acción de los fermentos digestivos, como la pepsina y la pancreatina. Una propiedad notable del Radio es su acción destructi- va sobre el virus o veneno de la rabia. Se ha podido curar animales infectados que ya presentaban los primeros síntomas del mal, aplicándoles sobre la columna verte- bral sustancias radioactivas. También se ha observado la atenuación de las toxinas (venenos) de la tuberculo- sis, del tétanos y de la difteria. Los rayos desprendidos por el Radio y la Emanación neutralizan, igualmente, a los venenos de las serpientes. Como se comprende fácilmente después de ésta rápida enumeración, las sustancias radioactivas, y de un modo especial la Emanación, han abierto uno de los capítulos tal vez más importantes de la terapéutica moderna. Es por eso que voy a indicar a la ligera las diversas ma- neras como se aplica la Emanación y los resultados que ya se han obtenido. Para el fin primordial de éstos artícu- los tiene esta parte gran importancia, pues se verá que con el ensanche del pozo de Jesús y la ampliación de su re- cinto, tendría que menguar fatalmente la acción curativa preciosa de la Emanación. La introducción del gas Emanium al organismo pue- de realizarse por inhalación-, por la vía gástrica o me- diante inyecciones. Como la Emanación es un gas que goza de un gran poder de difusión, si se bebe un poco de agua que lo contenga en disolución, o si se practica una inyección subcutánea con una solución convenien- te del gas, éste se esparce rápidamente por la sangre y los tejidos, eliminándose por los bronquios. Analizando el aire que se expira se le encuentra cargado de Emana- 70 ción. La eliminación del gas Emanium por los pulmones es tan rápida, que cuatro horas después de una inyec- ción subcutánea, y dos horas y media después de absorver- lo por el estómago, ya no se le encuentra en la sangre. Cuando se respira aire cargado de Emanación, se ob- serva un fenómeno curioso que consiste en que a medi- da que se prolonga la inhalación, el gas Emanium vá acu- mulándose en la sangre, llegando a encontrársele en una proporción mucho mayor que en el aire aspirado. Así, por ejemplo, Gudzend encontró en uno de sus enfermos, después de dos horas de inhalación, que la sangre con- tenía 51.5 unidades de Emanación, mientras que el aire que respiraba sólo tenía 1.18 por litro. Suspendida la in- halación, el Emanium desaparece de la sangre al cabo de una hora. Como se vé, el mejor procedimiento para conseguir la acumulación en el organismo de una buena dosis tera- péutica de Emanium, es mediante la respiración de ai- re que esté cargado de él. En los enfermos sometidos a este tratamiento se ha ob- servado que, bajo la influencia de la Emanación, la sal in- soluble de los tofus de los gotosos se trasforma en sal so- luble que se elimina, que el ácido úrico también es ex- pulsado rápidamente encontrándosele aumentado en la secreción urinaria desde los primeros días de la cura. Según esto, todas las manifestaciones del artritismo son justiciables de este tratamiento por la Emanación. Y, en efecto, según las recientes observaciones de His, de Gud- zend, de Eichholz, de Loewenthal, de Morlet, se han obte- nido curaciones notables de enfermos atacados de gota, de reumatismo crónico o subagudo, de neuralgias reumá- ticas, de obesidad y demás manifestaciones del artritis- mo crónico. En todos los casos se observa una aceleración notable en los cambios nutritivos y en las combustiones, lo cual se traduce en el aumento de la úrea en la secre- ción urinaria. Según Gudzend el Radio D cambia el urato de soda insoluble en una forma soluble e inestable que se 71 elimina. Resulta, pues, que la Emanación es el gran disol- vente que lava la sangre y todo el organismo del ácido úrico y de las sales insolubles que tienden a acumularse en él. En pocas semanas se ve a las articulaciones endure- cidas o deformadas, ponerse flexibles y limpiarse de los tofus y depósitos que las tenían inmovilizadas. Debo hacer mensión especial de la acción sedante del dolor que ejerce la Emanación, lo que la hace precioso agente terapéutico en las artropatías. Si en un animal se pone a descubierto el nervio ciático y se le expone a la acción del Emanium, toda la pata del animal queda in- sensibilizada. Los rayos beta y los rayos X también se emplean con éxito en el tratamiento de muchas enfermedades de la piel. Es a estos rayos que deben atribuirse los buenos re- sultados observados en algunas fuentes hidrominerales en el tratamiento de las dermatosis. Sería muy interesante es- tudiar desde éste punto de vista el llamado "Pozo del Ne- gro", cuyos efectos beneficiosos en las enfermedades de la piel se conocen, y que probablemente es alimentado por la misma capa acuosa que vierte en Jesús. No puede menos que llamar la atención la coincidencia notable entre los efectos terapéuticos que una ya larga ex- periencia clínica ha reconocido a las aguas de Jesús, y va- rias de las acciones fisiológicas que la experimentación científica y clínica ha comprobado que ejercen las sustan- cias radioactivas, muy en particular la Emanación. Esta coincidencia hacer pensar, a priori, independientemente de todo examen directo, en la muy problable radioactivi- dad de la fuente de Jesús. Un modo de procurarse Emanación consiste en hacer borbotar aire a través de una solución de bromuro de Ra- dio que la desprende continuamente, y dirigiendo luego el gas a una cámara cerrada donde se encuentra el enfer- mo. Desgraciadamente el precio de las sales de Radio es excesivamente elevado y las pone fuera del alcance de la ^mayoría de los pacientes. Se comprende, por consiguien- 72 te, el inestimable valor que tienen las fuentes minera- les radioactivas que desprenden Emanación junto con sus gases. Más adelante me ocuparé del modo de utilizar- las. Para aplicar la Emanación se han empleado otros pro- cedimientos a más de los ya indicados. Así, Dominici y Faure-Beaulieu han inaugurado la técnica de inyectar en los tejidos enfermos algunos microgramos (milésimos de miligramo) de sulfato de Radio mantenido en suspensión en un líquido. Como esta sal es insoluble, se mantiene lar- go tiempo sin reabsorverse en el sitio inyectado, despren- diendo continuamente Emanación que se difunde y pasa a la sangre y al organismo entero. Los primeros resultados obtenidos son muy interesantes, pero esta técnica todavía se halla en estudio. Se ha iniciado también la radioactivación de algunos medicamentos, como la quinina y las preparaciones mer- curiales, agregándoles pequeñísimas fracciones de sales de Radio. Dominici, Petit y Jaboin han estudiado los efectos pro- ducidos en el caballo por la inyección intravenosa del sul- fato de Radio. Han visto que la sangre del animal ad- quiere propiedades particulares: mejoramiento del es- tado general, aumento del número de glóbulos rojos. Es a este procedimiento que han designado aquellos autores con el nombre de seroterapia radioactiva. Otro modo de aplicación del Emanium consiste en la aplicación de los barros radioactivos, formados por los residuos de los minerales de uranio y que contienen tra- zas de Radio y, sobre todo, de Actinio. Este metal tiene una radioactividad muy superior a la del Radio. Si se representa por 1 la potencia radioactiva del Uranio, la del Radio viene a ser igual a 2 millones y la del Actinio a 20 millones. Estos barros se aplican con gran éxito en los ca- sos de reumatismo gonocócico y de reumatismo crónico deformante. Bajo su influjo se ve desaparecer rápidamen- 73 te los dolores, y las articulaciones anquilosadas se movili- zan, atenuándose sus deformaciones. Véase, pues, la importancia creciente que la radioacti- vación vá adquiriendo en terapéutica. Y esta radioactiva- ción gira, principalmente, al rededor del Emanium y de su íntima penetración en la sangre y en todo el organismo gracias al prodigioso poder de difusión que posee. Los ra- yos alfa que se desprenden de una piscina, como apenas tienen una diminuta trayectoria de pocos milímetros con un poder de penetración casi nulo, sólo pueden actuar so- bre la piel. Los rayos beta y gama constituyen una muy pequeña fracción de las radiaciones de las fuentes, y su acción terapéutica en las vertientes podemos considerar- la como mínima, sobre todo en comparación con los efec- tos que se obtienen con esos mismos rayos cuando se apli- can las sales de Radio. Así, pues, las radiaciones des- prendidas tienen sólo un limitado campo de acción, y la terapéutica radioactiva debe buscar algo más enérgico, algo que lleve a actuar a esos misteriosos iones y electro- nes en lo más hondo e íntimo de nuestros órganos. Aho- ra bien, la Emanación es la que realiza de modo mara- villoso esa radioactivación de los tejidos orgánicos. He- mos visto el notable poder bactericida de los rayos alfa, hemos explicado la acción enérgica que los electrones negativos (rayos beta) ejercen sobre las células en que se quedan enclavados, también se ha indicado la cantidad casi inimaginable de energía vehiculada por esos iones y electrones en que se desgranan los átomos de la Emana- ción, y todos estos datos bastarían para hacernos vislum- brar, aún sin previa experimentación fisiológica y clíni- ca, la importancia que puede tener la incorporación del Emanium en la intimidad misma de las células consti- tutivas del organismo humano. Pero la clínica y la fisiolo- gía experimental han demostrado ya la acción poderosa del Emanium cuando penetra a la sangre y se difunde por el cuerpo. Para formarse una idea de la importancia curativa que 74 tiene esta compenetración por el Emanium, podría decir- se que los rayos alfa, beta y gama, al desprenderse en la sangre y los humores, realizan un verdadero masage atómico de los órganos, y que ese sacudimiento molecular determina, ya la activación del metabolismo nutritivo, ya la transformación de las sales insolubles en sales solubles que se eliminan, ya la remoción y expulsión de las inmo- vilizadas concreciones calculosas (como ofrece un ejem- plo admirable el balneario de Jesús), o bien el desdobla- miento y destrucción de las toxinas viciadoras de los hu- mores. Bien podemos, por consiguiente, esperar que un por- venir, tal vez cercano, nos reserva la dilucidación de los múltiples y complejos problemas terapéuticos planteados por la Emanación, y que, gracias a este agente inocula- dor de energías y excitador dinámico de actividades vita- les, la Terapéutica de mañana pueda triunfar de muchos dolores y miserias ante los cuales nos encontramos hoy impotentes. IX Hemos visto en el artículo anterior la gran significa- ción que tiene el gas Emanium en la Terapéutica ra- dioactiva, y el porvenir incuestionablemente importan- te que los estudios modernos hacen augurar a esta rama de la ciencia de curar. Conviene, por tanto, estudiar las propiedades de dicho gas, así como las leyes que rigen su presencia y desaparición de las aguas termales. Sabemos ya que la radioactividad, esto es, la propiedad de disociarse en sus átomos para dar nacimiento a nue- vos átomos más sencillos, debe considerarse como una cualidad de la materia en general, sólo que ésta disocia- ción, inapreciable en la mayoría de las sustancias, se ha- ce activa y aparente en un pequeño número de metales de elevadísimo peso atómico (uranio, torio, radio, actinio, etc.), razón por la cual se ha limitado a ellos el calificati- 75 vo de radioactivos. De la disociación atómica van nacien- do distintos cuerpos, como ha quedado explicado, y entre ellos tenemos una serie de gases o emanaciones que se difunden por doquiera, encontrándoseles grandemente es- parcidos en la naturaleza. Podríamos decir que no hay ro- ca ni terreno que no contenga alguna emanación radioac- tiva, en cantidad infinitesimal o en proporción apreciable, •contándose en éste último caso los terrenos que tienen mi- nerales de uranio. Como de todas las emanaciones la más esparcida e importante es la del Radio, cuando se habla de Emanación o Emanium se entiende que se trata del pro- ducto de la disociación de esta sustancia. De lo establecido más arriba se deduce que no existe fuente, sea de origen superficial o volcánico, que no contenga alguna Emanación. Y asi como sólo se llaman radioactivos el Radio y demás cuerpos congéneres cuya di- sociación atómica se puede medir y apreciar sus efectos, así también sólo se llaman fuentes radioactivas a las que contienen Emanación en cantidad netamente mensurable y superior a la pequeñísima que existe en toda agua. Y ahora veamos cuales son las propiedades físicas del Emanium. Este es un gas que se halla sujeto a todas las leyes que rigen los gases. Se disuelve bien en el agua y es muy difu- sible. Su densidad es superior a la del aire, de modo que en un local cerrado se acumula en las capas inferiores, exactamente como lo hace el ácido carbónico. Química- mente hablando es un gas inerte, es decir, que ningún otro gas o sustancia se combina con él. El desprendimiento del Emanium está en razón inversa de la presión que so- porta la sal de Radio o el mineral que lo origina. Si se co- loca bromuro de Radio en un tubo cerrado, la produc- ción de Emanium va dismunuyendo a medida que aumen- ta su tensión, llegando a veces a estallar el tubo. Si, por el contrario, se coloca Radio dentro de la campana de una máquina neumática y se hace el vacio, entonces se acelera 76 la formación de Emanium. También se acelera cuando se eleva la temperatura. La Emanación se condensa a --150°. Ramsay y Gray han logrado liquidar y hasta solidificar la Emanación a temperaturas más bajas. Al estado sólido se la ve despren- der una luz vivísima como la de una lámpara de arco. Cuando se pone un cuerpo cualquiera, sólido o líquido, en la proximidad de una sal de Radio, se le vé adquirir iguales propiedades radioactivas que la sal. Es a este fenó- meno que se llama radioactividad inducida, y se debe exclusivamente al contacto de la Emanación, gracias a la propiedad que tiene ésta de adherirse íntimamente a to- dos los cuerpos. Las radiaciones (rayos alfa, beta y gama) no intervienen para nada en la radioactividad inducida. En los laboratorios donde se maneja el Radio, hay que tomar muchas precauciones para evitar que los instru- mentos de medida resulten radioactivados a causa de la difusibilidad extrema de la Emanación en el ambiente. Esta radioactividad inducida disminuye rápidamente, re- duciéndose a la mitad en 29 minutos. Cuando se tiene Emanium en un tubo, éste adquiere una luminosidad especial que vá desapareciendo con el tiem- po, lo cual demuestra que la Emanación se destruye gra- dualmente. Al cabo de cuatro días su volumen se reduce a la mitad, y en un mes se transforma completamente en el gas Helio, como se ya se indicó. Un gramo de Radio pro- duce en un año 144 a 219 metros cúbicos de Helio, y em- plearía miles de años para transformarse totalmente en este gas. Según vimos, el último término de la disociación de todas las sustancias radioactivas es el Helio. Ramsay y Cameron han demostrado que, según las cir- cunstancias, la Emanación se transforma también en otros gases estables distintos del Helio. Disuélvase Emanación en agua y guárdese la solución. Al cabo de algunas sema- nas se forma una mezcla gaseosa detonante. Si se recoge a ésta en un eudiómetro y se la hace explosionar, queda una pequeña porción de Helio y el resto está formado por 77 el gas Neón. Si se disuelve la Emanación con una sal de cobre, no se produce ni Helio, ni Neón, sino otro gas lla- mado Argón. Estos gases raros, inertes químicamente, constituyen, junto con el Xenón y el Criptcn, una familia bien carecterizada de cuerpos que toman su origen en las diversas sustancias radioactivas. Se les encuentra en pe- queñísima proporción en la atmósfera, y en mayor o me- nor cantidad en las fuentes radioactivas. Más arriba dijimos que la Emanación se reduce a la mitad en cuatro días. En los cuatro siguientes,- el residuo que queda se convierte también en la mitad, y así sucesi-K vamente. Este tiempo necesario para reducirse a la mi- tad, varia de una sustancia radioactiva a' otra; pero es invariable para cada una de ellas. Es a dicho tiempo que se llama constante de desactivación. Asi, el Ra- dio E emplea 8 días en reducirse a la mitad, el Radio C sólo algunos minutos, la emanación del To- rio 54 segundos, y la del Actinio, de vida más fugáz to- davía, se convierte en la mitad sólo en 4 segundos. Hay que tener presente que esta variabilidad de las sus- tancias radioactivas no sólo existe en sus constantes de desactivación, sino también en la naturaleza y cantidad de radiaciones que emiten. Así, el Polonio sólo despren- de rayos alfa, y otros cuerpos sólo rayos gama, o rayos beta y gama, etc. De todo lo anterior se deduce, que el agua circulan- te de la corteza terrestre, ya sea la de origen meteórico que, gracias a la porosidad y grietas de los terrenos, ha penetrado a las capas profundas, o bien el agua de consti- tución de las rocas desprendida bajo la acción de las ele- vadísimas temperaturas de las lavas en las honduras de las zonas volcánicas, esa agua decimos, al recorrer los terrenos y salir a luz gracias a las fallas, las fracturas o los filones metalíferos, tiene que encontrar, desde lue- go en cantidades grandemente variables, algunas de las diversas emanaciones de Radio, de Torio, de Uranio, de Actinio, de Plomo radioactivo, de Radioteluro, etc. 78 También encontrará los gases Helio, Neón, Argón, Criptón, Xenón, cuyas relaciones de origen con aque- llos cuerpos ya se conocen. Son estos gases y cuerpos los que se incorporan a las aguas subte- rráneas, pero en condiciones de temperaturas y pre- siones excepcionales que distan mucho de las tem- peraturas y presiones que hay en la superficie de la Tierra. El laboratorio químico que viene a ser la profun- didad terrestre, es un laboratorio misterioso aún para nosotros, y en donde las reacciones se efectúan en me- dio de circunstancias que sólo sospechamos, pero que se diferencian enormemente de las modalidades fisico- químicas en que vivimos. El agua telúrica así formada y cargada de sales, de gases y de energías radioactivas, constituye, por consiguiente, una entidad viva comple- jísima que en el momento de surgir al exterior se en- cuentra bruscamente trasplantada a un medio completa- mente diferente de aquel que le dió origen. A los inters- ticios, grietas, porosidas y cavernas en que circulaba su- jeta a presiones a veces enormes, sucédcse la amplia at- mósfera, constantemente renovada, de tensión mucho me- nor; a las temperaturas volcánicas, se sustituye la tibieza o frescura del aire; a las profundas tinieblas sucede la viva claridad del día con toda la gama de vibraciones del espectro solar. ¿Cuál tiene que ser la fatal consecuencia? Pues la consecuencia fatal será que el bloque viviente, que viene a ser toda fuente mineral, experimenta una rá- pida modificación en su estructura y cualidades* al adap- tarse al nuevo medio ambiente. Y he aquí el porque del siguiente principio fundamental de la Crenoterapia mo- derna: Toda fuente mineral radioactiva sólo posee el máximum de energía y acción curativa en el momento preciso en que surge del suelo. Estudiemos este fenómeno refiriéndolo a la Emanación. Es al Emanium que las fuentes hidrotermales deben principalmente su poder radioactivo. De la solubilidad de este en el agua, y de la propiedad de adherirse íntimamen- 79 te a los cuerpos o depositar en éstos los radios secunda- rios que origina, resultan dos clases de radioactividad: la debida al gas Emanium disuelto en el agua y que se des- prende espontáneamente al igual de los otros gases (áci- do carbónico, ázoe, etc), y la radioactividad inducida. Para medir la radioactividad se utiliza la propiedad que tienen los cuerpos radioactivos de ionizar el aire vol- viéndolo buen conductor eléctrico. Si se pone un electros- copio cargado de electricidad positiva o negativa en el ambiente inmediato a la fuente que se estudia, se descar- gará con mayor o menor rapidez, según esté más o menos ionizado el aire bajo el influjo de la Emanación. Pero el mejor modo de determinar la radioactividad es investi- gándola en los gáses que se desprenden espontáneamente y que deben ser captados excentos completamente de aire. En cuanto a la radioactividad inducida, se la establece haciendo hervir el agua y recogiendo sus gases, entre los cuales se encontrará la totalidad de la Emanación que impregnaba el líquido. Los estudios hechos en numerosas fuentes han demos- trado que la cantidad de Emanación contenida en los ga- ses espontáneos es muy superior a la que se halla adheri- da a las moléculas acuosas. Si a éste hecho agregamos la reconocida importancia terapéutica que posee el Ema- nium inhalado, se comprenderá la atención especialísi- ma que debe prestarse a los gases que se desprenden de las vertientes. La Emanación contenida en estos gases es, pues, el ele- mento curativo por excelencia. Desperdiciarla, dejar que los gases se pierdan por difusión, es ocasionar desmedro positivo en la potencia radioactiva de las fuentes. He aquí el hecho primordial al que me parece que no se le ha pres- tado toda la atención que merecía, y de donde arranca, en realidad, la divergencia de opiniones sobre el ensanche de la piscina de Jesús. Voy por eso a insistir detallada- mente en él. Hemos visto anteriormente, que el agua mineral en el 80 momento de verter cambia bruscamente en sus condicio- nes de vida, y una de esas condiciones es la presión a que se halla sujeta. Ahora bien, como la disolución de un gas en un líquido está en razón directa de la presión, las varia- ciones de ésta tienen que repercutir inmediatamente so- bre el volúmen de los gases contenidos en la masa líquida. Así, por ejemplo, el ácido carbónico disuelto en el agua en fuerte cantidad merced a la elevadá presión a que se encontraba sometido en las rocas profundas, se despren- de con rapidez, formando gruesas burbujas, en el momen- to en que la presión queda reducida a la atmosférica. Destapad una botella de agua de Jesús o de champagne, y el exceso de ácido carbónico disuelto a gran presión se escapa violentamente de la masa líquida. Y lo mis- mo pasa con el gas Emanium disuelto en el agua a presión. Es por eso que los gases espontáneos, esta es, los que se desprenden del surtidor, son tan ricos en Emanación. De aquí se desprende otra conclusión importante: la necesidad de captar la fuente en el punto mismo del aflo- ramiento de la falla o fractura que la saca a luz. Debe recordarse que sobre las rocas del subsuelo (que son las únicas representadas en las cartas geológicas), y como consecuencia de las modificaciones que sufren éstas, por acción química, por acarreos mecánicos, por depósi- tos orgánicos, etc, se forma siempre un terreno superfi- cial, más o menos grueso, compuesto de materiales cuya composición depende de la naturaleza del terreno subya- cente que lo soporta. Al llegar a ésta capa superficial, la vena o capa líquida sufrirá una primera decompresión, que puede ser considerable, y los gases se desprenderán ahí en cantidad, difundiéndose, con más o menos facili- dad, según sea la consistencia y estructura de las capas de la superficie. En Jesús, es muy probable, por no decir seguro, que los gases, inclusive el Emanium, se desperdi- cian por falta de captación del mineral líquido en su mis- ma veta. Tenemos, por consiguiente, dos pérdidas de radioacti- 81 vidad: una primera en el suelo superficial, de formación contemporánea, en el cual se difunde una buena parte del Emanium; y una segunda, en la vertiente misma, con los gases espontáneos. La primera pérdida se evita con una correcta captación de la fuente; la segunda, impidiendo la difusión y desper- dicio inútil de la Emanación desprendida con los gases en el mismo vertedero, como lo veremos más adelante. Si no me equivoco, creo que en el cálculo que se ha hecho de la pérdida radioactiva, se ha pasado por alto es- tas dos que acabamos de indicar. Prescindamos de la pri- mera, puesto que no se trata por ahora de captar la ver- tiene, y detengámonos sólo en la segunda. El único dato que al parecer se ha tomado en cuenta para juzgar la conveniencia del ensanche de la piscina, es la constante de desactivación del Emanium, sin entrar a analizar lo que con este gas sucede a partir del instante en que surge al exterior. Puesto que para que el volumen de la Emana- ción se reduzca a la mitad se necesitan cuatro días, se ha pensado que el aumento de pérdida por una hora más de permanencia del agua en el pozo, estaría representado por una pequeñísima fracción que bien puede despreciar- se. Este raciocinio sería exacto si al llenar el pozo se evita- ra, mediante un dispositivo especial, el desprendimiento de los gases y, sobre todo, la difusión del Emanium en la atmósfera, de modo que todo él quedara junto con el agua. Sólo entonces podría decirse que la radioactividad de la fuente se reduce a la mitad en cuatro días, y en una fracción despreciable cada hora. Pero, desgraciadamente, no es así. Acabamos de ver que el bloque mineral viviente al pasar al nuevo medio donde reina una presión mucho menor que en el seno de la Tierra, se despoja de la mayor cantidad de sus gases. Y si a estos gases no se les capta en una cámara ad-hoc, pues quedarían casi completa- mente perdidos para los pacientes que necesitan absorver las energías que vehiculan. 82 Y a propósito de radioactividad desprendida, conviene que analice algunas afirmaciones que se han hecho respecto de ella. El doctor Piérola en su exposición a la Sociedad de Beneficencia, dice lo siguiente: " ;si la radioactividad es función de la molécula "de agua, a mayor cantidad de agua mayor poder radioac- "tivo; salvo que a alguien se le ocurriera tapar las vertien- "tes durante el baño, cosa que no creo, ni racional, ni ha- "cedero, en cuanto que se pierda la radioactividad por ma- "yor movimiento de las aguas, muy bien empleado para "eso, es para que se desprenda a favor de las personas "que se están bañando; o que Dios había de haber do- "tado de radioactividad a las aguas por darnos el placer de "saber que ahí están, que pueden curarnos y no aprove- "charlas porque no disminuyan o se pierdan; no señor "para eso son, para ganarse, no para perderse, para que "las aprovechen los bañantes." ¿Puede decirse que la radioactividad es función de la molécula de agua? Nó, evidentemente. La radioactividad depende sólo de la cantidad de gas Emanium que hay en el agua, y esta cantidad es función de la riqueza en Emanación de los terrenos subterráneos por donde circu- la el líquido, y de la temperatura y presión que hay en esas profundidades. La determinación de la riqueza radioactiva es, pues, una cuestión de análisis químico cuantitativo, como lo es la determinación de la riqueza ferruginosa, alcalina, etc. Me parece que el razonamiento que probablemente ha dictado al doctor Piérola la afirmación que discuti- mos es éste: dada la propiedad de los minerales que con- tienen Uranio y Radio de emitir constantemente, durante millares de años, el gas Emanium, y dada igualmente la cualidad que este gas tiene de conferir la radioactividad inducida a todos los cuerpos, sólidos o líquidos, con que se pone en contacto, es claro, que siendo los terrenos radífe- ros fuente inagotable de radioactividad, ésta depende- rá exclusivamente del volúmen de agua que, después de 83 circular en las rocas, surge al exterior y se acumula en la piscina. A primera vista parece este razonamiento de lógica con- cluyente; pero, analizando el fenómeno con un criterio menos simplista, se derrumba completamente aquel silo- gismo. En efecto, la radioactividad inducida depende de la cantidad de Radio y, por tanto, de Emanación que hay en las rocas, y si esta Emanación fuera insoluble en el agua, la radioactividad inducida de ésta se perdería rá- pidamente, en pocos minutos, como ya lo indicamos an- teriormente. Sólo puede mantenerse largo tiempo la ra- dioactividad inducida de un cuerpo, cuando este continúa en contacto con la Emanación. Y es esto lo que sucede con las fuentes gracias a la solubilidad del Emanium que con- tinúa de compañero de ruta del agua. Si de la proporción de Emanium disuelta dependiera ex- clusivamente la radioactividad inducida del agua, enton- ces habría una relación constante e invariable entre la ra- dioactividad de los gases espontáneos y la inducida de la fuente. Duplicada la primera, se duplicaría la se- gunda. De un modo general esta relación existe, como es fácil comprobarlo con los cuadros de análisis de las di- versas vertientes; pero se encuentran diferencias o ex- cepciones, pues hay manantiales en los cuales, el que pre- senta menor radioactividad en sus gases posee, sin embar- go, mayor radioactividad inducida en el agua. ¿Y cuál será la razón de esta falta de proporcionalidad rigu- rosa entre las dos clases de riqueza radioactiva? Ella de- be ser, seguramente, el que la disolución del gas Emanium depende de factores (temperatura y presión) que no ejer- cen en el mismo grado su influencia sobre la radioactn vidad inducida del agua. Como el mantenimiento de la radioactividad inducida depende de la presencia del Emanium, en claro que la dis- minución o pérdida de este gas disuelto tiene que reper- cutir fatalmente en aquella. ¿Existe alguna relación entre la radioactividad y la 84 riqueza del agua en gases corrientes (ácido carbónico, ázoe, etc.) y en gases raros (Helio, argón, neón) ? Con los gases corrientes no se observa ninguna proporcionalidad, de modo que la opulencia o pobreza de una fuente en ácido carbónico, o en ázoe, no dicen nada de su grado ra- dioactivo. La radioactividad tampoco guarda proporcio- nalidad con los gases raros, y el único hecho constatado, sin excepciones, es la coexistencia del Helio y del Ema- nium en las fuentes termominerales. En resumen, la radioactividad no es función, ni de los gases ni de las moléculas de agua, sino, exclusivamente, de la cantidad total de Emanium contenida en cada litro de agua, antes de que ésta surga al exterior y pierda par- te de sus gases. Y esta cantidad o proporción por litro depende de complejas condiciones: riqueza de las rocas en Emanaciórt, tensión en que ésta se encuentra, tempe- ratura, cambio más o menos violento de medio al llegar a las capas superficiales del terreno. Agrega mi estimado colega, Doctor Piérda, después de afirmar que la radioactividad es función de la molécula de agua, que "a mayor cantidad de agua mayor poder ra- dioactivo" Esta proposición es inaceptable conforme a los principios físico-químicos, biológicos y terapéuticos. En los fenómenos naturales, la cantidad absoluta cede en importancia a la cantidad relativa o proporcional. La ve- locidad de los osmosis, por ejemplo, no depende de la can- tidad absoluta o total de gramos de sal contenida en las soluciones, sino de la proporción, o sea de los gramos de sal por cada litro. El poder corrosivo de una solución de ácido nítrico, o el poder desinfectante de una solución de bicloruro de mercurio, no depende de la cantidad ab- soluta en gramos de ácido o desinfectante que se hace actuar, sino del número de gramos por litro. Si ascende- mos en un globo aerostático algunos miles de metros, sentimos los trastornos del soroche, no por falta en la can- tidad absoluta de oxígeno, pues en la inmensidad aérea que nos rodea es ilimitada la riqueza en ese gas, sino por 85 déficit en su proporción, ya sea medida mediante la ten- sión del oxígeno, o calculada por el peso de este gas en cada litro de aire que se respira. Y en Terapéutica, bien sabe el Doctor Piérola, que en el estudio experimental de los medicamentos, se calculan las dosis curativas y tóxi- cas, no en cantidades absolutas, sino en gramos o mili- gramos por cada Kilo de animal. Y lo mismo, exactamen- te, hay que decir de la radioactividad, es decir, del medica- mento Emanium. No es su cantidad absoluta, sino la pro- porción por litro de agua o de aire lo que interesa cono- cer al médico. Respirar en una cámara de cuatro metros cúbicos en donde el aire tenga un cinco por ciento de Ema- nación, producirá mucho mayor beneficio curativo que el respirar en un recinto de cubaje 100 veces mayor y con sólo 1 por 100 de aquel gas, apesar de que la cantidad absoluta o total de materia médica es considerablemente mayor en el segundo caso. Lo mismo pasa con las pisci- nas. Es la dosis por cada litro la que decide del grado de potencia curativa. Si así no fuera y el doctor Piérola tuviera la razón, habría que construir los pozos más grandes que fuera posible, como la plaza de armas v. g., según le hizo observar atinadamente el señor Castresana. Al afirmar el Doctor Piérola que "a mayor cantidad de agua mayor radioactividad", agrega: "salvo que a al- guien se le ocurriera tapar las vertientes durante el baño, cosa que no creo, ni racional, ni hacedero". No he podido darme cuenta del pensamiento de mi estimado coihpañe- ro en esta frase, salvo que tuviera la bondad de explicár- mela. Refiriéndose a continuación a la pérdida de radioactivi- dad por la agitación del agua, escribe que está muy bien, que para eso es, "para que se desprenda a favor de las per- sonas que se están bañando." Y como no agrega que sea necesaria alguna precaución o dispositivo para que pue- da aprovecharse esa radioactividad que se vá, parece que su idea fuera de que la radioactividad desprendida es, por el simple hecho de escaparse del agua, usufructuada 86 por los bañantes. Y he aquí que el Doctor Piérola ha olvi- dado algo que es fundamental* en la Crenoterapia mo- derna, algo que constituye la preocupación principalísima de todas las estaciones termales de Europa, o sea: la cap- tación del gas Emanium que se desprende de los manan- tiales, para aplicarlo en inhalaciones, que es el método te- rapéutico radioactivo por excelencia. Pero este problema merece capítulo aparte. X Antes de ocuparme de la implantación de la cura ra- dioactiva por inhalación, debemos concluir con el análi- sis de las leyes que rigen la disminución de la riqueza ra- dioactiva en las estaciones termales. Una primera pérdida, la más considerable y rápida, como que se efectúa en los primeros instantes que si- guen al nacimiento de la fuente, es la debida, como que- dó explicado en el artículo anterior, a la decompresión súbita del agua y desprendimiento de los gases cargados de Emanium que se hallaban disueltos a favor de la alta presión a que se encontraban sujetos en las capas pro- fundas del suelo. Con esta primera fuga gaseosa no termina el desper- dicio del Emanium. Sabido es que la agitación de un lí- quido que mantiene un gas en solución, ocasiona el des- prendimiento de éste. Si se agita una copa de Champagne con una cucharita, pónese el licor espumoso, tan abun- dantes son las burbujas que se forman. La agitación del agua por los bañantes én una piscina producirá el mis- mo efecto con el gas Emanium. La pérdida gaseosa aumenta también con la superficie libre del líquido. Para demostrar este hecho basta con tomar dos botellas de agua de Jesús, por ejemplo, desta- pando simplemente una de ellas, y vertiendo la otra en 87 un ancho recipiente, v. g. un lebrillo. Muy fácil será obser- var que el agua de la botella destapada pierde sus gases más pausadamente que el agua del lebrillo. Consecuencia: el ensanche del pozo favorecerá la perdida gaseosa y, por consiguiente, del Emanium. Otro factor es el tiempo. Destapad una botella de agua de Jesús y dejadla tranquila. Al cabo de media hora toda- vía tendrá gases apreciables; después de una o más horas la proporción será mínima. Luego, con la ampliación de la piscina, que prolonga el tiempo de permanencia del agua en ella, la riqueza en gas Emanium por litro dis- minuirá. Y ahora voy a señalar otra pérdida radioactiva, cuya im- portancia es inmedible por el momento a causa de que nuestros medios de investigación aún no han alcanzado toda la perfección que deben tener. Me refiero a las de- más Emanaciones que, a parte de la del Radio, existen o pueden existir en las aguas minerales. Y entre esas va- riadísimas Emanaciones gaseoas originadas por las múl- tiples sustancias radioactivas, las hay cuya existencia apenas conocemos o vislumbramos, y otras que segura- mente están por descubrirse. Ahora bien, entre las Ema- naciones que ya se conocen'y cuya presencia en algunas fuentes hidrominerales está comprobada, tenemos la del Torio que se reduce a la mitad en 54 segun- dos, y la del potente Actinio que se reduce igual- mente a la mitad en sólo cuatro segundos, nece- sitándose métodos especialísimos para comprobar su exis- tencia en el agua por motivo de esa efímera vida. Y es de presumirse que hayan otras emanaciones tal vez más fu- gaces que las anteriores, y que sea esa precisamente la causa por la que se escapan a los instrumentos de exa- men. De modo, pues, que durante los primeros segundos de la existencia de una agua termomineral, se esfuman por disociación rapidísima variadas Emanaciones, algu- nas de las cuales pueden tener enérgico poder radioacti- 88 vo, como la del Actinio que es diez veces más poderosa que la del Radio. Y he aquí que, una vez más, llegamos a esta invariable y fundamental conclusión: toda fuente mineral sólo po- see el máximun de su potencia en el instante preciso en que nace, perdiendo rápidamente, a partir de ese momen- to, sus cualidades radioactivas. Si representáramos por una curva la caída del poten- cial radioactivo de una fuente, la primera parte de ella, correspondiente a los primeros segundos, vendría a ser una línea descendiendo verticalmente (pérdida gaseosa por decompresión súbita y por disociación de las ema- naciones más fugaces). Después de esta caída vertical, vendría una línea en descenso rápido (pérdida gaseo- sa por explayamiento del agua al exterior, por su agita- ción consiguiente, y por la continuidad del proceso de disociación atómica). Finalmente, la curva vendría a ter- minar en una larga línea descendiendo cada vez más len- tamente hasta llegar a hacerse horizontal. Esta curva del potencial radioactivo quedaría represen- tada de modo más claro y sugestivo, sustituyéndola por un río, cuyo caudal tardara 30 días en llegar desde su na- cimiento hasta el mar. Pongo 30 días porque este es el tiempo que emplea una fuente en morir, es decir, en per- der su radioactividad. Pues bien, ese río cuyo curso en sus degradaciones sucesivas va a representarnos la vida de las emanaciones de una vertiente, principiará en los pri- meros segundos por precipitarse en el vacio, formando una catarata de algunos centenares de metros de altura. A continuación la tumultuosa agua se enfilará, durante al- gunas horas, en una serie de rápidos cada vez menos violentos, y, por último, llegaría a un llano, donde su cuen- ca, con pendiente gradualmente menor hasta ser sólo de pocos milímetros por cada 100 metros, formaría, durante 29 días y algunas horas, un curso de agua lento, lentísimo, que desembocaría al fin en el mar, "que es el morir", co- 89 mo dijo el poeta, y que para la materia radioactiva esa mar es el gas Helio del infinito cósmico. XI En el momento de surgir la fuente al exterior y cam- biar así bruscamente de medio, pónese en contacto, por primera vez, con la luz solar y con el aire atmosfé- rico, elementos que alguna influencia han de ejercer so- bre las cualidades del agua mineral, por lo que voy a estudiarla someramente, tanto más, cuanto que se ha di- cho que ambos, es decir la luz y el aire, aumentan la ra- dioactividad del agua de las piscinas. ¿Qué influjo tiene la luz sobre las emanaciones ra- do activas? Permítaseme algunas consideraciones previas. Acabamos de estudiar las radiaciones emitidas por la materia radioactiva, las cuales están constituidas por corpúsculos infinitamente pequeños (iones y electrones) animados de velocidades enormes. A principios del siglo XVIII, esto es, cuando ni se sospechaba la existencia de los fenómenos radioactivos, Newton había imaginado pa- ra explicar la luz la hipótesis de la emisión, según la cual los focos luminosos lanzaban en todas direcciones cor- púsculos de una extrema tenuidad, animados de una ve- locidad considerable. Esta hipótesis fué derrumbada por la teoría de las ondulaciones, magistralmente defendida y. demostrada por Fresnel. Al lado de las radiaciones formadas por los iones y electrones, tenemos, por consi- guiente, las radiaciones constituidas por las ondulaciones del éter imponderable. Una imágen perfecta de las ondu- laciones etéreas nos la ofrecen la serie de círculos que se producen y propagan en la superficie de una agua tran- quila por la caída de una piedra. Si a un rayo de luz solar se le hace atravesar un pris- 90 ma, se explaya en una faja o espectro a causa del dis- tinto grado de refrangibilidad de las diversas ondulacio- nes que contiene. Este espectro se prolonga más abajo y más arriba de su parte visible o coloreada. La parte in- ferior al rojo, es el espectro infrarojo llamado también calorífico por los fenómenos térmicos que determinan sus lentas ondulaciones. La parte superior que se prolonga más allá del violeta, es el espectro ultravioleta o actíneo, cuyas rápidas ondulaciones producen fenómenos quími- cos. Estas diversas vibraciones, que se propagan a ra- zón de 300,000 kilómetros por segundo, se distinguen entre sí por la longitud de sus ondas y por la frecuen- cia de sus oscilaciones. Del lado infrarojo, las más lar- gas ondulaciones tienen una longitud de 3 décimas de milí- metro, y en el ultravioleta formado por las cortas, la longi- tud llega a ser de solo 103 millonésimas de milímetro. A las ondulaciones más lentas corresponde una frecuen- cia de un trillón de oscilaciones por segundo, y a las más cortas 3,000 trillones de vibraciones en el mismo tiem- po. Volvamos ahora a nuestro problema: ¿ qué influjo tie- ne la luz sobre la radioactividad de las fuentes termales? Si la potencia radioactiva de una fuente es función de la cantidad de gas Emanium que contiene, es evidente que sólo podría aumentarse aquella potencia acrecentando la proporción de aquel gas. Ahora bien, ¿podrán los rayos solares aumentar la riqueza en gas Emanium de una agua? No; pues tanto valdría decir que la radiación solar aumenta este gas radioactivo, como afirmar que los rayos solares pueden hacer más rica a una fuente en sus sales alcalinas o en fierro. La radiación solar, acaba- mos de verlo, está formada por una gama variadísima de ondulaciones etéreas, las cuales no pueden vehicular nin- gún gas o sustancia a través de los espacios interplaneta- rios. Establecida así, sin que sea necesario insistir más en ello, la imposibilidad de que el Sol aumente la radioac- 91 tividad mediante el acrecentamiento de la proporción de Emanium, veamos que acción ejercen sobre este gas las radiaciones solares, especialmente Jas actínicas. A priori se podría afirmar que el choque de estas fre- cuentísimas y enérgicas ondulaciones etéreas con los ines- tables átomos del gas Emanium, tendrá que acelerar la rapidez de su disociación en rayos alfa y beta. Para robustecer esta presunción, veamos que efectos produce en la materia la incidencia de las radiaciones ultraviole- tas. Estos rayos determinan lo ionización de los gases, es decir, la división de sus moléculas en iones. El ultraviole- ta excita también la luminiscencia de las sustancias fos- forescentes. Estas mismas radiaciones actínicas al incidir sobre los cuerpos metálicos, provocan en ellos una emisión de electrones negativos. Es a esta emisión de corpúsculos negativos a la que debe atribuirse la propiedad que los rayos ultravioletas tienen de descargar los cuerpos electrizados negativamente, y su acción nula sobre los que tienen electricidad positiva. Si pues los rayos químicos del espectro solar son ca- paces de dar lugar, con su conmoción dinámica, a fenó- menos de fluorescencia, de ionización y hasta de emisión de electrones negativos, en cuerpos de gran estabilidad atómica, es natural que al chocar con átomos radioactivos en pleno proceso de derrumbamiento, éste tendrá que ace- lerarse. Es lo mismo que sucede con el paso de un ferro- carril o de cualquier pesado vehículo por la vecindad de un inestable edificio en ruina: pues éste se durrum- bará con las vibraciones del suelo. Por eso es que se re- comienda para la conservación de las aguas minera- les el protegerlas contra la acción de la luz. De los hechos y razonamientos anteriores deduzco, que la acción intensa de la luz dentro del recinto de una pis- cina, puede acelerar la disociación atómica de las Ema- naciones radioactivas, o lo que es lo mismo, acelerar su destrucción. Que, por consiguiente, siendo de gran impor- 92 tancia el suprimir toda causa de desmedro en la propor- ción de Emanium por litro de agua, y principalmente por litro del aire que respiran los enfermos (cura inhala- toria), debe evitarse la iluminación solar intensa. He insistido en este punto, porque según el proyecto de las reformas del balneario de Jesús, el techo de éste lle- vará una gran farola de vidrios para dar amplio ingreso a los rayos solares. Debo agregar que en todas las obras que he consultado al respecto, no he podido encontrar datos concretos sobre la acción de las radiaciones sola- res sobre los gases radioactivos de los balnearios, de modo que es sólo por inducción que he hablado de su muy po- sible efecto nocivo. Más adelante, al ocuparme de la cons- trucción de un Emanatorio en Jesús, volveré a ocuparme de este interesante detalle. En resumen: Io.-La radiación solar no aumenta la radioactividad de las piscinas termominerales. 2o. Los rayos actínicos ejercen, muy probablemente, una acción perjudicial sobre la riqueza en Emanium. ¿Cuál es la acción de la atmósfera sobre el agua termo- mineral? Como el doctor Urquieta se ocupa de esta cuestión, voy a discutir aquí los párrafos esenciales que dedica en su dictámen a la radioactividad. Dice así: "Copio a Luciano Poincaré en las páginas 249 y 250 de su "Física Moderna"-: " los metales alcalinos pare- cen poseedores de dicha propiedad en pequeño grado; la nieve recién caída y "las aguas minerales' manifiestan acciones marcadas; acaso el fenómneo puede ser debido frecuentemente a radiaciones inducidas por otras que existían ya en la atmósfera. Pero esta radioactividad ape- 93 ñas llega a ser las diezmilésima parte de la que presenta el uranio y la diezmillonésima de la que corresponde al Radio". "Aplicando a las aguas de Jesús, que son alcalinas, esta teoría, resulta que su radioactividad es elemento de ener- gía integrante de ellas, que preexiste en ellas antes de apa- recer sobre el suelo, incrementándose muy probablemen- te al contacto de la atmósfera, cuyas partículas microscó- picas de polvos, está demostrado que intensifican y multi- plican los iones con los choques que ofrecen a las molé- culas gaseosas. Por consiguiente no hay inconveniente en ensanchar el recinto del pozo y antes por el contrario es ventajoso darle mayor atmósfera y más fácilmente re- novable". "Ninguna razón hay, pues, para aflijirse y muchas, sí, para darle más anchuroso campo al balneario, ampliar su atmósfera, hacerla más limpia, mejor ventilada y alum- brada y rodearla de cubículos o camarotes menos sórdidos que los que hoy le afean". Primeramente, en la cita de Poincaré no se encuentra la teoría del origen de la radioactividad de las fuentes, termales. Ahí se habla de la radioactividad como fenó- meno general de la materia, señalándose la que pare- cen presentar los metales alcalinos, la nieve que cae y la atmósfera. Ya indiqué yo este hecho, haciendo ver que las capas inferiores del aire contienen por doquiera in- finitesimales cantidades de Emanaciones, y que puede afirmarse que todo terreno y toda fuente o curso de agua encierran algo de ese gas. Pero esta radioactividad ge- neral es insignificante, y Poincaré, en el párrafo citado, dice que ella representa la diezmillonésima parte de la del Radio. No es, por tanto, de esta radioactividad universal de la que nos ocupamos, ni es a ella a la que deben las aguas minerales toda su potencialidad, sino al gas Emanium que disuelven y de que se impregnan, en cantidad más o menos grande, en las capas profundas del suelo. 94 ¿Puede el aire atmosférico aumentar la proporción de Emanium de las fuentes, única manera como podría exaltarse su poder radioactivo? La respuesta negativa se impone, como se impuso respecto de las radiaciones so- lares. Las ligerísimas trazas de Emanium de las capas inferiores de la atmósfera, en vez de dar reciben Ema- nium de las vertientes minerales, el cual se difunde rá- pidamente en la inmensidad atmosférica. Una fuente pierde su gas radioactivo al salir al ambiente exterior, que es considerablemente menos rico en ese gas, del mis- mo modo que un pedazo de hierro incandescente, saca- do de la fragua, se enfría al dejársele al aire libre que posee una temperatura mucho más baja. Y tan imposi- ble sería que el aire frío calentara al hierro incandescen- te, como que la paupérrima atmósfera en radioactividad pudiera obsequiar Emanium a las fuentes ricas en este gas. Dice el doctor Urquieta que la radioactividad de las aguas minerales puede resultar incrementada "muy pro- bablemente al contacto de la atmósfera, cuyas partículas microscópicas de polvo, está demostrado que intensifican y multiplican los iones con los choques que ofrecen a las moléculas gaseosas". La ionización del aire, es decir, la división de sus moléculas en iones positivos y nega- tivos, bajo el influjo dinámico de los rayos alfa, beta y gama que emite el Emanium, ni aumenta ni quita un ápice al poder radioactivo de la fuente. Este fenómeno de ionización de los gases, que también lo determina el espectro ultravioleta, es completamente distinto, sobre todo desde el punto de vista terapéutico, del fenómeno radioactivo. Las soluciones salinas, por ejemplo, se ioni- zan espontáneamente, como lo vimos al principio, sin que tenga que intervenir ni la electricidad, ni las sustan- cias radioactivas. Las partículas de polvo del aire cho- can, no con las moléculas gaseosas, sino con los elec- trones negativos (rayos beta), con los iones positivos (rayos alfa) y con los rayos gama (Rayos X). De estas 95 colisiones dinámicas resulta: Io., el aumento de la ioni- zación; y 2°., la formación de rayos beta secundarios por reflección de los electrones. También los rayos gama pueden originar algunos rayos X secundarios. Pero es- tas radiaciones secundarias, que forman pequeñísima fracción de la radiación total, no tienen significado algu- no respecto de la potencialidad radioactiva del agua mineral. Por último, el doctor Urquieta ha sacado como con- clusión final, que sería ventajoso, no sólo agrandar el pozo, sino ampliar su recinto, para darle mayor atmós- fera, más limpia y mejor ventilada. Las conclusiones a que nos ha conducido el análisis un poco detallado de la radioactividad termal son, como se ha visto, diametral- mente opuestas. Bastante me he detenido en el ensanche de la piscina para que sea necesario entrar en repeticio- nes. Y en cuanto a la atmósfera más amplia y ventilada, es evidente que con ello se anularía radicalmente en Je- sús los beneficios de la cura por inhalación de Emanium, a la que se dá hoy importancia capital en todos los bal- nearios de Europa. Ya se verá esto con claridad meridia- na cuando nos ocupemos de las instalaciones de los Ema- natorios. XII Hemos terminado el análisis sumario de las degrada- ciones radioactivas que sufre una fuente termomineral a partir del instante en que nace, y este análisis nos ha conducido, invariablemente, a la conclusión de que las aguas minerales sólo poseen su máxima energía en el mo- mento de verter. Luego, si una agua mineral es un conglomerado de energías físico-químicas que se desgranan y esfuman con graií rapidez, hay que conceder importancia primor- dial al modo de recibir y utilizar esa materia médica de- 96 leznable. De modo que el problema de la técnica terapéu- tica es capital, y de su conveniente resolución dependen en gran parte los efectos curativos de las Estaciones ter- males. El problema planteado es, pues, el siguiente: ¿Dadas las actuales circunstancias, cuál es la forma en que deben utilizarse las aguas de Jesús para aprovechar su mayor poder terapéutico? Inútil sería insistir en la importancia y, sobre todo, en la necesidad premiosa, ahora que el balneario se halla en reconstrucción, de que- este problema quede resuelto convenientemente. De ello depende el porvenir, tal vez por largos años, de las aguas de Jesús, y la salud y la vida de millares de enfermos. Principiaré por hacer una rápida síntesis de la técni- ca de las curas hidrominerales Balneación En Jesús se utiliza exclusivamente la balneación en piscina común para todos los enfermos. Ahora bien, y conviene llamar la atención sobre esta re- gla crenoterápica: "la balneación no constituye una parte realmente importante del tratamiento más que en las es- taciones que poseen fuentes cálidas." (Heitz) La razón de ello está en la necesidad que hay de ca- lentar las aguas hipotermales, o de enfriar las de tempe- ratura muy elevada, antes de poder ser aplicadas en baños o duchas. Esta calefacción o enfriamiento previo se efec- túa en muchos balnearios de Europa, siguiéndose pa- ra ello procedimientos variados; pero semejante mani- pulación del agua mineral representa, conforme a lo que ya sabemos, una causa de inferioridad marcada con re- lación a aquellas fuentes privilegiadas que poseen una temperatura óptima (30° a 40°) que permite que "los ba- ños puedan darse con el agua tal como viene directa- mente del grifón, sin que la mano del hombre tenga que 97 modificar de manera alguna la materia médica viva". (Heitz) El balneario de Jesús se encuentra, a causa de su baja temperatura (22° a 23°), en circunstancias desfavorables que restringen su campo de acción. A muchísimos pacien- tes, que podrían encontrar ahí la salud, les está vedado el empleo de esas aguas de acción terapéutica sorprenden- te. Sólo una valiosa instalación de tinas con serpentinas de calefacción, remediaría la escasa termalidad, pero a costa de un desmedro, más o menos considerable, en la potencialidad nativa del agua, . Es por esto que toda circunstancia capaz de disminuir, aún en pequeña proporción, la temperatura del agua del pozo, debe evitarse escrupulosamente, sino se quiere res- tringir aún más el número de enfermos que pueden en- contrar en Jesús el remedio de sus males. El ensanche de la piscina sería una de esas circunstancias perjudicia- les. Cura de ingestión Al ocuparnos de la acción biológica de los rayos alfa, beta y gama en que se disocia el gas Emanium, indicamos que uno de los medios de administrar dicho gas para que se incorpore al organismo, y libere en la intimidad misma de los tejidos sus vivificantes radiaciones, es la cura de ingestión, a la que se da lugar preferente en algunos balnearios, como el de Pougues entre otros. Aquí, lo mis- mo que para la balneación, constituye una circunstancia favorabilísima el que la temperatura del agua permita bebería en el mismo instante en que brota, aún cargada de sus gases radioactivos, sin necesidad de un enfria- miento previo, como pasa en numerosas estaciones hi- drominerales muy cálidas. Es principalmente en Francia que se pone esmero es- pecialísimo porque los enfermos beban el agua mineral "en condiciones lo más iguales que sea posible de aquellas en que se halla en el grifón" ("aussi rappochées que pos- 98 sible de celles que l'on trouve au griffon". Heitz) No seguiré adelante sin señalar la necesidad de que en Jesús se establezca una buvette o bebedero que preste co- modidades a los enfermos para tomar el agua virgen, na- ciente, en vasos provistos de tapas que eviten el escape de los gases. Para ello habrá que establecer conveniente- mente el sitio de la captación a un nivel superior al del po- zo, tal como está la toma de la Empresa explotadora de las aguas de exportación, y mandarse construir vasos ad- hoc que puedan llenarse ahi mediante una larga pinza o vara de madera. Como se ve, es a muy poco costo que pue- de instalarse científicamente la buvette, lo cual mejoraría las condiciones de Jesús. Cura de inhalación Esta cura ha tomado en los últimos años un desarrollo considerable en todos los balnearios europeos, como con- secuencia lógica de los descubrimientos asombrosos que la ciencia ha realizado en el amplio y maravilloso campo de la materia radioactiva. Cuando estudiamos la acción fisiológica que el gas Ema- nium ejerce sobre el organismo, vimos que la experimen- tación y la clínica han demostrado la superioridad innega- ble del método inhalatorio sobre todos los demás. Ni con la ingestión, ni con las inyecciones de sales radioactivas insolubles o de soluciones de Emanium, se llega a conse- guir una acumulación del gas curativo en la sangre igual a la obtenida mediante la respiración de aire cargado con la emanación del Radio. Y es asi, gracias a esta radioacti- vación intensa de la sangre, como se consigue que en el torrente circulatorio se desprendan esos iones positivos o rayos alfa, a los que hemos visto ejercer una sorprendente acción bactericida y destructiva de los venenos y toxinas más variados. Nunca podrá, de consi- guiente, compararse al método inhalatorio la débil absor- 99 ción de Emanium por la piel merced a la acción electrolí- tica ejercida por el agua mineral ionizada. En un baño, los rayos alfa y una buena parte de los rayos beta quedan amortiguados en la misma superficie de la piel, de modo que su acción tiene que ser principalmente superficial, lo cual tiene su importancia en las dermatosis. Pero en tra- tándose de una acción más profunda, más íntima, de esa acción que comparamos a un verdadero masage atómico, removedor de humores, solubilizador de ácido úrico y con- creciones inmovilizadas, excitador de las combustiones completadoras del ciclo evolutivo de las moléculas pro- teicas, suavizador de tejidos esclerozados, inyectador de poderosas energías latentes para levantar al astenizado dinamismo nervioso, es indudable, decimos, que para una semejante acción curativa, es el método inhalatorio, que acumula en la sangre dosis fuertes de gas radioactivo, rá- pidamente convertible en vivificante polvo atómico, el que tiene que ocupar lugar preferente en la terapia ra- dioactivadora contemporánea. Y así es, en efecto. Por doquiera, en los países adelanta- dos, se construyen en las estaciones balnearias cámaras es- peciales, llamadas Emanatoriums, en las cuales se acumu- lan los gases radioactivos destinados a la cura por inhala- ción. "Las instalaciones para este tratamiento acaban de tomar-dicen Oudin y Zimmern-un prodigioso vuelo en Alemania, en Bélgica y en Suiza". La importancia considerable de este método curativo, me obliga a entrar en algunos detalles necesarios para apoyar las conclusiones, de carácter esencialmente prác- tico, a que tenemos que llegar. Desde la antigüedad se había reconocido intuitivamente la importancia de los gases y vapores de las aguas mine- rales como agentes curativos. Existen dos tipos principa- les de inhalación: la seca o fría, y la húmeda o tibia. Para realizar la inhalación seca o fría, se hace caer el agua, desde el techo hasta el pizo, formando una serie de cascadas. Con esta agitación los gases se desprenden ca- 100 si en su totalidad y saturan el aire del recinto, en donde los enfermos permanecen más o menos tiempo. La inhalación húmeda o tibia se obtiene mediante el desprendimiento de los vapores del agua en estufas situa- das debajo del piso, construido en forma de una rejilla. La temperatura ambiente es de 27° a 30°. Los pacientes con vestidos de franela, permanecen hasta 30 y 50 minutos en ese recinto lleno de una neblina espesa. Estas inhala- ciones tibias son más sedantes para los bronquios que las inhalaciones secas, de modo que las primeras convie- nen en todas las manifestaciones bronquíticas espasmó- dicas, en tanto que las segundas se aplican en los pacien- tes simplemente catarrosos. Otro procedimiento consiste en pulverizar el agua, co- mo en La Bourboule, por ejemplo. Para ello se dirige un fuerte chorro de agua contra las aspas de un molino que gira con rapidez, quedando así finamente pulveriza- da. Es a lo que se ha dado el nombre de brumificación (de bruma). Métodos análogos a estos se emplean en Ems (aguas alcalinas), en Salsomaggiore (aguas cloruradas fuertes). Como se ve, los enfermos respiran, ya los gases espon- táneos puros, o ya los gases y el agua pulverizada con to- dos sus componentes. Hay balnearios en los cuales se aúnan las curas de in- mersión e inhalatoria. En Bareges, "los enfermos se sien- tan, apretados unos contra otros, en una piscina, bajo una bóveda baja, respirando una atmósfera, a 30°, saturada de vapor y sobrecargada de ázoe. Lo mismo se hace en Lu- chon. En Amélie, el enfermo respira los vapores que se desprenden de una ducha dirigida sobre sus miembros inferiores" . (Oudin y Zimmern). Llamo la atención sobre esta técnica, porque según veremos después, en Jesús tendrán también que aunarse las dos curas de inmersión e inhalatoria. Un procedimiento de inhalación muy usado en Ale- mania, es el de las llamadas galerías de graduación. En 101 un ancho corredor se forma una pila de manojos de ra- mas delgadas, de unos 10 metros de altura, por 3 de ancho, y al agua se la hace caer desde lo alto a través del rama- je, de modo que se evapora, exhala sus gases y llega muy concentrada al estanque situado debajo de las ramas. Los enfermos permanecen ahi dos o tres horas diarias, cons- tituyendo esto un tratamiento para las afecciones de las vías respiratorias, sobre todo en los escrofulosos. Esta cura se practica en Kreuznach, en Reichenhall, en Nau- heim, en Kissingen. Otro método inhalatorio es el humage, que consiste en hacer la captación de los gases y vapores que se despren- den de las vertientes, y dirigirlos en seguida por tube- rías hacia aparatos de inhalación, para que sean res- pirados directamente por los enfermos sin mezclarse con el aire de ninguna sala o cámara. Este es un excelente medio terapéutico para modificar las mucosas laríngea y brónquica. En otras estaciones termales se usan las llamadas es- tufas. Estas son, ya salas, o ya cámaras pequeñas, que se llenan con los gases que se desprenden espontáneamente del agua mineral, o también con los vapores obtenidos mediante la calefacción del líquido. Las estufas generales son pequeñas salas, de techo bajo: y las estufas locales son cajas en las que se coloca al paciente que queda con la cabeza fuera, o bien pequeñas cámaras de formas apro- piadas para contener solo un brazo o una pierna. En Plombiéres se tienen las estufas romanas, que no son otra cosa que el antiquísiiño vaporarium, descubierto en 1857, y al cual se le ha dejado tal como era para que continúe en nuestros días desempeñando las mismas fun- ciones terapéuticas a que estuvo destinado hacen-muchos siglos. Este vaporarium es saturado con los gases y vapo- res de la fuente Vauquelin. (figura 4). En Mont-Dore las inhalaciones forman parte esencial de la cura. Para efectuarla, hay grandes salas que se saturan de un espesa neblina obtenida por la inyección del vapor 102 del agua mineral, calentada muy rápidamente a 150' en calderas ad-hoc. En esas salas permanecen los enfermos, más o menos tiempo, vestidos con una simple camisa de FIGURA 4 Estufas romanas en Plombiéres noche, un pantalón de franela y una túnica. "Así vestidos, es un espectáculo de lo más pintoresco el ver a esas gen- tes en medio de la niebla, pasearse conversando en grupos o bien entregados a ejercicios respiratorios" (Heitz, fi- gura 5). Podría hacer una larga descripción de las múltiples va- riantes y dispositivos establecidos en todas las estaciones hidrominerales para la cura de inhalación; pero con lo dicho es suficiente para dar una idea de la extensión e im- portancia cada vez más grandes, que esta técnica ha alcan- zado en los últimos años. Desde el vaporarían! que re- sucita las instalaciones creadas por la genial intuición romana, hasta el moderno emanatorium captador científi- co de gases radioactivos, tenemos todos los tipos posibles adaptados a las variadísimas condiciones de los balnea- rios europeos. Sólo nosotros íbamos a marchar hacia atrás, más atrás aún que la Edad-Media, y a ponernos en condi- 103 ción inferior con relación a lo que desde remota antigüe- dad se había ya hecho, pues olvidándonos en absoluto de que existen gases radioactivos, y de que la inhalación FIGURA 5 Una sala de inhalación en Mont-Dore, según el cuadro de Aublet de ellos es preciosísimo factor terapéutico, se decidió el agrandamiento considerable del recinto del pozo, "para darle más anchuroso campo al balneario, ampliar su at- mósfera, hacerla más limpia, mejor ventilada ", según ha dicho el doctor Urquieta. Como mi estimado amigo doctor Piérola, es entusiasta partidario de esta am- pliación y su voto tiene gran peso, desearía que me expli- que como pensaba él que iba a impedirse el desperdicio altamente perjudicial del gas Emanium, y de que mane- ra se pensaba captarlo para que lo respirasen los enfermos' que tanto lo necesitan. Seguro estoy de que todos, sin excepción, tendrán que reconocer el grave desmejoramiento que iba a sufrir el 104 balneario de Jesús con el iniciado trabajo ampliatorio. Y aquí no se trata, bien entendido, de una idea o creación mía, pues no he hecho otra cosa que estudiar mucho para ponerme con el día en esta materia. No es al'suscrito que hay que escuchar, sino a la novísima ciencia crenoterá- pica, a menos que se demuestre que todos los sabios y to- dos los médicos, que dirigen las curas termales en los paí- ses más adelantados, están en un error, que no existen ta- les gases radioactivos, y que los vaporariums y los emana- torios de nada sirven. Felizmente el iniciado mal tiene remedio y un remedio facilísimo y de muy poco costo. Me refiero a la construc- ción de un Emanatorium en la piscina de Jesús, asunto de palpitante interés de que me ocuparé en mi próximo artículo. XIII Demostrada la necesidad imperiosa de que se cons- truya un Emanatorium, voy a indicar el modo como pue- de resolverse el problema; pero antes de entrar en mate- ria hablaré a la ligera de algunos datos que recogí, últi- mamente, en una inspección que hice del balneario. El día de mi visita encontré el pozo vacío, porque, no sólo se había destruido la bóveda que lo abrigaba, sino también uno de los muros de la misma piscina que lo dividía del pozo de los pobres. Este muro tuvo que ser desatado para poder construirse la pared occidental del nuevo recinto, pues este era interceptado en ángulo agu- do por el extremo del pozo. Observando la cantidad de agua que salía de la ver- tiente, parecióme que el caudal representaba más de los 330 litros que se le señala como rendimiento. Hice al- gunas preguntas al respecto a varias personas del balnea- rio, y se me contestó, sin vacilar, que con el pozo así va- cío salía mucho mayor cantidad de agua que la que rebal- saba del pozo lleno. Este hecho tiene una gran significa- 105 ción, pues nos demuestra que por falta de captación el venero hidromineral no rinde todo el caudal que pudié- ramos obtener de él. Las actuales circunstancias son tan defectuosas, que basta que se llene el pozo y quede así aumentada la presión hidrostática con una columna lí- quida de 1 m. 30 de altura, para que parte del agua se desvíe por las fisuras del terreno, disminuyendo la can- tidad que vierte en proporción bien apreciable. El defectuoso rendimiento de la fuente por falta de captación se deja sentir no sólo en la cantidad, sino tam- bién en la calidad. Ya hablé anteriormente de la consi- derable difusión de los gases radioactivos tan pronto co- mo el agua sale de la falla o fractura y pasa a las capas su- perficiales muebles del suelo. Además, es posible, podría decir seguro, que el agua mineral se mezcle en estas capas con filtraciones superficiales, puesto que el caudal en Je- sús aumenta durante la época de lluvias, y bien se com- prende el rebajamiento, sobre todo radioactivo y térmico, que esta mezcla tiene que determinar. Una vez más tenemos, por consiguiente, que insistir en indicar la necesidad de que la fuente de Jesús sea cap- tada científicamente por un hidrólogo especializado en termas. Con el fin de tener algunos datos experimentales so- bre la radioactividad, llevé a Jesús un electroscopio de panes de oro, perteneciente al gabinete de física del Co- legio Nacional de la Independencia, el que me fué facili- tado muy amablemente por el señor doctor Hilburg. De- seaba ver la mayor o menor rapidez de la descarga eléc- trica en el ambiente del pozo como consecuencia de la io- nización del aire. Previamente determiné el tiempo que el electroscopio empleaba en descargarse en mi consultorio para tener un término de comparación, y vi que variaba de 15 a 20 minutos. Llegado a Jesús, practiqué un re- gular número de mediciones en la gruta (en gran parte ya derruida) donde está la toma de la Empresa explo- tadora, y en la vertiente situada debajo de la pequeña 106 bóveda que hay en el muro sur de la piscina. El resultado fué el siguiente: en la gruta el tiempo de descarga osciló entre 2 y 3 minutos, y en la vertiente del muro sur varió de 3 a 5 minutos. Aún considerando como tiempo de des- carga el máximun anotado, o sea 5 minutos, se ve que hay diferencia notable con los 15 a 20 minutos que se registra- ron en mi consultorio. Debo indicar que estas observaciones practicadas con un sencillo electroscopio de enseñanza que no tiene gra- duación alguna, no podrían servir por sí solas para de- mostrar la presencia de los gases radioactivos. Para esta clase de estudios se necesitan electroscopios especiales, muy sensibles, con graduación exacta y per- fectamente aislados, que permitan determinar con preci- sión su carga eléctrica y los voltios por hora que se des- cargan. La medición radioactiva de una fuente es, como se ve, operación delicadísima. Por eso he dicho que mis su- perficiales observaciones no podían demostrar nada, sino se tuvieran otros datos importantísimos, como la acción terapéutica notable del balneario, la observación que hizo nuestro malogrado colega doctor Tito Costa, y la medida tomada por mi distinguido compañero Dr. Escomel con un fontactoscopio de la Facultad de Ciencias de Lima. Fundándome en todos los datos anteriores yo no dudo de la presencia del gas Emanium en la vertiente de Jesús, y creo que el problema, por demás interesante y sugestivo que los profesionales arequipeños tenemos planteado, es sólo un problema de medida y análisis de las diversas emanaciones que pueden existir. Tal vez si en un futuro, más o menos próximo, tan pronto como se tenga el instru- mental necesario, podamos resolver las complejas cuestio- nes planteadas por la radioactividad de nuestros balnea- rios. ¿Cómo debe construirse el Emanatorium del balneario de Jesús? 107 Discutamos el problema en sus diversos elementos. Un Emanatorio es una cámara de reunión de los gases espontáneos que se desprenden de la vertiente, inclusive las emanaciones radioactivas que les acompañan. Esta cámara puede construirse de dos modos: Io. sobre la fuente misma; 2o. realizando por medio de una cam- pana la captación de los gases en el grifón y conducién- dolos a la cámara inhalatoria situada en lugar distinto. En el caso de Jesús no nos hallamos en condiciones de elegir entre estos dos métodos, pues el único aplica- ble es el primero. ¿Por qué? Primeramente, por el costo y dificultades técnicas de instalación del segundo método. En segundo lugar por la falta de captación de la fuen- te, la cual no vierte en un verdadero grifón, sino en una gran parte del plan del pozo. Para captar los gases ha- bría, por consiguiente, que establecer una campana re- colectora sobre toda la piscina, suprimiéndola a ésta co- mo tal. Podría argüirse que la campana captadora de los gases bien puede colocarse sólo sobre una parte del pozo, dejando libre el resto para la balneación. Si, evidente- mente, podría hacerse eso; pero entonces sólo capta- ríamos una parte de los gases y la riqueza radioactiva del Emanatorio quedaría reducida considerablemente. Co- mo la cantidad en litros de gas Emanium que producen las fuentes termominerales es pequeñísima, existe el in- terés primordial de no desperdiciar ni un milímetro cú- bico del precioso gas. Y el único modo de conseguirlo, es acumulando esta materia médica de tan gran valor so- bre la misma piscina que la exhala, en una cámara que evite su difusión y pérdida. Acabo de leer el artículo que mi distinguido compañe- ro doctor Escomel ha publicado en "El Pueblo" y en el cual propone la división del balneario en cuatro pisci- nas, dos para pagantes y dos para pobres, a fin de po- 108 der clasificar a los enfermos en contagiosos y en no con- tagiosos. Como esta proposición se relaciona estrechamente con el establecimiento del Emanatorio, voy a examinarla deta- lladamente. Es indudable que la promiscuidad de toda clase de pacientes en un mismo balneario tiene un grave in- conveniente: la posibilidad de los contagios, y el doctor Escomel hace muy bien de preocuparse de ello. Analisemos esta posibilidad. Es un hecho de observación antiquísima, la rareza de la trasmisión de las infecciones en los baños termales. Y esta rareza es tanto más notable, cuanto que la promis- cuidad de los bañantes en muchas piscinas, como las de Yura, es estrecha. Los enfermos en la piscina de Ba- rcges, por ejemplo, se hallan apretados unos contra otros. ¿Por qué, entonces, esa ausencia de epidemias, sobre todo de enfermedades cutáneas, entre los habitantes de las estaciones hidrominerales? La explicación de este hecho para do jal que antes de ahora ponía en gran apuro a los higienistas, ya la cono- cemos. Ella es: la radioactividad de las fuentes. Los abundantísimos raijos alfa que desprende el Emanium tienen, como ya sabemos, un notable poder bactericida. La pululación de bacterias resulta así, más o menos en- travada y hasta imposible en algunos casos, según sea la riqueza radioactiva de las aguas minerales. Tenemos, pues, como hecho clínico establecido por una secular experiencia, y ya explicado al presente, la peque- ña probabilidad de que se realice un contagio en las pis- cinas hidrominerales radioactivas. Pero al lado de esta relativa inocuidad de las piscinas, desde el punto de vista contagioso, está el peligro, real y positivo, que encierran las cabinas de desvestirse. Ahí ya no hay radioactividad desinfectadora, y por mi parte creo que de los contados casos de contagio bien observa- dos que se registran, la gran mayoría se han realizado en 109 los cuartos de desvestirse. Si las piscinas constituyeran un medio favorable de trasmisión microbiana, pues las epidemias en los balnearios serían de observación fre- cuentísima. Por consiguiente, la conclusión a que se llega es ésta: El peligro de contagio, muy pequeño dentro de las pis- cinas, existe principalmente en los cuartos de desvestir- se. Razón, y mucha, tiene el doctor Escomel en insistir en su interesante articulo sobre la necesidad de que en nues- tros balnearios se establezca debidamente un servicio de limpieza y desinfección de las cabinas. Esto no quiere decir, desde luego, que no sea útil y con- veniente el establecimiento de varias piscinas. El ideal es, ciertamente, la piscina individual, como lo es el cuarto individual en los hospitales. Pero en el caso de los bal- nearios, la piscina unipersonal constituye, no sólo un pro- blema económico, sino también una cuestión subordinada al rendimiento de las vertientes. Ahí donde éstas suminis- tran gran caudal de agua, pues ahí es factible el ideal de las piscinas y tinas individuales; pero en las fuentes de es- caso débito, como es el caso de la vertiente de Jesús, no existe más solución posible que el pozo común, y a veces pozos diminutos donde los enfermos están apiñados (Yura .y Bareges). Un término medio es el propuesto por el doctor Esco- mel, y que se podría poner en práctica una vez realizada la captación de la fuente. Como al presente no existe un grifón único, y el agua que vierte en la gruta parece dis- tinta en temperatura y riqueza gaseosa de la que surge en el plan del pozo y de la pequeña bóveda del muro sur, el establecimiento de un tabique divisorio para tener dos piscinas independientes, daría nacimiento a dos baños de cualidades distintas. Luego, en las circunstancias actuales de reconstruc- ción del balneario, es forzoso resolver el problema con una sola piscina, y en forma tal que permita obtener 110 el máximun posible de gas Emanium por litro de agua y por litro de aire respirable en la cámara de inhalación. Y aquí hay que volver sobre la tan debatida cuestión de las dimensiones que debe tener el pozo. Si se tratara únicamente de la balneación, es claro que mientras más rápida sea la renovación del agua, esta ten- drá mayor cantidad de Emanium por litro. El ideal de la balneación radioactiva es: la piscina individual o la tina en que circule rápidamente el agua virgen recién vertida en el grifón. Veamos ahora el problema desde el punto de vista de la cura inhalatoria. Si se contruyera un pequeño pozo en el que se renovara rápidamente el agua (ideal de la balneación), es claro que el baño sería excelente, pero pobre el aire del recin- to, puesto que el agua saldría de éste conteniendo todavía una fuerte proporción de gases radioactivos. Pa- ra obtener el máximun de radioactividad por litro de aire en el Emanatorio, hay que acumular la mayor cantidad de agua, determinando luego el desprendimiento si posi- ble fuera del 100 por 100 de sus gases, y concentrar en se- guida a éstos en una cámara inhalatoria de pequeño cu- baje. Véase, pues, que las circunstancias óptimas del baño y de la cura inhalatoria se oponen, de donde se deduce que, debiendo realizarse ambas al mismo tiempo, para que el efecto terapéutico de dichas curas (de inmersión e inha- latoria) sea máximo, habrá que adoptar el término medio en cuanto a la capacidad de la piscina: ni tan grande que perjudique al baño, ni tan pequeña que empobrezca al Emanatorio. La capacidad media del pozo también es conveniente cuando el Emanatorio se construye sobre el mismo baño, porque a una piscina muy grande correspondería un recinto considerable en el que se diluiría demasiado el gas Emanium. Además, hay que tener presente otro factor: las necesi- 111 dades a que debe hacer frente el balneario. El actual pozo tiene, poco más o menos, 32 metros cuadrados de su- perficie, y algo más de 45 el del proyecto ampliatorio. Con ¡gs 32 metros cuadrados de superficie y las 24 cabinas de desvestirse que se hallan en construcción, habría am- plia comodidad para dos tandas de 10 bañantes, con todo desahogo, cada media hora, o sea, en las 10 horas útiles del día, un total de 200 enfermos diarios sin contar los del pozo gratuito. Esta cifra sobrepasa notablemente a las necesidades actuales. Como el baño en Jesús debe ser corto por la temperatura del agua (22° a 23°), esas 20 per- sonas por hora que hemos calculado más arriba, podrían bañarse cómodamente en el mismo tiempo aún disminu- yendo un poco la superficie de la actual piscina, cuestión que me propongo estudiarla sobre el terreno. De la anterior discusión deducimos que las dimensio- nes medianas que ha de tener la piscina, deben oscilar hacia un máximun de unos 30 metros cuadrados de super- ficie que no conviene sobrepasar. Pasemos ahora a la implantación del Emanatorio. Inútil me parece insistir, una vez más, en demostrar que si se dejara el pozo dentro del nuevo recinto de 500 metros cúbicos de capacidad, el grado de difusión del gas Emanium sería tal, que la cura por inhalación quedaría prácticamente suprimida en Jesús, con grave perjuicio pa- ra los enfermos. Obligadamente debe construirse la cámara o Emanato- rio de modo que circunscriba estrechamente al pozo y tenga así una capacidad moderada, a fin de que la propor- ción de gas radioactivo por litro de aire sea el mayor posi- ble. Como los nuevos muros, con excepción de la pared nor- te, dejan entre ellos y el pretil del pozo únicamente un pasadizo de 1 metro o algo más, necesario para la circu- lación de las personas, dichos muros tendrán que formar parte del Emanatorio. En la parte norte queda un amplio espacio destinado a las cabinas, así es que de este lado hay 112 que levantar un tabique de cemento armado a una distan- cia del pretil del baño igual a la indicada más arriba. De este modo quedaría circunscrito el espacio de la cámara de inhalación. El techo de ésta, como se comprende, tiene que ser bajo, dándosele a lo sumo una altura de 3 metros a 3 metros 50 cuando más. Este techo quedaría por deba- jo del que se va a construir a cuatro metros o más de al- tura, lo cual es una circunstancia favorable que aislará mejor el ambiente del pozo del exterior. Veamos los dispositivos accesorios. En las paredes del Emanatorio se abrirán varias ven- tanas, necesarias para regular la Ventilación y dar luz al recinto. La renovación del aire tendrá que hacerse con más o menos frecuencia, según lo enseñará la práctica, a fin de que la atmósfera sea siempre respirable y no se acumule demasiado ácido carbónico. Y a este respecto habría que estudiar, para el futuro, la implantación de un procedi- miento químico de absorción de ese ácido carbónico, con el objeto de evitar la frecuente ventilación de la cámara y la pérdida del Emanium. Cabría también la instalación de un aparato productor de oxígeno para el ambiente del pozo. De este modo se podría reducir a su mínimun la ventilación, o tal vez limitarla sólo a la que se realiza a tra- vés de los muros (como lo demostró el señor Castresana), con lo cual se llegaría a conseguir la mayor proporción de Emanium por litro de aire. El ingreso al Emanatorio debe establecerse por un sis- tema de dos puertas, pues una sola al abrirse ocasionaría una considerable irrupción de aire a la cámara. En el interior del Emanatorio se contruirán bancas pa- ra los enfermos que sólo tengan que hacer su cura de inhalación. Además, debe rehacerse la bóveda de la gruta, pues es ahí donde los bañantes encuentran el máximun de gases radioactivos. En esta instalación cabrían otros dispositivos de muy fácil ejecución. En el artículo anterior hablé de los dos mé- 113 todos de inhalación, seca o fría, y húmeda o tibia. Pues bien, ambos sistemas pueden implantarse en el Emanato- rio de Jesús con un gasto muy pequeño que sería reem- bolzado en poco tiempo. Para la inhalación seca bastaría un motorcito de una fracción de caballo (la fuerza podría proporcionarla la Empresa de exportación), para elevar cierta cantidad de agua de la misma vertiente y dejarla caer en cascadas bien dispuestas sobre la bóveda de la gruta y de ésta al pozo. Los gases así desprendidos aumentarían grandemente la radioactividad inhalatoria. Podría agregarse algunas as- pas giratorias para pulverizar el agua. Para la inhalación húmeda seria bastante una pequeña caldera con un sistema bien rápido de calefacción. Colo- cada fuera del recinto, y en comunicación con el Emana- torio por un sistema de tubos, se haría circular en ella agua mineral virgen, cuyos vapores, al saturar la atmós- fera, le darían la cantidad total de Emanium que contie- nen, y así tendríamos un perfecto vaporarium. Finalmente, debe agregarse como complemento, el arre- glo de una pequeña sala con aparatos irrigadores, pulveri- zadores y vaporizadores, para el tratamiento de las afec- ciones de las primeras vías respiratorias: fosas nasales, faringe y laringe. La construcción del Emanatorio simple costaría unos 800 soles, máximum mil, según los datos que me ha pro- porcionado un distinguido ingeniero, quien se ha prestado gustoso a ir a Jesús con el suscrito, para hacer el proyecto completo y el presupuesto de tan importantísima obra. Como se vé, la construcción del Emanatorio se adapta perfectamente dentro del plano ampliatorio en actual eje- cución, lo cual es una muy feliz circunstancia. Implantada la cura inhalatoria, en sus diversas formas, el campo de acción de Jesús se amplificaría considerable- mente. Dejaría de ser el balneario medioeval del padre Zavalaga, para convertirse en un establecimiento termal moderno al tanto de los últimos adelantos. Multitud de en- 114 ferinos, para los que hoy es inaplicable la cura de inmer- sión, acudirían en busca del alivio de sus males. La gota, el reumatismo crónico deformante, el reumatismo agu- do o con complicaciones cardiacas, las numerosas manifes- taciones de la diátesis úrica, las neuralgias, las bronquitis crónicas y asmáticas, las rinitis, las laringitis, la escrufu- losis, la diabetis, la obesidad, etc, etc., serían, en rápida e incompleta enumeración, las nuevas dolencias curables por el nuevo balneario. El primitivo baño humilde resultaría transformado, y a la simple cura de inmersión contraindicada en muchos enfermos, se agregaría la cura inhalatoria seca, la cura de inhalación húmeda, la cura por el vaporarium, curas que funcionarían en determinadas horas del día para llenar las variadas indicaciones terapéuticas. Con la construcción del nuevo balneario, tal como lo propongo, quedaría sin efecto, como bien se comprende, la clasificación de los enfermos en pagantes y no pagantes. Todos, pobres y ricos, sin excepción, gozarían de los be- neficios de la perfeccionada piscina con su Emanatorio, y el pozo de los pobres sólo podría servir para los prime- ros baños higiénicos o de limpieza preparatoria. A lo más se podría señalar horas especiales para una y otra cate- goría de pacientes. Creo que todos mis estimados colegas, y en especial los doctores Urquieta y Piérda, apoyarán la reforma que preconizo, o mejor dicho la reforma que imponen los adelantos de la ciencia. La discusión sólo podría plantearse respecto de los de- talles, pero no en cuanto al fondo de la cuestión. La exis- tencia de los gases radioactivos, su presencia entre los ga- ses espontáneos de las fuentes termales, su acción fisio- lógica notable en parte esclarecida por la experimen- tación y la clínica, y las leyes físicas en que se funda la construcción de los Emanatorios, pertenecen ya al do- minio de los hechos científicos demostrados, de suerte que la organización de todo balneario termomineral tie- 115 ne que adaptarse forzosamente, tarde o temprano, a es- tos progresos, so pena de desperdiciar gran parte de la latente e inestable potencialidad curativa del agua mine- ral. La iniciativa de la H. Sociedad de Beneficencia debe aplaudirse, porque siempre merece aplauso toda idea de progreso, muy en especial en nuestros estrechos medios rutinarios, con tendencia al estacionarismo. Esa inicia- tiva planteó el problema de la ampliación de la piscina, surgieron dudas, las opiniones se dividieron como era muy natural, y vino la discusión y el estudio. Y es este es- tudio, que todos nos hemos visto obligados a realizar con entusiasmo, el que tendrá, seguramente, como consecuen- cia un progreso notable en la olvidada utilización in- tensiva y bienhechora de nuestras magnificas fuentes me- dicinales. Agradeciéndole, señor director, la publicación del pre- sente estudio, me es grato suscribirme su muy atto. y S. S. Luis A. Chaves Velando.. Noviembre 26 de 1916. 116 MODIFICACIONES QUE DEBEN HACERSE, SEGUN EL AUTOR, AL PROYECTO DE ENSANCHE En él plano adjunto, debido a la amable colabora- ción del señor Ingeniero E. Basadre y Forero, las lí- FIGURA 6 Plano de las dos piscinas 117 neas continuas representan a la actual piscina, y las li- neas puntuadas al pozo tal como lo propongo. Las dimen- siones de este, en largo y ancho, son menores que las del proyecto aprobado, y su capacidad resulta igual a la del antiguo pozo. A fin de establecer un Emanatorio sobre la misma pis- cina, he proyectado el tabique A B, de cemento armado, hasta el techo, con dos puertas d y e, para comunicar con las cabinas de desvestirse de hombres y de mujeres, (figu- ra 6). El plano de éstas ha tenido que modificarse algo. Sin ese tabique, el recinto del pozo tendría más de 500 metros cúbicos de capacidad y los gases radioactivos quedarían muy diluidos. Las puertas a, b y c, que dán acceso a la piscina de Ia. clase, y deben ser de doble gozne y cierre automático, tienen por objeto evitar las corrientes de aire dentro del Emanatorio. A todo el ancho del recinto de Ia. clase, perpendi- cularmente al tabique A B, hay un traga luz de Im. 40 de ancho, con una farola sobre el pozo y otra sobre la sec- ción de las cabinas, para regular convenientemente la ventilación. La única modificación introducida en la piscina de 2a. clase, consiste en haber trasladado los cuartos de desves- tirse para hombres al frente del muro divisorio (a lo lar- go de éste deberían construirse según el proyecto aproba- do), a fin de hacer factible la apertura de la puerta f (fi- gura 6) de comunicación, y la consiguiente utilización del Emanatorio por los pobres en la forma que he ex- plicado en mis artículos. El corte longitudinal (figura 7) hecho inmediatamente a la derecha del tabique A B, representa la cascada de que hablo en mi estudio para aumentar la riqueza radioacti- va del Emanatorio. Para realizar esta caída basta con instalar un pequeño motor de 14 de caballo de fuerza des- tinado a elevar, a la altura del techo, un litro por segundo de agua tomada en la misma vertiente. 118 FIGURA 7 Corte longitudinal de las dos piscinas 119 El presupuesto de las obras adicionales para que quede consituído el Emanatorio, en su parte esencial, es, se- gún se vé al último, de sólo S). 356.00. Pozo Je J~ dzne FIGURA 8 Corte transversal de la piscina de clase T1 o zo Je. ¿t e/¿se FIGURA 9 Corte transversal de la piscina de 2$ clase Las instalaciones accesorias, como son la cascada, un pulverizador y un vaporizador, a fin de tener las diver- sas formas de la cura inhalatoria dentro del Emanatorio, representarían un gasto pequeño, como se comprende fácilmente. 120 Los planos adjuntos fueron elevados oportunamente al señor Director de Salubridad. PRESUPUESTO Por el tabique divisorio en el pozo de Ia. clase, de 0,10 de espesor, ÍOm. 30 de largo y 4m. de alto S|. 206,00 Por las puertas d, e, f, de doble gozne, a S|. 50,00 c|u „ 150,00 Total „ 356,00