GEOGRAFIA MEDICA DE ISA ISLA DE MARGARITA POR ANDRES SANCHEZ, Doctor en medicina y Cirujía de la Uninersidad Central de Venezuela, Ex-Director del Bospttal [Dilitar de Caracas, IndiDiduo de número de ia Academia nacional de medicina CON UN PROLOGO DE FRANCISCO A. RISQUEZ, Director y Profesor de la Escuela de (Dedicina de Caracas, ÍDiembro de las Academias de Caracas, (Dadrld, Barcelona, bima, Bogotá y de otras Corporaciones Científicas T1P. AMERICANA - CARACAS 1921 JOSE MARIA BERMUDEZ, Primer Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Constitu- cional del Estado Nueva Esparta, HACE SABER : Que el ciudadano doctor Andrés Sánchez, con fecha 2 del presente mes, se ha dirigido a este Gobierno solicitando conforme a la Ley de propiedad intelectual el derecho exclusivo para pu- blicar una obra de que es autor, cuyo título ha depositado y es como sigue: "Geografía Médica de la Isla de Margarita"; y que habiendo prestado el juramento de Ley y llenos como han sido los demás requisitos correspondientes, queda el expresado doctor Andrés Sánchez en posesión del privilegio que le concede la Ley del 17 de Mayo de 1894, en su artículo 25, teniendo por lo tanto derecho a imprimir dicha obra, podiendo él solo publicarla, ven- derla y distribuirla. Tómese nota en el Registro correspondiente que se lleva en este Despacho, y publíquese en la Gaceta Oficial del Estado. Dada, en el Palacio de Gobierno del Estado Nueva Esparta, y refrendada por el Secretario General, en La Asunción, a 3 de Mayo de 1921.-Años 112' de la Independencia y 639 de la Fede- ración. (L. S.) J. Ma, Bermúdez. Refrendado. El Secretario General, (L. S.) Horacio Chacón G. JOSE MARIA BERMUDEZ, Primer Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Constitu- cional del Estado Nueva Esparta, C o n s i d e r a n d o : Que está próxima la reunión del Tercer Congreso venezola- no de Medicina, cuyo tema y objeto principal es la Geografía Mé- dica del País, C o n s i d e r a n d o : Que el distinguido ciudadano Doctor Andrés Sánchez, Miembro de la Academia Venezolana de Medicina, autor de im- portantes trabajos científicos e ilustrado médico domiciliado ha tiempo en el Estado, con una larga y brillante práctica profesional en él, tiene un notable trabajo sobre "Geografía Médica de la Isla de Margarita", para el cual ha solicitado y se le ha otorgado el derecho de propiedad intelectual, y que la autorizada opinión cien- tífica del ciudadano Doctor Francisco Antonio Rísquez, eminente Médico margariteño, publicada en la prensa de la Capital de la República, ha sido del todo favorable al expresado trabajo del ciudadano Doctor Andrés Sánchez; Considerando: Que dicha "Geografía Médica de la Isla de Margarita", hace honor a su autor, y refrenda brillantemente los resaltantes méri- tos científicos que lo distinguen, y que por más de un respecto es útil su publicación, y conveniente para el mejor conocimiento, verídica y justiciera apreciación, y favorable concepto de esta his- tórica, laboriosa, bella y sana porción de la República; Considerando : Que este Gobierno se ha esforzado siempre por dispensar su más decidida protección a las letras y a las ciencias, y por fo- IV mentar cuanto pueda propender al progreso intelectual, moral y material de Nueva Esparta; y Considerando Por último: que el ciudadano Doctor Andrés Sánchez ha puesto a disposición del Ejecutivo del Estado su expresada obra para su presentación al Tercer Congreso venezolano de Medicina; y por otra parte, este Estado concurrirá con la debida representa- ción al importante y trascendental Congreso en referencia, al cual debe llevar el más digno y lucido aporte científico, DECRETO : Art. 1* Procédase a editar por cuenta del Erario del Esta- do, la obra del ciudadano Doctor Andrés Sánchez, intitulada "Geografía Médica de la Isla de Margarita". Art. 2' Dicho trabajo será presentado por la correspondien- te Delegación del Estado al Tercer Congreso venezolano de Me- dicina. Art. 3' Los gastos que se ocasionen por este respecto serán satisfechos por la Tesorería General del Estado, con cargo al Ramo de Fomento, y en la forma que se dirá en Resolución es- pecial. Art. 4' El Secretario General de Gobierno cuidará de la ejecución del presente Decreto. Art. 59 Comuniqúese y publíquese. Dado, firmado, sellado y refrendado en el Palacio de Go- bierno del Estado Nueva Esparta, en La Asunción, a 3 de Mayo de 1921.-Años 112° de la Independencia y 63° de la Federación. (L. S.) J. Ma. Bermúdez. Refrendado. El Secretario General, (L. S.) Horacio Chacón G. PROLOGO POK Eli DR. FRANCISCO A. RISQUEZ Director y Profesor de la Escuela de Medicina de Caracas, Miembro de las Academias de Caracas, Madrid, Barcelona, Lima, Bogotá y de otras Corporaciones Científicas Es evidente que el estado sanitario de un país no puede enrumbarse por caminos seguros mientras no se conozcan, de un modo preciso, las enfermedades que en él reinan o causan el mayor número de víctimas, en relación con las condiciones climatéricas, de suelo, de aire y de aguas, y las condiciones individuales de raza y de costumbres que caracterizan la región y sus pobla- dores. Y ese estudio, abarcado bajo la denominación de "Geografía Médica", es el que el Congreso Venezolano de Medicina ha emprendido desde que preparaba su se- gunda reunión en Maracaibo; es el que sigue con ahin- co, estimulando a los médicos compatriotas a preparar, aunque lenta, tesoneramente, la necesaria labor recla- mada a una por la ciencia, la patria y nuestra suerte colectiva, hasta lograr que Venezuela no pase inadverti- da en el concierto de las naciones, ni menos en la esfera de la Higiene Pública Internacional. A esa voz, que en esta vez no ha clamado en el de- sierto, ha respondido entre otros y muy brillantemente VI el Doctor Andrés Sánchez, con un estudio sobre la Geo- grafía Médica de la Isla de Margarita, en cuyas pági- nas, que ha tenido la complacencia de darme a conocer, no sé qué admirar más, si el acopio de datos con que ilus- tra y comenta la materia, o la habilidad para hacer una obra tan completa con datos tan insuficientes como los que puede proporcionarle el medio, o el desinterés con que sin deberes de hijo, ni obligación oficial, ni prome- sas extrañas, ha llevado a cabo una labor meritísima, de esas llamadas a perdurar, porque inicia un trabajo base de muchos otros, ofrece una descripción llamada a sucesivas ampliaciones y porque tendrá que ser consul- tado siempre que sea preciso rememorar lo que Marga- rita posee, en climas como en producciones; lo que guar- da, como herencia de la raza, y lo que padece para mal de sus pobladores. Quien haya de leer las páginas en que el Doctor Sánchez condensa sus observaciones sobre Margarita, no habrá de menester indicaciones de mi parte, ni quien quiera saciar sus deseos de conocimientos relativos a la vida demográfica de la tierra neoespartana, necesitará de lazarillos que le lleven por tan amplios y fáciles ca- minos, de tal manera que, a mi parecer, huelgan estas frases de prologuista, que el autor me pide, acaso supo- niendo generosamente que una presentación mía puede significar algo, cuando una vez conocido el presentado, nadie se acordará del que tuvo la candidez de admitir que su intervención podía ser de alguna utilidad. Pero quien se tome el trabajo de pensar que el autor ha manejado con cariño de amigo y lente de profesional la tierra de mi cuna; quien se fije en que la acogida pres- tada por el Gobierno del Estado, en manos hoy de un margariteño, aduce como fundamento el juicio que la obra mereció de este conterráneo, habrá de comprender por qué robo unos instantes de los reclamados por la lucha del trabajo diario, para mezclar, como en un ra- millete de flores, mi aplauso al autor de la Geografía Médica de Margarita, mi gratitud al compañero que me ordena asociar mi nombre de prologuista al suyo de VII autor y mis felicitaciones a Margarita por haber halla- do en el Doctor Sánchez un vocero de su significación en el mundo. La obra del Doctor Sánchez, de acuerdo con el plan adoptado por el Congreso Venezolano de Medicina, para la Geografía Médica de la República, comienza con la parte geográfica y climatológica de la isla. En ella dá una perfecta idea de la benignidad de aquel clima insu- lar, que ha hecho dar a la región el sobrenombre de Sa- natorio Natural y ha sido en todo tiempo lugar de tem- porada para los afligidos por enfermedades crónicas di- versas, como el paludismo que allí no arraiga; el beribe- ri, que allí se cura, y las epidemias que allí no encuen- tran propicio ambiente. La parte histórica y etnológica viene muy bien traída, por la estrecha relación que guardan las condi- ciones individuales heredadas o adquiridas, hijas de los antecedentes o de las costumbres, sobre la receptividad o la inmunidad en presencia de las enfermedades que afectan a la colectividad. En este punto, las aprecia- ciones del Doctor Sánchez revisten un carácter de im- parcialidad y de mesura, que bien se compagina con la utilidad y la concatenación de los hechos. La segunda parte, la Nosografía, la que más im- porta desde el punto de vista de la salubridad y las ne- cesidades sanitarias de la isla, comprende interesantes párrafos, que no podrán ser apreciados sino después de leídos. Las ideas que tales puntos me sugieren no son de este lugar, sino las haré valer en su punto y medida, al ocuparme en la necesidad de acometer con empeñoso esfuerzo, y como necesaria contribución a la obra na- cional, la solución del problema de la salubridad de toda la nación, y por razones fáciles de comprender, la de aquel pedazo de tierra, colocada al alcance de la mano, y con favorables condiciones para constituirlo en refu- gio de los pobladores del continente, y aún de remotas tierras, arrojados por el oleaje de las enfermedades y la miseria. VIII El Doctor Sánchez ha contribuido con su libro a dar a conocer a Margarita, con todos los recursos de salubridad que posee y a la vez con todas las necesida- des que el afán de la vida, en medio de los peligros de las aglomeraciones humanas, impone a los buscadores de salud. Por él sabemos de la facilidad de fundar en sus playas estaciones de baños de mar, a unas pocas horas del continente, con sólo atravesar el canal en una lancha a remo; sabemos también que aquel suelo, en cuyo seno parece concentrarse la savia no prodigada en vegetación inútil, ofrece especialidades en frutas de hermosura y dulcedumbre especiales, y sabemos en fin que cuando una voz o un concierto de voces se alce y sean oídas, sobre las necesidades urgentes de la isla; cuando no tengamos un mocezuelo, que está llamado a desapa- recer necesariamente, y se domine la tisis, que no debe existir bajo el limpio cielo, sobre el suelo soleado y en el ambiente benigno de la isla, y se repriman las enfer- medades venéreas, que de fuera importan los viajadores, y se cuide y haga prosperar el semillero de los hijos de Nueva Esparta, que mueren en flor más por la ignoran- cia de sus padres, que por la incuria de sus pobladores, entonces Margarita, la isla de las perlas, será la isla sa- natorial de Venezuela. Yo asisto hace muchos años, en mis sueños de ilu- so, a la contemplación de un futuro cada vez más próxi- mo y cada día más deseado, para la prosperidad de Ve- nezuela, basada en su situación geográfica, en sus con- diciones de vitalidad y en la salubridad de aquella tierra de mis amores, a la cual me he debido siempre, aunque de ella no recibo sino de tarde en tarde algún recuerdo, como el que me ha hecho borronear estas cuartillas en homenaje a una obra y en beneficio de mi patria chica. Cuando ese día llegue para ella, el Doctor Andrés Sánchez tendrá derecho de participar de las satisfac- ciones y de los beneficios. Francisco A. Risquez. Caracas: Junio de 1921. PREFACIO I Traído por el oleaje, a veces tempestuoso, del mar de mi vida, a ejercer la medicina en esta Isla, correspondo a su hospitalidad de seis años y a la confianza que como profesional me han dispensado sus pobladores, con la publicación de este tra- bajo, que presento al público médico, sin la pretensión de que sea otra cosa que lo que resulte ser y como contribución a la magna obra-aún por realizar-de la Geografía Médica de Venezuela. Son páginas de sinceridad y de verdad, por lo cual presumo ro- zarán a algunos en sus intereses, en su vanidad o en ambas epi- dermis a la vez, al leer descritas ciertas costumbres anómalas, como cuando menciono a curiosos y adivinos. No me ha arredra- do la posibilidad de concitarme algunas malas voluntades nuevas, pues creo que narrando lo que acontece, cumplo un deber honra- do, máxime cuando laboro más para lo porvenir que para lo pre- sente, ya que más bien que una Geografía Medica de la Isla de Margarita, escribo unos apuntes para la Geografía Médica de Ve- nezuela. II Mi mayor pecado de siempre ha sido creerme más fuerte que los obstáculos y oponérmeles y debo confesar que he pagado e^e delito de audacia, sintiendo las piedras que me han arrojado los adversarios amontonarse sobre mi carrera y aun sobre mi indi- viduo, reduciendo a impotencia mis fuerzas morales. Bien sé que esta conducta mia es de rectitud y de fuerza, pero no es por cierto la más apropósito para la conquista del buen éxito; puedo asegu- 2 rarlo, pues cuando a otros con el mismo o menor bagaje profesio- nal que yo o desprovistos de todo bagaje, pero dóciles, he visto allanárseles los caminos para que los recorran en wagón-cama, el que esto escribe desnudo, solo y como en medio de una inex- trincable selva virgen, ha tenido muchas veces que abrirse él mismo una pica por cualquier parte para ganarse el abrigo, el pan y el vino, conservar la vida y con ella este primordial derecho de la expresión del pensamiento, que militante aún, ejerzo ahora. Las generaciones médicas que mejor me conocen, la de mis maes- tros y la de mis condiscípulos, apreciarán bien-de ello estoy se- guro -la exactitud de mis palabras y aun la amargura con que son escritas! III De vuelta al tema del prefacio, la obra, diré que mi inolvida- ble maestro de Patología General, el Doctor Francisco A. Rís- quez, me ha estimulado con el aliento de su palabra, a presentar- la al III Congreso Médico de Venezuela, que ha de reunirse en Ciudad Bolívar, próximamente. Escrito lo antecedente y con ocasión de haber solicitado del Ejecutivo del Estado el derecho de propiedad, me he encontrado con la acogida más decidida y franca para la obra y su autor, por parte del General José María Bermúdez, Primer Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia, quien ha aceptado mi oferta de que sea presentada al III Congreso de Medicina, a nombre de Nueva Esparta y ha decretado que los gastos de la edición se hagan por la Tesorería. Irá, pues, mi humilde obra ataviada con la elegante investidura oficial al torneo científico para que estaba destinada. Todo esto es para mí, eminente y patrióticamente satisfactorio y no hallo palabras adecuadas a la expresión de mi gratitud; a mayor abundamiento, cuando al leer el Decreto del liberal Magistrado, encuentro sus términos tan enaltecedores para mi pobre nombre, que no puedo creer sino que con tal pretexto, ha querido estimular a todos en la senda del esfuerzo intelectual, pues no otra cosa sino un esfuerzo bien intencionado es a mi juicio este libro. Andrés Sánchez. Porlamar: 5 de Mayo de 1921. 4°30 4'45 jo PLANO DE LA ISLA MARGARITA Escala 1:250000 fiLTfíGRfl&ñ JURN6RIE60 l.RpLílZR' BfíNTfí fíNfí PeDKEGfiLES' XA ASUNCION LAS. PfACANTO 5. JUAN BfíUTGTfí L*ta. CHICA LAG. ARESTINGA SUl ¡HA Joules t. PfíMPATfíR Manguito Boca doL (nte- Barrancas El Vw.it Pía Negra 'Pla dei Pozo PORLfJMRFL Ptp.de Piedras 1 AG LAS MAMITAS Hto Carneros ' Pía Carneros Pía. Mangle ISLA CURAGUA ISLA COCHE S. Pedro 4,30 4,45 3o Lito.Escuela Artes Oficios-Caracas GEOGRAFIA MEDICA DE LA ISLA DE MARGARITA PRIMERA PARTE capítulo i Situación Geográfica.-Topografía.-Datos geognósicos. Al nordeste de Venezuela, formando con ella su organismo político, bajo el nombre de Estado Nueva Esparta, existe una isla en el Mar Caribe, que se llama Margarita. La separan del Continente sólo algunos kilómetros. En los días claros, que son los más, la diafanidad del aire, permite ver distintamente desde las playas de Porlamar, dibujarse hacia el Sur, en el azul plomizo del horizonte, como un paisaje de ensueño, la Cordillera de la Costa en su ramal de la península de Araya. El culminante escritor Eduardo Blanco, la señaló en su épica prosa, con estas frases poéticas: "Cautiva entre las ondas del mar azul que baña a Cumaná y extendida a lo largo de la pe- nínsula de Araya, cual cetáceo varado a cinco leguas de la costa, se divisa desde las playas orientales la heroica Margarita, la codi- ciada Isla de las perlas " 4 Según Codazzi, su posición se determina de los 1O°-51'3O" a los H"-9'-45" de latitud norte y entre los 2°-40' y 3°-9'-15" de lon- gitud oriental del meridiano de Caracas. Su superficie es de 1.145 kilómetros cuadrados. Los cerros de mayor altura son: los de Macanao, algo mayor de 1.300 metros, al occidente y los de Copey (1.269 m.) y Matasiete, de elevación aproximada a mil metros, en el corazón de la Isla. Las depre- siones de estos dos últimos, forman los valles de mayor impor- tancia por su situación y vegetación. El cerro del Copey abrupto hacia el sur, para el norte se pro- longa en forma de colinas, hasta terminar en el Morro y Cabo de la Isla. Hacia el nordeste los cerros, estribaciones del Copey, forman el valle de Paraguachi y tienen para la geognosia de la Isla la importancia de entrañar abundantes yacimientos de sili- cato de magnesia, actualmente en explotación por una Compañía americana que se denomina "Magnesite Mining & Manufactu- ring Co." y que obtiene un producto de exportación muy apre- ciable. El cerro de Matasiete con sus tres picachos, está a la de- recha y sus bases se pierden en el mar. De Pampatar a Los Robles, pasando por el norte de Poria- mar, hacia Punta de Mosquitos, se desenvuelve una serie de co- linas y más al occidente paralela a la costa, desde este último pun- to, hay otra serie que termina en las puntas llamadas Las Tetas; más allá aun descuella Macanao, de una altura de 1.366 metros. Originando en los cerros de Ochenta, en el caserío San An- tonio, al oeste de Porlamar, surge una fuente mineral cloro-bi- carbonatada, cuyo análisis químico practicado por el Doctor A. P. Mora, dá el siguiente resultado: Reacción: Alcalina. Residuo a 100°: 2,30 gramos por litro. Materias orgánicas: 0,76 Residuo salino: 1,63 Aniones. Cloruro: abundante. Sulfato: poco. Nitrito: 0. Nitrato: vestigios. Cationes. Aluminio: muy poco. Hierro: vestigios. Amonio: 0. Calcio: abundante. Magnesita-Producto de las minas de Paraguachi en disposición de ser exportada 5 Aniones. Silicato: poco. Fosfato: muy poco. Carbonato: abundante. Cationes. Magnesia: abundante. Sodio: bastante. Potasio: presencia. , Estas aguas son muy eficaces en ciertas formas de dispepsia. La opinión autorizada del ilustre geógrafo Codazzi es que la isla de Margarita formó parte integrante del continente. Acer- ca de este punto de alto interés geológico, se expresa así en su Geografía de Venezuela: "Al examinar los cerros de Marga- "rita, las islas que la rodean, el bajo fondo entre ella y la costa "de Cumaná, lo destrozado de ésta, la posición de la isla de La "Tortuga, la configuración de los cerros de la punta de Tucacas "en la provincia de Coro, la igualdad de las plantas que se encuen- "tran en ambas provincias; todo bace creer que en otros tiempos "estuvieron unidas estas tierras al Continente y fueron una ca- "dena de cerros paralela a la actual de la costa de Caracas, cuyos "residuos se muestran en las islas indicadas. Más al norte, Las "Hermanas y Blanquilla, que se encuentran en la misma línea "que Orchila, Roques, Aves, Bonaire, Curazao, Aruba, Penín- "sula de Paraguaná, Sierras Chimare y Aceite de la Península "de la Goagira, demarcan una tercera cadena paralela a las otras, "que parece destruida por la misma catástrofe que hizo desapa- "recer las demás tierras''. CAPÍTULO II Párrafos sobre el descubrimiento y la conquista.-Las perlas como origen de la esclavitud del elemento indígena.-Testimonio de los Cronistas de la Conquista.-Consideraciones históricas. La isla de Margarita fué descubierta por Cristóbal Colón, en su tercer viaje, el 15 de agosto de 1498, día de La Asunción, dando en recuerdo de dicha fecha el mismo nombre a la isla, con el que se bautizó después la ciudad capital a su fundación por Marcelo Villalobos en 1525. Con el nombre de Margarita no 6 vino a designársela sino más tarde, cuando hubo de descu- brirse en sus propios mares yacimientos perlíferos. Dicen los historiadores que Colón ya se aproximaba al sudeste de la isla de Margarita, cuando vió en la costa oriental de la vecina tierra, buzos indígenas que se zabullían y tornaban a la superficie car- gados de ostras. Acababa de descubrir los ostrales de la contigua isla de Cubagua. De tal descubrimiento derivóse la prosperi- dad de Cubagua, con la fundación de Nueva Cádiz y todos los horrores que atrajo sobre los indígenas la codicia de los conquis- tadores. La operación de zabullirse, lanzándose al agua de cabeza, para retornar a la superficie, trayendo las ostras, llámase aún por estos lugares busear de cabeza y en ella eran consumados maes- tros los indios guayquerícs, rara habilidad, que les produjo la desgracia de ser esclavizados para obligarlos a ejercerla a diario, a la fuerza y en beneficio de los aventureros militares más osados y malhechores, que sentaron sus reales en la isla de Cubagua. A este respecto dice nuestro historiógrafo nacional Arís- tides Rojas en sus Orígenes Venezolanos: "Cubagua es la pri- mera feria de la riqueza indígena, la primera colonia desde la cual el conquistador debía despoblar a Venezuela; el gran mer- cado de esclavos, que abre la historia de la conquista española en la porción Sud del Continente. Cubagua es el punto de reunión de los filibusteros salteadores de la familia americana y de todos los malhechores, que cual monstruos salidos del abismo, destru- yeron en el espacio de cincuenta años lo que la Providencia había concedido a aquellos sitios: la perla que guardaban las aguas: el indio libre hospitalario, amante del hogar, destinado a sucum- bir por el hambre y el dolor! Cubagua es cuna, feria, colonia, campo de muerte, prisión y tumba " Sobre el mismo tópico dice Banzoni, quien visitó la isla en 1542, en su Historia del Nuevo Mundo: "Durante nuestra es- tada en Cubagua, llegó el capitán Pedro de Cálice con más de cua- trocientos esclavos que había cogido y fuese por falta de ali- mento o por exceso de trabajos y cansancio, fuese por el dolor de abandonar a su patria y a sus padres e hijos, es lo cierto que todos estaban exánimes. Y sucedía que alguno que otro, bajo el peso de tantos infortunios no podía seguir, los castellanos, no queriendo dejarlos, por temor de que conspirasen, los estimula- 7 ban a fuerza de golpes hasta dejarlos sin vida. Lástima desper- taban aquellas criaturas desnudas, cansadas, estropeadas y ham- brientas, enfermas e inútiles. Las infelices madres llorosas y agotadas por el dolor, llevaban dos o tres hijos a cuestas, todos amarrados con cuerdas y cadenas al cuello, en los brazos y en las manos. No había doncella que no hubiese sido deshonrada... Todos los esclavos cogidos por los castellanos eran conducidos a Cubagua, donde los oficiales del Rey, percibían el quinto en per- las, oro bruto o dinero. A todos se les marcaba en la cara y en los brazos con un hierro candente que representaba una C y los gobernantes hacían después de éstos lo que querían, regalándolos a los soldados o jugándolos a los dados". La relación de Fray Bartolomé de las Casas, en su Historia de Indias, es la siguiente: "Apenas los indios pescadores de perlas ascendían del fondo de la aguas trayendo las ostras, los amos los obligaban a bajar, sin darles tiempo para reparar las fuerzas perdidas y restablecer la respiración interrumpida. Si el indio imposibilitado tardaba pocos minutos, el amo lo obligaba entonces a descender a fuerza de crueles azotes. Por esto mo- rían muy en breve casi todos. Su alimento consistía en des- perdicios de ostras y en raras ocasiones les daban pan de cazabe, jamás vino, ni ningún licor que contribuyera a sostener las fuer- zas de sus cuerpos gastados y cubiertos de escamas, por el con- tinuo contacto del agua salada. La cama de estos desgraciados consistía en un cepo donde 1os aprisionaban cargados de cadenas, para que así no puedieran escaparse. Al amanecer del siguiente día volvían al trabajo y muchos desaparecían bajo las aguas víc- timas de los tiburones que se los tragaban vivos: otros caían des- fallecidos, otros arrojaban la sangre por la boca, los más eran víc- timas del hambre, de las crueldades y de la desesperación". Tal relación la comenta Arístides Rojas en esta forma pa- tética: He aquí un cuadro que no colocó Dante en su infierno; los hombres espectros, escamados, con surcos abiertos por el lá- tigo, con úlceras siempre húmedas, hambrientos, idiotizados, su- biendo y bajando el salado elemento y trayendo a manos de sus verdugos implacables, la prisionera nacarada del Océano! Quizás no fueron extraños esos gérmenes de implacable odio, sembrados por los aventureros en el corazón de los natu- rales, a la indomable fiereza y no superado coraje con que los mar- 8 gariteños lucharon por la independencia nacional tres siglos des- pués, ya que quien siembra vientos, recoge tempestades! Y la forma de una tempestad,furiosa de exterminio y de san- gre, en que el valor y el odio superaban en mucho a los elementos materiales de que disponian los patriotas, revistió la encarnizada lucha de emancipación en estos lugares. Se saldría de la índole de este escrito, ahondar en las causa- les y peripecias de una guerra desenvuelta varios siglos después de la conquista y no ya de aborígenes contra españoles, sino de hispano-americanos, aborígenes y peninsulares mismos, contra la dominación de España, hasta el punto de que se ha discutido en los últimos años entre escritores connotados, la tesis de si la guerra de nuestra independencia, debe considerarse o nó como una contienda civil. Sea cualquiera la tesis admitida, esto no significa que entre los fermentos del odio acumulado por el poder despótico de los virreyes y capitanes generales y de grupos aven- tureros autóctonos-más que por los Reyes de España-no fue- sen el primer sumando en orden cronológico, las espantosas de- predaciones contra los aborígenes, dueños de la tierra, relatadas por los cronistas de la conquista. Los de Cubagua eran aventureros militares, desprovistos de escrúpulos y sedientos de oro, sin más ley que la preponderancia del más fuerte. Allí procedían como señores de horca y cuchi- llo, soplados sus espíritus por el viento impetuoso de la codicia, atropellándolo todo, sin ningún freno, pues no obedecían las ór- denes de la Real Audiencia de la Española y cuanto al Monarca, lo sabían tan lejano, en distancia y en tiempo, que se permitían burlar sus Reales Cédulas con entero desparpajo. Estoy distante de creer, que es de España la responsabilidad de los crímenes de la hez de sus soldados, vale decir de la horda, -y peor aún que la horda, pues estaba mejor armada-erigida en Gobierno de hecho en Cubagua y otros lugares de América y pre- sumo que a la luz de la filosofía de la historia, sea ese el criterio justiciero que prive definitivamente. Contando con el auxiliar de esa luz, no se niegan los hechos, sino se analizan y ni se echan a cuenta a la gran Nación conquis- tadora culpas que no tiene, ni se silencian, ni se tergiversan, ni mucho menos se excusan, inexcusables crímenes de soldados en fiebre de aventura. 9 Bien sé que muchos peninsulares contemporáneos-quizás la mayoría-juzgan estos puntos con un criterio equivocado, pa- reciendo como si se sintieran ofendidos en su orgullo racial, al ser señalados los excesos de los conquistadores, que ellos llaman sus abuelos, siendo más bien tíos-abuelos, si a cuentas claras vamos, ya que abuelos directos lo serían más bien de nosotros los hispa- no-americanos de raza blanca, descendientes ya de los pacíficos artesanos, labradores y horteras traídos de España por la corrien- te de la emigración, ora de los expedicionarios, nobles y plebeyos, virtuosos y bandoleros, llegados con Colón, Gonzalo de Ocampo, Cortez, Pizarro, Lope de Aguirre o Morillo (l),para citar media docena de nombres culminantes en el ciclópeo trabajo de la con- quista y colonización, durante tres siglos largos de evangelista, unas veces y otras de endemoniada labor. Echar la culpa a España de las demasías criminales de vasa- llos insubordinados, como los de Cubagua, equivaldría a echar a cuestas a Inglaterra, Francia u Holanda, los crímenes de los fili- busteros de tales orígenes. Pero es una verdad, que la historia entera de la humanidad comprueba, que las huellas sangrientas de las garras de los do- minadores, en la carne de los pueblos subyugados, no cicatrizan sino con el bálsamo de la venganza y que durante la ejercen las multitudes en delirio, no analizan; así se explica que en esta región de América, luego de desatado el huracán de las represalias, la misma celeridad de los acontecimientos, no diera tiempo de pen- sar a los que contendían, que si de España vinieron aventureros codiciosos y malvados, también de ella originaban ellos mismos, los factores dirigentes de la rebelión y que junto con muchos otros elementos civilizadores de buena ley, habían llegado asimis- mo en un ayer nada remoto, los humildes varones misioneros de la Doctrina de Cristo, predicando con el ejemplo de su desprendi- miento y en el idioma de Castilla la paz y el amor entre los hom- bres, ni de que si hubo un Doctor español Juan Ginés de Sepúlve- da, descarado defensor de los crímenes de sus paisanos en América, (1). Dato curioso.-Se dió en Margarita el caso de que tres de los expedicionarios del General Morillo, de apellidos Medina, Méndez y Or- tega, se hicieran patriotas y se casaran en Santa Ana del Norte, con sen- das hermanas Rodulfo, fundando familias numerosas. 10 existió también el alma grande de otro español, que se llamó Fray Bartolomé de las Casas, quien puso todas las potencias de su emi- nente espíritu, a la defensa del derecho de los indígenas, ni mucho menos tuvieron tiempo de hacer rimar a América con Quinta- na, que: El rigor de sus duros vencedores, Su atroz codicia, su implacable saña Crimen fueron del tiempo y no de España! CAPÍTULO III A ontbre indígena de la isla.-Razas pobladoras.-Elementos de cruzamiento.-Tipos predominantes. Parece que 1a isla era llamada por sus naturales Paragua- choa, cuyo significado equivale en el dialecto que usaban a abun- dancia de peces. Sus indios pobladores pertenecían a la tribu de los Guayqucríes, familia de los Caribes. Eran de cráneo redu- cido. facciones regulares, pelo liso, tez de un color bronceado ro- jizo, pequeña estatura, y cierta desproporción entre el desarrollo del tórax y miembros superiores, con la mitad inferior del cuer- po-sobre todo en el elemento masculino-explicable por el ma- yor, más constante y hasta tradicional ejercicio de aquellos órga- nos en afanes marinos a remo y atarraya, contra el relativo repo- so de las extremidades inferiores, en gente dedicada a tales fae- nas, por añadidura habitadores de una isla pequeña y desde lue- go obligados a ser más navegantes que caminantes. En las hem- bras obsérvase muy prematuro el desenvolvimiento de las glán- dulas mamarias; a los diez u once años de edad ya las ostentan pronunciadas. Hoy está casi extinguido el tipo original, diluido en los cruzamientos, después de haber pasado sobre los aboríge- nes la racha enervadora de la esclavitud y varios siglos de domi- nación, pero aún se descubren algunos ejemplares en que predomi- nan los caracteres de su raza; luego debieron ser fuertes como elemento étnico, aún cuando no hayan dejado vestigios materia- 11 les que nos permitan colegir que llegaran siquiera a la fas sensi- tiva en su incipiente civilización precolombiana. La afluencia de pobladores españoles, incitados por el des- cubrimiento de los yacimientos perlíferos, a Margarita y re- giones circunvecinas, hizo que se formaran y crecieran rápida- mente grandes colonias de gente de dicho origen y dió población de raza blanca a las hoy ciudades antiguas de La Asunción, San José de Paraguachí, El Norte, Pampatar y otras. Mucho más tarde, acogidos a la ley de corso, 1818, vinieron a sumarse nuevos elementos de esta raza por los muchos corsos e ingleses que se establecieron en la entonces llamada Ensenada de Pescadores o sea Juangriego, cuyos descendientes son hoy factores de conside- ración allí y en las otras poblaciones del norte de la isla. También mezcláronse los españoles con los indígenas, en el correr de los años, produciéndose a la larga, una abundante po- blación mestiza, que junto con el elemento blanco y el aborigen superviviente, forman la base étnica de la población actual de la isla. Hay también negros y mulatos, pero en escaso número y diseminados en sus poblaciones, especialmente en La Asunción, Pampatar y Valle del Espíritu Santo. Es su origen la circuns- tancia de haber sido importados durante el coloniaje, muchos esclavos africanos, por la gente principal, cuya residencia era dichas ciudades. También se suma la otra del abandono a fines de 1813, en plena guerra de emancipación del cargamento huma- no de un navio negrero inglés y el buque mismo en Punta de Mos- quitos, cerca de Porlamar. Parece que los señores predominan- tes se incautaron de aquella presa y en esclavitud vivieron y pro- crearon cien infelices negros africanos; cantidad suficiente de semilla, a no haber tenido ya, existencia abundante los grane- ros 1 (1). El censo colonial de Margarita para 1810, está clasificado así: 6.000 blancos, otros tantos esclavos y 2.000 indios. Total: (1). Este y algunos otros datos de tradición, de que no hay constan- cia escrita y que aparecen en el curso de estas páginas, los he oído de labios de mi venerble amigo Don Eduardo A. Ortega, tan versado en los acon- tecimientos grandes y pequeños de su tierra, como si hubiera vivido dos veces los 87 años que cuenta. 12 14.000 habitantes. A la fecha no guardan igual proporción los negros, estando sus tipos, próximos a la pureza, y aún los par- dos, en descomunal inferioridad numérica respecto ' a los otros elementos étnicos. De modo que hay que pensar, o que los ne- gros se han extinguido en gran parte, o que los esclavos a que hace referencia el censo colonial de 1810 no eran negros en su totalidad, ni aún en su mayoría, sino que entraban en la cuenta indígenas, esclavizados y mestizos. Así como se conserva el tipo guayquerí, se encuentra tam- bién el tipo español purísimo, originado de los inmigrantes de mil y quinientos. Más aún, creo que si se escudriñara, se descubri- rían los rasgos particulares de los provinciales de tal o cual región española, de donde derivan, en sus biznietos de tal o cual región margariteña, aún hoy impermeable a entroncamientos extraños. En apoyo de esta apreciación, citaré un caso que para ello puede servarnos, por analogía. Siemme me ha llamado L. aten- ción el notable parecido de los rústicos naturales de1 pueblo de Los Robles o El Pilar, con los isleños canarios que van inmigra- dos a Caracas. Son parecidos en todo, en tipo, costumbres, vir- tudes y defectos. ¿A qué se debe tal similitud, cuando no consta que se fundase en la isla ninguna colonia canaria? Inquiriendo he logrado saber que los inmigrantes originales a aquel lugar, procedían de la isla de Madera, colonia portuguesa al noroeste de Africa, cuyos naturales se parecen mucho a sus vecinos, los canarios, presentándose los nietos, a principios del quinto siglo del descubrimiento, idénticos a sus abuelos inmi- grados, por los años de mil quinientos y pico. Esta aparentemente maravillosa conservación de caracteres a través de cuatro siglos corridos, explícase por el egotismo de las familias en pueblos pequeños, lo que origina no sólo la ausen- cia de cruzamientos, sino hasta la imposibilidad misma de la con- vivencia armónica de elementos extraños en el seno de muchas de esas minúsculas sociedades de rancias costumbres estacio- narias, cuyos individuos celosos y eminentemente suspicaces, cons- tituyen a la larga una sola familia numerosa. En las poblaciones de la parte septentrional de la isla-Ta- carigua, San José, El Norte, La Vecindad, San Juan, Juangrie- go-como en las del este-Pampatar, Los Robles-predomina el tipo blanco; en las del sur, del este al oeste-Porlamar, Punta de 'PIROS MARGA RITELOS Hombre blanco - De auténtico origen español Hombre blanco - De auténtico origen español TIPOS MARGARITEÑOS Mujer india - De origen guaiqueri Mujer mestiza [indio y negra] Hombre mestizo [blanco e india] Hombre mulato 13 Piedras-el mestizo; en El Poblado, lugarcito cercano a Porla- mar y que parece haber sido cabeza de tribu, es notable la pre- dominancia del tipo indígena. Un dato muy curioso es, que en toda la isla, no hay más colo- nia extranjera que la siria, dedicada por completo a la explota- ción y comercio de las perlas. 1 [abitantes europeos y de otras nacionalidades, podrían con- tarse con los dedos y nos sobrarían. CAPÍTULO IV Climatología.-Riquezas naturales.-Datos numéricos. Las situaciones geográfica y topográfica de los montes, los valles y las playas de esta isla, hacen que del conjunto armónico de sus condiciones atmosféricas, temperatura, presión, humedad, pureza del aire, luz y vientos, resulte un clima marítimo de los más iguales que pueden disfrutarse. A las orillas del mar, aire respirable húmedo y uniforme en temperatura, diafanidad y sequedad en las altas capas de la at- mósfera, lo que hace que, con excepción de unos pocos días nebu- losos al año, se contemple casi siempre el dombo azul purísimo del cielo inmaculado de nubes. En la altura de los cerros extiende el vapor de agua conden- sado su manto de niebla todos los días, hasta las diez de la ma- ñana y desde las cinco de la tarde. Niebla que los campesinos del lugar, designan con el nombre de humazos y se esfuma al calor meridiano. La mayoría de los días del año son de pleno sol, luciendo el astro todo su esplendor del orto al ocaso. Su luz es muy viva y la influencia de sus rayos calóricos sobre la piel humana se hace sentir más intensamente que bajo otros climas, de temperatura ambiente más elevada, en donde he vivido, como Guayana y los Valles de Aragua. Del panorama, de las auroras y de los crepúsculos vesperti- nos en estos lugares, solo verlos puede dar idea! El sol en el ho- 14 rizonte de sus mares, realiza como por arte de encantamiento maravillosos juegos de luz, más para admirados que para descri- tos! Tan pronto finge el iridiscente nácar de las madreperlas, como los vivientes fulgores del oro y del fuego, sobre el lejano vellón de las nubes, difundiéndose en la atmósfera impalpable un indeciso tono anaranjado rosa, que se entra por nuestro sen- tido visual, dándonos la sensación de soñar despiertos una ven- tura agradable i Por las tardes el horizonte se cubre de efímeros estratos, barridos a poco por las corrientes aéreas. Las noches son muy bellas. Las de luna clarísimas y en las otras, las nebulosas, las estrellas y los mundos se dejan admirar sin obstáculos en el espacio infinito, hasta el límite del horizonte! Dada la cristalina diafanidad de su atmósfera, podría ser Margarita lugar de primer orden para el establecimiento de un observatorio astronómico. 15 MESES Máximas Medias Mensuales Mínimas Medias Mensuales Medias Mensuales Enero 26 22 20 24 10 Febrero 26 23,20 24^60 Marzo 26,30 23 24 65 Abril 26,70 24,20 25 45 Mayo 27,30 24 2565 Junio 27,50 24,50 26 Julio 28 25 26 50 Agosto 29,20 25,20 27,20 Setiembre 29,10 25,10 27,10 Octubre 28,20 25 26 60 Noviembre 28 25,20 26,60 Diciembre 25 22 10 23,55 Máxima Media Mínima Media Media Anual Anual Anual 27,20 24,06 25,66 .... __J Datos termométricos trihorarios, tomados por el autor en Porlamar, durante el año de 1920 16 RESUMEN DEL CUADRO PRECEDENTE Temperatura media anual 25,66 máxima extrema (10 de Agt9). . 31. mínima extrema (4 de enero).. 20,15 máxima media diurna 27,27 mínima media diurna 24,06 Oscilación media anual 3,22 Presión barométrica media anual: 766m.-28. Psicrómetro August. Humedad relativa del aire.-Media anual: 78-50. Días despejados: 245. Días semi-nublados: 92. Días nublados: 29. Las observaciones relativas a presión y humedad han sido llevadas con menos constancia que las calóricas, no pudiendo por tanto ser presentadas en cuadro de anotaciones anuales, sino calcu- ladas sobre las muchas que se han apuntado, suficientes a dar idea de la cifra media a una apreciación muy cercana a la exactitud. Unas y otras han sido tomadas en Porlamar y se refieren al año bi- siesto de 1920. Los vientos alisios del Atlántico, corren todos los días de Este a Oeste y moderan el calor de las horas cálidas, hasta ha- cerlo olvidar. Comienzan a batir con fuerza, hacia las 10 de la mañana, aumentan en violencia a medida que sube el sol, dismi- nuyen en intensidad con la declinación del astro, para hacerse muy tenues o desaparecer completamente cuando su disco de oro se oculta en el horizonte. Los terrales soplan con más frecuencia durante la noche, inconstantes y poco violentos, variando la dirección de sus ondas según la época. 17 Durante los seis anos que he vivido aquí y en dos oca- siones, por el mes de abril, he sentido desencadenarse sobre la isla un viento huracanado de suma violencia, que llaman los marinos del lugar vendaval, acompañado de lluvia ligera y gran agitación de las olas, que ha hecho naufragar embarcaciones y sembrado la zozobra en mar y tierra. Por suerte, este fenómeno meteoroló- gico ha durado solamente algunos minutos. De las dos estaciones, seca y lluviosa, que se dividen el año meteorológico de Venezuela, en Margarita, podemos afirmar, que la primera rige de ordinario. Los que de antiguo han escrito sobre este tema afirman que llueve a fines de mayo, señalan como invierno el mes de octubre y mencionan los Nortes en diciembre y enero. Estas fechas de la caída de las aguas de lluvia, deben haberse modificado desde hace muchos años, así lo afirman las personas más ancianas con quienes he hablado sobre el particu- lar, dando algunas como punto de partida de ese cambio el año de 1862. Cuanto a mí, puedo afirmar, que durante he vivido aquí, solo he visto caer aguaceros torrenciales en diciembre, enero y febrero. Muy raramente en los otros meses, salvo pasajeros chaparrones. Por cierto que la lluvia tiene en los descensos de la temperautra de estas zonas, marcada influencia y mayor eficacia que en otros lugares, debido ello seguramente a la constancia de las corrientes aéreas, que activando mucho la evaporación enfría rápidamente las tierras humedecidas. Pero lo que interesa con- signar es que llueve muy poco y que esta desfavorable condición climatérica viene de antaño, pues ya en 1917, el Teniente Coronel y Licenciado Gaspar Marcano, escribía en su Poema: "Debí yo comenzar mi primer carta Pintándote la isla Margarita Esta que llaman hoy la Nueva Esparta Siempre estéril, escasa y pobrecita; Porque soplando Eolo de ella aparta, Las pocas lluvias de que necesita Para abundar en hatos de ganados, En granos y otros frutos sazonados". En efecto, la indigencia pluvial hace que sean limitados y hasta nulos, en ciertas épocas del año, los caudales de los cuatro riachuelos, que partiendo del cerro del Copey producen el agua 18 potable e irrigan escasamente el suelo de la isla, influyendo su frugalidad en la de la agricultura. Aseguran ios ancianos, que además de los manantiales enun- ciados, de los cerros del Copey y Matasiete, emergían enantes once aguadas menores permanentes. A la fecha los desmontes y la pertinaz sequía, han agotado la mayor parte. Por fortuna es muy feraz la naturaleza de los terrenos y los montes y los valles favorecidos por la irrigación de los hilos de agua aquí llamados pomposamente ríos de La Asunción, San Juan Bautista, El Espíritu Santo y Tacarigua, pagan generosamente esta caricia del líquido elemento, con el poli verdor de la fronda de sus campos en cultivo, la esbeltez de sus árboles y una increí- ble exuberancia de frutos. Siendo por ello bellos y si no ricos muy productivos los valles de La Asunción, Tacarigua, El Nor- te, El Espíritu Santo y señaladamente el de San Juan Bautista, prado risueño de satinado verdor, bordado de palmeras (el foenix dactilífera) que mecen al impulso de los vientos sus támaras do- radas pictóricas de frutos, melíferos como sus hermanos los dá- tiles de Egipto; valles amenos que corresponden al agasajo de las límpidas aguas de Fuente-I dueña, con la primaveral lozanía de su flora! Los terrenos no favorecidos por los arroyatos, son arenosos y desde luego agrestes, siendo la vegetación de nopales, cardona- les y cujíes, la única viable, en grandes extensiones de playa. Pero así y todo al lado de estos arbustos sin importancia, crece silvestre en las sabanas, formando verdaderos campos, la famosa caesalfinia corearía, el Dividivi, cuyos frutos, libérrimamente al alcance de las manos campesinas, encierran cuarenta por ciento de tanino y obtienen muy buenos precios en los mercados nacionales y extranjeros. Las regiones de Paraguachí son propicias al cultivo de los Gossypium, pudiéndose decir que en ellas con poco esfuerzo agri- cultor : El algodón despliega al aura leve Sus rosas de oro y su vellón de nieve. Pero no es una producción firme, debido a la escasa irriga- ción de los terrenos. 19 Oh! Si por suerte algún Moisés conductor de pueblos, tu- viese la inspiración de hacer brotar agua a permanencia de las en- trañas de sus arenales y de sus berruecos, con la magia moderna de los pozos artesianos, qué tierra de promisión en opulencia y belleza, seria esta pintoresca isla de Margarita! Para contrarrestar el pauperismo agrícola y en distinto orden de producción, en otras grandes extensiones de playa, las salinas presentan a la admiración del viajero sus vastos espejos neva- dos, continente de positivas riquezas por la cantidad y calidad del precioso por indispensable producto natural que las forma, la sal marina. En otras playas también suelen tropezarse los via- jeros con grandes caneyes cercados y techados con hojas de pal- mera, donde aguardan su embarque para Europa, a convertirse en oro acuñado, millares de toneladas de nácar, las conchas de la madreperla (la meleagrina squamulosa), esa copiosa mina animal de estos mares, que esparce por el mundo las bellezas de sus ge- mas de preciado oriente! Hay otra fuente de compensación a la indigencia agrícola, en los terrenos más áridos, donde pululan cabríos, abunda el pro- ducto excrementicial de estos animales llamado boñiga, que es un abono de primer orden, cuya adquisición se disputan los agricul- tores de las antillas: Trinidad, Barbadas, Granada, Martinica, Santa Lucía, Guadalupe, etc., etc., pagando de 50 a 100 bolívares por la tonelada. La exportación anual de esta materia es aproxi- madamente de dos mil toneladas, que producen una entrada se- gura de Bs. 100.000 a Bs. 200.000, a los industriales margarite- ños del ramo. Y fuera de la tierra, sobre la superficie de las aguas marinas, numerosos botecitos pescadores y muchos hombres, que en faena combinada los manejan a remo y velámen, tienden sus chinchorros y mandingas (1) para atrapar, por toneladas a veces, los prolífi- cos peces comestibles de estas aguas y muchos otros trabajadores del mar, los buzos, que protegidos dentro de sus grotescos es- (1). Chinchorros y Mandingas.-Llámanse chinchorros por estas tierras atarrayas de grandes proporciones que necesitan para ser maneja- das de ochenta o más hombres; denominándose mandingas, cuando por ser más pequeñas, pueden ser manejadas por un personal menos numeroso, que nunca es menor de 25 hombres. 20 cafandros o con primitivas rastras o simplemente con su más pri- mitiva aún habilidad personal de buceadores de cabeza, bajan hasta los abismos del océano, a arrancar al coloso el tesoro de sus perlas. De lo dicho se desprende: que con los elementos que produce el suelo de Margarita puede bastarse a sí misma, aunque sin hol- gura, pues no es precisamente en la tierra en donde tropezaréis con sus riquezas, sino en el venero inagotable de sus mares, en sus salinas y sobre todo en su fauna marítima. Es en sus ostra- les perlíferos y en la infinita variedad de sus otras especies co- mestibles que hace admirar la lógica de los aborígenes al deno- minarla paraguachoa, que como sentamos enantes, significaba en lenguaje guayquerí abundancia de peces. Bajo esta faz consideradas las cosas, la riqueza a medio ex- plotar de Margarita no tiene rival, como difícilmente rivaliza con la benignidad de su clima marino ningún otro en Venezuela! No quiero cerrar este capítulo, sin copiar un párrafo del Informe que sobre la pesca de perlas en el año de 1919 dirigió al Ministerio de Fomento, su Administrador, ciudadano Melecio Hernández y que aparece en la Gaceta Oficial de 15 de setiembre del mismo año. número 13.858. Dice así: "según informes ob- tenidos por esta Admnistración, el valor de las perlas que se han exportado durante el período a que se refiere esta relación (seis meses) oscila entre 6 y 7 millones de bolívares". Dicho año, produjo al fisco nacional, el impuesto sobre la pesca de perlas, muy cerca de Bs. 300.000 y en el presente, calcu- lo que haya un aumento en esa renta, proporcional al de 25% en que ha sido sobregravado el impuesto. Cuando anoté estos datos promediaba la temporada de pesca de perlas de 1920 y según mis informaciones privadas iban ex- portadas ya, alrededor de Bs. 3.000.000 en el precioso aljófar. Puede calcularse el valor de la concha de nácar anualmente exportada, más o menos, en Bs. 500.000, siendo la producción anual de tres mil toneladas. Noticia sobre ganados e industrias. El señor General Juan Alberto Ramírez, siendo Presidente del Estado Nueva Esparta envió a la Cámara de Comercio de Caracas, los siguientes interesantes datos relativos a la isla: La Madre Perla (Meleagrina Squamulosa) 21 Ganado vacuno. Reses en el Distrito Arisrnendi 301 Mariño 374 " " " " Maneiro 300 " " " " Gómez 480 " " " " Díaz 162 Total 1.717 Ganado caprino. Chivos en el Distrito Arisrnendi 1.069 Mariño 1.065 Maneiro 5.000 Gómez 1.270 " " " " Díaz 19.470 Total 27.874 Las industrias que se explotan principalmente en el Estado, son las siguientes: Navegación. Agricultura: coco, dividive, yuca, maíz, frijoles y otros fru- tos menores; Pesca de peces y salazón de los mismos; Pesca de perlas; Alfarería, fabricación de tejas y ladrillos; Hornos de cal; Extracción de almidón o tapioca y fabricación de casabe; Fabricación de hamacas y chinchorros de hilo; Labores en concha de carey y de nácar. Zapaterías; Tejido de sombreros de cogollo de palma de dátil; La pesca de peces se efectúa con aparatos llamados común- mente mandingas o chinchorros, formados con hilo sevillano, cabullas de majagua y plomo por las orillas, lo que constituye los paños o redes. La pesca más común es de carite, lisa, lebranche, 22 jurel, cazón, etc., siendo en mayor cantidad la de los primeros. Las salazones se hacen en rancherías situadas en los puertos de Margarita y de las islas vecinas que le pertenecen. La produc- ción mensual en el Distrito Maneiro excede de 60.000 kilogra- mos de pescado salado. El producto se exporta en grandes can- tidades, pues la industria de la pesca de peces se explota en casi todos los Distritos del Estado. También hay una pesca de peces conocida con el nombre de pesca de nazas y de cordel, en la cual se apresa pescado pequeño que llaman de fondo (*). capítulo v Costumbres y carácter. El pueblo margariteño es esencialmente marinero. Aquí dentro de un profesional cualquiera, de la música o de la indus- tria, digamos por ejemplo, está un práctico del océano, criado y traqueado en los afanes de la náutica. Vale decir que los pode- mos hallar entregados a cualquier forma de actividad, pero en esencia son hombres de mar. Cada año muchos millare de varo- nes, mujeres y niños se dedican al trabajo de la pesca de perlas. Entre ello merecen especial mención los buzos de escafandros (1), (*). No sé por qué en la estadística de caprinos no aparecen los car- neros, que existen aunque en una proporción mucho menor que los chivos. También merece mencionarse entre las industrias, la elaboración de suela, principal producción de la tenería, establecida en Porlamar, por los seño- res C. Hernández e hijo. En la misma ciudad hay una maquinaria para desmotar algodón, del señor David Modiano y varias para la producción de harina de maíz.-N. del A. (1). Es de uso generalizado y hasta oficialmente veo emplear este vocablo con desinencia femenina, lo que es erróneo. El Abate francés Lachapelle, fué quien introdujo la palabra escafandros en el lenguaje, apli- cándola a unos cinturones salvavidas de su invención en 1769, usándola con desinencia masculina; está formada de las voces griegas: scafe-exacn- batel-esquife- y anthropos-avpzvos-hombre- no habiendo ninguna razón, otra que el mal uso, para femenizarla. 23 los busos de cabeza verdaderos herederos de la habilidad y auda- cia guayquerí y los arrastradoras, que también son bastante arro- jados. Este es un oficio en que todos los días se juega la vida y sus profesionales son hombres rudos y de gran valor. En la actual temporada de pesca de perlas, hay en actividad más de 150 escafandros-1.000 rastras (en las cuales comprenden sus matrículas los buzos de cabeza). Esto representa ocupación para doscientos buzos y seis mil personas más, entre cabos de vida, marineros, rancheros, abridores de conchas, etc. Y no es que ésta sea una temporada de extraodinaria actividad, todas son análogas. Esta, la pesca de peces comestibles y el comercio marítimo, de cabotaje y antillano, son las ocupaciones principales. En la Aduana de Pampatar hay matriculados más de dos mil barcos que están en continua actividad viajera. También se dedican los naturales a la agricultura y a la cría en la proporción reducida, que les permite la escasez de lluvias; pero son tan laboriosos que han procurado vencer la sequía con la emigración. Parece que se hubieran dicho, parodiando el conse- jo del apotegma árabe: si las lluvias no vienen hasta nosotros, iremos -nosotros hacia las lluvias y de agricultores margariteños, de maíz, cacao y caña de azúcar, se han poblado, las regiones plu- viosas de costa firme y el delta del Orinoco. Las mujeres trabajan tanto como los hombres; se dedican a la agricultura y a la cría, al comercio ambulante de frutos, leche, huevos y pescado, trasportando éstos de un pueblo a otro; hilan, tejen chinchorros, cestas, esteras y sombreros de palma y aun las señoras de la clase acomodada manejan algún pequeño comercio al cual dedican la horas que les dejan libres los quehace- res domésticos. Son verdaderas asociadas de sus maridos o de sus hijos, tomando en las empresas de éllos, tanto empeño como sus famosas abuelas pusieron en la obra patriótica de la eman- cipación de Venezuela, hasta combatir como soldados, al lado de sus hombres en las legendarias campañas de la isla. El margariteño es de carácter rudo, laborioso, valiente, audaz y económico, caracteres suficientes para hacer de él un elemento gentilicio de primer orden. , "Así como el campo dulcifica, el mar endurece; la constante lucha con las olas hace que el hombre le cobre poco apego a la vida y que la idea de la muerte pierda mucho de lúgubre pres- 24 tigio. Un pueblo de pescadores es siempre un pueblo de áni- mos resueltos, capaz de todos los heroísmos, después de sentirse enardecido. Su maestro en la lucha ha sido el mar y quien no teme a los abismos no teme al hombre. Mientras más restringi- do es el pedazo de tierra que nos alimenta, más se le ama. Los habitantes de las grandes comarcas son de suyo menos de su país, que los habitantes de las islas; límites no pocas veces imaginarios dividen a los primeros de los pueblos vecinos; a los segundos los limita el mar, valla difícil de salvar. El insular es consus- tancial con su isla, ella solamente, o por lo menos en primer tér- mino en su Patria; a ella todo lo cree deber y por ella se sacrifica con orgullo". "Rodeado de escollos, de olas furiosas, de insondables abis- mos ; azotado por todos los vientos, en medio de la desierta inmen- sidad y reducido por las fuerzas al constante asedio de las aguas, el insular y la isla, se estrechan y se confunden hasta formar una sola masa, una misma personalidad. Las arenas de las playas, las rocas de los montes, los valles, los arroyos, son otros tantos ob- jetos que se aman como los muebles del hogar; una encina secu- lar a cuya sombra han descansado muchas generaciones, es ve- nerada como un abuelo bondadoso; en el estrecho límite en que se agita, vive y crece aquella gran familia, todo evoca recuerdos y el sentimiento patrio no se extingue jamás, cuando el pasado vive en el presente, más prestigioso a proporción que de más le- jos nos viene a visitar. Agregad a esto que la ruda mano que sabe manejar el remo y el arpón es siempre apta para manejar el fusil y comprenderéis que Margarita una vez exaltada, no podía ser vencida. A tan heroicos insulares, Morillo los llamó gigan- tes. La patria les debió en mucha parte, la gran conquista de sus derechos y de su libertad". Con la argamasa de esos párrafos ardientes de "Venezuela Heroica" puede reconstituirse la psicología de los hombres de estos lugares; capaces de acometer todas las empresas que mayor arrojo reclamen, de ellos pueden esperarse todas las accione bue- nas o malas, desde el disimulo hasta el sacrificio del heroísmo, si las cree necesarias a la defensa de sus intereses y de su terru- ño, que ama por sobre todas las cosas, careciendo, por otra par- te-para integridad de sus potenciales-de debilidades sentimen- tales, capaces de minorar un ápice el tesoro de su impasible fuerza 25 anímica. Así como para el llanero lo preferido es su caballo, el margariteño materializa el amor a su tierra en dos objetos, que defiende como su propia vida y son: su casa y su barco. No se los dejará tocar impunemente! Digno de ser tomado en cuenta en la etnografía de Vene- zuela, por el valor indiscutible de su índole, es el margariteño. Son los caracteres confundidos o combinados de las dos razas genitoras predominantes, modificados por las circunstancias fa- vorables o adversas, raramente apacibles, casi siempre violentas, por que han atravesado en cuatro siglos sus elementos étnicos, los que han formado ese tipo contemporáneo, que posee la auda- cia y la codicia de los conquistadores, la humildad aparente de los sojuzgados, la paciencia económica, la frugalidad y la indolencia de los indios, el valor y al astucia de los hombres de mar que han sido a toda hora, navegantes, pescadores, guerreros o contraban- distas y en conjunto las virtudes y defectos de verdaderos insula- res, hombres acostumbrados a esperarlo todo de sí mismos y a desconfiar de lo que está fuera de las lindes geográficas de su isla! Para complemento descriptivo, diré que posee generalmen- te la salud corporal, ya que en su suelo natal no existe el flagelo del paludismo endémico, que anemia la población de otras regio- nes del país. Las costumbres son sencillas. La existencia transcurre entre los afanes del trabajo y el cumplimiento de las necesidades de orden vegetativo. Las diversiones son, las tradicionales en los pueblos colonizados por España, las fiestas de Iglesia, Semana Mayor, La Santa Cruz, San Juan, San Pedro, Santa Ana, Nues- tra Señora del Valle-que goza de gran prestigio en todo el orien- te de Venezuela-, El Cristo, San Nicolás, Pascuas, etc., se divi- den el año. Cada pueblo tiene su Patrono en el calendario y de consiguiente su fiesta de preferencia, la cual sirve de pretexto a las mujeres, para lucir sus galas de indumentaria y a los hom- bres para formar holgorios en que el espíritu obligado, que los convierte en jacarandosos o pendencieros, es la copa de ron blan- co; pero la diversión predilecta, por sí misma o como número obligado de toda otra fiesta, constitúyela: las riñas de gallos, por la cual se desviven los naturales, dedicando mucho tiempo y cui- dados a la cría y preparación de estos arriscados animales. Y cosa rara en unos pueblos de origen genuinamente español, no 26 son aficionados a las corridas de toros, de las cuales ni siquiera, los he oído hablar jamás! capítulo vi Consideraciones sobre higiene pública.-Beneficencia..-Curiosos, adivinos, brujos y comadres.-Baños de mar. Diré que la higiene pública por estos lugares está en man- tillas. Las habitaciones de las personas pudientes están bien cons- truidas y pavimentadas y hasta decoradas con vivos colores; las de la gente del pueblo, que forman la gran mayoría, son verda- deros bohíos. Por lo regular están constituidas por una pieza con puerta a la calle y abierta al fondo, bien ventilada, este es di- gamos el lugar de recibo; dicha pieza da acceso por sendas puer- tecillas estrechas a dos o tres cuartuchos cerrados a la luz y al aire, teniendo algunos como ventiladores ilusorios, unos peque- ños agujeros de 20 a 30 centímetros de diámetro, en la pared de bahareque, cerca del techo de tejas-los ranchos techados de paja son raros-. Estos cuartuchos son los dormitorios, en donde a veces pernoctan varias personas y jamás penetran el aire fresco ni los alegres rayos del sol. Los suelos son de tierra pisada y las paredes no están aljorozadas, ni encaladas. Habitaciones buenas y malas, carecen de excusados de corriente, pues las poblaciones no poseen red de cloacas. Las me- jores casas, que llamaré favorecidas, tienen el antiquísimo recur- so del común de hoyo. Las otras no poseen ninguno y las de- yecciones de todas las gentes que no habitan las mansiones fa- vorecidas con el primitivo recurso del común, van a infectar diariamente los innumerables corrales, cercados de cardones, a los que van a parar también las aguas sucias y demás desechos de todos los servicios domésticos; sirven, además, de chiqueros a marranos y aves de corral y son desde luego muy prolíficos cul- tivaderos para las larvas de las moscas domésticas y otros anima- les inmundos, entre los cuales no puede dejar de mencionarse de 27 modo especial en Margarita-por su muy grande generalización en su faz de huésped humano- los resistentes huevos de las ascárides lumbricoides, que van luego fácilmente a ser ingeridos por niños y adultos. Aquí es frecuente, por la acción de cual- quier vermífugo, la expulsión de cien o más lombrices en diver- sos grados de crecimiento. La carencia de cloacas y de una nivelación técnica de los po- blados, hace además que las aguas de lluvia, se empocen forman- do grandes blanquizales en corrales y calles; pero este incon- veniente tiene su remedio en la naturaleza misma; llueve muy poco, y cuando tal sucede, dos o tres días de ardiente sol y buen correr de los vientos son suficientes para desecarlos completamen- te. Y aquí sol y viento son dos factores meteorológicos siempre en actividad. El agua potable llega, en las ciudades que poseen acueduc- tos, que son La Asunción, Juangriego, El Valle, Porlamar, Pam- patar y Los Robles, por medio de tuberías metálicas, a las fuen- tes públicas y a las casas particulares y por lo general es vaciada en grandes botijones para el uso doméstico, cuando mucho, sufre una colada en la antigua piedra porosa. Un filtro Pasteur es artefacto raro en estos lugares. En las poblaciones que carecen de acueducto, es obtenida en los riachuelos y a veces en pozos. En muchas casas existen también depósitos de agua de lluvia conservada en grandes cisternas construidas al efecto, desde luego muy antiguo y constituyen el único recurso para los habi- tantes. Entre éstas las hay de considerables proporciones. Conozco una en el puerto de El Tirano, en la casa del señor Ezequiel Rodríguez, de una capacidad mayor de 60.000 litros, cuya agua utilizan los barcos y los pobladores,' produciendo a di- cho propietario cuantiosa renta. Si se tiene en cuenta que los acueductos carecen de sistemas para filtrar las aguas y la dificultad para ejercer por medio de simples lavados temporales, verdadera asepsia en sus depósitos y tuberías, el ningún cuidado por las aguas de cisternas y menos aún de pozos, se encuentra la clave de la existencia de la fiebre ti- foidea bajo forma endemo-epidémica y de la gran mortalidad por esta y otras infecciones intestinales de origen microbiano, a mayor abundamiento si nos fijamos en el modo como se proxee de agua potable, la gente del pueblo. 28 • Las fuentes públicas, que están provistas de sendos de- pósitos fabricados con ladrillo encementado, se ven rodeadas constantemente por aguadores de toda edad y sexo, quienes ar- mados de cacharros y barriles, llénanlos, valiéndose de la consa- bida totuma, sin cuidado alguno, aún lavándose las manos en el mismo liquido que trasiegan y que así, al natural, va a ser inge- rida por la mayoría desvalida. Otro líquido, cuyas condiciones de producción y trasporte dejan mucho que desear, cuanto a higiene, es la leche. Nadie se preocupa del estado de salud de las cabras y las vacas de que pro- cede-animales que la sequía pone a veces lastimosamente flacos- ni de cómo son ordeñados y su trasporte lo hacen desde lejanos campos de producción, hasta los poblados, en envases de hoja de lata y botellas de muy dudosa limpieza. Está generalizada y podemos decir que hasta inveterada, la costumbre de escupir en el suelo. Las habitaciones de alquiler son desocupadas por tuberculo- sos, tifosos y otros pacientes de enfermedades trasmisibles e in- mediatamente ocupadas por otros inquilinos, sin haber sido antes tales locales sometidos a desinfección alguna, lo que da origen a nuevos casos, inexplicables para la mentalidad de los nuevos alqui- latarios, que junto con las comadres del barrio, dan a la infectada casa la fama de mala sombra. Hay otro factor de anti-higiene difícil de contrarrestar y es la polvareda constante de finísimos corpúsculos de arena, que le- vantan los vientos y cuyo papel como vectores de gérmenes, dadas las circunstancias que he mencionado, se hace más de temer. Debido a las deficiencias y faltas contra nuestra Santa Ma- dre la Higiene, se explica la multiplicación por contagio de la peste blanca, añadiendo otra tanto más grave aún, y es que aquí -a pesar de las advertencias facultativas-es excepcional la lau- dable costumbre de higiene doméstica, de separar de la actividad general de las familias, los menesteres en uso por los enfermos, y a ellos mismos, pues continúan la vida en común hasta su desa- parición, dejando como el bananero deja hijos, una adulta prole de infectados alrededor de su cadáver. Los lechos habituales del pueblo son: el chinchorro, la ha- maca y la estera, en menor grado de usanza, el catre. En las clases acomodadas se estila la cama, pero más bien como excep- Hospital de Margarita en Porlamar 29 ción que como regla general, pues siempre son los lechos prefe- ridos el chinchorro y la hamaca, en realidad más agradables por estos climas, tanto que a poco de vivir en ellos, aún los que hemos nacido y crecido en otros medios, en que es la cama el único lecho acostumbrado, nos dejamos seducir por el encanto de esos husos colgantes de fibras vegetales-hilo, algodón, agave o mo- riche-herencia de los aborígenes holgazanes y sibaritas, hasta preferirlos a los otros lechos, en agradecimiento a la comodidad que nos proporcionan dentro de su sencillez. No existe en el Estado organización oficial de la Beneficen- cia pública, de modo que no hay médicos de ciudad, ni hasta la fecha, ningún establecimiento nosocomial, remedia las necesida- des médicas, quirúrgica, ni obstétricas de la parte menesterosa de la población. En diciembre de 1918 decretó el Gobierno del Es- tado la creación del Hospital de Margarita y para la fecha en que escribo la obra material toca a su término. Es por cierto, un edificio con capacidad para 60 camas, excelente en todo sen- tido. Podíamos decir que representa la voluntad de un hombre bueno, el General Juan Alberto Ramírez, Presidente del Estado, materializada en una obra pública, dado el esfuerzo que por su realización ha hecho, haciendo concurrir para construirla la ayu- da material del Gobierno Nacional, de los Concejos Municipales de los Distritos del Estado y de la ciudadanía. Ojalá pueda lo- grarse la organización y sostenimiento del Instituto, aunque mucho me temo que el erario de Nueva Esparta no pueda con él y que necesite para mantenerse del auxilio del Gobierno Nacio- nal, que seguramente se mostrará atento a remediar esta necesi- dad social, asignándole un subsidio, que permita su desenvolvi- miento. Creo que es este el lugar de Venezuela en donde las falsas profesiones médicas tienen mayor auge y generalización. Hay curiosos de toda laya. Los hay lectores de almanaques, anun- cios y libros de propaganda medicamentosa y de consiguiente sempiternos prescriptores de patentados. Son unos buenos agen- tes inconscientes de la farmacopolia comercial extranjera. Otros, se encargan muy formalmente de asistir las enfermedades más serias, aplicándoles, fórmula tras fórmula, tal o cual tratamien- to, para lo que imaginan constituye el mal y que han visto usar a algún facultativo en casos que ellos creen análogos. El muy 30 socorrido adagio de que: los enfermos se curan, con los reme- dios, sin los remedios y a pesar de los remedios, sigue su curso muchas veces; pero en otras, el llamado al médico auténtico es tardío y su diagnóstico y tratamiento, que al principio pudieron resultar eficaces, solo sirven al fin para asentar el primero, en las boletas de defunción. Entre los curiosos conozco algunos, que son por todo lo demás hombres de bien y sinembargo marchan por esta senda equivocada, creyendo de buena fé ser útiles 1 Tal vez sean fal- tas originadas por la señalada carencia de beneficencia pública! Tal vez vanidad pueril, que se siente halagada, al oirse el aficio- nado a médico llamar corrientemente el Doctor! Tal vez error de apreciación de la ciencia que mayores responsabilidades apa- reja, la Medicina-como que un diagnóstico equivocado puede costar una vida-error que nace y crece entre las negligencias del medio! Cuántos hombres no dirían misa de muy buena fé sin ser clérigos y tendrían oyentes, a dejarles la severa y por ello secular organización de la Iglesia Católica celebrar libremente? Otra forma que revisten por estos pueblos, es la de adivinos y brujos; son generalmente hombres o mujeres, completamente analfabetas, que prescriben disparatados mejunjes preparados por ellos mismos, a base de sales y plantas, tóxicas muchas veces. Producidos por estos endiablados bebedizos, he tropezado, du- rante mi ejercicio profesional por aquí, con verdaderos envene- namientos, que han terminado fatalmente, por carencia de datos acerca del tóxico ingerido, para contrarrestar su acción y ser ésta muy violenta. Plaga similar muy extendida, constituyéndola las comadres, comadronas o facultas, como por aquí se las llama. Además del papel de parteras, ejercen la medicina del puerperio y también la general, sin noción alguna del asunto que se echan a cuestas, sembrando el moceando y las infecciones puerperales a troche y moche. Y lo peor de esto es que todos, curiosos, adivinos y coma- dres, gozan de gran predicamento y hay quien camine muchos kilómetros, o gaste cincuenta o sesenta bolívares en un viaje en automóvil, para consultar a uno de ellos. Algunos no recetan, sino después de haber echado el ojo a los orines del paciente, cuya sola acción es suficiente para adivi- 31 nar el daño e inspirar el jarope o la flotación que han de propi- nar al desgraciado paciente; todo esto mediante buenos honora- rios, que son pagados de muy buen grado. Por otra parte, son siempre tolerados y muchas veces prote- gidos, por las mismas autoridades a quienes las impasibles leyes encargan su persecución, no habiéndose dado el caso, de que nin- guno haya ido a purgar sus silenciosos y cuotidianos delitos en una penitenciaría. En cambio he visto presentarse, alguna vez, la paradójica circunstancia de que el curandero de más boga y la Autoridad Civil de un pueblo sean una misma persona! Siendo de admirar la imponderable candidez con que estas gentes se dejan engañar con tan primitivos embaucadores, cuan- do para otras cosas les sobra malicia y habilidad! Yo no soy un empirófobo! Admito que los empíricos son más antiguos que los médicos; que es casi natural entre los hu- manos, hacer indicaciones lenitivas a los pacientes de cualquier dolencia, existiendo toda una inofensiva terapéutica casera, que si no cura, alivia o consuela y en realidad me inclino más a la to- lerancia que a la persecución de los curiosos. El asunto está en que pudiéramos lograr que se manutvieran discretamente dentro de los límites de la materia médica fácilmente manejable por ellos, pues su inconveniente primordial es engolfarse en el uso y abuso de drogas y procedimientos fuera del alcance de su inton- sura y que resultan en sus manos tan amenazadores como un fusil cargado en las de un niño. Presentan otra faz digna de men- ción, pues es a manera de una enfermedad mental común a todos; el que a poco de acostumbrarse al ejercicio de su fraudulento oficio, adquieren tal suficiencia, que en ellos la audacia reconoce menos vallas, que las que encuentra a cada paso en la práctica del arte de curar la cautelosa prudencia de los legítimos profesiona- les de la medicina. En muchos puntos de la isla hay extensiones de playa pro- picias para el baño de mar, por la llaneza del fondo, la limpidez de las aguas y la suavidad del oleaje, entre ellas una de las más preciadas es la playa de Guaraguao o Bella-Vista, próxima a Por- lamar, que mide más o menos un kilómetro de extensión. La industria no ha llegado aún por estas regiones, a sacar partido de las excelencias de la naturaleza, comodisándolas. Muy buenos 32 estos baños por todos respectos, pero hay que tomarlos completa- mente al natural, sin que los recursos auxiliares de un estableci- miento adecuado, ni aun muy modesto, modifiquen la incomodi- dad de una playa desnuda a pleno viento y sol. Las horas pre- feribles por ser en ellas la radiación solar menos intensa, son desde luego, antes de las ocho de la mañana y después de las cinco de la tarde. Por §us circunstancias físicas, este paraje de Bella-Vista está llamado a ser, andando el tiempo, sitio de elección para el establecimiento de un sanatorio marítimo. En sí mismo es muy bello y lo es más aún el panorama que desde allí se desenvuelve ante la vista extasiada del viajero. Eso sí, luego de salvado un inconveniente primordial: la carencia de agua potable. Allí se ha desarrollado un pequeño caserío de pescadores, precioso en su rusticidad, hasta parecer un paisaje de manchas escapado de la paleta de un caprichoso pintor marinesco! Pero esa pobre gente pasa la mar y morena para proveerse de agua dulce, que tienen que llevar en cargas del más cercano poblado, que es Porlamar, mientras el cauce del río del Espíritu Santo, que atraviesa el terreno para caer al mar, muestra irónicamente el arenal de su hondonada exhausto la mayor parte del año! Entre otros sitios inmejorables para un establecimiento de esta naturaleza, con la ventaja de estar provisto de agua potable en abundancia, pero con la desventaja de ser un poblado formal, demora más hacia el este en la misma costa, el puerto de Pam- patar, que ha sido llamado sanatorio natural, por existir la creen- cia-fuente de consuelo, como toda creencia!-de que las enfer- medades se desvanecen al soplo de las puras ondas de su ambien- te; que en realidad posee una saludable constitución atmosférica y arroja una estadística demográfica, con datos de mortalidad in- significantes. 33 CAPÍTULO VII El turbio Este fenómeno tiene lugar periódicamente en los mares de la isla, costas nordeste, norte y noroeste. También en las cabece- ras de isla de Coche, isla de Cubagua y parte del litoral de Cuma- ná, vecindarios de Margarita. Hago sobre él las anotaciones que mi observación e inquisiciones personales me permiten, en capí- tulo aparte, porque considerando el fenómeno de importancia y no estando aún metódicamente estudiado, ni siquiera mencio- nado en los autores que he leído, su clasificación, presumo quede bien entre los acontecimientos de orden geológico, pues no cua- dra en ninguno de los capítulos de esta obra y su mención siquie- ra y algunos datos adquiridos, deben figurar sin embargo, en este acopio de materiales que aporto, para cuando sea escrita en hondo y a perfección la Geografía Médica de la Isla de Margarita y la de Venezuela. Se manifiesta por el enturbiamiento durante varios días, de las aguas del mar, que a más de su aspecto de revueltas, despiden un olor nauseabundo, manteniendo en suspensión, algas marinas, detritus animales y vegetales y arrojando a las playas enorme can- tidad de peces y moluscos muertos unos, los más moribundos, como aturdidos por una causa física capaz de producir efecto simultáneo en millares de ellos; los peces recogidos no presen- tan señales de estar enfermos y son ingeridos ordinariamente por los pobladores sin inconvenientes para su salud. Pareciera que la causa que los aturde y echa a morir a las playas, se ejerciera más eficazmente sobre los animales pequeños, por estar éstos en gran mayoría. Esta gran cantidad de animales muertos, abandonada en las playas, trae desde luego los inconvenientes de la putrefacción en mayor escala y el aire se carga de emanaciones mefíticas por mu- chos días. El panorama nocturno de las riberas donde el turbio se pro- duce es fantasmagórico, por la fosforecencia que emerge de estos millares de habitantes del océano, dando a las aguas en estas horas 34 la apariencia de ondas incendiadas y formando en las playas una como alfombra luminosa de varios kilómetros. Desde el punto de vista industrial, la pesca sufre perjuicios de consideración por la gran cantidad de ejemplares súbitamente inutilizados, pues si bien he dicho que los aprovechan los vecinos sin sufrir inconvenientes patológicos por su ingesta, su exuberan- cia no permite preparar la especie para el comercio. Cuanto a los pescadores de perlas el perjuicio es incalculable, pues las meleagrinas abren sus valvas al morir y arrojan las perlas al fondo del mar, confundiéndose entre los tesoros perdidos del opulento abismo, mientras las conchas en considerable cantidad, son llevadas por el embate de las olas a formar montones de apre- ciable tamaño a lo largo de las costas. El turbio no es constante, ni regular en sus apariciones, que tienen lugar con diez, doce y hasta veinticuatro meses de inter- valo ; no habiendo logrado averiguar desde cuándo. Quizás ha- ya sucedido siempre! ¿Cuáles causas lo originan? No parece que se deba la inercia de los peces a una epizoo- tia, porque los ejemplares muertos no presentan caracteres--al menos macroscópicos-de enfermedad alguna, ni la contagian bajo forma observada a la especie humana; por otra parte, una zootia atacaría a determinados grupos zoológicos y no a todos los habitantes del mar. De manera que la hipótesis que parece más verosímil, es la de que se deba a explosiones submarinas, de origen volcánico e inclina más a ella la circunstancia de ser pre- ferentemente damnificados los animales más pequeños, menos re- sistentes a una causa de esta índole. A esta conjetura dá mayor fuerza de presunción la constitu- ción geológica de estas regiones, que nunca han dejado de dar no- taciones de actividad volcánica. Ya en otra parte de este libro he señalado la opinión autoriazda del geógrafo Codazzi, que atri- buye la formación de la cadena de islas antillanas a un gran ca- taclismo prehistórico, siendo esta misma la de Humboldt. La actividad volcánica de las antillas menores, ha dado origen a los repetidos terremotos de Cubagua, Cumaná, Caracas, Saint-Pierre, etc. y es causa de frecuentes convulsiones seísmicas. Son ade- más estas regiones petrolíferas y existen en algunos puntos, como Guanoco y Trinidad, yacimientos de asfalto, presumiéndose otros no descubiertos. Refieren los navegantes que en los mares próxi- 35 mos a Macanao (isla de Margarita) a las islas de Cubagua, La Borracha, La Tortuga y costas de Pedernales, aparecen periódi- camente grandes manchas de aceite, migratorias y de varios kiló- metros de extensión en la superficie de las aguas; los marinos las llaman breas y las costean, pues les es imposible navegar a tra- vés de ellas. Es frecuente también en esos mares oir detona- ciones de variable intensidad, que emergen de las profundidades. Desde luego que el espíritu sencillo de los marineros, las refiere a eco de formidables luchas de monstruos marinos bajo las aguas; no debiendo ser en realidad otra cosa que fenómenos geológicos. En este orden de observación, no seria difícil atribuir la atonía y muerte de los peces, a la presencia en las aguas de gases nocivos, o más bien, y esto es lo que personalmente me inclino a creer, a la conmoción de las aguas, efecto de las explosiones, con su acción mecánica sobre los organismos pequeños, ya que la ob- servación demuestra que no se ejerce con eficacia sobre los ejem- plares mayores. O a las dos causas combinadas. Es cuanto puedo apuntar relativo al turbio, cuyo estudio que- da planteado, para resuelto por los especialistas en oceonografía y las demás ciencias, con tan interesante fenómeno relacionadas (*). (*). Nota.-Escrito el antecedente Capítulo, como toda la obra, desde julio del año pasado y en espera de oportunidad para su publicación, ha caído en mis manos ayer, cuando ya me dispongo a enviar los originales para su edición, un interesante artículo del señor Doctor J. F. Pestico, publicado en enero de este año, con el título de "Ribazón o Turbio" y que tal vez sea lo único que se haya publicado antes sobre tan importante particular. En la descripción del fenómeno, apenas si discrepa el diserto naturalis- ta colombiano con lo que acaba de leerse, en algunos detalles, tal vez porque él, solo ha pasado por estas regiones y yo vivo en ellas hace varios años. Cuanto a la apreciación de su causa, es para mí muy satisfactorio que coincidamos en un mismo criterio; lo que no es de extrañar, dado que ambos, él y yo, basados en lógica cien- tífica hacemos inducciones y deducciones, que tienen forzosamen- te que ir a parar al mismo punto. Por lo demás, el objeto de esta nota es reconocer al señor Doctor Pestico la prioridad de una publicación, que he conocido tarde, pero que he leído con la de- tención y el interés que merece.-N. del A.-3 de mayo de 1921. 36 CAPÍTULO VIII Alimentación Daré la lista de los alimentos animales y vegetales, que produciéndose en la isla, constituyen la base de la alimentación, que es nutritiva y sana. Algunos, como los frutos, naturalmen- te son ingeridos crudos y los otros sufren desde luego, las trans- formaciones que cada quien puede permitirse darles, cuanto a culinaria; desde las más modestas hasta las más exquisitas, sien- do las más modestas las predominantes, pues las humildes fámu- las del lugar, no llevan su arte rudimentario, más allá del cocer, del guisar y del freír. Esta consideración aparte, la base es exce- lente : Alimentos animales. mar: Pescados: muchas variedades. Moluscos: muchas variedades. Crustáceos : la langosta, que es exquisita-camarones-, can- grejos, etc. Reptiles: tortugas, morenas (comestibles en otros lugares, aquí no los acostumbran). Huevas: muchas variedades-huevos de tortuga. tierra: Carnes: de ganado vacuno, de cabra, de carnero, de conejo, de marrano, de pavo, de gallina, de paloma, de pájaros, de morrocoy. Huevos: de gallina y otras aves. Leches: de vaca, de cabra y de asna y lacticinios. Alimentos vegetales. Granos: Maíz (zea mais). Caraotas y frijoles (Phaseolus vulgaris) y otras variedades. Lentejas: (Ervum lens). Arvejas (Pisum sativum). 37 Verduras: Ñame (Dioscorea alata). Mapuey (Dioscorea triphylla). Yuca (Manihot útilísima). Ahuyama (Cucúrbita pepo). Batata (Ipomaea batata). Ocumo (Colocasia feculenta). Plátanos (Musa paradisiaca) y otras variedades Pepinos (Cucumis sativus). Berengena (Solanum melongena). Remolacha (Beta vulgaris). Nabos (Básica napus). Rábanos (Rophanus esculentus). Condimentos vegetales: Tomates (Lycopersicam esculentum). Pimentón (Cápsicum annum). Ají chirel (Cápsicum baccatum) muy picante y otros llama- dos dulces. Hierba-buena (Mentha piperita). Onoto (Bixa orellana). Frutas: Aguacate (Persea gratissima). Anón (Anona reticulata). Cabellos de ángel (Cucúrbita melanosperma). Caña de azúcar (Sacharum officinarum) (1). Caimito (Chrysophilum cainito). Calabaza (Cucúrbita pepo). Castaño (Artocarpus incisa). Cereza (Malphigia punicifolia). Cidra (Citrus medica vulgaris). (1) Caña de azúcar.-Aunque ésta no es fruta, cometo la inexactitud de colocarla aquí, pues produciéndose en escala muy pequeña, no tiene en la alimentación otro papel que el de ellas, pues no permite lo limitado de su producción-que es proporcional a la irrigación de los terrenos-sacarle el partido industrial que en el resto de Venezuela. La de la isla es por cierto, bastante dulce. 38 Ciruelas (Bunchosia glandulífera, espundia purpurata y otras). Coco: ( Cocus nucí fera ). Cotoperis (Melicoca olivoformis). Dátil (Phoenix dactilífera). Granada (Púnica granatum). Guamacho (Perescia guamacho). Guanábana (Anona muricata). Guayaba (Psidium guava). Icaco ( Crysobalanus icao). Jobo (Spondias lútea). Lechoza (Papáya vulgaris). Lima (Citrus limetta). 1 Limón dulce (Citrus aurantium dulcís). Limón agrio (Citrus médica limonum). Mamón (Melicocea bijuya). Mango (Mangifera indica) y tres o cuatro variedades. Melón (Cucumis meló). Marey (Anacardium occidentale). Naranja (Citrus aurantium dulcís) algunas variedades. Níspero (Achras sapota). Patilla o Sandía (Cucúrbita citrulus). Pina (Anassa sativa). Pitahaya (Cactus pitaiya). Poma-malaca (Jambosa melacensis). Uvas (Vitis viniera). Los pescados y demás productos alimenticios de origen ma- rino, son excelentes. Las carnes de ganado y gallina, particular- mente, sufren la influencia de los pastos secos, o poco jugosos de que se alimentan estos animales y no son sustanciosas. La man- teca es obtenida de la grasa de los puercos y es bastante buena. Cuanto al pan de más extendido uso, es de maíz, del cual se pro- ducen dos variedades, el blanco y el amarillo. El cazabe, que es obtenido de la yuca (manihot utilíssima) y que bien elaborado es bueno. De la yuca también se obtiene otro producto alimenticio, el almidón, que entra en preparaciones de repostería. El pan de trigo lo elaboran con harina importada. El arroz y los garban- zos son también de igual origen. Puerto de El Tirano.-Llamado así por haber desembarcado por él el terrible aventurero Lope de Aguirre, apodado El Tirano, Jefe de la Nación Marañona, el 20 de julio de 1561 Al Occidente se ve el cerro de Guayamuri 39 El café y el cacao (aunque este último se produce en muy pequeña escala) son traídos de costa firme, lo mismo que el azú- car, el papelón y algunos otros alimentos, condimentos y bebidas que no produciéndose, se consumen en la isla y sí se producen en el resto del país. Desde luego que también son importados del exterior, mu- chos artículos de ingesta elaborados por la industria y de uso ge- neralizado en el mundo, como jamones y otras carnes prepara- das, dulces, quesos, mantequillas, té y licores. La miel, este producto de la industria natural de las abejas (Apis Mellifera) de las cuales pululan muchos géneros (entre las Meliponas y Trígonas) es corriente en los campos de la isla y comercian con él en pequeña escala, modestos apicultores. CAPÍTULO IX Censo del Estado Nueva Esparta para el Io de enero de 1920.- Población de la Isla de Margarita y sus principales ciudades.-Si- tuación topográfica. Distrito Arismendi Municipio Luisa Cáceres 4.566 Antolín del Campo 4.081 8.647 Distrito Díaz Municipio Lares 5.791 Tubores 7.464 13.255 Distrito Gómez Municipio Mata 3.556 Sucre 3.993 Guevara 1.916 9.465 40 Distrito Mariño Municipio Luis Gómez 7.009 García 2.957 9.966 Distrito Marcano Municipio Figueroa 4.420 " Adrián 2.576 6.996 Distrito Maneiro Municipio Silva 2.581 Aguirre 1.340 " Villalba 3.217 7.138 Total general de la población 55.467 Si se sustrae de este total de 55.467 el número de 3.217 que corresponde a la población de la isla de Coche, queda para la Isla de Margarita, según el censo oficial y para la fecha en que escri- bo, una población de 52.250 habitantes. Las principales ciudades, capitales de Distritos, resultan con la siguiente población: La Asunción y sus alrededores 4.566 Juangriego y sus alrededores 4.209 Porlamar y sus alrededores 7.009 El Norte y sus alrededores 5.791 De otras poblaciones que no son capitales de Distrito, las más populosas son: Punta de Piedras con 7.464 habitantes y Los Robles con 787, también con sus alrededores. De las ciudades mencionadas, Juangriego, Pampatar, Por- lamar y Punta de Piedras, están sentadas a orillas del mar, las otras en el interior de la isla; de éstas las de mayor altura son: El Norte a 209 metros y La Asunción a 106 metros sobre el nivel 41 del mar. Todas se comunican entre sí por caminos carreteros, susceptibles de ser recorridos en automóvil en pocas horas y completamente. La situación topográfica de las poblaciones ribereñas, hace que sean favorecidas constantemente por las co- rrientes alisias, a excepción de Juangriego, a la que defiende de dichos vientos el contrafuerte de cerros que tiene al este. capítulo x Movimiento demográfico del Estado Nueva Esparta durante el año de 1290. MESES Nacimientos Defunciones Matrimonios Enero 211 146 83 Febrero 85 103 52 Marzo 170 95 37 Abril 199 98 37 Mayo 138 101 22 Junio 161 91 8 Julio 161 110 19 Agosto 116 132 10 Setiembre 174 106 22 Octubre 131 104 12 Noviembre 104 78 18 Diciembre 122 112 9 1.772 1.276 329 J 42 RESUMEN: Nacimientos 1.772 Defunciones 1.276 Diferencia a favor de la población 496 Matrimonios 329 Nota.-No aparecen en esta obra cuadros estadísticos, que expresen las causas de las defunciones ocurridas. Ello se debe, a que dadas las circunstancias, es imposible obtenerlos satisfac- torios en el sentido de los diagnósticos. Para comprender esto, basta explicar que en el Estado Nueva Esparta, no hay médicos sino en tres capitales de Distrito: La Asunción, Juangriego y Porlamar; en las otras poblaciones, los certificados de defunción los suscriben profanos, empíricos o no empíricos, cuyos diagnós- ticos hay desde luego, que descartar como dato nosológico ge- nuino. A mayor abundamiento, la mayoría de los certificados sus- critos por los mismos facultativos, se refieren a individuos inasis- tidos por ellos durante estuvieron enfermos, en los cuales certi- ficados, los médicos estampan un diagnóstico cualquiera, para cumplir la formalidad legal que perentoriamente les exigen, sin otra investigación que un ligero interrogatorio al solicitante e ig- norando en realidad la causa de la muerte. Por las razones ex- puestas, he optado por no anotar cuadros, de los cuales nada auténtico se desprende nosológicamente. En la segunda parte de esta obra y conforme voy mencionando enfermedades, señalo la frecuencia, gravedad o inocuidad que en ellas he observado y esto me ha parecido, si nó más exacto que una estadística, más verda- dero que una estadística viciada en sus orígenes: los diagnósti- cos de los certificados de defunción. SEGUNDA PARTE Patología de Margarita capítulo i Algunas consideraciones No hay punto alguno habitado por el hombre sobre la haz de la tierra, que goce del privilegio de la exención de enferme- dades. Los más favorecidos, pagan su tributo a la patología hu- mana. Que el clima de un lugar sea excelente, no implica que nadie se enferme allí, ni hayan de sanarse por la sola acción suya los enfermos que a su saludable influencia se acojan, anhelosos de curar. A ser así, ya tendrían resuelto el problema de la eter- na. salud y adelantando mucho en la soñada macrobiótica, los mul- timillonarios, cuyas condiciones de exuberancia económica, les permiten trasladarse fácilmente a esos países terrenales. Creer que bajo el clima de tal o cual costa azul, por solo la magia de sus virtudes meteorológicas, vá a encontrarse el secreto de la salud de todos y siempre, es sueño de líricos, análogo al de creer encontrar la dicha en tal o cual estado social, celibato, matrimo- nio o sacerdocio, por el estado mismo, utopía de gente muy joven, o muy inocente-para relativa venturanza suya-de la amargura real de la vida! Bajo todas 1as latitudes es el hombre, anatómica y fisiológi- camente, el mismo y en todas partes le alcanza su parte alícuota de sufrimiento. 44 La porción mayor de dicha a que puede aspirar, es propor- cional a la salud corporal de que disfrute y a otra no menos pre- ciosa, la del espíritu, que armonizándose, dan por resultado el ideal venturoso del filósofo antiguo, mens sana in corpore sano. He procurado en los capítulos antecedentes, dar idea exacta de la Isla de Margarita, desde los puntos de vista de su situación geográfica, de su topografía, de su etnología, de su arquitectura v costumbres, de sus recursos naturales y de su clima. La armonía de sus condiciones naturales, geográficas, topo- gráficas y climatéricas hacen de ella un pedacito de mundo pri- vilegiado. Temperatura ambiente moderada, humedad del aire y presión barométrica con pequeñas variantes el año entero, corrien- tes aéreas constantes, que renuevan la atmósfera y se encargan automáticamente de la higienización del elemento respirable, po- blaciones pequeñas-como que juntas suman 52.250 habitantes- diseminadas en una superficie de 1.145 kilómetros cuadrados, todo esto en el mar Caribe, muy hacia el este, donde la proximidad del Océano, hace que sean sus brisas las reinantes y que al respi- rarlas, se experimente la ilusión de que se está viviendo en pleno Atlántico! Pueden sumarse al haber de estas excelentes condi- ciones : la fertilidad de las campiñas suyas, que gozan del bene- ficio de aguadas permanentes, magníficas playas de mar balnea- rias, ardiente sol, apacibles noches, diafanidad de su ambiente; conjunto que parece creado para dar al espíritu, la sensación de la paz interior, un inefable bienestar físico y moral, producido por la mano impalpable de la naturaleza acariciante! En esa sen- sación de absoluta independencia espiritual y corpórea, que se ejerce sin trabas desde la imponderable facultad del pensamien- to, hasta las formas más fugaces de su expresión, parece cristali- zarse el dogma sagrado de los hombres libres! Altiva aspiración de una criatura aislada, sobre un pedazo de tierra, que tiene por dosel el infinito de los mundos y por alfombra viviente el indómi- to Océano! A través de ese prima de inconmensurable grande- za y por una suerte de espejismo emotivo, lógranse apreciar los semi-dioses y los héroes en la pequeña realidad que tienen, cre- yendo uno, siquiera sea por momentos, en la utopía de la igual- dad de los hombres, dentro de la utopía de su libertad! Cuántas veces en el silencio de la noche, que ningún ruido humano osa turbar, pues es interrumpido solamente por el trueno 45 rítmico y bravio de las rompientes de Moreno, bajo la inmensi- dad de las estrellas y próximo a la otra inmensidad del mar, he sentido en redor mío el arrullo de lo solemne, en la inefable de- licia de estar solo, lejos de mis hermanos los hombres, donde no me alcanzan, dada la infinita pequeñez de mi individuo, ni sus fementidas protestas de amistad, ni el choque de sus intrigas, ni de sus ambiciones, ni de sus grandezas, ni de sus iniquidades! Por otra parte, he descrito la escasez de lluvias y pobreza de los caudales de irrigación, trayendo como consecuencia la ari- dez de la mayor parte de sus terrenos y la limitación de la agri- cultura y de la cría, aún en los más fértiles y por sobre todo otro elemento adverso, la incipiencia de la higiene en construcciones y costumbres. De la naturaleza solamente no debe esperárselo todo, donde habite el hombre; las artes, al servicio de la higiene y de la arquitectura, lejos de complicar el mecanismo de la vida, lo simplifican y hacen la existencia más amable, suavizando sus naturales asperezas; aparente paradoja del milagro de la civili- zación ! Las comodidades y las bellezas artificiales, aun no han escul- pido sus huellas por estos poblados y estas playas de inmejorable clima; ¿ qué mucho, pues, que paguen un tributo crecido a la pato- logía humana? En los párrafos subsiguientes trataré de exponer cuáles son las enfermedades más frecuentes en Margarita, cuáles las que no se observan, cuáles las que bajo la influencia de su acción clima- térica pueden sufrir modificaciones favorables en el sentido de la salud, cuáles pueden agravarse bajo aquella acción y sobre cuales otras no ejerce influencia alguna. Esto bajo un modo de ver enteramente personal y por lo que he observado durante seis años que ejerzo la profesión médica en la isla. Espero perdona- rán los lectores mis deficiencias y mis yerros, en gracia a la buena intención que me ha impulsado a allegar estos datos. Como guía me serviré de la nomenclatura de Bertillón, que para la estadística de defunciones ha adoptado el Ministerio de Fomento de Venezuela y que con ligeras modificaciones llena el objeto para que la escojo, que es numerar en forma ordenada y breve las enfermedades que se presentan en la isla de Margari- ta. Resuelvo adoptar esta norma por cómoda, dejando a los especialistas en detalles de estadísticas nosológicas, si acaso algu- 46 no de ellos me hace el honor de leer estas páginas, la labor de hacer las confrontaciones con las nomenclaturas pormenorizadas del sabio francés, decretadas por la Comisión Internacional y que tengo a la vista. CAPÍTULO II Nomenclatura nosológica abreviada, de Bertillón, adaptada a la Estadística de las defunciones que ocurren en Venezuela. I.-Enfermedades Generales. 1. Fiebre tifoidea. 2. Paludismo agudo o crónico (fiebre, caquexia). 3. Viruela. 4. Sarampión. 5. Escarlatina. 6. Coqueluche o tos ferina. 7. Difteria o crup. 8. Gripe, influenza o dengue. 9. Fiebre amarilla. 10. Lepra. 11. Erisipela. 12. Disenteria. 13. Pústula maligna o carbunco. 14. Tétanos (excepto mocezuelo). 14b. Tétanos de los recién nacidos o mocezuelo 15. Beriberi. 16. Sífilis. 17. Tuberculosis de los pulmones. 17b. Tuberculosis de los otros órganos. 18. Cáncer y otros tumores malignos. 19. Reumatismo y gota. 20. Diabetes. 21. Anemia perniciosa y clorosis esenciales, hemofilia. 22. Alcoholismo. 47 II.-Enfermedades del Sistema Nervioso. 23. Meningitis (excepto tuberculosas). 24. Parálisis en general, ataxias, tabes. 25. Reblandecimiento cerebral, enajenación mental, vesanias. 26. Congestión y apoplegía o hemorragia cerebrales. 27. Neurosis convulsivas (epilepsia, eclampsia no puerpe- ral, convulsiones de los niños, etc.). III.-Enfermedades del Aparato Circulatorio. 28. Enfermedades orgánicas del corazón. 29. Afecciones de las arterias (arterio esclerosis, ateroma, aneurisma, etc.). 29b. Embolia y trombosis. 30. Afecciones de las venas, (flebitis, várices, hemorroi- des, etc.). IV.-Enfermedades del Aparato Respiratorio. 31. Bronquitis. 32. Pulmonía y bronco-pneumonía. 33. Pleuresía y otras enfermedades del aparato respirato- rio, (excepto la tisis). V.-Enfermedades del Aparato Digestivo. 34. Afecciones del estómago. 35. Infección intestinal: diarrea y enteritis en mayores de 2 años. 35b. Infección intestinal: diarrea y enteritis en mayores de 2 años. 36. Anquilostomosis o uncinariosis. 36b. Lombrices y demás parásitos intestinales. 37. Apendicitis y flegmón de la fosa iliaca. 38. Hernia y obstrucciones intestinales. 39. Ictericia grave, infección biliar. 39b. Abscesos hepáticos tropicales. 40. Cirrosis del hígado. 40b. Cálculos biliares y cólico hepático. VI.-Enfermedades del Aparato Génito-urinario y de sus Anexos. 41. Nefritis y Mal de Bright. 48 41b. Cálculos de las vías urinarias y cólico nefrítico. 42. Otras enfermedades de los riñones y de sus anexos (ex- cepto cáncer). 43. Tumor no canceroso del útero y de sus anexos. Vil.-Estado Puerperal. 44. Aborto y otros accidentes del embarazo. 45. Hemorragia puerperal. 45b. Distocia y otros accidentes del parto. 46. Fiebre y septicemia puerperales. 47. Albuminaria y eclampsia puerperal. 47b. Flegmasía alba dolens, embolia, muerte súbita. Vi 11.-Enfermedades de la Piel y Tejido Celular. 48. Forúnculo, ántrax. 49. Flegmón, absceso caliente. IX.-Enfermedades de los órganos de la Locomoción. 50. Afecciones de los huesos (excepto tuberculosis). 51. Afecciones de las articulaciones (excepto reumatismo y tuberculosis). X.-Vicios de conformación congénitos. 52. Vicios de conformación congénitos (no comprender los nacidos muertos). XI.-Primera edad. , 53. Nacimiento prematuro, asfixia, debilidad congénita. 53b. Ictericia, esclerema: atrepsia y raquitismo congénitos. XII.-Vejez. 54. Debilidad senil, senilidad. XIII.-Afecciones producidas por causas exteriores. 55. Suicidio (menciónese el instrumento). 56. Envenenamientos (menciónese el agente). 57. Homicidio, traumatismo o heridas (menciónese el ins- trumento). 58. Muerte violenta por accidentes: (especifiquese si por caída, aplastamiento, submersión, quemaduras, des- carga eléctrica, sofocación, etc.). 49 58b. Muerte operatoria (menciónese la intervención quirúr- gica). 59. Causas de muerte obscuras o mal definidas. 60. Otras enfermedades no mencionadas ni comprendidas en la presente Nomenclatura. capítulo ni Enfermedades generales GRUPO I 1 Fiebre tifoidea e infecciones paratíficas. Existen como endemia en la isla. Revisten carácter epidé- mico de abril a agosto. La mortalidad es mínima. En el capítulo higiene pública he señalado la etiología del mal. 2 Paludismo agudo o crónico. Puedo afirmar que, como endemia, ni en el este, ni en el sur de Margarita existe el paludismo bajo ninguna forma y esta es la mayor ventaja suya sobre las otras regiones de Venezuela en donde dicho azote hace todos los dias incontables víctimas en sus formas crónica, aguda y sobre aguda. A la hora actual de la ciencia es valor entendido, que el indico palúdico de una región está en intima relación con su fau- na local, dependiendo de la aptitud mayor o menor de las especies ano f dianas, para albergar las plasmo dias, como también de los otros factores, que en todas partes son capaces de favorecer la pululación de los mosquitos, como temperatura, oscuridad, hu- medad, aguas estancadas, etc. En esta región pululan anofeles y otros culicínidos hemató- fagos, pero generalmente no infectados, estándolo sí, los de la 50 Costa Firme, cuyo punto más próximo es Saucedo, como a 25 kilómetros de distancia de Porlamar. Bien sea que estos dípte- ros no recorran en vuelo tan gran distancia, que por otra parte la fuerza y constancia de las corrientes aéreas haría imposible; sea que la intensidad de la luz y la estación seca casi permanente de Margarita o conjuntamente estos factores, hostilicen los cria- deros de larvas, es lo cierto que los casos de paludismo agudo o crónico que aparecen, son importados la gran mayoría de las veces. Hacia el sureste de Margarita, muy cerca de la costa de Cha- copata, solo a cinco minutos de navegación en bote, hay una isle- ta que llaman Isla Caribe, y es muy frecuentada por los pescado- res de perlas, por los ostrales que posee. Procedente de allí vie- nen con frecuencia trabajadores con formas benignas intermiten- tes del paludismo, bastante dóciles por cierto a la medicación es- pecífica. Algunos casos esporádicos, en sujetos que no han salido ja- más de la isla, he comprobado, y me los he explicado por picaduras de mosquitos en plena evolución de la plasmodia, venidos como pasajeros en las barcas, o infectados aquí mismo, por algún en- fermo inmigrado. También han sido siempre dóciles a la medi- cación específica. En términos generales, la acción benéfica del clima de la isla sobre los impaludados, es tan eficaz, que a veces curan bajo su sola influencia y sin ninguna medicación. Sobre los anemiados por la acción crónica de este veneno hemático y convalecientes de formas agudas, que llegan de fuera a acogerse al clima, este corresponde siempre, haciéndoles sentir rápidamente su saludable efecto hematopoiético. 3 VIRUELA Viruela propiamente, no he observado, si dos o tres casos de varicela, sin importancia. Por datos de tradición, sé que esta en- fermedad ha aparecido bajo forma epidémica en los años de 1836, 1852, 1863 y 1872. 51 4 SARAMPION Se presenta por oleadas epidémicas, en niños no inmunizados. Muy benigno. Mortalidad nula. 5 ESCARLATINA No la he observado. 6 TOS-FERINA Por oleadas epidémicas, en niños no inmunizados. Muy be- nigna. Mortalidad nula. 7 No he observado epidemias, sino casos esporádicos. Igual carácter en todas partes. DIFTERIA Y CRUP 8 GRIPA He observado la pandemia del último tercio del año de 1918. Igual carácter que en todas partes. Mortalidad insignificante en las personas que podían cuidarse. Posteriormente, tres o cuatro oleadas de suma benignidad. 9 FIEBRE AMARILLA No he observado ningún caso. Por tradición he sabido que se han presentado epidemias de esta enfermedad en 1818 y en 1853. 9 bis. COLERA ASIATICO-COLERA NOSTRAS No he observado ningún caso. El cólera asiático visitó la isla en 1854 y produjo 2.125 defunciones, cifra de mortalidad bas- tante elevada si se tiene en cuenta que para esa época no debía 52 tener la isla más de 25.000 habitantes. Hubo otra aparición en 1856, con escaso número de víctmas. 10 En 1os últimos años se han presentado algunos casos en El Norte, La Asunción, Juangriego, Porlamar y Pampatar, que el Gobierno del Estado ha deportado a las Leproserías nacionales de Cabo Blanco e Isla de La Providencia y se dice que existen algunos otros recluidos en sus casas, sin que pueda afirmar la verdad de este rumor público y desde luego su número. Sobre la aparición de esta enfermedad en la isla, tengo el dato de tradición de haber existido en La Asunción, durante la dominación española y hasta principios del siglo XIX, un hospital para leprosos, extinguido por haberse agotado los enfermos. No he podido hallar comprobación de ese hecho, porque por una parte, no hay supervivientes de esa época y por la otra, los ar- chivos coloniales de La Asunción desaparecieron totalmente en el incendio de dicha capital durante la campaña de 1815. En las redondillas crítico-burlescas del Teniente-Coronel y Licenciado Gaspar Marcano, tituladas "Urreiztieta chamusca- do" (1817) refiriéndose a las exacciones del Gobernador Urreiz- tieta-a quien algunas historiadores atribuyen, por cierto, el in- cendio de La Asunción-hay una que dice: ¿Aquel que de leña y sal, agua, manteca y xavon, mediante contribución proveía el hospital? Aludiría al hospital de lázaros? No puede afirmarse, pero sí es de presumirse, porque no hay dato alguno, ni siquiera tradi- cional, de haber existido otro. Por tradición he sabido la importación, a mediados del siglo XIX, de varios enfermos y hasta sus nombres propios, al Norte, Juangriego, La Asunción y Porlamar, de donde han originado por contagio los casos contemporáneos, en que presenta la lepra; el mismo carácter que en otras partes. LEPRA 53 11 ERISIPELA He visto dos casos, uno de ellos de la cara, sin gravedad. 12 DISENTERIA Se presenta con carácter endemo-epidémico, predominando la forma amibiana. Intensidad variable. 13 PUSTULA MALIGNA No la he observado. 14 TETANOS Poco frecuente. 14b TETANOS DE LOS RECIEN NACIDOS O MOCEZUELO Es muy frecuente, produciendo una alta cifra de mortalidad. Se explica ésto porque todas las parturientes, con rara excepción, son asistidas por comadres, sin la menor idea, ni práctica de la asepsia. 15 BERI BERI No se produce en la isla. Los casos que he visto arribar, procedentes de Guayana y otras regiones, han entrado rápidamen- te en mejoría y curado. Han sido solo tres, de modalidad lenta y forma mixta. Por estos hechos y otros similares, que me han referido algunos colegas, creo poder afirmar, que es una de las en- fermedades en que es marcada la benéfica acción climatérica. 16 SIFILIS Frecuente y de diversos grados de virulencia, esta enfer- medad ubicuitaria no sufre modificaciones apreciables por la ac- ción del clima, sino por la oportundad del tratamiento específico. 54 17 TUBERCULOSIS DE LOS PULMONES Y DE LA LARINGE Ambas son frecuentes y marchan rápidamente hacia un tér- mino fatal, como estimuladas por la acción del clima marítimo. Etiología: el contagio, debido a las grandes faltas de higiene ano- tadas en el capítulo "Consideraciones sobre Higiene pública". Ayuda mucho su propagación el polvillo de arena del suelo, que levantan constantemente los vientos. 17b TUBERCULOSIS DE LOS OTROS ORGANOS Solo he observado la intestinal. Poco frecuente. Igual mar- cha que en otras partes. 18 CANCER Y OTROS TUMORES MALIGNOS Son frecuentes. Siguen la misma marcha evolutiva, que en otras partes. A propósito de ellos, existe la creencia, muy generalizada dentro y fuera de la isla, de que aquí hay quien posea el secreto de curar el cáncer. En efecto, hay quien se dedica a aplicar a las proliferaciones celulares de la piel, a las que muchas veces deno- minan cánceres-sin ser otra cosa que keloides, papilomas o aun pequeños epiteliomas-una pasta cáustica que los extirpa, junto con los tejidos adyacentes, hasta una profundidad del mismo gro- sor del emplasto que se aplica y que parece no ser otra cosa que la antiquísima pasta de Canquoin, de la farmacopea spagírica. Si los tratados por tan rancia terapéutica, son efectivamente neo- plasmos malignos, se reproducen a mayor o menor plazo, como pasa con estos porfiados, aún después de las extirpaciones más radicales a filo de cuchillo. Si no lo son, dejan una huella defor- me según la profundidad de la pérdida de tejidos, pero la no reproducción, da pábulo-como que agrega un nuevo caso cura- do-a la conseja del secreto de la curación del cáncer. 55 19 REUMATISMO Y GOTA El reumatismo agudo se presenta y sí puede apreciarse en él, la influencia climatérica, en la moderación de los dolores y en el ciclo más corto de evolución. También suelen presentarse for- mas crónicas. La gota no la he observado. 20 DIABETES Como en todas partes, sin que haya nada particular que anotar. 21 ANEMIA PERNICIOSA Y CLOROSIS ESENCIALES HEMOFILIA De las primeras no he observado ningún caso. Manifesta- ciones hemofílicas son relativamente frecuentes. 21b PURPURA HEMORRAGICA Un solo caso he observado de gravedad extrema, en un octo- genario. Terminación fatal por hemorragias múltiples. 22 ALCOHOLISMO Es muy frecuente, porque la gran mayoría de los hombres usa y abusa de la bebida criolla llamada ron blanco, que es el aguardiente de caña a 22 grados Cartier. Preséntanse las consecuencias de esta intoxicación bajo todas sus formas. 22b OTRAS INTOXICACIONES.- MORFINISMO. - COCAI- NISMO.- NICOTINISMO Son excepcionales, a pesar de que con relación al último, hay regiones como los pueblecitos de La Fuente, El Salado y sus 56 alrededores, en donde la agricultura e industria del tabaco son domésticas y es corriente el fumar y el mascar, aún los niños y niñas de cuatro y cinco años de edad. Tal vez a la preparación deficiente de la hoja, que la hace bastante simple e inadecuada para las intoxicaciones nicotinianas, débase el no presentarse éstas en forma aguda, en donde están tan generalizados los motivos de producirse. La ausencia de morfinismo y cocainismo, y otras flores mal- ditas de refinamiento vicioso, débese a la sencillez de las costum- bres, que mantiene a esta gente alejada de esas otras fuentes de paraísos artificiales, cuya existencia ignora, cocaína, opio, has- chisch... capítulo ív Otras enfermedades generales que no figuran en la Nomenclatura nosológica escogida como guia. FILARIOSIS En 1917 fui llamado por la autoridad a reconocer varios en- fermos sospechados de padecer lepra. En tres de ellos mi diag- nóstico fue filariosis. Uno presentábalo una muchacha proceden- te enferma de Irapa, los otros dos personas viejas, que habían corrido mucho mundo y tenían ya buen número de años de resi- dencia e inutilidad en Margarita. Muchas circunstancias impi- diéronme hacer comprobaciones histológicas de mi diagnóstico, pero fiándonos en él y dando por sentado no haber errado, surgen dos cuestiones. Los dos casos de muchos años de residencia, se contagiaron aquí? Vinieron ya enfermos? Una u otra cosa ha podido acontecer, pues por por una par- te, los enfermos habían viajado antes y por Antillas tan sospe- chosas como Barbadas y Curazao y por otra, aquí existen varias especies de mosquitos hematófagos, capaces de servir de hués- pedes intermediarios a las filarías. Por la afirmativa de la pri- mera interrogación está la circunstancia de no haber observado otros casos, ni antes ni después de los referidos. 57 capítulo v Otras enfermedades generales aún indefinidas. A Fiebre de Macanao. En la región de este nombre, al oeste de la isla, como en la denominada Boca del Río, que le está próxima, aparece anual- mente por los meses de mayo a setiembre una epidemia febril de caracteres graves, algunos de los cuales he logrado averiguar mediante interrogaciones a personas que han estado en contacto con enfermos, pero que no por ser médicos proporcionan datos bastante imprecisos. Estos caracteres parecen ser: fiebre alta de aparición violen- ta, cefalalgia y raquialgia intensas, delirio a veces furioso, exante- mas en tronco y miembros, vómitos, a veces hemáticos, epidemi- cidad. Frecuente terminación fatal en los primeros siete días, o curación en períodos más prolongados, lo que parece ser excep- cional. De los facultativos de la isla, a quienes he preguntado si co- nocen la existencia de esta fiebre, ninguno ha tenido ocasión de tratar enfermos, los que o pasan inasistidos o lo son por los cu- riosos. No habiendo tenido tampoco ocasión de ver ninguno, sólo me es dado anotar el hecho de su aparición periódica y epi- démica, sin adelantar diagnóstico, ya que ello sería pasearnos por el terreno de las congeturas. ¿ De cuál entidad mórbida se trata ? Así, desde lejos y uniendo esos retazos de datos recogidos en predios profanos al arte médico, a lo que más se me parece el incompleto sindroma es al del tifus exantemático ¿Se tratará de él? La solución de tan interesante punto de patología regio- nal queda en tela de juicio, para dictada por quien estando en condiciones de estudiarlo, pueda resoverlo; el que ésto escribe, se limita a señalar la existencia de la epidemia periódica y a falta de nombre apropiado, la designa con el de fiebre de Macanao. 58 Como datos interesantes de topografía y de zoología pato- lógicas, haré observar, que esta región, que carece de aguadas po- tables y de irrigación, contiene la laguna de Arestinga, de aguas salobres y estancadas; que en la atmósfera del lugar pululan varias especies de moscas y mosquitos, no clasificados aún por nin- gún especialista y que también son comunes otros insectos chu- padores de sangre (entre los culicinados) de mucha importancia como vectores de gérmenes patógenos. Todos estos particulares, serán factores, a considerar, en la solución del problema planteado con la existencia de esta enfer- medad febril, no determinada todavía nosológicamente. Nota.-Escrito ya el antecedente capítulo, llégame una carta de mi amigo y colega Doctor Ramón Valery, quien ejerce la pro- fesión en Juangriego, (ciudad próxima a los lugares en que apa- rece la enfermedad) hace muchos años y al cual me había dirigido enantes en solicitud de datos más exactos acerca de la fiebre de Macanao. Me ha parecido lo mejor, como contribución al es- tudio de dicho asunto, copiar integra la expresada carta; por ella verán los comprofesionales, cuál es la opinión a que se inclina el ilustrado práctico de Juangriego, aún cuando él tampoco puede hablar con verdadera propiedad, por no haber asistido pacientes. Héla aquí: «Juangriego: 22 de mayo de 1920. Señor Doctor Andrés Sánchez. Porlamar. Mi estimado colega y amigo: Tengo el gusto de referirme a tu apreciable del 2 del pre- sente. Aunque no he tenido ocasión de ver uno solo de los casos de fiebre que anualmente se presentan en Boca de Río, he recogido algunos datos de personas que han ido allí y han oído hablar de la enfermedad, quienes dicen, que es una fiebre que se presenta en cierta época del año (julio, agosto y setiembre), especialmente, con malestar y cefalalgia intensa, en aquellos sujetos que por te- ner que trabajar expuestos a los ardientes rayos del sol de esas 59 regiones despobladas de árboles, sufren una especie de insola- ción. Cuando la fiebre tiene esta forma la llaman tabardillo. Presenta además otros síntomas que regularmente acompañan a nuestras fiebres largas. Cuando reinan estas epidemias en Boca de Río y Macanao, en los que no sucumben en los primeros ocho días de la enfermedad, la fiebre se prolonga y dura de treinta a cuarenta días, presentándose en algunos enfermos hemorragia in- testinal, seguida de intenso dolor en el vientre, que se hincha, se- gún dicen ellos: peritonitis, seguramente. «En este puerto y los pueblos vecinos, sí he observado casi todos los años, con carácter benigno unas veces y otras grave, una fiebre con todos los síntomas característicos de la fiebre tifoidea terminando algunos casos con perforación intestinal y peritonitis consecutiva. «Yo me inclino a creer que esa fiebre de Boca de Río y Ma- canao con sus formas atípicas sea la misma fiebre tifoidea, que se presenta aquí, en Porlamar y en los demás pueblos de Marga- rita. Actualmente (desde noviembre hasta esta fecha) tenemos una epidemia de fiebre tifoidea en Los Millanes, La Vecindad y Pedregales y aquí mismo, de la cual han muerto varios atacados, con hemorragia intestinal profusa. «Que estos datos puedan servirte de algo, mientras yo tenga oportunidad de ver enfermos de esa fiebre en Boca de Río y Ma- canao. «Te desea salud y felicidad tu amigo y colega que te abraza, R. Valer y». «P. S.-En Boca de Río hay un extenso manglar, que rodea una porción de agua salada, que penetra en el interior de la costa y en donde se cría gran cantidad de mosquitos. Mientras no ten- gamos la seguridad de que se encuentran en ellos el anofeles y el estegomia, no podremos emitir opinión sobre la naturaleza de esas pirexias. Estoy a tu orden por si resuelves visitar esos lu- gares.-Valery». Como puede observarse, entre los datos que han trasmitido al Doctor Valery, no aparecen los exantemas, ni el delirio, que a mí me han asegurado otros ser constantes o por lo menos fre- cuentes. La ausencia de estos snítomas cambiaría la apreciación 60 clínica del sindroma, perdiendo terreno la presunción de que pu- diera tratarse del tifus exantemático. Sea lo cierto, una u otra cosa, en honor a la verdad y exac- titud de la nosología nacional. B FIEBRE DEL CARDON Hacia la región noreste, cerca del puerto de El Tirano, en los alrededores de El Cardón, suele presentarse también, de fe- brero a julio, una fiebre violenta, que hace numerosas víctimas, generalmente inasistidas o tratadas por curiosos. Nos encontra- mos ante otro problema de patología regional, pues ningún médi- co ha tenido ocasión de darse cuenta de la naturaleza de esa en- fermedad mortal. El Doctor H. Albornoz Lárez, quien ejerce la medicina muy cerca, en La Asunción, me ha dado noticia de ella, pero me dice que jamás ha sido llamado a asistir ningún caso. Como factor etiológico existe allí el lagunajo de Fuñique, que se forma de aguas pluviales y marinas, estancadas, en descom- posición y que ya para agosto se deseca completamente. Pululan en la región los mismos insectos mencionados apro- pósito de la fiebre de Macanao. capítulo vi Grupo II Enfermedades del sistema nervioso. 23 a 27 De las agrupadas bajo estos números se presentan todas, ni con mayor ni con menor frecuencia que en otras partes. De las comprendidas en el número 27, las convulsiones de los niños son muy corrientes, debiéndose la mayoría de las veces a la presencia de parásitos intestinales (ascárides lumbricoides), abundantísimos en la región y que suelen producir dicho fenómeno por acción re- fleja. 61 No cabiendo en puridad de terminología entre las enferme- dades del sistema nervioso, sino entre los síntomas de este orden. CAPÍTULO VII Grupo III Enfermedades del Aparato circulatorio. 28 a 30 También se presentan como en todas partes; desde luego que como en ellas influye la altitud de la comarca, hay que tener en cuenta que las diferencias de altura de las poblaciones no son aquí considerables. Porlamar y Pampatar, por ejemplo, están a nivel del mar y las más altas, El Norte a 209 metros y La Asun- ción a 106. De este grupo es más frecuente la arterioesclerosis, por abun- dar las personas mayores de sesenta años. CAPÍTULO VIII Grupo IV Enfermedades del Aparato respiratorio. 31 a 33 Son frecuentes las bronquitis, sobre todo las infantiles. Las pleuresías son raras, solo he asistido dos en seis años; pulmonías, solo he observado durante el mismo lapso, las gripales de la epi- demia de 1918. 62 CAPÍTULO IX Grupo V Enfermedades del Aparato digestivo. 34 a 40b Se presentan todas. La mayor proporción la tienen las in- fecciones intestinales en los niños, que arrojan también la cifra más alta de mortalidad. Los ascárides lumbricoides son tan fre- cuentes, que podría afirmarse que son huéspedes de todos, pár- vulos y adultos y que complican todos los estados morbosos, sobre todo intestinales. Siguen en frecuencia los oxiurus ver- miculares, los tricocéfalos dispar o trichiurus de Linneo y algo menos, pero aun frecuentes, sobre todo entre los sirios, las temae solium; con relativa frecuencia las amibas (generalmente enquis- tadas). El ankilostomo no lo he comprobado. La exuberancia de la fauna intestinal humana por estos luga- res, debe relacionarse con la generalizada costumbre, que ya he anotado en el capítulo "Consideraciones sobre Higiene pública", que tiene la mayoría pobladora de defecar en el suelo, lo que fa- cilita la propaganda de trasmisión de los huevos de jas ascárides y demás parásitos y explica suficientemente su generalización. Tratándose de los ascárides en particular, que son los más comu- nes, recuérdese que una hembra de estos huéspedes es capaz de dar a luz hasta sesenta millones de huevos por año, de resisten- cia tan grande, que pueden permanecer hasta cinco años en me- dios impropicios y en estado de latencia. Podría decirse que a esta especie de siembra inconsciente de huevos de parásitos, se unen para facilitar la propagación otras costumbres inpulcras y la impureza señalada de las aguas pota- bles en uso. 63 capítulo x Grupo VI Enfermedades del Aparato génito-urinario y sus anexos. 41 a 43 Se presentan como en todas partes, sin que haya nada espe- cial que anotar, a no ser la frecuencia de la metritis, debida a la inasistencia, o más bien a la desastrada asistencia puerperal. CAPÍTULO XI Grupo VII Estado puerperal. 44 a 47b Se presentan tocios los accidentes y complicaciones agrupa- dos en este cuadro. Solamente en casos de distocia, hemorragias graves o cualquiera otra circunstancia muy seria, capaz de poner en zozobra a la familia, es cuando acostumbran llamar al médico para asistencia obstétrica; de resto las parturientes, cualquiera que sea su posición económica o social, se entregan a la asisten- cia primitiva de las comadres. Dada esta circunstancia, admira que la cifra de mortalidad por infecciones puerperales, sea insig- nificante, lo que no puede explicarse sino por una privilegiada constitución de estas mujeres. Cuanto a mi debo decir, que cuando alguna ineludible impo- sición profesional me ha llevado cerca del lecho de una parturiente de clase proletaria, me ha causado verdadera grima el desaseo, imposible de contrarrestar, en habitación, cama, comadrona y parturiente misma. No hay cómo ponderar el horror de seme- jante estado; con decir que se dá el caso, de que puercos y galli- nas, comparten con entera confianza el cuarto y hasta el lecho de la mujer en trabajo ! Y entre tales horrores, sufren intervenciones, a que a veces por una necesidad imperiosa y con una asepsia a medio intentar, 64 se ve obligado el consternado médico de provincia, para más luego, después de una ligera reacción febril defensiva, salir ilesas y cantando victorias a procrear de nuevo. . . La Madre Natura- leza las ha defendido, como defiende desde la génesis del mundo a las hembras todas de los irracionales desvalidos, ya que para las de los racionales e irracionales mismos de mejor fortuna, la civili- zación, oyendo los consejos de la ciencia de Pasteur en perfecta obstetricia, ha creado las maternidades!! Sea bendita la Divina Providencia!! CAPÍTULO XII Grupo VIII Enfermedades de la piel y del tejido celular. 48 a 49 Muy frecuentes son los excemas en varias de sus formas. Suele presentarse en los niños, con carácter epidémico y contagio- so, pero sin gravedad, una especie de pemphigus, afección vesicu- losa de la piel, que origina reacción febril y aquí designan con el nombre de brasa. También abundan, entre la gente del pueblo, las afecciones pruriginosas de la piel, de origen parasitario, producidas por el sarcoptes scabiei y los pcdiculus pubis y capitis y las pulex pene- trans. Las extracciones de estas últimas, en las extremidades in- feriores, son causa relativamente frecuente de tétanos, por lo cual cuando tropiezo con ellas en mi práctica, he adoptado el sistema, que recomiendo, de tocar el punto oscuro con la punta enroje- cida del termocauterio y al instante, con la muerte del insecto, desaparece el dolor y el aparato inflamatorio, a veces bastante con- siderable, sin peligro de infección. 65 CAPÍTULO XIII Grupo IX Enfermedades de los órganos de la locomoción. 50 y 51 Ni en mayor ni en menor grado de frecuencia que en otias partes. CAPÍTULO XIV Grupo X Vicios de conformación congénitos. 52 El más frecuente es el labio leporino. Siguen los pies-bots y la spina bífida. He visto un caso de imperforación de la vagi- na. Atribuyo la frecuencia del labio leporino, a cierta promiscui- dad sexual y uniones consanguíneas, a veces inconscientes, entre la gente del pueblo. También al alcoholismo puede cargarse una parte en la teratogenesis general de tales anomalías morfológicas. capítulo xv Grupo XI Primera edad. 53 y 53b Ni con mayor ni con menos frecuencia que en otras partes, dependiendo naturalmente, de la debilidad de la robustez, estado de salud o de enfermedad de los progenitores. 66 CAPÍTULO XVI Grupo XII Vejez. 54 Antes de venir a Margarita habia oido ponderar siempre la avanzada edad que solian alcanzar sus habitantes, quienes por lo regular morían de viejos! Esta es una leyenda! Efectivamente hay bastantes sexagenarios, menos septuagenarios, algunos octo- genarios y nonagenarios y la edad centenaria es excepcional. La persona de edad más avanzada de que he tenido noticia fué una dama de El Cercado, próximo a El Norte, quien murió en 1907 a la edad de 115 años. En contraposición, hay muchos hombres y mujeres prematu- ramente envejecidos por exceso de trabajo y defecto de alimenta- ción. He visto mujeres con aspecto de sexagenarias y en plena actividad sexual, con un niño en crianza; lo que es demostrativo de la inarmonía entre la edad aparente y la real. CAPÍTULO XVII Grupo XIII Afecciones producidas por causas exteriores. 55 a 60 Los accidentes más frecuentes son los ocurridos a los buzos en el trabajo de la pesca de perlas con escafandros, por la com- presión o la decompresión del aire de las máquinas, las asfixias por submersión que pueden sufrir por accidente los buzos de ca- beza y los que ocurren en los naufragios y otros percances de mar; lesiones de diversas formas y gravedad, por ataques de ani- males marinos, que acontecen también a los buzos en el fondo del mar y que afortunadamente son raros, los más comunes son los más simples, que son: las heridas producidas por las morenas, 67 que no son propiamente mordeduras, sino verdaderas rasgaduras profundas de la piel y tejidos subyacentes. CAPÍTULO XVIII Algo sobre fauna venenosa de Margarita. Los animales ponzoñosos que existen son: entre los insectos himenópteros, las llamadas avispas (del género Vespa L) y abe- jas (de los géneros Meliponas y Trígonas). Entre los arácni- dos, el escorpión (Buthus Europeus) y el ciento-piés (scolopen- dra morsitans). Entre los reptiles, hay cuatro o cinco especies ofidianas. De ellas es venenosa, la llamada por el vulgo cascabel (género Cró- talus) ; la macaurel (género Boa) es cazadora, como las otras existentes, que aquí designan con el nombre de culebras de agua. CAPÍTULO XIX Insectos trasmisores de gérmenes. Los más comunes son: la mosca doméstica (Musca Domes- tica de Lineo) y varias especies de mosquitos hematófagos, cuya clasificación zoológica regional, está por hacer. Entre los pulícidos, pululan el sarcopsyla penetrans, el pulex vulgaris, el cimex lecturalis, el pthiruios inguinales, pediculus capitis y otros. También hay otros animales dignos de mención y son los cosmopolitas roedores: las ratas (Mus rattus) y los ra- tones (Mus musculus). 68 CAPÍTULO XX Animales feroces. En la fauna terrestre no existen animales feroces. En la marítima hay algunos de gran tamaño, como tiburones, tintore- ras, mantas, etc., verdaderos monstruos, que atacan al hombre y que son el terror de los buzos, quienes están prevenidos siempre para defenderse de ellos; también existen y son por cierto más comunes, las morenas, especie de serpientes marinas, agresivas, si se las toca, que miden de cuarenta a cincuenta centímetros ape- nas y son menos peligrosas pues viven en cuevas y solo cuando el buzo mete mano en éstas es herido por el animal. También te- men a una especie llamada sapo que vive en la arena y produce heridas muy dolorosas y propensas a infectarse y a un pez, bas- tante agresivo, que llaman gato, tal vez por la habilidad con que suele acometer. Los vestidos de buzo, especialmente los de ori- gen norte-americano, vienen provistos de guantes de cautchuc cuyo uso preservaría a estos trabajadores de heridas en las ma- nos, pero me afirma un empresario, que nunca ha logrado que los buzos venezolanos, que lo son todos, consientan en usarlos y pescar de otro modo que con las extremidades desnudas. Esta muestra de terquedad, me hace recordar una análoga que me hizo notar cierto día, un fabricante de seda de Caracas, después de haberse herido la cara un obrero de su empresa, por la explosión de un envase; vea Ud., me dijo, mostrándome unas máscaras alambradas y unos guantes de cautchú, estos adminículos vienen expresamente para preservar a los operarios de accidentes, pero no hay uno que convenga en usarlos. Muy naturales salidas en el despreocupado e imprevisor carácter nacional, que no despe-- dicia oportunidad para exteriorizarse en cualquier nimio detalle de la actividad individual o colectiva de nuestros compatriotas! INDICE DE LAS MATERIAS Prólogo v 1'refacio IX PÁGINAS PRIMERA PARTE Capítulo I.-Situación Geográfica.-Topografía.-Datos geog- nósicos. Capítulo II.-Párrafos sobre el descubrimiento y la conquista.- Las perlas como origen de la esclavitud del ele- mento indígena.-Testimonio de los cronistas Conqusta.-Consideraciones históricas. Capítulo III.-Nombre indígena de la isla.-Razas pobladoras.- Elementos de cruzamiento.-Tipos predomi- nantes. Capítulo IV.-Climatología.-Riquezas naturales.-Datos numé- ricos. Capítulo V.-Costumbres y carácter. Capítulo VI.-Consideraciones sobre higiene públca.-Beneficen- cia.-Curiosos, adivinos, brujos y comadres.- Baños de mar. Capítulo VII.-El Turbio. Capítulo VIII.-Alimentación. 70 Capítulo IX.-Censo del Estado Nueva Esparta para el 1' de Enero de 1920.-Población de la isla de Mar- garita y sus principales ciudades.-Situación topográfica. Capítulo X.-Movimiento demográfico del Estado Nueva Es- parta durante el año de 1920. SEGUNDA PARTE PATOLOGÍA DE MARGARITA Capítulo I.-Algunas consideraciones. Capítulo II.-Nomenclatura nosológica abreviada de Bertillón. Capítulo III.-Enfermedades generales. Grupo I (de la nomen- clatura citada). Capítulo IV.-Otras enfermedades generales que no figuran en este grupo. Capítulo V.-Otras enfermedades generales aún indefinidas. Capítulo VI.-Grupo II. Enfermedades del sistema nervioso- 23 a 27. Capítulo VII.-Grupo III. Enfermedades del aparato circulato- rio-28 a 30. Capítulo VIII.-Grupo IV. Enfermedades del aparato respira- torio-31 a 33. Capítulo IX.-Grupo V. Enfermedades del aparato digesti- vo-34 a 40. Capítulo X.-Grupo VI. Enfermedades del aparato génito-uri- nario y sus anexos-41 a 43. Capítulo XI-Grupo VII. Estado puerperal-44 a 47b. Capítulo XII.-Grupo VIII. Enfermedades de la piel y del te- jido celular-48 a 49. 71 Capítulo XIII.-Grupo IX. Enfermedades de los órganos de la locomoción-50 y 51. Capítulo XIV.-Grupo X. Vicios de conformación congéni- tos-52. Capítulo XV.-Grupo XI. Primera edad-53 y 53b. Capítulo XVI.-Grupo XII. Vejez-54. Capítulo XVII.-Grupo XIII. Afecciones producidas por causas exteriores-55 a 60. Capítulo XVIII.-Algo sobre fauna venenosa de Margarita. Capítulo XIX.-Insectos trasmisores de gérmenes.-Roedores. Capítulo XX.-Animales feroces. INDICE DE LOS GRABADOS QUE ILUSTRAN ESTA OBRA 1.-Mapa de la Isla de Margarita. 2.-Magnesita.-Producto de las minas de Paraguachí, en disposición de ser exportada. 3.-Tipos margariteños.-Hombre blanco, de auténtico ori- gen español. 4.-Tipos margariteños.-India de origen guayquerí.-Mes- tizo (blanco e india). 5.-La madre-perla (Meleagrina squamulosa). 6.-Tipos margariteños.-Mujer mestiza (indio y negra). Hombre mulato. 7.-Hospital de Margarita en Porlamar. 8.-Puerto de "El Tirano". NOTA.-Los trabajos fotográficos son obra del señor Fernando Rivas, a quien el autor se complace en manifestar agradecimiento por su desin- teresada labor artística.