Geografía Médica del Zulia TRABAJO DE CONTRIBUCION AL TERCER CONGRESO VENEZOLANO DE MEDICINA MARACAIBÓ VENEZUELA EMPRESA PANORAMA VILLASMIL a CO, 1921 Geografía Médica del Zulla Geografía Médica del Zulia TRABAJO DE CONTRIBUCION AL TERCER CONGRESO VENEZOLANO DE MEDICINA MARACAIBO VENEZUELA EMPRESA PANORAMA VILLASMIL & CO.-1921 Comisión Seccional del Tercer Congreso Venezolano de Medicina en el Estado Zulia: Dr. Adolfo d'Empaire, Presidente. " J. E. Serrano, Secretario. t " G. Cook, Vocal. " R. Govea, id. * M. A. Leal (Farmacéutico), Vocal. " J. M. Ríos Puchi (Dentista). " Héctor Cuenca (Dentista), Tesorero. Delegados por el Estado: Dr. J. E. Serrano. * Julio C. Belloso. * G. Quintero L. * Luis A. Cardozo, (Farmacéutico). " Pedro José Rojas, (Ingeniero Sanitario). El Dr. Cook murió el 6 de Noviembre de 1918 y el Dr. Ríos Puchi se ausentó de esta ciudad el 14 de Setiembre de 1920. En su lugar fueron nombrados los Dres. Govea y Cuenca respectivamente. V JOSÉ J. GABALDÓN, Vicepresidente Constitucional del Estado Zulia en ejercicio de la Presidencia, CONSIDERANDO: Que la «Comisión Seccional del III Congreso Venezo- lano de Medicina en el Estado Zulia» tiene escrita una obra titulada Geografía Médica del Zulia, con la cual contribuye al expresado torneo científico, que se verificará en Ciudad Bolívar; CONSIDERANDO: Que esta obra es de suma importancia en el movimien- to intelectual del país, y también de gran provecho a los fines de la salud pública, ramo que merece la eficaz aten- ción del Gobierno; CONSIDERANDO: Que ella es digna de figurar como una ofrenda en el próximo Centenario de la adhesión del Estado a la Indepen- dencia Nacional, DECRETA: Io Procédase por cuenta del Gobierno del Estado a la impresión de la Geografía Médica del Zulia, elaborada por la «Comisión Seccional del III Congreso Venezolano de Me- dicina». Art. 2° Los gastos que se ocasionaren serán satisfe- chos por la Tesorería General de Rentas, con cargo al ca- pítulo de Fomento y en la forma que posteriormente indi- cará el Poder Ejecutivo. \ Art. 3° El Secretario General cuidará de la ejecución del presente Decreto. Dado en el Palacio de Gobierno, en Maracaibo, a los 4 días del mes de agosto de 1920. JOSÉ J. GABALDÓN. Refrendado.™El Secretario General, Martín Matos Arvelo. VI AL LECTOR Esta obra que aparece con el nombre de «GeografíaMé- dica del Zulla» representa nuestro esfuerzo para contribuir a la formación de la Geografía Médica de Venezuela,tema prin- cipal para el Tercer Congreso Venezolano de Medicina que debe reunirse en Ciudad Bolívar el próximo 24 de Julio, y para el cual hemos sido designados con el carácter de Miem- bros de la Comisión Seccional respectiva, unos, y otros como Delegados por el Estado Zulia. Por eso hemos procurado ceñirnos al Programa elabo- rado con tal fin por la Comisión Organizadora de dicha A- samblea Científica; y si no nos ha resultado una obra com- pleta ni mucho menos perfecta, débese, aparte de nuestra in- suficiencia, a la carencia de datos precisos para su elabo- ración. En efecto, un Censo exacto de la población y una Esta- dística escrupulosamente llevada, son las principales bases sobre las que puede levantarse una obra de este género;y esas dos bases nos han faltado. Sólo por necesidad nos hemos apoyado en el Censo verificado el 1^ de Enero de 1920, pues éste no ha correspondido a los fines del Decreto que lo crea- ba y sus inexactitudes son palpables. Y en cuanto a la Es- tadística, está entre nosotros llena de lagunas insalvables y apenas si en estos dos últimos años ha sido llevada con me- nos irregularidad. La obra la hemos dividido en dos partes: una consagra- da a la Geografía y la otra a la Nosografía. Los Capítulos primero y segundo de la primera parte, que contienen los Da- tos Geográficos y Climatológicos, son obra casi exclusiva del Delegado Dr. Pedro José Pojas; la parte restante es obra de colaboración de los demás que suscribimos. VII Nuestro esfuerzo se vería compensado con creces, si esta obra fuera el aguijón que estimulase en el Zulia los estudios necesarios para corregirla, aumentarla y completarla, pues no se nos oculta que las deficiencias que contiene son no- tables. Es de extricta justicia consignar aquí que el Ejecutivo del Estado, presidido en diversas épocas por los Generales J. M. García, Santos M. Gómez y Dr. José J. Gabaldón, nos han prestado toda clase de facilidades y puesto a nuestra dis- posición los Archivos para los estudios que hemos necesitado practicar. Además, el Dr. Gabaldón dispuso hacer por cuenta del erario del Estado la edición que hoy damos a la publici- dad, adelantándonos un poco a la fecha de la reunión del Congreso Médico, para poder presentarla como nuestra 0- frenda en el Centenario de la adhesión de Maracaibo a la Independencia Nacional. Maracaibo, 15 de Enero de 1921. DR. ADOLEO NEMPAIRE, Vicepresidente del Congreso en el Estado Zulia. DR. J. E. SERRANO, Secretario de la Comisión Seccional del Zulia y Delegado de este Estado. DR. RAFAEL GOVEA, Vocal de la Comisión Seccional delZulia. DR. JULIO C. BELLOSO, Delegado del Estado Zulia. DR. G. QUINTERO L. Delegado del Estado Zulia. DR. PEDRO JOSÉ ROJAS, Ingeniero Sanitario, Delegado del Estado Zulia. VIII Geografía Médica del Zulia PRIMERA PARTE GEOGRAFÍA CAPÍTULO I DATOS GEOGRÁFICOS El Estado Zulia, entre los Estados situados en la parte Norte de la República de Venezuela, ocupa el extremo occi- dental, lindando con la República de Colombia. I Límites del Estado Por el Norte: con el Golfo de Venezuela (o Saco de Maracaibo) y con el mar Caribe en el extremo de la Penín- sula Guajira; por el Este: con los Estados Falcón, Lara y Trujillo; por el Sur. los Estados Trujillo, Mérida y Táchira; y en parte el Departamento Santander de la República de Colombia; y por el Oeste: los Departamentos Santander y Santa Mar- ta de la República de Colombia. Su territorio es el mismo que correspondía a la antigua Provincia de Maracaibo, cu- yos límites demarcó la Ley Nacional de 28 de Abril de 1856 II Situación Astronómica El Estado Zulia está comprendido entre los paralelos 12° 15z 30zz (aproximadamente el Cabo Chichivacoa en la Península Guajira) y 8°22z 14 (Boca del río La Grita), de latitud Norte; 3 y entre los meridianos, al Oeste del meridiano de Ca- racas 1 3o 38z 50zz donde aproximadamente nace el río Paují, en el arranque de la serranía de Ciruma; y 6o 13z 20" lugar aproximado al Norte del nacimiento del río Oro en la Serranía de Perijá, que es lindero arcifinio entre las Repú- blicas de Venezuela y Colombia, La zona del elipsoide terrestre ocupada por el Estado Zulia está comprendida en rectángulo geodésico de 3o 53z 16" de N. a S. y 2o 34z 30" de E. a O. III Líneas divisorias Por el Norte-. La ribera del Golfo de Venezuela, com- prendida entre «Punta Mangles» en la desembocadura del caño Oribor y el cabo Chichivacoa; 2 por el Este: con el Estado Falcón, el Caño Oribor, el curso del río Cocuicita desde su desagüe en el caño Oribor hasta su nacimiento en la Serranía de Ciruma, y la fila de esta Serranía hasta el cerro del Chimborazo; con el Estado Lara, la continuación de la fila de Ciruma, pasando por el Portillo de Carora y continuando con una curva hacia el Sur hasta el nacimiento del río Paují; y con el Estado Tru- jillo la ribera del Lago de Maracaibo comprendida entre las Puntas de Moporo 3 y la Dificultad; por el Sur: con el Estado Trujillo, el río Paují hasta su desembocadura en el río Motatán; de aquí una línea recta ala bifuración del río Cenizo en río Carrillo, y siguiendo el curso de este río hasta su desembocadura en el lago de Maracaibo por el puerto de Moporo (aquí sigue la ribera del lago entre Moporo y La Dificultad, perteneciente al Estado Trujillo); del puerto La Dificultad, aguas arriba del río Poco 1 El meridiano de la cúpula del Observatorio Cajigal de Caracas, está a 4 horas, 27 minutos, 43,3 segundos, en tiempo; o sea en arco: 66° 55/50//al Oeste de GREENWICH; y está a 4 hs. 37 ms. 04,25 s. en tiempo, o sea en arco, 69° 16/ 04// al Oeste de PARIS. La latitud es: 10°30/ 24//3 al Norte; y altura so- bre el MAR 1.042 metros. 2 Este detalle está sujeto al fallo arbitral que actualmente se está estu- diando en Suiza. 3 Sobre este punto hay un litigio de limites entre Zulia y Trujillo, que aún está pendiente. 4 hasta la falda de la Serranía, por la cual sigue en una curva dirijida hacia el Oeste hasta el punto llamado Tabacal sobre el ríoTorondoy, cuyo curso se sigue hasta el lago de Mara- caibo en la Punta San Pablo. Aquí hay una zona que actualmente está ocupada por el Estado Mérida, dirijida de Sur a Norte, y comprendida en- tre los ríos Torondoy y San Pablo, que desembocan en el Lago en las proximidades de las Puntas Gavilán y Palmarito. Con el Estado Mérida, el curso del Río San Pablo y el río Juan de los Ríos, siguiendo una curva por la falda de la Serranía, hasta el río Cimomó, pasando por Puerto la Unión sobre el río Guachi, cortando el río Chama y el Ferrocarril de Santa Bárbara en el punto denominado Los Cañitos, con- tinuando por el río Onia hasta la ciénega de Onia, la ribera Sur de esta ciénega, continuando por el caño de Los Quesi- tos a la ciénega de Morotuto y la ribera Sur de esta ciénega; con el Estado Táchira, de la ciénega de Morotuto por el ca- ño del Burro al río Orope; por el río Orope, aguas abajo, hasta San José de las Palmas en la desembocadura del Oro- pe en el río Zulia; por el río Zulia, aguas arriba, hasta el Puerto La Grita en la desembocadura del río La Grita en el río Zulia; con parte del Departamento Santander de la Re- pública de Colombia, desde el Puerto de La Grita en el río Zulia, siguiendo una gran curva que pasa por los cerros del Mito Juan y termina en la desembocadura del río Oro en el río Catatumbo; y aguas arriba, por el río Oro, hasta su nacimiento en la serranía de Perijá; por el Oeste', con la República de Colombia (Departa- mentos Santander y Santa Marta), por la fila principal de la Serranía de Perijá, la continuación de esta Serranía en la lla- mada «Montes de Oca», y desde aquí una línea artificial, contenida en la Península Guajira, hasta el cabo de Chi- chivacoa. 1 IV Dimensiones y superficie El Estado mide en su mayor dimensión, que es de Nor- te a Sur, comprendida entre los paralelos 12° 15z 30/z (cabo 1 El lindero entre Venezuela y Colombia, en esta parte Norte, y en otras también, está en discusión ante el Gobierno de Suiza. 5 Chichivacoa) y 8° 22z 14/z (Boca del río La Grita) 430 ki- lómetros; y de Este a Oeste, comprendida entre los meri- dianos 3o 38z 50/z (nacimiento del río Paují) y 6o 13z 20zz (al Norte del nacimiento del río Oro) 282 kilómetros, El perímetro descrito en «Las líneas divisorias» abarca una superficie total de 67.200 kilómetros cuadrados, com- prendiendo la superficie del lago de Maracaibo, que es, aproximadamente de 12.500 kilómetros cuadrados.1 Esta superficie, aproximadamente está distribuida así: Lago 12.500 klms.2 Lagunas 1.050 " Anegados 7.475 " Islas 400 " Serranías 10.625 " Llanos 35.150 " 67.200 klms. cuadrados. Correspondiendo a cada Distrito: 1 Páez 7.750 klms.2 2 Mara 3.050 (con islas) 3 Maracaibo 4.150 4 Urdaneta 1.510 5 Perijá 10.995 6 Colón 16.713 7 Sucre 3,712 (3 secciones) 8 Bolívar 4.833 9 Miranda 1.987 54.700 klms. cuadrados. 10 Lago 12.500 67.200 (2) 1 Esta medida la hemos hecho cuidadosamente en el «Mapa Físico y Po lítico de los EE. UU. de Venezuela» al millonésimo.-PRIMERA EDICION - 1911 - y en el Mapa del Estado Zulia al 500.000, por el Dr. Luis Muñoz Tébar, Editado porelDr. Vicente Lecuna.-1916. En el "Resumen de la Geografía de Venezuela por Agustín Codazzi, Edi- ción de H. Fournier & Ca.-París-1841" en la página 447 dice que la "Pro- vincia de Maracaibo" tiene 2,780 leguas cuadradas comprendidas las 700 del Lago, y que la población total es de 27,800 habitantes; pero creemos más exactas las me- didas del Mapa Físico por la precisión y comodidad con que se ejecutaron sus trabajos. (2) Según el 8r. José I. Arocha.-1897-"Estadística Natural" página 10- "Las leguas cuadradas que ocupa el E. Zulia sobre el globo son 2739V<, divi- didas así: 6 V Orografía El sistema orográfico del Estado Zulia es uno de los más sencillos de los Estados Venezolanos, pues la mayor parte de su territorio está en los planos declives de la cor- dillera de los Andes en los Estados Táchira, Mérida y Tru- jillo. Las montañas son dos ramificaciones: una que arranca del nudo de Pamplona (en Colombia) y con dirección Sur a Norte constituye la «Serranía de Perijá»; y la otra que arran- ca de la alta Cordillera entre Trujillo y Carache (Estado Tru- jillo) que con rumbo al N. O. forma los cerros llamados «Ga- leras de Misoa» y con un rumbo de Sur a Norte forma la «Serranía de Ciruma o Empalado». La Serranía de Perijá con una pequeña desviación ha- cia el Noreste, y prolongándose en los Montes de Oca, ter- mina en los Cerros de Soldado, en la latitud Norte 11° 20z a la altura de la Ensenada de Calabozo, del Golfo de Vene- nezuela. Más hacia el Norte, en la Península Guajira se encuen- tran los cerros aislados de Quijoro y Teta Guajira, y hacia el extremo Norte de la Península los cerros de Aceite y de Iruj; todos estos cerros pertenecen a la cordillera subma- rina cuyas máximas elevaciones constituyen las islas cari- bes Orchilas, Roques, Buenos Aires, Curazao, Oruba, y las Penínsulas Paraguaná y Guajira que cercaban el gran valle De llanos 1.3267* " Serranía 359 " Terreno anegado 299 * Lagunas 42 " Lago Maracaibo 700 " Islas 13 2.73974 Y aunque el Coronel de Ingenieros señor Agustín Codazzi, quien levantó la carta corográfica de este Estado, le da de terreno 2780, en esa e'poca pertenecía a este Estado el territorio que después por una ley se le dió a la Sección Trujillo del Estado Los Andes y no se le había agregado al E. Zulia el territorio del Municipio Quisiro, hoy «Paria* que pertencía al E. Falcón. Estas mutaciones han alterado el territorio así: Pasaron a la Sección Trujillo 818/4 leguas; le quedaron al E. Zulia 26987* leguas; se le agregaron después a este mismo Estado en el año 1856, 41 leguas de que consta hoy el Municipio Paría del Distrito Miranda, quedándole por fin al Estado Zulia 2.7397*." 7 terciario, cuyo hundimiento originó el Golfo de Venezuela y el Lago de Maracaibo. Respecto a las alturas en la Serranía de Perijá dice el Informe de la Dirección del Mapa Físico y Político de Vene- zuela: «En la vertiente oriental de la Sierra de Perijá se toma- ron las posiciones astronómicas de Machiques (o Libertad) y el Rosario, y por pequeñas bases medidas e intersecciones se han fijado algunos topos con grandes alturas, hasta 3.700 metros en el Pico Manataráy 3.730 en otro sin nombre. Se- gún informes, esta fila triangulada no es la principal, que es- tá más al Oeste, y entre ellas deben correr algunos afluen- tes del río Oro hacia el Sur y del Palmar hacia el Norte. La desembocadura del Oro en el Catatumbo fué situada astro- nómicamente por nuestra Comisión, pero el curso del río hasta sus cabeceras y toda la fila principal déla Sierra de Perijá son aún desconocidos, de modo que su dibujo en el Mapa no es sino aproximado', se necesitará de fuerza armada para cualquier trabajo en estos lugares, habitados por indios mo- tilones». (l) La Serranía de Ciruma, llamada también Jirajara y Em- palado, se dirije de Sur a Norte, terminando sobre el Esta- do Zulia en el nacimiento del río Cocuicita, como a los 10° 40z de latitud Norte. Y la ramificación Galeras de Misoa, dirijidaal N. O., termina en la orilla del Lago, sobre la Punta Misoa, como a los 9o 50z latitud Norte. De ambas Serranías Perijá y Ciruma solo pertenecen al Estado Zulia las vertientes hacia el Lago, pues las filas de ellas o divortia-aquarum, son linderos con Colombia, y con Falcón y Lara respectivamente. Ambas ramificaciones constituyen las ramas de la he- rradura que forma la gran hoya hidrográfica del Lago de Maracaibo. Un detalle orográfico interesante en el Zulia es la isla de Toas, situada a los 10° 57z 22zz Norte y 4o 44z 05 O. de Caracas, hacia la salida del Lago sobre el Golfo de Vene- zuela, formada por un cerro de dos picos llamados el Toro y el Vigía. Este Vigía de 125 metros de altura, es la mayor (1) Io de mayo de 1911, página XXVIII. 8 elevación en 50 kilómetros a la redonda y sirve de guía a las embarcaciones que entran al Lago. VI Hidrografía Todo el Estado Zulia está comprendido en la gran ho- ya hidrográfica del Lago de Maracaibo, sobre la costa occi- dental del Golfo de Venezuela, y sobre parte de la costa sur de este mismo Golfo. Esta hoya hidrográfica tiene la forma de una U aguda, cuyo eje dirijido de Sur-Suroesta a Nor-Noreste, tiene su ba- se en el nudo de Pamplona (Páramos de Santurbán y Zum- bador) a los 7o 10 de latitud Norte y 6o al O. de Caracas; y los términos de las ramas: la del Oeste en el cerro del Sol- dado (Montes de Oca) a los 11° 20z Norte y 5o 40z Oeste de Caracas, y la del Este en el término de la Serranía de Ciru- ma, como a los 10° 40z Norte y 4o 10z Oeste de Caracas. Los límites precisos de esta hoya son: la fila de la Serranía de Perijá hasta el nudo de Pamplona, de aquí, por la fila principal de la Serranía de los Andes Venezola- nos (Táchira, Mérida y Trujillo), hasta los picos de Carache, de donde se desprende, rumbo al Norte, la Serranía de Ci- ruma, cuya fila es el límite Este de la hoya hidrográfica del gran Lago de Maracaibo. La superficie que abarca este pe- rímetro preciso, cerrado por el paralelo 11° Norte compren- dido entre los meridianos 4o y 5o 30z al O. de Caracas es de 82.240 kilómetros cuadrados. COSTAS.-Pertenecen al Estado Zulia las costas ma- rítimas del Golfo de Venezuela desde la Punta de Oribor (11° 0 N. y 4o 24z O. de Cs.) hasta el Cabo Chichivacoa (12° 15 30zz N. y4e 18z 40/z O. de Cs.) al extremo Norte de la Península Guajira, con una longitud de 300 kilómetros, sin contar las ensenadas pequeñas, pero incluyendo las lagunas de Tucacas y Cosinetas. Y toda la ribera del Lago de Maracaibo, menos la sec- ción entre Punta Moporo y la Dificultad que pertenece al E. Trujillo, y una pequeña sección entre Puntas San Pablo y Palmarito, que está ocupada por el E. Mérida. La ribera del Lago tiene aproximadamente 765 kilo- 9 metros, de los cuales ocupan Trujillo 40 kilómetros yMérida 4 kilómetros. Las Puntas, Ensenadas y Bahías figuran en los cuadros respectivos. GOLFO.-El Sur y el Oeste del Golfo de Venezuela están circundados por parte del territorio del Zulia: por las islas Zapara y San Carlos, y por la Península Guajira. 1 ISLAS.-En el Golfo de Venezuela: Zapara, San Car- los, Bajo Seco, (ya unida a San Carlos); en el Lago: Toas, Pájaro, Pescaderos, Capitán Chico, Providencia, Aves, Da- mas; en el río Zulia o Catatumbo: Caño Negro, Horqueta, Corocoso, Gallinazo, Guabimas, Guayabo, Manta, Mariana, Matají, Monos, Palizada, Platanico, Portuguesa, Josesito, Tambor y Totumito. (Véase cuadro) LAGOS. -El único lago contenido en el territorio del del Estado Zulia es el gran lago de Maracaibo, uno de los más hermosos de la América meridional. Este lago ocupa la parte central del Estado con una superficie de 12.500 kilómetros cuadrados y un desarrollo en las riberas de 765 kilómetros, sin contar las pequeñas ensenadas. La mayor longitud del Lago, en una línea de Norte a Sur, entre las islas Zapara y San Carlos (Boca del Lago) paralelo 11° Nor- te, y la Ensenada de la Boyera, paralelo 9°05z Norte, es de 212 kilómetros; y la mayor amplitud de Este a Oeste, entre las ensenadas de Misoa y del Guaco, a la altura del para- lelo 9o 55z Norte, es de 92 kilómetros. (2) La profundidad mayor del Lago es de 15 a 50 metros en medio de la línea entre las Puntas Pueblo Viejo (ribera Este) y Vagre (ribera Oeste). 1 El Golfo de Venezuela, llamado también "Saco de Maracaibo" está com- prendido entre las Penínsulas: de Paraguaná (Estado Falcón) al Este y la Guajira (Estado Zulia) al Oeste, cerrándose por una linea desde el c-bo Punta Macolla (Estado Falcón) y el cabo Punta Espada (E. Zulia). En su mayor longitud, el eje del Golfo, dirigido de suroeste a noreste, mide 140 klms. y su mayor amplitud, en una perpendicular a dicho eje es de 75 klms. La superficie del Golfo de Venezuela es de 17,800 klms.2 cerrada por la línea Pta. Macolla (E. Falcón) y Pta. Espada (E. Zulia). (2) El insigne Coronel Agustín Codazzi, en su "Resumen de la Geografía de Venezuela:" - Edición 1841 - Im. ti. Fournier & Ca.-Paris -- En las páginas 447 a 477, hace admirable descripción de la Provincia de Maracaibo, la cual hemos consultado mucho, especialmente en lo que se refiere al Lago, adoptando aquellas rectificaciones hechas por los notables trabajos de gran precisión del Mapa Físico y Político dirijida en buena hora por el ingeniero Dr. Felipe Aguerrevere y brillan- temente secundado por nuestros más distinguidos ingenieros venezolanos. 10 El agua del Lago es ligeramente salobre por la influen- cia de las mareas del Golfo de Venezuela, desde la boca o Barra del Lago hasta la Punta Hicotea (ribera Este) en el para- lelo 10° 23z 29zz Norte; desde aquí hasta el Sur del Lago el agua es casi dulce. La temperatura del agua del Lago es variable en el cur- so del día y de la noche; varía con los meses del año, y con la influencia de la marea del Golfo en la parte Norte, y con las propias mareas del Lago hacia la parte Sur. La tem- peratura del agua del Lago en la superficie, oscila de 28° a 310 centígrados. El Lago es navegable, pero impide que lo crucen en todas direcciones vapores de gran calado, la Barra a su entrada, con fondo en mayo y octubre de 4,57 metros (14 a 15 pies), y el Tablazo, que es en pleamar una caleta formada al S. E. de la Isla de Toas con solo 3,35 metros (11 pies) de profundidad. LAGUNAS.- Las lagunas principales son: situadas ha- cia el Norte «Sinamaica», «Cosinetas» y «Tucacas»; y situa- das hacia el Sur-Oeste: «Aguas Calientes», «Aguas Negras», «Juan Manuel», Laguneta» y «Laguneta de Zulia». Las de- más figuran con éstas en el cuadro respectivo denominado «Lagunas». CIÉNEGAS.-Hacia el Norte: «El Gran Eneal», «de la Laguna», «del Limón», y «Tulé»; hacia el Este: «del Potre- ro», «de Lagunillas», «del Mene», «de Benítez», etc.; hacia el Sur y el Sur-Oeste: «Aguas Negras». «Valderramas», «Ma- riana», «Motilones», «Morotuto». «Onia», «Sta. Bárbara», «Chama», etc. Además, en toda la costa Sur del Lago, una zona que varía entre 1 y 3 kilómetros de ancho, es cenago- gosa e intransitable. RÍOS.-Los más importantes y navegables por embar- caciones de vapor y de vela, con 2 metros y 2,50 metros (6 y 8 pies) de calado son: al Norte: El Limón o Sucuy; al Este: Misoa, Motatán y Barúa; al Sur: Escalante y Zulia o Catatumbo; y al Oeste: Apon y Santa Ana. 11 Son ríos de menor importancia que los anteriores: Pal- mar, San Ignacio, Guaco, Negro, Concepción, Guachi, To- caní, San Pablo, Torondoy, Poco, Tomoporo, Tamare, Me- ne, Abrare, y otros más, que figuran en el cuadro respec- tivo. Todos los ríos del Estado Zulia desaguan en el gran Lago de Maracaibo y éste a su vez en el Golfo de Venezue- la por el canal de La Barra y los caños Paijana, Oribor, Cañonera o Mazarrego y Jajatar. RIACHUELOS.-Son unos 300de más o menos impor- tancia; unos tributarios de los grandes ríos y otros que des- aguan directamente en el Lago. (Véase cuadro «Ríos»). CAÑOS. -Son éstas comunicaciones entre masas de agua en depósito, o también ríos, pero de poca o ninguna corriente. Para sus nominaciones y situaciones nos remi- timos al cuadro «Caños». FUENTES TERMOMINERALES.-La única fuente ter- momineral que se conoce en el E. Zulia, está situada al Noroeste del pueblo Libertad (o Machiques), capital del Dis- trito Perijá; nace en la Serranía de Perijá y desagua en el río Cogollo, y éste a su vez desagua en el río Apon. Sus a- guas son fuertemente sulfurosas y excesivamente carbona- tadas; no se aprovechan sus condiciones medicinales por ser su acceso muy difícil, situadas entre la selva virgen y distante de poblados. Esta fuente está mencionada por el Dr. A. Rojas en su estudio, «Noticias sobre las aguas termales de Venezuela». La ausencia de fuentes termominerales, hace pensar en la uniformidad del subsuelo y capas profundas del territo- rio del Estado. FONTEFORAMINA.- En diversas épocas, desde 1878, se han hecho trabajos de perforación para captar aguas sub- terráneas, y especialmente en estos tres últimos años con motivo délas perforaciones petroleras se han obtenido tam- bién buenas y ricas fuentes de agua. En varios puntos de la costa del Lago, ha construido el señor Luis Gual algunos pozos artesianos con notable éxito en el resultado, obte- niendo en gran abundancia agua fresca, dulce, muy pura y cristalina, a profundidades de 20 y 37 metros. Al- 12 gunos de estos pozos elevan su chorro de agua a 2 y 6 metros (6 y 18 pies) sobre la superficie del suelo. POTABILIDAD.-Como una dura transacción entre la necesidad ingente del agua de alimentación y el desvali- miento de las poblaciones por la carencia de acueductos, se pueden considerar medianamente potables las aguas de casi todos los ríos y la que se toma del Lago al Sur de la Punta Hicotea. Pero en esta materia del agua de alimenta- ción, tan delicada para la salud, asi como en otras materias de Higiene y de Sanidad, no debieran aceptarse estos tér- minos medios. El agua de alimentación necesariamente debiera ser siempre muy pura, lo cual es un axioma de bromatología. Todas las aguas de los ríos traen en suspensión mu- chos detritus orgánicos y arcilla impalpable, pues estos ríos son los vehículos del acarreo de la disgregación geológica que constituye la formación aluvional de las tierras zulia- nas; en las aguas del lago abundan extraordinariamente al- gas microscópicas, y todo esto perjudica la salud de quie- nes beben tales aguas. ACUEDUCTOS.-Ya lo dejamos consignado: desgra- ciadamente no existe ninguna población zuliana con acue- ducto de agua potable, inclusive la importante ciudad ca- pital, que solo tiene un imperfecto sistema de acueducto que toma sus aguas para el servicio de la ciudad, del mismo Lago y de la zona en que todavía el agua se mantiene muy salobre, especialmente en los meses de Enero a Abril, época de sequía, y de brisas fuertes del N. y N. E. y por influencia de las mareas en el Golfo de Venezuela. También se debe anotar como circunstancia desfavorable al actual sistema del acueducto, que la toma del agua se hace demasiado próxima a la costa y a la ciudad, cuyos desperdicios naturalmente infectan las aguas ribereñas. El Gobierno Nacional ha resuelto la construcción de un Acueducto para dotar de agua potable a la ciudad de Mara- caibo y una Comisión de Ingenieros se ocupa en practicar los trabajos preliminares. El suministro del agua potable para la ciudad de Ma- racaibo se toma de pozos, de casimbas, y en lo general de 13 algibes, que recogen las aguas lluvias de tejados, azoteas y cubiertas de zinc. El resto de las poblaciones del Estado, se suministra el agua de su alimentación de ríos próximos, de pozos, casimbas y algibes también, y de jagüeyes, que particularmente se aprovechan en las casas de campo. El agua de las lluvias, recogidas en algibes, es la fuen- te de nuestras aguas potables para las poblaciones princi- pales, pero la mayoría de los algibes adolece de grandes de- fectos de construcción y de servicio, donde tienen su causa muchas de las enfermedades gastrointestinales que afectan a los habitantes del Zulia. Considerada su calidad desde el punto de vista mi- crobiológico, el agua de algibes deja mucho, muchísimo que desear, si no hay grande esmero en la construcción, mante- nimiento y servicio de dichos algibes. 1 Bien considerado este delicado asunto de la potabilidad de las aguas, ya que son varias y muy peligrosas las enfer- medades de origen hídrico, toda el agua dedicada al servicio de las poblaciones debiera proveerse por medio de acueductos, rigurosamente vigilados por la Oficina Nacional de Sanidad. Vil Geología Los únicos estudios formales que se han hecho en el territorio venezolano desde el punto de vista geológico son los de tiumboldt y Bompland, de Karsten, de Sievers, de Co- dazzi y de Ernst ya publicados; y según informes, el con- temporáneo Dr. Alfredo Jahn está preparando la publica- 1 Exámenes practicados en Alemania en muestras enviadas por F. Schemel, han dado el re- sultado siguiente: Agua de algibe sin filtrar; Permanganato de potasio reducido por medio de materias orgánicas, 0,465; cloro, 1,42; cal, 4,50; carbonato de cal, 8,00; residuo de evaporación, 1.20; dureza general por escala francesa, 80.00; dureza constante, 30: vestigios de potasio y litio en el análisis espectral. Incolora, transparente, con sedimentos insignificantes. Agua de algibe filtrada: Igual resultado, con esta única diferencia: 0.341, permanganato de potasio; cloruro, 1.77 y nin- gún sedimento. Agua del Lago: Permanganato de potasio reducido por medio de materias orgánicas, 0.31; vestigios de ácido sulfúrico; cloro. 61.77; magnesia, 7.40; algo de carbonato de hierro oxídulo; carbonato de cal, 8.00; re- siduos de evaporación 14,00; dureza general por escala francesa, 320.00; dureza constante, 260; na- trón y calcio en el análisis espectral y sedimento de grumos negruscos. (Juan B. Besson «Metereología en Maracaibo y su influencia en el estado sanitario de la ciudad» trabajo premiado en los Juegos florales del 5 de julio de 1911. Gutemberg, Nros. 186, 187; 19 y 20 de julio de 1911. 14 ción de una importante obra sobre la historia natural de Venezuela. De los estudios ya publicados se concluye que la for- mación actual de esta zona hidrográfica del lago de Mara- caibo, dentro de la cual está completamente contenido el E. Zulia, tiene su origen entre las épocas terciaria y cuartana, efectuada por una elevación del océano terciario (Ernst) que originó unas grandes zonas o planicies de constitución cal- cárea; luego, a principios de la época cuartaria ocurrió un gran hundimiento que originó la cuenca del actual lago de Maracaibo. Desde entonces, por el trabajo de la nive- lación geológica, se ha venido formando en dicha cuenca, por el arrastre délos detritus minerales y orgánicos de la Cordillera de los Andes y de sus ramales Perijá y Ciruma, el terreno aluvional, que es el carácter predominante en el te- rritorio zuliano. Se destaca principalmente una gran U aguda dirijidade Sursuroeste a Nornoreste, con el vértice en el nudo de Pamplona, de rocas plutónicas (granito, Silvita, gneis, fós- foro etc.), de formación primaria (o paleozoica) cuya rama Este pasa por Mérida, Trujillo, Barquisimeto, y por Puerto Cabello sigue nuestro sistema orográfico de la Costa; y cuya rama Oeste, desde el nudo de Pamplona y por la Serranía Perijá, termina en el extremo de la Península Guajira. Esta formación primaria es característica en los cerros termina- les de la Guajira y en el cerro Santa Ana (Península Para- guaná), según Karsten. Adosada a dicha formación primaria, hacia la hoya del Lago hay una ancha zona de formación cretácea superior (serie cretácea mezosoicd), en la que se alinea una cadena de nudos de formación cretácea inferior. Sigue a esta zo- na otra baja y amplia de formaciones terciaria y cuartaria sobre la que se asienta el terreno aluvional. La isla Toas, a la entrada del Lago, es un núcleo cal- cáreo, de grano basto de la formación cretácea, que se eleva sobre el agua a 125 metros (pico Vigía). En la isla se en- cuentra un yacimiento de carbón (lignito y hulla), que pudie- ra corresponder al 4$ período permo-carbonífero, confirman- do la explicación del doble movimiento de esta zona geoló- 15 gica, es decir, la elevación del terreno terciario y el hundi- miento posterior (cuartario) que dejó elevados los cerros de Paraguaná, Toas y Guajira, según la hipótesis de Ernst. Abunda en el territorio zuliano, y especialmente hacia el Norte de la parte Oeste, el sulfato de cal o yeso, tanto el cristalino como el fibroso, de los terrenos triásicos (secun- daria) y terciarios. Refiriéndose a esta zona de Maracaibo dice Karsten: «El agua de los ríos y riachuelos que lo atraviesan es ex- traordinariamente rica en sílice», que es la constitución fun- damental délos grandes arenales de las riberas del Lago. Sigue Karsten: «La comarca plana y cubierta de selvas del Lago Maracaibo, no ofrece al geólogo suelo alguno fa- vorable a la observación. Hacia el Norte del Lago, en el Golfo, aflora el calcáreo del cretáceo superior, que forma muchas islas y arrecifes bajos». Otra característica de este territorio es su extraordina- ria riqueza en arcillas, de diversos colores, muy plásticas y finas, propias para el modelado, la cerámica, la alfarería, etc. En la superficie y especialmente hacia la parte Norte hay algunos filones de rocas sedimentarias formadas en los depósitos arenáceos y arcillosos, pero son conglomerados y esquistos poco consistentes para usarlos en construcciones; se disgregan con el esfuerzo de pequeñas presiones. También hacia la parte Norte y especialmente a la al- tura de Maracaibo, se encuentran piedras metamórficas, ya en aglomeraciones pequeñas o bien diseminadas, a base de calcáreo o sílice y arcillas duras, utilizadas en construcción con el nombre de «piedras de ojo», y coloreadas por los óxidos férricos. En dos secciones principales se puede considerar divi- dido este territorio: una zona al Norte entre los paralelos 10° 30z y 12° N., que es típicamente arenosa y pobre en corrien- tes de agua; y una zona al Sur entre los paralelos 8o 30z y 10° 30z N., caracterizada por un suelo vegetal muy rico en materias orgánicas, cubierta de inmensas selvas vírgenes y cruzada por numerosos ríos y riachuelos. A la formación de la zona Norte ha contribuido pode- rosamente el contingente de arenas acarreado por la co- 16 rriente litoral de la costa Norte de Venezuela, que viene de Oriente a Occidente, y que alredor de los cerros aislados Araura, Macuira, Arash, Cojoro, etc., ha formado la Península Guajira, y alrrededor de los cerros de Toas y de algunos probables arrecifes, ha formado las grandes islas de arena «Zapara» y San Carlos.» y los médanos de la Barra de Ma- racaibo. En la primera zona de sedimentación arenosa, y pobre en corrientes de agua, están los Distritos Maracaibo, Mara, Páez, Miranda y la parte Norte del Distrito Bolívar; y en la segunda zona, de sedimentación vegetal, y rica en corrientes de agua, están los Distritos Urdaneta, Perijá, Colón, Sucre, y la parte Sur del Distrito Bolívar. Las Serranías Perijá y Ciruma y la isla Toas, contienen los calcáreos del cretáceo superior (Karsten). Es un calcá- reo basto, azuloso, rodeado de capas arcillosas, de colores alternados, blanco, amarillo y de subido rojo (por el ses- quióxido de Fe). CARBÓN.-Al término de los Montes de Oca en el ál- veo del río Guasare; en una estribación de dichos montes, llamada «Sierra Azul» sobre el curso del río Tulé; y en la Isla Toas, se encuentran sendos yacimientos de hulla y de lignito. También hay yacimientos de carbón mineral, de menor importancia de los citados, a lo largo de las faldas orientales de la Serranía de Perijá, éntrelos ríos Apon y Santa Ana. PETRÓLEO (o aceite mineral).-En todo el contorno del Lago Maracaibo, desde las riberas hasta las serranías que lo circundan, se encuentran ricas minas de petróleo, que desde hace 5 años son objeto de importantes explotaciones por compañías nacionales y extranjeras. 1 La presencia de estas grandes minas de petróleo (hi- drocarburos líquidos de origen químico orgánico) confirma la formación terciaria de este territorio, descartando la cada día más improbable hipótesis del origen volcánico de los 1 "Entre Escuque y Betijoque, al borde Sudeste del Golfo de Maracaibo» en ciertos puntos de una comarca muy pantanosa, fluye petróleo en gran abun- dancia desde un gran micáceo blando, friable, que cubre carbones y arcillas esquistosas."-Karsten. 17 hidrocarburos (de tiumboldt, Foucou, Launay, Chancour- tois, etc.) ASFALTO.-Por razones evidentes de Geología, en este Estado se encuentran también grandes yacimientos de asfalto (hidrocarburos sólidos), junto con las fuentes de petróleo (hidrocarburos líquidos). Pero la característica más importante de la faz geoló- gica de este territorio, desde el punto de vista médico, es la condición del suelo y del subsuelo, netamente aluvional, de superabundante sedimentación orgánica, especialmente por debajo del paralelo 10° 30', próximo a la capital Maracaibo. VIII Hipsometría La gran línea que constituye la U aguda que limita la hoya del Lago principia en los cerros de la Guajira: Sierra Iruj.-Pan de Azúcar . . 165 metros. Cerros Quijoro.-Teta Guajira .. 190 " Montes Oca.-Soldado 137 " Desde el cerro Soldado continúa elevándose la fila de Montes de Oca y la fila de la Sierra Perijá, cuyos picos fren- te a Libertad o Machiques tienen: Sierra Perijá.-Pico Manatará .... 3.700 metros. Otro sin nombre . . 3.730 " Continúa la fila de Perijá pasando por el nacimiento del río de Oro (término de la Serranía en el Estado Zulia) y si- gue entre Colombia y el Táchira hasta el nudo de Pamplo- na y de aquí rumbo al N. E. por el Páramo de Tarná (4000 metros), y la fila de los Andes en los Estados Táchira, Mé- rida y Trujillo, hasta los cerros de Carache (1.230 metros) de donde arrancan las estribaciones que van hasta las Galeras de Misoa y Serranía de Ciruma. hasta terminar al Este de la entrada al Lago, descendiendo desde los 1.200 metros. En estas filas no se han tomado alturas precisas en puntos de- terminados. Pero la parte habitada del Estado es toda la zona com- pletamente plana entre las orillas del Lago y las faldas de 18 las Serranías, de tal manera, que la población más alta es Libertad, capital del Distrito Perijá, a 150 metros de ele- vación sobre el mar. A continunción copiamos las alturas y situaciones de «Coordenadas Geográficas*, determinadas por el «Mapa Fí- sico y Político de Venezuela.-1912» en este Estado. NOMBRE (N) X (arco) / (tiempo) h 1 Bella Vista 10°-47^20// 4°32/-44" 18m-10s,9 Metros 2 Boca río Catatumbo 9-21-03 4-48-25 19-13,7 3I Boca río Escalante 9-14-05 4-49-35 19-18,3 4! Boca río Oro 9-06-18 5-51-10 23-24,7 5 Boca río Zulia 9-03-42 5-22-27 21-29,8 6 Boca río Tarra 9-03-55 5-33-26 22-13,7 7 Boca río Sardinata 8-36-35 5-43-36 22-54,4 8 Boca río La Grita 8-22-14 5-27-53 21-51.5 9 Cabimas 10-23-21 4-32-39 18-10,6 10 Cerro Calaveras 11-48-48 4-27-23 17-49,5 11 Castilletes 11-50-59 4-24-15 17-37,0 12 Ceiba (La) 9-28-22 4-08-23 16-33,5 4. 13 Cojoro 11-37-51 4-56-02 21-21,6 14 * Chichivacoa (cabo) 12°15/30// 4°-18W 15 Encontrados 9-03-50 5-18-19 21-13,3 10. 16 * Espada (Punta) 12°04/50" 4°-llW/ 17 Guarero 11-21-23 5-08-00 20-32,0 18 Hicotea (P unta) 10-23-29 4-33-23 18-13,5 19 Lagunetas 9-32-39 5-02-19 20-09,3 20 Libertad 10-03-18 5-28-09 21-52,6 150. 21 Majagual 10-08-41 4-58-06 19-54,4 22 MARACAIBO 10°38/-32" 4-40-47 18-43,0 6. 23 Palmas (Punta) 10-26-29 4-42-20 18-49,3 24 Paraguaipoa 11-20-52 5-02-32 20-10,1 25 Playitas 9-55-00 5-07-30 20-30,0 26 Providencia (Isla) 10-36-54 4-37-18 18-29,2 27 Puertos Altagracia 10-42-47 4-35-56 18-23,8 4,50 28 Rosario (Perijá) 10-19-18 5-16-10 21-04,7 130. 29 San Rafael, Moján 10-57-46 4-48-09 19-12,6 30 Santa María 9-06-48 4-23-08 17-32,5 31 Sinamaica 11-05-16 4-55-48 19-43,2 32 Toas (Isla) 10-57-22 4-44-05 18-56,3 125. (*) Unidas directamente en la carta al millonésimo. 19 IX Zonas Según se ve en el capítulo VIII, Hipsometría, toda la zo- na habitada en el Estado Zulia es cálida, comprendida entre el nivel del mar y 150 metros de elevación. (Libertad, capi- tal del Distrito Perijá). Desde el punto de vista de la economía política por lo que respecta a la explotación de sus riquezas naturales, exis- ten: la zona lacustre que explota la pesquería, la de bos- ques vírgenes para la explotación de leñas y maderas de ebanistería y construcción, las zonas agrícolas y pecuarias (grandes sabanas), y las zonas mineras (minas negras: carbón, asfalto, petróleo). La zona lacustre está concentrada hacia la parte central del Estado, y las otras diseminadas y alternadas unas con otras en todo el resto del territorio. X Aspecto General. Copiamos de Codazzi, obra citada, página 447, PRO- VINCIA DE MARACAIBO: «Su figura representa próxima- mente la de un número 6, cuyo hueco lo forma el Lago, el cual recoge las aguas de este territorio y las de algunos otros. Forman el suelo de esta Provincia terrenos ingratos y secos, otros fértiles y bien regados de ríos; sabanas para la cría de ganados; serranías no muy altas, y todas desier- tas; selvas inmensas y yermas; territorio, en fin, que con- tiene grandes lagunas y ciénegas, climas sanos y enfermi- zos, cálidos, húmedos y algunos templados en las cordille- ras que sirven de límites con otras provincias. Este es el país en que el hombre puede aplicarse a la vez al comercio, a la agricultura y a las crías». y agreguemos también a la pesca, pues ésta es fuente primordial de la alimentación del pueblo. La población del Estado ha aumentado de 27.800 (se- gún Codazzi) a 119.438 habitantes que arroja el censo de 1920, y así ha entrado en explotación mucha parte de las selvas inmensas y yermas que menciona Codazzi. En mu- chas de sus sabanas naturales y otras artificiales hay nu- 20 merosas crías de ganados vacuno, caballar, cabrío, porcino, etc.; la industria del hombre ha desviado los ríos en canales de riego para fertilizar campos áridos; se encuentran ricas y extensas explotaciones agrícolas, de arroz, algodón, cocos, plátanos, dividive, caña de azúcar, que vistas a vuelo de pájaro, cambian la tonalidad intensa del verde de las selvas en numerosas manchas de verdes más claros y brillantes. Sugestiva y hermosa la vista del inmenso Lago, terso y puro como una superficie de acero maleable, donde el sol fuerte, de una luz tropical de límpida atmósfera le dá los mil matices de un raro pavón, y donde cientos de embarcacio- nes hienden seguras y serenas sus quillas, y cruzan el Lago de una ribera a otra en excepcional actividad comercial, lle- vando el intercambio de productos minerales y agrícolas e industriales a los centros poblados, cuya parte mayor se encuentra entre dilatados cocoteros a orillas del Lago. XI División Política El Estado Zulia, según la Ley de División Territorial, vigente, sancionada en 1902, se divide en nueve Distritos, que son: Bolívar, Colón, Pilara, Pilar acaibo, Miranda, Páez, Perijá, Sucre y Urdaneta. Creemos lo más exacto y pertinente, copiar a continua- ción la dicha ley de División Territorial vigente y el De- creto que crea el Municipio Coquibacoa: LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL ESTADO ZULIA, DECRETA: la siguiente Ley de División Territorial: Art 1? El Estado Zulia confina: por el Norte, con el Golfo de Venezuela formado por el Mar de las Antillas y con parte de la Península Guajira; por el Sur, con los Es- tados Mérida y Táchira y con parte de la República de Co- lombia; por el Este, con los Estados Falcón, Lara y Trujillo, y por el Oeste, con la República de Colombia. Su territo- 21 rio es el mismo que correspondía a la antigua Provincia de Maracaibo, cuyos límites demarcó la Ley Nacional de 28 de abril de 1856. Art. 2$ El Estado Zulia tiene por Capital la ciudad de Maracaibo, y se divide en nueve Distritos, que son: Bolívar.-Compuesto de las Parroquias Santa Rita (ca- becera), Cabimas y Lagunillas. Colón.-Compuesto de las Parroquias San Carlos (ca- becera), Santa Cruz, Encontrados y Urribarrí. Mara.-Compuesto de las Parroquias San Rafael, (ca- becera), Ricaurte, Padilla y Monagas. Maracaibo.-Compuesto de las Parroquias Bolívar (cabecera), Santa Bárbara, Chiquinquirá, Santa Lucía, Cristo de Aranza y San Francisco. 1 Miranda.-Compuesto de las Parroquias Altagracia (cabecera), y Faría. Páez.-Compuesto de las Parroquias Sinamaica (ca- becera), y Guajira. Perijá.-Compuesto de las parroquias Libertad (cabe- cera), y Rosario. Sucre.-Compuesto de las Parroquias Gibraltar (cabe- cera), Bobures, fieras y General Urdaneta. Urdaneta.-Compuesto de las Parroquias Concepción (cabecera), Chiquinquirá y Carmelo. Art. 3Q Los Distritos del Estado confinan de la si- guiente manera: Maracaibo.-Por el Norte, una línea que parte desde el punto conocido con el nombre de Puerto de la Sal, en Sa- lina Rica, y en dirección al Oeste atraviesa los ríos Tule y Riecito, para perderse en la Serranía de Perijá, hasta el lí- mite con la República de Colombia; por el Sur, una línea que parte desde la desembocadura de la cañada de Bajo Grande, en dirección al Oeste, hasta encontrar el río Palmar, siguiendo el curso de este río, aguas arriba, hasta su ori- gen, para perderse en la serranía de Perijá; por el Oeste, la lí- 1 Como se verá más adelante se ha creado una nueva parroquia, Coquibacoa. 22 nea que divide el territorio de Venezuela de la República de Colombia, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Urdaneta.-Por el Norte, la línea que parte desde la de- sembocadura de la cañada de Bajo Grande, en dirección al Oeste, hasta encontrar el río Palmar; por el Sur, el río Pal- mar, hasta el punto conocido con el nombre de «Paso de la Candelaria», sobre el mismo río, y luego una línea que par- te desde este punto, en dirección al Sudeste, hasta la desem- bocadura del río San Juan; por el Oeste, el río Palmar, si- guiendo aguas arriba hasta encontrarse con el límite del Norte, con el cual forma ángulo, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Perijá.-Por el Norte, la línea que parte de la desem- bocadura del río San Juan, hasto el punto conocido con el nombre de «Paso de la Candelaria», sobre el Palmar, y este río, desde este punto hasta su origen en las serranías de es- te Distrito; por el Sur, el río Lora, desde su origen hasta su confluencia con el río Santa Ana; después este mismo río hasta su desembocadura en Laguneta, y luégo el desagüe de ésta en el Lago; por el Oeste, la línea que separa el terri- torio de Venezuela del de la República de Colombia, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Colón.-Por el Norte, el río Lora, desde su nacimiento hasta su confluencia con el río Santa Ana; después este río hasta su desembocadura en Laguneta, y luégo el desagüe de éste en el Lago; por el Sur, la línea que por este lado lo separa de la República de Colombia, y la que lo limita con los Estados Táchira y Mérida, la cual parte desde el puerto de La Grita, sobre el río Zulia, a la desembocadura del caño Orope sobre el mismo río; atraviesa dicho caño, para ir a encontrar la ciénega de Morotuto, y pasando al Sur de ésta, se encamina al Nordeste hasta el puerto Escalante, sobre el río de este nombre; sigue luégo hacia el Este en dirección a la ciénega Onia, la cual orilla por el Sur hasta la desembo- cadura del río del mismo nombre, desde donde, en rumbo al Nordeste, va hasta el punto denominado «Los Cañitos» y sigue casi en esta Dirección a cortar el río Mucujepe, varian- do desde aquí, en rumbo al Este, hasta encontrar el río Pino; por el Oeste, la línea que divide el territorio de Venezuela 23 del de la República de Colombia; y por el Este, el río Pino, desde el punto de su confluencia con el río Chimonó, donde principia el territorio del Estado, hasta su desembocadura en el Lago. Sucre.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo y el río Misoa, desde que entra en el territorio del Estado haste su desembocadura en el mismo Lago; por el Sur, la línea que sirve de límite con el Estado Mérida, la cual parte desde el punto de confluencia de los ríos Pino y Chimonó, en direc- ción casi al Sur, hasta el pie de la cordillera de Los Andes, desde donde se encamina al Nordeste hasta el punto cono- cido con el nombre de «El Tabacal», sobre el río Torondoy, y sigue hasta el río Poco, punto en que termina por este la- do el territorio del Estado; por el Este, la línea que lo sepa- ra de los Estados Lara y Trujillo, la cual pasa por la serra- nía de «Los Empalados», y por el Oeste, el Lago de Mara- caibo y el río Pino, desde el punto de confluencia ya indica- do hasta su desembocadura en el Lago. Bolívar.-Por el Norte, el río Abrare o Araure, desde su desembocadura en el Lago hasta su origen en las selvas desiertas de Ciruma, y siguiendo en línea recta hacia el Es- te, hasta llegar a la que separa este Estado de los Estados Falcón y Lara; por el Sur, el río Misoa, desde que entra en el territorio del Estado hasta su desembocadura en el Lago; por el Oeste, el mismo Lago de Maracaibo, y por el Este, la línea que divide el territorio del Estado Zulia del de los Es- tados Falcón y Lara. Miranda.-Por el Norte, el caño de Oribor, la Salina de Iturre, que aquél forma, y el Golfo de Venezuela; por el Sur, el río Abrare o Araure, desde su desembocadura hasta su origen en las selvas desiertas de Ciruma; por el Oeste el Lago de Maracaibo, y por Este, el río Cocuicita, que nace en la serranía de «Los Empalados» y desemboca en el Golfo de Venezuela, separando el Estado Zulia de los Estados Fal- cón y Lara. Mara.-Por el Norte; el río Guasare, desde que nace en la serranía hasta su confluencia con el río Limón, y lué- go este río hasta su desembocadura en el Lago; por el Sur, la línea que sirve de límite por el Norte al Distrito Ma- 24 racaibo; por el Oeste, la línea que separa el territorio de Venezuela del de la República de Colombia, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Páez.-Por el Norte, la línea que separa el territorio de Venezuela del de la República de Colombia; por el Sur, los ríos Guasare y Limón; por el Oeste, la línea que divide a Venezuela de la República de Colombia, y por el Este, el Golfo de Venezuela o Saco de Maracaibo y el caño Paijana. Art. 49 Las parroquias del Distrito Maracaibo tie- nen los siguientes límites: Bolívar.-Por el Norte, una línea que parte desde el punto en que desemboca en el Lago la Cañada Nueva, de- nominado «El Bajito», y sigue el curso de aquélla hasta el lugar en que la corta la prolongación de la calle de Vargas; por el Sur, la Bahía de Maracaibo; por el Oeste, la línea que divide por su centro y de Norte a Sur la expresada calle de Vargas, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Comprende además esta parroquia las islas de Providencia y de Pájaros, que se encuentran entre la costa oriental y occidental de di- cho Lago. Santa Bárbara.-Por el Norte, la línea que limita por el Norte el Distrito Capital, desde el punto en que principia al Oriente el partido rural de Monte Claro Bajo hasta aquel en que termina al Occidente; por el Sur, la Bahía de Mara. caibo; por el Este, la línea que divide de sur a Norte la calle de Vargas, prolongándose en dirección de la Cañada Nueva, y luego por la extremidad Oriental de Monte Claro Bajo, hasta encontrar la línea divisoria con el Distrito Mara, y por el Oeste, la línea que divide por su centro de Sur a Norte la calle de Ayacucho, prolongándose por la extremidad oc- cidental de Monte Claro Bajo, hasta encontrar la línea divi- soria con el Distrito Mara. Chiquinquirá.-Por el Norte, la línea que separa los Distritos Mara y Maracaibo, desde el extremo occidental de Monte Claro Bajo hasta que se pierde en la serranía de Pe- rijá; por el Sur, la Bahía de Maracaibo hasta la desemboca- dura del Caño del Manglar; luego una línea que parte des- de el puente que se encuentra sobre este caño y en direc- ción al Oeste mide una extensión de tres kilómetros; cruza 25 luégo hacia el Sur, hasta encontrar la cañada de Bajo Gran- de, desde donde vuelve a dirigirse al Oeste hasta encontrar el río Palmar; por el Oeste, la serranía de Perijá, y por el Es- te, la línea que divide de Sur a Norte la calle de Ayacucho, prolongándose por el extremo occidental de Monte Claro Bajo hasta encontrarla divisoria con el Distrito Mara. Com- prende esta parroquia los partidos rurales Ancón Alto, An- cón Bajo, Jobo Alto, Jobo Bajo, La Macandona y Sabaneta Larga. Santa Lucía. - Por el Norte, la línea divisoria con el Distrito Mara, desde el Puerto de la Sal hasta el extremo oriental de Monte Claro Bajo; por el Sur, la Cañada Nueva, desde su desembocadura en El Bajito, hasta el punto en que la corta la calle de Vargas; por el Oeste, la misma Ca- ñada Nueva y el partido rural de Monte Claro Bajo; y por el Este, el Lago de Maracaibo. Comprende esta parroquia la Isla de Capitán Chico, situada al Norte de la ciudad de Maracaibo, y el caserío Santa Rosa, que se encuentra entre el Lago a inmediaciones de la desembocadura del caño Mon- te Cristo. Comprende además esta parroquia los vecinda- rios El Mosquito, El Milagro, Cotorrera, La Hoyada, Bella Vista, Santa Rosa, Puerto Caballo, El Caño y Salina Rica.1 Cristo de Aranza.-Por el Norte, la línea que parte en dirección al Oeste desde el puente que se halla sobre el ca- ño del Manglar; por el Sur, una línea que parte desde la desembocadura de la cañada del Manzanillo, en dirección al Oeste hasta encontrar la línea que une la cañada de Bajo Grande con la que parte del puente del caño del Manglar, la cual limita esta parroquia por el Oeste, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Comprende esta parroquia los vecindarios Los Haticos, San Juan, La Ranchería, Santa Lucía y La A- rriaga. San Francisco.-Por el Norte, la línea que parte desde la desembocadura de la cañada del Manzanillo, en dirección al Oeste, hasta encontrar la que une la cañada de Bajo Gran- de con la que parte del puente del caño del Manglar en la misma dirección; por el Sur, la Cañada de Bajo Grande, que es la divisoria de los Distritos Maracaibo y LJrdaneta; 1 Véase más adelante el Decreto que crea el Municipio Coquibacoa. 26 por el Oeste, la línea que une la cañada de Bajo Grande con la que parte hacia el Oeste desde el puente del caño del Manglar y por el Este el Lago de Maracaibo. Comprende esta Parroquia los vecindarios El Barranco. Punta de Pie- dras, El Paraíso, La Silva, El Perú y San Francisco. Art. 59 Las Parroquias del Distrito Urdaneta confi- nan de la siguiente manera: Chiquinquirá.-Por el Norte, la línea que divide el Dis- trito Urdaneta del Distrito Capital; por el Sur, una línea que parte desde el punto conocido con el nombre de «El Bajito de doña Juliana o de Alcántara», y se dirige al Noroeste hasta encontrar el camino de Perijá; por el Oeste, el mismo camino expresado, y por el Este, el Lago. Comprende esta Parroquia los vecindarios Chiquinquirá, Azaharíto, Bajo Grande, la Ensenada y Palmarejo. Concepción.-Por el Norte, la línea que parte desde el punto denominado «El Bajito de doña Juliana o de Alcán- tara» y va hacia el Noroeste a encontrar el camino de Pe- rijá; por el Sur, una línea que parte desde el extremo Sur de la posesión denominada «La Quinta» y se dirige al No- roeste hasta encontrar el camino de Perijá; por el Oeste, el expresado camino, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Comprende esta Parroquia los vecindarios Concepción, El Rosado, El Parral del Norte, El Parral del Sur y El Potrero. Carmelo.-Por el Norte, la línea que de la posesión nombrada «La Quinta», va a encontrar el camino de Perijá; por el Sur, el río Palmar y luégo una línea que, partiendo del punto denominado «Paso de la Candelaria», sobre el mismo río, va hacia el Sudeste hasta la desembocadura del río San Juan; por el Oeste, el río Palmar, y por el Este, el Lago de Maracaibo. Comprende esta Parroquia los vecin- darios El Carmelo, Vecindario Sur, Vecindario Norte, El Real, Garabuya, Hato Viejo, La Porquera y El Potrerito. Art. 69 Las Parroquias del Distrito Perijá tienen los siguientes límites: Libertad.-Por el Norte, el riachuelo de los Motilones hasta su confluencia con el río Apon; luégo este río hasta el caserío Palo Gordo; de allí una línea qne partiendo del extremo occidental del mismo caserío va a terminar en el 27 Lago, en la desembocadura del Río San Juan; por el Sur, los ríos Lora y Santa Ana, que separan el Distrito Perijá del Distrito Colón; por el Oeste, la línea que separa a Venezuela de la República de Colombia, y por el Este, el Lago de Ma- racaibo. Comprende esta Parroquia los vecindarios Machi- ques, San Julián, La Paja, Las Piedras, San José, El Quita- sol, San Felipe, Pozo Ignacio, El Llano, Corona, Macana, Las Playitas, Quiriquire, Tiopacho, Portugués, Los Barran- quitos, Punta Honda y Palo Gordo. Rosario.-Por el Norte y por el Este, el río Palmar; por el Sur, el riachuelo de los Motilones, el río Apon y la línea que partiendo del extremo occidental del caserío Palo Gordo, termina en el Lago en la desembocadura del río San Juan, y por el Oeste, la línea que separa a Venezuela de la República de Colombia. Componen esta Parroquia los ve- cindarios Rosario, Los Haticos, Los Puentecitos, Arimpia, Las Palmitas, San Juan, Los Patillos, Jagüey Hondo, San Igna- cio, Villa Vieja, Saltanejo, El Rodeo, El Pintado y Macea. Art. Las Parroquias del Distrito Colón tienen los límites siguieutes: San Carlos.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo; por el Sur, una línea que parte desde el puerto El Mamón sobre el río Escalante en dirección al Este, hasta encontrar la cié- nega del Chama, y otra que parte desde el mismo punto en dirección al Oeste, hasta encontrar el límite de la Parroquia Encontrados; por el Este, la margen occidental del río Con- cha, y por el Oeste, una línea que parte desde la desembo- cadura del caño del Muerto, en la ensenada del Zulia, en dirección al Suroeste hasta encontrar el límite Sur. Perte- tencen a esta Parroquia los vecindarios San Carlos, Santa Bárbara, El Palmar, La Perrera, La Victoria, La Maroma, Bobures, Corubal, Los Picures, La Boca, Caricagüey y La Isla Santa Cruz-Por el Norte, las líneas que sirven de límite por el Sur a la Parroquia San Carlos; por el Sur las líneas que separan el Distrito Colón de los Estados Táchira y Mérida; por el Este, la ciénega del Chama y el río del mismo nombre, y por el Oeste, la prolongación de la línea, que parte desde la desembocadura del caño del Muerto has- ta el punto en que el caño Orope entra al territorio del Es- 28 tado, y sigue luégo el Sur, hasta el puerto de La Grita, Pertenecen a esta Parroquia los vecindarios Santa Cruz, El Hueso, Caño del Padre, Los Cañitos, San Pedro, Javilla y Puerto Escalante. Encontrados.-Por el Norte, los ríos Lora y Santa Ana, que lo separan del Distrito Perijá; por el Suroeste y por el Oeste, las líneas que separan a Venezuela de la República de Colombia, y por el Este, el Lago y las líneas que sirven de límite por el Oeste a las Parroquias San Carlos y Santa Cruz. Corresponden a esta Parroquia las islas que se en- cuentran en el Lago, cerca de la desembocadura del río Ca- tatumbo, y los vecindarios Encontrados, Bueña-Vista, Val- derramas, San José de las Palmas, Cabimitas, Pachulema, El Pilar y Puerto de La Grita. Urribarrí.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo; por el Sur, la línea que separa el Estado Zulia del Estado Mérida, desde el río Chama hasta el Pino; por el Este,, el mismo río Pino, y por el Oeste, el río Concha, la ciénaga del Cha- ma y el río Chama. Pertenecen a esta Parroquia los vecin- dorios Santa Rosa, Garcitas, Guachi, Concha, La Boyera, El Mirador, Laguneta y Chamita. Art. 8° Los límites de las Parroquias del Distrito Su- cre son los siguientes: Gibraltar.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo; por el Sur, la línea que separa el Estado Zulia del Estado Trujilloi por el Este, el río Poco, desde que entra en el territorio del Estado hasta su desembocadura en el Lago, y por el Oeste» el río Capiú, que nace en la cordillera de Los Andes. Per- tenecen a esta Parroquia los vecindarios Gibraltar, Chirurí, Boscán y La Dificultad. Bobures.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo; por el Sur, la línea que separa el Estado Zulia del Estado Mérida. por el Este, el río Capiú, y por el Oeste, el río Bijao hasta su confluencia con el río Santo Cristo o San Juan de los Ríos, y luégo este río hasta el límite con el Estado Mérida, Componen esta Parroquia los vecindarios Bobures, El Parral, El Barranco, La Grita, El Playón y Palmarito. Heras.-Por el Norte, el Lago de Maracaibo; por el Sur, la línea que divide el Estado Zulia del Estado Mérida; 29 por el Este, el río Bijao hasta su confluencia con el río San Juan de los Ríos o Santo Cristo, y luego este río hasta el límite con el Estado Mérida, y por el Oeste, el río Pino. Pertenecen a esta Parroquia los vecindarios Santa María, San José, El Pino y San Antonio. General Urdaneta.-Por el Norte, el río Misoa; por el Sur, el río Cenizo; por el Este, la línea que divide el Estado Zulia del Estado Lara, y por el Oeste, el Lago. Componen esta Parroquia los vecindarios San Timoteo, Ceuta, Motatán y Tomoporo. Art. 99 Los límites de las Parroquias del Distrito Bo- lívar son los siguientes: Santa Rita.-Por el Norte, el río Abrare o Araure; por el Sur, elMene; por el Este, la línea que divide el Estado Zulia del Estado Lara, y por el Oeste, el Lago de Maracaibo. Pertenecen a esta Parroquia, además de la villa de Santa Rita, los vecindarios Barrancas, Palmarejo, Puerto Escondi- do y Punta de Iguana o Playa Grande. Cabimas.-Por el Norte, el río Mene; por el Sur, el río Tamare; por el Este, la línea que separa el Estado Zulia del Estado Lara, y por el Oeste, el Lago. Componen esta Pa- rroquia los vecindarios Cabimas, San Ambrosio, La Misión, La Salina y La Rosa. Lagunillas.-Por el Norte, el río Tamare; por el Sur, el río Misoa; por el Este, la línea divisoria entre los Esta- dos Zulia y Lara, y por el Oeste, el Lago. Componen esta Parroquia los vecindarios Lagunillas y Tasajera. Art. 109 Las Parroquias del Distrito Miranda tienen los siguientes límites: Altagracia.-Por el Norte, el caño Oribor, la Salina de Iturre y el Golfo de Venezuela; por el Sur, el río Abrare o Araure; por el Este, una línea que a distancia de un kiló- metro hacia el Naciente del caserío Boca, parte hacia el Norte hasta encontrar el Golfo de Venezuela, y hacia el Sur, hasta encontrar el río Palmar, y por el Oeste, el Lago. Además de la ciudad de Altagracia, componen esta Parroquia los vecindarios Ancón de Iturre, Sabaneta, Punta de Palmas, Aceituno, Haticos del Sur, Haticos del Norte, Punta de Pie- dras, Punta de Leiva, Los Quemados, El Crespo, Florencia, 30 La Boca, El Consejo, Rudal, Bella-Vista de la Candelaria, Caimito, Los Jobitos y Caimán. Paría.-Por el Norte, el Golfo de Venezuela; por el Sur, el río Palmar; por el Este, el río Cocuicita, que separa el Estado Zulia de los Estados Falcón y Lara, y por el Oeste, la línea que limita por el Este a la Parroquia Altagracia. Componen esta Parroquia los vecindarios Quisiro, Guaru- guaru, Potrero de Navas, Tajatal, La Pica, Palmarito y Los Tablazos. Art. II9 Los límites de las Parroquias del Distrito Mara son los siguientes: 8an Rafael.-Por el Norte, el río Guasare, hasta su confluencia en el río Limón; luégoeste río hasta su desem- bocadura en el Lago y el caño Paijana; por el Sur, una línea que parte desde la desembocadura de la cañada de Gonzalo Antonio y va hacia el Oeste hasta perderse en la serranía; por el Oeste, la serranía de Perijá, y por el Este, el Lago. Además de la villa de San Rafael, componen esta Parroquia los vecindarios Gonzalo Antonio, La Rosita, El Ancón, Li- moncito, Playón, Carrasquero, Colorado, Bachaquero y Ca- raquitas. Ricaurte.-Por el Norte, la línea que limita por el Sur la Parroquia San Rafael; por el Sur, la línea divisoria entre los Distritos Mara y Maracaibo; por el Oeste, la serranía de Pe- rijá, y por el Este, el Lago. Componen esta Parroquia los vecindarios Monte Claro Alto, Santa Cruz, Las Cruces, Pal- marejo y Cañadones. Padilla.-Esta Parroquia la forma la Isla de Toas, si- tuada al frente de la ensenada de Urubá en la costa de la Parroquia San Rafael y al Sur de la isla de San Carlos. Sus vecindarios son: El Toro, Carrizal, El Hato, Las Playitas, Taratara, el Vino y Otra Banda. Monagas.-Está Parroquia está formada por las islas San Carlos, Bajo Seco, de Pájaros, Pescadero y Zapara, que se encuentran a la entrada del Lago de Maracaibo. Art. 12° Las Parroquias del Distrito Páez tienen los siguientes límites: Sinamaica.-Por el Norte, una línea que parte desde el punto denominado «Las Dos Bocas», sobre el río Limón, y 31 en dirección a los Robles Viejos pasa al Norte de este case- río y se encamina al Este hasta encontrar el Golfo de Vene- zuela; por el Sur, el río Limón desde su confluencia con el Guasare hasta su desembocadura; por el Oeste, los Montes de Oca, por cuyas cumbres pasa la línea que separa a Ve- nezuela de la República de Colombia, y por el Este, el caño Paijana. Comprende esta Parroquia los vecindarios El Ba- rro, Boca del Caño y Boquitas, en la Laguna de Sinamaica, y además de la villa de San Bartolomé de Sinamaica, los caseríos El Limón, Calle Ancha, Botoncillo, Dividivi, Las Peñas, Puertecitos y Robles Viejos. Le pertenece la isla que forman El Limón y Río Grande, que es un brazo del primero; la que forma con la laguna del Caño de los Mo- nos, y las otras que se encuentran en el mismo río Limón. Guajira.-Por el Norte, la línea que separa a Venezue- la de la República de Colombia; por el Sur. la línea que limita por el Norte la Parroquia Sinamaica; por el Este, el Golfo de Venezuela, y por el Oeste, los Montes de Oca y la República de Colombia. Además de los pueblos Santa Te- resa, antes nombrado, las Guardias y Paraguaypoa, com- prende esta Parroquia los vecindarios Guarero, La Punta, Turubá, Cañito, Aramachón, Laguna de Pájaros, Jepipa, Yaugruna, Villa, Alpanaj, Camama, Cojúa, Cojoro, Cucí, Uincúa, Curijirapa y Juyachí. Art. 13$ Sólo la Legislatura del Estado podrá alterar o modificar las disposiciones contenidas en la presente ley; pero los Concejos Municipales podrán pasar la cabecera de sus respectivos Distritos de una Parroquia a otra, por nece- sidad de orden público en caso de guerra, dando cuenta inmediatamente al Poder Ejecutivo, con expresión de la cau- sa que motive la Resolución. Una vez restablecido el orden público, volverá la cabecera a la Parroquia respectiva con- forme lo determina la Ley. Art. 14*? Llamado como está el Presidente del Estado a cuidar de que no sufra menoscabo el territorio del mismo, atenderá preferentemente, por medio de comisiones ilustra- das, al estudio de las cuestiones que sobre límites se susci- ten con otros Estados, y en caso de controversia, dictará todas las medidas que juzgue conducentes a la más cabal defensa de los derechos que representa. 32 Art 15<? En receso de la Legislatura, toca a la Corte Suprema del Estado dirimir las cuestiones que sobre lími- tes se susciten entre los Distritos. Los Concejos Municipa- les decidirán las diferencias que sobre el mismo asunto se presenten entre las parroquias de su respectiva jurisdicción. Si ocurrieren estos casos, así la Corte como los Concejos darán cuenta a la Legislatura en la debida oportunidad, a- compañando en copia las actas que con tal motivo se formen. Art. 169 Por la presente ley quedan derogadas cua- lesquiera otras que de alguna manera se opongan a ella y empezará a regir desde el día de su publicación oficial. Dada en el Palacio Legislativo del Estado Zulia, en Maracaibo, a los ocho días del mes de enero del año de mil novecientos dos.-Año 919 de la Independencia y 439 de la Federación. El Presidente, ADOLFO LOPEZ, Pbro. El Secretario, A. E. Serrano. Estados Unidos de Venezuela.-Estado Zulia.-Presidencia Constitucional.-Maracaibo: 18 de enero de 1902. 919 y 43Q Cúmplase y cuídese de su cumplimiento. G. ARANGUREN. Refrendado. El Secretario General, ti. Piñango Lara. 33 3 LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL ESTADO ZÜLIA, DEC RETA: Art. I9 Créase en el Distrito Maracaibo un nuevo Mu- nicipio que se denominará Municipio Coquibacoa, nombre in- dígena y antiguo de la región boreal del territorio zuliano. Art. 29 El territorio de este Municipio será constituido por segregación del actual Municipio Santa Lucía, y tendrá los linderos siguientes: por el Norte, la línea divisoria con el Distrito Mara, desde el Puerto de la Sal hasta el extremo oriental de Monteclaro Bajo; por el Sur, una línea que par- tiendo de la boca oriental de la primera calle situada al sur de los estanques del Acueducto de Maracaibo, en el caserío de Los Tres Pesos, avance por el medio de dicha calle, hasta cortar la prolongación de la de Vargas, o sea el límite orien- tal del Municipio Santa Bárbara; por el Oeste, la misma divisoria de Santa Bárbara, desde el punto en que termina el precedente límite hasta encontrar la divisoria con el Dis- trito Mara; y por el Este, otra línea que comienza en el punto donde se cortan el eje, prolongado hacia levante, de la susodicha calle del Acueducto y la línea terrestre del te- légrafo de Maracaibo a los Puertos de Altagracia; sigue el trayecto de esta última vía en dirección al Norte, luégo al nordeste, a caer sobre el cerro y punta de Cotorrera, desde la cual sube, constituida por la costa del lago, hasta el men- cionado Puerto de la Sal. Comprende este Municipio la Isla de Capitán Chico, el Caserío Santa Rosa, que está dentro del Lago, a inmediaciones del caño Montecristo, y los ve- cindarios La Hoyada, Bellavista, Santa Rosa, Puerto Caba- llo, el Caño y Salina Rica. Art. 39 El Poder Ejecutivo del Estado y el Concejo del Distrito Maracaibo darán al Municipio Coquibacoa la correspondiente organización política, económica y judicial, conforme a las leyes respectivas. 34 Art. 49 Téngase en cuenta este Decreto para su con- cordancia, en la debida oportunidad, con la Ley de División Territorial del Estado. Dado en el Palacio Legislativo, en Maracaibo, a diez de Marzo de mil novecientos diez y nueve.-Año 1099 de la Independencia y 619 de la Federación. El Presidente, OCTAVIO HERNÁNDEZ. El Secretario, L. Troconis Baptista. Estados Unidos de Venezuela.-Estado Zulia.-Presidencia Constitucional. - Maracaibo: 11 de marzo de 1919.- 1099 y 619 Cúmplase y cuídese de su cumplimiento. SANTOS M. GÓMEZ. Refrendado. El Secretario General, Juan Landaeta Llovera. 35 DISTRITOS Nombres Largo Km. Ancho Km. Superficie „ 2 en Km. Población total Densidad 2 por Km. Municipios MARACAIBO Capital Maracaibo con 46.706 habits. 162.5 25 y 70 4.150 50.456 1215 Bolívar, Sta. Bár- bara, Chiquinqui- rá, Sta. Lucía, Cristo de Aranza, San Francisco y Coquibacoa URDANETA Capital Concepción con 3.709 habits. 60 45 1.510 8.366 5.54 Chiquinquirá, Concepción y Carmelo PERIJÁ Capital Libertad con 4.739 habits. 132.5 105 10.995 8.065 0.73 Libertad y Rosario COLÓN Capital San Carlos con 5.201 habits. 212.5 140 16.713 14.512 0.86 San Carlos, Sta. Cruz, En- contrados y Urribarrí SUCRE Capital Bobures con 2.094 habits. 69 y 95 20 y 45 3.712 5.712 1.53 Gibraltar, Bo- bures, Meras y Gral. Urdaneta BOLÍVAR Capital Santa Rita con 3.851 habits. 85 70 4.833 6.773 1.40 Santa Rita, Cabimas y Lagunillas MIRANDA Capital Altagracia con 8.690 habits. 90 27 1.987 10.137 5.10 Altagracia y Paría MARA Capital San Rafael con 4.377 habits. 125 28 3.050 8.554 2.80 San Rafael, RL caurte, Padilla (Is- la Toas), Mona- gas (Isla San Carlos) PÁEZ Capital Sinamaica con 5.762 habits. 225 85 y 35 7.750 6.084 0.78 Sinamaica y Guajira 9 Distritos 54.700 118.659 2.16 31 Municipios 36 ISLAS Nombres Distrito Situada en el Aves Maracaibo Lago Bajo Seco Mara Golfo Ven. Caño Negro Colón r. Catatumbo Capitán Chico Maracaibo Lago Corocoso Colón r. Catatumbo Damas « Lago Gallinazo (2) r. Catatumbo Guabimas (2) « « Guayabo a u Horqueta u u Manta (2) u tí Mariana « u Matají u tí Mono tí u Monos u tí Pájaros Mara Lago Palizada Colón r. Catatumbo Pescadero Mara Lago Platanico Colón r. Catatumbo Portuguesa a u Providencia Maracaibo Lago San Carlos Mara Golfo Ven. San Josesito Colón r. Catatumbo Tambor a Toas Mara Lago Totumito Colón r. Catatumbo Zapara Mara Golfo Ven. 37 RIOS Nombres Nace en Desagua en Sitio Distrito Curso Abra re s. Ciruma Lago Cnega. Leiva Miranda Agua blanca s. Perijá r. 8ta. Rosa Pueblecito Perijá 57 Agua negra s. Perijá r. 8ta. Rosa Pueblecito Perijá 48 Ahorcado s. Ciruma Lago Pta. Ahorcado Bolívar Apon s. Perijá Lago Santa Cruz Perijá 138 Aponcito s. Perijá r. Apon Machiques Perijá 64 Arguaco Sab. Machiques Lago Santa Cruz Perijá 32 Aricausá s. Perijá r. Sta. Ana r. Lora Perijá 42 Ariguaisa s. Perijá r. Lora Sabanas Perijá 45 Aule s. Ciruma Lago Santa Rosa Bolívar Barúa r. Motatán Lago Pta. Barúa Sucre 78 Basare r. Juan Ríos Lago Basare Sucre 26 Batarito r. 8ta. Ana Lago Lagunetas Colón 48 Benítez r. Tamares Lago Pta. Benítez Bolívar Bijao E. Mérida Lago Santa María Sucre 75 Birimbai Lag. del Zulia Lago Ens. Zulia Colón 51 Bobo 1. Ags. negras Lago Lagunetas Colón 40 Boscán E. Mérida Lago Gibraltar Sucre 63 Bravo Lg. J. Manuel Lago Ens. Congo Colón 106 Buena Vista E. Trujillo Lago La Mochila Sucre 59 Capiú E. Mérida Lago Bobures Sucre 43 Carlos E. Trujillo r. Yabó San Cristóbal Sucre 62 Carrillo r. Moratán Lago Ens. Carrillo Sucre 35 Catatumbito r. Catatumbo Lago Ens. Zulia Colón 46 Catatumbo s. de Ocaña Lago Ens. Zulia Colón 365 Cedro c. Chama Lago Pta. Concha Colón 19 Ceuta r. Tomoporo Lago Tomoporo Sucre 36 Claro Est° Lara r. Misoa El Tigre Sucre 72 Cocuizita s. Ciruma Golfo Mbo. Pta. Oribor Miranda Cogollo s. Perijá r. Apon Machiques Perijá 49 Cojoro Montes Oca Golfo Mbo. Ens. Cojoro Páez Comezón r. Escalante Lago Ens. Zulia Colón 28 Concepción Lg. J. Manuel r. Sta. Ana Laguneta Colón 62 Concha c. Chama Lago Pta. Concha Colón 28 Congo J. de los Ríos Lago Sta. María Sucre 25 Culebra J. de los Ríos Lago Sta. María Sucre 32 Cuervo r. Cristo Lago Pta. Potrero Urdneta. Chama E. Mérida Cga. Chama c. Chama Colón 92 Chimomó r. Frío Lago Pta. India Sucre 66 Chiquito s. Ciruma c. Lagunillas Ens. Lagunillas Bolívar Chirurí E. Trujillo Lago La Mochila Sucre 61 Duaras E. Trujillo Lago La Mochila Sucre 74 38 RIOS Nombres Nace en Desagua en Sitio Distrito Curso Escalante E. Mérida Lago Ens. Zulia Colón 156 Estero r. Palmar Lago Potreritos Urdnta. Garcitas c. Chama Lago Garcitas Colón 20 Gavilán E. Trujillo Lago San Pablo Sucre 54 Guachi E. Mérida Lago Sta. Rosa Colón 82 Guaco Sabanas Lago Sta. Cruz Perijá 36 Guamas E. Mérida Lago Sta. Rosa Colón 75 Guarumai s. Perijá r. Sta. Rosa Pueblecito Perijá 28 Guasare s. Perijá r. Limón Tatus Páez 165 Guayabita s. Perijá r. Palmar Caracoli Marcbo. Jarirá Sab. Guajira Golfo Mbo. Ens. Calbzo. Páez Juan de los Ríos E. Mérida Lago Sta. María Sucre 49 Juan Guillén r. Tomoporo Lago Pta. Guillén Sucre 56 Laja s. Perijá r. Tosas Caracoli Perijá 32 Limón r. Guasare Lg. Sinamca. El Barro Páez 40 Lindo s. Qiruma Lago Pueblo Viejo Bolívar Lora s. Perijá r. Sta. Rosa Majumba Perijá 32 Macoa s. Perijá r. Apon Machiques Perijá 46 Majumba s. Perijá r. Sta. Rosa Sabanas Perijá 35 Manatíes L. Aguas ngs. Lago Lg. Manatíes Colón 28 Machango s. Ciruma Lago Ens. Misoa Bolívar Mene s. Ciruma Lago La Misión Bolívar Misora s. Ciruma Lago Pta. Misoa Bolívar Motatán E. Mérida Lago Sta. Rosa Sucre 158 Motilones s. Perijá r. Oro El Rincón Colón 136 Motilones s. Perijá r. Apon Los Ranchos Perijá 34 Mucujepe E. Mérida Lago Sta Rosa Colón 68 Naranjito r. Palmar Lago Pta. Naranjo Urdnta. 31 Naranjo r. Palmar Lago Pta. Naranjo Urdnta. 17 Negro s. Perijá Sta. Ana Perijá 87 Negro r. Catatumbo Lago Congo Colón 42 Onia E. Mérida c. Onia Onia Colón 35 Oro s. Perijá r. Catatumbo Boca de Oro Colón 69 Palmar s. Ciruma Salina Grande Olivitos Miranda Palmar s. Perijá Lago Pta. Potrero Urdnta. 185 Parautes s. Ciruma c. Tasajera Lagunillas Bolívar Paraguachón Montes Oca Golfo Mbo. Ens. Calbzo. Páez Pauji E. Trujillo r. Motatán Los Negros Sucre 38 Pino E. Mérida Lago Pta. India Sucre 66 Poco E. Trujillo Lago Mochila Sucre 74 Pueblo Viejo s. Ciruma Lago Pblo. Viejo Bolívar Raya s. Ciruma r. San Pedro Misoa Sucre 64 39 RIOS Nombres Nace en Desagua en Sitio Distrito Curso Ríecito >. Perijá r. Sucuy Marimonda Mara San Andrés Sab. Machango Lago zns. Misoa Bolívar San Ignacio Sab. Perijá -ago .gna. Bernal Perijá 63 San Juan Sab. Perijá Lago Lgna. Bernal Perijá 54 San Juan 5. Ciruma r. Motatán Los Negros Sucre 45 San Miguel Sbns. Pinas Lago Pta.Mnznillo Bolívar San Pablo r. Torondoy Lago Pta.Sn. Pablo Sucre 57 San Pedro r. Sicare r. Motatán Misoa Sucre 42 Santa Ana r. Sta. Rosa Lago Lagunetas Perijá 104 Santo Cristo r. Palmar Lago Pta. Porquera Urdnta. 28 Santo Cristo r. Juan Ríos Lago Sta. María Sucre Santa Rosa r. Lora r. Sta. Ana Pueblecito Perijá 54 Santa Rosita s. Perijá r. Sta. Rosa Pueblecito Perijá 65 Sardinata s. Ocaña r. Tarra Colón 152 Sardinatica s. Ocaña r. Sardinata Colón 68 Sicare 8. Ciruma r. Misoa Totuche Sucre 36 Socuavó s. Perijá r. Tarra El Zamuro Colón 68 Sucuy s. Perijá r. Limón fatus Mara 162 Tamares s. Ciruma Lago 3ta. Tamares Bolívar Tapias s. Perijá r. Palmar Caracoli Perijá 45 Tarra s. Ocaña r. Catatumbo Cambural Colón 168 Tibú s. Ocaña r. Tarra Colón 42 Tigra s. Perijá r. Aponcito Perijá 19 Tintinillo E. Trujillo Lago La Mochila Sucre 56 Tocaní E. Mérida Lago Sta. María Sucre 73 Tomoporito r. Carrillo Lago Tomoporo Sucre 26 Tomoporo r. Motatán Lago a Sucre 45 Torondoy E. Mérida Lago San Pablo Sucre 68 Tosas s. Perijá r. Palmar Perijá 72 Totolí s. Perijá r. Guasare Perijá 65 Tucuco s. Perijá r. Sta. Ana Perijá 102 Tulé s. Perijá r. Sucuy Marcbo. 108 Ule Sabanas Lago Pta. Benítez Bolívar Umuquena c. Morotuto r. Escalante Colón 23 Vagre L. Aguas ngs Lag. Ologá Pta. Conguitc Colón 64 Yabó (Chiruri )E. Trujillo Lago Mochila Sucre 61 Yasa s. Perijá r. Negro Perijá 95 Yayas s. Ciruma Lago Las Yayas Bolívar Zulia Nudo Pamploní r. Catatumbo Encontrados Colón 280 40 CAÑOS Nombres Salen de Para Distrito C. Agua Sabana r. Tulé Maracaibo Animas r. Birimbay r. Escalante Colón Arroyo Gran Eneal 1. Sinamaica Páez Baleados Sabanas r. Limón Páez Blanco r. Zulia 1. del Zulia Colón Blanco c. Chama r. Santa Rosa Colón Blanco r. Catatumbo r. Birimbay Colón Caimán lag. Zulia c. Valderrama Colón Camana Sabanas c. Gran Eneal Páez Cañitos r. Chama r. Escalante Colón Caraquita r. Sucuy 1. Sinamaica Mara Clemente 1. Valderramas r. Catatumbo Colón Encontrados 1. Santa Bárbara r. Zulia Colón Estacada Sabanas Lago Colón Ferreira Sabanas r. Escalante Colón Garabuya o | Guerrero ) 1. Sinamaica Lago Mara Garrapata lag. Zulia r. Catatumbo Colón Guasimales lag. Zulia r. Catatumbo Colón Guineo Sabanas r. Tulé Mara Manamanas Sabanas r. Escalante Colón Momposino Sabanas r. Zulia Colón Mina c. Ceden o r. Escalante Colón Motilones c. Motilones r. Zulia Colón Morotuto c. Morotuto r. Escalante Colón Muerto Sabanas ens. Zulia Colón Muchilero Sabanas r. Catatumbo Colón Negro 1. las Garzas r. Negro Colón Negro c. de Tule r. Limón Mara Nuevo c. Gaviotas Lago Miranda 41 CAÑOS Nombres Salen de Para Distrito Onia c Onia r. Escalante Colón Oribor r. Palmar Golfo Ven. Miranda Orope Sabanas r. Zulia Colón Padre c. Santiago c. Chama Colón Paijana Lago Golfo Ven. Páez Pampanito Sabanas r. Zulia Colón Pamplona c. Onia r. Escalante Colón Pueblito c. Guarapo r. Santa Ana Perijá Quebrada seca El Chao Lago Maracaibo Quesitos c. Onia r. Escalante Colón Represa lag. Zulia r. Escalante Colón Rosa Sabana c. de Limón Mara Roto c. Valderrama r. Catatumbo Colón Santiago c. del Padre r. Escalante Colón Seco c. Valderrama r. Zulia Colón Tasajeras lag. Zulia r. Catatumbo Colón Totumitos Sabanas r. Zulia Colón Tres ceibas lag. Zulia r. Catatumbo Colón Villoros r. Catatumbo r. Birimbay Colón Yayas r. Bravo r. Catatumbo Colón Yuca Sabana r. Escalante Colón 42 LAGUNAS Nombres Distrito Latitud Norte Lngitud O. de C. Super- ficie Prof. media Tempe- ratura Observa- ciones Aguas Calientes Colón 9-05 4-49 K.2 15 m 2.00 32o imptable Bernal Perijá 10-07 5-02 12 2.00 26o potble Carneros a 9-29 5-04 16 2.30 26o a Cosinetas Páez 11-45 4-27 22 2.50 25o imptable Garzas Colón 8-50 6-30 28 1.80 26o a 1. Manuel Mg- claras) a 9-22 5-30 180 1.50 28o c. peces J. Manuel (Ag- negras) a 9-27 5-15 115 1.50 28o potable Laguneta Perijá 9-30 5-02 375 3.00 26o imptable Lagunillas Bolívar 10-12 4-23 100 2.50 26o a Manatíes Colón 9-25 5-03 65 2.20 26o a Mene Bolívar 10-28 4-30 12 1.50 27o a Morotuto Colón 9-35 5-13 140 1.50 28o potable Motilones a 8-41 5-28 150 1.50 28o a Negra 9-17 5-21 60 1.20 27o a Norte (del) a 9-19 4-58 90 1.50 26o a Ologá a 9-23 4-56 25 1.50 26o imptable Sta. Bárbara a 8-57 5-15 150 1.50 28o a Sinamaica Mara 11-00 4-58 110 2.00 25o potable Sur Colón 9-18 4-53 22 1.50 26o a Tucácas Páez 11-55 4-22 35 2.20 25° imptable Valderrama Colón 8-55 5-28 100 1.80 27o potable Zulia a 9-00 5-05 750 3.00 27o 43 CIENEGAS Nombres Distritos Nombres Distritos Alpanate Afuera Benítez Boyera Cabobí Canillal Canillalito Castillo Catan eja Cedeño Ceiba Cucuitos Cuicito Chama Don Prudencio Duaras Escondido Escobar Gallinero Gramelotal Garcita Gran Eneal Guacamaya Gaviotas Guarapo Hato Nuevo Lagunillas Leiva Limón Los mayos Mariana Mendigo Mene Moral Onia Patica quebrada Patos Piedra arriba Piedra abajo Piedrecita Platanico Pintado Páez Perijá Bolívar Colón Colón Perijá Perijá Mara Mara Colón Miranda Perijá Colón Colón Urdaneta Sucre Urdaneta Miranda Bolívar Bolívar Perijá Páez Colón Miranda Perijá Bolívar Bolívar Miranda Maracaibo Urdaneta Colón Colón Bolívar Colón Colón Mara Perijá Colón Colón Colón Colón Perijá Potrero Pozo Pedro Pozo Tribnal. Quiriquire Ranchería Rafael Sabaneta San Carlos San Juan San Luis San Rafael Santa Rosa Tamares Tatus Temblador Tulé Umuquena Vaca Varillas Veras Veral Bolívar Perijá Perijá Perijá Mara Mara Urdaneta Colón Perijá Colón Colón Sucre Bolívar Páez Bolívar Mara Colón Perijá Urdaneta Urdaneta Bolívar 44 PUNTAS Nombres Ribera al Distrito Nombres Ribera al Distrito Agua caliente 8 Colón Chichivacoa N 3áez Ahorcado E Bolívar Chocolate 0 Waracaibo Alonso, don 0 Urdaneta Diablo S Wara Ambrosito E Bolívar Empedrado 0 Maracaibo Arenas 0 Páez Espada 0 3áez Arrieta 0 Maracaibo Estacada E Miranda Bagrito E Miranda Fundación 0 3áez Bajo grande 0 Maracaibo Gallinero E bolívar Bandola 0 Páez Garcitas 0 ^erijá Barranquita 0 Perijá Gato E Miranda Benítez E Bolívar Gerónimo, Dn. E Miranda Bernal 0 Perijá Gorda 0 Páez Bobures 8 Sucre Gorda E Miranda Boyera 8 Colón Guillén E Sucre Cabimas 0 Mara Higuito E Bolívar Caimán E Miranda Horcón, El 0 Urdaneta Camacho E Bolívar Hicotea E Bolívar Carrillo E Sucre Iguana E Bolívar Cascajal 0 Mara India S Sucre Cascajal 0 Perijá Jara E Miranda Castilletes 0 Páez Laguneta 0 Colón Catatumbito 0 Colón Lagunillas E Bolívar Catatumbo 0 Colón Leiva E Miranda Cayuco 0 Perijá Macana 0 Perijá Cechep 0 Páez Mamón E Miranda Ceiba 0 Urdaneta Manglesito 0 Urdaneta Ceiba mocha 0 Perijá Manglito 0 Urdaneta Cojoro 0 Páez Manzanillo E Bolívar Concha 8 Colón Maporitas 0 Colón Congo 0 Colón Médanos 0 Páez Conguito 0 Colón Mene E Bolívar Comezón 0 Colón Misoa E Bolívar Corona 0 Perijá Mono 0 Mara Cotorrera 0 Maracaibo Moporo E Sucre Cucharón 0 Colón 45 PUNTAS Nombres Ribera al Distrito Nombres Ribera al Distrito Naranjo 0 Urdaneta Tasajera E Bolívar Ologá 0 Colón Teta 0 Páez Palizada 0 Colón Tío Pancho 0 Perijá Palmarejo 0 Mara Tomoporo E Sucre Palmas del E Miranda Tucacas 0 Páez Palmas del 0 Urdaneta Vagre 0 Colón Paloma 0 Colón Vigía E Miranda Paloseco 0 Perijá Vino 0 Perijá Peret 0 Páez Vomitón E Miranda Piedras 0 Páez Piedras 0 Maracaibo Piedras 0 Mara Piedras E Miranda Playitas 0 Perijá Porquera 0 Urdaneta Potrerito 0 Urdaneta Potrerito E Bolívar Potrero 0 Urdaneta Pueblo Viejo E Bolívar Quiriquire 0 Urdaneta Río Negro 0 Perijá San Francisco 0 Maracaibo San Pablo s Sucre San Pedro 0 Colón San Pedro s Colón Santa Cruz 0 Perijá Santa Lucía 0 Maracaibo Santa María s Colón Santa Rosa s Colón Santa Rosa E Bolívar Silva 0 Maracaibo Tamares E Bolívar 46 ENSENADAS NOMBRES Ribera al Entre las puntas Distritos Arriaga 0 St. Lucía Piedras Maracaibo Benítez E Benítez Hicotea Bolívar Boyera S S. Pedro Concha Colón Calabozo 0 Médano Bandola Páez Carrillo E Moporo Tomoporo Sucre Carrizal 0 Mono Palmarejo Mara Cañada 0 Palmas Potrero Urdaneta Congo 0 Conguito Cattmbito. Colón Corona 0 Macana Quiriqre. Perijá Gallinero E Gallinero Ambrosíto Bolívar Guaco 0 St. Cruz C. mocha Perijá India s India St. María Sucre Iturre E Caimán Java Miranda Lagunillas E Ahorcado Manznillo Bolívar Maracaibo 0 Arrieta St. Lucía Maracaibo Misoa E Misoa P. Viejo Bolívar Mene E Mene Cabimas Bolívar Mochila S Bobures T. Santos Sucre Nobleza 0 Paloseco Garcitas Perijá Ologá 0 Ologá Paloma Colón Santa Rosa s St. Rosa India Colón Urubá 0 Cascajal Cabimas Mara Zulia 0 S. Pedro Palizada Colón 47 CAPÍTULO II CLIMATOLOGÍA 1 Generalidades El suelo por su constitución y su topografía, bajo la influencia de la actividad calórica del Sol, origina los fenó- menos atmosféricos estudiados por la meteorología diná- mica, cuyas leyes determinan los climas, que universal- mente se clasifican en las tres grandes divisiones de: tropi- cales (húmedos y cálidos), templados y fríos según sea la latitud de la zona. 1 El clima en todo el Estado Zulia es el de la media zona tórrida de latitud Norte, es clima seco y uniforme, muy cálido con pequeñas variaciones en la temperatura, modificada por las lluvias y los vientos. Los fenómenos meteorológicos corresponden regular- mente a los comunes intertrópicos, constituyendo las dos grandes estaciones meteorológicas de fría o invernal y cálida o estival, correspondientes a los dos grupos de meses secos llamados de verano (noviembre a abril) y meses lluviosos, llamados de invierno (mayo a octubre). Brisas, brisotes, chubascos y aun vientos fuertes en mayo, abril, julio y agosto, pero nunca vientos calamitosos, tornados o ciclones; pequeñas variaciones en la presión at- mosférica y en la temperatura; atmósfera muy limpia y cla- ra, exhibiéndose admirable el universo estelar; sol muy ar- doroso, muy fuerte en la canícula; noches serenas que mi- tigan los ardores del día y que en la sequía refrescan las plantas con un exhuberante rocío, resultado de la intensa 1 Clima es el estado de la atmósfera, cuya constitución está sujeta a la do- ble influencia del mar y de la tierra firme que desnuda o cubierta de selvas o pra- deras, irradia el calórico con intensidad sumamente variable. Cosmos, Tomo I, Dágina 336. -tiumboldt. 48 evaporación del Lago detenida sobre la hoya hidrográfica por las filas nevadas de los Andes. No son frecuentes, pero la tradición conserva el recuer- do de algunas tempestades eléctricas, que produjeron rayos homicidas y ruinosos en 1841, 1854 y 1882. Existe en el Zulia, al Suroeste del Lago un curioso me- teoro eléctrico llamado el «Relámpago o Faro del Catatum- bo», que es un fucilazo intermitente, irregular, cuya escena de aparición visto desde Maracaibo, abarca un ángulo de 32°, y cuya elevación según el Dr. Centeno Grau, es de unos 12.000 Ms. Su intensidad es varia y depende del es- tado y claridad general de la atmósfera, pero siempre se columbra su gran fulguración desde el Golfo de Venezuela. La máxima intensidad de este fucilazo es en los meses de verano, cuando más nítida es la atmósfera sobre el Lago, libre de nubes y neblinas, desde noviembre hasta abril. Se explica este curioso meteoro intermitente y eter- no por las acumulaciones eléctricas en las moléculas del aire, que por las grandes diferencias de la temperatura entre el bajo de la hoya y las cumbres andinas, se mueve en grandes capas horizontales hacia el vértice de la ü aguda que se cierra en el nudo de Pamplona, encausándose por el abra del río Catatumbo, situado en esta dirección, hacia el Suroeste y que tiene simultáneamente fuertes contra- corrientes elevadas que rompen el equilibrio de las acumu- laciones eléctricas. 1 Toda el abra del río Catatumbo (y río Zulia) en su par- te baja es sumamente pantanosa, cubierta de ciénegas y la- 1 En los fenómenos acuosos que preceden a la formación y condensación de las tempestades, se ha observado que las nubes acumuladas en grandes capas horizontales se mueven con velocidades diferentes según el color más o menos gris y en direcciones inversas formándose así las contracorrientes y siendo las capas inferiores las más oscuras cargadas de vapores sobresaturados. Antes de precipi- tarse la condensación en forma de lluvias, las descargas eléctricas, que son de sig- nos contrarios, electricidad negativa y electricidad positiva, circulan de una a otra capa, siendo luminosas y silenciosas las descargas, siempre en forma de zig-zag, dirijidas de abajo arriba, y acompañadas del trueno, Zas inversas, que se hacen fre- cuentes si la tempestad ha de resolverse en lluvia. Este fenómeno eléctrico, considerados por sabios naturalistas como Figuier, Guillermin, Zimmermann, se lo explica el Gral. Mosquera en unas observaciones meteorológicas hechas en Colombia y publicadas en 1848, atribuyendo distintas electricidades (vitrea y resinosa) a las diferentes capas de acumulación de nubes. 49 4 gunetas cuyos gases naturales (gas o gas hidrógeno de los pantanos), mezclándose con las dichas grandes ma- sas de aire, ascendentes, deben modificar también el equi- librio de los electrones, y contribuir a esa descarga eléctri- ca, intermitente, irregular y de varia intensidad.1 Justa- menta por aquí se encuentra la laguna llamada «Aguas Ca- lientes» cuyas aguas son las de mayor temperatura en el Zulia, con 32° C., pero el Dr. Beroes ha localizado este fe- nómeno eléctrico sobre el Congo y Laguneta (ciénegas). Varios estudios se han dedicado a explicar este fenó- meno: del Dr. Arístides Rojas, del Dr. Ernst, y en estos úl- timos años publicaron especiales estudios sobre el asunto el Dr. Aurelio Beroes 2 y el Dr. M. Centeno Grau. 3 II Temperatura La temperatura en todo el Estado es la de un clima su- mamente cálido, pero las curvas anuales del termometrógrafo son regulares, y nunca denuncian movimientos bruscos. A continuación inscribimos algunas apuntaciones to- madas de observaciones meteorológicas particulares (P. J. R.) y las correspondientes a los años 1915, 1916, 1917 y 1918 de la «Estación Maracaibo» de la Red Meteorológica de Venezuela, la cual Estación funciona con regularidad desde marzo de 1915, bajo la inteligente dirección del Br. Ciro Nava. 1 Codazzi piensa, interrogando, si será acaso la causa de este meteoro, el desprendimiento del gas hidrógeno de los pantanos próximos a las bocas del Ca- tatumbo. 2 Revista Técnica de Obras Públicas, Tomo I, página 489. 3 Idem. Tomo 11, pág 39. 50 CIUDAD MARACAIBO Observaciones termométricas - a la sombra. Termómetros de precisión de MÁXIMA y de MÍNIMA de Negretti Núms. 5433 y 5434. Instalación particular de Pedro José Rojas. (Calle Obispo Lazo, esquina Bolívar, alt. 5 Mtros.) AÑ08 1911 1912 1913 1914 Meses -1-. _ 1'" _|_ - - Enero 32.7 22.8 33.0 21.6 33.5 23.4 32.9 22.6 Febrero 32.1 21.6 32.9 22.0 33.2 22.7 33.1 22.3 Marzo 33.0 23.4 33.4 24.2 34.0 23.8 33.8 25 2 Abril 34.7 23.9 34.9 23.6 35.1 25.0 34.9 24.7 Mayo 35.8 25.2 36.1 24.8 36.2 24.9 35.9 24.8 Junio 35.3 25.6 36.0 25.0 35.9 25.4 35.4 24.9 Julio 36.0 25.4 35.8 26.0 35.3 24.1 34.9 25.6 Agosto 35.9 26.2 35.8 24.9 35.6 25.6 35.8 25.0 Setiembre 33.8 24.9 34.6 24.2 34.5 23.9 35.0 24.4 Octubre 33.2 22.7 33 8 23.4 34.0 22.8 33.6 24.1 Noviembre 32.5 21.5 32.0 22.7 33.1 21.6 32.3 21.9 Diciembre 32.8 22.3 31.4 21.2 31.9 22.0 31.4 22.3 Media anual 28°.88 28°.59 29°.03 28°.99 A.-Hemos copiado para estos apuntes los Max. y los Min. absolutos, que son los que interesan particularmente desde el punto de vista fisiológico. B.-Las curvas regulares de la variación diurna en el hemisferio boreal acusan, en casi todas partes el Máxima en el mes de julio, pocos días después del solsticio de verano, y el Mínima en Enero, poco después del solsticio de invierno; pero en Maracaibo, el Máxima corresponde generalmente a Ma- yo, y el Mínima a Noviembre y Diciembre, antes del solsticio de invierno (22 de Diciembre). En Ma- racaibo se observa el fenómeno térmico anotado en otras ciudades de la zona tórrida, como Cal- cuta y Madrás, que tienen dos máxima de temperatura en el año, una en mayo y otra en julio o agosto. La oscilación anual en Maracaibo se asemeja a la de Madrás, entre 9o y 10° de temperatura, siendo sus latitudes respectivas 10° 40z y 13° Norte.-P. J. R. 51 RESUMEN ANUAL de las observaciones termométricas horarias en 1911, 1912, 1913 y 1914. AÑOS 1911 1912 1913 1914 T. máxima 36°.O, 7 Jul. 36°.l, 10 My. 36°2,30 May. 35°.9,26May. T. mínima 21°.5,16 Nov. 21°2, 14 Dic. 21°.6,21 Nov. 21°9, 20 Nov. T. media anual 28°.88 28°.59 29°.O3 28°.99 Oscilación máx. 9°.90,27Nov. 10°.40,19 En. 10°20,30Nov 9°70, 2 May. « mín. 2°80, 2 Set. 2°30, 2 Nov. 2°80, 3 Dic. 2°40, lOMzo. * media 6°48, (Enero) 6°32, (Set.) 6°50, (Set.) 6°12, (Oct.) TEMPERATURA DEL SUELO Temperatura media tomada por Pedro José Rojas, se- gún el método Boussingault, con un «Symon's Earth Ther- mometer». Casella &Co. N? J. 3547. Promedio de 30 observaciones cada mes, a O.M30 de profundidad. 1911-Enero, 29°22 C. 1912-Abril, 28°96 " 1913-Abril, 28°90 " 1914-Marzo, 29°08 " 52 RED METEOROLÓGICA DE VENEZUELA Estación "Maracaibo". Temperatura a la Sombra Latitud N. 10°-38/-32//; Longitud 73*-56/-50// O. de París; ñltura 6 Mts AÑOS 1915 1916 1917 1918 Meses - + - - -|- - Enero - - 33.4 21.7 31.8 20.8 32.0 21.2 Febrero - - 32.8 21.8 31.8 21.2 32.5 22.6 Marzo 35.4 25.1 33.1 23.3 33.0 22.5 32.5 21.5 Abril 35.2 24,5 34.7 24.9 33.8 23.2 34.5 23.8 Mayo 36.0 24.0 35.2 24.3 34.2 23.2 35.2 22.8 Junio 34.5 23.7 35.1 23.3 34.4 22.6 36.0 23.8 Julio 35.1 25.1 34.7 22.1 35.0 23.2* 36.0 24.4 Agosto 35.6 23.2 34.2 23.0 34.0 23.1 36.5 24.2 Setiembre 34.9 24.4 34.7 22.9 34.0 22.1 36.3 23.9 Octubre 34.2 22.6 31.6 22.8 32.5 23.0 35.0 23.7 Noviembre 32.6 24.3 30.8 22.3 32.2 23.4 33.0 23.0 Diciembre 33.4 21.9 31.6 21.6 31.0 22.5 32.4 22.4 Media anual 29°.33 28°.27 27°.77 27°.89 RESUMEN ANUAL de las observaciones termométricas en 1915, 1916, 1917 y 1918 HÑOS 1915 1916 1917 1918 T. máxima 36°0,21 May. 35°2, 8 May. 35oO, 24 Jul. 36°5, 20 y 21 Ag T. mínima 21 °9, 23 Dic. 21°6,11 Dic. 2Oo8,2y3En. 21o2, 9 En. T. media anual 29°33 28°27 27°77 27o89 Oscilación máx. 10°l, 23 Dic. 9°7, 11 En. 9»8, 30dun. llol, 163un. « mín. 2°4, 6 dun. 2°0, 28 Oct. Io4, 3 dun. 2o6, 14 Dic. « media 6°73 6°80 6^76 7o59 53 En las curvas de termometrógrafo se observa que a partir del mínimo, la temperatura crece con pequeño au- mento, que acusa un incremento más rápido en la zona me- dia entre el máximun y el mínimun, para ser luego muy len- to al aproximarse el máximun, lo cual se explica con la du- ración del Sol, que a medida que los días son más largas produce mayor caldeo en la superficie del suelo, mientras que las noches, siendo más cortas, disminuyen la radiación nocturna, que es la que origina el enfriamiento, hasta el día del solsticio de verano, que con el máximo caldeo determi- na el máximum de temperatura. Este proceso continúa en sentido inverso hasta el día del solsticio de invierno, en que ocurre el mínimun. Tal es el fenómeno universal de la variación de tem- peratura, modificado, como ocurre en Maracaibo, por cau- sas locales y accidentales. III Presión atmosférica Conforme lo dejamos escrito en las Generalidades de este capítulo, las variaciones diurnas de la presión atmosférica son pequeñas como lo indican las anota- ciones horarias sobre el barómetro y las curvas del ba- rometrógrafo; y las variaciones accidentales originadas en chubascos, temporales y tormentas, tampoco son de grandes amplitudes, denunciadoras de extraordinarios fe- nómenos meteorológicos. 1 1 La perturbación atmosférica mayor que ha recogido la tradición, fué el temporal de Santa Ana, acontecido el 25 de julio de 1813, que ocasionó ruinas de edificios, naufragios en el Lago, destrucción de sementeras y otras calamidades semejantes. Otro hubo el 19 de agosto de 1919. 54 CIUDAD MARACAIBO Observaciones barométricas a O o Barómetro Fortín - Salmoiraghi No. 21.456. - Instalación particular de Pedro José Rojas AÑOS । 1911 ¡ 1912 1913 1914 Meses - 4- - - -j- - Enero 763.10 757.00 763.40 756.50 763.00 756.70 763.50 756.90 Febrero 763.20 756.20 763.60 755.90 763.50 755.801 763.30 756.30 Marzo 763.50 756.40 762.70 756.10 763.80 756.60 763.60 756.80 Abril 762.80 755.80 761.90 755.80 763.20 755.80 763.50 755.90 Mayo 762.20 755.00 762.00 755.30 762.80 754.90 761.90 755.10 Junio 761.50 756.00 761.60 754.60 762.10 754.00 762.30 755.30 Julio 761.70 754.90 762.20 755.10 761.30 755.10 761.70 754.80 Agosto 762.40 755.90 762.80 754.80 761.80 755.80 762.00 753.90 Setiembre 762.80 755.60 762.30 755.60 762.50 754.90 761.40 755.20 Octubre 762-30 755.70 761.80 755.20 762.00 754.40 761.90 755.60 Noviembre 761.90 755.10 762.40 755.50 762.90 755.20 762.50 755.90 Diciembre 762.50 756.40 762.70 755.90 762.30 756.20 762.20 756.50 Promedio 762.49 755.83 762.45 755.52 762.60 755.45 762.48 755.68 RESUMEN ANUAL de la sobservaciones barométricas horarias en 1911, 1912, 1913 y 1914. AÑOS 1911 1912 1913 1914 P. máxima ext. 763.50, 6 Mzo 763.60,27 Fb 763,80, 25 Mzo 763.60, 19 Mzo P. mínima « 754.90,10 Jul 754.60,18 Jun 754.00, 29 Jun 753.90, lo Ag P. media 759.16 758.98 759.02 759.08 Oscilación máx. 4.90, lOAbl. 5.20, 21 Mzo 4.80, 7 Abl. 5.40, 18 Jul « mín. 1.70, 28 Jul. 1.50, 9 Jul 2.00, 14Jun 1.70, 15 Mzo « media 3.45 3.60 3.46 3.23 55 RED METEOROLÓGICA DE VENEZUELA «Estación Maracaibo* - Barómetro Fortín a O° Núm. 696. «R. Fuess - Berlín» Años 1915 1916 1917 1918 Meses - -I- - -j- - - m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. m. Enero - - 763.60 756.30 764.20 757.50 763.40 756.20 Febrero - - 763.50 755.20 764.80 758.10 763.10 756.60 Marzo 763.00 754.80 763.70 756.30 762.90 759.70 762.80 756.70 Abril 761.50 754.20 762.60 755.00 761.60 755.20 762.20 754.80 Mayo 761.60 753.90 761.30 754.10 763.20 755.40 761.40 755.60 Junio 760.80 755.50 761.50 754.10 762.70 755.50 764.10 759.10 Julio 760.90 755.50 763.00 755.50 762.60 756.40 764.10 758.10 Agosto 760.90 755.20 763.00 755.80 762.30 756.90 761.40 755.00 Setiembre 760.70 753.80 761.40 754.80762.20 755.30 761.30 755.10 Octubre 760.60 753.50 761.30 754.70761.80 755.00 761.90 754.20 Noviembre 761.50 755.20 762.00 754.60 1762.20 755.40 761.80 754.50 Diciembre 762.10 756.00 762.90 756.40 762.30 756.50 762.60 755.80 Media anual 761.30 [754.70 760.80 755.20 761.06 757.82 760.88 757.65 RESUMEN ANUAL de las observaciones barométricas en 1915, 1916, 1917 y 1918 Años 1915 1916 1917 1918 P. máxima P. mínima P. media Oscilación máx. mín. * media 763.00, 26 Mzo 753.50, 9 Oct 758.14 4.50, 22 Jul 0,90, 18 Agt 3.18 763.70,5 mzo- 754.10, 25 May. 758.56 5.60, 25 Mzo 1.50, 3 May 3.27 764.80,6 Feb 755,00 240ct 759.59 4.70, 13 Set 1.10, 25 Enr 3.24 764.10,7 Jun 754.20, u Oot 759.23 5.20, 6 Dic 1.30, 2 Jun 3.21 56 Hemos copiado, al igual que para la temperatura, los máxima y los mínima absolutos, pues los medios de los promedios máxima y de los promedios mínima, según el método de apuntaciones barométricas de Kaemtz, interesan particularmente para el trazado de las isóbaras gráficas de la ley de las variaciones barométricas diurna y ánua. IV Lluvias Como se ha escrito anteriormente, al comienzo de este propio Capítulo II, las lluvias determinan una de las dos di- visiones del tiempo anual en estos trópicos, caracterizando de Estación lluviosa o invernal los meses de Mayo, Junio, Julio, Agosto, Setiembre y Octubre. Regularmente las lluvias se inician en los últimos días del mes de Abril, o primera semana de Mayo, se intensifican en aguaceros torrenciales en Junio, Julio y primeros días de Agosto, decaen en la segunda quincena de Agosto y du- rante el mes de Setiembre, para caer muy abundantes en Octubre, prolongándose a veces en todo el mes de Noviem- bre. Los aguaceros torrenciales, precedidos de fuertes re- lámpagos y truenos, ocurren generalmente en Julio, en Agos- to (13 153) y en Octubre; en Julio y Agosto coinciden con los días más calurosos, anotándose los máxima de tempera- tura en las horas durante las cuales se va oscureciendo el cielo y se aglomeran los nubarrones negros para resolverse en lluvias. Durante tales horas el ozonóscopo marca algunos tonos relativamente fuertes de la gama ozonométrica de James, observándose en el cromóscopolos tonos 9, 10 y 11, y perci- biéndose el exceso de ozono en el ambiente por el ligero prurito, característico, que determina este gas sobre la mu- cosa nasal, y en la pequeña fatiga de la respiración. 1 1 La gama ozonométrica de James abarca desde el O blanco al 21 negro. Las observaciones se han hecho eventualmente siguiendo las reglas de instala- ción del Dr. Greilois y conforme a la técnica del Dr. Ad. Berigny de Versalles. El papel empleado ha sido el especial ozonométrico de James, almidonado y em- papado en ioduro de potasio. En el Observatorio de Montsouris se dosifica el ozono, pasando el aire atmosférico a través de una solución normal de arseniato de potasio mezclado con ioduro de potasio puro ^Método A. Levy).-P. J. R. 57 Sería digna recomendación a la «Red Meteorológica de Venezuela», que incluyera en su programa las observacio- nes ozonométricas, para comparar las variaciones del ozono en la atmósfera con el estado general de la salubridad pública, pues es cosa probada la influencia del ozono en ciertas enfermedades. El Dr. W. Cook, en un informe so- bre una de las tantas epidemias coléricas en Bombay (1864) dijo que: «existía una conección evidente entre la carencia o 1^ disminunión del ozono en el aire y el recrudecimiento del cólera, sucediendo lo propio con la disentería y con las calenturas intermitentes». Según Schenbem, descubridor del ozono, que es una forma alotrópica del oxígeno (03), este gas «es un elemento destructor de los gases mefíticos, de los miasmas de la at- mósfera engendrados por la putefracción de las materias or- gánicas, que quema y transforma en materias inertes, y ejerce en la salud general una acción beneficiosa. Houzeau en Rúen, Berigny en Versalles, Levy en Mont- souris, Boeckel en Estraburgo, Marié-Davy y Peligot, en Pa- rís, etc., comprobaron que el ozono es máximo en primavera, disminuye en verano, casi desaparece en otoño y reaparece en invierno. Hay una marcada diferencia entre la frecuencia y a- bundancia de lluvias hacia la parte Norte (Distritos Mara- caibo, Urdaneta, Miranda, Mara, Páez) y la parte Sur del Zulia (Distritos Perijá, Colón, Sucre, Bolívar). En la parte Norte se acentúa más la sequía en Julio y Agosto y llueve más en Setiembre, Octubre y con frecuencia en Noviembre; yen la parte Sur, Julio y la primera quince- na de Agosto son de fuertes aguaceros, y Noviembre, por lo común es seco. En el Golfo de Venezuela o Saco de Maracaibo, los meses en que abundan los aguaceros torrenciales son Ma- yo, Setiembre y Octubre. A continuación inscribimos unos cuadros de la caída de lluvias en 8 años, a mero título de información, pues el fenómeno de las lluvias es aún incierto, hasta el punto en que de observaciones tan luengas como las recogidas en la azotea del Observatorio de París, desde 1689, es decir, so- 58 bre 230 años, ninguna regla ha podido deducirse, a no ser la de la irregularidad de este fenómeno meteorológico, que no tiene variaciones regulares entre meses, entre estacio- nes, entre años y ni aún etre períodos de mayor tiempo. CIUDAD MARACAIBO OBSERVACIONES PLÜVIOMÉTRICAS Pluviómetro Morín - de 400 centímetros cuadrados Instalación particular de Pedro dosé Rojas Años 1911 1912 1913 1914 Enero - - - , lili» - Febrero - - - - Marzo - - - - Abril 75.2 - 64.5 Mayo 68.7 109-2 96.4 83.6 Junio 156.3 78.2 77.5 56.8 Julio 72.4 54.6 46.2 69.6 Agosto 28.6 116.4 85.3 41.2 Setiembre 96.5 48.3 139.6 108.3 Octubre 239.6 288.5 185.2 218.6 Noviembre 168.4 52.4 73.5 36.4 Diciembre 14.5 19.6 4.1 2. Totales 920.2 767.2 707.8 681.0 59 RED METEOROLÓGICA DE VENEZUELA «ESTACIÓN MARACAIBO* Pluviometrógrafo - modelo «Kellmann Fuess» - Berlín - Núm. 911 Años 1915 1916 1917 1918 Enero m. m. m. m. m. m. m. m. 2.2 Febrero - 0.7 - - Marzo --- - 5.4 1.6 Abril 50.1 7.2 25.3 6.7 Mayo 21.5 52.7 97.8 54.5 Junio 196.9 25.8 28.1 65.4 Julio 51.4 76.3 95.4 87.7 Agosto 125.7 92.1 74.5 6.8 Setiembre 38.8 75.8 100.4 61.7 Octubre 151.5 344.4 43.6 56.7 Noviembre 27.6 118.1 77.0 205.8 Diciembre 5.3 15.4 24.3 - Totales m. m. 668.8 m. m. 808.5 m. m. 571.8 m. m. 549.1 V Vientos No se han hecho en el Zulia estudios acabados sobre la circulación atmosférica en esta hoya hidrográfica, y los datos recogidos de observaciones generales, debidos en su mayor parte a los navegantes empíricos del Lago, son im- precisos y escasos para llegar al debido conocimiento del régimen de los vientas en este Estado. Es ahora, en la Oficina Meteorológica de Maracaibo, cuando se están recogiendo cuidadosas observaciones con anemómetro y anemometrógrafo. 60 En 1916 los vientos dominantes fueron N, NE,S8E- y 8. Y tal es la pauta aproximada de la dirección y la fre- cuencia de esos vientos cada año con pequeñas variaciones en la proporción de su frecuencia. Los vientos predominentes en Enero, Febrero y Marzo, son N, NE y NNE; son vientos muy secos y acarrean mu- chas partículas de polvo, manteniendo un ambiente sucio e irritante para la vista y para las vías respiratorias. En Marzo y a veces en la primera quincena de Abril, esos mismos vientos soplan con mayor fuerza y persisten- cia, y originan chubascos. En Abril y Mayo soplan estos mismos vientos, pero se intercalan con alguna frecuencia del 8. y 8. E., que son vientos excepcionalmente caldeados y hacen muy pesada y sofocante la temperatura, que como se ha explicado, alcan- za uno de los dos máxima anuales en el mes de Mayo. Es- tas alternativas de los vientos N y NE con los 8 y SE se prolongan a veces hasta Junio. En Julio y Agosto se acentúan los vientos 8, SSE y SE, siendo extraordinariamente calurosos los del 8; y en- tonce s aparecen también vientos del O y del E. Los del E especialmente, y también los del N, y NE, so- bre todo cuando preceden a los chubascos y a los fuertes a- guaceros, soplan con gran fuerza (que nunca se ha medido), arrastrando enormes nubes de polvo rojizo que invaden la ciudad y enturbian la atmósfera hasta el punto de ocultar la isla de Providencia, en la costa opuesta, cuyos cocales se dis- tinguen nítidos en los días ordinarios, fiemos recogido mues- tras de las partícula de estas nubes, sobre cuadros de pa- pel blanco humedecido, y hemos encontrado brillantes granu- lillos anaranjados silicosos, polvos amarillos de arcillas, y filamentos diminutos grisáceos de detritus orgánicos, que suponemos procedentes de ciénegas bajas y aguasales re- secados. La acción inevitable de este ambiente de polvo mal- trata la vista y produce fuertes irritaciones en la garganta, que coinciden con la frecuencia de resfriados provocados por vientos húmedos y fríos, exceso de humedad atmosfé- rica y lluvias persistentes, que sorprenden en medio a una 61 temperatura muy calurosa de 35° centígrados y de una ca- nícula abrasadora, cuando Sirio nace y muere con el Sol. Estos vientos de Julio y Agosto, son tan fuertes, que remueven las dunas de las islas Zapara y San Carlos y de la Guajira, y los médanos de la costa Sur y Oeste del Gol- fo de Venezuela. En Setiembre y Octubre soplan los vientos NE y SE rolando también sobre los rumbos intermedios, alternando con grandes calmas. Y en Noviembre y Diciembre vuelven a dominar los vientos del N y N. E. En resumen, las observaciones referentes al movimiento anual, demuestran que los vientos predominantes en direc- ción, frecuencia e intensidad son los vientos del N y del NE, que son derivaciones de los vientos alisios (reinantes en toda la zona tropical), modificados por la rotación de la tierra, el sistema de la cordillera de la costa, y seguramente que por la corriente marina litoral del Norte de Venezuela, y submodificados por la radiación solar y la forma, cerrada al Sur, de esta gran hoya hidrográfica del Lago. Respecto a la variación diurna de los vientos, tenemos que, cuando el cielo está claro y apacible, a partir de las 6 a. m., hay una calma que se prolonga hasta las 9 y las 9.30 a. m., según sea la intensidad solar, y a esa hora co- mienza a soplar suavemente un aura del N o NE, que va crecienda en intensidad a medida que avanza hacia el Sur del Lago, y que comunmente se llama brisa, y adquiere su máximun de velocidad entre 2 y 3 p. m., aproximándose re- gularmente a la hora de la máxima temperatura, para co- menzar a decaer con la declinación del sol, hasta las 6 o las 7 p. m. Entonces sucede una calma del o 2 horas mientras se rompe el equilibrio entre la brisa y el vien- to de tierra que nace a la hora de tramontar el sol la serra- nía de Perijá, y de comenzar el enfriamiento nocturno de la tierra y del Lago. Este viento de tierra, o simplemente viento, proceden- te de ordinario del E, SE o SSE, persiste con varia intensi- dad, siempre inferior a la de la brisa, hasta el orto solar. 62 Todas estas someras observaciones se refieren a las corrientes superficiales del aire, pues hasta ahora, ningunos elementos tenemos para hacer referencia a las corrientes su- periores y a las contracorrientes, que se pueden observar de los puntos elevados de los cerros próximos a las riberas del Lago. Desde los cerros andinos pueden observarse a simple vista, persistentes acumulaciones de nubes grises, cargadas de vapor acuoso e irisadas por los rayos oblicuos del sol, que se mueven lentamente hacia el S8E, a la vez que nu- bes ligeras y blancas, más altas que las anteriores, se mue- ven en sentido contrario, es decir, partiendo de la cordillera hacia la abertura de la hoya en el Norte. Otra observación lijera sobre la existencia de corrien- tes superiores, es el movimiento de cirros y cirros cúmulos, elevados, que se mueven rápidamente, con frecuencia de NE a SO, mientras en la superficie hay calma y calor so- focante. VI Estaciones En la zona tropical solo se distinguen dos grandes es- taciones meteorológicas: la Estación lluviosa y la Estación seca, cuyos fenómenos generales son manifiestos. La Estación lluviosa coincide con las mayores alturas meridianas del sol, y la Estación seca con las menores al- turas, es decir, cuando está más bajo sobre el horizonte. Sinembargo puede decirse que tal división, originada en los grandes fenómenos meteorológicos de lluvia y sequía, de apariencias evidentes, no niega que observaciones pro- fundas comprueben aquí la periodicidad de los fenómenos de fisiología animal y fisiología vegetal, que coinciden con las cuatro Estaciones de las zonas templadas. A la Estación seca, llamada de verano, corresponden los meses de Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero, Mar- zo y Abril, que son los de las Estaciones invierno y prima- vera en las zonas templadas, del 22 de Diciembre (solsticio de invierno, cuando las noches son más largas y los días más cortos), al 20 de Marzo (equinoccio vernal en que la du- 63 ración del día es igual a la de la noche), y del 20 de Marzo al 22 de Junio. A la Estación lluviosa, llamada impropiamente de in- vierno, corresponden los meses de Mayo, Junio, Julio, A- gosto, Setiembre y Octubre, que son los de las Estaciones verano y otoño en las zonas templadas, del 22 de Junio (solsticio de verano cuando las noches son más cortas y los días más largos) al 22 de Setiembre (equinoccio otoñal en que vuelven a igualarse las duraciones del día y de la no- che) y del 22 de Setiembre al 22 de Diciembre. Precisamente, en la estación seca o de verano es cuan- do la temperatura es menor; y en la estación lluviosa o de invierno cuando resulta ser mayor la temperatura. VII Higrometría Entre los fenómenos atmosféricos que más pueden in- teresar a los médicos, están los concernientes al grado de humedad en el aire, o sea el estado higrométrico del ambien- te que nos rodea y que necesariamente respiramos. Nos podemos valer de medios artificiales para prote- gernos del sol, los vientos, las lluvias, de la temperatura y de la presión; pero es difícil, dentro de las condiciones ordi- narias del vivir cotidiano, sustraernos a la influencia del es- tado higrométrico de la atmósfera que de cerca nos rodea, tanto en casa como en la oficina y en la calle. En la concatenación de los fenómenos naturales, que todos obedecen a impretermitíbles leyes universales de evo- lución 1 los factores que de modo más inmediato influyen en el estado higrométrico son la insolación, la temperatura y la presión. De la humedad relativa de la atmósfera o grado higro- métrico dependen las cantidades de ozono y de ácido carbó- 1 «Todo está sujeto en la naturaleza a leyes generales: la curva descrita por el átomo que los vientos parecen llevar al azar está trazada de un modo tan exacto como las órbitas planetarias.-Explicación del Sistema del Mundo».-«De- bemos considerar el estado presente del Universo como efecto de su estado pre- cedente y como la causa de su estado siguiente.-Ensayo Filosófico de las Proba- bilidades»-Marqués de la Place - 1790. 64 nico que respiramos, que son los dos gases variables en el aire que principalmente perjudican la salud de plantas y a- nimales, junto con las demás inmundicias de la atmósfera, conservándose siempre constante la proporción de los dos gases componentes principales y fijos del aire: el oxígeno y el ázoe (208 y 792 en volumen o 231 y 769 en peso). Y tal humedad relativa está íntimamente ligada con todos los meteoros acuosos: nieblas, nubes, nieve, rocío, lluvias. (L' Air - Moitessier). 1 No tenemos observaciones sobre la cantidad de mi- croorganismos que existen en nuestra atmósfera. Para terminar este Capítulo inscribimos las siguientes tablas sobre la humedad relativa del aire y la duración diurna de la insolación tomadas de las Observaciones de la Oficina Meteorológica de Maracaibo: 1 Componentes del aire: Azoe (fijo 792), oxigeno (fijo 208) según Lavois- sier, Regnault, etc.; Gas ácido carbónico (variable 3 a 5.74 diez milésimas) según Saussure, Boussingault, Ruset, etc.; vapor de agua 3 a 16 milésimos; en mínimas cantidades: sales de sosa, cal y magnesia, amoniaco, ac. nítrico, ac. nitroso, ozono (variable 0,6 a 1,3 diezmilésimas); y billones de corpúsculos de animales vivos y muertos, y polvillos minerales, de orígenes terráqueo y cósmico. 65 RED METEOROLÓGICA DE VENEZUELA «Estación Maracaibo» - Humedad relativa del aire ñños 1915 1916 1917 1918 Meses -p - + - - -j- - Enero 86.90 68.77 95.38 78.06 9756 77.83 Febrero - - 94.89 76.14 97.46 82.42 85.95 64.79 Marzo 83.10 64.40 88.97 67.84 90.77 74.09 79.32 5532 Abril - - 94.63 77.73 97.96 82.89 82.20 61.10 Mayo - - 95.03 79.74 97.33 86.16 85.77 65.48 Junio - - 95.86 79.60 97.54 83.20 87.00 65.00 Julio - 95.70 77.93 97.19 80.22 86.00 66.00 Agosto - - 95.07 81.07 97.19 83.06 88.00 70.00 Setiembre - - 93.17 77.46 97.86 86.93 95.82 79.27 Octubre 91.84 80.90 98.69 88.41 95.55 80.75 97.00 84.00 Noviembre 90.00 78.14 96.26 85.65 98.80 86.87 94.00 81.00 Diciembre 80.77 64.46 90.43 72.93 98.10 85.89 92.00 73.00 Media anual - - 93.80 77.77 96.76 82.55 89.22 70.23 RESUMEN ANUAL de las observaciones sobre la humedad relativa del aire en 1916, 1917 y 1918 Años 1916 1917 1918 H. máxima H. mínima H. media 98.69 Otbre. 67.84 Marzo 86.77 98.80 Nov. 74.09 Mzo. 90.84 97.56 Enro. 55.32 Mzo. 82.34 66 RED METEOROLÓGICA DE VENEZUELA «Estación Maracaibo» - Duración diaria de insolación AÑOS 1915 1916 1917 1918 Meses + - 4- - + - - h. m. h. m. h. m. h. m. h. m. h. m. h. m. h. in. Enero - - 11. 6.48 10. 1.24 10.30 1.30 Febrero - - - - 9.48 5.24 10.42 5.48 Marzo 11. 6.30 - - 10. 0. 10.30 1.42 Abril 11.18 1,12 - - 9.30 0. 10.48 0. Mayo 12. 0. - - 10.42 0. 10.18 0. Junio 12. 0.12 - - 11.18 0. 10.42 0. Julio 12. 0.35 12. 0.30 11.12 4.30 10.42 1.48 Agosto 11. 0.24 11. 0.30 11. 1.06 10.42 1.18 Setiembre 10.42 0.12 10.30 0.24 10. 1.06 10.30 1.06 Octubre 11. 0. 9.12 0. 10. 0.48 9.30 0. Noviembre 11. 0.30 9.30 0. 10. 0. 9.30 0. Diciembre 10.54 2.48 10.00 5.18 9.36 0. 10. 0. h. m. h. m. h. m. h. m. Media anual 7. 31,03 7. 12,73 7. 10,7 7. 15,5 RESUMEN ANUAL de las observaciones sobre insolación diurna en 1915, 1916, 1917 y 1918 Años 1915 1916 1917 1918 I. máxima I. mínima I. media h. 12. Mayo 2, Junio 19 y 27, Julio 12 y 19 h. m. 0.0,0 Mayo 8 y 27. Oct. 17 h. m. 7. 31, 03 h. 12. Julio 24 h. m. 0.0,0 Nov. 23, 26, 28 y 30. h. m. 7. 12, 73 h. m. 11. 18, Jun. 15 y 28. h. m. 0.0,0 Marz. 31, Abril 13y 29, Mayo 31, Ju- nio 3 y 7, Nov. 18, Dic. 23 y 31 h. m. 7.10, 7 h. m. 10.48 Abril 23. h. m. 0.0,0 Abril 10, May. 16, Jun. 12, Oct. 4 y 16, Nv. 19, Dic. 14. h. m. 7. 15, 15 67 CAPÍTULO III FLORA Riquísima es la Flora del Zulia y de su inmensa varie- dad apenas podrá dar una idea el resumen que a continua- ción exponemos; se necesitarían muchas páginas para con- tener la simple enumeración de todos los ejemplares que en nuestras selvas, sabanas y jardines germinan. La falta de un naturalista competente que revisara nuestro trabajo nos hace temer que más de una vez incurramos en error al cla- sificar y nombrar algunas plantas; excúsesenos en atención a nuestra buena voluntad. Para escribir este Capítulo nos hemos guiado princi- palmente por el «Anuario de la Sección Zulia* de 1885 compilado por el malogrado Abraham Belloso, por la «Es- tadística Natural del Estado Zulia» de José I. Arocha y por diversos artículos publicados en «El Zulia Ilustrado»». Ade- más, hemos aprovechado los estudios de tiumboldt, Co- dazzi y Ernst. Algunos encontrarán un poco arbitraria la manera que hemos adoptado para agrupar las plantas; pero la hemos preferido, siguiendo casi al pie de la letra la que trae Arocha, en la imposibilidad de hacer úna más cien- tífica. Maíz. (Zea mays), monocotiledónea, de la familia de las gramíneas. Grano amarillo y blanco que se emplea en variadas formas por el arte culinario. En algunos lugares solo se emplea para la alimentación del hombre el blanco, pero aquí se usan ambos indistintamente y es por su abun- dancia y condiciones lo que el arroz en Asia y el trigo en Europa. Arroz. (Oryza sativa) de la familia de las gramíneas, grano esparcido hoy en varias regiones del país. El que se produce en el Estado es más grande y de mejor sabor que el japonés y el italiano, pero no se presenta con la brillantés 68 ni el tamaño de éstos por lo defectuoso de nuestros apara- tos para pilarlo y desconcharlo. Millo común. (Panicum miliaceum). Maiz-millo entre nosotros. Familia de las gramíneas, tiay otra clase llama- da de la India (Holeus sorgho). Arbol del pan (Carolina princeps). Género acantocarpo, de la familia de las urticáceas, produce una especie de cas- tañas que azadas son un alimento si no muy nutritivo sí bastante grato al paladar. Plátano (Musa paradisiaca). Se encuentra en gran a- bundancia en las costas de nuestro Lago, sobre todo a ori- llas de los ríos y constituye el pan del pueblo zuliano. Es una sola especie que varía en el tamaño del fruto y tiene pequeñas diferencias en el gusto. Algunas de sus variedades poseen condiciones eupépticas aprovechables en el trata- miento délas afecciones intestinales. Se distinguen: Plátano Musa paradisiaca Dominico " regia. Cambur morado " rosácea. " chico " cosínea. " común " sapientum. " manzano " textiles. " enano " humilis. Plátano topocho " mixta. y además, el cambur bocadillo. Del plátano se extrae una harina muy nutritiva. Batata (Convolvulus bactatas), planta indígena nutri- tiva, azucarada y suculenta de la familia de las convolvu- láceas. Yuca o Manihot (Jatrofa manihot), de la familia de los euforbios. Las hay dulces: Sanjuanera, verdecita, pevete, de donde se saca el cazabe y el almidón en gran abundan- cia; y amargas que también se utilizan para hacer cazabe y almidón. Ñame blanco (Discoria sativa), familia de las disco- riáceas. Haba (Faba mayor, Humboldt), planta de la familia de las leguminosas papilonáceas. Habichuelas; judías o frijo- 69 les, de la misma familia, compuesta de unas ochenta y cin- co especies. Son muy usados entre nosotros. Lentejas, de la misma familia. Quinchonchos (Crotalaria). Col o Bersa (Brassica olerácea), crucifera: hay muchas especies. Berengena o Melongena (Salamun melongena), solácea; Auyama, (Cucúrbita máxima), familia de las cucur- bitáceas, rastrera. Hay dos especies: una jugosa y otra se- ca. Esta última es más apreciada. Calabaza (Cucúrbita pepo), cucurbitácea. Pimiento (Capricum anum), ají (Capsicum), perejil (Apium petroselinum), cebollín (aliumsepa), tomate (Solanum licopersicum), lechuga (Lactuta sativa), achiote u onoto (Bixa orellana), orégano (Oreganum vulgare), quimbombó (Hibi- cus oesculentus), apio de España (Apium graveolus), verdola- ga (Portulaca olerácea), pepino vulgar (Cucumus anguria), pepino extranjero (Cucumus sativus), rábano (Raphanus ro- tundos), remolacha (Beta vulgaris), maní o cacahuete (Ara- chis hipoegea), ajonjolí (Sesanum índicum), algarrobo (Hi- maenia curbaril),yoóo (Spondias lútea), matapalo (Ficus den- drocida), caraña (Amiris caraña), tacamahaca (Isica tacama- haca), árbol de teche (Galactodendrum utile). Cacao. (Theobroma cacao), familia de las biteriáceas. Planta indígena y uno délos más apreciables y útiles pro- ductos de nuestra flora. Se encuentra silvestre en varios de nuestros bosques. El que se produce en el Distrito Pe- rijá es muy apreciado y puede competir con los mejores de Venezuela. Antes era un producto que se exportaba en gran cantidad; se lee en el acta levantada por el Cabildo de Gibraltar el 26 de Febrero de 1796, que en esa época se cargaban anualmente en aquel puerto 22 buques con cacao para Veracruz y España. Hoy, por razones desconocidas, su cultivo ha disminuido extraordinariamente. Caña de azúcar. (Sacharum officinarum), gramináceas. Abunda en grandes plantíos en las haciendas de varios Dis- tritos, principalmente Colón y Sucre. De allí se obtiene el azúcar y el papelón para el consumo del Estado y el resto se exporta. Hoy existen Centrales Azucareros que produ- cen grandes cantidades de azúcar para la exportación y que constituyen una de las principales fuentes de riqueza del Estado. 70 Café. (Coffea arábiga), rubiáceas. Es escaso en el Zu- lia el cultivo de este fruto; sinembargo, se da en pequeñas cantidades en los Distritos Colón, Perijá y Sucre; según in- formes, de calidad superior, pero nunca como el producido en Los Andes. Cocotero. (Cocos nucífera). Planta indígena de la fa- milia de las palmeras y una de las más útiles pues en ella todo se aprovecha, desde su agua y su almendra, hasta su cáscara y una tela burda tejida al natural que sirve de co- lador. Es muy abundante en nuestras costas este fruto, una de las riquezas del Zulia. De su almendra se extrae aceite en grandes cantidades; el residuo que queda se em- plea en la ceba de marranos y con su jugo confeccionan en algunos lugares del Estado carnes, pescado, etc. Sus cáscaras se usan para rellenar paredes; sus palmas para te- chos de chozas y enramadas; también se tejen con ellas a- banicos que sirven para avivar la lumbre. El líquido que contiene es agradable, refrescante y diurético por excelen- cia, y tiene manito, goma y otras sustancias. Este fruto es uno de nuestros artículos de exportación y ésta aumentó du- rante la Guerra pues la parte dura del pericarpio sirvió para hacer caretas contra los gases asfixiantes. Algodón. (Gossypium herbaceum), malváceas. Hay varias especies y hoy se siembra con profusión en el Esta- do por el incremento de los telares en el país. También se exporta. El porvenir de esta planta es muy halagador y pronto será factor importante en la riqueza del Zulia. Tabaco. (Nicosiana tabacum), solanáceas. Hay diez o más especies. El que se cultiva en el Estado, especialmente en el Distrito Perijá es de muy buena calidad. Dividivi. (Coulteria tinctórea), leguminosa. La expor- tación de su fruto proporciona el pan a multitud de familias pobres en el Estado. Brasilete (Caesalpina echinata), palo de mora (Madura tinctórea), también exportable; bosugo, cu- yo tinte es amarillo firme y agradable; cucharo o paragua- tán (Macrocuenium tinctoreum) que tiñe de rosado; palo campeche (Hematoxilon campeche); añil, vivito y ajenj¿brillo; mangle colorado (Rhizophora mangle), cuya concha es uno de nuestros principales artículos de exportación y cuyo uso 71 en el tratamiento de la Lepra es bien conocido; hay, además, dos especies de mangle: blanco y mulato, Drago (Pterocarpus drago), rabo de alacrán, sábila (Aloe spicata), copaiba o cabima, cuyo uso en medicina es bien conocido; ruda (rutácea), salvia real, llantén, chiquichique (Cassia indícora), gengibre (Zingiber officinalis), suelda con suelda (Commelina vulgaris), escorzonera vCranolaria an- nua), yerba sagrada o pazote (Chenopodium antihelminti- cum), vulgarmente usada como antihelmíntico; raíz de mato (Aristolochia puntata), malva común (Melochia pyra- midata), usada como emoliente; grama (Triticum re- peros), diurético suave y muy apreciado; tua-tua (Jatropha gossypifolia), euforbiácea que se emplea con muy buenos resultados como diurética; brusca (Cassia fétida), albahaca (Ocinum basilicum), yerba buena (Mentha viridis), artemisa (Altemisias), cardo santo (Arquemone mexicana), romero (Romarinus officinalis), achicoria, guási- ma (Guasuma ulmifolia), guaco (Mikania guaco), abrojo (Triculus cistoides), tamarindo (Tamarindus índica), caña- fístolo (Cassia fístula), tártago (Ricinus communis), melisa o toronjil (Melisa officinalis), curia (Dianchera pectoralis), totumo (Crecencia cugete), de su fruto se hacen totumas y una especie de cuchara muy usada en los campos. Tam- bién de aquel se extrae un aceite llamado aceite de taparo y un jarabe que se emplea vulgarmente en el asma y en las con- tusiones; caujaro (Cordia dentata), ipecacuana, rubiácea, que se da en los Distritos Colón y Perijá, lo mismo que la qui- na (Cinchona calisaya); tuna (Opuntia tuna), cardón (Cirius) tuna de España, higuerón (Ficus glabrata) de donde se ex- trae una sustancia llamada leche de higuerón, que es efica- císima en el tratamiento de la anquilostomiasis, pertenece a la familia délas fanerógamas; bosuga blanca (Xanthoxylum Ochroxylum), rutácea, usada entre los indígenas como anes- tésico. El Dr. Simón Montiel Pulgar, de esta ciudad, hizo hacer el análisis de esta planta en París y de las conclusio- nes que el trabajo sobre aquella trae, tomamos las siguien- tes: «El estudio químico nos ha permitido aislar dos alca- loides perfectamente definidos, las Xanterinas A y la una y la otra, siendo en el conjunto de sus propiedades di- ferentes a la berberina la cual se había anunciado que exis- 72 tía en el Xanthoxilum ochroxylum y que nosotros no he- mos podido encontrar, tiernos podido aislar igualmen- te dos cuerpos neutros, las Xanthoxylinas A y B cuyo estudio no hemos podido concluir por ser mínima la pro- porción en que existen en la planta. La parte oleosa que existe en la proporción de 6% próximamente es una mezcla compleja de aceite esencial y de cuerpos grasos. Des- de el punto de vista farmacodinámico; la parte más interesante es el aceite, porque parece ser el que obra sobre el sistema nervioso central bulbo medular de una manera análoga a la de los anestésicos locales, pero con mucha menor intensidad. Debe ser considerado más bien como un analgésico que como un anestésico propiamente dicho.» 1; yerba de la india, encarrujada (empleada con éxito en las afecciones intestinales; cadillo de perro, que se usa en las afecciones hepáticas; carbonero; barredero, que se usa como vermífugo y contra el paludismo; palo de cruz, muy eficaz en las hemorragias; maravilla, trepadora usada contra el paludismo; culantrillo, violeta, culantro, astroloja, colombo, palo matías, lombricero, solimancito, vesicante; ají picante, tres semillas, orumo, tebenque, cascardla, moco té, pericón, piñón, zarzaparrilla^ lengua de vaca, caricari, almá- cigo, toda especie, ñongué o don Pedro morado (Stramonium), solanácea, género datura, abundante entre nosotros, nau- seabundo, soporífero; de sus tallos secos se hacen pitillos en forma de tabaco que fuman los asmáticos; pringamosa (Urtica bacífera), planta que produce una especie de urticaria cuando se aplica a la piel. Los indígenas la usan en gol- pear las piernas edematosas logrando de este modo dar fácil salida al líquido extravasado; manzanillo, euforbiácea, árbol corpulento que contiene un jugo lechoso, abundante, cáustico y venenoso. Es el tiippomane manzanillo; mu- cho se ha hablado de la sombra venenosa del manzanillo; según Ernst, lo que parece que hay en realidad es que sus hojas exhalan un gas que puede ser absorbido por la piel y causar trastornos; barbasco (Piscidia eritrina); con la savia de esta planta los indígenas adormecen los peces en los caños, quebradas y lagunas, cuando las aguas son escasas; es sorprendente el número de aquellos que flota en la su- 1 Dr. 8. Montiel. La Bosuga Blanca de nuestros bosques. 1913. 73 perficie. Uno de nosotros ha visto al peonaje de la línea del Ferrocarril del Táchira, enfermarse con trastornos intes- tinales después de ingerir agua embarbascada, la cual se conoce en el sabor que es un poco picante; yerba de pollo, muy usada en las afecciones de la piel lo mismo que el tapaleche; cremón o clemón (Thespesia popalnea) cuya ma- dera es muy fina y apreciada; rosa de berbería, notable por sus propiedades hemostáticas. Aquí se utiliza la infusión de su flor en las hemorragias post-partum y en las uterinas de otros orígenes; suspiro, etc. Aguacate (Laurus persa), laurináceas, de su fruto se extrae un aceite que se usa en las manchas de la piel; man- go (Mangífera doméstica); níspero (Achras sapota), po- marroso (Eugenia Jambos), mirtácea; papayo o lechoso (Ca- rica papaya), naranjo (Citrus aurantium), naranjo agrio (Ci- trus vulgaris o aurantium silvestre), limón agrio (Citáis limonum), limón dulce (Citrus aurantium dulcis), lima (Citrus limeta), cidro (Citrus medica vulgaris), toronjo o limonsón (Citrus medica rugosa), chirimolla o riñón (Anona squamo- sa),guanábano (Anona muricata), guanábano cimarrón (Ano- na montana), guayabo (Piscidium periferum), mamey (Man- mea americana), zapote (gutiferas), mamón (Melicoca car- podea), cotopriz (Melicoca olivoeformis), caimito (Chriso- pillum caimito), caujil, merey o marañón (Anacardium occi- dentali), hicaco (Chrisobalanus icaco), uva de playa (Coco- loba uvifera), ciruelo, así se llama entre nosotros al spondia mombin de Únneo, familia de las terebintáceas; almendrón, granado (Púnica granatum), higuera (Ficus carica), uva pa- rra, así se llama entre nosotros la vid, (Vitis vinífera); gua- mo (Mimosa inga), anón (Anona reticulata), pina (Bromelia ananas), maya (Bromelia pingüis) patilla, sandía o melón de agua (Cucúrbita estrullus), melón (Cucurmis meló), dátil (Phoenix dactylífera), palma real (Odorosa regia), palmera de Macanilla (Martinezia, Ernst), palmiche, lucateva (Cha- merops humiles), tagua (Phitelephas macrocarpa, Ernst), mopora (A. maracaibensis, Ernst), albarico (Desmoncus ho- rridus), corozo (Acroconia fusiformis), y la coraba, redonda, quirache, rebiatadera, san Pablo, barba de oso, guadua, caña brava (Arundo saccharoides), chaguaramo, coquito, etc. Vera o palo santo (Guayacum arboreum), ébano (Arbo- 74 reum niger), curarire y flor amarilla (Tecoma sp.), estora- que (Stirax officinalis), gateado (Astroneum gravelans), pardillo (Quercus caris), Balaustre (Cisalpina sp.), daguaro, caritivá o marfil vegetal, membrillo (Gustarra sp.), guáimaro o charo, carreto, bálsamo, palo maría (Triparis americana, Ernst), quiebrahacha (Svartia, Codazzi), cañada o pendare (Citharexlum cinereum, Codazzi), canalete, caoba (Swictenia mahagoni), cedro (Cedrela odorata, Codazzi), paují (Ana- cardium occidentali), mecoque, cedrillo, majaguo (Muntingia calabara), paraparo (Sapiudus saponaria), cují, (Mimosa terneciana), roble blanco (Platimiscum), botoncillo, ceiba colorada (Bombax ceibo, Codazzi) bucare (Erytina velutina), olivo, pelón o indio desnudo (Bursera gummifera), zapatero, jobo, parcha, lara, caracara, cruzeto, macana, andarriba, mu- curutú, lata, guayacán, cuchara, ñaragato. Chichive, flor de sangre, betónica, tregua, mastranto, serpentaria, simarruba. Coraba, cebucare, cocuiza, cosaca, tacos y otras de la misma especie que dan fibras muy fuertes para el tejido de cuerdas. Gallito, pajarilla, bella de noche, concepción, muchas clases de orquídeas, y multitud de parásitas. Aritibare, a cuyas hojas atribuyen nuestros campesinos una influencia nociva sobre las cabras; las usan también en aplicaciones locales contra los dolores articulares; campa- nitas, pasionaria, servilleta, bellísima, trinitaria, ave maría, coralina y muchísimas otras trepadoras. Limoncillo, canelita, bethibee, aroma, geranio, inmensa variedad de rosáceas, jazmíneas, liliáceas y claveles; cayena, geranio inodoro, azahar, botón de oro, margarita, espada de Bolívar, siemprevivas, madreselva, té, tulipán, corazón de Ma- ría, corazón de Jesús, amaranto, buril, buenas tardes, clave- llinas de varios colores, acacias, amapolas, guaireña, doña Luisa, espárrago, conchitas, san Antonio, pasionaria, verbe- na, violeta, laurel, resedá, angelora, alelí, ilusiones, pensa- mientos, lágrimas de Cristo, coralina, astromelia, maraquita, cuarenta días, espuela, bledos, ixora, nardo, azucena, helio- tropo, dalia, catalina, girasol, crisantema, flor de baile. Balsas (Pontederia crassípes) y otras plantas acuáticas. Pastos de diversas clases, eneales inmensos etc., etc. 75 CAPÍTULO IV FAUNA Los animales que existen en el Zulia son unos autócto- nos, como por ejemplo, la danta, y otros introducidos de Europa, como el ganado vacuno, caballar, etc. y la mayor parte de las aves domésticas, traídas por Alonzo de Hojeda en 1502. En la imposibilidad de enumerar siquiera la tota- lidad de los animales que viven en nuestras selvas, bosques, Lago, etc., sobre todo los de los tipos inferiores, nos limita- remos, como para la flora, a una sucinta reseña de los prin- cipales. Los mismos autores citados en el Capitulo prece- dente nos han servido de guía para la redacción de éste. VERTEBRADOS Mamíferos Cuadrumanos Araguato. (Mycetes seniculus); Marimonda (Simia bel- zebuth), de dos especies: cara negra y cara blanca; Capu- chino (Cebus lunatus), Mona, género sajous; Macacos o mi- cos, género sakio; Caracayada o Mono de noche, género noc- thores. Quirópteros Murciélagos (Plecotus). Los hay de varias clases: unos se alimentan de frutas y otros con insectos; entre estas úl- timas están los vampiros (Phyllostoma), que chupan sangre. Insectívores Erizo. (Erinaceus). 76 Carnívoros Perro (canisfamiliaris), Zorro vulgar (Canis vulpes), Zo- rro negro o coatí (Nasua rufa); Zorro guache (Nasua socia- lis); Comadreja (Putorius rixosus); Mapurite (Mephitis); Hu- rón (Putorius furo); Gato (Felis domestica); Jaguar (Felis onza); Pantera (Felis pardus), según Codazzi, este cua- drúpedo sólo existe en el Estado en la parte más elevada de la serranía de Perijá; Onza (Felis mitis); León (Felis con- color); Gato servante o Cunaguaro (Felis macrura). Roedores Ardilla (Sciurus vulgaris); Rata (Mus rattus); Ratón (Mus músculos); Perro de agua (Chironectus variegotus); Coendú (Cercolabes prehensilis); Conejo silvestre (Lepus bra- silenses); Acure (Cavia aperia); Agutí (Dasyprecta agutí); Lapa (Caelogenys paca). Desdentados Pereza (Bradypus tridactylus); Cachicamo o tatú (Da- sypus novemcinctus); Oso negro o palmero; Oso mielero (Corcoleptes caudivolvolos); Oso hormiguero (Myrmeco- phaga jubata). Paquidermos Pécaris (Dicotyles torcuatus), llamados Váquiros en el Estado; Danta o Tapir (T. americanos), llamada por los in- dígenas Beorí; los Cerdos (Sus domesticus) que existen en gran cantidad en el Estado y de los cuales hay distintas variedades. Solípedos Caballo (Equs), que como hemos dicho atrás, fué in- troducido en el Estado junto con los Asnos, Mulos, etc., en 1502. Rumiantes Venado (Cervus rufus); ganado Vacuno, Cabras, Ovejas, que traídos al Estado en 1502 se han multiplicado extraor- 77 dinariamente y constituyen la principal riqueza de algunos Distritos como Perijá, Páez, etc. Cetáceos Manatí (Manatus australis); Delfín, llamado Tonina en- tre nosotros, viven en el Lago. Marsupiales Rabipelado (Opossum); Ratón de monte. Aves Rapaces Arpía feroz (Aguila pescadora de alas cortas, Couvier); Macoa (Especie de halcón); Gavducho (Vultur barbarus); Caricari (Falcus brasilensis); Gavilán (Falcus); Buitre o Za- muro (Vultur); Buitre busardo (Cathartes aura), llamado Ca- taneja entre nosotros; Buitre real (Vultur papa), entre nos- otros Rey de Zamuro; Mochuelo (Strix cayenensis); Lechuza (Strix mexicana). Trepadoras Carpintero (Picus robustus); Piapoco (Ramphatus), en- tre nosotros Siéntaro', Zamurito (Crotophaga ani); Garrapa- tero (Crotophaga mayor); Guacamayo (Cara maracana); Gua- ro (Psittacus acamil); Perico, Vivito, Loro (Psittacus); Coto- rra (Conurus). Pájaros Pico de plata, Curunatá que nosotros llamamos Tochito, Paraulata o Zanquilargo, Arrendajo (Cassicus persus); Azu- lejo; Cardenal; Santo Cristo; Ya acabó; Cucarachero; Aguaita camino', Colibris, Chupa-Flor entre nosotros; Trogón; Tucano o Dios te dé; Golondrina; Turpial; Gonzalico; Toche real; Viu- dita; ChiritO', Chicharrón y multitud de otros pájaros cuya enumeración ocuparía mucho espacio. 78 Palomas Paloma turca, Montañez, Llorona, Tórtola, Palomitas, Pichones, etc. Gallináceas Ademas de las Gallinas, Pavos, Pavo real (Paon) etc., tenemos Perdiz, Codornis, Pintada, Paují, Chocha, Pava mon- tés (Penelope cumancusis); Guacharaca. Zancudas Grulla (Grus americana); Gallito de monte (Psophia crepitans) Garzones (Mycleria americana); Garza morena (Ardea); Garza atigrada; Garza blanca: (Ardea agretia); Co- dillo: Picoco; Alcarabán (Curandrias); Carrao (Perrajacaba); Gallineta de agua (Pulía martinica); Flamenco o Pájaro sol- dado (Phaenicopterus ruber), llamado Togogo en el Zulia. Palmípedas Zambullidor (Podiceps americano); Alcatraz (Pelicanos fuscus), llamado Buchón entre nosotros; Gaviota (Procela- ria puffinus); Pato real (Anas); Pato cuchara (Platalea aiaia); Pato carretero; Pato común; Güires (Dendrocygna), entre nos- otros Yaguasas; Cuervo (Plotus); Cuervo aguja (Plotus an- hinga); Chicagüire (Chauna Chavarria), Camuco (Palameda cornuta). Reptiles Quelonios Tortuga, las hay en las costas del Golfo de Venezuela; Galápago; Hicotea o Tortuga de tierra (Testuda). Saurios Caimán; (Alligator); Baba o Babilla, más pequeño y no tan feroz como el caimán; Lagarto o Mato de agua (Tejus teguixin); Iguana (Iguana rinelapha); Machorro] Mato-, Ca- maleón-, Lagartijas (Lacerta muralis); etc. 79 Ofidios Serpiente cascabel o crótalo (Crotalus horridus); Coral (Elaps corallinus); Mapanare; Boquidorada', Tigra, Rabiseco', Manchada; Culebra ciega; Taya; Tragavenado o Boa; Saba- nera; Sobadora; Culebra bejuco; Víbora, etc., etc. Batracios De este orden tenemos la Rana (R. esculenta) y el Sapo (Bufo vulgaris). Peces Además de los peces que se encuentran en el Golfo de Venezuela que no difieren de los del Mar Caribe, se en- cuentran en el Lago los que a continuación enumeramos: Tiburón (Squales lamia), este pez pasa frecuentemente del mar al Lago donde en ocasiones ha hecho víctimas; se encuentra sobre todo en las inmediaciones de la isla de San Carlos; Pez Sierra; Pez de Espada', Mero (Se- rranus punctulatus); Liza\ Bagre (Silurus); Carite (Au- xis); Agujeta', Sábalo', Jurel (Garaus falax); Curbinata, pez que abunda mucho en el Lago y de cuyos buches se hace un gran comercio; Robalo (Centropomus undercinalis); Sar- dinas (Merengúela humites); Doncella', Viejita', Guabima (Eleotris gavina), Lebranche', Pargo; Morocoto; Anguila; Bo- cachica; Pámpano; Manamano; Armadillo', Sargo; Cotí; Bo- nito; Roncador, Palometa', Raya; Chucho; etc., etc., etc. MOLUSCOS Entre los Gasterópodos tenemos Caracoles diversos', la Broma, (Teredo Navalis) que es una especie de caraco- lillo que causa grandes perjuicios en el Lago, pues ataca la madera sumergida. Para que el fondo de las embarcacio- nes que surcan el Lago no sufran por este molusco, es pre- ciso forrarlas con planchas de cobre o periódicamente cu- brirles el fondo con alquitrán o mene. Entre los Lamelibranquios se encuentran la Almeja (Ostrea Spreta); Chiripia, que es más pequeña que la almeja; Ostión u Ostra (Ostrea folium). 80 ARTRÓPODOS Insectos Ortópteros Tara; Grillo (Grillus campestres y domésticos); Cucara- cha (Blatta Americana); Chiripia, Cucarachita entre nosotros; Saltamonte o Cervatana (Locusta vividísima); Tara mara- quera y la Langosta, Acridio que en ocasiones causa grandes estragos. Coleópteros Cocuyo, con cuya luz puede leerse en la noche; Gusa- nito luciérnega, también luminoso; Cucaracha de monte; diversas especies de Cárabos y Escarabajos, llamados Cocos entre nosotros. Nevrópteros Chicharra (Libélula); Comején, Termite u flor miga blanca. Himenópteros Abeja^ Apis mellífica); Avispa (Vespa sylvestris); Avis- pón crabo); Avejarrón; Cigarrón (Tenthredae); Bu- chaca (Fórmica rufa); Hormiga (Fórmica), diversas especies. Lepidópteros Mariposa pavón; Mariposa de cola; Semíramis y mul- titud de otras de variados colores, diurnas y nocturnas. tiemípteros Chinche común (Cimex rotundatus) muy rara; Belosto- ma granáis, Rhodnius prolixus, trasmisor de la Tripanoso- mosis americana; Pito, insecto cuya picada cree el vulgo que produce úlceras; pero el Dr. Enrique Tejera, que ha 81 6 estudiado muy bien este punto en su estudio sobre la Leishmaniosis Americana, cree que es un insecto incapaz de picar. Tejera ha encontrado Leptomonas y Critidias en las especies que van en seguida: Apioneras Nalipa Fabre; Apiomerus elatus; Leogorras litara Fahr; Notocyrtas foveatns Stal; Spseliopas zebra Stal; Zelus jarais Stal; Hamaceras cinctipis Stal; Hiranetis Uraconiformis Barra. Dípteros MOSQUITOS 0 ZANCUDOS Entre los que han sido estudiados hay los anofeles, trasmisores del paludismo, stegomya calopas, vector de la fiebre amarilla y otras clases de calex. Hay también un mosquito que en la época en que reina el viento del Sur invade la ciudad en grandes enjambres y otro muy pequeño, bastante molesto. TÁBANOS Jején; Mosca brava o carnicera (Sarcophaga carnaria); Mosca común (Musca domestica); cuyo papel en la tras- misión de las enfermedades es bien conocido; Palga (Pulex irritans); Nigaa (Pulex penetraos). PARÁSITOS Piojos (Pediculuscapitis), que trasmite el tifus; Ladillas (Pediculus pubis). Miriápodos Entre éstos tenemos la Escolopendra común o cien pies (Scolopendra morsitans); el Congolocho y la Escolopendra gigante (Scolopendra gigas). Arácnidos Diversas clases de Arañas, entre las que se distin- guen: la Grande, la Atroz, la Común, la Pelada o Araña can- 82 grejo (Mygale avicularia) y otras; los Alacranes y las Garra- patas (Ixodos ricinus y hexágonos; Amblyoma Cayenensis y Brasilensis) y Tejera ha encontrado un «Amblyoma» que quiza es el vector de la Leishmaniosis americana en Vene- zuela. Crustáceos Cangrejo de río (Astacus fluviatilis); Cangrejo de mar (Carcinus maenas); Camarón (Poelemon serratus) Cangrejo de tierra. GUSANOS Lombrices de tierra, Sanguijuelas, que no pueden utili- zarse para sangrías locales por falta de dientes; Lombrices intestinales (Ascaris lumbricoides); Triquina, Tenias y otros que se estudiarán aparte. De los últimos tipos, EQUINODERMOS, PÓLIPOS Y ESPONGIARIOS, deben existir en las Costas del Golfo de Venezuela, pero no podemos asegurarlo. Respecto a los PROTOZOOS los que interesan al médico serán estudiados más adelante. 83 CAPÍTULO V ETNOLOGÍA La casi totalidad de la población del Estado Zulia es como la de Venezuela, la resultante de la mezcla de las tres razas, blanca, india y negra. Algunas poblaciones del lito- ral del Lago, especialmente en el Distrito Sucre, son en su mayor parte de raza negra, descendiente de los africanos introducidos en el tiempo de la Conquista. También existen todavía en el Estado restos puros de la raza indígena. De esta raza vamos a dar una muy somera noticia, pues hay en la actualidad muy pocos documentos en que apoyarse para hacer un detenido estudio sobre los aborígenes zulianos.1 Estos componían numerosas tribus que residían, ya en las orillas del Lago, ya en las de las lagunas, ríos y caños o en el interior del territorio y al pie o falda de las más próxi- mas serranías. Todavía hoy se encuentran en la Península Guajira, en las serranías de Perijá y en algunos sitios del Distrito Colón. Parece que está fuera de duda que nuestros aboríge- nes son de raza amarilla. Salas, en su obra citada, cree que la población de América se verificó de Norte a Sur y di- vide los pobladores de Venezuela en solo dos familias: el antiguo ocupante de la tierra y la raza conquistadora. Efec- tivamente, «al lado de tribus que habían alcanzado relati- vamente un alto grado de cultura, encontraron los conquis- tadores otras sumidas en la más profunda barbarie: de una 1 La principal fuente de información que hemos tenido ha sido la interesante obra de Julio C. Salas, Tierra Firme\ además hemos consultado los escritos de los cronistas de la Conquista en la parte que se relaciona con el Zulia; algunos traba jos de Tulio Pebres Cordero, especialmente Décadas déla Historia de Mérida-, tra- bajos del Dr. A. Ernst y otros, publicados en El Zulia ¡lustrado e informes verbales de personas que han vivido éntrelos indigenas. También nos ha servido la re- lación de un viaje hecho a Perijá en 1918 por Teodoro de Boy, publicado en Patria i Ciudad. 84 parte, modales y costumbres suaves, gente dócil, hospitala- ria y poco guerrera, que ignoraba el uso de envenenar sus flechas, agricultora e industriosa; y por la otra, tribus beli- cosas, de costumbres feroces, nómades muchas de ellas, de porte altivo e indómito las cuales pedían su sustento a la caza y pesca únicamente, como los Zaparas, Caribes, Chiricoas, Motilones en Venezuela .. ..» «Por lo demás, nótanse diferencias muy notables en- tre las dos agrupaciones que señalamos; aunque notoria- mente de una misma raza, la amarilla, no por eso dejan de diferenciarse en color, regularidad de facciones y estatura; la familia primitiva es de pequeño porte, color más claro y facciones más toscas que los conquistadores posteriores, de cutis bronceado, talla alta y facciones regulares». 1 Pertenecían a la primera familia en el Zulia, los Tomo- poros y Bobures y a la segunda, Guajiros, Zaparas, Quiri- quires y Motilones. Las principales tribus eran los Aliles, Toas, Bobures, Tomoporos, Zaparas, Itotos, Tamares, Curies, Paraujanos, Quiriquires, Motilones y Guajiros. Los indígenas eran nu- merosísimos pero en poco tiempo los españoles los diez- maron. En la actualidad solo existen los Guajiros y los Motilones. Los primeros habitan la Península Guajira y están di- vididos en varias parcialidades; entre éstas hay algunas que se llaman Cosinas y Paraujanos, a quienes los Guajiros consideran como de raza inferior. Las principales naciones son: Ipuanas, Pusianas, Urianas, Jarariyues, Alpusianas, Secuanas, Sapuanas, etc. Cada nación de éstas se divide como ya hemos dicho, en parcialidades independientes unas de otras. Cada parcialidad está sometida a un cacique que es el más anciano, rico o valiente. Para la guerra las parciali- dades que se unen reconocen un Jefe común; en caso de derrota, éste tiene que pagar a sus aliados un tanto por ca- da soldado muerto. El tipo étnico y razgos físicos específicos del guajiro están caracterizados por talla pequeña, cuerpo rechoncho, 1 Julio C. Salas. Tierra Firme. 85 piel cobriza o broncínea oscura, nariz chata, ojos, pies, y manos pequeñas, cabello lacio, cara lampiña o con muy escaso pelo lo mismo que en las axilas, pubis, etc., frente estrecha, orejas pequeñas y adheridas y piernas muy mus- culosas. Los Motilones han sido siempre una tribu sumamente belicosa e irreductible; sus restos moran en estado semisal- vaje en las serranías y ríos de Perijá y en las cabeceras de algunos ríos del Distrito Colón, en guerra unas tribus con otras y viviendo de la caza, pesca y del producto de sus merodeos. Según Boy,1 los de la serranía de Perijá se dividen en varias tribus de las que las principales son: los Tucucos, Macoas, Irapeños, Pariríes, Arapos, etc. Tienen sus habitaciones separadas unas de otras y al- gunas tribus como los Macoas, son nómades; su figura es tosca, usan los cabellos recortados, pómulos salientes y acos- tumbran pintarse con negro o rojo; usan para vestirse Man- tas; tienen casi todos los plenilunios una fiesta que llaman de la chicha, en la que con esta bebida se embriagan hasta perder el conocimiento. En esas fiestas es cuando se vuel- ven pendencieros y cometen el mayor número de crímenes, pues en estado normal son más bien suaves, aunque de un carácter voluble que no debe inspirar mucha confianza. Son generalmente monógamos y su principal industria es hacer cestos. Creen en un Sér sobrenatural que llaman «Kioso». En el Zulia Ilustrado publicó el Dr. Ernst un interesante estudio sobre un cráneo de indio motilón que le envió el Gral. B. Tinedo Velasco y de ese trabajo son los datos si- guientes: «Procedo ahora a registrar las medidas tomadas en el cráneo. No ignoro que los números obtenidos del exámen de un solo cráneo no tienen sino un valor relativo; pero co- mo se trata en este caso de un objeto hasta ahora sin se- gundo, y que proviene además de un hombre adulto (aproxi- madamente 40 a 45 años), me inclino a creer que su descrip- ción detallada no carece de interés antropológico. 1 Patria i Ciudad -1919 - Nros. 2 y siguientes. 86 I Medidas Capacidad en cm3 1.250 Longitud mayor (cm.) 172 Anchura mayor 136 Altura recta 130 Altura auricular 113 Longitud occipital 53 Anchura del porc. nasal 26 Anchura de la frente 95 Anchura coronal 111 Anchura temporal , 122 Anchura tubera!. 128 Anchura occipital 110 Anchura mastoideal.... 118 Anchura auricular 100 Circunferencia horizontal 485 Circunferencia vertical 300 Circunferencia frontal en la dirección de la sut. sagital 123 Circunferencia central en la dirección de la sut. sagital 117 Circunferencia occipital en la dirección de la sut. sagital 111 Circunferencia sagital por completo 351 Foramen magnum, longitud 34 Foramen magnum, anchura 26 Distancia del foramen magnum a la raíz nasal 98 Distancia de la entrada del meato auditivo a la raíz nasal 100 Altura déla cara A 102 Altura de la cara B 63 Anchura de la cara A interyugal 128 Anchura de la cara B intermalar 109 Orbita, anchura 40 Orbita, altura 33 Anchura de la raíz nasal 19 Nariz, altura 45 87 Nariz, anchura 22 Paladar, longitud 50 Paladar, anchura 39 II índices calculados Longitud a anchura 79.0 Longitud a altura 75.6 Indice auricular 64.0 Indice occipital , . . 32.0 Indice facial (A: a) 80.0 Indice facial (B: b) 66.0 Indice orbital 82.5 Indice nasal 48.8 Indice palatinal 78.0 Angulo facial (frente, espina nasal, meato auditivo). 69.0 III Medidas tomadas en la mandíbula inferior (Según Broca) 1. Línea bicondiliana 116 2. Línea bigoniaca 90 3. Línea barbal 43 4. Alt. sinfisiana 33 5. Alt. molar 25 6. Long. de la rama 60 7. Anchura de la rama 36 8. Cuerda gonio sinfisiana 81 9. Cuerda cóndilo coronoidiana ..'... 35 10. Curva bigoniaca 170 11. Angulo mandibular 120° 12. Angulo sinfisiano 80® Peso del cráneo entero , . 770 gramos Peso de la mandíbula inferior 80 «Resulta de estos números que el cráneo llega casi al límite superior de los mesocéfalos, siendo al mismo tiem- 88 po muy poco hipsicéfalo; según el índice facial, pertenece a los cráneos braquifaciales de Topinard; según el orbital, a los microcemos de Broca; según el nasal, a los nesorinos; y según las dimensiones del paladar, es leptostafilino .... En su conjunto, el cráneo es de forma muy regular, y si fue- ra lícito sacar de un solo caso consecuencias generales, deberíamos decir que los motilones de ningún modo ocu- pan un puésto muy bajo entre las diferentes tribus indíge- nas del país».1 Las costumbres de los indios que aún quedan en el Estado son más o menos las de todos los de su raza, mo- dificadas naturalmente un poco en aquellos lugares en que es frecuente el tráfico y comercio con el resto de los ha- bitantes de la región; pero aun se encuentran tribus con to- dos los usos de sus antepasados. Vamos a hacer una ligera reseña de lo que acerca de aquéllos se sabe, que como dijimos atrás, es bien poco. Las tribus que demoraban en las inmediaciones de los ríos, lagos o caños, fabricaban sus viviendas dentro del agua por lo general;2 vivienda que consistía en una espe- cie de choza de forma cónica, algo cuadrangular, con el te- cho y las paredes cubiertas con palmas y el suelo de ca- ñas gruesas y fabricaban dichas viviendas algo distante de las orillas, como que temiendo ser atacados por tribus ene- migas, procuraban aislarse lo más posible, haciendo difí- ciles los pasos y comunicaciones con ellos. Los que fabri- caban sus casas en tierra les dejaban como pavimento unas veces el suelo mismo (rara vez) o las hacían levantadas de aquél, más o menos cerca de un metro, como si fueran bar- bacoas, siempre con la mente de hacer fácil la defensa en casos de ataques e invasiones de las tribus circunvecinas. La puerta de las habitaciones era un agujero de un me- tro en cuadro, de modo que los adultos penetraban inclina- 1 El Zulla Ilustrado, 1889 - T. I. pág. 48. 2 Aun existen algunos pueblos lacustres, como Santa Rosa, Lagunillas, etc. Según nos han informado, por tradición se sabe que la ranchería principal que encontraron los españoles en el sitio que hoy ocupa Maracaibo estaba en lo que antiguamente era el Caño del Manglar, hoy enteramente seco y convertido en una cañada que sirve de límite a los Municipios Chiquinquirá y Cristo de Aranza. 89 dos en las que estaban a nivel del suelo y trepando por pa- los amarrados en forma de escalera en las otras. En cada choza o habitación, por pequeña que fuera, residía toda una familia, cualquiera que fuese el número de sus individuos, y el principal o casi único mueble lo consti- tuía la hamaca o el chinchorro que colgaban unos encima de otros, empezando de abajo arriba por el del padre. Las hembras eran las que verdaderamente trabajaban entre los aborígenes, sembrando y moliendo el maíz y la yuca, de donde extraían sus principales medios de manu- tención que eran la arepa, el cazabe y el mañoco. La chi- cha extraída del maíz por fermentación, era entre ellos una bebida muy exquisita y muy usada. También ejercían la pesca los que moraban a orillas del Lago o de los ríos y lagunas por medio de mallas teji- das por ellos o embarbascando los peces. 1 Está casi pro- bado que no existían antropófagos entre nuestros aborí- genes. La idea de otra vida mejor adonde iban a parar des- pués de su muerte existía entre ellos, como lo comprueba la observación de que al enterrar sus muertos les agregaban sus armas si eran guerreros, y si eran pudientes, parte de sus riquezas, joyas, etc., y a algunos hasta les sacrificaban sus esposas y esclavos para que los acompañasen en la vi- da de ultratumba. También para el largo viaje irretornable, con el propó- sito de que tuvieran como alimentarse en el camino, les co- locaban en la fosa grandes cantidades de los alimentos que ellos usaban. Se nos ha informado que en ¡turre, cerca del caño Ori- bor, en una punta llamada «de los Muertos», existe un ce- menterio indígena, probablemente de Zaparas. También se nos ha dicho que de allí han sacado, junto con algunos hue- sos, ollas de barro de diverso tamaño, en algunas de las cua- les se han encontrado objetos todavía reconocibles. No he- mos podido averiguar con la certeza suficiente que clase de objetos son esos, para poder deducir si eran pre o post co- lombinas las dichas tumbas. 1 v. Flora - Barbasco. 90 La idea del bien y del mal existía entre ellos y a aqué, lo representaban en sus pictografías por un animal ferozj un tigre o un caimán. Y en sus religiones la serpiente go- zaba de gran favor como un símbolo de poder ultraterre- no y la ofrendaban y rendían fervoroso culto. Como obras de manufactura era de notar en nuestros aborígenes cierta inclinación a la cordelería y tejían con las fibras de plantas textiles finos chinchorros y hamacas muy apreciadas. Otra industria ejercida por ellos era la alfare- ría y fabricaban jarrones, chiriguas, platones, tazas y otros objetos de barro cocido. Mazas, arcos, flechas, hondas y lanzas de macana eran las armas de los indígenas. Para las flechas se servían de púas de raya antes de la venida de los españoles, pues des- pués las usan de hierro. 1 Algunas tribus acostumbraban untar sus flechas con una sustancia cuya naturaleza se ig- nora, que tenía la propiedad de adormecer al herido por es- pacio de algunas horas; otras envenenaban sus flechas con un veneno muy activo. Los piaches o adivinos ejercían de médicos y de sacer- dotes. La medicina era enteramente primitiva y consistía principalmente en prácticas supersticiosas; usaban exhorcis- mos, maraquees, etc., para espantar los demonios, causa, según ellos, de las enfermedades; baños de vapor, frotas, etc., junto con algunas prácticas de sugestión, como por ejemplo, chupar el piache el punto del dolor y con habili- dad meterse en la boca gusanos, etc., para hacerle creer al enfermo que habían sido extraídos de su cuerpo. Al la- do de estas prácticas, los indígenas conocían algunos re- medios como el guaco contra el veneno de las serpientes, resinas medicinales (como la copaiba, tacamahaca, caraña, caricare, etc.), el ñongué, el guayacán y otras plantas que aún se emplean entre nosotros. Reducían las lujaciones, y entablillaban las fracturas con tablitas de maguey. Todavía hoy usan los guajiros mascar hayo que es la 1 El Dr. Ernst (El Zulla Ilustrado, 1889, pág. 49,)tuvo oportunidad de exa- minar unas flechas de Motilones. Tienen dos varas de largo: «la punta es de hierro, de forma triangular, bastante afilada en los lados, y mide 7 centímetros de largo y 3 de ancho en la base; está fija en un pedazo de madera de un decíme- tro de largo, por medio de un hilo que forma un tegido muy cerrado y que pasa por un agujero practicado en la punta de hierro a la distancia de 5 centímetros de su extremo superior. 91 misma coca, aunque una variedad distinta, que Morris ha descrito últimamente bajo el nombre de Erytroxylum coca, var. novo-granatense (A. Ernst). Sobre esa costumbre que tiende a desaparecer con la introduccción del tabaco, dice el mismo Dr. Ernst: «Se sabe que los guajiros mascan unas hojas que llaman hayo sazonándolas con un poco de cal viva (guarepo o guareto) que llevan a tal propósito en un calabacito o poporo (jurar) del cual la sacan por medio de un palito (sutania) humedecido previamente con la saliva producida por las hojas mascadas; llaman taguara la por- ción de éstas últimas que meten cada vez en su boca y fi- nalmente dan el nombre de kartaure a la mochila donde guardan las hojas y todo lo demás. 1 Usaban, y aún en la actualidad lo hacen los que que- dan, pintarse el rostro con jagua para el color negro y bija para el rojo. Con respecto a leyes, tienen por costumbre hacer pa- gar la sangre derramada: si alguno mataba a otro, tenía que pagarlo; si no tenía con que pagar, lo mataban. El matrimonio se efectuaba por medio de la compra de la mujer por el marido. El precio de la venta lo estipula- ban la madre y los tíos maternos de la futura esposa, y cuando el novio era pobre, pagaba en servicio personal. No figuraba para nada en estos negocios o contratos el pa- dre de la novia, porque entre los aborígenes es muy soco- rrida la convicción de que toda madre puede asegurar que el hijo es suyo, lo que no acontece con el padre. Su indumentaria consistía en el tradicional guayuco pa- ra ambos sexos cubriéndose las partes pudendas y el resto del cuerpo desnudo; posteriormente hacen uso de la manta que cubre el tórax, el abdomen y una parte de los muslos. Los Zaparas y Quiriquires andaban desnudos. El idioma que hablaban los indígenes de esta región, además del guajiro, del que existe una gramática, era el güigüir, hablado probablemente por los Motilones, Quiri- quires y Zaparas. En la Guajira, los paraujanos y cosinas 2 A. Ernst. El Zulla Ilustrado, 188Q pág. 63. 92 hablan un dialecto distinto del de los guajiros. Según Salas, en los alrededores del Lago de Maracaibo se hablaban cua- tro lenguas diferentes. Los indígenas ignoran por com- pleto el lenguaje escrito. En diversos puntos de Venezuela se han encontrado grabados sobre rocas; aquí en el Zulia, en las márgenes del río Sucuy hay un sitio llamado «El Dibujo», precisamente porque allí existe una roca con grabados. Según Salas, «Es indudable que pinturas y grabados sobre piedras fueron ejecutados por gentes que ya habían desaparecido en el momento del descubrimiento, pues a la pregunta de los conquistadores sobre el objeto y origen de tales monumentos, invariablemente respondían los indios: que sus padres en remotos tiempos fueron los autores de los dibujos, pero no explicaban su objeto». Los guajiros dividen el tiempo en lunas y para fijar al- gunas fechas, se aprovechan de la periodicidad de diversos fenómenos naturales. En ellos la numeración es sumamente limitada pues se reduce a contar con los dedos de las manos; por tanto, no pasa de diez. 93 CAPITULO VI DEMOGRAFÍA I Población Según el censo verificado el Io de Enero de 1920, la población del Estado Zulia es de 119.438 habitantes, dis- tribuidos así: Distrito Bolívar 6.773 a Colón 14.512 a Mara 8.554 a Maracaibo 50.456 u Miranda 10.137 u Páez 6.084 a Perijá 8.065 u Sucre 5.712 a Urdaneta 8.369 118.659 Además, hay que agregar a éstos los 779 habitantes que se encontraban a bordo de las embarcaciones que esta- ban en los puertos del Estado el día en que se verificó el censo. 1 1 En la necesidad de tener una base para nuestros cálculos nos hemos visto obligados a apoyarnos en el último censo, a pesar de conocer bien sus muchas de- ficiencias. Entre las causas ocasionales de esas deficiencias podemos señalar dos principales: por una parte, la diseminación de la población, que en algunos Distritos es muy considerable, lo que hace difícil su registro; y por otra, la coin- cidencia que hubo entre laformación del censo y la promulgación de la Ley de Servicio Militar Obligatorio, razón para que muchos individuos esquivaran el em- padronamiento. Calculándola población con las diferencias anuales entre nacimientos y de- funciones y teniendo en cuenta la inmigración de los Estados vecinos, que no fi- gura en el movimiento migratorio del Estado, pues se hace por tierra o por em- 94 El Estado tiene de superficie 67.200 k2; la densidad de la población es, por tanto, 1.77. Pero si de aquella super- ficie se restan los 12.500 k2, que tiene el Lago, quedan ha- bitables solo 54.700 k2, y entonces, la densidad sería de 2.18. Como el censo de 1891 le asigna al Estado 151.446 ha- bitantes, a primera vista parece que el Zulia hubiera tenido una disminución muy considerable de población; pero estu- diando mejor el punto se encuentra que en aquel total están incluidos 60.082 indígenas de la Guajira, no reducidos al ré- gimen civil. Como bien se comprende, ésta es una cifra arbitraria y que en la formación del reciente censo no se ha tomado en cuenta. De modo que restada de 151.446, se reduce la población del Estado para 1891 a 91.364, cifra probablemente muy cercana a la realidad. La población de los Municipios Cabeceras de los Dis- tritos foráneos es: Santa Rita 3.851 San Carlos de Zulia 5.201 San Rafael 4.377 Altagracia 8.690 Sinamaica 5.762 Libertad 4.739 Bobures 2.094 Concepción 3.709 II Movimiento Demográfico Estudiemos el Movimiento Demográfico en el Estado, en los Distritos y en la ciudad de Maracaibo. barcaciones menores, e imposible por tanto de controlar, la población del Estado sería hoy de 128 a 130,000 habitantes y la de la ciudad de Maracaibo pasaría de 50.000. Estas son las cifras que con toda probabilidad se acercan más a las ver- daderas. Así es que los coeficientes que más adelante se verán son en realidad más pequeños que los que allí figuran, aunque siempre guardan la misma relación entre sí, que es una de las cosas más interesantes. 95 Movimiento Demográfico del Estado Años Matrimonios Nacimientos Defunciones Aumento 1908 528 5.069 2.735 2.334 1909 453 4.777 2.535 2.242 1910 459 4.796 2.986 1.810 1911 566 4.542 2.906 1.636 1912 582 3.249 2.774 475 1913 460 4.351 2.635 1.716 1914 544 5.704 2.965 2.739 1915 484 4.272 3.743 529 1916 497 5.261 4.516 745 1917 473 5.451 4.145 1.306 1918 483 5.613 5.253 360 1919 756 5.344 2.894 2.450 6.285 58.429 40.087 18.342 El cuadro anterior demuestra que en todos los años ha habido aumento de población. El año de mayor aumento fué el de 1919 con 2.450 y los de menor 1918 (360); 1912 (475); 1915 (529) y 1916 (745). En el primero, la causa fué la pandemia gripal, y en los otros, una epidemia de palu- dismo que se desarrolló en todo el Estado. 96 Movimiento Demográfico de los Distritos Matrimonios de 1912 a 1919 Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Totles. Bolívar 39 33 38 31 40 42 40 44 307 Colón 45 55 59 63 54 59 57 108 1 500 Mara 46 42 24 28 45 34 45 84 348 Maracaib0 283 149 244 200 184 159 183 187 ¡ 1.589 Miranda 37 42 63 30 45 61 50 119 447 Páez 21 7 11 8 11 5 2 52 117 Perijá 26 61 21 63 54 33 49 95 402 Sucre 7 9 13 7 6 14 17 11 84 Urdaneta 78 62 71 54 58 66 40 56 485 Totales 582 460 544 484 497 473 483 756 4.279 Nacimientos de 1912 a 1919 Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Totles. Bolívar 56 308 414 200 341 394 368 343 j 2.424 Colón 457 682 760 758 831 796 794 768 5.846 Mara 430 375 468 403 389 384 517 410! 3.376 Maracaib0 877 1.609 2.357 1.320 2.044 2.245 2.274 2.140! 14.866 Miranda 298 290 467 400 409 384 319 436 3.003 Páez 167 134 153 136 134 163 168 154 1.209 Perijá 274 303 327 321 322 338 362 334 2.581 Sucre 305 275 285 302 340 312 363 307 2.489 Urdaneta 385 375 473 432 451 435 448 452 3.451 Totales 3.249 4.351 5.704 4.272 5.261 5.451 15.613 5.344 39.245 97 7 Defunciones de 1912 a 1919 Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Totles. Bolívar 35 146 184 46 247 287 439 190 1.574 Colón 385 348 359 475 525 514 713 363 3.682 Mara 101 71 94 157 309 198 277 100 1.307 Maracaib0 1.344 1.191 1.525 1.824 1.978 1.677 2.219 1.221 12.979 Miranda 132 129 136 198 238 352 241 166 1.592 Páez 97 74 95 101 179 121 174 75 916 Perijá 223 178 90 266 246 191 331 244 1.769 Óucre 304 364 289 476 553 453 609 364 3.412 Urdaneta 153 134 193 200 241 352 250 171 1.694 Totales 2.774 2.635 2.965 3.743 4.516 4.145 5.253 2.894 28.925 Del Estudio de los cuadros precedentes se deduce que de los nueve Distritos del Estado sólo en Sucre ha habido disminución de población; el aumento ha sido muy peque- ño en Bolívar, Perijá, Páez y Maracaibo; mediano en Colón, Miranda y Urdaneta y apreciable en Mara. Para 1919 los coeficientes de Nupcialidad, Natalidad y Mortalidad en el Estado son: 6.40, 44.76 y 24.23 por mil respectivamente. Y en los Distritos: Nup. Nat. Morí. Bolívar 6.49 50.64 28.05 Colón 7.44 52.92 25.01 Mara 9.82 47.93 11.65 Maracaibo 3.70 42.41 24.22 Miranda 11.73 43.01 16.37 Páez 8.54 25.31 12.33 Perijá 11.77 41.41 30.25 Sucre 1.92 53.74 63.72 Urdaneta 6.69 54.05 20.44 Nótese que Sucre tiene el menor coeficiente de nupcia- lidad y que el de natalidad ocupa el segundo lugar; allí pues 98 abundan los hijos ilegítimos, lo que en parte se explica por la afluencia de gente extraña para las faenas de los Centra- les Azucareros y explotación de minas que hay en dicho Distrito. La excesiva mortalidad de Sucre se debe princi- palmente al paludismo. Urgen, pues, medidas de sanea- miento, tanto más, cuanto que en realidad esa elevada cifra de defunciones, no expresa completamente la verdadera mortalidad de la región, pues incalculables personas al sen- tirse enfermas emigran del Distrito y vienen a morir a esta ciudad o a algunos de los Distritos limítrofes. Perijá está también en semejantes condiciones, pues aun cuando allí hay un coeficiente de natalidad de 41.41, el de mortalidad es muy elevado. El Distrito más salubre es Mara que tie- ne un alto coeficiente de nupcialidad, uno bastante elevado de natalidad y el menor de mortalidad. Páez, a pesar de tener un coeficiente de mortalidad pequeño, no puede pro- gresar porque el de natalidad es sumamente reducido Mi- randa, Colón, Urdaneta y Bolívar están en condiciones se- mejantes con sus coeficientes de natalidad elevados y los de mortalidad no muy altos. El Distrito Maracaibo tiene casi los mismos coeficientes que la ciudad. Es sumamente sensible para nosotros no poder calcu- lar, por falta de datos precisos a nuestro alcance, la nupcia- lidad con relación, no a la población general, sino a la po- blación apta para el matrimonio; lo mismo la natalidad, con relación a la población apta para la reproducción y la mor- talidad por edades. Es así como se tendría una idea ver- daderamente exacta del movimiento demográfico del Estado. Movimiento Demográfico de Maracaibo La población de la ciudad de Maracaibo según el cen- so de 19 de Enero de 1920 es de 46.706 habitantes. En 1891 Maracaibo tenía 34.740 de modo que en 28 años ha tenido un aumento de 11.967 habitantes. 99 Movimiento Demográfico de Maracaibo de 1915 a 1919 Matrimonios Nacimientos 1915 1916 1917 1918 1919 1915 1916 1917 1918 1919 185 172 140 169 170 1.184 1.894 2.123 2.113 2.014 Defunciones Dismi- nución Dismi- nución Aumen- to Dismi- nución Aumen- to 1915 1916 1917 1918 1919 1915 1916 1917 1918 1919 1.774 1.910 1.623 2.148 1.170 590 16 500 35 844 Este cuadro debe ser motivo de hondas reflexio- nes para los buenos hijos de Maracaibo. Generalmente se cree que la ciudad crece de una manera extraordinaria; y efectivamente, así sería, pues el coeficiente de nuestra nata- lidad es de 43.11 por mil en 1919, si la mortalidad no fuera tan considerable: 25.26 por mil en la misma fecha, a pesar de ser un año que es el que tiene la menor mortalidad de los cin- co escogidos, como sucede siempre después de las gran- des epidemias. En 1915 hubo un exceso de defuncio- nes de 590; el 16 y el 18 se equilibraron nacimientos y defunciones y solo en 1917 y 1919 hubo un exceso de nacimientos apreciable. De modo que en un lustro sólo ha habido un aumento de 703 habitantes, o sea 140 por año, cifra notablemente baja. La nupcialidad es sumamente pe- queña, 3. 66 por mil; por tanto, hay muchos hijos ilegíti- mos, lo que contribuye a mantener la enorme mortalidad infantil que es la principal causa del estancamiento de nuestra población. 1 Podría objetarse que la mortalidad de Maracaibo es tan elevada porque aquí vienen a morir muchos individuos de 1 En los 21.627 nacimientos que hubo en el Estado durante los años 1916, 17, 18 y 19, sólo hubo 9,017 legítimos osea un 41.69%. 100 los Distritos foráneos y de los Estados vecinos, y efectiva- mente, así es; pero aún restando esa cantidad, el residuo es demasiado crecido. Es pues, de todo punto necesario, si es que queremos que cese este estado de cosas y que nuestra ciudad entre de firme en vía de progreso y florecimiento, tomar medidas in- mediatas y eficaces para disminuir la mortalidad: en espe- cial, proteger al niño y defender la vida del adulto contra la tuberculosis y el paludismo, enfermedades que son uno de los factores más importantes de nuestra mortalidad. 1 III Estado Sanitario Hemos visto atrás que el coeficiente de mortalidad del Estado es de 24.23 por mil; ese coeficiente es bastante elevado, a pesar de que, como dejamos ya dicho, creemos que la población del Zulia es mayor que la que ha servido para calcular aquél, que en realidad será algo más pequeño. El Paludismo, las Afecciones del aparato digestivo y la Tuberculosis, constituyen la triada responsable del estado 1 Para dar una idea de lo que en esta materia se puede lograr vamos a ha- cer ver la influencia que sobre la mortalidad infantil de la Parroquia Santa Lucía de esta ciudad ha tenido la fundación de la Clínica de Niños Po- bres, instituto donde se recetan los niños desvalidos y se les regalan las me- dicinas. La Clínica se fundó el 19 de Abril de 1919. Los datos que siguen son tomados de los libros parroquiales y hemos pre- ferido éstos, porque del Municipio Civil de Santa Lucía se segregó en 1919 la parte que hoy forma el Municipio Coquibacoa. Durante los tres primeros trimestres hubo: En 1916 144 defunciones de niños " 1917 137 " 1918 100 " 1919 58 " 1920 82 Como la Clínica funciona en Santa Lucía, es ésta la Parroquia más bene- ficiada por la Institución y salta a la vista la disminución de su mortalidad infantil. Verdad es que son tantas las causas que pueden modificar ésta, que sería prematuro sentar conclusiones definitivas; pero a pesar de ésto, siempre anotamos ese resultado, que en parte al menos, creemos debido a la razón antedicha. Hemos escogido sólo los tres primeros trimestres de cada año, porque» por un lado, como escribimos en Octubre de 1920, los términos son así com- parables, y por otro, en el último trimestre de 1918 fué la epidemia de grippe y esto vendría a falsear el resultado. 101 poco satisfactorio de salubridad del Estado. Afortunada- mente son enfermedades evitables y es de esperar que no muy tarde la mano de la Higiene borre, si no todas, sí una gran parte de las defunciones producidas por dichas causas. Por desgracia, en algunos lugares todavía estamos muy cerca del estado descrito por Fray Pedro de Aguado en 1581, cuando escribía: «....y también esta laguna y las tierras que la cercan no son sanas sino bien enfermas y de muy mala propiedad y costelación porque en nuestros tiem- pos han abajado de Mérida, ciudad del Nuevo Reino, algu- nos caudillos con gente a descubrir puertos a esta laguna y a procurar otros aprovechamientos, y por poco que en ella o en sus riberas y territorios se han entretenido y vueltos a su pueblo, todos han caído enfermos de recias calenturas y algunos se han muerto, y los que se han escapado, por mucho tiempo no se les quitaba del rostro una color casi amarillo que ponía admiración a los que los veían y por esto entiendo que con la gente que los indios mataron e hirieron a Micer Ambrosio que no dejarían de caer en- fermos y morir otros muchos de ciclones y llagas y otras enfermedades que en este lago y las tierras a él co- marcanas, que por la mayor parte son montuosas, que so- lemos decir arcabucosas, por los malos vapores que en todo ello se engendran, pudieron los españoles adquirir y con ello la muerte». 1 El siguiente cuadro demuestra las defunciones ocurri- das en todo el Estado durante los ocho últimos años: 1 Historia de Venezuela, T. I,, pág. 57. 102 Capítulos de la clasificación 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Total I Enfermedades generales 1.137 1.085 1.135 1.570 1.752 1.776 2.932 1.063 12.450 II Enfermedades del sistema nervioso y órganos de los sentidos 215 212 242 241 180 199 179 142 1.610 III Enfermedades del aparato circulatorio . 120 111 153 116 138 137 112 105 992 IV Enfermedades del aparato respiratorio . 154 139 111 168 221 179 201 155 1.328 V Enfermedades del aparato digestivo . . 560 500 638 947 982 769 749 632 5.777 VI Enfermedades del aparato géníto-urina- rio y órganos anexos 49 32 32 34 40 34 33 31 285 VII Estado puerperal 45 35 40 43 50 48 51 31 343 VIII Enfermedades de la piel y del tejido celular 3 6 4 2 5 5 11 5 41 IX Enfermedades de los órganos de la lo- comoción 1 2 0 3 11 2 2 0 21 X Vicios de conformación 2 9 3 4 4 7 5 2 36 XI Primera infancia 50 46 62 77 94 88 89 59 565 XII Vejez 12 24 17 25 35 57 52 41 263 XIII Afecciones producidas por causas ex- riores 73 65 99 82 106 84 74 83 666 XIV Enfermedades mal definidas 353 369 429 431 898 760 763 545 4.548 Totales 2.774 2.635 2.965 3.743 4.516 4.145 5.253 2.894 28.925 ESTADO SANITARIO DEL ZULIA A primera vista se notan en este cuadro tres fuertes partidas: Enfermedades generales, con 12.450; Enfermeda- des del aparato digestivo, con 5.777 y Enfermedades mal definidas con 4.548. Esta última está tan recargada porque sucede que hay multitud de pueblos en el Estado donde no hay médicos, y entonces las certificaciones de defunción son expedidas por empíricos. Es éste úno de los obs- táculos con que hemos tropezado para poder apreciar con certeza el estado sanitario de los Distritos foráneos. Entre las Enfermedades generales, el Paludismo es el que ha causado más víctimas en el lapso de tiempo que estudiamos: 2.858 en los ocho años. Esta cifra es en rea- lidad todavía mucho más considerable, pues entre las En- fermedades mal definidas debe entrar el paludismo con un porcentaje bastante grande, pues precisamente en los Dis- tritos más paludosos es donde la cifra de ese Capítulo XIV es más elevada. El Paludismo existe en todo el Estado, sin exceptuar esta ciudad capital. Como dice en su «Informe sobre Palu- dismo» la Comisión Seccional del Zulia al Primer Congreso Venezolano de Medicina: «... .basta en efecto, echar una ojeada a la carta geográfica del Zulia, para ver que ni ex- profeso podrían encontrarse reunidas más ni mejores con- diciones para el desarrollo y conservación de la endemia; cuales son, selvas vírgenes, desbordamientos de ríos, lagu- nas, ciénegas, canales, anegadizos, eneales, manglares, etc., etc., aunados con la poca resistencia individual debida a la acción enervante del clima, a la miseria, al alcoholismo, a la rudeza del trabajo en los mismos focos palúdicos y a otras muchas concurrencias, en fin, que sería largo enu- merar». 1 Sigue en número la Disentería, produciendo 2.378 de- funciones. Es de advertir que esta enfermedad ha dismi- nuido de frecuencia de una manera notable y se ha benig- nizado considerablemente desde que el empleo de la eme- tina se ha generalizado. Luégo viene la Tuberculosis, causando 2.329 muertes. 2 La Beneficencia, julio de 1911. 104 y que al revés de lo que pasa con la Disentería, su frecuen- cia no tiende a disminuir sino todo lo contrario. La Grippe, que figura con 1.903 víctimas, la mayor parte durante la pandemia de 1918. La otra partida, la de las Enfermedades del aparato di- gestivo, monta a 5.777 muertos. De éstos, 4.527 son por Gastro-Enteritis y Diarreas y entre ellos hay 1.993 niños menores de 2 años. Problema éste de gran importancia para el porvenir. Las demás enfermedades que existen en el Estado se verán en la Sección NOSOGRAFÍA. Hubiéramos deseado hacer un croquis del Estado Sa- nitario de cada Distrito, con las particularidades nosológi- cas correspondientes a cada región; pero, no obstante nues- tras repetidas gestiones, no hemos podido lograr de los compañeros que ejercen en esos lugares los datos necesa- rios. Apenas los Dres. Temilo Cohén y Leopoldo García Maldonado han correspondido a nuestra excitación con los trabajos que más adelante se verán. En los Distritos Bolívar, Mara, Miranda, Páez y Urda- neta, no encontramos particularidad alguna que señalar; acaso solamente la de que en el último hay una proporción más elevada de Cáncer que en el resto del Estado y son más frecuentes las Afecciones Mentales, debido probablemente a la costumbre de casarse entre consanguíneos. En el Distrito Colón, además del Paludismo y de las otras enfermedades comunes en el Estado, se han presentado ya más de una vez, epidemias de Disentería bacilar. So- bre este punto nos ha enviado el Dr. Cohén el trabajo si- siguiente: «DISENTERÍA BACILAR El año 1915, para fines del Estío y principios del Oto- ño, se presentó de una manera brusca, una epidemia de disentería, que coincidió con la reinante en los vecinos Es- tados Mérida y Táchira y el Departamento Santander de la vecina República de Colombia. Los médicos en ejercicio, nos dimos a pensar, dada la época del año, que correspon- de a la sequía en estas regiones, propicia para la multipli- cación del anofeles, en una disentería de naturaleza palu- 105 dosa; y al efecto, acordamos como tratamiento, el indicado por todos los prácticos, para tales manifestacianes hijas del envenenamiento por el hematozoario de Laverán. Más si ruda fué la lucha y adecuado el tratamiento adoptado, más grande fué el desengaño sufrido, ante la pavorosa evolu- ción de la enfermedad y los fracasos habidos; y forzoso fué pensar en la actuación de una disentería bacilar, loque tuvo plena confirmación, por la manera casi heroica de obrar el suero anti-disentérico, cesando desde su empleo los insu- cesos, y haciéndose mínima la mortalidad, que solo ocurría, en los Caseríos, a donde era difícil extenderla acción bené- fica del tratamiento. Síntomas El sujeto, en plena actividad, era invadido por fuerte postración general, que le obligaba a abandonar sus labo- res, sintiendo al par que intensa cefalea, fuertes escalofríos seguidos de fiebre violenta, que oscilaba entre 39° y 40°. Después de este proceso inicial, denunciaba fuerte raquialgia, lengua saburral, faz de angustia, pulso frecuente y respira- ción anhelosa, invadiéndolo un gran meteorismo, precursor de cólicos atroces, seguidos de abundantes deposiciones se- rosas con partículas de excremento homogéneo, que se sos- tenían, hasta seis horas después de la invasión de la enfer- medad, sucediéndose deposiciones moco-sanguinolentas, casi incontables, cabe un tenesmo indecible, de modo que en el plazo de veinticuatro horas, hacía el enfermo más de cien deposiciones. Tan elevado número de deposiciones tenía lugar, en medio de cólicos intolerables que en muchas ocasiones sincopaban al paciente y le obligaban a demandar del médico, un alivio a sus torturas. Dos días después de actuar la enfermedad, se presentaban vómitos frecuentes, insomnio, anorexia y delirio. Las deposiciones seguían con el mismo carácter y el tenesmo ganaba en intensidad, hasta el quinto o sexto día, época para la cual, se veían destrozados y convertidos en amplia cloaca, la ampolla rectal y el esfínter del ano, siendo ésta la hora de hacerse general la toxemia, manifestándose trastornos psíquicos, seguidos de un estado de algidez co- lérica, precursora de la muerte del paciente. 106 Tal era la forma común de la disentería, que venimos estudiando, pero a veces, con preferencia en los niños y mujeres, se presentaba en forma fulminante, siempre mor- tal. El enfermo, después del escalofrío y fiebre iniciales, ofrecía deposiciones sin número, presentándose al cabo de veinticuatro horas, la destrucción de la ampolla rectal y del esfínter del ano, la algidez colérica y la muerte. Muchos casos se presentaban así, de evolución rápida, como si la infección general, se hiciera de pronto. Etiología La disentería bacilar, es producida por un agente pa- tógeno, el bacilo de 8higa, que vive y prospera en las loca- lidades húmedas y frías, condiciones que no guarda la at- mósfera de estas comarcas, por lo cual puede decirse, que no es su medio, y por lo tanto, al presentarse una epidemia es por importación. ¿Quién la propaga? El individuo enfermo o convaleciente, y las aguas co- rrientes que sirven para el uso de las personas, de lo cual se tienen pruebas indiscutibles. Para el año de 1915, reinando la epidemia de disente- ría en el vecino Estado Mérida, el río Chamas, que nace en las cumbres andinas, era puede decirse, tributario del Esca- lante, río que riega y fertiliza estas tierras y de cuyas aguas se sirven casi todos los pobladores; y contaminadas las aguas del primero, lo fueron las del segundo. Los ata- cados, al ser interrogados sobre el agua de su uso, respon- dían lo mismo: aguas del Escalante; y era de verse, como solo los que vivían en sus riberas, eran los afectados, con- servándose indemnes, los que moraban en el corazón de la selva, o que por su posición, podían usar aguas de cisterna o bien de filtración extraídas de pozos, o los que obedientes a los consejos del médico, se servían de las aguas del ríor después de hacerlas hervir. Hoy puede decirse, se ha obtenido la prueba evidente de lo que afirmámos en aquella época. Ha habido una epidemia de disentería bacilar, en los pueblos del Estado Mérida, y como el Chamas está desviado y sus aguas no caen al Escalante, no ha hecho acto de presencia entre los 107 moradores el flajelo. Hay más, se presentaron casos de disentería en «El Vigía», Estación terminal del ferrocarril, y al ser interrogados los enfermos, contestaban que se ser- vían de las aguas del Chamas. El uso de esas aguas con- taminadas, fue causa de ese brote, no cayendo aquellas co- mo antes al Escalante, le libraron de ser agente de propa- gación de la enfermedad; que a la vez no atacó en «El Vi- gía», a los que usaban aguas de lluvias recogidas en depó- sitos de hierro, destinadas para el servicio de los empleados de la Empresa de ferrocarril. Presentado el primer caso, el contagio puede realizarse fácilmente, de una manera directa, de persona a persona, o de una manera indirecta, con auxilio de las moscas, tras- misoras de todos los gérmenes patógenos. Causas que predisponen a la enfermedad: la falta ab- soluta de Higiene, los excesos de todo género, la ingestión de alimentos en malas condiciones o de frutas verdes, los enfriamientos del abdomen, la fatiga llevada hasta el sur- menaje y el estado de miseria fisiológica. Profilaxia Básase en la Etiología, y por ende, observado el pri- mer caso, es deber del médico, ordenar el aislamiento del enfermo; desinfectar los útiles, enfermeros, etc., que están en íntimo contacto con él; neutralizar las deposiciones con soluciones de sulfato de cobre o zinc, sublimado, formol o lechada de cal, cuidando de enterrarlas; perseguir las mos- cas, envenenándolas con soluciones de formol en leche; cuidar de que los alimentos no puedan contaminarse, y, hervir el agua y la leche, antes de tomarlas. Tratamiento Si como en la época de la epidemia de 1915, se carece de suero, se hace preciso apelar a un plan, que al par que libre al paciente de la toxemia, le trasmita energías para la lucha. Nada de ipecacuana ni menos su alcaloide, la emetina. La primera se hace intolerable, a despecho de combinarla 108 con cocaína, mentol, agua cloroformada, etc., ni en forma pilular barnizada, pues a más de ser ineficaz, establece des- de un principio los vómitos, que agotan al paciente; y con respecto a la segunda, puede solo servir, como medio de diagnóstico, como en la época a que nos referimos. El enfermo a quien se administraba por la vía hipodérmica, se desesperaba, haciéndose más alarmante su estado, presen- tándosele hemorragias intestinales y sintiéndose próximo al colapso, por más que solamente se le aplicara una dosis de dos centigramos. Se hace preciso apelar al calomelanos a dosis refrac- tas, al sulfato y fosfato de sosa, al aniodol interno, a lava- dos con suero fisiológico, de nitrato de plata al 1/1000 o de protargol, al uso del Lantol o Electragol, de tónicos cardía- cos y al implantamiento de una dieta casi hídrica. El gran recurso es el suero, que debe administrarse a buenas dosis, 20, 40, o 60 c. c., en las veinticuatro horas, según el caso, sostenido hasta que venga un cambio radi- cal en las deposiciones. Su acción es heroica, notándose de una manera notable, en los casos avanzados, cuando se inicia la destrucción de la ampolla rectal y del esfiter del ano, sucediendo a su administración, un período de calma, con cesación de los cólicos, tenesmo y deposiciones, y la reacción general del enfermo. Pronóstico Debe ser siempre reservado, pues es una enfermedad cuya mortalidad global, faltando el suero, pasa del 50% Si curaciones se obtuvieron con el plan indicado y usado cuando no teníamos el suero, puede decirse que era en los casos benignos, y no siempre podía esperarse el mismo re- sultado, pues a ello se oponían las individualidades. Conclusiones Creemos que delante de un caso de disentería, donde no sea fácil establecer un diagnóstico auxiliado con el exa- men de las heces o de los exudados del intestino, debe u- sarse la emetina, clorhidrato, a pequeña dosis; y si después 109 de administrarla no se observa mejoría del enfermo, y por el contrario se agrava, presentando hemorragias intestina- les, debe pensarse en una disentería bacilar y por lo tanto, no dar ipecacuana en ninguna forma y apelar al suero de Vallard-Dopter, que es el medio salvador. Para evitar que se propague la enfermedad, debe aislar- se el enfermo, neutralizar las deposiciones; y sobre todo, no permitir se beba agua sin antes hervirla, como tampoco le- che, y declararle la guerra a muerte a las moscas.-San Carlos de Zulia, Noviembre de 1920». El Dr. Enrique Tejera, comisionado por la Sanidad Na- cional fué a San Cristóbal (Estado Táchira) en 1919 a es- tudiar una epidemia análoga y logró aislar un bacilo del tipo Flexner. Es pues probable que el mismo bacilo sea la cau- sa de las epidemias del Distrito Colón. Coincide la opinión de Tejera con la de Cohén al incriminar el agua y la leche como principales vectores de la enfermedad. En su tra- bajo trae Tejera una nota en la que dice que Shiga describe una epidemia causada por el agua de un río contaminado. En un río del Japón se habían lavado ropas sucias de va- rios disentéricos. En el mismo río y por debajo de ese punto habían ido a pescar y a bañarse centenares de habi- tantes de un pueblo; cuatro días más tarde, 413 de ellos ha- bían contraído la disentería. 1 También es frecuente en el Distrito a que nos referimos la Anquilostomiasis, y la Leishmaniosis americana. En el Distrito Perijá es donde se encuentra el mayor número de casos de Fiebre hemoglobinúrica, hasta el punto de presentarse en ocasiones verdaderas epidemias. Tam- bién allí se encuentran con mucha frecuencia la Anquilos- tomiasis, la Leishmaniosis americana y el Carate. Sobre el estado Sanitario de una parte de este Distri- to dice el Dr. L. García Maldonado: «Las anotaciones que siguen corresponden a un ejer- cicio profesional de más de un año en el Municipio El Ro- sario del Distrito Perijá o más exactamente: a la Villa del 1 Informe de la Sanidad Nacional en 1919, pág 74. 110 Rosario y a los caseríos de Arimpia, Palmitas de Arriba, Palmitas de Abajo, La Rita, San Juan, El Pintado, San Ber- nardo, San Ignacio, Cañada Honda, Villa Vieja, Patillas, Jagüey Hondo, Puentecitas y Los Haticos. El paludismo es endémico en todos esos puntos, cons- tituye la principal enfermedad de la región y de ella sufren, prácticamente, la totalidad de los habitantes. Por lo gene- ral nunca se observan las formas francas del paludismo pri- mario ni aun del secundario y la gran mayoría de los casos corresponde a las manifestaciones febriles irregulares, la esplenomegalia, la anemia y la dispepsia gastrointestinal características del paludismo terciario. Esta dispepsia, ca- racterizada por una insuficiencia de los jugos digestivos respecto a la carne de res y por balonamiento del vientre después de las comidas, especialmente de la de la tarde, cura con vomitivos, quinina y arsénico. Es solamente en los enfermos de este paludismo terciario que se observan los llamados fríos de sangre, sensación subjetiva intensa muy efímera de frío a la cual no corresponde ningún alza termométrica. En el curso de este paludismo terciario se observan a veces formas febriles remitentes o continuas, de tipo bilioso generalmente, y que ceden con más o menos facilidad a la administración intensiva de la quinina por el método de Abrami, 3 gramos diarios de clorhidrato en dos inyecciones muy diluidas, hipodérmicas o intramusculares. Con el uso de las soluciones diluidas de quinina para la administración hipodérmica (soluciones del lpor 10 en ade- lante) no he observado nunca los abscesos asépticos y las vastas mortificaciones de tejidos que tan frecuentemente se señalan con el uso de las soluciones concentradas (1 gramo de sal de quinina para 2 ó 4 de agua o suero). Respecto a formas graves solo he visto un caso de perniciosa comatosa en un niño de 11 años, que curó rápidamente con las altas dosis de quinina (3 gramos de clorhidrato en 24 horas). Entre las consecuencias del paludismo he observado la ne- fritis crónica con relativa frecuencia, una sola vez la cirrosis hipertrófica en un mozo de 16 años, que curó con quinina y arsénico y nunca ninguna alteración cardíaca ni aneurismá- tica. El aborto en las mujeres es muy frecuente y su na- turaleza palúdica puede establecerse en consideración a que 111 mujeres que no habían podido llevar un feto a término pue- den hacerlo en embarazos posteriores si se someten a un tratamiento antipalúdico adecuado (las otras causas de aborto son: la sífilis, poco frecuente, y el matrimonio entre consanguíneos, muy frecuente). En ningún caso he podido ver en la quinina acción abortiva así como tampoco hemo- lítica. En dos casos de hemofilia, los únicos que he visto en la región, la quinina no tenía ninguna acción sobre el praceso mórbido, ni favorable ni perjudicial. Es de seña- larse el hecho de que la leche es muy mal soportada por los palúdicos esplenomegálicos mientras que beneficia a los hepatomegálicos. El queso, que constituye con el plátano la base de la alimentación en esta región, es en cambio muy soportado por todos, en cualquier cantidad. De una ma- nera general el paludismo de este Municipio es benigno y la causa de ello debe sobre todo buscarse en la generalización del uso de la quinina: no hay casa ni rancho en donde no se encuentre ya sea un frasco de sulfato de quinina ya sea cualquiera de los numerosos preparados antipalúdicos na- cionales o extranjeras, todos más o menos buenos. De los caseríos citados los más sanos son San Ignacio, San Juan y Palmitas de Arriba, azotados todos tres por una constante brisa fuerte. Los menos sanos son Arimpia, Villa Vieja y El Rodeo y es fácil comprobar en ellos una mayor cantidad de anofeles. De fiebre biliosa hemoglobinúrica solo he visto tres ca- sos: el primero en 1918 en un niño de 12 años que murió al quinto día con los síntomas de una ictericia grave. El segundo caso en 1919 en un joven de 15 años que curó al tercer día. El tercero en 1920 en un hombre de 40 años que murió al quinto día, ya normales las orinas, con los sín- tomas de una miocarditis aguda. En los tres casos la base del tratamiento fué el suero fisiológico y la quinina. Agrego especificado un caso de hemoglobinuria netamente quínica. 1 El Asma viene en frecuencia inmediamente después del paludismo. Aun cuando a veces está netamente relacionada con un estado inflamatorio de la nariz, de la faringe o de los 1 V. «La Beneficencia» 1920 - n0 446. 112 bronquios o con trastornos dispépticos intensos, suele re- vestir el aspecto de asma esencial. Entre los parásitos intestinales el más frecuente es el ascárides, sobre todo en los niños, en donde produce convul- siones de gran aparato y en donde entretiene ya el paludis- mo ya las gastro-enteritis crónicas; su frecuencia se explica fácilmente por la costumbre de dejar a los niños horas ente- ras sobre el suelo desnudo. Luégo viene el anquilostomo, siendo de notar que son mucho más frecuentes los portado- res de parásitos sin la anemia, que los anémicos típicos an- quilostomiásicos. Esta anemia es mucho menos marcada que la que se observa en la misma clase de enfermos de los alrededores de Caracas, por ejemplo. El síntoma casi único es la anemia profunda con la característica decoloración de la conjuntiva palpebral, que no he podido ver nunca en las otras variedades de anemia. Todos los anquilostomiásicos que he visto han sufrido de sabañones y son trabajadores de las orillas del río Cogollo. El timol, según el método habitual da rápida cuenta de todos los síntomas sin que se observe esa persistencia tenaz de la anemia tan frecuente y fácil de observar en los anquilostomósicos de los alrededo- res de Caracas, tratados exactamente por el mismo método. La amiba disentérica es la causante de las disenterías agu- das y crónicas que se observan, con poca frecuencia; en uno de los casos que vi, asociada a la cercomona intestinal. Un solo caso de tenia saginata. El tricocephalo es raro. De las enfermedades de la piel las más frecuentes son el carates, el impétigo y la sarna. El carates es mucho me- nos frecuente que en el otro Municipio del Distrito; los ca- sos que he visto han sido accidentalmente pues ninguno de ellos era reciente y los casos viejos suelen no incomodar a sus portadores. La «picada de pito», que el Dr. E. Tejera identificó con la Leishmaniosis brasilensis es ahora escasa: no he visto sino un caso, curado expontáneamente. 1 Las enfermedades venéreas son mucho más frecuentes en la población no autóctona déla región: sífilis bajo todas sus formas y blenorragia. Lo mismo sucede con el alcoholis mo y con la criminalidad, estrechamente ligada al alcoholis- 1 Las úlceras tropicales son menos frecuentes que lo que suelen serlo en los pueblos de Venezuela. 113 8 mo: son casi exclusivos (en los que he observado) a la pobla- ción no autóctona. En los niños solo he observado la gastro-enteritis agu- da y crónica, la broncopneumonía y la escrofulosis, bastan- te frecuente. No he visto fiebres eruptivas, ni tétanos in- fantil ni heredo-sífilis. En los viejos la pulmonía constituye la muerte natural en esta región, como en todas partes. Las enfermedades propias de las mujeres son muy fre- cuentes y se les encuentra como causas habituales la bleno- rragia y la pésima asistencia higiénica prestada por las co- madronas durante los partos y el puerperio. De las enfermedades infecciosas agudas, la gripa y la fiebre tifoidea. La gripa, después de la pandemia (que tuvo aquí una mortalidad de un 10 por ciento) ha quedado ma- nifestándose por casos esporádicos poco graves. La ti- foidea es frecuente y aun cuando no tengo datos bacterio- lógicos en que fundarme creo que es tifoidea por la evolu- ción típica en septenarios, el dolor y el gargullido en la fosa ilíaca derecha, el estado tifoideo franco, las hemorra- gias intestinales en la segunda y tercera semana y la nin- guna influencia de la quinina, ni aun a altas dosis, sobre la marcha del proceso. La balneación fría atenuada y el tra- tamiento sintomático han logrado curar todos los casos que he visto. La tuberculosis no es frecuente: solo he visto cuatro casos de pulmonar todos de evolución muy tórpida. Una adenopatía traqueobrónquica en un niño. El cáncer lo es menos aun: solo he visto uno en un viejo de 70 años, en el estómago. En los ojos la vulgar conjuntivitis aguda, el pterigion, la catarata: un caso de conjuntivitis granulosa crónica en un enfermo de Machiques. En los oídos, escasamente la otitis media purulenta, de origen gripal. En la boca estomatitis banales en relación con hiperacidez gástrica. En la nariz, en la faringe alteraciones adenoideanas. El reumatismo crónico común es frecuente especial- mente bajo la forma de lumbago. Los habitantes de la región soportan sin mayores al- teraciones la reverberante luz solar y su temperatura que 114 alcanza corrientemente a la sombra en la tarde 35°. La ra- za predominante en la región es la blanca; luego viene la mestiza; luego el indio; el negro es muy escaso en este Mu- nicipio.-Marzo 10 de 1920». En Sucre, cuyo Estada Sanitario, como hemos visto atrás, es tan deplorable, que si no fuera por la constante in- migración de trabajadores para las Minas y Centrales Azu- careros, estaría completamente despoblado, además del Paludismo, que es el factor principal de ese estado, existe la Anquilostomiasis. que también hace numerosas víctimas y la Leishmaniosis americana. Fue en un enfermo de este Dis- trito atacado de Enfermedad de Chagas (Tripanosomosis A- mericana). que el Dr. Tejera encontró por primera vez entre nosotros la sangre infectada con el Tripanosoma Cruzi. Tratemos por último del Estado Sanitario de la ciu- dad de Maracaibo. La Tuberculosis, la Fiebre Tifoidea, el Cáncer, las Afec- ciones Gastro-Intestinales son las enfermedades que más frecuentemente ocurren en la ciudad. Uno de nosotros ha clasificado los 3.124 enfermos (1.922 adultos y 1.202 niños) que ha asistido en la Clientela Civil, en el espacio de cuatro años (1916 a 1920), y le dió el resultado siguiente: Capítulos de la Clasificación Adultos Niños Total Enfermedades generales 781 285 1.066 del sistema nervioso 82 4 86 " aparato circulatorio 63 0 63 " respiratorio 76 168 244 " digestivo 568 677 1.245 " génito-urinario (V) 46 4 50 a u a a u (ti) 70 1 71 Estado Puerperal 70 70 Enfermedades de la piel y tejido celular 93 31 124 de los órganos de la loco- moción 9 1 10 Accidentes 24 18 42 Enfermedades de los órganos de los sentidos 40 13 53 1.922 1.202 3.124 115 Predominan aquí, como se ve, las afecciones del Apa- rato Digestivo: 1.245 o sea 39.85%, proporción que es ma- yor aún en los niños pues entre los 1.202 hay 677 o sea 56.32%, con esas afecciones. Entre los adultos hay 195 Enterocolitis, 92 Dispepsias, 50 Hepatitis (las supuradas, raras; sólo 3). En los niños, las Gastro-Enteritis con 471 y Rectitis ulcerosa, 21. Esta última ha causado el mayor número de muertos relativamente: 4, o sea un 19.05%. La mortalidad por gastro-enteritis fué de 4.03%. Entre las Enfermedades generales figuran en los adul- tos principalmente, el Paludismo con 193 casos, aunque es de advertir que la mayor parte de estos casos son venidos de los Distritos foráneos o de los Campos vecinos; en la ciudad sí hay paludismo, pero no es muy frecuente; la Grippe con 188 casos de los que 104 corresponden a la pandemia de 1918; la Tuberculosis (74), Disentería (69), Eiebre Tifoidea (15), Dengue (Wf Difteria (5); en 1916, 11 casos de Sarampión; y 14 de Viruela (6 en 1916 y 8 en 1917). En los niños las principales fueron: Paludismo (81), Grippe, 65 (de la pandemia 11), Sarampión, 37 (de 1916 a 1917), Fiebre tifoidea (27), Difteria (5), Dengue (5), Viruela, 5 (de 1916 a 1918). Crup, Escarlatina y Tosferina, raros ca- sos. La mayor parte de los 168 casos de afecciones del Aparato respiratorio fueron Bronquitis y Bronconeumonías. En 3.511 niños asistidos en la Clínica de Niños Pobres de esta ciudad desde Abril de 1919 hasta Septiembre de 1920, se encuentran: Afecciones digestivas 1.524 " respiratorias 865 " cutáneas 181 " de los oídos 84 " de los ojos 97 " de la nariz 53 " nerviosas 21 " urinarias 17 " varias 669 3.511 Las afecciones digestivas forman el 46.25% del total y entre las digestivas, predominan las Gastro-Enteritis y Dia- rrea (264) con 17.32%. 116 SEGUNDA PARTE NOSOGRAFÍA CAPÍTULO PRIMERO ENFERMEDADES COSMOPOLITAS I Enfermedades generales Fiebre Tifoidea. En el Estado Zulia es endémica la Fiebre Tifoidea] ésta se observa en todos sus Distritos. En ciertos meses del año, sobre todo cuando el calor arrecia, de mayo a agosto, haciéndose casi sofocante, su gravedad se intensifica, y se observa cierto número de ca- sos simultáneamente, como si asumiera un carácter epidé- mico; pero la observación y el estudio detenido del asunto, enseñan que verdaderas epidemias de Fiebre Tifoidea no se han señalado entre nosotros. Además de las causas predisponentes como la edad (entre los 10 y los 25 años), el sexo (es más frecuente en el masculino), y las intemperancias, fatigas, trabajos árduos, y fuertes emociones (la hemos visto iniciarse después de ciertas fiestas y de una labor intensa y sostenida en algu- nos empleados de comercio), anotamos que la temperatura ambiente excesiva y prolongada tiene entre nosotros mar- cada influencia en su desarrollo como lo comprueba el he- cho, ya señalado, de su mayor frecuencia e intensa grave- dad en los meses más calurosos del año. Y es precisamen- 117 te en esta época de su mayor frecuencia, cuando las mos- cas son numerosísimas, lo que hace pensar en la acción que como vectores del germen específico ejercen dichos insec- tos respecto al contagio. La calidad del agua que se consume en el Estado es una de las principales causas que mantienen y propagan la endemia tifoidea. Como en capítulo anterior hemos dicho, no hay acueductos en el Zulia y el pueblo se surte de agua de algibe, de jagüeyes, de pozos, de ríos y del Lago. Todas estas aguas pueden contaminarse y lo hacen fácilmente, en especial las de los pozos o cacimbas que se fabrican en los cauces de las cañadas, sitios arenosos por los que van ha- cia el Lago las aguas pluviales y en donde se arrojan mu- chas horruras e inmundicias; y hemos observado muchos casos simultáneos de fiebres tifoideas en personas y fami- lias que han hecho uso de aguas de esa procedencia. Y cuando por falta de lluvias se pronuncia la escacés de agua, hay muchos habitantes entre la gente pobre que, aúnen Ma- racaibo, hacen uso del agua del Lago para beber, lo cual es mucho más peligroso desde el punto de vista que tratamos, pues en el Lago es donde desaguan las cloacas de esta ciu- dad y adonde las lluvias arrastran detritus de todo género en los otros pueblos del Estado; además de que entre nos- otros sus orillas son verdaderos lavaderos públicos. Suce- de también que esta agua del Lago es la que generalmente se emplea para el baño y para los usos domésticos. Y ya que hemos mencionado las cloacas, digamos que éstas, por su mala construcción y funcionamiento, son otras délas causas que en Maracaibo han contribuido eficazmente a la propagación de la Fiebre Tifoidea. En distintas oca- siones se ha llamado la atención sobre este asunto. 1 Hay una costumbre entre nosotros, la de comerse algu- nas frutas con cáscara, que puede contribuir al desarrollo de la fiebre pues dicha cáscara se infecta con mucha facilidad. En el Estado se observan todas las formas de la Fiebre Tifoidea: graves, benignas, abortivas, de corta duración, de 1 Dres. A. Ortega, R. Govea e Ing. Enrique Vílchez. Informe a la Junta de Salubridad del Estado-1913. Dr. E. Soto G. Higienización de Maracaibo, Comunicación al II Congreso Venezolano de Medicina. Sección de Higiene pág. 264. 118 muy larga duración, atáxicas, adinámicas, etc.; pero la forma que pudiera llamarse habitual por su frecuencia, es la forma biliosa con predominio de trastornos en el aparato hepático-biliar. El crecimiento hepático es muy común en nuestros tifoicos. El índice de mortalidad de la Fiebre Tifoidea es entre nosotros muy alto entre los 15 y 25 años. El siguiente cuadro demuestra cual ha sido la mortalidad en el Estado durante ocho años: Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Bolívar ... 0 6 8 1 27 30 30 14 Colón .... 8 3 7 7 6 3 3 5 Mara . . . 7 7 7 8 12 3 1 2 Maracaibo. 39 32 44 53 31 19 25 39 Miranda . . 6 7 0 3 7 8 4 5 Páez .... 2 0 3 12 2 0 0 1 Perijá .... 7 7 5 3 6 7 12 7 Sucre .... 2 7 4 3 8 0 1 1 Urdaneta .. 11 6 12 17 6 31 4 6 La profilaxia debe efectuarse por una parte, tratando de modificar las causas predisponentes y obrando contra el contagio; y por otra, de un modo específico por medio de la vacunación. Habido el conocimiento de que las bebidas que se usan en la alimentación, sobre todo el agua, son trasmisoras de gérmenes tifoideos, es necesario esterilizarlas antes de su empleo. La leche es un gran vector de gérmenes, más, mu- cho más, si se agrega que para lograr mayores rendimientos, al expenderla al público la mezclan con agua regularmente nada pura; es ésta una causa muy grave de serias infeccio- nes tíficas e intestinales entre nosotros, tanto más cuanto que muchos expendedores lavan también los envases en que traen la leche, en el Lago, en sitios vecinos al desagüe de las cloacas. Toca a las Autoridades Sanitarias dictar las medidas conducentes a la extirpación de tan grave ame- naza para nuestra salud, vida y población. Debe usarse el agua hervida o convenientemente fil- 119 trada, hervir las legumbres, lavar las frutas, hervir la leche, castigar fuertemente a los expendedores que la adulteren, lavarse las manos antes de comer, y en tiempos calurosos evitar la insolación, los excesos de todas clases y a ser po- sible, vacunarse preventivamente. Para evitar el contagio, es preciso que en todos los ca- sos de Fiebre Tifoidea el médico tratante explique a la fa- milia los cuidados que deben tenerse con las deyecciones, orina, ropas de cama y demás útiles en contacto con el en- fermo. Tanto en la casa del enfermo como en las vecinas, debe hacerse todo lo posible para destruir las moscas que, como yá hemos dicho, son uno de los principales medios de propagación de esta enfermedad. También debe vigi- larse a los portadores de gérmenes. Por la observación clínica creemos que las Fiebres Pa- ratifoideas existen en el Estado; pero hasta ahora no se han practicado los trabajos bacteriológicos necesarios para el diagnóstico exacto y la diferenciación de cada tipo. Tifas exantemático. Aunque en la estadística aparecen 6 casos en el lapso de 1912 a 1919 (1 en el Distrito Mara en 1915; en Páez 1 en 1913 y 2 en 1914; en Perijá 1 en 1915 y 1 en ürdaneta en 1913), nos parece que esto es debido a una mala clasi- ficación y que esta enfermedad no existe en el Estado Zulia. Viruela. En 1843 invadió la Viruela por primera vez a Mara- caibo introducida por un marinero procedente de San Tho- mas. Hubo entonces varios casos y la mortalidad fué muy alta: 30%. También invadió La Cañada (Distrito Urdane- ta). Tomáronse inmediatamente medidas eficaces que en poco tiempo dieron por resultado la extinción de la epide- mia. Don M. de Arocha fué nombrado Vacunador público, En 1846 hubo también algunos casos, pero debido a las precauciones tomadas no causaron grandes estragos. En el año de 1898 invadió la viruela a la ciudad de Va- lencia, Capital del Estado Carabobo y de allí se propagó a gran parte del Centro de la República. El Gobierno del Zulia tomó en seguida las medidas necesarias para impedir 120 la importación de la epidemia: decretó la vacunación obli- gatoria, para lo cual suministró linfa importada e hizo pre- pararla en esta ciudad; estableció la observación para los buques procedentes de las regiones invadidas; adquirió un terreno en un campo vecino para establecer allí un Degredo (Hospital de aislamiento), caso de presentarse la epidemia, y complementó éstas con todas aquellas medidas de aseo, etc., que son de rigor en tales casos. Los particulares se- cundaron eficazmente la acción gubernativa, facilitando la vacunación, preparando también linfa, etc. Todo esto dió por resultado que Maracaibo se vió libre en ese tiempo del peligro que le amenazaba. Pero en 1900, por razones de orden público, vino a esta ciudad un ejército del Centro de la República y entre las tropas había algunos individuos con viruela, que propagaron a la población civil la epidemia. Pero no hizo grandes estragos pues la mayoría de la po- blación estaba yá vacunada; hubo, naturalmente algunos casos graves y varios mortales. De nuevo invadió la viruela a Maracaibo, y de aquí se propagó a casi todo el Estado, en 1916. Esta vez fué traída también por otro ejército, venido en esta ocasión del Estado Táchira. Merced a las oportunas medidas tomadas, la epidemia no tuvo mayor incremento. De tiempo en tiempo hay algunos casos aislados que se extinguen rápi- damente. Estos casos serán cada vez más raros pues de- cretada obligatoria la vacunación y practicada ésta en gran- de escala hoy, esta enfermedad desaparecerá de nuestra nosología como ha desaparecido en otros países civilizados. Mortalidad 1916 1917 1918 1919 Distrito Colón 38 24 Mara 12 Maracaibo 7 50 Miranda 8 2 5 * Sucre 1 Urdaneta 1 Varicela. De tiempo en tiempo se presentan epidemias de Vari- 121 cela, que se propagan especialmente entre los niños. La mortalidad es nula. Sarampión. Invadió el Sarampión por primera vez a Maracaibo el año de 1852 y se propagó con mucha rapidez en el Estado, haciendo gran número de víctimas. Luego volvió en 1865, 1875,1885, 1896, 1906 y 1916. Obsérvase como si hu- biera cierta periodicidad en estas invasiones. Entre nosotros, las más temibles complicaciones de es- ta epidemia, por la gravedad que siempre tienen, son las gastro-intestinales. Mortalidad 1916 1917 1918 1919 Distrito Bolívar 5 7 Colón 22 8 " Mara 27 4 Maracaibo 57 6 3 1 Miranda 9 33 1 Perijá 4 1 Urdaneta 3 1 Escarlatina. Es poco frecuente en el Zulia; no tenemos noticia de que se haya presentado bajo la forma epidémica. La mor- talidad ha sido de 9 de 1916 a 1919 (1 en Colón en 1918; 1 en Maracaibo en 1917 y 1 en 1918; 2 en Miranda enl916 y 3 en 1919; 1 en Urdaneta en 1916). Tosferina. 83 defunciones clasificadas ha producido esta enfer- medad en el Estado de 1912 a 1919. Preséntase en forma epidémica en épocas diversas y entonces la acompaña el cortejo de las complicaciones que le son propias. Actual- mente (1920) hay una epidemia, hasta ahora de forma be- nigna. Parotiditis epidémica. Periódicamente se presenta esta molesta afección, lla- mada entre nosotros Paperas, principalmente entre los niños. 122 Se observan también las complicaciones propias de ella. No tenemos noticia de defunción alguna por su causa. Difteria y Crup, Nada particular hay que anotar sobre estas enferme- medades. En la estadística hay 146 defunciones produci- das por ella en el Estado de 1912 a 1919. En Maracaibo predomina la Difteria de Enero a Marzo. El empleo opor- tuno del suero casi siempre cura la enfermedad. No sabe- mos que haya habido alguna vez epidemia de Difteria. Grippe. Hace yá bastantes años que en el Estado se presentan epidemias de una fiebre catarral, especialmente en las tran- siciones entre las estaciones seca y lluviosa, llamada ge- neralmente Grippe\ pero al lado de esos casos, benignos por lo general, había otros que los médicos calificábamos de Grippe infecciosa, para diferenciarlos de aquellos, de gra- vedad muchísimo mayor a causa de las complicaciones to- rácicas, abdominales, (principalmente biliares) o cerebrales que los acompañaban. Aunque contagiosa, en ninguna ocasión su radio de acción se extendió mucho. Pero en el año de 1918, durante la gran epidemia que asoló al mundo entero, fué invadido también el Zulia y en- tonces sus estragos sí fueron de consideración. El 22 de Octubre de 1918 llegó a esta ciudad una go- leta procedente de La Guaira, donde reinaba la epidemia, con dos enfermos de grippe'. uno fué al Hospital de Benefi- cencia y el otro a la calle de Monagas en el Municipio Chi- quinquirá. Esa fué la chispa: poco después se desarrolló el incen- dio que se propagó a toda la ciudad; ya para el día 28 ha- bía muchos casos y durante la primera semana de Noviem- bre alcanzó su apogeo la epidemia. Puede calcularse que un 60% de la población adulta sufrió la enfermedad. En los viejos y en los niños hubo relativamente muy pocos casos. Luego empezó a decrecer y ya para fines del año los casos que se veían en la ciudad eran casi todos venidos de los campos vecinos o de los Distritos foráneos, pues, como 123 era natural en una enfermedad tan contagiosa, inmediata- mente se propagó de esta ciudad a los otros Distritos. Durante esa epidemia la ciudadanía de Maracaibo de- mostró que sabe, cuando las circunstancias lo requieren y aun cuando se vea abandonada a sus propias fuerzas, en- frentarse a los peligros que la amenazan. Inmediatamente se constituyeron Juntas de Socorro que, especialmente en- tre el Comercio de esta ciudad, acopiaron los recursos nece- sarios para la lucha, emprendieron ésta y combatieron el mal hasta vencerlo. Polimorfa como en todas partes se mostró aquí la Grippe en esa ocasión, predominando las formas torácicas. Imposible saber la verdadera mortalidad en esos días en que todos los servicios estaban desorganizados. Las ci- fras que van a continuación indican el número de casos fa- tales anotados en la estadística. 1918 1919 Distritos Octbre. Novbre. Dicbre. Enro Febrero. Bolívar 0 98 37 1 0 Colón 0 85 127 13 7 Mara 0 23 61 9 0 Maracaibo 1 564 105 15 4 Miranda 0 41 45 9 2 Páez 0 0 1 3 1 0 Perijá 0 46 92 25 2 Sucre 0 182 0 2 0 0 Urdaneta 1 17 42 2 0 Totales 2 1056 512 75 15 En Marzo hubo 5 defunciones en todo el Estado y ya en Abril ninguna. En este año de 1920 ha habido también una pequeña 1 En el Distrito Páez no aparece ninguna defunción porgrippe en Novbre. y solo 3 en Dicbre.; pero en cambio,en Enfermedades mal definidas, que en Setbre. y Octbre. hay 3 y 2 respectivamente, aparecen en Nov. Dic. y Enero 46, 43 y 11 respectivamente, para bajar nuevamente en Febrero a 6. 2 Lo mismo sucede en Sucre en Dic. en que las Enfermedades mal defini- das figuran con 87 y en Enero con 32 cuando la cifra regular es de 20 a 30. El .exceso en ambos Distritos debe corresponder a la Grippe. 124 epidemia de grippe que, al contrario de la pasada, se ha cebado principalmente en viejos y niños. Ha habido algunos casos fatales, cuyo número exacto no podemos precisar porque carecemos de los documentos necesarios para ello. Cólera asiático. Sorpresa nos ha causado encontrar en la estadística que en el Distrito Urdaneta hubo en 1914 dos casos de Cólera asiático. Suponemos que haya habido confusión con alguna de esas diarreas coleriformes tan frecuentes entre nosotros o con la forma coleriforme del paludismo, que reina en aquella localidad. Cólera riostras. Cinco defunciones hay por esta afección en el Estado de 1912 a 1919. Lepra. La Lepra es endémica en el Estado Zulia. La historia anota su existencia en estas regiones desde el año de 1804, fecha en la cual fué importada a Maracaibo por un sujeto pro- cedente de Santo Domingo. La observación demuestra que son más numerosos los afectados de Lepra en los Distritos Maracaibo, Perijá y Sucre. Hemos visto un caso de Aihum procedente de este último Distrito y de raza negra. El mal per- forante plantar lo hemos observado varias veces en indivi- duos de distintas regiones del Estado y hemos podido se- guir el curso de algunos de estos casos durante cierto nú- mero de años; en varios de ellos, la Lepra ha evolucionado con todo su cortejo clínico; en otros ha persistido la úlcera sin otras notaciones de Lepra y, por último, en otros ha ci- catrizado sin que la sigan manifestaciones leproideas. Tam- bién hemos observado sujetos con panadizo analgésico que han terminado por ser leprosos en el lapso de algunos años. Las formas de Lepra que comunmente se observan son la tuberculosa y la anestésica. Y siendo, como es, el con- tagio la causa principal de su propagación, debe, en primer lugar, aislarse el enfermo y en casos en que esto no sea po- sible, debe evitarse el trato íntimo, el roce prolongado con los que padecen de lepra abierta; es decir, de ulceraciones mucosas o tegumentarias. 125 En el Zulia, en la Isla de Providencia, está uno de los dos Leprocomios que existen en la República y para Di- ciembre de 1920 alberga en su seno 553 leprosos. Inútil es insistir sobre el peligro que para Maracaibo y para las poblaciones de la costa que está inmediata a la di- cha Isla representa el Leprocomio, si éste no está higiénica- mente organizado. Este punto fué tratado extensamente en las sesiones del II Congreso Venezolano de Medicina, reu- nido en esta ciudad en Enero de 1917. 1 Debemos hacer hincapié en el establecimiento de Pozos sépticos en el Leprocomio y en que se haga cumplir estric- tamente la disposición que prohíbe la pesca en la vecindad de la referida Isla de Providencia. La mortalidad anotada en la estadística es la siguiente: Distrito Mara 2 (1 en 1916 y 1 en 1917). " Maracaibo, 27 (1912, 7; 1913,19; 1914,1). " Perijá 1 (1919). La mortalidad en el Leprocomio ha sido: 1908 33 1912 29 1916 85 1909 36 1913 48 1917 40 1910 21 1914 32 1918 42 1911 25 1915 46 1919 33 Erisipela. Muy común en otras épocas, hoy con la antisepsia y la vulgarización del empleo de la tintura de yodo ha dis- minuido su frecuencia. En ocasiones, el suero antiestrep- tocóccico obra maravillosamente. La erisipela de la cara se presenta en ocasiones no muy comunes. También hay a veces estreptococcias generalizadas de gravedad bastan- te. 41 defunciones hay anotadas por Erisipela en el Es- tado de 1912 a 1919. Infecciones purulentas. Septicemia. Afecciones éstas que también han disminuido mucho de frecuencia. Han pasado a la historia las epidemias que 1 Segundo Congreso Venezolano de Medicina. Sección de Medicina Ge- neral y Patología Tropical, pág. 58 y siguientes. 126 en los hospitales había. Cada vez más rara, apenas se ob- serva en aquellos casos en que por presentarse los acciden- tes en lugares apartados y desprovistos de recursos toma cuerpo la infección. 50 defunciones figuran en la esta- dística de 1912 a 1919. Pústula maligna y carbunclo. Enfermedad más bien rara entre nosotros. Solo hay anotadas 13 defunciones de 1912 a 1919. Tétanos. Desgraciadamente no podemos decir lo mismo respec- to al Tétanos, pues esta mortal afección todavía se presenta a menudo entre nosotros. Nos parece que el número de 179 defunciones que por ella ha habido en el Estado, de 1912 a 1919, está por debajo déla verdadera cifra. Debe- ría vulgarizarse el empleo del suero antitetánico preventi- vamente para ver de disminuir los estragos producidos por esta enfermedad. En el Hospital de Beneficencia de esta ciudad, donde sistemáticamente se inyectan con suero to- dos los heridos sospechosos, no se ha presentado, desde que esa práctica se sigue, ningún caso de tétanos. Mocezuelo. 417 pequeñas víctimas han sido registradas en la esta- dística como producidas por esta afección. Creemos que el número es bastante mayor. Es tiempo yá de que esa enfermedad desaparezca de las listas de defunciones y por todos los medios posibles debería hacerse la propaganda de la cura aséptica del cordón. Es tan fácil en este caso la profilaxia, que verdaderamente conmueve el número de niños que el descuido en esa cura arrebata anualmente en- tre nosotros. Beriberi. No existe, o por lo menos es excesivamente raro en el Zulia. Los casos que una vez que otra se ven aquí son importados. Dos defunciones de 1912 a 1919 acusa la estadística en el Estado. 127 Tuberculosis. La Tuberculosis es muy frecuente en el Zulia, sobre todo en Maracaibo y Altagracia, y su extinción, o por lo me- nos su disminución, es asunto de vital importancia para el Estado. La mortalidad que causa, sobre todo en los jóve- nes, es tan elevada, que la consideramos como uno de los factores principales en el poco aumento de población que se palpa entre nosotros. Se observan todas sus formas y hace presa en todas las edades; sus localizaciones más comunes son en el apa- rato pulmonar en la juventud y la vejez, afectando los siste- mas ganglionar y óseo, por orden de frecuencia, en la ado- lecencia y en la pubertad. Son de alguna frecuencia tam- bién las lesiones intestinales y perifonéales. La mortalidad por tuberculosis pulmonar, la que mayo- res víctimas causa, es la que sigue: Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Total Bolívar 0 10 14 2 9 8 8 10 61 Colón 24 34 24 17 19 31 22 11 182 Mara 13 9 7 5 14 8 13 7 76 Maracaibo 135 119 154 183 163 176 200 168 1298 Miranda 8 18 5 5 5 11 13 8 73 Páez 12 7 5 5 2 0 1 1 33 Perijá 27 21 6 22 14 17 12 30 149 Sucre 0 5 4 9 1 0 2 1 22 Urdaneta 15 18 27 14 14 28 27 16 159 Totales 234 241 246 262 241 279 298 252 2053 No es posible, por carencia de datos, fijar con exacti- tud la proporción en que se presentan las distintas formas, la frecuencia con que son afectados los distintos órganos y aparatos, ni la proporción en que son interesadas las distin- tas edades; pero podemos asegurar que el número de defun- ciones es mayor entre 14 y 45 años y que la forma más fre- cuente es la bronco-pleuro-pulmonar, así como también que la Tuberculosis es más común en la Capital del Estado que en las poblaciones rurales. Entre sus causas predisponentes figuran en primer término el alcoholismo, la sífilis, el paludismo, la alimen- tación insuficiente y mala de nuestras clases pobres, sus ha- 128 bitaciones estrechas, húmedas, poco aereadas y por consi- guiente insalubres; circunstancias todas que obran debilitan- do el organismo y haciéndolo apto para el fácil desarrollo de los gérmenes que originan la enfermedad. Además, la falta de aislamiento de los enfermos, el hábito de escupir en el suelo, y de hacer el barrido de las calles y de las ha- bitaciones sin regar antes para evitar el levantamiento del polvo y con él gran número de gérmenes procedentes de los esputos desecados, la costumbre de besarse las personas entre sí y de besar así mismo a los niños, sobre todo en la boca, el uso común de los objetos del servicio, el empleo de la leche sin hervir y otras causas que favorecen el des- arrollo y fácil propagación de dichos gérmenes. Súmase a lo expuesto el que gran número de tuberculosos, especial- mente los crónicos, abandonan todo tratamiento y desoyen toda indicación, los más por falta de recursos y los otros porque juzgándose incurables consideran inútil toda lucha con el mál. Para oponerse al desarrollo de la Tuberculosis en el Estado debe evitarse toda causa de debilidad orgánica, pro- porcionando a los pobres habitaciones higiénicas, atenuan- do los rigores de nuestro clima con parques y jardines don- de las clases pobres respiren aire puro, y haciendo que me- jore en cantidad y calidad la alimentación que aquellas tie- nen hoy; luchar con energía para ver de extinguir la sífilis y demás enfermedades venéreas, el paludismo y el alcoho- lismo, éste último tan extendido y tan consentido entre nosotros, no obstante el conocimiento que se tiene de su funesta acción sobre el organismo y sobre la raza. Evitar el matrimonio de los tuberculosos, sobre todo de los que sufren lesiones abiertas; es ése el único mo- do de impedir la procreación de hijos degenerados, mal constituidos y peor cuidados, que serán los tuberculosos del porvenir. Sanear, además nuestras habitaciones, impedir las a- glomeraciones que agotan al tuberculoso y predisponen a los sanos a contraer la enfermedad. Educar a los pueblos y enseñarles los peligros de la Tuberculosis, bien llamada Peste blanca, para que en conocimiento de todo lo que puede 129 favorecer su producción o aumento, se eviten los inconve- nientes apuntados, y se contribuya con el Gobierno y los gremios todos que forman el conjunto social, para procurar el exterminio de esta causa tan evidente de nuestra despo- blación. Ya hace falta la construcción de Sanatorios donde se aislé al tuberculoso, se le rodee de todo lo que la ciencia aconseja para el tratamiento de su enfermedad y se le eviten las reinfecciones a que se halla expuesto, entre tanto se ob- tiene el medio de inmunizar al hombre por medio de la va- cuna activa. Escrófula. 5 defunciones hay anotadas en la estadística como producidas por esta afección. Dada la incertidumbre de esos estados llamados escrofulosos creemos que esas defun- ciones deberían agregarse a las causadas por la tubercu- losis. Raquitismo. El Raquitismo clásico, no existe en el Estado, o por lo menos nosotros no lo hemos visto. Sinembargo, en la estadística hay 48 defunciones por esta causa. Sífilis. La Sífilis existe en todos los pueblos del Estado Zu- lia. Se observa en todas sus formas y modalidades, y si parecen más frecuentes los accidentes del período secunda- rio, es porque las manifestaciones primarias pasan general- mente desapercibidas o desconocidas, y las del tercer pe- ríodo son confundidas con enfermedades orgánicas o visce- rales de otro origen. En la estadística figuran como causadas por la Sífilis 71 defunciones en el período de 1912 a 1919, distribuidas así: Colón, 3; Maracaibo, 62; Páez, 1; Perijá, 1; Sucre, 2; Urdaneta, 2. Estas cifras no las creemos completamente exactas, pues muchos casos de Sífilis visceral, es seguro que no han sido diagnosticados. Consecuencia es ésta del há- bito de la generalidad de nuestros sifilíticos de ocultar al Médico, mientras puedan, la enfermedad, por vergüenza, y 130 sólo manifiestan su mal a empíricos a quienes se entregan para hacerse tratar, empíricos que ignorantes del tratamien- to científicamante indicado en esos casos, son en gran par- te los culpables de los estragos que la Sífilis hace entre to- das nuestras clases sociales. Desarrollada de un modo alarmante la prostitución, y despertados y puestos en práctica de un modo escandaloso los hábitos de vida desenfrenada y licenciosa; puestos a la vista y al alcance de todos los bolsillos los detales de lico- res, es lógico deducir que la producción y el contagio de las enfermedades sifilíticas tengan mayores y mejores medios para su desarrollo. Y si a esto se agrega el que no son debidamente trata- das en su principio estas enfermedades, ya tendremos ex- plicada la extensión de tan grave mal. El ha invadido ya el hogar, donde ha llegado por vías fáciles de suponer, y muy principalmente, por contagio del servicio doméstico de donde ha sido propagado a víctimas inocentes alejadas de todo tráfico e inmoralidad. De causas conocidas, es fácil señalar la profilaxis; aun cuando en la práctica algunos de los medios indicados sean difíciles de implantar. Lo primero es la educación de las masas y su ilustra- ción acerca de los peligros de la Sífilis, el modo como se contrae, el modo como se trasmite, el tratamiento que re- quiere y el peligro que produce el matrimonio con sifilíticos, pues su acción sobre la natalidad es fatal; el producto de la concepción es expulsado antes de su completo desarro- llo, y el que logra desarrollarse, o muere prematuramente o vive siendo portador de los estigmas con que ha sido se- ñalado por sus padres infectados. Después, luchar por to- dos los medios para obtener la disminución, si no la ex- tinción de la prostitución; y mientras esto sea logrado, es- tablecer casas de corrección y clínicas y establecimientos especiales donde sean diagnosticadas y tratadas convenien- temente esta clase de enfermedades, a fin de que esterili- zando oportunamente el organismo, se impida la aparición de los síntomas secundarios y terciarios y se ponga un dique al contagio. Enseñarlos medios para evitar la trasmisión de la Sí- 131 filis y castigar a las personas que a sabiendas hayan sido causa de contagio; facilitar el trabajo de la mujer y educar- la convenientemente para ponerla a cubierto de las ace- chanzas del vicio; prohibir el matrimonio con sifilíticos y evitar el contagio de los niños por las nodrizas; ilustrar so- bre el verdadero tratamiento de la Sífilis y hacer ver a los afectados que la enfermedad no está curada por el hecho de la desaparición de las lesiones superficiales y que el trata- miento debe continuarse hasta que un médico ilustrado au- torice su suspensión. Casos vemos diariamente de sujetos que se han creído sanos después de una o varias aplica- ciones de salvarsan o sus homólogos y en los cuales han reaparecido con mayor violencia lesiones secundarias, sin que haya habido reinfección. Hay que prevenir todos estos peligros y sobre todo no permitir el matrimonio sin la plena seguridad de estar los contrayentes completamente sanos, si no quiere atentarse contra la Sociedad y contra la Raza. Blenorragia y Chancro blando. La Blenorragia y el Chancro blando son también en- fermedades, sobre todo la primera, muy frecuentes entre nos- otros, aunque su mortalidad es casi nula. 2 defunciones anotadas en los ocho últimos años producidas por la Ble- norragia. Generalmente tenidas como enfermedades sin impor- tancia, entre nosotros no solo preocupa poco el contraerías, sino que para su tratamiento ni siquiera es solicitado el Médico, pues su terapéutica, bastante vulgarizada, se supone al alcance de cualquiera. El sujeto que las contrae, ig- norante de sus consecuencias, pues las supone, sobre todo a la Blenorragia, de acción puramente local, se cree curado cuando han desaparecido sus síntomas más molestos y a- bandona toda precaución y todo tratamiento. De esto re- sulta que su generalización se hace fácilmente y síntomas graves aparecen con todas sus consecuencias cuando me- nos lo esperaba el enfermo. Como la Sífilis, estas enfermedades constituyen un peligro social y urge tomar, como para aquella, idénti- cas precauciones para salvar a la Sociedad del inmenso 132 peligro que acarrean. Por sobre todo, la ilustración sobre la enfermedad, sus causas, medios de propaga- ción y consecuencias, a fin de hacer ver lo peligroso de éstas y que no sean tenidas por benignas enfermedades que como la Blenorragia son capaces de infectar órganos cuyas funciones son esenciales a la vida individual y de la especie, Entre las complicaciones más frecuentes que se obser- van en el Estado, además de las del aparato genital de am- bos sexos que son comunísimas, y tan nocivas por la este- rilidad que es su consecuencia, las oftalmías de los recien- nacidos son causa responsable de no pequeño número de ciegos que vegetan en el territorio del Estado. Cáncer. Esta terrible enfermedad existe en todo el Estado: ya digimos atrás que relativamente se encuentra con mayor frecuencia en el Distrito Urdaneta. Efectivamente, con ex- cepción de Maracaibo, aquél acusa el máximum de morta- lidad: 30 de 1912 a 1919. En el Estado llega a 419 el número de víctimas durante los ocho años últimos. Hasta el año de 1915 trae la estadística a nuestro alcance la cla- sificación de los órganos afectados; del 1916 al 1919 están todos englobados en una sola denominación. El cuadro que sigue muestra su distribución en el Estado: □5 O Q O Estómago e hígado 3! X 3 3 m N □ o* V) ® o o o w i a DISTRITOS Bolívar 0 0 0 0 0 1 16 17 Colón 3 1 1 1 0 0 19 25 Mara 0 0 0 0 0 0 10 10 Maracaibo 8 27 5 26 14 3 213 296 Miranda 0 1 0 2 0 0 15 18 Páez 0 0 0 0 0 0 4 4 Perijá 0 1 0 2 0 0 13 16 Sucre 0 0 1 0 0 0 2 3 Urdaneta 4 2 0 5 1 0 18 30 Totales 15 32 7 36 15 4 310 419 133 Como hasta ahora no hay tratamiento específico del Cáncer, y apenas si el quirúrgico, empleado oportunamente, da algunos éxitos, y entre nosotros, sobre todo fuera de Maracaibo, es tarde, muy tarde, que se acude al cirujano, no es de extrañar la mortalidad tan grande de la afección, mortalidad que todavía creemos superior a la anotada. Para la lucha contra el Cáncer las armas que poseemos son escasas y de dudosa eficacia. Como carecemos de datos patogénicos precisos, tenemos que limitarnos a pro- curar hacer un diagnóstico tan precoz como sea posible y a instituir inmediatamente el tratamiento quirúrgico, ape- lando en los casos inoperables a los modernos tratamien- tos por el radio, etc. Reumatismo articular agudo. De cuando en cuando aparecen en Maracaibo casos tí- picos de Reumatismo articular agudo a pesar de su clima tan cálido y tan seco. En la estadística hay 34 defun- ciones causadas por dicha enfermedad en el Estado des- de 1912 hasta 1919. Las habituales complicaciones car- díacas, pleurales, etc., se observan con frecuencia entre a- quellos casos. Muy comunes sí son las artritis reumatoides de diver- sas causas especialmente de origen digestivo. Reumatismo crónico y Gota. Raro entre nosotros. Una sola defunción en el Distrito Colón en 1919. Escorbuto. Tampoco es frecuente en el Zulia. Una sola defunción anotada, en el Distrito Perijá en 1915. Diábetes. Nada de particular hay que anotar sobre esta enferme- dad en el Estado. Bastante frecuente es y son comunes las complicacioues que la acompañan. 26 defunciones hay anotadas como ocurridas en el Zulia de 1912 a 1919. Bocio exoftálmico. Aunque no con mucha frecuencia se observa entre nos- 134 otros el Bocio exoftálmico. No aparece ninguna defunción registrada en la estadística que venimos estudiando. Enfermedad de Addison. Una sola defunción se encuentra anotada en la esta- dística como producida por esta enfermedad. (Maracaibo, 1913). Es bastante rara su observación entre nosotros. Leucemia. Cuatro defunciones aparecen en la estadística de 1912 a 1919 producidas por esta enfermedad. Creemos que la mortalidad debe ser mayor pues es frecuente su observa- ción entre nosotros. Probablemente muchos casos estarán anotados como de paludismo crónico o caquexia palúdica. Anemia y Clorosis. En las 119 defunciones que figuran en la estadística como causadas en el Estado en el lapso yá conocido, por Anemia y Clorosis, seguramente hay muchas debidas a anquilostomiasis y otras parasitosis. Alcoholismo. El Alcoholismo es causa en el Estado Zulia de muchos estados patológicos y determina la muerte directa o indi- rectamente. La gastritis alcohólica es quizá el más frecuente, de esos estados, acompañada de pérdida del apetito y de vó- mitos, más frecuentemente matinales. Le sigue en orden de frecuencia la congestión hepática y aun la real hepatitis, con fiebre, dolor, vómitos, etc. Estos estados hepáticos suelen llegar hasta la supuración y formación de un absceso. En algunos sugetos el alcohol produce, siempre que se in- giere en cantidades no moderadas, un estado inflamatorio de los colones o del recto, y cada fiesta celebrada con al- coholes, tiene como necesario colorario una colitis o recti- tis pasagera. Las cirrosis, y especialmente la atrófica son relativamente frecuentes entre nosotros. No así las úlce- ras gástricas de este origen. Tampoco es frecuente la ic- tericia aguda. Quizá el primer puesto en el catálogo de los estados patológicos alcohólicos, corresponda a los del sistema 135 nervioso. Entre nosotros se observa el temblor, espe- cialmente de las manos, cefalalgias, vértigos, calam- bres, anestesias. El nervio óptico se atrofia en su manojo central, como en el envenamiento por el tabaco, causando una ambliopía típica con ceguera o escotoma central que se presenta primero para los colores y luego para lo blanco. También se observan parálisis de los músculos motores del ojo. El delirium tremens, cuyo cuadro todos conocemos, se observa en nuestro Estado con alguna frecuencia. Pará- lisis alcohólicas, sobre todo de los miembros inferiores y la pseudotabes alcohólica son comunes; se generalizan esas parálisis a los músculos respiratorios y al corazón, y con- cluyen por acabar con el bebedor, si no son bien tratadas oportunamente. En este Distrito capital ha habido casos de paquiminingitis alcahólica terminados con la muerte. Verdaderas enfermedades mentales son tributarias del alcoholismo, como las hay del eterismo, y se observan ena- genados de esos grupos en el Zulia. El alcohol suma su acción entre nosotros a la del cli- ma; el primero altera las paredes de los vasos que se hacen ateromatosos y frágiles, e igualmente altera los tejidos todos de la economía, haciendo más fácil y perjudicial la acción perniciosa del clima; éste dificulta la digestión, aumenta el trabajo del estómago, cuya química desequilibra, y del hí- gado y del páncreas y estando tales órganos convertidos en locas minoris resistencias por el alcohol, resultan todos esos cuadros aludidos anteriormente. Igualmente resultan las congestiones y hemorragias y aun reblandecimientos cere- brales. Son clásicas las lesiones que el veneno alcohol deter- mina en el corazón y los riñones y entre nosotros hay que agregar, además, el efecto de nuestros 29° a 33° C a la sombra. Entre nosotros la multiplicación de los tuberculosos, es un problema de importancia vital, y aquí también el al- coholismo, haciendo inhábil el organismo para defenderse, e incapacitando al ente moral para prestar la debida aten- ción a su estado de salud, suma su efecto a los mortíferos de la peste blanca. Como en todas partes, el alcoholismo 136 causa entre nosotros modificaciones fonéticas, causadas por las alteraciones de los tejidos del aparato correspondiente. Imprime el alcoholismo típicas modificaciones al hábito exterior del paciente, y no estamos exceptuados los habi- tantes de este rincón de los trópicos de tal acción; muy al contrario, ellas resaltan en nuestros bebedores. Saturnismo. Rara, muy rara vez, se ha obseruado entre nosotros el cólico de plomo y siempre ha sido en pintores. No tenemos noticia de otras intoxicaciones profe- sionales. Mixedema. En el Zulia, sobre todo en ios Distritos foráneos se ob- servan casos típicos de Mixedema. No hay anotada nin- guna defunción en la estadística: quizá estarán incluidas en las anemias o en las mal definidas. También se observan en el Zulia casos con todos los caractéres de las insuficiencias glandulares tan estudiadas hoy. II Enfermedades del Sistema Nervioso Encefalitis. Tres defunciones aparecen anotadas en el lapso de tiempo que estudiamos como causadas por esta enfermedad. Meningitis no tuberculosa. A 817 suben las defunciones anotadas en la estadísti- ca como ocurridas en el Estado de 1912 a 1919. La ma- yor parte de estas Meningitis se desarrollan como compli- cación final de las enteritis que son muy frecuentes entre nosotros. Parálisis y Ataxias. Frecuentes son entre nosotros las parálisis, ya debidas a enfermedades medulares, ya a polineuritis. La frecuencia de éstas últimas se debe a que el alcoholismo, el paludismo, la sífilis y la disentería, sus causas más comunes, abundan en 137 el Estado. 66 defunciones están anotadas de 1912 a 1919. fiemos observado casos de Siringomielia. Hemorragia cerebral. Apoplegía. Nada particular que anotar sobre esta enfermedad. 561 defunciones de 1912 a 1919. Parálisis general. Vesanias. Por falta de datos no podemos establecer la frecuencia con que se presentan en el Estado las Enfermedades Men- tales. Sí podemos anotar, como ya hemos dicho atrás, que en el Distrito Urdaneta son más comunes oue en el res- to del Estado. A 41 asciende el número de defunciones en los ocho años últimos. Epilepsia. Eclampsia no puerperal. Convulsiones. 55 defunciones hay englobadas en estas clasificacio- nes en la estadística de 1912 a 1919. La Epilepsia esencial, la Histeria y la Neurastenia son bastante frecuentes en el Estado, sobre todo en Maracaibo. También hemos observado la Parálisis agitante y la Corea. III Enfermedades del Aparato Circulatorio Enfermedades orgánicas del Corazón. Sobre éstas no tenemos particularidad alguna que a- notar. Su número es bastante crecido, 779 en los últimos ocho años. Pericarditis. Endocarditis. 16 defunciones anotadas en el mismo período de tiempo por estas dos enfermedades. Creemos que éstas son con más frecuencia causa de muerte y que seguramen- te están englobadas en la sección precedente. Angina de pecho. Miocarditis. Síncope cardíaco. 111 defunciones trae la estadística que analizamos. Afecciones de las Arterias. En los 8 años, 76 defunciones. A pesar de la frecuen- 138 cia del alcoholismo, sífilis y paludismo, los aneurismas se registran rara vez. Cinco casos de Embolia y Trombosis y otros cinco de afecciones de las venas, completan este capítulo. IV Enfermedades del Aparato Respiratorio Bronquitis. 293 defunciones trae la estadística de 1912 a 1919; la mayor parte son niños. Creemos que muchas de esas de- funciones serán ocasionadas más bien por bronco neumo- nias, pues entre nosotros la bronquitis es casi siempre be- nigna. Pulmonía y Broncopulmonía. A 874 monta el número de defunciones causadas por estas enfermedades. La pulmonía franca, a frigore de los antiguos, existe entre nosotros a pesar de nuestra alta tem- peratura; es grave, aunque no tanto como las que se pre- sentan como consecuencias de la grippe, etc. En los niños son comunes y graves la broncopulmonías secundarias de las fiebres eruptivas. También es frecuente y de pronós- tico muy sombrío, la bronco pulmonía que complica un proceso de gastro enteritis en los niños, pues casi siempre es mortal. Pleuresía. Las muertes por Pleuresía fueron 161 en los ocho a- ños. En el Estado se observan todas las clases de Pleu- resía y son frecuentes los empiemas. Asma. Es ésta una afección, que no sabemos por que causa, está generalizadísima en el Estado. Hay Distritos, como Bolívar por ejemplo, en que la proporción de asmáticos lla- ma la atención, lo mismo que en Maracaibo. Es mui nota- ble el número de niños asmáticos que van a la Clínica de Ni- ños Pobres. 139 V Enfermedades del Aparato Digestivo Enfermedades del estómago. En todo el Estado, y principalmente en esta ciudad de Maracaibo, las Dispepsias son frecuentísimas. Y no es de extrañar esto, si se piensa que todas las causas que contri- buyen a perturbar las funciones del estómago, como excesos en la alimentación, alcoholismo, paludismo, tuberculosis, etc., ayudadas por la acción enervante de un clima abraza- dor, se encuentran reunidas entre nosotros. La úlcera del estómago, no es rara entre nosotros y se han visto casos de muerte por hemorragias. El Cáncer es bastante frecueute. Las Afecciones del estómago, excepto el cáncer, figu- ran en la estadística con una mortalidad de 110 en el lapso de 1912 a 1919. Diarrea y Enteritis. Es en los niños en los que principalmente ocurren las infecciones intestinales en nuestra zona, donde se observan de un modo constante en todas las épocas del año, convir- tiéndose en epidémicas en los meses más azotados por el calor (mayo a setiembre), meses en los cuales todas las en- fermedades que tienen su asiento en el tubo digestivo to- man caracteres de suma gravedad. En efecto, en dichos meses los dispépticos o entéricos se convierten con mucha frecuencia en colerínicos, cuando la temperatura es excesiva. Y es de observación corriente que en esa época todos los trastornos y enfermedades digestivas son con frecuen- cia severos, inveterados, peligrosos y mortales por su ten- dencia a resistirse a las más razonables medicaciones. En todo el. territorio del Estado sufren los niños de graves enfermedades digestivas que en ocasiones se aso- cian al paludismo principalmente, y a la anquilostomiasis; de los Distritos foráneos llegan a esta capital pálidos, barri- gudos, esqueléticos o anasárquicos, profundamente ané- micos, sin defensas orgánicas de ningún género, en un es- tado de miseria fisiológica imcompatible con reacción algu- na favorable a la vuelta a la salud y con esta es la vida. 140 Las causas más comunes de nuestras enteritis infanti- les son el calor, y las faltas de régimen alimenticio que exal- tan la numerosísima flora intestinal propia de nuestra zona. Los trastornos por parte de la digestión determinan fer- mentaciones que modifican el contenido gastro intestinal y hacen de éste un medio de cultivo adecuado para la pulu- lación de los gérmenes que habitan en el intestino. Es en los niños menores dedos años en los que estas enfermedades son más frecuentes, intensas y extensas debidas a la soli- daridad morbosa de los diversos segmentos del tubo diges- tivo en esa edad. Y lo que empieza por una simple indi- gestión gástrica se convierte en dispepsia gastrointestinal aguda, con infección del contenido y luego del continente y de allí las gastro enteritis, enteritis, ileo colitis y rectitis. Y la chispa que partió del estómago por una trasgresión de régi- men, por un trastorno funcional, se convierte en un incendio pavoroso generalizado a todo el tractus digestivo, con el gra- vísimo cortejo de septicemias y complicaciones en diversos órganos. Dada la diversidad de agentes patógenos en los intes- tinos, sus infecciones o toxi infeciones toman distinto ca- rácter y asi tenemos aquí infecciones hipotérmicas, hiper- térmicas, convulsivantes, tetaniformes, cianosantes, cardio- plégicas. etc.; pero de un modo general, nuestras afecciones intestinales infantiles tienen un curso agudo o se vuelven crónicas. En las primeras son muy comunes las dispep- sias gastrointestinales agudas con intolerancia para la leche, aun la materna, y las infecciones, ya bajo la forma de cólera infantun con vómitos frecuentes y deposiciones serosas a- bundantísimas, de grave pronóstico en breve tiempo, ya bajóla forma de enteritis con diarrea amarilla, verde u os- cura mezclada con grandes cantidades de moco, a veces fétida, a veces nó, según la alimentación o los cambios fer- mentativos que en el tractus se efectúan; bien bajo la for- ma de enterocolitis o de colitis con deyecciones de carácter disenteriforme; o bien toma la infección la forma tífica que empieza por vómitos y diarrea acompañados de fiebre que se prolonga y evoluciona de un modo remitente y termina a ve- ces por colitis ulcerosa con deposiones fétidas, serosas o sero sanguinolentas. Las formas de curso crónico conducen 141 a la hipotrofia o a la tuberculosis intestinal. Debemos mencionar como afección especial a la rectitis ulcerosa in- fantil. El cuadro que va en seguida es demostrativo de la mortalidad por enteritis en niños menores de dos años: Distritos 1916 1917 1918 1919 Bolívar 19 26 39 31 Colón 32 28 22 20 Mara 23 19 15 9 Maracaibo 339 281 327 245 Miranda 35 23 19 26 Páez 8 0 0 5 Perijá 13 9 20 40 Sucre 3 3 4 0 Urdaneta 28 29 30 33 Diarrea y enteritis en mayores de dos años: Distritos 1916 1917 1918 1919 Bolívar 4 18 11 9 Colón 27 39 21 19 Mara 11 21 9 0 Maracaibo 134 83 75 53 Miranda 14 43 0 12 Páez 4 0 0 0 Perijá 0 3 6 2 Sucre 20 3 2 0 Urdaneta 6 13 8 8 Los medios profilácticos, tan descuidados entre nos- otros, son de gran importancia para evitar estas infecciones, que como ya hemos dicho más de una vez, son el primer factor en nuestro poco aumento de población. Entre a- quellos, el principal es el régimen alimenticio bien reglado respecto a naturaleza, cantidad y horario de la alimentación. La mejor leche es, se sabe bien, la materna o en su defecto, la de una buena nodriza. Entre las leches de animales, la de vaca y la de cabra son las más usadas entre nosotros; algunos niños que no toleran éstas toleran a veces la de bu- 142 rra. Los utensilios donde se guarda la leche deben estar muy aseados y la mujer que cría no debe sobrealimentarse ni hacer uso de alcohólicos ni de especies de ningún géne- ro. Conocidos son de todos los cuidados que deben pres- tarse al niño en la época del destete, época en que con más frecuencia se presentan las infecciones intestinales. Apendicitis. Con solo 58 defunciones figura esta enfermedad en la estadística, unida al flegmón de la fosa ilíaca. Creemos que esta cifra está muy por debajo de la real. La apendicitis es bastante frecuente entre nosotros y, no obstante los éxitos obtenidos con el tratamiento quirúrgico en esta cindad, aun se esquiva éste en la debida oportunidad. Son muchos los casos que en esta ciudad han sido operados cuando ya las lesiones estaban tan avanzadas que era imposible su regreso. La educación del público, y también del mé- dico, con seguridad que hará bajar la mortalidad por esta causa. Hernia y Obstrucción intestinal. Frecuentísimas son las Hernias entre nosotros y tam- bién su accidente más temible: la estrangulación. Ahora, puede decirse que en esta ciudad, las hernias estranguladas operadas oportunamente tienen una mortalidad inapreciable; por tanto, ésta es una causa de muerte que con el tiempo tendrá una influencia muy pequeña, tanto más cuanto que la cura radical de la hernia, tan benigna como es, pone a sal- vo de aquel accidente. Como la Obstrucción intestinal depende de tantas cau- sas no es posible decir nada acerca de ella, si no es que de- be tratarse quirúrgicamente desde su principio para tener probabilidades de éxito. Por Hernia y Obstrucción intestinal hubo 95 defunciones de 1912 a 1919 en todo el Estado. Ictericia grave. Frecuente y mucho son las afecciones de las vías bi- liares en el Estado. Figuran por esta causa 112 defuncio- nes en los ocho últimos años. Se presenta de tiempo en tiempo entre nosotros una 143 afección caracterizada por fiebre alta, de larga duración por lo general, ictericia profunda, hígado muy grande y hemo- rragias diversas. Un cuadro muy semejante al de la fiebre amarilla. Se tratará en estos casos de la fiebre ictero he- morrágica cuyo parásito acaba de encontrar en Caracas el Dr. Pino Pou? Observaciones posteriores harán luz en este importante asunto, pues la mortalidad en los casos que he- mos observado es sumamente alta. Cirrosis del hígado. La Cirrosis es una enfermedad muy frecuente en el Zulia donde el alcoholismo, paludismo, sífilis y trastornos gastro intestinales, causas más frecuentes de cirrosis, están tan extendidas. Se observan de todas clases, ya atróficas, ya hipertróficas y su gravedad es bien conocida. Por esta causa hay 183 defunciones de 1912 a 1919. Cálculos biliares. Frecuentes entre nosotros, son mucho más comunes en las mujeres. 46 defunciones por esta causa. Otras enfermedades del Aparato Digestivo. 200 defunciones en el período de 1912 a 1919 trae la estadística en este artículo. Botulismo. Clínicamente existe en el Estado, aunque no se ha com- probado todavía bacteriológicamente. No aparece defun- ción alguna en la estadística debida a él. Envenenamiento por el queso. En cierta época del año se presenta entre nosotros una afección con todos los síntomas del cólera: vómitos cons- tantes, diarrea profusa, algidez, calambres, etc. Este cua- dro alarmantísimo, por lo regular termina pocas horas des- pués, con el restablecimiento del paciente; no sabemos que haya producido defunción alguna. La causa es la inges- tión de queso fabricado con leche de cabra recientemente preparado. Parece según algunos, que se trata del desarro- llo de un hongo en el queso, que luego produce los tras- tornos arriba descritos. 144 VI Enfermedades del Aparato Génito-Urinario. Nefritis o mal de Bright. Frecuentes en el Estado, causadas principalmente por el paludismo, y las otras tantas toxi infecciones a que está expuesto el hombre en nuestra zona, figura en la estadís- tica con 213 defunciones. Litiasis renal. Solo 10 defunciones de 1912 a 1919 y efectivamente, la litiasis renal no es común en el Zulia. Tampoco son muy frecuentes los cálculos vesicales. Otras afecciones renales excepto cáncer. 47 defunciones trae la estadística en este artículo. Tumores no cancerosos del útero y anexos. 15 defunciones de 1912 a 1919. Los Fibromas son los más frecuentes de los tumores de la matriz después del cáncer, que entre nosotros es de lo más común. Aquellos se encuentran con mayor frecuencia en individuos de la raza negra. También hay muchos Quistes de los ovarios. La mortalidad por estas afecciones disminuirá a medida que la intervención quirúrgica, su único tratamiento se emplee precozmente. Además de las Metritis, Anexáis, etc., tan frecuentes entre nosotros, donde la blenorragia y las afecciones puer- perales son tan comunes, hay otra afección que no solo por su número sino por las grandes molestias que ocasiona merece nuestra atención: el Prolapso de la matriz. Si se hiciese una investigación, seguramente que sería asombroso el porcentaje que se encontraría, debido principalmente al descuido en el parto y en el puerperio. VII Estado Puerperal Aborto y otros accidentes del embarazo. 43 defunciones por esta causa de 1912 a 1919. Nada 145 de particular tenemos que decir respecto al aborto que se presenta aquí como en todas partes por causas bien cono- cidas. Las intoxicaciones gravídicas sin ser frecuentes no son tampoco raras, y esto se explica si se considera que el hí- gado, factor importantísimo en esa clase de afecciones se encuentra en nuestra zona sobrecargado de trabajo por el clima, etc. Hemorragia puerperal. 54 defunciones en el período que estudiamos. Pro- bablemente habrá entre los casos allí anotados algunos de placenta previa, que es frecuente aquí. Distocia y otros accidentes del parto. 45 defunciones. Nada de particular en este artículo. Fiebre y Septicemia puerperal. Ha causado según la estadística 171 muertes de 1912 a 1919. Decimos según la estadística, pues creemos que dada la frecuencia con que aun se observa esta afección, su mortalidad sea mayor. A pesar de los adelantos de la ciencia, a pesar de la prédica constante en el sentido de mejorar la asistencia de los partos, a pesar de los patentes desastrosos resultados que ha dado la soi disant partera, no se ha logrado, ni aun en Maracaibo, hacer que comadronas entendidas o Médi- cos asistan a las parturientas. Todavía es frecuente obser- var la vieja comadre, con su mugriento vestido y su cabito en la boca, procurando con sobas y zahumerios acelerar el parto. Y ojalá se limitase a esto y no introdujera sus de- dos, cuyas uñas delatan a leguas la ausencia del jabón, en la vagina de la infeliz que poco tiempo después pagará quizá con su vida esa intervención malhadada. Albuminuria y Eclampsia puerperales. La Eclampsia no es muy frecuente en el Estado. Fi- gura con 26 muertos en la estadística. 146 vin Enfermedades de la Piel y Tejido celular. Gangrena. 12 defunciones de 1912 a 1919. Se observan las dos formas: la seca y la húmeda. Con respecto a la antes fre- cuente gangrena gaseoza, hoy, si acaso se observa, es ra- rísima vez y en heridos abandonados en lugares desprovis- tos de recursos médicos. Forúnculo. Antrax. Frecuentes son entre nosotros las Forunculosis pues abundan los trastornos digestivos. El Antrax también es común. 29 defunciones de 1912 a 1919. Comunes son también las otras enfermedades de la piel, principalmente el Pénfigo, Impétigo y Ectima en los ni- ños y los Eczemas, Psoriasis, Eritemas diversos, etc., en los adultos. IX Enfermedades del Aparato de la locomoción 14 y 7 defunciones respectivamente por afecciones de los huesos y articulaciones con excepción de tuberculosis. Artritis infecciosas de diversos orígenes, fracturas complica- das infectadas, mal consolidadas, etc., no son raras aquí, pues con frecuencia se recurre a los empíricos para tratar las fracturas, lujaciones, etc. X Vicios de Conformación 36 muertes corresponden a este Capítulo. Las más frecuentes son las producidas por las Afecciones cardíacas congénitas. También se presenta ocasionalmente la Es- pina Bífida. XI Primera Edad Corresponden a este Capítulo 565 defunciones en el pe- ríodo que estudiamos. 147 XII Vejez La Senilidad figura como causa de muerte en 293 ca- sos durante el período de los ocho años anotados. XIII Causas exteriores Suicidio. 36 Suicidios de 1912 a 1919. No están especificados en la estadística que tenemos a la vista los medios emplea- dos para llevarlos a cabo. Envenenamientos. Tampoco están especificadas las substancias que los han producido. 24 en los ocho años. Quemaduras. Solo 9 figuran en la estadística que analizamos. Traumatismos diversos. 227 en los ocho años. Inanición. Figura con 27 defunciones en la estadística. Casi to- dos niños que por defectos en la boca no han podido ser alimentados. Insolación. A pesar de nuestro ardiente clima, la Insolación es rarí- sima en esta región. Solo una muerte figura en la estadís- tica por esta causa. Rayo. Una sola víctima también. Ultimamente, con la exten- sión que ha tenido la electricidad para uso urbano, son fre- cuentes los accidentes ocurridos con ella. Homicidio. 309 aparecen en la estadística de 1912 a 1919. Tres causas principales son señaladas para explicar el crecido número de Homicidios en el Estado: la impunidad, el porte de armas y el alcohol. Contra las dos primeras el Gobierno 148 está tomando medidas cuya eficacia se deja yá sentir en la casi desaparición de los delitos de sangre en esta ciudad. Ojalá que terminara su obra con la represión del alcoholis- mo, que, no nos cansaremos de repetirlo, es una gran ame- naza para el futuro del Zulia. En este Capítulo hay también unas cuantas defuncio- nes producidas por mordeduras de serpientes, principalmen- te en los Distritos Colón y Perijá. Pero puede decirse que en todos los Distritos foráneos hay víctimas de dichos rep- tiles. XIV Enfermedades mal definidas Ya anteriormente hemos dicho que a este Capítulo van muchas enfermedades pues por no haber médicos en muchos lugares del Estado, son empíricos los que certifican las defunciones. Y repetimos que es ésta una de las cau- sas que dificultan conocer el verdadero estado Sanitario del Estado. A 4548 monta este Capítulo en el lapso de 1912 a 1919. 149 CAPÍTULO SEGUNDO ENFERMEDADES PARASITARIAS Paludismo Esta enfermedad existe en el Estado Zulia desde épo- ca muy remota, mucho más formidable, naturalmente en los Distritos que tienen tierras anegadizas o pantanos per- manentes, como Sucre, Colón, Páez, etc. Hoy el Paludis- mo existe en toda la extensión del Estado, siendo en esta Capital, donde se encuentran menos focos y relativamente menos perjudiciales. La distribución de la endemia en los nueve Distritos del Estado es aproximadamente en orden decreciente así: Sucre, Colón, Perijá, Páez, Miranda, Bolívar, Urdaneta, Mara y Ma- racaibo. Es cierto que la estadística arroja la mayor mor- talidad a Colón, pero hay que tener en cuenta que el nú- mero de habitantes es mayor en ese Distrito. También a- parece Maracaibo con alta mortalidad, porque aquí vienen frecuentemente enfermos gravísimos, especialmente de Su- cre, cuya población trabajadora es forastera. También in- fluye lo que ya hemos dicho acerca de la clasificación de las certificaciones de defunción. El aumento de las poblaciones, con la necesidad de limpiar y secar los terrenos vecinos; los caminos; las ex- plotaciones en las montañas; los ferrocarriles, etc., han he- cho un paulatino e involuntario saneamiento, destruyendo aquí un bosquecillo, cuya sombra impedía la desecación de ese terreno; rellenando allá un pantano, por el cual hu- bo necesidad imprescindible de pasar una carretera; ha- ciendo desagüe más allá, para mantener en buenas condi- ciones una vía férrea, etc. Es un hecho, que en las vías ferrocarrileras, de los Mu- nicipios Encontrados y Santa Bárbara, los estragos causa- 150 dos por la endemia en estudio han disminuido muy nota- blemente. Hace 25 años todos los caseríos a lo largo de esas vías, eran diezmados atrozmente por el paludismo. He- mos visto un sitio que hace 5 años era un foco temible de malaria, transformado hoy en un relativamente sano case- río, por obra y gracia de trabajos de construcción, indus- triales, etc., que sin deliberado propósito, han ido alejando el bosque con sus millones de anofeles y drenando y se- cando pantanos, vale decir, destruyendo los focos. ¿Hay personas naturalmente refractarias al paludismo? Indudablemente. Se encuentran trabajadores que han pa- sado 10 y 20 años en sitios en donde reina la endemia, que nunca han tenido una manifestación palúdica, y esa inmu- nidad natural tiene sus grados y sus particularidades. Así, de un grupo de sugetos que viven en un sitio palúdico, en idénticas condiciones de clima, trabajo, alimentación e hi- giene en general, a unos no los ataca el paludismo, otros su- fren de algún tipo de fiebre, el otro de una neuralgia supra- orbitraria, etc. ¿A qué se debe esa inmunidad? Esta cues- tión es muy difícil de resolver. La inmunidad natural ab- soluta es rarísima, pero existe; las inmunidades relativas naturales también existen, y casi nos atrevemos a decir que sin esas inmunidades, no tendríamos la agricultura, crianza, etc., que existen en Sucre, Colón, Páez y Perijá. La profilaxia no merece ser tomada en cuenta, para atri- buir a ella algunos casos considerados como de inmunidad, porque solo un porcentaje insignificante de habitantes se cuida de aquella. La infección malárica, lejos de pro- ducir inmunidad, deja siempre semilla para nuevos brotes y predispone a éstos. ¿Ejercerá la herencia alguna influen- cia sobre la inmunidad? Conocemos un sujeto que pasó los 3/í de su vida trabajando en comarcas palúdicas, donde gozó de una muy notable inmunidad relativa; cuatro de sus hijos han estado más o menos tiempo en sitios palúdicos; de ellos, dos han gozado de una inmunidad semejante a la del padre, y los otros dos son eminentemente predispuestos al paludismo. Algo semejante se observa en muchas fami- lias. Quizá con esta herencia suceda como con todas las otras, unos descendientes la recibeny otros nó. Como cau- sas de receptividad tenemos las mismas que para todas 151 las enfermedades: todo lo que disminuya la resistencia orgá- nica del sugeto. El siguiente caso es muy demostrativo: en un sitio palúdico han llegado a la consulta tres hombres : todos extrangeros, que trabajan en igualdad de condiciones en el propio sitio; todos han recibido idéntico tratamiento, pero dos llevan vida ordenada y el tercero al contrario, a- gota su organismo con excesos. Mientras que las mani- festaciones del mal cesaron en los dos primeros, conti- núan en el último, a pesar de tener éste a su favor la juven- tud. Este último, por su disminuida resistencia orgánica, tiene más receptividad. Como causa regional de receptivi- dad solo tenemos que apuntar, pues, la perniciosa costum- bre que tienen los habitantes de todas las comarcas palú- dicas del Estado, de debilitar su sistema con excesos de todas clases aun en las horas en que, allí más que en cualquiera otra parte, debieran consagrarse al descanso. Nuestros Legisladores harían obra útil a la Patria dictando una Ley de Policía especial que obligara a los trabajadores de tales comarcas a vivir ajustados a las reglas de la más extricta higiene antipalúdica. La alta temperatura de nuestro medio, la humedad que especialmente existe en las zonas más palúdicas del Estado, los pantanos permanentes debidos al bajo nivel del terreno con respecto al Lago, el estancamiento de las aguas plu- viales o procedentes de ríos crecidos, y las suciedades y detritus vegetales de esas tierras, son los factores de ese producto infernal que apellidamos paludismo. Esas son en efecto las condiciones ideales para el desarrollo y multipli- cación de los parásitos y de sus vectores. Desde el punto de vista de las variedades de plasmo- dium observadas en el Estado, podemos fijarlas en las ci- fras siguientes, apoyándonos en las Estadísticas de los La- boratorios de la «Casa de Beneficencia» y del Dr. C. J. Bello: Plasmodium vivax 82 a 86% Plasmodium falciparum 8 a 7% Plasmodium malariae 1.50 a 2% Plasmodium vivax y falciparum (asociados) 8.50 a 5% 100. 100 152 Como se vé, es el plasmodium vivax el más frecuente y el malariae casi insignificante. La infección por el falci- parum es relativamente rara. En la forma clínica de la fiebre palúdica, es decir, en el tipo de hematozoario que infecta al hombre, ejercen in- fluencia las estaciones. Así entre nosotros en los meses de menos calor, son los plasmodium vivax y malariae los aban- derados del combate, mientras que en los meses de más calor, o cuando concurren otras circunstancias, como des- pués de abundantes lluvias, etc., son las formas malignas, a plasmodium falciparum las más frecuentes. Esas condiciones climáticas obran sobre los tres ele- mentos que integran el problema del paludismo: 19 el su- geto receptor, que se debilita por razón de la alta tempera- tura ambiente; 29 el agente causal, que encuentra en la humedad y suciedad del suelo, consecuencias de la época lluviosa en todas las zonas palúdicas del Estado, las mejo- res condiciones de vitalidad y multiplicación y 39 los mos- quitos vectores, que están en idénticas condiciones que los parásitos causantes. Todos los habitantes de las zonas palúdicas, conocen bien, que durante los meses de grandes lluvias, cuando las aguas corren y limpian, y la temperatura ambiente baja, toda clase de fiebre se hace rara, y las malignas mucho más. En el Estado Zulia, el paludismo presenta numerosas formas clínicas: (A) Intermitente terciana. Esta es la más frecuente. El 75% de los habitantes de los Distritos Su- cre, Colón, Páez y Perijá, han sufrido de ella. En menor es- cala los habitantes de los Distritos restantes, hasta bajar a una proporción muy pequeña en esta capital. (B) Intermi- tente cuotidiana. Menos frecuente que la terciana; a veces se toma por cuotidiana una doble infección terciana que se manifiesta por accesos diarios correspondiendo el de un día al ciclo de una generación, y el del siguiente día al de la otra. Esta forma presenta también en el Zulia el tipo clá- sico. (C) Forma cuartana: es muchísimo más rara que las anteriores. (D) Fiebre Remitente en la cual como su nom- bre lo indica la fiebre no es intermitente sino que se pro- longa haciendo una curva con remitencias matinales y exa- cerbaciones vespertinas. De ésta hay varios tipos: (a) la 153 remitente biliosa, con náuseas constantes, vómitos biliosos, tenaces; dolor epigástrico, tinte ictérico más o menos mar- cado, hígado doloroso, pulso lento en veces, que dura de 6 a 10 días y puede ser muy grave con complicaciones cerebrales; (b) la remitente tifoica, no más rara que la ante- rior, con curva térmica tifoidea, postración, delirio, palidez, lengua seca y fuliginosa, sobresaltos tendinosos, infarto he- patoesplénico; esta es más grave que la biliosa; (c) la adi- námica, menos frecuente que las anteriores, con inquietud, malestar, sensación de debilidad cardíaca, rápida deterio- ración de la sangre, tinte ictérico y tendencia a síncopes; (d) la remitente simple, sin síntomas aparatosos, represen- tada casi exclusivamente por la temperatura. (E) Formas perniciosas, que se presentan como tales desde el primer momento, o toman este carácter en el curso de otra forma, especialmente de uno de los tipos de la remitente, sobre- todo si esa remitente, aun cuando sea simple, no es tratada enérgicamente. Las formas perniciosas más frecuentes en nuestro Estado son: (a) meníngea, con delirio, aun sin pa- sar la temperatura de 40° 5, semi-coma, imposibilidad para deglutir, carfologia, que en caso de fatal desenlace son se- guidas de convulsiones, coma completo y muerte; (b) una forma comatosa también, pero sin otros síntomas alarman- tes, mucho menos grave que la anterior. El enfermo está en estado cataléptico, sin moverse, ni hablar, con fiebre de 40° más o menos, pero deglute lo que se le pone en la boca; esta forma es rara; (c) forma cerebro-espinal, el enfermo presenta el cuadro completo de una meningitis cerebro espinal, nuca rígida, opistótonos, miembros contracturados, pupilas dila- tadas, coma más o menos acentuado, temperatura de 40°, 40° 5, mirada sin expresión, deglución imposible, contrac- turas de los músculos respiratorios que determinan la muer- te por asfixia; (d) la forma colérica que se inicia con vó- mitos y evacuaciones que se repiten incesantemente; el en- fermo suda copiosamente, el pulso se hace filiforme y aun cesa en la radial, la temperatura no es muy alta 39° 5, 40°, 40° y décimos; esta forma no es mortal si es tratada in- mediatamente asociando al específico el tratamiento del cuadro sintomático; (e) la forma álgida o cardíaca, en la cual el enfermo rápidamente se pone frío, sudoroso, sin pul- 154 so, sin haber tenido síntomas extenuantes; hay también co- ma, con respiración muy superficial, es la fiebre fría del vul- go; (f) la forma hemorrágica, rápidamente mortal, en la cual, en el cuadro general de una remitente más o menos grave, una violenta y abundante hemorragia mata al enfer- mo; (g) la fiebre disentérica, que por la violencia del pro- ceso puede tener aquí su puesto, semejando el cuadro de una disenteria muy grave pero mejorando rápidamente con el tratamiento específico; (h) la forma hipertérmica en la cual el enfermo muere por la altísima temperatura, que determina convulsiones y alteraciones profundas de la san- gre; ésta se observa en niñitos especialmente. (F) En el Estado Zulia se observan las dos formas de caquexia palúdica: seca y húmeda. La primera es más fre- cuente en los niños y la segunda en los adultos. (G) Paludismo Crónico. Este es frecuentísimo en el Estado, pues las formas agudas son muy rara vez bien cu- radas, y en la gran mayoría de los casos la infección pasa al estado crónico, vale decir, al estado latente. Los accesos febriles cesan, el enfermo se cree curado y no se acuerda más de su paludismo pero los parásitos persisten en su ba- zo, en la médula ósea, el hígado, etc. Está la infección la- tente y hay lesiones esplénicas presentes, constituyéndose por tanto la cronicidad del mal. En el Zulia el aumento de volumen del bazo en esta forma, adquiere proporciones inu- sitadas; todos los médicos hemos palpado bazos enormes, que se extienden a la derecha hasta más allá de la vertical umbilical y que bajan a veces hasta la fosa ilíaca izquierda; pero a pesar de eso, el grave accidente de la ruptura del ba- zo es muy raro. En la mayoría de los casos no hay peries- plenitis adhesiva y el bazo está flotante. Entre nosotros en el paludismo crónico se afecta el hígado: éste se hipertrofia, especialmente el lóbulo derecho y hacia abajo; se pone dolo- roso; hay ictericia. Al contrario de lo que parece suceder en las Colonias Europeas, ataca en nuestro Estado también al riñón y si no podemos nosotros presentar piezas anató- micas que comprueben una nefritis a riñón escleroso, sí podemos citar series de casos clínicos, en sugetos palúdi- cos crónicos, en una proporción mayor que en los indivi- duos indemnes de esa infección. Posteriores estudios ana- 155 tomopatológicos aclararán este punto. El corazón se hi- pertrofia también en nuestro paludismo crónico. (H) Así mismo ataca el paludismo el sistema nervioso en general. Aunque las neurosis de este origen no son comunes en el Zulia, sí suele observarse la neurastenia, y las psicosis son algo más frecuentes; el delirio es muy común durante los accesos palúdicos; no son raros accesos maníacos acen- tuados durante los accesos febriles y sustituyendo a éstos; son más raros los melancólicos. Incuestionablemente las neuralgias maláricas son bastante frecuentes, sobretodo la super-ciliar y también se presentan casos de neuritis y po- lineuritis. (I) Se observan en el Zulia de vez en cuando otros tipos de paludismo: (1) el bubón palúdico (no hemos ob- servado la orquitis palúdica); (2) irritis, keratitis y otras manifestaciones oculares; (3) flebitis palúdica; (4) aorti- tis y arteritis en general, palúdicas. En materia de profilaxia muy poco se ha hecho entre nosotros. La gran medida en nuestro medio es evitar las picadas de mosquitos, pues para acabar con los focos pa- ludígenos del Estado o acabar con los mosquitos, habría que gastar enormes sumas; en cambio, mucho puede conseguirse luchando hasta donde sea posible contra los mosquitos. Recomendables son las habitaciones contra mosquitos, pues permaneciendo en ellas de las 5 72 de la tarde a las 572 de la mañana, horas las más propicias para recibir la semilla con la picada del mosquito, y evitando durante el día ser picado, lo cual es mucho más fácil, se logra a menudo salir ileso de una zona palúdica. Viviendo más o menos así, permaneció uno de nosotros durante más de tres años en un sitio palúdico, viendo los centenares de anofeles tapi- zando la pared exterior de alambre tejido de las habitacio- nes, sin sufrir entonces ni después una sola manifestación palúdica. La higiene en general viene en seguida, sino fuere antes; sugeto que se nutre bien, se baña, duerme y no se entrega a excesos, no es fácil pasto de los hemato- zoarios; esto lo demuestra el hecho de que los individuos qus llevan esta vida, se enferman y se mueren mucho me- nos que los descuidados que son adictos al licor, comen mal y se extenúan con toda suerte de excesos. Como e- 156 jemplo del buen resultado de todas las arribas mencionadas medidas profilácticas puede citarse una Empresa Petrolera que en 8 años de trabajos en varias comarcas palúdicas del Estado, no ha perdido por paludismo ni uno de los emplea- dos extranjeros que trabajan en esas condiciones, aun cuan- do algunos de ellos no han sido muy cuidadosos en ajustar- se a aquellas y sacarles todo el provecho posible. También da resultado la quinina usada como profi- láctica, pero en menos importante escala que las medidas antedichas, pues la droga obra destruyendo los parásitos que pueden ir llegando a la sangre y órganos del sugeto y cuando ya hay parásitos en el organismo, es muy difícil que dosis relativamente pequeñas de quinina tengan una manifiesta acción favorable; además se necesitaría dar unos 0.50 gr. de la droga cada día y tal cosa solo se podría ha- cer por un corto período de tiempo. Hay otra medida pro- filáctica indiscutible: el tratamiento inmediato y racional de toda manifestación morbosa palúdica o de cualquier otro orden; en el primer caso porque la curación pronta de una infección Laveránica es indispensable para evitar nue- vas manifestaciones en este infectado y la trasmisión de sus hematozoarios a los indemnes; y en el último ca- so porque toda enfermedad disminuye la resistencia or- gánica y pone al sujeto en condiciones de mayor o mejor receptividad. Tiene aquí su sitio otra recomendación pro- filáctica: no practicar trabajos de remociones de tierra en lugares palúdicos. Nosotros hemos visto desarrollarse en un pueblo, una fuerte epidemia de fiebres palúdicas, durante una limpieza de las orillas del Lago con remoción de tie- rras y lo mismo se ha observado en muchísimas otras par- tes. Procúrese pues rellenar pantanos, acantilar orillas, etc., pero sin remover la tierra de esos parajes. El aumento de tráfico con los pueblos ribereños del Lago, y el creciente número de palúdicos que de todos ellos llega a Maracaibo cada semana, hace indispensable tratar de evitar que la infección sea trasmitida por zancu- dos que picando esos enfermos, inoculen luego los parási- tos a los sanos. Juzgamos que al absoluto abandono de esta medida se debe la creciente ola de paludismo que nos invade. Coloqúese pues todo palúdico absolutamente 157 a prueba de mosquitos, para que no sea una ameneza para la salud de los que viven bajo su mismo techo y aun en su vecindario. Además, esterilícese el organismo impaludado, esto es, destrúyanse los parásitos existentes en estado la- tente en los individuos, para que ellos no se conviertan en focos de paludismo en cualquier sitio donde haya también los vectores. Tales sujetos serían los transportadores o distribuidores de paludismo, como los hay de la difteria, la tuberculosis, etc. En seguida se leerá el cuadro de las de- funciones por fiebre y caquexia palúdica en el Zulia duran- te los ocho últimos años. Siendo como es nuestro territo- rio en gran parte dedicado a la cría y agricultura, esas cifras no son aterradoras; pero estamos seguros de que son infe- riores a la realidad. En casi todos los Distritos foráneos se hacen inhumaciones en los campos muy retirados de los Cementerios sin que tales defunciones aparezcan en la Es- tadística. En Sucre, Colón, Perijá y Páez, extensísimos Distritos, con caseríos diseminados por todas partes, la mortalidad por paludismo es doble o triple de la anotada en ese cuadro. Se nota en esta estadística un aumento muy notable, que llegó al doble, en 1916,1917 y 1918, con respecto a los tres años anteriores. Tal aumento se explica por el ensanche de las plantaciones azucareras, monturas de factorías etc., que en esos años se efectuaron especialmente en Sucre y por la epidemia palúdica que in- vadió hasta este Distrito Capital en 1916. Distritos 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Bolívar 19 35 1 29 32 37 27 Colón 96 80 63 69 64 95 90 54 Mara 12 4 5 39 63 27 40 7 Maracaibo 44 62 45 94 301 168 128 75 Miranda 5 5 10 7 26 44 27 13 Páez 24 13 22 8 31 4 12 2 Perijá 43 37 12 79 0 0 43 27 Sucre 30 37 24 73 12 12 19 7 Urdaneta 15 11 23 19 53 97 26 26 Totales: 269 268 239 389 551 479 422 238 158 Fiebre biliosa hemogíobinúrica La Fiebre biliosa hemoglobinúrica afecta tres tipos en este Estado: la forma benigna, la de mediana intensidad, y la forma gravísima. Las dos primeras curan por lo general con un tratamiento racional. La forma gravísima es la for- ma anúrica. No importa el número de escalofríos, no im- porta el grado de fiebre, ni los vómitos: si el enfermo orina abundantemente, con frecuencia se salva; si la anuria se es- tablece, casi siempre muere. Esos dos tipos con esas mis- mas terminaciones, son los que se observan en el resto del país, según el decir de ilustradas personas de allende el Lago. 1 Hay que ser cuidadosos no tomando por orinas he- moglobinúricas, simples orinas cargadas de úrea, etc.; el color de éstas puede ser el del brandy y aún más acentúa- 1 Va en seguida una observación de ictero-hematúrica, anúrica, cuya des- cripción dará buena idea del cuadro clínico en este tipo: en el Municipio General Urdaneta, del Distrito Sucre, está 3. C. casado, natural de Maracaibo, caballerizo, de 44 años, palúdico antiguo, quien vivió en Perijá unos años y tiene ahora tres trabajando en aquel lugar, con recientes y frecuentes accesos tercianos que curan fácilmente. Le da escalofrío en la tarde con fiebre alta, 40° 5, se toma un purgante de sulfato de sodio. Lo ve el médico a las 9 a. m, del día siguien- te: su mujer muestra la orina de la última micción de esa mañana, 40 c. c., color típico hemoglobinúrico con gran cantidad de albúmina. Tiene 40* C. de tempera- tura, vómitos biliosos, inquietud, dolores generales. El escalofrío no se repite. La fiebre baja lentamente hasta llegar a la apirexia el 4o día. Los vómitos disminu- yen y cesan al cabo de 4 ó 5 días. Durante esos 4 6 5 días el enfermo no orina sino unas pocas gotas, cuyo color se aclara cada vez aunque siempre albuminosas. E! enfermo va tomando un color amarillo que llega a ser el de un febricitante amarillo clásico. Así, sin fiebre, sin vómitos, sin dolores, con pulso y respira- ción relativamente buenos, pero sin orinar nada y amarillo, pasa el enfermo unos días, se viene para Maracaibo y 4 días después se muere, sin poder el médico ave- riguar la fase última del proceso. Es paradójica esa relativa normalidad funcio- nal en un sugeto que hace 3 ó 4 diasque no segrega o filtra orina. ¿Qué rompió ese equilibrio en sentido desfavorable para el enfermo? Bien pudo ser una impru- dente transgresión del régimen alimenticio. ¿Habría podido ese enfermo, sin esa supuesta transgresión volver a gozar de la vida? Es difícil contestar categórica- mente esa pregunta, pero no nos atreveríamos a decir nó. Ese enfermo murió por anuria. En cambio, va en seguida otra observación, del tipo no anúrico, con todas las apariencias de gravedad, pero que orinaba suficientemente, curado como casi todos los de este grupo. N. N. de Maracaibo, palúdico antiguo, de organis- mo anemiado y profundamente desmedrado, a raíz de estar sometido a un trata- miento reconstructor y antipalúdico a base de arsénico y quinina, siente violento escalofrío a las 12 m.; seguidamente emite una buena cantidad de orina hemoglo- binica; fiebre alta; vómitos biliosos; delirio; tinte ictérico muy marcado de piel y mucosas; la fiebre baja un poco, pero en la madrugada siguiente se repite el escalofrío fuerte y el estado soñoliento con los síntomas del día anterior se pro- longa. Dura ese cuadro 2, 3, ó 4 días, el color de la orina se normaliza, desapa- recen los sntomas y queda un sugeto débil, de color amarillo terroso, cuyas de- posiciones son muy biliosas, pero que se reconstituye pronto con un tratamiento conveniente. 159 do, casi igual al producido por la hemoglobina, pero que puede distinguirse con un poco de práctica. Después del riñón, es el hígado el órgano más grave- mente afectado en la icterohematúrica Se han visto casos en las Sabanas de Maracaibo en los cuales la muerte se de- bió a serios trastornos patológicos hepáticos. En el curso o inmediatamente después de un acceso hemoglobinúrico, puede observarse un típico acceso palú- dico; se ha observado un acceso tal, justamente cuando la orina era ya normal, horas después de haber terminado el acceso hemoglobinúrico, sin que el síntoma hemoglobinu- ria se repitiera ni aún usando la quinina en ese momento, de la cual se había prescindido por completo durante dicho acceso. La estadística da una mortalidad por hemoglobinúrica, mucho mayor a Perijá que a los otros Distritos del Estado. Véase este cuadro: 1912 1913 1914 1915 1916 1917 Colón 1 Mara 1 Maracaibo . . . 1 1 2 2 Perijá . . , . . 16 8 10 6 61 45 Urdaneta. . . . 1 1 1 Sucre 1 Aún no está resuelto el problema etiológico de esta fie- bre, queremos decir que no hay una patogenia aceptada por todos. Con los hechos comprobados que hay se puede formu- lar una teoría que el Laboratorio comprobará o nó algún día. Pensamos que no se trabaja suficientemente, en el sen- tido de buscar el agente especial que determina esta fie- bre. Pasa como sucedió hasta hace poco con el tifus ic- térico, que alguien dijo: es un virus filtrable, ultramis- croscópico, y todos repitieron lo propio; ahora se ha he- cho difícil aceptar que Noguchi haya encontrado la leptos- pira, gérmen de la fiebre amarilla, de modo relativamente tan fácil, pero en nuestro concepto sus observaciones, ex- periencias y resultados son concluyentes. 160 La teoría es esta: La fiebre biliosa hemoglobinúrica es producida por una variedad especial de hematoparásito se- mejante a los plasmodium ya conocidos, enérgicamente he- molítico y que obra muy especialmente sobre organismos anemiados, aunque esta condición no es necesaria, sino sim- plemente favorecedora de su actuación. Vamos a intentar de- mostrar cada una de esas tres partes de la teoría. 1$ Es un he- matoparásito especial. El hecho de no haber encontrado hasta ahora ese agente especial, carece de valor en absoluto contra nuestra proposición, como sucede con todo resultado de in- vestigación bacteriológica negativa; ya citamos el caso de la fiebre amarilla. La teoría que admite que no hay fiebre hemoglobinúrica posible, sin un organismo palúdico de an- tiguo, es exagerada, pues hay muchísimos lugares en don- de abundan los impaludados crónicos y no se vé, o es muy rara la hemoglobinúrica; por ejemplo: no se observa en las zonas palúdicas del bajo Egipto, es rara en Argelia, extre- madamente rara en las tierras palúdicas por excelencia de la Campiña romana y sin ir allende los mares, la hemoglo- binúrica es muy rara en La Ceiba, relativamente rara en Mo- tatán del Lago, Bobures, y muy frecuente en Perijá, donde la estadística da una mortalidad de 16 en 1912, 8 en 1913,10 en 1914, 6 en 1915, 61 en 1916 y 45 en 1917, mientras que en los otros Distritos, con tanto paludismo como en Peri- já, no pasa de 2 ó 3 por año. Habla en favor de la existencia de un hematoparásito especial el hecho de aparecer la hemo- globinúrica en donde antes no existía, existiendo sí el pa- ludismo; tal se ha observado en la India, en algunas partes del Africa y en algunos Estados Norteamericanos. El he- cho de aparecer verdaderas epidemias de hemoglobinúrica, robustece la teoría de un hematoparásito especial, porque no puede admitirse que en un período dado, todos los pa- lúdicos viejos, por el solo hecho de serlo, presenten este tipo de fiebre. Epidemias tenemos nosotros en las Sabanas de Ma- racaibo, en Perijá y hasta en Colón y Sucre, aunque no sea un número crecido de casos, pero sí varios casos en un grupo de meses. Y la historia cita epidemias de hemoglo- binúrica entre los trabajadores del Istmo de Corinto y del ferrocarril del Congo, en el ejército Chino en 1885; en la prisión de Castiades en el propio año y aun en varias casas 161 II del Africa Central Inglesa que allá llaman Casas de fiebre hematúrica. Luego: si no se observa en comarcas en don- de hay muchísimos palúdicos antiguos, si se presenta en otras en donde no hay impalulados crónicos; si se observa en forma epidémica en muchos lugares; si aparece en comarcas en donde nunca la hubo antes; es lógico deducir que ella tiene un agente causal que no es el malarismo, sino un pa- rásito autónomo, capaz de ser llevado a una zona virgen de sus estragas hasta entonces, capaz de acrecer su virulencia y contagiosidad para determinar epidemias, capaz para vi- vir en donde no haya paludismo endémico y de no existir en donde el malarismo es dueño de gran número de pobla- dores. 2o Ese hematoparásito especial, desconocido hasta ahora, es semejante a los parásitos palúdicos ya descubier- tos, porque sus condiciones vitales son las mismas que las de ellos. En efecto, esta fiebre existe exclusivamente en las comarcas en donde se observan fiebres palúdicas. Así como las fiebres perniciosas, es después de la estación llu- viosa cuando se presenta más frecuentemente la hemo- globinúrica. El específico destructor de los parásitos cono- cidos, obra también contra el de la hemoglobinúrica, pues muchos facultativos, venezolanos y extrangeros, tratan y curan esta fiebre con quinina. Es pues en condiciones se- mejantes de suelo, de humedad, de temperatura, de telu- rismo, etc., como se producen, viven, se multiplican y se trasmiten los agentes causales de las fiebres palúdicas y de esta hemoglobinúrica, tan semejantes, que muchísimos autorizados maestros, no llegando a encontrar el agente causal especial para la hemoglobinúrica, la han clasificado como debida al estado que los plasmodium palúdicos co- nocidos han determinado en la sangre de los que han sido infectados por ellos durante cierto tiempo. Otra circuns- tancia que favorece nuestra manera de ver es la semejan- za clínica de los accesos hemoglobinúricos y palúdicos. El primero se inicia muy frecuentemente por un escalofrío, será la invasión de la sangre por una nueva generación de pará- sitos; le sigue la fiebre y termina muchas veces por sudor. En algunos casos esta semejanza es mayor, pues el acceso compuesto de esos tres elementos se repite a las 24 horas, 162 como si fuera una terciana, pero generalmente la tempera- tura no tiene tipo intermitente, sino remitente, más bien se parece a la remitente biliosa, con la cual tiene otros puntos de semejanza, como el muy notable del tinte ictérico de las conjuntivas y aun de la piel, distinguiéndose de ella por el escalofrío, muy frecuente como dijimos arriba y muy marca- do, lo cual no sucede en la remitente biliosa. La hemoglo- binúrica tiene pues síntomas comunes a las fiebres palúdi- cas intermitentes, a las remitentes y a las perniciosas, luego es lógico pensar que se debe a un parásito que no es el vi- vax, ni el malarias, ni el falciparum, pero sí otro muy se- mejante. 39 Que el parásito de la hemoglobinúrica es eminen- temente hemolítico, es un hecho evidente que no necesita demostración. 49 Obra indudablemente el parásito de 'a hemoglobi- núrica mucho más fácilmente sobre organismos anemiados por ataques palúdicos anteriores, de allí su frecuencia en esta clase de sugetos. Las toxinas de las leptospiras icterohemorrágica y del tifus icteroides y del parásito de la icterohematúrica, tie- nen propiedades semejantes: Obran todas sobre la sangre, sea como hemolisantes, o como hemorragíparas, de allí la hemorragia gástrica típica de la fiebre amarilla, las de la ictericia hemorrágica, las epistaxis frecuentes en ambas y la hemoglobinuria que da su nombre a la pirexia que estu- diamos. Todas causan graves, a veces mortales lesio- nes, en el parenquina renal y en la glándula hepática. La semejanza de acción trae como consecuencia la similitud de cuadros clínicos: podríamos, situar uno al lado del otro, tres enfermos en cierto período, sufriendo uno de amarilla, el segundo de hemoglobinúrica y el otro de icterohemorrá- gica y en todos tres encontraremos: l9 tinte ictérico muy acentuado de la piel y las mucosas; 29 temperatura más o menos alta; 3$ náuseas y vómitos, biliosos o negros; 49 0- rinas escasas, con mucha albúmina, amarillas que tiñen las sábanas o negras; 59 fuerte dolor de cabeza y de cintura y miembros; ó9 inquietud, insomnio, delirio. Las tres com- paradas pirexias, se inician bruscamente, casi sin pródromos; el escalofrío inicial es muy frecuente en la ícterohemorrá- 163 gica y la hemoglobinúrica, y no raro en la icteroide. ¿Será el parásito de la hemoglobinúrica una leptoespira semejante a la icteroides y a la icterohemorrágica? Esta idea no está en contradición con la emitida atrás respecto a la natura- leza del agente desconocido de la hemoglobinúrica, pues la leptoespira icteroides es trasmitida por un zancudo, (mosquito), como los plasmodium de Laverán; de todos mo- dos para resolver el problema del verdadero agente causal de la hemoglobinúrica, deben tenerse en cuenta las obser- vaciones arriba hechas, que pueden ayudar a hacer luz en esa hasta hoy irresuelta cuestión. Fiebre recurrente En la ciudad deMaracaibo muchos médicos creen que no hay esta pirexia. La comprobación microscópica no se ha hecho en ningún punto del Estado Zulia; sinembargo, aparecen en las estadísticas de la mortalidad del Zulia, algunas defunciones ocasionadas por tifus recurrente, así: en 1915 hay dos en el Distrito Colón, una en Mara, una en Maracaibo y nueve en Páez. En estos últimos 2 años la investigación del espirilo de Obermeier ha sido hecha con cierta acuciosidad, pues es conocido que en el vecino Estado Táchira ha sido encontrado. Como en los Distritos foráneos hay muchas garrapatas es probable que sí exista y sean ciertas las defunsiones cer- tificadas como debidas a la fiebre recurrente. Fiebre Amarilla Aunque se carece de documentos que lo atestigüen, es lógico suponer que la Fiebre Amarilla existiera en Mara- caibo desde el tiempo de la Colonia. En la Historia de la Medicina en el Zulia 1 se lee que en 1822 hubo una epi- demia que se cree fuera de Fiebre Amarilla; pero en la confusión tan grande que para esa época había en Medici- na, no es extraño que haya dudas acerca de la naturaleza de esa epidemia. Pero sí es indudable que en 1838 hubo en una colonia de Alsasianos residentes en esta ciudad, una epidemia de dicha fiebre que diezmó aquella. Endémica en la ciudad, en diversas épocas se han pre- 1 Historia de la Medicina en el Zulia, por Juan C. Tinoco h. y Antonio María Delgado h. 1896. 164 sentado epidemias parciales, cada vez que ha habido cir- cunstancias favorables, como entre las tripulaciones de bu- ques extranjeros o en las guarniciones de individuos de o- tras regiones; pues la Fiebre Amarilla no atacaba a los na- turales de Maracaibo, pero se cebaba en los oriundos de otros lugares, aun cuando fuesen tan vecinos y con un cli- ma análogo como el Estado Falcón y la Guajira. A qué se debe esa inmunidad del maracaibero? Será que recibiendo el agente morboso en pequeñas cantidades y continuamente se produce en él la vacunación, o, como suponen algunos, que el maracaibero pasa la fiebre amarilla cuando niño? En Maracaibo se han observado todas las formas clí- nicas descritas de esta enfermedad, desde la fulminante, que mataba en pocas horas, hasta la benigna, que apenas si causaba una indisposición ligera. Tenía una mortalidad verdaderamente aterradora y con sobrada razón, la Fiebre, como por antonomasia se la llamaba, era el espantajo de los extranjeros, que pasaban por esta ciudad como por sobre ascuas. Afortundamente, todo esto perteneee al pasado; varios años hace que no hay un solo caso de Fiebre Amarilla en Maracaibo. El último caso fatal, bien comprobado, ocu- rrió el 12 de Abril de 1910. En la estadística figuraba una defunción en 1913, úna en 1917 y dos en 1918; pero como estábamos seguros de que entonces no había Fiebre Ama- rilla en esta ciudad, supusimos que se trataría de algún e- rror, e hicimos una investigación sobre los dichos casos; y efectivamente, lo que en realidad había era un error en su colocación en los cuadros estadísticos. Por eso no se en- cuentran en el Resumen que se hallará al final de la obra. Sinembargo, es preciso estar alertas, pues existiendo en Maracaibo en gran abundancia el stegomya y habiendo, como hay, hoy más que nunca, gran número de individuos en estado de receptividad, en cualquier momento puede in- troducirse un caso y éste puede dar origen a una epidemia cuya magnitud es difícil de preveer. No hace mucho, en 1917, hubo en Coro un brote epidémico de gravedad bas- tante. Por estas razones, la prudencia aconseja que se to- 165 metí las medidas necesarias para la destrucción del stegomya, como se ha logrado en otras partes. A qué se debe la extinción de esta enfermedad en Ma- racaibo? Será como cree el Dr. Guiteras que éste era un foco secundario y que extinguidos los principales desapa- reció por sí solo? Para el diagnóstico de la Fiebre Amarilla debe tenerse en cuenta que en Maracaibo existe una fiebre con pulso lento, dengue u otra fiebre análoga, que presenta con las formas benignas de aquella, semejanzas que a veces pueden dar lugar a confusiones, aun en prácticos aventajados. No tenemos noticias de que haya existido en los Dis- tritos foráneos, con excepción del de Urdaneta, en que se- gún el Dr. Manuel Dagnino, en ocasiones raras hubo algu- nos casos. En la estadística figuran dos defunciones en Colón en 1918 y una en Perijá en 1913 como causadas por Fiebre Amarilla; no hemos podido, por la distancia a que se encuentran esos Distritos, convencernos de la exactitud de esos datos; pero como en esos lugares reina intensamente el paludismo, creemos más bien que fueran remitentes pa- lúdicas, aparte de que los casos de Colón son precisamente en Diciembre de 1918, en plena epidemia de grippe, por lo que es sumamente probable que haya habido un error de diagnóstico. Dengue? Se presenta en Maracaibo, y es posible que en otros Distritos del Estado, una fiebre que tiene los caracteres si- guientes: ataca principalmente a los recienllegados a la ciu- dad, ya extranjeros, ya de los pueblos andinos; la invasión es brusca: en plena salud el enfermo cae con dolor intenso de cabeza, vértigos, raquialgia, mialgias diversas, cara vul- tuosa, ojos inyectados, fiebre alta, en ocasiones calofrío y a veces vómitos. En algunos casos se presentan epistaxis; la orina generalmente es escasa y a veces contiene albú- mina. ,, r, r . Más o menos al tercer día se presenta en gran parte de los casos una erupción escarlatiniforme que se observa principalmente en la cara; esta erupción dura dos o tres días y es más o menos aparente según los casos y va apa- 166 gándose poco a poco. Al mismo tiempo van desaparecien- do los demás síntomas y al cabo de una semana la curación es completa. Hay un síntoma de la mayor importancia: la lentitud del pulso. Del segundo al tercer día empieza a bajar la cifra del pulso hasta llegar en la convalecencia, a 50, 44 y aún a 40 por minuto. Luego vuelve a subir poco a poco hasta alcanzar la normal. En dos de los casos observados últi- mamente en la ciudad la persistencia del pulso lento fue notable, como si la intoxicación orgánica fuera muy profun- da, pues aquel síntoma estaba acompañado de astenia bas- tante pronunciada. Con diuretina y tónicos desaparecie- ron esos trastornos. Cuando se presentan circunstancias favorables, se vuel- ve epidémica; uno de nosotros ha visto dos peque- ñas epidemias, una familiar y otra en el Cuartel de Vetera- nos de esta ciudad. En la primera fueron atacadas en la misma casa, seis personas procedentes de Boconó, y en la segunda, seis soldados recientemente llegados de Trujillo. Y en el Hospital, a donde fueron llevados éstos últimos, una Hermana de la Caridad, española, residenciada hacía tres meses en Maracaibo, se contagió. La enfermedad es muy benigna y no deja rastro algu- no. No hemos observado complicaciones ni tampoco recaí- das ni recidivas. Cuál es la naturaleza de esta fiebre? Se trata del Den- gue, o es alguna de esas fiebres indeterminadas de los paí- ses cálidos descritas bajo distintos nombres? La ausencia de los dolores articulares, la falta de recaí- das y la lentitud del pulso, hacen pensar que se trata más bien de la Fiebre de siete días descrita por Rogers. Nuestra afección tiene muchos puntos de contacto con la Fiebre Fo- ja de Caracas, descrita porFonseca. 1 Espiroquetosis bronquial de Castellani El Dr. G. Quintero L. y el Br. Heberto Cuenca identifi- caron en Maracaibo el Espiroquete de Castellani en un caso 1 Dr. Manuel A. Fonseca. La fiebre roja de Caracas. Gaceta Médica de Ca- racas, 1915, nQ 2. 167 que hace algún tiempo sufre de trastornos pulmonares que habían sido diagnosticados de origen tuberculoso. 1 Leishmaniosis Americana En este Estado son muy comunes las úlceras, sobre to- do en las piernas; entre esas úlceras hay muchas qus son de origen parasitario. La Leishmaniosis Americana, descrita por el Dr. E. Tejera en el Zulia, se conoce entre nosotros con el nombre de «Picada de Pito». 2 «En el Estado Zulia hemos podido determinar aproxi- madamente, hasta donde nos ha sido posible, las regiones en que más abunda la enfermedad que nos ocupa. Bastará ver el mapa que incluimos para darse cuenta de que la en- fermedad existe en las regiones surcadas por grandes ríos a cuyas orillas crecen grandes bosques. El Dr. L. García Maldonado y después el Dr. Luis Ri- vero nos han hablado de lo frecuente que es en la región del río Limón, la enfermedad conocida con el nombre de «Picada de Pito». El Dr. E. Tejera ha encontrado varios casos en el Distrito Perijá. Nosotros hemos tenido ocasión de recorrer una buena parte del territorio del Estado Zulia y hemos comprobado personalmente la existencia de la Leishmaniosis America- na en las zonas surcadas por ríos tales como: el Palmar, Cogollo, Apon, Macoa, Macoita, en el Distrito Perijá; ríos Catatumbo, Zulia y Escalante en el Distrito Colón; ríos Playa Grande, Tocaní, Chirurí, Motatán y Misoa en el Dis- trito Sucre; ríos Mene y Tamare en el Distrito Bolívar. El Dr. Otto van Stenis nos escribe diciendo que es co- mún la Leishmaniosis en el Distrito Colón. El Dr. García Maldonado nos dice que abunda la enfer- medad en el Distrito Bolívar. Hemos tenido enfermos de casi todos los Distritos del Estado Zulia como se puede ver en nuestras observaciones clínicas, a más de que en la Beneficencia de Maracaibo exa- minamos microscópicamente varios casos de úlceras que re- 1 Panorama, n* 1888 de 8 de Set. de 1920. 2 Dr. Enrique Tejera. La Leishmaniosis Americana en Venezuela. 168 multaron ser de origen leishamiósico. Entre estos había un enfermo que había contraído las úlceras en el río Onia, Es- tado Mérida. Los Distritos que hasta ahora hemos podido compro- bar que están infectados por la Leishmaniosis son: Páez, Mara, Urdaneta, Perijá, Colón, Sucre y Bolívar». 1 Kala Azar El cuadro clínico del Kala Azar existe en el Zulia; pero no se ha encontrado todavía el parásito en los individuos sospechosos. Tripanosomosis Americana De la nota Preliminar que sobre esta afección presentó el Dr. Enrique Tejera a la Academia Nacional de Medicina, tomamos las conclusiones siguientes: «1$ La Tripanosomosis Americana o enfermedad de Chagas existe en Venezuela, en los Estados Trujillo y Zulia. 2$ El insecto trasmisor de la enfermedad en Venezue- la es el Rhodnius prolixus Stal. En el país parece que no existe el Conorhinus megistus que es el trasmisor de la en- fermedad en el Brazil». 2 Disenteria Diversas clases de Disentería se observan en el Zulia: amibiana, cercomonadina, a balantidium, etc. De éstas la principal es la amibiana. De la bacilar ya hemos visto que en el Distrito Colón se ha presentado en forma epidémica. En Maracaibo no se ha comprobado todavía bacteriológica- mente su existencia: pero el cuadro clínico de aquella sí se observa, tanto en niños como en adultos. Trataremos de la Disentería amibiana que es la más extendida en el Estado. En todas las épocas del año se observa la Disentería en el Zulia, aumentando su frecuencia en los meses de ma- yor calor, sobre todo en Mayo y Junio. Con esto coincide 1 Dr. E. Tejera. Loe. cit. 2 Dr. E. Tejera. La Tripanosotnis Americana en Venezuela. 169 también la abundancia de frutas, y el exceso en la ingestión de éstas, no solo produce trastornos que exaltan la viru- lencia de la amiba, sino que como muchas se comen con cáscara y sin lavar, ésta puede infectarse fácilmente. Pe- ro los principales vehículos para la trasmisión de la amiba son el agua y la leche, y los alimentos que se comen cru- dos y están expuestos a infectarse, ya con aguas de riego, como legumbres, etc., ya por las moscas. Los excesos al- cohólicos y los purgantes drásticos son causas determinan- tes de la afección. Esta ataca todas las edades, desde el niño de pecho hasta el viejo más avanzado. Presenta un notable carácter de gravedad cuando se desarrolla en las mujeres embara- zadas. Creemos que puede asegurarse que en el Estado se presentaba la Disentería en todas sus formas y con todas sus complicaciones, secuelas o consecuencias: así era fre- cuente observar la forma flegmonosa, con expulsión de grandes colgajos de mucosa intestinal; la acompañada de graves enterorragias; la septicémica; complicaciones como hepatitis, polineuritis, etc.; secuelas como abscesos hepá- ticos, estrecheces rectales, etc. Hoy, afortunadamente, la enfermedad ha disminuido no solo de frecuencia sino tam- bién de intensidad y es rara, muy rara vez que se encuen- tran ahora esas formas graves. La mortalidad era antes aterradora. Pero desde el día 4 de Noviembre de 1912 en que se puso en Maracaibo la primera inyección hipodérmica de clorhidrato de emetina, este maravilloso alcaloide ha transformado la faz de la en- fermedad haciendo desaparecer casi completamente su pro- nóstico sombrío. Vamos a comparar la mortalidad en tres años antes del empleo de la emetina, 1908,1909 y 1910, con la de los tres últimos años, 1917,1918 y 1919. En 1908 hubo 2.735 defunciones y entre éstas, 350 por disentería 0 sea 12.797» a 1909 2.535 44 44 <4 44 334 << 44 44 44 13.177» " 1910 <4 2.986 44 44 44 393 44 44 44 44 13.167» " 1917 44 4.145 44 44 « 44 396 44 44 44 44 9.787» " 1918 44 5.253 44 4. 44 4* 246 44 44 44 44 4.687» " 1919 44 2.894 .4 44 « • 4 146 44 44 44 5.047» 170 En el Hospital de Beneficencia de esta ciudad: En 1911 murieron 152 asilados; de éstos, por disenteria 52 o sea 34.21% " 1912 " 200 " " " " " 87 " " 43.50% " 1919 11 151 " " " " " 25 " " 16.55% " 1920 " 150 " " " " " 34 " " 22.66% Salta a la vista la diferencia de mortalidad, tanto en el Estado como en el Hospital, en las dos épocas comparadas. La mortalidad que trae la estadística es la siguiente. Distritos 1912 1913 1814 1915 1916 1917 1918 1919 Total Bolívar 0 26 28 11 51 57 40 13 226 Colón 33 26 30 56 65 40 34 24 308 Mara 10 9 8 12 25 28 24 4 120 Maracaibo 156 97 131 260 171 160 117 65 1157 Miranda 17 16 16 23 12 68 9 7 168 Páez 24 24 19 16 2 2 1 2 90 Perijá 15 18 14 24 17 28 9 19 144 Sucre 21 25 26 34 2 0 6 2 116 Urdaneta 3 5 5 1 6 13 6 10 49 Totales 279 246 277 437 351 396 246 146 2378 Para la profilaxia de esta afección, es preciso ante to- do tratar muy bien todos los disentéricos hasta que des- aparezcan las amibas enquistadas, pues estos portadores son una de las principales causas de la propagación de la Disentería; tomar agua filtrada o hervida, hervir la leche, lavar bien las frutas y legumbres, evitar los excesos de to- do género, hacer guerra a muerte a las moscas, tomar dis- cretamente los purgantes, etc., etc. Párrafo aparte merece la Rectitis ulcerosa infantil. Se- gún se ha podido observar, hay dos clases bien definidas de esta Rectitis; úna, amibiana, que se diagnostica fácilmen- te con el examen délas heces y que cede a la emetina; la otra, que no es amibiana, y que por los caracteres clínicos que presenta, su gravedad suma, el estado del recto y la 171 resistencia a la emetina, suponemos que sea bacilar. En es- ta clase la mortalidad es elevadísima. Abscesos hepáticos Afección que se va haciendo más rara cada vez, y es natural, que así sea, pues tratada hoy la disentería eficaz- mente, es claro que una de sus más temibles consecuen- cias se haga también menos y menos frecuente. Ahora pocas veces se encuentra el gran absceso tro- pical. Para terminar con esta peligrosa afección el principal medio es tratar inmediatamente todo individuo en quien se encuentre la amiba disentérica en sus heces. Las otras complicaciones de la Disentería, también se observan cada vez con menos frecuencia. Parasitosis intestinal En el Estado Zulia, la parasitología intestinal es un ca- pítulo importantísimo de su Patología. En este capítulo hay secciones de palpitante interés, como laque se relacio- na con las cercomoniosis. Para tener una idea de los pa- rásitos intestinales que se observan en nuestro Estado y de su relativa frecuencia, anotamos a seguidas el porcentage deducido de dos grupos de enfermos: el primero correspon- diente al Hospital de Beneficencia, y el segundo tomado de un trabajo del Dr. C. J. Bello leído en la Sociedad Médico Quirúrgica del Zulia. 1 En 739 muestras de heces, procedentes de otros tantos enfermos del Hospital, se encontraron: ascárides lumbri- coides, en 442; tricocéfalos, en 425; ankilostomos, en 330; cercomonas, en 165; amibas, en 117; quistes amibianos en 90; oxiuros en 70; strongiloides, en 60; lamblias, en 23; baíantidium, en 6; tenia sag., en 2; tenia solium, en 1; schis- tosoma mansoni en 1; lo cual da el siguiente porcentage: 1 Debemos hacer una advertencia, y es que entre los 739 enfermos que figuran en el primer cuadro, hay varios que son de los Estados vecinos y del De- partamento Santander de la República de Colombia. 172 Ascárides, 25.52% Tricocéfalos, 24.54% Ankilostomos, 19.05% Cercomonas, 9.52% Amibas, 6.66°/° Quistes amibianos, 5.20% Oxiuros, 4.04% Strongiloides stercoralis, 3.46% Lamblias 1.33% Balantidium, 0.35% Tenia Sag., 0.11% Tenia Solium, 0.06% Schistosoma Mansoni, 0.06% El segundo cuadro citado da: Cercomonas 43.00% Tricocéfalos, 36.00% Ascárides, 31.00% Amibas (dis. y coli), 26.00% Ankilostomos, 6.00% Strongiloides, 4.00% Oxiuros, 1.25o/o Balantidium Coli, 0.40 0/0 El poliparasitismo intestinal es muy frecuente también, como puede verse en los siguientes datos que tomamos! de un trabajo del Dr. A. d' Empaire leído en la Sociedad Mé- dico Quirúrgica del Zulia: de 69 enfermos cuyas heces fue- ron examinadas, solo en 15 se encontró un solo parásito; en 32 se obtuvieron 2 parásitos; en 18, 3 parásitos, y en los 4 restantes 4 parásitos. A. Ascárides lumbricoides. Estos son muy comu- nes en los habitantes del Estado. Como es lógico, son mu- cho más frecuentes en las clases menesterosas, cuya de- fectuosa higiene, medio de vida y costumbres, facilicita la infección o penetración de los huevos en sus organismos. Los niños'que se llevan a la boca las manos sucias de cuan- to está a su alcance, son portadores más frecuentemente que los adultos. Una buena porción de los pobladores del Esta- 173 do hace responsable a los ascárides de la mayor parte de los trastornos infantiles, especialmente de los gastro intes- tinales y cerebrales. Sin descargar a estos parásitos de su responsabilidad en algunos casos, tales generales ¡deas son exageradas. Todos hemos visto procesos debidos a los ascárides lumbricoides obrando, ora mecánicamente, o co- mo causa de irritación del sistema nervioso o ya por medio de sus toxinas, causando así vómitos, dolores de estómago e intestinos, obstrucciones intestinales, apendicitis, o estimulan- do el sistema nervioso en general, empeorando un epiléptico o un neurópata o determinando convulsiones, meningismo, procesos febriles, y quizá facilitando una infección por las le- siones que en las paredes intestinales causan. Algunos creen que las lombrices desempeñan un papel importante en la producción de las perforaciones tifoideas. Ninguna parti- cularidad tenemos que anotar en nuestro Estado respecto al modo de desarrollo, penetración, vida y tratamiento de es- tos parásitos, que aquí se efectúan como en todas partes, con la yá apuntada diferencia de la facilidad de infección y también de multiplicación, esto último por las condiciones del suelo, ocupaciones habituales, costumbres, etc. B. Tricocéfalos. Como vimos, estos parásitos son huéspedes de los sugetos parasitados en 24.54% de los ca- sos. El hecho de ocupar este parásito el segundo puesto, en orden de frecuencia en el Estado, debe hacernos fijar más la atención en él, pues su inocuidad es cada día menos aceptada y muy al contrario, se admite hoy que él puede producir una anemia profunda y trastornos diarreicos gra- ves con severas lesiones de las paredes intestinales. C. Ankilostomos. En Maracaibo, hasta la fecha, no se ha encontrado todavía, que nosotros sepamos, un solo caso de ankilostomiasis autóctona: el 6% que figura en el segundo cuadro es de individuos de los Distritos foráneos o Estados vecinos que llegan a esta ciudad. La mortalidad que acusa la estadística no la conside- ramos exacta pues es difícil que en los Distritos foráneos se haga el diagnóstico de esta afección; generalmente esas muertes son certificadas como causadas por anemia, ca- quexia palúdica, etc. 174 En casi todos los Distritos foráneos existe el ankilos- tomo, siendo más frecuente en Perijá, Sucre y Colón. La variedad de ankilostomo encontrada en el Zulía es el Necator americanus como en el resto del País. Aunque en nuestro Estado no es la uncinariosis un problema tan serio como en otros de la República, la facilidad con que se trasmiten estos parásitos hace necesario tratar los parasita- dos cuidadosamente para evitar la propagación, lo cual pue- de hacerse con los medicamentos y medios ya bien conoci- dos en todos los países en donde existe tal plaga. Y tene- mos que ser ahora más cuidadosos, por el incremento que la inmigración de los Estados vecinos ha tomado en los últimos años, Estados en donde hay muchísimos por- tadores de uncinaria. D. Cercomonas. Al principio de este capítulo ha- blamos del palpitante interés del estudio de las cercomonio- sis entre nosotros. Como de otros muchos, se admitía ge- neralmente que este parásito vivía en el intestino hu- mano sin causar daño; después de los trabajos experi- mentales que prueban que la inyección de estos parásitos, en los intestinos causan reales y profundas alteraciones patológicas; después de autopsias demostrativas en el hom- bre de lesiones que han causado la muerte, indudablemente producidas por cercomonas, tenemos que aceptar que al menos en algunos casos, ellos pueden ser patógenos, aun- que no lo sean siempre. En Maracaibo no solo los cerco- monas son los parásitos más frecuentemente observados, sino que se presentan no raramente cuadros patológicos in- testinales que no encajan por su fisonomía en las infeccio- nes o parasitosis intestinales bien conocidas Tenemos un cuadro clínico que muchos profesionales zulianos atribui- mos a cercomonas por su similitud con una de las formas de cercomoniosis descrita por autores nacionales y extran- jeros. El sugeto, sano hasta entonces, siente malestar ab- dominal y necesidad de defecar. Esto sucede generalmen- te durante la madrugada. Se hacen 3, 4, ó 6 deposiciones con 1 ó 2 horas de intervalo, sin real tenesmo, sin sangre, de aspecto más o menos natural, pero espumosas frecuen- temente y blandas siempre. Cerca del mediodía el sugeto está bien yá y puede entregarse a sus ocupaciones; si acaso 175 en la tarde o noche hace 1 ó 2 deposiciones. Rara vez el ataque de la madrugada se repite en la tarde. El próximo día, más o menos a la misma hora, vuelven el malestar y las deposiciones. Estos estados curan con alguna sal de quinina asociada a los polvos de Dover y cualquier antiséptico como el Salol. Se han hecho pocos exámenes microscópicos de heces en esos casos y en algunos ese examen han corroborado el diagnóstico clínico. Hay otro cuadro clínico entre nosotros, que se ob- serva principalmente en niños, caracterizado por deposicio- nes frecuentísimas, con ligeros dolores abdominales. Las deposiciones que son primero excrementicias, llegan luego a ser acuosas, sin fetidez, de color amarillento u oscuro; el enfermo hace veinte o más deposiciones en las 24 horas. A pesar del número de deposiciones no hay los síntomas de intoxicación que caracterizan el cólera infantum. Este cua- dro es muy semejante a la forma colerínica de la cercomo- niosis que describe el Dr. 3. B. Ascanio Rodríguez de Cara- cas. Cede a una medicación ácida. Como no tenemos exá- menes coprológicos que sostengan este diagnóstico, apenas lo lanzamos para que sea objeto de investigaciones poste- riores. Todavía queremos hacer mención de una tercera for- ma, febril, que quizá sea función cercomonadina. Se ob- serva concierta frecuencia un estado febril, de curva irregu- lar, que no encaja en las curvas tíficas y que se acompaña de vez en cuando de calofríos fuertes, que se producen sin periodicidad. He aquí la curva de un caso típico: Fiebre continua durante 10 días con exacerbación vesperal, cuan- do se pensaba en una tifoidea, la fiebre cesa; el enfermo está apirético unos días y se inicia nueva alza térmica con calofrío fuerte; aquella dura 4 ó 5 días, con muy nota- ble remisión matinal y desaparece. Después de una api- rexia de 30 horas, sube la temperatura de nuevo y se ins- talan unos accesos intermitentes francos, que a veces se inician con gran calofrío y en los que la temperatura sube a 39° 5, a 403 5, durando el acmé solo 4 horas y el acceso febril todo más o menos 20. En ocasiones ese acceso in- termitente se prolonga tres días y se enlaza con el siguiente. No hay sudor, no hay hematozoarios en la sangre, ni pro- 176 habilidades de que el sugeto haya sido infectado por ellos. El examen de la sangre revela eosinofilia. Se hace el exa- men de las heces, aun cuando no haya trastornos intestinales presentes, y se encuentran numerosas y muy activas cer- comonas. Es bueno advertir que este proceso se inició con trastornos intestinales. Se observa siempre en estos en- fermos el hígado un poco crecido, por debajo de la última costilla, y doloroso a la presión. Hay la particularidad de que estos febricitantes rara vez tienen trastornos intestina- les, pero si se les purga, las cámaras manifiestan una con- dición infecciosa de los intestinos. Cuando el médico me- nos piensa no vuelve la fiebre. El enfermo se demacra por lo largo de la enfermedad y su hábito exterior hace pensar en la tifoidea, pero nunca adquiere el sello tifoideo típico, ni llega a estado de gravedad acentuada. Solo pasa mal las horas de alta temperatura. E. Amibas. La amibiosis está muy extendida en to- dos los Distritos del Estado Zulia. Ya hemos tratado de sus principales manifestaciones. F. Oxiuros. Son bastante frecuentes en el Estado. Todos sabemos como desembarazar los portadores de las desagradables molestias que ocasionan. No debe olvidar- se que si bien generalmente estos parásitos no ocasionan serios trastornos, en algunos casos, especialmente en los de autoreinfección, su número llega a ser tan elevado, que sí los producen, especialmente en los niños, como catarro in- testinal, variaciones del apetito, mal sueño, vómitos, apen- dicitis, anemia grave; trastornos del sistema nervioso, del aparato genital, etc. G. Strongiloides stercoralis. Su porcentaje 3.50 a 4%- Hemos visto este parásito ocasionando un síndrome disentérico completo de carácter grave: deposiciones fre- cuentísimas, con dolores abdominales y algo de tenesmo y reacción febril que se prolonga muchos días. Hígado cre- cido y doloroso. H. Balantidium Coli. Se observa el sindrome disen- térico causado por este parásito en el Zulia. Según las es- tadísticas su frecuencia con relación a los otros parásitos existentes entre nosotros es de 72 % aproximadamente. 177 I. Tenias. Estas son raras en eí Estado Zulia, ape- nas 0.17% de los parásitos en general. J. Schistosoma mansoni. En el Zulia no se ha des- cubierto todavía la presencia de este parásito. El caso que aparece en el primer cuadro es un individuo de Caracas. Quiste hidatídico No tenemos noticia de que exista en el Estado. El Dr. SotoG. operó hace algunos años un quiste del hígado, pero fue diagnosticado Quiste solitario del hígado, no hida- tídico. 1 Filariasis. Manifestaciones diversas de la Filariasis, como ele- fantiasis del escroto, de la vulva y de las piernas, son co- munes en el Estado. Pero hasta ahora, no sabemos que se haya encontrado aquí ninguna clase de Filaría. Bubas Poco frecuente es esta afección en el Estado. Ningu- na particularidad que anotar a este respecto. Granuloma Entre las ulceraciones diversas que a cada paso se en- cuentran en nuestra región, hemos creído poder identificar varias veces el Granuloma. Miasis Aquí, donde son tan numerosas las moscas de diver- sas clases, no es extraño que se encuentre frecuentemente la Miasis, ya nasal o cutánea, que son las más comunes, ya rectal, etc, Uno de nosotros extrajo en una ocasión una lar- va de mosca del conducto lagrimal de un sujeto procedente del Distrito Colón. 1 Gaceta médica de Caracas, 1919, núm. 19. 178 Micetoma Aunque todavía no se ha encontrado el hongo respon- sable, hay en el Estado casos con todos los caracteres clí- nicos del Pie de Madura. Actinomicosis En Marzo de 1907 el Dr. 8. Montiel Pulgar, de esta ciudad, diagnosticó por primera vez aquí la Actinomicosis, clínica y bacteriológicamente. Después, diversos observa- dores han identificado la afección, que no es muy rara. Sarna Común en los campos y entre los individuos poco cui- dadosos de su higiene personal, nada particular presenta esta afección entre nosotros. Carate Muy común es el Carate en el Distrito Perijá: según datos comunicados a uno de nosotros por el Dr. E. Tejera, quien ejerció más de un año en dicho Distrito, como un 10% de la población está afectada, en el Rosario, Arimpia, Puentecito, Villa Vieja y Machiques. Donde hay separa- ción de razas puede decirse que entre los negros y los in- dios hay más del 40% atacados y entre los blancos, más o menos un 10%. Casi todos los indios de la sierra de Pe- rijá tienen carate. En los Distritos Miranda y Bolívar se observa en los lugares limítrofes con las serranías de Ciruma. Entre los negros se observa con más frecuencia la va- riedad azul o violeta; entre los blancos, la roja o rosada y por rareza la azul. Los arrieros y la gente que trabaja en el lodo es la que mayor tributo paga a la afección. Tejera ha cultivado un hongo de la familia de los as- pergidas. Tiña Poco frecuente en el Estado. 179 ÍNDICE Comisión Seccional y Delegados V Decreto del Gobierno del Estado VI Al lector VII Primera parte. Geografía Capítulo I. Datos Geográficos 3 II. Climatología 48 u III. Flora 68 " IV. Fauna 76 V. Etnología 84 VI. Demografía 94 Segunda parte. Nosografía Capítulo Primero. Enfermedades Cosmopolitas . 117 Segundo. Enfermedades Parasitarias . 150 180 DEFUNCIONES EN EL ESTADO ZULIA DE 1912 A 1919 (I) NOMENCLATURA BOLIVAR COLÓN - MARA MARACAIBO MIRANDA PÁEZ ■ - PER1JÁ SUCRE URDANETA TOTALES 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 L919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914'1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914 1915(1961 1917 1918 1919 1912 1913 1914 19151916 i 1917 1918 1919 { 1912 == 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 11912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 Capítulo I.-Enfermedades generales Fiebre tifoidea Tifus exantemático Fiebre recurrente Fiebre biliosa hemoglobinúrica... Fiebres palúdicas Caquexia palustre Viruela * Sarampión , Escarlatina Tosferina Difteria y crup Grippe Cólera asiático Cólera nostras Disenteria Disentería epidémica Fiebre amarilla Lepra Erisipela Infección purulenta y septicemia. Pústula maligna y carbunclo Tétanos Mocezuelo Micosis Beriberi Tuberculosis pulmonar Tuberc. laríngea Tuberc. miliar aguda Tuberc. meníngea Tuberc. abdominal Mal de Pott. Tumores blancos Tuberc. de otros órganos Tuberc. generalizada Escrófula Raquitismo Sífilis Chancro blando - Gonorrea Cáncer y tumores malignos cavi- dad bucal Cáncer estómago e hígado Cáncer peritoneo, intestino y recto. Cáncer órganos genitales (mujer). Cáncer del seno Cáncer de la piel Cáncer otros órganos no especicds. Reumatismo articular agudo Reumatismo crónico y gota Escorbuto Diábetes Enfermedad de Addison Leucemia Anemia y clorosis Alcoholismo agudo y crónico .... Capitulo II.-Enfermedades del siste- ma nervioso y órg. de los sentidos Encefalitis Meningitis no tuberculosa Parálisis y ataxias Hemorragia cerebral. Apoplegía .. Reblandecimiento cerebral Parálisis general. Enag. mental y Vesanias Epilepsia, eclampsia no puerperal, convulsiones Otras afecciones nerviosas 1 1 1 1 6 19 26 1 1 1 1 10 4 1 3 3 1 1 8 33 2 28 2 5 14 1 1 5 1 1 1 1 3 11 2 1 1 2 27 29 5 4 2 1 51 1 5 9 1 2 1 1 12 1 30 32 7 1 57 2 1 12 8 2 4 2 2 1 2 11 1 1 30 37 1 135 40 7 7 8 2 5 1 1 1 14 1 14 27 2 2 13 4 2 10 1 1 1 1 6 8 86 10 2 1 1 33 6 8 24 1 1 4 4 2 1 3 5 12 2 4 1 3 62 18 1 26 1 1 3 8 34 1 3 1 3 4 1 11 1 6 3 7 1 52 11 1 30 1 1 6 24 1 9 3 1 2 11 9 7 2 64 5 4 1 3 56 24 2 2 9 17 1 2 1 1 9 1 1 1 4 21 1 8 1 1 6 64 22 5 3 4 ♦ 65 5 11 19 5 1 1 1 11 4 1 3 95 38 8 1 1 40 1 5 4 31 3 1 1 1 1 14 8 1 3 90 24 1 1 212 34 2 4 22 2 1 2 13 2 1 5 54 6 25 24 2 1 4 4 11 5 8 1 5 11 4 7 2 7 12 1 10 1 1 1 2 13 1 1 2 6 7 4 1 9 2 9 2 2 2 1 1 7 1 5 1 8 1 4 7 2 1 1 6 2 2 8 1 1 37 2 1 12 1 2 5 5 1 4 1 4 5 12 63 27 4 2 25 1 1 1 6 14 1 1 1 3 9 7 1 3 3 27 12 4 2 28 1 1 8 1 2 6 2 1 40 1 85 24 1 1 8 13 2 4 1 1 5 2 7 2 9 4 8 7 1 2 4 4 39 1 38 6 1 2 19 156 7 1 4 13 26 135 7 2 15 2 1 2 3 5 1 5 2 6 2 13 2 8 88 7 35 1 3 3 32 1 30 33 4 14 97 19 3 17 11 19 1 119 2 1 1 19 1 3 1 1 9 2 7 1 16 1 1 5 1 74 5 35 10 4 1 44 2 31 14 13 25 131 1 3 15 6 32 154 3 2 17 1 2 8 3 5 6 6 1 1 14 2 6 1 100 13 ,35 1 10 5 53 1 2 90 4 15 11 39 1 260 1 10 2 8 23 183 2 1 14 1 4 6 7 3 8 4 7 1 2 10 3 1 1 8 5 92 5 24 1 3 1 1 31 301 7 57 14 13 19 171 2 11 19 163 17 10 26 3 2 11 46 4 23 4 2 19 168 1 50 6 1 1 16 32 160 3 9 31 176 37 14 45 3 2 6 36 4 41 10 3 2 25 128 2 3 1 7 7 686 117 3 1 10 31 1 200 34 8 50 3 4 3 1 46 37 13 4 4 39 75 1 38 65 3 9 21 168 21 7 39 2 2 3 37 3 18 13 3 6 5 3 17 2 3 8 1 1 1 1 2 4 7 5 1 4 16 2 18 1 2 5 1 5 9 1 1 16 2 2 5 2 1 1 2 2 5 1 3 7 1 1 23 1 2 5 1 1 1 5 11 2 1 7 26 9 2 4 1 1 12 1 1 7 5 1 6 1 8 1 10 2 1 8 44 8 33 1 68 2 1 6 11 3 2 3 7 21 1 4 27 2 1 3 88 9 3 1 13 1 2 2 1 1 4 9 5 13 5 1 3 1 3 14 7 1 2 1 8 3 2 8 2 23 1 2 24 2 12 3 3 1 13 24 1 7 1 2 1 3 2 22 19 1 2 5 1 1 5 2 12 9 6 2 1 16 3 4 5 1 1 1 6 1 2 3 2 2 2 1 1 1 4 । 2 12 3 1 1 1 1 1 2 1 2 1 1 1 7 16 36 7 1 15 1 1 27 3 2 2 1 18 3 1 7 8 30 5 18 1 3 3 21 1 1 8 1 3 1 2 5 10 7 5 3 14 6 1 1 2 2 1 3 1 6 75 ¿ 6 1 24 2 22 1 1 1 11 5 2 6 61 4 2 17 1 5 14 1 4 3 1 1 5 5 7 45 2 1 28 4 3 17 2 1 3 9 2 12 43 1 3 138 9 1 4 5 12 1 2 6 7 1 7 27 1 2 30 19 1 2 2 20 2 1 1! 1 5 4 2 2 29 1 21 2 1 1 2 6 7 1 35 3 1 25 4 3 5 1 5 4 24 26 1 2 3 4 1 1 1 2 1 4 3 72 1 1 3 34 3 6 9 4 1 1 1 1 9 1 8 12 1 2 1 1 4 1 2 12 1 1 1 1 1 1 19 182 6 2 2 1 1 1 1 7 4 2 1 11 1 14 1 4 4 3 1 5 15 1 1 1 3 2 2 1 6 1 1 6 1 8 3 1 1 5 3 18 1 1 1 1 1 2 4 8 1 1 12 11 12 2 2 3 5 2 5 27 2 1 2 7 7 1 17 1 1 15 4 1 1 2 1 1 3 2 14 1 1 3 1 2 1 1 6 2 3 6 53 3 1 4 4 3 6 1 2 13 14 1 1 1 4 4 2 8 1 31 97 1 1 13 3 28 2 4 3 1 8 1 2 5 1 2 i 26 60 6 1 1 27 5 3 2 3 1 2 6 26 .3 5 10 1 1 1 16 3 1 2 1 3 1 2 720 6 13 158 2.700 158 149 193 9 83 146 1.903 2 5 2.378 24 3 30 41 50 13 179 417 1 2 2.043 21 2 6 90 1 3 150 8 5 48 73 2 15 32 15 36 7 4 310 34 1 1 26 1 4 119 10_Cap. I - 12.450 3 817 66 561 54 41 55 13 Cap. II- 1.610 Pasan 4 78 101 22 152 176 290 84 219 191 170 249 228 257 414 179 58 40 48 90 182 97 187 50 i 661 601 713 918 956 876 1429 580 54 67 50 65 106 219 171 77 72 50 63 68 14 6 19 9 141 113 57j 165 130 124 245 127 65 90 74 150 32 17 215 78 67 101 84 132 203 141 82 14.060 DEFUNCIONES EN EL ESTADO ZULIA DE 1912 A 1919 (ID NOMENCLATURA BOLIVAR --- COLÓN MARA ------ MARACAIBO MIRANDA PÁEZ PERIJÁ SUCRE URDANETA TOTALES 1912 >191- ^1914 1191* 4916 >1917 4918 4919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 1913'1914 1915 1916 1917 1918 1919 1912 l 1913'1914 1915 1916 1917 |1918 1919 191211913 1914 1915 >1916 >1917 4918 51916 1912¡1913|191^ 1191* >1916|1917|1918 H91< Ó91Í >19K 51914 1191Í )1916|1917|191í 519H i Vienen Capítulo III.-Enfermedades del aparato circulatorio Enfermedds. orgánicas del corazón Pericarditis. Endocarditis Angina de pecho. Síncope card Miocarditis. Afecciones de las arterias ..... Embolia y trombosis Afecciones de las venas Capítulo IV.-Enfermedades del aparato respiratorio Bronquitis Pulmonía y broncopulmonía Pleuresía y otras enfermedades excepto tisis Capítulo V.-Enfermedades del aparato digestivo Afecciones del estómago excepto cáncer Diarrea y enteritis en menores de 2 años Diarrea en mayores de 2 años... Anquilostomosis o uncinariosis.. Lombrices y demás parásitos intest. Apendicitis y flegmón de la fosa ilíaca. Hernia y obstrucción intestinal... Ictericia grave e infección biliar.. Abscesos hepáticos tropicales.... Cirrosis del hígado Cálculos biliares y cólico hepático. Otras afecciones del aparato digest. Capitulo VI.-Enfermedades del aparato génito-urinario Nefritis y mal de Bright Cálculos de las vías urin. y cóli- co nefrítico Otras afeciones excepto cáncer .. Tumores no cancerosos del úte- ro y anejos Capítulo Vil. -Estado Puerperal Aborto y otros accidentes del em- barazo Hemorragia puerperal pistocia y otros accidtes. del parto Fiebre y septicemia puerperal.... Albuminuria y eclampsia puerperal Flegmasía alba-dolens. Embolia muerte súbita Capítulo VIH.-Enfermedades de la piel y tejido celular Gangrena Forúnculo. Antrax Capítulo IX.- Organos de la locomoción Afee, de los huesos excepto tuberc. Afee, de las art. excepto tuberc. y reumat Capítulo X. Vicios de conformación Capítulo XI.-Primera edad Nacimiento prematuro. Asfixia etc. Capítulo XII. Vejez Capítulo XIII.-Causas exteriores Suicidio Envenenamiento Quemaduras Submersión Traumatismos diversos Hambre Insolación Rayo Homicidio CapítuIoXIV.-Enfermedades mal definidas Causas de muerte oscuras o mal definidas Otras enfermedades no comprends. 4 1 4 1 2 1 1 1 20 78 F 11 16 2 1 •5 2 1 2 1 2 1 13 3 101 11 1 s 20 1 1 4 1 1 1 1 3 2 27 1 22 1 1 1 6 4 1 1 4 1 4 152 11 4 11 11 3 ig 4 i 3 2 1 1 8 2 2 1 1 1 2 1 2 1 3 176 € 3 14 15 1 2 26 18 6 3 2 1 2 2 5 1 1 2 29( 3 3 11 33 1 r 36 11 r 1 1 1 1 1 1 2 1 3 1 2 1 1 3 10 2 2 5 84 5 4 9 11 1 10 31 9 3 2 5 4 1 1 1 1 1 1 1 1 2 1 2 219 6 4 5 12 19 3 37 1 2 2 1 3 2 7 2 3 3 16 1 ! ¡ i 8 3 2 2 13 1 4 9 191 9 11 6 1 46 2 3 1 1 5 3 1 1 1 2 3 1 2 1 7 1 1 1 3 7 34 3 170 13 3 1 11 3 36 1 1 6 4 3 1 3 1 1 4 1 6 1 6 5 7 69 2 249 13 1 7 17 2 70 2 3 2 3 2 1 2 1 4 1 6 6 2 2 4 7 8 56 4 228 7 2 1 2 13 40 5 2 32 27 1 4 3 1 5 3 3 3 3 1 6 1 2 3 10 5 4 1 8 8 84 5 257 9 1 16 3 28 39 1 2 2 2 5 4 2 1 1 3 1 12 4 4 8 4 100 5 414 4 4 2 13 1 22 21 2 2 1 6 2 2 1 2 2 3 3 1 1 2 14 12 1 1 6 13 135 20 179 2 1 1 7 11 2 1 20 19 3 1 3 5 3 1 2 1 4 1 8 6 3 6 11 58 4 58 2 5 2 1 8 1 4 2 1 1 1 1 1 1 12 40 6 1 1 5 1 2 2 1 1 2 1 1 2 5 48 2 3 4 1 17 1 3 2 1 1 1 1 2 1 6 90 4 7 4 1 1 21 3 1 1 3 1 1 1 1 1 1 1 1 13 182 3 4 6 22 8 3 23 11 1 5 2 1 3 2 1 1 1 9 6 3 3 3 2 4 97 5 2 9 1 19 21 6 1 1 1 1 1 11 7 1 2 2 4 6 187 3 1 1 2 14 1 2 15 9 3 5 2 1 1 2 3 1 2 6 5 1 4 2 4 50 4 1 2 6 1 1 9 2 3 1 1 1 1 3 1 5 2 3 1 2 661 70 8 8 37 8 3 275 5 3 4 2 20 9 1 44 28 6 1 2 1 6 2 1 1 40 7 1 1 9 7 11 53 9 601 62 3 5 41 5 3 230 2 2 9 2 22 4 1 35 15 1 3 2 2 1 6 2 1 1 6 34 14 2 10 2 8 48 4 713 108 1 1 9 33 5 2 343 2 2 5 7 11 13 21 1 23 18 6 1 4 6 1 3 1 1 2 49 11 1 1 1 13 2 1 16 74 13 918 67 5 5 16 56 8 5 443 1 9 8 5 12 13 33 17 6 1 3 4 9 1 1 1 2 49 10 1 1 6 6 1 17 74 10 956 51 21 3 1 2 6 45 5 6 339 134 7 21 7 5 18 26 17 5 21 5 1 1 3 13 1 1 4 2 4 62 12 1 2 16 28 62 64 876 57 11 14 12 56 16 1 281 83 2 3 i 7 10 15 13 2 17 1 3 2 1 3 9 3 1 4 1 4 40 20 3 2 10 23 1 69 1429 65 9 5 10 49 14 2 327 75 8 7 1 7 8 14 10 1 17 1 2 1 2 1 8 1 4 1 31 19 13 18 5 54 580 44 7 7 2 10 43 5 2 245 53 11 4 2 7 7 14 5 2 15 2 1 1 4 1 2 2 39 17 3 1 12 15 5 61 54 1 1 3 1 25 1 3 2 1 3 1 1 3 32 67 4 2 3 2 28 2 3 1 2 3 2 4 6 50 3 5 1 26 1 3 1 1 1 1 5 1 2 3 4 25 3 65 2 1 3 2 72 5 1 1 1 7 1 1 2 33 1 106 2 3 1 3 9 1 10 35 14 3 1 1 2 2 1 1 1 4 1 1 3 1 2 9 13 8 219 6 5 4 6 2 3 23 34 7 1 2 5 2 1 1 1 1 3 1 1 4 1 2 3 14 171 3 4 1 2 18 19 2 1 1 2 1 4 1 3 3 1 4 77 1 2 9 1 26 12 1 1 1 1 2 2 1 10 1 1 1 6 2 8 72 1 3 5 7 1 1 2 3 1 1 50 2 4 1 4 1 1 1 10 63 2 2 5 10 1 1 7 3 1 68 2 1 3 13 1 6 1 2 1 1 2 14 1 8 4 4 2 1 1 1 2 1 1 40 99 6 1 1 1 2 1 3 73 33 19 2 1 1 145 6 9 1 5 1 2 2 2 51 2 141 6 1 3 7 6 29 1 1 1 1 2 2 2 6 1 1 1 2 8 1 113 6 2 6 4 19 1 3 1 4 3 1 1 1 1 2 3 4 3 57 5 3 1 7 2 2 1 4 1 1 1 4 1 16* 6 1 3 7 3 46 1 1 3 1 7 1 1 3 2 1 1 1 4 1 6 1 13C 2 3 2 3 9 3 2 13 22 1 3 4 1 1 2 1 1 1 1 3 2 4 14 18 12^ 8 6 2 10 9 3 4 1 2 1 4 2 1 1 3 1 3 4 1 1 24* 4 2 13 5 20 6 2 2 1 3 1 3 1 1 2 5 3 1 1 3 1 2 2 2 127 7 7 1 1 6 11 10 4 40 2 5 1 4 2 1 1 1 2 1 1 2 2 1 1 3 ii 6í 5 4 7 5 10 2 1 2 5 3 1 4 1 1 1 2 5 177 3 9C 6 2 11 3 10 4 1 1 3 1 1 1 1 4 225 74 1 7 20 2 2 1 4 1 3 1 2 2 168 1 15C 3 1 12 1 98 4 2 4 1 1 1 5 2 1 2 1 7 180 32 1 2 6 1 3 20 5 3 3 3 3 1 1 1 1 1 1 395 70 17 2 1 1 1 1 3 3 1 1 2 4 416 21* 1 1 1 4 2 3 1 2 4 1 2 1 371 17 1 3 1 1 3 337 1 i 7Í € 5 5 9 10 3 1 3 3 1 1 ] 1 1 1 1 23 5 67 2 2 6 2 7 4 2 1 1 3 1 1 1 4 1 1 21 101 • 3 9 18 4 5 3 1 2 1 1 3 1 i 1 4 35 8Z 8 1 4 7 2 23 1 3 1 2 2 1 1 13 2 1 2 47 132 8 3 6 3 5 3 21 6 1 1 3 7 1 3 4 2 1 1 9 6 3 17 20c 2 1 1 4 2 1 4 28 13 2 5 2 3 1 3 2 1 2 1 1 19 16 3 4 28 141 4 1 3 5 1 29 8 1 2 5 1 1 1 32 3 1 5 6 82 5 3 1 1 2 1 1 33 8 1 2 1 3 1 4 3 1 3 3 1 1 1 7 >¡14.060 14.060 779 16 111 76 5 5 Cap. 111- 992 293 874 161 Cap. IV- 1.328 110 1.993 2.534 57 147 58 95 112 248 183 40 200 Cap.V- 5.777 213 10 47 15 Cap. VI - 285 43 54 45 171 26 4 Cap. VII- 343 12 29 Cap. VIII- 41 14 7 Cap. IX - 21 36 Cap. X- 36 565 Cap. XI - 565 263 Cap. XII- 263 36 24 9 39 227 20 1 1 309 Cap. XIII- 666 3.800 3.800 748 748 Totales 35 146 184 46 247 287 439 190' 385 348 359 475, 525 514 713 363 101 71 94 157 309 198 277 100 113441119115251824 1978 1677;2219 1221 132 129 136 198 238 352 241 166 97 74 95 101 179 121 174 75 223 178 90 266 246 191 331 244 304 364 289 476 553 453 609 364 153 134 193 200 241 352 250 171 28.925 28.925