T>TOCTOTT-A.ÜTO DE MEDICINA PEPEAR Y CIENCIAS ACCESORIAS PARA EL USO DE LAS HACIENDAS, CASAS DE CAMPO, EMBARCACIONES, Y DE LAS FAMILIAS EN GENERAL; conteniendo la descripción de las causas, síntomas y tratamientos de las enfermedades; las recetas para cada enfermedad; las plantas medicinales y las alimenticias; la preparación de los remedios caseros} los preceptos de higiene; las aguas minerales de España, de Francia y de otros países, así como muchos conocimientos útiles POR ^EDRO ^UIS ^APOLEON ^HERNOVIZ. AUMENTADO CON ARTÍCULOS CONCERNIENTES Á PAÍSES EN QUE SE HABLA ESPAÑOL TOMO PRIMERO. A-^b MEXICO. Tip. y Lit. de la Biblioteca de Jurisprudencia, Merced num. 29. 1886. PROLOGO DEJ LOS EDITORES Esta obra es traducción de la quinta edición del Diccionario de Medici- na popular, en portugués, que ha tenido grande aceptación en el Brasil y en Portugal; creemos que será igualmente bien acogida en todos los países en que se habla la lengua española y sobre todo en la América central y del Sur. No es, sin embargo, una simple traducción; el texto primitivo ha sido aumentado de artículos sobre los objetos que interesan á los países en don- de se habla la lengua española, y particularmente dotado de la descripción de las aguas minerales de esos mismos países. El autor de esta obra es el Dr. D. Pedro Luis Napoleón Chemoviz, que durante quince años ejerció con gran brillo la medicina en Rio de Janeiro; actuahnente residente en Paris. Aunque el pleno ejercicio de la medicina exija estudios profundos, tam- bién es cierto que existen muchas nociones relativas al arte de curar, cuyo conocimiento puede ser fácilmente adquirido por todos los hombres, y po- nerlos en estado de ser útiles á la sociedad. Nadie ignora que todos los dias, tanto en el campo como en la ciudad, ocurren accidentes súbitos é impre- vistos, que reclaman los más prontos socoitos. Esperar al médico en tales casos, seria exponerse á ver sucumbir el doliente. La asfixia, la submersion, la apoplegía, los ataques histéricos y epilépticos, las convulsiones de los ni- ños, los desmayos, las heridas, las caídas, las pérdidas de sangre, las picadu- ras de insectos y reptiles venenosos, las mordeduras de los perros rabiosos, etc., etc., prueban cuán útil es que todos los hombres sepan lo que se debe hacer en tan graves circunstancias, en las cuales un momento perdido ó mal empleado puede ser causa de la muerte. Pero, aparte de semejantes casos, que, sin ser frecuentes, sobrevienen en la vida, no habrá quien niegue que se puedan difundir en el público consejos para conservar la salud y evitar las enfermedades; inculcar los preceptos re- lativos al clima, á las habitaciones, á los vestidos, á los alimentos, á las be- bidas, á los ejercicios, á las profesiones, al sueño, á la vigilia, á las pasiones, IV al temperamento, al sexo, á la edad, á las diferentes funciones de la econo- mía, y combatir los errores nocivos á la salud que reinan en las diferentes clases de la sociedad. Cierto es, por tanto, que hay cosas que deberían ser conocidas de todos los hombres, y que toda obra, que tienda á popularizar la medicina, presta- rá un servicio á la humanidad. La utilidad de obras de este género ha sido reconocida en todo tiempo, y hasta en los países en que no escasean los mé- dicos, autores eminentes han publicado, con general aprobación, escritos de medicina para el vulgo de los lectores. El autor de este diccionario escribiese únicamente para los habitantes de las ciudades, en donde abundan los profesores de medicina, se limitaría á las materias arriba mencionadas. Pero muchas poblaciones y haciendas del in- terior de la América central y del Sur están situadas á gran distancia de las residencias de los médicos; muchas embarcaciones viajan enteramente pri- vadas de su ministerio: por lo cual el autor ha creído indispensable el dar mayor desarrollo á esta obra; indicando á las personas extrañas al arte de curar, que puedan hallarse en tales casos, el tratamiento de las enfermeda- des, en lenguaje claro é inteligible para toda clase de lectores. PESAS Y MEDIDAS PESAS ANTIGUAS ESPAÑOLAS. La libra castellana contiene 16 onzas La libra médica 12 onzas La onza 8 dracmas La dracma ^.. .. 3 escrúpulos El escrúpulo 24 granos. El grano equivale al peso de 1 grano de cebada de tamaño regular. EQUIVALENCIA DE LAS PESAS ANTIGUAS Á LAS MÉTRICAS DECIMALES, según la Farmacopea española. 1 libra ordinaria igual á 460 gramos 1 libra médica = 345 gramos 1 onza = 28 gramos y 80 centigramos 1 dracma = 3 gramos y 60 centigramos 1 escrúpulo = 1 gramo y 20 centigramos 1 grano = 5 centigramos. Como equivalencia aproximada se ha adoptado 1 onza igual á 30 gra- mos.-32 onzas igual á 1 litro.-1 dracma igual á 4 gramos. REDUCCION DE LAS PESAS MÉTRICAS DECIMALES k LAS ANTIGUAS. (Farmacopea española). 1 kilogramo igual á 34 onzas, 6 dracmas y 18 gramos 1 gramo = - - 20 granos 1 decigramo = - - 2 granos 1 centigramo = - - 1/5 de gramo 1 miligramo = - - 1/50 de grano. Como equivalencia aproximada se ha adoptado un kilogramo igual á 32 onzas LIBRAS DE 16 ONZAS Á KILOGRAMOS 1 kilogramo tiene 10 hectógramos 1/4 libra igual á 0 kilogramos 1 1/6 hectógramos. 1/2 „ 0 2 1/3 3/4 „ „ 0 „ 3 1/2 1 „ „ 0 4 3/5 2 „ „ 0 „ 9 1/5 „ 3 „ 1 „ 3 4/5 „ 4 „ „ 1 „ 8 2/5 „ ° 2 ,, 3 „ 6 „ „ 2 „ 7 3/5 „ VI 7 libras igual á 3 kilogramos 2 1/5 hectógramos. 8 ,, ,, 3 ,, 6 4/5 ,, 9 „ „ 4 „ 1 2/5 „ 10 n ,, 4 ,, 6 ,, 11 „ „ 5 „ 0 3/5 12 „ „ 5 „ 5 1/5 „ 13 „ „ 5 „ 9 4/5 „ 14 „ „ 6 „ 4 2/5 „ 15 ,, ,, 6 ,, 9 ,, 16 „ „ 7 „ 3 3/5 „ 1^ „ „ 7 „ 8 1/5 „ 18 „ „ 8 „ 2 4/5 19 „ „ 8 7 20 „ „ 9 „ 2 21 „ „ 9 6 3/5 22 „ „ 10 „ 1 1/5 23 „ „ 10 „ 5 4/5 24 „ „ 11 „ 0 2/5 2° 11 11 11 11 b ,, MEDIDAS DE LONGITUD Metro. La vara española igual á 3 pies, igual á 0,836 El pié español igual á 12 pulgadas = 0,273 La pulgada española igual á 12 líneas - 0,023 La línea española = 0,002 La cuarta ó palmo es la cuarta parte de la vara, PIÉS, PULGADAS, LÍNEAS REDUCIDAS A METROS Según las tablas del gobierno de España. ^iés. Pulgadas. Líneas. Metros. 1 0,002 0,004 2 3 0,006 4 0,008 5 0,010 6 0,012 7 0,014 8 0,015 9 0,017 10 0,019 11 0,021 1 ó 12 0,023 2 0,046 3 H 0,070 Pies. Pulgadas. Líneas. Metros. C 4 H 0,093 5 n 0,116 6 H 0,139 7 H 0,163 8 n 0,186 9 n 0,208 10 n 0,232 11 n 0,255 I ó 12 H 0,279 13 H 0,302 14 n 0,325 15 n 0,348 16 H 0,372 17 D 0,395 VII Pies. Pulgadas. Líneas. Metros. (- is H 0,418 19 n 0,441 20 n 0,464 21 H 0,488 22 H 0,511 23 n 0,534 II ó 24 n 0,557 25 n 0,580 26 H 0,604 27 n 0,627 Pies. Pulgadas. Líneas. Metros. 28 n 0,650 29 H 0,675 - 30 n 0,697 31 H 0,720 32 H 0,743 33 n 0,766 34 H 0,789 35 H 0,813 III ó 36 H 0,836 VARAS Á METROS. Un Qnetro tiene 100 centímetros. 1 vara igual á 0 ms. 83 centím. 2 „ „ 1 „ 67 „ 3 h „ 2 ,, 51 „ 4 „ h 3 ,, 34 „ 5 » h 4 ,, 18 ,, 6 h „ 5 ,, 1¿ „ 7 » ii 5 n 85 n 8 „ h 6 „ 69 „ ^9 11 11 7 i, 52 „ }0 11 11 8 „ 36 n 11 " " 9 „ 19 ,, -< 2 n ,, 10 „ 3 n }3 „ 11 10 „ 86¿ „ X4 „ 11 11 11 70 „ 15 varas igual á 12 ms. 54 centím 16 „ 13 „ 37 „ 17 „ „ 14 „ 21 „ 18 „ „ 15 ,, 4| „ 19 „ „ 15 „ 88 „ 20 „ „ 16 „ 72 „ 30 „ „ 25 „ 8 „ 40 „ „ 33 „ 44 „ 50 „ „ 41 „ 80 „ 60 „ „ 50 „ 15 „ 70 „ „ 58 „ 51 ,, 80 „ „ 66 „ 87 „ 90 „ „ 75 „ 23 „ 100 „ ,, 83 „ 59 „ METROS A VARAS. 1 metro igual á 1 1/5 vara. 2 „ „ 2 2/5 „ 3 „ „ 3 3/5 „ 4 „ „ 4 4/5 „ 5 n h 6 n 6 „ „ 7 1/5 „ 7 „ „ 8 2/5 „ 8 „ „ 9 3/5 „ 9 » „ 10 4/5 „ 10 „ „ 12 11 » „ 13 1/5 n 12 „ „ 14 1/5 „ 13 „ „ 15 3/5 „ 14 „ „ 16 4/5 „ 15 „ „ 18 „ 16 „ „ 19 1/5 „ 17 metros igual á 20 2/5 varas. 18 „ „ 213/5 „ 19 „ „ 22 4/5 „ 20 „ „ 24 30 „ „ 36 40 „ „ 48 50 „ „ 59 4/5 ,, 60 „ „ 714/5 „ 70 „ „ 83 4/5 „ 80 „ „ . 95 4/5 „ 90 „ „ 107 3/5 „ 100 „ „ 119 3/5 „ 200 „ „ 239 1/5 „ 300 „ „ 359 400 „ „ 478 1/2 „ 500 „ „ 598 1/2 „ VIII MEDIDAS DE CAPACIDAD. Conócense en España las siguientes medidas de capacidad para líquidos: La cántara que consta de 4 cuartillas La cuartilla - 2 azumbres. El azumbre - 4 cuartillos. El cuartillo - 4 copas. La copa de agua pesa 126 gramos. El litro, tipo de las medidas métricas de capacidad para líquidos, equivale á 1,000 gramos de agua destilada á 4- 4°, ó á 34 onzas, 6 chacinas y 18 gra- nos. En la farmacia, como valor aproximativo, ha sido adoptado 1 litro como equivalente de 32 onzas. El decalitro vale 10 litros. El hectolitro - 100 litros. El decilitro - 1/10 de litro. El centilitro - 1/100 de litro, El litro es igual á 1 cuartillo y 3,93 copas ó casi á 2 cuartillos. REDUCCION DE CUARTILLOS Y COPAS A LITROS Según las tablas del gobierno de España. Cuartillos. Copas. Litros. 1 ó 0,126 2 0,252 3 0,378 1 4 , 0,504 2 n 1,008 3 n 1,512 4 H 2,017 Cuartillos. Copas. Litros. 5 2,521 6 n 3,025 7 n 3,529 8 n 4,033 9 n 4,537 10 n 5,042 ABREVIATURAS. Centígr. Centigramo. Dracm. Dracma. Gram. Gramo: Gran. Grano. Milígr. Miligramo. Onz. Onza. P. 6 Pag. Página. T. Tomo. V. Véase. = Igual á. DICCIONARIO DE MEDICINA POPULAR Y CIENCIAS ACCESORIAS. Abatimiento. Estado caracteriza- do por una diminución de las fuerzas, que se observa al principio de las en- fermedades: ordinariamente acompaña las fluxiones, indigestiones, resfriados, etc. Proviene de pérdidas sanguíneas abundantes, de sudores excesivos, de una diarrea copiosa, apareciendo tam- bién después de emociones morales muy vivas. Los medios más eficaces, en este caso, son las distracciones, el ejercicio, una alimentación suculenta y los baños fríos.-El abatimiento en los niños es un síntoma que no se de- be nunca despreciar; por consiguiente conviene vigilar al niño y darle cuan- tos remedios exija su salud. Abceso. V. Absceso. Abdómen. V. Vientre. Abeja. Este insecto es uno de los más útiles al hombre en razón de sus producctos, que son la cera y la miel. Las abejas viven en sociedades nume- rosas compuestas de machos y hem- bras, y operarías que no tienen sexo. Las hembras y las operarías del géne- ro Abeja doméstica {Apis mollifica, Linneo) tienen en la parte inferior del cuerpo un aguijón escondido en el in- terior del vientre; los machos, mayo- res que las operarías, no tienen agui- jón. El aguijón se halla escondido en el interior del vientre, es móvil ter- minando por pequeños dardos en for- ma de flecha, y tiene en su interior un canal pequeño de donde destila una sustancia acre y acida, que se halla contenida en un pequeño saco. La for- ma del aguijón es causa de que la abe- ja lo deje casi siempre en la herida y muera poco tiempo después. Asegu- rando con la mano una abeja, de modo que no pueda picar, se ve salir el agui- jón, y este muestra en lá punta una gotita de líquido trasparente, que es un veneno. El dolor que causa la pi- cadura de la abeja es ordinariamente ABEJA 2 ABORTO seguido de una leve hinchazón redon- da, dura y colorada. Tratamiento de las picaduras de las abejas. Es necesario extraer el aguijón que el insecto deja casi siem- pre en la herida; pero ante de todo se debe cortar con las tijeras la vesí- cula que existe en la base del aguijón y contiene aún el veneno. Sin esta precaución, al extraer el aguijón, se comprimiría la vesícula y el veneno podría caer en la herida. Después de extraído el aguijón, comprímanse las carnes al rededor de la herida, para extraer el veneno que se halle deposi- tado en ella. Lávese esta en seguida con agua fría ó salada, y apliqúese en- cima perejil previamente machacado. Si sobreviniere hinchazón y la herida permaneciese colorada, será preciso aplicar una cataplasma de harina de linaza ó miga de pan. Una sola picadura es un accidente leve que se cura en uno ó dos dias; pero cuando todo el rostro, el brazo ó un miembro cualquiera están cubier- tos de picaduras, aparecen entonces síntomas muy sérios; la parte herida se hincha, sobrevienen dolores, sed y calentura. Cuando el accidente es re- ciente, es preciso mandar acostar al pa- ciente, darle de beber agua de cebada ó limonada, cubrir la parte herida con paños mojados en agua fria, después de haber extraído el mayor número posible de aguijones. Si hubiese pasa- do ya algún tiempo después de las pi- caduras (seis ú ocho horas,) sumérjase la parte herida en un baño de agua ti- bia y apliqúense después cataplasmas de harina de linaza. Las picaduras de abejorro, zánga- no, avispa y avispones, ocasiona tam- bién alguna inflamación. El trata- miento de las picaduras hechas por es- tos insectos es el mismo que el de las picaduras de las abejas. * Abelmosco. V. Ambarilla. Abeto. Especie de pino. V. Pino. Abogado. Fruto del ayocatero. V. Ayocatero. Aborto. Llámase aborto, aborta- miento ó malparto la expulsión del fe- to que no es viable, es decir, que no tiene seis meses. El aborto puede su- ceder en todas las épocas de la preñez, pero es mucho más frecuente en los dos primeros meses. Causa del aborto. El aborto es más frecuente en las mujeres sanguíneas, abundante é irregularmente menstua- das, histéricas, nerviosas, afectadas de alguna enfermedad ó que se visten con vestidos muy estrechos. Ciertas constituciones atmosféricas predispo- nen á los abortos epidémicos. Las mu- jeres que quedan preñadas ántes de su completo desarrollo ó próximas á la edad crítica, son más susceptibles de abortar que las que tienen de vein- te á cuarenta años.-Muchas enferme- dades á que está sujeto el niño des- pués del nacimiento, pueden manifes- tarse durante la vida intra-uterma y ocasionar el aborto. Cuando resulta de las causas precedentes, el aborto se llama espontáneo; pero las causas ac- cidentales ú ocasionales son mucho más numerosas: todas las impresiones vivas del alma, la alegría, el ] esar, el baile, las vigilias, la diarrea, etc., pue- den producir el aborto. Según la opi- ABORTO 3 ABORTO nión de los autores más competentes, las relaciones conyugales no ocasionan aborto.-Los golpes, las caídas, los paseos en carruaje, no son causa de aborto sino en las mujeres predispues- tas á él, porque las aguas en que nada el embrión llenan completamente el útero, y la placenta no puede despren- derse de él por simples sacudidas. En efecto, se ven todos los dias mujeres activas y hasta imprudentes, entregar- se á ejercicios violentos y llegar al tér- mino del embarazo, miéntras que una infinidad de otras abortan á pesar de minuciosas precauciones. Abundan los ejemplos en apoyo de esta aserción. Para escapar del incendio de su habi- tación, una mujer preñada de siete me- ses, se baja del tercer piso por una cuerda; el susto la hace soltar la cuer- da y cae encima de unas piedras, se rompe un brazo, pero el embarazo no sufrió quebranto alguno. La sangría, los eméticos y los purgantes gozan de una gran reputación como abortivos, pero felizmente esta fama es poco me- recida. Cada dia se emplean sangrías, vomitivos y demas medicamentos acti- vos de diversas especies contra las en- fermedades que los exigen, sin que ex- perimente el embarazo la menor per- turbación.-No se debe, sin embargo, deducir de estos hechos que todos es- tos medios sean enteramente inofen- sivos, pero sí que no producen el abor- to sino cuando están ayudados por cir- cunstancias predisponentes. fenómenos del aborto varían se- gún la época de la preñez en que so- brevienen. En los dos primeros meses de la gestación, sucede á veces que el embrión, siendo aún de pequeño vo- lúmen, es expulsado entero sin dolor ni hemorragia notables. Empero, la mayor parte de las veces existen do- lores y una hemorragia acompañada de sangre coagulada, en que puede hallar- se envuelto el embrión, y escapar así á un examen poco atento. Así las mujeres piensan ordinariamente no haber experimentado más que una de- mora seguida de un regreso doloroso y abundante de los menstruos, cuando realmente lo que han tenido es un aborto. A medida que va adelantando la gestación y aumenta el volúmen del feto, los dolores y hemorragia que acompañan al aborto se hacen cada vez más considerables. El aborto pro- ducido por enfermedades crónicas ó causas que ejercen su acción lenta- mente, presenta de ordinario los sín- tomas siguientes: horripilaciones y ca- lofríos, seguidos de calor, hastío, náu- seas, sed, dolores en los riñones, deja- dez, palpitaciones, resfriamiento de las extremidades, tristeza, palidez, mal aliento, sentimiento de pesadez en el empeine, blandura de los senos que dejan salir la serosidad, derramamien- to por la vagina de un líquido sangui- nelento y después sangre líquida ó coa- gulada, dolores uterinos más vivos y frecuentes, y finalmente la expulsión de las aguas, del feto y de la placenta. El aborto que es la consecuencia de causas enérgicas, es inmediatamente seguido de una larga efusión de san- gre, que continúa hasta la expulsión del feto y de la placenta. En general, los síntomas del aborto se asemejan tanto más á los del parto, cuanto más ABORTO 4 ABORTO adelantado está el término de la pre- ñez. Lo mismo sucede con sus conse- cuencias, tales como el flujo de los lo- quios, la secreción de la leche y la fie- bre láctea. El aborto puede considerarse como inminente cuando presenta alguno de los síntomas que acabamos de indicar, pero esta regla, sin embargo, no es constante. Se ha visto manifestarse es- tos fenómenos, después de caídas gra- ves, y no resultar por ello el aborto; al contrario, el parto que siguió algunas semanas, después, dio una criatura en perfecta salud. Tratamiento preservativo. La mu- jer, propensa al aborto, puede llegar muchas veces al término conveniente por medio de una posición horizontal y reposo prolongado por espacio de cinco ó seis semanas á lo ménos, mas allá de la época de los abortos precedentes; añádase á esto un régimen suave y el uso de baños tibios. La mujer irritable y dé una viva sensibilidad, se .pondrá al abrigo de las emociones morales: ha- bitará en el campo, y sus distracciones serán numerosas pero no superiores á sus fuerzas. La que fuere flaca y pá- lida, debe seguir un régimen capaz de producir en ella una vitalidad más enérgica; las carnes asadas, vino gene- roso y un ejercicio agradable, le serán muy provechosos. Un régimen opuesto deberá seguir la mujer colorada y de temperamento sanguíneo: dieta mode- rada, cocimientos fríos de arroz ó ceba- da, limonadas, naranjadas, una posi- ción horizontal, serán necesarios para moderar la fuerza del pulso, y por con- siguiente para desviar el flujo habitual de sangre por el útero. Tratamiento paliativo.. Cuando no sea posible evitar el aborto, será pre- ciso esperarlo sin atormentar al pa- ciente con remedios inútiles. Durante el trabajo del parto se pue- de declarar una hemorragia: su abun- dancia asusta, el médico está lejos: ¿qué hay que hacer en este caso? Si el feto hubiese salido ya y el cordon fue- se accesible, se le atará con un paño de hilo y se extraerán los loquios. Se aplicarán paños mojados en agua fria y vinagre en el empeine y los muslos. Si no se pudieren retirar las secundi- nas y corriese la sangre con fuerza, se continuarán las aplicaciones refrige- rantes y se introducirá en el interior de las partes genitales un lienzo que se llenará con bolas de hilas para conte- ner la hemorragia. Las consecuencias del aborto son las mismas que las del parto ordinario, y exigen los mismos cuidados. Antes de concluir este artículo, con- viene decir lo que debe pensarse del aborto provocado con una intención criminal. No hay medios abortivos en la rigurosa acepción de esta voz, es de- cir, no existen medicamentos que pue- dan provocar un aborto, y de un mo- do directo y especificó. La naturaleza ha llenado de obstáculos, peligros é in certidumbre toda tentativa de destruir ó expulsar el sér interesante que en- cierra el seno materno. Se han visto mujeres estragarse y perecer por el abuso de los medicamentos reputados como abortivos, sin poder lograr su culpable intento. ¡Desgraciada la mu- ABSCESO ABSCESO 5 jer que se expone á semejante experien- cia! No solo corre grandes peligros su vida, sino que su salud experimentará constantemente un golpe cuya impre- sión será difícil de desvanecer. Para el complemento de este artícu- lo, véase Feto, Parto y Preñez. Absceso ó Postema. Llámase así una colección de pus en cualquier par- te del cuerpo. El absceso no constitu- ye nunca una enfermedad primitiva, pero es constantemente el resultado de una inflamación más ó menos intensa. Los abscesos pueden invadir todas las regiones del cuerpo y su volúmen es á veces muy circunscrito, como se ve en algunos abscesos subcutáneos, pero otras veces es muy extenso. Distínguense los abscesos en calien- tes ó agudos, y eri frios 6 crónicos, según la clase de dolores que les pre- cede y el tiempo trascurrido en su des- arrollo. § I. Abscesos calientes ó agudos. Absceso caliente ó agudo en ge- neral. El absceso caliente ó agudo es el que se forma en una inflamación franca y viva. Su nombre proviene de uno de sus síntomas, que es siempre constante, esto es, el calor observado en el lugar en que se forma. Causas. Los abscesos calientes so- brevienen muchas veces de repente, sin que el exámen más atent^ pueda descubrir causa alguna á que poder atribuirlos. Otras veces suceden direc- tamente á alguna violencia externa, tales como golpes, fricciones fuertes y repetidas, distensión, picaduras, intro- ducción de una aguja ó de cualquier otro cuerpo extraño, etc. A veces se desarrollan bajo el influjo de alguna lesión local vecina; tales son los absce- sos de las encías ó del rostro, ocasio- nados por. un dolor de muelas ó por caries dentaria. Hay cierto número de abscesos que se manifiestan durante el curso ó al fin de algunas enfermeda- des, ora sin ejercer ninguna influencia sobre ellas, ora aumentando su grave- dad, y otras veces produciendo tal me- joría en los síntomas de la dolencia primitiva, que parecen ser una crisis ó una terminación; se ha dado á estos últimos el nombre de abscesos crí- ticos. Obsérvanse á veces abscesos de esta naturaleza en el sarampión, en las vi- ruelas, en algunas fiebres graves cuan- do están en vía de una feliz termina- ción. Aseméjanse á estos abscesos los que aparecen en los senos de las seño- ras después del parto. Sitio. Los abscesos calientes se ob- servan particularmente en las regiones guarnecidas de tejido celular grasoso, en el rostro, debajo de la mandíbula, en el sobaco, en las palmas de las ma- nos, en las plantas de los pies, en el espesor de las paredes del vientre, en el trayecto de los miembros, ora en la capa que forra la pie], ora más pro- fundamente, debajo de la envoltura aponeurótica y en los intervalos celu- lares que se hallan entre los músculos, en la garganta, cerca del ano, en la masa grasosa que envuelve los senos, etc. Otras muchas partes del cuerpo, aunque menos expuestas á los absce- sos calientes, no dejan por eso de es- tar exentas de ellos; la piel del cráneo, ABSCESO 6 ABSCESO las glándulas linfáticas superficiales, se hallan á veces acometidas por esa clase de postemas. Hay algunos órganos que padecen rara vez de abscesos, como el hígado, el bazo y los pulmones. Por esta exposición se echa fácil- mente de ver que, pudiendo acometer los abscesos calientes casi todos nues- tros órganos, se hallan más ó menos cerca de la superficie del cuerpo, ya sea inmediatamente debajo de la piel, ya debajo de la aponeurósis que envuel- ven los músculos, ya en el interior de cualquier cavidad, detras de los mús- culos fuertes, y aun detras de los hue- sos. Esta variedad en la profundidad de los abscesos calientes y en la natu- raleza de los tejidos que constituyen sus paredes, ejerce mucha influencia en su marcha, en los fenómenos que provocan, y en sus terminaciones. Todo absceso caliente que se desen- vuelve en una región en que existe te- jido celular, va precedido de la infla- mación de este tejido. Esta inflama- ción se llama flemón antes que se for- me el pus. Sintomas. El lugar donde se foima el absceso se hincha, y la piel que lo cubre se vuelve más colorada y calien- te: los dolores, cuya intensidad varía, son punzantes, es decir, acompañados de punzadas análogas á las pulsacio- nes; hay agitación, sed, y á veces in- somnio. Al cabo de cuatro ó seis dias cambian los síntomas, el centro del tu- mor se vuelve blanco, elevándose en forma de punta, y se le puede aplicar el dedo sin que experimente un dolor tan vivo como en los demas puntos del tumor. El enfermo siente un peso en la postema, y ésta se vuelve blanda, elástica; si se apoya entonces el dedo sobre ella, se siente la fluctuación del pus. Este líquido se reune luego en un solo lugar, la piel se adelgaza cada vez más, se vuelve más blanca en el cen- tro del tumor, acaba por romperse, y da salida á mía materia contenida en el absceso. Los síntomas que se acaban de des- cribir pertenecen á los abscesos super- ficiales; cuando el absceso está situado profundamente, no son tan evidentes. En este último caso la tumefacción es poco considerable, y no hay rubor en la piel; pero los dolores son pro- fundos, continuos, vivos y punzantes; el paciente experimenta un peso en la parte enferma, y calofríos en las costi- llas y riñones. De todos los síntomas que sirven para conocer un absces o, el más impor tante es la fluctuación; esta consiste en un movimiento de oscilación del pus, que se nota cuando se toca el tu- mor alternativamente con dos dedos, sobre dos puntos opuestos. Tratamiento. Para mitigar el dolor que precede y acompaña la formación del absceso caliente, conviene aplicar sobre la parte enferma una cataplasma de linaza, que se renovará dos veces al dia para que no se vuelva ácida y adquiera propiedades irritantes. En vez de cataplasmas de linaza, se pue- den aplicar cataplasmas de fécula. En cuanto se halle formado el absceso, debe cuidarse de la evacuación del pus; para lograrla, se le puede abandonar á ABSCESO 7 ABSCESO solo los esfuerzos de la naturaleza si el absceso es superficial, de cutis fino y de un foco poco ancho; de este nú- mero son las pequeñas postemas del rostro, cuello y algunas de los senos. La cicatriz, que deja una abertura es- pontánea, es menos visible y disforme que la que resulta de una incisión he- cha^con lanceta. Sin embargo, la aber- tura espontánea puede en algunos ca- sos efectuarse en un paraje mal situa- do para dar Ubre salida al pus; en otros, la piel, desprendida y privada de los vasos que la nutren, se destroza en un grande espacio, de donde resultan ci- catrices muy visibles, ademas de las di- ficultades y prolongación del trata- miento. Así, pues, bueno será confiar a un cirujano la abertura de las poste- mas algo grandes. Este precepto debe aplicarse principalmente á los abscesos situados profundamente, que no se abrirían por sí mismos sino después de haber ocasionado muchos estragos y adquirido grande extensión. La abertu- ra artificial se practica con una lanceta ó bisturí. Después de abierto el absceso, con- viene continuar aún las cataplasmas de linaza hasta que cese la inflamación, y cuando esta haya desaparecido ente- ramente, es necesario sustituir á las cataplasmas la curación con hilas un- tadas de cerato, ó lulas secas, ó sim- plemente un paño de hilo. Si la abertura del absceso se hace espontáneamente, no es necesario me- ter una mecha en la abertura; pero cuando esta se ha practicado con un instrumento, los labios de la incisión se encierran á veces y retienen el pus en el foco' Se puede impedir la agluti- nación poniendo entre los labios de la incisión un pedacito de lienzo, que se introduce hasta el fondo del foco, y se renueva cada 12 ó 24 horas, supri- miéndole al cabo de tres ó cuatro dias. Conviene, sin embargo, no abusar de este medio, porque cuando se emplea la mecha, puede quedar una cicatriz más visible. La mecha es inútil en las postemas superficiales, aun cuando se hayan abierto con- lanceta. (V. Cura- ción.) Absceso cerca del ano. Puede for- marse una postema junto al ano, pro- cedente de la equitación, de una cal- da, ó sobrevenir sin causa conocida. En este caso se inflama un punto en el circuito del ano; un tumor, acom- pañado de dolor, rubor, y á veces de fiebre, se manifiesta y desenvuelve con mucha prontitud, y el menor movi- miento ocasiona grandes sufrimientos, El reposo, las cataplasmas de harina de linaza aplicadas sobre el tumor, la- vativas de linaza, y para bebida coci- miento de cebada ó limonadas, dismi- nuyen la intensidad del mal y favore- cen la supuración. Estos abcesos cau- san frecuentemente una fístula (V. esta palabra). Así, pues, conviene abrir la postema cuanto antes, para mpedir que tome mucha extensión y ocasione la enfermedad que acabamos de mencionar. Abscesos en las articulaciones. Presentan los caracteres de los abce- sos superficiales, indicados ya en los abcesos agudos en general. Se curan con cataplasmas de linaza ó fécula, y ABSCESO 8 ABSCESO es preciso abrirlos con bisturí en cuan- do se siente la fluctuación. Absceso del cerebro. No hay nada tan raro como un abceso del cerebro; sin embargo, cualquier golpe violento en la cabeza, una caida sobre el crá- nea, la cáries de los huesos del oido, pueden producir este resultado. Cuan- do á la contusión suceden dolores de cabeza fijos, permanentes, acompaña- dos de inapetencia, enflaquecimiento, insomnios ó calentura, hay que temer un abceso en el cerebro. Como es casi imposible tener una certeza de un ab- ceso en el cerebro, solamente pueden establecerse presunciones sobre este punto. La muerte es la consecuencia inevi- table de los abcesos del cerebro, des- pués de la aparición de una meningi- tis. Contra los abscesos, que se supo- nen existir en la sustancia cerebral, solo pueden emplearse paliativos; es preciso combatir el insomnio y los do- lores de cabeza por medio de las pre- paraciones opiáceas, 10 ó 20 gotas de láudano de Sydenham en una cucha- rada de agua fria con azúcar. Abscesos del cuello. Estos absce- sos son superficiales ó profundos, agu- dos ó se desarrollan con lentitud. Los abscesos superficiales no pre- sentan. nada de particular; se abren fácilmente con lanceta. Los abscesos profundos, situados detras de la aponeurósis, membrana resistente que envuelve los músculos del cuello, se extienden hácia el lado de la cabeza y del pecho. Esta afec- ción empieza por un intenso dolor de garganta con rigidez, dolores pulsativos, color encarnado, hinchazón, desviación del cuello y, á veces, produce la cons- tricción de las mandíbulas. El tumor, duro en un principio, presenta al cabo de quince ó veinte dias una hinchazón sin fluctuación manifiesta. La abertu- ra de estos abscesos debe hacerse con mucha precaución por causa de los numerosos vasos dei cuello; introdúz- case el bisturí en el punto más encar- nado del tumor. Absceso de la fosa ilíaca. Se da el nombre de fosa ilíaca á la cavidad que se halla á cada lado del cuerpo, en el interior del vientre, por encima y detras de las ingles, y que corres- ponde á la cavidad de la pelvis peque- ña. Los abscesos se foiman á veces en esta profunda región. Causas. Las contusiones ■violentas en la región ilíaca, las compresiones fuertes, una gran fatiga, pueden pro- ducir los abscesos en la fosa ilíaca. Suelen manifestarse también después del parto. Sintomas. El paciente se queja al principio, de dolor más ó menos vivo, limitada en una de las fosas ilíacas, ó extendiéndose más ó menos á lo largo; este dolor, ora es vivo y lancinante, ora sordo, oscuro y profundo; aumenta con la presión ó con la tos, con los mo- vimientos de extensión del tronco, y á veces se propaga á los muslos. Hay al mismo tiempo desorden en las vías di- gestivas, náuseas, vómitos, ora dia- rrea, ora estreñimiento; á veces pujos disentéricos sin evacuación intestinal. En seguida se desenvuelve en la re- gión ilíaca un tumor duro, algo resis- tente, sin latidos, acompañado de do- ABSCESO 9 ABSCESO lores lancinantes, levemente móvil si ocupa el tejido celular sub-peritoneal, é inmóbil si existe, en el tejido celular sub-aponeurótico. El volúmen del tu- mor es en general el de un huevo de gallina. Los enfermos acusan frecuen- temente una sensación de entorpeci- miento que puede ser atribuida a la compresión de los nervios y los vasos. Algunas veces se observa hinchazón en los tobillos, otras veces hay calentura, otras el pulso es normal. Tratamiento. .Consiste en cataplas- mas de linaza ó de fécula; y cuando el pus esté formado, se ha de practicar la abertura en la pared abdominal. Ge- neralmente se practica una incisión encima de la ingle y paralelamente á ella, porque, por lo común, es en este . sitio donde va el humor á hacer su prominencia. Después de abierto el foco, se favorece la salida del pus por medio de la posición, haciendo acostar al enfenno sobre uno de sus costados ó de bruces; se han de repetir las cu- raciones muchas veces al dia; se deben hacer inyecciones en el foco con agua tibia, y, por último, con agua tibia y aguardiente. Abscesos en las fosas nasales. Las fosas nasales son dos cavidades separadas por un tabique común que empiezan en la base de la nariz y ter- minan en el fondo de la garganta. Los abeesos aparecen en este tabique y están caracterizados por dolor, ca- lor, hinchazón y color luciente de la nariz. La exploración con el estilete da á conocer una fluctuación. Este tu- mor purulento intercepta el paso del aire, y hace dificultosos el olfato y la respiración. La enfermedad es ordi- nariamente poco grave; después de re- conocida es preciso practicar una pun- zada con lanceta ó bisturí y hacer al- gunas inyecciones con la jeringuilla dentro de la nariz con agua tibia. Absceso en la garganta. V. An- gina. Absceso en el hígado. V. Hígado. Absceso de la mandíbula supe- rior. Los huesos de la mandíbula su- perior, el maxilar superior derecho é izquierdo, contienen cada uno una ca- vidad llamada simes maxilar^ que co- munica con las fosas nasales. Estas cavidades pueden ser el sitio de infla- mación y de absceso, cuyas causas más ordinarias son: las caries dentaria, las enfermedades de los alvéolos de los dientes, la inflamación de las par- tes blandas que cubren exteriormento el hueso maxilar superior y las encías. Sintomas. Dolor vivo, fljo y pro- fundo en el rostro, desde la arcada alveolar hasta debajo del ojo, calor lo- cal, pulsaciones y á veces calentura. La inflamación del sinus maxilar, sin embargo, no presenta siempre ca- racteres tan distintos. El paciente, á veces, no experimenta mas que un embarazo y peso en el interior dol rostro. El pus que se halla en el sinus puede tener cuatro fuentes: 1? puede puede ser segregado en el mismo sinus por la membrana que lo reviste; 2o pro- viene de enfermedad de la raíz del diente; 3o en las partes blandas, en las encías se forma primero el absceso; el hueso queda afectado consccutivar mente; 4° en fin, el tejido celular es ABSCESO 10 ABSCESO el sitio de la supuración. En los dos últimos casos la ulceración del hueso hace comunicar el absceso con el si- ñus que se llena de pus. El pus puede salir por entre las raíces de los dientes, ó sobre un pun- to opuesto en la vecindad de la órbi- ta. Es más raro que el pus sea elimi- nado por la vía natural; en este caso sale del simis por la abertura que le hace comunicar con las fosas nasales y es expulsado de allí Esta evacuación tiene ordinaria- mente lugar cuando el paciente toma ciertas posiciones, por ejemplo, cuan- do se acuesta por el lado opuesto al absceso; á veces tiene lugar durante los esfuerzos de la respiración. Algu- nas veces hay que arrancar un diente y abrir el alvéolo para dar salida al pus. El tratamiento consiste en la aplicación continua de cataplasmas de linaza ó de fécula sobre el rostro. Absceso en la palma de la mano. Hay tres variedades: absceso sub epi- dérmico^ subcutáneo y sub-aponeuró- tico: sucede á la inflamación del tejido celular ó flemón. 1? Inflamación sub-epidérmica. Se desarrolla particularmente en las personas que, por su profesión, tienen callosa la piel de las manos. Bajo el influjo de friegas repetidas, se forman lo que se llama callosidades y estas ocupan las más de las veces, la raíz de los dedos y á veces la palma de la mano. Cuando las callosidades se irri- tan ya sea por una herida superficial, ya sea por friegas ó rozamientos, re- sulta una inflamación del dermis sub- yacente y una secreción de serosidad y aun de pus, dimanando de aquí for- mación de ampollas de color variable, según la naturaleza del líquido que se acumula debajo del epidermis. Si el paciente deja el trabajo,puede ser ab- sorbido el líquido reunido en peque- ña cantidad debajo del epidermis, y entonces, si se le da salida por medio de una incisión, disminuyen los fenó- menos inflamatorios y sobreviene rá- pidamente la cura. Si, al contrario, el paciente no interrumpe sus ocupacio- nes, como sucede las más de las veces, la inflamación de la superficie de la piel aumenta, se acumula nueva can- tidad de pus, ó líquido sero-purulento debajo del epidermis, y fórmase una ampolla voluminosa. Luego después se altera esta membrana por el con- tacto permanente deilíquido con la su- perficie del dermis, y la inflamación se propaga basta el tejido celular -sub- cutáneo. Los enfermos se quejan entonce» de dolores vivos, la ampollase abre espontáneamente ó la abre el ciruja- no. La superficie del dermis, puesta así á descubierto, ofrece un color ver- mejo, oscuro ó negruzco; apareciendo á veces perforaciones múltiples por las cuales se hace salir el pus cuando se ejerce una presión en las partes ve- cinas. Algunas veces, pedazos de te- jido celular mortificado, forman una prominencia al través de estas perfo- raciones. Por último, si la dolencia continúa haciendo progresos, la infla- mación puede invadir gran parte de la mano y del antebrazo; pero este modo de terminación se observa, sobre todo, ABSCESO 11 ABSCESO en las inflamaciones profundas de la mano. El pronóstico de la inflamación sub- epidérmica no es grave, sobre todo cuando se la combate prontamente con los medios siguientes: Tratamiento Desde el principio de la inflamación suspender todo tra- bajo manual, para no aumentar la in- flamación de la piel, y cuando se halla formado el pus, se abrirá la ampolla con tijeras; luego se baña la mano du- rante media hora con agua tibia y se aplica un paño untado con acerato sim- ple, ó más bien una cataplasma de li- naza por poco intensa que sea la in- flamación. Conviene tener mucho aseo. Si la inflamación se extiende á una gran parte ó á la totalidad de la piel, si existe dolor, se recurrirá á los ma- nilubios prolongados de agua tibia y á las cataplasmas de linaza. Por último, si se forma supuración en el tejido ce- lular sub-cutáneo, será necesario pro- ceder como vamos á explicar en el pár- rafo siguiente. 2" Inflamación subcutánea. Esta variedad se desarrolla las más de las veces bajo la influencia de las mismas causas que la precedente, esto es, en los individuos que tienen callosidades en las palmas de las manos. Estas ca- llosidades, ora son escoriadas por el paciente, ora están sometidas á frotes repetidos; resultan de aquí inflamacio- nes que, superficiales en un principio, se extienden luego debajo de la piel. Otras veces son heridas de diversas especies, con instrumentos punzantes, cortantes ó contundentes. En algunos casos son mordeduras de animales; á veces una simple desolladura que el paciente irrita rascándola; en fin, en otros casos es imposible saber la causa de la enfermedad. El flemón sub-cutáneo puede ocu- par todos les puntos de la palma de la mano; las más de las veces aparece junto á la raíz de los dedos, y otras ocupa la palma de la mano propiamen- te dicha. Está caracterizado por un dolor muy vivo, color rojo poco inten- so é hinchazón poco marcada. La tu- mefacción se propaga rápidamente á la cara dorsal de la mano, á los dedos, á veces al antebrazo; pero esta tume- facción de las partes vecinas es más bien edematosa que inflamatoria. Los movimientos de los dedos son difíci- les, pero nada dolorosos. A veces exis- ten síntomas generales; la piel está caliente, el pulso acelerado, el enfer- mo se queja de dolor de cabeza, in- somnio, sed y hastío. La resolución es una terminación rara; la supuración puede considerarse como.regla. El pus se mueve diferen- temente según los casos; este líquido puede salir al través de la perforación espontánea de la piel y de la aponeu- rósis, pudiendo suceder en este caso que el líquido pase debajo de la mis- ma aponeurósis por los agujeros que presenta esta membrana; el absceso sub-cutáneo se vuelvo sub-aponeuró- tico, y de él hablaremos más ade- lante. El diagnóstico del abscesos ub-cutá- neo está basado en el dolor local que aumenta por la presión, en la hincha- zón y en los síntomas generales. No es siempre fácil reconocer en él la pre- ABSCESO 12 ABSCESO «encía del pus, en razón de la espesu- ra de la piel que no permite percibir distintamente la fluctuación. El tratamiento es preservativo ó curativo. Ya indicamos las reglas que deben seguirse para impedir la extensión, en profundidad, de la inflamación de la superficie de la piel: cesación de todo trabajo manual, baños de mano de Agua tibia y cataplasmas de linaza. Cuando la inflamación está ya desa- rrollada, es difícil evitar la formación del pus, y el cirujano no debe dejar permanecer este líquido debajo de la piel. Es, pues, urgente practicar lo más pronto posible la abertura de es- tos abscesos, y para ello basta intro- ducir un bisturí en el punto del tu- mor que es más doloroso á la presión. Cuando-la afección está en un pe-i ríodo más adelantado, cuando se jun- ta el pus entre el epidermis y el der- mis, es preciso abrir la ampolla y cor- tar con las tijeras toda la porción despegada del epidermis. Después so procura establecer una abertura de co- municación entre la colección superfi- cial y la profunda; introdúcese, por ella, una sonda acanalada debajo dé la piel y se conduce por el surco dé la sonda el bisturí, con lo cual se au- menta la vía de comunicación. Los curativos subsiguientes se com- ponen de paños agujereados cubiertos de cerato simple, de hilas para absor- ber el pus, de compresas y de una li- gadura apropiada. 3? Inflamación sub-aponeurótica. Las causas son: heridas profundas ó fuertes contusiones de la mano. En algunos casos se nos oculta la causa: el absceso aponeurótico parece desa- rrollarse espontáneamente. Citemos para memoria los flemones de la ma- no que sobrevienen después de los panadizos; su historia pertenece á la descripción de esta última afección. En el panadizo profundo sucede frecuentemente que la mano, el ante- brazo y aun el mismo brazo, se vuel- ven el sitio de una hinchazón conside- rable, siendo la consecuencia de que se formen colecciones purulentas que comunican ó no con la colección de los dedos. Cualquiera que sea la causa que dé lugar al desarrollo del flemón profun- do 6 snb-aponeurótico de la mano, este flemón está caracterizado por un dolor intenso, sin que la hinchazón que le acompaña esté en proporción con él: la inflamación se propaga rápida- mente á la cara dorsal del puño, al antebrazo y aun al mismo brazo. Los dedos están inmóbiles y levemente encogidos: los movimientos son dolo- rosos. Al mismo tiempo sobrevienen fenómenos generales, tales como ca- lentura, calor en la piel y á veces de- lirio. Esta variedad de flemón termina rara vez por resolución. Ora queda limitada la supuración, que es la con- secuencia, ora ocupa un lugar extenso y toma los caracteres de un flemón difuso de los más graves. Muchas ve- ces da lugar á la mortificación del te- jido celular, pone á descubierto los te- dones que se exfolian, y de aquí resul- ta una dificultad ó abolición de los movimientos de los dedos. ABSCESO 13 ABSCESO El diagnóstico del flemón profundo exige toda la atención del cirujano, que nodebe olvidar que esta afección rara vez va acompañada de hinchazón proporcionada á la intensidad de la flegmasía. Esta observación se aplica sobre to- do al flemón profundo de la parte media de la palma de la mano: la pre- sencia de la aponcurósis palmar ex- plica esta particularidad. El tratamiento consiste en mani- luvios frecuentes de agua tibia y ca- taplasmas de linaza. Luego que esté formado el pus, debe practicarse una abertura suficientemente larga para dar salida á este líquido. El conocí, miento de las arterias de esta region- sobre todo de la situación de la arca- da palmar, debe guiar al cirujano pa- ra no dañar vasos importantes con es- tas incisiones. Es necesario practicar la incisión, capa por capa, en el caso en que la colección purulenta ocupe la parte media de la palma de la ma- no, pues en este sitio se halla la arca- da palmar. Hecha la incisión, se ha de poner la mano en una posición fa- vorable para facilitarla salida del pus. Una sola incisión basta muchas veces, pero conviene practicar un número suficiente de contra-aberturas para im- pedir la estancación del pus y preve- nir los accidentes de reabsorción pu- rulenta. Después de la cura hay rigi- dez en las articulaciones de los dedos ó imposibilidad dé mover estos apén- dices. Abscesos de los párpados. A ve- ces se desarrrollan abscesos en los párpados; el tratamiento consiste en aplicar cataplasmas de linaza ó fécula. La abertura puede ser espontánea, pero si se ha de hacer por medio do incisión, bueno será que esta sea di- rigida horizontalmente, á fin do que la pequeña cicatriz que debe resultar quede escondida en las amigas de los párpados. Absceso en la próstata. V. prós- tata. Absceso en el pulmón. El absceso en el pulmón es muy raro, pero se mani- fiesta aun á veces á consecuencia de una neumonía, de gangrena pulmo- nar, angina membranosa é infección purulenta producida por las grandes operaciones. No hay síntoma que permita cono- cer los abscesos contenidos en el pul- món, y no se puede afirmar su pre- sencia sino cuando se abren en los bronquios para ser expulsados por la expectoración, ó cuando se vacían en la pleura formando un empiema (V. esta palabra.) Cuando un enfermo afectado de neumonía expectora de repente cierta cantidad de pus, dejando oir en la aus- cultación un sonido de gargarismo en un punto de las paredes del pecho, puede afirmarse que existe un absceso en el pulmón abierto en los bronquios. Cuando en el curso de una neumo- nía, aparece cualquier dolor de costado con los síntomas de impiema, se puede decir que hay un absceso abierto en la pleura. Los síntomas del empiema son: la percusión del pecho da un sonido macizo en el lugar ocupado por el derramamiento, y aplicando el oido en este sitio no se percibe un ABSCESO 14 ABSCESO ruido respiratorio. Meneando con al- guna fuerza el pecho del paciente, miéntras se tiene aplicado el oido con- tra esta cavidad, se percibe entonces un ruido del líquido en fluctuación. Los abscesos abiertos en los bron- quios, se curan ordinariamente en el espacio dé algunas semanas. Los abs- cesos derramados en la pleura exigen la operación del empiema. El trata- miento interno, aplicable á los absce- sos del pulmón, es el mismo que el de la bronquitis. Absceso de la rodilla. Este absce- so sucede siempre á una inflamación de la rodilla ó artritis. Puede ser extra ó in- tra-capsular, es decir, que puede des- atollarse dentro ó fuera del aparato liga- mentoso que envuelve la articulación de la rodilla. Los abscesos extra-articula- res son los que se forman en el tejido celular que rodéala articulación, y son mucho ménos graves que los intra- articulares. El tratamiento consiste en cataplasmas de linaza y en la abertu- ra del absceso con bisturí, que debe practicarse cuanto ántes. Absceso del seno. Los abscesos del seno pueden desarrollarse en la auréola, debajo de la piel, ó en el in- terior de la glándula mamaria. 1? Absceso de la auréola. Colec- ción purulenta que se desarrolla en el círculo generalmente encarnado que rodea los pezones de las mamas. Los abscesos de la auréola sobrevienen or- dinariamente á las amas de leche y son precedidos las más de las veces de grietas en el pezón. Están caracteri- zados por tumores de forma redonda violáceos, fluctuantes y sumamente dolorosos. En este estado la mujer no debe dar de mamar. Se cubrirá el pezón con una cataplasma de harina de lina- za, y en cuanto esté maduro el absce- so se abrirá con una lanceta. 2o Absceso sub-cutáneo. Las causas de esta afección son la predisposición general, alguna violencia exterior, la compresión del corsé, las grietas ó las diversas inflamaciones de la piel de los senos, y el infarto lácteo. La enfermedad se presenta con los mismos caractéres que los abscesos en las demas partes del cuerpo (V. "Abs- ceso en general," tomo I, pág. 5.) La doliente se queja de un dolor que au- menta con la presión; la piel del seno se vuelve rosada y luego de un encar- nado más ó menos oscuro; la promi- nencia del pezón disminuye ó desapar rece y el dolor se vuelve pulsativo, continuo, intenso. La inflamación se concentra en un punto, la piel se adel- gaza y se vuelve morada, y el absceso se halla formado: abandonado á sí mismo, se abre espontáneamente en el decurso de una semana. El tratamiento se compone de cata- plasmas de linaza. El seno debe estar levantado y sostenido por una venda. Luego que se halle formado el absce- so, deberá abrirse con lanceta en el lugar más bajo. Se lavará después la herida con agua tibia mezclada con aguardiente alcanforado. Convendrá tomar interiormente bebidas emolien- tes y refrigerantes, tales como infu- sión de linaza, cocimiento de cebada, limonadas, naranjadas. Esta afección ABSCESO 15 ABSCESO no exige que se suspenda la lactan- cia, porque la glándula mamaria no participa de la inflamación. La supre- sión de la lactancia podria producir un verdadero infarto lácteo que com- plicaría la inflamación del tejido celu- lar sub-cutáneo. 3- Absceso de la glándula mama- ria. Es una especie mas frecuente. Los abscesos de la glándula mamaria se manifiestan en las recien-paridas y son casi siempre la consecuencia de un infarto lácteo, estando rara vez deter- minados por una violencia exterior. Principian muchas veces por las grie- tas del pezón. Las mujeres que crian son más frecuentemente acometidas por estos abscesos que las demas. Preséntase al principio esta afec- ción con los caractéres de un simple infarto lácteo, que va aumentando po- co á poco en vez de disminuir. Los senos se vuelven duros y dolorosos. La hinchazón es irregular, porque la inflamación invade aisladamente cada lóbulo mamario, y porque al lado de un lóbulo inflamado se halla un lóbu- lo sano. Al cabo de algún tiempo se enrojece la piel en el punto correspon- diente á la inflamación profunda. Al duodécimo dia, algunas veces más tar- de, invade la supuración los tejidos in- flamados; el pus, encerrado en el teji- do de la glándula, se insinúa en los intersticios de los lóbulos y va debajo de la piel. Esta, por fin, se perfora ordinariamente alrededor de la auréo- la, á veces en un solo punto; casi siem- pre exiten tantas aberturas espontá- neas cuantos distintos focos hay. En algunos casos sale el pus por la abét tura natural del pezón, siguiendo uno de los conductos lácteos. Esta afección se distingue de los demas abscesos del seno por las eleva- ciones ó tumores profundos disemina- dos en el interior de la glándula, acompañados de dolores hondos, lan- cinantes, y el sucesivo reblandecimien- to de las partes infartadas. Tratamiento. Apliqúese en el seno una cataplasma de linaza y adminís- trese una purga, como por ejemplo, una botella de citrato de magnesia, de infusión de sen, ó una taza de té de San Germán, ó 30 gramos de aceite de ricino. En cuanto la piel del seno se vuelve encamada, si los abscesos son evidentes, no se dará más de ma- mar á la criatura por el lado afectado, y se aspirará la leche por medio de una ventosa apropiada. En estos abs- cesos debe suspenderse la lactancia, poique el pus se mezcla con la leche y le comunica calidades nocivas. No se debe abrir el absceso sino cuando la fluctuación es evidente. Estas pos- temas son ordinariamente múltiples y pequeñas, por lo cual es necesario hacer muchas incisiones sobre todos los puntos fluctuantes. Después de abierto el absceso, se introduce una mecha en la abertura y se aplica enci- ma una cataplasma de linaza. Luego que se ha agotado el foco, se deja de introducir la mecha, y se cura la heri- da con un trozo de lienzo untado de cerato ó con hilas secas. Absceso del sobaco. Los abscesos del sobaco pueden ser superficiales y profundos. Unos y otros exigen la apli- -cacion de las cataplasmas de linaza. ABSCESO 16 ABSCESO Los superficiales deben abrirse dos ó tres dias después del principio de la inflamación y en cuanto se note la fluctuación de'un modo evidente. La abertura de algunos abscesos superfi- ciales puede abandonarse á la natura- leza, porque en estos casos el pus tien- de á dirigirse hácia el lado de la piel; y la abertura se hace espontáneamen- te mas ó menos pronto. Los abscesos prof undos principian por la hinchazón mal limitada del so- baco; la piel se vuelve roja, sobrevie- ne calentura, y al palparlos se siente una fluctuación profunda. El pus puede derramarse por las regiones ve- cinas debajo del omoplato, de la cla- vícula, y hasta penetrar en la cavidad del pecho, lo cual es cosa muy grave. Estos abscesos deben abrirse muy pron- to, al tercer dia de la enfermedad, y es preciso hacer todo cuanto sea posi- ble para impedir que se propague el pus. Para evitar la abertura de la ar- teria axilar, conviene llevar el bisturí como se lleva la pluma cuando se es- cribe, dirigiendo los bordes del instru- mento hacia el lado de la cara inter- na del brazo, de modo que la punta vaya dirigida hácia abajo y adentro, como para caer sobre la parte superior de la pared del pecho. § II. Abscesos fríos ó crónicos. Se da el nombre de absceso frió á una colección de pus que se forma lentamente, sin rubor ni calor de la piel, y hasta casi sin dolor; los niños criados en la miseria ó con poco aseo, los individuos linfáticos y escrofulosos, ofrecen numerosos ejemplos de estos abscesos frios. Estos tumores que se observan particularmente en el cuello, no dejan experimentar más sensación que la de algún peso incómodo; crecen más ó menos rápidamente, permane- cen estacionarios durante cierto tiem- po, se vuelven algo dolorosos y algún tanto rojos, se reblandecen, permane- cen aun por mucho tiempo en este es- tado de supuración, se inflaman por fm, se abren y dejan correr un pus se- roso. El tratamiento de los abscesos frios ofrece mayores dificultades que el de los abscesos agudos. La marcha de la enfermedad es tan lenta, que muchas veces es preciso activar la supuración, aplicando sobre el tumor emplastos hechos con ungüento de la madre, un- güento digestivo ó diaquilon. Des- pués de la abertura espontánea ó ar- tificial del absceso, es necesario conti- nuar las mismas aplicaciones estimu- lantes. El régimen del paciente debe ser fortificante, esto es, compuesto de cal- dos sustanciosos, carnes asadas, vino, tapioca, etc. § III. Abscesos por congestión. Bajo este nombre se designan aglo- meraciones purulentas, procedentes de la alteración de un hueso, y que se manifiestan en un punto más ó menos distante del sitio del mal que las ori- gina. La alteración ósea es una necrosis ó cáries. Estos abscesos son eminen- temente frios. No ha habido ninguna inflamación en el sitio del absceso por congestión; el pus se abre camino por allí, al través del tejido celular; ce- diendo á su propio peso, corre más ó ABSCÉSO 17 ACAYOIBA menos léjos, y el sitio en que se acu- mula se halla casi siempre bajo con relación al sitio de la enfermedad prin- cipal. Así los abscesos por congestión dependientes de la cárics de los hue- sos del espinazo, se manifiestan las más de las veces en los lomos, en al- gún punto de la circunferencia de la pélvis, en las ingles ó en las partes superiores ó internas de los muslos. Tratamiento. El tratamiento de los abscesos por congestión consiste en abrirlos lo más tarde posible, y cuan- do no se puede evitar la abertura es- pontánea, entonces se hace con él bis- turí una punción muy oblicua en la pared externa, para que no se intro- duzca aire en el foco, y se cubre la herida con un emplasto común. Lue- go se hacen en el foco inyecciones con tintura de iodo mezclada con igual cantidad de agua tibia, y se combate la enfermedad principal del hueso con vino de quina, aceite de hígado de ba- calao, régimen analéptico compuesto de carne, huevos, tapioca; baños aro- máticos y baños de mar. Abscesos en los animales. En el caballo y demas animales, el absceso de las partes carnosas, como el pescue- zo, la espalda, el muslo, no debe abrir- se sino en el último grado de madu- rez; al contrario, en las partes tendino- sas, como las rodillas, los corvejones, debe abrirse lo más pronto posible, á fin de que el pus no vaya á derramar- se por las partes delicadas. Se conoce que el tumor está maduro cuando se eleva en forma de punta, cuando se eriza el pelo ó se cae, ó cuando la piel se vuelve blanquecina. Entonces se corta la piel con el bisturí, en la par- te más baja para facilitar la salida del pus, Hecha la incisión, se introduce en la herida una tira de tela de lulo, untada con cerato ó con aceite, y se aplica por encima una cataplasma de harina de linaza. Absorción. Función que consis- te en tomar por medio de los vasos absorbentes, sustancias líquidas ó só- lidas extremamente divididas, para la masa de los líquidos circulantes. El verbo que le corresponde es absorber. el epíteto de acción y de agente es absorbente. Dícese: la sangre de la equimosis, el líquido de la 'pleuresía, se absorben cuando menguan en can- tidad ó desaparecen de los lugares donde concurrían para la dolencia res- pectiva; la induración del hígado se absorbe cuando su volumen disminuye ó se extingue. Acayoiba ó Anacardo. Anacar- dium accidéntale. Linneo. Terebintá. ceas anacárdeas. Arbol demediano tama ño esparcido por casi todas las regiones cálidas del globo, como las Antillas, la América del Sur, el Brasil, las In- dias orientales, las Molucas. Sus ho- jas son enteras, ovales, un tanto adel- gazadas en la base, obtusas y cortadas en punta; flores dispuestas en panícu- los terminales; fruto nuez reniforme li- sa, (que contiene una almendra blanca), sostenida y situada en el vértice de un receptáculo carnoso, oval, más ó ménos largo, algunos de 8 centímetros de longitud y cuatro de grueso, de co- lor amarillo ó rojizo, y formado inte- riormente de un tejido esponjoso su- culento. Éste receptáculo, que vul- ACCESO 18 ACEDERA garmente es tomado por el fruto, pro- viene del desarrollo del pedúnculo flo- ral, y toma el aspecto de un fruto. Es- te, el verdadero fruto, (es decir, la nuez ó castaña), se compone de un pericarpo en forma, de riñon, que ba- jo un primer envoltorio coriáceo, pre- senta alvéolos llenos de un jugo oleo- so, viscoso, rojo-negruzco, acre y cáus- tico; dichos alvéolos están limitados en el interior por otra nueva membra- na coriácea, parecida á la primera, la cual encierra una almendra reniforme, de dos lóbulos, blanca, oleaginosa, dul- ce, de sabor agradable, que se come asada y no participa en manera algu- na de la acrimonia de su cáscara. Es- ta almendra está ademas cubierta in- mediatamente por una película rojiza. El receptáculo carnoso (vulgo el fru- to) maduro, es de olor suave y sabor ácido, un tanto acerbo; sirve para ha- cer sorbetes y limonadas, que merecen grande aprecio, si no se confita, ó, ha- ciéndolo fermentar, da buen aguar- diente! Por medio de incisiones he- chas en el árbol, se obtiene una go- maresina, que se emplea en las artes. El jugo cáustico de la cáscara de la castaña sirve para quitar las verrugas, los callos de los piés, y produce en la piel una ampolla, lo mismo que si fue- ra un vejigatorio; se emplea en medici- na como medicamento externo, para cauterizar determinados empeines. La corteza del tronco de la acayoiba es astringente, y usada en baños en las hinchazones de las piernas. Acceso. Llámase así en medicina á la reunión de síntomas de cualquier enfermedad que aparecen y desapare- cen para volver otra vez. En las fie- bres intermitentes el acceso tiene tres períodos: uno de frió, uno de calor y uno de sudor, que se suceden y for- man un acceso. El tiempo que separa un acceso de otro puede variar desde algunas horas hasta uno, dos, ó más dias; este intervalo se llama apirexia ó intermisión. Accidente. En el lenguaje vulgar se llama accidente á cualquier aconte- cimiento repentino, triste, é impre- visto; en medicina se entiende por este nombre cualquier síntoma que sobreviene en una enfermedad sin ser consecuencia necesaria de ella, así la hemorragia que se declara después de una operación ó después de un parto, es un accidente. Llámase también ac- cidente al ataque repentino de una enfermedad que priva del uso de los sentidos, como el accidente epiléptico ó ataque de alferecía, y el ataque apo- plético. (V. Epilepsía, Apoplejía.) Acebo. Género de plantas pertene- ciente á la familia de las Ilicíneas, en el cual se comprenden muchas espe- cies de arbustos que se encuentran en Europa, en ambas Américas, en el Ja- pon y en el Africa. La más importan- te de todas ellas, es el Acebo común "Ilex aquifolium," Linneo. Es un ar- busto de 7 á 8 metros de altura, de corteza lisa, de hoja» crespas y espi- nosas en sus bordes, de un color ver- de oscuro y muy lustrosas. De la cor- teza interior de este árbol, muy común en España, se hace la liga con que se cazan pájaros por medio de varetas un- tadas con esta sustancia pegajosa. Acedera. Planta de la familia de ACEDERA 19 ACEDIAS las Poligonáceas, que contiene muchas especies, de las cuales la principal es- la acedera ordinaria (Rumex acetosa) Linneo; planta que habita natural- mente en los prados de España y se cultiva en los jardines de muchos paí- ses. Tiene las hojas alternas, casi car- nosas, en forma de flechas; agudas, de 10 á 18 centímetros de longitud, las inferiores pecioladas, las superiores sésiles, las de encima lineares, de un sabor ácido; flores verdes; tallos nume- rosos, con una sola raíz, de 30 á 60 centímetros de altura, articulados. Las hojas de acedera son la única parte de la planta que se emplea. En el arte culinario sirven para hacer sopas de yerbas, para dar mejor gusto á las es- pinacas, á las acelgas y demas yerbas comestibles con que se mezclan; tam- bién se comen hervidas, solas ó con carne. Constituyen un alimento tem- perante y sano; pero las personas que padecen de arenillas deben abstenerse de ellas, porque existen algunos he- chos .que han demostrado que las ace- deras, por el ácido oxálico que contie- nen favorecen la formación de las piedras de oxalato de cal, que no pue- den disolverse en la orina. Las hojas de acedera se emplean para limpiar las vajillas de cobre á las que dan mucho brillo. Se extrae de ellas el oxalato de potasa (sal de ace- deras), que tiene la propiedad de des- componer la tinta y sacar las manchas. El cocimiento de acederas se emplea en el escorbuto, y sus hojas se aplican con provecho en las úlceras escorbú- ticas. Con la» hojas de acedera, y so- bre todo con sus peciolos, se pueden limpiar en los paños las manchas de tinta. Acedías. Agrios ó vinages de es- tómago. Se da vulgarmente este nom- bre á los eructos ácidos que producen en la boca una impresión desagrada- ble. Este fenómeno que en muchos individuos se reproduce con intervalos muy leves, puede proceder de causas diversas. Las acedías acompañan las malas digestiones, y preceden con fre- cuencia á los vómitos en la indigestión propiamente dicha. Las personas que padecen del estómago, están muy su- jetas á semejante incomodidad, pero no por eso deja de atacar tal cual vez á aquellas que aparentan gozar de bue- na salud. Muchas señoras, en el esta- do interesante, padecen de acedías los primeros meses. A menudo proceden del uso de alimentos ácidos ó avina- grados, de bebidas acerbas, incomple- tamente fermentadas. Para combatir la acedía del estó- mago, se aconseja la magnesia calcina- da, en la dosis de 1 gramo (20 granos), ó una cucharadita, por la mañana en ayunas, en una taza de agua con azú- car, adicionándole un poco de agua de flor de naranja. Para endulzar el agua, vale más servirse del jarabe simple; la mezcla es más fácil que con el azúcar Al efecto, se echa primero una cu- charada de jarabe en un vaso, luego se añade la magnesia que se mezcla con el jarabe; se vierte el agua sobre el todo, se revuelve con la cuchara y bé- bese al momento. Las pastillas de Vichy pueden ser empleadas también por contener el bicarbonato de sosa que neutraliza los ácidos. Tómanse ACEITES 20 ACEITES de tres á cuatro después de la comida ó en ayunas. Una taza de infusión de manzanilla, tomada por la mañana, puede ser provechosa en este caso. El ruibarbo en polvo, en la dosis de 50 centigramos (10 granos), administra- do algunos momentos ántes de co- mer, á veces suele tener sus venta- jas. El régimen merece también toda atención. Las personas sujetas á pa- decer de acedías deben comer mo- deradamente y abstenerse de alimen- tos susceptibles de fermentación, co- mo berzas, nabos, fréjoles ó judías, etc. Deben preferir la carne. Los quesos alcalescentes, esto es, muy fer- mentados, como el de Gruyere, pue- den ser convenientes, por contener un principio alcalino análogo al que exis- te en las pastillas de Vichy. Acefalocisto. V. Hidátide. Aceites. Cuerpos grasos que ordi- nariamente conservan el esta líquido á la temperatura de 10° á 20° centí- grados y con mayor motivo á una tem- peratura más elevada. Distínguense los aceites en grasos ó fi jos y en volá- tiles ó esenciales ó esencias. Para es- tes últimos véase Esencias. Los aceites fijos son insolubles en el agua y poco solubles en el alcohol, excepto el aceite de ricino y el de cro- tón tiglio, que se disuelven completa- mente. Todos son solubles en el éter. Los álcali s los trasforman en productos nuevos con que se combinan y produ- cen el jabón, cuyos usos económicos é industriales son bastante conocidos. La mayor parte de los aceites fijos se extraen de los vegetales. Encuéntran- se casi exclusivamente en las simien- tes y raras veces en las partes carno- sas ¿le los frutos como la oliva, la fruta del laurel y algunos otros. Se extraen ordinariamente sometiendo las partes vegetales á la prensa. Varios aceites fijos se sacan de ciertos animales, co- mo el aceite de ballena, impropiamen- te llamado aceite de pescado, y el aceite de pies de vaca. En los anima- les, los aceites fijos se hallan en las mismas partes que las gorduras sóli- das. Distínguense los aceites fijos en^e- cantes y no secantes. Los primeros tienen la propiedad de espesarse po- co á poco al contacto del aire, y de trasformarse en una especie de mem- brana sólida y trasparente; tales son los aceites de linaza, de nueces, de si- mientes de cáñamo y de simientes de adormidera. Esta propiedad los hace muy preciosos en la preparación de barnices y pinturas al óleo. Los acei- tes no secantes se emplean como ali- mentos ó medicamentos, para el alum- brado, para la fabricación del jabón, etc; tales son los aceites de aceitunas, de almendras, de nabo, de colza, etc. Aceite alcanforado. Se prepara di- solviendo parte de alcanfor en 9 par- tes de aceite, filtrándolo después de hecha la disolución. Empléase, en fricciones, en los reumatismos. Aceite de almendras. Se obtiene exprimiendo en frió y sin agua las al- mendras dulces y amargas, producidas por el árbol llamado almendro. Es lí- quido, verdoso, su olor y sabor se pa- recen un poco á los de las almendras dulces. En altas dosis es laxante y en pequeñas emoliente. Empléase inte- CHITES 21 AACEITES riormepte en los envenenamientos por sustancias acres, en las pleuresías, bronquitis, irritaciones délas vías uri- narias y, exteriormente, en fricciones como emoliente. Aceite de avellanas. Se extrae de los frutos del avellano. La pequeña cantidad que se saca de este aceite, está reservada.para la farmacia y pa- ra preparar diversos cosméticos. Aceite de ben. Aceite extraido de las nueces del moringa optara. De- caisne. No es coagulable ni se enran- cia fácilmente, razón por la cual la emplean los relojeros y los perfumis- tas. en la preparación de extractos de llores de olor fugaz. Aceite de cacahuate. Se obtiene .en cantidades considerables en Valen- cia, proyincia.de España, de los pista- chos de tierra, frutos de cacahuate, planta leguminosa. Es comestible y se aplica á los usos domésticos. Aceite de cade. Se obtiene este aceite quopiando en un homo los tron- cos de una especie do enebro, llama- do oxicedro, juníperas oxycedrus^ L., árbol que habita en España y Por- tugal. Es un líquido rojo muy infla- mable, de consistencia oleosa, olor fuer- te de alquitrán, sabor acre y cáustico. Se falsifica á veces con aceite de al- quitrán y de carbón de piedra, cuya composición es diferente y sus propie- dades inferiores. Una gota de aceite de cade aplicada sobre un diente ca- riado calma el dolor. Este mismo acei- te es eficaz contra jas lombrices, en la dosis de 20 gotas, administradas en 00 gramos (3 onzas) de agua con azú- car. Una ó dos fricciones- completas y un poco fuertes con aceite de cade son suficientes para curar la sarna. Es útil también en muchas enfermedades cutáneas, como en et eczema, lupus, tiña y otros; en estos casos se emplea en fricciones suaves, hechas todos los clias ó cada dos dias, sobre Las partes afectadas, puro ó mezclado con dos ó tres partes de glicerina ó aceite de al- mendras dulces. Su uso es muy fre- cuente en la medicina veterinaria, en fricciones contra la sarna, y mezclado con manteca de cerdo forma un un- güento empleado contra las úlceras carnosas de los animales. Aceite de cayeput. Se extrae por destilación de las hojas frescas de un arbusto llamado por Smith Malaleu- cea minar, de la familia de las Mirtá- ceas, que se cria en las Molucas. Es líquido, muy volátil, trasparente, ama- rillo dorado, de olor fuerte y agrada- ble, enteramente soluble en el alco- hol. Recomendado como estimulante en las enfermedades nerviosas del estó- mago, se. da en la dosis de 6 á 8 gotas con azúcar; también se hacen friccio- nes con este aceite en el reumatismo, y la parálisis. Aceite de colza. Aceite extraido de las simientes de una especie de berza, brassica olerácea. Puede em- plearse como alimento, pero sirve sobre todo para el alumbrado y fabricación del jabón. Aceite de croton tiglio. Se extrae de las simientes del croton tiglium, Linneo, arbusto que habita en las Mo- luc'as y en China. Se emplea en me- dicina como purgante; tiene.la consis- ACEITES 22 ACEITES tencia de un jarabe, es de color oscuro y opaco cuando está en gran cantidad, y de color amarillo anaranjado cuando es poco; el sabor es ardiente y muy acre, su olor particular y desagrada- ble. El aceite de croton tiglio es un purgante extremadamente violento y su empleo exige mucha prudencia, porque en mínima dosis, como la de una gota, determinan cursos alvinos abundantes. Adminístrase en la dosis de 1 á 2 gotas en 15 gramos (1/2 on- za) de jarabe de goma ó en píldoras de miga de pan. Usase también ex- teriormente en fricciones como rubefa- ciente y vesicante, ya solo, ya asocia- do el aceite, alcohol, ó á una pomada. Aceites esenciales. V. Esencias. Aceite de esquisto. Aceite para luces; extraído por medio de la desti- lación de las rocas pizarrosas llamadas esquistos, y del carbón de piedra, i Aceite de hígado de bacalao. El hígado de bacalao es muy voluminoso y suministra un aceite empleado en medicina. Su color es amarillo ú os- curo. Se aconseja interiormente en la dosis de una cucharada, tres veces al dia, en la tisis, raquitismo, reumatis- mo articular, escrófulas; se emplea tam- bién exteriormente en fricciones en los mismos casos. Aceite de laurel. Se extrae de las bayas de laurel. Es de color ver- duzco, graso, de olor fuerte y desa- gradable se emplea para curar las heridas de los animales. Aceite de linaza. Es un aceite se- cante que se extrae de las simientes de lino después ne tostadas y molidas. Se emplea en la pintura común y pa- ra preparar barnices grasos. Se vuel- ve más secante cuando se le hierve con 7 á 8 por ciento de litargirio, en cuyo caso se le llama aceite de linaza hervido. La tinta de imprenta se pre- para con aceite de linaza y 1/6 de su peso de carbón animal. El tafetán gomado recibe muchas capas sucesivas de aceite de linaza con litargirio, pre- parándose del mismo mismo modo los cueros barnizados, telas enceradas, etc. Aceite de macasar.. Nombre que se da á una pomada para untar los cabellos. He aquí una de las varias recetas que existen para preparar es- te cosmético. Aceite de ben (aceite extraido de las simientes del árbol moringa áp- tera, Decaisne, que se cria en Ceylan) 4 litros Aceite de avellanas 2 litros Espíritu de vino 1/2 litros. Tintura de almizcle .... 50 gram, Alcoholato de cáscara de naranja 50 gram. Esencia de bergamota... 50 gram. Esencia de Portugal. .. 54 gram. Esencia de rosas .. .. ' . 54 gram. Caliéntese en el baño de maría en una vasija bien tapada, durante una hora, déjese infundir durante ocho dias en el mismo cacharro, meneán- do la preparación dos ó tres veces al dia, y échesele después orcaneta para darle color. Aceites medicinales. Disolucione, de diversas sustancias medicinales en aceite común, tales como el aceite alcanforado, de manzanilla, de cicuta, de belladona, etc,, se emplean en ACEITES 23 ACEITES fricciones en varias enfermedades. Aceites minerales Se da este nombre á la nafta y al petróleo que se hallan en el estado de verdaderas fuentes en muchos lugares de la Amé- rica del Norte, de California y del Ca- nadá (V. Nafta y petróleo.). Pro- vienen de una especie de destilación lenta, efectuada en el seno de la tie- rra, por la influencia del calor terres- tre, sobre materias orgánicas combus- tibles. Se emplean en el alumbrado. Aceite de nueces. Se extrae de las nueces y es más secante que el de linaza. Se emplea con preferencia en las pinturas finas y sirve también para barnices, alumbrado y jabón ver- de. En los parajes donde hay muchos nogales se emplea como comestible; pero aunque no es muy inferior al aceite de olivas, se vuelve rancio en poco tiempo. Aceite ó manteca de nuez mos- cada. Aceite extraido de nuez moscada semilla &e\Myristicaofjicinalis. Lin- neo, árbol que habita en las Molucas. Viene del todo preparado en tabletas cuadradas, sólidas, de un amarillo ro- jizo, jaspeado, de un olor fuerte y sua- ve; entra en el bálsamo nervino. Aceite de olivas ó aceitunas, ó común. Es el que se extrae del fru- to del olivo (olea europaea\ árbo' oriundo de Asia, cultivado en Espa- ña, Portugal, Italia, Grecia y en e' mediodía de Francia. Este aceite se emplea en medici- na exterior é interiormente. En e primer caso sirve como emoliente pa- ra untar las partes dolorosas é infla- madas. Interiormente se toma como laxativo, y se empleaprincipalment a en los cólicos y envenenamientos. En efecto, conviene en todos los envene- namientos producidos por sustancias acres é irritantes, por lo mismo que provoca vómitos. Se puede tomar en dosis de una á dos onzas ó sea de 30 á 60 gramos (3 á 6 cucharadas), en los cólicos acompañados de estreñi- miento de vientre' adminístrase tam- bién en las mismas dosis y en iguales casos, en lavativas, mezclado.con agua caliente ó cocimiento de linaza. El aceite, según la naturaleza del fruto que le suministra, es de color amarillo verduzco ó amarillo claro. Como el aceite de olivas es más caro que los demas, sucede á veces que se le mezcla con aceite de simientes de adormidera, que es también dulce y sin olor. Para descubrir esta mezcla, basta poner un poco en una redomita y menearlo; si el aceite es puro, no forma bolas; al contrario, si está mez- clado se cubre de muchos círculos de bolas de aire. Pero este medio es in- suficiente cuando se trata de deter- minar la presencia de una pequeña cantidad de algún aceite extraño. Se han propuestos muchos procedimien- tos, fundados todos en la propiedad que tiene el aceite de congelarse con bastante facilidad; pero como no siem- pre es fácil someterlo á una baja temperatura para probar su pureza, se ha propuesto como reactivo elproto- nitrato de mercurio líquido. El exá- mcn consiste en mezclar en un fras- quito 8 gramos de esta sal con 60 gramos de aceite, y menear; si el aceite es puro, se coagula en totali- p dad después de algunas horas de re- ACEITES 24 ACEITES poso; pqro si, al contrario, está mez- clado con aceite de adormideras ó de colza, estos dos últimos sobrenadan; una tercera parte de ellos hace im- posible que el aceite de olivas se coa- gule. Conservación del aceite. El aceite de olivas se conserva en tarros de barro barnizado. No se podría guar- dar en los barriles que sirven para trasportarlo. El primer cuidado que se debe tener al recibir una provi- sión de aceite, consiste en trasegarlo en tarros ó botes de barro barnizado ó en frascos de vidrio: si no se toma esta precaución, se arriesga de per- der una gran cantidad de él. Ni con- viene tampoco hacer gran provisión de aceite de olivas, porque aun cuan- do no se vuelve rancio, se vuelve menos fiúido y menos agradable al paladar. El aceite de olivas y demas acei- tes comestibles pueden purificarse, cuando están turbios, por medio de lavados repetidos, esto es, agitándo- los muchas veces con viveza en una vasija, con un volúmen igual de agua pura. Luego se deja reposar la mez- cla, y se decanta el aceite purificado que siempre sobrenada en el agua, en la cual se quedan todas las partes mucilaginosas.' También se pueden purificar los aceites por medio de va- rios aparatos de filtración. (V.Filtra- ción.) Los aceites comestibles contraen, por la oxidación de sus principios al contacto del aire, un gusto desagra- dable y un sabor nauseabundo conoci- do con el nombre de rancio. Se pue- de impedir, por diversos medios de fácil aplicación y durante un tiempo más ó menos largo, (pie los aceites se vuelvan rancios; y aun cuando se ha- yan enranciado ya, se les puede des- embarazar de la rancidez, si no com- pletamente, á lo menos lo bastante para poder servir para la alimentación. El medio más sencillo de evitar la rancidez de los aceites comestibles, consiste en triturar una pequeña can- tidad de azúcar refinado con algunas cucharadas de aceite y juntar después esta mezcla con la provisión, por pe- queñas porciones, á fin de que el azú- car quede repartida con igualdad. La dosis es de 100 gramos de azúcar tri- turado en frió, con 60 gramos de acei- te, para evitar la rancidez de 25 li- tros de aceite comestible. Esta corta cantidad de azúcar no altera en nada el sabor natural del aceite y prolonga mucho su conservación. Para los acei- tes cuyo gusto no se altera por la ac- ción del calor, el aceite de simientes de adormideras, por ejemplo, se pue- de emplear la ebullición durante al- gunos minutos con vinagre de vino, en la dosis de 15 gramos por litro de aceite. Fórmase en la superficie una espuma bastante abundante, que se aparta, y después se cuela el aceite medio enfriado. Una parte del vinagre se evapora durante la ebullición y el resto se precipita espontáneamente en el fondo del vaso, sin dejar vestigio sensible de su contacto con el aceite. Cuando los aceites comestibles no ha- cen más que empezar á enranciarse, se les quita la rancidez, poniendo en una vasija de vidrio ó de barro bar- nizado, carbón de leña groseramente ACEITES 25 ACEITES pulverizado; la dosis es de 120 gra- mos de carbón por litro de aceite. El carbón y el aceite deben permanecer eií contacto durante tres dias, menean- do de vez en cuando la mezcla; sepá- rase después el carbón del aceite por medio de la filtración. Si la rancidez del aceite está más adelantada, se mezclan con precau- ción 15 gramos de ácido sulfúrico con 150 gramos de agua, y se sacude vi- vamente esta mezcla con un litro de aceite que se deja luego descansar du- rante ocho dias, al cabo de los cuales se decanta. Fórmase un pequeño de- pósito en el fondo del vaso; el resto del aceite se presenta limpio y sin rancidez. Aceite de palma. Aceite extraí- do del fruto de una especie de coco- tero, Eloeisguineensis, Linneo, oriun- do de Africa, de Guyana, y cultiva- do en las provincias del norte del Bra- sil. Este árbol tiene las hojas pinea- das, con peciolos espinosos; el fruto es una drupa del tamaño de una nuez, de color amarillo dorado, formado de un sarcocarpo fibroso y oleoso y de un hueso duro que encierra una al- mendra gorda y sólida. Por consi- guiente, el fruto contiene dos aceites diferentes que se extraen por separa- do. El aceite del sarcocarpo es ama- rillo, oloroso, siempre líquido en Gu- yana y en Africa, y se emplea para los mismos usos que el aceite de oli- vas, míéntras que el aceite que se saca de la almendra, es blanco, sóli- do, y sirve para reemplazar la mante- ca. Este último es mucho ménos abun- dante y raro en el comercio; pero el primero se importa considerablemen- te en Francia é Inglaterra, donde sir- ve, sobre todo, para la fabricación del jabón. El aceite de palma, tal como se vende en el comercio, es de la con- sistencia de la manteca y color amarillo anaranjado. Su sabor es dulce y su olor de violeta. Derrí- tese á los 29°, volviéndose entonces más flúido y de color de naranja más intenso: se saponifica muy fácilmen- te por los álcalis y forma un jabón amarillo. En medicina se emplea en fricciones, principalmente en el reu- matismo. Aceite de pescado. Mezcla de gra- sas extraídas de la ballena y algunos peces marítimos. Se emplea para fa- bricar jabón verde y en el alumbrado. Es de color blanco ó algo colorado y de olor desagradable. Aceite de petróleo. Véase Petró- leo. Aceite de ricino ó de castor. Aceite extraído de las semillas de ri- cino ó palmacristi, Ricinus commu- nis, Linneo, árbol representado en la fig. 1. (Higuerilla). La fig. 1 re- presenta las semillas. Este aceite tiene un color blanco ó amarillo, vis- coso, y un sabor desagradable. Es uno de los purgantes más usados, aunque su acción sea inconstante. Goza tam- bién de propiedades vermífugas. Ad- minístrase en la dosis de 15 á 60 gramos (1/2 á 2 onzas) en caldo de vaca ó en una taza de agua fría con azúcar y un poco de zumo de limón. Para quitarse el gusto del aceite, el medio mejor es chupar limón con azú- ACEITUNA 26 ACETATO car, ó lavarse la boca con vino ó aguar- diente. Aceite de simientes de adormi- dera. Se emplea en los alimentos, en el alumbrado y en la pintura. Aceite de simiente de cáñamo. Sirve para el alumbrado y para la preparación de los barnices y del ja- bón. Aceite de trementina. V. Tre- mentina. Aceite de vitriolo: V. Acido sul- fúrico. Aceituna ú oliva. Fruto del olivo, olea europaea, Linneo, árbol que habi- ta en los climas cálidos. Es una dru- pa oval ó redonda, carnosa, con un hueso duro y leñoso en el centro, y en el cual se encuentra una almen- dra. Su pulpa firme y verde ántesde madurar, se hace blanda madurando, y se cubre de una película negruzca; entonces es cuando se prensa para extraer el aceite. Las aceitunas forman un artículo de consumo muy importante. Antes de expedirlas y de presentarlas en las mesas, se someten á una operación cuyo objeto no es otro que el de qui- tarles el gusto áspero que tienen. Se cogen cuando están verdes, y se sumergen en grandes jarras de agua, que se renueva durante ocho ó diez dias; se sala después fuertemente la última agua, y en esta salmuera es donde se conservan. Antes de poner- las en la salmuera, se acostumbra pasarlas por una solución debilitada de potasa ó de sosa, á la cual se aña- de un poco de cal. El uso más general de las aceitu- ñas consiste en la extracción de bu aceite, que es el más estimado y á propósito para los usos domésticos y para la fabricación del jabón. Las aceitunas se comen crudas ó cocidas con carne. No se debe hacer un uso excesivo de las crudas, porque este alimento, como todos los que contie- nen mucha cantidad de aceite, es de difícil digestión. El uso moderado de las aceitunas no deja de ser saludable. Acelga. Beta cicla. Linneo, Que- nopodiáceas. Planta cultivada en las huertas por causa de sus hojas que se acostumbra comer cocidas, solas ó mezcladas con acederas. Raíz fusi- forme, blanca, del grueso de una pul- gada y mucho más; tallos múltiplos de una sola raíz, de 60 á 90 centíme- tros, levantados, blandos; hojas car- nosas, suculentas. Estas hojas sirven también para la curación de los veji- gatorios, y son muy propias paja este uso, por ser de consistencia floja ó blanda, de superficie suave y fresca. Pero es preciso cortar la punta agu- da de la hoja, y achatar, con los de- dos ó con el mango de un cuchillo, las nervaduras salientes. Las hojas de acelga cocidas y reducidas á pul- pa, se pueden emplear también como cataplasma emoliente. Acetato (del latín acetum, vina- gre.) Se distingue con este nombre toda sal formada por el ácido acético con una base cualquiera. Los aceta- tos son empleados en medicina y en las artes. Los que se emplean en me- dicina son: los acetatos de amoníaco, de plomo de morfina, de potasa, de sosa, etc. (V, estas palabras.) ACIDOS 27 ACIDOS Acíbar ó áloes. Zumo espesado que se extrae de las hojas de muchas especies del género Aloes', planta de la familia de las Liláceas, que habi- ta en él cabo de Buena Esperanza, en la Jamaica, en Socotora, en la América del Sur, en Méjico y en otros climas cálidos. El áloes es de tres es- pecies: el más estimado y especial- mente empleado en medicina, es el de Socotora, llamado áloes socotorino. Se extrae del áloe socotrina, que se cria en la Arabia y en la isla de So- cotora, en el Africa. Está en peda- zos friables, de color oscuro, olor aro- mático particular, sabor muy amargo; el polvo es de color de oro muy lim- pio. Este jugo es un purgante vio- lento en la dosis de 30 á 120 centi- gramos (6 á 24 granos). Dirige su ac- ción principalmente al intestino recto, y por eso no conviene cuando existen hemorioides. Tampoco conviene á las mujeres en cinta. Entra en la compo- sición de los Granos de salud del Dr. Frank, píldoras de vida, y de casi to- das las píldoras que purgan en corta dosis. Las deyecciones alvinas tienen lugar solamente ocho ó diez horas des- pués de la administración de los áloes. Ácidos. Por ácido se entiende una sustancia que tiene gusto acerbo ó acre, y posee la propiedad de enroje- cer el color azul del tornasol. Los ácidos se dividen en minerales y vegetales. Entre los primeros se cuentan los ácidos azoico ó nítrico, sulfúrico, clorhídrico; y entre los se- gundos, esto es, los vegetales, figuran el ácido acético y los que se extraen de la naranja, limón, membrillo, y otras frutas acídulas. Todos los ácidos, y en particular los vegetales, bastante diluidos, apa- gan la sed, moderan el calor febril y aumentan la secreción de la orina. Los ácidos débiles son, por consiguien- te, refrigerantes y diuréticos; los áci- dos fuertes, por el contrario, producen instantáneamente la inflamación, Ta Quemadura y basta destruyen las par- tesdel cuerpo sobre que se aplican. Aquí indicamos puramente los áci- dos de uso más común. Ácido acético ó vinagre radical. Este ácido es líquido, incoloro, de sa- bor cáustico, es también volátil y tie- ne un olor muy penetrante y agrada- ble. Se emplea en los desmayos, y para purificar el aire viciado por las emanaeiones ó la respiración. Los fras- cos de sal de vinagre deben sus pro- piedades á este ácido. Diluido en agua, el ácido acético constituye el vinagre común. Acido agállico. Se encuentra ya formado en las simientes del manga, fruto del mangle, árbol de la Amé- rica meridional, y se produce por la descomposición del tanino que existe en la nuez de agalla. Preséntase bajo la forma de largas agujas sedo- tas, incoloras é inodoras; soluble en 100 partes de agua fría y 3 de agua hirviendo, es muy soluble en el al- cohol. Al revés del tanino, no pre- cipita ni la gelatina, ni las sales or- gánicas, ni las protosales de hierro. Tiñe de color azul oscuro las persa- Ies de hierro.-Astringente; en la dosis de 50 centigramos á 2 gramos ACIDOS 28 ACIDO» (10 á 40 granos); ha sido encomiado contra la albuminuria. Calentado á + 215°, el ácido agá- llico se divide en ácido carbónico y en ácido piroagállico, que se sublima ■en agujas cristalinas. Este último ácido sirve en la fotografía, entra en las composiciones que se usan para teñir el cabello, y en química es em- pleado para descomponer el aire. Acido arsenioso. V. Arsénico. Acido azóico, ácido nítrico ó es- píritu de nitro. Líquido incoloro, de olor desagradable, esparce vapores blancos y adquiere color amarillento por la acción de la luz, cuando está concentrado, y entonces marca 35 grados y aun más; no exhala vapores, ni es alterable por la luz cuando es- tá diluido en agua; en este caso se llama agua fuerte, y señala 26 gra- dos. Tiñe de amarillo las sustancias orgánicas. En este estado de pureza es uno de los cáusticos más violentos, y se emplea como tal para destruir verrugas. Acido benzóico, ó flores de ben- juí. Este ácido, llamado así por ser extraído con especialidad del benjuí, existe en todos los bálsamos. Se ob- tiene calentando el benjuí en un aparato á propósito, y sacando el pro- ducto sublimado, que es el ácido ben- zóico. Se presenta en agujas sedosas ó anacaradas; es poco soluble en agua fría, algo más en agua caliente, y se disuelve en el alcohol. Tiene sabor francamente acídulo, seguido de la sensación particular de acrimo- nia; su olor es casi siempre aromáti- co y agradable. Se usa contra la gota y las arenas, en la dosis de 16 2 gramos (20 á 40 granos) y más, en polvo ó en píldoras. Acido Ibérico. Se presenta bajo la forma de escamas anacaradas, un- tuosas, inodoras, de sabor ácido pro- nunciado; muy poco soluble en agua, es, sin embargo, muy soluble en el alcohol, al cual comunica la propiedad de arder con llama verde caracterís- tica. Viene de Lagoni, especie de vol- canes lodosos de la Toscana. Se ob- tiene por la purificación con albúmina del ácido bruto de Lagoni ó por des- composición del borato de sosa y cal, ó tinkalcite, descubierto hace pocos años en la República del Ecuador. Acido carbólico. V. Acido fénico. Acido carbónico. El ácido carbó- nico es ün cuerpo gaseoso. Existe en corta proporción en el aire atmosféri- co; se halla en mayores proporciones en ciertas localidades, y, entre otras, en la gruta del Perro en las cercanías de Nápoles: existe también en ciertas aguas minerales; se desprende de las materias vegetales en fermentación ó en combustión. Este gas es incoloro, trasparente, de olor picante y sabor un tanto acídulo, el cual puede apre- ciarse bebiendo agua de Seltz; él es el que hace espumar el vino de Cham- paña y á la cerveza cuando se desta- pan las botellas. Este gas no es bue- no para la combustión ni para la vida; apaga las luces que se introducen donde él predomina, y el hombre que se hallara en una atmósfera que con- tuviese gran cantidad de este gas mo- riría asfixiado. Conviene, por tanto, huir los lugares en que se desarrolla, ACIDOS 29 ACIDOS tales como las cubas de los lugares en que fermenta el vino, los hornos de cal, los cuartos en que hay brase- ros en combustión, alimentados por carbón de leña; por lo menos preciso será dejar abiertas las puertas y ven- tanas de semejantes viviendas. (V. Asfixia.) Es más pesado que el aire atmos- férico, por lo que siempre ocupa la parte baja del lugar en que se halla. El gas ácido carbónico, mezclado con agua, por medio de aparatos con- venientes, constituye el agua de Seltz empleada como bebida. Esta agua favorece la digestión. Acido cianhídrico. V. Acido prú- sico. Acido cítrico. Existe en el limón, la naranja y muchas frutas acídulas. Es blanco, cristaliza en prismas rom- boidales, inalterables al abe; también es inodoro y de 'sabor ácido muy fuer- te. Empléase para hacer limonadas. Acido clorhídrico, ó ácido hidro- dórico, muriático, marino, ó espíritu de sal marina. Este ácido, tal como se encuentra en el comercio, es un líquido incoloro ó algo amarillento, de sabor ácido, de olor sofocante y especial; produce humo blanco en el aire. Se usa en las artes y en medi- cina. Es corrosivo. Acido crómico. Cristales en for- ma de agujas, color carmesí oscuro, solubles en el agua y el alcohol, y delicuescentes. Su disolución acuosa es un cáustico de acción instantánea. Háse aplicado ventajosamente en las úlceras de diversa naturaleza con ve- getaciones. Acido fénico, fenol ó ácido car- bólico. Fue descubierto en 1834 en la brea del carbón de piedra; es el principio activo y desinfectante de todas las preparaciones cuya base es el alquitrán. Recien preparado, el ácido fénico es sólido, en cristales blancos; derrítese al 35° centígrados y entonces se presenta bajo la forma de líquido incoloro, casi oleaginoso y que por la acción dé la luz adquiere color rojizo; no es muy soluble en el agua, pero se disuelve en toda pro- porción en el alcohol y el éter; es muy inflamable y arde con llama fu- liginosa, coagula la albúmina, destru- ye las membranas mucosas, quita el olor fétido á las carnes corrompidas, impide la putrefacción; su olor es re- pugnante y parecido al de la creosota. No obstante su poca solubilidad en el agua, el ácido fénico cristalizado se vuelve líquido al contacto de la hu- medad atmosférica. Es uno de los cáusticos y desinfectantes más usados hoy dia. Se disuelve en la glicerina, en los aceites grasos y volátiles; pa- rece que aun forma buena y verda- dera combinación con los cuerpos gra- sos, porque entonces pierde la facul- tad rubificante que posee. Se emplea bajo la forma de ácido fénico liquido, que es la mezcla de 9 partes de ácido fénico cristalizado y de 1 parte de alcohol. Su disolución en la glicerina, en diferentes grados de concentración, ha sido empleada con buenos resul- tados en el tratamiento externo de varias afecciones de la piel, como el eczema, la lepra, la tiña, etc. La pro- porción ordinaria es de 1 parte de ACIDOS 30 ACIDOS ácido fénico y 100 partes de glicerina. Como remedio contra la peste bovi- na, se acostumbra, en Inglaterra, es- parcir en los establos serrín de ma- dera mojado con agua fénica. En farmacia lleva el nombre de ácido fénico liquido la disolución de 9 partes de ácido fénico cristalizado y 1 parte de alcohol á 90°. Agua fénica. Agua común, 1,000 gramos; ácido fénico, 1 gramo. En lavatorios como desinfectante y para curar las heridas de.mal carácter. La dosis del ácido se puede elevar á 5 partes de este paja 1,000 de agua. Vinagre fénico. Vinagre ordinario 100 gramos, ácido fénico 1 gramo. Una cucharilla en una copa de agua, para enjuagar la boca cuando se tie- ne mal aliento. El ácido fénico líquido se emplea interiormente; es aconsejado espe- cialmente en la rabia, en las morde- duras de serpientes venenosas y en las viruelas confluentes, en la dosis de 1 á 10 gotas hasta un gramo, en pocion. En mucha dosis es veneno. Se mata un conejo, con 50 centigra- mos de ácido fénico. Envenenamiento por el ácido fénico. Estos envenenamientos pue- den tener lugar ya por ingestión en el canal digestivo, ya por absorción cutánea. Comunmente son el resul- tado de un eiTor, jamas de un crimen, á causa del gusto y olor desagradable del ácido fénico. Hácense cada dia más frecuentes desde que el ácido es empleado como desinfectante. Ia Observación. Un hombre de 32 años empleado en la limpieza de las calles de París, bebió una solución de ácido fénico equivocándola con el vi- no: en seguida experimentó náuseas, sudores fríos, estupor y perdió el co- nocimiento. Un farmacéutico vecino le hizo tomar magnesia calcinada. Trasportado al hospital, espiró nueve horas después de la ingestión del áci- do fénico. 2a Observación. Un hombre de 65 años tomó, con objeto de suicidarse, de 15 á 30 gramos (1/2 á 1 onza) de ácido fénico líquido del comercio: la muerte sobrevino á los cincuenta mi- nutos. Notáronse los siguientes sínto- mas: respiración estertorosa, pulso len to (de 40 á 50 pulsaciones por minu- to), boca llena de saliva espesa, y, en la barba, estrías debidas á la acción corrosiva del veneno. 3a Observación. Un soldado inglés tragó de 30 á 60 gramos (1 á2 onzas) de ácido fénico, de color rojo, que creyó era bitter: luego sobrevino la pérdida de conocimiento y de locomo cion; en seguida un estado apoplético respiración estertorosa, violenta con- tracción de las pupilas. Diósele un vomitivo y aceite común; quedó sin movimiento. Al cabo de tres horas, comenzó á rebullir, las pupilas se di- lataron; al cumplirse cinco horas y media, el paciente recobró el sentido y pidió agua; entonces se pronunció la dispnea con expectoración dificul- tosa y purulenta; el pulso se hizo más frecuente, la piel fría y húmeda; en fin, á las diez horas, el doliente vertió orinas de color cargado, de olor de ácido fénico, y tres horas después murió de la ingestión del veneno. ACIDOS 31 ACIDOS 4a Observación. A fin de curarse la sama, tres inglesas se friccionaron todo el cuerpo con unos 60 gramos (2 onzas) de ácido fénico caliente. Las tres perdieron el conocimiento; ninguna padeció vómitos. La super ficie de la piel era áspera, seca, arru- gada, pero sin vesículas. Lavatorios con agua de jítbon, administración in- terna de aguardiente, amoníaco y de éter sulfúrico; aunque empleada vein- ticinco-minutos después del fricciona- miento, no tuvo otro resultado que el de salvar una de las pacientes. Algunos envenenamientos han sido producidos por el empleo de las solu- ciones de ácido fénico como antipútri- do en cirujía. Estos casos ocurrieron en Inglaterra, donde este ácido se usa en dosis muy concentradas. Para la curación de las heridas no se deben emplear soluciones acuosas o alcohóli- cas que contengan más de I por 100 de ácido. Ahora bien, los ingleses acostumbran usar de soluciones de mayor concentración que la indicada; la solución de 2 partes de ácido féni- co para 100 de agua se emplea en la- vatorios y en inyecciones. También emplean con frecuencia la solución de ácido fénico en 10 y aun en 8 veces su peso de aceite común; esta solu- ción, sumamente cáustica, se presta con facilidad á la absorción rápida, y puede ocasionar graves accidentes, cuando es aplicada sobre grandes su- perficies. Los sintonías del envenenamiento producido por las fricciones, inyeccio- nes ó curas, hechas con soluciones ex- pesivamente concentradas de ácido fénico en el alcohol, agua, aceite ó glicerina, son: calofríos, vómitos, pos- tración general, pulso débil, descenso de temperatura; las orinas exhalan olor de ácido fénico. Por lo común, los dolientes sanan con el empleo de las bebidas estimulantes, como la in- fusión de té con ron, ó pocion con éter. Contraveneno del ácido fénico. Se han propuesto como contravenenos el aceite de ricino, el aceite común y la glicerina. Preciso es tomar grandes cantidades de estas sustancias. Reme- dios dudosos. Después de diferentes ensayos, el sacarato de cal parece que presta servicios en el envenenamiento por el ácido sónico. Prepárase disolviendo 16 partes de azúcar en 40 de agua; añádense 5 partes de cal cáustica apagada por separado; se deja todo en reposo durante tres dias, se filtra y expone á que se seque. Esta preparar cion se disuelve en agua natural; en caso de envenenamiento logra salvar al paciente. El sacarato de cal se halla en algu- nas boticas; si no se encontrara, puede suplirse por el agua de cal mezclada con azúcar. Cuando el envenenamiento ha te- nido lugar por la piel, preciso será ha- cer lavatorios con agua templada sola ó mezclada con harina de mostaza, y dar á beber la infusión de té con ron, y la pocion siguiente á cucharadas: Agua de menta. 120 gramos (4 onzas.) Jarabe simple. 30 gramos (1 onza.) Eter sulfúrico. 30 gotas. Acido fosfórico. Existe en el es- ACIDOS 32 ACIDOS tado de combinación en los tres reinos de la naturaleza, pero principalmente en los huesos de los mamíferos. El ácido fosfórico de las farmacias, no es ácido puro, sino el ácido tri-hidratado de los químicos; es un líquido de con- sistencia de jarabe, de 1,45 de densi- dad, marcando 45° en el areómetro de Baumé. Obtiénese disolviendo en caliente 1Q partes de fósforo en 60 de ácido azóico oficinal á 1,42 diluido en 30 partes de agua destilada, y ha- ciendo evaporar en cápsula de platina hasta la consistencia de jarabe. Me- diante el enfriamiento, cristaliza en prismas límpidos. Disuelto en 6 á 8 partes de agua, el ácido fosfórico ha sido aconsejado externamente en com- presas, é interiormente en la dosis de 1 á 8 gramos (20 granos á 2 ochavas) en pocion, contra la cáries de los hue- sos y las arenas; pero es muy poco usado. Acido iódico. Cristales blancos so- lubles en el alcohol, muy solubles en el agua. Poco usado. Acido láctico. Existe en la leche, en el jugo gástrico y en muchos de nuestros humores, en la yema de hue- vo y en muchos líquidos fermentados. Se obtiene descomponiendo por el ácido sulfúrico el lactato de cal, ó di- rectamente haciendo evaporar el sue- ro de la leche agriada. También pue- de extraerse del agua de arroz y de otras sustancias más. Es un líquido de la consistencia del jarabe, incoloro, inodoro, incristalizable, delicuescente al aire, de sabor ácido mordicante, muy soluble en el agua, en el alcohol y en el éter. No se usa puro en me- dicina; sirve para preparar el lactato de hierro y otras composiciones más que se emplean. Acido nítrico. V. Acido azóico. Acido oxálico. Cristales sin color, trasparentes, muy ácidos, inodoros. Cuando se disuelve en agua fría, pro- duce un ruido bastante fuerte que puede servir para darlo á conocer. En las farmacias ha sido á veces tomado por sal de Epsom. Media onza de es- te ácido puede causar la muerte en pocos minutos. Se emplea para qui- tar las manchas de la tinta de escribir. La preparación para limpiar dichas manchas, que se vende en las tiendas con el nombre francés de encrivore, se compone de 15 gramos de agua y 4 de ácido oxálico. Acido pícrico. Acido carbozóico ó ácido amargo (de la palabra griega pikros, amargo.) Acido que proviene de la acción del ácido azóico sobre gran número de sustancias orgánicas, entre las cuales citaremos la seda, la lana, el añil, el benjuí, el bálsamo del Perú, el coaltar ó aceite de carbón de pie- dra; este último proporciona la ma- yor parte de él. Es un cuerpo sólido, cristalizado de una manera muy irre- gular; su sabor es amargo y el color amarillo. Se disuelve en el agua, en el alcohol y en éter. Calentado con precaución se derrite y volatiliza; si la temperatura se eleva muy repenti- namente, sus elementos se separan, produciendo detonación, esto es, esta- llan. Tiñe de amarillo la lana y la seda sin el intermedio de ningún mor- diente; por lo que se emplea hoy en ACIDOS 33 ACIDOS notable proporción en la industria tin- torera. Sus sales (los picratos) tienen todas color amarillento; se derriten y algu- 7 J O ñas estallan cuando son calentadas de una manera repentina ó por efecto de algún choque violento, por cuya razón cuando están mezcladas con un cuerpo oxidante, como el clorato de potasa, estallan violentamente al menor cho- que ó á una temperatura no muy ele- vada; esto hace que los picratos sean utilizados en pirotecnia. Los picratos de mercurio y de plata, arden con luz muy viva; el picrato de plomo puede estallar por el choque; los picratos de plomo y de mercurio entran en la composición de algunos polvos fulmi- nantes. El picrato de hierro se emplea en pirotecnia; cristaliza en pepitas ver- des, muy solubles. Se utiliza tam- bién en medicina; ha sido muy re- comendado contra la clorosis, en la do- sis de 5 á 10 centigramos (1 á 2 gra- nos) por dia. El picrato de amoniaco ha recibido aplicaciones basadas en la lentitud de su combustión y en los hérmosos colo- res de sus llamas, cuando arde con el azoato ó azotato de estronciana ó de barita. El picrato de potasa cristaliza en agujas pequeñas, prismáticas, amari- llas, muy brillantes, semi-trasparen- tes, casi insolubles en el alcohol, y apenas solubles en el agua. Al coutac- to de los cuerpos en ignición, ó re- pentinamente calentado á 310 grados, el picrato estalla con violencia suma; no produce detonación por medio del choque. Elevado gradualmente á la temperatura de 300 grados, puede so- portar la acción de este calor durante más de dos dias sin inflamarse. El picrato de potasa mezclado con salitre en iguales porciones, forma la pólvora rompiente, que, ademas de su empleo en la gruesa artillería de mar y tierra, sirve para cargar los formida- bles torpedos, aparatos de guerra que se colocan á la entrada de los puertos y están destinados á hacer volar los navios enemigos. El hilo metálico de una pila eléctrica, establecida sobre la playa ó á bordo de un navio estacio- nado en el puerto, permite comunicar el fuego instantáneamente á una can- tidad más ó menos considerable de pólvora rompiente, que está contenida en una enorme bola hueca de hierro, cuyas paredes son muy gruesas. Las propiedades rompientes de la pólvora de picrato de potasa, temidas con ra- zón para las armas de fuego de poco calibre, son, por el contrario, procura- das en este nuevo caso. Lo que con efecto se espera del agente explosible, es que reduzca á partículas, no solo las paredes metálicas de la bomba que encierra la composición fulminante, si- no aun todo lo que se encuentra á su paso, todo lo que opone obstáculos á la expansión de los gases instantánea- mente formados en este volcan en mi- niatura. Los navios acorazados no tie- nen más terrible enemigo que esta mi- na oculta bajo el agua, y que en el momento deseado, á una señal dada, rompe en un torrente de fuego y de gas que despedaza y aniquila todo cuanto ACIDOS 34 ACIDOS encuentra en el vasto radio de su ac- tividad. El picrato de potasa, es pues un agente explosible de primera fuerza; su manejo es muy peligroso, y para precaver al lector contra el daño que puede ocasionar, cuando se le anima una vela ó carbón encendido, rela- taremos en este sitio el desgraciado caso que ocurrió en París hace pocos años. El dia 16 de Marzo de 1869, á las cuatro de la tarde, una explosión es- pantosa hizo temblar el suelo del ba- rrio latino en París; conmovió las ca- sas, derribó á muchas personas que á la sazón por allí pasaban, y rompió más de cinco mil vidrieras en el cir- cuito de la Sorbona y calles adyacen- tes. Podía juzgarse que era un tem- blor de tierra. Era el almacén de pro- ductos químicos del Sr. Fontaine, si- tuado en la calle de la Sorbona, que volaba por la región del aire. Seria im- posible describir los efectos inmediatos y el estruendo horroroso que se pro- dujeron, el cuadro que entonces pre- sentaba el barrio. Todas las ventanas estaban destro- zadas, las puertas abiertas, muchos de los transeúntes tendidos por tierra, he- ridos por los fragmentos de los vidrios quebrados. En un instante, el solar de la Sorbona se trasformó en una am- bulancia, de donde se trasportaban á sus casas y á las boticas vecinas las personas que solo habían salido heri- das. Presenciábanse escenas horren- das. El propietario del laboratorio, el Sr, fontaine, que estaba herido, afor- lunadamente sin gravedad, clamaba en vano por su hijo, cuyo cadáver fue descubierto más tarde, todo carboni- zado, en medio de las ruinas del al- macén. Algunos segundos después de la explosión, un humo espeso, mezcla- do con llamas azuladas, salia del des- poblado laboratorio. Los bomberos del puesto vecino se presentaron al mo- mento y no tardaron en apagar el in- cendio. Doce fueron las personas más ó menos gravemente heridas por los proyectiles ó destrozos de diferente especie, y á seis se elevó el número de los muertos, entre los cuales figu- raban tres de los empleados de la ca- sa. Durante muchos dias el almacén no era otra cosa que un monton de escombros: los pisos superiores de la casa sufrieron poco. Después de describir esta triste ca- tástrofe, resta decir la causa de la de- flagración. Mientras que los emplea- dos del laboratorio trasladaban una cantidad considerable de picrato de potasa, más de 20 kilogramos, fue cuando tuvo lugar la terrible detona- ción. Créese generalmente que cierta cantidad de esta sal detonante fue ac- cidentalmente puesta en contacto con el fuego, con una vela encendida, una chispa de lumbre ó un cigarro. Con efecto, la simple presión del pié sobre algunas partículas de picrato de pota- sa no podida explicar el hecho, toda vez que dicho producto químico no es explosible por medio del choque. Des- graciadamente, ninguna de las vícti- mas, únicos testigos oculares de lacau - sa del accidente, pudo sobrevivir para dar informes exactos. ACIDOS 35 ACIDOS Acido pirogállico. V. Acido agá- LLICO. Acido prúsico, ácido cianhídri- co ó 1 tidr ociánico. Este ácido se ex- trae primeramente del azul de Prusia, sustancia que se prepara con sangre de buey, carbonato de potasa y sulfa- to de hierro; hoy se obtiene del cianu- ro de mercurio. Este ácido se produ- ce en la acción del ácido azoico sobre las sustancias orgánicas; y, en general, siempre que el carbón y el amoniaco ejercen su reacción en temperatura elevada. El ácido prúsico de las farmacias no es el ácido puro ó concentrado de los químicos, pero sí el ácido diluido que se llama ácido prúsico medicinal. Este es un punto importante que de- bo ser bien determinado. El código farmacéutico hace preparar el ácido prúsico medicinal del modo siguiente: Cianuro de mercurio ... 100 gram. Clorhidrato de amoníaco . 45 gram. Acido clorhídrico á 1, 17. . 90 gram. Se introducen las dos primeras sus- tancias, préviamente pulverizadas, en una retorta de vidrio tubulado; adáp- tase al cuello de la retorta un tubo de 50 centímetros de largo sobre 15 milímetros de diámetro; se llena el primer tercio de dicho tubo con frag- mentos de mármol blanco, y los otros dos tercios con cloruro de calcio seco y derretido. A este primer tubo, dis- puesto horizontalmente, se junta otro de diámetro menor, encorvado en un ángulo recto, y penetrando por el bra- zo vertical de un matraz pequeño de cuello largo, destinado á servir de re- cipiente. Este matraz debe estar cer- cado de la mezcla de sal marina y de hielo quebrantado. Estúcanse las jun- turas del aparato, se echa el ácido so- bre el cianuro y clorhidrato por el tu- bo de la retorta, caliéntase gradual- mente á fin de que la reacción se ve- rifique de una manera lenta y sucesi- va. El ácido prúsico no tarda en des- arrollarse y condensarse en el tubo ho- rizontal. Se aproxima al tubo un car- bón encendido con objeto de expulsar el ácido y obligarle á entrar en el ma- traz. La operación se interrumpe cuan- do, estando el líquido de la retorta siempre en plena ebullición, ya no se observa el menor vestigio de vapor con- densarse en la parte posterior del tu- bo horizontal. Conviene cuidar de no exponerse á los vapores prúsicos. El ácido así obtenido es anhidro, esto es, sin agua, muy volátil, el lí- quido puede solidificarse á una tempe- ratura de 15 grados bajo cero. Para lograr el ácido medicinal, se le añade nueve veces su peso de agua destila- da y se agita. Esta mezcla constituye el ácido prúsico al décimo, ó ácido prúsico medicinal. Por la mistión con agua, el ácido prúsico produce á un tiempo mismo notable decrecimiento de temperatura y una contracción de volúmen considerable. El ácido prúsico medicinal es un líquido muy flúido, incoloro, de olor de almendra amarga, soluble, en gran- des proporciones, en el agua y el al- cohol. Debe guardarse al abrigo de la luz, en frascos bien tapados con tapón esmerilado, negros ó amarillos. Como, apesar de estas precauciones se alte- ra bastante pronto, preciso es rectifi- ACIDOS 36 ACIDOS cario de tiempo en tiempo. Al alte- rarse toma el color rojo, cada vez más oscuro, y deposita gran cantidad de materia negra. Al cabo de cierto tiem- po, que nunca es muy lejano, no se encuentra más ácido ni libre ni com- binado. El olor del ácido prúsico, esparcido en gran cantidad de aire, es lo mismo que el de las ahnendras amargas, y tan fuerte que produce vértigos y dolores de cabeza. El ácido prúsico existe en la natu- raleza en estado de extrema división; tiene nacimiento en gran número de reacciones químicas, y se halla forma- do del todo en ciertas plantas. Su pre- sencia está reconocida en las hojas, flo- res y almendras del melocotón, en las almendras y cáscaras de algunas frutas, en las pepitas de la naranja, del limón, manzanas, cerezas, en las ahnendras amargas, y más particularmente en las hojas del laurel-cereza: entra también en la composición de varias sustancias domésticas, como por ejemplo, en el dulce llamado mazapan, y en los li- cores de mesa, tales como el kirschen- wasser, ratafia de guindas, etc., que le deben en parte su aroma, y el sabor de almendras amargas, que agrada á mu- chas personas. El ácido prúsico exis- te en tanta cantidad en las hojas del laurel-cereza que el uso de ellas es siempre peligroso. Conviene no intro- ducir en los alimentos, sino en muy pe- queña cantidad, todas las sustancias que contienen ácido prúsico. El ácido prúsico es tan venenoso, que basta echar una gota sobre la leu- gua ó uno de los ojos de un perro gran- de para hacerle morir después de una ó dos alentadas. Si el ácido está diluido en agua, los síntomas se desarrollan con mayor lentitud al cabo de algunos minutos; consisten en vértigos, dificul- tad de respirar, aumento de los latidos del corazón, convulsiones é insensibi- lidad general. Este ácido, vertido en cierta cantidad sobre la piel, puede por su solo contacto ocasionar graves accidentes, y aun la muerte misma, como aconteció á un químico de Viena, á Scharinger, que sucumbió en pocas horas por haber derramado accidental- mente ácido prúsico en uno de sus brazos. Simplemente respirado puede ocasionar síntomas muy graves. El químico Scheeler, que descubrió este ácido en 1782, y murió en medio de sus investigaciones, es considerado co- mo una de sus primeras víctimas. El ácido prúsico medicinal, esto es, el ácido anhidro diluido en 9 partes de agua, ha sido aconsejado contra las toses nerviosas, gota coral, asma y ti- sis, pero es medicamento infiel. Se puede dar en la dosis de 6 hasta 15 go- tas progresivamente, en 120 gramos (4 onzas) de agua destilada, no dulcifica- da. Esta dosis se administra en 24 horas, á cucharadas; una cucharada de hora en hora. Esta mezcla debe estar en una botella envuelta con pa- pel negro, y el doliente debe revol- verla siempre que quiera tomar la dosis, á fin de evitar la acumulación del ácido, el cual, siendo más leve que el agua, sobrenada en la superficie. El modo más prudente de adminis- trar el ácido prúsico medicinal, es en ACIDOS 37 ACIDOS agua destilada simple. En los diver- sos formularios hay recetas de jarabes de ácido prúsico cuyas fuerzas en áci- do varían mucho. Importa indicar con exactitud la fórmula que se desea em- plear; y como el jarabe de ácido prú- sico no se conserva, el médico deberá, en todos los casos, extender la fórmu- la para evitar cualquier equivocación ó error y toda especie de accidentes. A este propósito citaremos aquí un triste caso acontecido en un hospital de París, en Bicétre, el mes de Junio de 1822. Un médico de aquel hospital, ha- biendo obtenido en algunos dolientes, que él curaba fuera del establecimien- to, resultados ventajosos del jarabe de ácido prúsico de Magendie, en la dosis de media onza, conteniendo 1/229 parte de ácido, recetó dos ochavas de este jarabe, en el hospital, para cada uno de siete epilépticos. Pero en lu- gar del jarabe de ácido prúsico de Magendie, el farmaceútico del hospi- tal dió un jarabe preparado según la receta del establecimiento, el cual contenia 1/10 parte de ácido, y por consiguiente tres veces más fuerte que el primero. Los siete enfermos que tomaron esa dosis, tardaron poco en morir, el que más resistió, perdió la vida á los tres cuartos de hora de tomado el medicamento; los demas la perdieron al cabo de quince, veinte ó treinta minutos. En todos se obser- varon los mismos síntomas: pérdida de sentidos, convulsiones, respiración agitada, espuma en la boca, cuerpo bañado en sudor, pulso frecuente; lue- go después de una excitación sobrevi- no un abatimiento gradual que se terminó por la muerte. El ácido prúsico es, eomo se ve, uno de los venenos más violentos que se conocen. El obtenido por el proce- dimiento de Gay-Lussac, si se toma en la dosis de una gota, mata instan- táneamente; el que so obtiene por el método de Scheele, aunque no sea tan enérgico, envenena sin que el mal pueda ser remediado, aun cuan- do se tome en corta dosis. El trata- miento de los accidentes producidos por el ácido prúsico muy dilatado, así como por el que se encuentra en las hojas del laure cereza y demas sus- tancias anteriormente nombradas, se halla descrito en el artículo Envene- namiento. Acido salicílico. Preséntase bajo la forma de polvos blancos ó amari- llentos, de aspecto cristalino; no tiene olor ni sabor sensible; es soluble en 300 partes de agua fría, más soluble en el agua caliente, soluble en 4 par- tes de alcohol, en 50 partes de aceite ó de glicerina calientes, y, en fin, so- luble en el éter. Calentado repenti- namente, desdóblase en ácido carbó- nico y fénico; y calentado con mode- ración, se sublima sin descomponerse. Se obtiene de diferentes modos: 1? Haciendo actuar una corriente de gas ácido carbónico sobre el fenato de sosa, ó fenato de potasa; 2° calentan- do la potasa con la salicina, sustancia que se encuentra en las cortezas de sauce y de chopo; 3o calentando la po- tasa con añil; 4o haciendo actuar la lejía de potasa sobre la cumarina, principio cristalizable del cumarú, vul- ACIDOS 38 ACIDOS go haba tunca. Existe en la yerba ulmaria ó reina de los prados, en la corteza del sauce y en algunos otros vegetales. Propiedades y usos. El ácido sali- cílico posee propiedades antipútridas y desinfectantes tan pronunciadas como el ácido fénico, y presenta la ventaja de estar completamente privado de olor, no tener sabor desagradable y no ser venenoso. Impide, en pequeña do- sis, la fermentación, destruye el mal olor, y se opone á la putrefacción de las materias animales y vegetales. Un gramo de ácido salicílico puede con- servar 20 litros de agua á bordo de los navios. Por consiguiente, Kolbe aconseja se tape el tonel con un ta- pón de algodón empapado en ácido salicílico, que atravesará el aire ántes de penetrar en el tonel, ó unir este ácido con el agua en la proporción de 1 gramo de ácido para 20 litros de agua. Los polvos dentríficos, que con- tienen un poco de ácido salicílico, ejercen sobre los dientes y las encías una acción conservadora y desinfec- tante. Lo mismo puede decirse de las tinturas alcohólicas que contengan es te ácido en disolución. Desinféctanse las úlceras espolvoreándolas con pol- vos de arroz mezclados de ácido sali- cílico. Las vasijas, los tapones que hubieren contraido mal olor se desin- fectan cón la solución del mismo áci- do.-20 centigramos de ácido salicíli- co impiden el desarrollo del moho en un litro de zumo de limones, que sin esta adición es muy difícil de conser- va en las farmacias. En cuanto á su uso terapéutico, se aconseja interna y externamente en la angina diftérica, en el crup, en las fie- bres paludosas, tifoideas, en la escar- latina; en una palabra, en todas las dolencias contagiosas, en todas las epi- demias. Internamente. 1 gramo á 1 y 1/2 (20 á 30 granos) por dia. Debe ser administrado en looc ó pocion gomo sa, porque, puesto en contacto directo con las membranas mucosas, ya de la boca, ya del aparato digestivo, produ- ce en ellas un efecto irritante. Externamente. Solución: Amia, 1 litro; ácido salicílico, 1 á 2 gramos. En lavatorios é inyecciones. Polvos. Se esparcen sobre algodón en rama, se aplican sobre las úlceras, y el todo es sostenido por medio de una ligadura. Acido sulfhídrico, ácido hidro- sulfúrico, ácido hidrotiónico, gas hi- drógeno sulfurado, gas hepático ó gas fétido. Gas incoloro, de olor des- agradable á huevos corrompidos. Muy esparcido en la naturaleza, se encuen- tra en estado libre y no de combina- ción. Es uno de los resultados de la digestión y de la descomposición de gran número de sustancias que con- tienen azufre ó sulfato. Disuelto en ciertos manantiales, constituye las aguas llamadas sulfurosas, y en ellas se encuentra en estado libre ó salino; tales son las aguas minerales de Le- desma en España, Chillan en Chile, de Bareges en Francia, etc. Este gas es la causa más ordinaria de la asfixia producida por las emanaciones de las letrinas y de los caños de limpieza. Acido sulfúrico, ó Aceite de vi- ACIDOS 39 ACLIMATACION TRIOLO. El ácido sulfúrico ordinario es un líquido blanco, inodoro, de con- sistencia oleaginosa; marca 66 grados en el areómetro; toma coloración ama- rilla, roja y aun negra, por el contacto de las menores partículas orgánicas, que él ataca ó destruye súbitamente. Expuesto al aire, atrae la humedad de éste y pierde por consiguiente la fuerza. Puro, es un cáustico de los más enérgicos, y se emplea para cau- terizar las mordeduras de los anima- les dañinos y de las serpientes vene- nosas; dilatado, se administra inte- riormente como astringente, tónico y temperante. La dosis del ácido es de 10 á 30 gotas para 1 litro (32 onzas) de agua, ó cuanto baste para acidular agradablemente este líquido, pues la dosis de ácido que se debe echar en cada litro de agua no puede ser deter- minada con exactitud: depende de su grado de concentración y de pureza. El paladar es la mejor guía en esta circunstancia. El agua de este modo acidulada se endulza con azúcar, y lleva el nombre de limonada sulfú- rica; se administra en las fiebres. Acico sulfuroso. Este ácido es un gas que se se forma cuando se que- ma el azufre al aire, existe en la na- turaleza en las inmediaciones de los volcanes. Es incoloro, de olor sofocan- te, muy soluble en el agua. En ej estado gaseoso se emplea para blan- quear la seda, para quitar en la ropa las manchas de las frutas, y se admi- nistra con buenos resultados en fumi- gaciones, contra las dolencias cutá- neas. Acido tánico. V. Tanino. Acido tártrico ó tartárico. No se halla en la naturaleza sino en estado de sal, y unido á la potasa ó cal. Cris- taliza en láminas anchas ó prismas achatados, inalterables al aire, sin co- lor ni olor, y de sabor sumamente áci- do. Se usa como refrigerante, bajo la forma de limonada, en las afecciones febriles. Dosis: de 2 á 4'gramos (de 1/2 á 1 dracma) para 500 gramos (16 onzas) de agua dulcificada. En alta dosis tiene acción irritante, y podría volverse peligroso. Acido valeriánico. Líquido olea- ginoso, incoloro, de olor particular, des- agradable; soluble en agua, en alcohol y en éter. Se obtiene destilando el agua con la raíz de la valeriana. For- ma con las bases sales que son solu- bles casi todas, y no se emplea en me, dicina sino bajo la forma de estas sa- les que son: el valerianato de hierro- de zinc, de quinina, de amoníaco Aclimatación. Las mayores ó me- nores modificaciones que el hombre experimenta por la mudanza de pa- tria ó de localidad, las precauciones sanitarias que conviene tomar para evitar ó disminuir los efectos nocivos de dicha mudanza, tal es el objeto del presente artículo. En tanto que los vegetales y mu- chos animales, bajo^pena de muerte, se hallan obligados á permanecer en ciertas zonas del globo terrestre, no se ve sin asombro la especie humana esparcida desde el ecuador hasta más allá de los círculos polares, y que pue- da el mismo hombre conservar su exis- tencia en el calor de los trópicos y en ACLIMATACION 40 ACLIMATACION los hielos del norte. Sin embargo, no se debe creer que el hombre puede burlarse de las influencias climatoló- gicas. A menudo paga con la salud ó con la vida, cuando se sustrae á las leyes poderosas de la costumbre, hu- yendo del país donde ha vivido largos años. El peligro de la aclimatación es tanto mayor cuanto más notable sea la diferencia entre el clima que se de- ja y aquel en que se va á habitar. De aquí resulta que las aprensiones deben ser menores cuando no se hace mas que cambiar de provincia, ó cuando uno se traslada á alguna nación vecina. Por no ser tan difícil, no se debe con- siderar, sin embargo, como insignifi- cante el peligro de estas aclimatacio- nes tan comunes. Para alterar la sa- lud, basta á veces dejar un lugar bajo por una montaña, el campo por la ciudad, las islas por los continentes, y viceversa. El que cambia de clima, y princi- palmente va á vivir en país lejano, antes de emprender el viaje debe in- formarse de cuál es en él la estación para los extranjeros y para los indí- genas, y hacer todo lo posible por lle- gar en tiempo favorable. Esta nocion preliminar es esencial para quien ten- ga que. trasladarse á las regiones su- jetas á miasmas, á contagios y á epi- demias. Si se temiera el contráete de las temperaturas, procúrese llegar du- rante el verano á los países frios, y durante el invierno á los países cáli- dos. Tomando estas precauciones, la organización no queda repentinamen- te conmovida, y puede ejercer una reacción más eficaz contra influencias á veces formidables. El tiempo ordinario para la aclima- tación varía según los países y el tem- peramento de la persona. Unas veces la constitución es modificada brusca- mente por alguna dolencia grave; otras, la mudanza se opera de un mo- do lento, poco á poco, y comunmente se necesitan dos años para aclimatar- se. Trascurrido este tiempo, sé entra casi en la ley común de los indíge- nas. Las causas más generales de la sa- lubridad de un clima proceden de la temperatura, de la sequedad ó de la humedad, de la altura ó del peso del aire, de la tranquilidad ó de las agita- ciones más ó menos violentas de este flúido, de su pureza ó de las emana- ciones de que puede hallarse cargado. Las dolencias á que están expues- tos los individuos que pasan á un cli- ma más frió y más húmedo que aquel que abandonan, son, en primer lugar, las afecciones de los órganos de la res- piración, las dolencias catarrales de toda clase, y los reumatismos. Para obviar á esta inclemencia del aire, el extranjero debe poner en uso los me- dios que la industria ha inventado, á fin de hacerse un clima artificial. De- be cubrirse bien cuando salga al aire, La alimentación será nutritiva; podrá usar, pero sin excederse, de los con- dimentos, vinos, licores, etc. Este ré- gimen tiende á mantener la constitu- ción en el grado de reacción conve- niente contra los rigores del frió y la humedad «del clima; pero si, apesar de estas precauciones, alguno de los ór- ACLIMATACION ACLIMATACION 41 ganos, y principalmente los pulmones, llegaran á verse afectados, en este caso convendrá evitar la impresión del aire frió. Por último, si la afección se mostrase rebelde, lo mejor será volver al país natal. La aclimatación del europeo en los países intertropicales merece una gran- de atención. Independientemente de las epidemias, hánsc notado como más frecuentes para los extranjeros, culos climas cálidos, las afecciones del hí- gado, del estómago y de los intestinos, la disentería, las hemorragias y las erupciones cutáneas. El europeo puede estar seguro de evitar hasta cierto punto todas estas dolencias y de aclimatarse sin peligro alguno, solamente sometiéndose á al- gunas reglas higiénicas. Durante los viajes por mar, es de suma importancia observar gran mode- ración en la comida y en la bebida. Llegado á destinación, se evitará con mayor cuidado aún el exceso en la mesa. La alimentación debe ser par- ca y ligera, pero suficiente y compues- ta ante todo de sustancias vegetales. El uso moderado de las frutas será muy saludable. Como bebida, á las horas de comer se hará uso del agua y vino, ó un poco de vino puro, si hu- biere costumbre de beberlo; en los in- tervalos, agua pura, dulcificada ó aci- dulada. Rigorosa abstención de lico- res espirituosos, principalmente en los primeros meses de la llegada. El vestido en los climas cálidos de- bo ser también arreglado á la tempe- ratura, y bueno será que no difiera en cuanto á la tela y hechura del (pie usan los indígenas. Por consiguiente, será ligero; abandonará el hilo por adoptar el algodón, pues este no es tan buen conductor del calórico, y co- mo tal, por un lado, trasmite menos al cuerpo el calor exterior, y por otro, en los casos de descenso de tempera- tura atmosférica, conserva mejor el calor del cuerpo: de este modo, es pro- pio para guardar del frió y del calor. La excesiva actividad de los europeos en los países cálidos suele muchas ve- ces serles nociva. En la larga estación del calor será saludable no exponerse al sol en las horas en que este astro se encuentra en lo más alto sobre el horizonte. Los baños fríos son muy útiles. El insomnio fatiga con frecuen- cia á los extranjeros; pueden conci- liar el sueño tomando un baño tibio, comiendo poco por la noche y dur- miendo en cama poco muelle y de- fendida contra los insectos por un buen mosquitero. Los climas de elevada temperatura ofrecen algunas compensaciones de los peligros á que exponen. Las per- sonas delicadas del pecho, las que pa- decen do reumatismo ó gota, su en- cuentran mejor con un aire más ca- liente que el de su patria. Cuando, después- de haber pasado algunos años en los países ecuatoria- les, los europeos quisiesen volver al país natal, esta vuelta no estará para ellos exenta de peligro, y tendrán que pasar por una nueva aclimatación. Las enfermedades del pecho son las que en este caso deben temerse -más; si existían ya, se agravan ó desarrollan con rapidez, aun en aquellos indivi- ACLIMATACION 42 ACNE duos en que no habían mostrado se- ñales de su existencia. En general, el hombre obtiene ven- tajas pasando de un clima cadente á otro más templado; y lo mismo se ob- serva en algunos animales, por ejem- plo los caballos. Hay ademas otro género de acli- matación, que viene á ser el de la mudanza de los valles ó llanuras há- íia las altas montañas, en donde la columna de aire pesa mucho menos, y donde este, es más frió y agitado. Por lo general, solamente las afec- ciones pulmonares ó cardíacas, y las predisposiciones á hemorragias, pue- den recibir influencias nocivas por el aire rarificado, vivo y movedizo de las altas montañas. Los individuos obligados á habitar países pantanosos, tienen también que pasar por una aclimatación. Las ema- naciones cenagosas son causa de mu- chas dolencias, muy principalmente en los países cálidos. Pantanos que no ejercen la menor influencia sobre los indígenas, hacen casi siempre en- fermar á los extranjeros; otros pantanos que en los naturales solo producen fie- bres intermitentes benignas, ocasio- nan en los extraños fiebres intermi- tentes mucho más graves; y aun á ve- ces fiebres perniciosas. Evítese, pues, el exponerse á los efluvios pantanosos de la noche, no acostarse por largo tiempo cerca de los pantanos, no recibir los vientos que soplen de aquel lado, elegir para habitación los lugares más encumbra- dos, ó los que estuvieren al abrigo de un^monte ó de los árboles, ño abrir las ventanas del cuarto que den hacia el lado del pantano, preservarse cui- dadosamente de toda humedad, tomar alimentos sustanciosos, beber, si es posible hacerlo así, agua que no pro- venga del pantano, ó, si no hubiese otra, bebería después de purificada, evitar toda clase de excesos, tales, y no otros, son los medios sencillos que siempre debe tener presentes el ex- tranjero obligado á habitar un lugar pantanoso. En muchas ocasiones el cambio de clima viene á ser favorable. Con fre- cuencia sucede que un habitante de país cálido y agradable, debilitado por una dolencia nerviosa, vuelve á la salud bajo el cielo del Norte, al pa- so que un hombre del Norte sanará de la misma dolencia trasladándose á un país cálido. Acné. El acné es una inflamación crónica de los folículos sebáceos, ca- racterizada por póstulas aisladas, pun- tiagudas, que, generalmente, suelen desarrollarse en las regiones escapu- lares y esternales y en la cara, y cuya desecación es seguida de manchas vio- láceas, de induraciones tuberculosas ó de cicatrices chicas, casi siempre mez- cladas do granulaciones y bubillas fo- liculosas. Vénse á menudo en la juventud nacer en la cabeza, la cara, los hom- bros, etc., pequeñas pústulas rojizas, cuyo ápice se vuelve purulento, y de- ja á veces salir, cuando so oprime, un poco de materia, bajo la forma de un gusanillo blanquecino. Estas pústu- las ó granos son designadas con el nombre de acné. Los médicos califi- ACNE 43 ACNE can esta de simple. Una preocupación popular hace que esta erupción sea mirada como indicio ya de continen- cia, ó ya, por el contrario del exceso opuesto. Lo que no tiene duda es que los excesos, particularmente los de la mesa, ayudan su desarrollo. Muchas veces, sin embargo, el acné se manifiesta sin causa conocida. Síntomas. En sus principios esta dolencia se muestra únicamente bajo la forma de granillos ó pustulillas re- gulares, del volúmen de la punta ó ca- beza de un alfiler, y cerradas por una mancha rosada ó lívida de escasa ex- tensión, que les sirve de auréola.|Estas pústulas no son molestas, ni van acom- pañadas de comezones, y apénas produ- cen una impresión de calor; tampoco las acompaña la menor perturbación en la salud. El período de su evolución es corto; adquieren casi repentinamente su volúmen, y, pasados tres ó cuatro dias, se revientan; el poco líquido pu- rulento que contienen brota, se eva- pora, ó queda seco accidentalmente, pero no de manera que forme costra persistente, y, en el lugar ocupado por la pústula, no resta mas que una man- cha poco prominente, de encarnado subido, la cual es á veces bastante lenta en desaparecer. Después se for- man nuevas pústulas, se desarrollan y confunden con las manchas antedichas, constituyendo así una erupción mas visible. Por lo común se manifiesta en la cara. La pústula suele ser á veces mayor de base algo prominente, de encarna- do encendido, y seguida, después de reventada, de una cicatriz pequeña. Esta afección se presenta ademas bajo la forma de puntitos negros, pa- recidos á los que podrían producir granos de pólvora introducidos en el espesor de la piel; su situación suele ser la cara. Estos puntos negros, ó si se quiere pecas, no son otra cosa que la extremidad libre de la materia se- bácea contenida en sus conductos ó canales, así como es fácil convencerse de ello comprimiendo con las uñas, y con bastante fuerza, la base del con- ducto; se hace salir entonces por el orificio una materia blanca ó amari- llenta y filiforme, cuya punta negra no es otra cosa sino una porción de la ma- teria situada fuera y ennegrecida por el contacto del aire. Los médicos dan el nombre de acué puntuada á esta forma del mal. Tratamiento. El mejor medio de disipar los granitos de toda especie que salen por el cuerpo, y de evitar su reproducción, es el de entretener cuidadosamente las funciones de la piel, y evitar, en el régimen todo cuanto pueda desarreglar el ejercicio del aparato digestivo. Así, pues, la ali- mentación sobria y blanda, más vege- tal que animal, el uso de las bebidas refrigerantes, tales como la naranjada, la limonada, algunos purgantes suaves, un ejercicio habitual moderado, baños frecuentes, y de tiempo en tiempo la- vatorios con agua y jabón, ó con agua natural mezclada con agua de Colo- nia, el esmero en el asco, el cambio frecuente de la ropa que está en con- tacto con el cuerpo, todo esto consti- tuye la base del tratamiento. Cuando no existen más que algu- ACNE 44 ACONTINA nos puntos negros de acné punta ada, esta afección no merece tratamiento especial; se puede no obstante com- primir el folículo entre las dos uñas pulgares opuestas, a fin de hacer salir la materia sebácea; muchas veces esta operación es suficiente para librarse de estos leves defectos corporales, que verdaderamente no son de grande im- portancia; pero cuando el número de los granos es crecido, el aspecto de la piel se modifica de una manera des- agradable; en este caso conviene acu- dir á laplicacion de los remedios, lo que deberá hacerse sirviéndose sobre todo, de lavatorios alcalinos con bora- to ó subcarbonato de sosa, cuyas re- cetas son: Io Agua...... 360 gram. (12 onz.) Borato de sosa.. 15 gram. (1/2 onz.) 2o Agua 360 gram. (12 onz.) Subcarbonato de sosa 15 gram. (1/2 onz.) Los álcalis que disuelven las sus- tancias grasas, tienen cierta acción so- bre el producto sebáceo contenido en el tubo ó conducto, cuya extremidad sobresale á veces. En este caso se puede todavía actuar directamente so- bre los puntos negros más visibles, comprimiéndolos, como ántes se ha dicho, entre las uñas de los pulgares; y estando el conducto abierto, des- pués de la salida del humor sebáceo, se le puede modificar la secreción, empleando al punto los lavatorios al- calinos arriba indicados. Concurren al mismo fin los lavatorios con diso- lución de piedra alumbre: agua 360 gramos (12 onzas), piedra alumbre 15 gramos (1/2 onza) .Muchos de estos granitos puntuados han sido curados mediante el uso de baños sulforosos artificiales ó naturales. He aquí la re- ceta del baño sulfuroso artificial: Sulfuro de potasio. 60 grana. (2 onz). Agua 500grana. (16onz). Se disuelve y echa este líquido en el agua del baño, al momento en que se va á entrar en él. Este baño debe ser en bañera ó tina de madera, y no de zinc ni de cobre. Contra el acné rosácea de la cara, se emplean las siguiendes aplicacio- nes locales: Se lava la cara, dos veces al dia, y por espacio de un minuto cada vez, con agua muy caliente, á una tempe- ratura tal, que ápénas pueda resistir- se. Éstos lavatorios se harán ya con agua pura, ya con agua adicionada de una corta dosis de la disolución de sublimado. Para un vaso de agua ca- liente una cucharadita de la salucion siguiente: sublimado 40 centigramos (8 granos), agua destilada, 60 gramos (2 onzas). Toqúense los granitos cada dos ó tres dias, con un pincel mojado en tintura de iodo ó en aeeite de cade. He aquí otra receta: Pomada contra el acné. Manteca fresca... 40 gram. (10 drac.). Azufre 4 gram, (1 drac.). Tanino 4 gram. (1 drac,). Para untarse los granos por la no- che al tiempoMe acostarse. Acontina. Principio activo del acó- nito. Preséntase bajo la forma de pol- vo blanco inodoro, excesivamente acre y amargo, muy soluble en el alcohol y en el éter, apenas soluble cu agua ACONITO 45 ACUPUNTURA fría, pero soluble en 30 veces su peso de agua hirviendo. Es un veneno narcótico acre. Se emplea con todo en medicina, pero en dosis mínima, de medio á un miligramo (1/100 á 1/50 de grano) por dia, interiormente, en las neuralgias y reumatismos. Es un medicamento peligroso. Acónito. Acónitum napellus, Lin- neo. Ranunculáceas. Planta que cre- ce espontánea en las montañas de Burgos y de Asturias, en Aragón, Ca- taluña y otros puntos de España; cul- tívase-en la América del Sur. El ta- llo de un metro de altura, es derecho; las hojas están divididas en cinco ó siete lóbulos; sus flores son azules, dispuestas en espiga; la raíz como la de un nabo pequeño, es negruzca por fuera y blanca por dentro; el olor de la planta en conjunto es débil, pero nauseabundo; el sabor amargó y acre. Las hojas y la raíz de esta planta se emplean en el asma, la hidropesía, el reumatismo, en la dosis de 10 á 120 centigramos (2 á 24 granos) por dia. Extracto, en la dosis de 5 á 30 cen- tigramos (1 á6 granos). Alcohol ato (tintura de planta reciente), en la do- sis de l|0 á 20 gotas. En alta dosis (4 á 8 gramos,) el acónito puede en- venenar. La raíz, semejante á un ha- bito, dícese que ha ocasionado funes- engaños, porque en ella es donde re- side toda la energía venenosa de la planta. Sus ronuevos pueden ser to- mados por el apio, aunque de esto no resulta gran daño, por carecer todavía esta parte de la planta de los jugos ponzoñosos ó letales que más tardí suele adquirir. La planta cultivada en las Huertas es mucho menos enérgica en sus efectos que lo es la silvestre. Hé aquí los sín- tomas del envenenamiento por medio del acónito: sudor general, palidez del rostro, dificultad de tragar, dilatación de las pupilas, dolor de cabeza, vérti- gos, pérdida de la memoria, salivación, frió en las espaldas, turbación de la vista, náuseas, vómitos biliosos, eva- cuaciones alvinas líquidas é involun- tarias, cansancio de todo el cuerpo, desmayos, debilidad extrema, pulso muy bajo, vacilación de las rodillas, convulsiones, parálisis en los brazos, , soñolencia, sudores fríos en la frente, inteligencia y palabra libres, á veces delirio, labios cárdenos, en fin, la muerte. Para el tratamiento véase el ar- tículo Envenenamiento pob el Acó- nito. Acoro verdadero. Acoras cala- mus, Linneo, llamado también cá- lamo aromático. Aroídeas. Planta cultivada en los jardines de España para ornar fuentes de presión, estan- ques, etc., y común en las orillas de las lagunas. Tiene un metro de altu- ra. El tronco subterráneo ó rizoma de la planta es aromático, y á veces se emplea en trozos para perfumar las ropas y preservarlas de la polilla. En medicina ha tenido uso su infusión como tónico y estomacal, 4 gramos (1 ochava) para 180 gramos- (6 onzas) de agua. Acupuntura. Pequeña operación que consiste en introducir en los tejidos ó en los órganos, agujas finas casi capilares, y dejarlas allí algún ACHICORIA 46 ADELFA tiempo con objeto de curar. Empleado desde largo tiempo atrás, y de uso vulgar entre los Chinos y Japoneses, la acupuntura fue introducida en la práctica europea al fin del siglo déci- mo sétimo; sin embargo, se usa raras veces. Ejecútase haciendo penetrar, suave y gradualmente, agujas en las regiones doloridas, á la profundidad de 4 á 6 centímetros, teniendo cuida- do de estirar la piel para facilitar su introducción. Todos los tejidos, músculos, nervios, arterias, venas, co- razón, paredes del estómago, piel, etc., son perforados sin inconveniente por la acupuntura. Las dolencias contra las cuales esta operación ha sido em- pleada se llaman: dolores reumáticos y neuralgias, ciática, tic doloroso de la cara, hipo renitente, gastralgia, lumbago, epilepsia, cuando parte de un punto fijo; tétanos, fiebres inter- mitentes, gota, coqueluche, etc. Achicoria ó chicoria. Chicorium. Planta cultivada en las huertas, de la familia de las Sinantércas-chico- ráceas. Existen de ella algunas es- pecies, que son más ó menos amar- gas, y de uso frecuente en la econo- mía doméstica y en medicina. Las hojas de la achicoria cultivada, escaro- la ó endibia (cichorium endivia, Lin- neo), se comen cocidas ó en ensalada. Es un alimento sano. En medicina so emplea como tónico la variedad lla- mada achicoria silvestre (cichorium intybus, Linneo) comunísima en los prados y lindes, muy común en los campos de España. La infusión de las hojas de achicoria salvaje es una bebida amarga y tónica; conviene á las personas atacadas por enfermeda- des cutáneas; se prepara con 4 gramos (1 ochava) de hojas de achicoria y 360 gramos (12 onzas) de agua hirviendo. La raíz de esta planta entra en la preparación del jarabe de achicoria compuesto, que se administra como purgante. Dicha raíz, tostada y redu- cida á polvo, en muchas partes de Europa acostúmhi ase mezclarla al ca- fé. Esta mezcla no tiene otro incon- veniente que el de disminuir el aroma agradable del café puro, así como sus propiedades excitantes, pero no puede ser considerada como nociva á la sa- lud. La raíz de la achicoria, tostada, forma por sí sola una bebida desa- gradable. Adelfa, Laurel rosa. Nerium oleander, Linneo. Apocíneas. Arbus- to cultivado á causa de la hermosura de sus flores; es muy común en Espa- ña. Mide de tres á cuatro metros de altura. Sus ramos verdes tienen hojas verticiladas de tres en tres, lanceola- das, agudas, duras y lisas. Sus flores, de color encarnado, á veces blancas, parecen rosas pequeñas. El fruto es un folículo duplo estirado, lleno de simientes cubiertas de filamentos ama- rillos y lustrosos como la seda. Las hojas y la corteza de la adelfa son de olor desagradable, de sabor amargo y acre. Los polvos de la hoja introducidos en la nariz provocan fuertes estornudos; tragados en canti- dad, producen en la garganta picadas sumamente vivas y vómitos más ó menos abundantes; en dosis grande, pueden ocasionar la muerte. El Dr. Orfila hizo experiencias en ADOLESCENCIA 47 ADORMIDERA París con el extracto de adelfa. Ha- biendo introducido 2 ochavas (8 gra- mos) de dicho extracto en la boca de un perro vigoroso, le produjo la muer- te en 28 minutos, después de haber sufrido vómitos, vértigos, aceleramien- to de la circulación, desmayo y algu- nas convulsiones. Su principio dele- téreo es tan sutil que, según lo que afirman los autores, algunas personas han muerto por haber comido carne asada en asadores hechos de la made- ra de este arbusto. Los accidentes que provoca son parecidos á los oca- sionados por el tabaco, la cicuta y al- gunas otras sustancias narcóticas acres. El tratamiento es el mismo que el del envenenamiento por el tabaco. V. Envenenamiento. Adenitis. Inflamación de una glán- dula. Vulgarmente se llama glándula. Véase esta palabra. Adinamia. Reunión de ciertos síntomas peculiares á las dolencias graves. Son: abatimiento de la fiso- nomía, dificultad ó imposibilidad de moverse, disminución de la inteligen- cia, debilidad del pulso, parálisis de la vejiga, mal olor en las evacuacio- nes, etc. Se combate el estado diná- mico, en sus principios, con las limo- nadas de limón ó de naranja; otras veces con un purgante. En el segun- do período se emplean los medica- mentos estimulantes y tónicos, el vino de quina, el alcanfor, el almizcle, la serpentaria de Virginia, la valeriana, la nuez moscada, etc. Adolescencia. La adolescencia es aquel período de la vida compren- dido entre las primeras señales de la pubertad y la época en que el cuerpo ha alcanzado su completo des- arrollo. Para las consideraciones hi- giénicas véase Edad. Adormidera. Papaver somnife- rum, Linneo. Papaveráceas. Esta planta es originaria de Oriente, en donde adquiere proporciones gigantes- cas. Se extrae de ella el opio por medio de incisiones hechas en la cáp- sula; el opio fluye contra la apariencia de un jugo blanco, el cual después se concreta y vuelvo negro. La adormi- dera crece espontáneamente en algu- nos puntos de España y se cultiva en otros para aprovechar el fruto, pero no con el objeto do obtener el opio, que seria la mitad ufónos activo que el de Oriente, sino por las semillas, de que se seca un aceite precioso para la pintura y los usos domésticos; tam- bién es cultivada como flor de jar- clin. Los frutos llamados cápsulas ó cabe- zas de las adormideras se emplean en medicina después do secas; varían de tamaño, desde el de un huevo pe- queño hasta el de una naranja; cuan- do secas tienen color blanco, amari- llento, sin olor, de sabor mucilaginoso, un poco amargo. Encierran gran can- tidad de simientes blancas ó negras. Gozan de las mismas propiedades que ei opio, pero en mucho menor grado; y se emplean como calmante y nar- cótico. Con ellas se preparan cocimientos calmantes, que se administran comun- mente en lavativas, gargarismos y cataplasmas. La decocción de ador- mideras se prepara con 8 gramos (2 AFASIA 48 AFASIA ochavas) de cápsulas y 360 gramos (12 onzas) de agua. Afasia. (De a privativo, phasis, palabra.) Estado de un individuo que se halla en la imposibilidad de pro- nunciar ciertas palabras y de expre- sar lo que quiere decir. Llámase también afenia, alalia anaudia. Causas. La afasia es un síntoma que pertenece á muchos estados mór- bidos. Puede ser de nacimiento ■ y depender del idiotismo, de la mudez, de los vicios de la conformación; ó es contraída y entonces resulta de las lesiones orgánicas ó de las perturba- ciones nerviosas del cerebro. La afa- sia ha sido observada á consecuencia de la fiebre tifoidea, de un resfria- miento súbito, de las vejigas, del reumatismo articular agudo, del abu- so en las bebidas alcohólicas, de los excesos venéreos, de fuertes concen- traciones de ánimo, de emociones de- masiado vivas, como la cólera, el mie- do, etc. Síntomas. El individuo afectado de afasia no puede emplear las pala- bras precisas, ó se sirve siempre de Jas mismas palabras y sin el menor sentido ni relación con las preguntas. Su mirada y su fisonomía, por lo co- mún inteligentes, expresan enojo, ó pesar, ó desesperación, la cólera ó ra- bia de no poder hablar. Por medio de gestos expresivos trata de hacerse comprender, é indica que concibe más ó menos, mejor ó peor, lo que se le pregunta, pero no le es posible res- ponder. Las variedades de la afasia son nu- merosas. Según las observaciones de los médicos, algunos dolientes no pierden sino la facultad de decir1 su propio nombre; otros, nombres y pa- labras, por ejemplo, aquel hombre que para decir tijeras, empleaba esta pe- rífrasis: la cosa con que se corta. El profesor Bouilland cita el caso de un individuo que olvidó los tiempos de los verbos y decia: dar buenos dias, en vez do decir: le doy los buenos dias. Algunos emplean ciertas pala- bras por otras. Un doliente decia lienzo cuando quería decir libro. Un demente pedia sus botas en lugar de un pedazo de pan; otro un vaso por un libro; y otro, en fin, confundía los nombres de sus hijos. El profesor Trousseau citaba en sus lecciones el siguiente caso: En 1853 entró en la enfermería un joven operario que, á consecuencia de copio- sas libaciones alcohólicas, habia per- dido la facultad del habla. Podia mo- ver la lengua, la mandíbula y los la- bios con suma facilidad; la expresión de los ojos y de la fisonomía indicaban que existia la integridad de inteligen- cia. Pregúntesele si sabia escribir y respondió por un gesto afirmativo; se le dio papel, pluma y tinta, y se le suplicó que escribiese su nombre y las señas de su domicilio; np pudo escri- bir la menor cosa, y, sin embargo, sus dedos gozaban de completa movilidad. El Dr. Trousseau le recetó algunos purgantes, fricciones estimulantes en las sienes y en la nuca. Al cabo de diez á quince dias, el doliente empezó á recobrar el uso de la palabra, y des- pués de un mes de tratamiento, salió perfectamente curado. Entonces pudo AFE1TE 49 AFEITE referir lo que le había sucedido, y dijo que durante el tiempo de su do- lencia, no solo no podía pronunciar palabra alguna, sino que tampoco las palabras venían á su memoria. Pronóstico. La afasia es pasajera ó persistente. En el primer caso es una neurosis ó depende de una con- gestión del cerebro, y se cura en un tiempo que nunca excede de algunos meses; en el segundo caso proviene de la apoplegía ó del reblandecimiento del cerebro y es incurable casi siem- pre. El pronóstico depende de las causas, del estado de la inteligencia y de la sencillez ó no del estado mórbido. Tratamiento. La afasia nerviosa exige una absoluta tranquilidad de ánimo, régimen corroborante y tiem- po. La afasia producida por la con- gestión del cerebro, reclama sangui- juelas en el ano, sangrías y purgas. Un vejigatorio en la nuca es útil en la mayor parte de los casos. En la afasia procedente del reblandecimien- to ó de alguna otra lesión orgánica del cerebro, necesario es limitarse únicamente á los cuidados higiénicos. Afección. Alteración de la salud por una causa cualquiera; es sinóni- mo de dolencia ó enfermedad, y así se dice afección cutánea, escrofu- losa, escorbútica, etc. Afeite. Masas, polvos ó líquidos, de color rojo ó blanco, con quedas se- ñoras acostumbran enjalbegarse el rostro para prestarle mejor color ó brillo. El uso de estas composiciones data de la más remota antigüedad; sabemos por los libros santos, que el afeite era ya conocido entre el pueblo hebreo. Las señoras griegas y roma- nas acostumbraban también pintarse el rostro. En Francia, este uso era general entre las damas de alto rango, en el décimo sétimo siglo. Actualmen- te existe casi como patrimonio exclu- sivo de actores y actrices. Los afeites son de dos especies, el blanco y el rojo. Los primeros son mezclas de greda de Brianzon con di- versos óxidos ó sales metálicas, tales como el carbonato de plomo, impro- piamente llamado blanco de plata, el óxido ó subnitrato de bismuto, lla- mado blanco de afeite, blanco de per- las, etc. Los afeites carminados ó arreboles á menudo contienen mercu- rio (bermellón, cinabrio), ó plomo (minio). Se preparan también con sustancias vegetales colorantes, tales como la orchilla, la orcaneta, flores de cártamo, ó con carmín, sustancia colorante extraída de un insecto lla- mado cochinilla. El bermellón vege- tal, ó bermellón de España, ó berme- llón de tocador, es el principio colo- rante del cártamo, que se hace disol- ver en una solución alcalina, precipi- tándolo después por medio del zumo de limón. Cada una de estas tinturas va mezclada con greda de Brianzon, que les da la propiedad de adherirse á la piel. El vinagre rojo de afeite es una solución de carmín suspensa en el vinagre por medio de un mucí- lago. El crespón es una especie de gasa ó tela muy fina, teñida sin mor- diente., la cual estando húmeda, sirve también para colorar el rostro. Hay también en las peluquerías y perfu- AFRODISIACOS 50 AFRODISIACOS metías polvos blancos hechos con gre- da de Brianzon y espermaceti ó con talco de Venecia. Los afeites vegetales no son noci- vos. En cuanto á los que llevan plo- mo ó mercurio, pueden producir acci- dentes graves, tales como cólicos sa- turninos, salivaciones y estragos en la dentadura. Siendo necesario re- currir á los cosméticos, conviene usar únicamente de los afeites vegetales ó preparados con carmín, y cerciorarse de que no tienen mercurio ni sales de plomo. Afonía. Esta palabra se emplea para designar toda clase de debilita- miento ó de extinción de voz. V. Pér- dida de la voz, en el artículo Voz. Afrodisiacos. Es el nombre que se da á todo aquello que puede excitar los deseos amorosos, aumen- tar la facultad reproductora, ó reani- marla cuando se encuentra más ó mé- nos apagada. Si la flaqueza ó la im- potencia de los órganos generadores fuese constantemente la consecuencia del libertinaje, no se haría mención de los afrodisiacos en esta obra. La misión sacerdotal, por decirlo así, del médico no debe asociarse al vicio, in- dicando los medios de prolongar su duración. Sin embargo, muchas cir- cunstancias pueden atenuar, destruir aun en las personas más virtuosas el apetito de los deleites del amor y poder llenar los deberes del matri- monio: entonces es una obligación sagrada el ofrecerles los recursos del arte, con los cuales estos desventura- dos logren el ejercicio de una función tan importante, y al mismo tiempo la más noble que la naturaleza ha confiado al hombre. Veamos cuáles son las sustancias á que, se atribuyen virtudes afrodisiacas, La pimienta y los demas condimen- tos ó especias, tales como la nuez mos- cada, la vainilla, el clavillo, la canela, el gengibre, etc., son estimulantes enérgicos, que predisponen á los pla- ceres del amor: Existen alimentos es- timulantes y muy nutrititivos, que tie- nen la propiedad de restablecer las fuerzas, y al mismo tiempo excitar toda la economía, y por consiguiente los órganos de la generación. A esta categoría pertenecen las carnes sala- das, asadas, la caza, los pescados, los huevos, las trufas ó criadillas de rie- ra, el salepo, el sagú, la tapioca, el arrowrroot, el chocolate y los vinos ge- nerosos. El apio, los berros, el ajo y la mostaza gozan también de una energía comprobada por numerosas observaciones. Muchas atonías del miembro viril han sida curadas por la aplicación de paños mojados en la ma- ceracion de harina de mostaza en agua tria. Los turcos provocan los placeres físicos y morales por medio del opio; pero este estado; que es pu- ra dolencia, jamas debe ser buscado. Entre las sustancias medicamento- sas indicaremos el almizcle y el ám- bar gris, que gozan de virtudes afro- disiacas y pueden ser empleados sin peligro. No puede decirse otro tanto de las cantáridas, cuya excesiva ener- gía es conocida ¿e todos. Ellas diri- gen su acción principal al sistema urinario y genital, que estimulan; irri- gan, inflaman y hasta corroen, según AFRODISIACOS 51 AFTAS la dosis y la manera en que fueren administradas. Los brebajes, los fil- tros amorosos, en una palabra, todas las preparaciones aconsejadas por el charlatanismo para restablecer el vi- gor de los órganos genitales, deben á las cantáridas sus pocas ventajas, y sobre todo, sus terribles efectos. To- das las fiebres nerviosas, las retencio- nes de orina, y con frecuencia las erec- ciones que resultan de la aplicación de un vejigatorio en un individuo delica- do, deben ser atribuidas á la intro- ducción de esta sustancia en la eco- nomía por los poros de la piel. Háse elogiado ademas el fósforo para hacer revivir la virilidad extinta. Esta ob- servación, sin embargo, no está aún confirmada por suficiente número de observaciones; miéntras tanto no hay duda de que esta sustancia sea un veneno violento, y que, aun en corta dosis, produce una muerte pronta y cruel. Léjos de satisfacer los deseos ridí- culos de un viejo ó las proezas ver- gonzosas de un mozo libertino, la me- dicina debe prevenir á estos indivi- duos contra los peligros que pueden resultar de la menor imprudencia en este caso. Henricus-ab-Heers cita el ejemplo de un septuagenario que pa- ra reanimar el apetito venéreo, tomó cantáridas incorporadas en jarabe; pe- ro luego le sobrevino una enorme liinchazon de las partes genitales, ori- nas sanguinolentas, etc., y este viejo insensato no pudo salvarse de la muer- te sino con muchas dificultades. Ca- brol, célebre cirujano del siglo pasa- do, refiere también el desventurado fin de un provenzal, que, por haber tomado un afrosidiaco muy enérgico, se vio afectado de un priapismo tan violento, que murió de sus resultas. Ambrosio Paré menciona á su vez el ejemplo de un individuo que, para, distinguirse en los juegos de Venus, hizo uso de un afrodisiaco que le oca- sionó la muerte. La muerte del poe- ta Lucrecio es atribuida por sus bió- grafos á un filtro amoroso que le dióe su querida Lucilia. Seria el cuento de no acabar si se tratase de prose- guir la historia de las desgracias que han sido acasionadas por estos reme- dios incendiarios. El hombre sensato, debe, por consiguiente, usar de gran cautela contra las recetas peligrosas de los charlatanes que, por especula- ción, no vacilan en sacrificar á los in- felices que se ponen en sus manos. Cuando el deseo no se hace sentir, es casi siempre peligroso el provocar- lo, sea cual fuere el medio al efecto empleado. El único afrodisiaco que no repugna á la razón ni á la pruden- cia consiste en un régimen tónico, res- taurador; este es al mismo tiempo el único que no presenta inconveniente alguno para la salud general. (V. Im- potencia.) Aftas. Las aftas son pequeñas ul- ceraciones que se desarrollan en la faz interna de la boca ó en la gar- ganta. Las aftas consideradas en su estado de simplicidad, constituyen una inco- modidad benigna, que cede á un ré- gimen sobrio, á las bebidas acídulas y á los lavatorios con agua templada y miel rosada: veces hay en que es AGALIA 52 AGATA preciso tocarlas con la piedra alumbre ó piedra infernal; pero cuando las ul- ceraciones se multiplican en muchos puntos de la boca, es de necesidad el recurrir á un purgante suave, como 8 gramos (2 dracmas) de magnesia calcinada, ó 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) de crémor de tártaro disuelto en un vaso de agua fria con azúcar. Aftas de los niños. V. Muguet. . Agárico de encina- Boletas ig- niarius, Linneo. Vegetal de la fami- lia de los cogumelos, que vive sobre el tronco de los árboles viejos, como la encina, la haya, etc. Es sésil, or- bicular, achatado, blando por dentro, cubierto de una capa negruzca y co- riácea, blanco por la haz inferior, de olor mohoso. Quítasele la corteza, se corta en pedazos que se cascan con ma- zos de madera para que se vuelvan suaves y flexibles. Preparado de esta suerte, forma el agárico de los ciruja- nos, que se emplea para detener la he- morragia de las picaduras de las sangui- juelas y otras hemorragias pequeñas: obra mecánicamente, adaptándose con exactitud al orificio de los vasos. Im- pregnado de la solución de percloruro de hierro á 30 grados, constituye la yesca hemostática, que contiene la fluxión sanguínea prontamente; basta aplicarla con el dedo sobre la abertu- ra sangrienta, comprimirla durante diez á quince minutos, y sujetarla con un vendaje. La yesca para encender el f uego es el agárico de encina, ma- cerado en agua cargada de azoato ó de clorato de potasa, y después seco el aire. Agalia ó miez de agalla. Se da este nombre á una excrecencia redon- da, del volumen de avellanas grue- sas que se forma en las hojas de una especie de encina, árbol de los climas climas templados, por la picadura de un insecto llamado Cynips gallae tmctoriae. Es la hembra del insecto la que horada los brotes nuevos de los ramos, y luego se desenvuelve la excrecencia en que deposita sus huevos. Con tal protección, dichos huevos se desatan, pasan por todas las meta- morfosis, hasta que llegando á for- marse los insectos, perforan su cárcel y salen al aire libre. La nuez de aga- lla más estimada viene del Asia, de las cercanías de Alepo. Coséchase án- tes de la salida del insecto; más ade- lante la nuez de agalla blanquea, pier- de la calidad astringente, y presenta un agujerillo. La agalla es un astrin- gente poderosa; se emplea en la tin- torería para los tintes negros gene- ralmente, y entra en la composición de la tintado escribir; y, en medicina la decocción que se prepara cotí 8 gra- mos (2 onzas) de agua sirve en gar- garismos en las salivaciones mercu- riales, y en inyecciones en las flores blancas. Agata. Piedra fina así llamada del nombre de un rio de Sicilia, en cuyas márgenes fueron halladas las primeras ágatas. Variedad de cuarzo, que abraza todas las piedras que no tienen aspecto vitreo. Las ágatas se reconocen por sus colores vivos y va- riados, mezclados por lo común de cin- tas ondeadas y concéntricas; su frac- tura es parecida á la de la cera. Cuan- do las cintas de color son poco nume- AGONIA 53 AGRAZ rosas, y sus colores muy diversos, ne- gro y blanco por ejemplo, la ágata toma el nombre de ónix ú ónice. Las ágatas son empleadas en camafeos y en el grabado sobre piedra. Se usan también, á causa de su dureza, en la confección de los morteretes, de mue- las para moler colores, etc. En la ac- tualidad se hacen ágatas artificiales con toda perfección. Aglutiuativo. Que sirve para aglu- tinar, pegar, unir los labios de las he- ridas. Dáse el nombre de aglutinati- vos á las sustancias emplásticas que se adhieren fuertemente á la piel; tales son: el diaquilon gomado, el ta- fetán ingles, etc. Agonía. Ultimo combate del do- liente contra la muerte. Tal estado solo tiene lugar cuando la vida des- aparece gradualmente. En diversas afecciones la agonía no existe. Carac- terízanla una profunda alteración de las facciones, debilidad extrema de los novimientos y de la voz, supresión progresiva de los sentidos, respiración desigual y estertórea, disminución su- cesiva del calor, el cual se extingue poco á poco desde las extremidades hasta el tronco. Semejante estado pue- de durar pocas horas ó prolongarse por muchas dias; á veces persiste se- manas enteras: su duración ordinaria suele ser de doce á veinticuatro ho- ras. No siempre es la muerte el fin in- evitable de este último y supremo es- fuerzo de la organización. Casos exis- ten, pero desgraciadamente raros, en que el arte logra arrancar al moribun- do de los bordes del supulcro, cuando parece hallarse á punto de sucumbir. Por consiguiente, preciso es, hasta el último momento, prodigar al agoni- zante los cuidados de la amistad y los auxilios de la medicina. Bueno es ad- vertir también que muchas personas llegadas á tan lastimero estado con- servan la facultad de oir y compren- der, y que, por lo tanto, deben evi- tarse palabras indiscretas, y puede es- perarse' que sientan los últimos con- suelos que se les ofrecen. Los remedios deben cesar cuando el doliente llega al estado de la ago- nía; algunas cucharadas de vino dul- ce se le pueden administrar con ven- taja. Agracejo ó Bérbero. Berberís vulgaris, Linneo. Berberídeas. Ar- busto de Europa, que en España bro- ta casi espontáneo, y suele cultivarse en los jardines. Tiene de 2 á 3 me- tros de altura, ramos armados de es- pinas; hojas pequeñas, ovalcs-oblon- gadas, bordeadas de dientes agudos y casi espinosos, de sabor ácido y agra- dable. Flores amarillentas, de olor in- grato. Los frutos tienen la forma de bayas prolongadas, de color rubio; hay, no obstante, variedades de color ama- illlo, rojo, púrpura, negruzco ó blan- quizco; su sabor es ácido intenso, pe- ro agradable; con ellos se hacen dul- ces de gusto exquisito. Sus simientes son pequeñas, largas, rojizas, de sa- bor astringente; entran en la compo- sición del diascordio, electuario que se emplea contra la diarrea. La corte- za de la raíz del agracejo se manda contra las fiebres intermitentes. Agrá?. Zumo que se saca de la AGUA 54 AGUA uva verde, muy ácido é impropio pa- ; ra la fabricación del vino. Con este । zumo se compone un jarabe atempe- - rante de uso general en España. Agrimonia. Agrimonia eupato- , ria. L. Rosáceas sanguisórbeas. Plan- ta herbácea do Europa, que en Espa- ña habita en los montes, caminos v y otras partes. Hojas alternas, pinula- das con impar, blandas, pubescentes: folíolos dentados, alternativamente grandes y muy pequeños, que van au- mentando de tamaño hasta el ápice; flores amarillas; dispuestas en espigas terminales; fruto, cápsula istriada, anguluda. Las hojas de la agrimo- nia son un tanto astringentes; la infu- sión de estas hojas se emplea en gar- garismos contra las esquinencias; pre- párase con 20 gramos (5 ochavas) d 3 la planta, y 1,000 gramos (32 onzas) de agua hirviendo. Agrios ó Vinagres de estómago. V. Acedías. Agua. El agua pura, ó mezclada con sustancias que no alteran mucho sus propiedades, .es la bebida cuyo uso habitual es el más propio para entre- tener el libre ejercicio de las funcio- nes. El agua, para ser buena, debe ser fresca, trasparente, incolora, sin olor, sin sabor desagradable, salado ó dul- ce. Debo ser ventilada, disolver el ja- bón sin formar granos, y cocer las le ■ gumbres secas, como, por ejemplo, las habichuelas. El agua debe su sabor á la presencia del aire; por eso, cuando por medio de la ebullición ó la desti- lación se hoce desaparecer este gas, el agua se vuelve insípida y pesada al estómago. El agua pura moja con ma- yor facilidad que las aguas impregna- das de sales metálicas y terreas, llama- das aguas pesadas, siendo por esto más ásperas y menos aptas para la adhesión. Agua llovediza. Esta agua es la más pura que puede encontrarse en la naturaleza; es muy parecida al agua destilada, por ser el resultado de la evaporación. En los lugares en que no existen fuentes ni rios, consérvase el agua llovediza en toneles ó tinajas, cuyo fondo debe estar provisto de car- bón en polvo, y no debe guardarse la primera que cae, porque esta con- tiene insectos y otros corpúsculos que la corrompen. Antes de servirse de ella, preciso es filtrarla, y para venti- larla, hay que agitarla por algún tiem- po al aire libre. El agua que procede del deshielo, del hielo y de la nieve, no tiene otro incoveniente que el de carecer de aire, y acabamos de indicar el medio de corregir esta falta. El agua de f uente ó manantial no es otra cosa que el agua llovediza, que ha atravesado diferentes terrenos, y se ha reunido en la superficie de cier- tas capas impenetrables á los líquidos, después de haber disuelto algunas sus- tancias de que se componen estos te- rrenos; de lo que resulta que por su composición se acerca mucho al agua llovediza, cuando no ha estado en con- tacto sino con rocas de sílice, sobre las cuales no tiene acción alguna; mientras que puede tener en disolu- ción gran número de gases, sales y sustancias orgánicas, cuando ha atra- vesado terrenos de diferente naturale- AGUA 55 AGUA za. En este caso no puede cocer le- gumbres ni disolver bien el jabón. El agua de las fuentes que bebemos, ge- neralmente contiene un [poco de sal común, carbonato de cal y sulfato de potasa, pero nunca en dosis tan eleva- da que la haga impropia para los usos culinarios. Se coge en su nacimiento, ó después de recorrer alguna distan- cia, mayor ó menor, expuesta al aire. El agua de pozo contiene por lo común gran cantidad de sales, por lo cual no reblandece las legumbres se- cas que .se hacen hervir en ella, y des- compone el jabón trasformándolo en grumos. En las grandes ciudades esta agua lleva en su disolución muchas materias orgánicas; sin embargo, el agua de muchos pozos es buena de beber. El agua de rio contiene algunas sales, si bien no tantas como la ante- rior. La más exenta de materias sali- nas es la que corre por lecho arenisco ó pedregoso. A veces contiene inmun- dicias y materias térreas. Se le pueden quitar estas sustancias, filtrándola ó haciéndola pasar por una capa de are- na ó de piedra porosa, como se practi- ca en París. El agua de las lagunas, estanques y pantanos, contiene, en mayor ó me- nor cantidad, sustancias vegetales y animales. Hallándose en el trance forzoso de usar de estas aguas, preci so será hacerlas hervir ántes. Los ga- ses nocivos se desprenden y las mate- rias se cuecen; cuélase después esta agua hervida á través de arena, ó me- jor aun, á través de carbón en polvo, y agitándola se de devuelve el aire de que fue privada por lacocion. De este modo procederá quien tenga que ser- virse de las aguas fangosas. El agua de mar tiene un olor que produce náuseas; sabor desagradable, amargo, más ó menos salado. Contie- ne ácido carbónico y muchas sales, tal como el cloruro de sodio, de potasio, de magnesio; los ioduros y bromuros de las mismos metales; los sulfates de sosa y de magnesia. Administrada in- ternamente es purgante, en las dosis de dos á cuatro tazas. Hirviéndola en vasos semejantes á los alambiques, el agua pasa al recipiente con carbonato de amoníaco, que le presta olor y sa- bor desagradables; pero exponiéndola, por algunos dias al aire, y agitándo- la, pierde sus malas cualidades y se^ hace potable. Así es como se purifi- ca el agua de mar para beber en los largos viajes. Conservación del agua. Para tener el agua fresca en el verano, se acos- tumbra conservarla en vasijas de ba- rro muy poroso. Cierta cantidad de lí- quido trasuda, esto es, se infiltra por las porosidades de esos vasos, y expe- rimenta una evaporación, cuyo efecto es la disminución de la masa del caló- rico en la porción que queda. Para conservar el agua sin alteración, cuan- do no es posible renovarla á menucio, como, por ejemplo, en los viajes de mar, preciso es carbonizar las paredes interiores de las pipas antes de lle- narlas. Purificación del agua. Diferentes medios son empleados para corregir- las alteraciones del agua, tales son: el filtro para clarificarla, el carbón para AGUA 56 AGUA desinfectarla, la agitación ó balaqueo para ventilarla, la evaporación y la con- densación para arrebatarle las sustan- cias minerales. Todos estos medios han sido indicados en el curso de este mismo artículo. Agua blanca. Agua vegeto-mine- ral, agua de Saturno, agua de Gou- lard. Esta agua se prepara mezclan- do 900 gramos (30 onzas) de agua co- mún, con 20 gramos (5 ochavas) de acetato de plomo líquido, y 80 gramos (2| onzas) de alcoholato vulnerario. Aplicada externamente, esta agua es resolutiva, y sirve para evitarla infla- mación de los lugares contusos, ó ayu- dar la resolución de las equimosis. Se emplea contra los golpes, aplasta- mientos, torceduras y dislocaciones. El agua blanca se aplica en frió, en los casos dichos, sobre los lugares las- timados, por medio de compresas ó de vendajes, mojando con mayor ó menor frecuencia. Agua de cal. V. Cal. Agua do Colonia. Líquido aromá- tico y espirituoso, llamado de esta manera por haber sido preparado la primera vez en Colonia, el año de 1727, por J. P. Feminis, que cedió su privilegio á Juan María Fariña. Es una disolución de diversos aceites esenciales en espíritu de vino. Gene- ralmente se emplea como cosmético; goza de propiedades tónicas y estimu- lantes. Mezclada con agua, en la pro- porción de algunas gotas para medio vaso de agua, se usa para lavarse la boca: fortifica las encías. Su composi- ción varía al infinito. Se prepara de dos modos: por destilación, ó por di- solución. El segundo modo es muy sencillo, no necesita utensilios ni co- nocimientos especiales, y puede ser practicado por cualquiera persona. Consiste en mezclar las sustancias siguientes: Alcohol á 85° centesima- les 1750 gram. Esencia de limón 30 gram. Esencia de cidra. ....... 12 gram. Esencia de bergamota ... 24 gram. Esencia de espliego G gram. Tintura de benjuí 45 gram. Mézclese y fíltrese después de al- gunas horas de contacto. Hay otras recetas más, pero esta da un buen resultado. La receta de Juan María Fariña es mucho más complicada; hela aquí: Espíritu de vino 120 litros. Salvia 23 gram. Tomillo 23 gram: Melisa 375 gram. Menta 375 gram. Cálamo aromático 15 gram. Raíz de angélica 8 gram. Alcanfor 4 gram. Violetas 125 gram. Rosas 125 gram. Espliego G0 gram. Flores de naranja 15 gram. Ajenjo 30 gram. Nuez moscada 15 gram. Clavo 15 gram. Canela del Malabar (casia lignea) 15 gram. Macias 15 gram. Limones n" 22 Naranjas n" 2 Destílese al baño de maría para obtener 80 litros de producto, y reú- AGÜA 57 AGUA nase al alcoholato obtenido del si- guiente modo: Aceite esencial de limón. 45 gram. de cidra 45 gram. de melisa '45 gram. de espliego 45 gram. de romero 15 gram. flor de naranja.. 15 gram. de jazmín 30 gram. de bergamota... 375 gram. Agua dentrífica. Agua destinada al entretenimiento y limpieza de la dentadura. H é aquí dos recetas, cuya superioridad ha sido sancionada por la experiencia: Ia Pénense en maceracion por es- pacio de doce dias 500 gramos de aguardiente de vino, 20 gramos de anís, 5 gramos de clavillo, 5 gramos de canela. Después de decantado y filtrado el líquido, se le añaden 2 gra- mos de tintura de ámbar gris, y 1 gra- mo de esencia de menta. , 2a Macéranse durante un mes en un litro de espíritu de vino, 15 gra- mos de anís, 7 gramos de clavo, 7 gramos de gengibre, 10 gramos de ca- nela, y 10 gramos de raíz de pelitre. Después de decantado y filtrado el líquido, se le añaden 6 gramos de esencia de menta. Para hacer uso de estos líquidos, se echan algunas gotas de ellos en medio vaso de agua, y con esta mez- cía se enjuaga la boca. V. Diente y Dentrífico. Agua destilada ó Agua pera. El agua común de las fuentes y lo mis- mo la de los arroyos, no es pura, por- que trae en disolución sales de cal,, magnesia y sosa; ademas de esto, aire y ácido carbónico. Para obtener el agua pura, preciso es someterla á des- tilación; llámase entonces agua des- tilada^ y sirve para los usos farma- céuticos. Al efecto se calienta el agua de rio ó de fuente en alambique de cobre; y, reducida á vapor, viene á condensarse en el serpentín, y cae en los vasos dispuestos para recibirla. Es- ta agna es completamente límpida, sin gusto ni olor, sin acción sobre los colores azules vegetales, ni aun sobre los otros reactivos químicos. Conócese que el agua destilada es pura, cuando no se enturbia ni con el azoato de plata, ni con el azoato de barita, ni con el oxalato de amoníaco, ni con el sublimado corrosivo, ni con las aguas de cal ó de barita. También se llaman aguas destila- das, los productos de la destilación de agua con una ó más plantas, obteni- dos por el alambique ordinario, que contienen, por consiguiente, todas las partes volátiles y odoríferas de aque- llas plantas. Las aguas destiladas son medicamentos que se emplean Ínter na y externamente, como: el agua des- tilada de lechuga, de laurel-cereza, de melisá, de flor de naranjo, de ro- sas, de tilo, de menta piperina, de ca- nela, etc. Agua fénica. V. Acido fénico. Agua de flor de naranjo ó de ázahar. Se prepara destilando con 10 kilogramos de flores de naranjo recien cogidas, cantidad suficiente de agua para obtener' 20 kilogramos de producto. El agua de flor de naranjo sirve para gran número de usos do- mésticos, y se emplea en medicina AGUA 58 AGUA como antiespasmódico y calmante. Aguafuerte. V. Azoico. Agua gaseosa simple. Agua car- gada de gas ácido carbónico bajo una presión de siete atmósferas por me- dio de aparatos especiales. Sustituye al agua de Seltz natural. Casi toda el agua de Seltz que se sirve en la me- sa, no es mas que agua gaseosa simple. Es una bebida agradable y favore- ce la digestión de los alimentos. Agua de goma- Goma arábiga 8 gramos (2 dracmas), agua fria 375 gramos (12 onzas). Lávese la goma en agua fria, deséchese ésta, disuél- vase en la cantidad indicada de otra agua fria, y después cuélese por ce- dazo. Se le añade el azúcar que se desea. Bebida emoliente, empleada en la inflamación del estómago y otras inflamaciones. Agua de Inglaterra. Preparación secreta de quina que se hace en Lis- boa; parece ser un vino quinado. Se usa contra las fiebres intermitentes en la-dosis de 30 á 120 gramos (1 á 4 onzas) por dia, pura ó mezclada con agua; cayó en desuso desde el des- cubrimiento del sulfato de quinina. AguadeJavel. Clorito de potasa Líquido amarillento ó rosado; que se obtiene disolviendo el cloro en amia O que tenga en disolución un tercio de su peso de carbonato de potasa. Se emplea para el blanqueo de la ropa. Agua de Labarraque. Prepárase disolviendo en una solución de carbo- nato de sosa el gas cloro hasta la com- pleta saturación: es un cloruro de so- sa. Debe sus propiedades al cloro; se emplea con ventaja en la curación de llagas y como desinfectante. Regan- do con ella los suelos, de vez en cuan- do, se purifica el aire en las enferme- rías, cuartos de los enfermos y de- más lugares infectos. Las personas expuestas á emanaciones paludosas ó de sustancias en putrefacción, harán bien en lavarse las manos, de cuando en cuando, con agua de Labarraque; el gas cloro que contiene queda en la piel por cierto tiempo, y neutraliza sus emanaciones nocivas. Agua de melisa. Medicamento po- pular que se emplea internamente en la dosis de 4 gramos (una ochava) en medio vaso de agua azucarada, des- pués de las caídas; y externamente en fricciones, en toda contusión. Es un alcohólate de melisa, cuya receta cons- ta de: Melisa fresca florida. .. . 900 gram. Cortezas de limón 150 gram. Canela de Ceilan 80 gram. Clavillo 80 gram. Nuez moscada 80 gram. Culantro 80 gram. Raíz de angélica 40 gram. Alcohol á 80° centesima- les 5000 gram. Se cortan la melisa y las cortezas de limón, se maceran las otras sus- tancias, y el todo se deja en macera- cion por espacio de cuatro dias; des- pués se destila al baño de mana has- ta extraer toda la parte espirituosa. Obtiénese el agua de melisa ama- rilla añadiendo á 1,000 gramos de alcoholato de melisa, 5 gramos de tin- tura de azafran. Agua panada. Se prepara del mo- AGUA 59 AGUA do siguiente: se corta pan en rodajas, se tuesta y pone en un vaso; échese por encima del pan suficiente canti- dad de agua hirviendo, y se deja á enfriar. Algunas personas echan en el vaso, con el pan tostado, ruedas de limón, para hacer mas agradable el agua panada. Esta agua es una bebi- da emoliente y refrigerante; se toma fría como bebida ordinaria, y con buen resultado, en dolencias acompañadas de fiebre. Sin inconveniente puede beberse en el sarampión, viruelas y escarlatina. Agua regia. Mezcla de una parte de ácido nítrico con tres de ácido clorhídrico. Esta agua tiene la pro- piedad de disolver el oro y la platina. Es un líquido amarillento, extraordi- dariamente cáustico, empleado en las artes. Tomada internamente es ve- neno violento, contra cuyos acciden- tes deletéreos véase Envenenamien- to POR LOS ÁCIDOS CONCENTRADOS. Agua sedativa. Empléase en las jaquecas. Al efecto se empapa en es- te líquido un paño de hilo ó de algo- don, y se aplica en la frente, cuidan- do de cubrir ántes los ojos, para evi- tar que no les entren algunas gotas. Hé aquí la receta: Agua sedativa. Amoníaco líquido 60 gram. Alcohol alcanforado 10 gram. Sal común. 60 gram. Agua 1000 gram. Se disuelve la sal en el agua y se filtra; añádese el alcohol, y después el amoníaco. Agua de Sedlitz. El agua de sed- litz natural es el agua salina pur- gante que existe en una aldehuela de la Bohemia sobre el camino de Toeplitz á Carsaal. Procede lo mis- mo que las aguas vecinas de Pullna y Seidschutz, de muchos pozos espar- cidos en pobres aldeas, donde los ex- tranjeros no podrían hallar casa para alojarse; por lo que esta agua no se bebesino trasportada. Dichos pozos no son naturales; han sido cavados por los aldeanos, quienes se sirven de esta agua para los usos domésticos y no beben otra; porque en los primeros dias no tiene amargor ni propiedades purgativa. Pero, después de algunos dias de permanencia en los pozos, es- ta agua disuelve en mayor ó menor cantidad los principios salinos conte- nidos en el suelo inmediato y solo en- tonces adquiere las virtudes especia- les que han dado tanta celebridad á las aguas amargas (Bitter-wasser) de Bohemia. Estas aguas se conservan bien y constituyen un purgante suave. Agua de sedlitz artificial: Cuan- do los médicos recetan agua de Sed- litz, es el agua artificial de este nom- bre la que se emplea; goza de las mismas propiedades que la natural; sus efectos son todavía más seguros que los del agua natural. He aquí la receta: Agua de Sedlitz artificial: Sulfato de magne- sia 30 gram. (1 onz) Agua gaseosa sim- ple 650 gram. (22 onz). Disuélvese el sulfato en corta can- tidad de agua natural; se filtra la so- tucion; se echa en una botella, y es- la se llena de agua gaseosa. AGUA 60 AGUAS MINERALES E1 agqa, (de Se^lit^ artificial se puede preparar también del modo si- guiente: Sulfato de mag- nesia ,30 gram. (1 onz.) Bicarbonato de sosa........ 4 gram, (1 drac.) Acido tártrico.. 4 gram. (1 drac.) Agua pura. .,. 650 gram. (22 onz?) Se disuelve en el agua el sulfato de magnesia y el bicarbonato de sosa; fíltrase la solución; échase en una bo- tella, y añádesele el ácido tártrico; se tapa la botella con corcho inme- diatamente, y se asegura este por medio de un bramante en cruz. Bebe se un vaso de cuarto en cuarto de hora. Agua segunda. Se da este nombre á dos líquidos diferentes. V Agua segundea de los pintores. Agua 1,500 gramos, potasa 375 gra mos, cenizas gravéladas 125 gramos. Disuélvase. Esta agua se emplea pa- ra limpiar las pinturas al óleo, y se aplica por médio de una esponja ó de un pincel grueso. El agua segunda des- truiría toda la pintura si se dejara por mucho tiempo aplicada sobre ella; por consiguiente se debe lavar en se- guida con agua clara abundante, y es- ta lávázon quita á un mismo tiem- po el agua segunda y las impurezas que esta ha reblandecido. El agua segunda, no debe emplearse para lim- piar las pinturas barnizadas: éstas se lavan con agua de jabón, El agua se- gunda puede servir también para lim- piar las pinturas á la cola; pero debe-- rá dilatar^ mucho en agua, é inme-- diaramente después de haberla apli- cado, hacer otra lavazon con agua pura. 2o Agua segunda de los plateros y otros oficios. Agua fuerte (ácido azoico) diluida en mayor ó menor can- tidad de agua clara. Se emplea para limpiar el oro. Agua de Seltz. V. Seltz: Agua vegeto-mineral. V. Agua BLANCA. Aguas minerales. Se da el nom- bre de aguas minerales á las aguas naturales que salen del seno de la tierra cargadas de los principios que allí axisten, dotadas de propiedades medicinales, y las cuales son emplear das en el tratamiento de las enferme- dades, en bebidas, baños, duchas, estu- fas, inhalaciones y pulverización. Las sustancias que contienen son.* gases ácido carbónico, ázoe ácido sulfhídrico, oxígeno, sales (carbonato de cal, sulfa- to de magnesia cloruro de sodio, sulfato de hierro, etc.) y materias orgánicas de diversa naturaleza. Algunas contienen litina, iodo, bromo y arsénico, á los cuales deben propiedades particula- res. La temperatura de las aguas mi- nerales es muy variable: unas son frías, esto es de temperatura inferior al aire ambiente; otras templadas; otras calientes ó termales, y á estas se da el nombre de caldas (corrupción de cáli- das}. Se llaman termales las aguas cu- ya temperatura pasa de los 25° centí- grados; las hay que llegan hasta el gra do do agua hirviendo; temperatura cuya causa es desconocida, y que ha sido- atribuida ya á circunstancias electro- químicas, ya á descomposiciones sub- AGUAS MINERALES 61 AGUAS MINERALES terráneas, ó bien á la acción ígnea que se supone existir en el centro del globo. Propiedades de las aguas mine- rales. La acción de las aguas mine- rales sobre el organismo ha sido reco- nocida desde los tiempos más anti- guos; muchas fuentes hoy en boga fueron utilizadas por los Romanos. Sobre todo, bajo la forma de baños es como las aguas minerales han sido empleadas por los antiguos. Muchas fuentes de España, Portugal, Francia é Italia guardan aún vestigios del lu- jo que los romanos ostentaban en la construcción de sus termas'. Los grie- gos las consideraban como un mimo de la divinidad, y las consagraron á Héreules, en testimonio de lo mucho que ellas aprovechan á la salud. Los establecimientos termales en la ac- tualidad son numerosos y puestos ba- jo la protección de los gobiernos; has- ta aquellos que pertenecen á las mu nicipalidades ó á los particulares, es- tán sujetos á la dirección de un médi- co encargado de ordenar el empleo de las aguas y de vigilar acerca de su conservación. Empleo interno y externo. Se ha- uso de las aguas minerales interna y externamente; solamente algunas caldas se recetan yá emuno, ya en otro tratamiento. Se toman las aguas como bebidas y en inhalaciones. El tratamiento externo consiste en ba- ños, duchas, aplicaciones externas é inyecciones; el vapor desarrolla natu- ral ó artiiicialmente del agua mineral se emplea como aquella exterior- mente. La cantidad de agua en bebida, va- ría de un cuarto de vaso á seis ú ocho vasos por dia. El agua se bebe en ayunas por la mañana; un ejercicio moderado es provechoso en los inter- valos de uno á otro vaso de agua. En algunas caldas especiales se beben ade- mas de esto uno ó dos vasos en el cur- so del dia. En las fuentes de tempe- ratura moderada debe tomarse el agua bebida como sale de la fuente; aun en las fuentes de más elevada tem- peratura se debe beber el aguatan caliente como se pueda: de este mo- do pierde el agua ménos cantidad de gas, se digiere con más facilidad, y tiene mayor acción. Preciso es beber cada vaso con lentitud, sin precipita- ción y soportando enérgicamente el sabor del agua, si fuese desagradable, como generalmente suele serlo. De este modo el agua pasa bien, mientras que dándose prisa en bebería, como un remedio, dilata el estómago, y no es bien consetida por éste. En cuanto al gusto, la persona se acostumbra á él en pocos dias, hasta el.punto de en- contrar agradable el agua que al prin- cipio no podia soportar. Los baños se toman de agua mine- ral pura. En algunos establecimientos se disminuye la fuerza del agua mez- clándola con agua natural. La tem- peratura de los baños debe ser de 33° á 35° centígrados; su duración varía desde diez minutos hasta una ó mu- chas horas. Los baños de piscina, así como lo» de pila, las duchas, las estufas, las fricciones y el amasamiento entran AGUAS MINERALES 62 AGUAS MINERALES también en el uso externo de las aguas minerales. A esta parte del tratamiento perte- necen los baños de estufa naturales y los baños y las duchas de gas ácido carbónico. Los terrenos volcánicos presentan en algunos puntos cavida des naturalmente abiertas y cuyas paredes, lo mismo que su atmósfera, son calentadas por el fuego de un vol- can cercano. Algunas que existen en Italia estaban en uso en la época del Imperio de Roma, como lo indican los nombres que han conservado. Los baños ó duchas de gas ácido carbónico, que algunas fuentes des- arrollan en gran cantidad, se utilizan en las ozenas, enfermedades del oído y otras varias. La duración de las curas no puede ser determinada con antelación; depen- de de muchas consideraríones solo apre- ciables por el médico de las caldas. Dura quince dias en algunos estable- cimientos; de veinte á veinticinco en otros; por último, 30 dias, seis sema- nas, y tres, y hasta seis meses para algunos dolientes, tales son los lími- tes, harto dilatados, como se vé, del tratamiento balneario. ¿Cual es la época del año en que se deben tomar las aguas? En Eu- ropa la época más común, son los me- ses de junio, julio, agosto y setiem- bre. En las regiones más cálidas de Europa, como España, la estación termal se divide á veces en dos par- tes, una de primavera (abril, mayo, junio); otra de otoño (setiembre y oc- tubre); algunos establecimientos per- manecen cerrados durante los meses de los grandes calores. La observa- ción prueba la utilidad de esta medi- da en todos los países en que la tem- peratura es elevada; por lo que los médicos aconsejan á los enfermos que no vayan á los baños hasta después de los grandes calores. La estación fría es desfavorable al efecto de las aguas; la lluvia, el frío y los resfria- dos que de esto resultan, son contra- rios al restablecimiento de los dolien- tes. Efectos de las aguas minerales.- Las aguas minerales se emplean, so- bre todo, para combatir las enferme- dades crónicas: estas aguas varían en su acción según la naturaleza que ellas tienen, y según se usen, tomándolas al pié de la fuente ó en un lugar más ó ménos apartado de los manantiales- Las aguas tomadas en la fuente po- seen una acción mucho más enérgicas porque hay en ellas muchos principio- volátiles que se desarrollan en el mos mentó de su salida de la fuente, y los cuales no pueden ser conservados en el agua tomada y guardada desde hace algún tiempo. El ázoe, el ácido car- bónico y los demas gases, que van mu- chas veces mezclados con las aguas, no existen ya, ó existen en proporcio- nes un tanto reducidas después del trasporte. El mismo calor, de que es- tán dotadas las aguas termales, no puede ser sustituido cuando artificial- mente se eleva la temperatura á esas aguas enfriadas, porque el calórico na- tural que tienen al salir de la tierra goza de propiedades particulares, y en estas alternativas de enfriamiento, y de elevación del crlor, se desprenden AGUAS MINERALES 63 AGUAS MINERALES principios volátiles y se producen nue- vas combinaciones que modifican las propiedades de las aguas. La acción de las aguas minerales naturales se halla también irregular- mente favorecida por las circunstan- cias que acompañan á su administra- ción; así, pues, el cambio de país para las personas que padecen hace mucho tiempo; el efecto moral que sobre los enfermos ejerce la acción de un nuevo medio largo tiempo deseado, y del cual se espera un grande alivio; la acción del campo, de la localidad, del aire pu- ro de las montañas donde están situa- das muchas caldas; el alejamiento de os negocios, la libertad y la alegría que existen en sus reuniones, todas estas causas aumentan la acción bené- fica de las aguas; añádase á esto un régimen más severo, una vida entera- mente higiénica y arreglada por un médico, cuyas prescripciones son reli- giosamente cumplidas. Todas estas consideraciones, independientemente del efecto real de las aguas, coadyu- van de una manera poderosa al logro de los buenos resultados que ofrece su empleo, y deben explicar por qué las aguas, no tomadas al pié de la fuente, están léjos de tener y de dar los mis- mos resultados que cuando los enfer mos van á tomarlas al mismo sitio en que brotan. Sin embargo, no debe creerse que las aguas minerales care- cen de acción cuando no son tomadas en el sitio mismo en que nacen, pues aunque esta acción esté despojada de todas las circunstancias favorables que acabamos de enumerar, pueden muy bien ser empleadas ventajosamente; las hay capaces de soportar el traspor- te y conservar su virtud con facilidad y las aguas salinas entran en este nú- mero; las gaseosas, más sujetas á pér- didas, son también empleadas con ven- taja; las sulfurosas son las que más se modifican trasportándolas, por lo que raras veces se administran lejos de sus manantiales. Clasificación de las aguas mine- rales.-Todas las aguas minerales son tónicas ó excitantes; ademas de eso, poseen propiedades particulares que dependen de las sustancias que entran en su composición y según las cuales lian sido divididas en aguas minera- les acidulas gaseosas, salinas, alca- linas, ferruginosas y sulfurosas. Es- ta clasificación no puede ser conside- rada como rigorosa y absoluta: tal agua mineral, en efecto, puede ser á un mismo tiempo salina y acídula, sulfu- rosa y ferruginosa, etc., pero no pierde el carácter esencial del principio que en ella predomina. De aquí proceden las variedades que se observan en la clasificación de las aguas minerales hecha por diferentes autores. Pasemos á indicar las propiedades de las aguas de cada una de las cinco clases arriba señaladas: § I. Aguas acidulas gaseosas. Estas aguas contienen gran can- tidad de gas ácido carbónico libre, independiente de las sales que se pueden hallar en ellas. Cuando es- tán en botellas bien cerradas, espu- man y burbujean como el vino de Champaña, al destaparlas. Su gusto, vivo y picante, desaparece á medida que el gag se evapora. Expuestas al AGUAS MINERALES 64 AGUAS MINERALES aire libre á un calor moderado, pier- den el gas, principie activo que las ca- racteriza. Su temperatura natural es fría ó caliente. Enrojecen la tintura de tornasol y forman' un precipitado blanco de agua de cal. Todas las aguas acídulas gaseosas son convenientes en las digestiones lentas y laboriosas. Son útiles á los hipocondriacos, porque estimulan los órganos digestivos y el sistema ner- vioso. Por lo común se administran en simples bebidas; también se dan mez- cladas con vino durante las comidas La dosis es de medio litro por dia. Grandes precauciones se necesitan para la conservación de las aguas ga seosas que se exportan. Se deben em- botellar por la mañana, ántes de la lahda del sol. Por lo general, el agua gaseosa que no salta al destapar la botella, no merece mucha confianza Una vez destapada la botella, el agua pierde sus propiedades. Las principales aguas acídulas ga seosas de España son: •• Alange (Badajoz). Alhama de Aragón (Zaragoza). -Caldas de Besaya (Santander). Fuente agria ó de Villaharta (Cór- doba). Hervideros de Fuensanta (Ciudad Real). Lanjaron (Granada). Malahá (Granada). Marmolejo (Jaén). Molina de Carranza (Vizcaya). Puertollano (Ciudad-Real). Sierra Alhamilla (Almería). Solan de Cabras (Cuenca). Estas aguas, ademas de la gran cantidad de gas ácido carbónico que contienen, circunstancia que es bastan- te por sí sola á que se las coloque en la olase de las aguas acídulas gaseo- sas, contienen principios salinos, alca- linos, y algunas de ellas hierro; tienen, pues, propiedades mixtas que les per- miten ocupar directamente muchos lugares en una clasificcacion. Van des- critas, así como las demas aguas mi- nerales, en artículos separados. Aguas acídulas gaseosas de los de- mas países. Son: Cambuquira (Brasil). Caxambu (Brasil). Condillac (Francia). Contenidas (Brasil). Pajehú de Flores (Brasil). > Seltz (Alemania). Soultzmats (Prusia). § II. Aguas alcalinas. Las aguas alcalinas son las que ofrecen á la análisis química gran cantidad de carbonato de sosa; tienen sabor algún tanto amargo, salado; es- puman un poco por contener algo de gas ácido carbónico; hacen verdear la tintura) de violetas; precipitan en blan- co las sales calcáreas, y, ademas de esto, bullen cuando se les añade algún ácido. Las aguas alcalinas modifican la economía, de una manera podero- sa; la saliva, la orina y otras secrecio- nes ácidas se hacen alcalinas. Son re- comendadas para disolver las piedras de la vejiga, y su utilidad es incon- testable en la gota, en las arenillas, acedías, dolores de estómago, etc. Las principales aguas alcalinas de España «on: Arnedillo (Logroño). AGUAS MINERALES 65 AGUAS MINERALES Belascoain (Navarra). Caldas de Estrach (Barcelona), Caldas de Oviedo (Oviedo). Fortuna (Murcia). Garriga (Barcelona). Ibero (Navarra). Nuestra Señora de Abefiá (Caste- llón de la Plana. Segura de Aragón (Teruel). Sobron y Soportilla (Alava). Sousas y Caldeliñas (Orense). Las aguas alcalinas de los demás países son: Caldas novas (Brasil). Castello de Vide (Portugal). > Contrexeville (Francia). Chaves (Portugal). / ■ Ems (Prusia). Evian (Francia). Gastein (Austria). Luso (Portugal). Luxeuil (Francia). Mont Dore (Francia). Neris (Francia). < Pedras Salgadas (Portugal). Pfeffers (Suiza). Plombiers (Francia). Pougues (Francia). Royat (Francia). Toeplitz (Bohemia). Vals (Francia]. Vidago (Portugal). Vichy (Fraocia). Villarelho da Raia (Portugal). Vittel (Francia). Wildbad (Alemania). § 1 (I. Aguas ferruginosas. Todas las aguas comprendidas en esta división contienen una cantidad de hierro más ó menos notable, de la cual depende su sabor estíptico, algún tanto parecido al de la tinta de escri- bir. Muchas son poco gaseosas y solo contienen una corta cantidad de ácido carbónico libre, que se desarrolla por la agitación y aun estando en reposo. Expuestas al aire se cubren de cierta película, y con el tiempo deponen un precipitado amarillo de óxido de hie- rro. Se. reconoce la naturaleza férrea del agua mineral por la capa rojiza que se deposita en los primeros con- ductos que reciben el agua. Vúélven- se negras cuando se les añade infu- sión de agalla ó lo mismo té. Son mi- neralizadas por el sübcarbonato ó sul- fato de hierro, y contienen, ademas de este metal, sales de sosa, de cal, de magnesia, de manganeso, etc. Suelen ser frías ó calientes. Las aguas minerales ferruginosas poseen propiedades tónicas, y por lo común aumentan la acción de todos los órganos: convienen á las jóvenes cloróticas y mal arregladas, en las flo- res blancas y gonorreas antiguas, á los individuos de temperamento lin- fático ó debilitados, y, finalmente, en los ingurgitamientps del hígado y del bazo. Se usan en bebida y bañosp té- manse por la mañana en ayunas en la dosis de uno á tres vasos. Por lo general, no deben tomarse sino en la fuente núsma y á su temperatura pro- pia, á fin de tenerlas en toda su inte- gridad. El calor artificial las descom- pone; trasportadas desde léjos y guar- dadas largo tiempo, deponen gran parte de liierro. Las aguas ferruginosas de España más importantes son: Alcantud (Cuenca). AGUAS MINERALES 66 AGUAS MINERALES Argentona (Barcelona). Buyeres de Nava (Oviedo). Caldas de Bohí (Lérida). Fuencaliente (Ciudad-Real). Graena (Granada). Navalpino (Ciudad-Real). San Adrián (León). Santa Águeda (Guipúzcoa). Segura de Aragón (Teruel). Siete aguas (Valencia). Valdegangas (Cuenca). Valle de Ribas (Gerona). Las aguas ferruginosas de los de- mas países son: Abrantes (Portugal). Bourbon-l'Archambault (Francia). Bussang (Francia). Cabeza de Mont'achique (Portugal). Caldellas de Rendufe (Portugal). Camara (Portugal). Carláo (Portugal). Cota (Portugal). Forges (Francia). Fumas (Isla de S. Miguel). Luxeuil (Francia). Marcols (Francia). Monsáo (Portugal). Orezza (Isla de Córcega). Passy (Francia, París). Pyrmont (Alemania). Schwalbach (Alemania). Spa (Bélgica). § IV. Aguas salinas. Se llaman aguas salinas todas aque- llas que contienen sales en disolución. Tienen sabor salado, amargo ó pican- te; contienen sulfato y clorhidrato de sosa, y á estas sales deben sus pro- piedades eminentemente purgantes, cuando se toman en la dosis de algu- nos vasos. Bebidas en pequeña can- tidad, estas aguas son simplemente excitantes y tónicas. Administradas en baño frió ó caliente, sus efectos son mucho más enérgicos. Estas aguas, empleadas de este modo, son útiles, en particular si se les deja producir una especie de reacción general sobre la economía animal, como en las pa- rálisis y debilidad muscular. El agua de mar pertenece también á esta división; tiene acción purgati- va cuando se administra internamen te en la dosis de medio litro; pero raras veces se emplea de esta mane- ra, á causa de su sabor acre, amargo y nauseabundo, que provoca á me- nudo vómitos y porque, hasta en dosis pequeñas, cansa el estómago. El agua de mar se emplea principalmente en baños, cuyos excelentes efectos tóni- cos suelen utilizarse con frecuencia. Las propiedades de las aguas sali- nas residen en sus principios fijos, por lo que pueden ser trasportadas y con- servadas por mucho tiempo sin alte- ración perceptible. Las aguas minerales salinas de España más frecuentadas son: Alhama de Granada (Granada). Alhama de Murcia (Murcia). Alicun (Granada). Arenosillo (Córdoba). Amedillo (Logroño). Arteijo (Coruña). Bellus (Valencia). Betelu (Navarra). Busot (Alicante). Caldas de Bohí (Lérida). Caldas de Estrach (Barcelona). Caldas de Malabella (Gerona). Caldas de Montbuy (Barcelona). AGUAS MINERALES 67 AGUAS MINERALES Caldas de Reyes (Pontevedra). Caldelas de Tuy (Pontevedra). Carlos III.-Trillo (Guadalajara). Cestona (Guipúzcoa). Chiclana (Cádiz). Fitero (Navarra). Fonté (Zaragoza). Fortuna (Murcia). Garnga (Barcelona). Guardia vieja (Almería). Hermida (Santander). Horcajo de Lucena (Córdoba). Ibero (Navarra). Jabalcuz (Jaén). Jaraba (Zaragoza). La Isabela-Sacedon (Guadalajara). Lanjaron (Granada). Loeches, La Margarita (Madrid). Lonjo ó la Toja (Pontevedra). Molar (Madrid). Montanejos (Castellón). Nancláres de la Oca (Alava). Otálora (Guipúzcoa). Peralta (Concepción de) (Madrid). Puente Viesgo (Santander). Quinto (Zaragoza). Riva los baños (Logroño). San Agustín (Madrid). San Juan de Campos (Mallorca). San Vicens (Lérida). Solares (Santander). Torres (Madrid). Urberoaga de Alzóla (Guipúzcoa). Valle de Ribas (Gerona). Las aguas salinas de los demas paí- ses son: Aljustrel (Portugal). Almofala (Portugal). Apoquindo (Chile). Baden-Baden (Alemania). Balaruc (Francia). Brancas (Portugal). Carlsbad (Bohemia). Cascaes ó Estoril (Portugal). Gatillo (Chile). Cauquenes (Chile). Colina (Chile). Homburgo (Alemania). Ischl (Austria). Itapicurú (Brasil). Kissingen (Baviera). Kreuznach (Prusia). Loeche (Suiza). Lucca (Italia). Luxeuil (Francia). Maiorca (Portugal). Marienbad (Bohemia). Maulé (Chile). Mondacá (Chile). Monsao (Portugal). Monte Catini (Italia). Nauheim (Alemania). Niederbrom (Prusia). Panimavida (Chile). Pinhel (Portugal). Pullna (Bohemia). Roucas-Blanc (Francia). Salies-Bearn (Francia). Salins (Francia). San Fernando (Chile). San Joao do Deserto (Portugal). Sedlitz (Bohemia). Seidschutz (Bohemia). Tavira (Portugal). Toro (Chile). Torres Yedras (Portugal). Vimeiro (Portugal). Wiesbaden (Alemania). § V. Aguas sulfurosas. Las aguas sulfurosas son las que contienen el gas hidrógeno sulfurado. Un sedimento amarillo, que arde en AGUAS MINERALES 68 AGUAS MINERALES el fuego, exhalando olor á huevos podridos, las distingue de un modo infalible. La mayor parte de estas aguas son untuosas y de sabor repug- nante; pero lo pierden, así como las otras cualidades que les son propias, cuando son expuestas al aire libre, ó á un calor suave y continuo. Tienen la propiedad de ennegrecer las prepa- raciones de plata. Casi todas estas aguas son calientes; pocas hay . frías. Las aguas sulfurosas gozan de pro- piedades excitantes; todas son reco- mendadas en las enfermedades de la piel, reumatismos crónicos, debilida- des de las articulaciones y los múscu- los, en ciertas parálisis, en las anqui- lósis, en las afecciones pulmonares y en la sífilis inveterada. Se emplean en bebida, baños, duchas é inhalacio- nes. Tomadas como bebida son ven- tajosas, particularmente en las enfer- medades del pecho. Cuanto más ca- lientes son, tanto mayor es el efecto que producen. Un solo baño de agua sulfurosa es suficiente para dejar por muchos dias un olor muy pronunciado á la transpiración. En cuanto al modo de administrar interiormente el agua sulfurosa, preci- so es, á causa de su acción excitante, usarla en corta dosis al principio. Dos ó tres vasos bastan en los primeros dias, y su mayor dosis no debe exceder de cuatro á seis. Cuando el agua está caliente, es ménos desagradable el gusto que estando fría. La duración de los baños debe ir gradualmente aumentando hasta completar una hora. Las aguas sulfurosas pueden ser tsa^poitadas con tal que estén tapadas perfectamente. Sin embargo, experi- mentan siempre una pérdida notable, y el olor más fuerte que exhalan en- tonces indica una especie de descom- posición. Por tanto, no se puede esta- blecer comparación entre las aguas to- madas en la fuente y las trasportadas á distancia, sobre todo cuando estas últimas han permanecido largo tiem- po almacenadas. Las aguas minerales sulfurosas más importantes en España son: Aramayona (Alava). Arechavaleta (Guipúzcoa) • Archena (Murcia). Bañólas (Gerona). Barambio (Alava). Benimarfull (Alicante). Betelu (Navarra). Caldas de Bohí (Lérida). Caldas de Cuntís (Pontevedra). Carballino y Partovia (Orense). Carballo (Coruña). Cervera del rio Alama (Logroño). Cortegada (Orense). Chulilla (Valencia). Florrio (Vizcaya). Escoriaza (Guipúzcoa). Frailes y la Rivera (Jaén). Fuensanta de Lorca (Murcia). Fuente Alamo (Jaén). Fuente Santa de Gayangos (Búr- S°^' Gaviria (Guipúzcoa). Grávalos (Logroño). Ledesma (Salamanca). Liérganes (Santander). Lucainena (Almería). Lugo (Lugo). Martos (Jaén). Montemayor (Cáceres). AGUAS MINERALES 69 AGUAS MINERALES Nuestra Señora de las Mercedes (Gerona). Ontaneda y Alceda (Santander). Ormáistegui (Guipúzcoa). Panticosa (Huesca). •Paracuellos de Jiloca (Zaragoza). Prelo (Oviedo). Puda (Barcelona). Salinetas de Novelda (Alicante). San Gregorio de Brózas (Cáceres). San Juan de Azcoitia (Guipúzcoa). Santa Águeda (Guipúzcoa). Sarita Ana (Valencia). Santa Filomena de Gomillaz (Ála- va). Tiérmas (Zaragoza). Las aguas sulfurosas de los demas países son: Aix-en-Savoie (Francia). Alcafaclie (Portugal). Alhandra (Portugal). Allevard (Francia). '■ Almeida «Portugal). Alprenda (Portugal). Amélie-les-Bains (Francia). Aregos (Portugal). Arez (Portugal). Badén (Austria). Baréges (Franicia). Cabezo de Vide (Portugal). Caldas (Brasil). Caídas de Rainha (Portugal). Canavezes (Portugal). Carlao (Portugal). Carvalhal (Portugal). Cauterets (Francia). Chillan (Chile). Coconuco (Nueva Granada). Guamo (isla de Puerto-Rico). Eaux-Bonnes (Aguas-Buenas) Fran- cia). Enghien (Francia). Entre-os-Rios (Portugal). Felgueúas (Portugal). Freixialinho (Portugal). Fumas (Portugal, isla de San Mi- guel). Gaviao (Portugal). Gayeiras (Portugal). Lijó (Portugal). Linhares (Portugal). Lisboa (Portugal, arsenal de la ma- rina), Manteigas (Portugal). Maria Viegas (Portugal). Marlioz (Francia). Moledo (Portugal). Monchique (Portugal). Monte de Pedra (Portugal). Monte Real (Portugal). Obidos (Portugal). Padréiro (Portugal). Penamacor (Portugal). Pierréfonds (Francia). Pombal de Anciaes (Portugal). Porretta (Italia). Pranto (Portugal). Ranhados (Portugal). Rapoila de Coa (Portugal). Rio Real (Portugal). >b Saint-Amand (Francia.) Saint-Honoré (Francia). Saint-Sauveur, (Francia). San Diego (isla de Cuba.) San Gemil (Portugal). San Jorge (Portugal). San Mamede (Portugal). San Pedro del Sur (Portugal). Santa Comba-Dao (Portugal). Taipas (Portugal). Unhaes de la Sierrra (Portugal), üriage (Francia). AGUARDIENTE 70 AGUAS BUENAS Vemet (Francia). Vizella (Portugal). Zebras (Portugal). Las principales de estas aguas mi- nerales de todas clases van tratadas especialmente en artículos separa- dos. Aguarrás. V. Esencia pe tre- mentina. Aguardiente. Líquido espirituoso obtenido por la destilación de muchas sustancias vegetales fermentadas. Mar- ca de 18 á 22 grados en el aeréometro de Gartier, (45 á 60° centesimales). El aguardiente consta de alcohol, de gran cantidad.de agua y de un acei- te volátil que difiere según el vegetal, cuyo jugo fermentado ha producido el líquido espirituoso. Se llama ron, aguardiente de caña ó aguardiente de melaza, cuando proviene de la ca- ña de azúcar; arack, cuando procede del arroz fermentado; aguardiente de vino, aguardiente francés ó aguar- diente catatan, cuando se extrae del vino ó del hollejo de la uva. El aguar- diente de trigo, de patatas, etc., no es otra cosa sino el líquido espirituoso obtenido destilando en el alambique esas sustancias. El aguardiente de ce- rezas es llamado kirschenwasser. Las bayas de enebro, fermentadas y des- tiladas dan el licor llamado Ginebra, qne también se prepara destilando en el alambique aguardiente de trigo ó de caña con bayas de enebro. El olor y el sabor del aguardiente varían con ■ forme á la naturaleza del aceite volá- til que entra en su composición. No teniendo color cuando acaba de ser preparado, el aguardiente amarillea algún tiempo después de estar en las pipas, porque la madera le presta la materia colorante. Pero los fabrican- tes lo coloran, añadiéndole un poco de azúcar quemado. El aereómetro, como queda dicho, sirve para determinar su fuerza, pero también se puede cono- cer la cantidad de alcohol que contie- ne haciéndole arder: se estima la can- tidad de alcohol, por el agua que que- da cuando el líquido se apaga. Conó- cese con facilidad cuando el aguar- diente se halla alterado por la pimien- ta ú otra planta acre cualquiera, ha- ciéndolo evaporar hasta que se seque, por ser excesivamente amargo el re- siduo que entonces resulta. Si el uso moderado y poco frecuen- te del aguardiente es saludable para excitar las fuerzas, su abuso, por el contrario, ocasiona temblores, dolores de cabeza, apoplegías, estupidez, pa- rálisis, y aun la muerte misma. Los efectos del aguardiente en la economía son idénticos que los del alcohol debi- litado. V. Embriaguez. Aguardiente alcanforado. Pre- párase disolviendo 30 gramos (1 on- za) de alcanfor en 1,170 gramos (39 onzas) de aguardiente á 60° centesi- males, y filtrando el líquido. Se usa en fricciones contra los reumatismos y torceduras. Es provechoso también para curar las heridas y contra los do- lores de muelas. Aguas buenas. (En francés Eaux- Bonnes). Francia. Aguas sulfurosas calientes. Itinerario de París á Aguas- Buenas: Ferrocarril de París por Burdeos, Dax á Pau, 18 horas, dili- gencia de este último punto á Aguas AGUAS BUENAS 71 AGUAS BUENAS Buenas, 4 1/2 horas. Gasto, unos 100 francos. La aldea de Aguas Buenas; en Francia, departamento de los bajos pirineos, dista 40 kilómetros de Pau. Está situada á 747 metros sobre el nivel del mar, en un valle cercado de elevadas montañas. Esta disposición de grande elevación es una buena cir- cunstancia bajo el punto de vista sani- tario, porque, aunque estrechada en- tre dos montes, el aire circula y se re- nueva fácilmente, de lo cual resultan condiciones higiénicas que raras veces se encuentran en las otras caldas. La aldea se compone de gran número de fondas, siendo la principal la de los Príncipes (Grand hbt des Princes'). Es un verdadero palacio, en el cual se reune una escogida sociedad' de entre los que allí acuden á curarse. En la extremidad del valle se en- cuentra el establecimiento termal. El agua de la fuente vieja (source-viei- lle) es la única que se bebe. Es clara, trasparente, untuosa al tacto, esparce un olor como de huevos podridos. Su sabor es dulce y muy poco desagrada- ble, cosa que hace pueda beberse sin repugnancia. La temperatura de estas aguas es de unos 32 grados centígra- dos. Contiene 21 centigramos de sul- furo de sodio por cada litro de agua. Difiere de la mayor parte de las de- mas fuentes del Pirineo, por la menor cantidad de sílice y la mayor de cloru- ro de sodio. La grande acción enérgica de estas aguas, tomadas en bebida, exige mu- cha circunspecccion, mucho tino en su empleo. Las dosis extremas que se beben son de dos cucharadas á tres vasos, de los cuales se toman dos por la mañana y uno antes de comer. Sobreviene agitación comunmente en los primeros dias, insomnio, exal- tación de todo el sistema nervioso; la fuerza muscular parece que aumenta; el pulso es lleno, el rostro está encen- dido, siéntese un apetito devorador; al mismo tiempo existe dureza de vien- tre, á veces hay diarrea. Al cabo, to- do se regulariza, y se manifiesta una impresión de satisfacción ó contento. Estas aguas ejercen una acción es- pecial sobre el aparato respiratorio; se usan con provecho en la laringitis- bronquitis, en la tisis y en el asma, empleánse en bebidas y en inhalado; nes; se hace muy poco uso de los ba- ños. Cada estación dura de tres á cuatro semanas; por lo común, las aguas de esta localidad suelen tomar- se en dos estaciones, del 1? de junio al 15 de setiembre. Estando afectados de las mismas enfermedades los enfermos que van á Aguas Buenas, y que solo difieren por el grado de intensidad,, el género de vida es casi el mismo para todos. A las ocho de la mañana se va á be- ber á la fuente, á las diez se almuer- za en mesa redonda. A medio dia la aldea queda desierta: las personas un tanto aliviadas se derraman por los lugares vecinos, en el kiosco, en las cascadas, en las deliciosas sendas de Gramont y de Jacqueminot; las que ya están á punto de recobrar todas sus fuerzas emprenden grandes excur- siones. El ejercicio á caballo está muy en uso en Aguas Buenas; el li- AGUAS CALIENTES 72 AGUTÍ gero sacudimiento que este ejercicio comunica es favorable á los pulmones: únicamente que la andadura debe ser proporcionada al estado sanitario del ginete. A las tres y media todo el mundo, regresa para beber el agua mineral; se come á las cuatro. Los dolientes manifiestan, lo mismo que en el almuerzo, un apetito extraordi- nario, que satisfacen sin temor por causa del aumento de actividad de las funciones digestivas. Después de comer se acostumbra ir al paseo Ho- rizontal. Este encantador paseo, que domina el valle de Laruns, sigue en sus vueltas la falda de la montaña en dirección á Aguas Calientes. A las persogas débiles les ofrece una vereda limpia, bancos para sentarse, y un vasto horizonte que la mirada escu- driña y donde el aire circula libremen- te. No estando plantada de árboles, la falta de sombra aleja de aquel si- tio á los enfermos durante el dia; és- tos prefieren el paseo de la Empera- triz, que costea el otro lado del valle, y que, por el contrario, ofrece frescos y risueños abrigos. Por fin, en el cen- tro de la aldea hay un hermoso par- que ingles, servido con una excelente orquesta, que se hace oir miéntras los enfermos toman las aguas. Aguas calientes (En francés Eaux-Chandes}. Aguas sulfurosas calientes. Francia, departamento de los Bajos Pirineos. El mismo itinera- rio de Paris que para Aguas Buenas, de cuyo punto solo dista media hora. La aldea ocupa una prolongación del valle de Ossan, que en este sitio forma una garganta sombría y de as- pecto salvaje. Las casas están apo- yadas contra la montaña; al borde de nn torrente se encuentra el estableci- miento termal, uno de los más her- mosos de los Pirineos, Las fuentes, sulfurosas todas ellas, son seis. A pesar del epíteto de ca- lientes con que se distinguen, su tem- peratura es de las menos elevadas de las fuentes del Pirineo (10° á 36° cen- tígr.); por lo que es necesario, muchas veces, calentarlas primero para admi- nistrarlas en baños. Se emplean con- tra los reumatismos, neuralgias, y so- bre todo para restablecer la menstrua- ción en las jóvenes cloró ticas. La clientela más importante de estas cal- das consiste hoy en enfermos de Aguas Buenas, que vienen á bañarse y tomar duchas en Aguas Calientes. Sin este suplemento, contaría en la actualidad pocos visitantes. La estación termal dura desde el Io de jubo hasta el de noviembre. Agudas (Dolencias). Se llaman agudas aquellas dolencias que presen- tan cierta gravedad y que recorren aceleradamente sus períodos; tales son, por lo común, las fiebres y las inflamaciones. Cuando una dolencia se prolonga por algún tiempo, dí- cese entonces que pasa al estado cró- nico. No es posible fijar con certeza la época en que la dolencia aguda toma el carácter crónico; pero ordina- riamente sé'aplica el nombre de cró- nicas á las afecciones cuya existencia cuenta arriba de los cuarenta dias. Agutí. Animal del orden de los Roedores; habita en la América del Sur, las Antillas y aun en México. AHOGADOS 73 AHOGADOS Tiene el aspecto y las costumbres del conejo, las piernas un tercio más lar- gas que las manos, la cola corta ó nu- la, el pelo liso y brillante, de color amarillento anaranjado, ó negruzco con matiz verdoso. El agutí no labra su cueva, habita en los huecos de los troncos de los árboles y se alimenta de frutas, hojas y raíces. La carne se come, pero tiene un gusto selvático, esto es, sombrío. La piel es excelente para calzado, por ser blanda y dura- ble. Los agutíes se domestican con facilidad, y procrean mucho; se asien- tan sobre sus nalgas, y con las manos llevan la comida á la boca, pero son muy incómodos por los daños que con los dientes causan en los muebles de casa. Ahogados. Se llama así á todos los individuos que son retirados del agua después de haber muerto en ella ó solamente perdido el conocimiento. Es un error popular, y altamente nocivo, creer que los ahogados pere- cen por haber tragado gran cantidad de agua: los ahogados mueren por asfixia, esto es, por la privación del aire atmosférico, quemo pueden res- pirar, á causa de tener todo el cuerpo hundido en el agua. Cuando un individuo se ahoga, bre- ga ó forcejea con violencia, y algunas veces sale á flor de agua, donde res- pira; vuelve á hundirse, se agarra á todos los cuerpos que encuentra, araña y raspa con las uñas el fondo del rio ó lugar donde ocurre el siniestro; pe- ro las fuerzas le abandonan poco á poco, y sobrevienen los síntomas de la asfixia. En general esta tiene lugar de una manera lenta, y las ansias del ahogado pueden prolongarse bastante tiempo; otras veces el individuo pier- de los sentidos al caer en el agua, ora por causa del susto, ora por la impre- sión del agua fria, ó bien por ser aco- metido de un ataque apoplético: la muerte suele ser pronta en este caso. Auxilios que deben prestarse á los ahogados. Está indudablemente pro- bado que una persona puede perma- necer largo tiempo debajo del agua sin morir, y por esto conviene prestarle los auxilios necesarios aun cuando se crea que su estado no tiene remedio. Solamente las señales de la muerte pueden hacer inútiles los auxilios. Dichas señales son: ausencia de la res- piración, falta del pulso y de los lati- dos del corazón, frió glacial, insensibi- lidad á las incisiones y á las cauteri- zaciones, rigidez cadavérica, y después la putrefacción. Los auxilios, por con- siguiente, deben ser administrados á todo individuo que, al retirarlo del agua, no presente esas señales. No debe perderse un solo instante: el ahogado debe ser trasportado, sin demora alguna, á un local dispuesto de modo que los auxilios puedan serle dados sin el menor embarazo. La pri- mera precaución consiste en acostarlo horizontalmente, sobre el costado de- recho, con la cabeza descubierta y más alta que el pecho, y á su vez este 1 más alto que las piernas. La cama ' deberá ocupar el centro del cuarto, para que las personas que administran 1 los auxilios puedan moverse con faci- 1 lidad en tomo de ella. Cinco ó seis AHOGADOS 74 AHOGADOS son suficientes para dar cuantos auxi- lios se necesiten; mayor número de asistentes podría causar estorbo. Gen- tes hay aun que creen que la muerte de los ahogados proviene de la intro- ducción del agua en el estómago y él pecho, y por tanto suponen que es preciso suspender al ahogado cabeza abajo. Semejante práctica debe ser totalmente abolida, puesto que hoy se sabe que ha sido perjudicial, por- que favorece la congestión del cere- bro, una de las causas frecuentes de la muerte de los ahogados. Después de dejar el cuerpo sobre el lado dere- cho, bueno es bajar una ó dos veces la cabeza del paciente, sosteniéndosela con la mano. Esta operación no debe durar más que medio minuto cada vez, y debe suspenderse cuando no sale agua. Hecho esto, se colocará la ca- beza más alta que lo demas del cuerpo. Urgente es desnudar al ahogado, y á fin de no perder tiempo, se cortan ó rasgan sus vestidos. Enjúguese la superficie del cuerpo, y envuélvase al ahogado en una man- ta de lana. Frótensele al mismo tiem- po el pecho, vientre, múslos, piernas, piés y brazos, con cepillo seco, con un pedazo de bayeta caliente, ó bien aún con la manta misma en que estuviese envuelto. Estas fricciones no tienen otro objeto que el de despertar el ca- lor del cuerpo. Aproxímesele á las narices un lien- zo mojado en vinagre ó en agua de Colonia. Miéntras se practican las fricciones generales, debe tratarse de restablecer la respiración, haciendo contraer arti- ficialmente el pecho del ahogado. A este fin se emplea el método indicado por Enrique Sylvester. Los movimien- tos impresos á los brazos son la base de este método. Consiste en la imita- ción de una profunda respiración na- tural, y se obtiene poniendo en juego los mismos músculos que la naturaleza emplea para llenar esta función. En una inspiración ordinaria larga, levan- tamos las costillas por medio de los músculos que van del pecho á los hombros; de esta manera se produce el vacío que permite al aire entrar en los pulmones. Pueden levantarse ar- tificialmente las costillas, extendiendo vigorosamente los brazos del ahogado hasta los dos lados de la cabeza; este movimiento ensancha la cavidad del pecho; prodúcese entonces el vacío, y una comente de aire afluye inmedia- tamente á los pulmones. La expira- ción es producida por la simple com- presión de los costados del pecho por medio de los brazos del paciente. Hé aquí la manera de proceder: Se acuesta al paciente boca arriba, con los hombros levantados y sosteni- dos por su vestido doblado, y con los piés apoyados. Levántense los brazos á ambos la- dos de la cabeza, y se aseguran sua- vemente, pero con firmeza, mante- niéndolos así levantados por espacio de dos segundos. Este movimiento, elevando las costillas, ensancha la ca- pacidad del pecho, y produce una inspiración (fig. 3). Bájense después los brazos, y com- prímanse suavemente, pero con finne- । za, durante dos segundos contra los AHOGADOS 75 AINHUM costados del pecho. Este movimiento, al comprimir las costillas, disminuye la capacidad del pecho, y produce una expiración forzada (fig. 4). Repítense estos movimientos alter- nativamente y con perseverancia quin- ce veces por minuto. El método de Sylvester para res- tablecer la respiración en el caso de muerte aparente á consecuencia de sumersión, ofrece la inapreciable ven- taja de ser muy sencillo y sumamente práctico, de no exigir ningún instru- mento especial, y de poder ser eje- cutado inmediatamente por cualquier persona. Adminístrase una lavativa prepa- rada con un vaso de agua templada y cuatro cucharadas de sal común. Se aplicarán sinapismos en las piernas, se introducirá rapé en las narices y sal en la boca. Cuando el ahogado principie á dar señales de vida, adminístrensele al- gunas cucharadas de vino ó de aguar- diente con azúcar; hay que notar, sin embargo, que el uso de cualquier lí- quido, ántes de poder ser tragado, se- ria funesto, pues en vez de encami- narse al estómago podría penetrar en las vias respiratorias.-Si el doliente se durmiera y tuviese un sueño largo, conviene no despertarle. No se puede pretender que un aho- gado vuelva á la vida en los primeros momentos; téngase por bien entendi- do, que muchas veces es preciso con- tinuar las gestiones y no perdonar medios durante dos ó mas horas: por eso los auxilios deben ser aplicados con insistencia y bajo la generosa idea de salvar la vida al paciente. Modo de socorrer á una persona que se ahoga. Cuando se quiere sal- var de la muerte á uua persona que se está ahogando, se tiene el cuidado de no acercarse mucho á ella, de ma- nera que pueda asiros de una pierna, el brazo ó el cuerpo, porque no solta- ría su presa, y por mas diestro y vi- goroso que seáis, os arrastrarla consigo al sepulcro. Sobre todo apartaos de su vista con toda cautela. Antes de echarle mano, examinad sus movi- mientos; colocándoos á su espalda, aprovechad el momento de poder asir- le el cuerpo con vuestras manos por debajo de los sobacos, y nadando vi- gorosamente con los pies, conducidla á fióte por el agua. Si hubiere perdi- do el uso de los sentidos, se puede agarrar por los cabellos y de este mo- do empujarla ó llevarla hasta la orilla. Algunos preceptos sobre la nata- ción, en el artículo Nadar, servirán de complemento al artículo presente. Ainhuni. Degeneración lenta y progresiva de los dedos meñiques ó dedos pequeños de los piés, y á veces de los cuartos dedos de ambos pies, produciendo su caída en tiempo más ó menos lejano. Dolencia peculiar á la raza negra; frecuente en la costa de Africa; existe, sin embargo, en el Indostan en individuos de la raza in- dia (rama tamul), y en el Brasil. Las causas del ainhum son ente- ramente desconocidas. No solo se ma- nifiesta en los negros que andan des- calzos, sino también en los que usan AINHUM 76 AINHUM calzado. Las negras están ménos su- etas que los negros á semejante afección, y los criollos no tanto como los africanos. Síntomas. El ainhum empieza por una ligera depresión, algo ménos que semicircular, ocupando las caras inter- na é inferior de la raíz del dedo, y coincidiendo exactamente con el plie- gue dígito-plantar, sin dolor intenso, ni fenómeno alguno inflamatorio, y á lo cual el doliente no presta la menor atención. El dedo se va apartando poco á poco de su vecino, en la apa- riencia cuando ménos, por su raíz; pero en la extremidad libre, por el contrario, se aproxima algunas veces del cuarto dedo, y parece formar un ángulo al nivel de aquel surco ó de- presión. Gradualmente va el órgano aumen- tando de volúmen á medida que el surco se extiende hácia la cara supe- rior, y después hácia la externa, de manera que, al cabo, la cabeza del dedo ha adquirido dos ó tres veces su volúmen ordinario; el surco se vuelve circular, profundo, hasta el punto de no ser visible el pedículo delgado que une aquel órgano al pié, sin im- primirle movimientos laterales que aparten las márgenes opuestas del surco. Rara vez se conserva hasta el fin una tira estrecha de tegumento de la faz externa. El epidérmis, por lo común, se vuel- ve áspero y escabroso, y la forma del dedo se redondea de una manera irre- gular, dándole el aspecto de una pa- tata pequeña. La uña se conserva perfecta, pero, á causa de la rotación del dedo, vuelta hacia afuera. El surco,, ó línea divisoria entre el pié y el dedo afectado, algunas veces llega á ulcerarse; pero comunmente se cu- bre apenas de algunas escamas epi- dérmicas que sin cesar se renuevan; cuando existe ulceración, la superficie del surco se halla mojada por una muy corta cantidad de líquido icoroso y fétido. Cuando el surco es circular y muy profundo, el dedo adquiere gran movilidad, pudiendo inclinarlo en cualquier sentido, y aun, hasta cierto punto, imprimirle un movimiento de rotación. En este período de la dolencia la primera falange ha desaparecido por completo al nivel del surco circular, y el dedo, inclinándose hacia abajo, embaraza la marcha, por estar sujeto á tropiezos sumamente penibles y dolorosos; entonces es cuando los en- fermos reclaman la amputación como único alivio á sus padecimientos. El curso de la dolencia es siempre lento, gradual, prolongándose de ma- nera que entre la manifestación del síntoma inicial, esto es, el surco pe- queño de la faz interna del .dedo, y su gran movilización por la profun- didad del mismo surco circular y des- trucción de la falange, media un es- pacio de tiempo que varía de uno á diez años. Al cabo el dedo queda pendiente de un pedículo delgadísi- mo, que, ó se rompe con el menor tropiezo, ó cae en gangrena, por la destrucción de los últimos vasos y filetes nerviosos que sostenían la vida en aquella masa pequeña casi sepa- rada del cuerpo. Los dolientes, ace- AIRE 77 AIRE leran por lo común, la caída del de- do, estrangulándolo con un hilo, ó recurriendo al instrumento cortante. La dolencia ataca generalmente al último dedo de un solo pié; á ve- ces, cosa muy rara, á los de entram- bos pies. Existen, sin embargo, al- gunos ejemplos de esta enfermedad en los dedos cuartos del pié. Tratamiento. Varios ungüentos han sido empleados, sin conseguir jamas detener la marcha de la dolen- cia ni evitar la pérdida del dedo. El Dr. Silva Lima, médico de Bahía (Brasil), aconseja hacer incisiones per- pendiculares al surco inicial, tan lue- go como empieza á mostrarse la cons- tricción circular de la piel. Por medio de esta pequeña operación, el Dr. Silva Lima alcanzó algunos resulta- dos favorables. En la época avanzada del mal, no puede apelarse á otro medio sino á la excisión del dedo. Practícase con tijeras. Una pequeña hemorragia sue- le suceder á la operación; una arteria lanza léjos la sangre. Para contener el chorro que la envía con impetuosi- dad, conviene aplicar paños mojados en agua fría con vinagre, ó empapa- dos en la solución de percloruro de hierro, comprimiéndolos bien con una venda. Al dia siguiente se quita el aparato y se cura la herida con hilas untadas de cerato simple, ó aplicando algodón en rama que se deja hasta que la herida se cicatrice. Aire. El aire, flúido invisible, tras- parente, incoloro, inodoro, se compo- ne de 21 partes de gas oxígeno y 79 partes de gas ázoe. El aire es el ali- mentó de la vida; sin él no podrían existir ni animales ni vegetales. In- troducido en nuestros pulmones, este flúido hace sufrir á la sangre una mo- dificación necesaria á la existencia: de negra y venosa que era, vuélvese roja y arterial: y repelido por el corazón, después de esta metamorfosis, el lí- quido sanguíneo derrama por todo el cuerpo el calor, el movimiento y la vida. La pureza del aire que se respira es una de las primeras necesidades de la vida. Cuando muchas personas se hallan reunidas en un mismo sitio, preciso es cuidar de la renovación del aire con la mayor escrupulosidad. El gas, que sale de los pulmones des- pués de la respiración, casi no contie- ne mas que ácido carbónico, por ha- ber absorbido los pulmones la mayor parte del oxígeno; y el ácido carbóni- co no solo es impropio para la vida, sino que hasta es mortal. En medio de una numerosa reunión, el ácido carbónico poco á poco viene á susti- tuir al aire atmosférico respirable, de modo que si no se tuviera el cuidado de renovarlo, se corre el peligro de morir por asfixia. Los casos en que la falta de reno- vación del aire ha producido lamen- tables efectos son bastante numero- sos. En el artículo Asfixia se refie- ren hechos lastimosos; hé aquí uno más de la misma índole. En 1805, después de la batalla de Austerlitz, en una de las muchas ca- vernas que hay en la Moravia, ence- rraron, para ponerlos al abrigo del frió de la noche, á trescientos prisio- AIRE 78 AIRE neros rusos. A media noche el centi- nela oyó clamores horrorosos. Rece- lando no fuese alguna sublevación de los prisioneros, dio la voz de alar- ma y la guardia se preparó á ha- cerles fuego. Al acercarse á la puer- ta, cuarenta de aquellos infelices se pecipitaron afuera, echando sangre y espuma por la boca. Con la mayor diligencia se les prestaron los auxilios necesarios; pero los otros doscientos sesenta eran ya cadáveres ó estaban en la agonía. Por este hecho puede verse lo per- judicial que es para la salud la falta de renovación del aire. Conviene recor- dar aquí que el cuarto en que se acos- tumbra dormir, esa morada en la cual pasamos una parte considerable de nuestra existencia, debe ser la más desahogada y la mejor dispuesta de las piezas de nuestra vivienda. Las al- cobas cerradas, que solo se abren por la noche, pocos momentos ántes de acostarse, son contrarias á la salud; y seria de desear se suprimiesen en todas las nuevas construcciones, es pecialmente en los países cálidos; el mejor lugar para la cama está en el centro de una vasta sala, que pueda ser fácilmente ventilada. Importa también no amontonar en esta pieza ni ropas ni provisiones, que exhalan miasmas y vician el aire. Los cuartos de los dolientes, sobre todo, exigen la renovación del aire: conviene abrir las ventanas muchas veces al dia aun durante el tiempo frió y lluvioso. La falta de renova- ción del aire no solamente es nociva al enfermo, sino también á las perso- ñas sanas que le asisten ó visitan. Sin mentar la corrupción del aire por la simple respiración, las emanaciones del sudor, de las salivas y de las de- yecciones alvinas ejercen una influen- cia nociva, y deben, ser removidas. Las sustancias aromáticas pueden pa- recer agradables, pero no son útiles en estos casos. El espliego, el romero, el benjuí, el azúcar y otras sustancias que se queman sobre ascuas, los va- pores de vinagre, etc., pueden disi- mular ó encubrir el mal olor, pero no le quitan el carácter pernicioso: el me- jor medio, es sin disputa, abrir mo- mentáneamente las puertas y venta- nas de la habitación. La combustión de velas, lampari- llas, etc., en un sitio en que el aire no se renueva ó se renueva incompleta- mente, contribuye á viciar la atmós- fera. Cualesquiera que sean los cuer- pos que se empleen (velas de sebo, de espermaceti, de cera, de aceite), producen en el cuarto los efectos si- guientes: 1" rarifican el aire y elevan su temperatura; 2° disminuyen la can- tidad de oxígeno, disminución que es sustituida por cantidad equivalente de ácido carbónico; 3o depositan en la at- mósfera ambiente gas hidrógeno car- bonatado. De estos cambios resulta que los pulmones reciben un flúido gaseoso menos rico que el aire natural. Todos estos hechos hacen evidente que no hay cosa más perjudicial á la salud que las largas vigilias, los estudios nocturnos y asiduos. Por consiguien- te, es de suma importancia para las personas valetudinarias, especialmen- AIX-EN- SAVOIE 79 AIX-EN-SAVOIE te para aquellas que tienen el pecho delicado, el abstenerse de largas ve- ladas y de permanecer mucho tiem- po en salones profusamente alum- brados. Para complemento de este artí- culo, véase Desinfección y Miasmas. Áix-en-Savoie. (Erancia). Aguas sulfurosas calientes. Aix es una lin. da ciudad francesa con 4.500 habi- tantes, distante de París á trece ho- ras por el ferrocarril; el viaje cuesta 73 francos. Las aguas minerales de esta localidad eran conocidas de los Romanos, y la fundación del primer establecimiento se atribuye al empe- rador Graciano que vivía en el siglo jv. A juzgar por los monumentos que quedan de los tiempos antiguos, es- tos baños tuvieron grande importan- cia bajo la dominación romana, y des' pues de numerosas visicitudes, recu" peraron la que hoy merecen. Esta localidad tiene buenas condiciones higiénicas y un servicio médico bien organizado. Las aguas de Aix son calientes y sulfurosas. Provienen de dos fuentes que salen de una roca calcárea. El agua es trasparente, algo untuosa, de olor á huevos podridos, que des- aparece por su exposición al aire, el sabor es dulce y terroso, la tempera- tura llega de los 43° á los 44° centí- grados. Aunque las cualidades y pro- piedades de ambas fuentes sean casi las mismas, hánles dado nombres que podrían hacer creer que su composi- ción es diferente; una lleva el nombre de fuente de alum- bre; la diferencia estriba en que el olor sulfuroso de ésta es menor que el de la primera. Según el Sr. D. José Bonjean, quí- mico de Chamberí, mil gramos de es tas aguas contienen 42 centigramos de sustancias fijas, que son: ácido silí- cico; fosfatos de alúmina y de cal; fino- ruro de calcio; carbonates de cal, de magnesia, de hierro, de estronziana (vestigios); cloruros de sodio, de man- ganeso; ioduro alcalino (vestigios), glarina (cantidad indeterminada). El establecimiento termal de Aix es propiedad del Estado. Se cuentan en él seis piscinas de natación, treinta y dos cuartos para baños separados unos de otros, salones de inhalación y seis estufas con todos los aparatos de duchas. La ciudad de Aix en otro tiempo pertenecía á la Italia. Reuni- da á Francia en 1860, los favores del gobierno francés han llovido sobre el establecimiento termal, que actual- mente se encuentra aumentado y me- jorado de una manera notable. Su ca- sino puede rivalizar con los mejores de su género. Las aguas termales de Aix se em- plean como bebida, pero sobre todo en baños. Para beberías se emplean por lo común con leche de vaca, de eabra ó de burra; bajo esta forma, convienen en las afecciones del pecho, en el as- ma, en la bronquitis crónica, en la ti- sis incipiente. En baños son prove- chosas contra las parálisis, reumatis- mos, enfermedades cutáneas, sífilis in- veterada, úlceras antiguas, anquilósis. La época en que se toman es desde el 1? de Mayo hasta el 15 de Setiembre. Deben ser tomadas en la fuente mis MARLIOZ 80 AJO ma, porque pierden mucho de sus propiedades después de enfriarse. Los baños de natación en las pisci- nas en agua tan estimulante como lo es esta sulfurosa, aumentan las fuer- zas musculares, favorecen el desarro- llo de la cavidad del pecho, y pueden evitar la formación de los tubérculos. La ciudad de Aix, á causa de su situa- ción geográfica y vías férreas, es visi- tada por casi todas las personas que van á Suiza ó á Italia. Las antigüe- dades romanas que encierra le dan bastante importancia. Está situada á 258 metros sobre el nivel del mar; la temperatura media del aire, durante la estación de baños es de 21° centí- grados. Marlioz. A veinte minutos de Aix está la localidad llamada Marlioz, que posee tres fuentes de agua sulfu- rosa fria, cuyo uso completa el de las caldas de Aix. Un ferrocarril america- no ó tranvía une Marlioz con Aix. El sitio es agradable. Las aguas de Marlioz son conve- nientes en particular para el trata- miento de las afecciones de las vías respiratorias: laringitis, bronquitis, as- ma y tisis. Se emplean en inhalacio- nes. Al efecto hay dos grandes salas en medio de las cuales se halla dis- puesto un chorro de agua sulfurosa que después de chocar sobre un disco de zinc, cae en una ancha pila, de donde el agua corre en pequeñas cas- cadas. Allí es donde los enfermos se reunen para respirar el gas que se es- parce por la atmósfera. También hay otra sala con aparatos para duchas fa- ríngeas. Estos aparatos despiden el agua tan desmenuzada que, como tenue bruma, viene á tocar la parte doliente contra la cual se dirige. Ajenjo. Artemisia absinthium, Linneo. Sinantéreas senecionídeas. Esta planta se encuentra en las re- giones montañosas de Europa y espe- cialmente en España. En algunas partes de América se cultiva en las huertas. Tiene más de 60 centíme- tros de elevación, hojas blanquecinas por ambos lados y flores amarillentas. Las hojas de esta planta son muy amargas. Poniendo 4 gramos (1 drac- ma) de ellas en infusión con 180 gra- mos (6 onzas) de agua hirviendo, se obtiene una bebida tónica, convenien- te en las digestiones difíciles, y que puede ser como vermífugo, ó para provocar los menstruos, cuando su fal- ta depende de debilidad constitucio- nal. Introdúcense á veces en la cerve- za, en lugar del lúpulo, las sumidades de ajenjo', la cerveza participa de su amargor y se conserva con más facili- dad, si bien es cierto que se hace más embriagadora. El licor conocido con el nombre de ajenjo, es la preparación que resulta de la destilación del alcohol con di- versas especies de ajenjo que produce la Suiza. Se toma ántes de comer di- latado en gran cantidad de agua; cons- tituye una bebida estomacal, pero su uso frecuente es nocivo ála salud, so- bre todo en los países cálidos: em- brutece la inteligencia. Ajo. Ajo común ó cultivado. Al- lium sativum .Linneo. Liliáceas. Bul- bo casi redondo, vulgarmente llamado AJONJOLI 81 ^ALABASTRO cabeza, con túnica entera, seca, blan- ca, compuesto de cinco ó seis bulbi- llos iguales, paralelos, oblongos, en- corvados hácia dentro, agudos, cada uno de ellos cubierto de una túnica de dos láminas. Olor fuerte, penetrante, especial; sabor acre, un tanto dulce. Condimento muy empleado. Los bulbillos de esta planta (vulgo dientes) son un estimulante para el estómago. Su abuso produce una es- pecie de embriaguez y una extremada sensibilidad de la vista; su olor se co- munica con rapidez á las diferentes exhalaciones del cuerpo, al aliento, al sudor, á la orina, etc.; no es agrada- ble y dura largo tiempo. Dos ó tres dientes de ajo, cocidos ó en infusión con leche, mezclados con pan y man- teca, y lo mismo crudos, son un exce- lente vermífugo para los niños, así como también para los adultos. Pue- de usarse en lavativa, y administrado de este modo ocasiona una fiebre pa- sajera. Ajo grueso de España. Allium scorodoprasum, Linneo. Liliáceas. Tallo espiral en la cima, de un metro de altura; hojas dentadas; bulbo radi- cal casi globulado, bulbillos gruesos. Tiene los mismos usos y las mismas partes que el anterior. Ajonjolí, Sésamo ó Alegría. Se- samnm indicum, De Candolle, y Sesamum oriéntale, Linneo. Plantas de la familia de las Bignoniáceas, ori- ginarias de la .India; se cultivan en España y en la América del Sur. El fruto es una cápsula con cuatro locu- lamentos que encierran simientes ovoides, algo más pequeñas que la linaza. De estas semillas se extrae un aceite usado para el condimento de los guisados, para alumbrado y para la fabricación del jabón. En medicina es un laxante suave; tam- bién se emplea en fricciones contra las manchas de la piel y contra las erupciones. Los Egipcios comen el bagazo de las simientes prensadas, mezclado con miel y zumo de limón. Las simientes de ajonjolí producen una harina con que se preparan bollos, papas, etc. Estas simientes se comen también tostadas como el maíz, ó co- cidas como el arroz; es alimento sano y agradable. Alabastro. Nombre de dos clases de piedras naturales, de composición diferente, y ambas empleadas en las ai tes: 1? Alabastro gipsoso, q. e es el sulfato de cal hidratado; notable por su proverbial blancura; es suma- mente blando, y quebradizo al menor choque. Sirve en la escultura, y se modelan con él objetos de ornamen- tación, vasos, péndulas, estatuas, etc. Hayva stas canteras de alabastro gip- soso en Volterra (Italia). 2" Alabas- tro calcáreo, variedad de cal carbona- tada, mucho más duro que el prece- dente, y hasta puede rayar el mármol; es de un blanco de leche, ó de color amarillo con venas y pintas diferen tes. Admite un gran pulimento; sirve para obras finas, vasos, camafeos y aun para estátuas de gran tamaño. Se extrae en el Egipto y la India. Tam- bién se cria en los Alpes, en los Piri- neos y en los Andes. Modo de limpiar los objetos de ala- bastro. Los objetos de alabastro sue- ALACRAN 82 ALACRAN leu ponerse amarillentos con el humo y el polvo. Se limpian lavándolos con agua de jabón y pasándolos después con agua pura; hecho esto, se frotan con un ante ú otra piel blanda. Las manchas de grasa desaparecen frotán- dolas con talco en polvo ó con esencia de trementina. Para encolar los pedazos de objetos de alabastro quebrados, se emplean diversos betunes. Hé aquí las rece- tas: Ia receta. Almidón, 30 partes; gre- da en polvo fino, 100 partes; cola, 30 partes; trementina 30 partes. Disuél vense el almidón y la greda en agua mezclada con igual porción de aguar- diente, añádese la cola, cuécese, y du- rante la ebullición se agrega la tre- mentina y se revuelve para formar masa homogénea. 2a receta. Se hace una disolución concentrada de cola de pescado en agua, añádesele un poco de alcohol y de goma-amoniaco para formar ma- sa líquida. Para servirse de ella, se aplica con espátula de madera á las partes que se trata de encolar; com- prímense después estas partes, y se deja secsr. Alacrán, Escorpión. Insecto ve- nenoso, que se encuentra en España, Portugal, Mediodía de la Francia, Italia, el Brasil, y en todos los países cálidos. Tiene larga cola terminada en dardo ó aguijón, el cual, por deba- jo de su punta, presenta muchas aber- turas que comunican con el receptácu- lo del veneno. Los alacranes viven debajo de las piedras y de los pedazos de madera, en parajes húmedos; fre- cuentan las casas, y particularmente las bodegas; no salen de sti escondrijo mas que por la noche. Estos animales se alimentan de arañas y de insectos pequeños. Son esencialmente cazado- res y se devoran entre sí mismos; los grandes comen los chicos. Su andar es grave y mesurado, llevando el rabo derecho y rastrero. Luego que se ven irritados, su rabo se encorva hacia arri- ba por cima de la espalda y se endu- rece: se ve el bicho balancear hacia delante y sobre su cabeza el aguijón emponzoñado, pronto á herir al pri- mer instante dado. Los alacranes re- culan como los cangrejos y algunas arañas, pero es para tomar vuelo y lanzarse con más vigor. Muchas veces un escorpión pequeño ataca y da la muerte á una araña mayor que él. Los pajarillos picados por los ala- cranes vacilan, tiemblan y dan vuel- tas como si tuvieran vértigos; después se desploman, experimentan convul- siones y mueren. También se han vis- to cachorrillos morir en el espacio de cinco horas, después de una hinchazón general, vómitos y convulsiones, que les hicieron morder la tierra. Las principales variedades son: Ia El alacran ó escorpión ordinario de Europa mide 27 milímetros, esto es, cerca de una pulgada de largura, tiene color rojo más ó ménos oscuro: 2a el alacran palmeado] 3a el alacran ama- rillento^ de 80 á 85 milímetros, esto es, cerca de tres pulgadas de largo; 4a el alacran de Africa, que tiene 150 milímetros ó cinco pulgadas y media de longitud. El instrumento formidable de los ALACRAN 83 ALAMBIQUE alacranes ocupa la última articulación de la cola, en la cual se distingue un abultamiento y un aguijón. Cuando el animal se prepara á picar, se puede ver en la punta del aguijón una gota de veneno que aumenta con el esfuer- zo de la picada y la resistencia de la parte herida. Acción sobre el hombre. La picadu- ra del alacran generalmente suele ser caracterizada por una mancha encar- nada, que dura de siete á ocho dias, y va acompañada de dolor. La especie ordinaria no es peligrosa; solo produce accidentes locales é insignificantes. El alacran amarillento es algo más pli- groso. El de Africa produce á menu- do accidentes graves, un dolor inten- so, hinchazón, sudores frios, vómitos, fiebre y á veces la muerte. Por lo co- mún, los alacranes son tanto más pe- ligrosos, cuanto más voluminos y más viejos sean, y cuanto más irritados es- tuvieren, influyendo ademas de esto para los efectos del veneno el mayor calor del clima. Tratamiento de las picaduras del alacran. Cuando alguna persona fue- re picada por un alacran, debe lavar- se la herida inmediatamente con agua fría, y aplicar lo más pronto posible dentro de ella algunas gotas de álca- li volátil, sirviéndose para el caso de un palillo. Hecho esto, se aplicarán paños mojados en agua fria. Si la he- rida permanece rojiza y sigue dolien- do, preciso es entonces suspender las aplicacienes de agua fría y sustituir- las por cataplasmas de linaza. Es un error acreditar que el ala- cran machacado, y aplicado sobre la herida que resulta de su picadura, sea un remedio eficaz para curarla, por más que este error se halle entro- nizado en todas cuantas partes habi- tan estos insectos. Alambique. Aparato empleado en las artes pare destilar, esto es, para separar por medio de la acción del ca- lor el líquido volátil de las sustancias fijas ó menos volátiles que él. El alam- bique ordinario se compone de tres paites distintas: caldera, capitel ó cúpula y resfriador ó refrescador, Su forma varía mucho según sea la naturaleza del producto que se desea obtener. Tratándose de la destilación de plantas para extraerles las esencias que contienen, en vez de introducirlas directamente en la caldera, lo que se- ria exponerlas á una excesiva acción de calor, se colocan en un vaso más estrecho, que entra en el agua de la caldera, y se llama baño de marta. En este caso se dice que la destilación se hace al baño de marta. Hé aquí la descripción de las dife- rentes partes ó piezas del alambique, destinado para destilar agua y obte- ner lo que se llama agua destilada. La caldera es un vaso en el cual se pone el agua de rio que ha de des- tilarse; es de metal, casi siempre de cobre estañado, forma cilindrica, ba- rriguda en lo alto. Esta barriga tiene una abertura por cima de la cual en- tra un tubo que se cubre con el tapon- Por este tubo es por donde, me diante un embudo, se introduce el agua destinada á reemplazar la que ge evapora. La extremidad inferior de ALANGE 84 ALBAHACA la caldera, ó el fondo, descansa sobre el fuego; una abertura del hornillo ci- lindrico debe estar preparada á recibir- la. El capitel por lo regular del mismo metal que el resto del aparato, forma el remate de la parte superior del alam- bique, lo que ha dado origen al nom- bre que lleva. Su forma es cónica; la base se ajusta exactamente al entalle que la caldera tiene en su parte de arriba, y es que la abertura inferior del capitel tiene la misma dimensión que la superior del caldera. Va guar- necido de un largo tubo encorvado, destinado á llevar los vapores al resfriador. Este consta de un tubo es- piral de estaño, llamado serpen- tín, contenido en un vaso de cobre ó de madera, lleno de agua fría. En el serpentín se verifica la condensa- ción de los vapores, y su retorno al estado líquido. Su extremidad supe- rior, un tanto ensanchada, se adapta al pico del capitel; su extremidad in ferior desemboca en un vaso, lla- mado recipiente, al cual conduce el producto de la destilación. Para la mejor condensación del vapor que' re- corre el serpentín, renuévase el agua que lo rodea merced á una corriente no interrumpida que baja de un de- pósito superior, del cual se ve indica- da la llave. Esta agua fria es conduci- da por el tubo al fondo del depósito, al paso que el agua calentada se dirige al vaso, por medio del tubo, pues- to en comunicación con la parte supe- rior del resfriador. Alange. España, provincia de Ba- dajoz. Aguas acídulas calientes, de 28° á 30° centígrados de temperatura, El agua es clara y trasparente, sin olor, de sabor ligeramente acídulo y picante; despréndese de ella muchas burbujas producidas por el gas ácido carbónico. Cada litro contiene 3 gra- mos de sustancias fijas que son: clow ruros de sodio y de magnesio; sulfa- tes de cal y magnesio; carbonato de cal y vestigios de hierro. El esta- blecimiento balnear encierra dos pis- cinas destinadas una á las señoras y la otra á los hombres: en cada una de ellas pueden caber veinte perso- nas; también hay baños aparte. La aldea de Alange está situada á tres leguas de la famosa ciudad de Méri- da, la antigua Ermita augusta, la Mc- rat de los árabes. El viaje de Madrid á Mérida se hace por ferrocarril, y de este punto á Lange en cuarruaje. Las aguas se emplean en baños y bebida en las enfermedades siguientes: gas- tralgias, dispepsias, neurosis, ingur- gitamientos del hígado y del bazo, ca- tarros de la vejiga y enfermedades cutáneas. El precio de los baños es módico; el de hospedaje es también re- ducido y se obtiene en muchas casas particulares destinadas á este servi- cio. Por último, los alrededores de la ciudad son deliciosos por sus huertas, viñedos, olivares y encinares. Albahaca. Ocimum basilicum, Linneo. Planta de la familia de las Labiadas, que se cultiva en las huer- tas. Consta de tallo un tanto velloso, hojas ovales, dentadas, flores rosadas, y tiene olor aromático. La infusión de albahaca es sudorífica; se prepara con dos ó tres hojas de la planta y una ta- za de agua hirviendo. Emplease ALBINO 85 ALBUGO con particularidad en los resfriados. < Albarras ó yerba piojera. Del phinium staphysagria, Linneo. Re- nunculáceas. Planta común en Espa- ña. Hojas palmeadas, con lóbulos agir dos, recortados; flores azules y cimien- tes rojas, encorvadas, rugosas, angu- lares, de olor desagradable; sabor acre. Las simientes se emplean en polvo ó mezcladas con manteca, en la cabeza de los niños para matar los piojos. Albayalde. V. Plomo. Albérchigo. Especie de meloco- tón, cuyo fruto madura muy pronto y del cual hay algunas variedades. Abinismo. V. Albino. Albino. Se designa con este nom- bre los individuos que tienen la piel blanca como la leche ó el papel; los cabellos blancos ó de blancura parti- cular; el iris de color rosado pálido y la niña de los ojos rojiza, como los ojos del conejo blanco; la vista, toda la constitución física y las facultades intelectuales son débiles en sumo gra- do. Esta particularidad de organiza- ción fue primeramente observada en los negros y se creía que solo esa raza de hombres estaba sujeta á poseerla, de donde vino el nombre de negro blanco, negro albino, oetiops albus' Después, sin embargo, los albinos fueron observados en las diferentes naciones de Europa. Ademas de la albinia general, existe también la al- binia parcial, que invade esta ó aque- lla parte del cuerpo : Parece induda ble que esta descoloracion general ó parcial depende de la falta de secre- ción del pigmento que da color á la piel. Sus causas son completamente desconocidas. La adaptación de la vista en los albinos está restringida porque los objetos iluminados les des- lumbran los ojos. El iris se contrae en este caso, lo mismo que el múscu* o ciliar, y la adaptación se produce generalmente bajo las condiciones de la meopía, á condición de aproximar mucho los párpados uno á otro. Con la edad se minora el albinismo. Evítase el deslumbramiento de la vis- ta usando anteojos con vidrios azules, ó anteojos estenopéicos. Así se lla- man los anteojos comunes, cuyos vi- drios son sustituidos por láminas me- tálicas que llevan en su centro una pe- queña abertura circular. Estas láminas forman tabique entre los objetos ilu- minados y la retina; sustituyen la membrana iris que se halla contraí- da. Albugo. Nube del ojo. Llámanse albugo, y ademas nefelión y leucoma, conforme á los grados de intensidad, las diferentes manchas que aparecen en los ojos. A consecuencia de las inflamacio- nes violentas de los ojos, suele des- arrollarse á veces en la córnea lina mancha blanca, opaca, situada entre las láminas de esta membrana y for- mada por el derrame de los fluidos blancos: esta mancha lleva el nom- , bre de albugo. Según la parte de la córnea que ocupa, según su extensión • y el grado de opacidad, el albugo im- pide más ó menos la visión: cuando i es ancho y está colocado en el centro de la córnea produce la ceguera; cuan- i do ocupa uno de los puntos de la cir- ? cunferencia de dicha membrana, obli- ALBUGO 86 ALBUMINA ga al doliente á mirar de una manera oblicua ó como un vizco; si es muy re- ducido y ocupa el centro de la córnea estorba menos la visión en la sombra que á la luz, lo que permite que ma- yor número de rayos luminosos lle- guen al interior del ojo. El nefelión difiere del albugo en ser menos opa- co, más superficial, y porque parece consistir más en un oscurecimiento de la córnea que no en un derrame de la serosidad lactescente, como aconte- ce en el albugo. Por último, el leu- coma ó cicatriz de la córnea, tiene por carácter el presentar constantemente una depresión sensible. Tratamiento. Las manchas ó nu- bes producidas por las inflamaciones de los ojos, ceden comunmente al mismo tiempo que esta flegmasía, ó poco después, bajo la influencia de los remedios usados contra ella, esto es, purgantes, colirios, emolientes y después astringentes. Pero cuando ya no existen vestigios de inflamación, y en los casos en que las manchas se manifiestan sin ella, conviene insu- flar en los ojos azúcar reducido á pol- vo impalpable; recurrir al láudano puro, aplicado sobre la mancha me- diante un pincelito; á la cauterización superficial del daño con piedra infer- nal ó con piedra alumbre, ó al colirio preparado según la fórmula siguiente: . Agua de rosas, 180 gramos (6 onzas). Sulfato de zinc, 60 cent. (12 granos). Mézclese. Se lavan los ojos, tres veces al día, con este colirio, Por estos medios se puede obtener la curación del nefe- lión. En cuanto al albugo y al leuco- ma, casi siempre se muestran rebel- des á los recursos del arte. Albúmina. Dáse este nombre á un principio que existe en los anima- les, en el estado líquido ó concreto; constituye la mayor parte de la clara de huevo. La albúmina existe en ca- si todos los líquidos animales y vege- tales; pero muy particularme en la sangre. En ciertas dolencias suele aumentarse la secreción de la albú- mina y este humor se coagula para formar falsas membranas, lo cual tie- ne lugar en la pleuresía, peritonitis, - crup, etc. La albúmina líquida es incolora, trasparente, sin olor, susceptible de espumear mediante la agitación; en fin, posee todos los caracteres de la clara de huevo, que, como queda di- cho, no es sino albúmina casi pura. La albúmina se condensa ó cuaja con el calor, el alcohol y el ácido acético; y, una vez coagulada, se hace insolu- ble en el agua. La clara de huevo co- cida ofrece los mismos caracteres de la albúmina cuajada. Esta sustancia posee una propiedad química que la hace muy preciosa en la medicina, y es que las sales de cobre y de mercu- rio forman con ella un precipitado in- soluble, por lo cual se emplea venta- josamente en los envenenamientos ocasionados por esos cuerpos. La al- búmina, descomponiendo en el estó- mago las preparaciones de cobre y de mercurio, causantes del envenena- miento, forma con ellas una nueva sustancia que no tiene acción sobre • las membranas del estómago. Los ve- nenos que la albúmina puede descom- ALBUMINURIA 87 ALBUMINURIA poner y que se encuentran la mayor parte de las veces, son: el cardenillo, el vitriolo azul y el sublimado corro- sivo. Para administrar este contrave- neno, se disuelven muchas claras de huevo en dos veces su peso de agua, revolviendo la mezcla, y se dan á be- ber en pequeñas dosis. El contrave- neno obra con tanta mayor eficacia, cuanto menor es el tiempo que se tar- da en administrarlo. Albuminuria. Así se llama á la dolencia que presenta como síntoma principal la existencia de la albúmina en las orinas. La albuminuria es co- nocida también con el nombre de do- lencia de Bright, por llamarse de es- te modo el autor que la describió pri- mero, el año de 1827; también se le llamó nefritis albumnosa, porque los riñones (nefros en griego) se ha- llan afectados en este caso. La albuminuria ataca en todas las épocas de la vida y se observa en los niños de corta edad; es más común, no obstante, entre los adultos. Se ma- manifiesta en los climas húmedos y frios, como ciertas localidades de In- glaterra, Holanda y Suecia: es muy rara en los países cálidos. Los sintonías se dividen en dos di- versas formas: forma aguda y forma crónica. El estado agudo principia del mis- mo modo que todas las dolencias in- flamatorias, por un calofrío seguido de ardor en la piel, sed, frecuencia de pulso; al propio tiempo las orinas son ménos abundantes que de costumbre, más oscuras y á veces un poco san- guinolentas. Al cabo de algunos disa toman color citrino; entonces contie- nen ya albúmina, que las hace más espumosas; al mismo tiempo el dolien- te experimenta un dolor poco inten- so en los riñones, ó si no una sensa- ción de peso. Hínchanse la cara y los pies. Llegada á este punto la dolen- cia puede terminarse: Io por la reso- lución, en cuyo caso los síntomas dis- minuyen poco á poco y desaparecen al cabo de dos, tres ó cuatro semanas; 2° pasando al estado crónico. La forma crónica sucede por con- siguiente á la anterior, ó si no, lo que es más común, se manifiesta así des- de un principio. Los primeros sínto- mas son la presencia de la albúmina en las orinas y un dolor sordo, pro- fundo, pero de poca intensidad en los riñones. Lasorinas sonmás espumosas que de costumbre; su cantidad dismi- nuye casi la tercera parte, su color es amarillo pálido y algo turbio, por úl- timo, contiene albúmina, que se re- conoce sometiéndolas á la acción del calor; entonces se forma un cuajo más ó menos espeso; el ácido nítrico aña- dido gota á gota, produce en ellas idéntico efecto. Al propio tiempo que la albúmina se halla en mayor canti- dad, la proporción de las sales, sobre todo de la urea, disminuye de un mo- do notable. La sangreadquiere ma- yor fluidez, y contiene tanta ménos albúmina cuanto más esta abunda en las orinas. Sobrevienen la hinchazón de la ca- ra, de las piernas, de los piés, y luego la hidropesía del vientre, del pecho ó del corazón. Entre los otros síntomas más constantes se nota la supresión ALBUMINURIA 88 ALCACHOFA casi completa de la traspiración cu- tánea, la dificultad de respirar, tos, vómito, diarrea, y á veces, en fin, gra- ves accidentes cerebrales. La duración de la forma crónica es muy variable. Unas veces la hidrope- sía se manifiesta poco tiempo después de verificarse la presencia de la albú- mina en las orinas; otras veces suelen pasar muchos meses antes que apa- rezca. Una vez declarada puede cesar por el tratamiento, ú ofrecer interva- los de remisión. Tratamiento. En el periodo agu- do de la dolencia conviene adminis- trar la infusión! de grama como bebi- da; caldos de gallina, leche de vaca como alimentos, y la pocion siguiente: Hojas de digital, 60 cent. (12 granos). Agua hirviendo, 150 gramos (5 onzas). Hace se la infusión, se cuela y añade: Jarabe de goma, 30 gramos (1 onza). Para tomar una cucharada, de dos en dos horas. Dos dias después se hace uso de la bebida siguiente: Infusión de bayas de enebro.... 150 gram. (5 onzas). Bicarbonato de sosa 2 gram. (1 y 2 drac). Azúcar 4 gram. (1 drac). Para tomar toda esta bebida por la mañana y repetirla en igual dosis por la noche. En Xa, forma crónica. se usará de buena alimentación, leche, vino puro y una de las preparaciones siguien- tes: Crémor de tártaro, 30 gram. (1 onza). Divídase en 8 papeles. Para tomar uno de ellos, dos veces por dia, en un vaso de agua azucarada. Hierro reducido, 15 gram. (4 drac) Divídase en 15 papeles. Para to- mar uno, dos veces por dia, en un po- co de agua con azúcar. Tintura de Marte tar- tarizada 30 gram. (1 onza). Para tomar 20 gotas, dos veces por dia, en un poco de agua azucarada. Tanino 4 gram. (1 dracma). Conservado rosas. 4gram. (1 dracma). Se hacen 36 píldoras; para tomar dos por dia, una por la mañana y otra por la noche. Los baños generales de agua ca- liente son también de grande utili- dad. Alcachofa. Cinara scolymus, Lin- neo. Sinantéreas cinarias. Planta ali- menticia, cuyo cultivo es muy común en España y otras naciones de Euro- pa, así como en varias partes de Amé- rica. Pocas personas saben lo que co- men cuando deshojan la cabeza de una alcachofa: verdad es que á mu- chas de ellas eso les importa poco. ¿Qué es la alcachofa? ¿Será una fru- ta? una aglomeración de hojas que la cultura obligó á formar entre todas como un repollo? ¿Es acaso una flor? Nada de esto. La alcachofa es el en- voltorio ó cáliz de la flor que apénas acaba de brotar. Quitadas las brác- teas, cuya base se come, queda el fon- do de la alcachofa y la masa filamen- tosa; el fondo es un receptáculo, esto es, un disco donde se halla pegada la tierna flor, y la masa filamentosa, vul- go heno, que se desecha, es la flor que aun no se ha desarrollado. El cultivo influye extraordinaria- mente en el sabor y el valor nutritivo ALCANFOR 89 ALCARAVEA de la alcachofa; le da un volumen considerable, y hace predominar la parte carnosa y suculenta de las brác- teas ó escamas del cáliz. Las cabezas verdes de la alcachofa, comidas crudas con pimienta, sal y vinagre, son un poco indigestas. Bien maduras y cocidas en agua, adereza- das con salsa en que entran manteca, sal, yema de huevo, ó vinagre y pi- mienta, constituyen un alimento agra- dable, sano y de fácil digestión. Con- vienen á los convalecientes, á las per- sonas sujetas á arenillas y á gota. Se come la base de las brácteas y el re- ceptáculo. Alcali Volátil. V. Amoniaco. Alcanfor. Es un producto vegetal que existe en gran número de plan- tas. El que se halla en el comer- cio se extrae del laurel llamado Lau- ras camphora, Linneo, que abunda en China, en el Japón, y está acli- matado en la América meridional. El alcanfor refinado se presenta bajo la forma de trozos redondos, convexos de un lado y cóncavos del otro; es blanco, medio trasparente, más lige- ro que el agua; sumamente oloroso; da sabor amargo, ardiente y picante, siendo tan volátil, que un pedazo de- jado al aire libre disminuye poco á poco y acaba por desaparecer comple- tamente. El alcanfor es muy infla- mable y arde sin residuo. Poco solu- ble en el agua, lo es mucho en el aceite, en el alcohol, el éter y el aguardiente. El alcanfor disuelto en aceite se emplea en fricciones contra los dolo- res reumáticos, ciáticos, etc. Entra en el alcohol y el aguardiente alcanfora- dos, en el bálsamo de opodeldoch, etc, Se administra interiormente en la do- sis de 10, 15 hasta 180 centigramos (2, 3 á 36 granos) como antiespas- módico. El olor del alcanfor es mortífero para los animales pequeños, insectos y polillas; por eso se emplea para la conservación de las colecciones de his- toria natural, las pieles y las telas de lana. Alcantuz. España, provincia de Cuenca, á 22 leguas de Madrid. Aguas acídulas frías, de 20° centígrados, Agua trasparente, inodora, de sabor un tanto picante y ácido; desprénden- se de ella burbujas de gas ácido car- bónico. Contiene sulfatos de magne- sia y de alúmina, carbonato de hierro y ácido silícico. Hay tres casas des- tinadas al servicio de los baños, los cuales, son aconsejados en los reuma- tismos y parálisis, como también en los infartos abdominales. Alcaparra. Las alcaparras son ca- pullos de flores puestos en conserva de vinagre; provienen del alcaparro, arbusto de la familia de las Crucife- ras, propio del sur de Europa, llama- do por Linneo (Japparis spinosa. Sir- ven como condimento para excitar el apetito. El alcaparro se cultiva en España en sus huertas, y crece tam- bién espontáneamente. Alcaravea. Carum carvi, Linneo. Umbelíferas. Planta hortense. Su si- miente, una de las cuatro llamadas en las farmacias simientes cálidas mayores, es excitante y se emplea ALCOHOL 90 ALFILER en los cólicos flatulentos, tomada en infusión, que se prepara con 4 gramos (1 dracma) de alcaravea en una taza de agua hirviendo. Se emplea tam- bién como condimento. Alcarrazas. Vasos de tierra muy porosa, usados comunmente en Espa- ña para enfriar el agua en el estío. Al efecto se ponen las alcarrazas á la sombra, sobre un trípode de ma- dera ó suspendidas de una argolla, de modo que estén expuestas á una corriente de aire; el agua que filtran sus poros se evapora, y esta evapora- ción se verifica á expensas del calóri- co que se halla interpuesto en el lí- quido de dentro, el cual pierde más calor que el que puede recibir de fuera. De este modo, pronto se con- sigue un grado notable de enfriamien- to en el agua. Alcohol. Producto volátil de los licores fermentados, generalmente co- nocido por el nombre de espíritu de vino. Se extrae del vino, de la cer- veza, de las frutas, de las simientes y de las raíces que contienen azúcar, y son susceptibles de fermentación. El alcohol del comercio marca de 34 á 36 grados del areómetro de Cartier. Se rectifica mediante la destilación, y en un estado de mayor concentra- ción puede marcar hasta 42 y 44 gra- dos. Entonces toma el nombre de alcohol absoluto. El alcohol es trasparente, incolo- ro, de olor penetrante y suave, de sa- bor fuerte y ardiente; se inflama con suma facilidad, razón por la cual no se le debe acercar á los cuerpos en combustión. Disuelve las esencias, las resinas y los aceites grasos. En la farmacia sirve para la preparación de tinturas y alcoholatos. Empléase en las artes para la preparación de los barnices secantes, de los líquidos aro- máticos, de las esencias odoríferas, de los extractos aromáticos, etc. El alcohol puro jamas se administra in- teriormente, porque podría ocasionar inflamación de estómago, excitación cerebral de las más graves, y, en fin, la muerte. El alcohol débil se llama aguar- diente; marca de 18 á 20 grados en el areómetro de Cartier. (V. Aguar- diente). Alcoholato. Preparación farma- céutica que resulta de la destilación del alcohol con sustancias medicamen- tosas. Así, pues, existen alcoholatos de espliego, de romero, etc., que son empleados en fricciones como medi- camentos tónicos y estimulantes. Alcoholaturo. Medicamento líqui- do que se obtiene macerando en el alcohol cualquier planta verde, v. g. acónito, belladona, cicuta, etc. Cuan- do se maceran plantas secas en el alcohol, el producto lleva entonces el nombre de tintura. Alcoholímetro. Instrumento que sirve para medir la porción de alcohol puro que contiene el alcohol del co- mercio. El aleoholómetro fue inven- tado por Gay-Lussac el año 1824. Para más ámplias explicaciones véase el artículo Areómetro. Alferecía. Sinónimo de convulsión. Aplícase más particularmente á la epilepsia. N. Epilepsia. Alfiler. {Peligro que resulta de ALFILER 91 ALFILRR las agujas y alfileres tragados.') Es muy común ver niños, y aun persona- adultas, tragar alfileres ó agujas, que por falta de prudencia meten en la boca. Por más que semejante acciden- te no tenga siempre funestos resulta- dos, no se debe por eso dejar de re comendar á los padres el mayor cui- dado en este punto. El menor susto, el movimiento más pequeño para ha- blar, tragar la saliva, respirar, etc., puede ocasionar la aspiración é inges- tión de un cuerpo extraño que se te- nia en la boca. Algunos armadores tienen la mala costumbre de llevar muchos clavos en la boca, para ser- virse de ellos á medida que los nece- sitan; semejante imprudencia puede llegar á ser funesta, Pero la naturaleza, siempre muy vigilante, ha multiplicado los recursos contra el peligro que podría resultar de la permanencia de esos cuerpos agudos en nuestros tejidos. A menu- do los alfileres tragados descienden al estómago con la cabeza hacia abajo, recorren así todo el intestino, y salen con los excrementos sin determinar ningún accidente. Otras veces se plie- gan en la garganta, y se extraen fá- cilmente con pinzas, ó son lanzados fuera con la materia de la supuración que se forma alrededor de ellos. Con mayor frecuencia aún, perforan los tejidos, marchando por debajo de la piel, y van á producir bultos en' el cuello ó en otros puntos de la super- ficie del Cuerpo, de donde se pueden retirar mediante una pequeña inci- sión, cuando no son naturalmente ex- pulsados por la formación de un tu- morcillo que viene á abrirle una puer- ta de salida. Desgraciadamente, el éxito no siem- pre suele ser tan favorable. Hánse visto cólicos violentos, vómitos de san- gre, disenterías, síncopes, convulsio- nes, marasmos, y hasta la muerte misma sobrevenir en tales casos. Uno de los ejemplos más curiosos y más lamentables que se pueden re- cordar acerca de esta terminación fu- nesta, es el que cita el Dr. Richerand en su Nosografía quirúrgica. Una joven clorótica mostró á los catorce años uno de los más extraños apetitos. Deseaba vivamente tragar alfileres y agujas, y lo hacia con el ansia más grande. Habia ya hecho pasar á su estómago algunos cente- nares, cuando una violenta punzada se dejó sentir en dicho órgano. Un cirujano practicó una incisión, y ex- trajo un largo alfiler. Algún tiempo después las agujas apuntaron en los brazos y antebrazos, de donde fueron sacadas merced á repetidas incisiones. Después se dirigieron á la vagina; se retiraron hasta veintidós de este canal; pero todos los dias se presentaban otras, ya en los muslos, ya en las pier- nas, porque la doliente,' entregada siempre á su depravado gusto, no ce- saba de tragarlas. Por fin, murió á la edad de 37 años, postrada por el ma- rasmo más horroroso. Practicada la autopsia del cadáver, se encontraron aun muchos alfileres y agujas en las visceras torácicas, y abdominales, y particularmente en los muslos. Los músculos de esta parte estaban guiar - ALFOMBRILLA 92 ALFONSIGO necidos por aquellos, como si fueran almohadillas. Si álguien tragase un alfiler, le con- viene limitarse á algunas bebidas emo- lientes, como leche, agua azucarada, ó caldo. Si el cuerpo extraño siguiese pegado á la garganta, necesario es en- tonces retirarlo con los dedos ó con unas pinzas, empleando el mango de una cuchara para abajar la lengua, y hacer visible de este modo el fondo de la boca. Mientras no se presente accidente alguno, nada puede hacerse, ni temer tampoco nada; pero cuando sobrevienen dolores ó desarreglo de alguna de las funciones, necesario es llamar al mé- dico para que aprecie la naturaleza del caso. Por una parte, con efecto, la alteración do la salud no se verifica sino muchas semanas, y aun muchos meses después de la introducción del alfiler, y entonces el doliente puede muy bien ignorar la causa verdadera del mal que le aqueja; por otra par- te, un espíritu preocupado del acci- dente atribuye á veces á la presencia del cuerpo extraño incomodidades, so- bre las cuales este no ejerce la menor influencia. Cuando algunos cólicos, punzadas en el vientre ó en el ano, lucieren sospechar que el instrumento trata de salir con la materia excrementicia, de- be favorecerse esta tendencia con ba- ños, lavativas y cataplasmas de linaza en el vientre. Alfaro. España. Aguas sulfurosas cálcicas frias. Alfombrilla. Es una afección be- nigna de la piel parecida al sarampión, pero sus síntomas son mucho más sua* ves. Caracterízanla manchas peque- ñas de color encarnado, irregularmen- te circulares y poco salientes. Esta erupción se manifiesta á veces como fenómeno accesorio en el curso de al- gunas enfermedades febriles, y prin- cipalmente en el reumatismo y en la gota; puede también complicar la va- cuna. El uso del bálsamo de copaiba produce á veces la alfombrilla. No es contagiosa, puede roproducirse mu- chas veces, y acompañada de poca fie- bre no es peligrosa; desaparece espon- táneamente del tercero al quinto dia, sin que haya necesidad de emplear ningún tratamiento activo. La alfom- brilla ataca principalmente á los niños. La alfombrilla suele mostrarse, co- mo ántes hemos dicho, bajo la forma benigna del sarampión, pero se dife- rencia por la carencia de romadizo, hechura irregular de las manchas y poca fiebre. En la escarlatina* el co- lor de la piel es mucho más encendi- do, y las manchas están esparcida» de una manera mucho más uniforme. La esfoliacion de la piel es nula ó casi nula en la alfombrilla, mientras que es evidente en la escarlatina. El tratamiento de la alfombrilla es su- mamente sencillo; un régimen suave, bebidas diluentes, tales como el coci- miento de cebada ó infusión de fio res de malva; una temperatura mo- derada, y reposo en la cama ó en el cuarto durante dos ó tres dias, bas- tan para combatir la enfermedad. Alfónsigo, Pistacho. Simiente ó almendra del fruto del árbol del mis- mo nombre. Pistacia vera, Linneo, ALGA 93 ALGALIA de la familia de las Terebintáceas- anacárdeas, cultivado en España y principalmente en Sicilia. El fruto, del tamaño de una aceituna, contiene un hueso, y en este una almendra cu- bierta de película rojiza, de color ver- de pálido en el interior, y cuyo sabor es dulce y agradable. Con esta almen- dra se hacen confites; y su jugo, que es también muy agradable, sirve para hacer sorbetes. Gómense, si se quiere, como las avellanas. En la farmacia, los alfónsigos son empleados en la pre- paración del looc verde, que se da con- tra la tos. Alga. Fucus. Género de plantas marinas, de la clase de las Criptogá- micas anfigéneas, caracterizadas por la carencia de órganos sexuales, y por consecuencia de flores propiamente dichas. Los ramos son alados y dividi- dos por una nervadura; las fructifica- ciones que las terminan se presentan bajo la forma de tubérculos, color de aceituna, que varían de tamaño, se- gún la edad. La dimensión no pasa de un metro. Estas plantas son muy abundantes en las costas del Océano, viven principalmente en los mares su- jetos al flujo y reflujo de las aguas. Una de las especies más comunes es el alga vesiculosa, llamada también varec vesiculoso, encinilla marina (Fucus vesiculosus, Linneo). Fronda plana, ahorquillada, con nervadura dorsal; vesículas axilares pareadas, las terminales tuberculadas. Habita en las rocas, en las playas del mar. Los antiguos la empleaban para teñir la lana, y como remedio contra la gota. En estos últimos años esta alga fue recomendada, su polvo, contra la obe- sidad, en la dosis de 8 gramos (2 drac- mas) por dia; y su extracto alcohólico en píldoras, en la dosis de 4 gramos (1 dracma) por dia. Se emplea como forraje para el ganado en algunas lo- calidades, y si no para el estercolo de los terrenos de labrantío. Reducida á cenizas produce potasa y sosa abun- dantes. De esta alga se extrae tam- bién el iodo, sustancia empleada en medicina contra las escrófulas y otras varias dolencias. Algalia ó Civeta. Sustancia oloro- sa que se extrae del gato de algalia. V- Gato de algalia. Algalia. Sonda destinada á eva- cuar la orina de la vejiga. El modo de servirse de este instrumento va explicado en el artículo Cateterismo. Algarroba ó Garrofa. Ceratonia siliqua, Linneo. Leguminosas. Arbol de mediano tamaño que habita en Le- vante, en Africa, en la Europa meri- dional, muy común en España y en Portugal. Tiene de 7 á 10 metros de altura; tronco derecho, formado de un alburno abundante y de un corazón ra- bio oscuro, sólido, con vetas, propio para las obras de ebanistería. La cor- teza es buena para el curtido de pie- les. El fruto es una vaina indehiscen- te, chata, un poco arqueada, rodeada por dos saturas y dos surcos; tiene de 11 á 14 centímetros de longitud, y 27 milímetros de anchura; es brillante, de color ceniciento-rojizo, dividida in- teriormente en muchos loculamentos, de los que cada uno encierra una si- miente. El espacio comprendido entre el epicarpo y los loculamentos está ALGODON 94 ALHAMA DE ARAGON lleno de pulpa, de gusto dulce, sirve de alimento, y los niños la comen con gusto. En el Egipto extraen de la al- garroba un jarabe, ó almíbar, que sir- ve para confitar los tamarindos y los mirobolanos. Algodón. Así se llama una espe- cie de felpa que envuelve las simien- tes del algodonero, arbusto de la fa- milia de las malváceas, del género Gossypium^ del cual existen muchas variedades que habitan la India, la Persia, la Turquía, Italia, España, América del Sur y provincias meridio- nales de la América del Norte, etc. La fig. 5 representa el Gossypium indicum de Linneo. Usase el algodón trasformado en tejido, ó simplemente cardado. Como tejido, se emplea por lo co- mún en vestidos; sin embargo, mu- chas personas no quieren servirse de la tela de algodón, especialmente pa- ra camisas y otras prendas que se po- nen contra la piel. Es un error que conviene desarraigar, por cuanto los tejidos de algodón son preferibles con mucha ventaja á los de hilo. En los países cálidos, allí donde la traspira cion es muy abundante, báse recono- cido la preferencia que, con justicia, debe darse á las camisas de algodón. Estas llevan la ventaja de absorber mucho mejor el sudor, y de no en- friarse fácilmente al contacto del aire, como sucede con el lienzo de hilo. Ademas, se oponen á la traspiración excesiva, que con tanta facilidad debi- litan en las regiones intertropicales. El vulgo desecha generalmente las telas de algodón para la curación de heridas, á pretexto de que tienen propiedades nocivas. Semejante idea es completamente errónea. El algo- don en rama, por lo contrario, goza de la propiedad de calmar el dolor en las quemaduras: es la mejor sustancia que se puede aplicar sobre esta clase de lesiones.-Con el algodón se pre- paran hilas felpudas, que se emplean ventajosamente en la curación de las heridas. Sin razón ni motivo, pues, muchas personas atribuyen al algodón la propiedad de irritar la piel.-Las hojas del algodonero, lo mismo que sus flores y semillas, son emolientes, y en algunas partes se toman en in- fusión, preparada con 4 gramos (1 dracma) de hojas ó flores, y 360 gra- mos (12 onzas) de agua hirviendo, para combatir las irritaciones pulmo- nares y la disentería. También suelen emplearse en infusión las semillas del algodonero en las menstruaciones di- fíciles. La raíz de la planta es diuré- tica. Algodón fulminante- Sustancia explosiva que resulta de la acción del acidó nítrico, solo ó mezclado con áci- do sulfúrico, sobre el algodón. Alhama de Aragón. España, pro- vincia de Zaragoza, á 219 kilómetros de Madrid, 126 de la ciudad de Za- ragoza, sobre la línea del ferro-carril de Madrid á Zaragoza. Agua sacídulas gaseosas, calientes; 34 grados centí- grados de temperatura; son claras y no tienen olor ni sabor marcado. Con- tienen de 60 á 63 centigramos por li- tro de sustancias fijas, que son: carbo- natos de magnesia, de cal y de hierro; sulfates de cal y de sosa; cloruro de ALHAMA DE ARAGON 95 ALHAMA D E AR AGON magnesia; ácido silícico; materia orgá- nica; gas ácido carbónico y gas ázoe. Constan los baños de los siguientes edificios y distribución: 1° Termas lla- madas de Matheu; 2" Baños viejos; 3o Baños de San Roque; 4? Baños de San Fermín. El establecimiento más importante es el de Matheu. Consta de una magnífica casa de hospedaje; de espaciosos gabinetes de baños, pro- vistos de pilas de jaspe del país, con agua corriente todas ellas. Cada pila mide dos metros cúbicos de agua, con un chorro continuo y abundante, y sa- liendo la misma cantidad por la parte inferior, se renueva constantemente; por tanto, la temperatura del agua es siempre la misma. '• La abundancia de agua sugirió la idea al Sr. Matheu, ya difunto, de construir un lago, de cuyo fondo bro- tan 22 litros, por segundo de tiempo, de agua termal á la temperatura de 34° centígrados, y una cascada en la que se precipita este gran caudal de agua. Este lago y cascada son medios poderosos de inhalación y pulveriza- ción para curar las enfermedades de la laringe, tráquea, bronquios y pul- mones. El vapor del agua termal del lago facilita notablemente la respira- ción á los que se embarcan y padecen de asma. Al efecto hay lanchas desti- nadas para las personas que necesiten de este remedio, como igualmente pa- ra los que deseen pasearse por recreo y respirar esta atmósfera privilegia- da. La superficie de este lago es de 520 metros. El gran caudal de agua que nace en el mismo, al precipitarse en la cas- cada construida dentro del salón de las inhalaciones, produce la pulveriza- ción natural. Los facultativos que han estado en este sitio, y la comisión nombrada por la Academia de me di ciña y la Junta de Sanidad de la pro- vincia de Zatagoza, lo han considera- do como el medio más eficaz para la curación, ó cuando menos alivio de las enfermedades de los órganos respira- torios, y único en su clase. Inmediato á este salón están los ba- ños rusos ó de duchas, con camas, y los aparatos de hidroterapia siguien- tes: Dos pilas de jaspe para las perso- nas que necesiten tomar baños fríos de agua mineral. Duchas para mez- clas con sus anexos. Rosetas de rega- dera de varios diámetros. Baño de asiento, de agua corriente y con du- chas variadas. (General, vaginal, pe- rineal, rectal y dorsal.) Duchas de lanza con siete anexos de varios tama- ños. Duchas circulares con chorros va- riados de lluvia, ascendentes y latera- les. Estos aparatos están en comuni- cación con la salida del manantial de agua termal, á la temperatura de 34 grados centígrados. La estación telegráfica y el correo están en la fonda de San Fermín, en- frente de la de las temías, distantes ambos edificios del camino de hierro de Madrid á Zaragoza 300 metros. Separado de los baños de la gale- ría^ existe el baño árabe, elegante edificio en que se toman los baños conforme al estilo oriental. Estas termas siguen abiertas todo el año, y durante el invierno las habi- taciones están preparadas para conser- ALHAMA DE GRANADA 96 ALHAMA DE MURCIA var una temperatura conveniente. En los edificios de estas termas pueden alojarse cómodamente 500 personas. La agradable temperatura que se disfruta, tanto en estos como en los frondosos jardines, convierten estas termas en un sitio de recreo pa- ra pasar la temporada de verano con toda comodidad. Los precios de cada alojamiento, incluso dos chocolates, almuerzo y comida en mesa redonda, varía en la fonda de las termas de 30 á 50 rs. diarios por persona, y en la fonda de San Fermín de 20 á 50 rs. En esta fonda, á los que quieren co- mer por su cuenta, se les proporciona cocina, combustible y vajilla por un precio módico. Estas aguas se usan en bebida, en baños, en duchas y por inhalación en las enfermedades siguientes: reuma- tismos, catarros de la vejiga, cólicos biliosos, gastralgias, dispepsias, ingur- gitamientos crónicos del hígado y del bazo, y en las afecciones nerviosas. El viaje es sumamente fácil, porque Al hama está situado junto al ferroca rril; los bañistas son trasportados de la estación al establecimiento balnea- rio en coches ú ómnibus al efecto des- tinados y que esperan la llegada de los trenes. Alhama de Granada. España; á 7 leguas de Granada. Aguas sulfato- magnésicas, calientes, de 44° centí- grados de temperatura. El agua es trasparente, sin olor y casi sin sabor. Contiene, por litro, 43 centigramos de sustancias fijas, que son: cloruros de magnesio y de calcio; sulfatos de cal y de magnesia; carbonato de cal y áci- do silícico. Estas aguas se emplean en baños contra las parálisis, reuma- tismos, infartos del hígado y del ba- zo, y afecciones cutáneas. Hay un es- tablecimiento con baños en gabinetes reservados, una fonda y habitaciones amuebladas. Los precios son arreglados. Alhama de Murcia. España; dis- ta 6 leguas de Murcia, capital de la provincia. Aguas sulfatadas-cálcicas, calientes, cuya temperatura varía se- gún las fuentes: 32°, 35° y 44° cen- tígrados. El agua es clara, no tiene olor ni sabor; contiene, por cada litro, 1 gramo de sustancias fijas. Estas son: cloruros de magnesio y de calcio, sulfatos de cal y de sosa, carbonatos de potasa y de magnesia, hierro, alú- mina y sílice. Ta ubien contiene gas ácido carbónico libre. Estas aguas se emplean en bebida y baños en las si- guientes enfermedades: reumatismos, parálisis, ingurgitamientos articulares, escrófulas, neuralgias, histerismo, ane- mia, enfermedades de la piel. El es- tablecimiento balneario contiene bue- nas pilas de mármol blanco. El salón de conversación y descanso, así como también el comedor, ocupan el piso bajo del edificio. Los pisos superiores están distribuidos en habitaciones pa- ra los bañistas. Alhama de Murcia es una hermosa villa, con calles anchas y aseadas, situada en medio de una llanura que coronan las montañas. El viaje de Madrid á Murcia se hace por ferrocarril, y desde Murcia á Alhama en diligencia, que emplea dos horas y media en recorrer la distancia. La es- tación balnearia dura desde el 1? de Abril hasta fines de Octubre. ALIENTO 97 ALIENTO Alhelí Amarillo. Cheiranthus che ir i, Linneo. Cruciferas. Planta cul- tivada en los jardines como adorno. La infusión de sus hojas se emplea para provocar los menstruos. Alhorre. V. Meconio. Alhucema. V. Espliego. Alicun de Ortega. España, pro- vincia de Granada. Aguas bicarbona- tadas-cálcicas, calientes; 31" á 35° centígrados de temperatura. Empléan- se en baños contra los reumatismos y parálisis. Alienación Mental. V. Locura. Aliento, Hálilo. Con este nom- bre se designa el aire que sale de los pulmones durante la expiración. En los niños el hálito ó aliento es más ó menos acedo, en los rubios más que en los de cabellos negros, y en las hembras que en los varones; sobre to- do, llega á ser notable en aquellos que padecen de lombrices. El hálito pier- de por lo general su carácter primiti- vo, á medida que la pubertad se acer- ca; sin embargo, en las niñas no cesa del todo esta afección sino después de la aparición de los menstruos. Llega- da la época de la pubertad, el hálito de las personas que disfrutan buena salud regularmente suele ser de un olor particular. Hasta se dice que en ciertos individuos es suave: sin dejar- nos llevar por una imaginación exal- tada, no es posible negar que hay alientos que, por su especial natura- leza, despiertan en los sentidos impre- siones hacia los goces del amor; pero son raros y jamas se encuentran en mujeres que tengan más de treinta años, ni en hombres que pasen de los cuarenta y cinco. Semejante estado de respiración supone una salud per- fecta, y el uso habitual de una ali- mentación dulce y más vegetal que auimal. Al paso que el hombre avan- za en años, pierde el hálito la frescu- ra, y va adquiriendo un olor más ó menos desagradable. Mal aliento. Llámase mal alien- to aquel que tiene un olor fétido. De- pende de causas variables, que pue- den ser ya permanentes ó ya eventua- les, naturales ó accidentales, curables ó incurables. Pasemos á examinar las de mayor importancia. La falta de aseo de la boca y la caries de los dientes son las dos cau- sas más comunes del mal aliento. La afección escorbútica, ocasionan- do la hinchazón de las encías, deter- mina idéntico resultado, así como la salivación producida por el mercurio, una erupción abundante de aftas, las ulceraciones de la lengua, de la gar- ganta, etc. Por último, entre el nú- mero de las afecciones que pueden atacar las fosas nasales, la ozena ó úlcera del interior de la nariz es la que, por su efecto nocivo sobre el aliento, se hace más sensible. El mal aliento en las personas que gozan de buena salud, y que ade- más tienen cuidado de la limpieza de la boca, proviene casi siempre de un modo particular de la excreción de los pulmones. Todos sabemos tam- bién que el uso de ciertos alimentos, como el ajo, da al aliento un olor fuerte, el cual se hace sentir en tan- to que la digestión no se haya ter- minado. El uso habitual y casi ex_ ALIENTO 98 ALIMENTACION elusivo de la carne presta á la respi- ración un olor muy notable. En una época adelantada de em- barazo, algunos dias después del par- to y durante la crianza, el hálito de la mujer tiene un olor semejante al suero de la leche; en general no es agradable durante la época menstrual. Por último, en las dolencias agudas siempre conserva su olor particular. Tratamiento, Los medios deben variar necesariamente para remediar el mal aliento. Si dependiese de al- guna dolencia, conviene únicamente combatir la causa. Cuando procede de un estado particular de la consti- tución de la persona, ningún reme- dio basta. Así como no se puede des- truir el olor de la traspiración de la piel, que en algunos individuos sue- le ser repugnante, sin que no obs- tante haya medio de explicar este inconveniente. El aliento fuerte, que depende de la naturaleza de los ali- mentos, suele desaparecer por la ce- sación de su uso. En cuanto al que tiene origen en la caries de la den- taduru ó en la falta de aseo de la bo- ca, se remedia fácilmente mandán- dose arrancar los huesecillos que es- tán privados de vida, emplomándose los dientes ó muelas cariados, ó, en fin, tratando de conservar siempre limpia la boca. En el artículo Boca se indican los cuidados urgentes res- pecto de esto; ahora agregaremos que el carbón de leña goza de propiedad desinfectante en alto grado: para las personas que padecen de este defec- to, serian por consiguiente muy ven- tajosos los enjuagatorios cotidianos de ' agua y polvo de carbón. También se emplea interiormente esta sustancia para ese fin; con él se preparan pas- tillas, de las cuales se toman de cua- tro á ocho por dia. Su receta es la . siguiente: Carbón vegetal en polvo.. 100 gram. Azúcar 300 gram. Mucílago de goma alqui- tira . 40 gram. Se hacen pastillas de 1 gramo (20 granos). Para destruir momentáneamente el mal aliento, aconséjase también el uso de gargarismos con agua y al- gimas gotas de vinagre fénico ó de agua de Labarraque. Los perfumes y las sustancias odoríferas, verbi gra- cia, pastillas de menta piperita, gra- jeas de anís, de culantro, pastillas de Bolonia, y los enjuagatorios con agua mezclada con algunas gotas de agua dentrífica (la indicada en el tomo I, pág. 57), pueden también disimular por cierto tiempo el mal aliento; pero este olor natural vuelve á aparecer. Alimentación. Para que la ali- mentación sea buena, en las condi- ciones ordinarias de la vida, debe componerse de carne, pan y legum- bres en proporciones convenientes. Un hombre adulto, de mediana fuer- za, está suficientemente alimentado, si su consumo diario es de 125 á 150 gramos de carne, 1/2 kilogramo de pan, y de 200 á 250 gramos de le- gumbres ó sustancias feculentas. Es- ta regla admite, no obstante, nume- rosas excepciones en razón de la edad, del temperamento, de las costumbres de los individuos, de su género de ALIMENTACION 99 ALIMENTACION trabajo y del país que habitan. Los niños tienen necesidad de una ali- mentación á lo que al parecer puede soportar su edad; los jóvenes, cuando se hallan en la época del desarrollo material, las personas que se entre- gan á trabajos corporales fatigosos ó que están expuestas á la acción cons- tante de un aire nuy vivo, la mujer embarazada, así como la que cria, tie- nen igual necesidad de alimentarse superabundantemente. La carne de- be entrar en mayores proporciones en la alimentación de los pueblos que habitan países fríos, mientras que los alimentos vegetales constituyen el sustento principal de los pueblos me- ridionales. El hombre que come po- ca carne ó que no la come nunca, puede gozar de tan buena salud co- mo el que la come en mucha canti- dad, pero tiene menos energía física y moral. La insuficiencia de la alimentación produce los más lastomosos efectos sobre la salud, y aun sobre las facul- tades intelectuales, como demasiado á menudo se ha observado en los años de escasez ó de hambre. La alimen- tación no es solo insuficiente siempre que los alimentos no alcanzan á sos- tener la vida por completo; lo es tam- bién cuando los alimentos no contie- nen principios reparadores, como, por ejemplo, las diversas especies de le- gumbres, ó bien aun si ellos son de mala calidad, ó han sufrido alteracio- nes de mayor ó menor consideración. La alimentación excesiva ó dema- siado sustanciosa, del mismo modo que la insuficiente, determina diver- sas perturbaciones en el estómago y los intestinos, produciendo en ellos efectos opuestos. Si la insuficiencia de la alimentación da por resultado el enflaquecimiento, y cuando pasa mas adelante, la extenuación, una alimentación excesiva ocasiona la obe- sidad y con ella la tendencia á la apoplegía, á las hemorragias y á do- lencias graves, tales como la gota y las arenillas. Afecta igualmente las facultades intelectuales y morales. La sobriedad es la mejor salvaguardia de la salud. Sustancias alimenticias. Las principales sustancias alimenticias pa- ra el sustento del hombre, clasificadas según el grado de sus cualidades nutritivas, son, en primer lugar, la leche, los huevos, las carnes de ma- tadero, la caza, la volatería; en se- gundo lugar, la carne de los pescados; en tercer lugar figuran las legumbres verdes y las frutas. Si se trata de clasificar los mismos alimentos según su grado de digestibilidad, preciso es colocar en primera línea la leche, los huevos ligeramente cocidos, esto es, pasados por agua; las frutas bien maduras ó en compota; las legumbses verdes, las hortalizas cocidas; después los pescados poco cargados de mate- rias grasosas, como las pescadillas, los lenguados y los carpos; las aves de carne blanca, las carnes de mata- dero, las de venado, pero particular- mente asadas; siguen después el pan, mejor sentado que tierno, y las pa- tatas; por último, vienen las legum- bres secas, habichuelas, lentejas, y guisantes. ALIMENTACION 100 ALIMENTACION El caldo más suculento es el que se hace con carne de vaca, y al cual se agregan legumbres. (V. Caldo). Unido al pan cortado en rebanadas pequeñas y delgadas, compone la so- pa de ealdo de puchero, uno de los alimentos más saludables y fáciles de digerir. Para los estómagos cansa- dos á consecuencia de una larga en- fermedad, el caldo frió, desengrasa- do con esmero, es el alimento repa- rador por excelencia. El mejor pan es el de harina de trigo; el peor de todos es el que se amasa con harinas de cebada y avena, y todavía empeora de calidad cuando estas harinas se mezclan con distin- tas féculas, tales como las féculas de castaña, de arvejas ó -guisantes, de patatas, etc. (V. Pan.) La corteza del pan se digiere con más facilidad que no la miga, sobre todo cuando esta es recien sacada del horno y todavía está calinnte. El pan suele ser reemplazado á veces por la hari- na de alforfón, sea en papilla, sea en panecillos, bollos ó galletas, por la papilla de maíz, con el nombre de gachas, por la harina de castañas, las patatas, etc. La leche es un alimento completo, en el sentido de que puede bastar por sí sola al sustento de la vida, cuando ménos para los niños en su infancia y para los enfermos sujetos á la dieta láctea. La leche de vaca es la más usada generalmente. (V. Leche.) Los adultos no siempre so- portan la leche tan bien como los ni- ños: en algunos produce diarrea, en otros estreñimiento. En este caso lo más prudente es la abstención. La leche, mezclada en cierta proporciona á las infusiones de té ó de café, com- pone dos alimentos líquidos que con- vienen á gran número de personas. (V. Café y té.) En cuanto al cho- colate, muy en uso en España, don- de puede decirse que es necesario á causa del clima, se toma con leche ó con agua hirviendo. El chocolate es un alimento sano, y si se hace indi- gesto para algunas personal, por ser demasiado sustancioso, se puede atem- perar poniendo ménos chocolate y mayor cantidad de agua ó leche pu- ra. (V. Chocolate). La manteca, (mantequilla) y las diversas especies de queso son por lo común buenos alimentos. La manteca fresca es de más fácil digestión que la salada. La primera debe tener siempre la preferencia en el arte cu- linario para el guiso de los manjares. (V. Manteca.) Los quesos de leche de vaca son más fáciles de digerir que los que se hacen con la de cabras ú ovejas. Recientes, frescos y cremo- sos, son ligeros y nutritivos; frescos y salados, se vuelven estimulantes; preparados hace largo tiempo y en un grado mayor ó menor de fermenta- ción, son más excitantes aun, y deben comerse con sobriedad. (V. Queso.) Los huevos constituyen un alimen- to casi tan nutritivo como la carne. Para que su digestión sea cómoda, preciso es que apénas estén cocidos, esto es, no largo tiempo expuestos al calor que los endurece; la clara y la yema del huevo no son entonces fá- ciles de digerir. Los huevos son uno ALIMENTACION 101 ALIMENTACION de los recursos más preciosos en fa- milia: empleados solos ó con otras sustancias alimenticias, sirven para la preparación de infinito número de platos, todos ellos distintos. (V. Hue- vos.) Las carnes de matadero son tanto más nutritivas y digestibles cuanto que el animal de que provienen haya llegado á la edad adulta, gordo y sa- no. La carne de los animales jóvenes, del cordero y la ternera, por ejemplo, es gelatinosa y poco nutritiva; la de los animales viejos es dura y de ma- la digestión. El buey, la vaca y el carnero proveen un alimento excelen- te y reparador, especialmente cuan- do la carne de estos animales ha sido frita ó asada. Las carnes guisadas ó cocidas son por lo general poco nu- tritivas y poco digestibles. Respecto á las carnes saladas y ahumadas, son muy indigestas y al mismo tiempo han perdido en gran parte sus condi- ciones de nutrimiento, es decir, que carecen de muchas de sus cualidades nutritivas; por esta razón, en la prác- tica de la vida, hace más aparente que real la economía resultante del uso habitual de las carnes en conser- va. La carne de cerdo es muy nutri- tiva, pero pesada, y por consiguiente de difícil digestión. (V. Buey y Vaca, Ternera, Carnero, Cordero, Cer- do.) La volatería, esto es, las aves co- mo el ánsar, el pato, el pavo, la galli- na {véanse estos nombres), tienen carnes buenas para la alimentación. La gallina, cuando es tierna, el pavo, cuando es joven y cebado á punto. constituyen un alimento más sano, más ligero que el pato y el ánsar. El modo mejor de arreglarlos para la mesa, tanto unos como otros, es el de asarlos al aire. La carne de los animales salvajes ó de caza es muy sustanciosa, pero demasiado excitante para que pueda comerse todos los dias; no conviene á estómagos delicados. Sin embargo, la carne de la perdiz, cuando es joven, se digiere con facilidad. En todo ca- so, no hay medio mejor de preparar estas carnes que asándolas. Esto de- be hacerse con el corzo, la liebre, el conejo, las perdiganas, becazas, ána- des, faisanes, etc. La carne de peces es por lo ge- neral considerada como un alimento menos nutritivo que la carne de los animales mamíferos; también es in- ferior á éste respecto á la caza y á las aves. Entre los pescados cuya carne se digiere fácilmente Sin fati- gar el estómago, y los conocidos en España, se pueden nombrar la pesca- clilla, el gobio, el esperinque, el len- guado, la platija, el rodaballo, la tru- cha ordinaria, el arenque fresco, el carpo delgado; aquellos cuya carne es maciza ó grasicnta, tales como el atún, el salmón, la anguila, la lam- prea, el esturión ó sollo, el escombro ó sarga, el barbo, la dorada, son siem- pre más ó menos fáciles de digerir. La América del Sur posee también muchos peces excelentes, propios ca- da uno de las diferentes localidades; son entre otros, el mero, bijupira, ró- balo, caballa, etc. El frito es un buen medio de preparación, con tal que no ALIMENTACION 102 ALIMENTACION se fría el pescado con exceso; y aun para los estómagos delicados y las personas convalecientes, el pescado simplemente cocido en agua salada es lo que más conviene. Los huevos de ciertos pescados, especialmente los de la dorada y el sollo, en ciertos casos, pueden ocasionar un verdade- ro envenenamiento. Lo mismo diremos de ciertos mariscos, sobre todo de las almejas, que con razón son miradas como un alimento malo. Las ostras frescas, vivas aún, constituyen un ali- mento sano y ligero; pero cocidas son indigestas. (V. Pescados.) Las legumbres secas, arvejas, ha- bichuelas, lentejas, habas, son ali- mentos que diariamente se comen á causa de la baratura de su precio y de ser fáciles de conservar. Estas le- gumbres son menos indigestas cuan- do van unidas con la carne, y de más fácil digestión todavía, cuando están peladas y convertidas en pasta no muy consistente. El arroz es un ali- mento muy sano, que se digiere con facilidad, pero poco nutritivo si no se come junto con carnes. La patata for- ma parte de una buena alimentación, pero comida sola, no seria suficiente. (V. Arroz y Patatas.) Las legumbres verdes b frescas, cocidas en agua, nutren mucho me- nos que las legumbres secas, pero son más refrigerantes, y convienen casi á todos los temperamentos. Unidas á la carne, producen efectos saludables. Las alcachofas, los espárragos, las ju- días verdes, son alimentos sanos y li- geros; las espinacas y las achicorias, siendo de fácil digestión, convienen admirablemente á los estómagos de- licados y á las personas convalecien- tes de alguna enfermedad. Las coles ó berzas son indigestas; saladas y con- servadas con el nombre de berza aci- da (en francés choucroute), se digie- ren más cómodamente. Las diversas especies de ensaladas son útiles, en particular á los habitantes de los paí- sos templados y cálidos. Las frutas maduras, cuando el uso que de ellas se hace es moderado, ejercen una favorable influencia sobre la salud. El abuso de las frutas, es- pecialmente de las que no están en zason, da lugar á afecciones graves de las vías digestivas, á la diarrea, á la disentería. Las uvas de buena ca- lidad, las cerezas, las guindas garra- fales, las grosellas bien maduras, son fratás muy sanas y un tanto laxan- tes; las fresas, las frambuesas y las ananas sen tal vez de digestión me- nos fácil, pero se hacen digestivas aderezándolas con azúcar y vino ó aguardiente. Las peras, sobre todo cuando son azucaradas naturalmente, los melocotones de buena calidad, son frutas muy sanas, refrigerantes y de fácil digestión. Entre las diversas especies de ciruelas, las mejores son las llamadas de la Reina Claudia y las mirabeles. Los albaricoques son menos digestivos que las frutas an- teriores; preciso es no abusar de ellos, lo mismo que del melón, que, por lo común, es de digestión más di- fícil todavía. Las bananas, los abo- gados, las frutas de pan, constituyen excelentes alimentos. Las frutas co- cidás, en mermelada, en compotas, ALMACIGA 103 ALMEJA son más nutritivas y saludables, en razón del azúcar que llevan: prepa- radas bajo la forma de confites, esto es, confitadas, poseen estas calidades en mayor grado; tienen ademas la ventaja de poder conservarse largo tiempo, siendo de este modo en las familias un precioso recurso, particu- larmente para los niños y para las personas delicadas ó convalecientes. (V. Frutas.) La mayor parte de las sustancias alimenticias de que se compone nues- tro acostumbrado sustento reclaman, en cierta proporción, diferentes con- dimentos que realcen su sabor y con- tribuyan á su buena digestión. (V. Condimentos.) Almáciga ó Mástic. Resina saca- da de la corteza del Pistacia lentis- cus, Linneo, árbol de la familia de las Terebintáceas anacárdeas, que se ha- lla en España. Sin embargo, la almá- ciga de que se usa en las farmacias viene toda de Chio, isla del arcliipié- lago de Grecia, y se obtiene del ár- bol allí cultivado con el mayor esme- ro. Dos son las especies que de esta goma circulan en el comercio: Ia la común, que se presenta en masas; 2a en lágrimas, que aparece bajo la for- ma de pequeños fragmentos, irregu- larmente redondeados, de color de ámbar, cubiertos de una especie de polvillo blanquecino; su olor es suave, su sabor astringente, acre y aromáti- co. Es soluble en parte en el alcohol, y enteramente en el éter y en la esencia de trementina. En Oriente se acostumbra mascar esta sustancia para perfumar el alien- to y fortificar las encías. Su disolu- ción en el éter, ó tintura etérea, se emplea para tapiar las cavidades de los dientes cariados. Al efecto, se mo- ja un poco de algodón en'esta tintu- ra, y se introduce en el hueco del diente; el éter, evaporándose, deja una masa sólida. En las artes, la al- máciga sirve para hacer barnices. Almeja. Animal molusco, fácil de reconocer por la concha bivalva cur- va, oblonga, de color azul oscuro. Es muy común en la orilla del mar, y, desde la más remota antigüedad, se usa como alimento. Su- pulpa, de sa- bor agradable, es en general de difí- cil digestión, especialmente en el ve- rano, estación en la cual á veces sue- le producir accidentes cuya causa aun no está bien determinada. Unos creen que las almejas son nocivas por ra- zón de las pequeñas estrellas de mar que encierran dentro de ellas, ó. por- que desovan en la estación calurosa; otros atribuyen sus efectos deletéreos á una disposición especial del estó- mago de las personas que las comen, ó á una afección morbosa del animal mismo. Conviene decir, sin embargo, que los accidentes producen mayor espanto del que debieran, visto que no son tan peligrosos como se cree: consisten en vómitos, evacuaciones alvinas, comezón en la piel, erupción de granitos, dolores de riñones, calo- fríos, sofocación, etc. El tratamiento de estos accidentes es como sigue: fa- vorecer los vómitos, dando á beber 5 centigramos (1 gramo) de emético en una taza de agua templada; y des- pués de provocados los vómitos, admi- ALMENDRA 104 ALMENDRA nistrar una taza de infusión de toron- gil ó de hojas de naranja. Para cer- ciorarse de sus buenas cualidades, preciso es elegir las almejas que sean pesadas y con las conchas cerradas; conviene desechar las livianas y las que estén abiertas. Las almejas de mar son más estimadas que las de la- guna. Modo de quitar á las almejas las cualidades nocivas. Como no se pue- de tener la seguridad ó certidum- bre de que las almejas que se com- pran ó pescan no tienen cualidades nocivas, es prudente hacerlas pasar por una preparación ántes de guisar- las. Esta consiste en dejarlas, por es- pacio de cinco á seis horas, en agua clara, renovándola de dos á tres ve- ces. Cualquiera que fuere el guiso que se emplee, deben condimentarse con vinagre. Así quedan libres de to- da materia nociva, y pierden al paso el gusto de lodo que á veces tienen, Almendra. Fruto del almendrado (Amygdalus communis, Linneo), ár- bol de la familia de las Rosáceas, muy común y productivo en España, y par- ticularmente en Valencia (fig. 6). Existen dos variedades de almendro que, siendo idénticas en todo, solo pueden distinguirse por el gusto de la semilla contenida en el fruto. Estas dos variedades son: una que da las almendras dulces, y la otra las al- mendras amargas. Las almendras dulces se comen en los postres, de sobremesa; pero son pesadas para el estómago por causa de la gran canti- dad de aceite que contienen: por con- siguiente, no se debe hacer uso de ellas sino con moderación. El aceite que encierran purga suavemente en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á2 on- zas); se da á veces á los niños contra la tos. Leche de almendras. Se toman 15 gramos (1/2 onza) de almendras dul- ces descascaradas: machácansé en mor- tero de piedra con un poco de agua tria, hasta formar una pasta blanda; añádense 500 gramos (16 onzas) de agua, y 15 gramos (1/2 onza) de azú- car; disuelto ya este, se cuela por pa- ño ó manga de lana. Se puede aro- matizar con agua de flor de naranjo. Esta bebida, sobre tener la ventaja de apagar la sed, es también un cal- mante cuando el doliente la toma por la noche al acostarse. El jarabe de almendra ó jarabe de horchata es una preparación análoga; solo difiere por la proporción de la azúcar, y po- see exactamente las mismas propie- dades. La mezcla de jarabe de al- mendra con agua es una de las bebi- das más útiles en las inflamaciones internas. Las almendras amargas difieren de las dulces por el gusto y el olor, que es notable, especialmente cuan- do se moja la almendra. Ambos pro- ceden de cierta cantidad de ácido prú- sico contenido en las almendras amar- gas. Este ácido es uno de los más enérgicos venenos que existen, y por pequeña que sea la cantidad que se halle en las almendras amargas, siem- pre es lo bastante para comunicarles propiedades deletéreas. En la dosis de 7 almendras ya producen ansiedad / desmayos; en gran dosis, pueden ALMIDON 105 ALMIDON ocasionar la muerte. Hánse visto mo- rir personas por haber comido mucha cantidad de estas almendras. Por lo tanto, preciso es desconfiar de los dul- ces que llevan almendras amargas, particularmente de los llamados ma- zapanes^ en cuya composición entra bastante cantidad de almendras amar- gas, que, como se ve, son un verda- dero veneno. Los síntomas del envenenamiento por las almendras amargas son las siguientes: al principio convulsiones más ó ménos fuertes, según la canti- dad del veneno; aceleración del pul- so, y también de la respiración; pero á este estado de agitación sigue lue- go una modorra y abatimiento ex- traordinarios; el doliente no puede te- nerse de pié, y parece que sus miem- bros se hallan todos paralizados. El tratamiento es como sigue: adminís- trase el emético, 10 centigramos (2 granos) en un vaso de agua; se hace aspirar al doliente agua de Labarra- que. A falta de esta agua, désele á oler amoníaco líquido. Se le adminis- tra interiormente esta última sustan- cia (de 10 á 12 gotas en un vaso de agua). Al mismo tiempo se le harán fricciones de amoníaco en las sienes, y aplicación de sinapismos en las piernas, Almidón, Fécula. Polvo blanco y sin sabor, formado en gránulos esfé- ricos, ovoides, más ó ménos prolonga- dos, que se extrae de diversas plan- tas, tales como el centeno, trigo, ce- bada y otros cereales ó gramíneas; de las simientes de las leguminosas (ha- bas, fréjoles, judías, lentejas); del os tubérculos carnosos ele las patatas, batatas, de la raíz de mandioca, de los cogollos de las palmeras, de mu- chas especies de musgos, de las raí- ces de énula, de los bulbos de azuce- na, de los frutos de encina, del cas- taño de Indias, etc. Se da por lo co- mún el nombre de almidón al polvi- llo de los cereales, y el de fécula par- ticularmente al polvillo extraído de las patatas. El método más antiguo de extraer el almidón consiste en alterar honda- mente las harinas mediante una lar- ga fermentación; el glúten se hace soluble, y puede entonces separarse con facilidad al almidón, que no se altera, por medio de lavaduras sufi- cientemente repetidas. Según otro método, hácese una pasta de la sus- tancia de la cual se trata de sacar el almidón, y se somete esta pasta á un lavado continuo sobre un cedazo de alambre; en el líquido se obtiene el almidón en suspensión y la materia azucarada disuelta, y sobre el cedazo, el glúten sin alteración. El almidón cae y se posa en el fondo de un vaso con agua, en virtud de su mayor den- sidad. En ambos casos se divide la capa de almidón ablandado; se hace secar después al aire libre, y, por úl- timo, en un homo. Los fragmentos de almidón se contraen al secarse, de donde resulta que la masa se hiende con bastante regularidad. La extrac- ción de la fécula de las patatas se ha- ce por el mismo procedimiento, des- pués de haber reducido los tubércu- los á pulpa muy fina. En el comercio ALMIDON 106 ALMIZCLE se hallan muchas clases de fécula, co- nocidas bajo los nombres de tapioca, sagú, arrowroot, que no son otra co- sa sino diversas formas de almidón. En el estado de pureza, el almidón, sea cual fuere su origen, siempre es idéntico, y no constituye sino una so- la especie química. El almidón es in- soluble en agua fría; el agua caliente lo convierte en una materia glutinosa y mucilaginosa. El almidón se vuelve azul cuando se le adiciona la solución de tintura de iodo. En esta propiedad está ba- sado el modo de reconocer el almidón que se mezcla á la leche con objeto de hacerla más gruesa. Bajo la in- fluencia de los ácidos débiles, auxilia- dos por el calor, el almidón se con- vierte primero en <na materia gomo- sa, llamada dextrina, y después en una materia azucarada que lleva el nombre de glucosa ó azúcar de fé- cula. La misma trasformacion se efectúa por la acción de la diastace, sustancia contenida en la cebada ger- minada. Estas trasformaciones dan al almidón grande importancia en muchas artes industriales, entre otras en la fabricación del aguardiente de patatas. La fécula ofrece un alimento abun- dante, bastante nutritivo y de fácil preparación. En las fábricas de india- nas, el almidón de centeno se emplea para hacer los mordientes más espe- sos, dándoles mayor consistencia que la goma arábiga. Para dar á las telas de hilo y de algodón lustre y tiesura, se usa con frecuencia de la goma ó engrudo de fécula. En la economía doméstica, el almidón es empleado en hacer el agua cola de almidón, con que se da tersura al planchado. En otro tiempo servia para empolvar los cabellos, y se empleaba gran cantidad á este fin. Los confiteros lo usan co- tidianamente para la composición de grajeas. En medicina empléase como emoliente; se usa en lavativas contra las diarreas. El modo de preparar las lavativas de almidón va explicado en el artículo Lavativa. Almirez ó Mortero. Vaso de hie- rro, mármol, porcelana, vidrio, ó de cualquiera otra sustancia, bastanto profundo, hemisférico en el fondo, co- munmente acampanado en su parte superior; los farmacéuticos muelen en él las sustancias sólidas, que después se pulverizan, ó en él trituran las sustancias blandas para hacer su mez- cla más íntima. Empléase el almirez de hierro y la mano de almirez del mismo metal para pulverizar las ma- deras, cortezas, raíces y generalmen- te todas las sustancias duras que no pueden atacar el hierro ni tomar el color de este metal. Se hace uso del almirez de mármol para las sustan- cias blancas, fáciles de ser reducidas á polvo (el azúcar, el nitro, etc.); en este caso la mano debe ser de made- ra. El almirez de vidrio y el de por- celana se emplean para el sublimado y otras sustancias análogas; el almirez de ágata sirve para moler las sustan- cias muy duras. Almizcle. El almizcle es una sus- tancia que se halla en la bolsa situa- da entre el ombligo y las partes geni- tales de una especie de venado llama- ALQUEQUENJE 107 ALTEA do Almizclero (Moschus moschife- rus}, que habita en las montañas de la China y del Tibet. Esta sustancia es peculiar únicamente al macho de la especie. La fig. 7 representa este mamífero. En el animal, mientras está vivo, el almizcle tiene consistencia semi- flúida, pero se endurece después de muerto; viene con frecuencia al mer- cado dentro de la vesícula en que fue producido; es de color oscuro, sabor amargo, olor particular, muy activo, desagradable en masa, y agradable para ciertas personas cuando está en porción moderada. El almizcle está considerado como un poderoso antiespasmódico, y como tal empleado en las afecciones ner- viosas, epilepsia, espamos, histerismo, etc. La dosis es de 10, 15 y hasta 180 centigramos (2, 3 hasta 36 gra- mos) al dia. Los perfumistas hacen gran uso del almizcle, mezclándolo, en corta can tidad, con otras muchas sustancias aromáticas, para fijarles el olor ó dar- les cuerpo. Almorranas. V. Hemorroides. Aloes. V. Acivar. Alopecia. V. Calvicie. Alqnequenje. Physalis Alkelhen- ge, Linneo. Solanáceas. Planta eu- ropea, que en España brota casi es- pontáneamente. Tallo herbáceo, des- nudo inferiormente; hojas casi inte- gérrimas, pareadas; fruto, baya casi re- donda, cubierta por el cáliz, rubia y pulposa. Las bayas frescas se pare- cen á las cer ezas secas, á las azufai fas; son diuréticas y laxantes; entran. en la preparación del jarabe de achi- coria compuesto. Alquitrán. V. Brea. Altea. Malvavisco. Althea ofici- nalis, Linneo. Planta de la familia de las Malváceas, muy común en Es- paña; habita junto á los arroyos, en los parajes un tanto húmedos; á me- nudo se emplean en medicina como emoliente. Su tallo es herbáceo, de 60 á 90 centímetros de alto, hojas ovales, casi lobuladas, blandas; flo- res blancas, que tiran á rosadas. To- da la planta se usa, pero preferente- mente la raíz. Esta, cuando está se- ca, que es como circula en el comer- cio, es sumamente blanca, inodora y de sabor mucilaginoso. La infusión de la raíz de altea constituye una bebida emoliente y pectoral. Preciso es prepararla con la conveniente can- tidad de la planta; esto es, no em- pleando más de 4 gramos (1 dracma) de la raíz, para 360 gramos (12 on- zas) de agua hirviendo, porque si la fusión estuviese muy cargada, se ha- ce desagradable y nauseabunda. Es- ta infusión se dulcifica con azúcar, jarabe de goma 6 miel. Para las lavativas, colirios, gar- garismos ó lavatorios se usa el co- cimiento, que se prepara con 8 gra- mos (2 dracmas) de la raíz dé altea, y 360 gramos (12 onzas) de agua. La altea no vegeta en las regiones cálidas de la América del Sur; pero en cambio existen diferentes especies de malvas que sirven para las prepa- raciones emolientes, y las cuales go- zan de las mismas propiedades que la altea. ALTRAMUZ 108 ALUMBRE Alterantes. Se da este nombre á los medicamentos que, sin producir efectos inmediatos sensibles, modifi- can de una manera persistente la na- turaleza de la sangre y de los diver- bos humores. Los alterantes son, por lo general, considerados como especí- eos: curan neutralizando el virus in- troducido en la economía. Aconséjase en las diferentes formas de la infec- ción sifilítica. Las escrófulas y las en- fermedades cutáneas hallan en los al- terantes remedios poderosos. Los re- medios alterantes son: el mercurio, el proto-cloruro de mercurio, el deuto- cloruro .de mercurio, él iodo, ioduro de hierro, ioduro de azufre, proto- ioduro de mercurio, deuto-ioduro de mercurio, ioduro de potasio, aceite de hígado de bacalao, oro, óxido de oro, ácido arsenioso, arseniato de hierro, ar- seniato de amoníaco, arseniato de so- sa y arseniato de potasa. Altramuz. Lupinas albas, Lin- neo. Leguminosas. Planta que pro- duce los frutos llamados altramuces. Se cultiva en la Europa meridional. Los antiguos consideraban los granos de esta planta como un alimento ex- celente. Hoy no tienen para nosotros las cualidades tan celebradas por los poetas de la antigüedad. Dichos gra- nos son un manjar ordinario é indi- gesto. En Italia gozan, sin embargo, de su antigua reputación, y en algu- nas partes de este país se preparan comidas con altramuces cocidos, pero poniéndolos primero á remojo en agua salada. Los granos de altramuz son blancos, bastante grandes, achatados, de gusto amargo, el cual pierden por la maceracion; en este caso pueden comerse como los fréjoles ó judías. Generalmente no se usan sino para alimentar el ganado y para abonar la tierra en que se cultivan, porque la principal ventaja de esta planta es la de prosperar en los terrenos delgados ó ligeros, pedregosos y areniscos. En algunos puntos se dan los altramuces bien curados álos cerdos; cuando están como podridos, entonces solo se les añade á la ración; dícese que antes de llegar á tal estado, si los animales los comiesen con exceso, podrían ocasio- narles la muerte. Alubia. V. Habichuela. Alumbre. Sulfato de alúmina y potasa. Sal blanca, muy soluble en el agua, de sabor estíptico, cristalizada en octaedros regulares, y formada por la combinación del sulfato de alúmi- na con el sulfato de potasa. Existe formado enteramente en las inmedia- ciones de los volcanes; esta cantidad, sin embargo, es tan diminuta, que se necesita recurrir á diferentes modo» de fabricación para dar abasto á la in- dustria de los 4 ó 5 millones de kilo- gramos que todos los años consume. El alumbre goza de propiedades astringentes. En medicina se emplea interiormente, en la dosis de 30 cen- tigramos á 8 gramos (6 granos á 2 dracmas), en las diarreas crónicas y en las hemorragias; externamente tie- nen aplicación en gargarismos, en las esquinencias, en la dosis de 4 á 8 gra- mos (1 á 2 dracmas), disueltas en 780 gramos (26 onzas) de agua. El alum- bre calcinado, esto es, despojado del agua de cristalización por medio del ALLEVARD 109 ALLEVARD fuego, es de color blanco, de propie- dades cáusticas, y se usa para espol- vorear las picaduras de sanguijuelas cuando sangran con exceso, ó para cauterizar las carnosidades de las he- ridas. Alvéolo. Compartimento de las celdillas en que las abejas depositan la miel. Por analogía, se llaman al- véolos las cavidades en que se hallan engastadas las raíces de los dientes. Su tamaño y figura son conformes á los dientes que contienen. Están ho- radados en el fondo, y por estas aber- turas pasan los vasos y los nervios dentarios; están entapizados interior- mente por un prolongamiento de la encía. Cuando un diente segundo cae ó se arranca, la cavidad alveolar se cierra en poco tiempo; por lo que los alvéolos desaparecen completamente en las personas ancianas privadas de los dientes, y las mandíbulas presen- tan entonces una márgen aguda, for- mada por la aproximación de las lá- minas óseas que, por delante y detras, constituyen las paredes de los alvéo- los. Muchas veces sucede, al arran- carse un diente, sin que por eso pue- da acusarse de inhábil al dentista, que un pequeño fragmento del alvéo lo está adherente al diente arrancado; este accidente no es peligroso, y tam- poco impide en modo alguno la cica- trización de la herida que resulta de la operación. Allevard. Francia. Aguas sulfu- rosas frías. Itinerario de París á Alle- vasd: por ferro-canil, hasta Goncelin, 15 horas y 20 minutos. Omnibus de Goncelin á Allevard, 40 minutos; gastos, 76 francos. La villa de Allevard, con 3,000 ha- bitantes, departamento del Isere, Francia, está situada en medio de montañas; posee una fuente de agua sulfurosa fría, de J 6 grados centí- grados. Según el análisis de Dupas- quier, esta agua ofrece, en un litro, 24 centímetros cúbicos de gas sulfhí drico, 41 de ázoe y 96 de ácido car- bónico. Por consiguiente, es muy ga- seosa. Removida en un vaso, forma burbujas pequeñas, como el vino de Champaña. Existe en Allevard un hernioso es- tablecimiento termal, situado en el centro de mi parque notable de pinos. Este establecimiento posee un caño donde puede beberse el agua lo mis- mo que al pié de la fuente. Aunque el agua de Allevard sea administrada bajo diferentes formas, úsase especialmente en la de inhala- ción.. Al efecto hay allí un edificio particular, con siete salas de inhala- ciones, perfectamente organizadas. Los enfermos respiran los gases que se desprenden del agua mineral du- rante un tiempo que varía de algu- nos minutos á una hora. Estas aspi- raciones son empleadas en las enfer- medades de la laringe, de la faringe, de los bronquios y en la tisis. El establecimiento de baños contiene 35 gabinetes de baños generales, 15 para baños de pies, y dos salas para baños de vapor. Por último, en otra casa hay diez cuartos dotados de to- dos los aparatos necesarios para du- AMA DE LECHE 110 AMA DE LECHE chas, con amasamiento y diversas aplicaciones hidroterápicas. Casi todos los bañistas habitan el Grand hbtel des Bains, basto edifi- cio situado enfrente del estableci- miento termal. Ademas en el interior de la población hay otras fondas y casas particulares que reciben viaje- ros. Ama de leche. Ama be cria, No- briza. Se llama ama de leche ó ama de cria á la mujer que da de mamar á un niño. Los motivos que obligan á la madre á confiar su hijo á los cuidados del ama van descritos en el artículo Amamantamiento; expon- dremos aquí solamente las cualidades de una buena ama, los cuidados que exige su estado, y las dolencias que pueden acometerle. § 1. Cualidades de una buena ama de leche. La mujer de edad de 20 á 25 años es preferible como ama de leche á otra más joven ó de mas años. Será conveniente que su parto date de pocas semanas, que sea robus- ta, sin ser obesa, exenta de todo vesti- gio sifilítico, escrofuloso, empeinoso, de flores blancas, de gota coral y de cualquiera otra dolencia. Debe ademas tener los dientes sanos, los pechos re- gulares, duros, y de los cuales se pue- da sacar fácilmente una leche blanca, un tanto azulada, trasparente, de mediana consistencia (muy inferior á la de la leche de vaca) y de sabor dulce. También se tendrá cuenta y con razón, do la dulzura de su carác- ter y de la pureza de sus costumbres. La mejor ama de lechea deberá ser desechada si tiene el genio colérico, la costumbre de embriagarse, si es triste, poco limpia ó desatenta á las necesidades del niño. Cuando el niño mama mucho, cuan- do, como suele decirse, es muy ma- món, toma cada vez de 2 á 2| onzas de leche (60 á 80 gramos). Si es fuer- te, y vigoroso, y no tomase dicha can- tidad, es señal de que el ama no es buena. Para asegurarse de la cantidad de leche, se puede pesar el niño en una balanza antes y después de darle de mamar. Su peso será de 2 á 2| onzas (60 á 80 gramos) más en los primeros meses de su vida. Mas ade- lante, en el cuarto ó quintó mes, ma- mará hasta 8 onzas (240 gramos) ca- da vez, y podrá absorber, en el espa- cio de 24 horas, hasta litro y medio (48 onzas). § 2. Cuidados que exige el esta- do de ama de leche. El ama debe comer alimentos sustanciosos y de fá- cil digestión. La mezcla de alimentos animales y vegetales, de carne y le- gumbres, de caldos con pan ó harina, es lo que más le conviene. Por regla general, debe abstenerse de bebidas alcohólicas, y usar con moderación de ácidos y de vegetales crudos, tal co- mo ensaladas, frutas acídulas, etc.,, que tienen la propiedad de disminuir la secreción de la leche-, deberá evi- tar las pasiones tristes ó violentas, que á veces prestan á la leche cualidades nocivas, y, cuando experimentare al- guna emoción fuerte, no dará el pe- cho al niño sino después de haber pa- sado una ó más horas. En cuanto jí las relaciones conyugales, estas son nocivasú nicamente cuando ocasionan AMA DE LECHE 111 AMA DE LECHE una nueva preñez, y, como consecuen- cia de este estado, la disminución de la leche; esto basta para que sean evi- tadas cuanto se pueda, no obstante de estar entonces las mujeres menos su- jetas á quedar en cinta que en otras épocas de su vida, mayormente cuan- do miéntras crian no acostumbran te- ner la menstruación. La reaparición de esta, lo que es raro, exige que el ama haga uso de algunas bebidas di- luentes, como, por ejemplo, cocimien- to de cebada. Las mismas bebidas son convenientes cuando el niño presenta algunas señales de irritación, rubi- cundez en la cara, etc. Muchos médicos creen que el criar durante el embarazo ocasiona graves accidentes. Con efecto, cuando el útero se halla ocupado por el produc- to de la concepción, atrae hácia sí los movimientos totales de la vitalidad, ó en gran parte al ménos, é impide que las demas funciones se ejecuten con entera perfección; el amamanta- miento en este caso agota las fuerzas de la madre ó ama y del niño, porque éste no toma sino una leche mal ela horada. Sin embargo, ciertas mujeres poseen una constitución tan rica, que pueden excepcionalmente ofrecer al niño una leche provechosa y bastante nutritiva hasta el fin de la gestación. Llegada la época del destete, pre- ciso es pasar por disminuciones suce- sivas hasta la completa suspensión. El régimen del ama será ménos nu- tritivo. Al mismo tiempo deberá to- mar una ó dos purgas suaves. De es- te número son: el aceite de ricino á la dosis de 30 gramos (1 onza) para cada vez, el sulfato de magnesia ó el de sosa á la dosis de 15 gramos (4 dracmas). Si á pesar de estas precau- ciones la fiebre se mostrase, conviene' guardar dieta rigurosa y reposo com- pleto; se favorecerá la traspiración con la infusión de violetas ó de saú- co, y si los pechos estuvieren endo- loridos, se abrigarán con algodón en rama. Los fomentos con aceite al- canforado sobre los pechos pueden, ser también empleados ventajosa- mente. § 3. Afecciones ó dolencias de las amas da leche. Las amas de le- che están sujetas á escacez ó á supe- rabundancia de leche, á resquebraja- duras ó grietas en los pezones, y á injlamacion de los pechos. La falta de leche es por lo común la consecuencia de alguna dolencia más ó menos grave; y si esta durase mucho tiempo, raro será si la falta de leche no sobreviene y persiste. El estado interesante de la mujer pue- de también producir la escasez de leche, aunque no siempre. Podrá aun ser ocasionada por extremo enflaque- cimiento, por alimentación insuficien- te, malas digestiones, hemorragias, flores blancas, pasiones de ánimo y la tisis. Los menstruos, que aparecen á veces durante el amamantamiento, amenguan la cantidad de la leche, si bien esto no sucede más que tempo- ralmente. No siempre es posible el restable- cimiento de la secreción de la leche. Recomiéndase generalmente á las amas, cuya leche principia á dismi- nuir, el uso de alimentos sustancio- AMA DE LECHE 112 AMAMANTAMIENTO sos, compuestos del reino vegetal y animal, y que se abstengan de ácidos y medicamentos purgantes. Algunas veces se ha visto las papas de harina de maíz, las judías blancas ó encar- nadas, aumentar la secreción de la leche. Si todos estos medios fuesen infructuosos, preciso será destetar al niño, mudar el ama ó recurrir á otra clase de amamantamiento. Las amas ocultan á veces la falta de leche. El enflaquecimiento del niño, el afan con que chupa cualquier otro objeto, los gritos que da, soltan- do el pezón poco después de haber tomado el pecho, las aftas del inte- rior de la boca, son los primeros in- dicios de la falta de leche; estos in- dicios se cambian en certidumbre cuan- do los pechos están lacios, y cuando, mediante la presión, apenas dan al- gunas gotas de leche blanca y gruesa. La superabundancia de leche es común en muchas mujeres durante los dos ó tres primeros meses de la lactancia: la leche dilata los pechos y fluye copiosamente. Aplícanse en- tonces lienzos á los pechos para en- jugar el exceso de leche, y poco á po- co la secreción se normaliza. Si esto no bastase, se prescribe un régimen vegetal y bebidas sudoríficas ó diuré- ticas, tales como el té, la flor de saú- co, reposo físico y sobre todo de los brazos. Puede continuarse dando de ma- \ mar si las fuerzas del ama se sos- tienen bien; pero si enflaquece y se debilita, si le atacan dolores en las costillas y una tos seca, conviene ce- sar la lactancia. Rajas ó grietas de los pezones. V. Pezones. Inflamación del pecho. V. Pe- chos. En cuanto á las dolencias de que el ama de leche, como cualquiera otra persona, puede ser asaltada, el trata- miento es el mismo que en otras cir- cunstancias. Solamente manifestare- mos que en las amas de leche es pre. ciso evitar, cuanto sea posible, todo debilitamiento, y no emplear, sino en el último extremo, esto es, en los casos de absoluta necesidad, las san- grías y los purgantes. El abuso de tales medios, así como la verdadera dolencia, podría ocasionar disminu- ción ó supresión completa de la leche. Las inflamaciones de los pechos y las otras afecciones acompañadas de fiebre, de que las amas pueden ser aquejadas, podrían alterar ó corrom- per la leche, cuyo uso se hace enton- ces nocivo para el niño; en este caso conviene suspender el amamanta- miento, y, durante el tiempo nece- sario para el restablecimiento del ama, se impondrá al niño el uso de la le- che de vaca ó de cabra, ó se le dará nueva ama de cria. Amamantamiento ó Crianza. Acción de criar con leche los niños. El amamantamiento se distingue en amamantamiento materno, con ama de leche extraña ó por un medio ar- tificial. § 1. Amamantamiento mater- no. La madre debe dar el pecho al recien nacido, tan luego como haya descansado de las fatigas del parto, 1 lo que es más ó menos largo según AMAMANTAMIENTO 113 AMAMANTAMIENTO hubiere sido la duración del trabajo. Cuatro, cinco, y hasta diez y doce horas pueden pasar sin inconvenien- te. Algunas mujeres, particularmen- te las primerizas, ó primíparas, no tienen leche sino veinticuatro horas, ó más tarde, después del parto: du- rante este tiempo se da á los niños agua con azúcar, y esto basta. El niño, aun después de corrido este tiempo, rehúsa á veces el pecho, ó lo deja á poco de haberlo tomado. Varias son las causas que pueden dar lugar á este efecto. De parte de la madre puede suceder que la dema- siada hinchazón del pecho haga des- aparecer el pezón. Otras veces el pe- zón está aplastado, es disforme y no puede estirarse. De parte del niño, su debilidad extrema puede impedir que apriete bastante el pezón. El ingurgitamiento de las fosas nasales, producido por las mucosidádes, obli- ga á veces al niño á soltar el pecho á fin de tomar aliento. Conócese es- ta circunstancia por la dificultad que experimenta el niño en tener la bo- ca cenada. Fácil es también saber si alguna afta en los labios le impide el poder apretar suficientemente el pezón del pecho. La última circuns- tancia, á que ademas se atribuye el obstáculo de que nos ocupamos, es la prolongación del frenillo de la len- gua hasta el extremo de ésta, y á la dificultad que de ahí resulta pa- ra el libre movimiento, ó libre acción de este órgano. En tal caso el niño no puede apretar ni chupar el dedo; y, examinando la lengua, se recono- ce que está unida al suelo de la bo- ca; y que aun en ciertos casos, mien- tras el niño llora, la punta de la lengua parece estar dividida por me- dio. La tensión del pedio lleno de le- che se disipa con facilidad mediante la succión que puede ser practicada por un cachorrito recien nacido, 6 con el instrumento llamado pezonera. Guando el pezón es poco promi- nente, se puede estirar del siguiente modo: caliéntese una botellita llenán- dola de agua caliente, vacíase después el agua, y se aplica el cuello de la botella al pezón. Enfriando la bote- Hita mediante un paño frió, el pezón es atraído hacia el interior; así se alarga y toma las proporciones con- venientes. Cuando la debilidad es lo que im- pide mamar al niño, éste es criado con leche de su propia madre, ordeña da en una cuchara ú otro vaso cualquie- ra, hasta que haya adquirido la fuer- za suficiente para que busque y tome por sí mismo el alimento que necesi- ta. Si la imposibilidad de mamar consiste en ser el frenillo de la len- gua demasiado corto, conviene divi- dir esta membrana con tijeras. No es fácil decir cuántas veces al día debe darse el pecho al niño; esto depende de la fuerza del mismo y de la madre que lo cria, de la abundan- cia de leche, etc. Como término de aproximación, podrá dársele, sin em- bargo, con el intervalo de dos horas entre una y otra mamada, y de tres en época más adelantada; estos inter- valos pueden ser mayores por la no- che que durante el día. En cuanto á AMAMANTAMIENTO 114 AMAMANTAMIENTO la cantidad de leche que se debe dar en cada vez, preciso es dejarlo al ar- bitrio del niño. Si excediese la can- tidad conveniente, el estómago se desembarazará fácilmente de lo su- pérfluo, lo cual no se debe confundir con vómitos efectivos y mórbidos. Es- tas regurgitaciones, así como el hipo que acompaña la digestión de los re- cien nacidos, no deben ocasionar la menor alarma. Un poco de agua con azúcar, aromatizada con agua de flor de naranjo, calmará esta última in- comodidad, en el caso de que llegara á hacerse fatigante. En el cuarto mes conviene añadir algunos alimentos á la leche materna; todavía esta regla es muy variable; la fatiga que el ama experimenta, y las necesidades que el niño parece sentir, deben servir de guía en este caso. Papillas hechas con pan tostado, agua con azúcar, leche, caldo de ga- llina, ó caldo de vaca, son los alimen- tos más convenientes. Aumentándo- los estos de una manera gradual, se llega al destete espontáneo. No es posible determinar rigurosamente la época en que debe suspenderse para los niños la nutrición por medio de la leche materna. Algunas personas es- peran hasta la" salida de los veinte primeros dientes; otras, más razona- bles, no exigen sino los colmillos. Todo esto no es absolutamente ne- cesario, pues no hay niño que no pue- da ser destetado á los diez y ocho me- ses. La leche materna es, sin la me- nor duda, el mejor alimento para el inño. La leche fresca y reciente del seno materno conviene más á sus ór- ganos delicados que la leche ya vieja de una ama extraña. Así es que con frecuencia se observa que los niños encomendados á madres mercenarias suelen enflaquecer; mientras que los hijos de las mismas amas, criados jun- tamente con aquellos, sin ser más atendidos ni mejor cuidados, respecto á la cantidad de alimento, adquieren vigor y engordan; este efecto es tan- to más notable cuanto más antigua fuere la leche. Pero no siempre es posible á la recien parida cumplir un deber á que la mayor parte de las mujeres se sien- ten inclinadas por la naturaleza: gra- ves inconvenientes podrían resultar para ella ó para su lujo, si esto se le consintiera. La falta de leche, la debilidad de la madre, su predispo- sición á la tisis, son otras tantas con- tra-indicaciones formales. A estos im- pedimentos deben añadirse los que dependen de los vicios hereditarios y contagiosos, tales como las escrófulas, el escorbuto, el raquitismo, el mal venéreo, etc., que existen en la ma- dre, y cuya trasmisión al niño pue- de ser confirmada por la leche ma- terna, mientras que sus efectos pue- den modificarse ó anularse con la le- che de una ama sana y vigorosa. Ca- sos hay en que el pecho de una ama es de absoluta necesidad, al menos por algún tiempo, cuando la madre tiene los pezones resquebrajados, ó con otra cualquiera inflamación, ó si le sobreviniene alguna dolencia febril. En cuanto á la dieta, y á las pre- cauciones particulares de las mujeres AMAMAN T AMIENTO 115 AMAM ANTAMIENTO durante el tiempo de la lactancia de sus hijos y después de ella, véase el artículo Ama de leche. § 2. Amamantamiento por ama de leche. Consulte el lector el artí- culo Ama de leche respecto de las condiciones que en ella deben exigir- se. Cuanto más reciente ó nueva es la leche, tanto mejor es para los niños. § 3. Amamantamiento artificial. Las circunstancias obligan á veces á renunciar á las ventajas del amaman- tamiento natural: aliméntase enton- ces al niño con leche de vaca tem- plada, á la cual en un principio se agrega una cantidad igual de coci- miento de.cebada ó de avena peladas, la cual se va disminuyendo á medi- da que el niño crece y se fortifica, y añádese á esta nutrición algunos ali- mentos sólidos como en el amaman- tamiento materno. La lechee de bu- rra, por su composición, se acerca más en calidad á la leche de mujer, que no la de vaca ó cabra; por consiguien- te, podría darse con mayor ventaja si no hubiera tanta dificultad en ob- tenerla. Dáse la leche por medio de una botellita llena de este líquido. Muchos aparatos han sido inventados al efec- to; llámanse biberones. Se componen estos de una botella y de un apara- tito mediante el cual absorbe la leche el niño. Esta última parte consiste generalmente en un tapón de corcho, de madera ó de metal, terminado en punta con la forma de pezón, que es de goma elástica (biberón de Be- llin), ó bien de ubre de vaca prepa- rada (biberón de madama Bretón); otras veces es una botellita de cuello largo tapada con un pedazo de espon- ja envuelta con un pedazo de lienzo, y asegurada con una hebra de hilo al- rededor del cuello. El biberón de Charriére tiene el extremo de made- ra, terminado por un pezón de marfil ablandado. Todos estos aparatos de- ben conservarse con la más escrupu- losa limpieza. La fig. 8 representa este aparato, al cual no se debe re- currir sino en último extremo, y cuan- do no haya medio de amamantar al niño de otro modo. Amamantamiento merced á una cabra. Cuando no es posible otra co- sa, se entrega el niño á la teta de una cabra, que es uno de los anima- les que con más facilidad se acostum bra á dar de mamar, y el cual es susceptible hasta de encariñarse por el niño. Pero este método exige cier- tas comodidades de habitación, que lo hacen bastante raro. Generalmente hablando, el ama- mantamiento artificial debería pros- cribirse, y pocos son los médicos que lo aconsejan, salvo circunstancias muy excepcionales, en vista de que la com- posición química de la leche de los animales ofrece notables diferencias; ademas de que los hijos de cada es- pecie deben ser nutridos con la leche que el Criador destinó como su natu tal alimento. Amamantamiento de los anima- les. 'La duración del amamantamien- to varia en los animales, según las es- pecies. Así: pues, los caballeros y bo- vinos maman comunmente por espa- AMAMANTAMIENTO 116 AMARGOR DE BOCA cio de seis meses, y los lanares cua- tro ó cinco; y en los de cerda el ama- mantamiento solo dura cuarenta dias. Si la salud de la yegua lo permite, y si el potro aprovecha, puede pro- longarse el amamantamiento arriba del medio año; pero en este caso la yegua debe ser alimentada con gran- de esmero, mayormente si trabaja: se le dará un suplemento de pienso en harina. Si por una causa cualquiera el amamantamiento no es posible, ó debe ser suspendido, fácil será deste- tar al potro, dándole á chupar un pa- ño empapado en leche azucarada; de este modo poco tardará en aprender á beber la leche. En la especie bovina, la cria en un principio no consume toda la leche que la vaca produce; entonces debe ordeñarse lo restante, así que aque- lla ha concluido de mamar. Cuando hubiere necesidad de tener mucha cantidad de leche, se puede recurrir al amamantamiento artificial: y en la porción de leche reservada para los terneros, se añadirán sustancias más nutritivas, tales como harina, zanaho rias, etc. Cuando se trata de animales escogidas con destino á la procreación, se dejará mamar á los terneros duran- te algunos meses, y al propio tiempo se les dará, como suplemento alimen- ticio, agua con harina, caldo de casta- ñas molidas, etc. Luego después del nacimiento de un corderillo, preciso es, caso de que fuese débil, facilitarle la succión, su- jetándolo cerca de la teta, para que con mayor facilidad la leche corra en uboca. El amamantamiento artifi- cial se practica haciendo beber al cor- derino. ora por medio de una botella, ora en un vaso. Los lechones, tan luego como han salido del seno de la madre, buscan la teta que ha de alimentarlos. La le- che materna basta por lo común á sa- tisfacer las necesidades de los lecho- nes. Si lo contrario sucediere, necesa- rio será dar un suplemento de comida á la cerda. Si el número de los lecho- nes fuese crecido, conviene sacrificar los más débiles, ó si no recurrir al amamantamiento artificial. Así que llegan á la adad de doce á quince dias, se les da leche tibia con harina; se aumenta gradualmente la ración, y poco á poco se separan de la madre, á fin de poder ser destetados á los cuarenta dias. Amapola,. Ababa ó Ababol. Pa- paver rhaeas, Linneo. Papaveráceas. Planta muy común en España, culti- vada en los jardines y que también crece espontáneamente en las tierras de cultivo, entre las mieses. Tallo velloso, flores encamadas, de olor un tanto nauseabundo, hojas pinatifidas, el fruto es una cápsula ovoide, lisa, con muchas simientes blancas. Las flores se emplean en medicina. Con ellas se hace una infusión emoliente y ligeramente narcótica. Esta infu- sión se prepara con una taza de agua hirviendo y 2 gramos (l/2dracma) de flores de amapola. Amargón. V. Taraxacon. Amargor boca. La impresión del amargor de la boca es á veces es- pontánea, y se deja sentir sobre todo, por la mañana en ayunas. Contra es- AMARGOS 117 AMARGOS ta molestia se debe emplear la dieta, ó un régimen moderado y suave, una taza de infusión de manzani- lla en ayunas; lavativas de cocimiento de linaza. Si hubiere estreñimiento, se puede recurrir á los purgantes sua- ves: como 8 gramos (2 dracmas) de magnesia calcinada, disuelta en una taza de agua fria con azúcar. Indica- mos aquí los polvos contra el amar- gor de boca, para el caso en que los medios procedentes no produjeran efecto: Ruibarbo en polvo... 4 gram. (1 drac- ma). Canela en polvo 4 gram. (1 drac- ma). Se mezcla y divide en seis papeles. Tómase un papel por la mañana, otro á medio dia, en media taza de agua fria, una ó dos horas ántes de comer. Amargos. Existen en la naturale- za muchas sustancias del reino mine- ral, vegetal ó animal, que por causa del sabor se llaman sustancias amar- gas ó simplemente amargos. Los amargos están todos léjos de poseer las mismas propiedades, y mu- chas veees el amargo no es más que un carácter accesorio de los principios, cuyas propiedades son enteramente opuestas. Así, pues, el sulfato de so- sa ó sal catártica amarga es purgante; la coloquíntida y los áloes; drásticos; la nuez vómica, venenosa en el más alto grado; la quina, tónica. Por esto no se deben considerar todos los amar- gos como tónicos, tal cual algunas personas los consideran, y puede de- cirse, cuando más, que el amargo de todas estas sustancias es tónico; pero que ellas poseen á menudo otras pro- piedades que alteran ó modifican la virtud tónica. El reino vegetal es el que ofrece mayor número de amargos empleados como alimentos ó como medicamen- tos; y el amargor presenta mil gra- duaciones desde el de la corteza de naranja hasta el de la nuez vómica. Una sustancia dotada de amargor dé- bil podrá servir de alimento, tal es la achicoria; aquellas cuyo amargor es grande, entran solamente en la clase de los medicamentos. Amargos puros. Dáse este nom- bre á sustancias casi vegetales, que dejan en la lengua cualquiera sensa- ción de amargor sin mezcla de ningún otro sabor; son tónicas, esto es, que tienen la propiedad de restaurar las fuerzas digestivas en las personas que las han perdido algún tanto, ó de ha- cerlas aun más enérgicas en aquellas en que dichas fuerzas se conservan en su estado normal. A esta clase pertenecen la raíz de genciana, la centaurea menor, la fumaria, la énu- la campana, la raíz ó el tronco de la cuasia, la simaruba, la raíz de achico- ria y el taraxacon. Con estas plantas se preparan infusiones y cocimientos tónicos, que son empleados en las do- lencias escrofulosas, en las convale- cencias de otras muchas, en los cata- rros crónicos, en las flores blancas, es- corbuto, hidropesías, clorosis, ictericia, amenorrea, heridas antiguas, etc. Cuando en medicina se dice amargos se entiende generalmente esta clase de medicamentos, que todos son tó- nicos. AMARGOS 118 AMASAMIENTO Amargos astringentes, en que el amargor está asociado al gusto astrin- gente. A estos pertenecen la corteza de quina, la raíz de historia, de pa- ciencia. Los cocimientos de estas plantas se emplean particularmente en las diarreas y disenterías crónicas. La quina en polvo y su cocimiento se usan como tónicos en muchas do- lencias, y como anti-febriles en las fiebres intermitentes. Amargos aromáticos, en que el amargor está asociado al principio aromático; tales son: la manzanilla, el ajenjo, la salvia y la menta. Amargos acres. A estos pertenece el más formidable de todos los vene- nos vegetales, la nuez vómica, si- miente contenida en el fruto del strychnos nux vómica, árbol de la India. Nada puede dar una idea de este amargor seguido de un dejo me- tálico, que dura muchas horas. No es del amargor sin embargo de donde proceden las propiedades venenosas de esta simiente, sino de un princi- pio cuya acción deletérea se ejerce so- bre el sistema nervioso; con esta sus- tancia se preparan los venenos para destruir las ratas y otros animales da- ñinos. Amargos purgantes, en que el amargor es inseparable del principio laxante, son: las coloquíntidas, el ruibarbo, el acíbar, etc. Tales son las principales sustan- cias amargas. Para mayores informa- ciones á este propósito, el lector pue- de consultar cada uno de los artículos especiales, en que ellas han sido des- critas. Amasamiento. Acción de compri- mir, de amasar, por decirlo así, con las manos las partes musculares del cuerpo, y de ejercer tracciones sobre las coyunturas, á fin de darles flexi- bilidad y excitar la vitalidad de la piel y de los tejidos subyacentes. Es- ta práctica es muy empleada entre los orientales. El amasamiento me- tódico constituye el medio mejor de tratar las torceduras, las resultas de las luxaciones, las rigideces articula- res, las retracciones de los músculos, el tortícolis, y de restablecer los mo- vimientos después de las fracturas. También se usa en la clorosis, en el histerismo y sus contracturas, en la bronquitis crónica, en las enfermeda- des del corazón, en las contusiones, en la dureza de vientre, en las diver- sas neuralgias, en el reumatismo cró- nico, etc. El amasamiento se practica comun- mente á mano limpia, con cepillo de cerda, con un guante, con una plan- chuela de madera, con rodajas de boj, etc. Cúbrese la parte que se intenta amasar con aceite común, ó aceite de almendras dulces, ó manteca de cer- do, ó con jabón. Las maniobras se redu- cená: l?friccioneshúmedas ó secas; es- tas últimas consisten en fricciones con guante, cepillo, lienzo ó franela; 2o pre- siones con la mano ó con rodaja de ma- dera; las presiones según el trayecto de los tendones constituyen las ma- niobras del amasamiento en las torce- duras; las presiones hechas sobre los músculos, son los amasamientos pro- piamente hablando; 3° movimientos variados en la dirección de los movi- AMAUROSIS 119 AMAUROSIS mientos articulares; 4° percusión. Pa- ra el modo de aplicar el amasamiento en las torceduras, véase Torcedura. Amatista. Piedra preciosa de co- lor rojo ó rojo purpurino. Es un cuar- zo trasparente, coloreado por el óxido de mangaoeso; se emplea como joya. Las amatistas más hermosas vienen de las Asturias, en España; de las In- dias, del Brasil y de la Siberia; tam- bién se hallan en Francia y Alema- nia. El color rojo de esta piedra hizo que la adoptasen para ornar el anillo pastoral de los obispos. La amatista y el granate son las únicas piedras preciosas de color que se traen con vestidos de luto. La amatista orien- tal (coridon rojo) es mucho más rara y de un valor más considerable del que tiene la amatista occidental (cuarzo hialino rojo). Estas dos varie- dades difieren en peso y en dureza. La amatista oriental es casi tan dura con el záfiro y el rubí, mientras que la occidental se raya con bastante fá- cilidad; el peso de esta es de 2, 7, y el de la oriental pasa de 4, tomando por unidad el agua destilada. Amaurósis ó Gota serena. Así se llama la pérdida completa ó casi completa de la vista, sin mudanza al- guna aparente de los ojos. Es el de- bilitamiento ó la pérdida total de la vista, que sobreviene sin haber obs- táculo alguno al acceso de los rayos luminosos al fondo del ojo; ora pro- venga este debilitamiento ó pérdida de vista únicamente de una lesión de la retina, membrana nerviosa que re- cibe la impresión de la luz; ora re- sulte solamente de la alteración del nervio óptico, ó de la parte del cere- bro encargada de recibir las percep- ciones luminosas; ó bien dependa de la lesión de órganos enteramente ex- traños al aparato de la visión (Amau- rósis simpática). Las señales más comunes de la amaurosis son diversas perturbaciones en la visión, y la in- mobilidad casi constante del iris, que- dando la pupila por lo regular negra, y, como es consiguiente, conservando el ojo su trasparencia normal. Causas. La gota serena se obser- va principalmente en las personas cu- yos ojos han sido fatigados por la luz muy viva, por el calor ardiente del fuego, por la reflexión de los rayos solares en los países arenosos, por los estudios asiduos con microscopio, por vigilias prolongadas, y por vapores acres. Los excesos de diversos géne- ros, los pesares largo tiempo continua- dos, el espanto, el uso de malos ali- mentos, y la habitación en lugares húmedos, fríos y oscuros, producen al- gunas veces esta cruel enfermedad. La conmoción producida por un rayo, y la explosión de una arma de fuego, también pueden ocasionarla. Un po- bre mozo recibió un sacudimiento tan fuerte con la explosión de una pisto- la cargada de pólvora, en el momen to en que volvía la cabeza para res- ponder á un camarada que le llama- ba en la ocasión que disparaba el tiro, que la impresión que sintió le produ- jo una amaurosis súbita. También se admiten gotas serenas simpáticas; ta- les son las que dependen de la exis- tencia de lombrices en los intestinos, de la irritación del estómago y del AMAUROSIS 120 AMAUROSIS histerismo. La lesión de los diferen- tes nervios que, por sus conexiones con el ojo, ejercen una influencia más ó menos directa sobre el aparato de la visión, es la causa especialísima de esta dolencia: las heridas, los golpes en las cejas, el ojo y los párpados han determinado no pocas veces de este modo la ceguera amaurósica. Cono- cimos en Rio Janeiro una linda mu- chacha de diez y siete años, que en su infancia habia perdido la vista de uno de los ojos por haberle picado una gallina en la frente, encima de la ceja, en el lugar por donde pasa el nervio supra-orbicular. El ojo no pre- sentaba la menor turbación, ni nube la más leve; parecia perfecto, pero estaba paralizado. En fin, las dolen- cias orgánicas graves del cerebro, del nervio óptico, han determinado amau- rosis que se resisten contra los recur- sos del arte. Sintomas. La invasión de la gota serena suele ser á veces repentina; pero, por lo común, esta dolencia se desarrolla con lentitud. Principia por uno de los ojos, y en ocasiones ataca á entrambos al mismo tiempo. Cuan- do la invasión de la, gota serena es súbita, se pierde la vista instantánea- mente, y la niña del ojo queda inmó- bil. Cuando, por el contrario, la do- lencia entra gradualmente, la vista se dibilita poco á poco, la visión de los cuerpos lejanos principia á ser menos distinta, los dolientes creen ver girar insectos por el espacio: después, los objetos se les presentan como si estu- viesen cubiertos de nieblas ó de man- chas oscuras. La niña de los ojos con- serva ordinariamente su hechura re- gular; pero en algunos casos se de- forma. Cuando la gota serena es completa, los ojos pierden toda su expresión, y los párpados permanecen inmóbiles delante de los cuerpos ex- traños. La inmobilidad de la pupila se ve- rifica del modo siguiente: Si uno solo de los ojos se encuentra enfermo, se cubre el ojo sano con un liezo, se ex- pone el ojo malo á la luz, después se cierra, aplícase durante algunos ins- tantes el dedo pulgar sobre el párpado superior, que luego se levanta rápida- mente. Si el ojo está afectado de amaurosis, la pupila queda inmóbil. Repitiendo esta experiencia sobre el ojo sano, se ve fácilmente que la pu- pila se dilata en la oscuridad, y se contrae sensiblemente cuando queda expuesta á la luz viva. Tratamiento. Dáse principio al tratamiento por un purgante, tal co- mo 60 gramos (2 onzas) de sal de Zedlitz ó de Glauber, ó una botella de limonada de citrato de magnesia. Pónese después un vejigatorio en la nuca. Al mismo tiempo se aplican vapores estimulantes á los ojos. A es- te fin se vierten algunas gotas de bál- samo de Fioravanti en la palma de la mano, y se aproxima al ojo malo; ó se llega al ojo mismo un tapón mojado en amoníaco líquido. El uso del rapé aprovecha en esta dolencia, porque estimula la membrana de las fosas na- sales. Lávense cotidianamente los ojos con agua mezclada con alguna» gotas de agua de Colonia ó de aguar- diente alcanforado. También ha sido AMBAR GRIS 121 AMBROSÍA recomendado el colirio siguiente, con el cual deben lavarse los ojos dos veces por dia: Sulfato de zinc.. 5 cent. (1 grano) Agua destilada.. 60 gram. (2 onzas) Mézclese. Pero no basta la medicación directa. Necesario es emplear los medios in- directos para actuar sobre la constitu- ción al mismo tiempo que se procura modificar la vitalidad de la retina. Si la gota serena está acompañada de debilidad natural de constitución, ó es ocasionada por la edad ó por las dolencias, deben emplearse los tóni- cos, la infusión de lúpulo, en la dosis de 180 gramos (6 onzas) por dia; ja- rabe de genciana en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia; el hierro reducido, en la dósis de 1 gra- mo (20 granos) por dia. Ambar amarillo. V. Succino. Ámbar gris. Sustancia que se ha- lla en las aguas del mar, en el litoral del Japón, de las islas Molucas, de Madagascar y del Brasil, y que se for- ma en los intestinos del cachalote (physeter macrocephalus, Linneo), animal cetáceo. Su consistencia es algo mayor que la de la cera; es insoluble en agua; pero soluble en el alcohol caliente, éter y aceites; tiene olor fuerte y agradable, color ceniciento, con man- chas amarillas y negruzcas. Es un es- timulante enérgico; puede ser útil en las dolencias nerviosas y fiebres diná- micas; pero ahora lo emplean más los perfumistas que no los médicos. En medicina se usa en la dósis de 30 á 120 centigramos (6 á 24 granos) por dia, en píldoras ó en pocion. Ambarilla ó Abelmosco. Simien- te del Quigombo de olor (Jlibiscus abelmoschus, Linneo), planta de la India cultivada en la América meri- dional. Esta simiente es reniforme, de olor almizcleño; se emplea en la perfumería. En el Levante sirve pa- ra preparar los polvos, llamados pol- vos de Chipre, que se usan como per- fume. Ambliopia. Amblyopia, de am- blas, embotado, obtuso, y de ops, opos, ojo; debilidad de la vista. La amblio- pia no es mas sino el principio de la amaurosis ó gota serena, y de aquí el nombre [de ambliopia amaurótica son que algunos autores califican la debilidad del sentido de la vista. Ambrosía. TÉ de México. Cheno- podium ambrosioides, Linneo. Que- nopodiáceas (fig. 9). Planta que ha- bita espontáneamente en México y en otros muchos países, el Brasil, las Azores, España, Portugal, etc. Tiene diversos nombres según los países. En Portugal es-vulgarmente llamada Yerba hormiguera, en las islas Azo- rez Uzaidella, en las Alagoas y en Bahía Matraz ó Mentruz, en Rio de Janeiro Yerba de Santa María. Tallo de 1 metro á 1 1/2 de alto, del grueso de una pluma de escri- bir: raíz oblonga, amarillenta por fue- ra, blanca por dentro; hojas alternas, largas, agudas, muy dentadas; flor pequeña, verdosa; fruto enteramente cubierto por el cáliz; simientes muy AMELIE -LES-BAINS 122 AMELIE-LES-BAINS pequeñas, negras, encerradas en una cáscara amarilla oscura; el olor de to- da la planta es aromático y parti- cular. La ambrosía tiene propiedades ver- mífugas de incuestionable eficacia. En varias, partes, especialmente en Rio de Janeiro, se emplea á menudo con- tra las lombrices de los niños. Dósis: simientes en polvo, 8 gra- mos (2 dracmas). Infusión de las hojas, 12 gramos (3 dracmas) para 250 gramos (8 onzas) de agua hir- viendo. Zumo expreso, de 2 á 4 cu- charadas. Amélie-les-Bains. Aguas sulfu- rosas calientes en el Mediodía de Francia. Itinerario de Paris á Amélie-les- Bains: Ferro-canil de París por Bur- deos á Perpiñan, 23 horas. Coche de este punto á Amélie-les-Bains, 3 ho- ras. Gasto, 122 francos. Amélie-les-Bains es una aldea con 700 habitantes, que debe á sus aguas y al clima el privilegio de ser esta- ción termal, y residencia en invierno de las personas que padecen del pe- cho. Las aguas de todas sus fuentes son calientes, límpidas é incoloras, de olor á huevos podridos, poco notable en las fuentes calientes y mucho des- pués de enfriarse; su temperatura varía de 30° á 64°. El agua de Amélie se administra bajo toda forma, en bebida, en ba- ños, en duchas, en estanques ó pis- cinas. Hay también una sala de in- halación caliente, en donde los enfer- mos respiran vapores de agua mine- ral mezclados con gas.-Los diferen- tes manantiales están distribuidos en dos establecimientos de pertenencia particular (Pujade, Hermabessiére), y un hospital militar. Establecimiento de Pujade. Es el más frecuentado de ambos y tam- bién el mejor organizado. Su princi- pal mérito consiste en las bocas que comunican con los manantiales, y obran como duchas de vapor; el gas sulfuroso se mezcla en la atmósfera de los diversos aposentos habitados por los enfermos. El aire templado, que allí se respira como en una estu- fa, está mezclado con los efluvios de las fuentes. piscina constituye uno de los medios más importantes del trata- miento en las caldas de Amélie. Es- tá cavada en la base de la roca. Sus dimensiones son: 2 metros de fondo, 6 de largura y«otros 6 de anchura. Una escalera de once gradas descien- de á la piscina, cuyo fondo está em- baldosado de piedra. Hay cordajes para ejercicios gimnásticos. Los na- dadores pueden hacerlos con facili- dad; las demas personas se asientan en la gradería. La piscina es alimen- tada por ocho fuentes que salen del fondo y de las paredes laterales. De este modo el agua se renueva sin ce- sar. Todas las tardes se limpia la piscina, vaciándola completamente. Dos grandes duchas, que tienen 6 metros de presión, son instaladas en los lados de la bóveda, y en ciertos casos pueden combinar su acción con la del baño de natación. Hay horas fijas reservadas á las señoras. Vein- AMELIE-LES-BAINS 123 AMONIACO ticuatro gabinetes de baño dan sobre entrambas galerías. Todos están pro- vistos de chorros ascendentes, pero siete solo poseen el sistema de du- chas ó chorros descendentes. Las ba- ñeras son de mármol. El estableciminnto de Pujade con- tiene muchos caños para beber el agua mineral. Las ocho fuentes pre- sentan una escala para los grados de temperatura y de sulfuración; utilí- zanse progresivamente, según la in- dicación del médico, en bebida ó en gargarismos. Las aguas de Amélie son emplea- das contra los reumatismos, afeccio- nes de la piel, bronquitis y sífilis in- veterada. Esta localidad es recomendada par- ticularmente por los médicos, como residencia de invierno, á los enfermos atacados ó amagados de enfermeda- des del pecho. Está defendida<le los vientos del norte por elevadas mon- tañas. El clima es agradable; se cul- tivan allí, en los campos, olivos, lau- reles y cactos. El otoño es la mejor estación del país, y, después, el in- vierno. La primavera y el verano presentan condiciones ménos favora- bles para las personas que padecen del pecho. Como auxiliar de la cura se emplea muchas veces el agua de Boulon, si- tuada á 16 kil. de Amélie; es una agua ferruginosa, alcalina y gaseosa, que representa, la composición de las. aguas de Vichy y contiene una por- ción mínima de cobre. Según el Dr. Genieys, la eficacia más importante de esta agua es su empleo contra el diabetes. Curaciones sólidas de esta dolencia lian sido debidas á la pisci- na sulfurosa acompañada del uso in- terno del agua de Boulon. Amenorrea, ó Falta de mens- truación. V. Menstruación. Amígdalas ó Agallas de la gar- ganta. Cuando con el mango de una cuchara se abaja la base de la lengua de alguna persona, fácilmente se ven en el fondo de la boca dos cuerpeci- tos redondos, uno en cada lado, de color un tanto rosáceo: son las amíg- dalas, vulgo agallas de la garganta. Estos órganos contienen una mucosi- dad, que favorece el paso de los ali- mentos y que, solidificándose á veces en la superficie de las amígdalas bajo la forma de granitos blanquizcos, ad- quiere olor desagradable. La dolencia que principalmente ataca á las amígdalas, suele ser la in- flamación; llámase amigdalitis, es- quinencia ó angina tonsilar. V. An- gina simple. Las amígdalas pueden ser también afectadas de cáncer (V. Cáncer). A consecuencia de inflamaciones repetidas, las amígdalas pueden ad- quirir tal volumen, que dificulte la deglución de los alimentos. Estas glándulas se hinchan y endurecen en- tonces. Los gargarismos astringentes (¡véase ,ysta palabra) no bastan á ve- ces á curar el mal; preciso es en este caso apelar á la excisión de las amíg- dalas, operación sin peligro, y menos doliente de lo que se cree. Amigdalitis. Y. Angina tonsi- la$. m . .• Amileua. Se da . este' nombre al AMONIACO 124 AMONIACO hidrógeno carbonado que se obtiene del alcohol amílico (aceite de pata- tas). Es un líquido incoloro, de olor un tanto desagradable, mucho más ligero que el agua. Se empleó en es- tos últimos tiempos como anestésico, para sustituir al éter y al cloroformo; produce con prontitud la insensibili- dad; pero su acción es sumamente pe- ligrosa. Amoníaco ó Álcali volátil. Gas que se encuentra en el estado de combinación con los ácidos clorhídrico y fosfórico, en la orina; y con los áci- dos acético y carbónico en las mate- rias animales en putrefacción. Se for- ma constantemente por la descompo- sición de estas materias mediante la acción del fuego. Prepárase con fa- cilidad calentando gradualmente, en retorta guarnecida de un recipiente apropiado, la mezcla de partes igua- les de cal y sal amoníaco. Propiedades del amoniaco en es- tado gaseoso. El amoníaco conserva siempre su estado gaseoso á la tem- peratura ordinaria, y bajo la presión normal de la atmósfera. Es un gas alcalino, trasparente, incoloro, de olor muy fuerte y penetrante. Su sabor es acre y cáustico. Se emplean á me- nudo los vapores amoniacales como estimulantes en los desmayos y as- fixias; pero convienejemplearlos con mucha circunspección. Amoníaco líquido ó Alcali vo- látil. Se da este nombre al agua destilada saturada del gas amoníaco, esto es, en que se halla disuelto casi un tercio de su peso. El amoníaco íquido no tiene color, es muy cáusti- co, de gusto y olor insoportables, ha- ce verdear el jarabe de violetas, for- ma con los ácidos numerosas combi- naciones salinas usadas en las artes y la medicina. Con los óxidos de oro y plata, forma polvos fulminantes; co- munica un hermoso color azul á la solución de sulfato de cobre. El amoníaco líquido aplicado sobre la piel, según la duración del contac- to, su dosis y grado de concentración, puede producir ó la rubicundez, ó la vesicación, ó la cauterización. Ingeri- do en el estómago en fuerte dosis, es un veneno mortal. El agua con vi- nagre es el mejor contravéneno del amoníaco. Se emplea interiormente contra la embriaguez, y exterionnente en las mordeduras de las serpientes ó pica- duras de insectos, y en las síncopes ó asfixias. Pero la causticidad de este remedio vulgar exige mucha pruden- cia en su administración. En la embriaguez, que hace cesar como por encanto, se administra en la dosis de 6, 10 á 15 gotas; en un vaso de agua azucarada. En los casos de mordeduras y pi- caduras de serpientes ó insectos, se cauteriza la herida con una ó algunas gotas de amoníaco líquido, que se aplican con una pluma ó palillo. Cuando se hace oler á los pacien- tes, en los casos de sincope ó de as- fixia, un frasco de álcali volátil, pre- ciso es acercarlo y retirarlo de las na- rices con prontitud, y no dejarlo go- tear sobre las partes vecinas, que pu- dieran resentirse de su acción cáus- tica, AMONIACO 125 AMOR Sales amoniacales. Todas las sa- les que tienen por base el amoníaco, trituradas con potasa, dejan despren- der este gas; son solubles en el agua, y se volatilizan ó descomponen sien- do sometidas á la acción del calórico: hay tres de ellas que merecen fijar nuestra atención; el carbonato, el ace- tato y el clorhidrato de amoníaco. Acetato de amoniaco, ó Espíritu de Minderer. Prepárase por la satu- ración del ácido acético con el amo- níaco líquido. Es un líquido incoloro, trasparente, inodoro, de sabor fresco y picante al principio, y después un tanto dulce. Es considerado como sudorífico, que se administra en la dosis de 4 gramos (1 dracma) hasta 30 gramos (1 onza) en un líquido apropiado. Se usa tam- bién contra la embriaguez, la cual di- sipa en algunos minutos, administra- do en la dosis de algunas gotas, en un poco de agua con azúcar. Carbonato de amoniaco. Se pre- para mezclando una parte de sal amo- níaco con dos partes de greda en pol- vo, y destilando la mezcla seca en la retorta de vidrio, guarnecida de un recipiente. Esta sal aparece bajo la forma de pedazos blancos, semi-tras- parentes, compuestos de la reunión de cristales pequeños, de textura fi- brosa; es soluble en agua, de olor pi- cante y sabor cáustico. Puro y en gran dosis es un veneno cáustico; dilatado en agua, se emplea medicinalmente en las fiebres graves en la dosis de 60 centigramos á 8 gramos (12 granos á 2 dracmas), en una pocion de 180 gramos (6 onzas.) Encerrado en pequeños frascos de crista], se vende con el nombre de sal volátil de Inglaterra, y se da á oler en las síncopes. Clorhidrato ó hidroclorato de amo- níaco, ó sal amoniaco. Esta sal, co- nocida hace mucho tiempo, lleva este nombre del país de Ammono, en la Libia, donde se extraía*. También se sacaba antiguamente del Egipto, por sublimación del hollín procedente de la quema del estiércol de los came- llos. Ahora se prepara en grande es- cala en Europa, destilando los hue- sos y las lanas en cilindros de hie- rro. En el comercio se encuentran bajo la forma de panes bastante vo- luminosos, convexos de un lado, cón- cavos de otro, blancos, cristalizados en agujas dispuestas como las barbas de una pluma, inodoros, de sabor amargo, acre y fresco. Puro y en alta dosis puede enve- nenar. Se emplea en los reumatis- mos y dolencias inflamatorias, inter- namente, en la dosis de 60 centigra- mos á 4 gramos (12 granos á 1 drac- ma), dilatado en una pocion ó coci- miento. Casi siempre es usado ex- teriormente, como resolutivo en los tumores, en la dosis de 4 gramos (1 dracma), disuelto en 250 gramos (8 onzas) de agua. Amor. Considerar el amor como una pasión devoradora, recordar sus caracteres conocidos, descubrir sus se- cretos, consignar sus resultados, é in- dicar los medios de mantener este sentimiento en los límites de lo justo, tal es el objeto de este artículo. El amor es una disposición innata, AMOR 126 AMOR instintiva, y más ó menos imperiosa. Durante los primeros años de la vi- da este sentimiento está adormecido, y solo se manifiesta en la época de la pubertad. Entonces la voz muda en los adolescentes de ambos sexos, el sistema velloso viene á cubrir par- tes hasta entópces impubescentes, las facciones adquieren cierta expresión, y los gustos cambian por lo común; en fin, en las jovencitas, la aparición de los menstruos, y el desarrollo de los pechos, son aun más caracterís- ticos. En este período tempestuoso, los padres que sean vigilantes deben ob- servar cuidadosamente la fisonomía, los gestos, las palabras, todos los ac- tos de los adolescentes, para descu- brir los nuevos sentimientos que se preparan. Entonces nacen ó se ad- quieren costumbres secretas, de que en su lugar nos ocupamos (V. Ona- nismo), y que tienen sobre la salud una influencia en alto grado pernicio- sa. Una nueva existencia ha comen- zado. Mil particularidades morales revelan esta revolución física, en la cual cada sexo se muestra bajo dife- rentes matices. El joven, educado con costumbres menos severas, no tan pú- dicas, es naturalmente más osado, busca la sociedad de las mujeres, sien- te que las quiere más, y no esconde mucho su inclinación, ó deja de ocul- tarla. Mientras tanto, el amor con- templativo le abre la escena amorosa. El adolescente que no ha sido corrom- pido por las palabras ó ejemplos de sus camaradas, hace una divinidad de su primera amante, y arde por ella en un amor discreto. La joven virgen, que una solicitud ilustrada, pia, ó al menos moral, ha constantemente ro- deado de sanas impresiones, se halla agitada por mil sensaciones diversas, cuyo origen ignora; apenas se atreve á interrogarse á sí misma, y trata de disimular. Y por eso la alegría, la candidez de la primera edad, ceden su puesto á cierto aire de distracción, de embarazo, que no se oculta á la inteligente mirada del observador. Ella misma reconoce luego que prefiere la sociedad de los mozalvetes á la de sus compañeras; y que aquellos pro- ducen en su ánimo un efecto insólito. De aquí viene probablemente en su presencia la postura bizarra, el len- guaje por lo común embarazado, la mirada vaga, aunque expresiva, los movimientos de pudor que coloran y empalidecen alternativamente sus mejillas. Perturbación hermosa, que denota un alma que ama, pero aún inocente. Desde entonces el amor puede aun conservarse vago, contemplativo y sin objeto determinado, pero existe. Lue- go que fuere conocido, no deben los padres desechar medio alguno para dirigirlo ó anularlo. Primeramente de- be prohibirse la lectura de novelas cuyo efecto es el dar pábulo al fue- go que se recela. Más de una vez, en semejantes circunstancias, es la ima- ginación y no el corazón quien esco- ge, y Rousseau nos habla de una jo- ven que estaba á punto de ser vícti- ma de su pasión por las perfecciones de Telémaco. Privar la vista de cua- dros y espectáculos licenciosos, evitar AMOR 127 AMOR palabras equívocas sobre ciertos obje- tos, es lo que conviene, porque la cu- riosidad de los adolescentes es extre- ma. Ocupad su cuerpo y su alma de una manera alternada; entonces so- brevendrá un sueño profundo, y el corazón no tomará en la existencia sino la parte conveniente. Los efectos de esta pasión son tan- to más visibles cuanto mayor y más desenvuelto es el amor. Los caractéres de un amor excesivo pueden ser com- parados á los de la monomanía. Con efecto, en los amantes, lo mismo que en los monomaniacos, se observa co- munmente esto: desprecian ó aborre- cen sus hábitos, sus ocupaciones y sus deberes; viven absorbidos, distraídos, indiferentes á cuanto les rodea; se les encuentra á menudo como engolfados en profundas meditaciones, de que parecen salir como de un sueño, cuan- do se les llama; todo cuanto los apar- ta de su aislamiento y preocupacio- nes les molesta ó importuna. Singu- laridades de carácter, costumbres, afi- ciones extrañas, asustan luego á las personas que estaban acostumbradas á verlos. En ese estado moral obsér- vase una de estas dos cosas: ó discur- sos continuos sobre el mismo tema, ó una taciturnidad extraordinaria. Al mismo tiempo disminuye ó desapare- ce el sueño, se pierde el apetito, se adelgaza el cuerpo; el entorpecimien- to, la pereza de moverse sucede á la agilidad; las facultades mentales, prin- cipalmente la memoria y la atención, disminuyen de una manera notable. Si consideramos cuán frecuentes son y cuán graves pueden ser los ac- cidentes del amor, fácilmente podre- mos convencemos de que las señales que revelan esta pasión no son nocio- nes de mera curiosidad. Efectivamen- te, no solo el amor excesivo distrae de las ocupaciones, de los deberes sociales, perturba todas las funciones y puede acarrear el marasmo, pero hasta sus consecuencias posibles y fre- cuentes son desastrosas y variadas. Si las conveniencias se oponen á la unión, se tiene la inmoralidad como perspectiva. El amor contrariado con- duce á la locura, á la melancolía, al suicidio. Los periódicos rebosan en narraciones de este género. ¡Cuántas personas, sin acabar tan lastimosa- mente, conservan una insensibilidad y tristeza profundas en el resto de su vida! ¡Y cuántas desgracias de este género no podrían evitarse! La unión de los amantes, si las conveniencias lo permiten, es el me- jor remedio del amor. En el caso con- trario, el aislamiento es una de las primeras condiciones. Con palabras llenas de ternura y de razón, explí- canse al amante infortunado los moti- vos que exigen la ruptura de toda re- lación con la persona á que debe re- nunciar y que conviene no volver á ver más. En tan penoso momento, las palabras que se le dirigen doben re- bosar dulzura y apacibilidad, no de- ben ser ni amargas ni irritantes, por- que, culpables ó inocentes, los aman- tes merecen compasión. Cesar de ver- se, desesperar de poseerse, es para ellos la más horrible sentencia; pero el tiempo, en este caso, como en otros muchos, traerá sus consuelos. La du AMOR 128 AMOR ración de la pasión será sin duda más ó ménos larga, según el grado de in- sidad que hubiere adquirido, y según la constitución física ó moral del inten- dividuo; pero rara vez resistirá á la ausencia y al tiempo, que producen el olvido. Sin embargo, no debemos limitarnos á estos medios naturales; preciso es favorecer su acción por to- dos cuantos estuvieren en mano. El nombre de la persona querida nunca deberá ser pronunciado; se les multi- plicarán las distracciones de naturale- za agradable, y no se dejará á los in- teresantes dolientes de amor meditar en la soledad ó permanecer silencio- sos entre gentes. Los paseos, los ejer- cicios cotidianos llevados hasta la fa- tiga, serán un poderoso recurso. Na- da iguala á la mudanza de lugar y al buen efecto de los viajes, á no ser tal vez la formación de alguna otra unión conveniente. La transición más natural nos con- duce del amor sentimental al amor físico, que tiene sus preceptos de hi- giene como todas las grandes funcio- nes. El instinto del amor se declara con la pubertad, pero no es más que el indicio de una disposición orgánica que principia á formarse y que nece- sita muchos años para llegar á su grado de perfección. La pubertad tie- ne lugar más ó ménos pronto, según los climas. Eñ las regiones intertro- picales se declara de los once á trece años entre las mujeres, y de los doce á catorce entre los hombres; en los países templados dos ó tres años más tarde. Los artificios del estado social, los prestigios de la civilización, apre- suran considerablemente las inclina- ciones amorosas de la especie huma- na. Manifiéstanse más tardías en el labrador ó campesino que en el ciuda- dano. Pero el desarrollo de todos los órganos que presiden á los fenóme- nos tísicos y morales, no está'comple- to sino á los diez y ocho años en la mujer y á los veinticinco en el hom- bre; únicamente después de este pe- ríodo es cuando los dos sexos pueden entregarse á los placeres del hime- neo; y si observamos la especie ani- mal, veremos que los brutos no se scupan de la procreación sino cuando su cuerpo está completamente forma- do. La observación de todos los dias justifica la prudencia de los filósofos y de los legisladores, que prohíben los casamientos prematuros. La tisis, la susceptibilidad nerviosa exagerada, la frecuencia de los abortos, una poste- ridad débil, etc., son sus efectos per- niciosos. El casamiento, en la edad madura, tiene inconvenientes para la mujer. Concibe entonces con mayor dificul- tad y pare con doblados dolores. En la vejez se debe desconfiar de excita- ciones facticias, producidas por un ré- gimen estimulante ó por los sueños de la imaginación, porque así se abre- vian seguramente los dias, ó son cor- tados por muerte súbita, como mu- chas veces sucede. Si, por un benefi- cio de la naturaleza, en la edad en que el amor no existe sino en los re- cuerdos, los sentidos despertarán aún deseos amorosos; permitida es su AMPOLLA 129 AMPUTACION satisfacción, pero jamas lo será el provocarlos. Las.relaciones conyugales son no- civas durante la digestión y en tanto subsista la fatiga producida por los trabajos corporales ó espirituales, y también son nocivas cuando el régimen es poco nutritivo; lo son asimismo durante la menstruación; deben ser poco frecuentes miéntras el embara- zo, en tiempo de epidemias, en los países insalubres y en que los indivi- duos no están aclimatados; son ade- más perjudiciales en las dolencias agudas, en las convalecencias, y co- munmente en los padecimientos cró- nicos. Otras muchas consideraciones, mas ó ménos dependientes del amor físico, serán examinadas en los artí- culos Esterilidad Impotencia y Ge- neración. Ampolla. Pequeño tumor lleno de serosidad límpida, acumulada ^debajo del epidérmis. Puede resultar de una quemadura, de la aplicación de un vejigatorio, del frotamiento de las manos contra algún cuerpo duro; en este último caso es cuando más parti- cularmente se le da el nombre de ampolla. Las ampollas se manifies- tan también en la erisipela y en el zona, cierta especie de herpes. (V. Erisipela, Zona.) Guando la ampolla es producida por frotamiento, preciso es abrirla con la punta de un alfiler ó aguja, sin levantar el epidérmis; después se cu- bre con un lienzo untado de cerato, ó con algodón cardado. Este último re- medio es muy conveniente en la curación de ampollas producidas por las quemaduras. Amputación. Operación que con- siste en separar para siempre, por medio de instrumento cortante, una porción más ó menos extensa de un miembro. Medio extremo de la cirugía, la amputación no debe ser practicada si- no como último recurso. Grave ya por sí misma, tiene ademas como con- secuencia necesaria la mutilación del hombre. En vista de los casos que parecen reclamarla, el cirujano no de- jar de emplear hasta lo último cuan- tos medios le ofrezca el arte, á fin de conservar y no destruir; pero los dol lientes deben saber también que es mejor sacrificar la parte que perder el todo, y que más vale vivir con tres miembros que morir con cuatro. Los casos que reclaman la ampu- tación merecen una atención especial, y serán menos numerosos cada vez, á medida que la medicina haga pro- gresos, y el arte de tratar bien las do- lencias esté más esparcido. Estos ca- sos son: Io Separación completa de un miembro. Una bala de artillería ú. otro proyectil, un golpe violento de espada, de machete ú otro instrumen- to análogo, la acción de una máquina, etc., separan á veces un miembro ca- si completamente del tronco, no de- jándole otra comunicación con el res- to del cuerpo sino algunos pedazos más ó menos espesos. Esta circuns- tancia impone generalmente la ampu- tación. Semejante regla tiene sin em- bargo dos excepciones. Cuando el AMPUTACION 130 ANANA miembro es pequeño, como un dedo, ó si se conservan las arterías y los nervios principales del miembro, aun- que este sea voluminoso; en estos dos casos la conservación debe procurarse, salvo si las carnes vecinas estuvieren muy deterioradas. Si el miembro estuviese entera- mente separado del cuerpo, la ampu- tación puede ser también necesaria para regularizar la herida y hacer fá- cil su curación. 2o Ciertas fracturas y dislocacio- nes complicadas. Es evidente que un miembro cuando queda casi moli- do por la acción de una causa violen- ta, como por el paso de una rueda de carro pesado, de una pieza de ar- tillería, por el derrumbamiento de piedras, por la caída de una soliva, etc., su conservación no es posible. Si no se amputara pronto, la vida del doliente corre gran peligro. La am- putación es así mismo urgente, si con tan numerosas fracturas exis- te lesión de las principales arterias y nervios. Otro tanto se entiende de las dislocaciones de las coyunturas, cuando van acompañadas de heridas en las grandes arterias. 3o (Quemaduras. Si un miembro ha sido quemado profundante, la am- putación es de todo punto indispen- sable. 4o Afecciones gangrenosas. 5° Postemas acompañadas de ca- ries en los huesos. 6o Ciertos tumores y idceraciones, como algunos aneurismas, cánceres, tumores blancos de las articulaciones acompañados de alteración de los hue- sos. Anacardo. V. Acayoiba. Anafrodisia. V. Impotencia. Analépticos. Medicamentos ó sus- tancias que sirven para restablecer las fuerzas de los convalecientes. Las féculas como la tapioca, arrowroot, sagú, salep, etc.; los caldos de carne de vaca, pichones, carnes asadas, la caza, los pescados, la sopa de tortu- ga, gelatinas animales, huevos, vinos generosos, son alimentos analépticos: la clase de los tónicos abastece de los medicamentos analépticos, como quina, cuasia, genciana, lúpulo, pre- paraciones de hierro, etc. Anana ó Ananas. Bromelia. Bro- meliáceas. Planta que habita la Amé- rica del Sur, las Antillas, la India, el Africa, y es cultivada en Europa en invernaderos. Da un fruto de gusto delicioso, que lleva el mismo nom- bre de la planta. Este fruto está for- mado por la reunión de cierto núme- ro de bayas. Hay diversas varieda- des.. Anana vulgar. Ananassa vulga- ris, Lindl.; Ananassa sativa, Mar- tius; Bromelia ananas, Linneo. Plan- ta herbácea, vivaz, cuyo tallo, al prin- cipio corto, tiene hojas alternas, nu- merosas, duras, de bordes recortados en dientes rígidos y punzantes. Más tarde el tallo se alarga encima de las hojas, y viene á terminar en un grue- so renuevo del cual brota una reu- nión de hojas análogas á las que es- tán en la base de la planta. Las más inferiores de ellas, reducidas á sim- ples brácteas, traen flores cuyo agru- p amiento forma una inflorescencia en espiga, por cima de la cual viene la ANASARCA 131 ANASARCA corola de hojas más desarrolladas que las que acabamos de mencionar. Las flores dan nacimiento ál fruto, que se compone dé la reunión de los ovarios, que se hinchan gradualmente, y, ha- ciéndose carnosos, se unen de modo que constituyen la masa ovoide y glo- bulosa, amarillenta, suculenta, de olor y gusto muy agradable. Colocado, á causa de su perfume y gusto exqui- sito, en el primer rango de las frutas, el ananas es un alimento saludable, que conviene en las convalecencias de todas las enfermedades. Se come cortado en rebanadas y espolvoreado con azúcar, al cual se puede añadir vino de Madera ó un poco de ron. También se hacen dulces con él y sorbetes muy estimados. El ananas es ponderado contra las afecciones del pecho, arenillas, hidropesía é icteri- cia. Antes de la madurez, el ananas es agrio y peligroso; contiene gran cantidad de ácidos y de sustancias astringentes, que atacan y ennegre- cen el hierro. Anasarca. Hinchazón general ó muy extensa del cuerpo, producida por la acumulación de serosidad en el tejido celular subcutáneo. Lláman- le también hidropesía del tejido ce- lular. Causas. La hinchazón total del cuerpo es por lo común síntoma de alguna otra afección; pero á veces procede aisladamente y constituye la dolencia primordial. Entre las enfermedades que pro- ducen la anasarca, citaremos las afec- ciones del corazón y de los riñones, las obstrucciones del hígado y del ba- zo, las fiebres intermitentes prolonga- das, las pérdidas abundantes de san- gre, el escorbuto, la clorosis y mu- chas dolencias crónicas que ocasionan la debilidad general.-La anasarca que no depende de ninguna de las ci- tadas dolencias, puede manifestarse en varias circunstancias. A veces so- breviene en la época de la primera menstruación, cuando esta función su- fre obstáculos ó retardo en su apari- ción; después de la supresión de la traspiración; en fin, en el período de escamacion del sarampión y de la es- carlatina. Síntomas, La hinchazón principia generalmente por los piés, otras ve- ces por los brazos, otras por la cara, se muestra, en fin, al mismo tiempo por el cuerpo, y lo hincha totalmente. La hinchazón varía mucho de volú- men, conforme á las regiones en que se observa. Siempre es considerable en los lugares en que el tejido celu- lar es muy flojo, como en el empeine de los piés y en el dorso de las ma- nos; en los párpados, dando lugar á veces á la oclusión de los ojos; en el escroto, cuyo volúmen puede aumen- tar hasta el punto de impedir la sali- da de las orinas, torciendo el prepu- cio á manera de sacacorchos; por últi- mo, en las partes genitales de la mu- jer. En las otras partes del cuerpo esta tumefacción no llega comunmen- te á tan alto grado. La piel adquiere color pálido, interrumpido, en ciertos casos, por manchas azuladas corres pondientes á las venas subcutáneas dilatadas por la sangre: esta piel, en ocasiones, aparece semi-trasparente ANASARCA 132 ANATOMIA y lustrosa. La hinchazón es blanda, cede con facilidad á la impresión, y conserva por algún tiempo la marca que en ella se ha impreso; fácilmente cambia de lugar, acumulándose en los puntos más inclinados, aumentando en las extremidades inferiores por la posición vertical, y disminuyendo con el reposo horizontal. Tratamiento. El tratamiento de la anasarca, como el de cualquiera otra hidropesía, exige que sean te- nidas en cuenta su causa y su natu- raleza. En cuanto á la causa, la ana- sarca que depende de las dolencias del corazón, de los riñones, del híga- do ó del bazo, reclama el tratamien- to especial de estas dolencias. La anasarca que resulta de la debilidad general pide medicamentos tónicos, preparaciones de liierro, baños aromá- ticos. Las hinchazones de otra natu- raleza exigen el uso de los purgan- tes, de los medicamentos diuréticos ó sudoríficos. Formulario contra la anasarca. Vinos diuréticos. Vino blanco generoso.. 1000 gramos Corteza de Winter... 15 gramos Corteza de limón.... 15 „ Quina en polvo 8 ,. Raíz de angélica 8 ,, Escila 2 1/2 „ Bayas de enebro 2 1/2 „ Macias 2 1/2 „ Ajenjos 50 centígr Toronjil 50 ,, Macérese al baño de maría por es- pacio de veinticuatro horas, revolvien- do de cuando en cuando; cuéle expri- miendo, y fíltrese por papel. Se em- botella el líquido y se tapa perfec- tamente. Dósis: de dos á cuatro cu- charadas por dia. Pildoras diuréticas, Escila 5 cent. (1 grano) Extracto de digital 5 ,, 1 ,, Extracto de enebro 5 ,, J ,, Se hace una píldora y como esta 29 más. Dósis: de 1 á 2 por dia. Pildoras purgantes. Resina de jalapa 2 gram. (40 granos) Escamonea.... 2 gram. (40 granos) Hácense 20 píldoras. Dósis: de 2 á 4 por dia. Fricción estimulante. Tintura de quina. 60 gram. (2 onzas) Vinagre aromáti- co 60 gram. (2 onzas) Mézclese. Dos fricciones por dia en los miembros hinchados. Dósis: dos cucharadas por cada fricción. Anatomía. Ramo de las ciencias naturales que estudia las partes que entran en la composición del cuerpo de los animales y del hombre en par- ticular. La anatomía del cuerpo hu- mano es una de las ciencias menos conocidas de la mayor parte de los hombres. Todos respiran, todos digie- ren, y apenas si saben en donde está el estómago, en donde están los pul- mones; tienen dolor en el estómago y dicen que sufre el corazón; se en- cuentran afectados del pecho y supo- nen que los dolores arrancan del es- tómago. Muchas veces se toma un nervio por un tendón, una arteria por vena, un músculo por nervio. Fácil seria multiplicar ejemplos de los erro- res á que da lugar, á cada paso, la ignorancia de la ciencia anatómica, ANATOMIA 133 AMILENA que tanto importa conocer. Para faci- litar al lector el conocimiento del cuer- po humano, ofrecemos un bosquejo de los órganos más importantes con que podrá evitar algunos errores que pudieran^er perjudiciales á la salud. Huesos. Los huesos son partes só- lidas, duras, de color blanco-amarillen- to, de forma variada, según sus usos y conforme á las regiones en donde están situados; constituyen el esque- leto del cuerpo; están destinados á formar cavidades que protegen los otros órganos (el cráneo),/ó á servir para estar en pié, para andar (los hue- sos de los miembros), ó finalmente para ambos usos al propio tiempo, co- mo el espinazo, los huesos del hacine te, etc. Los huesos de los miembros, comunmente largos, tienen un canal que encierra el cuerpo graso llamado médula de los huesos. Cartílagos. Son partes duras, flexi- bles, elásticas, blancas, semi-traspa- rentes, que ocupan el lugar de los huesos en los primeros tiempos de la vida, y entran en la composición de todas las coyunturas. Múscidos. Son órganos blandos, de color rojo oscuro, y destinados á mover los huesos á que van ligados. Constituyen la carne de los anima- les. Tendones y aponeurósis. La ma- yor parte de los músculos están ter- minados por cuerpos cuyo destino es el de fijarlos á las partes óseas. Es- tos cuerpos son de color blanco, res- plandeciente y anacarado, sólidos y muy elásticos, lo cual los hace pro- pios, como los órganos que ellos ter- minan, á mover el esqueleto. Unos, los tendones, son por lo común largos y redondos; otros, las aponeurósis. son anchas, chatas, á menudo exten- didas en membranas, y sirven á ve- ces también de envoltorio á los mús- culos. Vamos á esclarecer esta des- cripción con algunos ejemplos. Exa- minando una pata de gallina, se en- cuentran ciertos cordones, que, em- pujándolos ó encogiéndolos, le hacen encorvar ó extender los dedos á vo- luntad: estos cordones se llaman ten- dones. Las aponeurósis son aquellas partes resistentes al mascar, designa- das1 con el nombre de pellejos y que se encuentran en gran cantidad en ciertas carnes, en la ternera cocida, por ejemplo. Membranas. Son partes blandas, anchas y delgadas, que forran el in- terior de las cavidades del cráneo, del vientre, del pecho, de la boca, etc.; envuelven los órganos, y entran en la composición de algunos de ellos; por ejemplo, los intestinos están for- mados de membranas. La piel es una membrana, así como la especie de en- voltura roja (membrana mucosa), que cubre los labios, la boca, el interior de la nariz, etc. Vasos. Son llamados de este modo los canales formados de membranas y destinados á abrir paso á la circula- ción de los líquidos contenidos en el cuerpo. Los principales son: las arte- rias y las venas. Arterias. Vasos que parten del co- razón, y van, dividiéndose al infinito, á distribuirse por todas las partes del cuerpo, en donde depositan la sangre ANATOMJA 134 ANATOMIA que toman en aquel órgano. Las ar- terias están agitadas por movimientos continuos, alternados y regulares, de dilatación y contracción, perceptibles al dedo que las comprime, á veces á la simple vista, y que son designadas por golpes ó latidos del pulso ó pul- saciones. Venas. Así se indican los vasos que principian en el lugar en que las arterias concluyen, y reciben de los órganos la sangre que estas les traen para llevarla al corazón. Las venas no están sacudidas por pulsaciones como las arterias, son casi siempre más superficiales, y se manifiestan en las pieles muy blancas, bajo la forma de líneas de color azul. La sangre de las venas es de color rojo, mucho más oscuro que la de las arterias, y casi negra. Los cordones ó tumores que se llaman varices están formados por las venas dilatadas. Nervios. Esta palabra sirve para designar cordones semejantes á he- bras de hilo ó de bramante, de color blaneo, que nacen en el cerebro ó en la médula espinal, y se dirigen, re- partiéndose en multitud de ramos, como las arterias y las venas que acompañan ordinariamente hácia las diferentes partes del cuerpo, distri- buyendo en ellas la sensibilidad y el movimiento. Glándulas. Cuerpos sólidos, glo- bulosos, compuestos de muchos gra- nos. guarnecidos de muchos vasos y nervios, y que segregan algún humor. Así la saliva, la bilis, la orina, etc., son productos segregados por las glán- dulas. Examinemos ahora los diferentes órganos en cada región del cuerpo. Fosas nasales. Son dos cavidades tortuosas separadas por un tabique medianero, y destinadas al olfato, es- to es, á oler. Abrense por detrás, en la garganta, y se prolongan hacia ade- lante, en una cavidad piramidal, for- mada de huesos y cartílagos, que es la nariz. Están entapizadas por la membrana pituitaria, de color rojo, en la cual se extiende el nervio que produce la sensación de los olores. En el fondo de la boca, se descu- bre el velo palatino ó del paladar, tela móvil destinada á impedir que los alimentos pasen de la boca á las fosas nasales, que ella cubre duran- te la acción de tragar; accidente que á veces tiene lugar cuando la perso- na rie, ó cuando, al tiempo de tragar, aspira el aire; en este caso la bebi- da ó el alimento son devueltos por las narices. Debajo de este velo se llalla, sobre la línea media, un cuer- pecillo oblongo, la ávida, vulgarmen- te llamada campanilla, y cuya rela- jación, á que el vulgo da impropia- mente el nombre de calda de la cam- panilla, motiva á'menudo una im- presión incómoda. A cada lado de la base de la lengua y del velo del pa- ladar están situadas dos glandulillas ovoideas, de figura de almendra, que se llaman amígdalas. Están desti- nadas á segregar un flúicLp análogo á la saliva. Su hinchazón ocasiona la dolencia de Ja garganta conocida con el nombre de esquinencia. En lamparte anterior del cuello, y debajo de la mandíbula,-se percibe ANATOMIA 135 AN ATOMÍA una prominencia poco notable en la mujer, y muy pronunciada en el hom- bre, á que se da el nombre de nudo de la garganta, y está formada por la laringe. La laringe es una especie de ca- nal destinado á dar paso al aire. Prin- cipia en la abertura situada detras de la lengua, llamada glotis. Por cima de la glotis se encuentra una especie de válvula delgada, muy elástica y flexible, que se denomina epiglótis. Esta válvula, naturalmente levanta- da, desempeña la misión de cubrir exactamente la abertura de la glotis en el momento de la deglución, é im- pedir de esta suerte la introducción de los alimentos en las vías aéreas. Citando por acaso una partícula de la comida ó algunas gotas de líquido se introducen en la laringe, la tos sobre- viene en seguida y dura hasta que sean expulsados esos cuerpos extra- ños. Esto, sobre todo, acontece cuan- do una persona ríe en el momento de tragar los alimentos; porque entonces la válvula se abre para dar salida al aire, y los deja entrar en la laringe. La laringe comienza por abajo con un canal formado de cartílagos y membranas elásticas, llamado tráquea ó traquiarteria, que está situada en la parte anterior del cuello y del pe- cho, y sirve para conducir' el aire á los pulmones, á los cuales llega después de dividirse en dos ramas secunda- rias, cuyo nombre es el de bronquios. Por detras de la tráquea, y apoya- do á ella, hállase delante de la espina vertebral, un conducto musculoso y membranoso que hace comunicar la boca con el estómago, y está destina- do á conducir los alimentos y las be- bidas. La parte superior de este ca- nal se llama faringe, la inferior esó- fago. El vulgo confunde con el nombre de garganta ó gargüero, la tráquea y la faringe. Véanse las fig. 10 y 11. Fig. 10. Corte vertical de la boca y de la faringe vistos de perfil; n, nariz; l, lengua; ni, porción de hueso maxilar inferior; detras de ella se ve la glándula sub-lingual, y más abajo la glándula sub-maxilar, que proveen la saliva; h, hueso hioide, al cual está suspensa la laringe r, que se prolon- ga inferiormente con la tráquea /; por delante de la laringe está la glán- dula tiroides g; e, porción de la base del cráneo que forma la pared supe- rior de la faringe; p, parte posterior del cielo de la boca, por cima del cual se encuentran la abertura posterior de las fosas nasales;/, parte poste- rior de la faringe; es, extremidad in- ferior de la faringe que se continúa con el esófago. Fig. 11. Faringe vista por de- tras, y abierta de manera que ma- nifieste la posición de los órganos situados sobre su pared anterior: c, c, base del cráneo; m, m, apófisis mas- tóideas; n, tabique vertical que sepa- ra las dos fosas nasales; p, velo del paladar, que forma la continuación del cielo de la boca, y del cual des- ciende del prolongamiento llamado üvula ó campanilla de la garganta', l, base de la lengua, por cima de la cual se ve, á cada lado de la cam- panilla, la cavidad de la boca; e, uno ANATOMIA 136 ANATOMIA de los músculos elevadores de la fa- ringe; h, extremidad izquierda del hueso hioide, oculta, del otro lado, por la parte posterior de la faringe, que se halla repelida hácia fuera; en la faringe, á igual altura, está la bo- ca ó abertura de la laringe, por enci- ma de la cual queda la epiglótis, que se halla aplicada contra la base de la lengua; es, principio del esófago, por delante del cual desciende la tra- quea t. La cavidad del pecho está separa- da del vientre por una especie de ta- bique móvil, formado de un músculo conocido por el nombre de diafrag- ma. Esta cavidad se encuentra divi- dida en dos: una derecha, que contie- ne el pulmón del mismo lado; y otra izquierda, que envuelve el pulmón izquierdo, ambos órganos de la respi- ración. También se encuentra en la cavi- dad del pecho el corazón, órgano principal de la circulación de la san- gre. Está colocado en un saco par- ticular entre los dos pulmones, un tanto inclinado hácia la izquierda. Su punta corresponde al intervalo de la sexta y sétima costilla del la- do izquierdo, donde principalmente se hacen sentir sus golpes ó latidos, los cuales son isócronos con los gol- pes del pulso en el estado de salud, y pueden ser percibidos por el tacto ó por el oído. Fig. 12. Disposición respectiva de los pulmones y del corazón en la cavidad pectoral. (Los pulmones es- tán un poco apartados uno de otro pa- ra dejar ver el corazón y el nacimien-1 to de las arterias), pd, pulmón dere- cho; pi, pulmón izquierdo; t, tráquea antes de su división en dos bronquios; c, aurícola derecha del corazón; 6, su ventrículo derecho; a, su ventrículo izquierdo; o, su aurícula izquierda; /, venas sub-claviculares; A, ve- nas yugulares; r, vena cava superior, que entra, lo mismo que la vena cava inferior d, en la parte posterior de la aurícula derecha; k, j, arterias caró- tidas; m, n, arterias sub-claviculares, que nacen de la cruz de la aorta y; e, aorta descendiente;/>, arteria pulmo- nar que nace del ventrículo derecho y se divide para distribuirse/ en cada pulmón. Debajo de la división y un tanto hacia atras, las venas pulmona- res entran en la aurícula izquier- da o. Cada uno de los pulmones está cu- bierto por una membrana llamada pleura. La sustancia propia de los pulmones tiene color rosado cenicien- to; es crepitante, esponjosa, fácil de rasgarse, y divídese en pequeños ló- bulos. Cada lóbulo recibe una rami- ficación bronquial, cuyas divisiones se prolongan con los conductos pul- monares ó respiratorios. Fig. 13. Modo de división de los bronquios. (Uno de los pulmones se presenta íntegro, del otro lado están las ramificaciones bronquiales des- nudas.) p. el pulmón; t, la tráquea, que muestra la laringe en su extre- midad superior, y se divide inferior- mente en dos bronquios, uno para ca- da pulmón; b, d, divisiones de los bronquios; b, r, ramificaciones bron- quiales. ANATOMIA 137 ANATOMIA El vientre ó abdómen, vulgarmen- te barriga, es una cavidad situada debajo del pecho; constituye la mitad inferior del tronco. Esta cavidad se termina abajo por una porción más angosta, cercada de huesos sólidos; esta se llama pélvis ó bacinete. El vientre propiamente dicho contiene los órganos de la digestión y los ri- ñones; la pélvis encierra una parte de los órganos de la generación, y el receptáculo de la orina ó la vejiga, así como también la terminación del tuvo intestinal. Los órganos de la digestión se com- ponen del estómago, del intestino delgado, del intestino grueso, del hí- gado y del bazo. El estómago, al cual viene á ter- minar el esófago, está situado en la parte superior é izquierda del abdo- men, detras de las últimas costillas de ese lado, entre el hígado, que es- tá encima y del lado derecho, y el bazo, que está del lado izquierdo. El orificio superior, por donde el estó- mago comunica con el esófago, se lla- ma cardia, vulgarmente boca del es- tómago. La extremidad derecha del estó- mago comunica con el intestino del- gado por uua porción angostada que se llama píloro. Después del intesti- no delgado viene el intestino grueso, cuya primera porción lleva el nombre de ciego. En la abertura de comuni- cación del intestino delgado con el grueso, hay una especie de válvula que impide que las enemas lleguen al intestino delgado, de donde le vie- ne el nombre de barrera de los boti- carios. La última parte del intestino gruoso tiene el nombre de recto, y se termina por la abertura exterior lla- mada ano. La porción mayor del in- testino grueso se denomina cólon, y muchas veces se ve acometida por do- lores que llevan el nombre de, cólicos. Fig. 14. 1, esófago; 2, estómago; 3, orificio pilórico del estómago; 4, duodeno; 5, intestino delgado; 6, cie- go; 7 colon ascendente; 8, colon tras- verso; 9, colon descendente; 10, rec- to; 11, hígado (cortado en la dirección vertical); 12, vesícula biliar cortada; 13, venas supra-hepáticas adherentes al hígado; 14, bazo; 15, vejiga incom- pletamente cubierta por el peritoneo, A, aorta; B, vena cava Inferior; C, diafragma. El hígado es el órgano en donde se forma la bilis. Es una glándula muy voluminosa, del peso de tres li- bras en el hombre de edad madura, y situada en la parte derecha y supe- rior del vientre. La cara inferior del hígado representa, del lado derecho y un poco adelante, un pequeño saco: es la vesícula de Id bilis, que sirve de receptáculo á la hiel, líquido de color verde segregado por el hígado. El bazo es un órgano blando, es- ponjoso, situado en la parte superior del vientre, á la izquierda, y un poco atras del estómago, con el cual tiene íntima comunicación. Ignóranse del modo más completo los usos del bazo; la observación prueba que esta visce- ra no es indispensable para la vida, puesto que algunos animales han lo- grado vivir sin ella. ANATOMIA 138 ANEMIA Los riñones son dos órganos que segregan la orina; se hallan situados profundamente en el vientre, uno á cada lado. Corresponden á la parte inferior y posterior del tronco, llama- da caderas. Los dolores de riñones propiamente dichos, son los que tie- nen lugar únicamente en estos órga- nos; conócense en medicina con el nombre de dolores ó cólicos nefríti- cos, que es necesario distinguir de los dolores de riñones ó lumbago, que gon un reumatismo, el cual ataca á los músculos de la región lumbar. La orina, que los riñones segre- gan, se dirige de cada uno de ellos, por dos canales membranosos, llama- dos uréteres, situados á lo largo de la columna vertebral, hácia la vejiga, órgano que sirve de receptáculo á la orina. Este receptáculo membranoso está situado en el bacinete, delante del recto en el hombre, y delante del útero en la mujer. La orina, para ser expelida á fuera, corre por un canal llamado uretra, mucho más largo en el varón que en la hembra. El útero ó madre, es un órgano destinado á recibir el producto de la concepción. No existe mas que en la mujer, y está por detras de la vejiga, y delante del recto. Esta disposición explica los frecuentes deseos de ori- nar, y la raridad de las excreciones de las materias fecales que por lo común existen en la época del embarazo. El útero, en el estado de vacuidad, tiene dos pulgadas y media dé longitud, y su cavidad puede apénas contener un fréjol; pero durante el embarazo ad- quiere un volúmen extraordinario. Lo termina una extremidad prolongada, que lleva el nombre de cxiello. Con el nombre de vagina se desig- na el canal en qué se abre el útero, y se termina en lo exterior por un ori- ficio llamado vulva, cerrado por fuera por pequeños labios ó ninfas, y en la parte anterior del cual se halla el mea- to urinario (orificio de la uretra), y por cima de este el clltoris. El producto de la concepción no se forma en el útero; solamente se de- sarrolla en este órgano después de fecundado en el ovario, órgano chico situado en ambos lados del útero, y el cual tiene en depósito los gérmenes del embrión. Estos gérmenes, des- pués de fecundados, van á parar al útero atravesando un canalito llama- do trompa de Falopio. Anca. Parte del cuerpo en que en- caja el muslo; forma una especie de prominencia, más pronunciada en la mujer que en el hombre. Tenemos á considerar en el anca su articulación con el muslo; articula- ción íleo-femoral. que resulta del con- tacto dé la cabeza del fémur con la cavidad cotiloidea del hueso ilíaco. Dolencias del anca. Las heridas y las contusiones de esta parte nada ofrecen de especial. Importa mucho no confundir los dolores reumáticos que pueden tener lugar en esta coyun- tura con la coxalgia {véase esta pa- labra); y para las dislocaciones de esta parte, véase Dislocación. Anemia. Estado mórbido caracte- rizado por la palidez deja piel y en- flaquecimiento general. Depende de la disminución de los glóbulos rojos ANEMIA 139 ANEMIA de la sangre. La cantidad media y normal es de 127 partes do glóbulos rojos sobre 1,000 partes de sangré. El amenguamiento de estos glóbu- los á 113 y aun más abajo, no es in- compatible con el estado de salud, por más que ya esté ligado á las pertur- baciones mórbidas, y en particular al piincipio de la clorosis. El número de 80 es el límite en que el vicio de la sangre principia á ser mórbido. Los glóbulos descienden á 80 y 60 en la clorosis confirmada. El agua aumen- ta en la sangre á medida que los glóbulos rojos disminuyen. Causas. Muchos niños nacen ané- micos, ó por dolencias de los padres, ó por falta del natural desarrollo. Después del nacimiento puede decla- rarse la anemia por falta de nutri- mento, por carencia del aire necesario ó de la luz solar, y también por exce- sos de la temperatura del clima. Cier- tas épocas de la vida predisponen á la anemia; la dentición, la pubertad, la vejez; y muchas causas debilitantes la traen consigo, como los trabajos excesivos, intelectuales ó físicos, do- lores persistentes, pasiones, cuidados y disgustos continuos de la vida, la demasiada excreción de ciertos hnmo- res, tales que la leche, la sangre y •otros. Entre las causas más patentes de la anemia, figuran 1° la disminu- ción de la cantidad de la sangre, á qpnsecuencia de alguna herida ó algu- na operación quirúrgica; 2" la mens truacion natural en la mujer, cuando, es muy abundante, muy duradera y. frecuente. La hemorragia uterira, después del parto, y á menudo seguí da de anemia que puede durar de uno a dos años. Tal es ademas el efecto de las sangrías abundantes y repeti- das. La pneumonía, contra la cual se sangra al doliente^ cura; pero, después de larga convalecencia, queda la ane- mia que se hace sentir durante mucho tiempo. Muchas son las dolencias que con- ducen á la anemia: todas las veces en que la nutrición y sangüificacion pa- decen, la masa de la sangre disminu- ye. No hay dolencia de un órgano, cualquiera que sea, aun la más insig- nificante, que no pueda producir la anemia, y en muchas ocaciones la anemia muy pronunciada, como la ti- sis, lás escrófulas, la artritis, la sífi- lis constitucional, etc., etc. Por últi- mo, todas las veces que hay grandes perdidas de fuerzas y de sustancia, sin la preparación consiguiente, como en las fiebres, sean de la naturaleza que fueren, se desarrolla, la anemia en payor ó menor grado. La anemia que se manifiesta en las jóvenes en la época de la pubertad, se llama clorosis; la que ataca en los climas intertropicales, y es debida co- munmente á la existencia en Ibs in- testinos de gusanos llamados anquí- lóstomos, es designada con el nombre de opilación. (V. Clorosis y Opila- ción.) Sintonías. Éií toda anemia hay un grado mayor ó menor de palidez de la piel y de las membranas mucosas que cubrén la faz intqrná de los párpados y. los labios; hay también perturba- ciones de la respiración, de .la diges- Vod, y disminución ó descensb aé la ANÉMONA 140 ANESTESIA temperatura. A menudo se observa la perversión del apetito; el pulso es débil. Cuando la anemia alcanza un alto grado, notan se los fenómenos si- guientes: frió en las extremidades, desmayos, sobre todo en la posición vertical; vértigos, embotamiento en los brazos, abatimiento: dolores de estómago, náuseas y vómitos. Cuando la dolencia se agrava todavía más, el paciente viene á quedar tan flaco, que apénas le es posible levantar los brazos, Tratdmiento. Cualquiera que sea la causa de la anemia, ya dependa de alguna hemorragia accidental, ya de aniquilamiento por sufrimientos dura- deros, debe ser tratada por un régi- men excitante, sustancioso, compuesto de carne asada, gelatinas, animales y vagetales, tapioca, vino de Oporte, por los viajes, vida campesina, fric- ciones secas en la piel, baños aromá- ticos calientes, baños fríos de rio ó de mar, y por la hidroterapia. Los medicamentos que aprovechan contra la anemia son: 1? Tintura de Marte tartarizada, 60 gramos (2 onzas). Para beber, 30 gotas, dos veces al dia, en una cucha- rada de agua fría con azúcar. 2o Píldoras ferruginosas de Vallet, 100. Dósis: 2 píldoras, tres veces al dia. 3? Vino de quina, 500 gramos (16 onzas). Para beber, media copa, dos veces por dia. Anémona. Las anémonas son plan- tas europeas, de la familia de las Ra- nunculáceas, caracterizadas por el cá- liz petaloide, por la falta de verdade- ra corola, por los frutos monospermos; á menudo caudatos. Se encuentran en los prados, selvas y montes. Estas yerbas son acres y venenosas cuando frescas, producen efectos vesicantes si se aplican sobre la piel; pierden, sin embargo, sus cualidades peligrosas cuando ya están secas. Las principa- les especies son: Anémona de los bosques, Ane- mone nemorosa, Linneo. Planta fre- cuente en los bosques de España. Ta- llo unifloro, ceñido de tres hojas tor- nadas, foliolos lanciniados, flor blan- quecina purpúrea. Es muy acre y co- rrosiva. Anémona de los floricultores, Anemone coronaria, Linneo. Esta planta es el ornato de los jardines. Anémona pulsátila, Anemonepul- satilla, Linneo. Planta herbácea, pe- queña: de raíz gruesa y negruzca, ho- jas la mayor parte de las veces pinna- tifidas, lacinias lineares, flores gran- des de color purpúreo rojo. Bajo la forma de extracto, fue usada en otro tiempo contra las afecciones cutáneas y parálisis, pero hoy casi no tiene aplicación. Anestesia. Privación general ó parcial de la facultad de sentir. Las sustancias que, como el cloroformo, el éter y otras, tienen la propiedad de suspender la sensibilidad, son califica- das de anestésicas. De algunos años á esta parte se recurre á ellas todos los dias para anular el dolor en l^s operaciones quirúrgicas. La anestesia es uno de los descubrimientos más útiles y brillantes de la medicina mo- derna. Las sustancias anestésicas son: ANESTESIA 141 ANESTESIA el cloroformo, el éter, la amilena, el ácido carbónico, la benzina y algunas otras. El cloroformo y el éter (véanse estas palabras) son empleados con pre- ferencia. Respirados por algunos ins- tantes producen una especie de sueño, y la abolición general de la sensibi- lidad. Anestesia local. La anestesia ge- neral presenta grandes peligros, y la anestesia local, si pudiera ser aplicada á todas las operaciones, vendría á rea- lizar un progreso importante. Apesar de repetidas tentativas, no se ha lle- gado á obtener sino una insensibilidad incompleta de corta duración, limita- da casi á la piel. Las aplicaciones de anestesia local están, por consiguien- te, limitadas á las operaciones que se practican sobre las extremidades, que se ejecutan rápidamente, ó en las cua- les solo se atacan los planos super- ficiales. Sin embargo, es de precioso auxilio en mil variados casos de la ci- rugía usual. Raras veces se hacen grandes operaciones, pero cotidiana- mente se saja una postema, se ampu ta ún dedo, se opera una uña intro- ducida en las carnes, etc. La anestesia local puede servir de complemento á la anestesia general, pues permite ha- cer extensivo á todos los que sufren el benéfico olvido del dolor. La anestesia local puede obtenerse principalmente por el frió y la aplica- ción local del éter, del cloroformo ó del sulfuro de carbono. Anestesia local por el frió. Si se aplica hielo sobre la piel, ó alguna mezcla refrigerante, sobrevienen, des- pués de una breve sensación de que- madura, entorpecimiento, y luego una insensibilidad completa. Estos efectos son más prontos sobre los tejidos sa- nos que sobre los tejidos inflamados; preciso es, en estos, tres, cuatro y has- ta cinco veces más tiempo para obte- ner el mismo resultado. Por la acción de la mezcla de hielo y de sal, la sensibilidad desaparece con prontitud; entonces se pueden hacer incisiones sin causar dolor, pero la insensibilidad no va más allá de la piel y del tejido celular subcutáneo. Haciendo uso de la mezcla com- puesta de hielo, sal común y un quin- to de sal amoníaco, el Dr. Richard, de Paris, produjo, en siete minutos, una insensibilidad bastante intensa y du- radera, que le permitió practicar la desarticulación de un dedo. La aplicación de esta mezcla, ca- paz de rebajar la temperatura á 16 grados, fue atormentadora, pero ino- fensiva. La refrigeración, ademas de le insensibilidad que produce, puede también ser preciosa cuando la pre- sencia de la sangre es un estorbo pa- ra el operador: en cuanto dura su ac- ción las heridas quedan sin sangre. Margrave supo aprovecharse bien de esta circunstancia en un caso de ex- tracción de una aguja en un pié. La mezcla generalmente más usada consta de dos partes de hielo y una de sal común. Importa que esta mezcla sea muy íntima. Para esto, se rompe el hielo en un vaso cualquiera, ó sim- plemente en un paño, y se le agrega la sal en pequeñas porciones: métese todo en una gaza ó en cualquiera otro tejido poroso, después se aplica sobre ANESTESIA 142 ANEURISMA las partes que se quieren congelar, de modo que toda la superficie sea cu- bierta lo más exactamente posible. La vejiga de cerdo, la tripa de buey, ó el saco de goma elástica que algunos operadores aconsejan, tienen el incon- veniente de impedir el filtramiento, del agua no absorbida por la sal. De esto resulta que la mezcla se hace pronto delicuescente y adquiere una temperatura superior á cero. Anestesia local por el éter y por el cloroformo. El éter y el cloroformo, puestos en contacto con la piel, ejer- cen cierta acción sobre la sensiblidad, pero raras veces determinan anestesia suficiente y bastante prolongada para poder utilizarla en cirujía. Haciendo evaporar éter activamente sobre la piel, por medio de un aventador ó soplando con la boca, obtiénese anes tesia más ó ménos completa. Pero la insensibilidad producida por este me- dio es ántes bien el resultado de la refrigeración ocasionada por el evapo- ramiento, que no de la acción estupe- faciente del éter ó del cloroformo. Imaginóse la pulverización del éter por medio de aparatos particulares, y dirigirlo en chorro de extrema tenui- dad sobre los lugares destinados al instrumento cortante. La refrigera- cion así obtenida por la evaporación del éter, produce entorpecimiento su- ficiente para las operaciones menores, como abertura de los abscesos, extir- pación de las lupias pequeñas, extrac- ción de muelas, etc. Anestesia por el sulf uro de carbo- no. El sulfuro de carbono, aplicado sobre la piel, produce también una insensibilidad local que ha sido utili- zada en las rajaduras de los abscesos y extracciones de uñas. Esta insensi- bilidad se produce, según es probable, por la refrigeración de los tejidos. El sulfuro de carbono, pulverizado por medio de un tubo y dirigido sobre la piel, produce un abajamiento de tem- peratura mucho más considerable que el éter. i Aneurisma. Llámase propiamente aneurisma un tumor producido en el trayecto de alguna arteria por la dila- tación de sus membranas; pero algu- nos autores comprenden bajo este nombre las dilataciones del corazón, y distinguen los aneurismas en aneu- rismas activos y aneurismas pasivos del corazón. Los aneurismas activos del corazón consisten en una hiper- trofia, esto es, en el aumento del es- pesor de las paredes del corazón, y van descritos en el artículo Hipertro- fia del corazón; los aneurismas pasi- vos del corazón presentan, por el con- trario, un adelgazamiento de las pa- redes del corazón, de lo que resulta el aumento de sus cavidades y el de- bilitamiento de sus funciones: se trata de ellos en el artículo Dilatación del corazón. En este lugar solo nos ocu- pamos de los aneurismas de las ar- terias. Aneurisma de las arterias. Se da este nombre, como hemos dicho, á la dilatación de las arterias, pero tam- bién se llaman así los tumores for- mados por la sangre salida de una arteria. Causas. La herida de la arteria por cualquier instrumento es la causa ANEURISMA 143 ANEURISMA más común de los aneurismas, que consisten en un derrame de sangre en las partes próximas á la misma ar- teria. Las causas de los tumores que resultan de la dilatación espontánea de las membranas de la arteria son poco conocidas. En muchos casos estos aneurismas aparecen sin causa; otras veces suceden áun esfuerzo violento, á un movimiento brusco y repentino que estira con fuerza la arteria, á una contusión, á una herida ó finalmente á inflamación desenvuelta alrededor de la arteria y seguida de supuración y disminución en el espesor de sus pa- redes. En el mayor número de estos casos se admite como causa inmediata del mal un exceso de energía en las contracciones del corazón, ó un debi- litamiento de las paredes arteriales. Síntomas. El aneurisma de la ar- teria se presenta al principio bajo la forma de un tumor indolente, sin mu- danza del color de la piel, y ofrecien- do pulsaciones como las del pulso. Si los aneurismas permaneciesen estacio- narios, no ofrecerían el menor peligro, pero comunmente acostumbran ir siem- pre en progreso; adquieren en poco tiempo un volúmen cada vez más con- siderable, y por fin revientan. Enton- ces sobreviene una hemorragia segui- da de muerte infalible. A medida que el tumor aumenta de volúmen, moles- ta á las partes circunvecinas. Los mo- vimientos son difíciles al principio, y después imposibles: manifiéstanse do- lores agudos y seguidos de entorpeci- miento; dilátanse las venas, hácense varicosas, é hincha el lugar afectado. Tales son los fenómenos que pre- sentan los aneurismas llamados exter- nos^ á causa de su situación fuera de las cavidades del cuerpo. Los signos que ofrecen los aneurismas internos son harto oscuros. Anúncianse por pul- saciones insólitas, precedidas de sínto- mas que toman origen en la compre- sión de los órganos inmediatos; estos síntomos son: en el cráneo, vértigos ó parálisis; en el pecho, dificultad de la respiración en el vientre, desórdenes de la digestión. Pero semejantes pulsaciones pue- den ser el efecto de un simple flujo de sangre, ó de afección espasmódica del corazón. Por lo tanto, preciso es una grande habilidad para establecer un diagnóstico seguro. Tratamiento. Esta dolencia es siem- pre muy grave; abandonada á ella misma, es generalmente mortal. Su tratamiento difiere mucho, según es- tuviere situada, ó sobre la arteria su- perficial, ó en la profundidad de los órganos. Si estuviese situada en la superficie del cuerpo, la cirujía le opone una operación que consiste en obliterar la arteria por medio de la ligadura, é impedir así la circulación parcial de la sangre. Desde principios del siglo actual esta parte de la ciencia ha he- cho tantos progresos, que el mayor número de aneurismas, considerados en otro tiempo como incurables, ahora se curan con bastante facilidad. En cuanto á los aneurismas situa- dos en lugares á donde los más dies- tros cirujanos no pueden llegar, no hay medio de retardar sus progresos. ó interrumpir su marcha sino dismi ANGELICA 144 ANGINA nuyendo la masa de la sangre y el impulso que el corazón les comunica. El buen éxito de este tratamiento es mucho más incierto que el de los me- dios quirúrgicos. Hánse obtenido, sin embargo, algunas curaciones por me- dio de sangrías repetidas, por el régi- men casi exclusivamente vegetal, re- poso absoluto, y por el empleo de sustancias cuya propiedad es la de re- tardar los movimientos del corazón, la digital, por ejemplo, juntando á estos medios la tranquilidad de ánimo y evitando todo cuanto pueda acelerar la circulación. Angélica. Angélica archangelica, Linneo. Umbelíferas. Planta que cre- ce en las orillas de los riachuelos, ha- llándose en los Pirineos catalanes y en algunos prados de España: es cul tivada en la América meridional. Raíz gruesa, carnosa, sumamente odorífera; se divide en numerosos ramos, que se ahondan perpendicularmente en la tierra. Tallo de 100 á 130 centíme- tros, grueso, hueco, acanalado, verde, muy oloroso; hojas igualmente oloro- sas, grandes, doblemente pinuladas; folíolos dentados; flores de un blanco verdoso, dispuestas en umbelas he- misféricas; fruto blanquizco, achatado, elíptico. Toda la planta, y especial- mente la raíz, son empleadas en me- dicina, y también en la confitería.- Estimulante muy fuerte, recomenda- do en las digestiones laboriosas, bron- quitis y vómitos espasmódicos. La raíz, tal cual se vende en el comercio, es cenicienta, amigada exteriormente, blanquecina por dentro; olor aromáti co, sabor picante, dulce al principio y después amargo. Se administra co* munmente en infusión, que se prepa- ra infundiendo la planta en 180 gra- mos (6 onzas) de agua hirviendo, 4 gramos (1 dracma) de raíz de angélica, y dulcificándola con azúcar. La raíz de angélica entra en la com- posición del bálsamo del comendador, del alcoholato de melisa compuesto, y de otras preparaciones; las hojas verdes forman porte del alcoholato vulnerario. Los confiteros preparan un dulce agradable y estomacal con los tallos de angélica. Angina. Del verbo latino angere, ahogar, estrangular, sofocar. De este modo se llama toda afección inflama- toria de la garganta, caracterizada por la dificultad más ó ménos intensa de la deglución, y á veces de la respi- ración. Hay varias especies de an- gina. Angina simpl?, angina superfi- cial^ angina faríngea, faringitis, angina tonsilar, amigdalitis, esqui- nencia, mal de garganta, ó ataque de la garganta. Se dan estos nom- bres á toda dificultad de tragar cuya causa reside en la garganta. Esta dolencia consiste en una in- flamación de algún punto de la gar- ganta. Causas. La causa más común de la esquinencia es la impresión del aire. También puede provenir de la humedad de los piés, y de la repenti- na transición, estando sudando, al frió ó á un aire colado. Algunos indivi- duos tienen una tendencia marcada á esta afección, y en general quedan tanto más sujetos á padecerla, cuanto ANGINA 145 ANGINA mayor hubiere sido el número de ve- ces que se haya pasado. En muchas ocasiones las esquinencias sobrevienen durante el curso de las fiebres erup- tivas: la escarlatina y las viruelas son continuamente acompañadas de ella. En este caso la esquinencia no es una afección esencial, forma parte simple- mente de la erupción con la cual de- saparece. , Síntomas. Los síntomas de la do- lencia varían un tanto conforme al punto que en la garganta ocupe. Cuando ataca el fondo de la gar- ganta y el cielo de la boca, el doliente experimenta al principio un dolorcillo y cierta sequedad de garganta; la de- glución es dificultosa; altérase el me- tal de la voz, que baja de tono. Mu- chos dolientes tienen deseos de tragar, lo cual se explica por la hinchazón y alargamiento de la úvula que obra como un cuerpo extraño detenido en la garganta. Si, colocando al doliente delante de una ventana ó de una luz, se le hace abrir la boca para ver los lugares afectados y se le deprime la lengua con el mango de una cuchara, obsérvase que la membrana mucosa está enrojecida, brillante y seca; des- pués se reviste de mucosidad pegajo- sa, que se condensa en forma de una capa cenicienta. Casi todos los dolien- tes tienen el aliento desagradable, á veces fétido; el apetito disminuye ó se pierde; sobreviene á veces fiebre, pe- ro poco intensa y pasajera. Estos sín- tomas, después de ir en aumento du- rante dos ó tres dias, disminuyen, y la dolencia desaparece paulatinamen- te al cabo de siete ú ocho dias. En algunos casos raros se forma una postema: conócese por el carác- ter del dolor que al principio es lan- cinante, esto es, que se hace sentir con punzadas, y después gravativo, es decir, que produce la impresión de un peso ó una pesadez en la garganta. Tocándola con- la punta del dedo, percíbese la fluctuación; esta compre- sión basta en ocasiones para provocar la ruptura de la pequeña postema; en otras ocasiones la postema se abre á causa de los esfuerzos de la tos, de los vómitos ó durante el sueño, y da salida á mayor ó menor cantidad de pus, que es lanzado por la boca ó va á depositarse en el estómago, de don- de luego será expelido por las vías naturales. La postema disminuye po- co á poco, sus paredes se juntan, y el doliente se restablece. Casos hay, ra- ros por fortuna, en que se desarrolla un absceso considerable, que compri- me la paite superior de la laringe y puede producir la sufocación: necesa- rio es abrirlo cuanto ántes. Cuando la inflamación ataca las amígdalas, la dolencia toma el nom- bre de amigdalitis, angina tonsi- lar, ó esquinencia tonsilar. Princi- pia del mismo modo que en el caso anterior. Los enfermos sienten al principio una impresión de calor y se- quedad de garganta, incomodidad y dolor al tiempo de tragar. Si la infla- mación es intensa, y la hinchazón de las amígdalas considerable, la deglu- ción no es posible, y las bebidas son devueltas por las narices. Las mate- rias mucosas formadas en la boca, y sobre todo en la faringe, se conden- ANGINA 146 ANGINA san, y el doliente no puede expulsar- las sino con muchos esfuerzos. Mani- fiéstanse en uno ó en ambos oídos á causa de su vecindad con la inflama- ción. La voz se enronquece, se hace gangosa, es alterada por las mucosi- dades contenidas en las fauces. La boca exhala un olor fétido y fluye de ella gran cantidad de saliva viscosa. Las regiones sub-maxilares de uno ó de ambos lados se hinchan. La explo- ración de la garganta hace ver que las amígdalas están muy volumino- sas; preséntanse bajo la forma de dos tumores rojos y duros, que obstruyen las fauces más ó menos completamen- te. Ocurre con bastante frecuencia que el enfermo no puede abrir la bo- ca; entonces no puede distinguirse por completo el estado de la gargan- ta. El enfermo siente grande ansie- dad; teme quedar ahogado durante el sueño, que es muy agitado, perturba- do de sueños penosos, de pesadillas y fiebre intensa. También se obser- van náuseas, vómitos, sed abrasado- ra y perdida total de apetito. Por poco que la amigdalitis tenga cierta intensidad, provoca diversas perturbaciones simpáticas. La mayor parte de los dolientes se quejan de dolor de cabeza; tienen una fiebre más ó menos intensa, la lengua blanca, la boca pastosa, sed, hastío. Sin embar- go, algunos, aunque fuertemente ata- cados, no tienen fiebre y conservan el apetito; pero no pueden satisfacerlo por causa de la hinchazón de las amíg- dalas y de los dolores provocados por los esfuerzos de la deglución. En otros, el dolor no es agudo sino al princi- piar á comer; á menudo acaban de hacerlo con poco sufrimiento, lo cual puede explicarse, diciendo que los pri- meros alimentos han dilatado el paso, desembarazándolo de las mucosidades que lo tenían obstruido, acostumbran- do así las regiones inflamadas al con- tacto de los cuerpos extraños. Marcha, duración, terminaciones de la amigdalitis. En general, la dolencia toca á su máxima intensidad en el cuarto ó quinto dia, y después de estacionarse durante algunos dias más, principia á declinar; entonces la deglución es menos penosa; la voz re- cobra su antiguo timbre; las mucosida- des que humedecen las regiones infla- madas se hacen más espesas, amari- llas, opacas; arráncanse con menos es- fuerzos, y esta expulsión va acompa- ñada de alivio; al mismo tiempo las amígdalas disminuyen de volúmen y pierden el color rojo; entonces se dice que la dolencia teimina por vía de re- solución. No obstante, en el mayor número de casos, por más que los do- lores hayan cesado, así como también la dificultad de tragar, la garganta se conserva enrojecida, y las amígdalas quedan más ó menos entumecidas, y no vuelven á su estado primitivo sino al cabo de mucho tiempo. La resolución suele ser la termi- nación más común de la dolencia; y no sobreviene la supuración sino ex- cepcionalmente. Cuando esta se de- clara, los síntomas inflamatorios cre- cen de punto, la hinchazón es consi- derable; los dolores, lancinantes en un principio, se calman y convierten en gravativos; después se ve un sitio ANGINA 147 ANG1NA de la amígdala que está puntiagudo y blanquea; el tumor es blando al tac- to; entonces la menor compresión es suficiente para romper las paredes de la postema. Esta evacuación es á ve- ces espontánea: pero la mayor parte de veces es provocada por la tos ó por los vómitos. Los dolientes sienten llenárseles la boca, y al escupir reco- nocen que arrojan un pus amarillo ó rojizo, ya inodoro, ya sumamente féti- do. La cantidad de pus puede ser bastante considerable y provocar á ve- ces, por su irrupción repentina, acci- dentes de sofocación. Otras veces, por el contrario, ora exista el pus en corta cantidad, ora salga por un sim- ple agujerito, la obertura de la poste- ma podría pasar desapercibida, si el gusto desagradable que los dolientes experimentan y el olor fétido no fija- sen su atención. La amigdalitis puede pasar al esta- do crónico: entonces se dice que ter- mina por induración. En este caso las amígdalas son más ó menos volu- minosas y duras; la deglución se vuel- ve por lo regular muy dificultosa; la voz es ménos perfecta, y á veces gan- sa; el doliente oye poco, y queda con el aliento desagradable. Por último, sobrevienen recaídas muchas veces por año, esto es, la vuelta de la mo- lestia al estado agudo. Tratamiento. Cualquiera que sea el paraje de la garganta en que la in- flamación se desarrolle, el tratamien- to es idéntico. Si la esquinencia es leve^ bastará limitarse el doliente al uso de los baños de piés con harina de mostaza; de las bebidas emolien- tes, como los cocimientos de cebada, arroz ó altea, dulcificados con azúcar ó jarabe de goma; y de los gargaris- mos hechos con infusión de flores de malva, decocción de la raíz de altea, ó infusión de hojas de salvia, dulcifi- cada con miel natural ó miel rosada. Debe acortar la cantidad acostumbra- da de los alimentos, y conservar la posición alta de la cabeza, para dis- minuir el finjo de la sangre á las par- tes inflamadas. Hé aquí las fórmulas de los garga- rismos: Io Cocimiento de raíz de altea,... 500gramos (16 onz). Miel 60 gramos (12 onz). 2° Infusión de ho- jas de salvia.. 500gramos(16onz). Miel rosada... 60 gramos ( 2 onz). Si la dolencia es más fuerte, se to- mará un vomitivo, de 5 á 10 centi- gramos (1 á 2 granos), de emético di- suelto en una taza de agua tibia. En la esquinencia en que las amíg- dalas están tan hinchadas que la de- glución llega á dificultarse, conviene, á veces, la aplicación de ocho á diez sanguijuelas en el cuello. En cuanto al régimen, debe variar conforme á la intensidad de la infla- mación; en todo caso, se escogen los alimentos entre aquellas sustancias cuyo contacto sobre la superficie infla- mada sea más blando, tales como la leche, el caldo, las sopas, las gelati- nas, las frutas cocidas, etc. En la es- quinencia violenta, débese guardar dieta rigurosa! Cuando la dolencia terminara por supuración, si la ansie- dad fuese grande y la abertura del aba- ANGINA 148 ANGINA ceso tardía, la cirugía ofrecerá un re- curso precioso: una punción hecha con bisturí, dando salida al pus, calma los accidentes y evita los progresos del mal que podrían llegar á ser de gra- vedad suma. Cuando la esquinencia se prolonga, sustitúyense los gargarismos prece- dentes por los que siguen: 1? Cocimiento de cebada.... 500 gramos (16 onzas) Vinagre.... 60 gramos ( 2 onzas) Miel rosada.. 60 gramos ( 2 onzas) 2° Agua... B. 500gramos (16 onzas) Alumbre 8 gramos (2 dracms) Miel común.. 60 gramos ( 2 onzas) Si la dolencia terminase por indu- ración de las amígdalas, será preciso insistir en el uso de los gargarismos con alumbre. Insúflanse también en este caso los polvos de alumbre sobre las fauces, ó se cauteriza la garganta con piedra infernal. Si la hinchazón continúa é incomoda mucho, se recu- rre entonces á la extirpación de las amígdalas. Angina membranosa, angina dif- térica^ angina cuenosa, angina pe- liculosa, angina pultácea, angina lardácea, angina caseiforme, difte- ritis, esquinencia maligna. Con es- tos diversos nombres se designa una especie de mal de garganta que prin- cipia con la apariencia de una esqui- nencia poco intensa, pero que tarda poco en caracterizarse por el desarro- llo de manchas irregulares, blanco- amarillentas ó cenicientas, y de as- pecto lardáceo, que muchas veces van labrando y alcanzan á las agallas de la garganta, los costados de la faringe y el velo palatino. Es una dolencia grave. La reina de Portugal, la se- ñora doña Estefanía, murió de esta afección, á la edad de veintidós años, en el de gracia de 1859. Causas. La angina membranosa es á veces epidémica, esto es, ataca á muchas personas en un lugar de- terminado, en una casa, en un cole- gio ó en una familia. Repetidas ob- servaciones tienden á probar que es contagiosa. Manifiéstase en todos los climas y estaciones; puede acometer en toda edad, pero es más frecuente en los niños y en los jóvenes. Tiene lugar particularmente en los años hú- medos. Síntomas. La dolencia principia por lo común con un calofrío vago, que se repite á ciertos intervalos. Al mismo tiempo, ó poco tiempo después, so* breviene dolor de cabeza, cansancio general y hastío. A estos síntomas, que nada tienen de característicos, se añaden, en los niños, los vómitos, y á veces las convulsiones. La fiebre se muestra moderadamente. Semejante estado dura algunas horas; después el doliente experimenta en la gargan- ta un dolor con sequedad en esta re- gión. La deglución se hace entonces embarazosa, y el doliente teme hasta el tragar la saliva; resultando de ahí, en los adultos, una exputacion fre- cuente, y en los niños una fluxión de saliva bastante abundante. Todos es- tos síntomas pertenecen también á la esquinencia simple. Examinando la garganta, se ve la hinchazón de las amígdalas con enrojecimiento de las ANGINA 149 ANGINA mismas, del velo del paladar y de la parte posterior de la faringe. Este es el período puramente in- flamatorio de la afección, cuya natu- raleza específica nada viene aún á re- velar. Mientras tanto, de doce á treinta y seis horas después de los primeros síntomas, se manifiestan las señales infalibles de la dolencia específica. Las amígdalas, la faringe, el cielo de la boca se cubren sucesivamente de láminas ó falsas membranas blancas ó parduzcas. La respiración es un tan- to difícil y estruendosa, por causa del obstáculo que el aire encuentra al pa- sar por la abertura de la garganta es- trechada por la hinchazón de las amíg- dalas. El doliente respúa con la bo- ca abierta, de la cual corre un líquido más ó menos abundante. Al propio tiempo la voz se vuelve gutural y gangosa; la dificultad en la deglución es mayor que al principio, y el dolor más agudo sobre todo después de la salida de las falsas membranas. A la hinchazón de las partes inter- nas, corresponde una hinchazón exte- rior, localizada en el ángulo de las mandíbulas, y en las partes superio- res y laterales del cuello. La fiebre va continuando; el dolor persiste du- rante la deglución. La cara se hincha, los ojos se reaniman, la parte inferior del rostro se deforma por la hincha- zón del cuello, y por la inmobilidad de la boca entreabierta; la fisonomía expresa á intervalos sufrimientos pro- vocados por los movimientos que oca- siona el habla, por la expulsión de las mucosidades bocales, y por la de- glucion de las bebidas; hay repugnan- cia completa hacia todo alimento só- lido; la lengua se ensucia y cubre de materia amarillenta. Habiendo llegado la dolencia, al cabo de cinco ó seis dias, á este gra- do, cambia de aspecto; ora decline pa- ra terminar por la curación, ora au- mente, y se muestre entonces bajóla forma maligna, las probabilidades pa- ra una ú otra solución son casi igua- les. Si el mal se encamina hacia la cu- ración, la fiebre disminuye, la piel pierde el color, el pulso vuelve á su ritmo normal; desaparecen las náu- ceas y los dolores de cabeza; menguan el mal de garganta y la hinchazón del cuello; la fisonomía toma mejor as- pecto, se pone casi natural, reapare- cen el apetito, el sueño, y hasta las fuerzas.-El estado local mejora igual- mente: cesa la reproducción de las membranas, las que revisten la gar- ganta, se desprenden del todo y son expulsadas por la tos, ó conducidas al estómago por los movimientos de la deglución, ó disminuyen entonces po- co á poco, y desaparecen. Tanto la exfoliación como la resolución duran tres ó cuatro semanas, en cuyo térmi- no el enfermo puede considerarse cu- rado. Cuando la dolencia se agrava y de- be terminarse fatalmente, los sínto- mas locales y generales adquieren mayores proporciones. El pulso se ha- ce más frecuente, las fuerzas dismi- nuyen. La hinchazón de las glándu- las submaxilares forma dos tumores, uno á cada lado del cuello. El dolien- ANGINA 150 ANGINA te permanece sentado, con la boca abierta, el cuello dirigido hacia arri- ba, casi inmóbil y temeroso de los mo- vimientos exagerados de la respira- ción y de la deglución; porque el mal de garganta, poco doliente por sí mis- mo, aumenta con los esfuerzos que el doliente hace para tragar ó para de- sembarazarse de las mucosidades fa- ríngeas. No tiene sed febril y no be- be sino para humedecer la lengua y facilitar la expectoración. Entre los fe nó píenos concomitantes el hastío es el más notable. La repugnancia hácia los alimentos sólidos y líquidos es ab- soluta; hácese á veces invencible en los niños, con quienes no hay medio de razonar; y esta repugnancia por todos los alimentos es á menudo, en los do- lientes de esta especie, una de las se- ñales graves para el pronóstico. La orina suele alterarse. El rostro toma color blanco lívido, los labios se vuel- ven cárdenos, los ojos se amortiguan, la fisonomía manifiesta abatimiento, mengua el pulso, pero la inteligencia; conserva su integridad. Falta el sue- ño seguido, y este mismo, en su po- quedad, es con frecuencia interrum- pido. El pronóstico es enteramente grave; entonces es cuando las falsas membranas invaden las fosas nasales, la laringe, y pueden producir la as- fixia. Hay aún otra forma de angina membranosa, más grave que la prece- dente, caracterizada por la exagera- ción de todos los fenómenos, por la rapidez de sus progresos y por su ter- minación funesta, la cual es á veces fulminantei y puede acarrear la muer- te en cuarenta y ocho horas. Desde el principio, su marcha no ofrece dudas, el envenenamiento parece ser inme- diatamente general, y cuando apare- cen las falsas membranas en las fosas nasales y sobre las agallas de la gar- ganta, toda la economía se encuentra ya hondamente alterada. La angina membranosa puede ser una dolencia primitiva, ó desarrollar- se á consecuencia de otra enfermedad, y sobre todo después de la escarlatina. En este caso, el organismo, ya que- brantado por la primera afección, no puede resistir contra la angina mem- branosa, que se muestra por lo común con sus formas las más graves. La gravedad de la angina mem- branosa no resulta tanto de la exis- tencia de las membranas en la gar- ganta, cuanto de la infección general de la economía. La dolencia puede ocasionar la muerte, quedando las membranas limitadas á la faringe, sin obstruir las vías respiratorias; pero si llegan á cerrar estas, producen la muerte por asfixia. Tratamiento. Da angina membra- nosa es una dolencia local al mismo tiempo que una afección general, y ademas es contagiosa; el tratamiento debe satisfacer esta triple indicación, y ser al mismo tiempo preventivo res- pecto de las' personas que rodean al enfermo, local y general con relación á éste. El tratamiento preventivo consiste, especialmente, en las medidas de precaución, y la mejor precaución es el aislamiento. Cuando en una loca- lidad reina' la epidemia de angina ANGINA 151 ANGINA membranosa, ó cuando se observa un caso en una familia, se debe practicar el aislamiento tan completo como sea posible, conforme & las condiciones particulares, los deberes sociales y la solicitud de la familia; y como de to- das las personas expuestas al mal, los niños son con más frecuencia afecta- dos de él, también son ellos los que inmediatamente deben ser alejados de la casa infestada. El aislamiento debe durar tres ó cuatro semanas. También conviene esparcir en la ha- bitación, y sobre todo en el cuarto del doliente, agua de Labarraque, solu- ción de cloruro de cal en agua, ó agua fénica. El tratamiento local se dirigirá al síntoma más característico de la an- gina, y las falsas membranas, y com- prende tres órdenes de medicamentos: 1° los cáusticos; 2" los astringentes; 3? los modificadores á que se atribu yen virtudes especiales. Entre los cáusticos que se aplican para cauterizar y destruir las mem- branas de la garganta, hay fuertes y flojos, conforme á la mayor ó menor gravedad de las lesiones locales. En- trá los cáusticos enérgicos, el más em- pleado es el ácido clorhídrico, tanpron to puro, como mezclado con miel. Su aplicación en la garganta se efectúa por medio de esponja fija en la punra de una varilla de vallena. También se puede cauterizar la garganta con piedra infernal, teniendo el cuidado de fijar sólidamente el lápiz de piedra infernal, que solo se dejara sobresalir una corta cantidad. No tomando esta precaución, la piedra infernal puede venir á romperse, caer en el estóma- go y ocasionar un envenenamiento mortal. Aconséjase ademas la aplicación en la garganta, del zumo de limón, to- das las horas, ó de media en media hora. Es un modificador local que se puede tener en todo lugar, su gusto no es desagradable, ni su acción pe- ligrosa, y puede ser aplicado por cual- quiera persona. Se citan muchas cu- raciones obtenidas por este medio sencillo. También es útil insuflar en las fauces el alumbre en polvo. Se apli- ca tres 6 cuatro veces por día, mer- ced á una pluma ó á un tubo hecho de papel grueso. Insúflase en las fauces flor de azu- fre para destruir los gérmenes vege- tales, que, según el Dr. Barbosa, son el origen del daño local y de la infec- ción general secundaria. Conviene gargarizarse la boca con el siguiente gargarismo: Clorato de potasa. 12 gram. (3 drac.) Agua caliente... 300gram. (lOonz.) Miel 60 gram. (2 onz.) Como los niños no saben gargari- zarse, preciso es hacer llegar directa- mente este líquido á la garganta por medio de un pincel de hilas, ó de una esponjita fija en la punta de una va- rilla de vallena. También es bueno lavar la garganta con agua de cal. Esta agua se vende en todas las far- macias. Los lavatorios se hacen con jeringa, dos ó tres veces al dia, tenien- do el doliente la cabeza baja sobre una jofaina. El tratamiento local impide el des- ANGINA 152 ANGINA arrollo del mal en algunos casos, pe- ro en otros su acción no es suficiente á circunscribirlo; las falsas membra- nas, modificadas ó destruidas, conti- núan reproduciéndose en el mismo si- tio. El tratamiento local es útil ade- mas, porque modifica la vitalidad de la superficie atacada, y desembaraza la' garganta de las sustancias, cuya descomposición es un manantial de la infección secundaria. En cuanto al tratamiento general, conviene abstenerse completamente de las sangrías y de las sanguijuelas. Un vomitivo de 20 á 30 centigramos (4 á 8 granos) de ipecacuana en los niños, y de 1 gramo (20 granos) en los adultos, es útil en los principios de la dolencia. Después del vomitivo se adminis- trará la pocion siguiente: Clorato de potasa. 2 gram. (40 gran.) Agua 90 gram. (3 onzas) Jarabe simple... 30 gram. (1 onza). Para tomar una cucharada de hora en hora. Como bebida ordinaria el vino aguado. En el segundo período de la dolen- cia, caracterizado por el abatimiento de las fuerzas, se administra el vino de quina á los adultos, en la dosis de una cucharada de dos en dos horas; y el jarabe de quina á los niños de una á dos cucharillas, de dos en dos horas. He aquí las recetas: 1? Vino de quina. 180 gram. (6 onz.) 2" Jarabe de quina. 180 gram. (6 onzas). El cuarto del enfermo debe ser ventilado con esmero. Hay que insis- tir en la alimentación (caldos, puches de tapioca ó de arrowroot, gelatinas, etc.) En la convalecencia, es necesario cambiar de aires, é indispensable una alimentación nutritiva. Continúanse los tónicos, especialmente el vino de quina. Angina del pecho. Se da este nombre á una afección nerviosa del pecho. Este nombre le ha sido con impropiedad aplicado, y por eso es combatido por muchos autores que al describirla la nombran angina ner- viosa, neuralgia del corazón, neu- ralgia cardiaca, esternalgia, sinco- pe anginosa, asma convulsiva, cata- rro sofocante y esternocardia. La opresión aflictiva del pecho, que lle- ga por accesos, con dolor espasmódi- co en uno de los brazos, y la dificul- tad en la respiración, constituyen es- ta dolencia. Síntomas. La angina del pecho se manifiesta siempre por accesos, entre los cuales existe cierta intermitencia más ó menos larga; con frecuencia, después del primer acceso, el doliente queda muchos meses sin experimen- tar la menor molestia; otras veces, por el contrario, estos accesos se su- ceden con cierta rapidez. El primer ataque de la dolencia se muestra en medio de las apariencias de buena sa- lud. Los síntomas se declaran cuando se camina, á consecuencia de ejerci- cios violentos, ó al subir una cuesta ó escaleras. Un dolor vivo, una cons- tricción aflictiva á través del pecho, y 'sobre todo del lado del corazón,vie- ANGINA 153 ANGINA nen á anunciar el acceso. El dolien- te se ve obligado á detenerse por temor de caer sofocado ó desmayado. El dolor á veces es sordo y obtuso; otras veces en extremo agudo; cesa pronto, pero recomienza, y deja al do- liente la conciencia de una afección grave y profunda, que, á haberse pro- longado más tiempo, podría acabar por la muerte. El dolor puede limi- tarse al pecho, pero la mayor parte de las veces se propaga hasta el bra- zo, desciende á lo largo de la parte interna del brazo, del antebrazo y de la mano, como una verdadera neural- gia. Estos ataques aparecen por lo común repentinamente; otras-veces van precedidos de bostezos, de inquie- tud general, y de impresión do calor en el pecho. La duración de los ataques no pue- de ser rigorosamente determinada; al principio dura apenas algunos segun- dos; pero, siendo su duración propor- cional á la antigüedad de la dolencia, hácense cada vez más largos á medi- da que se van repitiendo; entonces duran muchos minutos y aun muchas horas. Los accesos son tanto más fre- cuentes, cuanto más inveterado es el padecimiento. De todas las influencias que provo- can el desarrollo de los paroxismos (causas del acceso, y no de la dolen- cia), la más frecuente es la de andar en ciertas condiciones particulares; ir contra el viento ó sobre el terreno que va subiendo; el ascenso de las escaleras, son las circunstancias máf, i á propósito para determinar un acce- !* ¡so; los movimientos violentos, los es- fuerzos necesarios para levantar un peso obran de la misma manera; y es- tas causas son más poderosas aun después de la comida. En otras con- diciones, el acceso aparece después de algún exceso de régimen; basta á veces cualquiera producción insólita de gas en el estómago, en el momen- to de la digestión para ocasionar un paroxismo; en este caso, el ataque termina por abundante expulsión de gases, ya por la boca, ya por la vía inferior. En íin, las emociones mora- les vivas, sea cual fuere su natura- leza, ocupan un lugar importantísimo en el grupo de las causas ocasiona- les. El estudio de estas causas reve- la otra particularidad muy interesan- te: no es raro ver los ataques mani- festarse exclusivamente bajo la acción de la causa misma; úna vez que el doliente está informado de esta cir- cunstancia, puede con frecuencia evi- tar los paroxismos, evitando ó hacien- do cesar inmediatamente las influen- cias que los determinan. En cuanto á la duración de la en- fermedad misma, ofrece variaciones tales, que no es posible determinar cosa alguna á este respecto. A veces se limita á un solo acceso, y no vuel- ve á presentarse más; pero estos he- chos son rarísimos. En general, la an- gina del pocho es una afección crónica, cuyos accesos pueden reproducirse á intervalos variables, por espacio de muchos años. Si no está acompañada de ninguna dolencia interna, puede . obtenerse su curación. Causas. Más frecuente con mucho ANGINA 154 ANGINA en el hombre que en la mujer, la an- gina del pecho acomete casi siempre á aquellos individuos que han pa- sado ya del período medio de la vida. Las circunstancias que favorecen su desarrollo son las afecciones del cora- zón, la gota, el reumatismo, las he- morroides y el hastío habitual. La costumbre inmoderada de fumar es una de las causas más poderosas de esta enfermedad. Tratamiento. Durante el ataque, bueno será aplicar un sinapismo en el pecho, dar, á cucharadas, á beber agua fria con azúcar y algunas gotas de agua de flor de naranjo, infusión de hojas de naranjo ó de torongil. Hay dolientes que logran calmar- los acce- sos tragando un pedazo de hielo. Sien- do posible la administración de esta sustancia, conviene hacerlo durante el ataque. Las inhalaciones de éter sulfúrico ó de cloroformo pueden tam- bién ser provechosas; estas inhalacio- nes se hacen acercando sencillamente á la nariz del enfermo un frasco con éter ó con cloroformo. Para el tratamiento radical de la dolencia, esto es, lo qrre debe aplicar- se en el intervalo de los ataques, ha sido propuesto el empleo alternado de la beiladona y del bicarbonato de sosa, del modo siguiente: Se da primero el bicarbonato de sosa en la dosis de 2 gramos (40 gra- nos) por dia; 1 gramo antes de cada una de las principales comidas, y esta dosis debe ser gradualmente aumen- tada hasta 10 gramos (200 granos por dia), en dos porciones, durante diez dias en escala ascendente, y du- rante los otros diez en escala descen- dente. Suspéndese entonces temporal- mente la medicación durante quince á veinte dias, para seguirla aún du- rante más de un año, volviendo á ella después de frecuentes interrupciones. En cuanto á la belladona, se mandan hacer píldoras que contengan ' 5 mili- gramos (1/10 de grano) de extracto de belladona y 5 miligramos (1/10 de grano) de polvos de la raíz de bella- dona. El doliente toma primero una píl- dora por la mañana, un cuarto de ho- ra antes de la primera comida, conti- nuando así por espacio de diez dias aeguidos. Durante otros diez dias to- mará dos píldoras, en igual momento y ambas á la vez. Durante veinte dias tres, y siempre á la vez. Si no se ob- tuviere alguna mejoría progresiva, se elevará la dosis á cuatro píldoras, sal- vo si la sequedad de la garganta, y perturbación notable de la vista, acom- pañada de gran dilatación de la pupi- la, vinieren á indicar que, por el au- mento de la dosis, se producían efectos que conviene evitar. El uso de la belladona debe continuarse durante el tiempo en que se hubiere interrum- pido el empleo del bicarbonato de sosa. Si el doliente está débil, preciso será recurrir á las preparaciones de hierro, ó á las aguas ferruginosas to- madas en la fuente misma. Preciso será también sustraerle de toda causa de excitación que pueda influir en el sistema nervioso. Hé aquí las recetas de los medica- mentos indicados en este artículo: ANGUSTURA 155 ANILLO Bicarbonato de sosa. 30 gram. (1 onza). Divídese en 30 papeles. Cada pa- pel contiene 1 gramo (20 granos), y se toma en un poco de agua fría azucarada. Extracto de be- lladona 20 centígr. (4 gran.) Raíz de bellado- na en polvo.. 20 centígr. (4 gran.) Rácense 40 píldoras. Hierro reducido.. 8 gramos (2 dracm.) Divídese en 32 papeles. Para to- mar un papel al dia, en agua azuca- rada. Angioleucítis. V. Linfatítis. Angustia. Es un estado penosísi- mo, que consiste en un malestar ge- neral, con impresión dolorosa en la boca del estómago, palpitaciones y opresión. La necesidad de cambiar de lugar continuamente, suele acompa- ñar á veces este estado. La angustia ó ansiedad se manifiesta á menudo como síntoma en el principio de las dolencias; á veces puede ser producida por un estado moral. En los casos ordinarios cede al reposo y á la dieta; Angustura. Nombre que llevan dos cortezas distintas: 1.a Angustura verdadera. Creese que procede del Galipea Cusparía ó Galipea officinalis, árbol grande de la familia de las Rutáceas, que forma salvas inmensas en la América meridional, sobre I as márgenes del Oí i- noco. Es una corteza provista de epi- dérmis duro, quebradizo, de un color amarillo rojizo, en trozos de espesor y largura variables, no excediendo co- munmente de 40 centímetros, casi diana, adelgazada en sus bordes, I cenicienta-amarillenta en lo exterior, rojiza en lo interior; de olor fuerte, muy desagradable, y de sabor amargo. El polvo es de color amarillo anaran- jado, y la infusión en agua es muy encarnada. La corteza de angustura verdadera es tónica y antidisentérica; se emplea poco actualmente. Se administraba an- tes hasta los 4 gramos (1 dracma) en polvo ó en infusión. 2.a Angustura falsa. Procede de un árbol de la India, Strychnos nux vómica, Linneo. Es un veneno vio- lento, y, por consiguiente, de suma importancia el no confundir esta con la anterior corteza. La corteza de an- gustura falsa es por lo común medio abarquillada, delespesorde 3 á 5 mi- límetros; su sustancia interior tiene co- lor ceniciento-blanquizco; la epider- mis es cenicienta-amarillenta; no tiene olor; su sabor es amargo. El polvo de esta corteza muestra un color muy diferente de la verdadera, porque es blanquizco amarillento. Difiere esen- cialmente de la angustura verdadera, en que sus bordes no presentan plano inclinado; es, como aquella, inodora, pero mucho más amarga. El árbol que da esta corteza es el mismo que produce la nuez vómica, de la cual se extrae la estricnina. Anillo que oprime los dedos. Los anillos que se acostumbra traer en los dedos pueden ocasionar la gangrena, cuando los dedos se hinchan por causa de alguna herida, de un panadizo, de una postema ó erisipela del brazo ó de la mano. Por tanto, cuando la hin- chazón es de temer, en el instante de ANIS 156 ANO ben retirarse los anillos. Después que , la hinchazón se ha declarado, su ex- tracción es más difícil. Basta, á veces, después de untado el dedo con acei- te, tirar y retener por de tras la piel en la base del dedo; y al mismo tiem- po tirar hácia adelante el anillo. Lle- gado aquel á la coyuntura, se suelta la piel, y el anillo sale por sí mismo, pasando por encima del nudillo. Hay otro medio, el cual consiste en untar el dedo con aceite, y sumergirlo en agua fría. Algunos minutos después de haber practicado la inmersión, se saca á veces el anillo con bastante facilidad. Si esto no fuera suficiente, precisa es la destrucción de ese cuer- po extraño. Si el anillo es de oro, fá- cil será destruirlo, frotándolo con un- güento mercurial, en vista de que el mercurio forma con el oro una amal- gama frágil. Pero si el anillo fuere de cobre, hierro ó madera, preciso es cortarlo con alicate cortante ó limarlo. Precaución indispensable es, en esta operación, la de salvar la piel de los instrumentos que se emplean, por me- dio de una chapa metálica ó de made- ra introducida debajo del cuerpo ex- traño. Anís ó matalahúga. Pimpinela anisum, Linneo. Planta de la familia de las Umbelíferas, originaria de Afri- ca, cultivada en España y en la Amé- rica meridional. Los frutos, impro- piamente llamados semillas, tienen uso en medicina en perfumería y con- fitería. Preséntanse bajo la forma de granos ovoides, de color verdoso, sa- bor aromático y olor agradable.-Son estimulantes y empleados en los cóli- eos, en infusión, que se prepara del mismo modo que el té, con una cu- charilla de anises y una taza de agua hirviendo. Anís estrellado. Illicium anisa- tum, Liimeo. Arbol de la China y del Japón, de la familia de las Magnoliá- ceas. Su fruto tiene las mismas pro- piedades y los mismos usos que el anis ordinario. Este fruto consta de siete ú ocho cápsulas, reunidas por su base en estrella, aplastadas, rojizas, de sabor y olor parecidos á los del anis; cada cápsula encierra una si- miente lustrosa. Ano (Dolencias del). Se llama ano la abertura inferior del canal alimen- ticio. ' Muchas son las dolencias que acometen á esta región del cuerpo. Artículos especiales tratan de las he- morroides^ de la fisura y de la fístula del ano; en la presente nos limitamos á los casos de imperforación, caída ó hernia, postema del ano y de ano anormal. Io Imperforacion del ano. Este vicio de conformación es bastante gra- ve. El niño que nace de este modo obstruido, muere indudablemente si el arte no viene en su ayuda. Con efec- to, la primera consecuencia de imper- foracion semejante es la retención de las materias contenidas en los intesti- nos, las cuales deben ser expelidas poco tiempo después del nacimiento. Al principio, el niño no parece sufrir- dolor alguno, pero luego después se agita, rechaza el pecho de la madre ó lo suelta apenas lo ha tomado, da chillidos que cada vez se hacen más ■ lastimeros, trata de evacuar las mate- ANO 157 ANO rias, y durante los estuerzos que hace su rostro se vuelve rojo ó amoratado; el cuello se hincha, acelérase la respi- ración, el vientre se endurece, duele, y sus lados se entumecen. La fiebre, ardiente al principio, es seguida de un frió de siniestro presagio; últimamen- te sobrevienen los vómitos, el hipo y la muerte. Las personas que reciben al niño dejan por lo común de examinar si el ano está bien conformado; y cuanto más se tarde en reconocer la causa de los accidentes que acabamos de descri- bir, tanto menores serán las probabi- lidades de la curación. Ademas de esto, la imperforacion del ano presen- ta muchas variedades que también ejercen grande influencia sobre el pro- nóstico. Unas veces el ano se halla única- mente cerrado por una membrana por bajo de las materias acumuladas, y que basta abrir para darles salida pol- la abertura practicada; otras veces no se percibe en lo exterior el menor vestigio: la extremidad inferior del intestino no existe entonces, ó está separada de la piel por el grande es- pesor de las partes; ó, finalmente, existe la abertura ordinaria del ano, pero se encuentra terminada más ó ménos arriba por un canal cegado, y el cual no tiene comunicación con lo interior. Fácil es comprender como en este último caso podrán atribuirse á cualquiera otra causa los accidentes que amenazan la vida del inocente enfermo, si no se tiene cuidado de examinarlos pañales que lo envuelven. Para remediar este defecto, hácese indispensable una operación. Si el ano está sencillamente obstruido por una membrana, preciso es abrirlo con bisturí para establecer la salida. Mu- chos niños pueden sanar así perfecta- mente siempre que la operación sea practicada en tiempo oportuno. Pero en los casos en que existe la abertura anal, estando cerrado el in- testino en lo interior del cuerpo, la operación es á veces imposible, ó el resultado incierto, y el niño está con- denado á morir en un plazo más ó menos próximo. 2o Descenso, salida, caída, pro- lapso del ano ó Exania. Esta dolen- cia consiste en un tumor que el in- testino, vuelto sobre sí mismo, como un calcetín, forma á través del ano. Este tumor no se manifiesta al prin- cipio sino cuando el doliente expulsa las materias excrementicias, y se re- pliega naturalmente, ó por medio de una ligera presión; pero, pasado algún tiempo, sale al menor esfuerzo. El prolapso del ano se observa es- pecialmente en los niños que tienen costumbre de llorar. Las mujeres son atacadas muchas veces de este mal durante los esfuerzos del parto. En las personas ancianas se ve también después de la disentería. Los adultos padecen raras veces de prolapso del ano, y solo cuando, por otra dolencia, se ven obligados á grandes esfuerzos de expulsión, como retención de ori- nas, mal de piedra, extreñimiento, etc. Abandonado á sí mismo, el prolap- so aumenta, va acompañado de un flujo purulento y fétido, que enfla- quece mucho al doliente, y le hace ANO 158 ANO objeto de aborrecimiento para sí pro- pio y para las personas que le rodean, y hasta la gangrena puede llegar á ser el resultads de la constricción de las partes. Por tanto, es urgente el hacer desaparecer la dolencia, ó al menos paliar los accidentes, y evitar desórdenes mucho más graves que de ella pueden resultar. Cuando el tumor es reciente, la primera condición consiste en redu- cirlo. Para esto preciso es acostar al doliente en posición horizontal y sobre un costado, encorvar una pierna y es- tirar la otra; recomiéndasele que no haga el menor esfuerzo, y se le hacen separar las nalgas por un auxiliar. Así preparado, se mete el Índex de la mano izquierda en la abertura ter- minal del tumor, y poco á poco se introducen las partes que habían sa- lido. Muchas veces no es necesario introducir el dedo en el ano; para ob- tener la reducción, basta cubrir el tu- mor con un lienzo y comprimirlo con la mano. Concluida la operación, aplí_ canse hilas sobre la abertura anal; mantiénense estas merced á una toa- lla ceñida alrededor del cuerpo, y con una ligadura que, atada detrás de es- te cinto, pasa sobre el ano, luego en- tre los muslos, y después va á pren- derse en la parte anterior de dicho cinto. En los niños muy tiernos, se impi- de la salida del intestino recto soste- niendo el ano, en el momento de la defecación, con dos dedos abiertos. El prolapso del ano se reproduce á veces no obstante la ligadura; enton- ces se debe reducir el tumor, y em- plear los medios más eficaces que puedan alcanzar la curación radical. Cuando la dolencia es reciente y el individuo un mozo, estos medios con- sisten en semicupios fríos, de agua natural ó mezclada con vinagre co- mún ó vino tinto. El prolapso del ano en los niños no resiste á los lavatorios con vino tinto, ni á los baños y lavativas de agua tria. Pero cuando el padecimien- to es antiguo, muy considerable, ó cuando el doliente tiene cierta edad, una operación quirúrgica podrá solo curarle. Cuando la dolencia está com- plicada con tumores hemorroidales; basta practicar la excisión de estos para obtener la curación del prolapso del ano. Si tal complicación no existe, el cirujano escoge, para estrechar el ano, la cauterización la excisión del tumor, ó la excisión de las arrugas de la piel. Pero cuando el prolapso del ano, como acontece en algunas personas, consiste apenas en la salida de la membrana interna por el esfuerzo de la defecación, y forma un tumorcillo que el doliente hace entrar con faci- lidad, se puede muy bien, conservan- do el vientre libre por medio de la- vativas frias, é introduciendo una me- cha pequeña, hacer esta incomodidad poco desagradable. Aun en este mis- mo caso la cirugía puede curar al do- liente mediante una ligera operación (excisión de algunas arrugas de la piel del ano), y es muy preferible á la sujeción que ocasionan los cuidados cotidianos, los cuales de otro modo se hacen necesarios. ANO 159 ANO 3? Postema del ano. V. Absceso, tomo I, p. 7. 4o Afeccionas venéreas del ano. En el ano, lo mismo que en la partes genitales, pueden desarrollarse úlce- ras (chancros), purgaciones y vegeta- ciones. Los chancros del ano no difieren de las úlceras del mismo nombre que se forman en las partes genitales, si- no por el peligro de que van acompa- ñados, peligro que resulta de la inme- diación de la vejiga en el hombre, y de la vagina en la mujer. Efectiva- mente, pueden horadar los tabiques que separan del ano estas partes, y dar lugar á accidentes sumamente gra- ves. Su tratamiento nada ofrece de particular. (V. Chancro.) La purgación del ano, que es se- mejante á la llamada gonorrea, re- clama baños frecuentes, lavativas de cocimiento de linaza, y el uso interno del bálsamo de copaiba. (V. Bleno- rragia). Las vegetaciones del ano, que, se- gún su forma, se deneminan crestas de gallo, higos, condilomas, mariscos, son síntomas de dolencia venérea ge- neral. Exigen unturas con ungüento mercurial, lavatorios con disolución de sublimado, á veces es necesario cortarlas con tijera. A este tratamien- to externo agrégase siempre el uso interno de las preparaciones mercuria- les. (V. Sífilis.) 5° El Escirro ó cáncer afecta al gimas veces al ano. La extirpación es el único remedio contra esta dolencia. 6o Fistola del ano. V. Fístula. 7° Ano anormal. Por una causa I cualquiera, puede acontecer que uno de los insestinos esté horadado y co- munique exteriormente por una aber- tura que dé paso á las materias feca- les. Esta abertura anormal, que cons- tituye una enfermedad desagradable, se llama ano anormal. En este caso, la abertura inferior de los intestinos, en vez de hallarse en el ano, se en- cuentra en el ombligo, la ingle ó alguna otra región del vientre. El ano anormal suele ser á veces un vicio de nacimiento, pero ordinariamente pro- cede de algún accidente. Sobre todo se forma de las heridas del vientre, y cuando un instestino ha sido cortado del todo ó en parte. Entonces el do- liente casi siempre sucumbe de peri- tonitis, por razón del derrame de los excrementos en el vientre; pero ave- ces se establecen adherencias.entre el intestino herido y los labios de la he- rida exterior; las materias encuentran entonces el medio de salir fuera, y el doliente el de salvarse de la muerte, gracias al ano anormal. Esta dolencia puede ademas tener por origen la hernia estrangulada, en la cual la porción de un intestino deslocalizado queda gangrenada; las materias salen en este caso abriendo las paredes del vientre y determinando la formación de una postema. Las otras causas son: abscesos que sobrevienen en las pare- des de un intestino, y la estrangula- ción de una parte de intestino por la ligadura del cordon umbilical en los recien nacidos, cuando existe la que- bradura congénita á través del ombli- go, y la partera no hizo caso de ello. Las materias que salen por el ano ANO 160 ANQUILOPS anormal se aproximan más ó menos á la naturaleza del quilo ó de los ex- crementos, según que la porción del intestino abierto pertenezca á la parte superior ó inferior del tubo digestivo: el intervalo de tiempo que debe tras- currir entre la ingestión de los ali- mentos y su salida, debe variar con arreglo á las circunstancias. Fácil es, en efecto, concebir que cuanto menor fuere la porción de los intestinos reco- rrida por los alimentos, tanto ménos quedará absorbida su parte nutritiva, y tanto más la nutrición será inper- fecta, sobre todo si la abertura fuese ancha, y si la mayor parte ó la totali- dad de las materias sale afuera. Así, pues, cuando el trayecto fistuloso prin- cipia en la porción superior del tubo digestivo, el enflaquecimiento sobre- viene á pasos precipitados, los dolien- tes comen mucho, sin que por eso sus fuerzas se restablezcan, y pueden su- cumbir de marasmo si no se recurre á los medios curativos. Cuando, por el contrario, la abertura anormal ocu- pa una parte del intestino más cerca- na al ano, el doliente padece ménos, y se citan casos en que los enfermos han conservado, por espacio de más diez años, esa mala disposición, sin considerable detrimento de la salud. Esta dolencia, sumamente desagrada- ble, produce, ademas de lo dicho, eri- sipelas y otras afecciones, por lo que siempre debe intentarse la curación. El tratamiento consiste en hacer la compresión por medio de mecha ó de hilas introducidas en la abertura exterior, ó en cortar, con instrumento aparante, el tabique que impide el paso á las materias de la extremidad superior del intestino á la extremidad inferior. Cuando el mal es incurable, 6 cuando la operación ofrece graves dificultades, forzoso es limitarse á los cuidados del aseo y al empleo de un aparato conveniente. Compónese este aparato de una chapa de marfil, que se aplica sobre la abertura exterior, y lleva en el centro un agujero, al cual se adapta un tubo de goma elástica provisto de una válvula muy movible; las materias corren por este tubo y caen en una caja de plata ó de esta- ño, que se puede poner y quitar para su limpieza. Sujétase al cuerpo el aparato entero por medio de cintas y correas. Anodino. Se da el nombre de ano- dinos á los medicamentos que tienen la propidad de calmar los dolores; en- tre estos medicamentos figuran: el opio, el clorhidrato de morfina, la co- deina, el lactucario, el éter, etc. (V. Calmante.) Licor anodino de Hoffmann; es la mezcla, á partes iguales, de éter sul- fúrico y alcohol; adminístrase en la dosis de 10 á 20 gotas, en 3 ó 4 cu- charadas de agua con azúcar, en los espasmos, en los cólicos nerviosos, etc., ó se da á oler en los desmayos. Anorexia. Significa lo mismo que hastío. Anquilops. Aplícase este nombre á un absceso del tejido celular situado en el ángulo interno del ojo, delante del saco lagrimal. Es el resultado de la inflamación aguda de esta región. Se cura con cataplasmas de linaza ó de fécula. Formada la colecta puru- ANQUILOSIS 161 ANQUILOSIS lenta, importa abrirla con la mayor precaución, á fin de no herir el saco lagrimal, cosa que daría márgen á una fístula lagrimal. Preciso es, pues, cortar las partes blandas, capa por capa. A veces sucede que estos abscesos, abiertos tarde, se conviertan en una ulceración semejante á la fístula la- grimal, pero que no lo es. Basta, para obtener la curación, tocar la ulcera- ción con la piedra infernal. Anquilósis. Disminución ó nuli- dad de movimiento en una coyuntura que naturalmente lo tiene. La anquilósis reconoce por causa inmediata la soldadura de las extre- midades articulares que componen una articulación, ó la desaparición del lí- quido que lubrifica dichas extremida- des, ó solamente una rigidez de las partes blandas que rodean la articula- ción. Cuando proviene de la soldadu- ra de los huesos, no puede haber mo- vimiento alguno de la parte, y la an- quilósis es calificada entonces de ver- dadera ó completa] pero si solamente depende de la rigidez de las partes blandas, la articulación puede ejecu- tar algunos movimientos, aunque in- completos, y la dolencia es llamada entonces anquilósis falsa ó incomple- ta. Una de las circunstancias que con- curren á la formación de la anquiló- sis es la inmovilidad de la parte. Esta condición es tan poderosa, que por sí sola puede determinar la dolencia. Así es que los Fakires indios, que por es- píritu de penitencia, dicen, se conde- nan á permanecer inmóbiles en cier- tas aptitudes, durante largos años, al cabo del tiempo tienen los miembros anquilosados en la posición en que los conservaron. Lo mismo acontece á las personas atacadas de fracturas de los miembros. Por efecto del repo- so prolongado del miembro, reposo necesario para la consolidación de la fractura, los ligamentos y las demas partes blandas que entran en la com- posición de la articulación adquieren tanta rigidez, que suele ser difícil ven- cerla. Las inílamaciones agudas ó cróni- cas de los ligamentos, la inflamación que por lo común aparece durante el tratamiento de las fracturas situadas cerca de las articulaciones, tienen idéntico resultado. Todas estas cau- sas no tienden á producir sino la an- quilósis falsa. Existen otras cuya con- secuencia es la soldadura recíproca de los huesos; tales son las heridas, las fracturas, y especialmente la ca- ries de las extremidades articulares de los huesos. El pronóstico de la anquilósis es difícil de establecer. Se puede, gene- ralmente hablando, destruir siempre la rigidez articular reciente, cuando solo depende de un largo reposo; se puede asimismo hacer cesar, más ó menos completamente, las rigideces recientes y consecutivas á la inflama- ción de las partes blandas exteriores de la articulación. Mucho más difícil es curar las que ya son antiguas; pue- de haber tal cual esperanza de mejo- rar el estado cuando no son comple- tas, por la soldadura total de los hue- sos no tiene cura. ANQUILOSIS 162 ANQUILOSIS Tratamiento. El tratamiento de la anquilósis, verdadera ó falsa, casi siempre es preservativo. Un solo ca- so contraindica el empleo de los me- dios propios á evitar la unión de las superficies articulares, y viene á ser aquel en que la anquilósis debe suce- der á la caries de los huesos, porque entonces debe ser considerada como terminación favorable. Se tendrá so- lamente el cuidado de poner las par- tes en posición tal que, después de la soldadura de la articulación, puedan aún ejecutar algunos movimientos; por tanto, se debe extender la pierna sobre el muslo, y encoger el antebra- zo sobre el brazo. En los demas casos conviene evi- tar la formación de la anquilósis, que se forma á consecuencia de las frac- turas próximas de las articulaciones, dejando al cirujano ejecutar durante el tratamiento, y antes que la frac- tura esté ya consolidada, ligeros mo- vimientos en la articulación; después de la consolidación del hueso, el ejer- cicio contribuirá á hacer que el miem- bro recobre en poco tiempo su flexi- bilidad natural; pero no bastando este medio, preciso será que el doliente use de baños de agua templada y de cataplasmas de linaza. También apro- vechan las fricciones secas, practica- das á mano sobre las partes blandas de la coyuntura, y las fricciones con aceite común ó con aceite alcanfora- do. Al mismo tiempo se hacen ejecu- tar, muchas veces al dia, á la articu- lación atacada, los movimientos que le son habituales. Estos movimientos alargan los músculos y los ligamentos encogidos, les restituyen la flexibili- dad, y provocan la secreción del líqui- do sinovial que lubrifica las superfi- cies articulares. En las anquilósis que dependen de la formación de mem- branas filamentosas entre las superfi- cies articulares, los movimientos que se comunican á la parte doliente alar- gan, extienden y hasta llegan á rom- per estos lazos membranosos. Los mo- vimientos que se imprtman á los miembros deben ser suaves, limita- dos; siendo muy bruscos y forzados, ocasionan dolor y podrían determinar inflamaciones en la coyuntura. A me- nudo se oye, en las primeras tentati- vas que se hacen á fin de mover una articulación medio anquilosada, una crepitación particular, que depende del estiramiento de los ligamentos y de la rozadura de las superficies arti- culares; esta crepitación desaparece á medida que los movimientos se resta- blecen. Estos movimientos deben ser comunicados al miembro por persona idónea; si su ejecución fuese confiada al mismo doliente, el miedo del dolor le impediría darles la debiba extensión, y entonces llegarían á ser ineficaces. Cuando la retracción ó encogimiento de los músculos y ligamentos es muy grande, forzoso es, á veces, recurrir á los medios mecánicos para alargarlos, enderezar el miembro y restablecer sus movimientos. A este fin existen diversas máquinas. Cuando el ante- brazo se encuentra medio anquilosa- do en la flexión, puede llegarse á es- tirarlo haciendo traer al doliente con la mano del lado enfermo un peso que se aumentará gradualmente. Ne- ANSIEDAD 163 ANTEBRAZO cesario es mucho tiempo y perseve- rancia para obtener la curación de ciertas anquilósis. Ansiedad, Angustia. Sensación de calor que sube del vientre á la ca- beza, con coloración del rostro, difi- cultad de respirar, aflicciones y ato- londramiento. Muchas dolencias pue- den producir este síntoma, que mere- cen mayor ó menor consideración, se- gún sea habitual ó meramente acci- dental y pasajero. En el primer caso, depende de asma ó de alguna afec- ción del corazón, pulmones; hígado ú otra cualquiera; en el segundo, puede ser un simple fenómeno nervioso sin gravedad y más molesto que peligro- so. Durante la ansiedad, sea cualquie- ra su causa, conviene desabrochar los vestidos y quitar todas las ataduras que pueden estorbar á la circulación ó respiración, asentar al doliente en una silla de brazos ó sobre la cama, sosteniéndole el cuerpo con almoha- das, abrir las ventanas y puertas del cuarto para que el aire pueda circular libremente, sumergir los piés y manos del enfermo en agua caliente, darle á beber algunas cucharadas de agua fría con azúcar y agua de flor de naranjo, y aplicarle sinapismos en las pantorri lias. Algunas gotas de éter sulfúrico en una cucharada de agua con azúcar; la inspiración del agua de Colonia, ó de vinagre pueden también aliviar la ansiedad. En las mujeres nerviosas, conviene rociarles la cara, reiteradas veces, con agua fría. La ansiedad puede ser simplemen- te el resultado de una obesidad ex- trema. Las personas que se hallaren en caso semejante, deben vivir en aposentos espaciosos, en lugares ven- tilados y altos, evitar las carreras y todo ejercicio violento, comer más ve- getales que carne, y de cuando en cuando tomar una purga. Anta ó Tapir. Animal de la Amé- rica del Sur, del tamaño de un burro, poco más ó menos; tiene el aire del cerdo; su hocico es largo y terminado en trompa, la cual, aunque muy cor- ta, tiene flexibilidad como la del ele- fante; su piel es de color pardo oscu- ro, muy gruesa, casi pelada. Este animal es tímido y pacífico, no ataca sino cuando lo persiguen, aliméntan- se de hojas y raíces de plantas, y vi- ve en cuadrillas en las selvas lejanas y espesas; le gustan las márgenes de los tíos, porque, como es buen nada- dor, halla en el agua un refugio cuan- do le atacan. Se domestica con faci- lidad y se cria en las casas; es perju- dicial á las plantaciones de caña de azúcar por lo mucho que esta planta le gusta. Se come su carne, que sin embargo no es muy estimada, y se toma de la protuberancia, que tiene sobre la cerviz, una manteca que se emplea en fricciones en los dolores reumáticos; su piel da un cuero su- mamente grueso y de grande estima. Luego que las antas avistan al hom- bre, se precipitan en el corriente más cercano, y nadan durante mucho tiem- po entre dos aguas, no reapareciendo sino á larga distancia y fuera de al- cance. Estos animales duermen de dia y hacen sus excursiones por la no- che. Antebrazo. Parte del miembro su- ANTEOJOS 164 ANTEOJOS perior comprendida entre la mano y el codo. Se compone de muchos mús- culos y de dos huesos, radio y cubito. El radio está situado en la parte de afuera, esto es, del lado del dedo pul- gar; el cúbito corresponde á la parte interna, esto es, al dedo meñique. Antebrazo (Dislocación del). V. DISLOCACION DEL CODO. Antebrazo (Fractura del) N. Fractura. Anteojos. Se designa bajo este nombre los instrumentos destinados á remediar las imperfecciones de la vista ó á aumentarle el alcance. Los anteojos ordinarios son vidrios circulares engarzados en formas va- riadas, más ó menos convexos, ó más ó menos cóncavos, según la vista sea más ó menos larga (presbiopía), ó, por el contrario, más ó menos corta (miopía). Cuando la vista principia á dismi- nuir, los anteojos con vidrios convexos son de grande utilidad. Muchas per- sonas conservan por este medio, du- rante diez, quince y veinte años, la vista en el mismo grado de alcance. Pero para obtener este efecto, convie- ne saber el momento en que se debe empezar á usarlos, y escogerlos de manera que nada dejen que desear. Este momento no es indicado exac- tamente por la edad, como crecen ciertas gentes, sino por los síntomas siguientes: Io El punto de vista principia á alargarse y la persona aparta maqui- nalmente los objetos para distinguir- los mejor. 2'.' Tratando de leer por la noche, coloca el libro cerca de la luz ó ¿letras de ella. 3° Los ojos se fati- gan por el menor trabajo: preciso es interrumpir su tarea para proporcio- narles algún alivio. Cuando estas se- ñales se manifiestan, no se debe es- perar más tiempo; conviene adoptar el uso de los anteojos. Un vano amor propio, sobre todo en las señoras, á veces hace titubear; la vista, sin em- bargo, se va perdiendo más y más. En este caso los vidrios convexos son más útiles que nocivos. La ventaja de los vidrios convexos depende del aumento del ángulo de los rayos visuales: los objetos apare- cen entonces mayores, más cercanos, y sobre todo menos iluminados que en el estado ordinario. Los vidrios cóncavos, que usan los miopes, producen fenómenos entera- mente opuestos. Los cuerpos vistos por medio de estos vidrios parecen pequeños y brillantes; su circunferen- cia es más clara, mejor perfilada que en el estado natural. Pero cuanto más pequeño y apartado está un objeto, tanto más cansa la vista, porque obli- ga á los ojos á hacer mayores esfuer- zos para verlo distintamente. Si á es- to se agrega el brillo de la luz produ- cido por la concavidad del vidrio, se verá cuán perjudiciales son para la vista estos instrumentos, que en rea- lidad no producen efecto sino excitan- do enérgicamente la parte nerviosa del ojo; por lo que no se deben usar anteojos con vidrios cóncavos sino cuando haya una absoluta necesidad. Los miopes decididos á servirse de anteojos deben escoger los vidrios que permiten, leer con facilidad y sin fati- ANTEOJOS 165 ANTEOJOS ga á la dislancia de 40 centímetros. Estos anteojos pueden á veces curar la miopía, si, después de empleados por algún tiempo, el miope tiene la precaución de cambiarlos todos los meses, pasando gradualmente hacia números cada vez ménos fuertes, has- ta llegar á los vidrios casi planos. Se citan casos de curación de miopía ob- tenida por este medio. Anteojos con vidrios de color. Es- tos anteojos se emplean para dismi- nuir sobre los ojos la impresión muy viva de la luz, y por consiguiente pa- ra conservar la vista: los vidrios azu- les deben ser preferidos. Sin poner en tela de juicio la utilidad de estos anteojos, preciso es observar que pre- sentan algún inconveniente. En efec- to, no pudiendo permanecer constan- temente delante de los ojos, unas ve- ces los objetos se presentan ilumina- dos por la luz natural, otras veces en una especie de neblina alternativa, que es muy nociva á la sensibilidad del órgano. Y por eso el uso de los anteojos con vidrios de color debe ser muy limitado. Conviene solamente cuando los ojos están expuestos á la acción continua de una luz muy viva como, por ejemplo, cuando uno está obligado á atravesar un sitio en que el sol hiere sobre rocas áridas ó sobre arenas. Elección de buenos anteojos. Este punto es muy importante. Al- gunas personas seducidas por el pre- cio poco elevado, esto es, por la ba- ratura de estos instrumentos, no pien- san que comprometen una joya ines- timable, pues la pagan con la pérdida del órgano más precioso. Si se con- siderara la dificultad de labrar buenos vidrios, los procedimientos minucio- sos, los conocimientos, la larga expe- riencia que su fabricación exige de los obreros que se consagran á este género de industria, se juzgaría fácil- mente cuán funestos son á la vista los vidrios comunes, defectuosos por na- turaleza, por la mano de obra y por los aros. Hemos dicho ya que para los mio- pcs son convenientes los vidrios cón- cavos, para los présbitas los convexos, y para las personas que no tienen la vista muy corta ni muy larga, y solo tratan de preservarse momentánea- mente los ojos de la influencia nociva de una luz muy brillante, convienen los vidrios planos de color. Pero, cual- quiera que sea la forma y color del vidrio, este debe reunir tres cualida- des: ser bruñido, puro é igual en to- da su sustancia; preciso es que su trasparencia no se halle turbada ni por manchas, ni por sinuosidades ó alguna mezcla hetereogénea; preciso es que tenga suavidad al tacto, y que su brillo aumente cuando se limpie con un lienzo después de empañado por el aliento. La reunión de todas estas ventajas es indispensable para obtener una refracción perfecta de los rayos luminosos; de otro modo, no pa- sando la luz con igualdad el vidrio, resultan de esto refracciones parcia- les cuyo efecto será nocivo. La des- igualdad de los focos es también un defecto grande en los anteojos. Raro es encontrar personas cuyos ojos ten- gan ambos el mismo alcance, El foco ANTEOJOS 166 ANTEOJOS de cada vidrio debe ser, por consi- guiente, proporcionado á la fuerza ó debilidad del ojo que le corresponde. Pero esto no obstante, todas las per- sonas que se sirven de vidrios cónca- vos ó convexos los usan casi siempre del mismo número, y, por consiguien- te, les cansan los ojos. La irregularidad de las curvas debe ser esmeradamente evitada. Es indispensable que los ápices de las dos curvas de un vidrio tengan el mismo eje: esta es una condición á la cual faltan á menudo los artífices po- co atentos ó poco hábiles, y esta dis- posición produce un resultado desfa- vorable, porque, no verificándose la refracción de los rayos de una mane- ra conveniente, su reunión cae sobre la retina produciendo márgenes irre- gulares; y los continuos esfuerzos que el ojo hace para regularizarlas acaban por desarreglar el órgano. Cualquiera persona que desee ha- llar vidrios á propósito para su vista, debe examinar por sí mismo la pure- za, la trasparencia, el brillo, las cur- vaturas convexas ó cóncavas; debe asegurarse bien, presentándolos alter- nativamente á cada ojo, del foco que conviene á uno y otro; debe probar- los por algún tiempo «sobre libros ú otros objetos ántes de comprarlos. No es raro encontrar vidrios que parecen buenos al principio, y cuyo uso más seguido demuestra lo contrario. Los caractéres tipográficos de un li- bro ordinario deben mostrarse distin- tamente á los ojos á una distancia de cerca 27 centímetros (10 pul- gadas). He aquí la escala adoptada por los fabricantes de Páris: Presbiopia ó vista larga. Vidrios convexos. Presbiopia débil; núms. 80, 72, 60, 48, 36, 30, 24, 20. Presbiopia más fuerte; 18, 16, 15, 14, 13, Presbiopia fuerte; 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5. Presbiopia muy fuerte; 4 1/2, 4, 3 1/2, 3, 2 1/2, 2, 1 3/4, 1 1/2, 1. Esta última serie se aplica por lo común á individuos operados de ca- tarata. Miopía ó vista corta. Vidrios cón- cavos. Miopía débil; núms. 60, 30, 20, 18, 16. Miopía más fuerte; 15, 14, 13, 12, 11, 10. Miopía fuerte; 9, 8, 7, 6, 5, 4 1/2, 4. Muy fuerte; 3 3/4, 3 1/2, 3, 2 3/4, 2 1/2, 2, 1 3/4, 1 1/2 1 (raras veces empleados). Los aros exigen también ciertas precauciones. Siendo muy delgados ó muy movibles, su movimiento conti miado desarreglará á cada paso el eje de la visión. Si los vidrios quedasen muy arrimados á los ojos, la vista se encontrará molestada; ademas de es- to, la traspiración empaña su brillo y no es posible entonces distinguir bien los objetos. Si, por el contrario, que- dasen muy apartados, no servirían pa- ra el fin deseado. Por consiguiente, es preciso que los aros tengan la elas- ticidad, la solidez, y la largura ne- cesaria á fin de que los vidrios que- ANTIESPASMODICOS 167 ANTIMONIO den á una distancia conveniente de los ojos, y que no puedan desarreglar- se con los movimientos de cabeza. Antídoto. V. Contraveneno. Antiescorbúticos. Medicamentos empleados contra el escorbuto. Las hojas del berro, de la codearía, las frutas agrias gozan de propiedades antiescorbúticas. En estos últimos años se ha reconocido que las patatas, usadas como alimento, constituyen uno de los mejores preservativos con- tra el escorbuto en las tripulaciones de los navios. Muchas embarcaciones empleadas en la pesca de la ballena han preservado sus tripulantes del escorbuto con el uso de este alimen- to, y otras han visto cesar la dolencia después de haberse aprovisionado de patatas en arribadas, ó en barcos en- contrados en viaje. Antiespasmódicos. Los anties- pasmódicos son medicamentos que sir- ven para modificar a] gimas perturba- ciones del sistema nervioso, conocidas por los nombres de espasmos, neuro- sis, neuralgias, etc. Disminuyen los movimientos convulsivos, cuando es- tos no proceden de la inflamación ce- rebral. Los medicamentos antiespas- módicos son los siguientes: éter, al- canfor, asaíétida, almizcle, castóreo, succino, valeriana, hojas de naranjo. (Véanse estas palabras.) La pocion antiespasmódica que suele usarse en las dolencias nervio- sas es la siguiente: Agua 120 gram. (4 onzas.) Agua de azahar. 4 gram. (1 drac.) Eter sulfúrico.. 20 gotas, Jarabe simple.. 30 gram. (1 onza.) La pocion antiespasmódica y cal- mante es esta: Infusión de flor de naranjo...... 120 gram. (4 onz.) Eter sulfúrico... 20 gotas Láudano de Sy- denham 20 gotas Jarabe simple... 30 gram. (1 onz.) Ambas pociones se toman á cucha- radas, con media ó una hora de in- tervalo. Antifebriles. V Anti periódicos. Antiflojísticos. Medicamentos ó medios propios de combatir la infla- mación. El tratamiento antiflojístico consiste en el empleo de las sangrías, sanguijuelas, ventosas escarificadas, en las bebidas aguadas, mucilagino- sas ó acídulas, según las circunstan- cias, tales como la infusión de lina- za, el cocimiento de cebada, la fimo- nada de limón, de naranja, etc.; con- siste también en el uso de los baños templados, de las cataplasmas de li- naza, y en la abstinencia más ó me- nos completa de las comidas. Antihelmínticos. V. Vermífugos. Antiherpéticos. Antiempeinosos, Antipsóricos. Estos tres nombres se aplican á los medicamentos que ejer- cen sobre la piel una influencia espe- cial, y son empleados en las enferme- dades cutáneas, como herpes, empei- nes, sama, etc. Esos medicamentos son: azufre, sulfuro de potasio, sulfu- ro de antimonio, aguas minerales sul- furosas, mercurio, sublimado corrosi- vo, arsénico, iodo, zarzaparrilla, gua- yaco, bardana, fumaria. Antimonio. Metal de color blan- co plateado, de textura laminosa, en ANTIMONIO 168 ANTOJO pequeños granos cuando es puro, y con anchas facetas cuando contiene otros metales; muy quebradizo y fá- cil de pulverizar. En la naturaleza existe en el estado metálico; pero el que se encuentra en el comercio se obtiene del sulfuro del antimo- nio, y contiene hierro, plomo y arsé- nico; para tenerlo puro, hay que pu- rificarlo. Algunos de sus compuestos eran conocidos de los antiguos, entre otros, el sulfuro de antimonio, de que se ser- vían las señoras egipcias para te- ñirse las cejas y las pestañas. El antimonio metálico no se usa en medicina. Sin embargo, en otro tiempo, se administraba en píldoras que pasaban por los intestinos sin alteración alguna sensible, y eran lla- madas píldoras perpétuas, mostrán- dose ligeramente purgativas y vomi- tivas. Varios compuestos, que el antimo- nio forma con otros cuerpos, se em- plean en medicina; pero algunos son venenosos, cuando se administran sin precaución. Los principales de estos compues- tos son: Tartrato de antimonio y de potasa, Tártaro estibiado ó Tártaro emético, ó simplemente emético. Es- te compuesto va descrito en el articu- lo Emético. Antimonio diaforético, ó bi-anti- monio de potasa, impropiamente lla- mado óxido blanco de antimonio. Sal pulverulenta, blanca, insoluble en ei agua. Se emplea en las bronquitis, en la dosis de 50 centigramos á 1 1/2 gramos (10 á 30 granos) mezclado en una pocion. Sulf uro de antimonio. Es un cuer- po sólido, pulverulento ó cristalizado en agujas, de color ceniciento azula- do. Contiene siempre arsénico.. An- tiguamente era usado en la prepara- ción de la tisana de Feltz, pero en la actualidad está proscrito á causa de los accidentes que producía. Hidrosulfato de antimonio ó ker- mes mineral. (V. Kermes mineral.) Manteca de antimonio. Véase este artículo en su orden alfabético. Antiperiódicos ó Febrífugos. Me- dicamentos que ejercen una acción es- pecial contra las fiebres intermiten- tes, y otras afecciones que tienen el carácter de volver en ciertos perío- dos de tiempo, tales como jaquecas, neuralgias faciales, y otras afecciones nerviosas. Estos medicamentos son: sulfato de quinina, corteza de quina, quinium, sub carbonato de hierro, ser- pentaria de Virginia, café, ajenjo. Antipsóricos. V. Antiherpéticos. Antisépticos. Medicamentos que impiden la putrefacción en las dolen- cias. Los antisépticos se escogen en- tré los ácidos, astringentes, tónicos y estimulantes. Antisifilíticos ó Antivenéreos. Medicamentos que usados interior- mente tienen la propiedad de destruir el virus sifilítico. Son: mercurio, su- blimado cerrosivo, calomelanos, iodu- ro de mercurio, ioduro de potasio, oro, óxido de oro, cloruro de oro y sodio, zarzaparrilla, guayaco, sasafras, raíz de la China. s Antojo. Deseo de una mujer em-1 ANTOJO 169 ANTRAX barazada.-Tan luego como en el útero se ha desarrollado el producto de la concepción, los diversos apara- tos de la economía experimentan un influjo más ó menos sensible. Sea por efecto de la compresión, sea simpáti- camente, los órganos digestivos son, á veces, el asiento de un estado ner- vioso, particular, que se manifiesta por un vehemente deseo de comer sustancias desusadas, no acostumbra- das y hasta repugnantes. Así, hay mujeres que á las comidas más ape- titosas prefieren el carbón, el yeso, las frutas, verdes, y si á estos antojos se obedece, pueden sobrevenir graves accidentes. Un profesor de Montpe- llier presenció un caso de esta natu- raleza, que iba caminando hácia un término fatal. Una mujer en cinta tuvo un deseo exagerado de beber vi- nagre; no supieron negárselo; tal fue el abuso que hizo, que hubiera sucum- bido, si no se le hubiesen procurado auxilios perseverantes y apropiados. Toda vez que la razón es insuficiente para impedir aberraciones semejan- tes, preciso es alejar las cosas que pueden servirle de pábulo, y persua- dirse, á pesar de algunos ejemplos sin importancia, de que las sustancias de mala naturaleza jamas penetran en el tuvo digestivo sin perjuicio ó peligro para este. El embarazo no es un privilegio que pueda justificar la inobservancia de los preceptos de la higiene. Si el apetito es grande, dé- sele á la mujer alimentos sin sabor. Si existe una desgana completa sin causo mórbida apreciable, serán por el contrario muy convenientes los ali mentes condimentados y las bebidas sabrosas. No hablaremos de esos otros antojos, irregularidades del instinto ó perversión de ciertas facultades de la inteligencia, que parecen determinar numerosas singularidades, ó conducir algunas mujeres embarazadas á actos culpables; al médico toca únicamente el apreciar esos actos por el grado de maldad que hace se cometan, y escla- recer el juicio encargado de dar un fallo acerca de su moralidad. Antrax. Tumor inflamatorio muy duro, que duele bastante, de color'ro- jo oscuro, que, en el espacio de algu- nos dias, adquiere muchas pulgadas de diámetro; la piel que lo cubre res- quebrájase menudamente y deja co- rrer en pus sanguinolento, amortigua- se y cae. Es un tumor de la misma naturaleza que el furúnculo ó divieso, pero mucho más voluminoso. Causas. Las causas que produce esta enfermedad no son bien conoci- das. En algunos individuos es ocasio- nada por el uso de alimentos indiges- tos y de mala calidad; por la aplicar cion de sustancias acres, irritantes, sobre la piel; por picaduras; por la irritación entretenida por un vejiga- torio, úlcera, sarna, empeine; por fa- tigas del cuerpo, etc. Síntomas, primer periodo. Des- pués de algunos dias de sed, desgana, y también sin que hayan precedido estos fenómenos, sobre un punto del cuerpo aparece un tumor inflamato- rio, duro, rojo, acompañado de dolores agudos. Wperíodo. El tumor aumen- ta durante varios dias, y la supura- ANTRAX 170 ANTRAX cion se declara. La piel revienta por una ó muchas partes,, y estas abertu- ras dan salida al pus mediante la compresión. El dolor, ó calor general, la sed y la fiebre disminuyen enton- ces. Tercer periodo. La compresión hace salir el pus, después se despren de el nabo, tapón ó raigón, sale en pedazos, y deja una ancha llaga con pérdida de sustancia. La piel se des- pega, adelgázase y toma color cerúleo en los márgenes de la úlcera. 4o pe- riodo. El fondo de la úlcera se cubre de carnosidades, los labios de las lla- gas se aproximan, la supuración dis- minuye poco á poco, y la cicatriz que- da formada. Los tres primeros perío- dos duran un plazo casi igual, de cin- co á diez dias para cada uno de ellos; pero el del último es ilimitado, pues depende de la extensión en la pér- dida de sustancia. Pronóstico. El pronóstico del an- trax es muy variable. En general, cuando el tumor no excede del vo- lúmen de un huevo de gallina, las consecuencias no son graves; pero cuando es muy grande, el doliente corre peligro. Tratamiento. Al principio del mal conviene administrar un vomitivo, 5 centigramos (1 grano) de tártaro emé- tico en una taza de agua templada. Al dia siguiente se debe dar un pur- gante: 60 gramos (2 onzas) de sal de Epsom ó 30 gramos (1 onza) de acei- te de ricino. Los evacuantes pueden hacer que cesen los progresos de la dolencia. Aplícase sobre el tumor la cataplasma de linaza, ó de fécula, El medio de hacer desaparecer la estran- gulacion, consiste en practicar dos in- cisiones cruzadas en el centro del tu- mor, Estas incisiones facilitan la ex- pulsión del pus y de los tapones; dis- minuyen el dolor y la fiebre, y acele- ran de un modo notable el plazo final del padecimiento. Entre tanto existen los antrax benignos que sanan sin necesitar de incisión, por el empleo de las cataplasmas de linaza ó fécula solamente. Sea cual fuere el modo de trata- miento puesto en práctica, ya se es- pere á que el antrax reviente por sí mismo, ya se recurra á la incisión, conviene limpiar la herida todos los dias, lavándola con agua natural ó mezclada con agua de Labarraque, ó con agua fénica, y desembarazándola de las escaras que impidan el libre curso del pus. Continúanse las cata- plasmas hasta que todas las carnes muertas hayan sido eliminadas; des- pués se curará la herida con Mas un- tadas con cerato simple. Deben repa- rarse las fuerzas del doliente con vi- no, alimentación nutritiva, y las píl- doras tónicas siguientes: Extracto de quina. 8 gramos (2 dracmas). Se hacen 24 píldoras. Para tomar tres cada dia. En vez de las píldoras, se puede administrar el riño de quina á la do- sis de una cucharada, tres veces por dia. Hé aquí la receta: Vino de quina. 180 gramos (6 onz.). Si el antrax hace progresos, en lu- gar de las cataplasmas de linaza, es preciso hacer la curación con el glice- \rado fenicado, cuya receta es como sigue: AÑIL 171 APETITO Acido fénico cristali- zado . 1 . gramo. Glicerina 100 gramos. Mézclese.-Se unta un lienzo con este glicerado, y se aplica al ántrax. Añil. Materia colorante que se extrae de las hojas y de los ramos de algunas plantas pertenecientes en su mayor parte á un género designado por los botánicos con el nombre de Indigofera, de la familia de las Pa- pilonáceas. Las principales especies que dan el añil son: Indigofera ar- géntea, Indigofera disperma, Indi- gafera añil, Indigofera tinctoria. Estas plantas habitan en la India, en México y en la América del Sur. Son plantas herbáceas, sub -arbustos ó ar- bustos. El jugo de estas plantas, in- coloro cuando está contenido en el te- jido del vegetal, se vuelve verde, después azul, cuándo se deja fermen- tar al contacto del aire, y entonces depone poco á poco el añil; redúcese este depósito á masa, con la cual se hacen panes ó bolas de 100 gramos poco más ó menos. En el coníercio hay varias clases de añil, según sus matices y el país de donde proceden; el añil de Ben- gala y el de Guatemala son los más estimados. El añil se presenta en masas porosas de color azul con viso metálico, no tiene sabor y se pega á' la langua como el barro; no tiene olor sensible sino cuando está en grandes masas. Es insoluble en agua y en al- cohol. Calentado mucho esparce va- pores' purpúreos, qúe se condensan sobré los ¿uerpos frios en pequeñas agujas azules y brillantes; da al mis- | mo tiempo'un olor fuerte y desagra- j dable, y se carboniza en parte. El añil es empleado para teñir las telas. En medicina ha sido recomendado contra la epilepsia, en la dosis de 2 á 30 gramos (1/2 dracma á 1 onza) por dia, mezclado con miel; pero no pro* dujo buen efecto, y hoy no se usa más con este fin. Aparato- Se da este nombre, en cirujía, á la reunión de los instrumen- tos y objetos necesarios para practicar alguna operación ó hacer una cura, tales como vendajes, compresas, tiras aglutinativas, hilas, tablillas para frac- turas, almohadillas, etc. Aperitivos 6 Desobstruentes (del latín aperire, abrir). En otro tiempo se dio este nombre á diversas sustan- cias que se creian propias para abrir las vías biliarias y urinarias. Y así es que la mayor parte de los aperitivos gozan de propiedades laxantes ó diu- réticas. El espárrago, el apio, las ace- deras, el perifolló, el nitro, fuefBn ántes considerados como aperitivos. La denominación de aperitivos, que sé basaba en las ideas hipotéticas que antiguamente reinaban, hoy se encuentra desterrada del lenguaje médico, y es empleada únicamente por las personas extrañas al arte de curar. Apetito. El apetito, ó deseo de tomar alimentos, principia en la cu- na, y dura toda la vida como el más imperioso de los intestinos. El apeti- to varia mucho conforme á las circuns- tancias; es más vehemente en la edad del desarrollo físico. Los niños y las personas jóvenes son las que sobrelle. APETITO 172 APIO INCULTO van con mayor trabajo la abstinencia. Se come más cuando el tiempo está frió y seco, que cuando está caluroso y húmedo. Los hombres necesitan más alimento que las mujeres; los in- dividuos vigorosos, entregados á ejer- cicios penosos, consumen más. Forzoso es tener en cuenta cuando el apetito se pierde sin causa apre- ciable, mientras que su regularidad es indicio de una salud perfecta. El deseo de comer ep por lo general un buen síntoma en las dolencias que van acompañadas de fiebre. En las dolencias crónicas exige una justa apreciación. De seguro, la opinión popular de que no es posible viyir sin comer, ha hecho gran número de víc- timas; pero los médicos que llevan hasta la exageración el principio opuesto, abusando de la dieta, harán también mucho mal. El instinto de los dolientes debe ser atendido, así como también merecen serlo sus ape- tencias y repugnancias. Prescindiendo de las dolencias, mu- chas son las causas que disminuyen el apetito; la falta de ejercicio, los trabajos intelectuales, los pesares, las pasiones en general, una alimentación exorbitante, muy frecuente, con ex- ceso uniforme. La desgana se reme- dia con ejercicios, distracciones, un poco de dieta auxiliada con bebidas amargas, con infusión de menta, de manzanilla, por la regularidad en las comidas, y variedad en los alimentos. El demasiado dormir quita también el apetito, y de ahí viene el prover- bio de que "quien duerme no necesi- ta comer." Véase Desgana. Apio cultivado. Apium graveó- le ns sativum 6 Apium, dulce, Miller. (Céleri en francés). Se llama así á una planta perteneciente á la familia de las Umbelíferas, variedad del apio silvestre, trasformado en planta culi- naria mediante el cultivo, que lo qui- ta el sabor desagradable y el olor fuerte que tiene en el estado salvaje. Cómese en ensalada y cocido. El apio cultivado es una planta sana, agrada- ble, aromática, alimenticia; cómese la base de los peciolos y de los tallos tiernos, es estimulante y pasa por afrodisíaco. El cultivo del apio tiene por objeto blanquearlo desde la base hasta la mayor altura posible; pero se planta en los fosos y se entierra va- rias ve(?es para sustraerlo á la acción de la luz. Apio inculto, silvestre ó bravo, Apium graveolens, L. [Ache en fran- cés). Umbelíferas. Esta planta habi- ta en España, en los parajes húme- dos y regados por los ríos. Tallos múltiplos en una sola raíz, un tanto levantados, lisos, articulados; hojas alternas, pecioladas, temadas; lóbu- los cuneiformes, recortados, lisos de una y otra parte, lucientes; flores de color blanco verdoso, dispuestas en umbelas axilares ó terminales; fruto rojizo, pequeñísimo, globuloso; raíz cenicienta por fuera, blanca por den- tro, tusiforme, ramosa, de olor fuerte, sabor aromático, amargo y acre. En medicina, esta raíz constituye una de las cinco raíces aperitivas, y forma parte del jarabe de este nombre. El apio bravo reciente, es peligroso tan- to para el hombre como para los ani APOCEMA 173 APOPLEGIA males. Su raíz seca ó cocida pierde sus propiedades deletéreas. ApioL Líquido amarillento, oleo- so, no volátil, obtenido de los frutos del peregil, Apium petroselimim, Linneo. Es soluble en el alcohol y el éter, insoluble en el agua; de sabor acre, picante; olor especial y tenaz. En la dosis de 1 gramo (20 granos) produce uña ligera excitación cerebral; en la dosis de 2 á 4 gramos, ocasiona una especie de embriaguez acompa- ñada de dolor de cabeza y vértigos. Es aconsejado, en cápsulas, contra las fiebres intermitentes y en la falta de menstruación, en la dosis de 25 cen- tigramos á un gramo (5 á 20 granos). Apirexia. La apirexia es el tiem po que media entre los abscesos de la fiebre intermitente. Llámase también intermitencia ó remisión. La apire- xia es completa cuando el doliente no presenta el menor síntoma de fiebre entre los accesos; en el caso contrario la apirexia es incompleta. La apirexia es más ó ménos larga, esto es, dura más ó ménos, según sea el género de .la fiebre; puede variar de algunas ho- ras hasta dos ó tres dias, según la du- ración de acceso, y conforme la fiebre fuere cotidiana, terciana, cuartana, etc. Durante la apirexia es cuando deben administrarse los remedios á fin de impedir el retorno de los accesos febriles. Apócema. Cocimiento ó infusión de una ó más sustancias vegetales, á la cual se añaden otros diversos me- dicamentos, tales como sales, jarabes, tinturas ó extractos. Prepáranse apó- cemas purgativas, febrífugas, anti-es- corbúticas, etc. El cocimiento blanco de Sydenham es un apócema. La apó- cema es siempre muy compuesta y cargadísima de principios vegetales, lo que la distingue del cocimiento sencillo, razón por la cual nunca sir- ve, como la tisana, de bebida ordina- ria al doliente. Aponeurósis. Las aponeurósis son unas membranas blancas, brillantes y muy resistentes, que envuelven y sos- tienen los músculos. La faz interna está en contacto con dichos músculos, la externa se halla cubierta por la piel (V. Anatomía, tom. I, pág. 133). Apoplegia, Apoplegia cerebral. Llámase generalmente apoplegia, y más particularmente apoplegia cere- bral, una congestión de sangre en el cerebro, seguida ó no de derrame de este líquido en la sustancia del cere- bro, y cuyo síntoma principal es la pérdida instantánea y más ó menos completa del sentido y del movimien- to, sin que se intérrumpan la circula- ción ni la respiración. Esta dolencia se designa también bajo el nombre de golpe de sangre á la cabeza. Causas. Todo lo que favorece la congestión de la sangre en la cabeza puede ocasionar esta dolencia. Entre sus numerosas causas, se cuentan las pasiones vehementes, especialmente la cólera, la alegría extraordinaria y los hondos pesares. La embriaguez, los abusos de los licores espirituosos, de los alimentos fuertes; el sueño des- pués de una copiosa comida; la expo- sición de la cabeza descubierta á un sol abrasador; una temperatura muy alta ó un frió excesivo; los baños muy APOPLEGIA 174 APOPLEJIA calientes y prolongados; el exceso de trabajos intelectuales; el abuso de los placeres sensuales en las personas ancianas; los vestidos muy ajustados; la costumbre de acostarse con la ca- beza muy baja; los gritos demasiado fuertes; el mucho dormir; la supresión de un flujo habitual, como el hemo- rroidal ó el menstrual: tales son las causas más comunes de la apoplegía. Esta puede atacar á los individuos delgados y pálidos, pero es mucho más frecuente en los sanguíneos. Sintonías. La invasión de la apo- plegía es á veces anunciada por algu- nos síntomas precursores, como zum- bido en los oídos, vértigos, dolores de cabeza, propensión á dormir, una es- pecie de borrachera, debilitamiento de la vista, del oído, de la memoria; embarazo en la palabra, debilitamien- to de los miembros de un costado, co- mezón en el cuerpo, y hasta peque- ños estremecimientos convulsivos. Todo individuo que se halle bajo la influencia de una ó de varias de las causas indicadas, si experimentase al- guno de estos síntomas, debe tener un ataque apoplético, y hacer cuanto le sea posible para evitarlo. La ma- yor parte de las veces, la apoplegía acomete repentinamente, y he aquí los síntomas que le son particulares: Cuando es leve y no hay sino una congestión pasajera, el doliente expe- rimenta un vértigo sencillo; un entor- pecimiento súbito de algunos de sus miembros, en uno de los lados del cuerpo; dificultad de apretar objetos diminutivos; embarazo en los movi- mientos de la lengua; una ligera tur- bacion intelectual y cierta confusión en las ideas. No hay pérdida de sen- tidos, ó si la hubiere, no dura largo tiempo. La parálisis incompleta que existe disminuye luego, y al cabo de algunos dias queda disipada entera- mente, de manera que el enfermo no conserva rastro alguno de su ataque, cuya causa á menudo ignora. Cuando la apoplegía es grave ó fiarte, el do- liente pierde al punto el conocimien- to; todo un costado de su cuerpo se paraliza, la facultad de la palabra se anula, la boca se tuerce, la cara se po- ne á veces de una palidez extrema, verdosa, amarillenta, amoratada; otras veces rojiza, encendida é hinchada; por último, las orinas y las materias fecales son retenidas ó expelidas in- voluntariamente. En el grado más fuerte, esto es, en el grado mayor de la dolencia, la persona atacada cae muerta como herida por el rayo, razón por la cual la apoplegía en tal grado toma el nombre de f ulminante. En- tre estos tres grados de la dolencia existe un número infinito de grada- ciones intermediarias, que será fácil acercar á alguno de los ya descri- tos. Pronóstico. La apoplegía leve se cura con facilidad; pero, por el con- trario, la apoplegía fuerte produce en ocasiones una muerte instantánea, si bien comunmente no es seguida de tan funesto efecto hasta, pasados tres ó cuatro dias. Raro es que llegue al octavo ó nono dia sin que entonces se opere una mejoría más ó menos notable, que consiste en la vuelta del habla y de la inteligencia; pero seme- APOPLEGIA 175 APOPLEGIA jante mejoría no en todos casos los es señal de la curación completa. La pérdida de la memoria, el debilita- miento ó abolición completa de las facultades intelectuales, una paráli- sis incurable, la excreción involunta- ria de las materias fecales y de las orinas, tales son las consecuencias que á veces subsisten. Tratamiento. La primera cosa que debe hacerse á una persona que aca- ba de ser atacada de apoplegía, es desnudarla, colocarla en la cama con la cabeza desnuda, bien levantada, y en un cuarto fresco. Conviene aplicar en la frente un paño mojado en agua fria, mezclada con un poco de vina- gre, y renovarlo frecuentemente á fin de que siempre esté frió. Adminís- trese en seguida un purgante confor- me á la receta siguiente: Agua. 180 gramos (6 onz). Sulfato de mag- nesia 60 gramos (2 onz). El enfermo beberá esta purga en dos porciones, con un cuarto de hora de intervalo. Cuando la deglución no puede veri- ficarse, adminístrase la purga entera en lavativa, con la sola diferencia de que el agua en que ha de disolverse el sulfato de magnesia sea templada y no fria. Apliqúense sinapismos en las pier- nas y en los muslos. Si el doliente tuviese constitución robusta, si la cara estuviese hinchada, el pulso fuerte y lleno, se practica una sangría en el brazo, de 360 gra mos (12 onzas) de sangre. Pero si el pulso se manifestara fia- co y la piel fria, en vez de sangrar, conviene, por el contrario, sostener las fuerzas desfallecentes, frotando le cuerpo con bayeta ó cepillo, admi- nistrando la infusión de melisa ó to- ronjil, y de cuarto á cuarto de hora, una cucharada de la pocion siguiente: Agua 120 gramos (4 onzas) Eter sulfúrico. 30 gotas Jarabe simple. 30 gramos (1 onza). Se aplica después un vejigatorio en cada pierna. La dieta será rigurosa el primer día. Como bebida el doliente tomará agua fría, limonada de naranja ó de limón. Al dia siguiente podrá tomar algunos caldos de gallina; más tarde, algunas papillas de tapioca 6 de arrow- root, y no usará de alimentos más sólidos sino después de pasado todo el peligro. Después del ataque de apoplegía, queda, á veces, parálisis en los miem- bros. Esta se combate, friccionando con los linimentos siguientes: 1° Bálsamo de Fioravanti.. 120 gramos (4 onzas). 2" Linimento volátil. Aceite de al- mendras dul- ces 90 gramos (3 onzas). Amoníaco lí- quido. , . 10 gram. (21/2 drac.) Mézclese. 3° Linimento alcanforado, cantari- dado amoniacal. Linimento vo- látil 90 gramos (3 onzas) Alcanfor 12 gramos (3 drac.) Tintura de cantáridas... 30 gotas. APOPLEGIA 176 APOPLEGIA Mézclese siempre que haya de usar- le. Hácense dos fricciones por día, con uno de los anteriores linimentos, so- bre los miembros paralizados. Medios preservativos de la apo- plegía. El individuo predispuesto por au constitución á padecer la apople- gía, ó que ha experimentado ya algu- nos de sus efectos, debe tomar las si- guientes precauciones. Vivir sobria- mente, no hacer uso ni de vino puro, ni de licores espirituosos; no cenar, evitar las emociones súbitas y violen- tas del ánimo; la impaciencia, la cóle- ra; vivir en una tranquilidad que no sea perturbada ni por el temor de mo- rir, ni por las felicidades ó desgracias; abstenerse, después de comer, de todo trabajo intelectual, y suspender toda Ocupación, luego que se sienta pesa- dez en la cabeza; no exponerse á un sol ardiente, ni permanecer en cuar- tos ó lugares demasiado calientes, en las grandes reuniones, como teatros, etc.; habitar en lugares fríos de pre- ferencia á los calurosos; no hacer uso de baños fríos sino de baños templa- dos; usar vestidos anchos ú holgados, y sobre todo no traer el cuello apre- tado; dormir con la cabeza alta; evi- tar los excesos venéreos, principal- mente después de comer; no entre- garse á ningún ejercicio violento, co- mo el de correr, valsar, etc.; pero le aprovecharán cortos paseos diarios á pié ó en carruaje; el vientre debe con- servarse arreglado por medio de pur- gantes, ó de lavativas sencillamente; tratará de conservar los pies calien- tes y la cabeza fresca. Si el indi vi- dúo es propenso á hemorroides, debe respetar esta evacuación, y aplicar sanguijuelas en el ano, dado caso de que la evacuación se interrumpiera. Preciso es recurrir á la sangría del brazo, si un ataque pareciese inmi- nente. Apoplegía pulmonar, Los pul- mones pueden ser espotáneamente sitio de derrames sanguíneos, que pre- presentan grande analogía con los del cerebro. Se dio á esta afección el nombre de Apoplegía pulmonar, y semejante expresión está justificada no solo por las lesiones anatómicas, sino también por la manera de inva- dir el mal, que viene, á veces, súbita é instantáneamente. Síntomas. Por lo común la dolen- cia principia por opresión, dificultad de respirar, por dolores más ó menos agudos en el pecho; el doliente tose y es- cupe sangre. Los exputos son tan abun- dantes, que la sangre sale á borboto- nes, y á veces en tan gran cantidad, que parece ser vomitada. Al mismo tiempo la sangre corre de la boca y de las narices. Pero estas graves he- morragias no tienen lugar sino cuan- do el pulmón está ya desorganizado en grande extensión. En estos casos, la dolencia acomete en general de un modo súbito; los dolientes arrojan san- gre á bocanadas y sucumben en al- gunos instantes: entóúces se dice que la apoplegía es fulminante; pero, afor- tunadamente, estos casos son muy ra- ros. La cantidad de sangre expecto- rada en 24 horas es de 60 á 120 gra- mos (2 á-4 onzas). Si la dolencia ha de terminar feliz- APOQUINDO 177 APOQU1NDO mente, la cantidad de sangre expec- torada disminuye de dia en día, y des- aparece al cabo de un tiempo varia- ble. La sangre suele ser por lo común de color rojo más ó menos subido. S la dolencia es leve, no hay fiebre. La apoplegía pulmonar no puede ser confundida con la pneumonía, en la cual existe fiebre, y los esputos son de color de ladrillo. Causas. La plétora, la impresión del frió, la supresión del flujo mens- trual ó hemorroidal, son consideradas como las causas comunes de la apo- plegía pulmonar; no obstante, la ma- yor parte de las veces esta dolencia depende de algún obstáculo en el curso de la sangre, obstáculo que ca- si siempre reside en el corazón. Tratamiento. I-'reciso es aplicar in- mediatamente sinapismos en las pier- nas y muslos, y administrar de hora en hora una cucharada de la siguien- te pocion: Agua 90 gram. (3 onz.) Tártaro estibiado. 30 cent. (6 gran.) Jarabe simple.... 30 gram. (1 onz.) En los intervalos de la pocion, se dará á beber limonada de limón fría. Si los esputos no cesaran, adminís- trese el segundo dia la bebida si- guiente: Agua 500 gram. (16 onz.) Nitro 15 gram. (4 drac.) Jarabe de vina- gre 60 gram. ( 2 onz.) El enfermo tomará una taza de es- ta bebida de dos en dos horas. Para los casos ménos graves, véase Esputos de sangre. Apoquindo, Chile. Aguas salinas frías. El establecimiento dista 2 kiló- metros de Santiago, capital de Chile, y está situado á 799 metros sobre el nivel del mar. Las aguas son traspa- rentes, sin olor, de un sabor desagra- dable; se desprende de ella gas ázoe. Cuatro vertientes de estas aguas nacen unas cerca de otras y se llaman: Agua de la Cañita, 23°, 10 de temperatu- ra; Agua del Litre, 23°,33; Agiza de la Piedra, 17°,66; y Agua de Fierro, 19°,50. Las tres primeras, recogidas en estanques con márgenes de ladiillo, destinadas para la bebi- da, pasan á otros receptáculos de ma- yores dimensiones cuyo destino es el de baños. De estos receptáculos son llevadas por caños de hierro á las pi- las de mármol colocadas en cuartos pequeños. El agua destinada á baños, se calienta en una caldera que comu- nica con las pilas por tubos de hierro. Los cuatro manantiales dan en 24 horas 68,664 litros, cantidad suficien- te para administrar 343 baños diarios. Según la análisis hecha por D. Ig- nacion Domeyko, honorable Rector de la Universidad de Santiago, la fuente Piedra contiene por litro lg.,50 de sales; la fuente Litre, 2g.,49;.la fuente Cañita, 3g.,43. Las sales contenidas son: sulfato de cal; cloru- ros de sodio, de calcio, de potasio, de magnesio; óxido de hierro y alúmina, ácido fosfórico. La fuente conocida con el nombre de Fierro no contiene el hierro en mayor proporción que las otras. Seis litros de agua de Apoquin- do ensayadas en el aparato de Marsh, no dieron al Sr. Domeyko ningún vestigio de arsénico. AQUISGRAM 178 ARAMAYONA E1 establecimiento balnearde Apo- quindo contiene vastos y cómodos edi- ficios y una buena fonda. También hay casas pequeñas para aquellas fa- milias que prefieren tener cocina á su servicio particular. Tiene la ventaja de estar cerca de la capital, y ofrece una magnifica perspectiva sobre el dilatado llano de Santiago. Las aguas del Apoquindo se em- plean en bebida y en baños para las enfermedades siguientes: infartos del hígado y del bazo, escrófulas, reuma- tismos, parálisis, enfermedades cutá- neas, neuralgias, leucorreas y otras muchas más. Apostema, V. Absceso. Aquisgram. (Aix-la-Chapelle ó Aac/ien) Prusia. Aguas sulfurosas, cloruro-sódicas, calientes. Por 50 francos y en 10 horas y media se va desde París á Aix-la-Chapelle. Aquisgram, ciudad de la Prusia re- nana, contiene cerca de 70,000 habi- tantes. La fuentes minerales tienen su nacimiento dentro de la ciudad. So- bre todo, son aguas sulfurosas, en nú- mero de seis principales que confor- me á su situación fueron divididas en superiores é inferiores, ó altas y bajas. Las altas son: la fuente del Empera- dor, la fuente Buchel, y la de San Quirino. Las inferiores: la fuente del baño de la Rosa, la fuente de San Cornelio y la antigua fuente de los Bebedores. La temperatura de estas fuentes varía de 44° á 55°. Poseen un fuerte olor de gas hidrógeno sulfú- reo. Mil gramos de agua, de la fuente del Emperador, contienen según Lie-1 big 4g., 10190 de sustancias fijas; es- to es, se componen de cloruro, bro- muro, ioduro, sulfuro de sodio; carbo- nato de sosa, de cal, de magnesia, de hierro, de manganeso (vestigios); de fitina; carbonato de estronciana, sul- fato de potasa y de sosa; sílice, sustan- cias orgánicas; y vestigios de fosfa- to de alúmina, de cloruro de calcio y de amoníaco. Contienen también los gases siguientes: ázoe, ácido carbóni- co, hidrógeno carbonatado, hidrógeno sulfurado. Las aguas de Aquisgram se emplean en bebida, baños, -duchas y baños de vapor. Como bebida se toman en ayunas, tres ó más vasos por dia, un vaso de cuarto en cuarto de hora. Pre- ciso es vigilar cuidadosamente la in- fluencia que ejercen sobre la circula- ción de la sangre, y hacer frente á Ion primeros síntomas de una excitacios exagerada. Las duchas son, por lo co- mún, seguidas de fricciones secas ó de amasamiento. Las aguas de Aquisgram se emplean especialmente contra las afecciones crónicas de la piel, úlceras, heridas por amias de fuego, fístulas, tumores blancos, cáries, necrosis, reumatismo y parálisis. La estación de baños prin- cipia el 1° de Mayo y se termina el Io de Octubre. Duración de la cura de 20 á 25 dias. Aracuítis ó Aracnoidítis, V. Me- ningitis. Aramayona, España, á cuatro le- guas y media de Victoria, capital de la provincia de Alava. Aguas sulfuro- sas frías: de 12° centígrados de tem- peratura. Son trasparentes, de olor de huevos podridos. Se emplean en ba- ARAÑA 179 ARAÑAZO ños y bebida en las enfermedades cu- táneas y en las laringitis crónicas. El establecimiento contiene 13 pilas de jaspe, duchas y aparatos de inhalación. Los bañistas pueden hospedarse en la fonda inmediata al establecimiento ó en las casas particulares. El viaje de Ma- drid á Victoria se hace por ferrocarril; y en la estación de Victoria hay coches del establecimiento, que llegan al lu- gar de los baños en dos horas y me- dia. Araña. Género de insectos muy conocido, y que por su forma desagra- dable inspira generalmente disgusto ó repugnancia. El estudio de estos animales es de los más interesantes. ¡Quién ignora la industria con que la araña teje su tela, tan admirablemen- te apropiada á sus astutas intencio- nes! ¡Qué presteza en el combate, qué habilidad en el trabajo! Algunas hembras, después de haber consegui- do las caricias del macho, lo devoran, si no se apresura á salvarse por medio de la fuga. Todas las arañas tienen debajo del vientre aberturas que comunican con los órganos de la respiración; todas tienen un corazón y vasos, y de seis á ocho ojos brillantes; dos mandíbu- las con dos palpos que les sirven para coger los' alimentos, ocho patas, el abdomen oval y sin cola; bajo la ex- tremidad superior del palpo movedizo de las mandíbulas tiene una pequeña abertura para dar salida al veneno; y bajo el abdomen, cerca del ano, figu- ran pequeñas eminencias con gran número de agujeros, de los cuales este animal saca hilos de tenuidad extremada, y cuya sustancia se halla contenida en los receptáculos inte- riores. Existen muchas especies de arañas; la mayor parte habitan en las matas; algunas de ellas son acuáticas. No es raro ver personas picadas por las ara- ñas, pero sus mordeduras no son pe- ligrosas, aunque á veces produzcan dolor seguido de rubicundez y de hin- chazón. Lo que se cuenta de una espe- cie que se encuentra en Italia, y se lla- ma tarántula, es fabuloso. La tarán- tula tiene una pulgada de largo, y el vientre rojo, atravesado por una raya negra. Existen algunas variedades de ella. Algunos autores han dicho que los individuos picados por la tarántula eran atacados en seguida de una afec- ción nerviosa, llamada tarantismo, cuyo carácter distintivo era un deseo insaciable de danzar. Para curar la dolencia no habia más que un reme- dio, el recurrir á la música. Al com- pás de esta, el doliente se entregaba con furor á la danza, hasta que caia jadeante de fatiga y bañado de sudor; entonces quedaba curado. Se sabe hoy que este, efecto maravilloso es pura invención, la cual hasta los mismos nacionales no creen. Lo que parece haber dado lugar á semejante fábula es que el tarantismo fue confundido con la tarantela, nombre que lleva una danza napolitana. El tratamiento de las picaduras de araña, consiste en lavar la mordedura con agua fria, y echar en ella una ó dos gotas de amoníaco líquido. Arañazo, araño. Los arañazos son heridas más pequeñas aún que las ARCILLA 180 ARCILLA desolladuras. Por lo general suelen hacerse con puntas de alfileres ú otro cuerpo agudo, como las uñas del gato, etc. Regularmente se curan por sí mismas. Si se inflaman, recúrrase á los baños 6 lavatorios con agua tibia, y á las aplicaciones de hilas empapa- das con cerato. Aráquida. V. Cacahuete. Arbol de la cera. V. Carnauba. Arbol del pan 6 Artocarpo. Ar- tocarpus incisa, Linneo. Artocárpeas (fig. 15.) Arbol grande, de 13 á 14 metros de altura, que sobre todo abun- da en la Oceanía y se encuentra tam- bién en la América meridional. Los frutos son globulados, y á veces al canzan hasta 30 centímetros de diá- metro; son verdosos por fuera, y ama- rillentos cuando maduran; contienen, en medio de una pulpa farinácea, de 40 á 60 simientes. Pero la pulpa fa- rinácea es la que constituye la parte más importante del fruto, pues se come con manteca como el pan, des- pués de asada en el horno, y esto án- tes de su completa madurez. Es un alimento sano y agradable. Encierra gran cantidad de almidón, y podría servir para hacer pan. La segunda corteza del árbol, golpeada y prepara- da, sirve para hacer tejidos. Es un vegetal, si no el más precioso, al me- nos uno de los más importantes para los habitantes de las islas del Océano Pacífico. Forma la base de la alimen- tación de muchos pueblos. Arcilla. Tierra pegajosa, blanda y dútil. Incorporada con agua, se en- durece al fuego y sirve para la fabri- cación de vasos. Las arcillas son com- binaciones, en variable proporción, de sílici, de alúmina y de agua, á veces puras, otras mezcladas con carbonato de cal, de magnesia, silicato de cal, óxido de hierro, etc. Son untuosas, y frotadas con la uña adquieren cierto pulimento. Las arcillas sirven para la confección de muchos objetos, desde los más comunes, como ladrillos y te- jeas, hasta los más estimados, como la porcelana. Esparcidas con profu- sión por la superficie de la tierra, don- de se encuentran en capas espesas, las arcillas forman frecuentes colinas, las cuales notables por no presentar- escarpaduras, y sonde una esterilidad completa. Hay varias especies de ar- cillas. Una de ellas sirve principal- mente para quitar á los paños de lana el aceite empleado en su fabricación. Países hay en los cuales la arcilla suple al jabón para la limpieza de la ropa. Quítanse con facilidad las man- chas grasicntas del suelo cubriéndolas con arcilla disuelta en agua. El kao- lín de los Chinos es la arcilla que re- sulta de la descomposición del felds- pato; se encuentra á menudo en los países que tienen montañas graníti- cas. La arcilla plombagina es la ar- cilla mezclada con betún y carbón; se emplea en la fabricación de los criso- les empleados en la fundición del ace- ro.-La arcilla, estando saturada de agua, se hace impenetrable á este lí- quido; esta propiedad de la arcilla es la que torna á veces excesivamente húmedos ó anegadizos ciertos terre- nos; un banco de arcilla, muy cercano á la superficie del suelo, ocasiona de- pósitos de agua en los campos, porque ARCHENA 181 ARECHAVALETA el agua, no pudiendo penetrar más abajo, queda sobre la capa arcillosa hasta evaporarse. Archena. España, villa de la pro- vincia de Murcia, distante 5 leguas y media de la ciudad de este nombre. Aguas salinas y sulfurosas calientes. Son claras, de olor sulfuroso, de sabor un tanto salado; sueltan burbujas de gas ácido carbónico y sulfhídrico. Su temperatura es de 5.2° centígrados. Las aguas de Archena, célebres desde el tiempo de los Romanos, son abun dantes y contienen, por litro, 44 cen- tigramos de sustancias fijas, que son: cloruros de sodio y de magnesio; sul- fates de sosa y de cal; sílice. Em- pléanse como bebida y en baños en las afecciones sifilíticas constituciona- les, reumatismos y enfermedades cu- táneas. El establecimiento balneario contiene 40 pilas de mármol para hombres y 18 para señoias, piscinas y estufas. Está situado á 7 kilómetros de la villa de Archena. Los bañistas encuentran allí un excelente hospeda- je, medios de diversión y recreo, y lindos jardines para pasearse. El pre- cio del hospedaje varía entre 20 y 40 reales por dia, comprendida la manu- tención y el cuarto; los baños se pa- gan á razón de 5 á 7 reales cada uno. Los baños comunes son más bara- tos. De Madrid á Archena se viaja por ferrocarril en 14 horas, y de este pun- to al establecimiento en coches com- binados con los trenes. La estación termal dura desde el mes de Abril á fines de Octubre. Los baños de Arche- na han sido muy frecuentados en to- do tiempo, y actualmente más que nunca. Ardor de orina. Cualquiera que sea la causa del ardor sentido al tiem- po de evacuar la orina, el doliente de- be sentarse im baño de agua caliente, y permanecer en él media hora, una y aun más tiempo. Estos baños ca- lientes de larga duración, repetidos dos veces al dia y continuados duran- te algunos dias, son el medio mejor de combatir este padecimiento. Preci- so es también beber todos los dias dos ó tres tazas de infusión de linaza, friccionarse el vientre con aceite al- canforado, evitar los excesos en an- dar, en la equitación, abstenerse de comidas muy salpimentadas y del vino puro, beber limonadas de frutas agrias ó agua natural, y usar de alimentos vegetales con preferencia á los anima- les. El ardor de la orina acompaña muchas veces á la blenorragia; los me- dios que aprovechan en esta dolencia curan también los ardores de la orina (V. Blenorragia). Si los ardores de orina se resisten á todos los medios indicados, apliqúense de seis á diez sanguijuelas entre ambas vías. Arechavaleta. España, provincia de Guipúzcoa. Aguas salinas y sulfu rosas, frias; 16° centígrados de tem peratura. Son trasparentes, de olor á huevos corrompidos, y de gusto sulfu- roso salado. Un litro contiene 2 gramos 43 centigramos de sustancias fijas. Estas son: sulfatos de cal, de sosa, de magnesia; carbonates de cal y de mag- nesia; sílice; cloruros de sodio, de mag- nesio y de cal; gases, ácido carbónico y ácido sulfhídrico. Los baños están ARENILLAS 182 ARENILLAS situados cerca de la villa, y se em- plean sobre todo en las enfermedades cutáneas. El establecimiento consta de dos edificios: uno para habitación de los bañistas; el. otro .destinado á los baños, que están bien dispuestos y se toman en pilas de mármol'. El viaje de Madrid se hace hasta Victoria en ferrocarril, y de esta ciudad al es- tablecimimiento balneario en diligen- cia, que salva la distancia en 4 horas. La estación de baños dura del 1° de Junio á fines de Setiembre. Arenillas. Se da el nombre de arenillas á la dolencia producida por pequeñas concreciones semejantes á la arena, ó pequeñas pedrezuelas que se forman en los riñones, llegan á la vejiga, y son expelidas con las orinas. Las arenillas son de diversas espe- cies: hay arenillas rojas, blancas, ceni- cientas, amarillas, cristalinas, etc. La causa principal de las arenillas rojas, que de todas son las más comu- nes, consiste en la alimentación de- masiado suculenta- y principalmente compuesta de carnes. La formación de estas arenillas es favorecida por el uso de los vinos generosos, bebidas alcohólicas, falta de ejercicio, trabajos de bufete, costumbre de no beber el agua suficiente, ó conservar por mu- cho tiempo las orinas en la vejiga. Estas arenillas son formadas por el ácido úrico. Las arenillas blancas y cenicientas provienen de causas idén- ticas. Las arenillas amarillas, en cuya formación entra el oxalato de cal, pro- ceden del excesivo uso de los tomates y de las acederas, sustancias que con- tienen ácido oxálico. Sintomas. El ataque de las areni- llas llega generalmente precedido de comezón ó de entorpecimiento de los riñones; de orinas de color cerrado, ó que dejan posar al cabo de una ó dos horas un sedimiento rojizo; después las arenillas son expelidas con las ori- nas, á veces sin dolores, pero en al- gunos casos con impresión de calor en el canal de la uretra, ansiedad, insom- nio y fiebre.-Al cabo de un tiempo más ó ménos largo, conforme al régi- men de los dolientes, las arenillas vuelven á formarse, y aparecen nue- vos accidentes. Los dolores de los riñones se hacen más agudos y adquie- ren una violencia insoportable: el en- fermo siente el descenso de las areni- llas á la vejiga. Manifiéstanse fre- cuentes deseos de orinar; uno de los testículos se encoge; se declaran ca- lambres en los miembros inferiores, náuseas y vómitos; el doliente no pue- de andar ni tenerse de pié; el menor movimiento le causa dolor; experi- menta una agitación extrema: en fin, después de uno ó dos dias de padeci- mientos, cesan todos' los accidentes por ensalmo, lo cual señala la llegada del cálculo á la vejiga. Entonces este cálculo penetra en el canal de la ure- tra, intercepta más ó ménos el paso de las orinas, y al cabo eé arrastrado por . ellas y expulsado con mayor ó menor fuerza. Esta série de acciden- tes se reproduce siempre que un nue- vo cálculo sale de los riñones y cami na por las vías urinarias. Acontece algunas veces que el cálculo se fija en la, vejiga y se convierte en núcleo de una piedra; otras veces.se detiene ARENILLAS 183 ARENILLAS en el canal de la uretra, y entonces reclama el empleo de medios quirúr- gicos. Tratamiento. Hay cuatro indica- ciones en el tratamiento de las areni- llas: 1" disminuir la cantidad de ácido úrico formado en los riñones; 2" au- mentar la secreción de las orinas; 3o impedir la consolidación del ácido; 4o formadas ya las arenillas, favore- cer su evacuación ó tratar de disol- verlas. Para cumplir la primera de estas indicaciones, necesario es disminuir los alimentos, y sobre todo cambiar la naturaleza de ellos; esto es, sustituir el régimen animal por el uso de los vegetales; como pan, legumbres, ha- rina, arroz, patatas, etc. Tomando estas precauciones desde el principio, se puede impedir el desarrollo del mal sin el auxilio de otros medios. Beber agua en gran cantidad, ó be- bidas que tengan por base este líquido, tal es el mejor medio de satisfacer la segunda indicación. Para aumentar la eficacia de estas bebidas, se las podrá impregnar de sustancias diuréticas; ta- les son: los cocimientos de grama; la infusión de parietaria, de bayas de ene- bro, de semillas de lino, rabos de ce- reza, etc. La piedra en la'vejiga es muy rara en aquellos países en que los habitantes beben mucha agua, cuando es de buena calidad. Para impedir la consolidación del ácido úrico, se le debe saturar con álca- lis que pudan entrar em combinación con él y facilitar su disolución por las orinas. De todas las preparaciones al- calinas, la que posee mayor eficacia es el bicarbonato de sosa. Adminístra- se en la dosis de 8 gramos (2 drac- mas) por dia, en un poco de agua, ó en alguno de los cocimientos diuréti- cos que dejamos antes indicados. Su uso debe ser seguido hasta que des- aparezcan todos los vestigios de las arenillas. He aquí la receta: Bicarbonato de sosa. 30 gr. (1 onz.) Divídese en 8 papeles. Para tomar un papel por la maña- na y otro por la noche, en una taza de agua fria con azúcar. A fin de favorecer la expulsión de las arenillas que pueden estar en el fondo de la vejiga, cuando el cuerpo ha permanecido en reposo algunas horas con el sueño, bueno es, al levantarse de la cama, pasearse un poco por el cuarto antes de orinar. Las personas que padecen de arenillas no deben orinar estando acostadas. Todos estos medios favorecen la evacuación, la disolución de las areni- llas, y son poo consiguiente, los que hacen parte de la cuarta indicación: los baños, los paseos á pié, a caballo y en coche, también aprovechan. Cuan- do el cálculo irrita considerablente los riñones por su presencia, y produce, al pasar por los canales de las vías urinarias, dolores ú otros síntomas graves de los arriba indicados, preciso es someterse á una dieta rigurosa, to- mar baños templados prolongados, y aplicar la cataplasma de harina de linaza en el lugar dolorido. Cuando el cálculo se para en el ca- nal de la uretra é impide el paso de las orinas, preciso será extraerlo por medio de las pinzas ó por otro medio quirúrgico. ARENQUE 184 AREÓMETRO Del mismo modo se tratan todas las especies de arenillas; en cuanto á las amarillas, basta suspender el uso de los tomates y de las acederas para hacerlas desaparecer. Arenosillo. Aguas sulfurosas sali- nas, frias, de 23° centígrados de tem- peratura. Están situadas en España á siete leguas de Córdoba, capital de la provincia, y á una legua de Monto- ro. El agua es trasparente, de olor de huevos podridos, sabor sulfuroso. Contiene cloruro de sodio, de calcio, de magnesio, de hierro; carbonato de calcio y silicato de potasa; ácido sul- fhídrico y ácido carbónico. Se emplea en baños y bebida, contra las enfer- mades cutáneas. El viaje se hace por ferrocarril de Madrid á Montoro, y en carruaje de Montoro á Arenosillo. Arenque. Clupea harengus. Gé- nero de peces que tienen por caracte- res: cuerpo largo, vientre cortante, la cabeza igual á un quinto de la total largura, el sub-opérculo redondeado, lo que distingue el arenque de la sar- dina; las mandíbulas, la lengua y los huesos palatinos están guarnecidos de finísimos dientes. El arenque es verde azulado en el lomo, blanco en los costados y el vientre, y con el cuer- po todo cubierto de un brillo metáli- co; el color verde del dorso se vuelve azul después de muerto el animal. Los arenques habitan el Océano bo- real. Su fecundidad es pasmosa. Son peces de arribada: cada año, en el mes de Marzo, sus innumerables cua- drillas descienden del mar polar ha- cia las costas de Inglaterra y Francia, en donde se hace su pesca desde el 15 de Octubre hasta el 15 de Diciem- bre. Los arenques frescos se deben comer en el mismo dia de pescados. A los arenques para salazón, se les quitan el estómago y los intestinos por una incisión en la garganta; des- pués se cubren de sal y se meten en bañiles; hecho esto, se libran al co- mercio. A los arenques con destino á ser curados al humo, no se les sacan las tripas; después de salados se ex- ponen al humo en las chimeneas pa- ra acabar de secarlos. El arenque es buscado como ali- mento, especialmente á causa de su abundancia y precio módico; su pesca es una de las industrias europeas más lucrativas, y que emplea mucha gen- te. La pesca se hace con redes de 1,000 á 2,000 metros de largura. Areómetro. Instrumento pequeño, generalmente de vidrio, que sirve pa- ra valuar la densidad de los líquidos en que se sumerge, y para dar. por consiguiente, indicaciones útiles sobre la naturaleza, ó saber el estado de pureza de dichas sustancias. Confor- me á los usos á que se destina, toma los nombres de pesa-ácidos, pesa-sa- les, pesa-jarabes, cuando está con- sagrado á dar la densidad de los lí- quidos más pesados que el agua; y se le llama pesa-licor, pesa-espíritu, pe- sa-alcohol, cuando se emplea para los líquidos menos densos. Los areómetros más comunmente usados constan de un tubo hueco de vidrio, que en su parte inferior lleva una esfera también hueca, y es ter- minado por un vaso cónico ó una es- fera más pequeña, llena de mercurio AREOMETRO 185 AREOMETRO ó de plomo, que sirve de lastre, á fin de que el instrumento fluctuante tome la posición vertical; una tira de papel, con esmero pegada en el interior del tubo, tiene las divisiones que marcan los diferentes puntos de inmersión del instrumento. Areómetro de Baumé, para los líquidos más densos que el agua. Consiste en un tubo hueco de vidrio de dos líneas poco más ó ménos de diámetro, terminado inferiormente por dos ampollas ó dilataciones esferoides, siendo la última más pequeña para contener el lastre de plomo ó de mer- curio. Estando abierta la extremidad superior del tubo, se sumerge el ins- trumento en agua destilada y se va echando el plomo en granos ó el mer- curio poco á poco hasta que el ins- trumento se sumerja al punto de que- dar solamente fuera del agua la ex- tremedidad superior; entonces se mar- ca en el vidrio. Se saca el instru- mento, se prepara una solución de 15 partes de sal común, con 85 de agua destilada, y después de reducir esta solución á la misma temperatura que la del agua destilada que se empleó, sumérgese en ella el instrumento, que entonces desciende ménos, por razón de ser el agda salada más densa que el agua pura; márcase en la varilla de vidrio el nuevo punto de la inmer- sión; se toma con un compás la dis- tancia entre ambas marcas, traslá- dase á una tira de papel, desígnase con un cero el punto superior con el núm. 15 el punto inferior, y se divi- de el intervalo en 15 partes iguales, que se denominan grados. Compléta- se la escala, toda descendente, au- mentando tantos más grados cuantos admita la extensión del tubo hasta la primera dilatación ó ampolla.' Hecho erto, y dividida así la tira de papel, introdúcese en el tubo, y se fija con lacre de modo que el cero (0) de la escala corresponda á la primera mar- ca del tubo de vidrio; el cual se cie- rra arrimando su extremidad á la lla- ma de un soplete. Areómetro de Cartier, para los líquidos más leves que el agua (pe- sa-espíritu^ pesa-alcohol). El lastre debe ser 'tal que, sumergido el ins- trumento en una solución de 10 par- tes de sal común en 90 de agua, to- da la parte cilindrica quede fuera de la superficie del líquido. Este punto es el cero de la escala; el otro pun- to, ó el que se marca por su in- mersión en el agua destilada, será el 10° de la escala; divídese el in- tervalo de ambas marcas en diez par- tes iguales. Desde aquí arriba con- tinuará la misma división hasta el to- pe de la varilla. Existe también un areómetro de Baumé para los líquidos más ligeros que el agua, pero no es más que una modificación del de Cartier. Los dos instrumentos tienen idéntica forma, y en ambos se toma el mismo punto para el cero de la escala; pero el es- pacio que en Ja escala de Cartier está dividido en 30°, en la de Baumé lo está en 32. Areómetro de Gay-Lussac, areó- metro centesimal ó alcoholó metro (fig. 16). Este areómetro indica con ARGENTONA 186 ARNICA precisión la cantidad de alcohol puro contenido en un líquido, cualquiera que fuere su volúmen; así el aguar- diente que marca 60 grados, contiene 60 por 100 de alcohol puro; este areó- metro es el que en las aduanas sir- ve para calcular los derechos que deben pagar los líquidos espirituosos. En cuanto á su forma, el areómetro centesimal es como el común de los instrumentos de su clase, en el cual la temperatura de 15" centígrados sir- vió de base para la graduación de la es- cala; divídese esta en 100 paites ó gra- dos desiguales en largura. El 0 corres- ponde al agua destilada, el núm. 100 alalcoholabsoluto, ylos números inter- medios á las diversas mezclas de agua con alcohol. Cada una de ellas tiene la densidad que le corresponde, y en estas diferencias de densidad está ba- sado el uso del alcoholómetro. Como las variaciones de temperatura aumen- tan ó disminuyen el volúmen íde los líquidos, y por tanto su densidad, las indicaciones del alcoholómetro solo son exactas tomadas en la tempera- tura en que el instrumento fue gra- duado, esto es, á 15 grados [centígra- dos. Hay tablas destinadas á hacer las correcciones conforme á las diver- sas temperaturas. Argentona. Aguas acídulas ferru ginosas, frías, situadas en España, á cinco leguas de Barcelona, y á una legua de Mataré. ' El agua brota en un pozo, cerca del cual se ha cons- truido una fuente; es clara, de sabor acídulo, sin olor perceptible, de 16° centígrados de temperatura. Se usa en bebida contra las gastralgias é in-11 ' gurgitamientos del hígado y del bazo. - El viaje se hace de Barcelona á Ma- taró por ferrocarril, y de Mataré á Argentona en carruaje. Arnedíllo. Aguas salinas calien- tes, en España, en la provincia y á seis leguas de la ciudad de Logroño. Las aguas son limpias, trasparentes, • sin olor, de sabor ligeramente salado, i de 52° centígrados de temperatura. - Contienen, por litro, 7 gramos y 83 ■ centigramos de sustancias fijas, que ■ son: cloruros de sodio, de potasio, de • amonio; sulfates de cal, magnesia y sosa; carbonates de cal, de sosa y de hierro; alúmina, sílice, litio y gas áci- do carbónico libre. Se emplea en .be- bidas y baños, en las enfermedades siguientes: reumatismos crónicos, go- ta, parálisis, rigidez articular, sifíli- des, esciática, escrófulas, ingurgita- mientes del hígado y del bazo. El es- tablecimiento contiene la fuente mi- neral, dos salas donde se bebe el agua, dos estufas, cuartos para baños y du chas; también hay habitaciones para' los bañistas. En la fonda hay buen servicio á precios económicos. Las personas que no quieren vivir dentro del establecimiento encuentran en la localidad casas amuebladas ó de hués- pedes para alquilar.-El viaje se ha- ce por el ferrocarril de Madrid á Ca- lahorra, y en diligencia, que emplea dos horas, desde Calahorra al estable- cimianto balneario, el cual desde mu- chos años atras goza de gran reputa- ción entre los habitantes de las pro- vincias convecinas. Arnica, Tabaco de montaña, Ar- nica montana, Linneo. Sinantéreas AROMATICAS 187 ARRAYAN senecionídeas. Planta europea; crece en las provincias españolas de Estre- madura, Galicia, Astúrias y otros pun- tos. Florece de Junio á Agosto. Ta- llo de un pié de altura. Hojas de co- lor verde claro por debajo; flores ama- rillas; raíz horizontal, denegrida por fuera, blanca por dentro; su sabor es amargo y su olor fuerte y aromático. Es aconsejada interiormente en las fiebres graves y en los reumatismos. En alta dosis provoca vómitos y de- yecciones alvinas. Si la dosis es bas- tante fuerte, se manifiestan vértigos, calofríos, movimientos involuntarios en las piernas, debilidad en los bra- zos; la piel toma un color pálido, y el pulso se hace débil y lento. Sus efec- tos se asemejan á los producidos por algunas plantas narcóticas acres. Es remedio popular contra las caídas y las contusiones. Por lo común suele administrarse en forma de tintura, que se da interiormente en la dosis de 20 gotas en media taza de agua azucarada. Para el uso externo, se mojan unas compresas en esta tintu- ra, y se aplican en las partes con- tusas. Aromáticas (Sustancias). Esta expresión deriva del nombre griego aromd, perfume. Se llaman así cier- tas sustancias sacadas, en su mayor parte, del reino vegetal, y dotadas de olor fuerte más ó ménos agrada- ble. Las sustancias aromáticas se en- cuentran en uso como medicamentos, condimentos, ó como cosméticos. Como medicamentos, las sustan- cias aromáticas son estimulantes, y se emplean en las dolencias caracteriza- das por la debilidad. Como condimentos,- tomadas con moderación, favorecen las digestiones. Como cosméticos, son á menudo empleadas, á causa de la suavidad del olor. Las emanaciones fragantes, tales como la esencia de rosa y el al- mizcle, molestan á muchas personas, y producen á veces dolor de cabeza, náuseas y desmayos. Las sustancias aromáticas más es- timadas, y de las cuales se hace ma- yor uso, son: entre los vegetales, es- pliego, romero, menta, toronjil, salvia, flor de naranja, angélica, perifollo, canela, rosa, nuez moscada, macias, vainilla, clavillo, cascarilla, hinojo, pi- mienta. anis, cortezas de naranja, de limón, enebro, incienso, mirra, benjuí, estoraque, etc. El reino animal úni- camente produce un corto número de sustancias aromáticas: las más esti- madas son el ámbar gris y el almizcle. Aromáticos (Baños). V. Baños. Arrayan, Mirto, Murta. Myrtus communis, Linneo. Mirtáceas. Ar- busto ó árbol que se cultiva en los jardines de España, en las Antillas y la América meridional, así como tam- bién en otros países cálidos. Es un árbol de tronco derecho, dividido en numerosos ramos. Hojas opuestas, ca- si sésiles, pequeñas, ovales lanceola- das, enteras, lisas por ambos lados, de color verde oscuro, firmes, siempre ver- des, persistentes, de olor fuerte y agradable cuando son estregadas; flo- res blancas, solitarias en el áxila de las hojas; fruto, bayitas globulosas, de color verdinegro, >de oler aromático. ARROZ 188 ARSÉNICO Antiguamente se preparaba con las hojas de arrayan una agua destilada, llamada agua de ángel, que tenia gran uso como cosmético. En algu- nos países, con las hojas de esta plan- ta pulverizadas. Se acostumbra espol- vorear la herida pequeña que se ma- nifiesta después de la caída del cor- don umbilical en los niños, cosa muy conveniente y racional. Arrowroot. Fécula que se extrae de la raíz de muchas plantas de la familia de las Amómeas, y sobre todo de la Maranta arundinacea, Linneo, natural de las Antillas, y cultivada en algunas partes de la América me- ridional, entre otras el Brasil. Esta fécula constituye un alimento analép- tico, que principalmente conviene á los enfermos y convalecientes. Arroz. Oryza sativa, LinneoJ Planta de la familia de las Gramíneas, cuyas simientes constituyen el arroz. Originario de la China, se halla hoy esparcido por todas las regiones inter- tropicales, y en algunos países de Eu- ropa; entre los de este continente ci- taremos en España las provincias de Valencia y Murcia, donde se cosecha en abundancia y de excelente canti- dad. Al arroz le gustan los terrenos bajos é inundados; hay, no obstante, una calidad conocida por el nombre de arroz seco, que se da bien en los terrenos enjutos cuando, apénas na- cido, su desarrollo es favorecido por las lluvias. En los países en que él no puede prosperar, y en que se cul- tiva la especie que necesita de terre- nos anegadizos, los arrozales se con- vierten en focos de emanaciones de- letéreas, y ocasionan fiebres graves. Por consiguiente, es importante para la salud pública que la cultura del arroz se halle distante de las habita- cioness. Según la análisis química, el arroz es una* semilla que contiene gran cantidad de almidón, pero casi nada de gluten, por lo cual no puede servir, como el trigo, para la fabrica- ción del pan; sin embargo, puede mezclarse con la harina común, y no por eso la masa del pan se altera de un modo notable. La Academia de Medicina de Paria examinó hace al- gunos años un pan en que entraba una sexta parte de harina de arroz. Este pan fue juzgado de óptima cali- dad, de gusto agradable y fácil diges- tión. El arroz es un alimento sano y nu- tritivo; conviene sobre todo á los in dividuos nerviosos. En medicina se emplea el cocimiento de arroz, que se prepara con una cucharada de arroz y 500 gramos (16 onzas) de agua; es una bebida emoliente, que conviene en las diarreas y disenterías. Cocien- do el arroz, y dejándolo de un dia pa- ra otro, y añadiéndole un poco de li- món y azúcar se obtiene una bebida refrigérente y muy á propósito para los países cálidos. El arroz bien coci- do, ó mejor aún su haiina, sirve para la preparación de la cataplasma emo- liente. Por medio de la destilación se obtiene del arroz un aguardiente, llamado arac. Arsénico. Metal de color de ace- ro, brillante cuando su quebradura ha sido reciente; pero que se toma ó em- paña con prontitud expuesto al aire. ARSENICO 189 ARSENICO Se volatiliza al calor del fuego, y ar- de con llama azul, esparciendo un intenso olor de ajo. En el comercio se llama también arsénico, á una sustancia blanca, muy pesada y mucho más conocida que el metal. Esta sustancia es una combi- nación de oxígeno con arsénico metá- lico, y cuyo nombre científico es áci- do blanco de arsénico ú óxido ar- senioso. Se halla en dos estados di- ferentes en el comercio, en polvos y en pedazos, blancos ambos; es de sabor acre y corrosivo, y deja en la lengua un resabio dulce. Es soluble en el agua; y echado en corta cantidad so- bre las ascuas, se volatiliza exhalando un olor muy pronunciado de ajo, lo cual es un excelente medio para re- conocerlo. Este arsénico blanco es un vene- no de los mAs violentos. Cuando está en polvo, puede ser confundido, has- ta cierto punto,' con la sal blanca, el azúcar pulverizado, la harina, etc.; por consiguiente, se debe tener la ma- yor precaución para evitar equivoca- ciones, siempre funestas. El arsénico es empleado en la tintorería, en la fa- bricación del vidrio y en la composi- ción de algunos barnices; entra en la masa de Jos naturalistas empajadores, etc. Se emplea también para matar las ratas, mezclándolo con harina y grasa. Lo repetimos (para que pue- da fácilmente reconocerse la existen- cia de esta sustancia, aun cuando esté mezclada en ínfima cantidad con otras materias), que, echándolo en las as- cuas, ya el arsénico puro, ya en com posición con otras sustancias, estas ex- halarán el olor del ajo, de una mane' ra muy característica. Los demas compuestos arsenicales son: Szdfuros amarillos de arsénico. Todos estos sulfuros son venenosos, Entre ellos el sulfuro nativo es el que obra con menor energía: está forma- do por láminas brillantes, translúci- das, doradas, y se conoce generalmen- te con el nombre de oropimente. El que resulta de la acción del ácido sulfhídrico sobre la disolución del áci- do arsenioso, es pulverulento y actúa más enérgicamente. Sulfuro rojo de arsénico ó rejal- gar. Es rojo cuando se presenta en pedazos; reducido á polvo, este tiene el color un tanto anaranjado. Arsenito de cobre ó verde de Schee- le. Esta sustancia, de color verde, pulverulenta, á veces se emplea para teñir confites, lo cual puede ocasionar graves accidentes; está prohibida por los gobiernos como sustancia muy ve- nenosa. El modo de reconocerla en las sustancias sospechosas, ó en caso de accidentes, consiste en la lavadura de esas sustancias; dejando después el líquido en reposo, y echando las 'heces, que tardan poco en formarse, sobre las ascuas, aquellas exhalarán í el olor del ajo, ó se darán á conocer por otros caracteres. Los otros compuestos arsenicales, en los que el arsénico entra en dosis sumamente pequeñas, y son emplea- dos en medicina contra las afecciones de la piel y otras más, son: arseniato de amoniaco, arsenito de hierro, ar- senito de potasa, arseniato de sosa. ARSÉNICO 190 ARTEMISA Todos ellos son en alto grado vene- nosos, y no se usan sino en la dosis de 3 miligramos (1/16 de grano) por dia. También existe en el comercio ba- jo los nombres de óxido negro de ar- sénico y de polvos para matar mos- cas, un mineral de cobalto arsenical, y de él vamos á decir algunas pala- bras. Se sabe que, echando en agua cierta cantidad de estos polvos, se ma- tan multitud de moscas en aquellos lugares en que estos insectos abun- dan. Cuando se emplea este medio, preciso es tener el cuidado de tapar los vasos que contengan alimentos; pues, claro está que si las moscas im- pregnadas del licor envenenado fue- ran á caer en una taza de café, por ejemplo, le trasmitirian cierta canti- dad de veneno, cuyos efectos serian tanto más nocivos cuanto mayor fue- ra el número de lap moscas sumer- gidas en el café. Numerosos casos han venido á demostrar que terribles cóli eos, y hasta afecciones más graves, han sido el resultado de semejante negligencia. Por último, el arsénico entra en la composición de algunos medicara en tos; se administra principalmente en algunas enfermedades de la piel, e< la dosis de 3 á 6 miligramos (1;16 á 1/8 de grano) por dia. Para combatir el envenenamiento producido por las preparaciones arse nicales, véase Envenenamiento. Modo de reconocer la presencia del arsénico en un líquido. Se to ma una parte del líquido, y se echa en ella una disolución de sulfuro de potasa, ó agua cargada de gas hidró- geno sulfurado. Si el líquido contiene arsénico, se formará un precipitado amarillo. Si al líquido que contiene arsénico se le añade una disolución de sulfato de cobre amoniacal, se obten- drá un precipitado verde. Estos precipitados, echados sobre las ascuas, despedirán humo blanco, con un olor de ajo muy pronunciado. Actualmente se puede con gran cer- teza decir, qué si es fácil dar la muer- te con arsénico, también es muy fácil descubrir los vestigios del veneno en el cueipo de la víctima aun cuando hubiere pasado largo tiempo. Arteijo. Aguas salinas, clorurofló- dicas, calientes. España. A una le- gua de La Comña, capital de la pro- vincia de este nombre. Las aguas son límpidas, trasparentes, sin olor, de sabor un tanto salado; su temperatu- ra es relativa á cada uno de los tres manantiales, 30°, 35d ó 37° centígra- dos. Contienen las sustancias siguien- tes: cloruros de sodio, de potasio, de magnesio, de calcio; sulfato de cal; silicato de sosa; ácido fosfórico; vesti- gios de bromo, iodo y litio; gas ázoe. Se emplean en bebida y baños, con- tra las enfermedades cutáneas, escró- fulas, parálisis. El establecimiento posee tres baños generales, en cada uno de los cuales caben doce perso- nas. También hay baños particulares para una sola persona. Se encuentran abundantes alojamientos en fondas y casas de huéspedes donde los bañis- tas son bien tratados. Artemisa. Artemisa vulgaris^ Linneo. Sinantéreas-senecionídeas.. ARTERIA 191 ARTICULACION Esta planta, notable por el color ver- de de sus hojas, lisas por encima, ce- nicientas y pubescentes por debajo, flores amarillas rojizas, es común en toda Europa. Sus hojas tienen un olor muy fuerte, y su sabor es amar- go. Desde tiempo inmemorial, se em plean para provocar los menstruos, cuando este flujo queda suspendido per cualquiera causa accidental. Tó- mase en infusión y en la dosis de 8 gramos (2 dracmas) de hojas para taza y media de agua hirviendo. Arteria. Se llaman generalmente arterias diversos vasos ó canales del cuerpo, que llevan la, sangre del cora zon á las diversas partes de la economía. La sangre en ellas contenida es roja, miéntras que en las venas, canales semejantes á las arterias, la sangre es casi negra. El volúmen de las ar terias varía desde el grosor del dedo pulgar, y de una pluma de ganso, hasta la de una hebra de hilo. Las arterias son agitadas de movimientos parecidos á los del corazón, idénticos en todas ellas y llamados pulso. Esos movimientos ó golpes, pueden sentir se principalmente en el lugar de reu nion de la mano con el antebrazo, en ambos lados del cuello, delante del oído, en las ingles, y, en personas flacas, en el vientre por cima del om- bligo. Heridas de las arterias. Las arte- rias, aunque situadas á mayor profun- dad que las venas, pueden ser abier- tas por navajas, espadas ú otros ins- trumentos cortantes. Si la arteria es un tanto voluminosa, como por ejem- plo, la arteria del antebrazo, la sangre roja saltará á borbotones, correspon- diendo estos con los movimientos del corazón; y si el doliente no fuese so- corrido, muere extenuado por la he- morragia. El mayor número de muer- tos en los campos de batalla, pierden la vida de este modo. Para restañar la sangre, preciso es ejercer una com- presión. Al efecto se aplica sobre el punto por donde la sangre se escapa, una bolita de hilas ó de lienzo, y se comprime con el dedo; sobre esta se pone otra bola mayor, que igualmente se aplasta con el dedo empleado para la primera, y sobre esta se pone la tercera, continuándose del mismo mo- do hasta que se haya formado una pirámide, cuyo ápice corresponda á la arteria y cuya base, saliente por en- cima de la herida, sirva de punto de apoyo á las compresas y á la ligadura, que sobre ella ejerce entonces la com- presión necesaria. Este medio basta para curar las heridas de las arterias pequeñas; pero para las heridas de las grandes arterias, solo sirve provi sionalmente hasta la llegada del ciru- jano, que, en el mayor número de ca sos tiene precisión de ligar con hilo el vaso que produce la hemorriagia. Articulación ó Coyuntura. Se llamo coyuntura ó articulación á la reunión de dos ó más huescs. Las CC' yunturas pueden ser movibles ó ina< movibles. Las movibles son: el hom- bro, el codo, el puño ó muñeca, la rodilla, las coyunturas de los dedos, del muslo, del pié, etc. Las coyuntu- ras inamovibles son: las de los huesos del cráneo, las de las vértebras, las de los dientes, etc. Las coyunturas es- ARTRITIS 192 ARTRITIS tan sujetas á varias dolencias; hé aquí las más frecuentes: 1? Anquilósis. V. tom. I, pág. 161. 2° CONTUSION DE LA COYUNTURA. Esta lesión resulta de golpes y caídas sobre las coyunturas. Lo primero que debe hacerse es aplicar á la parte li- siada paños mojados en agua fria. V. CONTUSION. 3° DISLOCACION. V. DISLOCACION. 4? Dolor de las coyunturas V. Reumatismo. 5*? Heridas de las coyunturas. V. Heridas. 6" Gota. Véase el artículo de este mismo nombre. 7? Hidropesía de la coyuntura. V. Hidropesía. 8o Inflamación de la coyuntu- ra. V. Artríts. 9? Reumatismo. V. Reumatismo. 10? Torcedura V. Torceduea. Artritis. Inflamación articular, ca- racterizada por el dolor, hinchazón, y á veces, por la rubicundez de la co yuntura. Es primitiva ó consecutiva, de causa interna ó de causa traumá- tica, aguda ó crónica. Artritis traumática, (de la pala bra griega trauma, herida). Se da es- te nombre á la inflamación de la co- yuntura, ocasionada por movimientos forzados, contusiones ó heridas. Síntomas. Consisten en el dolor más ó menos agudo é hinchazón de la coyuntura lastimada. Durante largo tiempo la piel conserva su color natu- ral, y no presenta la más leve rubi- cundez. Hay dificultad y, á veces, im- posibilidad absoluta de hacer jugar los huesos de la coyuntura. En los casos más graves, cuando la inflamación es muy intensa y embaraza una grande articulación, el dolor es á veces inso- portable, y la fiebre se declara; el pul- so se acelera, la sed es crecida, la piel abrasadora; desaparece el apetito, se manifiestan náuseas; el efermo no pue- de dormir; y si la inflamación fuese en aumento, el delirio viene á veces á completar los fenómenos que ante- ceden. Por último, cuando la inflamación persiste y es duradera, se puede for- mar supuración en lo interior de la articulación. Entonces el dolor dismi- nuye, aparece la fluctuación, y la piel se adelgaza. Tratamiento. Después de las caí- das sobre las articulaciones, torcedu- ras ú otras causas análogas, necesario es evitar la inflamación aplicando en torno de la coyuntura paños mojados en agua fria mezclada con aguardiente alcanforado, durante el primero ó los dos primeros dias. El reposo, la dieta y el uso de limonadas do limón o de cocimiento de cebada, completan es- tos primeros auxilios. Cuando sobre- vienen dolor y calor en la coyuntura, preciso es aplicar una docena de san- guijuelas alrededor de ella, y después cataplasmas de linaza ó de fécula. Si se formara apostema, es urgente el abrirlo con bisturí. Durante el tratamiento se debe co- locar el miembro inmóbil en buena dirección, esto es, conviene dar á la articulación una posición tal que los ligamentos no queden tendidos, y que el miembro no se deforme en el caso de que la artritis termine por anqui- ARTRITIS 193 ARTRODINIA lósis. Necesario es, pues, poner el miembro en una posición conveniente, cuando los pacientes hayan tomado una mala postura. Así, pues, si la ro- dilla estuviere doblada extiéndase; si el mwslo se dirigiera hácia afuera ó hácia adentro, enderécese; si el pié se encontrara bajo, levántase, etc. Artritis espontánea. Desenvuél- vese ó desarrolla después de un en- friamiento producido por el contacto de la humedad, después de la supre- sión de los menstruos, después del sarampión, ó después del parto; tam- bién puede sobrevenir sin causa co- nocida. Es aguda ó crónica. Sintonías. Hinchazón dolorosa al- rededor de una coyuntura, imposibili- dad de moverla, dolores más ó ménos fuertes, son las señales de la artritis espontánea. Tratamiento. Conviene inmobili- zar la coyuntura en buena dirección; si el mal existe en la rodilla, preciso es extender la pierna. Se aplican ca- taplasraas de linaza, rociadas con una cucharada de láudano de Sydenham. Fricciónanse las coyunturas con bál- samo tranquilo, ó con el linimento si guíente: Cloroformo 10 gra. (2 1/2 drac.) Aceite de almen- dras dulces... 90 gra. (3 onzas). Mézclese perfectamente. Cuando la dolencia pasa al estado crónico, los dolores disminuyen, solo existe rigidez en la articulación. En este caso preciso es aplicar un vejiga- torio volante. Más tarde se obtienen buenos efectos del amasamiento (véa- se esta palabra), y de uno de los me- dios siguientes: Io Aplicación á pincel sobre la ar- ticulación, de una ó más capas de tin- tura de iodo. 2o Fricciones con pomada de oiduro de potasio. 3? Compresión de la articulación con tiras de emplasto adhesivo. 4° Hidroterapia. Si la artritis va complicada con el derrame de la serosidad, sígase el tratamiento indicado en la hidropesía de la coyuntura. Artritis blenorrágica. En el de- curso de una blenorragia, aparece á veces una artritis que ocupa la rodilla, la muñeca, el codo ó el hombro' raras vece están afectadas ambas coyuntu- ras al mismo tiempo; la coyuntura se hincha, pónese roja, hácese dolorosa, y los movimientos son difíciles. La artítris blenorrágica casi siem- pre termina por resolución. El reposo y las cataplasmas de linazason bastan- tes para ello. Si la inflamación tarda en resolverse, apliqúese un vejigato- iio. Preciso es cesar el uso del copai- ba y no usar más que la infusión de linaza para bebida. Artrodinia. Dolor vago de las co- yunturas sin ardor ni hinchazón. Es el resultado del desarrolla físico del cuerpo, del histerismo, y de un en- friamento accidental. Tratamiento. Se fricciona la co- yuntura con bayeta seca, ó con uno de los linimentos siguientes: Io Bálsamo tran- quilo 60 gramos (2 onz.) 2o Láudano de Sydenham .... 2 gramos (40 gran.) Aceite 15 gram. (1;2 onz.) ASFIXIA 194 ASFIXIA Asafétida. Goma-resina extraida de una planta de la familia de las Umbelíferas, que habita en Persia, y á la cual Linneo dió el nombre de Férula assafetida. Los alemanes dieron á esta goma el nombre de ster- cus diáboli, á causa de la fetidez de su olor. Son masas aglutinadas, de co- lor rojo, con puntos blancos y viola- dos, que se ablandan con el calor, y su sabor es amargo; soluble en el agua, el alcohol, el éter, el vinagre, y la ye- ma de huevo. Como medicamento fi- gura entre los espasmódicos y es re- comendado en el asma, histerismo, cólicos nerviosos; se da en la dosis de 50 centigramos á 2 gramos (10 á 40 granos). Una sustancia de olor y sa- bor tan detestables no podría ser to- mada con facilidad por la boca, y por esto es que suele administrarse de pre- ferencia en lavativas. Ascárides. V. Gusanos intestina- les. Ascitis. V. Hidropesía del vien- tre. f Asfixia. La condición más indis pensable para conservar la vida es la introducción del aire en el interior del pecho. Si por cualquier causa fue- se otro gas sustituido al aire atmosfé- rico, ó si este no pudiese penetrar en el pecho, la respiración se interrum- pe, y la muerte se hace inminente. Llámase asfixia el estado de muerte aparente que resulta de estar suspen- sa la respiración. Esta suspensión puede ser producida por varias causas y se denominan: 1? Asfixia por submersion, ó de los abogados. 2° Asfixia por sofocación, ó de los ahorcados y agarrotados. 3o Asfixia por el vapor de carbón (ácido carbónico), por los gases que se desprenden de la fermentación alco- hólica, de las minas de carbón de pie- dra, por las emanaciones de las flores, y por la falta de aire re spi rabie; 4o Asfixia por los gases de las cloa- cas ó letrinas. 5? Asfixia por el calor. 6o Asfixia por el frío. 7o Asfixia por la introducción de un cuerpo extraño en las vías aéreas. 8? Asfixia de los recien nacidos. Fenómenos generales de las as- fixias. Las primeras sensaciones que produce la falta de aire, son ansias muy grandes; suspiros, bostezos y es- fuerzos para dilatar el pecho. Des- pués, y, sobre todo, si la suspensión de la respiración no es completa, so- brevienen vértigos, pesadez de cabe- za; el rostro se enrojece, azulea; los la- bios, y muchas veces toda la superfi- cie de la piel toman el mismo color encendido de la cara. Más tarde, al cabo de dos ó tres minutos, y aun más, si el individuo respira incomple- tamente, hay pérdida de los sentidos y de los movimientos, seguida del es- todo de muerte aparente; débiles gol- pes del corazón anuncian que la vida no se ha extinguido aún del todo; pe- ro luego después el corazón deja la^ tir, y aunque el calor del cuerpo sub- sista durante algún tiempo en el as- fixiado, éste no es ya otra cosa que un cadáver. Io Asfixia por submersion. V. Ahogados. Tomo ), p. 73. ASFIXIA 195 ASFIXIA 2° Asfixia por sofocación ó de I®s estrangulados, ahorcados y agarrotados. Por largo tiempo ha si- do opinión generalmente admitida, que la muerte del abocardo no podría sobrevenir si todo el cuerpo no estu- viese levantado del suelo. La muer- te del príncipe de Condé, que tuvo lugar en París el dia 17 de Agosto de 1830, vino á esclarecer esta cuestión. El Dr. Marc, célebre médico, hizo en aquella época una Memoria, para pro- bar que la muerte del príncipe de Condé era el resultado de un suicidio; recordó trece casos observados por otros médicos, que demostraban no ser indispensable el peso de todo el cuerpo para este fin; y también probó que la suspensión puede ser seguida de muerte, aun cuando los piés to- quen el suelo, y las rodillas se apo- yen en este, y el cuerpo se halle echado sobre un plano horizontal. Bas- ta, por consiguiente, el peso de las espaldas y de la parte superior del pecho, para ejercer sobre el cuello una constricción capaz de interceptar la entrada del aire y producir la muerte. Esta verdad fue apoyada no solo por el testimonio de personas fidedignas, sino ademas por el exámen de los ca- dáveres. La suspensión ocasiona la muerte en un espacio de tiempo indetermina- do, y por diferentes causas. Si en el acto de la suspensión existe solamen- te lesión de las partes blandas, impe- dimento del paso del aire, y también de la circulación, la muerte sobrevie- ne con mayor ó menor prontitud, se- gún la compresión fuere más ó ménos completa; la muerte en estos casos es el resultado de la asfixia, y, á ve- ces, de la apoplegía. Cuando la sus- pensión es acompañada de esfuerzo violento, puede resultar de ello una dislocación de las vértebras del cuello y alguna lesión de la médula espinal: en este caso la muerte es instantá- nea. En general, la pérdida de los sen- tidos sobreviene con bastante pronti- tud; la vista se turba y brillan ante los ojos puntos luminosos; la muerte so- breviene después en un espacio va- riable de tiempo. Resultando la apo- plegía, entonces el rostro se enrojece, azulea, las venas del cuello se en- gruesan, la lengua está entumecida y lívida, los ojos enrojecidos y salto- nes. En caso de asfixia sencilla, el rostro casi siempre se queda pálido, y en la garganta y la boca aparece la espuma, á veces sanguinolenta. Cuando hay asfixia y apoplegía, las señales aquí indicadas son más varia- bles; ademas de esto, los dedos se contraen violentamente, como si el ahorcado quisiera apretar algún obje- to. La ciencia cuenta algunos hechos de ahorcados y estrangulados que vol- vieron á la vida. El Dr. Plott refiere que en tiempo de Enrique VI de In- glaterra, una mujer llamada Snetta, habiendo sido ahorcada en ejecución de una sentencia, y quitada de la cuer- da en que estuvo suspendida toda una noche, recobró la vida. Perdoná- ronla por causa de esta rara ventura. Morgagni vio una mujer á quien unos ladrones, para poder libremente sa ASFIXIA 196 ASFIXIA quear su casa, le apretaron con tanta fuerza el cuello, que la dejaron por muerta; sin embargo, los auxilios de la medicina consiguieron salvarla. Tratamiento y auxilios que deben prestarse á los ahorcados y estrangu- lados. Unicamente la prontitud puede hacer eficaces los auxilios al ahorca- do. Después de cortada la cuerda que le aprieta el cuello, preciso es des- cender el caerpo con ligereza, sin sa- cudirlo, colocarlo en una cama, des- nudarle de todos sus vestidos, quitar- le las ligas, los tirantes, en fin, todo cuanto puede impedir la circulación de la sangre. El cuerpo, así desembarazado, se- rá puesto en la cama con la cabeza mucho más alta que el resto del cuer- po. Si el cuerpo está en un cuarto, pre- ciso es que la temperatura de este sea la mediana, y que, no siendo es- tremosa, el cuarto esté bien ventila- do. Si el ahorcado tiene el rostro enro- jecido, se le hace inmediatamente una sangría en el brazo, ó se le aplican sanguijuelas detras de las orejas. La palidez del rostro es señal de que toda especie de emisión sanguí- nea sería contraria en este caso. Para provocar los movimientos res- piratorios, uno de los medios más efi- caces consiste en levantar y bajar los brazos del modo que se explica en el artículo Ahogados, tom. I, pág. 73. Al propio tiempo se practicarán fric- ciones en las piernas, pies y manos con bayeta ó cepillo. Si la suspensión dura solo algunos minutos, á veces suele bastar con ro-' ciar el semblante con agua tria, apli- car en la cabeza paños mojados con agua tria y vinagre, y frotar las pier- nas. Así que el doliente pueda tragar se le darán algunas cucharadas de té ó de agua con vino y azúcar, cucha- ada á cucharada. Si sobrevinieren vértigos y dolores de cabeza, habrá que continuar la aplicación en la fren- te de paños de agua fría con vinagre, y usar de un pediluvio con mostaza. No es fácil á veces declarar si la suspensión es el resultado de un ase- sinato ó de un suicidio. Entonces se debe examinar con atención á ver si el cuerpo no presenta vestigios de violencias, producidas por la resisten- cia que opuso el atacado. Conviene también del mismo modo ver si el cuello presenta una sola raya, lo que indica la probabilidad de un suicidio; ó si muestra señales de haber sido precedida la suspensión por la estran- gulación. Puede creerse en un suicidio si el crimen fué cometido en lugar cerra- do, donde nadie más que la víctima podia penetrar. Debe atenderse al es- tado moral de la persona, á sus ante- cedentes, á su carácter melancólico y á sus respectivas inclinaciones. En el caso posible de haber sido muerto el ahorcado tintes de colgarlo, se puede fácilmente averiguar esa cir- cunstancia. Con efecto, si la suspen- sión se verifica durante la vida del individuo, deja en el cuello un circu- lo rojo 6 denegrido, señal evidente de un principio de inflamación, resul- ASFIXIA 197 ASFIXIA tante de una reacción vital, y ade- mas, en este caso el rostro y los miem- bros quedan lívidos. Y si por el con- trario, la víctima fue/ ahorcada des- pués de muerta, con la idea de hacer creer en un suicidio, la coloración del cuerpo es uniforme, y la cuerda deja una depresión sin color rojo ó dene grido. 3o Asfixia por el vapor de car- bón, por los gases fine resultan de la fermentación alcohólica, de los hornos de cal, de las minas de car- bón de piedra, por los efluvios de las flores, por la falta de aire res- pirable. Este género de asfixia depen- de de la acción deletérea del áci- do carbónico, gas que resulta de la combustión del carbón, de la descom- posición de las piedras calcáreas en la fabricación de la cal, de la fermen- tación del vino, etc. Las emanaciones de las flores contienen contienen tam- bién ácido carbónico, y pueden igual- mente producir padecimientos de gra- vedad. Jaquecas, desmayos, hasta la asfixia puede de aquí resultar ines- peradamente, y sobre todo cuando las flores están reunidas en gran canti- dad dentro de cuartos cerrados, don- de el aire no puede ser bastantemen- te renovado. El gas ácido carbónico sale también de nuestros pulmones durante la res- piración, y vicia el aire ambiente. Los dolores de cabeza que muchas perso- nas sufren en algunos lugares públi- cos muy frecuentados, en las salas de los teatros, por ejemplo, provienen de esta alteración del aire; es el princi- pió de un estado que, aumentando, puede hacerse funesto. La gran mortalidad reinante en los navios que trasportaban negros no de- pendía de otra causa. Dos funestos y memorables ejemplos confirmarán la verdad de este aserto, y probarán los peligros que llevamos indicados. El primero de estos hechos es to- ii . ado de la Historia de las guerras de los Ingleses en el Indostan. Ciento cuarenta y seis prisioneros fueron encerrados en un cuarto de veinte pies cuadrados, y sin otros res- piraderos que dos pequeñas lucernas. Estos desgraciados experimentaron luego dolores de cabeza, sudor copio- so, sed intolerable, por último, gran- des dolores de pecho, y una extraor- dinaria dificultad en respirar. Muchos medios fueron imaginados por ellos á fin de obtener el aire que les faltaba. Quitáronse la ropa, abanicáronse con los sombreros, y por último convinie- ron en arrodillarse y levantarse todos juntos; recurrieron á este expediente tres veces, y en cada una, muchos de ellos, faltándoles las fuerzas, caye- ron y fueron pisados por sus compa- ñeros. Pidieron agua y se la dieron; pero, al disputarse esta bebida, los más débiles desmayaron y sucumbie- ron luego después. El agua no apa- gó la sed de los que podian bebería; viéronse acometidos de una fiebre que fue'sin cesar creciendo. Antes de la media noche, esto es, á las cuatro ho- ras de su reclusión, los que aún vi- 'vian, no pudiendo respirar por las es- trechas aberturas un aire libre, caye- ron en una estupidez letárgica, ó ne ASFIXIA 198 ASFIXIA un espantoso delirio; Bregaron lo que es indecible para poder subir hasta las lucernas. A las dos de la mañana solo quedaban cincuenta vivos; pero este número debía cercenarse. Las luchas para llegar á las lucernas duró hasta el romper el dia. Después la prisión fue abierta, y de los ciento cuarenta y seis hombres en ella ence- rrados, no salieron vivos más que vein- titrés, pero en un' estado deplorable, llevando en sus facciones el sello de la muerte de que venían de librarse! El segundo caso acaeció en el Bra- sil el año 1823. Trascribimos literal- mente lo que dice Abren y Lima en el capítulo sétimo de su Compendio de la historia del Brasil: "Treinta horas de completa anarquía obligaron á esto oficial á desembarcar con su tripulación para proteger al gobierno y la ciudad, expuesta á todo género de atentados. Después de haber do minado la sublevación en el estado aparente de tranquilidad, to- do hacia temer que los revoltosos no estuvieran seguros en las prisiones de tierra; y el oficial mandó recoger 250 hombres en la cala de una galera, ba- jo la custodia de 15 soldados. Apiña- dos ahí hasta el punto de no poder casi respirar, estos desgraciados inten- taron subir al combés; pero fueron rechazados por la guardia, que hizo fuego contra ellos y les cerró la esco- tilla. La sofocación causada por la falta.de aíre llevó á esta multitud á una completa locura, de modo que muchos se laceraron las carnes recí- proca y horriblemente. Sobrevinieron todas las agonías propias de semejan te estado: el anciano y el .joven, el fuerte y el flaco, el agresor y el aco- metido, todos cayeron exánimes en las ansias de la muerte. A la madru- gada del siguiente dia, la luz de este vino á alumbrar el más dolorosó es- pectáculo: 254 hombres asfixiados cu- brían en montones la sentina del na- vio! Solo 4 estaban vivos." Hay cavidades subterráneas, parti- cularmente en los países volcánicos, donde se acumula el ácido carbónico, por ser más pesado que el aire, lo que hace muy peligrosa la visita á estos lugares. No se debe penetrar en ellos sino con teas encendidas; siempre que ardan con viva luz se puede avanzar sin peligro; pero luego que la luz pa- lidece y las teas se apagan, debe el curioso retroceder, á menos que no quiera pagar con la vida la temeridad de dar un paso más hácia adelante. Una de estas cuevas, que ha llegado á ser célebre, sé encuentra en las cer- canías de Ñapóles, y es conocida por el nombre de la Gruta del Perro. Esta gruta se halla situada no le- jos del lago Agnano, cerca de Nápo- les. Tiene 14 pies de profundidad; en la entrada mide 5 pies y 3 pulga- das de altura; pero va disminuyendo gradualmente, y en el fondo su altu- ra no pasa de un pié. El gas irrespi- rable penetra por todos los lados en la gruta; pero como es más pesado que el aire atmosférico, se reune en el fondo de la cueva; el espesor de su capa es de 6 á 12 pulgadas: es inco- loro é inodoro. Un cachorillo, metido en esa atmósfera, no tarda en ser atacado de convulsiones y en caerca- ASFIXIA 199 ASFIXIA si muerto de asfixia." Retirado á tiem- po de la caverna, vuelve en sí; des- pués acostúmbrase echarlo en un la- go vecino para acabar de reanimarlo. Síntomas de asfixia por el gas ácido carbónico. Los síntomas espe- ciales de la asfixia no siempre son constantes; los que se observan con mayor frecuencia son: al principio, pe- sadez y dolor de cabeza, una impre- sión de debilidad y ansias; el doliente cree que comprimen sus sienes con violencia; á estos primeros síntomas sucede zumbido en los oídos, turbación de la vista, vértigos; las fuerzas men- guan con rapidez, y el asfixiado se de- ja dominar por un sueño irresistible, precursor de la muerte. Durante to- do este tiempo, el corazón late ace- leradamente y con gran violencia; la piel se cubre de sudor; la respiración es cada ves más dificultosa, y se para lo mismo que la circulación de la san- gre; el asfixiado parece muerto. En tal estado, el calor del cuerpo subsis- te largo tiempo, el rostro se enrojece, y á veces se vuelve pálido; los miem- bros conservan su flexibilidad; pocas veces se ponen rígidos, en algunos ca- sos, por último, las orinas y los ex- crementos salen involuntariamente. Para evitar la asfixia por el ácido carbónico, preciso es apartarse, huir de' vapor que sale del carbón y de aque que se desarrolla de los líquidos en fermentación; y si la persona siente dolores de cabeza y las ánsias que preceden á la asfixia, es de urgencia el abrir las puertas y ventanas para 'respirar un aire fresco; no se debe en- trar en lugares donde existan líqui- dos en fermentación, sino después de laber tenido la seguridad de que una luz no se apaga antes de trascurrir un cuarto de hora. Se sabe, no obs- tante, que un hombre puede vivir al- gún tiempo allí donde una luz se apa- gue. Tratamiento y auxilios que se de- ben dar á los asfixiados por el gas ácido carbónico. El primer cuidado que debe tenerse en la asfixia por el vapor de carbón, consiste en retirar inmediatamente al paciente del cuar- to en que se asfixió, exponerlo sin de- mora al aire libre, en un patio ó jar- din, ó trasladarlo á otro cuarto; acos- tarlo boca arriba, con la cabeza y el pecho un tanto levantados. Antes de entrar en el lugar en que sobrevino la asfixia, la prudencia exige que se deje la puerta abierta durante algu- nos minutos, y que luego se proceda á abrir las ventanas. Pocas personas deben rodear al as- fixiado, á fin de que pueda llegarle el aire respirable, y que este se re- nueve con facilidad. Se le harán por todo el cuerpo, y especialmente en la cara y el pecho, aspersiones de agua fría mezclada con vinagre. Se le fro- tará el cuerpo con,paños mojados en la misma agua, ó empapados de aguardiente, agua de Colonia ó cual- quier otro licor espirituoso. Trascu- rrido tres ó cuatro minutos, se enju- gan las partes humedecidas con paños calientes, y otros dos ó tres minutos después vuelven á reproducirse las . aspersiones y fricciones con agua fría y vinagre. Persevérese en el empleo ■ de estos medios. Irrítense las plantas ASFIXIA 200 ASFIXIA de los piés, las palmas de las manos y todo lo largo del espinazo, frotán- dolos vigorosamente con cepillo áspe- ro. Dése una lavativa de agua fría, con media cucharada de vinagre, y algunos minutos después otra, pre- parada con agua fria y cuatro cucha- radas de sal común. Se hará aspirar al paciente un fras- con vinagre ó con éter. Se tratará de provocar los movimientos respirato- rios, levantando y bajando los brazos de la manera indicada en el artículo Ahogados, pág. 74. Si apesar de es- tos auxilios el asfixiado continuase en un estado de profunda modorra; si conservara el cuerpo caliente, la cara roja, los labios hinchados y los ojos brillantes, sángrensele ó aplíquensele sanguijuelas detras de las orejas. Todos estos auxilios deben ser ad- ministrados con presteza y en el or- den sucesivo de sus indicaciones. Ja- mas debe perderse por completo la esperanza; casos ha habido en que los asfixiados han vuelto á la vida después de cinco ó seis horas de tra- tamiento. Luego que el asfixiado estuviere completamente reanimado, se le debe acostar en la cama, y en un cuarto cuyas ventanas estén abiertas, hacien- do salir de él á las personas que no fueren necesarias. Entonces se le da- rán limonadas ó agua con azúcar, con- forme á su gusto. 4? Asfixia por los gases de las le- trinas, de las fosas, de las cloacas, etc. Estos gases se componen princi- palmente de hidrógeno sulfurado, de ázoe y de amoníaco. Los síntomas que este género de asfixia produce varían de intensidad conforme á la propor- ción de gas hidrógeno sulfurado que exista en el aire corrompido, la dura- ción del envenenamiento, y el tempe- ramento de la persona; algunas veces se observan ansias únicamente, respi- ración penosa é irregular, náuseas y ligeras convulsiones; otras veces el individuo siente un peso que le com- prime con fuerza la cabeza y el pe- cho, y cae sin conocimiento; el cuerpo entonces queda frió, el pulso es muy acelerado, la respiración cortada, irre- gular y dificultosa. En otros casos existen agitaciones y convulsiones violentas; el paciente da gritos y gemidos. Este género de asfixia «3 casi siempre mortal, y la convalecen- cia, por lo general, muy larga. tratamiento. Exposición del do- liente al aire libre, aspersiones de agua fría y vinagre, fricciones con ce- pillo áspero, tales son los auxilios que deben darse á las personas asfixiadas por el gas de la letrinas. Las particu- laridades de este tratamiento han si- do especificadas en el lugar en que se habla de la asfixia por el vapor del carbón, pág. 199. Continuando este tratamiento, aproxímese á la nariz del doliente una botella de agua de Labarraque, ó un lienzo empapado en este licor, para hacerle aspirar el cloro, gas cuyas propiedades son' efica- císimas en este caso. Si el doliente, habiendo caido en una cloaca, hubie- ra tragado alguna porción del agua en aquella contenida, lo cual sucede mu- chas veces, se trata de hacerle vomi- tar sin pérdida de tiempo, dándole á ASFIXIA 201 ASFÍXIA beber una copa de aceite, ó. mejor aún, 10 centigramos (2 granos) de tártaro emético, disuelto en un vaso de agua. Se calman los desórdenes nerviosos, los espasmos y las convulsiones con una pocion antiespasmódica, prepara- da por la mezcla de las sustancias si- guientes: Agua 120 gramos (4 onz.) Agua de flor de naranjo 4 gramos (1 drac.) Eter sulfúrico... 20 gotas. Láudano de Sy- denham.... 20 gotas. Jarabe simple.. 30 gramos (1 onza). Se da una cucharada de esta pocion de diez en diez minutos. A falta de esta pocion, se puede dar al doliente 10 gotas de éter en un poco de azúcar. Si, apesar de todos estos esfuerzos, el individuo aun no hubiese vuelto en sí, no sintiese ni se moviera, se le aplicarán sinapismos en los piés. Cuando alguien trate de abrir una fosa, despejar un pozo, una cloaca, etc., deberá observar siempre estas precauciones: llevar consigo agua de Labarraque, á fin de esparcirla en los lugares vecinos, ó para oler, en ca- so de necesidad; introducir una luz en el lugar sospechoso, y asegurarse de que continúa encendida durante 10 ó 15 minutos; proporcionar á la prime] a persona que visite el lugar un aparato conveniente, formado de cuer- das, para que pueda con prontitud ser retirada del peligro. 5o Asfixia por el calor. Acontece á veces que un individuo se asfixia por haber permanecido largo tiempo en un lugar donde la temperatura es muy elevada. En este caso, es urgente tras- ladarle á un lugar fresco, desnudarle ó cortar todos los nudos ó ligaduras que pueden impedir la libre circula- ción de la sangre; darle á beber algu- nas cucharadas de agua con vinagre ó de limonada; administrarle una la- vativa con agua y cuatro cucharadas de sal común. 6o Asfixia por el frió. El frió in- tenso y prolongado puede, á su vez, determinar la asfixia. En tal caso, se deben haéér al principio fricciones con hielo, y después con bayeta. Cuando reaparece el calor, se dará á oler al doliente un frasco con vinagre ó agua de Colonia; y después se le hará to- mar una taza de té bien caliente. 7 o Asfixia producida por la in- troducción de un cuerpo extraño en las vias aéreas. Cuando algún cuer- po extraño ha penetrado en las vias respiratorias, el paso del aire puede no hallarse enteramente interrumpido y continuar la respiración, si bien ve- rificándose de una manera más ó nié- nos irregular. Entonces sobrevienen la tos y convulsiones; colórase el sem- blante, inyéctase, vuélvese de color lívido, y la muerte es el resultado más ó ménosinmediato. Cuando, por el con- trario, la entrada de las vías aéreas estuviese enteramente obstruida, el. individuo pierde en seguida el cono- cimiento, el movimiento y la sensi- bilidad; la cara se enrojece, los ojos se inmobilizan y parecen querer salir de sus órbitas, y pronto sobreviene la muerte. En ambos casos se necesitan Tmo I.-14 ASMA 202 ASMA prontos auxilios. Se puede provocar la expulsión del cuerpo extraño tra- tando de hacer estornudar con rapé, ó de hacer vomitar, merced al tártaro emético. Si estos medios fuesen in- fructíferos, se debe recurrir á la inci- sión de la laringe, operación que solo puede ser practicada por un hábil ci- rujano. 8? Asfixia de los recien nacidos. V. Parto. Asma. El asma es una afección que consiste en la opresión de la res piracion, con paroxismos, en los cua- les es inminente la sofocación. Causas. El asma existe casi siem- pre en las personas ancianas, siendo rara en los jóvenes, y más frecuente en los hombres que en las mujeres, en los individuos gordos más que en los flacos. Para contraería, necesario es tener una predisposición, y esta predisposición aumenta con las pasio nes vehementes, conmociones morales penosas, veladas, etc. Las otras cau- sas son: las profesiones ú oficios que obligan á vivir en una atmósfera car- gada de cuerpos extraños, como en las fábricas de algodón, de lana, en los molinos, etc.; vapores irritantes, humaredas, olores penetrantes, fríos, húmedos, cambios súbitos de tempera- tura, excesivos calores, tiempo bo- rrascoso, supresión de alguna hemo- rragia habitual. Síntomas. El asma se manifiesta comunmente por accesos casi siempre nocturnos; al acostarse ó durante el sueño. Estos accesos son masó ménos intensos; principian por una impresión declarada de opresión y de constric- ción del pecho; el doliente se ve obli- gado á sentarse para poder respirar con menos dificultad; le falta el aire, hace grandes esfuerzos para dilatar el pecho; se agita, tose de tiempo en tiempo; la expiración es silbante ó ronca; el rostro palidece ó se colora; los ojos aparecen saltones; la nariz, los oídos, las manos y los pies están frios, mientras que la cara y el pecho se cubren de sudor. Después de trascu- rrido más ó menos tiempo, se decla- ra una tos que pone en movimiento todo el cuerpo y se resuelve por una expectoración abundante de mucosi- dades claras; la dilatación del pecho se opera gradualmente con mayor fa- cilidad, y solo entonces el doliente logra poder acostarse y dormir. No to- dos los accesos tienen la misma in- tensidad; á veces consisten en simples constricciones del pecho, con expira- ción silbante; pero también son, en otras ocasiones, mucho más violentos los ataques. En ciertos casos el do- liente no padece más que un solo ac- ceso; sin embargo, por lo común, se repite al dia siguiente y hora misma de la noche, reapareciendo así duran- te tres, cuatro, y aun hasta siete dias; únicamente entonces concluye el ata- que, que queda interrumpido uno y á veces varios meses, hasta que vuelve bajo la influencia de alguna de sus causas determinantes. Cuando el ac- ceso no debe volver pronto, el asmá- tico queda perfectamente restableci- do, y puede ocuparse de sus negocios como si nada hubiera pasado. Si, por el contrario, el acceso debe reapare- cer todavía la noche siguiente, la ASMA 203 ASMA constriccion del pecho y la dificultad respiratoria continúan y se agravan con el ejercicio. Así que esta dolencia se declara, raro es que no vuelva, por más que el intervalo que separa entre sí los ataques sea sumamente incierto. Con frecuencia, la suspensión de los ata- ques dura más de un año. En algu- nos individuos la dolencia es periódi- ca, teniendo lugar su aparición de diez en diez ó de quince en quince dias; á veces viene en la luna llena ó en los cuartos de luna. En las mujeres se ha visto el acceso de asma preceder ó se- guir al flujo menstrual. Tratamiento. Dos son los medios que deben emplearse en el tratamien- to del asma, uno cuando los ataques se declaran, y el otro en sus remi- siones. Durante el acceso, lo primero que debe hacerse consiste en colocar al doliente en una posición vertical, des- nudarle de todas las ropas que pue- dan comprimir el pecho, abrir las ven- tanas para renovar el aire en el cuar- to, retirar las cortinas de la cama y despedir á todas las personas que allí no fueren necesarias, y cuya presen- cia, no solo impide la circulación del aire renovado, sino que contribuye á viciar su pureza por la respiración. Los baños de piés, bién calientes, ó los sinapismos, pueden ser empleados con ventaja en todos los casos. Des- pués de esto mézclese en una taza de agua fria una cucharada de vinagre y 5 á 10 gotas de láudano; esta bebida se da al enfermo á cucharadas. Si no hubiere láudano, se le dará solamente agua con vinagre ó limonada fría. Una lavativa de agua fria puede también servir favorablemente. Otros dolien- tes se alivian bebiendo una taza de té ó de café. Un sorbete ha producido á veces una mejoría instantánea; en otras circunstancias, la ingestión de una corta cantidad de cualquier licor alcohólico, sobre todo de kirschwaser, ha dado resultados admirables. Los vapores del alcanfor cuando se le echa agua hirviendo pueden ser ventajosos. Si estos medios no cortaran el acceso, se darán al doliente de 15 á 20 gotas de éter sulfúrico en un poco de azo- car y una taza de infusión de hojas de naranjo. Si, á pesar de semejantes medios, el acceso continuase, désele, á cucharadas, de media en media ho- ra, la pocion siguiente: Agua 120 gram. (4 onz.) Agua de flor de naranjo 4 gram. (1 drac.) Oximiel escilítico 15 gram. (4 drac.) Tintura de bella- dona 20 gotas. Mézcles^. Las hojas secas de estramonio, fu- madas en pipa ó en cigarrillos, han sido también muy útiles en los acce- sos de asma. Un sinapismo aplicado en el pecho, en las costillas ó en el brazo, produ- cen igualmente buen efecto. En los intervalos de los accesos, el régimen es uno de los puntos más importantes para el tratamiento de esta dolencia. Pocas veces el cambio de aires deja de ser ventajoso. Se de- be escoger un clima templado, poco sujeto á variaciones atmosféricas re- ASMA 204 ATAQUE pentinas. En general, el aire del cam- po conviene más á los asmáticos que el aire no tan puro de las ciudades. A veces se ha conseguido alguna ven- taja de la costumbre de conservar cons- tantemente en el cuarto del asmáti- co, vasos conteniendo una corta can- tidad de cloruro de cal diluido en agua. Muchos suelen calmar los acce- sos, manteniendo una luz débil en los cuartos donde acostumbran dormir. Las habitaciones que ocupen los as- máticos deben ser vastas y bien ven- tiladas. Son indispensables: un régi men suave y ligero, la abstinencia de alimentos excitantes, especias, licores y sustancias indigestas. El café des- pués de las comidas y los baños fríos son también beneficiosos. Un mode- rado ejercicio cotidiano y viajes de recreo pueden igualmente aprovechar, como así mismo los purgantes suaves. La habitación sana, la tranquilidad de ánimo; el cuidado de evitar el frió húmedo, las veladas, las grandes reu- niones; el abandono de los oficios que predisponen al asma (cocinero, maes- tro de instrumentos de viento, perfu- mista, químico, etc.), tales son los consejos generales que pueden darse á las personnas afectadas ó amenaza- das de asma. Píldoras contra el asma. Extracto de be- lladona 20 centígr (4 grans.) Extracto de va- leriana 40 centígr. (8 grans). Mézclese y se hacen 8 píldoras. Se toma una por la mañana y otra por la noche, en el intervalo de los acce- sos. Estas píldoras se emplean para evitar el acceso, aunque también pue- den ser administradas durante aquel. Polvos contra el asma. Extracto de es- tramonio. ... 30 centígr. (6 gran.) Oxido de sinc.. 120 centígr. (24 gra.) Opio 30 centígr. (6 gran.) Mézclese, y se divide en 12 pape- les. Se toman dos papeles al dia, uno por la mañana y otro por la noche, en una cucharada de agua fria, y en el intervalo de los accesos. También pueden tomarse mientras el acceso. Asta de ciervo. V. Cuerno de CIERVO. Astenia. Sinónimo de debilidad. Astillas que se introducen en la carne. (V. Espina.) Astringentes (Medicamentos).Los medicamentos astringentes son aque- llos que, puestos en contacto con los tejidos vivos, producen en ellos una especie de contracción. A consecuen- cia de esta propiedad, dichos medica- mentos, aplicados sobre la superficie de una herida, logran detener el flujo de la sangre. El paladar puede dar á conocer las sustancias astringentes; el sabor acre que las distingue es co- nocido de todos. Los medicamentos de este género más empleados son: alumbre, vinagre, tanino, nuez de agalla, cato ó tierra japónica, ratania, bistorta, corteza de granada, rosas ro- jas, zumo de limón, etc. (Véanse estas palabras). Ataque. Invasión súbita de algu- nas enfermedades. Dícese, por con- siguiente, ataque de apoplegia, de gota coral, etc. (V. estas palabras). Cuando se dice que una persona ha ATAQUE 205 ATAQUE tenido, un ataque entiende por lo común el ataque de apoplegía (V. Apoplegía). Por ataque de cabeza se entiende meningitis (V. esta pala- bra). Ataque de hígado. (V. Inflama- ción aguda del hígado, artículo Hí- gado). Ataque del bazo (V. Inflama- ción del bazo, en el artículo Bazo). Ataque de pecho (V. Esputos de san- gre, Pleuresía). Ataque de gargan- ta. (V Angina). Ataque de nervios. Con este nom- bre se designa una dolencia nerviosa, producida comunmente por un susto, pesar profundo ú otra pasión violen- ta, y caracterizada por movimientos generales del cuerpo, ó por una sus- pensión incompleta de las facultades intelectuales. Las mujeres, sobre to- do, suelen padecer de esta dolencia. Síntomas. Los síntomas de esta afección son muy diversos. Los casos más notables son los ataques convul- sivos, que principian por una caída, acompañada de gritos muy agudos; estos ataques son caracterizados por movimientos violentísimos de los bra- zos y de las piernas. Las personas do- lientes se incorporan súbitamente, se sientan, y después se vuelven hacia atras. Estos movimientos son tan bruscos, que aun en los dolientes del- gados y débiles se necesitan muchas personas para sujetarlos. A estos fenómenos sucede luego una remisión, en la cual la persona atacada queda extendida, agitada por sobresaltos al más leve ruido, al me ñor toque. Otras veces, por el con- trario, queda inmóbil é insensible á íodas las excitaciones externas. Se- mejantes alternativas de convulsio- nes y remisiones se suceden durante un tiempo limitado y variable. Mien- tras duran, la cabeza queda comun- mente echada hacia atras; el rostro unas veces se muestra encendido y rojo, otras helado y pálido; la respira- ción es fuerte y trabajosa. En medio de las convulsiones, los dolientes le- vantan la mano con frecuencia para llevarla al cuello, como si quisiesen quitarse algún estorbo; á menudo se golpean en el pecho, en la frente; se quitan ó rasgan los vestidos; asen fuertemente á las personas que se acercan á su lado. Obsérvanse movi- mientos extraños desde la cabeza has- ta los pies. Estos accesos terminan generalmente por una explosión de llantos y gemidos, interrumpidos por carcajadas. Pero los ataques de nervios no siempre tienen tanta violencia, ni pre- sentan siempre la misma forma; al- gunos dolientes únicamente se des- ploman contra el suelo perdiendo el sentido; pero no padecen convulsio- nes, y quedan en una inmobilidad tal, que las personas que ignoran es- te estado creen en una muerte próxi- ma. Mientras tanto, de tiempo en tiem- po se oye la respiración; obsérvanse algunos movimientos en el cuerpo, después el paciente recobra el cono- cimiento, y tiene propensión á llorar y afligirse. Existe aún otra forma de ataques: son dolores en el útero, cerca de su garganta, impresión de una bola que sube del bajo vientre hasta el cuello, donde produce una especie de ahogo; ATAQUE 206 ATAQUE esta forma de ataques nerviosos lláma- se más especialmente histerismo (véa- se esta palabra). Vulgarmente suele dársele el nombre de mal de madre. Después del ataque, sea cual fue- re su especie, sobrevienen el cansan- cio general, enfriamiento del cuerpo, palidez, crujido de los dientes, etc. Los ataques duran un tiempo in- determinado, por lo común muchas horas, pero los síntomas no conservan siempre la misma intensidad; cada tres, cinco ó diez minutos, los gritos y los movimientos convulsivos cesan por algunos instantes, y mientras tan- to la doliente se queja, pero general- mente no recobra el habla. Los pri- meros ataques suelen ser á veces muy violentos. Los dolientes distinguen el reposo que sucede á la última re- misión: dicen á las personas que las rodean que su ataque ha concluido y que pueden alejarse, y rara vez se engañan. En el intervalo de los ataques, el estado habitual de lis dolientes-varía conforme estos ataques mismos sean frecuentes y fuertes, ó raros y ligeros, y según la duración de la dolencia. Cuando son raros, las dolientes pre- sentan todas las apariencias de la sa- lud más completa. Entre tanto, to- das son nerviosas, muy sensibles, irascibles, impacientes, temerosas, y tienen el sueño difícil é incompleto. La concepción y el parto se verifican de una manera natural en las dolien- tes de que nos ocupamos; muchas de ellas padecen de flores blancas abun- dantes. Los ataques ofrecen muchas ano- mallas en su marcha: á veces la in- vasión tiene lugar poco tiempo des- pués de la acción de la causa; otras veces el estado convulsivo es proce- dido de algunas horas, 6 de muchos dias, por dolores de cabeza y apreto- nes de garganta. La vuelta de los ataques es también más ó menos fre- cuente; las afecciones morales influ- yen poderosa y particularmente sobre esta vuelta, y sobre su violencia; una contrariedad, una zozobra ó un sobre- salto los provocan en seguida; el so- siego renace con la tranquilidad moral. La duración de la dolencia es su- mamente variable. La vuelta de la salud puede tener lugar después de un corto número de ataques cuando no existe una gran predisposición, ó cuando la causa ha sido pasajera. Causas. Las causas de los ataques nerviosos suelen ser, sobre todo, las pasiones vehementes, la envidia, las contrariedades, las grandes pesadum- bres. Los ataques pueden ser produ- cidos por la vista del ataque en otra persona; contraen se como por una es- pecie de imitación. Tratamiento durante el ataque. Preciso es poner la doliente al abrigo de los peligros á que la expone la violencia de sus movimientos. Con- viene contenerla con circunspección, aflojarle los vestidos, quitarle el cor- sé, colocarla en un lugar ventilado, aproximarle á las narices un lienzo empapado en vinagre, en agua de Co- lonia, ó un frasco de éter; rociarle la cara con algunas gotas de agua fria, introducirle en la boca un poco de sal común; hacerle tomar rapé por las ATAXIA 207 ATAXIA narices, aplicarle sinapismos en las piernas, darle una taza de infusión con hojas de naranjo, y, por último, administrarle, á cucharadas, la pocion siguiente: Agua 150 gramos (5 onz.) Láudano de Sy- denham 20 gotas Eter sulfúrico. 20 gotas Azúcar 15 grams. (1/2 onz.) Mézclese, y se le dará una cucha- rada de cuarto en cuarto de hora. Si la presión de las mandíbulas no lo permitiera, désele la siguiente ayuda: Agua tibia 150 grams. (5 onz.) Láudano de Sy- denham 20 gotas. Mézclese. Para curar la dolencia é impedir la vuelta de los ataques, no se debe contar mucho con los medicamentos tan celebrados en este caso, y los cua- les son: asafétida, alcanfor, almizcle, opio, etc.; pero debe considerarse co- mo el recurso más útil, el régimen y todo cuanto se refiere al método de vida. Preciso es tener alguna ocupa- ción séria y una vida sosegada; con- viene evitar las emociones fuertes y especialmente las contrariedades. El uso frecuente de baños templados y frios, el ejercicio corporal, los viajes, las impresiones morales que puedan producir una gran variedad en los sentimientos, cuya exaltación era la causa primordial de la dolencia, son, salvo las modificaciones indicadas por algunas circunstancias particulares, los mejores medios para curar los ataques de nervios. Ataxia locomotriz ó Ataxia mus- cular progresiva. Afección del si«- tema nervioso, caracterizada por la imposibilidad en que el doliente se halla de dirigir ó arreglar los movi- mientos á su voluntad, aunque los músculos nada hayan perdido de su contractibilidad normal. Los dolien- tes sienten poca firmeza en las pier- nas; pierden con facilidad el equili brio, y, cuando andan, echan las pier- nas á derecha é izquierda, de una ma- nera muy irregular; y si la dolencia hace progresos, no pueden andar ni tenerse de pié, ni aun se pueden ser- vir de las manos para la menor cosa. Sin embargo, esta dolencia no es una parálisis. Si, con efecto, se da la ma- no á estos dolientes, la aprietan con fuerza. Cuando están acostados, pue- den hacer ejecutar á los miembros to- dos los movimientos posibles, lo cual no pueden hacer lo paralíticos. En algunos de estos dolientes existe cier- to grado de insensibilidad en las pal- ma¡ de las manos y en la planta de los pies. Sobrevienen dolores lanci- nantes, aunque pasajeros, en la cabe- za, en los miembros, en los dedos; la vista se debilita notablemente; en al- gunos dolientes sobreviene la diplo- pia; esto es, ven los objetos dobles. El sentido del oído se conserva intac- to; y, por lo general, las facultades intelectuales no se amenguan. El tratamiento de esta singular do- lencia consiste en el uso de los baños fríos de rio ó de mar; de los medica- mentos tónicos, tales como el vino de quina, cocimientos de cuasia, de lú- pulo; en el empleo de la electricidad ATROFIA 208 ATROFIA mediante el aparato de Trouvé, de Ruhmlhorf, Gaiffe y otros. Atemperantes ó Temperantes, Son los medicamentos que moderan los movimientos demasiado rápidos de la circulación, y disminuyen el ca- lor del cuerpo. Los atemperantes son todos de gusto acídulo. Estos medi- camentos se llaman también refrige- rantes, y se emplean en las fiebres, escorbuto, ictericia, orinas de sangre, etc. Los medicamentos atemperantes son los siguientes: limón, naranja, li- ma, tamarindo, cereza, grosella, uva, granada, membrillo y otras frutos áci- dos. Todas estas sustancias se admi- nistran á los enfermos bajo la forma de limonadas frías. Atonía. Sinónimo de debilidad. Falta de tono. Atrofia. Dáse este nombre al en- flaquecimiento extraordinario, y á la disminución notable en el volúmen de cualquier órgano. Toda causa que impide ó amengua el aflujo de san- gre en un órgano, determina su ^tro- fia. Así, pues, la atrofia parcial es por lo común el resultado de la com- presión, de la falta de ejercicio, de la disminución ó de la suspensión de la influencia nerviosa; la atrofia gene- ral es producida por las dolencias de los órganos esenciales á la vida; de- sígnase entonces con el nombre de consunción. Atrofia muscular progresiva. Consiste en la desaparición ó en la trasformacion fibrosa, ó fibro-grasosa, de la sustancia muscular. Sintonías. Sin causa conocida, á veces después de una exposición al aL re frió, después de una fatiga, sobre- vienen calambres en ciertos músculos, contracciones ó únicamente una sen- sación de entorpecimiento; los movi- mientos se ejecutan con dificultad, y, en ciertas ocasiones, son impo- sibles. Luego puede notarse ya, al princi- pio, un grande enflaquecimiento, que nose apodera de todo el miembro á la vez, como en las parálisis, sino de al- gunos de sus músculos solamente, de donde resultan deformidades singula- res y la pérdida de ciertos movimien- tos. Los músculos así afectados dis- minuyen progresivamente de volú- men, y sus fibras desaparecen poco á poco para hacer lugar á la gordura. Comprimiéndolos, no se siente ya más la resistencia elástica propia al estado normal, pero sí una superficie blanda, incapaz de contraerse; y si el múscu- lo ha desaparecido, se sienten los cor- dones fibrosos ó las superficies óseas casi como si estuvieran desnudas. La alteración, más ó ménos rápida en su marcha, invade luego otros músculos, sobre todo los músculos homólogos del lado opuesto. Aun más, por extensa que sea, la afección muscular se conserva casi siempre local, y las principales fun- ciones no experimentan perturbacio- nes de consideración. No hay pérdida de apetito; las digestiones son regu- lares; las facultades intelectuales se conservan íntegras. Pero los dolien- tes enflaquecen mucho, se ven casi imposibilitados de hacer ciertos mo- vimientos; no pueden tampoco doblar ó extender el miembro. Si la atrofia ATROPINA 209 ATURDIMIENTO afecta los músculos del pecho, la res- piración puede ser embarazada. La dolencia sigue una marcha más ó ménos rápida: hay dolientes que, en algunos meses, pierden el uso de la mayor parte de los músculos; en el número más crecido de ellos, este re- sultado solo tiene lugar al cabo de muchos años. La enfermedad, des- pués de declarada, puede permanecer estacionaria durante cierto número de años, y limitarse exclusivamente á determinados músculos. Tratamiento. Los medicamentos que más aprovechan en esta afección suelen ser: baños con plantas aromá- ticas, baños fríos de rio ó de mar, la electrización por medio de aparatos propios, y las fricciones con el lini- mento siguiente: Aceite concreto de nuez moscada, 15 gramos (1/2 onza); aceite volátil de clavillo, 15 gramos (1/2 onza); al- coholato de enebro, 270 gramos (9 onzas). Mézclese. Atropina, Alcali vegetal, extraído de la belladona, de la cual es el prin- cipio activo. Siendo pura, la atropina se presenta bajo la forma de peque- ñas agujas sedosas, blancas, de sabor amargo y acre, solubles en 8 partes de alcohol hirviendo, y en 500 partes de agua fria. Está dotada de propie- dades enérgicas; como la belladona, dilata la pupila, pero de una manera mucho más manifiesta. Externamen- te es muy empleada en las afecciones oculares; y se aconseja interiormente en la tos espasmódica y en muchas neuralgias. Pero es un medicamento peligroso, y exige gran cautela en su aplicación. La dosis que puede ser dada interiormente cada dia, es de medio miligramo á un miligramo (1/100 á 1/50 de grano). En colirios tampoco debe ser administrada en mayor dosis. Sulfato de atropina, Sal que re- sulta de la combinación del ácido sul- fúrico con la atropina. Preséntase ba- jo la forma de polvos blancos. Es muy soluble en el agua fria y en el, alcohol. Se emplea en los mismos ca- sos y en la misma dosis que la atro- pina. Usase especialmente en inyec- ciones subcutáneas en las diversas afecciones neurálgicas. Es tan peli- groso como la atropina, por lo que su solución suele administrarse á gotas. Valerianato de atropina. Com- binación de ácido valeriánico con atro- pina. Escamas blancas, muy solubles en el agua. Sal sumamente enérgica y peligrosa; es aconsejada en las neu- ralgias y en idéntica dosis que la atro- pina. Aturdimiento, Vahído, Vértigo. Todo el mundo conoce el aturdimien- to ó vértigo que se sigue al vals, á la pirueta, ó al balanceamiento; es una impresión particular que hace creer al que la experimenta, que los obje- tos giran en torno suyo, ó que él mis mo es arrastrado en un movimiento de rotación. Cuando el aturdimiento es grande, la vista se oscurece, se sienten en los oídos ecos y sonidos diferentes, y pesadez en la cabeza; si todavía se hace mayor, las piernas se doblan y la persona viene al sue- lo. El aturdimiento puede ser sínto- ma de varias dolencias. La mayor ATURDIMIENTO 210 AVELLANA parte de las veces es indicio de con- gestión cerebral; sobreviene entonces en los individuos sanguíneos particu- larmente, en los que abusan de los licores alcohólicos, en los que hacen uso de alimentos muy nutritivos; en este caso, por su repetición é intensi- dad, puede temerse el desarrollo de la apoplegía. También puede ser el resultado repentino de una conmoción cerebral, cuando alguien recibe un golpe en la cabeza ó sufre una caída. A veces es precursor del ataque de epilepsia; acompaña las pérdidas san- guíneas abundantes, y puede ser el anuncio de un síncope. En algunos casos, por último, sus causas deter- minantes son leves, y pueden ser cor- tadas con facilidad: tal es el aturdi- miento ocasionado por la fatiga del cuerpo y del espíritu, por la dieta ó por las digestiones laboriosas, bebidas embriagadoras, por el humo, etc. Lo dicho acerca de sus causas prueba que el tratamiento de esta dolencia debe ser variado; consúltense al efecto los artículos Congestión cerebral, Apo- plegía, Desmayo, Hemorragia, etc. En todos los casos de aturdimiento se debe acostar al doliente, aplicarle sinapismos en las piernas y darle á olor vinagre. Cuando los aturdimientos recono- cen como causa la superabundancia, esto es, la plétora de sangre, convie- ne recurrir á la sangría ó á las san- guijuelas en el ano, á las bebidas re- frigerantes, como la limonada, la na- ranjada, á los pediluvios con mostaza, al régimen flojo, compuesto general- mente de vegetales, y abstinencia del vino y los licores. También es esen- cial tener el vientre arreglado merced á purgantes ligeros ó lavativas. Auscultación. Este nombre viene de la palabra latina auscultare, escu- char. Es la aplicación del oído para reconocer la naturaleza de los ruidos que hay en el pecho. Este medio de investigación es una de las conquistas de la medicina moderna, y apenas data de sesenta años. Después de esta invención, la par- te relativa á las enfermedades del pecho ha cambiado enteramente de aspecto, y el arte de reconocerlas, que antes ofrecía grandes obstáculos, en la actualidad presenta muy pequeñas dificultades. La auscultación se practica de dos modos: 1" aplicando el oído sobre el pecho desnudo, ó, mejor aún, cubier- to con un paño tupido; 2" interpo- niendo entre el oído y el pecho un embudo de madera llamado estetós- copo. Avellana. Fruto del avellano, Co- rylus avellana, Linneo, arbusto de la familia de las Cupulíferas que ha- bita en España y otros países de Europa. Este fruto es ovalado; nú- cleo blanco, dulce, epidermis amari- llento. Los confiteros emplean este fruto para la confitería superfina, y de él se puede sacar un aceite semejante al de las almendras dulces. La avella- na es un fruto delicado, tan sabroso cuando está verde como cuando está seco,'pero del cual no debe abusarse por ser indigesto. Las avellanas se- cas (con corteza), ya solas, ya mezcla- AVISPA 211 AVISPA das con almendras, higos y pasas, se sirven de sobremesa. Avena. Simiente de la planta del mismo nombre. Existen muchas va- riedades de ella, cultivadas en los climas templados. La avena ordina- ria (avena sativa, Linneo). Las si- mientes tienen el involucro blanco ó negro, conformé á la variedad de la planta, y sirven principalmente para la alimentación de los caballos. En medicina, se usan para la preparación de los cocimientos emolientes, pero primero deben ser despojadas de su corteza; entonces son blancas, y to- man el nombre de avena perlada. Dosis: 15 gramos (1/2 onza) de avena para 500 gramos (16 onzas) de agua; hiérvese, se cuela y dulcifica con azúcar. En Inglaterra y Alema- nia se fabrica con la avena una cer- veza ligera y muy delicada. Avispa y avispón (Yespa). Géne- ro de insectos himenópteros, cercanos á las abejas, de la familia de los Di- plópteros, tribu de los Porta-aguijones, cuyos caracteres son: ahtenas de 13 artículos en las hembras y de 12 en los machos; cuerpo ménos velloso que el de las abejas; alas plegadas cuan- do se posan; abdomen ovalado en co- municación inmediata con el coselete, que es cuadrilátero; color negro ó ro- jo mezclado de amarillo. En la parte inferior del cuerpo tiene un aguijón con que pica. Este aguijón está atra- vesado por un conducto pequeño, por el cual corre un líquido irritante que se deposita en la picadura y produce un ardor extraordinario. Este líquido es mortífero para los pequeños insec- tos, así como también para el hombre cuando se ve asaltado por muchas avispas al mismo tiempo. Avispa común (Yespa vulgaris). Es negra, con multitud de manchas amarillas en la cabeza; su longitud es de 20 milímetros. Anida en el interior de la tierra, á medio pié de profundi- dad y mucho más; le sirve de entrada un conducto tortuoso de una pulgada de diámetro, que muchas veces ofre- ce numerosas bocas de salida en la supeiúcie del terreno. Avispón (Yespa Crabró). Esta es- pecie tiene 28 milímetros de largura; hace grandes estragos en las colme- nas y en los enjambres de abejas. Construye su nido en los agujeros de las murallas ó en el tronco de los ár- boles, y lo asegura con un pedúnculo cubierto de un sombrero en forma de quitasol. Las avispas y los avispones viven en sociedades como las abejas; estas sociedades se componen de machos, hembras é individuos neutros, y son muy numerosas (150 á 200 insectos). Les gustan los alimentos dulces, y entre estos las frutas maduras. Cuan- do se ven muchas avispas frecuentar un jardín, se puede afirmar que el avispero no está lejos; explorando los alrededores, pronto puede ser descu- bierto . Suele destruirse echándole agua hirviendo, ó bien introduciendo por el agujero una mecha de azufre encendida. No debe practicarse esta destrucción sino á la llegada de la no- che, en el momento en que todas las avispas están recogidas. Si el nido se halla situado en la quiebra de una AYOCATERO 212 AZAFRAN muralla, el medio más sencillo de ex- terminar el avispero consiste en mez- clar cal con agua y echarla, cuando aun está líquida, en el agujero; la cal, al coagularse, no solo destruye las avispas, las larvas y los huevos, sino que, obstruyendo el agujero, impide el establecimiento de una nueva colo- nia. Si el nido estuviese en el suelo, en medio del campo, perfórase el sue- lo con un palo, á fin de descubrir su dirección; después se vierte en el agu- jero cierta cantidad de esencia de tre- mentina y se le prende fuego: es el medio infalible de desembarazarse de estos insectos. Dentro de las habita- ciones se emplea el modo siguiente: se cubren de miel dos tablillas, dis- puestas como las dos tapas de un libro abierto, y separadas únicamente por una varita que puede retirarse á vo- luntad mediante un hilo fuerte ó un bramante; luego que las tablillas es- tán cubiertas de avispas, se tira del hilo, y retirada la varita que sostenía las tablillas, la aproximación instán- tánea de estas aplasta las avispas. El tratamiento de las picadas de avispa y avispón, es el mismo que se emplea para curar las picaduras de las abejas. Véase I. pág. 2. Ayocatero, Laurus persea, Lin- neo. Arbol de la familia de las Lau- ráceas. Es originario de Persia, y, á causa de su fruto, se cultiva en todos los países intertropicales. Sus hojas son ovaladas, largas; y las flores dis- puestas en panículos. El fruto, llama- do abogado ó aguacate, es grande, pe- riforme; contiene una pulpa espesa, mantecosa, de sabor muy parecido al de la avellana, y es estimadísimo; constituye un alimento sano y agrada- ble, que se come de sobre-mesa pre- parado con azúcar, limón, canela, ron, etc.: algunas personas sazonan el agua- cate con sal y pimienta, pero para es- to aquel fruto no debe estar maduro. En el centro de la pulpa existe un corazón, cuyo jugo, lácteo al principio, se enrojece al aire y deja en la ropa manchas indelebles, pudiendo por esta circunstancia servir para marcar pa- ñuelos y otros efectos de casa. Axila, V. Sobaco. Azabache. Especie de betún sóli- do, duro, compacto, de color negro brillante, que se halla en el seno de la tierra, y que es considerado como materia carbonizada é impregnada de pretróleo. Preséntase en fragmentos agudos, del peso específico de 1, 26, de bastante dureza para poder recibir pulimento y ser labrado al torno. Ar- de con un olor acre, á veces aromáti- co. Se encuentra en capas interrumpi- das en España, Francia y Alemania. Con el azabache se elaboran diferentes objetos de adorno, como pendientes, collares, cruces, etc. Azabache artificial. Especie de es- malte ó de vidrio ennegrecido que sirve para los mismos usos que el azabache verdadero. De algunos años á esta parte se emplea abundantemen- te este producto. Las imitaciones he- chas con vidrio son mucho menos ca- ras y mas duras que el azabache na- tural, pero no tienen tanto brillo. Azafrau, Crocus sativas, Linneo. Irídeas. Planta pequeña, originaria del Oriente, cultivada en Europa, princi- AZUCAR 213 AZUCAR palmente en España y Francia. Las flores son rojas, veteadas de púrpura. Se emplean los estigmas y la parte su- perior del estilete, que en el comercio se presenta bajo la forma de filamentos largos, ensortijados, flexibles, de color anaranjado un tanto oscuro; su sabor es picante y amargo, y tiñe la saliva de amarillo; tiene olor especial y fuer- te; se falsifica con el Cártamo de los tintoreros (Carthamus tinctoriusj del cual se distingue fácilmente por- que este es un tubo rojizo, dividido superiormeote en cinco lacinias; en cuyo hueco están el pistilo y el es- tambre; no tiene el mismo olor, ni colora tanto la saliva. La luz roba su color al azafran, y lo vuelve casi iner- te, por lo que debe ser conservado en vasos bien opacos y cerrados. Los estigmas de esta planta, ade- mas del uso que tienen en las artes y en las preparaciones culinarias, tam- bién se usan en medicina; gozan de la propiedad de provocar los menstruos, y convienen principalmente á las jó- venes afectadas de la dolencia cono- cida con el nombre de clorósis. Se ad- ministran en polvo, y en la dosis de 1 á 2 gramos (20 á 40 granos) por dia. Azahar. Se da este nombre en farmacia á las flores del naranjo.- Agua de azahar. El agua de flor de naranjo. Azoato ó Azotato de plata, V. Ni- trato DE PLATA. Azoato ó Azotato de potasa. V. Nitro. Azogue. V. Mercurio. Azúcar. El azúcar es un producto inmediato que se encuentra en gran número de vegetales, por ejemplo, en la remolacha, en la castaña, en la za- nahoria, etc., pero principalmente en la caña de azúcar. Para los usos do- mésticos, se extrae casi exclusivamen- te de la caña de azúcar y de la remo- lacha. Inmensos y conocidos de todos son los usos de esta sustancia. El azú- car es uno de los alimentos más pro- pios para completar y mejorar las cua- lidades digestivas de gran número de sustancias alimenticias; da mejor sa- bor á las sustancias acuosas é insípi- das, suaviza el gusto acerbo ó ácido de otras muchas. Empléase en gran número de industrias, tales como en las de confitero, destilador licorista, alojero, etc. Es un poderoso agente de conservación para las sustancias vegetales y animales, como lo prueban los jarabes y las conservas farmacéu- ticas de las cuales forma la base, los dulces, las mermeladas, las pastas. Tomado con moderación en otros ali- mentos, es una sustancia bienhecho- ra. Algunas personas creen que el azúcar ocasiona la cáries de los dien- tes, el reblandecimiento de las encías, que estraga el estómago, etc. Seme- jantes opiniones son completamente hipotéticas. El azúcar se disuelve en la mitad de su peso de agua fría, y en cual- quiera proporción en agua hirviendo; su disolución aproximada hasta 30° del areómetro es viscosa y'toma el nom- bre de jarabe de azúcar ó simplemen- te jarabe. En la industria se le da el nombre de almíbar. El azúcar se di- suelve muy bien en aguardiente. So- AZUCENA 214 AZUFRE metido á la acción del calor, se derri- te, toma calor amarillo, después rojo, y se convierte en la sustancia llama- da caramelo. El azúcar refinado se encuentra en el comercio en dos estados diferen^ tes, en polvo blanco, ó en pilones có- nicos, compactos, duros y sonoros. Azúcar candí. Azúcar puro disuel- to en agua, cocido hasta la consisten- tencia de almíbar y los 37° del areó- metro, después cristalizado por eva- poración lenta de una estufa. Azúcar de lech^, llamado también lactina ó lactosa, contenido en la le- che de los animales mamíferos. Se ex- trae evaporando el suero de la leche por medio del calor; deposítase, en- tonces, en cristales blancos, duros, de textura foliada. Es ménos soluble que el azúcar común, y no da jarabe. Se emplea en algunas preparaciones far- maceúticas. La leche más rica en azú- car es la de yegua, y, después, la de burra. Azucena. Lilium. Género de la familia de las Liliáceas; contiene plan- tas herbáceas que brotan de un bulbo compuesto de escamas carnosas é im- bricadas; tallo sbnple, levantado, guarnecido de hojas sésiles, angos- tas, verticiladas ó dispersas; flores campaniformes ó vueltas, dispuestas en racimo ó panícula terminal, sin cá- liz, y teniendo un solo involucro colo- rado, de seis segmentos. Este género comprende más de cincuenta especies, todas notables por la elegancia de sus flores. La especie principal es la Azu- cena blanca ó común (Lilium candi- dum), originaria de la Siria, pero es- parcida hoy por todo el globo; todos conocen sus flores grandes, de un blan- co purísimo, muy olorosas, en forma de campana, y con bordes vueltos. Es- tas flores no se deben conservar en los cuartos cerrados, porque pueden ocasionar dolores de cabeza, vértigos, y aun síncopes. La azucena está ex- puesta á los estragos de un insecto rojo, que destruye sus flores en poco tiempo. El único medio de desemba- razarse de él consiste en ir retirando sus larvas tan pronto como llegúen á aparecer. El olor de la azucena blan- ca se emplea para perfumar pomadas, esencias, aceites, etc. El bulbo, asado en el rescoldo, suele usarse á veces como cataplasma contra los diviesos. Azufaifa. Fruto del arbusto llama- do por Linneo Rhamnuz zizyphus, de la familia de las RámneaSj origi- nario de Egipto, Siria, Berbería, de donde pasó á Italia, España y Portu- gal. Este fruto es ovoide, carnoso, del tamaño de una aceituna; tiene pulpa sacarina, un tanto vinosa; contiene un hueso con dos compartimientos. Se co- me fresco en el país en que se coge, ó se conserva seco. Las azufaifas secas forman parte de los cuatro frutos pec- torales, y entran en la composición de los cocimientos y de la pasta de azu- faifas cuyo uso es útil en las afeccio- nes acompañadas de tos. Azufre. El azufre es un cuerpo sim- ple, abundante en la naturaleza, en el estado nativo ó en el de combina- ción. En el estado nativo, el azufre se encuentra en masas opacas ó semi- trasparentes; ó en polvo en las cerca- nías de los volcanes; en fin, raramen- AZUFRE 215 BACALAO te también, bajo la ferma de hermo- sos cristales, teniendo algunos de ellos la más completa trasparencia. En el estado de combinación, el azufre for- ma parte de los sulfuros de hierro, co- bre, mercurio, arsénico, etc. Se halla ademas en ciertas plantas, y muy par- ticularmente en el rábano y en la ber- za. Existe asimismo en ciertas ma- terias animales, como, por ejemplo, en los huevos. Las minas más celebres de azufre están en las provincias de Ñapóles y Sicilia, en los antiguos Es- tados Romanos, Irlanda, Guadalupe, y, por último, en Quito, en la cordi- llera de los Andes. En el Brasil se en- cuentra en el estado nativo en la pro- vincia de Rio Grande del Norte. En España abunda en las provincias de Cádiz, Murcia, Salamanca, Soria, Te- ruel, Vizcaya y otras. El azuire es sólido, de color amari- llo, sin sabor ni olor; arde con llama azulada, y exhala vapores de ácido sulfuroso de olor desagradable. Em pléase en las artes para blanquear la seda y la paja; sirve para la fabrica- ción del ácido sulfúrico; mezclado con carbón y nitro forma la pólvora. Sue- le emplearse también en medicina. Sublimado y mezclado con azúcar cons- tituye las pastillas de azufre, que se administran en las bronquitis y en el asma; su utilidad, no obstante, es más evidente en el tratamiento de las afec- ciones cutáneas, como los empeines, la tiña y la sarna. En estos casos se usa tanto externa como internamen- te. Internamente se emplea en la do- sis de 60 á 120 centigramos (12 á24 granos), dos ó tres veces ál dia. En dosis mayor de 4 á 12 gramos (1 á 3 dracmas), el azufre tiene virtud pur- gante. Externamente, se administra en vapores, lavatorios, pomadas, lini- mentos, baños, etc. Azul de Prusia ó de Berlín. Es- ta sustancia, usada en tintorería, es un prusiato de hierro y de potasa, es- to es, una composición de ácido prú- sico, de hierro y de potasa; tiene un lindo color azul. Prepárase calcinando en los hornos materias animales, la sangre sobre todo, con carbonato de potasa y con hierro. El azul de Pru- sia sirve en la farmacia para preparar el cianuro de mercurio y el ácido prú- sico. Azul de Sajonia, ó azul en licor, ó azul de composición, es la solu- ción de una parte de añil en ocho par- tes de ácido sulfúrico. Esta prepara- ción es empleada por los tintoreros, y debe sus propiedades cáusticas al áci-" do sulfúrico. Ha ocasionado algunos envenenamientos. Para combatir los accidentes, véase Envenenamientos POR LOS ACIDOS CONCENTRADOS. B Bacalao. Morrhua vulgaris, Lin- neo. Es un pez que habita toda la zo- na del Océano septentrional, compren- dida entre el 40° y el 70° de latitud, y se reune todos los años, por el mes de Marzo, en número verdaderamen- te incalculable, sobre una montaña submarina llamada Banco de Terra- nova, que ocupa enfrente de la isla del mismo nombre un espacio do 150 leguas. Este pez, cuando ha llegado BACALAO 216 BADEN EN AUSTRIA á su completo desarrollo, tiene de 100 á 130 centímetros de largura, unos 30 de ancho, y de 7 á 10 kilogramos de peso, algunas veces más. El baca- lao tiene un estómago muy grande; se alimenta de peces menores, en par- ticular de arenques, de moluscos, de crustáceos, etc. Su fecundidad es pro- digiosa: en una masa ovaria se han hallado hasta cuatro millones ( otros dicen 8 millones) de huevos. La pesca del bacalao se verifica des- de Febrero á Marzo en el mar del Norte, sobre todo en el banco de Te- rranova, en donde todos los veranos se reunen los pescadores de todas las na- ciones marítimas; éstos se distribuyen, por término medio, cada año, lo mé- nos 36 millones de bacalaos, salados ó secos, para el comercio del mundo entero. Esta pesca se hace con cuer- das de pescar de un largo á veces de Í50 metros, guarnecidas de un plo- mo en la extremidad de los anzuelos. Después de cogidos los bacalaos, se salan ó se hacen secar. En el primer caso, se les abre el vientre para sacar- les las tripas, el hígado y las huevas, después de haberles cortado la cabe- za y la lengua, que se ponen á parte. El portugués Gaspar de Corte Real fue el que, á principios del siglo XVI, hizo la primera pesca del bacalao jun- to al banco de Terranova; después, esta pesquería tomó una extensión considerable. El bacalao se conserva largo tiem- po sin alteración, una vez salado y seco, pudiendo ser trasportado á todas partes. La carne del bacalao no es la única cosa suya de que se hace uso: la lengua fresca ó salada es un exce- lente bocado; se come también el hí- gado, y de él se extrae un aceite que se emplea en medicina contra las afecciones del pecho, escrófulas, ra- quitismo, etc., y que ademas es muy solicitado en las artes. (V. Aceite de hígado de bacalao): de la vejiga na- tatoria de este pez se saca una cola que no es inferior á la del esturión; sus huevas son un manjar apetitoso. Antes de hacer cocer el bacalao, se le debe quitar la salazón, poniéndolo á remojo por espacio de 24 horas, en agua que debe renovarse dos ó tres veces. Hay muchas maneras de pre- pararlo para la mesa, y es una comi- da sana. Bacinete, Pelvis. Canal ancho y curvo, con paredes óseas, que viene á terminar inferirmente el tronco, al cual sirve de base, y que ofrece un punto de apoyo á los miembros infe- riores. Está formado por cuatro hue- sos: el sacro y el cóccix por detras, los dos huesos ilíacos hacia los costa- dos y por delante. El bacinete encie- rra la vejiga, el útero, el intestino recto y otros órganos; abre paso al ni- ño durante el parto. Badén en Austria. Aguas sulfu- rosas calientes. Badén es una linda ciudad de 15,000 habitantes, á 24 ki- lómetros de Viena, capital del Aus- tria, que por el ferrocarril se recorren en 58 minutos. Está situada á 224 metros sobre el nivel del mar. La tem- peratura media anual es de 11° cen- tígrados; pero la media también de la estación termal, del 15 de Mayo al 15 de Octubre, es de 18° centígrados. BADEN-BADEN 217 BADEN-BADEN Las casas son muy limpias, y la cui- dad está entretenida con elegancia. Las aguas minerales son sulfurosas calientes, de 35° á 40° centígrados. De 13 fuentes que existen, una sola es empleada en bebida, las demas sir- ven para el uso externo. Hay dos pis- cinas, una para los hombres, la otra para las señoras; representan dos la- gos pequeños, de 2 á 3 metros de profundidad, exclusivamente ali- mentados por el agua sulfurosa. El agua que se bebe es sumamente lím- pida; su sabor es sulfúreo zy salado; olor azufrado; tomada en la dosis de dos á tres vasos, produce efectos de purgante. Mil gramos del agua de es- ta fuente contienen en conjunto 26 centigramos de materias fijas: carbo- nates de cal y de sosa; sulfates de cal, de potasa y de sosa; sílice; cloruros de sodio y de magnesio; sulfuro de magnesio, y, en fin, materias orgáni- cas. Las aguas sulfurosas de Badén, en Austria, son provechosas en las bron- quitis crónicas, en las afecciones de la piel, y en los catarros de la vejiga, leucorreas y escrófulas. Baden-Baden. Aguas salinas clo- ruradas calientes. Badén es una ciu- dad del Gran Ducado de Badén, con 10,000 habitantes, número que casi se duplica en la estación de los baños. De Paris á Baden-Baden se va en 14 horas por el ferrocarril. Este viaje cuesta unos 64 francos. La tempera- tura de las aguas de Badén varía de 45° á 67°,5 centígrados, según las fuentes. El agua es trasparente, de sabor un tanto salado, pero no des- agradable. Mil gramos de agua de la fuente principal (Ursprung ó Haupt- quellé) contienen 25 centigramos de sustancias fijas, que son: cloruros de sodio, de calcio, de magnesio; sulfato de cal; carbonato de hierro y sílice. Estas aguas se emplean sobre todo en baños y en duchas; como bebida, se toman en la dosis de 5 á 6 vasos por la mañana. Empléanse contra la go- ta, el reumatismo, en las enfermeda- des del hígado y en el catarro de la vejiga. El agua de Ursprung sale á bor- botones en una especie de torre circu- lar, obra de los Romanos, y va á jun- tarse en un receptáculo, de donde, por medio de tubos, pasa á los baños es- tablecidos en las fondas públicas, y á Trinkhalle (sala de la bebida), ele- gante edificio situado en un parque, en donde los enfermos se juntan á beber el agua. El aspecto de Badén es elegante, variado y pintoresco; las llanadas que circunvalan la población son notables por la riqueza de los sembrados, por la verdura y la hermosura de sus ar- boledas. Jamas son allí bruscos los cambios de temperatura, y el clima es muy suave. La limpieza denlas ca- sas y calles hacen de Badén una ciu- dad privilegiada; pero antes bien es una residencia fastuosa y de placeres, que no una verdadera estación ter- mal, y los enfermos abundan allí mu- cho menos que los elegantes y ocio- sos. En otro tiempo Badén era el pun- to de cita de los jugadores, pero los juegos fueron abolidos el Io de No- BADEN EN SUIZA 218 BADEN EN SUIZA viembre de 1872. La estación de aguas dura desde el Io de Junio hasta el 15 de Setiembre. El uso de las aguas de Badén, y sobre todo el hermoso as- pecto del país, las magníficas excur- siones, las variadas distracciones, han sido suficientes para restablecer las funciones cerebrales de algunos me- lancólicos, á quienes nada podía apar- tar de sus quiméricas ideas. Badén, en Suiza. Aguas sulfu- rosas y cloruradas sódicas, calientes. Se va de París á Badén en 18 horas, por el ferrocarril, y el viaje cuesta unos 67 francos. Badén es una ciudad pequeña de la Suiza, á 547 metros sobre el nivel del mar. Su temperatura es notable por la suavidad é igualdad que la dis- tinguen; las montañas que rodean la ciudad están cubiertas de árboles ver- des desde la base hasta la cima. La estación de los baños es desde el Io de Mayo al 15 de Octubre; la tempe- ratura media durante esta época se- ñala 17° centígrados. Badén no tiene establecimiento principal; se bebe el agua al tomar el baño en las fondas; cada una de ellas tiene una fuente. El número de fuentes es considerable; su tempera- tura uniforme: 50° centígrados. El agua es trasparente é incolora, de sa- bor un tanto dulce, de olor sumamen- te sulfúreo. Las tapas que sirven pa- ra cubrir los receptáculos se toman de azufre sublimado y cristalizado en poco tiempo. Sin embargo, no se ha llegado á determinar la cantidad de gas hidrógeno sulfuroso que el agua contiene; este gas es tan volátil, que se desarrolla y evapora inmediata- mente al contacto del aire atmosfé- rico. Hé aquí la composición de la fuen- te Santa Verena, según el profesor Lowig, en 1,000 gramos de agua: 4 gramos 35 centigramos de materias fijas, en totalidad. Estas son: cloru- ros de sodio, de potasio, de calcio, de magnesio; sulfates de cal, de sosa, de magnesia; fluato de cal, fosfato de alúmina; carbonates de cal, de alúmi- na, de estronciana; sílice, vestigios de bromuro, y ioduro de magnesio, litio y materias orgánicas. Modo de administración y las dó- sis. Las aguas de Baben se adminis- tran en bebida, de cuarto en cuarto de hora, par la mañana en ayunas, ó por la noche antes de acostarse. No se principiará por cantidad mayor que un vaso de 125 gramos (4 onzas); se aumenta de dia en dia hasta la dosis que debe tomarse, que es de seis ó siete vasos, cuando más. Un ejercicio moderado favorece la digestión del agua. La duración de los baños debe ser de una hora; la de las duchas de 15 minutos, y el tiempo que se per- manece en el baño de vapor es de otros 15 minutos. Propiedades y usos. Estas aguas gozan de gran reputación contra la gota, el catarro de la vejiga, las flores blancas, las neuralgias y las enferme- dades de la piel. Las inhalaciones ga- seosas son provechosas en la bronquí- , tis crónica. Los enfermos pueden hacer allí el tratamiento por el suero de leche de cabra. Las distracciones de Badén, en Sui- BAGNERES DE BIGORRE 219 BAGNERES DE BIGORRE za, no son ni brillantes ni ruidosas. Badiana. V; Anís estrellado. Bagnéres de Bigorre. Aguas ca- lientes salinas, sulfatadas cálcicas. Bagnéres de Bigorre es una ciudad francesa del Mediodía, en el departa- mento de los Altos Pirineos, con 9,500 habitantes; dista de París 774 kilómetros, que por el ferrocarril se hacen en 18 horas y 50 minutos de viaje, y este cuesta sobre 96 francos. La ciudad está situada en la falda de las montañas, á 600 metros sobre el nivel del mar; la temperatura es sua- ve, el sitio de los más pintorescos, la vegetación abundante y vigorosa. No obstante su situación en la latitud cá- lida, el clima es templado en verano, y en invierno el frió nunca suele ser rigoroso. Esta ventajosa posición ha- ce de Bagnéres una residencia de in- vierno y verano; pero sobre todo du- rante los meses de Mayo, Junio, Ju- lio, Agosto y Setiembre es cuando sus aguas atraen el mayor número de en- fermos. Existen en Bagnéres muchas fuen- tes, cerca de 30, que dan aguas sali- nas de diferente naturaleza; algunas hay ferruginosas. Su temperatura va- ría de 20° á 65° centígrados; bebidas producen un ligero efecto purgante, al cabo de cuatro dias de continuar su uso. El agua de la fuente Dauphin, una de las principales, es límpida, in- colora y trasparente; no tiene olor ni sabor notables, y, no obstante, el pa- ' ladar no puede confundirla con el agua común calentada al mismo gra do; su temperatura es de 49°,1 cen- tígrados, siendo la del aire 23° cen- tígrados; su reacción es altamente al- calina. Mil gramos de esta agua con- tienen, en materias fijas totalizadas, 2 gramos 90 centigramos; están com- puestas como sigue: sulfates de cal y de sosa; carbonates de cal, de magne- sia, de hierro; ácido silícico; cloruro de magnesio y de sodio; sustancias resinosa y extractiva vegetal. Las aguas de Bagnéres de Bigorre se administran en bebida, en baños, en chorros, duchas y baños de va- por. Prescríbense en ayunas interiormen- te, en la dosis de 2 á 8 vasos por dia, y uno de cuarto en cuarto de hora. La duración de los baños varía de 45 minutos á una hora; la de las duchas de 5 á 15 minutos. Los baños de va- por se ordenan por un espacio de tiempo que varía entre 10 á 20 mi- nutos. Las aguas son utilizadas en dife- rentes establecimientos, pertenecien- tes uno al gobierno local, los otros á particulares. El establecimiento del gobierno consiste en un vasto edificio, todo de mármol, apoyado contra la montaña, de donde salen las siete fuentes que en él se distribuyen. En el vestíbulo se encuentra el caño que da el agua de beber. En el interior hay baños de corriente continua, las irrigaciones ó duchas, y los diversos compartimentos de vaporarium, com- prendiendo las estufas con escala, los baños rusos y las fumigaciones. Se hallan allí igualmente las duchas hi- droterápicas. Por último, dos salas de pulverización de agua completan el BAGNERES DE LÜCHON 220 BAGNERES DE LUCHON sistema balnear de Bagnéres de Bi- gorre. Hay un casino situado en medio de un delicioso parque. Este es el pa- seo predilecto de los bañistas, sobre todo cuando la orquesta, que toca ba- jo un kiosko, hace oír sus melodías que á lo lejos repiten los ecos del va- lle. Cuando llega la noche,-la anima- ción de los salones prueba que la dis- tracción, tomada en justos límites, puede trasformarse en elemento cu- rativo. No hay estaciones de baños donde la naturaleza y el arte hayan hecho más para que su residencia sea deliciosa. Bagnéres de Bigorre y Lu- chon son en los Pirineos franceses las capitales de la vida elegante, la reu- nión de los placeres del mundo y de la moda. Las diversas fuentes de Bagnéres de Bigorre son más ó ménos fortifi- cantes. Convienen á casi toda enfer- medad crónica, sobre todo en los in- gurgitamientos del hígado y del bazo, en las parálisis, clorosis, anemia, ame- norrea, reumatismo y enfermedades de las vías urinarias. Bagnéres de Luclion. Aguas mi- nerales sulfurosas, calientes. Bagné- res de Luchon es una ciudad peque- ña de la Francia meridional, con 4,500 habitantes, á 6 kilómetros de la frontera de España, y á 798 kiló- metros de París, recorriéndose estos en 20 horas 35 minutos por el ferro- canil, y costando el viaje 110 fran- cos.- La ciudad de Bagnéres de Luchon (ó simplemente Luchon) está situada en uno de los más hermosos valles de los Pirineos. Las inscripciones latinas descubiertas en esos lugares prueban que los Romanos tenian allí sus ter- mas. El barrio nuevo figura una larga calle con cuatro hileras de tilos, que forman el frente de las habitaciones destinada á los bañistas. Las fuentes brotan al pié de una montaña, en nú- mero de cuarenta y ocho, ^u tempera- tura varía de 38° á 55° centígrados. El agua tiene olor á huevos podridos y un sabor desagradable; es trasparen- te é incolora á su salida de la roca; algunas veces conserva indefinidamen- te su limpidez; pero casi siempre, an- te la acción del aire, se vuelve de un color lechoso ó verduzco. Contiene sulfuro de sodio; sulfatos de potasa, de sosa, Je cal; silicatos de sosa, de cal, de magnesia; de alúmina; car- bonato de sosa; sílice libre, ioduro sodio, hiposulfito de sosa; gases ázoe, oxígeno y ácido sulfhídrico. El establecimiento termal fue cons- truido sobre el sitio de los antiguos baños romanos. Consta de ocho casas, en las cuales están distribuidos los cuartos de baños, las duchas, las pis- cinas, los baños de vapor y las aspira- ciones directas de los vapores sulfu- rosos. Las aguas de Luchon son conve- nientes para los reumatismos cróni- cos, escrófulas, úlceras, fístulas, cáries de los huesos, parálisis, enfermedades de la piel; sifílides, morfea; en las bronquitis, laringitis, en el primer pe- ríodo de la tisis, y en el asma. Se to- man en bebida, en baños, duchas é inhalaciones. Antes de beber se deja enfriar el agua, cuya temperatura es BAGNERES DE LUCHON 221 B AGNOLES DE L'ORNE muy elevada, ó se mezcla con agua de otro manantial menos caliente; á veces se le agrega leche ó suero de leche. La dosis que se bebe es de dos á tres vasos por dia. Los baños deben tomarse en número de treinta á cua- renta, á fin de poder alcanzar la cura- ción. La estación de las aguas, es de- cir, la época más conveniente para tomarlas es del Io de Junio al 15 de Octubre. Pasada esta época, las aguas pierden su virtud por causa de las lluvias que vienen á mezclarse con ellas; ademas de esto, su acción no es tan convenientemente favorecida en- tonces por la temperatura y por las condiciones del clima, que suele ser muy agrable durante el verano en esas regiones montañosas. Ninguna estación de baños ofrece excursiones y paseos más interesantes que la de Luchon. A causa de la ele- vación á quo se encuentra, de 620 metros sobre el nivel del mar, el cli- ma no es allí muy ardiente en el ve- rano, no obstante su latitud meridio- nal. Esta estación balnearia es una de las más frecuentadas de Francia. Las aguas de Luchon no convie- nen: Io á las personas que padecen de mal de corazón; 2° á las afecciones cancerosas; 3o a los gotosos; 4o á los individuos sujetos á los esputos de sangre; 5o en el período avanzado de la tisis; 6o á las personas que tienen constitución apoplética y están ama- gadas de congestión cerebral. Las aguas de Luchon, como todas las aguas sulfurosas sódicas, se al- teran pronto y no pueden ser expor- tadas. Bagnoles de L'Orne. Aguas sulfú- reas calcicas templeadas, y aguas fer- ruginosas frías, de Francia en el de- partamento del Orne. De París á Bag- noles se va por el ferrocarril en poco más de 7 horas, y el viaje cuesta unos 30 francos. En Bagnoles existen dos clases de fuentes: unas llevan el nombre sulfuro- sas, y otras son ferruginosas. Las fuen- tes sulfurosas caracterizan la estación; estas son las que deben ocuparnos desde luego. Io Fuente sulfurosa. Su agua es trasparente, un poco untuosa, inodo- ra, de gusto agradable; su temperatu- ra es de 27° centígrados. Su sabor y la falta de olor no justifican el nom- bre de sulfurosa que lleva. La fuente principal está designada con el nombre de Fuente grande; da 152,500 litros de agua por dia. Se encuentra dentro de un edificio pe- queño y cuadrado, á orillas de un to- rrente. Conforme al análisis de Ossián Hen- ry, el agua de la Fuente grande, ade- mas de una corta cantidad de azufre, Contiene sales alcalinas, sílice, hierro, manganeso y un principio arsenical. El total de estas sustancias no es más que de 13 centigramos por litro. Allí hay un hermoso establecimiento ter- mal que tiene 40 pilas, dos piscinas de agua corriente, una de las cuales, muy vasta, sirve para nadar; duchas de diversas especies, y llave para el agua de beber. Cerca de la fuente existen aparatos á propósito para ca- lentar el agua que apenas es tibia al salir de la fuente. En fin, el estable- BAGNOLES DE L'ORNE 222 BAGNOLES DE L'ORNE cimiento posee toda clase de aparatos hidroterápicos. Las aguas sulfurosas de Bagnoles se administran en bebida, baños, du- chas descendentes y ascendentes, ba- ños de estufa, de piscina, á la tempe- ratura propia de la fuente termal (27°), temperatura que es preciso ele- var para los baños de pila. La facilidad con que el estómago soporta estas aguas las hacen muy convenientes en la dispepsia. Desíg- nanse con este nombre de dispepsia mnchos estados del estómago, carac- terizados por el hastío, digestión, di- fícil impresión de saciedad. Frecuen- tes veces, al fin de la curación, se ad- minstran concurrentemente, ó se les sustituyen las aguas ferruginosas. 2° Fuente ferruginosa. El agua, vista en masa, es turbia; parece casi clara cuando se examina en un vaso, del cual poco tarda á empañar la tras- parencia. No tiene olor; su sabor es estíptico y ferruginoso; posee una tem- peratura de 12°,3 centígrados; burbu- jas de gas se desprenden del fondo y agitan su superficie. Las aguas de Bagnoles, cuya espe- cialidad es el tratamiento de la dispep- sia, son también convenientes en el histerismo, palpitaciones nerviosas, di- diferentes espasmos; úsanse interna y externamente. En este caso se acon- seja, sobre todo, la piscina mayor, á causa de su temperatura un tanto baja y de la facilidad que encuentran los enfermos de poder entregarse á la natación. Las aguas de Bagnoles convienen ademas en las afecciones-reumatisma- les, gotosas, parálisis, rigideces mus- lares, anquilósis, ciertas alteraciones del tejido óseo, y en las enfermedades de la piel. Los bañistas acostumbran habitar en el establecimiento. La casa desti- nada á los enfermos está enteramente separada de las termas propiamente dichas. Todo allí está bien ordenado: cuartos, mueblaje, servicio. La mesa, sobre todo, es excelente, circunstancia muy útil, porque el aire puro que en localidad se respira contribuye á au- mentar el apetito. Hé aquí los precios en la fonda del establecimiento: Cuartos con una sola cama de 1 á 5 francos diarios. También los hay con dos camas y habitaciones comple • tas, cuyos precios son proporcionales. Almuerzo y comida, en mesa redonda, 6 francos y medio. Servicio y derecho á beber el agua mineral, 1 franco por dia. Los niños menores de diez años pagan la mitad. Los criados de los enfermos pagan por comida y cuarto 4 francos y medio por dia. A los efectos de las aguas en hedi- da y baños hay que añadir la influen- cia de las calidades balsámicas que que comunican á la atmósfera los ár- boles resinosos de que están cubiertos los oteros que rodean el estableci- miento. A la belleza y variedad de los sitios, las masas graves de las ro- cas, valles dominados por graciosas colinas, y toda la maravillosa vegeta- ción de arbustos y árboles corpulentos que esparcen al aire sus perfumes, han valido á esta deliciosa región el nombre de Suiza normanda. BALANITIS 223 BALANITIS La estación termal es del Io de Ju- nio al Io de Setiembre. El agua de la Fuente grande so- porta perfectamente el trasporte, sin experimentar alteración alguna. Se bebe con preferencia durante las co- midas; es útil en particular contra la dispepsia. Bagnols. Aguas sulfurosas calien- tes, situadas en Francia, en el depar- tamento del Lozére, á 20 kilómetros de la ciudad de Mende. Su tempera- tura sube á 45° centígrados. El agua es trasparente, untuosa al tacto, de sabor sulfúreo, olor de huevos corrom- pidos. En bebida y baños se usa con tra las enfermedades cutáneas. La estación termal dura del 1'.' de Junio al 1? de Setiembre. Baile de San Vito. V. Corea. Balanítis. Inflamación de la mem- brana que cubre el glande ó bala- no y el interior del prepucio, acom- pañada de fluxión mucosa purulenta. Causas. La balanítis se observa principalmente en los individuos que continuamente tienen el glande cu- bierto por el prepucio. Las causas de esta dolencia son: la acumulación pro- longada de la materia sebácea, sobre todo cuando se halla mezclada con la orina, lo cual acontece á menudo no pudiendo descubrirse el glande natu- ralmente; los rozamientos continuos del miembro viril; la falta de aseo. Por último, en algunos individuos su- jetos á las erupciones vesiculares la balanítis existe simultáneamente, ó alterna con dichas erupciones. No es afección de naturaleza sifilítica ni contagiosa. Síntomas. La balanítis es anuncia- da por el calor, las punzadas y ardo- res en la extremidad del miembro vi- ril; este se hincha y duele cuando se comprime el glande, aun á través del prepucio. Inmediatamente después se declara una fluxión de materia muco- sa purulenta amarilla, la cual ha dado Ingar á que se dé á esta dolencia el nombre de blenorragia del glande y de gonorrea espúrea ó bastarda: el glande, puesto á la vista, se presenta cubierto de pus y enrojecido; si la in- flamación dura algún tiempo, se ma- nifiestan ligeras escoriaciones; á veces la inflamación es tan intensa, que pro- duce un engurgitamiento pasajero de las ingles. La balanítis es una dolencia que, por lo común, tiene corta duración y se cura con facilidad; raras veces pasa al estado crónico, salvo cuando depen- de de algún vicio de constitución. Hay tambi^ una especie de balanítis sin inflamación franca, que es de las más enojosas; consiste en una alteración de la secreción de los folículos del glande; una especie de serosidad es- pesa baña este órgano, y por poco que el individuo se encienda ó haga algún exceso, sobreviene una violenta in- flamación con dolor y supuración pu- rulenta; luego los síntomas se cal- man, pero vuelven aparecer al primer exceso. La balanítis es una dolencia siem- pre fácil de reconocer; se podría to- mar por una blenorragia, si no se re- parase á que el pus se forma entre el glande y el prepucio; cuando una cor- ta cantidad de él parece salir del ca- BALLENA 224 BALLENA nal de la uretra, es porque se intro- dujo allí momentánea y accidental- mente; pero no procede del canal. A primera vista, las ligeras escoriaciones del glande pueden tal vez tomarse por ulceraciones sifilíticas; pero este error se rectifica con un examen de- tenido y atento. Es muy difícil, la mayor parte de las veces, el determi- nar la causa del mal. En cuanto á la naturaleza sifilítica que se le supone, no deberá, sin embargo, serle atribui- da sino cuando concurren otros sínto- mas sifilíticos. Tratamiento. Consiste en bañar el miembro con un cocimiento tibio de raíz de altea, dos ó tres veces por dia; inyecciones del líquido entre el glande y el prepucio cuando hay fimo- sis, esto es, cuando la abertura del prepucio es naturalmente tan angosta que este no puede recular y dejar á descubierto el glande; aplicar sobre el glande hilas mojadas en la $isma de- cocción; algunos baños generales, y á veces un laxante suave. Si estos me- dios no aprovechasen, se sustituirá al cocimiento de altea el agua vegeto- mineral fria. Y finalmente, introdú- cese el lápiz de piedra infernal entré el glande y el prepucio, y se cauteriza rápida y levemente la superficie de la membrana. Raras veces la supuración no cede á este medio. Ballena. Mamífero cetáceo que el vulgo toma generalmente por un pez, á causa de su forma externa, de su constante permanencia en las aguas del mar, y el cual, no obstante, cien- tíficamente examinado, presenta to- dos los caracteres de los mamíferos t En efecto, la ballena es vivípara, esto es, que sus hijos nacen vivos; respira por medio de pulmones el aire exte- rior, tiene sangre caliente, pare un solo hijo, rara vez dos, y da de mamar con sus tetas, las cuales están cerca del ano. Este enorme cetáceo, que no mide menos de 25 á 30 metros de largo en la edad adulta, tiene la ca- beza del tercio de la largura total del cuerpo; es el mayor de los animales conocidos. En lugar de dientes, su boca está guarnecida en la quijada superior de grandes láminas delga- das, trasversales y agrupadas paralela- mente, en número de 800 á 900 en cada lado, del largo de 3 metros poco más ó menos, llamadas barbas de ba- llena; le sirven á la ballena, cuando ha absorbido gran cantidad de agua, conteniendo moluscos y peces peque- ños, para deternerlos, como podria ha- cerlo una criba. Cuando el animal quiere arrojar fuera esta agua, que se le hace inútil, lo verifica por medio de dos orificios ó respiraderos situados verticalmente encima de la cabeza, y lanza el líquido á una altura de 10 á 12 metros, formando dos columnas de agua suficientes á sumergir las em- barcaciones pequeñas. La ballena tie ne una lengua enorme, carnosa, muy gruesa; su garganta es tan estrecha que no puede tragar más que anima- les pequeñitos; tiene los ojos del ta- maño de los del buey, y el oido muy fino; solo posee dos miembros ó aletas pectorales, en las que se han encon- trado todas las partes de los miem- bros anteriores de los mamíferos; la parte, posterior del cuerpo está termi- BALLENA 225 BALSAMITA nada por una especie de aleta hori zontal. La ballena nada con simia ve- locidad; muchas veces penetra en las profundidades del mar, pero como está obligada á salir á respirar el aire libre á flor de agua, generalmente se conserva cerca de la superficie del mar. Las ballenas se pescan en las re- giones septentrionales, sobre las cos- tas de la Patagonia, sobre las de Is- landia, en la bahía de Hudson, en el cabo de Hornos, etc. Estos cetáceos tienen entre la piel y los músculos una capa de tocino que, á veces, mide medio metro de espesor, y, derretido, da un aceite apreciado en las artes industriales. Y para obtener este acei- te, así como las barbas de ballena, es por lo que se practica la pesca de este mamífero. Luego que los pescadores, reunidos en gran número en las embarcaciones, avistan una ballena, inmediatamente botan la lancha al mar, y avanzan en silencio. Uno de ellos, el más robusto y más diestro, va de pié y armado de un arpon atado á una larga cuerda; así que se encuentra al alcance de la ballena, le arroja con toda su fuerza esta arma, la cual penetra más ó mé- nos profundamente; al sentirse herida, la ballena se hunde en el agua con la rápidez de la flecha, llevando en sus flancos el arpon, cuya cuerda se des- arrolla y es arrastrada con ella; pero en seguida, forzada por la necesidad de respirar, vuelve á la superficie, en donde su enemigo le espera á pié firme; éste la arponea de nuevo, y la misma operación se reproduce hasta que, exánime por la pérdida de la sangre, la ballena no puede ya hun- dirse ni defenderse, y entonces es arrastrada por los pescadores que la matan y despedazan; mientras que no está completamente muerta evitan en lo posible su formidable cola, pues con sola una sacudida haría volar he- cha astillas su frágil embarcación. Después de estar seguros de su muer- te, cortan á tajadas el tocino que cu- bre el animal, ó lo derriten para sa- car el aceite. La pesca del cachalote, que se practica más particularmente en los mares del Sur, tiene el mismo objeto, y ofrece las mismas dificulta- des y peligros. (V. Cachalote). El aceite de ballena, conocido bajo el nombre de aceite de ballena ó de pescado, se emplea en el alumbrad¡', para la fabricación del jabón, peca curtir los cueros, disolver las tintas, y otros diferentes usos diarios. Las bar- bas de la ballena, por su liviandad, flexibilidad y rigidez al mismo tiem- po, sirven para paraguas y sombrillas, corsés, baquetas de escopeta de caza, etc. En cuanto al espermaceti (esperma de ballena), este es producto del cacha- lote, y enteramente extraño á la balle- na. (V. Cachalote). En ciertos países, los intestinos de la ballena sustituyen las vidrieras do las ventanas: también se tejen redes con sus tendones; la carne, fresca ó salada, ha sido utiliza- da á menudo por las tripulaciones pescadoras. Balsamita. Balsamita suaveo- lens, Pers. Sinantéreas-senecionídeas. Planta aromática cultivada en los jar- dines. Tallos de 1 metro de alto, fi- BALSAMO 226 BALSAMO gcramente empubescidos, blanquizcos y ramosos; hojas ovales-elípticas, den- tadas, las inferiores pecioladas, las su- periores sésiles, articuladas en la base; los capítulos son largos pedicelos, dis- puestos en colimbo; olor aromático agradable, semejante al de la menta. Entra en la composición de baños aromáticos. Bálsamo. Los antiguos, y princi- palmente los Arabes y los Egipcios, daban este nombre á las sustancias resinosas, odoríferas, cogidas y con- servadas expresamente para la com- posición de los perfumes, ó para los embalsamamientos. Las propiedades maravillosas que les atribuían hicie- ron que el uso de los bálsamos se es- parciera por todo el mundo. El char- latanismo enlazó bien pronto sus vir- tudes, y, bajo un mismo nombre, vendió gran número de sustancias que son más ó ménos parecidas á los bál- samos. Después fueron llamados, del mismo modo, muchos medicamentos que no poseían ninguno de los carac- téres que distinguen á los bálsamos. El abuso que de esta palabra se ha hecho necesitaba que se viniera á fijarle al cabo un sentido rigoroso; en consecuencia se convino en llamar bál- samos únicamente á las sustancias resinosas que contienen cierta canti- dad de ácido benzoico, y un aceite esencial; son jugos de ciertos árboles, entre los que figuran el benjuí, el bálsamo del Perú, el de Tolú, etc. Pero en farmacia se designan con el nombre de bálsamos, ya las tinturas alcohólicas muy cargadas de resinas y sustancias aromáticas, como, por ejem- pió, el bálsamo del Comendador; ya los aceites medicinales ó las poma- das, tales que el bálsamo tranquilo, el de Fiorayanti, el bálsamo de opo- deldoch, etc. Bálsamo anodino. Jabón blanco 60 gramos (2 onz.) Opio 15 gramos (4dracm.) Divídanse estas sustancias en pe- queños fragmentos, y póngase en di- gestión por tres dias en; Alcohol de 85° 200 gram. (7 onz). Alcanfor 6 gram. (11/2 drac). Esencia de ro- mero 10 gram. (2 1/2 drac.) Exteriormente en fricciones contra los dolores. Bálsamo del Comendador ó Tin- tura balsámica. Raíz de angé- lica 10 gram. (2 1/2 drac.) Hipericon. .. 20 gram. (5 drac.) Alcoholde80°720gram. (24 onz.) Mirra 10 gram. (2 1/2 drac.) Incienso .... 10 gram. (2 1/2 drac.) Bálsamo de Tolú 60 gram. (2 onz.) Benjuí 60 gram. (2 onz.) Acíbar 10 gram. (2 1/2 drac.) Macérese por espacio de ocho dias en alcohol la raíz de angélica y las sumidades de hipericon conveniente- mente divididas; cuélese exprimién- dolo bien. Se junta primero al líquido la mirra y el incienso; se macera du- rante ocho dias, y se cuela exprimién- dolo fuertemente. Por último, añáde- se el bálsamo de Tolú, el benjuí y el áloes; se vuelve á la maceracion por diez dias y se filtra.-Se emplea para curar las cortaduras. BALSAMO 227 BALSAMO Balsamo de copaiba, V. Copaiba. Balsamo de Fioravanti. Tremen- tina, 500 gramos; resina elemí, 100; resina tacamaca, 100; sucino, 100; estoraque líquido, 100; gálbano, 100; mirra, 100; acíbar, 50; bayas de lau- rel, 100; galanga, 50; gengibre, 50; cedoaria, 50; canela, 50; clavo de especia, 50; nuez moscada, 50; ho- jas de díctamo crético, 50; alcohol de 80°, 3,000.-Divídanse todas las sustancias, macérense en el alcohol seis dias, y destílese hasta extraer 2,500 gramos de producto.-Usase en fricciones como estimulante. Bálsamo de la Meca Jugo resino- so que se extrae por incisión del tron- co, y por el cocimiento en agua, de los ramos y hojas de un arbusto. Amyris opobalsamun, Linneo, que habita en la Arabia. El bálsamo de la Meca es líquido, de olor agradable; reciente, es opalino; pero cuando se hace viejo toma el color amarillo, tras- parente, y se solidifica. Es un tanto tónico y excitante; se emplea en la dosis de 10 gotas á 1 dracma en las bron- quitis crónicas. El bálsamo de la Me- ca que se encuentra en el comercio es lo que se extrae por cocimiento de los ramos y las hojas, y, aun muchas veces, este es falsificado por la tre- mentina; el que se obtiene por inci- sión abunda poco, y queda exclusiva- mente reservado para los usos del se- rrallo. Bálsamo nervino. Médula de va- ca, 350 gramos; aceite concreto de nuez moscada, 450; aceite de almen- dras, 100; aceite volátil de romero, 30; aceite volátil de clavo, 15; alean- for, 15; bálsamo de Tolú, 30; alcohol de 80°,60. Licúese en baño de mana la médula de vaca y la manteca de nuez moscada en el aceite de almen- dras, cúelese por un paño, agítese du- rante el enfriamento, y añádanse los aceites volátiles, alcanfor y bálsamo de Tolú previamente disueltos en el alcohol.-Estimulante usado en fric- ciones para combatir el reumatismo crónico, gota, parálisis, etc. Bálsamo de opodeldocli. Jabón de sosa, 300 gramos; alcanfor 240; amo- níaco, 100; aceite volátil de romero, 60; aceite volátil de tomillo, 20; alco- hol de 90°,2,500.-En fricciones, con- tra el reumatismo. Bálsamo del Perú. Lo da un ár- bol de la América central. Myrospcr- mum pereirae^ Boyle, de la famil a de las Leguminosas. Este bálsamo re- zuma naturalmente ó por medio de in- sisiones. Tiene la consistencia del ja- rabe, color moreno, sabor «resinoso y olor suave. Entra en la composición de muchos remedios, y se usa en los catarros pulmonares y de la vejiga, en la dosis de 2 á 4 gramos (1/2 á 1 dracma). Bálsamo de Tolú. Mana del My- rospermum toluiferum, De Cando- lle, árbol de la familia de las Legu- J o miñosas, que habita en la América meridional, especialmente cerca de Tolú y de Cartagena. El comercio lo exporta también del Brasil. Al prin- cipio es semi-líquido, después se en- gruesa; entonces toma un color par- do; es de olor agradable. Solidifícase con el tiempo de una manera comple- ta. Entra en la composición de mu- BANANA 228 BAÑO chos medicamentos; también se pre- para con él el jarabe de Tolú, y las pastillas del mismo nombre, medica- mentos que convienen particularmen- te en las afecciones pulmonares. Bálsamo tranquilo. Es un lini- mento compuesto de aceite y zumo de hojas de belladona, de beleño, de cinoglosa, tabaco, yerba mora, estra- monio y otras plantas. Sirve para fric- ciones contra los dolores reumáticos, contra la esciática y contra la gota. Se emplea también para rociar las ca- taplasmas que se aplican en los casos referidos. Las plantas narcóticas que entran en la composición de este acei- te calman los dolores. Banana. Fruto del bananero, del cual existen muchas variedades. Los bananeros (Musas), son arbustos de la familia de las Musáceas, origina- rios de las regiones cálidas y húme- das de Asia y Africa; cultívanse hoy en la América meridional. Son for- mados por un bulbo largo á manera de tallo. Este tallo, de 5 á 6 metros de altura, ofrece en su cima un rami- llete de una docena de hojas de 2 á 3 metros de longitud, sobre 50 á 65 centímetros de anchura. Del centro de estas hojas sale un pedúnculo de 1 metro á 1 metro y 50 centímetros de largo, guarnecido de flores. Los fru- tos son unas bayas de color pajizo ó rojizo, cuya extensión es de 15 á 25 centímetros en el bananero de San Thomé (Musa paradisiaca), de 3 á 4 de espesor, triangulares, obtusos. En el bananero de la tierra, como lo llaman en algmias partes de la Amé- rica meridional, los frutos son más lar- gos y encorvados. En el bananero manzana, el fruto es pequeño, de sa- bor delicado, y parecido al de la man zana. Las bananas maduras tienen el gusto azucarado, viscoso, acídulo y su- mamente grato. Son un excelente re- curso para la alimentación de los paí- ses intertropicales. Se dice con razón que, gracias al bananero, nadie se muere de hambre en las localidades en que su cultivo es posible. Las ba- nanas se comen crudas, cocidas ó asa- das; y se les realza el sabor, añadién- doles manteca; azúcar y canela, según las especies. Es un fruto muy saluda- ble. La banana de San Thomé es empleada por la gente del pueblo co- mo alimento de la primera iníancia. Todas las bananas son también con- venientes á las personas á quienes los años han despojado de la dentadura, porque su pulpa tiene tan poca con- sistencia que no es necesario tener dientes para comerlas. De los filamen- tos del tronco del bananero se pueden hacer cuerdas, papel y tejidos. Baño. Comunmente se entiende por baño la inmersión total ó parcial del cuerpo, en agua, por tiempo más ó menos prolongado. Los baños se di- viden en baños muy frios, de 0o á 12° centígrados; en baños frios, de 13o á 18°; en baños frescos, de 19° á 24"; en baños templados, de 25° á 30°; en baños caliéntes, de 31" á 37°; por úl- mo, en baños muy calientes, arriba de 37", y casi á 43" ó 45°. Esta escala sufre muchas excepciones, por lo cual no puede servir para todas los indivi- duos. Así, por ejemplo, una persona de constitución nerviosa hallará frió BAÑO 229 BAÑO un baño que otra, dotada de consti- tución fuerte, hallará apenas fresco ó templado; por consiguiente, se debe juzgar el baño trio, templado ó calien- te, menos por el grado que el termó- metro señale, que por la impresión que dicho baño produzca en el indi- viduo. Sin embargo, para satisfacer los espíritus amantes de la exactitud, pre- ciso era determinar los intervalos en que la generalidad de los hombres ex- perimentan las diversas sensaciones del frió y del calor. Baño muy frío, esto es, cuya tem- peratura es inferior á 12°. El baño muy frió no es un medio higiénico, pero es aconsejado por vía de medi- camento en algunas dolencias. Em- pleados como medio preservativo de las escrófulas, estos baños determinan en las personas caracterizadas por la constitución linfática exagerada, el de- sarrollo rápido de una especie de tem- peramento sanguíneo, un vivo sonro- sado de la piel, el aumento de activi- dad en todos los órganos, en fin, uña verdadera mudanza de la constitución individual. El baño muy frió es tam- bién de utilidad en las flores blancas; pero es un medicamento heroico, que no debe emplearse sino con mucha cir- cunspección. Para obtener efectos tó- nicos, lo mejor es emplear los baños en la temperatura siguiente: Baño frió, esto es, el de 13° ct 18° centígrados. Cuando un individuo per- nace por algunos instantes en este ba- ño, experimenta un temblor convul- sivo; los miembros se entorpecen, las facciones del rostro se contraen como en un agonizante, los ojos se hunden, la nariz se aguza, la piel palidece, los dedos se adelgazan de tal modo, que los anillos salen ds ellos con facilidad; sobrevienen dolores de cabeza y en la boca del estómago, un sentimiento de constricción en el pecho, y un crugi- do de dientes. Después de la salida del baño, y una vez enjugada la piel, la reacción se manifiesta. La sangre vuelve á la circunferencia del cuer- po; el pulso recobra la fuerza, experi- méntase una inpresion de calor en la piel. La persona se siente fresca, ac- tiva, ágil, y con grande apetito. Al ca- bo de algunas horas, y, sobre todo, durante la noche, después del baño frió, se experimentan señales de una viva excitación, la piel queda calien- te, el sueño es agitado. El baño frió fortifica la constitución consolidando los músculos, aumentando la energía de los órganos y la actividad del sis- tema digestivo, y, por consiguiente, facilitando los medios reparadores. Es- te baño se aconseja en muchas do- lencias, en las escrófulas, histerismo, epilepsia, y en muchas otras afeccio- nes nerviosas. Baño fresco, esto es, cuya tempe- ratura es de 19° á 25° centígrados. Este baño es el que por lo común se toma, en los rios y en el mar, en la estación calurosa. El contacto del agua en esta temperatura determina aún un ligero calofrío, especialmente cuando la persona no está acostum- brada, y cuando entra en el agua de una manera gradual; pues cuando se zambulle, experimenta una impresión súbita de frió, pero que desaparece inmediatamente. La exhalación cutá- BAÑO 230 BAÑO nea no se efectúa, ó es poco sensible en osta especie de baño, de lo cual re- sulta poca pérdida por este lado. Es- ta función es sustituida en parte pol- las evacuaciones de la orina. Por úl- timo, este baño produce nn efecto tó- nico bastante notable. La contractibi- lidad muscular aumenta, el apetito es mayor y la digestión más fácil. Nada hay más salutífero que el uso de este baño; fortifica las constituciones dé- biles, delicadas ó muelles, destruye gran número de predisposiciones, y hasta puede curar muchas dolencias. El bien que de este baño resulta de- be ser atribuido, tanto á la impresión del agua, como al ejercicio de la na- tación, que las personas que toman estos baños acostumbraban hacer co- munmente. El ejercicio más útil, más ventajoso y agradable que sin compa- ración alguna puede hacerse, es el de la natación. Todo en él es bueno. Cualquier otro ejercicio ocasiona pér- didas crecidas, particularmente por la traspiración cutánea; en el del nadar- no puede haber pérdida, pues la tem- peratura del agua y la presión que ella ejerce sobre el cuerpo se oponen á eso, y su efecto tónico se manifiesta con prontitud. El baño frió ó fresco es muy ven- tajoso para los adolescentes y los adul- tos. En cuanto á las personas ancia- nas, como la reacción se establece con dificultad en ellas, deben abstenerse del baño frió, ó al ménos deberán to- marlo con grandes precauciones; esto es, no usarán de baños de agua co- rriente sino cuando la temperatura de os ríos sea muy alta, quedando poco tiempo dentro del agua y haciendo un poco de ejercicio después del baño. Hay ciertos preceptos que deben ser observados y que se aplican á los baños fríos y frescos: Conviene, como medida de utilidad, dar un corto pa- seo antes de tomar el baño', pero es preciso que este ejercicio no llegue á provocar el sudor. En el momento de entrar en el baño es de importancia mojarse la cabeza ó la cara, con el fin de impedir las congestiones ce- rebrales, congestiones que'sobrevie- nen entonces con frecuencia. La per- manencia en el baño frió debe ser determinada por sus efectos; comun- mente es de cinco á veinte minutos; conviene salir del agua tan pronto co- mo llegue á sentirse el segundo calo- frío. Preciso es enjugarse prontamen- te á la salida del baño, y hacer des- pués un ejercicio moderado. Estos ba- ños son contrarios á toda persona que se halle afectada de secreciones natu- rales, tales como menstruos, hemorroi- des ú otras dolencias capaces de re- percusión, como, por ejemplo, la go- ta. Por último, los baños fríos y fres- cos no convienen, y hasta son nocivos, á las personas cuyo pecho es delicado1 así bien como á las que están sujetas al reumatismo. Baño de 25° á 30° del termóme- tro centígrado, ó baño templado. El baño templado es aquel en que no se experimenta impresión de calor ni de frió. No es tónico ni debilitante, pe- ro su acción es muy provechosa: lim- pia la superficie del cuerpo. Este ba- ño es esencialmente higiénico; alivia los miembros fatigados, produce una BAÑO 231 BAÑO sensacion de frescura sin debilitar; ] conviene después de los ejercicios vio- i lentos del cuerpo y del espíritu, mo- i dera la circulación, templa el ardor < de los sentidos, y es muy útil á los i individuos irritables. Baño de 31° á 37° centigados^ ó : bario caliente. Los efectos de este ba- < ño son calmantes y relaxantes. Con- siderado como medio higiénico, el baño caliente conviene á todas las per- sonas, puesto que, sea cual*fuere el sexo, el temperamento y profesión del idividuo, el aseo le es indispensable; pero los baños calientes son princi- palmente ventajosos á los tempera- mentos secos, irritables, á las perso- nas ancianas, á los niños, á las muje- res, aun cuando estén embarazadas ó criando. Si se considera como reme- dio, conviene en las afecciones ner- viosos, en las inflamaciones agudas ó crónicas. La duración debe ser de me- dia hora cuando solo se trata de lim- piar la piel; sin embargo, como medi- camento, puede tomarse por espacio una y hasta de dos horas. Baño arriba de 37° centígrados, ó O J baño muy caliente. Este baño no se emplea como de limpieza, pero sirve en el tratamiento de algunas dolencias, y principalmente de las afecciones empeinosas y reumatismales. El ba- ño muy caliente es un excitante pasa- jero, y, poco después, seguido de gran debilidad, resultante del aumento con- siderable de la acción de los órganos, y de las pérdidas, no ménos conside rabies aún,' ocasionadas por la traspi- ración cutánea. Es, por consiguiente, verdadero debilitante, y en esto se parece á todos los demas excitantes. El uso prolongado de estos baños da lugar á hemorragias ó á algunas con- gestiones, resultando también de ellos un enflaquecimiento extraordinario. Baños de mar. Estos baños se to- man ordinariamente frescos, esto es, de 19° á 24° centígrados. Sus efectos consisten en consolidar los músculos, dar tuerza á toda la economía', en una palabra, en aumentar la energía de todas las funciones. Los baños de mar pueden ser aplicados al tratamiento de diversas dolencias que son ca- racterizadas por la debilidad; convie- nen principalmente en las afecciones escrofulosas, en las flores blancas y di- ferentes afecciones nerviosas. Concí- bese, por tanto, el efecto que deben producir los baños frios en agua so- brecargada de principios excitantes, acompañados ^del ejercicio salutífero que se hace nadando, ó por los sacu- dimientos producidos por la fluctua- ción continua de las olas. Reglas generales de los baños, respecto del sexo y edad. Las mu- jeres, como más impresionables que los hombres, deben evitar los baños demasiado frios ó demasiado calien- tes; pero los baños frios y frescos les son muy útiles. Deben tener el cui- dado de no exponerse á los baños frios sino un dia después 6 dos dias antes de la época del flujo catamenial. Si se ■ bañaran en el momento de los mens- , truos, ó poco tiempo antes de su apa- rición, podría resultar de ello alguna - supresión desagradable. Durante la , misma época deben también evitar los > baños calientes, que podrían exponer- BAÑO 232 BAÑO las á pérdidas considerables. La pru- dencia exige que se abstengan de ba- ños muy frios durante el embarazo. No acontece así con el baño templado, de que pueden usar en todo tiempo con las precauciones debidas. La delicadeza extrema de los ni- ños, en los primeros meses de su exis- tencia, hece que les sea nocivo el uso de los baños frios. Si fuese necesario hacer uso de estos baños para conso- lidar las carnes del niño y proporcio- narle una constitución más robusta, preciso será principiar prudentemen- te por los baños templados; lavar al niño con agua frezca, zambullirle en ella gradualmente; dejarle en el agua al principio por coito tiempo, y au- mentar este luego poco á poco, reba- jando gradualmente la temperatura del baño. Los baños templados y los baños calientes son muy útiles en esta edad. A proporción que el niño crece, el baño frió pierde sus incon- venientes y ofrece numerosas venta- jas; pero principalmente en la ado- lescencia y la virilidad goza de todas sus propiedades salutíferas. Hay, sin embargo, individuos tan débiles, que aun hasta en esas épocas podría ser- les nocivo este baño. La organización del anciano, como ya se ha dicho, es aun más contraria al uso del baño frío que la organización del niño. Baños de vapor. Estos baños al- canzaron gran boga entre los anti- guos, y muchos pueblos modernos usan de ellos todavía. Pero en la ac- ctualidad se emplean más como re- medio que como medio higiénico. Es- tos baños se tomaban en un cuarto cerrado, de muy elevada temperatu- ra, en el cual se hacia evaporar gran cantidad de agua, y en él entraban gran número de individuos para sudar en compañía. Reconócese ahora la insalubridad de esas estufas, en don- de los individuos respiraban un aire impregnado de sus recíprocas emana- ciones, cargado de exhalación pulmo- nar, y, en fin, de todo lo que puede viciar la atmósfera. Háse reconocido igualmente que, si la estufa en que se encierra un solo individuo es más ventajosa que las dispuestas para mu- chas personas, no obstante, ofrece aún un inconveniente, que resulta de la acción del calor en el pulmón. Para hacer que este inconveniente desapa- reciera, se inventaron aparatos por medio de los cuales todo el cuerpo, excepto la cabeza, se halla expuesto á la acción de los vapores, mientras que los pulmones continúan recibien- do un aire puro y fresco. En las ca- sas particulares estos aparatos pueden ser sustituidos, dirigiendo á la cama del doliente un tubo flexible que ten- ga el extremo opuesto guarnecido de un embudo sumergido en un vaso ca- si lleno de agua y colocado cerca del fuego. La cobertura de hule que cu- bre al doliente deberá estar sosteni- da y apartada del cuerpo por medio de arcos de encelladura de madera, dispuestos de un modo conveniente. La duración media de los baños de vapor debe ser, por regla general, de media hora, cuando más. Comunmen- te se administran á una temperatura de 35° á 60° centígrados. Los baños de vapor, tomados con moderación, BAÑO 233 BAÑO entretienen las funciones de la piel, y por consecuencia actúan ventajosí- simamente sobre toda la economía. Tomados á una temperatura medio1 ere, son más debilitantes que excitan- tes; á una temperatura más elevada, son excitantes al principio, pero pue- den hacerse debilitantes consecutiva- mente, cuando la traspiración que pro- vocan es por largo tiempo entreteni- da. Los baños de vapor se emplean hoy con frecuencia en calidad de re- medio. Las dolencias en que aprove- chan son los reumatismos, esciáticas, dolores de los huesos y de las articu- laciones, hidropesía y afecciones de la piel. También se hace uso de los baños de vapores secos, producidos por la combustión del azufre, benjuí y al- canfor; de ellos se tratará en el artí- culo Fumigación. Baños medicamentosos. Lláman- se de este modo los baños en que en tran materias propias para comunicar- les propiedades emolientes, atempe- rantes, estimulantes, específicas, etc. Los más comunes son los baños sul- furosos, salinos, gelatinosos, aromáti- cos, etc. Baños aromáticos. Son los que se preparan con agua caliente y plantas aromáticas, tales como el espliego, ro- mero, tomillo, menta piperita, ajen- jo, salvia, verbena, etc. Pénense en infusión 500 gramos (16 onzas) de estas plantas en agua á punto de hervir, se cuela la infu- sión, y se añade al baño. Los baños aromáticos son de grande utilidad á los individuos linfáticos, escrofulosos, á los niños pálidos, á las jóvenes de menstruación mal arreglada, etc. Baños emolientes. Las raíces de altea, las hojas de malva, las simien- tes de lino, la cola de Flandes, ó los pies de ternera, sirven para la prepa- ración de estos baños. La cantidad de plantas emolientes varía de 4 á 5 libras, y la de la cola de Flandes es de 2 libras para un baño general. Los baños emolientes son ventajosos en ciertos reumatismos y otras afeccio- nes articulares, complicadas con rigi- dez de los tendones y de los liga- mentos. Baños salinos. Se preparan con media libra de sal común y suficiente cantidad dé agua. Poseen propieda- des excitantes, y convienen á los in- dividuos escrofulosos. Sus virtudes medicinales son análogas á las de los baños de mar. Baños sulfurosos. Los baños sul- furosos se preparan con agua, á la cual se añaden 120 gramos (4 onzas) de sulfuro de potasio para 300 litros de agua. Se. toman en una bañera de madera. Este baño es empleado con buen éxito en las enfermedades de la piel, y actúa como tónico y excitan- te. Conviene á las personas delica- das, irritables, dotadas de extrema sensibilidad en la piel, y á los niños. Para estos últimos bastan 60 gramos (2 onzas) de sulfuro de potasio en la composición de un baño. Baños parciales. Baños de alien- to ó semicupios. En estos baños, solo la parte inferior del tronco y la mós alta de los muslos deben sumer- BAÑO 234 BAÑO girse en el líquido. Producen en una parte del cuerpo el efecto mismo que los baños generales en la totalidad de él. Los semicupios se emplean para facilitar las funciones de la piel en las personas á las cuales un baño ge- neral molesta mucho. Este baño es propio ademas para provocar la apa- rición de los menstruos en las muje- res; en este caso se emplean ó muy fríos, y entonces se cuenta con un efecto secundario, la reacción; ó muy calientes, y entonces son de efecto inmediato, que es el de atraer direc- tamente la sangre á las partes geni- tales. Los semicupios calientes son empleados á menudo en las dolencias de la vejiga, del ano y de los órganos de la generación de ambos sexos. To- mados fríos, estos baños han hecho cesar en los niños las incontinencias de orina que dependían de su debili- dad constitutiva. Los semicupios aro- máticos, esto es, en que entran plan- tas aromáticas, han sido ordenados con buen éxito para provocar las re- glas ó un flujo hemorroidal' suprimi- do, y para determinar la aparición del flujo menstrual en las jóvenes ado- lescentes cuando tarda en manifes- tarse. Baños de piés, ó pediluvios. Los baños de piés se emplean fríos ó ca- lientes. Se toman fríos para evitar la inflamación en las torceduras, en se- guida de la ocurrencia del accidente. En esta circunstancia el pediluvio no debe ser de algunos minutos; convie- ne tener sumergida la parte lisiada en el agua durante algunas horas, y aun todo el dia; el agua debe reno- varse á menudo, con objeto de que su temperatura no tenga tiempo de ele- varse. Sin este cuidado, la reacción sobreviene, el efecto repercusor del baño queda anulado, y la inflamación, que se quería hacer abortar, se des- arrolla con mayor energía. Estos ba- ños no deben emplearse durante la menstruación. El pediluvio de agua caliente se aplica en muchas dolencias del cere- bro, como vértivos, dolores de cabeza, zumbido de oídos; en las inflamacio- nes de la garganta, de los ojos, en el asma, en el resfriado, en el romadi- zó, en la supresión de los menstruos. Su curación suele ser de media á una hora. Cuahflo se quiere tomar un pedi- luvio más activo, se le agregan de 2 á 4 onzas de harina de mostaza, ó un poco de vinagre, sal común, ce- nizas de leña, ó jabón negro. Cuan- do el pediluvio se administra con ha- rina de mostaza, el agua no debe es- tar caliente, sino tibia, porque cuan- do está caliente impide el desarrollo del principio activo de la mostaza. Se sacan los pies del baño con mos- taza cuando el ardor es crecido. Los baños de manos ó maniluvios se emplean mucho menos, y por tan- to reemplazan perfectamente á los pediluvios en los casos en que estos no pueden ser administrados, como en los enfermos cuyos pies padecen de hinchazón, en los que se desmayan cuando están en posición vertical, etc.; parece que hasta poseen una ac- ción derivativa más eficaz en ciertas afecciones del pecho, acompañadas BAÑOLAS 235 BAREGES de sofocación, tales como el asma, el aneurisma del corazón y la bron- quitis. En el artículo Aguas minerales se indican varias clases de baños mi- nerales. Baño de maría. Aparato emplea- do en farmacia para calentar de una manera suave y uniformemente, cuan- do se teme la acción inmediata y de- sigual de la llama. Para este objeto se emplea un va- so medio lleno de agua casi hirvien- do, dentro del cual se mete otro vaso conteniendo la materia que se trata de calentar. El baño de maría se emplea con frecuencia en las cocinas para con- servar el calor de los guisados hechos con manteca, de los caldos, etc. Sir- ven también en las farmacias para destilar las sustancias volátiles y aro- máticas, evaporar extractos, etc. Cuan- do se sustituye el agua hirviendo pol- la arena, el mismo vaso toma el nom- bre de baño de arena; se llama baño de vapor cuando el vaso contiene va- por de agua. Bañólas. Aguas sulfurosas calci- cas, frías. España, á 2 leguas de Ge- rona y á 18 de Barcelona. El agua es clara y trasparente; de olor á hue- vos podridos, de 15° centígrados de temperatura. Se emplea en bebida y baños contra las enfermedades cutá- neas. El establecimiento contiene 18 pilas de mármol blanco y cuatro de azulejos. El viaje se hace de Madrid á Gerona por ferrocarril, y de está ciudad á Bañólas en diligencia, que en dos horas llega á los baños. Barambio. Aguas sulfurosas cal- cicas, frías. España, provincia de Alava. Barba. El corte cotidiano de la barba produce á veces impresión des- agradable de ardor y de comezón. El mejor medio de remediar este incon- veniente consiste en lavar- la barba con agua fría, mezclada con una cor- ta cantidad de agua de Colonia. El afeitarse produce á veces cierta per- turbación en la economía de los hom- bres muy delicados, y por eso se prohí- be á los enfermos que se afeiten du- rante las afecciones de gravedad, y á los convalecientes solo se les permite después que han adquirido algunas fuerzas. En la barba se declara una dolen- cia particular llamada mentagra. ( Véase esta palabaa.) Bardana ó Lampazo. Arctium lappa, Linneo. Sinantéreas-carduá- ceas. Planta muy común en España, que habita en los montes, caminos, laderas, sitios bajos algo húmedos y sombríos; se da también espontánea- mente en la América del Sur. Raíz fusiforme, del grosor de un dedo, mo- rena por fuera, blanca por dentro, un tanto amarga; tallo de 1 metro á 1 metro y medio, rojizo; hojas cordifor- mes, algodonosas; flores violadas ó azules. La raíz es tónica y sudorífi- ca; se emplea en infusión en el tra- tamiento de las afecciones cutáneas. Esta infusión se prepara con 8 gra- mos (2 dracmas) de raíz de bardana, y 500 gramos (16 onzas) de agua hir- viendo. Baréges, Francia. Aguas sulfuro- BAREGES 236 BAREGES sas, calientes. Itinerario de Paris á Baréges: Ferrocarril de Paris á Tár- bes, 18 horas; ómnibus de este punto á Baréges, 7 horas; total, 25 horas y un gasto de 105 francos. Baréges es una aldehuela de Fran- cia, situada en un valle agreste de los Pirineos, á 1,280 metros sobre el ni- vel del mar; no tiene más que unos 100 habitantes durante el invierno. Las nieves, la lluvia, los torrentes, hacen inhabitable la localidad desde Noviembre á Abril todos los años. Durante el invierno, una parte de la población se retira á San Juan de Luz. La residencia de Baréges es po- co agradable, y esta aldea seria poco frecuentada si no fuese por la grande eficia de sus aguas sulfurosas, que son las más activas de los Pirineos. La estación de los baños dura única- mente de dos á tres meses, esto es, de Julio á Setiembre. El gobierno francés tiene allí un hospital militar que puede recibir de 400 á 500 en- fermos. Los enfermos pobres de to- dos los países son acogidos en el hos- pital civil, en donde por un 1 franco 25 céntimos por dia encuentran una habitación conveniente y una buena alimentación. Ademas del hospital civil y militar, Baréges posee un establecimiento ter- mal, de construcción reciente. Las fuentes minerales sulfurosas calien- tes son diez, y brotan dentro del es- tablecimiento; su temperatura varía de 31° á 45° centígrados. Alimentan veintiún cuartos de baños, tres duchas y dos llaves de agua para beber. Las aguas son completamente limpias, de I ligero olor á huevos podridos, y, ge- neralmente, de sabor nauseabundo.. El azufre que encierran tiene gran fijeza. La temperatura de estas aguas, no siendo ni muy alta ni muy baja, permite que su empleo sea inmedia- to. Los manantiales desembocan en los receptáculos que están pegados á los cuartos de los baños, por lo que el agua naciente corre en seguida á las pilas, ántes de haber experimen- tado la menor alteración en su color y en sus principios constitutivos. Ademas de los cuartos donde se to- man los baños por separado, existen tres piscinas. Hé aquí el análisis de la fuente principal (la de Gency-nouveUé)^ he- cha por el profesor Filhol. Mil gra- mos de agua de esta fuente contienen 29 centigramos de materias fijas, que son: sulfuras de sodio y de hierro; cloruro de sodio; silicatos de sosa, de cal, de magnesia; vestigios de sulfato, ioduro, borato y fosfato de sosa, y materias orgánicas. Su temperatura es de 33°,5 centígrados. Burbujas numerosas brotan de su fondo, compuestas de gas ázoe y gas hidrógeno sulfúreo. Esta fuente es utilizada en bebida, en una sala ex- presa llamada Nouvelle buvette, y es muy límpida, no tiene casi olor, y su sabor no es desagradable. Las aguas de Baréges son untuosas al tacto, propiedad que deben á la materia orgánica llamada baregina. Esta materia es translúcida, homogé- nea, contiene carbonato de cal, y for- ma pozos en el fondo de los recep- táculos. BAROMETRO 237 BAROMETRO Las aguas de Baréges se emplean en baños, duchas y bebida. Adminis- tradas interiormente, producen un es- tímulo evidente, aceleración del pul- so, sudor, á veces insomnio; en mu- chas personas su empleo ocasiona li- geras evacuaciones. Son provecho- sas contra las heridas antiguas, úlce- ras rebeldes á todo tratamiento; en las retracciones de los músculos y de los tendones, en las enfermedades de las articulaciones, en las cáries de los huesos, en las parálisis, afecciones de la piel y escrófulas. Pero son contra- tas á las personas amagadas de pa- decimientos del pecho. A causa del clima, que en esta localidad es incons- tante, las aguas de Baréges no con- vienen en los reumatismos. La vida de Baréges no es muy di- vertida, tanto más cuanto el personal de los bañistas se presta poco á las diversiones de salón. En las calles y en los paseos no se ve otra cosa que muletas, bastones y sillas de manos. Conviene, hasta en la época más abra- zadora del verano, prepararse contra los cambios atmosféricos, porque casi siempre, después de un calor insopor- table, súbitamente sobreviene un frió glacial en el curso mismo de-un dia. Barómetro (del griego baros, pe- so, y metron^ medida). Instrumento destinado á valuar la presión ó el pe- so del aire atmosférico, y por consi- guiente las variaciones que sobrevie- nen en la densidad de este mismo aire. El más simple consiste en un tubo de vidrio bien calibrado, esto es, bien igual entoda su extensión, de 82 cen- tímetros (30 pulgadas) por lo menos en su total largura, y de 5 á 6 milí- metros (3 líneas) de diámetro. Se lle- na enteramente este tubo con mercu- rio seco y privado de aire, se tapa con el dedo y vuélvese verticalmente en un pequeño balde ó receptáculo lle- no de mercurio. Así que se ha retira- do el dedo, se ye que la columna de mercurio se baja, dejando un vacío en la parte superior del tubo y per- manece, después de muchas oscila- ciones, en la altura de 76 centígra- dos (28 pulgadas), poco más ó me- nos. La causa que mantiene la columna de mercurio en dicha altura no es otra cosa que la presión de la atmós- fera. En efecto, produciéndose el va- cio encima del nivel del mercurio, en la parte superior del tubo, el metal encerrado en este no experimenta presión alguna, miéntras que su su- perficie, libre en el receptáculo, se halla sometida á la presión atmosfé- rica. Por consiguiente semejante pre- sión equivale, por término medio, al peso de una columna de mercurio de 76 centímetros de altura. Si en lu- gar de mercurio se emplease agua; que es 13 veces y media ménos pe- sada que el mercurio, la columna se elevaría á una altura 13 veces y me- dia mayor, esto es, á 32 piés, ó 10 metros y 26 centímetros, altura á que efectivamente llega en los tubos de las bombas. Cuando alguna circuns- tancia viene á aumentar ó disminuir esta presión, la columna de mercurio sube ó baja proporcionalmente, y una corta porción de mercurio pasa del BAROMETRO 238 BAROMETRO receptáculo al tubo, ó del tubo al re- ceptáculo. Para conocer mejor estas variacio- nes, se adapta el instrumento á una plancha vertical de metal ó madera, en la cual se hallan marcados centí- metros ó pulgadas desde el nivel cons- tante del receptáculo. El barómetro que acabamos de des- cribir está representado por la figura 17. He aquí cómo funciona: El tubo que entra en el receptáculo i no lo tapa completamente, para que el aire pueda penetrar en el receptáculo y ejercer una presión sohre la superfi- cie del mercurio. Esta presión es la que mantiene la columna del mercu- rio dentro del tubo hasta el punto a. La letra c indica la plancha en la cual están marcados los centímetros ó pul- gadas, y las palabras buen tiempo, buen tiempo fijo, variable, lluvia, gran lluvia. La observación ha demostrado que el mercurio desciende en el baróme- tro cuando amenaza lluvia; y sube cuando el tiempo cambia inclinándo- se á seco y sereno. El barómetro sir- ve también para determinar la altura de las montañas. Cuanto más se ele- va una persona sobre el nivel del mar, tanto más disminuyen la altura y el peso de la columna de aire, pues le quedan por debajo las columnas inferiores de la atmósfera; la presión se hace menor sobre el mercurio del receptáculo, y la columna barométri- ca desciende. Los físicos han recono- cido que una diferencia de 12 metros y 668 milímetros en altitud vertical, da 2 milímetros de disminución, poco más ó menos, en la columna de mor- curio. La variación del peso de aire ejer- ce sobre nosotros influencia notable. Cuando el cielo está tranquilo y se- reno, la columna de mercurio en el barómetro se mantiene á 776 milíme- tros (buen tiempo fijo), que es el máxi- mum del peso; las gentes se encuen- tran más ágiles, la respiración y las demas funciones se desempeñan me- jor. Cuando el barómetro baja mu- cho, entonces por el contrario, ia res- piración es penosa. Una impresión de ansiedad se manifiesta en nosotros. Durante las tempestades, ó cuando amenaza tormenta, nos sentimos más abatidos, á causa de la disminución del peso del aire, y es bien se diga entonces que el aire es más pesado, porque estando alterado el equilibrio entre la compresión exterior y la ex- pansión de los Adidos interiores, estos afluyen á la superficie del cuerpo, con abundancia insólita, que dilata los te- jidos y los fatiga. Pronósticos metereológicos. Los barómetros tienen, á ciertos grados de escala, indicaciones metereológicas á las cuales el público presta grande importancia. Estas indicaciones son: á 731 milímetros, tempestad; á 740, gran lluvia; á 749, lluvia ó viento; á 758, variable; á 767, buen tiempo; á 776, buen tiempo fijo; á 785, muy seco. A la verdad, lo que el baróme- tro indica únicamente son las varia- ciones de la presión atmosférica; sin embargo, estando estas variaciones íntimamente ligadas con las mudan- zas ó cambios del viento, y siendo es- BAROMETRO 239 BAROMETRO te el gran árbitro de la lluvia y del buen tiempo, es evidente que, indi- cando una variación debida á la mu- danza del viento, pueda el barómetro servir, hasta cierto punto, para pro- nosticar el tiempo. Pero la relación entre la altura barométrica y el esta- do metere ológico de la atmósfera va- ría considerablemente según los lu- gares, por razón de la influencia que las circunstancias locales ejercen so- bre este instrumento. Así, pues, un barómetro que es excelente pronósti- co en Paris, no dará á menudo sino falsas indicaciones en Valparaíso ó en la Nueva Holanda. Pueden con cier- ta reserva, sin embargo, adoptarse las reglas siguientes: Io Cuando después de una dura- ción bastante larga de buen tiempo, el barómetro principia á bajar de una manera lenta y persistente, la lluvia es segura; pero si el buen tiempo hu- biera sido de mucha duración, el mer- curio puede bajar durante dos ó tres dias ántes de notarse la menor mu- danza en el estado atmosférico. En- tonces; cuanto más tiempo trascurra entre el descenso del barómetro y la llegada de la lluvia, tanto mayor se- rá la duración de esta. 2o Si, por el contrario, durante un tiempo lluvioso bastante largo, el ba- rómetro principiase á subir con lenti- tud, vendrá buen tiempo, y su dura- ción será tanto mayor cuanto hubie se sido el intervalo entre su llegada y el principio de la ascensión baro- métrica. 3o En los dos casos anteriores, si á la mudanza de tiempo sigue i mué- diatamente el movimiento de la co- lumna barométrica, esta mudanza no durará, mucho tiempo. 4o Si el barómetro sube lentamen- te y de una manera continua durante dos ó más dias, anuncia el buen tiem- po, aun cuando la lluvia no cesara un intante durante esos dos dias, y vice- versa; pero si el barómetro subiese dos ó más dias durante la lluvia, y, sobreviniendo el buen tiempo, prin- cipiara á descender, el buen tiempo será de corta duración, y vice-versa. Los navegantes, que tienen gran- de empeño en-conocer las señales, precursoras de las tempestades, re- fieren muchos ejemplos de la relación que existe entre las borrascas y las oscilaciones barométricas. Kruzens- tem atribuía la buena fortuna con que siempre supo proveer los huracanes, á la constancia con que observába el. barómetro. Seoresby asegura haber predicho las tempestades diez y siete veces sobre diez y ocho, consultando este instrumento. El Dr. Arnolt re- conocía deber la vida á estas indica- ciones: "El navio en que iba embar- cado, dice, y el cual tenia una nume- rosa tripulación, se hallaba en las la- titudes cálidas. Después de un mag- nífico dia, el sol acababa de ponerse en medio de las más tranquilas apa- riencias, cuando de repente el capitán dio la orden de prepararse lo más pronto posible para hacer frente al próximo torbellino, porque acababa de ver que el barómetro descendía con una rapidez extraordinaria. En- tre tanto, los marineros, que no dis- tinguían en el aire la menor señal BARRO 240 BARROS amenazadora, no podían explicarse la orden del capitán y la prontitud que exigía. Apenas se habían acabado los preparativos ordenados, cuando el na- vio se vio asaltado por un huracán tan violento, que los más antiguos marineros de la tripulación no recor- daban haber visto igual. Nada pudo resistirlo: las velas, recogidas ya en las vergas, fueron destrozadas; las vergas y los mástiles correspondientes perdieron sus jarcias; todos los mari- neros que maniobraban fueron vio- lentamente lanzados sobre cubierta. Sin el aviso dado por el barómetro, el navio habría seguramente perecido con toda la tripulación. Barrilla. Salsola sativa. Planta de la familia de las quenopódias, que se cultiva en ciertos distritos próxi- mos del Mediterráneo. De esta plan- ta se extrae la sosa, bien sea median- te la incineración, ó por otro medio cualquiera. Suele llamarse también barrilla á la sosa, salsola sosa. (V. Sosa.) Barro. V. Arcilla. Barro vidriado. Modo de conocer si los barnices de los vasos y objetos de barro vidriado no son nocivos. El barniz de los vasos de barro vidria- do es á veces nocivo á la salud, por causa del óxido de plomo que entra en su composición. Cuando los vasos están convenientemente cocidos, el óxido de plomo se trasforma en sili catos; por el contrario, se encuentra meramente fundido, ó incompleta- mente combinado, cuando la tempe- ratura del horno no ha sido bastante elevada. Los vasos de mala calidad son con facilidad cortados á frió por los ácidos, sal común, etc.; los que están fabricados con esmero resisten á la acción de estos disolventes.-An- tes de hacer uso de los vasos de barro vidriado, se debe poner á hervir en ellos un poco de vinagre, que no de- berá alterar lo más mínimo el barniz ó esmalte, cuando este es bueno, ni formar precipitado alguno cuando se echa una cucharada de dicho vinagre en agua hidrosulfúrea. Barros ó Caparrosa del rostro. Los barros solí una afección de la piel, caracterizada por rubicundeces y granos esparcidos por la nariz, la cara, frente, y á veces por las orejas, cuyo grado más fuerte forma una es- pecie de careta que desfigura las fac- ciones más agradables. Los barros principian comunmente por algunos puntos rojos ó manchas en la nariz y las mejillas, en las cuales se siente cierto ardor y cierta hinchazón des- pués de la comida, y principalmente después de beber vinos fuertes ó li- cores alcohólicos. En seguida apare- cen pústulas, no muy numerosas al principio, pero que se van multipli- cando y reproduciendo sin cesar. Hín- chase la piel y toma un color encar- nado vivo, muy encendido alrededor de las pústulas; las facciones pierden la armonía y se engruesan de una manera notable. Las venas externas, dilatadas por los infinitos obstáculos que encuentra la circulación de la sangre en el rostro, con su color azu- lado, aumentan todavía este aspecto desagradable. Finalmente, la grave- dad de esta enfermedad presenta mul- BARROS 241 BARROS tiplicadas variaciones. A veces, cir- cunscritas á un reducido espacio, las pústulas son raras, aisladas, y solo muestran alrededor una ligera rubi- cundez. Otras veces ocupan toda la cara y las orejas. Cuando el mal lle- ga á su mayor grado de intensidad se inflaman los ojos, se ponen muy sen- sibles las encías, entumécense; los dientes se desencajan, y otros sínto- mas de complicación escorbútica vie- nen á aumentar un estado tan deplo- rable. En algunos casos, los barros se extienden más alia de la nariz, en la cual, de cierto modo, suelen agotar sus efectos. Todos los tejidos se hin- chan hasta el puuto de dar á esta parte un tamaño doble y triple del que le es natural. Aparecen en diver- sos puntos de la nariz tumores más ó menos considerables, rugosos, lívidos, que producen una deformidad muy grande: estos tumores se observan principalmente en los individuos con- sagrados al culto de Baco. Causas. Los barros son más fre- cuentes en el hombre que en la mu- jer; pueden encontrarse en la juven- tud, pero por lo común se desarrollan en la edad madura, y en las señoras en la edad ciática. La exposición del rostro á un calor vivo hace los barros más comunes en ciertas profesiones, tales como las de cocinero, fundidor, refinador, etc. Una de las causas de esta afección en las mujeres es el uso de los afeites. La supresión natural ó accidental de la menstruación viene á ser también con frecuencia causa de la aparición de los barros. Los exce- sos de la mesa, el abuso de los lico- res espirituosos, de las especias, de sustancias excitantes, de carnes sa- ladas y ahumadas, y de la caza, produ- cen muchas veces su desarrollo. Las afecciones morales, como los pesares, las pasiones vehementes, la ira; el es- panto, las provocan algunas veces. En fin, en gran número de casos, es- ta dolencia, lo mismo que las otras de la piel, está ligada á la existencia de una causa interna, y, sobre todo depende de alguna lesión digestiva; puede ser resultado de una diátesis general, ó de una alteración particu- lar de los humores. Tratamiento. La primera cosaque debe emplearse contra los barros con- siste en lavar el sitio afectado con agua caliente, á una temperatura tan ele- vada que el doliente pueda apenas soportarla. Estos lavatorios repetidos por la mañana y por la noche duran- te un minuto, producen primero ar- dor y rubicundez en la cara, pero ce- sa luego el aflujo de la sangre, y, por una reacción contraria á la que pro- voca la acción del agua fria, las par- tes tocadas por el agua caliente em- palidecen y se enfrian por algún tiem- po. Estos lavatorios, en un cierto plazo, pueden disminuir el movimien- to de la sangre que tiene lugar hácia la cabeza. Los lavatorios se hacen con agua natural, ó bien con agua mezclada con algunas gotas de tintu- ra de benjuí ó de agua de Colonia, ó para una copa de agua caliente, con una cucharadita de la solución si- guiente: Agua destilada.. 60 gram. (2 onz.) Sublimado....... 40 centíg. (8gran.) BATATA 242 BAZO Cada dos ó tres días se tocan las partes afectadas con nn pincel unta- do en aceite de cade. Las otras aplicaciones aconsejadas contra los barros son: Coldcream, pomada que se com- pone de aceite de almendras dulces, cera, esperma de ballena, agua de ro- sas, tintura de benjuí y aceite volá- til de rosas. (V. Coldcream.) Pomada de pepino, que se halla en todas las farmacias. Pomada de tanino. Tanino 2 gram. (40 gran.) Agua 2 gram. (40 gran.) Manteca de puer- co 45grám. (1 l;2onz.) Pomada antidartrosa. Alumbre 1 gram. (20 gran.) Alcanfor 1 gram. (20gran.) Manteca de puer- co 30 gram. (1 onza.) Solución de bórax. Bórax 4 gram. (1 drac.) Agua de rosas... 125 gram. (4 onz.) Se humedecen los barros, tres ó cuatro veces por dia, con esta solu- ción, cuidando de no enjugarla, sino mas bien de dejarla secar sobre la parte en que haya sido aplicada. Una vida sobria y regular, un régimen compuesto de carnes tiernas, legum- gres, hortalizas y fratás, las limona- das de limón y naranja, el cuidado constante de evitar los ejercicios fati- gosos, son las reglas higiénicas que concurren á la curación de esta afec- ción tan rebelde. Batata, ó Batata de Cuba y de Málaga. Convolvulas batatas, Lin- neo, Convolvulus edulis, tuberosas, escalentas, varius, Velloso, planta de la familia de las Convolvuláceas, ori- ginaria de la India, cultivada en Es- paña y en la América meridional. Ta- llo herbáceo, rastrero, de la largura de 2 á 3 metros, arraigándose de dis- tancia en distancia; hojas, la mayor parte de las veces lanceoladas ó trilo- buladas; flores dispuestas casi en um- belas sobre pedúnculos axilares más largos que las hojas; raíces fibrosas que producen tubérculos, ya cilindri- cos, oblongos ó tortuosos, ya ovales, de diversos tamaños, de parénquimo blanco, amarillo, rojo, llamados bata- tas, que abundan en azúcar y almi- dón. Gómense cocidas ó asadas, solas ó mezcladas con otros alimentos, ó confitadas. Son un alimento nutritivo y agradable para el hombre. Todas las partes de la planta son también un excelente pasto para los ganados, obre todo para las vacas lecheras y los cerdos; á las gallinas y pavos les gustan muchísimo las batatas de Má- laga. Bazo. El bazo es un órgano blan- do, esponjoso, de color rojo más ornó- nos oscuro, situado en el lado izquier- do de la cavidad del vientre, entre el estómago y las últimas costillas, por cima y delante del riñon izquierdo. Tiene forma elipsoide; su largo, va- riable en extremo, es por lo común de 13 á 16 centímetros; tiene de 8 á 11 centímetros del borde anterior al pos- terior; 32 á 46 milímetros de la cara externa á la interna; su peso ordinario es de 250 gramos. Las funciones del bazo no son bien conocidas. El bazo es notable por el número y volúmen BAZO 243 BAZO de sus ramos venosos; creese, pues que sirve de receptáculo á la sangre venosa en los casos en que este líqui- do es repelido hácia los órganos inter- nos, durante el frió de las fiebres in- termitentes, por ejemplo, y en las ca- rreras precipitadas. Véase el bazo en la fig. 18 y también en la fig. 14, to- mo I, pág. 137. Fig. 18. Canal digestivo y órga- nos que concurren d la digestión. A, esófago; B, estómago; C, píloro, que está en continuación con el duodeno; D D, intestino delgado, que está se- guidamente al intestino ciego E; F, apéndice cecal; G, colon ascendente; H, colon trasversal; J, colon descen- dente; K, recto; L, ano; M, hígado, levantado para que se vea su cara in- ferior; N, vesícula biliar, con sus con- ductos; O, páncreas; P, bazo. ENFERMEDADES DEL BAZO. Cáncer del bazo. V. Cáncer. Congestión ó Heperhemia del bazo. Acumulación de la sangre en el bazo. Este órgano, por razón de los numerosos vasos que contiene, y que son susceptibles de gran dilata- ción, puede experimentar grande au- mento de su contenido sanguíneo, y por eso mismo un aumento de volú- men muy considerable. Las congestiones del bazo se decla- ran en el curso de ciertas afecciones agudas, que son: fiebre intermitente, sarampión, escarlatina, erisipela, fie- bre puerperal, y fiebre tifoidea. La hinchazón del bazo en los accesos de fiebre intermitente se explica por la perturbación de la circulación que so- breviene en las regiones superficiales del cuerpo, y por la concentración en los órganos internos, especialmente en el bazo, á causa de su grande ex- tensibilidad. La congestión que sobre- viene en otras dolencias, procede sim- plemente de la relajación del tejido del bazo. La fluxión del bazo se ob- serva también en la supresión de la menstruación. Declárase igualmente por la simple influencia de los miasmas pantanosas (congestión paludosa), sin que hayan aparecido accesos de fiebre intermitente. En fin, la acumulación de sangre se produce en el bazo des- pués de cada comida. El aumento de volúmen del bazo podrá ser tan grande que el órgano al- cance á veces el cuádruplo y séxtu- plo del volúmen ordinario. El bazo congestionado conserva su forma; pe- ro la consistencia queda menguada. El aumento se hace evidente en las congestiones de larga duración; mani- fiéstase entonces el estado designado con el nombre de tumefacción cróni- ca ó de hipertrofia. Síntomas y marcha. La hinchazón hiperémica del bazo suele producirse sin que los dolientes tengan dolores espontáneos. Solo una presión profun- da, hecha sobre el lado izquierdo del vientre, les ocasiona algún sufrimien- to. La congestión del bazo se desarro- lla durante el curso de la fiebre tifoi- dea y de otras enfermedades, desapa- rece al mismo tiempo que estas, sin dejar modificaciones del tejido. No acontece lo mismo con la congestión que acompaña á la fiebre intermiten- te, así como en las congestiones que BAZO 244 BAZO persisten cierto tiempo bajo la influen- cia continua de los miasmas paludo- sos. Un bazo de dimensión regular no debe pasar del márgen de las costillas; toca, sobre la extensión de cerca de 6 centímetros, la pared izquierda del tórax á contar de la márgen libre de la undécima costilla. Tal es la exten- sión en la cual da sonido macizo en la percusión, al paso que es inaccesi- ble al tacto. Cuando el bazo aumente de volúmen, el sonido macizo se en- extiende primero á la longitud de la pared torácica; y después, únicamen- te cuando el órgano ha alcanzado un volúmen considerable, forma promi- nencia debajo del borde de las costi- llas. El son macizo de la pared torá- cica puede subir hasta la quinta cos- tilla, extenderse por detras hasta la columna vertebral y exceder por de- lante una línea que se supone tirada de la extremidad anterior de la undé- cima costilla hasta el pezón del pe- cho, y que se considera como el lími- te anterior del sonido macizo nor- mal. Fácil es reconocer por el tacto, y distinguir de otros tumores un bazo hinchado, con tal que no esté muy blando. En cuanto su volúmen es mo- derado, no se siente sino durante las inspiraciones profundas, porque des- aparece debajo de las costillas duran- te la expiración. Cuando el crecimien- to del tumor se hace con rapidez, ex- tiéndese poco á poco en dirección obli- cua, del lado izquierdo del vientre hasta el ombligo. Casi siempre se re- conoce al mismo tiempo la forma ca- racterística del órgano, sobre todo los cortes poco profundos del margen em- botado anterior. El tumor sigue los movimientos de la respiración, puede fácilmente deslocalizarse, y cambia de lugar con las diferentes posiciones del cuerpo. Bazos de colosal volúmen, en lugar de la dirección oblicua, toman muchas veces la vertical, apóyanse por último sobre un punto del baci- nete, lo cual los hace menos movedi- zos y les impide de seguir los movi- mientos ascendentes y descendentes del diafragma. En casos muy raros, el aumento de volúmen se conoce en el exterior por la prominencia del la- do izquierdo del vientre; en ocasiones hasta suelen observarse los contornos del órgano agrandado. Sin embargo, en los casos ordinarios, el bazo hin- chado por una congestión excede ra- ras veces el margen de las costillas, y no es apreciable aún en este caso al tacto por causa de su blandura. Tratamiento. La congestión del bazo, según lo dicho ya acerca de su marcha, raras veces llega á hacerse objeto de un tratamiento. Si la do- lencia de que depende llega á curar- se, desaparece casi siempre espontá- neamente. La congestión, sin embar- go, que resulta de la infección palu- dosa, no desaparece por sí misma; re- clama la administración del sulfato de quinina conforme á la siguiente receta: Sulfato de quina, 1 gramo (20 gran.) Se divide en 10 papeles. Para to- mar un papel por dia. El bazo hinchado por la congestión sanguínea disminuye por medio de los BAZO 245 BAZO chorros de agua fría. Conviene, pues, apelar á este remedio. Contusión del bazo. V. Contu- sión. Degenerescencia lardácea del bazo. El bazo es susceptible de una trasformacion que se ha comparado al tocino ó á la cera. Su color es enton- ces de un rojo pálido; su corte es liso, seco y muestra un brillo que ha sido comparado al corte del tocino ó de la cera. En semejante estado el bazo adquiere gran tamaño. La degenera cion lardácea ó atocinada del bazo se manifiesta en los últimos períodos de diversas dolencias crónicas, y princi- palmente en las escrófulas y el raqui- tismo; los dolientes están reducidos al último grado de flaqueza. El trata- miento consiste en preparaciones fe- rruginosas, de quina, y un régimen analéptico. Esplenitis. Inflamación del bazo. Causas. Las ©ansas de esta afec- ción son: caídas ó golpes en el costa- do izquierdo del viente, el andar ace- leradamente y largo tiempo, la supre- sión de un flujo habitual, las pasiones vehementes, los sustos, los pesares, etc. Síntomas. La esplenitis está ca- racterizada por dolor más ó ménos agudo en el costado izquierdo del vien- tre, en la región llamada hipocondrio izquierdo. La mayor parte de las ve- ces el bazo aumenta de volúmen, lo cual se verifica por la inspección, que muestra una dilatación del hipocondrio izquierdo; por el tacto, que hace reco- nocer que este órgano excede ordina- riamente el borde costal; pero, sobre todo, por la percusión, que permite circunscribirlo. Cuando el bazo ha ad- quirido un volúmen considerable, se forma un poco de derrame en el vien- tre, y hasta una infiltración serosa en los miembros inferiores, por causa del constreñimiento de la circulación ve- nosa. Por poco intensa que sea la in- flamación, existe fiebre continua; á ve- ces se manifiestan vómitos y dificul- tad en la respiración. Tratamiento. Al principio se apli- can sanguijuelas y ventosas escarifi- cadas en el lugar del dolor. Después de desprendidas las sanguijuelas, con- viene aplicar cataplasmas de linaza. La bebida del doliente será el coci- miento de cebada ó limonada de limón. Adminístresele después un purgante de maná (60 gramos) ó de sal de Glauber (60 gramos). Heridas del bazo. V. Heridas. Hipertrofia del bazo. Aumento de volúmen del bazo, exento de cual- quier mudanza de textura. Llámanle también ingurgitamiento, endureci- miento infarto íi obstrucción del ba- zo. Preciso es no confundir la conges- tión del bazo con la hipertrofia. Aque- lla es casi siempre un estado de corta duración, caracterizado por el aumen- to del volúmen del órgano, á causa de la gran cantidad de sangre que con- tiene; la hipertrofia, por el contrario, es una lesión crónica, dependiente del aumento del tejido normal del bazo, en la cual el órgano adquiere volúmen aun más considerable que en la con- gestión: así, pues, no solo puede ex- tenderse hácia fuera del borde carti- BAZO 246 BAZO laginoso de las costillas, invadir el epi- gastrio, el ombligo, los costados, y des- cender hasta el borde de la excava- ción del bacinete, sino que tampoco es raro que, abultándose, no compri- ma.el pidmon. El bazo conserva, por lo regular, la configuración y color normales, pero la consistencia se ve casi siempre aumentada. Síntomas, marcha, terminaciones. Efetá fuera de duda que el bazo pue- de adquirir un volumen considerable sin ocasionar perturbaciones en la eco- nomía: hemos tenido la ocasión de ob- servar tres ó cuatro individuos con to- das las apariencias de la salud, no obstante de haber su bazo, endureci- do, pasado el borde costal y bajado hasta el nivel del ombligo. Varios au- tores citan casos análogos. En otras personas, la hipertrofia del bazo de- termina síntomas más ó menos gra- ves. Así, cuando la intumescencia su- cede á las fiebres intermitentes pro- longadas, los individuos se vuelven amarillos y contraen una gran debili- dad; están sujetos á epistáxis, á los vómitos de sangre; muchos pierden el apetito; hínchanseles las piernas, y se forma un derrame seroso en el vien- tre. Cuando el bazo adquiere gran vo- lúmen, la persona siente cierta inco- modidad en el costado Izquierdo del vientre, y, en ocasiones, verdadero dolor. Cuando el doliente se acuesta del lado derecho, experimenta con to- da claridad, en el caso de hipertrofia considerable, la impresión de un cuer- po pesado que cae de la izquierda á la derecha. Siente malestar cuando se acuesta del lado derecho, y prefie- re acostarse sobre el otro lado, ó bo- ca arriba. Tocando, se reconoce un tu- mor grueso y movible en el vientre. Este tumor, como ya se ha dicho, pue- de invadir toda la mitad izquierda del vientre; por lo común ofrece una su- perficie igual; es duro, no doloroso, ó poco sensible á la presión; está cir- cunscrito delante y debajo por un bor- de obtuso, y se prolonga superiormen- te en el hipocondrio izquierdo, que presenta una dilatación mayor ó me- nor. La percusión, practicada al nivel suyo, da un sonido completamente macizo, y hace sentir la resistencia que presenta un cuerpo sólido, duro y de cierto grosor. No hay fiebre. La marcha de la hipertrofia es len- ta y esencialmente crónica; el bazo no adquiere grandes proporciones sino al cabo de muchos meses ó muchos años. El tumor queda ordinariamente estacionario durante años. Diagnóstico. A veces hay gran di- ficultad de distinguir la hipertrofia d<el bazo de un simple ingurgitamien- to. Debe sospecharse aquella altera- ción antes que esta si el tumor es duro, si presenta al tacto gran re- sistencia, si se desarrolla con lentitud, si el principio data ya de época leja- na. En las congestiones simples, tales como se observan en la invasión de las fiebres intermitentes, la tumefac- ción es rápida, sujeta á variaciones de un dia á otro, hay más sensibilidad al tacto; muchas veces existen do- lores espontáneos, y el órgano no tie- ne la dureza que adquiere en la hi- pertrofia. BAZO 247 BAZO Causas. La mayor parte de los in- dividuos afectados de la hipertrofia del bazo han tenido, en época más ó ménos apartada, fiebres intermitentes, ó han vivido durante mucho tiempo en lugares pantanosos. A estas cau- sas, pues, se atribuye generalmente la hipertrofia del bazo. Ademas, en algunos casos, esta do- lencia no reconoce como antecedentes ni accesos de fiebre intermitente, ni permanencia en países pantanosos; la alteración de nutrición prodúcese entonces de una manera espontánea, sin que pueda conocerse la acción evidente de alguna causa próxima ó remota. Tratamiento. Si el aumento de vo- lúmen del bazo sobreviene en un in- dividuo á consecuencia de la fiebres intermitentes, ó si el doliente presen- ta aún, á intervalos regulares ó irre- gulares, accesos ó algunos de los fe- nómenos que caracterizan la fiebre, se. debe administrar el sufato de quini- na, que casi siempre logra vencer con prontitud los fenómenos mórbidos. Hé aquí la receta: Sulfato de quinina 4 gram. (1 dracm.) Divídase en 24 papeles. Para to- mar dos papeles al dia, en hostia ó café, uno por la mañana y otro por la noche. Si, por el contrario, la hinchazón del brazo, lentamente desarrollada, no coincide con síntomas febriles, si el órgano está duro y voluminoso, el sul- fato de quinina, sea cual fuere la do- sis en que se administre, y cualquiera el tiempo en que se tome, no dará ningún resultado provechoso. La medicación que conviene en es- te caso consiste en preparaciones de hierro. He aquí la receta para la ad- ministración del hierro: Hierro reducido, 16 gram. (4 dracm.) Se dividen en 24 papeles. Para tomar un papel, dos veces por dia, en mía cucharada de agua fría con azúcar. Después de usar de estos polvos durante tres ó cuatro semanas, el do- liente los cambiará por la siguiente preparación de hieno: Tintura de Marte tartarizada. .. 30 gramos (1 onz.) Se toma una cucharadilla de esta tintura, dos veces por dia, en me- dia taza de agua fría con azúcar. Cuando estos medios faltan, se re- curre al tratamiento lúdroterápico, y sobre todo á los chorros de agua fría eligidos contra el tumor. El régimen deberá constar de carne en pequeña cantidad, leche, pescados, vegetales, frutas, y vino mezclado con agua. El cambio de aires, cuando el do- liente habita un lugar en que reinan fiebres intermitentes, es una condición muy útil para el buen éxito del trata- miento. Las aguas minerales de Vichy, y los baños con sal de Vichy, produ- cen buenos resultados en esta do- lencia. A falta de agua de Vichy, se puede administrar internamente el bicarbo- nato de sosa; hé aquí la receta: Bicarbonato de sosa, 30 gram, (1 onz.) Se divide en 30 papeles. Para to- mar dos papeles por dia, en una taza de agua fría con azúcar. BEBIDA 248 BEBIDA Los baños artificiales de Vichy se preparan con 250 gramos (8 onzas) de sal de Vichy, y cantidad suficiente de agua caliente. Infarto, obstrucción, ingurgita- miento del bazo. Estos diversos nom- bres se aplican á la Congestión é Hipertrofia del bazo. Inflamación del bazo. V. Esple- nitis, tomo I, p. 245. Bebida. Dáse este nombre á todo líquido que se introduce en las vías digestivas para aplacar la sed, favore- cer la digestión de los alimentos, re- parar la pérdida de los fluidos orgáni- cos, que se disipan sin cesar, ó, por fin, para modificar el estado de los órganos. Relativamente á la medicina, las bebidas deben ser consideradas co- mo medios de moderar la sed, en cier- tas fiebres, ó como diluentes propios para favorecer la traspiración y la secreción urinaria, ó, por último, co- mo medicamentos más ó ménos efica- ces, á los cuales se ha dado la forma líquida. Las bebidas difieren entre sí con relaciónálas sustancias que contienen, y que la hacen refrigerantes, emolien- tes, excitantes, etc. Las bebidas más usadas son el agua, las limonadas, la naranjada, horcha- ta, vino, cerveza, té, café, mate, es- pecialmente en la América del Sur, etc. (Véanse cada una de estas pa- labras en los artículos correspon- dientes). Por causa de la íntima relación que existe entre esté artículo y otros mu- chos de la presente obra, no tratare- mos aquí sino de las bebidas en ge- neral, consideradas como propias para apagar la sed y favorecer lo disolu- ción de los alimentos. Tocante á las bebidas consideradas respecto á sus usos en el estado de enfermedad, eso será tratado con mayor amplitud en las palabras Infusión y Cocimiento. y se hallará, ademas de esto, indicado en muchos lugares de este Dicciona- rio, en la descripción especial de cada sustancia. La sed es la necesidad más apre- miante, más urgente y más indispen- sable de satisfacer. Pero en más de una ocasión, ya sea en el estado de salud, ya en el de enfermedad, la vi- da ha sido sostenida durante largo tiempo únicamente por el uso de bebidas casi puramente ácueas; nun- ca ó casi nunca se ha podido, sin so- brevenir accidentes gravísimos y has- ta mortales, sufrirse la privación de la bebida, aun por un breve espacio. El agua fría es el mejor desalte- rante, la bebida por excelencia para una persona que goza de buena sa- lud; no solo apaga la sed, sino que fa- vorece la solución y la digestión de los alimentos. Los libros rebosan de ejemplos de personas que gozaron de excelente salud y prolongaron su exis- tencia hasta una edad muy avanzada sin usar otra bebida que el agua. En el estado de enfermedad mismo, es muy raro que el agua pueda ser noci- va: no hay razón para negar esta be- bida á los enfermos que la pidan, con tal que estén bastantemente cubier- tos; solo debe tenerse alguna reserva las toses con expectoración, en las fie- bres eruptivas, en las afecciones en BECABUNGA 249 BELEÑO BLANCO que se trata de provocar la traspira- «ion; y, con todo, aun entonces se pue- de permitir con ventaja, de tiempo en tiempo, alguna bocanada de agua fría. Existen muchas personas que pro- fesan un verdadero horror al agua. El agua es cruda, dicen, disminuye, hie- la la sangre, etc. Sin duda alguna que hay imprudencia, cuando se está su- dando, en beber con avidez un vaso de agua helada; y aun así, si la per- sona estuviese bien cubierta y en un cuarto bien cerrado, no correría en tal caso gran peligro. Pero tener una to- tal repugnancia á un líquido que la naturaleza derrama con tanta profu- sión, como sábia providencia, es, por decirlo así, rebelarse contra las leyes paternales del Criador del universo. Conviene, no obstante, añadir al- gunos espíritus, como vino, aguardien- te, etc., al agua, para hacerla más es- timulante y acelerar la digestión de los alimentos; hay ademas constitucio- nes débiles, climas húmedos, habita- ciones privadas de calor y de sol, pro- fesiones fatigosas, que necesitan del uso habitual de los tónicos. Una corta cantidad de zumo de limón, de naran- ja, agregado al agua, con un poco de azúcar, hácenla más á propósito para atemperar la sed ántes ó después de las comidas. Un poco de aguardien- te, de ron ó de vino puede también emplearse ventajosamente. Becabunga. Verónica becabunga, Linneo. Planta de la familia de las Escrofulariáceas, lampiña ó poco pu- bescente, tallos blandos y de aparien- cia traslúcida, radicantes en la base y después erguidos; hojas pecioladas, gruesas, ovadas-elipsóideas, obtusas, aserradas-festeonadas; flores en raci- mos, laterales, de un azul bajo ó en- carnadas; la planta tiene sabor amar- go, estíptico, picante, algo parecido al del berro.-Se cria en los manantia- les y aguas comentes; es antiescorbú- tica, y también se usa como diuréti- ca: sus renuevos frescos pueden co- merse cocidos ó en ensalada. Bedelio, Goma resina, extraida del Balsamodendron africanum, Arnott: árbol de la familia de las Terebintá- ceas burseráceas, que habita en el Africa. Se presenta en masas ó lágri- mas redondeadas, verdosas; fractura mate, parecida á la de la cera; olor aromático, sabor amargo y acre. En- tra en la composición del diaquiloñ gomado. Belascoain. Aguas alcalinas tem- pladas, 26° centígrados. España á 3 leguas de Pamplona, capital de la pro, vincia de Navarra. Beleño blanco. Hyosciamus ai- bus, Linneo. Solanáceas. Habita en casi todas las provincias de España, junto á los muros y lugares secos más elevados. Tallo de 30 centímetros de altura, velloso, ramoso, guarnecido so- bre toda su largura de hojas peciola- das, ovales, venosas, las inferiores si- nuosas, las superiores enteras. Las flores son blanquecinas, sésiles, solita- rias en la áxila de las hojas superio- res, y dispuestas en una larga espiga unilateral; las simientes permanecen blancas en su estado de madurez. Es- ta planta es más pequeña en todas BELEÑO NEGRO 250 BELLOTA sus partes que la siguiente; su olor es menos ingrato, y parece menos acti- va; no se emplea en medicina. Beleño negro, Hyosciamus niger, Linneo. Solanáceas. Esta planta es europea, abunda en España en los pa- rajes sombríos de la mayor parte de las provincias, al borde de los cami- nos, en las ruinas de los edificios, etc. Fue importada á la América del Sur. Tallo de 30 á 60 centímetros, ramo- so, velloso-lanudo, viscoso; hojas an- gulosas, profundamente sinuosas en sus bordes; afelpadas; flores amarillen- tas, con estrías rojas, en espiga unila- teral; olor fétido, sabor dulce; raíz fu- siforme, blanquizca; fruto estirado y contenido en el cáliz de la flor; simien- tes cenicientas, ovales, achatadas, ne- gras en la madurez. El beleño es planta venenosa; sus hojas han sido tomadas algunas veces por hojas de achicoria, y las raíces por las de la pastinaca ó nabo gallego. En corta dosis, esto es, de 10 á 60 centi- gramos (2 á 12 granos), se emplea como calmante en la epilepsia, aliena- ción mental, cólicos nerviosos, neural- gias, convulsiones, etc. Externamen- te, las hojas se aplican en los tumores y úlceras. El extracto de beleño se administra solo en la dosis de 5 á 20 centigramos (1 á 4 granos). Con el co- cimiento de las hojas de beleño y ha- rina de linaza se preparan cataplas- mas calmantes. Para hacer este coci- miento se ponen 15 gramos (media onza) de agua. El envenenamiento ocasionado por el beleño se combate por los medios indicados en el artículo Envenenamiento . Belladona. Atropa belladona, Li- mieo. Solanáceas. Planta que crece en casi todas las provincias de Espa- ña. Esta planta es un poderoso nar- cótico, y como tal se emplea con fre- cuencia en medicina. Sus hojas, á la dosis de 5 á 60 centigramos (1 á 12 granos) pordia, son provechosas en los cólicos espasmódicos, en las toses nerviosas, en la coqueluche, en las con- vulsiones y en la epilepsia. También se prepara con ella un extracto que se administra en dosis mucho menor, esto es, de 5 á 20 centigramos (1 á 4 granos); y la tintura alcohólica, que se da á la dosis de 6 á 30 gotas en una pocion. En dosis elevada, la be- lladona en un veneno narcótico-acre. Esta planta es muy común en Euro- pa, donde da lugar á frecuentes acci- dentes, por causa de sus frutos, pare- cidos á las cerezas, y por su gusto azu- carado, que tientan el paladar de los niños. La raíz de la belladona es ra- mosa, amarilla-rojiza por fuera, blan- ca interiormente, y de olor viroso. Su tallo mide 1 metro y 30 centímetros de altura. Tiene ojas alternas, gran- des, ovales-agudas, enteras, de color verde oscuro. Las flores son purpú- reas oscuras. Sus frutos, de gusto azu- carado, son pulposos, verdes al prin- cipio, y después rojizos y casi negros, del tamaño de una cereza. Bellota. Fruto de la encina, roble y otros árboles del mismo género: es ovalado, puntiagudo, de una pulgada de largo, y se compone de una cásca- ra medianamente dura, de color cas- taño claro, dentro de la cual va en- vuelta en una telilla del mismo color BENCINA 251 BENJUI una sustancia blanca, harinosa y de gusto ya dulce, ya amargo, según la especie del árbol. Es un alimento muy sano para el ganado de cerda. Tiene uso en medicina; ha sido pre- conizado contra las escrófulas; tostado se usa con la denominación de café de bellotas, como estomacal y tónico, á la dosis de 8 á 16 gramos (2 á 4 dracmas) en infusión teiforme.-Para tostarlas, se mezclan las bellotas, se- cas y privadas de su cáscara, en una paila de hierro, con un poco de arena limpia y seca; se calientan gradual- mente, agitándolas sin cesar hasta que adquieran color pardo oscuro y estén quebradizas; se envuelve en un lienzo, y cuando se hayan enfriado se quita la arena, se pulverizan gruesa- mente, y se guarda el polvo en fras- cos bien tapados.-Las bellotas se comen también enteras, tostadas ó crudas. Bellus. Aguas sulfatadas cálcicas, templadas. España; á 12 leguas de Valencia, capital de la provincia, y á legua y media de San Felipe de Já- tiva. El agua es trasparente, sin olor ni sabor, de 26° á 28° centígrados de temperatura. Empléase en bebida y baños contra los reumatismos y neu- ralgias. No hay pilas; los enfermos se bañan en los pozos naturales. Se va de Madrid á Játiva por ferrocarril, y de aquí á las aguas de Bellus á ca- ballo. Bencina. Líquido incoloro y volá- til que se obtiene del carbón de pie- dra por medio de la destilación. No rectificada, la bencina tiene un olor insoportable; bien rectificada, su olor es menos desagradable. Disuelve fá- cilmente las resinas, la cera, las gra- sas, etc.; y por eso sirve para quitar las manchas en los vestidos, los guan- tes, la seda, ote. Las quita con mucha prontitud, sin dejar el menor vestigio. Se emplea también ventajosamente para matar los piojos de los animales. Es un líquido venenoso, cuyo vapor es un veneno para animales peque- ños. Benimarfall. España, provincia de Alicante. Aguas sulfurosas calci- cas, frías. Benjuí, Se dio este nombre á cier- to bálsamo procedente de un árbol de la familia de las Estiracíneas, lla- mado Slyrax benzoin, Dryander, que habita en Sumatra, Java y la Amán- ca del Sur. En el comercio es cono- cidoTajo dos formas: Io Benjuí amig- daloide; masas secas, friables, ceni- cientas, un tanto brillantes, formadas en lo interior de lágrimas ovoides, blanqueadas, reunidas entre sí por una sustancia rojiza y porosa; 2o Ben- juí en suerte, que tiene pocas ó nin- guna lágrima. Su olor, que es de los más agra- dables, se desarrolla principalmente cuando se quema el bálsamo, y de- pende de un ácido particular llama- do ácido benzoico. El olor del benjuí hace que sea empleado en la perfu- mería; entra en la composición de las pastillas del serrallo, de la leche vir- ginal, de las pastillas olorosas y de casi todas las pastas que sirven para fumigaciones. Su uso en medicina es bastante limitado; sin embargo, acon- séjase hacer aspirar el vapor blanco BERENGENA 252 BERIBERI que el benjuí produce echándolo so-' bre las áscuas, á las personas que pa- decen de asma y de bronquitis cróni- ca. Estos vapores han sido también aplicados con buen éxito sobre las ar- ticulaciones afectadas de gota y de reumatismo crónico. Béquicos, Medicamentos que se emplean contra la tos. Se da este nombre á la mezcla de partes igua- les de hojas de culantrillo del Cana- dá, de hojas de yedra terrestre, hojas de escolopendra, hojas de verónica, sumidades de hisopo, y cabezas de adormideras sin la simiente. En far- macia esta mezcla es llamada de es- pecies béquicas. Se usa en infusión, preparada con 4 gramos (1 dracma) de estas plantas, y 500 gramos (16 onzas) de agua hirviendo. Bérbero ó Agracejo. V. Agra- cejo. Berengena. Solanum melonge- na, Linneo. Solanáceas. Planta de los climas cálidos; abundante en Es- paña, Portugal, Italia, Mediodía de Francia, y en la América meridional. Tallo herbáceo, de 30 á 45 centíme- tros de altura, algodonoso, algún tan- to ramoso; hojas ovales, de bordes sinuosos, pecioladas, algodonadas; flo- res blancas, purpúreas ó azuladas, grandes, laterales; fruto, baya pen- diente, muy gruesa, ovoide-prolonga- da, lisa, lustrosa, comunmente roja; á veces amarilla, y de pulpa blanca. Este fruto es un alimento agradable, que se prepara de diversas maneras. Es algo acre estando verde, y para no exponerse al menor daño, solo se debe comer cuando está completa- mente maduro. Bergamota. Fruto de una varie- dad de limonero. Citrus limetta, Ris- so. Aurantiáceas. El árbol tiene los ramos espinosos, hojas grandes, ova- les-redondeadas, sostenidas por pe- ciolos largos y alados; flores blancas, frutos pequeños, redondeados, un tan- to mamilosos en el ápice; la cáscara de los frutos es delgada, de color ama- rillo dorado, lisa, llena de una esen- cia suave y picante, que es muy co- diciada por los perfumistas; la pulpa es agria, amarga, y sin uso alguno. Beriberi. Dolencia propia de los países intertropicales, que ataca ais- ladamente á algunos individuos ó á muchos al mismo tiempo, tanto entre los blancos como entre los hombres de color. Está caracterizada por la debi- lidad general, hinchazón del cuerpo, parálisis; y terminando, en los casos fatales, por sofocación, asfixia, ó ani- quilamiento de las fuerzas; y, en los favorables, por abundante evacuación urinaria, y por la restauración gra- dual de las fuerzas. Esta dolencia fue casi exclusiva- mente y en un principio observada en las Indias orientales (continente é is- las), hasta cerca del 20° de latitud al Norte del Ecuador; sobre la costa de Malabar, golfo de Bengala, Archi- piélago índico,, golfo pérsico y mar Rojo; y hácia el Sur, en las islas de Borbon, Java< Mauricias, dentro del límite del 20° de latitud. Los médi- cos ingleses, que observaron esta do- lencia en la India, y fueron los pri- meros en describirla, diéronle el nom- BERIBERI 253 BERIBERI bre de beriberi, de la palabra beri, que significa debilidad ó flaquezd en la isla de Ceilan; este nombre está adoptado en las lenguas francesa y portuguesa. A fines de 1863, apareció esta do- lencia en la provincia brasileña de Bahía; hasta esa época no habia sido conocida en aquellas latitudes. Fué estudiada con grande atención por los facultativos residentes en la ciudad de Bahía, especialmente por el distin- guido médico, el doctor Sr. D. I. F. da Silva Lima, quien acerca de este asunto publicó un excelente tratado (Ensayo sobre el beriberi en el Bra- sil, Bahía, 1872, 227 páginas). Este libro es una de las mejores publica- ciones hechas sobre el beriberi. Durante los años de 1864 y 1865 observáronse únicamente algunos ca- sos aislados en Bahía; pero en 1866 llegaron á ser tan numerosos que constituyeron una verdadera epide- mia, afectando á las mujeres y los hombres de todas las clases sociales, lo mismo los blancos que los negros en la mencionada ciudad y en la pro- vincia de su nombre. La dolencia continúa mostrándose en esas locali- dades con algunos casos aislados. En 1867, el beriberi reinó epidémicamen- te en la escuadra nacional y en el ejército del Brasil en el Paraguay, así como en Matto-Grosso. El Sr. D. Ju- lio Rodríguez de M oura declaró tam- bién la existencia de parálisis y ana- sarcas idénticas en las provincias de Rio de Janeiro y de Minas, sobre las cuales publicó siete casos en la Ga- ceta médica de Bahía, el año 1867. En la misma época y siguientes años, el beriberi aparerió en la mayor parte de las provincias del Brasil. En 1871 tomó un carácter epidémico en la casa de detención de Pernambuco. Síntomas. El beriberi se presenta bajo tres formas distintas, á saber: Ia la en que predomina la parálisis; 2a la en que tiene predominio la hin- chazón; 3a la que puede llamarse mix- ta, esto es, la que presenta reunidos los síntomas de ambas. En la primera forma (paralítica), el doliente principia por mostrar un malestar indefinido; siente debilidad general, inaptitud para todo ejercicio; el apetito disminuye en algunos ca- sos, y hay impresión de plenitud en el epigastrio. Después se manifiestan dolores vagos en los miembros, prin- cipalmente en los inferiores, que tie- nen la apariencia del reumatismo muscular, y tardan poco en ser segui- dos de adormecimiento ó embota- miento de la sensibilidad cutánea. Al- gunos dias más adelante, en los casos de gran celeridad, el doliente nota debilidad en las piernas, que flaquean bajo el peso del cuerpo; engañándose sobre la fuerza de sus músculos cae á veces al querer andar, hasta que desiste de su propósito de levantarse de la cama; la parálisis del movimien- to, rara vez completa, apénas le per- mite doblar las rodillas, en el decúbi- to dorsal, ó las mueve en el sentido de la aducción y abducción. La parálisis se presenta también en los miembros superiores, princi- piando por embotamiento y hormi- gueo en las extremidades de uno ó BERIBERI 254 BERIBERÍ más dedos, algunas veces de todos ellos; poco después hay pérdida del tacto y debilidad muscular, siendo im- posible al doliente comer por su ma- no, tener en ella cualquier objeto, escribir, etc. La compresión verifica- da sobre los músculos paralizados es muy dolorosa. Al mismo tiempo que se manifies- tan estos síntomas, ó poco después de su manifestación, aparece la sensación como de una cinta apretada, al prin- cipio en torno de la pelvis, y poco á poco, de una manera gradual, subien- do hasta el nivel de los sobacos. En el epigastrio anuncian algunos dolien tes una impresión de plenitud y de dureza, como si allí tuviesen una ta- bla ó una barra de hierro. A medida que esta constricción del tronco va subiendo aparece la dispnea, que se hace cada vez más aflictiva; sobreviene por fin alguna ligera hin- chazón en las extremidades inferiores y en la cara, que se vuelve, lo mismo que la parte superior del tronco, de un color pálido azulado; la dispnea aumenta gradualmente, sobrevienen á veces contracciones musculares, con- vulsiones parciales, movimientos de las manos y brazos, más raramente de las piernas; grande ansiedad; acelera- miento y debilitación del pulso, amen- guamiento considerable de la canti- dad de orinas, que toman el color del café; sudores fríos viscosos, y la muer- te por asfixia. En la segunda forma de la dolen- cia (edematosa), los primeros sínto- mas que llaman la atención del do- liente son: cansancio de la respiración, aumento del volúmen de la parte me- dia de las piernas, acompañado de un dolor como reumático, alguna hincha zon y peso de los pies, y fatiga de los músculos, principalmente al suhir es caleras ó cuestas. La compresión de los músculos de la pantorrilla es más ó menos dolorosa. Después se va mostrando mayor opresión en la res- piración, aumentada por el ejercicio; la parte moral del doliente principia entonces á afectarse con aprensiones acerca de su estado y un decaimien- to de ánimo de que, á veces, es im- posible salvarle. La hinchazón es du- ra y un tanto elástica, de suerte que la impresión del dedo desaparece en pocos segundos, y de circunscrita que estaba á las piernas, se extiende á la cura, al tronco, á los brazos, y, final- mente, á todo el cuerpo, de modo que algunos dolientes parecen tener doble volúmen que ántes. A medida que la lúnchazon crece, sobreviene la dificidtad de mover las piernas y los brazos, y la dispnea va en aumen- to. Las orinas se hacen escasas, y el sudor es generalmente poco abundan- te, salvo hácia el fin, cuando la disp- nea es considerable. La piel se des- colora desde el principio, y por últi- mo se vuelve lívida, y conserva lar- go tiempo la marca blanca producida por una compresión hecha lentamen- te con los dedos. El pulmón se con gestiona, y el hígado se vuelve muy voluminoso y sensible á la presión. En estos casos la muerte viene tam- bién por asfixia, por congestiones vis- cerales, y, á veces, como el Sr. Dr. Silva Lima verificó en dos autopsias, BERIBERI 255 BERIBERI por embolia de la arteria pulmonar. En la tercera forma ó mixta, la dolencia principia ya sea por la pará- lisis de las extremidades inferiores, ya por la hinchazón sin parálisis, ya, por último, por parálisis é hinchazón simultáneas, continuando á veces su marcha progresiva estos dos síntomas de un modo idéntico, otras veces au- mentando uno más que otro, toman- do entonces la dolencia los caractéres de la primera ó de la segunda forma. Cuando la hinchazón y la parálisis son simultáneas en su aparición y en su marcha, el doliente experimenta á un mismo tiempo el entumecimiento de los piés y las piernas, el embota- miento de la sensibilidad cutánea y la debilidad muscular, que pronto vendrán á imposibilitarle todo movi- miento de traslación, esto es, á no consentirle dar un paso. Estos sínto- mas se extienden después á los bra- zos, la hinchazón invade la caía, y al fin todo el tronco. El dolor á la pre- sión sobre los músculos paralizados es también muy notable en esta for- ma del beriberi. Los dolientes notan grande ansiedad, y no pueden estar sino recostados. En una persona afec- tada por esta forma del mal, el Sr. Dr. Silva Lima vió sobrevenir la ce- guera completa en veinticuatro horas, cerca ocho dias ántes de la muerte. Por lo común, la asfixia es el fin de estas escenas de angustia. El pulso es variable on los diver- sos períodos y en las diversas formas de la dolencia, pero, por lo general, más acelerado que el natural, y, en los casos de anasarca, irregular en fuerza y frecuencia, y ademas inter- mitente. Estes tres cuadros sintomáticos son trasunto de los casos más graves del beriberi. Cuando la cura debe realizarse, la hinchazón disminuye poco á poco; los demas síntomas minoran de igual suerte; los dolientes comienzan á po- der tenerse de pié, y la opresión de- saparece casi por completo. Vuelve el apetito, cesa el extreñimiento de vientre, reaparecen las orinas, y elpul- so recobra su primitiva fuerza. La hinchazón de los tobillos, así como la debilidad de los miembros inferiores, son los síntomas que duran más tiem- po. La duración de esta dolencia pue- de variar de algunas horas solamente hasta muchos meses. Pronóstico. El pronóstico del be- riberi es bastante grave. Sobre los 61 casos que observó el doctor Silva Li- ma, en la ciudad de Bahía, hubo 30 curaciones y 31 fallecimientos. El be- riberi es una dolencia seria cuando se manifiesta por casos aislados, y gra- vísima cuando reina epidémicamente. En el primer caso, su marcha es len- ta por lo común y de larga duración, susce, tibie de modificarse en sentido favorable, por los esfuerzos de la na- turaleza ó por un tratamiento conve- niente. Anatomía patológica. En los ca- dáveres de los individuos que sucum- bieron en la forma hidrópica, el teji- do celular de la piel estaba lleno de serosidad; la capa subcutánea era muy gruesa. Los que sucumbieron BERIBERI 256 BERIBERI en la forma paralítica, por el contra- rio, eran de una delgadez excesiva. Las lesiones que se encontraron en la cavidad del cráneo eran tan varia- das, que seria difícil sacar de ellas in- ducción alguna. La médula espinal presentó siempre cierto grado de re- blandecimiento. Las membranas de la médula estaban inyectadas de san- gre; existia en ellas colección de líqui- do, tanto en la forma edematosa como en la paralítica. En la cavidad de las pleuras había derrame del líquido, cu- ya cantidad variaba de 300 á 800 gra- mos, en la forma edematosa; en con- secuencia de la forma paralítica pura no existia colección líquida. El cora- zón era habitualmente voluminoso, descolorido, lleno de sangre negra. Cuando existia infiltración durante la vida, hallábase en el vientre acumu- lamiento de serosidad que variaba de 300 á 1,000 gramos. La vejiga esta- ba vacia, descolorida y contraida. La sangre era acuosa. Causas. Las * causas del beriberi son totalmente desconocidas. Ningu- na clase de la sociedad puede juzgar- se exenta de sus agresiones, pues en Bahía atacó lo mismo á blancos que á negros, europeos é indígenas, afri- canos, criollos, mestizos, notándose que los extranjeros que eran ataca- dos estaban completamente aclima- tados en el país. En la India, los médicos atribuyen la dolencia á la alimentación particu- lar de los habitantes, al uso casi ex- clusivo del arroz, que por sí solo no es suficiente para alimentar á un hom- bre. En el Brasil se creía general- mente que el mal era causado por las primeras lluvias del verano. Todos los años, de Noviembre á Diciembre, llegan á la capital de la provincia del Para negociantes de goma elástica, habitantes de las márgenes del rio Anajas y sus afluentes, para hacerse curar de hinchazones y parálisis beri- béricas. En otros lugares, el beribe- ri es atribuido á las miasmas paludo- sos ó á otras emanaciones insalubres. Lo que hay de cierto es que las con- diciones climatéricas é individuales que llevan la debilidad y favorecen el desarrollo de esta singular afección, son la falta de ejercicio ó fatigas ex- clusivas, habitación insalubre, régi- men poco nutritivo ó poco variado, y el uso de las aguas impuras. Tratamiento. Contra la forma pa- ralítica del beriberi conviene aplicar un sinapismo á lo largo de la colum- na vertebral, y friccionar las costilla» con los linimentos siguientes: 1° Aceite de almen- dras dulces. 90 gram. (3 onz.) Amoníaco líqui- do 10 gram. (21/2 drac.) Mézclese en frasco. 2o Tintura de cantáridas... 15 gram. (1/2 onza.) Aceite de al- mendras dul- ces 125 gram. 4 onzas.) Jabón amigda- lino 30 gram. (1 onza.) Alcanfor 2 gram. (1/2 drac.) Internamente se administrará el vino de quina, en la dosis de una co- pa, dos veces al dia. En la forma hidrópica se admi- nistran las píldoras siguientes: BERIBERI 257 BERIBERÍ Escamonea 10 centígr. (2 gran.) Escila 5 centígr. (1 gran.) Digital 5 centígr. (1 gran.) Se hace una píldora y como ella 23 más. Para tomar una píldora, tres veces al dia. En la forma mixta se emplearán simultáneamente las fricciones esti- mulantes y las píldoras arriba indi- cadas. La alimentación debe ser corrobo- rante y variada; caldos sustanciosos, carne cocida y asada, legumbres se- cas y frescas, frutas, vino, té y café. El cambio de la localidad en que el doliente haya adquirido el mal, y aun mejor hácia fuera de la zona in- tertropical, siempre ha dado buenos resultados, como asegura el Dr. Sil- va Lima. Tomamos de su obra solo dos casos de curación por el cambio de clima. "Un portugués, empleado en el re- fino del azúcar en la ciudad de Bahía, se vió acometido intensamente por la forma edematosa de la dolencia, el año de 1866; hinchóse de una mane- ra monstuosa; respiraba con suma di- ficultad; tenia el hígado y los pulmo- nes muy congestionados, y la secre- ción de la orina reducida á pocas on- zas por dia. No habiendo adelantado nada con el tratamiento purgante, diurético y revulsivo, se embarcó pa- ra Portugal, siguiendo el consejo de los facultativos. En la primera carta cpie escribió de Lisboa decía este hom- bre (el cual no probó ningún remedio á bordo) que se hallaba restablecido; que por el mar le sobrevino gran de- sembarazo de aguas menores (eva- cuacion considerable de orina), y que toda la hinchazón se le quitó antes de desembarcar en Lisboa. "El segundo, portugués también, empleado de comercio, lo mismo que el anterior, en la ciudad de Bahía, en 1866, cayó enfermo con fiebre in- termitente cotidiana, después de ha- ber dormido algunas noches en las cercanías de los pantanos. De regre- so á la ciudad, ni el sulfato de qui- nina, ni el arsénico pudieron extin- guir la fiebre que le aquejaba. De- cidió entrar en el hospital portugués donde, en pos de la fiebre intermiten- te, desaparecida en pocos dias, le so- brevino en los miembros parálisis in- completa del movimiento y de la sensi- bilidad, con edema de las extremida- des inferiores, y esto pocos dias des- pués de su salida del hospital. En es- te estado partió para Lisboa, de donde regresó completamente curado al cabo de pocos meses, habiendo principiado la mejoría en su viaje. "Hechos análogos, continúa el Dr. Silva Lima, é igualmente satisfacto- rios, son ya bastantes para autorizar al facultativo á aconsejar la residen- cia temporal fuera de los trópicos á los enfermos que puedan echar mano de este valioso recurso. "Pero la experiencia ha demostra- do en estos últimos años, que se pue- de obtener igual resultado con el cam- bio de domicilio de una provincia á otra. Hay ejemplos auténticos de do- lientes que se curaron pasando á las provincias meridionales del imperio, por no poder viajar hasta Europa, y esto después de haber sufrido en BERIBERI 258 BERIBERI Bahía un tratamiento infructuoso. Uno que partió á Cactite, de donde era natural, en el interior de la pro- vincia de Bahía, mejoró en el viaje, y se curó prontamente. Pero como la' mayor parte de los dolientes no pue- den emprender viajes dispendiosos, y habiendo la experiencia venido á demostrar que la mayor parte de las personas afectadas de beriberi perte- necen á las clases de vida poco acti- va; y que la mudanza de localidad influía favorablemente en la marcha de la dolencia, recomendamos desde entonces á nuestros clientes, no solo el ejercicio compatible con sus fuer- zas, sino principalmente el cambio frecuente de localidad; y para hacer practicable este precepto al mayor número posible de enfermos, aconse- jamos paseos diarios de algunas ho- ras en ferrocarril ó tramway, lo que ha dado resultados superiores á nues- tras esperanzas. A otros recomenda- mos, con igual ventaja, viajes de mar por los vapores que van á estaciones próximas, que no son muy dispendio- sos para las clases poco acomoda- das." La mudanza de lugar fue asimis- mo provechosa á los enfermos de la casa de Detención de Pemambuco. En ella se desarrolló la epidemia del beriberi el año de 1871, no obstante no ser esta casa una prisión vulgar é inmunda, ántes por el contrario, es un edificio de lujo, digno de figurar al lado de los mejores establecimien- tos penales existentes en otros paí- ses. Sobre los 46 primeros atacados, habían ya fallecido 19. Convencidos los médicos de que la primera medi- da que debería tomarse era la disper- sión del foco en que aquellos infeli- ces se encontraban, aconsejaron la traslación de los presos atacados del mal á la isla de Fernando de Noronha, lo cual fue concedido y mandado eje- cutar por el jefe principal de la pro- vincia. Al efecto partió un vapor con un facultativo, ambulancias y las co- modidades necesarias al estado en que los dolientes se encontraban. "A los pocos dias de viaje princi- piaron á notarse en seguida importan- tes mejorías en aquellos dolientes con- siderados como enteramente perdi- dos, si por caso hubieran seguido per- maneciendo en el teatro de sus pade- cimientos. La isla de Fernando de Noronha, situada á 75 leguas latitud Norte del cabo de San Roque, en la latitud Sud á 3o 48', y en la longitud occidental de 74° 44', es azotada por todos los vientos que reinan en aque- llos parajes. Es un lugar saludable; no hay en él pantanos ni lagos; las lluvias son tan raras que á veces fal- tan durante varios meses y aun años; sin embargo, abunda el agua potable. Fórmanla rocas cubiertas por una ca- pa de tierra vegetal, tan delgada en algunos sitios, que no se presta al cultivo. Hiriéronse tres trasbordos de enfermos atacados de la epidemia; el primero de 27, entre los que habia varios de gravedad; otro de 73, y el tercero de 15, yendo algunos de es- tos últimos considerados apenas como predispuestos á contraer el mal. "De tan considerable número de1 dolientes, sucumbieron apénas tres BERRO DE PARÁ 259 BETELU que llegaron á la isla en grado muy avanzado de padecimientos; los de- mas se restablecieron." (Dr. Ignacio Alcibiades Velloso, Gaceta médica de Bahía, 30 de Abril de 1872.) Berilo. Piedra preciosa, de color verde claro, amarilla ó amarillenta; es una variedad de la esmeralda. Llá- manla agua marina cuando tiene el color verdemar. Empléanla los graba- dores sobre piedra, y entra en la com- posición de los mosaicos. Los plate- ros labran con ella joyas diversas de poco valor: collares, pulseras, sellos, etc. Se encuentran en la India, Perú, Brasil, Francia, Escocia, etc. Berro de fuente, Sisymbrium nasturtium, Linneo. Cruciferas. Es- ta planta, muy común en Europa, es sumamente vulgar en España; se ha- lla en los arroyos, fuentes y prados húmedos; cultívase en la América del Sur. El tallo, de una largura, de 30 centímetros, es rampante; hojas casi cordiformes; flores blancas; sabor pi- cante, un tanto amargo; olor casi nu- lo. Es un alimento que se usa á me- nudo con las carnes asadas. El zumo de los berros, en la dosis de 60 gra- mos (2 onzas) por dia, puro ó mezcla- do con el de la achicoria silvestre, se emplea con buenos resultados en las personas afectadas de enfermedades de la piel, y en las que tienen predis- posición á las escrófulas; pero su.vir- tud es más eficaz en el escorbuto. Berro de Pará ó Espilanto. Spi- lanthes olerácea. Planta de la familia de las Sinantéreas-senecionídeas, que habita espontáneamente en el Pará y otros puntos del Brasil. El tallo, de la altura de un pié, es blando, su- culento, guarnecido de hojas subcodi- formes, ovales, dentadas; flores dis- puestas en capítulos esféricos un tan- to cónicos; florones amarillos; sabor acre. En el Para se emplea como ali- mento, lo mismo crudo que cocido. Usase en medicina como excitante y antiescorbútico, bajo la forma de ja- rabe, el cual se administra en la do- sis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Berza. V. Col. Betarraga ó remolacha. Una de las variedades de la Beta vulgaris, Linneo. Quenopodiáceas. Planta cuya raíz, roja, amarilla ó blanca, carnosa, conoide, muy gruesa, azucarada, cons- tituye un alimento agradable y sano. Se come en ensalada y en conser- va. Esta raíz adquiere á veces pro- porciones enormes, y llega á pesar hasta veinte y aun treinta libras; por causa de la materia sacaliña que con- tiene, se emplea en Europa para ha- cer azúcar parecido al de la caña. Betelu. Aguas sulfurosas cálcicas, frías. España, á 7 leguas de Pamplo- na, capital del antiguo reino y hoy provincia de Navarra, en la frontera de Guipúzcoa y á 3 leguas de Tolo- sa. El agua es clara, de olor y sabor ligeramente sulfurosos, de una tem- peratura de 24° centígrados. Se em- plean en bebida y baños contra las enfermedades de la piel, sífilis cons- titucional, laringitis crónica y relima- mos. El establecimiento contiene cuar- tos y pilas de mármol, gabinetes de duchas, de inhalación y de pulveriza- ción. Se va de Madrid á Tolosa por BILIS 260 BISMUTO ferrocarril, y de este punto á los ba- ños en carruaje. Biberón. Dáse este nombre á cier- tos vasos de porcelana, de vidrio ó de metal, provistos de un cúello ó de un tubo encorvado, que sirve para beber los enfermos á quienes una causa cual- quiera impide verificarlo con un vaso ordinario. Se da también este nombre á pe- queñas redomitas, empleadas en el amamantamiento artificial para reem- plazar el pecho de la madre. Véase tomo I, p. 115. Bicarbonato de sosa. Sal blanca, inalterable al aire, soluble en 13 par- tes de agua fria, de sabor un tanto al- calino. Se emplea como un diurético, contra las arenillas y la gota, en la dosis de 1 á 8 gramos (20 granos á 2 dracmas), y progresivamente hasta 15 gramos (1/2 onza) por dia, disuelta en 50 gramos (16 onzas) de agua con azúcar. Esta sal entra en la composi- ción de las pastillas de Vichy, que se toman en la dosis de 10 á 20 y aún más por dia, para combatir la ace- día. Bilis. La bilis, llamada vulgar- mente cólera, es un líquido espeso, de color amarillo verdoso, de sabor amargo; la segrega el hígado, órgano glanduloso, situado en la parte supe- rior y lateral directa de la cavidad del vientre. Sirve de receptáculo á la bi- lis una bolsa pequeña aneja á este ór- gano, y la cual comunica con el intes- tino por un canal bastante angosto. Este líquido desempeña un papel de importancia en la digestión. Cuando no va á pasar al intestino, por haber- se suspendido su secreción, ó porque algún obstáculo vital ó mecánico le impide el paso, las evacuaciones alvi- nas se vuelven raras, dificultosas, y las materias son descoloridas ó blan- quecinas. Es, pues, evidente que en el estado natural la coloración de esas materias depende, en gran parte, de la presencia de la bilis, y que este lí- quido goza de cualidades estimulan- tes, las cuales determinan la contrac- ción de los intestinos, y favorecen la expulsión de las sustancias excremen- ticias. Durante la boga de la medicina hu- moral, la bilis figuraba á menudo co- mo causa importante en las explica- ciones que los médicos, y en pos de ellos el vulgo, daban de las dolencias más comunes. La bilis derramada ó introducida en la sangre, la bilis su- perabundante ó la plenitud de bilis, las fiebres biliosas, etc., se encontra- ban á cada paso en el lenguaje usual. Hoy con razón, los médicos son más circunspectos en semejantes explica- ciones, pero no por eso es ménos cier- to que la bilis entra como elemento en muchas afecciones que no son ra- ras, y que tendremos ocasión de es- tudiar en sus correspondientes luga- res (V. Hígado, Ictericia.) Bismuto. Metal de color blanco con viso rojizo, peso específico 9,82 á 9,88; se funde á la temperatura de cerca 247°, y cristaliza, mediante un pausado enfriamiento, en cubos dis- puestos de modo que imitan una pirá- mide cu adran guiar vuelta. Se halla: 1? en el estado nativo con un poco de arsénico, en Sajonia, Suecia y en los BLENORRAGIA 261 BLENORRAGIA Pirineos; 2o en el estado de óxido; 3" combinado con azufre y arsénico.- El bismuto combinado en el estado metálico con ácido azoico, forma el subazotato de bismuto, que es muy usado en medicina. V. Sub-azotato de bismuto. Bistorta. Polygonum historia, Linneo. Poligóneas. La bistorta es una planta que se encuentra en los prados de varios puntos de España. La raíz tiene el grosor de un dedo, y se pre- senta enroscada dos ó tres veces sobre sí misma; parda por fuera, rojiza por dentro; sabor astringente. Su infusión es uno de los astringentes poderosos, y se emplea en inyecciones en las flo- res blancas. La infusión se prepara con 12 gramos (3 dracmas) de raíz de bistorta y 375 gramos (12 onzas) de agua hirviendo. Blanca de España. Nombre con que se distingue el sub-carbonato de cal pulverizado, hecho pasta por me- dio del agua, y reducido á panes ovoi- des ó cilindricos. Es un absorbente como todos los carbonatos calcáreos. Blefaritis. Inflamación del párpa- do. V. Párpados. Blefaroptósis ó Caída del pár- pado. Blefarospasmo. Espasmo de los párpados. Véase para ambas palabras el artículo Párpados. Blenorragia, Gonorrea, Uretrí- tis ó Purgaciones. Se dan estos nom- bres á la inflamación especial de la membrana mucosa de los órganos ge- nitales del hombre ó de la mujer, ca- racterizada por un flujo mucoso puru- lento, que procede del canal de la uretra en el hombre, ó de la vagina en la mujer, y que comunica el mal por contacto. Blenorragia en el hombre. Las causas principales son el contagio y los excesos venéreos; pero puede tam- bién provenir del coito mismo con una persona sana durante la menstruación. Los excesos alcohólicos, ó abuso de vinos blancos, de Champaña, de cer- veza, son causas evidentes de la irri- tación de la uretra. Solas, no bastan á determinar la blenorragia, pero con- curren á ella de una manera muy ac- tiva. Unidas á los excesos venéreos, constituyen uno de los orígenes más comunes de la blenorragia. Muchos individuos hay que son afectados de blenorragia por el exceso del coito después de una borrachera, después de una indigestión inmoderada de Champaña en el estómago. Este flu- jo, por último, puede ser ocasionado por la extensión de la inflamación he- morroidal, por la prolongada retención de orina, ó simplemente por la in- fluencia del aire frió y húmedo, Sintomas. La blenorragia se mani- fiesta, en general, de dos á ocho dias después de una cópula impura. A ve- ces, su aparición no se verifica sino quince, y acaso treinta dias después. Este último caso es bastante raro. También puede tener principio inme- diatamente después de la cópula. El primer síntoma que anuncia el mal es una impresión de titilación en la ex- tremidad del miembro viril, impresión que al fin se trasforma en un dolor punzante del segundo al tercer dia. El canal urinario se enrojece, entume- BLENORRAGIA 262 BLENORRAGIA cese y deja salir una serosidad límpi- da y poco abundante', el enfermo tie- ne frecuentes deseos de orinar; la emi- sión de la orina se hace cada vez más dolorosa, y llega hasta el punto de ser en ocasiones imposible; la canti- dad de la purgación uretral aumenta poco á poco; la materia se vuelve más espesa, blanca, amarilla ó verde; el glande y el prepucio se hinchan, y du- rante lo noche, erecciones frecuentes y dolorosas vienen á privar del sueño al doliente. Estos fenómenos van en aumento hasta el décimo segundo, décimo quinto ó vigésimo dia, y á ve- ces hasta el trigésimo, conforme á los individuos y al tratamiento que sigan; después de esto, disminuyen y des- aparecen con mayor ó menor pronti- tud. Por regla general, el flujo dura cuatro, ocho, quince ó treinta dias, aunque á veces se prolonga y dura muchos meses. La blenorragia no siempre sigue esta marcha simple y regular. En cier- tos casos es benigna é indolente, y los enfermos no la sienten sino por los vestigios que la purgación deja en la ropa, siendo á veces, sin embargo, acompañada de síntomas mucho más graves. Los dolores no se limitan únicamen- te al miembro viril; extiéndense á ve- ces, pero sin hinchazón, á las ingles, á los cordones espermáticos y á los testículos; á menudo también las glán- dulas inguinales y el tejido celular circunyacente se inflaman y entume- cen ligeramente durante algunos dias. Los dolores se hacen sentir sobre todo cuando la orina principia á co- rrer, y después en la terminación, cuando el doliente se esfuerza en ex- pulsar las últimas gotas. Las erecciones son altamente dolo- ras y obligan al doliente á levantarse por la noche. En los casos de inflama- macion muy intensa, no pudiendo el canal de la uretra estirarse del mismo modo que el cuerpo cavernoso, se en- corva durante la erección: existen en- tonces lo que se llama purgaciones de garabatillo. La inflamación puede extenderse al escroto y producir la hinchazón de los testículos. La mate- ria que sale de la uretra es á veces de cojor rojizo, y hasta en algunos casos es sangre pura. Ordinariamente, aun cuando los sín- tomas alcanzan un alto grado de in- tensidad, la blenorragia no pasa de una afección enteramente local. No se observan perturbaciones generales sino en los casos raros en que el mal alcanza una gravedad insólita, ó en los individuos nerviosos, sumamente impresionables. Sobrevienen entonces dolor de cabeza, malestar general, fiebre moderada. Este estado desapa- rece en algunos dias, á más tardar, aunque los fenómenos locales no hu- biesen experimentado la misma me- joría. Tratamiento. De todos los medica- mentos empleados contra la blenorra- gia, ninguno hay de mayor eficacia que la copaiba. Sus buenos efectos son evidentes, sobre todo cuando la dolencia es reciente. Se toma en la dosis de 4 á 8 gramos (1 á 2 dracmas) dos veces al dia. Hay un modo de ad- BLENORRAGIA 263 BLENORRAGIA ministrar la copaiba sin que repugne al paladar, incluyéndola en cápsulas gelatinosas que se tragan con facili- dad, lo mismo que si fueran píldoras. Las cápsulas de Mothes contienen ca- da una 1 gramo (20 granos) de copa- iba: por consiguiente, necesario es to- mar de 4 á 8 cápsulas, dos veces al dia. Existen muchas preparaciones far- maceúticas cuya base es la copaiba, y de las cuales también se puede hacer uso con el mismo provecho. Una de estas preparaciones, que se emplea con mayor frecuencia, es la pocionde Chopart; hé aquí su receta: Copaiba 60 gramos (2 onzas). Alcohol á 80° 60 gramos (2 onzas). Jarabe de To- lú 60 gramos (2 onzas). Agua de men- ta piperita. 120 gramos (4 onzas). Acido nítrico alcoholiza- do.. 8 gramos (2 drac.) Mézclese primero el alcohol con el ácido nítrico alcoholizado; añádase la copaiba, y después el jarabe y el agua de menta. Dósis: De una á dos cu- charadas, tres veces al dia. Esta pocion es muy eficaz, pero de gusto desagradable. Después de to- marla, conviene comer algunas pasti- llas de menta, ó chupar un gajo de naranja. Muchos enfermos no pueden sopor- tar la copaiba; esta sustancia, en efec- to, es de difícil digestión; ocasiona eructos, náuseas, y á veces determi- na una diarrea demasiado abundante; conviene entonces disminuir la dósis, 6 interrumpir su uso por espacio de algunos dias, ó administrarla en lavar tivas; sin embargo, bajo esta forma su efecto es menos constante. He aquí la receta de la lavativa de copaiba: Copaiba 15 gramos (1/2 onz.) Yemadehue- . vo Una Aguacaliente. 180 gramos (6 onzas) Tritúrese la copaiba con la yema de huevo, y añádase, al triturar, el agua caliente. Raro es que no se alcancen mejo- ramientos notables en los síntomas del mal; y á veces, al cabo de tres ó cuatro dias, estos síntomas desapare- cen por completo. Mientras tanto, es prudente seguir usando de la copaiba durante tres ó cuatro dias, aun des- pués de haber desaparecido la dolen- cia. La copaiba produce á veces una erupción cutánea semejante al saram- pión; pero esta erupción no dura mu- cho tiempo y desaparece por sí mis- ma. Si en el término de quince á vein- te dias de tratamiento la blenorragia no hubiere cesado, ó si los dolientes no pudieren soportar la copaiba, se les administran las cubebas en polvo en la dosis de 4 gramos (1 dracma), dos veces por di$i, según la receta si- guiente: Cubebas en polvo, 64 gramos (2 on- zas). Se dividen en 16 papeles. Se toma un papel, tres veces al dia, en jarabe, miel, ó en media taza de agua fría azucarada. Por lo común, con la ayuda de es- BLENORRAGIA 264 BLENORRAGIA os medios, la blenorragia cede ántes del trigésimo dia. Nótanse, ínterin, mu- chos flujos que permanecen pasado este plazo, por más que los síntomas inflamatorios hayan desaparecido en- teramente. Entonces la blenorragia se hace crónica; es una simple secre- ción de mucosidad límpida y poco es- pesa. Cuando la dolencia llega á este punto, preciso es hacer uso de los ba- ños frios de rio ó de mar, y de inyec- ciones astringentes en el interior del canal de la uretra. Hé aquí las rece- tas de las inyecciones: Inyección con azoado de plata. Azoato de plata cristalizado.... 5 cent. (1 grano) Agua destilada.. 120 gram. (4 onzas) Disuélvase. Se hacen dos inyecciones por dia, sirviéndose de jeringa de vi- drio. La proporción del azoato puede ser aumentada gradualmente hasta 50 centigramos (10 granos) para 120 gramos (4 onzas) de agua. Inyección con sulfato de zinc. Sulfato de zinc. 1 gram. (20 gran.) Agua destilada. 180 gram. (6 onzas). Disuélvese. Dos inyecciones diarias, hechas con jeringas de vidrio ó esta- ño. Al mismo tiempo que interiormen- te se aplican la copaiba ó las cubebas, y externamente las inyecciones, el doliente debe usar de bebidas emo- lientes, tales como la infusión de lina- za, los cocimientos de cebada ó de grama, los jarabes de horchata, de cu- lantrillo, de grosellas con agua, ó be- ber cualquier otro líquido refrigeran- te, que puede dejarse á la elección del doliente. Estas bebidas hacen las orinas más acuosas, menos acres, y por consiguiente, menos ¿olorosas en su tránsito. Durante el período de la inflamación aguda; el enfermo debe usar de semicupios de agua tibia; en cuanto á los baños frios, estos solo convienen en el estado crónico del mal, esto es, cuando la purgación es meramente mucosa y no viene acom- pañada ni de dolor ni ardor locales. Los alimentos deben ser ligeros, tales como pollos, gallina, legumbres her- báceas y otras, leche, huevos, frutas, y carnes poco condimentadas. La be- bida durante las comidas será el agua pura, ó, cuando más, con un poco de vino. El vino puro y todos los licores alcohólicos deben ser proscritos com- pletamente. El doliente deberá pri- varse del baile y de la equitación, de andar demasiado, y particularmente del coito. Pero si la inflamación fuese muy intensa, indispensable será en ese caso que el doliente guarde cama, observe una dieta más ó menos rigu- rosa, use de baños generales ó semi- cupios de agua tibia, de lavativas con cocimiento de linaza, y aplique la ca- taplasma de linaza en el perineo. Cuando los dolores fueren violen- tos y las erecciones frecuentes, se to- mará al acostarse, de una sola vez, la emulsión siguiente: Emulsión de almendras dulces.... 120 gramos (4 onzas) Alcanfor 5 centígr. (1 grano) Nitro 1 gramo (20 gran.) Jarabe de flor de naran- jo 30 gramos (1 onza). BLENORRAGIA 265 BLENORRAGIA Habiendo fiebre ó dolores en el pe- rineo, debidos á la inflamación muy violenta, aplícanse diez sanguijuelas en el perineo. Circunstancias hay en que el flujo, después de cesar por un tratamiento racional, reaparece con intensidad por exceso en el régimen, ó por el coito ejercido inmediatamente después de la cura. En este caso se debe volver á administrsr la copaiba y las cube- bas, y usar de nuevo las mismas in- yecciones. Esta recaída es, por lo re- gular, de ménos duración que el pri-' mitivo mal. Hay también purgaciones que, apénas se han curado, vuelven á mostrarse otra vez, y aun otra más, sin que aprovechen ningún género de precauciones. Entonces se abandonan á sí mismas usando únicamente de un buan régimen, aire libre del campo, baños fríos, y observando mucha con- tinencia. La blenorragia no necesita de las preparaciones mercuriales. Estos me- dicamentos solo son buenos cuando existen chancros, erupciones cutáneas y otros síntomas sifilíticos. A menudo se observa, durante el curso de una blenorragia, inflamación en los ojos. Esta afección resulta del descuido y poco aseo de los dolientes, que sin la menor aprensión llevan á sus ojos los dedos que estuvieron en contacto con las partes afectadas, en el acto de orinar, por ejemplo, ó de lavarse. La materia contagiosa, lleva- da á los ojos, determina una inflama- ción muy grave, que á veces suele causar la pérdida de la vista. La per- sona atacada de blenorragia debe, por tanto, observar el mayor aseo; bueno es que se lave las manos siempre que las hubiese tenido en contacto con el mal, evitando el tocar los ojos con los dedos. El tratamiento de esta infla- macion de los ojos está indicado en el artículo Conjuntivitis blenorrá- gica. A veces sobreviene, durante la ble- norragia, una inflamación de los testí- culos, caracterizada por el dolor, hin- chazon, y en ocasiones rubicundez del escroto. El cuerpo del testículo casi nunca participa ó apenas experimen- ta esta hinchazón. Con efecto, el tu- mor que existe en el escroto, y que muchas personas consideran como for- mado por el testículo, lo está espe- cialmente por el derrame seroso en la túnica vaginal, como lo demuestra la fluctuación y la trasparencia más ó menos evidente que hay en la par- te anterior del tumor. Esta complica- ción va acompañada casi siempre de dolores que se extienden hasta los ri- ñones. Se combaten con semicupios de agua tibia, cataplasmas de linaza, y á veces con sanguijuelas aplicadas en el perineo. Numerosos conceptos falsos existen acerca de la afección que nos ocupa. Uno de los más funestos es sin duda la supuesta benignidad de un mal que los libertinos consideran como li- bre de consecuencias, exponiéndose de esta suerte, así ellos como otras personas, á los resultados que puede traer en la práctica una opinión tan errónea. Dolientes hay que creen que conviene dejar correr la materia du- BLENORRAGIA 266 BLENORRAGIA rante algún tiempo antes de someter- se á un tratamiento curativo, y juz- gan peligroso el secar desde luego las purgaciones en les primeros dias. Es- ta opinión expone á grandes peligros: las purgaciones antiguas producen muchas veces llagas y extreñimiento de la uretra, y siempre su curación es más difícil que cuando se principia apénas el mal se hubiere declarado. Conviene, por tanto, tratar la dolen- cia sin pérdida de tiempo.-Entre los obreros y los militares existe la opi- nión de que, en el caso de purgacio- nes de garabatillo, es necesario dar al miembro viril una rápida flexión, destinada, según ellos dicen, á que- brar la cuerda. Un dolor atroz, segui- do luego de hemorragia, de supresión de orinas y de gangrena de la parte doliente, tal es el cruel resultado de semejante imprudencia! Blenorragia en la mujer. Esta afección ha sido confundida muchas veces con la leucorrea ó flores blan- cas, y no siempre es fácil formar un juicio exacto sobre la naturaleza de ciertos flujos en las señoras. Síntomas. Poco tiempo después de una cópula impura, la mujer experi- menta calor, comezón y dolor en la vagina y en la vulva, que le parece tener hinchada. El andar se muestra doloroso, y la emisión de las orinas va acompañada de la sensación de la quemadura. En fin, cuando la infla- mación se propaga hasta el útero, la enferma se queja de dolor en el bajo vientre y de pesadez en el perineo. ^1 flujo que sobreviene es mucoso-pu- rulento; tiñe la ropa de color amarillo, verde ó rojo; puede ser sanguinolen- to. La vulva se hincha; la membrana mucosa de esta parte de la vagina se vuelve roja, escoriada ó ulcerada. En general, la blenorragia produce en la mujer menos dolor y ansiedad que en el hombre. Durante el curso de la blenorragia de la mujer sobrevienen á veces hin- chazones flegmonosas, del volúmen de una avellana, en el espesor de los lábios de la vulva, terminando á me- nudo por supuración. Todos los médicos confiesan que no existe señal alguna para distinguir la blenorragia de la mujer de las flores blancas; el estado de los síntomas en particular y la exploración de los ór- ganos genitales no ofrecen la menor presunción; únicamente las circuns- tancias precedentes al flujo, y más que nada las relaciones con un hom- bre sospechoso, pueden arrojar algu- na luz sobre su naturaleza. No se- se puede tampoco acusar á la mujer de tener una blenorragia por haber trasmitido el mal venéreo á un hom- bre, porque una simple inflamación no virulenta de la vagina puede muy bien producir tal efecto. Cierto es también que algunas mujeres sujetas toda su vida á flores blancas pueden ser inficionadas de blenorragia sin sos- pecharlo; en este caso pueden muy inocentemente comunicar el mal al hombre. Tratamiento. La blenorragia de la mujer se trata del mismo modo que la del hombre, por el uso interno de copaiba y de cubebas. Preciso es tam- bién tocar levemente la vagina con BOCA 267 BOCA piedra infernal. Ademas de esto se emplean semicupios prolongados de agua tibia, é inyecciones con el coci- miento de linaza. Si el mal pasara al estado crónico, recúrrase á las inyec- ciones con solución de azoato de pla- ta ó de sulfato de zinc, indicadas en la página 264, y á los lavatorios ó in- yecciones con aguardiente mezclado con agua. Blenorrea. Dáse este nombre á la blenorragia crónica. La blenorrea puede ser primitiva, pero casi siem- pre es consecuencia del estado agudo. Es una continuada fluxión, gota á go- ta, por la uretra, de un líquido espe- so, blanco, viscoso, trasparente, algu- nas veces amarillo ó verdoso. Otras veces este flujo es tan poco conside- rable, que pasa desapercibido duran- te el dia, saliendo, como sale, durante la emisión de la orina; pero por la ma- ñana, al despertarse, basta ejercer una presión sobre el canal para ver salir una gota de líquido mucoso purifor- me. Por último, en el grado más dé- bil de la blenorrea existen únicamen- te una ligera humedad en el conduc- to urinario. El tratamiento es el mismo que pa- ra la blenorragia crónica. Véase la pág. 264. Boca. Nadie ignora que la boca es la abertura superior del canal intesti- nal. Delante están los labios; en el interior de la boca las arcadas denta- rias superior é inferior, donde se ha- yan implantadas dos filas de dientes cuyo número es de diez y seis en ca- da una; la lengua, y debajo de ella el frenillo y los orificios dé los cauali- tos conductores de la saliva. En am- bos lados, la boca está formada por las mejillas; estas presentan por den- tro, al nivel de la segunda muela ó diente molar, una abertura pequeña, que es el orificio conocido bajo el nom- bre de canal de Stenon, por el cual pasa la saliva segregada por la glán- dula parótide. En el fondo aparece la campanilla de la garganta y una teja movible llamada velo del paladar ó cielo déla boca. Este sigue lateral- mente por dos pequeños prolonga- mientos llamados pilares. Entre ellos está situada la amigdal a, especie de glándula que lleva este nombre ácau- sa de su volumen y de su forma, bas- tante parecida á la de una almendra {amygdale, en griego). En algunas afecciones extrañas á la boca, esta puede suministrar algu- nas señales de pr eci o, que será im- portante conocer. Así, pues, á conse- cuencia de un ataque de apoplegía, la boca se muestra torcida del lado opuesto á la parálisis; en las convul- siones de los niños y de los adultos, en la epilepsia, participa á veces, de los movimientos nerviosos. Quédase abierta en la dislocación de la mandí- bula. Existe una dolencia, que algu- nas veces sobreviene por efecto de heridas, la cual, anunciándose me- diante un ligero síntoma en la apa- riencia, es no obstante mortal en la mayor parte de los casos. En esta afección, llamada tétanos, el doliente no puede apartar los dientes; y en algu- nas fiebres con delirio se oye el cruji- do de aquellos al ludir unos con otros. Conviene, ademas, notar que, en cier- BOCA 268 BOCA tos niños, este crujir es natural mien- tras duermen, razón por la cual no de- be dar cuidado alguno. § I. Enfermedades de la boca. Aftas. V. tomo I, p. 52. Cáncer ó escirro de la boca. El cáncer de la boca; que es una dolen- cia enteramente distinta de la ulcera- ción sifilítica, llamada chancro, la cual va tratada en otro lugar, es una de las afecciones propias de la edad madura. A menudo se presenta en el labio inferior; se anuncia entonces por una ampollita, una verruga pequeña, ó también por una simple escoriación de la piel. El punto afectado es asien to de una comezón particular, que parece obligar al doliente de una ma- nera irresistible á rascárselo con las uñas. Fórmase entonces una costra, y cuando cae, se descubre una úlce- ra pequeña de fondo ceniciento, bor- des dw os, que causa un dolor punzan- te, con picaduras á intervalos, y la cual, en una palabra, manifiesta los caracteres del cáncer. El cáncer del interior de la boca es mucho más ra- ro; puede ser procedente de enferme- dad del hueso, ó también de una sim- plo ulceración mal curada ó de la cual no se ha hecho el menor caso. En cuanto al tratamiento, la, ablación de la parte afectada es el único remedio infalible. Véase Cáncer. Heridas por armas de fuego en la boca. V. Heridas. Imflamacion de la boca ó esto- matitis. Dolencia caracterizada pol- la rubicundez, hinchazón y ardor de la membrana que entapiza el interior de la boca. Existen particularmente en la cara interna de las mejillas y en las encías. . Causas. La inflamación de la bo- ca se manifiesta con especialidad en los niños, sobre todo en la época de la primera dentición, y cuando los dientes no salen con facilidad. Puede también mostrarse en cual- quiera edad. Sus causas más comunes son: contusiones, heridas, diversas operaciones de las que se practican en la dentadura, acumulación de sarro en los dientes. A veces puede ser el resultado de la extensión de una in- flamación en la garganta: otras mu- chas proviene del embarazo del estó- mago, y á menudo la ocasiona el abu- so de los medicamentos mercuriales. Síntomas. Rubicundez, hinchazón y aumento del calor y de la sensibili- dad de la boca, son los síntomas de esta dolencia', perviértense las funcio- nes de la boca', la masticación, el ha- bla, y la deglución se hacen dolorosas; á veces se altera el sentido del gusto, y la salivación aparece más ó menos abundante. Algunos dolientes se que- jan de dolores de cabeza, sed, náu- seas ó asco; y á veces el pulso se ace- lera. Cuando la inflamación existe en las encías, á menudo suelen formar- se apostemas diminutas. Tratamiento. El tratamiento de la inflamación de la boca consiste en en- juagarla con cocimiento de raíz de al- tea mezclado con miel rosada. Una vez al dia, debe tomarse un pedilu- vio con harina de mostaza. También conviene tomar una purga suave, co- mo 60 gramos (2 onzas) de maná, ó 30 gramos (1 onza) de aceite de rici- BOCA 269 BOCA no, ú 8 gramos (2 dracmas) de mag- nesia calcinada. Si se forman aposte- mas en las encías, preciso será abrir- las á punta de lanceta; ó puede dejar- se que se abran naturalmente. Las comidas deben ser compuestas princi- palmente de vegetales, huevos y le- che; los alimentos se darán en forma líquida, á fin de evitar al doliente el trabajo de la masticación. Hé aquí las recetas de los enjua- gatorios ó gargarismos: 1? Decocción de raíz de altea. 500 gram. (16 onz.) Miel 60 gram. (2 onz.) 2" Decocción de raíz de altea. 500 gram. (16 onz.) Miel rosada. .. 60 gram. (2 onz.) Al cabo de tres ó cuatro dias se empleará el siguiente enjuagatorio: Infusión de sal- via 500 gram. (16 onz.) Vinagre 30 gram. (1 onz.) Miel rosada. .. 60 gram. (2 onz.) Y después del último, el siguiente: Infusión de ro- sas encarnadas. 500 gram. (16 onz.) Alumbre 30 gram. (1 onza.) Miel 60 gram. (2 onzas.) El tratamiento de la inflamación de la boca, resultante del abuso de los medicamentos mercuriales, está consignado en el artículo Saliva- ción. Muguet. Véase el artículo MU- GUET. Ulceraciones de la boca, vulgo Llagas. Pueden depender de mu- chas causas tales como la acción del mercurio, el mal venéreo, el escorbu- to ó simplemente de la acción de un cuerpo irritante. En los individuos que han usado largo tiempo de pre- paraciones mercuriales, pueden so- brevenir, sobre todo en la cara inter- na de las mejillas y en las amígdalas, ulceraciones superficiales y bastante extensas; su color es blanquizco; las circunstancias que las acompañan, ta- les como el uso hecho anteriormente del mercurio, una salivación abundan- te, la hinchazón de las encías, las dan á conocer muy fácilmente. Para cu- rarlas, conviene suspender en el acto el uso del mercurio, emplear enjua- gatorios con cocimiento de cebada, miel rosada y vinagre. (V. Saliva- ción MERCURIAL.) Las ulceraciones escorbúticas, que más á menudo atacan á las encías, son también fáciles de conocer: las carnes que las rodean están blandas, violáceas, arrojan sangre á la más le- ve presión; el hálito es siempre féti- do.-Al mismo tiempo existen sínto- mas generales del escorbuto, tales como la debilidad general, manchas rojas en la piel, etc. Las ulceraciones venéreas tienen caracteres particulares, los cuales, ade- mas de las anteriores circunstancias, pueden servir para conocerlas. Se lla- man chancros, y se declaran á conse- cuencia de otros síntomas venéreos principalmente observados en las par- tes genitales. Sus caracteres consis- ten en su forma redonda, bordes du- ros, corte perpendicular, y el' fondo ceniciento; cuando existen en la len- gua, son pequeñas, pero exactamente circulares y numerosas. No deben¡es- tos síntomas sifilíticos ser confnndi- BOCA 270 BOCA dos, sin embargo, con los granos ó papilas que naturalmente ocupan el fondo de la lengua, ó con las rubicun- deces, excavaciones pequeñas, y aun ulceraciones, que solo dependen de la disposición de los pilares del cielo de la boca y de las amígdalas, ó de las gradaciones de los colores propios de estas partes. Las ulceraciones vené- reas principian por una simple rubi cundez; poco después, en el centro de esta aparece un punto ulcerado que aumenta continuamente. Van exten- diéndose; no es raro encontrar indivi- duos que así hayan perdido el velo del paladar; la voz se vuelve enton- ces gangosa y adquiere un timbre par- ticular. Bueno es recordar que las ul- ceraciones sencillas pueden tener cier- to parecido con los chancros venéreos; su fondo puede ser ceniciento y sus la1*,ios ó bordes cortados perpendicu- larmente: la marcha de la dolencia y las circunstancias que la hayan pre- cedido pueden disipar las dudas en este caso. A veces, sin causa conoci- da, ó á consecuencia de una fiebre, sobreviene en torno de los labios una erupción de vejiguillas sin peligro. El mejor remedio contra las ulceraciones venéreas es un tratamiento antisifilí- tico bien dirigido. Las personas que, habiendo sido afectadas de dolencias venéreas en las partes genitales, des- pués de curadas, tienen ulceraciones en el fondo de la boca, no deben de- jar de consultar al médico, única per- sona competente para juzgar de la naturaleza del mal. Las ulceraciones sencillas son las más frecuentes; muchas causas pue- den producirlas: por lo común sobre- vienen de una manera espontánea y sin causa conocida. La aplicación de cuerpos irritantes, mordeduras invo- luntarias, pueden ocasionarlas. Mu- chas veces, la ulceración principia por una ampollita; con mayor frecuencia aun es producida por un diente cuya situación es oblicua; esto acontece principalmente con las ulceraciones de la cara interna de las mejillas, y con las producidas en la lengua: en- tonces se concibe que el mejor reme- dio consiste en limar ó arrancar el diente que está mal sentado. Las ul- oeraciones sencillas de la boca exigen al principio enjuagaduras emolientes, hechas con el cocimiento de la raíz de altea; y cuando la inflamación hu- biere cedido, se deberá acelerar la cu- ración por medio de enjuagatorios ó gargarismos astringentes, hechos con infusión de rosas encarnadas y miel; también se podrá tocar la úlcera con alumbre ó con piedra infernal. Para las demas heridas ó ulcera- ciones de la boca idéase el artículo Aftas, Muguet; y para las grietas ó resquebrajaduros de los labios, véase Labios. § II. Higiene de la boca. El arte de preservar la boca, y so- bre todo los dientes, de toda clase de alteración, no deja de tener alguna importancia. El aliento suave, encías firmes, y que no sean sanguinolentas ni de un rojo encendido, dientes blan- cos bien ordenados y labios de rubí, son atributos no solo de buena salud sino tantbien de hermosura. La pu- reza del aliento puede verse alterada BOCA 271 BOCIO por ciertas afecciones del estomago y de Ja nariz; á veces por una abundan- te secreción dentro de la boca de una materia amarillenta, grasosa, que es- parce olor desagradable. La mayor parte de las veces, el mal aliento es ocasionado por un diente cariado, por una ulceración de la boca, y en las personas poco aseadas, por la cumu- lación del sarro en los dientes. Reme- diase esto, combatiendo la causa del mal. (V. Aliento.) Sin embargo, se puede disminuir ó atenuar el mal olor de la boca haciendo uso de las pasti- llas de menta piperita, ó de las de ca- to aromatizadas de diferentes mane- ras. En ciertas personas, las encías, especialmente las que corresponden á los dientes anteriores de la mandí- bula inferior, son blandas é hinchadas, . I 7 arrojan sangre al más leve contacto; si se comprimen se hace salir de en- tra ellas y los dientes una materia blanquizca, más ó menos espesa, la cual, después de seca, forma la capa particular que cubre los dientes, y ha sido llamada sarro de los dientes. Este suele á veces envolver comple- tamente los dientes y se endurece ó petrifica, de modo que solo puede ser arrancado con instrumentos de acero. Preciso es sacar esta materia con cui- dado, á medida que se forma y ántes de que llegue á solidificarse; y para conseguirlo, se pasará todas las ma- ñanas por la dentadura un cepillito mojado en agua pura ó mezclada con un poco de agua de Colonia. Las fric- ciones deben hacerse de arriba á aba- jo en los dientes de la mandíbula su- perior, y de abajo á arriba, en los de la mandíbula inferior. Si esta mate- ria se endureciese, las fricciones serán insuficientes para quitarla: necesario es en este caso recurrir á un dentista, que la quitará con instrumentos á propósito. Si no se tiene esta precau- ción, el sarro concluye por descanar y hacer caer los dientes. La regla más importante para la boca consiste en traerla siempre limpia: se debe te- ner cuidado, al postre de toda comida, y por la noche al acostarse, de en- juagarla con agua y limpiarse con un palillo todas las partículas de mate- rias animales que hubieren quedado entre los dientes. Los polvos dentrí- ficos, que se venden en todas partes, generalmente blanquean la dentadu- ra, pero deben esta propiedad á, un ácido que tiene el inconveniente de atacar el esmalte; y, por tanto, lo me- jor es emplear algunos de los que al efecto van señalados en las recetas del artículo Dientes, y cuya composi- ción es conocida, que no hacer uso de las preparaciones secretas. El empleo de polvos inertes tales como la-mag- nesia, el hueso de jibia pulverizado, ó polvos de lirio, puede tener lugar sin el menor inconveniente. Una be- bida fria, tomada detras de un ali- mento muy caliente, es contraria á la conservación de la dentadura. Se deben también evitar las sustancias muy ácidas ó cáusticas. V. Dientes Dentrífico. Boca amarga, V. Amargor de la boca. Bocado. Mordedura, herida hecha con los dientes. V. Dentellada. Bocio ó Papera. Tumor en el cue- BOCIO 272 BOCIO lio que consiste en el desarrollo anor- mal ó hipertrofia de la glándula ti- roides. Síntomas, marcha. El bocio ó pa- pera se presenta bajo la forma de un tumor blando, no doloroso, más ó mé- nos móvil, sin mudanza en el color de la piel; á veces se muestra cubierto de-venas gruesas. Su forma y su vo- lúmen varían mucho; la hipertrofia puede ocupar toda la glándula ó uno de sus lóbulos, y en uno y otro caso puede afectarla muy desigualmente. A pesar de todo, la mayor parte de las veces, el tumor es ovado ó esfe- roide, y ocupa enteramente la parte anterior del cuello. En el mayor nú- mero de casos tiene el volúmen de un puño ó d.e dos puños del indivi- duo, y muy raras veces adquiere el doble de estas dimensiones. Si la hi- pertrofia no invadiera sino uno de los lóbulos de la glándula tiroides, el tu- mor se halla situado sobre el lado del cuello á derecha ó izquierda de la la- ringe. El bocio ofrece á veces varia- ciones bastante notables en su volú- men: es á veces más prominente du- rante los tiempos húmedos ó duran- te el período menstrual; la preñez ejerce una influencia más poderosa, Así, pues, en algunas mujeres, el tu- mor nace ó aumenta momentáneamen- te ó de manera durable miéntras el embarazo y el parto. El bocio sigue una marcha en ex- tremo lenta. Principia comunmente en la edad de seis á doce años ó en la época de la pubertad; crece poco á poco, de una manera insensible. Ca- si siempre se estaciona durante lar- gos años, después aumenta velozmen- te, y sin causa apreciable; presenta, así, gran número de alternativas an- tes de adquirir un volumen conside- rable. Hay, sin embargo, una edad en la cual la hipertrofia de la glán- dula tiroide no hace ya el menor pro- greso: esta época se puede fijar de los cuarenta á cuarenta y cinco años. El bocio puede curarse espontá- neamente: la resolución es tanto más fácil cuanto más rápida fuere la for- mación del tumor; pero cuando el bo- cio se forma con lentitud y data ya de largo tiempo, constituye casi siem- pre una dolencia incurable. Es más difícil de resolverse cuando es endé- mico, esto es, cuando depende de cir- cunstancias locales, que cuando so- breviene aisladamente. Causas. Esta afección es propia de ciertas localidades. Obsérvase prin- cipalmente en los valles profundos, en los terrenos bajos, húmedos, poco ó mal oreados; y tal es la influencia que ejerce esta condición, que el bo- cio ha sido notado en los dunas más opuestos, siempre que esta influencia exista. No admite réplica que muchos bocios son debidos al uso de ciertas aguas, sin que pueda determinarse aún con exactitud cual sea la especie de alteración de este líquido. Esta enfermedad es más común en las mu- jeres que en los hombres, en la aldea que en la ciudad. Si la causa del bo- cio endémico, esto es, de aquel que ataca á gran número de individuos en una localidad, es oscura, mucho más lo es todavía la del que aparece ais- ladamente. BOCIO 273 BOLO ARMENIO Tratamiento. La primera cosa que el doliente debe hacer, para combatir esto mal, es mudar luego de habita- ción y trasladarse á un lugar elevado, seco y bien ventilado: este simple cambio ha sido suficiente algunas ve- ces para producir la resolución del bo- cio incipiente. La proximidad del mar es sumamente provechosa. He- cho esto, se debe recurrir á los me- dicamentos. De todos los medicamentos pro- puestos contra el bocio, el iodo y sus composiciones son los de mayor efica- cia. Hé aquí las recetas: loduro de pota- sio 15 gram. (l/2onz.) Agua natural.... 720 gram. (24 onz. Para tomar una cucharada, dos ve- ces por dia. Al mismo tiempo hácense friccio- nes en el tumor con la pomada si- guiente: Pomada de ioduro de potasio 60 gram. (2 onz.) Se hacen dos fricciones cada dia, y en cada fricción se emplea una por- ción de pomada del volumen de una aceituna. Este tratamiento se sigue practi- cando durante mes y medio. Si no produjera mejoría alguna, se recurri- rá á las píldoras siguientes: Ioduro de hierro de Blancard 60 píld. Para tomar uno por dia. Si la dolencia se mostrase rebelde, se administrará la tintura de iodo. Tintura de iodo.... 30 gram. (1 onz.) Para tomar 4 gotas en media taza de agua fría con azúcar, dos veces al dia. La dosis será aumentada diaria- mente por una gota más, en cada vez, hasta llegar á tomar 20 gotas de tin- tura de iodo, dos veces por dia. Boj. Buxus sempervirens, Lin- neo. Euforbiáceas. Arbusto siempre verde, que se cultiva en España. Va- ría singularmente de tamaño, según los climas y el cultivo que se le da; por término medio tiene de 4 á 5 me- tros de altura, pero puede reducirse al estado enano para servir de orna- to ó festón á los linderos de los jar- dines. Tiene ojas opuestas, ovales, lisas, de color verde oscuro; flores amarillas; el fruto es una pequeña cápsula, con 3 loculamentos y 6 se- millas. Madera bastante sólida, dura, pesada, color citrino bajo. Corteza blanca amarillenta, muy amarga; se emplea á veces en la fabricación de la cerveza en lugar de lúpulo. En medicina, la raíz tiene empleo contra el reumatismo y la sífilis, bajo la for- ma de cocimiento, el cual se prepara con 15 gramos (1/2 onza) de boj y 300 gramos (10 onzas) de agua. Bolo. En la farmacia se da la de- nominación de bolos á las píldoras cuyo peso escede de 30 entígramos (6 granos), y puede llegar hasta 1 gramo (20 granos), y aun hasta 4 gra- mos (1/2 dracma). Bolo armenio. Tierra arcillosa, de color rojo debido á la presencia del peróxido de hierro. Preséntase en ma- sas compactas, pesadas, blandas al tacto, que manchan los dedos. Redu- cida á polvo y bien lav ada se le lla- ma bolo armenio preparado] entra en la composición de algunos polvos den- tríficos. Antiguamente se extraía en BORBORIGMO 274 BOSTEZO Persia y en Armenia; hoy se explota en Francia, en las cercanías de Blois y de Saumur. Bolsa. V. Escroto. Bórax. Se da este nombre al sub- borato de sosa del comercio. Esta sal se halla en el Perú, en la isla de Cei- lan, en las lagunas de la India, en la Transilvania, Sajonia. En otro tiem- po se cogia en la margen de las la- gunas, donde se encontraba cristali- zado por la evaporación natural de las aguas; y se le sometía á multiplica- das depuraciones para el uso de las artes y de la medicina. Ahora se pre- para saturando con el carbonato de sosa ó ácido bórico, que existe disuel- to en el agua de las lagunas de Cas- tel-Nuovo, de Montecerboli y de Cher- chiajo, en la Toscana. Tiene la for- ma de cristales exaédricos más ó me- nos planos, terminados por pirámides de tres caras; es blanco, y solo con el aire adquiere una eflorescencia super- ficial; su sabor es estíptico; soluble en 8 partes de agua fria, y en 2 partes solamente de agua hirviendo. En las artes, el bórax del comercio sirve pa- ra soldar varios objetos. En medici- na, se emplea principalmente como astringente en las aftas y salivacio- nes, en gargarismos. Estos gargaris- mos se preparan con 4 á 8 gramos (1 á 2 dracmas) d« bórax y 360 gra- mos (12 onzas) de agua. Borborigmo. Nombre que se da al ruido que los gases forman en lo interior de los intestinos, cuando cam- bian de lugar. En algunas personas nerviosas, este ruido tiene lugar con frecuencia en el estado de buena sa- lud, y por causa de una emoción mo- ral: en otras precede á las evacuacio- nes alvinas. Las personas incomodadas por los borborigmos deben hacer uso de la infusión de anís, ó tomar mag- nesia calcinada en la dosis de 1 gramo (20 granos) por dia, en una cucharada de agua con azúcar. Borines. Aguas salinas y sulfuro- sas, frías. España; á 7 leguas de Ovie- do, capital de la provincia, y á una legua de Inhestó. Son poco abundan- tes; se usan solo como bebida, en las enfermedades cutáneas y en las afec- ciones de los órganos abdominales. Borrachera, V. Embriaguez. Borraja. Borrago oflicinalis, Lin- neo. Borragíneas. Planta de Europa, común en las huertas y jardines de España. Tallo cubierto de pelos; ho- jas muy grandes, ovales, erizadas con pelo áspero; flores azules. La infusión teiforme de las hojas ó mejor de las flores de borraja es un sudorífico em- pleado en el sarampión, viruelas, es- carlatina, estreñimiento, etc. Se pre- para con 4 gramos (1 dracma de bo- rraja y una taza de agua hirviendo. En varias provincias de España la borraja se come cocida y mezclada con acelgas. Bostezo. Así se llama á una aspi- ración grande, fuerte y larga, inde- pendiente de la voluntad hasta cierto punto, con abertura más ó menos con- siderable de las mandíbulas, y segui- da de una expiración prolongada. El bostezo tiene por efecto la introduc- ción en los pulmones de mayor canti- dad de aire, y proporcionada á la can- tidad de sangre que tiene precisión BOTICA DOMESTICA 275 BOTICA DOMESICA de ser revivificada; por eso tiene lu- gar siempre que una causa cualquiera, tal como la necesidad de dormir, el hambre, el disgusto, tiende á dismi- nuir la cantidad del aire ó á cumular la sangre en el corazón ó los pulmo- nes. A veces el bostezo es un simple fenómeno nervioso dependiente de la perturbación de la respiración. La vista de una persona que bosteza pue- de también provocarlo. Para impedir el bostezo preciso es hacer una gran- de aspiración, ó retener algún tiempo la expiración. El bostezo produce, á veces, la dis- locación de la mandíbula inferior; al- gunas personas ni aun pueden bos- tezar sin que esto no les suceda; que- da,nse entonces con la boca abierta hasta que alguien les coloque la man- díbula en su sitio. Los medios pa- ra la reducción de la mandíbula es- tán indicados en el artículo Dislo- cación. Botica doméstica, Botica del CAMPO, DE LAS EMBARCACIONES, Ó BO- TIQUIN. A veces el menor retardo en la administración ó aplicación de los remedios puede aumentar la gravedad del mal. Por consiguiente, en las ha- ciendas alejadas de los auxilios del médico y del boticario, y hasta en las casas de campo ó chacras (como las llaman los Americanos del Sur), lo mismo que en los viajes por mar, es altamente útil tener á mano una co- lección de los medicamentos más pro- vechosos en el tratamiento de las en- fermedades ó dolencias más comunes y frecuentes. Los siguientes son sen- cillos, de fácil aplicación, sobre todo en los accidentes repentinos é impre- vistos, en los que el doliente se halla en peligro de perder la vida si no se acude á tiempo con los remedios ne- cesarios. Estos medicamentos pueden también servir para el médico, que, llamado á socorrer á un doliente, ten- drá á la mano con que hacer las pre- paraciones que el caso exija. Los ca- pitanes de marina deberían llevarlos en sus viajes. En Francia, los navios mercantes están obligados, por or- den del gobierno, á tener estos me- dicamentos á bordo de sus embarca- ciones. BOTICA DOMESTICA 276 BOTICA DOMESTICA Nombre de la sus- tancia. Cantidad. Propiedades y usos. Aceite. 125 gramos (4 onzas). En lavativas, contra los cólicos de los ñiños y de los adultos. En bebida, se da en los envenenamientos por di- versas sustancias acres. Aceite alcanforado. 125 gramos (4 onzas). En fricciones en los dolores reumá- ticos y otros. Aceite de ricino. 250 gramos (8 onzas). Purgante en la dosis de 15 á 30 gramos (1/2 á 1 onza). Acido fénico alcoho 15 gramos Disuelto en agua es un desinfec- lizado. (1/2 onza). tante poderoso. Acido sulfúrico con- 30 gramos Cáustico. Sirve para cauterizar las centrado ó aceite de vitriolo. (1 onza). mordeduras de serpientes y otros ani- males ponzoñosos, las de los perros rabiosos, destruir verrugas, etc. Adormideras. lOgramos (2 1/2 dracm.) La infusión, en lavativas, como cal- mante. Agua de flor de na- 125 gramos Calmante de los nervios. Una cu- ranjo. (4 onzas). charadita de agua de flor de naranjo, mezclada con agua tria y azúcar, se da á beber, con'ventaja, en los ata- ques de nervios, convulsiones de los niños, epilepsia, histerismo, etc. Agua de Labarra- 250 gramos Para curar las heridas antiguas, y que. (8 onzas). desinfectar los cuartos de los enfermos. Aguardiente alean- 250 gramos En fricciones contra las torceduras, forado. (8 onzas). mal de riñones, reumatismos. Alcali volátil ó amo- 15 gramos Se da á oler en los ataques de epi- níaco líquido. (1/2 onza). lepsia, de histerismo, á los ahogados, asfixiados. Internamente, 3 á 8 gotas en una taza de agua fria á los borra- chos. Externamente, 1 gota aplicada con un palillo en las mordeduras de los alacranes, abejas, cínifes y otros insectos venenosos. Alcanfor. 10 gramos (2 1/2 dracm.) En muchas enfermedades, interna y externamente. Algodón en rama ó 125 gramos El mejor remedio que puede apli- en pasta. (4 onzas). carse en las quemaduras de toda clase. Almidón. 250 gramos (8 onzas.) Las lavativas de almidón son muy provechosas en la diarrea. También se hacen cataplasmas de almidón, que sustituyen á las de linaza. Altea (Raíz de). 150 gramos (5 onzas.) La infusión de esta raíz, dulcifica- da con azúcar, se toma en bebida contra la tos. BOTICA DOMESTICA 277 BOTICA DOMESTICA Nombre de la sus- tancia. Cantidad. Propiedades y usos. Arroz. 125 gramos (4 onzas.) El cocimiento contra la diarrea. Bálsamo del Co- 250 gramos Excelente remedio contra las cor- mendador. (8 onzas). taduras, mordeduras, picaduras, y to- das las demas heridas. Bálsamo de Fiora- 30 gramos En fricciones, en los reumatismos, vanti. (l onza). parálisis, etc. Bálsamo tranquilo. 125 gramos (4 onzas). En fricciones, contra toda clase de dolores. Calomelanos. 30 gramos (1 onza). Internamente en la fiebre cerebral, y en otras enfermedades. Cebada perlada. 250 gramos (8 onzas). El cocimiento, contra la diarrea y otras muchas afecciones. Cerato simple. 150 gramos (5 onzas). Para curar las heridas. Cloroformo. 8 gramos (2 dracmas). Una bolita de algodón, empapada en 4 gotas de cloroformo, contra el dolor de la dentadura. Se usa inter- namente como calmante en dosis muy pequeña, 1 á 2 gramos (20 á 40 gra- nos), en pocion. Creosota. 8 gramos (2 dracmas). Externamente contra los dolores de muelas. Diaquilon extendido en paño espara- drapo ó hule. 1 metro. Para curar los golpes, dar puntos falsos en las heridas, ó aplicar en los diviesos. Emético. 8 gramos (2 dracmas). Como vomitivo, en la dosis de 5 centigramos (1 grano). Esencia de clavillo. 8 gramos (2 dracmas). En aplicación local contra los do lores de la dentadura. Esencia de tremen- 125 gramos En fricciones contra los dolores tina. (4 onzas). reumáticos, ciática, neuralgias. Se da á oler en las convulsiones de los niños, en los ataques de epilepsia, de histerismo. Internamente se ad- ministra en la dosis de 10 á 20 gotas en una taza de agua fria con azúcar, como antiespasmódico y calmante en los mismos ataques, en el asma y en la jaqueca. Eter sulfúrico. 15 gramos (4 dracmas). Extracto de Sa- 360 gramos Mezclado con agua y un poco de turno. Fécula. Véase Al- midón. (12 onzas). aguardiente, se aplica en las contu- siones, torceduras, dislocaciones. BOTICA DOMESTICA 278 BOTICA DOMESTICA Nombre de la sus- tancia. Cantidad. Propiedades y usos. Harina de linaza. Harina de mostaza. Hojas de naranjo. Ipecacuana en pol- vo. Ipecacuana en rama. 250 gramos (8 onzas). 250 gramos (8 onzas). 20 gramos (5 dracmas). 15 gramos (4 dracmas). 90 gramos (3 onzas). Para cataplasmas, que se aplican en las apostemas, diviesos y otras mu- chas inflamaciones externas é inter- nas. Para sinapismos. La infusión en agua hirviendo de hojas de naranjo es útil en los cólicos y afecciones nerviosas. 1 gramo (20 granos) de ipecacua- na en polvo en un vomitivo para los adultos; es provechoso en las diarreas, bronquitis, etc. Cocimiento en lavativas, contra la diarrea. Láudano de Syden- ham. Linaza (Simientes de lino.) Magnesia calcinada. Malva (Flores de). Manteca de anti- monio. Manzanilla romana. Melisa. Nitro. 30 gramos (1 onza.) 210 gramos. (7 onzas) 30 gramos (1 onza). 45 gramos (11/2 onzas). 15 gramos (1/2 onza.) 60 gramos (2 onzas.) | 25 gramos (6 dracmas). 125 gramos (4 onzas). Calmante, muy usado en la dosis de 10 á 20 gotas, en dos cucharadas de agua fria con azúcar, que se be- ben en los cólicos, insomnio y varios dolores; en lavativa, de 20 á 30 go- tas, contra las diarreas, disenterías, etc. El algodón mojado en láudano y aplicado á la dentadura, calma los dolores. Las fricciones con láudano son buenas en los dolores reumáticos, cólicos, etc. La infusión en bebida contra las diferentes inflamaciones; el cocimien- to en lavativas contra la diarrea. Purgante suave, en la dosis de 8 gramos (2 dracmas). La infusión de flores de malva se emplea contra la tos. Líquido cáustico muy enérgico. Sir- ve para cauterizar las heridas de las serpientes venenosas, de los perros rabiosos, y la pústula maligna. La infusión de manzanilla contra las indigestiones. La infusión de melisa se emplea en los ataques histéricos, epilépticos, cólicos y otras muchas dolencias. Diurético, empleado en muchas in- flamaciones. BOTICA DOMESTICA 279 BOTICA DOMESTICA Nombre de la sus- tancia. Cantidad. Propiedades y nsos. Opio. 24 píldoras de 5 centigra- mos (1 grano) cada una. Calmante que se usa contra varios dolores y el insomnio, en la dosis de 1 á 3 píldoras. Opodeldoch. 30 gramos (1 onza). 25 gramos En fricciones, contra los dolores reumáticos. La disoiusion acuosa de alumbre Piedra alumbre en polvo. (6 dracmas). cristalizado, se emplea en gargaris- mos en las esquinencias; sirve tam- bién para tocar las aftas. Piedra infernal. 2 gramos (40 granos.) Se aplica para reprimir las carnes esponjosas en las heridas, y para ata- jar la hemorragia producida por las picaduras de las sanguijuelas. Percloruro de hierro 45 gramos Se aplica en las heridas para im- líquido á 30° (1 1/2 onzas). pedir las hemorragias Píldoras purgantes de Anderson, 24 Dosis: de 3 á 4 píldoras por dia. Potasa cáusticas en 8 gramos Para cauterizar las mordeduras do pastillas. (2 dracmas). las serpientes ponzoñosas, y de los pe- rros rabiosos. Ruibarbo en polvo. 15 gramos (1/2 onza). El ruibarbo en la dosis de un gra- mo (20 granos) es uno de los estoma- cales provechosos contra la inapeten- cia: en la dosis de 4 gramos (1 drac- ma) es purgante. Saúco (Flores de). 45 gramos (1 1/2 onza). La infusión teiforme de saúco es su- dorífica y empleada en los resfriados, sarampión, viruelas, escarlatina, etc. Sen (Hojas de). 60 gramos (2 onzas). La infusión de 15 gramos (1/2 on- za) de hojas de sen en dos tazas de agua hirviendo, constituye una pur- ga. Sulfato de magnesia 210 gramos 60 gramos (2 onzas) de sal de Ep- ó sal de Epson. (7 onzas). son, disueltas en un vaso de agua fria, forman un purgante de efecto seguro, y se emplea con frecuencia. Sulfato de quinina. 8 gramos (2 dracmas). Contra las fiebres intermitentes. Tafetán de Inglate- rra, color de carne. 1 hoja. Para reunir los bordes de las corta- duras, etc. Tintura de acónico 30 gramos Calmante y sudorífico. Se usa en el fresco. (1 onza). resfriado: 12 gotas en 6 onzas de agua. BOTICA DOMESTICA 280 BOTICA DOMESTICA Nombre de la sus- tancia. Cantidad. Propiedades y usos. Tintura de árnica. Ungüento de Arceus. Vejigatorios (masa cáustica extendida sobre lienzo, papel, etc). 125 gramos (4 onzas). 150 gramos (5 onzas). 6 vejigatorios. En fricciones en las contusiones, y para curar las heridas. Para curar las úlceras. Se aplican en la pleuresía, dolores reumáticos, oftalmías, y otras muchas dolencias. INSTRUMENTOS Y OBJETOS DE CURAR. Lanceta. Lapicero con piedra infernal. Tijeras. Pinzas. Balanza con pesos en gramos y cen- tigramos. Vaso graduado de 125 gramos para líquidos. Ventosa de goma elástica volcani- zada. Venda ó ligadura enrollada en un globo. Compresas. Hilas. Yesca. Alfileres. Agujas. Hilo de coser Debiendo ir encerrados estos obje- tos en una caja, damos el plano con- forme al cual fue construida en Paris la caja representada por las figs. 19 y 20, que constituye una botica por- tátil. Una importante farmacia de Pa- ris se encargó del abasto de los medi- camentos, y de cuanto concierne á su buena expedición. Todos los objetos indicados en el cuadro que precede se hallan de atro de la caja, salvólas sus- tancias fáciles de obtener en cualquier parte y que rara vez faltan en las ca- sas, tales como el arroz, aceite, y el agua de flor de naranjo. Ademas de esto, el agua de flor de naranjo no puede conservarse mucho tiempo. Explicación del botiquín (figu- ra 19).-1. Gabeta con doce compar- timientos, que contienen raíces, ho- jas, flores, simientes, etc.-2. Cinco frascos de 250 gramos cada uno.-3, 3. Seis frascos de 125 gramos cada uno.-4, 4. Seis frascos de 30 gramos cada uno.-5, 5. Doce frascos de 15 gramos cada uno. Detras de ellos hay seis frascos de 8 gramos.-6. Bote de estaño, conteniendo 150 gramos de cerato simple.-7. Bote de estaño con 150 gramos de ungüento de Ar- ceus.-8. Tijeras, lanceta, pinzas, la- picero con piedra infernal. Debajo de estos objetos hay una cajita con alfile- res, agujas é hilo de coser.-9. Vaso graduado, de 125 gramos.-10. Ba- lanza por gramos y centigramos; á su derecha está un compartimiento con los pesos.-Tirando por las asas 11 y 11, y levantando el plano superior BOTICA DOMESTICA 281 BOURBON del botiquín, se descubre el interior de la caja, que contiene compartimien- tos con sinapismos de Rigollot, cata- plasmas de Leliévre, ventosa de goma elástica volcanizada, vejigatorios., ta- fetán de Inglaterra, hilas, yesca, ven- das y algodón en rama. Todos los medicamentos de la bo- tica portátil ó botiquín se pueden conservar años enteros, á excepción de la melisa, de las hojas de naranjo y flores de saúco, que se deben reno- var anualmente. La harina de mosta- za, que se altera en pocos dias, está sustituida por el papel sinapizado de Rigollot; y en lugar de harina de li- naza, que tampoco se conserva, há- llanse las cataplasmas de Leliévre, de reciente invención, las cuales consis- ten en paños secos, inpregnados de mucílago de garragahen, bastando mo- jarlos durante un minuto en agua á punto de hervir para obtener en se- guida una cataplasma emoliente. Este botiquín ó botica portátil se vende en París en la farmacia de Luis Barral, calle de Saint-Honoré, 41. Precio, 325 francos. En el precio de 325 francos están comprendidos los medicamentos, fras- cos, instrumentos, la caja y el encajo- namiento. Obtiénense estos botiquines por car- ta dirigida á Luis Barral, farmacéuti- co, calle de Saint-Honoré, 41, en París. También se pueden obtener por el intermedio de las principales casas de comisión de las capitales de todas las naciones de Europa, principales puertos de comercio de Asia, Africaj Oceanía y ambas Amé ricas. Botris ó Biengranada. Chenopo- dium botrys, Linneo. Planta que abunda en las cercanías de la capital de España y otros puntos; tiene olor agradable, es suave al tacto, y se considera como béquica y tónica to- mada en infusión. Bourbon l'Archanibault. Aguas salinas cloruradas calientes. Bourbon l'Archambault es uua ciudad pequeña de Francia, de 3,600 habitantes. Se va de París á Savigny por el ferroca- rril en 11 horas 35 minutos, y de este punto á Archambault en carruaje, en una hora; todo el viaje cuesta unos 40 francos. Existe una sola fuente de agua mineral caliente, pero es abundantí- sima. Temperatura, 51° á 53° centí- grados. El agua es trasparente, si bien contiene en suspensión pequeños cuerpecillos parecidos al ocre; su sa bor es enteramente salado, y se pa- rece al caldo de ternera. Cada litro contiene 3g,980 de sales, y sobre todo cloruro de cal. El establecimiento termal, que fue reconstruido bajo una nueva planta, contiene 40 pilas, du- chas variadas y salas de estufas. Estas aguas son buenas para com- batir los reumatismos, parálisis, an- quilósis; ingurgitamiento de las arti- culaciones, y en las enfermedades de los huesos. La estación de los baños dura desde el 15 de Mayo hasta el 15 de Octubre. Estas aguas se emplean especialmente en baños y duchas; po- co en bebida. Casi todos los enfer- mos van á beber agua en la fuente ferruginosa de Joñas, que está situa- BOURBONNE 282 BOURBOULE da álsudoeste de la ciudad, cerca de un jardín público que sirve de paseo. El agua de Joñas es fría, límpida, de sabor á tinta de escribir. Bourbonne. Aguas salin'ás cloru- radas calientes. Francia. Se va de Pa- rís por el ferrocarril'hasta la Ferté, en 7 horas y media; de la Ferté á Bourbonne, en carruaje, se emplea hora y media. El costo es de 38 franco^. Bourbonne es una ciudad pequeña de Francia, agradablemente situada, con 4,200 habitantes. Sus fuentes mi- nerales son tres: la temperatura del agua varía de 63° á 65° centígrados- El agua de estas diversas fuentes es inodora y completamente clara; de gusto salado, amarga y desagradable. Contiene, por litro, 7g,746 de sales, en las que el cloruro de sodio entra por 6g,164. Las demas sales son sul- fatos de cal y de magnesia. El establecimiento térmal se com- pone de dos edificios separados y pa- ralelos; uno; de construcción antigua, déátiiiadó para baño de hombres; otro, inás moderno, con déstino á las seño- ras. Estos dos edificios encierran 69 pilas, seis piscinas, de las cuales dos son grandes y las restantes pequeñas, y siete cuartos de duchas. En bebida, estas aguas se toman por la mañana, en la dosis de uno á tres vasos; pero comunmente se usan en baños y duchas. Su actividad es notable. Empléanse en las parálisis, caries de los huesos, anquilósis, necro- sis, Coxalgias, escrófulas, heridas anti- guas, in^urgitamientos del hígado y del bazo. La estación de los baños dura des- de el Io de Junio hasta el Io de Se- tiembre. Ademas del establecimiento civil, hhy allí un hospital militar. Es- ta estación termal es muy seria. Por más que haya en el establecimiento civil salones de reunión, los enfermos que van á estas caldas no pueden go- zar de placeres tumultuosos; las afec- ciones que se curan en Bourbonne exigen casi todas descanso y tranqui- lidad. Bourboule. Aguas salinas arseni- cales calientes. Francia.-Itinerario de París á Bourboule: Ferrocarril de París á Clermont, 9 horas y 1/4. Ca- rruaje de este punto á Bourboule, de 5 á 6 horas. Gasto, unos 55 francos. Las aguas de Bourboule tienen gus- to salino; su temperatura es de 25 á 52 grados centígrados, según las fuen- tes. Cada litro contiene de 6 á 10 centigramos de principios fijos, y 88 centigramos de ácido carbónico libre. Los principios fijos son: cloruros de sodio, de potasio, de magnesio, de li- tio; bicarbonatos de sosa, de cal, de magnesio, de hierro, de amoníaco; sul- fato de sosa; ácido silícico; alúmina; fosfato de sosa; ioduro y bromuro de sodio, y 15 miligramos (1/3 de grano) por litro de arseniato de sosa. Son las aguas más arsenicales que se co- nocen. Las aguas de Bourboule se usan en baños, duchas y como bebida. Se mandan en las enfermedades cutá- neas, en las afecciones escrofulosas, en el reumatismo crónico*. La estación termal es del 15 de Junio al 15 de Setiembre. Se conservan bien estas BRÁGÜÜRO 283 ÉHÁGÜEHO aguas, y pueden ser trasportadas á larga distancia. Braguero ó Suspensorio. Se da este nombre á los aparatos destinados á sostener los intestinos dislocados en la afección llamada hernia ó quebra- dura. Hay dos clases de bragueros, unos no elásticos y otros elásticos. Los primeros deben relegarse por in- capaces de ser útiles á los cambios de volúmen de que el vientre es suscep- tible; su empleo no da sino poca se- guridad al doliente, y si, por evitar la salida de los intestinos, se aumentara la constricción, la piel podría inflamar- se y hacerse dolorosa, é insoportable el braguero en este caso. Los brague- ros no elásticos suelen emplearse á veces en los niños pequeñitos afecta- dos de hernias de nacimiento; pero es preferible, aun en tales circunstacias, el empleo de los bragueros con mue- lles de acero. En el presente artículo solo trata- remos del braguero para las quebra- duras ó hernias. Un braguero hemiario bien cons- truido debe ejercer una presión suave, uniforme y constante sobre la aber- tura aponeurótica por donde han sali- do los intestinos, sin molestar al do- liente y sin estar expuesto á desarre- glarse. Estas ventajas no pueden al- canzarse sino con bragueros de muelles que, siendo elásticos, siguen los mo- vimientos del viente; se abren y ce- den cuando esta cavidad se dilataí contráense y permanecen exactamente aplicados cuando el volúmen del vien- tre disminuye. Cuando los esfermos viven léjos del fabricante, deben saber tomar por sí mismos la medida de un braguero; al efecto, 6e mide la circunferencia exacta del cuerpo cón un bramante, en el sitio en que? debe ser aplicado el braguero. A fin de obtener una figura más exacta del circuito del ba- cinete, se emplea á veces un alambre de plomo ó de hierro, que puede amoldarse perfectamente á la forma del cuerpo. Para que el braguero llene bien su destino, conviene que el muelle ten- ga bastaste fuerza, y la almohadilla la forma y la dirección adaptadas, es- to es, aparentes á la clase de hernia que debe sostener. La fuerza de pre- sión es proporcionada al grueso, á la largura del muelle y al modo con que está ¡templado. Las hernias pequeñas y las de que están acometidos los ni- ños ó las personas que llevan una vida tranquila, pueden ser sostenidas por bragueros de menos fuerza que los usados por individuos dedicados á ejercicios penosos. Modo de aplicar un braguero. Cuando se trata de aplicar un brague- ro alrededor del bacinete, se hace acostar al doliente. Después de redu- cida la hernia por medio de la presión llamada taxis, se comprime la aber- tura aponeurótica con una de las ma- nos, y con la otra se aplica la almoha- dilla del braguero sobre el mismo pun- to, y se sostiene hasta que el resto del aparato esté ya adaptado. El do- liente seguirá los mismos preceptos cuando él mismo se aplique el brague- ro. El tiempo más conveniente para esta aplicación es la mañana, antes BRAGUERO 284 BRAGUERQ de levantarse de la cama, porque el intestino entra en el vientre durante la noche, y de esta manera la reduc- ción está hecha. Después de aplicado el braguero, el doliente debe levan- tarse y examinar si la piel no está comprimida demasiado. Debe toser, andar, sentarse y levantarse, hacer,un esfuerzo cualquiera pera asegurarse si la hernia está bien sostenida y si el braguero no se desarregla. Si se presentaran algunos defectos en la construcción ó ^n la aplicación del braguero,, fácil es conocerlos y reme- diarlos. Cuando la hernia está bien soste- nida, el'doliente puede muy bien en- tregarsé á sus ocupaciones. Sin em- bargo, no debe perder de vista su achaque, y evitará cuanto fuere posi- ble los esfuerzos y todo ejercicio vio- lentó. Algunas personas hallan suma- menté penosa en los primeros dias la presión del braguero, pero poco a po- co se acostumbran á ella. Los brague- ros elásticos, no solo sostienen perfec- tamente Tos intestinos en la cavidad abdominal y libran álos dolientes de los peligros á que estarían expuestos' si no hiciesén uso dé ellos, sino que pueden también producir la curación radical de la hernia. (V. Hernia). Los dolientes deben traer el bra- guero sin interrupción durante el dia, si bien, en general, pueden retirarlo por la noche; deben tener por lo me- nos dos bragueros, á fin de cambiarlos de tiempo en tiempo. Cuando la piel de gamuza que los cubre por fuera estuviere ya usada ¡y se hiciera irritan- te por la traspiración, el braguero deberá ser formado. Por más que el braguero esté bien hecho y convenientemente aplicado, no siempre logra impedir la salida de la hernia; algunas circunstancias pue- den desarreglarlo; el epiploonó el in- testino pueden pasar por debajo de la almohadilla; por lo que el doliente debe comprimir con la mano la almo- hadilla cada vez que tosiere, estornu- dare ó hiciera algún esfuerzo. Si la hernia llega a salirse, se debe quitar en seguida el braguero, acostarse y hacer la reducción del tumor con la mano. Los bragueros difieren según la, es- pecie de quebradura, según esta fue- re inguinal, crural ó umbilical. Bragueros para las hernias in- guinales. Braguero frasees. El bra- guero llamado francés consta de un muelle de acero y de una almohadi- lla. Generalmente el muelle se ex- tiende desde la hernia, hasta algunos centímetros más alia del espinazo, pa- sando sobre la nalga del lado de la hernia. La fuerza del muelle debe ser pro- porcionada al esfuerzo que hacen los intestinos para salir del abdomen. En el comercio hay muelles de tres gra- dos diferentes: muelles para adultos, de la fuerza de 1,500 á 2,000 gramos; muelles para adolescentes, de la fuer- za de 1,000 á 1,500 gramos; muelles para niños, de 800 á 1,000 gramos; estos tres grados, por otra parte, nada tienen de absoluto. La almohadilla y el muelle, bien acolchados en la cara interna, están forrados con piel de ga- BRAGUERO 285 BRAÓÜERO muza. Por el lado opuesto á la almo- hadilla, la guarnición de gamuza con- tinúa por una correa que viene á fijar- se en el boton al intento colocado en la cara libre de dicha almohadilla. Pa- ra impedir la dislocación del braguero, sobre todo en las personas flacas, ne- cesario es á veces recurrir á una co- rrea acolchada (sous-cuisse, en fran- cés), que, unida á la parte posterior del braguero, contornea el pliegue del muslo, yendo á atarse á un boton co- locado en la cara externa de la almo- hadilla. El braguero francés, tal co- mo se ha presentado, es de un uso general. Para las hernias duplas preciso és emplear braguero doble (fig. 21). La figura 21 representa un braguero com- puesto de una almohadilla central que debe asentarse en el sacio; de esta almohadilla parten dos muelles diri- gidos del lado de las hernias; las dos almohadillas anteriores están reunidas por una correa; una doble cinta sub- coxal {sous-cuisse) asegura la estabi- lidad del braguero. El braguero francés es generalmen- te bien soportado por los doliéntés, porque su punto de apoyo está repar- tido sobre muchos puntos del cuerpo; el muelle, con efecto, cofirprime to- dos los puntos que ciñe, y no sola- mente los lugares sitttados uno de- lante y otro detras, como en él bra- guero inglés. Pudiendo, pues, la her- nia estar bien sostenida, estas condi- ciones son ventajosas; en el caso con- trario, preciso es recurrir al uso del braguero inglés. Braguero inglés. Este bragúero fné introducido en la práctica por Wickham, padre, en 1816, y perfec- cionado por su hijo, el Dr. Wickham. El braguero para la hernia inguinal simple se compone de dos almohadi- llas situadas en las extremidades de un muelle metálico. La almohadilla posterior, ancha y redondeada, toma un punto de apoyo sobre el hueso sa- crro; la almohadilla anterior, destina- da á comprimir el anillo hemiario, es generalmente oval; pero puede dár- sele otra forma, según las circunstan- cias. El muelle es elíptico, pero no está contorneado sobre sí mismo co- mo el muelle del braguero francés. En la cara libro de las almohadillas hay unos quicios con' que se articula el muelle de manera que pueda tomar todas las direcciones posibles sin que la almohadilla hernaría cambie de lu- gar, sin que la presiorí sea aumentada ó disminuida. El muelle está forrado con una vaina de cuero en la cual se puede introducir, para aumentar la presión, uno ó dos muelles supleto- rios. De las dos almohadillas, una asienta sobre la hernia, Id otra sobré el sacro. El muelle debe ser aplica- do sobre la nalga opuesta al lado en que la hernia está fcituada,1 de modo que si la hernia estuviese en el lado derecho, el muelle debe partir de la ingle derecha, pasar por delante de la parte inferior del vientre, ceñ¡ir la nalga izquierda, y llegar hasta la mitad del espinazo. Pero si la hernia se hallara en el lado izquierdo, este mismo braguero debe partir de la . ingle izquierda, ceñir la nalga dere- I cha y venir á sentarse en la parte BRAGUERO 286 BRAGUERO inedia de los riñones por medio de la chapa posterior. Se mantiene el bra- guero en su sitio por medio de una correa que, prendida en la almohadi- lla posterior, viene á fijarse en ün boton de la almohadilla anterior, com- pletando así el círculo que el brague- ro forma alrededor del cuerpo. El braguero inglés puede ser em- pleado en los casos de hernia dupla. Los dos muelles se articulan por de- tras, con una almohadilla central; sus extremidades anteriores tienen muchos agujeros á propósito para re- cibir las puntas que existen en las almohadillas; de este modo se pueden alargar ó encoger á voluntad. Una correa reune las dos almohadillas. Las ventajas del braguero inglés son las siguientes: 1" No tiende á dislocarse lateralmente, visto que la almohadilla anterior está más allá de la- línea media que constituye la par- te más saliente del vientre. 2? Los grandes movimientos del cuerpo no disminuyen la compresión, porque el muelle .es movible sobre la almohada lia. 3o Si el muelle aflojara por el uso, se le puede restituir la fuerza aña- diendo un muelle suplementario que se introduce en la vaina de cuero', en semejante caso el braguero francés no puede ya servir. 4° El braguero inglés ejerce una acción más vigorosa que el francés, porque el muelle no pierde una parte de su fuerza sobre el contorno del bacinete. De estas consideraciones resulta que el biague- ro inglés se debe emplear en los ca- sos en que es preciso luchar con gran- de intensidad contra los esfuerzos que los intestinos hacen para salirse de la cavidad abdominal. Hernia crural. El braguero fran- cés puede ser empleado para sostener las hernias crurales: basta solo con modificar la situación de la almoha- dilla y su grado de inclinación. La almohadilla debe estar colocada más hacia afuera que en la hernia ingui- nal, con objeto de que no comprima la arteria; también debe situarse más abajo, de manera que se encuentre debajo de la ingle. Conviene servir- se de almohadillas de corta dimensión. Pouillien^ fabricante de bragueros en París, calle de Luxemburgo, 49, presentó á la Sociedad de Cirugía un braguero crural, dibujado en la fig. 22, que llena el objeto de sostener la her- nia. De una almohadilla posterior a, quo es aplicada sobre el sacro, parten dos muelles exactamente amoldados sobre la circunferencia del bacinete, pasando horizontalmente entre la pro- minencia formada por el trocánter mayor del hueso fémur y la cresta de los huesos ilíacos. Los dos muelles se reunen por delante, merced á una ó dos correas, que completan un cintu- rón horizontal, puesto al abrigo de la acción de todos los movimientos del miembro y del tronco. De uno de estos muelles parte, en ángulo casi recto, el cuello de la almohadilla p, verticalmente dirigida hacia abajo. La almohahilla comprime de abajo hácia arriba y de delante hácia atras el orificio superior del triángulo cru- ral,- entre los músculos aductores y el derecho anterior del muslo, del cual evita la acción, y al propio tiempo se BRAGUERO 287 BRAGUERÓ halla abrigado del levantamiento pro- ducido por la flexión del miembro. En el caso de hernia dupla, se puede terminar el aparato por dos almoha- dillas. El braguero inglés, para la hernia crural, se asienta sobre la abertura crural, y sobre la parte inferior del espinazo. El muelle pasa alrededor de la nalga del mismo lado en que se halla la hernia, y no del lado opues- to como en la hernia inguinal; por medio de esta disposición la almoha- dilla comprime la región crural de delante hácia atras y de dentro á fuera. Hernia umbilical. Dificilísimo es mantener reducida la hernia umbili- cal de los niños. En los recien naci- dos se aplica sobre el ombligo un paño doblado muchas veces en forma de coginete, y sostenido con una an- cha tira de esparadrapo adhesivo. En lugar del paño doblado, puede em- plearse una chapa semi-esférica de corcho revestida de lienzo. Una sim- ple fiíja, cuya compresión está aumen- tada por las compresas aplicadas en la región umbilical, es á veces sufi- ciente para curar la quebradura del ombligo en los recien nacidos. En los niños de más edad conviene la aplicación de un braguero con muelle elástico, semejante al braguero em- pleado en los adultos, con la diferen- cia que el muelle no es tan fuerte en el de los niños. Este braguero está representado en la fig. 23. Las hernias umbilicales de los adul- tos se sostienen con mayor facilidad que las de los niños. Empléase co- munmente al efecto el braguero re- presentado por la fig. 24. Se compo- ne de un muelle muy blando que ci- ñe la mitad del cuerpo, tomando un punto de apoyo en la columna verte- bral; en la extremidad anterior del muelle hay una almohadilla bien acolchada y guarnecida de una pro- minencia esférica pequeña del lado que debe ser aplicado sobre la her- nia. Una vaina de piel reviste el mue- lle y termina en una correa que va á atarse en la cara libre de almoha- dilla. El braguero inglés, para las her- nias umbilicales, gira sobre los mis- mos principios que para las hernias inguinales, y ejerce la presión igual- mente sobre los dos puntos diame- tralmente opuestos, esto es, sobre el ombligo y sobre el espinazo. Collin, fabricante de instrumentos quirúrgicos en París, calle de. V Ecole de Médecine, 6, confórme á las indi- caciones del Dr. Dolbeau, hizo un braguero umbilical cuya almohadilla; está aplicada sobre un muelle largo de acero, independientemente de la almohadilla (figura 24). A los extre- mos del muelle se adaptan las pun- tas de un tubo de goma elástica que sirve de cinto; pero dentro de este tubo hay un cordon inextensible por medio del cual la elasticidad del tu- bo es anulada. La ventaja verdadera de este braguero existe en su flexibi- lidad: puede seguir los movimientos del cuerpo, sin que la almohadilla par- ticipe de la misma tendencia á cam biar de sitio como en los otros bra- ' güeros, BRIONIA 288 BROMO Brazo, Esta palabra, que en el lenguaje vulgar designa frecuente- mente la totalidad del miembro su- perior, tiene un sentido más restricto en medicina; el brazo, para el ciruja- no, es la parte comprendida entre el hombro y el codo; el resto del miem- bro se llama antebrazo. Un solo hue- so, cuyo nombre es húmero, consti- tuye la parte central del brazo. Brazo (Dislocacionesdel). N. Dis- locación. Brazo (Fracturéis del). V. Frac- turas. Brea, Alquitrán, Pez líquida. Llámase de este modo al producto de la combustión y de la destilación de las ramas y tronco del pino. La brea tiene la consistencia del jarabe, es negra, de olor penetrante y sabor acre. Solidificada por la evaporación, constituye la pez negra. Bajo la for- ma de agua de brea, se emplea en los catarros crónicos, y especialmente en el catarro de la vejiga. Hé aquí la manera de prepararla: pónense 30 granos (1 onza) de brea en 300 gra- mos (10 onzas) de agua; se deja ma- cerar por espacio de diez minutos, revolviendo con espátula de madera, y cuélase. Se toman cada dia uno ó dos vasos de esta agua, pura ó mez- clada con leche, agua de goma ó in- fusión de altea. Brionia ó Nueza: Bryonia dioi- ca, Jacquin, Cucurbitáceas. Planta trepadora de Europa, común en Es- paña. Hojas palmeadas, ásperas de ambos lados; fruto, una baya del ta- maño de una arveja grande; roja ó negra, lisa. Raíz carnosa, fusiforme, frecuentemente bifurcada, del tama- ño del muslo de un niño, amarillen- ta por fuera, cenicienta por dentro, de olor fétido y nauseabundo, espe- cialmente cuando está verde, de sabor acre y cáustico. Su jugo produce erosiones en la piel, y tomado inter- namente constituye un purgante vio- lento. Estas propiedades no desapa- recen sino en parte por la desecación. La brionia seca es blanca, cortada en rodajas de gran diámetro, con estrías concéntricas, de sabor amargo, acre, y de olor desagradable. Se puede des- truir el principio cáustico de la brio- nia rallándola cuando está fresca, y dejando fermentar la pulpa durante algún tiempo, se obtiene entonces una fécula abundante que puede sus- tituir á la de los cereales y de la pa- tata, en algunos de sus usos. La raíz de brionia es empleada contra la hidropesía, histerismo y pa- rálisis: raíz seca, en polvo, en la do- sis de 1 á 2 gramos (20 á 40 granos), jugo expreso 16 á 20 gramos (4 á 5 dracmas). Bromo. Cuerpo simple, metálico, descubierto en 1826, en el residuo de las salinas que lo contienen en el estado de bromuro de magnesio; exis- te también en algunas plantas mari- nas, en la mayor parte de los molus- cos, en los poliperos, en las esponjas, en algunas aguas minerales, como en las de Kreuznach en Prusia. Su nom- ' bre es derivado de la palabra griega bromos, que significa mal olor, por- que; efectivamente, el olor del bro- mo, que se parece al del cloro y el iodo, nada tiene de agradable. En un BRONQUIOS 289 BRONQUITIS líquido rojizo, esparce vapores rojos en el aire; un poco soluble en el agua, muy soluble en el alcohol, y en el éter con particularidad; se disuelve en cerca 33 veces su volúmen de agua a + 15°, revolviéndolo; obtiénese de de este modo agua bromurada, de color rojo anaranjado. Se usa en la fotografía, pero no en la medicina; sus compuestos, sin embargo, son usa- dos como medicamentos, sobre todo el siguiente. Bromuro de potasio. Sal que re- sulta de la combinación del bromo con la potasa. Se presenta bajo la for- ma de cristales cúbicos, blancos, de sabor salado y picante; es muy solu- ble en el agua, y poco en el alcohol. Esta sustancia relaja la circulación, y disminuye el calor general y la sen- sibilidad. En dosis elevada, determi na el enflaquecimiento general, lan- guidez intelectual, pérdida de me- moria, vértigos y soñolencia. Intere- sa que no contenga rastro de ioduro, cuya acción es enteramente opuesta. Se emplea en el tratamiento de mu- chas dolencias; en corta dosis, 50 cen- tigramos á 1 gramo (10 á 20 granos) como fundente en las escrófulas, bo- cio, diátesis tuberculosa; en dosis ele- vada, de 2 á 6 gramos (40 á 120 gra- nos) al dia, como sedativo en la epi- lepsia, asma y neuralgias. Broncorrea. V. Catarro pitui- toso. Bronquios. Durante la inspira- ción, el aire, para pasar de la boca á los pulmones, atraviesa primero la la- ringe, después un tubo llamado tra- quiárteria, y luego dos divisiones de dicho tubo, las cuales llevan el nom- bre de bronquios, estos se subdividen en otros muchos tubos pequeños que comunican con los pulmones. Bronquios (Afecciones de los). Son la inflamación de la membrana mu- cosa que reviste interiormente los bronquios: tiene el nombre de bronqui- tis ó catarro pulmonar. V. Bron- quitis. Otra afección ataca también los bronquios y sobre todo la laringe, y viene á ser el crup ó garrotillo. Es una dolencia propia de los niños, y la caracteriza una tendencia á la for- mación de falsas membranas en el canal respiratorio, ó por la formación real de estas concreciones membra- nosas, que en este caso pueden impe- dir la entrada del aire en los pulmo- nes, y determinar la muerte por sufo- cación (V. Crup). Bronquitis, Inflamación del canal respiratorio. Llámase bronquitis or- dinaria ó simple, cuando solo ataca los bronquios gruesos, y capilar cuan- do se extiende hasca las últimas ra- mificaciones bronquiales. Una y otra se distinguen, según su grado de in- tensidad, en aguda y crónica. La bronquitis se designa también con los nombres de catarro bronquial 6 pulmonar. Bronquitis aguda. Causas. La bronquitis aguda es una de las afec- ciones más frecuentes; la mayor par- te de las personas suelen padecerla muchas veces en la vida. Ataca par- ticularmente á los individuos sensi- bles á las impresiones del calor y del frió, y que sudan con facilidad, lo cual se explica por la frecuencia en BRONQUITIS 290 BRONQUITIS las supresiones de la traspiración; en fin, todas las edades, todos los tem- peramentos están sujetos á la bron- quitis. La causa más común es el frío húmedo. La ingestión de un líquido frío en el cuerpo cuando se está su- dando, el enfriamiento de los pies, el canto y la declamación la producen algunas veces. La exposición al calor puede también ocasionarla. Algunas erupciones cutáneas, como el saram- pión y la escarlatina, son precedidas ó acompañadas de la bronquitis agu- da. Sintomas. La bronquitis leve es una simple indisposición que apenas merece el nombre de dolencia. Una ligera tos y la expectoración de algu- nos esputos cenicientos son los únicos síntomas de esta afección, que no im- pide al doliente el continuar sus ocu- paciones de costumbre. En la bron- quitis algo más intensa, la tos es un tanto dolorosa. Existen todavía gran número de grados en esta dolencia, desde los ya indicados hasta el más intenso, cuya descripción vamos á dar. Una tos activa, acompañada de inten- sos dolores, de ardor en el pecho, que determina la rubicundez é hinchazón de la cara, lagiimeo, dolor de cabeza, seguido de la expectoración de muco- sidades espumosas, forman su princi- pal y el más doloroso de los sínto- mas. Esta tos, que se reproduce á ca- da paso, provoca algunas veces náu- seas y vómitos. A estos síntomas se junta la opresión del pecho, la fre • cuencia del pulso, la pérdida del ol- fato, la lengua blanquecina, el ardor de la piel, por último, la disminución y el color cargado de la orina. La ex- pectoración es generalmente nula al principio; hacia el segundo ó tercer dia la tos se vuelve húmeda; poco a poco aumenta la mucosidad, y á la terminación del mal se hace más es- pesa y menos abundante. Al principio los esputos son á veces salados, des- pués pierden este sabor y se vuelven blancos, amarillos ó verdes. Todos es- tos síntomas son por lo común más intensos de noche que de dia; su in- vasión se verifica á menudo precedi- da de calofríos, postración, estornu- dos, ó de cierto dolorcillo de garganta. Sintomas de la bronquitis capilar. Los síntomas anteriormente descritos pertenecen á la bronquitis ordinaria, esto es, á la que ataca á los canales gruesos de los bronquios. La bronqui- tis capilar suele seguir casi siempre á la ordinaria, cuando esta se presen- ta en cierto grado de intensidad, son muy raros los casos en que la infla- mación invade primero los bronquios delgados, y se anuncia por síntomas más ó menos graves. De cualquier modo que se manifieste, así que la bronquitis capilar se presenta, sién- tese una opresión extraordinaria, que á veces sobreviene casi de repente. La inspiración, acompañada de silbi- do, se ejerce con gran trabajo; los mo- vimientos respiratorios se aceleran, sobre todo en los niños, en quienes á veces se cuentan noventa y hasta cien respiraciones por minuto. La tos es frecuente y dolorosa. Por último, des- pués de repetidos esfuerzos, los do- lientes arrojan algunas mucosidades glutinosas, con burbujas de aire y tal BRONQUITIS 291 BRONQUITIS cual vez estriadas de sangre; en otros casos las mucosidades son amarillas, y cuya expulsión no produce el me- nor alivio. Con perturbación tan hon- da en las funciones respiratorias, el habla es cortada, breve, á menudo intenumpida; el pulso, acelerado siempre, á veces adquiere una fre- cuencia excesiva; la piel está ardien- te, seca y cubierta de sudor; todo en el aspecto exterior expresa el sufri- miento y la ansiedad. Los dolientes están constantemente' sentados, el rostro empalidece, se disfigura; las mejillas y los labios adquieren un co- lor violáceo. Al cabo de algunos dias los dolientes se muestran muy abati- dos; la expectoración se hace muy di- ficultosa; las mucosidades, acumulán- dose en los canales brónquicos, por el paso alternativo del aire, determinan un ruido como de gargarismo. Si la resolución del mal ha de ser favora- ble, disminuyen en número las respi- raciones y en intensión la ansiedad. Los ruidos del pecho son ménos sono- ros, ménos dilatados, ménos numero- sos, lo cual indica que el pulmón se ha hecho más permeable; la piel pier- de poco á poco su color violáceo; por último, la convalecencia es declarada. Duración y pronóstico. La dura- ción de la bronquitis varía según el grado de su intensidad. En general, la bronquitis intensa dura de quince á cuarenta dias, y la leve, de tres á diez dias. Su terminación es comun- mente favorable, y aun cuando se agrave, rara vez ocasiona la muerte. Hay ocasiones en que pasa al estado crónico. Tratamiento. La bronquitis leve suele curarse á menudo merced á sencillas precauciones higiénicas, co- mo la de abrigarse con ropas á propó- sito, evitar el frió y la humedad, y guardar silencio, cuanto fuere dable. A veces estos medios .son insuficien- tes y deben ser auxiliados con la in- fusión de violetas, de malva ó de al- tea, y la disolución de goma arábiga. Dulcifícanse estas bebidas con miel, jarabe de goma ó azúcar; ó mézclan- se con leche. Todas ellas se tomarán tibias durante el dia; y por la noche es ventajoso que el doliente tome ca- lientes las bebidas para excitar el su- dor, á lo cual concurrirá él por su par- te metiéndose en la cama seguidamen- te y cubriéndose con buenas mantas. También se disipan algunas veces las .bronquitis leves mediante el uso de las bebidas sudoríficas, como las infu- siones calientes de té, flores de saúco borraja, etc. Todas las noche, ántes de acostarse, el doliente debe tomar un baño de piés con mostaza. Si el mal se mostrase rebelde á estos re- medios, puede entonces administrar- se una purga de aceite de ricino, 30 gramos (1 onza), q 60 gramos (2 on- zas) de maná, en leche ó en agua tem- plada. Una temperatura suave y unifor- me, el recogimiento absoluto, y la dieta casi completa son las primeras condiciones exigidas previsoramente en la bronquitis intensa. El doliente no debe salir de su cuarto, y ni aun de la cama. Difícil es lograr que mu- chas personas guarden cama por una afección de tan poca gravedad, Sin BRONQUITIS 292 BRONQUITIS embargo, este medio disminuye con- siderablemente la duración del mal. El cuerpo, rodeado de una atmósfera constantemente templada, se cubre de una humedad ligera; semejante es- tado es muy favorable para acelerar la marcha de la dolencia. La bronqui- tis un tanto intensa reclama el em- pleo de un vomitivo. Se administran de 5 á 10 centigramos (1 á 2 granos), de emético en una taza de agua tibia, y se favorece el efecto del remedio dando á beber igualmente mucha agua tibia. A este tratamiento se agrega el empleo de los pediluvios muy calien- tes, con agua pura ó mezclada con ceniza; también se puede añadir al agua un poco de harina de mostaza; pero es preciso cubrir con un paño el vaso en que se toma el baño, á fin de evitar que los vapores irritantes, desarrollados por la acción del agua, se dirijan hácia las vías respiratorias, y vengan á aumentar la tos y la irri- tación. Finalmente, se necesita repe- tir los baños de pies dos veces por dia. La inspiración de los vapores emolientes suele ser también muy útil en la bronquitis. Todo el mundo puede hacer un aparato propio al efecto: basta hechar agua hirviendo sobre flores de malva ó de saúco, y después cubrir el bazo con un embu- do vuelto; el vapor sale por la extre- midad del tubo del embudo, y puede aspirarse con facilidad. Mediante las fumigaciones, se pue- de también aplicar el medicamento narcótico á la membrana mucosa de los bronquios. Estas fumigaciones se practican según la fórmula siguiente: Hojas de estra- monio 8 gram. (2 dracms). Agua común. . 500 gram. (16 onzas). Se hace hervir durante un cuarto de hora. Echase el líquido en un vaso, cuya boca se tapará con un embudo, y el vapor que sale por el tubo de es- te lo debe aspirar el doliente. También pueden hacerse estas fu- migaciones, cubriendo la cabeza con una toalla y exponiendo el rostro al vapor que se exhala del vaso; pero después de hecha la fumigación, que debe durar de cinco á diez minutos, necesario es secarse la cara y preser- varla del aire frió. Si estos medios no fuesen bastan- tes, se recurre á los polvos de Do- wer, conforme á esta receta: Polvos de Dower, 2 gramos (20 gran). Divídese en 8 papeles. Para tomar un papel por la mañana y otro por la noche en una cucharada de agua fria. Si la tos es muy intensa y dolorosa, conviene emplear internamente los narcóticos, que son: jarabe de lactuca- rio, administrado á cucharadas,' una cucharada tres veces al dia,-jarabe de lactucario opiado, igual dosis;- jarabe diacodion, que se toma en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia, puro ó mezclado con la be- bida del doliente; el opio en píldoras cuya receta es corno sigue: Extracto de opio. 15 centígr. (3 gran.) Extracto de re- galiz 45 centígr. (9 gran.) Hócense doce píldoras. Se toman cuatro de estas píldoras por dia, una por la mañana, otra al BRONQUITIS 293 BRONQUITIS medio dia y dos al acostarse, á fin de conciliar el sueño. Las pastas de mal vavisco, de azufaifa, la pasta balsá- mica de Regnault son empleadas con provecho. Esta última se prepara con flores de malva, de amapola, de tusí- lago, goma arábiga, bálsamo de Tolú y azúcar. Se debe recurrir, por último, á las diversas preparaciones indicadas al fin de este artículo, en el Formu- lario de la bronquitis. Cuando los síntomas de agudez y de excitación general estuvieren ya disipados, si la bronquitis se prolon- gara y pasase al estado crónico, se aplicará un vejigatorio en el brazo ó en el pecho. El vomitivo es ademas uno de los medigs recomendados en este período del mal. Para provocar- los'vómitos, se emplean de 5 á 10 centigramos (1 á 2 gramos) de tártaro estibiado, que se disuelven en uu va- so de agua tibia. En lugar del tártaro, se puede también tomar 1 gramo (20 granos) de ipecacuana en una cucha- rada de agua. A los niños que no sa- ben expectorar y que tragan las muco- si dades, conviene darles de dos á cuatro cúcharadillas de jarabe de ipecacuana, con el fin de desembarazarles el estó- mago de las mucosidades que en él se hubieren acumulado, facilitando así al mismo tiempo la expulsión de las que estuvieren en las vias respira- torias. El tratamiento de la bronquitis ca- pilar es idéntico; es necesario única- mente procurar que la energía del tratamiento sea proporcionada á la gravedad del peligro; el tártaro emé- tico debe ser continuado por espacio de dos ó tres dias, según la receta si* guíente: Agua común.... 150gram, (5 onzas). Tártaro emético. lOcentígr. (2 gran). Jarabe diacodion. 15 gram. (1/2 onza). Mézclese. Para beber una cuchara- da, de dos en dos horas. Preciso será aplicar cuatro ventosas secas en la base del pecho dos veces por dia, y un vejigatorio volante en la parte su- perior del pecho. Bronquitis crónica. A veces sue- le ser primitiva, aunque por lo común sobreviene á causa de muchas bron- quitis agudas. Síntomas. La tos y la expectora- ción, ordinariamente, son los únicos síntomas que acompañan la bronqui- tis crónica. La tos es seca ó húmeda. En este último caso, la naturaleza de la expectoración suele variar: los es- putos son amarillos, cenicientos, pu- riformes, y más ó menos opacos (cata- rro mucoso')] ó aparecen trasparentes, viscosos y parecidos á la clara de hue- vo disuelta en agua (catarro pituito- so). Cuando la tos es seca, llámanle algunos tos nerviosa. A veces la can- tidad de las materias expectoradas suele ser enorme. Hánse visto dolien- tes echar muchas libras de ellas en veinticuatro horas. La expectoración es abundante sobre todo en las prime- ras horas de'la mañana, porque, du- rante la noche, los esputos se acumu- lan en las vias de la respiración. Pa- sado cierto tiempo, acontece que al- gunos dolientes pierden la robustez y las fuerzas; el apetito disminuye, so- breviene la sed, la piel se enardece, principalmente en las palmas de las BRONQUITIS 294 BRONQUITIS manos, y el pulso bate aceleradamen- te. Todos estos síntomas toman pro- porción mayor, aumentan durante la noche y son seguidos de sudores á la vuelta del dia. Después sobreviene la diarrea; el enflaquecimiento hace rá- pidos progresos, y el doliente corre peligro de muerte. En la bronquitis crónica no suele, con todo, ser fre- cuente esta terminación. Vénse gran número de personas ancianas afecta- das todos los años de un catarro que no perturba las demas funciones del cuerpo, y que las abandona á la lle- gada de los grandes calores. Esta mar- cha de la bronquitis crónica es la más ordinaria, y dura de este modo muchas veces treinta ó cuarenta años, sin in- fluir aparentemente en el estado ge- ral de los individuos por ella afec- tados. Duración y pronóstico. No es po- sible determinar la duración, ni si- quiera por término medio, de la bron- quitis crónica, puesto que, si bien es susceptible de terminarse en algunos meses, puede también durar muchos años. Tratamiento. Muchos medicamen- tos han sido propuestos contra la bron- quitis crónica porque, en efecto, esta dolencia es muy rebelde; pero á veces después de haber resistido á una série de medios diferentes, suele ceder co- mo por encanto al más pequeño cam- bio de tratamiento. Entre los primeros medios útiles, merced á los cuales debe ser comba- tida la bronquitis crónica; figuran los vomitivos; pero, para producir buenos efectos, deben repetirse cuantas veces' lo permitan las fuerzas del individuo. La ipecacuana debe ser preferida al tártaro estibiado, como menos irritan- te y por estar dotada de una propie- dad astringente que aumenta mucho su eficacia. Se administra en la dosis de 1 gramo (20 granos) en un poco de agua tibia. En los intervalos del vómito es muy útil hacer uso de bebi- das tónicas, tales como los cocimien- tos de liquen de Islandia, de garraga- hen, la infusión de lúpulo y también de las aguas minerales ferruginosas, y un régimen tónico, principalmente compuesto de carnes, asadas. Estas sustancias están especialmente indi- cadas cuando los dolientes son débi- les, flacos, y en aquellos cuya expec- toración es muy abundante. Deberá añadírseles el uso de algún vino añe- jo y generoso. En las mismas circuns- tancias pueden emplearse las bebidas excitantes, tales como lá infusión de yedra terrestre, hisopo, énula campa- na, culantrillo. En estos casos tam- bién aprovechará bastante el empleo de los bálsamos de Tolú, del Perú y de trementina. La siguiente receta es muy conveniente en las bronquitis crónicas: Kérmesmineral. 60 centíg. (12 gram.) Azúcar 4 gramos (1 dracm.) Goma Arábiga.. 4 grams. (1 dracm.) Mézclese y divídase en 12 papeles. Se toma uú papel por la mañana y otro por la noche, en una cucharada de agua tibia. En la bronquitis crónica debe usar- se del jarabe de yemas de abeto, jara- be de trementina, jarabe pectoral in- glés, jarabe de erísimo compuestoo , BRONQUITIS 295 BRONQUITIS de jarabe de ipecacuana, que van for- mulados al fin de este artículo. Los vapores de brea ó de tremen- tina que se respiran son útiles contra la bronquitis crónica. Al efecto, basta colocar en el cuarto platos con alqui- trán ó brea líquida, que se remueve de tiempo en tiempo con un palo, ó introducir 2 gramos (1/2 dracma) de trementina en una botella de agua caliente, y respirar el vapor- muchas véces al día, durante un cuarto de hora, merced á un embudo introduci- do en el cuello de aquella. Sea cual fuere la forma bajo la cual se presente el mal, los vejgato- rios son generalmente provechosos y raras veces dejan de mostrarlo. Se aplican en el pecho ó. en uno de los brazos. Antes de recurrir á este medio, conviene aplicar sobre el pecho un emplasto de pez de Borgoña. Las fric- ciones en el pecho con la pomoda es- tibiada, hasta que se produzca una erupción, son muy convenientes. En todos los casos se recomiendan tam- bién, como medios auxiliares, friccio- nes con bayeta, por la mañana y por la noche, ó con cepillo blando, baños generales calientes, las pastas pecto- rales que se indican más adelante; la residencia en un cuarto bien soleado, ó, aun mejor, en un clima más cálido. El cambio de habitación ejerce á su vez una grande influencia, especial- mente cuando se pasa de un local ba- jo y húmedo á otro más abrigado y seco. Cuando no se pueden emprender largos viajes, se procurará, aunque sea en las cercanías, un lugar cuya temperatura sea diferente de la de aquel en que se habita; á veces la permanencia de algunos dias fuera de la habitación ordinaria hasta producir la curación. FORMULARIO DE LA BRONQUITIS. 1? Tisanas ó bebidas del dolien- te. Agua de goma. V. tomo I, pág. 58. Tisana desalep. Salep en polvo. 4 gram. (1 dracm.) Agua 500 gram. (16 onzs.) Se ponen al fuego 400 gramos de agua, y así que hierve, se le echa el salep, previamente diluido en el resto del agua fría; se le da un hervor de quince minutos, se cuela por paño de lana, y dulcifícase con azúcar. Cocimiento de frutos pectorales, Frutos pectorales (dátiles, azufai- fas, higos y pa- sas) 25 gram. (6 drac.) Agua cantidad suficiente, Se hace hervir para obtener 500 gramos (16 onzas) de cocimiento, $e cuela por paño de lana, y dulcifícase con azúcar. Tisana de especies pectorales. Especies pectorales (mezcla, á partes iguales, de flores de gordolobo, ama- pola, altea, malva, gnafalio, tusí- lago, violeta) 5gram. (1 l/4drac.) Agua hirviendo 500 gram. (16 onzas). Infúndese durate dos horas, y se cuela. Cocimiento de liquen de Islandia. V. Liquen. OTRAS TISANAS. Infusión de gengibre, 4 gramos (1 dracma) para 500 gramos (16 on- zas) de agua hirviendo. BRONQUITIS 296 BRONQUITIS Infusión de polígala de Virginia, 5 gramos (1 1/4 dracma) para 500 gra- mos (16 onzas) de agua hirviendo. Infusión de flores de gordolobo, 5 gramos (1 1/4 dracma) para 500 gra- mos (16 onzas) de agua hirviendo. Infusión de hojas de hisopo, 5 gra- mos (11/4 dracma) para 500 gramos (16 onzas) de agua hirviendo. Infusión de violetas, 5 gramos (1 1/4 dracma) para 500 gramos (16 on- zas; de agua hirviendo. Inf usión de culantrillo, 5 gramos (1 1/4 dracma) para 500 gramos (16 onzas) de agua hirviendo. 2" Jarabes, Jarabe de goma. Para dulcificar las bebidas, ó para tomarlo puro á cucharadas. < Jarabe de culantrillo. Para tomar- lo á cucharadas. Jarabe de lactucario. Para tomar una cucharada 3 ó 4 veces al dia. Jarabe de lactucario opiado. Dó- sis: de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe diacodion, de 30 á 60 gra- mos (1 á 2 onzafe) por dia. Jarabe de bálsamo de Tolú, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de yemas de abeto, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de trementina, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de felandrio, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de especies béquicas, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de especies pectorales, de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe pectoral inglés. Agua 8000 gramos Dátiles 1000 gramos Azufaifas 500 gramos Raíz de regaliz 250 gramos Raíz de altea 250 gramos Culantrillo del Canadá. 125 gramos Adormideras 125 gramos Se hace hervir, se cuela, añádanse 4,000 gramos de azúcar, y se hace evaporar hasta que tome la consis- tencia de jarabe. Dósis: de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) por dia. Jarabe de ipecacuana compuesto, ó de Desessartz. Ipecacuana contundida. 30 gramos Hojas de sen 100 gramos Serpol 30 gramos Flor de amapola 125 gramos Sulfato de magnesia... 100 gramos Vino blanco 750 gramos Agua de azahar 750 gramos Agua hirviendo 3000 gramos Azúcar refinado cant. sufic. Macérense la ipecacuana y el sen en el vino blanco por espacio de 12 horas; cuélese con expresión y fíltrese. Añádase al residuo el sérpol y las amapolas, y viértase el agua hirviendo sobre el todo; mézclese al líquido el sulfato de magnesia y el agua de aza- har; fíltrese. Unase el líquido vinoso al producto de la infusión, y hágase, añadiendo el azúcar en la proporción de 190 gramos para cada 100 de líqui- do, un jarabe por simple solucionen ba- ño de mana.-Remedio precioso y ex perim enfado contra la tos, en la dósis de 30á60 gramos(l á 2 onzas pordia.) Jarabe de erísimo compuesto, 6 de los cantores. Cebada perlada 75 gramos BRONQUITIS 297 BRONQUITIS Pasas 75 gramos Regaliz 75 gramos Hojas de borraja 100 gramos Hojas de achicoria. ... 100 gramos Erísimo fresco 1500 gramos Raíz de entila 100 gramos Culantrillo 25 gramos Sumidades secas de ro- mero 20 gramos Sumidades secas de can- tueso 20 gramos Anis 25 gramos Azúcar blanco 2000 gramos Miel. 500 gramos Agua 6000 gramos; Hiérvese la cebada en el agua hasta que revienten los granos; agregúense las pasas, el regaliz cortado, las hojas de borraja y de achicoria incisas, y después de algunos instante de ebu- llición, cuélese con expresión. Se vuel- ve á ponéT el líquido al fuego, y se le hace hervir en un baño de maría de estaño, que contendrá el erísimo previamente contundido en un mórte- ro de mármol, y las demas sustancias convenientemente divididas; se deja en infusión por espacio de 24. horas, y se destila á fuego desnudo para ex- traer 250 gramos de líquido aromáti- co.-Cuélase con expresión, separa- damente, el líquido que habrá quedado en la cucúrbita; clarifícase con clara de huevo, se le agrega el azúcar y la miel, y se hace por cocción y clarifica- ción un jarabe que cocerá hasta mar- car, hirviendo, l ,29 en el densímetro (32° B). Después de medio enfriado, júntasele el líquido destilado, y se cuela. Dósis: de 30 á 60. gramos (1 á 2 onzas) por día. Pectoral muy eficaz. Jarabe de Lanthois. Dulcamara 30 gram. (1 onza) Polígala 30 gram. (1 onza) Saponaria 30 gram. (1 onza) Yedra terrestre. 30 gram. (1 onza) Flores de árnica. 15 gram. (1/2 onz) Liquen de Islan- 15gram.(l/2onz;) Agua 1500 gram .(48 onz.) Vino de Madera. 1500 gram. (48 onz.) Echese todo dentro de un vaso de hoja de lata, tápese herméticamente1, y déjese así en baño de maría por .es- pacio de ocho días, revolviéndolo re petiday veces. Cloncluida esta mace- ración, se deja enfriar el líquido, sé cuela con fuerte expresión y se filtra. Después de filtrado, para cada 500 gramos' de líquido se añaden 1,000 de azúcar, que es necesario derretir én baño de maría en el mismo filen tapado. Dósis: Dos cucharadás, tres veces por día, puro ó disuelto, en una taz^ de agua tibia. Eii las nrot qfiítis y otras afecciones del pecho. ' 3o Julepes, Loocs, Pociones. Looc blanco (V. Looc); se toma a cucharadas en el decurso del día. Looc calmante ó diacodado, i Looc blanco... . 150 gram. (5 nzas) Láudano de Sy- denham 20 gotas. . Mézclese. Una cucharada, de hora en hora, en la bronquitis aguda. , Pocion gomosa. V. Pocion. Julepe calmante. Jarabe de opio. 15 gram. (1/2 onz.) Jarabe simple.. 15 gram. (1/2 onz¡) Infusión de tilo. 150 gram. (5 onzas). BRONQUITIS 298 BRONQUITIS Mézclese. Una cucharada, de hora en hora, en la bronquitis aguda. Jugo de agracejo, de 90 á 180 gra- mos (3 á 6 onzas) por dia, en la bron- quitis crónica. 4a Pastas, pastillas, etc. Pasta de liquen de Islandia, 30 gramos (1 onza) por dia. Pasta de azvfaifas, 30 gramos (1 onza) por dia. Pasta de goma arábiga, 30 gra- mos (1 onza) por dia. Estas pastas se hallan en todas las boticas. Pastillas de bálsamo de Tolú. Balsamo de Tolú. 100 gramos Azúcar 2000 gramos Goma alquitira.. 20 gramos Agua cantidad suficiente. Se digiere durante dos horas en el baño de maría el bálsamo de ' Tolú con el doble de su peso de agua, cui- dando de revolver frecuentemente. Se deja enfriar y se filtra. Se prepa- ra el mucílago de goma alquitira con 160 gramos de este líquido. Hácense las pastillas de]l gramo (20 granos). Dósis: de 6 [á 12 [pastillas por dia, en las bronquitis. Pastillas ó tabletas de maná. Maná en lágrimas 150 gramos Azúcar 800 gramos Goma arábiga en polvo. 50 gramos Agua de azahar 75 gramos Se funde á im/calor'blando el ma- ná con el agua do azahar, y se cuela; añádase la goma mezclada de ante- mano con dos veces su peso de azú- car. Se incorpora el resto del azúcar, y se hacen las tabletas del peso de un gramo (20 granos). Cada unatie I ne 15 centigramos (3 granos) de ma- ná. Dosis: de 8 á 12 por día. Pastillas ó tabletas demaná de Man- fredi, ó pastillas de Calabria. Raíz de altea 90 gramos Agua 2000 gramos Maná 375 gramos Azúcar 3000 gramos Extracto de opio 60 centígr. Agua de azahar 90 gramos Esencia de bergamota. 5 gotas. Hiérvese la altea en agua durante 10 minutos; añádese el maná; se cue- la; agregúese el azúcar. Se deja eva- porar hasta la consistencia de jarabe espeso; se le une el opio, el agua de azahar y la esencia. Evapórase des- pués hasta la consistencia convenien- te; se vierte la masa sobre el már- mol, untado con aceite, y se divide en tabletas de 1 gramo (20 granos). Do- sis: de 2 á 4 por dia, en la bron- quitis. Mermelada de Tronchin, Pulpa de cañafís- tula 30 gram. (1 onza.) Maná enlágrimas. 30 gram. (1 onza) Aceite de almen- dras dulces.... 30 gram. (1 onza) Jarabe de violetas. 30 gram. (1 onza) Agua de azahar.. 4 gram. (1 drac.) Hágase según el arte. Dosis: una cucharada, de hora en hora, como laxativo y expectorante. Mermelada de Zanetti. Kermes mine- ral 20 centígr. (4 gran.) Maná 60 gramos (2 onzas) Jarabe de altea. 45 gram. (1 1/2 onz.) Cañalístula co- cida 30 gramos (1 onza) Cceite de almen- BRONCE 299 BUBAS dras dulces.. 30 gramos (1 onza) Manteca de ca- cao 24 gramos (6 drac.) Agua de azahar. 15 gram. (1/2 onza.) Hágase conforme al arte. Dósis: Una cucharada de dos en dos horas, como expectorante y laxativo.. Bronce. Liga muy dura de cobre V ule estaño, á la cual se añade á vel ces zinc y plomo, en cantidad varia- ble, y aun hierro. La composición de- bronce nada tiene de fijo; varía se- gún el uso á que se destina, para la fabricación de los cañones, de las cam- panas, de las estatuas, de las meda- llas, etc. El bronce se oxida lo mismo que el cobre, no tan pronto, sin embargo, y el compuesto que se forma contri- buye á la conservación del metal, cu- briéndolo de una especie de barniz. Se imita el color del bronce median- te un barniz, en cuyo caso se tiñe de verde azulado, calentando el bronce con la' siguiente composición: óxido de cobre, 500 gramos; amoníaco, 4,75; ácido acético, 2 litros; agua, 10 litros. Broncear es dar el color de bronce á cualquiera sustancia: metal, madera, barro, yeso, etc. Los procedimientos empleados al efecto consisten, en ge- neral, en cubrir el objeto con una ca- pa preparatoria, que varía según la necesidad (cola de Flandes ó de pes- cado, aceite secante, goma arábiga, etc.), y en aplicar después cloruro de antimonio, deuto-sulfuro de estaño, ó limalla de bronce ó de cobre ama- rillo reducido á polvo impalpable (oro molido). Modos de limpiar los objetos de bronce dorado. Primer modo. Se mojan los objetos en agua á punto de hervir, en la cual se ha disuelto anti- cipadamente una corta cantidad de jabón blanco, y después en agua pu- ra, á punto de hervir, secándolos por ultimo al aire libre, y frotándolos con una piel y polvos de creta. 2o modo. Se quitan las manchas de cera, de grasa, etc., con un poco de sosa ó potasa cáustica disuelta en agua, lavándolas con esta solución caliente. Se deja á secar, y, después, se pasa sobre el dorado un pincel mo- jado en la siguiente mezcla: agua 125 gramos, ácido azoico 32 gramos, alum- bre 4 gramos. Se enjuga el bronce en seguida, y se pone á secar al sol ó á un fuego moderado. Brusco o Busco. Ruscus aculea- tus, L. Esparragíneas. Arbusto pe- queño de Europa, que crece con abun- dancia en España y siempre se con- serva verde. Tallo verde, liso, ramo- so,. guarnecido de hojas consistentes, ovales, agudas, punzantes en su ex»- tremidad; su fruto es una baya esfé- rica, rojiza; raíz blanquecina, del grue- so del dedo meñique, nudosa, articu- lada, marcada de anillos muy cerca- nos unos de otros. La raíz seca tiene en masa un ligero olor terebíntico; se usa en medicina como diurético; en- tra en la composición" del jarabe de las cinco raíces. Bubas ó Pían. Afección cutánea, propia de las regiones intertropicales, eminentemente contagiosa, producida por un virus particular, virus ó vicio bubático, que puede trasmitirse, con BUBAS 300 BUBAS caractéres siempre idénticos, de un individuo á otro, y reproducirse en el mismo individuo por inoculación. Esta afección tiene diversos nom- bres. Los autores franceses la llaman pian] apellídanla boubas en el Brasil, framosi en la costa del Oalabar, te- tia en el Congo, yavjs en la costa de Guinea, pouba en algunas poblacio- nes del Africa. Bintomds. La dolencia se presen- ta bajo las siguientes formas: j? Bubas secas. Tubérculos dis- persos por la cara, tronco y extremi- dad, en un principio del tamaño de cabezas de alfileres, un tanto blandos, más y más amplios cada vez, desigua- les, aplastados, indolentes; cada uno parece contener dentro un núcleo. 2o Bubas húmedas. Ulceras que sobresalen de la piel, granulosas, ro- jas, de media á una pulgada de diá- metro, cubiertas algunas veces de te- nacísima materia lardácea. Estas úl- timas toman particularmente dicha calificación y se denominan bubas lardáceas. 3? Clavos bobáticos. Elevaciones pe- queñas en la planta de los piés, ó en la palma de las manos, cubiertas de piel callosa y dura, con hendiduras profundas, dolorosas. que rezuman, á veces, una materia viscosa. Las bubas se manifiestan, casi siem- pre, sin ser precedidas de síntomas generales, por manchas pequeñas de color rojo oscuro, semejantes á pica- das de pulgas y agrupadas general- mente unas al lado de otras; á estas manchas suceden elevaciones peque- ñas, rojas, y como cabezas de alfile- res; crecen poco á poco, y se ensan- chan hasta adquirir, en ocasiones, la extensión de un círculo de media pul- gada de diámetro; después se cubren de escamas; se forma como una es- pecie de costra, y luego se observa en la superficie de la parte afectada, en número variable, diminutas vegeta- ciones rojas, que han sido compara- das, por la forma y el color, á las frambuesas ó moras. Estas excrecen- cias no son dolorosas, á excepción de las que se forman en las plantas de los pies. Entonces, irritadas por el andar, hacen sufrir grandes dolores al que las tiene. Al cabo de un tiempo, que varía bastante, se ulceran en el ápice y arrojan materia purulenta de olor desagradable algunas veces; al coagularse, esta materia forma costras espesas que pueden, hasta cierto pun- to, encubrir el verdadero carácter del mal. Los tubérculos de las bubas pue- den desarrollarse en todas las partes del cuerpo; pero se muestran de pre- ferencia en la cara, en el tronco, ex- tremidades, ingles y bordes del ano; su aparición es comunmente suce- siva. Causas, Esta afección es peculiar á los países intertropicales. Existe en el Brasil á donde ha sido importada por los negros africanos; es conocida en la costa de Africa, en las Antillas y en las otras partes de la América del Sur. Las bubas es una enferme- dad contagiosa, que comunica por el contacto de la materia que destilan los tubérculos ulcerados; puede ino- cularse por las picaduras de insectos, cuando vienen á deponer, sobre algu- BUBAS 301 BUBON na solución de continuidad, el líquido que han chupado en individuos afec- tados de esta dolencia. También pue de penetrar este líquido cuando, apli cado sobre alguna parte del cuerpo, permanece allí bastante tiempo para poder ser absorbido por los poros. Las bubas se trasmiten ademas por la le- che del ama de cria; no se contraen hereditariamente, pero suelen des- arrollarse de una manera espontánea sin causa aparente. Tratamiento. Consiste en bañar diariamente las úlceras bubáticas con agua tibia, para tenerlas en buen es- tado de limpieza; en tocarlas con la piedra infernal de dos en dos, ó de tres en tres dias, curándolas con la poma- da siguiente: Manteca fresca.. 30 gram. (1 onza) Precipitado rojo.. 2 gram. (40gran.) El aseo es absolutamente indispen- sable para los clavos bubáticos; nece- sario, es, pues, lavarlos con agua tem- plada todos los dias, y luego espolvo- rearlos. con precipitado rojo. Si estas aplicaciones no produjesen mejoría, se lavarán las úlceras con agua templada mezclada con agua de Labarraque, curándolas por medio del Ungüento de Arceus, cuya receta figu- ra en el artículo Ungüento. También se curan las heridas bu- báticas con hilas empapadas en vino tinto, ó en aguardiente. Al propio tiempo que se hace uso de estas aplicaciones externas, preci- so es destruir el vicio bubático por el empleo de los medicamentos internos. Los reconocidos como más eficaces son el mercurio y el cocimiento de zarzaparrilla. El mercurio se administra bajo una de las formas siguientes: Licor de VanSwieten. Bicloruro de mercurio... 1/2 gram. (10 granos) Agua desti- lada 450 gram. (14 1 /2 onz.) Alcohola80° 50 gram. (1 1/2 onz.) Disuélvese el bicloruro en alcohol, y después se añade el agua destila- da. Dosis: 1 dracma (4 gramos) dos veces por dia, en medio vaso de agua. Pildoras azules. Mercurio metá- lico 2 gram. (40 granos) Conservado ro- sas 3 gram. (60 granos) Regaliz en pol- vo 1 gram. (20 granos.) Se tritura el mercurio con la con- serva hasta que desaparezcan los gló- bulos de mercurio, añádese el regaliz y divídese la masa en 40 píldoras. Cada una contiene 5 centigramos (1 grano) de mercurio. Dúsis: una píl- dora, diaria. Tan luego como se haya hecho uso de una de estas dos preparaciones, el doliente beberá, también diariamen- te, una taza de cocimiento de zarza- parrilla que se prepara con 4 gramos (1 dracma) de raíz de zarzaparrilla y 180 gramos (6 onzas) de agua. Cada quincena, el doliente debe tomar un purgante de 60 gramos (2 onzas) de sulfato de magnesia, disuel- to en un vaso de agua fria. Buhan ó Incordio. El bubón es un tumor más ó menos considerable, formado por el ingurgitamiento de las glándulas de las ingles y producido BUBON 302 BUBON por el virus sifilítico. En la mayor parte de los casos, la causa que el bu- bón reconoce es la presencia de los chancros sifilíticos en las partes geni- tales, ó la existencia del vicio sifilíti co en la economía; pero las glándulas de la ingle pueden hincharse también simpáticamente por causa de una li- gera herida en el pié, por la irritación ocasionada por los callos ó por el cal- zado muy estrecho. Las hinchazones no sifilíticas se llaman glándulas. Se distinguen de las hinchazones sifilíticas por las cir- cunstancias que acompañan su apari- ricion. Se deben, pues, hacer indiga- ciones muy minuciosas acerca de los antecedentes de la persona, á fin de no confundir el bubón sifilítico con un simple ingurgitamiento de las glán- dulas. En el presente 'artículo nos ocuparemos exclusivamente del bu- bón sifilítico; en cuanto á las hincha- zones de las glándulas de la ingle, procedentes de otras causas, remiti- mos al lector al artículo Glándula. Los bubones no sifilíticos se manifies- tan también en la peste (véase esta palabra.) Los bubones sifilíticos pueden ser consecutivos ó constitucionales. Los bubones consecutivos son los que se declaran después de la "aparición de los chancros venéreos ó de una bleno- rragia; los constitucionales se mani- fiestan al cabo de un tiempo más ó menos largo, á consecuencia de una afección antigua que se ha hecho constitutiva. Sintomas. Divídense los bubones en inflamatorios é indolentes. La aparición de un bubón inflamatorio es por lo común precedida de un do- lor en la ingle, que á menudo se atribuye á las grandes caminatas. Cuando el mal llega á este punto, se nota que una ó más glándulas de la ingle están hinchadas, y son sensibles á la presión. Poco á poco, el tumor se hace más considerable, duro y ad- herente; incomoda mucho cuando el doliente anda: la superficie se vuelve roja; aparecen dolores lancinantes ca- da vez más fuertes; por último, un foco de supuración se establece más ó menos pronto. Los bubones indo- lentes se desarrollan con lentitud, ca- si sin dolor; no presentan cambio en el color de la piel, supuran rara vez, y siempre con dificultad. Los bubo- nes sifilíticos pueden terminar por su- puración 6 se resuelven. Tratamiento. Las diferencias que entre sí presentan los bubones sifilí- ricos, indican bastantemente que de- ben existir grandes variedades en su tratamiento. Si el bubón principia con grande sensibilidad, conviene aplicar cataplasmas de linaza, usar de semi- cupios de agua templada, de bebidas diluyentes, como la infusión de lina- za, el cocimiento de arroz, de cebada, y conservarse en reposo absoluto. Acontece muchas veces que con este tratamiento el tumor disminuye y desaparece del todo. Pero si, por el contrario, no fuese posible vencer la fuerza de la inflamación, el bubón acaba por supuración, lo que se cono- ce por la elevación de su ápice, y pol- la fluctuación que presenta. En esta circunstancia, cuando la colección pu- BUBON 303 BUBON mienta se efectúa con gran celeridad, se abre espontáneamente y la cura- ción tiene lugar por lo común sin de- jar cicatriz muy visible. Si el trabajo inflamatorio fuese menos acelerado, se debe abreviar la duración del tra- tamiento local, evacuando el foco por medio de instrumento cortante. La cicatriz será linear y apenas mar- cada. Si en este caso se esperase la aber- tura espontánea del absceso, la piel se adelgazaría, la abertura se haría muy grande, y la cicatriz seria dis - forme. A veces suele aplicarse la potasa cáustica para abrir el tumor; este me- dio conviene siempre que la colección de pus se haya formado lentamente, casi ^in irritación inflamatoria, como en algunos tumores escrofulosos, ó ¡ también cuando el foco es vasto, la ' piel violácea y despegada. La úlcera que resulta de la aber-' tura del bubón debe ser curada con hilas untadas en cerato simple; y si hubiera aún grande inflamación, se aplicarán por encima de aquellas ca- taplasmas de linaza. Si á la curación vinieran á oponerse carnes fofas ó es- ponjosas, preciso es tocarlas ligera- mente con la piedra infernal, ó espol- vorearlas con alumbre calcinado, y ha- cer curaciones con hilas mojadas en agua de Labarraque. Las curaciones con ungüento mercurial son también un buen excitante en este caso. Durante este tratamiento local, es indispensable el empleo interno, des- de el principio, de los medicamentos antisifilíticos, sin los cuales la cura- cion no podría ser duradera. Estos medicamentos son: Pildoras de proto-ioduro de mercurio. Proto-ioduro de mercurio 5 centígr. (1 gran.) Tndacn. centigi. (1 gran.) Extracto de ci- cuta. 10 centígr. (2 gran.) Hácese una píldora, y como esta 59 más. Se toma una píldora por dia. Encima de la píldora se bebe una cu- charada de jarabe de zarzaparrilla mezclada con una taza de agua fría. Si después de consumidas las 60 píldoras el bubón no sanara, recúrre- se al licor de Van-Swieten, cuya re- ceta es: Bicloruro de mercurio.. 25 centígr, Alcohol á 80°. 25 gramos Agua destilada 225 gramos. Disuélvese. Dósis: 4 gramos (1 dracma), esto es, una cucharadilla, dos veces por dia, en una taza de agua fría ó de cocimiento do zarza- parrilla. El modo de preparar el cocimiento de zarzaparrilla va indicado en el ar- tículo Zarzaparrilla. Este coci- miento puede ser sustituido por una cucharada de jarabe de zarzaparrilla, mezclada con una taza de agua fría. La receta del Jarabe es: Jarabe de zar- zaparrilla. . 500 gramos (16 onz.) Las precauciones necesarias mión- tras la duración del tratamiento mer- curial están señaladas en el artículo Sífilis. Si existieran trayectos fistulosos, se cauterizarán con la piedra infernal,$ BUCO 304 BUEY se harán inyecciones con agua de La- barraque ó con el líquido siguiente: Tintura de iodo. 15 gram. (1/2 onza) loduro de pota- sio 25 centígr. (5 gran.) Agua 15 gram. (1/2 onza). Córtense con tijera las márgenes de la úlcera, si estuviesen desprendi- das. El bubón sifilítico indolente, ora se haya mostrado con este carácter des- de su aparición, ora se haya vuelto indolente después de la inflamación más ó ménos viva, debe ser atacado por todos los medios capaces de pro- ducir su resolución. El primero de todos, y el más eficaz, es el tratamien- to mercurial interno. Al mismo tiem- po se tomarán algunas purgas para provocar una derivación sobre el ca- nal intestinal, y se emplearán friccio- nes sobre el tumor con la pomada de ioduro de potasio. Rácense dos fric- ciones por dia sobre el bubón, con una cantidad de pomada del tamaño de una aceituna para cada fricción. Si el ingurgitamiento se mostrase re- belde y no cediera, se aplica entonces el emplasto de Vigo. Vejigatorios aplicados repetidas veces sobre el tu- mor, pueden producir su resolución ó determinar la supuración. Buco ó Buciiú. Diosma crenata, Linneo: Rutáceas. Arbusto del Ca- bo de Buena Esperanza. Las hojas son ovales-oblongas, finamente den- tadas, guarnecidas de glándulas lle- . ñas de aceite volátil; olor fuerte, aná- logo al de la menta y la ruda; sabor acre y aromático. Estas hojas son tó- nicas, estimulantes, diuréticas y su- ¿orificas. Se emplean en el catarro de la vejiga y en las dolencias de la próstata, en infusión, que se prepara con 16 gramos (4 daremas) de hojas y 500 gramos (16 onzas) de agua hir- viendo. La tintura se administra en la dosis de 8 á 40 gramos (2 á 10 dracmas); el extracto en la dosis de 25 á 50 centigramos (5 á 10 granos). El aceite esencial se usa en fricciones en los dolores reumáticos. Buey. Animales domésticos. Así se llama en la especie bovina el ma- cho castrado. De todos los animales sometidos por el hombre al estado doméstico, el buey es el más útil y precioso. No solo nutre á su dueño, sino que, ademas, es también entre los animales uno de los menos dis- pendiosos y que menos consumen. El buey tiene el sueño corto y ligero; el menor ruido lo desvela; comunmente se acuesta del lado izquierdo, y el ri- ñon de este lado es siempre más grue- so y más cubierto de gordura que el del otro lado. Los bueyes, lo mismo que los demas animales domésticos, varían de color; pero el pelo más co- mún es el'rojo. Cualquiera que sea el color del pelo del buey, debe ser brillante, espeso y suave al tacto; porque cuando es rudo, claro ó ralo, puede suponerse que el animal no es- tá sano, ó por lo ménos que no es vi- goroso. Se conoce la edad del buey por los dientes y por los cuernos. Conocimiento de la edad del i buey por los dientes. -El buey tie- ne 36 dientes, que se dividen en 24 gruesos molares, doce en cada quija- BUEY 305 BUEY da, seis á cada lado; 4 molares peque- ños suplementarios, dos en cada qui jada, uno en cada lado; y 8 incisivos en la quijada inferior únicamente; lá quijada superior, en vez de dientes incisivos, tiene un borde grueso carti- laginoso, y en el cual los incisivos en- cuentran un punto de apoyo cuando cortan la yerba cogida con la lengua. Los dientes incisivos están dispues- tos en la extremidad de la quijada inferior formando un semicírculo bas tante regular; son movedizos en sus alvéolos, como las teclas de un piano. Distínguense en dos delanteros ó pin- zas que están en el centro del semi- círculo; dos primeros medianos, uno á cada lado; dos segundos medianos, también á cada lado; y dos anida- res ó cantos, igualmente situados uno á cada lado. En cada diente incisivo de adulto, cuando aun está virgen, hay que con- siderar, como en el caballo, una por- ción libre y otra engastada. La por- ción libre, aplastada de delante hácia atras, va estrechándose de su borde libre hasta la encía, en donde presen- ta un cuello muy pronunciado, el cual establece el límite entre ella y la raíz. La cara anterior presenta rayas lon- gitudinales varias en número y pro fundidad; hállase determinada por un borde cortante que describe una línea curva, con la convexidad hácia arri- ba, y tiene, en el centro, una emi- nencia pequeña. La cara posterior corresponde á la superficie del roza- miento del diente del caballo; está dispuesta según un plan inclinado (pie se extiende desde el borde cor- tante hasta el cuello; hállase circuns- crita en sus márgenes por un surco bastante pronunciado; y en vez de ofrecer, como el caballo, una cavidad- dentaria, presenta únicamente dos surcos longitudinales, separados en- tre sí por una columna piramidal oblonga; toda esta porción libre del diente está cubierta por una capa muy delgada de esmalte sumamente blanco. Se dice que el diente del buey es- tá raso, cuando su borde anterior apa- rece gastado; ,y que está nivelado, cuando la eminencia piramidal de la cara posterior y los surcos que la cir- cunscriben han desaparecido ya. A medida que el diente se desgas- ta ó enrasa, aparece desde luego, jun- to al borde y en la cara posterior del diente, una lista amarillenta, que es el marfil despojado de su esmalte; y después, en este marfil, otra lista tras- versal más amarillenta aún; esta, con* forme se va enrasando el diente, lle- ga Je un modo insensible hasta el medio de la mesa, y forma una mar- ca poco más ó menos cuadrada, des- pués redondeada. Esta mancha co- rresponde á lo que, en el caballo, se llama estrella dentaria. A medida que la edad avanza, los dientes incisivos se disponen sobre un plano horizontal: y como su porción libre va siempre estrechándose del b( ríe cortante de la raíz, debe llegar, y con efecto llega, una época en que los dientes dejan de tener contacto, y en los animales entrados en años quedan separados por grandes inters- ticios. Considerando estas diferentes BUEY 306 BUEY modificaciones, y la determinación de sus épocas fijas, es como se ha logra- do obtener nociones exactas acerca de la edad del buey. Los incisivos caducos difieren de los incisivos sustituy entes en el ta- maño, que es menor. En el ternero formado, la arcada incisiva está divi- dida en dos segmentos iguales se- parados en el centro por un gran intersticio. (Los cuatro dientes de cada segmento tienen la parte libre desviada hacia afuera; pero después desgatados hasta el cuello, parecen estar verticales en sus alvéolos. Erupción y enrasadura de los dientes incisivos caducos. Los dien- tes caducos principian á salir antes ó poco tiempo después del nacimiento del animal, y completan su evolución en quince á veinte dias. Seis meses. Todos los dientes ca- ducos describen un semicírculo re- gular. Siete meses. Los delanteros están rasos. De once a trece meses. Los prime- ros medianos están rasos, De catorce á diez "y seis meses. Los segundos medianos están rasos. Los delanteros se han acortado, y apa- recen descarnados y vacilantes; á veces no existen ya. Después de quince meses, todos los incivos caducos constituyen toco- nes cortos que apénas están asegura- nos en los alvéolos, y pueden ser arran- cados con facilidad. ERUPCION Y DESGASTE DE LOS DIENTES DEL ADULTO. De diez y nueve á veinte meses. Erupción de los delanteros sustituyen- tes que salen de través. Hasta abora el animal llevaba el nombre de ternero, becerro, añojo y novillo; pero á los dos años el macho toma el nombre de toro, que conserva mientras no se le priva de los órganos de la generación. La hembra tiene el nombre de novilla á los diez y ocho meses, y el de vaca cuando ya ha pa- rido. De dos y medio á tres años. Erup- ción de los primeros dientes medianos. De tres y medio á cuatro años. Erupción de los segundos medianos. De cuatro y medio á cinco años Erupción de los angulares sustitu- yentes. De cinco y medio á seis años. El borde cortante de los delanteros se enrasa, y estos dientes están más bajos que los primeros medianos, los cuales los sobrepujan mas de una línea. Seis años. El r ivelamiento de la cara posterior de los delanteros está muy avanzado, y principia el de los primeros medianos. De seis y medio á siete años. En- rásanse los primeros medianos; nivé- ánse los dos tercios de la cara poste- rior de estos dientes; la mesa de los delanteros se halla casi nivelada. De siete y medio á ocho años. Se enrasan los segundos medianos; nivé- lanse del todo los delanteros, y el ni- velamiento de los dos primeros me- dianos está muy adelantado. De ocho á nueve años. El borde de los angulares se enrasa, y se nive- lan estos en los dos tercios de su cara posterior; la mesa de los delanteros y BUEY 307 BUEY la de los primeros medianos principia á mostrar una concavidad que corres- ponde á la convexidad del margen cartilaginoso de la quijada superior. De diez d once años. Forma cua- drada de la estrella dentaria, cercada de una orla blanca sobre la mesa de los delanteros y de los medianos; ni- velamiento de los angulares; la arcada incisiva está rasa del todo. De once á doce años. Forma cua drada de la estrella dentaria sobre to- dos los dientes incisivos; la concavidad de la mesa es más pronunciada; sepa- ración de los incisivos: De doce d catorce años. La estre- lla dentaria está redonda; la mesa dentaria sigue gastándose del lado del margen intemo de los delanteros. De catorce á diez y siete años. La mesa dentaria toma, á causa de su desgaste, en los medianos, la misma forma que en los delanteros; en este período, el diente principia á mostrar- se triangular. Alosr/zezy siete años toda la par- te libre del diente se halla gastada por completo, y solo quedan tocones den- tarios, cortos, amarillentos, redondos y muy separados unos de otros. No hay tanta exactitud en las se- ñales dadas por los dientes del buey como en las suministradas por los dien- tes del caballo. El género de alimen- tación influye mucho sobre el desgas- te de los dientes incisivos en la espe- cie bovina. Los animales criados en establo con yerbas tiernas no gastan muy de prisa los dientes, y cuando se se les examina la boca, parecen más jóvenes de lo que son en realidad; mientras que los animales mandados al pasto en las selvas, en los prados arenis3os, gastan Jos dientes con ma- yor rapidez, y representan más edad de la que tienetí. La mayor ó menor inclinación de los dientes influye tam- bién sobre su desgaste, y puede indu- cir en error. Conviene, por lo tanto, comprobar el resultado obtenido por el examen de los dientes, con las se- ñales de los cuernos. Conocimiento de la edad del buey por los cuernos ó astas. Los cuernos frontales ó puntas, fijadas si- métricamente en cada lado de la ca- beza, tienen la misma forma externa, y no presentan diferencias entre sí sino á consecuencia de casos fortuitos. Desarróllense después del nacimiento después del nacimiento del ternero, crecen con prontitud hasta cierta edad, y adquieren gran desarrollo en longi- tud, que vana según las razas y el estado de integridad del aparato pro- ductor. En los toros, estos instrumen- tos de defensa son de color lustroso y de extensión mediana; después de la castración pierden su brillantez y ad- quieren un gran desarrollo, se alar- gan, contornéanse en la punta, y al- canzan tanta mayor largura cuanto menor era la edad en que el animal fue castrado. Organización y modo de desa- rrollo de los cuernos. Cada cuerno tiene por base un prolongamiento óseo llamado sustentáculo, cubierto de un tejido vascular. Guando está separa- do del sustentáculo, representa una larga asta hueca y cónica, foimada por la reunión de cornetas encajadas unas BUEY 308 BUEY dentro de otras y separadas exterior- mente por una raya trasversal mas ó menos profunda. Cada corneta ó cir- culo es el producto de la secreción de un año. Cada año se "ve en el origen ó nacimiento del cuerno formarse un círculo que, al año siguiente, se halla repelido por otro círculo de nueva for- mación, y así en lo sucesivo, de suerte que el círculo más antiguo viene á quedar siempre el más alejado de la piel. Basta, por tanto, para valuar la edad del buey por la inspección de sus cuernos, contar el número de las rayas que separan los círculos unos de otros, y este número será el de los años. Poco tiempo después del nacimien- to del ternero, se conoce al tacto el primer brote del cuerno que se mani- fiesta en forma de un grueso mame- lón. A los ocho 6 diez dias el mamelón se muestra prominente, y toma una coloración que indica el color que ha de tener el cuerno. Al vigésimo dia está ya separado de la piel, y forma un verdadero pitón ó cuernecillo flexi- ble y liso en la punta. A los cinco 6 seis meses, el pitón ó cuernecillo se ha desarrollado, prin- cipia á contornearse, y su superficie se cubre de un prolongamiento de epidermis. A los catorce ó quince meses esta producción epidérmica se cae, sepára- se por láminas, y deja á descubierto el cuerno con su color lustroso. Entre los diez y doce meses se for- ma una raya poco distinta, que limita el primer círculo presentado por el cuerno desenvuelto desde el nacimien- to: es la marca ó señal del primer año. De los veinte meses á los dos años, formación de la segunda raya limi- tando la extensión del segundo círcu- lo: señal de dos años. De los dos años y medio á los tres años, nueva raya más honda que las precedentes: marca de tres años. Es- ta raya trienal es más visible que las formadas hasta entonces, y general- mente se la considera como el primer indicio de la edad. Hé aquí por qué las personas que acostumbran valuar la edad de los bueyes por la inspec- ción de los cuernos, cuentan tres años por toda la parte de aquellos, com- prendida desde el ápice hasta el cír- culo. De los tres años y medio á los cua- tro años, aparece un nuevo círculo en la base del cuerno. Este círculo se considera por lo común como el pri- mero de los nudos del cuerno. Cuan- do se manifiesta, suele decirse gene- ralmente que el animal da el primer nudo de cuatro años. De los cuatro años y medio á los cinco años, nuevo anillo semejante al nudo de cuatro años, y así en lo su- esivo para las indicaciones anuales venideras. Por eso, cuando se trata de conocer la edad del buey por la inspección de los cuernos, basta con- tar, desde el ápice hasta la base, la sucesión de las rayas anulares que se- paran los círculos unos de otros; pero como los dos primeros círculos no es- tán realmente visibles mas que hasta la edad de tres años, y desaparecen cuando el animal entra en los cuatro, BUEY 309 BUEY se debe entonces, á fin de evitar todo error, dar principio á contar las rayas desde la trienal, considerando como la obra de tres años la parte del cuer- no situada encima de dicha raya. Los anillos de cuatro, cinco, seis, siete ú ocho años, se suceden con bastante regularidad, y están bien marcados generalmente. Arriba de los ocho años, los círculos se confunden entre sí, y no proporcionan sino esclareci- mientos inseguros. Por consiguiente, conviene referirse sobre todo á los dientes en los primeros años, hasta la edad de cinco; tener en cuenta princi- palmente los indicios dados por los cuernos de los cinco á los ocho ó diez años, y, en adelante, rectificar uno por medio del otro estos dos sistemas de investigación. Los cuernos son para estos anima- les, armas poderosas y temibles; cuan- do quieren hacer uso de ellas, abajan la cerviz, presentan á su adversario las puntas de sus cuernos, desgárran- lo, ó lo arrojan á lo alto, si no es de gran corpulencia. El buey come de prisa y en poco tiempo toma el alimento que necesita, después de haber comido se'echa para rumiarlo, esto es, para hacer volver poco á poco los alimentos á su boca, mascarlos una vez más y luego tragar- los. El buey adquiere un desarrollo completo á los treinta ó cuarenta me- ses, y, podría vivir de quince á vein- te años; si no lo mataran de esta época. Buey de servicio. Debe tenerme- diana estatura, articulaciones gruesas y color más ó menos oscuro; no debe ser muy gordo ni muy flaco. Comun- mente se compra una yunta ó pareja de bueyes del mismo tamaño, y al comprar un solo buey, conviene acom- pañarlo con otro de su misma talla; de lo contrario el tiro seria desigual y el más fuerte de entrambos llevaría todo el peso del trabajo. Nótese que los compañeros de yugo se ligan de amistad y se muestran abatidos cuan- do están separados. Estos animales, tan pesados, y cuya inteligencia pare- ce tan poco despierta, son muy sensi- bles á los halagos y buenos tratamien- tos: obedecen mejor á la voz de un buen conductor que á la punta del aguijón. El buey no debe trabajar si- no desde la edad de tres años hasta la de diez. A los diez años está aún en buen estado para cebarlo; siendo más viejo, la carne perdería mucho en ca- lidad. Si se crian bueyes con el solo fin de tener buenos animales de tra- bajo, pueden dejarse de castrar hasta los diez y ocho meses ó los dos años; pero si se trata de que, después de haber utilizado sus fuerzas, estén aún en disposición de ser engordados, en- tonces es menester castrarlos muy jó- venes, á la edad de seis semanas, siendo posible, y, en todo caso, ántes de que hayan cumplido medio año. Los pastos á donde se conduzcan los bueyes deben tener la yerba alta y poblada, porque la disposición de su lengua no consiente que sean apacen- tados de las yerbas muy cortas. Sus establos deben ser bien ventilados, frescos en el verano, y abrigados en el invierno; preciso es guardar en ellos á los bueyes durante los fuertes calo- BUEY 310 BULIMIA res como en los grandes frios, y, tan- to cuanto sea posible, siempre que el tiempo estuviere lluvioso. Con estos cuidados se les evitarán la mayor par- te de las enfermedades que tan á me- nudo diezman los ganados y arruinan á los labradores. V. Epízootia. Sobre todo, conviene esmerarse en evitar los males: al efecto, cada ma- ñana, al dar el pienso al ganado, el boyero debe examinar bien si las reses gozan de buena salud. La tristeza, el abatimiento, la falta de apetito, una rumiadura lenta ó nula, dificultad en echarse ó levantarse, las orejas frías ó abrasadoras, el color amarillento del hocico, de los ojos y de la lengua, la agitación de los costados, mugidos frecuentes y plañideros, los tumores repentinos, son otros tantos indicios por los cuales el boyero experimenta- do reconoce qne el buey está enfer- mo. El primer remedio que debe apli- carse es la dieta y el reposo; se supri- me la alimentación del animal, y no se lo da otra cosa más que agua pura con harina de cebada ó salvado. Si no tiene más que una leve indisposición, este régimen será bastante á restable- cerlo. Si en vez de disminuir, los sín- tomas se agravasen progresivamente, conviene entonces recurrirá los cui- dados de un veterinario. Los bueyes se emplean para el ser- vicio del tiro por medio del yugo, sis- tema antiquísimo y el mejor de todos, razón por la cual es el más conocido en el mundo. Cuando los bueyes tie- nen que trabajar en un terreno muy duro ó pedregoso, se acostumbra he- rrarlos: una herradura adaptada á ca- (la una de las pezuñas no embaraza su separación ni á la elasticidad del casco. En algunos países solo se hie- rra la pezuña externa. Buey para el matadero. Las cua- lidades que debe tener un buey bue- no para cebarlo, son las siguientes: formas agradablemente redondeadas, huesos pequeños, carnes elásticas al tacto, la pierna delgada, flexible, muy movible en las costillas, piernas del- gadas y cortas, los flancos repletos, el pecho espacioso, el cuerpo largo, el lomo ancho, las ancas voluminosas, los muslos espesos, los cuernos delga- dos y casi trasparentes, el genio manso y el apetito bueno. Entre las razas bovinas, la que mejor carne da es la raza inglesa llamada durham. La carne de los bueyes jóvenes es más tierna y gelatinosa que la de aquellos que han trabajado largo tiem- po; la de estos últimos es todavía más fibrosa y nutritiva, y puede hacerse buena cuando las reses son engorda- das de una manera conveniente, Acos- túmbrase cebar los bueyes á la edad de quince años, citando ya no sirven para la labor; pero en los que son es- pecialmente destinados al consumo, la ceba debe tener principio én la edad de cuatro á cinco años, y durar de tres á sois meses. Cébanse los bue- yes por medio del pasto, del pesebre y del régimen mixto. V. Vaca, Toro. Bulimia. Anomalía de la diges- tión que obliga á comer en el interva- lo ordinario de las comidas, y aun á levantarse de la cama por la noche á fin de tomar algún alimento. Es una perversión de la sensiblilidad. En esas BURRO 311 BURRO personas hay dolor de estómago que simula la sensación del hambre, y esta falsa necesidad mal comprendida es la que les obliga á comer continua- mente. Semejantes personas deben comer moderadamente, y usar de pre- ferencia el régimen vegetal y de le- che. Cuando á una hora insólita sien- tan necesidad de comer, deben tomar una píldora compuesta de: Opio 2 centigramos. Extracto de valeriana. 5 centigramos. Se hace una píldora, y como ella cuatro más. Burro ó Asno, Jumento. Este animal es originario de los países cá- lidos, del Africa y del Asia, y por eso las razas asnales más perfectas son las formadas en los países cálidos, y al paso que se alejan hacia el Norte degeneran más y más. Los burros no todos tienen la misma altura: son más ó menos altos, más ó ménos gran- des; pero para ser considerado como bien hecho, el burro de talla mediana, medido en la parte de los miembros ó remos delanteros, debe tener 3 péis y 4 1/2 pulgadas (1 metro) de altura, y 4 piés y 6 pulgadas (1 metro 46 centímetros) de largura, á contar des- de el ápice de la cabeza hasta la raíz de la cola. Durante el primer año, el burro no solo es alegre, sino que aún es bonito, por más que entonces esté cubierto de largos pelos; es ágil y garboso, pero pronto pierde todas es- tas cualidades: vuélvese indócil y te- moso. La jumenta, como casi todas las hembras, ama sus hijos tierna y apasionadamente. Plinio asegura que cuando la jumenta se ve separada de su hijo, seria capaz de atravesar las llamas por reunirse con él. El burro, como los- otros animales domésticos, toma cariño á su dueño, á quien conoce y distingue de los de- más hombres. Reconoce también los lugares en que generalmente habita y los caminos que frecuenta. Tiene ojos hermosos, excelente olfato y oí- do muy fino. Cuando se ve sobrecar- gado, muéstrase pesaroso y baja las orejas inclinando la cabeza; cuando le atormentan con exceso, abre la boca y remanga el hocico, lo cual le presta un aire malo; se defiende como el ca- ballo, á coces y mordiscos; como él, marcha al paso, trota y galopa; pero todos estos movimientos duran poco tiempo, y sea cual fuere la andadura que adopte, si le hostilizan demasia- do, se para y remolonea. El burro [es generalmente lento. Su andadura es suave, y no hay ani- mal que tenga el pié más seguro en las veredas estrechas y resbaladizas, y hasta cuando camina al borde de los precipicios. Resiste mucho la fatiga, paciente y tranquilo; ademas no hay quien le aventaje en sobriedad; y no solo le basta poco para satisfacer su necesidad, sino que come los forrajes y granos de inferior calidad, que los otros animales desechan, aceptando vegetales duros y espinosos. La paja cortada muy menuda es su alimento favorito, Sin embargo, le gustan mu- cho el salvado, el heno y la avena; y de buena gana come la yerba verde. Soporta la sed más tiempo que el ca- ballo. Es, en simia, uno de los anima- BURRO 312 BURRO les domésticos más útiles para la agricultura y el comercio. El burro es considerado casi exclu- sivamente como animal de carga, pero puede ser empleado en el servicio de silla y de tiro. A la edad de tres años y medio á cuatro puede desempeñar cualquier clase de trabajo; por consi- guiente se le debe herrar. Según la conformación de su casco, parecido al de la bestia mular, exige el mismo género de herradura que esta. Pero las herraduras deben ser delgadas, circunstancia sin la cual los movimien- tor serian más pesados, más tardíos, y el casco se destruiría con mayor prontitud. Cuando se le emplea en el servicio de albarda, hay que tener «Tan cuidado de ensillarlo con al- O guna anticipación, y de apretarle la cincha al salir de la cuadra; pues, sea porque su cuerpo se hincha miéntras se le pone el aparejo, sea por otro motivo cualquiera, la cincha, que pa- recía estar bien apretada, se afloja lue- go, y esto puede ocasionar accidentes. El burro sufre una carga excesiva. Para la producción deben elegirse los individuos de/ gran talla. El ju- mento se encuentra en aptitud de procrear á los tres años y medio, y la jumenta á los tres años. El preñado de esta dura doce meses y algunos dias. Al cabo de seis meses se puede destetar el pollino. Los jumentos em- pleados en el trabajo deben castrarse á los treinta meses de edad, porque en la época del celo los jumentos en- teros manifiestan un furor venéreo tal á la vista de las hembras, que no hay medio de sujetarlos. El jumento trabaja desde la edad de año y medio. Se conserva muy fuerte hasta los quince años; pero ra- ras veces llega al término regular de su carrera, que es de veinticinco á treinta años. Respecto de las dolen- cias que pueden afectar al jumento, diremos que son casi las mismas que en el caballo, y se dividen en internas y externas. Entre las primeras se cuentan el tétanos, el muermo, la co- riza, la pulmonía, la tos, la diarrea, los cólicos ó torozones, etc. Entre las segundas figuran la haba, el cáncer de la lengua, las parótidas, la fiuxion de los párpados, la catarata, el mal de la cruz, el esfuerzo del anca, la quebradura, las lupias, las matadu- ras, la hinchazón del vientre, la hin- chazón del escroto, la sama, las ve- rrugas, la torcedura, el agua en las piernas, las grietas, las alcanzadu- ras, las sesmas, los clavos de la cuar- tilla, los higos y el gabarro. La leche de burra se emplea como alimentación emoliente en las afec- ciones del pecho; es provechosa par- ticularmente cuando son atendidas en sus principios. La piel de los jumen- tos es muy usada en las artes, á cau- sa de su dureza y elasticidad. Conócese la edad del burro por los dientes, como en el caballo. Conocimiento de la edad del bu- rro por los dientes. El burro, así como los mulos y muías, está lejos de presentar, en las diversas mudanzas que ofrece la forma de sus dientes in- cisivos, la misma regularidad que el caballo. Pasados seis á siete años, di- I fícil es determinar de una manera BUSOT 313 BU VERES DE NAVA exacta la edad de estos animales. En upos, el canal dentario permanece largo tiempo; en otros, las pinzas y los incisivos medianos están comple- tamente rasos en el momento en que los angulares alcanzan el nivel; por ultimo, en algunos, se ve en todos sus dientes un surco ó raya posterior, que á veces se encuentra en los dientes angulares del caballo, y que resulta de la ausencia de la pared posterior del canal dentario. Por consiguiente, en la apreciación de la edad de estos animales debe haber gran reserva, so- bre todo en los períodos establecidos por la desaparición del canal dentario, y por la forma redonda ó triangular de los incisivos. Más adelante, la bi- angularidad se manifiesta regular- mente, pero siempre en época más adelantada que en el caballo. Busot. Aguas salinas, calientes,. España, á tres leguas de la ciudad de Alicante, capital de la provincia, y á una hora de la villa de Busot. El agua es límpida y trasparente, sin olor, de sabor un tanto salado, de 41° centígr. de. temperatura. Contiene sulfates de magnesia y de cal; cloru- ros de sodio y de magnesio; total de 2 á 3 gramos de sustancias fijas, se- gún las fuentes, por litro. Empléase en bebida y baños en los reumatis- mos crónicos, ciática, neurosis, enfer- medades cutáneas, parálisis, infartos de los órganos abdominales, leuco- rrea, úlceras y fístulas. Se toma en baños, duchas y bebidas. El estableci- miento está considerado como uno de los mejor organizados de España, y atrae mas de 1,000 enfermos cada ano. Consta de muchas casas inde- pendientes, unas destinadas á baños, otras á viviendas para los bañistas. El baño general se halla dividido en dos, yes un estanque de piedra sillar, de 16 metros de largo, sobre S centí- metros do anchura. También -hay cuartos para baños particulares, con pilas de jaspe rojo y pavimento de mármol negro. La estación termal dura desde el Io de Mayo basta fines de Octubre. El viaje se hace de Ma- drid por el ferrocarril hasta Alicante, y desde esta capital á los baños en carruaje. Buyeres de nava, Aguas sulturó- sas calcicas, frías y templadas. Espa- ña, á cinco leguas de Oviedo, capital de la provincia de este nombre. Estas aguas son trasparentes, de olor á hue- vos corrompidos, de sabor sulfúreo, *y temperatura de 21°, 26° y 28° centí- grados. Un litro de esta agua contieno 78 centigramos de sustancias fijas, que son: sulfates de hierro, de cal, de mag- nesia; carbonates de cal, de magnesia y de potasa, y sílice. Contiene también • los gases siguientes: ázoe, oxígeno, ácido carbónico y ácido sulfhídrico. Empléanse contra la pelagra y otraís • enfermedades cutáneas, la sífilis cons- titucional, la bronquitis crónica y la leucorrea. El establecimiento balnea- rio es suntuoso; tiene doce pilas do mármol, dos baños de asiento, y los aparatos necesarios para duchas y otros usos hidroterápicós. Hay ade- más buenas habitaciones, bien amue- bladas, para la comodidad de los ba- ñistas. El viaje desde Madrid se hace CABALLO 314 CABALLO por ferrocarril hasta Oviedo, y desde aquí á los baños en carruajes. c Canas, V. Canicie. Caballo. {Animales domésticos). El caballo es el mas precioso y útil x de los animales domésticos. Sus ca- racteres distintivos son: ]" Extremidades terminadas por un solo dedo y una sola pezuña, en forma de casco semicircular. 2" Tres especies de dientes, á sa- ber: 12 incisivos, 4 caninos ó colmi- llos, y 24 molares. Las yeguas, por lo general, carecen de colmillos. 3" Un espacio vacío entre los col- millos y los molares. 4? Dos tetas inguinales en las hem- bras. 5? Estómago sencillo, poco volu- minoso; intestinos muy desenvueltos, y el intestino ciego de mucha capaci- dad. 6° El caballo es herbívoro, de ca- i'ácter pacífico y social; defiéndese co- munmente con los piés. En el estado «salvaje vive en cuadrillas numerosas, bajo lá dirección de un macho, con especialidad en la América y en la Si- beria. Los sentidos del caballo gozan de un alto desarrollo. Sus ojos tienen tal Conformación que, aun hasta cuando está pastando, ven á larga distancia en dirección horizontal; durante la no- che distingue los objetos mejor que el hombre; su oído es muy delicado, y tiene la facultad de recoger las ondas sonoras por medio de sus grandes y movibles orejas. Sus narices son an chas y á propósito para sentir de lejos los olores; su delicadeza en punto á alimentos es mayor que la de los otros animales herbívoros, teniendo, como tiene, el sentido del gusto más exqui- sito; su labio superior está dotado de grande agilidad para palpar y coger el alimento; su piel goza de extraordina- ria sensibilidad; el caballo se distin- gue ademas por la facultad de poder- arrugar la piel para arrojar de sí los insectos que le incomodan. La voz del caballo es llamada re- lincho: este varía según sean las sen- saciones, los deseos ó las pasiones que le agiten, de donde resultan cin- co diferentes modos de relinchar bien marcados: Io Relincho de alegría, en el cual las modulaciones del sonido crecen de tono, siendo cada vez más fuertes y agudas; el caballo salta, pa- rece que quiere tirar coces, pero no con intención de hacer daño. 2° Re- lincho de deseo, inspirado por el amor sexual ó el afecto á su amo; los soni- dos que entonces produce son prolon- gados y se hacen graves. 3o Relincho de cólera, que es breve, agudo, con in- terrupciones; trata de dar coces, ba- te con las manos la tierra si es vigo- roso, ó muerde si es malo. 4o Relin- cho de miedo: grave y ronco, parece escapársele por las narices, y, lo mis- mo que el de la cólera, es sumamen- te corto. 5o Por último, el relincho de dolor, que es un gemido, una es- pecie de tos apagada, cuyos sonidos graves siguen los movimientos de la respiración. Los mejores caballos son generalmente los que con más fre- CABALLO 315 CABALLO cuencia relinchan á impulsos de la alegría ó del deseo. Los caballos cas- trados relinchan raras veces, y nunca de una manera estruendosa; desde los primeros años la voz del macho es más sonora que la de la hembra. Se da el nombre de andaduras á las diferentes maneras de marchar peculiares al caballo. Tres son sus naturales maneras de traslación: el paso, el trote y el galope. Mejor que cualquier otro cuadrúpedo, contrae andaduras defectuosas y adquiere otras artificiales. La agilidad del caballo excede la de los otros animales cua- drúpedos. La preñez de las hembras dura once meses y algunos dias, y no paren más que un potro. El amamanta- miento ó crianza debería ser de un año, pero es más corto en el estado doméstico. El potro nace con los ojos abiertos, cubierto de pelo, sin dien- tes, pero bastante fuerte para poder tenerse en pié y andar; á los cinco años se completa su desarrollo y to- ma el nombre de caballo. La dura- ción natural de su vida es de 25 á 40 años, pero casi siempre es abre- viada por los servicios que de él exi- gimos. El caballo es herbívoro por natu- raleza. Solo en casos rarísimos se alimenta de sustancias animales; be- be á sorbos; su estómago está confor- mado de manera que hace imposibles los vómitos. Eminentemente social en el estado salvaje, se domestica con facilidad, aun cuando sea cogido en edad adulta; encaríñase al hombre, se hace leal compañero suyo, y en algún modo su amigo; comparte los trabajos, los peligros y la gloria de su amo; sensible á los buenos como á los malos tratamientos, gusta de los elogios y de las caricias; se enor- gullece cuando se ve ricamente en- jaezado, se anima á la señal del com- bate, posee muchas cualidades inte- lectuales, y sobre todo una memoria duradera y segura. Edad del caballo. La edad del caballo se conoce por los dientes. Su dentadura consta de 40 dientes, y á veces de 44, cuando tiene los cuatro molares suplementarios; así como en la yegua de 36 y á veces de 40, cuan- do posee los cuatro colmillos. La dis- tribución de los dientes es simétrica y regular en ambas quijadas, la mi- tad en cada una de ellas, y denomí- nanse de la manera siguiente: doce in- cisivos^ dispuestos semicircularmente en las extremidades anteriores de las arcadas dentarias; cuatro caninos ó colmillos, que por lo común faltan á las yeguas, situados en el espacio que separa los molares de los incisivos; veinticuatro molares ó quijares, re- partidos por los lados de la boca, y cuatro molares suplementarios (cuan- do existen), colocados antes de los primeros molares. Llámanse dientes caducos ó de le- che á los que se caen en épocas re- gulares, siendo sustituidos por otros nuevos; y dientes sustituyentes de caballo ó de adulto á los que vienen á reemplazar los caducos; por fin se da el nombre de permanentes á, los que después de nacidos permanecen sin sufrir fase alguna de sustitución. CABALLO 316 CABALLO Por los seis dientes incisivos de la quijada inferior es como se obtienen datos positivos para conocer con se- guridad la edad de un caballo. He aquí la denominación de estos dien- tes: los dos del centro del semicírcu- lo se llaman pinzas ó delanteros; los siguientes, á arabos lados, medianos, y los que forman los extremos de la figura semicircular llevan el nombre de cantos ó angulares. Cada diente incisivo sustituyente ó de adulto, cuando ha crecido, ente- ramente, y cuando ademas no está gastado, en una palabra, cuando está virgen, presenta dos partes distin- tas, una libre y la otra engastada. La parte libre, cuya altura es de 6 á 8 líneas (13 á 18 milímetros), figura un cono vuelto, con la base há- cia arriba, y un tanto achatado de delante hácia atras. La extremidad de la parte libre, por la cual los dien- tes de ambas mandíbulas se ponen en contacto, en los dientes vírgenes presenta una cavidad profunda, cóni- ca, prolongada de un lado al otro, que tarda poco en llenarse de una mate- ria negruzca, la cual se halla circuns- crita por dos bordes cortantes, siendo el anterior más saliente que el pos- terior. Esta extremidad libre toma el nombre de mesa dentaria, cuando dichos bordes se encuentran nivelados por el uso, y cuando la cavidad ya no forma sino una parte de la superficie; pues esta cavidad, á medida que el animal envejece, concluye por estre- charse y desaparecer totalmente. Las dos caras del diente y la cavi- dad cónica están cubiertas de esmal- te, sustancia de gran dureza. Esta cavidad, que lleva el nombre de tubo dentario externo, está más próxima de la cara posterior que de la ante- rior del diente. La parte engastada, ó la raíz del diente, varía de forma y tamaño se- gún las diferentes edades del caba- llo.. Luego que el diente aparece, di- cha parte es corta, redonda, y presen- ta una cavidad que se prolonga hasta el interior de la parte libre, alrededor del tubo externo, y contiene la pul- pa dentaria; con los años, esta cavi- dad concluye por disminuir y desapa- recer enteramente; la raíz se alarga y continúa creciendo. Las nuevas pro- ducciones, en vez de conservar la for- ma redondeada de la raíz, toman otras varias que importa conocer. Si sobre un diente incisivo de adulto se dan en su largura muchos cortes trasver- sales de 5 en 5 milímetros, se verá que, achatados de delante hácia atras, estos cortes van haciéndose sucesiva- mente ovales y después redondos; cer- ca de la base de la raíz son triangu- lares; en fin, su extremidad es acha- tada de uno al otro lado. Suponga- mos ahora que el diente, en vez de estar cortado así trasversalmente, se encuentra gastado por el roce; vere- mos tomar del mismo modo y sucesi- vamente á la mesa dentaria estas di- ferentes formas. Conocido esto, fácil será comprender la teoría que sirve de base al conocimiento de la edad; con efecto, el diente del caballo, des- pués de su erupción, sigue creciendo del lado de la raíz durante una gran parte de su vida, y este crecimiento CABALLO 317 CABALLO continuo es acompañado de una ten- dencia igual á brotar hácia fuera; de aquí resulta necesariamente que las partes gastadas por el rozamiento son constantemente sustituidas por otras, y que tal porción del diente que á la edad de seis años formaba parte de la raíz, viene á formar la mesa en una época más adelantada de la vida. Su- cede que en los caballos de buena raza los dientes se gastan casi una lí- nea por año, y algo más que una lí- nea en los caballos ordinarios; según esto, puédese muy bien determinar en qué época de la -vida vienen suce sivamente á formar la mesa dentaria cada una de las partes del diente. Tal es el primer dato sobre el cual se funda el conocimiento de la edad. El segundo nos lo da la profundidad de la cavidad externa, su extensión, y por último, su posición en la mesa dentaría. Cuando el tubo dentario ha desaparecido completamente, el dien- te está raso, y en su mesa presenta un punto blanquizco, llamado estrella dentaria. Los dientes incisivos difieren en- tre sí en cuanto á su longitud, su for- ma y la profundidad de su cavidad. Los angulares son menos largos que los medianos, y estos menos que los delanteros. En los incisivos superio- res el tubo dentario es más extenso que en los inferiores. Los incisivos caducos difieren á su vez de los dientes sustituyentes. En general son ménos largos, de color de leche, con rayas verticales en la par- te libre, y está separada de la raíz por una porción más angosta ó cue- lio, que jamas se observa en los dien- tes sustituyentes. Los caninos ó colmillos, que son dos en cada quijada, están situados en el intervalo que separa los incisi- vos de los molares. La porción libre, cónica é istriada en la cara externa, presenta en el centro de su plano in- terno una eminencia longitudinal es- tirada y circunscrita por dos surcos. Detrás de los colmillos existe una sé ríe de seis molares, de corona cuadra- da, marcada con cuatro protuberan- cias. Entre los colmillos y los mola- res, al nivel del ángulo de los labios, se encuentra un espacio vacío por donde se pasa el freno con que el hombre ha logrado domar al caballo. Los dientes están formados por dos sustancias: una externa, blanca, pulida y sumamente dura, llamada esmalte; otra interna, que constituye el diente en su mayor parte y lleva el nombre de marfil. Señales por las cuales se cono- ce la edad de los caballos. El es- tudio de la edad de los caballos ofre- ce tres distintos períodos: Io la salida y rasadura de los dientes incisivos ca- ducos (llámase rasadura de un dien- te la desaparición de la cavidad de su parte libre, á consecuencia del des- gaste); 2° la salida y la rasadura de los incisivos sustituyentes; 3° las di- ferentes formas que afectan las me- sas de los dientes rasos. Io Erupción ó salida de los dientes caducos. El potro, al venir al mundo, no tie- ne dientes. Los delanteros (pinzas) salen entre el sexto y octavo dia: los CABALLO 318 CABALLO medianos entre los treinta y cuarenta dias, y los angulares entre los seis y diez meses. En el momento de salir un diente incisivo, percíbese un borde constan- te, es el borde anterior. El posterior no se presenta sino al . unos dias des- pués, y, al manifestarse, se distingue la cavidad antes mencionada. Los incisivos de la quijada superior se muestran por lo común algo más tar- de que los de la inferior. Cuando la erupción se ha completado es cuando se establece el contacto entre los dien- tes de arriba y los de abajo; el borde anterior principia á gastarse; poco tiempo le basta para hallarse al ni- vel del posterior; la mesa dentaria comienza también á usarse de una manera regular; la cavidad ó el tubo dentario de la porción libre disminu- ye en profundidad y acaba por desa- parecer del todo. Dícese entonces que el diente está raso. Diente incisivo con la mesa rasa. Tan luego como el desgaste ha principiado, la mesa presenta dos cin- tas de esmalte: una externa que en- vuelve el diente; otra central que cir- cunscribe la cavidad. Esta circunstan- cia sirve para frustrar los fraudes de algunos chalanes que hacen cavidades artificiales con un buril y las llena de alguna materia negra, para imitar así las cavidades naturales de los dientes á fin de que los caballos representen ménos edad de la que en realidad tienen. Los delanteros se arrasan á los 10 meses; los medianos á los 12; y los। angulares de los 15 meses á los 2 años. Los incisivos de la quijada supe- rior se gastan menos pronto que los de la inferior, en virtud de que su tubo dentario externo es mucho más profundo. En todos los dientes incisivos ca- ducos, la cavidad lia desaparecido en teramente á los 2 años; esta es la épo- ca en que tiene lugar su caída, sien- do reemplazados por los dientes sus- tituyentes, quijada inferior de un po- tro de 2 años. 2o Erupción y rasadura de los DIENTES SUSTITUYENTES Los dientes delanteros salen entre los 2 1/2 y 3 años, los medianos en- tre los 3 1/2 y 4 años, y los angula- res entre los 4 1/2 y 5 años. La erupción de los caninos ó col- millos, que ordinariamente se verifica de los 3 1/2 á los 5 años, por causa de su variedad, no puede servir de medio indicador para el conocimiento de la edad. Veamos ahora la diferen- cia existente en las varias edades. Cinco años. Los angulares están al nivel de los medianos, y el borde anterior de estos un tanto gastado; los delanteros casi completamente rasos. Seis años. Los bordes de los an- gulares se hallan á igual altura; la ca- vidad dentaria de los medianos, casi anulada del todo; los delanteros to- talmente rasos. Siete años. Los delanteros y los medianos enteramente rasos; el borde posterior de los angulares gastado; es- te borde, á los seis años, se enoontra- CABALLO 319 CABALLO ba sencillamente al nivel del anterior. Odio años. Todos los dientes in- cisivos sustituyentes se hallan rasos y al mismo nivel, y su configuración actual no es la misma que antes era: se han hecho ovalados, y en el lugar de la cavidad del tubo dentario, que ha desaparecido, tienen una exube- rancia de esmalte, de color amarillen- to, de figura oblonga en la dirección trasversal, que es el fondo del tubo dentario; entonces se dice que el ca- ballo es cerrado. La rasadura de los dientes supe- riores, siendo en extremo irregular, no puede servir para el conocimiento de la edad. 3o Formas sucesivas de la MESA DENTARIA. Nueve años. Los delanteros infe- riores se redondean, y la forma oval de los medianos se angosta, el esmal- te central se aproxima al borde pos- terior, y se enrasan los delanteros su- periores, Diez años. Redondéanse los me- dianos, los angulares se ovalan, y el esmalte central se halla muy cerca del borde posterior. Once años, Los angulares toman la forma redonda, el esmalte central no aparece sino como un punto muy reducido, muy próximo del borde pos- terior. Doce años. Todos los incisivos in- feriores aparecen redondos, el esmal- te central ya no existe, sustitúyelo la estrella dentaria, y el fondo del tu- bo externo persiste en la quijada su- perior. Trece años. Los delanteros prin- cipian á hacerse triangulares en los incisivos inferiores; el esmalte central ha desaparecido en los angulares su- periores. Catorce años. Los delanteros se muestran triangulares, y los media- nos comienzan á afectar esta misma forma; el esmalte central disminuye en los delanteros superiores. Quince años. Los medianos se ha- cen triangulares. Diez y seis años. Todos los inci- sivos inferiores están completamente triangulares; el esmalte central ha desaparecido en los medianos supe- riores. Diez y siete años. Los incisivos inferiores aparecen aún triangulares; los tres lados del triángulo conservan aún la misma longitud; el esmalte Central no existe en los incisivos su- periores. Diez y ocho años. Las partes la- terales del triángulo se alargan en los delanteros. Diez y nueve años. Los delante- ros inferiores están chatos por ambos lados. Veinte años. Los medianos adquie- ren esa misma funna. Veintiún años. Todos los incisi- vos inferiores se muestran achatados por un lado y otro; es decir, sus par- tes laterales están muy prolongadas, mientras que los bordes, anterior, y posterior, se ven sumamente estre- chos. Entonces es cuando puede decirse que el caballo está fuera de edad, tal como antiguamente se decia al tener solo ocho años; no hay más caracté CABÁLLO 320 CABELLO rés distintivos que puedan servir de guías Ai siquiera de un modo aproxi- mativo. Los más importantes y dig- nos de ser atendidos á la vez son los períodos señalados por las tres formas de los dientes: la redonda, la trian- gular y la bi-angular. Caballos hay en los cuales en la •época en que todos los incisivos deben estar rasos, la cavidad persiste é indi- ca una edad menor que la que el ani- ■nial tiene realmente; porque el tubo dentario es á las veces más profundo y dura más tiempo. Semejante dis- posición puede existir en todos los dientes incisivos, pero obsérvase so- bre todo en los angulares, raramente ehlos medianos y más raras veces aún en los delanteros, en cuyo caso sé deben rectificar los progresos de la rasadura de los dientes por la mesa dentaria. Supongamos, por ejemplo, que el caballo tenga todavía la cavi- dad bien marcada en el diente angu- lar. Si únicamente atendemos á este indicio le daremos siete años; pero si al mismo tiempo fijamos nuestra ob- servación sobre los delanteros y los medianos, la forma redondeada y el prolongamiento de la estrella denta- ria, entonces le daremos diez años, que será su edad verdadera. Las figuras 25 y 26 representan las diferentes partes del caballo. La figura 26 se explica del modo siguien- te: O, hueso occipital; F, frontal: N, nasal, MS, maxilar superior; 1M, in- termaxilar; MI, máxiliar inferior; AT, vértebra átlax; AX, vértebra áxis; PR, última vértebra cervical, llama- da vértebra prominente; VV, verte- bras dorsales y lumbares; S, hueso sacro; C, cóccis y vértebras termi- nales. Miembro anterior. 1, omoplato; 2, hueso del brazo ó húmero, aplica- do contra el tórax y contra el exter- nen; 3, hueso del antebrazo ó cubito; 4, pié anterior ó mano que correspon- de á la del hombre, y se subdivide en 5 partes; C, rodilla, formada por 6 ó 7 huesecillos, llamados huesos car- pos; CA, canilla correspondiendo al metacarpo en el hombre y está com- puesta de un hueso principal (el de la canilla) y de dos peroneos; PA, cuartilla que corresponde á la prime- ra falange del hombre; CO, corona, correspondiente á la segunda falange; y PI, mano ó pié anterior compuesto de la tercera falange y de un hueso sesamóideo. Miembro posterior. 1, hueso crural; 2, hueso del muslo ó fémur; 3, hue- so de la pierna ó tibia, con un pero- neo en su faz externa, y por cima una rótula R; 4, el pié posterior, que co- rresponde al pié del hombre, y se sub- divide en cinco partes del mismo mo- do que el anterior; J, jarrete ó cor- vejón; A, astragalo, vulgo roldana^ C, calcáneo; CA, canilla; PA, cuar- tilla; CO, corona; P!, pié propiamen- te dicho. Caballo. Ulcera sifilítica. V. ClIAKCRO. Cabello. Los cabellos son prolon- gamientos filiformes, formados de una sustancia análoga al cuerno de los animales, que nacen de la piel y cu- bren algunas partes del cuerpo hu- mano. Llevan diferentes nombres, se- CABELLO 321 CABELLO gun la región en que crecen. Llá- manse cabellos de la cabeza ó simple- mente cabellos, á los que cubren las partes superior y posterior del cráneo; cejas á los que forman un arco tras- versal por cima de los ojos; pesta- ñas, á los que guarnecen los bordes libres de los párpados; bigotes, á los que cubren los labios; barba, á los que se hallan en la parte inferior del rostro; patillas, á los de los Camilos, y vibritas, á los que nacen dentro de las ventanas de la nariz. Los cabellos existen también con mayor ó menor abundancia en el pecho, en el púbis, entorno del ano, en los sobacos y en el conducto auditivo externo; y se hallan esparcidos en todas las demas partes del cuerpo. Su organización presenta dos partes distintas: el bulbo y el ta- llo. El bulbo ó raíz del cabello es una pequeña vesícula implantada en el tejido sub-cutáneo, y está provisto de ramos vasculares que lo nutren. El tallo ó el cabello propiamante di- cho está adherido al bulbo por una extremidad, y libre en el resto de sn extensión, siendo enteramente insen- sible. Las diversas alteraciones de los cabellos proceden de afeccionns del bulbo. Cuando se arrancan, su regeneración se verifica merced al mismo mecanismo que en su produc- ción normal, y puédense renovar en tanto que el bulbo no se destruya. Los cabellos son elásticos, flexibles y se pueden extender un poco. Sabi- do es con qué facilidad los penetra el agua, los alarga y el partido que de esta propiedad han sacado los físicos para construir higrómetros con ellos1 Los higrómetros son una especie de instrumentos que sirven para evaluar el grado de humedad de la atmósfera. Los cabellos ofrecen diferencias marcadas y constantes conforme á las razas, pero también presentan varie- dades numerosas en los individuos de la misma raza. En la llamada euro- pea, son generalmente finos, largos y variando del blanco al negro; en la raza mongola, que habita las regiones más remotas del Norte, son ásperos, negros y cortos; en la raza negra, son negros, espesos y ensortijados; los Americanos los tienen negros, lisos y fuertes; la raza malaya, que habita el centro del Oriente y del Asia, se distingue por la abundancia y lisura de los cabellos. Estas modificaciones consisten ó dependen del tempera- mento de los individuos y de los cli- mas que habitan. Los pueblos de los países cálidos, como los Arabes,1 los Italianos, los Españoles, los Portu- gueses, los Brasileños, los Sur-Ameri- canos, tienen por lo general los cabe- llos negros, duros y secos. Los habi- tantes de las regiones frias, como los Ingleses, los Alemanes, los Holande- ses, los Rusos, los Polacos, tienen ge- neralmente los cabellos rubios. Examinemos ahora los cabellos en sus respectivas regiones. Los de la cabeza pueden crecer considerablemente y llegar hasta la cintura, muslos, piernas y aun hasta los pies. Los cabellos son suscepti- bles de cierta especie de cultura, y no puede negarse que los cuidados cosméticos (véase esta palabara) in- fluyen de una manera poderosa en su CABELLO 322 CABELLO natural desarrollo. En las personas qne tienen la costumbre de cortárse- los á menudo, crecen con mayor fuer- za. Los cosméticos generalmente usa- dos se componen de cuerpos grasos no ranciosos, tales como el tuétano de vaca, la manteca de cerdo, el aceite de almendras dulces, todos más ó mé- nos aromatizados con diferentes esen- cias, y adornados con nombres más ó ménos pomposos. Estas preparacio- nes son suficientes para entretener la flexibilidad de los cabellos; pero tratándose de impedir su caída, debe refregarse la cabeza con agua de Co- lonia á fin de estimular los bulbos más ó ménos mortificados. Los cabellos largos convienen solo á las mujeres; los hombres deben traer el eabello corto. Deben ser peinados y cepillados regularmente todas las mañanas con cepillo no muy áspero á fin de no aírrancárselos. Los cosmé- ticos, aceites y pomadas, convienen únicamente á las personas cuyo cabe lio es rudo, seco y quebradizo: es bue- no abstenerse de ellos ó usarlos raras veces cuando el cabello es natural- mente grasicnto. En este caso, para abosorber el excedente de la materia oleosa, puede empolvarse la cabeza con almidón ó salvado, peinándose después con mucho cuidado. Las ablu- ciones con la mixtura de aguardiente y yema de huevo tienden al mismo fin. Los cabellos de las mujeres exigen cuidados particulares. Al desenmara- ñarlos conviene irlos separando con precaución en línea recta, con objeto de no quebrantarlos. Si son largos y poblados, distribúyense en diferentes madejas, se peinan separadamente, y se peinan con cepillo de crin ó de raí- ces finas de arroz. Si los cabellos no son de naturaleza grasicnta, ni muy largos ó cubiertos de caspa, no es de necesidad el peinarlos todos los dias con el peine fino de marfil. Tampoco se debe ensortijarlos por medio del hierro caliente: esta práctica cuando con frecuencia se repite, seca y retuer- ce los cabellos. Si se atan con cinta ó cordon, la opresión que se ejerza debe ser muy moderada. Preciso es después de atar los cabellos, sacudir las made- jas y trenzarlas. Es muy acertada la costumbre de trenzar los cabellos para impedir que se enreden durante la noche. Cuando es preciso lavar la cabeza conmpleta- mente, conviene hacer uso de un lí- quido compuesto de una yema de huevo y un poco de agua de Colonia, ó aguardiente y agua, y lavar después la cabeza con agua tibia. Eos cabellos pueden caerse (calvi- cie)} mudar de color (canicie), así co- mo también ser atacados por la tiña. (V. Calvicie, Canici'E y Tiña). Las cejas tienen por lo común ma- yor fuerza y rigidez que los cabellos de la cabeza; es raro que tengan dis- tinto color que aquellos; sin embargo, se observan algunos ejemplos de esta rareza. " Después de los ojos, dice Buffon, las partes del rostro que más contribuyen á dar animación á la fiso- nomía son las cejas; prestan una som- bra al cuadro que hace resaltar los co- lores y las formas? Atribúyeseles el uso de impedir que el sudor de la CABELLO 323 CABELLO frente corra sobre el globo de los ojos, y de moderar la acción de la luz cuan- do es demasiado intensa, disminuyen- do la masa de los rayos que van á con- centrarse en este órgano precioso. Con efecto, se ha notado que cuando las cejas no existen ó están poco po- pobladas y extendidas, los ojos se ven penosamente afectados; pero esto es menos una molestia que una deformi- dad que el arte cosmético puede pa- liar. El remedio consiste en la aplica- ción de cejas postizas y más frecuen- temente aún en teñirse el lugar con tinta, ó por cualquier otro medio, por- que más debe atenderse á combatir la deformidad que el efecto de la luz. La caída de estos cabellos puede pro- ceder de causas muy diferentes, tales como la sífilis, los empeines, la tiña, el usagre, etc. Las mismas causas pueden también producir úlceras en las cejas, y en este caso solo puede convenir un tratamiento interno y apropiado, pero á veces suelen ser oca- sionadas por la existencia de un insec- to llamado vulgarmente ladilla, el el cual, incrustándose en la piel de la ceja, da lugar á ulceraciones que el doliente aumenta rascándose. En este caso basta con algunas fricciones de ungüento mercurial. Cuanto á los cosméticos que pueden favorecer el crecimiento de las cejas, son los mis- mos que se usan para, los cabellos. Las pestañas son cabellos que guarnecen la márgen libre de los pár- pados. Su dirección es hácia arriba en la superior y hácia abajo en la infe- rior, de modo que, separadas ambas entre sí y también del globo del ojo, defienden á este del contacto con los corpúsculos que flotan en el aire, sir- viendo ademas de defensa contra la excesiva intensidad de los rayos lu- minosos. Sea cual fuere su número, mientras conserven la dirección natu- ral, el órgano de la vista no sufre la menor molestia; pero si se dirigen ha- cia dentro, por su contacto con la su- perficie del ojo determinan una infla- mación grave que subsiste mientras dura la causa que la provoca. Para re- mediar este inconveniente, llamado triquiasis, se ha propuesto el arran- car ó cortar el escaso número de cabe- llos cuya dirección es contra lo natu- ral; pero luego vuelven á crecer más gruesos y por consiguiente más peli- grosos. El único medio eficaz consis- te en cauterizar la raíz con un estile- te candente, con el fin de producir una cicatriz dura y callosa que el ca- bello no pueda traspasar. Pero cuan- do la mayor parte ó la totalidad de la pestaña toma esta mala dirección, que proviene de estar vuelto el párpado hacia dentro, preciso es cortar una parte de la piel de este para que la pestaña tome su dirección natural. Éarha. Los cabellos de la barba no difieren de los demas del cuerpo sino por su aspereza. Su raíz está implan- tada en el bulbo formando, á modo de un ganchillo lo que hace difícil su desarraigo, pues la mayor parte de las veces queda un raigón que favo- rece la producción de un nuevo cabe- llo. La época del desarrollo ó ci'eci- miento de la barba es la de la puber- tad; hasta entonces el rostro no pre- senta sino un leve bozo común á en- CABELLO 324 CABELLO tramóos' sexos. Puede acelerarse el . crecüniento de la barba cortándola á ' menudo y lavándola con jabón. Fácil seria dar aquí una extensa lista de i sustancias aromáticas y excitantes, capaces de producir un resultado aná- logo, que los perfumistas y peluque- ros venden al efecto como composicio- nes secretas y maravillosas. Todos estos medios obran determinando un aumento de vitalidad en la piel, en razón de la afluencia de la sangre atraída hácia esta parte. Como todas las producciones del mismo género, la barba no es suscep- tible de enfermar por sí misma, y no hace otra cosa que participar del esta- do sano ó mórbido de la piel en que se halla implantada. Las molestias que pueden afectar particularmente á este último órgano en la región en que la barba crece, y ejercer una reac- ción sobre ella, son las diferentes es- pecies de empeines, y principalmente el conocido con el nombre de menta- gra. Consiste la mentagra en granos rojos, cónicos, lisos, que se producen sucesivamente, ocasionando una co- mezón muy viva y acompañada de supuración. Estos granos producen una inflamación más ó ménos consi- derable y son seguidos comunmente de muchas erupciones. La mentagra ataca de preferencia á los varones cu- yo temperamento es bilioso ó sanguí- neo y tienen gran barba. Los excesos de la mesa, el abuso de las bebidas alcoholizadas y de excitantes, el poco aseo, las aplicaciones irritantes, el contagio, de una navaja de afeitar su- cia ó mal afilada, favorecen el de sarro- lio de esta incómoda afección. (V. Mentagra.). El corte cotidiano de la barba oca- siona muchas veces una irritación, es- pecie de eritema de la piel, que, ha- blando con propiedad, no es una dolen- cia, pero produce una coloración des- agradable á la vista, y una importu- na comezón. El mejor remedio en es- te caso consiste en lavarse la cara con agua fresca, animada con cierta cantidad de agua de Colonia. Terminaremos este artículo men- cionando un fenómeno al parecer ex- traordinario, y es el aumento de la largura de los cabellos después de la muerte; esto se explica por el estado higromético de su sustancia propia, y, • sobre todo, por la depresión de las partes que rodean las raíces. RECETAS PARA EL CABELLO. Tintura ó alcohóleo de quillaya. Corteza de quillaya en polvo 100 gram. Alcohol á 70° centesima- les 400 gram. Esencia de bergamota.,.. 1 gram. Macérese la corteza de quillaya en el alcohol por espacio de cuatro dias, fíltrese y añádase la esencia. Una parte de esta tintura mezclada con 5 de agua forma un líquido emulsivo de grande eficacia que obra sobre los cuerpos grasos, y puede servir para desengrasar el cabello y las telas. Agua ateniana ó ateniense. Agua romana. Estos líquidos destinados á la lim- pieza del cabello, se componen de al- cohol, saponina y algún aceite esen- cial aromático. Son excelentes pare CABELLO 325 CABEZA quitar la caspa. La saponina es una sustancia que se extrae de la corteza del quillaya, árbol de Chile; es solu- ble en el agua, la cual se hace viscosa y espumosa como la de jabón. Agua de quina para limpiar la cabeza. (En las perfumerías se le llama Agua de quinina.} Corteza de quina amarilla.. 30 gram. Carbonato de potasa 2 gram. Cochinilla 2 gram. Alcohol 80 gram. Aceite esencial (cualquiera). 10 gotas. Se hace hervir la quina en el agua, se disuelve en la decocción el carbo- nato de potasa y la cochinilla; fíltrese, añadiendo luego el alcohol y un acei- te esencial cualquiera para aromati- zarla, Buena preparación. Aceite filocomo. Tuétano de vaca, aceite de almen- dras dulces; aceite de avellanas; de cada sustancia partes iguales. Derrí- tase á un calor moderado y aromatí- cese con algún aceite esencial. Aceite de Celebes. Aceite común 1000 gramos Canela ' 30 gramos Sándalo citrino 45 gramos Esencia de naranja.... 4 gramos Digiérense durante ocho dias la ca- nela y el sándalo en el aceite á un calor muy moderado; fíltrese y se aña- de la esencia. Pomada cosmética. Tuétano de vaca 15 gramos Manteca de ternera. / .. 15 gramos Aceite de almendras... 4 gramos Bálsamo del Perú 2 gramos Vainilla cortada 1 gramo. Cuezase todo al baño de maría durante una hora; cuélese; mézclese en un mortero hasta que se enfrie. Pomada divina. Esperma de ballena... 125 gramos Manteca de cerdo 250 gramos Aceite de almendras... 375 gramos Benjuí en polvo 125 gramos Vainilla cortada 42 gramos Digiérese todo al baño de maría por espacio de seis horas y cuélase. Pomada para hacer crecer el cabello (Griffith). Manteca de cacao 15 gramos Manteca de nuez mos - cada 15 gramos Esencia de espliego... 15 gramos. Fúndase el baño de maría y méz- clese . Bandolina. Preparación mucilaginosa para lus- trar y consolidar el cabello. Hay mul- titud de recetas. En la composición de la bandolina entran, según las re- cetas, goma alquitira, aceite de rici- no, aceite de almendras dulces, cera, glicerina, mucílago de simientes de membrillo, de zaragatona ó de musgo de carragahen, espíritu de vino y esen- cias aromáticas. Para otras recetas, V. Cal vigíe. Cabellos blancos. V. Canicie. Cabeza (Dolencias de la.) Va- rias enfermedades de la cabeza van descritas en artículos separados. V. Chichones, Heridas de la cabeza, Dolor de cabeza, Jaqueca, Apople- GÍA, CONGESTION CEREBRAL, MENINGI- TIS, Tiña, Usagre. Los golpes en la cabeza, ó las caí- das, muchas veces producen la con- CABRA 326 CABRA mocion cerebral. (Véase esta pala- bra). Cabeza (Contusión déla). V. Con- tusión. Cabeza (Fractura de la). V. Frac- turas. Cabra, Animal doméstico. Una buena' cabra debe tener grande esta- tura, el paso firme y ligero, la grupa larga, los muslos fuertes, las tetas gruesas, el pelo suave y espeso. Vive diez, doce y hasta diez y ocho años. Este animal, vivaracho y caprichoso, es amigo de la vida errante, y se re- bela contra los malos tratamientos. Gobernada con blandura, la cabra se familiariza fácilmente, y se muestra sensible á los halagos; sigue con do- cilidad á la persona que la cuida y cria cariñozamente los niños á quie- nes se da por ama de leche. Debe ser cubierta desde la edad de dos hasta los siete años; los frutos de una fecundación prematura ó demasiado tardía son flacos y defectuosos. Su preñado dura cinco meses; pare al principio del sexto, y da de mamar á sus hijos por espacio de un mes ó cin- co semanas. Comunmente no produce mas que un solo cabrito, á veces dos, raramente tres. El parto es á menu- do laborioso y reclama la asistencia del veterinario; para facilitarlo se ha- ce beber á la cabra un poco de vino caliente con azúcar. Las cabras pue- den ser ordeñadas quince dias después de haber parido; dan leche con abun- dancia durante cuatro ó cinco meses. Estando bien alimentadas, pueden dar hasta cuatro litros al dia. La le- che de la cabra es uno de los recur- sos domésticos más universales; es más saludable y mejor que la de ove- ja, siendo menos gruesa que la de va- ca, y menos serosa que la de burra; se cuaja con facilidad y contiene poca manteca. En muchos países se hace queso con leche de cabra. El tan fa- moso de Roquefort se compone de una mezcla de leche de cabra y de leche de oveja. La cabra no es difícil de alimen- tar; la mayor parte de las yerbas son buenas para ella, y se contenta con aquello que le dan, por ordinario que sea. Teme los prados húmedos y tie- ne afición á los lugares montañosos para trepar á las rocas más escarpa- das, comer toda clase de arbustos, cortezas y yerbas; naturalmente vo- raz, es el enemigo destructor de los árboles y arbustos. Preciso es apar- tarla de los lugares cultivados, é im- pedir que entre en las mieses. En los pastos, conviene atar las cabras á una estaca cualquiera con una cuerda larga, de modo que no les impida sal- tar y correr libremente sin que, por tanto, puedan echar á perder ninguna eos. En las familias que mantienen una ó dos cabras, la manera más ven- tajosa de alimentarlas consiste no mas que en tenerlas permanentemente en el establo. No obstante su natural agreste, la cabra no padece la menor- cosa en semejante esclavitud; débese únicamente tener el cuidado de cor- tarle de tiempo en tiempo el cuerno de sus pezuñas, que, no habiéndose gastado por el roce, crecen hasta el punto de estorbarle para andar. La cabra se alimenta con yerba fresca CABRITO 327 CACAHUATE cortada en los campos; necesita lo mé- nos de diez y ocho á veinte libras de forraje fresco cada día. En el invier- no se contenta con paja ó forrajes or- dinarios secos. Hay muchas razas de cabras: cabra común, de Angora, del Tibet ó de Cachemira, de Egipto, etc. La de Cachemira tiene una forma parecida á la cabra común, aunque su pelo es mucho más fino y espeso, y le cubre todo el cuerpo hasta la punta de los piés. Con su pelo se fabrican los fa- mosos chales de Cachemira; pero es- tas cabras no dan leche abundante. V. Cabrón ó Macho cabrio y Cabri- to. Cabrito. Hijo de la cabra. Por es- pacio de quince dias ó tres semanas se deja al cabrito toda la leche de su madre. Prívasele de ella cuando tie- ne ya de cinco á seis semanas de edad; y con el fin de aprovechar la leche, se sustituye esta con el suero ó algún otro alimento, y luego el suero con agua y harina, ó sopas de pan y fo- rrajes secos, yerba, raíces, etc. Lle- gados á la edad de seis á siete meses, los cabritos entran en celo; entonces es conveniente castrarlos, cuando no se destinan á la procreación de la es- pecie. La carne del cabrito es buena, tierna y delicada hasta la edad de seis meses. La de las cabras y ma- chos cabríos sirve también á la ali- mentación, pero preciso es, en cuanto al macho, que haya sido castrado. La carne del macho cabrío no castrado tiene el olor muy desagradable, cono- cido con el calificativo de chotuno. V. Cabrón y Cabra. Cabrón ó Macho cabrío. {Ani- males domésticos). El cabrón ó ma- cho cabrío debe tener la estatura su- perior á la estatura media de su raza, pescuezo corto y carnoso, cabeza pe- queña, orejas grandes y pendientes, nalgas gruesas, piernas robustas, bar- ba larga y poblada, lana fina. Puede ser dedicado á la reproducción, desde la edad de dos hasta la de siete años. Es generador, fecundo por naturaleza, y, cuando está bien alimentado, díce- se que puede ser suficiente para 150 cabras durante dos ó tres meses. La experiencia demuestra que de diez có- pulas nueve son fecundas. Bien tra- tado el macho cabrío es bastante dó- cil, pero si se le maltrata se hace malo y aveces hasta peligroso. En la épo- ca de la reproducción, ademas de la ración de costumbre, debe dársele un litro de avena en dos distintas comi- das; se puede agregar á este régimen un poco de vino que él bebe gustoso. Su carne es tan correosa y de tan mal gusto, que solo puede utilizarse dán- dola á los cerdos después de cocida. Cacahuate ó Aráquida. Ar achis hypogcea, L i n n e o. Leguminosas, Planta de la América del Sur, culti- vada en España. Es una planta her- bácea que puede tener 30 centímetros de altura. Las hojas constan de cua- tro hojuelas; flores amarillas dispues- tas en el áxila de las hojas. Las flo- res superiores quedan al aire, mién- tras las que se hallan en la parte inferior de la planta, encorvándose del lado de la tierra después de fecun- dadas, hacen entrar en ella el nue- vo fruto; á una ó dos pulgadas de- CACAO 328 CACAO bajo de tierra es donde el fruto se madura. Conviene, pues, arrancar la planta con la raíz para obtener los frutos llamados pistachos de tierra, que consisten en una vaina larga de 27 á 37 milímetros, de 9 14 de am- plitud, un poco angostada en el me- dio, y conteniendo comunmente dos simientes de color rojo avinado en lo exterior, blancas interiormente, muy aceitosas, y que se comen tostadas ó cocidas; su gusto es agradable; según la opinión popular, goza de propieda- des afrodisíacas. Se saca de ellas un aceite comestible y lo dan en una pro- porción de 50 por 100. Cacao. Granos de cacao {Theobro- ma cacao, Linneo, que significa man- jar de los dioses), árbol grande de la familia de las Malváceas-bitnereáceas, que vive espontáneamente en Méxi- co y en las regiones del Brasil vecinas del Amazonas. Cultívase en vasta es- cala en la parte de la República de Colombia que forma los distritos de Caracas y Venezuela. Desde la con- quista de la Guyana el cacao fué in- troducido en el Amazonas, Pará, Ma- rañen, Bahía y otras provincias del Brasil; sin embargo, solo los Paraen- ses se entregaron sériamente á su cultivo. Existen distintas especies de cacao. En las provincias del Amazo- nas y el Pará los cacaos crecen natu- ralmente sin necesidad de cultura, y, en general, así que llegan al estado frutescente, no exigen otro cuidado que el de la recolección, por eso en aquellos países su producto sirve de dote alas hijas de los labradores. Los granos de cacao nacen encerrados en un fruto de forma oblonga ó seme- jante á la del pepino. Estos frutos se cosechan cuando están maduros y se amontonan en el suelo. Pasados cua- tro dias se quebrantan las cáscaras y se retiran las almendras; mátense es- tas por espacio de cuatro 6 cinco dias en cestos cubiertos de esteras ó de hojas de bananero silvestre, en donde experimentan una fermentación. Des- pués de esto, preciso es secarlas cuan- to antes al sol, meterlas en sacos y guardarlas en paraje seco hasta el mo- mento de venderlas. El cacao del Brasil no es tan estimado como el de Caracas, y se vende por la mitad del precio que este. "La inferioridad del cacao del Brasil, dice el naturalista Riedel, es debida al bandono con que se dejan fermentar las almendras amontonadas en los terreros, lo que les comunica cierto gusto desagrada- ble; muchas veces sin estar aún bien secas, en vez de ser ensacadas ó en- cajonadas, suelen embarcarse engran- des cantidades en la sentina de las embarcaciones, donde sufren nueva fermentación." Ademas de la especie cultivada (Theobroma cacao, Linneo), hay otras varias que habitan en los bosques de la América ecuatorial. Estas son: Theobroma bicolor, Humboldt; Theo- broma subincanum, Mart.; Theobro- ma silvestre, Aublet; Theobroma mi- crocarpum, Mart., que se diferencian por la forma del fruto y la calidad de la simiente. Las simientes del cacao se emplean para dos usos: 1? se extrae de ellas una manteca vegetal particular, lia- CACHALOTE 329 CAFE mada manteca de cacao; 2® sirven pa- ra fabricar el chocolate. 1° Manteca de cacao. Esta man- teca es blanca y consistente; tiene la preciosa cualidad de resistirse contra la ranciadura, razón por la cual su empleo es de los mas ventajosos en las grietas de los lábios ó de los pe- zones de los pechos. También tiene la ventaja de conservarse sólida en la temperatura ordinaria. Se emplea por lo común como emoliente y pectoral; hácense también con ella supositorios, que se introducen en el recto cuando se inflaman las hemorroides (almorra- nas). 2° Chocolate. Véase esta palabra. Cachalote. Physeter macrocepha- lus, Lamarck. Animal mamífero cetá- ceo, que vive en todos los mares, del tamaño mismo y de la misma familia que la ballena, de la cual difiere por tener dientes y la ballena solo barbas. Su cabeza es enorme, del tamaño de la tercera parte de la longitud de su cuerpo, y en cuyas cavidades se con- tiene una sustancia particular llama- da espermaceti. Dicha sustancia cons- tituye el principal provecho de su pesca, porque el cuerpo del animal no encierra tanta grasa como el de la ba- llena. El espermaceti se halla en unas cavidades distintas del verdadero crá- neo, que es pequeño, y contiene el cerebro como en los otros animales. Tiene en el dorso una prominencia callosa y una sola abertura por la cual respira y arroja el agua qué sorbe por la boca. Ademas del espermaceti, el cachalote produce el ámbar gris, sus- tancia que se emplea en la perfume- ría, y la cual se forma en los intesti- nos de este cetáceo, encontrándola flotante sobre las aguas del mar en los parajes que él frecuenta. Los ca- chalotes se encuentran en todos los mares, si bien con especialidad en las regiones ecuatoriales del Grande Océa- no. Tal como los demas cetáceos, vi- ven en cuadrillas numerosas; nadan á flor de agua, dejando ver la espalda y la prominencia dorsal en cuyo cen- tro se halla la abertura de la respira- ción. Se alimenta de pulpos, de peces grandes y chicos, y como están mejor armados que las ballenas, su pesca es mucho mas difícil y peligrosa que la de aquellas. La lengua del cachalote es corta, roja, cuadrada, y, según los marineros, bocado delicioso. Cadera. Parte lateral del cuerpo que está sobre los muslos; costados de la pélvis. Cadera (Dolor de). V. Dolor de RIÑONES. Café. Habiendo observado el prior de un convento, que las cabras que comían los granos de un arbusto pe- queño se mostraban más alegres y más despiertas, tuvo la idea de admi- nistrar á sus monjes la infusión de los frutos de dicho arbusto para impedir que aquellos se durmieran en el coro; como la infusión de los granos verdes era amarga, se le ocurrió tostarlos, y la bebida se hizo deliciosa. Este fru- to era el café. Desde aquel punto na- ció para el hombre una nueva necesi- dad, y, por consecuencia, placeres ó privaciones ignorados de sus antepa- sados. CAFE 330 CAFE El café es indígena de la Arabia, principalmente del Yémen, en las cercanías de la ciudad de Moka. Es- ta especie de café sirvió largo tiempo á los Persas y los Turcos. Su uso in- trodujese primero en Constantinopla, pasó á Italia en 1645, y á Paris en 1669. El gran consumo de café que en breve se hizo en Europa, pronto lo convirtió en objeto del más importan- te comercio; y los Holandeses, que entonces eran los mayores negocian- tes del mundo, se apoderaron de este manantial de riquezas. En 1690 fue- ron trasportadas de Moka algunas plantas á Batavia, donde prendieron y medraron perfectamente. Trasplan- tado de este último punto á Amster- dam, un pié de café fué colocado en las estufas ó invernaderos del jardín botánico; allí se obtuvieron flores y frutos, cuyos granos se hicieron fér- tiles. Durante la paz de Utrecht, los Holandeses regalaron á Luis XIV una planta procedente de Amsterdam. Cultivado en el Jardín de Plantas de Paris, donde no necesitó largo tiempo para multiplicarse; de este pié proce- den todos los cafetales americanos. Tal es el origen de las inmensas plan- taciones de un arbusto que actualmen- te constituye una de las principales riquezas del Brasil, Cuba, Puerto Ri- co, de las islas de Francia, de Borbon, convirtiendo al mundo antiguo en tri- butario del nuevo mundo. La mayor parte del café que se consume en Eu- ropa procede de esos países, particu- larmente del Brasil. El de Moka, que siempre ha conservado la superiori- dad, es rarísimo en la Europa occi- dental, pues apenas si basta para el consumo de los Arabes y de los otros pueblos de Oriente. El café (Coffea arabica, Linneo) es un arbusto de la familia de las Ru- biáceas-cofeáceas, que por término medio adquiere la altura de 3 metros; las hojas son ovaladas, de un hermoso verde, y las flores, blancas como el jazmin, forman una guirnalda lindísi- ma. A estas flores sucede un fruto, en cuyo centro se halla un grano dividido do en dos partes; estos granos son el café. Antes de tostarlos su gusto es amargo y son de gran dureza (fig. 27). Preparación del café. El buen gusto y aroma del café dependen de de la manera de prepararlo. La to- rrefacción no debe llevarse nunca has- ta el extremo de quemar el café, y de hacerlo así perder su principio aromá- tico; entonces el café debe hacerse por infusión y no hervido. Torrefacción. En el Brasil se tues- ta el café en platos de barro; en Francia se emplea al efecto un cilin- dro ó esfera de hierro atravesados por una asta cuyos dos extremos se apo- yan en un hornillo. La elección del combustible es de importancia; se de- be preferir el carbón de leña; porque da un calor más igual y más sosteni- do. El cilindro no se llena sino por la mitad, de modo que la asta que lo atraviesa no se halle cubierta, y el ca- fé, hinchándose á medida que se tues- ta, no quede apretado, con el fin de poder sacudirlo con facilidad. El fue- go debe mantenerse de una manera uniformemente igual, y se tratará de que no sea vivo, con especialidad al CAFE 331 CAFE principio de la operación, Es necesa- rio girar el cilindro tan pronto á la derecha como á la izquierda, hasta que el café comienza á arrojar mucho humo, momento en que con frecuen- cia se retira el cilindro para sacudirlo en todos sentidos. La operación exige poco más ó mé- nos tres cuartos de hora para una cantidad mediana de café, y cuando se está cerca de la terminación el hu- mo sale del cilindro con mayor abun- dancia, el grano cruje, se reblandece, toma un color rojo, y esparce un olor agradable: este es el momento de re- tirar del fuego el cilindro, para dejar que la torrefacción se termine solo por efecto del vapor concentrado en el aparato, que debe agitarse durante algunos minutos. Échase entonces el café en un cesto para extenderlo in- mediatamente en una camada lo más delgada posible sobre una superficie plana, tal como una mesa, tabla, y de preferencia sobre un mármol ó piedra: cuanto más fría es esta superficie, tanto mejor se concentra el aroma en el grano tostado. Cuando lo está en punto conveniente, no debe perder al terminarse la operación sino de 18 á 20 por 100, esto es, nada más que la quinta parte de su peso. No se debe moler el café hasta tan- to que no está completamente frío, y no se tomará más que la cantidad necesaria para cada vez; el café mo- lido pierde en poco tiempo la mayor parte de su aroma. Con todo, él me- jor medio de conservar el café en pol- vo, consiste en guardarlo, no en una cajita de hoja de lata, como se practi- ca algunas veces, sino en una botella de vidrio, limpia con esmero, perfec- tamente seca y bien tapada. Infusión. Cuanto mayor es la can- tidad de café que se emplea de una vez, tanto más puede aumentarse la proporción del agua sin perjudicar la calidad de la bebida. Así pues, toman- do por medida la taza que contiene 120 gramos ( 4 onzas) del peso de agua, se empleará para 16 gramos (1/2 onza) de café en polvo tres me- didas y media de agua que han de dar tres tazas de bebida; y para 60 gramos ( 2 onzas) de café, 14 ó 15 medidas que darán 13 ó 14 tazas. Compréndase, no obstante lo dicho, que para la misma dosis de café en polvo es preciso aumentar ó disminuir las proporciones de agua, conforme sea el deseo de obtener un infusión más ó ménos fuerte. El mejor modo de obtener una bue- na infusión de café, consiste en servir- se de cafeteras con filtro ó colador, que son cómodas, expeditivas y dan un líquido claro y trasparente, La más sencilla y barata es la cafetera con filtro de hoja de lata y aun mejor de porcelana. Sobre la grada del fil- tro se echa la cantidad necesaria de café en polvo, una cucharada bien lle- na para cada taza de agua, algo mé- nos si se prepara el café para cinco ó seis personas; písase moderadamente el polvo con el compresor, dejándolo encima de aquel; introdúcese la grada superior; viértese sobre esta grada la mitad del agua hirviendo que debe ser empleada, pénese á la cafetera la tapa, y se espera á que el agua haya CAFÉ 332 CAFÉ colado. Hecho esto, se quitan la tapa y la grada superior, levántase el com- presor, viértese el resto de agua hir- viendo con cuidado y se deja que la filtración se verifique lentamente, Du- rante esta operación, se mete la cafe- tera en agua hirviendo, y este baño- maría mantiene el líquido en el gra- do de calor que debe conservar. Pre- ciso es no servir el café hasta que la filtración se haya terminado; y como acostumbran algunas personas, nunca se debe pasar segunda vez el líquido á través del mismo polvo; esto le qui- taría parte de su aroma. Respecto del residuo del café cuando se trata de aprovecharlo, conviene no hervirlo, porque solo daría un liquido acre y negro; sino echarle por encima, cuan- do aun está en el filtro, cierta canti- dad de agua caliente y mucho mejor de agua fría. Guárdase esta segunda infusión para calentarla al baño ma- ría, y mezclarla con otra nueva pre.- paracion de café. Todas las veces que se quiera calentar el café que no haya sido empleado en el momento mismo de prepararlo, lo mejor esservirse del baño-maría. Las cafeteras de hoja de lata exi- gen los cuidados de limpieza más gran- des y minuciosos. No solamente no debe nunca dejarse que el café se en- frie en ellas ni permanezca tiempo al- guno, como asimismo es indispensa- ble el limpiarlas después de cada in- fusión. Al efecto, se desarman todas sus piezas, se lavan con agua abun- dante, se enjugan con esmero y se de- jan secar al aire libre: los agujeritos de la grada deben estar siempre abier- tos y cuidar de que no se cieguen. En el Brasil se filtra él café por una manga de la na ó de filtro. Este método es bueno, da una infusión límpida y muy aromática; pero en cam- bio exige mayor cantidad de polvo ed café. Propiedades y usos. La infusión de café bien preparada es de un co- lor moreno-dorado, de un olor aromá- tico especial y muy suave, de sabor un tanto amargo, pero al mismo tiem- po agradable. Este líquido, tomado caliente, es uno de los estimulantes más enérgicos; posee todas las venta- jas de las bebidas espirituosas, sin tener ninguno de sus inconvenientes, esto es, no embriaga, no ocasiana los accidentes que trae consigo la borra chera. No solamente aumenta la ac- ción del sistema muscular, sino que también presta mayor actividad á las facultades intelectuales; siéntese el cuerpo más ágil, más ligero, la imagi- nación se estimula y las ideas son más espontáneas y más lúcidas. ¡Cuántos poetas y músicos deben á su influen- cia sus mejores producciones! Voltaire y Mozart lo tomaban muchas veces al dia. Las virtudes del café fueron cantadas por Delille, que necesitaba de él para dar mejor giro á sus inge- niosos períodos. Amen de estos mé- ritos el café tiene la propiedad de des- velar y de hacer provechosas para el estudio las horas silenciosas do la no- che. Tomado después de comer faci- lita particularmente la digestión, y todos pueden observar por sí mismos que, después de los grandes banque- CAFE 333 CAIDAS tes en que la diversidad de los platos obliga á hacer algún exceso, una taza de café á los postres hace que desapa- rezcan el peso y la opresión del estó- mago, resultado natural de la reple- ción de este órgano. Mucho se han exagerado los incon- venientes que acompañan al uso ha- bitual del café. Sin embargo, fuerza será confesar que en ciertas circuns- tancias y en determinados individuos, es nocivo por sus propiedades estimu- lantes. Así las personas altamente nerviosas, en quienes la sensibilidad está sobreexcitado, deben abstenerse de esta bebida, toda vez que provoca en ellas un estado de agitación vio- violenta y á veces el insomnio más completo. El café es útil en ciertos casos de malestar y dolencia, como en la falta de la menstruación, en las jaquecas, en el asma y en los envenenamien- tos por el opio, la belladona, el estra- monio, y oti-as sustancias narcóticas. Asociado con el zumo de limón, se ha empleado con véntaja en las fiebres intermitentes. Pero, en este último caso, la preparación más útil es la de- cocción de los granos sin tostar. Para hacerla, se cocerán 30 gramos ( 1 on- za) de café en 540 ( 18 onzas) de agua, hasta que se reduzcan á 360 gramos (12 onzas); tómase en el in- tervalo de los accesos, y una taza de hora en hora. La leche mezclada al café le quita á este una parte de sus propiedades estimulantes y le presta principios nutritivos. El azúcar disminuye tam- bien la acción excitante del café, y al mismo tiempo le altera el sabor. "En conclusión, el café es excitante y tónico. El sabio, el literato, hallan en él un amigo que les presta grandes servicios, cuando apremiados por el trabajo ó la necesidad de producir pa- ra determinada hora, el dia no podría bastarles, ó cuando su espíritu por fal- ta de actividad los dejase sin recursos. El gastrónomo podrá, hasta cierto punto, entregarse, gracias al café, á su gusto favorito y disfrutar de los beneficios de la sensualidad, sin ex- perimentar sus malos efectos. Las se- ñoras sujetas á padecer de jaquecas las verán desaparecer bajo su influen- cia benéfica; y el asmático hallará en el café un alivio momentáneo, pero que puede renovar muchas veces. Cafeína. Uno de los principios del café. Preséntase en prismas blancos, sedosos, extendidos, delgados; de sa- bor amargo, solubles en 98 partes de agua y en 87 de alcohol. Esta sus- tancia se halla también en las hojas del té, en el guaraná y en la yerba del mate. Fué propuesta contra la jaqueca y las fiebres intermitentes, en la dosis de 5 á 30 centigramos (l á 6 granos). En casos análogos fue- ron propuestos y hasta en la misma dosis el citrato, el maÉ.to y el lactato de cafeína. Su introducción en la eco- nomía aumenta la secreción de la ori- na y de la bilis. Caídas. Las caídas son los acciden- tes más comunes en la vida. En el mayor número de casos, no tienen im- portancia ni merecen en modo alguno la menor atención; otras veces, por C AID AS 334 CAIDAS el contrario, dan lugar á lesiones tan graves que la existencia queda más ó menos próximamente en peligro. Los resultados ordinarios de las caídas son las contusiones ó desolla- duras, lo cual se. observa cuando la caída tiene lugar de corta altura so- bre una superficie plana; el suelo, por ejemplo. Cuando se cae de sitio más alto sobre cuerpos duros, sobre un terreno empedrado, no es raro que la caída sea acompañada de herida con- tusa de las partes blandas, y hasta de fracturas y luxaciones. En fin, cuando la caída se verifica de muy elevado punto; la muerte puede se- guirla instantáneamente; lo cual acon- tece por lo común cuando se cae del segundo ó tercer piso de una casa, ó del tejado ó coronamiento de un edi- ficio. Existen, no obstante, casos excepcionales en que una caída poco considerable, de la altura' de un indi- viduo, sobre un plano poco resisten- te, trae consigo gravísimos accidentes, mientras que verificada de un lugar, muy elevado solo produce desórdenes de escasa importancia comparados con los que podría haber ocasionado. El célebre cirujano barón Dupuytren na- rraba en sus lecciones la historia de un oficial de albañil, que trabajando en la parte exterior de una casa en el sétimo piso, hácia un patio muy angosto, estaba colocado, como acos- tumbran estos obreros, en la extre- midad de un tablado apoyado por el medio á la ventana y teniendo en la extremidad interior un individuo que hacia el contrapeso. Abandonando es- te su puesto, su compañero, aquel que trabajaba en la parte de afuera, fue precipitado con violencia en el patio. Cayó primero ala ventana del piso inferior, en el lado de enfrente, rompió las vidrieras, vióse lanzado á la opuesta ventana del otro piso más bajo, y así describió una caída en zig- zag hasta el suelo. Todos creían ha- llarle muerto; pero no tenia más que una herida pequeña en el dedo meñi- que de una de sus manos, lo cual pro- cedía de un casco de vidrio, y ademas una fractura del hueso de la palma de la mano, correspondiente al mismo dedo lisiado. Pudo ir por su pié al hospital y no tardó mucho en curarse. Hace ya muchos años asistimos á un criollo de dos años que se había caído desde un primer piso al patio empedrado de una casa. No tenia más que leves contusiones en los miem- bros. Siendo aún estudiante de me- dicina, vimos una mujer que, en un momento de desesperación, se tiró de un segundo piso á la calle, y á pesar de esta caída de alto, no tenia fractu- ras, luxaciones, ni otro ningún acci- dente grave; curóse en breve tiempo de las contusiones. A este propósito debemos observar, que las caídas de grande altura son siempre menos gra- ves en las mujeres que en los hom- bres: las sayas cogen aire y sirven de paracaídas ó se enganchan á cualquier cuerpo en el camino, y en ambos ca- sos disminuyen la violencia del cho- que. Las caídas son mucho más graves cuando la persona es lanzada á tierra por cualquier cuerpo movido con gran rapidez: parte de esta rapidez se co- CAIDAS 335 CAIDAS mímica á la persona con una fuerza tal que á veces puede determinar la fractura de los huesos del cráneo, y otros accidentes de gravedad. Consecuencia de las caídas. En toda caída deben considerarse dos dis- tintas cosas: los desórdenes materia- les y visibles, tales como las heridas, las fracturas, las luxaciones, las con- tusiones; y la conmoción que de ahí resulta á la economía entera, y más particularmente al cerebro. En mu- chos casos, la muerte no reconoce otra causa sino esta conmoción. No sola- mente proviene de las caídas en que la cabeza es la que ha recibido todo ol golpe: en el mayor número de ca sos, la muerte es consecuencia de las caídas que tienen lugar sobre los piés, la rodilla ó el trasero. La perso- na pierde entonces el conocimiento. Este caso es mucho más grave; por lo cual se debe notar la diferencia que hay entre las caídas con pérdida del conocimiento y las que no van acom- pañadas de este síntoma. Si la conmoción es muy grande, la pérdida de los sentidos y del movi- miento suele producirse instantánea- mente; la respiración es fatigosa, el pulso se debilita, las extremidades se enfrian, y semejante estado puede durar algunas horas, y hasta algunos diás. El pulso se restablece entonces nuevamente, el calor vuelve, y el do- liente recobra el uso de los sentidos. Al principio su estado de estupor es muy grande; no entiende sino con di- ficultad las preguntas que le dirigen; al cabo de cierto tiempo tal estado desaparece, y solo queda un dolor de cabeza bastante intenso. Cnando la conmoción es leve, el doliente pierde apenas el conocimiento por algunos infantes; después se levanta como si nada le hubiera sucedido; á veces so- lo tiene un momento' de vértigo, una corta ausencia de la memoria. Estos síntomas, tan insignificantes en la apa- riencia, son sin embargo de gran va- lor. Muchas veces la conmoción va seguida de la inflamación del cerebro; molestia gravísima, por lo cual no de- ben echarse en olvido ni menospre- ciar los medios de evitar ó combatir dicha inflamación. Tratamiento dé las caídas. Los socorros que se deben prestar después de una caída, consisten en colocar al paciente en una silla ó una cama, y hacerle respirar vinagre ó agua de Co- lonia; en darle á beber vino, ó sim- plemente agua con azúcar; débese también desembarazarle de cuanto pudiera detener la circulación de la sangre, como corsé, ligas, corbata, etc. Cuando el pulso estuviere débil y la piel fria, y exista pérdida com- pleta de conocimiento, se recurre á algunos excitantes para reanimar la acción del corazón: se harán friccio- nes por todo el cuerpo con una baye- ta, se cubrirá al paciente con mantas de lana, y se le aplicarán sinapismos en las piernas; también se le dará á beber, en corta cantidad, líquidos exci- tantes, como vino, té, ó un poco de aguardiente. Luego que el pulso ad- quiera fuerza se renuncia á los exci- tante, y se practica una sangría en el brazo cuando el caso es de caída gra- ve. No obstante, en individuos muy CAIDAS 336 CAIDAS jlacos bastará la aplicación de algunas sanguijuelas detras de las orejas. Es indispensable que los dientes obser- ven una dieta rigurosa y recurran con frecuencia á baños de pies con mos- taza. Si hubiere dolor de cabeza, será ventajoso y conveniente asimismo poner sobre la frente paños mojados en agua y vinagre, los cuales se mu- dan tan pronto como se hayan calen- tado. Si, á pesar de estos medios, los síntomas de inflamación cerebral apa- reciesen, se deberá recurrir al trata- miento enérgico para contener los progresos de esta afección. Los síntomas de la' inflamación cerebral son los siguientes: dolor de cabeza, pérdida de inteligencia, mo- dorra, torpeza de oído, debilidad de la vista, entorpecimiento de la len- gua, incontinencia de la orina, y, por último, parálisis. El tratamiento de esta dolencia consta de sangría en el brazo, sanguijuelas detras de las ore- jas, paños mojados en agua fria, ó mejor aún en hielo, sobre la cabeza, y vejigatorios en las piernas; al ter cero ó cuarto dia de malestar se ad- ministrará una purga. En las caídas con simples contu- siones, el reposo y paños empapados en agua fria, aplicados con frecuencia en la parte lastimada, son los medios que deben emplearse cuando no hay complicaciones. En cuanto á los otros accidentes que pueden resultar de las caídas, los encontrará el lector en los artículos escoriación, heridas, contusión, dis- locaciones y fracturas. Todas las veces que la caída sea de una altura considerable, conviene apelar á la sangría. Este precepto tie- ne sin duda algunas excepciones, pe- ro se aplica á la generalidad de los casos. Preciso es también acordarse de que la sangría no se debe aplicar nunca cuando el cuerpo está frió, el pulso débil, ó cuando el doliente yace sin conocimiento: hecha en tales cir- cunstancias podría ocasionar la muer- te; pero conviene recurrir á ella cuan- do el cuerpo estuviere caliente y el pulso fuerte. Generalmente hablan- do, no es conveniente practicar la san* gría sino algunas horas después de la caída, y cuando el estupor, resultado de la conmoción, se hubiere disipado del todo. El reposo en la cama será simplemente recomendado después de caídas un tanto graves; en los casos más leves, los dolientes deben única- mente descansar, y no son necesarias ni las sangrías ni las sanguijuelas. Dijimos que las caídas, por lo ge- neral, eran tanto más graves cuanto más duros y resistentes se presentan los cuerpos sobre que se choca al caer- se. Los cuerpos blandos y elásticos pueden, sin embargo, ocasionar terri- bles accidentes. Arrójase un indivi- duo al rio desde lo alto de un puente, choca en la superficie del agua con el plano anterior del cuerpo; este pre- sentaba una contusión muy grave; la muerte sobrevino á las pocas horas, porque el hígado se había rasgado. Un hombre salta sobre un monton de colchones, al huir del incendio de una casa, y muere de repente; la conmo- ción fue tan violenta, que ocasionó una muerte instantánea. Los resul- CAIDAS 337 CAL tados de las caídas sobre cuerpos blandos son por lo común las contusio- nes; pueden resultar, no obstante, hasta fracturas, á veces graves. El tratamiento no ofrece particularidad alguna. En los niños pequeños las caídas son frecuentes, pero afortunadamente poco graves; su poca elevación, la blandura de los huesos y movimien- tos, impiden que el choque sea muy fuerte; y como los huesos gozan de más elasticidad que en la edad adul- ta, las fracturas y luxaciones son por consiguientes más raras; ántes se en- corvan que no se dislocan ó quiebran. Sin embargo, esta misma blandura de los huesos, especialmente de los del cráneo y del pecho, permite que los delicados órganos que deben proteger sean ofendidos con mayor facilidad, por lo cual es importante examinar con atención á los niños que hubieren recibido algún golpe en la cabeza, con objeto de evitar los accidentes que pudieran sobrevenir á consecuencia de una caída de ese género y de la conmoción por ella ocasionado; así, la pérdida del apetito, el abandono de los juegos de movimiento, cierto es- tado de tristeza, el dolor ó pesadez de cabeza, que se conoce por la indi- ferencia con que el niño la deja caer tan pronto á uno como á otro lado, son otras tantas indicaciones que de- ben despertar la solicitud de los pa- dres y obligarles á llamar al médico, á fin de poner remedio contra el de- senvolvimiento de alguna dolencia grave. Compresas empapadas en agua fria mezclada con vinagre, y aplica- das á menudo sobre la cabeza, después de la caída del niño, son sin duda lo que hay mejor durante las primeras veinticuatro horas siguientes al daño recibido por la caída. Caída del cabello. V. Calvicie. Caída de la campanilla de la garganta. V. Campanilla de la GARGANTA. Caída de le lengua. V. Lengua. Caída del párpado, V. Párpados. Caída del recto. V. Ano. Caída del útero. V. Utero. Cainca. Chicoca anguifuga, Mar- tius. Rubiáceas cofeáceas. Arbusto del Brasil. Tiene de 1 á 2 metros de altura; hojas opuestas, ovales, de color verde claro; flores amarillas. Raíz ra- mosa, roja; los ramos tienen de dos á tres pies de extensión, del grosor de una pluma ó más delgados; es estria- da longitudinalmente: consta de una parte cortical muy delgada, amar- ga, acre, algo astringente, que es la única activa, y de un eje leñoso que no goza de propiedad alguna. La raíz es diurética y purgante; en dosis ele- vada ocasiona vómitos; se emplea en las hidropesías. Propínase en coci- miento preparado con 8 gramos (2 dracmas) de la raíz y de 360 gramos (12 onzas) de agua. Esta cocción se toma toda en el espacio de veinticua- tro horas, una taza cada tres horas. Polvo de la corteza de la misma raíz, de 1 á 2 gramos (20 á 40 granos) en sustancia. Cal. La cal era considerada como impisible de descomponer, esto es, co- mo un cuerpo simple; pero la química moderna ha demostrado que es un CAL 338 CAL óxido metálico. Por consiguiente, la cal es el calcio unido al oxígeno. La cal pura no existe en la natu- raleza; encuéntrase, por el contrario, en cantidad considerable en el estado de combinación. Unida al ácido carbónico, ella for- ma el carbonato de cal, que se halla cristalizado en la minas, y lleva los nombres de espato calcáreo y de cris- tal de Islandia. En cierto grado me- nor de pureza, el carbonato de cal constituye los mármoles de toda es- pecie, el alabastro calcáreo, la piedra calcárea; es la base de las conchas de las ostras, y se encuentra en las aguas de ciertas fuentes minerales. En las que la contienen, la disolución del carbonato de cal se efectúa por medio del ácido carbónico y bajo cier- ta presión; por esto mismo, cuando esas fuentes llegan á ponerse en con- tacto con el aire, la superficie de sus aguas se cubre do una capa de polvos blancos, producto del carbonato de cal, que aparece á medida que el áci- do carbónica se desprende al aire libre. Combinada con el ácido sulfúrico, la cal forma el sulfato de cal, que se encuentra cristalizado en masas considerables en el cerro de Mont- martre, en Paris; se llama piedra de yeso, y ha sido desde tiempo inme- morial empleada en la construcción de las casas de dicha ciudad. Pon fin, la cal, combinada con el ácido fosfórico, forma el fosfato de cal, que constituye la base de los hue- sos del cuerpo humano y de los de- más animales. En la químiea se emplea la cal pura, como reactivo, extrayéndose al efecto del mármol blanco (carbonato de cal). Extráese la cal para las necesida- des de las artes y del comercio, por la calcinación de la piedra calcárea, del mármol, de las valvas de ostras, etc.; en realidad contiene cuerpos ex- traños, si bien en cantidad tan pe- queña, que no influyen la menor cosa sobre su calidad. Los usos de la cal en las artes son infinitos; constituye la base de los ci- mentos, que resisten á la acción de las aguas y del tiempo. La cal mezclada con yeso cristalizado," coloreada con óxidos metálicos y aglutinada merced á la cola fuerte, forma el estuco ó imitación del mármol. La cal viva ó virgen, resultado de la calcinación de la piedra calcárea, es sólida, de color blanco-ceniciento, acre y cáustica; expuesta al aire, ab- sorbe la humedad, aumenta de volu- men, y se trasforma en carbonato hi- dratado. Echando gotas de agua so- bre la cal virgen, el líquido es absor- bido con presteza; la mezcla se calien- ta hasta los 300° del termómetro cen- tígrado, arroja vapores, toma aparien- cia rojiza cuando se opera esto en la oscuridad, hiéndese, blanquea y se reduce á polvo. En este nuevo esta- do se llama cal muerta: es el hidrato del cal ó cal hidratada. El agua no disuelve la cal sino en la proporción de 400 partes de agua por una de cal; esta disolución cons- tituye el agua de cal, que en otro tiempo se empleaba contra los cálcu- CAL 339 CAL los de la vegija; pero hoy apenas es usada. La cal virgen entra en la com- posición de las pomadas empleadas contra la tiña, la sarna y los empei- nes. Carbonato de cal, Sal neutra, in- soluble en el agua pura, levemente soluble en agua cargada de ácido car- bónico. Abunda de tal modo en la na- turaleza, que tal vez forma por sí so- lo la mitad del involucro del globo. Sometido á la calcinación, da cal aban- donando el ácido carbónico. Ofrece numerosas variedades. Se emplea en su estado natural ó después de molida y lavada. La más usada es el carbo- nato de cal conocido con el nombre de greda ó cal carbonatada. Muéstrase en masas blancas, tiernas, friables. Preparada en panes cilindricos de 125 á 150 gramos, toma el nombre de cre- ta ó blanco de España. Para los usos farmacéuticos se prepara disolviendo en agua 100 partes de clorurato de cal derretido, añadiendo la solución de carbonato de sosa cristalizado, la- vando, haciendo secar, y formando pastillas. En medicina se pmplea pa- ra los polvos dentríficos, é interna- mente contra la diarrea. Las siguientes sustancias están ca- si formadas por completo de carbonato de cal: el mármol, eí alabastro, las valvas de las ostras, las cáscaras de huevo, los ojos de los cangrejos, la corteza de las langostas, etc. Fosfato de cal. Tierra de los hue- sos, Tierra animal. Sal blanca, in- sípida, insoluble en el agua. Se ob- tiene calcinando los huesos dé los car- neros ó de otros animales en un hor* nillo, hasta que queden blancos y quebradizos; se dejan enfriar y luego se reducen á polvo. Obtiénese muy puro tratando los huesos calcinados por el ácido clorhídrico, añadiendo agua y tratando después el líquido por el amoníaco; se deja en reposo, y el residuo se reduce á pastillas. Háse empleado contra el raquitismo en la dosis de 1 á 5 gramos (20 á 100 gra- nos). El fosfato de cal entra por los 2/5 casi en la composición de los huesos de todos los animales, y de la asta del ciervo; los granos de los cereales con- tienen también mucha cantidad; en- cuéntrase en las tierras laborables; forma colinas enteras en la jurisdic- ción de Logrosan, villa de la provincia de Cáceres, en la Extremadura espa- ñola. Se emplea en agricultura como abono mineral de las tierras; por la calcinación de los huesos se convierte en un estiércol enérgico. Los minera- les conocidos bajo el nombre de fosfo- rita, apatito y crisolita, son fosfatos de cal. Sulfato de cal. Sal que se encuen- tra con abundancia en la naturaleza, y conocida, según el estado en que se presenta, con los nombres de piedra de yeso, selenita, alabastro yesizo 6 g-ipsoso, piedra de Yesii, espejo del jumento, karstenita, anhidrita. Pre- séntase ya bajo la forma de cristales prismáticos, semejantes al hierro de una lanza {piedra de Yesú, espejo del javiento), ya de masas laminares, fibrosas, compactas y térreas. Las va- riedades compactas forman la piedra de yeso; las variedades de tejido la- CALABAZA 340 CALAMBRES minar y sacaroide constituyen el ala- bastro yesizo ó gipsoso, que se em- plea en objetos de ornato. Bajo estas diversas formas, el sulfato de cal es un hidrato. El fuego le hace porder su agua de cristalización, y la absorbe de nuevo cuando se amasa con agua; trasfórmase entonces, al cabo de al- gunos instantes, en masa firme y re- sistente. Apesar de su condición poco soluble, el sulfato de cal se halla di- suelto en la mayor parte de las aguas que surcan la superficie de la tierra; las de los pozos de terrenos calcáreos están, por decirlo así, saturadas de sulfato de cal. Esta especie de aguas se conoce con el calificativo de duras ó crudas, porque no son muy digesti- bles; no disuelven el jabón ni cuecen las legumbres, y dejan una costra es- pesa en las paredes de los vasos en que se suele verificar su evaporación. Ocasionan abundantes depósitos en las calderas de las máquinas de vapor. Pero estas aguas pueden hacerse bue- nas para los usos domésticos precipi- tando el sulfato de cal, algún tiempo ántes de emplearlas, y sirviéndose pa- ra conseguirlo del carbonato de sosa. Calabaza. Cucúrbita. Género de plantas de la familia de las Cucurbi- táceas, repartidas por todas partes, y y cuyo cultivo nos procura una precio- sa legumbre. Existen muchas espe- cies de calabaza, que varían de tama- ño, color y forma, y que constituyen un alimento sano aunque poco nutri- tivo. Se come con carne, frijoles, ca- marones, etc, y de ella se hacen dul- ces muy sabrosos. La calabaza es ori- ginaria de los climas cálidos de la In- dia y del Africa; las calabazas gustan del calor y de la humedad. Su cáscara es amarilla, anaranjada, blanca-ama- rillenta, blanca del todo y verde; la pulpa es de un amarillo mas ó menos vivo, verde, blanca-rosácea ó rojiza. Su figura es redondeada, oval; cilin- drica ó aplastada. Las simientes (pepitas) de la cala- za se emplean eficazmente contra la solitaria y las lombrices, en la dosis de 60 gramos (2 onzas). He aquí co- como se procede: el doliente guarda dieta total la víspera, y toma 60 gra- mos (2 onzas) de aceite dé ricino. Al siguiente dia toma 60 gramos de si- mientes ó pepitas de calabaza, despo- jadas de su cáscara coriácea, tritura- das con azúcar y mezcladas con 180 gramos (6 onzas) de leche. Dos horas después vuelve á tomar 60 gramos (2 onzas) de aceite de ricino, y el gu- sano tarda poco en ser expelido. Calamar. V. Jibia. Calambres, Contracción involun- taria, espasmódica y dolorosa de cier- tos músculos, particularmente de los de la parte posterior de la pierna. Los calambres sobrevienen comun- mente por la noche. Hácese desapa- recer casi instantáneamente el calam- bre que ataca á las pantorrillas, apo- yando con fuerza la pierna sobre el suelo, á fin de impedir las contraccio- nes del músculo atacado por el dolor. También se aconseja oprimirse las piernas con ligas al acostarse. Las fricciones secas hechas con la mano sobre la parte dolorida sou útilísimas. Los calambres y las contracciones ce- san muchas veces merced á la aplice- CALAMBRES 341 CALAMINTA cion de una chapa delgada de latón, ó cerrando la pierna dolorida con una cadenilla de este mismo metal. Las personas propensas á calambres deben entregarse con grande reserva al ejer- cicio de la natación. Los baños tem- plados ántes de acostarse son muy convenientes para evitar los calam- bres. Algunos han experimentado ali- vio metiendo debajo del colchón un largo pedazo de hierro. Este medio, ora tenga alguna influencia por causa de las propiedades magnéticas del hierro, ora actúe simplemente sobre la imaginación, puade ser usado sin inconveniente. Las mujeres embara- zadas experimentan frecuentes ca- lambres en las piernas: provienen de la compresión de los nervios de la pélvis por la cabaza del feto, y cesan después del parto. Calambres del estómago. Algu- nos individuos son afectados, de cier- to en cierto tiempo, y de repente, de dolores agudos y á veces atroces, en el estómago, haciéndose sentir tam- bién conjuntamente en las costillas, acompañados ó no de vómitos, con sensaciones de constricción, aflicción más ó ménos fuerte y una especie de desmayo. Rara vez dura semejante estado más allá de algunas horas, unas diez ó doce; á veces, sin embargo, suele prolongarse á varios dias. Disí- pase en fin, y los dolientes gozan des- pués de toda la integridad de sus fun- ciones digestivas por espacio de algu- nos meses y hasta por un año. Las causas particulares de esta afección no son conocidas, y es más común en las mujeres que enloshom bies; Los medios que alivian con más prontitud esta afección son los siguien- tes: la aplicación de paños calientes en la boca del estómago, sinapismos en este mismo punto, quince á veinte gotas de éter sulfúrico tomadas inter- namente en una cucharada de agua ñia con azúcar, algunas cucharadas de agua de flor de naranjo con azúcar; una tacita de infusión de hojas de na- ranjo ó de melisa, dos ó tres cuchara- das de agua fría, una píldora de 5 centigramos (1 grano) de opio, sina- pismos en los pies, 30 gramos (1 on- za) de jarabe de lactucario, y sobre todo un baño general' templado du- rante una hora. También son prove- chosas las fricciones en el vientre con láudano de Sydenham ó con bálsamo tranquilo. V. Gastralgia. Calamina. Piedra calaminar. Carbonato de zinc que se concentra en grandes porciones en la naturale- za, especialmente cerca de de Aquis- gram (Aix-la-Chapelle), en la Silesia y en algunas localidades de Inglate- rra. Rara vez es pura: casi siempre va acoplada con el óxido y silicato de zinc; también contiene óxido de liie- rro. La calamina da la mayor parte del zinc. Se conocen las variedades: una blanca, la otra roja. La primera contiene menos hierro. Calcinada y pulverizada, se llama calamina pre- parada'^ su color varía; la mayor par- te de las veces es cenicienta amarilla; se emplea como astringente y secan- te, en polvo ó pomada, en las escoria- ciones, quemaduras y úlceras cróni- cas. | Calaminta. Melisa calamintha, CALCULO BILIAR 342 CALCULO BILIAR Linneo. Labiadas. Planta cultivada en los jardines. Tallo de la altura de 25 a 50 centímetros; hojas pecioladas, ovales, un tanto codiformes en la ba- se; flores purpurinas; olor agradable. La infusión de esta planta se toma á veces como sudorífico. Cálamo aromático. V. Acoro VERDADERO. Calcio. Metal que, por su combi- nación como el oxígeno constituye la cal. Fue descubierto en 1807. Es blanco como la plata; más pesado que el agua; inflámase con facilidad al ai- re produciendo la cal. Cálculo biliar. Se llaman cálcu- los ó piedras biliares unas concrecio- nes pequeñas, duras, que se forman en el hígado y pueden existir, ó en el propio tejido del hígado ó en los dife- rentes canales por donde pasa la bi- lis; ó en el receptáculo de este líqui- do conocido por vesícula biliar. Las causas que favorecen el des- arrollo de los cálculos biliares no son aún bastante conocidas; considéranse, no obstante, como tales, la edad adul- ta, el uso inmoderado de las bebidas alcohólicas, inacción y la mayar parte de las circunstancias que conducen á la obesidad. Síntomas. Las señales que anun- cian la existencia de los cálculos bi- liares recientemente formados, son muy inciertos al principio; los dolien- tes se quejan de dolores en la boca del estómago, en el costado derecho y en la parte superior del vientre, ó en el lugar correspondiente á las cos- tillas; otras veces los vómitos apare- cen de tiempo en tiempo. El dolor se extiende á veces hasta el pecho y el hombro derecho. Mas en adelante, el dolor aumenta, el doliente no puede soportar el más leve contacto, ni aun siquiera el de la ropa; después se pre- sentan vómitos de bilis pura, la piel toma un color amarillento. Se da la denominación de cólico he- pático á la reunión de los síntomas que aparecen cuando los cálculos pa- san por los canales de la bilis. Los accesos de esta afección no dejan á veces un momento de reposo á los do- lientes, los cuales no pueden hallar postura capaz de aliviar sus padeci- mientos; unos se agitan sin cesar; atormentados por ánsias indecibles; otros se pliegan comprimiendo vigoro- samente la boca del estomago, ó en- tregándose á un balanceo regular pa- ra disfrazar el dolor. Altérase el ros- tro, el estómago no puede soportar ningún alimento. Ordinariamente existe dureza de vientre; las orinas son amarillas y espesas. Al principio los accesos no tienen gran duración, después se hacen más largos; algunos hay que duran varios dias. A -conse- cuencia de estos accesos, á veces la fiebre viene á manifestarse, y tiene lugar un enflaquecimiento considera- ble. En otras ocasiones, los dolores evacúan por el ano uno ó muchos cálculos entre los excrementos, y los raccidentes desaparecen, algunas ve ces salen lanzados por los vómitos. Tratamiento. El tratamiento de los cálculos biliares se pueden reducir á las tres indicaciones siguientes: 1° calmar los dolores; 2" determinar la evacuación ó la disolución de los cal CALCULO BILIAR 343 CALDAS cutos; 3o combatir la inflamación si se presenta. Io Para calmar los dolores el do- liente debe meterse en un baño de agua caliente, y permanecer en él algo más de media hora. Al propio tiempo se da una cucharada de la porción si- guiente, de cuarto en cuarto de hora: Infusión de me- lisa 120 gram. (4 onzas). Láudano de Sydenham.. 2 gram. (1/2 drac.) Eter sulfúrico. 20 gotas. Jarabe común. 15 gram. (1/2 onz.) Mézclese. Para idéntico fin de calmar los do- lores, conviene friccionar el vientre con É&Tsamo tranquilo 30 gramos (1 onza). Después de cada fricción se aplica en el vientre una cataplasma de lina- za. 2o Para favorecer la evacuación de los cálculos, se emplea la bebida eméto-purgante, compuesto de Agua 600 gramos ( 20 onz.) Sal de Epsom. 60 gramos (2 onzas) Emético 10 centígr. (2 granos. Mézclese y dése una taza de media en media hora. Dos dias después tomará el dolien- te una purga llamada infusión de sen compuesta, cuya receta es como si- gue: Hojas de sen. 15 gramos (1/2 onz.) Hojas de achi. coria 10 gram. (2 1 /2 drac), Anis . 4 gram. (1 dracm). Sulfato de sosa 20 gram. (5 drac). Limón n? 1 Agua hirvien- do 1 litro (32 onzas.) Córtese el limón en rodajas, añá- danse las hojas y anis, infundase dos horas, cuélese con ligera expresión, y éhese el sulfato de sosa. Adminístra- se á vasos. La comida del doliente debe com- ponerse de vegetales, como achico- rias, calabaza, nabos, zanahorias, batatas, ensaladas de lechuga con perifollo, leche, huevos, poca carne de vaca, de cerdo, poco vino y bebidas espirituosas. Puede beber aparte li- monadas de limón ó de naranja. Para disolver los cálculos biliares, se recomiendan las siguientes píldo- ras: Jabón medicinal 20 centígr. (4 gran.) Aloes 5 centígr. (1 gran.) Azafrán 5 centígr, (1 gran.) Se hace una píldora y como esta treinta y cinco más. Se toman de dos á cuatro de ellas cada dia. 3o Los síntomas de inflamación producidas por los cálculos biliares van descritos en el artículo Hepatitis. El tratamiento se compone de cata- plasmas de linaza al vientre y baños generales de agua caliente. Cálculo en los riñones. V. Are- nillas. Cálculo vesical. V. Piedra. Caldas. Brasil, Provincia de mi- nas-Geraes. Aguas sulforosas, situa- das á cuatro leguas de la villa de Caldas, sobre la [orilla derecha del Rio Verde. Hay varios manantiales. Uno llamado Pedro Botelho, tiene agua muy caliente cuya temperatura llega á tos 45° centígrados. Al lado de este baño hay, á cuatro metros de distancia, otro cuya agua cae de alto CALDAS 344 CALDAS DE BOHI y es llamado del caño] su temperatu- ra es de 46 1;2 grados y su naturale- za sulfúrea lo mismo que la del ante- rior. Desde aquí hacia abajo hay di- ferentes baños que no están utiliza- dos. Hacia arriba, á ciento cincuenta metros, en la misma orilla del rio, hay dos manantiales más á los cuales se da el nombre de macacos] las aguas son también sulfurosas, pero menos calientes; una tiene 41 grados y otra 42 grados centígrados El uso de todos estos baños es muy prove- choso en las enfermedades cutáneas, reumatismos, parálisis. El gobierno provincial trata de facilitar el mejor aprovechamiento de estas fuentes, por medio de receptáculos, casas para baños y otras obras útiles al intento. Una legua más arriba de la ciudad de Caldas,, la cual dista cuatro de los baños, hay aguas también sulfurosas, pero frias; y en una circunferencia de diez y ocho metros, se encuentran ademas un terreno fofo, que está cer- cado, porque los animales que lo pi- san desaparecen. Las aguas de Caldas tienen su ori- gen en la sierra de Mantiqueira, del lado de Minas. Diferentes caminos conducen á este punto. Yendo de Rio por San Pablo, hay que recorrer doce leguas por el ferrocarril de Santos á Jundiahy, De Jundiahy á Campiñas diez leguas; de Campiñas á Mogymi- rim diez leguas: de Mogymirim á San Juan de Jaguary nueve leguas; de aquí á la cumbre de la sierra siete le- guas; y de la cumbre á los baños cua- tro. Total cuarenta leguas de Jun- diahy á los baños de Caldas. Caldas de Besaya. España. Aguas salinas, cloruro-sódicas, calientes, á seis leguas de Santander, capital de la provincia de este nombre. Las aguas son claras, inodoras, de sabor un tanto salado, de 35° á 37° centí- grados de temperatura. Contienen, por litro, 3 gramos y 79 centigramos de sales, que son: cloruros de sodio, de magnesio, de calcio; sulfatos de cal y de alúmina; y los gases ácido carbónico y ázoe. Se emplean en los reumatismos, estrófulas, dispepsias, catarros de la vejiga, leucorreas, y afecciones nerviosas. El estableci- miento tiene piscinas para muchas personas y pilas en gabinetes separa- dos. El viaje se hace por el ferrocarril de Madrid á Santander, y de este puerto de mar al sitio de los baños, en carruajes. Caldas deBohí. España. Aguas minerales varias: sulfurosas, salinas, ferruginosas, frias y calientes. Situa- das á diez y ocho leguas de Lérida, capital de la provincia de este nom- bre.. Las aguas sulfurosas huelen á hcevos podridos, y su sabor es sulfú- reo. La temperatura varía según las fuentes, de los 20° á 32° centígrados. Las salinas son claras y sin sabor al- guno, con una temperatura de 30° á 40° centígrados. El agua ferruginosa es en extremo fría. Las más impor- tantes de estas aguas son las sulfuro- sas, que se emplean en baños contra las enfermedades cutáneas, reumatis- mos, parálisis, é ingurgitamiento de las visceras abdominales. Cerca del establecimiento balneario hay bastan- tes habitaciones para los bañistas. El CALDAS DE MALAVELLA 345 CALDAS DE OVIEDO viaje se hace desde Madrid á Lérida por el ferrocarril, y de Lérida á Bohí en coche ó á caballo. Caldasde Cuntís. España. Aguas salinas, frías y calientes. Están situa- das á cuatro leguas y media de la ciu- dad de Pontevedra, capital de la pro- vincia de su nombre. Son trasparen- tes, untuosas al tacto, de sabor nau- seabundo, de 17° á 58° centígrados de temperatura, según los manantia- les. Contienen sulfuro y cloruro de sodio; sulfato de sosa y sílice. Se to- man en baños contra los reumatismos crónicos, dolores sifilíticos é ingurgi- tamiento de los órganos abdominales. Hay seis establecimientos balnearios con piscinas para muchas personas, y pilas para una sola. El viaje se hace de Vigo por Pontevedra á las Caldas de Cuntis. La estación de baños du- ra desde el 1? de Junio hasta fines de Setiembre. Caldas de Estrach ó Caldetas. España. Aguas salinas calientes. Llá- manse también Baños de Titus ó de Arenys de Mar. Distan una legua de la ciudad de Mataró y cinco de Bar- celona. El agua es trasparente, sin olor, de sabor un poco amargo; tiene una temperatura de 41" centígrados. En su composición entran: cloruro de sodio; carbonates de sodio y cal, sul- fato de sosa, y sílice. Se emplea en baños y bebidas en los infartos abdo- minales, arenas, escrofulosas, enfer- medades de la piel y reumatismos. El establecimiento cuenta veinticuatro pilas. El viaje se hace de Madrid has- ta los baños por el ferrocarril. Caldas de Malavella. España. Aguas salinas calientes. Distan dos leguas y media de la ciudad de Ge- rona, capital de la provincia de su nombre. Son trasparentes, sin olor, sin sabor, untuosas al tacto, de 60° centígrados de temperatura. Contie- nen por litro, 69 centigramos dq sa- les diversas. Estas son: cloruros de calcio, de sodio, de magnesio, sulfato de cal; carbonates de magnesia, de cal, de hierro; sílice. Se emplean en bebida, baños, vapor y duchas, en los infartos abdominales, reumatismos, ciáticas, neuralgias. Los enfermos pueden hospedarse en el estableci- miento ó en las casas particulares. Rá- cese el viaje por ferrocarril de Barce- lona á Gerona, y de esta ciudad á los baños en coche. Caldas de Montbuy. España. Aguas salinas calientes. Montbuy es una villa de 3,500 habitantes; situa- da á 20 kilómetros de Barcelona. Las aguas brotan dentro de la población; son claras, sin- sabor y casi sin olor; su temperatura varía de 30" hasta 70" según las fuentes. Contienen por litro, más de un gramo de sustancias fijas, que son: cloruros de sodio y de calcio; sulfates de sosa y cal; sílice y alúmina. Aprovechan en baños en los reumatismos, parálisis, tumores blancos, rigidez de las articulaciones, neuralgias, dolores osteócopos. En es- te establecimiento de baños se da buen tratamiento. El viaje se hace de Madrid ó de Barcelona por ferro- carril. Caldas de Oviedo. España. Aguas salinas calientes. Las Caldas de Ovie- CALDAS DE RAINHA 346 CALDAS DE RAINHA do están situadas á una legua y cuar- to de la ciudad y capital de provincia ■que les da el nombre. Son claras, sin olor, de sabor algo acídulo, de 42° centígrados de temperatura. Contie- nen, por litro, 24 centigramos de sus- tancias fijas que son: carbonates de cal, de magnesia y de estronciana; ■sulfates de sosa y de cal; fosfatos de cal y de alúmina; óxido de hierro. Con- tienen ademas gas ázoe libre y gas oxígeno. Empléanse en bebida y ba- ños, en las parálisis, neurosis, afeccio- nes del estómago, del hígado y de la vejiga; en las bronquitis, reumatis- mos y enfermedades cutáneas. El es- tablecimiento consiste en un hermoso edificio de tres pisos, con los baños, sar la de inhalación, cuartos para habita- ción de los bañistas, salón de lectu- ra y salón de recreo con piano y di- versidad de juegos. El viaje, desde Madrid, se hace por ferrocarril hasta Oviedo, y el resto en carruaje. De Oviedo á los baños, durante la esta- ción de las aguas, hay un servicio de coches, dos veces por dia, que van en una hora. Caldas de Rainha. Portugal; Es- tremadura. Aguas sulfurosas calien- tes. En 1484, la reina doña Leonor, esposa del rey don Juan II, mandó erigir un hospital en este sitio, hospi- tal reconstruido después por don Juan V, tal como hoy existe. En este her- moso edificio hay, sobre los manan- tiales, dos estanques ó piscinas para señoras, y dos para hombres. De los estanques para señoras uno mide ocho metros y ochenta centímetros de lar- go y dos metros sesenta y cuatro cen- tímetros de ancho; el otro, de la mis- ma largura, tiene tres metros treinta centímetros de ancho. Aunque su pro- fundidad es de un metro, solo sesen- ta centímetros están ocupados por el agua. Las piscinas para hombres están situadas en otro lado del edificio; la mayor es de doce metros de largura sobre tres de ancho. El segundo ba- ño de hombres no se utiliza por ca- recer de manantial propio. La tem- peratura de estas aguas es de 34° y £ centígrados. Los manantiales, que son muchos, dan dos metros cúbicos de agua por minuto. El fondo de las piscinas es de * arena blanca finísima. Hay un pozo separado de esta agua, para bebida, y cuya temperatura es de 33° á 34° centígrados. El agua tiene gusto dulce, olor sulfúreo, y no es repugnante bebiéndola á su tem- peratura orignaria. Es bastante tras- parente; la de los baños tiene color más ó menos verdoso. Cerca de la ca- sa de agua para beber están las en- fermerías de hombres y de mujeres, y cara al Norte las cocinas. Hay tam- bién cuartos particulares con pilas, donde se pueden tomar baños. Esta agua, bien embotellada, con- serva largo tiempo sus cualidades. En las piscinas levanta burbujas de gas continuamente; este gas se com- pone de oxígeno, ázoe, hidrógeno car- bonatado, ácido carbónico y sulfhídri- co. 1,000 gramos de agua contienen 2 gramos 62 centigramos de sustan- cias fijas, que son: carbonato de cal, sulfatos de sosa, de cal, de magnesia, cloruro de sodio, sulfuro de sodio, bro- CALDAS DE TUY 347 CALDO muro de magnesio, vestigios de alú- mina, óxido de hierro, sílice, y ma- teria orgánica. Estas aguas son útiles contra las enfermedades de la piel, escrófulas, afecciones crónicas del pe- cho, reumatismos, anquilósis incom- pletas, parálisis. A Caldas acuden de 2,0000 á 3,000 enfermos todos los años, sin contar unos 1,500 á 1,700 pobres que entran gratuitamente en el hospital. Estos se bañan muy tem- prano, y á las siete de la mañana; des- pués de limpiarlos y renovar el agua, se abren los baños al público. La estación termal dura desde Ma- yo á fines de Octubre. Se va por fe- rrocarril de Lisboa al Carregado en hora y media, y del Carregado á las Caldas por diligencia, que emplea unas seis horas y media. Caldas de Reyes. España. Aguas salinas y sulfurosas, calientes. Están situadas á tres leguas de Pontevedra, capital de la provincia de este nom- bre. Hay diferetes manantiales, unos salinos, sin olor; otros sulfurosos de olor de huevos podridos. Su tempera- tura varía de 30° á 40° centígrados. Se emplean en los reumatismos, en- fermedades cutáneas, parálisis, neu- rosis, infartos abdominales, leuco- rreas. Hay dos establecimientos, en cada uno de ellos se encuentran pis- cinas comunes y pilas separadas. El viaje se hace en diligencia de Vigo á Caldas de Reyes. La estación balnea- ria dura del Io de Junio á fines de Setiembre. Caldas de Tuy. España. Aguas salinas y sulfurosas, calientes; aguas ferruginosas, frías. Están situadas sobre el rio Miño, á ocho leguas de Pontevedra, capital de la provincia de este nombre, y á una de la ciudad de Tuy. El agua caliente es clara, de olor ligeramente sulfuroso, y de sabor nauseabundo; desprende burbujas; su temperatura varía entre 40° y 49° centígrados. Es empleada en baños en las afecciones de la piel, reuma- tismos; en bebida, en las bronquitis crónicas. El agua ferruginosa, que es fría, se bebe para combatir la clo- rosis. El establecimiento tiene pocas comodidades para hospedar á los via- jeros, contando solo con algunas casi- tas alrededor de los baños. El viaje de Madrid es largo y costoso, hacién- dose parte con ferrocarril, parte en carruaje. Caldo. El líquido que resulta del cocimiento, en agua, de la carne de los animales, ó de ciertas sustancias ve- getales, y con mayor frecuencia de la reunión de entrambas cosas, es lo que se llama caldo. El caldo generalmen- te usado en nuestras mesas, compues- to de vaca (carne y huesos,) legum- bres, tales como zanahorias, nabos, berzas, calabaza, etc., y sal, es un ali- mento muy sustancioso, nutritivo y de fácil digestión; conviene á los con- valecientes, á los individuos muy an- cianos, á las personas cuyo estómago tendría dificultad en digerir sustan- cias sólidas. Pero en las dolencias acompañadas de .gran fiebre, el caldo de carne de vaca seria nocivo á causa de sus propiedades estimulantes, por lo que en estos casos se deben prefe- rir líquidos nutrientes pero flojos, ta- CALMANTE 348 CALOFRIO les como el caldo de gallina, pollo ó ternera. Dáse color al caldo con cebolla, za- nahoria muy tostada ó con azúcar quemado. Las decocciones de tortuga ó de caracoles componen caldos emolien- tes empleados á veces en las afeccio- nes del pecho. El caldo de yerbas se usa como re- frigerante y como laxante para provo- car ó favorecer la acción de los pur- gantes. También puede servir de co- cimiento en muchos casos; he aquí la fórmula más usual: Tómese: Acederas frescas. 40 gram. (10 drac.) Lechuga 20 gram. (5 drac.) Acelgas 10 gram, (2| drac.) Perifollo.. 10 gram. (2J drac.) Sal 2 gram. (| drac.) Manteca de va- cas 5 gram. (111 drac.) Agua 1 litro (32 onzas.) Lávense las plantas y hiérvanse hasta que estén cocidas, añádanse la sal y manteca, y cuélese. Se toma por tazas. Calentura. V. Fiebre. Calmante. Se llaman calmantes los medicamentos que tienen la pro- piedad de calmar ó templar el dolor, de embotar la sensibilidad, y de ador- mecerla economía. Estos medicamen- tos son también designados con los nombres de sedativos, anodinos y narcóticos. Tales son el opio, el clor- hidrato de morfina, agua de azahar, lactucario, belladona, doral, etc. Hé aquí una receta de pocion calmante: Infusión de hojas de naranjo 120 gram. (4 onz.) Láudano de Sy- denham 20 gotas Azúcar 15 gram. (| onz.) Adminístrase esta pocion á cucha- radas, una á una, y todos los cuartos de hora, y sirve para calmar cualquier dolor; ó toda la pocion de una vez pa- ra provocar el sueno. El jarabe de lactucario se da en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas) y es tenido también por calmante. Tómase para la tos, puro ó mezclado con una infusión de flores de malva. Calofrío. Tiritona. Con este nom- bre se designa ,una sensación de frío acompañada de palidez y de constric- ción de la piel. Los miembros tiem- blan y los dientes se entrechocan cuan- do los calofríos son intensos. Los calofríos constituyen un sínto- ma que es precursor ó anuncio de va- rias dolencias. Indican siempre un ac- ceso de fiebre internamente; aparecen en la invasión de la erisipela, de la indigestión, del resfriado, de las vi- ruelas, sarampión, escarlatina, pleure- sía, de no pocas inflamaciones y de muchos ataques nerviosos. Cualquiera que sea la dolencia pre- cedida por los calofríos, el tratamiento de este sistema es siempre el mismo. Es necesario que el doliente se meta en la cama, se cubra bien con mantas de lana, se le pongan á los pies bote- llas ó botijos llenos de agua caliente y envueltas en paños; muchas veces conviene la aplicación de sinapismos en las pantorrillas, y siempre se debe dar á beber una ó dos tazas de infu- sión de té ó de melisa, ó de corteza de limón bien calientes. CALVICIE 349 CALVICIE Calomelanos. V. Mercurio. Calostro. Calostrum. Primera le- che de la recien parida. Esta leche es sumamente serosa, y según parece, tiene una virtud purgante en extremo apropiada para que el recien nacido pueda evacuar el mecomio, materia viscosa cjue se acumula en los intesti- nos del feto durante la gestación. Calvicie. Alopecia. Llámase cal- vicie á la caída del cabello de la cabeza, bien sea senil ó bien prematura. Pe- ro no es únicamente la cabeza la que puede ser afectada de esta suerte; to- das las otras regiones del cuerpo que por Ib común están cubiertas de pelo, como la barba del hombre, las partes genitales, los sobacos, las márgenes libres de los párpados en ambos sexos, pueden también sufrir esta pérdida; la dolencia toma en, este caso el nom- bre de Alopecia. Cansas. Entre las variadas y nu- merosas causas de esta afección se pueden contar todas las dolencias agu- das en su convalecencia; los partos, muchas enfermedades crónicas ó pro- longadas, el escorbuto, los empeines, cuando estos se fijan en regiones ] ró- vidas en cabellos; la tiña, la tisis en el último grado, la lepra algunas ve- ces, y los dolores tenaces de cabeza; los excesos venéreos, un estado de aniquilamiento de fuerzas ó de extre- mada delgadez, sea cuál fuere su ori- gen; afecciones morales profundas y duraderas, excesivos trabajos de espí- ritu, la acción del virus sifilítico, y por último, la vejez. A veces se observa una especie de calvicie en los niños que nacen sin el menor vestigio de cabellos, bien que sus padres no estén sujetos á ninguna dolencia á que poder atribuir seme- jante disposición. Generalmente, en este caso, el cabello empieza á brotar seis meses ó un año después del naci- miento del niño, y aun á veces más tarde. Esta calvicie no exige trata- miento alguno, y debe considerarse como una singularidad de la natura- leza. Tratamiento. De lo expuesto re- sulta que el tratamiento de la calvicie y de la alopecia deberá cambiar según sea la causa de que proceda. Por ejemplo, siendo la consecuencia de al- guna dolencia aguda, el regreso de las fuerzas, acelerado por un régimen tónico y sustancia], bastará para de- tener los progresos de su marcha, y para favorecer la reproducción del ca- bello, si la edad avanzada del indivi- duo no viene á presentar un obstácu- lo insuperable. En estas circunstan- cias, así como en todos los otros casos de calvicie, bueno es raparse la cabe- za y estregarla con agua de Colonia, con manteca de cerdo mezclada de ron, con infusión de simiente de mos- taza, con tintura de espliego. Tam- bién será ventajoso algunas veces friccionarse con aceite de espliego, de enebro ó de camomila. Las fric- ciones con pomada de Dupuytren, tomando como el tamaño de una acei- tuna, repetidas dos veces al dia, pue- den ser muy provechosas. Hé aquí la receta de esta pomada: Tuétano de vaca. 60 grana. (2 onzas.) Acetato de plomo. 1 grana. (20 granos.) Bálsamo del Pe- CALVICIE 350 CALVICIE rú. 2 gram. (40 granos.) Alcohol. 12 gramas (3 dracm.) Tintura de can- táridas. 45 centígr. (9granos.) Tintura de clavo de la India. 5 gotas. Tintura de ca- nela. 5 gotas. Mézclese conforme á las reglas del arte. Las siguientes pomadas se emplean también con buen resultado: Pomada filocoma. Tuétano de vaca. 24 gram. (6 dracm.) Aceite de almen- dras dulces. 8 gram. (2 dracm.) Extracto de qui- na. 2gram. (40 granos.) Esencia de ber- gamota. 6 gotas. Bálsamo del Pe- rú líquido. 20 gotas. Pomada contra la caida del cabello (Reveil). Tuétano de vaca 24 gramos (6 dracm.) Aceite de almen- dras. 8 gramos (2 dracm.) gulfato de qui- nina. 2 gramos (¿ drac.) Ron. 10 gram. (2| drac.) Tanino. 1 gram. (20granos.) Esencia de rosas. 3 gotas. Se hace con arreglo al arte. Pomada de tanino. Tanino. 2 gram. (40 granos.) Agua. 2 gram. (40 granos.) Mantecado cerdo. 45 gram. (1| onza.) Mézclese según las reglas del arte. Pomada de alquitrán Alquitrán puri- ficado. 8 gram. (2 dracm.) Manteca de cerdo. 24gram. (6 dracm.) Se mezcla en un mortero. Pomada contra la caída del cabello. Manteca de cerdo. 30 gram. (1 onza.) Alquitrán. 3 gram. (60granos.) Manteca de nuez moscada. . 2 gram. (40 granos.) Benjuí. 2 gram. (40 granos.) Bálsamo de Fio- ravanti. 3 gram. (60 granos.) Bálsamo del Co- mendador. 3 gram. (60 granos.) Esencia de pat- chuli. 30 centígr. (6 granos.) Disuélvase por trituración el benjuí en un poco de alcohol, se añaden los bálsamos, é incorpora todo en la po- mada de alquitrán, previamente pre- parada al baño de maría. En todo caso en que la caida del cabello proceda de alguna enfermedad crónica y constitucional, exige ante todo, la curación de estas afecciones, y después el tratamiento local, que queda indicado, podrá emplearse ven- tajosamente. La.calvicie venérea reclama un tra- tamiento antisifilítico lo más pronto y más metódico posible, y continuando al ménos por tres meses. V. Sífilis. La continencia es de necesidad á las personas en quienes la dolencia pro- cede de excesos venéreos. Después se intenta la restauración de las fuerzas, merced á un régimen fortificante y baños trios. Esta medicación conviene igualmente á las personas fatigadas por cualesquiera otros excesos. Aque- llos cuya alopecia es debida á pesares, hallarán en los consuelos de la amií- CALVICIE 351 CALLOS DE LOS PIES tad y en las distracciones los únicos medios capaces de influir provechosa- mente en su dolencia; pero este me- dio no es siempre ficaz. El hombre que se ocupa de algún trabajo con ex- cesivo ardor, no podrá obtener mejoría en su estado sino suspendiendo ese trabajo temporalmente. La calvicie senil es incurable. En cuanto á las otras especies, por acer- tados que sean los tratamientos que al efecto se empleen, no hay que es- perar, después de la curación, que el nuevo cabello sea tan espeso como el antiguo. Finalmente, esta reproduc- ción será tanto más completa, cuanto menor fuere la edad del individuo. Los cabellos volverán á nacer con ma- yor dificultad después de una segunda calvicie. La tercera, y sobre todo la cuarta despojan del cabello para siem- pre. Cualquiera que fuere la causa de la calvicie, conviene al principio del tratamiento raparse la cabeza, repi- tiendo esta operación muchas veces, á medida que los cabellos fueren cre- ciendo. Para evitar la despoblación de la cabeza, conveniente es cortarse los cabellos con frecuencia, y aun me- jor cortarlos rasos. Este medio es uno de los más probados y cómodos para facilitar el aumento y vigor de los cabellos. El vulgo tiene generalmente gran confianza en otros medios propuestos para favorecer la población ó creci- miento del cabello; tales son, las mantecas de oso, de venado, de cule- bra, de conejo; ciertos linimentos ex- traordinariamente variados; pero no debe contarse mucho con los buenos efectos de estas aplicaciones; sin em- bargo, ninguna de ellas es peligrosa. El tratamiento único contra la calvi- cie, es el que queda indicado en el presente artículo, y todo lo que la co- dicia y el charlatanismo celebran de- be ser considerado como ineficaz y superfino. Callos de los piés. El callo de los piés consiste en un tumor epidér- mico, duro y circunscrito, que se for- ma en la cara superior de los dedos, entre estos y en las plantas de los piés. La compresión ó el roce produ- cido por el calzado muy preto ó de- masiado ancho, gruesas costuras ó pliegues que se forman en las medias, son las causas más comunes de los callos. Al principio es chato y forma- do por capas de epidérmis superpues- tas; pero la continuación del mal for- ma en el centro una porción más du- ra, de aspecto córneo y semi-traspa- rente que penetra al través de la piel, y á veces'interesa hasta los tendones, ligamentos articulares, y aun hasta los huesos, constituyendo á modo de una raíz. Casos hay en que se pre- rentan los callos bajo la apariencia de una lámina más ó ménos larga, dura, la cual ora excede apénas el nivel de la piel, ora forma una gran promi- nencia; estos no tienen raíces; lláman- se particularmente callosidades. Los callos crecen por lo común len- ta y gradualmente, y al principio solo ocasionan una pequeña incomodidad; pero á medida que se hacen más gruesos y extensos, causan á veces dolores tan agudos que los individuos CALLOS DE LOS PIES 352 CALLOS DE LOL PIES que los tienen no pueden andar, ni éstar en pié. Estos dolores deben ser atribuidos á la compresión que el tu- bérculo ejerce al penetrar en la carne y al dilatarse. Todo cuanto provoca el movimiento de la sangre, recalien- ta los piés, los inflama, aumenta la compresión del callo, y causa mucho más dolor. Tal es el efecto de un ejercicio asiduo, de un calzado angos- to, de conservar largo tiempo la mis- ma posición, ó de algún exceso en las bebidas. El dolor es más incómodo en los dias calurosos que en los fríos; con la humedad también se hincha el callo, aumenta de volumen y la pre- sión que ejerce es más grande. Háse observado asimismo que 'las personas afectadas de callos padecen más cuan- do hay cambio de tiempo, y todavía más cuando van á sobrevenir lluvias abundantes. Tratamiento. Para preservarse de los callos conviene usar de calzado justo á la medida y conformación del pié, esto es, ni muy oprimido ni muy holgado, y evitar que las medias ha- gan pliegues ó tengan gruesos costu- rones. Los militares y todas las per- sonas obligadas á andar mucho, se preservan de los callos untándose los piés con sebo. Pero una vez formados, la curación es más difícil. Para obtener un alivio momentá- neo de los dolores que los callos pro- ducen muchas veces, preciso es qui- tarse el calzado preto, sentarse, po- ner los piés en posición horizontal y procurarse un sitio fresco. Para evi tar la reproducción de los dolores se hace uso de calzado cómodo y suave. I Los sufrimientos que los callos ori- ginan, pueden aliviarse aplicando dos emplastos de diaquilon [gomado, uno de ellos extendido sobre una piel blanda más espesa, teniendo en el centro una abertura suficiente para dejar á descubierto todo el callo, y es- te debe ser cubierto por el otro que 'no está perforado. Por este medio el callo no experimenta compresión. Los dos principales medios de tra- tamiento en los callos,, son: la excisión y la extirpación. Para practicar la excisión', se debe cortar sucesivamente, lámina por lá mina, con un cortaplumas ó navaja bien afilados, toda la parte de la epi- dermis que se hubiere hecho espesa, teniendo cuidado de hacer penetrar el instrumento á una profundidad tanto mayor cuanto más se aproxima del centro del callo, de manera que se forme una cavidad á manera de em- budo. Debe suspenderse la cortadura desdé el momento que ya no quede sino una capa delgada de la epider- mis. Después de cortados los callos, siempre es útil cubrirlos con espara- drapo de diaquilon para defenderlos contra la presión, al menos durante algunos dias. Al cortar los callos es preciso cuidarse de no lastimar las partes sanas, porque tal vez la conse- cuencia de una herida podría ser una inflamación. Si sobreviniere este ca- so, se combatirá el accidente por me- dio de largos baños de piés. cataplas- mas de linaza, y completo reposo.- La excisión de los callos es uno de los medios más generalmente emplea- dos. Lleva el inconveniente de no cu- CALLOS DE LOS PIES 353 CALLOS DE LOS PIES rarlos radicalmente y de no producir sino un alivio pasajero, puesto qué no se saca la raíz, que pronto vuelve á reproducir el mal. No obstante, re- novando la operación de tiempo en tiempo, cubriendo la parte con espa- radrapo de diaquilon con un agujero en su centro de la forma del callo, y aplicando por encima de este parche otro mayor sin abertura, cuidando en fin de no ejercer ningún rozamiento sobre la parte, á veces se logra una curación completa. El segundo método de tratamiento, ó la extirpación, consiste en sacar no solo la parte excedente del nivel de la piel, sino adamas la raíz, sea cual fuere su profundidad. Ciertos ciruja- nos han adquirido notable destreza en este género de operaciones. Practíca- se con una especie de aguja corta, ro- ma, un tanto achatada, por medio de la cual se separa en toda la circunfe- rencia el tubérculo calloso de las par- tes sanas, se llega á la más profunda de sus adherencias sin tocar el menor vaso sanguíneo, y se extrae el callo sin ocasionar dolor. Preciso es tener cuidado de no romper el callo, porque en este caso no seria posible llegar hasta la raíz. Se debe ir separándolo siempre sin cortarlo, á fin de no retra- sar los progresos de la operación. Es- te método cura con más certeza que el anterior, pero no todos los callos pue- den ser tratados por este medio. Cuan- do la punta adhiere á los tendones, nervios ó huesos, puede ser peligrosa la separación, en cuyo caso lo mejor es dejar de operar para no exponerse á consecuencias graves. Existe ademas un medio, no para curar radicalmente los callos, sino á lo menos para hacer que por algunos dias cesen los dolores que suelen ocasio- nar. Se moja en una disolución de potasa un pedazo de piedra pómez cortado en forma de lima, y se hacen fricciones con ella sobre el callo, cu- yas capas caen poco á poco. Se deja de friccionar tan luego como se sienta algún dolor. Repitiendo de cuando en cuando esta operación se evita el do- lor que producen los callos; ello es antes bien una práctica usual de hi- giene que no un remedio. Los callos de la planta del pié son mucho más graves que los que se for- man en los dedos; su excisión ó extir- pación es á veces imposible. Alcán- zase por lo común cierto alivio ponien- do en el calzado un pedazo de sombre- ro de lana horadado en el sitio corres- pondiente al callo, y para curarlo ra- dicalmente es menester á veces cor- tar la porción de la piel sobre la cual se halla implantado el callo. Amen de los medios de tratamien- to que van ya explicados, se propone un infinito número de específicos, lla- mados infalibles, que jamas curan á nadie. Hay, sin embargo, algunos re- medios muy conocidos que no merecen la misma reprobación, tal es la raspa- dura del callo por medio de las limas llamadas sulfúricas, adiamantadas, imantadas, etc., que consisten senci- llamente en un pedacito de paño, so- bre el cual se fija limalla de hierro ó vidrio molido, sirviéndose de la cola de Flandes para fijarlos. Los parches de jabón, de mucílago, de goma amo- CAMALEON 354 CAMARON níaco, de gálbano, diferentes encera- dos, etc., son sin duda medios de po- ca eficacia, pero pueden emplearse, puesto que uo ofreeen inconvenien- tes; ántesbien, auxiliados por un cal- zado cómodo; pueden dar buenos re- sultados. Lo propio puede decirse de las hojas de plantas y del algodón en rama; pero en lo que respecta á secre- tos y específicos que hombres profa- nos al arte de curar anuncian en los periódicos, no debe postárseles ente- ra confianza, pues que esos remedios no se limitan muchas veces á efectos insignificantes, pero son hasta peli- grosos. Callosidad. Se da este nombre á cualquier endurecimiento de las par- tes blandas, como en la planta de los piés, por efecto de la opresión del cal- zado, é en los que andan descalzos, ó en la palma de las manos cuando se desempeñan trabajos penosos. Si es- tas callosidades ocasionan dolor, se cortan con un cortaplumas ó navaja. (V. Callos.) Llámanse también callosidades, las induraciones que se observan en la márgen de las úlceras antiguas. Se resuelven con cataplasmas de li- naza; si se mostrasen rebeldes, se to- can con la piedra infernal, ó se cortan con tijera corva ó bisturí. Camaleón. Reptil cuadrúpedo bastante parecido á un lagarto gran- de; tiene la piel rugusa, el cuerpo comprimido, con una espina saliente y dentada sobre la espalda, la cola encorvada hacia abajo, cabeza gruesa y angulosa, el pescuezo como si estu- viese hinchado, la lengua casi tan lar- ga como el cuerpo, y terminada por un tubérculo viscoso que le sirve para cazar los insectos de que se alimenta; las patas son iguales, con cinco dedos en cada una, reunidos en dos haces opuestas; crece hasta unos 50 centí- metros en su largura. El camaleón es un animal tímido é inofensivo, que habita en las regiones ardientes del Asia, del Africa y de la América. Es poco ágil, y parece concentrar toda la fuerza muscular en la lengua que mue- ve con extrema rapidez, y de la cual se sirve para coger los insectos; pue- de soportar un calor excesivo, y per- manecer meses enteros sin comer. Ca- mina con gran lentitud; por lo común se le ve sobre las ramas de los árbo- les en donde está á la espera de su presa. El camaleón muda de color según sean las pasiones ó necesidades que le dominan. Su color ordinario es el amarillo; sobre un árbol verde se cam- bia en este color, más claro por efec- to del reflejo; tomado en la mano, su color se oscurece y se cubre de ondas rojas rosadas; irritado se muestra casi negro: de tiempo en tiempo toma gran número de tintes ó visos intermedios. Esta singular propiedad del camaleón hizo que se le tomara por emblema del hombre versátil, que, guido por la ambición, toma los colores de las circunstancias. Camamila. V. Manzanilla. Camarón. Animal crustáceo que constituye el tipo de la familia de los Palemones; se encuentra en casi todos los mares y en algunos rios; es de co- lor verde bronceado; pero, después de CAMPANILLA 355 CANARIO cocido, se vuelve encamado claro ó color de carne. Se pesca á lo largo de la costa en los pozos de agua que la marea deja al retirarse; los mejores son los que se cogen entre las piedras. Su carne es agradable, y sana, aunque un tanto pesada. Camedrio ó Encinilla. Tencrium chamaedrys, Linneo. Labiadas. Plan- ta europea, levemente aromática y de sabor amargo. Crece en varias partes de España, especialmente en las sie- rras. Tallo acostado por tierra, divi- dido desde la base en dos ramos pu- bescentes, inclinados y después le- vantados, y altos de 15 á 30 centí- metros; hojas de peciolo corto, peque- ñas, ovales-oblongas, dentadas por los bordes, lisas en la cara superior, un tanto pubescentes en la inferior; flores purpurinas, dispuestas en las axilas de las hojas superiores, que apénas tienen dientes y son rojizas. Esta planta es estomacal y tónica; á veces se emplea en infusión, prepa- rada con 4 gramos (1 dracma) de la planta, y 360 gramos (12 onzas) dé agua hirviendo. Campanilla, Galiillo ó Uvula. Láse este nombre al prolongamiento en forma de uva que pende en el fondo de la garganta encima de la len- gua. El vulgo cree que la campanilla puede caer, y que entonces es preciso levantarla por medio de aplicaciones estimulantes, tales como una cucha- rada de pimienta puesta en contacto con el órgano. La campanilla no cae', pero en ciertas esquinencias, produci- das por el trio húmedo especialmen- et, se alarga, hínchase, y por su con- tacto con la lengua produce una nece- sidad continua de tragar, lo que es bastante desagradable. La mayor par- te de las veces, la dieta, el reposo y algunos gargarismos son bastantes pa- ra conseguir la reducción de la cam- panilla á su volúmen ordinario. Los gargarismos que sirven al caso son los siguientes: 1? Infusión de salvia 500 gram. (16 onzas.) Vinagre 30 gram. (1 onza.) Miel rosada.... 60 gram. (2 onzas.) Mézclese. 2? Agua 500 gram. (16 onzas.) Alumbre 15 gram. (1/2 onza.) Miel 60 gram. (2 onzas.) Mézclese. Si apesar de estos gargarismos, con- tinuados por largo tiempo, la campa- nilla no volviese á su volúmen acos- tumbrado, é incomodara por la titila- ción continua, se deberá practicar su excisión con tijera. Campeche (Palo) ó de Indias. Procede de un árbol grande.Hama- toxylum campechianum, Linneo, de la familia de las Leguminosas, el cual habita en México, en la bahía de Cam- peche y en las Antillas. Este palo, que es el corazón del árbol, viene en grandes troncos de color rojo negruzco exteriormente, y rubio oscuro en el interior: su olor es agradable. Sirve para hacer tintes negros, cenicientos, rojos, azules, encamados, y para mu- chos otros compuestos. Canario. Pájaro originario de la» islas Canarias; tiene el pico de color de carne, plumas amarillas y á vece» cenicientas verdosas, la cola un poco CANARIO 356 CANCER ahorquillada. Se conocen veintinueve variedades. Entre los pájaros canto- res, el canario es aquel cuyo gorgeo es más frecuente y prolongado, calidad que lo coloca en primera línea entre las aves que las personas sedentarias tienen mayor gusto en guardar en jau- la. En su país natal, el canario es verde oscuro listado de rojo en los costados y en las alas: en el estado doméstico ha tomado el tinte amarillento que lo distingue; sin embargo, el canario verde, semejante en todo á la especie primitiva, siempre se ha conservado. Los aficionados á pájaros han cru- zado la raza pura de los canarios con el gilguero, el bubrelo, el pintarrojo ó pardillo y otros varios, resultando de esto pequeños mestizos de diver- sos colores bastante lindos que son llamados arlequines; el canto de es- tos mestizos- tiene analogías con el de las razas de que provienen. Los canarios machos cantan bien y su gorgeo es bastante agradable; pue- den aprender sonatas por medio de un organillo, construido expresamente para ellos; se consigue también hacer- les repetir algunas palabras. La hem- bra no canta. Los canarios son socia- bles y familiares; se aficionan á la persona que los cuida, se posan sobre el hombro, y toman de la mano ó de la boca el alimento que se les ofrece. Se crian con suma facilidad: el mijo y el cañamón molidos, la pamplimi ú otras plantas, con el azúcar y los biz- . cochos, constituyen la base de su ali- mentación. La hembra pone de cua- tro á cinco veces por año, y de cinco á seis huevos cada vez; al afecto se le proporciona un cestito suspendido y algodón en rama para que haga su nido. La incubación dura de doce á catorce dias. Cáncer. Dolencia crónica, que principia bajo la forma de tumor, ve- rruga ó lámina, que aumenta poco á poco, no retrocede casi nunca, presen- ta una tendencia marcada á ulcerarse, invade todos los tejidos indistintamen- te, puede retoñar, y que, por fin, de- teriora la salud del individuo. Hay diferentes especies de cáncer: Cáncer escirroso ó escirro. Cáncer encefaloide. Cáncer melánico. Cáncer coloide. Cáncer epitelial 6 cancroide. Io Cáncer escirroso ó escirro. Este cáncer está caracterizado por un tumor de consistencia firme y hasta hoy muy dura; es del volumen de una avellana hasta el de una manzana. Su consistencia ha sido comparada á la piel del tocino. Cuando se saja un- tumor escirroso, se encuentra una no- table resistencia y el corte deja oir un pequeño ruido. Su aspecto es blanco amarillento. Todos los órganos pueden ser asien- to de un escirro, pero esta clase de cáncer aparece más particularmente en los pechos. Síntomas. El principio del escirro no se presenta acompañado de nin- guna determinada sensación, y no po- cas veces el doliente logra por casua- lidad apercibirse de su existencia. Pre- séntase como masa circunscrita; al principio es móvil, pero se conoce que está ligado á alguna parte del órgano CANCER 357 CANCER en que se desenvuelve; su consisten- cia es sólida y su superficie desigual. Por fin, en este período de la dolencia, la piel no se ve alterada, está intacta, sin adherencia ni cambio de color, y raras veces los ganglios linfáticos se presentan hinchados. Mas adelante, el tumor adquiere mayor volúmen, presenta la superficie desigual y contornos mal limitados que se dilatan por medio de prolon- gaciones ramosas; su movilidad es mu- cho menor, á causa de la prolongación del mal á los tejidos inmediatos y con especialidad á la piel. Esta, adheren- te entonces, no puede plegarse ni des- prenderse; parece que se ve atraída del lado del tumor por su faz interna, de lo cual resultan arrugas de forma irregular ó una superficie áspera. Muéstranse en torno venas subcutá- neas, sinuosas, sumamente desenvuel- tas con relación al volúmen del tejido mórbido. Ademas de esto, en el tra- yecto de los vasos linfáticos existen por lo común glándulas ingurgitadas y duras. Cuando el escirro es ya antiguo, los dolores, que ántes no existían ó eran muy leves, toman un carácter agudo sumamente notable. Llega al fin un momento en que, alterada la piel por la infiltración can cerosa, adquiere un color rojo oscuro, y se abre; la ulceración comienza por la superficie de la piel, se oculta en una de las arrugas de los tegumentos, toma la forma de una grieta ó hende- dura y aumenta con lentitud. Una vez abierta, la úlcera cancero- sa presenta caracteres especiales. Es deprimida, cubierta de nudosidades ó carnosidades poco desarrolladas y de mala índole. Sus labios ó márgenes son duros, poco abultados, poco ó casi nada vueltos, y de fondo resistente. De esta úlcera fluye.un humor fétido. Entonces vienen á manifestarse los sintomas generales; el doliente en- flaquece, se seca; su tez toma un co- lor amarillento, y las digestiones se ha- cen irregulares; muchas veces sobrevie- nen opresiones, tos, dolores vagos en diversas regiones. Esta aglomeración de síntomas constituye la caquexia cancerosa, que será tratada con mayor extensión, al hablar de los síntomas de una manera general. La marcha ó desenvolvimiento del escirro es lenta casi siempre; indivi- duos hay atacados hace veinte y trein- ta años por tumores escirrosos que se mantienen estacionarios sin compro- meter en nada su vida, circunstancia que solo se observa en los escirros in- dolentes que np afectan ninguno de los órganos más importantes del cuer- po humano. En otros casos, los pro- gresos del mal siguen su camino sin detenerse, y aun pueden mediar mu- chos años entre el principio y la ter- minación de la dolencia; en fin, algu- nas veces la desorganización es tan rápida, que basta algunos meses para que recorra todos sus períodos. Rarí- simo es obtener la curación del escirro cuando no es susceptible de ser ope- rado, y más raro aún verlo sanar es- pontáneamente. Sin embargo, el pro- fesor Velpeau cita en su obra tres ca- sos de tumores; completamente mani- festados con los caracteres del cáncer CANCER 358 CANCER escirroso, que desaparecieron en algu- nos años bajo la influencia de un tra- tamiento médico. Todo escirro es tan- to ménos curable cuanto más invete- rado, más doliente y más extenso fue- re; cuando más profunda sea la des- organización y más esencial á la vida el órgano en que radique; por último, cuanto más anciano y flaco sea el in- dividuo atacado por el cáncer. Las cir- cunstancias opuestas hacen el pronós- tico favorable. Las recaídas, después de haber operado, son ménos frecuen- tes cuando los dolientes son jóvenes, de buena complexión, y el mal ménos circunscrito y ménos antiguo. 2? Cáncer encefaloide, llamado también Fungus hacmatodes. Está caracterizado por tumores de volúmen variable, comunmente redondeados, teniendo en general poca consistencia, cuyo tejido tiende á abultarse cuando se divide, y da un jugo abundante y lactescente. Estos tumores son nota- bles, ademas de esto, por su grande aptitud á inficionar los ganglios linfá- ticos 'y aun toda la economía. En el último período de su evolución, el cán- cer encefaloide se convierte en masa espesa, blanca ó roja. El lugar predi- lecto de los tumores encefaloides es el testículo; vienen después los hue- sos, los ojos, el seno, las paredes torá- cicas y abdominales. Síntomas. No hay ningún signo precursor que anuncie la formación del cáncer encefaloide; las observacio- nes han demostrado, con efecto, que la mayor parte de los dolientes gozaban de perfecta salud en el momento en que la dolencia vino á manifestarse. Al principio no se observa nada de característico. El tumor es casi redon- do, bien circunscrito, de una consis- tencia regular, móvil cuando no tiene origen en algún hueso. La piel que lo cubre es de color natural y sin da- herencias. No existen aún dolores, ó son escasos. Más adelante, á medida que pro- gresa, este tumor contrae adherencias al mismo tiempo con las capas profun- das y con las superficiales; de esto resulta una mobilidad menos eviden- te y hasta una inmobilidad completa. Esta extensión y esta inmobilidad so- brevienen en general más tarde en el encefaloide que en el escirro. En es- te período adelantado, la superficie del encefaloide presenta largas ele- vaciones, cuya blandura es á veces bastante grande para simular la fluc- tuación, y están separadas por las porciones más firmes. Venas de un volúmen relativamente considerable, sinuosas, azuladas, parten del tumor y pueden ser seguidas hasta bastante lejos en su trayecto subcutáneo. En fin, la piel toma el color rosado, des- pués rojo oscuro, indicio precursor de una ulceración inminente. Si los do- lores no existen todavía, principian á manifestarse bajo la forma de ca- lor, de punzadas más ó menos agu- das. La piel estirada, adelgazada, violácea, cede al cabo, y se estable- ce la ulceración. Esta, estrecha al principio, adquiere en algunos ¿lias proporciones más considerables; corre de ella un humor seroso, abundante, ceniciento, de un hedor particular, cuyo contacto irrita la piel que la ro- CANCER 359 CANCER dea. Ahóndase la úlcera y presenta labios cortados perpendicularmente ó vueltos al revés; á veces el tejido del tumor se hincha, remonta en promi- nencia á través de la abertura cutá- nea, y se extiende hácia fuera como un hongo largo de color violáceo. A veces fragmentos de fungosidades se separan ó caen en putrefacción. La úlcera que sucede al tumor en- cefaloide puede presentar dimensio- nes de consideración. Sus caractéres no son los de una herida supurante de buena naturaleza; sin hablar del humor que de ella sale, su superficie está cubierta de granulaciones blan- das, cenicientas y muy vasculares. Muchas veces el encefaloide ulcerado es el foco de hemorragias debidas tan- to á la blandura del tejido mórbido, como al desarrollo considerable de sus vasos, cuyas delgadas paredes se ras- gan al más leve esfuerzo. Estas he- morragias son por lo común módem- das, pero pueden hacerse bastante copiosas para llegar á dar inquietu- des. A cierta época se hinchan las glándulas linfáticas vecinas de la ul- ceración. Al principio existe un solo ganglio bastante duro y móvil; des- pués, siendo consecutivamente inva- didas las otras glándulas, se siente un rosario ganglionar cuyas diferentes cuentas acaban por juntarse. Seme- jantes desórdenes no pueden existir sin perturbar de un modo íntimo la economía entera y síntomas generales poco tardan en sobrevenir: color ama- rillento de la piel, digestiones difíci- les, laboriosas, enflaquecimiento ge- neral. De todos los cánceres, la evo- lucion del encefaloide es la más rápi- da; en seis semanas recorre ordinaria- mente todos sus períodos; sin embar- go, hánse visto durar cuatro años. 3o Cáncer melánico. Es el cán- cer encefaloide colorado por el pig- mento negro. Preséntase bajo la for- ma de masas redondeadas, bien cir- cunscritas ó enquistadas, poco volu- minosas, blandas y á veces blandísi- mas. Cuando se cortan, corre de ellas en bastante abundancia un jugo can- ceroso cuyo color varía del ceniciento al negro, y que mancha el papel co- mo la tinta negra más ó menos dilui- da. Su sitio más común es el ojo ó la piel. Síntomas. Este cáncer principia por uno, dos ó más tumores; ó si no á un tumor suceden rápidamente otros, especialmente cuando el mal radica en la piel. Estos tumores se conser- van muchas veces muy pequeños; pe- ro el número parece venir á suplir su volumen. Cuando son superficiales, se puede conocer su naturaleza por el color azulado que á través de la piel puede percibirse. La marcha y la du- ración del cáncer melánico semejan las formas más activas del encefaloi- de común. La infección general de la economía es aún más pronta que en este. 4o Cáncer coloide. Este cáncer es caracterizado por la presencia, en la totalidad ó en una parte del tumor, de una sustancia semejante á una ja- lea, más ó menos gruesa, de membri- llo ó de grosella. Por lo común se ma- nifiesta en el intestino ó en el peri- toneo, en donde puede formar masas CANCER 360 CANCER degran volumen. Sigue la marcha y presenta señales análogas á las de las precedentes especies, con la dife- rencia que su evolución es ménos rá- pida, y sus propiedades inficionado- ras son ménos pronunciadas. 5° Cáncer epitelial ó Cancroi- de. Tumor formado de elementos se- mejantes al epitelio (cutícula que cu- bre las membranas mucosas). Encuén- trase en los labios, lengua, rostro, es- croto, ano, cuello del útero, etc. Prin- cipia por una prominencia parecida á una verruga, que se vuelve roja, se abre y trasforma en úlcera. Hay un artículo especial consagrado á esta especie de cáncer. (Véase Cancroi- de.) Síntomas generales de los cánce- res. La poca, mobilidad del tumor es de cierta importancia cuando el tu- mor no tiene origen en un hueso. Aunque este carácter pueda encon- trarse en los tumores benignos, pue- de no obstante servir como elemento de diagnóstico, porque se muestra pronto en el cáncer, ántes que el tu- mor haya adquirido gran desarrollo. Consistiendo una de las tendencias más notables del cáncer en la inva- sión de todos los tejidos sin distinción de naturaleza, luego cesa de ser mo- vedizo, forma parte del órgano dolo- rido é inmobilízase en la región don- de tiene su asiento. Los dolores merecen igualmente ser tomados en consideración. Bien que ciertos cánceres no sean muy sen- sibles desde el principio hasta el fin, miéntras que á veces tumores benig- nos son asiento de vivos dolores, pue- de decirse de una manera muy gene- ral, que las afecciones cancerosas lle- gadas á cierto período de su evolución, se hacen notables por los dolores que traen consigo. Los enfermos compa- ran los padecimientos á los de una quemadura, pero se quejan sobre to- do de las punzadas que experimentan, tal como si una aguja, un puñal, ó un hierro ardiendo atravesase el tumor. A estos dolores se ha dado el nom- bre de dolores lancinantes. Su fre- cuencia es tal que se consideran por eso como signo característico del cán- cer. La ulceración es menos constante, porque no es raro ver dolientes que llegan al último grado del enflaque- cimiento con uno 6 más tumores no ulcerados. Ademas, todos los tumores cancerosos tienden á ulcerarse, y si esta desorganización no existe aún en el momento en que se observa al do- liente, la adherencia de la piel al te- jido mórbido tiene casi el mismo va- lor. Cuando la ulceración se efectúa, existe un nuevo carácter importante: la superficie de la úlcera es icorosa, irregular, de bordes salientes ó vuel- tos, pálida ó roja; descansa sobre la base dura y espesa, presenta en cier- tos puntos profundas sinuosidades, en otros carnosidades exuberantes; en una palabra, no tiene caracteres de una úlcera benigna. Agrégase á esto, que no fluye verdadero pus, sino un líquido tenue, seroso, ceniciento ó san- guinolento, que se llama icor cance- roso^ de olor fétido particular, repug- nante, análogo en todos los cánceres. La existencia de un ingurgita- CANCER 361 CANCER miento ganglionar seria uno de los caracteres del tumor canceroso, si fue- ra siempre posible pronunciarse sobre la alteración de las glándulas linfáti- cas aumentadas de volúmen. Pero es muy difícil tener la certeza. Si las glándulas ingurgitadas, sin embargo, son múltiples, duras, poco movibles, adherentes á la piel; si sobre todo son ya el asiento de la ulceración pre.- sentando los caracteres de la úlcera cancerosa, no cabe la duda desgracia- damente. El deterioro de la salud general muestra la malignidad del tumor. Bien que no sea raro el encontrar do- lientes afectados de cánceres volumi- nosos y antiguos, [en los que la salud general no experimenta gran daño, puede decirse que esto no constituye la regla, y que en general hay mar- cada desproporción entre la lesión y su influencia sobre el organismo. Así pues, es inexplicable la depresión de las fuerzas ni por el licor que arroja la úlcera, ni por las hemorragias. To- do esto prueba que es preciso atri- buir á la naturaleza del temor su' in- fluencia deletérea, y muestra el con- traste que existe entre las produccio- nes malignas y los tumores benignos. Estos pueden, con efecto, existir du- rante largos años, y adquirir un desa- rrollo enorme, sin ocasionar otro per- juicio á la salud que el que resulta de su peso ó de su volumen considera- ble. La reunión de los síntomas genera- les que sobrevienen en el curso de la dolencia cancerosa es lo que se llama caqztexia cancerosa. Primero sobre- viene un cierto grado de enflaqueci- miento, aunque no muy considerable; ya acompañado del dolor amarillento de la piel, que no es como el de la clorosis, ni el do la ictericia. Al mis- mo tiempo las funciones digestivas se perturban, el enfermo tiene menos apetito, las digestiones se hacen con alguna dificultad, las evacuaciones no son tan regulares como en el estado normal; en los últimos períodos del mal aparece la diarrea, las fuerzas disminuyen sensiblemente, el dolien- te debilítase de dia en dia, sobrevie- ne el cansancio y algunas palpitacio- nes. El cáncer abandonado á sí mismo es mortal, salvo en raras excepciones. No obstante, todos los tumores can- cerosos no son malignos en el mismo grado. A este respecto se pueden es- tablecer tres divisiones: Io tumores de malignidad excesiva (cáncer melá- nico, encefaloide, escirroso); 2" tumo- res de malignidad mediana (cáncer coloide); 3o tumores de poca ó de me- nor malignidad (cáncer epitelial ó cancroide). Causas. El cáncer puede desen- volverse en todas las partes del cuer- po, pero es mucho más frecuente en los pechos, en los testículos, en el útero, en la cara y otras partes. La aparición del cáncer supone cierta dis- posición interior que no es conocida, mas sin la cual todas las causas exter- nas jamas lograrían producir el mal. Desgraciadamente nada puede hacer- nos reconocer de antemano la terrible predisposición al cáncer: no es la CANCER 362 CANCER misma en todos los órganos, puesto que frecuentemente una parte expues- ta á todas las causas, bajo cuya in- fluencia se desarrolla el cáncer, que- da exenta de esta afección, mien- tras que otra que se halle al abrigo de esas circunstancias, no puede ser pre- servada. Creíase antiguamente que el cán- cer era contagioso, que podía comuni- carse de una persona á otra; pero hoy el contagio no es de temer, pues los doctores Alibert y Biett han probado, merced á experiencias concluyentes, cuán mal fundados eran esos recelos vulgares á este propósito. Multiplica- das observaciones demuestran que mujeres afectadas del cáncer del úte- ro han podido entregarse mucho tiempo á las relaciones conyugales sin la menor consecuencia nociva pa- ra sus maridos. El conocimiento de la causa próxi- ma del cáncer seria de grande impor- tancia; por desgracia nada se sabe con certeza relativamente á este asunto, y debemos limitarnos á estudiar las circunstancias bajo la influencia de las cuales esta dolencia se declara; tinas actúan en toda la economía; ta- les son las pasiones de tristeza, las fa- tigas extraordinarias, la supresión de una evacuación habitual, como mens- truos, hemorroides, etc.; otras son pu- ramente locales. Las causas locales más frecuentes, esto es, las que ac- túan sobre un punto especial de la ■constitución son: los golpes, las infla- maciones prolongadas, las úlceras an- tiguas ; pero preciso es confesar que la mayor parte de las veces el cáncer aparece sin que se pueda atribuir su presentación á ninguna de estas cau- sas. ¿Y cuántos individuos no hay que, sometidos á la influencia de to- das las causas arriba mencionadas, jamas presentan el menor vestigio de padecimientos cancerosos? Luego que la acción de las influencias exteriores se halla subordinada á la predisposi- ción interior de la economía, y que sin ellas todas las otras carecen de di- cha acción, solo ella de por sí misma puede determinar la aparición del mal. Tratamiento. Si las causas del cáncer fuesen conocidas, seria posible indicar un tratamiento preservativo; pero en nuestra ignorancia á este res- pecto, ni aun siquiera podemos dar indicaciones generales. Tratamiento médico. Numerosos medicamentos han sido empleados contra el cáncer y casi todos sin ven- tajas; inútil es por tanto describirlos; solo ofreceremos una sencilla enume- ración. Las preparaciones de cicuta, de acó- nito, de belladona; el lagarto, los mercuriales, el arsénico, el cloruro de bario, las sales de cobre, las de hierro, el iodo, el óxido de oro, el aceite de hígado de bacalao, etc., etc; todos es- tos medicamentos, alternativamente ponderados como otros tantos especí- ficos, y caídos en el más justo descré- dito, no han producido probablemen- te curación alguna; de suerte que si existe un específico contra el cáncer, ó si es posible que exista, aun está por descubrir: A vista de tan desesperantes resul- CANCER 363 CANCER tados debe el médico quedar desani- mado? No, por cierto. Dos ó tres ejemplos de tumores probablemente cancerosos, que desaparecieron gra- dualmente por resolución, parece vie- nen todavía á mostrar que el cáncer no es un mal absolutamente incura- ble; y tal vez en su dia un específico llegará á ser descubierto. La resolución de estos tumores, ob- servada por el doctor Velpeau, fué debida á medicamentos bastante ac- tivos; ioduro de potasio interiormen- te, fricciones con pomada de esas mis- mas sustancias, baños con bicarbona- nato de sosa, purgantes repetidos' Hé aquí las recetas: Ioduro de po- tasio 15 gram. (300 gran). Agua destila- da 450 gram. ( 15 onz.). Disuélvese. Se toma una cuchara- da dos veces por dia. Esta pocion to- mada en la dosis de de dos cucha- radas al dia; se concluye en quin- ce dias. Se reproduce la pocion y se continúa usándola por espacio de tres ó cuatro meses. Pomada de íodu- ro de potasio... 60 gram. (2 onz.). Se hacen dos fricciones por dia; empleando esta pomada en cantidad como el tamaño de una aceituna cada vez. Baño con bicarbonato de sosa. Bicarbonato de sosa 150 gram. (5 onzas). Se echa toda la cantidad en un ba- ño general de agua templada simple. Tómase un baño por semana. Una purga de diez en diez dias: in- fusión de sen compuesta, limonadas de citrato de magnesia, aceite de rici- no, sal de Epsom, ó sal de Glauber. EL régimen debe ser regular, com- puesto de carne, vegetales, vino, té, café, frutas, etc. Tratamiento quirúrgico. Aunque el cáncer sea á menudo el resultado de una diatésis ó predisposición, con- tra la cual solo existen remedios pa- liativos, casos hay en que el mal está localizado sobre un punto, y basta con destruirlo, antes de que se pro- pague, para alcanzar la curación. Los medios propios para este fin son: la cauterización y la excisión. Las sustancias cáusticas emplea- das para destruir los cánceres son el cloruro de zinc, la pasta cáustica de Viena, el ácido arsenioso y el ácido sulfúrico. La cauterización con cloruro de zinc consiste en aplicar sobre el tu- mor láminas hechas con masa de esta sustancia, ó en introducir flechas de la misma masa por fuera del tumor ó de la ulceración á través de los teji- dos. Esta masa se hace con cloruro de zinc, harina de trigo y agua; en medicina lleva el nombre de cáustico de Canquoin. La acción del cloruro de zinc es muy enérgica; puesto que este cáusti- co destruye en cuarenta y ocho horas un espesor de tejidos igual á cuatro veces el grueso de la capa de masa empleada. Este cáustico es altamen- te ventajoso; determina en los tejidos una inflamación destructora de buena ley. Desgraciadamente el cloruro de zinc obra con lentitud, visto que es CANCER 364 CANCER preciso dejarlo en la parte misma de doce á cuarenta y ocho horas, según el resultado que se desee obtener, y durante ese tiempo se sufren dolores bastante fuertes. No obrando el clo- ruro de zinc sobre Ja piel intacta, si el tumor no está ulcerado, preciso es destruir la epidermis que lo cubre ha- ciendo primero aplicar un vejigatorio; ó la operación se comienza por la apli- cación de la pasta de Viena á fin de destruir los tegumentos. Diez minu- tos de aplicación de dicha pasta son suficientes paita desnudar la piel, y luego que esto se consiga, se aplica una capa de pasta de cloruro de zinc, de medio centímetro de espesor, y por encima una planchuela de hilas. Seis horas después se aplica una cataplas- ma de linaza, que debe permanecer hasta el dia siguiente: Despréndese la escara con el bisturí, y se hace otra nueva aplicación por el mismo méto- do ya explicado, hasta dejar destruida completamente la producción cance- rosa. La pasta de Viena, empleada solo para cauterizarlos cánceres pequeños, es un cáustico excelente, que ocasiona poco dolor y posee gran energía. El único inconveniente que debemos se- ñalar, es que si el cáncer arroja abun- dante humor, el cáustico es arastrado por aquel y su acción queda inutiliza- da. La pasta de Viena se prepara con potasa cáustica, cal viva y alcohol. El ácido arsenioso, mezclado con cinabrio y sangre de drago ó esponja calcinada, forma parte de las prepara ciones cáusticas de Rousselot, de Fray Cosme, y entra en gran número de pastas empleadas por los empíricos. Es un cáustico cuya acción es harto limitada y que produce una escara seca; no posee, sin embargo, acción alguna específica sobre el cáncer. Es- te cáustico ocasiona intensos dolores y obra lentamente; durante muchos dias, una semana cuando menos, hace sentir vivos dolores. Ademas de esto, y lo que es mucho más grave afín, el arsénico puede ser absorbido en dosis más ó menos fuertes y producir el envenenamiento. Para evitar este peligro no se debe cauterizar una su- perficie mayor de- tres centímetros cuadrados. El ácido sulfúrico, solidificado con polvos de azufran ó de carbón, cons- tituye igualmente un cáustico enérgi- co, que puede aplicarse sobre las su- perficies más irregulares. La aplicación de las sustancias cáusticas puede hacerse de dos modos? sobre el tumor mismo ó sobre sus lí- mites de manera á aislarlo de las par- tes sanas. Esta última forma se prac- tica por medio de flechas cáusticas la- bradas con pasta de cloruro de zinc, arriba mencionadas. La excisión del tumor se hace con bisrurí, Esta operación, que es muy dolorosa, es precedida de la cloroformi- zación del doliente. La cauterización ó la excisión del cáncer son los únicos medios que pue- den ser opuestos á esta dolencia siempre grave. Condiciones generales é indicacio- nes del tratamiento quirúrgico. Sien- do de cierta gravedad las operaciones que se practican para la curación de CANCER 365 CANCER los cánceres, conviene examinar si estos tumores deben ser operados. Algunos autores, apoyándose en el hecho de que la producción cancerosa se halla bajo la dependencia de una diátesis, consideran como inútil una operación que puede hacer desapare- cer la manifestación, pero que carece de toda acción sobre el estado gene- ral para impedir la aparición de un nuevo tumor. Varios cirujanos timo- ratos y atemorizadores no se conten- tan con solo considerar la reinciden- cia como fatal; alegan ademas que la vida de lós pacientes se abrevia ope- rándolos, á causa de la mayor celeri- dad de la marcha en las recaídas. Si tales asertos fueran fundados, es evi- dente que la abstención vendría á im- ponerse en esta materia; la cuestión merece, por lo tanto, ser examinada y resuelta por hechos bien observados, porque el raciocinio no puede servir de guía cuando se trata de tomar una determinación tan grave. Alejandro Monró, sobre unos se- senta enfermos que vió someter á la operación, halló solamente cuatro sin reincidencia, al cabo de dos años. Scarpa, en su larga carrera no observó sino tres casos sin repetición de la do- lencia. Estas dos estadísticas enseñan que la reincidencia es muy frecuente, pero no establecen la incurablilidad absoluta. Las opiniones emitidas por autores de alta consideración dicen que en los cánceres más rebeldes la curación, por desgracia, es excepcional; pero no prueban que la repetición del mal sea inevitable, y pueden oponerse á sus aseveraciones los hechos de curas, ob- servados por Velpeau, Manee y La- boulbene, y tres casos en que Follín vió mujeres que existían después de la operación del cáncer del pecho, ha- cia ya cinco, siete y once años. Admi- tiendo que, después de tales hechos, los dolientes no hayan estado aún al abrigo de la reincidencia, sé debe re- conocer por lo menos que la operación debe tener por efecto la prolongación de la vida de una manera considera- ble. Ademas, sin embargo de las pro- babilidades de la curación definitiva y de la prolongación de la existencia, la operación trae consigo otras venta- jas: procura al paciente algunos años de una vida más llevadera, exenta de dolores y de inquietudes. De una ma- nera general, se puede por consiguien- te concluir en favor de la operación; solo resta determinar los casos en que se debe intervenir y las reglas que deben guiar al cirujano. Indicaciones y contra-indicacio- nes del tratamiento quirúrgico. Cier- tas condiciones generales y locales de- ben ser estudiadas cuando se trata de decidir la oportunidad de la operación del cáncer: Io Preciso es que el tumor se halle en condiciones tales que pueda ser completamente extraído. Débese, con efecto, desechar toda clase de opera- ción en la cual solo una parte del te- jido mórbido quedaría destruida. La existencia de un engurgitamiento ganglionar no constituye una contra- indicación de la operación, si esas glán- dulas no son muy numerosas ni abul- tadas, si son movibles y sobre todo, CANCER 366 CANCER si se juntan á una de las formas mé- nos malignas del cáncer. 2o Un leve enflaquecimiento no es contrario á la operación. 3° Pero no se debe operar cuando existen señales evidentes de caque- xia cancerosa, que se indica en la pag. 361. 4® No se debe poner la mano en los tumores cuya marcha lenta pudie- ra ser perturbada por la operación, tales son los escirros de las personas de edad avanzada, y los tumores cer- cados de glandulillas cancerosas que ocupan el espesor de la piel. Tratamiento paliativo. Cuando por alguno de los motivos arriba indi- cados no hay posibilidad de operar, necesario es limitarse á un tratamien- to paliativo, merced al cual se alivie la posición del doliente y se calmen los dolores. De este modo se llega á á hacer soportable la existencia, que sin estos cuidados seria un verdadero suplicio. Al hedor y á la abundancia de la fluxión se opone la aplicación de hilas empapadas en agua de Labarra- que, en agua fénica, en coaltar sapo- nizado; el dolor será combatido por las preparaciones opiadas interna y externamente; para reprimir las he- moragias, conviene emplear los me- dios variados: compresión con hilas empapadas en la solución de perclo- ruro de hierro, ó con planchas de yes- ca, polvos de extracto de ratania ó de tanino. Para modificar la superficie de la úlcera y disminuir la secreción icorosa, sirve la aplicación de hilas humedecidas en la solución de cloru- ro de zinc (1 gramo Je cloruro de zinc para 100 de agua). Para sostener las fuerzas, necesaria es una alimen- tación reparadora: carne asada, papas de tapioca, caldos sustanciosos, jaleas animales y vegetales, vino de Málaga, de Jerez, de Oporto, de Madera y Aú- no de quina. Cáncer de las amígdalas. Este cáncer es muy raro; manifiéstase por lo común bajo la forma de cáncer en- cefaloide. Está caracterizado por la dificultad de la deglución y de la pa- labra, causadas por un tumor volumi- noso, desigual, duro, á veces ulcera- do, sanguinolento, situado entre los pilares del velo del paladar. El tratamiento consiste en extraer el tumor, y en emplear después los gargarismos con ácido fénico. Cáncer del bazo. El cáncer no se observa sino muy pocas veces en el bazo. Entre la mayor parte de los ca- sos descritos, el cáncer no ha invadido primitivamente el bazo, sino que se ha unido á un cáncer del hígado ó del estómago. Los tumores cancero- sos grandes pueden comunicar al ba- zo un aspecto desigual y resaltado. Atendida la gran rareza de los cánce- res en el bazo, cada vez que se trate de determinar la naturaleza de un tumor en el costado izquierdo del vientre, se debe pensar, en último término, que es de una degeneración cancerosa. El tratamiento es puramente pa- liativo: cataplasmas de linaza rociadas con láudano, emplasto de cicuta en la región del bazo, y fricciones con bálsamo tranquilo. Cáncer del cerebro. Síntomas^ CANCER 367 CANCER Doble vista, á veces gota serena, en- torpecimiento de la piel, parálisis per- ciales, progresivas, del rostro, de los brazos, de las piernas, dolores reu- máticos en ciertos puntos, los cuales duran largos años, indican la existen- cia de un tumor del cerebro, proba- blemente de una naturaleza cance- rosa. Congestiones cerebrales con ac- cidentes epileptiformes, la pérdida gradual de la memoria y de la razón, son los compañeros del cáncer del ce- rebro. Tratamiento. Nada se puede ha- cer para curar el cáncer del cerebro; solo son necesarios medicamentos pa- liativos á fin de calmar los dolores y sostener las fuerzas. Cáncer de la conjuntiva. Ademas de los cánceres del ojo que suelen en segundo lugar invadir la conjuntiva, esta membrana es por su parte afec- tada á veces de cáncer medular, fibro- plástico, gelatinif orine y melánico.- Los cánceres de la conjuntiva se des- envuelven con prontitud, rara vez son pediculados, sangran fácilmente, sal vo el melánico, y producen la pérdida de la vista, propagándose á las partes circunvecinas. Tratamiento. Se debe, con toda premura, extraer el cáncer, lo cual se practica por medio de bisturí ó de ti- jera corva. Si sobreviene hemorragia, cauterízase con piedra infernal ó per- cloruro de hierro. Cuando la vista se halla enteramente perdida, lo mejor es extraer la parte anterior del ojo que no hacerla operación incompleta. Cáncer del estómago. V. Estó- mago. Cáncer del hígado. Síntomas. Nada tan variable como las perturba- ciones locales y generales producidas por el desarrollo de las masas cance- rosas en el hígado; he aquí las que se han observado en la mayor parte de los casos. Los dolientes pierden el apetito, sus digestiones se hacen di- ficultosas y van acompañadas de un considerable desarrollo de gas; sien- ten malestar, peso en la boca del es- tómago ó en el hipocondrio derecho; á veces se quejan de dolores agudos en esas regiones; la mayor parte de ellos padecen náuseas y vómitos, ora en intervalos próximos, ora de larga en larga distancia. Los vómitos, que rara vez son sanguinolentos ú oscuros, están formados por materias alimenti- cias, muco y bilis. Los dolientes se ven atacados de ictericia algunas ve- ces en los principios del mal, pero más comunmente cuando este prepon- dera hace algún tiempo. Hallándose el hígado casi siempre de mayor volu- men que el normal, se siente en el hipocondrio derecho un tumor; á los fines sobreviene un derrame de sero- sidad en el vientre. El cáncer del hígado modifica muy pronto la nutrición; los dolientes pier- den la corpulencia y las fuerzas. Ca- si todos ellos se quejan de opresión en el pecho, y muchos padecen palpita- ciones. Tratamiento. El tratamiento del cáncer del hígado es esencialmente emoliente y calmante. No hay mejor remedio que el del régimen; las co- midas frecuentes y poco abundantes; los alimentos ligeros; carne de vaca, CANCER 368 CANCER gallina, pescado, hortalizas, frutas, huevos. Si los dolientes pueden so- portar la leche, este es el mejor de los alimentos de que deben usar. Entre los medicamentos, aquellos más convenientes son: el bicarbonato de sosa ó el extracto de cicuta; hé aquí las recetas: Bicarbonato de sosa. 15 gram. (| onz.) Divídase en 30 pápelas. Para to- mar un papel, dos veces al dia, en una cucharada de agua fresca. Extracto de cicuta. 1 gram. (20 gran.) Se hacen 20 píldoras. Una píldora dos veces al ¿lia. Sobre el lado derecho del vientre, es preciso hacer fricciones con poma- da de hidriodato de potasa. Cáncer de los intestinos. Ocupa una extensión variable; puede inva- dir toda la circunferencia del intesti- no ó solo una parte de ella. Síntomas. Si el cáncer es poco ex- tenso, y si no disminuye mucho el ca- libre del intestino, produce poca per- turbación y puede pasar desapercibi- do. En el mayor número de casos, existen ademas cólicos, alternativas de diarrea y de extreñimiento de vien- tre, un dolor más ó ménos tenaz; pal- pando el vientre descúbrese muchas veces un tumor duro, sensible á la presión, y más ó ménos movible. Si el cáncer estrecha el diámetro del in- testino de una manera sensible, apa- recen los síntomas que suelen obser- varse cuando se opone algún obstá- culo al curso de las materias fecales; y si la obliteración es completa sobre- vienen los vómitos de los alimentos mal digeridos ó de las materias feca- les. Al propio tiempo manifiéstanse también todos los síntomas de la ca- quexia cancerosa. El tratamiento es idéntico que pa- ra el cáncer del estómago. V. Estó- mago. Cáncer de los labios. V. Labios. Cáncer de la lengua. Sobre la len- gua suelen encontrarse cánceres en- cefaloidesy cancroides.-Los cánce- res encéfalendes son constituidos por masas duras, multilobuladas, reuni- das ó separadas, de consistencia fun- gosa; trasfórmanse en úlceras, que destilan líquidos de olor fétido; van acompañados de ingurgitamien- tos glandulares en el cuello. Ocasio- nan dolores muy vivos, que son se- guidos del color amarillnnto en la piel y de otros síntomas de caquexia can- cerosa. Los cancroides se desenvuelven en general en la punta ó en los bordes de la lengua. Constituidos primera- mente por un grano indolente, crecen poco á poco, ulcéranse sin producir humores tan fétidos como el cáncer encefaloide. Las ulceraciones se ex- tienden más ó menos á lo largo de la lengua. La salud general se conserva buena durante mucho tiempo. Algu- nos cancroides aparecen afectando la forma de vegetaciones, pero esta for- ma es muy rara; existe en la parte anterior de la lengua y va acompa- ñada de induración. Puede sospechar- se el cancroide cuando no existen ul- ceraciones sifilíticas en la lengua. Tratamiento. Los cánceres de la lengua se curan por medio de la cau- terización con pasta de cloruro de zin« CANCER 369 CANCER ó de otros cáusticos y por la excisión. Antes de proceder á una de estas operaciones, preciso es interrogar al doliente sobre sus antecedentes, á fin de saber si no existen otros síntomas sifilíticos; si la sífilis de que el en- fermo podia haber sido procedente- monte atacado, fué bien tratada. Exis- tiendo la menor sospecha, necesario es administrar el mercurio ó el ioduro de potasio, cuya acción será pronta si hay sífilis; el diagnóstico será enton- ces esclarecido y el tratamiento más seguro. Cáncer del ojo. Afecta en parti- cular á los niños. El tumor que for- ma el ojo atacado de cáncer puede contener melanósis, escirro ó encefa- loide; este es el más frecuente. Síntomas. El enfermo siente do- lores profundos en el ojo; la claridad se le hace incómoda, la vista se de- bilita, después queda completamente anulada. En los niños, que no saben explicar bien las sensaciones que ex- perimentan, la ceguera es á veces com- pleta, y entretanto los padres ignoran la existencia del mal. Pero este con- tinúa progresando, los dolores aumen- tan, el ojo aparece más voluminoso y los párpados apénas logran cubrirlo. El color negro de la pupila es susti- tuido ya por el de rosa, ya por el ama- rillo. Semejante estado simula la ca- tarata; por un exámen atento se ve que el mencionado efecto es produci- do por un tumor amarillenlo, que se ha aproximado gradualmente del iris al mismo tiempo que la pupila se ha dilatado y perdido su acción.-Cuan- do el cáncer invade el iris la forma del ojo principia á alterarse; el color blanco de la esclerótica es sustituido por un color azul-oscuro. En fin, el mal sale de la cáscara ocular, ya ul- cerando la córnea, ya atravesando la esclerótica.-Este tumor de aspecto fungoso forma una prominencia de- lante del ojo, su crecimiento es rápi- do y su color comunmente de un ro- jo oscuro; raras veces tiene consisten- cia sólida, casi siempre se deja rasgar con facilidad y entonces arroja mucha sangre. La marcha del cáncer es en ocasio- nes inversa de la ya descrita; en este caso es un tumor canceroso (general- mente un escirro) desenvuelto en la cavidad de la órbita ó sobre sus pa- redes, ó en el tejido de los párpados, que por fin invade el ojo. El único tratamiento es entonces la extirpación del tumor. Los múscu- los del ojo se reunen después de la cicatrización, y forman un muñón que puede ejecutar movimientos, lo que es muy favorable para la aplicación de un ojo artificial. Cáncer del pecho. El cáncer de las mamas, ó como generalmente se dice, del pecho, es el que se presen- ta casi siempre en las mujeres. Por lo general aparece de los cuarenta á los cuarenta y cinco años; ántes de los treinta años es muy raro, y más raro aún de los sesenta años arriba. La época crítica de las mujeres tiene gran- de influencia sobre su desarrollo. En aquellas que desde mucho tiempo tie. nen tumores sin dolor en los pechos, cuando llega la época crítica, estos in- gurgitamientos aumentan algunas ve- CANCER 370 CANCER ces de volúmen de una manera súbi ta, hácense sensibles, y toman todos los caractéres del cáncer. Causas. Nada se sabe de positivo acerca de las causas ocasionales de esta dolencia; miéntras tanto la ma- yor parte de las mujeres atribuyen su origen á un golpe recibido en el pecho, ó á un rozamiento de este ór- gano; pero muchas personas no creen en esta causa; por lo común el tumor existe, y no llega á reconocerse sino por el efecto de una violencia exte. rior, que obliga á la doliente á llevar su mano á esa región. Muchas muje • res atribuyen estas durezas del pecho ala leche derramada durante el tiem- po de la cria; ahora bien, por las ob- servaciones hechas sobre esto, resul- tan más casos de esta dolencia en las mujeres solteras que en las casadas, y, si la lactancia tuviese alguna in- fluencia sobre el desarrollo del cáncer, debería suceder lo contrario. Debemos consignar que el escirro se produce á consecuencia de causas desconocidas; cuando es dado señalar alguna cir- cunstancia á la cual sea posible atri- buir su aparición, no debe perderse de vista que, sin la predisposición á contraer el mal, la causa quedaría sin efecto, puesto que las mujeres reciben golpes, más ó ménos violentos todos los dias, sin que por ello resulte el cáncer. Síntomas. El cáncer se manifies ta en el pecho bajo dos formas dife- rentes y principales: el escirro y el encefaloide. El primero es la más co- mún. La mayor parte de las veces las dolientes no descubren su dolen- cia, es decir, ignoran el mal, hasta que la casualidad viene á mostrarlo por medio del tacto; porque al princi- pio no existe otra cosa que una pe- queña dureza sin dolor. Poco á poco el volúmen del tumor aumenta, pier- de su movilidad, se adhiere tan pron- to á la piel como á los tejidos situa- dos detrás de ella; más adelante so- brevienen dolores, punzadas que fa- tigan á las dolientes. El dolor, conside- rado como síntoma característico, sue- le á veces faltar. La punta del pecho, esto es, el pezón, se ahonda; el tumor hace nuevos progresos; los dolores son más frecuentes y más agudos, la piel que cubre el tumor toma un color rubicundo, las venas se hinchan y apa- recen más voluminosas, el pezón cesa de mostrarse en la superficie del pe- cho, y este no conserva ya su forma esférica, creciendo en volúmen y de- sigualándose; la piel que lo cubre ad- quiere un color violado, lívido, y la hinchazón se comunica á las glándu- las del sobaco. En un punto se deja ver una hendidura ó grieta de donde fluye un poco de humor rojo, y luego la ulceración crece y la supuración que resulta es de un olor fétido. Sobre- vienen después todos los síntomas de la caquexia cancerosa; la piel adquie- re un tinte amarillo, hínchanse las extremidades inferiores, decláranse sudores abundantes, y la doliente cae en un abatimiento extraordinario.- El encefaloide es el cáncer que atra- viesa sus diversas fases con mayor ce- leridad; en esta especie se encuentran esas enormes masas fungosas que san- gran al menor ataque. El escirro si- CANCER 371 CANCER gue su marcha con más lentitud; á veces dura muchos años sin que la constitución sea alterada. Diagnóstico. Los tumores que pue- den presentarse en los pechos y si- mular el cáncer son: Io Tumefacción. En la época de los menstruos, uno de los pechos se hace más voluminoso y sensible que el otro; si la mestruacion sufre algún desarreglo, el ingurgitamiento aumen- ta, y se manifiestan una ó más indu- raciones. Esta tumefacción puede du- rar mucho tiempo y dar bastante cui- dado; la regularizacion de las funcio- nes del menstruo es suficiente para disiparla.-El tacto y los choques in- tempestivos desenvuelven también ciertos ingurgitamientos, que desapa- recen con el reposo. Ciertas mujeres, sujetas al reumatismo, tienen á veces en el pecho tumores que se disipan cuando las articulaciones se muestran doloridas. 2o lumores fibrosos ó adenoides. La estructura de estos tumores es se- mejante al tejido de las mamas, y producto de nueva formación sin con- secuencias graves. Dichos tumores son los que pueden engañar más fácil- mente. Difieren de los tumores can- cerosos en la elasticidad y gran movi- lidad que tienen; ruedan bajo la pre- sión del dedo. Generalmente desen- vueltos después de alguna violencia ejercida sobre el pecho, aumentan con lentitud y nunca van acompañados de ingurgitamiento en las glándulas del axila. Conservan sus caractéres mién- tras permanecen. Sobre todo tienen mucha analogía con el cáncer encefa loide. Con efecto, este es globoso y de cierta elasticidad: preséntase mó- bil al principio, pero deslocalizándolo, se deslocalizan también los tejidos que lleva consigo, mientras que el tumor fibrosose se desliza entre ellos. El en- cefaloide no sigue estacionario muchos años, crece del lado de la piel, la cual se apropia y altera. El tumor benig- no; esto es, fibroso, queda en los te- jidos sin tendencia á dirigirse en un sentido más que en otro. Siempre es móvil bajo la piel; el cáncer se adhie- re á los tejidos. El encefaloide, des- pués de ulcerado, forma tumores fun- gosos, blandos, fluctuantes, que san- gran; mientras por extraordinario si acontece que el tumor fibroso se ul- cere, permanece siempre duro, elás- tico y sangra muy poco.-El escirro,, bajo todas las formas, difiere del tu- mor fibroso mucho más que el ence- faloide. Tratando de deslocalizarlo, arrastra consigo mayor número de te- jidos que el encefaloide, mucho más que el tumor benigno, porque este es. tan móvil, deslizase tan fácilmente entre los tejidos que parece indepen- diente. 3" Quistos. Los quistos son con- fundidos á menudo con los cánceres del pecho. La fluctuación en el quis- to se acerca á la sensación que pro- duce el encefaloide que experimenta un principio de reblandecimiento; pe- ro la marcha de la dolencia, el estado de la piel, pueden hacer distinguir las diferencias. También importa acor- darse de que las adherencias del cán- cer á los tejidos vecinos son mucho más íntimas en este que en el quisto. CANCER 372 CANCER 4o El ingurgitamiento crónico puede engañar asimismo. Cuando es- te ingurgitamiento fuere precedido de los síntomas de inflamación aguda, de un absceso, ó de supuración prolon- gada, fácil será conocer su naturaleza benigna; las circunstancias conmemo- rativas tienen aquí grande importan- cia; pero cuando el trabajo se efectúa bajo la influencia de una inflanacion crónica no es posible distinguirlo del escirro. Las dolencias de este género, tratadas con sanguijuelas, pomadas, compresiones, son las que hicieron creer en la cura de los cánceres por estos diversos modos. Este caso entra en el número de aquellos en que el diagnóstico es incierto, y es uno de los en que el tratamiento podrá hacer que se esclarezca. . 5? Los tubérculos, los tumores car- tilaginosos, óseos, preséntanse con extrema rareza, y bastará puramente con mencionarlos; difieren mucho del escirro tanto por sus caractéres como por la marcha. Tratamiento. Numerosos medica- mentos, externos é internos, fueron aconsejados contra el cáncer del pe- cho; hánse indicado al tratar del cán- cer en general; el cáncer del pecho, sin embargo, no puede ser resuelto; se debe extirpar por medios quirúr- gicos. Entre los medios aconsejados para alcanzar la resolución del cáncer, la compresión del tumor ha gozado de de cierta boga. Ejecutábase merced á compresas puestas unas sobre otras, de modo que formasen una prominen- cia cónica, cuyo ápice correspondía al tumor, y la base era comprimida por ataduras ó por el corsé. La experien- cia, sin embargo, ha venido á mostrar que este procedimiento, así como to- do medio resolutivo, no determina la. curación del cáncer; que si bajo la in- fluencia de los medios compresivos el tumor disminuye de volúmen, el te- jido canceroso no experimenta la me- nor modificación. El cáncer de las mamas debe ser atacado por sustan- cias cáusticas ó instrumento cortante. El régimen alimenticio de las per- sonas afectadas de cáncer, debe ser escogido entre las sustancias legumi- nosas, siendo más vegetal que animal. Todas las sustancias irritantes, esti- mulantes, deben ser proscritas con la mayor severidad. Ademas de esto, las dolientes procurarán distraerse; la tristeza de ánimo y el desaliento ace- leran los progresos de la enfermedad. Cáncer (M pulmón. El cncefa- loide es la producción cancerosa que casi exclusivamente se desenvuelve en los pulmones. La alteración puede invadir estos órganos en una grande extensión; así, pues, un lóbulo puede ser enteramente atacado. Sin embar- go, la mayor parte de las veces en- cuéntranse masas redondeadas, en- quistadas ó no, en número más ó me- nos considerable, sitas en diferentes profundidades y en su mayor parte por cima de la pleura; su volúmen varía desde el de una avellana hasta el de una naranja. Estas masas pue- den no afectar más que un solo pul- món, pero en la mitad de los casos in- vaden los dos órganos simultánea- mente. CANCER 373 CANCER Síntomas. Cuando el cáncer se halla esparramado bajo la forma de pequeños tumores, no es posible de- clarar la naturaleza del mal; aun en el mayor número de casos este se ha- lla de una manera del todo latente. Pero cuando existe en masa, y cuando ha adquirido gran desarrollo, los en- fermos experimentan un dolor casi constante en el pecho. Al mismo tiempo existen tos y dispnea; la tos puede ser seca durante todo el tiem- po de la afección, pero la mayor parte arrojan esputos opacos, puriformes, sanguinolentos. La percusión del pe- cho al nivel de la alteración da un son mate. Pero por la auscultación se ve- rifica el debilitamiento del murmullo vesicular, que hasta puede desapare- cer por completo y ser sustituido por un resuello mas ó menos estruendoso y bronquial. Los dolientes afectados de cáncer en los pulmones, enflaque- cen, decaen rápidamente; su tez se vuelve amarillenta como en todas las caquexias cancerosas. Tratamiento. El tratamiento con- siste en sostener al doliente por me- dio de una alimentación moderada; en calmar el dolor y la tos con jarabe diacodion, jarabe de lactucario, infu- sión de flor de malvas y jarabe de bál- samo de Tolú. Cáncer del recto. El cáncer pue- de encontrarse en todos los puntos del intestino recto, aunque se observa con más frecuencia en las extremida- des de este intestino, ya en la supe- rior, ya en la anal. Todas las formas del cáncer han sido observadas en el recto, el escirro, el encefaloide, el cc- loide ó gelatinifbrme y el cancroide. Este último es el más frecuente; prin- cipia por un pequeño tumor indolen- te, que aumenta, se convierte en úl- cera, y acaba por invadir los tejidos que le rodean. Los tumores encefa- loides son voluminosos; los escirrosos se confunden muchas veces con las estrecheces del recto. A veces se in- filtran en ellos materias gelatinifor- mes y constituyen el cáncer coloide. El cáncer del recto es caracterizado por el angostamiento de este intesti- no; cuanto más extenso es, tanto más considerable se presenta su estrechez. Síntomas. El cáncer del recto de- termina desórdenes funcionales idén- ticos á los que caracterizan las estre- checes del mismo intestino.-Los do- lientes experimentan, al principio, peso é incomodidad en el ano; más adelante los dolores se tornan más agudos; á veces suelen faltar entera- mente. Con el progreso del mal so- brevienen accidentes más serios, tales como: dificultad de obrar, cerramien- to de vientre; después aparece repen- tinamente diarrea muy abundante que enflaquece al doliente de una manera considerable; las materias van tintas de sangre. En el período de la ulce- ración se observa fluxión de sangre, salida de materia cancerosa, luego in- continencia de materias, ora como con- secuencia de la ulceración, ora porque la tendencia á degenerar invadió y alargó el músculo esfínter. Cuando el tumor canceroso hace bulto en el ex- terior, forma una especie de suple- mento al intestino.-La retención de las materias puede durar diez, veinte, CANCER 374 CANCER treinta días y aun más; entonces el vientre se hincha y hace sumamente sensible; aparecen síntomas del es- trangulamiento interno: ansiedad ex- trema, náuseas, vómitos, hipo. En semejantes circunstancias, si las eva- cuaciones no se establecen por el ano la muerte puede sobrevenir en conse- cuencia de la rotura del intestino.- Cuando el cáncer ocupa el borde del ano, puede verificarse su disposición por la inspección directa; pero si es interior, fuerza será el introducir el de- do. En lo interior del recto se senti- rán tumores de variada consistencia. Las hemorroides complicadas de debilidad pueden ser confundidas con el cáncer del reéto; pero los tumores hemorroidales son elásticos, reducti- bles por la compresión, se hinchan en ciertas épocas. El cáncer forma tumo- res duros, desiguales, irreductibles; luego que se ha convertido en úlcera, es muy íriable.- De las hemorroides brota más sangre que humor fétido. El cáncer del recto produce enflaque- cimiento, palidez, color amarillento en la piel, la fiebre y todos los sínto- mas de la caquexia cancerosa. Tratamiento. Los cánceres del in- testino recto no pueden desaparecer sino por medio de operaciones que son: la cauterización, la ligadura y la excisión.-Cuando no se puede em- plear alguna de estas operaciones, es forzoso limitarse á un tratamiento paliativo. Siempre deben hacerse la- vatorios frecuentes con agua fénica, ó agua de Labarraque mezclada con agua natural; ó con solución de per- manganato de potasa, 2 gramos para 250 gramos de agua; ó con solución de clorato de potasa, 4 gramos para 250 de agua.-Si hubiese dificultad en la evacuación de las materias fe- cales, empléase la dilatación con me- chas de hilas, de las cuales se va gra- dualmente aumentando el volúmen. Si hay retención completa, se estable- ce un ano artificial. Cáncer del seno. V. Cáncer del PECHO. Cáncer del testículo ó Sarcocele canceroso. El cáncer del testículo es formado del tejido escirroso, ó del te- jido encefaloide. Síntomas. La afección principia por un momento gradual en el volú- men del testículo, que se hace más pesado y presenta al tacto un ingur- gitamiento parcial al principio y des- pués general., Pasado cierto tiempo el tumor se ablanda y el enfermo sien- te punzadas en él. La piel del escroto adquiere adherencias con el testículo; dilátanse las venas subcutáneas. El cordon espermático se hincha y endu- rece. Más adelante la piel del escroto enrojece y se ulcera; esta ulceración hace progresos sin interrupción, y da á veces paso á un hongo, que arroja espontáneamente una cantidad de sangre más ó ménos abundante. En- tonces se hinchan las glándulas in- guinales; sobreviene una alteración en la salud general; piérde se el apetito el cutis de la cara toma un color paji- zo; se hinchan los piés, y el enflaque- cimiento hace progresos de dia en dia. -El tumor presenta por lo general el volúmen de un puño; su forma es ovoide ó esférica, regular en la super- CANCER 375 CANCER ficie ó desigual; su consistencia es muy firme en algunos casos, pero no casi siempre, y á medida que el mal avanza, el testículo se reblandece de tal modo, que la compresión del ór- gano con los dedos da la sensación de aparente fluctuación; la existencia si- multanea de pequeña cantidad de lí- quido en la túnica vaginal facilita mu- cho la percepción de esta sensación engañosa. Diagnóstico. El sarcocele cancero- so puede ser confundido con otros tu- mores del escroto, con la orquitis cró- nica, el hidrocele, el hematocele, el testículo sifilítico y los quistos. La orquitis crónica difiere el cán- cer del testículo por la consistencia uniforme del tumor, por la ausencia de los dolores agudos, lancinantes; dis- minuye bajo la influencia de un tra- tamiento conveniente, mientras que el cáncer hace progresos incesantes. -Fácil es reconocer el hidrocele por su trasparencia.-Cuando en el he- matocele la túnica vaginal es muy es- pesa, el diagnóstico se hace mas difí- cil, la fluctuación es muy oscura y á veces no existe; tampoco hay traspa- rencia. Una punción exploradora con trocar es á veces necesaria: en el caso de hematocele dicha punción da sa- lida á un líquido sanguinolento abun- dante; en el sarcocele canceroso no es nada ó es casi nada lo que sale.-El testículo sifilítico es el ingurgitamien- to del testículo procedente del virus sifilítico; puede ser confundido con el escirro. Las circunstancias anteriores elucidan el diagnóstico; chancros sifi- líticos preceden al testículo sifilítico, que va acompañado de dolor sordo, leve, nulo á veces, pero jamas lanci- nante como en el escirro.--Los quis- tos del testículo son no pocas veces difíciles de distinguir del cáncer' la marcha del mal y la punción explora- dora pueden únicamente hacerla cono- cer en muchas ocasiones. Tratamiento. La extirpación del tumor es el solo remedio para curar el cáncer del testículo. Pero ántes de recurrir á semejante extremo, preciso es convencerse bien de la naturaleza cancerosa del tumor, pues que cómo ya queda explicado más arriba, el sar- cocele canceroso puede ser confundido con otros tumores del escroto. Convie- ne siempre administrar interiormente el mercurio en la suposición de existir el testítulo sifilítico; y emplear las cataplasmas de linaza, los semicupios de agua tibia, las sanguijuelas, las fricciones con pomada de hidriodato de potasa, los baños de mar, en la su- posición de orquitis aguda ó crónica. Cáncer del útero. Todas las for- mas del cáncer han sido observadas en el útero; los cánceres más frecuen- tes son el encefaloide y el escirro; el coloide y el cancroide son más raros. Caractéres locales. En la inmensa mayoría de los casos, el cáncer del útero se manifiesta primeramente en el cuello del útero; el cáncer primiti- vo del cuerpo del útero es sumamen- te raro.-En el principio de la dolen- cia, el volúmen del cuello y el útero aumentan de una manera notable; su superficie es desigual, dura en ciertos puntos, blanda en otros. Más adelan- te se observan úlceras de mayor ó CANCER 376 CANCER menor profundidad; estas se cubren de vegetaciones más ó menos salien- tes, que sangran al más leve contac- to; la úlcera se propaga al tejido del útero; sus bordes son espesos, duros, callosos; la superficie ulcerada se cu- bre á veces de una capa pulposa más ó menos espesa. Causas. La causa del cáncer del útero no es conocida; esta dolencia depende de una predisposición parti- cular de la economía. Las señoras que tuvieren frecuentes pesares, las que no hacen ejercicio, se ven con mayor frecuencia atacadas de cáncer uterino. Sintonías. Los primeros síntomas del cáncer del útero son muy oscuros. La dolencia principia ordinariamente por el desarreglo de la menstruación. Si la mujer está arreglada, los mens- truos se suprimen ó se hacen irregu- lares, siendo sustituidos por flores blancas, y luego por flujos de sangre. Si la mujer ha pasado de la edad crí- tica, y la cesación de sus reglas se ve- rificó naturalmente, vuelven á apare- cer bajo la forma de flujo de sangre ó de flores blancas, más ó menos abun- dantes. Manifiestan se entonces dolo- res semejantes á punzadas de alfiler en el útero, muslos y riñones. Des- pués las flores blancas exhalan un olor fétido propio de la afección can- cerosa; la piel toma un color amari- llento, y la fiebre se declara.-La do- liente se hastía y va perdiendo las fuerzas. Pero la mayor parte de estas indicaciones pertenecen también á la inflamación crónica del útero; y por esto únicamente el facultativo, expío- rando el útero con el dedo, ó aun me- jor con el instrumento llamado espé- culo^ puede juzgar del estado del ór- gano.-La duración del cáncer del útero varía mucho: á veces se conser- va escirroso, indolente por largos años; en otras su alteración produce resultados graves en el espacio de al- gunos meses. Diagnóstico. El cáncer del útero puede ser confundido con otras afec- ciones del mismo órgano: Io La dolencia mas parecida al cán- cer del útero en su primer período es la metritis crónica. He aquí los ca- racteres distintivos entre ambas: en el cáncer aparecen siempre flujos de sangre más ó menos abundantes al principio; en la metritis crónica la menstruación puede ser difícil, pero las hemorragias no existen. En el cáncer la hinchazón del cuello del útero es irregular, con elevaciones des- iguales; en la metritis crónica la hin- chazón del cuello es regular.-En el cáncer la membrana mucosa ofrece un color lívido; en la metritis es rojo. En el cáncer hay derrame purulento ó icoroso, sanguinolento y fétido; en la metritis hay un flujo mucoso-puru- lento, sin olor repugnante. En el cáncer aparecen en breve los fenóme- nos de la caquexia cancerosa; en la metritis crónica puede haber enfla- quecimiento y debilidad, pero jamas caquexia. 2o El cáncer ulcerado puede ser confundido con la úlcera inflamatoria del cuello del útero. En el cáncer la úlcera es profunda, de márgenes du- ras y prominentes; la úlcera inflama- CANCER 377 CANCROIDE tona es superficial, de bordes poco ele- vados y blandos. La úlcera cancerosa da una supuración icorosa, fétida; des- cansa sobre los tejidos duros ó reblan- decidos; la úlcera inflamatoria da en general una supuración de buena na turaleza, sin olor, y descansa sobre te- jidos (pe conservan su consistencia propia. Por fin, la marcha invasora de la úlcera cancerosa, las perturba- ciones generales graves que son su consecuencia natural, permiten dis- tinguirla aun de las úlceras inflama- torias. 3° Los pólipos pueden ser tomados por cánceres; á veces ocasionan he- morragias, pero la marcha de la do- lencia es muy diferente. Esta afec- ción no altera la salud general tan hondamente como el cáncer; puede co- nocerse fácilmente por medio del es- péculo ó del dedo. Tratamiento. Para obtener la cu- ración radical del cáncer uterino, em- pléase la cauterización ó excisión del cuello del útero. La cauterización so practica con masa de cloruro de zinc, ó con masa de Viena. Todas las veces que se juzgara conveniente dejar de emprender la cura radical del cáncer uterino, será preciso combatir los síntomas que le acompañan. Para combatir los dolores, se em- plearán los semicupios de agua tibia,' de decocción de hojas de malva ó de estramonio, y se darán inyecciones con los mismos líquidos; interiormente se toman las píldoras siguientes: Extracto de cicuta 120 centígr. (24 gran.) Extracto de opio 120 centígr. (24 gran.j Háganse 48 píldoras. Para tomar una ó dos píldoras por dia. Si la dolencia va acompañada de hemorragia, se hacen en la vagina las inyecciones siguientes: Perclomro de hierro líqui- do á 30°.... 30 gram. (1 onza.) Agua tibia .. . 1000 gram. (32 onzas.) Contra el dolor del icor canceroso se emplean las siguientes inyecciones: Agua tibia... .500gram. (16 onzas.) Agua de La- barroqne... .30 gram. (1 onza.) Mézclese. Cancroide. Cáncer verrugoso, Cáncer de los deshollinadores, Epi- telioma ó Noli me tangere. Estos nombres son dados á tumores forma- dos de elementos análogos á los del epitelio normal (cutícula que cubre las membranas mucosas.) Estos tumores se encuentran en los labios, la lengua, la cara, el escroto, el ano, el cuello del útero, etc., pero muy particularmente en las regiones del cuerpo en que la piel se continúa con alguna membrana mucosa. Sometiendo los tumores cancroi- deos al exámen. microscópico, se ve que son formados por las papilas de la piel hipertrofiadas y cercadas de capas concéntricas de epidénnis; en el interior de las papilas se distribu- yen los vasos sanguíneos. En el pe- ríodo de la ulceración del tumor, se encuentran aún en el fondo de la úl- cera eminencias papilares. CANCROIDE 378 CANDELILLA Causas. Las circunstancias que dan lugar al desarrollo del cancroide no son fáciles de explicar; todo cuan- to puede decirse es que se reconoce al cancroide mas á menudo que al cán- cer, por causas determinantes, roza- duras, golpes y otras irritaciones. Sintonías. El cancroide principia generalmente por la prominencia de la piel en forma de verruga; en la su- perficie de este tumorcillo se forman escamas que el doliente arranca, ó que caen espontáneamente para ser reem- plazadas por otras nuevas. Al cabo de cierto tiempo la verruga se hiende, ó, si no, aumenta de volúmen, se hace roja, desigual, lobulada. Los dolien- tes experimentan allí comezones que los excitan á rascarse; fórmalise en la superficie de la producción mórbida costras de pus y de epidermis, que caen de cuando en cuando y otra vez reaparecen. Debajo de estas costras se descubre una superficie escoriada, rojiza, que no es sino la verdadera ulceración. Las úlceras cancroideas se presen- tan con superficie-- desigual, cubierto de granulaciones semejantes á la pul- pa del higo, y arrojan un humor poco grueso. Su marcha es por lo común lenta, y aun á veces la úlcera perma- nece estacionaria; en general ocupa mayor extensión en largura que en profundidad; puede, ademas, propa garse á los tejidos subyacentes y des- truir los músculos, los cartílagos y los huesos. No hay engurgitamiento de los ganglios linfáticos vecinos como sucede en el cáncer. El cancroide no produce infección general en la economía como el cáncer suele produ- cirla: Diagnóstico. Las úlceras cancroi- deas pueden ser confundidas con las úlceras sifilíticas; este error es posible sobre todo respecto á las úlceras del ano y de los órganos genitales. Las úlceras sifilíticas se distinguen de las cancroideas por la forma redondeada, base dura, y por las circunstancias conmemorativas. En los casos dudo- sos, un tratamiento explorador por las preparaciones mercuriales desva- nece la duda. Tratamiento. El cancroide es una afección menos grave que el cáncer. Cúrase muchas veces después de una ó más operaciones. Puede ser comba- tido por las sustancias cáusticas ó por el bisturí; prefiérense aquellas cuando la afección no es muy profunda; la ex- cisión es preferible cuando la úlcera ha invadido y penetrado en un gran- de espesor de tejidos. En la actuali- dad se emplea generalmente la masa cáustica de Canquoin, que es la mez- cla de cloruro de zinc con harina de trigo. Se corta esta masa según la forma de la escara que se desea obte- ner, y se aplica sobre la parte desnu- dada. La escara cae del octavo al dé- cimo dia; es blanca, dura y espesa. La herida se cura después con cerato simple. Candelilla. Bugia . Dáse este nombre á ciertos rollos casi cilindricos, de diámetro muy pequeño, destinados á ser introducidos en el canal de la ure- tra. Preparánse con tiras de cambrai finísimo, cubiertas por ambos lados de una sustancia emplástica, y rolla CANELA 379 CANGREJO das sobre sí mismas. Se emplean en el tratamiento de las estrecheces de la uretra, á fin de dilatar mecánica- mente este canal. Difieren de las son- das en ser estas huecas en toda su longitud, y en tener, cerca de la ex- tremidad que se introduce, dos aber- turas que abren paso á la orina, mién- tras que las candelillas son macizas en toda su extensión. Caiieía. Se llama así la corteza del canelero, Laurns cinnamomum^ Linneo, árbol de la familia de las Lau- ríneas, que habita en las regiones cá- lidas del globo, Java, Borneo, Suma- tra, Cochinchina, y con especialidad en la isla de Ceilan. Su cultivo fue también introducido en las islas de Francia y de Borbon, en las Antillas, Chile, Guyana y en el Brasil, sobre todo en la provincia de Amazonas. Cuando el árbol ha cumplido tres años, se le cortan todas las ramas nuevas y se raspa la corteza exterior, luego se hiende la segunda corte- za, se separa del tronco, y los peque- ños tubos que resultan de esta opera- ción se meten unos dentro de los otros, exponiéndolos al sol para que se se- quen . La canela goza de propiedades estimulantes y tónicas, y sirve para provocar el flujo mensual en las mu- jeres débiles. Una mezcla de 1 gra- mo (20 granos) de canela en polvo 40 centigramos (8 granos) de ruibar bo, tomado ántes de comer, facilita la digestión. La canela es un condi- mento muy usado en el arte culinario y en la confitería; los perfumistas consumen también gran cantidad de aceite volátil, para aromatizar el ja- bon y los cosméticos. Por su gusto agradable es empleada en la farma- cia como correctivo de gran número de preparaciones. Canela blanca. Corteza proceden- te de Candía alba. Murray. Gutífe- ras, árbol de las Antillas y especial, mente de la Jamaica. Preséntase en pedazos de medio metro á un metro de largo, de 15 á 40 milímetros de diámetro, y de 2 á 5 milímetros de grueso, despojados de epidermis, ama- rillentos en el exterior, blancos inte- riormente, de sabor amargo, aromáti- co y picante; olor agradable parecido al del clavo mezclado con el de la nuez moscada; su polvo es blanco; da un aceite volátil sometiéndolo á la destilación. Cangrejo. Género de crustáceos de los cuales unos viven en los ríos y otros en el mar. Cangrejo de rio. Astacus fluvia- lis. Cuvier. (Écrevisse; en francés.) Tiene la corteza rojo-verdosa, hocico annado de un dientecillo de cada la- do y las pinzas ásperas. Viven en las aguas dulces, sobre todo en los ria- chuelos llenos de pedrezuelas y raíces que les sirven de refugio y de donde solo salen para asaltar á los pececi- llos, á las ranas ó á los gusanos de que se nutren. Su estómago contiene concreciones pequeñas, de las que la antigua medicina solia hacer uso co- mo absorbentes. Conocíanse bajo el nombre de ojos de cangrejo. La car- de de este crustáceo es blanca, y cons- tituye una comida muy delicada. La corteza se vuelve enteramente roja I después de cocida. Este fenómeno CANICIE 380 CANICIE depende de haber en la epidermis dos materias colorantes: una roja, azul la otra: esta se destruye por el calor y solo resta la otra. Cangrejo de mar ó Cabrajo. Aó- tacus marinas, Fab. (Homard, en francés.) Distínguese por la corteza lisa, rostro delgado, armado por am- bos lados de tres ó cuatro espinas, patas extremadamente gruesas, com- primidas, terminadas por pinzas dota- das de gran fuerza. Es de color rojo- verdoso; cocido se vuelve de un rojo muy vivo. Mide 50 centímetros de largura, habita en el mar cerca de las márgenes, en los lugares roqueños á poca profundidad. Su carne es muy estimada. No debe confundirse el can- grejo de mar con la langosta, animal crustáceo de otra familia; las patas de estas son mucho menos fuertes, carecen de pinzas, y las antenas son más gruesas, mayores y más erizadas. V. Langosta. Canicie. La canicie es el color blanco de los cabellos que en este ca- so llevan el nombre de canas. Por lo regular á la edad de treinta y cinco á cuarenta años principia el hombre á encanecer; pero ejemplos hay de ca- nicies que sin causas apreciables han aparecido en jóvenes de diez ocho á veinte años; también se ha visto otros individuos conservar hasta en la de- crepitud el cabello con su color pri- mitivo. Las causas de la canicie pre- matura son muy variadas. Frecuen- tes pesares producen comunmente es- te resultado. Una sola noche, pasada entre las ansiedades del reo que es- pera el suplicio, ha sido bastante á dar la canicie. Gran número de do- lencias, trabajos excesivos del espíri- tu, y todo cuanto puede ocasionar ex- trema flaquez, pueden ocasionarla. No hay remedio que pueda impe- dir ó retardar la manifestación prema- tura do la canicie senil. Cuanto á los medicamentos propuestos contra la canicie propiamente dicha, son harto numerosos y todos destinados al uso externo. Las preparaciones que acostumbran anunciarse en los periódicos para te- teñir los cabellos blancos son: Agua de Java, Agua de Egigto Agua de Etiopia, Agua de Hebe. La base de estas preparaciones es la pie- dra infernal. Vuelven negros los ca- bellos, pero los endurecen, y hasta ^pueden ser nocivas al tejido cutáneo. Agua de China. Solución de azoa- to de plata (piedra infernal) y de azoato de mercurio. No deja de tener también sus inconvenientes. En general todos estos remedios, si son compuestos en dosis elevadas para que sean bien activos, tienen el inconveniente de endurecer el cabe- llo y ocasionar, á veces, dolores de ca- beza é irritación de la piel del cráneo. Cuando, por el contrario, son muy débiles, no producen efecto alguno. Par tanto, lo mejor es resignarse á conservar los cabellos blancos que no exponerse á accidentes. Pero si al- guien quisiere recurrir á las composi- ciones para teñir el cabello, deberá usar, con preferencia, de las pomadas siguientes: Io Manteca de cer- do 30 gram. (1 onz.) CANTARIDA 381 CANTARIDA Corcho carboniza- do S gram. (2drac.) Mézclese. 2o Cera blanca.... 120 gram. (4 onz.) Jabón rallado 30garm. (1 onz.) Sebo 90 gram. (3 onz.) Polvos de negro mar- fil 120 gram. (3 onz.) Se derrite la cera con el jabón y el sebo, se separa del fuego y se le añaden, revolviendo, el marfil y 8 gramos (2 dracmas) de aceite esencial de tomillo ú otra cualquiera esencia aromática; se sigue revolviendo y se vierte el líquido aún caliente en tu- bos hechos de papel, para formar pa- los de pomada.-Esta pomada es pa- ra darse sobre el cabello que haya perdido su natural color, por estas ó las otras causas; después de lo que, con un papel pardo muy blando fró- tase sobre el cabello, el cual negrea por algunos dias sin causar daño y la salud. Todos estos medios son paliativos, pero hay casos de canicie en que se puede esperar que nazcan los cabe- llos con más color. Tales son, por ejemplo, ciertas canicies de nacimien- to, cuando el individuo es muy joven, y las que suceden después de los em- peines ó de la tiña. Lo mismo en unas que en otras, más principalmente en las últimas, se logra á veces un buen resultado afeitando la cabeza por es- pacio de seis meses á un año. Cantárida. Cantárida de las farmacias. Insecto de 18 á 20 cen- tímetros de largo, de color verde, olor penetrante y desagradable. Cógese principalmente en España y en Ita lia, sobre los fresnos, lilas y jazmines. Hay mucha^ ^especies de cantáridas; varias se encuentran en el Brasil y repúblicas sur americanas. La cantáiida indicada es la emplea- da en medicina, en las farmacias, Me- lox vesicatorius^ Linneo. La cantárida es á la vez que un medicamento enérgico, uno de los ve- nenos más violentos. Reducida á pol- vo entra en varias preparaciones, ve- xicantes, y forma la base del emplas- to ó parche cáustico empleado comun- mente. Las cantáridas deben ser con- servadas en frascos bien tapados. A pesar de esta precaución, el interior del cuerpo dejas cantáridas se convier- te en polvo, por efecto de un insecto roedor, peculiar á las cantáridas, que se alimenta de sus sustancias blandas. Pierden en tal caso sus propiedades y se hacen casi inertes. La acción de las cantáridas se dirige principalmen- te á la vejiga y á los órganos genita- les; la medicina saca partido de estas propiedades, administrando las cantá- ridas interiormente en dosis muy pe- queña cuando combate las parálisis de la vejiga. Pero un abuso bien perni- cioso, sobre el cual llamamos la aten- ción del público, es el empleo de las cantáridas como afrodisiaco (véase es- ta palabra). Para despertar en los viejos un apetito venéreo extinguido por la edad, para vigorizar en los jó- venes libertinos las fuerzas agotadas por el abuso de. los placeres, con la mira, más infernal aún, de inspirar á la inocencia impúdicos deseos, algunos imfames han osado administrar cantá- -ridas, ya en polvo, ya en confites, lia- CAÑA DE AZUCAR 382 CAÑAFISTULA mados afrodisiacos, preparados con estas sustancias. Después de la exci- tación pasajera, y del vigor facticio que á las veces se obtiene con el auxi- lio de este medio fatal, sucede luego un ardor muy punzante de estómago, y sobre todo de la vejiga, gran dificul- tad de orinar, una fiebre violenta, vó- mitos frecuentes, deyecciones alvinas copiosas, delirio erótico, y en ocasio- nes la muerte, como lo tienen proba- do algunos ejemplos funestos. Diversas especies de cantáridas. La cantárida ántes descrita es la ofi- cinal ó de las boíicas; pero se cuentan más de treinta especies diferentes. Ademas de esto, no es el único insec- to que goza de la propiedad vexican- te; existen otros coleópteros que tam- bién la poseen, si bien en menor gra do, y pueden en ciertas circunstancias ser empleados como sucedáneos. Cantueso. Lavandula staechas^ Linneo. Labiadas. Sub-arbusto muy ramoso, de 60 á 100 centímetros de altura, que generalmente habita en las selvas de España. Hojas sésiles, lineares, reviradas en el margen, al- godonosas, blanquecinas; flores pur- púreas oscuras, en espiga; olor fuerte, agradable, aromático; sabor amargo, calefaciente. Las flores, destilándo- las, dan un aceite volátil, que entra en la composición del agua de Colo- nia. Toda la planta es estimulante; se usa para baños aromáticos. Caña de azúcar. Saccharum offi- cinarum, Linneo. Gramíneas. Plan- ta de las más útiles y preciosas que el hombre posee Tiene de 2 á 3 me- tros de altura, y á veces de 8 y 10, sobre 4 á 5 centímetros de diámetro: está llena de un corazón abundante y azucarado. La caña es originaria de la india, de donde en el siglo xui fue trasportada á la Arabia, y después á Chipre y á Sicilia. De este último país fue mandada á la isla de Madera, y de allí se propagó por todas las re- giones de la América. Nadie ignora que de esta planta se saca el azúcar. El jugo de caña fermentado y desti- lado da un líquido alcohólico, aguar- diente de caña. El ron es un líquido también alcohólico que se parece al aguardiente citado; pero es más deli- cado y de un gusto especial; y asimis- mo se prepara con la caña de azúcar. La caña cocida en agua constituye una bebida pectoral buena para la tos. Cáñafístula. Cassia fístula. Lin- neo. Grande y hermoso árbol de la fa- milia de las Leguminosas, que vege- ta en las Antillas, el Brasil, la India, la Cochinchina, el Egipto, la Arabia, etc. Sus hojas son formadas de cuatro á seis pares de hojuelas ovales, sub- aguzadas, y lisas; las flores están dis- puestas en racimos, y se componen de un cáliz con cinco divisiones, de una corola de cinco pétalos amarillos y desiguales. El fruto es una vaina de 15 á 50 centímetros de largura, y de 25 milímetros de diámetro. Esta vai- na es roja y lisa, compuesta de dos valvas no dehiscentes, esto es, que no se abren espontáneamente en la épo- ca de la madurez del fruto, reunidas ambas por dos suturas longitudinales; en el interior presenta gran número de celdas formadas por láminas tras- versales sóli las, las cuales contienen CAÑAMO 383 CAÑAMO una pulpa negra, dulce, así como tam- bién una semilla horizontal, elíptica, rojiza, lisa, achatada y bastante dura. Esta pulpa constituye la sustancia medicinal, y es tanto más abundante cuanto más reciente es el fruto ó está mejor conservado, en cuyo caso da la mitad de su peso, y por esto debe cuidarse, al elegir las cañafístulas, que no suenen al menearlas. La pul- pa es un laxante suave en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas); se usa limpia, esto es, sacada de las vainas y pasada por tamiz. Esta pulpa, así preparada, se diluye en agua hirvien- do; cuélase después el líquido, y se toma á tazas. Existen otras variedades de caña- fístula cuya pulpa es igualmente la- xativa; estas son: Cassia bras iliana, Lamarck; Cassia sclerocarpa, Cassia medica. Velloso. La corteza de estos árboles es astringente, y se utiliza pa- ra el curtido de las pieles. La made- ra es liviana, de tejido flojo, muy po- rosa y buscada para rodapiés, cuadros ó marcos, adornos de puertas, y otras aplicaciones de menor importancia en obras interiores; no resiste á la hu- medad, y por esta razón es inservible en trabajos que van al aire libre. Cáñamo. Cannabis sativa, Lin- neo. Urtíceas. Planta cultivada en muchos países. Tiene flores verdo- sas; hojas pecioladas, palmadas, con cinco ó siete segmentos lanceolados y estrechos; las hojas inferiores son opuestas, las superiores alternas; tallo de uno á dos metros de altura, sien- do más altos los individuos femeninos que los masculinos; las flores feme- ninas forman espiga, las masculinas racimos. Toda la planta exhala olor fuerte y viroso, que produce vértigos y cefalalgia. La planta indiana es más activa que la europea. Los tallos, después de enriados, secos al sol, y so- metidos á diferentes operaciones,dan, por su corteza, filásticas para hacer cuerdas y arpilleras. Dichos tallos, despojados de la corteza, sirven para hacer mechas para encender el fuego, y proveen un carbón liviano emplea- do en la fabricación de la pólvora. Las simientes, ovaladas, un tanto chatas de uno y otro lado, sirven de alimen- to á las aves domésticas, y producen un aceite empleado para alumbrar y para la fabricación del jafion negro. Las sumidades floridas del cáñamo indiano se llaman haschisch, y se em- plean en Oriente para diversas pre- paraciones que se toman interiormen- te ó se fuman en pipa; producen efecto narcótico y una especie de es- tupor voluptuoso. V. Haschisch. La enriadura es una operación que consiste en macerar, durante cierto número de dias, el cáñamo en agua estancada, con el fin de disolver ó destruir, por la putrefacción, las par- tes mucilaginosas y demas que unen las fibras corticales entre sí y el tron- co. Esta operación comunica al agua cualidades maléficas, y las emanacio- nes que de ella se exhalan pueden ocasionar dolencias bastante graves; por lo cual está prohibido el estable- cimiento de las enriaduras en la ve- cindad do las habitaciones, y en los rios ó aguas que sirven de bebida pa- ra hombres y animales. CAPUCHINA 384 CAPVERN Caparrosa. Afección pustulosa que ataca el rostro. V. Barros. Caparrosa azul. V. Cobre (Sul- fato de). Caparrosa blanca. V. Zinc. (Sul- fato de). Caparrosa verde, V. Hierro (Sul- fato de). ■ Capilera, En las farmacias llaman • jarabe de capilera al que se prepara con el culantrillo. (Véase esta pala- bra). Capón. (Animales domésticos). Gallo que fue sometido, cuando joven, á la operación de la castración, á fin de que su carne gane en gusto y ad- quiera mayor finura. Tratándose de convertir los pollos en capones, es preciso castrarlos á la edad de tres á cuatro meses. La castración se opera por incisión hecha con instrumento • de buen filo. La herida, reunida por algunos puntos de sutura, se cicatri- za al cabo de dos ó tres dias. Se ce- ban dándoles masas hechas con si- mientes nutritivas, ó bolas de harina. En muchos lugares, los capones sir- ven para criar los pollos. A este fin se le arrancan al capón las plumas del vientre, y se le fricciona la piel con ortigas: so mete luego en la capone- ra con dós ó tres pollos grandes, que, pasando por bajo de su vientre, mo- rigeran la comezón producida por las ortigas, y le obligan por este alivio á darles acogida. Capuchina. Tropoeolum. Género de plantas de la familia de las Tro- peoleas, que cuenta unas treinta es- pecies oriundas de México y del Pe- rú, cultivadas ademas en el Brasil. Nótase especialmente entre ellas la Capuchina común ó Mastuerzo del Perú Tropoeolum majus, Linneo, capucine en francés), que se cultiva en varias partes de América, en Es- paña y Portugal. Su tallo trepa hasta la altura de dos metros á lo largo de algún árbol ó muro: hojas alternas, largamente pecioladas, redondeadas y enteras; flores grandes, elegantes, de color amarillento-rojizo, y de otros colores (flor de la sangre). Hay una variedad muy delicada que tiene las flores azules y blancas. Estas flores tienen el sabor picante; sirven para adornar y sazonar las ensaladas. Con los botones de las flores no abiertos se hacén conservas en vinagre, que pueden suplir á las alcaparras, y se comen con la carne cocida. Todas las partes de la planta son antiescorbúti- cas. Las flores de color muy cerrado contienen cierta cantidad de fósforo, y á la presencia de este principio es la propiedad que esta planta posee de dar chispas durante la noche, fe- nómeno observado la primera vez por Cristina Linneo, hija del célebre bo- tánico. Capvern. Francia. Aguas sulfata- das, cálcicas, ferruginosas, casi frías. Itinerario de Paris á Capvern: Ferrocarril de Paris á Capvern: por Burdeos y Mont-de-Marsan, 19 ho- ras. Omnibus de la estación de Cap- vern hasta las aguas, 30 minutos. Gasto, 95 francos. Capvern es una aldea de mil habi- tantes. No es en la población donde están las fuentes, sino que existen más lejos en dos valles profundos. La CAQUEXIA 385 CAQUEXIA primera es llamada fuente de Hount- Caoude; la segunda fuente de Bou- ridé. La fuente de Hount-Caoúde sale de la tierra á un metro de altura. El agua es limpia y trasparente; el olor nulo; el sabor, apénas sensible, tiene algo de salado sin ser desagradable. En cuanto á su mineralizacion, es de 2 gramos 84 miligramos por litro. Compone se sobre todo de clorhidra- tos, sulfates y carbonates alcalinos, con preponderancia calcárea^ Su tem- peratura es de 24° centígrados, por consiguiente las aguas son apénas templadas. Se toman en bebida y en baños. Están aconsejadas contra las enfermedades de las vías urinarias, catarro de la vejiga, gota, hipertrofia del hígado, cálculos biliares, afeccio- nes del útero y hemorroides. A media hora de distancia de esta fuente está la otra llamada Bouridé. Su composición es idéntica á la ante- rior. Por una particularidad inexplica- ble, sus virtudes terapéuticas son di- ferentes. La fuente Bouridé posee propiedades calmantes; es considera- da como provechosa en las afecciones nerviosas, y especialmente contra el histerismo. Empléase en baños y be- bida. La vida material de Capvem es buena, la residencia poco dispendiosa, y las condiciones higiénicas excelen- tes. La estación termal dura desde el Io de Mayo al Io de Octubre. El agua embotellada se exporta sin que sufra la menor alteración. Caquexia. Alteración profundado la nutrición, caracterizada por la hin- chazon de la cara, infiltración del cuerpo, tez amarillenta, ó de color de plomo, sangre muy serosa, y langui- dez de todas las funciones. Obsérva- se este estado especialmente después de largas dolencias, 6 al fin de cier- tas afecciones llegadas á un alto gra- do de intensidad, sobre todo en el escorbuto, cáncer, sífilis, etc.: y por esto se distingue la caquexia en es- corbútica, cancerosa, sifilítica, palu- dosa, etc. La caquexia paludosa ó de los pantanos principia á manifestarse en el tercero ó cuarto acceso de la fiebre intermitente; también aparece sin fiebre, en los individuos que habi- tan los lugares húmedos y pantano- sos. Tratamiento. La caquexia palu- dosa desaparece, si el doliente deja de habitar las regiones de que se ex- halan los miasmas pantanosos; y si usa, después de las preparaciones de quina, de hierro, baños aromáticos calientes, baños fríos de rio ó de mar, y de una buena alimentación. Las re- cetas de los medicamentos son: 1" Vino de quina 360 gramos (12 onzas). Para tomar una cucharada, dos ve- ces al dia. 2" Hierro reducido 15 gramos (1;2 onza). Dividido en 36 papeletas. Pa- ra tomar una papeleta por dia, en un poco de agua fría con azúcar. 3" Aguas ferruginosas tomadas al pié de la fuente. Uno ó dos vasos al dia. En la caquexia, escorbútica convie- ne hacer desaparecer las malas con- diciones higiénicas, procurar aire seco, CARA 386 CARACOL temperatura dulce, y una alimenta- ción compuesta de vegetales frescos y de carne de buena calidad. (V. Es- corbuto.) En la caquexia sifilítica se reco- miendan los viajes, las caldas sulfu- rosas, las infusiones de raíz de achico- ria, de genciana, los baños calientes aromáticos, los baños de mar y buena alimentación. En todas las caquexias la base del tratamiento consiste en la buena hi- giene y buena alimentación. Todos los medicamentos serian inútiles fal- tando una alimentación conveniente; y por esta palabra se entiende no solo el hecho de procurar al tubo digestivo una comida más ó ménos suculenta y reparadora, sino el arte altamente de- licado de hacer al estómago que la acepte, de variar según las necesida- des el número y la hora de las comi- das, de facilitar el trabajo de la diges- tión mediante el ejercicio, las distrac- ciones y ocupaciones agradables. Cara (Dolencias de la). Se da el nombre de cara á la parte anterior é inferior de la cabeza. El lector halla- rá en este diccionario artículos espe- ciales para las dolencias de los párpa- dos, de la nariz, de los labios, de las mandíbulas, de la barba, de la boca y de las orejas (véanse estas palabras). Dolor de la cara. V. Neuralgia FACIAL. Erisipela de la cara. V. Erisi- pela. Heridas de la cara. V. Heridas. Hinchazón de la cara. General- mente procede de la cáries de los dien- tes ó de la inflamación de las encías. (V. Dientes.) En cuanto á la hincha- zón de la cara procedente de la cloro- sis ó de la hidropesía general, véanse los artículos Clorosis, Hidropesía é Hinchazón. Caracol. Género de moluscos te- rrestres, de concha globulosa ú orbicu- lar, de una sola pieza, cuya abertura es más ancha que larga; se arrastra so- bre un pié carnoso, en forma de disco, situado debajo del vientre; tiene la cabeza más ó ménos perceptible, y guarnecida de uno ó más pares de tentáculos, muy movibles y dotados de exquisita sensibilidad. El tamaño de los caracoles varía en extremo; ciertas especies tienen el volumen de un huevo de gallina; otras, por el con- trario, son casi microscópicas. Todos son frecuentes en los jardines y ver- geles; viven de yerbas y hojas de ár- boles, ocasionando bastante daño á la agricultura. Ponen huevos cubiertos de carbonato de cal, ora en el tronco de los árboles, ora debajo de las ho- jas secas. Los pequeñuelos no tardan en salir de la cáscara con una concha aun muy frágil, la cual va poco á po- co endureciéndose. La carne de algu- nas especies es comestible, principal- mente la del Helix pomatia, Linneo, vulgarmente llamado caracol de viña. En Francia se hace gran consumo como alimento, sazonándolos, con sal- sa, ajo, sal, pimienta; los antiguos Ro- manos criábanlos con este objeto y los engordaban con algunas plantas aro- máticas. En medicina, se preparan con coracoles de viña un jarabe y una pasta, que se emplean en las dolen- cias del pecho. CARBALLO 387 CARBON Estos moluscos, grandes ó peque- ños, cuando abundan, hacen grandes estragos en huertas y jardines. Para desembarazarse de ellos el mejor me- dio consiste en darles caza después de una grande lluvia: se cogen ó se aplas- tan con el pié. También pueden des- truirse espolvoreando el campo con polvos de cal viva. Véase Limaza, que es una especie de caracol sin con- cha. Caraba. V. Resina caraña. Carballino y partovia. España. Aguas sulfurosas sódicas calientes. Situadas á cuatro leguas de Orense, capital de la provincia del mismo nombre. Son claras en las fuentes; expuestas al aire, se cambian en opa- linas; su olor es el de los huevos po- dridos; su sabor nauseabundo; tempe- ratura 31° 50 centígrados en un ma- nantial, 55° en otro. Empléanse, en baños, contra los reumatismos y en- fermedades cutáneas. El estableci- miento consiste en dos piscinas para los baños. Los bañistas se hospedan en las casas particulares. El viaje de Orense á las caldas se puede hacer á caballo. Carballo. España. Aguas sulfu- rosas sódicas, calientes. Situadas á cuatro leguas de la Coruña, capital de la provincia de su nombre, y á dos del Océano. Son claras, de olor de huevos corrompidos, sabor nauseabun- do. Su temperatura varía entre 25° y 35° centígrados. Contienen sulfuro y cloruro de sodio, sulfato de sosa y de cal. Se emplean en baños en las afecciones cutáneas y catarros de la vejiga. Los bañistas se alojan en las hospederías 6 posadas de la villa y en casas particulares. El viaje se hace de la Coruña á los baños por medio de carruaje, á caballo y en literas que se encuentran en la Coruña. Carbón. Dáse este nombre á una sustancia que resulta de la acción del fuego sobre las materias vegetales ó animales, en vasos cerrados y por con- siguiente al abrigo del aire. Existe también un carbón mineral, llamado carbón de piedra, que es el resultado de las reacciones naturales en el seno de la tierra. Vamos, pues, á examinar tres especies de carbón: el carbón procedente de la combustión de las sustancias vegetales, que es el carbón vegetal ó de leña; el carbón que proviene de la combustión de sustancias animales, como, por ejem- plo, los huesos, que es el carbón ani- mal; y, en tercer lugar, el carbón de piedra. Toda clase de carbón se com- pone de carbono, cuerpo simple, mez- clado con otras diversas sustancias, según su •naturaleza, origen y grado de pureza. Carbón vegetal, carbón ordinario, que se obtiene por la combustión in- completa de la leña. Esta operación, que se practica en los bosques, con- siste en formar pirámides de leña, á modo de conos truncados, en cuyo centro se conserva un espacio vacío para introducir el fuego; cóbrense es- tos montones de leña con una camada de hojas, sobre la cual se aplica tierra bien batida, dejando en lo bajo algu- nos resquicios para hacer entrar el aire; se pega fuego, y cuando la masa está bien atacada, se tapan todas las CARBON 388 CARBON aberturas á fin de que la combustión continúe de una manera lenta*, para que la leña, al abrigo del contacto del aire; se trasforme poco á poco en carbón. Este modo de carbonizar la leña es muy antiguo. Imaginóse tam- bién carbonizarla en vasos cerrados con objeto de obtener al mismo tiem- po carbón, gases combustibles, alqui- trán y vinagre. El carbón de leña es sólido, negro, inodoro, sin sabor, más pesado que el agua, y no obstante flota durante al- gún tiempo en este líquido, propie- dad que es debida al aire contenido en sus poros; mas concluye^ por per- der parte de ese aire y cae al fondo del líquido. Es frágil, se reduce á polvo fácilmente, yen tal estado pue- de servir para pulimentar los metales. Compónese de carbono (sustancia car- bonosa), de hidrógeno y de sustancias salinas que forman la ceniza. Hay una especie de carbón muy empleada en las artes, que lleva el el nombre de negro de hdmo ó humo de pez. Resulta de la combustión de las sustancias resinosas. Es un verda- dero hollín, producido por las resinas, tales como el alquitrán, la pez, etc., quemadas en marmitas de hierro, que se llenan con pedazos de las diferen- tes resinas que existen. Este carbón entra en la composición de la tinta de imprenta, del lustre de botas, de los barnices, etc. Cuando se enciende el carbón al contacto del aire, se forman gases (cuerpos aeriformes) que, siendo res- pirados, pueden acarrear la muerte por asfixia. Por tanto, preciso es man- tener una comente de aire en los lu- gares en que arde el carbón, á fin de desembarazar la atmósfera de dichos gases, que son el ácido carbónico y el hidrógeno carbonado. El carbón vegetal tiene muchos empleos. Es uno de los combustibles usados con más frecuencia. El carbón es empleado para quitar el olor á mu- chas sustancias odoríferas. Basta, por ejemplo, limpiar con carbón los vasos impregnados de cualquier olor, pa- radesembarazarlos de él enteramen- te. Las aguas que no están en un completo estado de putrefacción, pier- den igualmente el mal olor, colándo- las á través de un filtro de carbón. Si, por el contrario, la corrupción de los líquidos está muy avanzada, se mez- cla 1 litro de agua con <30 gramos de carbón en polvo bien seco, y 15 gotas de ácido sulfúrico concentrado, y lue- go que el agua haya perdido el olor, se filtra por un colador que contenga carbón. Cualquiera que sea el método adoptado, las aguas purificadas de se- mejante manera deben emplearse in- mediatamente, por cuanto no influyen- do el carbón sobre las materias ani- males no descompuestas, estas se al- teran y vuelven á infectar el líquido. Por más que el descubrimiento de la desinfección de las aguas merced al carbón sea moderno, esta propiedad fue desde mucho tiempo atrás confir- mada por una práctica antiquísima. Con efecto, en ciertos países los habi- tantes de las aldeas tienen la costum- bre de echar en los pozos, para con- servar y hacer salubre el agua, el car- I bon sacado de las hogueras que encien- CARBON 389 CARBON den para festejar el dia de San Juan Por este medio regeneran el agua de los pozos infestada por la corrupción de animales, y particularmente de las gallinas que en ellos caq^tp Con el fin de preservar el agua de la corrupción, es también por lo que se carboniza el interior de las pipas destinadas á ser- vir de depósito en los largos viajes. Carbonízanse asimismo las estacas que se clavan en la tierra, para que logren resistir más tiempo la hume- dad, porque sin esa precaución se pu- drirían muy pronto. El carbón molido es bueno también para clarificar y descolorar los licores, la miel, los jarabes, y especialmente el vinagre. El carbón animal, esto es, el car- bón de los huesos, posee esta propie- dad en más alto grado, y por esta ra- zón se emplea con preferencia. El carbón mezclado con azufre y salitre constituye la pólvora. El hierro com- binado con una pequeña cantidad de carbón forma el acero; en proporciones inversas, esto es, mucho carbón y una pequeña cantidad de hierro, se obtie- ne la plombagina con que se fabrican los lápices. Reducido á polvo impal- pable, el carbón .es uno de los mejo- res dentríficos de que puede usarse. Asociada á un mucílago y á cualquier aroma, forma las pastillas que corri- gen el mal aliento de la boca. Por último, esta excelente sustancia en tra en la composición de las pomadas que se emplean eficazmente contra la tiña. Carbón animal. Carbón produci- do por la carbonización de las sustan- cias animales. Se conocen dos varie- dades en el comercio: el barbón de huesos ó negro animal y el negro de marfil. El primero se prepara con los huesos que se obtienen en las gran- des ciudades, donde el consumo de la carne es considerable: el segundo se hace con las virutas y despojos de marfil que los fabricantes de objetos de esta materia desechan por inúti- les; pero suele imitarse con los hue- sos de patas de carnero bien limpios. Carbonízanse estas sustancias en va sos de hierro fundido bien cerrados. El carbón animal contiene materia carbonosa, fosfato de cal, carbonato de cal y ázoe. El carbón animal goza en grado eminente la propiedad de descolorar- los líquidos, razón por la cual se em- plea para blanquear los jarabes, el azúcar, etc. El carbón animal proce- dente de sangre desecada, de pelos, cascos, cuernos, calcinados con carbo- nato de potasa, constituye un deseo- orador más enérgico. Carbón de piedra ó Carbón de tierra] Hornaguera ó Hulla. Sustan- tancia carbonosa que se halla en ma- sas considerables en el seno do la tie- rra, y está esencialmente formada de carbono y de betún, asociados en pro- porciones variables á sustancias te- rreas. Es el combustible más abun- dante y precioso para todas las indus- trias que necesitan elevadas tempera- turas; á peso igual, el carbón de piedra produce un calor más considelable que el de leña; de él se extrae el gas pa- ra el alumbrado. El carbón de piedra se presenta en CARBON 390 CARBON fragmentos más ó ménos volumino- sos, de un negro hernioso, casi siem- pre brillante, y comunmente de tex- tura esquistosa. Su peso específico varía de 1,2 á 1,6. Se enciende con facilidad, y arde con llama amari- lla, acompañada de humo negro, de- jando mucha ceniza y un residuo vi- treo llamado escoria. Sometido á la destilación, el carbón de piedra da gases hidrocarbonosos (gas para lu- ces}, y deja un residuo de carbón com- pactó, llamado coke. Hay gran número de variedades de carbón de piedra, que para el uso pueden reducirse á tres principales: grueso, enjuto y compacto. -El car- bón de piedra grueso, vulgarmente carbón pegajoso ó de forjador, com- prende las variedades más cargadas de betún; se enciende más fácilmen- te; durante la combustión se hincha y aglutina en masa. Poco ventajoso, por esta razón, para los usos domésti- cos, el carbón de piedra grueso es buscado, por contra, para el trabajo de las fraguas y la fabricación del gas de alumbrado. Se extrae, en Francia, de las minas de Saint-Étienne, de Rive-de-Gier, de Givors, de Forez, de Littry, de Auzin, de Fins, de Creu- zot; en Inglaterra, de Newcastle; en en Escocia y en Bélgica, de las minas de Mons.- El carbón de piedra seco es mécos combustible, más compacto, más pesado que el anterior; ménos oleoso y ménos glutinoso también. Se emplea para la cocina, para calen- tar las habitaciones de las casas, para cocer las tejas, la cal, etc.: produce muchas veces una humar edasulfúrea y fétida debida á los piritos que con- tiene. Se halla en Francia en las mi- nas próximas de Marsella, Tolon, Fresnes, Conde: en Inglaterra, en las minas de Dwham; en algunas minas de Bélgica, principalmente las de Charleroi. - El carbón de piedra compacto, más duro y más liviano que el precedente, no existe en gran can- tidad sino en Inglaterra, en el Lan- cashire, sobre todo en Wigan, y en el condado de Kilkenny en Irlanda; es designado con el nombre de carbón- vela, porque es muy combustible, ar- de con gran llama, blanca y brillan- te, y da muy poca ceniza; es muy so- licitado para calentar las casas, y se emplea para la extracción del gas. Puede ser trabajado al torno, y sirve para la confección de vasos, tinteros y objetos de adorno. El carbón de piedra abunda en Es- paña. La existencia del carbón de piedra está hoy bien averiguada en varios puntos de América. Se encuentra en el Brasil, en la provincia de San Pe- dro do Sul, en las minas del Arroyo dos Ratos, y en el Yaguaráo, yen San- ta Catharina, junto al rio Tubaráo; en la Boa-Vista, Se muestra enSan Paulo y reaparece en el Ceará, y se supone que existen criaderos carboní- feros en el interior de Piauby, del Marañon, y del Valle del Amazonas. Hánse hecho operaciones en varios puntos y se siguen los estudios en materia de tanta importancia. Es opinión generalmente admitida que el carbón de piedra es el producto de la alteración, más ó ménos profunda, CARBUNCULO 391 CARBUNCULO de árboles y plantas de diversas es- pecies, que existían en los primeros siglos del mundo, ántes de la apari- ción del hombre, y que fueron ente- rradas por el dilubio y otros grandes cataclismos que han trastornado nues- tro planeta. Esta opinión está corro- borada par la cantidad de vestigios vegetales que se encuentran en las piedras areniscas y de los esquistos adherentes al carbón de piedia. Carbonato de amoníaco. V. Amo NIACO. Carbonato de cal. V. Cal. Carbonato de plomo. V. Plomo. Carbonato de potasa. V. Potasa. Carbono. Principio combustible que existe con abundancia en la na- turaleza, formando grandes masas en el seno de la tierra, y más considera- bles unas que otras. Es uno de los principios constitutivos de los seres organizados, de donde se obtiene, en estado de carbono, para aplicarlo á los usos de la economía doméstica. Es insípido, inodoro, malísimo con- ductor del calórico y, cuando arde, absorbe dos veces y media su peso es- pecífico de oxígeno, convirtiéndose de este modo en ácido carbónico. El dia- mante es considerado como el carbo- no de mayor pureza. El carbón de le- ña, el carbón animal, el antracito y la plombagina, no son más que car- bono unido á otros principios. Véase Carbón. Carbúnculo. Carbunclo ó Car- bunco. El carbúnculo, llamado tam- bién antrax maligno, es un tumor duro, poco prominente, sensible al tac- to, cqya circunferencia está formada por un círculo inflamatorio, y el cen- tro por una escara muy negra. Este último síntoma, que es el primero que aparece, explica la palabra esco- gida para designar esta terrible en- fermedad. Jausas. Parece ser que la residen- cia en lugares bajos y pantanosos ó húmedos, en medio de los miasmas que proceden de la descomposición de materias animales y vegetales duran- te los fuertes calores, bastan á veces para desarrollar espontáneamente el carbúnculo en el hombre. Casi siem- pre es comunicado por animales ata- cados de esta dolencia, y aun después de la muerte de estos animales, el contacto de sus despojos, principal- mente de la piel, basta para trasmi- tirla, razón por la cual se observa co- munmente en los zagales, curtidores, carniceros, herradores, albéitares, etc., esto es, en los individuos que, á cau- sa de su profesión, se hallan expues- tos al contacto de los animales. Pue- de ser inoculado en el hombre por la picada de su insecto, tal como una mosca que haya chupado el cadáver de algún animal carbunculoso. Algu- nos médicos piensan que seria posi- ble contraerlo comiendo la carne de animales que hubieren padecido este mal, ó muerto después de una gran fatiga; en fin, existen ejemplos de trasmisión de esta dolencia de un in- dividuo á otro. Síntomas. Los síntomas y las for- mas del carbúnculo no son siempre semejantes. He aquí sus principales variedades: / En el centro de la hinchazón ede- CARBUNCULO 392 CARBUNCULO matosa, que aparece súbitamente, se forma una escara negra que se extien- de con gran celeridad; va acompaña- da de dolor punzante, palidez gene- ral y debilidad del pulso. El doliente muere á veces en veinticuatro ó trein- ta y seis horas. En otras ocasiones no sucumbe sino después de muchos dias. Acontece también que después de veinticuatro ó cuarenta y ocho horas, el pulso se robustece y la gangrena se para; entonces la escara se despega y cae. Resulta de esto una pérdida de sustancia que se cura con cerato, co- mo toda herida simple. Tal es el car- búnculo propiamente dicho. Hay otra especie de dolencia car- bunculosa, que se designa más parti- cularmente con el nombre de pústu- la maligna, y cuya descripción es aquí oportuna, porque sus causas, así como su tratamiento, son en todo aná- logos á los del carbunclo verdadero. La pústula maligna se manifiesta al principio por una comezón ligera y una punzada muy fuerte. En el pun- to en que, esta sensación se manifies- ta-, se distingue una pequeña pinta roja, parecida á la picadura de una pulga. Luego después se forma una pequeña vesícula (vejiguilla) llena de serosidad rojiza; la comezón se ha ce cada vez más viva, el doliente no puede resistir al deseo de rascarse, rompe la vesícula, que despide un po- co de serúsidad, y el prurito es mé- nos intolerable por algunos momen- tos. Esta serie de síntomas compone el primer período, que dura cerca de cuarenta y ocho horas. Un tuberculi- 11o duro, pero no sensible, se levanta después en el lugar de la vesícula, y tiene un color lívido ó amarillento. La comezón va aumentando, y es acompañada de calor y dureza. La piel vecina se hincha; aparecen nue- vas vejigas ó ampollas serosas; el tu- mor, que no cesa de crecer, se enne- grece en el centro. La muerte puede ser la consecuencia de estos graves desórdenes, lo cual anuncian el pulso frecuente y flojo, la piel ardiente, len- gua seca, sed insoportoble, náuseas, sensación de fuego interior, respiración cortada, desmayos, sudores y delirio; en otros casos la terminación fatal es precedida de pérdidas del calor natu- ral y de postración de fuerzas. Pero si el enfermo debe sanar, el cuerpo, que se habia enfriado, recobra su na- tural calor, la gangrena cesa, establé- cese una supuración de buena natu- raleza, la llaga se enrójese, y la cica- triz se forma más ó ménos pronto, se- gún la extensión de la mortificación. La duración media de la pústula ma- ligna es de doce á quince dias, sin contar la cicatrización de la llaga, cuando el mal termina favorable- mente. Pronostico. El carbúnculo es siem- pre una dolencia grave. La pústula maligna puede ocasionar á veces la muerte en veinticuatro horas, si los socorros del arte no llegasen á tiem- po. El doliente sucumbe en ciertos casos por el exceso de supuración. Veamos ahora como los progresos del mal pueden ser combatidos en sus principios. Tratamiento. Consiste en destruir el tubérculo gangrenoso por medio de CARBUNCULO 393 CARBUNCULO la cauterización. Conviene recurrir á este medio con toda premura, cual- quiera que sea el período en que el mal se encuentre. La cauterización se practica, de la manera siguiente: se moja un pincel en aceite de vitriolo y se aplica sobre la masa tuberculosa, Esta aplicación debe repetirse muchas veces, para que el cáustico penetre bien y logre destruir las paites gan- grenadas. Al aplicar el líquido cáus- tico, preciso es cuidar de que este no se vierta sobre las partes sanas adya- centes, y no ataque á órganos impor- tantes; por esto los médicos emplean á veces el hierro candente en lugar de cáusticos líquidos. Algunos facul- tativos principian por hacer una inci- sión en cruz con el bisturí en el cen- tro del tumor, á fin de practicar más inmediatamente la aplicación del cáustico. Esta manera ofrece venta jas, sobre todo cuando el tumor está ya avanzado. Después de la cauteri- zación se aplican cataplasmas de lina- za. La parte quemada cae al cabo de algunos dias, y la pérdida de sustan- cia que resulta se cura con hilas cu- biertas de cerato; se lava con agua de Labarraque ó con agua fénica. Hecha la cauterización, se adminis- tra al doliente el vino de quina, en la dosis de una cucharada, tres veces al dia, continuando este medicamen- to por espacio de cinco ó seis dias, ó hasta que la herida esté curada en- teramente. Carbúnculo de los animales. Los animales domésticos están más sujetos que el hombre á padecer de carbúnculos; y esta dolencia se en- cuentta no solo en los cuadrúpedos, sino también en los gansos, patos, ga- llinas, etc. Como el carbúnculo de los animales puede trasmitirse por conta- gio al hombre, no estará de más en este libro la descripción de sus carac- teres. El carbúnculo de los animales se anuncia comunmente por un tumor- cilio duro, resistente, del tamaño de una judía,[muy adherente en la base; á veces tiene en el centro una aber- tura imperceptible; comprimiendo es- te tumor en un caballo, el animal ma- nifiesta una sensibilidad exquisita al tacto. El tumor aumenta, y aparecen todos los síntomas do ansiedad. Los ojos adquieren un aspecto ardoroso, se muestran inflamados, el pelo se eriza, la respiración se hace laboriosa, acelérase el pulso de una manera -ex- traordinaria. Estos síntomas no du- ran largo tiempo; y cuando la morti- ficación se ha apoderado del tumor, el pulso languidece, vuélvese lento, intermitente; los ojos aparecen abati- dos y las fuerzas aniquiladas; estas se reaniman por un instante, pero luego sobrevienen convulsiones y la muer- te. Existe ademas una variedad del carbúnculo que afecta especialmente al buey, al carnero, al cerdo, y se anuncia sobre las partes descubiertas del cuerpo, por manchas blancas, lí- vidas ó negras: estas distintas grada- ciones se suceden según el progreso del mal. La piel se despega, y deba jo de ella existe un humor acre y co- rrosivo. La marcha de este carbúncu- CARBUNCULO 394 CARDIALGIA lo es ménos rápida que la del prece- dente, pero sus efectos son idénticos. El carbúnculo no solo se manifies- te exteriormente. sino que también ataca los órganos internos, como el cerebro, pulmones,- estómago, etc. Es- ta dolencia, llamada fiebre carbuncu- losa, es aguda en extremo, el animal sucumbe casi en el mismo instante en que es acometido de ella; la dura- ción fluctúa entre una y dos horas. El animal parece que siente algún terror, se amedranta, levanta y baja la cabeza, se sacude, relincha, bam- bolea, cae y muere entre convulsio- nes más ó ménos violentas. Los veterinarios consideran como causas del carbúnculo la sucesión de las lluvias á las grandes sequías, á los grandes calores, á los forrajes plaga- dlos de insectos y cogidos en lugares pantanosos. La proximidad de los pantanos, el uso de aguas corrompi- das, los malos pastos, bastan para ocasionar el carbúnculo. Los veterinarios aconsejan como medios preservativos para los anima- les sanos, la entera separación de los enfermos, un ejercicio moderado, be- bidas refrigerantes y lavativas purga- tivas. El medio curativo consiste en la cauterización de los tumores con aceite de vitriolo ó con hierro incan- descente. Las llagas resultantes de la cauterización se curan con ungüen- to ba Silicon. Este medio, no obstante,, no con- viene en el carbúnculo que esta úni- camente caracterizado por manchas. En este caso se administran la quina y el alcanfor. Fricciones generales, paseos al aire libre, irrigaciones con agua fénica, fumigaciones con esplie- go y otras plantas aromáticas en las escuadras y establos, son otros tantos medios que deben formar parte del tratamiento. Es también importante para los animales que se conservaren sanos, así como para las personas, que el estiérlcol de los animales afecta- dos de carbúnculo tea quemado, y los cadáveres de los que sucumbieren sean enterrados á gran profundidad. Carcinoma. Sinónimo de cáncer. Cardamomo. Dáse el nombre de cardamomos á unos frutos secos que vienen de Java, Malabar, la India, etc. Se distinguen tres especies co- merciales: 1? Cardamomo menor; tiene de 6 á 8 milímetros de largo, panzudo, triangular y con simientes rojas; su olor es terebintáceo: esta es- pecie es la más estimada. 2o Carda- momo mediano. Es menos largo que el siguiente, cuyos caracteres posee- 3° Cardamomo mayor ó de Celain, cuya largura es de 2 á 3 centímetros, ancho de 6 á 8 milímetros, triangular, puntiagudo en ambas extremidades, de color violáceo, estriado, trilocular; semilla abundante. Los cardamomos proceden de dife. rentes amomeas, pertenecientes á los géneros Amomum, Elettaria y Ren- calmia. Sus frutos aromáticos ántes se empleaban en medicina como esto- macales y estimulantes. En la India se usan como condimento en las comi- das. Cardialgía. Dolor nervioso que se suele sentir en la boca del estómago. V. Gastralgia. CARD*) SANTO 395 CARIES Cardítis. Inflamación del corazón. ¡ Esta dolencia es sumamente rara, y 1 casi siempre coincide con la inflama- ción de las membranas que lo revis- ten, dolencias conocidas bajo el nom- bre (\.c pericarditis y de endocarditis. Las causas de la carditis son los hondos pesares y el resfriamiento sú- bito. La carditis aparece á veces des- pués de la desaparición del reumatis- mo articular. Los síntomas de la carditis son: do- lores agudos en la región del corazón, una sensación de ansiedad y de sofo- co insoportables. El doliente está in- quieto y agitado; á cada instante se ve amagado de desmayos; el corazón late aceleradamente, con violencia y sin regularidad; las facciones contraí- das y á veces rojas expresan el sufri- miento. El tratamiento consiste en sangrías, sanguijuelas en la región del corazón, dieta y bebidas refrigerantes; tales como la limonada de limón y de na- ranja, etc. Cardo santo. Cnicus benedictas. Gaertner. Sinantéreas cardáceas. Planta anual de la Flora española; crece espontáneamente en los lugares arenosos y otras partes. Tallo dere- cho, alto de 50 centímetros, ramoso, híspido, guarnecido de hojas semi- decurrentes, oblongas, sinuosas ó den- tadas y un tanto aguzadas; flores, dos ó tres terminales en los ramos y pe- dunculadas. Esta planta tiene olor- desagradable, el cual llega á perder por la desecación; su sabor es muy amargo. Se considera el cardo santo como tónico y febrífugo. Sus sumida- des floridas se administran en infu- sión, preparada con 4 gramos (1 drac- ma) de la planta y 250 gramos (8 on- zas) de agua hirviendo. Caries. Enfermedad de los huesos, caracterizada por la destrucción lenta del tejido óseo, con reblandecimiento y formación de pus fétido. Esta afec- ción ha sido confundida largo tiempo con otra del mismo género, la necró- sis, que es el estado de un hueso ó de una porción ósea privada de vida: pero la caries difiere de ella esencial- mente. Para dar una idea de la dife- rencia existente entre estas dos afec- ciones, liase comparado la caries á una ulceración de las partes blandas del cuerpo, y la necrósis á la gangre- na ó mortificación de esas mismas par- tes. La caries se presenta constante- mente precedida de la inflamación de los huesos. La caries de los dientes, no siendo de la misma naturaleza que la de los huesos, se tratará de ella en otra par- te. (V. Dientes.) Las causas que pueden producir la caries son externas. Entre las pri- meras se cuentan las heridas que pe- netran hasta los huesos, las contusio- nes, las fracturas, las torceduras en que se han roto los ligamentos, etc. Pero la caries, la mayor parte de las veces, es producida por causas inter- nas, tales como la disposición escrofu- losa, la infección venérea inveterada, el escorbuto, el vicio canceroso y el enflaquecimiento general provocado por excesos ó fatigas. Síntomas. La caries procede por . lo común con lentitud, y puede que- CA RIES 396 CARIES dar estacionaria largo tiempo. Princi- pia por un dolor agudo y fijo en algún punto del hueso. Si la dolencia ataca una articulación, los movimientos se hacen difíciles y acompañados de do- lores. Si el hueso afectado está situa- do superficialmente, se ve manifestar- se en él un tumor circunscrito, inmó- vil, adherente, más ó menos doloroso y sensible á la presión, y, al principio, sin alteración del color de la piel. Las partes blandas cercanas al hueso afectado se inflaman é hinchan, le- vántase el tumor, y se vuelve blando en el centro; la piel se irrita, se en- rrojece, se hace violácea, ábrese y de- ja correr una materia purulenta que era la que la dilataba. La abertura de los tegumentos continúa con un trayecto fistuloso, más ó menos pro- fundo y sinuoso, que se dirige al hue- so enfermo, y sirve de canal excreto- rio á la materia purulenta que de aquel proviene. Con frecuencia los paños que reciben esta materia que- dan teñidos de negro; esto acontece sobre todo cuando se usa, en las cu- ras, de parche ó de ungüento que lle- ve preparados de plomo, como, por ejemplo, el cerato de Saturno. Si se introduce en la fístula una larga agu- ja llamada estilete, se encuentra lue- go el hueso dolorido y enfermo. El instrumento choca contra una super- ficie dura, rugosa; cuando penetra más profundamente, hace experimentar á la mano que lo conduce una precipi- tación particular, que resulta de la rotura de gran número de filamentos óseos que á su paso encuentra. Estas exploraciones son ordinariamente po- co molestas, acompañadas de hemo- rragias bastante considerables, y á ve- ces de la salida de algunas pequeñas porciones del hueso. Cuando la caries ocupa huesos si- tuados profundamente, como los de la columna vertebral, los síntomas no son siempre tan evidentes, y á veces presentan mucha oscuridad en los principios del mal; los dolientes expe- rimentan solo un dolor fijo, continuo, en el hueso que está cariado; el pus que resulta, para salir se ve obligado á recorrer un largo trayecto; por fin levanta la piel, formando así un absce- so, llamado absceso por congestión. Pronóstico. En ocasiones la caries se cura espontáneamente; entonces se ve disminuir la supuración, y el pus pierde su olor fétido; poco á poco las fístulas se cierran y el doliente está curado; únicamente el hueso queda más abultado, y, si el mal tiene lugar en una articulación, resulta una an- quilósis, esto es, una pérdida de mo- vimientos. Esta terminación feliz suele verse sobre todo en individuos escrofulosos, fuertes todavía en el mo- mento en que pasan de la infancia á la pubertad. Otras veces acontece, sobre todo cuando la cáries es venérea, que toda la porción del hueso afecta- do se corrompe del todo y se separa bajo la forma de una gran esquirla; después de esto, la cicatriz se forma y el doliente se encuentra curado, co- mo en el caso anterior; pero ejemplos tan dichosos no se observan sino en individuos jóvenes, robustos y vigoro- sos, y aun así sufren gran retardo. Después de estos, los casos más afor- CARIES 397 CARIES tunados son aquellos en que el mal, siendo de poca extensión, queda esta- cionario y da una supuración inagota- ble, que por ser poco abundante no altera la salud general del enfermo. A veces la dolencia aumenta, si de- pende de una de aquellas que influ- yen sobre todo la economía; poco á poco se propaga del hueso afectado á los huesos contiguos, y el enfermo en- flaquece de un modo considerable. Tratamien to. Hay dos indicaciones á llenar en el tratamiento de la ca- ries: destruir la causa general que ha producido el mal, en el caso de que sea conocida y curar el hueso afectado. Si la caries es efe naturaleza sifilítica, escrofulosa, escorbútica, preciso es que el enfermo siga el tratamiento apropiado para combatir esas afeccio- nes generales. (V. Sífilis, Escrófu- las, Escorbuto. ) A veces se le ve la caries curarse de por sí cuando la cau- sa general ha sido destruida; pero no siempre sucede así: la dolencia se lo- caliza y subsiste después de la des- trucción de la causa, hasta que se re- curre á los medios quirúrgicos, únicos que son capaces de curarla. El tratamiento local de la caries varía según el grado, la extensión, la situación y la naturaleza del mal. Cuando se manifiesta al exterior, pro- duciendo un tumor inflamatorio, se deben aplacar el dolor y la irritación con cataplasmas de harina de linaza y guardar un reposo absoluto. Cuan- do la hinchazón y el dolor disminuyen con el empleo de este medio, preciso será echar mano de las aplicaciones estimulantes, para modificar las pro- piedades vitales del hueso afectado, y producir la cura de la caries. Cuan- do esta es superficial, poco dilatada, se obtienen buenos resultados con los baños locales de infusión de plantas aromáticas, tales como el espliego, la salvia, el romero, la menta piperi- ta, etc. Los baños de cenizas, ó con agua de mar caliente, producen tam- bién excelentes resultados en casos semejantes; pero es preciso usar de ellos largo tiempo. Cuando el hueso cariado está descubierto, se aplican sobre él hilas empapadas en aguar- diante alcanforado, en tintura de mi- rra y de áloes, ó en tintura de iodo. Si estos medios no bastasen, se recu- rre á la acción heroica del fuego. Descúbrese la cáries por incisiones, y se cauteriza con el hierro candente. En las cáries muy profundas, que son difícilmente accesibles á los medios quirúrgicos, no se debe hacer uso del fuego; en estos casos se obtienen bue- nos efectos por las inyecciones con la tintura de iodo. Cuando la cáries que- da estacionaria, no obstante los me- dios indicados, si no se alterase la constitución del individuo, conviene limitarse al reposo de la parte afec- tada, á la limpieza, al régimen forti- ficante y al uso de medicamentos tó- nicos. {Véase esta palabra.) A veces con el tiempo, después de perdida to- da esperanza, el mal se cura natural- mente. Cuando la cáries afecta una articulación, preciso es darle una po- sición tal que, después de formada la anquilósis, el miembro pueda ser aún de alguna utilidad. (V. Anquilósis.) Si, por el contrario, las fuerzas fuesen CARIES 398 C ARIES disminuyendo, la supuración se vol- viese cada vez más abundante y féti- da, y la cáries atacara un hueso en que la amputación sea practicable, esta sera el único medio de acabar con el mal. Después de estas consideraciones generales acerca de la cáries exami- naremos esta afección en los huesos de la columna vertebral, ó, por otro nombre, cáries del espinazo ó mal de Pott, donde ella presenta algunas par- ticularidades. Cáries dentaria. V. Dientes. Cáries vertebral ó Mal de Pott. Ataca principalmente á los niños, y depende, en el mayor número de ca- sos, del vicio escrofuloso; cuando se manifiesta en los adolescentes, es ca- si siempre el resultado de la mans- turbacion. El mal principia por un dolor en un punto del espinazo. Al- gún tiempo después se forma supu ración en este lugar; el pus, cediendo á su propio peso, desciende por los intersticios musculares que le oponen menor resistencia, y va á formar un absceso llamado usbeeso por conges- tión^ en un sitio más ó menos distante del asiento del mal que le dio origen. Este absceso se presenta, bajo la apa- riencia de tumor indolente, blando, fluctuante en toda su extensión desde el momento de presentarse, y sin cambio en el color de la piel. Se en- cuentra por lo común en la región lumbar ó en la ingle. Con los progre- sos del mal, la vértebra se reblandece, doblégase bajo el peso de las partes superiores, y la columna vertebral se encorva hácia adelante. En el espi- nazo se manifiesta una prominencia angulosa, formada por una ó más apó- fisis de las vértebras. Al propio tiem- po, el enfermo experimenta en los muslos y en las piernas una especie de entorpecimiento que no le deja ser- virse de ellas sino con dificultad; á veces se declara súbita ó progresiva- mente una parálisis completa de la mitad inferior del cuerpo. El dolien- te, en este caso, se ve obligado á re- currir á la sonda para evacuar la ori- na, y á las lavativas para expeler las materias fecales. Las partes más sa- lientes, sobre que reposa el cuerpo generalmente, se inflaman y supuran: el marasmo va siempre aumentando, y las fuerzas disminuyen gradual- mente. Tratamiento. Cuando ya hace al- gún tiempo que un adulto se queja de dolores fijos y continuos en algún punto del espinazo, cuando un niño, llegado á la edad en que echa á an- dar, parezca tener las piernas dé- biles, ó sobre todo cuando, después de haber andado, ya no lo puede ha- cer, sin que esta debilidad dependa de alguna dolencia conocida, preciso es en tales casos, sin excepción algu- na, examinar atenta y minuciosamen- te la columna vertebral, á fin de cer- ciorarse si en ella no se presenta algu- na corcova. Casi siempre se encuen- tra este signo; y en el caso contrario, la existencia del dolor en un individuo que parece predispuesto á contraer este mal, lo indica suficientemente. Entretanto conviene administrar los medicamentos tónicos, tales como el aceite de hígado de bacalao'j[interior- C ARLSBAD 399 CARLSBAD mente y en fricciones en la columna vertebral; las preparaciones de hierro, el vino de quina, los baños con plan- tas aromáticas (romero, salvia, menta piperita, espliego, tomillo, etc.), los baños de agua de mar calientes. Con- viene establecer sobre la parte sensi- ble una ó más fuentes por medio de la potasa cáustica, y entretener la supuración de ellas durante mucho tiempo. Tal es el único tratamiento de esta enfermedad. Formulario contra el mal de Pott. 1" Aceite de hígado de bacalao, 180 gramos (6 onzas). Para tomar una cucharada dos veces al dia. Al mismo tiempo, dos fricciones diarias en el espinazo con una cucharada del mismo aceite. 2" Hierro reducido, 8 gramos (2 dracmas). Dividido en 24 papeles. Para tomar un papel, dos veces al dia, en una cucharada de agua fría con azúcar. 3° Vino de quina, 180 gramos (6 onzas). Para beber una cucharada, dos veces al dia. El modo de preparar los baños aro- máticos se halla indicado en el tomo I, pag. 233. Carlsbad. Aguas salinas sulfatadas calientes. Temperatura de 40° á 74° centígrados, según los manantiales, Itinerario de Paris á Carlsbad'. Ferrocarril por Francfort hasta la estación de Eger, 32 horas. Diligencia de este punto á Carlsbad, 4 horas. Gasto, 125 francos. Carlsbad es una ciudad de la Bohe- mia, con 8,000 habitantes, situada en un hondo valle y entre rocas graníti- cas dominadas por montañas cubiertas de brezos. En medio del valle corre el riachuelo Tepel. Los manantiales de Carlsbad son numerosos; hoy se cuen- tan diez principales. El primero de todos, por su reputa- ción, abundancia y elevada tempera- tura, es el Sprudel. Este manantial es también el más importante de te- das las aguas minerales de Europa, el agua nace por una ancha boca, hier- ve y levanta espuma. Su temperatu- ra es de 74° centígrados. Una nube de vapor que envuelve el manantial, unida al ruido que hace el agua al brotar con ímpetu, anuncia su presen- cia desde lejos. Cerca del Sprudel se halla la fuente de Hygia, menos ca- liente y menos abundante. Los otros manantiales de Carlsbad están sobre la orilla izquierda del Te- pel, y en el siguiente orden: el manan- tial Schlossbrunn^ el Marktbrunn. el Mühlbritnn, el Neubrunn, el Ber- nadbrunn, el Theresienbrunu, el Felsenbrunn y el Spitalbrunn. La temperatura de estas fuentes varía de 40° á 70° centígrados. Las cañerías que conducen el agua desembocan eu elegantes edificios. El agua de estas diversas fuentes es clara, trasparente y sin olor de nin- guna especie. El sabor, un tanto alca- lino, no es desagradable; ha sido com- parado á un caldo de pollo muy lige- ro. Todos los manantiales tienen idén- tica composición, consistente en los mismos principios salinos, en los mis- mos gases, y en tenerlos en las mis- mas proporciones; no se diferencian en otra cosa mas que en la temperatura CARLSBAD 400 CARMINATIVO Los principios salinos son sulfatos, cloruros y carbonates alcalinos; los ga- ses son el ácido carbónico y el ázoe. Del análisis del manantial Sprudel, según Ragsey, resulta que un litro de agua contiene 5 gramos 44 centigra- mos de sustancias fijas, que son: sul- iatos de sosa y de cal; cloruro de so- dio; carbonates de sosa, de cal, de es- tronciana, de magnesia, de hierro, de manganeso; fluoruro de calcio, fesfa- tüde cal, sílice. La sal de Carlsbad, extraída del manantial Sprudel por evaporación, es un sulfato de sosa casi puro. Se fa- brica también artificialmente. Esta sal es muy usada en Alemania como purgante. Aunque los manantiales de Carlsbad no difieran más que por la tempera- tura, impresionan no obstante de di- ferente modo la economía. Así es que un enfermo soportará perfectamente el Schlosbrunn, cuando el Sprudel le impresionaría poderosamente. Ahora bien, no pueden atribuirse tales dife- rencias de la acción á la mera influen- cia de un poco más ó de un poco mé- nos de calor, porque haciendo enfriar el del Sprudel al mismo grado que el del Schlosbrunn, continuará siendo excitante. Hay, pues, allí alguna cosa que no alcanzamos á percibir. Las aguas de Carlsbad se emplean especialmente en bebida. Por lo gene- ral, los enfermos llegan con facilidad á tomar por la mañana de siete á ocho vasos; algunos hay que beben más sin inconveniente. Esta agua, y particu- larmente la del Sprudel, determina á menudo, en el momento de su ingés- tion, una impresiónele constreñimien- to en la cabeza, vértigos y cierta es- pecie de'embriaguez; por lo que debe ponerse un cuarto de hora de interva- lo entre cada vaso, y hacer un poco de ejercicio én los intervalos. La ac- ción de estas aguas es casi siempre purgativa. También se usan en ba- ños; el establecimiento contiene seten- ta y dos pilas, dos estufas y ocho ba- ños de lodo mineral. Las aguas de Carlsbad aprovechan en las enfermedades del hígado y del bazo; en los ingurgitamientos, espe- cialmente de estos órganos; en las are- nillas, en la gota, en el diabetes y en la dureza del vientre. Estas aguas pueden ser trasporta- das casi sin alteración, y producen no- tables efectos; la dosis es de media á una botija por la mañana. Preciso es beberías calientes, y al efecto se ca- lientan al baño de maría. Carmín. Tinta roja extraída del insecto llamado cochinilla, ó del ker- mes animal, excrecencia de color' rojo que nace sobre las hojas ó las ramas de una especie de encina Quercus coccifera, Linneo, y que es producida por la hembra de un insecto, Coccus ilicis. El caímin es de color purpuri- no brillante, soluble en agua, insolu- ble en el éter é inalterable por el ai- re y por la luz. Los ácidos lo disuel- ven y le prestan color más vivo, el de escarlata. El carmín se emplea en farmacia para colorar las pomadas. Carminativo. Se llama carmina- tivo el medicamento que tiene la pro- piedad de combatir los dolores nervio- sos del estómago y de los intestinos, CARNAUBA 401 CARNE acompañados de ventosidades. Estos medicamentos se sacan de las sustan- cias aromáticas, tales como las hojas de toronjil, salvia, menta, los frutos del anís, hinojo; culantro y alcaravea. Carnaúba . Corypha cerífera, Arruda; Copernicia cerífera, Martius, Arbol del Brasil, de la familia de las Palmeras, Habita en el Oeara, Rio Grande del Norte y Matto-Grosso, donde abluida; resiste las sequías más rigurosas, siempre verde y florescente, y tiene gran mérito. rí. De las hojas de este árbol se saca una cera amarilla, de la cual se hacen velas. El modo de sacarla es muy sen- cillo. Córtanse las hojas y se exponen al sol para que se agosten; pasados tres ó cuatro días se baten en un lu- gar resguardado del viento; entonces sueltan un polvo que; derretido al fue- go, da una cera amarilla y dura. Em- pléase mucho este producto en la fa- bricación de velas, y es objeto de gran consumo en las provincias del Norte del Brasil, principalmente en el Cea- ra, donde es ya un importante ramo de explotación. El tronco de este árbol sirve para infinitos usos, para vigas, piés dere- chos, travesanos, etc. Con él se hacen instrumentos de música, tubos, bom- bas, cajas, tazas, etc., etc., por ser muy dura la parte exterior. Del pal- mito ó médula, que es pequeño, y cuando tierno muy sabroso, se extrae por medio de sucesivas lavaduras gran cantidad de goma, que es muy nutri- tiva. El fruto de la carnaúba es del ta- maño de una avellana; se comen la pulpa y la almendra, que es oleosa. De las hojas secas se hacen esteras, sombreros, cestas, escobas, abanicos, canastos, etc., y la fibra que da la mis- ma hoja, cuando verde, produce un hilo fuerte con que se fabrican cuerdas, redes, etc. La paja de carnaúba es exportada á Europa, donde sirve pa- ra fabricar sombreros finos. Muchos productos de este árbol generoso figu- raron en la Exposición universal de París de 1867, tales como cem en gru- mos, velas, cuerdas, bombas hechas de su madera, grandes trozos del tron- co brutos ó pulimentados, tazas, flau- tas, etc. Todos estos objetos excita- ron la curiosidad de las personas que visitaron la Exposición. Carne. (Higiene y conocimientos útiles.') Muchas especies de carne en- tran en la alimentación del hombre. En primera línea se presenta la car- ne de buey, de vaca, de toro; es la mejor carne que el hombre puede co- mer, y la que hace el mejor caldo. La carne de búfalo, mamífero del género Buey, de que se usa en Italia y en Africa, y la del bisonte, que se acostumbra consumir en la América del Norte, son bastante inferiores á la especie bovina propiamente dicha. Viene después la carne' de carnero y de cordero; apénas si pueden citarse lás carnes de mala calidad que dan las ovejas lecheras, la cabra y el ma- cho cabrío. El cerdo da una carne que es excelente alimento, con tal de que se halle exenta de ladrería y de la triquinosis (véanse estas palabras.) Estas dolencias de los cerdos justifi- can la adopción de los modos particu- CARNE 402 CARNE lares de preparación, y las prescrip- ciones de ciertas leyes religiosas con- tra la carne del cerdo. El caballo y el burro dan una carne de buena ca- lidad, de que se hace uso en Francia é Italia. Las carnes de ciervo, de ve- nado, de gamo, son cazas procuradas en las diferentes regiones del globo. Los pueblos del Asia occidental, los del norte del Africa, comen la carne del camello y del dromedario. En el Perú, en.Bolivia, se come la carne de vicuña y de alpaca. La liebre y el co- nejo sirven también de alimento al hombre. En el Brasil, como en la ma- yor parte de la América meridional, los zarzales vírgenes, las campiñas y las selvas, están poblados de gran nú- mero de cuadrúpedos y aves propias para la alimentación del hombre, co- mo son el anta, el venado, la paca, la capivara, el tatú, la perdiz, la codor- niz, la gallina de campo, entre otros ciento más, y muchas especies de pa- lomas. Las gallinas comunes, las pin- tadas, los gansos, patos, pavos, palo- mas, figuran entre las mejores espe- cies comestibles. Amen de esto, mu- cha caza es provista por las aves bra- vas. Salvo ciertas tortugas, marinas, lagartos comestibles y las ranas, los reptiles no forman parte de la ali- mentación del hombre. Pero los pe- ces tienen suma importancia bajo el punto de vista alimenticio. La carne tiene propiedades espe- ciales. Se altera pronto, y entonces se vuelve repugnante é insalubre. La mejor carne es la de buey, de siete á nueve años, engordado des- pués de haber trabajado como animal de tiro. Esta carne hace un caldo excelente. Los bueyes viejos tienen dura la fibra y poco sabrosa. La cocción ejerce sobre las carnes una influencia variable según el mo- do de preparación. Cocidas al calor, sin intervención de agua, las carnes soportan exteriormente de 100° á 130° de temperatura, cuando la inte- rior no pasa de 60° á 65°. Esta des- igualdad de temperatura tiene por efecto el encerrar bajo una capa su- perficial contraida y coagulada, la ma- sa menos cocida, que no pierde sus partes líquidas, y queda tierna, sucu- lenta, sabrosa, aromatizada. La ter- nera, poco aromática y llena de jugo menos gustoso, necesita ser cocida has- ta 90° ó 95° para desenvolver un aro- ma particular. El cocimiento en vaso tapado con el auxilio del agua hace que las carnes duras se pongan tier- nas. Solo la gente del oficio, esto es, los carniceros, pueden distinguir de una manera positiva las diferentes espe- cies de carnes y sus cualidades. He aquí ahora algunas consideraciones generales que pueden aprovechar á todos. Carne de buey. La fibra del buey es menos fina que la de la vaca, y la carne tiene color rosado más vivo. Los huesos de las costillas son más espesos y más redondeados. Carne de vaca. La carne de vaca es siempre de color pálido-rosáceo; su tejido es más fino y más flojo, los huesos de las piernas más delgados, y los de las costillas más anchos y muy chatos. En cuanto al sabor y á CARNE 403 CARNE las cualidades nutritivas, la carne de vaca, cuando es recien muerta y sufi- cientemente gorda, no difiere en nada de la del buey. Carne de toro. La carne de toro se distingue de la del buey por su teji- do celular, que generalmente es algún tanto más grueso y más firme al tac- to, así como en su color más rojo, so- bre todo en las reses de cierta edad. Los huesos son igualmente más du- ros y voluminosos; la gordura, que es muy amarilla y dura, tiene siempre un olor fuerte. Carne de ternera. La ternera na- cida muerta, y la ternera degollada cuando solo tiene de una á tres sema- nas, no dan sino una carne insalubre; se reconocen por los caractéres siguien- tes: el tejido celular, aun informe, ca- rece de consistencia, el color es de un blanco amarillento verdoso, la fibra blanda, y un tanto viscosa; las gordu- ras de un blanco sucio, saponáceas y pegajosas. Los huesos muy esponjo- sos y casi flexibles, contienen en vez de médula una sustancia oleaginosa. Los del pecho son esencialmente car- tilaginosos, las partes musculares muy delgadas y sin la menor resistencia. -En la ternera de la edad de más de tres semanas, tales signos desapa- recen más ó ménos, según la natura- leza de los animales y la manera de alimentarlos. Carne de carnero. Llámanse car- neros de prados salados los que han sido criados en los pastos regados por el agua del mar. Su carne es en ex- tremo tierna y sabrosa; mas nada la distingue en lo exterior de los otros carneros de buena raza. Carne de caballo. Por más que es- té ya reconocido que esta carne es en- teramente propia para la alimenta- ción del hombre, y que podría muy bien figurar en los mercados junto á las mejores de carnicería, una preo- cupación invencible, por decirlo así, se opone á que su uso se generalice. En todo caso, el menoscabo real que resulta para la sociedad del despreció de la carne del caballo para la ali- mentación del hombre, seria en parte compensado, si todos los caballos muertos ó inútiles para el trabajo, esto es, inservibles, fuesen precisa- mente empleados para alimentar los cerdos. Carne de cerdo. El cerdo, bueno para la matanza, no debe ser ni muy joven ni muy viejo. Prefiérese gene- ralmente el que cuenta de ocho me- ses á un año. La carne debe ser ma- ciza y encarnada, preciso es desechar la que está sembrada de granos blan- cos ó rojos, por esto señal evidente de que el cerdo estaba afectado de ladrería, y esta carne, sin ser realmen- te nociva, pierde casi todas sus bue- nas cualidades. La carne de los animales muertos en los mataderos adquieren al cabo de 12 á 1S horas el grado de blandu- ra y de consistencia tierna que lá ha- ce propia para la mesa; entonces es cuando se trasporta á las carnicerías ó puestos de venta. Los trozos de carne de buey ó de vaca son comercialmente clasificados por categorías, según su procedencia CARNERO 404 CARNERO de tal 6 tal parte del cuerpo en el mismo animal; esta clasificación está basada en el espesor de la carne, y en la proporción en que se hallan las sustancias tendinosas y otras. Las ca- tegorías varían naturalmente de pre- cio, conforme á las cualidades alimen- ticias más ó menos elevadas que tie- nen. Tres son las categorías general- mente admitidas, procediendo en la clasificación de las mejores á las cua- lidades inferiores. La 1' categoría comprende toda la parte posterior del cuerpo hasta el anca y la rodilla, jun- tándole el lomo, el solomillo y las partes correspondientes de las costi- llas. La 2a categoría es formada por las costillas, la parte contigua á ellas hasta los Bancos ó costados, y todo lo que constituye la región de la espal- da. La 3 a categoría consiste en el pescuezo, cabeza, rabo, parte de los miembros vecinos del jarrete, y la re- gión abdominal inferior. En la ternera se distinguen el mis- mo numero de categorías: Ia muslo, lomo, riñones y un cuadrado contiguo al lomo; 2.a espalda, pecho y la par- te interior del cuadrado cubierto; 3a el pescuezo. Carnero. Ia categoría: pierna, lo- mo, costillas; 2a categoría: espalda; 3a categoría: pecho y pescuezo. Carnero. La mejor edad del car- nero destinado á la producción (mo- rueco), es la de 30 meses. Entonces posee todas sus cualidades, las formas están desarrolladas, la salud es en- tera, y goza de todo el ardor y fuer- za necesarios. Pero no conserva to- das estas ventajas sino durante dos ó tres años; cuando ha entrado en los cinco y medio, y á veces un año an- tes, pierde todo el vigor y se hace pe- sado y perezoso. Por lo común no se guardan los moruecos de más de cua- tro años. Para tener corderos vigoro- sos, no conviene dar al morueco más de 30 á 4.0 ovejas. Quince dias an- tes del ayuntamiento, conviene se- pararlo cuidadosamente de las ove- jas, y aumentar á su ración de cos- tumbre, avena, cebada, habichuelas quebrantadas, ú otros alimentos sus- tanciosos. Mientras el tiempo del ayuntamiento, el morueco come poco, y si no estuviese fortalecido de ante- mano, caería en un deplorable esta- do de enflaquecimiento. Pasado el momento de la repreduccion de la es- pecie, que comunmente dura 20 dias, el morueco (carnero padre) debe ser sometido á un régimen fortificante y refrigerante al mismo tiempo, á fin de que logre reparar sus fuerzas. Mien- tras le dura el celo el morueco es ma- lo; sus mochadas ó testarazos pueden ser peligrosos. En cualquier otro mo- mento, es tan pacífico como el resto del rebaño. Deben evitarse con cui- dado los combates entre moruecos, porque topando pueden herirse gra- vemente uno á otro en la cabeza; y para evitarlo, basta envolverles los cuernos con los mimbres con que se atan los fajos de leña, de modo que sobresalga la atadura fuera de la tes- ta. Los pastores ingleses y españoles cortan los cuernos á los cameros, no solamente para impedirles de luchar, ó que les embaracen en la grada del pesebre, lo cual les acontece bastante CARNERO 405 CARNERO á menudo, sino también para no con sumir infructuosamente una gran can tidad del jugo nutritivo, que podría ser empleado en el desarrollo de los demás órganos. La edad del carnero se conoce por los dientes. Edad del carnero. El carnero tie- ne treinta y dos dientes, que se dis- tinguen en veinticuatro molares, doce en cada una de las quijadas, seis en cada lado, y solo ocho incisivos en la quijada inferior. Tiene también á ve- ces cuatro molares suplementarios, dos en cada quijada. Los incisivos son inmóviles en sus alvéolos. La cara externa es blanca y brillante; la in- terna tiene dos anchos surcos longi- tudinales, cubiertos casi siempre de una sustancia negra, sustancia que también existe en los costados de los dientes alrededor de las encías. Los dientes incisivos son caducos y sustituy entes. Los primeros tienen mucha ménos anchura, por lo cual se llaman puntiagudos;' y los dientes del adulto se llaman anchos. Los ocho incisivos se distingen en dos dientes medianos del semicírculo, denominados pinzas ó delanteros; dos primeros medianos, uno en cada lado; dos segundos medianos, uno en cada lado; por último dos angula- res ó cantos, también uno en cada lado. Erupción de los dientes. El cor- dero nace casi siempre sin dientes in- cisivos. Estos completan su evolución hacia el vigésimo quinto dia después del nacimiento, y llegando todos al mismo nivel al cabo de dos ó tres me- ses. Las noticias sacadas del enrasa- miento de estos dientes no ofrecen bastante exactitud para poder servir de guía en el conocimiento de la edad; pero siempre es fácil distinguir el cor- dero de cuatro á seis meses de aquel que tiene diez ó doce, no solo por el desarrollo general del individuo en este último caso, sino auñ'por el as- pecto de sus incisivos, que, en el es- tado de raigones, son movedizos en sus alvéolos, mientras que en el pri- mer caso están todavía bien conser- vados. De los quince á los diez y ocho vieses loes delanteros caducos son sus- tituidos por los delanteros de adulto, que salen algo de través. De los veinte á los veintisiete me- ses, salen los primeros medianos sus- tituyentes. El cordero toma entonces el nombre de carnero, y la cordera el de oveja. A veces los primeros media- nos salen al mismo tiempo 'que los delanteros. A los tres años y medio, erupción de los angulares de adulto. Los incisivos de adulto llegan to- dos á su nivel entre cinco y seis años. Los primeros que se enrasan son los delanteros (seis años), después los primeros medianos (siete años), los segundos medianos (ochoaños), y, en fin, los angulares (nueve años). Pero en los animales ovinos el des- gaste de los dientes no sigue siempre esta progresión. Así, pues, á menudo los delanteros están enrasados antes de salir los dos primeros medianos; idéntica observación se aplica tí estos relativamente á los segundos media- nos, y en fin, á los segundos medianos CARNERO 406 CARNICEROS respecto de los angulares. De modo que los cambios que sobrevienen en los dientes después de completada su erupción, son muy variables, y por lo común no pueden dar más que una idea aproximativa, pero no obstante suficiente para conocer si el animal es muy viejo, ó si aun no ha pasado del quinto año. En este último caso, en efecto, los angulares son cortos, íntegros y poco usados. A medida que el animal se aproxima á los seis años, los angulares se alargan y lle- gan á la altura de los medianos. Su- poniendo que el desgaste normal de los medianos no permita distinguir el sétimo año, el estado de los angula- res indicará si el animal está en di- cho año, ó si se acerca al noveno, épo- ca en la cual la mesa de los angula- res está nivelada, y toda la arcada in- cisiva alcanza la misma altura. A veces en los animales que pastan en los brezos, ó en los terrenos cuya yerba es corta y dura, se ve entre am- bas pinzas un corte triangular llama- do cola de golondrina] esta escotadu- ra se observa comunmente entre la edad de cuatro á seis años. Consúltanse á veces los cuernos de los carneros moruecos (enteros) para coner su edad. Según las observacio- nes de los veterinarios, el crecimien- to anual de cada cuerno en los carne- ros merinos puede ser estimado de la siguiente manera: Primer año, 19 á 20 pulg. (51 á 54 cent.) Segundo año, 5 á 6 pulg. (13 á 16 centímetros). Tercer año, 3 á 4 pulg. (8 á 11 cen- ítnmtros). Cuarto año, 2 á 3 pulg. (5 á 8 cen- tímetros.) Examen de los animales ovinos en la ocásion de la compra. Cuan- do se compra un rebaño, no se exa- minan ó visitan sino algunos carneros tomados al azar en el rebaño, á fin de cerciorarse del estado de su salud. Al efecto, se monta un carnero, opri- miéndolo entre las piernas, después de agarrado por el jarrete. Por el examen de la partes más finas de la piel, se ve si no hay algún rastro de ¿ama, y se observa la conjuntiva del ojo (membrana mucosa del ojo), que debe ser rosada en el buen estado de salud. Si el carnero que se toma es cojo, se debe procurar el conocimien- to de la causa de su cojera. V. Ove- ja y Cordero. Carnes fungosas, Vegetaciones, Excrecencias. (Medicina.) Son ex- crecencias que se desenvuelven en las heridas, y como impiden que estas se cierren, conviene destruirlas con pie- dra infernal ó con alumbre. Carniceros. Los carniceros están expuestos á contraer ¿[carbúnculo^ so- bre todo cuando se hallan en contac- to con la carne de animales muertos de este mal; pero en cambio, de todos los operarios, los carniceros son sin disputa los que gozan de más perfec- ta salud. La absorción de las molé- culas nutritivas, que emanan de las carnes y de las pieles que se desue- llan, aumentan los elementos de nu- trición, y son la causa del exterior flamante y de la gordura de que mu- chos de ellos están dotados. La tisis CAROTIDAS 407 CARRATACA es rarísima entre los hombres que ejercen esta profesión. Carnosidad. Se da este nombre á la elefantiásis del escroto. No es otra cosa que un aumento en el grosor de la piel de esta parte del cuerpo, au- mento debido á los repetidos ataques de erisipela. V. Elefantiasis. Se da también el nombre de car- nosidades á las excrecencias que na- cen en las heridas, y que deben ser quemadas con piedra infernal ó pie- dra alumbre calcinada. Por último, se llama carnosidad de la uretra la excrecencia carnosa que se forma en el interior de este canal, y obstruye el paso á las ori- nas. Preciso es destruirla con piedra infernal. V. Estrechez. Carótidas. Son dos arterias princi- pales que llevan la sangre á las dife- rentes partes de la cabeza. Las caró- tidas propiamente dichas, ó carótidas primitivas, son dos, derecha la una y la otra izquierda. Parten del pecho y suben costeando las partes laterales y anteriores del pescuezo, separadas entrambas por la tranqueateria y por la laringe; en uno y otro lado del pes- cuezo pueden sentirse sus latidos po- niendo el dedo encima de ellas. Heridas de las carótidas. Las he- ridas de las carótidas son por lo gene- ral accidentes mortales; obsérvase, á veces, en los cortes que algunos indi- viduos se dan en el pescuezo con la idea de suicidarse. Entonces con im- petuosidad y á borbotones sale un cho- rro de sangre de color rojo encendido. Cuando la arteria ha sido largamente abierta, la muerte es casi instantánea, salvo si un desmayo salutífero no vie- ne á suspender la hemorragia por al- gunos momentos; en este caso, ó cuan do la herida es menos considerable, no existe más que un solo medio de salvación, el cual consiste en aplicar prontamente el dedo á la herida, y comprimir la arteria cortada, hasta que venga el cirujano y practique su ligadura. Carragahen, Musgo marino per- lado, Musgo de Irlanda, Fucus cris- pas, Linneo. Musgo que habita las riberas de los mares del Norte de Eu- ropa. Tiene color purpúreo, rojizo cuando está fresco. El que se encuen- tra en el comercio es seco, crespo, elástico, de un blanco amarillento, olor débil, sabor mucilaginoso y no desagradable. Es una de las plantas que más mucílago contiene entre las conocidas hasta ahora. Los ingleses la introdujeron y la emplean como ana- léptico en la tisis y la diarrea, bajo la forma de decocción preparada con 5 gramos (11 ochavas) de carragahen y 1,000 gramos (32 onzas de agua). Con esta planta se preparan también pastillas, jalea, y un jarabe. Los pe- luqueros hacen bandolina con el ca- rragahen, y los cerveceros se sirven de él para dar cuerpo á la cerveza. Carrataca. España. Aguas sulfu- rosas arsenicales, frías, situadas á sie- te leguas de la ciudad de Málaga, ca- pital de la provincia de este mismo nombre; son trasparentes, de sabor y olor sulfúreo, de 18° centígrados de temperatura. Contienen, por litro, 47 centigramos de sustancias fijas, que son: sulfatos de sosa; de potasa, de CARTAMO 408 CARUNCULA magnesia; cloruro de cal; carbonates de cal y de magnesia; ácido arsénico (0 £>00035); óxidosde hierro y de man- ganeso; sílice; alúmina, ioduro de io- do. Contienen ademas los gases áci- dos sulfhídrico y carbónico. Se em- plean, en baños, sobre todo contra las enfermedades cutáneas, lepra tuber- culosa, pelagra, sifílides, y en inhala- ciones en toda afección de las vias res- piratorias. El establecimiento posee veinte pilas de mármol, cuatro pisci- nas, gabinetes de duchas y una sala de inhalaciones. Los bañistas se hos- pedan en las casas particulares, próxi- mas al establecimiento. Hácese el viaje por el ferrocarril de Andalucía y la línea de Córdoba á Málaga, ha- biendo algunas estaciones de esta úl- tima línea de donde se puede ir á Ca- rratraca: y entre ellas la más cercana es la de Alora. La estación balnearia dura desde el mes de Junio al 30 de Setiembre. El país es delicioso, la vi- da fácil y agradable. Cártamo. Alazor , ó Azafrán bastardo. Cartamus tinctorius^ Lin- neo. Sinantéreas cináreas. Planta cul- tivada en muchos puntos de España, á causa de su flor que tiene uso en la tintorería. El tallo es simple, bajo, ramoso encima, guarnecido de hojas ovales lanceoladas, dentadas, termi- nándose por la reunión de flores de un rojo anaranjado. Estas flores son com- puestas de un tubo rojo, dividido en cinco lacinias; su olor es bastante no- table y no desagradable. Las flores contienen dos, principios colorantes: uno amarillo, soluble en el agua, se- párase y se desecha luego como inútil, i el otro es rojo, no se disuelve sino por ' medio de un álcali, y se utiliza para teñirla seda;también entra en la com- posición del arrebol ó color que se usa para colorear las mejillas. La flor del cártamo se emplea para dar color á muchos guisados. Las simientes de esta planta contienen un aceite que puede ser utilizado para los usos do- mésticos. Las hojas frescas ofrecen un manjar que se prepara en ensala- da ó en guisadofademas, tienen la pro- pieddad de coagular la leche, por lo cual en el Egipto son empleadas para la fabricación de los quesos Cartílago. Cuerpo blanco, nacara- do, elástico y flexible, que sobre todo se observa en las coyunturas y en las extremidades de los huesos; en la car- ne cocida que se come es la parte que cruje entre los dientes. Carúncula lagrimal. Cuerpecillo de forma oval ó triangular, situado en el canto mayor del ojo, y cubierto por una membrana mucosa, rubia y blan- da. Está sujeta á tumores é inflama- ciones bastante numerosas. I. Inflamación pe la carúncula. La propagación de la inflamación de la conjuntiva ó de los párpados, el frió, el desarrollo de las pestañas; gol- pes ú otras violencias externas, son las causas de la inflamación de la ca- rúncula lagrimal. Esta dolencia va caracterizada por la hinchazón, dolor, enrojecimiento, calor y á veces por la supuración. Tratamiento. Se aplican paños mojados en agua tibia ó cataplasmas de linaza; témanse lavativas con agua templada; extráense, si existen, los CARUNCULA 409 CASIA cuerpos extraños; se arrancan los ca- bellos desarrollados en la carúncula1 si la inflamación es consecuencia de una triquiásis; ábranse los abscesos que lleguen á formarse. 11. Tumoresde a carúncula lag ri- mal, Excantis. La hipertrofia de la carúncula, quistos, cálculos, pólipos, cánceres, ocupan á veces el ángulo in- terno del ojo, é impiden á los párpa- dos de cerrarse cuando estos tumores se hallan extremadamente desenvuel- tos.- La hipertrofia simple de la ca- rúncula se desarrolla con lentitud; tie- ne consistencia blanda, no arroja san- gre fácilmente y no produce dolor.- Los quistos de la carúncula son fluc- tuantes y de la punción exploradora con aguja resulta el derrame de un líquido pegajoso. - Los cálculos pre sentan una resistencia dura y carac- terística.- Los cánceres de la carún- cula se desarrollan aceleradamente, aumentando de volúmen; son sensi- bles y derraman sangre al menor con- tacto. Tratamiento. Córtese la carúncu- la hipertrofiada, y cauterícese después la herida con alumbre calcinado ó con piedra infernal. Trátanse del mismo modo los pólipos que no son sino una variedad de hipertrofia. - Los cálcu- los se extraen por medio de la inci- sión; conviene extirpar los quistos. Los cánceres deben ser extraídos lo más pronto posible. Til. Triquiásis de la carúncula. Mal que consiste en el desarrollo de las pestañas sobre la carúncula, que irritan el ojo y producen á veces gran- des inflamaciones Tratamiento. El tratamiento con- siste en arrancar los pelos ó pestañas, y cauterizar el bulbo perforado con aguja rusiente. Caro. Del griego Karos, sopor pro- fundo. El caro es el último grado del coma, y es caracterizado por la insen- sibilidad á los estimulantes más enér- feicos. Cascarilla ó Chacarilla, Croton elutheria, Bennet. Euforbiáceas. Ar- busto de las Antillas y de la América meridional, cuya corteza se usa en medicina y en la perfumería. Dicha corteza se tiene en pedazos más ó me- nos enrollados, cubiertos de un epi- dermis blanquecino, rojo por dentro, de sabor algo amargo, aromático y acre, y de olor almizclado, sobre todo cuan- do se quema. - Tónico y excitante. La infusión de cascarilla es digestiva, y se prepara con 4 gramos (1 dracma) de esta cáscara y 250 gramos (8 on- zas) de agua hirviendo. En la perfu- mería la cascarilla sirve para prepa- rar las pastillas aromáticas. Casia. Acacia farniciana, Willde- now. Leguminosas. Planta de los paí- ses cálidos, cultivada en España, Por- tugal, Italia y Mediodía de Francia, etc. Su flor es amarilla, de olor a ra- dable, pero muy penetrante; es em- pleada en perfumería bajo el nombre de flor de casia. En algunos puntos de América acostumbran ponerla en las cómodas y roperos para ahuyentar los insectos. El olor de esta flor es tan fuerte que produce dolores de ca- beza y desmayos en Jas personas muy impresionables. La casia es un arbus- CASPA 410 CASTOREO to mediano, de cinco metros apénas de altura, tronco oscuro, espinoso y de hojas menudas en palmas. Procede de la India. En el Brasil la llaman Co- rona Criz, contracción de Christi, porque dicen que la corona de espinas fue hecha de sus ramos. Las flores están dispuestas por las áxilas de los ramos. El fruto es una vaina par'a, achatada, conteniendo granos oscuros, grandes como los de fréjol, reputado, como venenosos. Caspa. Se llaman así las pequeñas escamas, muy delgadas, blancas, secas, por lo común adheridas de un lado y libres del otro, que cubren la cabeza. Basta á veces pasar la mano por el cabello para hacerlas caer con abun- dancia. Para curarse de la caspa preciso es al pronto limitarse á los cuidados de la limpieza ó aseo, lavar todos los dias, ó de dos en dos, la cabeza con agua caliente y jabón; ó con la mez- cla de aguardiente y yema de huevo con aguardiente solo, ó untarse la ca- beza con glicerina. En las perfume- rías existen líquidos para limpiar el cabello, llamados agua romana, agua ateniense, líquidos que no son sino di- soluciones de saponina en aguardien- te, y muy propios para combatir la caspa. Si estos medios no fueren suficien- tes, y si la caspa fuese muy abundan- dante, debe cortarse el cabello muy raso, aun afeitarse la cabeza, y untar- la con la pomada siguiente: Manteca d e cerdo .... 60 gramos (2 onzas). Subcarbona - to de pota- sa 1 gramo ( 20 granos). Azufre 8 gramos ( 2 dracmas). Esencia d e limón .... 6 gotas. Mézclese. Castaño . Fagus castanea , L . Quercíneas. Arbol grande que habita los climas templados de Europa, del cual se cultivan muchas variedades en España. Su fruto es una cápsula corriácea, erizada de espinas, que con- tiene dos ó tres almendras llamadas castañas. Las castañas encierran mu- cha sustancia amílica y sacarina; es un alimento sano y nutritivo. Gómen- se cocidas en agua ó asadas. Se redu- cen también á harina, de las que se hace pan, pastelillos, polenta. Las gallinas cebadas con castañas adquie- ren un gusto excelente. Hay una va- riedad de castaño cultivado cuyo fruto no contiene más que una sola almen- dra. Estas almendras son entonces más gruesas y más redondeadas. Se comen confitadas á los postres. Los franceses les dan el nombro de ma- rrons. Castóreo. Materia animal que se halla en dos bolsas situadas cerca de las paites genitales del castor, mamí- fero roedor que, formando sociedades, habita las regiones incultas del Cana- dá y de la Siberia. El castóreo es só- lido, frágil como resina, untuoso, ro- jo, amargo, de olor fuerte y particu- lar; es poco soluble en el agua, y mu- cho más soluble en el alcohol y en el éter. En el comercio se vende conte- nido en las dos bolsas que lo proveye- ron. El castóreo es un medicamento antiespasmódico, empleado en el hís- CATALEPSIA 411 CATALEPSIA terismo, cólicos nerviosos y otras afec- ciones espasmódicas, á la dosis de ¿ gramo á 1 grano (10 á 20 granos) y más al dia en píldoras. Catalepsia. La catalepsia es una afección intermitente, que consiste en ataques caracterizados por la suspen- sión más ó menos completa del senti- miento y del movimiento voluntario, con rigidez general ó parcial del sis- tema muscular. Los brazos y demas miembros conservan, por lo común, durante el ataque, la misma postura que tenian al principio, ó la que se les da durante su curso. Causas. Una extraordinaria irrita- bilidad del sistema nervioso, un ca- rácter melancólico, la infancia y el sexo femenino, predisponen á la ca- talepsia. Las supresiones ó cesación súbita del flujo menstrual son consi- deradas por muchos médicos como causas de esta dolencia. Se cree tam- bién que la existencia de lombrices en las vías digestivas puede ocasio- narla; por otra parte las más de las veces es producida por susto, cólera, pesar, hondas meditaciones, estudios forzados, y aun por la contemplación. Federico Hoffman refiere que una señora que continuamente se ocupaba de objetos religiosos, caia en completa catalepsia siempre que oia un salmo. A este propósito se leen en la obra de Dionis hechos interesantísimos: un religioso celebraba el sacrificio de la misa en la iglesia de los Francisca- nos de Tolosa, y al hacer la genu- flexión de costumbre, después de la elevación del cáliz, quedóse inmóbil, con los ojos abiertos y elevados al cielo. Después de retirado del altar, fue otro á sustituirlo, conforme al ritual, y apenas hubo acabado la oración do- minical, se vió igualmente atacado de catalepsia, de manera que fue tam- bién necesario retirarlo del altar y reemplazarle por un tercero que ter- omin la misa. Síntomas. La invasión de los ata ques de catalepsia es por lo común precedida de dolores de cabeza, en los brazos y en las piernas, palpitaciones y bostezos; aveces por leves temblores convulsivos, calambres, ardor y palidez del rostro, y por una sensación de frío ó de calor en las diversas partes del cuerpo. A veces el ataque es súbito. En todo caso, la pérdida de los senti- dos es más ó menos completa, el pes- cuezo y los miembros se vuelven rí- gidos: los ojos quédanse abiertos, in- móbiles y dirigidos de frente ó hacia arriba. La respiración y los movimien- tos del corazón se muestran Ubres en algunos de los atacados, no dando la menor señal de movimiento en otros; el pulso entonces no se diente, y el doliente parece muerto; en fin, á veces el pulso es fuerte y frecuente. Los miembros pueden estar rígidos ó flexibles. El ataque dura algunos mi- nutos á muchos dias, y cuando termi- na subsiste ordinariamente el dolor de cabeza y cansancio en todos los miembros. Lo que caracteriza este mal singular es la facultad que los en- fermos tienen de conservar la postura que tenian ó la que se les da. Un hombre, de quien Fernel refiere la historia, habiendo sido atacado de es- te mal en el momento en que se ocu- CATALEPSIA 412 CATALEPSIA pabade estudios literarios, fue encon- trado en una inmobilidad completa, teniendo aún en la mano la pluma con que estaba escribiendo; creyóse á pri- mera vista que había sido- absorbido por la meditación. Tulpius cuenta que un mozo, que había recibido una negativa de casamiento, experimentó una impresión tan violenta, que que- dó sobre la silla con los ojos abiertos é inmóbil como una estátua. El enfermo observado por Femel permanecía de pié cuando se le daba esta postura: dando á sus miembros los movímien tos convenientes, hacíasele andar al- gunos pasos; las manos, los brazos, las piernas quedábanse inmóbiles en la posición que se les comunicaba. Es muy frecuente ver que los miembros se abajen cuando son abandonados á su propio peso; la contracción muscu- lar parece ser menos enérgica en este caso. Otros hay en que la rigidez es tal que no es posible plegar los miem- bros al cataléptico. La vuelta de los ataques es más ó ménos frecuente; manifiéstanse mu- chas veces al dia, ó solo una vez, ó cada dos ó tres dias, ó de ocho en ocho. En los intervalos el doliente se en- cuentra á veces aliviado, es decir, bien; otras veces experimenta insomnio, y llora ó rie sin motivo para ello. El ataque puede ser seguido de una muer- te inmediata, puede haber un solo ataque después del cual la persona vuelve á recobrar toda la salud: en fin, el histerismo, la melancolía, la hipo- condría, son aveces sus consecuencias. Algunos catalépticos han sido te- nidos por muertos y hasta enterrados vivos. Los autores nos dan algunos ejemplos de este hecho, innegable por su autenticidad. En los casos de ataques muy intensos, la respiración y la circulación se insensibilizan, el cuerpo queda casi trio, la piel adquie- re el color pálido de los cadáveres, y las articulaciones toman una cierta rigidez. El estado convulsivo de los ojos y la expresión de la fisonomía podrían únicamente suministrar los medios de distinguir de la muerte ver- dadera esta muerte aparente. Pero la apreciación de las circunstancias con- memorativas, tales como la naturale- za de las causas, el modo anterior de la salud, y más que todo la atención de no proceder al entierro del indivi- duo en los casos dudosos, sino cuando el cuerpo presenta señales de des- composición, impedirían esos errores tan formidables. Tratamiento. Si se pudiere descu- brir la verdadera causa de la catalep- sia, en ciertos casos su curación seria posible sin gran dificultad. Con efcto, cuando la causa es un pesar, una emo- ción moral pasajera, si se satisface entonces la pasión que ocasionó el mal, no es raro el ver desaparecer la catalepsia sin el auxilio de remedio alguno. Tal es el caso del joven ya mencionado, el cual, según dice Tul- pius, cayó herido por la catalepsia cuando supo que su demanda de casa- miento había sido negada, y recobró la salud tan luego como le anuncia- ron que nada se oponía á sus deseos. La supresión de los menstruos, ó de cualquier otro flujo, debe también ser tomada en consideración. Los enfer- CATAPLASMA 413 CATAPLASMA mos deben evitar toda sobrexcitación moral, toda clase de contrariedad. La leche, las frutas, los alimentos de fá- cil digestión y tomados en corta can- tidad, bebidas casi enteramente acuo- sas, deben componer su régimen co- tidiano. Si existiese estreñimiento de vientre, se debe hacer uso de lavati- vas de agua fria ó de lavativas laxan- tes: se pueden tomar también pur- gantes drásticos, como, por ejemplo, las píldoras de Anderson, una de ellas diariamente. Los baños fríos de agua comente ó de mar, y la hidroterapia, son muy convenientes para combatir la catalepsia. Durante el ataque, se debe aplicar á las narices del doliente un frasco con vinagre, éter ó amoníaco; intro- ducirle rapé á fin de provocar los es- tornudos, aplicar sinapismos en las piernas, meter sal en la boca, y res- tregar el cuerpo con paños mojados en agua de Colonia. Cataplasma, Las cataplasmas son medicamentos destinados al uso exter- no, y hechas con harina de linaza, fé- cula, miga de pan, polvos de hojas de plantas, todo reducido, por medio del agua ú otro líquido, á la consistencia de papas espesas. Los efectos de las cataplasmas dependen de las propie- dades de las sustancias que entran en su composición, las que se emplean más ordinariamente se distinguen en emolientes, resolutivas y narcóticas ó calmantes. Cataplasmas emolientes. Cata- plasma de harina de linaza. Se pre- para diluyendo la harina de linaza en agua fria de modo que se haga una pasta muy clara, cociéndola después, y meneando continuamente hasta que tome la consistencia necesaria. ' Se hace también la cataplasma di- luyendo sencillamente la harina en agua hirviendo, echándola poco á po- co y en la cantidad debida. Cuando esta cataplasma se hace con harina vieja, produce á veces una erupción de pequeños granos en la piel. La cataplasma debe renovarse dos veces durante el dia. Cataplasma de fécula de patatas. Fécula de pata- tas 10 gram. (21 drac.) Agua 100 gram. (3 onzas). Se ponen al fuego las cuatro quin- tas partes del agua, esto es, 80 gra- mos en una cacerola cubierta, y lúe go que el agua hierva, échase la fé- cula previamente diluida en- el resto del agua fría. Hácesela hervir por al- gunos instantes, y se retira del fuego removiéndola sin cesar. Ésta cataplas- ma se emplea hoy dia con frecuencia: es provechosa sobre todo en las afec- ciones cutáneas. Prepáranse de igual modo las cata- plasma de tapioca, polvos de arros y harina de manioc; todas son emo- lientes. Cataplasma de miga de pan. Di- lúyese la miga de pan en tres ó cua- tro veces su peso de agua; pénese á hervir al fuego, revolviendo la pasta sin cesar hasta que haya adquirido la consistencia que se requiere. En vez de agua, algunas personas emplean leche; pero esto no es con- veniente, porque el ácido que existe en el pan puede hacer cuajar la le- CATAPLASMA 414 CATAPLASMA che; ademas esta cataplasma se aci- dula con mucha facilidad. Las pulpas de raíz de altea ó de hojas de malva pueden también ser- vir para hacer cataplasmas. Una ce- . bolla cocida en el rescoldo, ó una ba- nana asada, constituyen á su vez ca- taplasmas emolientes. Todas las cataplasmas emolientes se emplean en las postemas y en to- das las inflamaciones, y siempre se aplican templadas. Cataplasma emoliente instantá- nea (Leliévre). Consta de dos hojas de pasta de algodón sobrepuestas una á otra que se empapan en una solu- ción bien cargada de carragahen, - se comprimen después y se secan en la estufa. De este modo se obtiene una hoja delgada, de la consistencia y es- pesor del cartón; basta mojarla duran- te un minuto en agua á punto de her- vir para hacerla hinchar de nuevo, em- beberla de un líquido mucilaginoso, y obtener instantáneamente una ca- taplasma emoliente; es parecida, en sus efectos, á las cataplasmas de ha- rina de linaza. Fabrícase en grande escala en París. El Dr. Leliévre al- canzó en 1874 un privilegio del go- bierno francés valedero por quince años. Véndese en París, avenue Vic- toria^ 24. Mereció un dictámen favo- rable de la Academia de Medicina de París, y está adoptada para el servi- cio médico de las ambulancias, de los hospitales militares y de la marina francesa. Conviene mucho para las haciendas, cortijos, caseríos, etc. Cataplasmas resolutivas. Cata- plasma de harina de trigo y de vino tinto frió. Esta cataplasma se pre- para mezclando simplemente la ha- rina de trigo con el vino tinto. Se apli- ca fría, y es empleada en las contu- siones, torceduras y luxaciones. En lugar del vino se puede emplear el agua vegeto-mineral fria. Cataplasmas narcóticas ó cal- mantes. Estas cataplasmas se prepa- ran con un cocimiento de adormideras, de hojas de yerba mora, de beleño, de estramonio y harina de linaza. Las cataplasmas emolientes rociadas con láudano se convierten también en nar- cóticas. Este especie de cataplasma se aplica cuando hay necesidad de aplacar el dolor ó de provocar el sue- ño, por ejemplo, en los cólicos nervio- sos, calambres del estómago, cánce- res del seno, etc. No se ponen sino templadas. Manera de aplicar la cataplas- ma. Se toma un pedazo de tela de lino ó de algodón, algo mayor que la extensión de la parte que reclama su aplicación' échase la masa sobre este paño, se extiende y dóblanse las már- genes del paño por los cuatro costa- dos, á fin de encasillar la cataplasma é impedir que se corra. Cuando no se toma esta precaución la cataplasma se seca y endurece en los bordes. A veces se pone por encima de la cataplasma, esto es, sobre la masa, un paño fino de algodón ó de hilo, ó me- jor aún un pedazo de gasa: esto es necesario cuando se aplica la cataplas- ma sobre la oreja, el ojo, ó sobre una parte cubierta de pelo, ó sobre alguna herida. Renovación de las cataplasmas CATARATA 415 CATARATA Las cataplasmas deben ser reempla- zadas cada doce horas, y aplicadas en capas bastante gruesas para que se conserven húmedas durante el tiem- po indicado. De no ser así podrían se- carse é irritar la pieL Modo de levantar una cataplas- ma. Para quitarla basta comunmente tomarla por el costado más largo, después volverla suavemente sobre la márgen del lado opuesto como so- bre un eje. Si los dobleces'del paño ó la masa están adheridos en algún punto, es preciso humedecerla con agua tibia ántes de despegarla. Si la cataplasma está muy blanda, y so ad- hiere más á la piel que al paño, se tira de la piel apoyando algún tanto con la primera márgen de la cataplas- ma, ó si no sirviéndose de una espá- tula ó cuchillo. Si la cataplasma de linaza hubiese producido una erupción en la piel, con- viene suspender su uso ó sustituirla por la cataplasma de fécula. Las cataplasmas de plantas se de- ben poner generalmente entre dos pa- ños; las de patatas, zanahorias, ce- bollas, bananas, etc., deben, por el contrario, ser aplicadas á descubierto. Catarata, Detrás de la niña del ojo hay un cuerpo destinado á refrac- tar la luz, al cual se da el nombre de cristalino. Este cuerpo, del tamaño de Un guisante pequeño, es traspa- rente en el estado de salud, y está cu- bierto de una membrana igualmente diáfana. El cristalino ó su membrana pueden volverse opacos, impedir el paso de los rayos luminosos al inte- rior del ojo, y producir por consiguien- te una ceguera: pues bien, esta opaci- dad se llama catarata. Reconócese por una mancha blanca que se percibe en lo interior del ojo, en el lugar corres- pondiente á la pupila. Causas. Esta dolencia sobreviene á veces sin causa conocida; no obstan- te, cuéntanse en el número de los ca- sos que pueden originarla, la vejez, la impresión prolongada de una luz muy viva, el uso habitual de bebidas es- pirituosas, las lecturas continuas con luz artificial, el desempeño de algunas profesiones que obligan á fijar largo tiempo la vista sobre objetos peque- ños y brillantes, y la exposición al sol. Entre las causas de la catarata, algu- nas son evidentes, tales como las con- tusiones y las heridas del ojo. En los autores se hallan ejemplos de cata- ratas desarrolladas por causa de un golpe, y aun de la depresión ejercida por un beso dado en el ojo con dema- siada fuerza. Los niños nacen á ve- ces con cataratas, en cuyo caso la en- fermedad toma el nombre de catara- ta congénita. Síntomas. El desarrollo de la ca- tarata se efectúa de una manera len- ta y gradual: el término medio es de dos años; pero, en algunos dolientes, la opacidad no es completa sino pasa- dos seis ú ocho años. En otros casos, el mal se forma con una prontitud pasmosa. Los signos que anuncian al principio de la catarata son los si- guientes: al paciente se le figura que los objetos, especialmente los de co- lor blanco, están envueltos en una nube ligera á modo de neblina, en esta época no se nota todavía ningu- CATARATA. 416 CATARATA na mudanza importante y la niña del ojo existe „ negra de una manera uni- s forme. Luego después se manifiesta una leve opacidad; esta se hace cada vez más densa, y la debilidad de la vista sigue gradualmente progresan- do. Si el mal ocupa uno solo de am- bos ojos, puede permanecer por mu- cho tiempo sin que las personas afec- tadas por la enfermedad tengan sos- pecha de ello; creen únicamente que tienen un ojo más débil que el otro. Si la catarata hace progresos, el ejer- cicio de la vista se va volviendo cada vez más difícil; la niebla en medio de la cual los dolientes creen hallarse, se condensa más y más, y llega el mo- mento en que no pueden caminar sin lazarillo. Mientras tanto el cristalino, ó la membrana que lo cubre, nunca queda tan opaca que no puedan cru- zarla algunos rayos de luz; por eso la persona afectada de cataratas no ve los objetos, pero puede distinguir la luz de la oscuridad. Cuando acon- tece lo contrario, esto es, cuando el do- liente no halla diferencia alguna en- tre la luz y las tinieblas, la catarata se encuentra acompañada de gota se- rena. Al principiar la catarata, el do- liente se ve mejor por la mañana y por la tarde que cuando los cuerpos se hallan más alumbrados. Para com- prender este fenómeno, preciso es sa- ber que la niña del ojo se contrae por la acción de una luz intensa, y se di- lata con una luz suave; por consiguien- te, en el primer caso, los rayos lumi- nosos caen sobre la parte opaca del cristalino y la vista es impedida; en el segundo, la niña del ojo se dilata I y rebasa la mancha central del crista- lino, los rayos luminosos logran pasar á través de la circunferencia traspa- rene de este órgano, y la persona pue- de entonces distinguir los cuerpos ex- terioros. Pero se observa únicamente este fenómeno al principio de la en- fermedad, porque, cuando el cristali- no se vuelve opaco en su» totalidad, se opone igualmente al paso de la luz, sea cual fuere el grado de dilata- ción en la niña del ojo. No se deben confundir con la cata- rata las nubes de la córnea. Estas se hallan sobre la superficie del ojo, y la catarata, como ya se lia dicho, radica en lo interior. La forma de una nu- be es irregular, mientras que la cata- rata afecta la forma circular, por ser redonda la niña del ojo. Aunque la catarata no ofrezca pe- ligro alguno inmediato para la vida, constituye no obstante una afección gravísima, porque el doliente queda ciego si no se somete á operación, y el buen éxito de esta no es seguro. Tratamiento. Hánse empleado contra la catarata medicamentos in- teriores, como los calomelanos, el tár- taro estibiado, la digital, la belladona; se han ensayado también los vejiga- torios y sedales en la nuca, pero estos medios casi nunca aprovechan en los principios del mal, y son enteramente inútiles en los casos de catarata com- pleta. La operación es lo único en que se puede tener alguna confianza, y que en la mayoría de los casos se mues^ tra indispensable; ne es tan sensible como vulgarmente se cree. Por más que siempre inspire mucho recelo, no CATARATA 417 CATARATA habrá otro medio á que poder re- currir. Circunstancias hay que hacen va- riar el pronóstico de la operación. Es- ta promete buen resultado cuando la catarata está exenta de complicacio- nes; su pronóstico es por tanto menos favorable cuando el doliente es irrita- ble ó sujeto á dolores reumáticos, á oftalmías, á fluxiones, á erisipelas de la cara, ó si es de una constitución estragada; cuando la catarata ha sido producida por violencia exterior, ó cuando el doliente ha sido operado ya en un ojo, sin que la operación diere el menor provecho. Cuando el ojo ha conservado perfectamente su forma, volumen y trasparencia; cuando la niña del ojo se dilata en un lugar po- co oscuro ó se contrae estando expues- ta á una luz viva, se puede contar con que la operación dará buen resulta- do. No conviene operar cuando el ojo afectado ha disminuido ó aumentado considerablemente de volumen, cuan- do está sensible, disforme, cuando hay inflamación de los ojos ó de los pár- pados, cuando manchas opacas ocupan el centro del ojo, y cuando los dolien- tes experimentan dolores muy fuer- tes en alguna parta de la cabeza; no se debe hacer la operación, por últi- mo, cuando la niña del ojo está inmó- bil, sea cual fuere la intensidad de la luz que caiga sobre el ojo, pues es- ta señal indica que, ademas de la ca- tarata, existe también gota serena. ¿De qué serviría dar al ojo su traspa- rencia, extrayendo el cristalino opaco, cuando la membrana sobre la cual se freractan los rayos luminosos ha per- dido ya la facultad de recibir y tras- mitir sus impresiones? Para reconocer si la niña del ojo goza aún de movili- dad, se hace sentar al doliente delan- te de una ventana bien alumbrada; bájanse los párpados y se cubren los ojos con las manos; pasados algunos instantes, levántase de repente el pár- pado superior y se expone el ojo á to- da la claridad de la luz; entonces se ve si la niña se contrae ó sigue inmó bil, y si, hecha la observación, se de- be sospechar ó no la existencia de la gota serena. Si la niña tiene movi- miento, si el doliente distingue la luz de la oscuridad, la operación ofrece probabilidades de tener buen resulta- do En el caso contrario, el pronóstico es siniestro, y por lo común el dolien- te se ve condenado á una ceguera in- curable. Cuando un solo ojo está afectado de catarata, no conviene hacer la ope- ración, porque el otro ojo que se con- serva bueno es suficiente para las ne- cesidades de la vida, y se debe, ante todo, temer que la inflamación mani- festada casi siempre sobre el ojo ope- rado se comunique al ojo sano, ,y de- termine una ceguera completa. Cuan- do la catarata es congénita, ó apare- rece en los primeros años de la vida, algunos facultativos quieren que se espere antes de operar á que el niño llegue á la edad de la razón para que de propia voluntad pueda someterse á la operación por el deseo que debe tener de curarse. Antes de esta épo- ca seria más difícil de practicar, se- gún dicen, á causa de la indocilidad de los niños. Pero otros cirujanos no CATARATA 418 CATARATA adoptan este parecer; considerando el sentido de la vasta tan necesario para la educación física y moral de los ni- ños, aconsejan la operación en todas las edades y sin pérdida de tiempo. Por consiguiente se deberá operar al- gunos dias después del nacimiento. Cuando la catarata afecta ambos ojos, hay divergencia en las opiniones de los hombres del arte. Unos quie- ren que se operen los dos ojos en la misma ocasión; otros aconsejan se de- je pasar cierto intervalo entre la pri- mera y la segunda operación; final- mente, otros hay que se deciden por no operar más que un solo ojo, para no arriesgar la pérdida total de la vis- ta, y tener ocasión de poder recurrir á nueva operación en el ojo que que da, caso de perderse el primero que fué operado. Ademas de esto, algu- nas personas operadas por causa de la catarata experimentan, al cabo de algún tiempo, un debilitamiento de la vista que se termina por una ce- guera completa. Cuando no se ha operado más que un solo ojo, queda el recurso de la segunda operación. Estas razones son de peso, y por tan- to creemos que no debe operarse más que uno solo de los ojos y no los dos al mismo tiempo, como acostumbran hacerlo algunos oculistas. En una obra de este género, no es posible describir los procedimientos operatorios, y aun ménos discutir la escuela del método, pero hay precep- tos que pueden ser de alguna utilidad para el público y que juzgamos no deben omitirse. Antes de practicar la operación, se prepara al doliente. Ad- minístrasele una purga suave la vís- pera, y no se le da otro alimento que uno ó dos caldos. Dispónese el cuar- to en que el operado debe habitar des- pués de hecha la operación, y en el cual se deberá guardar la más com- pleta oscuridad. Conviene tener á la mano compresas finas, hilas, vendas y alfileres. Después de practicada la operación, el paciente' se abstendrá de tocarse el ojo, porque el contacto muy libre del aire y de la luz sobre este órgano puede determinar una infla- mación grave. Al cirujano operador y á nadie sino á él compote el asegu- rarse tedos los dias del estado del glo- bo del ojo, merced á una luz muy sua- ve. Si los párpados no estuvieren hin- chados, si el ojo no apareciere encen- dido, si la impresión de la luz no oca- sionara ningún dolor, el enfermo es- tará en la mejor vía posible. Pero si los párpados aparecen hinchados, el ojo enrojecido; si el contacto de la luz le impresiona ocasionándole dolor; si este reina en la cabeza y se presenta un principio de inflamación, preciso es apelar á una sangría. En general, no sobreviniendo accidente, nueve ó diez dias bastan para poder consolidar la curación. Principiase por disminuir gradualmente el espesor y el número de la cortinas que cercan la cama, y se deja penetrar poco á poco la luz en el cuarto. El doliente no debe es- tar en tinieblas sino el tiempo nece- sario. Del décimo quinto al vigésimo dia se le puede permitir que salga á la luz de un dia sombrío, pero hay que cuidar de ponerle pantallas de tafe- tán verde ó azul; por la tarde, ó cuan- CATARATA 419 CATARRO do el sol estuviere cubierto, debe es- paciarse la vista por algunas horas. Algunos dias después puede usar an- teojos de color, y, por último, anteo- jos con cristales convexos para hacer la visión más perfecta, y suplir á la acción del cristalino que ya no existe. Pero no siempre la enfermedad sigue estos pasos. Una inflamación más ó ménos ac- tiva se manifiesta á veces, y viene a comprometer la vista del doliente, y entonces la época de la cura no pue- de quedar determinada. En ocasiones el ojo se abre y los humores se esca- pan; en otras circunstancias se forman nubes en las partes del ojo que deben ser trasparentes, é impiden la visión, Acontece también que se forma una catarata secundaria, procedente del cristalino, el cual, aunque perfecta- mente abatido, vuelve á ocupar su primitivo puesto, y á crear de este modo la necesidad de nueva opera- ción. La época del restablecimiento de la vista presenta muchas variedades. Algunos enfermos distinguen los ob- jetos doce ó quince dias después de ser operados, otros más adelante. En las cataratas congénitas operadas con felicidad, los pacientes que habiendo recobrado el sentido de la vista no sa- ben señarse de él, preciso es atarles las manos, que la costumbre les hace tomar por guías. Ver inmediatamen- te después de la operación es una di- chosa circunstancia, pero no una ga- rantía infalible de unbuen resultado; no ver luego los objetos cercanos no es tampoco una prueba de que no se verá algún tiempo después do la ope- ración. Catarral. Lo que pertenece ó se relaciona al catarro: así, pues, se dice tos .catarral, calentura ó fiebre cata- rral. N. Bronquitis. Catarro. La palabra catarro sirve para designar una serie de afecciones propias de las membranas mucosas, y cuyo principal fenómeno es la fluxión de cierta cantidad de mucosidades se- gregadas por dichas membranas, Catarro bronquial. V. Bronqui- tis. Catarro agudo del estómago ó Catarro gástrico agudo. Causas. Como cualquiera otro catarro, el de] estómago no puede ser producido sino por un resfriamento accidental, y por la modificación atmosférica que carac- teriza las estaciones de transición. Cuanto más brusco sea este cambio, con tanta más facilidad la enferem- dad se desarrolla. En cualquier esta- ción puede ser producida por un vi- cio de régimen habitual ó accidental, por la temperatura muy elevada ó en extremo fría de las sustancias ingeri- das en el estómago, por los excesos en las comidas. La calidad de la alimen- tación no es ménos importante; el ré- gimen exclusivamente animal, el abu- so de los condimentos y de las grasas, de las bebidas alcohólicas, el uso dia- rio de los quesos fermentados y de la carne de cerdo, por último, las sustan- cias alteradas por un principio de pu- trefacción, son las causas poderosas de esta enfermedad. Síntomas y marcha. Salvo cuando sucede á la indigestión ó á la embria- CATARRO 420 CATARRO guez, el catarro gástrico jamas princi- pia de una manera súbita. Muchos dias ántes de la aparición de ios fenó- menos característicos, el apetito dis- minuye, las digestiones son lentas y laboriosas, el sueño agitado; hay inap- titud para el trabajo, y un malestar general que va aumentando hasta el momento en que se manifiesta el pri- mer síntoma de la enfermedad confir- mada, cuyos síntomas son: dolor de cabeza intenso, que aumenta con el ruido, con la luz viva y con el más li- gero movimiento de cabeza; muchas veces sobrevienen vértigos. Al mismo tiempo el epigastrio se hace el asien- to de un dolor sordo que no siempre es espontáneo, sino que aparece cuan- do se comprime el vientre de una ma- hera un tanto fuerte; la lengua está cubierta de una espesa capa blanca ó amarilla, y este catarro bucal da al do- liente un guste amargo y de corrup- ción, que se comunica á todas las sus- tancias que come; psr las mañanas es cuando el amargor de la boca es más pronunciado. El hastio se muestra en- tonces absoluto; la sola idea de los manjares inspira gran repugnancia; pero la sed es ardiente, insaciable; las bebidas ácidas son vivamente de- seadas. Aun entonces mismo, cuando el doliente obedeciendo á estas impre- siones, observa una dieta absoluta, tiene náuseas, ganas de provocar, mu- chas veces vómitos que contienen ya residuos alimenticios, ya mucosidades insípidas ó amargas, cenicientas, ama- rillas ó verdes, á consecuencia de con- tener una corta cantidad de bilis. Cuando la enfermedad es provoca- da por una indigestión, los vómitos son abundantes; pero en otras condi- ciones no lo son tanto, aun cuando se reproduzcan á cortos intervalos. Si el enfermo se excede un poco en el ré- gimen, todos sus "padecimientos au- mentan; y si los vómitos no existían hasta entonces, la indigestión los pro- vocará infaliblemente. Estos fenóme- nos de intolerancia gástrica y el mal aliento son una consecuencia directa de la alteración de las secreciones del estómago; el jugo gástrico deja de ser ácido y digestivo; entonces las sustan- cias contenidas en el estómago, en vez de experimentar la evolución es- pecial que constituye la digestión, ofrecen una descomposición ó una fer- mentación, y los productos gaseosos de esta operación, más química que vital, modifican el aliento, provocan erutos, y á veces dilatación del estó- mago, hasta el punto de determinar una ligera timpanitis, apreciable por la percusión; muchas veces también los erutos traen á la boca líquidos de olor repugnante. En buen número de casos, sobre todo, cuando el enfermo guarda dieta, las funciones intestinales no sufren alteración; existe solo una ligera du- reza dé vientre. Pero, en otras oca- siones, parece que las materias gástri- cas llegadas al intestino irritan su membrana mucosa, y desde el segun- do ó tercer dia se manifiesta una dia- rrea más ó menos abundante. Casi siempre, en estos casos, existen vómi- tos espontáneos. Todos estos sínto- mas concurren á la constitución de la forma leve de la enfermedad. CATARRO 421 CATARRO Este forma leve del catarro gástri- co es designada con el nombre de em barazo ó empacho gástrico', puede existir sin fiebre, pero en la variedad de la enfermedad ocasionada por el cambio repentino de la estación, es comunmente acompañada de una fie- bre que crece por la noche; la piel es- tá ardorosa y seca, el insomnio es com- pleto, ó, en este caso el enfermo cae por breves instantes en un estado de soñolencia agitada que perturban sue- ños incoherentes, y en los individuos muy irritables no es raro ver un de- lirio pasajero. En la forma leve la fiebre no dura más de dos ó tres dias á lo más, aun cuando los síntomas gástricos no hayan cesado por comple- co; en la forma intensa, por el contra- rio, la fiebre suele durar generalmen- te siete dias, y esta circunstancia ha hecho que muchos autores hayan des- crito el mal con el nombre de fiebre gástrica ó fiebre remitente gástrica. El catarro gástrico leve ( empacho ó embarazo gástrico), se cura en el plazo de cuatro á seis dias, á veces más pronto, por evacuaciones espon- teneas ó provocadas; la curación coin- cide frecuentemente con una erup- ción-de ampollas en la cara, una es- pecie de herpes, ó con sudores copio sos. Conviene notar cpie esta enfer- medad, tan benigna y tan pasajera, produce muchas veces un estado de debilidad y una susceptibilidad gástri- ca muy pronunciadas; el apetito no recobra inmediatamente su actividad, ciertos alimentos no son bien recibi- dos, y, so pena de recaída, el régimen exige grandes cuidados. Esta sitúa- cion puede prolongarse hasta ocho ó diez dias y aun más, de modo que la convalecencia es mayor que la dura- ción de la enfermedad. La forma intensa fiebre gástrica) difiere de la leve únicamente por la vivacidad de los síntomas y por la du- ración de la fiebre, que no desaparece antes del octavo ó noveno día si la do- lencia no ha sido cuidada. Pueden observarse hemorragias nasales, so- bre todo en los individuos jóvenes' y por excepción sobreviene, desde el tercero ó cuarto día, una erupción de manchas amoratadas, que ocupan la pared anterior del vientre, el pecho, los muslos ó la espalda; estas manchas no desaparecen por la compresión, no son prominentes, y suelen borrarse después del sexto ú octavo dia. Este cuadro es á menudo modifica- do en los países cálidos y húmedos por la abundante secreción del híga- do,-que constituye el estado bilioso (fiebre gástrica biliosa}. La fiebre es más intensa; el hipocondrio derecho se muestra impresionable al tacto y el hígado se hincha. Cuando la enfer- medad no es cuidada desde el princi- pio, puede durar más tiempo que en la forma simple, y alcanzar de diez á catorce dias. La convalecencia igual- mente es mayor, y la digestión se res- tablece con lentitud. 7 ralámiento. El catarro gástrico agudo, cuando es leve, se cura por medio del reposo, dieta, uso de limo- nada de limón ó de naranja, y por me- dio de un laxante: 8 gramos (2 drac- mas) de magnesia calcinada, ó una bo- tella de limonada de citrato de mag- CATARRO 422 CATARRO nesia. Los casos leves sin fiebre solo deben tratarse de este modo. En otras circunstancias preciso es desde luego acudir á un vomitivo: 5 centigramos (1 grano) de tártaro emético, ó 1 gra- mo (20 granos) de ipecacuana. Des- pués de esta perturbación, la fiebre disminuye, la piel se cubre de sudor, el enfermo tiene algunas horas de sueño sosegado y muchas veces la cu- ración es completa. Otras veces, sin embargo, preciso es administrar, uno ó dos dias después del vomivo, un- purgante salino: 60 gramos (2 onzas) de sulfato de sosa, de sulfato de mag- nesia, ó una botella de agua-de Sed- litz. Cumplido esto, el tratamiento se hace puramente higiénico. No se debe volver á la alimentación ordina- ria sino gradualmente: conviene evi- tar durante algún tiempo los fréjoles y otros alimentos farináceos, las car- nes grasas, los guisados; se comerán manjares de fácil digestión. Si el ape- rito tarda en restablecerse, se toma- rán algunas bebidas amargas, infusión de centaurea, de camedrio, ó vino de quina. Catarro crónico del estómago Gastritis catarral crónica. Enfer- medad frecuente, sobre todo en el hombre: El catarro crónico de estó- mago sucede al catarro agudo, ó se desarrolla inmediatamente bajo la in- fluencia de vicios de alimentación y faltas de higiene, que también son las causas de la ^forma aguda. Dos cir- cunstancias deben sobre todo ser no- tadas, en razón de esa misma frecuen- cia: el abuso de los licores espirituo- sos, y la costumbre de las grandes comidas. También puede desarrollar se sin una causa evidente. Síntomas y marcha Cuando no sucede al ataque agudo, el catarro crónico principia de una manera len- ta, porque no es acompañado de fie- bre; en efecto, algunos fenómenos lo- cales y algunas perturbaciones diges- tigas constituyen por largo tiempo to- dos los síntomas. En el estado de vacuidad, la sensibilidad del estóma- go puede ser normal, pero la inges- tión de los alimentos determina una impresión de plenitud, una compre- sión penosa, aunque rara vez un dolor verdadero; este dolor se manifiesta por la presión ó por la digestión; pero es sordo, de mediana intensidad, to- lerable. Todo alimento no provoca dolor de igual fuerza, pero esta cir- cunstancia es puramente individual: el doliente mismo es quien debe adqui- rir, por propia experiencia, la nocion de las comidas que particularmente le perjudican, así como de las que le aprovechan.-Con la incomodidad ó el dolor que sigue á la refacción, hay generalmente elevación de la región epigástrica que persiste durante dos, tres, cuatro horas y aun mas, según el tiempo que sea necesario para la digestión estomacal; después desapa- rece paulatinamente á medida que los alimentos, más ó menos elabora- dos, pasan al intestino duodeno. Es- ta distensión es la consecuencia de una formación anormal de gas, que fuerza al doliente á desabrocharse así que acaba de comer. Después de las refacciones siente quebrantamiento del cuerpo, está cansado, bosteza á CATARRO 423 CATARRO menudo: por último, eruta mucho, y los erutos á veces le traen á la boca una corta cantidad de los líquidos contenidos en el estómago: estas re- gurgitaciones, siempre desagradables, son insípidas ó amargas, ó deben á la presencia de los ácidos, anormalmen- te producidos en el estómago, propie- dades irritantes tales que provocan en la garganta una sensación de que- madura (pirósis). Una vez terminada bien ó mal la digestión gástrica, todo entra en orden; solo queda una sen- sación pasajera de fatiga. Los vómitos son poco constantes; pueden ser alimenticios ó no alimen- ticios. Los vómitos alimenticios so- brevienen apenas se acaba de comer, ó una ó dos horas después; son debi- dos á Ja insuficiencia del jugo gástri- co, y casi siempre son los más raros de todos; á veces contienen vegetales microscópicos conocidos bajo el nom- bre de sarcinas (sarcina ventriculi}. Estos productos se presentan con la forma de chapas ó láminas de color rojo claro, teniendo de 3 á 5 centesi- mos de milímetro de largo sobre 16 á 20 milésimos de milímetro de an- cho.- Los vómitos no alimenticios consisten en materias mucosas, seme- jantes á la saliva. El apetito es siempre limitado. La lengua puede quedar limpia, pero co- munmente está cubierta de una capa espesa. Unas veces el enfermo pade- ce de dureza de vientre, otras sufre de diarrea. La persistencia de este estado acaba por alterar la salud ge- general. La pérdida de las fuerzas, el enflaquecimiento, el abatimiento moral, estos son los síntomas caracte- rísticos en esta fase de catarro cróni- co del estómago. La marcha de la enfermedad es crónica, dura meses, años, pero no es absolutamente continua; presenta nu- merosas oscilaciones en el bien ó en el mal. ' Se termina por la curación, la cual se obtiene con tanta mayor facilidad cuanto la enfermedad es más reciente y el individuo mas joven. Puede quedar estacionaria en las per- sonas de mucha edad, ó en los indi- viduos que abusan de licores espiri- tuosos y no quieren renunciar á sus costumbres; por último, puede pro- ducir la anemia y el marasmo. Tratamieeto. En primer lugar, es preciso ocuparse de la causa del mal. Cuando el catarro gástrico es provo- cado por la falta de higiene, por el abuso de las bebidas espirituosas, por ejemplo, conviene ponerse á salvo de estas causas. El catarro, por más que siga una marcha crónica, á veces princi- pia con cierta agudez; los dolores son grandes. En tales casos, por demas ra- ros, conviene establecer una medica- ción antiflogística: una aplicación de sanguijuelas en el epigastrio puede es- tar indicada. Al mismo tiempo el do- liente debe ser sometido á una dieta grande: tomará únicamente caldo de gallina y leche. Si los dolores persisten, se aplicará en el epigastrio un veji- gatorio. Cuando la irritación gástrica se haya aplacado, puede aumentarse gradualmente la alimentación. En otros casos más frecuentes que el anterior, el catarro crónico es la con- tinuación del catarro agudo, esto es, CATARRO 424 CATARRO un embarazo gástrico crónico, suce- diendo al agudo. Los síntomas domi- nantes son: hastío completo, lengua pastosa, blanca ó amarillenta, vómitos más ó ménos frecuentes: en este caso, preciso es repetir los vomitivos: 1 gramo de ipecacuana en polvo ó 5 centigramos de tártaro emético. Cuando la enfermedad no ofrece ninguna de las circunstancias que aca- bamos de indicar, constituye un esta- do crónico de dispepsia, que se cura principalmente por medio del régi- men. Comidas regulares y poco abun- dantes, masticación perfecta de los alimentos, son los preceptos principa- les. La elección de los alimentos exi- ge la mayor circunspección. Princi- piase por un régimen lácteo, huevos, después se da carne y buen vino. Más tarde conviene tomar una corta can- tidad de algxn licor estimulante, licor de la Cartuja especialmente. Hé aquí los medicamentos que con- vienen en el catarro gástrico crónico: Io Suero de le- che 120 gram. (4 onzas). Bicarbonato de sosa 2 gram. (40 granos). Para tomar una vez por dia y por espacio de ocho dias. 2" Carb. veget.12 gramos (3 dracmas). Canela 4 gramos (1 dracma). Azúcar 4 gramos (1 dracma). Se mezcla todo y divide en doce papeles. Para tomar un papel por dia, en un poco de agua. 3" Sub-azoato de bismuto. 12 gram. (3 dracmas). Divídase en doce papeles. Para to- mar dos papeles por dia. 4o Ruibarbo.... 1 gram. (20 gran.). Agua fría 180 gram. (6 onzas). Macérese por espacio de cuatro ho- ras y se cuela. Para tomar toda la pocion, una vez por dia. 5? Hidroterapia. 6? Uso de las aguas de Alhama de Aragón, Alange, Caldas de Besaya. Cestona, Argentona y Vichy. Catarro intestinal. Inflamación de los intestinos ó enteritis, caracte- rizada, casi siempre, por las evacua- ciones mucosas. Esta materia va tra- tada en el artículo Enterítis. Catarro del oido. V. Otitis cró- nica. Catarro pituitoso. Flujo brón- quíco ó Broncorrea. Dolencia carac- terizada por la expectoración do una cantidad considerable de muco inco'o ro, glutinoso, trasparente, mezclado con burbujas de aire, y semejante á la clara de huevo disuelta en agua- esta secreción se hace independiente- mente de cualquier trabajo inflama- torio. Existe en estado agudo ó en estado crónico. Síntomas de broncorrea aguda. La broncorrea aguda aparece co- munmente de una manera repentina. El doliente se queja de dispnea, de grande opresión, de ansiedad en el pecho; sobreviene tos seca, penosa, convulsiva; el pecho es sonoro á la percusión, pero aplicando el oido sobre él se oyen ruidos silbantes, roncos, mucosos ó sub-crcpitantes. Esta per- turbación de la respiración tarda poce» en producir la conge stion de la cara con tez violácea y tumefacción de las vías de la garganta; entonces los rasgos de CATARRO 425 CATARRO la fisonomía se alteran, los piés se en- frian, el pulso se minora, se hace in- sensible é irregular; un sudor frió cu- bre el cuerpo; hay vértigos, postración, y muchas veces, en el momento en que la vida parece apagarse; los do- lientes arrojan con más ó ménos es- fuerzos una considerable cantidad de flemas blancas, trasparentes, ligosas, mezcladas con ampollas de aire, se- mejantes á la clara de huevo. Estas flemas salen con la tos, á veces casi espontáneamente, y en tanta abun- dancia, que parecen vomitadas. Se- mejante excreción puede continuar durante muchas horas, rara vez todo un dia; cesa paulatinamente después de haber lanzado el doliente 1, 2, 3, ó 4 kilogramos de un flúido albumi- noso. En medio de tan graves per- turbaciones, la fiebre no se presenta. Terminando la evacuación mucosa, acontece que los individuos recobran en seguida todas las apariencias de la salud; todavía es más común el conservarse durante uno ó varios dias un tanto de opresión y de tos, tal cual ruido en el pecho, ardor de garganta, poco apetito y gran fatiga. La salud es entonces perfecta; con todo la dolencia está sujeta á volver otra vez aún. Los mismos síntomas se reproducen al cabo de un tiem- po más ó ménos próximo. Raro es que el acceso vuelva pasados solamente algunos días; por lo común median meses ó años entre dos distintos ata- ques. Síntomas de la broncorrea crónica. La broncorrea crónica, más frecuente que la aguda, es casi siempre, conse- cutiva, esto es, subsiguiente ó conse- cuente de la bronquitis crónica. Exis- te tos, dispnea más ó menos fuerte, hervores húmedos ó secos en el pecho, en fin, un estado permanente de mal- estar general. Por lo común, en estas circunstancias es cuando, sobre todo por la noche, aparece, así como tam- bién algunas horas después de comer, un flujo brónquico muco-albuminoso; acompañado de opresión, dispnea y tos; pero se observa raramente esta reunión de los síntomas graves notados en la broncorrea aguda. Sin embargo, á pe- sar de esta secreción exagerada, la sa- lud general puede sostenerse; pero estas pérdidas continuas al cabo de cierto tiempo acaban por alterar la. constitución del individuo. Diagnóstico. La broncorrea aguda ó crónica difiere de la bronquitis: 1°, por su invasión súbita; 2o, por la na- turaleza albuminosa de la expectora- ción; 3o por la considerable masa dol flúido evacuado en un breve espacio de tiempo; 4° y último, por la cesa- ción rápida de los accidentes. La bron- correa tiene algunos puntos de seme- janza con el asma húmeda, con la cual es confundida á veces, pero la secre- ción brónquica no es tan abundante en el asma como en la broncorrea y su aspecto es diferente. Causas. La broncorrea no ataca más que* á los adultos, y en particular á las personas de mucha edad, así co- mo á individuos obesos, los que lle- van una vida sedentaria y los gotosos están más predispuestos á contraer esta dolencia. La impresión del frió, CATARRO 426 CATARRO la humedad, una digestión laboriosa, las emociones morales, son las causas determinantes más comunes de la broncorrea; ordinariamente sobrevie- ne después de las frecuentes recaídas de la bronquitis. Tratamiento, En los ataques de broncorrea, tanto aguda como crónica, es conveniente el vomitivo: 5 oentí- gramos(l grano) de emético en una taza de agua, ó 1 gramo (20 granos) de ipecacuana en una cucharada de agua. Apliqúense sinapismos en las piernas, y ventosas secas en el pe cho. En la broncorrea crónica, el dolien- te debe purgarse de vez en cuando: aceite de ricino, maná ó limonada de citrato de magnesia, ó dos veces por semana una píldora de la receta si- guiente: Aloes 15 centígr. (5 gran.) Jalapa 5 centígr. ( 1 gran.) Conserva d e rosas 5 centígr. ( 1 gran. ) Hágase una píldora y como ella nueve más. Un cáustico en el pecho da buenos resultados. Los otros medicamentos á que se debe recurir alternativamente son: Io Jarabe de bálsamo de Tolú 180 gram. ( 6 onz.) Para tomar una cucharada, tres ve- ces al dia, puro ó en media taza de agua fria. 2o Jarabe de trementina. 180 gram. ( 6 onz,) Para tomarlo puro, una cucharada tres veces al dia, Pildoras astringentes. Extracto de rata- nia 2 gram: (40 gran.) Goma kino 2 gram. (40 gran.) Háganse veinte píldoras. Para to- mar dos píldoras por la mañana y otras dos por la noche. 4" Pastillas de azufre .. 24 pastillas. Para tomar una pastilla tres veces al dia. 5*? Infusión de polígala amarga 120 gram. (4 onz.) Para tomarla una vez al dia. Esta infusión se prepara con 2 gramos (^ dracma) de raíz de polígala y 150 gra- mos (5 onzas) de agua hirviendo. Catarro pulmonar. V. Bronquí- TIS. Catarro uretral. V. Blenorra- gia. Catarro vaginal. V. Flores blan- cas. Catarro vesical ó catarro de la vejiga. Esta enfermedad reconoce como uno de sus síntomas más esen- ciales, el flujo de mucosidades espe- sas y viscosas que se encuentran en las orinas. Caucas. El catarro de la vejiga es una afección común en los países fríos y húmedos. Ataca con preferencia á las personas que hacen uso de exclu- sivo de carnes y pescados, principal- mente de carnes saladas ó ahumadas, y que abusan de bebidas alcohólicas. La costumbre de retener largo tiempo la orina puede también producirla. El catarro de la vejiga es una de las dolencias más comunes en los últi- mos años de la vida. Las causas ordi- CATARRO 427 CATARRO narias son: excesos venéreos, fatigas de equitación, balanceamiento de ca- rruajes, cambios bruscos de tempera- tura, desaparición súbita de alguna enfermedad de la piel; por último, la presencia de la piedra en la vejiga. Sintomas. La mayor paite de los entermos afectados del catarro de la vejiga, generalmente padecen poco; apénas si notan algún peso en el ba- jo vientre, y por lo común no tienen fiebre. Las orinas salen con dificultad, y á veces contienen grau cantidad de mucosidades. Estasmucosidades, blan- cas ó amarillas, se posan en el fondo del vaso, se pegan á las paredes de él, y están dotadas de una viscosidad elástica. Al tiempo de salir, las ori- nas exhalan un fuerte olor amoniacal, y adquieren todavía mayor fuerza si se guardan algún tiempo. Los fenó- menos generales ó simpáticos que acompañan al catarro vesical varían según fuere la intensidad de la dolen- cia. Cuando la incomodidad y el do- lor son medianos, la salud general se altera poco; pero en muchos casos los enfermos se ven atormentados por un insomnio fatigoso, el apetito amen- gua, la digestión se hace laboriosa y las fuerzas desaparecen. El catarro de la vejiga disminuye mucho, y aun cesa, durante la estación del calor, pa- ra volver coa el trio y la humedad. Todo cambio de temperatura un tanto brusco obra de una manera visible sobre el doliente; este fenómeno es uno de los más notables. Tratamiento. La persona afectada del catarro vesical debe habitar un lu- gar seco, elevado, expuesto al sol y limpiado por los vientos. Debe evitar toda clase de excesos. El régimen será suave y ligero: carne, pescado- vegetales, todo en proporción de igual, dad. El té y el café no son contrarios á este mal; deberá también beber vi- no, si bien moderadamente. A estas precauciones se agregan los baños templados, moderado ejercicio, uso de la franela por todo el cuerpo, atención esmerada en evitar el frió y las hume- dades, sobre todo en los pies, que se deben tener en un estado habitual de calor y d e ligera traspiración. Fricciones con cepillo ó franela sobre la piel, saturadas de vinagre, son úti- les como revulsivos. A estos diferen- tes medios, preciso es añadir el uso de bebidas diluentes, tal como la in- fusión de simiente de lino. Los medicamentos á propósito pa- ra combatir el catarro son: brea, tre- mentina, copaiba, y otras sustancias balsámicas. Hé aquí las recetas de estos medicamentos: Píldoras de brea. Brea : 4 gram; (1 drac.) Bálsamo del Perú 4 gram. (1 drac.) Regaliz en polvo... 8 gram. (2 drac.) Háganse 48 píldoras. Para tomar una píldora, tres veces al dia. Agita de brea. El modo de prepararla está indica- do en el artículo Brea. Dosis: una ó dos copas por dia, en bebida. Píldoras de trementina. Trementina d e limón 15 gram. (4 drac.) Hidrocarbona to de magnesia... 8 gram. (2 drac.) Háganse 72 píldoras. Dosis 6 á 18 por dia. CATARTICOS 428 CATETER Jarabe de trementina. Dosis: 30 á tO gramos ( 1 á 2 on- zas) al dia. Cápsulas de copaiba. Dosis: 2 á 4 cápsulas diarias. Jarabe de yemas de abeto Dosis: 30 á 60 gramos ( 1 á 2 on- zas) al dia. Infusión de bayas de enebro. Bayas de enebro. 4 gram. (1 drac.) Agua hirviendo.. 180 gram. ( 6 onz.) Déjese reposar media hora, cuélese, dulcifique se con azúcar y bébase en una sola toma. Se reproduce la infu- sión al dia siguiente y durante diez á quince dias. Fumigaciones de enebro Se ponen 125 gramos (4 onzas) de bayas de enebro en un calentador con ascuas, y se mete entre las sábanas de la cama. El doliente recibe el vapor durante media hora. Una fumigación por semana. Pildoras de tanino. Tanino 4 gram. (1 drac.) •Conservado rosas.. 4 gram. (1 drac.) Hágansa 56 píldoras. Dosis: una píldora, tres veces al dia. El doliente usará de un modo gra- duado y sucesivo de estas prepaciones, y una después de otra; la duración del uso para cada una será de diez á quince dias. Las aguas ferruginosas también aprovechan contra el catarro vesical. Catárticos. Desígnanse con el nom- bre de catárticos los purgantes más fuertes que los laxantes, pero ménos activos que los drásticos', tales son' sulfato de sosa, sulfato de magnesia, agua de Scdlitz, ruibarbo, etc. V. Pur- gantes. Catecúj C ato ó Tierra japónica. Extracto preparado con el leño, cor- teza y frutos de muchos árboles de las Indias orientales, principalmente del Acacia catechu. Willden. Es uno de los medicamentos astringentes más empleados en medicina. Hay muchas especies de catecú. El mejor es sin olor, de color moreno-oscuro, de un sabor astringente particular, seguido después de un gusto dulce; es soluble en el agua y en el alcohol. Circula en el comercio en panes redondeados de 90 á 120 gramos. Su dosis es de 1 á 4 gramos (20 granos hasta 1 dracma) al dia. Con el catecú se elaboran pastillas que llevan la ventaja de for- tificar las encías y de dar buen olor al aliento por los aromas que se les agregan. El catecú se receta en las diarreas y disenterías crónicas, en las hemorragias uterinas, en las flores blancas, en el catarro vesical y en otras varias enfermedades. Caterético. Dase este nombre á los cáusticos débiles ó usados en peque- ña cantidad, de manera que su efecto se limite á producir una viva irrita- ción y la formación de una escara muy superficial. Se usan particularmente para destruir las fungosidades de cier- tas úlceras, excitar las que se presen- tan indolentes, reprimir los mamelo- nes que se forman en la superficie de algunas, etc. La piedra infernal es el caterético más activo; son también cateréticos el alambre calcinado, los ácidos minerales debilitados y el sul- fato de cobre. Catéter. Instrumento destinado á ser introducido en la vejiga, siguien- CATETERISMO 429 GATILLO do el trayecto del canal de la uretra. Antes se designaban bajo este nombre todas las sondas; pero en estos últi mos tiempos, el nombre de catéter quedó especialmente reservado para el instrumento de acero, acanalado en su convexidad, y que se introduce en la vejiga cuando se practica la ope- ración de extraer la piedra, ó cuando se trata de reconocer la existencia de un cálculo vesical. V. Cateterismo. Los demas instrumentos que se intro- ducen en la uretra son bujías y son- das. Cateterismo. Operación que consis te en hacer pasar una sonda á la ve- jiga por el canal de la uretra, esto es, por la via natural, con objeto de eva- cuar la orina, dilatar dicho canal, ó reconocer la pres ncia de cálculos uri- narios en el fondo de la vejiga. El cateterismo se practica con sondas de plata ó de goma; el modo de proceder varía según los sexos. Modo de introducir la sonda de plata en la uretra del hombre. El do líente se acuesta á lo largo en la orí lia iz ,ierda de la cama, con las pier- nas abiertas y un poco encogidas. Se le pone entre los muslos un vaso de poca altura. El cirujano, colocado á la izquierda, toma el miembro viril con la mano izquierda, lo levanta en dirección casi vertical, introduce en el orificio del canal de la uretra la sonda untada con aceite, y la conduce len tamente; luego que haya penetrado á cierta profundidad y sienta la ex tremidad del instrumento apoyada contra un hueso, tratará de hacerle seguir la curvatura del canal, abajan- do entre los muslos del paciente la mano que sustenta la sonda, y median- te una presión lenta y regular la con- ducirá cuidadosa y blandamente has- ta la vejiga. Cuando se presenta al- gún obstáculo, se saca un poco la son- da, estírase suficientemente el miem- bro para evitar los pliegues ó amigas de la membrana mucosa, y se intro- duce de nuevo la sonda, pero sin em- plear jamas grande esfuerzo. La introducción de la sonda de go- ma se verifica del mismo modo. A veces, para dar á esta sonda mayor resistencia y facilitar así su introduc- ción. se afirman sus paredes median- te un estilete de hierro, al cual se da la conveniente curvatura, retirándolo después de introducida la sonda en la vejiga. Cateterismo en la mujer. Empléa- se á este fin una sonda de plata, cuya longitud es de 16 centímetros, y ape- nas encorvada por su extremidad. Acostada la enferma en la orilla iz- quierda de la cama, el cirujano sepa- ra los labios mayores y menores de la vulva, sirviéndose de los dedos de su mano izquierda; luego reconoce con el Índex de la misma el orificio de la uretra, en el cual introduce la extre- midad del instrumento, cuya conca- vidad está vuelta hácia arriba. Mer- ced á leves movimientos de rotación le hace entrar fácilmente en la vejiga. Facilítase la introducción de la sonda untándola previamente con aceite. Cato. V. Catecú. Calillo. Chile. Aguas salinas ca- lientes. Están situadas á 20 kilóme- tros de la villa del Parral, provincia CAUQUENES 430 CAUSTICOS de Maulé. Las aguas son claras, de sabor desagradable; su temperatura varía de 3$° á 36° centígrados, con- forme á los manantiales. Según la análisis del Sr. Domeyko, cada litro contiene 35 centigramos de sustancias fijas, que son: sulfato» de sosa y de cal; cloruros de sodio y de magnesio; carbonato de cal; óxidos de hierro y de alúmina; sílice, y vestigios de azu- fre. El establecimiento posee buenas casas, y ofrece excelentes recursos á los enfermos. Las agnas se usan en baños, que se toman en pozos; estos, después de vaciados, se llenan de agua en pocos minutos. Cauquénes. Chile. Aguas salinas calientes, situadas á 677 metros so- bre el nivel del mar, á seis leguas de Cauquénes, estación del ferrocarril de Valparaíso á Santiago. Hay di- ferentes manantiales; los más impor- tantes son: Pelambre, temperatura do 47° centígrados; Corrimiento, 39°,6; Solitario, 36° según las obser- vaciones hechas en 1871 por el distin- guido Rector de la Universidad de Santiago, el Sr. Domeyko. También han un manantial que lleva el nom- bre de Pelambrillo. Conforme la aná- lisis de Boussingault, un litro de agua del Pelambre contiene 3 gramos 73 centigramos de sales, que son: clora- ros de calcio (2^,35), de sodio (1^,25) y sulfato de cal (Os, 12); contienen ademas sílice, iodo y litio. Estos ba- ños aprovechan en los reumatismos, parálisis, afecciones cutáneas, infar- tos del hígado y del bazo, neuralgias, escrófulas y otras muchas enfermeda- des. También es un sitio de recreo y de paseo en las cordilleras. Hay una magnífica fonda con cien piezas cómo- das, salones adornados con lujo, tan- to para la familia, como de tertulia, de lectura y de baile para la sociedad allí reunida. Las pilas para baños son de mármol; ademas hay también otros baños de duchas y lluvia. Es un es-, tablecimiento bien montado y bien di- rigido, en el cual todo está previsto, pues hasta hay un espacioso oratorio en el centro de los edificios. Estos baños pueden tomarse todo el año, siendo los meses más favorables los de Octubre, Noviembre, Marzo y Abril. Los trenes de Valparaíso y de Santia- go facilitan el viaje á estos baños, pues los viajeros son conducidos des- de la estación de Cauquénes en dili- gencia. El camino es bueno, y se lle- ga desde Cauquénes á los baños en unas dos horas y media. Cáusticos (Medicamentos). Dáse el nombre de cáusticos á las sustan- cias que desorganizan las partes del cuerpo con las cuales se ponen en contacto. Se emplean para abrir fuen- tes, impedir los progresos de las afec- ciones gangrenosas, tales como el car- búnculo y la podredumbre de hos- pital; para cauterizar las mordeduras de los animales rabiosos ó venenosos; para destruir las carnosidades de las heridas, las verrugas, los cánceres, los chancros; para impedir la absorción del virus sifilítico; para tocar las ul- ceras de la boca, etc. Los medicamen- tos cáustos son: la potasa cáustica, los polvos de Viena, el nitrato ácido de mercurio, la manteca de antimonio, el cloruro de zinc, el verdete, el ácido CAUTCHUC 431 CAUTCHUC sulfúrico concentrado (aceite de vitrio- lo), el ácido nítrico concentrado, la piedra infernal, el álcali volátil, el sul fato de cobre, los polvos de Joannes, el alumbre calcinado, la pomada amo niacal de Gondret, por último, el fue- go. Cautchuc ó Goma elástica. El nombre indígena es cahuchú. Produc- to de la disecación de un jugo lechoso que por incisión se extrae de muchas plantas de la América del Sur y de las indias orientales. Los vegetales que producen el caut- chuc son bastante numerosos. Unos contienen gran cantidad de esta sus- tancia, otros poca. Pertenecen á las familias de las Euforbiáceas, Artocár peas, Apocíneas y Lobeliáceas. De todos los vegetales, aquel que da ma- yor cantidad de cautchuc es el Sipho- nia elástica, árbol americano que abunda particularmente en el Brasil, y al cual Person da el nombre de Si- phonia elástica; pertenece á la fami- lia de las Euforbiáceas. Su altura suele ser de 9 á 18 metros y su cuer- po de 2 á 2^, y por lo común se en- cuentra en los lugares pantanosos. Los otros árboles de la misma familia que dan el cautchuc son: Siphonia rhytidocarpa, Martius; Siphonia bra siliensis, Willd.; Siphonia lútea, Spruce; Siphonia brevifolia, Spruco; todos en la América del Sur y parti cularmente en el Brasil, provincia del Pará. En la familia de las Artocárpeas figuran: Ficus anthelmíntica, Mar- tius; Ficus doliaria, llamada vulgar- mente Huigaera blanca, Martius; Castilloa elástica, Cerv., de Méjico; Ficus elástico, Roxb.; Ficus indica, Lam.; Ficus religiosa, Linneo; Fi- cus radula, Willd; Ficus elliptica, Kunth.; Ficus prinoides, Willd., que habitan todas en la América del Sur. En la familia de las Apocíneas se encuentran: Plumería phagedenica, Martius (Amazonas); Plumeria drás- tica Martius (Minas, Bahía, Pernam- buco); Callophora utilis, Martius (Para, Rio Negro); Vahea gummife- ra, Poir., que da el cautchuc de Ma- dagascar; Ureola elástica, Roxb., que crece en Borneo; y el Hancornia spe- cioso, Gomes (Brasil). Entre las Lobeliáceas: Lobelia cautchuc, Kunt., en Nueva Granada. Recolección. Hé aquí cómo se ha- ce la cosecha del cautchuc. Un ope- rario, provisto de un pico, de una ca- labaza y de un poco de barro húmedo, va de madrugada á los lugares donde se encuentran los árboles que dan el cautchuc. Pega al árbol una pequeña taza de barro groseramente amasado, y por cima de ella da un golpe tras- versal profundísimo, á pocos palmos sobre la raíz, y que llegue hasta la parte leñosa. Pasa á otro árbol y re- pite la misma operación. De este modo sangra cierto número de árbo- les; después, volviéndose atras por el camino recorrido, transvasa las tazas en la calabaza, y entra en casa con su cosecha. Se ha notado que los árboles que dan la goma elástica son, por decirlo así, como las vacas lecheras; cuanta más leche se les saca, con tanta ma- yor abundancia se reproduce. Con to- CAUTCHUC 432 CAUTCHUC do, conviene no agotar el árbol á fin de prolongar la duración de las cose- chas. Por lo común se dejan descan- sar los árboles desde la florescencia hasta la madurez del fruto. A fin de que la sávia corra con ma- yor abundancia, se hace por encima de la incisión trasversal otra en sentido vertical, principiando desde lo alto del tronco hasta encontrar la primera, es- to es, la practicada trasversalmente; ademas se hacen, de distancia en dis tancia, incisiones oblicuas á la verti- cal. Muchas veces facilítase la ope- ración apretando el árbol con cuerdas ó lianas, lo que con bastante frecuen- cia suele ocasionar su muerte. La cantidad de sávia lechosa que se recoge es variable. En general, veinte árboles, por término medio, suelen dar un litro. Las mujeres pue- den coger cerca de dos litros; esta es. la cantidad normal. El Dr. Weddel vio, en la márgen Amazonas, un obre- ro que regresaba á su casa con una calabaza que por lo ménos contenia cinco litros. Esta cantidad es suficien- te para fabricar veinte botellas ó diez pares de pantuflas. Necesarios son cerca de tres litros de sávia para ob- tener uno de cautchuc. Las hijas de dicho obrero, ménos diestras que él, solo cogían dos litros diarios. Después de obtenido el jugo, pre- ciso es sacarlo para darle la consisten- cia sólida. La seca del jugo se hace exponiéndolo al calor del fuego que lo evapora y coagula la albúmina ve getal del jugo. Para hacer una botella, se fija una. bola de barro en la extremidad de un palo; aplícasele una capa de jugo, de- jándola secar al fuego de ciertas plan- tas, cuya llama es alimentada por la simiente oleaginosa de la palmera urucuri {Altaica excelsa)] vuelve á ba- ñarseja bola, se poné al humo por segunda vez, y así sucesivamente has- ta que la sustancia haya adquirido el espesor conveniente. Por lo general, son necesarias doce capas. Entone s se procede á romper la bola do barro ó se hace fundir en agua, y vacíase la botella por la abertura que se forma al separarla del palo. La hu- mareda que el cautchuc recibe le da el color denegrido con que se presen- ta en el mercado. Para fabricar una pantufla, hay un molde de madera fijado en la punta de una vara. Un obrero puede hacer, cuando es hábil, cuatro ó cinco pan- tuflas en diez minutos. La forma más común del cautchuc es la de una botella ó de una pantu- fla; á veces, sin embargo, los Indios lo dan la figura de un pájaro ó de otro animal cualquiera. También se dis- pone en láminas ó en masas infor- mes. Por largo tiempo el cautchuc so ex- portó del Brasil en estado sólido, no muy endurecido, conservándole su elasticidad, hasta que Enrique Anto- nio Srrauss consiguió conservarlo sin alteración alguna en el estado de lí- quido, y sin tener necesidad de pre- servarlo enteramente del aire atmos- férico, conservándolo herméticamente cerrado. Actualmente se usa el amo- níaco para conservar el cautchuc lí- quido. El mismo Strauss alcanzó la CAUTCHUC 433 CAUTCHUC solidificacion del cautchuc merced á la piedra alumbre. El procedimiento de Strauss suprime la defumacion. La provincia de Para compró el privile- gio de Strauss, mediante el cual se obtiene el cautchuc sin el inconvenien- te de que el operario esté expuesto á las emanaciones de la combustión y del suelo pantanoso en que general- mente vive este árbol, pudiendo, se- gún su método, preparar el cautchuc en su propia casa. El procedimiento de Strauss es hoy público: consiste en cierta cantidad de disolución de pie- dra alumbre en agua, que se echa en determinada cantidad de sávia le- chosa. La rutina se ha opuesto á la propagación de este tan sencillo cuan to ventajoso procedimiento. El cautchuc, tal como se encuentra en el comercio, es una s istancia ro- jiza, semi-trasparente cuando se ha- lla en láminas delgadas, sumamente flexible y eminentemente elástica. Derrítese al fuego, se hincha de un modo extraordinario, y arde en llama muy blanca, esparciendo un humo odorífero muydenso. Es insoluhle en agua fría, se ablanda únicamente en agua hirviendo, no es soluble en el alcohol, pero sí en la benzina, en la esencia de trementina, en el éterpu ro, en el sulfuro de carbono, el cual, adicionado con seis á ocho partes de alcohol; constituye el mejor disol ven te del cautchuc. El azufre combínase directamente con el cautchuc á la temperatura de 14b° á 160°, y también á frió, me- diante disolventes especiales. Según sean las condiciones de la operación, el producto que se obtiene es seco, duro, frágil, ó si no de una flexibilidad y de una elasticidad que quedan per- manentes en las diferentes temperatu- ras. En este caso toma el nombre de cautchuc vulcanizado. Usos. Los usos del cautchuc son numerosísimos y se multiplican más y más cada dia. El cautchuc ordina- rio se emplea para borrar sobre el pa- pel las trazas del lápiz. Sirve para hacer muchos instrumentos de ciru- gía, tales como sondas, bujías, pesa- rios, jeringas, pezoneras para las amas de cria que tienen los pechos resque- brajados, trompetillas acústicas, etc.; para confeccionar calzados y telas im- permeables. Estas se preparan cu- briendo Ja prenda con una mano de cautchuc líquido, ó mejor aún, disuel- to el cautchuc en una mezcla de sul- furo de carbono y de alcohol, dejando después que seque esta mano. Redu- cida á hilos delgadísimos, sirve para preparar tejidos elásticos para sus- pensorios, ligas, corsés, etc. El caut- chuc derretido es muy ventajoso pa- ra bañar las canillas de cubas; un cor- cho bañado de cautchuc se hace en- teramente impermeable. El cautchuc entra también en la composición del betún ó visco marino, empleado en las construcciones nava- les, en el calafeo de los navios. En Londres se construyen botes de salva- ción con tablas de cautchuc y corcho raspado. El cautchuc sirve para ha- cer barnices que no se resquebrajan. El cautchuc vulcanizado conserva su elasticidad en toda clase de tem- peratura; es inatacable por los disol- CAUTERETS 434 CAUTERETS ventes del cautchuc ordinario, y resis- te á la compresión; á consecuencia de estas preciosas cualidades ha recibido numerosas aplicaciones en las artes y en la fabricación de instrumentos de cirugía. Pero por su contacto con la piel adquiere un sentor de ácido sul- fhídrico, procedente de la acción que el sudor ejerce sobre el azufre que lle- va el cautchuc volcanizado, por lo que la mayor parte de los aparatos qui- rúrgicos se confeccionan con el caut- chuc ordinario; el volcanizado sirve para los tejidos elásticos destinados á otros usos. / Cauterets. Aguas sulfurosas ca- lientes. Itinerario de París á Caute- rets. Ferrocarril por Burdeos hasta Tárbes, diez y ocho horas. Diligencia de Tárbes á Cauterets, cinco horas. Gasto total, 100 francos. La villa de Cauterets está situada en el Mediodía de Francia, departa- mento de los Altos Pirineos, en la extremidad de un valle pintoresco, rodeado de altas montañas. Las ca- sas son limpias, y suficientes en nú- mero para dar abrigo á tres mil pasa- jeros. Las fuentes principales son doce. El calor de estas aguas minerales va- ria de 30° á 55° centígrados. Casi to- das son sulfurosas, á excepción de la fuente Rieumizet, que tiene muy po- co de sulfúrea, y cuyas propiedades no se alejan mucho del agua común. La más famosa de las fuentes de Cauterets es La Railliére, situada á veinte minutos de la villa, y acomo- dada en una casa magnífica que en- ciena veintinueve pilas y una llave de donde se toma el agua para beber. El agua es abundante, clara, untuosa, de sabor dulce y de una temperatura de 39° centígrados. He aquí, según Filhol y Reved, la composición de la fuente La Rai- lliére. Un litro de agua contiene: 16 centigramos de sustancias fijas y estas son: sulfatos de sodio y de sosa, clo- ruro de sodio, silicatos de sal y de so- sa, y 22 % centímetros cúbicos de gas ázoe. Otra fuente, llamada fuente tem- plada, idéntica á ésta en punto á sul- furación, no lo es en cuanto á la tem- peratura, que no pasa de 34° centí- grados; se distribuye en los gabinetes de los baños. Sirve para rebajar la temperatura de la primera. La fuente La Railliére se emplea en las afecciones catarrales y tuber- culosas de los pulmones. Hallamos aquí un ejemplo de los informes útiles que la medicina vete- rinaria puede procurar á la medicina humana. En efecto, todos los años se llevan allí caballos afectados de bron- quitis crónica, con inapetencia, diarrea y enflaquecimiento. Por lo común son garañones de las caballerizas de Tár- bes y Pau. Estos animales beben con gran placer las aguas de la fuente La Railliére, y al cabo de ocho dias las indigestiones mejoran, la tos desapa- rece y recobran las fuerzas. Las otras fuentes de Cauterets son: César, los Españoles. Estas dos fuentes brotan sobre un punto bas- tante elevado del conocido con el I nombre de Pico del Baño, de donde I son conducidas por un conducto de CAUTERETS 435 CAUTERETS 100 metros, construido á flor de tierra, hasta el establecimiento termal. La fuente de Césai' tiene una tem- pera de 46o centígrados, y contiene por litro 95 miligramos de sulfuro y cloruro de sodio. La fuente de los Españoles no di- fiere de la de Cesar sino por su ca- lidad menos sulfurosa y menos ca- liente. En cuanto al establecimiento, cuya arquitectura es graciosa, encierra vein- ticuatro gabinetes de baño, de los cuales doce poseen duchas particula- res, dos gabinetes de duchas de gran potencia, que se administran calien- tes ó templadas, ó que alternan de modo que puedan obtenerse lo que se ¡lama duchas escocesas; y representan un objeto importante en la medica- ción seguida en Cauterets. Ademas de esto, hay gabinetes pa- ra pediluvios, un salón de inhalacio- nes y otro de pulverización, modos de tratamiento todos ellos para-las afec- ciones de la garganta, de la laringe y de los bronquios. Las fuentes de César y de los Es- pañoles se aplican con especialidad en baños y duchas; convienen particular- mente en los reumatismos, afecciones de la piel, escrófulas y sífilis constitu- cional. El agua que con preferencia suele beberse es la de César; bajo es- ta forma es provechosa en las bron- quitis crónicas y el asma. Pause Víeux. Temperatura 43° centígrados. Empléase contra las en- fermedades de la piel. Le Rocher. Esta fuente tiene 38°! centígrados de calor, sulfuración in- significante; goza de nombradla con- tra las neurosis y las afecciones ute- rinas. Le Petit-Saint-Sauveur; Le Pré. Aguas acomodadas en una casa espe- cial y destinadas, esta al tratamiento de las enfermedades reumáticas le- ves; aquella á las dolencias nerviosas y uterinas. Mahourat. Se halla situada esta fuente enfrente de la hermosa cas- cada de su nombre. Su temperatura es de 49° centígrados. Goza de gran reputación en el tratamiento de las dispepsias y de las gastralgias; se com- bina últimamente con el agua de La Railliére, cuando esta es algo pesada para el estómago. No se emplea sino en bebida. Todos los años esta fuen- te atrae una colonia de Españoles. Le bois. Fuente caliente de 43 .3 centígrados; fuente templada de 33",7 centígrados. Aguas excelentes, útiles en el reumatismo y la ciática. Les (Lafs. Temperatura de 52n centígrados. El suntuoso edificio, de construcción moderna, expresamente consagrado al agua de esta fuente, y que lleva el nombre de Thermes des (Eufs (Termas de los huevos), ofrece todo lo necesario á los perfecciona- mientos hechos en las caldas moder- nas. La piscina natatoria tiene lo me- nos 160 metros cuadrados de superfi- cie; es la más hermosa que existe en Europa. También hay allí una mag- nífica sala de los juegos ó sala de recreo^ lugar en el cual se reunen los bañistas para divertirse. Tal es Cauterets. De la diversidad en la acción de sus fuentes resulta CAUTERIO 436 CEBADILLA que las aguas de Canteres reunen ca- si todas las propiedades de las aguas sulfurosas; de modo que un médico que tuviera que aconsejar alguna agua sulfurosa á su cliente, sin saber con exactitud cuál es la estación que de- bería preferir, podrá dirigirlo á Cau terets, seguro de que allí encontrará el agua que realmente le conviene. La estación de los baños suele durar desde el 1? de Junio hasta el Io de Octubre. Trasporte. Las aguas de César, La Railli'ere y Mahourat son nota-, bles por la fijeza de su composición y propiedades. Esto favorece su expor- tación en grande escala. Usadas co- mo bebida, en lociones y pulveriza- ción, producen efectos casi tan bue- nos como al pié de la fuente. Cauterio.l Agente del cual se sirve el médico para producir la desorga- nización más ó ménos extensa y pro- funda de aquellos tejidos orgánicos que desea trasformar en escara. El cauterio se divide en dos clases: ac- tual y potencial. Se llama así el pri- mero de ellos porque quema inme- diatamente; es un instrumento de hierro ó de cualquiera otro metal que se hace enrojecer al fuego, y luego se aplica en la parte que se quiere caute- rizar y la desorganiza comunicándole su calórico. El segundo, el cauterio potencial, es constituido por sustan- cias que desorganizan los tejidos en virtud de las propiedades químicas de que están dotadas, tales como el áci do sulfúrico, la piedra infernal, el amoníaco líquido, la manteca de an- timenio, etc. Cauterización. Acción de cauteri- zar, efecto que produce el cáustico. Se emplea para destruir el virus del perro rabioso, las picaduras de ser- pientes venenosas, los chancros sifilí- ticos, etc. Cebada. Simiente de una planta cereal, Hordeum vulgar e, Linneo, que se cultiva en los climas templa- dos, y de la cual existen muchas va- riedades. Estas simientes son ovala- das, oblongas, de color amarillo en la parte exterior, blanco interiormente, de sabor dulce. En el comercio se encuentra también la cebada incom- pletamente privada de su envoltorio {cebada mondada)', está más ó menos íntegra y amarillenta por de fuera; ó separada completamente de su envol- torio se presenta blanca, redonda y se llama cebada perlada. Estas simien- tes gozan de piopiedades nutritivas y emolientes. Su cocimiento se emplea con frecuencia en las enfermedades inflamatorias, principalmente en las del estómago y de los intestinos. Hé aquí cómo se prepara este cocimien- to: lávanse 20 gramos (5 dracmas, una cucharada poco más ó menos) de cebada en agua fría; hiérvese después en suficiente cantidad de agua hasta que los granos revienten y el líquido se haya reducido á 1 litro (32 onzas); se cuela por paño ó cedazo claro, y dulcifícase con azúcar. La cebada se emplea para la fabricación de la cer- veza. Cebadilla. Helonias offidnalis, Don. Colchuicáceas. Planta de Mé- xíqo. Recibió su nombre á causa de la semejanza de sus hojas con las de CEBOLLA 437 CEGUERA una Gramínea, ó de sus frutos que son casi dispuestos en espiga, lo que le da. en totalidad, cierta semejanza con la cebada. El fruto de la cebadilla está formado por una cápsula con tres células abiertas arriba; es delgada, leve, de color ceniciento rojizo; cada célula encierra simientes negras, pro- longadas, puntiagudas y curvas. Es- tas simientes son muy acres, amargas, en sumo grado estornutatorias, exci- tantes de la salivación, muy purgan- tes y muy irritantes interiormente; por esto la cebadilla no se emplea si- no en la parte exterior con el fin de destruir los piojos, y en los laborato- rios químicos para la extracción de la veratrina, que la hace muy venenosa. Los polvos de los Capuchinos ó de aseo, que el comercio expende, desti- nados á exterminar los piojos, están compuestos de simientes de cebadilla. Cebolla. Alium cepa, Linneo. Planta bulbosa de la familia de las Liliáceas, cultivada en todas las huer- tas, para alimento y condimento. Va ría en el bulbo radical, ovalado ó muy deprimido; en las túnicas externas, blancas ó rojizas. Las hojas de la planta son radica les, cilindricas, fistulosas, puntiagu- das; el tallo desnudo, cilindrico, igual- mente vacío, panzudo en el medio, de la altura de 1 metro á 1 metro 30 centímetros y aun más; sus flores son rojizas ó blancas y reunidas en una gruesa cabeza redondeada. Comun- mente la raiz es la que lleva el nom- bre de cebolla: consta de muchas tú- nicas carnosas, rojas ó blancas, cuya superposición forma un bulbo más ó menos abultado, cubierto de una pe- lícula blanca, violácea ó roja. La ce- bolla tiene generalmente la figura de una esfera achatada, en cima y debajo. Las cebollas cultivadas en los paí- ses cálidos son menos acres que las de los climas frios. Ordinariamente se comen cocidas en agua ó con car- ne; se hacen de ellas conservas en vi- nagre, ó se comen crudas con la en- salada. Algunas personas creen que las cebollas impiden la embriaguez. Todas las partes de la planta contie- nen un aceite volátil, de olor pene- trante, que irrita los ojos y obliga á llorar; pero este efecto no existe una vez cocida la planta; hasta se vuelve dulce cociéndola. Cruda, es de di- fícil digestión para los estómagos dé- biles; ocasiona erutos desagradables y da rnal sentor al aliento; cocida es un alimento insípido, sano y nutriti- vo, especialmente en los países cáli- dos. En medicina, la cebolla asada en el rescoldo constituye una cataplasma emoliente, que puede aplicarse con ventaja en los furúnculos y en las pos- temas pequeñas. La cebolla comida cruda es un diurético útil á las per- sonas que padecen de arenillas. Cefalalgia. Sinónimo de dolor de cabeza. V. Dolor de cabeza. Ceguera. La privación de la viste ó ceguera es completa ó incompleta; cuando es incompleta, el doliente pue - de distinguir el dia y la noche, y hasta guiarse un poco por sí mismo. La cegue- ra puede ser de nacimiento ó acciden- tal; cuando es de nacimiento puede depender de la oclusión de los parpa- CEGUERA 438 CEGUERA dos, de la oclusión de la pupila, de la adherencia de la membrana iris con la córnea, de una catarata, etc. En es- tos distintos casos no siempre suele ser incurable. Cando es accidental, puede provenir de heridas en ambos ojos, ó de uno de ellos solo si el otro está ya perdido; ó bien ser consecuen- cia de males de ojos, tales como la go ta serena, la catarata doble, oftalmías reiteradas, nubes, cicatrices que re- sultan de heridas, de viruelas y otras causas; algunas de estas cegueras pue- den ser combatidas con buenos resul- tados; sin embargo, casi siempre la ceguera accidental es incurable. En las personas ancianas la ceguera es á veces un efecto do los años: la cór- nea se cubre de un círculo opaco, que va haciendo progresos; el cristalino y el cuerpo vitreo llegan á perder la trasparencia, y la insensibilidad se apodera de la retina. Según diversas alteraciones que son origen de la ce- guera, el ojo puede permanecer sano en la apariencia, como en la gota se- rena, por ejemplo; ó presentar lesio- nes más ó menos apreciables, como en la catarata, en las nubes, etc. Para oponer un tratamiento racio nal á la ceguera, necesario es, en pri mer lugar, reconocer el mal que la ha producido. Unas veces la sangría, las sanguijuelas; otras los vejigatorios en la nuca; algunas, en fin, un tratamien- to interno y diferentes aplicaciones lo- cales pueden hallarse indicados. Una operación quirúrgica es á veces indis pensable. Por último, hay cegueras que no tienen remedio. La privación de la vista, sea nati- va ó accidental, produce cambios no- tables en la existencia física, moral é intelectual de los ciegos. Estos in- dividuos son dignos de llamar la aten- ción del observador, por la inmobili- dad de las facciones, la delicadeza del tacto y del oído, la gravedad del ca- rácter, la tenacidad y fuerza de la ra- zón. Muchos ciegos han ocupado al- tos rangos en las ciencias, las artes y la industria: cítase entre los antiguos á Diógenes de Alejandría, sabio uni- versal, que fue el maestro de san Je- rónimo; en los tiempos modernos, Sanderson figura como uno de los grandes matemáticos de Inglaterra. A pesar de la conmiseración de que en todo tiempo han sido objeto los ciegos, san Luis fue el primer rey que les abrió un asilo en Francia, el año 1260, algún tiempo después de su re- greso de Palestina. Entonces fundó un hospicio para recibir los ciegos, y solo en 1780 se intentó por la prime- ra vez el exámen de la posibilidad de hacerles gozar del beneficio de la edu- cación. Valentín Hüay tuvo la feliz idea de inventar, para enseñarles á leer, figuras en relieve; mandó impri- mir alfabetos, libros según este mode- lo, y estableció en París, en 1781, el Instituto de jóvenes ciegos. Esta ca- sa está destinada á la educación de ochenta niños y cuarenta niñas, que son entretenidos gratuitamente á ex- pensas del Estado por espacio de ocho años. Para su admisión en el asilo, los niños y las niñas deben tener lo menos nueve años ó doce lo más. In- dependientemente de los alumnos gratuitos, se admiten alumnos de pa- CENIZA 439 CENTAURA MENOR go. El precio de la pensión es de mil francos por año. Los ciegos aprenden allí, por procedimientos especiales, la lectura, la escritura, la geografía, la historia, las lenguas, las matemáticas, la música, y varios oficios. Enseñan- Ies á leer con los dedos en libros he chos al intento para ellos, y cuyos ca- racteres son salientes; algunos apren- den á escribir. Llegan sobre todo á conocer el cálculo y la música. Mu- chos de los alumnos salidos de este instituto ocupan las plazas de orga- nistas en las iglesias. Numerosos es- tablecimientos análogos han sido fun dados bajo este modelo en las princi- paler ciudades del mundo, en Berlín, Breslau, Viena, Zurich, Bruselas, Londres, Edimburgo, Madrid, Rio Ja- neiro, etc. Cejas. V. Tomp I, pág. 322. Celidonia mayor ó Yerba celi- donia legítima. Chelidonium ma- jas, Linneo. Papaveráceas. Planta que frecuentemente se encuentra en los recintos ó al pié de las murallas, por toda Europa, y que florece espon- táneamente en España, donde tam- bién se cultiva en las huertas. Su raíz, que es fibrosa, da nacimiento á mu- chostallos ramosos, de la altura de 35 á 60 centímetros; tiene hojas pinati- cortadas, con segmentos redondeados, dentados, lobulados; sus flores son amarillas; el fruto vaina bivalva, olor fuerte y nauseabundo. Toda la plan- ta contiene un jugo azafranado, amar- go, acre v aun cáustico, que es em- pleado para la destrucción de las ve- rrugas, Ceniza- Residuo de la combustión (le la leña: Contiene sílice, alúmina, óxidos de hierro y manganeso, sales de cal y de magnesia, y sobre todo sales de potasa y sosa; estas últimas abun- dan sobre manera en las plantas que habitan las orillas del mar ó dentro de él. Las cenizas se emplean para la lejía y en las fábricas de vidrio; sirven también de abono para las tie- rras labrantías. En medicina se apli- can á la preparación de baños de pies, contra los dolores de cabeza, la tos; las opresiones del pecho y para pro- vocar la traspiración. Producen una leve irritación en los pies, no tan fuer- te como la de la harina de mostaza. Cuando se mete la ropa en la lejía, no se hace otra cosa que poner en contacto las sustancias salinas conte- nidas en las cenizas con las manchas grasicntas de la ropa; la potasa las ataca, forma con ellas una especie de jabón, soluble en el agua caliente, que pasa después muchas veces sobre dicha ropa. La enjuagadura, en gran cantidad de agua, acaba de limpiarlo todo. Los ingleses hacen la lejía con potasa, poniendo corta cantidad para no quemar la ropa. Centaura menor. Gentiana ceu- taurium, Linneo, Genciáneas. Plan- ta común en España. Tallo de 30 á 35 centímetros; hojas radicales, cu- neiformes oblongas; peciolos cortos; hojas caulinas, opuestas, sésiles, li- neares; flores rosadas, dispuestas en corimbos; sabor amargo. El tallo y las flores se emplean como tónicos, en in- fusión, preparándola con 4 gramos (1 dracma) de la planta y 360 gramos (12 onzas) de agua hirviendo. Se be- CENTENO 440 CERA be en la convalecencia de toda enfer- medad. Centeno. Secale. Género de cerea- les, de la familia de las Gramíneas, tribu de las Ilordeáceas; planta que se diferencia del trigo, del cual está muy vecina, por sus hojas planas, sus espigas solitarias sobre cada diente del eje y conteniendo únicamente dos flores, acompañadas á veces del rudi- mento de otra, que es estéril; mién- tras que el trigo contiene cuatro flores, involucro fino setáceo, espiga larga, comprimida y guarnecida de aristas duras. El centeno se cultiva-en Es- paña y en las regiones templadas de la América del Sur. La simiente del centeno ocupa, después del trigo, el primer lugar en- tre los cereales. Aunque inferior al trigo por contener ménos cantidad de principios nutritivos y ser su harina ménos blanca, tiene la ventaja de ve- nir bien en cualquier terreno; y, en efecto, hasta los eriales y los climas más rigurosos son propios al cultivo del centeno, cuando por el contrario se muestran refractarios al del trigo. El centeno resiste mejor que el trigo los inviernos rudos, y no necesita tan- tos grados de calor para madurarse. Por estas razones ni extraña los cli- mas frios ni las situaciones montaño sas. Las tierras ligeras, magras ó del- gadas, calcáreas, silicosas y graníticas, en las cuales el trigo no se daria ó vendría mal, convienen al centeno, con tal que no estén constantemente húmedas. El centeno forma la base de la ali- mentación de un gran número de ha- hitantes de las regiones septentriona- les de Europa. Su harina, no tan rica en gluten como la de trigo, da un pan pesado y moreno. Mezclando las ha- rinas de trigo y de centeno, se obtie- ne un pan más blanco, más sustan- cioso y de mejor gusto. El pan de centeno se conserva fresco más tiem- po que el de trigo. Con la harina do centeno se hacen bollos ojaldrados que se conservan todo el año. El pan de especia es una mezcla que se hace con centeno, ce- bada y miel. Mediante la fermenta- ción se saca del centeno un aguardien- te de gusto particular. La paja del centeno es larga y flexi- ble: sirve para hacer los vencejos ó li- gaduras con que se aseguran las parras ó los árboles nuevos; también sirven para rellenar los jergones de las ca- mas, empajar sillas, techar las vivien- das ó cabañas rústicas, etc. El centeno está sujeto á una en- fermedad que consiste en una excre- cencia córnea y arqueda que se llama tizón de centeno ó cornezuelo de cen- teno. (Véase esta última palabra.) Cera. Sustancia combustible, ama- rilla, sólida, producida por las abejas, y con la cual estos insectos fabrican los alvéolos que contienen sus larvas, y sus provisiones de miel. La cera, tal como se obtiene derritiendo los panales, después de extraer la miel, es una sustancia amarillenta, opaca, dura á temperatura baja, blanda y dúctil á 40° ó 45o centígrados, tras- formándose en líquido oleaginoso á los 100° En el comercio circula este producto con el nombre de cera amari CERA DEL OIDO 441 CERATO rilla ó bruta. Expuesta al aire y mo- jada á menudo por el agua, pierde su color amarillo y se trasforma en cera blanca, que también suele ser llama- da cera virgen. La cera no es solu- ble en el agua, pero los aceites y los cuerpos grasos se unen con ella en cualquier proporción. En la farmacia se emplea para la preparación de mu- chos parches y emplastos; mezclada con aceite común ó con aceite de al- mendras dulces forma el cerato, un- güento muy usado para la curación de las heridas. Cera vegetal. Esta cera es pro- ducida por diferentes árboles, que son: Carnauba (Coryphea cerífera, Martius), árbol del Brasil; Ceroxilon andícola Kunth,, gran palmera que habita en los Andes del Perú; Myri- ca cerífera, arbusto que habita en las provincias del Norte de los Estados Unidos de la América; Ficus cerífera, Blum, que habita en Sumatra. La ce- ra del carnaúba es parecida á la de las abejas, diferenciándose únicamen- te por sus caracteres físicos. Es blan- ca, un tanto amarillenta, dura, seca, quebradiza y de fractura brillante. Pueden hacerse con ella excelentes velas. V. Carnaúba. Cera del oído 'ó Cerúmen. Hu- mor untuoso, espeso y análogo á la cera, que se reune dentro del canal ó conducto auditivo externo. El cerú- men humedece dicho conducto, en- tretiene la flexibilidad de la membra- na que lo entapiza, se opone á la in- troducción de los corpúsculos que flo- tan en el aire, y aleja, por su amar- gor, los insectos que podrían introdu- oírse en el oído. Pero la acumulacícm de este cerumen determina á me- nudo una sordera, que cede ó desapa- rece á su extracción por medio efe wj limpia-oídos; preciso es tener el era- dado de reblandecerlo de antemauc^ introduciendo en el conducto auditrm algunas gotas de aceite. Cerafollo. V. Perifglio. Cegato. Preparación farmacéutica, de consistencia semi-líquida, destina- da para la curación de las heridas^ compuesta de aceite y cera, á la errad se añaden á menudo algunas gusta® cias más activas. He aquí las' receta de diferentes ceratos: Cerato simple ó blanco. Aceite de Almen- dras dulces 300gram. (lOonz;/ Cera blanca. 100 gram. (3 onz. 2 drae^ Se derrite la cera en el aceite p©r medio del baño de maría: se echa después en un mortero de mármol calentado á prevención, revolviendo y agitando la mezcla sin cesar, hasOY que se enfrie y el cerato quede per- fectamente ligado.-Sirve para curar - las heridas, los vejigatorios, etc. Cerato de espermaceti. Cera blanca 30 gramos Espermaceti 3 gramw Aceite de Almendras dulces 67 gramos Se derriten las tres sustancias jun- tas en una cápsula, á fuego muy len- to, revolviendo, sin interrupción. ¡Se retira la cápsula del fuego, y se sigue revolviendo con espátula de madera hasta que la masa pierda el calor, j se tritura después por pequeñas par- CERDO 442 CERDO cásnes en el mortero.-Se usa para curar las heridas, los vejigatorios, etc. Oerato de Goulard ó de Saturno, Carato simple.. 36 gramos (9 drac.) Extracto de Sa- fumo 4 gram. (1 drac.) Se mezcla en el mortero. Sirve wra curar heridas. Cerato opiado. Extracto de opio 1 gramo Agua destilada 1 gramo Carato simple 90 gramos. Se disuelve el extracto en el agua, y se reúne al cerato en el mortero, ¿e emplea para curar las heridas en- loloridas y las quemaduras. Cercadillo ó Cercadero. Absceso pequeño que se forma en el espesor leí cutis, debajo del epidermis que serna las uñas, parte á la cual suele comunmente limitarse. El cercadillo e s considerado como el grado primero de los panadizos, si bien es cierto que raras veces degenera en esta dolen- cia . Para curar el cercadillo se apli- w cataplasmas de harina de linaza. Panadizo. Ordo, Puerco, Marrano, Cochi- Guarro. Este animal, verdadera- awnte ^singular, por su conformación, inmundicia, caprichos y voracidad, pertenece á todos los climas, prospe- ■■ra y se multiplica, en todas las regio- nes. Entre todos los animales es el menos diiícil de alimentar y el que, al propio tiempo, ofrece los mayores recursos á la economía doméstica. Se : pulenta con cualquier cosa, con tal que su estómago quede repleto; po- ■ :©£ alimentos hay que no le conven- -^an; y aunque á menudo se nutre de cosas inmundas, no por eso deja de proveer una carne saludable y gusto- sa. Sin embargo de estas cualidades, su carne fue proscrita desde la más remota antigüedad, y por una de esas preocupaciones ridiculas, que la su- perstición solamente podría entroni- zar, los Mahometanos .aborrecen el cerdo. Pero otros pueblos no siguen la misma opinión: los Chinos, por ejemplo, crian numerosas piaras de cerdos, y estos constituyen su alimen- to acostumbrado. Las razas porcinas son muy varia- das, si bien pueden ser divididas en dos clases muy marcadas: el cerdo grande é indígena de Europa, y el cerdo pequeño, procedente al pare- cer de la raza china. Las variedades de gran marca ó estatura son las más ventajosas por la cantidad de carne y tocino que abastecen; pero atendida la calidad, las razas pequeñas son siempre mejores. Sin embargo, el cruzamiento convenientemente diri- gido de estas dos razas, así como la cria de los mestizos, pueden dar ori- gen á otras razas que vengan á reu- nir las cualidades de las dos razas pri- mitivas. El cerdo macho ó verraco se en- cuentra apto para la procreación á la edad de un año; de los dos á los tres años está en el apogeo de su fuer- za; pasados cinco años es preciso en- gordarlo, pues de lo contrario se hace dispendioso y á menudo teñí ble por su malignidad. La cerda entra en ze- lo entre los seis y ocho meses, y como con frecuencia se halla en ese estado, preciso es atarla ó 'mejor aún sepa- CERDO 443 CERDO rarla de sus compañeras para evitar que las atormente ó les haga daño. La cerda puede parir dos y tres veces al año; su preñez dura ciento trece dias, ó como vulgarmente se dice, tres meses, tres semanas y tres dias. A los ocho años ya no sirve para la repro- ducción de la especie; pero puede en- gordarse, lo que no tendría lugar si se esperase más tiempo. La cerda tiene por lo común de diez á doce crias que se llaman ledio- nes\ á veces de quince á veinte y aun más. En las cerdas primíparas es preciso tener gran cuidado á fin de que no devoren sus hijos, lo cual se evita frotándolos con una esponja mo. jada en cocimiento de áloe, de cua- sia, de ajenjo ó de cualquier otra planta amarga. Deben dejarse á la cerda tantos lechones como tetas tie- ne, por la razón de que ellos conser- van siempre la teta en que han ma- mado la primera vez, y cada cual adop- ta la suya; si alguno muere, la teta de que mamaba queda vacante y se agota en poco tiempo. A las tres se- manas se toman los lechones destina- dos para el consumo, Antes de tomar- los conviene hacer salir del establo á la madre, y alejarla bastante para que no pueda oír sus chillidos, lo que la pondría furiosa; al volverla al establo debe dársele de comer para distraer- la. A la edad de ocho á diez semanas se separan de la madre los otros le- chones, y se disminuye el alimento de la cerda para que la leche dismi- nuya y se retire. Los lechones desti- nados á la ceba deben ser castrados entre los quince dias y los tres me- ses. Hasta la edad de dos años en- gordan con suma facilidad; peí* en los sucesivos es dispendioso cebarlos y la carne no tiene el gusto tan deli- cado. Los cerdos se alimenta de gran nú- mero de sustancias vegetales ó anima- les. Los bagazos de la extracción de aceites y otros productos, el trébol, la lucerna, la achicoria, las ortigas, la algarroba, las habas, las arvejas, los fréjoles, las castañas, la bellota, los granos averiados, las cascarillas de los granos, las harinas, las raíces tube- rosas, la calabaza y otras cucurbitá- ceas, etc., etc., son los principales ali- mentos vegetales que pueden em- plearse en la cria, sustento y cebade los animales de la raza porcina. Tam- bién comen carnes corrompidas. Son ciegos por la sangre y las carnes san- guinolentas, y ejemplos hay de que hayan devorado á los niños en la cu- na. En la orilla del mar se puede sa- car gran partido de la pesca para la alimentación de los cerdos; y la car- ne del caballo produce un tocino muy sabroso y consistente. El uso de la sal común es muy ventajoso á losani males de cerda y les mejora la carne. En los pastos comen estos animales la mayor parte de las yerbas que á su paso encuentran, raíces, frutos, re- toños de árboles, insectos y todos cuantos animálculos pueden atrapar. Los cerdos jóvenes y viejos temen mucho el frió, razón por la cual los climas cálidos les son más favorables. Un cerdo puede vivir de quince á veinte años; raras veces se les permi- te llegar á esta edad; comunmente se CERDO 444 CERDO hace si^ matanza á la edad de dos años, aunque pueda dejárseles crecer hasta los cuatro y aun hasta los cin- co. Para ser el cerdo bueno de comer, no debe tener ni poca ni mucha edad, es decir, no debe ser muy joven ni muy viejo. Prefiérese, por lo general, el que solo tiene de ocho meses á un año. La carne debe ser sólida y roji- za, desechándose por mala la que es- té sembrada de glándulas pequeñas, blancas ó rosadas: esto es señal de que el cerdo está afectado de ladrería, y semejante carne, sin que precisamen- te sea nociva, pierde casi todas sus buenas cualidades. En el cerdo no hay ningún desper- dicio. todo es aprovechable: la carne, la sangre, los intestinos, las visceras, la cabeza, las orejas, la lengua, los piés, la gordura y el tocino, son la base de un gran número de comidas. La carne es muy nutritiva, si bien un tanto difícil de digerir. La del verraco y de la cerda es ménos esti- mada que la del cerdo castrado." En cuanto á los lechones, tienen la carne sumamente delicada. La carne de cerdo se ahúma y se salamuy bien, to- ma la sal con gran facilidad y, así sa- lada, se conserva mucho más tiempo que las otras carnes. Su piel sirve para hacer cribas, forrar cofres y en- cuadernar los libros de tamaño gran- de. La gordura de los intestinos de la manteca que se emplea en las po- madas y ungüentos; por último, sus cerdas sirven para hacer pinceles y escobillas. Los animales de la raza porcina es- tán sujetos á muchas enfermedades, entre las que se cuentan como prin- cipales: la ladrería, la úlcera de las orejas, el carbúnculo, la diarrea, la esquinencia, la sarna, pneumonía, las orinas sanguinolentas, la rabia, la triquinosis, etc. Exámen del cerdo en la ocasión de la compra. Cuando se compra un cerdo, necesario es, sobre todo, reco- nocer bien su lengua para cerciorarse si no existen en su base gusanos en forma de vejiguillas, cuya presencia constituye la dolencia designada bajo el nombre de ladrería. (Véase esta palabra.) Modo de conocer la edad del cerdo. El cerdo tiene cuarenta y cuatro dien- tes: veintidós en cada quijada, que se dividen en seis incisivos, dos col- millos y catorce molares. Los incisivos de la quijada supe- pior no tienen la misma figura ni el mismo tamaño que los de la quijada inferior. Los delanteros y los media- nos de la quijada superior ofrecen en la figura y en la cavidad que en su mesa presentan, cierta analogía con los del caballo. Los mismos dientes en la quijada inferior son inclinados ha- cia adelante. En ambas quijadas, los angulares están aislados entre los me- dianos y los colmillos, siendo mucho menores que los otros incisivos. Los colmillos, que en el macho son de mayor desarrollo, crecen durante la vida del animal; salen fuera del hocico, y constituyen un arma muy peligrosa en el jabalí, en el cual se llaman defensas ó navajas. Los col- millos de leche son caducos como los incisivos. CERDO 445 CEREBRO En cuanto á los molares, que figu- ran en numero de catorce en cada quijada, y siete de cada lado, aumen- tan gradualmente de volúmen, desde el primero- hasta el último, que es de muy gran calibre. La edad del cerdo solo puede ser reconocida de un modo casi exacto hasta los tres años. Este animal nace, por lo regular, con los angulares y los colmillos, y entre los tres y cuatro meses com- pleta su primera dentición. A los seis meses, se caen los angu- lares de la quijada inferior; despun- tan los angulares sustituyentes; los delanteros y los medianos caducos es- tán un poco gastados. A los diez meses, cáense los an- gulares superiores, despuntan los an- gulares sustituyentes, y también cae el colmillo inferior. A los' once meses, los colmillos de leche se ven sustituidos por los de adulto. Entre los veinte meses y los dos años se verifica la sustitución de los delanteros caducos en ambas quija- das. Desde los dos años y medio dios tres años, los medianos superiores, así como los inferiores, experimen- tan idénticas mudanzas. A los tres años el cerdo tiene to- dos los dientes. Los delanteros es- tán ennegrecidos y algún tanto gas- tados en la punta. Desde esta época para en adelan- te, conviene calcular ateniéndose á la longitud de los colmillos, que levan- tan el labio superior del hocico á los tres ó cuatro años, y lo sobrepujan á los cinco; en tanto que á los seis años el colmillo inferior principia á salir y contornearse por la parte de afuera. Cerebrítis. Inflamación ael cere- bro. V. Encefalitis. Cerebro. Sesos del hombre y de los animales. A veces se da este nom- bre al encéfalo, que es toda la masa contenida en el interior del cráneo; otras veces se llama más particular- mente cerebro á una porción conside- rable de esta masa que ocupa la par- te superior y anterior de la cavidad del cráneo, denominando cerebelo á la parte inferior trasera. Al cerebro se atribuyen las percepciones, la in- teligencia, las inclinaciones y las de- terminaciones de la voluntad. El ce- rebro está continuado en el interior y á lo largo de la columna vertebral con la médula] del cerebro, así bien como de la médula, parten los 'ner- vios, cordones blancos que son los con- ductores de la sensación y del movi- miento. Lo mismo que los otros órganos, el cerebro se inflama, se modifica, en- durece ó ablanda, y esas alteraciones perturban las facultades de la inteli- gencia, que suelen alterarse aun sin que ninguna lesión material lo indi- que. La locura, el histerismo, la gota coral, la hipocondría, son afecciones ó dolencias del encéfalo; y sin embargo no se encuentran comunmente lesio- nes anatómicas en las personas que de esos males sucumben. Las dolencias del cerebro, las pa- rálisis y las convulsiones ó contractu- CEREZA 446 CERVEZA ras existen siempre en el lado opues- to al del hemisferio central afectado. Cerebro (Absceso del). V. tomo I. pág. 8. Cerebro (Cáncer del cerebro). V. tomo I pág. 366. Cerebro (Conmoción del). V. CONMOCION CEREBRAL. Cerebro (Congestión del). V. CONGESTION CEREBRAL. Cerebro (Hemorragia del). La hemorragia del cerebro, caracterizada por la efusión de la sangre en medio de la sustancia cerebral rasgada-, sue- le ser el resultado de una ruptura vascular. Es una forma de la apo- plegia cerebral. V. Apoplegía cere- bral. - Cerebro (Heridas del). V. Heri- das DEL CEREBRO. Cerebro (Inflamación del). V. Encefalítis. Cerebro (Reblandecimiento del). V. Reblandecimiento. Cereza. Fruto del cerezo. Prunus cerasus, Linneo, árbol de la familia de las Rosáceas-amigdáleas, muy co- mún en España y en todos los climas templados; en América se encuentra en las regiones extratropicales; exis- ten muchas variedades. Las ceresas son redondas, de color encarnado su- bido, á veces purpurino oscuro, rosá- ceo ó blanco-amarillento, según las variedades. Son muy suculentas, más ó ménos ácidas ó azucaradas, muy sa- ludables y refrigerantes. Con ellas se hacen jarabes, dulces, ó se conservan en aguardiente. Los rabos ó pedún- culos de las cerezas son diuréticos, y se usan en infusión, preparada con 8 gramos (2 dracmas), y 500 gramos (16 onzas) de agua hirviendo. Cerraja, Sonchíis leves. Velloso. Planta de la América del Sur, de la familia de las Chicoráceas. Se come cocida, y su cocimiento se usa como desobstruyente y depurativo. Este cocimiento se hace con 15 gramos (| onza) para 500 gramos (16 onzas) de agua. Cerrtmen. V. Cera del oído. Cerrera del rio Alhama. Espa- ña. Aguas sulfurosas calcicas, frías. Situadas á trece leguas de Logroño, capital de la provincia que lleva el mismo nombre. Son trasparentes, de olor y sabor sulfurosos, de 15° centí- grados de temperatura. Cada litro contiene 2 gramos 39 centigramos de sustancias fijas, que son: carbonato de cal: sulfates de cal, de sosa, de mag- nesia; cloruro de magnesio; ioduro de magnesio; gases: ácido sulfhídrico, ázoe y ácido carbónico. Se emplean en baños, bebidas, estufas, contra las enfermedades de la piel, sifílides, ca- tarros de la vejiga y leucorreas. El establecimiento, que es moderno, tie- ne habitaciones cómodas y fonda. El viaje se hace por ferrocarril de Ma- drid á Zaragoza, siguiendo la línea de Pamplona y tomando la diligencia para los baños en las estaciones de Castejon y Tudela, porque ambas es- tán en combinación con los trenes. Cerveza. Producto de la fermenta- ción de la cebada previamente germi- nada y tostada, con la adición de lú- pulo, del boj ó de otras sustancias amargas y aromáticas. La cerveza es la bebida habitual de los Holandeses CERVEZA 447 CESAREA Ingleses, Alemanes, Polacos, y en ge- neral de todos los pueblos del Norte. Los ingredientes de que se fabrica varían mucho según los países. La cerveza fuerte como la de Inglaterra, es un tónico generoso, que principal- mente conviene á los temperamentos linfáticos, á los individuos escrofulo- sos, y en las enfermedades caracteri- zadas por debilidad general. La cer- veza floja contiene pocos principios nutritivos y excitantes; activa la se- creción de la orina, conviene á los temperamentos secos, biliosos y ner- viosos. Por sus cualidades diuréticas, es muy útil á los individuos atacados de gota, arenillas y otras enfermeda- des urinarias, y á los que padecen de dureza de vientre. La cerveza está muy sujeta á alterarse, y principal mente á acedarse. Hé aquí la composición de las cer- vezas inglesas: Cerveza negra ó Poter. Cebada preparada, 10 litros; raíz de regaliz, 125 gramos; extracto de esta misma planta, 125 gramos; caramelo, 125 gramos; lúpulo, 125 gramos; melaza, 250 gramos; pimienta de Guinea y gengibre seco, 4 gramos; agua en can- tidad suficiente. Cerveza blanca [Ale ordinario). Cebada preparada, 32} litros; lúpulo, 1 kilogramo; azúcar, 1} kilogramos. Añádase agua en cantidad suficiente para henchir un barril ordinario. Ale blanca [Palé-Ale). Cebada preparada pálida, 123 litros; lúpulo, dos puñados; extracto de grouts (in- fusión de cebada fermentada y evapo- rada hasta una consistencia un tanto gruesa), 3 á 4 kilogramos: levadura de cerveza, 1,500 gramos; agua eu cantidad suficiente. Cesárea (Operación). Se da nombre de operación cesárea á la kg- cision practicada en las paredes del vientre y del útero para extraer el feto. Los Romanos llamaban casare^ á los que venían al mundo merced á esta operación, y tal fue el origen del nombre dado al primero de los Césa- res, á César, el vencedor de los Gal&K Al principio no era practicada sübü . en el cadáver de la mujer, cuando,, en 1500, un cirujano en Turgovia (Suiza), la practicó en una mujer viw que.no podía parir de otro modo; obtu- vo un feliz resultado, salvó á la madre y al hijo. Esta operación está indicadí¡ cuando la mujer se muere en los úl- timos tiempos de la preñez, ó en, una época posterior al término de la via- bilidad del feto; los vicios de conícu- macion del bacinete, ó la presencia de tumores que, estrechando las-vías naturales hasta el punto de imposi- bilitar el parto por el fórceps ó por la mutilación del feto que se supone muerto, son las causas que la indican en la mujer viva. En una mujer llegada al término del embarazo, y cuyo bacinete no mi- de 5 centímetros en su más corto diá- metro, la embriotomía, esto es, la di- visión del feto, es larga y difícil; la mujer corre peligro de muerte, y el feto está perdido; lo mejor es recurrir á la operación cesárea cuando no k ha provocado el aborto ó practicado £ 1 parto ántes del término. En una mujer que se muere dG OESAREA 448 SETACEOS «éfímo al nono mes de embarazo, pre- dio es en el momento de su muerte, así que los latidos del pulso han ce- sado, recurrir á la operación cesárea >yf.ara extraer el feto, que en esta épo- ica es viable. He aquí cómo se practica la opera- ción cesárea en la mujer viva. Acostada la mujer en la orilla de •da cama, se le hace una incisión en el vientre, de abajo arriba, sobre la lí- -'rita mediana, y de 15 centímetros de ¿largura, principiándola á 3 centíme- por cima del púbis; llégase des- pues con precaución, cortando capas por capas, á los diferentes tejidos, ^aáta el útero, que se abre practican- Aú una herida paralela á la del vien- ¿rg- después el operador practica una ■■abertura en la bolsa de las aguas y la sfeide con el bisturí terminado en bo- sirviendo el dedo índice de con- dtetor al bisturí. Extráese el feto pm: la parte en la cual se presenta; át liga el cordon umbilical; luego se T¿&an las páreas; se lava la cavidad ^ferina, se enjuga la sangre con una esponja, reúnese la parte superior de la herida del vientre con tres puntos de sutura, dejando una abertura abajo para dar salida á los líquidos que pue- den hallarse en el útero. No es nece- sario hacer suturas en el útero, ni li- gaduras, á menos que alguna arteria importante no estuviere abierta. Las mntracciones uterinas mantienen en wntacto los bordes de la herida, é impiden la hemorragia.-Después de la -operación, se hacen en el útero, por la vagina, inyecciones de agua ^emplada, y se comprime el vientre con una toalla aplicada alrededor del cuerpo. En la mujer muerta la operación se practica de la misma forma, y con las mismas precauciones; solo que los cuidados subsecuentes no son necesa- rios para la mujer. Cestona. España. Aguas salinas calientes y templadas, á dos kilóme- tros de la villa de Cestona y á cuatro de Tolosa. Son claras, sin olor, de sa- bor salado, untuosas al tacto, tempe- ratura de 27° á 31° centígrados. Con- tiene cada litro 8 gramos de sustan- cias fijas, que son: cloruros de sodio, de calcio, de magnesio; sulfates de sosa y de cal; sílice. Son purgantes y se emplean en bebidas y en baños, en los ingurgitamientos del hígado y del bazo, neuralgias, leucorreas, es- crófulas, enfermedades cutáneas. El establecimiento tiene muchas como- didades balnearias; pilas de jaspe, sa- lón de reunión, billar, y ademas un lindo jardín. En los alrededores hay muchos sitios pintorescos. El viaje se hace de San Sebastian, en Guipúzcoa, por ferrocarril, hasta la estación de Tolosa, de donde se puede ir en ca- rruaje. La estación de los baños es del Io de Junio á fines de Setiembre. Son aguas muy frecuentadas. Setáceos. Orden de mamíferos marinos, el cual abraza todos los ani- males que, con una organización aná- loga á la de los mamíferos, afectan la forma exterior y las costumbres de los peces; tienen pulmones, sangre caliente, cola cartilaginosa horizontal, pechos con que amamantan á sus hi- jos, »y no pueden permanecer bajo el CIANOSIS 449 CIATICA agua más de quince á veinte minutos, porque están obligados á respirar el aire atmosférico. Los cetáceos llegan, en general, á tener un tamaño enor- me. A ésta clase de animales perte- necen las ballenas, los cachalotes, los delfines ó golfines, las marsoplas y atunes. Su piel es desnuda é interior- mente forrada de una espesa capa de gordura. Por último, muchos de ellos tienen orificios ó respiraderos en la cabeza, por los cuales arrojan el agua que sorben. Cianósis. Color azul, á veces de- negrido ó lívido, de la piel. General- mente se atribuye á la mezcla de la sangre arterial con la sangre venosa; pero el cólera prueba que la piel pue- de tomar el color azul sin que dicha mezcla tenga lugar, miéntras otros fe- nómenos atéstiglian que la estagna- ción de la sangre en los vasos capila- res es bastante á producir ese efecto. La cianosis puede existir con la per- sistencia del orificio que deja comu- nicar las cavidades del corazón en el feto, en los prime'ros dias y meses de la vida intra-uterina, y que comun- mente se cierra en el sexto mes del embarazo; pero esta persistencia pue- de realizarse sin cianosis. La ciano- sis ha sido observada cuando la dispo- sición de los vasos magnos haya sido anormal en su origen, como en los in- dividuos bien conformados, pero do- lientes que no tenían otra alteración orgánica mas que la adherencia del corazón al pericardio, ó de . las pleu- ras á los pulmones. Depende, pues, de causas diversas. Desarróllase casi siempre en seguida del nacimiento; pero también puede declararse algu- nos meses y hasta un año después, como hay ejemplos. Se puede vivir con ella largo tiempo, y solo es cura ble cuando depende de una perturba- ción pasajera de la , respiración. El tratamiento consiste en reposo abso- luto, y en el empleo de las prepara- ciones de digital á fin de moderar las contracciones tumultuosas del cora- zón. Cianuro de potasio ó Hidrocia- nato de potasa. Sal sólida, blanca, cristalizada en cubos, de color acre y amargo, muy soluble en el agua, me- nos soluble en el alcohol: sin olor cuan- do está recien preparado; pero expue- to al aire libre atrae la humedad, se descompone poco á poco, y esparce olores de ácido prúsico. Calmante, como es ácido, se Em- plea externamente en las cefalalgias y neuralgias de la cara. Interiormen- te, está recomendado en las afeccio- nes nerviosas; pero debe administrar- se con gran prudencia, porque en do- sis algo elevada es un veneno violento y se altera al cabo de dos ó tres me- ses. La disolución de cianuro de po- tasio en agua sirve para quitar las manchas de piedra infernal en la ropa. Ciática ó Gota ciática. Se llama gota ciáticá, ó simplemente ciática, un dolor del nervio ciático. Este ner- vio pasa por la parte media de la nal- ga, recorro profundamente la parte exterior del muslo, y, al llegar á la curva de la pierna, se divide en dos ramos, de los que el principal se di- rige hácia el lado externo de la pier- na y del pié. Ahora bien, en la afee- CIATICA 450 CIATICA cion de que se trata, las punzadas que la caracterizan recorren una parte ó toda la longitud del trayecto del ner- vio ciático. La ciática puede atacar en una misma persona ambas piernas á la vez, aunque por lo general no suele ocupar más que un lado, solo, el izquierdo. Causas. Esta dolencia es produ- cida por las variaciones atmosféricas, por la supresión de la traspiración, ejercicios violentos, excesos en el ré- gimen, é impresiones morales muy vivas. Síntomas. El dolor que caracteri- za este mal no ataca con la misma intensidad toda la extensión del ner- vio ciático. A veces principia en la nalga ó en los riñones, se dilata á la curva de la pierna, y llega hasta el pié, siguiendo una de las divisiones del nervio. Otras veces, lo que es más raro, el dolor sube de las divisiones al tronco. En ocasiones es débil, se- mejante al que resulta de una punza- da. Se aumenta por la compresión sobre el trayecto del nervio, por los movimientos, por la tos y por los es- fuerzos. En otras ocasiones el dolor consiste en punzadas muy violentas, en sensaciones de frió ó de calor in- tensos, en calambres y sacudidas pe- nosas. Fuera de esto, no se percibe nada en el exterior, el muslo no se encuentra hinchado, ni existe fiebre. Solo al cabo de algún tiempo es cuan- do la ciática llega á su mayor inten- sidad. El dolor ofrece muchas varian- tes en su fuerza y duración; desapa- rece por algún tiempo y vuelve á mostrarse de nuevo. La ciática no es causa determinante de la muerte en ningún caso, pero personas hay que conservan este dolor muchos años; en general, no obstante, suele curarse con un tratamiento bien dirigido. Pue- de durar meses y años, como desa- rrollarse y cesar en pocos dias. La ciática, cuando tiene larga duración, puede ocasionar el enflaquecimiento del miembro, un temblor continuo y una debilidad progresiva. Tratamiento. Cuando la ciática es reciente, á veces la aplicación de si- napismos en el lugar dolorido basta para hacer que el mal desaparezca. Pero si el dolor es intenso; conviene apelar al medio más enérgico, el cual consiste en la aplicación de los cáus- ticos, con que el dolor debe ser per- seguido en todas las partes que inva- da. Antes de hacer la aplicación del cáustico, hay que recurrir á las fric- ciones con uno de los siguientes lini- mentos: 1° Esencia de trementina..60 gram. (2 onzas). 2° Esencia de trementina..30 gram. (1 onza). Aceite alcanfo- rado 30 gram. (I onza). 3o Bálsamo tranquilo. ..30 gram. (1 onza). Láudano d e Sydenham..3O gram. (1 onza). 4o Linimento amoniacal. .60 gram. (2 onzas). El uso interno de la esencia de tre- mentina es sumamente provechoso contra la ciática que resiste á los me- dios externos. He aquí la receta se- gún la cual se administra este medi- camento: CICATR1S 451 CICUTA Pildoras de esencia de trementina. Esencia de trementi- na 10 centigramo (2 gran.) Cera blanca. 10 centígram. (2 gran.) Azúcar e n polvo ... cantidad suficiente. Derrítase á un calor suave la cera con la trementina; déjese enfriar, añádase el azúcar, y hágase una píl- dora, y como ella 59 más. Dósis\ de 6 á 12 píldoras al di a. La esencia de trementina puede ser tomada bajo la forma de cápsulas pequeñas, llamadas perlas, que se venden en las farmacias. Dósis'. de 6 12 perlas por día. Si todos estos medios no aprovecha- ran, se emplearán las inyecciones sub- cutáneas con la solución de hidroclo- rato de morfina, del modo indicado en el artículo Neuralgias. Cicatriz ó Costurón. Así se llama el tejido nuevo que se forma á con- secuencia de las heridas y úlceras que sanan. Este tejido es resistente,duro y de color blanquecino. La cicatriz per- manece toda la vida; es más extensa en las heridas que supuran mucho tiempo que en las que sanan pronto. En las heridas, cuyos lábios se reunen inmediatamente por medio de puntos falsos, la cicatriz es linear y poco vi- sible. I na de las propiedades de la cicatriz es tender constantemente á retraerse, aun mucho tiempo después de su formación; de aquí resulta la poca extensión de la cicatriz en pro- porción de la anchura de la herida. Esta ventaja es desgraciadamente compensada por los numerosos incon- venientes y deformidades que resul- tan de esta retracción. La cicatriz, en efecto, al contraer- se, tira y acerca los tejidos á que es- tá unida. Sumamente fácil es concebir que de esto deben resultar dislocaciones de las partes vecinas; por eso se observan casos en que los párpados se vuelven; los dedos y los brazos se encogen, sin. que haya medio de extenderlos. Háse visto también la mandíbula unida al pecho por la acción de quemaduras; las ventanas de la nariz, boca, ano, y vagina retraídas ó cerradas' otras ve- ces, dos partes contiguas como dos de- dos, por ejemplo, hallándose aproxi- mados se cicatrizan juntos y se que- dan pegados. ¡Todas las heridas con pérdida de sustancia, y especialmente las-quemaduras, pueden producir tales retracciones y adherencias. En gene- ral, para evitar estos accidentes, se debe por medio de ligaduras exagerar la extensión del miembro, si la cica- triz tendiese á producir la flexión y vice-versa. Pueden evitarse las adhe- rencias anormales, poniendo entre las partes contiguas hilas ó tiras de lien- zo; los orificios naturales se dilatarán por medio de hilas ó esponjas prepa- radas, etc.; pero, sin embargo, por más que se haga siempre habrá angos- tamiento. Pueden corregirse las deformidades que resultan de las cicatrices, merced á diversas operaciones quirúrgicas. Cicuta. Se aplica este nombre á tres plantas venenosas de la familia de las Umbelíferas: cicuta mayor, ci- cuta menor y cicuta virosa. Las dos CICUTA 452 CICUTA primeras merecen aquíuna descrip- ción especial. Cicuta mayor. Cicuta ordinaria, Cicuta medicinal, Cicuta de los antíguos, Giguea de Sócrates, Cicu- ta manchada. Conium maculatum- Linneo. Umbelíferas. Planta que ha- bita en los lugares húmedos de Euro- pa, á la sombra de los muros, pero particularmente en los cementerios, donde es muy común. En España se encuentra en todas partes; también figura en la flora americana. El jugo de esta planta procuró la muerte á Sócrates. Cuando principia á crecer, se parece al peregil; razón por la cual es indispensable conocerla para poder distinguirla bien. La cicuta es una planta de 1 metro á 11; su tallo liso, hueco y con manchas rojizas exterio- res, circunstancia á que debe su nom- bre; la raíz es blanca y fusiforme. Sus caracteres distintivos son: las ci- tadas manchas, las hojas de color ver- de oscuro, flores blancas, frutos casi globulosos y señalados de entalladu- ras trasversales; su olor, desagradable en extremo, ha sido comparado al de la orina de gato; estos son los signos que la distinguen. El peregil, por el contrario, tiene las hojas de un verde amarillento, que, cuando se estregan éntrelos dedos, exhalan un olor.aro- mático; los flores son blancos tirando al amarillo y sus frutos ovales. Esa va- riedad de la cicuta es la empleada en la medicina, en dosis mínima, como narcótico y calmante. Cicuta menor , Cicuta de los jardines ó jardinera, Falso rere- gil. Aethusa cinapium, Linneo. Um- belíferas. Su tallo alcanza 50 centí- metros de elevación. A veces ha sido confundida con el peregil. Apiumpe- troselinum, Linneo, del cual no es fá- cil distinguirla cuando no está en flor. Estas dos plantas crecen á menudo juntas en las huertas, lo que hace más fácil el engaño. En la siguiente expo- sición hallará el lector algunas de las diferencias entre ambas existentes. Cicuta menor. Raíz delgada sin olor. Hojas de color verde oscuro, que exhalan un olor desagradable, cuando son restregadas entre los dedos. Tallo cilindrico, con manchas roji- zas en lo bajo. Flores blancas, en umbelas achata- das, sin involucro. Frutos aglobados é istriados. Peregil. Raíz con frecuencia grue - sa, y de gusto un tanto aromático. Hojas de color verde amarillento, que, cuando se estregan entre los de- dos, exhalan un olor aromático agra- dable. Tallo del color de las hojas. Flores de un verde amarillento, dispuestas en umbelas pedunculadas y provistas de un involucro. Frutos ovoides casi lisos. La cicuta hortense es un veneno violento. El Dr. Orfila vio sucumbir en una hora, un perro muy robusto, al cual hizo tragar siete onzas del ju- go de esta planta. En.el periódico in- titulado Archivos de Medicina, del mes de Enero de 1830, se refieren ejemplos de dos personas muertas por haber comido este vegetal en ensala- da; la primera fue acometida, nna ho CICUTA 453 CIDRA ra después de comer, de vértigos, náu- seas, de un estado soporífico, sudores frios, y enfriamiento general seguido de la muerte; la otra, habiendo toma- do un vomitivo, arrojó una porción del veneno, y no obstante, murió al cabo de algunas horas. El Dr. Nicot vio expirar un niño'en presencia suya; al principio tuvo calambres ó contrac- ciones de estómago; después entorpe- cimiento, náuseas, vértigos, abundan- tes vómitos; su cara se volvió azul, se le helaron las extremidades, el pul- so se mostró lento, y, por fin, sucum- bió. Los vómitos y la limonada de vi- nagre se deben emplear en casos se- mejantes. V. Envenenamiento. Las dos plantas umbelíferas ante- dichas, lo repetimos, son venenosas: se debe notar que en la misma familia hay vegetales alimenticios, tales como la zanahoria, el apio, el peri folio y el peregil. El uso de la cicuta fué introducido en la medicina, el año 1760, por Stork: médico del emperador de Aus- tria, Conforme á experiencias hechas primeramente en animales, y después en su misma persona, pudo reconocer sus propiedades narcóticas, y la em- pleó en los escirros poco antiguos, do- lencia contra la cual se emplea toda- vía; después se administró contra la coqueluche y los ataques nerviosos. Las propiedades de esta planta se han exagerado en exceso; y la experiencia ha venido á probar que ni un solo cán- cer ha sido curado merced á la cicuta. Los únicos efectos útiles que puede producir en la afección mencionada, consisten en calmar los dolores pun- zantes que la acompañan. Empleán- se interiormente las hojas en la dosis de 10 á 120 centigramos ( 2 á'24 gra- nos), reduciéndolas á polvo; el extrac- to de las mismas en la dosis de 5 á 60 centigramos (1 á 2 granos) bajo la for- ma de píldoras. Exteriormente en ca- taplasmas, se aplica contra los dolo- res en las afecciones escirroSas. (•icutina, Conicina, Conina, ó Coneína. Alcaloide líquido y volátil que se extrae de la cicuta. Se obtie- ne majando las simientes de cicuta; diluyéndolas en agua con cal apagada y carbonato de potasa, y destilando todo después en el alambique. La ci- cutina es un líquido incoloro ó ténua- mente amarillento, oleaginoso, alcali- no, de una densidad de 0,878; olor nauseabundo, penetrante, parecido al de la chinche; volátil, muy inflamable; soluble en cien partes de agua y en seis de éter; mézclase con alcohol en todas las proporciones; expuesta al ai- re toma el color rojo. Es muy vene- nosa: se aconsejó algún tiempo contra el asma, en la dosis de una gota, con agua y azúcar, pero es poco usada, Cidra. Fruto del cidro, citrus ce dra, Gall; arbusto de la familia de las Aurantiáceas, cultivado en España y en la América del Sur. Este fruto es voluminoso, oval, mamiloso, de corte- za rugosa, tuberculosa y roja cuando verde, y amsrilla una vez sazonado. El epicarpo, esto es, la corteza exte- rior, por la presión ó por la destila cion da una esencia de olor muy sua- ve. La corteza interior es muy espe- sa, blanca, tierna, carnosa y formando la parte más considerable del fruto CIGÜEÑA 454 CAUTERETS con ella se hacen dulces exquisitos. La baya es sumamente pequeña, con- tiene un jugo ácido, que no tiene uso. Ciego. V. Ceguera. Cientopiés. V. Escolopendra. Cigüeña. Ciconia. C. Ave que por lo común habita en las torres de las igle- sias y antiguos castillos, muy conocida en España donde se le tiene conside- ración por sus cualidades; forma parte de la tercera tribu de la familia de los Cultirostros. Este pájaro tiene el pi- co grueso, medianamente hendido- sin fosas ni surcos, las patas son rec- ticuladas y los dedos anteriores muy palmeados en su base, especialmente los externos; las mandíbulas ligeras y anchas del pico, al chocar una con otra, producen un chasquido seco, úni- nico ruido ó casi el único que hace oir. Las cigüeñas viven no lejos de losterrenos pantanosos y se alimentan sobre todo de reptiles, de peces pe- ces pequeños, de lombrices, y otros insectos; sus movimientos son lentos y majestuosos, y una 'conformación especial de la rodilla les permite dor- mir cómodamente sobre una sola pa- ta, mientras la otra la tienen plegada. La Cigüeña blanca ( Ciconia Alba, Vieil; [ Ardea ciconia, L.), aunnque llamada blanca, tiene las plumas de sus alas negras, el pico y los pies ro- jos. Es una ave hermosa y grande, de 1 metro 10 centímetros, sumamente conocida y hácia la cual el pueblo tie- ne un respeto particular, que bien me- rece por sus cualidades de sociabili- dad y por los servicios que presta; en efecto, la cigüeña blanca parece ha- ber nacido para habitar entre los hom- bres; fija su domicilio sobre nuestras casas, hace su nido sobre los tejados de las chimeneas, busca su alimento á orillas de los ríos más frecuentados, caza en los campos rurales; se esta- blece en los campanarios, y en todas partes es bien recibida y respetada. Es naturalmente dócil, nada tiene de desconfiada ni arisca, y se domestica fácilmente; verdad es que se diria tie- ne alguna nocion de la idea de urba- nidad y aseo, pues elige los sitios más retirados para hacer sus necesidades. Creese que manifiesta señales de afec- to hácia las personas que le prestan hospedaje, y sabida es su constancia en volver todos los años á los sitios que una vez ha habitado. El vuelo de la cigüeña es poderoso y sostenido; se eleva mucho y viaja á largas dis- tancias; quiere mucho.á sus hijuelos, los alimenta largo tiempo y no los desampara hasta que tienen bastante fuerza para defenderse y alimentarse por sí mismos. Como lo hemos indica- do ántes, pone su nido con preferen- cia en los puntos elevados, como to- rres, y cimas de árboles corpulentos que están cerca de los rios, de modo á poder dominar de una mirada todo cuanto la rodea. Pone de dos á cua- tro huevos, de un blanco sucio, ama- rillento; algo menores Jpero más lar- gos que los del ánsar; el macho y la hembra comparten la faena de la in- cubación. Los pollos nacen al cabo de un mes. A pesar de su facilidad en fa- miliarizarse, estas aves no se multipli- can en el estado doméstico. Las ci- güeñas vienen á España por la pri- CILANTRO 455 CINOGLOSA mavera y parten á fines del otoño; á este fin, se reunen antes, por banda- das, en alguna llanura; después cuan- do la hora de partir es llegada, se ele- van juntas y en pocos minutos se pier- den en el espacio; comunmente esta partida suele tener lugar durante la no- che y en el más profundo recogimien- to. En España, la cigüeña es conoci- da en todas las provincias. El Egipto y la Berbería parecen ser los países á donde pasan en gran parte sus emi- graciones. En todo tiempo y país la cigüeña ha merecido el respeto del hombre; podemos citar los pueblos orientales, los Romanos, hasta las hordas del fe- roz Atila que no quería levantar el sitio de Aquilea á vista de las cigüe- ñas que huían de sus muros, hecho que los bárbaros del Norte considera- ban como presagio funesto para ella Hoy dia son protegidas en Holanda y una de las causas de su protección, que también está encamada en el es- píritu del labrador español, es porque purgan los valles húmedos de serpien- tes, de ranas, sapos y otros reptiles. Cilantro ó Culantro. Coriandrum sativum, Linneo. Umbelíferas. Plan- ta pequeña cultivada en España y la América del Sur. Tiene hojas hon- damente recortadas; flores blancas con olor de chinche; frutos rugosos en la superficie, amarillos, de olor desapaci- ble á chinche cuando están verdes, y agradable después de secos. Dichos frutos se componen de dos carpelos soldados que no se separan en el es- tado de madurez. Son los frutos 11a- Eindos impropiamente simientes, los que se emplean en confitería, perfu- mería y medicina. Se hacen con ellos grajeas, que dejan en la boca un olor agradable. En medicina suelen usarse á veces para estimular la acción del estómags; preparando con ellos una infusión compuesta de una cucharada de culantro y una taza de agua hir- viendo. Cinabrio. El cinabrio es un com- puesto de azufre y mercurio. V. Mee. curio. Cinconina. Uno de los principios de la quina. . Se presenta en prismas cuadrilaterales ó pequeñas agujas anhidras, sin color é inodoras; su sa- sabor es amargo; soluble en el agua y en el alcohol, la cinconina es cas- insoluble en el éter. Posee las pro- piedades de la quinina, pero en me- nor grado. Cinoglosa. Ciníeblaó Lengua de perro. Cynoglossum officinale, Lin- neo. Borragíneas. Planta comunsí sima en España. Mide 65 centímetros de altura, tallo sencillo en la parte infe- rior. ramificado en la superior, guar- necido de hojas sésiles, ovales lanceo* ladas, de un verde blanquecino, cu-' biertas de un vello áspero. Estas ho- jas han sido comparadas á la lengua del perro, lo que dio origen á su nom- bre. Las flores son rojas ó azules con venas purpúreas. La raíz es larga, gruesa, carnosa, de color ceniciento en la parte de afuera, blanca interior- mente, insípida y de olor fétido. Há- cese secar la parte exterior de la raíz; y, reducida á polvo esta parte corti- cal, entra en la composición de las píl- doras de cinoglosa, que deben sus pro- CIRCULACION 456 CIRUELA piedades calmantes al opio que con- tienen; y no á la cinoglosa, planta ca- si inerte. Cinorrodon, Cinosbato. Fruto de de la rosa silvestre ó escaramujo, Ro sa canina, Linneo, arbusto de la fa- milia de las las Rosáceas. Este fruto es ovoide, color hermoso de escarlata; contiene una docena de simientes, cu- biertas de un vello duro y corto. Es astringente, y mezclándolo con azú- car se prepara una conserva que se administra en las diarreas crónicas, á la dosis de 30 gramos (1 onza ) por dia, Circulación, Trayecto que sin ce- sar recorre la sangre para ir del cora- zón á los órganos y volver de los ór- ganos al corazón. Para comprender bien el mecanismo de esta importante función, necesario es citar al menos la disposición de los agentes encargados de darle cumplimiento. (Véase el ar- tículo Corazou, y las palabras Arte- rias, Venas, Corazón, en el artículo Anatomía.) Lanzada en la arteria aorta por las contracciones del ventrí- culo izquierdo del corazón, la sangre, de color rojo y cargada de principios nutritivos, corre rápidamente todas las divisiones y subdivisiones de las arte- rias, llegando así al sistema capilar general, en donde da vida á todos los órganos y los materiales de todas las secreciones. Los vasos capilares, in- termedios entre las últimas ramifica- ciones de las arterias y las más delga- das radículas de las venas, trasmiten esta sangre, despojada de su cualidad vivificante y trasformada en sangre negra, á las venas, cuyas divisiones, disminuyendo sucesivamente de nú- mero, vienen á juntarse todas en las venas cavas que penetran en la aurí- cula derecha del corazón. De la aurí- cula derecha, la sangre negra pasa al ventrículo .derecho; de este lugar es lanzada por la arteria pulmonar en los pulmones, en los cuales es revivifica- da por el acto de la respiración, que le restituye su color rojo. En tal es- tado vuelta al corazón por medio de la vena pulmonar, la aurícula izquier- da; que la recibe, la trasmite al ven- trículo izquierdo, que se contrae para expulsarla por la aorta, y le hace prin- cipiar incesantemente el trayecto que acaba de recorrer. Cirrósis del hígado. V. Hígado. Ciruela. Fruto del ciruelo (Pru- nas domestica, Linneo), árbol cultiva- do en los climas templados, y muy abundante en España; cultívase en las regiones templadas de la América del Sur. Es una chupa carnosa, que contiene un hueso de la misma forma que el fruto, alberga una almendra blanca, más ó menos amarga, según la especie á que pertenezca. Las me- jores calidades son originarias de la Grecia y del Asia. La cultura ha mul- tiplicado singularmente las varieda- des de la ciruela. Las ciruelas por lo general son de gusto agridulce,1 cuan- do están maduras; son nutritivas, fres- cas ó secas, y se pueden usar en toda enfermedad. Aprovechan en particu- lar contra las arenillas. Ciruelas secas. La decocción de ciruelas secas, á la dosis de 30 gramos |1 onza) de la pulpa del fruto para 250 gramos (8 onzas) de agua, com- CLAUDICACION 457 CLAVEL pone un laxante suave, que particu- larmente conviene á los niños, por no tener gusto desagradable. Cistitis. Inflamación de la vejiga. V. Vejiga. Cistotomía. Operación que consis- te en practicar la incisión en el vien- tre ó en el perineo para llegar hasta la vejiga, con el fin de extraer de ella las piedras ú otros cuerpos extraños que puedan hallarse en el receptácu- lo de la orina. También se le da el nombre de Litotomia. V. Piedra. Citrato de magnesia. V. Magne- sia. Civeta. Sustancia untuosa y de un olor almizclado muy subido, segrega da por las glándulas sub-anales de la civeta ó gato de algalia. V. Gato de ALGALIA. Clara de huevo. Materia líquida, viscosa, formada de agua y albúmina, con algunas sales de sosa, de cal y un poco de azufre. Tiene la propiedad de cuajarse mediante la acción del ca- lor. Las claras de huevo están indi- cadas y se emplean para combatir la diarrea; en bebida, dos claras de hue- vo en una taza de cocimiento de arroz, tres veces al dia, y en lavativas, dos claras en una taza de infusión de li- naza, dos veces al dia. Este sencillo remedio ha curado diarreas rebeldes á los remedios más enérgicos. V. Al- búmina. Claudicación. Cojera, Cojo, La claudicación reconoce por causas: 1° el alargamiento ó acortamiento de uno de los miembros inferiores, lo cual tie- ne lugar en las dislocaciones espontá- neas del muslo, después de ciertas fracturas complicadas, después de las dislocaciones no reducidas, etc.; 2° la anquilósis de una de las articulaciones del miembro inferior; 3" una debili- dad ó parálisis de los músculos; 4o un dolor, cualquiera que sea la causa que o produce, en el pié ó en el tobillo. La claudicación se combate según fueren las causas productoras; no po- cas veces suele ser incurable. Cuando es debida al encogimiento de un miem- bro, puede, hasta cierto punto ó en cierto modo, remediarse por medio de un calzado con talón alto. Las diver- sas causas de la claudicación se en- cuentran examinadas por separado en artículos especiales. V. Anquilósis, Coxalgia, etc. Clavel. (Planta). Dianthus. Gé- nero de la familia de las Cariofilá- ceas, tipo de la tribu de las Dianteas; contiene plantas herbáceas, la mayor parte vivaces, esto es, que duran más de tres años; de hojas opuestas, linea- res; tallo verde, articulado, más ó mé- nos ramoso, terminándose en flores aisladas ó en ramilletes más ó ménos voluminosos; cáliz tubulado de cinco dientes, rodeado en la base por mu- chas escamas imbricadas: cinco péta- los, denteados ó fruncidos; cápsula unilocular, oblonga, con muchas si- mientes.-El género clavel encierra casi cien especies, que se cultivan en los jardines: 1° Clavel propiamente dicho, Clavel común ó de los jardines. Dianlhus caryophyllus; es la espe- cie más común en los jardines. Todos conocen la forma elegante de sus flo- CLAVEL 458 CLAVO DE ESPECIA res, las bellas variedades de sus colo- res, y la fragancia que exhalan. En- tre las numerosas variedades de esta especie, cítase, sobre todo, el Clavel rojo, el Clavel blanco puro; el blanco salpicado ó jaspeado de color de ro- sa, rojo ó purpúreo; el amarillo san- guíneo^ todas las variantes del color rosáceo desde el de carne hasta el rojo purpúreo. Las hermosas variedades de claveles, lo mismo que los tulipa- nes y los jacintos, llevan nombres pom- posos tales como el Júpiter, el Ayax, el Apolo, el Cetro real, etc. 2? Clavel soberbio, Dianthus su- perbus, llamado así por causa del ex- celente perfume y belleza de su flor; su tallo está ramificado en el ápice; sus hojas son un tanto anchas; las flo- res dispuestas en ramilletes, de color de rosa pálido, ó enteramente blan- cas; los pétalos agradablemente recor- tados hasta la mitad de su anchura; cuatro escamas en la base del . cáliz. 3° Clavel hermoso, Dianthus moschatus ó plumarias', se distingue por una infinidad de flores rosadas, que exhalan un olor delicioso; cultí- vase para bordaduras, y se multiplica por esquejes; es vivaz, pero conviene renovarlo ó replantarlo cada tres ó cuatro años, porque, de otro modo, acaba por desguarnecerse ó despoblar- se en el centro. Hay diferentes va- riedades de esta especie: el blanco, el rosado jaspeado de color purpuri- no, etc. 4" Clavel barbudo, Dianthus barbatus, vulgo clavel de poeta rami Hete perfecto', no huele, pero sus flo- res, reunidas en un haz espeso, color rojo oscuro, á veces blancas, ó blancas salpicadas de rojo, producen un efec- to magnífico. 5° Clavel productivo ó doble, Dianthus prolifer, el mayor de to- dos; es llamado de este modo á cau- sa del gran número de pétalos conte- nidos en su cáliz, que, comunmente, no pudiendo caber en aquel lo rompen á fin de abrirse paso; en estas circuns- tancias se sujeta la flor con una carta ó un papel. Los claveles pueden multiplicarse de tres diferentes maneras: por si- mientes, por mugrones ó vastagos y por estacas. Están sujetos a la enfer- medad llamada gancho ó garabato: es un nudo que se forma sobre el ta- llo de los mugrones y les produce el gancho. Con los claveles, aguardiente y azú- car se confecciona un licor llamado ratafia de clavel. Los perfumistas extraen la esencia del clavel para componer perfumes. En la farmacia, con los claveles encarnados, agua y azúcar, se hace un jarabe cordial. Clavicula. Hueso largo, situado á ambos lados y casi trasversalmente por bajo del cuello; se puede fácilmen- te percibir al tacto. Su forma es tor- cida y semejante á la letra S. No es tan corvo en la mujer como en el hombre. - Clavícula. (Fractura de la). V. Fractura. Clavillo. V. Clavo de especia. Clavo. V. Furúnculo. Clavo de especia, de la India, aromático ó clavillo. Se da en bo- tánica este nombre á la flor en boton CLAVO DE ESPECIA 459 CLIMA. del clavero ó giroflero, Caryophylus aromaticus, Linneo, arbusto de la fa- milia de las Mirtáceas, originario de las Molucas, naturalizado en la Isla de Francia, Borbon, Guyana, Brasil y otros puntos de la América meridio- nal, donde su culttivo da buenos re- sultados. Todas, las partes del clave- ro son aromáticas; pero las flores de este arbusto tienen mayor riqueza de aroma que los demas órganos, espe- cialmente cuando aun no se han abier- to del todo; son conocidas bajo el nom- bre de clavos de especia o clávo aro- mático, así como también bajo el de clavillo; se usan en gran número de preparaciones culinarias. Una cebolla picada, de dos á tres clavos, y metida en el puchero, da buen gusto al caldo. El clavo asociado á la canela sirve también para aromatizar las frutas preparadas con aguardiente. Los mejores clavos de especia son pesados, de color rojo oscuro; están provistos de nna cabeza y trasudan, cuando se quiebran, el aceite volátil de que están impregnados. El mismo olor y el sabor mismo que distinguen á los clavos, existen en las otras par- tes del clavero, tales como la raíz, ho- jas y flores abiertas. Los botones que se sustraen á la cosecha dan un fruto del tamaño de una almendra y de olor muy aromático. Estos frutos sirven para la procreación ó regeneración del arbusto, ó bien para la preparación de los dulces. El aceite volátil que los químicos extraen del clavo de es- pecia es sumamente acre y cáustico. Empléase no solo como perfume, sino también aún para calmar, en cierto modo, por una especie de cauteriza- ción, los dolores de las muelas caria- das: en este caso se echan algunas go- tas sobre algodón en rama, y este se introduce luego en la cavidad de la muela cariada. El clavo reducido á polvo se emplea en la dosis de 40 á 60 centigramos (8 á 12 granos), mez- clado con azúcar, como excitante y estomacal. Clavo. Entrada de un clavo en el pié ó en cualquiera otra parte del cuerpo. Sacado este cuerpo extraño conviene lavar la herida con agua fría, y aplicarle paños mojados en la mis- ma por espacio de cinco á seis horas. Después de esto se aplican en la he- rida cataplasmas de linaza. Excusa- da es la escaldadura de la picada con aceite caliente, como muchas gentes practican. Clima. Clima es propiamente el espacio comprendido en los mapas geo- gráficos entre dos círculos paralelos al ecuador; pero, por extensión, se llama clima una región en que la tempera- tura y demas condiciones atmosféricas son poco más ó menos las mismas. Los climas ejercen sobre lo físico, así como sobre la moral del hombre, una poderosa influencia, resultante de los efectos simultáneos de la luz, del ca- lor, de la electricidad, de la humedad, de los vientos, de las producciones y naturaleza del terreno, de la posición de los lugares, de la cultura de las tierras, y tal vez de algunos otros agentes no conocidos. Siendo los climas relativos á la si- tuación respectiva del sol y de la tierra, podrían multiplicarse al infini- CLIMA 460 CLIMA to, ó por lo menos marcarse por cada grado de latitud. Pero admitiendo se- ' mojantes divisiones, los fenómenos naturales que les corresponden po- drían confundirse. No se consideran, por tanto, sino tres climas principales: cálidos, templados y fríos. Las re- giones cálidas están situadas entre el ecuador y el 30 grado de latitud; los climas templados se extienden desde el 30 al 55 grados y los países fríos del último de estos grados hasta los polos. Adoptando estas tres grandes divi- siones, necesariamente arbitrarias, la influencia del clima sobre el hombre y sobre todos los productos de la na- turaleza, está muy profundamente marcada. Seria demasiado largo este artículo, siguiendo esta observación bajo el punto de vista de la historia natural, y comparando los reinos ani- mal, vegetal y mineral de cada una de las tres zonas. Limitándonos á lo que á primera vista se percibe, dire- mos que las regiones intertropicales ofrecen los más hermosos cuadros de la naturaleza. La zona glacial, por el contrario, privada del sol, se presenta bastante mezquina en cuanto á las especies vivientes que la pueblan. Maravilloso es para el naturalista ver la especie humana habitar desde el ecuador hasta el 75 grado de lati- tud. Cuando se reflexiona que en el primero de estos climas el termóme- tro sube á la sombra hasta los 35 gra- dos, y que en el segundo desciende hasta los 50 bajo cero, lo cual da una diferencia de 85 grados, no se puede dejar de confesar que la organización humana es de una admirable elasti- cidad. Los grados de latitud no dan pro- porciones de temperatura uniformes y constantes. Así, bajo dos paralelos próximos al ecuador, el calor varía apenas; mientras que, á medida que se avanza á la zona templada y gla- cial, la diferencia termométrica se ha- ce sentir en distancias más próximas. Cerca del ecuador son necesarios de cinco á diez paralelos (550 á 1,100 kilómetros) para alcanzar un grado menos en las temperaturas medias anuales. En Francia, un espacio de 550 kilómetros del Sur al Norte pre- senta un descenso termométrico de tres grados. Desde el círculo polar adelante, se halla un grado menos de calor por cada nueva latitud. Hablemos ahora de cada uno de los grandes climas en particular. Los climas cálidos que, en ambos hemisferios, se extienden desde la lí- nea hasta el 30 grado de latitud, com- prenden gran parte de la América meridional, del Africa, del Asia, de la Nueva Holanda, de la Nueva Gui- nea, y un gran número de islas. La temperatura media de estas diferen- tes regiones es de 22° á 43° centí- grados.-Lo que algunos autores han dicho del calor del Senegal y del cen- tro del Africa parece ser exagerado. Los viajeros de buena fe no dan á esa temperatura más allá de 42°; á veces desciende en el ecuador por bajo del 25°. El termómetro se mantiene . constantemente en la zona tórrida por cima de 12° centígrados. Si por caso l desciende tal cual vez hasta cero, á CLIMA 461 CLIMA al nivel del hielo, es pura excepción, ó á causa de las circunstancias loca- les. A pesar de la constante serenidad del cielo, la mayor parte del año en las regiones equinocciales, las lluvias son allí más abundantes que en las otras zonas. En las mismas regiones se observa, con más frecuencia que en las demas partes, grandes conmo- ciones atmosféricas. Los habitantes de los países cáli- dos están más particularmente suje- tos á fiebres graves, hemorragias, en- fermedades de los órganos digestivos, afecciones nerviosas crónicas, afeccio- nes cutáneas y cerebrales. Las dolen- cias del pecho son en ellos muy ra- ras. La estación de las lluvias y las primeras semanas que le siguen in- mediatamente, son los tiempos más enfermizos. Las diferentes regiones de la zona tórrida ofrecen á la obser- vación dolencias que les son pecu- liares, tales como la fiebre amarilla de la América, el cólera de la India, la peste de Oriente, la elefantiasis, etc. Se puede alcanzar en ellas la misma longevidad que en las otras regiones, sin poseer, no obstante, aquella actividad, aquel vigor que ca- racterizan á los habitantes de los paí ses templados. Los climas extremadamente fríos, entre los cuales, avanzando del lado del polo, contamos sucesivamente á Dinamarca, Suecia, Noruega, Rusia, Siberia, Laponia, Islandia, Groenlan- dia, Kamchatka, la Nueva Zembla, el país de los Samoyedas, el Spitz- berg, presentan, con los países pi'ece- (lentes, notabilísimos contrastes. Se dice que, en la línea, el termóme- tro centígrado se eleva hasta los 43"; en el septuagésimo quinto paralelo y con particularidad en la isla de Mel- ville, líasele visto descender hasta cerca el quincuagésimo debajo de ce- ro. Así es que, el capitán Parry con su tripulación, y muchos otros mari- nos que han surcado el Océano des- de el ecuador hasta más allá de los círculos polares, pudieron comparar por sí mismos la impresión de las temperaturas en una escala enorme, en la de más de 80°. Las variaciones diurnas del calor son insignificantes en las regiones polares; pero, en com- pensación, la diferencia anual es más considerable que en el ecuador. El capitán Franklin notó entre el míni- mum del invierno y el máximum del verano, bajo la misma latitud, 81° de diferencia; esto es, 50 bajo y 31 ar- riba de cero. Esta última temperatu- ra (+ 31") parece al pronto harto maravillosa; pero atendiendo á que en estas regiones glaciales el sol perma- nece, sin interrupción, sobre el hori- zonte, desde el equinoccio de la pri- mavera hasta el de otoño, será fácil de comprender como, en este gran dia de seis meses, la acción continua de los rayos solares es suficiente para calentar el aire. Aparte las influen- cias locales, las lluvias son más raras á medida que se avanza hacia el nor- te, Desde los 55" de latitud, y el equi- noccio de Setiembre, el agua conteni- da en el aire se desprende con mayor frecuencia bajo la forma de nieve ó de granizo. El frió, la inmobilidad. CLIMA 462 CLIMA el silencio de la muerte reina en la atmósfera. En las inmediaciones de los polos nunca se dajan ver los rayos, relámpagos, trombas de agua, borras- cas ni huracanes. Por más que sea nocivo el exceso de calor, este no pue- de dejar .de ser considerado como un principio vivificante de la naturaleza, y por eso, allende los límites de la zona templada del lado del norte, las especies vivientes desmerecen ó ce- san de existir. Los árboles alcanzan únicamente la altura de los arbustos, y el mismo decrecimiento experimen- tan todos los vegetales. Esta ley de degeneración existe también en la especie humana; sabida es la peque- nez de estatura en las razas de la Laponia, entre los Samoyedos, los Ostiacos, los Tonguses y los Esqui- males. Las enfermedades de los cli- mas fríos son menos variadas, me- nos numerosas y menos funestas que en los países cálidos. Las grandes epidemias son especialmente mucho más raras en ellos. Estas enfermeda- des no ofrecen particularidades nota- bles en cuanto á la especie; si se exceptúan las gangrenas por conge lacion. Los climas templados, situados en- tre los dos extremos, del trigésimo hasta el quincuagésimo quinto grado de latitud, son los más agradables pa- ra habitar en ellos. Estos climas comprenden casi toda la Europa, la alta Asia, la Tartaria mayor, el Ti- bet, parte de la China, el Japón, la América septentrional, el Cabo de Buena Esperanza, la Tierra de Dié- men, la Nueva Zelandia, parte de Chile, Montevideo, Buenos Aires, el sur del Brasil, etc. Raro es que en estos climas el calor pase de los 37°, ni baje de los 18-0. Estos cli- mas no ofrecen, como las regiones tro- picales, la belleza de la vegetación, la excelencia de los sabores, la rique- za de los perfumes, el brillo de los colores; pero, en cambio, la serenidad del cielo, propicio á los frutos de la tierra, no obliga á los habitantes de los países templados á luchar conti- nuamente contra su inclemencia. Sin embargo, esta zona tiene también sus vicisitudes atmosféricas y sus enfer- medades. Pasaremos al presente á decir algo acerca de las influencias locales, ó de los climas accidentales y particulares, que se distinguen en cada una de las grandes zonas terrestres que quedan indicadas. Por más que el hemisferio meridio- nal reciba los rayos solares en la mis- ma dirección que el hemisferio boreal, es, sin embargo, según las observacio- nes practicadas con reiteración por Humboldt, sensiblemente más frío en latitud igual. La diferencia es sobre todo notable en los polos; la tempera- tura media del polo antartico, ó del sur, es de 23° bajo cero; mientras que la del polo ártico ó del norte es solo de 16°. La inmensa extensión de los mares en el hemisferio austral ex- plica en gran parte semejante fenó- meno. Por igual razón, esto es, por la menor elevación de la temperatura del aire sobre el agua que en los otros continentes, las islas son más templa- CLIMA 463 CLIMA das que en la tierra Armo, bajo idén- tica latitud. Sin embargo, la influencia más no- table de las localidades sobre los cli- mas se observa en las altas montañas, y sobre todo en los países cálidos. Subiendo desde la base hasta la ci- ma, se conocen, en algunas horas, los climas permanentes de la mayoi>par- te del globo. Al pié de ellas, los ca- lores del ecuador ó del verano; en la cima, los hielos perpetuos de los po- los y del invierno, y en las alturas in- termedias, las gradaciones de la zona templada, de la primavera y del oto- ño. La vegetación sigue la misma pro- gresión en esta rápida escala, como en el globo entero; ricas y vigorosas las plantas, en la base, como debajo del ecuador, van disminuyendo á me- dida que se acercan á la cima; las que aquí nacen se vuelven pobres, lán- guidas, y á la altura de 4,000 metros, toda vegetación desaparece. Sabido es que causa de la elevación del te- rreno, la ciudad de Quito, aunque si- tuada bajo la línea, goza del clima de los países templados, y que los Andes del Perú están constantemente cu- biertos de nieve. La proximidad de los pantanos in- fluye mucho en la salubridad del cli- ma. Miasmas deletéreos, resultado de materias orgánicas en descomposición, parten sin cesar de estos lugares pes- tilentes, y ocasionan muchas dolen- cias. La vecindad de estos lugares es de tal modo nociva, como saluda- ble la de los bosques. Estos enrique- cen el aire de una prodigiosa cantidad de oxígeno cuando son abrasadas por los rayos solares; mantienen una cons- tante frescura en la atmósferü, du- rante el verano, y en la estación de invierno, disminuyen, atenúan la vio- lencia del frió, paralizando el curso impetuoso de los vientos. Las vastas planicies continentales están expues- tas á todas las vicisitudes atmosféri- cas, á todos los vientos; son más ar- dientes en el verano y mas frias en el invierno que las otras localidades. La dirección de las montañas, relati- vamente al eoI ó su exposición, influ- ye de una manera considerable en la temperatura. Si una montaña recibe todo el dia la acción de los rayos del sol, la temperatura será mas cálida que lo que debería ser en la latitud en que dicha montaña está situada. Lo inverso tendrá lugar en su opuesto lado. La luz y el calor son aglomera- dos y reflejados por las laderas de los valles; el aire está interceptado en ellos, y por eso la temperatura en ta- les parajes es mucho más templado que en cualquiera otra parte. La circunstancia de la estancación del aire en los mencionados valles es funestísima á los individuos que en ellos ^abitan, y por eso están expues- tos á gran número de padecimientos. Háse observado que el cultivo de las tierras hace los países mas calientes de lo que eran ántes de labradas. Es- te hecho no tiene todavía una expli- cación satisfactoria. Fácil es de con- cebir que el agotamiento de un pan- tano haga saludable ó, mejor dicho, salubrifique una región. Pero ¿por qué razón la cultura de la tierra produce mayor suma de calor? No se sabe. CLIMA 464 CLOACA Sin embargo, el hecho no admite du- da. La antigua Galia y la Germania eran realmente mas frías que en la actualidad. Lo que prueba esto, de un modo incuestionable, es que, muchos vegetales que en tiempo de César y de Tácito no podían aclimatarse, hoy son muy comunes en esos países. El conocimiento de la topografía de un lugar ■ no es bastante para de- terminar si el clima no es salubre. La tierra, en su revolución cotidiana, atraviesa las capas de aire de dife- rentes calidades; y necesario es que la atmósfera gire con toda la tierra, para que el clima de cada país se conserve inturbable; por el solo hecho de situación bajo la latitud de una re- gión infestada, participaría de sus maleficios. En cuanto á las demas particularidades relativas al clima, véase Aclimatación. Temperaturas medias en diversas latitudes, en grados del termóme- tro centígrado. Abisinia + 31,0 Calcuta „ 28,5 Jamaica ,, 26,1 Senegal (San Luis) „ 24,6 Rio Janeiro „ 23,6 Cairo „ 22,4 Constantina „ 17,2 Lisboa „ 16,34 Nápoles „ 16,7 México „ 16,6 Madrid ,, 15 Marsella „ 14,1 Constantinopla „ 13,7 Pequin „ 12,7 París „ 10,8 Londres „ 1U,4 Bruselas ,, 10,2 Strasburgo „ 9,8 Ginebra „ 9,7 Boston ,, 9,3 Estocolmo „ 5,6 Moscou „ 3,6 San Petersburgo ,, 3,5 Monte San Godardo - 10 Isla Melville - 18,7 Clister. V. Lavativa. Cloaca, pozo. {Higiene). La cloa- ca es una excavación subterránea he- cha en forma de pozo, donde van á juntarse las aguas inútiles de una ca- sa, de una calle, de alguna fábrica, merced á caños de hierro ó de barro. Estas aguas se pierden después en la tierra, ó una alcantarilla ó acueducto las conduce á larga distancia, hasta un rio, por ejemplo. Para que la cloa- ca esté construida en buenas condi- ciones es preciso que la tierra, en me- dio de la cual ha sido abierta, sea de condición enteramente permeable, de modo que la cloaca pueda continua- mente recibir nuevas aguas sin que- dar jamas llena. En cuanto al modo de construirla, se abre un foso circu- lar ó cuadrado, y se construyen las paredes con piedras secas sin argama- sa, para impedir que las tierras cai- gan; estas paredes no deben impedir la infiltración de las aguas; por cima de esta manipostería se construye una bóveda sólida, con una abertura para dar paso al tubo conductor de las aguas. A pesar de estas precauciones, los limos viscosos, que depositan las aguas sucias, acaban por hacer imper- meable el fondo de la cloaca; preciso es entonces desahogarla y limpiarla. CLOACA 465 CLOACA Cuando se trata de limpiar una cloaca hay que tomar ciertas precau- ciones. Procédese por lo común á esta operación durante un tiempo frío; principiase por echar sobre la boca de la cloaca leche de cal gruesa (solución de cal virgen en agua), la cual se agi- ta con un palo largo; después se vacía el líquido con cubos ó por medio de una bomba; y ántes de descender por la bóveda para retirar los limos, debe introducirse en la cloaca paja encen- dida; si la llama no se extingue se puede bajar al fondo del pozo sin el menor peligro. Hé aquí la ordenanza del jefe de la policía de Paris concer- niente á este objeto, fechada el 20 de Julio de 1838, que sigue vigente aun en la capital de Francia: Instrucciones relativas á la, limpieza y reparación de los cloacas, pozos y fosas particulares. § 1. Pozos y cloacas. Guando fuere necesario limpiar un pozo ó una clo- ca, ó descender á su fondo para hacer algunas reparaciones, la primera cosa que debe hacerse es cerciorarse del estado del aire en el pozo ó cloaca con- tenido; este aire puede estar viciado por diferentes causas, y ocasionar ac- cidentes muy graves. Preciso es, pues, bajar una linterna encendida hasta la superficie del agua: si la luz no se apaga después de arder durante un cuarto de hora, se retira, y mediante un peso atado á una cuerda se remue- ve el agua hasta el fondo; se vuelve á bajar la linterna, y si, después de esta segunda prueba la luz no se apa- ga al cabo de diez minutos, los obre- ros pueden principiar' el trabajo; es importante, sin embargo, que estén provistos de un cinto, atado á una cuerda, por medio de la cual puedan ser sacados de la cloaca al menor pe- ligro de asfixia. Si la luz se apagase, debe obser- varse á qué profundidad ha cesado de arder: y no se descenderá al pozo por- que en este caso el que bajare queda- ria asfixiado. El gas ó aire mefítico, que se opone á la combustión y á la respiración, puede ser gas ázoe, ácido carbónico, hidrogeno sulfurado, ó una mezcla de todos estos gases. En la incertidumbre acerca de la naturale- za del gas, sea cual fuere, conviene renovar el aire del pozo, y para con- seguirlo, el medio más expeditivo y seguro es de la ventilación. Para establecerla, preciso es, con tablas, yeso y barro, cerrar hermética- mente la boca del pozo; en el centro de esta especie de tapa, ó cerca de su borde si el pozo es muy ancho, se hará una abertura de un decímetro de anchura, sobre la cual se colocará un hornillo que no pueda recibir otro ai- re que el del pozo; junto al borde del pozo se colocará un tubo, como los tubos para incendio, guarnecido por dentro de una espiral de alambre de hierro, á fin de conservarlo abierto, y el cual deberá descender hasta un de- címetro de la superficie del agua en aquel contenida. Una vez establecido este aparato, se llenará el hornillo de carbón encendi- do, y se cubrirá con cobertera guarne- cida de un tubo á fin de dar al hornillo la propiedad de activar la combustión y de poder deslojar así mucho aire. CLOACA 466 CLORAL Cuando el hornillo haya estado en actividad durante una ó dos horas, se retira, y se desciende la linterna al pozo; si la luz se apagase aun á corta distancia de la superficie del agua, será prueba de que el gas mefítico se reproduce. Preciso es entonces despejar el po- zo, aguardar algunos dias, agotarlo de nuevo, y volver á aplicar el hornillo ventilador, y si no se puede aplicar este aparato convendrá sustituirlo por otro cualquiera ventilador, cuyo tubo baje á tomar el aire hasta el fondo del pozo, para desalojarlo de allí. También se puede emplear un fue- lle grande de cuero, cuyo tubo des- ciende hasta una corta distancia de la superficie del agua. Después de cuatro horas de venti- lación, se usará nuevamente de la linterna, y si se apaga no habrá otro remedio que renunciar al pozo y con- denarlo. Si por un ensayo preliminar hecho por un químico, se reconociera la cali- dad del gas deletéreo que se trata de aniquilar, pueden emplearse los reac- tivos siguientes: Para neutralizar el ácido carbónico, se echan en el pozo por medio de re- gadores muchos cubos de leche de cal, y después se remueve el agua con fuerza. Para destruir el gas hidrógeno sul- furado ó carbonatado, se echará hasta el fondo del pozo un vaso de hierro, abierto, el cual debe contener una mezcla de 125 gramos de óxido negro de manganeso y 375 gramos de sal común, en que se echará, repetidas veces, 250 gramos de ácido sulfúrico del comercio, concentrado, marcando 60 grados, y conocido bajo el nombre de aceite de vitriolo. También se puede echar en el po- zo disolución de cloruro de cal en agua (30 gramos para cada litro de agua); esta última operación es mu- cho más fácil que la precedente, y sus efectos no son por eso menos seguros. Para todos los casos en que el po- zo exhalare olor á huevos corrompi- dos, y en que la luz no se apague, preciso será antes del descenso, ver- ter en el pozo muchos cubos de la in- dicada solución de cloruro de cal en agua. 4 Si el gas es el ázoe, preciso es recu- rrir á la ventilación, j verificar su re- sultado por medio de la prueba de la linterna encendida. § 2. Fosas particulares No se de- be entrar en ninguna fosa sino cuan- do una vela ó un farol pueden arder allí, y cuando la llama de dicho farol no disminuye de volúmen ni de in- tensidad de un modo notable. Si el farol no arde bien, se empleará ya la ventilación forzada, por medio del fue- go, ya merced á un fuelle. La entrada de las fosas debe ser vedada á todo obrero que se encuentre en estado de embriaguez. Clora!. Producto de la reacción del cloro sobre el alcohol. Se obtiene haciendo pasar una corriente de gas cloro seco en el alcohol absoluto. Es un líquido incoloro, anhidro, esto es, privado de agua, oleaginoso, que hu- mea algo al aire, de olor vivo y pene- trante, de sabor acre y ardiente; man- CLORAL 467 CLORAL cha el papel como los aceites, pero la mancha no subsiste; irrita los ojos, provoca las lágrimas y la tos; su den- sidad. es de 1,518. Juntando este lí- quido 10,8/100 partes de agua desti- lada, la mezcla se calienta, y tarda poco en trasformarse en masa cristali- na, blanca, sólida: es el hidrato de doral. El hidrato de cloral, aunque sóli- do, es volátil como el alcanfor, y muy delicuescente; se disuelve con facili- dad en el agua, en el alcohol y el éter; su olor es vivo y picante, su sabor cáustico. En medicina se usa del hi- drato de cloral, cuyo empleo es más cómodo que el del cloral líquido ó an- hidro; éste sirve únicamente para la preparación del hidrato de cloral. El hidrato de cloral ó cloral hidra- tado, administrado interiormente en la dosis de 3 á 6 gramos para los adultos, y en la de 1 á 3 para los ni- ños, produce el sueño en veinte ó cua- renta y cinco minutos, un débil decre- cimiento de temperatura, la peque- ñez del pulso, y una insensibilidad más ó ménos completa. El sueño pro- ducido por este medicamento dura de dos á cinco horas. Con su auxilio se pueden arrancar dientes á los niños, calmar los dolores de muelas, así co- mo los dolores neurálgicos, el cólico nefrítico, el hepático, y los movimien- tos de la corea. Pero el cloral se altera con el tiem po; si no es cristalizado y muy puro, si no se desprenden de él vapores de cloroformo, si su solución no se en- turbia adicionándole potasa, es que carece de acción y puede ser peligroso. So administra en pocion, jarabes ó lavativa. Las preparaciones líquidas del doral no deben hacerse mucho tiempo antes de su aplicación médica, porque pueden alterarse y perder su eficacia. En su acción es semejante al cloroformo; pero actúa mas lenta- mente y su efecto dura menos tiem- po. En algunos dolientes, sometidos á la acción del doral, sobreviene agi- tación muscular y moral, parecida á la embriaguez por el alcohol. Por la producción de cloroformo en la sangre, bajo la influencia de su reacción al- calina, es por lo que el doral tomado internamente produce el sueño y la insensibilidad. El hidrato de doral no debe ser da- do en dosis que exceda de 3 á 6 gra- mos (60 á 120 granos) en una sola toma, para los adultos; en los niños es necesario principiar por 1 á 2 gra- mos (20 á 40 granos) hasta 3 gramos (60 granos). Conviene proceder con prudencia, porque es medicamento peligroso. Su preparación en los labo- ratorios químicos es difícil, por lo que no siempre se puede obtener en el estado de pureza necesario. He aquí las recetas adoptadas para su administración: Pocion de doral hidratado. Cloral hidratado 5 gramos. Agua destilada 150 gramos. Jarabe de azúcar 30 gramos. Para tomar una cucharada de cuar- to en cuarto de hora. Jarabe de doral hidratado. Cloral hidratado 5 gramos. Jarabe de azúcar 100 gramos.- Cada cucharada de este jarabe con CLORO 468 CLOROFORMO tiene 1 gramo (20 granos) de doral hidratado. Dósis: de una á cinco cu- charadas en veinticuatro horas, puro ó mezclado con agua. Lavativa de doral hidratado. Cloral hidratado 1 gramo. Agua 200 gramos. El cloral hidratado, cuando se ad- ministra en dósis exagerada, ocasiona vómitos, vértigos, pérdida de fuerzas, embotamiento del juicio, erupciones en la cara y el pecho. Si la dósis es todavía mayor, sobrevienen palidez del semblante, turbación de la vista, sudores trios, debilitamiento del pul- so, estupor, coma, convulsiones y á veces la muerte. Si el cloral fue da- do en corta dósis, pero durante largo tiempo, se manifiesta un malestar ge- neral indefinible, escamadura epidér- mica de los dedos, ulceraciones super- ficiales en torno de las uñas, hinchazón del cuerpo, debilidad de corazón, y embarazo para respirar. Estos sínto- mas pueden terminar por la muerte del doliente. Se evitan tan graves acontecimientos con tener cuidado de no administrar el cloral por largo tiempo. En cuanto á los síntomas re- pentinos, ocasionados por la dósis exa- gerada del cloral, se combaten friccio- nando el cuerpo con cepillo, dando á oler vinagre ó agua de Colonia, y pro- vocando la respiración artificial como en los ahogados. (V. t. I, pág. 74.) Clorato de potasa. V. Potasa. Cloro. El cloro es un gas amarillo verdoso, de sabor y olor fuertes, des- agradables y característicos; Su den- sidad es de 2,44; viene á resultar, que es vari dos veces y media más pesado que el aire atmosférico. El olor del agua de Labarraque, de todos conoci- da, es debido al cloro. El agua, á la temperatura ordinaria, disuelve volu- men y medio de cloro. En química y en las artes, esta disolución lleva el nombre de cloro liquido. El cloro tiene tanta atracción para con el hidrógeno, que desprende este gas de todas sus combinaciones; no es oh a la razón de que el cloro descom- ponga todos los cuerpos hidrogenados, destruya los colores vegetales y ani- males, la tinta de escribir, por ejem- plo, y de que sirva para desinfectar los lugares en que por algún tiempo hubo materias pútridas. El cloro no existe en la naturaleza en estado libre, pero se encuentra combinado en mucha abundancia, vis- to que entra en la composición de la sal común (cloruro de sodio); hállase también unido al cobre, la plata, la sosa, la potasa, la cal, la magnesia y el amoníaco. La disolución de cloro en agua con- trae el sabor, el color y el olor del cloro gaseoso. El cloro disuelto actúa sobre las materias hidrogenada^, con la misma intensidad, que el cloro ga- seoso.-Para el empleo del cloro co- mo desinfectante, Véase Desinfec- ción. Cloroformo. Líquido que, por bre- ve tiempo respirado, produce la insen- sibilidad, y es empleado para evitar el dolor en las operaciones quirúrgi- cas. Es una de las mas útiles adquisi- ciones de la cirugía, y fue hecha el año 1847. El cloroformo se presenta i bajo el aspecto de un líquido muy den- CLOROFORMO 469 CLOROFORMO so, límpido, incoloro, trasparente co- mo el agua, de olor etéreo y sabor dulce. Obtiénese por la destilación del cloruro de cal con alcohol. Fué descubierto en 1831, casi al mismo tiempo, por Soubeiran, químico de Pa- rts, y por Liebig en Alemania, y mu- chos años estuvo sin empleo hasta que el Dr. Simpson, profesor en Edimbur- go, lo aplicó por primera vez al hombre el año de 1847. Actualmente su uso es universal, y en todo el mundo los facultativos se sirven de él para insen- sibilizar á los pacientes durante las operaciones que practican, tales como extirpaciones de tumores, amputacio- nes de miembros, y hasta las simples sajaduras de postemas ó extracción de dientes. El cloroformo no exige el empleo absoluto de aparato especial. Basta, por lo general, para producir la insensibilidad en uno ó dos minu- tos, verter 10, 20, 40 ó 60 gotas de este líquido en un pañuelo que se mantiene aplicado sobre la nariz y la boca, de manera que la inspiración se haga juntamente con la del aire libre. La persona sometida á las emana- ciones del cloroformo, siente en los primeros instantes un vapor azucara- do que penetra en las vias respirato- rias, y que produce á veces una espe- cie de encanto. Al cabo de uno ó dos minutos, en ocasiones antes, otras veces más tarde, se produce la insen- sibilidad que se desea; al principio, la persona oye un gran ruido ó pade- ce una especie de vértigo, después se adormece y no siente la menor cosa. La insensibilidad dura cinco, diez quin- ce minutos, y puede prolongarse por más tiempo, siendo así preciso, ha- ciendo aspirar al paciente nuevas do- sis de cloroformo; durante este tiem- po el cirujano practica la operación, sin verse inquietado ni por los movi- mientos, ni por los gritos del doliente, que por aquel entonces nada sufre. Al despertar, el operado siente más ó menos vivamente el dolor resultante de la operación, pero con mucha me- nor intensidad que si no hubiera sido cloroformizado. Pero no todos los dolientes contraen un sueño apacible, sin agitación ni movimientos tumultuosos del cuerpo; algunos hay que, á pesar de quedar insensibilizados, tienen sacudimientos involuntarios tan bruscos, que es difí- cil poder sujetarlos. Otros, después de volver al uso de los sentidos, pro- fieren palabras incomprensibles, y pa- decen una especie de delirio; en otras ocasiones, el abatimiento que sucede suele durar por lo menos una hora. De las experiencias hechas en los perros, resulta que por la aspiración, del clorotormo uno dé ellos murió en veintiún minutos, otro en treinta y cuatro. Las gallinas sucumben con más prontitud por los vapores del clo- roformo. Se ve pues que el cloroformo es un agente muy enérgico y formidable, y por eso no debe ser aplicado por per- sonas inexpertas. Hasta el mes de Mayo de 1848, millares de operaciones fueron hechas con clorotormo en varios países sin que se contara inconveniente alguno; pero en el mes de Junio del mismo año ocurrieron dos casos desgraciados CLOROFORMO 470 CLOROFORMO en Francia. Uno de estos malaven- turados hechos, que deben servir de escarmiento y armarse de cautela contra los peligros del uso del cloro- formo, fue comunicado á la Academia de Medicina de París por el Dr. Ro- bert: "Un joven de veinticuatro años fue admitido en el hospital de Beau- jon el 25 de Junio de 1848, herido en el muslo izquierdo por una bala que le quebrantó el hueso en muchos pe- dazos. La desarticulación del muslo, juzgada indispensable, quedó deter- minada. El paciente fue sometido á la acción del cloroformo, por medio de un frasquito provisto dé muchos agujeros, y tenia un cuello largo cu- yo extremo se aplicaba á la boca del herido. La nariz le fue cerrada por los dedos de un cirujano auxiliar. Al cabo de tres ó cuatro minutos el do- liente presentó, si bien en grado algo débil, los movimientos convulsivos que caracterizan el período de excita- ción, y luego después quedó insensi- ble. El Dr. Robert dio principio á la amputación en el mismo instante. Estándola arteria fermoral compri- mida en la ingle, cortó con un cuchi- llo las carnes de delante. El paciente apénas perdió 120 gramos de sangre, bien que la arteria dejase de ser com- primida por muy breve instante. Vol- viendo en si el operado en este mis mo momento, el Dr. Robert trató de prolongar su estado de insensibilidad, y ordeñó con esta idea una nueva in- halación del cloroformo, continuando siempre la operación; apénas había pasado un cuarto de minuto; cuando notó que la respiración se hacia ester- torosa; al punto mandó suspender la inhalación. El semblante del doliente palideció; tenia los labios descoloridos, las ojos, can las pupilas dilatadas, di- rigiéndose á debajo de los párpados superiores. La operación fue inte- rrumpida, y el Dr. Robert procuró con sus ayudantes reanimar al doliente, cuya respiración era ya rara y suspiro- sa, cuyo pulso no se sentía ya y cuyos miembros se habían ablandado. Fric- ciones sobre la piel, vapores irritantes á la nariz, insuflación de aire en los pulmones, todo [fue empleado con energía y perserverancia. Muchas ve- ces la respiración parecía reanimarse; el pulso se hacia perceptible, pero es- ta mejoría era momentánea; y después de tres cuartos de hora de incesantes esfuerzos el doliente dejó de existir," Para producir la insensibilidad ne- cesaria á las operaciones, preciso es dar á respirar el cloroformo en una es- ponja, en un lienzo, ó en un aparato conveniente, sin tapar la nariz y la Loca, á fin de que el doliente pueda aspirar al propio tiempo un poco de aire atmosférico', y en los casos en que hubiera necesidad de prolongar por algún tiempo el estado de la insensibilidad, la inhalación deberá ser suspendida por algunos momen- tos, alternándola á menudo con algu- nas inspiraciones de aire puro; de este modo, el cloroformo prod ice simple- mente la insensibilidad, sin ocasionar ningún efecto dañoso, ni inmediato ni sucesivo. No obstante los desastres acaeci- dos, que son excepción rarísima, el cloroformo, empleado con prudencia, CLOROSIS 471 CLOROSIS es uno ele los descubrimientos más preciosos para la humanidad. El clo- roformo, así como el éter sulfúrico, que también posee la propiedad de producir la insensibilidad, han visto realizarse un gran voto, expresado ha- ce setenta años por el Dr. Montfal- con: "Seria prestar un servicio inmen- so á los hombres el descubrir un me- dio que pudiese privarlos de la impre- sión del dolor, cuando se sujetan á operaciones quirúrgicas." V. Eter sulfúrsco. ^Iqrdsis. Dolencia caracterizada por la palidez particular del rostro por la perturbación de las diferentes funciones, languidez, debilidad, y en la cual el examen anatómico descu- briera la disminución de los glóbulos rojos de la sangre, á los cuales esta debe su color. Es dolencia peculiar de las jóvenes que llegan á la edad de la pubertad. Si algunos autores han citado hombres afectados de clo- rosis; estos casos deben ser atribuidos á anemia, palabra con que en gene- ral se designan los estados mórbidos caracterizados por la debilidad, y que dependen de la disminución de los glóbulos rojos de la sangre. (V. Ane- mia.) La clorosis difiere de la opilación, que es la anemia debida comunmen- te á la presencia de gusanos, llamados anqnilóstomos, en los intestinos. Causas. La insuficiente alimenta- ción, la vida sedentaria, la exposición á la humedad, la residenciaren luga- res bajos, húmedos, mal ventilados y faltos de sol, las afecciones morales melancólicas, las pérdidas de sangre excesivas, ora por la sangría, ora por las sanguijuelas ó por alguna otra he- morragia, son las causas más frecuen- tes de esta enfermedad. Manifiéstase ademas con alguna fre- dhencia en los jóvenes que viven en medio de buenas condiciones higiéni- cas, al aire libre, y que se alimentan convenientemente; no pueden enton- ces ser atribuida sino á la revolución orgánica, que aparece en la época del restablecimiento de los menstruos. Síntomas, Cuando la clorosis está en sus principios, cuando no hay sino corta desproporción entre la cantidad de los glóbulos y otros elementos de la sangre, los síntomas consisten so- lamente en una palidez notable, so- bre todo, en las membranas mucosas, tales como las de los labios, la len- gua, las encías y de la faz interna de los párpados. Las dolientes están dé- biles, se cansan con gran facilidad por el más leve ejercicio; tienen gran pro- pensión á dormir. En la época más avanzada de la do- lencia, ó desde el principio si la clo- rosis ha sucedido á excesivas evacua- ciones sanguíneas, los síntomas se ha- cen más característicos. La palidez en las señoras blancas suele ser tal que ha sido comparada á la cera vir- gen un tanto amarilla á causa del tiem- po; las dolientes de raza negra se vuel- ven amarilentas. La piel parece más delgada y más blanda; el semblante muestra algo de hinchazón, que poco á poco va invadiendo las demas partes del cuerpo. Si se aplica el oido sobre la región precordial, se siente un rui- do denominado de fuelle por parecer- clorosis 472 CLOROSIS se mucho al que informa este instru- mento. El pulso es variable, ora bre- ve y débil, ora lento. En este último caso las dolientes sienten á veces en la cabeza las pulsaciones arteriales, el pulso, por decirlo así, es casi siem- pre regular; pero á veces sus pulsacio- nes aumentan más ó menos. Cuando se aplica el oido sobre las principales arterias, pueden tenerse síntomas aun más importantes; óyen- se, con efecto, varias clases de raidos. Muchas veces es un ruido de fuelle, único, súave, intermitente; puede per- cibirse en la mayor parte de las arte- rias voluminosas, pero especialmente en los lados del cuello, en las arterias carótidas, sobre todo del costado dere- cho. Las señoras cloróticas presentan ca- si siempre perturbación variada en sus funciones digestivas. Sienten disgus- tos, inapetencia, apetitos delicados y caprichosos; dolores en la boca del es- tómago, digestiones laboriosas, erutos acedos, estreñimiento. Desean comer sustancias no alimenticias, las cuales causan más ó ménos asco en el estado de la salud, tales como tierra, carbón, yeso, sal, etc.; ó alimentos particula- res, como guisados muy salpimenta- dos ó con mucho vinagre. Sus orinas son pálidas. Se quejan de dolores de cabqza, y de tiempo en tiempo de di- versos dolores neurálgicos, de vértigos y zumbidos en los oidos. Están tristes, indolentes, incapaces de todo trabajo intelectual. Cuando la clorosis es muy intensa, las dolientes no pueden sopor- tar ningún ejercicio; los ojos se vuel- ven mortecinos, cercados de ojeras; el rostro se hincha, los pies se cntume- mecen; por último, en el período avanzado todo el cuerpo se infiltra. Los menstruos son escasos, dificulto- sos, acompañados de dolores, ó com- pletamente se suspenden; y son susti- tuidos casi siempre por flores blancas; otras veces, por el contrario, el flujo ca- tamenialesmás abundante que de cos- tumbre, llegando casos en que secón, vierte en una verdadera hemorragia pasiva, que siempre agrava el estado de las cloróticas. Marcha, duración, Esta dolencia sigue una marcha más ó menos rápi- da, según la c^fisa que la ha desen- vuelto. Cuando es producida por una una hemorragia abundante, que vacía de repente los vasos sanguíneos, su principia es súbito: la enfermedad llega de este modo al apogeo de la in- tensidad. Si, por el contrario, resulta de una ó más causas cuya acción es lenta, tiene el desarrollo y la marcha de una dolencia crónica. En el pri- mer caso, su duración puede ser exce- sivamente corta; en el segundo puede durar meses, y aun años. Tratamiento. Para tratar conve- nientemente la clorosis, necesario es primero remover las causas que de- terminaron el mal. Habiendo hemo- rragia, preciso es cortarla; si la cloró sis depende de residir en habitación insalubre ó de algunas otras malas condiciones higiénicas, no hay más re- medio que cambiarlas. Después se de- be restaurar la sangre, aumentar sil masa y la proporción de sus principios vivificantes. A este resultado se llega por el empleo de un régimen sano y CLOROSIS 473 CLOROSIS nutritivo, principalmente compuesto de carnes asadas, gelatinas animales y vegetales, tapioca, arrowroot y vino. Las dolientes deben vivir en un lugar seco, ventilado y soleado. Son útiles las fricciones por el cuerpo con bayeta empapada en agua de Colonia, los ba- ños fríos do rio ó de mar, y los baños calientes aromatizados. (Su prepara- ción está indicada en el tomo I, pá- gina 282.) El tratamiento hidroterá- pico se aplica también con ventajas en este caso. V. Hidroterapia. Los medicamentos útiles contra la clorosis, son las preparaciones de qui- na, genciana, casia, lúpulo, y, sobre todo, las de hierro. He aquí las re- cetas: Io Píldoras ferruginosas de Va- llet, 100. Dósis\ de una á tres píldoras, tres veces al dia. 2o Píldoras ferruginosas de Blaud. En el Io, 2o y 3er dia, una píldora mañana y noche. En el 4o, 5o y 6o, una píldora por la mañana, al medio dia y á la noche. En el 7°, 8o y 9o, dos píldoras por mañana y noche. En el 10°, 11° y 12°, dos píldoras por la mañana, al medio dia y á la noche. En el 13°, 14° y 15° dia, tres píl- doras por la mañana, al medio dia y á la noche. En los dias siguientes, cuatro píl- doras, tres veces al dia. 3° Vino de quina, 500 gram. (10 onzas.) Una cucharada dos veces por dia. 4o Vino de quina y cacao de Bu- geaud. Una botella. Para beber una cucharada, dos ve- ! ces por día. 5° Vino de genciana, 250 gr. (8 onzas). . Para tomar una cucharada, dos ve- ces al dia. 6° Vino de cuasia, 250 gr. (8 onz.) Para beber una cucharada, dos ve- ces al dia. 7° Infusión de lúpulo. Pinas de lúpulo, 4 gramos (1 drac- ma); agua hirviendo, cantidad sufi- ciente para obtener 180 gramos (6 onzas) de infusión, que se endulza con azúcar, y se bebe en una sola vez. Al dia siguiente se repite la misma dosis, continuando de este modo por espa- cio de quince dias. 8o Agua ferruginosa tomada en la fuente. Uno ó dos vasos al dia. 9o Infusión de hojas de salvia. Una taza por dia. 10. Pildoras de digital y hierro. Extracto de digital. 5 cent. (1 gran.) Hierro reducido... 15 cent. (3 gran.) Extracto de regaliz. 10 cent. (2 gran). Se hace una píldora, y como esta treinta y cinco más. Para tomar una píldora, tres veces al dia. El tratamiento principia por las píl- doras ferruginosas de Vallet ó Blaud. Un mes más adelante se recurre al vino de quina, que se toma durante una quincena de dias; luego al vino de genciana ó de cuasia, de que se usa otros quince dias; y en seguida, se de- ben emplear, si aun hubiese necesi- dad, las otras prescripciones, durante diez, quince ó más dias, hasta obte- ner la curación completa. COATI 474 COBRE Cloruro (le cal. Sustancia pulve- rulenta, de color blanco amarillento, de olor penetrante, empleada como desinfectante. Se debe conservaren frascos bien tapados para que no pier- da el olor, que depende del desarro- llo del gas cloro, y al cual el cloruro debe todas sus propiedades. Para em- plear el cloruro de cal como desinfec- tante, se le deslie en platos con un poco de agua, y se pone en los sitios infectos, ó se riega con esta solución el suelo de los cuartos. Esta solución posee las mismas propiedades que el agua de Labarraque, y desinfecta por el cloro que de ella se desprende. Cloruro de sosa. V. Agua de La- barraque. Cloruro de sodio. V. Sal común. Cloruro de zinc. V. Zinc. Coaltar, Alquitrán de carbón de piedra.- Contiene ácido fénico, y posee propiedades desinfectantes. Mezclado con yeso en polvo, ha sido aconsejado para curar las úlceras. Si se mezcla con tintura de saponina, forma una emulsión que se emplea para desin- fectar las heridas, y en otros muchos casos. Coamo. Aguas sulfurosas calien- tes en la isla de Puerto Rico. Son aguas muy notables. Coatí. Animal de la familia cielos Carnívoros, del tamaño del gato do- méstico; tiene la cola muy larga, la nariz movible hácia todos lados, como la trompa del elefante, y bastante pro- longada hácia afuera de la boca; los ojos pequeños y muy vivos, la cola es anillada de color trigueño y de negro; el cuerpo está cubierto de pelo cortí- simo, y áspero en el lomo; para dor- mir se enrosca, formando una especie de bola. Estos animales viven en pe- queñas cuadrillas en las selvas de la América del Sur. Trepan fácilmente por los árboles, y poseen un olfato excesivamente delicado; cavan cuevas con las uñas que son muy fuertes. Se alimentan de insectos, de mamíferos pequeños, de pájaros, y de huevos que van á buscar á los árboles. Son man- sos, y se domestican con facilidad. Pero, sin embargo, son bastante indó- ciles, no cobran afecto á las personas, trepan por todas partes, son curiosos, escudriñadores por naturaleza, y, en una palabra, huéspedes incómodos, por más que les complazcan las cari- cias. Expresan la alegría por medio de un gruñido blando, y la cólera con un chillido sumamente agudo. Dos son las especies que de estos animales se conocen, unos rojizos, otros pardos. No se les da caza sino á causa de su piel, la cual, no obstante, es mediocre y poco solicitada. Cobre. 8e conoce este metal desde tiempos los más remotos; después del hierro, es uno de los metales más usa- dos. Ademas de las formas que los caldereros suelen darle, el cobre sirve en chapas más ó pilónos gruesas, para cubrir edificios y forrar navios. De es- te metal se acuña moneda en todos los países, se hacen medallas, etc.; entra legálmente en las monedas de oro y de plata, y en todas las obras de joyería y platería, á las cuales da ma- yor consistencia y solidez la adición de una pequeña cantidad de cobre. Este metal, en combinación con el zinc en COBRE 475 COBRE las proporciones de 75 á 25, forma el latón, con que se fabrican multitud de objetos, muchos instrumentos de mú- sica, cuerdas de piano, alfileres, bo- tones, joyas falsas, etc.; unido al es- taño y zinc, en diversas proporciones, da el bronce; y estas ligas constituyen el metal de las campanas, de los ca- ñones, de las estatuas, los hilos de alambre, etc. El cobre es rojizo, brillante, despi- de por medio del frote un olor parti- cular, se empaña al aire libre y se cubre de una pequeña capa de óxido, la cual aumenta con la humedad, atrae el ácido carbónico del aire' ambiente, y forma el carbonato de cobre verde. Encuéntrense á menudo sus vestigios en las vasijas y utensilios dé cobre. Este carbonato de cobre, llamado ver- dete y cardenillo, es el origen de mil accidentes, con frecuencia deplora- bles. El peso del cobre, comparado al del agua, tomado por 1, es de 8,85. El aire, el agua, el calor, el acei- te, la manteca y otros cuerpos grasos, el vinagre, los ácidos fuertes, el vino, la sangre de los animales, el agua sa- lada, etc., atacan al cobre con tal fa- cilidad, que seria prudente, no diga- mos prohibir su uso en las cocinas, pero al ménos cuidar que su estaña- dura sea hecha con perfección y reno- vada de tiempo en tiempo. Si esta precaución tuviese lugar, tal vez no fuera tan crecido el número de esas afecciones crónicas de estómago, cuya causa es las más de la veces descono- cida. El Dr. Gmelin fue consultado por el abad de un convento sobre la causa de una dolencia que atacaba á mi gran número de los hermanos que él diri- gía. Los síntomas eran cólicos atro- ces, vómitos biliosos, dolores en la bo- ca del estómago, en los riñones y los muslos, debilidad paralítica en los brazos. Buscando la causa de estos sín- tomas, el doctor halló que todos los vasos y otros utensilios del convento eran de cobre, y que precisamente aquellos en que se guardaba la man- teca daban origen á tales accidentes. En 1781, el convento de los Jaco- 'binos de París experimentó casos idén- ticos. En una feria sexta y siguiente dia, el cocinero había preparado el pes- cado en una cacerola de cobre con sal- sa de vinagre. La noche del dia pri- mero, muchos de los padres experi- mentaron dolores de cabeza, de estó- mago é intestinales, de encías, diarrea, grande abatimiento y calambres en las pantorrillas. Al dia siguiente, los otros padres, en número de veintiuno, fueron acometidos de los mismos sín- tomas, que continuaron cinco ó seis dias. Todas las composiciones de cobre son venenosas; el envenenamiento re- sulta de su introducción en la econo- mía es muy frecuente, y por lo tanto útil el ocuparnos de ellas en el presen- artículo. Hablaremos de las prepara- ciones á veces usadas en medicina; de las que se forman en las llaves ó ca- nillas de cobre, en los diversos utensi- lios domésticos, y de las usadas en las artes. Carbonato de cobre (cardenillo ó ver- dete natural). Esta sustancia se forma en la superficie de las canillas de las COBRE 476 COBRE pipas de vino ó vinagre, cacerolas y otros utensilios de cobre, sobre las mo- nedas de este metal, sobre los cande- leros y otros objetos de latón, etc.; tie- ne color verde claro. Sulfato de cobre (caparrosa azul, vitriolo azul ó vitriolo de Chipre, ó piedra lipis). Esta sal tiene un her- moso color azul, sabor estíptico, me- tálico; se halla en cristales romboida- les. Se disuelve fácilmente en agua .y la tiñe de azul. Empléase para la tintura negra de la lana y la seda jun- tamente con el sulfato de hierro; sirve también para obtener gran número de tintes, tales como el rojo, el Vojo en- cendido, etc. En medicina se emplea como cáustico ligero, para cauterizar las carnosidades de las heridas, los chancros venéreos, las aftas, etc. Sulfato de cobre amoniacal. Este sulfato tiene un hermoso color azul celeste. Nitrato de cobre. Es azul, en for- ma de agujas prismáticas, y delicues- cente. Verdete. cardenillo ó sub-acetato de cobre. Este verdete difiere esen- cialmente del que se forma en los ins- trumentos de cobre, monedas del mis- mo metal, etc.; es, con efecto, forma- do de acetato de cobre y de deutóxi- do de cobre hidratado; se fabrica pa- ra los usos de la tintorería, aplicando el orujo de uvas sobre láminas de cobre. Circula en polvos por el comercio, y su color es verde azulado; también se expide en masas del mismo color, y en ellas se encuentran simientes de uvas. Verdete cristalizado., cardenillo cristalizado (acetato de cobre). Se presenta en cristales verde-oscuros, ó en polvo de color verdoso. Empléa- se como tinte. El cobre para los usos domésticos se emplea tal cual es ó estañado. Los cazos en que se hacen dulces, los cal- deros y otros vasos de cobre no esta- ñados, nunca deben ser empleados sin haber sido limpiados previamente con polvo de barro y lavados en. el mo- mento en que hayan de usarse. Las espumaderas de cobre exigen especial cuidado; en sus agujerillos se ocultan á menudo partículas venenosas. La estañadura de las cacerolas no debe tampoco inspirar completa confianza, porque fácil es reconocer, merced al microscopio, que las mismas vasijas que acaban de ser estañadas presen- tan gran número de puntitos rojizos, que son otros tantos puntos de cobre no cubiertos por el estaño. No debe emplearse canilla de cobre para sacar vino ó vinagre de una vasija, á medi- da que fuere necesario: esta canilla tardaría poco en cubrirse de verdete. Necesario será emplear para este uso una canilla de madera. En general, jamas se deben dejar que se enfrien salsas, guisados, cuerpos grasos ó lí- quidos, cualesquiera que sean, en va- sija de cobre, aun cuando esté esta- ñada. El cobre, no obstante los acciden- tes graves que puede ocasionar, con- tinúa siendo un metal usual. Su em- pleo no ofrece inconvenientes si se observan las precauciones que deja- mos consignadas; los peligros del co- bre nacen de la negligencia y falta COCA 477 .Q9CA DE LEVANTE de aseo de las personas que se sirven de objetos ó utensilios con él fabrica- dos. Para el tratamiento de los acciden- tes producidos por las preparaciones de cobre, véase el artículo Envene- namiento. Modo de limpiar los objetos de cobre. Io Frotar el objeto con limón ácido y polvos de ladrillo, y limpiar- lo después con un paño seco. 2° Frotar con paño mojado en amo- níaco líquido. 3o Frotar con un paño mojado en la solución de 60 gramos (2 onzas) de ácido oxílico en un litro (32 onzas) de agua. Esta solución es conocida en el comercio con el nombre de agua de cobre. Hay otras recetas de esta agua, pero la presentada es la mejor de to- das. Puede emplearse sencillamente como ha sido indicada, ó mezclándola con polvos de ladrillo ó de una espe- cie de roca silícea llamada tripoli. Coca ó Cuca. Erythroxylon coca, Lamark. Eritroxíleas (fig. 28). Ar- busto del Perú, cultivado en varias otras localidades de la América meri- dional. Su tallo mide de 1 metro á 1 metro 30 centímetros de altura, y está dividido en numerosos ramos; ho- jas alternas, de peciolo corto, enteras, ovales, agudas, casi trinervadas, de una longitud de 40 milímetros sobre 27 milímetros de anchura, de olor aro- mático débil; flores pequeñas nume- rosas, sustentadas por un pedúnculo corto; fruto, drupa roja, oblonga, con un loculamento monospermo, acom- pañado de otros dos abortados. Las hojas actúan sobre el sistema nervio- so. Mascadas en corta cantidad por los correos, viajeros y trabajadores de las minas, les sostienen las fuerzas, y les ayudan á soportar el hambre y la sed casi durante un dia entero; la acción de las hojas parece ser análoga á la del vino. Mascadas en mayor cantidad, tienen las propiedades de las sustan- cias alcohólicas y producen la embria- guez. Tomada en infusión en dosis conveniente constituye un estimulan-, te provechoso. El Perú y la Bolivia hacen un comercio considerable de es- ta planta. Los Indios de la región del Amazonas reducen á polvo las hojas de coca después de secas, y, en un pi- lón apropiado, mezclan este polvo con un poco de ceniza de hojas de ambau- ba (Cecropia peltata^ mastícanlo en- tonces con un poco de tapioca y lo tra- gan después de bien mascado. Coca de levante. Fruto de un ár- bol de la India, Menispermum coc- culus, Linneo. Menispérmeas. Este fruto, tal como se vende en el comer- cio, es mayor q&e una arveja, redon- deado y reniforme; está formado de un envoltorio seco, delgado, denegri- do, rugoso, de sabor acre y amargo, y de una cáscara blanca, leñosa, de dos valvas, en cuyo centro se levanta una placenta, dividida interiormente en dos loculamentos pequeños. Todo el espacio comprendido entre esta pla- centa central y la cáscara lo ocupa una almendra hueca por dentro y abierta sobre el costado para recibir la placenta. La almendra es untuosa, sumamente amarga, y ademas vene- nosa. En la India suele emplearse para coger peces, los cuales, después COCIMIENTO 478 COCODRILO de tragarla, vienen dando vueltas á morir á flor de agua. Según los ex- perimentos del doctor Goupil, el em- pleo de la coca para la pesca puede tener graves inconvenientes si no se cuida de destripar el pez tan luego como aparece en la superficie del agua, pues de no practicarlo de este modo, el pez se hace venenoso. Cocimiento. Con este nombre se designa toda bebida hecha por decoc- ción y destinada al enfermo. Se llama también decocto", y por el abuso de las palabras hásele dado el nombre de decocción, palabra que no debería de- signar sino la operación que consiste en hacer hervir una sustancia medica- mentosa en cualquier líquido. Las be- bidas de los dolientes que se prepa- ran por infusión van descritas en el artículo Infusión. El vehículo generalmente emplea- do para todas las decocciones es el agua. Se sxtraen por el hervor mayor número de principios que por la infu- sión. Prefiérese la primera operación para las raíces, simientes, cortezas y sustancias animales, tales como el po- llo, ternera, tortuga; las infusiones se reservan para las materias odoríferas, como las hojas de naranjo, las flores de saúco, que perderían su aroma co- ciéndolas. El tiempo de la ebullición varía se- gún las sustancias. Se hacen hervir la cebada y el arroz hasta qne revien- ten y se ablanden; se hacen hervir no tanto á los higos secos, pasas y raíz de regaliz; sométense, por el contrario, á una ebullición prolongada la raíz de zarzaparrilla, el palo guayaco y la cor- teza de quina. Los cocimientos conforme las sus- tancias de que se componen, se deno- minan pectorales, tónicos, emolientes, sudoríficos etc. No entraremos en otros pormenores relativos á la preparación de los cocimientos y sus propiedades, porque ambas cosas van indicadas en los artículos correspondientes á cada palabra, esto es, el nombre de cada una de las sustancias de que se com- nen. En muchos casos los cocimientos deben ser tomados tibios; convienen así en lós resfriados y en muchas afec- ciones dél pecho, desde el simple ro- madizo hasta la pleuresía. Se hace uso de cocimientos fríos en ciertas afecciones nerviosas, ciertas fiebres con ardor interno, en las pérdidas ute- rinas, hemorragias, etc. Codearía. Cotillearla offiicinalis, Linneo. Cruciferas. Planta que habi- ta en Europa, sobre las costas, y cerca de los arroyos de las montañas. Se emplea en medicina como antiescor- bútico. Tiene el tallo de veinte á 30 centímetros de altura; hojas redondea- das, lustrosas, cóncavas en forma de cuchara (cotillear), de donde procede su nombre; sabor picante y acre; flo- res blancas. Con las hojas y tallos de la codearía se prepara un jarabe, el cual es administrado en la dosis de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas ) por dia. También se hace con esta planta un alcohólate que entra én la composición de los colutorios y gargarismos anti- escorbúticos. Cocodrilo. Género de reptiles, del COCODRILO 479 COCODRILO orden de los Saurios, bastante pareci- do al lagarto en sus formas generales, pero que, viviendo habitualmente en el agua, tiene los pies de atras empal- mados: la cofia aplastada y á propósito para la natación. Su cabeza es larga, en forma piramidal deprimida; el ho- cico rugoso y desigual; el pescuezo bastante marcado; la boca hendida hasta más allá de las orejas; de sus dos quijadas, únicamente la inferior es movible; los dientes están de tal mo- do dispuestos que pueden lacerar la presa sin morderla; los ojos, cercanos entre sí, colocados en la parte anterior del cráneo y guarnecidos de una mem- brana movediza; tiene* cinco dedos en los remos anteriores, guarnecidos de uñas encorvadas, y cuatro dedos en los remos posteriores. El cuerpo está cubierto de chapas óseas, piramidales, sobrepuestas, revestidas de epider- mis escamoso bastante grueso, y for- mando por su reunión una especie de coraza que, en las especies grandes, resiste á las balas de fusil; en los cos- tados estas chapas se levantan en cres- tas longitudinales, más órnenos salien- tes; la cola presenta dos crestas denta- des en forma de sien-a, uniéndose am bas solamente en la punta. La piel es de color amarillo verdoso. Los co- codrilos habitan las regiones cálidas del antiguo y del nuevo continente: viven en los grandes rios, en los exten- sos lagos, y á veces en las orillas del mar. Son ovíparos; al salir del huevo solo miden 20 centímetros, pero algu- nos alcanzan después un desarrollo mayor que 10 metros. Estos anima- les son esencialmente carnívoros y muy voraces: destruyen mupha pesca, y hasta acometen al hombre. El naturalista Cuvier dividió los cocodrilos en tres sub-géneros: cocodri- lo propiamente dicho, chacareto ó cai- mán, y gavia!. Ia Cocodrilo propiamente dicho. Tiene la cabeza oblonga y dos veces más larga que ancha; alcanza las mayores proporciones. Estos cocodri- los habitan principalmente el Egipto en las regiones del Nilo superior, en cuyas cañas se posan de propósito pa- ra coger su presa que consiste en pe- ces, aves acuáticas, perros, etc., llevan la pieza cazada al fondo del agua con el fin de ahogarla, y después la reti- ran para comerla. Viven en el agua y en la tierra, siendo mucho menos temibles en esta que en aquella, á cau- sa de la poca agilidad de sus movi- mientos. Sus miembros son cortos y más propios para nadar que para an- dar. Estos animales cambiando direc- ción con suma dificultad, y es muy fá- cil huir de ellos camimando á la rue- da ó en culebrina. Los cocodrilos son ovíparos, como ya queda dicho, y sus huevos, del ta- maño de los de una pava, y aun ma- yores, según la especie, tienen la cás- cara resistente. La hembra los pone sobre la arena y los cubre con hojas; pero no los empolla, cuidándolos úni- camente y defendiéndolos con valor. Los hijuelos, así que salen de la cás- cara, se lanzan al agua, donde muchos de ellos son engullidos por los peces voraces. El grito de los cocodrilos ha sido comparado al vagido de un niño. I 2° Calman ó Chacareto. Este COCODRILO 480 COCOTERO sub-género abraza muchas .especies ; que habitan los grandes ríos do la ¡ América del Sur. Los caimanes son más pequeños que | los cocodrilos propiamente dichos; pe- i ro, sin embargo, algunos alcanzan 4 y ' ■aun 6 metros de largura. Su hocico es prolongado y obtuso; es oblongo y ' deprimido en el cocodrilo, delgado y I muy estirado en el gavia!. Los caima-. nes tienen los piés medio empalma- dos y sin dentellones: los dientes des- . iguales en la quijada inferior. El co- lor de estos animales es rojo verdoso en la parte superior, con listas tras- versales irregulares en la parte baja. Los caimanes andan muy de prisa en línea recta, no se vuelven sino con di- ficultad, pero nadan velozmente con la rapidez de una flecha. Métanlos á bala con escopeta. Algunas personas comen su carne á pesar del olor amiz- clado que le es peculiar; la enrasa es empleada en fricciones contra los dolo- res reumáticos: también se usa para el alumbrado, calafateo, y confección do las argamasas betuminosas; la piel curtida forma un cuero bastante bue- no. Los naturalistas cuentan cinco es- pecies de caimanes: Ia Caiman de an- teojos (Crocodilus selerops, Schn.), llamado de este modo á causa de una cresta trasversal que reune las már- genes de las órbitas: es la especie más común en el Brasil. 2a Caimán de hocico de sollo ( Crocodilus lucias, Cubier); así llamado por tener el ho- cico parecido al del sollo; se distingue también por cuatro chapas principa- les sobre la nuca. 3a Caiman de párpados óseos (Crocodilus palpebro- sus, Cuvier). 4a Caiman de pintas negras. 5* Caiman cinocéfalo. 5o Gavia!. Sub-género de Cocodri- los caracterizado por el hocico angos- to y prolongado. Se halla en el Asia meridional. El gavial del Ganges ( Crocodilus longirostris ), tipo de este género; alcanza de 5 á 6 me- tros de largura, y vive particularmen- te en el rio Ganges. El Gavialpe- queño (Crocodilus tenuirostris}, que habita el mismo rio, parece no ser si- no una variedad del primero. Coconuco. Nueva* Granada. Aguas sulfurosas y bicarbonato sódicas ca- lientes. 72° centígrados de tempera- tura. Estas.aguas desprenden una gran cantidad de ácido carbónico y sulfhídrico, contienen por litro 743 miligramos de sustancias fijas, que son: sulfato de sosa, cloruro de sodio, bi- carbonato de sosa, carbonates de cal, de magnesia y sílice. Cocotero. Género de la familia de las Palmáceas, que comprende árbo- les que habitan en la India, el Africa, las Antillas, la América del Sur y la Oceanía. Estos árboles tienen una alrura gigantesca v forma elegante. Su tronco desnudo está coronado por una reunión de hojas llamadaa palmas, muy grandes, duraderas, digitadas ó descompuestas en un número más ó ménos considerable de folíolos de di- versas formas; las flores componen un vasto racimo; los frutos son secos ó carnosos; la mayor parte de las veces consisten en una drupa carnosa ó fi- brosa que contiene un corazón hueso- so y muy duro. Este género de plan- COCOTERO 481 COCOTERO tas abraza especies útiles bajo muchos aspectos. Cocotero de la India ó común. Cocos nucífera, Linneo. Arbol origi- nario de la India, naturalizado en la América meridional, y conocido sim- plemente con el nombre de cocotero (fig. 29.) Por lo común tiene de 20 á 25 metros de altura. El diámetro de su tronco es de 30 á 50 centímetros. Las hojas, largas de 4 á 5 metros, es- tán formadas de folíolos lanceolados, angostos, agudos, y de metro y medio á dos metros de longitud. Las flores están dispuestas en espiga ramificada, que lleva el nombre de racimo. A los ovarios, que encierran las nume- nosas flores hembras, suceden frutos llamados cocos, en racimos, de quince á veinte. A la edad de siete meses, este fruto adquiere su total dimensión. Es una drupa fibrosa, del tamaño de la cabeza de un hombre. Cuatro par tes principales lo componen: el envol- torio externo, la nuez, la almendra y el jugo. El envoltorio qstá formado de una sustancia en parte fibrosa. La nuez de color violado, es dura como el marfil. La almendra es blanca, oleosa, y por la presión de un líquido blanco, azucarado y mucilaginoso. El líquido del coco, encerrado en la ca- vidad de la almendra, se llama leche. El cocotero habita preferentemente las orillas del mar en una zona cuya temperatura media no baja de 20°. Es abundante en la América ecuato- rial, México y el Africa occidental. Su verdadera patria es incierta. El coco- tero florece casi todos los meses; no principia á fructificar sino á la edad de cinco años. La fecundidad que tiene es extraordiaria. Un solo árbol á veces lleva ciento cincuenta frutos. Este árbol es uno de los más ricos presentes que la naturaleza ha hecho al hombre' con efecto, todas las par- tes del vegetal pueden ser aprove- chadas; sin el cocotero las grandes is- las del Océano Pacífico no estarían habitadas, y los pueblos esparcidos por las regiones ecuatoriales perece- rían de hambre y de sed, carecerían de vestidos y cabañas. Con razón ha sido llamado rey de los vegetales, por- que da vino, alcohol, vinagre, aceite, azúcar, almendras, leche, manteca, cuerdas, paño, vasos, esteras, leña, y sirve para cubrir las cabañas. La parte más esencial del cocotero es el fruto. El envoltorio fibroso ex- terno sirve para preparar estopa de calafateo. La cáscara del fruto, par- tida, sirve para fregar y lavar los sue- los de las casas; con ella se labran ta- zas, vasos, cazuelas, ¡datos, etc. El coco que ha llegado á adquirir todo su volumen contiene más de medio litro de un jugo ó líquido blanco, lla- mado leche, el cual puede sacarse ta ladrando los tros hoyuelos que existen en la base del fruto; es dulce y un tanto acídulo; bebida muy agradable y refrigerante. A medida que los fru- tos del cocotero se maduran, la leche adquiere consistencia, endurécese de la circunferencia hacia el centro, for- mando en la porción intermedia en- tre la parte endurecida, y el líquido lechoso, una especie de nata, muy grata al paladar comiéndola con azú- car y agua de azahar. En el centro 482 CODO COCHINILLA queda siempre un poco de leche, y, aunque raras veces, suele suceder que se viene á formar una sustancia ovoi- de, concreta, dura, de color blanco azulado, liviana en ocasiones y como esponjosa. El coco, cuando está bien maduro, es blanquísimo y compacto', de un gusto avellanado ó de almendras dul- ces, muy agradable; se come crudo ó se hacen con él dulces gustosos. Cochinilla ó Grana. Insecto de la figura de la chinche, muy pequeño, que se cria en América, sobre todo en México, en los arbustos llamados cac- tos, y especialmente en el Cactus opuntia, Linneo., En la época de su mayor desarrollo, que es cuando pone sus huevos, la hembra tiene 6 milí- metros de largura, por 4 de ancho y 2 de grueso. El macho tiene dos alas que se ex- tienden horizontalmente sobre el cuer- po, el cual termina por dos largas se- das: la hembra carece de alas y tiene el cuerpo más grueso que el macho. Las hembras se establecen sobre las hojas carnosas de los cactos, donde depositan huevos de color rojo oscuro, de los cuales nacen millares de insec- tos, que se fijan en la planta, y allí pasan por todas las metamorfosis. Las cochinillas se cogen un poco antes de la postura de los huevos, cuando su vientre está en el mayor desarro- llo- Su grosor es entonces casi del tamaño de una arveja. Matánse los insectos escaldándolos en agua calien- te ó metiéndolos en el horno, ó si no poniéndolos sobre una chapa de hie- rro caliente. En el comercio figuran bajo la forma de granitos irregulares, negruzcos ó de color rojo acarminado, convexos por una cara, cóncavos pol- la otra. Puestos á remojo por espacio de algunas horas, esos granos sueltan un color encarnado, se hinchan y muestran bien entonces la estructu- ra del insecto cubierto de anillos. La cochinilla se emplea para dar el coloi- de escarlata á la lana y á la seda. Combinada con amoníaco, forma tin- tas rojas para los tejidos. El coci- miento ácueo, tratado por el crémor de tártaro ó el alumbre, precipita un hermoso polvo rojo llamado carmín. La cochinilla sirve también para colo- rear los licores, pomadas, opiatas, pol- vos dentríficos, y para hacer tinta de escribir encarnada. Codeina. Sustancia cpie se obtiene del opio, previamente despojado de la morfina. Preséntase en cristales incoloros, solubles en agua, alcohol y éter. Posee propiedades calmantes, y se administra en varias dolencias á la dosis de 5 centigramos (1 grano) en píldoras, jarabe ó pociones. Codo. Así se llama la articulación formada por la junta de los huesos ra- dio y cubito con el hueso húmero; es el vértice del ángulo formado por la inclinación del brazo sobre el ante- brazo. La prominencia que forma la punta por detras pertenece al cubito y se llama olecránon. De cada lado del codo es fácil sentir una eminencia ósea, pertenecientes las dos al húme- ro, una exterior llamada épicondilo, otra interna que se nombra epitro- clea; entre esta y el olecránon existe una entalladura en que se halla el COHOMBRO 483 COL nervio cubital, y por eso un encuen- tro ó compresión sobre dicho punto causa tanto dolor; de esto resulta un entorpecimiento que se propaga al dedo meñique, siguiendo el trayecto del nervio. Las dolencias del codo no otrecen nada de particular. V. Articulación, Fracturas, Dislocacioes. Cohombro ó Pepino. Cucumis sa- tivas, Linneo. Cucurbitáceas. Planta hortense cultivada en España y la América del Sur y del Norte; produce un fruto de forma más ó ménos oblon- ga, un poco encorvado, de color blan- quecino, verdoso ó amarillento, con- forme á las variedades y á veces el grado de madurez. Este fruto es muy acuoso y de digestión bastante difícil, por lo que se acostumbra prepararlo con sal, pimienta, vinagre y aceite. Cocido con carne es un alimento sa- ludable.-En las boticas se prepara con pepinos y manteca de puerco una pomada que se emplea para curar he- ridas; goza de propiedades emolientes. El pepino verde pequeño ó pepi- nillo (cornichou en francés), del ta- maño de un dedo, es una variedad del precedente. Preparado con vina- gre se emplea como alimento. Cohombro ó pepino silvestre. Cohombrillo amargo, ó Elaterio. Momordica elat&rium, Linneo. Cu- curbitáceas. Planta muy común en España. Tallos rastreros de 100 á 130 centímetros de largura; cubier- tos, así como toda la planta, de pelos ásperos, rudos; hojas pecioladas, cor- diformes, dentadas, á veces un tanto lobuladas; frutos elípticos, llenos de agujeros verdes al principio; amarillos cuando se maduran. El fruto se abre por la separación del pedúnculo, y arroja entonces con violencia, y con una especie de explosión, las semillas acompañadas de un jugo mucilagino- so. Con el jugo expreso de este fruto se prepara un extracto llamado elate- rio, que es un purgante enérgico, á la dosis de 6 á 12 miligramos (| á f de grano). Rara vez hay necesidad de elevar la dosis á 5 centígrados (1 grano). Col, Berza. Br as sica. Cruciferas. Muchas especies de coles ó berzas son empleadas como alimento. Las prin- cipales son: Ia Col de huerta redonda y ce- rrada ó Repollo. Brassica olerácea capitata, Linneo. Es la especie más productiva y más á, menudo comida. Se cultiva en las huertas. Esta le- gumbre, bien cocida, es un alimento saludable, especialmente cuando solo se emplean los dos tercios de su inte rior. El repollo crudo es duro, de olor poco agradable, á veces almizclado, cosa que se manifiesta apenas se prin- cipia á cocer, é infesta la cocina; pero disminuye con el hervor; el repollo es entonces muy sabroso y nutritivo, sobre todo cuando se ha cocido con carne. Dos horas de ebullición se ne- cesitan para hacer del repollo un ali- mento sano y sustancioso; pero algu- nas veces produce flato, lo cual pro- cede casi siempre de no estar bien co- cido. Aconséjanlo á las personas que padecen del pecho. Con esta especie es con la que en Alemania y en el COL 484 COLA norte de Europa se prepara el repollo salado. Repollo salado ó Berza ácida {Clíoucroüte en francés.) Se prepara esta comida poniendo alternadamente una capa de repollo cortado en lámi- nas pequeñas, otra de sal y un poco de alcaravea ó de enebro; prodúcese una especie de fermentación ácida; una agua fétida corre por la llave del barril en que esta mezcla se efectúa. Preciso es limpiar la parte superior del barril, y cada cinco dias echar agua fria hasta que salga clara. El repollo se conserva en barriles bien cerrados y cubiertos de sal. Esta col sé come cocida con tocino ó carne de vaca; es alimento muy nutritivo. En esta especie se encuentra el re- pollo encarnado ó lombarda, que en la farmacia se usa para hacer el jara- be de lombarda, el cual se adminis- tra en la bronquitis. 2a Col verde rizada 6 col de Mi- lán ó de Saboya. Brassica olera- cea búllala. Las hojas nuevas son ce- rradas en la base, y abiertas y cres- pas arriba. 3a Col de Bruselas. En esta col, nacen á lo largo del tallo y de los ra- mos pequeños cabezas ó cogollos, cu- yas hojas, unidas unas con otras, cons- tituyen una comida muy delicada. 4a Col verde gallega. Tiene las hojas apartadas unas de otras y no reunidas en cabeza; son menos tiernas que-las otras variedades. Esta espe- cie es cultivada únicamente como ali- mento para el ganado. 5a Col-rábano. Brassica olera- cea caulo-rapa. En esta variedad, el tallo se engruesa y forma una especie de cabeza redondeada y carnosa; esta cabeza es la part-e que sirve de ali- mento al hombre ; las hojas, proporcio- nalmente, son menos carnosas que en las otras variedades. Prepárase este alimento como los nabos, á los cuales se parece en el gusto. La col-rábano es más tierna en los climas fríos que en los cálidos, donde tiende á hacerse leñosa. 6a (lol-nabo. Brassica campes- tris, napo-brassica. En esta varie- dad la raíz se engruesa cerca del cue- llo, se hace tuberosa, casi redonda. Se distigue el verdadero nabo en te- ner la pulpa más sólida, la piel más dura y más espesa, y el sabor de la col. 7a Coliflor. Brassica olerácea bo- trytis. Una cabeza de coliflor se com- pone de pedúnculos florales, cuyos brotes ó yemas se reuen y forman la superficie blanca y convexa que cons- tituye la porción principal de la ca- beza. Dejándola crecer esta cabeza, se alarga, se divide, se ramifica y pro- duce flores y frutos como las otras coles. De todas las variedades de la col, esta es la de más fácil digestión. Cola. Dáse el nombre de cola á toda materia adhesiva empleada es- pecialmente para unir piezas de un sistema sólido cualquiera. Pero las colas tienen también aplicaciones en el aparejo de telas, en la fijeza de los colores, en la clarificación de líquidos, etc. En el comercio se conocen diver- sas clases de colas. Cola doméstica, Cola en pasta ó Engrudo. Se obtiene diluyendo ha- COLA 485 COLCOTAR riña de trigo ó almidón en agua fría hasta la consistencia de una masa del- gada, y elevando después la tempe- ratura gradualmente hasta los 75° ú 80°. Esta especie de cola se emplea en la encuademación, para empape- lar habitaciones, en el oficio del za- patero, etc. Cola de pescado ó ictiocola, es ge- latina casi pura. Se hace de la mem- brana interna de la vejiga natatoria de muchas especies de esturiones, pe- ces grandes que habitan en el Volga y otros ríos que desaguan en el mar Negro y en el mar Caspio. Para ser- virse de ella basta ponerla á remojo en agua caliente por cierto espacio de tiempo; de este modo se disuelve ca- si completamente. La cola de pesca- do se emplea para dar lustre y con- sistencia á las telas de seda, á las cin- tas, á los crespones; para preparar las flores artificiales y el tafetán de In- glaterra, para imitar las perlas finas, pegar la porcelana y el vidrio, hacer jaleas, y clarificar la cerveza, el vino blanco y los licores. Hácense internas con tejidos metálicos empapados en una solución de esta cola. Cola fuerte. En el comercio hay muchas clases de cola fuerte, y gene- ralmente se las clasifica con el nom- bre de las localidades en que se fabri- can, ó de las sustancias que en su confección se emplean; pero, sea cual fuere su calidad, siempre tiene por base la gelatina (véase esta palabra). La más conocida es la cola de Flan- des, que se obtiene haciendo hervir en agua retales de cuero, de perga- mino, etc.; se presenta en hojas del- gadas, amarillentas, un tanto turbias. La cola fuerte ordinaria se obtiene de las pezuñas de los bueyes, pellejos, orejas; se presenta en hojas grandes, espesas, negras. La cola de Flandes se emplea en la confección de la cola de boca, del papel lustroso, de las cápsulas en que se encierra la copai- ba y algunos otros productos farma- céuticos. Las colas de calidades infe- riores son reservadas para los usos de la carpintería, de la ebanistería ó apa- rejos ordinarios; para servirse de ellas, preciso es ponerlas á remojo en agua fría durante algunas horas, y calen- tarlas en el baño de mana. Cola de boca, casi trasparente y de color amarillo rojizo; se prepara con la cola de Flandes, á la cual se aña- de azúcar y algunas gotas de esencia de limón. Sirve para encolar papel y objetos de poca extensión. Para em- plearla se reblandece mojándola con la saliva en la boca. Colada ó Lejía. Esta palabra de- signa el agua alcalina que las lavan- deras obtienen echando agua caliente en la ropa del lavado, sobre la cual hay extendida una capa de sosa ó de ceniza de leña. Esta agua, por las sa- les de sosa ó potasa que contiene en disolución, saponifica las partes gra- sosas que existen en la ropa sucia, hácelas solubles y, por decirlo así, las arranca de la ropa. En química, lejiaró colar es echar repetidas veces agua tria ó caliente en las materias terrosas ó de otra es- pecie, para sacar de ellas las partes solubles que pueden contener. Colcotar. V. Hierro. COLERA ASIATICO 486 COLERA ASIATICO Coldcream. Pomada cosmética muy agradable, y extraordinariamen- te empleada en la actualidad por las señoras para suavizar y dar frescura al cútis de la cara y del cuello: tam- bién sirve contra los fuegos de la cara y grietas de los labios. He aquí la receta: Aceite de almendras dul- ces . 215 grams. Espermaceti 60 grams: Cera blanca 30 grams. Agua de rosas 60 grams. Tintura de benjuí 15 grams. Aceite esencial de rosas.. 30 centígr. Se funden la cera y el espermace- ti en el aceite á fuego lento; se vacia en mortero de mármol calentado; bá- tese hasta que se enfrie. Añádese el aceite esencial de rosas, y se incorpo- ra poco á poco la mezcla del agua y de la tintura, pasada de antemano por un lienzo. Algunos autores indi- can, en vez del aceite esencial de ro- sas, la esencia de bergamota, agua de Colonia, esencia de almendras amar- gas, alcanfor ó esencia de romero. Cólera asiático., epidémico ó Có- lera morbo. Enfermedad aguda, rá- pida en su marcha, dolorosísima y gra- ve, cuyos síntomas más notables con- sisten en vómitos abundantes, eva- cuaciones repetidas, supresión de la orina y calambres en los miembros. • El cólera se distingue en esporádico y epidémico. El primero es el que ataca á un individuo ó á varios indi- viduos aislados; que sobreviene indis- tintamente en todo tiempo y lugar, y sin depender de influencias epidé- micas. El segundo hace estragos en poblaciones enteras. El cólera es una dolencia conocida desde tiempo inmemorial. Los médi- cos griegos, romanos y árabes parece que no la observaron sino en el esta do esporádico ó de accidentes aisla- dos. Se trató de ella con el carácter más general de epidemia en el prin- cipio del siglo XVI, al fin del XVII y á mediados del XVIII, pero no se habló aún del formidable cólera mor- bo asiático, de ese mal cruel, del cual conserva el mundo recuerdos de cons- ternación y de terror. La India es su país natal. El có- lera, como hemos dicho, fue conocido antiguamente en las regiones del Asia. O O En 1781, el coronel inglés Pearse tuvo en aquel país la prueba de sus inauditos furores. De mil soldados que tenia bajo sus órdenes, cerca de setecientos perecieron en una sema- na, y la mayor parte de ellos en po- cos minutos, en medio de espasmos los más angustiosos. La gran epide- mia del cólera, que durante algunos años sembró la muerte y el espanto, en muchos pueblos de la tierra, pa- rece que tuvo nacimiento en Yessora, en el Delta del Gánges, el año de 1817. De allí se esparció sucesiva- mente por ambas márgenes del citado rio, y ocupó la mayor parte de las re- giones de la India y de las islas del Océano índico. En 1818 se presentó en Benares, Borneo, Bengala, desde Calcuta á Bombai. Desde aquí pasó á las islas Moldeas, á las de Francia y de Borbon (1819), á China, y allí se propagó desde Cantón á Pekin COLERA ASIATICO 487 COLERA ASIATICO (1820). En 1821 se mostró en Per- sia, y continuando su marcha de Orien- te á Occidente, penetró en Siria y hasta los montes delCáucaso. Al lle- gar no lejos de Europa el cólera epi- démico pareció extírguirse en el lito- ral del mar Caspio; pero se despertó en Astrakanyen Tíflis en 1829, des- pués de seis años de interrupción. Esta vez, trasponiendo el Don y los montes Urales, hizo su aparición en Europa. En 1830 se declaró en Mos- covia, en 1831 en San Petersburgo, en Varsovia, en Austria, Bohemia, Hungría, Prusia y Egipto; en 1832 en Inglaterra, Bélgica, Holanda v Francia; en 1833 en Portugal, y á fi- nes del mismo año en España. Al propio tiempo se manifestaba en No- ruega y Suecia. En 1S32 se mostró en los Estados Unidos de América, en Quebec, Montreal y Nueva York. Al terminar el año de 1833 se decla- ró en México y la Habana. En 1835 infestó las provincias meridionales de Francia, Argel, y penetró en Italia, En 1837 se produjo en Nimes, ciudad de Francia. En 1848 se mostró nue- vamente en Rusia, Turquía y Prusia; en 1854 y 1855 en España; á fines de 1855 se declaró por primera vez en Rio de Janeiro, donde se cebó en la raza negra. En 1857 volvió á apa- recer en Portugal, y en 1865 en Es- paña, en Alejandría, Constantinopla, Marsella, París, Nueva York, Ñapó- les, Viena, Roma, Bruselas y Nueva Orleans. En 1867 en San Petersbur- go, Moscovia, Rio de Janeiro, Mon- tevideo, Buenos Aires, Italia y Arge- lia. En 1868 en la Habana y Buenos Aires. En 1869 en el Senegal, en Africa. En 1873 en las ciudades de Nashville y Cincinati, de los Estados Unidos; en Valencia, Padua, Parma, Módena, de Italia; en Viena, de Aus- tria; en Munich, de Baviera; en Ber- lin, de Prusia; en 1874 en Buenos Aires, etc. , En su marcha enigmática y capri- chosa, se burló de todas las previsio- nes, de todos los cálculos. Islas, con- tinentes, lugares elevados ó profun- dos, secos ó húmedos; ciudades, cam- pos, estaciones y climas cálidos ó trios, en todas partes se ha mostrado el có- lera morbo sin respetar edades, sexo ni condición. Causas. La causa general que pro- duce el cólera epidémico no es cono- cida. Probablemente el cólera tiene por causa un veneno que flota en el aire, y que, introducido en la econo- mía animal, produce los síntomas co- léricos. Verdaderamente, ciertos ve- nenos narcóticos acres, tales como los hongos, ocasionan efectos análogos á los primeros síntomas de esta dolen- cia, que con facilidad pueden engañar á las personas extrañas al arte de cu- rar, y esto ha sido lo que ha dado lu- gar á terribles escenas en ciertas par- tes del Asia y del continente europeo. Así, pues, algunos ignorantes ó mal- vados de las islas Filipinas, sospe- chando que los chinos ó los Europeos disponían de medios secretos para en- venenar, los inmolaron á su furor, en- trando en el número de las víctimas el célebre naturalista Godfrey. Seme- jantes escenas tuvieron también lugar en Europa. En Hungría el pueblo COLERA ASIATICO 488 COLERA ASIATICO sospechó de los médicos, como en Pa- rís de los agentes del gobierno-. La humedad, los fuertes calores, las tronadas y los cambios repentinos de temperatura ejercen sobre el desarro- llo del cólera asiático una influencia incuestionable pero que no es fácil de apreciar. Todas las personas están bien convencidas de que las indiges- tiones predisponen á contraer esta terrible enfermedad, y que otro tanto puede decirse del uso de ciertos ali- mentos y de ciertas bebidas, en los primeros, tales como la carne de cerdo y los frutos verdes, y en las segundas ciertos líquidos alcohólicos. En fin, numerosos hechos atestiguan que el pesar, el miedo, la cólera y los excesos pueden anticipar ó acelerar su inva- sión. Pero debe seguramente creerse que estas causas no pueden provocar la aparición del cólera sino en indivi- duos sometidos ya á la acción de los miasmas ó del veneno que está en el aire y lo produce, y en las personas predispuestas á contraerlo-. Existen hechos fehacientes que prueban que el cólera puede comunicarse por con- tagio, pero son muy raros. Síntomas. La forma más leve ó ménos grave del cólera está caracte- rizada por la debilidad, pérdida de apetito, sed, dolores de vientre, bor- borigmos estruendosos, y diarrea ama- rilla ó blanquizca y fétida; ademas de esto se experimenta abatimiento, in- somnio, sudores, desmayos, calofríos vagos é irregulares; el pulso es regu- lar ó un tanto acelerado. A la reu- nión de estos síntomas se da el nom* bre de colerina. Es, por decirlo así, el primer período del mal. Estos sín- tomas duran más ó menos tiempo; pueden no durar más que un solo dia ó prolongarse hasta más de una sema- na; pueden terminar casi inmediata- mente por la curación, ó ser reempla- zados por los síntomas del cólera grave. Los casos en que los vómitos vie- nen á juntarse á la diarrea, y consis- ten en materias blanquecinas pareci- das al cocimiento del arroz, represen- tan la transición entre las formas le- vísimas del colera y las de mayor gra vedad. Cuando el cólera está abiertamen- te declarado, la sed es ardiente, las bebidas frías son tomadas con avidez; el vientre está más ó menos retraído; apenas tiene sonoridad; existen cóli- cos, que son aumentados por la com- presión. El doliente arroja por la bo- ca materias blancas; evacuaciones al- vinas se manifiestan simultáneamen- te. Las materias intestinales, amari- llas y fétidas en un principio, blan- quean y se vuelven inodoras. Estas evacuaciones se repiten á cortos in- tervalos. Luego se acelera el pulso, y llega á ciento veinte ó ciento trein- ta latidos por minuto- su fuerza va disminuyendo en proporción de la ce- leridad. Los golpes del corazón se hacen débiles; la respiración es peno- sa, acompañada de ansiedad, más ó menos palpitante; los dolientes se quejan de opresión, de una especie de constricción del pecho. La lengua se enfria; la piel se cubre de un su- dor viscoso; la sed es más imperiosa. Llegado á este punto, el cólera ofre- COLERA ASIATICO 489 COLERA ASIATICO ce un espectáculo de terror y compa- sión. A los síntomas arriba descritos se agregan los siguientes: el rostro se vuelve rojo ó lívido, húndense los ojos, manchas azuladas se forman sobre ellos, desecados por causa de la ausen cia de las lágrimas; la piel se enroje- ce en los pies, manos, y á veces en algunos puntos del tronco; las extre- midades, la nariz, la lengua y hasta el hálito se hielan; todo el resto del cuerpo se enfria; la voz se enronque- ce, se debilita ó extingue por comple- to; el pulso, por su extrema debilidad, apenas se logra percibir; los dolientes dejan de orinar; algunos tienen con- vulsiones, otros se quejan de ardor en el estómago y el vientre; un gran nú- mero de ellos sienten dolores abdo- minales muy violentos. Cuando la en- fermedad llega á este grado de inten- sidad, la muerte es casi inevitable. A este período del mal se da el nombre de cólera álgido, cólera azul. Cuando la naturaleza, sola ó auxi- liada por la medicina, tiene bastante fuerza para operar la reacción contra el principio morbífico, sobrevienen una serie de fenómenos diametral- mente opuestos á los precedentes. Estos síntomas son: restablecimiento del calor, del pulso, de la orina; dis- minución de los calambres, de los vó- mitos, de las evacuaciones alvinas; su- dor abundante, seguido con frecuen- cia de erupción de granos pequeñitos; el rostro se colora, la temperatura de la piel y el pulso se normalizan, y el doliente recobra poco á poco la salud. La reunión de estos fenómenos carac- teriza el período llamado de reacción. Pero si la reacción es demasiado brusca, si la piel está ardiente, el pul- so acelerado, el rostro inyectado, so- brevienen el delirio, el letargo, las convulsiones y la muerte. En algunos dolientes la reacción es seguida de los síntomas graves del tifus. Los síntomas que preceden no siem- pre se presentan en el orden en que van indicados; así pues, el cólera entra á veces súbitamente por los síntomas gravísimos que caracterizan el estado álgido] se dice entonces que el cóle- ra es fulminante. La edad no trae grandes modifica- ciones á la fisonomía del mal; única- mente en los niños la cianosis, esto es, el color azul de la piel, no es tan pronunciado como en los adultos; en los niños la agitación es grande, los calambres son excesivos y la marcha constantemente rápida. Duración. El cólera tiene una mar- cha más ó menos rápida; á veces pue- de matar en pocas horas, pero su du ración media -es de cerca sesenta ho- ras; ocasiones'hay en que la vida se prolonga durante una semana; pero es raro que los coléricos luchen más de doce dias. La duración de la do- lencia está en razón directa de las fuerzas de las personas atacadas. La convalecencia es más ó menos rápi- da; por lo general, suele ser lenta y exige muchos cuidados, porque las recaídas tienen lugar algunas veces. El cólera puede curar ó suspender, durante un tiempo más ó menos lar- go, las dolencias agudas ó crónicas bajo las cuales se declara. Así, pues, COLERA ASIATICO 490 COLERA ASIATICO se ha notado la desaparición de las hidropesías, de las inflamaciones, de las enfermedades rebeldes de la piel por la influencia de la afección co- lérica. Pronóstico. El pronóstico del cóle- ra es casi siempre funesto en el pe- ríodo álgido; grave aún al principio del mal. Las convulsiones, el letargo ó delirio, y principalmente ántes del período de reacción, son señales de muerte. El restablecimiento de la ori- na es la señal más favorable de todas; se saca también un presagio propicio de la aparición del sudor; la vuelta de la voz á un estado natural es ademas de buen augurio. La disminución gra- dual ó la desaparición sucesiva de to- dos los síntomas graves de la dolencia prometen un próximo restablecimien- to. La mayor parte de las recaídas Son aciagas. T,'atamiento. Cuando, durante una epidemia de cólera, alguna persona experimenta debilidad repentina y diarrea, debe acostarse en la cama, arroparse bien, beber una taza de in- fusión de menta ó, en su defecto, de melisa, tomar una lavativa de coci- miento de linaza, guardar dieta, á cal- do de gallina por todo alimento, j be- ber 20 gotas de mixtura anticoléri- ca en una cucharada de agua tibia con ó sin azúcar. Hé aquí la receta de la mixtura anticolérica: Tintura de vale- riana 8 gram. (2 dracm. Láudano de Sy- denham 4 gram. (1 dracm.) Eter sulfúrico al- hocolizado.... 4 gram. (1 dracm.) Esencia de men- ta 1 gram. (20 gran.) Durante una epidemia de cólera, prudente será hacer previsión antici- pada de esta mezcla, que tiene el ob- jeto de calmar los cólicos, excitar la economía y provocar la traspiración. Este sencillo tratamiento, empleado á tiempo, ha solido bastar muchas ve- ces para impedir los progresos del có- lera ó curarlo. Preciso es cuidar de que las extre- midades inferiores no se enfrien; al afecto se cercan los pies y piernas del doliente con botijas llenas de agua caliente. Aplícanse sinapismos en los muslos, pantorrillas y brazos. En su- ma, debe hacerse todo cuanto se pue da por sostener el calor del cuerpo, y provocar ó favorecer la traspiración. Con la misma idea se le puede dar á beber una taza de café bien caliente ó de té con ron. Si el doliente padeciera de sed de- be dársele agua fria ó el cocimiento de arroz. En el período álgido del cólera, con- viene provocar la reacción por medio de fricciones en el cuerpo con bólsa- mo de Fioravanti, envolver después al doliente con una gruesa manta de lana, continuar los sinapismos en las diferentes partes del cuerpo, y cercar- lo este de botijas llenas de agua ca- liente. La mixtura anticolérica será continuada, en la dosis de 10 gotas de dos en dos horas. Contra la sed, que es grande en este período, dánse las bebidas acídulas, tales como la limo- nada, la naranjada, el agua de Seltz, agua fria, vino de Champaña mezcla- COLERA ASIATICO 491 COLERA ASIATICO do con agua, hielo en bocados, gajos da naranja. Comunmente los dolien- tes arrojan en seguida, cuando beben, gran cantidad de líquido y sobre todo las infusiones calientes. Podemos afir- mar que los coléricos, desde que se les permite el uso de agua fria para apa gar la sed, padecen menos que en la época en que les estaba prohibido lo mismo este que otro líquido, ó se les consentía apénas alguna tisana tibia. Un modo, cu va acción suele ser ven- tajosa en algunos casos, consiste en alternar la administración del hielo ó del agua fria, con algunas tazas de café bien caliente y cargado. De vez en cuando se dará al dolien te un poco de caldo de gallina ó de caldo de puchero, así como también vino de Oporto. Se le introduce en la boca una pastilla de menta piperita. Contra los calambres se emplearán fricciones en las pantorrillas con el si- guiente linimento: Aceite esencial de mostaza 24 gotas Aceite de Almen- dras dulces.... 30 gram. (1 onz.) Mézclese. Para destruir los miasmas se po- nen en el cuarto platos con disolución de cloruro de cal, ó se esparse por el suelo agua que contenga ácido féni- co en disolución. Los vasos destina dos á recibir las evacuaciones del en- fermo deben contener siempre con an- ticipación el líquido desinfectante: 1 litro de agua, y 30 gramos de sul- fato de hierro. Si la reacción se verifica, los auxi- lios difieren conforme dicha reacción, fuere intensa ó circunscrita en los lí- mites necesarios. En el primer caso, los auxilios consisten en combatir por la dieta y con limonadas de naranja y otras bebidas refrigerantes, las infla- maciones que se manifestasen. De- clarados los síntomas de letargo, las infusiones de té, café y vejigatorios en las piernas son los mejores medios que pueden oponérseles. En los ca- sos, en fin, en que la reacción, es re- gular y moderada, preciso es conser- var el sudor durante dos dias por lo menos, continuar el uso de las bebi- das acídulas, emolientes y la dieta. La convalecencia de los coléricos exi- ge sérias precauciones. El menor en- friamiento, una simple alteración en el régimen, bastan comunmente para provocar la recaída. Otros muchos medicamentos han sido propuestos contra el cólera; estos son: el sulfato de quinina, los calome- lanos, el sub-azoato de bismuto, el alcanfor', el acetato de amoníaco, y otros; el tratamiento que hemos indi- cado nos parece, sin embargo, el más racional. Medios preservativos del cólera. Mantener grande aseo en las calles y en las casas; ventilar las habitaciones; ocuparse de una manera especial de la desinfección de las deyecciones merced á la solución de sulfato de hierro, en la proporción de 30 gramos de sulfato, para 1 litro de agua. Con- viene echar esta solución no solo en los vasos que reciben las evacuaciones, sino también en las letrinas. La solu- ción de sulfato de hierro tiene la pro- piedad de modificar la composición de COLERA ASIATICO 492 COLERA ASIATICO las materias evacuadas por los coléri- cos. El ácido fénico, diluido en agua, goza también de propiedades desin- fectantes. Durante la epidemia que reinó en Alemania en 1859, el Dr. Reich, comisionado por el gobierno para tratar á los coléricos de Trib- sees (villa del Mecldemburgo), por medio de enérgicas reclamaciones ob- tuvo que eif todas las letrinas se echa- ra cantidad suficiente de solución de sulfato de hierro. Grandes tinas He ñas de este líquido fueron colocadas enfrente las puertas de todas las casas, á fin de facilitar á los habitan- tes esta medida, cuya ejecución fue sometida á la inspección rigurosa de la policía. Gracias á precaución tan acertada, y á la observancia de otros preceptos higiénicos, los casos de có- lera fueron comparativamente menos frecuentes en la citada villa que en las vecinas localidades. Las otras precauciones contra el có- lera son: alejarse de los lugares bajos y húmedos; evitar las mudanzas re- pentinas de temperatura; cubrirse con vestidos propios de la estación; tomar alimentos de buena naturaleza, en cantidad conveniente y no excesiva; conservar las costumbres buenas y abandonar las malas; hacer un ejerci- cio corporal en relación á la edad y sexo; evitar los excesos de toda espe- cie, y traer una vida arreglada; no de- jarse dominar por los pesares y triste- zas; sustraerse á las emociones mora- les vehementes; vencer, en fin, el miedo que inspira la epidemia. Preciso es impedir por la higiene severa los desórdenes gastronómicos, y tratar con dolencia seria el menor desarreglo de las funciones intestina- les. Una leve diarrea que, en tiempo ordinario, puede ser impunemente des- preciada, en tiempo de epidemia exi- ge la mayor solicitud. El reposo en cama, la dieta, infusión de menta ó de melisa, 10 gotas de láudano de Sydenham en una cucharada de agua tibia con azúcar, son los primeros me- dios (pie deben ponerse en práctica. El láudano debe ser administrado du- rante tres ó cuatro dias, en la misma dosis de 10 gotas por dia; y el régi- men marcee mucha atención. El do- liente no debe darse por curado sino después de tener dos ó tres evacua- ciones de regular consistencia. Como medio preservativo y á fin de impedir la propagación de la epi- demia, he aquí los medios que han sido empleados en los hospitales de París: 1° Saneamiento de los lienzos, pa ños, colchones, de la ropa y otros ob- jetos de los coléricos. Inmergir por es- pacio de una hora los objetos inficio- nados en la solución de Agua de labarraque 1 litro. Agua común 9 litros. 2° Desinfección de los orinales. Vaciar los orinales y sumergirlos in- mediatamente en un balde que debe contener la mezcla siguiente: Cloruro de cal.. -.. 500 gramos. ' Agua cerca de 9 litros. Lavar después el orinal en agua ordinaria y enjugarlo antes de volver á usarlo de nuevo. Al fin del dia arrojar el contenido del balde en las letrinas y rehacer la solución de cloruro de cal. COLERA ASIATICO 493 COLERA ASIATICO 3o Desinfección de los comunes. Por mañana y noche echar en el con- ducto las letrinas, un balde (unos 10 litros) de la solución siguiente: Sulfato de hierro 500 grm. Agua 10 litros. Agua fénica I litro. 4o Saneamiento de las salas de los coléricos. Colocar en estas salas numerosos platos con cloruro de cal ligeramente mojado en agua. Hacer fumigaciones de ácido fénico con la mezcla siguiente: Agua 10 litros. Alcohol 1 litro. Acido fénico 50 gramos. Este líquido será distribuido en pla- tos que se colocarán en diferentes si- tios de las salas. Cuando apareció el cólera en París por el mes de Octubre en 1873, el Consejo de higiene de esta capital pu- blicó la instrucción siguiente: 1° tra- tar cuanto ántes la diarrea preliminar con infusión de menta, ron y láudano; 2 ? observar las reglas higiénicas (lim- pieza, sobriedad, vida arreglada); 3 ? colocar las camas en medio de los cuartos, y no en los rincones y las al- cobas; 4 ? desinfectar los productos de los vómitos ó de las evacuaciones alvinas, sirviéndose de la solución de ácido fénico (2 á 10 gramos por litro de agua) con la solución de cloruro de cal, agua de Labarraque ó agua de Ja- ve!; 5 ? lavar en los mismos líqui- dos la ropa y demas objetos que ha- yan servido á los coléricos. Cólera esporádico. Difiere del cólera asiático, no tanto por el carác- ter del mal, como por la menor inten- sidad de los síntomas y por sh marcha ménos rápida. Obsérvase en todos los lugares, en todas las estaciones, pero aun más particularmente en los cli- mas cálidos. Caracterízanlo los vómi- tos de alimentos medio digeridos y de materias verdes, las deyecciones alvi- nas y frecuentes, un dolor agudo en los intestinos, erizos de frió, calam- bres y desmayos. En el cólera leve bastará guardar dieta; beber cocimien- to de arroz, tomar una lavativa de de- cocción de linaza y aplicar en el vien- tre una cataplasma de harina de lina- za. Si la dolencia fuere más-grave, se deberá llamar el calor á las extremi- dades por medio de fricciones con ba- yeta caliente, y por la aplicación en los piés de botellas llenas de agua ca- liente, beber una taza de infusión de menta ó de melisa, lo más caliente posible, á fin de provocar la traspira- ción y tomar interiormente una pocion narcótica y antiespasmódica, cuya fór- mula es como sigue: Infusión de ho- jas de naran- jo 120 gram. (4 onz.) Agua de aza- har 4 gram. ( 1 drac.) Eter sulfúrico. 30 gotas. Láudano d e Sydenham.. 30 gotas. Jarabe de go- ma 15 gram. ( 4 drac.) Mézclense todas las sustancias y bé- base una cucharada de esta pocion de hora en hora. Se emplean también las bebidas j excitantes, como la infusión de té, de ! corteza de naranjas, de hojas de men- COLERINA 494 COLICO ta piperita, y, siendo preciso, nácese lo que queda dicho para el tratamien- to del cólera morbo asiático. Colerina. Dolencia parecida al pri- mer grado del cólera, Puede observar sen en todos los países, independien- te del estado epidémico, Síntomas. Disminución rápida de las fuerzas; debilidad, sensación dolo- ' rosa en la boca del estómago y en los intestinos, borborigmos, diarrea, cóli- cos, náuseas, hipo, vómitos, pulso dé- bil, lento, á veces frecuentes, orinas espesas, rojas y poco abundantes. Las evacuaciones alvinas son á veces san- guinolientas: en otras ocasiones ama- rillentas, verdosas ó rojizas, pero casi siempre mezcladas con mucosidades blanquecinas, semejantes al cocimien- to de arroz un tanto grueso Pronóstico. Por lo común los do- lientes se curan; pero á veces la en- fermedad se agrava, y viene á tras- formarse en cólera verdadero. Tratamiento. Conviene, al princi- pio, tomar inmediatamente un vomi- tivo de 1 gramo (20 granos ) de ipe- cacuana en polvo; después aplicar si- napismos en los brazos, muslos y pier- nas, y usar de la pocion siguiente: Infusión de men- ta 120 gram. (4 onz.) Láudano d e S y- denham..,... . 20 gotas. Eter sulfúrico:. . 24 gotas. Jarahe de goma.. 30 gram. (1 onz.) Mézclese. El doliente tomará dos cucharadas de hora en hora. La dieta será rigurosa. El doliente podrá tomar solamente caldos de ga- llina en el intervalo de la pocion, ó té bien caliente. Para apagar la sed, be- berá agua fria ó limonada de limón ó naraja. Para calmar los cólicos, debe- rá friccionarse el vientre con bálsamo tranquilo. Si lo dolencia no cediese, conviene recurrir entonces al tratamiento indi- cado para el cólera morbo. Cólico ó Cólico nervioso. Se da este nombre á los dolores que atacan el vientre, y no dependen de ninguna lesión orgánica: considéranse como perturbación de lá sensibilidad. La invasión súbita, el dolor agudo, su mo- vilidad, las contracciones es'pasmódi- cas de las paredes del abdomen, el es- treñimiento de vientre, la ansiedad general, la palidez del rostro, la alte- ración de la fisonomía, el abatimiento, los sudores ó los desmayos, constitu- yen sus síntomas. Estos caracteres, entretanto, son comunes á otras afec- ciones. Otras circunstancias vendrán á di- sipar la duda. Cuando se tuviere la seguridad de que ningún órgano $e ha- lla visiblemente afectado, se podrá presumir que el cólico es nervioso. En este caso el dolor será disminuido por medio de la presión sobre el vientre; mientras que casi siempre suele exas- perarse cuando proviene de lesión or- gánica. Las causas reclaman igual- mente mucha atención. Una honda conmoción del alma, y la impresión repentina del aire frió, son capaces de producir el cólico nervioso, particular- mente en las personas sensibles, acos- tumbradas á una vida sedentaria; y á una grande aplicación del espíritu. Muchas veces este dolor aparece sin COLICO 495 COLICO causa conocida. La prusuncion bien fundada en favor de un cólico nervio- so, seria la que se estableciese sobre accesos semejantes á los que anterior- mente hubieran sobrevenido al mismo individuo. El cólico nervioso es de corta, dura- ción, y no pasa de algunas horas; á veces dura más de un dia; por lo co- mún suele cesar una hora después de la invasión, terminándose siempre fe- lizmente; pero no es raro que vuelva á aparecer, y á veces con intervalos bien cortos. Entregada á sí misma es- ta afección, cesará infaliblemente; pe- ro por corta que fuere su duración, siempre suele ser penosa para el que la padece. Preciso es, por tanto, echar mano de los medios más apropiados á fin de hacer que cese prontamente la ansiedad. Tratamiento. La primera cosa que debe hacerse es administrar una taza de infusión de hojas de naranjo ó de melisa. Al propio tiempo se aplicarán paños calientes en el vientre. Si el do- liente no hubiera evacuado, se le dará una lavativa de agua tibia ó una pur- ga: 30 gramos ( 1 onza) de aceite de ricino: 8 gramos (2 dracmas) de mag- nesia calcinada; ó 60 gramos (2 on- zas) de sulfato de magnesia. Después de provocada la evacua- ción, conviene dar de cuarto en cuarto de hora, una cucharada de la pocion preparada por la mezcla de las sustan- cias siguientes: Infusión de me- lisa 120 gram. (4 onz.) Láudano de Sy- denham 30 gotas. Eter sulfúrico. .. 20 gotas. Azúcar 15 gram. Q onz.) Si los cólicos no desapareciesen se harán friciones en el vientre con bál- samo tranquilo, y se administrará una lavativa preparada del siguiente mo- do: Asafétida.... 2 gram. (40 granos.) Alcanfor 40 centígr. (8 granos.) Yema de hue- vo Una. Tritúrese y júntese triturando: Agua caliente. 250 gram. (8 onzas.) Después de la lavativa dése al do- liente un baño de agua caliente; este baño será general y su duración de una hora cuando menos: En seguida se aplicará en el vientre una cataplasma dé harina de linaza1 mezclada con una ó dos cucharadas de láudano de Sydenham. Si el cólico no cediera á la acción de estos medios, se administrará, de cuarto en cuarto de hora, una cucha- rada de lapocion siguiente: Infusión de va- leriana 120 gram. (4 ohz.) Tintura de bella dona 20 gotas. Jarabe de goma. 30 gram. (1 onz. Mézclese. A veces el estreñimiento de vien- tre suele ser tan fuerte, que no cede ni al aceite de ricino, ni al sulfato de magnesia, ni á la magnesia calcinada; preciso es entonces administrar pur- gantes más enérgicos, tales como 30 á 120 centigramos (6 á 24 granos) de polvos de coloquíntida, ó una gota, dos gotas, y progresivamente seis gotas de aceite de croton tiglium en media I taza de agua fria con azúcar. COLICO 496 COLICO El cólico que acabamos de describir es uno de los dolores de vientre que -con mayor frecuencia suelen atacar. Así, pues, cuando una persona cual- quiera es súbitamente atacada de un dolor agudo en algún punto del vien- tre, puede decirse que es un cólico nervioso. Mientras tanto, cólicos hay que no son nerviosos, y los cuales de- penden de otras causas; tales son los dolores que resultan de la indigestion- de la inflamación intestinal, de la in- gestión de sustancias venenosas, etc.: pasemos en revista estas diferentes clases de cólico. Cólico bilioso. V. Cálculo biliar. Cólico del estómago. V. Calam- bre DEL ESTÓMAGO» Cólico flatulento. Se da este nom- bre á los dolores producidos por la acumulación de gases en los intesti- nos. V. Flatulencia. Cólico hemorroidal. Dolor de vientre que precede al flujo hemorroi- dal, ó que suele producirse por la su- presión de dicho flujo. V. Hemorroi- des. Cólico hepático, Dolor que resul- ta del paso de los cálculos biliares pol- los canales por donde corre la bilis. V. Cálculo biliar. Cólico menstrual. Se llaman de este modo los dolores que preceden ó acompañan á los menstruos, ó los que suelen ser consecuencia de la su- presión ó del retardo de esta evacua- ción. Cálmanse estos dolores con la infusión de melisa ó de ruda, y con semicupios de agua caliente. Cólico de miserere. V. Ileo. Cólico nefrítico- Dolores agudos producidos por la presencia de areni- llas en los riñones, y en los canales que conducen la orina de los riñones á la vejiga. Para calmar estos dolores el paciente debe meterse en un baño caliente, y permanecer en él más de una hora, aplicar una cataplasma de harina de linaza en los riñones, y be- ber infusión de linaza. V. Areni- llas. Cólico nervioso, V. tomo 4 pág. 404. Cólico de los niños de pecho. Los niños que acaban de nacer, ó que aun maman, están muy sujetos á có- licos caracterizados por llantos agu- dos, que ninguna cosa puede aplacar; por contorsiones del vientre y de las piernas, y por la expulsión de vento- sidades por ambas vias, superior é in- ferior Tratamiento. Se aplicarán en el vientre cataplasmas bien calientes de linaza, ó toallas calientes; se dará á beber por cucharadas infusión de anis; se administrará una lavativa de agua natural templada; y se dará á beber una cucharadilla de aceite con azúcar, ó 15 gramos ( } onza) de jarabe de achicoria compuesto. Cólico de plomo, cólico satur- nino ó de los pintores. Estos nom- bres han sido dados á una especie de dolor de vientre, que se manifiesta en los individuos á quienes la profesión que desempeñan obliga á vivir en una atmósfera cargada de partículas de plomo; tales son los pintores, los ho- jalateros, plomeros, doradores, fabri- cantes de albayalde (carbonato de plo- mo), las personas que hacen uso el COLICO 497 COLICO utensilios plomizos, ó beben vino fal- sificado con litargirio (óxido de plo- mo). Síntomas del cólico de plomo. El doliente experimenta durante algu- nos dias dolores vagos y pasajeros en el vientre, que aumentan poco á po- co; las evacuaciones alvinas son cada vez más raras, y las materias evacua- das muy duras. Después las dolores se hacen tan agudos, que los pacien- tes se ven obligados á interrumpir sus tareas, y á mudar continuamente de posición, con la esperanza de encon- trar alguna que los alivie; estos dolo- res, sin embargo, no son continuos, se cambian y aumentan alternativa- mente; existen por lo común en torno del ombligo y en los costados del vien- tre. Al mismo tiempo hay. estreñi- miento de vientre, y falta de apetito; sobrevienen también náuseas, vómi- tos, calambres en los miembros; las orinas disminuyen. Abandonado á sí mismo, el cólico de plomo puede prolongarse de una manera indefinida, cuando es poco in- tenso; pero acontece á veces que los dolores de vientre cesan y son susti- tuidos por la parálisis de los miem- bros. Tratada como es debido, esta dolencia se cura casi siempre. Tratamiento del cólico de plomo. Principiase por la bebida emeto-catár- tica, cuya fórmula es la siguiente: Agua 720 gram. (24 onzas.) Emético 10 centigr. (2 gran.) S u 1 f a t o d e magnesia .. 30 gram. ( 1 onza.) Mézclese. Se toma un vaso de me- día en inedia hora, hasta acabar toda la bebida. En el mismo dia se administrará una lavativa purgante, arreglada a la siguiente fórmula: Sen 15 gram. ( 5 onza.) Agua hirvien- do 500 gram. (10 onzas.) Infundes^ durante media hora; se cuela y añade: Jalapa en polvo. 4 gramos. (1 drac.) El doliente tomará todas las noches una píldora de opio de 5 centigr. (1 grano). La fórmula de estas píldoras es como sigue: Extracto de opio 30 centigr. (6 gran.) Regaliz en pol- vo 15 centigr. (3 gran.) Se hacen seis píldoras. Si el estreñimiento de vientre re- sistiera contra los precedentes medi- camentos, se administrará el aceite de croton tiglium, en la dosis de una. dos ó tres gotas en una cucharada de agua fria con azúcar. Estos medios favorecidos por el re- poso, la dieta, y el uso de la limona- da de limón, bastan casi siempre par ra curar el mal. Contra las parálisis que resultan á veces de la absorción de las sales de plomo, se emplean fricciones^ con bál- samo de Fioravanti; 30 gramos (1 on- za) para cada fricción: Cólico procedente del estreñi- miento de vientre. V. Estreñi- miento. Cólico ventoso. Dolores pasajeros en el vientre ocasionados por la pre- sencia de gases en los intestinos. V. Flatulencia. COLIRIO 498 COLODION Coliflor. Variedad de col, la más digestiva de todas. V. Col. Colina ó Peldebues. Chile. Aguas salinas, calientes y frías. Están á 32 kilómetros al Norte de Santiago, á 900 metros sobre el nivel del mar. Las aguas son claras, sin olor y sin sabor desagradable; evaporadas hasta la sequedad dejan apenas 34 centigra- mos de residuo por cada litro, com- puesto de sulfatos de sosa y de cal; cloruro de calcio; óxidos de hierro y de alúmina; sílice. Hay dos fuentes principales: una que lleva el nombre de Baño caliente, tiene 32" centígra- dos de temperatura; la otra, la del Baño frió, tiene 29° centígrados. El tercer manantial, que brota más aba jo, llamado agua de Grújales, es frió, apénas tiene 18" centígrados. El ca- mino que conduce de Santiago á los baños es bueno; el lugar posee toda clase de recursos, casas para habita- ciones de los bañistas, y una fonda bien servida. Pueden tomarse los ba- ños desde el 1" de Agosto hasta fines de Mayo. Los meses de Junio y Ju- lio no son buenos por ser fríos. Colirio. Medicamento que se pone en contacto con el ojo enfermo. Es- tas preparaciones pueden ser secas, líquidas ó gaseosas. Los colirios se- cos están compuestos de polvos finí- simos, que se insuflan en los ojos por medio de un papel ó de una pluma. Los colirios líquidos son mezclas de líquidos de diversa naturaleza que se instalan entre los párpados, y con los cuales también se lavan los ojos. Los colirios gaseosos consisten en vapo- res que se dirigen á los ojos. Colitis. Inflamación del intestino colon. Los síntomas y el tratamiento de esta afección son los mismos que los de la Enteritis. V. esta palabra. Colodion. Se da este nombre á la disolución de algodon-polvora ó al- godón fulminante (véase esta pala- bra), ya en éter sulfúrico simple, ya en éter sulfúrico alcoholizado. Esta sustancia goza de propiedades adhesi- vas muy poderosas, y puede ser uti- lizado como medicamento aglutinante y como bu en barniz. El colodion es un líquido blanqueci- no, viscoso, medio trasparente. Echan- do un poco de esta sustancia sobre la piel bien seca de la mano ó de otra parto del cuerpo, se forma instantá- neamente una costra que no se pue- de quitar ni con agua fría ni con agua caliente, ni con alcohol. El colo- dion ha sido aconsejado en la cura- ción de las heridas, para poner en con- tacto los labios de ellas. El colodion hace impermeables los tejidos y también se usa para la pre- paración de las placas fotográficas. Puede ser asimismo empleado venta- josamente en la multiplicación de las plantas por estaca. La herida hecha en el ramo de la planta queda cu- bierta de esta manera con una capa delgada de un líquido que la preserva de la humedad excesiva, así como de la acción del aire, y hace que el ra- mo vuelva á prender más fácilmente; El colodion sirve ademas para el ingerto de los árboles frutales, de las camelias, y de otras muchas plantas; sustituye á la cera en este caso con ventaja. COLOQUINTIDA 499 COLORES Colofonia. Sustancia resinosa, se- ca, trasparente, amarilla ó roja, que en otro tiempo se sacaba de la ciudad de Colophon, en Grecia: es el residuo de la destilación de la trementina. Reducida á polvo, se emplea para de- tener las hemorragias pequeñas que provienen, por ejemplo, de las cisu- ras de las sanguijuelas: espolvoérasc en este caso la herida con polvos de co- lofonia, y se comprime durante algu nos instantes. La colofonia entra tam- bien en la composición del ungüen- to basilicon, y de algunos otros más. Colonibo., Cocéalas pal matas, De Candolle. Menispérmeas. Arbusto del Africa oriental. Su raíz se emplea en medicina; tiene propiedades tónicas. Preséntase en el comercio bajo la for- ma de discos de 2 á 5 centímetros de diámetro, y de 2 á 4 milímetros de grueso^ son amarillentos en el inte- rior; olor nulo, sabor amargo. Se ad- ministra en la falta de apetito, en la gastralgia, vómitos espasmódicos, en polvo, á la dosis de 1 gramo (20 gra- nos) dos ó tres veces por dia. Coloquíntida. Cacumis colocyn- kis, Linneo. Cucurbitáceas. Planta originaria del Oriente que se cultiva en las huertas de Europa. Tiene el fruto globuloso, amarillento, del ta- maño de una naranja. En medicina se usa la palpa del fruto. Esta pul- pa se halla en las boticas en masas blancas, esponjosas, secas y livianas, en cuyas cavidades están las simien- tes; sabor amargo, nauseabundo, sin olor notable. En algunas farmacias se ve esta pulpa expuesta en grandes bocales en los mostradores. La coloquíntida es un purgante enérgico. Basta pasar algún tiempo en una atmósfera cargada de polvo de esta sustancia para experimentar el efecto de su grande actividad- Admi- nistrada internamente provoca deyec- ciones alvinas abundantes y algunas veces vómitos. Se emplea en las hi- dropesías, dolores de cabeza, epilep- sia, apoplegía, á la dosis de 20 á 75 centigramos (4 á 15 granos) por dia, disueltos en una taza de agua con azúcar. Colores. De su, acción sobre la eco- nomía animal. Una larga serie de observaciones ha demostrado que las personas que se ocupan en la prepa- racien 6 empleo de las materias colo- rantes metálicas, así como las que es- tán expuestas á sus emanaciones, ex- perimentan muchas veces sus nocivos efectos. Entre las profesiones más su- jetas á ellas, citaremos los fabricantes de colores, los pintores, los tintoreros, los sombrereros, los fabricantes de pa- peles pintados, etc. Los colores me- tálicos se componen de las preparacio- nes de antimonio, arsénico, cromo, co- balto, cobre, hierro, mercurio y plomo, que, á excepción de las de hierro y del azul de Prusia, todas son vene- nosas. Entre los colores vegetales, la goma guta es el único que puede ser nocivo. Los individuos que 'trabajan en la fabricación de los colores mine- rales están expuestos á ser afectados de cólico metálico. Ademas de esto, los cuartos recien pintados son muy insalubres bajo otro punto de vista. El físico Sausure demostró qué una capa de aceite, de nueces de tres lí- COLQUICO 500 COMADREJA neas de espesor, por espacio de diez diez meses, absorbe ciento cuarenta y cinco veces su volúmen de gas oxíge- no que se halla en el aire del cuarto, y da veintiún veces su volúmen de ácido carbónico, el^cual es impropio á la respiración: los cuartos recien pinta- dos son, por consiguiente, muy insalu- bres, ya á causa de las emanaciones de loscolores, ya por la alteración del aire; exigen, por tanto, una buena ventila- ción. Para combatir los accidentes que pueden producir los colores hechos con preparaciones de plomo, véase el artículo Cólico de plomo. En cuanto á los accidentes resultantes de los con- fites coloreados con diferentes colores minerales, véase Confites. Cólquico, Cólchíco. Colchicum autumnale^ Linneo. Colchicáceas. Planta que habita en los prados de la Europa meridional. Tiene la flor ro- ja, que surge súbitamente de la tierra en el mes de Setiembre ú Octubre, como para anunciar la llegada de la estación rigurosa. Un bulbo le sirve de base, y sus hojas aparecen solo en el verano próximo para envolver el fruto. Peligrosa en todas sus partes, por contenerse en ella un principio acre y narcótico, éslo aun más por un bulbo en el cual residen sus propie- dades deletéreas. Se citan ejemplos de animales que, por desatender la voz del instinto, han sido envenena- dos por el cólquico. 2 ó 3 dracmas (8 á 12 gramos) son suficientes para oca- sionar la muerte á un perro. El bulbo y las simientes del cól- quico, á dosis moderada, se emplean en medicina contra la gota y el reu- matismo. Este medicamento se ad- ministra bajo tres formas: extracto, vino y tintura. Los principa?es efec- tos que produce, son: diarrea más ó menos fuerte, orinas copiosas y dismi- nución de la frecuencia del pulso. La dosis en que se administra son: Ex tracto'. 5 á 10 centigramos (1 á 2 gra- nos) y más, progresivamente, en píl- doras. Vino'. 4 á 15 gramos (1 á 4 dracmas) en pocion. Tintura'. 15 go- tas á 4 gramos (1 dracma) en pocion. Columna vertebral. V. Espinazo. Colutorio. Medicamento líquido que no difiere del gargarismo mas que en ser empleado para actuar no sobre la garganta, sino sobre las encías y las paredes internas de la boca. Co- munmente su aplicación se hace por medio de un pincel. Ejemplo: la miel rosada, que se aplica en las aftas de los niños, es un colutorio. Coma. Sueño profundo, que por lo general procede de la compresión del cerebro por una congestión sanguínea ó un derrame. Tal estado presenta muchos grados. A veces, el doliente abre los ojos y responde cuando se le habla, pero vuelve á caer en la mis- ma modorra. El coma existe en la congestión del cerebro, en la apople- gía, en la conmoción cerebral y en muchas fiebres graves. En este caso, aplícanse en la cabeza panos mojados en agua fría y vinagre, sinapismos y vejigatorios en las piernas. Comadreja. Mustela vulgaris, Linneo. Especie de mamíferos carni- ceros digitígrados pertenecientes al vasto género de las Martas. La co- । madreja se encuentra en todos los cli- COMEZON 501 COMINOS mas. Su color generalmente es par- dusco á excepción de un tinte amari- llo claro que tiene bajo el vientre. La comadreja vive cerca de poblado; en invierno suele establecerse en las dependencias de nuestras casas, en los agujeros de las antiguas pare- des, en los graneros, en las granjas; algunas veces hasta viene á criar en el heno de nuestros establos; en ve- rano se aleja algo y va á albergarse en el tronco viejo de algún árbol. Este animal, cuyos movimientos son vivos, ligeros, marcha saltando, á sal- titos desiguales y precipitados, y es el terror de los corrales y de los palo- mares; cuando puede entrar en un gallinero, mata los pollos y se los lle- va uno después de otro; también hace la guerra á los gazapillos y lebratos, ratas, ratones, etc. Es uno de los ani- males más carniceros que existen; elige la noche para sus rapiñas y duer- me la mayor parte del dia. Como ca- si todos los animales del género mar- ta, exhala un olor muy fuerte, sobre todo en el verano. Se caza á tiros, medio no muy seguro por la dificul- tad que hay de sorprenderla; el mejor medio es la trampa, que se ceba con trozos de carne ó con huevos. Solo se las destruye por los estragos que cau- san; su piel tiene poco valor en el co- mercio. Comezón. Se da este nombre á una sensación incómoda propia de la piel. Los viejos están más sujetos á la comezón que los jóvenes, los po- bres más que los ricos; los primeros, porque en ellos la traspiración es di- fícil por causa de la dureza de la piel; los segundos, porque la falta de lim- pieza hace que la materia de la tras- piración se acumule sobre las partes exteriores del cuerpo y las irrite. La comezón es también uno de los síntomas de todas las afecciones de la piel; pero nunca es más intensa que en la sarna prurigo: algunas personas experimentan comezones tan vehementes, que se arrancan la piel con las uñas. La comezón que existe alrededor de la herida que está á punto de ci- catrizarse reconoce por causa la llega- gada de la sangre á los vasos que has- ta entonces estuvieron tapados ó di- vididos; cesa cuando la circulación se ha restablecido, y puede ser atenuada con lavatorios de agua templada. El tratamiento de la comezón pro- ducida por la sarna y otras dolencias, se cura con las pomadas que indica- mos en dichas afecciones. En todo ca- so, los baños de agua caliente, los la- vatorios con jabón, de agua mezclada con vinagre, y las fricciones con aceite alcanforado son útiles, sea cual fuere la causa de la comezón. V. Prurigo. Cominos. Cominum cyminum, Linneo, Umbelíferas. Planta origina- ria del Egipto, cultivada en las huer- tas de España, Portugal y la América del Sur. Se parece al hinojo. Sus fru- tos, que son las únicas partes emplea- das como útiles, se componen de dos simientes pegadas una á otra; son pe- queños, largos, de color ceniciento- amarillo, olor fuerte, sabor aromático. Tienen cualidades estimulantes y es- tomacales; se emplean por lo común como condimento. En muchos países COMPRESA 502 COMPRESA se mezclan al pan ó al queso para darles un gusto agradable. Los vete rinarios mezclan los cominos á la ave- na de los caballos para excitarles el apetito. Los pichones son apasiona- dos á estas simientes; para retenerlos en un palomar nuevo, se ponen en él bolas de barro amasado con cominos. Compresa. Llámanse compresas diferentes piezas de lienzo fino á me- dio usar, sin orillas ni repulgos,, des- tinadas á cubrir las heridas, compri- mir las picaduras de las sangrías, mantener las fracturas, ó desempeñar muchos otros oficios en las curaciones. Varían mucho de forma, según la ne- cesidad y las partes sobre las cuales han de ser aplicadas. Se hacen con lienzo de hilo, algodón, seda ó frane- la, pero casi siempre se echa mano del lienzo de hilo. Cuando la compresa presenta las mismas dimensiones en sus principales diámetros, se llama compresa cuadra- da. Si su largura es doble que su an- cho, de manera que forme un cuadra- do cuando se dobla á lo largo, enton- ces toma el nombre de compresa or- dinaria. Se le da el nombre de com- presa larga, cuando excede de dos á tres veces, en un sentido dado, sus otros diámetros. La compresa trian- gular se hace con un paño cuadrado, doblándolo de modo que se reunan sus dos ángulos. Si este triángulo es- tá después doblado del ápice á la ba- se dos ó tres veces, se trasforma en compresa de corbata. La compresa en corbata debiendo ser más blanda, es ordinariamente de seda, algodón ó gasa. A veces es necesario dividir más ó menos profundamente los bordes ó ex- tremos libres de las compresas. Compresa hendida. Dividiendo en dos mitades iguales la extremidad de una compresa, hasta el tercio ó mitad de su longitud, se obtiene una com- presa hendida en dos puntas. Honda. La compresa sencilla, muy larga y estrecha, se llama honda, si está hendida en toda su longitud, á excepción de unas pocas pulgadas que quedan íntegras en su parte media- nera; conviene muchas veces practi- car entonces un agujero en el punto central de esta última parte. Suele emplearse en las dolencias de la bar- ba y de la mandíbula inferior. Compresa graduada. Se usa para mantener separadas las partes que. tienden á aproximarse más de lo que conviene (por ejemplo, los huesos que- brados del antebrazo). Se hace con un pedazo de paño de hilo largo, ple- gado muchas veces.. Se dobla alter- nadamente el paño de la izquierda á la derecha y de la derecha á la izquier- da, de manera que cada pliegue nue- vo sea un poco menos ancho que el precedente. La reunión de todos los dobleces debe tener la forma de un prisma triangular; así, teniendo el pri- mer doblez una pulgada de ancho, y estrechándose gradualmente en los que le siguen, el último no debe te- ner sino algunas líneas de anchura. Con algunos puntos de sutura, que atraviesen todos los dobleces, se man- tienen estos en la forma que se desea. Llámanse compresas perforadas, , cuando en uno ó más puntos de la CONDIMENTOS 503 CONDIMENTOS superficie tienen aberturas mas ó me- nos grandes. Compresa circular hendida. Cruz de Malla. Es una compresa cuadrada hendida en los cuatro ángu- los. Esta compresa no debe tener más de 13 centímetros de diápietro. Agu- jeréase á veces en el centro, y se apli- ca en la extremidad de las partes sa- lientes del cuerpo, por ejemplo, los dedos. Condiloma. Excrecencia carnosa y dolorosa que comunmente exista al- rededor del ano, ó en las partes geni- tales de ambos sexos; es ocasionada por el virus sifilítico. Consiste en la hinchazón de uno de los pliegues del ano, ó en un tumorcillo desarrollado en las partes genitales externas, con endurecimiento del tejido celular sub- cutáneo. V. Sífilis. Condillac. Aguas gaseosas, un po- co alcalinas. Condillac es un lugar cercano á Montelimart, en Francia, y tiene aguas gaseosas en el fondo de una cueva, á la cual se desciende por una escalera cuando se van á llenar las botellas destinadas á la exporta- ción. No hay establecimiento termal. El agua es fria y parecida al agua de Seltz. Contiene gas ácido carbónico y principios fijos, que son: bicarbona- tos de cal, de magnesia, de sosa; sul- fatos de sosa, de cal; cloruros de so- dio. de calcio; sales de potasa y iodu- ro, vestigios; silicatos de cal y de alú- mina, óxido de hierro-. Se usa en be' bida en las gastralgias y en los vómi- tos nerviosos. Condimentos ó Adobos. Con es- tos nombres se designan las diferen- tes sustancias que suelen emplearse en la preparación ó guiso de los ali- mentos para realzar el sabor ó faci- litar su digestión. La mayor parte de las producciones de este género ape- nas contienen elementos nutritivos, y solo actúan por las cualidades estimu- lantes de que están dotadas, y por eso puede decirse que su inmoderado uso es, por lo común, seguido de efec- tos perniciosos para la salud; el ape- tito artificial que provocan obliga á ingerir en el estómago una cantidad de alimentos más considerable de lo que las fuerzas y necesidades de la economía pueden soportar; de lo cual resultan las digestiones laboriosas, im- perfectas y, por consiguiente, un flui- do nutritivo mal elaborado, poco re- parador, cuya, influencia sobre el or- ganismo interior debe tener malos re- sultados. Por otra parte, la privación de todo condimento lleva consigo el inconveniente de debilitar las fuerzas digestivas, ocasionar la pérdida del apetito, la saciedad inmediata de los alimentos que están desprovistos de acción estimulante sobre los órganos del gusto y la digestión; y, por conse- cuencia, produce todos los efectos de una alimentación insuficiente, tales como la debilidad general, el enfla- quecimiento progresivo, etc. Preciso es, por tanto, observar cierta regla en el uso de los condimentos, lo cual de ■ pende de un gran número de circun- tancias, tales son los climas, tempe- ramentos, grado de sensibilidad, cos- tumbres, etc. Así, pues, los habitan- tes de las regiones del Norte, en los cuales predomina la actividad de las CONDIMENTOS 504 CONDIMENTOS fwnciones digestivas, no necesitan re- currir á los estimulantes para acele- rar la digestión de los alimentos de que se nutren; y por eso la naturaleza parece haberles negado, intencional mente, estas especies de produccio- nes, mientras que las prodigó á los habitantes de los climas cálidos, que se hallan en circunstancias opuestas. Las personas de temperamento ner- vioso, irritable, seco, bilioso y sanguí- neo deben ser parcas en el uso de condimentos excitantes. Los indivi- duos flojos y linfáticos, por el contra- rio, pueden usar de ellos con menos reserva. Las personas habitualmente sedentarias, que respiran el aire den- tro de las grandes ciudades, necesitan despertar la actividad embotada de sus órganos por medios artificiales; mientras tanto el habitante del cam- po, cuya vida es activa, encuentra en el ejercicio, en la respiración de un aire vivo y puro, el estímulo natural y saludable que le dispensa de recu- rrir á estos medios para crearse un apetito facticio. Los condimentos se dividen en cin- co clases. Io Condimentos salinos. Esta pri- i mera sección solo comprende la sal * común. En el estado actual de núes- < tra civilización, el uso de la sal se ha í hecho una necesidad tan general co- ¡ mo indispensable; en dosis moderada, i estimula ligeramente las superficies < mucosas con las cuales se pone en contacto, activa las secreciones, y de este modo facilita la digestión. Los ( efectos de su privación absoluta son 1 los de hacer las digestiones laborío- ( • sas é imperfectas. En dosis excesiva, - determina la irritación más ó menos ; viva del estómago, de donde viene á i, resultar la sed más ó menos intensa, sequedad de la boca y de la garganta, ■ la excitación general, etc. 2o Condimentos ácidos. Compren- den el vinagre, los ácidos vegetales, particularmente los que se extraen del limón, acederas, naranja, etc. El uso moderado de estos condimentos produce un efecto refrigerante y un tanto estimulante, salutífero , por re- gla general. El abuso de ellos pro- duce el enflaquecimiento; en algunas personas provoca la excitación del sis- tema nervioso. 5° Condimentos azucarados ó sa- carinos. El azúcar y la miel coutie nen muchos elementos nutritivos; uni- dos á los elementos ácidos, mucilagi- nosos y amiláceos, vuelven estas sus- tancias más agradables y nutritivas: su empleo moderado jamas puede te- ner malos efectos. 4° Condimentos grasos, oleosos, caseosos. Las sustancias de esta cha- ce constituyen más bien alimentos que verdaderos condimentos, y por eso son usados en esta calidad juntos con otros, tales como la sal, el azúcar, etc.: estas sustancias son las grasas animales, la manteca, la leche y el aceite. Deben emplearse con prefe- rencia en el estado fresco y en corta cantidad, visto que son de digestión ifícil. 5o CondiQnentos acres y aromáti- cos. Esta clase es la más numerosa; las sustancias que la componen, toma- das en su mayor parte del reino ve- CONEJO 505 CONEJO getal, deben las propiedades excitan- tes que poseen á la gran cantidad de aóeite esencial, ó á un principio acre é irritante. A estas últimas pertene- cen el ajo, la cebolla, la mostaza, los berros, las alcaparras, la pimienta, el clavillo, la nuez moscada, el macis, el gengibre, el pimiento; los peces esca- bechados, como las anchoas, las ostras en escabeche, las carnes ahumadas. Estas últimas sustancias, compuestas principalmente de elementos nutri- tivos, deben sus cualidades excitantes á un principio acre, amoniacal, desa- rrollado por el modo de su prepara- ción. Los condimentos aromáticos deben las propiedades que los distinguen, como acabamos de decir, al aceite esen- cial de que con abundancia están pro- vistos, tales como las hojas y flores del naranjo, la vainilla, la canela, el azafran, la salvia, el tomillo, el rome- ro, los cominos, el perifollo, etc. Las consideraciones hechas al principio de este artículo sobre los condimentos en general se aplican particularmente á esta clase. Condromo. V. Encondromo. Conejo. Animal doméstico ó sal- vaje, de pelo fino, cola corta, orejas grandes. Tiene los remos posteriores más altos que los anteriores, de ma- nera que cuando marcha lo hace á saltos; es notable por su mansedum- bre y su extraordinaria fecundidad. Los conejos viven generalmente en cuevas, que ellos mismos cavan con la uñas, en los bosques que habitan; estas cuevas se llaman cados, pero también se crian los conejos en esta- do de domesticidad, de modo que hay dos especies: conejo bravo ó montés, y conejo doméstico. Viven de siete á diez años. Los conejos son originarios del Nor- te del Africa; se alimentan. de plan- tas y de cortezas de árboles; los que viven en los bosques son muy perju- diciales por los estragos que ocasionan á la agricultura. La hembra es de una fecundidad pasmosa; puede producir en un año de treinta á sesenta crias, por lo que los conejos caseros pueden ser un recurso de importancia para una familia. La carne del conejo bra- vo es blanca, sana y gustosa; lo mismo acontece con el conejo criado en los parques. El conejo doméstico criado en jaulas, y alimentado con legum- bres y berzas, engorda más y se hace más fuerte, pero la carne no es tan sabrosa. El pelo de este animal, por lo común ceniciento amarillo, blanco por debajo, toma, en el estado de do- mesticidad, colores muy diversos. En- tre las variedades más notables se ci- ta el conejo de Angora, cuyo pelo, es- peso y suave al tacto como la seda, es de color ceniciento plateado. El pelo y la piel del conejo son objeto de un vasto comercio; el pelo princi- palmente es empleado por los som- brereros para la fabricación del fiel- tro; la piel da una cola excelente. Cria de los conejos. El conejo do- méstico puede ser criado de dos ma- neras esencialmente distintas, en cer- cado, esto es, casi en libertad, o en una conejera. El cercado debe establecerse en un CONEJO 506 CONEJO terreno más bien flojo que duro, cui- dando de evitar las tierras muy are- niscas, porque los hundimientos impe- dirían á los conejos de abrir galerías á su voluntad. Debe haber allí un arroyuelo, charco ó balsa. Necesaria es la plantación de arbolado, no solo para tener sombra y frescura, sino también para que los conejos aprove- chen los frutos. Se pueden asimis- mo sembrar en el cercado plantas gramíneas, espliego, hinojo, nabos, berzas, en fin, todas aquellas plantas que los' conejos acostumbran comer. El cercado debe estar limitado por tapias de tres metros de altura y de fosos profundos, á fin de que los co- nejos no puedan escaparse; de otro modo pronto harían salidas subterrá- neas que irían á parar al campo; las tapias deben ser de suficiente altura y guarnecidas, con vuelta en íorma de tejadillo, muy saliente y con pun- tas de hierro bien aguzadas, de modo que los gatos y otros animales, que comen conejos, no pueden penetrar saltando por encima de ellas. La cria y multiplicación por este sistema son más económicas, pero el cercado, sin embargo, solo puede es- tablecerse en los lugares en que hay grande extensión de terreno. Para coger los conejos en un cerca- do, conviene emplear los lazos, lo cual permite coger preferente los machos, cuyo número conviene reducir cuanto se pueda, porque molestan á las hem- bras en los cuidados de la maternidad; matándolos á tiros, se produciría gran- de espanto en el cercado, que seria nocivo á la reproducción. Las hembras no paren en la cueva común; dan sus hijos á luz en cados aparte y poco profundos. Se puede dispensar la limitación del cercado con tapias, si la localidad lo permite; establécese entonces un coto abierto; que no abandonan los conejos. Conejera. Las conejeras son de di- ferentes clases. Algunas se parecen á los cercados, y consisten en patios más ó menos espaciosos rodeados de murallas ydivididos en comportamien- tos cerrados con grandes barras de hierro ó empalizadas, en comunicación con jaulas apoyadas á una pared, ex- puestos al levante ó al Mediodía, y convenientemente abrigados. Los machos, las hembras preñadas, las que aun dan de mamar, los conejillos ya destetados, están separados y se pasean a su albedrío en la jaula ó en el patio contiguo. En el citado patio debe haber una pila con agua, para que los conejos puedan apagar la sed. Es errónea la práctica de no dar agua á los conejos; pueden pasar sin ella cuando son alimentados con plantas frescas; pero cuando se les da á comer plantas secas, mijo, salvado, necesi- tan beber, y con efecto suelen hacer- lo ávidamente. Las jaulas deben ser bastante espaciosas, tener 75 centí- metros á 1 metro por lo menos, en to- do sentido. Su pavimento será enla- drillado, y con bastante declive, con el fin de dar curso á las orinas, que hallan salida por un caño común de hierro que las envia á la cloaca prac- ticada dentro de la tierra. El patio debe estar guarnecido, por encima y CONEJO 507 CONEJO los costados, de un enrejado de alam- bre, á fin de impedir el paso á las ra- tas, gatos y otros animales dañinos para los conejos. El pavimento del patio debe ser de ladrillo ó de piedra con objeto de impedir á los conejos que abran en él sus cados. Las conejeras construidas de este modo son las mejores, pero no todos los que crian conejos pueden hacer el gasto que ellas exigen, y darles tanta extensión. Casi siempre, no obstante, suelen improvisarse conejeras debajo de los sobrados, en las granjas ó en los establos, por medio de comparti- mientos de 75 centímetros á 1 metro en todas sus caras, disponiéndolos en líneas unos al dado de otros, y un tan- to inclinados de atras hácia adelante, á fin de dar curso á las orinas. Estos compartimientos son de madera ó de ladrillo, cerrados en sus cinco lados ó con empalizada por delante. Otras veces, cuando la cria está re- ducida á un corto número de conejos, se encierran simplemente en grandes cajones guarnecidos de paja seca, cu- biertos con tablas movibles y separa- das, aseguradas con piedras ó por otro medio cualquiera. Los conejos cria- dos de este modo están siempre en los cajones, de que nunca se escapan. Conviene renovar á menudo la cama de paja, y para facilitar la salida de las orinas, el fondo de los cajones de- be tener muchos agujeros ó estar he- cho de tablas separadas unas de otras, esto es, dejando un intersticio entre ellas. Alimentación. Los conejos comen casi toda clase de plantas, y por eso su manutención nada tiene de difícil; los vegetales un poco aromáticos ha- cen su carne más gustosa. Dándoles, una semana antes de matarlos, pere- gil ó hinojo, su carne adquiere un gusto agradable. Comen raíces forra- jeras, tales como zanahorias, patatas, remolachas, etc., salvado, avena. La yerba verde no es bastante; preciso es añadirle salvado. Alimentándolos solo con yerba fresca se les expone a en- fermar ó á morir. La sal es tan ne- cesaria al conejo como á los demas animales, por lo cual conviene mez- clarla en los alimentos, principalmen- te en los más acuosos. ■ Debe dárseles de comer varias ve- ces al dia, pero en pequeña cantidad cada vez, y solamente la porción ne- ' cesaría de alimentos para que los co- nejos no los desperdicien. Cualquiera que sea el género de los alimentos que se les distribuyan, importa que estos alimentos, frescos ó secos, no estén ensuciados por la orina; los forrajes, impregnados de es- te líquido, se convierten en verdade- ro veneno. Evítase este inconvenien- te, si, en lugar de colocar sobre el pa- vimento de la jaula la ración del co- nejo, se le echa en una grada de co- medero semejante, salvo las dimen- siones, á las gradas de corrales ó cua- dras. Cebadura. En todo caso tiene ven- tajas la cebadura de los conejos, para que engorden, lo cual puede conse- guirse á poco precio con alimentos or- dinarios, dados en abundancia por es- pacio de quince dias, añadiendo ce- CONEJO 508 CONEJO bada ó avena y mezclando sal á las hortalizas. En los conejos castrados es más fácil la cebadura, y su carne es más gustosa. La castración debe practicarse cuando los conejos tienen de dos á tres meses de edad. Midtiplicacion ó procreación del conejo. El conejo puede reproducirse desde la edad de seis meses; y los in- dividuos de uno y otro sexo deben ser dados de baja después de cumplir los tres ó cuatro años: La reproducción de estos animales es muy rápida; la hembra puede parir cuatro ó cinco ve- ces en un año, y cuatro 6 cinco hijos en cada parto; á veces pare diez ú once. El macho tiene aptitud para fecun- dar diez ó doce hembras. Cuatro hem- bras y un macho estando bien nutri- dos, pueden producir anualmente, por término medio, ciento veinte crias. La preñez dura de 30 á 31 dias. El macho no debe hallarse habi- tualmente junto á las hembras, sino vivir en comportamiento separado, y no reunirse con ellas más que duran- te el espacio de doce horas; después de lo cual debe ser repuesto en su jaula respectiva. A la edad de veinte dias, los cone- jillos comen ya solos, y su madre com- parte en ellos la comida; al mes, es decir, diez diaz más tarde, pueden vi- vir separados totalmente de su ma- dre. Cinco semanas después del par- to la madre puede ser cubierta de nuevo; se la deja con un macho du- rante una noche. Es raro que no vuel- va á quedar preñada. Después de. es- to, devuelta á los hijos, puede darles de mamar aun por espacio de ocho dias. Algunos dias- antes de parir, la hembra reune pajaza seca en uno de los ángulos de su jaula y forma un lecho guarneciendo el fondo con el pe- lo que se arranca del vientre. Cuan- do se limpia la cueva conviene no des- truir el lecho, ya sea antes del parto, ó después del nacimiento de los ga- zapos. Hay hembras que tienen la mala costumbre de comerse sus hijuelos;, tan pronto como esto sea observado, conviene matarlas. El estiércol de los conejos es un poderoso abono y muy abundante, comparativamente á la cantidad de alimentos que consumen estos anima- les. No se debe, pues, privarles de la pajaza, que, por otra parte, les están necesaria. Los conejos se matan dándoles un golpazo con la mano detras de las ore- jas. Estando el conejo despojado y vaciado, si se desea perfumar la car- ne, se rellena el interior del cuerpo con tomillo ó con otras yerbas aromáticas mojadas y cortadas, á las cuales se añade un poco de manteca, sal, hojas de laurel y pimienta. Cuando se ha despojado un conejo, preciso es estirar la piel rellenándola de heno ó yerbas secas, y mantener la separación de los muslos por medio de un palo convenientemente dispues- to. Entonces se cuelga la piel expo- niéndola al aire libre. Preparada de este modo, aumenta de valor. Al mo- mento de venderla se le quita el he- no. CONFITES 509 CONFITES Enfermedades de los conejos. Los conejos están sujetos á muchos ma- les, y principalmente ála sarna, dia- rrea, mal de ojos, é hinchazón de vientre. Estas enfermedades provie- nen por lo común de una habitación malsana, privada de aire y de luz, ó falta de aseo. Remediar estos inconvenientes, es evitar y aun curar las dolencias. Los animales enfermos deberán ser colocados en jaula aparte, y se les da- rá por alimento algunas plantas aro- máticas, tales como el peregil, el hi- nojo, etc. Conviene entonces juntar sal al agua para beber, la cual no de- be faltarles nunca. Confites. Son preparaciones he- chas con azúcar, aromatizadas con di- ferentes aguas destiladas ó aceites esenciales, -tales como los de rosa, menta, limón, naranja, etc. Los confites sencillos, esto es, los que están fabricados simplemente con azúcar, no ofrecen el menor inconve- niente, á excepción de las indigestio- nes que resultan á veces de la inges- tión considerable de estas sustancias. Pero los accidentes que pueden oca- sionar los confites, dependen de las sustancias colorantes que se emplean para matizarlos. Los funestos efectos de los confites de color han sido reconocidos desde hace mucho tiempo en Alemania, In- glaterra, Francia, etc., y las autorida- des juzgaron conveniente recurrir á la química para conocer la naturaleza de sus principios colorantes, y de sus nocivos efectos. La análisis demostró que los confites son con frecuencia co 1 oreados con sales ú óxidos metálicos, muy venenosos, y con tintas vegeta- les; así: Los confites rojos deben su colora- ción al minio (deutóxido de plomo ), bermellón (sulfuro rojo de mercurio), simples ó con adición de cochinilla ó de lacas vegetales. Los confites amarillos son colorea- dos con el amarillo de cromo, masicot (óxido de plomo), goma guta ó lacas vegetales. Los confites verdes, con verde de Scheele (combinación de cobre y de arsénico), cristales de Venus (acetato de cobre), añil ó azul de Prusia con una tinta amarilla. Los confites azules, con azul de Prusia ó añil. Por esta exposición, hácese manifies- to, que los confites coloreados con las composiciones metálicas, en que en- tran arsénico, cromo, mercurio, cobal- to, plomo, etc., producen envenena- mientos, cuya gravedad es relativa á la dosis de la materia colorante intro- ducida en el estómago. Un químico francés ha demostrado que treinta y seis píldoras verdes, que el tribunal de Besanzon sometió á su exámen, contenían grano y medio de arsenito de cobre (verde de Scheele)', que es uno de los venenos más violentos. Los síntomas producidos por los confites coloreados con sustancias me- tálicas son cólicos violentos, náuseas, vómitos, evacuaciones alvinas, convul- siones, calambres, dolores de estó- mago, en fin, los síntomas que carac- terizan el envenenamiento por cada I una de estas sustancias en particular. CONFITES 510 CONGESTION (V. Envenenamiento.) Aunque la go- ma guta sea un principio vegetal, no por eso deja de producir cólicos y eva- cuaciones violentas con dolor é infla- mación del tubo intestinal. La orchi- 11a, sustancia colorante encarnada, también debe ser proscrita tanto por causa de la orina corrompida que en- tra en su preparación, como á causa del arsénico ó del mercurio que algu- nos fabricantes emplean en su prepa- ración. En Francia, las autoridades prohi- bieron severamente el uso de todas estas sustancias, y se ordenó á los con- fiteros que solo empleasen para los confites de color: Io para los azules, el añil y azul de Prusia; 2o para los rojos, la cochinilla, el carmín, la laca acarminada, la laca del Brasil, del ár- bol Ccesalpinia Brasiliensis, Lin- neo; 3o para los amarillos, el azafran, el grano de Aviñon, de Persia, el fus- tete, el quercitron, y las lacas alumi- nosas de estas sustancias, 4° las tin- tas compuestas por la mezcla de las precedentes. Estas tintas vegetales no ejercen acción en la economía ani- mal, y los confites coloreados de este modo son tan hermosos como los que se colorean con sustancias minerales. A veces sucede que los confit es blan- cos son envueltos en papeles teñidos con sustancias minerales muy nocivas; en efecto; los papeles blancos lisos es- tán preparados con albayalde, los^en- carnados con bermellón, los verdes con subcarbonato de cobre ó con ver- de de Scheele, los amarillos con go- ma guta ó amarillo de plomo. En es- tos casos, aunque el peligro sea me- ñor, todavía puede temerse algún ac- cidente: puesto que puede suceder, y realmente ha sucedido, que rompiéndo- se el confite, se derrama y seca sobre el papel el licor dulce que contiene; los niños meten entonces el papel en su boca, y se exponen de este modo á un peligro indudable. La cantidad de las tintas que se hallan en estos papeles es bastante considerable, por- que se han obtenido hasta dos granos de arsénico en uno de esos pedazos de papel verde que fue quemado en un tubo. Tratamiento de los accidentes pro- ducidos por los confites coloreados con tintas minerales. Necesario es provo- car los vómitos administrando 5 á 10 centigramos (1 á 2 granos) de eméti- co en una taza de agua templada, y dando á beber mucha agua tibia; des- pués de los vómitos debe darse una taza de infusión de melisa. Congestión, Hiperemia ó Pléto- ra. Llámase congestión todo golpe ó aflujo de sangre manado por la exa- geración impulsiva del centro de la circulación á los vasos de un órgano perfectamente sano. Congestión cerebral. Se da este nombre al grado ménos fuerte de la apoplegía. Con efecto, no deja de ha- ber entonces acumulación de sangre en el cerebro, pero sin laceración de la sustancia de este órgano, como acon- tece en la apoplegía propiamente di- cha. La congestión cerebral se obser- va á menudo en los individuos de tem- peramento fuerte y sanguíneo, dis- puestos á la cólera y que hacen uso de bebidas excitantes; todas las pasio- CONGESTION 511 CONGESTION nes tristes le abren paso. Hánse visto individuos atacados de congestión ce- rebral en medio de una borrachera; la alegría extremosa, lo mismo que cual- quiera contratiempo, pueden ocasio- narla. Los síntomas son poco más ó mé- nos los que caracterizan la apoplegía; los individuos sienten vértigos y pier- den los sentidos. Sobrevienen paráli- sis de todo el cuerpo, el pulso es fuer- te, el rostro se pone rojo é hinchado. Al cabo de cinco ó. seis horas, cuando más, aunque por lo común en menos tiempo, el doliente, recobra el conoci- miento, se queja de dolor de cabeza, de turbación en la vista, de zumbido en los oidos, y de entorpecimiento en los miembros; estos síntomas van men- guando, y al siguiente dia no existe el menor rastro de ellos. La conges tion cerebral es casi siempre una afec- ción que no ocasiona la muerte, y que pasa sin dejar detras de sí ni parálisis, ni debilidad de inteligencia. Sin em- bargo, en algunos casos, si bien bas- tante raros, suele terminarse por la muerte. Medios preservativos. El conoci- miento de las causas.de la congestión cerebral indica qué tratamiento pre- servativo debe oponérsele. Así, pues, para mantener la libre circulación de la sangre, debe proscribirse el uso de los vestidos que puedan oponerle obs- táculos. El mismo motivo determina- rá la elección de las posturas que se debpn guardar largo tiempo, ya des- pierto, ya durmiendo; en este último caso, conviene acostarse sobre una ca- ma bastante inclinada de la cabecera á los pies. El individuo observará un régimen parco, principalmente com- puesto de vegetales, ó por lo menos exento de toda sustancia estimulante. Evitará también los ejercicios violen- tos y afecciones morales capaces de activar súbitamente la circulación, y no abusará de bebidas espirituosas. Tratamiento. Se debe practicar una sangría en el brazo^ ó aplicar sangui- juelas en el ano, poner sinapismos en las piernas, paños mojados en agua fría y vinagre en la cabeza, y conser- var alta la parte superior del cuerpo. La dolencia, no obstante, puede algu- nas veces mostrarse con un carácter más grave del que en este lugar su- ponemos. En este caso, seria conve- niente un tratamiento absolutamente idéntico al indicado contra la apople- gía. Congestión del hígado. V. Híga- do. Congestión pulmonar. Es activa ó pasiva', Congestión pulmonar activa). Sintomas. El doliente experimen- ta opresión, incomodidad en el pecho, aceleramiento de los movimientos res- pitatorios y sensación de calor en el pecho. Si existe tos, suele ser seca y poco frecuente; á veces los dolientes expelen esputos blancos, viscosos ó es- triados de vetas de sangre. La duración del mal, rara vez es menor de tres á cuatro dias. La cura- ción es el fin más ordinario. En algu- nos casos esputos de sangre más ó me- nos abundantes siguen á las señales de congestión. Causas. Las congestiones pulmo- CONGESTION 512 CONJUNTIVA nares activas se encuentran especial- mente en los individuos jóvenes, esto es, de veinte á cuarenta años. La tem- peratura elevada ocasiona este pade- cimiento; así es que la congestión á veces sobreviene después de la expo- sición á un sol abrasador. En otros casos, la congestión se manifiesta des- pués de los excesos alcohólicos. Tratamiento. La sangría del brazo es el medio por excelencia para com- batir la congestión pulmonar activa. Un vomitivo tombien puede ser útil. A estos medios se añaden las bebidas refrigerantes, limonada de limón ó de naranja, régimen vegetal más que ani- mal, y obstencion de vino puro y de licores. Congestión pnlmonár pasiva. Tiene tendencia marcada á producir- se en el curso de casi todas las enfer- medades agudas y crónicas, y general- mente en los individuos debilitados por alguna causa. Síntomas. Muy diferentes de las congestiones activas, las congestiones pasivas de los pulmones so toman siempre con lentitud; no van acompa- ñados de dispnea, ni de dolores de pe- cho, ni de notable aceleración de los movimientos respiratorios. Algunos dolientes tosen y arrojan por la boca esputos serosos que á veces presentan un color rojizo. fcCasi siempre suele resolverse la congestión. Causas. Las congestiones pulmo- nares pasivas sobrevienen por la in- fluencia de las causas debilitantes. Ob- sérvase, en efecto, con particularidad en los individuos debilitados por la edad ó por alguna afección grave, y que conservan durante mucho tiempo la misma posición; lo cual se ve, sobre todo, en el curso de las fiebres tifoi- deas y en individuos afectados de en- fermedades del corazón. Tratamiento. La sangría raras ve- ces es practicable, á causa de la debi- lidad de los dolientes. Preciso es in- sistir en los purgantes, ventosas secas sobre el pecho y vejigatorios en esta misma región. Conicina. V. Ci cetina. Conjuntiva. Membrana mucosa así llamada porque une el globo ocular á los párpados, [revistiendo de una parte la superficie interna de estos ve- los membranosos, y de otra el globo del ojo hasta la circunferencia de la córnea trasparente, sobre la cual no se extiende. Diversas afecciones, que pasamos á enumerar, atacan á esta membrana. Conjuntiva (Cáncer de la). ¥ t. 1, pág. 367. Conjuntiva (Cancroide de la). El cancroide de la conjuntiva consiste en un granito próximo á los bordes de la córnea, ó sobre la conjuntiva palpe- bral, haciéndose más y más abultado; es cercado de una auréola roja; y, si progresa, consiste en un tumor rojizo, lobulado, escoriado en la superficie, é indolente. Se quita con masa cáustica de Can- quoin ó por medio del bisturí. V. Cancroide.) Conjuntiva (Derrame sanguíneo debajo de la). Manchas rojas que aparecen á veces espontáneamente sobre la conjuntiva, después de las veladas, de las fatigas, ó, en las mu- CONJUNTIVA 513 CONJUNTIVA jeres, después, de las perturbaciones menstruales; sobrevienen también después de las contusiones y fractu- ras del cráneo ó de la órbita; una es- pina de pescado que haya herido la garganta puede también producirlas. Tratamiento. Resuélvense espon- táneamente; se favorece la resolución aplicando en el ojo paños mojadas en agua fría riatural, ó mezclada con una corta porción de tintura de árnica. Conjuntiva (Derrame seroso de- bajo (le la). V. Quemósis. Conjuntiva (Granulaciones de la), ó Tracoma. Se da el nombre de granulaciones ó de tracoma á unos granitos blanquecióos parecidos á la tapioca cocida. Después estos granitos se llenan de vasos sanguíneos y aparecen bajo la forma de vegeta- ciones pequeñas y confluentes, roji- zas-violadas, á veces cenicientas, y que al desaparecer dejan una cica- triz. Se manifiestan principalmente sobre la conjuntiva palpebral. Cuando son confluentes, los ojos están conti- nuamente cubiertos de lágrimas, los pacientes no pueden soportar la luz, sienten á modo de un cuerpo extraño que rueda sobre el ojo, y siempre hay un poco de conjuntivitis con secreción mucosa purulenta; los párpados están un tanto hinchados. Las granulaciones pueden también establecerse lentamente, sin inflama- ción, y largo tiempo después de la con- juntivitis, constituyen el tracoma cró- nico. Ambos ojos están muchas veces afectados de granulaciones crónicas. Causas Las granulaciones de la conjuntiva aparecen comunmente á consecuencia de la inflamación de esta membrana; ó en virtud de mala higie- ne, habitación en lugar húmedo, poco ventilado, alimentación insuficiente. Tratamiento. Los dolientes deben mudar de régimen, y alojarse en lugar ventilado. Las granulaciones que acompañan una inflamación de la con- juntiva, desaparecen con la afección principal. Si esto no tuviere lugar, preciso es emplear el colirio siguien- te: Agua desti- lada 30 gramos (1 onza.) Azoato d e plata cris- talizado... 25 centígr. ( 5 granos.) Un medio aun más eficaz es el que consiste en tocar las granulaciones con la piedra infernal ó con sulfato de co- bre cristalizado. Conjuntiva (Hinchanzon de la). V. Quemósis. Conjuntiva /(Hipertrofia de la.) Aumento del volumen de la conjunti- va; Resulta de las inflamaciones repe- tidas de la conjuntiva, ó de un estado escrofuloso. Manifiéstase de ordinario por el aumento de espesor de los plie- gues de la conjuntiva en el ángulo in- terno del ojo, y por pequeñas promi- nencias de la conjuntiva ocular. Tratamiento. No es necesario prac- ticar la excisión de la membrana mu- cosa hipertrofiada: conviene limitarse á lavar el ojo con el colirio anodino que sigue: Agua de ro- sas 100 gram. (3 onzas.) Tintura de azafran 2 gram. ( i dracma.) CONJUNTIVITIS 514 CONJUNTIVITIS Láudano de S y d e n - ham 1 gram. (20 gran.) Conjuntiva (Inflamación de la.) V. Conjuntivítis. Conjuntiva (Quistos serosos de la). Muchas veces nacen en la conjun- tiva quistos de grosor variable, rara- mente más gruesos que una avellana, circunscritos, movibles, trasparentes, conteniendo á veces sangre mezclada con serosidad. Tratamiento. Necesario es quitar por medio de la tijera curva la mayor parte del quisto; practicar la excisión de sus paredes y cauterizar la herida con piedra infernal. Conjuntivitis. Inflamación de la membrana mucosa que cubre el ojo hasta la circunferencia de la córnea. En el lenguaje vulgar, la palabra con- juntivitis es sinónimo de oftalmía. I. Conjuntivitis simple aguda. {Oftalmía, agudaf Las causas de la oftalmía simple son en extremo nu- merosas. La introducción de un cuer po extraño bajo los párpados, las pes- tañas cuando están vueltas hácia den- tro, los golpes, las heridas del ojo ó de las partes contiguas, la impresión prolongada del aire frió y húmedo, la rebérberacion de una luz solar muy intensa, pueden causar esta inflama- ción. El ejercicio demasiado continuo del órgano de la vista es también una causa frecuente de oftalmía. Esta causa comprende las vigilias, las lec- turas prolongadas, especialmente con luz viva de quinqués ó lámparas, una exposición frecuente á la acción del humo, al calor y á la luz suministra - da por grandes focos, las corrientes de aire sobrecargadas de polvo finísimo. Entre las causas internas de la oftal- mía, nótase el abuso de los licores al- cohólicos y de los alimentos excitan- tes. Esta inflamación acompaña casi siempre al sarampión, escarlatina, vi- ruelas, y, en estos casos, por lo co- mún, desaparece espontáneamente con la eurupcion cutánea. Acontece, por último, con la oftalmía, como con las otras dolencias, esto es, que se decla- ra á menudo sin causa apreciable. Síntomas. En la oftalmía aguda benigna, los ojos toman un color ro- jizo; existen punzadas y una comezón dolorosa; al doliente le parece que tie- ne granos de arena en el ojo. Los mo- vimientos de los párpados y del bulbo del ojo aumentan el dolor; la luz in- tensa produce el mismo efecto. Las lágrimas corren con mayor abundan- cia que de costumbre, y los párpados amanecen pegados por una légaña es- pesa. A estos síntomas se junta á ve- ces alguna alteración en el pulso aumento de calor en la piel, pesantez en la cabeza, y á veces calofríos irre- gulares. Estos síntomas aumentan comunmente de intensidad, por espa- cio de dos ó tres dias, y después des- aparecen de una manera gradual. Con todo, en algunos casos, después de calmarse, siguen en el mismo estado, especialmente cuando la dolencia no ha sido cuidada, ó cuando los reme- dios han llegado de una manera in- tempestiva. La oftalmía aguda intensa está caracterizada por los mismos síntomas que la precedente, pero en mucho ma- CONJUNTIVITIS 515 CONJUNTIVITIS yor grado. En este caso, la rubicun- dez y el dolor van en aumento, los párpados se hinchan y vuelven hacia afuera. A veces corre de los ojos un líquido cristalino, abundante y acre; otras veces estos órganos quedan se- cos y entonces la ansiedad es vivísi- ma. La impresión de la luz más es- casa exaspera el dolor, y la visión se perturba. Todos estos accidentes se complican con dolor de cabeza inso- portable y con un insomnio rebelde. La hinchazón de la membrana conjun- tiva á veces llega á ser considerable cuando el tejido sub-mucoso se hincha de sangre. Como esta membrana se extiende únicamente hasta la circun- ferencia de la córnea y no la reviste, en esta afección suele formarse al re- dedor de la córnea un abultamiento considerable; parece que hay un agu- jero en el centro de la superficie del ojo; esta elevación se llama quemósis. La hinchazón se extiende á los pár- pados y gana la cara. La inflamación de la conjuntiva puede comunicarse á todo el globo del ojo, los dolores son entonces extraor- dinarios, se sienten punzadas profun- das en el interior del órgano, el cual aumenta de volumen, llénase de pus, se rompe y deja salir todos los humo- res que contiene. Afortunadamente este último caso es sumamente raro. La duración de la conjuntivitis va- ría conforme á la intensidad de los síntomas. Por término medio dura de diez á quince dias; pero á veces suele prolongarse hasta dos meses sin per- der el carácter agudo. Termina por la cura ó por su paso al estado crónico; á veces produce nu- bes en los ojos; en fin, puede exten- derse á todo el globo del ojo, produ- cir su desorganización y la pérdida de la vista. Tratamiento. En la oftalmía agu- da benigna se recurre á los lavatorios templados con el cocimiento de linaza ó de raíz de altea, y se aplica sobre el ojo un paño mojado en uno de dichos líquidos. El doliente deberá tomar uno ó dos pediluvios con harina de mostaza; disminuirá sus alimentos y hará uso de bebidas diluentes, como agua de cebada, de arroz, etc. Pero necesario es, ante todo, asegurarse de si no se ha introducido algún cuerpo extraño entre el párpado y el ojo. Con este tratamiento, la oftalmía re- corre por lo común su primer período en el espacio de cuatro á cinco dias. Su terminación es anunciada por sín- tomas inequívocos: el doliente no se queja más del ardor que al principio del mal experimentaba; se encuentra aliviado, abre los ojos con facilidad, y puede soportar el brillo de una luz moderada. En esta época, aun cuan- do el blanco del ojo aparezca algo en- carnado, la oftalmía está ya fuera de su primer período. Al estado inflama- torio ha sucedido la debilidad de los vasos cpie cubren el ojo; entonces con- viene bañar los ojos, tres ó cuatro ve- ces al dia, con la mezcla de agua tem- plada aguardiente alcanforado, en la proporción de cuatro cucharadas de agua tibia para una de aguardiente alcanforado, ó introducir entre los pár- pados algunas gotas del colirio si- guiente: CONJUNTIVITIS 516 CONJUNTIVITIS Agua de rosas... 60 gram. (2 onzas). Láudano'de Sy- denham 15 gram. (| onza). Mézclese. Se moja un paño ó una esponja en este líquido, y se exprime dentro del ojo tres ó cuatro veces por dia, y en seguida se lava el ojo con agua tibia. Este tratamiento debe auxiliarse con purgantes, tal como la magnesia calcinada ó el aceite de ricino. Cuando la oftalmía es muy inten- sa, ó si es leve, pero no cede á los medios siguientes, toqúese ligeramen- te la conjuntiva inflamada con piedra infernal, ó instílense entre los párpa- dos, dos veces por dia, algunas gotas del colirio siguiente: Nitrato de pla- ta cristali- zado 20 centígr. (4 granos.) Agua destilada.30 gramos (1 onza.) Inmediatamente después se lava- rán los ojos con agua tibia. Mójese un pincel en este colirio, y apliqúese sobre la conjuntiva infla- mada. Preciso es no tocar la córnea trasparente. En otro tiempo solian emplearse sanguijuelas y sangrías contra la con- juntivitis, pero los hechos han demos- trado que aun en las inflamaciones agudas del ojo las emisiones sanguí- neas fallan, al paso que los modifica- dores enteramente opuestos, tales co- mo la piedra infernal, el agua tibia mezclada con aguardiente alcanfora- do, el sulfato de cobre cristalizado, el sulfato de zinc, producen buenos re- sultados, sobre todo en los casos en que la membrana conjuntiva se en- cuentra afectada. Así, pues, querer hoy limitar el tratamiento de las of- talmías á los emolientes, á las emisio- nes sanguíneas, es declararse en opo- sición abierta con los hechos bien pro- bados é ignorar los progresos recien- tes de la medicina. Si la inflamación no cediere á estos medios, se aplica un vejigatorio en la nuca, y se administra el tártaro emé- tico con arreglo á la siguiente receta: Tártaro esti- biado 10 centígr. (2 granos). Agua 250 gramos (8 onzas). Se toma esta bebida en dos veces, con media hora de intervalo. Debe provocar bastantes evacuaciones alvi- nas ó vómitos. Conviene abrigar los ojos con pan- tallas de color verde; el doliente de- berá permanecer en un cuarto ni to- talmente oscuro ni totalmente claro, esto es, de una media claridad. Debe tener la cabeza levantada con almoha- das, porque en esta posición la con- gestión ocular no se halla favorecida como en la posición horizontal. La dieta será más ó menos severa con- forme á la intensidad de la inflama- ción. En la oftalmía violenta el do- liente no tomará otro alimento que caldos de gallina. Si se formase úlcera ó pústula so- bre el ojo, cauterícese con piedra in- fernal -ó con sulfato de cobre cristali- zado. II. Conjuntivitis (Oftalmía) pu- rulenta de los adultos. Llámase de este modo la inflamación de los ojos cuyo carácter especial es un flujo, de entre los párpados, de un fluido um CONJUNTIVITIS 517 CONJUNTIVITIS coso purulento. Es una de las afec- ciones más graves de los ojos. Veces hay en que reina epidémicamente. Esta conjuntivitis es contagiosa, se comunica por el contacto del fluido purulento sobre el ojo sano, ó por el aire viciado por los miasmas que de- sarrollan las personas atacadas. El calor, la aglomeración de mucha gen- te en un reducido espacio, y la falta de aseo favorecen el contagio. Sintomas. La conjuntivitis puru- lenta por lo común ataca á ambos ojos, si bien muchas veces hay un in- tervalo de dias entre la invasión del mal en uno y otro ojo. Cuando el de- sarrollo es moderado, el orden de los síntomas es el siguiente: por la noche sobreviene una comezón en el ojo, después se manifiesta, repentinamen- te una sensación muy incómoda como de arenas entre el ojo y los párpados, que están pegados uno á otro, y pa- recen más llenos; su superficie inte- rior se inflama. Veinticuatro horas después, el flujo del pus se hace con- siderable, siendo claro en un princi- pio, y luego opaco, amarillo y abun- dante. A veces suele correr mezclado con sangre. El mal puede no pasar adelante y limitarse á los párpados; entonces la secreción purulenta disminuye poco á poco y el doliente sana. Pero ordina- riamente la inflamación pasa al ojo; la membrana externa llamada conjun- tiva se hincha con prontitud y forma un tumor en tomo de la córnea; la fluxión puriforme es entonces muy abundante, su cantidad puede llegar á ser de algunas onzas por dia. En los casos felice s, la córnea permane- ce intacta, el doliente sana y no pier- de la vista. En los casos más graves, la inflamación se extiende hasta la comea, fórmanse úlceras en esta membrana, después nubes, y la vista disminuye cuando no se pierde por completo. A veces, por último, la in- flamación se propaga más profunda- mente aún, el ojo se vacía; la vista se pierde para siempre. Tratamiento. Las sangrías y las sanguijuelas no producen buen efecto en esta inflamación. El mejor reme- dio consiste en exprimir dentro del ojo, dos veces por dia, un paño moja- do en una mezcla de agua templada con aguardiente alcanforado, en la proporción de dos cucharadas de agua para una de aguardiente alcanforado; en seguida se bañará el ojo con agua tibia, á fin de moderar el ardor que el aguardiente ocasiona. Durante el dia se debe lavar el ojo, de cuarto en cuarto de hora, y con mayor frecuen- cia, si fuese necesario, con agua tibia ó con cocimiento, tibio también, de linaza, para no dejar que el pus se estanque entre los párpados. Estos lavatorios deben hacerse con una es- ponja muy fina. Si al cabo de veinti- cuatro horas no se experimentase me- joría, se tocará someramente la cara intema de los párpados con piedra infernal. El doliente debe tomar al mismo tiempo, de dos en dos horas, una taza de la bebida siguiente, á fin de provocar evacuaciones alvinas: Agua 750 gram, (24jonzas.) Tártaro eméti- co 10 centígr. (2 granos.) CONJUNTIVITIS 518 CONJUNTIVITIS La dieta será rigurosa. El doliente tomará únicamente caldos de gallina. Conviene, sobre todo, lavar á me- nudo los ojos y quitar la materia pu- rulenta. III. Oftalmía purulenta de los recien nacidos. Los niños recien na- cidos son afectados á veces de con- juntivitis purulenta; el mal está ca- racterizado por hinchazón considera- ble en los párpados y abundante flujo de materia purulenta. Ataca á los ni- ños desde la edad de algunos dias hasta la de muchos meses. A veces reina epidémicamente, esto es, aco- mete á gran número de niños á un mismo tiempo. Sus causas son incier tas; parece depender de la influencia particular de la atmósfera. Es una afección gravísima; puede ocasionar la pérdida de los ojos, y por tanto exige un tratatamiento esmerado. Tratamiento. El aguardiente al- canforado es el remedio que mejor ha probado en la oftalmía purulenta de los niños recien nacidos. Hé aquí la manera de emplearlo: se mezclan cuatro cucharadas de agua templa- da con una cucharadilla de aguar diente alcanforado, mójase un paño ó una esponja en esta mezcla, y se ex- prime dentro del ojo del niño. La misma operación se ejecuta tres veces al dia, é inmediatamente después se lava el ojo con agua tibia. Los lava- torios con cocimiento templado de li- naza deben continuarse después, á fin de que el ojo se conserve limpio. Di- fícil suele ser á veces abrir los párpa- dos á causa de su grande hinchazón, é imposible introducir entre ellos el cocimiento de linaza; en este caso, para lavar la cara interna de los pár- pados, preciso es emplear una jerin- guilla de goma elástica, cuyo tubo se introduce entre los párpados junto al ángulo del ojo, mediante lo cual se dan ocho ó diez jeringazos que lavan perfectamente su cara interna y al propio tiempo el globo del ojo. Si al cabo de dos dias la conjunti- vitis no disminuyese, se debe recurrir á la aplicación de la piedra infernal. Sepáranse los párpados con los dedos, vuélvese hacia afuera el párpado in- ferior, y se toca levemente su cara in- terna hasta producir una capa blanca, señal de que la cauterización es ya suficiente. Lávase luego el ojo con agua tibia. La cauterización se repite de dos en dos ó de tres en tres dias, si la dolencia no fuere grave; en el caso contrario, conviene cauterizar todos los dias, hasta que la inflamación princi- pie á disminuir. Este tratamiento ha curado muchas oftalmías purulentas. IV. Conjuntivitis (Oftalmía) ble- norrágica. Así se denomina la infla- macian grave de los ojos que acomete á los individuos afectados de bleno- rragia. Esta dolencia resulta comun- mente de la inoculación directa por medio de los dedos llevados á los ojos, cuando están ensuciados por la mate- ria que sale de la uretra. En ciertos casos la oftalmía suele aparecer sin este contacto. Esta dolencia exige un tratamiento enérgico, porque, si se menosprecia y desatiende, puede des- truir el ojo en siete ú ocho dias. El flujo de una mucosidad espesa, ama rillenta, más ó ménos copiosa, forma CONJUNTIVITIS 519 CONJUNTIVITIS el carácter distintivo de esta inflama- ción; los ojos se enrojecen, duelen, como en la conjuntivitis aguda simple. Tratamiento. Se debe administrar la siguiente bebida emeto-purgante: Agua 600 gram. (20 onzas,) Emético. ... 5 centígr. (1 grano.) Sulfato de magnesia... 30 gramos (1 onza.) Para beber una taza de hora en ho- ra. Al mismo tiempo se aplica el coli- rio siguiente: Nitrato de pla- ta cristaliza- do. . 20 centígr. ( 4 gran.) Agua destilada 30 gramos ( 1 onza ) Disuélvese. Se moja un pincel en este líquido, y se aplica en la cara in- terna de los párpados, una vez por dia. Inmediatamente después se ba- ña el ojo con agua tibia. En lugar de hacer uso de este coli- rio, se tocan someramente la cara in- terna de los párpados, y el blanco in- flamado del ojo, con lápiz de piedra infernal. Está operación se repite co- tidianamente y una sola vez cada dia. Es muy eficaz en efecto. Al dia siguiente de la bebida eme- to--purgante, se administran los calo- melanos, según esta receta: Calomelanos.. 1 gramo (20 granos). Se hacen diez papeles. Para tomar un papel, de dos en dos horas, en una cucharada de agua fría con azúcar. Preciso es bañar á menudo los ojos con cocimiento de linaza. Si la dolencia no disminuye, se ha- cen fricciones en las cejas, con la si- guiente pomada: Pomada merca rial doble.... 15 gram. ( i onza) Hácense dos fñcciones diarias, y para cada fricción se emplea una por- ción de pomada del tamaño de una aceituna. V. Conjuntivitis (Oftalmías) cró- nicas. Dáse este nombre á las oftal- mías cuya marcha es lenta, cuya du- ración es larga, que son de poca in- tensidad, y las cuales dependen de la profesión del doliente ó de causas internas, tales como el vicio escrofu- loso, empeinoso, etc. Síntomas. Unicamente difieren de los del estado agudo por su menor in- tensidad; consisten también en rubi- cundez, calor y dolor. La menbrana que cubre la cara interna del párpa- do inferior se hincha, y adquiere ma- yor enrojecimiento. A veces el borde del párpado queda ulcerado, desigual y privado de pestañas; los párpados se hallan pegados por la légaña que es más ó menos abundante. La marcha de la oftalmía crónica es lenta, y su duración siempre larga; á veces subsiste muchos años, y ter mina por la cura ó por la formación de nubes. Tratamiento. Cuando la oftalmía crónica se encuentra entretenida por la profesión del doliente, debe éste ante todo renunciar á ella; de lo con- trario serán infructuosos cuantos me- dios se empleen contra la oftalmía. Otro tanto puede decirse cuando es producida por la presencia de las pes- tañas vueltas hacia adentro; preciso es principiar por destruir esta causa, lo cual se consigue por medio de una CONJUNTIVITIS 520 CONMOCION CEREBRAL operacion. Si se cree que la dolencia es dependiente de la constitución es- crofulosa del individo, conviene en primer lugar combatir esa complica- ción por un tratamiento interno y es- pecial. V. Escrófulas. Las aplicaciones locales más con- venientes en las oftalmías crónicas son: Io Agua de rosas. 90 gram. (3 onzas.) Para lavarse los ojos, dos ó tres ve- ces por dia. 2" Láudano de Sy- denham 15 gram. Q onza.) Instilan se en el ojo algunas gotas de este líquido, con pincel, dos veces por dia. 3o Se lavan los ojos con agua fría mezclada con algunas gotas de agua de Colonia ó de aguardiente alcanfo- rado. 4o Colirio cotí sulfato de zinc. Sulfato de zinc. 30 centígr. (6 gran.) Agua destilada. 60 gram. (2 onzas). Instílanse en los ojos algunas go- tas, dos veces por dia. 5 o Agua vegeto- mineral 180 gram. (6 onz). Báñanse los ojos con esta agua, dos veces por dia. 6o Colirio aluminoso. Alumbre 1 gram (20 gran) Agua de rosas.. 120 gram. (4 onz). Se disuelve y filtra. Lávanse los ojos con este colirio, dos veces por dia. 7o Pomada de precipitado rojo. Pomada rosada.. 15 gram. (| onza) Precipitado rojo.. 1 gram, (20gran), Se hace la mezcla sobre el pórfido. Se aplica, sobre el borde palpebral, una porción de esta pomada, del ta- maño de la cabeza de un alfiler, al tiempo de acostarse. Cuando la oftalmía está entrete- nida por la debilidad de la constitu- ción, conviene recurrir á la medica- ción interna fortificante. La alimen- tación debe ser sustanciosa; esto es, compuesta principalmente de carne. El doliente hará un uso moderado del vino y un poco de ejercicio todos los días, tomará baños fríos, y espe- cialmente los de mar. Deberá dirigir á los ojos fumigaciones aromáticas espirituosas; tales como el agua de Colonia, ó bálsamo de Fioravanti. Rácense estas fumigaciones echan- do algunas gotas de cualquiera de di- chos líquidos en la palma de una de las manos; frotándola con la otra, y aproximando después la mano á los ojos. Las personas sujetas á oftalmía cró- nica deben evitar las veladas y tra- bajos asiduos que necesitan el ejerci- cio de la vista; deben también huir de la luz del sol; tomar baños de pies con frecuencia, entretener libre el vientre, y traer anteojos de colores apagados. Conmoción cerebral. La conmo- ción del cerebro es un sacudimiento de este órgano, producido por una caída ó golpe en la cabeza. No es in- dispensable, para que la conmoción tenga lugar, que exclusivamente la cabeza sea el sitio de la percusión; una caída sobre los pies, rodillas ó nalgas, un sacudimiento experimen- tado en un miembro, como acontece á consecuencia de muchas heridas he- CONMOCION CEREBRAL 521 CONMOCION CEREBRAL chas por armas de fuego, pueden pro- ducir la conmoción cerebral, y la pro- ducen efectivamente con mucha fre- cuencia. Síntomas. La conmoción tiene mu- chos grados de intensidad. El más dé- bil está caracterizado por un vértigo pasajero; en el más fuerte, las fun- ciones del cerebro se paralizan instan- táneamente, y el individuo cae muer- to, sin mediar el más pequeño espa- cio de tiempo entre el momento del golpe y el de la muerte. Entre estos dos grados extremos hay muchos gra- dos intermedios. A veces le parece al paciente que ve chispas luminosas cruzar por delante de sus ojos; otras veces pierde instantáneamente los sentidos, y cae en un amodorramien- to más ó ménos profundo. En los ca- sos en que la conmoción es lo más enérgica posible, pero. sin ocasionar la muerte, las materias fecales y las orinas se escapan involuntariamente. El pulso es lento y débil, el cuerpo se queda frió y pálido, y el sueño se hace profundo. Cuando alguien re- mueve al doliente, éste da en segui- da señales de impaciencia; si se re- pite la misma prueba, abre arrebata- damente los ojos como quien despier- ta sobresaltado, y los cierra refunfu- ñando. Después le es dado fijar su atención durante cierto tiempo; por último vuelve poco á poco al estado en que se hallaba ántes del acciden- te. En muchas ocasiones el doliente no conserva el menor recuerdo de lo que le ha pasado. Pero en algunos casos la conmoción no tiene una solu- ción tan afortunada; la perturbación experimentada por el cerebro daña la textura de este órgano, tiene por con- secuencia inevitable la inflamación de la sustancia. Los síntomas mediante les cuales se anuncia esta dolencia, en nada difieren de los de la inflama- ción espontánea. V. Encefalítis. Tratamiento. Los medios que de- ben emplearse varían conforme al gra- do de la conmoción, y al tiempo tras- currido después del accidente. En el momento mismo do la conmoción, si esta es grande, y el doliente se en- cuentra en estado más é menos próxi- mo del desmayo, necesario es, ante todo, tratar de reanimar los movimien- tos del corazón, y de llamar el calor á la superficie del cuerpo, merced á excitantes más ó menos activos. Se administrarán interiormente algunas cucharadas de vino generoso, se aproxi- mará á las ventanas de la nariz un paño mojado en vinagre, se cubrirá al doliente con mantas de lana, y se le aplicarán sinapismos en las pier- nas; tales son los medios á que debe recurrirse en casos semejantes. Jamas debe practicarse la sangría en los pri- meros instantes que siguen á la caí- da, accidente que, como ya se ha di- cho, comunmente suele ocasionar la conmoción cerebral, pues en esta oca- sión el pulso debe estar apenas sen- sible y el cuerpo frió; pero cuando el cilor de este se hubiere restablecido, y el pulso tomado fuerza, si el do- liente sufre de dolores de cabeza, se puede echar mano de la aplicación de sanguijuelas detrás de las orejas ó de la sangría del brazo, según la grave- CONSERVA 522 CONSERVACION dad del caso lo reclame; y después se hará uso de una purga (2 onzas de sulfato de magnesia). Si la conmo- ción fuese leve, basta sencillamente la administración de una taza de in- fusión de melisa, y quedar en obser- vación hasta adquirir la seguridad de que no sobrevendrá inflamación cere- bral. Si esta afección viniere á mos- trarse, debe combatirse por medio de sangrías y sanguijuelas. Conmoción de la médula espi- nal. Sacudimiento de la médula es- pinal ocasionada por golpe ó caída so- bre el espinazo. Las consecuencias varían según la gravedad de la con- moción. Puede ser caracterizada sim- plemente por la pérdida instantánea de los sentidos, por la parálisis délos miembros inferiores y de la vejiga, ó por la dificultad en la respiración. Tratamiento. En los primeros mo- mentos, preciso será emplear los mis- mos medios que en la conmoción ce- rebral: dar á oler vinagre, á beber al- gunas cucharadas de vino ó de té, apli- car sinapismos en los piés, y hacer fricciones con aguardiente sobre el espinazo. Si la parálisis sobreviniese, apliqúese un vejigatorio en los riño- nes, y recúrrase á los otros medios que van indicados en el artículo Pa- rálisis. Conmoción del ojo. V. Ojo. Conserva. {Farmacia.) Las con- servas son preparaciones farmacéuti- cas, de consistencia blanda, que anti- guamente estuvieron muy en uso, y que ahora son apénas empleadas. Las conservas se preparan con polvos de flores, hojas, frutos ó raíces, á los cua- les se añade azúcar en cantidad con- siderable. Las conservas de rosa y de cinorrodon son las que más empleo tienen dodavía. Ambas poseen pro- piedades tónicas y astringentes, y se administran á la dosis de 8 á 16 gra- mos (2 á 4 dracmas) por dia, en las diarreas crónicas. Conserva. {Economía domésti- ca.') Se llama conserva en la econo- mía doméstica á toda clase de comi- da, pollos, caza, pescados, legumbres, frutas, huevos, y aun leche, crudas ó cocidas y conservadas cuidadosamente en latas ó botellas de vidrio privadas de aire y cerradas herméticamente se- gún el método de Appert. Estas pre- paraciones pueden conservarse de es- te modo muchos años, y, cocidas ó ca- lentadas al baño de maría, tienen ca- si el mismo gusto que las sustancias frescas. Las legumbres pueden con- servarse también por medio de la com- presión y desecación. V. Conserva- ción.) Conservación de las sustancias alimenticias. {Economía domésti- ca.) La conservación de las sustancias alimenticias, de que se hace uso to dos los dias, es de grande utilidad é importancia en la práctica de la vida, y conviene conocer sus diferentes mo- dos. Estos modos varían según las sustancias que se trata de conservar y también el clima. El calor del sol, sin el empleo de ingrediente alguno, basta por sí solo á operar, en las re- giones cálidas, la desecación comple- ta de las carnes {carne seca). En los climas templados, lo mismo que en los frios, la sal y el humo son los me CONSERVACION 523 CONSERVACION dios más eficaces para la conservación de estas mismas carnes, que sirven sobre todo para el abastecimiento de la marina, en.los largos viajes. La conservación de la carne y de los pes- cados en estado fresco durante cierto tiempo, con todas sus cualidades y propiedades alimenticias, se obtiene por medio del hielo, y por el coci- miento al baño de maría, en vasos herméticamente cerrados, según el procedimiento inventado por Appert, y el cual lleva su nombre. Las carnes cocidas, no mas que por algunos minutos, no se corrompen tan pronto como las crudas; esta observa- ción condujo al procedimiento siguien- te: La carne de vaca, por ejemplo, se monda, y después se cuece á medias en horno ó estufa, ó se le hace her- vir en agua para quitarle la espuma, tal como se practica cuando se prepa- ra el caldo; despnes se corta en lonjas delgadas ó se pica, secándola por úl- timo al baño de maría, ó al de arena, al vapor ó en estufa. Esta carne se conserva en vasos cerrados; no es bue- na para otra cosa mas que para hacer caldo; porque, después de servir para este uso, no es comestible, y, ademas de esto, carece de toda propiedad nu- tritiva; pero preferible es á la carne salada para el caldo que se destina á los enfermas durante las grandes tra- vesías por mar. La carne de carnero, sometida primeramente á la acción de una salmuera líquida, medio cocí da después en vaso cerrado, y rá- pidamente desecada á una tempera- tura baja, puede ofrecer une carne tierna y gustosa, que se conserva bas- tante tiempo sin experimentar la me- nor alteración. En cuanto al procedimiento de Ap- pert, aplicado igualmente á las car- nes, legumbres y frutas, sus princi- pales operaciones consisten en: 1" ce- rrar en botellas ó en cajas de hoja de lata, las sustancias incompletamente cocidas, pero sí cocidas al menos por un cuarto, mitad ó tres cuartos de coc- ción, con arreglo á las sustancias; 2" tapar y soldar herméticamente las va- sijas: 3° someter las sustancias así cerradas á la acción del baño de ma- ría, más ó menos tiempo, según la es- pecie y la capacidad de las vasijas; 4" sacar las botellas y las latas del ba- ño de maría después de enfriadas. El sistema de Appert es el más fácil y seguro de observar cu las casas par- ticulares teniendo en cuenta las mo- dificaciones siguientes: en vez de ce- rrar herméticamente los vasos, ántes de someterlos á la acción del baño de maría, es preferible conservar, en to- do el espesor de la tapa, ó en un bo- tón dispuesto sobre la cara, anterior del vaso metálico, un agujerito de 1 á 2 milímetros, por el cual se despren- ded aire que es arrojado del vaso y de los alimentos por la acción del vapor producido merced á un calor de bas- tante intensidad. Se tapa el agujero con un clavo de estaño que se intro- duce con fuerza cuando el vapor sale, abundantemente. Por último, el vaso cerrado es sometido aún á la acción del baño de maría. Para obtener el vaso destinado á expulsar el aire del vaso y á producir el vacío, se pone, en caso necesario, en el fondo del va- CONSERVACION 524 CONSERVACION so un poco de jugo de carne ó de agua pura, cuando se trate de la conserva- ción de trozos asados ó de alimentos poco cargados de humedad, y de un volumen considerable. Se pueden conservar más de quin- ce dias en medio de los grandes calo- res del verano, carnes cocidas ó asa- das y cerradas en un vaso de hierro, cuya tapa entre forzada. Sométese este vaso, según el método de Appert, á la acción del baño de marta ó al ca- lor de un fuego muy lento, para ex- pulsar de él el aire que contiene, y se tapan cuidadosamente las junturas de la cobertera con argamasa de vi- driero ó cualquiera otro betún graso y maleable, en el momento mismo en que el vapor sale con mayor abun- dancia. Todas las sustancias alimenticias no se conservan lo mismo, esto es, tan bien. Así, la carne de los animales jóvenes, como la de ternera y de cor- dero, se corrompe con más facilidad que la de vaca ó carnero. El pescado se echa á perder más fácilmente. Por lo general, conviene desecar todas las sustancias alimenticias que son húme- das, y guardarlas en paraje seco. El pescado se puede conservar en hielo. El carbón pulverizado ofrece tam- bién un medio fácil y seguro de con- servación, principalmente para el tras- porte de las carnes y el pescado á largas distancias, cuando deben ser empleadas dentro de algunos dias. El mejor carbón al intento es el que se obtiene por la carbonización de los huesos; á falta de este, se puede echar mano del carbón de leña bien seco, reducido á granos del tamaño del mi- jo. La carne debe ponerse sobre el carbón y estar cubierta completamen- te con el mismo polvo, de manera que jamas toque en punto alguno á las paredes del vaso, el cual debe ser ce- rrado herméticamente. La carne pre- parada de este modo, puede guardar- se por espacio de 3 á 4 semanas en el invierno, y algo más de una sema- na en tiempo de verano; y cuando se quiere cocer, basta lavarla en agua fría, á fin de quitarle del todo el pol- vo carbónico que la envuelve. Para conservar, según este método, los po- llos y las aves de caza, preciso es, en primer lugar, desplumarlos, quitarles los menudillos, vaciarlos y limpiarlos esmeradamente; hecho lo cual, se re- llenan con carbón en polvo. Los pe- ces deben escamarse y destriparse. La conservación es aun más segura, si los vasos que contienen los productos son enterrados bajo tierra ó envueltos con arena. Diversas comidas, especialmente las piernas de ganso, el atún escabe- chado, las sardidas, suelen conservar- se con aceite, manteca ó grasa de cer- do, después de purificadas dichas sus- tancias por medio de su fusión al fue go. La manteca derretida se emplea también con frecuencia para la con- servación de los guisantes verdes y de las habas. Consérvanse en vinagre diferentes producciones vegetales, es- pecialmente los pepinillos, los cebo- llinos, las cebollas, los pimientos, guindillas, etc. Las legumbres, tales como las pa- tatas, zanahorias, berzas, nabos, remo- CONSTIPACION 525 CONSTIPACION lachas, etc., destinados á la venta pú- blica, se conservan durante cuatro ó cinco meses, en surcos hechos en te- rrenos secos y areniscos. El ajo y la cebolla se guardan en desvanes sin otra preparación ulterior que el de la desecación al aire libre. Ciertas clases de uvas, almendras, higos, y otras fru- tas, se conservan bien después de se- cas al horno ó en estufa. Los líquidos fermcntescibles, tales como las bebidas fermentadas, el cal- do, la leche, los jarabes, los medica- mentos compuestos, pueden ser con servados sin preparación de ningún género; basta para ello con llenar las botellas y taparlas herméticamente. Constipación, Constipado. Sinó- nimo de resfriado. V. Resfriado. Constipación del vientre, Estre- ñimiento, Obstrucción ó Dureza de vientre. La función de la defeca- ción, según los individuos, presenta variedades muy notables, y más ó me- nos compatibles con el buen estado de salud. Las personas adultas bien arregladas van naturalmente al escu- sado una vez por dia, y generalmente por la mañana; otras permanecen dos, tres, cuatro, ocho y más dias sin exo- nerar el vientre. Sin embargo, cuan- do la dureza de vientre ha llegado á este último término, debe ser conside- rada como indisposición habitual, cu- yo progreso puede ser indicio, ó con- vertirse en causa de afecciones más sérias. Generalmente hablando , la cos- tumbres de reprimir las evacuaciones alvinas es vicioso, y está sujeto á mul- titud de inconvenientes. Lo mejor es satisfacer esta necesidad cotidiana- mente ó de dos en dos dias. La dureza de vientre, cuando se prolonga, produce infartacion y pe- santez en el vientre, erutos fétidos, vértigos, dolores de cabeza, insomnio, cólicos sordos se manifiestan de tiem- po en tiempo; el apetito amengua, la sed crece y se hace más ardiente, su- be un gran calor á las mejillas, la in- teligencia no está tan dispuesta como otras veces, y algunas veces el carác- ter se vuelve irascible. Voltaire dice con mucha gracia: "Cuando tuviéreis que pedir alguna merced, informaos ántes si Su Excelencia estuvo ya en el excusado." Cuando la dureza de vientre es habitual, da lugar á otros efectos, y principalmente produce al- morranas, hemorragias uterinas, flores blancas, catarro de la vejiga y orinas sanguinolentas. Las causas de la dureza de vientre son muy variadas. Así, la vida seden- taria, las ocupacionos intelectuales, los pesares, la cólera, el terror y otras afecciones morales, la edad madura y la vejez, un régimen demasiado exci- tante ó muy parco, los vinos genero- sos, los medicamentos narcóticos, y en particular el opio, las sustancias astrin- gentes, como, por ejemplo, el vinagre; el decoro social que á veces obliga á á resistir largo tiempo contra lanecesi- dad de obrar, viene á aumentar la du- reza de vientre. En las dolencias ner- viosas es muy común; en la locura, en la melancolía, en la hipocondría, en el histerismo, etc., y, en la mujer, du- rante el embarazo. Tratamiento. La primera idea que CONSTIPACION 526 CONSTIPACION naturalmente viene para combatir la dureza de vientre, es la de tomar una purga. Sin embargo, ademas de que este medio no siempre da el resultado que se desea, la enfermedad vuelve á presentarse á poco, á menos de no continuar el remedio. En este último caso, suele acontecer al cabo que los purgantes no actúan sino con escasa energía. Por tanto, conviene apelar á otros medios. Indicadas las causas principales de este padecimiento, re- moverlas cuando se pueda es, por con- siguiente, la más imperiosa, la prime- ra necesidad. A una vida muy seden- taria, á las aplicaciones muy intensas del espíritu, á las pasiones, al régi- men estimulante, sustitúyense el ejer- cicio, las distracciones, la moderación de los sentimientos, alimentos suaves, ligeros, húmedos, laxantes; las verdu- ras, las frutas, las ciruelas secas, la leche, las carnes blancas ó las de ani- males jóvenes; los caldos de pollo, de ternera y de yerbas. El uso del vino será moderado, así como el del café puro y de las bebidas alcohólicas; se usará largamente, por el contrario, to- da bebida acuosa, y ligeramente aci- dulada. Los baños fríos producen tam- bién buen efecto. El régimen es uno de los medios más importantes en el tratamiento de la constipación de vientre. Debe ser en su mayor parte vegetal, y componerse de legumbres verdes, bien cocidas, tales como zana- horias, nabos, berros, coliflor, alcacho- fas, espárragos, . lechuga, espinacas, berzas, etc. Aparte de esto, las reglas que aquí damos no son absolutas, la diversidad de temperamentos y cos- lumbres pueden causar notables mo- dificaciones; por ejemplo, no es raro ver alimentos suculentos, condimen- tados, y bebidas est maulantes, corre- gir del todo la dureza de vientre en individuos muelles y linfáticos. La cerveza, el café con leche, la acción de fumar, esto es, la pipa ó el cigarro, producen en muchas personas un efec- to poderoso; en otras, un vaso de agua fresca bebido en ayunas por la maña- na.-Conviene arreglar las horas de las evacuaciones, es decir, ir al excu- sado todos los dias y á la misma hora, ya se tenga ó no necesidad de hacer lo.-Antes que la simple modificación del régimen haya curado el estreñi- miento del vientre, lo que acontece casi siempre en las durezas recientes, pero más raramente cuando son anti- guas, bueno es que se tome una lava- tiva todas las mañanas 6 de dos en dos dias. Principiase por lavativas con agua tibia, ó, mejor aún, durante la estación de los colores, con agua fría. Desagradable es, no hay duda, el con- traer así una costumbre molesta; pe- ro puede asegurarse que la cura será obtenida por este uso temporario; y que con la dureza de vientre la ¡-alud nunca es perfecta, y so necesita echar mano de los remedios. A veces, las lavativas sencillas no son suficientes á corregir el mal; necesario es apelar á los laxantes, añadiéndoles miel, aceite común, aceite de almendras dul- ces, de ricino, etc.-Si todos estos me- dios no fuesen suficientes, tómese por la mañana, en ayunas, de cuando en cuando, una de las preparaciones si- siguientes: CONSTITUCION 527 CONTAGIO 1 f3 Una taza de infusión de San Germán. El modo de preparado va in- dicado en el artículo TÉ de San Ger- mán. 2 Una cucharada de magnesia calcinada en una taza de agua fría azucarada. 3 Un vaso de limonada de citrato de magnesia. 4 í3 Un vaso de agua de Sedlitz. 5 ? Dos cucharadas de simientes de mostaza blanca. 6 í3 Una de las píldoras siguientes: Acíbar 1 gramo (20 granos) Goma-guta .... 1 gramo (20 granos) Hácense 10 píldoras. 7 $ Dos cucharadas de aceite cen azúcar. 8 í3 Una taza de infusión de péta- los de rosas pálidas. Constipar. Cerrar ó apretar los poros, por una causa cualquiera, im- pidiendo así la transpiración. Tam- bién se toma como sinónimo de res- friarse, y vulgarmente suele llamarse constipado á lo que solo debería dar- se el nombre de resfriado. (V. esta última palabra.) Constitución ó Complexión. Es- tado general de la organización espe- cial de cada individuo, del cual resul- tan el grado de la fuerza física, la mayor ó menor regularidad con que sus funciones son ejercidas, la suma de resistencia que él opone á las do- lencias, la dosis de vitalidad de que está dotado, y las probabilidades de vida que posee. Una buena constitu- ción es aquella en que todos los órga- nos, igualmente desarrollados y dota- dos de idéntica energía, desempeñan sus funciones con facilidad y activi- dad: la falta de equilibrio en su des- arrollo, y su tuerza, establece la dife- rencia de las constituciones. Consuelda mayor, Suelda-Con- suelda, Sínfito mayor, Symphytum officinale, Linneo. Borragíneas. Plan- ta de 60 centímetros de alto, común en España, en las orillas de los arro- yos y en los sitios húmedos y som- bríos. Crece en Aragón, Cataluña, Andalucía y otros puntos: cultívase en los jardines. Tiene las hojas grandes, ásperas; flores blancas amarillentas, á veces rosadas; raíz larga, cilindrica, negruzca por fuera y blanca por den. tro. La infusión de esta raíz es emo- liente y se emplea en las afecciones del pecho; prepárase con 4 gramos (1 dracma) de raíz de consuelda y 500 gramos (16 onzas) de agua hirviendo. También se prepara con ella un jara- be que se administra en los esputos de sangre, á la dosis de 30 á 60 gra- mos (1 á 2 onzas). Consunción. Decrecimiento lento y progresivo de las fuerzas y del volu- men de todas las partes blandas del cuerpo. Este fenómeno es propio de todas las dolencias ó padecimientos orgánicos, y principalmente de la ti- sis, de la cual es uno de los primeros y más marcados síntomas. Todo el tratamiento de la consunción debe en- caminarse contra la afección que la produce, y de la que, á su vez, es también síntoma. En el artículo Ti- sis presentaremos las consideraciones que le son propias. Véase también Enflaquecimiento. Contagio. Se entiende por conta- CONTAGIO 528 CONTAGIO gio la propiedad que tienen ciertas afecciones de comunicarse de uno á otro individuo por el contacto ó por medio del aire. A primera vista, pa- rece que no hay cosa más sencilla que la de decidir cual sean las dolencias que poseen ó no esta propiedad, y no obstante pocas cuestiones médicas han sido tan debatidas y han quedado mé- nos determinadas. Verdad es que to- dos están de acuerdo sobre la propie- dad contagiosa de la sarna, de la síñ- lis, de la rabia, del carbunclo, de las viruelas y de la vacuna, porque la mayor parte de estas dolencias pue- den ser trasmitidas por inoculación, experiencia directa que no (jeja la me- nor duda, y las Otras se comunican por contacto: por cuanto los hechos que lo prueban son cotidianos, evidentes é incontestables. Se acredita también, generalmente, en el contagio del sa- rampión, de la escarlatina y de la co- queluche; bajo este respecto hay prue- bas claras y numerosas. Pero no exis- te la misma conformidad ni unanimi- dad de opiniones acerca del tifo, de la fiebre amarilla, de la peste y cólera morbo. Observadores fidedignos y de gran valía citan hechos que prueban que estas afecciones se contraen por contagio; otros, sin embargo, no mé- nos autorizados y dignos de confianza, ponen en duda esa propiedad comu- nicativa, trasmisible, y también se apoyan en hechos, lo mismo que sus antagonistas. Las escrófulas, los em- peines, la morfea, no son contagiosos, según la opinión de la mayor parte de los médicos. Mientras tanto, puede al menos ponerse en duda si las relacio- nes frecuentes é inmediatas con en- fermos de esta clase no son nocivas á la salud. Lo mismo diremos de la ti- sis pulmonar, del cáncer, de la disen- tería y de ciertas oftalmías purulen- tas. ¿Qué debemos hacer para evitar el contagio? La razón nos dicta la providencia más eficaz, el aislamien to, huir del contacto y de la atmósfe- ra de los dolientes. Así, pues, no se consentirá que los niños afectados de viruelas, varioloides, sarampión, es- carlatina y coqueluche, se junten con los que no padecen ninguna de estas afecciones. No se llevarán tampoco los niños sanos á los lugares contami- nados de semejantes enfermedades, ni aun los padres irán allí á fin de no trasmitirlas á sus hijos. Si el aisla- miento fuera impracticable, es nece- sario resignarse, en la convicción de que, tarde ó temprano, este tributo ineludible será pagado á la naturale- za. En todo caso, conviene renovar el aire, y rociar el suelo del cuarto con agua de Labarraque, con diso- lución de cloruro de cal ó de ácido fénico. Estas precauciones de purifi- cación y de asco son indispensables sobre todo en el tifo, en las disente- rías y en las fiebres graves. Los lava- torios con agua de jabón son útiles en las partes del cuerpo que experimen- tan el contacto peligroso. El virus de la peste es considerado como de gran tenacidad y resistencia contra el la- vado. Considerando esta opinión ge- neral entre los cristianos de Oriente, la comisión de los médicos franceses mandada á Egipto bajo la presidencia CONTRACTURA 529 CONTRACTURA del Dr. Pariset, estimó oportuno el hacer expeiiencias de desinfección por un medio aun no ensayado hasta en- tonces. En el mes de Junio de 1828, cuando la peste diezmaba la población de Trípoli, en la Siria, estos intrépi- dos médicos sumergieron en una solu- ción de cloruro de cal la ropa de seis apestados que habían muerto la vís- pera, y después de seca se la endosa- ron inmediatamente sobre su cuerpo y la trajeron puesta por espacio de diez y ocho horas. Ninguno de ellos experimento el menor accidente, lo cual les hizo sentar como cierto que esta sustancia química descompone y neutraliza el principio pestífero, y que no es necesaria la destrucción por medio del fuego de los objetos que usan los apestados, como durante lar- go tiempo se había practicado en Eu- ropa. Una experiencia análoga (fumi- gaciones sulfúreas, en lugar de cloru- ros, sobre la ropa contaminada) valió el perdón á unos condenados á muer- te, durante una peste que afligió la la ciudad de Moscou durante el rei- nado de Catalina. Contractura. Retracción de los miembros. Estado de rigidez de los músculos, acompañada comunmente de dolores como en los calambres, y que se manifiesta sobre todo en los piés. Síntomas. La contractura suele manifestarse á veces de repente; sin embargo, casi siempre viene de una manera pausada, y es precedida de dolor de cabeza, quebrantamiento del cuerpo, vértigos. El doliente se queja luego de no poder mover los dedos con facilidad' experimenta punzadas en los brazos, calambres en las panto- rrillas. Estos accidentes pueden cesar y volver de una manera alternada, antes que la contractura se haya esta- blecido definitivamente. La contrac- tura principia, en general, por uno de los antebrazos, á veces por los ante- brazos y los pies á un mismo tiempo. Establecida ya la contractura, los dedos están doblados sobre la palma de la mano, á veces completamente, y entonces el dedo pulgar se halla casi siempre cubierto por los demas dedos, ó bien estos, incompletamente doblados, se ven separados y dan á la mano el aspecto de ciertas garras de hierro; por último, aunque raras ve- ces, los dedos están extendidos y cu contacto, tal como en la acción de es- cribir. Al mismo tiempo los puños se encuentran doblados sobre los ante- brazos; el hombro, por lo común, suele hallarse libre, así como el codo; pero á veces, no obstante, estas articulacio- nes se muestran rígidas y embaraza- das. Cuando los dedos están comple- tamente doblados, no hay posibilidad de extenderlos, por muy grandes es- fuerzos que se hagan; se consigue des- doblarlos cuando la contractura no es tan fuerte; pero, en todos los casos, semejantes tentativas son muy dolo- rosas . Los músculos contraidos se muestran resistentes, y veces afectan la dureza de la leña; en muchas oca- siones forman prominencias debajo de la piel; son el asiento de dolores más ó menos vivos, que aumentan de tiempo en tiempo hasta el punto de CONTRACTURA 530 CONTRACTURA hacer gritar á los pacientes. Después dp calmados, cosa que por lo general coincide con la disminución de la con- tractura, los dolientes sienten solo ri- gidez y molestia en el antebrazo. Du- rante la crisis, y en sus intervalos, los dedos experimentan á veces hormi- gueos incómodos; su sensibilidad se hace obtusa. Cuando la contractura ocupa las piernas y los piés, los dedos están ya doblados, ya extendidos, pero no obs- tante inmóbiles en su posicicion. El pié se encuentra en extensión forza- da sobre la pierna; los músculos de la pantorrilla duros y sobresalientes; el andar es difícil ó imposible; hay do- lores idénticos, las mismas sensacio- nes, la misma dificultad de endereza- miento que en el brazo. La contractura invade á veces los músculos del cuello y los del tronco; cuando los músculos de las paredes to- rácicas se encuentran atacados, cuan- do el músculo diafragma está invadi- do, los dolientes padecen dispnea, se quejan de opresión y de sufocación. Duración, terminaciones. Esta dolencia tiene duración variable; or- dinariamente dura algunos dias; pro- lóngase a veces por muchas semanas y aun por muchos meses, presentando entonces intermitencias más ó ménos largas. Su terminación es feliz casi siempre. Causas. Las causas de esta dolen- cia no son conocidas; á veces suele reinar en cierto modo como una epi- demia. Tratamiento. Las fricciones con bálsamo tranquilo, los baños calientes generales, internamente el opio y el jarabe de éter, el de cloroformo, las píldoras de extracto de belladona, las inyecciones subcutáneas con sulfatos de atropina, son muy útiles en la con- tractura muscular. Hé aquí la receta: Bálsamo tran- quilo 120 gramos (4 onzas). Para dar dos ó tres fricciones dia- rias sobre los músculos contraidos. Extracto de opio 30 centígr. (6 granos). Se hacen 6 píldoras. Para tomar 1 ó 2 píldoras por dia. Extracto de belladona.. 25 milígr. grano). Polvos de altea cantidad suficiente. Se hace 1 píldora, y como esta 3 más. Para tomar 1 <5 2 por dia. Jarabe de éter. 60 gramos (2 onzas). Para tomar una cucharadilla de dos en dos horas. Jarabe de clo- roformo. ... 60 gramos (2 onzas). Para tomar una cucharadilla de dos en dos horas. Solución de sulfato de atropina para inyecciones. Sulfato de atro- pina 15 centígr. (3 granos). Agua destilada. 15 gramos (j onza). Llénase una jeringuilla con esta solución, se adapta á la cánula, intro- dúcese oblicuamente debajo de la piel á un centímetro de profundidad, y se comprime el émbolo para hacer la in- yección. Hácense una ó dos inyeccio- nes diarias, y, cada vez, se inyectará una sola gota de la solución, y á lo mas cinco gotas. Hay jeringuillas pro- pias á este fin. CONTRAVENENO 531 CONTRAVENENO Por último, la aplicación de la electricidad por medio del aparato de Buhmkorff, Gaiffé, Trouvé, ha curado las contracturas que se resistían con- tra los medios anteriores. Una sim- ple masadura, esto es, la fricción pro- longada con la mano, ha sido suficien- te algunas veces para curar la con- tractura. Contra-estimulantes. Se llaman contra-estimulantes ó hipostenisan- tes, los medicamentos que, introduci- dos en nuestro cuerpo, ponen la fuer- za vital bajo el grado en que estaba antes de su aplicación. Estos reme- dios se llaman también antiflogísti- cos ó debilitantes. Tales medicamen- tos, convenientemente aplicados, pro- ducen á veces el mismo resultado que las sangrías, y son empleados en las dolencias inflamatorias. Su efecto más notable es el de disminuir la fre- cuencia del pulso, y de provocar la traspiración cutánea. Los medicamen- tos contra-estimulantes son: el tárta- ro estibiado, á la dosis de 30 y más centigramos, el agua de laurel-cereza, el acónito, el centeno espigado, la digital, etc. Contraveneno ó antídoto. Medi- camento á que se atribuye la propie- dad de impedir ó combatir los efectos de un veneno. El número de los contravenenos es sumamente limitado, mucho más limi- tado de lo que algunos creen. Pre- ciso es, ante todo, despojar de este título á gran número de sustancias inertes, pregonadas por la ignorancia ó la mala fe. Esta cautela es de la mayor importancia, á fin de que la credulidad deje de hacer víctimas; por cuanto, un momento perdido ó mal empleado en un caso de envenena- miento, casi siempre viene á ocasio- nar un resultado mortal. No citare- mos más que un solo ejemplo para demostrar semejante peligro. En al- gunas partes de America se atribulen á una planta, llamada^zíaco, propieda- des específicas en las mordeduras de las serpientes; hácense aplicaciones de ella sobre la herida, cuando es abso- lutamente inerte, en vez de emplear la cauterización con la potaza cáustica, aceite de vitriolo ó hierro candente, que son los únicos medios para des- truir el virus; resulta que no solo se pierde el tiempo, sino que se perjudica gravemente al herido. La leche, el acite, las bebidas emo- lientes no son antídotos. Estos me- dios atenuantes deben acompañar el empleo de los contravenenos; comba- ten las inflamaciones de las vias di- gestivas, que siempre siguen la in- gestión de las sustancias venenosas irritantes; pero, repetimos, no son an- tídotos. Preciso es, sin embargo, con- fesar que en los casos en que no hay posibilidad de recurrir á un contrave- neno, ó porque él no exista, ó porque el momento oportuno se ha perdido, la leche, el aceite y las bebidas acuo- sas son los únicos medios que pueden ser empleados. No debe darse el nombre dé antí- doto sino á las sustancias ó medica- mentos capaces de descomponer los venenos, y de formar con ellos un nuevo cuerpo, que no ejerza acción nociva sobre la economía. CONTRAYERBA 532 CONTREXEVILLE Los principales contravenenos co- nocidos son: la clara de huevo, en los envenamientos por el sublimado; la decocción de quina, en los envenena- mientos por el emético; la magnesia, en los acasionados por los ácido?, etc. Para mayores noticias sobre este asunto véase el artículo Envenena- miento. Contrayerba, Dorstenia brasi- Uensis, Lamark. Planta del Brasil y de otras partes de la América del Sur. No tiene tallo; sus hojas son cordifor- mes, su flor menuda y blanca; está contenida en un receptáculo carnoso; tallo subterráneo, leñoso y encorvado como un gancho, vulgarmente llama- do raíz, del grueso de un dedo meñi- que, de dos pulgadas de largo, de color moreno-rojizo por fuera, blanco-amari- llento por dentro, de sabor acre y olor aromático; en la parte inferior presen- ta muchas radículas pequeñas, que son las verdaderas raíces de la plan- ta. Hay ademas otras especies que son: Dorstenia bryoniafolia, Mar- tius; Dorstenia onifera, Martius; Dorstenia. arifolia, Lam. En las far- macias figura también la contrayerba de México (Dorstenia contrayerba, Linneo). La raíz de esta especie es algo más gruesa. La infusión de la raíz de contra- yerba es estimulante; empléase en las dolencias caracterizadas por debilidad y para provocar los menstruos; prepá- rase con 4 gramos (1 dracma) de di- cha raíz y una taza de agua hirvien- do. Algunas personas creen que la contrayerba posee propiedades espe cíficas en las mordeduras de las ser- pientes; y su nombre de cántrayerba, que según el vulgo parece indicar yerba-contraveneno, hace ver el uso principal que ha tenido en el país en que fue hallada. Pero tales virtudes son enteramente imaginarias, la infu- sión de la raíz de contrayerba es sim- plemente un ligero estimulante pro- pio para provocar la transpiración. Contrexeville. Aguas alcalinas trias. Itinerario: de París á Neufcha- teau, 8 horas por el ferrocarril; de Neufchateau á Contrexeville, 3 horas en ómnibus. Gasto, 35 francos. Contrexeville es una aldehuela de Francia, con 730 habitantes, en el de- partamento de los Vosges. Sus aguas son trias (+ 12° centígrados): hay tres fuentes. La del Pabellón es la más importante. Su agua es fresca y agra- dable, aunque ligeramente ferrugino- sa. La análisis química, hecha por Henry en 1853, dio por un litro de agua los resultados siguientes: Gas'. Acido carbónico, libre, 0g,019 miligramos; ázoe con un poco de oxí- geno, cantidad indeterminada. Principios fijos: total 2g,941 mi- ligramos de mineralizacion. Contiene sulfatos de cal, de magnesia, de sosa, de potasa; bicarbonatos de cal, de mag- nesia, de sosa, de hierro, de manga- neso, de estronciana; cloruros de so- dio, de potasio, de magnesio; ioduros y bromuros alcalinos; sílice y alúmi- na; azoatos, fosfatos de cal y de alú- mina, materia orgánica azoada, y prin- cipio arsenical unido al hierro, Las aguas de Contrexeville se em- plean sobre todo contra las arenillas, 1 enfermedad sobre la cual ejercen una CONTREXEVILLE 533 CONTUSION accion específica. Hé aquí el modo de usarlas: Se beben el primer dia á la dosis de dos á tres vasos, en ayunas. Los dias siguientes, se aumenta el núme- ro de vasos, que gradualmente se ele- varán hasta doce ó quince; algunas personas toman veinte y aun treinta vasos sin fatigarse. Durante los últi- mos dias, se debe disminuir la dosis hasta terminar bebiendo solo cinco ó seis vasos. La acción del agua en la economía se manifiesta por la celeri- dad del pulso, frecuencia de la respi- ración, y mayor actividad de todas las excreciones, especialmente de lasori ñas y de las materias fecales. Son diuréticas en alto grado. Tienen ac- ción directa sobre las concreciones pé- treas. Así, los empleados del estable- cimiento muestran cálculos expelidos por la uretra, que ofrecen surcos irre- gulares y depresiones, manifestando su erosión operada por el agua mine- ral. Poco después de beber el agua, se encuentran casi todos sus princi- pios mineralizadores en las orinas. Las aguas de Contrexeville son también provechosas en las afeccio- nes catarrales de la vejiga, en los in- gurgitamientos de la próstata y en la gota. Los baños y las duchas entran por mucho en el tratamiento. El agua se calienta por medio de serpentines atravesados por el vapor de agua hir- viendo. El establecimiento termal posee cuartos para habitaciones, aseados y elegantes; hay buena mesa y un lin- do parque. También hay un casino con teatro; sala de concierto, mesa de bi- llar, salón de recreo, gabinete de lec- tura y juegos de sociedad, como en todas las caldas de moda. La estación termal dura del 15 de Junio al 15 de Setiembre. La temperatura atmosfé- rica es allí bastante friaporlo común; los cambios climatéricos son repenti- nos, por lo que los enfermos que van a esta estación deben llevar ropa su- ficiente para preservarse del frió. Las aguas de Contrexeville pueden ser trasportadas sin que sufran la me- nor alteración. Contusión, Magulladura, Pisa- dura. Con estos nombres se designa una lesión comunmente producida por caídas, golpes, y otras violencias ex- ternas; por el encuentro de un cuer- po contundente, una piedra, una bala de artillería, que magulla, machuca, aplasta, muele las partes sometidas á su acción, sin que por tanto se parta la piel; pero cuando esta se corta, dí- cese que la herida es contusa. Aun- que la piel no quede rasgada en las contusiones, casi siempre existe rotu- la de las venas y arterias pequeñas situadas debajo de ella. La sangre, que estos vasos suministran, se de- rrama por las regiones contiguas, y produce una mancha de color negro rojizo, llamada equimósis. Algunas personas se asustan cuando, á conse- cuencia de este género de accidente, experimentado en la frente, por ejem- plo, ven los párpados y la cara volver- se negros. Es un efecto natural de la infiltración de la sangre, que, por lo común, no ofrece peligro, y no nece- sita, en manera alguna, como el vul- CONTUSION 534 CONTUSION go cree, la aplicación de sanguijuelas. Cuando los huesos son sacudidos vio- lentamente por los cuerpos externos, ó reciben en las caídas sacudidas ex- traordinarias, las perturbaciones que producen pueden ocasionar en los ór- ganos, más ó menos apartados, lace- raciones profundas ó verdaderas con- tusiones. He aquí un ejemplo de mu- cha consideración. Un soldado trances cayó herido de un balazo en 1814, junto á los muros de Paris; traslada- do á la ambulancia, no presentaba en el cuerpo el menor indicio de violen- cia; estaba á punto de ser objeto de escarnio entre sus camaradas, cuando el célebre cirujano Dupuytren, exa- minando la región de los riñones, des- cubrió en este lugar una espaciosa contusión: El doliente sucumbió al cabo de pocas horas; abrióse su cuer- po y se hallaron todos los vasos des- truidos, los huesos de la columna ver- tebral quebrantados, y el vientre, así como también el pecho, llenos de san- gre negruzca; la piel únicamente se hallaba ilesa, había logrado resistir á la acción de la bala. Sintomas. Los efectos de la contu- sión se presentan bajo tres formas principales, que son: la equimósis sencilla, la efusión sanguínea y la moledura de la parte. 1° Cuando la contusión es leve, un dolor más ó menos agudo se mani- fiesta en el momento del accidente, y desaparece poco después. Sucédele un entorpecimiento acompañado de hin- chazón poco considerable. Si los vasos capilares contenidos en el espesor de la piel han sido rotos, la hinchazón va acompañada, en el momento mismo del accidente, de una mancha negra que, como antes dijimos, se llama equimósis. Si, por el contrario, la le- sión ha llegado á atacar el tejido ce- lular, que está debajo de la piel, la equimósis no aparece sino después de algunas horas, y á veces dos ó tres dias más tarde. Esta equimósis se ex- tiende; su color violáceo cámbiase in- sensiblemente en amarillo ó verdoso. Por fin, tres semanas ó un mes más adelante, los vestigios visibles del mal desaparecen por completo. En ciertos casos, no obstante, aun cuan- do la equimósis y la contusión parez- can leves, al cuarto ó quinto dia se ven los tegumentos inflamarse y ma- nifestarse una erisipela flegmonosa, que ocasiona estragos más ó menos considerables, 2" Cuando el cuerpo contundente produce efusión de sangre, se recono- ce la equimósis por un tumor azulado y lívido, fluctuante en el centro y du- ro en la circunferencia. 3o Por último, cuando los tejidos han sido molidos y desorganizados por el cuerpo contundente, un dolor vio- lento se deja sentir en la parte en el momento mismo de recibir el golpe; pero este dolor es sustituido en se- guida por un entorpecimiento profun- do, y hasta por la insensibilidad abso- luta; la parte se conserva fria y lívi- da, y pronto ofrece todas las señales de la gangrena. Tratamiento de la contusión. Cuando la contusión es leve y poco extensa, la aplicación de compresas empapadas en agua fria, que convie- CONTUSION 535 CONTUSION ne humedecer tan luego como princi- pian á calentarse, es uno de los me- jores remedios externos que pueden ser empleados. Agua salada, agua fria mezclada con vinagre, con tintu- ra de árnica ó con aguardiente alcan- forado, son también buenos en este caso. Tales aplicaciones, continuadas con perseverancia, y renovadas á me- nudo á fin de conservarlas siempre trias, bastan regularmente para al- canzar la curación. En lugar de estas aplicaciones se pueden emplear cata- plasmas hechas con harina de trigo y vino frió: preciso es renovarlas dos veces al dia. Continúase este trata- tamiento hasta la curación, si la con- tusión no es de mucha importancia. Pero si al segundo ó tercer dia se ma- nifestase dolor, hinchazón y rubicun- dez, conviene abandonar estos medios y recurrir á las cataplasmas calientes de harina de linaza. A veces la parte ofendida no vuelve á su estado natu- ral sino al cabo de mucho tiempo. Cuando ocurre que los síntomas in- flamatorios se siguen sin interrupción, el tumor se hace con prontitud más voluminoso, se halla la piel uniforme- mente de color rojo, ardiente y dolo- rosa, y aparece la fluctuación ó se sig- nifica más y más, es prueba evidente de la formación de un absceso. Pre- ciso es entonces abrir el tumor con bisturí, á fin de procurar la evacua- ción de toda la sangre mezclada con el pus en ella contenido. Cuando la causa contundente ha ocasionado efusión de sangre, y no obstante las aplicaciones resolutivas, tales como el agua fria y otras arriba indicadas, esta sangre no fuere absor- bida, también debe abrirse el tumor antes que la piel se adelgace. Exprí- mase después la sangre y apliqúense cataplasmas de harina de linaza. Por último, si el miembro estuvie- se contusionado en último grado, las carnes reducidas á pulpa ó masa, y los huesos molidos, etc., no queda otro recurso que el de la amputación. En cuanto á las heridas contusas, deben ser lavadas con agua fria y cu- radas con hilas untadas de cerato sim- ple. Dos ó tres dias después, cuando la herida estuviere inflamada, se apli- can sobre ella cataplasmas de linaza, que se continuarán algunos dias, has- ta que disminuyan la rubicundez y el dolor. Entonces se vuelve de nuevo á las curas con hilas y cerato hasta que la herida se cicatrice. V. Heri- das contusas. Examinemos ahora las contusiones en las regiones del cuerpo en las cua- les presentan alguna particularidad. Contusión de La articulación. Las contusiones articulares muchas veces producen un derrame de sangre pura en la articulación contusa. Co- munmente se den-ama una corta can- tidad de sangre y mucha serosidad. La sangre queda flúida por largo tiem- po; coagúlase cuando sobreviene in- flamación. Síntomas. Dolores bastante agu- dos, hinchazón de la articulación, y dificultad en los movimientos, sobre- venida poco tiempo después de una caída, caracterizan un derrame en la articulación. Al comprimir las super- ficies articulares, si se percibe una CONTUSION 536 CONTUSION crepitacion análoga á la que produce el almidón comprimido entre los de- dos, debe creerse que existe un derra- me con coagulación de la sangre. Trafámiento. En un principio, con- siste en paños mojados en agua vege- to-mineral, ó agua fría mezclada con aguardiente alcanforado, ó cataplas- mas frías hechas con harina de trigo y vino tinto. Tres ó cuatro dias des- pués se aplicarán cataplasmas calien- tes de linaza. La sangre coagulada puede quedar sin riesgo en una arti- culación; desaparece por fin, poco á poco y de una manera espontánea. Contusión del bazo. Después de un golpe, una compresión directa, ó después de un golpe de rechazo en una caída, la sangre puede derramar- se en lo interior del bazo. Este acon- tecimiento puede ser seguido de fie- bre, ó de ictericia, consecuencia de los desórdenes simpáticos de parte del hígado. Tratamiento. A vista de un dolor en el hipocondrio izquierdo, luego de una caída ó de un golpe, racional es la aplicación de 10 á 12 sanguijuelas en el punto doliente, y después una cataplasma fria de harina de trigo, y vino tinto. Preciso es también aplicar alrededor del cuerpo un cinto mode- radamente apretado. Contusión de la cabeza. Las con- tusiones superficiales producen en la cabeza tumores sanguíneos llamados chichones. Es un mal casi sin grave- dad. Los chichones se tratan por me- dio de la compresión, sirviéndose de una moneda envuelta en un paño. Pero los efectos de los golpes en la cabeza pueden no estar limitados á las paredes exteriores; á veces ocasionan una contusión cerebral. Esta lesión suele presentarse bajo dos aspectos di- ferentes: limitada á una porción bien circunscrita de la masa encefálica, ó abrazando á un mismo tiempo muchas partes del órgano. La contusión circunscrita, esto es, la que ocupa mía extensión pequeña, está caracterizada por la desorganiza- ción más ó menos profunda de la sus- tancia cerebral. No hay punto del ce- rebro que no pueda ser afectado de es- ta lesión: las partes profundas pue- den ser también contusionadas; las que existen en la base del cráneo es- tán menos expuestas á la contusión (pie las otras. La contusión difusa es mucho más rara que la contusión circunscrita del cerebro. Caracterízala la presencia, en todo el cerebro, de un considerable número de focos sanguíneos diminu- tos que varían de tamaño, desde el volúmen de una cabeza de alfiler has- ta el de una lenteja. Señales. Las diversas porciones del cerebro no tienen un grado igual de importancia; de aquí resulta que la lesión de ciertas partes de este ór- gano es incompatible con la conserva- ción de la vida, al paso que la lesión de las otras partes no ofrece peligro. Cuando el tejido cerebral es profun- damente desorganizado, y cuando la cantidad de sangre derramada es con- siderable, casi siempre la muerte es una consecuencia de esta lesión, y lo que la hace mortal, es la inflamación, la supuración, y, después, la compre- CONTUSION 537 CONTUSION sion que esta determina. Los acci- dentes no se declaran sino al cuarto ó quinto dia, esto es, en el momento de la inflamación. Entonces sobrevie- nen sordera, modorra, pulso frecuente, dolor de cabeza, delirio, agitación, di- latación de las pupilas, respiración dificultosa, y si la contusión es grande, la muerte. Tratamiento. Cuando alguien re- cibe un gran golpe en la cabeza, cuan- do cae de gran altura, preciso es, pri- mero, reanimar las fuerzas desfalle- cientes, dará oler al paciente vinagre ó agua de Colonia, aplicar sinapismos en las piernas, friccionar el cuerpo con aguardiente ó con agua de Colonia, dar á beber algunas cucharadas de vi- no ó de infusión de hojas de naranjo, y, después, practicar una sangría. Es- ta nunca debe hacerse en los prime- ros instantes de la caída, pues en esta ocasión el pulso debe ser apenas per- ceptible y el cuerpo se halla frió; pe- ro cuando el calor del cuerpo se ha restablecido ya, se debe recurrir á la sangría y á la aplicación en la frente de paños mojados en agua fría. Si se desarrollara una inflamación cerebral, debe seguirse el tratamiento indicado en el artículo Encefalítis. Contusión del escroto. Puede ser seguida del derrame de sangre entre las diversas capas de esta región. Cuando la sangre se derrama en el tejido celular subcutáneo, sobreviene equimosis, esto es, coloración negra de la piel, con tumefacción dolorosa, irregular, blanda, levemente fluctuan- te, debajo de la cual el testículo se halla intacto. Se combate este acci- dente con paños mojados en agua ve- geto-mineral, ó en agua tria mezcla- da con aguardiente alcanforado. Si se formara absceso, aplícanse cataplas- mas de linaza, y el absceso se abre. Si la sangre derramada se reuniese en un foco, si no se resolviere, y si hay dolores, preciso es hacer la inci- sión del foco, sacar la sangre coagu- lada, y lavar el punto malo con agua tibia. A veces las contusiones del escro- to son seguidas del derrame de san- gre en lo interior de la túnica vagi- nal: fórmase entonces un tumor lla- mado hematocele; este tumor es fluc- tuante y, por lo común, no doloroso. Si no desapareciese espontáneamen- te, necesario será practicar la punción del escroto, como en la operación del hidrocele. Contusión del hígado. La con- tusión del hígado produce la equimo- sis, la inflamación ó la rasgadura del órgano y de los conductos biliares. 1? Contusión simple. A conse- cuencia de un golpe recibido en el hi- pocondrio derecho, ó de compresión excesiva sobre el vientre ó sobre el pecho, después de la caída sobre los pies, el hígado puede venir á ser el sitio de una contusión, esto es, de un derrame de sangre. Un dolor agudo en el hipocondrio derecho, á veces una hemorragia por el ano, son las únicas señales de la contusión del hígado. Su consecuencia puede ser un absceso. Tratamiento. Necesaria es la apli- cación de diez á quince sanguijuelas en el hipocondrio derecho, y después CONTUSION 538 CONTUSION cataplasmas de linaza; se observará dieta y se guardará el reposo abso- luto. 2o Rasgadura del hígado. Tiene lugar en las caídas sobre los pies ó las rodillas. Se forma un derrame de san- gre en lo interior del vientre, y si al mismo tiempo hubo rotura en el hí- gado y en la vesícula biliar, hay de- rrame de sangre y de bilis, y la muer- te es sumamente rápida. Las rasga- duras simples del hígado son suscep- tibles de curación. Las señales de la ruptura del híga- do son: agitación, dolores abdomina- les, palidez, debilidad, desmayos; el diagnóstico, sin embargo, siempre es dudoso. Tratamiento. Consiste en sangría del brazo, dieta, descanso, limonadas de limón ó de naranja muy frias, y aun heladas. Contusión de los huesos. La con- tusión de los huesos, cuando no deter- mina una fractura, causa derrames de sangre en el periosto y en la médula. La inflamación crónica, la necrosis, la cáries pueden ser con- secuencias de este accidente. Las contusiones de los huesos por balazos ocasionan muchas veces la necrosis. No se conoce la contusión de los huesos profundos más qué por el do- lor y la hinchazón del hueso. Tratamiento. Consiste en reposo, y cataplasmas de linaza rociadas con agua vegeto-mineral. Si los dolores fueren agudos, precisa es la aplica- ción de diez sanguijuelas. En el caso de accidentes consecutivos, sígase el tratamiento indicado en la osteítis, necrosis y cáries. Contusión de Las mamas en las mujeres. Pueden ser leves y no pro- ducir sino un poco de extravasación de sangre en el tejido celular sub-cutá neo; ó ser más fuertes y ocasionar un verdadero tumor sanguíneo. Cuando el golpe es realmente fuerte, el teji- do celular del interior de la glándula mamaria puede ser alcanzado y aplas- tado; de ahí resultan infiltraciones de sangre más ó menos considerables ó verdaderos depósitos sanguíneos. Cuando la violencia exterior actúa so- bre el pecho de una mujer que está criando, puede ocasionar la rotura de los canales lactíferos, y en seguida una infiltración de leche. El tejido celular sub-mamario puede ser ras- gado, cuando el cuerpo contundente tiene una superficie ancha y obra vi- gorosamente. La equimosis, efecto de estas diversas contusiones, se pro- duce con mayor rapidez cuando el te- jido celular está únicamente rasgado; tiene lugar más tarde, cuando es la glándula, y en una época más apar- ada aún, cuando es el tejido sub- mamario. A veces, en este último ca- so, el color denegrido de la piel no aparece sino al cabo de muchos dias, y se observa, no en el pecho, sino en su circunferencia. El tratamiento se compone de pa- ños mojados en agua fria ó en agua vegeto-mineral, que se aplican el pri- mer día, y de la cataplasma de hari- na de trigo y vino tinto frió, los dias inmediatos. Contusión de la médula espiaal' Sobreviene á consecuencia de golpes I sobre la columna vertebral. Caracte- CONTUSION 539 CONTUSION rizándola el dolor sobre la parte ofen- dida y parálisis más ó menos inme- diata. El tratamiento consiste en apli- car sanguijuelas ó ventosas escarifica- das sobre el punto doloroso de la co- lumna vertebral. Contusión de los músculos. La contusión de los músculos produce, según su intensidad, entorpecimien- to, derrame de sangre, rasgadura de las fibras; la supuración puede ser consecuencia de una contusión violen- ta. El tratamiento es el mismo que va indicado en la contusión en ge- neral. Contusión del ojo. Las contusio- nes sobre el ojo suelen ser raras por hallarse este órgano resguardado por paredes óseas; pero cuando esto acon- te, la conmoción de la retina ó un de- rrame en el ojo ponen en peligro la división y determinan la ceguera, opa- cidad del cuerpo vitreo, y hasta dis- minución ulterior del ojo. Para evitar esos resultados, se aplican sanguijue- las cerca del ojo, y hasta se sangra al doliente, si el golpe produjo la me- nor ceguera. En cuanto á las contu- siones superficiales del ojo ó de sus inmediaciones, estas determinan con mucha facilidad la hinchazón y la in- filtración de los párpados; la sangre se derrama bajo la piel, que pasa por los diferentes grados de la coloración propia á las equimosis, denegrida, azulada, amarillenta. En cierto lími- te, ninguno de estos síntomas ofrece la menor gravedad; simples aplica- ciones de paños mojados en agua fría bastan en casi todos los casos. La contusión puede ser limitada á la córnea, lo que acontece cuando cuerpos extraños de poco volúmen han sido lanzados contra ella. A ve- ces resulta de este golpe una infla- mación, una ulceración del punto he- rido ó un derrame de linfa entre las láminas de la carnea. Las sacudidas comunicadas á la re- gión orbitaria ó al ojo mismo, produ- cen la dilatación de la pupila, la se- paración del iris, y ocasionan también la rasgadura de esta membrana; en este último caso, hay derrame de san- gre en lo interior del ojo. La separación del iris, en su ex- tensa circunferencia, suele observarse á consecuencia de un latigazo, de un golpe dado sobre el ojo por la cola de un caballo ó la rama de un árbol, etc. El ojo se inflama entonces, el crista- lino y su membrana se vuelven opa- cos, y se aumenta el volúmen del ojo. A veces la sangre se resuelve, y la vista se restablece; en otras ocasiones, las funciones del ojo están gravemen- te comprometidas. En todas las contusiones cercanas al ojo, por poca que sea la fuerza del golpe, preciso es .practicar la sangría del brazo, aplicar sanguijuelas en las sienes, y en el ojo paños mojados en agua fría natural, ó en agua vegeto- mineral. Pasados tres ó cuatro dias, después del accidente, se aplicarán cataplasmas de linaza. Contusión del párpado. V. PÁR- PADO. Contusión del pecho. Las contu- siones del pecho son producidas por choques violentos, por caídas, ó por CONTLTSION 540 CONTUSION compresiones enérgicas y sostenidas. Las contusiones leves se limitan á la piel, al tejido celular subyacente, y sanan como en las demas partes del cuerpo. Pero si la contusión ha sido violenta, sus efectos pueden exten- derse profundamente. Entonces, hay á veces fractura de las costillas, sin solución de continuidad en la piel. Pero las consecuencias de una caída, de un choque, de una presión violen- ta, se manifiestan á veces hasta en el parénquima pulmonar, y esto, sin solución de continuidad en la piel, sin fractura de los huesos, sin lesiones físicas de las costillas. Se observa dicha solución de continuidad del pul- món, ya en un punto correspondiente á la parte del pecho donde el golpe tuvo lugar, ya en un punto distante de ella. La pneumonía puede sobrevenir durante los primeros dias que siguen al accidente, y esta es la complicación más temible; ó entonces será una pleuresía que no se manifestará sino largo tiempo después; por ultimo, una bronquitis consecutiva es aún uno de los resultados posibles de la contu- sión y rasgadura del pulmón. Tratamiento. La indicación prin- cipal consiste en evitar y combatir los accidentes inflamatorios de parte del pulmón y de la pleura. Debe sangrar- se al paciente, y más tarde aplicarle sanguijuelas en el pecho. El número de las emisiones sanguíneas debe ser proporcionado á la edad del doliente y á la intensidad del mal. En los pri- meros dias tomará únicamente caldos de gallina, y bebidas emolientes, ta- les como la infusión de flor de malva ó de raíz de altea. Contusión del perineo. Se da el nombre de perineo al espacio com- prendido entre el ano y las partes ge- nitales. Las contusiones de esta re- gión son bastante frecuentes. Los marineros, cuando caen de los más- tiles, á veces suelen quedar per- niabiertos en cuerdas muy tendidas, de donde resultan grandes contusio- nes en el perineo, las cuales se ex- tienden hasta la uretra. Cuanto más limitada es la superficie del cuerpo sobre el cual se cae, tanto mayor sue- le ser su efecto sobre la uretra. El Di;. Chopart cuenta de un hombre de25 años, que cayó de una ventana, abierto de piernas, sobre el borde de un tonel sin fondo perpendicularmente coloca- do, lo que le produjo en el perineo una terrible contusión sin herida ex- terior; echó mucha sangre por el ca- nal de la uretra. Al dia siguiente ex- perimentó una retención de orina. Sóndesele, y la sonda sacó sangre y orina. Después de evacuada esta, re- tiróse la sonda. Algunas horas des- pués, no pudiendo el doliente satisfa- cer su necesidad de orinar, se trató de sondarle nuevamente; pero no fue posible. Cuando la contusión alcanza la por- ción esponjosa del canal de la uretra, y cuando es llevada á un cierto grado, suele resultar de esto una rasgadura del tejido y la formación, á la altura de la parte contusa, de una cavidad de tamaño variable y llena de san- gre. El canal, de consiguiente, queda obstruido, lo cual explica las dificul- CONTUSION 541 CONTUSION tades que experimentan los pacientes para orinar, y los obstáculos que el cirujano encuentra para introducir la sonda. Toda contusión de la uretra puede ocasionar muchos accidentes inmedia- tos: la hemorragia, la obstrucción del canal por el tumor sanguíneo, con la retención de orina, que es su natural consecuencia, y á veces la infiltración do este líquido en las capas del peri- neo. En los casos más favorables, el tu- mor sanguíneo termina por resolverse, pero el canal de la uretra queda es- trechado en el punto correspondien- te. Si el tumor se inflama y supura, fórmase un absceso que viene á abrir- se en el canal ó fuera del canal, ó en ambas direcciones á la vez. Tratamiento. La indicación más urgente que hay que cumplir consiste en hacer cesar la retención de la ori- na; á veces este resultado suele ob- tenerse aplicando sanguijuelas en el perineo, y administrando semicupios prolongados de agua tibia. La intro- ducción de la sonda ofrece, en este caso, dificultades de tal especie que conviene retardar la operación cuanto sea posible, y practicarla con las ma- yores precauciones por medio de una sonda gruesa y flexible, que será in- troducida muy lentamente. Si existen infiltraciones de orina en las capas del perineo, se practicarán incisiones an- chas y profundas, á fin de dar salida á los líquidos. Si no fuero posible la introducción de la sonda en la vejiga, hácese una incisión en el canal, en la región del perineo, y se introduce en ella una cánula para impedir así la infiltración de la orina. Las estrecheces de la uretra, con- siguientes á las contusiones del canal, se combaten por medio de la dilata- ción practicada con la sonda. Contusión de los riñones. La contusión de los riñones es la conse- cuencia de todas las violencias exte- riores que actúan sobre los órganos, ya directa ó ya indirectamente; estas violencias son: el sacudimiento de los riñones por la andadura del caballo; las contusiones de las ancas; las caí- das de un lugar más ó menos eleva- de, etc. En estas lesiones hay muchos grados, desde la simple equimosis de la sustancia renal hasta la rasgadura del riñon en dos partes, con derrame de sangre en el tejido celular ó en la cavidad del peritoneo. Los síntomas son variables; cuan- do la contusión es consecuencia, de alguna violencia exterior, sobro los ri- ñones, manifiéstase rubicundez en es- ta región; las orinas se hacen sangui- nolentas; algunos dolientes pierden mucha sangre pura por las vias urina- rias, en las primeras horas que siguen al accidente; otros tienen hematuria en la época más lejana. La región lumbar se muestra sensible y dolori- da al tacto. Las contusiones de los riñones ter- minan de distintos modos: cuando la rasgadura es poco profunda, los do- lientes sanan después de pasar por los síntomas de una nefritis; si la le- sión es profunda, resultan de ella de- rrames sanguíneos en la cavidad ab- dominal ó en el tejido celular que CONTUSION 542 CONTUSION reviste los riñones. Los dolientes pue- den sucumbir á causa de la abundan- cia hemorrágica, ó de los fenómenos inflamatorios que son su consecuen- cia. El pronóstico depende, pues, de la extensión de los desórdenes. Tratamiento. La primera indica- ción que hay que cumplir es la de im- pedir la inflamación. Al efecto, pre- ciso es practicar una sangría ó aplicar sanguijuelas en la región lumbar, con- forme á la gravedad de los síntomas. Si las orinas no pueden ser evacua- das, á causa de la coagulación de la sangre, conviene introducir la sonda en la vejiga. El doliente debe guar- dar el reposo, la dieta, y usar de be- bidas refrigerantes, limonadas de li- món ó de naranja. Sobre la región lumbar se aplicarán continuamente paños mojados en agua fria. Si las orinas sanguíneas se manifestaran al- gunos dias después del accidente, se combaten con la aplicación de hielo en la región lumbar. Si llegara á for- márse absceso en la región lumbar, por medio de la lanceta se procurará la salida del pus. Contusión de la rodilla. Puede ser directa ó indirecta, esto es, produ- cida por un golpe dado sobre esta ar ticulacion, ó consecuencia de una caí- da sobre los pies. Esta última contu- sión, que resulta del choque de los dos huesos principales de la articula- ción, á menudo suele ser seguida de inflamación. Las contusiones directas pueden tener también este mal resul- tado. Las contusiones de la ladilla pueden tener como consecuencia ex- travasaciones sanguíneas en el tejido celular, las cuales suelen presentarse bajo diferentes formas. Estos tumo- res por lo general son de fácil solu- ción, y raro es que después de la des- aparición de la sangre sobrevengan accidentes. Tratamiento. Durante los dos ó tres primeros dias, se aplicarán pa- ños mojados en agua fria ó agua ve- geto-mineral, renovándolos á menu- do; más adelante, cataplasmas de li- naza y sanguijuelas. Contusión del testículo. A me- nudo suele ser seguida de la infla- mación de este órgano; en el primer dia, necesai'ia es la aplicación de pa- ños mojados en agua fria ó en agua vegeto-mineral, también fria. Al dia siguiente, conviene aplicar sanguijue- las en la ingle ó en el perineo, y ca- taplasmas de linaza en el escroto. Contusión de la uretra. V. Con- tusión DEL PERINEO. Contusión del vientre. Las con- tusiones de las paredes del vientre no siendo intensas, son poco graves. Se curan con aplicaciones de paños mojados en agua mezclada con aguar- diente alcanforado. Si la contusión es algún tanto fuer- te, puede ser seguida de inflamación del peritoneo ó de algún otro órgano del vientre. Estas inflamaciones son anunciadas por el aumento de los do- lores: exigen la aplicación de sangui- juelas y de cataplasmas de linaza. Las contusiones fuertes sobre el vientre pueden producir rompimien- tos de los órganos internos. Así, los golpes violentos sobre el vientre, las caídas de los cuerpos pesados sobre CONVALECENC1A 543 CONVALECENCIA esta región, ó una compresión ex- traordinaria, como la de una rueda de carro, pueden ocasionar la ruptura del hígado, del estómago ó de los intes- tinos. El hígado está muy expuesto á las contusiones. Cuando son fuertes, pue- den dar lugar á la rotura de este ór- gano y á un derrame de sangre que hace el caso mortal; cuando son más débiles ocasionan la inflamación. En- tonces sobrevienen todos los caracté- res de la hepatitis. Todas las roturas internas del vien- tre son graves; manifiéstanse por los síntomas de derrames interiores, y por las señales que se refieren á las fun- ciones de los órganos principalmente afectados. La señal característica de la rotura de los intestinos es la hin- chazón repentina del vientre, produ- cida por el derrame de los gases in- testinales. La contusión del estómago es á ve- ces consecuencia de golpes recibidos en la región epigástrica, de donde puede resultar en desmayo más ó mé- nos prolongado. La rotura del estómago es anun- ciada por un dolor violento en el epi- gastrio, una impresión de calor que se propaga por el vientre, una tume- facción del vientre mismo,?una ansie- dad extraordinaria, frió en las extre- midades y desfallecimiento. El tratamiento de las contusiones fuertes de los órganos internos se compone de la aplicación de sangui- juelas en el vientre, y de cataplasmas de harina de linaza. Convalecencia. Es un estado in- termedio entre la dolencia que acaba y la salud que empieza á regresar. Las dolencias agudas, ligeramente in- flamatorias, que recorren sus períodos en siete ó catorce dias, tienen por lo común una convalecencia rápida, es- pecialmente cuando, durante su curso, no se ha abusado de las evacuaciones sanguíneas. Después de las fiebres graves, por el contrario, el cuerpo ma- nifiesta, más ó menos tiempo, las fa- tigas que experimentó ó los peligros á que estuvo expuesto, y son aún ne- cesarios cuidados de mayor ó menor importancia. No es fácil determinar siempre cuando concluyen las dolen- cias crónicas. En general, todo enfer- mo debe ser declarado convaleciente, luego que sus funciones son desempe- ñadas con facilidad y regularmente, y solo queda cierta debilidad ó lan- guidez. El enflaquecimiento, la palidez, la debilidad muscular, la falta de ener- gía en los órganos digestivos y otros síntomas que caracterizan el principio de la convalecencia, anuncian que el cuerpo necesita ser regenerado, des- pués de la lucha que puso en peligro su existencia. La regla más esencial en el tratamiento de la convalecencia, consiste en proceder de una manera gradual, observando con atención los efectos que cada cosa produce, es de- cir, de qué modo cada cosa es tolera- da. El apetito es una excelente señal, pero nunca debe exceder las fuerzas digestivas; no debo satisfacerse sino con prudencia y jamas hasta la sacie- dad. En todos los casos, es de impor- tancia fraccionar los manjares, tomar- CONVULSION 544 CONVULSION las en corta cantidad, si bien con fre- cuencia, y observar cierto orden de sucesión según sus cualidades nu- tritivas y digestivas. Principiase por caldo ó leche, mejidos, papas con fé- cula de tapioca, de sagú, de salep, etc.; jaleas vegetales ó animales, fru- tas maduras y huevos; se pasa suce- sivamente á una alimentación más sólida, más reparadora; después de los caldos sustanciosos siguen los pesca- dos, las carnes asadas de animales jóvenes y después de adultos; los gui- sos, los condimentos, no convienen sino más tarde. El agua y vino ó una cor- ta cantidad de este, puro, durante las comidas, es generalmente provechoso. Preciso es igualmente graduar los ejercicios musculares é intelectuales, y reanimar, sin fatiga, los movimien- tos del espíritu. La habitación en el campo es siempre ventajosa, y bueno también tomar un baño. A fin de ace- lerar el restablecimiento de las fuer- zas, los médicos acostumbran prescri- bir algunos amargos; infusión de lú- pulo, vino de quina, son las prepara- ciones más convenientes. Purgas re- petidas se usaron largo tiempo en la convalecencia de casi todas las enfer- medades. Los progresos de la medi ciña han proscrito esa práctica, que no trae consigo la menor utilidad.- Por último, conviene evitar toda clase de fatigas y excesos, y sobre todo abs- tenerse de la Vénus antes de haber adquirido el sentimiento del restable- cimiento de las fuerzas. Convulsión. En general, se en- tiende por convulsiones todo estreme- cimiento ó contracción violenta, alter- nativa q involuntaria de los músculos, que por lo regular solamente se con- traen bajo la influencia de la voluntad. Las convulsiones no son más que un síntoma ó indicio de alguna enferme- dad; dependen siempre de la irritación de alguna parte del sistema nervioso. Supónese comunmente, que el cere- bro es el órgano especiahnente afec- tado en las convulsiones. Las convulsiones se manifiestan en la epilepsia, histerismo, rabia, téta- nos, fiebre cerebral; su tratamiento, por consiguiente, es el mismo que va indicado en el tratamiento de cada una de estas afecciones. Sin embargo, la causa de las convulsiones no es á veces fácil de determinar. Pueden depender de emociones vivas del al- ma, como una violenta contrariedad, la ira, la alegría, el espanto, la su- presión de la traspiración ó de algún flujo habitual. No hay tratamiento general para las convulsiones; es preciso ir siempre á la causa, porque, lo repetimos, no constituyen más que un síntoma. No obstante, como sobrevienen comun- mente en los individuos nerviosos, convine asociar al tratamiento princi- pal los medios propios para disminuir esa susceptibilidad de los nervios. Pa- ra semejante fin, se puede emplear el éter sulfúrico á la dosis de 15 á 20 gotas en media taza de agua azucara- da y aromatizada con agua de azahar, ó una taza de infusión de melisa ó de hojas de naranjo. Hay dos clases de convulsiones que, en razón de su causa especial y su frecuencia, mere- cen una descripción separada; tales CONVULSION 545 CONVULSION son las convulsiones de los niños, y las de las parturientas. Convulsiones de los niños. Cau- sas. Los niños son atacados de con- vulsiones comunmente después de su nacimiento hasta la edad de tres años. En algunos pequeños predispuestos á la afección de que al presente nos ocupamos, se observa una fisonomía y caractéres particulares; así, pues, tie- nen la cabeza muy voluminosa, la in- teligencia demasiado prematura, y son altamente irritables; por la más lige- ra causa se vuelven pálidos y enroje- cen de una manera alternada; su sue- ño es sobresaltado, corto, ligero, tienen estridores de dientes, se despiertan frecuentemente, con inquietud, y dan agudos chillidos. Con esta predispo- sición, la más leve causa basta para producir convulsiones; un susto, un acceso de cólera, la envidia, que no es rara en los niños, y en general toda causa que provoca emociones vivas. Hánse visto hasta simples cosquillas, un dolor agudo, el aire cálido de una iglesia, de una sala ó de un teatro, producir el mismo efecto. La denti- ción difícil y la presencia de los gu- sanos intestinales son considerados como la causa más común de ellas; pero aparecen también las convulsio- nes sin causa conocida. Una sencilla indigestión puede ser seguida de con- vulsiones. En los niños recien naci- dos pueden depender de la compre- sión de la cabeza por el bacinete ó por el fórceps empleado para acelerar el parto. Sintomas. Las causas, que deja- mos mencionadas, súbitamente dan lugar unas veces á los accesos convul- sivos, otras veces el mal es precedido de algunas señales. El sueño es per- turbado, el carácter se hace mas irri- table, los ojos son más vivos, más brillantes, el pulso frecuente; por úl- timo, la dolencia se declara: de repen- te el semblante expresa el dolor ó el espanto, los ojos están abiertos, viz- cos, vueltos y agitados por temblores rápidos; los miembros se vuelven también trémulos, alternativamente extendidos y doblados; el rostro per- manece en general rojo, á veces pá- lido, la boca torcida frecuentemente, las venas del cuello se hinchan, se siente el corazón latir de un modo turbulento, la respiración va acompa- ñada de estertor, pueden existir hipo, vómitos, y emisión involuntaria de la orina y de las materias excrementi- cias. La mayor parte de las veces, sin embargo, las convulsiones no son ge- nerales, pueden no mostrarse sino en un lado del cuerpo, ó limitarse á la cara y á los miembros superiores. En todos los casos hay pérdida de sentidos. En los niños recien nacidos, los síntomas pueden ser mucho mé- nos salientes; manifiéstase rigidez de miembros, el rostro se vuelve pálido y los labios azules, la respiración se acelera, fíjanse los ojos, y después de algunos segundos todo desaparece, el niño da un grito y vuelve en sí. Duración y pronóstico. En los ni- ños la duración de los ataques varía mucho; ora las convulsiones cesan pa- sados algunos minutos, ora no desa- parecen sino después de algunas ho- ras; otras veces los accesos son de CONVULSION 546 CONVULSION corta duración, pero se suceden con celeridad; el niño, después de recobrar los sentidos, por lo común suele dor- mirse. No es raro tampoco ver sobre- venir la muerte durante el ataque de las convulsiones. Tratamiento. La primera cosa que se debe hacer á un niño afectado de convulsiones, es desembarazarle de toda clase de compresiones^ desnudar- lo completamente, y colocarlo en un lugar fresco, en el cual el aire circule libremente, y no en alcoba ó cuarto cerrado, como muchas personas acos- tumbran hacer. Conviene aplicar sinapismos en los pies, y, pasado un instante, trasla- darlos á las piernas y los muslos. Aplí- canse en la cabeza paños mojados en agua fría y vinagre; aproxímase á las narices un lienzo empapado en vina- gre ó en agua de Colonia; se da á beber una cucharada de agua fria con azúcar, y algunas gotas de agua de azahar; se administra una lavativa de agua pura tibia; dáse internamente una cucharada grande de aceite de ricino. De cuarto en cuarto de hora se dará también una cucharada de la pocion siguiente: Agua 90 gramos (3 onzas.) Eter sulfúrico. 10 gotas. Azúcar 15 gramos (| onza.) Si á pesar de este tratamiento las convulsiones no cesaran, siempre que el cuerpo esté caliente y el pulso fuer- te, se aplicarán dos y cuatro sangui- juelas detras de las orejas; conviene abstenerse de las emisiones sanguí- neas, si el semblante estuviera pálido, la cabeza fria ó el pulso débil. Si las convulsiones persisten, mé- tase al niño en un baño de agua tibia y déjesele allí media hora, una hora y más, teniendo cuidado de mantener continuamente en la cabeza paños mojados en agua fria y vinagre. Después del baño se le dará una lavativa tibia, preparada según la si- guiente receta: Infusión de va- leriana .... 150 gramos (5 onzas.) Alcanfor..... 20 centígr. (4 granos.) Asafétida .... 20 centígr. (4 granos.) Yema de huevo 1 yema. Si el niño se adormeciera, déjesele reposar tranquilo, y no so le dará el remedio sino cuando se hubiere des- pertado. Pasado el ataque de las convulsio- nes, si se teme que existan lombrices, conviene administrar los remedios ver- mífugos. V. Gusanos. Convulsiones de las mujeres embarazadas y parturientas 6 Eclampsia. Raro es que se mani- fiesten ántes del sexto mes del em- barazo, y la mayor parte de las veces en el octavo y nono; también pueden sobrevenir después del parto, hasta siete y ocho dias más tarde, pero casi siempre se observan durante el traba- jo del parto ó muy poco ántes de él. Causas. Las convulsiones atacan á las mujeres, cualquiera que sea su constitución, pero son más frecuentes en las pictóricas, en aquelllas cuya menstruación es abundante, en las que están embarazadas por la primera vez, en aquellas cuyo útero se halla muy distenso, ó por la presencia de más de un feto, ó por exceso de líquidos, CONVULSION 547 CONVULSION en las que están afectadas de una hinchazón considerable. Una afección moral viva, un parto doloroso y difí- cil, pueden también determinarlas. Después del parto reconocen por cau- sa la retención de las secundinas ó de los cuajos de sangre. Síntomas. 1" Pródromos. Dolor de cabeza, vértigos, ejos brillantes, coloración y leve tumefacción en la cara, calofríos, deslumbramientos, y hasta ceguera completa ó incompleta, náuseas,- y á veces móvitos; tales son los síntomas precursores de las con- vulsiones de las parturientas. A veces estas convulsiones sobrevienen inopi- nadamente. 2o Acceso. Aumento de dolor de cabeza y de vértigos, y un estado de angustia preceden por lo común al acceso; el semblante adquie- re un color rubicundo, los ojos quedan vueltos, dirigidos á un punto fijo, tem- blando con movimientos convulsivos muy leves; los miembros se extienden y se ponen tiesos. El semblante se ve agitado por frecuentes contracciones, se vuelve rojo, así como gran parte del cuerpo; la lengua sale de la boca y queda apretada por la contracción violenta de las arcadas dentarias; á menudo la boca se tuerce hácia un lado, los miembros sufren temblores con movimientos prontos dé media flexión y de extensión; la sensibilidad, la inteligencia, la memoria, quedan enteramente suprimidas. La respira- ción, irregular al principio y ejecutada con estremecimientos, viene al cabo á suspenderse del todo; las materias fecales y las orinas son expulsadas in- voluntariamente, el pulso es fuerte y frecuente. Pasado algún tiempo, las contracciones cesan, la doliente cae en un sueño profundo, la boca queda llena de una espuma sanguinolenta, ó de una baba viscosa, la respiración principia á restablecerse por algunos suspiros irregulares, seguidos de un estertor violento, debido en parte á esas mucosidades espumosas; poco á poco se hace regular y fácil. Por úl- timo, las facultades intelectuales se restablecen á veces de un modo gra- o dual, pero la paciente no conserva memoria alguna de cuanto ha pasa- do, hasta el punto de extrañarse de no estar ya embarazada, si por acaso hubiere parido durante el ataque con- vulsivo. Estos accidentes duran de uno hasta cinco minutos y á veces se reproducen de momento á momento; otras veces, por el contrario, solo tie- nen lugar con grandes intervalos; el número de los accesos varía entre uno y treinta. 3o Intervalo de los acce- sos. Entre los primeros accesos la do- liente recobra los sentidos de una ma- nera completa, poco á poco el sueño dura más tiempo; es seguida, en al- gunos casos, de violento delirio, si bien más frecuentemente de pasmo: la do- liente conserva apenas una vaga idea de su estado, y solo responde á las preguntas que se le hacen. Pronóstico. Es menos grave en las mujeres sanguíneas, y más en las hi- drópicas; no es tan siniestro cuando las convulsiones se declaran después del parto ó en los últimos momentos del trabajo; es más peligroso durante este trabajo mismo, porque cada do-; lor algo más fuerte provoca un acceso CONVULSION 548 CONVULSION y, por último, mucho más grave cuan- do el trabajo no se ha declarado aún, porque en este caso no se puede apar- tar la causa determinante, que es la distensión del útero, y porque, ade- mas de esto, la dolencia es por lo co- mún funesta al infante, que casi siem- pre suele nacer muerto si las convul- siones duran algún tiempo. Puédese augurar bien de las convulsiones que consienten la vuelta de la inteligen- cia después de cada acceso. Estas convulsiones son frecuente- mente mortales; funestas casi siem- pre, si sobrevienen ántes del parto ó en los primeros momentos, y si son combatidas por medios poco adecua- dos ó insuficientes. A veces dejan en pos de sí diversas parálisis; decláran- se frecuentemente con fiebre cerebral, que muchas veces es seguida do muer- te: Tratamiento. La evacuación del útero es el mejor medio de esquivar- la terminación funesta de las convul- siones que han hecho ya la mayor par- te de su camino. Desgraciadamente, no siempre hay posibilidad de emplear- este remedio soberano. Si el parto no ha principiado, conviene limitarse á los medios más abajo expuestos; si progresa con lentitud, una vez decla- rado, se puede acelerar rasgando con el dedo las membranas que envuelven el feto, y esta operación basta para deshenchir momentáneamente el úte- tero y hacer que las convulsiones ce- sen. En los casos graves, y cuando to- da la medicación sea ineficaz, conven- drá recurrir á la punción de las mem- branas, aun cuando el parto no se anuncie de manera alguna. Si, por el contrario, el parto estuviese bastante adelantado para que pueda ser extrai- do el feto, no debe vacilarse un ins- tante en practicar la versión ó la apli- cación del fórceps para salvar al niño, si posible fuera, y sustraer á la madre de accidentes más peligrosos. Por úl- timo, jamas conviene dejar de hacer la extracción de las secundinas, cuan- do las convulsiones son posteriores al nacimiento del niño. Cuando las circunstancias no per- mitan recurrir á la extracción del fe- to, la sangría del brazo ocupa el pri- mer lugar entre los medios que deben ser puestos en práctica. Débese recu- rrir á ella aun cuando las convulsio- nes siguiesen después del parto. Ne- cesario es sacar por lo menos 300 gra- mos de sangre. Las sanguijuelas en el cuello también aprovechan bastan- te. Apliqúense después sinapismos en los pies y en las piernas, y pónganse en la cabeza paños mojados en agua fría y vinagre. Un baño tibio general de una hora de duración, puede ser empleado después de todo esto con gran provecho para la doliente, no ce- sando nunca en la aplicación de paños fríos á la cabeza durante todo el tiem- po que la doliente estuviere en el ba- ño. Al mismo tiempo, y de cuarto en cuarto de hora, dése una cucharada de la pocion preparada por la mezcla de las sustancias siguientes: Agua 120 gramos (4 onzas) Eter sulfú- rico 20 gotas. Alcanfor .. 60 centígr. (12 granos) COPAIBA 549 COPAIBA Láudanode S y d e n- ham.... 26 gotas. • Jarabe de goma.... 15 gramos (j onza.) La infusión teiforme de melisa ó de hojas de naranjo es útil para calmar los dolores de cabeza y los vértigos que persisten después de los accesos. Se deben quitar las ligas y todos los vestidos que puedan impedir la circulación de la sangre; conviene ha- cer entrar aire fresco en el cuarto, y cuidar de que la doliente no se lasti- me contra algún cuerpo cercano; para esto, necesario será contenerla sin vio lencia en la cama; también es bueno repeler la lengua hácia el interior de la boca cuando se muestra entre los dientes, y meter entre estos un lienzo. Copaiba, Bálsamo de copaiba ó Resina de copaiba. Esta resina lí- quida mana de las incisiones que se hacen en el tronco de muchos árboles del género Copaifera, llamados copai- bas, de la familia de las Leguminosas, que habitan en América, desde el Brasil hasta la república de México y las Antillas; pero la especie que da el mejor aceite, es la Copaifera oficina- lis- del Brasil. El árbol que da la copaiba, se lla- ma Copaifera officinalis, Jacq. Tiene de 15 á 20 metros de altera. Ramos lisos, tortuosos, formando zigzag; ho- jas alternas, pecioladas, brilllantes, compuestas de tres á cuatro pares de folíolos ovales, enteros; flores blancas, ixilares, dispuestas en espigas alter- nas; fruto, vaina oval, bivalva, conte- ri.endo una sola simiente envuelta en una pulpa. Este árbol habita en el Brasil, en la Guyana, en Nueva Gra- nada, Colombia, etc. Cuando se en- cuentra en su fuerza, da fácilmente doce libras de jugo oleo-resinoso en una sola incisión; y se practican dos ó tres incisiones por año. Las otras especies ó variedades son: Copaifera Langsdorfi, Desf; (Jopai- fera coriácea , Martius; Copaifera Beyrichii, Hayn; Copaifera Martii, Hayn; Copaifera nítida, Martius, etc. El jugo que escurre de estos ár- boles varía por su color más ó menos oscuro, por su consistencia, por su olor más ó menos fuerte, y por el sabor más acre ó más amargo. La resina de copaiba es ordinaria- mente líquida, de la consistencia del jarabe,trasparente, blanca-amarillen- ta; con olor particular, fuerte y des- agradable, gusto acre y repugnante. Esta resina se usa muy á menudo en medicina; goza de propiedades astrin- gentes muy enérgicas, y se emplea eficazmente en las blenorragias y flo- res blancas; produce á veces una erup- ción cutánea semejante á la del saram- pión. Adminístrase á la dosis de 8 á 16 gramos ( 2 á 4 dracmas ) por dia, pura ó mezclada con otras sustancias que pueden disfrazar su gusto desagra- dable. Entra en la composición de la pocion Chopart, en la mixtura balsá- mica de Fuller, en la mixtura brasile- ña, y en todas las opiatas y píldoras contra la blenorragia. A fin de evitar las náuseas y los vómitos que ocasio- na, algunos facultativos administran esta resina en lavativas. Actualmente los enfermos pueden tomar la co- COPAL 550 COPAL paiba sin repugnancia, pues de algu- nos años á esta parte los farmacéuti- cos la envuelven en cápsulas gelati- nosas, que se tragan con la misma fa- cilidad que los bolos ó las píldoras. También se hacen grageas de copai- ba. Copal. Resina seca, de color ama- rillo, trasparente, de sonoridad metá- lica, inodora, insípida, más densa que el agua. En el comercio se le da al- gunas veces el nombre de copal duro para distinguirla del copal blando, nombre con que se conoce la resina anime. El copal duro fluye naturalmente de un árbol de la familia de las Legu- minosas, llamado por Groertner Hi- mencea verrucosa] habita en la isla de Madagascar, de donde fué traspor- tado á los diversos puntos de la India que exportan el copal. Sé presenta: 1° en lágrimas ó estaláctitas, y en- tonces se llama en el comercio copal de Madagascar] es liso en la superfi- cie, trasparente, de color amarillo-os- curo uniforme; de frautura vitrea, y su dureza es tal que la punta de un cuchillo apénas puede rayarlo; es insí- pido é inodoro cuando está frió; se ablanda al fuego y se hace un tanto elástico; no se derrite sino á una tem peratura muy alta, y exhala entonces un olor aromático. 2o El que se halla envuelto en arena, es el copal llama- do de Bombay] su exterior es opaco y friable, á consecuencia de la acción de la humedad. 3o El mismo, desem- barazado de su capa externa impura, mediante una solución de carbonato de potasa, es llamado copal de Cal- cuta] se presenta en pedazos de color amarillo pálido, es duro, vitreo y ás- pelo. Empléase especialmente para la fabricación de los mejores barnices secantes. El copal duro es poco soluble en el alcohol, pero pulverizado y expues- to largo tiempo ál contacto del agua, en paraje caliente, llega á perder una parte de su carbono y adquiere pro- piedades nuevas, de grande impor- tancia para la preparación del barniz copal. De poco soluble que antes era en el alcohol y en el éter, después de esta operación adquiere una fácil so- lubilidad en dichos líquidos. El copal duro se parece mucho al succino; y algunos industriales fabri- can con él boquillas para pipas y pa- ra fumar puros, que no son durables, y se rajan á la primera acción del fue- go, miéntras que las de succino son más resistentes. Distínguese el copal del succino por los caracteres siguientes: 1° El copal duro se inflama al fue- go de una bugía, derritiéndose com- pletamente y cayendo gota á gota. El succino sometido á la misma ex- periencia se conserva seco y traspa- rente, se hincha cuando arde y no se derrite. 2o El copal duro, remojado en al- cohol de 80 grados centesimales, se vuelve viscoso, y el alcohol, al eva- porarse, deja sobre él una mancha blanca que le roba su trasparencia El succino sometido á la misma prue- ba se conserva seco y trasparente. Copal blando. Aplícase este non. COQUELUCHE 551 COQUELUCHE bre á una resina, llamada en las far- macias anime, que fluye de un árbol del Brasil, Hymenaea courbaril. Lin- neo, quien le da la misma familia de las Leguminosas que al Hymenaea verrucosa que produce el copal duro. Se presenta en pedazos cenicientos, semi- trasparentes; pero difiere del co- pal duro, en que se disuelve con fa- cilidad en el alcohol, y se puede ra- yar con la punta de un cuchillo. Coqueluche. Se da este nombre á una tos violenta y convulsiva que rea- parece á intervalos más ó menos dis- tantes y que consiste en muchas as- piraciones sucesivas, seguidas de una inspiración sonora. Causas. Nada hay de positivo so- bre las causas de la coqueluche. Ra ro es que esta afección no acometa al mismo tiempo á gran número de in- dividuos; manifiéstase particularmen- te en los niños desde el nacimiento hasta después de la segunda denti- ción; á veces suele atacar á los adul- tos, con especialidad á los de tempe- ramento nervioso; rara vez se muestra en los ancianos. En la manera con que se propaga hay algo de contagio- so. Siempre suele comunicarse con prontitud á los niños de la misma ca- sa, y esta comunicación no tiene lu- gar si se tiene el cuidado de separar unos de otros, los sanos de los do- lientes. Síntomas. Los primeros síntomas de la coqueluche no difieren de los de un romadizo ordinario, pero no tar- dan mucho en tomar el carácter es- pecial que los distingue. La tos se hace muy sonora, y, sucediéndose con frecuencia, apenas permite al niño hacer inspiraciones cortas, incomple- tas y sibilantes, que prestan á la do- lencia un carácter especial; en efecto, parécense algún tanto al canto de un gallo; por lo que todo el mundo pue- de reconocer con facilidad la coquelu- che. El niño se muestra como sufo- cado, se agita con ansiedad para res pirar el aire que le falta, y que no entra en los pulmones sino con la ma- yor dificultad; la cara y el cuello se hinchan y enrojecen, los ojos se abren mucho y llenan de lágrimas. El acce- so acaba por la salida de una muco- sidad viscosa acompañada á menu- do de vómito de los alimentos, y á veces por la expectoración ó vómito de un poco de sangre, pura ó mezcla- da con mucosidades ó con alimentos. No es raro ver la sangre salir por las narices durante el golpe de tos: á veces el niño orina y expele involun- tariamente las materias excrementi- cias. Terminado el acceso, todo en- tra en orden, y el niño vuelve gene- ralmente á sus juegos y saltos, como si no estuviera enfermo; á veces, sin embargo, se siente algo fatigado, otras veces experimenta pesadez de cabe- za y propensión á dormirse. Rara vez pasa de algunos minutos la duración de los accesos; su número es con fre- cuencia considerable durante el mis- mo dia, y va decreciendo á medida que el mal se acerca á su término Varias causas influyen sobre la rea- parición de los accesos; tales son el frió, una digestión difícil, los olores fuertes, el polvo, el humo, las afeccio- nes morales, y en particular la ira. COQUELUCHE 552 COQUELUCHE Estos accesos son comunmente pre- cedidos de una ansiedad y de una ti- tilación en la garganta, que obligan á los niños á correr hacia las personas que pueden auxiliarlos, y general- mente les gusta que se les sujete la cabeza, lo cual facilita la expectora- ción ó los vómitos. La coqueluche no va acompañada por lo común de la frecuencia del pul- so, ele falta de apetito, de sed, ni de calor en la piel. Pronóstico. La coqueluche dura ordinariamente de uno á dos meses, pero puede á veces prolongarse por más de medio año. También puede volver después de haber cesado por completo. La coqueluche simple, en los indi- viduos de buena constitución, es en- fermedad poco grave. En los niños de pecho, la coqueluche es peligrosa, porque puede producirles un verda- dero estado de asfixia. 'Tratamiento. Durante el acceso de la coqueluche, si el niño estuviere ya destetado, preciso es asentarlo y darle un punto de apoyo, aplicándole con fuerza la mano sobre la frente. Cuando durante el acceso se puede dar á beber al pobrecito enfermo al- gunas cucharadas de agua fría, de cal- do ó de té, se disminuye sensiblemen- te la intensidad y la duración de la tos. Bueno es quitar con los dedos ó con un lienzo las mucosidades que se agolpan en el fondo de la boca.. Si el acceso continuase, preciso será apli- car sinapismos en los pies y en las piernas, y poner en la cabeza paños mojados en agua fría y vinagre. . En el intervalo de los accesos, la primera cosa que se debe hacer, á fin de curar la coqueluche, es dar un vo- mitivo de ipecacuana: 30 centigramos (6 granos) de ipecacuana en polvo, en una cucharada de agua templada, para un niño de un año; 40 centigra- mos (8 granos) para uno de dos años; 50 centigramos (10 granos) para el de tres años; 60 centigramos (12 gra- nos) para el de 4 años; 70 centigra- mos (14. granos) para el de 5 años; 75 centigramos (15 granos) para el de seis años; después de esta edad se aumentarán 5 centigramos (1 grano) de ipecacuana por cada año de más. Pueden darse después algunos ali- mentos, y durante el dia algunas cu- charadas de infusión de flor de mal- vas, ó de violetas, dulcificándola con azúcar ó con jarabe de goma. Los dias siguientes se dará esta pocion: Agua 180 gram. (6 onzas) Eter sulfúrico... 20 gotas Tintura de be- lladona 10 gotas Láudano de Sy- denham. ... 10 gotas Jarabe de qui- na .. 60 gram. (2 onzsa). Para los niños de un año, una cu- charada, dos veces por dia. Para los de dos años, dos cuchara- das, dos veces por dia. Para los de tres años, tres cucha- radas, dos veces por dia. Para los de cuatro años, cuatro cu- charadas, dos veces por dia. Y así en adelante, dando dos veces por dia tantas cucharadas cuantos fueren los años del niño. COQUELUCHE 553 CORAL Continúase por espacio de tres dias esta mismapocion, y el cuarto, por la mañana, se vuelve al vomitivo de ipe- cacuana antes citado. Dos ó tres dias después se puede dar una purga de aceite de ricino ó de maná. La dosis de aceite de ricino será de 15 á 30 gramos á 1 onza), y de maná de 30 á 60 gramos (1 á 2 onzas), conforme á la edad del niño. Si la coqueluche no cediese á estos medios,' se empleará el jarabe siguien- te: Jarabe diaco- dion 30 gramos (1 onza) Jarabe de ipeca- cuana 30 gramos (1 onza) Jarabe de quina. 30 gramos (1 onza( Mézclese y dése una vez al dia, á los niños de un año, una cucharadilla (una cucharada de café)] á los de dos años, dos cucharadillas; á los de tres años, tres; en una palabra, tantas cu- charadillas como años tuviere el niño. Este jarabe se continuará por espacio de ocho á quince dias. El café puro, después de comer, es también un excelente remedio contra la coqueluche. Se administra á la do- sis de cuatro cucharaditas á cuatro cu- charadas grandes, según fuere la edad del doliente. Baños frios de mar ó agua corrien- te, siempre han sido provechosos cuando la coqueluche se hubiere mos- trado rebelde á los demas tratamien- tos. Durante el curso del mal no tiene que observarse la dieta; el doliente usará las mismas comidas que ántes de haber sido atacado por la coquelu- che. Pero de todos los medios, el que se lia mostrado como el más eficaz, es el cambio frecuente de aire y de ropa. Pre- ciso es, por tanto, trasladar á menudo los niños enfermos de un lugar á otro, mudarles muchas veces la ropa, y no volver á llevarlos al mismo lugar sino después de haber tomado bien el aire, ni volver á ponerles la misma ropa sino después de haberla lavado y oreado perfectamente. Bueno es tam- bién colocar un vaso de agua de La- barraque en el cuarto que habiten. En muchos casos, el tiempo es el mejor remedio de la coqueluche; la mayor parte de los niños se llevan en buena salud cuando se deja la ciudad para ir á vivir en el campo. El cambio de aire produce así á ve- ces la curación que no hubiera podi- do alcanzarse con los medicamentos. Prudente será siempre alejar los niños sanos de los que se hallan afec- tados de coqueluche, porque está bien demostrado que el mal puede comuni- carse de unos á otros. Ni aun los adul- tos están libres del contagio, sobre to' do cuando su permanencia al lado del enfermo fuere larga. En tal caso, de- ben todos los dias dar un paseo al ai- re libre, y evitar la continuada perma- nencia cerca del atacado por la coque- luche. Como medio preservativo de la co- queluche, se aconseja que se aparten cuidadosamente los niños de los luga- res en los cuales reina este mal, evi- tando la comunicación de los sanos con los afectados de él. Coral. El coral se presenta comun- CORAL 554 CORAL mente como una piedra roja, que, an- tes de tallada imita la forma de los ramos de un arbusto pequeño. Tiene la apariencia de la piedra, porque, en efecto, participa de la naturaleza cal- cárea; pero no pertenece al reino mi- neral, no siendo, sin embargo, una producción vegetal como su forma ar- borescente lo ha hecho suponer largo tiempo. El coral es el despojo sólido de una agregación de pólipos, anima- les submarinos, cuya vida en comuni- dad, bajo una piel misma, es uno de los hechos más singulares de la crea- ción. Al animal que produce el coral le llaman los zoólogos Coral del comer- cio (Isis nobilis, Linneo; Corallium rubrum, Lamark), de la familia de los Pólipos corticales. Es un zoófito pe- queño de color blanco, que mide dos milímetros (una línea) más ó menos, cuyo cuerpo es un cilindro membra- noso contráctil, terminado por lo al- to en una roseta de ocho tentáculos fruncidos en los bordes y parecidos á los pétalos de una flor; en el centro de esta roseta es donde está la boca del animal. Este pólipo no vive ais- lado, sino reunido, bajo una piel co- mún, á centenares ó á miles de ani- males de su especie. Estas agregacio- nes, de la hechura de arbusto, están sostenidas por un depósito calcáreo ro- jo que llena completamente el tronco y los ramos de su piel común, y pre- senta al nivel de cada uno de los pó- lipos una cavidad pequeña en donde el animal puede esconderse, contra- yendo todo su cuerpo; entonces no puede percibirse en la superficie del ramo del coral más que un tubérculo blanco en el lugar en que, algunos momentos antes, se desarrollaba el animal. El coral se halla en el fondo del mar, unido á los cuerpos submarinos; En el estado fresco, está cubierto por la piel común á los pólipos, que for- ma una capa gelatinosa de color ana- ranjado; después de seca, fuera del agua, esta capa membranosa se sepa- ra como una cáscara friable. Se cree que son necesarios diez años para completar el desarrollo del coral; cada agregación representa entonces un ar- busto de 50 centímetros de altura, de color rojo anaranjado, fijado por una base ancha, que, en ciertos momentos, parece cubrirse de multitud de flores blancas (los pólipos desarrollados ); después parece que de repente pierde este lustroso adorno, cuando los póli- pos se contraen simultáneamente por la agitación del agua ambiente. El coral abunda en el Mediterráneo y en el mar Rojo, pegado á las rocas, y á variable profundidad; no se en- cuentra á menos de metros, y se pesca hasta 200 metros de fondo. Péscase principalmente en Africa y en el Archipiélago, sumergiendo en el fondo del mar pedazos de palo guar- necidos de filástica, que se tiran con fuerza cuando se siente que la filásti- ca se encuentra enredada en el coral. Hay también buzos cuyo único empleo consiste en buscar el coral bajo el agua. Este eje lapídeo no figura en el co- mercio sino despojado de su corteza. Conserva la forma general de arbusto CORAL 555 CORAZON ramificado y no articulado, constituido por una sustancia compacta, de color rojo vivo, un tanto rosáceo, que hace de él una de las más elegantes pro- ducciones naturales. Tiene la super- fiicie cubierta de estrías longitudina- les, paralelas, á menudo sinuosas, las cuales se extienden siguiendo todas las ramificaciones, desde una extremi dad del eje hasta la opuesta. La du- reza del coral excede á la del espato de Islandia. Es susceptible de un hermoso pulimento, y con él se fabri- can joyas de grande estimación. El color del coral no es siempre el mis- mo; á veces es blanco, y obsérvanse sobre ciertos ramos todas las varieda- des intermedias de color rosado y rojo pálido. A causa de estas variaciones de color, el comercio distingue el coral rojo, cuyas calidades diferentes llevan los nombres de corales espumas de sangre, flores de sangre', después el coral bermejo, el coral blanco claro ó bajo. Según los caprichos de la moda, cada una de estas variedades tiene al- ternativamente más boga. El cloro no ataca el color del coral; el ácido sul- fhídrico lo vuelve negro: El coral se disuelve únicamente en los ácidos mi- nerales; está compuesto de carbonato de cal, con vestigios de magnesia y de sulfato de cal; la materia colorante tiene por principio el óxido de hierro. El coral rojo; reducido á polvo, se emplea en medicina como dentrífico. Coral artificial. Así se llama la masa que tiene por base el polvo de mármol cristalino, cimentado con cola de pescado, y á veces con un aceite secante, y el cual se colora por medio del bermellón de la China, mezclado con una pequeña cantidad de minio. El coral artificial es muy inferior al natural en lo que hace al pulimento, brillo, y sobre todo á la duración. Coralina blanca lí oficinal. Cora- lina qfficinalis (Alga). Esta produc- ción de las costas del Mediterráneo, siendo marina, ha sido considerada por algunos naturalistas como un po- lipero, y por otros como una alga, opi- nión que actualmente prevalece. La coralina está formada de artículos del- gados de 2 á 4 centímetros de longi- tud; estos artículos afectan la forma de penachos pequeños y simétricos; están dispuestos en hojas bipinadas, verdes cuando frescas, blancas pasado algún tiempo, y tienen olor á marisco muy pronunciado; sabor salado repug- nante.-Dáse de 1 á 2 gramos (20 á 40 granos), como vermífugo. Corazón. Este órgano hueco y muscular, que está situado en el in- terior del pecho, algo inclinado al lado izquierdo, es el agente principal de la circulaccion de la sangre; tiene la for- ma de un pan de azúcar ó de una pi- rámide aplastada, Su volúmen algo mayor en el hombre que en la mujerc equivale poco más ó menos al de la mano cerrada de un hombre. En su interior hay cuatro cavidades distin- tas: dos en la parte superior, que son la aurícula derecha y la izquierda; dos en la parte inferior, que son el ventrículo derecho y el izquierdo. En la aurícula derecha penetran las ve- nas cavas superior é inferior; y del ventrículo derecho sale la arteria pulmonar^ aurícula izquierda recibe CORAZON 556 CORAZON las pulmonares, y del ventrícu- lo izquierdo sale la arteria aorta. Es- tas nociones son indispensables para comprender la descripción de la circu- lación de la sangre. V. Ciíuulacion. El corazón tiene la propiedad de con- traerse y dilatarse alternadamente.. Durante su contracción, va á tocar con la punta en la parte anterior del pecho entre la sexta y la sétima cos- tilla del costado* izquierdo; se sienten con facilidad los golpes ó latidos del corazón aplicando la mano en la re- gión precordial. Estas contraciones del corazón se comunican á todas las arterias, y constituyen lo que se lla- ma pulso. En el hombre adulto, que disfruta de buena salud, el corazón . bate de 64 á 75 veces por minuto. Corazón (Dolencias de i). El cora- zón recibe de todo el cuerpo la sangre destinada á vivificarlo, y no tiene un instante de reposo. La acción de este órgano no puede ser interrumpida un momento sin que cese la existencia. Todo cuanto puede debilitar el im- pulso que comunican á la sangre las paredes del corazón, se convierte en causa de desórdenes graves. Si por otra parte se considerase la complica- da estructura del corazón; si se obser- vara que' está sujeto á las más varia- das influencias morales, no serian mo- tivo de admiración sus frecuentes pa- decimientos. Los sintomas generales de todas las afecciones del corazón varían poco; hé aquí las principales: respiración generalmente cortada y difícil; palpi- taciones y sufocaciones producidas sin cesar por la acción de subir, la mar- cha rápida, las afecciones vivas del al ma: un sueño frecuentemente inte- rrumpido por un despertar repentino, una especie de palidez con propensión á la hidropesía, que al fin sobreviene á poco que el mal tome mayores pro- porciones. A este fenómeno se añade una sensación de extrema ansiedad v desmayos. Cuando se aplica la mano sobre la región del corazón en un in- dividuo afectado de dolencia en este órgano, siéntense latidos sumamente vigorosos y turbulentos, ó, en otros casos, casi imperceptibles. Por último, la exploración por medio del oido, lla- mada auscultación, de los ruidos que se producen en el pecho, suministra señales muy importantes y positivas. No se debe olvidar que el sistema nervioso ejerce tan grande influencia sobre las funciones del corazón, que las señales más positivas de las dolen- cias de este órgano son frecuentemen- te simuladas por una afección nervio- sa. No es raro ver á las personas que tienen la imaginación viva y grande susceptibilidad, afectadas de palpita- ciones, de dificultad de respiración, de disposición á pérdida de los senti- dos, á consecuencia de alguna viva impresión moral. Las mujeres delica- cadas y nerviosas son también afecta- das con frecuencia de supuestas en- fermedades del corazón, que, como por encanto, suelen desaparecer, tan luego como se ha podido calmar su imaginación consternada. Uno de los accidentes del mal designado bajo el nombre de clorosis, es la aparición de señales de una dolencia profunda en el corazón, que sin embargo no exís- CORCHO 557 CORDERO te. Las mujeres cuyos menstruos flu- yen con alguna dificultad, están suje- tasá palpitaciones, á sufocación, sin por esto tener el corazón verdaderamente afectado: lo mismo acontece á las per- sonas histéricas, á las asmáticas, á las mujeres llegadas á la edad crítica. Basta señalar estas causas, que indu- cen á graves errores, para que las per- sonas extrañas al arte de curar no se asusten ántesque el médico tenga co- nocimiento seguro del estado real de las cosas. Todas las afecciones con alteración de la sustancia del corazón son graves; sin embargo, la mayor parte duran largo tiempo, y raro es que un trata- miento bien dirigido no consiga pro- longar la duración de la vida. Véan- se los artículos Aneurisma, Cardítjs, Dilatación del corazón, Endocar- dítis, Palpitaciones y Pericardi- tis. Corazón (Heridas del). V. Heri- das. Corazón (Inflamación del), V. Cardítis. Corcova. V. Raquitismo. Corcho. El corcho es la corteza del alcornoque. Quercus súber, Linneo, árbol de la familia de las Cupulíferas, común en España; habita también en Francia, Italia, Argelia, y es notable por su liviandad. Propiamente hablan- do, el corcho no es la cáscara, sino so- lamente el epidérmisdel árbol. Esta sustancia se compone de un tejido es- ponjoso, elástico, cuyas cavidades con- tienen materias astringentes, coloran- tes, y resinosas ó grasas, que la hacen difícilmente permeable al agua. La cosecha de corcho tiene lugar cada ocho á diez años, por medio de incisio- nes trasversales y longituninaies; el mismo árbol puede dar de diez á doce cosechas. El corcho sirve para hacer tapones de botellas, suelas de zapatos para preservar los pies de la humedad, boyas para ayudar á nadar, pedazos fluctuantes que los pescadores atan á las redes para suspenderlas á la su- perficie de las aguas, etc. El cor- cho quemado en vasos cerrados da el negro empleado por los pintores. Cordero. Nombre cpie se da al hi- jo de la oveja y del carnero. La oveja no produce comunmente más que un solo cordero, á veces dos, muy rara vez tres. z Si la oveja es robusta, y tiene las ubres llenas, se le pueden dejar dos hijos; preciso es, en todo evento, qui- tarle el tercero.-Si la oveja muere después del parto, ó si no tiene bas- tante leche, conviene dar su corderi- no á otra madre que hubiere perdido su hijo, ó á una cabra, que lo acepta sin dificultad para criarlo. Mientras esté en lactancia conviene cuidar de que el cordero mame bien, y que otros corderos no vengan á robarle la leche; en fin, que la madre tenga buena sa- lud. El cordero mama por espacio de cuatro meses. Al fin de la lactancia se le debe acostumbrar á que coma alguna yerba verde; y á las cuatro me- ses, puede ir al pasto con el resto del rebaño. Los corderos destinados al matade- ro deben toner tres á cuatro semanas por lo menos, y dos meses cuando más. Su carne es un alimento delicado. CORDON ESPERMATICO 558 COREA Cuando se guardan para ser criados, por lo regular son sometidos á la ope- ración de la castración á la edad de dos á cuatro meses, ó antes. Los corderos están sujetos á una enfermedad llamada parálisis de los corderos. Es un reumatismo agudo que obliga al animal á quedar de pié ó á apoyarse sobre las rodillas sin po- der doblar los miembros posteriores. En este caso, preciso es administrar el emético; 5 centigramos (1 grano) disueltos en una taza de agua, de la cual se da una cucharadilla, tres veces por dia. V. Carneeo y Oveja, Cordial, Se da el nombre de cor- diales á los medicamentos que tienen la propiedad de aumentar repentina mente el calor general del cuerpo, y la acción del corazón y del estómago. El vino, los espíritus, las tinturas al- cohólicas, el éter, etc., son medica- mentos cordiales. Cordon espermático. Nombre da- do á la reunión de los órganos que se dirigen del canal enguinal al testícu- lo. Estos órganos son el canal defe- rente ó conducto espermático, una ar- teria, venas, vasos linfáticos, nervios, todo unido por un tejido celular flojo, y contenido en una vaina formada por tres membranas. Inflamación del cordon esper- mático. Esta dolencia es ocasionada á menudo por la compresión que el braguero ejerce en los individuos que- brados; otras veces principia por una erisipela; pero ordinariamente proce- de de la propagación de la inflamación desenvuelta primeramente en el tes- tículo mismo. La inflamación del cor- clon espermático se manifiesta por do- lor en la ingle, hinchazón, á veces ru- bicundez de esta región: la menor compresión de esta parte aumenta el dolor. El tratamiento de la inflamación del cordon espermático es la siguien- te: una cataplasma de linaza sobre la ingle, y tomar una purga. El doliente debe andar lo menos po- sible. Corea. Baile de San Vito. Nom- bres de una afección nerviosa, cuyos síntomas consisten en movimientos continuos, irregulares, involuntarios, de uno ó mas miembros, de una parte ó de la totalidad de los músculos. Háse tomado el nombre de una capilla de Suabia, situada Cerca de Ulm y dedi- cada á san Vito, porque en el siglo XV, siendo esta dolencia muy común en dicho país, los habitantes iban á visitar la capilla de San Vito con la idea de hacerse curar por mediación del santo. En medicina se conoce con el nombre de cérea. palabra griega que significa danza ó baile. Cuando los movimientos son generales, el do- liente gesticula sin cesar de una ma- nera desordenada; su cuerpo y las piernas se ven agitadas por sacudi- mientos no interrumpidos, y entrega- dos á contorsiones las más singulares: á veces se limitan á un solo costado del cuerpo, ó solamente á la cara, al brazo ó á una pierna. Los dolientes hablan con gran dificultad y, por lo co- mún, tartamudeando. Experimentan á veces entorpecimientos, punzadas en los miembros, leve disminución de las facultades intelectuales, dolores COREA 559 CORNELINA de cabeza, vértigos, agitación, insom- nio, etc. Las personas afectadas de este mal generalmente son flacas, pálidas, im- pertinentes, irascibles; algunas son epilépticas, y, entre las mujeres, histé- ricas. La corea es una afección de la juventud, que ataca pocas veces á los hombres adultos; á menudo es ocasio- nada por emociones vivas, coincide á veces con la menstruación difícil. Du- ra desde algunos dias hasta muchos años; muchas veces suele curarse es- pontáneamente en la época de la pu- bertad, casi nunca tiene fatales con- secuencias. Un hecho digno de obser- vación es que esta enfermedad es ra- rísima en los países intertropicales, y casi especial en las regiones templa- das. El tratamiento de esta dolencia consiste en baños fríos y tibios, gim- nástica, amasamiento y medios hidro- terápicos. La aplicación de chapas de latón en los puños, brazos, cuello, muslos y pies, han sido'provechosos en algunos casos. Hay coreas ligadas con la debilidad constitutiva del indivi- duo: entonces se pueden curar por la alimentación sustanciosa, buen vino, medicamentos tónicos, preparaciones de hierro, aguas ferruginosas tomadas al pié del manantial. Otras se curan por medio de la electricidad, ó por los medicamentos anti-espasmódicos. Hé aquí las recetas contra la corea: Hierro reducido. 8 gram. (2dracmas). Se divide en 56 papeles. Para tomar un papel, dos veces por dia, en una cucharada de agua fría con azúcar. Pildoras de Meglin. Extracto de be- leño 5 centígr. (1 grano) Extracto de va- leriana 5 centígr. (1 grano) Oxido de zinc... 5 centígr. (1 grano) Se hace una píldora y como esta 35. Para tomar una por la mañana y otra por la noche. Linimento de Rosen. Aceite con- creto de nuez mos- cada 5 gram. (1/4 de drac.) Aceite volá- til de cla- vo 5 gram. (1/4 de drac.) Alcoholato de enebro. 90 gramos (3 onzas) Mézclese. Se emplea en fricciones sobre la extensión del espinazo, á la dosis de una cucharada, dos veces por dia. Coriza. V. Romadizo. Córnea. Se llama de este modo aquella porción trasparente del ojo si- tuada en la parte anterior de la pu- pila, á través de la cual se ve la niña del ojo. La trasparencia de esta mem- brana es indispensable á la regulari- dad de la visión; y por esto cuando existen nubes en la córnea, la visión no es completa y hasta puede ser en- teramente nula. V. Albugo. Cornelina ó Cornerina. Varie- dad de cuarzo-ágata; notable por el color rojo y por la trasparencia. Hay también cornelinas amarillas. Se ha- cen de ellas sellos, anillos, cabezas de alfires, figuritas, etc. El empleo de la cornelina era muy frecuente en la CORNEZUELO 560 COROIDEA antigüedad, especialmente entre los Griegos y los Romanos; se extraían de Europa. Ahora las más hermosas proceden de la América meridional, especialmente del Brasil. También se encuentran buenas cornelinas en el Japón. Corneta acústica ó Trompeti- lla. Instrumento en forma de embu- do destinado á reunir mayor cantidad de sonidos para concentrarlos sobre el órgano del oído, y remediar la debili- dad de este sentido. Las cornetas acústicas más comun- mente usadas son: Io Una cometa imitando la oreja externa, y modelada sobre ella, de manera que presente las emimencias y las cavidades de esta parte, con un canutillo para ser introducido en el conducto auditivo. 2o Un instrumento dispuesto en caracol, y que se mete en la cavidad de la oreja, de modo que la emboca- dura que está en el centro de la es- piral penetre en el conducto auditivo. 3o Una infinidad de instrumentos de diversas formas, unos imitando la trompeta militar, otras las trompetas de caza. Pero de todos estos medios, más ó menos complicados, puede ase- gurarse, según la experiencia, que ninguno reune mayores ventajas que la corneta ordinaria, dispuesta en for- ma de trompeta. La totalidad del ins- trumento tiene una largura de 21 á 24 centímetros. V. Sordera. Cornezuelo de centeno, Centeno DE CORNEZUELO ó ATIZONAD , Ó TlZON de centeno. Dánse estos nombres al centeno, cuyas simientes están con- vertidas en una excrecencia negra ó violácea en el exterior, larga, arquea- da, frágil, dura, de sabor acre ó mor- dicante, de olor débil, pero agradable. Esta producción lia sido considerada como efecto de una enfermedad que modifica la sustancia interior de la si- miente del centeno. No solo ataca al centeno, sino también á muchos ce- reales, tales como el trigo, avena, maíz, pero más comunmente se en- cuentra en el centeno. Los agricul- tores españoles la conocen bajo el nombre de tizón. Las harinas en que entra esta perniciosa sustancia produ- cen graves accidentes, como vértigos, convulsiones, entorpecimientos en los piés y las manos, que pierden la sen- sibilidad y el movimiento, y vienen á separarse del cuerpo por gangrena se- ca. Se reconoce la masa y el pan que contienen centeno atizonado por las manchas rojas que presentan. Los auxilios que deben prestarse cuando el centeno produce los accidentes que acabamos de mencionar, van explica- dos en el artículo Envenenamiento. El cornezuelo de centeno se emplea en medicina, en corta dosis, como l á 3 gramos (20 á 60 granos). Sirve principalmente para facilitar el parto, en los casos de inercia del útero, go- zando, como goza, de la propiedad de provocar las contracciones uterinas. Coróidea ó Coroides. Membrana sumamente delgada que reviste la parte superior del ojo, en donde se halla situada entre la esclerótica y la retina. Presenta por detras una abertura que da paso al nervio óptico,, y termina por delante en la gran cir- CORSE 561 CORSE cunferencia del iris. Se compone de una porción de ramificaciones arteria- les y venosas, unidas merced á un tejido laminoso muy fino. Corroborante. Se dice de los me- dios cuyo empleo, bastante prolonga- do, es propio para aumentar de una manera estable la fuerza de la consti- tución. Los tónicos, los excitantes, los analépticos son coi roborantes. Corrosivo. Llámanse sustancias corrosivas aquellas que alteran y des- organizan, poco á poco, las partes vi vas con las cuales son puestas en con- tacto: de esta naturaleza son los áci- dos minerales, los álcalis cáusticos, el deuctocloruro de mercurio ó sublima- do corrosivo, por la propiedad que tiene de correr las partes vivas so- metidas á su acción. Las sustancias calificadas de corrosivas entran en la categoría de los cáusticos; sin embar- go; la palabra cáustico parece deno- tar un grado más enérgico y una ac- ción más pronta. Corsé, Justillo. Es una parte esencial del vestido de mujer, desti- nada á enderezar y hermosear el ta lie del cuerpo y los pechos. Debe es- tar hecho de tal modo que no com- prima ninguna parte del cuerpo, y so- bre todo que no moleste á ninguno de los principales órganos de la vida. Un corsé posee las cualidades necesa rias, si está convenientemente aplica- do, si la presión es moderada por to- das partes, y principalmente más flo- ja del lado de los órganos que ofrecen ménos resistencia; si es bastante flexi- ble para no oponer obstáculo alguno al movimiento de las costillas y* del vientre, en la respiración, ni al au- mento del estómago y de les intesti- nos, en la digestión; si es bastante abierto por arriba para sostener los pechos sin oprimirlos; si no tiene hombreras, por cuanto estas embara- zan el movimiento ,de los brazos; si las ballenas y las chapas, de acero fi- jadas entre el forro y el contrafuerte y destinadas á mantener su forma, á impedir que suba Ó se arrugue, son bastante numerosas, bastante delga- das, flexibles y bien colocadas para que su presión no se aperciba en par- te alguna y para que no estorben los movimientos; si la chapa de acero del medio es flexible, liviana, de una cur- vatura conveniente, y mejor aún si está sustituida por dos ballenas es- trechas separadas con un tejido elás- tico; en fin, será perfecto, si todo el corsé, al abrazar la circunferencia del bacinete, encuentra alrededor de los riñones un punto de apoyo sólido, siguiendo la concavidad natural de los vacios, sin ser muy apretado al ni- vel de estos, y si al mismo tiempo marca el talle sin desfigurarlo. Muchos médicos, opuestos al uso del corsé, han hecho un cuadro espan- toso de todas las dolencias que puede ocasionar; pero, á pesar de sus decla- maciones, casi siempre exageradas, el uso del corsé no ha menguado co- sa alguna, porque jamas el temor de males que no amenazan instantánea- mente la existencia, hará se pierda una costumbre tan cara á la vanidad fenemil, y que tampoco deja de tener sus ventajas. Algunos médicos dicen que el corsé predispone á los esputos CORSE 562 CORTADURA de sangre, á la tisis, á las palpitacio- nes, aneurismas, roturas; que es no- civo á las funciones del estómago y del hígado; que produce curvaturas del dorsQ; que impide el desarrollo de los pechos, etc.; pero semejantes in- convenientes únicamente son propios de los corsés muy apretados ó mal hechos. El uso de los corsés no debe ser permitido á las niñas ántes de la épo- ca de la pubertad, y solo cuando el cuerpo ha alcanzado suficiente creci- miento; de lo contrario son nocivos al total desarrollo, y pueden llegar á ser realmente origen de muchas afeccio- nes del pecho: ántes de dicha época se puede hacer uso de pequeños jus- tillos guarnecidos de ballenas suma- mente delgadas y muy flexibles; pero de ningún modo se emplearán justi- llos con acero. Existen circunstancias en que hasta en las personas adultas el uso del acero en los corsés presen- ta inconvenientes: preciso es en tal caso no continuarlo y sustituirlo con dos ballenitas separadas por un espa- cio de dos pulgadas, que deberá estar ocupado por un tejido elástico. Las señoras jamas deben usar cor- sés demasiado oprimidos. Durante el embarazo, sobre todo, no deben lle- var sino corsés elásticos; estos, léjos de ser peligrosos, pueden por el con- trario prestar útiles servicios; por úl- timo, los corsés nunca deben compri- mir los pechos, especialmente los pe- zones, pues de esta manera podrían impedir la lactancia del niño. Los corsés ordinarios más cómodos para las señoras que acostumbran usarlos, son los abiertos por delante y atados atras. La atadura, una vez colocada en el punto conveniente pa- ra dar al corsé la extensión necesaria, permanece en su puesto fijamente La chapa delantera está dividida en dos partes, reunidas delante por me- dio de corchetes convenientemente dispuestos. Basta, por tanto, para ves- tirse este corsé, enganchar los cor- chetes, y, para quitárselo, desengan diarios. De esta manera se excusa el servicio de una criada. Cortadura, Cortada, Corte. Se dan estos nombres á heridas de pe- queña extensión hechas por instru- mentos cortantes, tales como nava- jas, cuchillos, vidrios quebrados, etc. Cuando alguna persona se hubiere hecho una cortadura, debe comprimir- la con paño mojado en agua fría para impedir la hemorragia. Una vez que la sangre haya parado, conviene reu- nir los labios de la herida, y mante- nerlos en contacto con tafetán de In- glaterra. Si la sangre de la cortadura continuase, se pone sobre el tafetán un paño que lo sujete y comprima; si la sangre continuara aún saliendo, preciso es poner hilas secas, después una compresa, y con una venda ejer- cer una compresión moderada, pero bastante fuerte para contener el cur- so de la sangre. Estas hilas se conser- van puestas por espacio de doce á veinticuatro horas; después se quitan con precaución, y se aplica el tafetán de Inglaterra, que se continúa hasta la curación. Generalmente, al cabo de tres ó cuatro dias la herida se ha- lla cicatrizada. Tatibien se puedo CORTEZA 563 COSMETICO aplicar un paño mojado en bálsamo del comendador. Esta preparación, compuesta de alcohol y de sustancias balsámicas y resinosas, tiene la pro- piedad de coagular la albúmina de la sangre, y formar una capa balsámi- ca que detiene la hemorragia. Des- pués se quita esta capa lavándola con aguardiente que la disuelve. Paralas cortaduras grandes, véase Herida. Cortegada. España. Aguas sulfu- rado-sódicas, templadas y calientes. A cinco leguas de Orense, capital de la provincia de su nombre, á ménos de un kilómetro del pueblo de Corte- gada. Hay varias fuentes minerales, de diferente calidad y temperatura. Las más empleadas son tres: de la Piedra, de 25° á 29° de temperatu- ra; del Campo, de 29° á 34°; y la del Monte, de 33° á 38°. Los ma- nantiales ferruginosas son fríos. Los primeros contienen gas sulfhídrico, sulfato de sosa y carbonato de cal; sus aguas son claras, de olor de hue- vos podridos. Se emplean en las en- fermedades cutáneas, reumatismos y bronquitis. Los baños se toman en las piscinas ó en casetas de madera. Corteza (le Panamá. Corteza de Quillaia smegmadermos. De Can- dolle, árbol de Chile. Esta corteza se presenta en el comercio bajo la for- ma de pedazos de la largura de un metro poco más ó ménos, anchos, pla- nos, fibrosos y bastante pesados. Es negruzca exteriormente, blanca en la parte interior; da un polvo casi blan- co. No tiene olor, pero sí un princi- pio tan acre, que no puede aspirarse sin que produzca violentos estornudos; por lo que es peligroso reducirla á polvo. Parece insípida al primer mo- mento, pero después da una acrimo- nia considerable. Esta corteza, pulve- rizada y mezclada con agua, levanta mucha espuma, y le presta la propie- dad de quitar las manchas grasicntas á las telas. En Chile es objeto de un considerable comercio. Analizada por Boutron y Henry, produjo una mate- ria grasa unida á la clorofila, azúcar, y una sustancia particular picante, soluble en agua y en alcohol, espu- mando mucho con el agua, ofreciendo las propiedades de saponina y de sal- separina. Corteza de Winter. Corteza del Drymis Winteri, Forster, árbol de la familia de las Magnoliáceas que habita la América meridional, cerba del Estrecho de Magallánes. Esta cor- teza se presenta en el comercio en tubos enroscados, del diámetro de una pulgada; es cenicienta en el epider- mis, roja interiormente, de olor aro- mático y sabor picante. Estimulante y estomacal, tomada á la dosis de 1 gramo (20 granos). Cosmético. Medio propio para conservarla hermosura. Pocas.nacio- nes hay, antiguas ó modernas, civili- zadas ó salvajes, que no tengan ó ha- yan tenido sus cosméticos. Las se- ñoras, sobre todo, son las que recurren á estos medios: olvidan que el aseo y la elegancia sin afectación, las gracias naturales del cuerpo, el ingenio, el agrado y el pudor, son los cosméticos más poderosos y estimables. Sin em- bargo, en loor de nuestro siglo, debe decirse que las señoras han renuncia- COSMETICO 564 COSMETICO do á todo el aparato de semejante en- gaño, y que de buen grado se mues- tran hoy tales cuales son en reali- dad. Los arreboles ó afeites se em pleanpoco actualmente. (V. Afeite.) Lavatorios frecuentes con agua fria ó tibia, simples ó' con algunas gotas de agua de Colonia, la pasta de al- mendras, el jabón, algunos aceites odoríferos, tales son los únicos cosmé- ticos de que se puede usar con ven- taja. Indiquemos sucintamente los cuidados que reclaman las diferentes partes del cuerpo. Hánse propuesto muchas sustancias para entretener la delicadeza y la fres- cura de la piel. Las aguas destiladas de rosas, de llantén, las pomadas de pepino, de cacao, de bálsamo de Me- ca, no pueden desvanecer la más li- gera arruga, ni destruir la menor as- pereza. Estas preparaciones, por lo menos, llevan la ventaja de no ser nocivas; pero las recetas que deben algunas propiedades á las sustancias metálicas, pueden ocasionar acciden- tes. El baño del cuerpo, tomado una ó dos veces por mes, los baños de me- dio cuerpo, los semicupios y otros ba- ños locales, son los mejores medios de mantener la limpieza y frescura de la piel. Las masas para las manos están compuestas con almendras dul- ces ó amargas, con féculas, á veces con bálsamos, miel, esencias y un po- co de jabón. No son perjudiciales, y constituyen un cosmético bastante conveniente. A menudo se hace uso para los la- bios de una pomada que lleva el nom- bre de ungüento rosado, que no tie- ne inconveniente alguno, y es venta- josa sobre todo contra las grietas. Es- te ungüento es una especie de cerato, coloreado con la orcaneta y aromati- zado con esencia de rosas. Las personas que tienen la piel de las manos áspera y resquebrajada, al punto de acostarse pueden untarlas con glicerina, manteca de cacao ó ce- rato simple, y ponerse guantes para dormir. El cortarse las uñas de esta 6 de la otra manera no es una cosa indiferen- te. Las uñas de las manos, que sean cortadas largas ó cortas, poco importa, pero no sucede lo mismo con las de los pies. Cuando las uñas de los de- dos gordos de los pies se cortan muy rasas y en semicírculo, al crecer sue- len clavarse poco á poco en las car- nes, causan dolores insoportables é inflamación, que á veces necesita una operación harto sensible. Por consi- guiente, preciso es cortar las uñas de los pies en línea recta, conservando los cantos de manera que los dos la- dos extremos de la uña apoyen sobre las carnes laterales é impidan que es- tas sobresalgan. Respecto á la barba, es ventajoso hacerla afeitar ó afeitarse á menudo; una barba larga detiene el polvo y el sudor, pica, irrita la piel, y ocasiona erupciones desagradables. Si se adop- ta la costumbre de dejarla crecer en- teramente, preciso es lavársela y pei- narla á menudo. La boca exige cuidados particula- res. Lavar frecuentemente los dien- tes con agua pura, y frotarlos suave- mente con un cepillo blando, son los COSMETICO 565 COSMETICO medios que, por regla general, deben usarse. Empléase también espíritu de coclearia, tintura de guayaco, agua de Colonia, y diversos elíxires, en los cuales entran el clavel, el pelitre, el anis, la canela, la menta, etc. Su uso es provechoso, sirve para consolidar las encías; pero es preciso desconfiar de los polvos, tinturas, opiatas, y de todos los preciosos tesoros de la boca, cuyas composiciones no son conocidas. Sobre todo cboviene rechazar todos aquellos que blanquean la dentadura con prontitud. Los polvos en cuya composición entren en gran proporción sustancias salinas ó ácidas, deben también ser desechados, porque ata- can el esmalte. Los mejores dentrí- ficos son los siguientes: los polvos de hueso de jibia, la magnesia calcinada, ó la mezcla de. 30 gramos de polvos de lirio de Florencia con 1 gramo de canela. Algunas personas emplean para el mismo uso la ceniza de ta- baco ó el residuo del café. Estos úl- timos polvos tienen inconvenientes, porque tiñen los dientes en lugar de blanquearlos. La cabeza es el centro de una tras- piración abundante, que se coagula en escamillas furfuráceas, llamadas caspa; preciso es lavarla con frecuen- cia, y quitar con un peine fino dichas escamas. El agua de Colonia, las di- ferentes pomadas hechas con grasas finas y esencias aromáticas pueden emplearse sin recelo; entretienen el cabello prestándole blandura y suavi- dad, y al mismo tiempo estimulan la piel. Pero las diversas preparaciones misteriosas, á las cuales se atribuy a la virtud de dar á los cabellos una ve- getación mas activa, harto lejos están de poseerla. La verdad es que cuan- do alguna causa, una enfermedad cualquiera, por ejemplo, determinare la caida del cabello, si el bulbo se en- cuentra mortificado,'todo remedio se- rá infructuoso; si, por el contrario, la raíz conservarse aún un poco de vigor, no ha} cosa mas eficaz que la acción de la navaja de afeitar repetida va- rias veces. V. Calvicie. Ciertas variedades del color del ca- bello suelen desagradar, y se desea cambiarlo, dándole un tinte mas oscu- ro. Esta práctica es propia de las per- sonas que tienen en mucho aprecio el cabello negro. Al efecto, se emplean las decocciones de plantas que contie- nen tanino; tales son la agalla y el cato. Al propio fin concurren las pre- paraciones ferruginosas, combinadas con el añil, los polvos de negro mar- fil, el corcho quemado. Ninguno de estos medios es perjudicial á la salud. Empléanse igualmente otros muchos arbitrios, de los cuales algunos son inofensivos; por ejemplo, el uso fre- cuente y repetido del peine de plomo, inmediatamente seguido de lociones sobre el cabello con vino blanco car- gado de la infusión de cortezas de granada. Pero existen dos preparacio- nes muy generalizadas por el uso, cu- yo efecto es más pronto y siempre in- falible, que son el agita de Egipto, solución de piedra infernal en agua, y una mezcla de sulfuro de plomo y cal viva, diluida en un poco de agua en el momento en que va á hacerse ' uso de ella. Según su composición, COSTILLA 566 COXALGIA es evidente que semejantes cosméti- cos deben inspirar cierto miedo, ó por lo ménos no deberían emplearse sino con la mayor cautela. Por último, existe un género de preparación mucho más pernicioso to- davía. Son las pomadas depilatorias, á las cuales recurren las señoras al- gunas veces para desembarazarse del vello de la cara. La cal viva y el oro- pimente (sulfuro de arsénico) consti- tuyen la base de muchas de estas composiciones. Su acción puede co- rroer la piel y aun determinar verdade- ros envenenamientos. Estas prepara- ciones, por otra parte, son impotentes á impedir el crecimiento ó desarrollo del cabello; todo cuanto pueden ha- cer es retardarlo. V. Depilatorio. Costilla. Las costillas son arcos óseos situados en los lados del pecho; hay doce en cada lado; por detras es- tán fijadas á la columna vertebral, y por delante unidas al hueso llamado esternón. Las costillas concurren á la formación de la cavidad del pecho y á la protección y garantía de los ór- ganos entretenidos en ella. fig. 30. La figura representa el tórax del hombre; esto es, la cavidad que en- cierra los pulmones y el corazón, y la cual está separada del vientre por el diafragma, músculo ancho y delgado, trasversalmente colocado. En el lado izquierdo, á excepción del diafragma, que se ve á través de los espacios in- tercostales, no figuran los otros mús- culos. En el derecho existen los mús- culos.-v, región cervical de la colum- na vertebral; vi, región lumbar de di- cha columna; 5, esternón; cccc, costi- lias; c' c\ costillas falsas, esto es, las que no llegan á unirse al esternón; el, clavícula; iii, músculos intercos- tales; f, última costilla falsa, cubier- ta por la inserción del diafragma; d, músculo diafragma, que forma en el interior del pecho una bóveda cubier- ta en el lado derecho por los múscu- los intercostales, pero cuya dirección se ve indicada en este lado por una línea de puntos; p, pilares del dia- fragma que están fijos en las vérte- bras lumbares; el, múscu los elevado- res de las costillas. postillas (fractura de las). V. Fracturas. Costras lácteas. V. Usagre. Coxalgia (de coxa, cadera, y de algas, dolor). Dolor de la cadera ó antes bien de la anca. Se llama coxal- gia, dolor de la anca ó de la cadera, á la afección complexa de la articu- lación coxo-femoral; esto es, de la ar- ticulación del hueso del muslo (fémur) con el hueso coxal. La naturaleza de esta dolencia es la misma que la de los tumores blancos de las otras arti- culaciones. Esta afección se llama también luxación espontánea ó con- secutiva del fémur, porque la dislo- cación comunmente suele sobrevenir sin causa externa, y á consecuencia de la enfermedad de las superficies articulares. La coxalgia es el resul- tado de una afección general, y más ordinariamente de las escrófulas; en muchos casos es debida á causas in- ternas ó externas que producen la inflamación, los golpes, las caídas, etc. Los niños son atacados por esta en- COXALGIA 567 COXIS fermedad con mayor frecuencia que los adultos. Principia comunmente por un do- lor en la nalga, el cual se propaga hasta la rodilla. Este dolor puede durar meses y aun años; durante este tiempo la cabeza del hueso del muslo, hinchándose por la alteración del tejido óseo, no puede ser conteni- da en su cavidad, sale de ella en par- te, el muslo se encuentra así más largo, es decir, tiene un aumento de extensión, la nalga se aplasta y el doliente cojea. Más adelante, la ca- beza del fémur es expulsada comple- tamente de su cavidad articular, dis- lócase súbita ó lentamente, y se diri- ge casi siempre hácia arriba y hácia afuera; de este modo se verifica y completa la dislocación espontánea; el muslo, que al principio era más largo, se acorta. A veces el mal pro- gresa, los dolores reaparecen, forman - se abscesos y trayectos fistulosos: sin embargo, el doliente suele á menudo alcanzar la curación; pero entonces se forma una falsa articulación, ó una anquilósis que lo deja cojo para toda su vida. Tratamiento. Al principio de la enfermedad se emplean los semicu- pios de agua caliente y cataplasmas de linaza sobre la articulación dolori- da. Si el mal está mas avanzado, se aplican sobre la articulación coxo- femoral paños mojados en tintura de iodo. Hé aquí la receta de este me- dicamento: Tintura de iodo 30 gramos (1 onza.) Internamente el enfermo usará de píldoras de ioduro de hierro, una por la mañana, otra por la noche, y enci- ma de cada píldora beberá una taza de infusión de lúpulo, que se prepara con 4 gramos (1 dracma) de lúpulo, y una taza de agua hirviendo. He aquí la receta de las píldoras de ioduro de hierro: Píldoras de ioduro de hierro de Blancard 60. Acabadas las píldoras, tomará acei- te de hígado de bacalao, á la dosis de 1 á 2 cucharadas por dia, ó en cápsu- las de 10 á 15 por dia. Los baños aromáticos son muy bue- nos en esta afección. El doliente to- mará un baño general aromático to- das las semanas. El modo de prepa- rar estos baños está consignado en el tomo I, pág. 233. Se darán fricciones en la cadera con linimento de Rosen, ó con bálsa- mo nerval, una vez por dia; una cu- charada para cada fricción; estos me- dicamentos se encuentran en las far- macias con las siguientes recetas: 1 ° Linimento de Rosen.. 90 gramos (3 onzas.) 2" Bálsamo nerval 90 gramos (3 onzas.) Una buena alimentación, el uso del vino, la residencia en el campo, el aire puro, son otros tantos medios auxiliares del empleo de los medica- mentos. Cóxís, Apéndice óseo pequeño que termina inferiormente el hueso sacro; está situado en la parte inferior del tronco, y á veces se quiebra en las caídas sobre las nalgas. La fractura es poco grave, y para sanar solo necesita CRECIMIENTO 568 CRECIMIENTO del reposo. V. Fractura del baci- nete. Coz, Golpe dado por una bestia con el pié ó los piés traseros; patada. De la coz resulta por lo común una con- tusión, cuyo tratamiento consiste en aplicar en la parte lastimada paños mojados en agua tria natural, ó mez- clada con aguardiente alcanforado. V. CONTUSION. Cráneo. Casco ó caja ósea que en- vuelve el cerebro. Lo componen ocho huesos. En la niñez, estos huesos po- seen cierta movilidad, y están separa- dos unos de otros por las membranas llamadus fontanellas. Las fracturas del cráneo van des- critas en el artículo Fracturas. Craneología. V. Frenología. Crecimiento. Medros, Desarro- llo. Estas palabras significan el au- mento de altura ó de volúmen del cuerpo. El crecimiento ó desarrollo es tanto más rápido, cuanto más jo- ven es el individuo. En la edad de 3 á 4 años el niño llega casi á la mitad de la altura que debe tener al fin del crecimiento. La estatura humana pre- senta diferencias con arreglo á los cli- mas; ordinariamente el niño, al nacer, mide 18 centímetros de largo, poco más ó ménos; el hombre llega á tener 165 centímetros de altura. El crecimiento no siempre sigue las reglas de una constante progresión; esto es, el cuerpo no aumenta en pro- porción siempre constante en un es- pacio de tiempo dado; así pues, se ven en gran número de personas variacio- nes grandes, y casi siempre inespera- das; tal niño, cuyo crecimiento se ve- rificó rápidamente en los primeros años, ve después interrumpido ó es- tacionado este progreso por más ó me- nos tiempo, continuando después, con fuerza y energía, ó siempre en el mis- mo estado de debilidad, hasta la épo- ca en que viene á concluir esta función. A los 18 ó 20 años cesa el crecimiento de la estatura; para algunos indivi- duos suele terminar ántes, raras ve- ces va mas allá de los límites que in- dicamos. El Dr. Hamberger publicó un es- tado en el cual establece la propor- ción del crecimiento en los diversos períodos de la juventud, de una ma- nera general. Observó que de los diez y ocho meses á cuatro años y me- dio, el niño crece algo más de 10 cen- tímetros por año; que, de los cuatro y medio á los trece años, el crecimien- to es de 45 milímetros, por término medio, en el espacio de un año; que, de los trece á los diez y ocho, esta cantidad se reduce á 18 milímetros. Cuando el crecimiento es rápido, manifiéstase á menudo en los niños un malestar pasajero, caracterizado por fiebre y dolores articulares; el re- poso en la cama es el único medio que debe emplearse para combatir este incómodo estado, que vale más abandonar á su propia acción, cuando no esté complicado con síntomas de mayor gravedad. Muchas dolencias de la niñez son atribuidas al creci- miento, y tan pronto como el niño tiene fiebre, muchas personas dicen, con el tono de la convicción, que es porque está creciendo: seguramente que hay exageración con respecto á CREOSOTA 569 CRIADILLA DE TIERRA esto en muchos casos, y sobre todo cuando se atribuye á los medros la hinchazón de las glándulas del cuello, de las ingles, sobacos, y que solo pro- ceden de la debilidad de complexión, cosa que debe combatirse con baños frios, ejercicio, vino y medicamentos tónicos. La celeridad en el crecimiento sue- le predisponer á veces á la desviación del espinazo y á la tisis: conviene ata- car de frente estas dolencias tan lue- go como sus primeros síntomas lle- guen á manifestarse; el tratamiento consiste en gimnástica, paseos á ca- ballo, natación y otros ejercicios al aire libre; régimen compuesto princi- palmente de carnes, vino, preparacio- nes de hierro, é infusión de raíz de achicoria. Crémor de tártaro. Tartrato áci- do de potasa. Esta sal existe forma- da en las uvas y en los tamarindos. El depósito que se forma en las pa- redes de las vasijas y de las botellas de vino está compuesto de crémor de tártaro, de materia colorante y una corta cantidad de tartrato de cal. El crémor de tártaro, que se emplea en medicina, se presenta bajo la forma de cristales pequeños y blancos; tiene un sabor ácido muy pronunciado; es poco soluble en agua fría, pero puede disolverse con más facilidad en agua caliente. Se usa esta sal como purgan- te á la dosis de 15 á 60 gramos á 2 onzas). Se toma en un vaso de agua con azúcar; no tiene el gusto desagra- dable de los demas purgantes. Creosota. Especie de aceite esen- cial extraido del alquitrán. Es un lí- quicio incoloro, cuando está puro; con el tiempo adquiere un color rojizo; su olor es desagradable y parecido al de la carne ahumada, de sabor acre, as- tringente, y cáustico; soluble en el agua, miscible con el alcohol y los aceites. Está dotado de acción cáus- tica, y se emplea como curativo en las heridas. También se usa contra los dolores de la dentadura cuando son producidos por la cáries. Para esto, se moja un palillo y se aplica en el agujero del diente cariado; ó se moja algodón y se introduce en dicho agu- jero. Creta, Greda, Su nombre procede de la isla de Creta, donde esta sus- tancia abunda. Es la calificación vul- gar de una variedad de subcarbonato de cal, de una tierra calcárea. Presén- tase en masas blancas, tiernas, fria- bles, de aspecto blanco terroso. Pre- parada en panes cilindricos, toma el nombre de gis ó blanco de España. Se emplea en la preparación de los pol- vos dentríficos. Bajo la forma de ba- rias cuadiadas sirve en los colegios para escribir sobre el encerado ó pi- zarra. Disuelta en agua suele servir paia limpiar las vidrieras, las cucha- ras y otros objetos de plata. La cieta, que usan los jugadores de billar para dar en la suela de los tacos, está compuesta de dos partes de almidón y una de creta, infundidas á frió, y reducidas á pasta; esta se di- vide en bocados, que se dejan secar al aire. A veces se colora con azul de Prusia. Criadilla de tierra. V. Trufa. CRUP 570 CRUP Criatura. (Higiene de la). Véase el artículo Niños. Criatura recien nacida. Los cui- dados que reclama van explicados en el artículo Parto. Criatura que nace con Ia via baja cerrada. V. Ano. (Imperforacion del). Criaturas que orinan en la cama. V. Incontinencia de la orina. Crisis. Cambio que sobreviene en una enfermedad, y se anuncia por al- gunos fenómenos particulares, como una evacuación abundante, sudores, sedimento en las orinas, alguna hemo- rragia, etc. La crisis es saludable ó fatal según el resultado que tiene . Críticá (Edad). V. Menstruación y Edad. Crónicas (Enfermedades). Se da este nombre á las dolencias que reco- rren lentamente sus períodos. Por oposición se califican de agudas aque- llas cuya marcha es acelerada, y pre - sentan cierta gravedad. Croton tiglio. V. Aceite de cro- tón TIGLIO. Crup ó Garrotillo. De este modo se designa una especie de inflamación de la garganta, caracterizada por la tendencia á la formación de una mem- brana, en las vias aéreas, ó por la for- mación real de esta membrana, que obstruye el paso del aire y puede oca- sionar la sufocación. Es conocida tam- bién esta enfermedad con los nombres de angina sofocante, angina larín- gea membranosa, difteria laríngea. Causas. El frió húmedo es la cau- sa más común del crup; así esta dolen- cia se presenta con mayor frecuencia en los países septentrionales, y prin- cipalmente en los climas húmedos y fríos, que no en los secos y cálidos. A veces reina epidémicamente; esto es, ataca á gran número de individuos al mismo tiempo. Se desarrolla con par- ticularidad en los niños; sin embargo, tal cual vez afecta á los adultos. El crup es contagioso; conviene, pues, evitar cuidadosamente que otros niños, de la misma ó de otra familia, se acerquen al doliente, á quien se deberá aislar y colocar en un cuarto donde el aire pueda ser renovado fá- cilmente. Sintomas. El crup principia con forma idéntica á un simple romadizo. Al principio la tos es leve, bastante seca, un poco ronca ó aguda; el dolien- te se queja á veces de un dolor más ó ménos intenso en la parte anterior del cuello, el cual en ciertos casos sue- le hincharse. Preciso es entonces exa- minar la boca. Si la garganta estuvie- re roja, las amígdalas abultadas y cu- biertas de chapitas blanquecinas; si, al propio tiempo, las glándulas del cuello se mostraran hinchadas y sen- sibles, se debe temer la invasión del crup. Este estado puede durar uno ó más dias: los dolientes, y principal- mente los niños, conservan la alegría; en fin, la enfermedad se manifiesta, y hé aquí los síntomas que la acompa- ñan: el niño está sobreexcitado, y du- rante la noche especialmente le asal- ta una tos convulsiva unida á un ron- quido particular, semejante al ladrido de un perrillo, al canto de un gallo joven, ó al cacareo de una gallina. Cada inspiración es sibilante y muy sonora, la expiración corta y difícil, á CRUP 571 CRUP veces se oye un ruido que parece ser producido por mucosidades agitadas por el aire; el cuello se pone dolorido y se hincha; empalidece el semblan- te , mas se colora con los accesos de la tos; el doliente inclina la cabe- za hácia atras, y con frecuencia lle- va la mano al cuello , como para arrancar algún obstáculo que se opo- ne á dar paso al aire: es amagado de sufocación, sobre todo durante los gol- pes de tos; á veces vomita. Si, por efecto de la tos ó por los esfuerzos de los vómitos, lanzase muchas mucosi- dades ó pedazos de membrana, ó la membrana entera, todos los síntomas se aminoran, hasta el punto de hacer creer la posibilidad de una cura inme- diata; pero este descanso, después de algunas horas, á veces de uno ó dos dias, suele ser seguido de un acceso nuevo, comunmente más intenso que el anterior. Cuando el mal ha llegado á su apogeo, la respiración se hace acelerada, el pulso es débil, frecuen- te, irregular; la sufocación parece in- minente, la ansiedad es extrema, un sudor frió cubre la cabeza y el pecho, y el niño sucumbe en el más grande abatimiento, con la mayor postración ó en un verdadero estado de asfixia. Pronóstico. El crup es una enfer- medad grave y muchas veces mortal En algunos casos produce la muerte en veinticuatro horas. El pronóstico es tanto ménos favorable cuanto más joven es el individuo, y cuanto mayor es la dificultad de la respiración. Pue- de formarse una conjetura favorable cuando hay intermitencias en los sín- tomas, y cuando el doliente lanza con facilidad mucosidades y concreciones membraniformes. Existe una forma la más grave de todas, en la cual los síntomas de asfixia se juntan á las se- ñales de infección de la economía en- tera; esta forma está caracterizada por la postración de las fuerzas, y la profunda alteración de la cara. Tratamiento. El tártaro emético es el primer medicamento que debe administrarse en el crup. Es el medio único de hacer á los niños que escu- pan; destaca las falsas membranas, y actúa de un modo favorable contra la dolencia. Se procede de la manera si- guiente: Disuélvense 5 centigramos (1 grano ) de tártaro emético en 90 gramos (3 onzas) de agua fría, y se da al niño enfermo una cucharadilla de esta disolución de media en media ho- ra, hasta provocar los vómitos. No se le debe dar á beber agua tibia para provocar ó favorecer los vómitos. Sus- péndese el medicamento al tercer vó- mito: y, en el mismo dia, tres ó cua- tro horas más tarde, y lo mismo en el dia siguiente, se vuelve á reproducir el tratamiento, hasta concluir la po- ción. Si el tártaro emético provocase muchas evacuaciones alvinas, lo cua- tiene lugar muchas veces, es tam- bién preciso suspender el medicamen- to pbr espacio de algunas horas. Para calmar la sed, se da al niño enfermo la infusión de flores de mal- vas, fría, dulcificada con azúcar; tam- bién se le puede dar agua fría pura ó con azúcar y con agua de azahar. Al mismo tiempo es preciso dirigir una acción local sobre la garganta pa- ra atajar el desarrollo de las falsas CRUP 572 CUAJO membranas en la laringe. Para esto se tocará la garganta con zumo de li- món, mojando un pincel ó una espon- ja en dicho zumo é introduciéndolo en el fondo de la garganta. Con el mis- mo fin se insufla hácia las fauces, por medio de un canuto de papel, alum- bre en po|vo, y como es de la mayor importancia que este polvo llegue á á la posible profundidad, se aprovecha del momento en que el niño llora, pa- ra hacer entonces la insuflación. La insuflación debe repetirse dos ó tres veces por dia, y encada operación se empleará media cucharadilla de pol- vo de alumbre. Se lavará la garganta con agua fé- nica, por medio de una esponja, lo cual sumamente provechoso. Después del vomitivo se adminis- trará interiormente el vino de quina, en la dosis de una ó dos cuchar adillas, dos veces por dia. En el curso del dia, y en el mismo dia, se darán de hora en hora, dos cu- charadillas de la pocion siguiente: Agua fria 90 gram. (3 onz.) Solución de per- cloruro de hie- rro á 30° 30 gotas. Cuando todo lo empleado ha sido infructuoso, y los progresos crecientes de la asfixia hagan temer la muerte próxima, pre ciso es practicar una via ar- tificial al aire por medio de la traqueo tomía. Esta operación consiste en ha- cer una incisión con e¿ bisturí en la parte anterior y media del cuello. Pe- ro para sacar de esta operación todas las ventajas que se desean, no convie- en hacerla muy tarde, esto es, cuando la asfixia se encuentra muy cerca y cuando los individuos están insensi- bles y en el estado semi-comatoso. Pa- ra justificar la operación, después de haber empleado inútilmente los recur- sos de la ciencia que se consideran co- mo los más eficaces, basta ver hacer- se los accesos cada vez más frecuen- tes y amoratarse los labios, señales ciertas de asfixia inminente. Importa decir, sin embargo, que si no existen ninguna de las contraindicaciones aba- jo mencionadas, nunca es tarde para operar; de este modo han sido salva- dos muchos niños que estaban á pun- to de fallecer. La operación es inútil, cuando existen señales de envenena- miento profundo, caracterizado por la depresión de las fuerzas, frecuencia extrema del pulso, alteración grande déla cara, y la aparición de telas mem- branosas enlo interior délas fauces, de la naris y en los labios. Después de la traqueotomía la res- piración se restablece, y los accesos de sufocación desaparecen, á lo menos provisionalmente. Los niños se rea- niman, algunos vuelven á sus juegos y parecen gozar de un bienestar ines- perado. Desgraciadamente semejante situación no siempre subsiste de un modo duradero; los accesos de asfixia reaparecen, y la muerte es su conse- cuencia. La operación salva, no obs- tante, uno entre cinco niños atacados por el crup. Qrup falso. V. Laringitis estri- dula. Cuajo. Sustancia extraída de la membrana del cuarto estómago ó ven- trículo del becerro aun no dostetado, CUAJO 573 CUARENTENA la cual se emplea para cuajar la leche en la preparación délos quesos. Los ventrículos de los corderos y de los cabritos pueden servir también para preparar el cuajo. Obtiénese de dife- rentes maneras; he aquí una de las que más se usan: Se toma el cuarto ventrículo de los becerros; sácaseles la leche coagulada y se lava con agua fría; después mézclase esta leche con volúmen igual de sal, y métese en los ventrículos previamente lavados con esmero. Introdúcense en vaso de ba- rro muchos de estos ventrículos con- teniendo leche cuajada y salada; cú- brense de sal. Algunos dias después sácanse del vaso, espolvoréanse aún con sal, y se ponen á secar al aire. Un pedazo de ventrículo de becerro pre- parado de este modo, cuya superficie mide 2 centímetros cuadrados, pues- to en infusión durante 12 á 15 horas, en 30 gramos (1 onza) de agua tibia, da un líquido capaz de cuajar de 12 á 15 litros de leche. Un medio más expeditivo de obtener la acción del cuajo, consiste en echar sencillamente en la leche un pedazo de cuajo fresco de becerro envuelto en un saquito de lienzo. La sustancia que los químicos han extraído de la membrana mucosa estomacal de los mamíferos, llamada pepsina, g&za también de la propiedad coaguladora de la leche sin la intervención de un ácido, y ella es sin duda la que cons- tituye el principio activo del cuajo; así es que los fármacéuticos de Paris preparan una infusión alcohólica de membranas mucosas, de los estómagos de cerdos ó ter ñeros, que dan un cua- jo muy eficaz y fácil de conservarse. Las lecheras suizas conservan secos los cuajares de becerros de 2 á 4 se- manas; después de cortados en peda- citos, infúndenlos en un litro de sue- ro de leche, mezclado con un poco de sal; de este modo obtienen un cuajo líquido que se prepara en el momen- to en que su empleo es necesario. La cantidad que basta para cuajar la le- che, depende de la calidad de las sus- tancia coaguladora; únicamente la ex- periencia puede servir de guía en este caso; necesaria es menos cantidad en verano que en invierno; la leche des- natada necesita más que la que con- serva su nata. Guamo. Isla de Puerto Rico. Aguas sulfurosas termales. Cuarentena. Se da este nombre á la permanencia más ó menos larga en un lugar aislado, llamado lazareto, en donde se guardan las personas afectadas de enfermedades que se consideran como contagiosas, ó que llegan de países en que reinan esas enfermedades. Se dio el nombre de cuarentena á esa permanencia en el lazareto, porque en su principio dura- ba cuarenta dias; después se criaron cuarentenas de treinta, quince y has- ta de algunos dias. Estas providencias, dictadas por la prudencia, estorban al comercio é impiden la rapidez de las comunicaciones; ademas de éso, su utilidad ha sido puesta en duda. Las primeras indicaciones que se encuentran sobre el uso de secuestrar los individuos afectados de enferme- dades cuya trasmisión se temia, se mencionan en los libros sagrados res- CUARENTENA 574 CUARENTENA peeto á la lepra.* enfermedad llamada hoy morfea. Estas medidas de pre- caución fueron ignoradas de los pue- blos civilizados de la antigüedad: du- rante las treguas de la Edad Média, época de barbarie y superstición, fue cuando aparecieron los lazaretos. El más antiguo de todos es el de Venecia (1403); después siguen los de Génova (1467), Marsella (1476); por último, viene España, que no los poseyó sino en 1494, dos años después de la com- pleta expulsión de los Moros. Lo que hay de curioso y puede probarse nu- méricamente, es que las pestes fueron más frecuentes aun después del esta- blecimiento de los lazaretos. Los con- tagionistas consignaron esto sin pen- sarlo, al relatar la serie de epidemias que habían atacado esas diferentes lo- calidades; así, elDr. Frari, de Venecia, contagionista acérrimo, que escribió sobre este asunto, según los documen- tos auténticos conservados en los ar- chivos de Venecia, reconoce que des- de el 938 al 1403, esto es, durante 365 años, hubo 11 epidemias de pes- te; miéntras que de 1403, época de la creación de los lazaretos, hasta 1630, es decir, durante 226 años so- lamente, hubo 16 epidemias. Bertrand, célebre contagionista, contó las pestes que, desde Jesucristo hasta 1720, se presentaron en Marsella, notando veinte repetidas de este modo: 6 án- tes del Lazareto en 1475 años, y 11 después en el espacio de 244 años. Estas providencias de salubridad pública, adoptadas por la generalidad de las naciones de Europa para los buques que llegan de Levante y de América, constituyeron, hasta nues- tros dias, una especie de pacto sanita- rio tácitamente concluido, sin obliga- ciones recíprocas. Después, convenci- das de la inutilidad de las precaucio- nes cuarentenales, y viendo sus de- sastrosos efectos para el comercio, la Inglaterra y el Austria rompieron el pacto, y la Francia redujo la duración de Ja cuarentena,' haciendo contar la duración del viaje. Según la opinión de los contagio- nistas de buena fe, la peste considera- da como dolencia cuyo contagio es in- dudable, deja de ser contagiosa des- pués de ocho dias. Por consiguiente, cuando un buque que sale de un puerto infectado, y que al cabo de ocho ó diez dias, si se quiere, no há tenido un solo caso de epidemia, el peligro no existe ya, el buque puede ser ad- mitido á libre práctica. Esto reduciría la duración de la cuarentena á diez dias, incluso el viaje. Hace algunos años, tuvo lugar en París una Conferencia sanitaria de las principales potencias marítimas de Europa, con idea de establecer la uni- formidad en materia de cuarentena; es- to es, respecto á su aplicación; una convención redactada en 27 de Mayo de 1853, obliga á cada potencia á es- tablecer lazaretos, y tija el máximun y mínimum de las cuarentenas. En los puertos franceses del Mediterrá- neo, como verbi gratia Marsella, la cuarentena para la peste era lo más de 15 y lo menos de diez dias; para la fiebre amarilla 7, 5 y 3 dias; para el cólera 5 dias. En los puertos del Océano Atlántico, como Burdeos y el CUARENTENA 575 CUARENTENA Havre, era libre la práctica para el buque que llegaba de un puerto infi- cionado de fiebre amarilla, cuando no había tenido caso de enfermedad en los diez últimos dias de su viaje. La corta aparición que en 1861 hi- zo la fiebre amarilla en el puerto fran- cés de San Nazario, situado en la eos ta del Océano Atlántico, dio motivo á un nuevo progreso en la legislación sanitaria. Estudiando de cerca el mo- do Je propagación del azote, se reco- noció que el peligro residía especial- mente en la cala de los buques, y que las precauciones tomadas respecto de los pasajeros eran exageradas, toda vez que el buque estuviere ventilado y se hallase en condiciones satisfacto- rias de salubridad. El gobierno fran- cés concedió desde entonces á los pa- sajeros nuevas facilidades, y al mismo tiempo aplicó á los buques que en trasen en los puertos del Océano Atlán - tico providencias más arregladas que antes á las exigencias de la salud pública. Tal fue el objeto del decreto del Emperador de los Franceses, de 7 de Setiembre de 1863. Pero con el fin de que los puertos del Medite- rráneo pudiesen alcanzar el beneficio de estas mejoras, urgente era la mo- dificación del régimen convencional, bajo el cual los había colocado el tra- tado sanitario concluido en 1853 con el gabinete de Turin. Para conseguir este fin, el Ministro de negocios ex- trangeros de Francia y el Ministro del Rey de Italia, firmaron una conven- ción cuyo texto oficial reproducimos más abajo. Las disposiciones de este acto] in- ternacional no pueden dejar de fijar la atención de los gobiernos europeos, igualmente deseosos de conciliar los intereses del comercio y de los via- jantes, con las garantías que reclama la seguridad de las poblaciones. Decreto que determina las provi- dencias de cuarentena en los puertos franceses é italianos del Mediterrá- neo. "Napoleón, Por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Emperador de los France- ses, á todos los presentes y venideros, salud. Conforme al dictamen de nuestro Ministro y Secretario de Estado de negocios extranjeros, una convención ha sido firmada á 24 de Junio de 1864 entre la Francia y la Italia, para arre- glar las providencias de cuarentena en los puertos frenceses é italianos del Meditarráneo; dicha convención, cuyo tenor se sigue, ha sido aprobada y será inserta en el Diario Oficial. Convención.' El gobierno de S. M. el Emperador de los Franceses y el gobierno de S. M. el Rey de Italia, habiendo encargado al Dr. Melier, Inspector general de los servicios sa- nitarios de Francia, y al Dr. Bo, Di- rector general de sanidad marítima del reino de Italia, de reunirse en conferencia en Turin, para examinar si seria útil aplicar á los puertos fran- ceses é italianos del Mediterráneo las medidas establecidas para las arriba- das con patente sucia de fiebre ama- rilla en los puertos franceses del Océa- no y de la Mancha. Ambos gobiernos, después de ha- CUARENTENA 576 CUARENTENA berse enterado del parecer de sus de- legados en 27 de Abril de 1864, re- solvieron modificar, en el sentido de las disposiciones del decreto imperial de 7 de Setiembre de 1863, la con- vención sanitaria internacional de 3 de Febrero de 1853, y el reglamento anejo á esta convención, de 27 de Se- tiembre de 1853. En su consecuen- cia, los abajo filmados, el Ministro y Secretario de Estado de negocios ex- tranjeros de Francia, y el Enviado extraordinario y Ministro plenipoten- ciario de S. M. el Rey de Italia, debi- damente autorizados al efecto, con- cluyeron las siguientes estipulaciones: Art. 1? Para lo futuro, y por dero- gación del artículo 50 del reglamento sanitario de 1853, cuyo primer capítu- lo es como sigue: La duración de la cuarentena sera la misma para los buques, personas y efectos, los pasa- jeros, marineros, efectos y buques, quedan sujetos á cuarentena de dura- ción diferente. Art. 2° Ciando las arribadas tuvie- ren lugar con patente sucia de fiebre amarilla, bien sea por buques princi- palmente destinados al trasporte ace- lerado de pasajeros, y teniendo á bor- do un médico de sanidad, ya sea por fragatas de guerra reconocidas en es- tado de salud, y cuando las calas fue- sen suficientemente ventiladas du- rante el viaje, los pasajeros y el em- pleado del correo, por derogación al art. 4" de la convención sanitaria de 1853, serán inmediatamente ad- mitidos á libre práctica, si no hubiere sobrevenido durante el viaje ningún caso de fiebre amarilla,-Cuando, en las mismas condiciones de navegación, hubiere habido casos de fiebre amari- lla durante el viaje, la cuarentena se- rá de tres á siete dias para los pasa- jeros y el empleado de correos. Se- gún las circunstancias, una decisión ministerial, provocada por el dicta- men de la autoridad sanitaria de la localidad, podrá reducir la duración de esta cuarentena, y aun decidir la admisión inmediata á la libre práctica de los pasajeros y del empleado de correos. En cuanto á los marineros, los efectos y el buque, quedarán su- jeros á las medidas sanitarias prescri- tas por el reglamento de 1853. Art. 3o Los buques mencionados en el artículo que precede, que no hubieren llenado las condiciones en él exigidas, y generalmente los buques mercantes, á su arribada con patente sucia de fiebre amarilla á los puer- tos franceses é italianos, quedarán su- jetos á las siguientes disposiciones: Siempre que á bordo hubiere habi- do uno ó más casos de fiebre amari- lla, ya sea en el puerto de salida, ya durante la travesía, la cuarentena no podrá ser hecha sino en un puerto con lazareto. Los pasajeros y todos los individuos cuya presencia á bordo no fuere indispensable, serán inmediata- mente desembarcados y tenidos en observación. El buque será ventilado y saneado á medida que la descarga de los efectos tenga lugar; concluida esta operación se procederá al sanea- miento completo de todas las partes del buque. Conforme al género de los efectos, las cajas ó bultos serán ventilados ó sometidos exteriormente CUARENTENA 577 CUARENTENA á los vapores del cloro y librados des- pués al comercio, ó depositados en el lazareto para sufrir allí las purifica- ciones reglamentarias.-Si no hubie- se habido casos de fiebre amarilla ni en el puerto de salida, ni durante la travesía, el buque, previamente aisla- do, será ventilado y saneado confor- me á las reglas establecidas para los buques. Las cajas, fardos y bultos se- rán trasportados al puerto, para ser ventilados y expuestos á los vapores del cloro ántes de su admisión á la libre práctica.-En uno y otro caso, cuando se haya reconocido que el es- tado de la cala no ofrece peligro al- guno, la autoridad superior, con arre- glo á propuesta del director ó agente de sanidad, podrá consentir que se termine en el puerto la descarga de los efectos. Art. 4' Los pasajeros desembarca- dos con patente sucia de fiebre ama- rilla, ya sea de los buques mercantes ordinarios, ya de los paquebotes ó navios de guerra no comprendidos en las condiciones prescritas por el art. 2° de la presente convención, quedan su- jetos á las disposiciones ordenadas por la convención, y reglamentos de 1853. Pero la duración de la obser- vación aplicada á estos pasajeros, por dispocion particular de la autoridad superior, podrá ser reducida á lo más mínimo de la regla. Art. 5o Los reglamentos que de- terminan las providencias administra- tivas aplicables de una y de la otra parte, en los casos arriba mencionados, deberán ser formulados de manera que presenten las condiciones de uní- formidad prescritas en el preámbulo del reglamento sanitario de 1853. Art. 6? La presente convención, cuyas disposiciones principiarán á re- gir desde el Io de Julio de 1864, ten- drá la misma fuerza y valor que la convención sanitaria internacional de 3 de Febrero de 1853. Será someti- da á la aprobación de los soberanos respectivos. París, á 24 de Junio de 1864. Nuestro Ministro y Secretario de Estado de negocios extranjeros queda encargado de la ejecución del presen- te decreto. Palacio de Fontainebleau, á 28 de Junio de 1864. Napoleón." Régimen sanitario de Francia. Providencias sanitarias en el mo- mento de la salida. Cuando un bu- que sale de uno de los puertos de los países en que habitwalmente reinan afecciones graves (peste, fiebre ama- rilla, cólera), el cónsul de su nación le remite un documento que contenga la indicación del estado sanitario de dicho puerto: es la patente. Si una enfermedad considerada como conta- giosa reinara en aquella ocasión, la patente será sucia; pero si la salud pública fuese buena, la patente se llama entonces limpia. La naturale- za de la patente determina la dura- ción de la cuarentena y la severidad de las precauciones exigidas ántes del desembarco, tanto respecto de los pa- sajeros como de las mercancías. Si el buque no trajese dicha patente, que- dará sujeto á soportar las consecuen- cias de la falta de ese documento en los puertos á donde se dirige. CUARENTENA 578 CUARENTENA Providencias sanitarias durante un viaje por mar. En el Mediterrá- neo, los buques de vapor, sujetos á la patente y destinados al trasporte de pasajeros, deben tener su médico á bordo. A este funcionario incumbe no solo la vigilancia de la salud en la tripulación y los pasajeros, sino tam- bién la de llevar el asiento en regis- tro especial, dia por dia, de todos los hechos y circunstancias que puedan interesar á la salud pública y, á la lle- gada, remitir su relación á las autori- dades sanitarias. Si sobreviniere una defunción en el mar, después de una dolencia de carácter sospechoso, los vestidos y efectos de cama del difunto deben ser echados al mar ó quemados, y todos los demas objetos que le hu- bieren pertenecido en vida sometidos á una escropulosa purificación. Precauciones sanitarias á la lle- gada. Toda embarcación, francesa ó de cualquiera otra nación, que arriba- ra á un puerto francés del Mediterrá- neo, será sometida á las formalidades siguientes: debe detenerse á cierta dis- tancia del puerto, hasta que los agen- tes del servicio de sanidad pública hayan podido saber el país de donde viene, y las condiciones generales con que se presenta. Cuando llega un buque con paten- te limpia, si su estado sanitario no da lugar á motivo alguno de sospecha, será admitido inmediatamente á la li- bre práctica, salvo algunas excepcio- nes, cuando el buque procede de Tur- quía.-Cuando llega con patente su- cia, ó, aunque la traiga limpia, si se halla en condiciones higiénicas capa- ces de poner en peligro la salud pú- blica, puede ser sometido á ciertas precauciones de higiene, ó á la cua- rentena de observación, ó á la cua- rentena de rigor. Cualquiera violación de los regla- mentos sanitarios es castigada con la pena de muerte si fue causa de comu- nicación con países sujetos á patente sucia, con pena de uno á diez años de presidio y de 100 á 10,000 francos de multa si produjo comunicación prohibida con países, personas ó cosas sometidas á cuarentenas de diferen- tes plazos.-Aquel que recibiere á' sabiendas objetos ó personas en con- travención á los reglamentos sanita- rios, es castigado con las mismas pe- nas que el portador de estos objetos ó el delincuente preso en flagrante delito.-Si la violación de la ley no ha ocasionado invasión pestilencial, la pena de muerte puede ser conmu- tada por la de reclusión y una multa de 200 á 20,000 francos.-Todo agen- te del gobierno, capitán de buque, to- do cirujano ó empleado de sanidad que, oficialmente, alterare ó disimu- lare ciertos hechos capaces de com- prometer la salud pública, es castiga- do con la pena capital, si de esos ac- tos resultase una invasión pestilen- cial; á galeras y con la multa de 1,000 á 20,000 francos, aun cuando no re- sulte invasión; á la degradación civil y multa de 500 á 10,000 francos, si dejaron de informar de los hechos de su conocimiento, y que por su natu- raleza podían ocasionar la invasión pestilencial, ó si dejaron voluntaria- mente perpetrar la infracción, ó ellos CUASIA 579 CUBEBAS infringieron las precauciones regla- mentarias destinadas á evitarla. Lazareto. Como ántes dijimos al principiar este artículo, el lazareto es un edificio aislado de toda habitación, establecido en diversos puertos marí- timos, y destinado á la desinfección de los hombres y objetos procedentes de países en los cuales reina, ya sea la peste, ya el tifus, ya la fiebre amari- lla, el cólera ó cualquiera otra enfer- medad considerada como contagiosa. Las personas que llegan de los paí- ses en que reinan las enfermedades consideradas como contagiosas, deben estar preparadas á someterse á las incomodidades de una cuarentena más ó ménos larga en un lazareto, y to- mar sus disposiciones al efecto. El punto capital consiste en abastecerse de lo necesario para la vida, y traer consigo aquellos objetos indispensa- bles que no pueden obtenerse en los lazaretos sino con dificultad ó á un precio muy elevado. Las señoras, so- bre todo, deben evitar, en la previsión de una permanencia forzada en el lazareto, el embarazarse de bagajes y otros objetos de tocador. Los regla- mentos sanitarios obligan á exponer al rocío todos los objetos y mercancías pertenecientes á los viajeros de cua- rentena; ademas de esto, tales objetos pasan por fumigaciones y preparacio- nes, que no pueden ménos de dete- riorarlos poco ó mucho, aun cuando los empleados, á cuyo cargo están las operaciones, procedan con toda la cir- cunspección y miramientos posibles. Cuasia. Quassia amar a Linneo. Rutáceas simarúbeas. Arbol que ha- bita en la América meridional, la Ja- maica, la Guayana y el Brasil. La madera de los ramos y de la raíz se emplea en medicina bajo la forma de maceracion en agua fría ó en vino, como remedio tónico. La raíz es del grueso del brazo, cilindrica, cubierta de corteza delgada, cenicienta y ra- yada; el tronco viene al comercio en pedazos gruesos, de color blanco-ama- rillento, liviano, difícil de ser reducido á polvo, inodoro, de sabor intensan- mente amargo.-La maceracion de cuasia prepárase dejando á remojo durante cuatro horas en 120 gramos (4 onzas) de agua fría, 1 gramo (20 granos) de cuasia. Esta dosis se bebe en un dia. El vino de cuasia se pre- para macerando, durante diez dias, 30 gramos (1 onza) de cuasia en 1,000 gramos (34 onzas) de vino de Madera, y colando el líquido. El vino de cuasia.se administra en la dosis de dos á seis cucharadas diarias. En las farmacias existen vasos ó copas de cuasia dentro de los cuales se echa agua; y esto basta para hacerle tomar el amargor de la madera, dejando el agua en contacto con esta algún tiem- po. En una copa nueva, el agua se vuelve amarga al cabo de dos minu- tos; progresivamente déjase permane- cer más, y pasado algún tiempo es necesario reemplazar el vaso.--La maceracion y el vino de cuasia se em- plean en las escrófulas, flores blancas, clorosis, inapetencia, y en todos los casos en que haj necesidad de forta- lecer la constitución con un remedio tónico. Cubebas. Frutos del cubeba, Pi- CUELLO 580 CUERNO DE CIERVO per cubeba, Linneo, arbusto de la fa- milia de las Piperáceas, que habita las regiones cálidas del antiguo conti- nente, en particular en el Malabar y en Sumatra. Estos frutos, semejantes á la pimienta de la India, solo con la diferencia de ser un poco más grue- sas y tener pedúnculo, son empleados en medicina contra las gonorreas y flores blancas. Se toman reducidos á polvo, á la dosis de 4 á 8 gramos (2 á 4 dracmas), tres veces por dia, mez- clados con jarabe de goma, miel ó agua. La infusión de cubebas, que se prepara con 15 gramos (| onza) de cubebas y 180 gramos (6 onzas) de agua caliente, se administra también en lavativas en los mismos casos. Cúbito. Uno de los huesos del an- tebrazo; ocupa el lado interno corres- pondiente al dedo meñique; es más voluminoso arriba que ahajo. La ex- tremidad superior está perforada por la cavidad sigmatóidea, en la cual penetra la tróclea del húmero; detras está la apófisis olócranon, y la opóji- sis coronóide, dos prominencias que se alojan en las cavidades posterior y anterior de la extremidad del húmero, durante la extensión y la flexión del antebrazo. La extremidad inferior del cúbito se llama cabeza. Cuello, Parte del cuello compren- dida entre la cabeza y el pecho. Enfermedades del cuello. He- ridas. La presencia de numerosos nervios y vasos sanguíneos hace estas heridas muy graves {véase el artículo Heridas del cuello, t. II). La com- plicación mas peligrosa es la hemo- rragia. Lo primero que debe hacerse en caso tan grave, antes de la llegada del cirujano, es impedir momentá- neamente el curso de la sangre po- niendo el dedor pulgar sobre la herida misma, ó mejor aún debajo de ella. Dolor del cuello. X. Tortícolis. Papera ó bocio. Véase t. I. Tortícolis. Véase esta palabra en su lugar correspondiente. Uno de los síntomas mas frecuen- tes de las escrófulas es el ingurgita- miento de las glándulas del cuello; estas se ablandan y abren con el tiem- po. Véase Escrófulas y Glándula. Conviene no confundir las escrófu- las con las hinchazones pequeñas de las glándulas situadas debajo de la mandíbula que son conocidas con el nombre de parótidas. V. Parótida. Cuello torcido. V. Tortícolis. Cuerno de ciervo. Asta de cier- vo. Cuernos ó astas que se hallan en la frente de un animal mamífero lla- mado ciervo, Cervus elaphus, Linneo. Estas astas, en forma de ramos, sue- len caerse á fines del invierno, y vuel- ven á brotar durante el verano. La hembra ó corza, no tiene cuernos. Los cuernos de ciervo entran en la composición del cocimiento blanco go- moso, y en la decocción blanca de Sydenham, bebidas que se emplean contra la diarrea. Para hacer el coci- miento blanco gomoso, se raspa el cuerno del ciervo antes de someterlo á la ebullición; en este caso ejerce su acción por la gelatina que contiene. Para la decocción blanca de Sydenham, se emplea el cuerno de ciervo calci- nado, esto es, privado por la acción del fuego de las sustancias animales CUERPOS EXTRAÑOS 581 CUERPOS EXTRAÑOS que contiene; en este caso el cuerno de ciervo se compone solo de fosfato de cal y de algunas otras sales que entran en la composición de la parte sólida de los huesos; porfirízase cuan- do va á usarse en este estado, á fin de reducirlo á sustancia impalpable que pueda mantenerse en suspensión en los líquidos. Cuerpos extraños, Por estas pa- labras se entiende todo cuerpo que introducido ó formado en nuestros ór- ganos, no participa de la vida que á ellos les es propia, y pueden por tan- to producir fenómenos ó accidentes más ó ménos graves. Los cuerpos extraños pueden for- marse en nuestros órganos. Este hecho se observa con la piedra en la vejiga, ó con los gusanos en los intes- tinos, cosas de que nos ocuparemos en artículos especiales. Los cuerpos extraños que vienen de fuera son de formas y naturaleza muy distintas: unas veces penetran en los tejidos, otras son introducidos por las vias naturales. Entre los de la primera clase figuran las balas lan- sadas por armas de fuego,'los pedazos de espadas quebradas en el cuerpo, etc. Los cuerpos extraños pueden ser también introducidos en las aberturas naturales, tales como los ojos, oídos, laringe, intestinos, ano, uretra, etc. Vamos á pasar en revista los princi- pales órganos que pueden ser lasti- mados por la causa de que se trata. Cuerpos extraños en $1 ano. V. Cuerpos extraños en el recto. Cuerpos extraños en la cavidad del cráneo. Comunmente- son balas lanzadas por armas de fuego, frag- mentos de instrumentos contundentes más ó menos agudos, puntas de espa- da, de lanza, astillas de madera, etc. La presencia de un cuerpo extraño en la cavidad del cráneo, en general, es un caso grave en extremo y mortal casi siempre, inmediata ó posterior- mente al accidente. Sin embargo, cí- tanse algunos casos, raros en verdad, en que la introducción de un cuerpo extraño en la cavidad del cráneo no ha sido seguida de accidente alguno. Así, pues, hánse visto individuos que han conservado muchos años balas en el cerebro sin por eso verse incomo- dados. La razón de esta diferencia existe en el mismo cerebro, cuyas partes no son todas de igual impor- tancia. Tratamiento. Luego que algún cuerpo extraño penetre en el cráneo se debe tratar de sacarlo. Los modos de extracción varían, según el cuerpo extraño estuviere libre en la cavidad del cráneo ó aprisionado entre los hue- sos. En el primer caso, se hace ma- yor abertura, por medio de cierto nú- mero de coronas de trépano, hasta que se pueda alcanzar y retirar el cuerpo extraño, sin sacudidas ni es- fuerzos. En el segundo caso, preciso es comprender en la corona de trépa- no toda la circunferencia de la aber- tura en la cual el cuerpo está implan- tado, y después de separar el pedazo de hueso, sacarlo con el cuerpo ex- traño. En seguida, necesario es com- batir la. inflamación del cerebro con sangrías, sanguijuelas, y aplicación en CUERPOS EXTRAÑOS 582 CUERPOS EXTRAÑOS la cabeza de paños mojados en agua fría. Cuerpos extraños que oprimen los dedos. V. Anillo. (V. t. I.) Cuerpos extraños en el esófago, El esófago es un canal musculoso que se extiende desde la faringe (gargan- ta) hasta el estómago; su destino es el de dar paso á la comida. Alimen- tos no masticados, huesos tragados con la sopa, y otros objetos, á veces se detienen en el esófago, en las per- sonas ancianas, privadas de dientes, en los individuos que comen con pre- cipitación, en los niños que tragan monedas y otros objetos al jugar con ellos en la boca; sobrevienen enton- ces contracciones del esófago, que in- mobiliza el cuerpo extraño y dá lugar á accidentes inmediatos ó consecuti- vos. Los cuerpos extraños permanecen inmóbiles por lo común en ambas ex- tremidades del esófago: arriba, en su unión con la faringe (parte inferior de la garganta), ó abajo, en su termina- ción en el estómago, esto es, en el punto correspondiente al borde supe- rior del esternón. Sintomas. Cuando al comer sobre- vienen dolores agudos y esfuerzos de vómitos, puede decirse que un cuerpo extraño se ha parado en el esófago. Pero según el sitio, el volúmen, la forma y la dirección del cuerpo extra- ño, se manifiestan otros síntomas: la respiración puede ser interrumpida ó constreñida de dos modos: 1" si es un cuerpo voluminoso, una castaña, un huevo duro, que ántes de penetrar en el esófago lastima la abertura de la laringe, hay sufocación inminente; 2" menos voluminoso, el cuerpo entra realmente en el esófago, y puede im- pedir completa ó incompletamente el paso del aire, comprimiendo realmen- te el conducto aerífero. Otros accidentes se manifiestan más tarde, cuando el cuerpo extraño se estaciona en el esófago: son acci- dentes inflamatorios. Cuando el cuer- po extraño lia sido extraido, la infla- mación se disipa espontáneamente; en el caso contrario, puede tener diferen- tes terminaciones. Por lo común, la inflamación se vuelve supurativa al- rededor del cuerpo extraño, que es arrojado por la tos con materia puru- lenta, ó bien baja al estómago, jotras veces, á pesar de la violencia de la in- flamación supurativa, el cuerpo extra- ño queda fijo en su puesto y determi- na un absceso, que se abre en un punto más ó menos apartado del esó- fago; el cuerpo extraño es entonces eliminado con la materia purulenta. Estos casos, sin embargo, son más ó ménos graves, porque los cuerpos extraños, que se detienen en el esófa- go, pueden ser lanzados por los vómi- tos ó tragados. Este último caso sue- le efectuarse de dos maneras: Io poco tiempo después de su introducción por los esfuerzos de la deglución; 2? des- pués de haber cesado la inflamación y la hinchazón del canal. Tratamiento. Cuando el cuerpo ex- traño se hallara en el esófago, lo que se debe hacer puede resumirse en es- tos cuatro puntos: Io provocar su ex- pulsión por medio de los vómitos; 2" extraerlo; 3o empujarlo hácia el esto- CUERPOS EXTRAÑOS 583 CUERPOS EXTRAÑOS mago; 4o darle salida practicando una abertura en el conducto alimenticio. 1 P Provócanse los vómitos, ya in- troduciendo los dedos en la garganta; ya administrando una taza de agua que contenga en disolución 5 á 10 centigramos (1 ó 2 granos) de tártaro emético. Pero estos medios pueden aumen- tar las dificultades de la extracción, y producir la rotura del esófago; no de- be, pues, insistirse acerca de su em- pleo. 2o Extracción por la boca. Se pue- de hacer de diferentes maneras: pue- de hacerse con pinzas diversamente configuradas; la más sencilla es la pin- za curva que se emplea para los póli- pos.-El Dr. Gensoul, teniendo que extraer un hueso del esófago, prime- ro lo agarró con una pinza encorvada, que se llama pico de grulla, después con otra muy larga, de la cual abrió mucho las piernas, y dilató el esófa- go. Terminaba apénas este movimien- to de dilatación, cuando pudo sacar el hueso. A veces, ántes de extraer el cuer- po extraño, preciso es desembarazarlo de los tejidos entre los cuales está preso. Sin esta precaución, en vez de retirarlo, se podría ahondarlo todavía más en las paredes del esófago apo- yando sobre él. Hé aquí un hecho muy sério citado por el Dr. Beaud, que prueba la utilidad de este modo de proceder: "Dos niños, uno de cinco, y el otro de cuatro años, ambos hijos de un bar- quero, se divertían en Boom (Bélgica), al borde de un canal. El mayor pro- puso á su hermano de jugar á la pesca, y se encargó de desempeñar el papel de un pez. Después de muchas evo- luciones, cogió el anzuelo y lo tragó. Inmediatamente el niño pescador tiró con la caña hacia arriba, y el anzuelo se implantó en una parte bastante profunda del esófago. A los gritos da- dos por el niño pez, acudió el padre, pero no pudiendo retirar el cuerpo ex- traño, llamó á un cirujano de la aldea vecina. Este cortó el sedal á un pié de distancia de la boca, pidió al bar- quero un anzuelo semejante al traga- do por el niño, escogió una bala de plomo de un diámetro dos veces ma- yor que el anzuelo, hizo un agujero á la bala por el cual paso el sedal, untó la bala con aceite, y la dejó correr en el esófago. El peso de la bala fue su- ficiente para desembarazar el anzuelo cuya punta se fijó en ella; todo fue extraído sin dolor y con facilidad." Los instrumentos destinados á la extracción de cuerpos extraños de) esófago, tirándolos de abajo hácia arri- ba, se parecen más ó menos al gancho ó á la asa. Su empleo presenta á ve ces dificultades y peligros. Lo prime- ro es preciso que el instrumento pase por debajo del cuerpo extraño, lo cual no es fácil cuando el cuerpo es de cier- to volúmen. Después, cuando se tira el instrumento, para que el cuerpo extraño le siga, es preciso que esté ya bien agarrado; ahora bien, en lugar de agarrar el cuerpo extraño, se aga- rra el esófago; de aquí nuevas dificul- tades y verdaderos peligros. A fin de evitarlos, se ha construido un gancho que se termina con un boton. A ve CUERPOS EXTRAÑOS 584 CUERPOS EXTRAÑOS ces el gancho, en lugar de ser senci- llo, es duplo; está fijo sobre el mango que lo soporta ó es movible. A veces es una asa completa, y entonces se procura extraer el cuerpo extraño co- mo se saca el tapón que está dentro de una botella; últimamente se inven- tó un instrumento en forma de som- brilla que se introduce cerrado; una vez debajo del cuerpo extraño, se abre y después se retira. Se puede emplear también una es- ponja fija sobre una varilla de ballena; introdúcese con presteza . Después de colocada detras del cuerpo extraño, se hincha; tirándola hácia sí se barre cuanto se encuentra á su paso. El instrumento más en uso consiste en una vara de ballena, guarnecida en uno de sus extremos de doble asa me- tálica y movible. 3o Si el cuerpo extraño no puede ser extraido, preciso será empujarlo hácia el estómago. Esta operación se ejecuta con una vara de ballena guar- necida de esponja, ó por medio de son- da de goma. 4o Como último recurso queda la esofagotomía, operación que consiste en practicar una incisión sobre el lado izquierdo del cuello, abrir el esófago y extraer el cuerpo extraño con pinza más ó ménos larga. Hasta la comple- ta cicatrización de la incisión, se ali- menta al doliente con caldos por me- dio de la sonda esofágea que se intro- duce por la boca hácia el estómago. Si el cuerpo extraño comprime el canal aéreo de tal modo que la sufo- cación sea inminente, y si dicho obs- táculo no puede ser retirado con pron- titud, preciso es primero abrir el ca- nal aéreo, antes de ocuparse de la ex- tracción del cuerpo en cuestión. Cuerpos extraños en el estóma- go y en los intestinos. Los cuerpos extraños que se encuentran en el es- tómago y los intestinos, generalmen- te pasan á ellos por el esófago. Su presencia suele ser por lo común me- nos peligrosa en esta parte del tubo digestivo que en el esófago; agudos ó cortantes, pueden quedar en el es- tómago ó recorrer todo el tubo intes- tinal y salir por el ano, sin ocasionar graves accidentes, como se ha obser- vado con pedazos de espada, fragmen- mentos de vidrio, monedas, clavos muy largos, tenedores, etc. Otras ve- ces, no obstante, el contacto de estos cuerpos determina en el tubo intesti- nal una inflamación más ó menos grande. El tratamiento de los cuerpos ex- traños en el estómago y en los intes- tinos consiste en la administración de aceite por la boca, y en lavativas. Si el cuerpo extraño fuese duro y agu- zado, como, por ejemplo, una espina de pescado, vidrio roto, etc., preciso será llenar el estómago de alimentos espesos, propios para dar residuos abundantes, que puedan envolver el cuerpo extraño é impedir que hiera ó perfore los órganos que tiene que atravesar. El repollo, los fréjoles, las patatas y el pan, son los alimentos más idóneos á este fin. Si el cuerpo extraño fuese una mo- neda de cobre tragada, como varias veces se ha visto, puede producir los accidentes del envenenamiento; en tal CUERPOS EXTRAÑOS 585 CUERPOS EXTRAÑOS caso, preciso es dar á beber, hasta la expulsión de dicho cuerpo, agua con clara de huevo que tiene la propiedad de neutralizar las sales de cobre. Un caso de deglución de un tene- dor de plata se ofreció el año 1873, en Francia, en la ciudad de Lion, y tubo buena terminación. El tenedor salió natu^lmente al cabo de dos me- ses, un tanto deteriorado pero entero; durante el tiempo que recorrió el tu- bo digestivo no causó grande incomo- didad al paciente. Por tanto, el me- jor tratamiento y el más conveniente en semejantes casos, consiste en de- jar tranquilo al paciente. Si los cuerpos extraños son muy voluminosos, raras veces pueden ser expulsados; casi siempre su presencia determina accidentes formidables. A vecds han perforado la pared del vien- tre y han salido por la abertura fistu- losa. En algunos casos, necesario ha sido recurrir á la gastronomía, opera- ción que consiste en abrir el estóma- go: á veces ha dado buenos resultados. O 1 Cuerpos extraños en la gargan- ta. Los cuerpos extraños que se pa- ran en la garganta van generalmente mezclados con los alimentos en el mo- mento de la deglución. Suelen ser fragmentos de huesos ó espinas de pescado; á veces estos cuerpos han si- do introducidos voluntariamente, ju- gando, ó en un acceso de manía; en este caso sulen s«ír cucharas, tenedo- res, monedas, etc. Los síntomas que ocasionan son- dolor intenso, náuseas seguidas de es: fuerzos violentos y convulsivos á fin de vomitar, imposibilidad ó gran difi- cuitad de tragar. Los síntomas varían, según y conforme al volumen y forma del cuerpo extraño; un cuerpo volu- minoso, detenido en la garganta, pue- de sofocar en poco tiempo tapando las viás respiratorias; los cuerpos agudos causan dolores vivísimos, y pueden producir heridas. Tratamiento. Los cuerpos extraños se extraen de la garganta con los de- dos ó con una pinza de anillos (fig. 31), ó con pinza común (fig. 32.) Facilí- tase la operación abajando la lengua con el mango de una cuchara. Si el cuerpo extraño fuese tan voluminoso que obstruyera las vias respiratorias, y no hubiese medio de sacarlo inme- diatamente, necesario será abrir la laringe, á fin de evitar la sufocación. Cuerpos extraños en las heri- das. Puntas de instrumentos, agu- jas, pedazos de vidrio, de porcelana, de cápsulas ó de madera, suelen en- contrarse en las heridas. Se reconoce la existencia de un cuerpo extraño en las heridas por el dolor más intenso que el de una he- rida simple. Al comprimir la herida, se determina- un dolor muy agudo, parecido á una picadura ó cortada; esta señal es característica, aun des pues de cicatrizada la herida. Si de- bajo de la cicatriz se siente un cuerpo duro, no hay error posible, «sin embar- go de que en las regiones en que exis. tió inflamación, ciertas induraciones lineares simulan cuerpos extraños. Si no se provocan dolores con la presión, puede considerarse como casi segura la no existencia de cuerpo extraño en CUERPOS EXTRAÑOS 586 CUERPOS EXTRAÑOS la herida. Reconócense también las puntas quebradas de arma blanca en las heridas, examinando el arma que las ha producido. En una herida re- ciente, cuando la herida descansa so- bre un plano huesoso, inútil es sondar- la para reconocer el cuerpo extraño; siéntese al tacto con los dedos. Las heridas en partes blandas se sondea- rán con una tienta. Los casquijos, los granos de arena, la tierra introdu- cida en una herida, son ios únicos cuerpos extraños que pueden ser eli- minados con la sangre ó expelidos por la supuración. Abandonados á sí mis- mos los cuerpos extraños, pueden en- quistarse, esto es, cubrirse de una membrana que les forma una especie de saco, y permanecer así largo tiempo en los tejidos. Muchas veces sucede que, con el tiempo, el cuerpo extraño determina una inflamación y es elimi- nado por medio de la supuración. Tratamiento. Todo cuerpo extraño móvil en una herida debe ser ex- traído. Si el cuerpo está implantado en un hueso, se extrae ensanchando la heri- da, cogiendo el cuerpo extraño con gatillo, instrumento que sirve para arrancar los dientes. Los cuerpos po- co voluminosos, los fragmentos de paño, se sacan con pinzas. Ensánchase la herida para extraer los cuerpos extraños, sobre todo si hay síntomas de inflamación; y se cura después la herida con cataplasmas de linaza. Las agujas introducidas debajo de la piel suelen desviarse, y raro es que puedan ser alcanzadas por la abertu- ra que les sirvió de entrada. Sobre la parte saliente de la aguja hay que hacer una incisión hasta alcanzarla; si la aguja cambiara de lugar durante la operación, débese introducir una pinza por la incisión, y asir la aguja; sujeta de este modo, agrándase la in- cisión, guiándose por la prominencia de la aguja. La herida se cura des- pués con cataplasmas de Imaza. Cuando se trata de extraer un cuer- po extraño después de cicatrizada la herida, se hace una incisión, y se ex- trae dicho cuerpo por la disección. Las agujas, las esquirlas de vidrio, no necesitan más que una sola incisión; se extraen los cuerpos con pinzas. Verificada la extracción, lávase la he- rida con agua fría y se cura con cata- plasmas de linaza ó de fécula. Cuerpos extraños en la nyriz. Los niños se meten con frecuencia en las ventanas de la nariz, huesos de di- ferentes frutas, fréjoles y bolitas que les sirven para jugar; insectos pueden penetrar también en estas cavidades. Conforme á su volúmen, forma más ó ménos angulosa y tiempo de perma- nencia, estos cuerpos extraños produ- cen dolor, dificultad de respirar, he- morragias, inflamaciones. Puede ob- tenerse á veces su expulsión provo- cando estornudos; sin embargo, casi siempre es preciso extraerlos. Al efec- to se puede echar mano de un gan- chito ó de pinzas de diferentes for- mas. En ocasiones hay que dilatar las ventanas con esponja preparada, á fin de facilitar la introducción de los ins- trumentos. Si los cuerpos extraños son muy voluminosos, si se hincharon CUERPOS EXTRAÑOS CUERPOS EXTRAÑOS 587 con la humedad, como acontece con los guisantes y otras leguminosas, pre- ciso es cortarlos para extraerlos en pe- dacitos. Si el cuerpo hubiese pene- trado mucho de modo que los instru- mentos no puedan alcanzarlo, necesa- rio será atraerlo hacia afuera, con un tapón de hilas impelido de atras há- cia adelante, sirviéndose al efecto de la sonda de Belloc. Cuerpos extraños en los oídos. Los cuerpos extraños que se encuen- tran en el conducto auditivo pueden venir de fuera ó formarse en el con- ducto auditivo. Estos provienen siem- pre de la acumulación de la materia que humedece este canal y se llama cera ó cerumen. De esto resulta la dureza de oído, dolor sordo, y una cierta incomodidad en el fondo del conducto auditivo. Se conoce la cau- sa de la dolencia examinando dicho conducto; su fondo se halla entonces ocupado por un cuerpo amarillento, cuya dureza es á veces muy notable; preciso es reblandecerlo con lociones ó inyecciones de agua caliente, y des- pués proceder á su extracción con el limpia oídos ó con pinza. Los cuerpos extraños que vienen de fuera, y que pueden en el conduc- to auditivo, son sólidos ó líquidos. Estos solo producen una impresión incómoda, de que es fácil librarse, con inclinar la cabeza de un lado, ó intro- ducir en el conducto una mecha de hi- las que al punto absorben el líquido. Los cuerpos sólidos suelen ser pulgas, chinches y otros insectos, arvejas, gra- nos de café, huesos de frutas, bolitas de papel, de cera, de piedra, de me- tal, etc. La permanencia un tanto lar- ga de estos cuerpos en el oído produ- ce inflamación acompañada de flujo puriforme. Tratamiento. Antes de proceder á la extracción se debe examinar con sumo cuidado el conducto auditivo, á fin de no hacer tentativas inútiles y dolorosas, en el caso de haber salido ya el cuerpo extraño sin que el dolien- te lo sepa. Para que este examen sea fructuoso, preciso es notar que el con- ducto auditivo, dirigido oblicuamente de fuera hacia adentro, y de atras ha- cia adelante, es curvo en toda su lon- gitud, de manera que su convexidad se halla arriba. Conviene por tanto estirar hacia lo alto la oreja, á fin de disminuir esa curvatura, y dar lugar á que los rayos luminosos lleguen di- rectamente al fondo del canal. Antes de hacer tentativas de extracción se deberán inyectar en el conducto au- ditivo un poco de aceite, á fin de que el cuerpo extraño pueda escurrir más fácilmente. Los instrumentos que se emplean, son el limpia-oídos y la pinza. Esta suele servir para los cuerpos largos, puntiagudos, irregula- res (véanse figs. 31 y 32, que re- presentan las pinzas). En los demas casos, preciso es hacer uso del limpia- oídos pequeño, especie de instrumen- to muy delgado, que debe introducir- se á lo largo de la pared inferior del conducto auditivo, y trabajar por bajo del cuerpo extraño. Después de la operación, la irritación se calma con lociones ó inyecciones de agua tibia ó de cocimiento de linaza. He aquí otro medio: introducir en- CUERPOS EXTRAÑOS 588 CUERPOS EXTRAÑOS tre el cuerpo extraño y el conducto auditivo un estilete metálico finísimo, con la punta encorvada en ángulo rec- to ú obtuso, cuidando de mantener la parte curva en posición horizontal. Luego que esta parte haya traspasa- do el lugar en que el cuerpo extraño tiene su asiento, darle un giro en el conducto auditivo de modo que pueda pueda chocar contra el cuerpo y lla- marlo hacia afuera retirando el esti- lete. Para matar los insectos que se hu- bieren introducido ó desarrollado en el conducto auditivo, necesaria es la inyección de aceite o de agua caliente; y para extraerlos conviene servirse de un limpia-oídos pequeño ó de un pincelito ó mecha de hilas, que puede untarse en aceite de trementina ó en miel para enligar el insecto. Cuerpos extraños en los ojos. Los cuerpos extraños pueden intro- ducirse entre los párpados y el glo- bo del ojo, implantarse en las mem- branas, ó penetrar más ó menos pro- fundamente en la cavidad del ojo. Los cuerpos que se introducen en- tre los párpados y el globo del ojo, son comunmente granos de arena, in- sectos, pestañas, pajas, partículas de madera, de metal, etc. Su presencia determina un dolor agudo, lagrimeo, rubicundez del ojo, y después una in- flamación. (Generalmente suelen salir con las lágrimas; á veces, sin embar- go, permanecen detrás de los párpa- dos, ya en la parte del mayor declive del ojo, ya debajo del párpado supe rior. En este caso se descubren con dificultad no tomándose el trabajo de levantar y volver el párpado de un modo suficiente; y cualquiera puede engañarse tanto más fácilmente so- bre la causa de los accidentes, cuanto que es sabido que la oftalmía inci- piente hace sentir á los enfermos una sensación análoga á la de un cuerpo extraño. La extracción es fácil: si no bastasen los lavatorios con agua, pre- ciso es emplear un pincelito hecho de paño de Hilo 6 de papel rollado, para tocarlos coii él y traerlos hacia afuera; ó una pinza pequeña para cogerlos. Casi siempre estos cuerpos dejan un poco de irritación que cede á los la- vatorios con agua tibia ó con coci- miento de linaza. He aquí un medio fácil de extraer los cuerpos extraños de debajo de los párpados: se tira ligeramente hacia así con los dedos el párpado supe- rior; á fin de pasarle por debajo el párpado inferior, de manera que el superior venga á cubrir al inferior cuanto fuere posible. Mándase al pa- ciento que gire el globo del ojo dos ó tres veces; raro es cuando el objeto no viene á parar al ángulo interno del ojo, á donde es arrastrado por los mo- vientos del ojo, y por las lágrimas que se acumulan y le hacen salir con ellas. Los cuerpos extraños que penetran en las membranas del ojo son comun- mente astillas de madera, partículas de hierro separadas de este metal cuando está caliente, lo que acontece principalmente á los herreros, etc. Para extraer estos cuerpos es preciso emplear la pinza, la punta del bistu- rí ó una aguja. Por último, los cuer- CUERPOS EXTRAÑOS 589 CUERPOS EXTRAÑOS pos extraños que se introducen hasta la cavidad del ojo, pueden ocasionar la extravasación de los humores y la pérdida del ojo lastimado. Conviene practicar su extracción lo más pronto que se pueda. Cuerpos extraños en la piel. En la piel se encuentran cuerpos extra- ños fijados en ella á consecuencia de una caída sobre las manos, por ejem- plo, ó á consecuencia de cualquier otro accidente; granos de pólvora, per- digones, espinas, fragmentos pequeños de vidrio, han sido observados en el espesor de esta membrana. Semejan- tes cuerpos permanecen á veces mu- cho tiempo sin dar lugar á accidentes; los perdigones, sobre todo, cuando han sido lanzados de léjos, subsisten lar- go tiempo inofensivos; parece enton- ces que están como aposentados en las -cavidades pequeñas del dérmis. Los granos de pólvora por mucho tiem- po dejan marcas indelebles. Estos cuerpos, especialmente cuan- do son muchos en número ó volumi- nosos, no siempre quedan sin produ- cir irritación. La naturaleza los elimi- na entonces, ó el cirujano los extrae con pina ó con la punta del bisturí. Los granos de pólvora, incrustados en el espesor de la piel, deben sacarse con aguja ó con bisturí, trotándose después la parte ofendida con aceite común. Cuerpos extraños en el recto. Los cuerpos extraños en el recto son de variada naturaleza. Vienen de fue- ra ó de dentro. Los que vienen de lo interior son los siguientes: cálculos, materias fecales endurecidas, ó cuer- pos que, después de tragados, habien- do recorrido el resto del tubo digesti- vo, lian sido retenidos en el recto por causa de su volúmen, de su configu- ración, ó de la manera con que se pre- sentan en el ano. Los cuerpos que proceden de lo exterior son los que ran sido introducidos directamente en el recto, pasando por el ano. No es creíble todo cuanto el acaso, el vértigo de la pasión, ó la maldad, han podido realizar á este propósito: una bola de marfil, un rabo de cerdo, una copa de cristal, etc., han sido observados por los médicos en el intestino recto. Síntomas. Nada hay de constante sobre el tiempo que media entre la ingestión por la boca de los cuerpos extraños y su llegada al recto. Mu- chas semanas pueden trascurrir antes que su presencia sobre el ano sea anunciada por algún accidente. Su marcha en el canal digestivo es indi- cada por dolores oscuros en el epi- gastrio desde luego, después en las diversas regiones del vientre. Llega- dos al recto, su presencia es anuncia- da por las siguientes señales: dolor sordo ó intenso en el ano, inflamación con supuración, extreñimiento de vien- tre, á veces náuseas y vómitos. Raro es que se logre ver el cuerpo extraño; no obstante, introduciendo el dedo en el recto se descubre su presencia. A veces, el tubo de la jeringa, por la resistencia que suele encontrar, con- duce al diagnóstico. Estas últimas señales son comunes á los cuerpos extraños que han llega- do al recto después de tragados, y á I los que son introducidos por el ano. CUERPOS EXTRAÑOS 590 CUERPOS EXTRAÑOS Las circunstancias conmemorativas hacen conocer la via por la cual pe- netraron. Tratamiento. Si una sanguijuela se introdujo en el recto, se le hace sa- lir mediante una lavativa preparada con 250 gramos (8 onzas) de agua tem- plada y 30 gramos (1 onza) de sal co- mún. Con el dedo ó con el cabo de una cuchara se quitan las materias fecales endurecidas; á veces hay necesidad de romperlas y extraerlas en fragmentos. Si solo quedan restos de poco volú- men, una purga ligera basta para de- sembarazar de ellos completamente el intestino. Los cuerpos extraños, que á causa de su volúmen no puedan ser expe lidos con las materias fecales, serán extraídos con pinza ó tenaza; si no pueden pasar por el ano, preciso es romperlos para sacarlos en fragmen- tos. En algunos casos, el cirujano se ve obligado á emplear los medios que las circunstancias particulares recla- man: así, pues, preciso suele ser intro- ducir un especulom, si el cuerpo ex- traño ofrece asperidades. En otros ca- sos necesario ha sido el empleo de sacacorchos ó barrena, para extraer cilindros de madera. Cuerpos extraños en la uretra. Los cuerpos extraños de la uretra vie- nen de fuera ó de la vejiga. Se divi- den, según su naturaleza; en cuerpos extraños propiamente dichos, y en cálculos. Los cuerpos que vienen de fuera á la uretra no difieren por su naturaleza de los que se introducen accidentalmente en la vejiga; son pe- dazos de sondas elásticas ó metálicas que se rompen durante el cateterismo, clavos pequeños, alfileres, arvejas, cabellos, etc. Los cálculos proceden casi siempre de la vejiga. Después de la introduc- ción de la litotricia en la práctica qui- rúrgica, los cálculos uretrales son más frecuentes: en este caso son fragmen- tos de la piedra que ha sido quebra- da en la vejiga; hay también piedras enteras ó verdaderas arenas, que, des- cendidas de los riñones y expulsadas por la vejiga, se detienen en una par- te relativamente estrecha del canal de la uretra. Tratamiento. Consiste en extraer el cuerpo extraño, que por lo común suele ser un cálculo. Cualquiera que sea el medio de extracción empleado, se debe principiar por asegurar la par- te sobre la cual se debe operar, y se comprimirá, si posible fuese, la por- ción de la uretra posterior al cálculo, para que no recule en vez de avanzar; y aun para favorecer este movimiento hácia adelante, se dirigirán las presio- nes en el sentido de la acción de los instrumentos que se emplearen en la extracción. Los medios de extracción varían según el punto donde los cál- culos estacionan. Así, cuando estos se encuentren en la entrada de la ure- tra, cerca del meato, sirve sencilla- mente la pinza de anillo. Si está algo más adentro, se puede emplear una asa de alambre de plata, á fin de ex- traer el cálculo, como se acostumbra hacer con los corchos que han caído al fondo de las botellas. Se usa tam- bién una cánula de plata, achatada, CUERPOS EXTRAÑOS 591 CUERPOS EXTRAÑOS que encierra un muelle poderoso, ter- minado por un boton también chato. Cuando la punta ha pasado mas allá del cuerpo extraño, empújase el mue- lle; después retirando el instrumen- to arrastra consigo el cuerpo ex- traño. Pero cuando el cálculo está aún á mayor profundidad, otros son los me- dios que deben usarse. El instrumen- to ordinariamente empleado es la pin- za de Hunter: consta de una vara en- cerrada en una cánula, y cuya extre- midad libre tiene dos brazos que se apartan y son elásticos. El instru mentó es introducido cerrado; así que ha llegado al cálculo se atrae hácia sí la cánula, la cual, no conteniendo ya los dos brazos, estos se abren y abrazan el cálculo por los dos extre- mos de un diámetro. Esta pinza ha recibido algunas modificaciones; se ha hecho encorvada para que pueda pa- sar más allá de la porción bulbosa de la uretra, se ha dividido su vara en tres brazos en vez de dos, etc. Cuando Jray mucha dificultad en extraer el cálculo entero, preciso es primero romperlo con los instrumen- tos de la talla ó litotricia. Pero si las operaciones litotrícicas deben ser muy largas y numerosas, lo mejor es recu- rrir á la incisión del canal para ex- traer el cálcula, ó cualquiera otro cuerpo extraño alojado en el canal de la uretra. Cuerpos extraños en la vejiga. En la vejiga del hombre se han en- contrado los siguientes cuerpos ex- traños: sondas metálicas, elásticas, bu- jías, pedazos de instrumentos de lito- tricia, agujas, alfileres, etc.; y, en las mujeres, estuches pequeños, trozos de madera, horquillas para el cabello, etc., etc. El modo de introducción de estos cuerpos extraños en la vejiga es va- riable. Algunos suelen quedar allí á consecuencia de operaciones quirúr- gicas fallidas, en las cuales una por- ción del instrumento se quiebra: otras veces llegan allí por la abertura que pone en comunicación el depósito de la orina con la piel ó con los órganos vecinos, tales como el recto, la vagi- na, el útero: tampoco es imposible que una aguja ó un alfiler, introduci- dos por las vias digestivas, marchen á través de los tejidos y lleguen hasta la vejiga; pero la mayor parte de las veces, los cuerpos extraños penetran en ella por el canal de la uretra. Una vez ^que han llegado á la ve- jiga, los cuerpos extraños obran de diferente manera, según los casos; á veces determinan fenómenos infla- matorios de grande intensidad, y abs- cesos: la muerte puede ser la conse- cuencia de semejantes lesiones. En algunos casos, el cuerpo extraño es arrojado por el canal de la uretra, lo cual se ve más comunmente en la mujer que en el hombre, por efecto de la mayor dilatabilidad del canal en aquella. Casi siempre el cuerpo ex- traño se cubre de incrustaciones y se trasfonna en núcleo de un verdadero cálculo. Tratamiento. Si existe abertura en la piel en comunicación con la ve- jiga, se extrae el cuerpo extraño con la pinza. Si no existe via accidental, CUERPOS EXTRAÑOS 592 CUERPOS EXTRAÑOS quiebra para retirarlo en fragmentos, y cuando estos medios fueren inútiles, se recurre á la cistotomía. Cuerpos extraños en las vias de La respiración, como laringe, trá- quea y bronquios. Los cuerpos ex- traños penetran en las vias respirato- rias por la abertura superior de la la- ringe, llamada glotis, después de atra- vesar la boca durante la inspiración; también puedeji provenir del estóma- go. Huesos de frutas, granos de di- ferentes tamaños, trozos.de hueso, es- pinas de pescado, partículas de ali- mentos, piedrecitas, agujas, dientes postizos, gotas de bebidas, tales son los diversos cuerpos extraños que pue- den introducirse en la laringe. Mien- tras el paso de los alimentos á la fa- ringe y estómago, la abertura de la laringe que está delante de la farin- ge, se cierra instantáneamente; pero si en el momento de la deglución la persona tose ó se rie, ábrese entonces este orificio y deja penetrar en la la- ringe algunas partículas alimenticias: este accidente sobreviene, del modo explicado, en la mayor parte de los casos. Semejante introducción puede tener lugar también con vómitos, es- tando cerrada la boca. La existencia del cuerpo extraño en la laringe provoca la tos convulsiva y sofocante, dolores agudos, cambio en la voz, dificultad en la respiración. Entregados á sí mismos, los cuer- pos extraños en las vias respiratorias pueden producir accidentes graves, y hasta la muerte misma. La expulsión de los cuerpos extra- ños se verifica á menudo con la tos. se extraerá dicho cuerpo por el canal de la uretra. En el hombre, los trozos de made- ra, de sonda, los cuerpos redondos se extraen con los instrumentos que se emplean para quebrar la piedra en la vejiga. Si todas las tentativas no hu- bieren tenido buen resultado, preciso será recurrir á la cistotomía, operación que consiste en cortar la piel, los mús- culos y la vejiga, á fin de abrir una via bastante grande por la cual se pueda extraer el cuerpo extraño. En la mujer, los cuerpos redondos se extraen dilatando la uretra, y pro- curando alcanzar el objeto con la pin- za de anillo; si es muy grueso se parte ó corta con el litolabo incisor. Las horquillas del peinado se ex- traen con un gancho colocado perpen- dicularmente sobre una vara recta, y aun mejor con un gancho colocado en una vaina; para esto, habiendo hecho una inyección en la vejiga, se intro- duce el instrumento á fin de hacer sobresalir el gancho de la vaina, y al- canzar el cuerpo extraño; después de asido, hácese entrar el gancho en la vaina, luego hácese entrar en la vai- na el cuerpo extraño, y este se extrae con ella. Si el cuerpo extraño se hallase en- clavado en la vejiga de modo que no haya medio de retirarlo con la pinza, preciso será practicar la incisión en la vejiga, como se efectúa en la opera- ción de litotomía. Jamas debe dejarse un cuerpo ex- traño en la vejiga; hácense primero tentativas para su extracción con los instrumentos adecuados; después se CUERPOS EXTRAÑOS 593 CULANTRILLO Esto acontece, sobre todo, con las par- tículas pequeñas de alimentos, ó con alguna bebida. Cuando algunas gotas de agua entran en la laringe, dan lu- gar en seguida á tos convulsiva y á la excreción de mucosidades que arras- tran consigo, en la expectoración, el líquido que produjo todos esos acci- dentes. Es malísima la costumbre de dar golpes sobre la espalda á la per- sona ó niño que se atraganta al comer ó beber. Lo mejor de todo en tal ca- so es dejar al paciente tranquilo, y no estorbar que tosa, puesto que con la tos consigue expeler, el cuerpo extra- ño. E sta e xpulsion e spontáne a puede también verificarse, cuando el cuerpo extraño fuere susceptible de ablan- darse y disolverse parcialmente en las mucosidades de la laringe. Tratamiento. Para expulsar el cuerpo extraño de las vias respirato- rias, preciso es toser con fuerza y pro- vocar los estornudos tomando un pol- vo de rapé. Póngase al paciente ca- beza abajo, esto es, en una posición que el cuerpo extraño pueda salir por su propio peso. Si el cuerpo extraño se hallase pa- rado en el orificio superior de la larin- ge, se intentará su extracción con los dedos ó con pinza curva de anillo. Si fuere soluble é inofensivo, esto es, si no fuere venenoso, conviene única- mente esperar á su disolución y á su expulsión con los exputos. Si todo esto no tuviese resultado alguno, y sobre todo si la sufocación se presentara coino inminente, necesa- rio será recurrir á la traqueotomía, operación que consiste en abrir la trá- quea. Después de practicada la inci- sión, el cuerpo extraño viene á pre- sentarse allí por sí mismo, ó es expul- sado en algún esfuerzo de expira- ción. Cuerpo fibroso. Se da este nom- bre á los tumores redondeados, más ó menos voluminosos, duros y no ad- herentes á los tejidos vecinos. Se de- sarrollan por lo común en el útero y en los pechos, pero también pueden manifestarse en otras regiones del cuerpo, en la faringe, en la nariz, etc. Casi todos son blanquecinos ó amari- llos; compónense de fibras enroscadas en torno de una glándula central; son muy duros y poco elásticos. V. Pe- chos y Utero. Culantrillo ó ('apilaría. En bo- tánica se da este nombre á diversas especies de heléchos pequeños, cuyas hojas son muy delgadas. Habitan en los parajes húmedos y sombríos, que- bradas de las montañas, de las grie- tas, de los muros, de los pozos, etc., y se emplean como emolientes, en in- fusión, en las bronquitis y otras afec- ciones del pecho. Muchos de estos heléchos crecen en España, Portugal, América, etc. Los empleados en me- dicina son: Io Culantrillo del Canadá. Adian- tum pedatum, Linneo. Planta que habita en el Canadá. Sus peciolos son largos, rojizos ó encarnados, muy li- sos. Se dividen en la cima en dos ra- mos iguales, con ramificaciones sola- mente del lado interno. Los folíolos son numerosos, blandos, triangulares, de un verde hermoso, de olor agrada- ble, de sabor dulce un tanto estíptico; CULANTRILLO 594 CUMARU con ellos se hace una infusión y un jarabe muy usado contra la tos: La infusión se prepara con 4 gramos (1 dracma) de hojas de culantrillo y 360 gramos (12 onzas) de agua hirviendo. El jarabe es conocido bajo el nombre de capilera, y se usa con agua como refresco. 2o Culantrillo ordinario ó Cu- lantillo de pozo. Adiantum capi- llas Veneris, Linneo. Planta de la Flora Española. Encuéntrase en los sitios sombríos y húmedos, en los po- zos, fuentes, etc. Hojas de la altura de 15 á 20 centímetros; peciolo fili- forme, de color rojo oscuro, foliolos cuneiformes, lobulados; olor ménos agradable que el de la especie ante- rior. Se usa, bajo la forma de infu- sión, contra la tos. Dosis: 4 gramos (1 dracma) para 360 gramos (12 on- zas) de agua hirviendo. 3 ° Culantrillo trapeciforme • Adiantum trapezijorme^ Linneo. Ha- bita en México y otras partes de Amé- rica. En el cemercio sustituye á veces la especie'del Canadá. Tiene los pe- ciolos leñosos de 60 á 100 centíme- tros, frondosos, muy ramificados, lisos y de color negro; los foliolos son alter- nos, romboidales ó trapeciformes, in- cisos; de color verde oscuro, de con- sistencia sólida; sepáranse fácilmente del tallo, lo que es un grande incon- veniente para el comercio. Este cu- lantrillo es aromático, y da medica- mentos tan agradables como el del Canadá. Se usa contra la tos, en in- fusión, que se prepara con 4 gramos ( 1 dracma) de hojas y 360 gramos (12 onzas) de agua hirviendo. Los demas culantrillos que existen en América, y se emplean en los mis- mos casos que el culantrillo de las bo- ticas ó del Canadá, son: Adiantum cuneatum , Langsdorff; Adiantum subcordatum^ Sw; Adiantum tene- rm, Sw; Adiantum radiatum, Lin- neo, etc. Culantro. V. Cilantro. Cumarú. Coumaronna odor ata. Aublet. Leguminosas. Arbol del Bra- sil que habita en los márgenes del Amazonas; tiene de 20 á 27 metros de altura, y 1 metro de diámetro; hojas pennadas; compuestas de foliolos al- ternos; flores papilionáceas terminales; dispuestas en racimos. El fruto ente- ro es de la figura de una almendra grande encerrada en su cáscara. El endocarpo semileñoso contiene una simiente achatada, de 27 á 45 milí- metros de largura, compuesta de un involucro delgado, brillante, de color- rojo negruzco, muy arrugado, y de una almendra con dos lóbulos, de aparien- cia untuosa. En la extremidad, entre los lóbulos, hay un germen abultado. La almendra tiene un sabor dulce, agradable, oleaginoso, aromático, sir- ve principalmente para aromatizar el rapé, ya mezclándola en polvo al del rapé, ya metiéndola entera en la caja ó vaso que lo contiene; es conocida con el nombre de haba tunca. Los naturales hacen collares aromáticos con estas almendras, y también las meten entre la ropa á fin de preser- varla de la polilla. Estas simientes, maceradas en alcohol, forman una tin- tura que se toma á la dosis de 1 drac- ma como cordial y tónica. También CURACION 595 CURACION se extrae de ellas un aceite esencial usado en perfumería. La madera del del árbol es muy dura, de color ama- rillo rojizo, con fibras finísimas; em- pléase en construcciones y en obras de ebanistería. Cundurango. Gonolubus cundu- rango, Triana. Asclepiádeas. Arbus- to que habita en América, en las cer- canías de la ciudad de Loja, en la Re- pública del Ecuador, La infusión de la corteza de este arbusto, tomada in- ternamente, ha sido muy ponderada contra el cáncer, pero las observacio- nes hechas por los médicos no han ve- nido á confirmar estas propiedades. Hoy no tiene uso. Curación, cura. Tratamiento de una herida, quemadura, fractura, etc. Se presentan á cada'instante circuns- tancias en las cuales seria útil el saber aplicar una ligadura, curar una herida, un vejigatorio, etc. Es una necesidad, y hasta un deber, para una madre de familia, saber ejecutar estas curacio- nes ordinarias. Conviene proceder con prontitud, delicadeza y aseo. Las he- ridas mal curadas, de sencillas que eran, suelen hacerse graves. Las curaciones exigen cierto núme- ro de instrumentos, tales como tijeras, pinzas, estiletes, espátulas, sondas, jeringuillas, un lapicero con piedra in- fernal, etc. Los instrumentos que sirven para curar están por lo común reunidos en una especie de cartera, llamada estuche de cirujano La forma del estuche, así como sus dimensiones, varían con arreglo á las necesidades. Los objetos para las curas varían también según las exigencias del caso y conforme la parte sobre que deben ser aplicados. En general, los objetos que sirven casi en todos los casos se componen de hilas, compresas de dife- rente forma y tamaño, ligaduras ó ven- das de distintas especies, cerato, tiras aglutinantes, hilo encerado ó simple, algunos ungüentos, esponja, vasos con agua caliente, etc. Las diferentes piezas del aparato serán aplicadas con suavidad; y todo se atará de una manera que estando suficientemente apretado, no ocasione dolor ni interrumpa la circulación de la sangre, lo cual obligaría á quitar el aparato. La cantidad de hilas debe ser proporcionada á la del pus. Pinza de anillos (fig. 31). Cons- ta de dos piernas que se cruzan y ar- ticulan como unas tijeras. Su punta es dentada por dentro, para poder asir los objetos. Está pinza sirve para qui- tar las piezas empleadas en la cura que cubren las heridas, poner en el fondo de las cavidades diferentes ob- jetos, extraer de las excavaciones di- versos cuerpos. En suma, es un ins- instrumento destinado á sustituir los dedos de la mano en todas aquellas partes á donde ellos no pueden lle- gar fácilmente. Pinza común, (fig. 32). La pinza común, ó para la torsión de las arterias, difiere de la pinza de anillos, Las piernas se apartan por efecto de su propia elasticidad, y no pueden cerrarse sino mediante la pre- sión de los dedos. Se asegura en la mano como una pluma de escribir; de- CURACION 596 CURACION be ser bastante flexible, á fin de no fatigar la mano; bastante elástica pa- ra abrirse por sí misma, y debe tener una superficie áspera en su parte me- dia, para que los dedos no se escu- rran. La pinza común, conocida también con el nombre de pinza de ligar] es- tá destinada á agarraren el fondo de las heridas los diferentes vasos que se trata de ligar ó retorcer. También sir. ve para quitar los pedazos de piel, escaras y cuerpos extraños de que se deben desembarazar las heridas. Por último, se emplea para mantener ó fijar en una posición determinada los labios de ciertas heridas; ó bien las diferentes capas de tejidos que deben cortarse. Verdad es que en rigor se le podría sustituir la pinza de anillos en un gran número de circunstancias, del mismo modo que la pinza de anillos podría ser á su vez sustituida sin nin- gún inconveniente por la pinza común en otros casos. La práctica enseña pronto que la pinza común es más con- veniente para los objetos delgados, escurridizos; y la de anillos para los casos que~exigen menos fuerza, aten- ción ó destreza. Una pinza común, terminada por tres dientecillos de ratón, dos en un lado, y uno en el otro, es útil en cier- tas ocasiones. Bueno seria, por consi- guiente, que entrara en la composición del estuche ordinario. Tijeras. Después de las pinzas, el instrumento más indispensable en el arte de curar son las tijeras. Las em- pleadas comunmente son de tres cla- ses principales: las tijeras rectas (fig. 33 a), las curvas en las caras de las hojas (fig. 33 ó), y las curvas en sus bordes (fig. 33 c). Estos instrumentos deben tener el filo muy fino para no lacerar las car- nes. Las tijeras rectas sirven para cortar las diferentes piezas de lienzo, hilas ó emplastos. Se echa mano de ellas pa- ra cortar los tejidos que no deben ser divididos con el bisturí. Se emplean las tijeras curvas en las caras para separar las partes exu- berantes en la superficie de la piel ó en el fondo de alguna excavación. Puede también servir para agujerear ciertas compresas, y á dar una forma particular á ciertas heridas. Respecto á la tijera curva en sus márgenes, hoy está casi en desuso. En otro tiempo se empleaba con frecuen- cia conduciendo su hoja convexa sobre la sonda acanalada, ó en las cavida- des, cuya abertura exterior se trataba de ensanchar; pero las sustituyeron ventajosamente las tijeras rectas y el bisturí. Navaja. Casi toda cura exige el uso de la navaja. En el hombre parti- cularmente, pocas regiones del cuerpo hay en que la piel no esté cubierta de pelos. Ora se trate de alguna solución de continuidad, ora sea necesaria la aplicación de una pomada, un ungüen- to, un emplasto, etc., sobre los tegu- mentos, estos pelos pueden reunirse en haces irritantes, ó adherirse á los objetos del aparato, de manera que vendrían á hacer la curación más ó menos dolorosa. Se ve, pues, que con- viene afeitar las regiones destinadas á CURACION 597 CURACION recibir los objetos de la curación. Espátula (fig. 34). La espátula es una lámina metálica, ligeramente en- corvada en un sentido opuesto sobre las caras y en sus dos extremidades. Los usos de la espátula consisten en exten- der é igualar el cerato ú. otros tópicos de consistencia blanda. Se emplea también para quitar los emplastos ú otros objetos que pueden estar pega- dos á la piel, ó para desembarazar es- ta de las costras, de las materias gra- sas y otras que la ensucian. Porta-piedra. Las circunstancias que reclaman el uso de la piedra in- fernal en cirugía son muy numerosas. Preparada en pequeños cilindros, á modo de lápiz, frágil, susceptible de manchar la ropa ó la piel, la piedra in- fernal tenia necesidad de ser encerra- da en un instrumento protector. Este instrumento, á modo de estuche ó la- picero; hecho en ébano, marfil, plata ú oro, contiene una cañita, una espe- cie de tubo hendido, que se abre ó cie- n-a por medio de un anillo corredizo, y dentro del cual debe asegurarse el cilindro cáustico. Empléase después de desembaraza- da de su estuche, tomando el lapicero como una pluma de escribir, y se to- can con la piedra todas las partes que se trata de reprimir ó excitar. Hecha la cauterización, se enjuga con cuida- do la piedra, ántes de guardarla en el estuche. Si estuviera mojada, la pie- dra infernal podría alterar los objetos vecinos. Porta-mecha. El instrumento lla- mado porta-mecha es una especie de estilete terminado por una parte en una horquilla pequeña, y por la otra en un boton lenticular. Para servirse de él, se asegura en la extremidad bi- furcada una mecha, cuyas puntas re- batidas deben cubrirlo, de manera que pueda empujarla hacia adelante á la profundidad que se desea alcanzar. Dos dedos de la mano derecha atraen y comprimen la mecha contra el ins- trumento, mientras que el dedo pul- gar, apoyado en el boton, la dirige ha- cia el lado de los órganos. Agujas é hilo. El estuche debe contener agujas ordinarias é hilo, para coser diferentes piezas de lienzo; tor- zalillo é hilo encerado para practicar ligaduras en ciertas heridas. Hilas. Son hilachas sacadas de pe- dazos de lienzo generalmente usado y blando, las cuales se aplican en bruto esto es, sin darles forma alguna, ó dis- puestas en planchuelas, rollitos y me- chas. Para obtener estas hilas, basta deshacer el tejido del lienzo y separar las hilas una á una. Las hilas, para ser buenas, deben ser blandas, poro- sas, blancas, limpias, despojadas de toda mezcla con cuerpos duros, y sa- cadas de paño de hilo que no sea ni muy nuevo ni muy usado. Las hilas de lienzo crudo, por su dureza, irritan las superficies. . Empléanse las hilas para cubrir al- gunas soluciones de continuidad, ó pa- ra favorecer la compresión exacta lle- nando algunos vacías, ó para absolver materias purulentas, ó para compri- mir cualquiera superficie, cualquiera cavidad, ó para mantener abiertos los labios de una herida que no se quiere dejar cicatrizar con demasiada rapidez. CURACION 598 CURACION Se forman las planchuelas dando á las hillas la forma en relación con la superficie que se trata de cubrir. Comunmente son planchas elipsoides, de espesor y dimensiones necesaria- mente variables, de modo que puedan exceder por todos lados la superficie de laherida, y sean suficientes á cum- plir la absorción de la cantidad de lí- quidos que deben rezumar de la heri- da en el espacio de 24 horas. Las planchuelas se forman con hilas pro- piamente dichas; se hacen del modo que vamos á explicar: asegúrase en la mano una porción de hilas en bruto, métese la extremidod libre entre la raíz del dedo índice y del pólex; segu- ras por la presión de ambos dedos, las hilas así oprimidas se separan unas de de otras; la masa común, tratada de la misma manera sucesivamente y por* un gran número de veces, acaba por abandonar todos los pedacitos, para producir una lámina bastante regular de hilas casi paralelas, y del espesor de tres á seis líneas ó una pulgada, Esta chapa debe, en general, ser un poco más espesa en la parte media qúe en la circunferencia. Para aumentar su regularidad, se recortan los extremos ó se doblan há- cia adentro. Preparadas de este modo, las hilas reciben fácilmente los diversos ceratos ó ungüentos. Aplicadas sobre las so- luciones de continuidad, las cubren sin irritarlas, las defienden contra la ac- ción del aire, contra el choque de los cuerpos exteriores, las mantienen en una temperatura suave, y alejan de ellas toda compresión dolorosa, al mis- mo tiempo que cargan con toda la se- creción que se efectúa. En vez de disponerlas en planchue- las, suele darse también á las hilas otras formas. Las bolitas de hilas, especie de bo- las que se hacen arrollando esta sus- tancia entre las palmas de las manos, deben ser sumamente blandas y poro- sas en ciertos casos, cuando, por ejem- plo hay necesidad de llenar cavidades purulentas ó el fondo de una herida reciente que no necesita comprimirse, entonces son como otras tantas espon- jas pequeñas que es preciso hacer igualmente densas en todos los puntos; otras veces, por el contrario, la bolita debe ser bastante sólida para servir más bien de cuerpo compresivo que de masa absorbente. Las bolitas se emplean, hajo esta última forma, acu- mulándolas, en mayor ó menor'núme- ro, sobre los puntos cuya exuberan- cia se intenta reprimir, ó sobre los va- sos que no es necesario ni ligar ni re tor- cer en el fondo de las cavidades, pero que basta solo comprimir. Dáseles un volúmen diferente, según sea la su- perficie sobre la cual deben ser aplica- das. Con todo, el volúmen de las bo- litas no suele ser menor nunca que e- tamaño de un guisante, ni pasan tam- poco el de un huevo. Teniendo la ventaja de amoldarse sin esfuerzo so bre todas las desigualdades de una he- rida ó de los focos cavernosos, estas bolitas esponjosas son con frecuencia útiles en cirugía. Rollos de hilas. Se da el nombre de rollos á las masas de hilas brutas arrolladas suavemente en cilindro ó CURACION 599 CURACION en forma de huso; á veces estos rollos son algo más aplastados en un sentido que en otro. Colócanse entre los labios de cualquiera herida longitudinal. Las hilas deben ser arrolladas de manera que figuren una esponja larga, si su objeto principal es el de absorber los líquidos; ó sino un cilindro de lienzo cuando, por el contrario, se trate de establecer cierto grado de compresión. Almohadilla. Se aplica el nombre de almohadilla á la masa de hilas en- cerrada, comprimida en un paño que se ata á manera de saco, y de este mo- do toma la figura de una cabeza ter- minada por un cuello delgado. Para hacer una almohadilla, basta poner en el centro de un paño cuadrado una porción de hilas en bruto proporcio- nalmente al volumen que se trata de dar á la almohadilla; después de le- vantado el paño por todos lados, se ata con muchas vueltas de hilo entre la porción libre y el saco lleno por las hilas. En algunos casos se procede de otro modo: el paño, previamente in- troducido en la cavidad en que debe ser colocado, queda libre hácia fuera; rellénase entonces, poco á poco, de hi- las el fondo á manera de bolsa, hasta que haya bastantes para impedir su salida, y para darle la forma de un cuello al tirar por su porción exterior. Con estas precauciones se establecen fácilmente almohabillas de gran volu- men mas allá de las aberturas las más estrechas y más resistentes. Las almo- hadillas de hilas están indicadas espe- cialmente cuando se trata de compri- mir del interior al exterior con el fin de impedir alguna hemorragia, como en las heridas de la arteria intercostal, por ejemplo, ó en las operaciones que se practican sobre la extremidad infe- rior del intestino recto. Tapón. Cuando las bolitas ó masas numerosas de hilas brutas deben ser acumuladas, ya en el fondo de alguna herida para ensancharla, ya en el fon- do de alguna cavidad para comprimir- la, ya aisladas ó envueltas en un paño, toman generalmente el nombre de ta- pón. Se ve, pues, que el tapón puede ser formado de bolitas, de rollos ó al- mohadillas de hilas. Tienta. Se da el nombre de tien- tas á rollos, ora cilindricos, ora cóni- cos, ó si no á especies de tapones de hilas. Generalmente las hilas se arro- llan para este fin entre los dedos, de tal mudo que, estando paralelas al prin- cipio, giren en espirales unas alrede- dor de las otras. El modo más común de formar «na tienta, consiste en do- blar una haz mayor ó menor de hilas: de aquí resulta un cono cuya base co- rresponde al punto de flexión, y el ápice á la extremidad libre de las hi- las. 4 veces se forman también tientas retorciendo una tira de lienzo usado, ó si no cortando algunos pedazos de es- ponja preparada ó alguna raíz porosa, la de genciana, por ejemplo. Las tien- tas están destinadas á mantener la abertura de los trayectos fistulosos, á dilatar algunas aberturas demasiado angostas, á impedir la oclusión de cier- tos orificios. Las tientas pueden ser sustituidas, en algunos casos, ya por la extremidad de una sonda ó de una bujía emplástica, ya por un fragmento CURACION 600 CURACION de cerilla, ó por un cono de esparadra- po enroscado sobre la cara que no tie- ne el emplasto. De este modo, por ejemplo, es como se puede mantener abierto el canal urinario en ciertas le- siones, ó comprimir un vaso abierto por la punción á través de las paredes del vientre. Medias. Hay tres especies princi- pales de mechas en cirugía: mechas de hilas, mechas de lienzo deshilado, y mechas de algodón. Para hacer la mecha de hilas, se dobla un haz de hilas más ó ménos voluminoso, según la indicación. Una ligadura oprime todo en el punto de flexión, é impide que los filamentos se desalojen. Obtiénese de este modo un cilindro regular, que hoy se usa únicamente en la curación de las en- fermedades del ano, ó para dilatar el canal nasal en algunas operaciones de fístulas lagrimales. Sin embargo, sé emplean aún mechas de hilas para al- g-únas otras fístulas, en ciertos absce- sos, y hasta en algunas enfermedades del canal de la uretra. Se introducen por medio del porta-mecha y se re- tiran merced á un hilo que las sujeta por su centro. La mecha de lienzo se compone de una tira de lienzo blando, que se des- hila en sus cantos de modo que ofrez- ca 4 á 9 milímetros de franja, y una parte llena, de la amchura de 6 á 12 milímetros. Esta mecha, cnyos bor- des son muy blandos, se emplea en muchos casos. La mecha de algodón no es otra cosa que un cordon de hebras de al- godón preparado para las velas ó can- dilejas de aceite. Hállanse preparadas, por consiguiente, en el comercio, y tienen el mismo uso que las ante- riores. Algodón. El algodón se encuentra en el comercio principalmente bajo dos formas diversas: algodón car- dado y algodón en rama. El algodón es una especie de específico en las quemaduras, y puede ser empleado ventajosamente en la curación de las heridas. Después de aplicado, no se toca más, y se pega de un modo tan vigoroso á las heridas que no necesita vendaje alguno; hállase en cualquier parte, y sirve para todas las indica- ciones. En el tratamiento de las quemadu- ras extensas, tiene incuestionables ventajas; aplicado en las superficies en supuración, adhiérese á ellas, las pone al abrigo de todo contacto con el aire, absórbeles el humor, las pre- serva de toda compresión dolorosa, y acaba por trasformarse, combinándose con las materias excretadas, eh una costra que se seca y permite á las so- luciones de continuidad que á su am- paro concluyan por cicatrizarse. Pero ofrece el inconveniente de enroscarse y formar bolitas duras y desiguales; se pega con gran fuerza en las heri- das, por lo que es mucho más difícil quitarlo que no las hilas ordinarias. En resúmen, el algodón es preferible á las hilas en determinados casos; pe- ro es menos conveniente en las cura- ciones ordinarias, en las úlceras y he- ridas en general. Paños. Nombre que, al tratar'de las lesiones y ciertas enfermedades, CURACION 601 CURACION suele darse á toda clase de tela. Se hace uso de paños en las curas lo mis- mo que en la economía doméstica. Estos paños son de cáñamo, de lino, de algodón, de seda, de lana. El paño ó lienzo de cáñamo y el de lino son aquellos cuyo uso es más fre- cuente. Los más toscos son los de cá- ñamo, y los más finos los de hilo de lino; en cada clase existen diferentes espesores; también hay paños de mez- cla, esto es, tejidos con hilo de lino y de cáñamo. Pero en el lenguaje or- dinario, á estas tres clases se les da el nombre de paños de kilo. Su es- pesor varía desde el que tienen las sábanas hasta el del lienzo de cam- bray. El paño de hilo (de lino) para la curación debe ser ni muy grueso ni muy delgado. El paño grueso, así co- mo todo tejido reciente, seria irritan- te y de difícil empleo. El paño muy fino y el muy usado carecen de la con- sistencia necesaria, y se rasgan con demasiada facilidad. Por último, el paño de hilo ordinario, .reblandecido por el uso, es por lo común el más conveniente. El paño de hilo, que se emplee en curaciones, debe ser pasa- do por lejía y lavado en agua clara. El paño de algodón puede también servir, y reemplazar al de hilo en las curas, sobre todo cuando se emplea en vendas ó ligaduras. La lana en el estado de tejido no se emplea sino de una manera ex- cepcional y casi siempre bajo la forma de flanela. Ya para trasmitir en un órgano, por medio de fricciones, las sustancias oleaginosas conocidas bajo el nombre de linimentos; ú. otras ve- ces para hacer embrocaciones, ú oleo- sas ó emolientes y mucilaginosas; otras aún para entretener un calor suficien ■ te alrededor de la parte enferma: pe- ro no se aplica jamas directamente sobre las heridas. Paño cribado 6 taladrado. Hácese un grande consumo del paño cribado para la curación de las heridas. Son pedazos de paño de hilo, un tanto fi- no y'á medio usar, en el cual se han abierto agujeros como en una espu- madera, ó cabeza de regador. Practí- canse por medio de tijeras ó de saca- bocado. El modo de practicarlos es muy sencillo. Se toma un pedazo de paño de hilo, y se pliega en cuatro dobleces, cortando sus ángulos con ti- jeras. Puede alcanzarse el mismo re- sultad o cortando algunos pedacitoscon tijeras de hojas curvas. Un modo de obtener el paño cribado con más regu- laridad, consiste en sacar, de distencia en distancia, dos ó tres hilos, primero en un sentido y después en otro, esto es, cruzados, á Ande trasformar el paño en red, ó de hacer en él gran número de agujeritos cuadrados. Este género de paño es sumamen- te útil; untado con cerato ó con cual- quier otro ungüento, y aplicado sobre las heridas, no impide que se las cu- bra de hilas, y se opone á las adheren- cias dolorosas. Por su medio, la curación de las heridas no está expuesta á pro- ducir laceraciones. La materia en- cuentra salida por entre los agujeritos del paño; el cerato, con el cual se un- ta una de las caras, impide que se CURACION 602 CURACION seque y pegue á los labios de la he- rida; las hilas que se le ponen por en- cima quedan así libres de este incon- veniente. La gasa, que, á falta de otra cosa mejor, puede reemplazar el paño cri- bado, no posee todas las ventajas de este. (Jomo forma una verdadera re- decilla, este paño no conserva los lí- quidos, y es incapaz de impedir la de- secación y aglomeración de las ma- terias secas; pero conviene más que el paño cribado en la superficie de las cataplasmas cuando estas no deben ser aplicadas á descubierto. Paño untado. El.paño que comun- mente se pone en las heridas suele ir cubierto de cerato; aplícase cribado ó no cribado. DIFERENTES CLASES DE CURACIONES. Ademas de los pedazos de paño, de las vendas y de los diversos objetos que anteriormente hemos indicado, en las curaciones suelen emplearse mu- chas sustancias medicamentosas, tales como ceratos, cataplasmas, pomadas, ungüentos, bálsamos, emplastos, va- rios líquidos, etc. Curación con cerato. Hay dife- rentes ceratos. El cerato simple, es la mezcla de cera blanca con aceite de almendras dulces; el cerato de esper- ma de ballena es la mezcla de cera blanca, de esperma de ballena y de aceite de almendras dulces; el cera- to de Saturno resulta de la mezcla del cerato simple con acetato de plo- mo líquido (extracto de Saturno); el cerato opiado, de la mezcla del cerato simple con extracto de opio; añadien do un poco de azufre al cerato simple, se obtiene el cerato sulfurado, etc. El cerato simple se emplea de di- ferentes modos. Es casi el único reme- dio tópico de que se hace uso en las curaciones sencillas. Cuando se trata de heridas ó de úl- ceras, se entiende por curación sen- cilla la aplicación metódica de los ob- jetos siguientes: Io se aplica sobre la parte doliente un paño cribado con ce- rato, ó una planchuela de hilas igual- mente untada con la misma prepara- ción; 2° por encima de las hilas se aplica una compresa; 3° una de las li- gaduras descritas en el artículo Ven- daje viene á consolidar de un modo conveniente estos primeros objetos. Las hilas no deben ser cubiertas más que de una capa muy delgada de cerato, y solamente, lo cual raras ve- ces se practica, cuando se aplican so- bre la herida desnuda, sin el interme- dio del paño cribado. Este debe estar cubierto de esta pomada simplemente para evitar sus adherencias con los bordes de la solución de continuidad. El cerato no tiene otro efecto que el de hacer más fácil la separación de todos los objetos en cada curación. El aceite, el cerato de esperma de balle- na, la glicerina, el glicéreo de almi- dón, la manteca fresca, pueden susti- tuirle en semejante caso. Las curas con cerato de Saturno, cerato opiado, cerato sulfurado, se practican conforme á la misma regla siempre que se trate de la solución de continuidad. Pero estas diferentes pomadas son las que con mayor fre- cuencia se emplean en fricciones. Así es como se curan ciertas afecciones de CURACION 603 CURACION la piel, ciertos tumores, ciertas regio- nes inflamadas. Curación con pomadas. Las po- madas se emplean del modo mismo que hemos dicho para el cerato en el tratamiento de las heridas. Pero co- munmente suelen usarse en fricciones. Las pomadas oftálmicas se em- plean de dos maneras muy diferentes. Unas, teniendo por objeto la destruc- ción directa de ciertas oftalmías, de- ben ser aplicadas sobre el borde libre de los párpados, ó sobre la misma su- perficie del ojo, según sea su especie, pero nunca sobre la piel de los alre- dedores. Así es como se aplican, to- mando el grueso de un guisante, las pomadas de Janin, de Desault, de Ré- gent, de Dupuytren, de nitrato de plata, etc. Importa que la pomada pueda alcanzar á las superficies dolo- ridas, y no sea retenida por las costras ó por las pestañas del borde de cada párpado. Pero si se emplean las pomadas re- solutivas ó específicas, las pomadas mercuriales, opiadas, con belladona, por ejemplo, preciso es tomar una por- ción tamaña como una habichuela ó una avellana, y friccionarse, no en los bordes del párpado, pero sí en la piel de estas partes, ó mejor aún en la frente ó en las sienes del lado endo- lorido. La pomada estibiada, que se com- pone de grasa de cerdo y de tártaro emético, no se emplea más que en fricciones sobre el pecho, sobre el vien- tre, ó cualquiera otra región, dos ve- ces por dia, hasta producir una erup- ción parecida á las viruelas. Las pomadas de ioduro de potasio, de ioduro de plomo, de calomelanos, también se emplean en fricciones, principalmente en el tratamiento de valias enfermedades empeinosas, y en gran número de tumores. Aq, pomada mercurial suele usarse en fricciones, en el tratamiento de ciertas dolencias internas, ó extendi- da sobre un paño de hilo para curar heridas. Los dolientes sometidos al uso de ¡esta pomada no deben llevar encima ninguna joya de oro, porque el mercurio lo ataca. Para desembarazar la piel de estas diferentes pomadas, no bastan lava- duras sencillas; preciso es disolver previamente la grasa, ya con aceite, ya con agua de jabón. Conviene pre- venir también que la pomada mercu rial fácilmente produce salivación; que la ropa por ella tocada se vuelve negra cuando se mete en la lejía, y que esta pomada estraga toda otra cualquier ropa con la cual tenga con- tacto; débese, por consiguiente, echar al fuego todo cuanto hubiere sido im- pregnado por la pomada mercurial. El bálsamo de Arceo, el ungüento de estoraque y el ungüento digestivo no se aplican sino sobre las úlceras. Para este fin, se dispone una capa más ó menos espesa de estos ungüen- tos sobre paño de hilo ó sobre una planchuela de hilas. El ungüento basilicon debe ser empleado como el bálsamo de Arceo. Tiene el inconveniente de adherirse á la piel con fuerza; y de pegarse de- sagradablemente á tédo cuanto toca. Curación con emplastos. Los CURACION 604 CURACION principales emplastos usados en me- dicina son los de diaquilon gomado, de Vigo, emplasto rojo, de pez de Bor- goña, ó emplasto vejigatorio. Para usar de estos emplastos, se toma cier- ta cantidad de ellos, se ablandan con el calor de las manos ó con agua tem- plada, y con los dedos pulgares un- tados en aceite se extienden en un pedazo de paño ó de papel, de modo que formen una chapa un poco más ancha que la parte que debe ser cu- bierta. Entre estos emplastos hay al- gunos que, como el emplasto de dia- quilon ó el rojo, se despegan ó quitan con facilidad. Otros, por el contrario, tales como el emplasto de pez y el emplasto de Vigo, forman una adhe- rencia tal con los tejidos, que per- manecen pegados muy bien durante ocho ó quince dias sin necesidad de ligaduras. Espolvoreando con eméti- co el emplasto de pez, ántes de apli- carlo con la piel, se obtiene casi el mismo efecto que con la pomada es- tibiada, al cabo de cuatro á ocho ¿lias. Bajo la forma de encerado ó espa- radrapo^ los emplastos sirven para curar ciertas heridas, y forman tiras aglutinantes. Tiras aglutinantes ó puntos fal- so. Se preparan extendiendo en pa- ño de hilo el emplasto de diaquilon á medio derretir, y cortando después el paño. Las tiras deben ser blandas, bien sólidas y moderadamente adhe- rentes. Conviene quitar los orillos al encerado, como se quitan las costuras del lienzo con que se hacen compre- sas ó vendas. Para cortar las tiras rá- pida y seguramente, se toma con la mano izquierda del extremo libre ó desarrollado del encerado, mientras que un ayudante asegura al mismo tiempo el rollo á la distancia conve- niente. Las tijeras, llevadas con ra- pidez y en línea recta, del cirujano hacia el ayudante, obran entonces por simple presión, y, sin que sea necesa- ria la aproximación de las hojas de las tijeras, cortan el emplasto en tan- tas tiras como se quiera. Estas tiras sirven como ligadura de unión, para formar lo que se llama costura seca ó puntos falsos. Modo de aplicar las tiras agluti- nantes ó puntos falsos. Se toma un punto falso, y se aplica uno de sus ex- tremos sobre uno de los lados de la herida; y, apoyándole contra los otros tres últimos dedos de la mano izquier- da, se acercan los labios de la herida con el pulgar é índice de la misma mano, mientras con la derecha se asienta el otro,extremo del punto so- bre el opuesto lado. Aplicado el pri- mer punto en el centro de la herida, se ponen en los lados aquellos que fue- ren necesarios, ala distancia de 2 á 5 milímetros entre ellos. No se deben soltar los extremos antes que estén bien pegados. Si los dedos del opera- dor no bastasen para aproximar los la- bios de la herida, cosaque sucede cuan- do esta es grande, se encarga á un ayudante que los sostenga aproxima- dos mientras se aplican los puntos. Para quitar los puntos falsos, des- péganse primero sus extremos; despé- ganse después hasta los labios de la herida, de donde no se desprenden si- CURARE 605 CUSO ño en último lugar y por la tracción perpendicular, á fin de no destruir una reunión aún poco sólida. Para complemento de este artículo véanse Atadura, Compresa, Venda- je, Charpa, Vejigatorio, Cataplas- mas, Linimento, Sinapismo, Herida, Quemadura y Fractura. Curare, Uirari ó Woorara. Ve- neno vegetal muy activo, que prepa- ran los indios que habitan las orillas del Rio Negro, del Orinoco y del Amazonas, y que ellos usan para en- venenar las flechas con que matan los animales. Según el Dr. D. Francisco de Silva Castro, distinguido médico del Pará, este veneno se extrae de la corteza del Strichnos toxifera, Schom- burgh, liana de la familia de las Lo- goniáceas. Esta liana habita en las selvas del Alto Amazonas y las Guya- nas; es gruesa, de corteza áspera; sus hojas se parecen á las del manioc. Puesto en contacto con el tejido sub- cutáneo de un animal, el curare lo ma- ta casi instantáneamente y sin sufri- mientos notables. Esta sustancia es seca, roja, oscura, amarga y sin olor. El doctor Thiercelin hizo en Francia experiencias con ella sobre los perros; 5 centigramos (1 grano) de curare, re- ducidos á polvo é introducidos en una picadura subcutánea del muslo de un perro de 12 libras, le produjeron la muerte en 25 minutos. Con 3 centi- gramos el Dr. Thiercelin observó la parálisis pasajera de la parte posterior del cuerpo; con 2 centigramos, el an- dar vacilante durante algunos minu- tos solamente; con un centigramo, na- da de notable. Cuarzo. Mineral infusible al sople- te, insoluble en los ácidos, que raya constantemente el vidrio y es rayado por el topacio. Consta de sílice puro, ó mezclado accidentalmente con pe- queñas cantidades de sustancias hete- rogéneas. Cúrcuma ó Azafrán de la India. Raíz ó más bien rizoma de la cúrcu- ma tinctoria, Guibourt, planta de la familia de las Amonáceas, que habita en las Indias orientales y en la Amé- rica del Sur. "Esta raíz es tuberculosa, y da la materia colorante amarilla del mismo nombre y de la cual se hace mucho uso. En el comercio se halla esta raíz bajo la forma de pedazos pe- queños, cilindricos, contorneados; su color es ceniciento-amarillo por fuera, y anaranjado-oscuro por dentro; tiene olor fuerte, sabor aromático, acre y un tanto amargo. Distínguense en el comercio cuatro especies: larga, oblon- ga, redonda y pequeña. La cúrcuma larga se parece algún tanto al gengibre, en cuanto á su forma y olor; difiere por el color amarillo del interior. La tinta amarilla que se extrae de este tubérculo sirve para teñir de amarillo el papel, la madera, los barnices, la manteca, el queso, las pomadas; y co- mo tinta de fondo para las doraduras. La raíz fresca es uno de los condimen- tos usados en la India para, dar color al arroz cocido y á otros guisados. El tinte de cúrcuma tiene poca solidez; la seda y la lana suelen conservarlo mejor q&e el hilo y el algodón. Cuso ó Kuso. Arbol grande al cual Kunth da el nombre de Brayera an- thelmintica, de la familia de las Ro- CUSO 606 CHALASIA sáceas-espireáceas, que habita en la Abismia y en el reino de Coa (Africa oriental). Es un árbol siempre verde, que forma á veces selvas magníficas. Produce racimos de flores, de más de tres piés de largura, de colores varia- dos, verdes, rojos, que penden por centenares de los ramos de un solo ár- bol. Sobre estas flores, que vienen por Diciembre y Enero, suele haber siempre multitud de abejas. La ma- dera se emplea en construcciones de muebles y cajas de escopeta. Las flores de cuso se emplean en Abisinia contra la solitaria. Han sido experimentadas en otros países y han producido admirables resultados; es- tán consideradas hoy como uno de los mejores remedios contra la solitaria. He aquí la manera de tomarlas: El doliente debe privarse de comer un dia ántes de tomar el remedio. Por la mañana del siguiente dia, se echan sobre 20 gramos (5 dracmas) de cuso pulverizado, 250 gramos (8 onzas) de agua hirviendo, se cubre el vaso y se le deja en infusión por espacio da quin- ce minutos; el doliente bebe entonces toda la mezcla en ayunas, ó en dos vecqs, con algunos minutos de descan- so, si no puede tomar toda la dosis de una sola vez. Preciso es después en- juagarse la boca con un poco de agua. Este remedio provoca la sed, pero con- viene no beber hasta que haya una evacuación, que por lo común suele tener lugar al cabo de una hora. En- tonces puede beberse agua fría ó té, sin leche ni azúcar. Con la tercera ó cuarta evacuación la solitaria queda expulsada, sin cólicos ni fiebre. Si las evacuaciones no se manifestaran al ca- bo de tres horas, preciso será provocar- las con 60 gramos (2 onzas) de cal de Epson, ó 60 gramos (2 onzas) de acei- te de ricino. Recíbese la solitaria en agua tibia, después se desarrolla, y se examina si la porción superior es fili- forme, y si con microscopio se distin- gue la cabeza armada de ganchos. V. Solitaria. Dósis\ Para los niños hasta la edad de 3 años, 6 gramos (1| dracma) de cuso; para los de 3 á 7 años, 10 gra- mos (2.} dracmas); páralos de 7 á 12 años, 12 gramos (3 dracmas); y para los adultos, 20 gramos (5 dracmas). Esta sustancia no provoca vértigos ni vómitos, como el cocimiento de raíz de granado. Cuterebro. V. Estro. CH ChacaHlla. V. Cascarilla. Chalasia. Tumorcillo del párpado que resulta de la hipertrofia de una glándula de la conjuntiva. Se presen- ta duro, ^lobulado, único; forma bul- to debajo de la conjuntiva y de la piel del párpado. Su tamaño no excede del tamaño de un guisante, y produce po- ca molestia; puede resolverse en par- te, ó continuar permanente en el es- tado de una induración insensible. Tratamiento. Combátese la infla- mación con lavatorios de cocimiento de simiente de lino y cataplasmas de fécula. Se toca después el tumorcillo con piedra infernal repetidas veces. Si al cabo de 6 semanas no disminuye- se, puede sacarse con tijera curva ó con bisturí. CHALLES 607 CHANCRO Challes. Aguas sulfurosas y iodu- radas frias. Itinerario de París á Challes. Fe- rrocarril de Paris á Chambery; 13 ho- ras y 20 minutos. Carruaje de Cham- bery á Challes: media hora. Gasto, 68 francos. Challes está situado en Francia, á 4 kilómetros de Chambery. Su fuente da abundante agua fresca, clara, tras- parente, perturbada solo por las bur- bujas de gaz ázoe que á intervalos se desprenden de su fondo. Su sabor es un poco amargo y al cual los enfermos se acostumbran pronto. En cuanto al olor, no existe casi en la fuente; j so- lamente por su exposición al aire libre desarrolla un poco de gas sulfhídrico, lo que pruébala presencia del azufre. Según el químico Calloud, un litro de esta agua contiene, ademas de los car- bonatos y silicatos alcalinos, sulfato de sosa, bromuro de sodio y ioduro de potasio. Bebida por la mañana en la dosis de dos vasos, es bien soportada por el estómago. Su acción es diurética y eminentemente depurativa; y su efec- to saludable se hace evidente en las enfermedades cutáneas. Compresas empapadas en ella, y aplicadas en las superficies afectadas, determinan la modificación del cútis, y auxilian la cura. Esta agua conviene también en las afecciones sifilíticas inveteradas y en las escrófulas. Se conserva bien y puede ser trasportada léjos. Existe cerca de la fuente un esta- blecimiento que permite el empleo de estas aguas externa é internamente. Las perfectas condiciones de salubri- ciad del sitio, la sombra de los árboles que lo cercan, y su situación pintores- ca sobre una altura de donde puede disfrutarse de vistas magníficas, ha- cen de Challes una morada privilegia- da., La estación dura del Io de Mayo* al 31 de Octubre. Chancro. El chancro es una úlce- ra producida por el virus sifilítico. Los lugares en que este síntoma acos- tumbra manifestarse son, en el hom- jre, la glande ó el prepucio; y en la mujer, la cara interna de la vulva. A veces acontece que los labios, los bor- des del ano, el pezón, la boca y hasta la piel del escroto y del miembro viril son también afectados, cuando estas partes han sido puestas en contacto inmediato con el viras. La época de su aparición es muy variable; hánse visto, si bien estos ca- sos son rarísimos, aparecer en menos de doce horas después de la cohabita- ción impura; casi siempre se declaran al cabo de tres á seis dias. Síntomas. Los chancros principian comunmente por manchas pequeñas y rojizas, acompañadas de comezón des- agradable; el centro de esta mancha se hace más saliente, y más blanco, vesiculoso y trasparente. En seguida el ápice de este grano revienta, los bordes de la úlcera se endurecen, y la superficie ulcerada despide una mate- ria purulenta y fétida. A veces el chan- cro principia por una simple escoria- ción que se va ahondando, y toma to- dos los caractéres de las úlceras sifilí- ticas. El contorno del chancro venéreo es limitado y cortado perpendicular- mente; su fondo, por lo general, es CHANCRO 608 CHANCRO ceniciento; á menudo está cubierto de una falsa membrana. Puede no exis- tir más que un solo chancro, ó haber muchos al mismo tiempo. Hay dos especies principales de chancro, blando y endurecido. El chancro blando tiene sus bordes cortados perpendicularmente, el fondo blando, la secreción abundante. El chancro endurecido tiene sus bordes en declive, fondo duro, secre- ción ménos abundante. Complicaciones del chancro vené- reo. Io La primera complicación es constituida por el desarrollo, alrededor del chancro, de una inflamación de la piel. Los chancros que existen en cierto número sobre el prepucio ó so- bre la glande pueden producir hincha- zón, un fimósis ó parafimósis. La ex crecion de la orina puede ser embara- zada cuando la ulceración, situada cerca del meato urinario, provoca una hinchazón en las paredes del canal de la uretra. 2? Fagedenismo. Es un estado mór- bido que destruye los tejidos exten- diéndose sin cesar, ya superficial, ya profundamente. La úlcera toma en- tonces el nombre de chancro fagedé- nico ó corrosivo. Cuando un chancro debe adquirir esta forma, el círculo rojizo que lo rodea toma grande ex- tensión; el enfermo experimenta un dolor intenso; la parte afectada se hin- cha y contrae el color de las heces de vino; la supuración es abundante, fé- tida, de olor gangrenoso. Luego la úl- cera avanza rápidamente, destruyen- do todo cuanto encuentra al paso, has- ta que, después de separada la esca- ra, se presenta desmida una ^herida que sigue la marcha de las heridas que han supurado. El fagedenismo produ- ce á veces desórdenes considerables. Este estado puede depender de las condiciones higiénicas de los dolientes, de la miseria, de las privaciones, de la falta de aseo ó de malas curaciones. 3o Por último, la blenorragia cons- tituye una complicación sumamente común del chancro venéreo. Pronóstico. Los chancros fagedéni- cos corrosivos son los más'graves. Los chancros endurecidos en el fondo son más graves que los de fondo blando. Los chancros sencillos, bien tratados, se curan en seis ú ocho semanas, sin dejar el menor vestigio en la econo- mía. Los chancros, no tratados conve- nientemente, traen en pos de sí sínto- mas Secundarios, tales como diversas erupciones cutáneas, tumores, dolores en los huesos, etc. Tratamiento. Todos los chancros venéreos exigen un tratamiento exter- no local y otro interno general. Sien- do el chancro el indicio de afección en el organismo por el virus sifilítico, preciso es recurrir á una medicación especial, que hoy está sancionada por la experiencia. Al tratamiento gene- ral conviene añadir el tratamiento lo- cal, con el cual se ataca á la úlcera y se combaten sus complicaciones, si acaso existen. I. Tratamiento local. Cuando des- pués de una cópula sospechosa^ sobre- viene en las partes genitales un pun- to vesiculoso, conviene cauterizar pro- fundamente con piedra infernal la ve- jiguilla; pero la cauterización, para ser CHANCRO 609 CHANCRO eficaz, debe ser completa, esto es, he- cha en una extensión doble de la que ocupa la ulceración. Una vez practi- cada, se aplican hilas secas que se con- servan durante doce ó veinticuatro ho- ras. Cuando la cauterización se hace en un principio, puede producir el aborto del chancro, hecha más tarde, solo conseguirá abreviar su duración; aun por más ventajoso que sea su re- sultado, es indispensable cumplir un tratamiento interno, para evitar la ex- plosión de los acccidentes ulteriores. Si la úlcera estuviese formada, se cauteriza, ' no para hacer abortar el chancro, sino con objeto de abreviar su curación, modificando las condicio- nes de su vitalidad. Si el chancro, una vez cauterizado, continúa progresando, ó si, después de caída la escara, la su- perficie es cenicienta, debe repetirse la cauterización dos, tres y más veces, hasta que la úlcera pierda sus carac- teres específicos, salvo si aparecieren síntomas inflamatorios. Una vez limpiada la herida, se cu- ra con vino aromático, el cual se ha- lla ya preparado en todas las boticas, y cuya fórmula es la siguiente: Especies aro- máticas. . .. 90 gramos (3 onzas) Tintura vulne raria 90 gramos (3 onzas) Vino tinto.... 900 gramos (30 onzas) Se maceran las especies en el vino por espacio diez dias, revolviendo de cuando en cuando. Se cuela con expre- sión, se añade la tintura y se filtra el líquido. Se mojan las hilas en este vino, y se aplican en la úlcera. En vez de emplear el vino aromá- tico, pnede curarse la úlcera con la solución de azúcar candi en vino tinto común: Vino tinto.. . 30 gramos (1 onza). Azúcar candi. 4 gramos (1 dracma). Si la superficie del chancro estuvie se seca, dolorosa y muy inflamada, se mojarán las hilas, no en el vino, sino en cocimiento de raíz de altea. Conviene entretener el aseo por medio de lavatorios ó baños locales con agua tibia natural. Aplacada la inflamación, se vuelve de nuevo al vino aromático, que debe ser considerado como método general de curación en los chancros sencillos. Si el chancro se estaciona, se cura- rá con el siguiente cerato: Cerato simple.... 36 gram. (9 drac.) Calomelanos .... 4 gram. (1 drac.) O con cerato opiado: Extracto de opio 1 gramo Agua 1 gramo Cerato simple 98 gramos O con ungüento digestivo, cuya re- ceta es la siguiente: Trementina sui- za 16 gram. (4 drac.) Yema de huevo. 8 gram. (2 drac.) Aceite 4 gram. (1 drac.) Las curas deben reproducirse cada 12 horas. También se puede espolvorear la úlcera con calomelanos. El chancro fagedénico reclama ser curado con la solución de tartrato de hierro y potasa, cuya fórmula es co- mo sigue: Tartrato de hierro y po- tasa 30 gramos (1 onza). CHANCRO 610 CHANCRO Agua 180 gramos (6 onzas). Se mojan las hilas en esta solución y se aplican sobre la úlcera. Si esta aplicación no produjera me- joría, se recurrirá á una de las sustan- cias siguientes para hacer las curas: Io Agua de Labarraque, mezclada con cantidad igual de agua tibia. 2o Solución de cloruro de cal. (Clo- ruro de cal, 4 gramos; agua, 200 gra- mos.) 3o Agua fénica. 4o Solución de clorato de potasa. (1 parte de clorato de potasa para 12 partes de agua.) 5* Tintura de iodo. Se moja un pincel en esta tintura, y se toca con él la úlcera. En los casos muy rebeldes, espol- voréase la úlcera con cantáridas, y veinticuatro horas después se cura con vino aromático. II. Tratamiento de las complica- ciones. Cuando el chancro existe cer- ca de la abertura del prepucio, sobre- vienen á veces fmósis con todos los demas síntomas inflamatorios. El pre- pucio queda entonces hinchado de tal modo que no puede recular y descu- brir la glande. Se debe recurrir en este caso á las inyecciones, entre el prepucio y la glande, con el cocimien- to templado de linaza y adormideras. Las demas complicaciones, tales como la blenorragia y los bubones, no deben ocuparnos en el presente artículo. Son otras tantas enfermeda- des añadidas, digámoslo así, á la en- fermedad principal, y las cuales exi- gen un tratamiento especial indicado en los artículos correspondientes. III. Tratamiento general. Al mis- mo tiempo que se sigue el tratamien- to local, el enfermo debe someterse al tratamiento general, sin el cual no podrá juzgarse libre de los accidentes secundarios de la sífilis. El tratamien- to general del chancro venéreo se compone del uso interno de las pre- paraciones de mercurio y de zarzapa- rrilla. Las preparaciones mercuriales más convenientes contra el chancro son las que á continuación trascribimos: Pildoras de protoioduro de mercurio. Protoioduro de mercurio... 5 centígr. (1 grano). Extracto de enebro 5 centígr. (1 grano). Polvo de rega- liz cantidad suficiente. Se hace una píldora y como ella 59 más. Para tomar una píldora por la noche, tres horas después de la úl- tima comida. Pasados quince dias se aumenta la dosis hasta dos píldoras por dia, una por la mañana y otra pol- la noche. Encima de la píldora, el doliente toma una cucharada de jarabe de zar- zaparrilla, mezclado con una taza de agua fria ó templada. 4 La receta del jarabe es: Jarabe de zar- zaparrilla. . 500 gram. (16 onzas). Si al cabo de cinco ó seis semanas de este tratamiento el chancro no se cura, se tomará el licor de Van-Swie- ten. Licor de Van-Grieten. Bicloruro de mercu- curio 25 centígrados. CHARPA 611 CHARPA Alcohol á 80° 25 gramos Agua destilada.... 225 gramos. Dósis: 4 gramos (1 dracma), esto es, una cucharadilla, dos veces por dia, en una taza de agua fría ó de co- cimiento de zarzaparrilla. El modo de preparar el cocimiento de zarzaparrilla se halla indicado en el artículo Zarzaparrilla. Este co- cimiento puede ser sustituido por una cucharada de jarabe de zarzaparrilla mezclada con una taza de agua fría ó templada. Para las precauciones que exige el tratamiento mercurial, véase Sífilis. Si este tratamiento no produjere la curación al cabo de dos meses, em- pléase el ioduro de potasio, con arre- glo á la fórmula siguiente: Ioduro de po- tasio 30 gramos (1 onza) Agua destilada 900 gramos (30 onzas). Para tomar una cucharada, tres ve- ces por dia, en una taza de cocimien- to de zarzaparrilla. Charpa ó Cabestrillo. Ligadura ó vendaje destinado á usarse en la fractura de los huesos del brazo, del antebrazo, de la clavícula, en el pa- nadizo y demas enfermedades de la mano y del brazo. Hay varias mane- ras de aplicar esta ligadura. Pañuelo atado al cuello. Constitu- ye el suspensorio sencillo del brazo. Se hace con un pañuelo doblado en triángulo. Se atan detras del cuello las dos puntas de los lados agudos del triángulo, obteniendo así un canalón que cuelga delante del pecho, y en el cual descansan el antebrazo y la ma- no. El ángulo recto corresponde al codo del brazo malo; silo excede has- ta el punto de molestar, puede ple- garse hacia delante y asegurar la pun- ta con un alfiler. Charpa del brazo de Juan Luis Petit. Se hace con un pedazo de lien- zo cuadrado, de 80 centímetros, ple- gado en triángulo rectángulo. Do- blado de este modo, se pasa entre el brazo y el pecho del paciente, de ma- nera que el ángulo recto se halle de- bajo del codo, y el lado mayor (la hi- potenusa) del triángulo debajo de la mano. Uno de los dos ángulos agudos se pasa sobre el hombro sano, y el otro sube, cubriendo el antebrazo y el hombro enfermo, á pasar detras del cuello á encontrarse con el prime- ro, sobre el hombro del lado opuesto, donde ambos ángulos ó puntas serán atados ó cosidos juntos, asegurándo- los de tal modo que el antebrazo que- de encogido casi en ángulo recto. To- mando entonces los dos ángulos rectos cerca del codo, se separan tirando el exterior hácia afuera del lado de la mano, y el interior por detras del co- do, de manera que el antebrazo ocu- pe el centro del paño así desdoblado. Se pasan entonces los dos ángulos, á saber: el ángulo que está por delan- te, debajo de la mano, y el ángulo que está por detras, encima del brazo: y después de llegarlos uno á otro se atan juntos y se pegan al resto del paño, por medio de un alfiler grande. Esta charpa es la mas conveniente de todas. El antebrazo y el codo es- tán exactamente sostenidos; todo el miembro es envuelto desde el hom- bro hasta la punta de los dedos, y no CHICLANA 612 CHILLAN hay peligro de que el doliente desa- rregle el aparato, como sucede á me- nudo cuando no se tiene esta precau- ción. Chateldon. Aguas alcalinas gaseo- sas, frias. La villa de Chateldon está situada en Francia, á 17 kilómetros de Vichy, en el fondo de un risueño valle. Sus aguas son altamente di- gestivas. Mezcladas con vino, comu- nícales un gusto agradable. Se pare- ce mucho al agua de Seltz natural. No hay establecimiento termal; el agua de Chateldon no sirve sino pa- ra ser exportada. Chichón. Se designa vulgarmente con este nombre un tumorcillo que resulta de los golpes ó caídas y que la sangre forma derramándose bajo la piel; sobreviene á menudo en los lu- gares en one los huesos están inme- diatamente cubiertos por la piel, co- mo en la frente, en la cabeza, en el codo, etc. Los chichones generalmen- te se disipan por sí solos, en pocas horas ó en pocos dias. La compresión ejercida con un paño mojado en agua fria con sal, agua con vinagre ó con aguardiente, favorece y acelera la de- saparición de estos tumores, que nun- ca exigen aplicación de sanguijuelas, como algunos creen. Chiclána. España. Aguas salinas sulfuradas, frias. Situadas á le- guas de Cádiz, capital de la provincia de este nombre, y á una legua de San Fernando. Existen tres fuentes; las usadas como medicinales son las de la fuente llamada Amarga. Tienen trasparencia; su olor es de huevos co- rrompidos; su sabor salado; la tempe- ratura de estas aguas es de 18° cen- tígrados. En su composición entran gas sul- fhídrico, carbonato de magnesia, clo- ruros de sodio y de magnesio, y sul- fates de calcio y alúmina. El establecimiento contiene 40 pi- las de mármol con agua fria y calien- te. Estas aguas tienen buena apli- cación en las enfermedades cutáneas, en el escrofulismo, en las consecuen- cias del abuso del mercurio y en mu- chas oftalmías y leucorreas. El viaje se verifica por ferrocarril de Cádiz á San Fernando, y de este punto hasta Chiclana por la diligencia ú otro ca- rruaje. La estación balnearia dura del Io de Junio hasta los últimos dias de Octubre.-Chiclana es una hermosa ciudad de 9,000 habitantes. Las ca- sas bien construidas, casi todas mo- dernas; la limpieza es grande exterior é interiormente, están perfectamente amuebladas, ventiladas, y tienen mag- níficos jardines. Chillan. Chile. Aguas sulfurosas ca- lientes y aguas ferruginosas también calientes. Los baños de Chillan están situa- dos en la cordillera central de los An- des, en una quebrada de la falda del gran macizo volcánico llamado Neva- do de Chillan, quebrada por la cual corre el Renegado, alimentado con los hielos del mismo cerro. Hállanse es- tos baños á los 36° de latitud y á 75 kilómetros de la ciudad de Chillan, cuya población es de unos 6,900 ha- bitantes. Su elevación sobre el nivel del mar es de 1,900 metros; están sobre los límites de los bosques y CHILLAN 613 CHILLAN cerca de la línea de las nieves per- petuas; la quebrada donde nacen es conocida con el nombre del Renega- do; su posición es sumamente pinto resca. Hay diversos manantiales. En un reducido espacio brotan aguas sul- furosas y ferruginosas de composición y temperatura diferentes. Las princi pales fuentes, llamadas de azufre, son cuatro; brotan á poca distancia unas de otras, en la parte de arriba. Sus temperaturas, determinadas en 1870 por el Dr. Diaz, son: 47",22; 53°,61; 57°,77; 30° centígrados. La última es una mezcla del manantial caliente con agua fria del canal que pasa por arriba. Otras fuentes, llamadas de potasa. que nacen en la misma quebrada en- frente de las mencionadas anterior- mente, tienen una temperatura de 45°,55, y 55°,56 centígrados. El empresario de los baños, me- diante un cañón, hace llegar las aguas termales á un lugar llamado los Fon- dos, con una temperatura de 48°,51 centígrados. En el lugar mismo de los Fondos brotan otras fuentes de agua en ebullición, las cuales, , uni- das á las precedentes en un receptá- culo común, y templadas con el agua que trae el canal de agua fria, tie- nen 48°,88 centígrados de tempera- tura media. También existe otro canal subte- rráneo, que lleva el agua á los baños de abajo y cuya temperatura es de 43°, 19 centígrados. Todas estas aguas son sulfurosas, y se emplean en baños, vulgarmente llamados baños de azufre. Pero, aun- que no en la misma quebrada, sino en otra, nacen también fuentes de aguas ferruginosas no sulfúreas, que se utilizan actualmente para ba- ños llamados baños de hierro, separa- dos por completo de los de azufre. Su temperatura es de 4.3° á 44° cen- tígrados. Los meses en que pueden tomar- se los baños de Chillan son: Diciem- bre, Enero, Febrero y Marzo. Se em- plean sobre todo en las enfermeda- des cutáneas. Según las observacio- nes del doctor Pelegrin, el máximo de temperatura del lugar en verano no pasa de 25° á 30°, y el mínimo de 4o á 6o. La temperatura es va- riable en regiones tan elevadas. El establecimiento posee casuchas de tabla bastante cómodas y abriga- das, dependientes unas del hotel, bien servido, y otras separadas de él, en las cuales pueden alojarse fami- lias enteras. Los baños pertenecen á la municipalidad, que los arrienda. He aquí la descripción que el doc- tor Pelegrin Martin hace de los 75 kilómetros que hay que recorrer para trasladarse de Chillan á los baños: "El camino sale de la ciudad de Chillan, y tomando al sur el callejón de Guangualí, se llega al bonito puen- te del Saque, sobre el rio Chillan: de aquí, en dirección al Oriente y pasan- do por Boyen, lo lleva el camino á uno á la villa de Pinto (primera pos- ta), y de ahí á la vega de Salinas. En este punto se entra ya en la cor- dillera, y subiendo la primera cuesta, se ve la hermosa vega de la Esperan- za; siguiendo, se pasa el alto del la CHINCHE 614 CHINCHE Rabona, la Primera agua, el Paso del Avellano, el puente del Renega- do, y siempre montaña adentro, se da con el Valle, en cuya posada, que es un regular edificio, está la segun- da posta y un regular restaurante. De aquí, viendo el Fraile á la izquierda, y dejando la Casa de Piedra (que fue guarida de los Pincheiras), los altos del Castillo, el Purgatorio á la dere- cha, se arriba á las Trancas ó tercera posta. De aquí los baños distan aún cinco leguas, pero lo más de camino es aquí trabajoso, sobre todo las cues- tas Pretiles, Caracol, Piedra Azul y a Cañada.-Los carruajes sen cómo dos y ligeros." Este viaje por medio de una natu- raleza virgen aún, e ntre los aires pu- ros de la Cordillera, es benéfico y con- solador para los enfermos, cuya vista puede recrearse admirando magníficas cascadas, hermosos paisajes, ricas sel- vas é imponentes precipicios. China ó Esquina. Smilax china Linneo. Esparragíneas. Arbusto sar- mentoso de la China y del Japón. El cocimiento de la raíz se emplea en las enfermedades sifilíticas. Dosis'. 12 gramos (3 dracmas) para 360 gramos (12 onzas) de agua. Comunmente suele mezclarse con la raíz de zarza- parrilla. Chinche. Insecto redondeado y chato, sin alas, de color rojo, de olor en extremo desagradable. Su picadu- ra es bastante dolorosa y acompañada de comezón intensa, rubicundez, y á veces de anchas ampollas. En las re- giones del cuerpo en que la piel es delicada, tales como el cuello, la cara, etc., suelen cebarse de preferencia es- tos incómodos insectos, que no salen de sus nidos más que por la noche: así que el dia despunta, se esconden en las grietas del catre, bajo el papel de las paredes, en los pliegues de los pabellones que cubren las camas, etc. El invierno suele matar gran nú- mero en los países fríos; pero se con- servan los huevos, que vuelven á ger- minar en el verano, y perpetúan esta detestable raza. Las camas de hierro no siempre son suficiente garantía contra las chinches. Un autor francés cuenta la historia de un cuartel, cuyas salas estaban infestadas de chinches; no podia saberse dónde se refugiaban estos insectos, porque las camas eran de hierro, pero hierro hueco. Ocurrió- les á los soldados romper uno de los tubos que habían servido para la cons- trucción de dichas camas, y lo encon traron lleno de chinches; entonces ca- lentaron á un alto grado de tempera- tura todas las piezas que componían las camas, y el cuartel quedó desem- barazado de tan incómodos huéspedes. Modo de destruir las chinches. El empleo de la disolución de jabón ver- de, á punto de hervir, es uno de los medios más sencillos y mejores para destruir las chinches. Este medio, re- comendado por un ilustre químico francés, Thenard, no solo es econó- mico, sino que no ofrece peligro ni inconveniente alguno; está al alcance de todo el mundo. La operación debe ser ejecutada exactamente según las indicaciones que siguen: Io se ponen 100 partes de agua en una cacerola, y se le añaden dos partes de jabón CHINCHE 615 CHINCHILLA verde; se coloca la cacerola al fuego para hacer hervir el líquido; 2o se arranca el papel del cuarto, y se en- sanchan las grietas de las paredes por medio de un cuchillo, si no fuesen bastante anchas para dejar penetrar el agua en su interior; 3o se desarman todas las piezas del catre; 4° se ata una esponja con bramante á un palo de 40 centímetros de largo; se em- papa la esponja en la disolución de ja- bón hirviendo, y, tanto en alto como en bajo, se lavan repetidas veces las paredes del cuarto, y sobre todo los lugares en donde hubiere grietas, cuidando de volver á mojar cada vez la esponja en el líquido, el cual, pa- ra que sea de toda eficacia, debe es- tar siempre caliente, y hasta hirvien- * do cuanto sea posible; 5a se lavan las diferentes piezas del catre y todos los armazones de igual manera. Si son preciosos, bastará con exponerlos sim- plemente al aire y al sol por algunas horas y frotarlos después; 6o igual- mente, y siempre con la disolución hirviendo, se lavan las rendijas que pueden existir en el suelo del cuarto y en el maderámen; 7o se mudan las mantas y cortinajes de la cama, expo- niéndolos al sol por espacio de algu- nos dias; 8° se renuevan los jergones, y se pasan por agua hirviendo sus fundas de lona, si las hubiere, la crin ó la lana de los colchones; 9? y últi- mo, se recubren las grietas del cuarto con mástic de vidriero, y luego se em- papela de la manera acostumbrada. También se matan las chinches y sus larvas con aguaras que se intro- duce en los intersticios del catre. Polvos contra las chinches: Flores pulverizadas del Pyrethrum roseum y Pyrethrum carneum, plantas que nabitan en Turquía y en Persia. Es- tos polvos, muy en uso actualmente, constituyen una verdadera especiali- dad para la destrucción de las chin- ches, moscas y otros insectos. Basta esparcir estos polvos sobre las sába- nas, ó introducirlos por medio de un fuelle pequeñito entre das grietas de la cama. Circulan en el comercio ba- jo diferentes nombres: Polvos contra las chinches, Polvos del Cáucaso ó de Mismaque, Insecticidto de Fe- rrand, de Vicat, de Burnichon, etc. Chin chilla. Chinchilla, Molina. Genero de Mamíferos roedores que forman parte de un corto grupo lla- mado tribu de los Chinchilianos por Milne-Edwars, y familia de los Chin- chilidas por Bennett. Este animal; conocido por las elegantes y suaves pieles de un color gris perlado, viene de Chile, su patria, y ha podido ser estudiado sobre tipos vivos poseídos en Londres y París. La sola especie conocida, la Ch. lanígera (Bennet), que habita las montañas del Perú y de Chile, se distingue por los carac- teres siguientes: es algo más pequeña que los conejos europeos de campo, tiene cuatro dientes molares por todo; la cabeza, guarnecida de largos bigo- tes, se parece á la de la ardilla; sus orejas son grandes, sus patas delga- das con cinco dedos delante y cuatro detras; tiene el pelo de un gris her- moso, ondulado de blanco encima y de un gris muy claro debajo, de una finura y suavidad extraordinarias; vi- CHOCOLATE 616 CHUFA ve en madrigueras; se le da caza por medio de perros amaestrados á coger- las sin estropearles la piel. Las chin- chillas se alimentan con raíces y plan- tas bulbosas. Si ha de creerse lo que dice Molina, son sociables y dóciles, les gustan los halagos, son muy lim- pias, no exhalan ningún olor, y pue- den habitar en las casas sin el menor inconveniente. La piel de chinchilla, muy buscada en otro tiempo para man- guitos y otros usos de señoras, ha pa- sado de moda; pero, no obstante, aún tiene una buena estimación, sobre to- do en Inglaterra, donde se venden más de cinco mil pieles por año. Chocolate. Alimento cuya base se compone de almendras de cacao (Teo- broma cacao, Linneo)., tostadas y mo- lidas, y azúcar. (V. Cacao.) Es muy nutritivo, y conviene á las personas débiles, delicadas, nerviosas y se- dentarias. A pesar de ser tan simple, no siempre es de fácil digestión este alimento. Remédiase la acción poco excitante del chocolate, triturando con el azúcar, que debe entrar en la pas- ta, 3 onzas de vainilla y 2 de canela para una cantidad de 20 libras de cho- colate. La avaricia mercantil ha descubier- to varios modos de falsificar el choco- late y de alterar así sus propiedades. Unos extraen la manteca de los gra- nos de cacao, y la sustituyen en la pasta con grasas ordinarias; otros le agregan almidón, harina de trigo, de arroz, de arvejas, de fréjoles, para aumentarle el peso. Este último frau- de se reconoce comparando los choco- lates falsificados con el buen chocóla- te; este, al quebrarlo, no ofrece nada de arenoso; se funde en la boca, pro- duciendo cierta impresión de frescura; hervido en agua, es de poca consis- tencia, y al enfriarse no se traba como la jalea. Cuando, por el contrario, el chocolate contiene fécula de arvejas, fréjoles ó cualquier otra, se pega á la lengua y al paladar, exhala cierto olor á engrudo cuando se prepara, y se es- pesa al enfriarse. Está también en este caso más espeso cuando se cue- ce. Si, por ser viejo, el chocolate con- trajera un olor á rancio ó de queso, probará que en su composición ha en- trado grasa ó manteca común, porque la manteca de cacao no se rancia sino difícilmente. Los chocolates que contienen fécu- las lijeras, tales como las de sagú, dé salep, son muy nutritivos y pueden contribuir de un modo poderoso al res- tablecimiento de las fuerzas después de enfermedades graves ó prolonga- das. También se prepara chocolate medicinal, mezclando diferentes me- dicamentos con el chocolate; tales son el chocolate purgante y el chocolate de musgo islándico, que convienen en las afecciones crónicas del pecho, etc. Choquezuela. V. Rodilla. Chorro. V. Ducha. Chufa. Cyperus escidentus, Lin- neo. Ciperóides. Planta originaria de Africa, cultivada en el Mediodía de Europa, especialmente en España. Su raíz se compone de radículas, que llevan en su extremidad un tubérculo ovoide del tamaño de un garbanzo al de una aceituna pequeña. Este tu- bérculo está marcado por anillos cir- DATIL 617 DAX culares; en la parte inferior tiene un achatamiento pequeño cubierto de fi- brillas. Es rojizo por fuera y blanco interiormente, de gusto dulce, azuca- rado y aceitoso, como el de la avella- na. Contiene aceite y forma una emul- sión cuando se remoja agua. Es una verdadera almendra subterránea, co- mo lo explica su nombre aleman erd- mandel. La chufa es comestible y nu- tritiva, propia ademas, según se dice, á provocar los deseos venéreos. Se co- me cruda, pero principalmente se usa en horchata, que se toma fría ó hela- da como refresco. Chulilla. España. Aguas sulfura- das cálcicas, calientes; 40° centígra- dos. Distan 8 leguas de Valencia, ca- pital de la provincia del mismo nom- bre, y 4 leguas de Leria. Se emplean en baños contra las enfermedades cu- táneas y los reumatismos. El establecimiento contiene 8 pi- las de mármol y una piscina; en Chu- lilla hay una excelente hospedería. El viaje se hace de Madrid á Valen- cia por ferrocarril, y en carruaje des- de este último punto á Leria, donde se encuentran tartanas para conducir á los bañistas al establecimiento de los baños de Chulilla. D Dartros. V. Empeine. Dátil. Fruto de la datilera, Phoe- nix dactylifera, Linneo, árbol de la familia de las Palmeras, cultivado en Africa, en España, en Portugal, en Italia, Brasil, etc. En españa es muy productivo; abunda en Valencia, Mur- cia y Andalucía. Cuando reciente, el fruto es del grueso de un dedo pul- gar, con el parénquima blando, dulce, amarillento; el dátil seco es cónico, obtuso, redondeado, la base sustenta- da en el cáliz escamoso, la cutícula tenue de color moreno; el parénquima amarillo, dulce vinoso, en el cual se encuentra una simiente muy dura. Los dátiles se cogen ántes de comple- tar su madurez; después se.exponen al sol. Entonces pierden parte del agua de vegetación y dejan rezumar un jugo azucarado, que envuelve su superficie y ayuda á su conservación. Los dátiles contienen gran canti- dad de azúcar, de fécula y de mucíla- go, á que deben sus propiedades nu- tritivas y emolientes. Es uno de los cuatro frutos pectorales. Con los dá- tiles se hace un cocimiento muy agra- dable al paladar y útil contra la tos, haciendo hervir por espacio de media hora, 30 gramos (1 onza) de dátiles en 720 gramos (24 onzas) de agua. Dax. Aguas sulfatadas mixtas, ca- lientes. Francia. Itinerario: de Bur- deos á Dax: ferrocarril de Burdeos á Dax, 3 horas 24 minutos. Gastos, unos 19 francos. Dax es una ciudad de la Francia meridional, con 9,000 habitantes. Con- tiene muchas fuentes minerales ca- lientes, de la temperatura de 31° á 61° centígrados. La fuente más im- portante es la Source chande (fuente caliente), de 59° centígrados; el agua es levemente alcalina, muy clara, de olor poco pronunciado, y casi insípida. Contiene cantidad considerable de gas ázoe, y 475 miligramos de sustancias DEBILIDAD 618 DEBILIDAD fijas, que son: sulfates de cal y sosa; carbonato de magnesia; cloruros de sodio y de magnesio. También se ha- llan en las fuentes depósitos abundan- tes de lodo y de plantas del género Tremella, que contienen ioduros y bromuros alcalinos. Los lodos y las plantas se emplean en aplicaciones locales contra los reumatismos, con- tracturas musculares, neuralgias y pa- rálisis. En Dax, se curan principal- mente estas enfermedades con baños generales y duchas. La atmósfera se- ca de esta región de Francia contri- buye á la curación de esas enferme- dades. Las caldas de Dax gozaron de gran nombradía en tiempo de los Romanos, y el Emperador Augusto llevó allí su hija Julia. Tanto le aprovecharon las aguas que, en reconocimiento, quiso que una de las puertas de la ciudad tomase su nombre; y, en efecto, aun existe una puerta de la ciudad llama- da Julia. En 1873 dos distinguidos médicos mandaron construir allí un grande es- tablecimiento que al mismo tiempo que tiene el carácter de instalación balnear completa, es una excelente fonda para los bañistas. Este estable- cimiento está abierto todo el año; su atmósfera interior, constantemente templada y saturada de vapores mine- rales, constituye durante el invierno una vivienda curativa para las enfer- medades del pecho y de la laringe. Al efecto: todo allí está dispuesto bajo el punto de vista médico é higiénico. Debilidad. Falta de fuerzas, fla- queza. En los artículos Convalecen- cía y Enflaquecimiento van indica- das las principales circunstancias que accidentalmente pueden determinar el estado de debilidad. Solamente nos ocuparemos ahora de la debilidad con- génita, es decir, natural. El primer origen de la debilidad en la constitución individual, el segun- do procede de la educación ó género de vida, el tercero está en los acciden- tes que causan desórdenes en la or- ganización. La debilidad puede ser, por consiguiente, primitiva, acciden- tal, permanente ó transitoria. Las causas de la debilidad origina- ria son sumamente oscuras. Por más que la impresión de las trasmisiones hereditarias se observe por lo común en algunos individuos, no es raro el ver padres robustos procrear seres dé- biles y vice versa. Existen, sin em- bargo, grandes probabilidades de pos- teridad vigorosa, cuando los cónyu- ges, no siendo prematuro su casa- miento, están exentos de enfermeda- des hereditarias, bien constituidos y son de vida arreglada. El género de vida de la mujer, durante su embara- zo, no deja de tener grande influencia sobre la constitución del hijo. A me- nudo los hijos traen, durante toda la vida, la impresión de algún exceso ó de cualquiera accidente que vino á perturbar la preñez. La mala educación física y moral prolongada puede determinar el debi- litamiento de una constitución natu- ralmente robusta. La alimentación por sí sola basta á veces para impri- mir en la organización un sello indele- ble de fuerza ó de debilidad. La de- 619 DEDO DEBILIDAD bilidadgeneral no conoce después cau- sa más poderosa que la mala calidad ó la insuficiencia de los alimentos; la habitación en lugares sombríos, redu- cidos, húmedos, infectados de mias- mas; la inacción ó un ejercicio excesi- vo. La influencia pasajera de estas mismas causas puede dar lugar á una debilidad accidental que se cura con mayor ó menor facilidad; ademas es preciso añadir los excesos de todo gé- nero: el onanismo, los abusos vené- reos, la intemperancia en las bebidas y en la mesa, las fatigas del cuerpo y del espíritu, las pasiones, y en par- ticular las tristezas, el exceso de las vigilias, ó del sueño, etc. Los medios preventivos y curativos de la debilidad derivan directamente de la apreciación de sus causas. He- mos dicho ya cuáles son las condicio- nes más favorables para dar al niño una buena constitución; esto es: espo- sos sanos, ni muy jóvenes ni viejos, sobrios; un preñado exento de excesos y de accidentes, y el parto regular en tiempo oportuno. Cuando en medio de estas circunstancias ventajosas, el niño nace bien constituido, conviene desarrollar estas naturales disposiones, primero por la elección de una buena ama de leche, si la madre no puede criar; después por el cúmulo de cuida- dos higiénicos, de los cuales vamos á señalar los principales. Las cualida- des salutíferas de aire puro son esen- ciales á toda edad, y muy particular- mente á los recien nacidos. Por con- siguiente; no conviene dejarlos ex- puestos en una atmósfera estrecha, viciada por emanaciones y sin renova- cion. Preciso es ponerlos al aire libre, cuando el tiempo lo permite. Deben traer vestidos cómodos y anchos, é im- porta mucho dejarles 'desarrollar los movimientos compatibles con sus fuer- zas y su edad. Las comidas deben ser arregladas conforme al apetito; eví- tense cuanto se pueda las indigestio- nes y las sustancias de mala naturale- za. A los niños débiles conviene dar- les de cuando en cuando un poco de vino con agua y azúcar y alimentos nutritivos; caldos, huevos, papas, etc. Tales son las bases del régimen más apropiadas á mantener y desarrollar una buena constitución, y la volverán mejor cuando ella sea mala; este es régimen que conviene á todas las eda- des: aire bueno, alimentos sanos, ejer- cicio suficiente y nunca excesivo; eví- tense los excesos de todo género. Después de esto ¿qué podemos decir de la debilidad accidental y de los me- dios de corregirla? Conviene simple- mente remover las causas, sustituir conforme á la necesidad, el ocio por la vida activa, la fatiga por el descan- so, los excesos venéreos per la conti- nencia, la intemperancia por la sobrie- dad de los alimentos y bebidas; ó bien las privaciones por la alimentación nutritiva y por las bebidas tónicas. La causa más común de la debili- dad de nuestros órganos ó de nuestras facultades, proviene de la falta del ejercicio de estos órganos y de estas facultades. Debilidad de la vista. V. Vista. Decocto. V. Decocción y Coci- miento. Dedo. Llámanse dedos las piez DEDO 620 DEDO prolongaciones que dividen las extre- midades de las manos y de los piés. Los nombres de los dedos de la manos son, á contar del más grueso: pulgar, indice, medio, anular, y el quinto y . último, auricular ó meñique. Tanto los dedos de las manos como de los piés, cada uno tiene tres falanges á excepción del pulgar en las manos y del gordo en los piés, que no tienen más que dos.-La descripción anató- mica de los dedos de la mano se ha- lla en el artículo Dislocación de la mano. ENFERMEDADES DE LOS DEDOS DE LA MANO. Adherencias viciosas de los de- dos. Las quemaduras y las heridas son causas ordinarias de las adheren- cias délos dedos entre sí. Varias ope- raciones son necesarias para curar es- ta deformidad, que puede ser evitada con solo tener el cuidado de poner en- tre los dedos quemados tiras de lienzo fino de hilo. Anillo que oprime los dedos. V. tomo I. p. 155. Arrancamiento de los dedos. Los dedos arrancados dejan siempre una herida irregular, que no vierte mucha sangre, y comunica con la pal- ma de la mano ó con el antebrazo, según la altura en la cual se rompa el tendón flexor interno, comunmente arrancado con el dedo. Tratamiento. Conviene cortar con tijera los tejidos pendientes, y aplicar paños mojados en agua fría en los primeros dias; después continuar la curación con cataplasmas de linaza. Contractura de los dedos. V. to- mo 1. p. 529. Cortadura de los dedos. La cor- tadura de los dedos por cuchillo ú. otro instrumento afilado puede ser com- pleta ó incompleta. Aun en el caso de que la separación sea completa, conviene intentar la reunión de am- bos pedazos, porque existen hechos que prueban, que dedos cortados casi enteramente han podido unirse y cu- rarse. Dedos supernumerarios. Hay personas que tienen seis dedos; esta anomalía parece que hasta puede ser trasmitida de una en otra generación: por lo común el sexto dedo, que casi siempre se halla cerca del meñique, es meramente un apéndice incapaz de movimiento, y unido á la mano por un delgado pedicelo; entonces debe cortarse poco después del nacimiento. Esta operación no ofrece peligro. Cór- tase con tijera, ó con bisturí. Si es preciso el empleo del bisturí, hácese una ligera incisión circular en la base del dedo, se abre la articulación anor- mal, se separa el apéndice, y se junta la herida con puntos falsos. Dislocaciones ó luxaciones de los dedos. Véase el artículo Dislo- cación. Extensión permanente de los dedos. La extensión permanente de los dedos es mucho más rara que la flexión: suele ser consecuencia de la pérdida de sustancia de la piel en la cara dorsal de la mano, ó de la des- trucción de los tendones flexores por un panadizo ú otra causa. Cuando la deformidad depende de cicatriz viciosa, se corta la cicatriz, y DEDO 621 DEDO f íjase en la flexión el dedo al cual se ha devuelto la movilidad. Flexión permanente de los de- dos. Es determinada por las siguien- tes dolencias: Io Afecciones articulares. Las luxaciones no reducidas, los tumores blancos, los panadizos seguidos de an- quilósis, dejan á veces los dedos en un estado permanente de fluxión, que es incurable. 2? Cicatrices viciosas. Son las que se observan á consecuencia de las quemaduras de la palma de la ma- no, de gangrena, de heridas con pér- dida de sustancia; la retracción del te- jido de la cicatriz ocasiona la flexión de los dedos, que no pueden ser en- derezados. A veces se logra restable- cer todos los movimientos de los de- dos, ó por lo menos paite de ellos, haciendo la sección de las cicatrices; pero siempre debe temerse la recaída, porque la nueva cicatriz podrá produ- cir nueva flexión, por lo cual, después de la operación, se deben asegurar los dedos en la extensión, aun mucho después de haberse completado la ci- catrización. 3" Dolencias de los músculos ex- tensores. La disminución de la ener- gía de los músculos extensores, y á mayor lazon, su parálisis, la sección ó destrucción de sus tendones, son causas casi inevitables de la flexión permanente. Fácil es enderezar los dedos, pero la flexión vuelve á produ- cirse. En algunos casos se puede, por medio de aparatos, llegar á corregir este estado. En otros casos, el empleo de la electricidad ha sido muy útil contra la parálisis de los músculos extensores, 4o Retracción de la aponeurósis PALMAR Y DE LOS TEJIDOS DE LA PAL- MA DE LA MANO. Síntomas. Los dolientes suelen sentir desde luego calor y dolores en la palma de la mano; la piel se hace mas dura, menos extensible, no se le puede hacer un pligue; está unida por un tejido celular más adherente á los tejidos subyacentes; es menos móvil porque el tejido celular está también retraído y menos extensible que en el estado normal. Algún tiempo después se observa un encorvamiento que se pronuncia más de día en dia. Esta disposición es más marcada en los tres últimos dedos y sobre todo en el quinto. La primera falange es- tá doblada sobre el metacarpo, la se- gunda sobre la primera; la tercera no participa casi nunca de la dolencia. Por delante de los dedos malos se dis- tinguen bridas salientes, que partien- -do de la palma de la mano van á fi- jarse en la cara anterior de las dos primeras falanges, y pénense rígidas cuando se intenta enderezar los de- dos. Las articulaciones parecen sanas y movibles, por lo menos en los prin- cipios de la enfermedad. Causas. He aquí cómo se explica el desarrollo de esta enfermedad: Las personas que se ocupan de trabajos en los cuales la palma de las manos está generalmente sometida á presio- nes radas, tienen la piel de esta re- gión muy gruesa y resistente; en ellas también los filamentos célulo-fibrosos subcutáneos, cuya hipertrofia ó dege- DEDO 622 DEDO neracion fibrosa constituye la enfer- medad, son más desarrollados que en el estado normal. Si la mano, que se halla en estas condiciones, está con- denada á una larga inacción á conse- cuencia de una afección accidental, los dedos estarán á media flexión mientras el individuo no se sirva de la mano. En esta posición los haces celulares, que hasta entonces eran bastante largos para prestarse á la extensión completa de los dedos, acór- tanse y, cuando la mano queda libre, estos filamentos encogidos se oponen á la extensión completa. Según esta exposición, fácil es se- ñalar las causas predisponentes y de- terminantes de esta afección. Las primeras son las profesiones de agri- cultor, cochero, herrero, cargador ó mozo de cordel, etc. Se puede, pues, calcular que los hombres están más expuestos que las mujeres á contraer esta afección. Las causas predispo- nentes pueden, por sí solas, producir á veces la enfermedad. Entre las causas determinantes de esta afección, pueden citarse las he- ridas, las inflamaciones de la palma de la mano, las torceduras de las ar- ticulaciones de los dedos, las afecio- nes reumáticas, las fracturas de los dedos ó del antebrazo. Tratamiento. El tratamiento sue- le ser preservativo ó curativo. El pri- mero se emplea en la convalecencia de las afecciones cuyas causas han sido consignadas en las determinacio- nes de la retracción. Consiste en im- primir á los dedos movimientos repe- tidos de extensión luego que el esta- do de la parte afectada lo consienta; y si la menor tendencia de retracción viniere á manifestarse, necesaria será la aplicación de un aparato á propósi- to para mantener sujetos los dedos en la extensión completa; pero, si la enfermedad existe, solo puede curar- se por la sección de las bridas tendi- nosas. Esta operación no deja de te- ner peligro; á veces suele determinar la inflamación profunda de la mano y la exfoliadura de los tendones. Para evitar estos accidentes, se emplean irrigaciones de agua fría. Inmediata- mente después de la operación se fi- jan los dedos en la extensión sobre una tablilla hasta la cicatrización com- pleta. Fractura de los dedos. V. Frac- turas. Inflamación de los dedos. Las inflamaciones de ios dedos son cono- cidas con los nombres de uñero y de panadizo. Este es una inflama- ción profunda, que por lo común ter- mina por supuración; el uñero es una inflamación superficial de la piel al rededor de las uñas de los dedos, y mucho menos grave. El tratamiento de ambos consiste en baños de agua templada y cataplasmas de linaza; pero, en el panadizo, preciso es prac- ticar la incisión del tumor con bisturí. V. Panadizo y Uñero. Picadura, punzada de los dedos. Nada ofrece de notable. El tratamien- to consiste en la aplicación de paños mojados en agua fria; pero si el dedo se inflamara, preciso será aplicar una cataplasma de harina de linaza. Pisadura, machacadura y mole- DELIRIO 623 DELIRIO dura de los dedos. Los dedos de la mano están expuestos á ser pisados ó machacados, y hasta molidos por la acción de cuerpos pesados, contun- dentes, de alguna máquina ó de balas de anuas de fuego. A menudo el ci- rujano se ve obligado á recurrir á la amputación; pero veces hay en que se puede conservar el dedo. El mejor de los remedios para conseguirlo es el de la continuada aplicación de paños mojados en agua fria, mezclada con aguardiente alcanforado, durante los dos ó tres primeros dias. Pasado este tiempo, se aplicarán cataplasmas de linaza. Quemadura de los dedos. Nada ofrece que no haya sido manifestado ya en el artículo general á este pro- pósito. (V. Quemadura.) Unicamen- te hay que atender á impedir que los dedos se reunan entre sí viciosamen- te; por lo que, después de haber apli- cado el algodón en rama, que es el mejor remedio contra las quemadu- ras, necesario es separar los dedos por medio de tiras de lienzo fino de hilo colocadas entre ellos. ENFERMEDADES DE LOS DEDOS DEL PIÉ. La principal enfermedad de los de- dos del pié es la uña encarnada (véa- se esta palabra), que ataca comunmen- te al dedo gordo; para las demas en- fermedades véase Pié. Delirio, Desorden de las faculta- des mentales. El delirio afecta tres formas: Io delirio febril, que acompa- ña á las enfermedades agudas del ce- rebro y otras, y del cual trataremos exclusivamente en este lugar; 2° deli- rio de los locos, que es el carácter distintivo de la locura ó alienación mental, que va tratado en el artículo Locura; 3o delirio nervioso, propio de los borrachos, pero que también se XAXUXXxllVUVMJ Vk/Xl IXAVVAfO U.V llVlxllatJ ves, y del cual se tratará en el artícu- lo siguiente, consagrado aparte á ese delirio. El delirio febril se observa par- ticularmente, como acabamos de de- cir, en las afecciones agudas del cere- bro; pero otros órganos inflamados con violencia pueden obrar simpáticamen- te sobre el cerebro y provocar este fenómeno. Así, pues, la piel afectada de erisipela extensa, de viruelas, la inflamación del tuvo digestivo, la pul- monía, las pneumonías, etc., pueden determinar el delirio. Por último, ca- si todas las enfermedades agudas ó crónicas que terminan por la muerte van acompañadas de delirio; pocos enfermos mueren en cabal juicio. Síntomas. La invasión del delirio es comunmente anunciada por el in- somnio, dolor y pesantez de cabeza, vértigos, zumbido en los oídos, recru- descencia de los sufrimientos, un aire de espanto, cabeza ardorosa, cara ro- jiza y ojos brillantes, que no pueden soportar la luz viva sino con dificul- tad. Después aparecen sueños, agita- ción del ánimo, incoherencia extrema de las ideas, gritos, furor, visiones, susto, ó grande abatimiento y sombría taciturnidad, llantos ó carcajadas. A veces solo hay cortas ausencias de me- moria. Ora el doliente conoce si le cubren ó le descubren, ve los objetos exteriores, siente la impresión de la sed, etc.; ora, por el contrario, los sen- DELIRIO 624 DELIRIO tidos están desvanecidos completa- mente. Unas veces responde con ma- yor ó menor exactitud á las preguntas que se le dirigen, é indica el lugar de sus padecimientos; otras veces, por el contrario, hay completa ausencia, en- tera privación de discernimiento. En algunas ocasiones el delirio crece gra- dualmente hasta realizarse la pérdida ■de los sentidos, y se desvanece del mismo modo, de suerte que el enfer- mo llega insensiblemente á la razón. La postración, las convulsiones gene- rales, la parálisis, acompañan al deli- rio en el último grado de las inflama- ciones cerebrales. El delirio es continuo ó intermiten- te. Cuando es intermitente, la mayor parte de las veces se manifiesta con paroxismos febriles, que tienen lugar generalmente por la noche. Cuando el doliente recobra la razón, se en- cuentra fatigado, le duelen los miem- bros, siente sed, sus ojos y sus oídos son muy sensibles á la luz y á cual- quier ruido. La duración de los acce- sos de delirio varía deáde ménos de una hasta muchas horas, y se repiten á intervalos más ó ménos largos. Des- pués de haber vuelto á la razón, si el delirio ha sido intenso, el doliente no conserva comunmente la menor me- moria de lo que ha sentido, pensado ó hecho. El delirio que tiene lugar sin la pérdida de los sentidos, produ- ce el efecto de los sueños, y los en- fermos recuerdan casi todas las cir- cunstancias. Pronóstico. El delirio es general- mente un síntoma grave. Cuando la enfermedad, acompañada de delirio, ha llegado á este punto, debe inspi- rar temor. Los sueños que sobrevie- nen á veces en el acceso de la fiebre intermitente no deben inspirar la idea del peligro, y el delirio que se desa- rrolla bajo la influencia de causas dé- biles en las personas altamente ner- viosas, se disipa en general con mu- cha facilidad. Cuando el delirio se declara en una enfermedad lenta, co- mo en la tisis, por ejemplo, el peligro es grande y por lo común anuncio de muerte próxima. Cuando el delirio alterna con el sueño profundo, y está unido á la pos- tración de las fuerzas, á convulsiones, á parálisis, el pronóstico es fatal. Por el contrario, cuando el delirio existe sin tales desórdenes, no hay tanto que temer. Tratamiento, El tratamiento del delirio debe consistir solo en los me- dios que convienen á las afecciones de que este fenómeno depende. En general, siempre que accidentes tales como el delirio, convulsiones, postra- ción, etc., se siguen sin interrupción, exigen el empleo de los medios pro- pios á combatir la inflamación del ce- rebro. (V. Encefalitis.) Estos accidentes suelen ser inter- mitentes algunas veces y pertenecen aún á esta afección. El delirio simpá- tico, ocasionado por molestias crónicas y afecciones consumptivas que se aproximan al término, merece apénas atención. El delirio intermitente y simpático de afecciones agudas que vuelve y cesa con la exacerbación fe- bril, ó que, aunque continuo, es úni- camente acompañado de dolor y calor DELIRIO 625 DELIRIO de cabeza, puede ser combatido con sinapismos en las piernas, y aplicacio- nes sobre la cabeza de paños mojados en agua fria y vinagre; y al mismo tiempo conviene dirigir el tratamiento contra el órgano particularmente afec- tado. El delirio que es consecuencia de la pérdida considerable de sangre, así como las convulsiones y la síncope, procedentes de la misma causa, recla- ma cuidados especiales. El doliente debe estar acostado con la cabeza al- ta, el cuerpo será frotado con bayeta mojada en agua de Colonia, y después envuelto en mantas calientes; se le darán á oler esencias fuertes, tales como vinagre, álcali volátil ó éter, y se le introducirá en la boca un poco de sal común. El delirio que sobre- viene á los enfermos muy débiles, cuando están sentados ó levantados, desaparece poco tiempo después de acostarsé: la inspiración de olores fuertes les será también muy venta- josa. Delirio nervioso. Delirio tré- mulo. {Delirium tremens}, Delirio de los ebrios. Bajo estas diversas denominaciones se califica un delirio de naturaleza particular, ordinaria- mente producido por el abuso de los licores espirituosos, pero que se desa- rrolla también por causa de heridas, de operaciones graves, y á veces re- sulta de tentativas de suicidio, acom- pañado de agitación y temblor de los músculos, independiente de toda la influencia del cerebro. Síntomas. La invasión del delirio nervioso es en general súbita, sobre todo la producida por los licores aleo- hólicos, que comunmente se declara en la ocasión misma del abuso ó po- cos minutos después. A veces, sin em- bargo, hay síntomas precursores de su desarrollo, tales como: ansiedad, debi- lidad muscular, insomnio, dolor y pe- sadez de cabeza/ Pero precedido ó no de estos pródromos, el delirio llega y presenta las siguientes particularida- des: refiérese ordinariamente á las ocu- paciones habituales del doliente; unas veces es débil, y permite á los ataca- dos responder á las preguntas que se les dirigen; otras veces es furioso, se manifiesta en güitos y vociferaciones. Este delirio es continuo ó intermiten- te, y siempre acompañado de algunos síntomas generales, tales como tem- blor de los músculos, estremecimien- tos rápidos en los brazos, coloración de las facciones, rubicundez de los ojos y calor de la frente. Al mismo tiem- po los enfermos se ven atormentados por el insomnio. El temblor de los brazos es sobre todo característico: los pacientes no pueden llevar á la boca un vaso de agua sin verterlo. Pronóstico y duración. Estos fenó- menos generalmente duran poco, disí- panse á veces en 24 horas, y no se prolongan casi nunca más allá del vi- gésimo dia. La mayor parte de los do- lientes se restablecen; no obstante, báse visto terminar esta dolencia por la inflamación del cerebro, ó por la apoplegía, y ocasionar la muerte. Tratamiento, Las emisiones san- guíneas son peligrosas en esta dolen- cia; preciso es recurrir inmediatamen- te al opio. Se administra en píldoras y á la dosis de 2A centigramos (i gra- DENTELLADA 626 DENTICION no) de dos en dos horas, ó en lavati- vas. He aquí las recetas: Pildoras de opio. Extracto de opio ... 21 centígr. ( j grano ) Extracto d e regaliz 2^ centígr. (| grano ) Se hace una píldora, y como ella 5 más. Para tomar una de dos en dos horas, Lavativa opiada. Agua templada. 180 gram. (3 onz.) Láudano de Sy- denham 10 gotas. Tres lavativas semejantes por dia. Cualquiera que sea la forma del re- medio que se escoja, conviene conti- nuarlo hasta producir el sueño. El do- liente se adormece, y detpues de un sueño más ó menos largo, despiértase con buena salud y no le queda el me- nor recuerdo de lo que hubiere ocu- rrido durante el delirio. Casos hay en que el opio no es su- ficiente para curar este mal producido por la embriaguez; entonces se debe administrar el emético, con arreglo á la fórmula siguiente: Agua 500 gram. (16 onz.) Tártaro eméti- co 10 cent. (2 gran.) Se da una copa de esta bebida de media en media hora. Sobre la cabeza se aplican paños mojados en agua fría y vinagre. Demencia: V. Locura. Dentellada. Es una herida contu- sa. Conviene lavarla con agua fría, y después cubrirla con tafetán de Ingla- terra. Pero si la herida se inflamase, preciso será aplicar cataplasmas de li- naza, y, después de combatida la in- flamación, poner el tafetán. V. Heri- da. Si la dentellada hubiera sido produ- cida por un perro rabioso ó una ser- piente venenosa, lo primero que debe hacerse es lavarla con agua fría, é in- mediatamente proceder á su cauteri- zación con potasa cáustica, aceite de vitriolo ó cualquiera otra sustancia cauterizante. V. Serpientes, Rabia y Mordeduras de animales. Dentición. Bajo la palabra denti- ción se comprenden todos los fenóme- nos de la salida de los dientes. Estos fenómenos pueden ser normales ó morbosos: hay unos que son propios de la primera dentición, y otros que acom- pañan á la segunda. Fenómenos normales de la prime- ra dentición. Más de una vez se han visto nacer niños con uno ó más dien- tes. Luis XIV es uno de estos ejem- plos. A veces, por el contrario, la den- tición se retarda hasta el principio del segundo año, ó más aún; y lo mismo se han notado casos de no aparecer hasta la edad de once años. Pero, en general, los dientes principian á ma- nifestarse desde el sexto mes hasta fi- nes del primer año. Las encías se hin chan y enrojecen, el niño babea mu- cho; mete los dedos en la boca; hace movimientos de impaciencia, y llora frecuentemente. Las mejillas presen- tan á menudo rubicundeces, que apa- recen y desaparecen de una manera alternada. El orden de la salida de los dientes varía con frecuencia; he aquí, sin embargo, el que puede ser consi- derado como más general. Los dos in- DENTICION 627 DENTICION cisivos medios de la mandíbula inferior salen los primeros; quince dias ó tres semanas después aparecen los corres- pondientes de la mandíbula superior; después aparecen los dos delanteros laterales inferiores, luego los superio- res, y algunos meses más tarde se muestran, no los colmillos, como algu- nos autores han dicho, sino los prime- ros molares de abajo, y después los de arriba; por último; nacen los colmillos y los segundos molares pequeños. He aquí en qué orden y en qué épo ca salen por lo común los dientes pri- merizos: Del 4" al 10° mes, los cuatro incisi- vos centrales (delanteros), pero los de abajo primero. Del 6o al 12" mes, los cuatro incisi- vos (delanteros) laterales. Del 10" al 14" mes, los cuatro pri- meros molares. Del 12° al 20", los cuatro colmillos. Por dos años y medio á tres y me- dio, los segundos molares pequeños. Estos dientes suelen caer para ha- cer lugar á otros nuevos: se llaman dientes primitivos, dientes de leche, y dientes caducos ó temporales. A la terminación del quinto ó sexto año sa- len en cada mandíbula dos nuevos mo- lares permanentes, esto es, que no de- ben ser sustituidos, y que después son los primeros molares grandes. Fenómenos normales de la segun- da dentición. La renovación de los dientes de la primera dentición princi- pia á los siete años y se verifica en el mismo orden que el nacimiento de aquellos, si bien con mayor incerti- dumbre é irregularidad. A los doce años aparece el segundo molar gran- de; la salida del tercero se retarda ca- si á los 20 años, y de aquí el llamarle muela del juicio. La manifestación de este uieníe sueie á veces ser mas tar- día, y hasta suele quedarse sin salir jamas. He aquí el orden más común de la erupción de los dientes perma- nentes: De 5 á 6 años, los primeros mola- res grandes. De 6 á 8 años, los incisivos medios de abajo, luego los de arriba. De 7 á 9 años, los incisivos latera- les. De 10 á 12 años, los colmillos. De 9 á 11 años, los primeros y se- gundos molares pequeños. De 12 á 17 años, el segundo molar grande. De 20 á 24, los cuatro molares grandes ó del juicio. . DOLENCIAS DE LA PRIMERA DENTICION. La grande mortalidad que se obser- va en la niñez, y la dificultad que hay de reconocer la naturaleza de ciertas afecciones de la infancia han hecho adoptarla opinión de que la dentición es la causa principal de todas las do- lencias que afligen á la infancia y de la gran mortalidad que tiene lugar en los niños. Merced á esta cómoda preo- cupación, se hace responsable á la na- turaleza de muchos accidentes y de resultados funestos, que casi siempre dimanan de tratamientos mal aplica- dos, esto es, impropios. La dentición por sí sola no es una dolencia, sino más bien una función natural. Muchos ni- ños llegan al cabo de su dentición sin haber experimentado la menor alte- DENTICION 628 DENTICION racion en la salud. Sin embargo, exis- ten realmente algunos accidentes li- gados á estas funciones, y estos acci- dentes son locales ó generales; los pri- meros pueden hasta convertirse en causa directa de los segundos. El tratamiento de algunas dolen- cias producidas por la dentición en na- da difiere del de las mismas determi- nadas por otras causas, por consiguien- te, poco nos ocuparemos de este asun- to á semejante propósito: tales son vó- mitos diarreas y convulsiones'^ pero hay una dolencia que en este lugar exige una completa descripción y esta es la hinchazón de las encías. Io Hinchazón dolorosa de las en- cías. Las encías suelen á veces poner- se muy abultadas, de color rojo, y tan sensibles que los niños lanzan conti- nuos chillidos. Esta hinchazón va acompañada de rubicundez en las fac- ciones, ardor en la piel, sed abrasado- ra y soñolencia. La fiebre es continua ó interrumpida de tiempo en tiempo. Esta dolencia reclama bebidas muci- laginosas, como agua panada y coci- miento de arroz ó de cebada, dulcifi- cado con miel. Los baños generales templados son también muy provecho- sos. Al propio tiempo se debe entre- tener el vientre comente por medio de lavativas de cocimiento de linaza, mezclado con dos cucharadas de acei- te ó con miel: al mismo efecto, se pue- de dar un laxante suave, tal como 30 gramos (1 onza) de jarabe de achico- ria compuesto, ó de jarabe de rosas blancas. Hecho esto, se aplicarán si- napismos en los pies, á fin de atenuar la congestión de la cabeza y evitarla modorra y las convulsiones. Se debe hacer al niño que masque algún cuer- po, como la raíz de altea ó de regaliz, untadas en miel ó mojadas en agua con azúcar, para ablandar la encía y facilitar su perforación. Estos medios son suficientes, y jamas, en el tiempo de nuestra práctica, hemos tenido que recurrir á la incisión de la encía, que es aconsejada por algunos médicos. 2o Vómitos. Conviene prestar gran- de atención á los vómitos de los niños porque á menudo son el principio de alguna dolencia grave del cerebro ó del vientre: no se deben confundir, sin embargo, con los vómitos de leche procedentes del estado de excesiva alimentación, y los cuales no deben inspirar el menor recelo. Cuando los vómitos no esten acompañados ni de rubicundez en la lengua ni de sen- sibilidad en el vientre, bastará que el niño se limite á tomar las bebidas emolientes ó gomosas, como los coci- mientos de arroz, de cebada, etc., aro- matizados con agua de azahar. A ve- ces el jarabe de quina es conveniente en semejantes casos; se administra en la dosis de una cucharadilla, de tres en tres horas. He aquí la receta: Jarabe de quina. 60 gram. (2 onz.) 3o Diarrea. Al principio, cocimien- to de linaza, lavativas con cocimiento de raíz de altea, con clara de huevo, con almidón, cataplasmas de linaza en el vientre, y baños templados, bas- tante á menudo, á fin de atajar los progresos del mal. Si no obstante la diarrea se prolongase y pasara al es- tado crónico, preciso será en- tal caso recurrir á las bebidas un tanto astrin- DENTRIFICO 629 DENTRIFICO gentes: así, pues, se administraran co- cimientos de arroz ó de cebada con jarabe de limón ó de membrillo. El jarabe de quina dado á cucharaditas, el vino tinto en cortas cantidades, y los baños con plantas aromáticas, es- tán asimismo indicados en este caso. Si, á pesar de tales medios, la dolen- cia no cejara, se administrará la ipe- cacuana en polvo en la dosis de 40 centigramos (8 granos) para provocar los vómitos. 4o Convulsiones. V. 1.1. p. 545. 5o La primera dentición á menudo es acompañada de empeines de poca extensión en la cara y de tras de las orejas, de erupciones cutáneas que se manifiestan en los muslos y en las nal- gas, y son llamadas fuegos. Estas li- geras dolencias no exigen tratamiento particular, y desaparecen después de la salida de los dientes. Unicamente convienen los lavatorios con cocimien- to de linaza. DOLENCIAS DE LA SEGUNDA DENTICION. Ciertas dolencias, así como ciertos cambios constitutivos ó morales, se- ñalan esta época; pero seria temera- rio atribuirlas á la dentición. Si por caso se desarrollaran, efectos locales ó simpáticos semejantes á los de la pri- mera dentición, debe tener lugar idén- tico tratamiento. Dentrífico. P reparación farmacéu- tica en forma de polvos ó de opiata, destinada á limpiar y conservar los dientes. Nadie ignora que sobre los dientes se deposita, lo mismo que junto á las encías, una materia más ó ménos abundante, que se endurece y acumu- lándose allí irrita y despega las e n- cías, descarna los dientes, produce una deterioración de la boca, y es cau- sa del mal aliento; se la designa con el nombre de sarro de los dientes. El aseo es el medio y preservativo de es- te grave estado. Para mantener los dientes limpios, se emplean los polvos ó las • opiatas con que se frotan, mediante un cepi- llito más ó menos blando, ó de una esponja fina. Las recetas de polvos dentríficos son innumerables y cons- tan todas de carbonato y fosfato de cal, coral, magnesia calcinada, sales acidas, tales como crémor, tártaro, etc.; estos polvos son coloreados con cochinilla y aromatizados con esencia de menta, de clavillo; ó de otra esencia cualquiera. Las opiatas se preparan con los mismos polvos, mezclados con miel. En estas composiciones nunca deben entrar sustancias muy acidas, como el alumbre calcinado, el ácido tártrico, y mucho menos aun los áci- dos más enérgicos, que podrían destruir el esmalte de los dientes. La piedra pómez pulverizada es demasiado dura y puede destruir la sustancia denta- ria. Las cenizas de tabaco, el rapé, las heces del café, el papel quemado; en vez de blanquear los dientes pue den volverlos amarillos. Los polvos de raíz de lirio de Florencia puros, los de hueso de jibia, la magnesia calci- nada, constituyen el mejor dentrífico posible. El carbón de leña pulveriza- do puede usarse para destruir el mal aliento de la boca. Véase también el artículo Diente, donde se indican al- gunas recetas de polvos dentríficos, DEPURATIVOS 630 DERMIS de los cuales se puede usar provecho- samente. V. Agua dentífrica, to- mo I, pág. 57. Depilatorio. Se da este nombre á los cosméticos destinados á produ- cir la caída del cabello. Los depila- torios, en general, son preparaciones cáusticas en las cuales entra la cal vi- va ú otra cualquier sustancia alcali- na, sulfuro de arsénico, etc.' El rus- ma de los orientales, que es un de- pilatorio muy eficaz, se compone de: cal, 64 gramos; oropimente (sulfuro de arsénico), 16 gramos, que se hacen hervir en 500 gramos de una mezcla alcalina. Extiéndese sobre la piel, y algunos instantes después, una simple, locion con agua cadente hace caer todos los pelos.-Prepáranse tam- bién, con los mismos elementos, pol- vos depilatorios, que se disuelven en un poco de agua de jabón y se apli- can bajo la forma de pasta; añadién- doles almidón ó pasta de almendras dulces, su efecto en la piel es menos corrosivo. Se debe tener sumo cuidado en el empleo de estas materias ó prepara- ciones, porque el arsénico puede ser absorvido por los poros y producir un envenenamiento. Mejor es recurrir á la siguiente receta: Sulfuro sulfurado de calcio 30 gra- mos. Se aplica una ligera capa de estos polvos, mezclados con agua, sobre la piel de la cual hace caer el cabello; diez minutos después se lava con agua fría ó caliente, y la piel quéda rapa- da como si se hubiera afeitado. Depurativos. Durante el reinado | de la medicina humoral, que echó tan profundas raíces entre el vulgo, con el auxilio de ciertas sustancias ó de ciertos vegetales se creía poder de- sembarazar la sangre de las materias impuras que se suponían mezcladas con ella; de ahí viene el nombre de depurativos dado á algunos medica- mentos. Así losjw^o^ de yerbas, que por lo común se preparan mojándolas en un mortero, perifollo, berzos, achi- coria salvaje, lechuga, etc., y colando el jugo por un lienzo, son principal- mente recomendados, como depurati- vos, á las personas sujetas á enfer- medades de la piel. Las virtudes de estas plantas han sido exageradas; pe- ro no por eso deja de ser verdad que pueden ser útiles á los individuos ata- cados de empeines y erupciones, y que nunca pueden ser nocivas. Los robs, los jarabes, las mixturas, que los charlatanes ofrecen como depura- tivos al público, no son comunmente tan inofensivos. Los extractos concen- trados que contienen, los purgantes que que les agregan, en la mayor par- te de los casos, hácenlos á menudo muy perjudiciales. Derivativo. V. Revulsivo. Dermatosis. V. Empeine, Enfer- medades DE LA PIEL. Dermis ó Derma. Tejido que for- ma el cuerpo de la piel, y que cons- tituye casi todo su espesor. El dermis es la más profunda de las capas que constituyen la piel. Presenta el as- pecto de una membrana blanquecina, blanda, sin embargo muy resistente. Su cara interna está unida á les mús- culos por una capa de tejido laminoso. DERRAME 631 DESINFECCION La cara externa se ve cubierta por la membrana delgada llamada epider- mis. El dermis de la piel de ciertos animales, preparado por un curtidor, es lo que constituye el cuero. Derrame, Derramamiento. Efu- sión ó extravasación de un líquido en cualquier parte del cuerpo no desti- nada á contenerlo. Vamos* á aclarar esta definición: un órgano, el hígado, por ejemplo, sufre una contusión vio- lenta; la fuerza del golpe es tal que los vasos sanguíneos se rompen, la sangre contenida en ellos se escapa, reúnese en el punto en que ha tenido lugar el golpe, distiende, aparta la sustancia del órgano y forma un foco en su centro: es un derrame acciden- tal en una cavidad, producido por la sangre salida de sus vasos. Poco á po- co esta sangre concluye por ser absor- bida y el enfermo se cura. En la apoplegía hay ruptura de los vasos sanguíneos y derrame de la san- gre en el cerebro. A veces la materia del derrame sue- le ser pus ó serosidad. A causa de la inflamación de la membrana que in- teriormente guarnece el pecho (pleu- ra), se forma en el interior de ella un derrame de pus, llamado empiema. El derrame de serosidad en el vien- tre se llama hidropesía del vientre; en el pecho, hidropesía del pecho; en el corazón, hidropesía del corazón, etc. Los derrames desaparecen á menu- do por efecto de la absorción auxilia- da con medicamentos purgantes y diu- réticos; muchas veces, sin embargo, preciso es recurrir á operaciones á fin de dar salida al líquido derramado. Desate, ó Flujo del vientre. V. Diarrea. Descanso, V. Reposo. Descenso del ano. V. Ano. Desfallecimiento. V. Desmayo. Desgana. V. Hastío. Desgarradura del Perineo. V. Rasgadura. Desinfección. Operación por me- dio de la cual se destruyen las cua- lidades morbíficas del aire, que las paredes de un cuarto, la ropa y cual- quier objeto adquieren por la impreg- nación de las sustancias muy tenues, de naturaleza múltiple, comunmente designadas con los nombres de mias- mas, de emanaciones, de efluvios, etc. Los vapores de las sustancias odorí- feras quemadas, tales como el esplie- go, el vinagre, el succino, el incienso, el azúcar, etc., no son desinfectantes, porque no hacen más que ocultar por unos instantes los olores fétidos sin destruir los miasmas, y, en vez de purificarlo, vician más el aire; son por tanto nocivos, y nunca deberían usar- se. Lo mismo se podría decir de la combustión de la pólvora, prescindien- do ademas del movimiento que pro- duce en la atmósfera. El cloro, los cloruros de cal, de so- sa y de potasa, tienen, por el contra- rio, la propiedad de descomponer los miasmas pútridos y de neutralizarse sus efectos. El aire puede ser alterado por la combustión del carbón, por la aglo- meración de gentes ó de muchos ve- getales en un reducido espacio, por la fermentación del vino, por las fer- DESINFECCION 632 DESINFECCION mentaciones pútridas, y particular- mente en los lugares excusados, ca- ños y cloacas. Si el aire no está viciado sino en proporciones poco considerables de gas no respirable, basta con renovar- lo para desinfectar el lugar. La re- novación del aire se practica por me- dio de ventanas ó de otras aberturas situadas en las extremidades del es- pacio viciado. Cuando, á causa de la disposición de las localidades, la ven- tilación fuese más difícil, como en las cuevas profundas que no tienen más que una sola abertura superior, se modifica el procedimiento de la ma- nera siguiente: se introduce en la abertura única un tubo, del que una extremidad desciende hasta el fondo de la cueva, y la otra comunica con el aire libre; dispónese un fuego ac- tivo que se suspende en el local á uno .ó dos pies debajo del orificio. De es- ta manera el fuego dilata el aire si- tuado arriba y atrae el aire infecto de la cueva, el cual, á proporción que sube y sale atravesando el foco, es sustituido por el aire exterior que lle- ga á la excavación por medio del tu- bo que comunica con el aire exterior atmosférico.-Los poceros recurren á un medio todavía más sencillo, si bien de la misma naturaleza. Consiste en echar repetidas veces, en los pozos infestados, grandes ascuas encendi- das, hasta que su combustión pueda mantenerse con facilidad. A bordo de los navios empléanse diferentes clases de ventiladores para purificar, mediante la renovación, el aire de las calas. Cuando la insalubri- dad proviene de la presencia de gas ácido carbónico, se puede también añadir á los medios de ventilación el empleo del agua de cal, que absorbe prontamente este gas deletéreo. Cuando losgases ó emanaciones mias- máticas tienen grande intensidad ve- nenosa, como el aire mefítico de los lugares 'excusados, la ventilación no es bastante- por sí sola. Preciso es destruir el gas hidrógeno sulfurado, de cuya presencia dependen las pro- piedades nocivas de la atmósfera en dichos lugares. Se obtiene este resul- tado mediante las aspersiones y pro- yecciones en la cueva de cloruro de cal, y por la ventilación merced á un fuego que dilate el aire de la cueva, puesta en contacto con el aire exterior por medio del tubo que antes hemos mencionado. El aire puede ser viciado por las emanaciones de materias vegetales en descomposición, como acontece en las salas de los hospitales, cementerios, anfiteatros de anatomía, etc.; en este caso, preciso es echar mano de otros medios, y servirse de los vapores de cloro. He aquí la manera de desarro- llar el cloro, conforme al procedimien- to de Guyton de Morveau. Introdúce- se en diferentes cápsulas de barro la mezcla íntima de una parte de peróxi- do de manganeso y de 4 partes de sal común, pesados ambos en la balanza; de tiempo en tiempo se echan sobre estos polvos 2 partes de ácido sulfúri- co, diluido en otro tanto de agua, y se agita la mezcla. Colócanse las cápsu- las sobre cenizas calientes, y de cuan- do en cuando se llevan por las diferem DESINFECCION 633 DESINFECCION tes piezas ó lugares que se trata de desinfectar. Se entretienen estas fu- migaciones durante muchas horas, y se cierra perfectamente el local. Vein- te horas después se abren las puertas y ventanas y se renueva el aire. Por este medio se salubrifica el lugar más infecto. La ropa de uso se purifica colgándola en algún paraje en donde se produzca el gas cloro en abundan- cia. Si se trata de desinfectar la ma- dera del catre ó de otros muebles, án- tes de exponerlos á estas fumigacio- nes, se deben lavar con agua clorura- da, que se prepara del modo siguien- te: sobre 60 gramos de cloruro de cal seco, se echa litro y medio de agua, revuélvese y se deja á posar. Cuélase el líquido, y sobre los pozos se vuel- ve á echar un litro y medio de agua, reuniendo después estas dos solucio- nes. Los vapores del cloro desenvueltos, esto es, producidos ó desarrollados se- gún el procedimiento guytoniano, no pueden emplearse sino en lugares in- habitados, á causa de su acción irritan1 te sobre los órganos pulmonares: para los cuartos habitados se emplean los cloruros, y se colocan de distancia en distancia platos con disolución concen- trada de cloruro de cal (preparada co- mo se ha dicho más arriba); se puede también rociarlos con una disolución más diluida (un litro de solución con- centrada dilatado en 12 litros de agua), ó con agua de Labarraque. De esta manera se desinfectan las letri- nas, los hospitales, los cuartos de los enfermos, proporcionando siempre la cantidad de cloro á la intensidad de los miasmas. El desarrollo del cloro húmedo, que se opera gradualmente, no tiene los inconvenientes del cloro de las fumigaciones; hasta su acción suele ser ventajosa á los individuos afectados de bronquitis y de tisis, y abre el apetito a las personas que dis- frutan de buena salud. Cuando se trata únicamente de pu- rificar la ropa impregnada de humo de tabaco ó de algún otro olor desagrada- ble, basta colgarla toda en un armario, dentro del cual se colocan dos platos con 60 gramos de cloruro de cal seco, y se cierra el armario. Seis horas bas- tan para destruir el olor del tabaco ó cualquier otro. Para la desinfección de las aguas y de las carnes que han principiado á en- trar en descomposición, se emplea el carbón de leña con una extraordinaria ventaja. V. Carbón. Digamos, recapitulando, cómo ac- túan los diferentes agentes de desin- fección. La ventilación renueva el ai- re y lleva á la inmensidad atmosférica el aire de los espacios circunscritos que están infectados, El agua de cal absorbe el ácido carbónico, sea cual fuere la causa que lo produzca. El cloro descompone el hidrógeno sulfu- rado y todos los miasmas pútridos, apoderándose de uno de sus principios constituyentes, el hidrógeno con el cual se combina, para formar el ácido clorhídrico. El carbón, por último, destruye la corrupción de las aguas y el olor infecto de las materias vege- tales ó animales en descomposición, absorbiendo los gases deletéreos que DESMAYO 634 DESMAYO resultan de estas descomposiciones. Hay aún otras sustancias que obran químicamente como desinfectantes'. así el sulfato de hierro, el sulfato de zinc y el carbón neutralizan las ema- naciones de las letrinas; el alumbre destruye el olor amoniacal de la orina; el hipoclorito de cal el olor de las ma- terias animales en putrefacción. Polvos para desinfectar las mate- rias fecales. Sulfato de hierro, 100 partes; sulfato ele cal, 130; sulfato de zinc, 5; carbón de leña, 5.-20 gramos (5 dracmas) de estos polvos echados en una vasija la desinfectan. Otra receta. El sulfato de hierro reducido á polvo, y echado en una le- trina en cantidad suficiente, desinfec- ta en seguida las materias fecales. También se puede emplear disuelto en agua. Obtiénese el mismo efecto echando en la letrina sulfato de zinc pulverizado. Otra receta. Sulfato de hierro, 1 ki- logramo; agua 8 litros. Disuélvase y viértase esta solución en el lugar in- fectado, ó empléese en lavatorias con esponja. Otra receta. Sulfato de zinc, 1 ki- logramo; agua, 8 litros. Hágase como en la receta precedente. Otra receta. Cloruro de zinc, 1 par- te; agua caliente, 40 partes. Disuél- vese y se emplea del mismo modo. Desmayo, Deliquio, Desfalleci- miento, Síncope. De este modo se de- signa la pérdida más ó menos comple- ta de los sentidos y del movimiento. En el desmayo y el deliquio ó desfa- llecimiento, la respiración y los movi- mientos del corazón continúan ejer- ciándose, si bien en un grado mucho más débil que en el estado normal. El desmayo es el primer grado del síncope, en el cual,'ademas de la pér- dida de los sentidos y del movimien- to, hay cesación completa de la circu- lación y de la respiración. La fuente de estos accidentes es siempre la mis- ma; reside en la disminución ó suspen- sión de los movimientos del corazón, y las palabras desmayo, deliquio, ó desfallecimiento, y síncope, en el len- guaje común, suelen tomarse á menu- do como sinónimos. El desmayo se llama también vulgarmente vahído] así suele decirse le dió un vahído, lo cual significa que la persona cayó des- mayada. A veces el síncope sobreviene de repente sin que le preceda ninguna señal, y entonces el cuerpo queda sú- bitamente sin movimiento, sin senti- miento y como privado de vida. Sin embargo, casi siempre este accidente llega precedido de síntomas que anun- cian su inminencia ó su invasión. La primera sensación tiene lugar comun- mente en la región del corazón: la vis- ta se oscurece, los oídos zumban, las facciones palidecen, el cuerpo se baña de un sudor frío: el doliente oye todo cuanto se habla cerca de él, pero no puede decir una palabra (desmayo). Un instante después, todo se borra, hasta el sentimiento íntimo de la exis- tencia: la luz, los sonidos, los olores, los sabores, las impresiones del tacto, dejan de ser percibidos; el doliente pierde hasta la confusa conciencia de su existencia (deliquio). Si el mal pro- gresa, todas las manifestaciones vita- DESMAYO 635 DESMAYO les se interrumpen: las pulsaciones ar- teriales y del corazón, al principio len- tas, se hacen imperceptibles; el pecho queda inmóbil, el semblante pálido, el cuerpo frió, y, abandonado á su pro, pió peso, cae sin sentimiento ( sínco- pe). Este estado de muerte aparente, que produce el síncope, no difiere de la muerte real sino por la continua- ción de las funciones internas, tales como la absorción, la nutrición y las secreciones. Pero si semejante estado persistiese largo tiempo, todas las fun- ciones internas se paralizarían, y la muerte verdadera sucedería inevita- blemente á esta apariencia mortal; pe- ro en la mayor parte de los casos este eclipse de la vida es momentáneo, no dura más que algunos minutos, y en muchos de ellos se limita á algunos segundos. También se ha visto, aun- que raras veces, prolongarse por mu- chas horas el síncope y hasta durar dias enteros, como sucede en el histe rismo. El estado de síncope prolonga- do ha dado á veces lugar á errores de- plorables; algunos individuos han sido enterrados vivos. Enelartículo Muer- te se indican las señales que distin- guen la muerte aparente de la verda-1 dera, que puede servir de cautela con- tra esos desgraciados engaños. Fuera de esto, el síncope raras veces suele ser peligroso. El síncope no viene acompañado de dolor; la impresión de languidez que le precede en ciertos casos, lejos de ser penosa, puede no hallarse exenta de placer. Al vol- ver en sí, después del síncope produ- cido por una caída de caballo, el ilus- tre Montaigne tuvo gratos recuerdos de la agradable sensación que experi- mentó durante esa ausencia rápida de la vida. "El sentimiento de dulce lan- guidez y de paz profunda (dice en un sensible acceso de melancolía el Dr. Chamberet), que me acuerdo haber experimentado en un síncope análogo, que me sobrevino sin causa conocida en un paseo, á la edad de 22 años, go- zando de buena sulud, solo me dejó el pesar de no haber traspasado los lí- mites de la eternidad, y no contribu- yó poco á reconciliarme con la idea generalmente tan espantosa de la muerte, de la cual el síncope me pa- rece ser una imágen." Uno de los errores más graves que pueden cometerse en el síncope, con- siste en confundirlo con la congestión cerebral, ó ataque de apoplegía, pues el tratamiento que es aplicable á esta enfermedad seria capaz de hacer mor- tal el síncope. He aquí sus caractére- res distintivos: el pulso y la respira- ción no cesan de repente en las con- gestiones y en las apoplegías cerebra- les (al menos cuando no son fulminan- tes), y ademas la cara se queda gene- ralmente encarnada. En la asfixia, que también tiene grande semejanza con el síncope, para disipar toda con- susion, existe la alteración del aire por la combustión del carbón ó por los otros gases irrespirables, y existe también casi siempre el color morado en las facciones. Los movimientos convulsivos y la conservación del pul- so son los caracteres que distinguen la epilepsia y el histerismo del síncope. También se diferencia de la catalep- DESMAYO 636 DESMAYO sia y del letargo, porque en estas dos afecciones la circulación de la sangre es apreciable. Verdad es, no obstante, que el fin de los accesos histéricos y catalépticos es á veces parecido á la muerte aparente y al síncope; pero las circunstancias antecedentes impiden la confusión; ademas de esto, en tan graves circunstancias, el tratamiento no es muy diferente. Causas. El síncope en sus diversos grados, procede siempre como se ha dicho, de la debilidad ó de la suspen- sión de los movimientos del corazón, que no manda la sangre en cantidad suficiente para estimular el cere- bro. Las causas de este accidente son nu- merosas y su apreciación muy impor tante para establecer el pronóstico. Entre las más graves, preciso es con- tar desde luego las lesiones más re- cientes ó antiguas del corazón, como heridas, aneurismas é inflamaciones de este órgano. El desmayo es un ac- cidente muy común de las sangrías y de las hemorragias abundantes. Las extraordinaria debilidad que procede de dolencias, de evacuaciones excesi- vas, espontáneas ó provocadas, es la causa frecuente de los desmayos ó de los síncopes. El deliquio toma á veces su origen en una indigestión. Las in- fluencias directas sobre el sistema ner- vioso contribuyen mucho á producir este accidente, provocando espasmos- que suspenden la circulación: estas in- fluencias son las sensaciones, las emo- ciones y las pasiones excesivas de pla- cer ó de dolor. Individuos hay en que la sensibilidad es tan viva y tan per- vertida, y la constitución tan delicada, que les basta oir, ver, oler, gustar ó tocar los objetos más inocentes, para caer desmayados. Pronóstico. Regla general: el sín- cope, por sí mismo, es un accidente más atemorizado!' que peligroso. Si no obstante procediera de una herida penetrante del pecho ó del vientre, debe temerse entonces la existencia de una lesión del corazón ó de algún ór- gano importante, una hemorragia in- terna, que puede ser seguido de muerte. El pronóstico es malo en las afec- ciones cardíacas ó del corazón. El sín- cope inspira con justicia vivas inquie- tudes, cuando sucede á hemorragias excesivas: sin embargo, también es un medio del cual se sirve la naturaleza para atajarlas, puesto que estas he- morragias se suspenden en el momen- to del síncope. Cuando el síncope so- breviene después del parto, conviene examinar si no es ocasionado por un derrame sanguíneo en lo interior del útero; porque en este caso seria su- mamente grave. Pero semejentes ca- sos peligrosos de síncope son, afortu- nadamente, muy raros. El síncope que es consecuencia de una sangría, de un parto sin hemorragia, de la eva- cuación de las aguas en un hidrópico, de los vómitos y de las diarreas inmo- deradas, de la abstinencia ó de un ré- gimen muy parco, de una indigestión, de la acción de un calor sofocante y de una atmósfera alterada, de los abu- sos venéreos, de una carrera precipi- tada, de la fatiga física ó mental exce- sivas, de una emoción de dolor ó de DESTETE 637 DESTILACION placer, etc., este síncope rara vez es grave, y no tarda en disiparse. Tratamiento. Lo primero que debe hacerse contra el síncope, es ponerla persona en posición horizontal. Pol- lo común, en las primeras señales del desmayo, basta asentarla si está de pié, ó acostarla sobre las costillas para evitar el síncope. Al mismo tiempo se practican aspersiones de agua fría sobre la cara, y se hace inspirar al pa- ciente algún olor, acercándole á las narices un frasco con vinagre, agua de Colonia, éter, ó introduciéndole rapé en la nariz. Si el síncope se prolon- gase, preciso será quitar todos los ves- tidos, todas las ataduras que pueden impedir la circulación, exponer la ca- ra del paciente al aire Ubre y fresco, calentarle las partes que se le enfria- ren, frotándolas con bayeta caliente, aplicándole botellas de agua caliente y sinapismos en los brazos, las piernas y los piés. Si el síncope sobreviniere durante una sangría ó una hemorra- gia, bastará aplicar una venda sobre la cisura de la lanceta, ó sobre la he- rida de donde fluye la sangre, y dejar al doliente en posición horizontal, sin almohada, para ver cesar en breve ese estado. Así que el doliente ha reco- brado el uso de los sentidos, si se sin- tiese débil se le dará una ó dos cucha- radas de vino generoso, ó una taza de caldo ó de té. Desobstvueutes. V. Aperitivos. Desolladura. V. Escoriación. Despeño. Flujo de vientre, dia- rrea. V. Diarrea. Destete. Acción por medio de la cual se priva el niño de la leche de pecho, y se le clan alimentos más so- lidos. La época en que se dehe des- tetar al niño, no puede ser fijada de una manera absoluta. El desarrollo del mismo niño y la falta de leche en el ama, deben servir de datos para esta determinación. Los antiguos pen- saban que esta época debia ser mar- cada cuando el niño tuviese veinte dientes; pero en algunos esa época se- ria demasiado tardía. Algunas perso- nas exigen la erupción de los colmi- llos; nada de esto es de rigor, y, en general, el intervalo entre un año y año y medio es el en que se debe des- tetar el niño. Para los cuidados y pre- cauciones que entonces deben tomar- se tanto con el niño como con el ama de leche, véase el artículo Amaman- tamiento, tomo I, pág. 112. Destilación. Con este nombre se designa la operación que se hace en un aparato llamado alambique, por medio de la cual, y mediante la pro- ducción de vapor por la ebullición, se separa un líquido volátil de las ma- terias fijas no volátiles, ó de un líqui- do cuya ebullicion'se opera en tempe- ratura diferente del primero. Los vapores vienen á condensarse en un vaso llamado resfviador, bajo forma de un líquido que corre á de- positarse en un vaso llamado recipien- te. En los laboratorios de química, la destilación no se hace generalmente por medio de alambique, sino por me- dio de retorta. La destilación es el medio por el cual se extrae el alcohol del vino, el aguardiente de la caña de azúcar, del arroz, de la patata, de las simientes cereales; las esencias de las DESTRINA 638 DIABETES plantas odoríferas, etc. V. Alambi- que, tomo I., p. 83. Destrina. Sustancia de naturaleza gomosa, bajo la forma de polvo blan- co-amarillento, que se obtiene expo- niendo el almidón ó la fécula en los hornos á una temperatura de 150° á 200°. La destrina se emplea en los aparatos inamovibles, en la curación de las fracturas de los miembros. Hé aquí como se procede: Se echa en una cacerola la cantidad suficiente de des- trina que se trata de emplear, y se pulverizan los granos que la humedad forma á veces en esta sustancia. Se echa después aguardiente alcanforado en cantidad suficiente para formar masa espesa, que es necesario amasar hasta que la superficie principie á pe- garse á los dedos. Echanse después cortas porciones de agua, que se in- corporan sucesivamente amasando de nuevo; poco á poco se añade así bas- tante agua para tener un líquido de la consistencia de la miel. Las pro- porciones que el Dr. Velpeau señala como las mejores son: destrina, 100 partes; aguardiente alcanforado, 60 partes; agua, 50 partes. Para una fractura de muslo- son necesarios 500 gramos (16 onzas) de destrina; para la pierna 300 gramos (10 onzas), pa- ra el brazo 180 gramos (6 onzas) y lo mismo para el antebrazo. Al aplicar el aparato conviene: Io mojar ligeramente las vendas en esta mezcla; 2° aplicar con precaución las vendas, y cubrir el aparato con lo res- tante. de la mezcla; 3o suspender el miembro sobre dos ó tres vendas un- tadas con cerato, para que no se pe- guen al aparato que en breve tiempo estará seco. Desvanecimiento. Debilidad, per- turbación, vahído, vértigo, trastorno de cabeza ó sentido, desmayo, etc. V. Desmayo. Detergente. Se da este nombre, que deriva de detergerá (limpiar), á los tópicos propios para limpiar las heridas y las úlceras. En general lo son los tópicos estimulantes, que ani- man las superficies en supuración, re- lajadas y reblandecidas, favorecen la separación de las materias que las cu- bren, y concluyen por determinar una excitación en las carnes, favorable á la cicatrización. Diábetes, Glicosuria ó Glucosu- ria. Afección caracterizada por la se- creción abundante de orina, la cual contiene materia sacarina cristaliza- ble, análoga al azúcar de fécula, acom- pañada de aumento notable de apeti- to, de sed inextinguible y de enfla- quecimiento progresivo. No hay que confundir esta dolencia con el flujo abundante de orina, no dulce, llamado poliuria] en esta última afección la orina no tiene la misma composición que en el diábetes; trataremos de ella en el artículo Flujo de orina. Causas. El diábetes es mucho más común en los climas húmedos y frios que en otras regiones. Atribúyese es- ta dolencia al uso de las bebidas ácueas, como la cerveza, la sidra; el abuso de los licores alcohólicos, de los medicamentos diuréticos, á los exce- sos venéreos, á supresión súbita de un empeine ó de la traspiración cutánea, y á la equitación prolongada. Per© la DIABETES 639 DIABETES causa esencial de esta singular afec- ción no es conocida; no se sabe si se debe suponer una lesión especial de los riñones, una especie de descompo- sición de la sangre, una enfermedad del estómago, ó una alteración más ó ménos general de la economía. Todas estas opiniones han sido discutidas sin hallarse bastante elucidadas. Síntomas. El diábetes principia casi siempre de una manera oscura. Los enfermos, después de habar ex- perimentado durante más ó ménos tiempo algunas molestias en la salud, disminución de gordura y de fuerzas, saliva espesa, aumento de sed, descu- bren notable mudanza en la secreción de la orina. Esta aumenta, en efecto, progresivamente en cantidad, á tal punto que ciertos enfermos vierten hasta 50 y aun 60 litros de orina en 24 horas; el mayor número producen solo de 5 á 8 litros diarios. Sin em- bargo, esta superabundancia de orina no es un fenómeno absoluto. En al- gunos casos, raros en verdad, se ven diabéticos en quienes la orina no es mas abundante que en el estado nor- mal de buena salud. Si entonces con- tiene mucho azúcar, puede tener el aspecto de un jarabe claro. • La cantidad de orina excretada es- tá casi siempre en relación con las de las bebidas ingeridas en el estómago, durante veinticuatro horas; cítanse, no obstante, algunos casos en los cua- les la proporción de orina vertida en un tiempo dado estaba en la razón de 5 á 1 con la cantidad de bebidas tomadas en el mismo espacio; pero es- tos hechos son excepcionales. Cual- quiera que sea la cantidad de orina excretada, este líquido tiene propie- dades físicas y químicas notables. Es menos encarnado que la orina regu- lar, carece casi de olor, ó lo tiene se- mejante al del suero de leche; conser- vada, no exhala, ó apenas exhala un olor amoniacal al cabo de algunas ho- ras; espuma cuando se le agita, y su sabor es dulce, su peso específico con- siderable: varia entre 1,020 y 1,074 en la temperatura de 12° centígrados. En el estado normal la orina es de sa- bor salino y amargo; pesa de 1,005 á 1,030, siendo el peso del agua repre- sentado por 1. El azúcar extraido de la orina de los diabéticos, es parecido al azúcar de fécula, y se halla en mayor ó me- nor abundandancia. La análisis ha descubierto en algunas orinas un sé- timo de su peso: la mayor parte de las veces contiene un trigésimo. Casi todos los diabéticos tienen apetito irregular, voraz; les gusta el azúcar, el pan y otros alimentos fecu- lentos. La sed es aun más enérgica que el hambre en ellos: es uno de los primeros síntomas que llaman la aten- ción del enfermo y del médico. A pe- sar de la gran voracidad, casi todos los dolientes digieren con facilidad las can- tidades, á veces enormes, de alimentos que devoran; todavía algunos indivi- duos, sobre todo en el período avanza- do del mal, tienen digestiones laborio- sas y acedías, dureza de vientre ó dia- rrea, y, á veces vómitos. También en estos casos excepcionales, la lengua se cubre de una capa blanca, las encías se ponen blandas y sanguinolentas, y DIABETES 640 DIABETES el aliento toma un olor ácido pene- trante. En medio de estos síntomas, el pulpo no es frecuente; pero la piel se presenta seca, y la traspiración ca- si nula. Las fuerzas y la gordura dis- minuyen; los enfermos caen en la tris- teza y el abatimiento; su vista se de- bilita; algunos se ven sometidos por la gota serena; muchos de ellos pier- den prematuramente la energía viril; sus dientes se caen sin que su tejido haya sido alterado. Casi siempre la enfermedad conti- núa durante uno ó algunos años; por excepción puede existir veinte ó vein- ticinco años, sin perturbar de un mo- do notable las funciones, conservando los individuos casi la gordura natural y todas sus fuerzas. Pero esta ventu- rosa excepción no puede destruir la regla general: más tarde ó más tem- prano la constitución concluye por en- flaquecer y debilitarse, y los dolientes decaen de una manera profunda. La presencia del azúcar en la ori- na constituye la señal característica del diábetes; pero no obstante mu- chas veces es difícil conocer la enfer- medad en sus principios. Puédese sospechar la existencia del diábetes por la existencia en las camisas ó so- bre las ropas que están en contacto con la orina, manchas blanquecinas, vis- cosas ah principio, y que dan consis- tencia á la ropa después de secarse. Estas manchas resultan de un depó- sito de azúcar. A veces se encuentra en los vestidos verdaderos cristales. El médico debe siempre examinar atentamente las orinas de todo dolien- te que pierde su vigor sin presentar una causa que lo justifique, y que se queja de tener mucha sed. Una persona que bebe con exceso, que se fatiga con facilidad, que orina con abundancia, y cuya vista se debi- lita hasta el punto de no permitir la lectura sin anteojos, tiene diabetes ó puede tener en los ojos las alteracio- nes de la amaurosis diabética. No se deben considerar como dia- béticas aquellas personas que pasa- jeramente tienen azúcar en la orina, después de una fatiga violenta, en el estado de gestación ó de digestión, porque este diabetes intermitente no tiene graves consecuencias: el verda- dero diabetes es aquel que, siendo continuo, produce enflaquecimiento y debilidad. Existen varios modos de conocer la presencia del azúcar en las orinas. Se puede evaporar el líquido á la tem- peratura de 30° centígrados; se expo- ne después en lugar seco á la evapo- ración espontánea; en esta operación se forman cristales más ó ménos rápi- damente, según la mayor ó menor cantidad de azúcar que exista en la orina. Otro medio más expeditivo es el siguiente: en la orina, puesta en un tubo de vidrio, se mete un pedazo dé potasa cáustica, y se calienta á la lla- ma de una lámpara de alcohol. Así que el líquido diabético entra en ebu- llición, toma el color rojo encendido, que no presenta ninguna de las de- mas orinas sometidas á idéntica expe- riencia. Este color es muy visible, y está en relación con la cantidad de azúcar contenida en la orina. Este DIABETES DIAMANTE 641 modo es sencillo é infalible. El color rojo se explica por la destrucción del azúcar, que de esta manera queda re- ducido á caramelo. Tratamiento. En el tratamiento de los diabéticos conviene: Io excluir de la alimentación, tanto cuanto fue- re posible, las sustancias feculentas, tales como fréjoles, patatas, pan; 2" hacer uso de alimentos opuestos por naturaleza á los precedentes, tales co- mo las carnes de toda clase, huevos, pescados, queso, hortalizas, achicoria, lechuga, acederas, espárragos, alca- chofas, berzas, espinacas, diversas en- saladas, frutas ácidas; 3o comer pan preparado con gluten; caldo de carne de vaca con gluten en granos; 4o ha- cer uso del vino, de las bebidas espi- rituosas; del té y café, pero con muy corta cantidad de azúcar; 5o privarse de la leche, pero servirse de toda cla- se de quesos; 6? abstenerse- de la cer- veza, pasas, pastelillos y dulces. En- tre los medicamentos empleados con- tra el diábetes, los más convenientes son el bicarbonato de sosa y la mag- nesia calcinada. Hé aquí la receta: Bicarbonato de sosa. 60 gram, (2 onz.). Divídese en 30 papeles. Para to- mar tres papeles por dia, en una taza de agua fria; un papel por la mañana, otro al medio dia y el tercero por la noche. El enfermo debe observar todos los dias sus orinas, haciéndolas hervir con potasa, como lo hemos explicado más arriba, para ver si la cantidad de azú- car en ellas contenida va disminu- yendo. Si al cabo de veinte dias de este tratamiento no se conociese mejoría, se recurre á la magnesia calcinada, según esta receta: Magnesia cal- cinada 30 gramos (1 onza). Agua natural.. 270 gramos (9 onzas). Tritúrese la magnesia con el agua, se cuece, revolviendo sin cesar con cuchara de plata, y se cuela por lien- zo. Dosis: una cucharada, por la ma- ñana. El ejercicio es un complemento útil de este tratamiento, así como tam- bién los baños de rio y de mar. La hidroterapia es asimismo provechosa en esta enfermedad. Otro tanto dire- mos de las fricciones por todo el cuer- po con bayeta seca, ó empapada en agua de Colonia. Las aguas alcalinas son de incues- tionable virtud contra el diabetes j las de Vichy y las de Carlsbad han cu- rado á muchos diabéticos. En Espa- ña puede hacerse uso de las aguas de Alhama de Aragón, Arnedillo, Caldas 0 7 i de Estrach, Caldas de Oviedo, Fortu- na é Ibero. Diaforéticos. V. Sudoríficos. Diagnóstico. Parte de la medici- na que tiene por por objeto la distin- ción de las enfermedades, el conoci- miento de las señales propias á cada una de ellas. Diamante. Sustancia mineral, cé- lebre por su dureza, brillo é inaltera- bilidad. Según la análisis química, el diamante no es otra cosa sino carbón ó carbono cristalizado. Es el más du- ro de los cuerpos conocidos; los raya todos sin que pueda rayarlo ninguno DIAMANTE 642 DIAMANTE de ellos. Este carácter junto á su tras- parencia, á su brillo y á su densidad, que es de 3, 5, basta para distinguir- lo de todas las otras piedras preciosas. No hay líquido que pueda disolverlo; noesvolátil,infusible. Por lo común no tiene color; pero suele á veces ti- rar un tanto al amarillo, verde ó ce- niciento; cuando estas coloraciones no son muy fuertes desaparecen por la lapidación, sobre todo en los diaman- tes de corta dimensión. El color azul es sumamente raro. Conócese un dia- mante azul de 4| quilates (922 mili- gramos), perteneciente al Sr. Hope, banquero holandés; ha sido valuado en más de 600,000 francos. Por últi- mo, hay diamantes negros, que parece son más duros que los otros; están for- mados de cristales pequeños agrupa- dos de una manera irregular; su lapi- dación es muy difícil. El diamante suele hallase en gra- nos irregulármente redondeados, ó en cristales de forma cúbica, octaédrica regular ó decaédrica romboidal, en los terrenos de aluvión, 6 en las are- nas. Los primeros fueron descubiertos en las Indias orientales, en los reinos de Visapor y de Golconda; pero en la ac- tualidad se explotan casi exclusiva- mente en el Brasil, que provee anual- mente al comercio de 5 á 6 kilósra- mos, peso que la lapidación reduce á 160 ó 180 gramos. En 1850 se en- contró en la Siberia, en las arenas del rio Ural, una clase de diamantes que tiene gran analogía con los que se ex- plotan en las Indias y en el Brasil. El diamante no ha sido nunca encon- trado en el lugar en que se forma, en medio de su ganga natural. En el centro de un monton de cas- cajos rodados, el diamante conserva, por su dureza, la forma casi cristalina; solamente los ángulos están un tanto romos. Para sacar el diamante de es- tas arenas, se lavan en agua; las par- tículas más tenues son arrastradas; y queda únicamente un cascajo diaman- tino, del cual se entresacan los dia- mantes á mano. Los diamantes bru- tos, así obtenidos, son entregados al comercio para someterlos á la lapida- ción, operación que se hace por medio del polvo del diamante aplicado en la superficie de una lámina do acero; de esta manera se desgasta poco á poco el diamante, y se le hacen en la su- perficie las facetas destinadas á pro- ducir un brillo extraordinario. En la lapidación el diamante pierde generalmente la mitad de su peso, pero su valor aumenta mucho. Este valor aumenta considerablemente en los diamantes de gran volúmen, por- que estos son muy raros. Los diaman- tes brutos de un peso menor de l qui- late (205 miligramos ó 4 granos) va- len en París, en suertes ó en lotes, de SO á 100 francos el quilate; lapi- dados, esto es, labrados, valen de 200 ó 250 francos. Pero así que pesan 1 quilate, los diamantes labrados suben mucho de precio. Un diamante labrado de 1 quilate, vale de 350 á 450 francos; de 2 qui- lates, 1,500 á 1,800 francos; de 3 qui- lates, 3,000 á 3,500 francos; de 8 qui- lates, 15,000 á 20,000 francos. DIAMANTE 643 DIAMANTE Arriba de este peso, los diamantes se hacen raros, y solo se conocen los que poseen algunos príncipes, y cuyo peso excede de 100 quilates. El fa- moso diamante llamado el Sancy, de 33 quilates (6 gramos 76 centigra- mos), que últimamente pertenecía á la familia Demidoff, fue comprado el año 1874, por un joyero de Londres, en 500,000 francos. De veinte años á esta parte el pre- cio de los diamantes ha subido de una manera extraordinaria. Los principales diamantes son: El diamante del Radja de Matan, en la isla de Borneo, que pesa más de 300 quilates (66 j gramos), y que, según dicen, es hermosísimo. El nizan, que posee el rey de Gol- conda; es bruto y pesa 340 quilates. Ha sido valuado en 5 millones de francos. El diamante que pertenecía al Em- perador del Mogol, ó el Gran Mogol, pesa 279 quilates, ó 57 gramos y 195 miligramos (casi 2 onzas); su tama ño es el de un huevo de gallina cor- tado por el medio. Actualmente lo po- see el Soberano de Rusia. El Orlow, diamante del Empera- dor de Rusia. Pesa 193 quilates, ó 39 gramos 565 miligramos (más de 11 dracmas); tiene el tamaño de la mitad de un huevo de paloma, su la*- bradura es en facetas y sirve de ador- no al cetro. Este diamante, que* ser- via de ojo á un ídolo del templo de Brama* fue cogido por un soldado francés de guarnición en las posesio- nes francesas de la India, y éste lo vendió por 50,000 francos. De mano, en mano, llegó á las de Catalina II, que lo compró en 2.250,000 francos, y ademas señaló al vendedor una pen- sión vitalicia de 100,000 francos. El gran duque de Toscana que adorna la corona de Austria; pesa 139| quilates, ó 28 gramos 597 mili- gramos (casi una onza). Es amarillo y de bella forma. El último duque de Borgoña, á quien pertenecía, lo perdió en la ba- talla de Morat, al mismo tiempo que la vida. El Regente, diamante de los Sobe- ranos de Francia. Fue hallado á 45 leguas al Sur de Golconda. En bruto pesaba 410 quilates, pero la lapida- ción, que exigió dos años de trabajo, lo redujo á 136 quilates, ó 27 gra- mos 880 miligramos (cerca de una onza). Está labrado en brillante, y es muy limpio. Fue comprado en bruto por 312,500 francos. La labradura costó 125,000 francos. En 1717, el duque de Orleans, entonces Regente durante la minoridad de Luis XV, lo compró por 3.375,006 francos. Hoy se estima en un valor de 8 millones de francos. La Estrella del Sur, diamante ha- llado en el Brasil, en la provincia de Minas Geraes, 1853, pesaba en bru- to 254 quilates, ó 52 gramos y 70 mi- ligramos, pero el labrado lo redujo á unos 125 quilates, ó 25 gramos 625 miligramos (más de 7 dracmas); sin embargo, por su peso, su hermosa for- ma y perfecta trasparencia, esta pie- dra figura en el número de los cuatro ó cinco diamantes más preciosos. En la actualidad pertenece á un príncipe DIAMANTE 644 DIARREA indiano, Radja de Baroda, que pagó por él 2.850,000 francos. El Kok-i-noor ó montaña de luz, perteneciente á la Reina de Inglate- rra, y el cual figuró en la Exposición de Londres de 1851, pesaba 186 qui- lates; pero estaba entonces mal labra- do, y á excepción de algunas facetas, presentaba poco brillo; por tanto se creyó necesario volver á lapidarlo; su peso disminuyó entonces considera- blemente, y hoy solo tiene 123 qui- lates, ó 25 gramos 215 miligramos (algo más de 7 dracmas). El diamante no solo es una de las joyas más preciosas, sino que, á causa de su dureza, sirve para fabricar los quicios de las piezas delicadas de re- lojería, pulimentar las piedras finas y cortar el vidrio. A menudo el diamante se sustitu- ye con imitaciones más ó menos per- fectas, que pueden engañar la vista hasta cierto punto. Pero la densidad, esto es, el peso del diamante, es una circunstancia imposible de reproducir- se, puesto que todos los diamantes imitados pesan muy poco. La imitación más perfecta se hace con una clase de cristal llamado strass: es un vidrio que contiene óxi- do de plomo, y en cuya composición entran sustancias de una pureza quí- mica absoluta; el strass preparado con esmero, y convenientemente ta- llado, produce por la acción de la luz un brillo que se aproxima al del dia- mante. Cuando se compran diamantes, de- ben escogerse los más trasparentes, sin ningún color, sin mancha ni raya alguna. Modo de limpiar los diamantes y otras piedras preciosas. Se lavan con agua ele jabón, y se frotan con un pa- ño ¿le lienzo fino; se ponen a secar envueltos en serrín de madera, y des- pués se pasan con una piel blanda. También se pueden limpiar con un cepillito blando y blanco de España. Diaquilon. Se da este -nombre á un emplasto ó pegado compuesto de litargirio (óxido de plomo), grasa de cerdo y aceite: este es el diaquilon simple. Se llama diaquilon gomado un emplasto que se compone de litar- girio, grasa de cerdo, aceite, cera ama- rilla, pez blanca, trementina, goma amoníaco, bedelio, sagapeno y gálba- no. Estos pegados ó emplastos son considerados como fundentes: son también madurativos en los abscesos muy circunscritos, como en la afección llamada divieso. El emplasto de dia- quilon extendido sobre paño de hilo ó de algodón constituyó lo que se lla- ma emplasto adhesivo ó esparadra- po^ el cual, cortado en tiras, es aglu- tinante, y sirve para juntar los labios de las heridas. Este emplasto, por medio de su contacto, aplaca también los dolores ocasionados por los callos de los pies. Diarrea, Curso, ó Desate de vientre. Dolencia cuyo síntoma prin- cipal es la frecuencia y la fluidez de las deyecciones alvinas. Preséntase bajo diversas formas: es levQ ó in- tensa. Causas. La diarrea es á menudo producida por causas que actúan di- DIARREA 645 DIARREA rectamente sobre el canal intestinal, tales como los excesos en la comida, el uso de alimentos y de bebidas no- civas por su calidad, de sustancias grasas, de frutas verdes, de licores alcohólicos. Hay personas dotadas de una susceptibilidad especial de estó- mago, en quienes la diarrea es pro- ducida constantemente por ciertos alimentos, tales como la carne de cer- do, y algunas legumbres. La leche pura, ó el café con leche, producen á veces este efecto. En los niños que maman es frecuentemente ocasionada por las cualidades de la leche del ama, por el uso prematuro de alimentos demasiado fuertes, y por la dentición. Las demas causas son la impresión del frió húmedo en todo el cuerpo, y principalmente en los piés; las emo- ciones vivas, vehementes; la desapa- rición repentina de un empeine. El abuso de los purgantes es aún una de sus causas más frecuentes. Por úl- timo, la diarrea sobreviene también sin causa conocida. Síntomas. En la diarrea leve las evacuaciones son poco repetidas, cin co ó seis veces por día solamente: las materias tienen color amarillento os- curo y son medio líquidas; dolores sordos y borborigmos preceden á cada una de las evacuaciones; la debilidad en su consecuencia, y raras veces se presenta acompañada de la pérdida del apetito. En la diarrea intensa, las evacua- ciones son numerosas y pueden llegar á quince, veinte y más en 24 horas; son mucho más líquidas y á menudo involuntarias; los dolores que las pre- ceden se muestran más intensos, y á veces tan agudos que producen sudo- res frios, desmayos y una desfigura- ción rápida de las facciones. Las ma- terias excretadas producen en algunos casos dolores muy punzantes en el ano. La naturaleza de las evacuacio- nes es variable: al principio el líqui- do es un tanto espeso y amarillo, mezclado con mucosidades; luego con- siste en una mezcla de serosidad y de bilis verde, hecha espumosa por cau- sa de la presencia de algunos gases. El olor es también vario. En pocos dias, á veces en el espacio de 24. ho- ras, el debilitamiento es considerable, y el doliente enflaquece con celeridad. Duración y pronóstico. Esta dolen- cia puede durar muchos años sin oca- sionar la muerte, así como también puede ocasionarla en algunos dias; es- tos casos no son los más comunes, pues es muy raro que la diarrea lle- gue á comprometer la vida de los en- fermos. En general, el pronóstico de esta dolencia es poco grave, y el arte consigue casi siempre curarla. Sin embargo, en la edad avanzada y en la niñez es más peligrosa que en las demas épocas de la vida. Las eva- cuaciones ácueas y la disminución re- pentina de la gordura y de las fuer- zas son señales siniestras. En las mu- jeres embarazadas la diarrea puede producir el aborto. Tratamiento. El tratamiento de la diarrea varía conforme el grado de intensión del mal. En la diarrea leve, basta acortar la cantidad acostumbra- da de los alimentos, y determinar su elección. Sopas de arroz ó de pan tos- DIARREA 646 DIARREA tado, huevos, pollos, gallina, carnero asado, pescados, gelatinas animales y vegetales y buen pán, deben compo- ner el régimen. Añádese á esto bebi- das mucilaginosas y ligeramente as tringentes, tales como el agua de arroz, de cebada, cocimiento blanco de Sydenham, disolución de goma ará- biga, dulcificándolas, en los primeros pasos del mal, con jarabe de goma, y después, cuando ya ha avanzado al- go; con jarabe de membrillo. Tam- bién sirve de alivio el empleo de la- vativas con cocimiento de linaza. Cuando la diarrea es intensa, el tra- tamiento debe ser más activo. El do- liente se abstendrá totalmente de ali- mentos sólidos. Debe guardar el cuar- to y aun la cama. Las bebidas son las mismas que en la diarrea leve, pe- ro se tomarán tibias, sobre todo cuan- do no hubiere sed muy intensa. Los baños templados de asiento suelen ser muy ventajosos. Se deben dar dos lavativas diarias con cocimiento de linaza, y también tener el vientre cubierto continuamente de cataplas- mas de linaza. Cuatro 6 cinco dias después, si la diarrea no hubiese des- aparecido, en lugar de las lavativas de cocimiento de linaza, se emplea- rán las de almidón, que se preparan del siguiente modo: Almidón 15 gram. (4 drac.) Agua fria 90 gram. (3 onzas.) Dilúyase, y añádase poco a poco y revolviendo: Agua caliente.. 150 gram (3 onzas.) Si la diarrea continúa, se emplean las lavativas de almidón opiadas, las cuales se preparan juntando al líquido dicho 20 gotas de láudano de Syden- liam. Se dan dos de estas lavativas por dia, y el doliente tratará de guar- darlas todo el tiempo posible. Las claras de huevo constituyen también un excelente medicamento contra la diarrea. Al efecto, se bebe una clara de huevo batida en media taza de agua tibia con azúcar, y se re- pite esta bebida cuatro ó cinco veces al dia. Al mismo tiempo se adminis- trarán dos lavativas diarias, cada una con una taza de agua templada y dos claras de huevo. Si la diarrea no cediese á estos me- dios, adminístrase un vomitivo de ipe- cacuana, cuya receta es como sigue: Ipecacuana en pol- vo. . . 1 gram. (20 gran.) Se toman estos polvos en media ta- za de agua templada. Un purgante de sal de Epsom, ó sal de Glauber, á la dosis de 6 gra- mos (2 onzas) de sal, en un vaso de agua templada, han curado diarreas que se mostraban rebeldes á los de- mas remedios. En este último caso, en el de re- beldía, la quina, la simaruba, la bis- torta, la ratania, la cascarilla, la ca- nela, la triaca y el diascordio han da do grandes resultados. He aquí las diferentes recetas de estas sustancias y el modo de administrarlas: Ia Cato en polvo... 4 gram. (1 drac.) Cascarilla en polvo. 4 gram. (1 drac.) Canela en polvo. . 4 gram. (1 drac.) Goma arábiga en polvo 4 gram. () drac.) Se mezcla y divide en 12 papeles. Se toma un papel tres veces por DIARREA 647 DIARREA dia, en una cucharada de agua con azúcar. 2a Cato 15 gram. (4 drac.) Canela 4 gram. (1 drac.) Agua hirviendo. 350 gram. (12 onz.) Difúndese por espacio de media hora, se cuela y añade: Goma arábiga 8 gramos (2 drac.) Azúcar 30 gramos (1 onza.) Mézclase. Se toman dos cuchara- das de hora en hora. 3a Extracto de quina 2 gramos (| drac.) Tintura de ca- nela 2 gramos (| drac.) Jarabe de mem brillo 15 gramos (4 drac.) infusión de ro- sas encarna- das 180 gram. (6 onz.) Mézclese, y se toma una cuchara) da de hora en hora. 4a Cato 15 centígr. (3 gran.) Opio 1 centígr. (1/5 gran.) Hácese una píldora, y como ella 19 más. Se toma una píldora, cuatro veces por dia. 5a Corteza de si- maruba .... 8 gram. (2 dracm.) Aguafria. ... 500 gram 16 onz.) Se macera durante 4 horas, cuélase y se añade: Azúcar 15 gram. (4 drac.) Este líquido se toma frió, en tres veces, en un dia. 6a Raíz de bis- torta 30 gram. (1 onz.) Agua hirviendo. 375 gram. (12 onz.) Se infunde, cuela y añade: Azúcar 30 gramos (1 onz.) Esta infusión se toma fria, en cua- tro dosis por dia. 7a Extracto de ratania 4 gram. (1 drac.) Agua destilada de rosas.... 125 gram. (4 onz.) Mézclese. Se toma una cucharada de hora en hora. 8a Lavativa con triaca. Triaca.... 8 gramos (2 dracmas) Agua tibia.. 180 gramos (6 onzas). Disuélvese. 9a Lavativa de diascordio. Diascordio... 8 gramos (2 dracm.) Agua tibia.. 180 gramos (6 onzas). Disuélvese. Se toma esta ú otra lavativa una vez por dia. Cualquiera que sea el medicamen- to que de este número se escoja, pre- ciso es que el doliente continúe usán- dolo, á lo ménos por 2 ó 3 dias, antes de ensayar otro. Los vinos de Málaga y de Jerez, en corta cantidad, convie- nen también en las diarreas crónicas. Pero, si aconteciera que la medicación astringente exasperase los síntomas en vez de mejorarlos, conviene enton- ces volver á los medicamentos emo- lientes. Los enfermos deben observar mu- cha limpieza: las vasijas con evacua- ciones alvinas se deben retirar de sus cuartos; conviene desinfectar estas ma- terias echando en las vasijas un poco de sulfato de hierro; y débese espar- cir en los mismos cuartos agua de Labarraque, tres ó cuatro veces por dia. La diarrea de los niños depende, co- mo ya se ha dicho, ó de la mala cali- dad de la leche del ama de cria, ó del destete prematuro; puede provenir de DIASTASE 648 DIDELFO la dentición, ó, por último, aparecer sin causa apreciable. En el primer ca- so, conviene mudar de ama; en el se- gundo, volver á dar el pecho al niño, y no alimentarle sino gradualmente. En los demas casos, preciso es comba- tir la dolencia con bebidas gomosas y mucilaginosas, tales como el cocimicn- to de arroz, de cebada, de altea y de linaza; con lavativas de almidón, ó con lavativas de agua templada y cla- ra de huevo. Si la diarrea se prolonga- se y pasara al estado crónico, necesa- rio es administrar algunas cucharadas por dia de jarabe de quina ó de mem- brillo, y emplear baños de plantas aromáticas, tales como espliego, rome- ro, menta, etc. Hé aquí las recetas: Ia Jarabe de mem- brillo 60 gram. (2 onz.) Para dar una cucharadilla 4 veces por dia. 2a Jarabe de quina. 60 gram. (2 onz.) Una cucharadilla, 3 veces por dia. Diascordio. Electuario compuesto de hojas de escordio, rosas rubias, raí- ces^de bistorta, genciana y tormenti- 11a, semillas de agracejo, canela, díc- tamo de Creta, benjuí, gálbano, goma arábiga, gengibre, pimienta, extracto de opio, bolo de Armenia, miel rosada y vino de Málaga. Este extracto, de sabor y olor desagradables, se emplea como astringente y narcótico en las diarreas. 1 gramo (20 granos contie- ne cerca de 6 miligramos (| de grano) de extracto de opio, Dósis\ de 4 á 8 gramos (l á 2 dracmas) en bolos, ó di- luido en agua en lavativas. Diastase. Sustancia blanca, pulve- mienta, soluble en agua, insoluble en el alcohol, que so extrae del trigo, centeno, avena, cebada, patatas ger- minadas. Empléase en la falta de ape- tito y en las digestiones laboriosas, en la dosis de 1 gramo (20 granos). Diatésis. Disposición particular de ciertos individuos á ser afectados de tal ó cual dolencia, modo de ser en virtud del cual una dolencia, que solo ocupaba el tejido, aparece en otros ór- ganos, sin producirse la causa que primitivamente la ocasionaba. Dícese diatésis escorbútica, diatésis escrofu- losa, diatésis cancerosa, etc. Díctamo de creta, Orégano de Creta. Planta de la familia de las Labiadas. Tiene tallos rojizos, vello- sos, cubiertos de hojas pequeñas blan- quecinas, redondeadas, algodonosas, de olor fuerte y balsámico. Es exci- tante y emenagogo, usado apenas en- tra en la triaca. Didelfo, Gamba ó Zarigüeya. Animal que habita en la América del Sur, México, Panamá y los Estados Unidos. Hay zarigüellas ó didelfos de tamaño medio y pequeño, tienen una cola prehensil, que les sirve para asir- se á los ramos de los árboles; orejas largas y puntiagudas; boca muy hen- dida y provista de 50 dientes; el hoci- co delgado, y con bigotes como el gato. El dedo pulgar de sus miembros posteriores es largo, sin uña, y puede oponerse á los otros dedos, lo cual ha- ce su andar lento, pero permitiéndo- les trepar fácilmente. Ciertas especies de didelfos tienen una bolsa ó saco ventral en donde los hijos se meten luego de nacer, y en DIDELFO 649 DIENTES donde, asidos cada uno á una teta, concluyendo desarrollarse. Llegados á ser bastante fuertes para andar, se abrigan aún en este saco al, menor peligro, lo cual ha hecho tomar al di- delfo como emblema de la solicitud maternal. Buffon creyó que los ani- males de bolsa eran exclusivamente propios del Nuevo Mundo, pero hoy se sabe que hay didelfos con bolsa en las islas del mar de las Indias, espe- cialmente en las Molucas. Los anti- guos debieron tener también conoci- miento de estos animales en la India. En el Tratado del amor de los pa- dres para con los hijos, Plutarco lla- ma la atención hacia aquellos gatos (así les llama) que después de haber producido sus hijos vivos, los vuelven á ocultar en su seno, de donde los de- jan salir á buscar su alimento, y lue- go son recogidos por la madre para que duerman tranquilamente. Hay varias especies de didelfos en la Amé- rica del Sur. En los que no tienen saco, los hijos, demasiado débiles pa- ra andar en los primeros dias de su nacimiento, se suspenden á las tetas de su madre, que los lleva de este modo, mamando, hasta el momento en que las fuerzas les permitan subir sobre su lomo y permanecer allí, asién- dose con sus colitas á la cola de su madre que al efecto las suele levan- tar. Los didelfos son tímidos é ino- fensivos; son animales nocturnos, se alimentan de frutas, insectos, pajari- llos, huevos que van á coger en los nidos de los árboles, etc., y los hay de apetitos más carnívoros, que ha- cen presas bastante voluminosas: la mayor parte tienen la costumbre de acercarse á las habitaciones, introdu- cirse de noche en los gallineros ó co- rrales, y aun acometer á las gallinas ó á los rebaños. La carne del didelfo suele comerse, pero no es de gusto delicado. Dientes. Se llaman de este modo unos huesos pequeños sumamente du- ros, implantados en los alvéolos de las mandíbulas, y destinados á morder, dividir y triturar las sustancias ali- menticias. Su número en los adultos es el de 16 en cada mandíbula, lo que entre ambas compone 32. Los cuatro ateriores son incisivos ó delanteros. Los que siguen luego, á cada lado, son los caninos ó colmillos. A cada colmillo, en ambos lados, arriba y aba- jo, siguen los dos molares pequeños; por último, vienen los tres molares grandes. El último de estos tres es llamado diente del juicio ó muela del juicio, porque suele nacer después de la edad de la razón. Los incisivos y los colmilos tienen una sola raíz; lo mismo sucede con los molares peque- ños; á veces, sin embargo, esta raíz es bifurcada, sobre todo en los de la mandíbula superior; en cuanto á los tres molares grandes, su raíz presen- ta siempre, dos, tres, cuatro ó cinco divisiones. Fig. 35, a, primer incisivo; b, se- gundo incisivo; c, canino; d, e, mola- res pequeños;/, g, /¿, molares gran- des. Se da el nombre de cuerpo ó coro- na de los dientes, á su parte libre, y el de raíz á la parte contenida en el DIENTES 650 DIENTES alvéolo, y el de cuello al angostamie li- to que separa la corona de la raíz. Ca- da diente posee una parte dura, ex- terna, que lleva el nombre de Qnarfil. Esta se halla cubierta, en la corona únicamente, de una sustancia parti- cular que se llama esmalte. En el centro de cada diente hay una cavi- dad pequeña ocupada por el folículo dentario, sustancia blanda, gelatino- sa, compuesta de nervios finísimos y de vasos sumamente delgados. Los grandes padecimientos que producen los dolores de las muelas tienen su origen en esta sustancia. Dividimos este artículo en dos par- tes, higiénica y patológica. En la pri- mera trataremos de los dientes en es- tado de salud, é indicaremos los me- dios de conservar á estos órganos sus condiciones normales; en la segunda hablaremos de sus dolencias. PARTE HIGIÉNICA. Disposiciones normales. En el estado normal, los dientes están arre- glados y encajados simétricamente so- bre los bordes de las mandíbulas, lla- madas también quijadas. La blancura constituye una de sus preciosas cua- lidades. Los que son de un blanco de leche ó porcelana, y como trasparen- tes, raras veces están dotados de gran solidez. Estos caractéres se encuen- tran en las personas débiles, linfáti- cas, predispuestas á las escrófulas y al raquitismo. Los más sólidos tienen el color un tanto amarillento, y se encuentran en las personas robustas, sanguíneas y biliosas. Anomalías relativas al número de los dientes. En algunos indivi- dúos los dientes faltan por completo, y no se desarrollan. Por lo común la privación suele ser parcial; unas ve- ces afecta solo los dientes temporales; que faltan, y no los permanentes, que aparecen en la época acostumbrada, otras veces suelen ser estos los que no vienen, pero en la parte anterior no más, y la boca se halla provista de los molares. La medicina no puede provocar, reanimar ó acelerar en ta- les ciicunstancias el trabajo de la na- turaleza. Sin embargo, no se debe desesperar del desarrollo de los dien- tes sino cuando el individuo ha cesa- do de crecer, y en esta época sola- mente conviene sustituir con piezas artificiales los vacíos resultantes en la organización. En lugar de faltar, los dientes pue- den presentarse en mayor número que el normal. La exuberancia de los dientes resulta casi siempre de la persistencia de algunos dientes tem- porales, miéntras el desarrollo de los permanentes, que salen por delante ó detrás de ellos. En este caso, pre- ciso es extraer los temporales; y, cual- quiera que sea el grado de inclinación de los otros, suelen enderezarse com- pletamente después de la operación. Pero es necesario que la extracción sea practicada con esmero, á fin de no tomar por supernumerarios los dientes permanentes, que se desvia- ron de su camino á causa de la resis- tencia opuesta por los primeros. A veces la exuberancia procede del nú- mero de gérmenes dentarios; así en algunos individuos, cuando los mola- res han sido renovados, y los molares DIENTES 651 DIENTES grandes se hallan en sus respectivos puestos, aparece un diente supemu merario, de forma irregular, oblonga, que procura hacerse paso entre ellos. También conviene arrrancarlo. Oblicuidad ó Inclinación de los dientes,. Las causas de la oblicuidad de los dientes secundarios se atribu- yen á la falta de proporción entre su volumen y el espacio que deben ocu- par, ó á la caída muy tardía de algún diente primitivo, ó á la existencia de alguno supernumerario. Teniendo cuidado durante la segunda dentición, fácil es de evitar gran parte de estas anomalías. Si al principio de la se- gunda dentición se manifestara algún punto rojo y doloroso, junto á un dien- te incisivo mediano primitivo, convie- ne sacar este sin tardanza, á fin de dejar libre la plaza al que trata de salir. Esto mismo debe practicarse si por caso hubiere salido ya. Cuando á pesar de esta operación, los dientes medianos permanentes no encuentran entre los incisivos laterales tempora- les espacio suficiente para colocarse en buen orden, preciso es arrancar los temporales que estorban á la regular ordenación. Pero es de suma impor- tancia, para hacer esta extracción, que los dientes, cuyo desarrollo se busca, hayan adquirido la mitad de su altu- ra. Si la extracción se anticipa, ellos se desviarán hácia uno ú otro lado y robarán parte del lugar que deben ocupar los dientes inmediatos: y si se retarda mucho, adquirirán, por el con- trario, las oblicuidades antero-poste- riores, que se tratan de evitar. Los incisivos laterales, á su vez, serán so- metidos á la misma práctica; esto es, luego de extraer, si necesario fuese, los dientes primitivos que deben ser- sustituidos, se extraerán, después de la salida de una porción considerable de su corona, uno ú otro camino pri- mitivo, á fin de proporcionarles el es- pacio que necesiten. Los caminos, por último, deben ser dirigidos de la misma manera, en su desarrollo y en su colocación. Sucede á veces que es de urgencia el sacrificio del primer molar pequeño. Casi nunca estas pre- cauciones dejan de dar buenos resul- tados. Más difícil es de remediar la oblicuidad de los dientes cuando ya han salido enteramente. En este ca- so se recurre á la lima, á las ligadu- ras aseguradas sobre los dientes in- mediatos, á las diferentes láminas destinadas á empujar los dientes des- viados, hácia delante, hácia atras, há- cia, afuera, etc. Sea cual fuere el pro- cedimiento preferido, el buen éxito dependerá principalmente del período de la vida en que sea ejecutado; es- te período es de los ocho á los cator- ce años. Pasado este plazo, semejan- tes operaciones ponen los dientes en peligro de ser removidos y de que se caigan. Cuando no pueda remediarse la oblicuidad de los dientes, preciso es corregir los malos efectos que resul- tan de su presencia. Así, pues, unas veces se deben extraer los que fueren muy disformes y lastimaren la len- gua, los lábios ó la faz interna de las mejillas; otras, se limarán los bordes libres ó se les quitará la corona. En algunas personas los dienteg DIENTES 652 DIENTES suelen presentar una inclinación ge- neral, hacia adelante, y forman abul- tamiento más ó menos considerable debajo de los labios. La costumbre que tienen los niños de chuparse los dedos continuamente, los puños y aun le lengua, que entonces llevan hacia fuera de la boca, entre los labiosees la causa más común de esta deformi- dad. Conviene obligarles á que pier- dan ó abandonen pronto estas costum- bres, por ser muy difícil de remediar esta deformidad después de desarro- llada. Sarro ó Tártaro de los dientes. La saliva y demas líquidos que cons- tantemente afluyen á la boca, produ- cen una materia amarillenta, que se posa sobre la superficie de los dientes, se endurece poco á poco, descarna del mismo modo estos órganos, y, por último, determina su caida. Esta ma- teria, así endurecida, se llama sarro ó tártaro de los dientes. Los cuida- dos del aseo y la acción misma de los polvos dentríficos, no suelen bastar siempre á evitar la formación de es- tas concreciones, que también llevan el nombre de piedra. Cuando existe, conviene quitarlas sin tardanza con instrumento de acero. Conservación de los dientes. Un régimen templado y regular, la ausen- cia de todos los excesos, el libre des- empeño de las principales funciones, tales son los mejores medios de con- servar la frescura de la boca, la soli- dez de las encías y de la dentadura. Los otros cuidados son: no romper cuerpos duros con los dientes, no ex- poner la boca á los cambios súbitos de temperatura en los alimentos, en- juagársela con agua después de las comidas, y sacarse por medio de pali- llos todas las partículas alimenticias que pueden quedar entre los dientes. Los cuidados comunes de limpieza suelen bastar generalmente para en- tretener en buen estado las encías y los dientes. Un cepillo blando dirigido primero á lo largo de las coronas, des- de la base al ápice; después, á través, á lo largo de la hilera dentaria, con agua fría, basta para quitar todas las mañanas la capa limosa que se depo- ne durante la noche. Muchas personas creen tener limpios los dientes, cuan- do han pasado un cepillo sobre los de- lanteros; ignoran que partículas ali- menticias introducidas en la cavidad de los dientes cariados ó en los inters- ticios de los sanos, ó, en fin, en el fondo de la boca, y por detrás de dos últimos molares, experimentan allí una alteración pútrida y adquieren olor desagradable. Se evitará este in- conveniente llevando con cuidado el cepillo á todos los lugares en que pue- den permanecer y corromperse las sustancias alimenticias. Las fricciones no deben nunca ser fuertes, ni hacer sangrar las encías. De tiempo en tiempo se cubrirá el cepillo con algu- nos polvos dentríficos, tales como los de raíz de liño de Florencia, de mag- nesia calcinada, de hueso de jibia, ó de algunas ©tras sustancias inofensi- vas. Preciso es proscribir con la ma- yor severidad los polvos compuestos de preparaciones ácidas, que no dañan la blancura de los dientes, sino ata- cando su esmalte y provocando su DIENTES 653 DIENTES destrucción. Todo cuanto puede com- batir el sarro por una acción quími- ca, por débil que sea, concluye por atacar á los mismos dientes. La ven- ta de estas nocivas sustancias debería estar sujeta á una escrupulosa ins- pección de parte de la policía, y hasta merecer la vindicta de las leyes. Hé aquí las mejores recetas de pol- vos para los dientes, las cuales pue- den ser empleadas sin el menor rece, lo y con seguras ventajas: Ia Huesos de jibia reduci- dos á polvo impalpable. 60 gramos (2 onzas). 2a Magnesia calcinada... 15 gramos (| onza). 3a Greda en polvo 30 gramos (1 onza). 4 a Polvos de raíz de - lirio de Florencia. 60 gramos (2 onzas). 5a Polvos de carbón de le- ña 60 gramos (2 onza). 6a Polvos de carbón de le- fia 30 gramos (1 onza). Quina pulveri- zada 15 gramos (| onza). Ac'eite de clavi- llo 2 gotas. Mézclese. • 7a Extracto de ratania. ... 15 gramos (j onza). Carbondeleña. 60 gramos (2 onzas). Canela 8 gramos (2 drac.) Clavillo 8 gramos (2 drac.) Redúcese todo á polvo impalpable y se mezcla. 8 a Magnesia calcinada .. 15 gramos (J onza). Canela pulve- rizada 8 gramos (2 drac.) Mézclese. Las cuatro primeras recetas con- vienen á todas las personas que de- searen entretener la limpieza de la boca, y pueden servir para el uso co- tidiano: la quinta es buena para los individuos que padecen de mal alien- to, porque el carbón es un excelente desinfectante. La sexta y sétima es- tán indicadas cuando las encías se muestran blandas, hinchadas, y que echan sangre; en este último caso, bueno es añadir también, á un vaso de agua para juagarse la boca, una cucharadilla de agua de Colonia ó de agua dentrifica (t. I. p. 57). La oc- tava receta conviene á aquellos que padecen de acedías. La magnesia neutraliza el ácido que puede desa- rrollarse en la saliva, y actúa, de este modo, como medio preservativo de la cáries. Idéntica consideración debe ser aplicada á la segunda receta.- Las recetas de las tinturas ó elíxires odontálgicos, que pueden usarse ven- tajosamente, son: Elixir aromático. Tintura de vai- nilla 15 gramos (* onza). Tintura de pe- litre 125 gramos (4 onzas). Alcoholato de menta 30 gramos (1 onza). Alcoholato de romero 30 gramos (1 onza). Alcoholato de rosas 30 gramos (1 onza). Mézclese. DIENTES 654 DIENTES Se echa una cucharadilla de este elíxir en un vaso de agua y se enjua- ga la boca. Tesoro de la boca. Alcoholato de codearía... 60 gramos (2 onzas). Alcoholato de espliego ... 60 gramos (2 onzas). Alcoholato de menta 30 gramos (1 onza). Alcoholato de corteza de li- món 30 gramos (I onza). Mézclese. Empléase del mismo modo que el anterior. Véase también Agua den- trijica^ tomo I, p. 57. En cuanto al uso de los palillos, empleados para sacar las sustancias alimenticias detenidas entre los dien- tes, conviene no emplear sino los la- brados con madera blanda, de pluma, de cuerno, y desterrar las navajas, los alfileres y las láminas metálicas, cuyo contacto pueda ofender á la denta- dura. Por último, una sábia y útil pre- caución consiste en hacer visitar de tiempo en tiempo la boca á un hábil y concienzudo dentista. En efecto, la cárie de los dientes puede existir de tiempos atrás sin haberse hecho sen- tir, y cuando se manifiestan dolores, ya suele ser tarde para hallar un re- medio, mientras que al principio, em- plomando ó limando los dientes se hubieran podido atajar los progresos del mal. DOLENCIAS DE LOS DIENTES. Sacudimiento de los dientes, Los golpes . sobre los dientes, las I caídas boca abajo, ocasionan á menu- do la rotura de los alvéolos y el des- calabro de las adherencias de los dien- tes, haciéndoles menearse. Basta, en este caso, someterse á la abstinencia completa de todo alimento sólido. Po- co á poco los dientes recobran la soli- dez perdida. Cuando el movimiento de los dien- tes resulta de la alteración de las en- cías, tal como esto se observa en los escorbúticos y en las personas que hu- bieran abusado del mercurio, preciso es combatir las casuas del mal; esto es, tratar en primer caso el escorbuto (véase esta palabra) por los medios apropiados; y en segundo caso hacer que el doliente suspenda el uso del mercurio. Entonces se servirá del gar- garismo siguiente: Alumbre 6 gramos (1^ drac.) Vino blanco.. 250 gramos (8 onzas). Tintura de qui- na 8 gramos (2 drac.) Tintura de mi- rra ...... . 4 gramos (1 drac.) Miel rosada... 30 gramos (1 onza). Mézclese; ó de un gargarismo prepado con 100 gramos de tintura de coclearia y 100 gramos de aguardiente alcanforado. Cuando las encías vuelven al estado natural, casi siempre se ven consoli- darse los dientes y recobrar el ejerci- cio de sus funciones. El reblandecimiento de las encías puede existir por sí solo, sin ser acom- pañado de los síntomas de escorbuto: los dientes entonces están movidos. Para consolidarlos conviene frotarse las encías, dos ó tres veces por dia, DIENTES 655 DIENTES con polvos de extracto de ratania, ó con magnesia calcinada, y usar tam- bién del gargarismo con alumbre, que más arriba hemos anunciado. En cuanto al movimiento que re- sulta de la salida de los dientes de sus alvéolos, lo cual sucede con el progreso de la edad, nada debe ha- cerse. ( Véase también el artículo Encías). Luxaciones. Cuando en las per- cusiones violentas dirigidas contra la boca, uno ó alguno de los dientes sa- len de sus alvéolos, necesario es po- nerlos en su respectiva caja y fijarlos en esta situación con torzalillo, atán- dolos á los dientes contiguos. A veces los alvéolos se comprimen alrededor de los dientes luxados, y la arcada dentaria vuelve á cobrar la antigua solidez. Caries. La caries es una especie de alteración de los dientes. Sus cau- sas no siempre son apreciables. Es muy común en los lugares bajos, hú- medos, pantanosos, en las grandes ciu- dades y en los individuos linfáticos. También se atribuye á los cambios repentinos de temperatura en los alimentos y en las bebidas. Las perso- nas jóvenes están más expuestas á la cáries de los dientes; es muy rara pa- sados los cincuenta años. La observa- ción ha demostrado que los dientes de los dos lados de la misma mandíbula son á veces atacados al mismo tiem- po por la cáries, ó al ménos en inter- valos de corta distancia. Los dien- tes de leche son frecuentemente afec- tados de cáries, pero el mal no se comunica á los gérmenes de los dien- tes secundarios. La caries se comuni- ca rara vez al diente inmediato; pero lo que más á menudo se observa es una mancha superficial y no dolorosa, una simple alteración del esmalte, y no una caries profunda y destructora. Para preservar los dientes de esta dolencia, preciso es evitar las causas generales de donde procede, y obser- var las reglas higiénicas. Los indivi- duos escrofulosos deben hacer uso de un régimen tónico, compuesto de car- ne y de otros alimentos sustanciosos, á fin de mejorar su constitución. Estas precauciones son principalmente de necesidad á los niños cuyos dientes de leche se muestran cariados. Se de- be evitar el enfriamiento de los piés; conviene entretener la limpieza de la boca por los medios ya indicados, y desterrar todos los elíxires y polvos dentríficos, en cuya composición en- tren sustancias muy acidas. Cuando la caries es superficial, des- de luego conviene destruir con lima la parte afectada; por este medio se puede conservar el resto del órgano, ó por lo ménos retardar los progresos de su destrucción. Si el diente estu- viera hondamente agujereado, nece- sario será emplomarlo. La existencia de dolor puede oponerse á esta opera- ción; pero debe recurrirse á ella siem- pre que su práctica fuere posible. Los dientes son órganos sumamente importantes y útiles; no se deben pues sacrificar sin una necesidad ab- soluta. Con el tiempo los dolores se calman, y si las coronas se destruyen, las raíces al ménos pueden servir aún á la masticación. ¿Cuántos individuos DIENTES 656 DIENTES no hay que se dan por felices de ha- berlas conservado? Cuando la caries es muy profunda, cuando el diente causa dolores continuos y exhala olor desagradable, ó cuando no puede ser emplomado, necesario es apelar al úl- timo remedio que es hacerlo extraer. Dolores de dientes ó de muelas. Hay dos clases de dolores en los dien- tes, según las causas que pueden de- terminarlos. 1? Dolor procedente de la caries. Muchos medicamentos son aconseja- dos para calmar los dolores de muelas producidos por la caries. Hélos aquí: introducir en la exca- vación del diente cariado un pedacito de alcanfor; ó una bolita de algodón empapada en aguardiente alcanfora- do, ó con algunas gotas de cloroformo, con creosota, con láudano de Syden- ham, con aceite esencial de clavillo ó con alguno de los líquidos siguientes: Io Alcanfor... 1 gramo (20 granos). Esencia de tre- mentina. ... 4 gramos (1 drac.) Mézclese. 2° Alcohol.... 8 gramos (2 drac.) Alcanfor 4 gramos (1 drac.) Opio 25 centígr. (5 granos). Esencia de cla- villo ....... 20 gotas. Mézclese. 3o Láudano de Sydenham.. 4 gramos (1 dracma). Esencia de cla- villo.' 4 gramos (1 dracma). Eter sulfúrico. 4 gramos (1 dracma). Mézclese. Con el mismo fin de calmar el do- lor de muelas, se puede introducir con un palito en la excavación del diente, una gota de ácido fénico líquido. Pasado el dolor se debe emplomar el diente. 2o Dolor nervioso de las muelas 6 neuralgia dentaria. Este dolor exis- te sin haber caries, ni mal alguno en los alvéolos y las encías, y casi siem- pre abraza una gran porción de la dentadura. Su duración es variable; la extracción de los dientes puede ha- cerlo mas intenso, en vez de curarlo. Hé aquí las recetas que convienen contra el dolor nervioso de los dientes: Io Comprimir con los dedos, y fuer- temente, la sien del lado dolorido. Esta compresión hace insensible el nervio dentario. Un dentista ameri- cano anunció un modo de arrancar los dientes sin dolor. Consiste en mandar comprimir con los dedos á un ayudan- te, y con bastante fuerza, durante casi un minuto, la cavidad que se en- cuentra en las sienes detrás del hueso temporal que forma la base ó abertu- ra de la órbita en la parte externa. 2? Frotarse las encías con un paño empapado en la siguiente mezcla: Agua de laurel cereza 8 gramos (2 dracmas). Clorhidrato de morfina.... 5 centígr. (1 grano). 3o Aplicar en la cara algodón ó la cataplasma siguiente: Cataplasma de linaza 125 gramos (4 onzas). Se extiende en un paño y se le echa por encima: Láudano de Sydenham.. 15 gramos (| onza). 4* Introducir en el oído una bolita DIENTES 657 DIENTES de algodón humedecida con 10 go- tas de cloroformo. Fluxión de muelas ó Hinchazón de la cara. Puede desarrollarse por causa de toda lesión de los dientes, ó suceder á las operaciones, cuales- quiera que sean, que se practiquen en estos órganos. Combátase con al- godón aplicado en la cara ó con cata- plasmas de harina de linaza, enjuaga- torios con cocimiento de raíz de altea, pediluvios sinapizados y purgas sua- ves, como maná (60 gramos), aceite de ricino ó sal de Glauber (la misma dosis). Pasados algunos dias, el dolor se calma, la tumefacción exterior dis- minuye, y todo vuelve al estado nor- mal. No obstante, en muchos indivi- duos se forma un absceso, rara vez por la parte de fuera, y más comun- mente dentro de la boca y en el teji- do de las encías. Este absceso es anunciado por dolores lancinantes, pulsátiles, y después por una sensa- ción de peso. Una tumefacción cir- cunscrita, dura al principio y después blanda, fluctuante, indica el sitio del tumor, que se abre de por sí: enton- ces sale el pus, y los dolores, así co- mo el ingurgitamiento, desaparecen en seguida. Fístulas dentarias. Se llaman así unas aberturistas, entretenidas por una supuración más ó ménos abun- dante. Tienen lugar en las encías, cerca de la raíz del diente, á veces en la cara, y dependen por lo común de la cáries de los dientes, con cuyo alvéo- lo se comunican siempre. Para curar esta dolencia, preciso es arrancar el diente cariado. Hecha esta operación, las paredes del alvéolo se aprietan, cicatrízanse, y el trayecto fistuloso, no teniendo ya nada que lo alimente, oblitérase espontáneamente. Dentera. Esta afección consiste en una sensación desagradable, pro- ducida por el contacto de sustancias acidas é acerbas, ó por la acción de instrumentos quirúrgicos, cuando se liman los dientes. En la dentera, la masticación de los alimentos sólidos se vuelve muy dolorosa, y el dolor aumenta por la entrada del aire en la boca. Esta incomodidad es pasajera y desaparece por sí misma. Puede disminuirse frotando los dientes con un paño caliente, mascando raíz seca de altea, blanca, ó friccionando los dientes y las encías con magnesia cal- cinada. Inflamación de la membrana que entapiza el interior de los al- véolos. Esta dolencia se manifiesta á menudo en los dientes sanos, sin causa conocida. Cuando la membrana álveodentaria se inflama, sobrevienen dolores vivos que se propogan al ros- tro, sienes y frente; el diente vacila, pasa el nivel de los otros, y se hace sumamente sensible á la menor pre- sión. Preciso es lavar la boca con agua tibia mezclándole miel rosada, y du rante la noche aplicar sobre la cara una cataplasma de linaza. Si se for- mase un absceso en la encía, convie- ne abrirlo; el diente entra en su caja y se consolida, á no sobrevenir alguna complicación. Si la inflamación pasa al estado crónico, conviene frotar las encías, dos veces por dia, con extrae- DIENTES 658 DIENTES to de ratania reducido á polvo impal- pable. Destrucción del esmalte al re- dedor del cuello de los dientes. Esta doncia le principia por una sim- ple sensibilidad del esmalte, fácil de percibir tocando con el canto de la uña; más tarde el esmalte se vuelve friable, el diente se ablanda y presen- ta una cavidad. Esta alteración re- sulta siempre de la secreción acida de los flúidos de la boca. El tratamiento que debe seguirse para atajar los pro gresos del mal, consiste en frotarse las encías, dos ó tres veces al dia, con magnesia calcinada. Dientes vacilantes ó Gengibítis expulsiva. En la edad media de la vida las encías se ablandan con fre- cuencia, y abandonan los dientes, que se desencajan de sus alvéolos con la mayor facilidad, sin padecimiento apre- ciable: es lo que se llama ^ingibitis expulsiva. Para combatir tan desagra- dable estado, conviene tocar, una vez por dia, las encías con un pincel mo- jado en la tintura de iodo, y lavarse inmediatamente la boca con agua fría. Hay que cuidar mucho del aseo de la boca, comer naranjas, muchas frutas agrias, y usar de ensaladas de toda es- pecie. Dientes postizos ó artificiales. Llámanse dientes artificiales los que se ponen en lugar de los que faltan. Los que actualmente se emplean es- tan compuestos de pasta de porcelana coloreada con óxidos metálicos, y la cual es conocida con el nombre de pas- ta mineral. Los dientes postizos pue- den ser fijados por diferentes medios: enclavados, esto es, introducidos, con eje de oro, en la raíz de un diente cu- ya corona fue destruida por la caries, ó prendiéndolos á los dientas inmedia- tos por medio de láminas de metal elástico. El arte viene á suplir no só- lo la pérdida de un diente, sino tam- bién la de muchos; y hasta de toda la arcada dentaria. Estas vastas piezas, modeladas sobre las encías, siguen to- dos los movimientos de las mandíbu- las durante la masticación, así como miéntras se habla. Dentadura artificial simple supe- rior. Fila de dientes artificiales mon- tados sobre una sola pieza, y dispues- tos de modo que figuren exactamente la arcada dentaria superior. Aplícan- se sobre la bóveda palatina, y quedan allí sin ningún garfio ni ligadura; ad- hieren únicamente por la presión del aire. Dentadura artificial doble. Reu- nión de dos arcadas dentarias, una su- perior y otra inferior, reunidas entre sí, cuando es preciso, mediante mue- lles de alambre de oro en sus dos ex- tremidades, y destinadas á adaptarse á las encías completamente desprovis- tas de sus dientes naturales. También se pueden aplicar por se- parado una dentadura superior y otra inferior, sin necesidad de recurrir á reunirlas por medio de los muelles. Para hacer una dentadura artificial se procede del modo siguiente: por medio de una chapa de cera ablanda- da al fuego se toma el molde sobre las encías, y sobre el paladar cuando se trata de la dentadura superior; exactamente á este molde se hace DIENTES 659 DIENTES otro de cautchuc volcanizado, sobre el cual se fijan los dientes artificiales. Las dentaduras hechas de este mo- do permiten mascar los alimentos más duros y hablar tan distintamente como cuando los dientes naturales existen. Impiden escaparse á la saliva y que los labios se vuelvan hácia el interior- de la boca. Durante los dos primeros dias producen alguna incomodidad; pero en breve las personas se acostum- bran á ello y no piensan ni notan que llevan semejanre aparato. Por estos diferentes motivos se deben sustituir con dientes artificiales los naturales cuando se han caido. Muchos dolores de estómago se curan de esta manera, porque una masticación conveniente y la impregnación de los alimentos con la saliva son indispensables para la buena digestión. Diversas afecciones gásticas y sus consecuencias no tienen origen en otra cosa que en la falta de los dientes naturales ó artificiales. Las dentaduras deben ser quitadas por medio de una ligera tracción, álo menos una vez al dia, con el fin de limpiarlas con un cepillo de dientes y agua pura mezclada con aguardiente. Vuélvense á aplicar de nuevo con fa- cilidad. Durante la noche no deben conservarse en la boca. Las personas cuyas encías delicadas se escorian por el uso de la dentadura artificial, deben frotarse las encías con clorato de po- tasa en polvo. Accidentes que siguen á la ex- tracción de los dientes. Hemorra- gia. De todos los accidentes que re- sultan de la extracción de los dientes, el más común suele serla hemorragia Si procede de la simple laceración de la encía, basta lavar la boca con agua fria mezclada con un poco de vinagre. Pero si ia sangre saliese de la cavidad que estuvo ocupada por el diente, pre- ciso es introducir en ella-una bolita de hilas ó de cera, y ejercer por arriba una compresión enérgica y sostenida. Veces hay en que esta compresión no basta: entonces conviene introducir en la cavidad un pedazo de lienzo mo- jado en la solución de percloruro de hierro á 30 grados. Con el mismo fin se introduce un lápiz de piedra infer- nal, que se deja por espacio de uno á dos minutos ó hasta contener la hemo- rragia. La piedra inferpal cauteriza la arteria que sangra y hace que cese el corrimiento. Puede acontecer que, por error ó por aplicación viciosa del instrumento, el dentista saque un diente sano en vez del malo. La mera indicación de este accidente basta para que el ope- rador ponga todo el esmero posible en evitarlo. Extracción de los dientes de le- che. Los dientes de leche son con fre- cuencia atacados por la caries á con- secuencia de dolencias ó de predispo- sición natural; pero no se debe recu- rrir á la extracción, excepto en casos de imperiosa necesidad. Es erróneo el creer que un diente de leche pueda ser impunemente arrancado á pretex- to de que, debiendo caerse un dia na- turalmente, lo mismo es quitarlo más temprano ó más tarde; en esta opera- ción, practicada en tierna edad, se puede lastimar ó extraer el germen del diente permanente, sobre todo los DIETA 660 DIETA de los molares pequeños, que se ha- llan entre las raíces encorvadas de los de leche de igual clase, y aun cuando esto no suceda, queda el canto alveo- lar anguloso que hasta cierto punto se opone á la salida del diente de susti- tución. Por eso conviene emplear, con- tra las dolencias de los dientes de le- che, cuantos medios haya posibles á fin de impedir sus progresos ó aliviar los dolores que ocasionen. Los caninos y los incisivos, en ge- neral, no están tan expuestos á la ca- ries. Cuando esta se manifiesta, ataca comunmente los superiores, sin pro- ducir dolores casi nunca. Pero los mo- lares, sobre todo los de abajo, presen- tan cavidades que es fácil emplomar; esta precaución tiene la ventaja de evitar con frecuencia los dolores y de conservar los dientes hasta que se ve- rifique su sustitución, de evitar tam- bién las fístulas, las apostemas, así como el que los alimentos se estan- quen en dichas cavidades. Ademas, contra los dolores de los dientes de le- che ocasionados por la caries, convie- ne emplear los mismos remedios que contra la cáries de los otros dientes. Véase tom. I, pág. 656. Diente de león (planta). V. Ta- RAXACON. Dieta. La dieta, en el sentido más lato, designa la manera arreglada de vivir, esto es, el empleo bien ordenado y prudente de todo cuanto es necesa- rio á la conservación de la existencia, ya ésta sea buena, ya enferma. Sin embargo, esta palabra, tomada fuera de su primitiva acepción; se emplea á menudo como sinónimo de obstinen- cia, y entonces significa privación de alimentos impuesta, á un enfermo. También se llama dieta el uso acos- tumbrado de ciertas sustancias alimen- ticias. Aquí vamos á tratar de la die- ta bajo este último punto de vista y como en el artículo Alimentos se ha hablado ya de la dieta en el estado de salud, sólo nos ocuparemos ahora de la alimentación de los dolientes. De la dieta en las enfermedades agudas. La dieta es uno de los pun- tos del tratamiento de las enfermeda- des que ha llamado la atención de los médicos desde los tiempos más remo- tos, y la mayor parte de ellos la con- sideran como objeto de grande impor- tancia. La misma naturaleza parece indicar la abstinencia en las enferme- dades agudas, puesto que vienen siempre acompañadas de la pérdida de apetito. Cuando tales enfermos piden de comer, debe suponerse que esta re- clamación es en todos los casos conse- cuencia de las ideas erróneas de que están poseídos, ó debida á la fuerza de la costumbre. Así es que rara vez los enfermos suelen comer lo que pi- den, y, si comen, es con repugnancia y disgusto. Privando la economía de las sustan- cias alimenticias, se ve que la mayor parte de las funciones experimentan grandes cambios; la circulación se ve- rifica con mayor lentitud, la suscepti- bilidad nerviosa, la sangre, sobre todo, se hace menos excitante, la absorción se desempeña con actividad. Tadas estas circunstancias son muy favora- bles á la curación de las enfermeda- des agudas. Por tanto, la abstinencia DIETA 661 DIETA más ó menos completa de las sustan- cias nutritivas, es uno de los medios más poderosos que la medicina puode emplear contra estas afecciones. En gran número de casos puede, por sí sola, sin el auxilio de ningún medica- mento, producir la resolución de la enfermedad. Esto únicamente se ha- ce increíble á personas extrañas al ar te médico. La debilidad de los dolien- tes es la primera cosa que llama su atención, y constituye para ellos todo el mal. Sin embargo, mil y mil ejem- plos prueban lo contrario: en la pleu- resía, por ejemplo, un individuo pue- de tenerse en pié después de veinte dias de dieta y de muchas evacuacio- nes sanguíneas, no pudiendo verificar- lo así durante algunos minutos, cuan- do el mal se hallaba en el tercer ó cuarto día. del ataque. La dieta, por lo tanto, favoreciendo la desaparición de la enfermedad, reconduciendo las funciones á su estado de integridad, aumenta las fuerzas en vez de aniqui- larlas. Convénzase bien el lector de que el régimen es uno de los mejores medios de evitar las funestas conse- cuencias de las enfermedades, ó al ménos de disminuir su gravedad. El régimen debe ser muy severo en el principio de las enfermedades fe- briles, y durante su desarrollo la abs- tinencia será completa. El uso de las bebidas emolientes constituye también un punto impor- tante en el tratamiento de las afeccio- nes agudas. Estas bebidas, llevadas al torrente de la circulación, diluyen la sangre y la hacen ménos irritante, al propio tiempo calman dos síntomas muy incómodos en las enfermedades febriles: el calor y la sed. Preciso es dar á menudo estas bebidas, pero en cortas cantidades. La elección de la bebida no es de tanta importancia co- mo se piensa; esa elección, más ó me- nos indiferente, debe ser sometida, en el mayor número de casos, á los deseos particulares y al gusto del enfermo. No conviene imponer esta bebida con preferencia á aquella, sino cuando existiera una indicación especialísima para ello. Por ejemplo, en Tas afeccio- nes acompañadas de tos, los cocimien- tos ácidos vendrían á agravar y au- mentar este síntoma fatigante. Cuando hubiere cesado la fiebre y reapareciese el apetito, se pueden dar alimentos; pero es preciso observar una graduación en la manera de dar- los: se principia por los alimentos más ligeros, hasta llegar progresivamente á los más nutritivos. El tránsito repen- tino de unos á otros siempre ofrece peligro. Debe darse principio por cal- dos, á los cuales se agregará luego ta- pioca, arrowrot, á cualquiera otra fé- cula; después leche, huevos blandos; legumbres farinosas, pollos, pescados: la gallina sucederá al pollo, y poco á poco se pasará á las carnes de carne- ro, vaca, etc. Todos estos alimentos deben ser preparados de la manera más sencilla que se pueda. Con los pescados y la carne se permitirá to- mar un poco de vino mediado de agua. Se preferirán siempre los vinos añe- jos y generosos. Existe una preocu- pación que señala como necesario el que los convalecientes coman poco y á menudo: este principio, exacto en DIFTERITIS 662 DIGESTION ciertas circunstancias, no lo es cuando su aplicación se generaliza. La diges- tión, para cumplirse en regla, exige un tiempo que varía según la activi- dad de los órganos, pero cuya duración nunca baja de algunas horas. Pues ahora bien, si las comidas se aproxi- maran tanto que no se diera tiempo bastante para completarse la primera digestión antes de preceder á la se- gunda, de semejante práctica no po- dría resultar otra cosa que el desor- den: los alimentos nuevos se mezclan con los que ya han sufrido una elabo- ración, más ó ménos completa; el es- tómago, continuamente en acción, se cansa, y entonces aparecen esas dia- rreas de los convalecientes, á veces tan tenaces, que vienen á ser la deses- peración del médico. Tres ó cuatro comidas ligeras,, de cuatro en cuatro horas de intervalo, son muy bastantes para conservarlas fuerzas, pero aproxi- madas serian nocivas. De la dieta en las dolencias cróni- cas. Las afecciones crónicas raras ve- ces exigen una abstinencia completa. En la elección del régimen se debe dar la preferencia á aquel que soste- niendo las fuerzas del enfermo, no au- mente los síntomas febriles que por la noche suelen observarse. Por regla ge- neral, en este caso la dieta láctea ofrece un precioso recurso; pero ame- nudo los enfermos se disgustan de ella. Preciso es entonces buscar la ali- mentación en el régimen feculento, en los pescados, en la carne y en las le- gumbres. Difteritis. Angina membrano- sa. Digestión. La digestión es la fun- ción por medio de la cual los alimen- tos pasan por diversas alteraciones, cuyo fin es el de trasformarlos en dos partes; una, un jugo reparador que renueva la sangre en nuestros órga- nos; la otra, despojada de todo el ele- mento reparador, se expulsa como es- téril. En el hombre esta función es muy complicada, por causa de las nu- merosas cavidades que los alimentos tienen que recorrer. El mecanismo de la digestión, en el hombre, tiene lugar de la manera siguiente: los alimentos, introducidos en la boca, son en ella sometidos á la masticación y la insalivación', lle- vados después á la faringe por los movimientos combinados de la lengua y de las paredes de la boca, son tra- gados y pasan por el esófago, que los encamina al estómago. Hora y me- dia, poco más ó menos, después de su introducción en este órgano, los ali- mentos principian á trasformarse en una pulpa cenicienta, homogénea, lla- mada quimo, y son necesarias por lo común cuatro ó cinco horas para que esta trasformacion se termime. A me- dida que se va efectuando, el quimo es lanzado por las contracciones del estómago en el duodeno, en donde su presencia provoca un flujo pancreáti- co* Elaborada por estos fluidos, pol- los jugos que se exhalan de la super- ficie del duodeno y por la acción mis- ma de este intestino, la masa quimo- sa, habiendo quedado apta para dar el qicilo, se dirige hácia los intestinos delgados, en donde es despojada por los vasos quilíferos de este principio DIGESTION 663 DIGESTION eminentemente nutritivo, que entra en el torrente de la circulación. Este principio nutritivo, este quilo, es un líquido blanquecino y lácteo. A me- dida que se aparta del duodeno y que se ve privado del quilo, el quimo va tomando un color más oscuro y con- sistencia más fuerte; modificado aún por las mucosidades intestinales, lle- ga al intestino grueso donde se endu- rece, se colora cada vez más, y adquie- re un olor fétido que no tenia hasta entonces; por fin, llega al intestino recto, y sale por el ano. (Véase, el artículo Bazo, tomo 1, pág. 242. Se necesitan, poco más ó menos, veinticuatro horas, en los adultos, pa- ra que los alimentos recorran todo el conducto intestinal, que tiene cerca de treinta pies de largura; pero, si los excrementos son líquidos, pasan entonces con mayor rapidez. Todo cuanto acabamos de exponer se refiere principalmente á la diges- tión de los sólidos, porque la de los líquidos se efectúa con mucho menos trabajo, sobre todo cuando contienen pocas materias sólidas en suspensión. Pocas modificaciones tienen que ex- perimentar para pasar al torrente de la circulación, y las bebidas ácueas son tan rápidamente absorbidas, que no llegan al intestino, y pronto se ven evacuadas por las orinas, después de ingeridas en el estómago. La experiencia ha demostrado que la insalivación completa y la tritura cion exacta de los alimentos son con- diciones necesarias para una buena digestión. La costumbre de mascar poco los alimentos es nociva general- mente al estómago; las personas de cierta edad, privadas de dientes, ha- cen bien en comer con prudente len- titud; deben sobre todo nutrirse con alimentos blandos, mascarlos largo tiempo, y antes chupar que tragar aquellos que ofrecen alguna resis- tencia. La duración de la digestión esto- macal, si bien harto variable según las personas, la naturaleza y la canti- dad de los alimentos tomados, las di- versas condiciones de salud ó de en- fermedad, etc., no dura menos de cuatro ó cinco horas después de una comida ordinaria; preciso es, al menos mientras corre la primera mitad de este tiempo, guardarse de todas las circunstancias que distraigan las fuer- zas vitales llevándollas á otras partes del cuerpo, y no hacia el estómago, pues son nocivas á la digestión. Es- tas circunstancias son: un baño frió ó caliente, un bañó de pies, una lava- tiva, el andar de prisa, la equitación, la natación, las relaciones conyugales, una emoción moral muy vehemente. Todo esto, inmediatamente después de comer, puede embarazar la diges- tión. Por el contrario, distracciones agradables, los encantos de una con- versación amena después de la comi- da, ocupaciones recreativas que dis- traigan sin cautivar profundamente la atención, la satisfacción del ánimo, todo esto es favorable á la digestión. El sueño, aunque no impida la di- gestión, disminuye no obstante la ac- tividad de esta función: todos saben que el sueño, después de comer, es seguido de una especie de malestar, DIGITALINA 664 DILATACION y que aun cuando no parece nocivo, si se prolonga por algún tiempo aleja por otro tanto la vuelta del apetito. Para complemento de este artículo véase Alimentos. Digestión difícil ó laboriosa. V. Dispepsia. Digital, Dedalera, Ciiupamieles. Digitalis purpurea. Linneo. Escro- fularíneas. Esta planta es muy co- mún en los lugares montañosos de la Europa meridional, especialmente en España, donde se cria en abundancia en la provincia de Galicia, Teruel, Aragón, Madrid, en los Pirineos cata- lanes y otros puntos. Se cultiva en los jardines á causa de la belleza de sus flores rojas. Su tallo es pubescen- te, de 1 metro de altura, hojas gran- des, ovales, dentadas, color verde os- curo por encima, blanquecinas, lanu- ginosas por debajo, flores purpúreas; hojas de olor un tanto fétido, sabor amargo, acre y desagradable. Las hojas de esta planta son de uso común en medicina contra las hidro- pesías, palpitaciones del corazón, as- ma y afecciones nerviosas. Se admi- nistran en polvo á la dosis de 10 á 60 centigramos (2 á 12 granos), y progresivamente hasta 2 gramos (40 granos) por dia; su extracto se da á la dosis de 30 á 60 centigramos (6 á 12 granos) en píldoras. En alta dosis es un veneno narcótico acre; ocasiona náuseas, vómitos, evacuaciones alvi- nas, después vértigos, dolores de ca- beza, delirio, convulsiones, y la muer- te. Para remediar estos accidentes, véase el artículo Envenenamiento. Digitalina. Principio activo de la | digital. Obtenida por el procedimien- to de Nativelle (Digitalina crista- lizada) se presenta bajo la forma de agujas blancas, finas, reunidas alre- dedor del mismo eje; poco soluble en el agua, insoluble en el éter, muy so- luble en el alcohol, de sabor amargo intenso. La digitalina ejerce acción especial sobre el corazón, disminuye de un modo notable el número de sus pulsaciones, calma la sufocación, y es- tá dotada de una energía tal, que no es posible, sin peligro de la vida, dar- la más que en dosis sumamente pe- queñas (1/50 á 1/25 de gramo) re- petidas dos ó tres veces por dia, rara, vez más. Los primeros efectos tóxi- cos de la digitalina son: perturbación de la cabeza, sueños fatigantes, alu- cinaciones, después vómitos. En este período se debe cesar ya la adminis- tración de la digitalina, y aun así los vómitos suelen continuar por espacio de dos ó tres dias. La digitalina es un medicamento peligroso; no debe ser administrada á los enfermos sino bajo la dirección é inspección del mé- dico. Puede sustituirse con la digital, ó con el extracto de digital que no tiene tanta energía. Dilatación del corazón. Es una lesión que consiste en el aumento de capacidad de las cavidades del corar zon, con adelgazamiento de sus pare- des. Algunos autores le dan el nom- bre de aneurisma pasivo del cora- zón. Es una afección rarísima. Síntomas. Los individuos afecta- dos de dilatación en las cavidades del corazón experimentan dificultad en respirar y palpitaciones; el pulso es DILATACION 665 DISENTERIA flojo; los latidos del corazón se sien- ten en mayor superficie que en el es- tado normal, pero son sin impulsión alguna, débiles, y solo consisten á ve- ces en un simple estremecimiento. Los ruidos del corazón son más cla- ros, y á veces imitan el sonido metá- lico. Por último, la percusión del pe- cho hace descubrir en la región pre- cordial una falta de resonancia más extensa, por causa del aumento del volúmen que el corazón ha adquiri- do. Estas señales van acompañadas de hinchazón de la cara, de color amo- ratado en los labios, de hinchazón en los pies, y, en el período avanzado del mal, de hidropesía de vientre. Tratamiento. El tratamiento de- be encaminarse á dar aumento al es- pesor de las paredes del corazón, á devolverle á este su natural volúmen, ó por lo menos, á contener el progre- so de la alteración. Los medicamen- tos que sirven á este fin son las pre- paraciones ferruginosas y las plantas amargas. He aquí las recetas de es- tos medicamentos: Ia Hierro reducido. 15 gram. (j onz.) Se divide en 32 papeles, de los cuales se toman 2 por dia, en un po- co de agua con azúcar. 2a Tintura de Mar- te tartarizada... 30 gram. (1 onz.) Se toman 20 gotas de esta tintura dos veces por dia, en un poco de agua con azúcar. 3a Madera de cua- sia raspada .... 30 gram. (1 onz.) Vino de Málaga.... 250gram. (8 onz.) Macérase durante dos dias, y fíl- trese. Dósis: una cucharada, tres veces por dia. Diluentes. Medicamentos á los cuales se atribuye la propiedad de volver más fluidos los humores y la sangre: tales son todas las bebidas ácueas usadas en abundancia, y prin- cipalmente los cocimientos de arroz, cebada, la infusión de linaza, el sue- ro de leche, las disoluciones de goma arábiga, etc. Los efectos generales de los diluentes son de apagar la sed, templar los ardores de la piel y la fiebre, facilitar las evacuaciones alvi- nas y aumentar la secreción de la ori- na y la traspiración. Los diluentes son generalmente empleados al prin- cipio de todas las enfermedades fe- briles y durante una gran parte de su persistencia. Diplopia. Do diploos, doble, y ops, ojo. Vista doble. Lesión del sen- tido de la vista en la que un mismo objeto produce dos sensaciones distin- tas, pareciendo por consiguiente do- ble. Algunas veces la percepción de los objetos expuestos á la vista se multiplica un cierto número de ve- ces, y esta lesión se designa también con el nombre de diplopia. Este de- sorden de la visión resulta de la des- viación en el paralelismo de los ejes visuales, y de que las imágenes no se pintan en los puntos correspondien- tes de cada retina. Este fenómeno es debido ya á una lesión del cristalino, ya á una parálisis de los músculos de los ojos. Disentería. Dolencia cuyos sínto- , mas principales consisten en frecuen- DISENTERIA 666 DISENTERIA tes evacuaciones de materias mucosas mezcladas con sangre, acompañadas de cólicos y de una impresión de ar- dor en el ano. Cansas. Las causas más ó menos directas de la disentería son numero sas. En primer lugar deben referirse á las temperaturas elevadas; así, pues, en los países cálidos, esta afec- ción, con las enfermedades del hí^a- do, es una de las que ocasionan ma- yor mortandad. Los calores que su- ceden al frió húmedo producen á me- nudo la disentería. Las demas causas son: el uso de las comidas indigestas: las carnes que hubieren sufrido una fermentación pútrida, ó que procedie- ren de animales enfermos; las aguas estancadas y fangosas, la ingestión dé sustancias impropias á la nutrición, indigestiones repetidas, un simple error de régimen en los convalecien- tes, en fin, el abuso de los purgantes. Una causa no menos poderosa que las anteriores, es la' que consiste en las emanaciones fétidas é infectas que se exhalan de las sustancias animales en putrefacción, ó que se levantan de las deyecciones alvinas de hombres atacados de disentería, y reunidos en lugares estrechos, como prisiones, hos- pitales y embarcaciones. La ropa mo- jada que se conserva algún tiempo contra el cuerpo, el frió húmedo, es- pecialmente en los piés, el sueño á la intemperie durante la noche, la resi- dencia en lugares bajos y cenagosos, se presentan también como causas de la disentería. A veces reina bajo la forma epidémica; esto es, ataca á un gran número de individuos, y princi | pálmente cuando hace gran calor y mucha humedad: su causa en tal caso es la influencia atmosférica. Síntomas. Siéndola dolencia poco intensa, se anuncia comunmente por algunos dolores de vientre, irregula- res, que aumentan un poco por la pre- sión. Sobrevienen luego ventosidades en los intestinos, y se declara el de- seo de evacuar; el enfermo trata de obedecer á esta necesidad, hace es- fuerzos, y solo á mucho coste consigue expeler algunas materias fecales lí- ; quidas y mucosidades, cuyo paso de- termina una sensación ardiente y un , dolor vivo en el ano. Estas evacua- ciones se repiten hasta doce ó quince ; veces en veinticuatro horas; en oca- siones hasta treinta, cuarenta y más veces; en seguida no contienen ya ma- terias fecales, y son formadas apenas por un moco viscoso y blanquecino ó sanguinolento, mezclado algunas ve- ces con serosidad rojiza, con concre- ciones de apariencia membranosa, con sangre pura, bilis y gases; á veces, no obstante, materias fecales muy du- ras son expelidas de vez en cuando, y aun muchos dias después de la en- fermedad. Continúan con mayor ó menor violencia el tenesmo y los pu- jos; una rápida disminución de fuerzas acompaña semejante estado; el rostro palidece, especialmente en seguida de cada evacuación; el pulso se debilita, y á veces se acelera; con frecuencia suele conservarse el apetito. Pasados algunos dias, los dolores de vientre disminuyen, las excreciones son mé nos frecuentes, y en vez de presen- tarse mucosas, se vuelven fecales; el DISENTERIA 667 DISENTERIA doliente recobra el sueño y el senti- miento de bienestar que tenia antes y había perdido; una simple diarrea sucede á la disentería, y anuncia un restablecimiento próximo. Tal es por lo común la marcha de la disentería benigna, cuya duración media es de cuatro á ocho dias. En la disentería grave ó maligna, la cual se manifiesta sobre todo en las grandes reuniones de gentes, en campamentos, buques, cárceles, hos- pitales, ciudades sitiadas, etc., los do- lores abdominales son sumamente agudos, las ganas de evacuar, por de- cirlo así, son continuas, y hay enfer- mos que van al excusado cincuenta veces por día. La materia de las eva- cuaciones es serosa, casi siempre mez- clada con mucha sangre, á veces con pus; su color es oscuro ó negro, y ca- si siempre exhala un olor fétido in- soportable. Desde el principio, el en- fermo se ve obligado á guardar cama, pronto sus fuerzas se ven aniquila- das, y el semblante muestra las hue- llas de una alteración profunda. La sed es ardorosa, y apénas se ha bebi- do se sienten ganas de evacuar; el pulso es frecuente á veces, pero casi siempre sin aceleración alguna; la piel se vuelve áspera y seca. El aspecto cadavérico de las facciones, el hipo, la hinchazón del vientre, la cesación de los dolores, el resfriamiento de las extremidades, la debilidad y la insen- sibilidad del pulso anuncian un fin cercano. Duración y pronóstico. Dificilísi- mo es determinar la marcha y la du- acrion de la disentería. Desde luego puede ser violenta ó no alcanzar el mayor grado de intensidad sino de una manera progresiva; cesar de un modo repentino ó disminuir gradualmente; terminar en veinticuatro horas, ó pro- longarse más de veinte ó treinta dias. El pronóstico es favorable en la di- sentería leve, y siejnpre muy serio en la disentería intensa. Raras veces es- ta enfermedad ocasiona la muerte cuando ataca á un solo individuo ó á algunos individuos aisladamente; por el contrario, hace estragos espantosos en los campamentos, hospitales, ciu- dades sitiadas, etc. Dolores extraor- dinarios, evacuaciones casi continuas, el hedor cadavérico de las materias, el hipo, el enfriamiento de las ex- tremidades, entre otros síntomas, son los que anuncian el mayor peligro. Tratamiento. La abstinencia to- tal de alimentos sólidos es la primera condición que debe cumplirse en el tratamiento de la disentería. El do- liente debe estar en un lugar seco y abrigado, usar de bebidas mucilagino- sas, como agua de arroz, de cebada, de solución de goma, y tomar dos ó tres veces por cha lavativas prepara- das con cocimiento de simientes de lino ó de raíz de altea. Cataplasmas de linaza sobre el vientre, baños tem- plados generales ó semicupios son también provechosos; pero es preciso que el doliente, al salir del baño, se preserve del frió con gran cuidado. A estos medios se debe añadir el opio, cuya eficacia, en semejantes casos, ha sido con frecuencia demostrada. Se administra en pociones ó en píldoras. He aquí la fórmula de la pocion: DISENTERIA 668 DISENTERIA Agua natural... 125 gram. (4 onzas) Láudano de Sy- denham.... 30 gotas Azúcar 15 gram. (j onza). Mézclese. La dosis es de una cu- charada de hora en hora. La fórmula de las píldoras es: Opio 21 centígr. (| grano.) Extracto de re- galiz 10 centígr. (2 gram). Se hace una píldora y 11 más co- mo ella. Se toma una píldora tres ve- ces por dia. En los casos en que los dolores fue- sen muy agudos, conviene asociar al uso de las pociones ó de las píldoras, las lavativas opiadas que se preparan del modo siguiente: Cocimiento de li- naza 180 gram. (6 onz.) Láudano de Sy- denham 20 gotas. Mézclese. Se administran una ó dos de estas lavativas por dia. Si la disentería se mostrase rebel- de á estos medios, conviene tomar un vomitivo de ipecacuana, esto es, 1 gramo (20 granos) de ipecacuana en polvo en una taza de agua tibia. Lavativas de ipecacuana son tam- bién provechosas. Hé aquí como se preparan: Infúndense por espacio.de media hora 8 gramos (2 dracmas) de raíz de ipecacuana cortada, en dos ta- zas de agua caliente, y se cuela. El enfermo tomará dos de estas lavati- vas por dia. Las claras de huevo se emplean también con buen éxito en la disen- tería. Usanse en bebida y en lavati- va. En bebida de 6 á 12 claras de huevo, y simultáneamente tres lava- tivas por dia, preparadas cada una con 180 gramos (6 onzas) de agua templada y tres claras de huevo. Estos medios son tan poderosos, que pocas disenterías recientes habrá que no cedan en pocos dias á su in- fluencia. Pero á veces la enfermedad resiste, y es necesario echar mano de otros medios que son: Dos onzas (60 gramos) de sal de Epson en un vaso de agua templada, como purgante; el uso de polvos pre- parados como sigue: Calomelanos. 60 centígr. (12 granos) Ipecacuana.. 60 centígr. (12 granos) Opio 30 centígr. (6 granos). Redúcese todo á polvo, se mezcla bien y se divide en 12 papeles. El enfermo toma 4 papeles por dia, cada uno de 3 en 3 horas, en una cuchara- da de agua fría ó templada con azú- car. Si la disentería se prolongase, acL ministraránse algunas cucharadas de vino generoso por dia, y se hará uso de los medicamentos astringentes, como quina, cato, ratania, dioscordio ó simaruba, según las fórmulas indi- dicadas en el artículo Diarrea (véan- se tomo I. pág. 647). Conviene ade- mas esparcir, de tiempo en tiempo, en el cuarto del doliente, agua de La- barraque, á fin de destruir los mias- mas que se hubieren desarrollado de las materias evacuadas, y echar en las vasijas un poco de sulfato de hie- rro en polvo, para desinfectar las ma- terias fecales. En la convalecencia se debe evitar con el mayor cuidado la falta de re- DISLOCACION 669 DISLOCACION gimen y las impresiones del frió. Durante una epidemia de disente- ría, conviene no exponerse al conta- gio, porque esta enfermedad suele co- municarse algunas veces; por consi- guiente, se deben quitar del cuarto los excrementos á medida que sean evacuados, entretener el mayor es- mero posible, abrir á menudo las puertas y ventanas para renovar el aire, esparcir por el cuarto soluciones de cloruro de cal ó agua de Labarra- que, como antes se ha dicho, y no dormir en el cuarto que ocupa el en- fermo. Dislocación ó Luxación en ge- neral. Se llama dislocación ó luxa- ción, la salida de su lugar de un hue- so en alguna coyuntura, de manera que los dos huesos, naturalmente uni- dos, cesen de estar en contacto. Las dislocaciones más frecuentes son las del hombro, de la mano, del muslo, de la pierna, y de la mandíbula; sin embargo, todas las articulaciones pue- den dislocarse. La causa de este accidente casi siempre proviene de una violencia ex- terior, como golpe, caída, etc. La dis- locación es acompañada de una sen- sación de rasgadura interior, con do- lor penetrante y persistente. La par- te dislocada sufre más ó menos alte- ración en su forma; comparándola con la coyuntura del opuesto lado, se ve que su contorno presenta, en deter- minados puntos, prominencias anor- males, y en otros hundimientos y va- cíos insólitos. Si es un miembro, au- menta ó disminuye de largura y cam- bia de dirección. Suelen ser muy do- lorosos los esfuerzos que se intentan para moverlo; ciertos movimientos habituales se hacen imposibles. Señales qne distingen la. disloca* don de la fractura. La parte dislo- cada queda invariablemente en la po- sición insólita que toma, y solo con grande esfuerzo se le puede dar la dirección primitiva; conserva enton- ces esa dirección, y el restablecimien- to de las superficies articulares en sus relaciones naturales es marcado por la cesación completa del dolor y de la deformación, y por la facilidad de los movimientos. Eso establece una di- ferencia notable entre las dislocaciones y las fracturas, que presentan algu- nas señales del mismo género; pero, en las fracturas, la parte afectada ofrece una movilidad insólita en un punto que no corresponde á ninguna coyuntura, una facilidad bastante grande para volver á su conformación primitiva, cuando se ejercen en ella esfuerzos convenientes, y una facili- dad aun mayor para recobrar su con- formación defectuosa tan luego como dichos esfuerzos han cesado. Ademas de esto, en las dislocaciones hay au- sencia de la crepitación, que existe en las fracturas cuando se mueve el miembro, y la cual procede del con- tacto de los fragmentos del hueso quebrado. El tratamiento de las dislocacio- nes debe tener por objeto: 1" resta- blecer el^hueso dislocado en el lugar que naturalmente ocupa; 2o evitar ó combatir los accidentes inflamatorios ú. otros que pudieran acompañar ó seguir la dislocación. DÍSLOCACION 670 DISLOCACION Para restablecer el hueso dislocado en un lugar natural, se estira el miembro, tomándolo por su extremi- dad: esto se llama extensión; otras personas aseguran el cuerpo con bas- tante fuerza, para que resista á la extensión sobre él ejercida, y esto es la contra-extension. Por último, es- tos dos esfuerzos serian inútiles sin la dirección que debe darse al hueso dislocado para restituirlo á la situa- ción normal, cuando la extensión lo coloca al nivel de su cavidad: es la coaptación. Estos tres medios segui- dos de buen éxito constituyen lo que se llama reducción. La vuelta del hueso á su situación normal es anunciada casi siempre por un movimiento rápido y por una es- pecie de crujido, después del cual el dolor, la deformidad y demas acciden- tes pronto desaparecen la mayor par- te de ellos, y la coyuntura recobra la facilidad de sus movimientos. Después de la reducción, el miem- bro debe ser tenido en un estado de completo reposo y de relajación. Apli- caciones de paños mojados en agua fría y vinagre, una compresión suave, el reposo y algunas bebidas diluentes, como limonadas de limón, de naran- ja, ó cocimiento de cebada, tales son los medios que deben emplearse ge- neralmente. Cuanto más pronto se trata de re- ducir una dislocación, tanto más pron- tos y felices suelen ser los resultados. Las dislocaciones antiguas son más graves que las recientes, porque, á medida que el tiempo pasa, así cambien va pasando la facilidad de la reducción. Sin embargo, no hay época señalada para saber si la dis- locación seguirá irreductible, y exis- ten pruebas do haberse hecho reduc- ción de dislocaciones de cuarenta y hasta de ochenta dias. Para reducir cualquier dislocación, el operador debe tener presente la disposición natural de los huesos que componen el esqueleto. Dislocación del antebrazo. V. Dislocacioñ del codo. Dislocación del brazo. Afección en que la cabeza del húmero deja la cavidad articular del hombro (cain- dad glenóideá), y se dirige en dife- rentes sentidos, hacia abajo, hacia adentro, y hacia afuera. 1° Dislocación d*4 brazo hacia abajo, (Dislocación sub-coracói- dea). Es la más frecuente de las dis- locaciones; la caracteriza la promi- nencia de la cabeza del húmero en el áxila y un tanto hacia adelante, de- bajo de la apófosis coracóidea. Causas. Esta luxación suele co- munmente ser el resultado de una caída sobre el codo, y con especiali- dad sobre la palma de la mano, es- tando el brazo tendido y apartado del cuerpo. Síntomas. El brazo dislocado pa- rece más largo que el otro, y no pue- de ser ni vuelto ni levantado por el doliente, y las tentativas que se ha- cen para producir estos movimientos provocan grandes dolores. El codo está separado del cuerpo', y no se pue- de aproximar á él; el hombro se ha- lla deformado, y en lugar de ser re- dondo, ofrece una depresión. La ca- DISLOCACION 671 DISLOCACION beza del húmero hace prominencia redondeada en el sobaco, cerca de la superficie de la piel. Existe un dolor en el hombro, y muchas veces se ma- nifiesta una mancha negruzca (equi- mosis) en la cara interna del brazo. Tratamiento. Hay distintos modos de reducir esta dislocación. l.er método. Sentado el doliente en una silla, y teniéndolo una perso- na sujeto por el pecho, el operador le levanta el brazo alejándolo del tronco y haciéndole describir un arco de círculo hasta colocarlo *casi verti- cal; el operador pone entonces una mano debajo del brazo del paciente, y lo abaja aproximando el codo del tronco. Un crujido particular y la de- saparición de la deformidad indican que la cabeza del húmero ha vuelto á entrar en su cavidad natural. 2° método. Echado el enfermo en la cama, el operador ejerce la exten- sión recta, tirando el brazo hácia arri- ba, y hace él mismo la contra-exten- sion cargando sobre el hombro con la otra mano. 3° Método por medio de la rodilla. Se sienta el paciente en una silla ba ja. El cirujano, en pié, hácia el lado doliente y un poco hácia atrás, apar- ta el codo del tronco para poner su rodilla debajo del brazo del enfermo; después apoyando el pié en el canto de la silla, aplica una de sus manos sobre el hombro, coge con la otra el brazo cersa del codo, y lo abaja, aproximándolo al cuerpo, de manera á imprimir á la cabeza del húmero un movimiento de báscula de dentro á fuera. Faltando los métodos anteriores, se recurre á la extensión que consiste en el 4° método. 4° método. El doliente se sienta en una silia de poca altura. Estando el antebrazo doblado en ángulo recto con el brazo, y este puesto en una dirección horizontal, se fija por enci- ma del codo con unas vueltas de li- gadura, bien apretadas, los dos ex- tremos de una toalla doblada en cor- bata, de tal modo que la parte me- diana quede libre por debajo del codo, y forme una especie de anillo en el cual se da un lazo, sobre cuyas pun- tas los ayudantes operan tracciones. Preparada así la extensión, se prac- tica la contra-extension, haciendo pa- sar por debajo del brazo del lado dis- locado una sábana doblada á lo largo en cuatro dobleces, cuyas extremida- desvan una por delante y la otra por de tras del pecho, se reunen sobre el hombro del lado sano, y se confian á ayudantes vigorosos, ó so atan á al- guna cosa firme. Entonces se procede á las tracciones de un modo lento y regular; el operador, colocado del lado externo del miembro, sigue con la mano los movimientos impresos á la cabeza del húmero, y cuando j^zga que esta ha llegado á ponerse á nivel de la cavidad que debe ocupar, la di- rige por arriba y hácia afuera, reco- mendando á los ayudantes que hagan tracciones oblicuas hácia abajo, esto es, que abajen el brazo de manera á aproximarlo del tronco. El cirujano puede auxiliar los efectos de esta úl- tima maniobra, repeliendo hácia arri- ba y hácia atrás la cabeza del húme- DISLOCACION 672 DISLOCACION ro con las manos colocadas en el áxila. 2o Dislocación del brazo hácia adelante (Luxación entre-coracói- dea). Es caracterizada por la situa- ción de la cabeza del húmero hácia adentro de la apófisis coracóidea, más ó ménos cerca de la clavícula. Sus causas son caídas sobre el hom- bro, sobre el codo, ó sobre la mano. Sintomas. El acromio hace una prominencia por debajo de la cual se halla una depresión. La concavi- dad sub-clavicular desaparece, ó, me- jor dicho, queda sustituida por una prominencia formada por la cabeza humeral, la cual se coloca muy alta en el áxila, hácia adentro de la apó- fisis coracóidea, y más ó ménos cerca de la clavícula. El brazo está pega- do al tronco. Tratamiento. Se emplea la exten- sión oblicua, primero hácia abajo, y después horizontal, combinada con un movimiento de presión ó de báscula hecho sobre la rodilla. 3*? Dislocación del brazo hácia afuera ó hácia atrás (Dislocación sub-acromial. En esta luxación la cabeza del húmero viene á colocarse debajo de una prominencia ósea lla- mada acromio. Esta especie de luxa- ción es muy rara. Causas. Estas luxaciones son cau- sadas por caídas sobre el hombro, so- bre el codo ó sobre la mano. Síntomas. El hombro avanza há- cia afuera. El áxila está libre. La cabeza del húmero constituye un tu- mor saliente en la parte posterior del hombro. El brazo queda vuelto hácia adentro; el codo se halla hácia ade- Jante y un poco apartado del tronco. Los movimientos del hombro son do- lorosos. Tratamiento. Una persona com- prime la cabeza del húmero con los dos dedos pulgares, y al mismo tiem- po otra persona ejerce la contra-pre- sion sobre la parte anterior del hom- bro. Si este medio no llevara la ca- beza del húmero á su sitio, apliqúese el puño debajo del brazo, y comprí- mase sobre él el brazo dislocado, im- primiéndole un movimiento de bás- cula, alzando un poco el codo, y di- rigiéndolo hacia atras. Dislocación del codo ó del ante- brazo. La articulación del codo está formada por tres huesos, el húmero, el cúbito y el radio. El húmero cons- tituye el único hueso del brazo, el cúbito y el radio pertenecen al an- tebrazo; el radio ocupa el lado exter- no, esto es, el que corresponde al de- do pulgar, y el cúbito ocupa el lado interno. La prominencia que se ha- lla detrás del codo pertenece al cú- bito, y se llama olecránon. Los dos huesos del antebrazo están unidos en- tre sí por la extremidad superior, y al mismo tiempo cada uno de ellos va ligado al húmero. Ambos huesos del antebrazo se dis- locan simultáneamente sobre el bra- zo, ya conservando sus medios de unión, ya uno de ellos se disloca al mismo tiempo sobre el húmero y sobre el otro hueso. Tenemos pues que examinar: 1? La dislocación simultánea de los dos huesos del antebrazo sobre el hueso del brazo; 2° la dislocación del DISLOCACION 673 DISLOCACION radio sobre el húmero, y la del cubi- to sobre el mismo húmero. Dislocación de ambos huesos del antebrazo. Los huesos del ante- brazo pueden dislocarse en cuatro di- ferentes sentidos sobre el hueso del brazo: hacia atras, hacia adelante, ha- cia adentro y hacia afuera. De todas estas dislocaciones, la más frecuente es la dislocación hacia atras. Io Dislocación del antebrazo hacia atras. Es la dislocación en la cual la extremidad superior del radio y del cúbito pasa hacia atras de la par- te inferior del húmero. Suele tener lugar cuando, en úna caída sobre la mano, el antebrazo se halla extendi- do. El antebrazo, visto por delante, parece más corto; está un poco dobla- do en pronacion, y no puede ejecutar ningún movimiento. El codo presenta una deformación característica: el diá- metro antero-posterior aumenta; la apófisis olecránon, colocándose detras del húmero; forma un grande abulta- miento en la parte posterior. Del la do anterior la curva del brazo queda- más hacia arriba; y por debajo de ella se siente una prominencia trasversal formada por la extremidad articular del húmero. La dislocación sencilla del codo há- cia atras, conocida á tiempo, es poco grave; cuando no ha sido reconocida oportunamente suele, en poco tiempo, hacerse irreducible. Hay no obstante ejemplos de dislocaciones de este gé- género que han sido reducidas después de veinte y aun de cuarenta dias. Pe- ro estos ejemplos son raros; casi siem- pre entonces la dislocación queda per- manente; en este caso los movimien- tos de flexión y de extensión pueden aumentar de dia en dia, pero nunca llegan á ser tan libres como eran an- tes del accidente. Los movimientos de pronacion y de supinación quedan casi enteramente anulados. La dislocación reciente se reduce con facilidad. He aquí la manera de proceder: Hácese sentar al doliente en una silla; una persona le asegura el brazo cerca del sobaco; otra persona practica la extensión tirando de la mano y el puño. El operador colocado en la par- te externa de la articulación, cruza sus manos sobre la parte anterior é in- ferior del húmero á fin de enviarlo hacia atras, y carga con los dedos pul- gares en la apófisis olecránon, que se encuentra en la parte posterior, para repelerla hacia adelante; y cuando es- ta prominencia se halla debajo de las tuberosidades del húmero, recomienda á las personas encargadas de practi- car la extensión de hacer una flexión del antebrazo. Un chasquido caracte- rístico anuncia que la dislocación ha sido reducida. Después de reducida la dislocación, los movimientos del antebrazo se ha- cen fáciles. Conviene envolver la co- yuntura con paños mojados en aguar- diente alcanforado, y sostener el ante- brazo con una charpa: Pasados ocho ó diez dias, se hace ejecutar á la arti- culación movimientos suaves, á fin de evitar la anquilósis. La piel y los músculos conservan á veces cierta sen- sibilidad durante muchas semanas. 2o Dislocación del antebrazo DISLOCACION 674 DISLOCACION hácia adelante. El cubito y el radio se hallan delante del húmero. Esta dislocación es rarísima. Para reducir- la, se practica la contra-extension en el húmero, la extensión en el ante- brazo, de manera á llevar los huesos del antebrazo hácia abajo, y después hácia atras. 3a Dislocaciones laterales del antebrazo. Las dislocaciones latera- les de los huesos del antebrazo sobre el húmero rara vez son completas, por causa de los muchos encajes de las su- perficies articulares. No pueden ser producidas sino por grandes violencias que llevan los huesos del antebrazo y del brazo en direcciones opuestas, y son acompañadas de grandes desórde- denes de las partes blandas. En las dislocaciones laterales hay aumento de largura del diámetro trasversal de la articulación; el antebrazo no puede ser doblado por completo; los movi- mientos de pronacion y el de supina- cionson casi imposibles. Estas dislocaciones se reducen por medio de la extensión y de la contra extensión moderadas, durante las cua- les, y estando el antebrazo en flexión, se repelen suavemente, en sentido contrario, el húmero y los huesos del antebrazo. Dislocación del cubito hácia atras El cúbito se disloca á veces há- cia atras, ser seguido por el radio. Causas. Esta dislocación es produ- cida por una caída sobre la palma de la mano, estando el antebrazo exten- dido y la violencia dirigida sobre el la- do interno del miembro. Síntomas. El codo queda deforma- mado; el diámetro antero-posterior se aumenta. En la parte interna del co- do se manifiesta una prominencia co- rrespondiente á la extremidad articu- lar del húmero. Tratamiento. Hechas las traccio- nes en el antebrazo extendido y en posición supina, el operador envía con el dedo pulgar la apófisis olecránon hacia adelante y hacia abajo. Dislocaciones aisladas de la ex- tremidad superior del radio. La extremidad superior del radio puede dislocarse hacia adelante ó hacia atras; la dislocación puede ser más ó menos completa. Io Dislocación incompleta del radio hácia adelante . La mayor parte de las veces se observa en los niños, prodúcenla sobre todo las trac- ciones súbitas ejercidas sobre el ra- dio; así, cuando se retiene al niño por la muñeca para impedirle que caíga al suelo, cuando se le levanta á pulso para ayudarle á saltar por encima de un arroyo ó cualquiera otro'obstá- culo. Síntomas. La mano queda vuelta hácia adentro, el antebrazo en leve flexión. Comunicando movimientos de rotación á la mano, se percibe un cru- jido en la articulación. El codo aumen- ta en su diámetro antero-posterior, y en el diámetro trasversal. La cabeza del radio forma una prominencia en la parte anterior, y existe depresión en la posterior, debajo del cóndilo hu- meral. Tratamiento. Para hacer la reduc- ción, se debe poner el antebrazo en supinación, esto es, volver la curva DISLOCACION 675 DISLOCACION del brazo hácia arriba, y ejercer con el dedo pulgar de la otra mano una presión directa sobre la cabeza del hueso dislocado. 2 o Dislocación completa del radio hácia adelante. Causas. Es producida por la caída sobre la mano, el antebrazo extendido; por la caída sobre el codo; por una tracción ejercida sobre la mano llevada en pro nación; por el esfuerzo para levantar con la mano un gran peso. Síntomas. La mano se queda en pronacion completa; el antebrazo en leve flexión. La forma del codo sufre poca alteración aparente, salvo en los individuos flacos, en quienes el diá- metro antero-posterior aparece au- mentado, y el trasversal disminuido. Los movimientes del antebrazo son más ó menos dolorosos; la flexión no puede ir mas allá del ángulo recto; doblando el antebrazo, se percibe el choque de la cabeza del radio contra el húmero. En la parte posterior y externa del codo, se halla una depre- sión situada inmediatamente debajo cóndilo humeral. La cabeza del radio sobresale hácia adelante y un tanto hácia adentro del cóndilo. Tratamiento. Puesto el brazo en supinación, se ejerce primero una ilu- sión suave con los dedos pulgares, de arriba á abajo, sobre la cabeza del ra- dio, después la presión de dentro há- cia afuera y de delante á atrás. 3o Dislocación completa del ra- dio hácia atrás. Es producida por la caíada sobre el codo ó sobre la mano. Síntomas. En el momento del ac- cidente, el enfermo percibe un chas- quicio en el codo, el cual se hincha y hace sumamente sensible. El ante- brazo queda en pronacion. En la par- te posterior externa del cóndilo hu- meral, se siente la cabeza del radio rodar debajo de los dedos durante los movimientos de pronacion y de supi- nación. Tratamiento. Sentado el doliente en una silla, se le pone el antebrazo en supinación y extensión, y al mismo tiempo se ejerce la presión directa so- bre la cabeza del radio, sirviéndose pa- ra ello del dedo pulgar. Si la luxación fuese antigua, preciso será hacer pre- ceder estas maniobras de la extensión en el puño. Dislocación de los dedos. Dislocación del pulgar relativa- mente al hueso del metacarpo. Existen cuatro variedades de esta dis- locación. Ia Dislocación, incompleta hácia atrás. Resulta de la caída sobre la cara palmar del dedo pulgar. Está caracterizada por la existencia de un tumor en la palma de la mano, co- rrespondiente á la prominencia de la extremidad inferior del hueso del me- tacarpo; por otro tumor saliente en la cara dorsal de la mano, formado por la extremidad superior de la primera falange; por la conservación de la lar- gura dedo. Reducción. Después de abarcado con la mano el dedo dislocado, con- viene doblarlo y cargar al mismo tiem- po con el dedo pulgar en la cabeza de la falange. 2a Dislocación completa hacia atrás. Es producida por las mismas causas que la precedente. DISLOCACION 676 DISLOCACION Síntomas. La primera falange del dedo pulgar queda vuelta hácia atrás sobre el hueso del metacarpo, de tal modo que el dedo pulgar presenta dos flexiones en forma de Z. Del lado de la cara palmar de la mano existe una prominencia formada por la cabeza del primer hueso del metacarpo. En algunos casos los síntomas son diferentes. La primera falange del pulgar se encuentra situada detrás, y la segunda falange apenas doblada. El pulgar conserva su dirección natu- ral y está situado sobre un plano pos- terior y paralelo al plano del hueso del metacarpo; queda más- corto, si bien más ó menos, según la elevación suya, detrás del hueso del metacarpo. Tratamiento. Esta dislocación es á veces difícil de reducir. Puede ha- cerse la reducción de una de las dos maneras siguientes: a. Asegurada la muñeca por una persona, el operador tira por el dedo, envuelto en un paño, para que no resbale; así que la extensión parece suficiente, mándanse los huesos hácia su sitio merced á la presión en senti- dos contrarios á las superficies articu- lares. Para ejercer la tracción se pue- de emplear una llave; se introduce al anillo detrás de la falange, y se tira por el paletón. b. Dóblase vigorosamente la falan- ge hácia adelante, y se carga en la superficie articular para ponerla en su sitio. 3* y 4a Dislocaciones hácia ade- lante. Pueden ser incompletas ó com- pletas. Son producidas por el choque sobre la cara dorsal de la falange, ó por la caída sobre la cara palmar de la mano. Sus síntomas son variables. Existe una prominencia de la cabeza del hueso del metacarpo en la paite posterior, la falange sube por delante algunos milímetros, y el pulgar está en flexión. La reducción se obtiene por la sim- ple extensión ejercida en el dedo pul- gar, ó por la extensión del dedo pul- gar combinada con la presión en la cabeza del hueso del metacarpo y en la extremidad de la falange. Practicada la reducción, conviene aplicar sobre la articulación paños mo- jados en aguardiente alcanforado, sos- teniéndolos con una ligadura compe- tente, y situando la mano en descan- so en la charpa. Las dislocaciones de los cuatro úl- timos dedos sobre los huesos del me- tacarpo suelen ser muy raras. Sin embargo, se han observado hacia de- lante y hacia atrás, en el estado de dislocación completa é incompleta. Redúcense por medio de simple trac- ción, ó por la impulsión combinada con la flexión forzada. Dislocación de las segundas fa- langes ó falanginas. Se pueden producir hácia atrás, hácia adelante ó hácia los lados. 1? Dislocación hácia atrás. Las causas de esta dislocación actúan di- rigiendo hácia atrás la extremidad del dedo, por hallarse firme la primera falange. Está caracterizada por las siguientes señales: del lado de la cara dorsal de la articulación existe una prominencia formada por la cabeza de la segunda falange, por cima de la DISLOCACION 677 DISLOCACION cual hay una depresión profunda; del lado de la cara palmar se ve otra pro- minencia formada por la primera fa- lange, con una depresión por abajo. El dedo está mas corto. La segunda falange queda extendida y un tanto vuelta hacia atrás; la tercera falange (falangeta) algo doblada hácia ade- lante. Tratamiento. Para practicar la re- ducción, basta que el operador asegu- re la muñeca con una de sus manos, y con los dedos de la otra tire por la punta del dedo hasta reducir el hueso dislocado. Para facilitar la reducción, comunícase cierta impulsión á la ca- beza de la segunda falange, y se im- prime á esta un movimiento repenti- no de flexión. 2o Dislocación hácia adalante. Resulta del choque que repele la se- gunda falenge hácia delante, cuando la primera se encuentra retenida por un punto de apoyo. Esta luxación puede ser completa ó incompleta. Está caracterizada por la prominencia de la primera falange en la cara dorsal y de la segunda en la palmar, con flexión de las dos últi- mas falanges, é imposibilidad de ex- tenderlas. El dedo correspondiente queda más corto cuando la dislocación es completa. Se obtiene la reducción del mismo modo que en la dislocación hácia atrás. 3" Dislocaciones laterales. Son excesivamente raras. La reducción se obtiene por la extensión y compre- sión. Las dislocaciones de las últi- mas falanges de los dedos son más raras todavía que las anteriores, por causa de la poca extensión que estos huesos presentan á los cuerpos exte- riores. Casi siempre figuran en el de- do pulgar. Las señales de estas dislocaciones son análogas á las precedentemente descritas para las otras. Se reducen por medio de la tracción combinada con el impulso comunicado al hueso dislocado. Dislocación del espinazo ó de las vértebras. Las luxaciones com- pletas de toda una vértebra sobre otra son casi imposibles, á menos que no haya una fractura. No acontece lo mismo con las apófisis articulares; pueden dislocarse con mayor facilidad, sobre todo en el cuello. Entre estas luxaciones, la más común es la de la primera vértebra sobre la segunda; puede ser producida por una violenta flexión de la cabeza sobre el pecho, por el movimiento exagerado de rota- ción del cuello, en fin, por la tracción directa del cuerpo hacia abajo, ó sim- plemente por el peso único del cuer- po, tal como acontece en los ahorcados. El juego peligroso que consiste en le- vantar á un niño por la cabeza para hacerle ver lo que no ha visto, la lu- na de día, el sol de noche, etc., etc., ha dado algunas veces lagar á este accidente. En esas diferentes circuns- tancias ha sido dislocada la apófisis odontóidea, de la segunda vértebra del cuello llamada axis, la cual pue- de penetrar en el canal vertebral. Fá- cilmente se concibe que la médula, siendo en este caso comprimida ó di- lacerada, la luxación casi al momento DISLOCACION 678 DISLOCACION mismo es seguida de la muerte. Los autores citan, no obstante, observa- ciones en que los pacientes han sobre- vivido, conservando únicamente la deformidad y con la cabeza inclinada hácia adelante. También se han ob- servado luxaciones de las vértebras cervicales inferiores; resultan de una caída ó de una simple contracción mus- cular; así las volteretas que los niños ejecutan saltando ó apoyando la ca- beza contra el suelo, y un movimien- to muy rápido para mirar hácia atrás, han producido este accidente en algu- nas circunstancias. Un dolor agudo, una impresión de rotura, y sobre to- do la dislocación de la cabeza, que que- da vuelta de modo que la cara mira hácia el hombro del lado opuesto al mal, son síntomas de dislocación. Las tentativas de reducción son peligrosas y pueden acarrear la muerte; preciso es, pues, renunciar á ellas. Los do- lores disminuyen por lo común poco á poco, y el doliente queda libre, es de- cir, salvo, por toda su vida, con la ca- ra desviada de su dirección natural y la cabeza inclinada. Dislocación del hombro. V. Dis- locación DEL BRAZO. Dislocación de la mandíbula inferior, La mandíbula inferior, en razón de la estructura de sus articu- laciones con los huesos temporales, puedg solamente dislocarse hácia ade- lante, esto es, los cóndilos pueden sa- lir de las fosas glenóideas hácia la par- te anterior de las apófisis trasversales. Si la dislocación no fuese mas que de un lado, se llama sencilla] si fuese de los dos lados, se llama doble. Causas. La dislocación del hueso maxilar inferior puede ser producida por todo cuanto es susceptible de aba- jar con gran vigor y violencia la man- díbula. Comunmente suele tener lu- gar durante los bostezos ó vómitos violentos, ó es ocasionada por caídas ó golpes sobre la quijada. Ciertas personas hay tan predispuestas á esta dislocación, que están obligadas á su- jetarse la mandíbula cuando boste- zan, á fin de que no se les disloque. Síntomas. Se conoce la dislocación por los siguientes caracteres: cuando se verifica de ambos lados, lo que ocu- rre con mas frecuencia, la boca se queda abierta, no hay posibilidad de cerrarla con solo la voluntad del pa- ciente, ni por medio de presión algu- na; los dientes inferiores avanzan más que los superiores; hay continuo ba- beo; el doliente no puede tragar, ha- bla con dificultad, y siente grandes dolores junto á las orejas. Cuando la dislocación existe solo de un lado, el dolor se manifiesta úni- camente del lado en que la disloca- ción existe; la punta de la mandíbula queda inclinada hácia el lado opuesto del mal, siguiéndose, ademas de esto, dolores, dificultad de hablar, de tra- gar y de contener la saliva. Tratamiento. Para reducir la luxa- ción dupla se procede del modo si- guiente: se sienta el paciente en una silla baja, con la cabeza recostada so- bre el pecho de alguna persona, que se la asegura con ámbas manos pues- tas sobre las orejas. El operador, co- locado de frente al enfermo, le intro- duce en la boca sus dedos pulgares .DISLOCACION 679 DISLOCACION envueltos con paños, de modo que las yemas queden sobre los dientes mo- lares inferiores y las palmas de am- bas manos á los lados de la mandíbu- la. Entonces, cargando con fuerza primero directamente hácia abajo y después moviendo suavemente la mandíbula hácia atrás, los cóndilos resbalarán fácilmente hácia su sitio. -Siendo la dislocación sencilla, el operador pondrá mayor fuerza del la- do de la dislocación, y por el mismo lado moverá con suavidad la mandí- bula. Se conoce la reducción por la figu- ra natural de la parte, falta de dolo- res y facilidad de los movimientos. Preciso es evitar, durante el espacio de un mes, todo abajamiento vigoroso de la mandíbula, porque la dislocación de esta, una vez que se ha producido, predispone á una fácil y nueva repro- ducción. Dislocaciones de la mano. An- tes de tratar de ellas, vamos á descri- bir las diferentes partes de que se compone esta región del cuerpo. Descripción de la mano. La mano consta de tres paites: la muñeca o carpo', el metacarpo, que forma la parte cuadrilátera y larga de la mano! y los dedos, que son los apéndices que terminan la mano. El carpo ó muñeca se compone de ocho huesos cortos, pequeños y de fi- gura irregular, dispuestos en dos hile- ras trasversales, entre el antebrazo y el metacarpo. Estos huesesillos todos tienen su nombre particular derivado de su propia figura: son, nombrándo- los desde el borde externo ó radial al interno ó cubital: los huesos escafoi- des, semilunar, piramidal y pirifor- me en la primera fila, que están en relación con los huesos del antebrazo, radio y cubito-, y los huesos trapecio, trapezoide, hueso mayor y unciforme en la segunda fila, que están en rela- ción con la parte superior de los hue- sos del metacarpo. Estos huesos ofre- cen muchas superficies articulares pa- ra unirse entre sí ó con los huesos ve- cinos; están asegurados por medio de ligamentos fuertes y coitos, á fin de dar solidez á la articulación de la mu- ñeca, la cual goza de gran movilidad. El metacarpo (de meta después, y carpos, muñeca) comprende cinco hue- sos prolongados y colocados, unos jun- to á otros, en una dirección vertical y paralela. Como todo hueso largo, tienen un cuerpo y dos extremidades. La extremidad superior es cóncava y se articula con el carpo, la inferior presenta una cabeza hemisférica que se articula con la extremidad superior de las falanges. Estos cinco huesos constituyen verdaderamente el arma- zón de la mano, y le dan su forma; designánse por orden numérico, con- tando desde el pulgar hasta el dedo meñique: el primer hueso del meta- carpo que sostiene el pulgar, tal como se ve, está separado de los demas y dotado de un movimiento propio; pa- rece que, con las dos falanges del de- do pulgar, forma un solo dedo del cual vendría á ser la primera falange. Los otros cuatro huesos del metacar- po están sólidamente ligados entre sí, y sus movimientos son muy limi- tados. DISLOCACION 680 DISLOCACION Los dedos forman la tercera y úl- tima parte de la mano; son cinco: el primero, del lado externo ó radial, es el dedo pulgar ó pólex] el segundo, el índice ó Índex] el tercero, el gran- de, dedo de en medio ó dedo del co- razón] el cuarto, el anular] el quinto, el auricular ó dedo meñique. Cada dedo está formado de tres huesecillos, juntos unos con otros por las extremidades y llamadosfalanges] el pólex es una excepción de la regla, pues no tiene más que dos falanges; por consiguiente, hay 14 falanges en cada mano. Entre ellas, las superiores, esto es, las que se articulan con los huesos del metacarpo, son los más fuertes; las medianas falanginas) son semejantes á las precedentes; la falange de esta fila es la que falta al pólex; por último, las de la extremi- dad de los dedos (fedangetas, falan- ges de las uñas) tienen forma distin- ta; su ápice es redondeado y más an- cho que el cuerpo del hueso; hállase en relación con lo que se llama yema del dedo. Con estos huesos, la mano es ade- mas compuesta de músculos, tendones y de ligamentos; estos, que son nu- merosos, están destinados á aumentar la solidez de la mano y á comunicar los movimientos á las diferentes par- tes de que ella consta. Las arterias forman en la palma de la mano dos arcadas palmares, superficial y pro- funda] y por esta razón las heridas de la palma de la mano son seguidas de grande hemorragia. La mano tiene dos caras: una pal- mar ó palma de la mano, que es con- cava; otra dorsal', ó dorso de la, ma- no, que es convexa; dos bordes, uno radial ó externo, otro cubital ó inter- no. Una fuerte aponeurósis (palmar) sirve para mantener los tendones de los músculos, y contribuye á dar soli- dez á la mano. Dislocación del primer hueso del metacarpo (ó del dedo pulgar) relati vamente al hueso del carpo. El pri- mer hueso del metacarpo puede dislo- carse sobre el hueso del carpo, hacia atras ó hacia adelante. 1° Dislocado¡l hada atras. Es re- sultante de la caída sobre el borde externo de la mano ó sobre la palma de ella. Síntomas. Esta dislocación va ca- racterizada por la flexión forzada del dedo pulgar sobre la palma de la ma- no, por la imposibilidad de extender- lo, por el cambio de dirección del hue- so del metacarpo, por la prominencia de su extremidad superior en la cara dorsal de la mano. Tratamiento. Para hacer la reduc - cion, un ayudante asegura el antebra- zo por encima de la muñeca; otro tira del dedo pulgar, primero en la direc- ción de la dislocación, y después en la extensión. El operador abrazando la muñeca con ambas manos, repele con los dedos pulgares la extremidad su- perior del hueso dislocado, hacia aba- jo y hacia adelante. Un crujido sordo y la buena configuración de la parte, indican la vuelta del hueso á su sitio. Verificada la reducción, el 'operador aplica en el dedo pulgar un paño mo- jado en aguardiente alcanforado, en- vuelve la mano con la ligadura_con- DISLOCACION 681 DiSLOC ACION veniente, y la suspende por medio de charpa. 2" Dislocación hácia adelante. Síntomas: el primer hueso del meta- carpo se muestra prominente en la palma de la mano, el dedo pulgar, vuelto hácia atras, no puede ser diri- gido del lado del meñique; hay dolor é hinchazón. Para reducir la dislocación necesa- rio es inclinar el dedo pulgar del lado de la palma de la mano, y ejercer una sostenida extensión. (Para comple- mento de este, véase el artículo Dis- locaciones DE LOS DEDOS). Dislocación de la muñeca. Se da el nombre de muñeca 6 pulso á la ar- ticulación de los huesos de la mano con los del antebrazo (radio y cúbito). La mano puede dislocarse hácia atras ó hacia adelante. Estas disloca- ciones pueden resultar únicamente de alguna causa violenta que lleva la mano ó el antebrazo en el sentido opuesto al en que la dislocación tiene lugar. La dislocación hácia atras siempre suele ser el efecto de la violenta flexión de la mano: comunmente re- sulta de una caída sobre el dorso de la mano. La dislocación de la mano hácia adelante reconoce como causa la caí- da sobre la palma de la mano, ó un esfuerzo violento que ha hecho vol- verse la mano sobre la cara posterior del antebrazo. Sintonías. En la dislocación de la mano hácia atras, existe en la cara posterior de la muñeca una prominen- cia convexa, correspondiente á los huesos del metacarpo; en la parte an- terior sobresalen las apófisis del radio y del cúbito; la mano y los dedos que- dan doblados. La dislocación hácia adelante es caracterizada por las mismas señales que la dislocación hácia atras-,• con la diferencia que las prominencias ante- rior y posterior de la muñeca tienen la posición diametralmente inversa. Tratamiento. Para reducir las dis- locaciones de la muñeca, se hace to- mar asiento al doliente en una silla; un ayudante practica la contra-exten- sion tomando el antebrazo por la par- te superior, otro practica la extensión tirando de la mano; el operador con duce con los dedos los huesos á sus respectivos lugares, impeliéndolos en el sentido opuesto á la dislocación. Para evitar una recaída, conviene aplicar una tableta en la parte ante- rior, otra en la posterior, y asegurar la mano con un vendaje, suspendién- dola después por medio de charpa. Dislocaciones del muslo. Los gol- pes. caídas ó choques violentos, com- binados con ciertas situaciones ó acti- tudes, dan lagar á que salga la ex- tremidad superior del fémur, llamada cabeza del fémur, hácia afuera de su cavidad articular (cavidad cotilóidea). La dislocación sobreviene principal- mente cuando un monten de tierra se desprende y viene á cubrir en parte un individuo, ó cuando la carga pesa- da de un carro lo derriba al suelo. La dislocación puede producirse en dife- rentes lados de la articulación: 1 9 hácia arriba y hácia íuera; 2 ? hácia DISLOCACION 682 DISLOCACION abajo y hácia adentro; 3 ? hácia atras y hácia afuera; 4 P hácia arriba y há- cia adentro. Io Dilocacion del muslo hácia arri- ba y hácia afuera {dislocación ilía- ca). Es la más frecuente de todas las dislocaciones del muslo. Síntomas. El miembro queda de 5 á 8 centímetros más corto; el plie- gue de la nalga más alto que el del lado sano, el pié y la rodilla se vuel- ven hácia dentro; el muslo está en flexión; los movimientos de rotación hácia fuera son imposibles; la nalga está más saliente que en el lado sano. Cuando la dislocación no está redu- cida, el miembro queda más corto, y el doliente se ve forzado á usar un calzado guarnecido de una suela y ta- cón gruesos: el muslo disminuye de volúmen por la inacción de sus mús- culos. El doliente experimenta dolo- res en el anca y en el muslo, no pue- de abajarse sino con gran dificultad; le son necesarias dos muletas para an- dar; el menor obstáculo bastaría para hacerle caer. Conviene, pues, reducir la luxación lo más pronto que sea po- sible. Tratamiento. Hay dos métodos pa- ra reducir esta luxación: Primer método {método por fle- xión). Echado el doliente de espaldas, se le dobla el muslo sobre el bacine- te y la pierna sobre el muslo, y á es- te se le imprime un movimiento de rotación hácia afuera, después de lo cual se tira suavemente del muslo aá- cia abajo y hácia adentro. Segundo método {método por ex- tensión). El doliente se acuesta ssbre ' el lado sano; se le dobla el muslo dis- locado en ángulo recto con el hacine- te, y también se dobla la pierna en án- gulo recto con el muslo. Pásase entre los muslos una sábana doblada á lo largo en cuatro dobleces, y quedando su medio en la ingle del lado malo, se cruzan los extremos sobre el costa- do del mismo lado, dejando una por la parte de la espalda y otra por la del pecho, y se atan á un anillo asegura- do en la pared á la altura de la cama. Por cima de la rodilla se enlazan las ataduras para hacer la extensión. Todo preparado de este modo, los ayudantes practican la extensión, ti- rando por las ataduras en el sentido del eje del fémur puesto en la posi- ción arriba indicada: luego la cabeza del fémur se dirige á su sitio; lo cual se conoce por el alivio que siente el enfermo, la buena configuración de la parte y el chasquido que se oye. Alcanzada la reducción, se aplican en la parte superior del muslo paños mojados en aguardiente alcanforado, y se obliga al doliente á guardar ca- ma por algunos dias. 2o Dislocación hácia abajo y hacia adentro. En esta luxación la cabeza del fémur se dirige hácia adelante, en el agujero oval. Síntomas. El miembro queda más largo, la nalga más baja, el pié y la rodilla vueltos hácia afuera. En la parte interna y superior del muslo se puede sentir un tumor formado por la cabeza del fémur. No haciendo la reducción, la mareha será iáhy difícil á causa del prolonga- miento del miembro. DISLOCACION 683 DISLOCACION Tratamiento ó reducción. Primer método (método por flexión}. Acosta- do el doliente boca arriba, se le dobla el muslo sobre el bacinete y la pierna sobre el muslo, y se comunica á este un movimiento de rotación hácia aden- tro; después de lo cual se empuja suavemente hácia arriba y hácia afue- ra. Segundo método (método por ex- tensión}. Acuéstase el doliente sobre el lado sano; se le dobla el muslo dis- locado en ángulo recto con el batine- te, y también se le dobla, en ángulo recto, la pierna sobre el muslo, tal co- mo se ha dicho para la dislocación an- terior. Se le pasa una sábana por en- tre las piernas, y se ponen ligaduras sobre la rodilla, también del mismo modo. Practícase entonces la exten- sión siguiendo la dirección del fémur, esto es, hácia afuera; la cabeza del fémur va en seguida á su sitio, pro- duciendo un chasquido característico. 3o Dislocación hacia atras^y há- cia afuera ( Luxación isquiática} . Síntomas. El muslo queda en flexión, el miembro inferior vuelto hácia adentro, y más corto. En la parte posterior de la nalga, se nota la pro- minencia formada por la cabeza dislo- cada. En la parte anterior existe una depresión correspondiente á la salida de la cabeza del fémur. Se reduce del mismo modo que la luxación hácia arriba y hácia afuera, de la que difiere muy poco. 4o Dislocación hácia arriba y há- cia adentro. En esta dislocación la cabeza del fémur se coloca sobre el ramo horizontal del púbis. Síntomas. El miembro se acorta y queda vuelto hacia afuera, la nalga achatada. La cabeza del fémur forma bulto en la ingle. La reducción se ejecuta del mismo modo que en la luxación hacia abajo y hacia adentro. Las dos últimas dislocaciones son sumamente raras. Cuando la luxación no ha sido reducida, la cabeza del fé- mur forma una cavidad nueva, mién- tras que la cavidad antigua se va es- trechando hasta desaparecer por com- pleto. Dislocación espontánea del mus- lo. V. CoXALGIA. Dislocación del pié ó Tibio tar- tiana. El pié se articula con la pier- na mediante el astrágalo, uno de los huesos del pié, y de las extremidades inferiores de la tibia y del peroneo huesos de la pierna. Esta articulación ademas de ser cogida por fuertes liga- mentos, tiene á los lados los dosTobí- llos que le dan bastante solidez; con todo, las violencias externas, como caídas, saltos, golpes etc., pueden cau- sar la dislocación del astrágalo hacia diferentes lados; esto es, hacia aden- tro, hacia afuera, hacia atras, hacia adelante y hacia aniba. Todas estas dislocaciones son casi siempre acom- pañadas de fractura en los]tobillos. Causas. La dislocación hácia aden- tro es la más común dentadas; las cau- sas que la originan son'generalmente, una torcedura violenta, en la cual el pié queda vuelto hácia adentro, ó una caída de paraje elevado sobre el mar- gen externo del pié. La dislocación que se verifica hácia DISLOCACION 684 DISLOCACION afuera, reconoce causas idénticas, si bien obrando en sentido opuesto. La dislocación hácia atras es rarí- sima; muy difícilmente puede ocurrir por el efecto de una causa que se li- mite á volver fuerte y repentinamen- te el pié: suele tener lugar en las caí- das de lugares altos sobre la planta del pié cuando esta apoya en toda su extensión sobre un plano inclinado há- cia adelante. Por último, la dislocación del pié hácia adelante, sumamente rara, se verifica siempre por la extensión vio- lenta del pié, resultante de la caída del cuerpo hácia afras, hallándose el pié retenido por un obstáculo cual quiera. Síntomas de las dislocaciones del pié. En la dislocación hácia adentro, la cara dorsal del pié está vuelta há- cia adentro; la cara plantar hácia afuera, el borde interno del pié queda hácia abajo, y el borde externo hácia arriba. En la dislocación hácia afuera, el pié queda vuelto hácia fuera; su cara superior queda hácia la parte de afue- ra, y la cara plantar á la parte de adentro, el borde externo hácia abajo y el interno hácia arriba. En la dislocación hácia atras, la parte anterior del pié queda más cor- ta que de costumbre; existe por delan- te una elevación formada por la ex- tremidad inferior del hueso de la pier- na, y esta elevación queda separada de la cara superior del pié por una es- pecie de arruga trasversal de la piel; el pié no puede ejecutar ningún mo- vimiento. i Cuando existe la dislocación hácia adelante, el pié está en la extensión forzada, quedando el calcañar más corto, la parte anterior del pié más larga; existe por delante un tumor du- ro, redondo y voluminoso. La dislocación hácia arriba, es una variedad de la dislocación hácia afue- rr, de la cual difiere en que el pero- neo se separa de la extremidad infe- rior de la tibia para permitir alastrá- galo que se coloque entre la tibia y el peroneo. El pié no queda desviado, el espacio entre ambos tobillos se es- tira considerablemente, las prominen- cias de los tobillos descienden hácia la planta del pié. Las dislocaciones del pié son acom- pañadas por lo general de fracturas de los huesos de la pierna, y de rotura de los ligamentos. Pueden asimismo ser complicadas de contusiones, de he- ridas y, con la salida de los huesos, constituyen entonces dolencias graves. En los casos menos desgraciados, las dislocaciones del pié, después de re- ducidas, dejan durante algún tiempo, cierta rigidez en la articulación y á veces la imposibilidad de mover el pié. En algunos casos estas dislocacio- nes son seguidas de inflamación, apos- temas, cáries de los huesos, y hasta llegan á reclamar la amputación del miembro. Tratamiento. Cualquiera que sea la dislocación, necesario es reducirla inmediatamente. Acostado el dolien- te en una cama, una persona le asegu- ra la pierna junto á la rodilla; otra persona ejecuta la extensión, tirando DISLOCACION 685 DISLOCACION del calcañar y empeine del pié, hasta que los extremos dislocados^se pon- gan paralelos; entonces el operador- Ios conduce á su lugar propio, sirvién- dose de los dedos. Para mantener la reducción es indispensable, sobre to- do si el peroneo se hubiere quebrado, aplicar el aparato de las fracturas del peroneo, ó el de las fracturas de los huesos de la pierna. V. Fracturas. Aun en el caso de la simple dislo- cación, es conveniente, una vez hecha la reducción, que el paciente guarde por muchos dias el pié en reposo; y que aplique, alrededor de la coyun- tura, paños mojados en agua fría mez- clada con aguardiente alcanforado. Dislocación de la pierna. V. Dis- locación DE LA RODILLA. Dislocación del radio. V. tomo I, pág. 675. Dislocación de la rodilla, Se da el nombre de rodilla á la articulación de la tibia ( hueso de la pierna ) con el fémur (hueso del muslo) (ártica lacion f¿moro-tibial). Un hueso pequeño, chato, llamado rótula, aplicado sobre la superficie cóncava que separa las dos prominen- cias del hueso del muslo, forma la parte saliente de la rodilla. Estas dos prominencias del fémur, llamadas cón- dilos, son recibidas en las dos cavida- des de la cabeza de la tibia, hueso de la pierna, y constituyen la articula- ción propiamente dicha, que está ase- gurada por gran número de ligamen- tos. En este lugar trataremos de las dislocaciones fémoro-tibiales; en cuan- to á las dislocaciones de la rótula ó choquezuela, nos ocuparemos en lugar separado. La tibia puede dislocarse relativa- mente al fémur hacia adelante, hacia atras, hacia adentro y hacia afuera. Estas dislocaciones pueden ser com- pletas ó incompletas. Cansas. Las dislocaciones de la rodilla son comunmente producidas por la caída de escaleras, el descenso de un carruaje, la caída en un foso, etc. Estando la pierna sólidamente fija- da, por un medio cualquiera, si algu- na fuerza violenta empujase el tron- co y el muslo hacia adelante, hacia atrás, hacia adentro ó hacia afuera, podría resultar la luxación, ya com- pleta, ya incompleta, de cualquiera de las cuatro direcciones mencionadas. Puede sobrevenir, ademas, y casi por el mismo mecanismo, cuando fuese la pierna la que recibiera el esfuerzo, mientras el muslo, hallándose fijado por un punto de apoyo cualquiera, se encontrase en la imposibilidad de se- guir el movimiento impreso al resto del miembro. En el primer caso, la tibia es la que resbala sobre los cón- dilos del fémur, miéntras que en el segundo, es el fémur quien resbala sobre las superficies planas de la tibia. Señales. La dislocación completa de la pierna es, en general, fácil de reconocer. Se observa un acortamien- to del miembro, que suele variar des- de algunos milímetros hasta 8 á 10 centímetros. La pierna queda entor- pecida; la rodilla presenta una defor- > midad evidente, que difiere según la I clase de dislocación. DISLOCACION 686 DISLOCACION Io Dislocación completa de la pierna hacia adelante. Está carac- teriza por los síntomas siguientes: La rodilla forma un ángulo. La tubero- sidad de la tibia forma bulto hácia adelante. La rótula queda echada ca- si horizontalmente sobre el medio de la superficie articular de la tibia, con la cara anterior vuelta hácia arriba. En la parte posterior la curva de la pierna desaparece, las eminencias fe- morales (cóndilos) levantan la piel muy señaladamente. El muslo parece corto por delante, y la pierna por detrás. En la dislocación incompleta, las prominencias sonménos considerables; el miembro queda estirado; la rótula se halla en su posición normal: pue den comunicarse á la pierna movi- mientos laterales bastante extensos. 2o Dislocación de la pierna há- cia atras. El diámetro anterior pos- terior de la rodilla queda más exten- dido; los cóndilos del fémur forman prominencia en la parte anterior, las tuberosidades de la tibia pueden ser percibidas en la parte posterior. En la dislocación incompleta, la pierna queda en extensión ó flexión leve; la tibia forma en la curva de la pierna un tumor más marcado en la extensión que en la flexión de la pierna. En la dislocación completa, la pier- na está en extensión; las prominen- cias formadas por las tuberosidades de la tibia y por los cóndilos del fémur son mucho más considerables. La ró- tula queda casi horizontal, su cara anterior dirigida hácia abajo, el borde superior vuelto hacia adelante. La pierna está realmente más corta á causa de la ascensión de la tibia de- trás del fémur. 3o Dislocación de la pierna ha- cia afuera. Dislocación incompleta. El fémur forma prominencia en la parte interna; la rótula queda más ó ménos deviada hácia afuera. Dislocación completa. Es muy ra- ' ra. En este caso la tibia sube del la- do externo del fémur. 4° Dislocación de la pierna ini- cia adentro. Dislocación incomple- ta. Está caracterizada por la promi- nencia de la tibia en la parte interna, y por la prominencia de la extremidad del fémur en la parte externa. La ró- tula queda oblicuamente dirigida há- cia abajo y hácia adentro. Dislocación completa. Es excesi- vamente rara. Las prominencias son mas considerables; existe comunmen- te una herida en los tegumentos por la cual sale la extremidad inferior del hueso del muslo. Tratamiento. La reducción de las diversas dislocaciones de la pierna, es fácil por lo general. Para practicarla, se acuesta al doliente en la cama bo- ca arriba. Se pasa por entre los mus- los una sábana plegada á lo largo en cuatro dobleces, cuyo centro se coloca en la ingle del lado malo, se cruzan los extremos sobre el costado del mis- mo lado, quedando uno por la parte de las espaldas, y el otro por la del pecho, y se atan á un anillo asegura- do en la pared á la altura de la cama. Estando el cuerpo fijado de este mo- do, un suficiente número de ayudan- DISLOCACION 687 DISPEPSIA tes practican la extensión, tirando di- rectamente la pierna con las manos, ó por ligaduras enlazadas encima de los tobillos. El operador, aplicando entonces las palmas de las manos so- bre las extremidades de los huesos dislocados, las comprimen en opuesto sentido hasta reducirlas á sus sitios. Envuélvese después la rodilla con paños mojados en agua fría mezclada con vinagre ó aguardiente alcanfora- do, y el doliente debe guardar un prolongado reposo. Pénesele primero el miembro en leve flexión sobre al- mohadas; si la mejoría continúa, se le imprimen suaves movimientos pasa- dos ocho ó diez dias; auméntase gra- dualmente la amplitud de estos mo- vimientos, de modo que el doliente pueda levantarse y andar con mule- tas al cabo de tres ó cuatro sema- nas. Si existieran numerosas roturas, ya fibrosas, ya musculares, el reposo y las precauciones se continuarán por largo tiempo, y los movimientos se ensaya- rán con la mayor prudencia posible; pero, aun en estos casos, conviene re- cordar que la inmobilidad largo tiem- po observada expone á la anquilósis. Dislocación de la rótula ó cho- quezuela. La rótula ó choquezuela es un hueso pequeño y chato, situado en la parte anterior de la rodilla. Se puede dislocar hacia adentro ó hácia afuera. Las dislocaciones se producen es- tando la pierna extendida: la rótula queda entonces muy saliente, suma- mente móvil; y un golpe violento so- bre su márgen interna, que es más saliente, llevará este hueso hacia adentro ó hacia afuera. Las señales de estas dislocaciones son: Io falta de movimientos; 2° al- teración en la forma de la rodilla; 3o depresión en el sitio en que de- berla existir la rótula; 4o prominencia anormal, dura, ósea, situada hacia dentro ó hacia fuera de dicha depre- sión, conforme la dislocación fuere in- terna ó externa. Tratamiento. Para encajar la ró- tula en su lugar, estando el paciente acostado boca arriba, una persona le levanta el pié vigorosamente hacia arriba; otra persona empuja la rótula de dentro hacia afuera ó de fuera ha- cia adentro, según sea la forma de la dislocación en uno de estas sentidos. La reducción se hace con facilidad, sin que sea necesario emplear mucha fuerza. Hecha la reducción, el dolien- te debe permanecer acostado durante algunos dias, colocando la pierna en extensión y el muslo en media flexión, mientras que la naturaleza verifica la soldadura de los extremos de los li- gamentos rotos. El pronóstico no es grave casi nunca; pero conviene ob- servar que los dolientes quedan suje- tos á recaída. Dislocación de las vértebras. V. Dislocación del espinazo. Dismenorrea. Producción difícil de los menstruos. V. Menstruación. Disolución. V. Solución. Dispepsia. Del griego das, difícil- mente, ypepsis, digestión. Digestión difícil. La dispepsia más bien es,un síntoma concomitante que una dolen- cia propiamente dicha, y depende á* DISTENSION 688 DIURETICOS veces de la inflamación del estóma- go, otras veces de su debilidad, ó, por último, de la perturbación nerviosa. Una mala digestión es generalmente anunciada por una sensación de pe- so y de ansiedad en la boca del estó- mago, por náuseas y después por eruc- tos con olor de huevos podridos. Pue- de también traer eructos ácidos y amargos; estas molestias concluyen después por vómitos. Los medicamen- tos que convienen contra la dispep- sia son: Io Infusión teiforme de manzanilla, de melisa; ó café después de comer, y comer moderadamente. 2° Pildoras de áloes. Aloes en polvo. 2 gramos (40 gran.) Hácense 20 píldoras. Para tomar- una ó dos píldoras diarias. 3o Ruibarbo en polvo 2 gramos (40 gran.) Dividido en 10 papeles. Para tomar un papel por dia, en hostia, una hora ántes de la comida. Dispnea. Dificultad de respirar. La dispnea no constituye una dolencia esencial; propiamente hablando, no es más que un síntoma de otras afec- oiones. Puede depender de gran nú- mero de causas diferentes. V. Asma, Bronquítis, Aneurisma del cora- zón, Pleuresía, Histerismo, etc. Distensión, Torsión. Acción de tirar con cierta fuerza; estado de los cuerpos que actualmente experimen- tan una tensión violenta. El tratamiento consiste en el re- poso y en la aplicación de paños mo- jados en agua fria mezclada con aguar- diente alcanforado. Si la hinchazón se presenta hay que aplicar cataplas- mas de harina de linaza. Disuria, Jscurta, Estranguria. Del griego dus, difícilmente, y uron] orina. Dificultad de orinar. La disu- ria no es sino un síntoma de alguna de las numerosas afecciones de los órganos urinarios. Puede ser produ- cida por el estrechamiento del canal de la uretra, por las arenillas entra- das en este canal, por la existencia de tumores situados en las inmedia- ciones del mismo canal, por la altera- ción de la glándula próstata, y, en úl- timo caso, por alguna dolencia de la vejiga. (V. Vejiga (Inflamación de la), Piedra, Estrechés, Retención de orina.) Cualquiera que sea la cau- sa de la dificultad de orinar, semicu- pios de agua tibia, cataplasmas de li- naza en la parte inferior del vientre, y la infusión de linaza para bebida, son los medios que aprovechan en la mayor parte de los casos. DIURÉTICOS. Nombre dado á los medicamentos (pie tienen la pro- piedad de aumentar la secreción de las orinas. El nitro, el acetato de po- tasa, entre las sustancias minerales; la digital, el espárrago, la parietaria, el peregil, la grama, el apio, las ba- yas de enebro, los zumos de limón, de naranja, y toda bebida acídula, las semillas de lino, la cainca, el mate y otras, entre las sustancias vegetales, gozan de la reputación de diuréticas. La misma agua pura, cuando se be- be fria, es esencialmente diurética, debiéndosele en gran parte la acción de los cocimientos preparados con las plantas que acabamos de enumerar DOLOR 689 DOLOR La cerveza, el vino blanco, el del Rin, el de Champaña, también poseen propiedades diuréticas muy pronun- ciadas. Los diuréticos se emplean princi- palmente en las hidropesías, en la go- ta, en las arenillas, y en otras afeccio- nes de las Vias urinarias. Apélase también á ellos con algún provecho en las inflamaciones ligeras del híga- do y del bazo, y para hacer cesar la secreción de la leche en las mujeres ál tiempo del destete. Cuando en el curso de esta obra tratamos de cada una de las sustancias diuréticas en particular, indicamos entonces su do- sis y la manera de tomarlas. Divieso. V. Furúnculo. Dolor. Se llama dolor toda sensa- ción aflictiva sentida en cualquier par- te del cuerpo. El dolor entra como elemento necesario en casi todos los estados mórbidos. Constituye el ca- rácter dominante de la mayor parte de las enfermedades nerviosas. Es casi inseparable del estado inflamato- rio, pero varía mucho en intensidad. Los dolores sifilíticos ocupan en par- ticular los huesos, y se manifiestan, sobre todo, durante la noche, bajo la influencia del calor de la cama ó de las ropa: el doliente siente alivio cuan- do el tiempo está frió. Trataremos de ellos en el artículo Sífilis. Se lla- man dolores reumáticos nerviosos, aquellos que comunmente son inter- mitentes, que aparecen y desaparecen de un modo súbito, que existen sin fiebre y sin cambio notable de la par- te afectada. Como los dolores son únicamente un síntoma, trataremos de ellos al hablar de cada una de las enferme- dades ó de cada uno de los órganos en particular. Así el lector podrá te- ner el tratamiento de los diferentes dolores en los artículos correspondien- tes. En el presente artículo nos ocu- pamos de los dolores de cabeza y de los riñones. Dolor de la anca. V. Coxalgia. Dolor articular. V. Reumatismo. Dolor de cabeza. En este lugar no tratamos de la jaqueca, cuya natu- raleza es nerviosa, y á la cual consa- gramos un artículo especial. No hay cosa más común que los dolores de cabeza sintomáticos de diversas afec- ciones. Son un síntoma esencial, dig- no de atención, en las afecciones agu- das y crónicas del cerebro. También son ocasionados por cualquiera dolen- cia que se presenta acompañada de fiebre. El romadizo produce con fre- cuencia dolores en la parte inferior de la frente. A veces, por último, los sufrimientos de la cabeza son el úni- co incidente que perturba la salud, y constituye por sí solo el malestar y la enfermedad. Ocupémonos desde luego de los do- lores idiopáticos; esto es, de aquellos dolores cuyo asiento se debe suponer en la cabeza; después trataremos de los dolores simpáticos ó sintomáticos. Debe suponerse que los dolores de ca- beza pertenecen á la primera catego- ría, cuando las causas obran directa- mente sobre el cerebro. Tales son los trabajos prolongados de espíritu, vigilias extraordinarias y sostenidas, pasiones violentas, insomnios ó sueño DOLOR 690 DOLOR inmoderado, el abuso de las bebidas alcohólicas y narcóticas, la insolación, la inspiración de gases deletéreos, del vapor del carbón, por ejemplo, y los golpes en la cabeza. Todas estas cau- sas, y algunas otras de la misma na- turaleza, determinan en el cerebro cierta fatiga, una congestión que se manifiestan por el embarazo, peso, dolores sordos ó agudos de la cabeza: á veces hasta suele resultar de esto una inflamación, un frenesí; entonces la fiebre y el delirio se juntan á los dolores de cabeza y á los demás sín- tomas, para anunciar una enfermedad grave. La apoplegía, la epilepsia, la catalepsia, son también precedidas de dolores de cabeza idiopáticos ó cere- brales. Los dolores de cabeza simpáticos, cuyo punto inicial está más ó menos separado del cerebro, que no son sino el eco de las lesiones aparentes ú ocultas de algún órgano, reconocen numerosas causas, á menudo indeter minadas. El mayor número de estos dolores simpáticos, que no exceden el grado de incomodidad, proceden de las malas disposiciones del estómago y de los intestinos. Personas hay cu- yos órganos digestivos son tan capri- chosos, que no pueden usar de cier- tos alimentos y de ciertas bebidas, sin exponerse á padecer dolores de cabeza. La dureza de vientre los pro- voca no pocas veces. Después de los órganos digestivo», los órganos geni- tales son la fuente más fecunda de los dolores de cabeza simpáticos. Sa- bido es cuán comunes son en las mu- jeres histéricas, y en las épocas de la menstruación. Los hipocondríacos y los melancólicos se ven á menudo atormentados por los dolores de cabe- za. La plétora, ó abundancia de san- gre en el cuerpo, y el virus sifilítico, son también sus causas frecuentes. Igualmente se observan en todas las fiebres graves, en la mayor parte de las inflamaciones agudas, en gran nú- mero de inflamaciones crónicas, en las erupciones febriles, etc. Tratamiento. El tratamiento de los dolores de cabeza exige ante to- do la privación de sus causas deter- minantes, cuando estas causas son apreciables, y cuando el doliente se puede librar de ellas. Estas causas han sido señaladas, y cada uno debe evitar aquella ó aquellas que le sean particulares. Según su especie, con- viene recurrir al descanso del espíri- tu, á las sensaciones agradables, al sosiego de los sentidos, á las distrac- ciones recreativas, y sobre todo al ejercicio, salvo cuando la fatiga lo hu- biere precedido; á un sueño regular y no excesivo, á la templanza ó suspen- sión de las bebidas embriagadoras y estupefacientes, á las cuales podemos añadir el abuso del tabaco; á la so- briedad ó á la elección de alimentos menos sospechosos, á las lavativas contra la dureza de vientre, á las precauciones necesarias para evitar la impresión directa sobre la cabeza de muy elevadas temperaturas. Si el rostro estuviese encendido, la cabeza caliente y los sentidos ani- mados, se usarán pediluvios calientes, se aplicarán en la frente paños mo- jados en agua friay vinagre, se aban- DOLOR 691 DOLOR dolarán las ocupaciones materiales y se evitarán también las emociones vehementes. En los dolores de gran- de intensidad, preciso es recurrir á los medicamentos purgantes, á las sangrías ó á la aplicación de sangui- juelas. El estado pictórico exige á su vez evacuaciones sanguíneas, un ré- gimen poco nutritivo, compuesto prin- cipalmente de vegetales. Si el estó- mago estuviere indispuesto, se obser- vará la dieta; se hará uso de una be- bida diluente, si la sed existiere (agua con azúcar, limonada, etc.), ó sino de té, de infusión de manzanilla ó de café; se pueden favorecer las náuseas ó los vómitos declarados, con agua tibia, ó la introducción de los dedos en la garganta. Muchos dolores de cabeza suelen ceder al uso de 5 cen- tigramos (1 grano) de emético, ad- ministrados en una taza de agua ti- bia. Los dolores de cabeza que proce- den de la sífilis deben ser tratados por los medicamentos antisifilíticos. (V. Sífilis.) Su carácter especial con- siste, como ya queda dicho, en anun- ciarse principalmente durante la no- che y por la influencia del calor. Los dolores sintomáticos de las enferme- dades, tales como la fiebre cerebral, epilepsia, resfriado, sarampión y otras, reclaman el tratamiento de di- chas enfermedades; no podemos ocu- parnos de ellas aquí porqne seria irra- cional separar un simple síntoma, de afecciones que exigen ser tratadas ba- jo un punto de vista más general. Dolores de la cadera. V. Ciá- tica. Dolores de la cara. V. Neural- gia FACIAL. Dolor del cuello. V. Tortícolis. Dolor de dientes ó muelas. V. Dientes. Dolor de estómago. V. Calam- bre DEL ESTÓMAGO y ESTÓMAGO. Dolor de la garganta. V. An- gina. Dolor de los huesos ó dolores osteócopos. V. Sífilis. Dolor nervioso. V. Neuralgia. Dolor de oído. V. Oído. Dolor del pecho. V. Pecho. Dolor de riñones. Dolor de la re- gión lumbar, es decir: de la parte in- ferior del dorso, comprendida desde la cintura hasta la extremidad del es- pinazo. Este dolor se limita algunas veces á un solo lado, otras veces los ocupa ambos, se manifiesta casi siem- pre de una manera repentina; cuando es fuerte, obliga á los dolientes á en- corvarse hacia adelante, y se opone al enderezamiento de la columna ver- tebral; existe sin hinchazón y sin ru- bicundez de la parte afectada; raras veces viene acompañado de aumen- to de calor local, y no produce fiebre sino cuando se manifiesta con cierta violencia. Un aire frió que venga á coger la región lumbar, un esfuerzo para le- vantar alguna cosa pesada, un movi- miento rápido de torcedura del tron- co, la acción de estar encorvado ha- cia adelante por algún tiempo, y á ve- ces la simple acción de abajarse, ta- les son las cansas que producen este dolor la mayor parte de las veces. La afección, tal cual acaba de ser DOLOR 692 DOSIS descrita se llama en términos cientí- ficos lumbago, y no debe ser confun- dida con los doloies de riñones comu- nes á las mujeres en la época de los menstruos: los dolores de riñones que ahora ocupan nuestra atención, sue- len tener su asiento en los músculos de la región lumbar; su duración me- dia es de ocho á diez dias, desapare- cen á veces en veinticuatro horas, y otras veces, si bien son rarísimas; su duración es de algunas semanas. Tratamiento. El tratamiento del dolor de riñones es el siguiente: La aplicación de un sinapismo en los riñones. Fricciones en los riñones con esen- cia de trementina. La primera ó la segunda de estas aplicaciones con frecuencia es bastan- te para curar el dolor de riñones; pe- ro si no alcanzaran á curarlo, se re- currirá á las fricciones con una de las preparaciones que vamos á indicar: Io Aguardiente al- canforado 90 gram. (3 onz.) 2° Linimento trementinado y al- canforado, cuya receta es: Esenciade tremen- tina 60 gram. (2 onz.) Abeite alcanforado. 60 gram. (2 onz.) Mézclese. 3° Linimento alcanforado'. Aceite alcanforado. 30 gram. (1 onz.) Cerato simple .... 4 gram. (1 drac.) Tintura de opio.. 4 gram. (1 drac.) Mézclese. 4o Bálsamo opod-eldoch. 1 frasco. Si esto no fuese suficiente, se apli- ca un vejigatorio en la región lum- bar. Por último, dolores de riñones, que resisten á la acción de todos estos re- medios, han sido curados con un vo- mitivo de tártaro emético, y con 60 gramos (2 onzas) de sal de Epson, un baño general caliente, ó provocan- do sudores con una taza de infusión caliente de saúco, y metiéndose en cama. Dolor de vientre. V. Cólico. Dorso. Parte posterior del tronco, que se extiende desde la última vér- tebra cervical hasta la primera lum- bar. V. Espinazo. DÓSIS. Se llama dósis la canti- dad, determinada por peso ó medida, de un medicamento que debe ser ad- ministrado á un enfermo. También se llama dósis la medida exacta de cada uno de los ingredientes que de- ben entrar en los medicamentes com- puestos, como pociones, píldoras; etc. La dósis de los medicamentos va- ría bajo la influencia de causas muy distintas, como el sexo, la edad, el temperamento, profesiones, costum- bres, etc. Así, pues, la dósis de un medicamento debe ser ménos fuerte para una mujer que para un hombre, y para las personas débiles que para aquellas que están endurecidas por el trabajo. Esta diferencia debe ser gra- duada según las edades: las personas son tanto más impresionables á la ac- ción de los medicamentos cuanto más jóvenes sean. Hé aquí la escala que debe seguirse: Para un adulto, dósis entera .. 13 Para un niño de ménos de un año. 1 /16 De. 1 á 2 años 1/8 De 2 á 3 años 1/6 D0TINENTER1A 693 UKAGOM 1LJLÜ De 3 á 7 años 1/3 De 7 á 14 años 1/2 De 14 á 20 años 2/3 De 20 á bO años 1 Para las personas arriba de 60 años debe seguirse la graduación inversa. Siendo la mujer por lo común de cons- titución menos robusta que el hom- bre, las dosis para ella deben ser al- go menores. La dosis de los medicamentos pre- sentada en este Diccionario es la que comunmente se da á un adulto. Advertiremos que la costumbre in- fluye poderosamente sobre la dosis de los medicamentos. Hay ciertas sus- tancias que, administradas progresi- vamente en dosis crecientes, pueden ser elevadas á una cantidad capaz de producir un envenenamiento si fuese dada toda en un principio. Así, por ejemplo, el opio en la dosis de 1 gra- mo (20 granos) debe ser considerado como veneno; mientras tanto, los do- lientes pueden llegar, progresiva- mente, á dosis aun mayor, sin acci- dente alguno. DOTINENTERIA, Dotineuterí- tis. Del griego dothine, grano, y en- teron, intestino. Erupción de granos en el intestino. Este nombre, creado recientemente, sirve para designar una afección conocida desde tiempo atras, y descrita por los autores bajo dife- rentes nombres. Hipócrates la llama /renitis, los médicos que le sucedie- ron le dan los nombres de fiebre pú- trida, fiebre biliosa, fiebre mucosa, fiebre adinámica y atóxica, ó gas- tro-enteritis foliculosa, y por último fiebre tifoidea. De ella nos ocupare- mos en el artículo Fiebre teoídea. DRAGONCILLO ó FILARIA. De sígnase con el nombre de dragonci- llo, gusano de Medina ó de Gui- nea, un gusano cilindrico, filiforme, sumamente largo, de color blanco, de una grosura igual en toda su. ex- tensión, menos en la parte de la co- la, que es un poco más delgada y cur- va. El dragoncillo recibió en el Bra- sil el nombre de bicho de la Costa, porque en los primeros tiempos eran los nogros recien llegados de Africa los en que se manifestaba este gusa- no; pero actualmente se observa en otros muchos lugares de este impe perio. Los negros en Africa le dan el nombre de subía. Su largura va- ría desde 24 centímetros hasta 6 ó 7 metros, y ¿u grueso desde el do una hebra de hilo hasta el de un braman- te. Hállase por lo común debajo de la piel, cerca de los tobillos, en el es- croto, y á veces en los brazos, en el cuello, cabeza y tronco. El Dr. Clot- Bey lo ha visto en Egipto junto al frenillo de la lengua. El dragoncillo no se encuentra si- no en ciertos países, como la Arabia, las costas del golfo Pérsico y del mar Caspio, á orillas del Ganges, en la Abisinia y en las costas de Guinea. En Rio de Janeiro, el profesor D. Cristóbal José de los Santos intentó una vez la extracción de un dragonci- llo que existia en la órbita por cima del ojo en una negra. En Rio de Ja- neiro hemos tenido la ocasión de ha- ber observado el dragoncillo dos ve- ces, una junto al tobillo, y otra en la membrana externa del ojo izquierdo; DRAGONCILLO 694 DRAGONCILLO ambos casos en negros recien llegados de Africa. La extracción del primero no fue difícil, porque una porción de él estaba ya fuera y no le era posible huir. En cuanto al dragoncillo del ojo, debajo de la primera membrana lla- mada conjuntiva^ que aun no había abierto salida, apenas sintió la pinza se hundió y no pareció más en ningu- na otra parte del cuerpo. Esto acon- teció el dia 10 de Enero de 1848; el negro no se quejó después de ningún malestar; y teniéndole continuamente en observación hasta el 10 de Diciem- bre del mismo año, siempre se le vió gozar de perfecta salud,' á pesar del gusano que en su cuerpo tenia. Causas. Las causas que presiden á la formación del dragoncillo no se conocen todavía. Como otros muchos gusanos, se desarrolla espontánea- mente en el cuerpo del hombre: tal es la opinión más admitida; ignóranse completamente las causas próximas de su desarrollo. Hánse indicado mu- chas: la mala calidad de las aguas, el uso del vino de palmera, de cier- tos pescados, del trigo de la India, los aires y el rocío de algunos países, aquellos en que ha sido observado; pero también hánse visto individuos expuestos á estas influencias sin con- traer el dragoncillo, mientras que otros que, por el contrario, las han evitado cuidadosamente, no por eso se han librado de contraerlo. Algunos autores creen que se introduce a tra- vés de la piel poco tiempo después de su nacimiento, época en la cual supo- nen que es de una tenuidad extraor- dinaria, en la idea de algunos en el estado de larva. Los primeros imagi- nan que entra en el cuerpo del hom- bre con el agua que bebe, ó por la piel cuando la persona se baña. Los segundos le hacen proceder de un in¿ secto, del cual no dan el nombre. Síntomas. El¡primer síntoma que auncia la presencia del dragoncillo es una comezón desagradable en el sitio en que está aposentado, á veces acom- pañada de la impresión de un cuerpo que roe debajo de la piel. En ciertos individuos, no obstante, este gusano existe muchos meses, y aun muchos años sin manifestarse de ningún mo- do, y hasta se ha demostrado que esto es lo que acontece en la generalidad de los enfermos; de otro modo ¿cómo se comprendería que pudiese adquirir el considerable desarrollo que suele alcanzar? Dragoncillos hay que, ade- mas de los síntomas locales que que- dan señalados, producen un enflaque- cimiento rápido; sin fiebre ni disgusto por la comida. Pero cuando el gusano trata de sa- lir, manifiéstanse síntomas más cons- tantes y más notables. Primeramente un dolor fijo en el mismo sitio. Algu- nos dias después de la invasión del dolor, se forman vejiguillas que ocasio- nan una grande comezón y en segui- da hinchazón, que á veces suele ser considerable; declárase la inflamación y la supuración se establecí. A veces una pústula grande, llena de líquido trasparente, se forma en el centro del lugar doloroso; otras veces no se sien- te más que una dureza pequeña sin inflamación. Comunmente, de la aber- tura espontánea ó artificial del tumor, DUCHA 695 DUCHA sale algo de pus y la cabeza del dra- goncillo con algunas pulgadas del cuerpo. Tratamiento. Cuando se muestra la elevación por donde el gusano tra- ta do salir, se espera la rotura espon- tánea; pero si esta rotura se retarda- se, el cirujano debe practicarla por medio de lanceta. Si una parte del gusano llegara á presentarse, convie- ne ejercer sobre ella tracciones lentas y moderadas; continúanse miéntras el gusano vaya cediendo fácilmente: se interrumpen á la menor resistencia que pueda hacer temer su rotura; un dolor algo vivo anuncia por lo común que deben suspenderse las tracciones. Hecho esto, rodéase la parte que hu- biese salido á la caña de una pluma ó de otro cualquier cuerpo cilindrico. En la cara siguiente se vuelve á las tracciones con la misma precaución que ántes, y así se continúa hasta la completa salida del dragoncillo, la cual no se obtiene á veces sino al ca- bo de dos ó tres meses. Algunos mé- dicos aconsejan que se haga una inci- sión sobre el trayecto del gusano, se le descubra bien, y se retire con una pinza. Pero cuando está hondamente alojado, cuando resiste á las traccio- nes, ó cuando se rompe, preciso es es- perar á que reaparezca para poder continuar la extracción. Drásticos. V. Purgantes. Ducha ó chorro. Columna de lí- quido de diámetro y temperatura va- riables, que viene á tocar una parte cualquiera del cuerpo con una fuerza también variable, y dependiente de la altura del depósito. Las duchas son descendentes cuan- do se dirigen de arriba á abajo; as- cendentes las cjue se hacen en sentido inverso; horizontales las que se veri- fican lateralmente; también pueden ser frías, templadás ó calientes, de agua común ó de aguas minerales. Los dolientes pueden recibir las duchas dentro de una bañera. El aparato propio para dar chorros es muy sencillo. Consiste en un receptáculo colocado á la altura de tres hasta do- ce pies, y de cuyo fondo sale un tubo de cuero muy flexible con una llave en su extremo, y ademas un apéndi- ce. El diámetro de la llave es por lo general de dos centímetros y puede reducirse á voluntad. El apéndice, de quita y pon, puede hacer que la llave termine en puntas de varias formas, siendo á veces como las de las rega- deras. El aparato puede también consistir en una especie de garita, de la altura de 2 metros, cerrada anteriormente con una puerta vidriera, por encina de la cual se halla situado un recep- táculo de zinc, que puede contener de 35 á 40 litros de agua, cuyo fondo está cribado, y cuyos agujeros se cu- bren con una válvula movible. El do- liente se coloca dentro de esta caja, y todo desnudo, recibe una especie de aguacero, que dura, cuando más, dos ó tres minutos. Las duchas se emplean ahora mu- cho en el tratamiento hidroterápico, y en los establecimientos de aguas minerales. Las duchas descendentes y laterales de agua fría se dirigen, por medio de un tubo de cuero flexi- DULCAMARA 696 DUREZA ble, sobre las diferentes partes del cuerpo, y son muy provechosas en los ingurgitamientos del hígado, del bazo, en las rigideces articulares, en las pa- rálisis y en muchas enfermedades. V. Hidroterapia. En los establecimientos de locos, en los cuales las duchas son un medio enérgico de tratamiento, el doliente es mantenido en una pila llena de agua templada, por medio de una ta- pa que presenta una escotadura des- tinada á abraza]' el cuello, pero sin oprimirlo; á una señal dada; se abre una válvula; cierta cantidad de agua fría se escapa de un receptáculo, y cae de repente sobre la cabeza del en- fermo. Los baños que se toman en el mar son casi siempre acompañados de una especie de duchas, producidas por el movimiento continuo de las olas. Las duchas determinan un sacudimiento particular del sistema nervioso. Es un medio excelente en el tratamiento de las enfermedades. Dulcamara, Solanun dulcamara^ Linneo, Solanáceas. Sub-arbusto que se encuentra en todas las provincias ele España, particularmente en las cercas y lugares sombríos. Tiene el tallo dividido desde la base en ramos sarmentosos, ligeramente pubescen- tes, de 1 á 2 metros de largura, que se sostienen únicamente apoyándose sobre los arbustos cercanos. Las ho- jas son alternas, pecioladas, un tanto pubescentes, unas enteras y alabardi- nas, otras recortadas en la base. Flo- res rojas, á veces blancas; bayas ovoi- des, de color rojo brillante. Su olor es fétido y fuerte, su sabor al principio algo amargo, después dulce. Em- pléanse en medicina los tallos, como sudorífico, en el tratamiento de la sí- filis y de las dolencias de la piel, en infusión, que se prepara con 8 gramos (2 dracmas) de dulcamara y 360 gra- mos (12 onzas) de agua hirviendo. En dosis elevada produce dolor de ca- beza, embriaguez, ardor en la gargan- ta, vómitos y desmayos. Conviene suspender su uso tan luego como pro- dujere náuseas ó la más leve pertur- bación de ía vista. Dureza de vientre. Véase Cons- PATICI0N DE VIENTRE. FIN DEL TOMO PRIMERO.