LECCIONES DE Medicina Legal Lecciones DE MEDICINA LEGAL APLICADA A LA LEGISLACION DE LA REPÚBLICA ARGENTINA POR .1. BIALET ♦ « / Obra premiada en el gran concurso nacional de ciencias medicas DE 1884, DEL CÍRCULO MÉDICO ARGENTINO/ DECLARADA DE TEXTO EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA Medid non sunt proprié testen, sed magia est judiclnm quam testimonium. CÓRDOBA Imp. Je Obras «La Velocidad» de Isaías J.Villaíañe, 9 de Julio 11 v 13 — 1885 — SECCION TERCERA Cuestiones relativas á la identidad, á las enferme- dades PRETESTADAS, SIMULADAS, DISIMULADAS É IMPU- TADAS; AL SERVICIO MILITAR Y Á L(JS SEGUROS SOBRE LA VIDA. CAPITULO P1ÍI110 De la identidad de las personas . §. 311 Disposiciones legales -Código Civil—Esta- blece este en los arts. 79 y siguientes los medios de probar el na- cimiento de las personas, con las circunstancias de lugar, sexo, nombre, apellido, paternidad y maternidad. Art. 86—Estando en debida forma los certificados en los regis- tros mencionados, se presume la verdad de ellos; salvo sin embar- go, á las interesados el derecho de impugnar en todo ó en parte las declaraciones contenidas en esos documentos, ó la identidad de la. persona de que esos documentos tratasen. Art. 87—Trascrito en el §. 145. Art. 261—La filiación de que el hijo esté en posesión, aunque sea conforme á los asientos parroquiales, puede ser contestada en razón de parto supuesto ó por haber habido sustitución del verda- dero hijo, ó no ser la mujer la madre propia del hijo que pasa por suyo. Código del Doctor Tejedor, art. 275 y 276 Veánse en el §. 298. Art. 277—El que en cualquier otro caso que no sea de los espe- cificados en los artículos anteriores, usurpe el estado civil de otro, será castigado con un año de prisión, sin perjuicio de la pena que corresponde cuando le defraude sus bienes ó derechos. Reforma, arts. 296, 297 y 298 como los trascritos del Dr. Te- jedor. Las leyes de procedimiento penal previenen que, le- vantado el cadáver de una persona desconocida, debe exponerse para identificarle por declaración de las per- sonas que le conocieran, ú otras diligencias conducentes al mismo fin. 6 §. 312—Definición de la identidad de las perso- nas—La identidades el "ser la persona queso encuentra la misma que se busca, ó como dice Lacassagne: la de- terminación de la individualidad de las personas. Esta determinación tiene á veces por objeto cercio- narse de si parte de un cadáver pertenece á tal ó cual individuo; si un rastro, ó una impresión corresponden á tal ó cual persona. El reconocimiento de los criminales, la investigación de la paternidad y maternidad y otra multitud de causas exigen que los Tribunales se cercioren de si la persona supuesta lo es realmente; ya sea que esta afirme, ya sea que niegue ser la persona supuesta. Hemos tratado ya de las peculiaridades de las cues- tiones de suposición, ocultación y sustitución de niños; debe tenerse presente que lo que vamos á decir en las cuestiones de identidad, puede dar mucha luz para re- solver aquellas. Como ninguna crítica ofrecen las leyes relativas á la identidad, vamos á entrar desde luego en el estudio de las cuestiones médico legales de este capítulo. §. 313—Ia Cuestión ¿Tal sujeto es ó no la perso- na supuesta?—Los signos por los que se reconoce Ja identidad de la persona viva, se dividen en tres grupos principales: Io. Fisiológicos; la edad, el sexo, estatura, peso, constitución, temperamento, señas particulares, es- tado mental, etc. 2o. Patológicos, señales dejadas por en- fermedades ó vicios, congénitos ó accidentales; como el raquitismo, las fracturas, las cicatrices, tumores, el labio leporino, etc; 3o. Accidentales, las señales que producen los oficios y profesiones por el continuado ejercicio de ciertos órganos; los rastros é impresiones que se han dejado en los lugares, etc. a Signos fisiológicos—Nos hemos ocupado ya de las edades intrauterinas y de los primeros dias que siguen al nacimiento; y que pueden determinarse con mucha precisión; pero mas tarde los errores pueden ser de mu- 7 cha es tensión, porque ni la eslatura, ni el peso, ni nin- guna de las demás circunstancias determinativas ofre- cen un punto seguro de apoyo á causa de su extrema va- riabilidad; si bien todos los signos en conjunto ofrecen mas aproximación. La ley argentina no ha establecido una división de las edades; pero se refiere á la división del derecho ro- mano y de partida en todas sus definiciones con escasas diferencias. Puede establecerse la siguiente división, conforme á nuestro derecho: Edad intrauterina; Infancia, desde el nacimiento ala segunda dentición; Puericia, desde la segunda dentición á la pubertad; Pubertad, desde que se desarrollan los órganos y funciones sexuales hasta los 22 años; Mayoridad, desde los 22 años cumplidos. Vejez desde los 00 años cumplidos. La infancia puede dividirse en tres periodos: —has- ta la primera dentición el primero: mientras se verifica la primera dentición el segundo:—desde la primera á la segunda dentición el tercero. La puericia dividían los romanos en dos épocas; pró* xima á la infancia, hasta los 10 á 11 años; y próxima á la pubertad, desde los 10 ú 11 años hasta que esta se verificaba. La primera época de la infancia está caracterizada por la ausencia de los dientes; dura hasta los siete me- ses mas ó menos. El niño se va desarrollando y despertan- do los sentidos en este periodo de un modo gradual; á los tres meses tiende ya á asir los objetos, conoce á la no- driza; á los cinco á seis se manifiesta la salivación pre- cursora de la dentición, y los dientes se marcan bien en fas encias. El segundo periodo se señala de un modo mas pre- ciso; los dientes, salvo rari linas excepciones, siguen un órden regular en su erupción. 8 Aparecen primero los dos incisivos inferiores centra- les: á las cuatro ó cinco semanas, las dos superiores me. dias; las dos incisivos laterales inferiores de los 9 á 12 meses; los primeros molares de 12 á 17 meses; los cua- tro caninos de 18 á 24 meses y los cuatro molares se- gundos de 24 á 30 meses. El tercer periodo está caracterizado por el desarro- llo muscular; el niño corrije los ceceos y aprende á hablar correctamente. La estatura y el peso son muy variables. La puericia empieza con la aparición de los cuatro molares mayores primeros, de 6 1/2 á 7 años; e-1 cambio délos incisivos hasta los 8 á8 1/2; á los 9 ó 9 1/2 los molares bicuspídeos; á los 10 1/2 los molares menores segundos; á los 11 los colmillos; á los 12 molares mayo- res primeros- La pubertad hemos dicho ya como se establece. De los 18 á 25 años aparecen los últimos molares. El cambio de la voz, de las aficiones y juegos se hacen de los 12 á los 14 hasta los 18 años, siendo mas precoz en la mujer. A los 18 á 19 años empieza á salir el bozo, y se maréala barba á los 21 ó 22 años, algunas veces tintes. De los 20 á los 30 años se completa el desarrollo y el hombre está en toda la fuerza de sus pasiones. A las 22 años, señalados por la ley para la mayor edad, el hombre tiene ya la estatura total, la mujer un poco antes. De los 30 á los 50 el hombre alcanza la plenitud de su desarrollo intelectual; suele depositarse mucha gra- sa en su tejido celular. En. esta edad la mujer pasa por el periodo crítico de la supresión de las reglas; el pelo cae y se encanece; la piel empieza á arrugarse; las fuerzas musculares se debilitan, los deseos venéreos y las funciones de repro- ducion decaen mucho. Todos estos fenómenos se van acentuando hasta los 9 60 años, en que el organismo decae, los cabellos caen mas y encanecen rápidamente; las arrugas se marcan, el tejido celular se atrofia, la circulación se hace lenta; se presen- ta el arco senil en la córnea; la marcha se hace lenta; vienen los achaques de la vejez, haciendo decaer rápi- damente al sujeto. La distinción del sexo, fácil por regla general, solo presenta dificultades en los hermafrodismos, y al tratar de ellos hemos dado las reglas parala distinción (§. 198.) Las distinciones por el temperamento, la constitución, estatura, etc. son excelentes corroborantes de un diag- nóstico de la persona, cuando se conoce ó se nos dan como antecedentes del reconocimiento; si bien, es preci- so tener en cuenta las circunstancias y modificaciones que las enfermedades, los trabajos, los climas etc.; pue- den traer á los datos. Las señas particulares ojos, bocáf cejas; y principal- mente el color del cabello, forma de la nariz, color de la piel, etc; son muy importantes. Los lunares en la piel, dan indicaciones preciosas. Si bien el color de la piel puede variar en la cara y las manos, por la acción del clima, del género de traba- jos, los de campo principalmente, se conserva el color na- tivo en las partes cubiertas por la ropa. Pero el color de los cabellos, que se conserva cuan- do el individuo nace con él negro, cambia oscurecién- dose en la niñez y tiene ya su color definitivo en la pu- bertad y antes. Hay familias cuyos individuos encane- cen desde la adolescencia, especialmente en las provin- cias de clima muy seco; como son las del centro de la República. En Córdoba son frecuentes. La coquetería, debilidad que se muestra hasta en hombres graves, ha traído á la industria diversas sustan- cias, para teñir el cabello y ocultar la edad. Se emplean multitud de preparados, que se venden con nombres mas ó menos alusivos, y los criminales los 10 ponen á contribución, para difrazarse y burlar la acción déla justicia. En estos últimos tiempos se lian hecho sérios estu- dios sobre los pelos de las especies domésticas de ani- males para distinguirlos de los pelos del hombre; pues en muchos casos médico legales se ha pretendido hacer re- conocer a un acusado, por algunos pelos dejados ó pues- tos en ropas ó camas de supuestas violadas, y realmente se ha llegado á determinar la identidad de algunos cri- minales por estos pelos. Hoffmann, Osterlen, Laeasagne y Joanet han hecho estudios preciosos sobre los caracteres distintivos de los pelos y sus variaciones, bajo el punto de vista médico legal; estudios cuyo conocimiento interesa al médico le- gista conocer. El pelo varía en el hombre según la raza, la región en que se encuentra, la edad, el sexo y aun según el es- tado de salud ó enfermedad. El color de los cabellos tiene cierta relación con el de la piel y del iris, si bien hay negros, de piel muy ne- gra, con cabellos rubios, aunque la extructura es la espe- cial de la raza. En los colores intermedios se nota cierta variación entre los cabellos aislados y tomados en masa, siendo en este caso mas oscura la coloración. El color varía siendo mas claro en los pelos del pu- bis, menos en los sobacos y menos en la cabeza. Después de la muerte el cabello resiste mucho á la putrefacción; en las provincias de clima muy seco, y en las faldas de las Cordilleras de suelo arenoso, se encuentran cadáveres de muchos años que lo conservan todo. El color se altera bajando un poco. Chevallier ha hecho notar que, algunas veces, se oscurece un poco, y que ambas cosas eran debidas á la acción de los ácidos hú- micos; neutralizándolos por el amoniaco, los cabellos recobran su color propio. 11 Para reconocer el teñido de los cabellos Lacassag- ne da las reglas siguientes: Ia. Si el cabello ha sido teñido por cosmético negro, ennegrece los dedos y los lienzos. Un mechón de estos cabellos, puesto en agua hirviendo, la grasa sobrenada y el carbón se precipita. 2a. Si la coloración es debida á la reacción del aci- do sulfídrico sobre una sal de bismuto, se tratan los ca- bellos por el cloro y el ácido clorhídrico. Al cabo de una hora, hay decoloración y el líquido proveniente de la operación precipita por los reactivos de las sales de bismuto: 3a. Si han sido teñidos por el subacetato de secándolos se ponen de un color moreno rojizo. Se trata un mechón por el ácido clorhídrico y se produ- cen las reacciones de las sales de plomo: 4a. Los tintesde nitrato de plata dan al cabello un vi-, so que tira al color violeta, que el cloro hace desapare- cer, dando un precipitado de cloruro de plata. Por medio de una inmersión en una solución de cloro en el agua, se puede dar al cabello negro un tin- te castaño, rubio y aun dejarlo blanco. Esta superche- ría se reconoce por el olor persistente del cloro, la du- reza y sequedad de los cabellos y la falta de uniformi- dad en el color (Legrand du Saúl le) Cuando no hay urgencia en el reconocimiento del color de los cabellos no hay necesidad de acudir á nin guno de estos medios. Es mas seguro y de resultado inequívoco, aislar al sujeto, tomando las precauciones necesarias para que no se pueda seguir tiñendo, y al ca- bo de pocos dias se encuentra que el pelo ha crecido con su color natural. Los pelos que no han sido cortados, la forma cónica y terminan en una punta afilada: los pe- los que han sido cortados presentan una forma mas ó menos cilindrica, según que el corte se repite mas ó me* 12 nos. En los pelos largos se observa algunas veces que se bifurcan en la punta- El grueso de los cabellos varía en el órden siguien- te, de mas ó menos: perilla, pubis, bigotes, cabeza, me- jillas, cejas, axilas. La edad influye en el grueso, siendo mas finos cuando mas jóven es el sujeto. Ciertas profesiones dan á los cabellos un aspecto especial; en los molineros, caleros, panaderos y yeseros es blanquizco, en los carboneros, fogoneros, maquinistas, etc. negro sucio; en los trabajadores en cobre, verdoso, etc. Los que montan mucho á caballo pierden el vello en la cara interna de las pantorrillas y muslos. Los sas- tres en la parte antenor inferior del muslo derecho; los zapateros bajo el tirapié, etc. En los cabellos de las gentes sucias, que tienen pio- jos, se encuentran liendres; en otros un olor especial, producido por la falta de limpieza. La sección de los pelos ofrece estas particularidades; las escarnidas que se observan al microscopio, forman- do la sustancia cortical, son dentadas y presentan siem- pre los bordes salientes hacia la raiz; en los pelos rectos la sección es circular; en los rizados natural ó artificial- mente es elíptica; en la mota de los negros aplanada. Entre las señales accidentales los rastros é impre- siones son los que dan mas luz en las cuestiones de identidad. En estos últimos años se han hecho estudios sobre los rastros de las pisadas en Europa. Mareard, Chaussé de Albí, Briand y otros se han preocupado de esta cues- tión . Briand y Chaudé, proponen el método siguiente, to- mándolo de Chaussé: «En el rastro que se acusa, se tira un recta tangen- te á la curba saliente que corresponde á la articulación metatarso falanjiana del dedo gordo; se divide esta línea 13 en varias partes iguales sin limitación, y en los puntos de división se levantan perpendiculares, que sirven de ordenadas; se tira una línea semejante en el rastro que se quiere comparar y se establecen las mismas divisio- nes y se vé si hay ó no semejanza. Lacassagne propone que se tomen los rastros con el pantógrafo. Marey y Carlet han estudiado los rastros de los ca- ballos, bueyes, etc. Los autores europeos, no se han dado, sin embargo, cuenta de todo el partido que se puede sacar de los ras- tros en las cuestiones de identidad. Aun en la República Argentina, fuera de la Provin- cia de la Rioja, no se saca todo el partido que es po- sible del rastreador, tipo exclusivo local, que llega ad- quirir una perfección admirable é increíble. Es en la Provincia de la Rioja donde existen los mas perfectos rastreadores. Para darnos cuenta de la importancia de este oficio en la administración de justicia traeremos varios casos prácticos: En un pueblo de la costa de la Sierra de A rau- co, se hizo un robo consistente en ropa y otros efectos. Llamado un rastreador, perdió el rastro del ladrón por circunstancias especiales. Un año después; salía el ras- treador de misa de la Iglesia de San Francisco de la Ciudad de la Rioja, reconoció el rastro, dió cuenta al dueño y á la autoridad, se siguió el rastro, y se encon- traron en el rancho del ladrón gran parte de las ropas robadas. Otra vez se hizo un robo de una joven. El rastrea- dor se fijó en los rastros é inmediatamente denunció al raptor, dando las señas del caballo, diciendo que la jo- ven robada era llevada en el anca derecha del caballo; lo que se comprobó después. El rastreador distingue un rastro entre mil; se fija en los menores accidentes y detalles; y prevée todos los artificios del que quiere hacerle perder el rastro. Lo 14 sigue á través del agua, de los arenales; en los pajona- les baja y comprime los tallos, de manera que los co- loca en la misma posición que tomaron al ser pisados por el animal y reconoce la pisada. No necesita (odo el rastro, le basta una parte de él: toma en cuenta el vien- to, el rocío, la lluvia; si el animal roza con una planta y deja en las espinas pelos, los examina, los compara: observa si el potro vá ó no solo, si es gaucho; la som- bra del árbol en que paró. El rastreador tiene conciencia de la importancia de su declaración enjuicio yes honrado; además es celo- so de su reputación; le liaría avergonzarse la menor equivocación; y si no está seguro no afirma. El rastreador se hace desde la niñez, comparando los rastros de sus compañeros de juego; comparando los animales que le están encomendados, y joven aun, cono- ce todos los caballos del lugar, á muchas personas y ani- males por el rastro. Montado en el animal que sirve de guia en las ar- rias, completamente solo y silencioso va siguiendo con la vista los rastros en el camino; los animales se huyen, se diseminan pastando y se pierden, los buscan por el rastro. Los puesteros de las aguadas ven llegar todos los dias las animales al agua; comparan sus rastros y los reconocen entre mil animales, dos de los cuales no tie- nen nunca un rastro igual ni aun herrados. El rastreador se reiría del pantógrafo y de la cua- drícula, es la impresión de cada parte, lo que le guia. Es la sección comprendida entre dos líneas naturales, un pulpejo, una eminencia, una línea sola le vasta á ve- ces para comparar. Se ven en los rastreadores prodigios de memoria que sorprenden; pero que se explican, como se explica que un calígrafo reconozca una letra entre mil, el ras- treador en suma, es el fisonomista de los rastros, que tiene la memoria de las imágenes. 15 Estos individuos podrían completar las pericias de identidad, ya corno auxiliares de los médicos forenses» ya por su pericia directa. Oí ras circunstancias accidentales que tienen grande importancia en las cuestiones de identidad son: las se- ñales de rozaduras, el estado de los muebles de una ha- bitación, de los vestidos de kis personas; sus roturas, desgarros, el estado del rostro y de las manos que pue- den presenar raspaduras, arañazos, mordeduras, contu- siones, manchas; la materia contenida entre las uñas, que puede ser sangre, epidermis, pelos, etc. (b) Signos patológicos.—Las particularidades que los vicios congénitos pueden imprimir al hombre, los de- nuncian siempre y son, por lo tanto, de la mas alta im- portancia en las cuestiones de identidad; los jorobados, los patizambos (ó las desviaciones y deforma- ciones producidas por el raquitismo etc. importa mucho observarlos. Los dientes, su separación, su falta, su desgaste, su color, emplomaduras, cáries, etc. debe tenerse en cuenta. El labio leporino, los tumores, verrrugas, bocio ó coto, hernias, etc., su número, situación, estension, for- ma, color, etc. deben ser descritos con minuciosidad. Las cicatrices requieren un detalle especial. Su aspecto varía según su fecha; recientes son blan- co rojizas aun en los negros, después blancas, nacara- das, y á la larga toman el aspecto de la piel; pero pa- ra hacerlas aparecer basta golpear la parte ó frotarla- la cicatriz, menos rica en vasos y materia colorante, que las partes próximas, aparece entonces mas pálida que estas La forma de la cicatriz indica muchas veces su ori- gen y es un dato importante para la identidad. Las vi nielas/ os bubones, chancros, cuchilladas, etc. dejan ci catrices fáciles de reconocer. Respecto á la edad de la cicatriz no pueden darse reglas fijas para reconocerla. Casper dá la siguiente; 16 cuando se encuentra una cicatriz blanca, luciente se pue- de asegurar que no proviene de una herida hecha hace dos, tres ó cuatro semanas; porque la experiencia de- muestra que en este lapso de tiempo la cicatriz no pue- de palidecer; pero no se podria decir, en este caso si la cicatriz tiene uno dos ó tres años ó seis.» Hay, por último; una clase de señales que es exclu- siva de la gente inferior y consisten en marcas y dibu- jos hechos en la piel, con hacesitos de cuatro ó seis agujas finas ó alfileres muy agudos, cuyas punías se empapan en una materia colorante, y con las cuales se pene’ tra el epidermis y parte del dermis, dibujando figuras, letras, etc. que quedan de un modo permanente (Tatoua- ges.) Las materias colorantes generalmente empleadas son la tinta china, tinta común, rojo inglés y de bermellón; azul de añil, etc. Los sitios mas frecuentes son los antebrazos; el pe- cho, los muslos, la cara dorsal del pene. Las figuras representan los objetos mas variados, letras, flores, imá- genes religiosas u obcenas, objetos y herramientas de artes y oficios. Tardieu ha encontraducen cuatro car- pinteros dos martillos, dos cepillos; en taberneros me- didas, botellas; en un panadero una pala de horno; en un zapatero una bota. A veces se ven en un mismo in- dividuo, junio á un crucifijo, una figura obscena. Parent Duchatelet, en sus estudios sobre la prosti- tución, ha observado con frecuencia estas señales en el pecho y en el vientre de las prostitutas, y ha notado que eran de hombres en los jóvenes y de mujer en las mu* jeres de edad. Los judios no se marcan, por que la bi- blia se lo prohíbe. Se comprende toda la importancia médica legal que tienen estas señales en las cuestiones de identidad: son como la marca en los animales; de ahí que á veces hay interés en hacerlas desaparecer y otras en simularlas. Las señales por punturas son indelebles; sin embar- 17 go, cuando son poco profundos, se han empleado tin- tas vegetales ó verrnellon diluidas, pueden desaparecer al cabo de algunos años; pero esto no es frecuente. Cuando los marcados quieren borrar las señales, Jas cauterizan con un ácido diluido y resulta uua cicatriz rojiza ó amarillenta; haciéndose esta cauterización de un modo tan hábil, algunas veces, que la cicatriz es casi imperceptible; apenas queda un poco menos coloreada y mas algo fruncida que la piel que la rodea. (c) Signos profesionales.—Tardieu ha hecho estu- dios profundos sobre estas señales, y las ha dividido en inconstantes é inciertas; inconstantes, pero ciertas y in- constantes y ciertas. Marearemos con una i las primeras, con ic las segun- das y con una c las últimas. Las alteraciones que producen las profesiones, las refiere Tardieu á estos cuatro tipos: l0- - to de la epidermis—3o. Alteración del engrosamiento de la piel—3o. Modificaciones del color normal—4o Defor- mación de las partes. Estas modificaciones obedecen siempre á las mismas causas: frote del instrumento ó utensilio, presión ó esfuerzo continuo de ciertas partes del cuerpo, posición viciosa, contacto prolongado con materias capaces de obrar sobre los tejidos mecánica ó químicamente. Conocidos estos antecedentes vamos á enumerar sus tintamente las profesiones principales, que presentan señales de valor importante en medicina legal; hacien- do notar que ciertas profesiones, no solo producen se- ñales en el cuerpo, sino que modifican los hábitos, las constumbres y hasta el lenguaje. Mata hace observar, que un marino, que se despide de sus amigos, no dice me voy á casa, sinó me voy á bordo; viremos á babor, te vas á pique, ese va viento en popa, el negocio hace agua, etc. he aqui las frases que suele aplicar á ciertos hechos,y que el militar dice de otro al cuar- tel, guía á la izquierda, á paso de carga, tengo la pía- 18 za sitiada, etc. Los módicos tienen á cada paso en los lábios las voces científicas de que están llenas las obras de sus estudios. Lo que decimos de estas profesiones, pudiéramos decirlo de todas». i Albañiles— Desarrollo muscular en los brazos, ma- nos grandes, callosas; en los surcos de las que suelen presentar señales de cal, yeso, etc. como asi mismo en las ropas, cabellos, etc. ic Blanqueadores de telas—Voy el contacto prolonga, do del ácido surforoso, las manos tienen la piel reblandeci- da, epidermis blanqueada, arrugada, destruida en algu- nas partes. c Bruñidores en cobre—Cara palmar de la mano de- recha callosa y ennegrecida; en la mano izquierda ca-* llosidades en la cara dorsal y borde radial del índice, en la cabeza del segundo metacarpiano y en la extre- midad de la cara palmar del pulgar. c Carboneros, fogoneros, etc.—Se distinguen por el color negro de la piel, debido al polvo de carbón, que por mucho que se laven queda siempre en las arrugas de la piel, entre las uñas, etc. c Cardadores de lana — Callosidades en las manos; pero lo que los caracteriza es una superficie oblonga, rugosa endurecida ó callosidades en la parte anterior del antebrazo izquierdo, sobre el cual descansa el peine. c Carpinteros—En la cara dorsal de la mano dere- cha, sobre las articulaciones de la primera y segunda falanges del índice, un callo muy saliente, por la pre- sencia de la empuñadura de la garlopa; y en la mano izquierda sobre el borde radial del índice un callo muy duro, semilunar, por el frote del mango les produce ca- llos hacia la raiz de los cuatro dedos derechos. i Carroceros—Tienen las callosidades de los obre- ros de martillo, gran desarrollo del brazo y hombro de- recho. c Cerrajeros—Tienen las callosidades de los obre- ros de martillo; una muy estensa entre el pulgar y el 19 índice, otra en la mano izquierda entre el pulgar y el in- dice muy dura, cercadle esta, una hendidura profunda, dura, saliente y callosa; y en los pliegues una materia negra que es de polvo de hierro, que se reconoce por sus reactivos. ic Cocheros,—Depresiones, surcos profundos y callo- sos resultantes de la presión de las riendas, pero tienen siempre un callo entre el pulgar y el indice de la ma- no derecha. i Costureras—Los tres últimos dedos replegados en la palma de la mano; piel del indice izquierdo gruesa, rugosa y picada por la aguja. c Descargadores de buques en lugares en que la des- carga exige, estar dentro del agua. —Como todos los obreros que tienen que llenar esta condición; presentan una alteración y reblandecimiento de la piel, sobre todo en los pies, entre los dedos, con grietas, desgaste y des- trucción considerable. En los dedos gordos y en los talones el desgaste presenta el mismo aspecto que si se hubiera hecho con una piedra de afilar. c Doradores en metales—En la parte anterior interna del antebrazo izquierdo un endurecimiento con abulta- miento de la parte; empieza en la extremidad superior de la eminencia hipotenar y tiene como cinco centíme- tros. En la parte posterior externa del mismo antebrazo, otro callo casi como el anterior un poco mas blan- do; en la mano derecha otra callosidad en todo el bor- de externo del índice y otra al nivel del primero y se- gundo metacarpianos en la palma de la mano. c Ebanistas—En la mano izquierda tres hileras de plaquitas callosas, de cuatro en cada hilera; la hilera media corresponde á las cuatro eminencias situadas en el origen de los dedos; la superior está en la palma de la mano á dos centímetros de la anterior; la inferior sobre el pliegue de las articulaciones de la primera y segunda falanges. En la mano derecha presentan las 20 señales del uso de la garlopa de los carpinteros. Ade- mas callosidades en el borde externo del índice, borde interno del pulgar una placa callosa en medio de la pal- ma de la mano por la presión sobre el mango del es- coplo. ic Encajeras—Tienen la uña del índice de la mano derecha muy corta, á fin de no cortar los hilos y la del índice de la mano izquierda muy larga para despe- gar fácilmente los alfileres de la almohadilla. ic Escribientes—Un callo ó aplanamiento en el me- ñique derecho cerca de su extremidad; en el dedo me- dio un surco endurecido en donde se apoya la pluma, y según Mata una inclinación del apéndice xiloide há- cia adelante, debida a la postura encorbada. c Fabricantes de clavos—Los dedos de la mano de- recha desviados hácia dentro, lo que no permite que el pulgar se oponga al índice, por lo que no pueden to- mar sobre una mesa objetos delgados con estos dos de- dos sino que los llevan con el revés de la mano izquierda para ponerlo en la derecha. Tienen el cuerpo inclinado al lado derecho y la pierna correspondiente encorvada. c Floristas artificiales - Marca característica de los alambres entre el pulgar y el índice de la mano izquier- da; yemas de estos dedos alargadas y aplanadas en for- ma de espátula estrecha; enduracion y engrosamiento de la epidermis. c Grabadores en metales — En la cara palmar de la mano derecha, debajo del cuarto y quinto dedos, el bu- ril produce un pliegue prismático, muy duro, saliente, de 7 á 8 centimetros, forman trasversal mente una línea curva con la concavidad hácia abajo; endurecimiento en la eminencia hipotenar y en el borde cubital del meñi- que . c Lavanderas — Espesor considerable en las palmas de las manos, sobre todo en la derecha, con la que tie- nen la pala; manos rojizas, gruesas, deformes; epider- 21 mis macerada por el agua y los alcalinos, grietas en el dorso y entre las dedos; uñas gastadas, poco ¡desarrolla- das; piel del anbrazo lisa y roja. Las que lavan de rodillas y apoyan los brazos en el borde de la batea, tienen un endurecimiento en el borde cubital del ante- brazo. c Mozos de cordel — Changadores y otros análogos — Gran desarroyo muscular, manos callosas; piel de los hombros y espalda endurecida por la presión de la car- ga, corvadura del tronco hácia adelante; las piernas torcidas con concavidad interna mas ó menos marcada. ic Modistas —Las señales de las costureras. c Organistas ambulantes—Piel del muslo y la espal- da y donde apoya la correa, endurecida y desprovista de vello; la mano derecha un callo entre el pulgar y el índice. c Picapedreros, canteros, etc.—Las señales de obre- ros de martillo muy marcadas; los callos de la mano derecha muy salientes, redondeadas en forma de clavos al nivel de la primera y segunda falange del pulgar y pri- mera del indice. En la mano izquierda un círculo calloso sobre cada borde opuesto de los primeros dedos y un ca- llo muy marcado en lacara dorsal del anular. c Planchadoras—Los tres últimos dedos de la ma- no derecha encorvados y doblados y como vueltos há- cia el dorso de la mano; las extremidades de estos de- dos están fuertemente aplanadas por la presión para marcar los pliegues de la ropa. La misma disposición tiene el pulgar izquierdo, el pulpejo aplanado y alar- gado en forma de espátula. c Pulidores de conchas, marfil, nacar, cuerno, etc — Tienen la piel en las partes que ejercen la presión no callosa, sino muy roja, agrisada y resquebrajada, y las uñas de los meñiques gastadas y divididas en su longitud. c Sastres—Son los que presentan señales mas segu- ras y características. Tienen sobre los maléolos externos 22 un tumor blando y rojo, grueso á veces como una nuez; otro menos grueso, en el borde externo del pié; el pe- cho encorvado hácia adentro en la parte anterior é infe- rior; el dedo medio presenta la deformación del dedal. c Tintoreros—Tienen las manos apergaminadas, á veces agrietadas y teñidas siempre uniformemente, sobre todo en la cara palmar. El color resiste al lavado aun por el cloro, que no le hace desaparecer sino incom- pletamente. c Torneros en metales —Una especie de elevación del tercio anterior de la segunda costilla de cada lado y la unión de la primera y segunda piezas del esternón; de- bajo de esta especie de cresta, un bulto ancho formado por el esternón, en el que apoyan la herramienta. El lado derecho del tórax y el hombro dirijido hácia ade- lante. Pies muy anchos por su extremidad anterior, prin- cipalmente el izquierdo. c Torneros en maderas—En la mano izquierda: en el borde cubital del índice un callo semilunar; en el pulgar en el punto correspondiente, un callo muy grue- so, duro y saliente; en el borde cubital de la mano derecha y parte primera del meñique otro endurecimiento; los cua- tro últimos dedos muy unidos y como entrándolos unos en los otros, presentan una disposición parecida á la de los dedos de los pies. c Vidrieros— El pulgar derecho en forma de espá- tula; la extremidad inferior del dedo medio inclinada hácia el anular. c Zapateros — Deja esta profesión las señales mas marcadas y características—Las yemas del pulgar é ín- dice derechos aplanados, estando la primera inclinada so- bre la segunda; una grieta de borde duro y calloso en la última articulación del índice. La uña del pulgar izquier- do, muy gruesa y dura, su borde libre dentado, rasga- do y á veces surcos profundos debidos á desvíos- de la alezna. El pecho una profunda y circunscrita al nivel déla articulación condro external, inmediatamente por enci- 23 ma del apéndice xifoides, que no va acompañado de de- formidad general del tórax como en los sastres. La piel de los muslos, donde descansa la horma, está endureci- da, callosa y desprovista de vello. Ademas de las profesiones hay ciertos hábitos que imprimen señales en el cuerpo humano. Asi los tocado- res de violin tienen en la mano izquierda, en la eminencia tenar y en el lado externo de la segunda y tercera fa- langes del índice una callosidad debida á la presión contra el mango del instrumento: ademas endurecimien- to de la epidermis en las yemas de los cuatro últimos dedos—Los tocadores de arpa tienen un callo en el la- do radial solamente de la última falange de los pul- gares y endurecidas las yemas de los cuatro últimos dedos—Los tocadores de guitarra, callosidades en el bor- de radial del pulgar y en las yemas de los cuatro últi- mos dedos de la. mano derecha, y en la mano izquierda las yemas aplanadas y con callosidades variables. Los fumadores tienen la cara interna de los dientes cubierta de una capa negruzca; los fumadores de cigar- rillos tienen las extremidades del pulgar é indice im- pregnadas del tabaco; los fumadores de chala presentan una línea amarillenta Iniciadla parte media de los dien- tes incisivos; los fumadores en pipa desgaste en los dien- tes en que la apoyan. Los que usan bastón tienen las manos con callo- sidades, tanto mas marcadas cuanto mas pesado es el bastón y mas fuertemente se apoyan. Las indicaciones que acabamos de hacer, demuestran los cambios que en profesiones similares producen las ac- titudes, la aplicación de las fuerzas, etc. § 314—2a Cuestión ¿Tal cadáverj ó parte de él es de tal sujeto?—Cuando hay que resolveL esta cues- tión y el cadáver esta aun fresco, ó mejor, no desfigu- rado por la putrefacción, deben investigarse en él to- das las señales que se examinan en el vivo. Aun, cuando se pueden obtener trozos del cadáver que conservan 24 las partes blandas frescas ó dasecaclas debe tratarse de constatar toda señal que en ellas se encuentre. Al Sud de Catamarca se pudo identificar la persona de un individuo comido por los pájaros, del que queda- ban las manos y muñecas desecadas; tenia una cicatriz de forma particular en la cara dorsal de la mano y en la muñeca Se debe indicar también el estado de descomposi- ción, en que se encuentra, la temperatura ambiente, el lugar y toda circunstancia que se note. Cuando no se puede examinar sino el esqueleto ó parte de él aun hay medios de reconocer y determinar la identidad. Cuando se trata del esqueleto de un niño, la edad se determina por la aparición de los puntos de osifica- ción, estudiada por Orfila y Sappey. He aqui sus resultados: En la época del nacimiento están asificadas la ex- tremidad inferior del fémur, la extremidad superior de la tibia y el astrágalo. A los cuatro meses, las del hueso hioides. A los 5 meses osificación completa de las conchas inferiores, A los 6 meses; punto de osificación en el cuboides y soldadura de las grandes alas al cuerpo de este hueso. A los 6 meses á un año; osificación de la lámina cribosa y de la lámina perpendicular del etmoides. Há- cia el fin del primer año, soldadura de la lámina cribo- sa á las masas laterales del etmoides. A 1 año; puntos de osificación en los cartílagos de la extremidad inferior del húmero y el cubito, en las cabezas del fémur y del húmero; en el cartílago supe- rior de la tibia, en la primera vértebra coxicea, el hue- so grande y el ganchoso. A los 2 años; punto de osificación en el cartílago inferior del radio; en el medio de la extremidad inferior de la tibia y del peroné, en el borde interno de la po - 25 lea del húmero. Se puede aislar el punto de osifica- ción de la apólisis odontoides. A los 2 años y 1/2; punto de osificación en la tu berosidad mayor de la cabeza del húmero, en i.üU1_ 3a, en la extremidad inferior de los cu^r0 últimos me* 4-acar pianos. Hácia el fin de ñste año, j0s puntos de osificación de las láminas vertebrales están reunidos; excepto las del axis, cuya reunión se hace hácia los tres años; los del atlas de 4 á 5 años; las sacras hácia los 10 años. La soldadura de las piezas del temporal está acabada. A los 3 años; punto de osificación el trocánter y piramidal del carpo. Soldadura del cuerpo del axis con la apófisis odontoides, y principio de soldadura de las fres piezas de que se componen las últimas vértebras sacras. A los 3 años y 1/2; osificación de \a tuberosidad menor del húmero, soldadura de apófisis estiloides del temporal. A los 4 oslflcacion de la epitróclea, de la ró- y uel escafoides del pié. De 4 á 5 años; osificación del trapezoides, del semi- lunar y del escafoide de la mano; punto de osificación posterior del olecranon; punto primitivo de la primera vértebra coxicea; soldadura de los tres puntos que se forman la extremidad superior del húmero; unión de las láminas de la segunda vértebra con el cuerpo; for- mación de las cédulas etmoidales, A los 5 años; osificación completa de la extremidad superior del peroné, de la extremidad superior del rá- dio; de los epífisis de los cuatro últimos metacarpianos, y del trapecio. De 0 á 7 años; osificación superior del primer me- tacarpiano y de las falanges de la mano; de la extre- midad posterior del primer meiatarsiano y de las falan- gesl de pié. Osificación del fusiforme. 26 De 6 á 9 años; aparición de los puntos primitivos de la segunda, tercera y cuarta vértebras coxiceas. De 8 á 9 años; aparición de las epífisis del trocán- ter menor y de la extremidad inferior del cúbito. Osi- ficación de la lámina epiñsiaria posterior del calcáneo. A los 10 años; aparición del punto de osificación de la quinta vértebra coxicea. De 10 á 12 años; aparición de los puntos epificia- rios de las vértebras coxiceas. A los 13 años; aparición de un punto en el espe- sor del borde interno de la tróclea humeral; algunos meses después, otro punto en el espesor de la tubero- sidad interna. A los 14 años; punto secundario de osificación en la apófisis coracoide. A los 15 años; aparición de la epiíisis del acromion. De 12 a 15 años; soldadura de las conchas del es- fenoide con el cuerpo del hueso. De 15 á 10 años; soldadura de tres puntos primiti- vos del coxal que constituyen el Íleon, el isquion y el pubis; soldadura de las vértebras sacras entre sí; de los puntos del calcáneo; de la apófisis del cóndilo y de la troclea al cuerpo del húmero. De 19 á 17 años; reunión de la tuberosidad interna al cuerpo del húmero; aparición de un punto epífieiario en el fondo de la cavidad cotiloidea. A los 18 años; soldadura de la epífisis de la cavi- dad glenoidea al omóplato. De los 15 á los 20 años; la cuarta vértebra coxicea está osificada. De los 18 á los 20 años; soldadura do la epífisis do losdnetatarsianos. De los 18 á los 20 años; soldadura de la epífisis de los¡ansetacarplainosp soldadura de la extremidad inferior del] íémUro [al: ; CD ib. M S 2 {fe 2 ií! Ci Oí -} CS CC CO O CO C< — CC O —• OOOlÜlCnocooOOlCnOOCGOCCOCiOCOOD o £ o Cl Estatura, desde el qocioaG'.ooooacnaióiC'aujio'a'üioi^ «• vértice á la plan- ‘JQOJQOOl^^COWOOOOO^^^^^COWOW 3 ta de los pies o Longitud del tron 2 co, desde el ver- 9o ¡?g 99 99 25 00 co oo oc o oo ~i co *-i -.i -j -» -i -t -o -i O) OI j: © to AO^K)eoMOOOfflOO^CXiQO-JW^ tice á la síniisis 3 - pubiana o Longitud de los p miembros supe- rJ»^JK:WWül©Wi-‘i^0CM^'4©Oit‘^OÜ10' 3 ñores, desde el acromion o Longitud de los OO 00 OO 00 CC 00 OO CO -4 00 00 CO -1 -J 00 -4 -4 -4 miembros inferió- >-kt-‘Oio>í^aTC5005C^cats2co i-T res, desde la sin- 3 ñsis pubiana o h£-,fc»,P>PP->P>e->P.p->fc»-hP.P‘.>PC0'ft'->£-4i.CO>P>P>D>.O5 CtK 3 K>CnasCO?\SCOtOCP*>.CO©>e-—‘OOtOCOCOOOCO{OÍ\000 £2 *-i <~! tú C0 COCO COCOCOCOCOCOCOCOCOCOCOCOCOCOCO co co co o 3 H3 Cn «4 00 OI CT OS'CU G1 ül CU Oí CT 05 CJ1 05 »e*. 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En la manía el cambio suele ser completo y acompa- ñado de faita de sentido moral; en la monomanía puede pre- sentarse como una exaltación del carácter habitual. Sentimientos afectivos—Los locos cambian los afectos en aversión é indiferencia ó vico-versa. Esquirol dice á este respecto: «Algunos parecen hacer excepción á esta regla ge- neral y conservan una especie de afección por sus parien- tes y amigos, pero esta ternura que es á veces excesiva 120 existe sin confianza, sin abandono para las personas que, antes de la enfermedad, dirigían las ideas y las acciones de los enfermos. Este melancólico adora á su esposa, pero es sordo á sus consejos y á sus súplicas; este hijo inmolaría su vida por su padre, pero ni haría nada por deferencia á sus consejos, si tienen su delirio por objeto. Estaenagena- cion mental es tan constante que me parece un carácter esencial de la locura. Hay locos cuyo delirio es apenas sen- sible; pero no hay ninguno cuyas pasiones, cuyos afectos morales, no esten desordenados, pervertidos ó anulados.» El Doctor Michea ha tratado de establecer la dis- tinción entre la perversión producida por la enfermedad y la perversión moral. Hay que fijarse para ello, primero en comparar los actos presentes con los anteriores, después hay que buscar sí existen perturbaciones nerviosas periféricas, gastralgia, dispepsia, desórdenes menstruales, tic de la cara, corea, his- terismo, epilepsia, etc. las cuales por si solas pueden expli car la perversión enfermiza. La espermatorrea produce un cambio en los afectos por demas notable; las impulsiones al suicidio y al asesina- to están de tal modo bajo su dependencia que desaparecen con las pérdidas seminales y vuelven con la misma fuerza cuando estas se presentan de nuevo. Los maniacos tienen mucha volubilidad en sus afectos, en los monomaniacos hay persistencia, en los imbéciles perversión, en los dementes se amortiguan ó anulan. La disminución del delirio no es un signo positivo de curación, sino en tanto cuanto los locos vuelven á sus afec- ciones primeras (Esquirol.) Furor—El furor en tiempos pasados era un síntoma ge- neral de la locura, hoy es casi excepcional. Se le observa, sobre todo, en los locos epilépticos y en el alcoholismo; raramente ataca de repente, tiene un perio- do ascencional y otro de descenso, y no es raro que siga al acceso un estado de postración mas ó menos completo. Las fuerzas físicas están como decupladas, y son tanto mas 121 temibles cuanto domina una idea superior á la creencia en lo indomable de las fuerzas. Voluntad—La voluntad, dice Lelut, es lo que hay de personal, do realmente humano en el hombre. Bajo el punto de vista de la voluntad hay que distinguir en el sugeto: las voliciones que dependen del error intelec- tual y de la perversión del sentimiento, de las que son un mero impulso irresistible sin perversión de las otras facul- tados. Un monomaniaco persigue con una premeditación ad- mirable el objeto hacia el cual le arrastran sus sufrimien- tos; otro sabe que no debe robar, se avergüenza del robo, hace esfuerzos increíbles para no robar, esquiva la soledad se hace acompañar, y sin embargo, un impulso superior á su voluntad le hace cometer robos, á veces insignificantes hasta la trivialidad, pero al fin robos. Otros enfermos padecen una debilitación general de la voluntad, otras limitada á uno ó varios órdenes de ideas, sabiendo que deben obrar les falta fuerza de voluntad para ello. Imitación—YA debilitamiento de la voluntad, la excita- ción de ciertas facultades y la vista de actos repetidos, explican la tendencia de los locos á la imitación. Esta particularidad es muy importante, y explica mu- chos actos criminales. La entrada de un furioso en una sala de locos puede producir este síntoma en otros muchos. Debilitación general— Las facultades, por efecto de los diversos síntomas que acabamos de enumerar, llegan con el tiempo á sufrir la debilitación general mas ó menos pro nunciada, llegando en algunos á la demencia completa. § 340 Intervalos lúcidos—La locura puede ser agu- da ó crónica y en ambos casos continua, intermitente ó remitente. Bajo el punto de vista clínico, y mas bajo el punto de vista médico legal, conviene distinguir la remisión de la in- termitencia. Mientras aquella no es sino una calma de los síntomas, sin que por ello dejen de existir, la intermitencia 122 es una cesación de los síntomas apreciables en el sugeto vivo, que dá lugar á intárvalos variables de una lucidez mas ó menos completa. La intermitencia puede ser periódica ó irregular, según que los intárvalos lúcidos y los accesos se presehtan en pe riodos mas ó menos regulares, de la misma manera y dura- ción, y á veces de la misma terminación ó según que los accesos ó intermitencias se presenten en épocas variables, indeterminadas ó accidentales. Un caso notable de locara intermitente fuá descrito asi por el paciente mismo: «Tengo una enfermedad muy rara, estoy bien tres semanas y tres en delirio. Me ataca la fie- bre, tiemblo, bostezo, miro á mi alrededor con espanto, con una impresión penosa, toJo me da miedo, el agua y el fuego: tengo pesadez de cuerpo y de cabeza, una postra- ción profunda; se podría comparar esto á una especie de epilepsia interna sin apariencia exterior; pero que por ello no me hace sufrir menos. Cuando esto pasa, todo va bien, me pongo otra vez ligero, alegre, mis ideas son claras y me siento como nuevo, pero no por mucho tiempo, me vuel- ve y no puedo dar dos pasos.» Los accesos vuelven con ó sin pródromos, sin causa apreciable unas veces, otras los provocan fenómenos bien marcados: la menstruación, el embarazo, el parto, el cam- bio de temperatura, etc. A la locura intermitente se refiere la locura llamada circular ó de doble forma, que consiste en una exacerbación maniaca, una depresión y un intervalo lúcido, que se suce den regularmente. Las intermitencias suelen presentarse aun en las for- mas continuas, en su principio, en el que van siendo cada vez mas cortos y frecuentes; y al fin de ellas, en que van siendo cada ves mas largos y frecuentes. Difieren los intervalos lúcidos según la forma de la en- fermedad, y conviene fijarse bien en que el intérnalo lúcido no es un estado de salud, como no lo son los espacios que median entre los accesos de la fiebre intermitente; pero, por 123 esto no dejan de observarse tales que el médico mas ex- perimentado no podría encontrar en ellos el menor rastro de enagenacíon; hay verdadera lucidez de la razón si bien, esta puede desaparecer instantáneamente bajo el influjo de cualquier causa interna ó externa. A veces la lucidez no es mas que relativa y en otras de muy corta duración. La dificultad de apreciación es tal á veces, que solo mé- dicos especialistas pueden salvarla, y aun estos no siempre* El intérvalo lúcido que interesa á la ley, que debe ca- racterizar el médico legista, no es una intermitencia instan- tánea, relativa é incompleta; sino como dice el artículo 3615 del Código Civil, suficientemente cierto y prolongado para asegurarse de que la enfermedad mental ha cesado por en- tonces. El Codificador agrega, en la nota á dicho artículo 3615: «El derecho romano al ¿hablar de los intérvales lúcidos, nos advierte que estos no deben confundirse con la sombra de reposo, inumbrata quies que alguna vez sobreviene al de- mente (Ley 18 titulo 2° líb. 41 Digesto.) Los intérvalos lúcidos de que hablan las leyes no es una tranquilidad su- perficial; una remisión accidental y pasagera. del mal. Eg preciso que el intirvalo lúcido sea una vuelta completa de la razón que disipe las ilusiones y errores de que es- taba poseído el demente (loco.) Este estado es el que Jus- tiniano llamaba perfectisíma intervalla (Ley 6®. tit: 70 lib. 5 Código Romano), y en el que las leyes romanas han pro- curado indagar el valor de los actos ejecutados por un de- mente (loco) en osos intérvalos dados á la razón, y han decidido que esos actos deben valer, cuando emanan de una voluntad capaz de bien y de mal. Furiosum in sais induciis ultímum concederé elogium possunt. (Código Rom. Qui test. facere posunt) Yése, pues, qué el pensamiento de la ley puede conden- sarse en estas breves palabras: intermitencia no remitencia. Debemos hacer notar aquí, que la locura, si bien es cierto que cura en la inmensa mayoría de los casos, es también el 124 género de enfermedades mas expuesto á las recaidas, espe- cialmente cuando hay predisposición hereditaria. De 712 enfermos curados en Stephansfiokl se han visto recaer la tercera parte y mas las mujeres que los hombres. Las recaidas son tanto mas graves cuanto sobrevienen á in- tervalos mas cortos y son mas frecuentes. Es claro qim, á diferencia del intérvalo lúcido, las épocas intermedias, son un estado de salud completa para la ley. ¿Pero podrá decir otro tanto el médico? No se tratará de in- tervalos lúcidos de larga duración? El ser la predisposición hered itaria la que presenta mas recaidas ¿no induce á creer que la causa de la primera enfer- medad, ó mas bien, de la primera explosión, continúa obrando después de una aparente curación? Tengo para mí que eso es lo cierto. Dolo dicho se desprende que los idiotas é imbéciles no pueden tener intervalos lúcidos. § 341. Causas de la locura—Las causas de la locura y délas circunstancias en que por lo general se desarrolla, son muy variadas* nos limitaremos por lo tanto á enumerar las principales. La civilización multiplica ios medios de sentir, hace vi- vir á algunos mucho y demasiado á prisa, é imprime, por consiguiente, á la actividad cerebral, un desarrollo excesivo. (Esquirol.) Por otra parte se ve que los pueblos tienen tantos menos locos cuanto menos civilizados están, y que en los pueblos salvages no hay otros locos que los idiotas, imbéciles y de- mentes. La aglomeración de la población parece influir de un rno do se ni 'jante. Las ideas dominantes en la época influyen en el desarrollo déla locura de un modo poderosísimo; sobre todo en las épo- cas de exaltación religiosa y política la locura se desarrolla de un modo epidémico, y con increíble rapidez. La educación es acaso la causa mas poderosa del de- sarrollo de la locura cuando está mal dirijida y es viciosa, y 125 el medio nías poderoso de contenerla cuando es hábilmente dirijida. Los sistemas de enseñanza que tienden al desarrollo prematuro de la niñez, que hacen á los niños razonar pre- maturamente, son oropel capaz de cegar á los hombres su- perficiales; pero es mucho mas el mal que causan que sus aparentes bienes. «La naturaleza, dice Rousseau, quiere que los niños sean» niños antes de ser hombres; si queremos pervertir este orden, produciremos frutos precoces que no tendrán madurez ni sa- bor y no tardarán en corromperse; tendremos niños doctores y viejos niños.» En esta clase y en los educados con un rigor excesivo y en los educados en el sistema opuesto, es en los que la locura y el suicidio hacen su cosecha. El sexo parece tener otra influencia bien definida que en los grandes centros de población en los cuales por lo tardio y difícil del matrimonio y los mayores medios de cor- rupción, parece que hay un poco mayor número de mujeres que de hombres locos. La edad en que la locura se desarrolla es la media de la vida; es rara en los niños y en los viejos, si bien en la vejez se presenta la demencia mas frecuentemente. El estado civil de los locos da un exceso de solté ros- en los grandes centros es mayor el número de solteras que de solteros. Las estaciones cálidas tienen una acción cierta sobre la explosión de la locura, y en los climas secos y ardientes del Interior el viento Norte, que eleva la temperatura, baja la presión atmosférica y deseca la atmósfera, su influencia está bien demostrada. Herencia— De todas las causas predisponentes de la locura ninguna está demostrada como esta y ninguna tiene tampoco mas estension é importancia. Webster en Inglaterra ha encontrado esta causa en la tercera parte de los enfermos y la media de los autores 126 franceses da la cuarta parte, resultados que concuerdan mas ó menos exactamente con los de todos los países. La herencia directa se verifica cuando el hijo hereda la predisposición del padre ó de la madre ó de ambos. Cuando la predisposición es convergente, producto de ambos factores, la evolución mórvida se precipita y crece acompañada de degeneraciones físicas muy notables. Cuando es de un solo factor, disminuye y puede fácilmente perderse. La herencia directa se llama similar cuando la enfermedad se reproduce en su forma y en sus carácteres, á veces á la misma edad y bajo la influencia de la misma causa ocasional. Esta herencia frecuente en las monomanías homicida y suicida en la idiocia é imbecilidad, no la es en las demas locuras; por el contrario el polimorfismo es lo regla general. Asi se vé á un maníaco engendrar monomaniacos, epilépticos, imbéciles, etc., á un epiléptico engendrar imbéciles, maniacos, etc. La herencia se llama mediata ó atávica, salto atrás, cuando pasa de los abuelos á los nietos sin manifestarse en los padres. El hecho es evidente é indiscutible. La explicación mas racional supone que las predisposiciones han existido en las generaciones intermedias, que no se han manifestado por falta de influencia ocasional y han sido trasmitidas; de lo que se sigue que la herencia mediata en la apariencia es inmediata en realidad. La herencia se llama indirecta ó colateral cuando tiene lugar de tías ó tios abuelas á sobrinas ó sobrinos nietos. Esta herencia es mucho menos frecuente que la directa y es justamente considerada, por muchos autores, como una forma del atavismo. De los trabajos de Esquirol y Baillarger resulta que los hijos están mas espuestos á la herencia materna que á la paterna; que la locura del padre es un poco mos peligrosa para los hijos que la de la madre, y la de esta dos veces mas peligrosa para las hijas. La forma que se trasmite con mas frecuencia es la monomanía suicida; el alcoholismo probado que se trasmite 127 mas bien por el mal ejemplo, que ven los niños, que por una verdadera predisposición hereditaria; todas las demas formas nada presentan de particular. La herencia se manifiesta mas en los hijos engendrados después de la explosión de la enfermedad que en los engen- drados antes de ella. La herencia presenta signos mas ó menos bien marcados desde la infancia. Morel supone que puede reconocerse por las deformaciones del cráneo, por la asimetría de la cara, anomalías de la dentición, perturbaciones del sistema nervio- so, de los sentidos,etc. Nada de esto está bien definido y caracterizado, y solo pueden establecerse algunos signos morales é intelectuales de los que Legrand du Saulle, á fuerza de exagerar, ha hecho una pintura falsa. La predisposición hereditaria se marca desde la in- fancia por una impresionabilidad exagerada, irritabilidad extravagancias, etc. El niño se muestra arisco, insacia- ble, á veces débil de inteligencia fuerte y precoz. En la pubertad se muestran taciturnos, crueles con los anima- les, malos compañeros, vengativos y de mal carácter. Según Moreau la herencia es el origen mas frecuente de la propensión al crimen. El estudio de la locura heredi- taria es de la mayor importancia para el médico legista y debe fijarse bien en que la locura accidental no se trasmite á los hijos nacidos antes de la enfermedad; que causas que en un sugeto sano no producirían la locura, la producen en los sugetos predispuestos. Entre las causas morales ó psicológicas deben no- tarse en primer lugar las 'pasiones, que llevadas al paro- xismo, ponen en eminente peligro al que los sufre de llegar al crimen ó á la locura; el amor, la vanidad, el espíritu religioso, llevan frecuentemente á la locura; el juego, la cólera, la envidia y el orgullo llevan tanto á la locura como al crimen. El ejercicio exagerado délas facultades intelectua- 128 les, sobretodo en trabajos difíciles y puramente abstractos hacen perder la razón. Las conmociones morales, los disgustos de familia, la desesperación y el dolor pueden provocar la locura acci- dental ó permanente. De las causas patológicas y de las locuras sintomáti- cas nos ocuparemos mas adelante. CAFITULO SEGUNDO la locura en latiguear § .342 División de las enfermedades mentales—De la combinacionule los síntomas que acabamos de enumerar resultan las variedades mas distintas, que raramente pue- den referirse á tipos absolutos de clasificación; sino que se presentan mas ó ménos confusas y mezcladas Mas aun, es preciso notar que con mucha frecuencia se pre- sentan trasformaciones. Asise observan manías mezcla- das con monomanías de otra índole y con la demencia; dementes con monomanía y estupor: se ve una enferma li- peniamaca é histérica (Esquirol); un mismo enfermo, pue- de pasar durante el curso de enfermedad por todas las formas de la locura (Guislain). De aquí la divergencia en las clasificaciones, los cambios de nombre en una misma enfermedad y lacón fusión de las especies. Pero, por lo mismo, es necesaria una clasificación nosológica que haga posible el estudio de las especies. Haremos notar de paso que el médico legista está obli- gado á clasificar la enfermedad que padece el sugeto sometido á su examen (art. 143 del Código Civil) y que por lo tanto, debe conocer las clasificaciones nosológi- cas. No podemos, dado el objeto y estension de estas lecciones, criticar las distintas clasificaciones que se lian hecho de las enfermedades mentales; por lo que nos li- mitaremos á adoptar las de Esquirol y Mata, ligeramente modificadas, como puede verse en el siguiente cuadro 130 congénita -por impotencia adquirida Idiopática general por perversión LOCURA parcial preñez puerperio lactancia puerperal alcohólica venenosa espermatórrea petagra epilepsia histerismo corea catalepsia Sintomática nerviosas cretinismo albinismo delirio de las enfermedades aguda* sonambulismo 131 Idiotismo > Imbecilidad Sordo m udez aguda crónica senil paralítica Demencia aguda crónica continua intermitente instantánea lipemanía- eró tica aleare ambiciosa razonante, etc. nostalgia hipocondría ambiciosa razonante, etc. Manía inofensiva Monomanía homicida suicida dipsomanía ldep toman ia piro man i a erótica razonante de las persecuciones, etc. ofensiva 132 § 343 Idiotismo é imbecilidad—El idiotismo consis- te en una imperfección congénita de los centros nerviosos, que produce la ausencia mas ó menos completa de las facultades intelectuales y afectivas. La ausencia total de las facultades es felizmente rara, lo mas general es que las facultades tengan un desarrollo mas ó ménos completo, que es lo que constituye la imbecilidad. Son tantas las clasificaciones de la idiocia y la im- becilidad, como autores han escrito sobre ellas. Nos contentaremos con describir suscintamente los tipos de idiocia é imbecilidad, remitiendo para los de- talles á las obras especiales. Idiocia—Los idiotas son fáciles de reconocer por los caractéres siguientes: cabeza muy grande ó muy chica; asimétrica ó angulosa; frente deprimida y estrecha; cara ancha, aplanada, cuadrada, mandíbulas voluminosas y salientes; labios gruesos y pendientes, boca grande, deja á veces caer la baba, orejas grandes despegadas, im- plantadas irregularmente; los ojos á veces completamente vizcos y la mirada sin expresión, el cuello es corto ó muy largo; la estatura suele ser baja, la columna vertebral" desviada, el vientre voluminoso, los brazos caídos, las piernas zambas, las articulaciones muy voluminosas, la marcha incierta y vacilante, la piel escrofulosa con fre- cuencia. A este exterior repelente, se une que, estando los sentidos del olfato y el gusto pervertidos, comen inmun- dicias. La inteligencia es á veces tan rudimentaria, que ca- recen hasta de los instintos mas necesarios á la conser- vación de la vida. La memoria es rudimentaria y el vocabulario muy li- mitado y á veces nulo, reducido á gritos simples. Son sucios, voraces, disimulados, con frecuencia ladrones, irascibles; casi todos onanitas, no conocen el pudor. A veces son capaces de sentimientos afectivos y de pasio* 133 nes, sobre todo de la venganza. Son susceptibles de edu- cación. Imbecilidad—Es un estado en el cual las faculta- des están desarrolladas hasta cierto punto; pero no lo bastante para que, los individuaos atacados, puedan llenar las relaciones y deberes sociales. Un imbécil no presenta en su conjunto las anoma- lías que el idiota, pero si olreco anomalías de detalle: la frente es inas ó menos deprimida, el ángulo facial mas ó menos cerrado; la oreja casi siempre mal im- plantada, el pabellón deformado y el hélix mal redon- deado. Las funciones de nutrición son normales. Los imbéciles son indolentes, perezosos, poco cuidadosos de su persona; su infancia es tardía; la cultura de su inte- ligencia siempre difícil, no alcanza otros frutos que la lectura, escritura, cuentas elementales y trabajos manua- les, siempre imperfectos. Son incapaces de razonar y de gestionar sus negocios, sus juicios son muy erróneos, la imaginación es nula ó muy pobre. Son onanitas, lujurio- sos, vanidosos, glotones, disimulados, hipócritas, embus- teros, ladrones y muy irascibles. No tienen iniciativa, son muy susceptibles, haraganes y se dejan engañar con facilidad. La imbecilidad como el idiotismo no son suceptibles de simulación ni imputación, son congénitas y heredi- tarias muchas veces. Cuando la imbecilidad se acompaña de manía ó de monomanía los sugetos son muy malos, obstinados y vengativos. Sordo-mudez—Las leyes romanas asimilaban los sor- do mudos á los idiotas. Nuestras leyes declaran incapaces á los sordo mudos cuando no pueden darse á entender por escrito art. 153 C.C. La sordo mudez es verdaderamente una causa de que el que la padece no puede adquirir, por los medios comunes, el caudal de ideas necesario para llenar las relaciones de la vida social, para adquirir las ideas dq 134 1.1 moral y del derecho que son necesarias para que pueda haber imputabilidad. La educación de los sordos mudos ha llegado, sin embargo, a tal perfección, que pueden ya, no solo dar- se á entender por escrito, sino á hablar y seguir fonéti- camente una conversación, por consiguiente han llega- do a igualarse á los demas hombres. La división de los sordo mudos, para la medicina legal, en tres categorías, es racional: Ia Categoría—Sordo mudos educados, que leen y escriben, ya hablen ó nó. 2a Categoría—Sordo mudos cuya educación está li- mitada ádarse á entender por la mímica. 3a Categoría—Sordo mudos que carecen toda edu- cación. Los de la primera categoría deben considerarse co- mo los demas hombres; los de la segunda categoría tic non un caudal limitado de ideas, que los pone al nivel de los imbéciles; y los de la tercera no tienen mas ideas que las de los idiotas; aun cuando exista en ellos el desarrollo encefálico necesario, la educación no ha pro- ducido la suma de ideas conveniente. Para los efectos legales deben considerarse como imbéciles é idiotas curables, puesto que lo son por la educación. § 344 Demencia—La demencia consiste en la debi- litación gradual progresiva, que puede llegará la aboli- ción mas ó ménos completa, de las facultades intelectuales y morales. Los síntomas de la demencia se refieren á la parte psíquica principalmente; pero como la demencia es suceptible de una gradación continua; resulta que en los primeros grados sus síntomas son difíciles de consta- tar, asi como los matices que separan los grados. Los enfermos se hacen insensibles, indiferentes, apáticos, fenómenos que dependen de la debilitación de las partes centrales de! cerebro. No pueden fijar bastan- 135 te su atención y de ahí que no tengan ideas claras do los objetos y de las relaciones De todo lo cual resulta que no pueden juzgar, aso- ciar las ideas y elevarse á las abstracciones como ántes de estar enfermos, y que no pueden sostener una con- versación larga sin fatiga y sin perder el hilo de las ideas. La debilitación y pérdida de la memoria-es el sínto- ma carasterístico de la demencia; pero esta pérdida ofre- ce de particular en la generalidad, que se refiere á los hechos recientes, á los hech >s ocurridos después de la invasión de la enfermedad, conservando el recuerdo de los hechos anteriores: así se ve que conservan la posibi- lidad del ejercicio de su profesión ú oficio, y en algunos se vé que la memoria y la intiligencia no están ataca- das sino parcialmente; pues pueden jugar á las damas, al agedréz, etc, calcular y preveer todas las combina- ciones de estos juegos, y sin embargo; no son capaces de indicar el lugar que habitan. La pérdida de la memoria puede referirse especial- mente á las cifras, á las ciertas palabras, á la conju- gación de los verbos, etc, lo que dá á su lenguaje una orijinalidad rara. A medida que la enfermedad avanza se borran de la memoria los hechos anteriores á la enfermedad; el en- fermo llega á no reconocer á sus deudos, su casa, su cuarto. La incoherencia se presenta, pero así como en el monomaniaco es efecto de la excitación cerebral, en el demente lo es de la debilidad y de la inercia; en el uno las ideas se suceden con rapidéz, en el otro con len- titud. La voluntad participa de la debilitación de las fa- cultades; sus determinaciones son vagas, inciertas, ca- recen de iniciativa, su obediencia es pasiva y son fácil- mente explotables. El carácter se hace inconstante, son fác i 11 n e n te i rr i tab les. Enos n.ndnn sin cesar. otros «minean continuamente 136 con el pié, en casi todos hay ¡¡na tendencia á la repeti- ción monótona y continua de ios mismos actos. La fisonomía es característica y revela nulidad de la inteligencia: cara pálida y sin expresión, las faccio- nes relajadas, la mirada incierta, vaga, los ojos tiernos, lloran fácil y automáticamente, las ¡ upiias muchas ve- ces dilatadas, la cara presenta los caracteres de una vejez anticipada. Las funciones de la vida orgánica conservan su in- tegridad, el sueño se renueva durante el dia, el apetito llega hasta la voracidad; en un gran número de ellos predomina el sistema linfático y engruesan mucho. Su- cede con frecuencia que cuando las formas de la locura tienden á la demencia, la trasformacion se anuncia por la obesidad (Esquirol). En el último grado de la demencia, la inteligencia está verdaderamente perdida, la existencia es entonces puramente vegetativa; los dementes no tienen ningún recuerdo, no tienen conciencia de su triste situación; no pueden atender á sus necesidades, se ensucian con sus orinas y materias fecales. Cuando las lesiones de los centros nerviosos afec- tan á los nervios que presiden á lá motilidad, la paráli- sis de algunos órganos produce el desorden en los movimientos y mas tarde la parálisis general. La marcha aguda de la demencia es poco frecuente, la crónica es la mas común y es compatible con la vida 10, 20, 00 y mas años; pero así que el marasmo cere- bral se produce la muerte viene pronto. La demencia puede ser primitiva ó secundaria En el primerease s direviene de pronto, sorprendiendo al individuo en la plenitud de la salud. En el segundo caso, es la trasformacion de otra en- fermedad mental, y conserva algunos caracteres de esta: así hay demencias con manías, monomanía, aluci- naciones, locuacidad, accesos de agitación, etc. La demencia senil se produce por los progresos de 137 la edad, que trae la debilitación gradual de las sen- saciones, la atención se hace difícil y penosa, la memo- ria se pierde gradualmente, la voluntades incierta y los movimientos se hacen lentos. El carácter se hace irri- table, violento y hay excitación incoherente. Sobrevie- ne el insomnio y la agitación nocturna y á veces me- lancolía. La demencia paralítica, se confunde á veces con la parálisis general, sobreviene lentamente y sin fenóme- nos apreciables unas veces, otras á consecuencia de con- gestiones, fiebres cerebrales, epilepsia, etc. La demencia se presenta generalmente de los 40 años en adelante yes mas común en los hombres que en las mujeres. Las causas pueden ser las mas variadas: disgustos, estudios excesivos, onanismos, desórdenes de la menstruación, los muchos partos, lesiones y enfer- medades del cerebro. Según Esquirol la séptima parte de los locos se vuelven dementes. § 345. Parálisis general progresiva—Es una afec- ción caracterizada por la debilitación del movimiento, la dificultad de la palabra, un delirio más ó ménos acen- tuado y la disminución progresiva de las facultades intelectuales. La palabra empieza por entorpecerse y hacerse len- ta, luego se preséntala tartamudez y después se vá ex- tinguiendo poco, á poco; por efecto de la parálisis de ios músculos que concurren á la pronunciación. Se nota en estos enfermos un temblor de diferen- tes partes del cuerpo, especialmente de la cara y miem- bros inferiores y superiores. Con frecuencia hay liemi- plegias incompletas y la dilatación desigual de las pu- pilas. La sensibilidad se conserva casi hasta el fin de la enfermedad. El delirio ambicioso y de las grandezas es el que se presenta con mas frecuencia, exagerado y ridículo, sin coordinación y muy variable. Se creen á la vez gene- rales, papas, de fuerzas hercúleas, etc, y experimentan 138 viva satisfacción, son felices. A veces el delirio es msivo, hipocondriaco. Otras veces los enfermos están en un estado de fu- ciego, continuo ó incoercible; golpean, rompen, destrozan cuanto encuentran; cantan, gritan, vociferan, é imprimen á los miembros movimientos continuados; la cara participa de este movimiento y desorden. Esta excitación puede hacerse confundir la enferme- dad con la manía. En todas las formas se les vé cometer á veces ro- bos, heridas y aun muertes, contra los que suponen ene- migos. En esta enfermedad hay remitencias marcadas, se presenta de los 35 á 40 años, es rara después de los 60 y depende siempre de una lesión del cerebro, paquime- ningitis, encefalitis, hiperplástica, etc. § 346. Manía— La manía es una enfermedad ca- racterizarla por la sobreexcitación desordenada de las facultades, de las que resultan la incoherencia de las ideas, la imposibilidad de fijar la atención, una impe- riosa necesidad de movimientos y violentas impulsiones (Dagonet). El esfuerzo, la violencia, la energía y el desorden son los caractéres salientes de esta enfermedad, que no se puede confundir con ninguna otra. La manía puede producirse bruscamente, á conse- cuencia de una sacudida violenta; pero por lo general se produce lentamente, tiene un periodo de incubación que se caracteriza por la cefalalgia, el insomnio, el cam- bio de carácter, la irritabilidad, la falta de atención, la tristeza y las extravagancias. Los síntomas físicos y morales deben buscarse en la fisonomía, el movimiento, la circulación, secreciones, etc, ilusiones, alucinaciones, sensibilidad moral y afecti- va, etc, que ya hemos tratado (§ 336 á 339) y para evitar repeticiones á ellos nos remitimos. Las variedades de la manía son tantas que no po- 139 demos tratar sino de las principales; la intensidad y las ideas dominantes combinadas producen las formas mas variadas Manía furiosa—Manía ferox—Los enfermos se entre- gan á actos de violencia y destrucción, rompen lo que encuentran, rasgan sus vestidos, muerden, golpean, hie- ren, etc. Los ojos oscos y muy abiertos tienen una ex- presión particular, mirada de toro, ocultes bovinus. En los accesos las fuerzas físicas están extraordinariamente aumentadas, la sensibilidad física amortiguada no hay sed, hambre, ni frió, ni calor, ni parecen apercibirse de las heridas mas graves. La cara se inyecta, la fisono- mía se descompone. Es la forma que se cura mas rápidamente, cuando depende de causas morales ó no se refiere á otras for- mas de locura ó á la epilepsia. Manía alegre—En ella el delirio reviste la forma de una alegría exagerada. Los enfermos rien, cantan, declaman y hacen todo género de extravagancias. Son inofensivos. Manía eró tica-~S atiriasis-- La manía erótica se ca- racteriza por una sobreexitacion del aparato sexual que arrastra á los enfermos a actos de onanismo, que agra- van mucho su delirio, á un embrutecimiento y postración próxima ála demencia. Esta excitación llamada satiriásis en el hombre y ninfomanía en la mujer, depende del estado enfermo del cerebro y la satisfacción del impulso irresistible del ape- tito venereo no produce ningún alivio. Los órganos sexuales están, por lo general, conges- tionados y tumefactos. La circulación general activada, el pulso lleno y duro, la cara inyectada, animada, la mirada lúbrica, los ojos inyectados y chispeantes. En un grado inferior de la enfermedad, los individuos tienen conciencia de su estado, pero son impotentes para dominar las impulsio- nes; después pierden la conciencia y se entregan sin pu- 140 dor áataques directos, provocaciones, sin consideración de lugar, persona, etc. Asesinatos seguidos de violación, violaciones, aten- tados atroces á hombres y mujeres, son muchas veces consecuencia de esta terrible enfermedad. Lipemanía — Es la manía en que dominan las ideas tristes y depresivas. La fisonomía presenta una expresión característica en relación con su idea fija; expresa el temor, la descon- fianza, la desesperación, etc; los ojos hundidos y algu- nas veces llenos de lágrimas: los movimientos lentos é indecisos: el insomnio es persistente en la invasión, hay depresión moral, y las funciones orgánicas se cumplen en ellos difícilmente. Todos los objetos que rodean al enfermo le sirven para provocar su temor, sus dolo- res, sus escrúpulos y sus angustias. Variedades de la lipemanía son la nostalgia el de- lirio de las persecuciones. La nostalgia ó mal del pais, que consiste en una tris- teza profunda acompañada de la necesidad imperiosa de volver al pais del nacimiento ó al en que se ha vivido mucho; mata en poco tiempo y son inofensivos los ata- cados. El delirio de las persecuciones invade lentamente; el enfermo se crée perseguido constantemente y es víctima de angustias y temores crueles; ya son seres misterio- sos, ya la policía, físicos, espíritus, etc, interesados en perderlo, matarlo, etc. Las variedades mas grandes y todas las formas imaginables se encuentran en esta en- fermedad. El enfermo acosado por las persecuciones imaginarias se convierte en perseguidor, y á veces ata- ca con encarnizamiento á las personas á quienes atribuye su malestar ó se suicida para librarse de él. Los que pa- decen esta enfermedad deben considerarse todos como locos peligrosos. Una de las variedades de la monomanía que mas importancia tienen en medicina legal, es la manía tran- 141 sitoria, que se presenta en forma de un acceso desarro- llado bruscamente y que desaparece en algunas horas ó menos tiempo. Sus causas especiales son la epilepsia, la histeria, el terror, la insolación, los excesos alcohólicos ó de trabajo intelectual y la supresión brusca de la menstruación. Griesinger hace notar que los ataques pasageros de manía, que sobrevienen en medio de un estado de salud perfecta, pueden compararse á un ataque de epilep- sia; tanto mas cuanto estos terminan a veces por un acceso de manía. Mareé hace notar que la locura transitoria puede consistir en una impulsión irresistible de muy corta duración, desarrollada casi instantáneamente en un in- dividuo sano de razón aparentemente y desapareciendo así que el acto peligroso ha sido perpetrado. Nada mas delicado en medicina legal, agrega, que la apreciación de hechos de esta naturaleza, los que exigen por parte del una atención extrema. Negada por algunos jurisconsultos, la manía tran- sitoria ha sido objeto de un detenido examen. Tomamos de Briand y Chaudéel siguiente párrafo: «No se puede considerar como primera señal de la locura transitoria la alteración ó desvarío fugitivo del pensamiento que ex- perimentan algunos hombres, en la que todo anuncia ser debido á la razón; porque no se consideran las afec- ciones mentales como las afecciones físicas. Se habla continuamente de muertes acaecidas en pocas horas, de muertes repentinas, de aplopegías fulminantes; porque, pues, no ha de haber locuras instantáneas?» «No experimentamos algunas veces dolores vivos, pun- zantes, que nos afectan por un momento y pasan en se- guida, pues por qué no ha de haber locuras pasageras? «Hay locos, dice un célebre magistrado (Bellart), que es- tán destinados por la naturaleza á la pérdida eterna de su razón y otros que no la pierden sino instantáneamente: entre estas dos locuras solo hay una diferencia, la du- 142 ración.» «¿No encontramos en la sociedad, dice Marc, hombres razonables y de una irreprochable moralidad que han sido acometidos por lo ménos una vez en su vida por un acceso de extravagancia ó de atrocidad.» El mismo Marc, hombre esencialmente amable y bueno, no puédemenos de manifestar que, pasando un día por un puente y viendo á un joven albañil agarrado á la va- randilla, le acometió tan súbitamente la idea de empu- jarle y precipitarle en el rio, que tuvo que retirarse de aquel sitio. El célebre trájico Taima habia experimen- tado un efecto análogo—Pariset y Marc citan también que un literato distinguido, contemplando uno de los bellos cuadros de Girard, se sintió violentamente incli- nado á romper la tela, saliéndose en seguida del sitio en que estaba expuesta esta gran obra. La voluntad triun- fa de estas bruscas impulsiones; pero se puede afirmar que haya triunfado por mucho tiempo y que en casos semejantes triunfe siempre? ¿De esto á los actos cuyos autores son llevados ante los Tribunales, qué distan- cia hay? ¡La de un grado mas de aberración ... .! ¡Cuantos actos, que no se sabe como calificar, son ejecutados bajo la influencia de estos desvarios inexplicables!» Un obrero tranquilo, laborioso, feliz con su familia, se levantó una mañana y se puso á trabajar como de ordinario. Un instante después, sin ninguna contrariedad, sin el menor motivo, empezó á hablar palabras incohe- rentes, y con la vista esquiva y el semblante azorado, se arroja sobre su esposa para matarla. Se le sangra, se le cuida, al mediodía se encuentra en calma y duerme tranquilamente; por la noche adquiere el libre uso de to- das sus facultades, y todo lo habia olvidado. Otro sujeto estaba durmiendo bueno y sano, se levanta al cabo de algunas horas, rompe y destroza cuanto encuentra á mano, apesar de las observaciones y esfuerzos de los que le rodean.- cansado ya, se detiene, se acuesta, selevijila y á las once de la mañana se levanta sin que recuerde la menor cosa de los excesos de la noche. 143 Leiclesdoríf, trae el siguiente caso; «Un señor M. e¡ atacado de repente, en una comida, de un acceso sú- bito de locura; los rasgos de su fisonomía toman un as- pecto particular; sin que nadie pueda impedirlo, tira su vaso lleno á la cabeza del que está en frente de él. Mién- tras se ataja la sangre del herido, expresa su profundo sentimiento y declara que ha sido juguete de una alu- cinación- Le parecía que la persona herida le había hecho una mueca particular, con el objeto de ofenderlo de una manera grave. § 347—Monomanías— Las monomanías están carac- terizadas por un delirio parcial; esto es, las facultades manifiestamente lesionadas sobre un punto, un orden ó varios órdenes de ideas ó de afectos conservan aparen- temente su integridad en todo lo demás. Las momomanías, presentan dos formas diversas principales, son ofensivas ó inofensivas. Aunque estas deben ser conocidas por el médico legista como las pri- meras, no nos ocuparemos de ellas, porque son infinitas las especies, y pueden diagnosticarse por la observa- ción de los síntomas generales que dejamos enume- rados. Las ofensivas como las inofensivas admiten también una división dual, ya establecida por Esquirol: Ia unas en que el monomaniaco obra con convicción íntima, aunque delirante; su imaginación está extraviada, sus ra- zonamientos son falsos,, su locura es evidente; pero él obedece á una impulsión pensada, sus acciones tienen un motivo y por lo general son premeditadas: 2a las facultades intelectuales del monomaniaco no presentan desorden; pero dominado por un impulso irresistible co- mete actos que su conciencia reprueba, porque su vo- luntad no puede vencer el impulso, á veces á pesar de una lucha persistente y eficaz en momentos dados. En las monomanías, como en las manías, pueden los síntomas combinarse de mil modos diferentes y pro- ducir las variedades mas diversas. Nos ocuparemos solo 144 de las especies i ¡pos adoptadas generalmente, remitién- donos en lo demás á los tratados especiales. La monomanía que da lugar á mayor numero de casos médicos legales es la homicida y la que merece mayor atención por parte del médico legista. Esquirol la define: el delirio parcial caracterizado por una impulsión mas ó rnénos violenta al asesinato Se distinguen tres especies: Ia La propensión á matar está ligada á motivos absurdos ó irracionales; pero razo- nantes, ó á ideas fijas, tal es el homicidio cometido por un padre con el objeto de sustraer á sus hijos á la condenación eterna; 2a el homicidio se comete en per- sonas conocidas por el loco; pero cuya forma se des- naturaliza por la alucinación ó se comete por orden de personages sobrenaturales, que la alucinación hace rea- les. Tal es el caso de un padre que, impresionado por un sermón sobre el sacrificio de Abrahain, inmola á sn pro- pio hijo obedeciendo á una orden de Dios, que cree oir; 3a la impulsión de matar no tiene interés ni mo- tivo y se comete sobre personas amadas, apesar del horror que el acto inspira y apesar de los esfuerzos empleadus para resistir la impulsión; tal es el caso de una madre que horrorizada de la idea de que puede ma- tar á su hijo, concluye por sucumbir á ella. La manomanía homicida es con frecuencia perió- dica y el paroxismo está precedido por algunos signos de excitación general. El enfermo sufre dolores de ca- beza, calor en el pedio y epigastrio, cólicos, inquietud, pérdida del apetito con abatimiento; la cara se conges- tiona ó palidece; el pulso duro y lleno; á veces temblor convulsivo de todo el cuerpo. Guando comete un acto de violencia parece aliviado de una opresión. Está muchas veces calmado, no expresa pesar, ni remordimienio, ni temor, contempla su víctima fríamen- te, confiesa el acto y se presenta á la justicia. En algu- nos casos esconde el arma y disimula el crimen como los sanos y son los casos de mayor dificultad. Aun en- 145 tónces, el cambio de la sensibilidad física y moral, el cambio de carácter y de manera de vivir, sobre todo cuando el sugeto era ántes conocido por su bondad, su dulzura, su honradez y su piedad, son indicios de gran importancia. La suspensión de los menstruos de la muger, de las hemorroides en el hombre, la epilepsia, ideas de suicidio suelen preceder al acto, y el antecedente hereditario es de la mayor importancia. Los casos de homicidio cometidos por monomanías, en que el peligro de error por parte de médicos y jue- ces se presenta con mas gravedad, son aquellos en que la enfermedad mental se presenta por accesos, estos no son largos, sin pródromos asignables, ó en las que no hay lucha, idea tija, alucinación ó ilusión conocida; so- bre todo, porque en el público no médico hay la preo- cupación de que se puede bien distinguir al loco homi- cida del sano de espíritu por síntomas ciertos é inva- riables, que es deber de los médicos poner en evi- dencia; pero si bien es cierto que esto puede suceder en muchos casos, en otros es muy difícil ó imposible, y ante tal incertidumbre jamás debería aplicarse la pena de muerte, por tantas otras razones inmoral y detesta- ble. Hay casos en que no puede llegarse á otras con- clusiones que á la incompatibilidad de un estado de ra- zón con el asesinato de séres tan queridos como son los hijos, los padres, los deudos, allegados ó amigos ín- timos. Muchas reglas se han dado desde Esquirol para dis- tinguir el asesino criminal del maniaco, ellas pueden resumirse en las siguientes: Ia Falta de cómplices en los monomaniacos; 2a El criminal, sano tiene siempre un motivo, es siempre un medio de satisfacer una pa. sion mas ó ménos criminal, que se acompaña de otros actos perversos: lo contrario sucede en los monoma- niacos; 3a Las víctimas del criminal son objeto de una venganza ó un obstáculo á los proyectos del criminal; 146 las víctimas de los monomaniacos son personas indife rentes ó les son queridas; 4a El criminal busca el es- conderse, toma precauciones, niega su crimen ó lo con- fiesa con reservas, y solo confiesa oprimido por la prue- ba legal ó la evidencia; lo contrario hace el monoma- niaco; 5a El número de asesinatos cometidos á la vez; los criminales no matan sino una ó dos víctimas por lo gene- ral; mientras es frecuente encontrar que los monomania- cos matan varias, á veces sin relación alguna entre sí. La monomanía suicida se manifiesta con las mismas particularidades que la homicida, con la que está fre- cuentemente complicada, ya por ataques que alternan- ya por ataques que coinciden. Los que padecen esta enfermedad demuestran una premeditación, un arte, una finura y un talento especial para llegar al logro del sui- cidio, puestos de relieve en el excelente tratado especial de Bierre de Boismont. Trae este autor el siguiente caso: se trata de un li- pemaniaco deforma razonante, en un estado de agitación de los mas intensos. Había hecho carias tentativas y todos los medios le parecian buenos. En el asilo hubo precisión de alimentarlo ocho dias por medio de la son- da exofágica. Viendo las precauciones tomadas respec- to de él, se muestra alegre, habla de su familia y pide se le deje escribir. Su carta muy razonable parece demostrar que ha- bia vuelto á sus sentimientos naturales. Pidió ir á su casa á completar la curación, el médico, sospechando la simulación, se negó. Al dia siguiente se evadió; después de buscarlo mucho tiempo se le encontró col- gado de un árbol, sobre un foso en un bosque. Su iden- tidad fué reconocida poruña carta, que tenia sobre sí, en la que decía que sus sufrimientos le hacían insopor- table la existencia. Los que niegan la existencia de la manomanía ho- micida encuentran en la especie suicida, un obstáculo insalvable 147 Entre otros ejemplos de las dos monomanías reu- nidas puede citarse el caso referido por el Fiscal gene- ral de la Baume, en Febrero de 1855: «Un joven co- merciante de la Chausée d’Antin, se suicidó, explicando los motivos de la manera siguiente: «Estoy perseguido desde la edad de la razón, por la manía del asesinato; lucho, resisto, pero un dia me dejaré llevar, deshonraré mi familia, prefiero matarme.» La piromanía ó monomamía incendiaria se presenta con los mismos síntomas que la homicida y suicida; pero es mas frecuente en la edad de la pubertad que mas adelante. Roy (Medical jurispradencé) trae el caso de una labradora de 17 años de edad, que fue acometida de repente de un violento deseo de incendiar, volviendo de un baile en el que se habia ajitado. Al cabo de tres dias de lucha cedió á la impulsión, y decía, viendo le- vantarse las llamas, que sentia un placer como jamás había sentido semejante. La kleptomanía ó monomanía del robo, se presetan en personas de sentimientos generosos y en lo demás de una moralidad á toda prueba, ricas y de posición so- cial, sin motivo ni interés, teniendo conocimiento de la inmoralidad de las acciones y sin poder resistir la im- pulsión. Matthey refiere el caso de una señorita hija depa- dres nobles, y ricos, de buen carácter y sano espíritu, que sentía la necesidad de robar todos los objetos que veía. Guardaba pañuelos, gorras, dedales, guantes etc, que robaba á sus amigas. No negaba; cuando era descubier- ta, lloraba, se avergonzaba y prometía resistir su im- pulsión, rezaba, pidiendo á Dios su ayuda; pero, así que la ocasión se presentaba, volvia á robar. Hemos conocido otra señorita en idénticas condi- ciones; la enfermedad se presentó con la primera mens- truación. Apesar de su estado casó con un distinguido jóven, se hizo embarazada y la enfermedad no ha vuelto á manifestarse desde entonces. 148 La monomanía erótica está caracterizada por el senti- miento amoroso, que es mas imaginativo que sensual; es una especie de amor platónico; pero en el momento de los accesos se entregan á los actos mas obscenos, y se complica á veces con el furor genital, llevando con frecuencia al homicidio, al suicidio y á los aten- tados al pudor. La monomanía homicida se ha visto á veces com- plicada con la antropofagia, así como la erotomanía con la necromanía, forma en que los atacados violan los cadáveres y los sepulcros, con el objeto de gozar de las mugeres muertas. Legrand du Saulle trae el caso del sargento Ber- trand, que entraba en los cementerios, abría los cadáve- res, metía las manos para arrancarles las entrañas, y otras veces gozaba de los cadáveres de las mujeres, sin procurar jamás esta satisfacción en séres vivos. La dipsomanía ó monomanía de la embriaguez es una alteración mental que conduce de un modo irre- sistible á las bebidas; diferenciándose de la embriaguez habitual en que esta es voluntaria, y aquella se produce contra la voluntad, que no puede resistir el impulso institivo. Debe tenerse en cuenta que la dipsomanía produce la ebriedad. La dipsomanía es continua ó intermitente: en la continua hay insomnio, al despertar amargor en la boca, naúseas, temblor general y un deseo vivísimo de beber, que solo se calma con bebidas fuertes. En la intermitente, cuyos intérvalos son á menudo, mensuales, estacionales y anuales, Jos ataques se anun- cian por los signos siguientes: ojos encendidos, brillan- tes, convulsos, mirada osea, sueño agitado, pesadez de cabeza, cara turgescente, lengua temblorosa, ilusiones de la vista y del oido, vértigos, dolores en el bajo vien- tre, á veces hemorragias intestinales. El enfermo se hace tímido agitado, irritable, á veces hasta enfurecerse pol- la menor causa. Este período dura de algunas horas á 149 varios dias. Después se presenta el deseo de beber, que el enfermo satisface primero á escondidas y después sin medida. Cuando el individuo cura se presentan vómitos acuosos, horror invencible á las bebidas, dolores de vien- tre, insomnio, etc. . La monomanía de las persecuciones presenta el carácter distintivo de la manía del mismo nombre. Hay una forma de locura que es de la mas alta importancia médico legal, llamada por Pinel, manía ra- zonante, ó manía sin delirio, llamada por Esquirol mo- nomanía razonante, manía oculta por otros autores. Esta forma existe en las manías y en las monoma- nías y consiste en que los individuos afectados racioci- nan, las facultades intelectuales no parecen lesionadas, pero no tienen la facultad de dirijir sus actos. Estos enfermos ponen en la ejecución de los actos una astu- cia extraordinaria, se disculpan con roas ó menos vero- similitud y se ocultan con mucho arte. Cuando las formas de la enfermedad á que afecta la monomanía razonante son intermitentes, las aparien- cias son de la mas incontestable criminalidad, y el dignós- tico harto difícil. Los enfermos razonan, sobre todo cuando han sido educados, con tal maestría que es difícil al mas hábil dialéctico refutarlos. Pero se vé bien que hay una de- bilidad notable de la voluntad. Entregados á sí mismos, obedecen á los impulsos mas contrarios. La primera impresión sentida, una idea venida al acaso es el móvil de su conducta. Existe en ellos un foco de irritabilidad próximo á estallar y habi- tualmente están dominados por impulsiones diversas. En los manicomios son insubordinados y excitan á los de- más á la insubordinación, se quejan incesantemen t ede los de la casa, son malevolentes, calumniadores, per- versos. Una observación atenta y prolongada hace ver que el estado intelectual sano, es mas aparente que real. 150 Razonan lógicamente en el círculo estrecho de ciertos tópicos; pero si se prolonga la conversación, ó se estien- de á objetos estrados á sus preocupaciones habituales se vé aparecer un órden de fenómenos característicos; ideas fijas, ilusiones, errores de percepción, falsas apre- ciaciones, amor propio exagerado. Con un poco de prác- tica se diagnostica bien esta forma; sobre todo si hay conmemorativos. La afección se ha declarado por lo general á consecuencia de disgustos profundos. Se cons- tata un cambio en la manera de ser, en los actos, hábi- tos y en el individuo. Se presenta el insomnio, pertur- baciones digestivas, etc, anunciando los periodos de re- crudescencia. En algunos casos no es sino como el pe- riodo prodrómico de otras formas; puede ser intermi- tente. § 348—Locuras sintomáticas—A) La locura puer- peral se presenta en primer término entre las locuras sintomáticas. Divídese para su estudio en tres perío- dos: el de embarazo, el de puerperio y el de lactancia. Las alteraciones de la sangre que produce el em- barazo, cloro anemia; las relaciones nerviosas del útero, sus simpatías, el obstáculo que se produce en la circula- ción abdominal y luego á la torácica y cerebral explican los frecuentes fenómenos neuropáticos que acompañan el embarazo, y la manera como la locura puede produ- cirse. Estas alteraciones producen la locura, sin embargo, raramente; las extravagancias, la exageración de la sen- sibilidad, los temores exagerados, no quitan á las em- barazadas el imperio de la razón y de la sensibilidad. Los antojos se han exagerado y han servido para encu- brir faltas de educación y buen sentido. Hay en algunos casos, manifestaciones reales de manías y monomanías con sus diversos matices. Mattei, que ha hecho un estudio especial de la ma- la materia dice: que los alienistas han confundido la lo- cura, en el estado puerperal, con la que es únicamente 151 causada por este estado. Asi los disgustos, los accesos de locura anteriores, la predisposición hereditaria son las causas habituales de la enagenacion y no el estado puerperal mismo. En millares de mujeres embarazadas que ha visto, no ha encontrado un verdadero caso de locura sucedido durante el embarazo y exclusivamente causado por este estado; de lo que deduce que cuando una mujer emba- razada presenta formas de locura es preciso buscar sus causas fuera del estado puerperal. Sin embargo, se observan algunos que son puramen- te producidos por el estado de gestación ó algunos de sus síntomas, como son los vómitos incoercibles. Según Mareé la locura que parece referirse á la gestación ó recibir de ella su causa excitante, no se presenta sinó desde el cuarto mes y crece en adelante, miéntras que las perturbaciones morales muy marcadas en los primeros meses van luego disminuyendo gradual- mente. La locura que se presenta en el embarazo con for- mas melancólicas, suele transformarse por el parto en un estado de excitación maniaca mas ó ménos vio- lenta. La locura puerperal propiamente dicha es la que se desarrolla desde el trabajo del parto hasta que los órganos sexuales recobran sus funciones y estado nor- males. Los dolores del parto, la ansiedad y la impaciencia que le acompañan explican por sí solos las causas de predisposición de las mujeres á la locura en el estado puerperal. Las impresiones morales, la miseria, los en- friamientos, las corrientes de aire, los excesos de régi- men; la supresión de los loquios, y sobre todo la he- rencia, que Barrow, crée existe en la mitad de las puér- peras locas, son las causas determinantes de la enfer- medad. En algunos casos, aun en el parto normal, se ve 152 sobrevenir de algunos minutos á algunas horas un deli- rio mas ó ménos intenso. Los síntomas precursores de la invasión de la lo- cura puerperal son: irritabilidad extraordinaria, insom- nio, dolor de cabeza, mirada brillante, rostro animado, agitado, secreción láctea disminuida ó suprimida, cons- tipación. Puede este estado acompañarse de movimien- to febril; ó de pulso débil y tranquilo ó de pulso pe- queño y rápido; piel caliente y húmeda, sobre todo en la cabeza; zumbido de oidos, lengua blanca. Las enfermas son indiferentes á sus hijos. Si el ata- que es grave la lengua se pone seca y fuliginosa, viene el estupor, el coma y la muerte. En la gran mayoría de los casos la curación es rá- pida y se anuncia por el restablecimiento de las se- creciones fisiológicas y de las funciones puerperales. La locura se presenta mas raramente en el período de la lactancia y hay entónces que notar que: ó se pre- senta en las seis ó siete primeras semanas, ó bien no se presenta hasta pasados ocho ó mas meses. En el primer caso la locura debe referirse al esta- do puerperal, en el segundo debe atribuirse al aniqui- lamiento de la lactancia, pues ordinariamente las enfer- mas presentan la anemia y la debilitación. La cuestión mas importante y que se presenta con mas frecuencia, relativamente al estado puerperal es: si una mujer recien parida ha podido cometer violencias sobre su hijo por una perversión momentánea de sus facultades mentales, por un delirio puerperal instantá- neo. Tardieu y Legrand du Saulle lo niegan. El pri- mero dice que jamás ha visto ningún caso. Si bien, esta disculpa, frecuentemente alegada, debe siempre acogerse con reserva, en tésis general no pue- de negarse su posibilidad; como no puede negarse que el parto sea motivo de explosiones delirantes de una en- fermedad preexistente. Mareé aconseja al médico legista, en estos casos 153 proceder al examen del estado mental de la mujer sin tener en cuenta el parto reciente; deberá ver si en los antecedentes de la acusada, en las circunstancias que han acompañado al crimen, se encuentran señales manifies- tas de una impulsión irresistible ó de una idea deliran- te, que ha podido modificar su libertad moral y quitarle la libertad de sus actos.» Preciso es tener en cuenta lo que dijimos al ha- blar del infanticidio respecto al estado pasional, que la ley tiene en cuenta, para minorar la pena de este deli- to, estado moral que no debe confundirse con la locu- ra, so pena de caer eu la impunidad de tan grave de- lito. Algunos venenos como el hatchis, el opio, la bella- dona, etc; producen alucinaciones, ilusiones y una locura pasagera, que son síntomas de la intoxicación; nos ocupa- rémos de estos fenómenos al tratar de los respectivos ve- nenos. Vamos ahora á ocuparnos de los efectos de la into- xicación por el alcohol sobre las facultades mentales, que es lo que se llama alcoholismo. B) La manifestación mas común de la intoxicación al- cohólica es la embriaguez, en la cual se presentan tres periodos bien marcados. El primer periodo ó de excitación presenta los fe- nómenos siguientes: ojos vivos y brillantes, cara encen- dida y expansiva, aumento de calor, abundancia de ideas y de palabras, cierto bien estar, dominan la amistad y la benevolencia; el individuo descubre todos sus secre- tos, etc. Si el exceso da la bebida no ha sido mucho, sobre- viene tendencia al sueño y este pone fin á la embria- guez; pero si el exceso es grande ó el borracho sigue bebiendo, viene el segundo periodo ó de delirio, en el que la inteligencia se oscurece, los sentidos se embotan, el individuo habla mucho; pero sin coherencia; se hace arrogante, irascible, pendenciero, extravagante. En este 154 estado pierde la conciencia de sí mismo y se entrega á excesos y comete actos penados por la ley. El fenómeno mas saliente de este período es la mar- cha vacilante y de través. En el tercer periodo ó de aplanamiento, la lengua se entorpece, la palabra se hace mas y mas difícil, la estación de pié es imposible, vienen vómitos, un sueño profundo ó el coma, que puede ser seguido de la muerte, la que puede ser súbita, presentando los fenómenos de una aplopegía comatosa, estertor, lividez, dificultad en la res- piración. La embriaguez puede presentar la forma convulsiva, en la que el individuo sufre un gran dolor de cabeza, los ojos brillantes, oscos, saltos de tendones y después un ataque convulsivo violento que se parece á los de epilepsia. Esta forma es propia de la ginebra, aguar- dientes de granos, especialmente el agengo, vinos adul- terados muy alcohólicos, etc. La embriaguez presenta formas muy diversas según los individuos; en unos es alegre, tranquila, triste; en otros violenta, pendenciera. Varía según la forma del alcohol; la de aguardiente es profunda, la de ajenjo turbulenta y agresiva, etc. La embriaguez accidental y á grandes intérvalos, no produce sino los efectos pasageros que acabamos de enumerar; pero cuando la embriaguez se repite con fre- cuencia, hace cambiar el carácter de los individuos, los vuelve groseros, pendencieros é irascibles. Después de una borrachera el individuo queda en un estado de pereza moral y física, pesadez de cabeza, mal humor, quebrantamiento de cuerpo, y los instintos genésicos se debilitan. La repetición de este estado conduce al embruteci- miento, que es el estado en que el sugeto vive en un aton- tamiento casi continuo, inmovilidad prolongada horas, enteras, indiferencia, la mirada sin brillo, apagada, ideas lentas, contestaciones tardías y penosas, lengua pesada, 155 y los rasgos de la fisonomía contraídos; la cara lleva los caractéres de la degradación física y moral. En este estado se producen periodos de excitación, aun sin embriaguez, cpie se traducen en actos violentos y brutales, si el sugeto es robusto y mal educado; en la holgazanería, disgustos y disputas con la familia, pa- siones viciosas del juego, especulaciones, y excesos ve- néreos á pesar de la impotencia, si el sugeto es débil. En unos y otros se vé frecuentemente el suicidio. La primera forma conduce á la manía furiosa y la demen- cia, la segunda á la lipemanía y la demencia. Pero ántes de llegar á estos estados se producen el alcoholismo agudo y el crónico y la epilepsia alcohólica tan bien descrita por el profesar Axenfeld. El alcoholismo agudo, llamado impropiamente déli- rium tremens, es común en los que abusan de las bebi- das alcohólicas, sin embargo, hay individuos que no pasan nunca del estado de embrutecimiento. Los accesos se presentan de pronto, expontánea- mente ó provocados por una violenta emoción moral ó á la aparición de una enfermedad aguda (erisipela, vi- ruela, neumonía.); á veces durante un dia ó dos ántes del ataque, malestar, cefalálgia, embarazo gástrico él insomnio; después estalla el delirio violentamente; el en- fermo presenta un delirio característico casi igual en to- dos ellos; gritos, gesticulaciones exageradas, amenazas á séres imaginarios, terrores é inquietudes; voz tembloro- sa; la lengua sale de la boca, y como los lábios, sufre un movimiento de temblor convulsivo; pulso pequeño no febril; la actitud incierta y la marcha insegura; las ma- nos agitadas de temblor. Una de las singularidades mas notables y caracterís- ticas de las alucinaciones que sufren los alcoholizados, es la vista de animales que toman las formas mas variadas y es- pantosas; gatos, perros, ratas, sapos, arañas, langostas, bes- tias feroces, que saltan por todas partes, trepan las paredes, caen del techo, y causan terrores indescriptibles; otras ve- 156 ces son espectros, gente armada; pero siempre espantosos En el oido amenazas, acusaciones, ruidos de trompetas, de tiros, ahullidos de perros, etc, que aumentan el terror de las alucinaciones de la vista. El enfermo quiere huir, salta por un balcón, se precipita en un pozo, etc; si se le oponen toma el sugeto por un perseguidor, lo hiere ó lo mata, ó se entrega á actos de violencias para librarse de sus imagi- narios perseguidores. La conciencia está raramente abolida del todo, interpe- lando al enfermo imperiosamente, hablándole enérgicamen- te y con autoridad se puede fijar su atención é interrum- pir su delirio, la memoria se conserva al punto de que el enfermo puede relatar los actos y sensaciones que ha sufri- do después que ha pasado el ataque. A veces hay ideas fijas, temas; unos creen que los van á envenenar, asesinar ó quieren suicidarse, otros oyen vo- ces que les amenazan ó reprochan un vicio ó delito imagi- nario ó real. El ataque dura dos ó seis dias, y excepcionalmente mas; presenta muchas variaciones en su intensidad, y deja un es- tado de postración profunda. El alcoholismo crónico presenta los caractéres siguien- tes: temblor en las manos, lábios y lengua, sobretodo por la mañana; debilitación de las fuerzas físicas; hormigueos en los pies y en las manos; dolor y calambres en las piernas, fatiga rápida; pérdida de la sensibilidad en las puntas de los dedos de las manos y de los piés, de lo que resulta una torpeza manual muy marcada, laringobronquítis especial, tendencia á la degeneración grasosa del corazón y de los vasos, palpitaciones; alteraciones de la voz y á veces afonía, dispneas; alucinaciones frecuentes, con los caractéres espe- ciales terroríficos que hemos dicho. Se encuentran lesio- nes anatómicas que tienen su sitio predilecto en la perife- ria del cerebro, del cerebelo, los cuerpos estraidos y los tálamos ópticos; otrofla, induración de la sustancia cerebral, engruesamiento de las membranas; granulaciones, derrames, 157 etc, que explican las perturbaciones de la motilidad y de la sensibilidad ( § 338). Estos desgraciados pierden toda conciencia de su dig- nidad y su decoro; no viven sino para beber; y cuando en un movimiento de lucidez se aperciben de su indignidad, el su icidio es la solución suprema de su estado. Una de las formas mas graves del alcoholismo crónico es la epilepsia crónica, epilepsia que no se distingue de la que obedece á otras causas, sino por la mayor intensidad; por que generalmente afecta la forma paroxística; esto es ata- ques repetidos con cortos intérvalos; ataca mas las faculta- des intelectuales. Los ataques duran un cuarto de hora, media hora y á veces horas enteras; se repiten hasta diez veces al dia, y la postración y la pérdida de la memoria son mas largas que en la epilepsia ordinaria. Las formas mas variadas de la locura siguen al alcoho- lismo, y á veces sin pasar por las formas descritas, se presenta la mania y demás formas de la locura general; pero, en todas, las alucinaciones conservan los caractéres que hemos dicho son propias del alcoholismo. C. La locura acompaña con frecuencia á la esperma, torrea, y en tónces cesa con las pérdidas seminales y vuel- ve con la misma fuerza cuando las pérdidas reaparecen; es tan intima esta unión que es inútil todo tratamiento de la locura que no se dirija á curar la pérdida seminal directa- mente. (Leslie) La forma de esta locura es: cambio de carácter, triste- sa profunda, impulsión irresistible al homicidio y al sui- cidio. D. La pelagra presenta una locura sintomática carac- terizada por la apatía, tristeza profunda; tendencia al sui- cidio, especialmente por inmersión, de donde ha tomado el nombre'de hidromanía. A esta forma depresiva sigue la excitación maniaca con predominio de las ideas de grandeza ó religiosas, y por fin, se vá rápidamente á la parálisis general. E. Existen entre las neurosis y la locura puntos de con* 158 tacto, relaciones de causalidad, verdaderas analogías de na- turaleza y en algunos casos se engendran y sustituyen recí- procamente. En todos ellos, ó en su mayor parte, existe lo que se llama estado nervioso, tan perfectamente descrito por Sandrás, y caracterizado por una suceptibílidad enfermiza que pone en juego y que sobreexcitan las circuntancias mas insignificantes y los motivos mas fútiles. De todas las neurosis la epilepsia, después la histeria, el éxtasis, la catalepsía y la corea es la que representa con mas l'recuencia complicada con la locura. Los ataques de epilepsia van raramente precedidos, y con alguna frecuencia seguidos, por accesos de excitación mental, que pueden variar desde el aturdimiento pasagero hasta la agitación maniaca mas intensa y al furor mas in- coercible; casi siempre son pasageros, otras veces duran al- gunas horas. Los rasgos mas salientes de estos accesos son: necesi- dad automática de movimiento y de huida inconsciente y sin dirección, furor que conduce á los enfermos á herir, ma- tar á los que encuentran ó á sí mismos; placer y alivio con la comisión del acto; ausencia de remordimientos, de pesar y de recuerdo después del acto; uniformidad en el modo de presentarse y en los fenómenos del ataque, como regla general. Una de las cuestiones mas interesantes de la medicina legal, y que frecuentemente llena de perplegidades á los jue- ces, es la de epilepsia larvada, estudiada por Trouseau, Fal- ret, Morel y Legrand du Saulle. La epilepsia puede existir en el estado latente y ma- nifestarse inopinadamente por una violencia súbita ó un acto extravagante, inaudito, inexplicable. Los principales caracteres de la epilepsia larvada, se- gún Legrand du Saulle son: una especie de aura bastante frecuente; irascibilidad súbita, excesiva é inmotivada; exci. taciones hasta cierto punto periódicas, seguidas de postra- ción y somi-estupor; ilusiones y alucinaciones de la vista de carácter siniestro y terrible; sueños espantosos; exaltación 159 de la sensibilidad; ausencias pasageras de la lucidez, de ra« zon y de libertad moral; impulsiones instantáneas é irresis- tibies, actos violentos y agresivos, tendencias homicidas y suicidas; necesidad automática de andar sin dirección y sin objeto; mezcla de sentimientos religiosos y de prácticas obscenas; desde que son presa del ataque dicen las mismas palabras, obran del mismo modo, profieren las mismas in- jurias, cometen los mismos actos y obedecen á las mismas impulsiones. Hay en esto como un mecanismo de repetición, de una semejanza uniforme, que dá á la manifestación, un carácter indeleble; hay pérdida de la memoria de los actos, nivel in- telectual descendiendo gradualmente; á veces asimetría cra- neana ó facial. La epilepsia puede complicarse con la manía y demás formas de la locura y conducir á ellas. La demencia es la enfermedad que ataca con mas fre- cuencia á los epilépticos y después la manía, la que reviste casi siempre la forma furiosa. F) Los ataques histéricos son seguidos raramente hoy de accesos de delirio sensorial y de agitación, tan frecuente otras épocas pasadas. Sobre esta forma de la locura Calmeil ha hecho traba- jos de la mayor importancia, y á ellas deben referirse los hechos de demonopatía, extásis, posesión, sortilegio, etc, ob- servados con tanta frecuencia en los claustros, en los colegios internos de niñas, etc, bajo la forma epedémica. La locura histérica puede presentarse á causa de emo- ciones vivas, un amor contrariado, un pesar violento, una afección de los órganos sexuales, supresión de la menstrua- ción, etc. Los fenómenos característicos de la locura histérica son: el cambio de carácter, la volubilidad y la forma erótica del delirio, llevada á extremos, posturas y actos increíbles. Una impulsión irresistible á mentir, sin interés y sin razón. Esta tendencia lleva álas histéricas á la simulación á veces criminal. Se hacen hasta heridas graves para acusar 160 á quien les parece de atentados y violación, consiguiendo á veces hacer condenar á inocentes. Tienen un deseo extra- ordinario de excitar interés y conmiseración y para ello de- sarrollan un talento extraordinario y hacen sacrificios in- creíbles, como mantenerse abiertas llagas, herirse, etc. La perversión moral, llevada hasta lo increíble, se encuentra en las histérieas. G) La catalepsia raramente se acompaña de excitación delirante después del ataque y presenta mucha analogía con la epilepsia cuando esto sucede. H) La corea, presenta algunas veces un delirio subsi- guiente al ataque. Este delirio reviste dos formas: unas ve- ces es un delirio incoherente, durante el cual los enfermos, en medio de una agitación espantosa, dan gritos roncos é inarticulados, dejan escapar palabras sin hilacion, en las cuales no hay ni aun sistematización delirante; ya por el contrario, este delirio se refiere íntimamente á alucinacio- nes de la vista y del oído que exaltan considerablemente las facultades intelectuales. En ambos estados pueden presen- tarse impulsiones irresistibles. I) El cretinismo y el albinismo presentan la idiocia y la imbecilidad como consecuencia del desarrollo físico y ce- rebral deficiente. J) La fiebre tifoidea, la neumonía grave, el cólera y las fiebres intermitentes suelen producir accesos de manía, mo- nomanía ambiciosa, lipemanía y demencia, cuya curación se produce en poco tiempo; se presentan estas formas en 1a. convalecencia generalmente. El delirio grave en los neu- mónicos casi siempre reconoce por causa los abusos alcohó- licos anteriores. § 346—Estados intermedios de la razón—Se lla- man así ciertos estados en los cuales el individuo sin estar loco no es dueño de dirijir sus acciones, tales son: el sueño» el sonambulismo, el despertar, las ilusiones y alucinaciones compatibles con el estado de razón y las pasiones. El sonambulismo no es otra cosa que el sueño puesto en acción; el sonámbulo ejecuta dormido actos como si es» 161 tuviese despierto: refieren sus secretos, lo que les ha sucedi- do durante el dia, responden acordes con lo que se les pre- gunta, si guarda relación con loque están soñando, etc. El sonambulismo se presta á la simulación y conviene distinguir el simulado del verdadero. En general el sonam- bulismo no es un estado aislado y pasagero, se presenta en individuos predispuestos en todas las edades, ya espontánea- mente ya á causa de enfermedades agudas, violentas impre- siones morales. Si el sonambulismo es verdadero se repite y á veces el sonámbulo reproduce todos los actos del he- cho acusado. Si á un sonámbulo verdadero se le ponen obstáculos en su camino, si se cambian los muebles, tropie- za, el sonámbulo fingido los evita- Casper hace notar que el so- nambulismo es raro en los adultos y aconseja al médico legis- ta la desconfianza como regla de criterio en estos casos. La vigilia no se establece de un modo brusco, y ántes de despertar el sugeto sufre un tiempo de la modorra del sueño, á la que los alemanes llaman borrachera del sueño. «Los sentidos, dice Casper, están como nublados y tras- miten las sensaciones confusas. El hombre amodorrado vé y oye; pero la vista y el oido no le llevan sino impresio- nes ilusorias. Si cae una silla cree oir un tiro, si una per- sona avanza hácia él, cree habérselas con un gigante monstruoso. Como la voz y la locomoción no están anuladas, puede obrar según las falsas impresiones que recibe, y sus acciones pueden ser contrarias á las leyes sociales.» Es evidente que en estas condiciones no hay libertad mo- ral; las condiciones no son, por lo ménos, iguales á las de la vigilia. La sensación del hombre puede llegar á un estado tal de intensidad que perturbe la inteligencia y arrastre á actos criminales, pasageramente. Es preciso no confun- dir estos actos, con las alucinaciones acompañadas de im- pulsiones criminales ó de perturbaciones cerebrales que se han observado en las épocas de hambre, á consecuencia de una abstención prolongada de alimentos. En ambos casos no hay libertad moral, á lo ménos completa. GJJrtOTM TIECIIEO De la locura con relación al derecho civil § 350—Significado legal de la palabra demencia —La palabra demencia, como hemos visto en el capitulo an- terior, tiene un significado médico preciso. Es una enfer- medad caracterizada por la debililaciou y abolición, frecueir teniente gradual, de las facultades, que se presenta como forma primitiva y como terminaciou fatal de todas las for- mas de locura que tienden á la destrucción de la inteligen- cia (§ 344). El Codificador argentino al emplear la palabra demen* cia, no lo ha hecho en su sentido técnico, sino que le ha- dado un sentido genuino, perfectamente definido y precisa- do en la nota al art. 3615 del Código Civil. En efecto, dice: «la demencia es la expresión genérica que designa todas las variedades de la locura; es la pri’ vacion de la razón con sus accidentes y fenómenos diversos. Todas las especies de demencia tienen por principio una enfermedad esencial de la razón, y por consiguiente falta de deliberación y voluntad. La demencia es el género y comprende la locura continua ó intermitente, la locura to_ tal ó parcial, la locura tranquila ó delirante, el furor, la monomanía, el"idiotismo, etc.» Nada mas preciso y claro; nuestro Codificador, al ex- plicar el alcance de la palabra, ha cortado las discusiones, que los jurisconsultos y médicos extrangeros sostienen res. pecto á la significación de Ja palabra y á los que están comprendidos en la ley. Sin embargo, de lamentar es que la palabra empleada no sea técnica; porque la ley debe ser conforme á la ciencia- La palabra locura está consagrada por la tradición uniforme en las lenguas latinas y su significado vulgar cor- responde al significado científico. 163 La enumeración que hace el art. 141, manía, demen- cia, imbecilidad, demuestra que el Codiñcador conocía el sentido específico de la palabra demencia; pues establece que se declaran dementes los comprendidos en las tres es- pecies manía, demencia é imbecilidad. El defecto es tanto mas notable cuanto en la nota que acabamos de trascribir, dice: «la demencia es la expresión genérica que designa todas las variedades de la locura,» parece natural que hubiese entonces empleado la palabra locura; pues todas las variedades de un género están com- prendidas en la palabra que denomina este género, y no hay necesidad de introducir una nueva palabra, sobre todo cuando esta tiene un significado propio y específico. Sea como quiera el Codificador no ha dejado duda de la comprensión de la palabra. Debemos hacer notar que en el Código Civil, la pri, vacion transitoria de la razón, embriaguez, sonambulismo, etc, se expresa por las palabras, «por cualquier accidente privados de razón,» como puede verse en el art. 921 y 3709, y otras veces en sentido positivo expresa que los agentes deben estar en su perfecta razón (art. 3615 y su nota), y otros semejantes. El Dr. Segovia en la nota al art. 921 citado (tomo Io pág. 240), comprende en estos estados la chochéz, tér. mino vulgar que designa con exactitud la demencia senil, la cual no es un estado transitorio, sino una debilitación gradual y continua de las facultades mentales. § 351. Declaración legal de la demencia—1Código Ci- vil art. 140. Ninguna, persona será habida por demente, para los efectos que en este Código se determinan, sin que la demen- cia sea préviamente verificada y declarada por juez competente- La disposición de este artículo es justa y conforme á los principios de gobierno del pais. Para privar á un ciudadano de su capacidad se re. quiere la justificación de la causa en juicio solemne. § 352—¿Quiénes deben ser declarados dementes? —Locura parcial—ArU 141—Se declararán dementes los indi- 164 viduos de uno y otro sexo que se hallen en estado habitual de ma- nía, demencia ó imbecilidad, aunque tengan intérvalos lucidos ó la manía sea parcial. Art. 145—Si el demente fuese menor de catorce años no po- drá pedirse la declaración de demencia. Estas disposiciones son bastante claras; sin embargo, la enumeración que hace el art. 141 se presta á interpre- taciones. El legislador lia querido indudablemente expresar tres estados diferentes; pues de otro modo hubiera empleado la palabra genérica de que hace uso en los demás arti. culos. Esos estados son el de perversión de las facultades mentales, que se expresa por la palabra manía; el de pér- dida parcial ó total, por la palabra demencia; y el de de- bilidad congénita, por la palabra imbecilidad, _cuyo último grado constituye el idiotismo. Esos tres estados son efectivamente, los únicos que exis. ten en la locura y los que han servido de base á nuestra clasificación (§ 342). A) En este articulo resuelve el Código una de las cues- tiones mas importantes de la medicina legal moderna; la déla locura parcial, que muchos jurisconsultos y aun algu. gunos médicos rechazan. En esta cuestión se han hecho argumentos como este; «Si la monomanía es una enfermedad debe curarse en la plaza de la Gréve; esto es, en el cadalso » La humanidad y el cristianismo se escandalizan de argumentos como éste. Las ideas de brutal absolutismo de Regnault, Troplong y otros no podían tener cabida en nues- tro Código; y el I)r. Yelez Sarsfield, colocándose al lado de Zacharioe, Demolombe y otros jurisconsultos, admite la lo- cura parcial; dando como razón en la nota al art. 3615, que no debe tenerse por una verdad incontestable la indi- visibilidad de la razón humana. El objeto de estas lecciones no nos permite entrar en esta discusión; nos limitamos, por tanto, á hacer estas ligeras indicaciones; Ia La observación clínica es incon- 165 testable, y las monomanías razonantes son demostradas por signos ciertos, muchas veces comprobadas por la au- topsia; 2a el cerebro puede estar lesionado en un punto, en un tejido, en un órgano sin estarlo en los demás, y no hay razón para decir que la lesión de un punto debe afectar el todo mas allá de lo que puede decirse que la lesión de una mano, de los ojos, etc. afecta á todo el or- ganismo. Dentro de la solidaridad y unidad del organismo caben la salud relativa del conjunto con la enfermedad y aun la pérdida de algún ó de algunos órganos; 3a. es raro encontrar en la vida hombres en los cuales la me- moria, el talento y el carácter guardan armonía, aún den. tro de límites restringidos; un talento y una memoria notables se unen á un carácter débil; una memoria pro- digiosa se une á una inteligencia ordinaria ó escasa; y cuanto mas relevantes son estas diferencias se ve á los hombres separarse mas de la conducta general de los demás. Estos desequilibrios pueden ser morbosos, acom- pañarse de fenómenos somáticos. Es cierto que hay alienistas, que, arrastrados por el entusiasmo en la pendiente de sus estudios, no ven en todo criminal sino un enfermo; lo que conduce insensi- blemente á la irresponsabilidad del crimen, pero si esto es inadmisible, lo es mas, por que conduce á la conde- nación de los inocentes, negar la evidencia de la locu- ra parcial. Los jurisconsultos, imbuidos en ideas teóricas, apar- tadas de la observación clínica, y sobre sobre todo, fal- tos de conocimientos sobre la naturaleza física del hom- bre, sacan de los principios consecuencias silogísticas que la observación desmiente; consecuencias emanadas de un artificio1-racionalista ciego; el método experimen- tal demuestra su falsedad. El Código Argentino está, pues, como ningún otro en el terreno de la verdad científica. El art. 141 exige para que un individuo sea decla- rado judicialmente demente, que el estado de demen- 166 cía sea habitual; no un estado de demencia pasagero como el que producen ciertas enfermedades agudas ó los estados transitorios de que hemos tratado, sino un estado habitual, permanente, aunque tenga intérnalos lúcidos. Pero si estos intérvalos fuesen de tal duración que el enfermo recobrase por largas épocas toda la recti- tud de su juicio y la entera conciencia de sus actos, ó la locura se manifestara solo en condiciones dadas» como en el embarazo, en el parto, ese no sería un es- tado habitual de locura. En estos casos hay una cuestión de hecho que debe resolver la ciencia con un exánién detenido y concien- zudo de los hechos. La disposición del art. 145 es justa y conveniente. El individuo menor de catorce años está ya sometido á una incapacidad legal por su edad, hasta ella no puede contraer matrimonio, y la declaración de la de- mencia ningún efecto produciría, nada agregaría ni quitaría á su estado civil. La dirección y cuidado de su persona están enco- mendados por la ley á los mismos individuos que lo es- tarían después de la declaración de demencia. Igualmente justa es la disposición del art. 146 que dice: «Tampoco podrá solicitarse la declaración de de- mencia, cuando una solicitud igual se hubiere decla- rado ya improbada, aunque sea otro el que la solicita- se, salvo si espusiese hechos de demencia sobre vi- niente á la declaración judicial.» Esta disposición tiene por objeto evitar continuas molestias á los sospechados de locura, ó á los que son víctimas de una imputación de locura. La sentencia declaratoria de locura no hace cosa juzgada, para el enfermo; puede ser declarada sin efec- to por la curación del paciente, y puede volverse al jui- cio cuando sea necesario, pues aquí no se trata de otra cosa que del interés del enfermo. 167 Pero si varios parientes ú otras personas se pusie- ran de acuerdo para molestar á un hombre ó tenerle incapacitado por un tiempo, y no corto, dada la morosi- dad de nuestros tribunales, bastaría repetir la misma demanda. Por esto la ley exige nuevos actos de demencia para que la demanda de interdicción sea de nuevo enta- blada. § 353—¿Quiénes pueden pedir la declaración de la demencia? Art. 142—La declaración’judicial de demencia no po- drá hacerse sinó á solicitud de parte, y después de un examen de facultativos. Art. 144—Los que pueden pedir la declaración de demencia son: Io El esposo ó esposa no divorciados; 2o Los parientes del demente: 3o El Ministerio de Menores; 4o El respectivo Cónsul, si el demente fuese extrangero; 5o Cualquiera persona del pueblo, cuando el demente sea fu- rioso ó incomode á sus vecinos. La ley reconoce el derecho de pedir -la declaración de demencia á aquellas personas á quienes ha impues- to el deber de velar por la seguridad y bienestar de los incapaces; se trata en primer término del interés de los desgraciados que padecen, y en segundo lugar de los intereses de la familia. Cuando un loco está bien atendido, cuando no incomoda á nadie, nadie sinó sus parientes tienen derecho á pedir la interdicción, y si esas personas por piedad, dejan al demente disponer de sus bienes, como solo ellas han de recibir mas tar- de esos bienes, pueden dejarle obrar, evitándole las molestias de la 'declaración. De esta manera se evitan odiosas intervenciones de oficio en ol seno de las familias; el interés de los in- capaces está asegurado por la intervención del Minis- terio de Menores y de los Cónsules, en su caso, y por la disposición del art. 3295, que declara indignos de suceder al demente á los parientes de éste que no lo re- 168 cogieron, ó hicieron recoger en un manicomio, hallán- dose abandonado. § 354—Quiénes deben practicar el reconocimien- to?—El art. 142 del Código Civil es terminante y expreso: la de- claración judicial de demencia no podrá hacerse sinó después de un exámen de facultativos. Art. 143—Si del exámen de facultativos resultare ser efec- tiva la demencia, deberá ser calificada en su respectivo carácter, y si fuese manía, deberá decirse si es parcial ó total. En esto corno en otros puntos nuestro Código re- suelve de conformidad á la ciencia y sus disposiciones importan un verdadero progreso. E. Regnault en 1830, publicó un trabajo negando la competencia de los médicos en lo relativo á la enage- nacion mental, otros jurisconsultos de talla le siguie- ron, Troplong en su Tratado de las donaciones entre vi- vos y de los testamentos estampa estas palabras: «La me- dicina legal ostenta, desde hace algún tiempo, la pre- tensión de imponer sus oráculos á la jurisprudencia* Hay que confesarlo; lo que hemos visto y oido de cier- tos médicos, en nuestra carrera judicial, excede de todo lo creíble; escuchándoles no hay hombre á quien no pueda declararse monomaniaco. Si Pascal no hubiese muerto, habría de ponerse en guardia, pues conoce- mos algún doctor que lo tiene por alucinado. Sócrates fué muy feliz viniendo al mundo tan pronto; por lo mé- nos pereció con la reputación del mas cuerdo de los hombres; mientras que podría bien encontrarse en mas de un sábio escrito médico, que era casi monómano con su demonio familiar. En fin, debe decirse, cuán- tas consultas no lie visto que recuerdan, rasgo por ras- go, las escenas de nuestro divino Moliere? Un movi- miento nervioso de la cara, un tic habitual, una ma- nera de hablar, un gesto, en una palabra, las cosas mas sencillas y naturales eran convertidas en diagnós- tico y pronóstico, como las salivaciones frecuentes de M. de Pourceaugnac; y se pretendería que nosotros los jueces, que tenemos en nuestras manos la libertad y 169 la capacidad civil de las personas, hiciésemos depen- der de tan frívolos síntomas, esas grandes cuestiones donde se hallan interesados el honor de la familia, la sucesión de los bienes y los derechos mas caros del hombre! Pienso que la medicina legal no ha añadido progreso formal alguno á las doctrinas admitidas en jurisprudencia, y que en nada debe modificarlas.)) ¡Desatinados cargosy falsedades evidentes! ¿Porquéno concluye con los errores constatados, irreparables, la subida al cadalso de inocentes, decretada por jueces, que se han llamado lumbreras del foro? Los progresos del derecho penal son hijos exclusi- vos de la medicina legal y del de las ciencias médicas. Ellas han concluido con los incubos y sucubos, los en- demoniados y aparecidos, que ayer no mas, quemaba vivos la ignorancia de la patología mental. No, los errores, las exageraciones, la faltas al cum- plimiento de sus deberes de algunos miembros no pue- den ser imputados á todos los que ejercen una profe- sión, ni mucho ménos pueden servir para negar á la ciencia lo que es suyo. Si los dictámenes de los médi- cos no son conformes á los preceptos de la ciencia, aníl- lense, castigúense aun, si hay transgresión. Es triste ver que hombres de mérito, arrastrados por el espíritu de notoriedad, traten de producir efec- to con sus declamaciones, en vez de emplear su tiempo y su talento en servir al progreso de la ciencia. El Dr. Yelez Sarsfield, no se dejó arrastrar por ese es- píritu individualista, que, precisamente cuando él escribia su código, agitaba en Francia las cuestiones mas ár- duas relativas á la medicina legal de la locura, y esta- bleció que los facultativos debian reconocer y clasificar la locura y la forma que aquejaba al enfermo. La clasificación de la forma es necesaria, porque ella indica los medios que deben emplearse para su curación, si es curable, las medidas de conservación y de seguridad, que deben tomarse respecto del enfermo de cuyo interés, en primer término, se trata. 170 § 355—Diagnóstico de la locura—La primera con- dición para diagnosticar la locura, es tener los conoci- mientos necesarios. Los médicos en general tienen sim- ples nociones sobre este género de enfermedades, que no bastan en muchos casos para determinar la exis- tencia ó no de la enfermedad. Para apreciar los diver- sos grados y diversas formas de la locura se requiere un hábito especial de observación y conocimientos es- peciales; de ahí que los jueces deben, siempre que los haya, nombrar médicos alienistas para estas pericias, y que los médicos no deben aceptar el cargo si no se encuentran dotados de estos conocimientos especiales. Las reglas del exárnen del individuo han sido bien establecidas por Tardieu de quien las extractamos. Emplead, dice, el procedimiento de examen que os parezca mejor y que mas convenga á vuestros hábitos, á vuestras naturaleza y á vuestro modo de entender. Hay que examinar á un loco, como se examina- ría á un cuerdo, interrogándole, hablándole con toda franqueza, y procurando, sobre todo, provocar y obte- ner su confianza. Se procederá libre, natural y este.n- samente, de manera que el examinado se encuentre á sus anchas con el médico y acabe por abrirle el fondo mismo de sus pensamientos. Es conveniente dejar ha- blar á los locos, no tener prisa, y sobre todo no mul- tiplicar las preguntas en que el Ínter rogador sigue una línea determinada que aparta al loco de la suya, do- ble inconveniente bajo el punto de vista del descubri- miento de los Signos propios de la locura. En efecto, es raro que al cabo de cierto tiempo y después de al- gunas vulgaridades que no pueden mostrar nada de desrazonable, el enajenado ménos incoherente en apa- riencia no llegue, ya sea que á ello se le haya condu- cido con dulzura, ya de motu propio, al terreno de su locura, donde aparezcan las concepciones delirantes, las divagaciones y los signos mas evidentes de la per- versión de las facultades. Hay suma ventaja en no in- 171 terrumpir esta marcha casi natural del exámen de un loco. A menos que se trate de uno de esos casos en que la enajenación resalta á primera vista, las visitas del perito deberán ser largas y tan reiteradas como juz- gue necesario para llegar á una convicción segura, á una completa certeza. Bueno será también someter al enajenado, en cuan- to quepa, á una observación continua, fuera de las vi. sitas que se le hagan, de manera que se puedan apre- ciar las diversas fases y las trasformaciones por que su estado puede pasar. Hay que persuadirse de que las fa- cultades intelectuales y afectivas pueden estar lesiona- das sobre un punto casi único y muy circunscrito y que solo por la observación de los antecedentes, de la naturaleza de los actos, de las inclinaciones, de la fi- sonomía, lo mismo que de la palabra, se podrá llegar á formar cabal juicio de un enfermo. Por lo demás, los enajenados ocultan á menudo, con cierta obstinación, sus concepciones delirantes, lo cual (bueno será obser- varlo desde ahora), es absolutamente lo contrario de lo que hacen los que intentan simular la locura. E. Pi- nel ha dicho: «Los enajenados, ámenos de un comple- to trastorno de la razón, procuran desorientar á los que quieren examinarlos muy de cerca; están dotados de un profundo disimulo ó de una tria reserva, para no de- jarse penetrar.» Amas de este exámen directo del individuo, es me- nester que el médico adquiera todos los informes que, mas ó menos directamente, puedan contribuir á ilumi- narle. Hay una multitud de hechos y circunstancias exteriores al enajenado, pero que se refieren íntima- mente á su estado mental, que importa recoger y apre- ciar y sobre los que no dejarémos de insistir cuidado- samente.» El Dr. Galcerán ha trazado los siguientes cuadros si- nópticos, que debe tener presente el perito alienista en el diagnóstico de la locura: 172 /Visuales > (auditivas 'gustativas (olfativas itactiles .Determinando la ausencia ó presencia de ilusio- nes, alucinaciones ó alteraciones de reciprocidad >y las lesiones materiales que en los aparatos de Uos sentidos se encuentren. Sensaciones Percepciones Explorando el concepto que el enfermo tiene formado de los objetos exteriores. 'siliay exa-j . raciones ' generales! parciales < ipasageras (permanentes EXAMEN PSÍQUICO Memoria rsi hay pér \ dida De cosas recientes / ó remotas! /general i (completa (incompleta estados! de concien -< \ cia simple f ópticos fonéticos . gustos "nombres ¡ niíms. , fechas (parcial De estados/ (de concien-' cia asocia- i . dos ' 1 olvido, délas fiso- 'nomias, de los lu- gares, etc. Imágenes é Ideas I Preguntando sobrecosas que haya visto ó en general que (haya conocido, pero que ahora no vea ni tenga presentes, .ya estas cosas sean concretas, ya sean abstractas Atención ) Fácilmente explorable por expresión de agotamiento que cosa que la tenga deficiente jConsiderada como expresión fatal del deseo que nace de lias necesidades orgánicas se ha de determinar si está en lexceso ó en defecto, si es consciente, como en la exacerba- jcion mental, o inconsiente, como en la locura epiléptica. Voluntad exceso ó defecto general ó parcial El carácter del individuo, su obsti- nación, resolución, etc. , Los caprichos, impulsos, conscientes (inconscientes, como el suicidio, ho- (micidio, robo, incendio, etc. distracción general parcial i La indecisión, la duda, !a ansiedad 'la desesperación, etc. 173 sensibilidad orgá- nica necesidades deseos ,de conservación de reproducción instintos Placer sexual angustia cólera miedo, etc. Sensoriales Examen especial de la sensibilidad /emociones indiferencia .impaciencia desconfianza suspicacia etc. Cerebrales I altruistas egoístas egoaltruistas sensibilidad afectiva sentimien- tos I desesperación amor [ envidia ) odio j tristeza I cólera concupiscencia lascivia etc. pasiones 174 /cráneo (Diámetros 'Simetría Estática dei orga- nismo tcara cabeza Diámetros Simetría Angulos cuello, tórax, abdomen, pelvis, miembros, estatura Tranquila, agitada Indiferente, estúpida 'Furiosa, etc. Expresión sintética Color del rostro Pálido, lívido 'Blanco, moreno I Encarnado Marmóreo, etc. [Cabello /Color, brillo (Dirección j Aliño Fisinomia Exámen analitíco [Surcos :Frontal Naso-labial |Naso-yugal |Barbal Genianos /Mirada agitada, vaga « fija, estúpida i « desconfiada ‘Globos oculares secos | « húmedos ' « brillantes « velados Ojos EXÁMEN FISICO Dinámica del^ \ i organismo I Tronco Cabeza Brazos (Inclinado, erecto i Torcido á un lado i Caída, erguida 'Inclinada, inmóvil /Grado de energia de ■ las fuerzas [Rigidez de las carnes Ipará/ lisis 1 'completa i incom- 1 1 pleta ) ' de la l sensibi- lidad de , la mo- tilídad Gestos movimientos actitudes convulsio-( nes ¡ i tónicas * clónicas Progresíonl Libre, torpe Claudicante, vacilante Temblorosa, fatigosa contracción permanente de algún j l músculo ' ' espasmo \ único, risa I sardónica estú- pida Gestos del la cara ' estrabismo convergen te, diver- gente convulsiones clónicas de los músculos de la cara Funciones orgánicas (Cutánea, mucosa, respiración,circulación, digestión, nutrición, ( secreción, inervación, generación, etc. 175 Ningún examen médico legal exige como este im- parcialidad intelectual, sin ideas preconcebidas, ni mas método ni mas sagacidad. El art. 143 del Código Civil exige que en el diagnós- tico se califique, por los facultativos, la locura, en su respectivo carácte r, y si fuese manía, si es parcial ó total. Es decir, que debe hacerse el diagnóstico específi- co, detallado, del caso de que se trata. Esto no es sin objeto para la ley; porque de esa calificación específica de- pende la aplicación que al caso debe hacerse de los arts. 148, 487, 482 y 483 del Código Civil, de que luego trata- remos. La calificación específica de la enfermedad debe ha- cerse recordando los caracteres propios de cada tipo de los que hemos descrito, y colocando al enfermo en el tipo ó tipos combinados que correspondan. § 356—De la locura imputada, simulada, pretes- tada ó disimulada—De todas las enfermedades ninguna otra ha sido objeto de tantos fraudes como la locura. Aquí una madre para evitar la rendición de cuen- tas de una herencia, violando los sagrados sentimien- tos de la maternidad, imputa á su hija única la locura; allí un criminal avezado rehuye la responsabilidad de un delito atroz, pretexta la locura; otro la simula años en- teros y á fuerza de simular se vuelve realmente loco; todo lo cual crea dificultades increíbles. «Si pudiese caber la menor duda, en una persona dotada de buen sentido, sobre la competencia délos mé- dicos en las cuestiones de locura, esta duda no resisti- ría ciertamente á un estudio atento délos casos en que la locura es simulada.» (Tardieu, de quien extractamos este §.) La locura imputada se funda siempre en un acto ó série de actos extravagantes, extraordinarios y mas ó mé- nos desatinados de un individuo, á quien no se puede sufrir en el seno de la familia y se desea colocar en 176 una casa de locos, ó bien en un derrochador que ar- ruina á la familia, ó á un débil de espíritu, mas ó me- nos avanzado, á quien se desea heredar en vida. Trátase entonces de un simple diagnóstico de locu- ra; de demostrar que los actos imputados rio son de locura sino extravíos de la pasión, efectos de una mala crianza ó del vicio, ó excentricidades de carácter per- fectamente compatibles con la salud. El paciente se re- vela contra la imputación y ayuda al dignóstico; pero es preciso tener en cuenta que á veces los verdaderos locos disimulan la locura. La locura se pretesta para rehuir la responsabili- dad de un crimen, y á veces, en las histéricas, por el mero placer de causar sensación y de ponerse en es- pectáculo. La locura es pretestada muchas veces por la defen- sa de los criminales, por sus familias, que tratan de evitar una mancha, y apoyados en testigos compla- cientes, á veces sin el concurso del acusado, que no contribuye á esta defensa sino de un modo pasivo, con- sintiéndolo tácitamente; y por último, en algunos ca- sos la atrocidad del crimen, ó lo extraordinario de las circunstancias en que se ha cometido, es tal que natu- ralmente se tiende á atribuirlo á una aberración mental. La dificultad del diagnóstico no viene en estos ca- sos del exámen del acusado, el cual no se toma el tra- bajo de imitar la locura; sino de los antecedentes que á veces dan cierta notoriedad, que se ha establecido por los hábitos ó el carácter del acusado: se alegan enfer- medades anteriores ó ataques de locura y á veces has- ta Su permanencia anterior en un manicomio: estas cir- cunstancias, sobre todo la última, pueden producir una presunción, pero no son suficientes para probar la locu- ra actual. Precisa, pues, esmerarse, en practicar una investigación retrospectiva de los ataques anteriores, su carácter y significado, y relacionarlos con lo que se atribuye al acusado. No basta haber estado encerrado 177 en un manicomio y afectado de una lesión pasagera, pa- ra que todos los actos que se cometan después, aun trans- currido mucho tiempo, hayan de considerarse sospechosos de locura. La locura simulada es una de las mas importantes cuestiones para el médico legista y comprende: las for- mas de locuras simuladas, los procedimientos de simu- lación y los medios de descubrirla. Todas las formas de la locura no se prestan á la si- mulación, las mas fáciles son: la locura melancólica y sobre todo en el estado de estupor; después las que se revelan por formas ostentosas, á propósito para llamar la atención del vulgo como la manía aguda, con sus in- coherencia, sus discursos y sus pensamientos desordena- dos, su violencia de gestos y palabras, la generalidad de su delirio. Los mas difíciles de simular son la demencia, la imbe- cilidad y la sordo-mudez, sin embargo, del caso clásico de un simulador que solo in articulo mortis, recobró la palabra y dejó la simulación. La locura histérica es la mentira y la simulación mismas; pero es un síntoma de una enfermedad real y no debe ser considerada bajo el punto de vista que las demás formas de simulación. Los procedimientos de simulación de la locura, mas ordinariamente empleados son los de la locura teatral, las de las mujeres descabelladas, de los gestos, de las actitudes y de los trages extravagantes; de los cantos, vociferaciones, gritos de animales, danzas y contorsio- nes, risas y llantos, de los furores y actos sin nombre. No pueden engañar sino á los observadores superfi- ciales; aun los simuladores mas hábiles, los que han fre- cuentado los manicomios, si no caen en exageraciones groseras, no pueden escapar á la exageración del desor- den intelectual; creen que deben simular una incohe- rencia sin tregua y completa, una perpétua confusión de ideas, personas, fechas, etc. Lo que constituye un signo característico y comple- 178 tamente médico do la simulación, es la falta de corre lacion entre los síntomas mas necesarios y mas constan- tes del tipo de la locura adoptado por el simulador; hay imposibilidad de que ciertos fenómenos se presenten en ciertos tipos, como son las intermitencias en la imbeci- lidad y en el idiotismo; la expresión alelada del melan- cólico es incompatible con el brillo de la mirada del falsario, y así otros muchos. El buen observador lee con seguridad en los ojos que no logran apagar su brillo, en la fisonomía que no sabe permanecer inmóvil é impenetrable, los caracte- res de la simulación. Otra observación importante es el cambio brusco en las actitudes de los que simulan cuando advierten que los observan. La primera regla para reconocer la simulación de la locura es; no dictaminar sino después de una obser- vación prolongada, sostenida y perseverante, directa é indirecta; es decir, por medio de personas habituadas á cuidar locos. Por esto es oportuno trasladar á un mani- mio al sugeto, lo que ya por sí solo, suele hacer re- nunciar á la simulación á los impostores. Los medios violentos son indignos; el médico no debe recurrir sino á su ciencia, á una observación pa- ciente y á su sagacidad. Después de un estudio profundo de las causas mo- rales y físicas, originales y hereditarias ó adquiridas, de la forma de la locura simulada, deben observarse con atención los síntomas físicos de la locura, que los im- postores no pueden simular, los principales son: el in- somnio, que falta raramente en las formas agudas de la locura, y que el simulador no puede soportar mucho tiempo; el apetito, que falta muchas veces en la locu- ra, y es un refugio en los simuladores por que mien- tras comen descansan; la integridad de las funciones orgánicas que tienen los simuladores, y que no tienen los verdaderos locos, como regla general; el aspecto ex- 179 terior, que, en los impostores, raramente reproduce la fisonomía y actitud del verdadero loco. Laurent, llama la atención sobre la mirada del si- mulador: «Es, dice, furtiva, móvil, disimulada. El cri- minal simulador no logrará dar á su mirada la expre- sión extraviada y excitada propia del maniaco. En ella solo se reconoce el descaro y no la aberración del es- píritu. Tampoco logrará reproducir la expresión ver- daderamente indiferente y abatida del demente, del pa- ralítico; la fija del estúpido; la soberbia y orgullosa del maniaco, etc. No sabrá disimular la atención que fija en todas las palabras y movimientos de aquel que sabe está encargado de examinarle, y á menudo baja los ojos desconfiando de la expresión que su mirada puede de- latar.» Se deberá tener presente que la locura puede desarro- llarse en los primeros tiempos del secuestro, con ocasión de la prisión misma, por el delito que la ha motivado, cometido en estado cuerdo; que ciertas formas de ma- nía intermitente, circular, sufren modificaciones natu- rales y expontáneas, que el médico debe guardarse de atribuir á esfuerzos del simulador; que en los que pa- decen el delirio de las persecuciones no es rara la si- mulación de otras formas; así el Dr. Galceran trae el caso de un perseguido que simuló la imbecilidad, en la que no cesó hasta que, bajo la influencia de la ducha y del chorro, desapareció su propósito, y en fin, que los simuladores, á la larga, pueden contraer verdaderamen- te la locura, al modo que uno que fingiere la ceguera, conservando los ojos cerrados mucho tiempo, no podría después soportar la luz, ó por inmovilidad de un miem- bro se produce su atrofia. § 357—Procedimiento en la declaración de de- mencia—Código Civil—Art. 147—Interpuesta la solicitud de de- mencia, debe nombrarse para el demandado como demente, un curador provisorio que lo represente y defienda en el pleito, has- ta que se pronuncie la sentencia definitiva. En el juicio, es par- te esencial el Ministerio de Menores.» 180 La disposición del artículo es lógica; pues habría una inconsecuencia palmaria en dejar á un supuesto loco que se defendiese solo, sin que esto obste á que el demandado dé á su defensor las instrucciones del caso, y previsora también sometiendo al defensor mismo á la vigilancia del Ministerio de Menores, para ponerse á cu- bierto, en cuanto es posible, de los fraudes. Nombrado el defensor, ó curador provisorio, con- testa la demanda en la forma que previenen las leyes provinciales y nacionales de procedimientos, y se abre la causa á prueba. Las pruebas mas importantes en este juicio son: los escritos, cartas, etc, que hayan podido rocogerse del de- mandado, pues ya hemos dicho que las escrituras de los locos suministran datos preciosos para el dignóstico; las pruebas de testigos sobre los hechos determinados como de locura. Es una práctica viciosa el nombrar los peritos como primera diligencia de prueba, y sin embargo, es general en los Tribunales. La prueba escrita y testimonial deben recibirse an- tes y remitirse con los autos á los peritos, para que puedan apreciar los actos préviamente y proceder al re- conocimiento del demandado después. Las declaraciones de los testigos y los escritos de los locos pueden suministrar datos decisivos y, sobre todo, que pongan á los peritos en camino de descubrir formas periódicas, razonantes de locura, que de otro modo po- drían escapar á su investigación, ó exigir, por lo menos, una época de observación harto larga y perjudicial para el demandado mismo. Fallada la causa en primera instancia, puede ir a los tribunales superiores y exigir estos nuevas pruebas. Siempre debe darse á los peritos el expediente, para que conozcan la opinión de los primeros médicos que observaron al demandado En todos los casos en que no se trata de una for- 181 ma , ) Caída de la escara y su-f En las quemaduras, desde el el 4o grado, el tratamiento depende del órgano, edad y demas circunstancias. t-1 Contusiones Equimosis ( puracion Piel, membranas mucosas Resolución Tejido celular, músculos.. Supuración ( 10 dias 17 dias á 20 dias a in O 2 Heridas Piel, membranas mucosasjReunión por primera in-j ( tención i 4 á 5 dias Las heridas de los músculos 73 Tejido celular, músculos. Supuración 12, 15, 20 dias ó mas.. incapacitan para el trabajo) po Heridas con pérdi-jPiel, membranas mucosas^ del órgano algún tiempo masi r¡ da de sustancia.. Heridas por armas1 de fuego ( 20 25 dias ó mas que el necesario para la ci- catrización, cuando no queda parálisis ó deformación Piel, membranas de la escara Tejido celular, músculos.! puracion y su-\ — > 30 á 25 dias ó mas o \> 73 2° PARTES DURAS Inílamaeion Del periosto Resolución » i De los hueso? esponjosos. Supuración s La duración del tratamiento Neurosis Cuerpo de los huesos lar-l gos, tejido compacto..../ Desprendimiento de la( no puede determinarse sino después de la caída de aol- cuestro, lo cual requiere al- parte necrosada.. i / gunas veces años enteros. Tabla de pronóstico de las lesiones por causas externas según el Dr. Biessy 283 CLASIFICACIONES DE LAS LESIONES Heridas y fractu- ras en general. . < Tejido compacto y cabeza de los huesos Según la edad y variedad Huesos largos, huesos cor- de la fractura. 4 tos como el calcáneo, cla- vicula etc i Hasta los 5 años, 12 á 18 Huesos cortos ] 1 días. » Huesos largos de los miem-i l 14 á 30 días.(Basta comunmente el írata-l bros superiores i 1 n a 30 dias.( miento local ¡Huesos largos de los miem-f 1 - , (Siempre es necesaria la per-i 1 bros inferiores L, ,, , } an0S 30 á 35 dias. manenda en cama, é incapa- Huesos cortos. /B! callo < \ cita para el trabajo 3 y mas ¡Huesos largos de las ex-l 1 meses LasIextremhlade Articulación de la ¡ ' ■ ¡ 130 á 40 dias, á veces 2,3 Frecuentemente va seguida Articulacióntibio-tarsianai«¡n miración ' , ¡ de deformidades .... v ) Articulación de Ja muñeca/ 1 f J ' . ' i Convalecencia con relación á Lusaciones Articulaciones en general. I’.iducion Instantáneo ( la especie de hueso í Reunión por primera in-f Anquilosis (yapuración y amputación. / i . \ Tiempo en relación á lasf Articulaciones Reunión de las superíteles; variedades establecidas' » Heridas de los ten de’gados ( . ' Para las fracturas Heridas de las apa-( XT , . . ,. iiAnrn«is 1 * •••••••• Desbridamiento » I\o nacen variar el pronostico. 284 Debe tenerse presente que las indicaciones del cuadro que antecede, no son sino meras aproximaciones, términos me- dios, que nada tienen de absoluto, y que los pronósticos de- ben sacarse en cada caso de las circunstancias especiales que le son propias. § 401—Heridas por imprudencia y homicidio invo- luntario— Disposiciones legales—Código del Dr. Tejedor. — Los artículos relativos á la culpa é imprudencia han si- do ya trascritos (§ 69 y 390). Tardieu divide las lesiones involuntarias en once catego- rías según la manera como se producen y son: Ia. Heridas y homicidios ocurridos en Jas maniobras y trenes de los ferro-carriles. 2a. Accidentes causados por los carruages. 3a. Lesiones producidas por los hundimientos de terre- nos y construcciones. 4a. Caídas de lugares elevados, en el ejercicio de una profesión y en cualquier circunstancia. 5a. Lesiones determinadas por el choque de un cuerpo pesado. 6a Desórdenes producidos por máquinas industriales, motores mecánicos, etc. 7a. Quemaduras resultantes de imprudencia en el tra- bajo de ciertas fábricas ó del contacto accidental de una sus- tancia corrosiva. 8a. Heridas por arma de fuego. 9a. Lesiones por incendio, explosión de gases, vapor ó materias explosivas. 10a. Choques accidentales diversos. 11a. Lesiones que pueden producir los animales do- mésticos, caballos, perros, ganados mal guardados. Debería agregarse, y agregamos una categoría mas que comprende: 12a. Lesiones producidas por inundaciones, por roturas de diques, acequias, etc. Las lesiones producidas por estas diversas causas no di- fieren de un modo general, de las lesiones que pueden pro- 285 clucirse en toda otra circunstancia; pero bajo el punto de vis- ta médico legal dan lugar á consideraciones especiales. Estos diversos objetos motivan las leyes y reglamentos administrativos dictados por la Nación, las Provincias y las Municipalidades, que contienen disposiciones tendentes á evi- tar las desgracias que frecuentemente se producen por las causas enumeradas. Las empresas de ferro-carriles están sometidas á una ley especial, dictada en mira principalmen- te de garantir la vida de los pasageros y empleados; las or- denanzas municipales estatuyen las condiciones, precaucio- nes y demás necesario para que los motores de vapor no causen estragos y asi en todas las demás órdenes. Siempre que hay infracción de una ley ó reglamento de esta naturaleza, el autor de la infracción es responsable per- sonalmente de la infracción cometida; pero en todos los casos lo son las empresas por lo que respecta á la acción civil de daños y perjuicios causados á los particulares, quedando á salvo el derecho de los empresarios contra sus empleados. Esto da lugar á pericias médico-legales, siempre delica- das, porque son contradichas por los defensores de las empre- sas responsables. § 402—Accidentes en los ferro-carriles—Tardieu á quien seguimos estrictamente en esta materia, distingue dos grupos de accidentes: los ocurridos en las estaciones ó talle- ros, y los ocurridos en los trenes en marcha. Los accidentes que se producen en los talleres no presen- tan nada de característico y entran en la categoría de acciden- tes profesionales. Los accidentes que se producen por las maniobras que exige el movimiento de las estaciones, cambios de via de los wagones, formación de trenes, carga y descarga, etc., repa- raciones de máquinas, trabajo de vías y demás. Todas es- tas maniobras dan lugar á contusiones, aplastamientos, frac- turas simples y conminutas, pérdidas de brazos, piernas, dedos, etc., golpes de los topes, compresiones violentas en- tre los wagones, al poner los ganchos. A veces las paredes del cuerpo no presentan lesión aparente; pero las visceras es- 286 tán gravemente lesionadas. El dolor muy vivo en el acto del accidente pasa; pero las visceras están sensibles, los mo- vimientos dificultados por semanas y meses enteros y hay, por lo tanto, incapacidad para el trabajo. Otras veces los acci- dentes son mas graves, los heridos quedan inválidos ó mueren. Las empresas son responsables civilmente siempre que estos accidentes no son imputables á Jas víctimas mismas, por su descuido ó imprudencia- Los trabajadores de via, son con frecuencia sorprendi- dos por máquinas que no dan el aviso reglamentario con el silvato y suministran un buen contingente de desgracias. El Dr. Zandyck, médico de una compafíia francesa, tuvo la feliz idea de estudiar y hacer la estadística de los acciden- tes de ferro-carriles y entre sus observaciones relativas al servicio de las estaciones, está la de que son las cargas y des- cargas de grandes pesos por medio de cabrías ó grúas, las que suministran mayor contingente de pérdidas de los dedos y de las manos, entre los engranajes de las ruedas de estas máquinas. Creyendo favorecer el movimiento de las ruedas estas se los dislaceran ó aplastan (;|). Los accidentes en marcha, choques y descarrilamientos, son mucho mas graves y por desgracia harto frecuentes. Según Tardieu, en 15 años (1854 á 1869), han perecido en Francia 4,111 personas y han sido heridas 14,443. Entre nosotros no dejan de ser frecuentes los acciden- tes, si bien son raras las muertes, sin duda á causa de la menor velocidad de los trenes, las grandes zonas desiertas que atraviesan nuestros ferro-carriles, y sobre todo, lo poco que se viaja de noche. Las lesiones en si mismas, consisten: en contusiones vio- lentas en las diversas partes del cuerpo, torceduras, derra- mes articulares, especialmente en las rodillas, debido á los choques de unos pasageros sobre los otros, en el momento de la parada brusca del tren; fractura de los miembros inferio- res debidas á la misma causa, fracturas de todo género en la (a) Tardieu—Heridas—pág. 375. 287 cabeza, tronco y brazos; aplastamientos y muertes. Además de las lesiones exteriores, perturbaciones intelectuales, ter- ror invencible, dolores de cabeza, zumbidos y alteraciones del oido, palpitaciones é insomnio, que pueden persistir por mu- cho tiempo y ser permanentes. En muchas se ven sobreve- nir parálisis, debilitación gradual, física é intelectual, abor- tos y desarreglos de la menstruación. § 403—Accidentes en carruages—Los accidentes en carruages de plaza, coches, tilburis, landos, victorias, etc.- son poco graves por regla general: su poco peso y mucha ve- locidad hacen que el carruage gravite poco sobre el cuerpo. Los carros, mensagerias y ómnibus por su gran peso y menor velocidad, producen mayores estragos; y mas aún los tramvías, los que á causa de las pestañas de ias ruedas sobre el riel y su gran peso, producen efectos intermedios entre los de los ferro-carriles y coches ligeros. El paso de un carruage sobre el cuerpo produce el aplas- tamiento de la región que recorre, con roturas y desgarros de las visceras; conmoción y contusiones de todo género; sin dejar muchas veces señales externas aparentes: lo que no su- cede en los tramvías á causa de la pestaña, la que deja siem- pre su impresión señalada, escoriaciones ó equimosis in- tensas. Los choques de carruages determinan los mismos efectos; pero en mucha menor escala que los ferro-carriles. Las lesiones mas frecuentes producidas en ó por los car- ruages son las fracturas: de 116 observaciones recogidas por Tardieti hay 81 fracturas. Estas pueden ser simples ó con- minutas con herida y aplastamiento, y se observa que en es- tas circunstancias la curación se retarda mucho. Después de las fracturas vienen las contusiones de todo género, y cuya gravedad depende de su sitio. Sucede á veces que el paso de un carruage sobre el cuer. po, de los niños sobre todo, no produce accidente alguno; las costillas recobran su posición, y no se observa perturbación alguna. Esa excepción no es tan rara como á primera vista puede creerse. 288 § 404—Hundimientos accidentales—Los hundimien- tos entran en la categoría de accidentes profesionales; y los sufren los canteros, albañiles ocupados en las demoliciones, poceros, etc.; y los habitantes de las casas, en los hundimien- tos de estas, y otras causas. Las lesiones que se observan con mas frecuencia son: he- ridas mortales por fracturas del cráneo y espinazo, que se encuentran á veces molidos; sofocación demostrada por las equimosis punteadas en lasuperflcie de los pulmones y del corazón; heridas graves de todo género, principalmente frac- turas, á veces múltiples y conminutas, complicadas con der- rames pleuríticos; contusiones gravísimas por su estension y profundidad, y que por conmoción frecuente de la médula producen parálisis de los miembros inferiores; heridas de to- do género, principalmente por desgarro. El terremoto de Mendoza en 19 de Marzo de 1861, en el que perecieron mas de 16,000 almas, permitió observar lesiones de todo género. § 405—Caídas de lugares elevados—Las víctimas son generalmente obreros, albañiles, pintores, techadores, etc.; que caen de un techo, de un andamio ó escalera. Las lesiones que se observan son: heridas mas ó menos contusas de la cabeza; fracturas del cráneo, inmediatamente mortales, á veces con explosión del cerebro; lesiones de la médula consecutivas de fracturas del espinazo, y aplasta- miento de la cara y tronco. En casos menos graves se ob- servan siempre efectos de conmoción, fracturas de la cabeza, miembros y de las clavículas, luxaciones, torceduras, etc.; y como consecuencia se observan paraplegias, parálisis á veces progresivas, temblor de los miembros y alteración de las fa- cultades mentales. Estas lesiones son casi siempre imputables á las víctimas por su imprudencia, otras á los empresarios, por mala direc- ción ó colocación de los andamios, etc.; y otras á los propie- tarios que dejan pozos, escavaciones, etc., al descubierto ó mal tapados ó cercados y sin luces ó señales de aviso. § 406—Choque de un cuerpo pesado—Están expues tos á estos accidentes los trabajadores de las canteras, albaüi- 289 les etc., que pueden ser heridos por una piedra que cae; los poceros, toneleros, y comerciantes en vinos, azúcar y otros efectos que se transportan en barricas, recibiendo toneles llenos que les tornan los pies, los dejan caer y ruedan sobre el cuerpo, ó caen por mal apilados; los changadores que reciben bultos muy pesados, por el choque cuando se carga brusca- mente, ó cae de una pila, donde está mal colocado, etc. Por accidente, los transeúntes pueden ser heridos por un objeto que cae de un piso alto, una maseta, una piedra, una teja, etc. Estps objetos al caer pueden producir la muerte, por aplastamiento de la cabeza, hundimiento del pecho ó del vientre; en los casos no mortales pueden determinar lesiones graves, fracturas simples ó complicadas, contusiones, conmo- ciones, etc, y dejar como consecuencia alteraciones mentales, parálisis locales, paraplegias, etc. § 407—Máquinas y motores mecánicos—Estos ac- cidentes se han hecho muy frecuentes debido á la propaga- ción de las máquinas de vapor, aúnen el interior de las ciu- dades, no siendo bastantes á evitarlos las ordenanzas mu- nicipales, de marina, etc. Ellas son debidas generalmente á la imprudencia de los obreros, quienes lo atribuyen al mal estado ó disposición de los aparatos ó á la naturaleza del trabajo, para exigir de los dueños la responsabilidad pecuniaria. De ahí los pleitos fre- cuentes reclamando indemnizaciones, que se presentan casi siempre de la misma manera. Las causas mas frecuentes de estos accidentes son: 1°. choque de los volantes, ruedas y árboles de trasmisión que no están ni bien recubiertos, ni suficientemente garantidos, ni colocados en talleres bastante espaciosos; 2o. los engranages que no están bien cubiertos y protejidos, y que al menor mo- vimiento en falso pueden tomar la punta de uno ó varios de- dos, y después por un movimiento de arrastre irresistible la mano, el brazo y á veces el cuerpo entero; 3o. la limpieza sin parar prév amente la máquina; 4o. el uso de vestidos anchos, que dan lugar á que los engranajes, agarrando una parte cualquiera de ellos, arrastre al individuo; 5o. la colocación v 290 quita de Jas correas de las poleas de trasmisión mientras las máquinas están en movimiento. § 408—Quemaduras accidentales—Los escapes de vapor en las máquinas, dan lugar á quemaduras á veces de gravedad é importancia. En las fundiciones de metales una caida, la rotura de los conductos, etc-, pueden dar lugar á que el metal fundido toque á los obreros, frecuentemente en las extremidades de los miembros, y las ataca se las lleva con una bala de cañón, según la expresión de Tardieu. La cai- da en Jas calderas de jabón hirviente es mortal; Tardieu, trae, sin embargo, la observación de un obrero que sobrevivió á este accidente. Otras veces las quemaduras resultan del contacto de lí- quidos corrosivos ó en ebullición, como se vé frecuentemente en las destilerías, tintorerías, fábricas de azúcar, etc. En las fábricas de cal, la caida en un apagador lle- no, puede ser mortal, por poco que el individuo permanez- ca en el apagador, si este contiene poca cal el individuo sufre una quemadura, hasta donde se ha hundido, pro- porcional al tiempo de permanencia. § 409- Heridas por armas de fuego—Las heridas por imprudencia de este género, nada ofrecen de particular, ni distinto de las producidas voluntariamente; solo debe notar- se que ellas se producen en circunstancias idénticas: el mane- jo torpe de las armas, el defecto común de apuntar con armas que se creen descargadas, el dejarlas armas al alcance de ma- nos de los niños, y la caza dan lugar á estas heridas, muchas veces mortales. § 410—Accidentes por incendio, explosiones de ga- ses y vapores y materias explosivas—Las catástrofes en las minas dan lugar raras veces á casos médico legales- Los incendios simples determinan en el organismo efec- tos que presentan mucha analogía y constancia. El primero es la retracción y disminución considerables de todas las par- tes blandas atacadas. Siebald hace notar que las partes blan- das superficiales se asan y tuestan primero y durante un tiempo proporcional á la grosura del sujeto, sirviendo de 291 protección á las partes mas profundas durante un tiempo mas ó menos largo; lo que permite encontrarlas á veces en un es- tado de conservación imprevisto y poder constatar el estado de las visceras y lesiones que pueden tener, como aneurismas, heridas, etc., y en algunos casos tiene gran importancia, co- mo cuando un asesino, para ocultar su crimen, intenta que- mar á la víctima. Esta retracción puede dar lugar á errores de identidad; así el corazón de un adulto puede reducirse al tamaño del co- razón de un niño de 10 á 12 años. Brouardel, ?dice que puede evitarse este error pesando el corazón, el cual pierde poco de su peso. Hofmann refiere haber encontrado entre los escombros de un incendio una pélvis de hombre rodeada de músculos carbonizados y una masa de partes blandas del tamaño de la cabeza de un adulto; que se componía de los pulmones, cora- zón, estómago o hígado carbonizados en su superficie y bien conservados en su estructura. Sin la pélvis de adulto, dice, se habría podido creer que estos órganos pertenecían á un ni- ño de 4 á 6 años. Bischoff ha hecho experimentos sóbrelos huesos y encon- trado que aún estos disminuyen notablemente de volúmen y longitud. Los ensayos de cremación de los cadáveres, permiten ha- cer observaciones metódicas sobre esta materia tan interesan- tes bajo el punto de vista de la identidad. Algunos órganos resisten de un modo sorprendente á la acción del calor, como son los pelos, los que se pue- den reconocer aun en superficies carbonizadas, todavía adlierentes. En los casos en que el calor obra á distancia el cadá- ver se deseca y apergamina, como en las momias. La sangre llena las venas y arterias y presenta el aspecto y la consistencia del sebo coloreado que se emplea para las inyecciones anatómicas; algunas veces, sin embar- go, se encuentra fluida. (Brouardel). La sustancia ce- rebral tiene el aspecto del arroz cocido, y está atravesa- 292 da por los vasos, cuyo trayecto se distingue bien. El es- queleto además de la retracción y demás variaciones que hemos indicado, presenta grietas y fracturas, que se pue- den distinguir: 1° en que los huesos largos, rotos en su continuidad, lo están oblicuamente y mas allá de la trac- tura están carbonizados; 2° los huesos planos están se- cos y quebradizos, algunas veces acortados, adelgadaza- dos ó reducidos á una de las láminas, externa ó interna; las hendiduras no interesan sino una de las láminas por lo general, sin penetrar en todo el espesor. El cráneo estalla á veces. Los cartílagos y los dientes resisten mucho. Por último, los incendios pueden darlugarála muer- te por asfixia causada por el humo, quedando el cuerpo intacto, como se observa en muchos incendios de mate- rias explosivas. Las explosiones pueden producir el troceamiento del cuerpo, arrojándolos pedazos á distancias enormes, y di ííciles de identificar, como sucedió ha poco en Buenos Aires, en la explosión de una caldera de un vapor. A los signos ya indicados (§ 390) para distinguirlas quemaduras hechas durante la vida, de las hechas en el cadáver, Brouardel (a) agrega los siguientes: Cuando la víctima ha respirado en el foco del incen- dio la sangre contiene óxido de carbono y se pudre muy lentamente; lo que permite al perito poco habitua- doá las análisis espectrales, recogerla sangre y hacerla observar después por peritos hábiles. Los pulmones presentan al exámen microscópico con- tornos elásticos de la trama alveolar, de los bronquios y de los vasos; es decir, poco mas ó menos como en el pulmón normal; pero tiene el carácter especial del color quees rojo vivo en toda la preparación, como si se hu- biera teñido especialmente. La luz de los vasos vista á la luz directa está llena de a) Comentarios á Hofmann, páy. 813—París 1883. 293 una materia morena y vista á la luz trasmitida de rojo vivo. Las paredes de los alveolos, bronquios y vasos tienen un color rosa subido. No se encuentran en los vasos glóbulos normales, sinó reducidos á corpúsculos de 2 á3 milésimos de milímetro de diámetro, unidos y for- mando una masa granulosa sin apariencia de fibrina. Estos caractéres son esencialmente vitales y no pue- den producirse cuando la muerte lia precedido al in- cendio. Si el individuo vivo ha sido sorprendido, al mismo tiempo que por incendio, por una explosión ó una elevación de temperatura súbita (1,000,2,000 grados) estos carac- téres faltan. En los incendios acompañados de explosión se en- cuentra aún otro carácter importante de orden vital, que prueba que el sugeto vivía ál estallar la explosión, y con- sisten en quemaduras en la boca y vías respiratorias; lo que los mineros expresan con la frase: los quemados han tragado fuego (Rianbault). § 411— Piedras y otros cuerpos tirados impruden- temente—Estas lesiones se producen generalmente por piedras, bolas, etc., tiradas á brazo, con honda ú otros medios parecidos, los cuales no dan lugar, por lo gene- ral, á casos médico legales sinó cuando hieren en la vis- ta ó en la cabeza. Pueden producir fuertes contusio- nes, pérdida de los dientes, debilitación y pérdida de la vista. § 412—Daños causados por animales feroces ó do- mésticos—Disposiciones legales—Código Civil—Art. 1124—El pro- pietario de un animal, doméstico ó feroz, es responsable del daño que causare. La misma responsabilidad pesa sobre la persona á la cual se hubiere mandado el animal, salvo su recurso contra el pro- pietario. Art. 1125—Si el animal que hubiere causado el daño, fué escita- do por un tercero, la responsabilidad es de éste, y no del dueño animal. Art. 1116—La responsabilidad del dueño del animal tiene lu- gar aunque el animal, en el momento que ha causado el daño, hu- biere estado bajo la guarda de los dependientes de aquel. 294 No se salva tampoco la responsabilidad del dueño, porque el da- ño que hubiere causado el animal no estuviese en los hábitos ge- nerales de su especie. Art. 1127—Si el animal que causó el daño, se hubiese soltado ó estraviado sin culpa de la persona encargada de guardarlo, cesa la responsabilidad del dueño. Art. 1128—Cesa también la responsabilidad del dueño, en el ca- so en que el daño causado por el animal hubiese provenido de tuer- za mayor ó de una culpa imputable al que lo hubiese sufrido. Art. 1129—El daño causado por un anima! feroz, de que no se reporta utilidad para la guarda ó servicio de un predio, será siem- pre imputable al que lo tenga, aunque no le hubiese sido posible evitar el daño, y aunque el animal se hubiese soltado sin culpa de los que lo guardaban. Art. 1131—El propietario de un animal no puede sustraerse á la obligación de reparar el daño, ofreciendo abandonar la propiedad del animal. Estos daños son muy variados, pero casi siempre se trata de mordeduras de perros ó caballos, coces de animales de silla y tiro y de cornadas de animales va- cunos. Las mordeduras de perros y caballos, se encuentran principalmente en los miembros, antebrazo y pantorrillas, y las heridas de las partes blandas son dobles y opues- tas, algunas veces complicadas con fractura de los huesos. Estas heridas son, en general, muy lentas para cica- trizar, dejan deformaciones, incomodidad en los movi- mientos y, sobre todo, suelen producir la atrofia de los músculos. Estas heridas suelen complicarse con los té- tanosla fiebre purulenta y el virus rábico. Hofmann, trae el siguiente caso: Una niña de 13 años, temiendo á causa de una falta entrar en su casa, trepó por encima de un cerco de un taller de cantería guardado por perros bravos y un perrillo, y se la encon- tró al poco tiempo, desangrando por un gran número de heridas y agonizante, por los vecinos que habían oido los ladridos furiosos délos perros y los gritos desgarra- dores déla niña. En la autopsia se encontró la piel del cráneo despedazada, contusiones al lado izquierdo del cuello, desgarros irregulares entre el externo mastóideo 295 derecho y la yugular externa y en la piel y músculos su- perficiales de la parte interna del muslo derecho y vena sáfena. Algunas de estas heridas tenían un orificio exte- rior redondo y un canal cónico, que solo atravesaba la piel, estaban seguramente hechas por los colmillos de los perros y ofrecían tanto mas interés cuanto habían sido to. ruadas al principio como hechas por instrumentos pun- zantes. Las coces de los caballos, muías, etc., son las le- siones contusas por excelencia, y pueden tener todas las consecuencias ya señaladas. Las cornadas presentan los caracteres de las heridas punzantes contusas. § 413—Daños causados por inundaciones, roturas de diques, acequias, etc.—Esta clase de accidentes pue- den producir hundimientos da edificios, arrastre de per- sonas en las corrientes y, sobre todo, que se ahoguen per- sonas, especialmente niños y valetudinarios. Los dueños del dique, canal, etc., son responsables, cuando el accidente se produce por descuido en lacón* servacion y cuando la rotura es intencional por el que la produce. § 414—Lesiones corporales por causas psíquicas— Complicando á todas las heridas, pueden presentarse miedo y el terror; pero estos por sí solos pueden produ- cir los mas graves efectos, incluso la muerte; y estos efec. tos pueden presentarse cuando el miedo y el terror son consecuencia de otras violencias, y cuando se han pro- ducido intencionalmente de un modo aislado; por ejem. pío, Taylor, cita una causa, en la que un hombre fué acusado por homicidio de un muchacho á quien habia causado la muerte apareciéndole como un fantasma. Koth ha reunido una série de observaciones de este gé- nero. Todos estos casos entran en la esfera de la ley, pues ella no distingue sobre el medio empleado, por cualquier medio, son las palabras de la ley. 296 Estos efectos del miedo y del terror deben tomarse en cuenta, no solo en los casos de lesiones corporales directas, sino en los casos de atentados al pudor en que son muy frecuentes. Los efectos del terror, fuera de las muertes súbitas, pueden ser lesiones mentales, sobre todo epilepsias, pal. pitaciones, parálisis, histerismo, supresión de las reglas, hemoptisis y algunas veces la icteria. Maschka, cita un caso judicial muy curioso: Un hombre sano, pero muy cobarde, eneonlró tres hombres en un bosque, aunque ibaacompado de dos hombres, tu- vo mucho miedo y empezó á temblar: los primeros, por broma, simularon un ataque, huyó y cayó desmayado al pié de un árbol, vuelto ásu conocimiento, cayó en un estado de exaltación tal que parecía loco, no sosegándo- se hasta el cabo de tres horas. El insomnio, el temblor y la debilidad persistieron aun algunos dias. Este ata- que de salud fué considerado por los médicos como una violencia grave, según el art. 152 del Código Penal aus- tríaco; pero la Facultad de Praga la consideró como una violencia leve, tomando en cuenta la cobardía individual del hombre y que esta broma grosera no podía ser mira- da, según sus consecuencias, corno capaz de poner en pe- ligro la vida. Esta decisión es evidentemente errónea, puesto que los causantes tuvieron en vista precisamente la disposición individual del hombre, tan es así que le si- mularon el ataque en vista del miedo que susola presen- cia causó al lesionado, y nadie tiene el derecho de abusar de disposiciones individuales de otro. § 415—Sevicias contra los niños—El art. 245 del Código del Dr. Tejedor, establece quecos que por corre- gir las faltas de sus hijos ó nietos les causan lesiones le- ves quedarán exentos de responsabilidad criminal. El Código reformado ha guardado silencio sobre este punto, á nuestro entender mal guardado. El art. 278 del Código Civil, da á los padres el dere- cho de corregir ó hacer corregir moderadamente á sus 297 hijos jrel 309 faculta á los jueces para privar á los padres de la patria potestad sobre sus hijos, si los tratasen con excesiva dureza. Este asunto es de una importancia médico legal tan elevada que merece un estudio especialísimo. Parece mentira que el hombre llegue á tal olvido de los sentimientos naturales, que martirice á sus pro- pios hijos; y sobre todo, que una madre insulte a la na- turaleza con sevicias á los hijos de sus entrañas; pero es lo cierto que unos y otros llegan á tal monstruo- sidad. La lectura de Jas treinta y dos observaciones de Tardieu sobre esta materia son otras tantas pajinas de horror y de martirios tremendos, que conmueven el alma. Entre nosotros la educación, lejos de ser severa, peca, en las clases acomodadas y inedias, de lo contra- rio; pero en las clases inferiores no es infrecuente ver madres desnaturalizadas que llevan su crueldad á ex- tremos increíbles, cuya represión es casi nula fuera de los centros de población y á veces en estos mismos. «Las sevicias y malos tratamientos ejercidos en los niños, dice Tardieu, son extremadamente variados, sien- do imposible preveer todas las formas é instrumentos empleados. Desde los golpes dados con las manos, los bofetones y puñetazos, palos, rebencazos, latigazos y pin- chazos, se pueden encontrar toda especie de contusiones de toda especie de instrumentos vulnerantes. Se ven aún niños tirados por el suelo en todos sentidos, arañados, desgarrados. Son sometidos á todo género de priva- ciones: falta de cuidados, alimentación insuficiente y gro- sera, secuestro en lugares oscuros, en estrechos calabo- zos, falta de ejercicio, exposición al frió; en fin, torturas llevadas al extremo, consistentes en quemaduras, líqui- dos corrosivos, mutilaciones, aplastamiento de los dedos, arrancamiento del cabello y de las orejas, ahogo por in- troducción violenta de una cantidad excesiva de alimen- 298 tos; por último, suciedades de lodo género, que van hasta la ingestión forzada de excrementos». Nosotros hemos visto martirizar los hijos para ex- plotar la caridad publica, tenerlos hambrientos, pelliz- carlos al pasarlos transeúntes para excitar la compasion- Las señales que dejan las sevicias son igualmente va- riadas y corresponden á los medios empleados para pro- ducirlas. Los niños sometidos á estas torturas tienen una fiso- nomía particular perfectamente descrita por Tardieu; es- tán generalmente pálidos, muy demacrados, algunas veces esqueléticos, ofreciendo todos una decrepitud precoz. Pre- sentan muchas veces hinchazón, edema de ciertas par- tes. Los rasgos de su fisonomía respiran tristeza, son tí- midos, á menudo atontados ó embrutecidos, la mirada apagada, y mas frecuentemente por el contrario, de una inteligencia precoz que se manifiesta por un juego som- brío en la mirada. Los acusados atribuyen generalmente las lesiones ó caídas, golpes accidentales, etc, de las que se debe des- confiar; apesar de que las víctimas dicen á veces ser cier- tas tales manifestaciones, por temor á la crueldad que sobre ellos vendría sí volviesen á poder de sus verdu- gos; el médico perito debe entonces, tomar todas las pre* cauciones para ponerse á cubierto de tales engaños, para establecer si las lesiones observadas son ó no producidas por sevicias. cahtvlo sieime HOMICIDIO Y DEL ASESINATO §—416—Disposiciones legales—Código del Doctor Te- jedor. Art. 146—El que sin reflexión ni premeditación resuelva y ejecute contra otro un acto capaz de poner en peligro su vida, será culpable de homicidio simple, si tiene lugar la muerte, y sufrirá seis años de presidio ó penitenciaria. Art. 197—La pena será tres años de prisión si el muerto mismo provoca el acto homicida con ofensas 0 injurias ilícitas y graves, ó si en el momento del hecho el homicida se hallaba en estado de fu- ror, sin culpa suya, y sin que hubiese al mismo tiempo esclusion completa de imputabilidad. Art. 198—El cónyugue que sorprendiendo en adulterio á su con- sorte dé muerte en el acto á ésta ó á su cómplice ó á los dos jun- tos, sufrirá de uno á tres años de prisión. Art. 199—Los padres y los hermanos mayores que dan muerte á los que yacen con sus hijas ó hermanas menores de edad, en e¡ acto de sorprenderlos infraganti, sufrirán siempre el máximun de la misma pena. Art. 201—Cuando varios individuos entablen una riña de ambos lados, y pierda uno de ellos la vida, el Juez observará en la aplica- ción de la pena las disposiciones siguientes: Art. 202—Si fuese notorio quien ha sido el autor de la herida mortal, él solo será considerado como homicida. Si el muerto hubiere recibido de varios partícipes heridas mor- tales, no solo por su reunión, sinó por su naturaleza propia, serán castigados como homicidas todos los autores de estas heridas. Art. 203—Si las heridas causadas por los diferentes cómplices son mortales, no intrínsecamente, sinó en razón de su reunión, se procurará en lo posible proporcionar el tiempo de condena á la gra- vedad é importancia de las heridas inferidas por cada uno de ellos. Art. 204—Si entre las heridas que se conozcan en la víctima, unas resultan mortales, y otras no, los autores de estas últimas se- rán castigados según la naturaleza y gravedad de las heridas causa- das por ellos, conforme á las disposiciones especiales contra las le- siones. Si no existe certidumbre completa á este respecto, todos serán castigados según las mismas disposiciones, absolviéndolas relativa- mente á las heridas que dieron la muerte. 300 Art. 205—Para que una lesión 6 herida se repute mortal en el sentido legal, basta que la lesión ó herida sea la causa eficiente de la muerte. En consecuencia, la apreciación judicial del carácter mortal de una lesión 6 herida no dependerá de saber si en otros casos esta le- sión ó herida habría podido ser curada con los auxilios del arte, ó si el resultado mortal de esta lesión 6 herida se habría podido evi- tar con cuidados prestados en tiempo, ó si la herida á causado la muerte directamente, ó solo indirectamente por efecto de otras cau- sas mediatas desarrolladas por ella, ó si en fin la lesión ó herida ha sido mortal de una manera absoluta, ó en razón únicamente de la organización particular del herido, ó délas circunstancias en que ha sido herido. Art. 206—Cuando la herida, sin embargo, produzca la muerte de la víctima y haya certidumbre de que la muerte ha sido el resul- tado de una causa que existia en el momento de la herida, y que no ha sido desarrollada por ella: ó que la lesión inflingida no era capaz de producir la muerte, y que solo se ha vuelto mortal por electo de una causa posterior, como el uso de medicamentos positivamen- te nocivos, de operaciones quirúrgicas funestas, etc. el culpable su- frirá solamente tres años de prisión. Art. 207—Es calificado asesinato, y tiene la pena de muerte, el homicidio cometido con premeditación ó alevosía. Art. 209—La alevosía consiste en dar una muerte segura, fuera de pelea ó riña, de improviso y con cautela, tomando desprevenido al paciente. Art. 210—Es calificado también de asesinato y tiene la misma pena: Io El homicidio cometido por precio ó promesa remuneratoria, s 2° El ejecutado con ensañamiento aumentando deliberada é inhumanamente el dolor del ofendido. 3o La muerte dada por medio de inundación, incendio ó veneno. Código Reformado—Art. 196—El que voluntariamente mate á otro será reo de homicidio. Art. 197—La pena del homicida que no esté comprendido en los artículos siguientes, será de penitenciaria menor. Art. 198—Los padres y los hermanos mayores que den muerte á los que encuentren yaciendo con sus hijas ó hermanas menores de edad, sufrirán la pena de prisión menor. Art. 200—Cuando en una riña en que toman parte mas de dos personas resultasen uno ó mas muertos ó heridos, aplicará á los autores conocidos la pena que corresponda al hecho propio que les fuera probado, siempre que esa pena sea mayor que la designada pa- 301 ra la complicidad de los hechos cometidos, y en cuyo carácter que- dan todos los que hubieren constituido la agresión colectiva. Art. 201—Se impondrá la pena de presidio mayor al homicidio ejecutado en la persona del cónyugue, hermano legitimo, abuelos ó bisabuelos legítimos ó naturales del culpable. Art. 202—La misma pena corresponde cuando se ejecuta el ho- micidio con alguna de las circunstancias siguientes: Con premeditación conocida. Con alevosía. Por precio ó promesa remuneratoria. Con ensañamiento que aumente deliberada, inhumana é inne- cesariamente para el objeto del delito la aflicción de la víctima. Empleando veneno. Valiéndose de medios que pongan en peligro inminente á otras personas, como descarrilamiento, explosión, naufragio, inunda- ción, etc. Y cuando hubiere mas de un muerto por causa directa del delito. Art. 206—En todos los casos de homicidio espresados en los ar- tículos anteriores la pena será la inmediata inferior si resultase no haber existido la voluntad de matar. Código Civil—Art. 1084—Si el delito fuere de homicidio, el de- lincuente tiene la obligación de pagar todos los gastos hechos en la asistencia del muerto y en su funeral; además lo que fuere necesa- rio para la subsistencia de la viuda é hijos del muerto, quedando á la prudencia délos jueces, fijar el monto de la indemnización y el modo de satisfacerla. Art. 1085—El derecho de exigir la indemnización de la primera parte del artículo anterior, compete á cualquiera que hubiese hecho los gastos deque allí se trata. La indemnización de la segundapar. te del artículo, solo podrá ser exigida por el cónyugue sobreviviente, y por los herederos necesarios del muerto, si no fueren culpados del delito como autores ó cómplices, ó si no lo impidieron pudiendo hacerlo. § 417—Crítica de la ley—Poco tenemos que decir sobre los artículos transcritos; creemos solamente que la ley ha debido comprender entre las circunstancias agra* vantes las asfisias todas, estrangulación, sumersión y sus- pensión, porque ellas revelan siempre una perversidad moral que no llevan los demás medios de muerte fueia del envenenamiento. 302 El art. 200 contiene un error, que creemos debe ser de imprenta, dado lo evidente de él. Cuando dos ó mas personas causan la muerte de una tercera por heridas ü otros medios son co-autores y no cómplices los unos de los otros. La prueba en el caso supuesto por la ley, será siem- pre que todos los autores juntos han causado la muerte; la individualidad de las heridas ó lesiones será rarísimo que pueda probarse. El resultado de semejante doctrina será que la cruel- dad, el martirio de una ó mas personas, convenido y ejecutado entre varios otros será penado con una pena leve, pues la ley ni siquiera determina en qué grado de complicidad deben comprenderse y los jueces, en caso de duda, deben estar á lo mas favorable al reo. § 418—Heridas mortales—Para que una lesión ó herida se repute mortal en el sentido de la ley, basta que la lesionó herida sea la causa eficiente de la muerte, conforme con la ciencia: debe entonces, el médico legista calificar de mortal una herida ó lesión siempre que pueda establecer una relación de causa á efecto entre la herida y la muerte. Establecida esta relación, como dice el comentario del codificador, poco importa que la herida haya sido sus- ceptible de cura y la muerte se haya producido por no haber asistido el herido á tiempo y convenientemente, ni que la herida en otro sugeto no hubiera sido mortal y en este lo sea por su constitución particular. «El ministerio de los médicos se limita á examinar si en el caso presente la lesión ha producido la muerte. Tal es la única cues- tión que los tribunales deben poner á los peritos, la única quetienenque resolver, sin inquietarse por saber si la herida era mortal de una manera absoluta, general, indi- vidual ó accidental; y su respuesta desnuda de todas es- tas distinciones, será la base única de la sentencia.» El codificador rechaza la teoría de ciertos códigos, Prusia, Austria, y otros, que establecen que para que la 303 herida sea considerada como mortal, la muerte ha de suceder dentro de cierto plazo (un año y medio, 60, 40 dias, etc.;) cualquiera que sea la época en que la muerte se produzca la herida ha de ser calificada como mortal, si la muerte es causada por ia herida y no por una causa estraña; como cuando una persona herida levemente mue- re de un veneno que había tomado antes, ó por un terce* ro ó por un accidente de fuerza mayor. Preciso es fijarse bien por lo que hace á 1a aplica- ción del artículo 206 del Dr. Tejedor en estas distincio- nes; en las palabras del comentador oficial del Código de Babiera, del que el nuestro es una transcripción. «El hombre, dice, tiene derecho á una hora como á un año de su vida. Si el principio de la muerte existia> pues, en la víctima y la herida apresura este principio, el agente es responsable del homicidio. Pero si la muer- te no sobreviene sino por la falta del médico, que prescri- be un tratamiento impropio, ó por la del herido, que se arranca los aparatos ó rehúsa dejarse curar, la muerte no es ya el resultado físico de la herida; es la inhabilidad del médico, ó la negativa del enfermo la causa eficiente de la muerte.» Para fundar el exámen pericial debe establecerse pues la relación entre la lesión y la muerte, 3 para ello es preciso determinar la causa de esta; si la causa es una herida ó varias, y á veces excluir las distintas causas de muerte que pueden alegarse por la defensa. § 419—Causas de la muerte por lesiones—Estas causas pueden dividirse en inmediatas y mediatas. Las causas inmediatas son: la destrucción ó lesión de los órganos indispensables para la vida, como son el cerebro, corazón, médula espinal, etc.: las perturbacio- nes mecánicas de las funciones de estos mismos órga- nos, por compresión, derrame etc.: la hemorragia (que es una de las mas frecuentes,) y sobreviene siempre que hay heridas del corazón, grandes vasos, hígado, pulmo- nes, bazo, etc. Nada mas fácil de constatar que la he- 304 morragia externa, pues el cadáver tiene la piel y las mu- cosas pálidas, poca sangre contenida en el corazón y grandes vasos y las lividices cadavéricas no existen ó son poco pronunciadas. Las hemorragias internas no son tan intensas como las externas; la sangre se encuentra derra- mada en las cavidades y la anemia cadavérica es menor. Debe tenerse presente que la anemia puede provenir de otras causas que lesiones mecánicas, tales como las lie— motisis, enfermedades largas, etc. y que la sangre pu- driéndose en los cadáveres se infiltra y pasa á través de las paredes del corazón y grandes vasos. Debe tenerse en cuenta que las heridas mortales pue- den ser varias en el mismo sugeto, y que la reunión de muchas heridas no mortales cada una puede producir la muerte. De la conmoción, sea por causas mecánicas, sea por miedo ó terror nos hemos ocupado ya, de las asfixias ó en- venenamientos nos ocuparémos mas adelante. Las causas mediatas pueden ser: ias inflamaciones de ciertos órganos, cerebro y sus membranas, pulmones y pleuras, hígado, etc. infección purulenta, la uremia y el enflaquecimiento. § 420—Exclusión de las demás causas de muerte— Esta investigación es inútil cuando la causa de la muer- te es evidentemente producida por una herida grosera en un organismo sano; pero se hace necesaria cuando el he- rido es un enfermo y puede atribuirse la causa de la muerte á la enfermedad. Hofmann, examina cuatro hipótesis: el individuo ha muerto de la herida; el individuo ha muerto por efecto de la enfermedad; la herida no ha sido mortal sino por efec- to de la enfermedad; y por último, la enfermedad se ha agravado por la herida, que ha sido causa de la termi- nación fatal de aquella. Cuando, después del exámen se puede afirmar que una enfermedad preexistente ha sido causa del fin fatal de la herida, ó recíprocamente, que la herida ha sido eau- 305 sa del fin fatal de la enfermedad, la herida debe ser de- clarada mortal, porque ha causado ó avanzado la muerte del sugeto aunque sea por una predisposición indivi- dual (§ 418). Para afirmar que es la herida sola y no la enferme- dad la que ha causado la muerte, es preciso demostrar por los síntomas que han precedido á la muerte y por la autopsia, que ella por sí sola podia producirla muerte. Para afirmar que es la enfermedad y no la herida, debe hacer la misma demostración, la que será tanto mas fácil cuanto la herida haya sido menos importante y me- nores las alteraciones por ella producidas. El caso es mas difícil cuando la enfermedad que ha causado la muerte sobreviene en el curso de una heri- da; debe tenerse presente que hay procesos patológicos, que aún cuando se manifiestan en órganos lejanos, de- ben considerarse como síntomas secundarios de las he- ridas, como son las neumonias á consecuencia de heri- das déla cabeza, la septicemia, gangrena, erisipela, etc. circunstancias que no cambian el dictámen de ser la he- rida mortal. Al contrario, y esto exige un exámen muy concien- zudo, debe declararse cuando la muerte ha sobrevenido por efecto de la enfermedad, calificando la herida co- mo si se hubiese encontrado en una persona viva. Debe tenerse muy presente los casos en que la muer- te puede sobrevenir en viejos, individuos débiles; alco- holizados y aún borrachos accidentales, por una apio- pegía, que puede ser producida por conmoción, por la herida ó sobrevenir en el momento de la riña. Algunos de estos casos son tan difíciles que no puede manifestar- se, sino una mera probabilidad, y aún debe manifestarse siempre la predisposición individual. Servirá de ele- mento diferencial el tiempo que tarda en manifestarse la hemorragia mortal; porque se comprende fácilmente que cuando mas tarda en manifestarse la enfermedad me- nos debe ser esta atribuida á la violencia, por regla ge- 306 neral, aunque no absoluta; pues sabido es que el tétanos, las úlceras del decúbito y la infección purulenta pueden sobrevenir en épocas muy variadas. CAFflUfiD TIECIEO PERICIAS Y CUESTIONES MÉDICO LEGALES, RELATIVAS AL HO- MICIDIO § 241—Visita y reconocimiento—En los casos de ho- micidio y lesiones corporales, el médico forense puede ser llamado en circunstancias muy variadas, las que po- demos reducir á las siguientes: Ia. Cuando el crimen se acaba de cometer ó inmediatamente después, en la pri- mera diligencia del sumario; 2a. Transcurrido algún tiem- po, cuando los individuos han sido ya transportados á domicilio, al hospital ú otro lugar semejante; 3a. Después que los interesados están ya curados ó muertos. Cuando se trata de una primera diligencia, lo pri- mero que ha de hacer el médico, según dijimos ya en- otro lugar (§ 48), es ver si los individuos lesionados ne- cesitan de sus socorros profesionales, y préstarselos in- mediatamente y ante todo. Prestados estos ó si no.hubiera necesidad de ellos, procederá en la forma que dijimos al tratar del sumario. El reconocimiento de los heridos es tan urgente, en la inmensa mayoria de los casos, que los jueces no debe- rían perder un momento en decretarlo ni ios médicos en hacerlo. El reconocimiento será mas fácil, y sobretodo mas exacto, practicado antes de que aparezca la tume- facción . Si ya se ha hecho la curación debe tenerse muy presente que es siempre perjudicial levantar los vendajes y apósitos y, por consiguiente, que no debe hacerse sobre todo en las fracturas, en lasque el precepto es absoluto. También debe tenerse presente en el reconocimiento que ha de observarse evitando todo lo que pueda agravar el mal, sondajes imprudentes ó repetidos, separaciones de bordes de heridas, etc., así como toda maniobra que pueda producir dolor notable ó entorpecer el tratamien- 308 to emprendido. La víctima es en todo caso lo mas im- portante, y no debe agravarse su estado ni en aras de la satisfacción de la vindicta pública. Dentro de estos preceptos se describirán las lesio- nes con la mayor exactitud, examinando todos los órga- nos lesionados y los efectos que las lesiones hayan pro- ducido en el organismo y en las funciones generales, tomando en cuenta la naturaleza de las heridas, sus cau- sas, efectos y todas las circunstancias que puedan intere- sar al diagnóstico médico legal y á las consecuencias de las lesiones; todo lo que se deduce de lo que llevamos di- cho en los capítulos anteriores; teniendo cuidado espe- cialmente de comparar el instrumento, si fuere habido, con la herida por su forma, tamaño, etc. Si se trata de un cadáver se procederá á la autop- sia, según las reglas que en su lugar se dirán, después del levantamiento del cadáver. En esta clase de peri- cias la autopsia debe ser total, porque muchas veces se encontrarán lesiones, enfermedades, etc., que modifica- rán la pericia, aún en casos aparentemente fáciles y evi- dentes. Las manchas de toda especie en el individuo, vícti- mas ó agresores, en las ropas, efectos, suelo, etc., se observarán, describirán, y recogerán en la forma y del modo que dijimos al tratar de este asunto. Si los instrumentos vulnerantes han sido habidos deben compararse con las heridas, teniendo en cuenta los cambios que la retractibilidad de los tejidos produce. El exámen délos vestidos es por demás importante, debe hacerse con minuciosa exactitud. Los agujeros, roturas, cortes y desgarros dan preciosas indicaciones á veces mas decisivas, que el exámen de las heridas mis- mas, respecto de ciertos puntos, por lo que deben notar- se la oblicuidad de los agujeros, si hay desgarro ó pér- dida de la tela y todas las demás circunstancias que en ellos se noten. En el pronóstico de las heridas debe siempre ser el 309 perito muy prudente y tener en cuenta las circunstan- cias individuales, así como los estados preexistentes, co- mo el embarazo, hernias, estado mental, alcoholismo y demás. Debe también el médico hacer notar que una clasifi- cación de lesiones corporales no puede ser definitiva en los primeros momentos y que, circunstancias que no es posible preveer, pueden cambiar mucho el pronóstico. § 422—¿Las lesiones encontradas son hechas du- rante la vida ó después de la muerte?—Cuestión es esta tan importante, que aún cuando, al tratar de las di- ferentes lesiones, hemos indicado las diferencias cree- mos útil reunir aquí algunos datos Son muchos los casos judiciales en los que se ven producidas lesiones después de la muerte, ya porque el agresor cree viva á su víctima, ya para simular un suici- dio, ya porque un individuo muerto accidentalmente cae de un lugar elevado es arrastrado por las aguas y golpea- do en el fondo ó en objetos que encuentra al paso. Las contusiones y su signo característico, las equi- mosis, son fáciles de distinguir: en el vivo la sangre der- ramada dá á la piel un color oscuro; se pone esta mas gruesa, firme y resistente, la sangre derramada se coa- gula y si el herido ha sobrevivido algún tiempo sepile* den ver cambios de coloración. En la contusión hecha después de la muerte no hay infiltración sanguínea, si hay derrame sanguíneo, no se coagula, no hay en la piel cambio de color, de espesor ni consistencia. Las escoriaciones hechas durante la vida están san- guinolentasy de un rojo mas ó menos vivo; en las hechas durante la muerte la escoriación está seca, descolorida y como apergaminada. Cuando las lesiones son hechas en los instantes que siguen á la muerte, es difícil y á veces imposible distin- guirlas. Tourdes, explica este hecho diciendo: que to- dos los órganos no mueren en el mismo instante, que los 310 músculos, la sangre y otros tejidos pueden conservar por un corto tiempo algunas de sus propiedades vitales y causar la confusión. Casper hace notar que las partes blandas del cuer- po, así como los huesos, ofrecen una mucha mayor resis- tencia, sobre todo para los instrumentos romos, que el cuerpo vivo Puesta en duda esta proposición por Krahmer y Küs- ter ha sido comprobada por numerosos experimentos por Falky Acby. Si la lesión ha sido heclra durante la vida, y ha pa- sado algún tiempo, se notan fenómenos vitales de reac- ción; hinchazón y supuración inflamatorias; pero debe notarse que estos síntomas se borran por la putrefacción. Si das heridas han sido hechas inmediatamente an- tes de la muerte, la distinción es mas difícil; lo que pue* de servir para distinguirlas es que las hechas antes de la muerte están acompañadas de retracción de las partes blandas y hemorragias, signos que faltan ó son menos pronunciados en las hechas después de la muerte. La retracción de los tejidos varía según el lugar y la naturaleza del órgano: así la piel del cráneo y espalda es menos retráctil que en los lugares en que hay un abun- dante tejido celular laxo: los músculos conservan la re- tractibilidad después de la muerte hasta que sobreviene la rijidez cadavérica. Legrand du Saulle resume estos caractéres para las heridas del modo siguiente: DURANTE LA VIDA Io. Los labios de la herida, hin- chados, infiltrados de sangre, en- gruesados, separados el uno del otro por la retracción del dermis ó de los tejidos subyacentes; mas tarde exudación de linfa plástica, supuración y aún gangrena. 2o. Hemorragia mas ó menos abundante, arterial, con infiltra- ción de sangre en los tejidos ve- cinos. 3o. Sangre coagulada en el fon- do de la herida, en la piel que la rodea. DESPUES DE LA MUERTE Io. Los labios déla herida blan- dos, no hinchados, aproximados y no reservados, ni linfa plástica, ni supuración. 2o. No hay hemorragia ó he- morragia venenosa, sin infiltra- ción en los tejidos próximos, al- gunas veces se vé el corte de una arteria voluminosa que no ha da- do sangre. 3o. No hay sangre coagulada. 311 Hofmann, hace notar que durante un corto tiempo la sangre puede coagularse y se coagula después de la muerte; pero que el coágulo es blando, no alcanza jamás la solidez de las extravasaciones hechas durante la vida. En las fracturas hechas durante la vida, las extremi- dades de los huesos están infiltrados de sangre y los músculos que están en contacto son sitio de una infiltra- ción sanguinea mas ó menos considerable; en el cadá- ver las fracturas no producen estos fenómenos, quedan los extremos de las roturas pálidas. § 423—¿En qué posición relativa estaban el agre- sor y la víctima al inferirse las heridas?—Esta cuestión es de suma importancia, yapara la acusación como para la defensa; ella puede resolver si la lesión ha sido inferi- da á traición, la identidad del agresor y otras muchas. Hay que tener en cuenta en primer lugar la direc- ción de la herida: si el arma está clavada ella demuestra la posición del agresor; pero debe tenerse en cuenta que estando en lucha á brazo partido, el agresor ha podido he- rir en la espalda apesar de estar de frente; entonces los golpes dados por la mano derecha del lieridor se encuen- tran en el herido dirigidas de izquierda á derecha y casi siempre al lado izquierdo. Si hay mordiscones, suposición y la impresión délos dientes indican si el agresor tenía al herido por delante y por detrás. En las heridas por armas de fuego los orificios de en- trada y de salida y el trayecto, indican la posición del ar- ma y la del agresor; comolaareola de incrustaciones in- dica la distancia. A veces sucede, y de ello hemos tenido un caso práctico en el asesinato de D. Juan Romagosa, vi_ lia del Rosario 1879, el asesino tiene el arma empuñada, oprime al agresor con ella y sale el tiro, solo la señal del fogonazo impresa en las ropas y la piel y el tiro va á cla- varse en dirección opuesta á la de la mano derecha del agresor, dando datos preciosos sobre los accidentes de la lucha. 312 La dirección, forma y caractéres de la herida dan también datos importantes, así como la posición del ca- dáver y su situación relativa. Así, un cadáver encontrado en la cama envuelto en las ropas con una sola herida y un charco de sangre evidentemente ha sido asesinado estando durmiendo. Si al aplastamiento de la cabeza corresponde la depresión del suelo ú objeto sobre que descansaba es claro que la muerte se produjo estando el individuo acostado en esa posición. Los vestidos dan también datos muy importantes; pero sobre todo los rastros son los que suministran da tos decisivos. Nunca se llamará bastante la atención de los médi- cos peritos y de los jueces sobre tan importante asunto. El rastro del agresor es siempre diferente del de la víctima, y por ellos se pueden identificar las personas; las impresiones de las manos manchadas de sangre, las gotas y regueros de esta, el modo como están borradas por frotamiento ó por impresión, y las posiciones de los muebles permiten á veces determinar los accidentes de una lucha como si estuviese verificándose. § 424—¿El lesionado ha podido andar, hablar ó so- brevivir después de recibir las lesiones?—Para resol- ver esta cuestión es preciso tener en cuenta las lesiones que presenta el individuo ó cadáver, su naturaleza, im- portancia y órgano lesionado. Pero es preciso fijarse mucho en las circunstancias del hecho, mas que en los datos puramente científicos que se refieren á los órganos lesionados Así se ven in- dividuos con lesiones en el corazón, necesariamente mor- tales, vivir el tiempo suficiente para andar, gritar, de- fenderse, etc. Hyrtl, Fischer y Hofmann, han hecho estudios espe- ciales comparados, Fischer trae el caso de un herido en el corazón que pudo defenderse y perseguir al agresor durante un cierto tiempo. 313 Las heridas del corazón y de los grandes vasos, aún siendo necesariamente mortales, traen la muerte en un tiempo inversamente proporcional á la magnitud de la herida y á la facilidad con que la saugre corre por ella; al trayecto recorrido, tabiques interesados, etc. § 425—¿Ha habido un solo agresor ó varios?— Cuando hay rastros nada es mas fácil de resolver que es- ta cuestión: los rastros individualizan á los agresores de un modo intersgiversable. En nuestros campos los ras- tros de ios caballos indican el número de agresores; pues si un solo agresor lleva uno ó mas caballos de tiro, ó si varios montan un caballo, los rastros indican estas cir- cunstancias por su profundidad. Cuando no hay rastros, la variedad de armas é ins- trumentos empleados, y las circunstancias del hecho son los indicios que deben tenerse en cuenta, y entonces las dificultades pueden ser grandes. Debe tenerse en cuenta que una arma de fuego, por ejemplo, puede obrar como tal; como instrumento con- tundente longitudinal por el cañón y como maza por la culata. § 426—¿Los golpes han sido inferidos por una ma- no vigorosa ó ejercitada?—Para resolver esta cuestión debe tenerse en cuenta la estension y profundidad de Ja lesión comparada con el arma empleada; la pesadez del instrumento contundente empleado y la manera como los instrumentos han sido empleados. El arma puede denunciar al autor, la bayoneta y el sable son usados generalmente por soldados; el escoplo por carpinteros; la cuchilla por los zapateros, etc. Hay ciertas lesiones que no pueden ser hechas sino por individuos que tengan ciertos conocimientos especia- les; las heridas regulares y netas de las carótidas y otros vasos denuncian un estudiante ó profesor de medicina, etc. § 427—¿Él herido puede declarar ó ser traslada- do?—Estas cuestiones se presentan en la primera dili- 314 gencia de reconocimiento, con mas frecuencia que en el resto del proceso. Cuando las lesiones han producido trastornos délas facultades intelectuales bien por el terror, uor la conmo- ción cerebral, etc., el individuo pierde Ja conciencia de lo que dice, y entonces no debe tomársele declaración mien- tras este estado no pase. Puede suceder que la lesión haga perder al lisiado el uso déla palabra; pero si conserva el uso de las faculta- des y de los sentidos, puede declarar por medio de sig- nos y de preguntas bien dirijidas. Cuando los heridos se hallan en una situación de de- bilidad, por hemorragia ú otra causa, que sea de temer el síncope por los movimientos ó esfuerzos físicos ó mora- rales, y cuando los órganos de la respiración están muy afectados, la declaración es improcedente y no debe to- marse; los esfuerzos de la palabra son entonces peligrosos. La traslación de ciertos heridos es por demás peli- grosa, no solo para la vida, sino para obtener una cura- ción perfecta y pronta; sobre todo cuando ciertos apósi- tos ó aparatos exigen para un efecto completo la inmo- vilidad. Las indicaciones son tan variadas y especiales á cada caso, que no pueden darse reglas generales. Los médicos deben siempre notar á los jueces estas circunstancias y oponerse á la traslación siempre que sea peligrosa para el herido. § 428—¿De qué naturaleza son las manchas encon- tradas? Manchas de sustancia cerebral—Nos hemos ocupado ya de las manchas de toda suerte, que produ- cen los líquidos y sustancias orgánicas que interesan al médico legista, quedándonos solo por tratar las de sus- tancia cerebral, que son frecuentes en las cuestiones com- prendidas en esta sección. Estas manchas se encuentran en las ropas, armas, muebles, suelo, etc. Presentan un color gris amarillen- to ó gris pardo ó rojizo sucio. Para proceder á su exá- ínen se humedecen con agua destilada fria; lo que les 315 da un aspecto blanquecino y jabonoso al tacto. Estas materias se disuelven rápidamente en el ácido sulfúri- co como la materia cerebral. Pero lo que hace distinguir mejor 1a. sustancia cere- bral son sus caractéres micrográficos. Una vez reblandecida la mancha por dos ó tres ho- ras, basta tomar un pedacito como la cabeza de un alfiler ordinario y colocarlo en un vidrio de micros- copio. Se rompe el trocito con las agujas y se pone encima una laminilla. Cuando las manchas contienen sangre, se emplea como materia de imbibición una solución con- centrada de sulfato sódico, y con ella pueden recocerse á la vez los elementos de materia cerebral y los glóbulos rojos. El microscopio debe tener 470 diámetros de aumento por lo menos y mejor 580 á 600. Se distinguen en la ma- teria examinada los tubos nerviosos, cuyo diámetro es de OmOl próximamente. Estos tubos no son lisos, sino que presentan abultamientos de trecho en trecho. Sus pare- des son trasparentes, y cuando se les trata por el ácido crómico, el alcohol ó el sublimado corrosivo se vó apare- cer en el eje de estos tubos un cilindro fino de 0m.002> mas resistente que las paredes de los tubos; pues estos aparecen en muchas partes, y comunicando entre sí por el cilindro eje que los atraviesa. La desecación al aire produce el electo de los reactivos para hacer aparecer los cilindros ejes. El tubo nervioso es tan característi- co, que basta la aparición de un solo tubo para asegurar la presencia de sustancia nerviosa. Las células nerviosas multipolares y de donde arran- can los cilindros ejes, contribuyen á caracterizar la ma- teria cerebral, que nunca en el exámen microscópico pue- de confundirse con la albúmina, queso, etc. La albúmina presenta al microscopio una fractura vi- driosa, de ángulos entrantes y salientes, con bordes muy limpios. El queso blanco está contenido por masas de 316 cáseo conteniendo glóbulos de leche mas ó menos defor- mados. § 429—Incapacidad para el trabajo—El Código del Dr. Tejedor, usa de estas palabras y el reformado usa la frase: lesiones que impidan al ofendido valerse de sus fuerzas físicas. ¿Cómo debe entender el médico estas palabras, para clasificar la herida? Un individuo puede sufrir dos incapacidades para el trabajo: una general y otra personal. Así un individuo que por efecto de una fractura de la pierna, está obliga- do á permanecer cuarenta ó mas dias en la cama, está impedido para toda clase de trabajo: el mismo individuo herido en un labio, si es flautista, podría dedicarse á to- da clase de trabajos; pero está impedido por un tiempo mas ó menos largo para ejercer su profesión. El Código Reformado ha usado las palabras: el im- pedimento de valerse de sus fuerzas físicas. En el caso de un escribiente, por ejemplo, á quien se ha cortado el dedo índice, así que la herida ha cicatriza- do, él puede valerse de sus fuerzas físicas en general; pe- ro tardará aun mucho tiempo en poder valerse de sus fuerzas físicas para el trabajo especial que constituye su profesión; pues tendrá que habituarse á tomar la pluma con los dedos pulgar y medio. Sin embargo de lo importante que seria el que la ti jase de un modo preciso puntos tan graves y de aplica- ción diaria no lo ha hecho. El Dr. Tejedor ha usado las palabras su trabajo, poniendo al art. 236,1a siguiente nota: «Trabajo etc.—¿De qué trabajo se trata en este y los dos artículos anteriores? Véase Cha vean Adolphe t 4 p. 24 y siguientes.» Este autor en el núm. 1339, establece que para la ca- lificación que la enfermedad ó la incapacidad de trabajo sean el resultado de las violencias v que el agente es responsable de ellas aun cuando la inala salud ó la de- bilidad del paciente hagan que sean mayores que de or- 317 dinario; pues hay mayor culpabilidad en el agente en producir lesiones en una persona incapaz de sopor- tarlas. Chavea» Adolphe, después de combatir la doctrina de Reuter, que establece: que la incapacidad de trabajo, á que la ley se refiere, es la del trabajo habitual de la per sona, estatuye que es al trabajo corporal y se funda en varios fallos de la Corte de Casación; debiendo la inca* pacidad entenderse para toda clase de trabajos corpora- les y no á una clase solamente. Sus argumentos son: que esta es la única incapaci- dad que puede ser apreciada por el juez; que si se esta- bleciera que solo se refiere la ley al trabajo habitual la gravedad del castigo dependería, de los hábitos y de la profesión de la persona lesionada, la gravedad del hecho dependería de la casualidad de estas circunstancias. Nosotros creemos falsas ambas doctrinas. La ley debe tomar en cuenta la incapacidad para to- da clase de trabajos y la incapacidad para el trabajo ha- bitual. En efecto: aquel que por una lesión se vé imposibi- litado de valerse de todas sus fuerzas físicas, no cabe- discutir que está imposibilitado de dedicarse á su traba- jo habitual y que se halla comprendido en la ley. El caso del flautista, que antes hemos puesto es uno de los mas característicos. La rotura del labio no impi- de, por regla general, el empleo de las fuerzas físicas; pero el elemento dolor en la región herida y la necesidad de asistencia curativa existen en este caso como cuando hay incapacidad física total y tiene las mismas consecuen- cias. Esta incapacidad no es cierto que no pueda ser apre- ciada por los hombres de arte y, por consiguiente, por el Juez, de la misma manera que la incapacidad total. El que la penalidad varíe según las circunstancias del agredido, no solo no es un inconveniente para la ley, sinó que necesariamente sucede y tiene que suceder. El 318 mismo Chaveau Adolphe, con la Corte de casación, y to- dos los autores y tribunales establecen en el mismo ca- pítulo que la muerte, la enfermedad, la misma incapaci- dad deben tomarse tales cuales se producen en el sujeto, aun cuando sea por su debilidad; por enfermedades que padezca, por su estado actual del organismo, circuns- tancias tan variables ó mas que las profesiones; y si se toman en cuenta unas, no hay razón para no tomar en cuenta las otras. Una lesión en una mujer que está menstruando, ó embarazada traerá las mas veces consecuencias mucho mas graves que en una que no se halle en esos estados; si esas circunstancias se toman en cuenta debe tomarse también la incapacidad para el trabajo habitual, por- que cada hombre se dedica á una especie de trabajo y el dolor, el inconveniente físico se producen precisamen- te en el órgano ú órganos que ha de poner en movi- miento; porque el autor de un hecho es responsable de todas las consecuencias directas de su hecho y porque no es posible en muchos casos, variar de trabajos ha- bituales. El Código usa las palabras su trabajo, lo que parece indicar claramente que es el trabajo habitual, el propio de cada uno; de otro modo habría empleado las palabras el trabajo, indicando así el trabajo en general. La doctrina que se deduce de !a nota que acabamos de comentar, es, sin embargo, la contraria. En el conflicto de doctrinas entre la ley y su comen- iario es preciso esperar á que la jurisprudencia práctica decida. De todos modos y cualquiera que sea la jurispruden- cia que se establezca, los peritos deben referirse á am- bas incapacidades; pues cuando menos los jueces nece- sitan conocer la incapacidad para el trabajo habitual, para establecerla indemnización de daños y perjuicios. § 430—¿Qué debe entenderse por lesiones que lle- ven consigo el peligro de la vida?—Para mejor inteli- 319 gencia pongamos varios casos prácticos: Se dinje una puñalada al pecho de una mujer, buscando su corazón, se choca en una ballena de acero y el puñal al deslizar- se hace una herida penetrante; pero sin gravedad: Otro dirije la puñalada en la misma dirección y después de atravesar un legajo de papeles ó tarjetas no alcanza á penetrar sino un centímetro en el pecho y no lesiona el corazón: Olro dirije un balazo á la cabeza y la bala se incrusta en la apófisis mastoides, sin penetrar en el cráneo y otros mil casos prácticos que podrían recor- darse. En estos casos es indudable que el peligro para la vida ha sido inminente, y que si la muerte no ha sobre- venido es por un accidente casual, ageno á la voluntad del agresor; hay un verdadero homicidio frustado; por- que esas lesiones son ordinariamente mortales, y el ac- tor al producirlas ni ha podido proveer el obstáculo, ni lia podido desconocer la gravedad de la herida que se ha propuesto producir. Estas lesiones, sin embargo, no importan un peligro para la vida ni para el médico le- gista. De una manera general deberá declararse que una herida lleva peligro para la vida, siempre que interese un órgano esencial á la vida (cerebro, pulmones, cora- zón, hígado, grandes vasos), teniendo en cuenta la direc- ción, profundidad y manera como el instrumento vul- nerante ha sido manejado y las condiciones del sujeto. Pero ex post fado no puede declararse una herida peligrosa para la vida, sino cuando ella ha dado lugar á síntomas que hayan puesto en peligro la vida del indi- viduo; lo que sucederá siempre que haya interesado la herida órganos esenciales y en muchos casos en que va- rias lesiones, cada una de por sí, de poca importancia, reunidas produzcan síntomas graves. § 431—Ensañamiento que aumente el dolor del ofen- dido—El inc. 2o del art. 210 del Dr. Tejedor y el art. 202 de la Reforma, expresan esta circunstancia como 320 agravante dei homicidio y el primero lo hace entrar en la categoría de asesinato cuando concurre este hecho. Todas las heridas y lesiones causan dolor, siendo unas, como las quemaduras especialmente dolorosas. No es á este dolor á que la ley se refiere, ni al dolor espe- cial que en algunos puede producirse por circunstancias especiales. La ley se refiere á dolores intencionales, especialmen- te producidos con el objeto de mortificar al lesionado. Hofmann, trae el caso de un maestro panadero que tuvo una disputa con uno de sus obreros, hombre muy robusto; el maestro fué mordido por el obrero, quien, apesar délos gritos y de la intervención de varias perso- nas, continuó durante varios minutos mordiéndole y mo- liéndole el dedo pulgar, hasta el punto que fué atacado de gangrena y perdido, después de violentísimos dolores. Otro tanto puede decirse de esos asesinatos en que se producen lesiones mortificantes, llegándose á la muer- te después de torturas que no tienen otro objeto que mortificar á la víctima y que constituyen un verdadero martirio. La ley considera, pues, y bien, que todo dolor in- necesario para el logro de los fines del agresor y que se causa en la víctima es un ensañamiento, y una cir- cunstancia agravante del delito. El médico legista debe constatarlo, tarea fácil en la mayoría de los casos, porque para producir esos dolores se producen lesiones especiales, las que por sisólas pue- den constituir delitos posibles de una pena mayor que la agravación que produciría la circunstancia atenuante, en cuyo caso los jueces harán constar estos delitos. § 432—Simulación de las heridas—Las heridas pro- piamente no son susceptibles de simulación; ellas existen ó no. Pero lo que si es frecuente es que un individuo se hiera por imputar el hecho á otra persona, ó que se mantenga abierta una herida ó llaga con un objeto cual- quiera. 321 La aplicación de los mismos principios que hemos sentado al tratar de la simulación de la violación y de los casos de suicidio, aplicados á las circunstancias del caso, que deben ser estudiadas minuciosamente, basta- rán en la mayoria de los casos para demostrar el fraude, aunque muchas veces sea imposible llegar á ello. En el segundo caso el secuestro de la persona, para vigilarla atentamente, y el tratamiento apropiado, ponen en pocos dias de manifiesto la superchería. Al terminar esta sección liaremos notar que el due- lo no da lugar á ocuparse de él especialmente, bajo el punto de vista médico legal, porque las lesiones que los contendientes se infieren, entran en las reglas genera- les que acabamos de tratar y respecto del secreto médi- co hemos dicho ya lo pertinente. SECCION SEXTA las Asfixias § 433—Definición y causas generales de la asfi- xia—Se llama en general asfixia á la muerte ocasionada por impedimento de la entrada del aire atmosférico en los pulmones; esta denominación es impropia, pues la palabra asfixia significa sin pulso (de a, sin y sphixis, pul- so), y sería mas apropiada la palabra apnea (de a sin y pneo yo respiro); pero el uso constante en todos los idio- mas ha consagrado la primera denominación. Algunos autores clasifican las asfixias en dos séries: en una las que resultan de un obstáculo mecánico á la entrada del aire atmosférico, como la estrangulación, sofocación, etc., y en otra las que resultan de la entra- da de un gas impropio para la respiración, ya sea puro ya mezclado con aire atmosférico. Otros autores forman tres grupos: Io causas me- cánicas, tales como la sofocación, que consiste en la oclusión de las vias respiratorias por un obstáculo cual- quiera; la suspensión, que consiste en la oclusión déla tráquea por la gravedad del cuerpo en un cordon arro- llado á la garganta; la estrangulación, que consiste en la compresión violenta de la garganta en cualquier po- sición en que el cuerpo se encuentre; la sumersión, que consiste en la introducción del cuerpo en un medio irres- pirable, mas ó menos líquido ó pulverulento, como el agua, la ceniza, las materias délas letrinas; la compre- sión délas paredes toráxicas que impida el juego de los órganos respiratorios, etc: 2o causas químicas ó que impidan los fenómenos químicos de la respiración, ya porque la circulación se pare ó ya porque la cantidad de sangre que pasa por los pulmones contiene una can- tidad insuficiente de oxígeno, ya porque la sangre no 323 puede tomar en los pulmones el oxígeno necesario por estar ellos llenos de un gas impropio para la respira- ción; esto es lo que sucede en las parálisis del corazón, sea por envenenamiento, por choque ó conmoción, por dege- neración grasosa y por el óxido de carbono y gases mefí- ticos; y 3o causas que obran sobre los centros nerviosos que presiden á la respiración, como son: lesiones del bulbo ó de la médula, mas abajo del origen de los nervios frénicos, la sección de los neumogástricos, la acción de ciertas sustancias que obran paralizando los músculos (curare), ó tetanizándolos (estricnina); ó bien obrando so- bre los centros como el cloroformo, éter y demás anesté- sicos. La enumeración de estas causas generales deja ver el gran número de ellas que puede producir la asfixia; pero nosotros no nos ocuparemos sino de aquellas que pueden ser objeto de casos médico legales, trayendo á es- ta sección la muerte por la acción del frió y calor excesi- vos y por el rayo que producen la cesación déla vida de un modo análogo, esto es, destruyendo el influjo ner- vioso. § 434—Fenómenos generales de las asfixias—Cada género de asfixia presenta fenómenos especiales y carac- terísticos que la determinan; el médico perito está lla- mado en los tribunales á determinar las causas crimina- les, accidentales ó naturales que han producido la muer- te en el caso de que se trata; esto es, á resolver casos determinados; pero es indudable que hay una ventaja en estudirrlos fenómenos comunes á todos los géneros reu- nidos y por separado lo que es especial á cada género. La asfixia se verifica del modo siguiente: al cabo de pocos momentos de estar impedida la entrada del aire respirable en los pulmones, se siente una necesidad impe- riosa de respirar, que se manifiesta por movimientos for- zados y rápidos de respiración, á causa de la irritación que la sangre viciada ejerce en los centros respiratorios, (que es lo que se llama dispnea). Estos movimientos for- 324 zados son en los primeros momentos, principalmente los de inspiración, después vienen pérdida de) conocimiento y convulsiones y coincidiendo con ellos, se presenta el predominio de los movimientos expiratorios durante un tiempo mas ó menos largo, que terminan por una pro- funda inspiración. Sobreviene una paralización de la res- piración, después de la cual se producen una serie de movimientos respiratorios anhelantes, de intensidad de- creciente y á intervalos mas ó menos largos, que con- sisten en inspiraciones profundas y cortas Esta sucesión de fenómenos es constante; la dura- ción de los períodos es variable, según que el obstáculo es mas ó menos completo, según la robustez del sugeto y según la forma de la asfixia. En individuos sanos, ro- bustos y jóvenes, la duración del primer período es de un minuto, el período convulsivo dura otro minuto, la suspensión de la respiración otro, y el último de uno á dos; pero en esto nada puede sentarse como regla fija. En las asfixias instantáneas, como sucede en las conmo- ciones, roturas del corazón, etc., se comprende que estos fenómenos faltan muchas veces ó se suceden con extre mada rapidez. La pérdida del conocimiento que sobreviene por lo general al cabo de un minuto de suspenderse la respira- ción, presenta variaciones notables, según los sugetos, así como las convulsiones, y su intensidad y duración de- penden déla robustez y edad del sugeto, siendo muy dé- biles en los individuos agotados por las enfermedades y demás causas debilitantes. Los movimientos del corazón se excitan en el pri- mer tiempo, se hacen después mas lentos, y con lenti- tud decreciente pueden persistir durante un período mas ó menos largo, de un modo análogo á lo que hemos di- cho tratando de la vida sin respiración de los recien na- cidos. Cuando la asfixia es instantánea, la cara queda en su estado natural, incolora y sin inyección; pero si dura 325 algún tiempo, la cara, los labios y los ojos se inyectan y toman á veces un color violáceo, fenómeno que depende del obstáculo que hay á la vuelta de la sangre hácia el corazón, y es proporcional á la duración del período con- vulsivo y de contractura expiratoriay á su intensidad. Los cadáveres de los asfixiados se enfrian mas len- tamente y la rijidez cadavérica persiste durante mucho mas tiempo que en los otros géneros de muerte. Las li- videces cadavéricas aparecen mas pronto, á causa de que conservando el cuerpo toda la sangre, y en estado líqui- do, se dirije y acumula con mas facilidad en las partes declives, y por la misma causa la putrefacción es mas pronta y rápida en los asfixiados. En los asfixiados se encuentra la sangre de un color oscuro, casi negro, muy fluida y abundante, y aunque es- tos caracteres no son esclusivos déla asfixia se encuen- tran siempre en los asfixiados. Los pulmones presentan un color mas oscuro y con- tienen mas sangre que en los casos ordinarios. La in- yección de la mucosa traqueal, señalada por Casper co- mo un fenómeno constante de todas las asfixias, puede variar desde la inyección arborescente hasta la inyec- ción uniforme y general; su color es rojo bermejo, y no debe confundirse con Ja inyección rojiza oscura súcia de la putrefacción. Los trabajos deDonders y Ackermann sóbrela cir- culación cerebral en Ja asfixia, han dado resultados muy contradictorios; mientras el primero ha observado fenó- menos congestivos, el segundo pretende que hay una ane- mia bien marcada del cerebro. Hofmann se decide por la opinión de Donders, después de la observación práctica de los cadáveres de los asfixiados, en los que se encuen- tra frecuentemente una hiperemia cerebral, sinó constan- te mas común de lo que se había admitido, mientras que la anemia considerable es relativamente rara. Fenómenos semejantes se observan en los órganos abdominales. 326 Otro fenómeno déla mas alta importancia y que ha sido objeto de interesantes discusiones en estos tiempos, es el déla existencia de equimosis sub-pleuríticas ysub- pericárdicas, que aparecen en la pleura y en el pericar- dio, pequeñas extravasaciones sanguíneas que les dan un aspecto de manchas salpicadas, circunscritas de sangre, desde el tamaño de una cabeza de alfiler al de una len- teja y á veces mayores: su número varía mucho desde 4, 8, 20, hasta dar al pulmón un aspecto como punteado ó de mármol, y son mas numerosas en las hojas viscera- les que en las parietales. En los pulmones se encuen- tran mas frecuentemente en las partes posteriores y en los surcos que separan los lóbulos; en el corazón se en- cuentran mas á menudo en lo largo de los vasos coro- narios. Se desarrollan mas fácilmente en los recien naci- dos por la menor resistencia de las paredes de los vasos. Estas equimosis se encuentran en todas las formas de la asfixia y no exclusivamente en la asfixia por oclu- sión de las vías respiratorias, como lo ha pretendía Tar- dieu al principio; pues se han evidenciado en la asfixia por el carbón (Bayard y Faure); por sumersión (Gallard); por compresión del tórax y abdomen (Gros Claude); etc. No faltan sino en casos muy raros y totalmente escep- cionales. Hóaquí como Brouardel reasume el estado actual de la ciencia respecto de tan importante cuestión: Las equimosis sub-pleuríticas existen en tres circunstancias: Ia. cuando hay perturbación de la circulación ó de la respiración; 2a. cuando hay perturbación de la inervación; 3a. en las altera- ciones déla sangre, en los envenenamientos. Mientras que las equimosis han gozado de una reputación in- discutida, varios médicos han reivindicado el honor de haberlas descubierto. Devergie, es el primero que las ha descrito. Ba- yard, las señala igualmente; pero ni Devergie ni Bayard las han interpretado. Tardieu ha tenido el mérito, que nadie piensa con- testarle, de establecer un lazo, una relación entre las equimosis y la asfixia, y esto es tan cierto que en Alemania se han llamado á estas equimosis «manchas de Tardieu». Seguramente en los casos en que la muerte no es debida á la 327 sofocación, se encuentran pocas equimosis, mientras que en la ma- yor parte de los casos en que se constata un número considerable de equimosis, se puede casi siempre con razón pensar en la sofocación, pero no de un modo absoluto. Desde el principio se contestó á Tardieu la existencia de estas equimosis sub-pleuríticas; pero como él io hizo notar juiciosamen- te en esta época, conviene reconocerlas diagnosticarlas antes que negarlas. Por lo mismo que es fácil incurrir en ello, conviene no confundirlas con las equimosis y sufusiones sanguíneas, fenómenos de hipostasis. Las sufusiones sanguíneas son mas largas y difu- sas, desaparecen bajo la influencia de la insuflación, lo que no su- cede en las equimosis sub-pleuríticas. Es preciso desconfiar tam- bién de ese estado particular del pulmón, la antracosis, que forma en la superficie pulmonar manchas negruzcas, tan comunes en los viejos y adultos. Una última causa de error está en la existencia de adherencias pleuríticas, que es frecuente encontrar en las autop- sias; siempre que se las encuentra se puede al romperlas constatar la existencia de pequeñas manchas, susceptibles de confundirlas con las equimosis sub-pleuríticas. En qué circunstancias se desarrollan las equimosis? Verdade- ramente ignoramos su patogenia; es probable que haya en ellas un proceso común que aun no conocemos, por lo que permaneceremos en el terreno de la observación. Las equimosis sub-pleuríticas se producen en los casos señala- mos mas arriba y sobre los cuales vamos á entrar en mas amplios detalles: 1 ° Dificultad en la respiración—Se ha señalado la presencia de equimosis sub-pleuríticas en los casos de muerte violenta, y en primera línea en la sofocación. Pueden faltar aun en los casos en que las condiciones mas favorables á su producción parecen reuni- das. Algunas veces son raras, cuando la sofocación, por ejemplo, de la compresión exajerada de la caja toráxica ó de la pared abdo- minal. Han sido señaladas en la estrangulación. En la suspensión, no se encuentran frecuentemente; pero se las puede constatar á ve- ces, como lo trae Lacassagne y yo mismo las he visto. En la sumer- sión, se las puede encontrar igualmente; apresurémonos á decir que en la inmensa mayoria de los casos faltan. Las equimosis sub-pleuríticas existen, no solo en las asfixias bruscas, sinó también en las enfermedades espontáneas del pulmón y de la circulación; en las bronco-neumonia de los niños (Duquest, Ogston deAberdeen) y en la bronquitis sofocante (Chassaing). Alu- dimos á los niños de algunos meses de edad solamente. En ellos no es muy excepcional ver una bronquitis congestiva pulmonar ex- cesiva traer la muerte en algunas horas. Ahora, estas congestio- 328 nes imprevistas, sftbitas, despiertan á menudo la sospecha mal fun- dada de un crimen; se comprende cuan delicada se hace la misión del médico legista, porque solo una autópsia bien hecha podrá reve- lar la verdad demostrando, junto con las equimosis sub-pleuríticas la presencia de mocopus en los bronquios. Las equimosis sub-pleuríticas han sido señaladas en un caso de bronquitis sofocante en un adulto de 50 años, en la tisis aguda, en la coqueluche (Damaschino), en la difteria, en el crup (Lorain, Lepine), en la sífilis congénita (Lancereaux), en la pleuresía de los niños (Parrot). En suma, todas las enfermedades agudas del pulmón pueden dar lugar á equimosis sub-pleuríticas; y lo mismo todas las enfer- medades de la circulación. Estamos, pues, lejos de poder hacer de las equimosis sub-pleuríticas si carácter patognómico de la muerte por asfixia. Por lo demás en medicina legal como en medicina co- mún no existen signos característicos. 2o Afecciones del sistema nervioso—Se encuentran frecuente- mente en ciertas enfermedades de este sistema, equimosis sub-pleu- ríticas, como son el tétanos, la epilepsia y la eclampsia. Se las puede atribuir en estos casos á la asfixia que acompaña á estas afecciones; pero se las encuentra igualmente en afecciones traumá- ticas del sistema nervioso, y entonces no se puede invocar la asfi- xia como causa de su producción. La hemorragia cerebral está acompañada á menudo de estas equimosis. Cuál es su causa? En las afecciones de que hablamos hay apoplegia, es decir, abolición de todas las funciones, escepto dos, la aspiración y la circulación; sin embargo, si estas funciones subsisten, están por lo menos profun- damente alteradas: la respiración es lenta, penosa, estertorosa; en estos casos las funciones del bulbo parecen alteradas. Laborde, ha buscado cual podia ser la causa de lapro luccion de estas equimosis. Ha visto que picando un punto determinado del bulbo, cerca del origen del neumogástrico, se suspende la respira- ción sin que la circulación sea abolida, y que al mismo tiempo hay producción de equimosis sub-pleuríticas. En las sleiones del sistema nervioso hay igualmente equimosis sub-peritoneales, de los riñones y de la cara inferior del hígado. En fin, se encuentran también hiperemias viscerales. 3 o Alteración de la sangre—Se encuentran equimosis sub- pleurítícas en alteraciones expontáneas como la hemofilia, el escor- buto, la purpura yen enfermedades infectivas como la viruela he- morrágica, el tifus, el cólera, la roséola. En estos casos la muerte es debida con frecuencia á una congestión pulmonar; hay enton- ces dos acciones: intoxicación de la sangre y fenómenos asfíticos, 329 Hay aun las alteraciones de la sangre, consecutivas al envene- namiento por el fósforo, el plomo y la digital. En las alteraciones de la sangre consecutivas á la absorción de la estricnina, déla cicutina se producen contracturas, movimien- tos de expiración muy violentos. No se sabe aun que parte debe atribuirse á la asfixia y que parte á la intoxicación de la sangre en la producción de las equimosis sub-pleuriticas. Estas consideraciones se aplican ñ los adultos y a los niños; pero es preciso notar que en los últimos estas equimosis se produ- cen con gran facilidad. La primera vez que se combatió la teoría de Tardieu, fue por una observación de Casper: Una mujer embarazada de ocho me- ses se había ahorcado y en la autopsia se encontraron los pulmones del feto cubiertos de equimosis sub-pleuríticas. Algún t'empo después Tardieu y Pinard reunieron observacio- nes de niños nacidos con equimosis sub-pleuríticas. Se les puede clasificar en dos categorías: Unos habían sufrido operaciones de obstetricia ó habían nacido después de un parto laborioso y prolon- gado, y se podia invocar la compresión del encéfalo. Pero había otros que no habían de ninguna manera estado en estas condicio- nes y tenían equimosis sub-pleuríticas, hubiesen respirado ó no. Por estos hechos solo, se vó que cuando en un recien nacido ó en un feto se encuentran equimosis sub-pleuríticas, no se está au- torizado á afirmar la sofocación á una muerte violenta. En el último congreso de medicina legal, M. Uubler, cuando se discutió la memoria de Legroux, inspirándose en lo ya hallado, di- jo: es preciso buscar en la producción de estas equimosis una can- sa única que debe existir. Esto puede ser exacto; pero también puede suceder que varias causas conduzcan al mismo efecto. El Dr. Desconts, en sus experimentos, ha tratado de sorprender el momento en que estas equimosis se producen, y ha visto solo que se producen instantáneamente, en masa, y probablemente durante los esfuerzos expiratorios del último tiempo de la asfixia. En resúmen, las equimosis sub-pleuríticas no son característi- cas de ningún género de muerte; son solo mas frecuentes en la so- focación y se manifiestan sobre todo en los niños. Debe determi- narse su valor en cada caso; hay un diagnóstico que hacer y no un signo característico que registrar. De los signos generales que acabamos de enumerar deducen Briand y Chande con Blanchard, la convenien- cia de tener gran cuidado de evitar, durante el trans- porte de los cadáveres, en la posición que se les dá yen las diferentes maniobras a que haya que sugetarseles, to- 330 do aquello que pueda causar alguna modificación en el estado de plenitud ó de vacuidad en los órganos de cir- culación; y será, sin duda, muy conveniente, como úti precaución en todas las autopsias, hacer la ligadura de a tráquea antes de la abertura del tórax, después de ha- ber examinado y descrito minuciosamente el estado ex- terno é interno de la región cervical; para evitar de este modo los efectos de la acción súbita del aire atmosférico sobre el contenido de las vesículas y vasos capilares de estos órganos. § 435—Definición y caractéres—Se dice que hay so- focación siempre que una causa mecánica, que no sea la constricción externa de la laringe ó tráquea, impide la penetración del aireen los pulmones, tapando la boca ó las vías respiratorias, nariz, boca, laringe, tráquea. La sumersión en un líquido es el tipo de la sofocación, pues el líquido se adapta especialmente á his vias aéreas. La palabra sofocación se aplica también á otros es- tados como la falta de aire ventilado, como el encerra miento en un espacio limitado tal como una caja, cofre ó estancia reducida; la compresión del tórax y el abdomen que impide los movimientos respiratorios; la privación de aire y otros estados. Taylor agrupa las variedades de muerte por sofocación del modo siguiente: Io la aplicación exacta de la mano so- bre la boca y la nariz, ó la de un emplasto ó tela sobre las mismas partes, con ó sin compresión simultánea del pecho; 2 o envolvimiento de la cabeza y de la cara en objetos de los vestidos, etc., que detiene la respiración de un modo efi- caz; 3 o la introducción accidental ó forzada de tapones en la boca y garganta; 4 ° una ola sanguínea que entra en la tráquea á consecuencia de una herida grave de la garganta ó de la rotura de un vaso sanguíneo ó de un saco aneuris- ma!; 5 o en las heridas del cuello, cuando la tráquea está completamente dividida, el extremo inferior puede ser atraí- do de manera que se produzca una oclusión del orificio é impida el paso del aire; 6 o la introduce a>n de la cara en el 331 barro, nieve, polvo, cenizas, plumas, afrecho ú otras sustan- cias semejantes, con ó sin compresión forzada del pecho, que acelera mucho la muerte; 7 o la hinchazón ó el espasmo de la glotis producida por el contacto de líquidos corrosivos ó del agua hirviendo; 8 o estados patológicos de la garganta que obran mecánicamente impidiendo la entrada del aire, co- mo la hipertrofia de las glándulas, roturas de abcesos en las amígdalas, derrames de linfa, sangre, pus, etc. La sofocación accidental por la aspiración ó introduc- ción de alimentos en la laringe es relativamente frecuente; en Inglaterra y pais de Gales, durante 1871, murieron por es- ta causa 81 personas. Tayior, para encarecerla necesidad de un examen mi- nucioso en los casos de sofocación para determinar las cau- sas, trae un caso del Dr. Jackson, en el que un hombre de 31 años, fué acostado borracho, después de haber vomi tado, y á quien poco después se le encontró muerto; presentó á la autopsia los caractéres déla asfixia, y un exámen minucio- so hizo descubrir, estendijo sobre la abertura superior déla tráquea, un pedazo delgado y trasparente de peladura de pa- pa aplicado al orificio exactamente como para impedir la respiración. En los niños la sofocación puede producirse por un poroto, una alberja ú otros cuerpos semejantes. Una mujer presa se metió en la parte posterior de la fa- ringe un tapón de algodón. Examinada, sed ¡ó un certifica- do de haber muerto de apoplegía; llevado el cadáver á una clase de anatomía se encontró el tapón que obstruía sólida- mente la faringe y comprimíala laringe. § 436—Signos de la sofocación—Los pulmones están generalmente poco voluminosos; de un color rosado, algunas veces muy pálidos, ofrecen algunas veces un poco de ingurgi- tación en la base y hácia el borde posterior; es decir, no tie- nen generalmente el aspecto que se atribuye á la asfixia. Su superficie presenta las equimosis sub-pleuríticas en abundan- cia; lasque no existen, en general, en los niños cuyos pulmo- nes no han funcionado. Algunas veces presentan un enfise- ma mas ó menos general, que es común á un gran número de 332 asfixias. La mucosa de la tráquea presenta la inyección ro- jo bermeja mas ó menos pronunciada. En los recien naci- dos se encuentran además pequeños derrames sanguíneos en el espesor y la superficie del timo, El corazón no presenta lesiones características, la sangre está fluida y excepcionalmente semi-coagulada. Se encuen- tran equimosis en el pericardio y origen de los grandes va- sos semejantes á las sub-pleuríticas. Los tegumentos del cráneo presentan también equimo- sis punteadas y pequeños focos sanguíneos, muy circunscri- tos, en el tejido celular perióstico. Por último, algunas veces en las conjuntivas y en los te- gumentos de la cara aparecen manchas sanguinolentas y un punteado rojo, que también se encuentra en la estrangulación; y algunas veces hay en el encéfalo inyección venosa. Estos caractéres comunes á todos los géneros de sofoca- ción se completan por los signos especiales á cada género: en la sofocación por oclusión do la boca y la nariz las equimosis sub-pleuríticas son mas marcadas y las sub-pericárdicas y pe- ricraneanas mas raras que en los otros medios de sofocación Se encuentran además, lesiones locales exteriores, como el aplanamiento de la boca y la nariz, sobre todo en los casos de infanticidio, señales de los dedos y de las uñas, de los tapo- nes y de los tejidos aplicados violentamente sobre la boca. En Ja sofocación por compresión de las paredes toráxicas y abdominales, Jas señales exteriores son raras, porque basta una compresión moderada, pero suficientemente prolongada para producir Ja asfixia: los pulmones tienen un aspecto jas. peado y presentan un enfisema estenso; el tejido celular peri- craneano ofrece muchas manchas equimóticas y se encuen- tra con frecuencia un exudado sanguíneo en la superficie de los pulmones, del corazón y de las visceras abdominales. En la sofocación por introducción del cuerpo en el barro, letri- ñas, polvo, etc., se encuentra un enfisema muy marcado, es- puma sanguinolenta en las vías respiratorias y equimosis sub-pleuríticas y peri-craneanas. La existencia de las equi- mosis sub-pleuríticas y la penetración de las materias, en que 333 el cuerpo ha sido hundido, mas allá de la faringe indicau que el cuerpo ha sido hundido vivo, porque después de la muerte los movimientos de deglución no se verifican (Legrand du Sauíle, Matlhysen). En la sofocación por la permanencia en un baúl ú otro espacio confinado ó privado de aire, los pulmones presentan un aspecto jaspeado de manchas de un rojo cereza y numerosos núcleos apopléticos en su espesor y en la superficie: se encuentran además equimosis sub-pe- ricardiacas y peri-craneanas. Las señales que hemos enumerado pueden faltar, si bieu en casos excepcionales hasta el punto de no poderse basar un dictámen médico legal, ó de presentarse la muerte sin causa violenta asignable, ó mejor como si la muerte se hu- biese producido por causas naturales; pero aun estos casos las pruebas concurrentes del proceso, suministran datos que ponen al perito en vías de poder dar un dictámen acertado. Sin embargo, en estos casos el perito debe ser muy cau- to y tener presente que para él las pruebas y los datos son principalmente los que encuentra en el cadáver mismo. El suicidio por sofocación es muy raro; pero no lo es la sofocación accidental, sobre todo en los niños y en los ébrios. Cuando la sofocación accidental ha sido producida por la obstrucción causada por los alimentos, casi siempre, un exá- men atento de las vías respiratorias pone en claro la cuestión- cuando se trata de borrachos ó de sofocación por caídas en cuerpos susceptibles de producirla, la prueba principal se sa- ca de la posición del cuerpo; pero es preciso tener en cuen- ta que esas mismas posiciones pueden haber sido dadas por agentes criminales y entonces hay que tener muy en cuenta las circunstancias del caso. Taylor señala como una causa de sofocación en los ni. ños de pecho la viciosa práctica de ponerles muñecas (chu- pones) con azúcar y otras sustancias para que chupen deján- dolos solos. Los niños hacen succiones fuertes, la muñeca tapa la laringe, el niño no tiene fuerza para expulsarla, ape- sar de las náuseas y de la tos, y perece sofocado (v § 305). § 437--Definición y frecuencia—Se llama asfixia por 334 suspensión al género de muerte ocasionada por el colgameni- to del cuerpo, por el cuello, atado á una cuerda sugeta á un punto fijo, y en el que la fuerza de constricción es la acción de la gravedad sobre el cuerpo. Este medio ha sido empleado en todos los países, hasta una época muy reciente, como suplicio y aun en algunos se conserva, y es una de las formas mas comunes del suicidio en los pueblos de raza sajona; siendo rara como medio de ho- micidio criminal. En Inglaterra de 6,696 suicidios 4,920 fueron cometidos por este medio, y de 1863 á 1867 se dieron así la muerte 2570 personas; en este pais y en los Estados Unidos es el su- plicio ordinario y la imitación explica la frecuencia del sui- cidio en esta forma. Esto, el dicho de las personas que han sido salvadas des- pués de una tentativa de suicidio ó de suplicio y los experi- mentos científicos hechos por Heiclunann y otros en sí mis- mos y en animales, ha permitido un estudio completo de este género de asfixia. § 438—Efectos de la suspensión—La acción de la suspensión produce la oclusión de las vías respiratorias, la interrupción de la circulación de las carótidas y yugulares y la compresión de los órganos del cuello. Esta acción varia según la posición del lazo suspensor. La posición mas general de la cuerda de suspensión es entre la laringe y el hueso hioides, por efecto de la disposición misma del cuello. En esta posición, la base de la lengua es- tá empujada contra la pared posterior de la laringe y las demás partes llevadas hácia arriba, lo que cierra las vías respiratorias y trae rápidamente la asfixia. Al mismo tiem po las carótidas se comprimen, lo que sucede generalmente un poco antes de su bifurcación, y las venas yugulares se constriñen hasta hacerse impermeables; hay, por consiguien- te, una brusca suspensión de la circulación cerebral; la pér- dida del conocimiento es muy rápida, así como los fenómenos consecutivos á la falta de circulación de este órgano. El ner- vio vago, encerrado en la misma vaina que la carótida y la 335 yugular intorna, se comprime, y dada su función fisiológica, moderadora de los movimientos del corazón, debe producir- se la muerte por parálisis del corazón. Lonis ha hecho notar que en algunos ahorcados, la segunda vértebra cervical se disloca, comprime la médula y puede por sí sola causar la muerte. De lo que resulta que la muerte en los ahorcados se verifica no solo por asfixia, sino por la falta de circula- ción cerebral, por la suspensión de la acción de los nervios vagos, y algunas veces por compresión de la médula, pro- ducida por las vértebras cervicales dislocadas, y esto expli- ca la rapidez de la muerte en este género de asfixia, que es mayor que en ningún otro, y la pérdida instantánea del co- nocimiento en los ahorcados, hecho manifestado por todos los que, socorridos á tiempo, han podido ser vueltos á la vi- da y comprobado por la experimentación. Ya Aristóteles ha- bia dicho: quibus in eolio vence aprehenduntur insensibi- les ñunt, hecho comprobado por todos los fisiólogos moder- nos, y es sabido que Trousseau, Parry y otros médicos mo- dernos han empleado la compresión caro tí dea corno medio anestésico. De los experimentos de Tardieu y Fleichmann, resulta que los síntomas se. presentan en dos períodos: 1 ° sensa- ción de mucho calor en la cabeza, fuertes ruidos de oidos, sen- sación de relámpagos; pesadez anormal de las piernas, que parecen haber adquirido un peso extraordinario; desaparece después toda sensación; á veces desde el primer inomento se pierde el conocimiento; este período es muy rápido, de muy pocos segundos: 2 ° contracciones espasmódicas de la fiso- nomía, estrechamiento de la pupila, contorsiones del globo ocular, lo que da á la cara un aspecto horrible; convulsio- nes en todo el cuerpo, principalmente en los miembros infe- riores, después muerte aparente con relajación de los esfín- teres, y en fin muerte real al cabo de un tiempo muy corto; pero muy variable, de 4 á 10 minutos, al cabo del cual algunos han podido ser vueltos á la vida. En los que han podido ser vueltos á la vida se observa, dificultad en la respiración, tos, esputos de sangre, estertores 336 brónquicos, fiebre; estincion do la voz, dificultad en la deglu- ción, pesadez, sensación de frió, punzadas dolorosas en las re- giones próximas al cuello, cara y hombros; algunas veces fe- nómenos de parálisis de la vejiga y del recto. Por ultimo, las seriales dejadas en el cuello por la cuerda suspensora tar- dan mucho en borrarse. Cuando la suspensión ha sido pro- longada los sugetos mueren al cabo de poco tiempo como consecuencia de estas lesiones. § 439—Signos de la suspensión—Los cadáveres de los ahorcados se encuentran en posiciones muy diversas. De 261 casos observados por Tardieu, se han encontrado: Tocando con los piés en el suelo 168 veces El cuerpo descansando en las rodillas plegadas 42 « El cuerpo estendido ó acostado 29 « El cuerpo sentado 19 « El cuerpo encogido 3 « La suspensión puede verificarse en las actitudes mas di- versas, extraordinarias é inesperadas. Unas veces se encuen- tran semi-acostados de lado, otras casi de bruces, tocando con los piés, ó uno de ellos en el suelo, etc. Tardieu, expli- ca la muerte en los casos de suspensión incompleta, por la pérdida rápida del conocimiento, y el cuerpo, hecho inerte, gravita con todo su peso sobre el solo punto de apoyo que le queda; es decir, sobre la parte del cuello rodeada del lazo suspensor. El Dr. Elliott comunicó á Taylor el siguiente caso, ocur- rido en Abril de 1874: Un niño de 11 años, queriendo ate- morizar á sus padres, hizo un nudo á su pañuelo y puso una punta en el pomo de la puerta al pié de la escalera y la otra debajo de la barba, de manera que no rodeaba completa- mente el cuello. Su cadáver fué encontrado suspendido. La presión sobre la tráquea había producido una insensibilidad rápida y la muerte se había producido tranquilamente sin mo- vimiento de lucha. La posición de la cabeza depende de la del lazo suspen- sor; en general se inclina siempre al lado opuesto al que e] lazo forma el nudo que corresponded su atadura fija y en el sentido del eje del asa en que el cuello está liado (Tardieu). 337 La posición de los miembros depende de que la suspen- sión sea completa ó incompleta. Generalmente en aquella es- tán pendientes, en la incompleta pueden afectar las posiciones mas diversas. Ya se encuentran en semi flexión, apoyados en sillas y otros muebles, ya pendientes, etc. Las manos están á veces fuertemente contraidas y las uñas clavadas en la piel. Los signos cadavéricos que deben observarse son: As- pecto exterior general-Ai el cadáver del ahorcado ha sido descolgado poco después de la muerte, su aspecto general es el de los demás cadáveres; pero si ha permanecido algún tiempo suspendido después da la muerte se encuentra en las manos y brazos, y en la parte inferior dé las piernas y piés un color violáceo, total ó parcialmente, como equimosis de ta- maño variable, que resultan de la acción del peso de la sangre, y son por lo tanto, verdaderas livideces cadávericas, están en las partes mas declives. Estas livideces una vez produci- das, son persistentes; y permiten declarar que, el cadáver ha estado suspenso un tiempo mas ó menos largo después de la muerte. Cara—Brouardel, en sus comentarios á Hofmann, dice ha- ber hecho experimentos completos con una cuerda colocada en el cuello, por encima de la laringe, y con un dinamómetro, colocado en el trayecto de la cuerda. 2 kilogramos de trac- ción suprimían toda circulación do las carótidas; 15 kilogra- mos eran necesarios para que la base de la lengua aplicada á la bóveda palatina impidiesen la inyección dé agua por un tubo de cautchuc blando, colocado en la tráquea y laringe; por último, 30 kilogramos suprimían toda circulación en las ar- terias vertebrales. Variando la posición del nudo;'de lado, por ejemplo, se ve suprimirse la circulación carctídea del la- do de la lazada y continuar del lado del nudo; pero la circu- lación por las yugulares se suprime de ambos lados. «Do aquí resulta, que cuan tolas dos carótidas están comprimi- das por un asa simétrica, quo la muerte por suspensión tiene lugar por anemia cerebral y síncope (la cara queda pálida) y que cuando la circulación puede tener lugar por una carótida, cuando ¡a cir- culación de vuelta es imposible por la posición oblicua del asa, la 338 sangre se acumula en el encéfalo y la cara, la muerte tiene lugar por asfixia y no por síncope la cara se pone azulada, cianósica.» «La oclusión de las vías respiratorias varía según la posición del lazo, absoluta en la suspensión completa, puede ser imperfecta cuando los piés ó las nalgas tocan en el suelo, ó cuando el asa es- tá colocada lateralmente»». «Se comprende entonces porque los ahorcados tienen la caraya pálida ya azulada, porque en los unos la muerte es instantánea y lenta en otros; en el primer caso resulta del síncope por anemia cerebral, en el ultimo por asfixia mas ó menos lenta. Es raro que se pueda volver á la vida á los primeros, mientras que en los otros la posibilidad de una especie de resurrección ha sorprendido mu- chas veces á los médicos legistas mas experimentados.» En general, la cara está pálida; aun cuando en el momen- to de la muerte sea pronunciada, después baja, si es descolga- do pronto; pero si permanece algún tiempo suspenso se pone hinchado y toma una coloración violácea que dura mucho en los ahorcados que se pueden volver á la vida y que aumenta cuando la suspensión persiste después de la muerte. Los ojos están como saltados, hinchados á veces; las conjuntivas pálidas en general, presentan equimosis diseminadas, que á veces faltan. Las pupilas están unas veces contraidas, otras dilatadas y otras normales. Los labios presentan saliva desecada ó espumosa espul- sada mecánicamente de las glándulas salivales. Cuello—Los signos mas importantes de la muerte por suspensión se encuentran en el cuello, y especialmente lo es el surco que deja marcado la cuerda, y no podemos hacer na- da mejor que trascribir á Hofmann, el cual resume el estado actual de la ciencia de un modo acabado. En general, el surco pasa transversaímeñte sobre la parte an- terior del cuello entre la laringe y el hueso hioides, sube casi verti- calmente á los clos lados detrás de las orejas, y aun con mas fre- cuencia detrás de las apófisis mastoides, hácia la nuca, sobre laque las extremidades del surco ó se encuentran en la línea media ó se pierden en. las partes cabelludas aiues de alcanzar esta línea. En la parte anterior del cuello la cuerda puede encontrarse tan alta como lo permiten las condiciones anatómicas; es decir, has- ta que lacuen a esté retenida detrás de los ángulos del maxilar in- ferior. Está situada entonces entre la laringe y el hueso hioides, mas raramente encima de este hueso. Excepcioualmente la cuerda 339 puede encontrarse encima de la laringe misma. Esto sucede cuan- do el asa de la cuerda ha sido fuertemente apretada al rededor del cuello antes de que obre el peso del cuerpo, de manera que ella no pueda subir. La gran salida de la laringe, sobre todo cuando está osificada, da algunas veces lugar al mismo efecto. En fin, el asa puede encontrarse sobre la laringe, cuando la cuerda ha sido apli- cada sobre el cuello envuelto en un lienzo, como sucede de tiempo en tiempo, ó protegido por una barba fuerte, y el asa se encuentra así en la imposibilidad de subir. Nosotros no hemos observado el surco sobre la tráquea, por bajo déla laringe, sino una vez en una vieja que habia pasado la cuerda por debajo de un coto quístico vo- luminoso. Estas observaciones concuerdan con las de otros autores. Así el surco se encontró según: Encima dé la laringe Remen 38 veces Devergie 20 veces Casper 59 veces Samson 10 veces Sobre la laringe 7 « 7 « 9 « 3 « Debajo de la laringe 2 « 1 « « « « « No debe olvidarse, para la determinación del lugar del surco es trangulatorio sobre la parte anterior del cuello, que está siempre si- tuado mas bajo en el cadáver en posición horizontal que lo estaba durante la suspensión. Se encuentra muy á menudo el surco sobre la laringe, mientras que, si uno se figura en su pensamiento la posi- ción de la cuerda, se convence en seguida de que el surco ha debi- do estar situado mucho mas arriba. Es preciso tomar en considera- ción este hecho tanto mas cuanto hay menos circunstancias locales, que hubieran podido impedir á la cuerda ocupar una posición mas elevada. La dirección del círculo estrangulatorío sobre las partes latera- les del cuello y sobre la nuca varía según que mierda ha sido apretada ó no al rededor del cuello antes de que el ahorcado haya hecho obrar el peso de su cuerpo. En el primer caso, si se trata de un nudo corredizo, el surco que persiste puede rodear completamente el cuello; es decir, verse en la nuca misma de manera que podría tomarse por un surco de estran- gulatorio por un tercero. Si el nudo no es corredizo ó no ha sido apretado al rededor del cuello antes de la suspensión, no se observa generalmente surco en la nuca, porque las dos extremidades se pier- den en la parte cabelluda de la cabeza antes de alcanzar la línea me- dia de la nuca. La marcha típica del surco es simétrica en las dos mitades; se comprende no obstante, que puede suceder fácilmente y sucede, que las extremidades del asa no se encuentren en la líuea media de la nuca, sinó en las partes laterales. x\si no es raro encontrar las dos 340 extremidades detrás de una oreja y una porción de posiciones inter- medias entre esta y la posición típica. La reunión de las dos extre- midades del surco sé hace excepcionalmente en la parte anterior del cuello. Tardieu ha representado un ahorcado en el que la cuerda ocupa una posición del todo contraria á la que tiene en los ahorca- dos ordinariamente: iba de la nuca á la parte anterior del cuello y Jas extremidades de! asa se reunían delante de la oreja izquierda. Nosotros hemos observado recientemente una marcha semejante del surco en una mujer que se había ahorcado en una posición casi ho- rizontal. Esta posición y la marcha del surco continuado sobre la nuca dieron lugar áuna investigación médico legal. El surco estrangulatorio es, en general, tanto mas pronunciado cuanto el lazo de estrangulación es mas apto para oprimir el cuello: es decir, para hundirse en la piel. Esto sucede sobre todo si el la- zo es delgado y de uniforme grosor. En la mayor parte de los ca- sos se emplean con este objeto cuerdas, y el surco estrangulatorio se presenta entonces en la forma de un surco profundo, estrecho, netamente limitado por dos bordes paralelos y bien distinto de las partes próximas. Cuanto mas delgada es la cuerda, y por consi- guiente cortante, mas estrecho, profundo y marcado es el surco que deja en la piel. Schulze, ha visto un suicida que se habia ahorcado con un alambre; y se ha presentado en Viena, en 1876, un caso en el cual la suspensión tuvo lugar de un alambre de latón. Desgra- ciadamente nos fue imposible examinar por nosotros mismos este último caso; pero es lo cierto que entre todos los instrumentos de suspensión, un alambre es el mas á propósito, un surco estrangu- latorio mas profundo y estrecho: se puede suponer que en este caso la piel haya podido ser cortada y que se pudiera mirar esta herida- como proveniente de una causa del todo diferente. Como la manera de hacer un nudo varia según los oficios, el gé- nero de nudo podrá, hacer conocer el oficio del matador. Distingui- remos'el nudo recto ó plano, el nudo de tejedor, el nudo de marinero y el nudo corredizo. En un caso citado por Tardieu la cuerda no estaba detenida en la viga sinó por una simple lazada, y habría bastado tirar lateral- mente para desatarla; en este caso la cuerda se rompió, con alarga- miento de las fibras que la componían; indicando que la cuerda habia soportado un peso muy grande. (Se hace también el nudo de batelero). Si la suspensión tiene lugar por medio de un trapo ('pañuelo servilleta, corbata) el surco estrangulatorio es tanto mas ancho, superficial y menos netamente limitado cuanto el lazo ha sido mas ancho, llojo é irregular. Si el trapo ha tenido nudos, costuras ú otras partes salientes ó que ceden menos fácilmente, se encuentra 341 más ó menos, en el surco, la impresión de estas partes. Lo mismo sucsde con las espiras, cuando el trapo ha sido retorcido en forma de cuerda. Si se han empleado cuerdas sobre todo nuevas, las es- piras se manifiestan bajo la forma de rayos paralelos y oblicuos, correspondientes á la parte de la piel situadas entre dos espiras prominentes, y por consiguiente cómprimentes de la cuerda. Como no es raro que las cuerdas que se hacen servir para ahorcarse es' tén compuestas de diferentes partes ó que una extremidad de la cuerda haya sido anudada en forma de asa, á través de la cual pasa la otra extremidad: estos nudos se encuentran en el surco é inter- rumpen su uniformidad. En un caso descrito por Tardieu un extre- mo de la cuerda se había pasado por un anillo metálico fijo en el otro extremo y se podia reconocer fácilmente en el cadáver la señal de este anillo. Ademas de las circunstancias que acabamos de citar, la profun- didad del surco depende del peso de! cuerpo del ahorcado y será mas ó menos pronunciado según que el peso del cuerpo haya obra- do por entero ó que haya encontrado un apoyo cualquiera, lo que sucede en los casos, tan frecuentes, en que el punto de suspensión está muy próximo al suelo. El tiempo durante el cual un cadáver ha quedado suspendido no deja de tener influencia en la profundidad del surco. Haremos notar, en fin, que el surco será mucho mas pronuncia- do en la parte anterior del cuello que en las laterales y en la nuca; porque la constricción alcanza su mas alto grado en este lugar, ex- cepto en los casos en que la cuerda está aplicada en la parte ante- rior ó lateral del cuello. En el cadáver el surco de estrangulación ó bien aparece deseca- do y apergaminado y presenta entonces una coloración que tira al amarillo oscuro ó rojo oscuro, ó bien está blando y ofrece entonces una coloración de un azul sucio, ó el color ordinario de la piel un poco mas pálido. La consistencia apergaminada y momificada del surco no se presenta sinóen el cadáver y es, por lo tanto, un fenó- meno cadavérico. Pero exije para producirse ciertas condiciones que hacen posible esta desecación post mortem. Entre estas condi- ciones figura en primera linea la escoriación de la piel al nivel del surco. Por este hecho, el dermis, puesto al descubierto, se deseca como las demás escoriaciones de la piel, caractéres que se presentan sobre todo cuando el ahorcado se ha servido de lazos Asperos que cortan y desuellan la epidermis, y por consiguiente muya menudo cuando la suspensión tiene lugar por medio de una cuerda nueva* Esta desecación apergaminada es bastante regular; pero mas pro- nunciada en la parte anterior del cuello donde la constricción ha si- do mas fuerte. La desolladura de la epidermis y la fuerte compre- 342 sion ds la piel, espliean como el surco se deseca y apergamina poco después de la muerte. La piel se hace anémica, los líquidos de,esa parte se esprimen, de lo que resulta que este surco, esprimido aun después de la muerte se deseca mas pronto que la piel vecina; y por la misma razón el estado apergaminado se encuentra mas veces cuando los lazos son delgados, como sucede con las cuerdas. Lo coloración azulada, escura ó clara y anémica, se encuentra en el surco blando, cuando el surco ha sido hecho con lazos anchos ó gruesos, como trapo, etc., sin escoriación de la piel ni fuerte com- presión. La coloración blanca es debida a la anemia producida por la compresión de la piel: la coloración azulada no es sino un grado mas avanzado de este síntoma de compresión y aparece en parte porque la piel se adelgaza y los músculos se hacen muy visibles por traspa- rencia y en parte porque la piel comprimida y condensada toma un color gris azulado, como puede uno convencerse por medio de expe- rimentos. (§ 276) Entre el surco blando y el seco apergaminado hay una variedad de formas intermedias, y sucede á menu- do, sobre todo cuando se han empleado trapos arrolla- dos, cinturones, tit antes, correas, etc , que el mismo sur- co presenta partes blandas y partes secas, de manera que parece de trecho en trecho. Cuando el surco aparece netamente en la piel no desaparece aun cuando el cadáver permanezca acostado mucho tiempo ó entre en putrefacción; pero los surcos blandos y mal limitados, sobre tode los producidos por telas de lana, puede desaparecer completamente en el cadáver, de manera que no se encuentren ni señales de él. Si el suicida ha tenido un objeto corno punto de apoyo después de la muerte, y el cuerpo no gravita con todo su peso el caso precedente es mas fácil. El surco escoriado y comprimido puede encontrarse blando aun cuando el puede no desecarse en el aire hú- medo y no se deseca en el agua, y aun un surco deseca- do se reblandece por la acción del agua ú otro líquido. El surco puede faltar cuando entre la cuerda } el cuello ha}7 interpuestas, telas ú otros objetos blandos. 343 Kn el tejido celular subcutáneo debajo del surco ra- ramente se encuentran equimosis y si algunos autores decían que la coloración de la piel del surco estaba mo- dificada por equimosis, era porque tomaban el estado azul parduzeo del surco sin equimosis, y porque hacían el examen después que el cadáver había estado mucho tiempo suspendido y tomaban por equimosis lo que no es sino una hipostasis cadavérica. Se encuentran, aunque raras veces, equimosis deba- jo del hundes y o ti as partes del cuello, cuando al tiem- po de la suspensión se han ejercido tracciones violentas ó por efecto de una caida de un lugar elevado, se ha producido una violenta sacudida. El tejido celular sub-cutáneo, debajo del surco se encuentra formando una señal blanca nacarada ó mate, según que el surco es apergaminado ó blando, y su for- mación se explica del mismo modo que el apergamina- miento del surco. Los músculos del cuello pueden presentar las seña- les del surco y algunas veces se encuentran como moli- dos; pero se comprende que para esto es necesario una gran fuerza. Tampoco es frecuente encontrar fracturado el hio- des, si bien algunas veces se observa, cuando se ha pro- ducido gran fuerza, por lo que los autores indican este signo como de presunción de homicidio. Un signo de gran importancia es el indicado por Arnnssat en 1828 en las carótidas: su membrana interna se encuentra rota un poco por abajo de la bifurcación, con un córte limpio, el borde inferior pegado á la arte- ria y el superior doblado y empujado hácia arriba. Es- te corte se produce por la compresión y el empuje sobre la arteria. Este signo falta muchas veces, puede existir en una arteria y no en la otra: cuando existe puede afir- marse que ha habido suspensión, si bien cuando falta no puede afirmarse que no la ha habido. La dislocación de las vértebras no se produce sino 344 por el empleo de una fuerza violenta sea de fracción ó de proyección desde un lugar elevado y es poco frecuente. Partes genitales— Antes sedaba gran importancia á la erección del pene y evacuación del esperma como sig- no déla suspensión; pero se ha demostrado que, si bien, el fenómeno es frecuente, puede producirse por la mera suspensión de los cadáveres, y que puede explicarse co- mo un fenómeno hipostádco el de evacuación y por la re- lajación de los enfínteres la eyacnlacion. Los demás signos son los de la asfixia en general; los pulmones prseenlan pocas equimosis sub-pleuríticas en los adultos. Taylor y Felowly insisten en el signo de la tuerte congestión en la mucosa del estómago délos ahor- cados, congestión que lleva en muchos á hacer creer que haya habido envenenamiento por sustancias irritantes. Lacassagne y Laborde lian comprobado las observaciones de los médicos ingleses en varias autopsias y experi- mentos. Los grandes vasos y las cavidades derechas del co- razón se encuentran distendidas perla sangre en laque se encuentran á veces coágulos poco consistentes. El cerebro no está por lo general congestionado: los vasos intracraneanos están ordinariamente vacíos y ajila- nados, y la sangre no afluye en estos casos al cerebro hasta que se coloca el cadáver horizontalmeute. § 440—La muerte ha sido causada por la suspen- sión, ó bien la suspensión ha tenido lugar estando vi- vo el sugeto?—Esta cuestión tan frecuente como difícil, se presenta, porque en muchos casos, producida la muer- te por otros medios, los criminales suspenden los cadáve- res para hacer creer en un suicidio. Entre otra multi- tud de casos traídos por los autores exírangeros jiuede ci- tarse uno ocurrido en 1873 en el distrito del Carrizal (Llanos de la Rioja): un joven llamado Reinoso filé muer- to de una pedrada en la cabeza por un cuñado suyo, que decía haberle dado por reprenderle. Tres dias después fué encontrado el cadáver colgado de un algarrobo y se 345 probó en el juicio que no había habido suicidio por la existencia de la lesión del cráneo, por la falta de signos de suspensión durante la vida y por las pruebas ordina- rias de la causa. Esta cuestión requiere mucha sagacidad por parte del médico perito, el cual debe siempre investigar si hay los signos aparentes de otras causas de la muerte, los que no faltan casi nunca, cuando realmente la suspensión ha te- nido por objeto hacer perder la pista á la justicia. Sin negar la dificultad de la cuestión, cuando faltan otros signos además de los de la suspensión, debemos ha- cer notar que en esta como en otras muchas cuestiones médico legales los autores exageran Jas dificultades, y llegan á producir el excepticismo como criterio de la prueba médico-legal, privando á la justicia de su ayuda poderosa. Se engolfan en las posibilidades de reprodu - cir ciertos signos por la experimentación del anfiteatro, olvidando la observación directa de los casos prácticos é indubitables, que á cada pasóse producen, y no se tiene en cuenta que los criminales están muy distantes de po- nerse en las condiciones que en el anfiteatro se producen. Así la sección de las túnicas internas de las caróti- das pueden producirse, es cierto, sobre el cadáver; pero en condiciones tales que es casi absurdo presumirlas eri los casos comunes. Lo mismo puede decirse de las equimosis. Si bien es cierto que en un cadáver recien muerto pueden produ- cirse equimosis, es lo cierto que la extravasación no está coagulada en el cadáver, como lo prueban los experimen- tos de Duvergie, Orfila y Cristison. Por consiguiente, es- tos dos signos deben considerarse como de gran proba- bilidad, sino de certeza absoluta. La luxación y fractura de las vértebras pueden pro- ducirse después de la muerte; pero las extravasaciones que las acompañan indicarán si han sido producidas ó no durante la vida. De menos valor son los signos de los órganos geni- 346 tales, evacuación de las orinas y materias fecales; por- que ja hemos dicho que estos fenómenos deben reputarse como hipostáticos y de relajación de los esfínteres; sin embargo, Mata, suspendiendo cadáveres no pudo obte- ner evacuación de esperma. El surco estrangulatorio puede producirse después de la muerte. Neyding ha constatado 25 veces sobre 301a existencia de pequeñas extravasaciones sanguíneas visi- bles al microscopio al nivel del surco, en los casos en que este ha sido producido durante la vida. Breraen, ha contestado la importancia de este signo diciendo que se produce igualmente en el cadáver. Hofmann y Ney- dinghan constatado que cuando el surco es doble se for- ma entre ias dos vueltas un pliegue mas ó menos ancho y mas rojizo que las partes vecinas, en el cual se en- cuentran los vasos muy hinchados y*extravasaciones san- guíneas, fenómeno que no se produce después de la muerte. En el § 439 hemos visto la importancia déla dirección del surco. El surco horizontal es propio déla estrangulación, el inclinado de la suspensión, salvo las excepciones allí señaladas. La posición de la lengua, los órganos respiratorios y circulatorios, suministran signos no costantes y comu- nes á otros géneros de asfixia. El cerebro puede presentarse inyectado por haber entrado la sangre después de poner en posición horizon- tal el cadáver y como un fenómeno hipostático. Pero cuando existen los signos de la suspensión, y hay además equimosis superficiales y profundas, extrava- saciones é infiltraciones de sangre coagulada en el te- jido celular ó en los músculos de la región cervical, es- puma sanguinolenta en las vías respiratorias, infiltración general en los pulmones, etc.; el conjunto no peimite dudar al médico legista medianamente práctico é ilustra- do. Los casos en que haya una duda irresoluble serán muy raros, esto sin contar con los signos de otra causa 347 de muerte si la hay, como la estrangulación, el envene- namiento, etc. Opinamos con Mata, que cada signo aislado nada significa; pero que del conjunto de ellos resulta demos- trada y á veces con evidencia, esta cuestión. § 441—¿La muerte ha sido por homicidio ó por suicidio?—Esta cuestión, grave y difícil, se presenta con mucha frecuencia. Preciso es decir que las dificultades emanan mu- chas veces de que los médicos peritos no proceden en los reconocimientos y autopsias como es debido. Hof- mann refiere el caso de un individuo que fue encontra- do ahorcado de un techo y estaba tan alto que era muy difícil bajarlo, se encontró mas espeditivo echarlo al sue- lo y se produjeron así lesiones considerables. Muchos son los casos producidos en que se encuentran lesiones producidas por la impericia en el modo de proceder. El médico en cuestiones de esta gravedad é impor- tancia debe ser siempre previsor, prudente y sugetarse estrictamente á las reglas de la ciencia. Mata, hace notar, y con razón, que el conjunto de la prueba délos autos suministra frecuentemente datos suficientes para que los jueces resuelvan por sí mismos la cuestión, y que en la generalidad de los casos, en el conjunto de los signos se encuentran datos suficientes para adoptar una convicción. La suspensión es raramente empleada como medio de asesinato y frecuente como medio de suicidio, por con- siguiente, si hay signos de que se haya empleado esta violencia se tiene ya una presunción de suicidio; puesta difícil que una persona adulta se deje ahorcar sin resis- tencia. La posición del cuerpo suministra otra presunción La suspensión incompleta es propia del suicidio, los ase- sinos no eren jamás colgar á sus víctimas bascante alto ni bastante fuerte y la suspensión incompleta les pare- cería insuficiente. 348 Las señales de la suspensión después de la muerte indican por sí solas la existencia de un crimen anterior á la suspensión, y deben estudiarse con especial esmero. Requiere una atención especial la apreciación de las lesiones causadas durante la vida; pues puede bien suce- der que el ahorcado se lastime en objetos salientes, en las convulsiones de la suspensión, y aunque ello sea muy ra- ro, es posible. Cuando se encuentran fracturas del hioi- des ó de la laringe, dislocación ó fractura de las vérte- bras, es probable el homicidio, porque estas lesiones su- ponen el empleo de una fuerza de que no es capaz el que se suicida (Briand); á no ser que se haya precipitado de un lugar muy elevado; ó en condiciones particulares, co- mo poniendo un sobrepeso en los piés. Las circunstancias del hecho y del sugeto: si el lu- gar en que ha sido atado el lazo suspensor es accesible ó no, la disposición de los objetos vecinos, si el lazo em- pleado ha podido estar en posesión del ahorcado, como ha sido fijado al rededor del cuello y de qué manera ata- do; la situación de espíritu, el carácter, los motivos que han podido impulsar al sugeto, son según Tardieu de un valor secundario; pero no puede negarse su importancia y que muchas veces son de un valor decisivo. § 442—Examen de los cadáveres ahorcados—Debe empezarse por constatar la posición del cuerpo y de sus partes; el modo de suspensión, el lazo, el nudo y aspec- to exterior del cadáver y de los vestidos y la posición de los objetos vecinos. Se descolgará el cadáver con gran cuidado de no producirle ninguna lesión, desatando el lazo por el nudo superior ó cortándolo mas arriba del asa estrangulatoria; según las circunstancias, mantenien- do el cadáver en la posición que tenga; se pondrá so- bre una camilla, angarilla ú otro objeto á propósito» cuidando de que quede siempre la cabeza mas elevada que el re*sto del cuerpo, para trasportarlo á la mesa de autopsia, teniendo cuidado de que no se produzcan mo- vimientos bruscos. Se desnudará el cadáver con sumo 349 cuidado, haciendo constar las particularidades que haya en los vestidos, placas de esperma, manchas de sangre, etc., y en el cuerpo del ahorcado, eyaculacion de esper- ma, equimosis, etc. Deben practicarse en el cuello dos incisiones circulares que no interesen mas que la piel, de modo que quede la impresión intacta; entre las dos inci- siones se disecará esta piel con sumo cuidado de atrás adelante y se constatará el estado del tejido celular sub-cutáneo. Este, los músculos, los cartílagos y el hioides deben ser desecados con sumo cuidado y esmero, des- cribiéndose en el informe toda particularidad que se note. Se debe también tomar el pene y estrujar el canal de la uretra de la raiz al glande, para obtener el esperma si lo hubiese. Este y las manchas deben ser examinadas al microscopio. En todo lo demás se procederá como en las autop- sias ordinarias. CAPITULO TIRC1R0 LA ESTRANGULACION [*] § 448—Definición, modos y causas de la muerte— La estrangulación es el género de asfixia que se produce aplicando una fuerza directamente al derredor del cue- llo ó en su parte anterior, con el objeto de impedir la entrada del aire en los pulmones. Bajo el punto de vista médico-legal conviene hacer una distinción fundamental. Los modos de estrangula- ción pueden ser referidos á dos principales: 1 ° por una cuerda ú otro cuerpo semejante; 2° por medio de las manos ó aplicación directa de cuerpos mas ó menos blan- dos, sea continua, sea intermitente. En el primer caso la muerte se produce del mismo modo y por las mismas causas que en la suspensión; en el segundo la muerte se produce como en la sofocación, sobre todo cuando la mano se ha aplicado de manera que no ha comprimido sino las vías respiratorias ó ha comprimido de una manera incompleta, intermitente y prolongada; contribuyendo á la muerte la compresión de los vasos del cuello y la excitación de las ramas periféri- cas del neumogástrico. Sin embargo de esta semejanza, no es conveniente tratar de ambos modos en cada similar; porque bajo el punto de vista médico legal hay una distinción muy im- portante. Mientras la suspensión es un medio muy co- mún de suicidio, la estrangulación es propia del homici- dio y son muy raros los suicidios cometidos por este medio, aunque algunos se producen (§ ). No es menos importante la distinción bajo el punto de vista de los signos que dejan, pues una estrangulación por la mano, a) v. §. 306. 351 puede no dejar otros que los propios de la sofocación, mientras que la estrangulación por la cuerda deja ras- tros muy visibles. En ambos modos la muerte se produce de un rá- pido y seguro con pérdida casi instantánea del conoci- miento. § 444—Estrangulación por medio de la cuerda— Este género de estrangulación se produce con una cuer- da, una correa, trapos retorcidos ú otros medios seme- jantes. En España, el garrote se dá con una argolla de acero que se aprieta por medio de un tornillo sugeto al palo del cadalso. En Inglaterra hubo una banda de criminales que usaban una cuerda que comprimían dan- do vueltas á un palo, y por esto se llamaron garrotea- dores. Es común también dar una vuelta al cuello y tirar de los dos extremos de la cuerda en sentido opues- to; es mas rara la estrangulación por el nudo corredizo. Tanto como la aplicación del lazo en la suspensión se encuentra entre la laringe y el hioides, en la estran- gulación por una cuerda es común hallarla sobre la la- ringe y la tráquea misma; sin embargo, se suele encon- trar mas elevado. La dirección del surco estrangulatorio es casi hori-; zontal y un poco inclinada hácia abajo; pero puede en- contrarse en todas direcciones y á veces se puede encon- trar en una dirección muy parecida á la de la suspensión, lo que sucede cuando la cuerda ha sido tirada hácia arriba, levantando ei cuerpo al mismo tiempo. La concordancia entre la forma de Ja cuerda y la del surco es menos que en la suspensión. Taylor, re- fiere que á causa de la tensión extrema con que fué aplicado un pañuelo de seda floja se produjo una estre- chez particular en el surco. En el lugar del nudo ó cru- ce de la cuerda se encuentra un ensanchamiento del surco. La enorme fuerza que puede desarrollarse con el garrote explica que se encuentren á veces, la tráquea, la laringe, los músculos, vasos y demás tejidos de la par- 352 te anterior del cuello rotos ó desgarrados y las vérte- bras cervicales dislocadas ó fracturadas. Esta misma fuerza explica que no solóse halle en los estrangulados espuma sanguinolenta en las vías respi- ratorias, sino que se produzcan verdaderas y abundantes hemorragias. Taylor ha recogido interesantes observa- ciones de hemorragias por la boca, la nariz y aún por los oidos, con rotura del tímpano. La mucosa de la laringe y de la tráquea está mas ó menos congestionada, de un rojo uniforme, algunas ve- ces violáceo. Los pulmones están con frecuencia ingur- gitados; pero pueden encontrarse aun en estado nor- mal. Las equimosis sub-pleuríticas son raras; pero existe casi siempre un enfisema pulmonar, debido á la rotura de las vesículas superficiales del pulmón, lo que le dá un aspecto particular y al tacto se siente desigual. El corazón y el cerebro nada presentan de caracte- rístico y constante. La posición del cuerpo puede ser cualquiera: en el suelo, sobre una silla, en la cama, en pié. Es, sin em- bargo, de la mayor importancia determinarla porque pue- de suministrar mucha luz sobre el modo de producirse la constricción. Así, cuando se echa una cuerda al cue- llo á una persona sentada en una silla, el surco tira há- cia abajo y atrás y la fuerza aplicada puede ser muy grande. La eyaculacion del séinen se verifica constantemente. § 445—Estrangulación por medio de las manos— Este género de asfixia presenta caractéres en cierto mo- do específicos y que raramente íaltan. Puede hacerse de tres maneras: tomando al sugeto y apretando todo el cuello contraun cuerpo resistente, por ejemplo, una pared; apojando la palma de las manos contra la parte posterior ó las laterales del cuello y aplicando los dedos sobre la tráquea ó laringe ó sobre ambas, y tomando con una sola mano vigorosa la parte anterior del cuello, abarcando la tráquea, laringe y ór- 353 ganos próximos del cuello y comprimiéndolas fuertemen te. Según todas las referencias mas probables, D. Valen tin Videla, Gobernador de San Juan, asesinado en 1873, fué cogido así de la garganta y cayó exánime después de sacudirlo lateralmente tres ó cuatro veces el asesino, antes de producirle las demás lesiones que se le encon- traron. En el primer caso se agrega á la compresión de las vias respiratorias la aplicación de la base de la lengua contra la pared posterior de la faringe; porque al mismo tiempo que se oprime, se empujan hacia arriba los órga- nos del cuello. La compresión brusca y pasagera de la laringe pue- de traer la pérdida del conocimiento, y según Casper, hasta la muerte, aun que esto suceda poco. Hofmann trae en apoyo de esta posibilidad el pre- sente caso. En Enero de 1877, una mujer fué sorpren- dida en su almacén por un individuo que la asió brusca- mente del cuello, la tiró al suelo, tomó el dinero que había en el cajón y huyó. Algunos instantes después la mujer fué encontrada sin conocimiento, y vuelta en sise acordaba de todos los detalles de su aventura hasta el momento en que fué asida del cuello y declaró que des- de ese momento habia perdido el conocimiento, sin sen tir ansiedad ni dolor. No se encontró ningún signo de compresión prolongada; de manera que en ese caso la compresión brusca de la laringe no la asfixia habia determinado la pérdida del conocimiento. El mismo autor deduce de esto la inverosimilitud de un suicidio por las manos; si un individuo es capaz de comprimirse el cuello hasta perder el conocimiento, in- terrumpiendo esto la acción de las manos, debe restable- cerse al momento la respiración. No se conoce un caso en el que semejaute tentativa, que es frecuente en los lo- cos, haya sido seguida de éxito La estrangulación por las manos deja en el cuello equimosis y escoriaciones cuyo sitio, dirección y forma 354 deja impresa la mano del asesino, sus dedos y uñas del modo mas notable Estas impresiones son primero rojizas, después se po- nen violáceas y mas tarde azuladas, y pueden contarse y distinguirse los dedos que lian sido aplicados, las posicio- nes relativas de la víctima y del asesino, y si este era zurdo. La mano mas generalmente empleada es la de- recha ó la (pie deja impresiones mas profundas. La lucha con el asesino y las compresiones respecti- vas explican; porque en la generalidad délos casos no se encuéntrala impresión de una mano ó de ambas únicas, sino varias impresiones á veces sobrepuestas y de natu- raleza diferente, arañazos, desolladuras, etc. Encuéntranse también equimosis en el tejido celular sub -cutáneo y órganos sub-yacentes, y muchas veces frac- turas de la laringe y del hioides; las primeras situadas casi siempre en el cartílago cricoides. Es frecuente encontrar en este género de asfixia se- ñales de violencia fuera del cuello, contusiones, araña- zos, etc., y muchas veces de la compresión del pecho por la rodilla, y Ja impresión de botones de camisa en el cuello. § 445—Signos comunes de la estrangulación—El signo común á los dos modos de estrangulación mas re- saltante es la facies de las víctimas. La cara está tu- mefacta, violácea, como marmórea; alteración que se presenta tanto mas marcada cuanto mas ha resistido la víctima, y por lo tanto se encuentra menos marcada en la estrangulación por la cuerda, sobre todo si ha sido instantánea y por sorpresa y en el infanticidio y muy mareada en la estrangulación por las manos. Las con- juntivas, la caía y el cuello, y á veces el pecho se en- cuentran sembradas de equimosis pequeñas, punteadas, que se producen en las condiciones mas favorables en la estrangulación por las manos, porque en ella la asfixia desempeña el principal papel. 355 La lengua está ordinariamente sacada, entre los dientes, ó apretada contra las arcadas dentarias. Se presenta en ambas formas la espuma rojiza ó san- guinolenta en las vías respiratorias, y los signos gene- rales de las asfixias, además de las señales de lucha y lesiones fuera de los signos de estrangulación. § 447—Estrangulación incompleta— Se encuentra en ella la cara tumefacta, violácea, lívida; pérdida del co- nocimiento mas ó menos durable, la espuma rojiza sa- liendo por la boca y la nariz; los ojos inyectados y equi- mosis en las conjuntivas; el .cuello hinchado y doloroso; la voz cascada, ó hay afonía, la deglución penosa ó im- pedida; equimosis, desolladuras ó impresión délas li- ñas, y á veces la inflamación de las partes comprimi- das. Después de la curación pueden quedar perturba- ciones nerviosas variadas, á veces la locura, y pertur- baciones en la fonación y deglución. Los garroteadores ingleses suministraron numerosos ejemplos de asfixia incompleta. § 448—¿La estrangulación ha tenido lugar duran- te la vida?—Esta cuestión se resuelve por la existencia de lossignos internos y externos de la estrangulación; algu- nos de los cuales es imposible producir deanes de la muerte; tales son: el estado de los pulmones, y de la trá- quea, la espuma sanguinolenta en las vías aéreas, las equimosis punteadas de la cara, cuello y pecho y el es tado de los ojos. Las equimosis del cuello pueden producirse en un cadáver recien muerto; según Casper si la fuerza se apli- ca seis horas después de la muerte no puede reproducir- se ningún signo de estrangulación durante la vida. Se- gún Taylor es dudoso que puedan reproducirse al cabo de una hora, y el período dependerá de la rapidez con que se enfria el cadáver. Es preciso tener en cuenta, que si es difícil conce. bir una estrangulación sin violencia, ella puede producir- se sin dejar señales apreciables. En la ludia se produ- 356 ce la muerte aplicando al cuello, con una fuerza gradual, una banda ancha de una tela elástica y blanda. Un sistema parecido empleaban en Inglaterra los garro tea- dores, para robar; produciendo las estrangulaciones com- pleta é incompleta, según el tiempo que aplicaban la banda. Es aplicable á esta cuestión cuanto hemos dicho so- bre las circunstancias de la suspensión (§ 440), y sobre el modo de notar y apreciar todos los signos y la investiga- ción de otras causas de muerte. El estudio del surco estrangulatorio, sobre todo, de- be ser objeto de una atención especial: él puede dar la prueba de este género de muerte en circunstancias difí- ciles y aun después de la combustión del cuerpo del es- trangulado. El Dr. Schuppel trae un caso de su práctica digno de atención. En Agosto de 1869 se incendió una choza en la que estaban en aquel momento un hombre» su mujer, un hijastro de diez años de edad y un niño re- cien nacido. El hombre se escapó con el niño y dijo que su mujer y el hijastro habían salido de la casa antes del incendio. Esto era falso, sus cadáveres fueron encontra- dos considerablemente quemados. Se sospechó el incen- dio criminal y el asesinato, y los restos de las víctimas fueron examinados por el Dr. Schuppel. En los restos quemados del cuello del niño había una depresión hori- zontal, que rodeaba la mayor parte del cuello, del an- cho de un cuarto de pulgada y presentaba una superficie lisa, del todo distinta de la piel hendida, cubierta de ve- sículas y carbonizadas, que estaba encima y debajo, además la lengua salia fuera de la boca. De este esta- do del cuello y de la lengua, dedujo el Dr. Schuppel que el niño había muerto de estrangulación, que el lazo habia sido aplicado al cuello durante la vida, y que ha- bía sido quemado con el cuerpo. El hombre fue recono- cido culpable del asesinato de su mujer y de su hijastro y pocos dias después se suicidó, ahorcándose en la pri- sión. Habia incendiado la casa para ocultar su crimen 357 El cuello quemado del niño con su impresión estrangu- latoria se conserva en el museo de la Universidad de Tubingen (De Tajlor). Debemos advertir, á este propósito, que el médico perito, cualesquiera que sean las circunstancias; no está autorizado á declarar que la estrangulación es la causa de la muerte, sino encuentra señales claras y evidentes producidas por la estrangulación. § 449—¿La estrangulación es suicida ú homici- da?—El suicidio por estrangulación por medio de una cuerda es posible, como lo es por suspensión; pero es ra- ro. Por medio de las manos hemos dichoya que no ningún caso constatado (§ 445). Aun del primer modo es difícil y exige una cierta habilidad y premeditación por parte del suicida. La solución de la cuestión debe buscarse principal- mente en las circunstancias del hecho. Se debe sospe- char el suicidio si el lazo pertenece á la víctima, si hay vueltas múltiples al rededor del cuello, si no hay otras lesiones, ni señales de lucha en el cadáver, en sus ves- tidos ni en los objetos vecinos. El exceso de fuerza empleado y que desgarra la piel produce equimosis muy intensas y profundas, fractura el bioides, la laringe y tráquea es un indicio importan- te del homicidio, porque la pronta pérdida del conoci- miento excluye el empleo de una gran fuerza y sobre todo en continuidad. Por regla general los asesinos emplean un exceso de fuerza y cuando tratan de simular un suicidio toman precauciones inverosímiles en los verdaderos suicidas y olvidan detalles esenciales. Así una mujer que habia si- do enfermera de hospital y tenia costumbre de arreglar cadáveres, después de estrangular á la victima, la aplana los vestidos, le estira las piernas, las manos abiertas y vueltas hacia afuera, en todo una actitud inverosímil. Otro coloca el extremo de la cuerda en la mano izquier- 358 da de un sugeto que no es surdo, sin dejar cuerda libre para que las dos manos puedan obrar- En todos demas detalles debe tener en cuenta cuan- to hemos dicho respecto de la suspensión (§ 441). CAPITULO 2UÁM0 la SUMERSION § 450—Definición y causas de la muerte—Se di- ce que hay asfixia por sumersión cuando el agua ú otro líquido, cualquiera tapando las vias aéreas, impide la res- piración. Los líquidos en que la sumersión se verifica mas generalmente son el agua y las materias de las letrinas; se verifica con frecuencia en el barro y en los recien na- cidos en las aguas del ámnios mezclada con sangre y en las vasijas de servicio: entre las materias sólidas la ha- rina, la arena, la ceniza han producido algunos casos de asfixia por sumersión y se registra un caso de un niño, que escondido en un granero, fué asfixiado por el trigo en que quedó envuelto. De todos modos estas diferentes materias, y espe- cialmente las líquidas, tapan las vias aéreas, permitién- do algunas salir el aire contenido en los pulmones, co- mo el agua; pero no la entrada. La muerte sobreviene por asfixia, por síncope, por conmoción cerebral y apoplegía, ó por un estado mixto de estos diversos modos. Cuando un sujeto cae al agua y no sabe nadar, ó sabiendo se ha causado ó por otro motivo no nada, con- servando el uso de sus facultades, hace esfuerzos para salir á la superficie por medio de movimientos instinti- vos, al llegar á la superficie abre la boca para respirar, pero al mismo tiempo que entra aire entra también agua, pues la boca está también al mismo nivel del li- quido; y una cantidad de agua se introduce en la glotis- La necesidad de respirar se hace cada vez mas fuerte á cada ascenso y descenso, el sugeto se agarra á todo lo que se le presenta, á las paredes, plantas, etc. y á 360 cada ascenso traga mas agua y menos aire, hasta que queda entre dos aguas y ya el agua sola penetra en las vias aereas, una parte 4 aire que hay en el pulmón se vé aparecer en la superficie del líquido y otra que- da en los pulmones y la tráque: mismo tiempo la so- breviene una sensación de delirio particular, zumbidos de oidos y después la sensibilidad, sucumbiendo el su- geto por asfixia en un tiempo que es proporcional a la edad, constitución y fuerzas del sugeto. Si el sugelo no puede salir á la superficie después de caer al agua, se ven salir algunas burbujas de aire y el agua hace el ofi- cio de un tapón perfecto, sobreviniendo la asfixia mu- cho mas rápidamente. Cuando los ahogados vuelven en sí, ninguno recuerda haber padecido desde que se inter- ceptó el paso del aire de un modo perfecto; itero has- ta entonces dicen haber sufrido tormentos horribles. La muerte viene por conmoción cuando, al caer, el sugeto sufre un choque violento contra el fondo, contra una peña ú otro objeto ó contra la superficie misma del agua. El síncope puede venir por el terror como por el choque ó el espasmo ó la caída. La impresión del frió y la contracion de los tejidos superficiales hacen refluir la sangre á los órganos inter- nos, y este reflujo puede ir hasta la apoplegía, la que se observa frecuentemente en el invierno, durante la digestión y en los embriagados. Se comprende que estas diversas causas pueden com- binarse de diferentes modos y producirse la muerte por su conjunto de un modo mas ó menos rápido. La muerte en los ahogados sobreviene en un pe- riodo variable, cuyo término medio es de cinco minutos. El corazón continúa latiendo después de la completa suspensión de la respiración apagándose gradual y len- tamente. § 451—Signos de la sumersión—(§ 307). Pueden di- vidirse en externas é internas. Las primeras son: Lafrial- 361 dad notable del cadáver, debida á la sustracción del ca- lórico por el líquido; y tiene lugar sea que el sugeto haya sido arrojado al agua vivo, ó ya cadáver. La palidez general del cuerpo es un fenómeno co- mún; sin embargo, se pueden encontrar los cadáveres rosados ó lívidos, y á veces hasta placas rosadas ó violá- ceas detrás de las orejas, en los muslos y otras par- tes; cuando el cadáver permanece mucho en el agua, siendo la cabeza mas densa, se vé aparecer la coloración lívida en ella como un fenómeno hipostático. La carne de gallina es un fenómeno constante en los ahogados, aunque puede existir en otros géneros de muerte, y es debido á la retracción de las Abras mus- culares que hace sobre-salir los folículos pilosos y glán- dulas de la piel, y es probable que este fenómeno sea producido durante la vida. lia cara se presenta tumefacta, rojiza, lívida, los párpados entreabiertos, rara vez cerrados; las pupilas dilatadas; la boca cerrada ó entreabierta; la lengua en- tre los dientes ó apretada contra las arcadas dentarias. En la boca y la nariz, sobre todo cuando el cadá- ver ha permanecido mucho en el agua y la temperatu- ra es elevada, se vé aparecer una espuma blanca jabo- nosa de que vamos á ocuparnos. Los dedos presentan á menudo escoriaciones en sus extremidades y cara dorsal, cieno y arena entre las uñas y á veces algas y otros vegetales, entre ellos, lo que indica la lucha del sugeto contra la muerte, su llegada al fondo, frote contra las paredes y que ha hecho mo- vimientos paiaasir los objetos que ha encontrado. La retracción notable del pene ha sido señalada por Casper y Kankler, y el primero lo hace un signo propio de la sumersión durante la vida. Los signos internos son mas variables, según la causa que ha producido la muerte. Así se encuentran los signos propios de la asñxia en general, los de la apoplegia ó unos y otros reunidos. 362 Hay un fenómeno que es característico de la sumer- sión, aunque á veces falta en algunos ahogados, y es la presencia en las vias aéreas de una espuma blanca, de burbujas finas, jabonosa y á veces teñida ligeramen- te de sangre. Esta espuma se forma por los esfuerzos del ahogado para respirar, lo que produce la mezcla de agua, aire y mucosidad bronquial, que constituye la espuma. Este fenómeno ha sido mofivo de vivas discusiones y de experimentos de resultados contradictorios, y el motivo de esto ha sido no fijarse los autores en la cau- sa de la muerte, ó en el tiempo trascurrido desde ella. La espuma puede desaparecer al cabo de cierto tiempo y no escontrarse en la autopsia, lo que no permite afir- mar que no haya existido. Las observaciones directas sobre cadáveres huma- nos en la Morgue, por Duvergie, durante once años, confirmadas por las de Bergeron y Montano en el mis. mo establecimiento permiten sentar como reglas fijas las siguientes: 1. a La muerte por asfixia sola (25 por 100 de los ahorcados) presenta constantemente la espuma en las vias aéreas hasta en las últimas ramificaciones de los bronquios. Esta persiste durante mucho tiempo y sil co- loración y cantidad dependen de la congestión del pul- món y de los esfuerzos hechos por los ahogados para respirar. 2. a La muerte por asfixia y síncope ó por asfixia y congestión cerebral (mas del 60 por 100 de los ahoga- dos), presenta también la espuma en una cantidad pro- porcionada á la parte que en la muerte tiene la asfi- xia; y no es preciso para que ella se forme que el ahogado suba á la superficie para respirar, la cantidad de aire contenida en' el pulmón hasta para formarla (Casper, Faure, Soc, médico quirúrjiea de Londres.) 3. a En los casos en que la muerte es debida sola 363 al síncope, á la conmoción ó á la apoplegía, la espu- ma falta. Por consiguiente la espuma en las vias aéreas debe ser mirada como c.aracterísca de la asfixia por sumer- sión, y su presencia suministra una prueba suficiente para afirmar este género de muerte (Taylor y con los autores citados todos los modernos) La espuma no puede contundirse con los esputos de los catarros, porque no contiene, sino un poco de moco y no se adhiere jamás á las paredes de los bron- quios. Pocas veces se encuentra en las vias aéreas barro, arena, restos vejetales, sinó cuando el cadáver ha per- manecido mucho tiempo en el agua, pero excepcional- mente las ha encontrado Duvergie. Mas frecuente es encontrar materias alimenticias en estado mas ó menos avanzado de digestión. Expulsadas estas por los esfuerzos de tos y enérgicas espiraciones de los últimos momentos, vá junto con el agua y aire aspirados á las vias aéreas. Según Orilla esta es una prueba de la sumersión du- rante la vida, por que los movimientos necesarios para que se produzca el hecho, no pueden verificarse después. Mata hace observar á este respecto, que á menudo se encuentran en la glotis de los ahogados, (pie presentan signos de putrefacción, materias alimenticias, que son ar- rojadas del estómago por las gases y pueden fácilmen- te entrar en la glotis; fenómeno que debe tenerse pre- sente. Los pulmones de un color gris sucio ó violáceo) están voluminosos, edematosos, infiltrados de agua, du- ras }r crepitantes bajo el dedo; no se recojen cuando se abre el tórax y resisten á la presión de los dedos; al corle fluye un líquido espumoso, rojizo; y se distin- guen con la lente vesículas llenas de aire de un diá- metro considerable con otras finas que dejan paso al líquido. Según Bergeron y Montano los pulmones pueden 364 ofrecer todas Jas coloraciones posibles desde el gris ro- sado normal al color esplénico, el color gris rosado, se encuentra poco y se observa sobre todo en el infan ticidio (Casper); el color casi normal se observa cuan- do la muerte ha venido por síncope; eJ color oscuro con congestión predomina en la asfixia, y la intensidad del color varia según los esfuerzos hechos por el sugeto para resistir. Se encuentran a veces manchas de Tardieu, y otras verdaderas sufusiones sanguíneas, menos coloradas, pero mas grandes y difusas que aquellas. La sangre se encuentra en los ahogados de un color rojo de cereza y de una notable fluidez; á veces, sin embargo, se ha notado que en las cavidades del corazón derecho y en los grandes vasos había coágulos mas ó menos abundantes, pero solo cuando el sugeto había permanecido algunos momentos debajo del agua. Hasta ahora ningún autor había tratado do explicarse estos fenómenos hasta que el Dr. Brouardel publicó en 1880 su trabajo sobre la sumersión. Este sabio profesor asociado al Dr. Videri emprendió una série de observaciones, de grandes resultados mé- dico legales, que pueden resumirse así: 1. La gran fluidez de la sangre de los ahogados se debe á la absorción del agua por la mucosa respiratoria y algún tanto por la piel. 2. Cuando la muerte por sumersión es prolongada se absorve una gran cantidad de agua que puede llegar al tercio del volumen total de la sangre, y no se forman coágulos en el corazón. 3. Cuando la sumersión es rápida la absorción es poca ó nula. 4. A menudo se producen en los ahogados pequeñas hemorra- gias capilares en el parenquima pulmonar y en los alvéolos; esta sangre es la que dá el color rosado á la espuma que sale por los orificios respiratorios. La sangre transformada por el agua, trasuda á través de los vasos con mucha facilidad, y cuando la putrefacción gaseosa de los intestinos sobreviene y expulsa la sangre de las partes profun- das hácia los miembros, la que colora rápidamente lás vainas vas- culares, el tejido celular que rodea los vasos y hace difícil o im- posible la determinación de las contusiones y sufusiones sanguíneas que acompañaran á la muerte. 6.° Si el cadáver tiene heridas, la sangre fluye con gran faci- 365 lidad y puede creerse que el ahogado acaba de ser echado al agua, con heridas recientes, cuando en verdad ha estado algunas horas ó dias en ella. 7. Cuando la muerte es rápida y el ahogado no ha venido á respirar á la superficie, las lesiones no difieren de la sofocación en las materias pulverulentas ó medios irrespirables no tóxicos; pue- de haber coágulos y equimosis subpleuríticos, mientras que en la sumersión lenta hay sufusiones anchas, menos coloradas. 8. La alteración de la sangre y de los alveolos debe explicar el he2ho de que algunos ahogados no pueden vivir apesar de que se haya podido provocar en ellas durante varias horas una respi- ración aparentemente normal. 9. El estado de los pulmones, que el autor propone llamar en- fisema acuoso, no se conserva en las que hay una putrefacción avan- zada; los líquidos de los pulmones trasudan en las pleuras y las vesículas aplanadas vuelven al estado fetal. En esto desaparece la espuma. 10° La presencia de glóbulos sanguíneos en la espuma, en par- ticular la que ocupa los bronquios finos, prueba que la espuma que sale fuera de la boca y de la nariz del ahogado, tiene su origen en los alvéolos pulmonares; y en contra de la opinión de Orilla y Pior- ry su presencia no prueba que el ahogado haya venido á respirar á la superficie. 11° El conjunto de estos signos permite determinar las circuns- tancias en que el ahogado ha perecido. Si hay coágulos cardíacos, la sangre no está fluida y hay manchas de Tardieu, no hay apa- riencia de enfisema pulmonar acuoso, se podrá decir que el ahoga- do no ha luchado con la muerte; la causa de esto debe determinar- se: embriaguez, conmoción cerebral, etc.; pero no se podrá excluir la muerte por sumersión. Si los pulmones están infiltrados de agua, si las equimosis sub- pleuríticas son anchas, poco aparentes, si no hay coágulos cardiacos se puede concluir que la muerte ha sobrevenido después de una lu- cha masó menos instintiva, que ha permitido que sorbos sucesivos se renueven en la tráquea y sean absorvidos por la mucosa pul- monar. En el estómago de ios ahogados suele encontrarse una cantidad de agua, que no pasa de un litro según Tardieu. Se ha pretendido que la presencia del agua en el estómago era un signo de sumersión durante la vida, porque el líquido no puede entrar en el estómago sin ó por movimientos de deglución. Cuando la cantidad de liquido es poca y se mezcla con los alimentos es difícil 366 distinguir si es agua entrada con los alimentos ó en la sumersión. La teoría de Casper y de los autores france- ses, que relacionan este hecho con el de la respiración prévia en el infanticidio, no es admisible en nuestro dere- cho, como hemos dicho en su lugar. Una ligera capa de moco en las vías respiratorias y en el exófago basta- para impedir la entrada del agua en el estómago y en los pulmones después de la muerte. § 452—¿La sumersión se ha verificado durante la vida?—Por mas que se exagere la dificultad de resolver esta cuestión la verdad es que, por lo general es muy fácil resolverla por el conjunto de los signos que acaba- mos de estudiar; y especialmente cuando existen la es- puma en la tráquea y en los bronquios, presencia de agua en el estómago y en las vias respiratorias; cuando los ca- dáveres no están aun podridos. El perito debe además tener en cuenta el modo co- mo se ha encontrado el cadáver, la naturaleza del agua-* el fondo del lugar, sus circunstancias, buscará si hay ó no otras causas de la muerte, y todos los hechos que hemos indicado al tratar de las demás asfixias. § 453—¿La sumersión es homicida, suicida ó acci- dental?—La sumersión ¿accidental es harto frecuente, sobre todo en las temporadas de baños. Es frecuente el suicidio por este medio, casi tanto, como la suspensión, y no es coman el homicidio en tal forma. Esto constituye una presunción muy vaga. La exis- tencia de lesiones extrañas á la sumersión, golpes, heri- das, etc., son una presunción mas grave; pero no abso- luta, porque hay suicidas que se infieren heridas graves y acuden á la sumersión, después de varias tentativas; siu embargo, el lugar de las lesiones, su forma, etc., su- ministran indicaciones importantes para determinar si son producidas por tentativas de suicidio, choques sobre piedras ú objetos encontrados al ser el cadáver arras- trado noria corriente ó caído de una altura considerable. Duvergie, concluye de sus investigaciones que, en 367 los casos de ausencia de señales de violencia en un aho- gado, se debe pensar en un suicidio ó en un accidente mas que un asesinato; porque en general, no es fácil arro- jar un hombre al agua, sin una lucha que deja al menos algunas señales; y por último, la sumersión es un me- dio empleado mas bien para deshacerse de un cadáver, que de asesinato. En esta cuestión, como en su si mil de la suspensión las circunstancias del hecho, la prueba délos autos pue- de dar mucha luz, y como en aquella se necesita mucha sagacidad y circunspección para.apreciar los hechos. § 454—¿Cuánto tiempo ha estado el cadáver en el agua?—La duración de la permanencia en el agua del cadáver de un ahogado se deduce de las alteraciones que produce en el cuerpo su permanencia en el agua y de los fenómenos de putrefacción cadavérica. El factor principal osla temperatura, que se combi- na con la acción del agua y del aire atmoférico, cuando el cuerpo se pone en contacto con este. El agua tria conserva bastante los cadáveres, que mientras permanecen en ella se conservan mucho; pero sacados del agua la putrefacción es tanto mas rápida cuanto la sumersión ha sido mayor. Los tratados de medicina legal reproducen cons- tantemente los trabajos de Duvergie á este respecto; pe- ro ellos no son aplicables, sino para el pais en que es- tán hechos y cuyo clima no encuentra su similar entre nosotros, sino en zonas al sur de Buenos Aires, relativa" mente despobladas, y no servirían tomadas como norma en la basta estension de territorio de la República, sino para inducir á errores graves. Cadáveres de gentesque han perecido entre las nie- ves de la Cordillera.se encuentran en la época del des- hielo en un estado de conservación admirable; llegado el deshielo el sol del diaesmuy fuerte, pero la irradiación nocturna es tan fuerte que detiene inas ó menos la putre- facción y esta se prolonga durante épocas muy largas; 368 mucho mas si los cadáveres caen en las pequeñas lagu- nas que se forman en los lugares altos de la Cordillera. Por el contrario, en los climas húmedos y cálidos, desde Tucuman al Norte, los cadáveres de los ahogados, aun en invierno sobrenadan á las pocas horas y los fenó- menos de putrefacción se manifiestan con mucha ra- pidez. Las bastas salinas del interior, que se explotan por los comarcanos, han dado lugar á observar que los fe- nómenos de putrefacción se retardan notablemente, y se varían en mucho de los tipos clásicos, sobre todo en los sugetos y animales que se han ahogado en invierno, cuando la evaporación concentra mucho las sales, y las lluvias faltan, pues solo se producen en el período esta- cional de la primavera al otoño en esos lugares. Los cadáveres se presentan meses enteros sin presentar fenó- menos de putrefacción, sobre todo, en las extremidades, que se imbiben de agua salada hasta el punto de evitar aquel fenómeno, y á veces se incrustan y quedan en- vueltos en sal, cuando han caido en las orillas ó en luga- res de poco fondo, y estos se secan en los meses de Ju- nio á Agosto. Al sur de Catamarca hemos visto un burro pequeño, cuyas ancas presentaban el aspecto de un jamón sobre- salado; las partes estaban completamente secas; las ore- jas presentaban la consistencia de pergamino muy grue- so, ríjidas y duras, el vientre estaba como aplastado, seco y todos los órganos del interior aun no desecados; pero ninguno podrido. El animal había entrado en el agua en lugar de poco fondo y había caido en un hoyo hacía mas de tres meses, y allí se había salado al evaporarse las aguas, retiradas mas de cuadra y media, de donde se hallaba al encontrarlo cubierto con una gruesa capa de sal cristalizada. Así, pues, es preciso tener en cuenta que los traba- jos de Duvergie, que vamos á extractar, no pueden servir sinó como indicaciones de la marcha general de los fe- 369 nómenos; pero que la duración de los períodos es muy variable. Duvergie no pudo tener en cuenta variaciones de temperatura de 2o á 43 centígrados como se observan en laRioja, Catamarca y Santiago con una atmósfera ex- tremadamente seca; temperaturas muy elevadas en zonas húmedas como las de Corrientes, y tan frias como las de las Cordilleras en invierno. Se comprende toda la importancia práctica que ten* dria recoger observaciones en las diferentes provincias. En un cadáver reciente la observación debe dirijirse principalmente al estado de la epidermis de Jas manos y de los piés. Al cabo de dos ó tres horas de sumersión la epidermis se presenta descolorida, hinchada y arrugada. Se estiende este estado progresivamente á la palma de la mano, hinchándose cada vez mas, tornando el aspecto de la creta y se desprendo del dermis al cabo de 5 á 8 dias. Los fenómenos característicos de la sumersión, perma- necen en el cadáver durante muchos dias, hasta quince si la temperatura es muy baja, pocos si la temperatura es eleva- da (2 á 3). En los climas cálidos del Norte, persistirán un dia? En el aire estos fenómenos pueden persistir algunos dias en el invierno; en el verano; dice Duvergie; los signos de la sumersión durante la vida no pueden ser comprobados, tan rápida es la putrefacción gaseosa. Duvergie trazó el cuadro siguiente de las alteraciones de los cadáveres de los abogados; pero es preciso tener en- cuenta que tuvo por base observaciones hechas en un invierno rigoroso (1829) y que el mismo advierte que en verano 3 á 8 horas de permanencia en el agua equivalen á 3 á 5 diasen invierno. En esa misma estación 24 hs. « « 4 « 8 « « « « « 4 dias « «15 « « « « « 10 á 12 dias « « un mes ó 6 semanas Las estaciones medias producen resultados también me- dios. 370 Cuadro de los cambios en los cadáveres de los ahogados EN INVIERNO, SEGUN DUVERGIE Durante los tres primeros dias—No hay alteración con pocas diferencias. De tres á cinco dias—Rigidez cadavérica; enfriamiento del cuerpo; no hay contracciones musculares bajo la influen- cia del fluido eléctrico; la epidermis de Jas manos empieza á ponerse blanca. De cuatro á ocho dias—Flexibilidad de todas las partes; no hay contracciones; empieza á blanquear la epidermis del dorso de la mano; epidermis de las palmas de las manos muy blanca. De ocho á doce dias—Mayor flacidez de todas las par- tes; empieza á blanquear la epidermis del dorso de la mano; cara reblandecida y de un color mas pálido que el resto del cuerpo; color blanco de la superficie plantar de los piés. Hacia los quince dias—Cara ligeramente hinchada y ro- ja; matiz verde de la parte media del esternón; epidermis de las manos y de los piés enteramente blanca; las manos em- piezan á plegarse; el tejido celular sub-cutáneo se colora en rojo. Al mes próximamente—Cara roja oscura; párpados y labios verdosos; placa rojo oscura rodeada de un tinte ver- de en la parte anterior del pecho; epidermis de los piés y de las manos muy blanca y plegada como por cataplasmas emo- lientes; tejido celular muy rojo en las partes invadidas por la putrefacción. A los dos meses próximamente—Cara azulada verdosa, enormemente hinchada; labios voluminosos, separados; boca abierta que deja ver los dientes: pelo poco adherido; epider- mis de las manos y de los piés desprendida en parte; uñas adheridas todavia: la coloración verde se estiende á los hom- bros y á los costados del abdomen, y se reúne á otra colora- ción verdosa desarrollada aisladamente en las ingles; los ór- ganos huecos distendidos por los gases; tejido celular rojizo muy infiltrado. A los doce meses y medio—Epidermis de las manos y de 371 los pies y uñas desprendidas; uñas de los piés adheridas aún: la coloración verde invade los miembros. En la mujer saponificación del tejido celular sub-cutáneo en parte de la cara, cuello, manos, parte anterior de los muslos é ingles, se adelanta esta saponificación á causa de tener mas grasa que el hombre. A los tres meses y medio—Destrucción parcial del cue- llo cabelludo, párpados y nariz. Saponificación parcial de la cara, cuello é ingles; corrosión y destrucción de la piel en diversas partes del cuerpo; epidermis y uñas de las manos y de los piés completamente desprendidas; los pulmones no ocupan ya sino una parte del pecho. A los cuatro meses y medio—Desprendimiento y des- trucción de la casi totalidad del cuero cabelludo; saponifica- ción total de la grasa del cuerpo, cuello, ingles y parte ante- rior de los muslos; principio de saponificación de la parte an- terior del cerebro; piel de un color opalino; incrustaciones calcáreas en los muslos; cráneo desnudo, principia á ponerse frágil. Pasada esta época, no es posible ya indicar ni aproxi- madamente los fenómenos característicos de los periodos si- guientes: Los periodos indicados varían según la edad, el sexo, la constitución; siendo mayor la tendencia á la saponificación en los individuos jóvenes y gordos. El exámen del cadáver debe hacerse inmediatamente de sacarlo del agua, y aun dentro de ella en cuanto se pueda, si el cadáver tiene ya algunos dias. Al sacarlo hay que ha- cerlo con mucho cuidado; pues se puede modificar su estado y aun producir lesiones que no existen é inducir en error (véase § 468). Los datos trascritos nunca son una prueba cierta sino una mera presunción, y mas entre nosotros, que no tenemos observaciones propias á nuestros variados climas. OAPmO QUINTO Asfixia por gases irrespirables § 455—Clasificación de los gases irrespirables — Lacassagne los divide en cuatro grupos: 1 ° Gases simple- mente asfixiantes, aquellos, que en una atmósfera limitada, se sustituyen al oxígeno como al nitrógeno, el hidrógeno, el hi- drógeno proto carbonado; 2 o Gases irritantes, que irritan é inflaman las mucosas, provocan las lágrimas, latos, etc.; co- mo el cloro, el amoniaco, y los vapores nitrosos; 3 ° Gases anestésicos que obran especialmente sobre el sistema ner- vioso como estupefacientes ó anestésicos como el ácido car- bónico, el hidrógeno bicar-bonado y todos los anestésicos; y 4 o Gases flemáticos, que obran sobre los glóbulos sanguí- neos. El estudio médico legal de los efectos de estos gases es hecho por algunos clásicos en la toxicologia; pero otros tratan en este lugar de aquellos cuyos accidentes asfiticos son mas frecuentes, y nos parece mas metódico, para reunir en una sola sección los géneros de muerte similares ó que por tales se tienen por el vulgo. Raramente se presentan puros estos gases y vamos á estudiarlos como ellos producen ordi- nariamente los accidentes que interesan á la medicina legal. § 456—Asfixia por los gases que resultan de la combustión del carbón—La asfixia por el ácido carbóni- co y el óxido de carbono, puede producirse por la combus- tión de toda clase de carbones y de las brasas; y es un me- dio de suicidio frecuente, especialmente para las mujeres. Los vapores que se desprenden de la combustión del carbón tienen un olor desagradable y se componen principal- mente de óxido de carbono y ácido carbónico, cada uno de los cuales es un veneno enérgico; pero especialmente el pri- mero que obra desoxidando la sangre y puede ocasionar la muerte por su presencia en el aire en la proporción de 4 á 5 373 por ciento. La asfixia por el ácido carbónico puro es rara; solo se observa en las bodegas de vino, cerveza y cidra en fermentación, en los pozos y en los lugares cerrados donde se juntan muchas personas y por la combustión lenta de maderas empotradas en las paredes. Los síntomas que producen los vapores resultantes de la combustión de los carbones son: pesadez de cabeza, ce- falalgia, sensación de presión en las sienes, zumbido de oidos, vértigos y tendencia al sueño: después debilitamiento físico, náuseas, á veces vómitos, marcha vacilante, como en la em- briaguez; mas tarde perturbaciones de la vista, pérdida de la sensibilidad, resolución muscular, la respiración se ami- nora y llega á ser estertórea, los latidos del corazón se hacen desordenados, ansiedad, angustia; los latidos del corazón, el pulso y los movimientos respiratorios van debilitándose, el asfixiado cae en un coma profundo y viene la muerte, con ó sin convulsiones. Un obrero jóven, llamado Deal, se asfixió por el carbón, y tu- vo la idea de dejar escritas sus impresiones: «He creído, dice, que seria útil por interés de la ciencia conocer cuáles son los efectos del carbón sobre el hombre. Coloco sobre una mesa una lámpara, una vela y un reloj y principio la ceremonia. Son las 10 y 15 minutos: acabo do encender mis braseros: el carbón quema con dificultad—10 horas 20 minutos; el pulso en cal- ma no late mas veloz que de ordinario—10 horas 30 minutos: un vapor denso se estiende poco á poco en mi cuarto: mi vela parece próxima á estinguirse: empiezo á tener un violento dolor de cabeza, mis ojos se llenan de lágrimas; siento malestar general; el pulso está agitado—10 horas 40 minutos: la vela se ha apagado, la lám- para arde aún; las sienes me laten como si las venas quisieran rom- perse; tengo ganas de dormir; sufro horriblemente del estómago; el pulso dá 80 pulsaciones—10 horas 50 minutos: me ahogo; ideas es- trañas se presentan á mi mente; y puedo apenas respirar; no pue- do mas; tengo síntomas de locura—10 horas 60 minutos: no puedo ya escribir; mi vista se turba, mi lámpara se apaga; yo no creia que se debiese sufrir tanto para morir 10 horas 62 minutos... (Hay algunos caractéres ilegibles). El aspecto del cadáver varía según que la asfixia ha sido rápida ó lenta. En el primer caso, sobre todo si el cuerpo se examina poco después de la muerte, la cara está 374 pálida, las mucosas muy descoloridas, los músculos conser- van su flexibilidad, la sangre está de un color rosa vivo ó bermellón, y se observan en la piel de las manos, del vien- tre y del pecho unas plaquitas rojizo rosáceas, que son ca- racterísticas de esta asfixia (Orfila, Divergie). Si la asfixia ha sido lenta y la autopsia se hace tarde; la cara está roja, hin- chada, los ojos vivos y brillantes, las orejas violáceas; las placas rosáceas de la piel son mas grandes y mas oscuras que en la asfixia rápida, la sangre está también mas oscu- ra; la rijidez cadavérica es tal, que Marge ha dicho, aunque un poco exagerado, que se puede levantar el cuerpo comple- tamente tieso, tomándole por las extremidades. En todos los casos la digestión se suspende, dato que debe tenerse en cuenta para determinar la época de la asfixia, el calor per- siste mucho tiempo, la putrefacción es mas lenta que en ningún otro género de muerte. En la autopsia se encuentra la sangre muy ñuida y muy coagulable; su color persistente, rojo de bermellón, es debi- do, según Claudio Bernard, á la afinidad especial de los glóbulos sanguíneos por el óxido de carbono, y da al espec- troscopio el espectro de la sangre arterial. El pulmón está rojo; no se encuentran en él núcleos apopléticos como en los estrangulados, ni equimosis sub-pleuríticas, como en los sofocados. Las mucosas del tubo digestivo están rojizas; el cerebro no presenta nada de particular en la asfixia rápida; está congestionado en la asfixia lenta. § 457—Cuestiones médico legales relativas á la as- fixia por el carbón—Además de la cuestión relativa á si hay o no asfixia por el carbon, lo que se resolverá por el exámen del cadáver, por la inspección del lugar en que se ha producido, la capacidad de esta y cantidad de carbon quemado ó de gases que en la pieza han entrado, pueden presentarse otras de interés jurídico. Ia. ¿Para que haya asfixia, es necesario que la pie- za EN QUE SE VERIFICA LA COMBUSTION ESTE COMPLETAMENTE cerrada?—El óxido de carbono, agente principal en este género de muerte, tiene una densidad de 0.967; se eleva y 375 ocupa las capas superiores de las habitac'ones; si la perso- na está colocada sobre el brasero recibe y aspira un aire muy cargado del óxido de carbono; por ambas maneras pue- de sucumbiese apesar de haber aberturas en las habitaciones, si estas no son suficientes para producir una renovación ac- tiva del aire. Así se ven ocurrir con frecuencia asfixias en las cocinas, en laboratorios y talleres, de aderezo de telas, apesar de estar preparados para evitar este accidente. 2a. ¿La CANTIDAD 1)E CARBON CONSUMIDO HA PODIDO PRO ducir la asfixia?—Esta cuestión se resuelve de un modo aproximado por datos numéricos. Para que el aire de una habitación se haga irrespira- ble es preciso que contenga un centesimo ó mas de óxido de carbono: debe calcularse el volumen de la habitación y deducir de él el volumen aproximado de los muebles en ella contenidos; en seguida, conocida la naturaleza del carbón consumido, puede calcularse el volumen de óxido de carbo- no y ácido carbónico producido, quemando un peso conoci- do del mismo carbón y pesando sus cenizas, y calculando el carbón quemado en el caso por las cenizas obtenidas y las que son residuo del quemado para producir la asfixia. Según Lebran: 1 kilogramo de brasa hace irrespirables 25 metros cúbicos de aire. En este cálculo hay que tener en cuenta la naturaleza del carbón empleado, las brasas de horno son las mas perjudiciales, por ser las que producen mas óxido de carbono. Se comprende que si hay solo dudas, sobre si las cenizas encontradas, en un brasero, por ejemplo, estaban ya en él antes de intentarse la asfixia, el cálculo, ni aun aproxi- mado, es imposible. Tratándose de otros cuerpos, como ve- las, lámparas, etc , el cálculo es mas fácil y aproximado. 3a. ¿Cuanto tiempo es necesario para producir la asfixia?—Esta cuestión no puede resolverse, sino en vista de las circunstancias especiales de cada caso. Debe tenerse en cuenta la naturaleza del carbón empleado, la rapidez de la combustión; la capacidad, forma y aberturas de la habita- ción; la situación de la persona con relación al foco de com- bustión y á las aberturas. Algunos hechos parecen indicar 376 que las mujeres resisten mas, y menos que los hombres. El síncope puede retardar también la asfixia de un modo no- table. Otras muchas circunstancias pueden influir, que no son posibles de preveer y que el médico perito tendrá que to- mar en cuenta. 4a. ¿De dos personas sometidas a una misma atmos- fera VICIADA POR EL CARBON PUEDE LA UNA SOBREVIVIR A LA otra?—Los casos de suicidio doble y la del asesinato por la acción del carbón pueden traer esta cuestión. Puede alegar- se lo primero, ó pretenderse que, habiendo ocurrido un acci- dente, una de las personas ha sobrevivido y la otra no ha po- dido resistir. La solución debe buscarse en que una de las personas ha estado cerca de alguna hendidura, que ha podido produ- cir una corriente entrante de aire, que ha podido mantener la respiración en un estado mas ó menos completo, hasta que ha cesado la combustión, y debe tenerse en cuenta que esto puede suceder en personas que están acostadas en una misma cama, pues tales corrientes pueden ser de poco volii- men. La posición relativa de la persona y de la corriente, puede tener suma importancia en una cuestión tan delicada como la propuesta. 5a. ¿El peligro es el mismo cuando el individuo so- metido Á LA ACCION DE LOS VAPORES DE CARBON ESTA EN EL SUELO, EN UNA CAMA Ó EN UN LUGAR ELEVADO?—La SOludOll en este caso debe buscarse en las leyes físicas. El óxido de carbono es menos denso que el aire, al producirse está ade- más caliente que el aire ambiente se eleva y acumula, por lo tanto en la parte superior de la habitación. El ácido car- bónico, si bien es mas denso que el aire está caliente al pro- ducirse y se eleva también en la habitación. Al cabo de algún tiempo, que depende de la temperatu- ra ó mejor de la rapidez del enfriamiento del ácido carbóni- co en la región superior, el ácido carbónico baja á la región inferior de la pieza, por su mayor densidad, el óxido de car- bono permanece en la región superior. Mas tarde se verifica la mezcla por difusión, y ácido car- 377 bonico* óxido do carbono,y aire llenan uniformemente la ha- bitación. Por consiguiente en una pieza en que la eombus- 1 ion se produzca con rapidez, una persona acontada o coloca- da en un lugar elevado puede perecer mas pronto (pie otra acostada en el suelo ó un lugar bajo. Por el contrario, si la pieza se llena de ácido carbónico mas ó menos frió, ó cuan- do la combustión es lenta, puede suceder al revés. $ 458—Asfixia por ei gas del alurrbrado—El gas de! alumbrado debe sus propiedades deletéreas al óxido de car- bono, ácido carbónico y al hidrógeno bicarbonado que con- tiene entre otros gases en menor cantidad, pero todos perni- ciosos; de composición variable, según el modo de obten- ción y las materias de que se obtiene (hullas y lefias), se- gún la perfección del lavado. En el aire atmosférico que contiene solo un milési- mo de gas del alumbrado, se percibe ya un olor muy de- sagradable, que no se puede soportar en cuanto pasa de tres á cuatro milésimos, y se hace asfixiante á un vigési- mo, y detona con violencia por la acción de un cuerpo en combustión, cuando el aire cerrado contiene un on- ceavo de gas. El gas del alumbrado parece tener una acción espe- cial sobre el sistema nervioso: si la acción es lenta se producen náuseas, dolor de cabeza, aturdimiento, debi- lidad profunda. Si la acción es rápida ó muy prolon- gada se produce un dolor de cabeza intenso, vértigos, náuseas, alteraciones de la sensibilidad, de los movi- mientos y de las facultades intelectuales; después se pre- sentan fenómenos asíísticos, que terminan por la muer- te. Se presentan, pues, fenómenos de envenenamiento y de asfixia. En la autopsia se encuentra, por lo general, conges- tión cerebral intensa é infarto del sistema venoso en ¡a espina dorsal. La sangre está negra y coagulada, carác- ter que distingue esencialmente esta asfixia de la del carbón. La mucosa de las vías respiratorias esta inyec- tada desde la base de la lengua hasta las ramificaciones 378 bronquiales; los bronquios están llenos de una espuma blanquecina, viscosa y sanguinolenta; el parenquima pul- monar está rojo vivo y gris en su superficie, Se encuentran en la piel, y especialmente en los muslos placas rosáceas mas ó menos estensas. Si bien los accidentes por el gas del alumbrado son (recuentes, especialmente en invierno, dan lugar á po- cos casos médico legales. En Francia é Inglaterra se han producido algunos pleitos, por indemnización de daños y perjuicios, por la mala instalación de los apara- tos de alumbrado. Difícilmente podía producirse un ase- sinato por este medio. § 459 —Asfixia por los gases de los depósitos de las letrinas—La falta de precauciones en los poceros suele producir accidentes, a veces mortales, al entrar en los depósitos por la acción del gas sulfrídico, sulíi- drato de amoniaco, amoniaco, nitrógeno é hidrógeno carbonado, que las materias fecales producen. El hidrógeno sulfurado y el sulfidrato de amoniaco determinan á veces la muerte instantánea; pero mas ge- neralmente los individuos sometidos á su acción expe- rimentan un intenso dolor de cabeza y en el epigastrio, que los poceros llaman, plomo á causa de la sensación de un enorme peso que experimentan en esas regiones; pér- dida del conocimiento, de la sensibilidad y del movimien- to, el cuerpo se enfria y la cara se pone lívida; aparece en la boca una espuma rojiza, los ojos están empaña, dos, las pupilas dilatadas; el pulso pequeño, casi imper- ceptible é irregular; algunas veces dolores muy agudos, y viene después la muerte con ó sin convulsiones, Las emanaciones amoniacales producen sobre todo fenómenos de irritación en las mucosas de la nariz, ojos y bronquios (mita), puede venir la asfixia, pero no obran tan rápidamente como para que no se pueda socorrer á tiempo á los obreros, sustrayéndolos á su acción. Las lesiones cadavéricas son las de la asfixia; las cuestiones médico legales se reducen á algunas acciones 379 de daños de los obreros contra los empresarios ó patro- nes, que casi siempre se rechazan porque deben imputar- se á imprudencia de los obreros. § 460—Asfixia producida por los gases de los al báñales ó sumideros -Son muy raras, y se producen por el nitrógeno, ácido carbónico y ácido sulfídrico, mezcla- dos áveces con hidrógenos carbonados, que desprenden las sustancias contenidas en los sumideros. Estos gases producen primero un estado de desfalleci- miento y debilidad extremadas, entorpecimiento, debili- tación de los latidos del corazón y de los movimientos respiratorios, y después la asfixia. Cuando un individuo asfixiado así vuelve á la vida se produce una agitación extraordinaria y aun delirio furioso; algunas veces una verdadera locura con movi- mientos espasmódicos y temblor general. Las lesiones anatómicas son características; la tes- tura de los órganos se altera profundamente así como la composición de la sangre, que tiene un color negruzco y es mas coagulable, en el corazón, el cerebro, el bazo y los riñones espesa y negruzca; las partes blandas están fláeidas dan un olor fétido y se pudren rápidamente. CAPITULO SEXTO De la. muerte por el frío, por el calor, por inanición Y POR FULGURACION § 451—Ds la muerte por el frió excesivo—Este gé- nero de muerte, raro en general, es relativamente fre- cuente en los pasos de la Cordillera, en las épocas en que esta se cierra, á pesar de lo que muchos se aventu- ran á pasarla y son envueltos por las nieves, pereciendo helados. La muerte por id frió excesivo fue estudiada en la célebre retirada de Rusia por Napoleón, y mas tarde ha sido objeto de trabajos importantes; en Rusia, según Kra- jewski mueren por es ha, causa mas de 700 personas por año, lo que permite á los médicos rusos hacer estudios prolijos. La muerte por el frió puede sobrevenir por el enfria- miento rápido ó lento, presentando en ambos casos sínto- mas diferentes. En los casos de enfriamiento brusco los síntomas son: primero excitación cerebral que se convierte pronto en atonía; la vista parece como cubierta por un velo, fijos y oscos; los músculos dei cuello se ponen rígidos y fi- jan poco á poco la cabeza á la derecha ó á la izquierda•' la rijidez invade el tronco, el individuo cae, presentando los síntomas de la catalepsia ó de la epilepsia. Cuando el frió obra un tiempo largo y á su acción se añade la falta de alimentos, la muerte viene por asfixia* «El sugeto, dice el Dr. Serimptou, sufre un entorpeci- miento general, algunas veces dolor en los miembros y en las ingles y experimenta dificultad en la contracción muscular. La cara está roja, tumefacía, los labios azu lados, los ojos salientes, las manos se hinchan y enroje con; el pulso es pequeño y débil; la respiración lenta; los 381 ojos tornan la esprosion del estiavío; la marcha es incier- ta y vacilante; el enfermo conserva el conocimiento; pero parece ébrio, se levanta y vuelve á caer. Larrey, en la retirada de Rusia observó que: la muer- te era antecedida por una palidez del rostro, una espe- cie de idiotismo, dificultad de hablar (a) debilidad de la vista, y aún pérdida total de este sentido; en este estado algunos marchan mas ó menos tiempo sostenidos por sus compañeros ó amigos, la acción muscular se debilitasen- siblemente, los individuos vacilan como borrachos, la de. bilidad aumenta progresivamente hasta que el sugeio cae, signo cierto de la estincion total de la vida.» El mecanismo de la muerte tiene lugar; en el en- friamiento rápido y progresivo por la anemia cerebral resultado de la debilitación del corazón y funciones pul- monares. Al principio se produce una contracción de los vasos de la piel; pero esta contracción es pasagera dando lugar á una disminución de la tonicidad de los va- sos (Hofmann) y á una parálisis de los músculos lisos (Horwath). En el enfriamiento lento y continuo la muer- te se produce por congestión cerebral y acumulación de ácido carbónico en la sangre. Ponchet ha demostrado que el frió destruye los gló- bulos sanguíneos; Crecchio, la acción mortal sobre JoS nervios y Horwath sobre los músculos. La muerte por congelación de una parte determinada del cuerpo se pro- duce por la gangrena de una parte, cuyos materiales son reabsorvidos (Crecchio). Los cadáveres délos helados conservan la actitud en que los sorprendió la muerte mientras dura la congela" cien; después del deshielo la actitud obedece á la gra- vitación. Lo mismo sucede con la expresión del rostro, el cual espresa un terror vivo; los cabellos enderezados en la frente, los ojos muy abiertos y con cataratas, las mejillas hundidas, mandíbulas apretadas, la nariz afilada. (*) Los pasajeros del Tegetthoff sintieron: temblor en las mandíbu- las <|iie estaban romo prendidas y no podían hablar sirio por tin esfuerzo penoso—1874. . 382 Los cadáveres estar*, por lo general, muy pálidos, hay el fenómeno llamado carne de gallina y encogimiento no- table de los órganos sexuales en el hombre; algunas ve* oes se encuentran diseminadas en el cuerpo unas man. chas rojo oscuras ó un tinte rojizo ó azulado uniforme. Blosfeld cree que los sabañones en las manos, piés, cafa y partes genitales, permiten, según su intensidad, apre- ciar la duración de la agonía y la permanencia de un sugeto en un lugar caliente. En la autopsia se encuentra una hiperemia intensa en el corazón, pulmones y cere- bro; los huesos frágiles, los músculos se dejan desgarrar fácilmente, el cristalino está opaco ó turbio. Lñ sangre helada liene un color rojo bermellón vivo y por el deshielo se hace oscura. Los cuerpos helados no se pudren, y por lo tanto, no tienen el olor cadavérico ordinario. En la Cordillera se han encontrado cadáveres que habían permanecido enterra- dos en la nieve mas de tres meses en perfecto estado de con servacion. Según Blosfeld, el abdomen no se tirnpaniza, ni sus paredes toman el color verdoso de la putrefacción avanza- da; después del hielo el color es de ladrillo ó cobrizo sucio y se oscurece poco á poco. Los cadáveres después del deshie- lo se descomponen rápidamente, y se comprende que entre dos ó mas deshielos y nevadas sucesivas un cadáver puede empezar ádescomponerse y retardarse la descomposición al- ternativamente, produciendo alteraciones notables en la mar- cha de la putrefacción. Un cadáver puede encontrarse helado sin que el enfria- miento sea causa de la muerte; y entonces deberán buscarse los signos de la verdadera causa que la ha producido. Las cuestiones médico legales sobre muerte por el frió se presentan mas generalmente en el infanticidio. Respecto á los adultos pueden presentarse en las provincias andinas, especialmente en Mendoza y San Juan, cuyo comercio á tra- vés de la Cordillera es muy frecuente, como cuestiones de abandono culpable, de asesinato; pero no de supervivencia en los que perecen en una catástrofe común, las cuales hemos 383 dicho ya que el Código Civil las ha cortado, declarando que cuando no se puede probar cual de las personas pereció pri- mero, se presume que todas fallecieron al mismo tiempo y no hay trasmisión de derechos entre ellos (art. 109). Si se alegara, por ejemplo, que tal persona pereció pri- mero el hecho habría de probarse por testigos y no por peri- cia; la prueba podría resultar también délas circunstancias: como si las personas en cuestión hubiesen perecido en un ca- mino, y resultara que la una hubiera muerto mucho mas allá que la otra, pues entonces, es claro que para avanzar mas de bió vivir mas la que ha perecido mas lejos. Solo corno reglas de sana crítica pueden tener presente los jueces que no es posible determinar la resistencia de una persona para el frió de un modo absoluto. Es un hecho pro- bado por las espediciones polares que un hombre bien vestido y en condiciones normales puede soportar temperaturas de 50°c. bajo©;así como que individuos debilitados, enfermoso embriagados perecen por la acción de temperaturas que no llegan ni á 0. Los niños son los que resisten menos, por su poco volumen y su falta de resistencia, sobre todo si están desnudos y son recien nacidos. Los embriagados y los que han bebido mucho alcohol sucumben también fácilmente. Las influencias morales depresivas y sobre todo la inanición y el cansancio ayudan á los efectos del frió, así como el sueno. Pero es preciso tener en cuenta que estas reglas de ob- servación general pueden tener aparentes excepciones. Una madre sorprendida por un remolino de nieve de la Cordille- ra, envuelve con sus ropas y cubre con su cuerpo el de su hijo conservando el calor áeste con los últimos restos de su propio calor, y cuando la madre ha perecido, el niño puede vivir aún algunas horas. Es, pues, una cuestión de hecho que se resuelve por la prueba circunstancial. § 462—De la muerte por la acción del calor—No tratamos en este lugar de la acción directa del calor que producen las quemaduras y de las que ya hemos he- cho mención entre las lesiones corporales; si de la ac- ción de la temperatura ambiente excesiva sea general 384 por el calor solar difuso, sea por la acción directa dolos; rayos solares, sea por la elevación artificial de la tempe- ratura, incompatible con la vida, en un lugar limitado. En las Indias y en la Argelia los casos de muerte por la temperatura excesiva son frecuentes, y no son raros entre nosotros en los fuertes calores estivales de Diciembre á Febrero; sobre todo cuando los grandes calo- ios están acompañados de viento Norte, y del viento Sonda, N. O., en las Provincias Andinas. Fn el llosa- rio deSanta-Fé, no hay año en el que no se produzcan algunos casos de insolación. En todos los países se han observado en los obreros que trabajan sometidos á una temperatura elevada, fo- goneros, obreros ocupados en la fabricación del vidrio, fundidores de metales, etc., accidentes fulminantes que presentaban caracteres semejantes á los que se observan en los segadores y en los soldados en las marchas á un sol fuerte. El Dr. Speck publicó en 187G un caso curioso de muerte por el calor: Una joven de 14 años, que padecía de reumatismo, tratada por un curandero, fué envuelta en una piel de carnero fresca, al rededor de la cual se pusieron 10 panes recien sacados del horno, y el todo fué cubierto con una frazada. Tres horas después la niña murió. El dictamen pe- ricial concluyó que de los síntomas y de las lesiones anatómicas debía atribuirse la muerte á la acción del calor. Lacasagne distingue dos formas de muerte por el ca- lor: la insolación, que los españoles llaman tabardillo, y la temperatura elevada. En el primer caso la acción traumática del calor se dirije sobre una parte del cuer- po, generalmente el encéfalo; en el segundo se dirije so- bre todo el organismo, al que eleva á una temperatura incompatible con la vida. La muerte por el calor puede sobrevenir aun duran- te la noche, en habitaciones estrechas y mal aireadas. 385 Según Lacasagne dos condiciones íavorecen siempre la producción de los accidentes: una atmósfera no renova- da y el aire saturado de vapor. Además la inerte tensión eléctrica, las fatigas y la no aclimatación ayudan la ac- ción del calor. En el interior de la República Argentina la observa- ción está conforme con la manera de ver de Lacasagne; solo si se observa que nunca suceden estos accidentes cuando el aire está cargado de vapor de agua, sino por el contrario cuando reinan los vientos Norte y el Sonda, que son extremadamente secos, y se observa también que los hijos del pais sienten mucho mas que los extrangeros aclimatados, y estos mas que los no aclimatados la ac- ción fuertemente estimulante de esos vientos. En este arlo misino se han producido varios casos, entre ellos dos en el Ferro-carril Central Norte, estando el tren en marcha. El primero ocurrió á nuestro amigo el l)r. I). Filemon Posse, cerca de Tucuman, y (pie feliz- mente salvó y el segundo al joven D. Alejandro Muñoz, que pereció al llegar á la estación de Córdoba. En am- bos accidentes reinaba el viento Norte, el aire estaba ex- tremadamente seco y había una fuerte tensión eléctrica» que se manifestó á las pocas horas por tempestades con gran número de descargas eléctricas. Tampoco es conforme á la observación local la expo- sición de los síntomas de Lacasagne, respecto al orden en que se presentan. Aquí la forma cerebro espinal, se presenta con pesa- dez ó dolor mas ó menos intenso de cabeza; enrojecimien- to de la cara, sed intensa, respiración fatigosa; opresión, mas acentuada y con dolor á veces intenso, en el epi- gastrio; mero sopor, después delirio. En el caso del jo- ven Muñoz, los pasajeros lo creían ebrio, iba de uno á otro wagón, se paraba en los balcones, con la mirada ex- traviada y movimientos convulsivos. El pulso al princi- pio lleno, pero depresible, se hace después débil; el su- jeto sufre después un sopor intenso, la respiración se 386 hace como en el último período de la asfixia (§ 134), la cara se pone pálida y lívida, sobreviene el coma y la muerte. A veces, y esto es frecuente en el centro de la Re. pública, el sugeto siente un gran calor, dolor de cabeza intenso, y alguna debilidad muscular, pero sin que na- da anuncie un estado grave; de pronto pierde el cono- cimiento, cae, la respiración se hace estertorosa y el in- dividuo perece en algunos minutos, con ó sin convul- siones. Esta forma se parece mucho á la llamada cardiaca pol- los autores: en esta, el individuo cae de pronto sin co- nocimiento, trata de respirar, pero muere al momento. Se presentan muchas veces antecediendo el ataque: de- bilidad, vértigos, embotamiento, vómitos, palidez de la cara, piel fria, pulso pequeño y convulsiones. Estos síntomas combinados producen formas mixtas variadas. Además de los síntomas vagos que pueden presen- tarse desde un principio, como postración, sed, dolor de cabeza, existen tres característicos que indican que el sugeto está amenazado en su vida y son: la piel está ex- cesivamente caliente; hay una constricción enérgica y muy dolorosa en el epigastrio y el enfermo tiene necesi- dad apremiante y muy frecuente de orinar. Las numerosas causas de la muerte por el calor son reducidas por Lacasagne á tres condiciones especiales: Ia. Muerte por elevación rápida de la temperatura de la sangre: cuando esta llega á 45°, el exceso de calor obra como agente tóxico, por acumulación del oxígeno en la sangre, que ataca al elemento muscular; hay algunas convulsiones y la muerte sobreviene por coagulación de la sangre del ventrículo izquierdo; se paraliza el diafrag- ma y viene la asfixia consecutiva: 2a. Muerte por la ele- vación gradual y lenta de la temperatura de todo el cuer- po; hay una perturbación de las funciones nerviosas, según Mathieu y Urbarn se forma un ácido en los mus- 387 culos, que pasa á la sangre, se oxida, se trasforma en ácido carbónico y dirijiéndose sobre los nervios cardiacos paraliza el corazón; y siempre se constatan los signos de la asfixia, en estas condiciones: manchas sub-pleuríti- cas y sub-pericardiacas, hemorragias intersticiales y es- puma brónquiea; 3a. Muerte por calentamiento de los cen- tros nerviosos; el enfermo sucumbe por la acumulación del oxígeno y del acido carbónico en la sangre y las le- siones propias de la meningitis aguda. Lo que explica los accidentes que sobrevienen á los soldados cubiertos con cascos ó chacas de cuero ó hier- ro, que están espuestos mucho tiempo á los rayos del sol. En la muerte por elevación de temperatura la riji- dez cadavérica aparece muy pronto (á la hora); se obser- van en el cuerpo manchas lívidas é irregulares, sobre todo en el pecho y brazos; espuma abundante y sangui- nolenta en la boca y en la nariz; el enfriamiento del cuerpo es lento; el corazón está duro y completamente rí- gido; el corazón derecho completamente lleno desangre negra y líquida, el izquierdo vacio, retraído y de una dureza leñosa característica (Wood). Las otras visceras (hígado, bazo, riñones) están hiperemiadas y en la cavi- dad de las pleuras y pericardio hay exudaciones serosas ó sanguinolentas. Según Mac-Clean la alteración pato- lógica mas constante en todos los casos y grados de la enfermedad es una congestión pulmonar tan intensa, co- mo en ninguna otra enfermedad; están rojo negruzcos, no crepitan; y Hestrés dice, que á la vista y al tacto ofre- cen el aspecto de dos grandes coágulos de sangre. La intensidad de estas congestiones está en relación con la violencia de los síntomas. En los casos de insolación ó tabardillo se encuentran en la autopsia todos los signos de una meningitis super- ficial de la congestión de las membranas del cerebro, ó un derrame sanguíneo entre la dura madre y el cráneo. Los casos de muerte por la acción del calor pue- 388 den traer la sospecha del homicidio, sobre todo en los casos en que se encuentran los cadáveres en el campo, ya sorprendidos por el calor en distancias largas, ya porque se espolien á la acción del calor estando embriagados ó muy cargados de alcohol, como sucede frecuentemente en las gentes de campo. Debe procederse por exclusión y tener en cuenta las observaciones meteorológicas del dia y las circunstancias del hecho cuando se pueden ob- tener. La proíesion, la edad: la muerte por elevación de temperatura, frecuente en los adultos, es rara en los niños, mas en los viejos y mujeres, sucediendo lo con- trario en la insolación; la constitución del individuo; su estado de debilidad actual, las marchas forzadas, fatigas, vestidos, etc. § 463—De la muerte por inanición —La inanición puede ser aguda cuando de pronto se priva á un sugeto de todo alimento (náufragos, mineros, individuos encer- rados con una mira criminal, etc.), ó privados de alimen- tación suficiente, como sucede en ios prisioneros á quie- nes se les da poco alimento ó en las épocas de escacéz y de hambre. La muerte por inanición aguda es lenta. Según Serrurier cuando no hay privación de bebida, la vida puede prolongarse 40, 50 y hasta 00 dias. Los síntomas de la inanición, son: la sensación de hambre, con dolores epigástricos, que desaparecen al ca- bo de algunos dias (2 á 9); cara pálida; disminución de fuerzas; disminución de las deposiciones que se hacen só- lidas y verdes al principio y después sobreviene diarrea; la orinase hace mas densa y disminuye, como todas las secreciones, sin suprimirse no obstante; el aliento ca- liente y fétido; la respiración menos frecuente, es fati- gosa hacia la muerte; los síntomas nerviosos son agita- ción, insomnio, alucinaciones, delirio, colapso, coma y convulsiones. El individuo enflaquece, hasta reducirse á un estado esquelético; desaparece el tejido muscular, lo queda á las articulaciones un tejido voluminoso: los 389 ojos hundidos, los pómulos salientes; las mejillas enju- tas, la nariz alargada y afilada, las orejas blancas, la barba puntiaguda; lo queda al famélico un aspecto par- ticular. La inanición lenta lia sido descrita por Merssemann bajo el nombre de fiebre del hambre. «El primer gra- do se caracteriza por todos los signos que son propios al empobrecimiento de la sangre: la palidez, el enflaque- cimiento, la tristeza, el desaliento, la dificultad de la di- gestión, la distencion del vientre; la hinchazón de las piernas, el debilitamiento muscular, y por consecuencia dolor en los miembros, movimientos penosos y dificul- tad para el trabajo.» «Lo que llamaba mas la atención era la estremada flacura del cuerpo, la lívida palidez del rostro, las meji- llas hundidas, y sobre todo la espresion de la mirada, que no se olvida una vez sentida; hay en efecto una es- traüa fascinación en los ojos, en los que parece haberse concentrado toda la vitalidad del individuo, brillan con un resplandor febril, cuya pupila enormemente dilatada, se fija en uno sin pestañear y con una admiración inter- rogativa, en la que se mezcla la benevolencia y el te' mor. Los movimientos son lentos, la marcha vacilante’ las manos temblorosas; la voz casi apagada, está tem- blorosa. La inteligencia está profundamente alterada; las respuestas son penosas; la memoria en la mayor par- te casi abolida. Interrogados sobre los sufrimientos que padecen, los infortunados responden que no sufren, pero que tienen hambre!» «Ei aliento esta muy fétido; la lengua adelgazada, puntiaguda, oblonga, temblorosa, casi siempre roja; la punta á menudo está cubierta de un barniz amarillento y espeso: el hepigastrio hundido, y la piel en esta re- gión, está por decirlo así, pegada á la columna vertebral.» «Algunas veces hay meteorismo. La respiración es lenta. El pulso está ya frecuente, ya muy lento, muy de- presible, y de unapequeñez sorprendente. Todas las se- 390 creciones están modificadas, la piel se pone seca, amari - lla, apergaminada Con los primeros fríos del in- vierno los desgraciados sucumbían súbitamente, cayendo por todas partes. En los unos era en el pecho donde se encontraban los síntomas que determinaban la muerte. En los otros era en los intestinos. En fin, en otros, co- mo últimos indicios déla es tremada pobreza de la san- gre, la piel se cabria de equimosis ó de manchas parpé ' reas que se hacían continentes algunas veces, y las tris, tes víctimas del hambre daban el último suspiro en me- dio de la agitación, de ia carfología ó déla fatigante lo- cuacidad del delirio famélico.» La observación y los esperimentos demuestran que la muerte sobreviene en todas las formas de inanición (ali- mentación insuficiente, hambre agudo y fiebre del ham- bre), cuando el cuerpo ha perdido cuatro décimos de su peso. Los cadáveres de los muertos por inanición están cu el último grado de flacura; la grasa lia desaparecido com- pletamente; la piel está seca, arrugada ó cubierta de un varniz gris sucio; los ojos están habiertos, rojizos, lagaño- sos, algunas veces se encuentra alterada la córnea; la lengua y el tragadero están secos y como quemados; el cuerpo dá un olor fétido y la putrefacción es rápida. El corazón está retraído; la masa de la sangre redu- cida á 304 décimos de ia cantidad normal El estómago y los intestinos están fuertemente contraídos y vacíos; el hígado, bazo y riñones están disminuidos de volumen y exangües; en la vesícula biliar se encuentra una bilis ne- gra y espesa como jugo de regaliz. El suicidio por inanición es raro; los presos y sobre todo, los locos son casi la totalidad de los que escogen este medio. El año 1873 murió en el hospital de Córdoba un individuo desconocido, de nacionalidad española al parecer, al cabo de veintiún dias de abstinencia absoluta, tomaba raras veces algunos sorbos de agua en los prime- ros dias. 391 El asesínalo por inanición, del que el Dante trae un ejemplo terrible en el Canto XXXIIL del Infierno: la muer- te del Conde Ugolino, sus hijos y sus nietos encerrados en una. torre por el Arzobispo Engiero, no es tampoco fre- cuente en los adultos, es mas frecuente como medio de infanticidio, La muerte por el hambre aguda suele verse en los hundimientos de las minas, en los náufragos y en los viageros estraviados. A principios de este año la prensa ha referido un ca- so de un joven encontrado cerca de la Rioja, muerto de hambre y de sed. La cuestión médico legal de si una persona ha muer- to ó no de inanición se resuelve por la exclusión de las demás causas de muerte y la constatación de los signos anatómicos que hemos relatado, tomando en cuenta todas las circunstancias que han podido acompañar ó determi- nar la falta de alimentación. La cuestión dé si la inanición es consecuencia de un accidente, de un crimen ó de un suicidio debe resolverse por las circunstancias del hecho, sobre todo es preciso ver si ha habido reclusión y las relaciones que han me- diado entre el sugeto y las personas sospechadas. § 464—De la muerte por fulguración—Este género de muerte es mes común de lo que generalmente se orée. En Francia puede calcularse cerca de 100 personas por año muertas por la acción del rayo. En Rusia se han ins- crito en los registros en 11 años (1859 á 1878) 819 defini- ciones de este género. Entre nosotros es también frecuente; los climas secos del interior producen tensiones eléctricas enormes, y es seguro que la observación científica demostraría un estado eléctrico, casi continuo, mayor que en ningún otro país: En pleno invierno se producen á veces, tempestades con descargas eléctricas}7 es raro ver llover sin estos fenóme- nos. Reciente está aún la muerte del Sr Estevens, ayu- dante del Observatorio Nacional por esta causa (15 de Febre- ro de 1884) y son muchos los accidentes producidos por ella- 392 Se lia pretendido que los muertos por el rayo pere- cían por asfixia; pero parece mas probable y racional que la muerte se verifica por un choque violento del cerebro y del sistema nervioso. En los casos de accidentes graves, pero no seguidos de muerte, se observa en los atacados los síntomas de la conmoción cerebral; en los accidentes me- nos graves los efectos son: aturdimiento, parálisis y otros síntomas nerviosos, alguna vez la locura, y mas la ce. güera. La rapidez de la muerte es tal que el cuerpo puede conservar la actitud en que ha sido sorprendido; á veces el cuerpo se mantiene de pié algunos momentos y cae completamente inerte. Muchas veces no se observa nin- gún cambio físico en el cuerpo. Los cuerpos de acero, cortaplumas, cadenas de reloj, etc., que lleva el individuo adquieren una fuerte polaridad magnética, en otros cuer- pos metálicos se observan señales de fusión. El signo mas general encontrado es la contusión y el desgarro en los puntos de entrada y de salida de la chispa, á veces con quemaduras mas ó menos estensas, que se han atribuido á la combustión de los vestidos; pero se han comprobado en individuos cuyos vestidos estaban intactos. En los vestidos se observan desgar- ros en los puntos de entrada y de salida. Es raro en- contrar fracturas y hundimientos de los huesos. Las autopsias practicadas hasta ahora no permiten dar un cuadro de las lesiones anatómicas de este género de muerte; algunas veces se puede seguir el curso de la corriente por las equimosis que deja. La putrefacción Mene lugar con mucha rapidez. En 1845 se produjo en Francia un caso médico le- gal de importancia; una tempestad destruyó varias cons- trucciones y mató varias personas, algunas aseguradas contra los efectos del rayo. La compañía pretendía que habian muerto por efecto del turbión del viento. Le- sa uva ge declaró que habían muerto por el rayo por las 393 rayas oscuras que se encontraban en el cuerpo de los muertos y permitían seguir el paso de la corriente; por el embotamiento, dolores en los miembros y parálisis de los sobrevivientes por fos caracteres de las heridas en unos y otros, y por la rapidez de la putrefacción en los que murieron. SECCION SEPTIMA envenenamiento § 465—Definiciones—J a toxicología, es la ciencia que trata de las sustancias tóxicas ó venenos. El envenenamiento es el conjunto de síntomas pro- ducidos por los venenos en el organismo. Veneno es toda sustancia química capaz de producir en el organismo una alteración grave ó la muerte, La toxicología es un ramo importante de las cien- cias médicas, que exige por sí un curso especial. Noso- tros nos limitaremos á dar un extracto suscinto de los síntomas y lesiones anatómicas de los principales envene- namientos, así como de los procedimientos de investiga- ción de los venenos mas comunes, como para dar una idea general á los jueces y abogados, remitiendo á los lectores médicos á los tratados especiales. § 466—Absorción de ios venenos—Los vei -nos se absorven: Io. por inyección en el torrente circulatorio: 2o. por las vías respiratorias (gases, vapores y sustancias en disolución en líquidos dializables); 3o. por el método endérmico, por contacto con el dérmis préviamente de- nudado; 4o. por el método hipodérmico; 5". por ah cion cutánea, y 6". por absorción gas tro intestinal, ¡ es el mas común. La absorción de los venenos depende de o ¡usas variadas: del grado de trituración de la solubilidad los disolventes: del estado de las vías digestivas, d bito y de las predisposiciones individuales. § 467—Eliminación de los venenos—Los ve 394 pueden eliminarse: en sustancia, ó trasformados en el organismo en otros principios, corno.- Los sulfuros, hiposulfitos en sulfatos. Los cianatos de potasa y de sosa, los acetatos, tartratos, malatos y citratos alcalinos, los formiatos, quinatos, meconatos, ju- maratos y aconitatos alcalinos, el ácido succínico y los succinatos alcalinos, en carbonatos alcalinos.. El fer- rocianuro potásico, en ferrocianuro alcalino. El perclo. r'uro de hierro, en protocloruro alcalino. Los hipoclori tos, en cloruros. Los iodatos y bro matos, en i oduros y bramuros. Los seleriiatos, en ácido selenídrico. Los teluritos y teluratos, en ácido telurhídrico y teluro. El ácido tánico, en ácido gálico. Los hipofosfitos y fosti- tos, en fosfatos. Los sitios de eliminación son: los riño- nes, glándulas, pulmones, mucosas y la piel; principal- mente los riñones para las sustancias fijas y los pulmo- nes para las sustancias volátiles. La piel tiene mayor facilidad para eliminar que para absorver. La duración de la eliminación depende de la natu- raleza de la sustancia, § 468—Acción de las sustancias tóxicas—La ac- ción de los venenos es: local cuando se circunscribe al punto de contacto, ó general cuando habiendo entrado en circulación lleva su acción á todo el organismo; si bien no se distribuyen por igual, sino que se fijan en unos ú otros en virtud de una electividad. Rabuteau, ha formulado esta ley: los metales son tan- to mas activos cuanto mayor es su peso atómico, ó lo que es lo mismo, en razón inversa de sus colores especí- ficos. Se dá el nombre de sustancias antagónicas á aque- •|S que producen sobre los mismos elementos efectos cori- rios que se anulan recíprocamente. Se llaman antí- íos dos sustancias venenosas que se neutralizan quí- micamente. En realidad no hay antagónicos ióxicos, si Oien se observa cierto antagonismo fisiológico entre el sulfato de atropina y el haba del Calabar, entre la mor- fina y la atropina, la estricnina y el doral, etc. 395 § 469—Clasificación de los venenos—Entre una multitud de clasificaciones, adoptamos la de Rabuteau, que el mismo reconoce imperfecta. CLASES Oxido de carbono. Acido cianhídrico. lAcido sulfídrico y sulfidrato ! de amoniaco. iCompuestos de selenio y teluro 'Fósforo. Arseniatos. Alcohólicos. I iQue obran especialmente sobre los t glóuulos rojos ó venenos globulares' HEM ATICOS 'Nitritos y vapores nitrosas. Sales de plata inyectadas en I las venas. |La mayor parte de las sales metálicas á dosis débiles y , continuas. (Que obran sobre los glóbulos y el' í plasma [ó venenos plásmicos] Que anulan las funciones de los ner-1 vios motores: Io paraliso motores..) (Curare. Haba del Calabar .. Aconitina II |Que aumentan el poder reflexo: 2°( espinales. ) Cicutina. Estricnina Icaja Oxigeno comprimido, cantá- ridas, etc. NEURÓTICOS (Que obran sobre los elementos del( cerebro y médula espinal: 3o cerebro: espinales. (Cloroformo. ■Eter ' Opio III [Que obran á la vez sobre el ) nervioso y sobre las fibras muscu- f lares. ( Solanáceas virosas \ Digital 'Antimoniales. XEUROMUS- CULARES IV Acido carbónico. I Veratina. ISales de potasio v » de bario. •musculares—Que paralizan las fibras musculares.' 'Acido sulfúrico. » nítrico » clorhídrico. . » fluorhídrico I » oxálico Potasa (Sosa 'Amoniaco Sulfuros alcalinos Iodo bromo Cloro, etc. irritantes ó corrosivos—Que corroen y destru- yen los tejidos. V Esta clasificación reúne las sustancias tóxicas por su modo de obrar, lo que hace que algunos figuren en una y otra clase; por ejemplo, el ácido liiponítrico es un ve- neno hemático y también corrosivo; pero como por esto no pierden su individualidad no hay inconveniente en adoptar la clasificación, que acaso mas tarde pueda per- feccionarse. CAftmQ PRIMERO Venenos hematicos § 470—Generalidades—Estas sustancias se fijan en la hemoglobulina, expulsan el oxígeno y hacen la sangre impropia para la respiración; matan, por lo general, con rapidez; tales son: el óxido de carbono, ácido cianhídri- co, etc. Otros alteran los glóbulos 3* el plasma, matan con menos rapidez, como las sales de plata introducidas en las venas y la mayor parte de los venenos metálicos. Continuada la acción de estos, largo tiempo producen una anemia mas órnenos pronunciada y hacen al plasma minos coagulable. Los venenos metálicos á dosis sufi- ciente determinan rápidamente la muerte, anulando la contractibilidad muscular, por lo que los estudiaremos entre los venenos musculares. § 471—Orden primero—Venenos globulares—En- venenamiento por el óxido de carbono—Su carácter do- minante es la gran alteración ó destrucción de los gló- bulos rojos determinado por el análisis espectral. El envenenamiento por el óxido de carbono puro- no se verifica sino mezclado con el ácido carbónico y aire (vapores del carbón) ó con carburos de hidrógeno en el gas del alumbrado. En el § 456 y siguientes nos hemos ocupado ya de este envenenamiento, llamado as- fixia impropiamente; pero tratado entre las asfixias pol- los clásicos modernos. El óxido de carbono puede extraerse de la sangre, haciendo pasar una corriente de oxígeno, ó simplemente de aire; la mezcla gaseosa que se desprende, se hace pa- sar por un tubo que contenga óxido de cobre calentado al rojo, y se trasforma el óxido de carbono en ácido car- bónico, que se recojo en un tubo de bolas con potasa ó agua de cal, 11 partes su peso de ácido carbónico cor- responden á 7 de óxido de carbono. 397 § 472—Envenenamiento por el ácido cianhídrico (prúsico) y sustancias que le contienen—Los cianuros y sales del mismo género desprenden el ácido prúsico por la acción de ácidos mas débiles; el ácido carbónico del aire descompone el cianuro de potasio, que es delicues- cente; el ácido clorhídrico del estómago descompone las sales. Esta sustancia es tóxica para los vegetales y para los animales, especialmente para los de sangre roja. El envenenamiento por ácido prúsico es algunas ve- ces criminal; pero mas frecuentemente casual ó suicida. En los boticarios y químicos es en tos que se lia observa- do mas, y en enfermos por dosis erróneas demasiado ele- vadas (§ 73). Efectos tóxicos—Si se inyecta el veneno en la sangre la muerte se produce como por el rayo. Si se toman algunas gotas, los síntomas se manifiestan al uno ó dos minutos lo mas tarde. La circulación y respira- ción no cesan bruscamente; el pulso está acelerado al principio, luego lento y deprimido; la respiración acele- rada y difícil, presenta la inspiración convulsiva, como por sacudidas; la espiración es lenta. El aliento toma olor al ácido. En los intérvalos de los movimientos res- piratorios el paciente está como muerto; ojos brillantes y prominentes, pupila dilatada é insensible; mandíbulas apretadas, espuma en la boca, sudor frió. Las convulsio- nes se manifiestan cuando hay bastante cantidad de áci- do en la sangre y son menos frecuentes que cuando el veneno penetra con rapidez en la sangre por las vías respiratorias. A veces emisión de orina y heces fecales. Cesa la respiración y la circulación y viene la muerte á los pocos minutos, cinco por ejemplo. Si las dosis absorvidas son menos elevadas ó lo son poco á poco, la rapidez de los síntomas es menor, y la muerte llega en medio de un gran aniquilamiento; pero al cabo de un cuarto de hora á media. Cuando se sustrae al enfermo del influjo del vene- 398 no y no ha muerto á la media hora, es probable la cu- ración; sin embargo, se han visto perecer algunas perso- nas al cabo de muchas horas. La curación es rápida, rea- parece la circulación, la respiración, la sensibilidad y el calor, desaparece la parálisis; algunos experimentan durante muchos dias cefalalgia y quebrantamiento de miembros. A dósis medicinales el ácido prúsico produce una ac‘ cion anti-espasmódica, descenso lijero del pulso y del ca- lor y disminución de la sensibilidad. Lesiones anatómicas—Rigidez cadavérica mayor y mas prolongada que de ordinario, putrefacción retardada ; pero estos caracteres no son constantes. Piel lívida ó de color violáceo, uñas azuladas, dedos contraidos, cara abultada, mandíbulas apretadas, nariz y boca con espuma sanguinolenta, ojos brillantes y la pupila dilatada. (To- das las partes del cuerpo dan el olor del ácido á vece? muy pronunciado y hasta produce vértigos—Taylor). estómago é intestinns presentan manchas rojas en diver' sos puntos, congestión del sistema venoso, órganos pa- renquiinatosos y sistema nervioso, lo que, con la brillan- tes de los ojos, podría considerarse como característico de este envenenamiento si alguna vez no faltase, sobre todo cuando el envenenamiento es rápido. El mecanismo de la muerte es análogo al que se' produce por el óxido de carbono. Diagnóstico diferencial—Este envenenamiento es diferencia de la hemorragia en que esta produce hemiple- gia en general, y no parálisis de todos los miembros; esta última es persistente en la hemorragia cerebral y pasa pronto en el envenenamiento, la autopsia no deja dudas, en la hemorragia se encuentra el foco apoplético y en el envenenamiento la congestión general. Se diferencia del envenenamiento por el ópio en que el coma es brusco, antes de 2 minutos, en el opio no se manifiesta antes de 15. En el primero son frecuentes las convulsiones, se dilata la pupila, no hay remisión, la 399 muerte llega al cabo de 6 á 12 horas. Sobre todo resuel- ve las dudas el olor del ácido prúsico que exhalan los en- venenados por él. Las almendras amargas no son venenosas en estado natural; pero ingeridas en el estómago desarrollan ácido cianhídrico, que es absorvido; el aceite esencial de al- mendras amargas que contiene ácido es tóxico- 17 gotas bastaron para matar una mujer. No está determinada la dosis de almendras capaz de producir la muerte. Las semillas de durazno, damasco, guindo, cerezo, las de manzanas y diversas pomáceas pueden causar accidentes análogos á los délas almendras y aún la muerte, por la misma causa. Las hojas de dichas plantas pueden tam- bién causar los mismos efectos, especialmente las de lau- rel, cerezo, (Prunus ó Cerasus laurus cerasus), que des- tiladas enagua dan un líquido que contiene por 100 de áeidro prúsico medicinal (Geiger). Los ferrocianuros de potasio v sodio no son mas peligrosos que los cloruros de las mismas bases; los cianatos no son peligrosos á lo menos á las dosis comunes, se trasforman en carbonatos. Investigación—Recoger los líquidos contenidos en el tubo digestivo, la sangre y visceras lo mas pronto po- sible, y conservar en frascos bien tapados. La falta del olor no implica la ausencia del ácido. Se trituran y di- viden las materias, se destilan en una retorta, cuyo tu- bo abductor penetre en una solución de nitrato de plata, después se calienta al baño maría. Si hay ácido prú- sico libre ó cianhidrato amónico, se volatilizan y se produce un precipitado de cianuro de plata. Cuando ya no aparece mas precipitado, se añade un poco de ácido clorhídrico y se calienta suavemente: si aparece otro precipitado de cianuro de plata hay un cianuro distin- to del de amonio ó cianhidrato de amoniaco, por ejem- plo, el cianuro de potasio. Debe cerciorarse de que el precipitado es realmente cianuro de plata,lo que se ve. rifica por medio de las reacciones propias de este cuerpo Siempre que se sospecha la presencia de un ferrocia- 400 ¡turo ó cianuro amarillo os indispensable su comproba- ción previa. Para ello se filtra una parte de la materia, mezclada con agua si hay necesidad, y el líquido fil- trado debe dar, con el percloruro de hierro ó ácido, un precipitado de azul de prusia ó ácido, si contiene un íerrocianuro. Neutralizada la masa sospechosa por car- bonato de cal puro en exceso, se destila á 50°, si se des- prende ácido prúsico consiste en que las materias conte- nían el ácido ó un cianuro cualquiera. § 473—Envenenamiento por el gas sulfidrico Es- te gas en contacto con los glóbulos rojos de la sangre los ennegrece en seguida. Se encuentra libre en di- versas aguas minerales (la Laja de San Juan, el Agua Negra de Jachal, de Villavicencio en Mendoza, del Rosa- rio de la Frontera en Salta y del Rio Hondo en Santia- go). Se encuentra en las letrinas, en los gases intesti- nales y en los productos de las materias orgánicas sul- furadas, en descomposición. Es uno de los gases mas peligrosos; pero puede in- gerirse y hasta introducirse en el sistema venoso impu- nemente, á dosis que producirían accidentes graves si penetrasen en la sangre arterial por el conducto respi- ratorio. Cuando se toman aguas sulfurosas, el gas ab- sorvido por el tubo digestivo llega á la vena cava infe- rior y se elimina por los pulmones; lo que se comprueba poniendo delante de la boca un papel impregnado de acetato de plomo, el cual se ennegrece. Es posible que cierta cantidad se elimine en estado de sulfato por la orina. Son raros los envenenamientos del hombre por este gas puro. Se ha visto sobrevenir en los baños sulfuro- sos cuando se ha respirado gran cantidad de él. El gas sulfidrico mata rápidamente, determinando movimientos convulsivos desordenados, ó poco á poco, debilidad general, pulso lento é insensible; suspensión de la respiración, dilatación de la pupila y relajación de los esfínteres. La muerte es ó no precedida de convul- 401 sienes; si no se veri tica ei organismo queda debilitado por algunos dias. Lesiones anatómicas—Putrefacción pronta, olor al gas, el corazón, los órganos parenquimatosos contienen sangre negra y aún los músculos tienen ese color, lo que distingue este envenenamiento del producido por el óxi- do de carbono, en el cual los músculos y la sangre con- servan el color rojo. Los músculos flácidos, se contraen poco ó nada por la electricidad inmediatamente después de la muerte. La causa de la muerte es como con el óxido de carbono, los glóbulos se hacen impropios para la he- matosis; se encuentran los mismos síntomas, aunque las convulsiones son menos frecuentes. El gas tóxico se fija en la hemoglobulina y da un espectro particular, con tres rayas de absorción que desaparecen asi que pasa una corriente de oxígeno. § 477—Envenenamiento por el sulfuro de amonio ó sulfidrato amónico—Existe en gran cantidad en los gases de las letrinas. Los síntomas de envenenamiento por el sulfidrato amónico son los del gas sultidrico y los de las sales amoniacales volátiles y del amoniaco mismo introduci- do en la circulación. Sus efectos son: Si la introducccion es brusca y la dosis elevada, destruyen la contractibilidad muscular y paran instantáneamente el corazón; pero si las dosis son menores los efectos son variables. El fosfato amónico, el bromuro y yoduro de amonio y sobre todo el sexquicloruro de amoniaco determinan una hiperestesia súbita, después de haber determinado en el momento de la inyección en la sangre cierta debi- lidad muscular y lijera parálisis de los miembros pos- teriores. Los animales dan gritos, aúllan, muerden y parecen atacados de hidrofobia. Estos síntomas desapa- recen en un tiempo variable según las dosis, después aparece una postración y abatimiento variables también* 402 Todas estas sales producen una gran hiperestesia; pe- ro no así el cloruro amónico. Las primeras se descom- ponen en la sangre fácilmente, produciendo amoniaco libre, el cloruro relativamente estable se descompone con dificultad. El amoniaco, muy difusible, excita el sis. tema nervioso y aumenta enérgicamente los actos refle- jos; pero su efecto es pasagero. Del mismo modo que los síntomas, los caracteres anatómicos del envenenamiento por el su 1 ful rato amó- nico son análogos á los delgas sulfídrico y*á Jos del me. íitismo de las letrinas. Los tejidos y la sangre se pre- sentan de color negro; al espectroscopio presenta la san- gre el espectro de la hemoglobulina reducida, si hay poco sulfidrato y las tres rayas que aparecen en el caso del gas sulfídrico si está en mayor cantidad; estas rayas desaparecen y se presentan las de la hemoglobulina oxi- genada por la acción del oxígeno. § 475 Envenenamiento por los gases de las letri- nas y albañiles-- En el $ 459 y 160 hemos descrito sus síntomas, y basta fijarse para comprender como se com- binan los síntomas, predominando unos ú otros según la mayor abundancia del gas sulfídrico ó del sulfidrato de amonio, amoniaco, etc. § 476—Envenenamiento por el fósforo—Hay dos es- tados alotrópicos de este cuerpo simple, cuyos caracte- res son: Fósforo bla.nco—Densidad 1,83—Soluble en el sul- furo de carbono —Fusible «á 44°2 —Inflamable á 75°—Ca- lor específico 0,188 —-Tóxico. Fósforo rojo—Densidad 1.96 — Disoluble en el sulfuro de carbono—Fusible á 250°—Inflamable á 260°—Calores pecííico 0,167 -No tóxico. El fósforo rojo se obtiene fundiendo el blanco mu- chas horas en una atmósfera de nitrógeno ó de ácido carbónico, de 240° á 220°. Mas allá de 260° vuelve á pasar al estado de fósforo ordinario. El envenenamiento por el fósforo es de ordinario 403 suicida; muchas veces es criminal, y puede suceder ca- sualmente en los obreros que trabajan este producto. El envenenamiento se verifica ordinariamente por la ingestión de bebidas que contienen en disolución ca- bezas de cerillas fosfóricas. La sustancia de 50 cerillas basta para producir la muerte, y se lia visto que dos ó tres bastan para producir accidentes graves en los niños. La introducción del fósforo en pedazos debajo déla piel produce una inflamación local y abcesos; se absor- ve en muy corta cantidad: pero concluye por matar al cabo de algunas dias (17 á 25 y 26 dias). Sise introduce en un vehículo apropiado ó se in- giere en cualquier forma, la intoxicación es rápida. El calor del estómago favorece la disolución y se disuelve en las materias grasas contenidas en el tubo digestivo. Síntomas— primer periodo—Inmediatamente después de la ingestión la víctima experimenta erutos aliáceos y fosforescentes; al cabo de algunas horas (5 á 6), dolor quemante en el epigastrio que se propaga al abdomen. Sensibilidad en este y el estómago, meteorismo; vómi- tos de materias que contienen fósforo, fosforescentes y de olor fuerte; cámaras diarreicas con los mismos ca- racteres raramente son sanguinolentos en este período. Es raro que se reduzca á esto el envenenamiento, solo cuando el veneno ha sido expulsado del tubo en totali- dad ó absorvido en cantidad muy corta. Segundo período—La sustancia se encuentra ya en todo el organismo; el paciente [Hiede sucumbir en el colapso, por síncope ó convulsiones, como en la intoxi- cación por el óxido de carbono y ácido prúsico. En general, sucede lo siguiente: el aliento, el sudor y la orina-toman olor aliáceo y se ponen fosforescentes: después, depresión de todas las funciones, precedida por lo general de una corta excitación. Así el [miso primero Caerte y frecuente, despees pe- queño, insensible, parlo común irregular; la respiración primero acelerada, se hace difícil, débil, estertorosa; tem- 404 peratura, primero elevada, baja después considerable- mente. Los músculos se paralizan, despees de sufrir es- tremecimientos convulsivos;- cámaras involuntarias por parálisis del esfínter; calambres, anestesia á veces com- pleta. Desde el primero ó segundodia aparecen la isteria, la albuminuria y la esteatosis. La ictericia y albuminu- ria no aparecen basta el 3°. ó 4o. dia; Tardieu las lia ob- servado al dia siguiente. La muerte se presenta en el colapso ó en el coma, ó bien precedida de delirio y con vulsiones; cuando no se verifica á la conclusión del pri- mer período (1 á 2 dias) viene á 6 á 12. Si persiste mas tiempo la vida, el enfermo sucumbe luego casi siem- pre, produciendo parálisis, hemorragias (petequias, vómi- tos de sangre, cámaras sanguinolentas, hemorragias pol- la nariz, oidos, útero, etc.); debilidad, anemia, acciden- tes nerviosos cada vez mas graves y la muerte, que Tar- dieu lia visto suceder en un caso á los ocho meses. No hay nada positivo sobre el priapismo; pero hay tenesmo vexical y retención de orina. Mecanismo del envenenamiento—Hoy está probado que no necesita oxidarse el fósforo fiara ser venenoso, y hay dos opiniones: unos creen que obra en sustancia; otros que no se vuelve tóxico sino por el hidrógeno fos- forado que produce en contacto de los jugos alcalinos del tubo digestivo. Puede admitirse que obra en sustan- cia y tanto mas cuanto mas dividido y que obra tam- bién de un modo poderoso el hidrógeno fosforado, de un modo semejante al sulfidrato de amoniaco; altera profundamente la sangre, trastorna la hematósis y licúa los glóbulos, cuya materia colorante trasuda á través de los vasos. Lesiones anatómicas—El aspecto del cadáver es va- riable, unas veces esta lívido, otras presenta un color subictérico, ó manchas equimóticas á veces muy pronun- ciadas. Se han exajerado las lesiones que se encuentran en el tubo digestivo; pueden lio encontrarse; pero por lo 405 común se encuentran; señales de hemorragias múltiples en los mesenterios y peritoneo; serosidad sanguinolenta en las cavidades pleuríticas y pericardiacas, con man- chas equimóticas difusas en las pleuras, pericardio y aun en el endocardio; el corazón blando, pálido, vacio. La sangre en general oscura y fluida Algunas veces se en- cuentran en las primeras vías señales de la materia co- lorante de los fósforos. No se observan ulceraciones y perforaciones en el estómago é intestinos. La lesión mas importante es la esteatosis ó degene- ración grasosa, fenómeno característico y que se obser- va principalmente en el hígado, riñones, glándulas del estómago, corazón v fibras musculares. Tardieu hace notar que se ha exagerado mucho el valor de esta lesión, la que no es exclusiva del envenenamiento por el fósforo siendo así que se le observa en la intoxicación por el amoniaco, alcohol, arsénico, autinomio y cianuros y stil - fucianuros. El hígado está aumentado de volumen; con la superficie amarilla uniforme, punteada de rojo á veces, lóbulos hepá- ticos salientes; friable, blando y á la presión trasuda un li- quido oleaginoso; en el microscopio se ven las células hepá- ticas llenas de granulaciones grasosas con hipertrofia del tejido conjuntivo. Los riñones hipertrofiados, blandos, amarillo morenos, con alteración de los corpúsculos de Malpigio y degenera- ción grasosa del epitelio de los tubos, paredes de los vasos y giomirulos. Los músculos están infiltrados de granulaciones graso- sas. Investigación del fósforo—La investigación del fós- foro debe hacerse lo antes posible para evitar la oxidación; no hay que esperar á la muerte para analizar los vómitos y deyecciones. No se puede asegurar el envenenamiento por el fósforo sino cuando aparece en sustancia. Se adminis- tran en medicina los fosíitos y fosfatos, y están normalmen- te en gran cantidad en el organismo, es por consiguiente te- 406 inerario afirmar el envenenamiento por solo encontrar un exceso de fosfatos. Se siguen varios procedimientos entre otros: Procedimiento de Mitscherlich—Se funda en que cuan- do se somete á la destilación un liquido inerte que contiene fósforo, el vapor arrastra el ¡netaloideo. El aparato consiste en un matraz de vidrio, donde se in- trodúcela materia sospechosa, vómitos, cámaras, hígado di- vidido en pequeños trozos, etc. De este matraz sale un tubo abductor que va á parar á un recipiente, pasando por un re- frigerante. Calentado el matraz se desprende el vapor acuo- so y arrastra el fósforo al recipiente. En la oscuridad se observa la fosforescencia, aún con cantidades muy mínimas. El fósforo comlensado en el recipiente se recoge con cuidado y sirve de objeto de prueba. Procedimiento d : Fresemos y Neubaüer—E) apara- to es el de Mitscherlich, modificado por Scheerer. Se dirijo al matraz una corriente de ácido carbónico al mismo tiempo que se calienta, para favorecer el desprendimiento de los vapores de fósforo ó impedí- la oxidación. Los vapores se recogen en una disolución de nitrato de plata. Al efecto el recipiente ¡leva un tubo encorvado que se sumerge en la so- lución argéntica Como una parte del fósfor o queda en el re- cipiente se calienta para hacerlo pasar á la solución. So tiene asi un precipitado negro de fosfato de plata y ácido fosfórico que procede realmente del fósforo desprendido de las materias sospechosas. Procedimiento de Taylor—El sulfuro de carbono disuelve el fósforo muy bien y en gran cantidad'; al efecto se hacen digerir las materias sospechosas con sulfuro do carbono; este gana el fondo, se decanta y se evapora; deja un residuo infla- mable que se trata por el ácido nítrico hirviendo, ó por el cloro, para trasformarlo en áci do fosfórico, que se dosifica. Nota—Está hoy demostrado que el ácido hipofosforo- so y fosforoso pueden tomarse á dosis muy elevadas impune- mente; los hipofosfitos de sosa, cal y magnesia se adminis- tran como medicamentos á dosis de 3 gramos diarios. El 407 ácido fosfórico concentrado es corrosivo, aunque no tanto corno el sulfúrico. En Alemania se usa para limonada atem- perante muy diluido. Por último, dice Rabuteau, la ciencia no ha registrado todavía un caso de envenenamiento en el hombre por las combinaciones oxigenadas del fósforo. § 477—Envenenamiento por los arsenicales—Este grupo registra desde la antigüedad hasta hoy un gran nú- mero de crímenes, que han hecho terribles celebridades. Se ha empleado como medio de asesinar.de suicidio y los lico res medicinales de Pearson y Eowler, los verdes arsénica* Jes de Scheel y Scherenifurth y las pastas de Rosselot, de Fray Cosme han dado lugar á envenenamientos accidenta, les; como en estos últimos tiempos los coloreados con las fucsinas. Efectos tóxicos del acido arsenioso—Las dosis me- dicamentosas que se pueden administrar son: 1, 2 ó 3 miligra- mos al dia, que se pueden elevar hasta 2 y 3 centigramos y mas, por la tolerancia que se establece. Esta es muy va- riable. No puedo determinarse la dosis tóxica. Se ha seña- lado la de 1 á 3 centigramos para producir accidentes y la de 5 á 10 para producir la muerte. Se han podido ingerir grandes cantidades de este ácido sin peligro á causa de que los vómitos eliminaron mucha parte ó bien se había mezcla- do el veneno con sustancias grasas que retardan mucho la absorción. Se han hecho muchas divisiones de las formas de este envenenamiento. Rabuteau no admite sino dos: la aguda y )a lenta, basadas en que se administran á fuertes dosis ó débi- les y repetidas. Intoxicación aguda—El síntoma primario y mas per- sistente, son los vómitos, que se manifiestan, por lo general, de media á una hora, rara vez antes de 10 á 15 minutos y después de 6,10 y hasta 18 horas, cuando se ha ingerido ve- neno con alimentos ó después de la comida. Los vómitos se componen primero de materias alimenticias en las que se reconoce el ácido por su color blanco; después de materias blanquecinas y rara vez teñidas de sangre. Sed inestingui 408 ble, ardor y dolores epigástricos, que se propagan al vien- tre; cámaras repetidas, abundantes, blanquecinas y amarillen. tas muy fétidas. El veneno es absorvido; las facciones se alteran cada vez mas desde el principio; el aniquilamiento llega al máximum el corazón se debilita; sus latidos son irregulares, intermi- tentes, á veces rápidos, otras débiles é imperceptibles. En consecuencia el cuerpo se enfria; cara y extremidades yer- tas y cianóticas, como en los coléricos, continúan los vómitos y cámaras, y se presentan los calambres en las masas mus- culares como en aquellos. Se suprime la orina y la muerte viene á las pocas horas ó lo mas al uno ó dos dias. (For- ma aguda de Tardieu). En otros casos los vómitos cesan de pronto con un alivio aparente. Pero persisten la sed, lasen, sacion de ardor en el tubo digestivo y la debili dad; la len. gua está roja; la respiración difícil y fatigosa; la piel pre- senta manchas petequiales, eminencias vesiculares ó papula- res, y á veces ictericia. Puede haber albúmina e n las ori- nas, que son mas ó menos raras. La inteligencia intacta, los latidos del corazón mas débiles, aumenta el frió y viene la muerte entre 2 y 10 dias. (Forma sub-aguda de Tardieu). Puede suceder que no se manifiesten síntomas intestinales vómitos ni evacuaciones y se produzca la muerte rápidamen- te; lo que se observa cuando el veneno se ingiere disuelto en aúna, ó penetra, por absorción, inmediatamente en la circu- lación, produciendo súbitamente debilidad, enfriamiento, vér* tiii'os y síncope. (Forma latente de Tardieu, que no difiere de la aguda sino en la falta de los síntomas del tubo diges. tivo). Se diferencia de la intoxicación por el fósforo en que los vómitos, cámaras y orinas no favorecen y es menos fre- cuente la ictericia. Se diferencia del cólera en que las cá- maras son blanquecinas, amarillentas y menos serosas y so- lo contienen algunos granos riciformes, que caracterizan por su abundancia las cámaras coléricas. Cuando el enfermo cura los síntomas desaparecen poco á poco. No obstante, el dolor de estómago, vómitos y calambres persisten por al* 409 gun tiempo; hay debilidad, anemia y se observa la parálisis y anestesia. Intoxicación lenta—Resulta casi siempre de la admi- nistración de dosis repetidas y sucesivas del veneno; para reaparecer al cabo de algún tiempo; pero mas persistentes, sobre todo la sensación de acritud y ardor en la garganta y estómago. También se observan alternativas de convalescencia apa- rente y verdaderas recaídas. Los vómitos son frecuentes, biliosos, provocados por la ingestión de cualquier sustancia, acompañados de cólicos violentos y digestiones difíciles. El enfermo fatigado de do- lores y de lasitud en los miembros sufre vértigos y no puede tenerse en pié. Hemorragias por la nariz y hemorragias va- riadas,- manchas petequiales y erupciones variables se pre- sentan por intérvalos. A veces los síncopes y ataques con- vulsivos atestiguan la profunda alteración del sistema ner- vioso. La alteración progresiva de las facciones y la ema- ciación profunda dan el aspecto de un vejez anticipada. Los dolores de las articulaciones se estienden al espinazo, compli- cados con contracturas de los dedos de las manos y de los piés, ó con temblores- convulsivos; sensibilidad de la piel á menudo sobreseí tan te, sobre todo en las estremidades, con co- mezones insoportables y con cambios bruscos de calor y frió. Por último, aparece la paraplegia, solo de los miembros ó de toda la mitad inferior del cuerpo. Estos accidentes pueden prolongarse meses y años enteros; pero terminan fatalmen- te por la alteración de los centros vitales (Tardieu). El ácido arsenioso aplicado exteriormente, cuando la absorción se verifica con rapidez sobre una llaga ó como cáustico para destruir ciertos temores, produce los signos de la intoxicación aguda, con mas un dolor fijo en el punto de aplicación. La aplicación repetida de pomadas lijeramente cargadas ó de agua arsenical se observan los síntomas de la intoxicación; si hay mucho veneno puede producirse do- lor, hinchazón y rojez erisipelatosa en la parte en contacto con la preparación. 410 Lesiones anatómicas—El arsénico conserva ios tejidos y los momifica; de allí que retarda la putrefacción tanto mas cuanto mayor es la cantidad que ha penetrado en la circula- ción. La boca, faringe y exóíago pueden no presentar lesión, si no han estado en contacto con el veneno; en caso contrario, puede haber hinchazón de la lengua, rojez de las mucosas: manchas grisáceas y sanguinolentas, como en los casos de sustancias corrosivas. En el estómago puede no haber nada, pero-ordinariamente se encuentra que la mucosa un poco re- blandecida tiene una coloración uniforme gris; á menudo sem- brada de granos pequeños blancos ó amarillentos mas ó menos adherentes, según Tardieu formados de albúmina y materia grasa; lo mas comunmente se encuentran en el es- tómago, cuatro ó cinco chapas, ovales ó redondeadas, de di- mensiones variables, de un rojo violáceo ó negruzco y forma- das por una infiltración sanguínea sub-mucosa, algunas veces escoriadas y hasta gangrenosas. Los intestinos pueden pre- sentar lesiones de la misma naturaleza, rara vez profundas, principalmente en el duodeno, apéndice vermicular y ciego: los folículos están muv desarrollados y salientes en la su- perficie de la túnica interna. En el resto del tubo digestivo algunas sufusiones sanguíneas; pero sobre todo una especie de erupción sorentérica debida al desarrollo de los folículos aislados y análoga á la que se observa en el cólera. El híga- do está aumentado de volumen y muchas veces presenta los caractéres de la degeneración grasosa aguda. Los pulmones están infartados ó matizados de equimosis sub-pleurales estensas y difusas, á veces manchas equimóti- cas bajo el pericardio y endocardio. Los riñones pueden presentar también la degeneración grasosa. La sangre está fluida y de color de heces de vino en el corazón; á veces se encuentran en este coágulos voluminosos y descoloridos. La vejiga está á veces retraída. Según Rabuteau, el hidrógeno arseniado reduce la he- 411 moglobulina, la destruye, y el oxigeno no la modifica una vez reducida por este gas. Se han considerado los arsenicales como venenos corro- sivos; pero esta acción es secundaria; lo que hay que fijarse oen los síntomas generales y el trastorno profundo de la hematosis. Los obreros que estraen los minerales de arsénico, los que trabajan con el verde de Scheele y de Schvveinfurth (ar- senito de cobre y aceto-arsenito de cobre) están expuestos á los efectos de la intoxicación lenta por el arsénico y además á los de la acción local sóbrelas mucosas de los ojos, boca, garganta, etc. Investigación del arsénico—Para ella se han inven* tado muchos procederes, trataremos solo del de Marsh, que es el generalmente seguido. Este método se funda: Io En que cuando el hidrógeno naciente se encuentra en contacto con un compuesto arséni- ca!, se trasforma en hidrógeno arseniado, gas incoloro, de olor aliáceo y nauseabundo: 2 ° Este gas es combustible y produce al arder, agua y ácido arsenioso 2AsH3+0G=3H20-{- As203; pero si la combustión es incompleta, el hidrógeno arde solo dejando en libertad al arsénico. Si se recibe so- bre una cápsula de porcelana la. llama de un dardo de hidró- geno arseniado, el arsénico no arde ó lo hace incoinpletamen- e , y se deposita en la cápsula en forma de manchas erisadas: 3 o El hidrógeno arseniado se descompone por el calor Si se hace pasar por un tubo de vidrio calentado con una lámpara ó brasas, el arsénico se deposita en forma de ani- llos, mas allá de donde está el foco de calor, en la parte tria del tubo. El aparato de Marsh se compone de un frasco de dos bocas de los que se usan para producir hidrógeno en los laboratorios; perfectamente limpio, y dentro del cual se pone agua, zinc y ácido sulfúrico perfectamente puros. El tubo abductor está encorvado horizontalmente; lleva un ensancha- miento lleno de amianto ó algodón para detener las partí- 412 culas de zinc que puedan ser arrastradas por el gas; á este ensanchamiento va unido un tubo estrecho de 1 metro á P50, aguzado en su extremidad exterior y descasa en un ornillo de palastro con brasas. Si el frasco no contiene arsenical alguno el hidrógeno sale y puede arder en la punta (después de expulsado el ai- re para evitar una explosión) con una llama pálida, ligera- mente verdosa: una cápsula que intercepta esta llama no se mancha; si se encienden las brasas ó lámpara no deja en el tubo anillo alguno. Pero si se echa un líquido arsenical en el frasco, la llama de la punta del tubo torna un color blan- co lívido, y esparce vapores blancos de olor aliáceo: si se in- tercepta la llama con una cápsula esta se mancha de un ne- gro brillante de arsénico, y sise calienta el tubo se forma un anillo de arsénico en la parte fria. El antimonio produce manchas semejantes en las mismas circunstancias. Hé aquí sus caracteres diferenciales: ARSENICO Anillos brillantes; manchas de unnegro brillante; volátiles con olor aliáceo. El ácido nítrico hace desapare- cer las manchas de arsénico: si se evapora el licor y se añade nitra- to ile plata amoniacal, se tiene un precipitado ó una coloración rojo ladrillo de arseniato de plata. Las manchas tratadas por el sul- íidrato de amoniaco se disuelven lentamente; por evaporación que- da un sulfuro amarillo. El hipoclorito sódico, exento de cloro, disuelve las manchas rápi-¡ damente. Un nitro prusiano alcalino no¡ tiene acción sobre las manchas de arsénico. ¡| ANTIMONIO Anillos brillantes: manchas gri- ses en el centro, negras en las orillas, muy difícilmente volátiles y sin olor. Por el ácido nítrico se forma ácido antimónico blanco, que no cambia por el nitrato de plata amoniacal. Por el mismo medio, la disolu- ción es rápida; por evaporación queda un sulfuro naranjado. No tiene acción alguna sobre las manchas antimoniales. Disuelve las manchas de anti- monio. Puede suceder que se encuentren en las materias vo- mitadas y en el tubo digestivo partículas ó fragmentos del ácido ó compuesto arsenical, los que se deben buscar con una lente. Si se recogen se echan directamente en el aparato de 413 Marsh. Pero si no, si el veneno está disuelto que es lo mas común, hay que preparar las materias para examinarlas. Lo que se hace por los métodos siguientes: Io Se introducen en un matraz las materias reducidas en pequeños fragmentos; el hígado no se debe descuidar nun- ca; se echa ácido clorídrico y se calienta, añadiendo peque- ñas porciones de clorato potásico. Queda un liquido amari- llento que contiene el veneno en estado de ácido arsénico. 2 ° Se echan las materias en una retorta de cristal con ácido sulfúrico concentrado y se calienta. Se recoge el líqui- do que destila; y el residuo de la retorta se lava con agua y ácido clorídrico, y se filtran los productos del lavado. 3 ° Se trasforma el veneno en cloruro de arsénico, con las materias orgánicas por el método de Schneider y Tyfe, que consiste en destilar las materias con ácido sulfúrico y cloruro sódico. Las materias grasas y las sustancias nitro- genadas no impiden la reacción. El procedimiento de destrucción por ácido nítrico debe desecharse, porque el aparato no dá sus indicaciones cuan- do hay en él compuestos. El arsénico puede constatarse en cadáveres enterrados de mucho tiempo; en los detritus, paredes del ataúd y en el estiércol animal; así como en los órganos de personas tiradas al agua, aun corriente, pues las lavaduras no pueden quitar completamente el arsénico; por último, si en la tierra en que está el cadáver no consta que se ha echado algún líquido que contenga arsenicales, ó si no la hay en la tierra que rodea al cadáver ó ataúd y se encuentra en el cadáver ó sus restos puede afirmarse que hay envenenamiento. Conteniendo el ácido sulfúrico y el zinc por lo común arsénico debemos asegurarnos de que son bien puros, ha- ciendo funcionar el aparato un tiempo, sin las materias sos- pechosas. Las materias deben ponerse en frascos de vidrio nuevos, limpios y cada vez deben renovarse los elementos del apara- to con las mismas precauciones. § 478—Envenenamiento por los alcohólicos—Como 414 el envenenamiento por el alcohol es siempre accidental na- da tenemos que agregar á lo dicho á este respecto en el § 348. § 471)—Segundo grupo—Venenos plásmicos—Ni. tritos y vapores nitrosos—Hasta hoy no se tiene conoci- miento de un solo envenenamiento por los nitritos. Se han hecho algunos experimentos como los de Garogée en 1868, en sí mismo, y en animales. Lo resallante de estos experimentos es el color oscuro de chocolate que toma la sangre, su reacción neutra y aun acida, y la disminución de las rayas de la hemoglobulina oxigena- da, y manifestación de las rayas de la hematina acida en el análisis espectral. El bióxido de nitrógeno aspirado se convierte rápi- damente en peróxido de nitrógeno ó ácido hiponítrico. Esta intoxicación se caracteriza por su marcha insi- diosa, por las alteraciones de la sangre que son las pro- ducidas por los nitritos, y en el conducto respiratorio como cu e! digestivo las lesiones que producen las sus- tancias corrosivas. Primero hay tos, á veces expectoración sanguinolen- ta debida á la acción corrosiva, por último dolor de cabeza. Esta benignidad aparente no corresponde mu- chas veces á la gravedad del caso; cuando se ha res- pirado gran cantidad de estos vapores, el enfermo puede continuar en sus operaciones habituales; pero la muerte viene al cabo de algunas horas. Se presenta una sensación ardiente en la boca, garganta y pecho, opre- sión y tos; la espectoracion, amarilla, es purulenta des- pués; las cámaras color de limón, cara pálida, gran de- bilidad, orina escasa ó suprimida; se declara una fuerte neumonía y viene la muerte, conservando el sugeto su conocimiento, al cabo de unas 24 horas ó menos. Los ca- sos ocurridos no permiten designar aun lesiones anató- micas fijas. Las sales de plata no bandado aun un caso de en- venenamiento en el hombre fuera del nitrato, que debe 415 considerarse como veneno corrosivo y del cianuro que está comprendido entre esta clase de venenos, su estu- dio no es de aplicación práctica usual. § 480—Envenenáisiento por las sales metálicas á dosis pequeñas y continuas—A dosis elevadas deben estudiarse entre los venenos musculares, á pequeñas y continuadas dosis, los latidos del corazón se hacen siem- pre débiles, sobreviene un estado anémico mas ó menos pronunciado, la cara presenta una palidez tinte especial, modifican profundamente la hematosis, obrando sobre los glóbulos y sobre el plasma, con escepcion de las sales de sodio, potasio, magnesio, hierro y tal vez todos los metales cuyo peso atómico no llega á 56. Disminuyen los glóbulos y la fibrina y producen las caquexias me- tálicas parecidas á la arsenical. CAPITULO SmUIDO Venenos neuróticos § 481—Orden primero—paraliso motores—-Su ac- ción predominante es sobre los nervios motores; pero in- mediatamente despees de esta acción (curare) ó casi al mismo tiempo (haba del eaiabar) se afecta el gran sim- pático, resultando la parálisis de las fibras lisas, por lo que todos ellos, excepto el haba del cala bar, dilatan en un principio la pupila y después la contraen. El haba la contrae desde el principio aplicada alojo. El curare, como se sabe, lo usan mucho en sus He- chas los indios del ISIorte de la América del Sur, espe- cialmente los de la Guayana inglesa, que lo estraen de diversos Strijchnos; otra variedad procedente del Ama- zonas (curaré) y el urari-uva que preparan los indios de Yupara ai Norte del Brasil. Nunca ha sido empleado con un objeto criminal fue- ra de los paises en que se produce; bajo el punto de vista fisiológico ha sido estudiado por C. Bernard de un mo- do acabado. Es tóxico ingerido á la dosis de 15 centi- gramos. En caso análogo se encuentra el haba del calabar, sin embargo, do haber producido un caso de envenena- miento en una porción de niños de Liverpool, en el año 1864. Los niños comieron habas, traídas, no se sabe bien como, en un buque venido del rio Calabar. § 482—Envenenamiento por los acónitos y la aco- nitina—Los envenenamientos producidos por esta sustan- cia son casuales y debidos á la ingestión de una gran cantidad de tintura, ó de comer la raíz de la planta por rábano silvestre ó las hojas por hojas de ápio, en los pai- ses en que el acónito se produce. Los síntomas observados en el hombre, son: depre 417 sion muscular considerable, vómitos penosos, dificultad de respirar y hablar, dilatación de la pupila, latidos car- diacos tumultuosos y rápidos, pero débiles; ansiedad, agi- tación; enfriamiento, cianosis, y por último, la muerte por asfixia, algunas veces por síncope. La dosis de aconitina pura capaz de matar debe ser muy pequeña, un solo miligramo mata un perro. El Dr. Male (de Birmingham) murió por haber tomado 80 gotas de tintura en cuatro dias y diez dosis, 25 centigra- mos de estracto fresco han producido la muerte. Lesiones anatómicas—La mas frecuente es la infla- mación de la mucosa intestinal en un grado variable. Las demas lesiones no son constantes, entre ellas se pue- de citar la congestión pulmonar y de las meninges, la distencion y flazides del corazón. Schroff admite que la sangre está siempre fluida. La investigación se hace por el método de Stas (§ 528). Es soluble en el éter, aún después de seca; colora en ama- rillo y después en rojo violáceo tratada por el ácido sul- fúrico concentrado; por los ácidos diluidos dá sales que no precipitan por el amoniaco ni por el cloruro de pla- tino. § 483—Envenenamiento por la cicuta y cicutina--- Hay cuatro variedades de cicuta tanto mas venenosas cuanto mas cálido el clima; debiendo sus propiedades á un principio llamado cicutina ó conicina. Estas especies son: la cicuta mayor ú oficinal; la cicuta virosa, la ci- cuta menor ó de los jardines y la cicuta felándrio ó pe- regil de agua. Los efectos tóxicos de estas sustancias son: laxitud general, pesadez en las piernas, vértigos, el sugeto va- cila como si estuviera embriagado y después no puede moverse, á veces dolor de cabeza intensó, ansiedad pre- cordial, sequedad de garganta, pérdida de la palabra, ca- ra pálida, fisonomía profundamente alterada; la inteli- gencia está despejada, los enfermos oyen; pero no pue- den hablar, la mirada es fija, las pupilas dilatadas, turba- 418 cion de la vista y a veces aboiicion de ella. Despees sobrevienen convulsiones, estupor y respiración esterto- rosa, el cuerpo se enfria; los ojos se ponen salientes, la piel lívida y el enfermo muere rápidamente en 3, 4 á 6 horas. No ha}7 ejemplo de envenenamiento por la eonicina, solo se han hecho experimentos con animales, que de- muestran ser uno de los venenos mas enérgicos Sus efectos son: 1 ° excitación en un principio, y hasta convulsiones (que no se producen después de la in- gestión de las hojas de cicuta); 2° parálisis de los mo- vimientos voluntarios y disminución de la sensibilidad; 3 o excitación convulsiva de retorno cuando la dosis no es suficiente para producir la muerte y desaparece el ci- ca tismo. Lesiones anatómicas—Puede suceder que los carac- teres necroscópicos sean negativos; pero se observan con mucha frecuencia manchas petequiales en la piel, así como rojez é inyección en el tubo digestivo, congestión de las meninges, cerebro y órganos parenquimatosos. La sangre es negra y fluida. § 484—Orden segundo—excitadores reñejos ó es- pinales—estricnicos—Los estríemeos son un grupo de vegetales que contienen estricnina, brucina é i gas urina, venenos terribles que excitan en el mas alto grado la sen- sibilidad refleja. La nuez vómica es la semilla del Strig- chnosnux vómica, cuya corteza se llama, falsa angostu- ra; el S. calabrina; el S minor y ligustrina y otros mu- chos de este género viven en la India. El género lgna- tia suministra también al comercio varias plantas que contienen estricnina, el principales el Strigclmos Igua- la ó Ignatia amaro, cuyas semillas se llaman habas de San Ignacio y vive en las Islas Filipinas. La dosis mí- nima de estricnina capaz de matar á un adulto es de 1 1(2 á 2 centigramos, comunmente de 2 1(2 á 4; en los niños 2 á 3 miligramos: 15 á 18 centigramos del estrac- to de nuez vómica matan y 1(2 á 2 gramos del polvo también. 419 La brucina obra como la estricnina, pero con menor intensidad y generalidad; segun Magendie, es doce ve- ces menos activa, según Andral, 24 La igasurina obra del mismo modo; es mas activa que la brucina y menos que la estricnina. Después de un término variable, de un cuarto de ho- ra á media, por ejemplo, de haber ingerido á dosis tóxica cualquier otro producto de este género se manifiestan los síntomas. Si el producto está envuelto en materias grasas, ó el estómago las contiene en exceso pueden retardarse los electos considerablemente, hasta una y dos horas. Los síntomas son: malestar, inquietud, compresión en las sienes y la nuca y una sensación de sofocación inminente. Hay una sobrescitacion ó temblor de todo el cuerpo, con tirantez y sacudidas de los brazos y piernas. Luego so presentan bruscamente convulsiones tetánicas, con gran violencia y casi todos los músculos del cuer- po se afectan al mismo tiempo. Los miembros se tien- den hácia afuera, las manos se crispan; la cabeza, des- pués de algunas sacudidas convulsivas, se tiende hácia atras y el cuerpo se pone rígido como una plancha. A medida que las convulsiones aumentan de frecuencia y gravedad el cuerpo se encorva sobre el espinazo, (opis- tótonos) formando un arco. El abdomen está duro y tenso; la respiración no se verifica á causa de la contrac- ción de los músculos dilatadores. La cara toma un as- pecto sombrío, lívida ó congestionada con un aspecto salvage é inquieto, los ojos salientes y brillantes, las pupilas dilatadas y ios labios lívidos. La inteligencia está despejada, y los sufrimientos son horribles; los pa- cientes quieren gritar, pero no pueden á causa de la ri- gidez de los músculos de la laringe. Los ataques convulsivos duran de medio á uno ó dos minutos; pero se repiten luego ya espontáneamente ya al menor ruido ó contacto; van aumentando y el en- fermo sucumbe en uno de los ataques,, de media á una ó 420 das horas del envenenamiento. El envenenamiento por la estricnina, ya prodúzcala muerte, ya cure, no dura mas de tres horas, si bien quedan algunas convulsiones, excitación y fatiga que tarda en pasar á veces hasta una semana ó mas; y muchas veces se produce como conse- cuencia la diarrea. La muerte se verifica por verdadera asfixia. Lesiones anatómicas—El fenómeno que mas llama la atención es la rigidez cadavérica, que es tai á veces que tomando el cadáver por las piernas y levantándole se le puede sostener horizontalmente; la rigidez dura dias, y semanas enteras si el calor y la humedad no vienen á acelerar la putrefacción. La piel suele presentar manchas rojas. Las lesiones internas no tienen nada de caracterís- tico; la congestión del cerebro y sus membranas y déla médula es lo mas constante; á veces hay verdadero der- rame en su superficie ó en su masa, mas á menudo he- morragia meningea entre la pia madre y la aracnoides. La médula está muchas veces rodeada de un derrame sanguíneo ó reblandecida ó completamente desorganiza- da. A veces la pia madre está fuertemente inyectada y se encuentra entre ella y la dura madre coágulos mas ó menos voluminosos con ingurgitación de las venas pró- ximas. Los pulmones presentan los signos de la asfixia, lo mismo que el corazón está generalmente vacio, mas ó menos contraido y contiene un poco de s?angre fluida. El tubo digestivo nada presenta de particular; pero si el envenenamiento se verifica por el polvo de nuez vómi- ca hay rubicundez de la mucosa del estómago é intes- tinos. La investigación de la estricnina se hace por el mé- todo de Stas (§ 528) solo ó modificado. La estricnina es menos soluble en el alcohol que la brucina y la igasurína; se deposita fácilmente por la evaporación parcial del disolvente, mientras que las dos últimas permanecen disueltas. Tratada por el ácido sul- 421 fúrico y el bicromato, ó el ácido plúmblico, ó el bióxi- do de manganeso produce un hermoso color violado que desaparece en seguida pasando del rojo al amarillo. § 485—Envenenamiento por el agenjo—El absin- tisino se diferencia del alcoholismo. El agenjo (Arte- misa absinthium) contiene un aceite esencial, y las bebi - das alcohólicas preparadas con esta planta producen efectos especiales entre los que resultan las convulsio- nes epilépticas ó epileptiformes. En los perros á quienes se ingiere ó se inyecta en las venas la esencia de agenjo se nota estremecimiento muscular, sacudidas bruscas como en las descargas eléc- tricas, que se repiten en los músculos del cuello y echan la cabeza arriba y atrás, se continúan en el dorso y de- terminan también sacudidas bruscas; y se producen una série de fenómenos parecidos al vértigo epiléptico. A dosis mas elevadas, se producen estos fenómenos ó bruscamente, sobrevienen ataques de trismo y con- vulsiones tónicas, á veces en un lado del cuerpo, que se arquea, con la corvadura hacia el suelo y las extre- midades se elevan y tienden á encorvarse hácia el lado opuesto. Luego vienen convulsiones clónicas, castañeo de dientes, espuma en los labios, respiración estertoro- sa, evacuaciones de materias fecales y orina, y á veces hasta la esperma. Pasado el ataque el animal queda atontado, á veces ataques epilépticos y en los intérva- los verdaderas alucinaciones, furor, gritos, etc. En la autopsia se encuentra inyección de las me- ninges del cerebro y espina, predominante al nivel del bulvo; el cerebro y la médula presentan una inyección ge- neralizada. Los pulmones inyectados, á veces infiltra- dos de sangre en algunos puntos. El estómago rara vez es asiento de hemorragias. El pericardio y aún el en- docardio presentan á veces equimosis lenticulares. Estos mismos síntomas y lesiones se observan en el .absintismo crónico en el hombre, á los que se agregan los del alcohol. ... - 422 § 48G— Envenenamiento por las cantáridas y la cantaridina—Los insectos comprendidos entre las cantá- ridas tiene una materia llamada cantaridina que es el principio activo, venenoso y vesicante, el cual es volá- til, se pierde en las cantáridas conservadas en frascos mal tapados. La mas pequeña dosis de polvo capaz de matar lia sido de 1 gramo 20 centigramos en dosis; por lo común 2 á 8 gramos, la tintura alcohólica puede matar de 20 á 30 gramos, lo mismo la etérea: la cantaridina á 5 centi- gramos puede producir accidentes graves y hasta mor- tales. Este envenenamiento se complica á veces con los atentados al pudor, en los que se dá como filtros ama- torios (§ 101). Es á veces criminal y muchas mas casual • Síntomas—Casi inmediatamente después de la inges- tión del veneno, sensación de quemadura en la boca y garganta, que se propaga á lo largo del tubo digesti- vo. Se hinchan las glándulas sub-maxilares y la lengua, tialismo y sed intensa. El aliento y las materias vomi- tadas tienen olor á cantáridas. Estos síntomas son mas marcados por el polvo que por las tinturas. Absorvido el veneno se notan dolores intensos en los lomos y epigastrio, estranguria. Orina albuminosa por decamacion de los túbuli, cuyo epitelio se desprende en Corma de largos cilindros, pueden ser sanguinolentas y hasta purulentas. Se desarrolla un piiapismo á veces horrible. El clitoris se [tone turgente y la vulva se in- flama al contacto de la cantaridina; convulsiones y acce- sos tetánicos parecidos á los de la estricnina; cefalalgia., vértigos y con frecuencia delirio; pulso, al principio ace- lerado, se hace lento; sudores fríos, coma y la muerte del primero al quinto dia. La curación es lenta, du- rante dias y semanas la deglución, la digestión y la ex- creción urinarias son difíciles. Lesiones anatómicas—Las mucosas de la boca, retro- boca y exófago están inyectadas y presentan un color 423 rojo vinoso; así como el estómago, cuya rubicundez es mas pronunciada Inicia el cárdias, piloroy fondo mayor. El tubo intestinal también congestionado, hinchado, con descamasion epitelial y algunas vesículas de un líquido sero-purulento, y ulceraciones principalmente en el co- lon y recto. Los riñones hiperemiados, descamados los tubuli, ureteres con un punteado rojo ó rubicundez uni- forme; la vegiga contraida, aveces contiene un poco de orina albuminosa y sanguinolenta; la mucosa puede presentar equimosis, sobre todo en el fondo. Los cuer- pos cavernosos ingurgitados de sangre negra, la mucosa uretral roja. Se citan casos de pene gangrenado. Los pulmones frecuentemente llenos de sangre negruzca, la mucosa tráqueo bronquial con arborizaciones. El cora- zón flácido, contiene sangre negra no coagulada. Las meninges inyectadas, los senos llenos de sangre negra; la pulpa cerebral presenta á veces, por el corte, un pun- teado rojo. Los ventrículos contienen mucha serosidad, y se han visto las serosas articulares presentar una co- loración roja intensa. Investigación del /eneno—El polvo de cantáridas, se reconoce fácilmente en las materias vomitadas y en el tubo intestinal examinando sobre una lámina de cristal, expuesta á una luz muy fuerte, por su color mordoré. Pa- raexaminar el tubo intestinal se vuelre sobre sí, se insufla, y coloca un peso en una extremidad, para que la tirantez borre los pliegues. Una vez seco, se corta en pedacitos que se examinan escrupulosamente, por medio de una lente poderosa, pudiéndose reconocer las partículas mu- cho tiempo después de la inhumación. Poumet las en- contró á los siete meses y Orilla á los nueve. Muchos insec- tos tienen ál i tros de reflejo parecido á las cantáridas, como son los que llamamos catangas y otros; pero estos no producen efectos aplicados á la piel, ni dan cantaridina. Cuando se busca la cantaridina; las materias sospe- chosas, se secan al baño maría. El residuo seco se vuel- ve á tratar por el éter y la disolución se deja en repo- 424 so á un calor suave. Se presentan luego cristales de cantaridina; para obtenerlos puros se trata el residuo étereo por el cloroformo, que disuelve la cantaridina y la deposita por evaporación Cuando se trata por el ácido sulfúrico concentrado se disuelve sin colorarle. Calentado á la lámpara de al- cohol en un vidrio de reloj, un poco de esta disolución, se aparta de la llama y se echa un trozo de bicromato de potasa, se vé gran efervescencia y se trasforma en una masa de un verde precioso. Aplicando á los labios una cantidad mínima de cantaridina, al cuarto de hora apa- rece una vesícula en el punto de contacto. § 487—Orden tercero—Cerebro espinales—Cloro- formo, éter y anestésicos—El envenenamiento por el cloroformo es muchas veces casual; pero puede ser sui- cida y á veces criminal. Cuando los vapores de cloroformo están concentra- dos la muerte se produce con rapidez, cuando se mez- clan con suficiente cantidad de aire se necesita una ac- ción muy prolongada. La dosis por ingestión es muy variable se puede llegar de 4 á 60 gramos y Jackson pre- tende haber observado la curación después de la inges- tión de 120 gramos. Síntomas—Aparecen rápidamente después de la in- gestión del cloroformo líquido, generalmente á los 10 á 20 minutos, y consisten en: aturdimiento, incoherencia de ideas, embriaguez, que precede al coma y á la insen- sibilidad completa; respiración estertorosa; dilatación de las pupilas, alternativa ó continua; el aliento está car- gado de cloroformo; pulso lento y débil; piel fria, con- vulsiones generales, después una especie de ataque epi- leptiforme, y la muerte. Si el enfermo cura, despierta lentamente, vienen vómitos, se conserva por algunos dias dolor en la garganta, vientre, alguna vez ictericia, tos y un poco de catarro bronquial. Según Tardieu la muer- te por ingestión del cloroformo es muy rara. Por inhalación sabido es que se usa como anestésico, 425 y que se presentan en ella los periodos: de escitacion, de insensibilidad y de relajación, y que pasados algunos minutos de dejarse la inhalación el cloroformado queda en su estado ordinario; pero si se pasa de ciertos límites, el individuo palidece de pronto, la respiración que era lenta, grande y regular cesa también de pronto; el pul- so, cada vez menos frecuente, desaparece y el sugeto muere por asfixia, cuando la médula espinal recibe poco á poco los vapores, sin afectar los elementos del cora- zón, por síncope, cuando se respira una atmósfera muy cargada y el corazón recibe una cantidad de cloroformo suficiente para impresionarle. Lesiones anatómicas—Rigidez persistente y retardo notable de la putrefacción. Cuerpo pálido, presenta al- gunas placas violáceas; pero no las placas rosadas de la asfixia; las pupilas dilatadas; los tejidos y los órganos parenquimatosos dan señales de inflamación en la boca, exófago y estómago; congestión pulmonar intensa en la mayoría de los casos, en otros nada; corazón siempre flá- cido, blando, vacio, ó lleno de una sangre fluida y ne- gra, así como las venas gruesas; algunas veces un po- co de congestión cerebral. Investigación—El cloroformo se elimina en sustan- cia por la respiración. En el sugeto muerto debe bus- carse en la sangre, cerebro, hígado y bazo, etc. Se re- ducen á papilla mezclados con agua y se introducen en un matraz, de donde sale un tubo que está unido á otro de porcelana y después un tubo de bolas de Licbig, con una disolución de nitrato de plata. Se calienta el ma- traz al baño maria y el tubo de porcelana al rojo; el clo- roformo se desprende junto con el vapor de agua, se descompone al pasar por el tubo de porcelana, produ- ciendo ácido clorídrico, que precipita lo solución del tu- bo de bolas y forma cloruro de plata. El broinoformo (Nunncley), el éter común y el ami- leno dererminan accidentes análogos á los del clorofor- mo; pero los dos últimos mas rápidos y pasajeros. 426 Para la investigación del éter se usa el mismo apara- lo que para el fósforo, pero en vez de calentar el matraz á la lámpara se hace al baño maria, y se recoge el éter en el recipiente, en sustancia. § 488—Envenenamiento por el opio —En este enve- nenamiento se comprenden los envenenamientos por los alcaloides del opio y sus preparaciones. Los envenenamientos accidentales de este género son muy numerosos, hay también muchos suicidas y algunos criminales. Las formas son: por la ingestión del cocimiento de cabeza de adormidera (papaver somniferum) de donde se extrae el opio y sus sales (morfina, narceina, codeina, nar- co ti na, papaverina, etc.) aunque el alcaloide exclusiva- mente empleado para los envenenamientos suicida y cri- minal es la morfina; los láudanos, y las soluciones alco- hólicas, extractos y jarabes de opio, polvo de Dower, etc. Entre la multitud de alcaloides del opio hay seis principales, cuyos efectos resume así Iiabuteau: •Io. La tebaina, es tetánica y tóxica en los animales; pero á dosis mas elevadas que la estricnina; poco tóxica en el hombre, no es soporífera, pero sí analgésica. 2o. La papaverina, es poco activa en el hombre á dosis relativamente elevadas, 20 centigramos y mas; á grandes dosis estetánica y tóxica, pero no soporífera. 3o. La narcotina, es muy poco tóxica y mucho me- nos tetánica que la tebaina papaverina; no es soporí- fera, ni al parecer, analgésica. 4o. La codeina, debe, al parecer, ser muy peligrosa á dosis elevadas; es muy poco soporífera y analgésica. 5o. La narceina, la mas soporífera de las bases del opio en los animales, lo es menos que la morfina en el hombre. Es analgésica y poco tóxica. 6o. La morfina, es la mas soporífica y tóxica de las bases del opio en el hombre; produce analgesia, frecuen- temente la pérdida del apetito, náuseas y hasta vómitos. Con respecto á las condiciones que modifican la ac- 427 tividad de los venenos opiáceos hay que tener en cuenta, en primer lugar la edad: los niños pequeños no toleran dosis muy pequeñas, ni la décima parte de las dosis que toman los adultos; niños de menos de un año lian muer- to por 1 ó 2 gotas de láudano de Sydenham; los que padecen la enfermedad de Briglit toleran muy poco el opio; y las personas que toman ó fuman por vicio el opio toleran dosis enormes. Síntomas—Se distinguen tres formas de este envene- namiento: 153 Intoxicación sobre aguda—Casi inmediata- mente después de la ingestión sobreviene un sueño co- matoso, que nada puede vencer, y viene la muerte sin transición al cabo de tres cuartos de hora á una ó dos ho- ras; alguna vez es precedida por algunos movimientos convulsivos. Las pupilas están siempre dilatadas. 2 Intoxicación aguda comun—Los primeros efectos se manifiestan de media á una hora después de la inges- tión, algunas veces quince minutos y menos, en los niños especialmente. La muerte no sobreviene sino al cabo de 6 á 8 huras, y á veces de 4 á 5 dias. Al principio náuseas y vómitos (sobre todo en lamor- íina), que algunas veces faltan. Después pesadez de ca- beza, vértigos; exaltación de los sentidos, sobre todo de la vista y del oido; calor vivo, sequedad de la piel, boca y garganta; sobreviene sopor, insensibilidad y relajación musculares; cara inyectada, mirada fija, pupila contraida se dilata al fin (Taylor). Circulación al principio acele- rada, disminuye después, al mismo tiempo que la respira- ción, que es estertorosa, el pulso se hace imperceptible. La cara cambia, se pone pálida, los labios se ponen ne- gros, el cuerpo se enfria y viene el coma y la muerte. Además delirio y alucinaciones menos graves que en la intoxicación por las solanáceas virosas; el delirio que no es furioso y la inteligencia se conserva en parte. La comezón en la piel y erupciones papulosas y vesiculares, debidas á la eliminación parcial por la piel. 428 En los casos favorables los accidentes se disipan po- co á poco; el enfermo tiene por algunos dias gran debili- dad, obtusión de la sensibilidad, tendencia á los vómi- tos y á los síncopes. 3 Intoxicación lenta ó crónica—Se observa en los tomadores y fumadores de opio, y es objeto de investí, gacion por las compañías de seguros sobre la vida en sns contratos (§ 329). Los individuos que tienen esle vicio presentan: demacración general, que llega á la desapa- rición total del tejido grasoso; cara pálida, amarillenta, ojos húmedos, la espina dorsal encorvada y la marcha vacilante. Las cámaras difíciles en un principio se ha- cen raras, á veces cada 8 á 15 dias, después viene una diarrea incoercible. Tienen cefalalgia, neuralgias, impo- tencia, delirio y vértigos, pierden el sueño completamen- te. Aceleran la muerte: asma, hidrotorax, edema del pulmón, dilatación del corazón. Mueren en edad tem- y como los tomadores de arsénico, no pueden renunciar al opio, sin que los accidentes se agraven y produzcan rápidamente la muerte. En los fumadores predomina la excitación, lo que no sucede en los tomadores; no pierden el apetito, tienen sequedad de garganta y mueren mucho mas tarde. El humo de opio contiene óxido de carbono, ácido carbónico y cianuro de amonio, no contiene morfina (Reved). Lesiones anatómicas—El cadáver está pálido, pronta rigidez; la putrefacción retardada; así que empieza se ve- rifica rápidamente. Al abrir el cadáver se nota olor de opio si el veneno ha sido este ó sus preparaciones, que como el láudano, contienen mucho. Cuando el veneno es el láudano, la mucosa digestiva se presenta en muchas partes de color azafranado. El encéfalo por lo común hiperemiado, á veces con focos de apoplegía capilar. Los pulmones mas ó menos congestionados. Estas lesio- nes faltan á veces, de modo que las lesiones anatómicas no presentan nada de característico en este envenena- miento. La sangre está negra y fluida, si la agonía no ha sido larga. 429 La belladona no es un antagónico del opio sino cuan- do se administran juntos. Investigación del opio—El láudano tiñe el tubo di- gestivo; los alcaloides del opio se encuentran en la orina, y la presencia del ácido mecónico en las materias sospe- chosas autoriza á afirmar la presencia del opio. Investigación del acido mecónico—Se deseca al ba- ño maria un poco de materia sospechosa (orina, sangre, deyecciones, vómitos, etc.) y se trata el residuo por el alcohol y un poco de ácido clorídrico. Se filtra, se eva- pora del mismo modo, y el residuo, completamente seco, se trata por el agua hirviendo. Se filtra de nuevo y en frió, se sacan las materias grasas solidificadas en la su- perficie; se agita con bencina para sacar las materias co- lorantes, y el líquido acuoso separado de la bencina que sobrenada, se hierve y neutraliza con magnesia, y se ob- tiene meconato de magnesia. La bencina se guarda por- que disuelve los alcaloides, para investigación de estos. El percloruro de hierro produce en el líquido obteni- do un color rojo de sangre; los ácidos acético y fórmico producen la misma coloración; pero menos intensa y de- saparece con el calor y el ácido clorídrico. Investigación de los alcaloides del opio—Se sigue el método deStas (§ 528) y se obtiene una mezcla de al- caloides, que se separan por disolución. OAPITULO fllGIEO Venenos neuro musculares § 489—Solanáceas virosas—Belladona—La bella- dona (Atropa belladona) debe sus propiedades tóxicas á la atropina; las bayas son mas activas que la raiz, es- ta que las hojas. Este envenenamiento es casi siempre casual, aun- que algunas veces se lia producido con un objeto criminal- Síntomas—Son rápidos y casi inmediatos, consisten en una sequedad particular de la boca y garganta; ace- leración de los latidos cardiacos; vértigos y náuseas, ra- ramente vómitos; dilatación enorme y persistente de las pupilas con turbaciones de la vista, que se oscurece y algunas veces, al principio, síncopes, los individuos va- cilan como si estuviesen ebrios; pulso pequeño, con- centrado, frecuente ó bien lleno, duro y vibrante; cara turgescente; mirada fija, osea; los ojos inyectados, piel caliente; comezones vivas; erupciones eritematosas como escarlatiniformes; orinas raras, á veces completamente su- primidas. En los niños, convulsiones con contracciones espasmódicas de las mandíbulas- En los adultos, delirio especial, alegre, turbulento, erótico, con alucinaciones á veces acceso de furor, seguidos de estupor, de un ver- dadero coma, que terminan por la muerte al cabo del» 2, ó 3 dias, á veces en algunas horas. En los casos favorables los primeros accidentes se calman poco á poco, sobreviene reacción febril con su- dores abundantes y Ja curación se verifica en 4, á 8 dias. La atropina dá lugar á los mismos fenómenos que la belladona; pero su marcha es mas rápida y la muer- te mas pronta. Lesiones anatómicas—están muy lejos de ser cons- tantes ni características; se encuentra una congestión mas 431 ó menos viva cielos pulmones, del cerebro y sus cubier- tas, del hígado y de la retina; esta sobre todo en el en- venenamiento lento y repetido.- á veces hemorragias y focos apopléticos en el cerebro, cerebelo y médula oblon- gada. Algunas veces, según Taylor, hay pastosidad del estómago é inse,«tinos, excepto algunas manchas rojas en la proximidad del cardias, que se pueden encontrar en el exófago y en la boca. La atropina produce las mismas lesiones. Investigación de la atropina—Si el envenenamien- to se ha hecho con hojas ó bayas de belladona pueden estas reconocerse; si no hay qne proceder á investigar la atropina, lo que se hace por el método de Stas modifi- cado (§ 528). Es difícil de caracterizar químicamente, porque para ello se necesitan grandes cantidades que casi nunca se obtienen; por lo cual se acude á la expe- rimentación fisiológica, la cual debe hacerse en un per- ro, que es un animal muy sensible á la atropina y no en los conejos, que son refractarios á su acción. La experi- mentación se hace introduciendo una cierta cantidad de] líquido sospechoso en el tubo digestivo, haciendo inyec- ciones sub-cutáneas é instilando en el ojo; pero no debe atribuirse á sus resultados un valor exclusivo, porque hay muchas sustancias que dilatan la pupila como son las demás solanáceas virosas, la digital, el curare, etc. § 490—Envenenamiento por el estramonio (Cha- mico) y la daturina—Las diversas especies de datura suministran la daturina. En el pais es muy común e] datura estramonio, (chamico) planta que ha invadido, no solo los jardines, huertas, etc., sino grandes estensiones de terrenos, y se cultiva también en los jardines por la belleza y aroma desús flores el floripondio (D. Fastuo- siini). Sin embargo, de esta abundancia no suceden en- venenamientos con estas plantas, cuyas partes son todas venenosas, y especialmente las semillas. En Europa se ha usado mucho para atentar contraías mujeres ador- meciéndolas. 432 EL datura produce efectos análogos á los de la bella- dona; pero irrita mas el conducto digestivo, determina con mas frecuencia la ninfomanía y el priapismo y me- nos las convulsiones. A pequeñas dosis el datura y su alcaloide excitan el sistema nervioso y las fibras lisas; á dósis elevadas los paralizan así como álos músculos es- triados. Ha}7 además esta particularidad importante: los latidos del corazón pueden hacerse intermitentes, sus- penderse y traer un síncope mortal (Short, Oulmont y Laurent). Las lesiones anatómicas, el tratamiento y la investi- gación son como en el envenenamiento por la belladona. § 401—Envenenamiento por el beleño y la hios- ciamina—El beleño (Hyoscyamus) es un género que com- prende varias plantas venenosas, muy variables según la edad y las partes de las plantas: la planta de dos años es mas activa que la de uno; la raiz, mas que los tallos y las hojas y las semillas masque todas ellas. El envenenamiento por el beleño es análogo al de la belladona y al del datura; pero se notan algunas di- ferencias: el beleño solo excepcionalmente produce el eritema y rubicundez de la piel; el delirio no es furioso, hay mas bien tendencia al sueño; obra con menos rapi- dez y energía sobre la pupila, pero por mas tiempo y ocasiona mas la ampliación de los objetos: la curación es mas frecuente que en el envenenamiento por la be- lladona y el datura. § 492—Envenenamiento por el tabaco y la nico- tina—El género tabaco (Nicotiana) tiene en el pais va- rios representantes, el tabaco de fumar, el Palan palan y otros, todos venenosos á causa de la nicotina que con- tienen, veneno enérgico, que mata con una rapidez terri- ble y con solo algunas gotas que se depositen en la mu- cosa bucal; felizmente es tan difícil de obtener y de con- servar, este alcaloide líquido y volátil, que no se conoce, sino el célebre caso del conde de Bocarmé ocurrido en 1851, en Bélgica. Se producen algunos casos por la in- 433 yec.cion de lavativas de tabaco, algunos suicidios, toman- do el tabaco mismo ó su infusión 6 raramente por elim- ino del tabaco por abuso de los fumadores. Síntomas—Si el tabaco es ingerido en hojas, polvo, decocción por la boca ó por el recto á dósis venenosa (de 15 á 30 gramos): al cabo de algunos minutos, dos á siete, se observan vértigos, dolores de vientre muy agu- dos, náuseas, vómitos muy penosos, palidez extrema; una especie de estupor interrumpido por gritos ó con- vulsiones generales ó parciales, la respiración y los lati- dos del corazón se aceleran en un principio, después se. hacen lentos y sobreviene la muerte por asfixia con ó sin convulsiones. Cuando la nicotina penetra en el organismo rápida- mente la muerte se verifica en algunos minutos y aun en algunos segundos en un profundo desmayo'. Los envenenamientos por el humo no se verifican, sino por un abuso excesivo, especialmente de las pipas; pero se han visto acontecer de un modo casi repentino. Lesiones anatómicas—Por el tabaco mismo, nada de particular: los tejidos pálidos, algunas sufusiones sanguí- neas, algunas equimosis sobre todo en el tubo digestivo; la sangre negra y fluida. En el envenenamiento por la nicotina de Bocarmé lengua voluminosa y tumefacta, de color negro azulado: donde había caído la sustancia, que es corrosiva: la mu- cosa de este órgano reblandecida y friable, el resto déla mucosa cauterizada, se desprendía con facilidad, lo mis- mo que la faríngea y exofágica. La mucosa del paladar blanca, la de la faringe, exófago y estómago, rojas ó in- yectadas. En el fondo mayor del estómago, placas lí- vidas negruzcas circunscritas comprendiendo las capas mucosa y muscular. Los vasos peritoneales gravan al estómago llenos de una masa coagulada y negra. El duodeno inyectado, con manchas lívidas como el estó- mago. La sangre que había en el corazón, como en los pulmones era negra fluida; lo demás nada de particular. 434 No ha)7 observaciones de envenenamiento por el humo. § 493—Envenenamiento por la yerba mora y so- lanina—La yerba mora (Solarnm), la dulcamara, la pa- pa común y otras especies contienen un principio llama- do solanina, que es menos venenoso que la atropina, la daturina y la hiosciamina. Los síntomas presentan una completa semejanza en el envenenamiento, no hay au- topsias hechas en el hombre, en los casos raros, que hay de intoxicación por Ja yerba mora. § 494—Envenenamiento por la mandragora- El género mandragora tiene varias plantas que obran por la atropina que contienen y un principio de olor des- agradable que se desprende de ellas. Este principio es peligroso. Foderé dejó encima de su mesa una hermosa planta de mandragora y experimentó vértigos y una de- bilidad tal que no podía tenerse en pié. Estos síntomas desaparecieron luego que tiró la planta por la ventana,. § 495—Envenenamiento por la digital y la digita- lina—Esta planta se cultiva en muchos jardines (dedale- ra), de bellas llores; obra por la digitalina que contiene en todas las partes de Ja planta y sobre todo en las se- millas. Los envenenamientos por esta planta y su alcaloide son raros; algunos casuales por el mucho uso terapéuti- co que se hace, y solo un caso se cita de envenena- miento criminal, que es el del Dr. La Poummerais so- bre su cuñada la viuda Pavv; pero no está comprobado. Tardieu y Conty, dijeron: sin que podamos afirmarlo, fuer- tes presunciones nos inducen á creer que la viuda Paw ha sido víctima de un envenenamiento por la digitalina.» Síntomas—Por la oioital—Si las dosis se han au- mentado sucesivamente, los accidentes no aparecen sitió al cabo de 6 á 15 dias y mas; cuando la dosis es fuerte los accidentes se presentan al cabo de 1 á 3 horas, á veces de media hora: después de un malestar mas ó menos prolongado, vómitos violentos y repetid os, con materias líquidas verdosas; calor vivo en la ca- 435 beza, á veces insoportables vértigos, desvanecimientos, turbaciones de la vista, zumbidos de oidos y sensaciones de debilidad general. Los latidos del corazón y del pulso fuertes y precipitados, después caen á 50 y 40 por minuto; dolor en el epigastrio; cara pálida, con llama- radas por instantes; ojos inyectados y salientes; los vó- mitos se reiteran mas de cincuenta veces en las prime- ras lioras; después cesan, pero quedan náuseas. Los síntomas de los ojos son característicos: parecen salir de sus órbitas, las pupilas dilatadas y el color de los objetos parece azul. La lengua está ya seca y contraida, ya recubierta de un barniz blanquecino y rojo en los bordes y en la punta, ó hinchada con salibacion abun- dante y aliento fétido. La respiración es suspirosa, pro- funda, desigual. La impulsión del corazón es enérgica, los ruidos fuertes y sin alteración, el pulsóse pone fili- forme, irregular, intermitente y pequeño. Á veces hay diarrea, en otros so suprimen las cámaras y aun la orina. El abatimiento llega al extremo, la inteligencia se conserva; hay hipo, estado comatoso, evacuaciones in- voluntarias, movimientos convulsivos y la muerte por síncope, al cabo de 22 horas, hasta el 10°. dia. La curación, cuando la hay, es lenta, generalmente no se obtiene sino al cabo de quince dias hasta algunas semanas. Entre tanto los enfermos padecen de dolores de estómago y de cabeza, trastornos de la .visión, á ve- ces vértigos, el pulso es desigual y muchas veces se no- tan ruidos de fuelle anémicos en la base del corazón y grandes basos. Envenenamiento por la digitaliña—Una hora ó después de la ingestión; mal estar, vértigos, llamaradas á la cara, náuseas, dolor de cabeza, á veces escalofríos, sudores trios alternativos de calor y frió y turbaciones de la vista. Después ansiedad precordial y dolor al epigastrio, vómitos penosos, violentos y repetidos, acom- pañados de diarrea. El menor movimiento los hace re- petir. La respiración oprimida. El pulso primero íre* 436 cuente y tuerte, disminuye y baja á 20 ó 30 pulsaciones. Los ojos como con la digital. Contracciones espasmódr cas, piel tria, se debilita y se hace casi insensible como con la digital. Dolor de cabeza persistente, orinas su- primidas; calambres y dolores agudos á lo largo del ra- quis. Frecuentes alucinaciones. Este estado puede per- sistir dos ó tres dias, y venir la muerte como por la digi- tal; ó poco á poco van disipándose los síntomas y se pro- duce la curación como en aquel envenenamiento. Blacher compara la muerte por la digitalina á la producida por una hemorragia interna, brusca y abun- dante, Tardieu encuentra justa la expresión, porque es la forma de la muerte por la debilitación del órgano cen. tral de la circulación. Las pocas autopsias practicadas han dado resulta- dos negativos. Rabuteau cree que la influencia prolongada de la di- gital puede determinar la degeneración grasosa; pero no está demostrado. Investigación del veneno—En este, mas que en nin- guno otro envenenamiento, es preciso aislar la sustan- cia por la falta de lesiones anatómicas y de síntomas característicos bien marcados. El método para aislarlo es el de Stas ($$ 528), y veri- ficar las reacciones propias del alcaloide; la experimen- tación fisiológica carece de valor alguno, si no se verifica con una sustancia aislada y químicamente caracteri- zada. § 490—Envenenamiento por los antimoniales—Se comprenden en este grupo, el antimonio, el tártaro emético, el trisulfuro, el óxido y oxicloruro de antimo- nio, el quermes mineral, el óxido blanco de antimonio y el protocloruro ó manteca de antimonio. El emético es el que produce mas envenenamientos, los que son ra- ros y los mas de ellos accidentales. Hay dos formas de este envenenamiento, la aguda y la crónica. 437 La dosis capaz de producir el envenenamiento agudo es muy variable: en los niños pequeños han bastado 5 centigramos, en el adulto alguna vez 10 centigramos; pero ordinariamente la dosis es de 2á4 gramos: y han curado sugetos que lian tomado de 6 á 15 gramos. La tole- rancia por las grandes dosis 1[2 á 1 gramo se establece fácilmente. Al poco tiempo de ingerir la sustancia, á veces á los pocos minutos; sabor metálico, abundantes vómitos y cámaras con dolor en el epigastrio, desfallecimientos, síncopes, agitación, vértigo, especie de embriaguez par- ticular; calor en la garganta, deglución difícil. Movi- mientos respiratorios y del corazón primero mas fre- cuentes, disminuyen poco á poco. Los latidos del cora- zón acelerados en ciertos momentos por la parálisis del neumogástrico, son constantemente mas débiles. Pulso pequeño, insensible, cianosis y enfriamiento (algidez en- tibiada); se suprime la orina. La postración aumenta» imposibilidad de los movimientos, á veces temblor de los labios y extremidades, calambres, vómitos y cámaras diarréicas (cólera estibiado). Este período grave se pre- senta sobretodo en los niños; se diferencia del cólera en que las cámaras, en vez de incoloras y riciformes-, son sanguinolentas y los vómitos pueden contener sangre» sobre todo si el veneno se ha tomado concentrado ó en polvo. Dolor de cabeza, vértigos, pérdida del conoci- miento, delirio, á veces convulsiones y después la muer- te por parálisis del corazón, á las 8 á 12 horas en los ni- ños de 1 á 6 dias en los adultos. Hay casos en que no se han observado vómitos, sino algunas deyecciones, gran postración y la muerte se ha presentado de un modo sú- bito por suspensión de la circulación. Cuando la enfermedad dura de 1 á 2 dias, aparecen en la piel en los orificios de las glándulas sudoríparas (partes genitales, músculos, brazos, espalda) pústulas iguales á las que se producen con la pomada estibiada- debidas á la eliminación del veneno por la piel. 438 En el envenenamiento de forma lenta los síntomas siguen á veces una marcha insidiosa; el fenómeno mas notable es que, como el fosforo y el arsénico, puede producir la degeneración grasosa; además se producen: náuseas, vómitos mucosos y biliosos, diarreas serosas se- guidas de estreñimiento pertinaz, pulso pequeño y fre- cuente, piel húmeda y fría, debilidad m uscular, afonía y abatimiento. Estos síntomas no son sino la exagera- ción de los efectos fisiológicos de los antimoniales, de- presión del sistema nervioso y del muscular. Alguna vez se manifiesta la erupción pustulosa. La duración puede ser de muchos meses y la muerte viene por ani- quilamiento general, sin agonía ó precedida de algunas convulsiones. Los demás antimoniales usuales son menos activos que el emético, se establece fácil y prontamente la tole- rancia, y no pueden producir sino el envenenamiento cró- nico. Se citan casos en (pie la aplicación de la pomada es- tibiada ha producido'los de la absorción del veneno. Lesiones anatómicas—Las mas importantes son las que existen en el tubo digestivo y consisten: en pústu- las análogas á las de la piel en la epiglotis, exófago. estómago é intestino delgado: rubicundez é inyección de todo el tubo, á veces extravasaciones sanguíneas, ulce- raciones y hemorragias, y otras la esteatósis, principal- mente en el hígado. Las demás lesiones [Hieden faltar y son: sangre oscura y fluida, cavidades del corazón vacías, congestión é infiltración de las meninges, hiperemia y reblan d eci m i e n to ce re b ra 1. Investigación-El emético se elimina en parte por las orinas. El antimonio se encuentra principalmente en el hígado, después en el bazo y riñones, e:i las materias contenidas en ' el tubo digestivo, vómitos, cámaras y sangre. (Se destruye la materia orgánica (pie contienen las sustancias sospechosas (§ 177); al líquido obtenido se 439 cuida de no añadir agua; se introduce en él una lámi- na de estaño, en veinte y cuatro horas se adhiere á ella el antimonio, de donde se le desprende y disuelve en el agua mezclada con ácido clorídrico y se ensaya el líqui- do en el aparato de Marsh (§ 477) donde hemos dado los caracteres diferenciales con el arsénico). § 497—Envenenamiento por los compuestos del bismuto—Los compuestos insolubles de este metal son inofensivos; pero los solubles (emético de bismuto, el ci- trato amoniacal, etc.) producen efectos análogos á los de antimonio; el tratamiento es el mismo. La investigación se hace preparando las sustancias como si se quisiera investigar el arsénico ó el antimonio: se hace pasar una corriente de gas sulfídrico, y se ob- tiene un precipitado negro de sulfuro de bismuto; se re- coge este y se disuelve en el ácido nítrico; se le trasfor- ma en subnitrato y si hay materia suficiente en bismuto metálico. El agua en exceso produce en las disoluciones de sa. les metálicas, precipitados de sales básicas (excepto en él emético de bismuto, citrato amoniacal y otras); así el ni- trato produce sub-nitrato. Los álcalis y carbonatas al- calinos dan precipitados blancos, que se deshidratan y toman color amarillo cuando se hierven los líquidos. El ferrocianuro de potasio dá un precipitado blanco, inso- luble en el ácido clorídrico; el yoduro de potasio lo dá, amarillo morenuzco soluble en un exceso de reactivo. El zinc, cobre y estaño precipitan el bismuto en forma de un polvo negro impalpable. § 498—Orden primero—paraliso musculares—Se comprenden en este orden los venenos que tienen la pro- piedad de paralizar las fibras musculares: producen ia muer- te por la paralización del corazón; rara vez por suspensión de la respiración, por parálisis de los músculos inspirado- res, por lo que se les ha llamado, inexactamente, venenos car- diacos. Los venenos del sistema nervioso motor matan por asfixia, los paraliso motores por síncope. Todos los vene- 440 nos musculares producen los síntomas vómito; al principio estremecimientos musculares y movimientos convulsivos, que pueden hacer creer que se trata de venenos tetánicos. La alteración es funcional sin modificación de estructura en los músculos paralizados; la inteligencia conserva, en gene- ral su integridad. § 199—Envenenamiento por la veratrina y vegeta- les que la contienen—Varias plantas del género Veratrum como el V. álbum (eléboro blanco) el V. nigrum, el V. viride, el V. sabadilla, y otras comunes en el continente america- no del Norte, la Cebadilla de Méjico, contienen la veratrina, veneno enérgico, tóxico á la dosis de 3 miligramos por dia (Taylor). El polvo de veratrina es tóxico á la dosis de 30 á 40 centigramos. Hebnot ha visto una intoxicación mortal á la dosis de 1 ‘20 gramos. Síntomas—Aplicada á la piel húmeda ó sobre las mu- cosas produce una acción muy irritante. Introducido en el organismo produce, náuseas, vómitos y diarrea acompañada de cólicos; que pueden persistir mu- cho tiempo: á veces hay convulsiones; siempre gran debi- lidad, sudores frios, lentitud en la circulación, desmayos: los latidos del corazón se hacen débiles, intermitentes, y se pa- ralizan, antes que los movimientos de la respiración, que se hacen cada vez mas débiles. La muerte viene á las doce ho- ras mas ó menos. La acción de la veratrina sobre el sistema muscular es: primero de excitación por el contacto de la sustancia estra- da, sigue un periodo de contracción y concluye en un periodo de relajación, de inercia general y pérdida de la contractibi- lidad muscular. Lesiones anatómicas—-Antes se comprendían las lesio- nes producidas por los veratros y el cólchico, y hoy se admite generalmente que son análogos; pero la hiperemia y descama- ción de la mucosa digestiva (cuando existe) no es tan pro- nunciada en el envenenamiento por los veratros; no se observa la diarrea mucosa y sanguinolenta, ni el flujo i n test i- 441 nal de sangre pura, que caracterizan el envenenamiento por- el cólchico. Investigación—Buscar los residuos en los vómitos, si han sido dados los veratros en sustancia, El polvo de semi- llas de cebadilla es moreno oscuro y de olor picante; al mi- croscopio es amarillento y cristalino; la tintura de yodo lo colora en amarillo y la potasa en moreno. El de veratro blan- co es blanco grisáceo y de olor picante; al microscopio blan- co y cristalino; la tintura de yodo lo colora en azul. Para buscar la veratrina debe emplearse el método de Stass, usando en vez del éter, el cloroformo que disuelve me- jor la veratrina. Así saldrían también la sabadinilla y la sabatrina que se separan por disolución. La veratrina ne- cesita para disolverse 1000 partes de agua, la sabadinilla 150 y la sabatrina. 40. La sabadin lia cristaliza fácilmente agre- gando agua á su solución alcohólica y la sabatrina es incris- talizable. § 500 - Envenenamiento por el cólchico y la col- chicina—El cólchico de otoño debe sus propiedades veneno- sas á la colchicina. Rabuteau forma un capítulo especial con este envenenamiento y el producido por las sales de urano, á los que llama venenos no clasificados; pero es in- dudable que hay mucha semejanza entre los efectos de la colchicina y los de la veratrina, y parece propio, para hacer resaltar mas las diferencias poner á continuación el uno del otro. Rabuteau cree que deberá colocarse en los venenos narcóticos, según los experimentos hechos por él. La dosis de gramo y medio de bulbo fresco recolectado á principios de otoño puede determinar accidentes graves; la colchicina puede matar á dosis de 1 [3 á 1 [2 gramo. Casi todos los casos de envenenamiento por esta sustancia y por el cólchico son mortales. Síntomas—Sabor de fécula seguido de acritud, calor, aumento de salivación y constricción en la garganta. Al cabo de una hora, á veces hasta tres, náuseas y vómitos persistentes primero de alimentos y bilis, después son de un color moreno á veces sanguinolentos. Dolores de vientre, cá- 442 maras mucosas, después sanguinolentas y á veces de sangre casi pura. Aparecen los síntomas generales que resultan de la absorción del veneno que tienen analogía con los del ve- ratro y la veratrina; pero el corazón se afecta con menos ra- pidez y la muerte sucede con mas frecuencia por asflxia. Los movimientos respiratorios y cardiacos se hacen unas veces mas rápidos, otras mas lentos, pero siempre mas débi- les; los párpados y las mucosas se ponen cianóticos, se frun- ce la cara y la temperatura baja 3 y 4o; sudores fríos, in sensibilidad del pulso, calambres, postración y aniquilamien- to síntomas que recuerdan el cólera. La muerte viene á las 20 ó 30 horas, á veces mas pronto y otras á los 2 ó 3 dias, precedida muchas veces de convulsiones. En algunos casos, los enfermos sucumben al cabo de un tiempo mas ó menos largo, por efecto de una diarrea crónica consecutiva. Las lesiones anatómicas son muy semejantes á las pro- ducidas por la veratrina. Los experimentos hechos sobre animales, llevan á Ra- buteau, á las siguientes conclusiones: Ia. La colchicina no es un veneno muscular. 2a. Esta sustancia para los nervios motores. 3a. Paraliza los nervios sensitivos después de haber exal- tado sus propiedades. Sin embargo, el mismo Rabuteau reconoce la necesidad de comprobar estas proposiciones por nuevos experimentos. Este profesor explica la acción preponderante de la colchici- na sobre el estómago é intestinos, por la eliminación de la sustancia por esa vía y por ser ella una sustancia irritante: las alteraciones de los riñones reconocerían la misma causa. Investigación—El método de Stas, sustituyendo el áci- do tartárico ú oxálico por el ácido clorídrico y los alcalinos por la magnesia. El alcaloide se reconoce por sus reacciones. El cloruro de oro, el agua clorurada y los ácidos sulfúrico y nítrico concentrado la coloran en amarillo; este último después de haber producido una coloración violada y después verde acei- tuna; el tanino la precipita en blanco, el precipitado se redu- 443 ce por el calor y toma un aspecto resinoso: la tintura de yo- do y el yoduro de potasio yodurado la precipita en moreno quermes. § 501—Venenos musculares de origen orgánico— Rabuteau habla de la ponzoña ó veneno de sapo. Las diversas especies de sapos del país no producen los efec- tos que se les atribuyen, á lómenos ios que conocemos. Se vé niños jugar con sapos, sin ver jamás accidente alguno. Acaso haya alguna especie venenosa fuera del país y aun en alguna provincia que no conocemos; pero lo dudamos. Se citan también el corowal y el vao como vene- nos puramente musculares. Los hongos tienen numerosos géneros y especies que los representan en el pais y son en su mayor parte ve- nenosos; además de los hongos microscópicos que pro- ducen enfermedades parasitarias especiales, como la ti- ña tonsurante ei Trichophyton tonsuraus; el Microsporon nietagrophites, la mentagra y el M. fúrfur, la pitiriasis visicolor, etc. Ei principio venenoso de los hongos no es aun bien conocido. Letellier aisló un principio muy venenoso de varias especies de Amanitas, al que llamó amanitina muy peligroso y no bien determinado. Paulet ha observado- Io. que este veneno el jugo de los hongos; 2o. que no es volátil, pues el agua destilada de hongos es inofensiva y los hongos son venenosos después de dese- cados; 3o. que el aguapura, ó mejor salada ó mezclada con ácido clorídrico, vinagre, alcohol ó éter sustraen por maceracion ó cocimiento el principio venenoso, y los lí- quidos resultantes son venenosos. El veneno parece eliminarse del organismo sin modificación. Síntomas—Se presentan á veces á la 1 ó 2 horas; pe- ro con mas frecuencia á las 6,12 y aun 24 horas. Con- sistiendo en: ansiedad, sed, náuseas, vómitos, dolores de vientre, cámaras abundantes, fétidas, á menudo negruz- 444 cas y sanguinolentas. Raras veces faltan los vómitos. El pulso se pone débil, se enfrian las extremidades, y has- ta se ponen violáceas, como así mismo la lengua y lábios, sudores frios y postración; indiferencia, vista debilitada á veces los objetos se ven azulados y hay vértigos. Au- menta cada vez mas el enfriamiento y la pequeñez del pulso, á veces convulsiones, y la muerte viene al cabo de uno á dos dias, ya con la inteligencia intacta, ya con ideas incoherentes ó delirantes. Cuando los pacientes curan, la convalescencia es lar- ga y penosa, puede durar varios dias y aun meses, y se caracteriza por la debilidad, la palidez y ios trastornos di- gestivos. Lesiones anatómicas—Rigidez cadavérica, muy pro- nunciada al principio, seguida de relajación completa mas pronta que de ordinario. El cuerpo presenta á veces man- chas azuladas ó violáceas; el vientre contraido, abultado por gases fétidos que distienden el estómago é intestinos, los cua- les contienen restos de los hongos y un líquido verdoso ó negruzco. Las mucosas presentan manchas lívidas, violá- ceas, arborizaciones, corrosiones y hasta chapas gangreno- sas. Pulmpues congestionados. Las cavidades derechas del corazón y troncos venosos, llenos de sangre semi-fluida ó con coágulos, las izquierdas vacias. Las meninges congestio- nadas y la sustancia cerebral arenosa ó punteada. Investigación del veneno—Deben buscarse los restos de los hongos, por medio de una lente y al microscopio, te- niendo en cuenta que los esporos presentan mucha resisten- cia á la acción del calor y del trabajo digestivo. § 502—Envenenamiento por el nitrato de potasio — {Salitre). Este envenenamiento es con frecuencia acciden- tal y se produce tomando esta sal confundiéndola con sul- fato de magnesia, de soda ú otros purgantes salinos. La dosis tóxica es de 15 gramos arriba para un adulto. Síntomas—A dosis de 5 á 10 gramos disuelto en un va- so de agua produce ligera lentitud del pulso y un poco de aumento en la excreción urinaria; á veces produce estreñí- 445 miento y si camina á lo largo del tubo digestivo diarrea. Este efecto es el mas frecuente cuando la dosis es de 15 gramos. A dosis mas elevadas ó concentradas produce náuseas, vómitos á veces teñidos de sangre, dolores de vientre, diar- rea á veces sanguinolenta. Si el veneno se absorve hay lentitud considerable de !a circulación, desfallecimiento, sin- copes, parálisis de los miembros, en particular de los abdomi- nales; la voz se estingue, la respiración difícil por la paráli- sis de los músculos dilatadores del pecho; enfriamiento, sudo- res fríos, cianosis; orinas raras; el corazón se paraliza. Si no se veriñca la muerte el enfermo queda muy débil por muchos dias, hay temblores, estremecimientos convulsi- vos y accidentes coreiformes. Estos síntomas son también los de la intoxicación crónica unidos á la lentitud del pulso, somnolencia y palidez de la cara, debida á un estado anémi- co é hidroanémico. Lesiones anatómicas—Si el nitro ha sido ingerido muy diluido las mucosas digestivas están intactas: si ha estado muy concentrado pueden estar enrojecidas, inflamadas, des- prendidas en algunos puntos y bañadas por un liquido san- guinolento. El corazón está flácido, contiene en general san- gre fluida; el izquierdo sangre roja, el derecho sangre un poco menos oscura; lo que prueba que el veneno no mata por asfixia y que como diversas sales de potasio y sodio hace mas rutilantes los glóbulos. Investigación del veneno—Se encuentra el veneno en los líquidos del organismo, vómitos, deyecciones y conteni- das del tubo digestivo; debe examinarse especialmente la orina contenida en la vejiga. Investigación de los nitratos en general—Io. El cobre y el ácido sulfúrico, desprenden, sobre todo en ca- liente, vapores rutilantes. 2o. El sulfato ferroso y el ácido sulfúrico, á los que se añade la solución de nitrato, dan en los puntos de contacto, zonas coloreadas del rosa al moreno. 3o. El nitrato disuelto, mezclado á la brucina también 446 disuelta, añadiendo jrota á gota ácido sulfúrico; se obtiene una coloración roja. 4o. La solución de nitrato calentada, descolora la solu- ción de sulfato ácido de índigo. Para ais'ar el nitrato de sodio ó de potasio, se trata el líquido por el subacetato de plomo; se hierve y se filtra: des- puesse añade sosa ó carbonato de sodio; se filtra de nuevo; se añade ácido acético y se evapora á sequedad en el baño maricq el residuo se trata por el alcohol puro y el nitrato de potasio insoluble en el alcohol, queda aislado. Una ó dos cristalizaciones lo purifican y puede presentarse como prue- ba de convicción. El nitrato de sodio obra como el de potasio, pero mas lentamente y á dosis mas elevadas; su investigación se hace como para el nitrato de potasio. § 503—Envenenamiento por los compuestos de cobre—El cobre puro no es venenoso por sí mismo; lo es en las combinaciones solubles con mucha rapidez y mas lenta- mente en las insolubles. Este envenenamiento es rara vez criminal ó suicida, con mas frecuencia es profesional ó accidental, sobre todo por el empleo de vasijas de cobre cuando se trata de alimentos gra- sos ó preparados con ácidos que permanecen mucho tiempo fríos, y también por el empleo de sales de cobre como mate- ria colorante en dulces y preparados alimenticios. Las dosis venenosas son de 60 centigramos arriba en las sales solubles; de 3 gramos con el verde gris. Se distin- guen; la forma aguda y la forma lenta. Síntomas de la intoxicación aguda—Desde el priu cipio: sabor estíptico, nauseabundo que persiste durante toda la enfermedad; después vómitos y diarreas verdosas, á veces con cólicos atroces, algunas veces serosas y raramente san- guinolentas asi como los vómitos. Asi que el veneno es ab sorvido el pulso y la respiración se hacen lentos, dolor do cabeza, abatimiento cada vez mas marcado, calambres, sudo- res fríos, vértigos y después síncopes; las orinas raras ó su priendas. La muerte viene por la parálisis del corazón, de 447 todos los músculos. La muerte sobreviene 10 ó mas horasá veces uno ó dos días. Cuando el venenóse ingiere mezclado con los alimentos los sintomas se retardan y si la enfermedad dura algún tiempo hay ictericia. La curación es frecuente; los sintonías van moderándose; queda, á veces por muchos dias, gran irritabilidad del tubo digestivo, cólicos, meteorismo, diarrea, vómitos, parálisis y temblores. Síntomas de la forma lenta—Al cabo de varios meses de la absorción del cobre, se presentan: cólicos habi- tuales, dolores de estómago, digestiones difíciles, dolores en las articulaciones, tos y sudores nocturnos sin lesiones pul- monares aparentes; retracción y ulceración de las encías, con un cordoncillo rojo púrpura; estado anémico con alteración profunda de la constitución, que dan un aspecto caquético á la fisonomía. La piel y los cabellos presentan un tinte ver- doso. Por último la muerte viene, al cabo de un tiempo mas ó menos largo, en el marasmo. Lesiones anatómicas—No son constantes. Se pue- den encontrar en todo el tubo digestivo chapas rojas, man- chas equimóticas negruzcas y extravasaciones de sangre, tanto mas abundantes y mayores cuanto mas concentrado se ingirió el veneno: rara vez ulceraciones y menos perforacio- nes. Cuando la muerte ha sido rápida puede observarse una coloración azul. Las sustancias contenidas en el tubo presentan á veces un color verdoso, lo mismo que los teji- dos. El inesenterio y los epiplones participan á menudo de la inflamación de los intestinos. Se han visto algunas veces los pulmones congestionados. Investigación del cobre—Algunos han pretendido que el cobre existia normalmente en el organismo, aun- que en cantidades representadas por cifras del sexto y sé- timo orden decimal; hoy parece demostrado que ni aun es - to es cierto y que depende de que se han hecho los traba- jos con lámparas, picos de gas, sopletes, alambiques, etc. de cobre. Las materias de los vómitos, cámaras, tubo digestivo. 448 hígado, etc. Se queman en cápsulas de platino y las ceni- zas se tratan por el ácido nítrico ó el agua regia. Se neu- tralizan los líquidos, se filtran, ó se evaporan hasta consis- tencia de jarabe, y se añade al residuo agua destilada. La solución se trata por los reactivos del cobre. El amoniaco da un precipitado azul, que se disuelve en un exceso de reactivo con un hermoso color celeste; el arseni- to de potasa dá verde (de Scheele); el ferrocianuro potásico color moreno castaño. Gomo pieza de convicción puede pre- sentarse un hilo de platino, que sumergido en una disolución de cobre se cubre con una capa de este metal. § 504 — Envenenamiento por los compuestos de zinc—Tampoco este metal es venenoso en estado puro; los compuestos solubles, sulfato, cloruro, acetato, etc., son vene- nos activos, los insolubles son poco venenosos. Las vasijas cubiertas de zinc no son peligrosas para el agua, si el zinc no contiene arsénico, loque es muy frecuente; los vinos, alimen- tos y cerveza que permanecen en ellas producen náuseas, vó- mitos, cólicos y diarrea. No están determinadas las dosis venenosas de las sales de zinc. Se distinguen las dos formas que en el cobre. Síntomas de la forma aguda—Son análogos á los producidos por el cobre. El sabor estíptico es menos desa- gradable; luego hay fuerte constricción en la garganta. La muerte viene de 10 a 36 y 48 horas después de la ingestión El cloruro, que es muy caustico, obra como el sulfato cuando está muy diluido. El sulfato produce un sabor muy acre. Síntomas de la forma lenta—Se producen por el uso prolongado de medicamentos que contienen zinc, y son estreñimiento, enflaquecimiento y estado anémico mas ó menos marcado. Es la mas benigna de las ca- quexias metálicas, y se cura rápidamente. La intoxicación profesional es mas grave, y es mix- ta porque los minerales de zinc y el zinc del comercio contienen siempre arsénico, y predominan los síntomas de la forma lenta. 449 Lesiones anatómicas—Se lian encontrado las mu- cosas del estómago y primeras porciones del intestino delgado reblandecidas, inflamadas y hasta equimosadas. Otras veces, como curtidas, arrugadas y engrosadas. Van Hosselt considera el aspecto blanco y arrugado de la mucosa bucal como característico de la ingestión del sulfato de zinc. Investigación—Se encuentra en los vómitos, cáma- ras, tubo digestivo, orina, leche, hígado, etc. y tarda mucho en eliminarse. No debe emplearse la carboniza- ción directa que volatiliza el metal reducido, ni evapo- rar á sequedad las disoluciones de cloruro, porque este se volatiliza también á una temperatura poco elevada. Destruidas las materias orgánicas (§ 477), se hace pasar una corriente de gas sulfídrico, por ei líquido diluido en un poco de agua destilada. Se filtra, se añade al líqui- do filtrado acetato de amoniaco ó de sosa; se trata por el gas sulfídrico ó el sulfidrato de amoniaco; se recoge en un filtro el sulfuro de zinc precipitado y se lava, con una disolución de ácido sulfídrico. Se disuelve en áci- do nítrico en exceso, y la disolución dá: con la potasa, sosa, amoniaco, bicarbonatos de sosa, y potasa; precipi- tado blanco soluble en un exceso de reactivo; con el fer- rocianuro potásico y monosulfuros alcalinos, precipitado blanco. § 505—Envenenamiento por los compuestos de plomo—El agua aireada ataca las cañerias de plomo, lo mismo que cuando contienen ácidos que formen sales so- lubles de plomo, sulfatos de potasa, sosa, amoniaco, mag- nesia, cal, alúmina, cloruros de calcio, amonio, acetatos de potasa ó sosa, y potasa ó sosa. Esto explica los ac- cidentes producidos por el agua guardada en vasijas de plomo y lo poco frecuentes que son los accidentes pro- ducidos por aguas potables conducidas por cañerias de plomo; contienen principalmente bicarbonato de cal y cloruro de sodio que no atacan al plomo. El vino y los alimentos conservados ó preparados 450 en vasijas de plomo ó de aleación de plomo y estaño pueden producir envenenamientos. El envenenamiento profesional es frecuente. Se distinguen las dos formas, aguda y lenta. Síntomas de la forma aguda—Inmediatamente después de la ingestión, sabor azucarado persistente, y después se mezcla con un sabor estíptico desagradable, con una sensación de constricción en la boca y gargan- ta, que llega á veces á impedir la palabra. Sobrevie- nen náuseas y vómitos, estos á veces faltan, cólicos muy agudos con diarrea y á veces estreñimiento, las materias vomitadas están blanquecinas por el cloruro de plomo, á veces son amarillentas por la bilis; el vientre se retrae fuertemente; las cámaras son negruzcas por el sulfuro de plomo; los miembros inferiores se embotan; abatimiento general; rostro pálido, labios lívidos, aliento fétido, ca- lambres y parálisis de las extremidades, convulsiones, estupor y coma, viniendo la muerte al cabo de uno, dos ó tres dias. Uno de los fenómenos mas notables es la debilidad y lentitud del pulso que llega hasta 40 pul- saciones por minuto. Cuando la muerte no sobreviene se presentan los síntomas de la intoxicación lenta. Síntomas de la forma lenta—Padecida con mucha frecuencia por los mineros, molenderos de albayalde, fundidores, plomeros, etc., á veces consecutiva del enve- nenamiento agudo, y otras á la bebida de vino dulcifica- do con litargirio, cerveza, cidra y agua que contienen plomo. Los síntomas son: al cabo de semanas y de me- ses de estar sometido el sugeto á la acción de los vapo- res ó polvo de plomo: palidez y enflaquecimiento rápido: carnes flácidas; piel amarillo-terrosa característica, so- bre todo en la cara y escleróticas; la orina presenta á veces este color; aliento fétido; sabor de boca dulzaino y estíptico; la mucosa bucal con manchas grises apizarra- das; al rededor de los dientes un cordon de este color; encías descarnadas, rugosas y á veces sanguinolentas y ulceradas; dientes amarillentos; fácilmente cáries, prin- 451 ¿¡pálmente en los incisivos y caninos, cólicos dolores de los miembros, parálisis ó accidentes cerebrales. (Tan- querel). El cólico saturnino ó de los pintores es caracterís- tico; precedido algunos dias de malestar, inapetencia y constipación persistente. Los cólicos son violentos y acompañados de hipo, vómitos biliosos y retraimiento del vientre; duran 5 ó 6 dias, aparecen y reaparecer mien- tras el individuo está sugeto á las mismas influencias. Dolores de los miembros (astralgia saturnina) en estas masas musculares lumbares y toráxicas y articulaciones: parálisis principalmente de los estensores de los miem- bros, á veces los de la lengua, laringe y tórax; los pa- cientes se encorvan hacia adelante; á veces labios tem- blorosos, afonía, y cuando se produce la parálisis de los músculos intercostales puede venir la muerte por asfixia. Accidentes nerviosos graves (encefalopatía saturni- na) se presentan bruscamente unas veces, otras pren- didos de dolor de cabeza, vértigos, somnolencia, triste- za vaga, embotamiento y hormigueo en los miembros: consisten en convulsiones epileptiformes, delirio á veces furioso, otras coma. Estos síntomas terminan en la caquexia saturnina ai cabo de mas ó menos tiempo ó de un modo brusco, á consecuencia de accidentes cerebrales. Lesiones anatómicas—Son á veces nulas. El cuerpo está amarillento pálido, vientre duro y retraido; las mu- cosas recubiertas á veces de una capa blanquecina ó blan- co amarillenta; á veces están reblandecidas, con rubicun- dez y con extravasaciones. Los tubuli de los riñones alterados, y su degeneración grasosa es causa de la al- buminacion que se presenta á veces en esta enfermedad. Investigación—El veneno debe buscarse en los vó- mitos, cámaras, contenido del tubo digestivo, orina, hí- gado, riñones, pulmones, etc. Se destruyen estas sus- tancias por el clorato de potasa y ácido clorídrico (§ 471). Se filtra en caliente, hasta que no quede cloruro ni sul- 452 fato en el líquido. Reunidos los líquidos, se hierven; se agrega agua destilada y se hace pasar gas sulfídrico, para precipitar el plomo en estado de sulfuro, hasta sa- turación; se recoge y calcina en crisol con nitrato de amo- niaco. El nitrato de plomo resultante, se constata; con la potasa y la sosa da precipitado blanco, soluble en un exceso de reactivo; con los carbonatos alcalinos, ferro- cianuro y cianuro de potasio, ácido sulíúrico y sulfatos solubles, precipitado blanco; con el ácido sulfídrico, sul- íidrato de amoniaco y sulfurosalcalinos, precipitado ne- gro; con los cromatos de potasa y el yoduro de potasio precipitados amarillos. § 506—Envenenamiento por el mercurio—Este en- venenamiento es raro y pocas veces criminal, es frecuen- te como profesional en los mineros, azogadores, dorado' res, etc. Las preparaciones solubles pueden dar lugar á un envenenamiento sobre agudo, y á pequeñas dosis, ,de 10,15 á 40 centigramos, y á veces no lo hace sino á do- sis considerables. : Se distinguen tres formas: aguda, sub-aguda y lenta, generalmente profesional. Síntomas de la forma aguda—Los síntomas se pre- sentan con gran violencia: sabor metálico desagradable, sensación de constricción en la garganta y de quema- dura, que se propaga al exófago hasta el estómago don- de el dolor es atroz, la lengua se pone tumefacta. Vómi- tos biliosos ó viscosos, seguidos de cámaras abundantes, repetidas á veces sanguinolentas y muy fétidas, con ten- sión y dolares atroces de vientre. La cara al principio alternativamente roja y vultuosa, después pálida, desco- lorida, fruncida, sudores fríos, orinas raras c nulas; pul- so pequeño, débil, como filiforme; respiración ansiosa; aliento con una fetidez especial. Salivación abundante, labios caídos, á veces se hinchan, así como los carrillos y re tro boca y tanto que dificulta mucho la respiración. A veces sobreviene un período de reacción con tendencia 453 á una lijera mejoría; pero lo mas frecuente es que los síntomas se agraven, aumentando el abatimiento, la de- bilidad y la ansiedad; el pulso mas y mas pequeño, dé- bil y raro; sobrevienen síncopes, dificultad en la palabra; pero se conserva la inteligencia: pérdida del movimiento y de la sensibilidad y la muerte que puede venir en al- gunas horas, pero mas frecuente en 24 á 48 48 y mas. Síntomas de la forma sub-aguda—Esta forma se pro- duce hoy menos que antes, en los tratamientos mercu- riales mal dirijidos y sin método; raramente se presenta á las 24 horas, casi siempre á los 3, 4, ó 5 dias, según el modo de administración del mercurio. Los síntomas son los mismos por regla general que en la forma aguda, pero con mucha menor violencia, y á veces se modifican; así, la contriccion de ¡a garganta al cabo de uno ó de dos dias se convierte en una sensa- ción de dolor y comezón que provoca accesos de tos con- vulsiva con expectoración de una espuma sanguinolenta, después aparecen los signos de la inflamación intesti- nal (cólicos, evacuaciones repetidas y dolorosas, muco- sas y sanguinolentas); aveces palpitaciones y ruidos de fuelle: la orina se hace rara y irregular y puede conte- ner albúmina y á veces azúcar. Pero el accidente mas notable es la estomatitis y sa- livación mercurial. Las encías se hinchan, se ponen calientes y doloro- sas, se cubren de una película blanca, primero la infe- rior, después la superior y se estiende á las paredes de la boca. Los labios, carrillos, velo del paladar, amígda- las y ganglios linfáticos se hinchan; la deglución es do- torosa, con accesos de tos y sofocación hay salivación abundante, el aliento de una fetidez insoportable; los dientes se descarnan, se ponen quebradizos y se caen. Hacia el quinto, sexto y mas dias hay remisión aparen- te, caracterizada por la remisión de los síntomas infla- matorios; pero en algunos casos ha sobrevenido la gan- grena de las partes blandas de la boca y la necrosis del 454 maxilar superior. Los enfermos quedan pálidos, débiles, postración general, á veces aparecen manchas petequia- les, hematemesis y hematuria; otras el sugeto cae en una especie de caquexia aguda con palpitaciones, ruidos mórbidos del corazón y grandes vasos; la debilidad se agrava mas y mas y la muerte llega sin convulsiones y sin agonía al cabo de 8, 12 ó 15 dias. Síntomas de la forma lenta—Este envenenamiento se produce por los vapores de mercurio en las profesiones en que se maneja. Los síntomas son: palidez, languidez de las funcio- nes, accidentes diarreicos; lentamente los síntomas de la salivación mercurial, que pueden persistir meses enteros- El síntoma mas notable es el temblor mercurial; empie- za poruña especie de estremecimientos que se convier- ten poco á poco en un verdadero temblor; invade primero los miembros inferiores á veces los superiores, después estos; la marcha se hace difícii, y el temblor llega á im- posibilitar todo trabajo, y á veces hasta no poder llevar los alimentos á la boca, dolores en los miembros, so- bre todo por la noche. Al fin un estado caquéctico, que termina frecuentemente por la tisis pulmonar; debili- dad muscular extraordinaria, depresión de la inteligen- cia, raras veces excitación maniaca y alucinaciones. La terminación, llegado este punto, es casi siempre fatal: pero puede curarse snstrayendo al enfermo á tiempo a la acción del mercurio. Lesiones anatómicas—Cuando el envenenamiento es muy rápido pueden encontrarse casi normales las muco- sas de la boca y estómago. Ordinariamente la mucosa bucal hinchada, reblandecida; cubierta de un sarro espe- so, la lengua tumefacta, las papilas muy desarrolladas; á veces inflamación del exófago; la mucosa estomacal roja, reblandecida y hasta ulcerada; lo mismo que la in- testinal, y la superficie externa délos intestinos, los mé- sentenos y epiplones pueden presentar equimosis y su- fusiones sanguíneas. Los riñones y el hígado, cuando 455 la muerte es tardía presentan la degeneración grasosa, como en el envenenamiento por el fósforo y el arséni- co. Si la muerte viene con rapidez hay congestión de los riñones, y los tubuli mas ó menos desprovistos de epitelio. A veces hay irritación intensa en la laringe y tráquea, y congestión délos pulmones. El corazón fláci- do, la sangre negra y fluida. Investigación—Se debe buscar durante la vida en las heces fecales, orina y saliva; la bilis, hígado, sangre y órganos parenquimatosos después de la muerte. Se destruyen las materias orgánicas por el clorato de potasa y ácido clorídrico (§ 477). Se evapora el lí- quido á sequedad, á un calor suave, se trata el residuo por el agua destilada, se filtra y se hace pasar por el líquido una corriente de gas sulfídrico, loque dá un pre- cipitado blanco sucio, después amarillento y por último negro, que se disuelve en agua réjia, se evapora hasta sequedad y se obtiene el mercurio en estado de bieloru- so disuelto; el cual dá: con la potasa y la sosa, un pre- cipitado rojo que se vuelve amarillo; con el amoniaco precipitado blanco; con el yoduro de potasio ó sodio, precipitado rojo vivo, que se disuelve en un exceso de reactivo; con el protocluro de estaño, precipitado blan- co que se ennegrece. Se puede también obtener el mer- curio por electrólisis con el aparato de Danger y Flandin. CAPITULO QUINTO Venenos irritantes ó corrosivos § 507—Estos venenos que son numerosísimos, es- tán caracterizados por una acción local irritante., que puede ir hasta la corrosión de los tejidos; y cuando ejercen una acción de otro orden, como el ácido oxá- lico, esta es secundaria. § 508—Envenenamiento por el ácido sulfúrico - Es por lo común suicida ó accidental. A más del ácido del comercio se ha usado el sulfato de índigo (azul de la- vanderas) y el ácido diluido (agua de limpiar metales). El uso del ácido tirado á la cara, con el objeto de ennegrecer ó de desfigurar, está tomando mucho vue- lo en algunos países de Europa, sobre todo como ven- ganza femenina (§390 y 392). Síntomas—El ácido en contacto con un órganolode- sorganiza rápidamente, produciendo una escara casi ne- gra. Si el ácido se ingiere, dolor agudo, atroz, en la bo- ca, garganta, exófago y estómago, vómitos abundantes, que exasperan el dolor, de materias rojizas, morenas ó azul índigo, que producen efervescencia en el suelo en que caen: pueden á veces retardarse y aun faltan cuan- do el ácido ha atacado las fibras del estómago y lo ha perforado. Dolor de estómago muy fuerte y continuo, á veces en forma de calambre, se propaga al pecho. La cara pálida, temblores musculares que alteran la fisonomía, pulso muy pequeño, orina disminuida ó supri- mida; sudores frios, diarrea, á veces aplomada, pero por lo general estreñimiento; lentitud en la circulación ó detención de ella, por coagularse la sangre en los va- sos; la muerte viene, conservándose la inteligencia, en algunas horas á veces á los 2, 4 ó mas dias. Si la muer- 457 teño se verifica rápidamente puede venir á los muchos dias y aun meses por accidentes consecutivos: hemorra- gias después de la caída de las escaras, destrucción de las arterias, est rechez del exófago, etc. Lesiones anatómicas-Si el ácido ha caído fuera de la boca, escaras blanquecinas, que se oscurecen en po- cas horas, círculo inflamatorio al rededor é inflamación de los órganos vecinos. En el interior se encuentran las escaras en el trayecto recorrido por el ácido; el esó- fago y el cárdias están á veces quemados y estrecha- dos. Cuando la acción ha sido débil el epiíélio está blanco y arrugado y se desprende con facilidad. Las mucosas se desprenden en tiras á veces ya durante la vi- da y son espelidas por los vómitos. Las arterias y venas próximas pueden contener san- gre coagulada; el hígado á veces endurecido y se han encontrado los pulmones carbonizados. Investigación—Debe buscársele en el tubo diges- tivo, pero es raro que no se haya ya trasformado en sulfates; en los vómitos y en los vestidos como manchas. El procedimiento mas fácil consiste en hacer hervir los órganos durante una hora, con agua destilada, filtrar, concentrar al baño maria, saturar por la quinina, evapo- rar, separar por el alcohol el sulfato de quinina. El principio orgánico, se trasforma en sulfato de barita por una sal deeste género y se dosifica. Los sulfatos pueden clasificarse por el cloruro de bario. Se desecan las mate- rias se incineran con nitro puro, se trata por el agua, se filtra y se precipita por el cloruro. § 509—Envenenamiento por el ácido nítrico—Es- te ácido, llamado también agua fuerte, produce menos envenenamientos que el sulfúrico, y casi siempre son sui- cidas. Los síntomas y las lesiones presentan la mayor ana- logía con las del ácido sulfúrico, las escaras son menos profundas, su color así como el de las manchas es ama- rillo ó amarillento, es mas frecuente la estrechez del tu- 458 bo digestivo y puede encontrarse una inflamación vio- lenta de los intestinos. La investigación puede hacerse también por la quinina. § 510—Envenenamiento por los nitratos corrosi- vos—Los nitratos que mas importa conocer son el de plata, el ácido de mercurio y el de bismuto. Ingerido el nitrato de plata, se trasforma una par- te en cloruro y otra obra directamente sobre las paredes del estómago: una parte es absorvida en estado de clo- ruro ó de albuminato y algo en sustancia. Las pocas observaciones que hay no permiten un cuadro completo délos síntomas; se han visto en todos vómitos y dolor de estómago, accidentes nerviosos, movimientos convulsivos de la cara y pérdida de la inteligencia. Las lesiones ana- tómicas internas no han sido estudiadas sino en los ani- males. El envenenamiento por el nitrato ácido de mercurio al interiores raro y en general suicida. Este nitrato produce en la piel manchas amarillas, y escaras rojo morenuzcas y abultadas. En el tubo digestivo produce efectos análogos á los del ácido nítrico; pero la intoxica- ción participa de los caracteres de la del mercurio y de las del ácido nítrico. La investigación se hace para el ácido y para el mercurio. El nitrato de bismuto (no el sub-nitrato) obra en los animales como los venenos corrosivos. § 511—Envenenamiento por el cloro—Los que han aspirado este gas puro ó mezclado con poco aire, han experimentado en seguida dispnea pronunciada, dolor en el pecho y garganta, tos y estornudos, facciones contraí- das; después coriza, angina; otras veces laringitis ó bron- quitis con expectoración sanguinolenta y otras en fin neumonía grave. De su introducción en el organismo resultan; dolor de cabeza, vómitos, colapso profundo en el que aparece la muerte mas ó menos pronto. Los obreros ocupados en el blanqueo de la pasta de papel por el cloro y en la fabricación del clomro de cal, 459 experimentan frecuentes gaslralalgias, pirosis y dema- cración; pero pueden llegar á una edad avanzada y es- tán preservados de enfermedades epidémicas. No hay datos suficientes para describir las lesiones ¿triatómicas en el hombre. El cloro se trasforma en cloruro en el organismo; pero se nota su olor al abrir el cráneo de los envenena- dos, y en los grises contenidos en el aparato respiratorio. Eos hipocloritos obran desprendiendo parte de su clo- ro por la acción de los ácidos mas débiles, sus efectos son análogos á los del agua clorurada. § 512 — Envenenamiento por el ácido cloridrico— (ácido muriático, espíritu de sal)—Es raro, los pocos ca- sos conocidos han terminado por la muerte al cabo de 18 a 55 horas. Síntomas—Son análogos á los del ácido sulfúrico y nítrico: los vómitos son amarillentos, verdosos y mas co- munmente de color café. El aliento es muy acido, á ve- ces fumante y entonces arrimando una esponja con amo- niaco se producen vapores blancos. El estómago no esteí perforado, ni hay peritonitis, cuando el enfermo sucum- be pronto; pero pueden presentarse cuando sucumbe tarde. Lesiones anatómicas—No hay escaras al rededor de la boca. La lengua y boca, presentan un color blanco grisáceo; la mucosa reblandecida, destruida en algunos puntos y á veces-reducida ¿í papilla. El exófago enroje- cido. a veces negruzco en sus dos extremidades. La mu* cosa gástrica reblandecida, se desprende con facilidad; á veces tiene un color rojo mas ó menos uniforme; es- caras negras, pero nunca está carbonizada si el envene- namiento es rápido; hay perforaciones si dura mas. Eos intestinos no presentan nada de particular. La investigación se hace por destilación de las ma- ternas, ó tratándolos por la quinina y precipitando por el nitrato de plata, p.ira obtener cloruro de plata. § 513—Envenenamiento por los cloruros corro- 460 sivos—Los mas importantes son: el de antimonio, zinc v calcio. La investigación se hace como para el ácido clorídrico y para el antimonio. El mismo debiera emplearse para el cloruro de zinc, si se produjera un envenenamiento por esta sal. El cloruro de calcio debe producirse como veneno muscular y como veneno irritante, según resulta de los experimentos sobre animales. § 514—Envenenamiento por el ácido fónico—(fe- nol, ácido carbólico)—Este envenenamiento casi siempre accidental se ha hecho frecuente en los últimos años. Síntomas—Sensación de quemadura desde la boca al estómago: náuseas sin vómitos ó muy escasos: aliento con fuerte, olor de fenol; cara descompuesta, ansiedad; respiración agitada, difícil y estertorosa; deglución casi imposible, pulso pequeño, rápido é irregular, los ruidos cardiacos se oyen á veces con dificultad; estupor, sudo- res trios, síncope, pupilas contraídas; relajación musen' lar y postración excesivas; la temperatura baja de la nor- mal (35°), pérdida de la sensibilidad, á veces sale por la boca una espuma lechosa, coma y la muerte viene del á 10 horas. Lesiones anatómicas—Son características—Todas las visceras, órganos, sangre y orina olor do ácido fénico, que el mismo cuerpo antes de abrirse exhala. Colora- ción blanca de las mucosas del aparato digestivo, á veces con escaras negras: cuando la muerte tarda puede encon- trarse inflamada la mucosa de la laringe, tráquea y bron- quios. Corazón flácido y un poco grasoso; la sangre flui- da y negruzca; esteatósis del hígado y riñones cuando la muerte tarda algún tiempo. Investigación—El olor atestigua la, presencia del veneno. Se obtiene por destilación de las materias, agregándoles un poco de agua acidulada con el ácido sulfúrico. El líquido destilado se agita con éter, se de- canta y el éter abandona el fenol por evaporación expon- tánea. 461 § f) 15—Envenenamiento por el ácido oxálico—Es- te causa la muerte en dosis de 10 á á 15 y mas gramos, se confunde a veces con sulfatos de magnesia y soda y el crémor; lo qne da lugar á envenenamientos acciden- tales, y aveces suicidas. Se distinguen la forma aguda y la lenta, ú oxaluria. Síntomas de la forma aguda—Sabor ácido acre y nauseoso; dolor quemante en la boca y garganta, que se propaga al estómago: sensación de espasmo y sofocación, rostro lívido, piel friay viscosa: vómitos, á veces se retar- dan, raramente faltan, en general son muy frecuentes y tenaces. Las materias vomitadas son muy acidas, ordi- nariamente verde oscuras ó negruzcas, á veces mezcla- ñas de mucosidades sanguinolentas. Sensación de que madura intensa, vientre tenso y doloroso, sudores fríos; convulsiones, abatimiento, postración, pulso pequeño, ir- regular, casi imperceptible, la circulación se dificulta y la muerte viene precedida de convulsiones, írismo, téla- nos, ó de estupor y hormigueo en las extremidades. Se ha visto morir enfermos en 8, '15, 20, 50 minutos, otras veces en 12 horas, ó pocos dias. S: el enfermo cura padece durante muchos dias dolor é hinchazón en la boca, garganta, gastritis, diarrea, vó- mitos á veces sanguinolentos, sed, entumecimiento y pa- rálisis de las extremidades inferiores. Síntomas de la forma lenta ú oxaluria—Sucede al uso continuado de las acederas, ruibarbo y vegetales que contienen mucho ácido oxálico, que se elimina por la orina en forma de oxalato decaí, lo que da lugar á cálculos de bastante tamaño v peligrosos, enflaquecimien- to,-palidez, dispepsia, flatulencia, sensación de presión en la boca del estómago, dolores en el dorso y región lumbar, trastornos nerviosos, carácter irritable, melan- colía, temores exagerados, frecuencia del pulso, calor de la piel. Lesiones anatómicas—Las mucosas desde la boca al estómago blancas, íeblandeciclas y en algunos puntos 462 desprovistos de epitelio. El estómago contiene general- mente un líquido color cale, muy ácido casi siempre y gelatinoso; la mucosa reblandecida en los casos de muer- te pronta, en los demás destruida; siempre coágulos ne- gros en los vasos que se ramifican en el estómago. A ve- ces hay señales de inflamación en las primeras porcio- nes del intestino. Los riñones pueden contener crista- les de oxalalo de cal. El cerebro unas veces hiperemia- do, otras pálido. Los pulmones presentan muchas ve- ces congestiones parciales. § 51G—Envenenamiento por los oxalatos—El oxa- laío que casi exclusivamente ha producido accidentes es el bioxalato de potasa (sal de acederas, sal de quitar man- chas), tomándolo por un purgante salino, 12 á 15 gra- mos bastan para producir la muerte, sin embargo se ha visto la curación, despees de tomar 30 gramos de es- ta sal. Síntomas—Dolor ardiente en el estómago, ansiedad y desmayos continuos; vómitos numerosos y violentos, que pueden faltar; dolor que se propaga del epigastrio á la región dorsal. Abatimiento, dilatación de las pupilas, per- turbaciones déda vista, pulso pequeño, débil, depresible, síncopes cada vez mas fuertes, á veces delirio ó convul- siones. La muerte viene en algunas horas á veces en menos. Lesiones anatómicas-Color rojo intenso de la san- gre; pulmones ingurjitados; estómago á veces con señales de inflamación; otras, extravasaciones sanguíneas en las d i fe re n t es v ísceras. Investigación del acido—Se hace tratando las ma- terias por el agua hirviendo, se filtra, se evapora y el residuo seco se evapora por el alcohol que disuelve el ácido oxálico y se evapora. Para obtenerlo puro se trasforma en oxalato de plomo, se lava, se suspende en el agua y se precipita el plomo por el gas sulfídricoy s cristaliza. Investigación del bioxalato de potasa—El resí du 463 de la evaporación del alcohol, se trata por el agua, se fil- tra, so añade amoniaco y cloruro de cal; el oxalato de cal que resulta se recoge, se trata por el ácido nítrico hirviendo, se satura por el amoniaco y se precipita oxa- lato de cal puro. El ácido oxálico tratado por el ácido sulfúrico hir- viendo dá ácido carbónico y óxido de carbono. El pe- róxido de manganeso, ácido plúmbico y el sésquióxído de cobalto lo descomponen fácilmente dando ácido car- bónico. Reduce las sales de oro. El oxalato de cal se descompone por el ácido sulfúri co hirviendo,, dando gas carbónico y óx do de carbono Se descompone por el calor y deja un residuo de earbo nato de cal ó de cal caustica si la temperatura ha sido muy elevada. § 517— Envenenamiento por la sosa, la potasa y sus carbonates—Be pueden observar por la sosa y la potasa cáusticas; pero mas frecuentemente se producen por la potasa y sosa del comercio; que son loscarbona- tos neutros de estas sales Las dosis mortales son muy variables, la potasa y la sosa del comercio matan de 10 a 20 gramos. Síntomas—Sensación de quemadura y constricción en la boca, esófago y estómago: con náuseas y vómitos; ansiedad, temblores convulsivos de los miembros, después cólicos, cámaras con estrías sanguinolentas y trozos de. mucosa; disminuye la circulación y la temperatura, su dores fríos; pulso frecuente, pequeño y apenas percepti- ble. Hipo y convulsiones mas frecuentes en los niños. La muerte viene en algunas horas. Si la muerte no viene tan pronto, los síntomas se mo- deran; pero el enfermo sucumbe á los 2, 3 ó 4 meses á consecuencia de las lesiones del estómago, estrecheces del exófago y la inanición mas completa. Lesiones anatómicas—Son mas estensas y menos profundas que en el envenenamiento por los ácidos. El intestino está descamado, rojo y negruzco en algunas 464 parles, tamo mas cuanto el veneno ha recorrido una ma- yor porción de él. Cuando el enfermo tarda en sucum- bir se constatan lesiones parecidas á las que produce el envenenamiento sub-agudo por los ácidos. Investigación—Las materias vomitadas dan reacción alcalina, y por la adición de un «ácido efervescencia, si es un carbonato con desprendimiento de gas carbónico. Se dosifica por la alcalimetría, y los carbonatos precipi- tando los líquidos por una disolución de bario y pesando el carbonato de barita. § 518—Envenenamiento por el amoniaco—(Alcali volátil)—Su fuerte ob>r explica los pocos casos de este en- venenamiento. Los mas dtben referirse al abuso del agua sedativa. l a dosis mortal es de 30 gramos de amo- niaco líquido y de 250 de agua sedativa. Síntomas—Sensación insoportable de quemadura,cons- tricción en la garganta y sofocación, sensación de desgar- ro quemante en el estómago v dolor que se propaga al puuto opuesto del dorso: dificultad en la deglución; vómi- tos repetidos, viscosos ó sanguinolentos. Palidez de la cara, ojos inyectados, labios y la cavidad de la boca tu- mefactos, dolorosos, epitelio descamado. Se estingne la voz, aunque á veces se conserva. Pulso lento, irregular, pequeño. Enfriamiento de las extremidades y despees ge- neral: orinas nulas ó raras ó sanguinolentas. Cianosis dispnea, y la muerte puede venir en algunas horas por asfixia. El agua sedativa determina además síntomas nerviosos (convulsiones, delirio, coma) debidos sin duda al alcanfor. En los casos de larga duración, la piel se pone icté- rica, hay salivación abundante, dolores en los miembros insomnio, sub-delirio y viene la muerte sin agonía. Lesiones anatómicas—La mucosa de las primeras, vias digestivas de un rojo intenso.; á veces falsas mem- branas, escaras amarillas y seeas desde la faringe al es- tómago; ulceraciones hasta en los intestinos; á veces he* morragias sub-mucosas; en algunos casos degeneración 465 grasosa de los riñones y del hígado; inyección de las mu- cosas aereas, á veces un verdadero crup-brónquico, infla- mación de los pulmones, hasta llegar á la hepatizacion. La sangre fluida, negruzca y coagulable. Investigación—Solo cuando la muerte ha sido rápida se puede aislar y dosificar. Puede estar en estado libre en los vómitos ó en el tubo digestivo, ó combinado con los ácidos. Se aisla por destilación con el alcohol y se recoge en una disolución de ácido clorídrico. Se preci- pita en el estado de cloruro doble de platino y de amo- niaco y por el peso del platino se deduce el del amoniaco. Para dosificar el amoniaco combinado, se añade so- sa á las materias diluidas, con un volumen de alcohol á 92°. cuando son muy fluida?, ó mas débil si están menos fluidas, se destila y el amoniaco desprendido se dosifica como hemos dicho. QÁPtmO 8SZTQ De las ponzoñas § 519—Generalidades—Tiene entre nosotros la mas alta importancia, el estudio de la materia de este capitu- lo, así bajo el punto de vista toxicoldgico puro como bajo el punto de vista médico legal. La abundancia de vipéridos, arácnidos y miriápo- dos venenosos que habitan el suelo argentino, sobre todo del paralelo 30° al Norte, dá lugar á muy frecuentes ac- cidentes y no pocos casos mortales. Es también frecuente encontrar individuos muertos en las largas travesías del interior y se presenta la cues- tión médico legal ¿La muerte ha podido ser causada por la mordedura de un animal venenoso? En las provincias del Norte, en el Chaco y en Cor rientes la cuestión propuesta tiene una importancia gra- vísima y esencialmente práctica; los vipéridos que habi- tan esos territorios son venenosos y su picadura mortal, á veces causan la muerte con rapidez extraordinaria. Re- cordamos entre otros muchos, un caso ocurrido en Cor- rientes, en el que perecieron cinco personas en menos de doce horas, mordidas por una sola víbora, y del que se ocupó toda la prensa de la República. Sin embargo, el estudio de esta materia está muy poco adelantado, por mas que merezca una atención es- pecial. Las intoxicaciones por mordeduras de animales ve- nenosos pueden agruparse en dos clases naturales: Ia. picaduras de vipéridos; 2a. de arenidos, y si se llegaran á comprobar los terribles efectos que la opinión general atribuye á los chelcos ó matuastos una 3a., picadura de saurios. Todos estos venenos parecen obrar del mismo modo, 467 á la manera de los fermentos provocan lina serie de tras- formaciones que se propagan de una molécula á la inme- diata, una parte del veneno y de las materias descom- puestas ó de nueva formación pasan al torrente circula- torio; de aquí que hayan sido clasificadas las ponzoñas como venenos sépticos ó putrefacientes. Pero la acción de estos venenos es principalmente local, en la parte del organismo en que se ha inoculado y se propaga de ese lugar al inmediato dirijiéndose siempre liácia el centro de la circulación; aun en los casos rápidamente morta- les, esa acción puede seguirse de una manera precisa y completa. En un individuo mordido en una mano, por ejemplo, se vé propagar la hinchazón de la mano al an* tebrazo, al brazo, al hombro, al pecho, sin que los fenó- menos se produzcan en el resto del cuerpo, y si se ob- servan fenómenos generales, estos provienen de la ab- sorción de los productos descompuestos y del veneno absorvido; pero la acción local es característica. Estos venenos no obran, sino hay solución de con- tinuidad en los órganos: el simple contacto no produce los efectos déla intoxicación salvo lo que se dice; pero que no está comprobado, respecto del veneno del cheleo ó matuasto, el cual se dice obra por simple contacto. Los experimentos de Mangili han demostrado que el veneno no se absorve por las vias digestivas, lo (pie ya hace preveer el solo objeto que en la economía de la na- turaleza tienen estos venenos. El veneno sirve á los ani- males que lo poseen como arma de defensa y para cazar." si el veneno ó los productos de descomposición que pro- duce fueran absorvidos por las vias digestivas, el animal moriría, no podría alimentarse en los productos de su ca- za; y debe tenerse presente que el veneno de estos ani- males, inoculado en ellos mismos, los mata. Este hecho tiene una gran importancia: se puede ha- cer la succión del veneno, sin temor alguno, siempre que no haya en las encías ó en la boca una solución de continuidad. Este hecho tué ya establecido por Celso: 468 Ule ne intereat ante debebit attendere ne quod in gengí- vis, palatove, aliave parte oris ulcus hábeat.» Los animales, cuya picadura sin ser mortal es ve- nenosa, depositan el veneno siempre debajo del epider- mis y su acción queda localizada en una región mas ó menos estensa; los productos de descomposición son eli- minados por las vias ordinarias de escrecion ó bien se forman abc-esos que eliminan estos productos. § 520—De la picadura de víbora—En el lenguaje usual del país sedáoste nombre genérico á la mordedu- ra de todos los vipéridos y á la verdad, que no hay por- que establecer distinciones, desde que todos los venenos de las distintas especies, obran del mismo modo, sin di- ferenciarse, sinó en la mayor ó menor rapidez con que los síntomas y la muerte se producen. El veneno de los vipéridos se segrega en dos glán- dulas, unaá cada lado, situadas debajo de los músculos poro-maxilares: están provistos de un canal excretorio que vá á parar á los dientes ó colmillos venenosos, uno de cada lado. Estos dientes tienen un canal <5 una ranu- ra por donde pasa el veneno, que se deposita en el fondo de la herida, cuando el animal muerde con estos dientes, los cuales son movibles á voluntad, y cuando el animal no quiere clavarlos, los aloja en una ranura que hay en el maxilar. El veneno es un líquido verdoso ó amarillento* sin reacción especial, de un olor parecido á la grasa del mismo animal, nauseabundo. Puesto sobre la lengua produce una sensación parecida á la de la grasa; es mas denso que el agua, viscoso y coloide. Fontana preten- de que al cabo de cierto tiempo de estar seco pierde su energía, pero Man gil i lo niega. El veneno es tanto mas enérgico cuanto mas cálido es el clima, cuanto mas calor hace, cuanto mayor es el animal que muerde y menor es el mordido. La coralina presenta un ejemplo resaltante de esto: habita toda la República, aumenta de tamaño desde los 469 Andes al Naciente y la actividad de su veneno es mayor á medida que se alejado los Andes al Naciente y á medi- da que se sube hacia el Norte, donde su picadura es con frecuencia mortal. El veneno necesita cierto tiempo para elaborarse y se acumula en las glándulas; cuando hace mucho tiem- po que no ha mordido el reptil el veneno está mas con- centrado y en mayor cantidad: si el animal pica muchas veces seguidas el veneno se gasta y al íin es muy Huido y muy poca la cantidad que depositan los dientes ó col- millos venenosos, de ahí que los afectos son también mu- cho menores. Las especies venenosas son muchas; las principales son la víbora de cascabel y se denominan así en el pais todas las del género crótálus (C. boquira, C. durissus) las del género Trigonoceplialiis (Tr. lauceolatus, mutas, etc.); es muy abundante el Tr. alternatus, llamado Ví- bora de Ja Cruz. Síntomas—La mordedura de los vipéridos produce un dolor muy agudo, c! cual se estiende á lo largo délos troncos nerviosos cuyas ramas interesa; primero la heri- da fluye sangre natural, después una sangre negruzca: en algunas especies de crótalos y en otras mas tarde, á los 15 ó 20 minutos, se presentan los efectos tóxicos, que consisten en: en una tumefacción que se estiende de la picadura hácia el centro á lo largo de los miembros: las partes hinchadas se ponen rojizas, después lívidas: las heridas fluyen una sanies sucia, y se gangrenan los ór- ganos interesados: la hinchazón es á veces monstruosa, sobre todo en los músculos y en ia cara; dolores lanci- nantes en aumento. El pulso pequeño, irregular y fre- cuente: se dificulta la respiración; sobrevienen sudores fríos, síncopes frecuentes, perturbaciones de la vista y de las facultades intelectuales; si el estómago estaba lle- no, vómitos abundantes de alimentos y después biliosos, estos se presentan en casi todos los casos; el vientre se abulta, se presentan los signos de la ictericia; la cara se 470 altera y viene la muerte, con convulsiones mas ó me- nos intensas, al cabo de algunas lloras, á veces de dos, tres ó mas dias. Si la mordedura ha sido en el cuello, cara ó en los labios la muerte se produce por asfixia á causa de 1a. hinchazón extremada de los órganos del cuello. Si la pi- cadura ha sido en las manos ó en ios pies los dolores son horribles y se ven caer, á veces, los dedosgangrenados. Los cadáveres se pudren con rapidez extraordi- naria. Así que el individuo cura, la herida de la mordedura queda en las condiciones de una herida ordinaria; siendo raro que deje marcada la forma de los colmillos del ani- mal, al punto que pueda diagnosticarse con certeza. CAPITULO SEPTIMO Del envenenamiento en general § 523—De los signos del env > lenamiento y de su valor—La simple inspección de los síntomas que liemos trazado en los capítulos anteriores convence de la impo- sibilidad de encerrar el envenenamiento en el cuadro de una enfermedad, ni en el de un género de enfermedades siquiera; la variedad de los síntomas, los síntomas comu- nes de los envenenamientos entre sí y con otras enfer- medades es tal que ha llegado á inducir á muchos gran- des maestros, á negar que exista la toxicologia, y por lo tanto, que se pueda formar una ciencia aparte con los asuntos que en ella se comprenden; sin llegar á esa exa* geracion, creemos sí que para el médico legista no hay siuó casos particulares de envenenamiento y que debe atenderen ellos mas que alas reglas generales, á las cir- cunstancias especiales del caso de que se trata, porque esa es la misión que los tribunales le confian y porque del examen particular de los hechos es de donde debe deducir sus conclusiones. Y esto tanto mas, cuanto ni aun los cuadros de ca- da envenenamiento se presentan en la práctica como acabamos de describirlos, pues en los casos particula- res, que la práctica ofrece, casi nunca se presentan todos los síntomas; y la variedad se explica bien si se tiene en cuenta las dosis, la edad, la constitución, el estado de salud, los medios empleados, la tolerancia y tantos otros hechos como influyen en la producción de los sín- tomas y délas lesiones anatómicas. Por otra parte pocos son los envenenamientos que producen uno ó mas signos característicos, esto es que su sola presencia autorice para afirmar bajo el juramen- to prestado, que el envenenamiento existe: si las escaras 472 que los cáusticos producen nos autorizan á afirmar ca- tegóricamente el envenenamiento por ellos, hay casos en que nos será imposible decir si la enfermedad ha sido causada por la ingestión de una sustancia venenosa ir- ritante ó por la ingestión de sorbetes, helados ó con agua fria estando el sujeto muy caliente; sobretodo, si, no ha- biendo presenciado la muerte, no podemos comprobar los signos por la autopsia ó si habiéndose perdido los vómi- tos y cámaras no podemos hacer el análisis químico. Muchas veces, el perito es llamado á dictaminar cuan- do el sujeto ha muerto en un lugar solitario, sin que na- die haya observado ó se hayan observado mal los sínto- mas; en otras es llamado cuando en el cadáver putrefac- to se han borrado las huellas anatómicas. De aquí que es preciso lijar el valor racional de los signos observados. Se sentó por Plench, como un aforismo y ha sido adop* dado por muchos autores de nota, que no podía afirmarse la existencia de un veneno, sino después de aislarle en sus* tanda. Mata el primero se levantó contra este error. La obtención en sustancia es muchas veces imposible, porque se transforma en la economía; los síntomas, las lesiones ana- tómicas y los ofectos, corcondando, determinan el envene- namiento en el organismo vivo, como el ácido clorhídrico en el estómago; ó muerto como los alcaloides de putrefacción de que luego nos ocuparemos; puede suceder que el cadá- ver haya sido embalsamado con las sustancias venenosas, que se hayan administrado en una medicación racional, y por último, aunque raras veces, que se haya introducido el cadáver por una mano fraudulenta ó que se haya echado en las materias á examinar. Las causas de error pueden eliminarse considerando la cantidad encontrada, si existe en el organismo á veces sus- tancias venenosas es en cantidades mínimas, el estudio da las circunstancias y el conjunto délos síntomas y lesiones pro- ducidas. Si el veneno ha sido depositado en el cadáver no hay absorción, está á lo largo de las vias naturales y cuan- 473 do mas ia humedad de las membranas ha hecho penetrar por imbibición completa en los órganos sólidos, se encontrará el polvo y tantos otros indicios como pueden revelar el fraude, pero que deben siempre tenerse presentes, y sobre todo la comprobación de los signos sintomáticos y de las lesiones. La imbibición por los terrenos arseniferos y que con- tienen otros metales dejará de ser una causa de error fiján- dose en la cantidad; la imbibición no puede introducir en los cadáveres sino cantidades muy mínimas. Por último, debemos ocuparnos de la prueba que resul- ta de la experimentación fisiológica; tanto mas cuanto con motivo de la muerte del venerable Obispo Esquió, se hizo un severo cargo al perito químico que hizo el análisis de no haber intentado este medio, preconizándolo como eficasisimo y fundándose en la autoridad de Tardieu y Roussin en el caso del médico Lapomerais, condenado sin prueba por los Tribunales de Paris, inducidos por un error y una grave fal- ta de esos profesores. Hoy se dividen los autores en dos bandos; unos y son los menos, que atribuyen á esta prueba algún valor; otros que son la gran mayoría y que dicen: que esta prueba en el estado actual de la ciencia es no solo inútil é innecesaria, sino per- judicial y expuesta á gravísimos errores, debiéndose re- chazar, por lo tanto, en absoluto. La experimentación fisiológica consiste en ensayar en animales los efectos que producen las materias sospe- chosas extraídas de los individuos supuestos envenena-, dos; y estoque se presenta como una novedad es real- mente muy viejo, los antiguos tiraban á los perros y otros animales partes del sujeto envenenado, para ver si se producían los efectos del envenenamiento. Pero los efectos de una sustancia varían según las especies, el tamaño y otra multitud de circunstancias; en el cadáver se desarrollan principios venenosos, que es falso, apesar de haberlo dicho Tardieu y Roussin, que no se conserven en el alcohol, y esto solo hace 3ra preveer la poca importancia de esta prueba, que no puede ser 474 mas que corroborante de las demás; y esto se confirma tanto mas cuanto se ven en los animales efectos idénti- cos producidos por sustancias diferentes y los alcaloides desarrollados en los cadáveres son venenos enérgicos. Rabuteau, Boutmy, Brouardel y los autores moder- nos de mas nota llegan á las conclusiones siguientes: Ia- puede y debe practicarse la experimentación fisiológica para asegurarse de que una sustancia es venenosa: 2a. no tiene valor positivo si no se verifica con una sustan- cia aislada y químicamente caracterizada; 3a. en el esta- do ¿ictual de la ciencia no puede por sisóla caracterizar una sustancia venenosa. Resumiendo lo que llevamos dicho podemos sentar las reglas siguientes: Ia. El concurso de todos los sig- nos da una certeza absoluta del envenenamiento. 2a. El concurso de los síntomas y de las lesiones ana- tómicas dá la misma certeza, aunque falten los químicos, cuando se trata de venenos que pueden alterarse ó de- saparecer ó que obran en muy pequeña cantidad y en las ponzoñas. 3a. El concurso de los síntomas y de los datos quí- micos dá también la certeza, así como el concurso de las lesiones con los datos químicos; la falta de obser- vación de los síntomas es frecuente, la de las lesiones anatómicas es mas bien corroborante cuando el envene- namiento ha sido muy rápido. 4a. La constancia de la falta de síntomas debe indu- cir siempre á la duda, á no ser en los casos de envene- namiento muy rápido; la de las lesiones características induce también á la duda, así como la falta de signos químicos cuando el veneno ha debido estenderse por el organismo y permanecer en él. 5a. La existencia de los síntomas, ó de las lesiones solas á no ser características no permite afirmar la exis- tencia de la intoxicación; la de los signos químicos solo cuando el cadáver haya estado en condiciones de no po- der ser adulterado fraudulentamente. 475 Ga. La experimentación fisiológica solo tiene un va- lor corroborante, por sí sola nada prueba. § 522—Ptomaínas ó alcaloides desarrollados por la putrefacción— Uno de los mas recientes descubrimien- tos de la química moderna, fué hecho en 1878 por Selmi de Bolonia, y consiste en varios alcaloides, que desarrolla la putrefacción en los cadáveres humanos independiente- mente de toda intoxicación, á cuyos alcaloides llamó pto- maínas, los que son venenosos G sobre 10, teniendo las propiedades de los mas violentos veneno.s orgánicos, y se pa- recen mucho á la veratri na, estricnina y otros á la morfina. Brouardel y Boutmy han hecho trabajos especiales so- bre estos alcaloides y de ellos resultan confirmados los de Selmi; y por poco que se medite sobre este hecho se alcanza á comprender su grande alcance médico legal y la necesidad de cortar errores que pueden ser funestos. Estos alcaloides son unos fijos, sólidos cristalizables, otros volátiles y los diversos casos de putrefacción no parecen dar origen á ptomaínas diferentes; pues Brouardel y Boutmy, los han encontrado en individuos muertos en condiciones di- versas. Las ptomaínas se desarrollan muy pronto, se encuentran á veces á los ocho dias y antesen las visceras de los cadá- veres y Brouardel cita el caso do un ganso corrompido que produjo síntomas graves de envenenamiento en los que lo comieron, y había sido comprado en el mercado la mañana misma del dia en que fué comido. Estos hechos exijen evitar á todo trance las causas de error y paradlo evitar sobre todo el desarrollo de las pto- maínas, lo que hasta ahora no so puede conseguir, sino con- servando las entrañas que se han de analizar en una atmós- fera fría, á cuyo efecto se han construido en la Morgue de Paris salas cuyo aire se mantiene á la temperatura del hielo y en las que se conservan los cadáveres hasta que se vá á proceder á las pericias: entre tanto no se tienen estos me- dios, deben apurarse todos los reactivos de los alcaloides, or- dinarios y los pocos indicados ya de las ptomaínas, conten- 476 tarse con las principales reacciones, para, de este modo, evi. iar que puedan confundírselos alcaloides, introducidos como venenos, con los que desarrolla la putrefacción en el cuerpo humano. Según Brouardel y Boutmy el ferrocianuro de potasio no se reduce en presencia de los alcaloides vegetales puros ni de los venenos inger dos y estraidos después del cadáver: las ptomaínas lo reducen instantáneamente, produciendo azul de Prusia. Gautier hace notar que la hiosciamina, la emetina, la igasurina, la colchicina, la nicotina y la apomorfina reducen muy lentamente el ferrocianuro de potasio; pero no rápida- mente como las ptomaínas. Otra reacción indicada por Brouardel consiste: en es- cribir sobre un papel preparado con el bromuro de plata, como parala fotografía y escribir con una pluma mojada con la solución salina de la base extraída del cadáver, la palabra ptomania ú otra, y dejar una media hora el papel al abrigo de la luz, se lava con hiposulfito de soda y después con agua. Si la solución es de una ptomania la palabra aparece escri- en negro con toda claridad, si es de un alcaloide ordinario nada aparece ó aparece un rastro tan débil que es ilegible. Son ya varios los casos ocurridos en los que se ha discu- tido si había envenenamiento ó la sustancia encontrada era una ptomaína, el mas notable es el del general Gibbone, cu- ya muerte repentina se atribuía á envenenamiento por la delfina y Selmi demostró que el alcaloide encontrado en el cadáver era una ptomaína. La posibilidad de obtener para experimentación fisioló- gica materias impurificadas con estos alcaloides basta para quitarle su valor, otro que el de prueba meramente corrobo- rativa, y es de advertir que las ptomaínas se desarrollan en los cadáveres que han sucumbido á la acción de venenos antisépticos enérgicos como el ácido arsenioso, y que los efec- tos que las ptomaínas producen son completamente iguales á los de la estricnina, veratrina, etc. £ 525-»Enfen»edades que se pueden confundir con 477 un envenenamiento—Si se tiene en cuenta lo que hemos dicho respecto del valor de los signos del envenenamiento lá- cilmente se comprenderá que las enfermedades de curso rápi- do y síntomas violentos, que pueden confundirse con las in- toxicaciones, son muy pocas; pues si algunas presentan sínto- mas análogos, la simple autopsia no deja lugar á dudas, presentando las lesiones anatómicas propias de la enferme dad, confirmada por la falta de signos químicos; Tardieu ha reunido estas enfermedades en un grupo, y son: el ileo, la hernia estrangulada, la fiebre de tifoidea, las roturas del hí- gado é ibtestino, úlcera del estómago, peritonitis sobreagu- da, congestión y hemorragias cerebrales, cólicos nefríticos y uterinos, etc. Otras enfermedades, principal menta el cólera, presen- tan síntomas muy análogos á los del envenenamiento por el arsénico, el nitro, etc; el envenenamiento por la estricnina á los del tétanos; la esteatósis del hígado y de los riñones se presenta en el envenenamiento por el arsénico, el fósforo y el antimonio; pero la falta de signos químicos en todos los ca- sos, la de la epidemia en el primero, la falta de pródromos en el tétanos, etc , y la observación de los síntomas y lesio- nes no deja lugar á duda. Pero cuando el enfermo no sucumbe, ni se han recogi- do los vómitos y cámaras, loque es extraordinariamente ra- ro, podrá haber confusión si la observación de los síntomas no se ha hecho por el médico, pero entonces no tiene tampo- co esta duda la importancia que en leseases de muerte. § 526—Exhumaciones y autopsias en caso de en- venenamiento—A la exhumación de los supuestos envene- nados deben asistirlos peritos, y aunque esta diligenciajudi- cial es entre nosotros presidida por el juez, y se levanta acta de ella por éi mismo, los jueces deben asesorarse de los médi- cos para redartar el acta. En ella deben constar todas las peculiaridades que se observen en la fosa ó nicho, en el ataúd, en la mortaja y en el cadáver ó en los restos que se encuen- tren, sin omitir ningún detalle porque todos son importantes. Las autopsias, que también presiden los jueces, se ha- 478 cen casi siempre inmediatamente después de la exhumación, cuando esta se verifica; pero si se ha de hacer mas tarde debe conservarse el cadáver de manera que no pueda ser objeto de ninguna alteración ó fraude; lo mismo que cuando la autopsia se verifica antes de la inhumación. En ella se observarán las reglas generales, teniendo cuidado, para recoger los líquidos y visceras de observarlas reglas particulares que allí da- remos. Todos los frascos, vasos, esponjas y demás objetos deben ser nuevos y muy limpios para no introducir con ellos mate- rias venenosas ó nocivas al análisis, y los instrumentos de- ben estar perfectamente limpios. Los cuerpos que se han de analizar deben ponerse, des- pués de su exámen, en vasijas sin adición de líquidos ó sus- tancias conservadoras que pueden contener impurezas; pero si se hubiere de conservar alguna pieza, para su exámen his- tológico, se agregará una muestra del líquido conservador para poder comparar. § 527—Investigaciones médicas—Las investigacio- nes médicas consisten en buscar por la observación de los hechos, de las lesiones anatómicas, de las alteraciones del ca- dáver, del exámen histológico y del exámen espectral todos los signos característicos del envenenamiento, y comparados estos con los resultados que dan los análisis químicos, tratar de construir el cuadro del envenenamiento que resulta com- probado, ó el cuadro de los signos negativos, para demos- trar su ausencia; debiendo en este caso, si es posible, presen- tarse los signos de la enfermedad que ha producido la muer- te, y que corrobora las conclusiones de no intoxicación. § 528—Investigaciones químicas—Raramente hacen los médicos entre nosotros estas investigaciones. Casi siem- pre se practican por peritos químicos y es bien hecho, por- que hay en estos mas perfección manual, están mas al cor- riente del estado actual do la ciencia, tienen en sus labora- torios todos los aparatos, instrumentos y reactivos necesarios y, en fin, debe francamente decirse, son muy pocos los mé- dicos que se han dedicado al estudio de la química y menos 479 losquo la han practicado lo bastante, para llegar á la per- fección á que esta ciencia alcanza, y e! médico no está segu- ro de sí mismo debe siempre remitir esta parte de la pericia á los que son verdaderamente peritos en ella. El punto de que tratamos en este párrafo, comprende, en verdad toda la zboquirnia, para completar el asunto se- ria preciso dar un tratado de química legal, ramo de la cien- cia tan estenso que no puede ser comprendido en lecciones elementales como estas. Nos limitaremos, pues á indicar brevemente lo que del ra- mo debe conocer eí médico, que no es perito químico, no- ción que le están precisa corno lo es la medicina legal á los jueces, y estos mismos para dar á los dictámenes su verda- dero valor jurídico deben tener una nocion clara de los pro- cedimientos de la ciencia, cuando menos, para verificar si se han observado en los casos que someten al dictámen de los peritos químicos. Al tratar de los venenos en particular hemos hecho in- dicaciones sumarias, dejando para este lugar lo que es co- mún á todos, ó que requiere mas detenido estudio. Ante todos los peritos químicos deben cerciorarse de la identidad de los objetos que se les remiten, de nada serviría su dictámen si no hubiese una absoluta certeza de que las materias que iban á examinar no lian sufrido alteración ó fraude. Para esto examinarán con detención si las etiquetas y envases no han sufrido alteración; llamando la atención del Juez sobre toda circunstancia que observaren antes de fir- mar c! acta de recibo de ¡as sustancias. Deben guardar estas en armarios cerrados con llave, siempre que dejen de estar á su vista, la mala fé es dema- siado astuta para que los peritos sean confiados. Deben te- ner en cuenta que han prestado un juramento, que de su dic- támen penden intereses muy elevados y sobre todo, que no son suyos, para convencerse de que si en cosas propias pue- den librarse á la confianza de cualquiera, cuando se trata de los intereses de la justicia no deben descuidar precaución en su laboratorio. 480 En la investigación de los venenos pueden ocurrir dos casos: ó se sabe la sustancia que se vá á buscar ó no se tie- ne dato alguno para determinarla, lo que raramente sucede, porque se conocen ya los síntomas y lesiones ó unos y otros y se determina por lo menos el grupo á que pertenece. En el primer caso basta someter las materias de investi- gación á los procedimientos que hemos indicado en cada ve- neno y verificar si presenta todas las reacciones que lo ca- racterizan, procurando obtenerlo en sustancia. Pero si no hay datos para guiarse en la investigación, hay que dividirlas sustancias para someterlos á las operaciones diversas que puedan darla á conocer. La primera operación debe ser la de buscar si la sustan- cia tóxica es volátil, como el ácido cianhídrico y fénico, éter, cloroformo, alcohol y fósforo; lo que debe hacerse por los me- dios indicados en los respectivos párrafos. El arsénico se investiga según hemos dicho ya (§ 477). Los ácidos se investigan según hemos dicho en sus res- pectivos párrafos; puede hacerse una sola operación y pres- cindir del uso de Ja quinina. Se hierven las materias con- tenidas en el tubo digestivo y este mismo en trozos, se renue- va la operación hasta que el liquido no da reacción ácida, se reúnen los líquidos obtenidos; se filtra y se precipitan las sus- tancias orgánicas por el alcohol, se filtra otra vez, el liquido asi obtenido queda preparado para investigar la naturaleza del ácido. Acido clorhídrico—Destilado el liquido hasta consis- tencia pastosa en una retorta, el liquido obtenido dá, con la solución de nitrato de plata, un precipitado blanco de cloru- ro de plata, que se pone violeta por la acción de la luz, inso- luble en el agua y en el ácido nítrico, soluble en el amoniaco. Acido nítrico—Se destila también; el líquido obte- nido saturado por la potasa ó sosa, que se evapora á sequedad. El residuo mezclado con limaduras de hier- ro se pone en un tubo cerrado por un extremo y pro- visto en el otro de un tapón con un tubo abductor. Se echa ácido sulfúrico, se calienta y se desprenden gases 481 que dan un color moreno que tira á violado cuando se recojen en el sulfato de protoxido de hierro y color rojo vivo con el sulfato de narcotina. Acido sulfuuico—El líquido obtenido se reduce por la evaporación al sexto de su volumen, se trata por el éter, se decanta este, se evapora y se disuelve en el agua el residuo. El líquido obtenido precipita en blanco por el nitrato de barita, este precipitado es inso'uble en los ácidos, mezclado con carbón y calentado al soplete, des- pués colocado en una lámina de plata, la ennegrece si se rocía con algunas gotas de ácido clorhídrico. Evapo- rado el líquido con cobre en un tubo cerrado por un ex- tremo, se desprende al fin ácido sulfuroso. Acido oxálico—El líquido se evapora á sequedad y se opera como hemos dicho ya (§ 515). La investigación de los álcalis se hace como hemos dicho (§ 517). Investigación de los metales—Se destruyen las ma- terias orgánicas por el clorato de potasa y el ácido clor- hídrico y por el líquido se hace pasar una ó dos horas gas sulfídrico y se deja en reposo de 12 á 24 horas. El líquido se enturbia siempre por la acción del gas sulfhí- drico sobre los productos de sustitución del cloro en una parte de las materias grasas; pero se observa ade- más, que da precipitado ó no. ler. caso—Hay precipitado: a) amarillo:—soluble en el amoniaco y en el sulfhidrato de amoniaco. Arsénico insoluble en el amoniaco y soluble en el sulfhidrato de . amoniaco Estaño ó anti- monio. insoluble en el amoniaco y en el sulfhidra- to de amoniaco Cadmio. b) moreno:—insoluble en el amoniaco y soluble en el sulfhidrato de amoniaco Oro. 482 c) negro:—soluble en el ácido nítrico hirviendo nado el exceso de ácido, se trata por el agua destilada. Se forma precipitado blan- co. No se forma precipitado y la disolución acuosa con el sulfato sódico y el acido clor- hídrico, da un precipitado blanco insoluble en el amoniaco, con el ácido clorhídrico un precipitado blanco denso soluble en el amoniaco. Plata. con el ioduro de potasio un precipitado rojo vivo soluble en un exceso de reac- tivo. Mercurio. Tratada la disolución acuosa por el amo- niaco da un precipitado azulenco, que se disuelve en un exceso de reactivo y pro- duce un líquido azul celeste Cobre. 2o. caso—No hay precipitado. Se trata el líquido por el acetato de sosa, de modo que contenga ácido acético libre, en lugar del ácido clorhídrico y se hace pa- sar una corriente de gas sulfídrico. Se forma precipitado blanco Zinc. Se forma precipitado negro Cobalto ó Niquel. Sino dáprecipitado se trata el líquido por el sulfidrato de amoniaco y si da precipi- tado negro Hierro, color carne Manganeso, verde azulado Cromo, incoloro Aluminio ó glucinio, amarillo moreno ó achocolatado y pasa á negro Urano. (a) El sulfuro de mercurio se disuelve con dificultad en el ácido ní- trico y bien el agua regia, debe, pues, agregarse un poco de ácido clor hídrico. 483 Cuando no se obtiene ningún precipitado se satura el líquido por el amoniaco Si hay precipitado Magnesio. Si no hay, se añade ácido clorhídrico has- ta neutralizar el amoniaco y después una disolución de potasa y de un precipitado blanco de barita. Estronciana ó cal. Hé aquí un cuadro hecho por el Dr. Gómez Pamo que presenta todas las operaciones: 484 Tabla para determinar la I Se produce' un precipita-! do blanco dej cloruro ¡El precitado se disuelve en el agua hirviendo. El El precitado no se disuelve en agua hirviendo y i El sulfuro es ne- gro |E1 sulfuro es pardo marrón. ÍE1 sulfuro es amarillo; se se- ca y se le tuesta 1 en tubo abierto En una por- ción de ladi-l solución de la sal se te ácido clor-l hídrico I i Se produce un precipitado de sulfuro; se lava! y después se tra-\ tay deja en con-) tacto por mediai hora con sulfuro! amónico á unaf temperatura de! 40° á 50°. El sulfuro se di- ) suelve I No se forma f precipitado; se hace pasan porel líquido I una corrien-l Ite de ácido Isulíidrico. El sulfuro no sel disuelve y tra-' tado con ácido) nítrico [ No se disuelve.. No se forma precipitado; eII líquido se neu-| traliza con amo- niaco y se pro- duzca ó no pre-( cipitado se aña- de sulfuro amó-l nico. ’Se disuelve; se ! vierte en el lí- quido primiti-, ' vo amoniaco.. < Se obtiene un iprecipitado que. i se disuelve enl [ácido nítrico;) ' después se vier-; i te en la disolu-i ¡cion cloruro! amónico y amo-' niaco en exceso. No seformapre- | cipitado Se forma preci- . pitado Se forma preci- pitado; se le di- suelve en ácido nítrico; se aña- de después á la disolución clo- ' ruro amónico y carbonato amónico No se forma precipitado; se vierte en el 1 i-, quido carbonato sódico 'No se forma precipitado; se vierte cloruro platínico en el líquido primi- tivo. 485 lie de una sal inorgánica tilo primitivo precipita en blanco con los sulfatos Sal de plomo , , . (Se disuelve [Sal de plata fe le trata con amoniaco.. .5^0 ge disuelve -Sal mercuriosa líquido primitivo precipita en pardo por el sul-l lato ferroso fal ae01° Ilíquido primitivo precipita en amarillo por el , lloraro amónico.. ....7 Sal de Platln0 Ilíquido primitivo precipita en cafo ó púrpura, , flú fcor el cloruro aúnco ,bal üe esxauu ■ .. 'Sal de estaño <»* 1 se volatiliza ' í Se vé por medio del aparato de^QompUeg^0 de arsénico I volatiliza..; Mariis si en el liquido hay arsé-, ó t\e antimonio. ( nico ó antimonio líquido primitivo precipita en rojo por el iodu-J mercúrica ro potásico c forma un precipitado blanco; el líquido primi-| ,. , tivo se enturbia si se añade un esceso de agua. Salde bismuto. . t produce un líquido de color azul intenso; e\ l\-j quido primitivo presenta desde luego un color cobre. 1 liquido primitivo precipita en negro por el sul-j , ie nikel ó cabalto. furo amónico— ' [ líauido pri— El líquido primitivo forma con la) . nitivo preci-i potasa un precipitado blanco que. Sal de zinc, jitaen blanco! es soluble en el exceso de álcali./ i blanco rosa-ÍEl líguido primitivo dá ccn la po-1 manirán eso lo por el sul-f tasa un precipitado blanco que se,Sal de manganeso. :uro amónico.' oscurece por la acción del aire. ) ste precipitado es verde ]|al d® nferro * ste precipitado tiene la apariencia de orín de nieirm ste precipitado es blanco • • Sal de aluminio. [o se forma precipitado; perose obtiene anadien-, mao-nerio do fosfato sódico ; • -)Sal de magneria No se forma precipitado; el líquido i „ . primitivo produce con el oxalato , , calcio, e forma preci- ;mónic0lln precipitado blanco que bai cie caiUU* pitado;se ana-V eg insoiableen el ácido acético..' de sulfato cal-'Se formaprecipita-/No hayprecipi-jgal de estroncio, cico disuelto, d() vertiendo en ell pitado ) en el hqmdo/ií ido primitivo] primitivo .... ácid0 hidro-fluosí-/Hay precipita- Sal de bario. , licico \ do /El líquido primitivo desprende va-) • 0 ... pores alcalinos cuando se le ca-¡Sal de amoi 0 3e obtiene unV penta con ia potasa ó la cal ) precipitado,™ líquido primitivo no desprende) , • amarillo / va¿0res alcalinos cuando se leJSal de potasio. • 1 calienta con la potasa ó la cal.. • ' . No se obtiene precipitado I Sal de aod,°' 486 § 529 — Investigación de las bases orgánicas—Mé- todo de Stas y sus modificaciones—El método de Stas que es uno de los mejores y mas generalmente seguido se funda en que: los alcaloides disueltos con los ácidos, con el tártrico mejor que con el oxálico, se descomponen fácilmente por las disoluciones acuosas de los álcalis ó carbonatos alcalinos, y en que: puestos en libertad los al- caloides en un líquido acuoso, condenen una cantidad de agua que los hace solubles en el éter, aunque no lo son enseco, y el éter los deposita así que se evapora. El procedimiento es el siguiente: Io. Se toman las materias sospechosas (hígado, ri- ñones, vómitos, cámaras, etc.) convenientemente dividi- das y se les agrega doble de su peso de alcohol, lomas concentrado posible, lo menos á 90° centígrados. Se agrega, según la cantidad de materia sospechosa de 1/2 á 2 grados de ácido tártrico y se calienta la mezcla en un matraz de cuerpo esférico y cuello corto, de 60 á 75". Después do frió se filtra y se lava el residuo con alcohol concentrado. 2o. Los líquidos reunidos se evaporan en la máqui- na neumática, ó poruña corriente de aire seco, que no pase de 35°. su temperatura. Después de evaporado el alcohol, se disuelve en la menor cantidad posible de agua destilada, y se introduce en una probeta, donde se mezcla con carbonato de sosa ó de potasa hasta que no produzca efervescencia. Si existen alcaloides quedan así en libertad; para apoderarse de él. 3°. Se agregan tres ó cuatro volúmenes de éter pu- ro, se agita bien y se deja reposar; el éter se sube á la parte superior y arrastra el alcaloide; se repite esta operación por sí queda algo del alcaloide. Se decanta el éter en una cápsula de porcelana, se deja evaporar y queda depositado el alcaloide. Si el alcaloide es líquido, se ven en la cápsula estrías aceitosas ó un anillo de series pequeñas que van ganan- 487 do el fondo. Al calor de la mano desprende tin olor de- sagradable picante, igual al del alcaloide. Si es fijo queda un producto sólido ó un líquido incoloro, lecho- so que tiene en suspensión el alcaloide, con un olor de- sagradable de materia animal. Cuando el alcaloide es líquido, como la nicotina, conicina, se agrega al producto de la operación; lá 2 centímetros cúbicos de solución concentrada de pota- sa ó sosa cáusticas y se agita, se deja en reposo, se decanta el éter, se agita el residuo en este vehículo, se repite la operación y se reúnen los líquidos. Se agrega á estas 1 á*2 centímetros cúbicos de agua acidulada con la quinta parte de su peso de ácido sulfúrico, se agita y después de reposado se agrega una disolución con- centrada de potasa ó sosa; se toma el todo con el éter dos ó tres veces, se decanta el éter cada vez y se deja evaporar, exponiendo en el vacio un rato para quitar el amoniaco, y queda el alcaloide en forma de una gota, reconociéndose por sus reactivos. Cuando el alcaloide es fijo: se agrega al producto de la operación tercera la solución de potasa ó sosa co- mo en el caso anterior, se ponen algunas gotas de la so- lución sulfúrica de modo que mojen todos los puntos de la cápsula, se decanta ó filtra; el residuo se lava con algunas gotas de agua acidulada y se evapora debajo de una campana, que tiene una vasija con ácido sulfúrico; se agrega una disolución muy concentrada de carbonato de potasa puro; se toma el todo con el alcohol absoluto se evapora y queda el alcaloide, que se reconoce por sus reactivos. Modificación de Otto—Consiste en agitar con el éter los licores que encierran los tratados ácidos de los alcaloides antes de agregarles el bicarbonato alcalino. Así se separan las materias colorantes, la colchicina, la digilatina, picrotoxina y otras impurezas. Cuando el éter ya no toma color por la agitación y no deja residuo por la evaporación, se añade el bicarbonato alcalino y 488 se sigue el procedimiento de Stas en todo lo demás. Por este medio se obtiene el alcaloide casi puro desde luego. Modificación de Rodgers y Girword—Esta modi- ficación se usa para la investigación de los alcaloides de los estricnicos y consiste en que las materias sospecho- sas se disuelven en ácido clorhídrico diluido, se filtra, se evapora á sequedad al baño maría y el residuo se trata por el alcohol; se evapora de nuevo y el residuo se disuelve en agua; se trata el líquido por el amoniaco y después se agita con el cloroformo, se decanta con una pipeta y se obtienen las bases impuras; se trata por el ácido sulfúrico concentrado, se trata por el armoniaco y el cloroformo como antes y se obtienen los alcaloides puros. Modificación de Uslar y Erdmann—Consiste en di- gerir las materias en ácido clorhídrico y en sustituir el alcohol anílico al éter, añadiendo alüíquido que se eva- pora cuando se han digerido las materias en el ácido clorhídrico un poco de sílice para hacer el residuo com- pletamente friable. Este procedimiento se emplea con ventaja en la investigación de la estricnina, morfina y de la atropina. § 530—Diálisis—Este procedimiento, introducido en la ciencia por Graham, se funda en la propiedad que tiene el papel pergamino cuando separa dos líquidos, de dejar pasar á su través diversas sustancias cristaliza- bles como sales, alcaloides disueltos en uno de los líqui- dos y no dejar pasarla albúmina, gelatina y otras sus- tancias mezcladas con las primeras. Las sustancias que pasan á través del papel perga- mino se llaman cristaloideas y las que no pasan ó pasan muy poco se llaman coloideas. El aparato que se emplea se llama dializador y es muy sencillo. Consiste en un aro de madera ó guta-per- cha de 5 centímetros de alto por 20 á 25 de diámetro, una de cuyas bases se tapa con papel pergamino atado con una piola ó cinta; en esta vasija se introducen las 489 materias que Sé han de dializar y ¡se introduce en otra vasija mas grande que contenga agua pura. Se puede también emplear un vaso cualquiera en forma de campa- na tapado en uno de sus fondos con papel pergamino. Este método permite investigar las sustancias toxi- cológicas en pocas horas, sin introducir cuerpos estra- dos, ni destruir las materias orgánicas; pero tiene ei inconveniente de que no extrae todo el veneno y de no separar las sustancias insolubles. El Doctor Saenz Diez lia hecho de este método un es- tudio especial en una memoria de gran importancia. De ella tomamos las conclusiones siguientes; Ia. Todos los cuerpos minerales solubles, cualquie- ra que sea el disolvente, y aunque se les coloque en mez- clas artificiales, al parecer desfavorables, para que haya contacto entre los líquidos separados por el pergamino, se verifica la difusión y pasan las suficientes cantidades en las primeras 24 horas para ser reconocidos por sus reacciones mas características. 2a. Todos los compuestos orgánicos solubles, colo- cados como en el caso anterior, se separan por difusión, pasando al líquido exterior; pudiendo ser reconocidos, si bien antes hay que separar los de las sustancias que tam- bién han pasado, lo que se consigue fácilmente, para cada uno en particular. 3a. En 24 horas próximamente se separa ei 25 por 100 de la cantidad de ácido arsenioso que existe. 4a. En los compuestos orgánicos, es preferible em- plear el método de Stas y operar con los líquidos que en el se obtienen; lo cual no produce ningún inconveniente, pues* si no pasan las materias, ó aunque pasen, como siempre hay materia en el dializador, se pueden utilizar para tratarlas por los demás métodos. Las sustancias en cuya investigación ha empleado el Doctor Saenz Diez la diálisis son: Acido nítrico, sulfúrico, oxálico. Fósforo, tratando los líquidos por el ácido nítrico 490 diluido y calentarnos después para trasformar el fósforo en ácido fosfórico. Ioduros, bromuros y cianuros. Potasa. Sales de estaño, de cobre, de bismuto, de plomo, de mercurio, de hierro. Alcaloides. § 531—Reconocimiento délos alcaloides—Una vez aislado el alcaloide, si no se sabe cual es el que ha producido el envenenamiento, se procede á su investi- gación y para evitar tanteos largos Fresenius y Valser han hecho los siguientes cuadros: 492 Marcha sistemática de Fresenius pa Morfina —Narcotina—Quinina—Cinconina El líquido que contiene en disolución estos alcaloides No hay precipitado HAY PREOI (Salicina) Al líquido primiti- vo se añade ácido clorhídrico, y se hierve por largo ti- empo. Si no hay precipitado,es pru- eba que no hay sa- licina. El liquido primi- tivo, adicionado con ácido sulfúrico, debe teñirse de co- jlor rojo de sangre arterial si hay. (Salicina) (Morfina—Narcotina—Quinina—Cinco Se echa sobre la disoluc Se disuelve el precipitado No se disuelve (Morfina) La disolución con el ácido i ó- dicoda iodo en libertad. El lí- quido primiti- vo adicionado con ácido sul- fúrico y dos go- tas de ácido ní- trico, toma co- lor violeta si hay: (Morfina) (Narcotina—Quinina—Cinconina— Se lava el precipitado formado, se trata sódico hasta que desaparezca la reac Hay precipitado. (Narcotina, Cinconina Se lava el precipitado y en exceso. Se disuelve y Quinina) se añade éter Nosedisuelve (Quinina Se dividen € Ia. Porción , Narcotina) ;n dos porciones 2a. Porción (Cinconina,) Si el pricipita- do, tratado por un ácido dilucide ypor el ferrocianu- ro potásico da un precipita- do coposo. (Cinconina) Se trata la disolución con cloro y armón i acó. Si el liquido toma el co- lor verde esmeralda, (Quinina) Se traíala diso- lución por el á- cidosulfúrico y dos gotas de á- cido nítrico. Si el líquido toma color rojo de sangre, (Narcotina) 493 ra la determinación de los alcaloides I—Estricnina— Brucina — Veratrina—Salicina j se trata por una lejía débil de potasa gota á gota. PITADO i' nina—Es trien i n a—B r uc i n a y cion un exceso de potasa Ve ratina.) el precipitado Estricnina — Brucina y Veratrina.) por dos ó tres gotas de ácido sulfúrico diluido, y se añade bicarbonato. cion acida. No hay precipitado. Se evapora á sequedad, y el residuo se lava con agua Iría l Se disuelve Ne se disuelve (Quinina, Brucina, Veratrina y Estricnina ) j Se digiere el residuo en alcohol en baño de maria. Se ensaya el líquido como queda dicho. Se disuelve No se disuelve. fBricina, Veratrina y Quinina) Se evapora á sequedad en baño maria la di- solución alcohólica, y se divide el residuo en tres porciones. (Estricnina) El precipitado! colocado en un vidrio de reloj) con ácido nítri-1 co y. bi-ácido de! plomo ó croma-i to potásico, to-| ma color azulj violeta fugaz. ¡ (■Estricnina) Ia, Porción 2a. Porción 3a . Porción Con el cloro y el amoniaco. Si toma un co- lor verde es- meralda. ! i (Quinina) Con el cloro y el ácido nítri- co se vuelve a- marillo, y con el cloruro es- tagnóso color violeta inten- so. Con ácido sul- fúrico y alco- hol, á los 15 minutos toma un color rojo sangre. { Veratrina) (Brucina) 494 Adquieren coloi ación v iole-)^T tjan reacción con el ácido clorhídrico v el bi-ácido de bario. {Con icina ta con el cloruro aurico ) • ) Adquieren coluracion par-)Dan coloración grosella con el ácido clorhídrico y el da con el claruro áurico....me bario C ( U Morfina Brucina Veratrina Delfina Narcotina IColoracion verde oscura Codeina Solan i a Atropina Acón it i na Atropiivjj ' Acón ¡tina Toman color violeta con el ácido sulfúrico diluido en calien-j ¡te y \Toman color azul con el cloruro férrico ' color azul con el ácido sulfúrico diluido en caliente y No dan reacción con el cloruro férrico Se coloran espontáneamente en la violeta con el ácido sul-> Ifúrico en trio í Solo adquieren coloración violeta cuando se opera en ca-/ líente V /Toman coloración violeta con el ácido sulfúrico diluido icaliente ) No dan coloración azul verdosa potasa on caliente ' Marcha para la investigación de los alcaloides, según M. Valser. |No adquieren coloración por el. ácido sulfúrico en caliente.... /Adquieren coloración roja) ¡con el ácido nítrico Coloración roja de ladrillo en frió ó carmín en calien-/ te 1 Nose vuelven rojos, ni ama-' rillos, ni verdes i Alcaloides voláti-' les y con olor ( Alcaloides lijos..] \ 495 Una vez verificada alguna de estas reacciones, que po- ne en via de descubrir el alcaloide, deben verificarse to- das sus reacciones para tener una absoluta certeza de su existencia (§ 524). § 532—Cuestiones médico legales—El estudio de los envenenamientos hace prever las variadas cuestiones mé- dico legales que han de producir, y en general son fáci- les de resolver. Tardieu y todos clásicos que le han se- guido ponen nueve cuestiones, que son las que con mas frecuencia se presentan y requieren observaciones ge- nerales. Nada nuevo podríamos agregar á lo tan dicho y re- petido por los autores, los que en realidad no hacen sino copiarse unos á otros; por lo que vamos á extractarlas de Rabuteau, con muy ligeras modificaciones. § 533—¿Ha sido ocasionada la muerte ó la enfer- medad por alguna sustancia venenosa?—La respuesta a esta cuestión implica en general tres condiciones: 1 ° el estudio de los síntomas; 2o el examen detenido de las lesiones; 3o el análisis químico de las materias líquidas ó sólidas devueltas por la víctima ú recogidas en la autopsia (§ 522, 523 y 524). § 534—¿Qué clase de sustancia ha podido produ- cir la muerte?—Se considera necesaria la solución de esta pre- gunta para producir el convencimiento; no es esto decir que sea indispensable aislar la sustancia venenosa y presentarla al Jurado tal como fué administrada. Así, para afirmar que una persona lia sido envenenada por el arsénico, cuando las lesiones anatómicas, los síntomas fueron, por otra parte, idénticos á los que determinan los arsenicales, no hay necesidad de presentar el ácido arsenioso que, en la mayoría de casos, ha constituido el instrumento del cri- men. Indudablemente los granos ó pequeñas porciones de ácido arsenioso encontradas en los vómitos y deyecciones ó en los intes- tinos no dejan lugar á ninguna duda; pero las manchas arsen icales obtenidas por medio del aparato de Marsh, presentadas como cuer- po del delito, constituyen pruebas suficientes. De la misma; en un envenenamiento por la estricnina, extraerla por el método deStas; la cuestión de saber si esta base fué administrada en sustancia ó en el estado de clorhidrato ó de sulfato es secundaria. Sucede algunas veces que el descubrimiento simultáneo de mu- c*has sustancias en las materias sospechosas ó en las visceras de la víctima, permite especificar mas la verdadera naturaleza del vene- 496 no. Así, cuantió el perito no lia encontrado mas que la menina, podrá decir que lia existido un envenenamiento por esta sustancia o por una de sus sales; pero si al mismo tiempo ha encontrado la narco tina y otros alcaloides del opio, y ha obtenido las reacciones del ácido mecánico, ó bien aislado este ácido en sustancia, podrá afirmar que se ha administrado el opio, Por último, si ha compro- bado al paso en el tubo digestivo la coloración que produce el láu- dano por el azufran que entre en la preparación de este líquido, no tendrá inconveniente en asegurar que se ha ingerido esta última sustancia. Cuando se trata de un veneno mineral, basta aislar el princi- pio esencialmenté tóxico, es decir, cuando se trata, por ejemplo, de un veneno metálico, presentar el metal, ó una de sus combinacio- nes características, ó verificar las reacciones particulares do sus di- soluciones. Cuando el agente tóxico comprende al grupo de los venenos or- gánicos, el caso ya es mas difícil. Sin embargo, cuando se trata de un alcaloide, como la estricnina ó la morfina, en general es posible aislar el veneno, porque los alcaloides pueden permanecer mucho tiempo intactos en el organismo, de donde se eliminan, por partes casi todos en sustancia, sobre todo si las materias sometidas al aná- lisis no contenían mas que cortas cantidades, Tal es el caso de la atropina, digitalina, etc. Llevará sus investigaciones hasta el último limite, y con la exigua cantidad que obtenga como resultado de estas pesquisas, por ejemplo, con el método de Stas modificado, según los casos y según ja naturaleza de los síntomas que le hayan hecho presumir la per- tenencia del veneno á determinado grupo de sustancias tóxicas, con este resíduó, repito, podrá recurrir á la experimentación fisio- lógica. Así, Ij30 de miligramo de atropina, cantidad muy conside- rable para un químico, basta dara dilatar la pupila cuando se ha aplicado en el ojo de un perro ó de otro carnicero ó en el hombre. Mas el perito no podrá afirmar con este caso que la sustancia activa es la atropina, porque la hioscíamina produce el mismo efecto, y además otras muchas sustancias pueden dilatar la pupila. § 535—¿Ha podido causar la muerte la sustan- cia empleada?—Para que exista, envenenamiento es necesario que la sustancia administrada pueda ocasionar la muerte con mas ó menos prontitud. Devergie, cita el caso * de un marido que dió á beber á su mujer ácido sulfúrico mezclado con vino, y el cual fué absuelto, porque habiendo formado dicho ácido sulfato potásico al contacto del bitartrato de potasa contenido en el vino, perdió su propiedad venenosa. Otras veces se han presentado casos opuestos al anterior. Por 497 ejemplo, un metal inerte, ó casi inerte, en contacto de un líquip.0 ácido, constituye un veneno. El hecho, tal como lo reitere Tardieu, se ha observado en el antimonio metálico introducido en el vino, cuya mezcla, por habérse administrado después de mucho tiempo- habia adquirido propiedades tóxicas, verificándose el envenenamien, to, que no hubiera tenido lugar si la torpeza del culpable no hu- biese sido reparada por una circunstancia enteramente fortuita. Sean cuales fueren los casos que puedan presentarse, el perito dará siempre solución á las cuestiones de esta clase que se le pro- pongan, en relación con los conocimientos que debe poseer á cer- ca de las diversas sustancias tóxicas y medicamentosas. § 536—¿Ha sido ingerida la sustancia venenosa en cantidad suficiente para producir la muerte? ¿A qué dosis es capaz de ocasionarla?—La cuestión de la do- sis del veneno presenta una importancia positiva; en primer lugar, cuando la cantidad es considerable y denuncia en cierto modo por sí misma la intención homicida; en segundo lugar, cuando hay tiem- po de distinguir si una sustancia, empleada, por otra parte, como agente terapéutico, se ha administrado como medicamento ó como veneno; en tercer lugar, cuando pueda obtenerse una gran canti- dad y fácilmente por.derable de una sustancia que puede existir de un modo accidental en el cuerpo del hombre, como el cobre. Por esta razón, el perito, como, por otra parte, los verifica constante- mente, sin fijarse en una doctrina determinada, debe ocuparse sólo en dosificar de un modo exacto el veneno que haya podido descu- brir en las materias y objetos que le hubieren remitido. La canti- dad que se obtiene no representa casi nunca la cantidad ingerida.» pero puede suministrar datos preciosos. En cuanto á la segunda parte de la cuestión, d que dosis pue- de causar la muerte la sustancia venenosa, no puede resolverse si- nó por el estudio de los venenos en particular. Si se tratara de un veneno poco conocido, la experimentación en los animales so- lo produciría indicaciones científicamente rigorosas en cuanto á la dósis mortal, porque sabemos, por ejemplo, que la morfina y la atropina, tan poco activas, la primera en el perro, y la segunda en los conejos y otros roedores, son muy peligrosas para el hombre- Se tendrá en cuenta la edad de la víctima. El adulto tolera el Opio incomparablemente mejor que el niño. Dos gotas de láudano pue- den matar á un niño de una semana. § 537—¿En qué época se ha ingerido el veneno?— La contestación á esta pregunta puede obtenerse: 1 ° del tiempo en que comienzan á manifestarse los síntomas; de la sucesión de los síntomas y de las lesiones; de la eliminación de los agentes óxicos. 498 Ciertos venenos rbran con una notable rapidez; tales son los ve- nenos gaseosas, cuya absorción es instantánea. Los venenos inge- ridos en disolución se absorven igualmente con rapidez, puesto que se les puede encontrar, en su mayor parte, en las orinas á los cua- tro ó cinco minutos de su ingestión; de modo que no tardan en sen- tirse sus efectos. Sin embargo, es necesario que el veneno haya te- nido tiempo para penetrar en suficiente cantidad en lo intimo del organismo, y que, en general, no exceda de un cuarto de hora á media hora. Sin embargo, hay excepciones. Asi, los preparados solubles de cólchico y la colchicina no obran sinó una 0 dos horas después de haberse efectuado su absorción, por mas que esta últi- ma sustancia se haya inyectado en el tejido celular sub-cutáneo. Por último, hay venenos, como los hongos venenosos, cuya acción funesta no aparece ordinariamente sinó al cabo de muchas horas. El estado do vacuidad ó de plenitud del estómago, así como la na- turaleza de las sustancias contenidas en esta viscera, ó con las que se ha ingerido el veneno, ejercen una gran influencia en el instante de aparición de los accidentes. 2o Relativamente á la sucesión de los síntomas y lesiones, sa- bemos, por ejemplo, que en el envenenamiento por el fósforo, las manchas hemorragicas, la ictericia, la esteatósis del hígado, de los riñones y de los músculos, no se manifiestan antes del primero ó segundo dia consecutivos á la ingestión del veneno. Si se ha com- probado la esteatósis en el cadáver, puede afirmarse que la victima ha sucumbido por lo menos á las veinticuatro horas de haber empe- zado el envenenamiento. Lo mismo sucede con la intoxicación por los arsenicales. La esteatósis es mas tardía en el envenenamiento por el mercurio, y mas aun cuando se trata de los compuestos an- timoniales. 3 o Hay venenos que se eliminan pronto, ó por lo menos, que en su mayor parte desaparecen en seguida del organismo. Tales son los ioduros, bromuros y el nitro. Sin embargo, pueden encontrarse todavia á las setenta y dos horas, y aun á los ocho dias, débiles can- tidades de iodo ó bromo en las orinas. No se trata aqui seguramen- te del bromo normal, que siempre puede extraerse analizando el producto de la evaporación de tresá cuatrocientos gramos de Orina sinó de los resultados obtenidos tratando por los medios conducen- tes ligeras cantidades de este líquido. La eliminación del arsénico y de los venenos metálicos es, en general, lenta y dura por lo me- nos tres semanas Estas ideas son importantes, principalmente en los casos de envenenamiento por los agentes tóxicos que se em- plean de ordinario como medicamentos. Así, en un caso de intoxicación por el tártaro estibiado, el defen- sor pudiera argüir la administración de este medicamento tomado por la víctima en una época mas ó menos remota. 499 § 538—¿Puede existir el envenenamiento y desa- parecer el veneno sin dejar vestigio alguno de su existencia?. ¿Después de cuánto tiempo?—En los ca- sos de envenenamiento reciente, se encuentran casi siempre las señales del veneno sobre todo en las mate- rias vomitadas en las cámaras y en las orinas. En los casos en que no hay muerte, si el envenena- miento ha llegado á cierta gravedad, la economía conser- va durante mas ó menos tiempo las señales del veneno. La cesación de los accidentes y el examen químico de las excreciones, permitirán determinar en que época han desaparecido las señales del veneno. Si el envenenamiento ha sido seguido de muerte, se puede casi siempre, en los primeros tiempos, encon- trar sus señales; pero después de algún tiempo se en- cuentran ó no según la naturaleza del veneno. Los venenos de origen orgánico, principalmente los alcaloides resisten mucho tiempo; las sustancias mine- rales pueden conservarse indefinidamente, otras por el contrario se trasforman, se descomponen y desaparecen. La verdad es que este estudio no está hecho aun, apesar de su gran importancia, y que solo de materias determinadas se conoce la duración de sil permanencia ó trasformaciones. § 539—¿Puede la sustancia venenosa extraída del cadáver dimanar de otro origen distinto del envene- namiento?—Hubo un tiempo en que se admitía la existencia nor- mal en el cuerpo de diversos metales, como el cobre y el plomo. Pero sabemos, por el estudio especial del envenenamiento por es- tos metales, que no pueden encontrarse en la economía, sinó acci- dentalmente. En cuanto al arsénico, la cuestión se juzga en la ac- tualidad de una manera irrevocable; este cuerpo simple no consti- tuye en modo alguno un elemento normal del organismo. Se ha objetado, por último, que varios venenos podían formar- se espontáneamente en el vivo y en el cadáver; se ha dicho, por ejemplo, que el ácido cianhídrico podía resultar de la putrefacción. Ahora bien, sabemos en la actualidad que este último veneno no se forma en la descomposición del cadáver, y que el hidrógeno fosfo- rado, el ácido sulfídrico y el sulfidrato amónico, son los únicos prc» 500 ductos ordinarios del mismo, reputados como agentes tóxicos. Sin embargo, la cuestión se halla lejos de estar resuelta de un modo completo, ni aun aproximado. Asi, en contrario á las aserciones de Tardieu y de Roussiu, los extractos alcohólicos y, con mayor ra- zón, los extractos acuosos de las sustancias orgánicas en vía de des- composición son sumamente tóxicos, según los experimentos de Fagge y Stevenson y de Homolle ( 523). Por último, la cuestión de la infiltración, en el cadáver, de sus tancias tóxicas existentes en el terreno donde ha sido inhumado, ya la hemos expuesto al tratar del envenenamiento por el arsénico § 540—¿El envenenamiento ha sido homicida, suicida, ó accidental?—Las razones en que el práctico puede fundar su juicio procedente de tres indicaciones principales: 1 °;0 de las condiciones en que se encontraba la víctima; 2o de ciertas lesiones exteriores que puede presentar; 3 o de la naturaleza de la sustancia tóxica. Si la víctima era de corta edad, seria todo lo probable que el envenenamiento fuese criminal, salvo el caso de hallarse demos- trado perentoriamente que el veneno no se encontró de una mane- ra accidental á disposición del niño. Esta circunstancia puede presentarse en los casos de envenenamiento por el fósforo y tam- bién por el arsénico. Sabemos, por otra parte, que los bombones y los juguetes coloreados con sustancias arsenicales, como el verde de Scheele, han ococionado en los niños envenenamientos acciden- tales. Señales de violencia, de cauterizaciones ó de quemaduras ob- servadas al rededor de la boca, en el cuello y en el pecho, en los casos de envenenamiento por las sustancias corrosivas que se hu- bieran derramado por estas regiones, influirían en la admisión de un envenenamiento homicida. Por último, la elección del veneno, la facilidad ó dificultad ma- yor ó menor de procurársele suministrarían indicaciones cuyo va- lor debe saber apreciar el perito. Lo mismo sucederá tocante á la analogía de aspecto del veneno con diversas sustancias tóxicas me- dicamentosas, y la cual ha sido frecuentemente causa de envenena- mientos accidentales. Con el auxilio de estas diversas circunstan- cias y de todas las que pueden presentarse en un caso determinado, podremos, en general, determinar, si no con entera certeza, al me- nos con probabilidad, si el envenenamiento ha sido criminal, sui- cida ó accidentá!. § 541—¿Puede simularse un envenenamiento?—L> indudable, como indica Tardieu, que el envenenamiento, como mul- chas enfermedades, puede ser objeto de una simulación más ó mc- jTos marcada. 501 Unas veces el autor de la superchería pretende experimentar síntomas mas ó menos análogos á los de un envenenamiento deter- minado; en otras, determina en sí mismo un trastorno de la salud, tomando ciertos medicamentos, principalmente vomitivos y purgan, tes; por último, en otros casos mezcla sustancias tóxicas á los ali- mentos cuyo análisis solicita. La observación atenta y cierta astucia bastan en los dos pri- meros casos y en el tercero, el práctico no condescenderá irreflexi- vamente al analizar las sustancias cuyo origen no sea auténtico, ni sobretodo, al certificar por escrito los resultados. Otras veces la simulación del envenenamiento es el resultado de una afección mental. Yernos, por ejemplo, algunos enfermos afectados de locu- ra melancólica que rehúsan la mayor parte de las veces el alimen- to, porque creen que se les'quiere envenenar. Estos desgraciados, cuya salud se deteriora de dia en dia, lo cual contribuye á fortale- cer mas en ellos las sospechas de envenenamiento, llegan hasta for- mular acusaciones contra las personas que viven en su compañía. Tardieu refiere, con este motivo, que el marido de una loca, por denuncia de un falso envenenamiento del cual esta última se considera víctima, apoyándole con la exhibición de pretendidos bre- vajes envenenados, estuvo preso hasta que él y Roussin demostra- ron, por el análisis de estas sustancias y por el atento exámen de la mujer, que el envenenamiento nunca habia existido mas que en su imaginación enferma. SECCION OCTAVA De las inhumaciones, exhumaciones y autopsias OáPITI&Q FEI1IED. De las inhumaciones § 542—Disposiciones legales—Código Civil—Art. 79. El dia del nacimiento con las circunstancias del luga'-, sexo, nombre, apellido, paternidad y maternidad, se probará en la forma siguiente*' Art. 80—De los nacidos en la República, por certificados autén- ticos estraidos de los asientos de los registros públicos, que para tal lin deben crear las municipalidades, ó por lo que conste de los libros de las parroquias, ó por el modo que el Gobierno Nacional en la Capital, y los Gobiernos de Provincia determinen en sus respec- tivos reglamentos. Art. 104—La muerte de las personas, ocurrida dentro de la Re- pública, en alta mar ó pais extrangero, se prueba como el naci- miento en iguales casos. Buenos Aires—Reglamento de Cementerios—Art. 34—Ningún cadáver podrá ser enterrado sin que preceda permiso de la autori- dad correspondiente. Art. 35—Ningún cadáver podrá ser enterrado sin que hayan trascurrido 24 horas en los casos ordinarios y 30 en los de muerte repentina. Art. 36—Si por circunstancias excepcionales la descomposición y putrefacción se apoderasen del cuerpo á las pocas horas de ser cadáver, el Presidente de la Municipalidad podrá permitir su inhu macion, siempre prévio certificado médico. Ordenanza de l t de Junio de 1870—Art. Io—Ningún cadáver podrá ser sepultado sin la licencia correspondiente en que se expre- se lo que sigue: parroquia, sección, cuartel, nombre, apellido, edad, sexo, estado, color, nacionalidad, domicilio, profesión y la enferme- dad ó causa presunta de la muerte. Art. 2° Ningún cura, comisario ni otraautoridad, podrá dar la licencia de que habla el artículo anterior, sin que préviamente se le presente el certificado del médico que haya asistido al enfermo en que conste la enfermedad que haya determinado la muerte. Art. 3o Para el cumplimiento de lo dispuesto en el artículo primero las licencias serán impresas y distribuidas profusamente a los curas y demás encargados de su espedicion, y contendrán en ca- lilas separadas lascondicio5es indicadas. 503 Art. 4 o Los cadáveres procedentes de los hospitales, cárceles Departamentos de policía, serán inscriptos en libro aparte, con expresión de los nombres y apellidos, nacionalidad, color, edad, se- xo, estado, profesión y enfermedad, causa de la muerte. Art. 5 o La Municipalidad se dirijirá á los señores médicos re- cibidos y residentes en el municipio, pidiéndoles en nombre de los intereses generales y de la ciencia, qué se presten á certificar gratis en cada caso que ocurra, en boletos impresos que les remitirán en número suficiente, la enfermedad que haya ocasionado la muerte. Art. 6 o Las licencias para las inhumaciones de los individuos muertos sin asistencia médica, serán dadas por los Curas ó por los Comisarios de Sección, quienes al efecto pedirán la intervención ofi- ciosa ya sea de uno de los médicos de policía ó del facultativo ma vecino, los cuales después de investigaciones convenientes, espresa- rán la enfermedad que ha causado la muerte, 0 la causa presunta. Ordenanza de 7 de Octubre de 1872— Art. Io. Créase una junta inspectora de muertos, la cual será compuesta de dos médicos que lo Municipalidad elíjirá al efecto. Art. 2°. La dotación de cada uno de los facultativos nombra- dos para componer dicha junta será de tres mil pesos moneda cor- riente. Art. 3°. Las atribuciones concernientes á la Junta Inspectora de muertos serán: Io. Certificar sobre las defunciones que tengan lugar en el Mu- nicipio, haciendo el exámen del cadáver, toda vez que no hubiera habido asistencia médica. 2o. Proceder á la autopsia en caso de sospecharse la existen- cia de un delito ó en el que la muerte haya sido causada por una enfermedad contagiosa que no pueda ser constatada de otra manera. 3o. Verificarlos exámenes cadavéricos que la Municipalidad or- denare é informar sobre los casos dudosos, principalmente cuando se anunciase ó se temiese alguna epidemia. 4o. Asociarse á los médicos de policía para hacer los exámenes convenientes sobre enfermedades ó defunciones ocasionadas en el Municipio, que pudieran comprometer la salud pública. 5o. Llevar un libro diario de sus observaciones en el cual se clasifique las eníermedades y se anoten las defunciones constatan- do aquellos comentarios dignos de consignarse. Art. 4°.—En caso de epidemia la Municipalidad aumentará con otros médicos mas, si lo creyera conveniente, el personal de la Jun- ta Inspectora. Art. 5°.—Estando imposibilitado algún miembro de la Junta para ejercer sus funciones, por enfermedad ú otra causa justificada, la Municipalidad sustituirá la vacante interinamente. 504 Art. 6°. Dichos facultativos tendrán la obligación de presen- tarse todos los dias en la Secretaria de la Municipalidad y perma- necer en ella de nueve á diez de la mañana y de tres á cuatro de la tarde, para que el público pueda ocurrir á esas horas á pedir los certificados. Art. 7o.—En el cementerio habrá una pieza destinada paralas autópsias que deban hacerse y una caja de instrumentos que esta- rá al cargo y cuidado del Administrador. Córdoba—Reglamento de cementerios—Art. 42—Ningún cadá- ver podrá ser enterrado sin que preceda permiso del Escribano Mu- nicipal. Art. 43 como el 35 de Buenos Aires. Art. 44—Todo cadáver que sea conducido al cementerio sin el boleto correspondiente dado por el Escribano Municipal, permane- cerá veinticuatro horas en el depósito y pasadas las cuales sin com- parecer los interesados ó por hallarse el cadáver en estado de des- composición, se procederá á darle sepultura en la tierra. Art. 45 como el 36 de Buenos Aires. Art. 55—Las licencias que se espidan por el Escribano Munici- pal espresarán el nombre y apellido, edad, sexo, estado, color, nacio- nalidad, domicilio, profesión y de la enfermedad ó causa presunta de la muerte si fuese posible, Art. 56—Los cadáveres procedentes de los hospitales, cárceles ó Departamentos de Policía, serán inscriptos en un libro aparte con la espresion de los nombres, apellidos, nacionalidad, color, edad, sexo, profesión y de la enfermedad causa de la muerte. Art. 66—La sala de autópsias servirá de sala mortuoria para recibir los cadáveres destinados á ser observados, cualquiera que sea el cementerio en que deban enterrarse. Art. 67—Todo individuo muerto repentinamente ó con pocas ho- ras de enfermedad, será depositado eu la sala de observaciones, has- ta cumplir las 30 horas prefijadas en el art. 43. Art. 68—La tapa de los ataúdes en que se trasportasen los ca- dáveres destinados á la Sala Mortuoria, será cerrada flojamente, siendo prohibida toda clase de clavadura. Art. 69—Inmediatamente de ser depositado el ataúd en la sala mortuoria, se abrirá y se dejará el rostro y el cuerpo al aire libre y á una de las muñecas se atará un cordon el que vendrá á rema- tar en una campanilla en el cuarto del guardián. Art. 70—Si durante las horas de observación el cadáver depo- sitado presentara síntomas manifiestos de descomposición, él podrá ser inhumado sin necesidad de esperar el término prefijado de las 30 horas. Codigo Pena i Reformado—Art. 130—El que practicare ó hiciere 505 practicar una inhumación contraviniendo á las disposiciones déla autoridad respecto á tiempo, sitio y demás formalidades prescrip- as incurrirá en la pena de arresto menor. Art. 131— Igual pena sufrirá el que exhumare ó trasladare los restos humanos, sin licencia déla autoridad ó con infracción de los reglamentos de sanidad. § 543—Crítica de las leyes sobra inhumaciones— Según nuestro sistema constitucional, la legislación so- bre el registro civil corresponde al Gobierno Nacional por lo que respecta á la Capital y Territorios federales y á 1 a3 Provincias en sus respectivas jurisdicciones, de- biendo llevar los libros del registro las Municipalidades. La Nación no ha dictado aun la ley del registro ci- vil, ni tampoco las Legislaturas provinciales, algunas de las cuales tienen en su cartera proyectos mas ó menos completos. Por su parte fuera de Buenos Aires, Córdoba, San- ta Fé y algunas capitales de provincia no se han preo- cupado siquiera de tan grave asunto, y las que lo han hecho ha sido en el reglamento de cementerios, donde han dictado disposiciones análogas a las que dejamos trascritas de Buenos Aires y Córdoba. En la gran mayoría de las poblaciones de campaña reina el desorden mas completo á este respecto y los li- bros parroquiales adolecen de todos los defectos posibles. Aun en una capital de provincia hemos visto que faltaban en los libros centenares de partidas; el sacris- tán tenia metidos en un cajón papelitos sueltos con apun- tes de las defunciones y nacimientos, en la mas perfec- ta confusión. En la capital misma, el Señor Intendente Munici- pal hace notar en la páj. 448 de su Memoria presentada al Consejo, en 1882, que «ni la formalidad del acta de la constatación de la muerte se observa.» En Córdoba el registro civil se lleva hoy bastante bien y un Escribano Municipal vá á domicilio á levantar las actas, que constituyen un protocolo por año. La inseguridad en los derechos y las dificultades que 506 se suscitan en los pleitos, por los vicios de los registros y diarios, exigen un pronto remedio por medio de leyes sábias y enérgicamente cumplidas. Aun en las localidades donde existen ordenanzas mu- nicipales respecto de las inhumaciones, desgraciada- mente no se cumplen y en muchas parece que los cadá- veres fueran un estorbo para las familias que se desem- barazan de ellos á las pocas horas, á veces calientes aun. Los tristes y no escasos ejemplos, que registra la ciencia de personas enterradas vivas, deben ser muy frecuentes, yes seguro que una inspección inteligente de las sepulturas revelarla espantosos casos de este gé- nero . Las localidades que carecen de médico, y son por desgracia la inmensa mayoria de la población de la Re- pública, puesto que solo las capitales y las poblaciones de importancia tienen asistencia facultativa, deberían adoptar como regla invariable, no enterrar los cadáve- res hasta que se manifestase la putrefacción, único signo cierto de la muerte, capaz de ser apreciado por el vulgo. Para garantirse del error de enterrar vivos á sugetos muertos aparentemente, se han establecido en Alemania y otros paises, con el nombre de casas mortuorias, loca- les destinados á guardar los cadáveres, poniéndoles cor- dones atados á una campanilla, para que al menor mo- vimiento perciba el guardián el campanillazo; institución que aun cuando se halla en el reglamento de cemente- rios de Córdoba y de otras localidades, jamás se ha cum- plido entre nosotros. Indudablemente se han salvado por este medio algu- nos sugetos; pero está muy distante de llenarlas aspira- ciones de la ciencia. Esos establecimientos no reúnen las condiciones higiénicas requeridas por un enfermo; las operaciones de transporte, amortajamiento, etc,, son lo mas á propósito para matar á cualquier enfermo gra- ve, y la terrible impresión que debe producir en un suge- to despertar entre cadáveres, en un ataúd y en el silen- 507 cío de la localidad, es capaz por sí solo de producir la muerte. Estamos, pues, muy lejos de aceptar institución se- mejante; el mejor y único medio de garantirse contra el peligro es constatar, por medio de un perito, los signos ciertos de la muerte, y en los casos dudosos esperar todo el tiempo necesario, sea cual fuere, de que estos aparez- can, conservando los supuestos cadáveres en los domici- lios y en las mejores condiciones higiénicas. No podemos menos de reprochar aquí la costumbre general, del modo de darse los certificados de defunción. El médico ó los médicos que asisten á los enfermos se re- tiran á veces demasiado pronto de la asistencia, la pala- bra desahuciar se pronuncia harto pronto, por falta de fe ó de estudio, lo que ha contribuido mas de una vez á ha- cer la reputación de un charlatán, y cuando acontece la muerte, según el sentir de los asistentes, van a la casa del médico á pedirle el certificado, quien lo expide sin irá reconocer el cadáver. Es indudablemente enojoso muchas veces llenar es- te deber; pero esto no puede justificar nunca una prác- tica que espone á peligros gravísimos y á responsabili- dades que amargan la conciencia por toda la vida. § 544—Signos de la muerte—La primera cuestión que se presenta en las inhumaciones es la de «Si el suge- to está realmente muerto;» cuestión que se resuelve cons- tatando los signos de la muerte; es decir, aquellos fenó- menos que sobrevienen en el cadáver, que lo distinguen completamente del vivo. Por regla general es fácil determinar si la muerte es aparen re ó real; ó mas bien, es fácil decir si un cadáver lo es realmente; pero los casos de enterrados vivos conor cidos son harto frecuentes, para denotar que á veces es- ta distinción es difícil y expuesta á terribles equivoca- ciones. Solo Bruhier ha recogido en un tratado que publicó en 1740,181 casos de los que había: 52 enterra- dos vivos; 4 abiertos por el cirujano antes de morir; 5o 508 vueltos á la vida espontáneamente despees de encerra- dos en el ataúd; 72 tenidos por muertos sin estarlo. Si hoy se recogiesen en un cuadro los casos (raidos por los autores de medicina legal y los diarios médicos desde aquella fecha, podría elevarse la cifra de Bruhier á mas del décuplo. Téngase presente cuantos casos escapan á la observación, y son los mas, y se verá con cuanta ra- zón se ha tratado de buscar un signo característico de la muerte. Desgraciadamente apesar de las minuciosas y mu- chas investigaciones practicadas ese signo no se ha en- contrado; muchas veces el problema-queda indeciso, y en los demás la certidumbre de la muerte resulta, no de un signo único, sino del conjunto de signos, que cuan do existen todos dan la certeza de que el sugeto está real- mente muerto. Vamos á examinar estos signos sucesivamente. Aspecto general -El rostro cadavérico no es carac- terístico sinó en los individuos muertos á consecuencia de una enfermedad de largo duración ó crónica, como en el cáncer, en el tisis, etc. y entonces se le observa ya. á veces durante la vida. No existe en los sugetos muer- tos de un modo mas ó menos rápido. En el rostro cadavérico hay una palidez intensa y uniforme en toda la cara; las facciones están caídas; la mandíbula inferior también caída y los ojos y la boca entreabiertos; Casper hace notar qne nadie muere con los ojos y la boca cerrados. En algunos casos la cara conserva la expresión de terror ó de otros sentimientos que la han animado en los últimos momentos de la vi- da, lo que unido á las otras circunstancias del hecho puede suministrar datos de algún valor médico legal. La actitud del cuerpo por lo general es laque, el su- geto tenia al morir; en los enfermos es e! decúbito dor- sal, los miembros en seiniflexion, la cabeza ladeada, los piés vueltos hácia afuera y el pulgar de las manos diri~ jido hacia la palma, es el modo mas frecuente de encon - 509 trarse; pero estos signos tienen muy poco valor, porque faltan muchas veces. Aplastamiento del globo del ojo y la sustancia viscosa de la córnea —Estos fenómenos si bien se obser- van algunas veces durante la vida, especialmente en los coléricos, son fenómenos que deben tomarse siempre en consideración. Imbibición cadavérica del fondo del ojo—Descrita por primera vez, por el Doctor Lareher en 1862 en una memoria sobre los fenómenos cadavérico5, es un signo importante. Hé aquí como él lo describe: «Este fenómeno está caracterizado por la presencia sobre la esclerótica de una mancha negruzca que hemos estudiado bajo todos sus aspectos y seguido en todo su desarrollo.» «No solamente no se ha prestado jamás á este hecho toda la atención que merece, sino que ni aun se encuen- tra en ninguna parte la mención pura y simple de su existencia. La imbibición cadavérica del globo del ojo presenta, varios grados de desarrollo, y si se sigue con atención de din-en dia, de hora en hora, de momento á momento, por decirlo así, todas las fases, se vé que oon- sisie desde luego en una simple mancha negra poco apa- rente, después en una mancha mas estensa, casi siempre en forma redonda ú oval, rara vez triangular, y enton- ces la base del triángulo está junto á la circunferencia de la córnea. Esta mancha aparece siempre en el lado externo del globo del ojo; mas tarde otra mancha del mismo aspecto y naturaleza; pero menos pronunciada, aparece en el lado interno paralelamente á la primera: despees las dos manchas se estienden trasversal mente, se aproximan y su reunión constituye mas ó menos pronto, pero invariablemente, un segmento de elipse en la con- vexidad inferios; dos ó tres veces solamente hemos visto la inancha interna aparecer antes que la externa. Algu- nas veces las livideces de la piel preceden á esta man- 510 día del ojo; mas á menudo aparecen con ella; pero mas frecuentemente aun no aparecen sino mucho mas tarde. Ciertas condiciones favorecen la imbibición cadavérica del globo del ojo; en efecto, se produce mas pronto en una temperatura caliente,en los niños, en los tísicos, etc. Una vez presentada la mancha no hace sino estenderse.» Esta mancha es un fenómeno de imbibición cadavé- rica; y se presenta como intermedio entre la rigidez y la putrefacción y constituye un buen signo de la muerte. Enfriamiento del cadáver—El enfriamiento del ca- dáver empieza así que se paran las funciones de respira- ción y circulación. Se comprende que así que cesa la vi- da el cadáver obedece á las leves generales del enfria- miento, y que por lo tanto depende la rapidez di este de la temperatura del medio ambiente; del abrigo del cuer- po, de su volumen, obesidad, edad; etc. El enfriamiento es mas rápido en las estaciones frías que en las calientes; en el agua mas que en el aire; en este mas que en las le- trinas; los sugetos flacos, los niños y los viejos se enfrian mas pronto que los obesos y los adultos. El género de muerte influye también. Los enfermos crónicos, tísicos y sobre todo los coléricos se enfrian rápidamente; en la as- fixia por el carbón es mas lento. Por regla general el enfriamiento completo tarda en verificarse de 23 á 24 horas y según Si vas y Bouchut se puede considerar la muerte como cierta cuando el termómetro baja gradualmente de 20 á 27° c. Según Bel 1 ini y Filippi cuando el termómetro marca 25° en la axila y 28 en el ano, la muerte es cierta y se puede pro* cederá la inhumación. llofinann hace notar que el enfriamiento del cadáver una vez verificado, la temperatura es interior al medio ambiente á causa de la evaporación de los líquidos en la superficie, y que por esta causa los cadáveres produc- en al tacto una sensación de frió. Rigidez cadavérica—Es un signo de gran valor. Apaieco desde las cuatro ó cinco horas siguientes á la 511 muerto basta las doce ó mas, se generaliza en veinte ó veinticuatro horas, invadiendo sucesivamente la mandí- bula inferior, la nuca, la cara el tronco, los miembros superiores y después los inferiores: disminuye después y desaparece al cabo de treinta y seis (3 cuarenta y ocho ho- ras. En los casos en que tarda mas en aparecer tarda también mas en desaparecer; así se vé en la asfixia por el carbón, que puede persistir varios días, sobre todo si la temperatura está fría y seca. Los recien nacidos y ni- ños pequeños se ponen rígidos mas pronto que los adul- tos. El frió y el alcoholismo prolongan la duración de la rigidez cada\ érma. La rigidez cadavérica no puede confundirse con la rigidez de la congelación; esta se presenta en todas las partes del cuerpo, hasta en los órganos abdominales y produce por la presión un crujido especial, debido á la rotura del hielo; pero si puede confundirse con la rigidez convulsiva, que acompaña á ciertas afecciones nerviosas. Ehi estos casos, doblando los brazos con fuerza se les vé á veces, volver á la posición que tenían así que cesa la presión. La rigidez cadavérica no hace mover los miembros; si bien se acortan unos, la contracción de los miembros antagonistas los equilibra- Los experimentos que se han hecho haciendo apretar con fuerza un objeto en la mano de un cadáver con el objeto de que quedase asido no han tenido resultado; pero así que cesa la fuerza que obra sobre la mano, el objeto queda suelto: de ahí, el gran valor médico legal que tiene el encontrar asida por un cadáver, un arma ú objeto. Las actitudes extraordinarias ó de expresión de cier- tos sentimientos en el cadáver se esplica por la persisten- cia de la contracción muscular después de la muerte, cuando la rigidez cadavérica se presenta rápidamente. Hofmann explica estas actitudes particulares por el he- cho de que, en el momento de la muerte, los músculos antagonistas de los que han provocado una posición da 512 da están igualmente atacados de impotencia; no pueden, pues, cambiar la posición de los órganos }r volverlos á suposición normal. La gravedad obra sola entonces, pe- ro la posición del órgano hace con frecuencia que la gravedad no lo solicite ó que un obstáculo cualquiera anule esta fuerza, y la posición masó menos caracterís- tica tomada en el momento de la muerte se conserva has- ta la invasión de la rigidez. Hofmann no cree que exista un hecho auténtico de la invasión de la rigidez inme- diatamente después de la muerte. La explicación mas racional de Ja rigidez cadavérica, es la dada por Tour- des. Cuando la circulación se para, los músculos se ha- cen ácidos, lo que determina la coagulación de la miosi- na, materia albuminosa que llena la fibra muscular, y que después de la muerte pasa al estado grumoso. Cuan- do se exprime esta sustancia el músculo pierde la facultad de ponerse rígido vuelve ú ponerse flexible cuando el amoniaco satura, el ácido y cuando la fibra se desorga- niza.» Formación de las hipostasis -La formación de las hipóstasis es un fenómeno puramente físico; paralizada la circulación la sangre obedece á la acción de la grave- dad ysedirijeá las parles mas declives, donde forma manchas rojizas ó rojizo violáceas h regulares, dejando las partes superiores mas pálidas. Se comprende bien, entonces, que las livideces se presentarán según la posición del cadáver, en la parte sobre que este descanse ó en las partes inferiores délas posiciones. Así, en el cadáver acostado sobre la espal. da las livideces se presentan en esta, en las nalgas y en las pantorrillas; mas tarde en las orejas, los lados del pe- cho, del abdomen y de los miembros; en los cadáveres acostados de boca, la cara, el pecho, la parte anterior de los muslos, presentarán las livideces cadavéricas; los ca- dáveres de los ahorcados, presentan los miembros tanto mas lívidos cuanto mas tiempo ha estado suspendido el cuerpo, si el cuerpo ha estado colocado lateralmente, se 513 encuentra que la mitad sobre que descansa présenla livi- deces y la otra mitad no. Cunnio mayor es la cantidad de sangre y esta está mas fluida, mayores y mas abundantes son las livideces- Así los que perecen por hemorragias intensas las presen- tan raras y pálidas, y Hofmann dice haber encontrado tres casos en que (altaron. Estas livideces se presentan desde las tres á las diez horas después de la muerte. Se diferencian de las equimosis: Io. en que las livi- deces no dan sangre por la incisión, todo lo mas se ven aparecer algunos puntos sanguíneos, que provienen de la sección de las venas de la piel, las equimosis presentan siempre un derrame sanguíneo, sea líquido sea en coágu- lo; 2°. las hipóslasis no levantan nunca la piel; 3°. la po cisión. Esta distinción es, por lo general, fácil; pero algunas veces se necesita fijarse mucho para no caer en el error; así, en la época (lela putrefacción, la sangre se pone flui- da y los tejidos de la piel se ¡inhiben de una serosidad ro- ja que se parece al derrame sanguíneo; en un período mas avanzado, porque además de la imbibición los teji- dos reblandecidos se desgarran fácilmente; y hay casos en que la distinción se hace imposible. Por último, es preciso tener en cuenta que cuando la sangre presenta una fluidez, anormal y hay gran friabilidad de ios tejidos, á consecuencia de la degeneración grasosa, la simple h pos- tasis puede determinar la rotura de los vasos y formar una. extravasación sanguínea; tales son los casos de alcoholis- mo crónico, envenenamiento por el fósforo, septicemia, etc Las hipóslasis cadavéricas se encuentran también en los órganos internos en la autopsia; pero estas no pueden percibirse por el examen exterior como signo déla muerte. La formación délas hipóslasis es un buen signo; pe- ro debo tenerse en cuenta que pueden presentarse ya en la agonía. Otros signos—La relajación de los esfínteres y la 514 insensibilidad general, pueden encontrarse en algunas afecciones, como las cerebrales sin que exista la muerte pero siempre deben constatarse. La paralización de los movimientos respiratorios y de la circulación, deben también constatarse. La prime ra se observa á veces en las históricas y en asfixiados que han podido volver á la vida: sobreviene siempre antes que la de la circulación. Esta lia sido tomada por Bouchout como un signo de la mas alta importancia. Una comisión déla Academia de Medicina de París, que dictaminó sobre el trabajo de Bonchout, dijo que la ausencia de los latidos del corazón y de la realidad de la muerte. Pero si bien es cierto que este es un buen signo, hay casos en los que los movimien- tos pueden ser bastante débiles para no ser percibidos con un examen eJ mas atento. La falta de contracciones de los músculos bajo la in- fluencia de la electricidad es también un buen signo; pero á veces y en los cadáveres recientes puede presen- tarse la contracción estando el sugeto realmente muerto. Los exámenes de la sangre, las modificaciones que esta experimenta nos parecen poco prácticos, y sobre to- po exigen mucho tiempo. El diagnóstico de la muerte debe siempre practicarse por un examen externo y sin le- sión del sugeto. Del conjunto de los signos que acabamos de exami- nar resulta una certidumbre de la muerte, que ninguno por sí solo debe dar; y el médico llamado á determinar si un sugeto está ó no muerto debe antes de firmar el certifica- do ó dictámen comprobar la existencia de un conjunto de signos que no dejen lugar á la menor duda; la mas ligera sombra de duda exige que se espere á que esta se desva- nezca. Aun en casos de epidemias, cuando el terror de los contagios, parece autorizar las inhumaciones prontas, ningún derecho tienen los sanos para practicarlas sin las certeza de la muerte; entonces es cuando los depósitos ó salas mortuorias tienen su genuina aplicación; pero po' 515 nióndolos en las mejores condiciones higiénicas posibles, § 545—De la putrefacción cadavérica—Este signo es característico y esencial de la muerte, está al alcance del valgo y es inequívoco. Así que el cuerpo muere queda sugeto á la acción de los agentes físicos y químicos y se verifican una serie de trasformaciones muy numerosas, variadas y sucesivas, que tienen por objeto devolver á la economía universal los principios constitutivos del cuerpo humano. Esta se- rie de trasformaciones, á que se llama putrefacción, tie- nen la mas alta importancia médico-legal, y deben ser objeto de un estudio especialísimo y práctico piara el mé- dico perito. La putrefacción ha sido estudiada por Orilla y De- vergie, y se presenta en cinco períodos ó faces diversas, si bien constantes, de duración muy variable cada perío- do, según las condiciones individuales de los cadáveres, los medios, estaciones y otra multitud de accidentes de de los que nos ocuparemos mas adelante. Los fenómenos de cada uno de los períodos han sido resumidas por Briancl y Ghandi del modo que ponemos en el siguiente cuadro, tomando por tipo los cadáveres exhumados en la tierra, que son los mas frecuentes: 516 Primer período. Segundo período Tercer período Cuarto periodo Quinto período 3 i Las ¡¡ñas se reblandecen y se levantan. El cadáver está recu- bierto de una materia de aspecto grasoso, a- marillo-rojiza ó more- na, ó de una mucosi dad pegajosa, ó de un unto seco, parecido al de la corteza de queso seco. A veces se cu- bre de una capa de moho. as uñas caen ó están muy blandas. Toda señal de epider- mis ha desaparecido. La epidermisse reblaiule- La piel amarilla cu- La piel está seca adel- La piel está amarillen- La piel ha desaparecido ce y sedesprende. En al- bierta de granulado- gazada, amarillo leo- ta, adelgazada,deseca- después de un adelga- gimas partes se pliega y engruesa , se pone mas ■ blancaen los pies. Común- emente se forman vesícu- las de una serosidad ver- diosa. í.a piel toma un tinto rosado, después ver- doso, después azulado ó amarillo, conservando la resistencia de su tejido. nes, como arenosa, formadas de fosfatos calcáreos, está separa, da en algunos puntos- Conserva su espesor pero se desgarra fácil- mente. nadoóamarillo naran- jado ó morena, cubier- ta de nmho: dá un so- nido análogo al del cartón. da en los puntos donde aun existe; excepto por det rás, donde conserva mas humedad y donde se halla perforada en muchas partes por los gusanos. Los huesos de laeabe- za están casi al descu- bierto: el menor mo- vimiento impreso á lá cabeza basta para se- zamier.to progresivo. Los huesosde la cabeza están desarticulados y recubiertos de un mag- ma de tierra y cabellos, separado el cual, deja 517 Tenias las partos blandas Las partes blandas de !pararla del tronco. 1 ver el colorde hollín de í > a s p a r t e s b I a n d a s d e I a ! Las partes blandas no los huesos, manchado do la cara so deprimen. la frente, nariz, pár- cara están destruidas. consisten va sinó en en algunos puntos por placas másemenos os- Los Im mores del ojo se po- pados y lábiosestán a- restos íi I a montosos nen decolor de hollín des- leído. delgazados y casi des- prendidos. que solo mantienen u- nidos los huesos en sus relaciones. curas. El tórax conserva su as- pecto Las costillas comien- Las costillas están des- Esternón, separado de La caja del tórax está zan á separarse de sus carnadas y desprendi- las costillas, está en el destruida; las costillas cartílagos; el esternón das de los cartílagos a- pecho ó abdómen, de- están desprendidas y han caído las unas sobre está deprimido v se a- si como el esternón. jando una ancha aber- proxíma á la columna vertebral. Los espacios intercos- tales están abiertos. tura en la parre ante- rior. las otras. El abdomen se pone ver- Las paredes abdomi- Las paredes abdomi- Los restos de las pare- El abdómen no es inasi de ó amarillo jaspeado de nales sedeprimen ya- nales aplicadas á la co- des abdominales tie- que una materia negral verde ú ocre. proximan á la colum- lumna vertebral, de- nen un color dehollin, y húmeda, parecida all 1 na vertebral y empie- jan una excavación pro aceitunado 0 negruz- unto de carruages, ad-| zan á. adelgazarse y funda entre el apéndi- co; se unen todavía a las últimas costillas,á los pubis y pai to pos- terior de las crestas i- liacas. herida al raquis, ape- desecarse. ce xifoides y los pubis. nas de tres centímetros de espesor, es el resi- duo de las partes blan- das. Los miembros toman los mismoseoloresque el ab- domen, las partes de los miembros superiores apo- yados sobre el tórax ó el abdomen conservan por mas tiempo su color. Los miembros están mas 0 menos deforma- d os. Los miembros están despojados de sus par- tes blandas. Lo que queda de ellos tiene á veces el aspecto de ma- dera podrida. Los músculos se roblando- M ú se u 1 os 0 r b i t a r i os s a Los músculos toman Les músculos están Los músculos, los ten- 518 cen, y pierden la integri- dad de su color, ó tornan un tinte verde como las paredes abdominales. ponilicados; en otras partes se ponen ver- des; humedecidos por un liquido serosangui- nolento, parecen en algunos puntos una gelatina. un color mas ó menos negruzco y están re- ducidas á un pequeño volumen, algunas ve- ces están en parte sa- ponificados. trasl'ormados en ma- sas alveolares, more- nas, negruzcasyen ho- juelas membranosas grises ó moreno ama- rinen tas en las que ya no pueden distinguir- se las fibras. dones, h s ligamentosa han desaparecido pro-a gresivamente. El tejido celular parece de secarse por déla lite; se ha- ce mas y mashCimedoá los lados del tronco y en las partes declives se llenado un líquido rosado, en la uperíicie del cual se ob- srvau bu rbujas oleosas. E1 te j ido ce 1 u 1 a r s u beu- t.áneo está saponifica- do en lo sujeto grue- sos; presenta un aspec- to poroso al corte del escalpelo, dependien- te de un principio de desecación y de que sus pequeñas celdillas, que estaban distendi- d as por los gases, está n ya vacias. El tejido celular está saponificado en los lu- gares en que contiene grasa; en las demas partes está destruido 0 desecado. i Los huesos de los mi- embros están desuni- dos, separados y des- prendidos entre sí. Las ap neurosis y los tendones toman u n tinte azulado; los car- tílagos y los ligamen- tos so reblandecen y ponen amarillos Los ligamentos han de- saparecido casi ente- ramente. SKI cerebro empieza á to- Imar un tinte gris y á a- ¡Mandarse. El cerebro disminuye de volúmen;sa reblan- dece interiormente y El cerebro disminuido de volumen, tiene un aspecto arcilloso. El cerebro, reducido á 1/10 á 1/12de su volu- men, no es mas que u- El cerebro es uno de los órganos del cual quedan señales p o rl 519 Los pulmones se ponen enfisematososy llenan el tórax. tornan un tinte gris verdoso. Los pulmones deprimi- el aspecto de dos mem- branas pegadas á lo largo de la columna vertebral. Se recono- cen solo por su situa- ción. Los pulmones tienen conocen ya sinó por el sitio que ocupan. na masa de aspecto ar- cilloso. Los pulmones no se re- dos y disminuidos de volumen, tienen un co- lor apizarrado y se des- garran fácilmente. mas tiempo. Los restos de los pul- mones han desapare- cido, asi como las del hígado y bazo. El corazón se reblandece. El corazón mas aplas- tado y mas delgado. « « Su superficie i nternatoma un color negruzco tanto mas oscuro cuanto mas sangre contiene. Las pa- redes de los vasos están rojizas ó morenuzcas so- bre todo interiormente. La lengua, la faringe y el exófagose reblandecen y toman interiormente un tinte verdoso. El diafragma se conser va ma« tiempo. El diafragma deseca- do, de color aceituna- do, en parte destruido en las porciones mus- culosas. « I El estómago, según el gé- nero de muerte, conserva su color natural ó se co- lora en rosa ó rojo, uni- formemente ó por placas, otras veces presenta ¡man chas apizarradas, more- El estómago conside- rablemente ablanda- do, está muy blanque- cino ó salpicado de manchas azuladas. El estómago no es si- nó un pequeño cilin- dro hueco de una sola cavidad. El estómago no es mas que una masa hojosa desecada. « 520 Finís, verde*. Se reblande- ce. Su volümen puede do- jblarse por los gases ó dis- minuir. ' « « | ¡Lo mismo sucede con los [intestinos y sobre todo el Jileori: el duodeno y elye- jyuno conservan mas ti- jempo el estado natural. Los intestinos reduci- dos á un pequeño vo- lümen y pegados los unos a los otros: su superficie libre empie- za á desecarse. Los intestinos sufren las mismas variacio- nes que el estómago y se destruyen, como él. « « lEl hígado y el bazo se re- Jblandecen y oscurecen ó [se ponen verdosos.— La [vejiga como los intesti- |nos. El hígado presenta en su superficie granula- ciones como arenosas de fosfato calcáreo. El bazo reducido á una pulpa negruzca. El hígado se reduce á una masa aplomadade 2 centímetros de grue- so, moreno-negruzca, ligeramente desecada, separable en hojas en- tre las que hay una materia bituminosa. Los órganos de la gene- ración están reblandeci- dos, pero conservan aun 'sus formas. Los cuerpos caverno- sossedeprimen; el es- crotoprimero, disten- dido por los gases, se deseca. El escroto desecado, el pene aplanado, se- mejante á una piel de anguila; los testículos disminuidos de volu- men, toman un color vinoso. En el sitio del escroto y de los testículos se encuentra una mate- ria blanda morena hú- meda y algunos col- gajos membranosos, viscosos y negruzcos. : Los órganos genitales están reducidos á una' masa hojosa negruz- ca, sobre la que están los pelos, pero sin nin- gún indicio del sexo. _ 521 Bellini y Fiiippi dividen las fases de la putrefacción en cuatro períodos: 1er. período (del á 7 dias) Manchas verdosas en las regiones de las ingles. Manchas rojizas, por hipóstasis sanguíneas, en las partes hinchadas del cadáver. Rigi- dez cadavérica. Olor de moho particular: Desarrollo de gases en la cavidad entérica. Formación de ampollas cadavéricas bajo la epidermis que contienen líquidos se- rosan gil i n olento y gases. 2° período (de 8 á 21 dias). Producción abundante de gases en la sangre, tejido celular, visceras y cavida- des serosas. Deformación del cadáver. Las larvas y los insectos hormiguean en las aberturas naturales del cuerpo. 3er. período (de 22 á 56 dias). Destrucción rápida de los tejidos; los huesos se descubren. Si el cadáver está en el agua ó en un lugar húmedo tiene lugar el fe- nómeno de la saponificación. 4o. período (5 años, término medio). El cuerpo se re- duce á una tierra grasa, negruzca, untuosa, suave de un olor particular. Los fenómenos de la putrefacción han sido agrupa- dos también del modo siguiente: Io. Coloraciones azuladas, verdosas ó moren uzeas de los tegumentos. Es el primer fenómeno de la putrefac- ción, empieza casi siempre por el lado derecho, se gene- raliza en el abdomen y se estiende sucesivamente por el tórax y demás partes del cuerpo. Esta coloración, pri- mero verdosa, se pone después moreno rojiza, y se pro- duce en los blancos, como en los negros y gentes de color. En tanto que el cuerpo conserva su calor natu- ral el vientre no se colora. El color verde abdominal coincide á menudo con la rigidez cadavérica, y á su apari- ción varía con la temperatura ambiente: á 0° loscadáve res se conservan de 12 á 15 dias, sin señales de colora- ción y dan apenas olor, si se verifica el deshielo y la temperatura se eleva de 7 á 8o. en algunas horas el olor 522 amoniacal y cadavérico se manifiesta, el vientre se co- lora. Si la temperatura se eleva de 0o á 20° ó 25, al ca- bo de media hora se constata el color característico de la putrefacción. Esta coloración se presenta la primera, así al aire libre como en la inhumación, ciertas enfermedades la aceleran; es extraordinamente rápida en las enfermeda- des agudas del abdomen. 2o Reblandecimiento de los tejidos y desprendimiento de gases. Los gases desarrollados por la putrefacción producen la hinchazón general del cuerpo hasta el punto de hacerlo desconocido. Su acumulación en los órga-, nos huecos provoca la expulsión de las materias que contienen (ano, matriz, boca); la sangre descompuesta ex- pulsada del corazón y grandes vasos afluye al sistema ca- pilar y puede provocar derrames, rojeces, especies dehe- morragias postmortem que no deber, confundirse con le- siones patológicas ó accidentales. 3o. Olor cadavérico especial, que se produce por el desprendimiento de estos gases y miasmas especiales ca- davéricas. 4o. La fusión pútrida de las partes blandas. Las ca- vidades abdominal y torácica se rompen y dejan escapar una cantidad de materias pútridas y gases. Todas las partes blandas del tronco, cabeza y miembros caen en putrílago y dejan al descubierto los huesos y las arti- culaciones. No queda en último término sino una ma- teria grasa, negruzca, espesa y lustrosa análoga al unto de carruages, dando un olor sui géneris que tiene algo de aromática (Devergie). La putrefacción no se presenta al mismo tiempo en todos los órganos: la tráquea y la laringe, se pudren pri- mero; después el estómago y los intestinos, el bazo, los epiplones y el mesenterio; después el hígado, luego la vesícula biliar, el cerebro, el corazón, los pulmones, los riñones, la vegiga, el exófago, el páncreas y el diafragma, en fin, los vasos arteriales y especialmente la aorta, que 523 resiste mucho tiempo. Devergie constató una herida grave de este vaso catorce meses después de la muerte. El útero es el órgano que tarda mas en podrirse. Esta materia, asi como los cabellos, pelos, huesos y dientes, concluyen á la larga por alterarse y desa- parecer. El fenómeno de la saponificación consiste en la trans- formación de los tegidos en virtud del cual se transfor- man en un jabón amoniacal (oleato y mangarato.amó- nicos). Los órganos se trasforman en grasa cadavérica ú odocípera, sustancia jabonosa, blanco-pálida, amari- llenta ó morena mas ó menos oscura, de un olor poco desagradable, blanda y untuosa al tacto, insoluble y dan- do por el calor un olor amoniacal. Para que la saponi- ficación pueda producirse es preciso el concurso de ma- terias grasas y materias nitrogenadas; las primeras dan los ácidos grasos y las segundas los compuestos alcali- nos. Si hay cal en contacto, esta desaloja el amoniaco y se forman oleato y margarato de cal. La saponificación empieza por los músculos y sus aponeurosis é invade después las demás partes del cuerpo. Los órganos saponificados se convierten en una ma- sa informe, imposible de reconocer en ella los tipos ori- ginales . La saponificación es muy pronta: Io. en los indi vi dúos jóvenes (recien nacidos y niños); 2o un poco menos pronta en el agua estancada que en la corriente; 3o. fácil en los terrenos grasos y húmedos, rara en los terrenos secos; 4o. mas pronta cuantos mas cadáveres hay amon- tonados y en este caso cuanto mas hondos están en el m o n ton. El tiempo necesario para producirse la saponifica- ción es muy variable. Un recien nacido puede estar ca- si completamente saponificado al cabo de seis semanas ó dos meses, en las aguas de una letrina; se necesita un año para la saponificaciion de un ahogado, y casi tres para que se produzca en la tierra. 524 La saponificación parcial no impide la formación del unto resultante de la putrefacción de los demás órganos: Cuando ataca el cuerpo entero, se deseca después de inas ó menos permanencia y se reduce á una sustancia aná- loga por su aspecto y consistencia, á la yesca ó madera vieja podrida. Los fenómenos de la putrefacción son muy variables, como ya lo hemos dicho según una multitud de cir- cunstancias, de las que tomaríamos en cuenta las prin- cipales. Influencias atmosféricas—El contacto del aire es ne- cesario para putrefacción, pues suministra el oxígeno para trasformaciones químicas: de aquí que todo lo qué impide el libre acceso del aire á los cadáveres impide la putrefacción. La humedad acelera los fenómenos de putrefacción. El cuerpo humano contiene una gran cantidad de agua; pero mucho se pierde por evaporación, por trasudación y trasformacion en gases, y el aire húmedo, á mas de ha- cer menor la evaporación, suministra vapor de agua. El calor influye en la putrefacción de una manera poderosa. Una temperatura muy baja (á 0o no hay putrefac- ción), ó una temperatura muy elevada se oponen á la des- composición. De ahí que los cadáveres se conservan mucho tiempo entre las nieves de las Cordilleras, y de ahí también el fenómeno de la momificación natural, tan frecuente en las provincias Andinas, que consiste: en la desecación del cadáver; la piel se pone seca y dura co- mo el pergamino, se oscurece, los órganos internos se trasforman en una masa oscura, seca, parecida á la yes ca, fácilmente se reduce á polvo, y tiene un olor pare- cido á la madera podrida seca. Esta momificación puede ser parcial ó total: se vé con mucha frecuencia la mo- mificación de los miembros y la putrefacción imperfecta de las tres cavidades. La temperatura mas favorable á la putrefacción es la 525 de 18 á 35°, que es la mas á propósito para el desarrollo de todas las fermentaciones. En resumen un aire caliente, húmedo y con libre ac- ceso aceleran la putrefacción, y la retardan las condicio nes contrarias. La luz y la electricidad ayudan á la putrefacción co- mo á todas las operaciones químicas. Influencia de los medios—La influencia de los me- dios es también muy notable. La inmensa mayoría de los cadáveres permanecece un tiempo corto de 6 á 30 ho- ras al aire libre cubiertos con vestidos, y son después se- pultados en la tierra; la inmersión en el agua sigue des- pués y en mucha menor escala los cadáveres sufren la putrefacción al aire libre, en las letrinas, estercole- ros, etc. Todo lo que hemos expuesto sobre la putrefacción en general, debe aplicarse á la putrefacción al aire li- bre; los fenómenos de la putrefacción de los cadáveres inhu- mados se presentan en el mismo orden, aunque mas pronto, en los cadáveres expuestos al aire libre. Si el cadáver no está integro, ó mas bien, si ha sido herido, cortado, etc., los puntos puestos en contacto con el aire por la falta de piel, se pudren mas pronto. La putrefacción en la tierra varía, según Orilla, influ- yendo: Io La profundidad de la fosa y la naturaleza del torre no; cuando la fosa es profunda y el terreno compacto, la pu- trefacción se retarda, y se acelera cuando el cadáver está enterrado en la superficie ó en el estiércol. En los terrenos arenosos, secos ó que contienen cal las descomposición es mas lenta (pie en los arcillosos y en las que contiene materias ve- getales, y en los que están calientes y húmedos. La rapidez de la putrefacción en la tierra depende sobre todo de la per- meabilidad del suelo al aire; bajo este punto de vista Feck establece Ja escala siguiente: permeabilidad de la are- na seca, exenta de arcilla, 100; arena completamente seca, 35,36; arena seca arcillosa, 34, 50; arena desecada al aire. 27, 47; arena arcillosa saturada de humedad. 22. 20; arena saturada de humedad 18' 13. 526 2a. La edad, el sexo, la constitución, el estado de flacu- ra ó de gordura, el género y la duración de la enfermedad y el depósito de huevos de ciertos insectos en la superficie del cadáver, sobre todo en las aberturas naturales, en las que á los pocos dias se ven hormiguear larvas y gusanos, so- bre todo de la mosca carnaría. 3a. El estado desnudo ó vestido del cadáver: la putre- facción es mas rápida en los cadáveres desnudos, mas lenta en los vestidos, siguen los cadáveres envueltos en vestidos eautchouc, capas, gabanes, impermeables, etc. que son los que tardan mas en podrirse. 4a. La naturaleza del ataúd. Si no lo hay el cadáver se pudre mas pronto; las ataúdes de plomo, zinc, piedra retar- dan mucho; asi como los compuestos de varias cajas, metidas las unas en las oirás. La putrefacción en el agua presenta notables variacio- nes; á lo que hemos dicho en el § 454, debemos añadir que Devergie agrega los fenómenos de la putrefacción de la manera siguiente: Io. Putrefacción verde; que empieza por la piel del es- ternón y la cara hácia el 3er dia en verano; hácia el 12° ó 15° en el invierno. 2o. Desarrollo de gases en los órganos huecos y en los tejidos; se produce en verano del 4o al 6° dia; en invierno no es completo hasta el mes y medio á dos meses. De este de- sarrollo resulta una especie de inflación de los cadáveres que los hace sobrenadar. 3o. Putrefacción morena, que sustituye á la verde por el mismo orden con que esta se fue presentando; á veces no se hace general ni profundiza, porque es detenida en su mar. cha por la saponificación. 4o Reducción á putrilago, que se disuelve y es arras- trado por el agua, io que dá lugar á que se manifiesten aberturas anormales; por la desaparición de las partes ar- rastradas. Se manifiesta del segundo al tercer mes. 5° La saponificación empieza del tercero al cuarto mes y detiene la disolución pútrida, las partes que estaban hume- 527 das, fétidas, con bordes caídos y fondo negruzco, como vil. ceras gangrenosas, se ponen duras, sin olor, con bordes grue- sos y amarillentos y fondo seco. 0° Desecación; Jas partes sólidas pierden sus fluidos, se ponen consistentes y dejan penetrar los liquides pútridos; los músculos sin secarse se rasgan fácilmente; el tejido celular se saponifica. 7o Corrosiones; aparecen en los tejidos saponificados, muy pronunciadas sobre todoá los cuatro meses y medio. 8o incrustaciones; el jabón amoniacal se trasforma en jabón calcáreo; la piel se pone sólida y dá un sonido á la percusión. 9o Destrucción de todas las partes, aun de las saponifi- cadas; desapareciendo primero la cabeza, centro del pecho, abdomen, extremidades. Los huesos al descubierto se de- sarticulan, y se convierten en polvo ó petrifican por incrus- tación. El agua corriente, el frió, la poca edad y la gordura fa- vorecen la saponificación; el agua estancada, el calor, el desprendimiento de la piel favorecen la disolución pútrida. Putrefacción en las letrinas—No existen datos exac- tos para poder apreciar las variaciones que produce la des- composición en este medio. De las observaciones do Orfila, Lessueur y Devergie re- sulta, que la putrefacción es mas lenta que en el agua, por que ios gases matan los agentes de putrefacción, pero en cambio se desarrolla muy pronto la saponificación. La putrefacción en e! estiércol, basura, etc., está menos precisada; pero es muy rápida: en un experimento de Orfila, el cuerpo de un recien nacido, colocado en un estercolero cu- ya temperatura marcaba 45°, caía á pedazos á las 24 horas. Variaciones individuales. Hemos dicho ya que los re. cien nacidos, los niños pequeños, las mujeres y los obesos so pudren mas pronto que ios demás. Los viejos flacos y secos se pudren mas lentamente que los adultos. Casper dice que si los recien nacidos se pudren mas 528 pronto, os porque raramente se entierran en las condiciones de los adultos; porque se les expone desnudos, y son tirados á las letrinas, al agua, etc., y no vestidos como los adultos. Las afecciones que determinan una alteración de la sangre mas ó menos profunda, (tifus, viruela, piocmía, etc.) aceleran la putrefacción; las afecciones que enflaquecen y reducen al sujeto á un estado esquelético retardan la pu- trefacción. Los venenos narcóticos y los que alteran la sangre ace- leran la descomposición y la retardan el alcohol, el arsénico» la digilatina, los anestésicos, etc. Casper hace notar que los cadáveres de los que mueren de apoplegía en estado de em- briaguez se conservan mucho tiempo. La asfixia por sofocación, la asfixia por el humo y el óxi- do de carbono la aceleran. § 546—De la muerte aparente—Los signos de la muerte no son tales que el diagnóstico no ofrezca á veces grandes dificultades, como ya hemos dicho, y lo espantoso de la idea de ser enterrado vivo ha provocado grandes discusio- nes, observaciones y estudios. La dificultad de diagnóstico viene de que hay estados mórbidos, confundidos por el vulgo bajo el nombre de letargo, que simulan mas ó menos la casación de la vida, y que son muy numerosos. Tourdes los reúne en siete grupos diferentes: forma asfi- tica, sincopal, histérica ó nerviosa, apoplética, anémica y as- ténica y tóxica y mixta. «Estas variedades; dice, no tienen la misma frecuencia; la primera y la tercera dan los casos mas numerosos; vienen después el síncope y la anemia; las formas tóxica y apoplé- tica son las mas raras. M. Josat, sobre 102 casos, reunidos con esmero, coloca en primer lugar la asfixia, después vienen sucesivamente el sincope, ia hicteria, la apoplegía, el nar- cotismo y la conmoción cerebral. Por lo que respecta á la duración la hicteria ocupa el primer lugar, la conmoción ye. rebral el último.» Las mujeres son las que suministran el mayor número 529 de casos de letargía histérica, y en los recién nacidos debe sospecharse este estado, cuando nacen muertos al parecer y sin lesiones aparentes. La duración del estado de muerte aparente es muy va- riable, según las causas, corta en la conmoción cerebral y e* síncope, es larga en la histeria y la congelación. Délos 102 casos de Josa!, la duración fue de 36 á 42 ho- ras riese veces; 20 á 36, 2 veces; de 15 á 20, 47 veces; de 8 á 15, 58 veces, y de 2 8 30 veces. Hemos leído en la prensa de Chile de estos últimos años, el caso de un canónigo que duró así mas de cuatro dias si mal no recordamos. Se dice que la muerte aparente por con- gelación puede durar 48 y mas horas, y hay ahogados á quienes ha podido volverse á la vida después de dos horas de permanencia bajo del agua. En estos casos el médico no debe consentir jamás la inhu- mación sin constatar los signos ciertos de la muerte, ningún peligro ni inconveniente hay en guardar el supuesto cadáver el tiempo que fuere necesario para evidenciarlos. Agreguemos que la catalepsia es para el vulgo un es- tado de muerte aparente, y que los numerosos casos de am- bas justifican las disposiciones de las leyes de algunos países de no permitir el entierro de los cadáveres hasta que presen- tan señales de putrefacción, signo inequívoco de la muerte, por mas que ellas hayan sido objeto de crítica por algunos autores. Una disposición semejante deberían contener las ordenanzas municipales de todos los lugares donde no hay médico. § 547—De la muerte repentina—La vida puedo ce- sar de un modo mas ó menos brusco por diversas causasí pero se ha reservado esta denominación á la cesación súbita ó muy rápida de la vida por causas externas ó patológicas, fuera de toda acción mecánica ó tóxica, sobreviniendo ino- pinadamente en una persona al parecer e i buena salud ó cuya enfermedad no hacia proveer una terminación fatal (Tourdes.) Según Devergie es en el invierno cuando se observa el mayor.número de muertes repentinas; entre nosotros es al fin 530 del invierno y principios de primavera cnando se producen las mas, y especialmente cuando reinan los vientos del cua- drante Norte. Los meses de Agosto y de Setiembre se seña- lan en Córdoba y San Juan especialmente, por el gran nú- mero de estas muertes que se producen, y la prensa de Cór- doba ha insistido mucho tiempo en la necesidad de hacer in- vestigaciones sérias con el fin de remediar el mal! Bueno seria que se hiciese la autopsia de todos los muertos así; pe* ro los resultados que la prensa vulgo espera, son quiméricos. La mayor parte de Igs casos son producidos por roturas de aneurismas del corazón y de los grandes vasos y por apo- plegías cerebrales serosas, en los que parece que la acción excitante de los vientos Norte producen una acción aceleratriz como la de todos los estimulantes. La clasificación generalmente seguida hoy es la pro- puesta por Bichat; por detención de las funciones del pul- món; por detención de las funciones cerebrales, y por de- tención de las funciones del corazón; órganos que forman el trípode de la vida según una expresión consagrada en las escuelas. Taylor y Yañez siguen esta clasificación, dando el nombre de asfixia á la primera, coma á la segunda y sín- cope á la tercera; se comprende que en todos los casos cesa la función de los tres órganos; pero se toma en cuenta el primero que cesa. Muerte por los pulmones (asfixia)—Es la mas frecuen- te de las causas de muerte repentina. Las causas mas comunes son: la introducción de cuer* pos extraños en las vías respiratorias, (bolas alimenticias vo‘ luminosas, abcesos que se abren en ios bronquios, hemotisis, considerable, etc.) la congestión y la apoplegía pulmonar, la compresión brusca del pecho y del abdomen, el edema del pulmón, la pleuresía, la tuberculización de los ganglios brón- quicas; y en fin, afecciones puramente nerviosas de las vias respiratorias como el espasmo de la glotis, el asma, etc. Cuando la muerte empieza por los pulmones la sangre se estanca en el sistema capilar, las masas pulmonares se va- cían y no llevan ya sangre al corazón izquierdo; éste no 531 envía sangre al cerebro y demás órganos y la muerte se ge- neraliza. En la autopsia se encuentran en la arteria pulmonar, ca- vidades derechas del corazón, venas cavas y los órganos mas vasculares, como el hígado y el bazo llenos de una sangre fluida, mientras que hay muy poca en la aorta y sus divisio. nes: los pulmones llenan la cavidad del pecho. La mucosa laríngea, de la tráquea y de los bronquios están rojas, y se encuentra espuma ordinariamente sanguinolenta en las vías aéreas. Los pulmones presentan un color apizarrado violáceo, con congestiones parciales’ Al corte presentan un color rojo, tanto mas pronunciado cuanto mas se profundiza ó llega á las partes declives. Es frecuente encontrar la lengua entre los dientes y aun la man- díbula inferior mas avanzada que la superior. Muerte por el cerebro (coma)—Sus causas mas frecuen- tes son: la anemia cerebral, el reblandecimiento del cerebro, la congestión del cerebro, de sus membranas ó de ambas co- sas á la vez; la apoplegía sea que la hemorragia tenga lugar en las meninges, en los ventrículos ó en cualquier parte del tejido cerebral; todas las afecciones nerviosas predisponen ála muerte repentina. En este género de muerte: falta la inervación y los mo- vimientos de la respiración cesan, y los pulmones se conges- tionan aunque no tanto, como cuando la muerte empieza por ellos y la sangre está acumulada en el corazón de- recho. Muerte por el corazón (síncope)—Cuando el corazón entero deja de latir, que es lo que constituye el verdadero síncope, la distribución de la sangre en las cavidades, en los vasos, los pulmones, en el cerebro y demás órganos es como en el estado normal. La muerte repentina por el corazón derecho, que es muy rara, fuera de las causas traumáticas, deja las cavidades de_ rechas llenas de sangre, así como los vasos venosos y órga- nos vasculares; las cavidades izquierdas y las arterias están 532 vacias y los pulmones contienen poca sangre, en el cerebro no se nota nada de particular. La muerte por el corazón izquierdo es inas (recuente (aneurismas del corazón y de la aorta); en estos casos las ca' vidades izquierdas y los pulmones están llenos de sangre; las cavidades derechas y las venas tienen poca sangre; las ar- terias y el cerebro están exangües. Las causas mas frecuentes son: la degeneración grasosa de las fibras musculares del corazón, su dilatación excéntri- ca, las lesiones valvulares, sobre todo la insuficiencia aórti. ca; la obstrucción de los vasos y sus alteraciones. Hemos indicado ya (§ 378) la conmoción y los sustos é impresiones bruscas (§ 414). Puede también producir esta muerte una alteración de la sangre; tales como la plétora (muy rara), una pérdida de sangre abundante en personas anémicas, la introducción de aire en las venas, que desarrolla un fluido gaseoso en la san- gre (Ollivier) y en fin, la uremia. En el diagnóstico de la muerte repentina deben tenerse presentes: el estado anterior del individuo, sus enfermedades y circunstancias; es mas frecuente en los hombres que en las mujeres, en la edad de 40 á 50 años y de 60 á 70 que en ias demás edades y la intemperancia, el lrio, los esfuerzos de 1a, defecación, la carrera, el parto, la embriaguez, las comidas copiosas, etc., pueden provocarla. Para dar un diagnóstico acertado debe practicarse la autopsia. Sin duda esta no dá la solución en todos casos; pero por lo menos elimina las hipótesis sospechosas, demos- trando que ha habido muerte repentina en circunstancias imposibles de proveer. Dejando de hacer la autopsia, se ignora la relación de los síntomas con el estado de los ór- ganos, se podrá sospechar todo, mientras que, si después de examen atento de las visceras, el problema no se resuelve por lo menos nos aproximamos lo mas posible, y lo que es muy importante, evitamos falsas sospechas. (Louis.) Devergie insiste mucho, y con razón, en la necesidad de fijarse en los caracteres del conjunto en estas autopsias, y 533 no hacer el estudio aislado de los órganos. «La muerte por el cerebro ó por los pulmones ó por el corazón tiene ca- racteres materiales de conjunto tan marcados como una al- teración patológica local. Estos caracteres se deducen, no solo del estado en el cual se encuentra el órgano que ha ce- sado primero de funcionar, sino también del estado de los demás órganos principales de la economía y de los princi- pales troncos vasculares, venosos y arteriales. Este estado es una consecuencia del punto de partida de la detención de la circulación que ha acompañado á la muerte.» En la autopsia debe, pues, buscarse la anatomía pa- tolójicadel conjunto. En lugar de separar sucesivamen- te cada órgano para conocer las lesiones internas, deben dejarse todas las partes en su lugar, á fin de ver si sus relaciones se han conservado, no herir los vasos que los unen y constatar la cantidad de sangre roja ó no que con- tienen.» (Lacasagne.) § 548—Fecha de ia muerte—La exposición que lie- mos hecho de los signos de la muerte, de los fenómenos de la putrefacción, de su sucesión y de la variabilidad de las épocas en que so presentan, indican que la techa de la muerte no puede ser indicada sino de un modo mas ó menos aproximado; pero nunca fijo, áno ser que haya datos de otro género que los puramente necroscópieos. El doctor Mata ha estudiado esta cuestión especial- mente y establece dos épocas: Ia época; está señalada por la disminución gradual del calor, la rigidez cadavé- rica, la disminución de volumen y peso del cadáver, y la aparición de las livideces; 2a época, señalada por los fenómenos prácticos de una putrefacción real. La primera época la divide dicho autor en los si- guientes períodos: Primer período—No se oyen los latidos del corazón, auscultándole. El calor subsiste aun, pero vá bajando; los órganos se relajan; los músculos pueden contraerse, bajo el influjo de un estimulante ó déla electricidad. La muerte puede datar de 2 á 20 horas. 534 Segundo período—Enfriamento completo. Todas las partes están flojas; los músculos ya no pueden con- traerse bajo el influjo de los excitantes ó de la electrici- dad: tiene un color pálido en las partes superiores y lí- vida en los declives. La muerte puede datar de tres á ocho di as. Tercer período—El cuerpo aumenta de volumen, porque se hincha, algunas partes van poniéndose resis- tentes y elásticas bajo la tensión de los gases; disminuye el peso absoluto y específico; empieza la coloración verde. La muerte puede datar de seis á doce dias. Para la segunda época Mata reunió cuanto trabajo se había hecho desde Orilla y Devergie hasta él, y asignó os datos siguientes: Un mes—Epidermis levantada }r pegada á los vesti- dos, uñas opacas y fáciles de arrancar; ya no se conoce la estructura normal del hígado; la mortaja está hecha airones si el cadáver no tiene ataúd. Gran hinchazón, O color negruzco. Dos meses—En general existen todavía los ojos; hay sangre coagulada en las arterias y venas; piel sangrienta, granulaciones arenosas; moho. Tres meses—Solo existe el cristalino y las membra- nas de los ojos; cara morena y tumefacta, epidermis y uñas desprendidas; piel con granulaciones y bolsas reblan- decidas. Cuatro meses—Los ojos han desaparecido, igual- mente que las partes blandas de la cara; paredes abdo- minales pegadas al espinazo; piel en algunas partes seca y apergaminada. Cinco meses—Gran parte de la piel }r muchos órga- nos reducidos á putrílago, salida por las aberturas de ma- terias pútridas. Seis meses—Se conserva el centro aponeurótico del diafragma; lengua reducida á un apéndice seco y delgado tejido celular globuloso y saponificado, ó infiltrado y fácil de rasgar, próximo á la putridez. 535 Ocho meses—Sangre coagulada en los vasos; todavía pueden separarse las túnicas del estómago. Nueve meses—Aun se encuentra sangre coagulada. Diez meses—Las túnicas de los vasos son separables todavía. Catorce meses—Se conocen todavía algunos troncos arteriales, como la aorta. Si la madera del ataúd es ver. de, está ya podrida y se deshace á pedazos. La mortaja está en gran parte podrida; es de un color negruzco y es- tá en gran parte podrida. Dos años—Los huesos están mondos y cubiertos de restos de mortaja sumamente alterados; gran parte de los órganos han desaparecido; algunas partes nay saponifi- cadas ó desecadas, entre ellas los músculos y los órga- nos de la digestión. No es posible conocer el sexo pur las partes genitales. Tres años —La saponificación de las partes que no han sido reducidas á putrílago es completa. Seis años—Huesos mondos; estiércol animal á los la- dos de la columna vertebral. Diez años—Huesos reducidos á polvo sumamente al- terados.» Estas indidaciones generales, si no son rigurosamen- te exactas, son de gran valor unidas á las que resultan de los datos generales ó individuales de que nos hemos ocupado en los párrafos anteriores. Sobre todo la prác- tica en el lugar enseña mucho, porque siendo una la naturaleza del terreno, y las condiciones generales del enterramiento, las influencias del clima guardan cierta re- gularidad, y puede llegarse á cierto grado de precisión; pero es preciso tener en cuenta también que cadáveres enterrados en el mismo lugar y dia, unos están completa- mente descompuestos cuando otros están casi conser- vados. CAPITULO SEGUNDO las exhumaciones judiciales § 549—Disposiciones legales—Los reglamentos de ce- menterios contienen á este respecto disposiciones casi idénticas, unas municipalidades han copiado á las otras al dictar las ordenanzas; por esto nos limitamos á trascribir el reglamento de Buenos Aires haciendo notar que el art. 32 de Córdoba, que es igual al 26 de Bue- nos Aires, fija cuatro años de plazo. Art. 26—No podrá verificarse la exhumación y traslación de ca- dáveres de un cementerio á otro, 0 de una á otra sepultura antes de dos años de haber sido enterrados y sin la licencia expresa del Pre- sidente de la Municipalidad. Art. 27—En el caso en que la exhumación de un cadáver dentro del límite de dos ácinco años exijiese, por miramientos á la salud pública, un reconocimiento facultativo, el Presidente de la Muni- cipalidad nombrará uno ó dos profesores del arte de curar para que practiquen el exámen conveniente y que certifiquen si la exhuma- ción podrá ó no perjudicar á la salud pública. Art. 28—En el caso de ser dos los profesores nombrados, las cer- tificaciones serán individuales, y en caso de discordia se nombrará un tercero. Art. 29—Es prohibida la exhumación de cadáveres durante las epidemias. Art. 30—Después de cinco años de estar sepultado un cadáver la Municipalidad (no siendo renovado el boleto de su sepultura) man- dará exhumarlo y trasladarlo al osario general, debiendo guardar el respeto y decoro debido y publicar con anticipación de dos meses una relación délos que se hallen en este caso. Art. 31—Los cadáveres perfectamente embalsamados podrán ser exudamos en todo tiempo prévio certificado del médico. Art. 32—El Presidente de la Municipalidad nunca podrá con- ceder permiso para inh uñar en un cementerio dentro del Municipio una vez que la haya sido antes, fuera de él, sin prévio certificado que acredite estar el cadáver perfectamente embalsamado ó encon- trarse en estado de completa disecación. Como se vé estas disposiciones afectan á la higiene 537 pública; pero no á la Medicina legal y son, por lo tantos agenas á nuestro objeto. Por lo que respecta á las exhumaciones judiciales no se encuentra sino en los Códigos de Santa-Fé, Santiago del Estero y algunas otras, las disposiciones siguientes: «Caso de ser necesaria la exhumación el Juez orde- nará se practique por sí, acompañado del actuario, facul- tativo y algunos testigos que asistieron al entierro; con la atestación de estos y la del sepultuiero, designando el lu- gar donde se encuentra el cadáver.» «Practicados los reconocimientos necesarios, y ha- biéndose tomado por el Juez cuantas medidas sean po- sibles para identificar el cadáver, se dispondrá por aquel sea nuevamente sepultado, con las formalidades antes mencionadas, y dejando constancia en autos de todo lo obrado.» En las Provincias en que estas reglas no son ley positiva, se practica exactamente lo mismo, como doctri- na adoptada desde muy antiguo en todos los paises de origen español. Nada hay que observar á estas disposiciones legales, las únicas buenas y posibles, si no se quieren convertir en ley precauciones y reglas que pertenecen á la ciencia y va- riables según las circunstancias. § 550—Procedimiento en las exhumaciones—Hé aquí como ha formulado perfectamente las reglas el doctor Mata: Io.—Cuando hay motivos para creer que el cadáver está en plena putrefacción—Ia No ir en ayunas, sinó tomar al menos un poco de vino, aguardiente ó cual- quier otro licor alcohólico, que aumentando la tensión vascular, se oponga á la absorción de los gases y emana- ciones pútridas. 2a—Hacerla exhumación al amanecer, si es en y antes de las tres, si es en invierno. 3a—Preparar esponjas, toballas, agua en abundancia, tres ó cuatro libras de cloruro de calcio sólido, una libra 538 del mismo disuelta en dos váleles de agua, algunas botellas de agua de cloro, una ó dos libras de hípoclorilo de cal y un frasco de ácido nítrico. 4a—Colocar, si la hay, una mesa de disección ó de otra clase en el sitio mas elevado y ventilado del local donde se lia de actuar. 5a —Se manda hacer la excavación de la huesa, cu- ya tierra se saca con prontitud y se lleva á paraje leja- no y ventilado, y en cuanto se descubra el ataúd, ó el cadáver si no lo tenía, se esparce por encima una libra de cloruro de calcio en polvo, y si esto no basta se jue- gan también las cercanías con el agua clorurada ó el agua de cloro. Hecha esta desinfección pueden ya los sepultureieros sacar el ataúd ó los despojos que se buscan. 6a—Se hace en seguida abrir el ataúd al mismo lado de la huesa y se deja expuesto al aire libre por un buen rato. En esta maniobra se debe evitar que salga mucha cantidad de gases de una vez, pues podrían producir el envenenamiento ó la asfixia del que la practica, por lo mismo se debe tener cuidado mientras se haga la exca- vación, de no romper con los instrumentos el ataúd ni mu- cho menos herir el cadáver. 7a—Después se coloca este en la mesa y se echa al rededor de él como media libra de cloruro en polvo; se riegan después las cercanías con la disolución clorurada ó con agua de cloro (mas nunca ei cadáver mismo por- que lo alteran); ó bien se ponen en una copa unas dos cucharadas de hipoclorito de cal y un poco de ácido ní- trico, para que haya desprendimiento de cloro. Esta ope- ración se repite las veces que sean necesarias durante la autopsia. 8a—Procédase, por último, á la autopsia, lavándose las manos con frecuencia con agua clorurada ó con la de cloro, y teniendo cuidado de colocarse para maniobrar por el lado de donde vengan las corrientes de aire. (Ijíoy se emplea casi exclusivamente el agua fenicada.) Este plan debe modificarse, según las circunstancias, 539 teniendo por norma conseguir la integridad posible del cadáver y la seguridad del operador. A si en los nichos se sacará la lápida con precaución, se abrirá un agujero pequeño, dando tiempo á que salgan los gases; se agran, dará sucesivamente, se sacará el ataúd evitando todo sa- cudimiento y conservándolo en lo posible en posición ho- rizontal, se polvoreará el ataúd y se procederá en lo de- más como indica el doctor Mata. 2o.—Cuando se cree (pie el cadáver está reducido á esqueleto-Si el cadáver está en un nicho se saca en la forma ordinaria; pero si se trata de un cadáver enterrado en el suelo, ó en un campo, etc , entonces deben observarse las reglas siguientes: Ia—No debe hacerse la excavación en el lugar mismo donde se crea se encuentra el cadáver, sirio á doce ó quin- ce pasos de distancia. 2a —Se empieza por abrir una zanja de quince á veinte pies de ancho y cuatro ó cinco de profundidad. 3a—En cuanto se encuentran en una dirección huesos ó pedazos de mortaja ó ataúd, se suspende el trabajo por este lado, y se empieza del propio modo en otra direc- ción, observando siempre la naturaleza del terreno. 4a—Cuando se ha aislado el punto donde está el ca- dáver, por medio de esa zanja que se ha ido abriendo en todas direcciones, se avanza hacia él con muchísimo cuidado, y cuando se está á la distancia de un pié se examina toda la tierra que se saca, haciéndola pasar pol- lina criba ó zarzo tino, con la cual hasta una uña, hasta el huesecillo de menor volumen se recoje. 5a—La bóveda debajo de la cual está el cadáver, debe ser examinada, por cnanto según 'a impresión que en ella haya dejado aquel se puede recojer algún dato aclarati- vo; por lo mismo se quita con la debida atención. 6a—El facultativo vá tomando nota de todas las cir- cuntaneias de la exhumación, y en especial de cada hueso que va saliendo, de la posición en que se encuentre, de la profundidad, de su sitio. 540 7a—Si se encuentra alguna pieza de conjunto en la cual residan claros indicios del hecho que motive la exlnr rnacion, por ejemplo la columna vertebral con una cuerda en la región cervical ú otra por el estilo, será cuidadosa- mente conservada y preservada del contacto del aire que podría alterarla, por lo que se pondrá en una caja de vi- drio ó plomo. 8a—Se recoge tierra de la mas inmediata al cadáver para sujetarla al análisis, en especial en los casos en que hay sospechas de algún envenenamiento.» Estas diversas reglas se complementan y muchas ve- ces deberán explicarse unas y otras, sea que se trate de un cadáver en putrefacción, sea que se trate de un cadá- ver reducido á esqueleto. Cuando se trata de envenenamientos debe recoger- se tierra de la que hay á los lados, encima y debajo, y especialmente las materias situadas á los lados de la co- lumna vertebral, en las que se han podido encontrar materias minerales venenosas al cabo de muchos años. También deben recogerse pedazos del suelo del ataúd, y todo debe encerrarse en frascos rotulados y numerados para el exámen químico. Practicadas con método las exhumaciones son de la mayor importancia y utilidad para la justicia; pruebas materiales é irrecusables, pueden ser decisivas aun á través de los años y si muchas veces no dan luz, porque las alteraciones cadavéricas, pueden borrar las huellas de un crimen, es lo cierto que en muchas mas veces esas huellas se patentizan y aclaran la justicia. Las lesio- nes que han interesado los huesos sobre todo y los vene- nos minerales pueden constatarse muchos años después de la muerte. CAPITULO fBECSSO las autópsias § 551—Disposiciones legales—Todos las Provincias que tienen Código de Procedimiento penal han sancionado la doctrina de los tratadistas, resumida en los siguientes artículos: «Se procederá á identificar el cadáver por declaración de per- sonas que lo conocieron, ü otras diligencias conducentes al mis- mo fin.» «Si por estar el cadáver desfigurado, ó ser desconocido no se pudiese identificar la persona, no obstante haber sido espuesto en lugar público, se harán reconocer los documentos, armas, vestidos, ropas ó vestidos que se le encontraran y á quienes pertenecían.» «El Juez nombrará uno ó dos facultativos para que reconozcan el cadáver y examinando sus heridas, contusiones y golpes, infor- men sobre la causa inmediata de la muerte.» «El facultativo ó facultativos evacuarán sus informes conjunta ó separadamente, especificando con claridad y en términos inteligi- bles, bajo el juramento que prestarán en legal forma, el número de heridas, sitio de ellas, su lonjitud y profundidad, si son leves ó gra- ves ó mortales; según los conocimientos que el arte les suministre, haciendo la necropsia del cadáver, si fuere necesario, como también la clase de armas con que han podido causarse. § 552—Crítica de la legislación sobre las autop- sias—Indudablemente la operación mas fundamental y de trascendencia en materia médico-legal es la de que tratamos. La autopsia es la base del juicio, en ella se funda la sentencia del Juez, y los errores cometidos en ella son casi irreparables. Jamás el médico se pene- trará de lo delicado de este cometido, que nuestras le- yes por su deficiencia dejan librado completamente á la buena fé de los médicos, y á nuestro entender es mal hecho. La responsabilidad del médico perito es hoy comple* tamente ilusoria, las opiniones individuales prevalecen, 542 pues no hay una norma legal y los males que de esto re- sultan son incalculables. Las naciones alemanas hace mucho que dictaron reglamentos que prescriben á ios médicos las reglas que deben seguir en las autopsias; las ordenanzas de Austria, el reglamento para la inspección de cadáveres humanos de Prusia y otras son modelos dignos de imitarse en to- dos los países. Las disposiciones de esos reglamentos en un todo conformes con las prescripciones de la ciencia, aseguran el resultado que desea la justicia, permite exigir la res- ponsabilidad al médico que las viola y en todo caso, s. Que se halla muy distante de la edad fijada por la ley y la naturaleza para contraer matrimonio, y le faltan muchas condicio- nes fisiolójicas, morales é intelectuales para suplir la mengua de la edad. 7". Que en virtud de todas las anteriores conclusiones, es in- hábil para contraer matrimonio.—Dios guarde etc. (De Mata). («'. Esta descripción es exacta, pues tuvimos ocasión- de ver y exa- minar dicha niña con consentimiento de sus padres, atendido el objeto científico que nos condujo á ello. (Mata), 585 Utaer# 13—OTUMDBE: KATBIXQW0 POR IMPOTENCIA El 20 de Diciembre de 1866, en Alais (Goard) el Señor Antonio Esteban Darbousse, propietario, de edad de 23 años, se casó con la persona conocida é inscrita en los registros del estado civil del mis- mo lagar, bajo el nombre y apellido de Ana Justina Yumas, nacida el 19 de Julio de 1841 y por consiguiente de 25 años. Los esposos vivieron juntos mas de dos años. Dos años y medio después de la celebración de este matrimonio, Darbousse, pretendía que Justina Jumas, bajo las apariencias de una mujer, no tenía ninguno de los órganos que constituyen en se- xo, que por consiguiente, no siendo una mujer, el matrimonio con- traído con ella no existia realmente; emplazó á la tal Ana Justina Yumas, por notificación del 8 de Marzo de 1869 ante el Tribunal Ci- vil de Alais, para hacer declarar nulo é inexistente su pretendido matrimonio y el contrato de matrimonio que había precedido esta unión. Subsidiariamente, Darbousse pedía que se le permitiese hacer verificar por un perito médico que el Tribunal quisiese confiarle, el estado físico de Justina Jumas y constatar en ella la ausencia de todos los órganos propios al sexo femenino. Justina Yumas se opuso á esta demanda de nulidad, y sostuvo que, sin examinar si en el fondo podía esta demanda ser acojida, la acción de Darbousse debía ser rechazada en virtud del art. 131 del Gódigo Civil, según el cual la demanda de nulidad no es aceptable toda vez que haya habido cohabitación continua durante seis meses desde que el esposo había conocido su pretendido error. Además, en el caso, Darbousse y Justina Yumas habían cohabitado juntos desde el 20 de Diciembre de 1866 hasta el mes de Diciembre de 1868. —Y Darbousse debió reconocer el mismo dia que se casó el error de sexo de que se quejaba hoy. Bajo estas pretensiones respectivas el Tribunal Civil de Alais, dió con fecha 29 de Abril de 1869, un fallo, cuyo texto resume bas- tante los medios sobre los que estaba basada la anterior demanda de nulidad. Hé aquí el fallo: «Considerando que Darbousse no ataca el acto civil de su ma- trimonio por que hubo error en la persona física de la que quiso unirse, sinó que pide formalmente al Tribunal que reconozca y de- clare que jamás ha existido legalmente tal acto como matrimonio, á consecuencia del vicio radical que la ha afectado ab initio; que las disposiciones invocadas de los artículos 180, párrafo iiltimo y 181 dei Código de Napoleón, son desde luego inaplicables en la especie y que por lo tanto esa excepción debe rechazarse como inaceptable y mal fundada; 586 «Sobre el fondo»: «Considerando que el matrimonio es la unión legítima del hom- bre y de la mujer; que no puede contraerse válidamente sinó entre dos personas de sexo’ diferente, de donde se sigue que está esencial- mente viciado en su origen, cuando los consórtes son evidentemen- te del mismo sexo ó que uno de ellos carezca absolutamente de los órganos naturales constitutivos del sexo, ó aun diferente al del otro al que pretende pertenecer; «Considerando que está declarado por Darbousse, que Justina Yurnas con la que se casó el 20 de Diciembre de 1866, no posee nin- guno de los órganos distintivos déla mujer; que no tiene senos, ni ovarios, ni matriz, ni vagina; que su pélvis está conformada mas bien como la de un hombre que como la de una mujer y que aun- que tiene 27 años, jamás ella ha tenido reglas, ni dolores lumbares y abdominales periódicos; «Considerando que el mérito real de tal declaración no puede apreciarse exactamente sinó por medio de un reconocimiento pre- vio, y por mas repugnancia que se esperimente en recurrir al em- pleo de este medio de instrucción, hay lugar á ordenarlo, á diferen- cia de la verificación, siempre congeturable, de la impotencia na- tural alegada por uno de los esposos, por razón de un simple vicio de conformación en ciertos órganos; el resultado de esa medida, en eJ caso, deberá necesariamente llegar á la demostración cierta del hecho puramente material á verificar, si la parte demandada está ó no privada de todos los órganos naturales distintivos de la mujer, los mas externos y aparentes y los otros internos, es verdad, pero cuya existencia ó no existencia, no será difícil de constatar para las gentes de arte; «Considerando que Darbousse, al ofrecer además probar tanto por títulos como por testigos, las declaraciones arriba espresadas ó sean las siguientes: Io. que una partera de Alais, por quien la parte demandada se dejó visitar voluntariamente, ha constatado y contado á varias personas que ésta, estaba privada de los órganos distintivos de la mujer; y 2o. que ésta misma ha reconocido por es- crito el hecho de que carecía de los órganos mencionados; y que siendo esa prueba bastante pertinente y concluyente, hay lugar, para esclarecer aun mejor la opinión del Tribunal sobre asunto tan grave. «Por estos fundamentos: «El Tribunal, «Oido á M. Raisin, sustituto del Señor procurador municipal, en sus conclusiones, juzgando en materia ordinaria yen primera instancia antes de estatuir en el fondo los medios y escepciones de las partes, reservados, se encarga á la Señora Ana Puejae partera 587 en jefe de la maternidad de Montpellier, con el objeto de ver y vi- sitar á Justina Yumas é informar si ella está materialmente privada ó no, de todos los órganos naturales constitutivos del sexo femeni- no; si realmente no tiene ni mamas, ni ovarios, ni matriz, ni vagi- na; si su pelvis esté conformada mas bien como la de un hombre que la de una mujer, y si jamás ha tenido reglas, ni dolores tumba- ras y abdominales periódicos; «Ordena que la tal partera sea ayudada por el Doctor Fabre de Alais, encargado especialmente de concertarse previamente sobre el modo como se hará tal verificación, recoger en seguida él mismo en una habitación separada de la que se haya practicado, el resultado del exámen y de las constataciones de ese reconocimiento, y de informar á su vez con respecto al mismo resultado, si, según su opinión la parte demandada está ó no en realidad, privada ma- terialmente de todos los órganos naturales, constitutivos del sexo femenino; «En caso de negativa ó impedimento de su parte, los peritos serán reemplazados por el presidente del juzgado por simple auto al pié de la demanda; «Ordena que ellos prestarán juramento ante de este magistrado. «Admite, además, que Darbousse pruebe, tanto por títulos como por testigos, en la forma de las sumarias ordinarias y ante el Sr. Bit de Bere, juez del lugar comisionado al efecto, ya los diversos hechos sometidos á las investigaciones de la partera, y á los siguien- tes: Io. que una partera de Alais, por quien la parte demandada se ha hecho visitar voluntariamente, ha constatado y contado á va- rias personas que estaba realmente privada de todos los órganos dis- tintivos de la mujer; y 2o. que esta última ha reconocido por escrito el hecho de la ausencia completa en ella de tales órganos; «Admite á la parte demandada la prueba de los hechos contra- rios en la misma forma y delante del mismo juez comisionado; A cerca de los informes de los peritos, podrán dirijirlo separa- damente ó en común, y las pruebas y contrapruebas hechas, ó á fal- ta de serlos, podrán requerirse por las partes y el Tribunal estatui- rá lo que convenga; «Costas reservadas». Justina Yurnas rechazó enérgicamente someterse al reconoci- miento ordenado por el Tribunal y apeló de esta decisión ante la Corte de Nimes. Io. Consulta ele M. Yalette. «Es evidente que la diferencia de sexos es una condición esen- cial de la validez del matrimonio, por que el matrimonio no es otra cosa que la unión legítima del hombre y de la mujer. 588 En el caso sobre el que ha dado el fallo interlocutorio el Tribu- nal Civil de Alais, el 29 de Abril último, la cuestión debatida en el fondo es la de saber si la parte demandada debe ó no, en razón de su conformación física, set mirada como que pertenece al sexo fe- menino. A este respecto si los hechos declarados por el demandan- te fuesen establecidos por el reconocimiento y la prueba judicial, la negativa se constataría; desde luego sería preciso reconocer la nu- lidad completa y absoluta del pretendido matrimonio de que se tra- ta, nulidad que ninguna ratificación expresa ó tácita, ha podido ni podrá jamás cubrir. «En consecuencia, el infrascrito ci’ée, que el precitado fallo del Tribunal de Alais, ordenando un reconocimiento y una prueba judi- cial sobre los hechos en cuestión, ha sido bien dado, y debe ser con- firmado en apelación.» 2o. Consulta de M. Legrand du Saulle. «Consultado sobre la cuestión de saber á que sexo pertenece una persona de veintinueve años, que no posee ni senos, ni vagina, ni matriz, ni ovarios cuya pélvis es anatómicamente conformada mas bien como la de un hombre que como la de una mujer, que jamás ha experimentado dolores lumbares ó abdominales periódicos, y que jamás ha tenido flujo menstrual. «Después de haber tenido conocimiento: «Io. De todos los hechos análogos encerrados en los archivos de la ciencia, bajo el título de Monstruos ó monstruosidades; «2o. De la consulta jurídica del Señor Alberto Thieblin; «3o. Del fallo del Tribunal Civil de Alais (Gard) de fecha 29 de Abril de 1869. «He reconocido que bajo el punto de vista médico legal la cues- tión no podía resolverse sinó de la manera siguiente: «A—¿La persona designada es una mujer? «B—¿Es un hombre? «C—¿O no pertenece á ningún sexo? «Primer punto—Todos los atributos del sexo femenino faltan, y la gran función que domina, toda la fisiología y toda la patología de la mujer no se ha revelado jamás. Esta ausencia de todo derrame periódico tiene, bajo el punto de vista científico, un valor de los mas significativos. Si no existiese, en efecto, sinó algunas incor- recciones extravagantes de los órganos genitales externos, la natu- raleza femenina hallaría no obstante, ol medio de exhalar por un orificio cualquiera la excreción sanguínea periódica, lo cual no tie- ne lugar; no hay, pues, órganos genitales internos. «A una mujer desprovista de senos, de órganos genitales exter- nos é internos, no le queda absolutamente ningún signo de su sexo. Esta mujer jamás ha sido una mujer.» 589 Segundo punto—El 18 de Enero de 1865 un decreto del parla- mento declaró nulo el matrimonio de la hija del Gran Juan, porque: «El órgano distintivo del sexo femenino estaba mezclado con varios signos engañadores de la virilidad.» ¿Es el caso de pretender aquí que la persona designada es un hombre? No, seguramente, pero si el hecho no existe, lo que igno- ro—no seria imposible. Se ha visto, en efecto, coexistir una hen- didura vuivar y un apéndice viril completamente rudimentario é imperforado, con ó sin pequeños testículos, aparentes ú ocultos. En estos casos, lo que ha conducido á una rectificación es la privación de pechos y la ausencia de las reglas. Tercer punto—Según todos los elementos del proceso, el ser de que se trata no posee ningún sexo. Educada como una niña, ha adquirido y conservado la vana apariencia, la timidez, la dulzura, la piedad y el carácter de tal. La costumbre ¿no llega á ser casi una segunda naturaleza? Ser desgraciado, arrojado caprichosa- mente fuera de las vías normales, consagrado al aislamiento de un celibato fatal, viene á colocarse en la clase de los Monstruosos; víc- tima inmerecida de un olvido de la naturaleza, y casada por erro», este ser no podría condenar á su consorte al horror indefinido de un vínculo cruelmente injusto. «En resumen: «1°. La persona designada no es una mujer; «2o. Ella no es verdaderamente un hombre; «3o. Ella no posee probablemente ningún sexo. Por su parte en esta apelación, Justina Yumas produjo un cer- tificado de un médico, M. Carcassonne, de Nimes, por quien con- sintió dejarse visitar. Hé ahí el certificado de lecha 5 de Noviem- bre de 1869. «La Señora Justina Yumas tiene todas las aparienciasdel sexo femenino, las partes externas de la generación, monte de Vénus» grandes y pequeños labios, clítoris y abertura del meato urinario. Todo está conformado como en la mujer, pero no tiene vagina, ó al menos, si existe este conducto, no está perforado. Se sigue de ahí, que el acto de la cópula es imposible y por consiguiente, la fecun- dación. Sus mamas poco desarrolladas, su pélvis algo estrecha; por lo demás nada le asemeja al sexo masculino ni á ninguno de sus atributos.» La Córte de Nimes, por su sentencia de fecha 29 de Noviembre de 1869. «Considerando (entre otros motivos) que la prueba ofreci- da por Darbousse no ostablecía que Justina Yumas no pertenecía al sexo femenino, pero que demostraría cuando mas una conforma- ción viciosa de los órganos de generación que la haría inapta para ejercer sus funciones; 590 «Considerando que los documentos llevados al pleito y especial- mente el certificado del Doctor Carcassome, no permiten dudar que la apelante no sea realmente una mujer: Rechaza al Señor Darbousse en su demanda.» Apelada á la Corte Suprema esta sentencia de la Córte de Nimes fuó derogada el 15 de Enero de 1872, pero por medios de forma en- teramente extrañas á la cuestión de nulidad de matrimonio. Ante la Córte de Casación, dos consultas médico legales fueron producidas en favor de M. Darbousse: una del Señor Tardieu, de fe- cha 18 de Febrero de 1870 y otra del Señor Courty (de Montpellier,) con fecha 2 de Mayo de 1872. Io- Conclusiones del Señor Tardieu. Resumiendo la exposición de los hechos y de la discusión que precede, no dudo en concluir, contrariamente á las enunciaciones sobre las que está fundada la sentencia de la Córte Imperial de Ni- mes de 29 de Noviembre de 1869 que: «1°. El reconocimiento médico legal y la prueba judicial orde- nada por los primeros jueces, hubieran podido demostrar en Justina Yumas, esposado Darbousse, mas que una conformación viciosa de los órganos de la generación que la haría inapta para llenar sus funciones; «2°. Las declaraciones personales verbales ó escritas del Señor Darbousse, no puede tener un valor decisivo en el punto de vista del estado orgánico de la persona á la que ha sido unida por matri- monio; este estado no puede ser determinado sinó por un hombre de ciencia, provisto délos conocimientos anatómicos y fisiológicos nece- sarios y por las comprobaciones materiales á lasque era y no podía dejar de ser extraño; «3°. Los documentos llevados al proceso y especialmente el cer- tificado del Doctor Carcassoune no autorizan de ninguna manera á creer que Justina Yumas sea realmente una mujer. «4o. Por el contrario en estos documentos como también en el precitado certificado, todo concurre á demostrar que esta mujer no solo está afectada de un vicio de conformación de los órganos se- xuales, sinó que, por su constitución general, como por la desvia- ción especial de su conformación sexual, ella pertenece en realidad al sexo masculino. «5o. En fin, entre ella y el Señor Darbousse, existe no solo la imposibilidad de aproximación sexual, sinó que hay identidad de sexo. 2o. Conclusión del Sr. Courtv. «1 La Señora Yumas no posée sinó una parte de las aparien- cias externas del sexo femenino. «2°. Carece absolutamente de varias de estas apariencias exte- 591 riores, y entro estas la mas característica de todas, la lonjitud de la pelvis. «3o. No se puede decir que ella es solo impotente, es decir, que, a consecuencia de la ausencia de la abertura vaginal debidamente constatada, ella es incapaz para el coito, ó que el semen no puede llegar al ovario para fecundarlo. «4o. Es mas que impotente, improductora. Ningún hecho au- toriza á presumir que exista en el interior de su cuerpo uno solo de los órganos esenciales de la reproducción; es decir uno solo de los órganos constitutivos del sexo femenino; «5o. Se puede suponer legítimamente que en esta persona, á pesar de las apariencias exteriores del sexo femenino, existen en su interior órganos masculinos más ó ménos rudimentarios; «f>°. Se puede afirmar que en ella, los órganos constitutivos del sexo femenino, cuya existencia es indispensable para caracterizar á la mujer, ó faltan enteramente ó son apenas rudimentarios y no pue- den desempeñar ninguna función; «7o. La persona de que se trata debe pues colocársela en la categoría de aquellas personas teratológicas que no tienen, propia- mente hablando, ningún sexo, y que, por consiguiente, no pueden unirse por el matrimonio, á ningún individuo normalmente organi- zado, cualquiera que sea el sexo de este último.» Conforme á las conclusiones del primer abogado general Máxi- mo Labaume, la Córte dió el fallo siguiente: «Sobre las conclusiones principales; «Adoptando los fundamentos de los primeros jueces y conside- rando que la cuestión del litigio no está en un vicio de conforma- ción, sinó en la ausencia completa de los órganos que caracterizan el sexo de la mujer; «Considerando que el objeto déla verificación y del juicio orde- nado por los primeros jueces, trata en efecto de averiguar si Ana Justina Yumas tiene senos, ovarios, una vagina y sobre todo el ór- gano esencial á la mujer: la matriz; «Considerando que siendo el matrimonio la unión del hombre y de la mujer, no podría ser valedero aquel, si se demostrase que la persona considerada como mujer en el momento de su celebración no lo era; «Sobre las conclusiones subsidiarias; «Considerando que la verificación ordenada por los primeros jueces presenta todas las garantías deseables y que no hay lugar á confiar á otros peritos que los que ellos han designado; «Considerando que la Corte no podía preveer una -violación ma- nifiesta de la ley y una desobediencia conculcada á la autoridad de sus decisiones; «Considerando que la Córte debe preveerlo tanto menos cuanto que ya Justina Yumas se ha sometido voluntariamente al exámen del Doctor Carcassonne, cuyo certificado invoca; «Considerando que los accesorios siguen la suerte de lo principal, «La Córte juzgando en audiencia solemne, reunidas las Cámaras de revisión ordenada por la Córte de casación, de acta á Estóban Darbousse de su renuncia á la decisión de rebeldía interpuesta el 16 de Agosto de 1869, y estatuyendo sobre la apelación interpuesta por Ana Justina Yumas, del falló dado por el Tribunal de Alais, el 29 de Abril de 1869, y sobre la apelación incidente de Darbousse contra la misma decisión, declara, sin entrar en las conclusiones subsidiarias de las partes, que son mal fundadas las dos apelaciones por ella interpuesta; las deniega y ordena que la sentencia atacada surtirá pleno y entero efecto; costas reservadas para que se estatu- yan sobre ellas al mismo tiempo que sobre las de las otras instan- cias, cuando se falle sobre el asunto principal del litigio.» El asunto volvió de nuevo ante el Tribunal Civil de Alais y lió aquí cual fué la disposición del fallo pronunciado el 28 de Enero de 1873: Considerando, que la demanda de nulidad de matrimonio enta- blada por Darbousse contra Justina Yumas por notificación de 8 de Marzo de 1869 el tribunal de después de haber rechaza- do por su fallo interlocutorio del 29 de Abril siguiente, confirman- do por devolución de la Córte de Montpellier el 8 de Mayo último, la excepción prejudicial propuesta por la parte demandada y saca- da de disposiciones no aplicables al caso de los arts. 180, párrafo ultimo, y el 180 del Código Civil ha sentado claramente un principio que el matrimonio es esencialmente viciado desde su origen, y es desde luego radicalmente nulo, cuando los consortes son del mismo sexo, ó que uno de ellos carezca absolutamente de los órganos na- turales constitutivos del sexo, aun diferente del que pretende per- tenecer; que ha ordenado un reconocimiento prévio y una prueba judicial para saber si por su conformación y su constitución gene- ral, la parte demandada se hallaba en uno ú otro caso; que los tales fallos y sentencias han adquirido la autoridad de cosa juzgada; que lo que han decidido así soberanamente no podrá pues reponerse en el asunto y que desde luego el mismo fin de no recibir reproducida por este último en sus nuevas conclusiones debe rechazarse sim- plemente; Considerando que aun hay lugar á rechazar del pleito, piezas que sean nulas y de ningún efecto, el acto de separación voluntaria de cuerpos de 12 de Diciembre de 1868 producido por esto en apoyo de sus medios de defensa; 593 Considerando que Justina Yumas ha rechazado formalmente sc- meterse al examen personal del perito nombrado en la instrucción, lo que está constatado en informe dirijido el 18 de Noviembre úl- timo el tribunal examinará que influencia puede ejercer legíti- mamente en la causa esta negativa en las condiciones en las que se lia producido; Considerando que se ha procedido al juicio el 30 del mes de No- viembre, que Darbousse había sido admitido á establecer bajo re- serva de prueba contraria, que la parte demandada estaba mate- rialmente privada de todos los órganos naturales constitutivos del sexo femenino; que no tenia ni senos, ni ovarios, ni matriz, ni va- gina; que su pelvis estaba conformada mas bien como la de un hombre que como la de una mujer; que jamás había tenido reglas ni dolores lumbares y abdominales periódicos y que una partera de Alais, por quien se hizo visifar voluntariamente, había consta- tado y reconocido por escrito la ausencia completa de estos diver- sos órganos y habia participado de este hecho á muchas personas; Considerando que habiendo Justina Yumas producido un certifi- cado oficioso entregado á ella por el Doctor Carcassonne el 6 de No- viembre de 1869 y que Darbousse la ha aceptado como del proceso en el curso de los debates que han precedido al fallo confirmativo, pre- valiéndose de sus constataciones en apoyo de las declaraciones de hechos, hay lugar á averiguar si la prueba de estos mismos hechos está bastante establecido por estos dos documentos; Considerando que resulta del tal certificado que la parte deman- dada tiene los pechos poco desenvueltos, y de la declaración del Doc- tor Damas, cuarto testigo del juicio, quien ha declarado que sabe este hecho, de Antonia Monet, partera de Tomaris, primer testigo, asi como de la costurera Eugenia Dondet, noveno testigo, que ella n° tiene absolutamente; Que resulta aun del certificado que su pélvis es poco larga asi como de la confesión del Doctor Dumas á quien le contó la tal Mo- net, que era extremadamente estrecha; Que el hecho grave de que ella no tiene vagina, se halla justifi- cado suficientemente por el mismo documento y las declaraciones del Doctor Dumas, del Doctor Fabre, segundo testigo, de Emilio Chantagrel, quinto testigo y de Lucia Beaume sexto testigo, a todos los cuales había revelado la tal Monet; Que es cierto que ella no ha tenido sus reglas; que éste hecho importante jamás ha sido negado por ella, y por otra parte sé ha- lla establecido en la declaración del primer testigo; Considerando que no resulta ni del certificado ni del juicio que jamás había sentido dolores lumbares y abdominales periódicos, la prueba de este hecho debe sacarse sin embargo, con certidumbre de 594 lo que la ciencia ha constatado y enseña que los dolores no existen en un estado de salud siempre buena, como ha sido la de la parte demandada, sobre todo en una mujer como ella que lia pasado de los treinta y un años y jamás ha tenido sus reglas; dolores de esfa naturaleza cuando no se produce durante algunos años ningún llu- jo de sangre, ocasionan necesariamente una alteración profunda en la salud general. Considerando que en vano la tal Monet, dice en su declaración que la parte demandada después de haberle confesado cuando la vi- sito en 1868 y 1869, que ella jamás regló, le había sin embargo aña- dido que experimentaba cada mes dolores que no definió su carácter que no trató de reconocer ella misma; que los pretendidos dolores no definidos por Justina Yumas y no apreciados en cuanto á su ca- rácter por esta partera, por los motivos que preceden no podrían evidentemente ser de la naturaleza de los que se trata, que por otra parte es admirable de que la parte demandada misma no haya pro- ducido en el juicio ningún testigo, ni haya llevado al pleito ningún documento para probar que había realmente experimentado esos do- lores y que por su naturaleza afectaban verdaderamente los carac- teres de los lumbares y abdominales que quiere atribuirles hoy; que el Doctor Carcassonne no ha debido dejar, cuando la visitó, de es- clarecer este puuto capital de sus investigaciones y que en este pun- to su certificado es absolutamente mudo; que este hecho es de los mas graves en la causa, y que la parte mas interesada debia pro- bar, y lo deja completamente en la oscuridad, añadiendo así un nuevo grado de certidumbre á la conclusión negativa de su existen- cia, deducida de los motivos ante dichos; Considerando que en vano la tal Monet en su declaración emba- razosa y su pretendido trastorno de estar mezclada en un asunto semejante, por que ella sentía sin duda, que había faltado esencial- mente á sus deberes profesionales divulgando hechos que debía man- tener secretos, ha hecho declaraciones contrarias á las del Doctor Dumas y Fabre, Emilia Chantagrel y Lucia Beaume, que la posición social y la honorabilidad de los dos primeros testigos no pueden de- jar ninguna duda sobre la entera sinceridad de sus declaraciones y que la verdad del hecho único revelado por los dos últimos, no pue- de sospecharse en cuanto ha sido también afirmado por los otros y que además se halla constatado por el certificado; que no se puede, por otro lado, admitir razonablemente que estas cuatro personas, de convicciones la mayor parte diferentes, y habitantes en lugares di- versos, hayan podido todos concertarse para atestiguar falsamente ante la justicia uno ó varios hechos que realmente no les hubiese contado la tal Monet; Considerando que el certificado del juicio no habiendo revelado 595 nada sobre la enformedad por Darbousse, de que en Justina Yumas hay ausencia de los ovarios y de la matriz, aun hay lugar de inqui- rir por los medios dados por la ciencia si estos dos órganos esencia- les femeninos le faltan igualmente. Considerando que la ciencia médica parece poseer hoy medios de diagnóstico bastante exactos para conocer en la pelvis de una mujer estóril, como lo es la parte demandada, los ovarios y sobre todo la matriz, y si estos órganos existen en ella en desarrollo natural. Considerando que faltando este medio de apreciación á causa de que esta última no quiere dejarse examinar por el perito encargado» debe deducirse ó puede deducir de ello la ausencia probable de estos dos órganos en aquella persona; asi como de las presunciones sa- cadas de los hechos ya enunciados. Considerando, que según uno de los mas experimentados hom- bres de ciencia en esta materia, la mas importante de las funciones de la mujer que manifiesta en ella la existencia de los mismos ór- ganos, es la menstruacccion y los dolores lumbares y abdominales que se producen periódicamente, por lo común cada mes, y dan lu- gar entre otros accidentes á sensaciones muy distintas, á una hin- chazón de los pechos y á una conmoción física y moral fuertemen- te acentuada. Considerando que la parte demandada no habiendo tenido ja- más la regla, ni habiendo sentido jamás dolores premonitorios ni te- niendo senos, ó habiéndolos tenido en todo caso muy poco desar- rollados en todas las épocas y que no ha podido por consiguiente experimentar semejante constitución ninguna de estas conmociones y de estas sensaciones; so puede concluir de ello, que esta mujer se halla privada do estos dos órganos ó que al menos si existen rudi- mentos en ella, así como de los otros esenciales, lian quedado, co- mo dice este hábil práctico, en su consu'ta médico legal del 2 de Mayo de 1872, discutida por las partes en sus conclusiones respecti- vas, que habiéndose detenido en su desarrollo al principio de la vida fetal, en estado de mamelones imperceptibles é inertes que re- ducen á la nada su estado sexual. Considerando que todas estas deducciones sacadas de los diver- sos fundamentos antes desarrollados, deben tomar mayor fuerza en la desobediencia formal á las prescripciones de la justicia por la parte demandada, negándose á dejarse visitar, que hay que notar que el tribunal al ordenar esta importante medida de instrucción había tomado todas las medidas necesarias para salvaguardar su pudor, que era una partera quien debía hacer esta visita y que el mandato fine se dió al Doctor adjunto, consistía únicamente en concertarse previamente con ella en uua habitación separada sobre las maneras de proceder y de recoger en seguida, siempre fuera de la presencia 596 de Justina Yumas, el resultado del examen y de las constataciones de la partera y que el hecho de tomar todas las precauciones, basta para no poder tomar en sério los motivos de la negativa alegados por la demandada y sacados de un pretendido sentimiento de pudor cuando no lo iuvo anteríormenre el 5 de Noviembre de 1869, para el caso de necesidad durante su causa, dejándose examinar volun- tariamente por un hombre (ei Doctor Carcassonne) después de ha- berlo sido anteriormente por la parteaa deTamaris. Que el segundo motivo pretendido por ella, de un temor quimé- rico de que pudiera resentirse su salud no tiene mas valor que el primero, sabiendo mejor que cualquier otro, por una doble esperien- cia, que la medida prescrita no podía alterarla de ningún modo; Que en semejantes condiciones esta negativa parece no haber sido calculada sinó para no suministrar nuevas armas á su adver- sario, cuando ella había podido apreciar todo el provecho que este sacó de las constataciones preciosas reveladas por el certificado de Carcassonne á pesar de todas sus reticencias; Que, cuando una medida de instrucción ha sido ordenada, no podría admitirse que una de las partes litigantes pudiese impune- mente á su antojo emplearlo cuando lo juzgase conveniente á sus intereses y rechazarle cuando cree que puede dañarle; que si no se puede deducir jurídicamente de esa negativa una confesión directa ó indirecta por la parte demandada de la verdad de los hechos sen- tados por Darbousse, debe siempre corroborar en un a justa medida la prueba que este último pudiese sacar de ello y las diversas apre- ciaciones que el Tribunal ha sentado mas arriba; Considerando que por otra parte es necesario no olvidar que la cuestión de saber si la parte demandada está realmente privada de todos los órganos esencialmente femeninos no debe examinarse sinó bajo el punto de vista del matrimonio y déla demanda de nu- lidad de que se ocupa el Tribunal, que este contrato que participa del derecho civil, que regla sus condiciones y del derecho natural por la unión de los sexos, ha sido siempre consagrado por la reli- gión de todos los pueblos, teniendo un fin social y un fin moral á la vez; el primero, para perpetuar la familia base de toda sociedad por la procreación de los hijos, y el segundo, dar un alimento mo- derado á los instintos de las pasiones, previniendo así los est.ravios de las pasiones, asegurar las goces y la prosperidad del hogar do- méstico, y que este doble fin faltaría evidentemente, si pudiera man- tenerse semejante contrato cuando un vicio general orgánico sexual de uno de los esposos presentase como, en el caso, lo constata sufi- cientemente el certificado, un obstáculo perpetuo invencible de re- lación entre sí; Considerando, en fin, que el Tribunal no tiene que averiguar si 597 la parte demandada á causa de su constitución y conformación ge- neral, pertenece al sexo masculino ó al neutro, si existe, le basta haber adquirido como lo ha hecho, con los diversos elementos de apreciación do la causa, la conveniencia de este solo hecho que, siempre bajo el pun+o de vista del matrimonio carece realmente la parte, como se sertó en principio, en el fallo interlocutorio, de los Organos naturales esenciales constitutivos del sexo, distinto del de Darbousse, al que ella pretende pertenecer, para que el tribu- nal pueda y deba admitir la demanda de aquel y pronunciar por consecuencia la nulidad radical del matrimonio habido entre las partes; Considerando que toda parte que sucumbe debe condenárselo en las costas. Por estos fundamentos: El Tribunal oido á M. Teulon, sustituto del Procurador de la República, juzgando en materia ordinaria y en primera instancia, evacuando el interlocutorio ordenado por su fallo el 29 de Abril de 18G9, y resolviendo la demanda, sin detenerse para tal fin en reci- bir las demás pruebas y excepciones de la parte demandada y re- chazándolos como inaceptables, y en todo caso como mal fundados, declararadicalmente nulo é inexistente y anula el matrimonio ins- crito en los registros del estado civil del municipio de Alais el 20 de Diciembre de 186G, entre Antonio Estéban Darbousse y Ana Justina Yumas y como consecuencia el contrato antenupcial que ha reglado los convenios civiles de las partes. Ordena que se insertará el presente fallo al margen del acta de celebración del matrimonio asi anulado, por el oficial del esta- do civil dei municipio de Alais, así que se remita testimonio de es- ta sentencia, y condenad la parte demandada á las costas reser- vadas. El fallo que se acaba de ver tiene un gran significado y crea un precedente jurídico muy digno de ser meditado. ¿Se apelará? parece hasta ahora poco probable. En este caso el Señor Alberto Thieblin abogado del foro de Pa- rís lia defendido en Alais, Nimes y Montpellier con tanta convic- ción como talento la causa de Darbousse. A su perspicaz inteli- gencia se debe el éxito del pleito. Humera 14—lieONOEIMIIHTO DE IMBABAZO. El infrascrito Dr. en medicina y cirujía, en virtud del auto de., de del Señor Juez de primera instancia D. N. N. me pre- 598 senté en la habitación de Da. N. N. calle de número ....para determinar si estaba en cinta, y en caso de afirmati- va, de que tiempo estaba. Habiéndole anunciado el objeto de mi visita, no presentó oposición ninguna al examen; muy al contrario, me dijo que había tenido la menstruación con toda regularidad des- de los doce años; que había contraido relaciones con D. N. N. y desde unos cinco meses á aquella parte se le liabian suprimido las reglas; que había experimentado muchas incomodidades, inapetencia, náuseas, con todos los demás síntomas de un embarazo en su prin- cipio; que sus mamas se habían abultado, igualmente que su vien- tre; que sobre unas seis semanas habían desaparecido sus incomo- didades, que se sentía en muy buen estado y que cosa de un mes liaría, de vez en cuando percibía movimientos en su matriz. Adquiridos estos antecedentes, pasé al examen del estado actual de Da. N. N. echada en la cama, y noté su vientre muy saliente y desenvuelto hacia delante. Aplicada la mano en el abdomen (vientre), he sentido en la región hipogástrica (tercio inferior y medio del mismo) un tumor redondo que llena el vacinete y vá á salir á poca diferencia en me- dio del espacio que separa el ombligo del empeine, y al propio tiempo débiles movimientos, activos, apenas perceptibles. Con el dedo introducido en la vagina he sentido manifiestamen- te desarrollado el útero. El cuello de esta entraña está inclinado hácia atrás. Auscultado el vientre de Da. N. entre el ombligo y la parte su- perior y anterior de la cadera, he percibido las pulsaciones del co- razón del feto, como un reloj, cuya velocidad no estaba en relación con el pulso de Doña N. y un ruido de fuelle en el costado derecho, se reproducía á cada pulsación de la arteria radial de aquella. Examinada de pié, introduje un dedo de la mano derecha hasta alcanzar el útero é imprimiéndole un sacudimiento de abajo arriba, he percibido la impresión de un cuerpo que ha caido sobre mi de- do. De todo lo expuesto concluyo: 1°. Que Doña N. N. está embarazada. 2°. Que su embarazo data probablemente de unos cinco meses. Es cuanto tiene que informar en descargo del juramento pres- tado. Honorarios N. N. (de Mata). Numera 15— DEPURACIONES SOBRE UN PARTO reciente. Dijeron: Que lian visitado á I)a. N. de unos treinta años de 599 edad, habitante en la calle N. la cual les dijo que habia parido de unos doce dias á aquella parte, y la encontraron como sigue: la cara estaba lijeramente sonrosada y alteradas las facciones, la piel caliente y alituosa, el pulso frecuente, dilatado y flexible, lengua natural, las mamas tumefactas y las venas que serpean superficial- mente por estos órganos llenas de sangre y dilatadas. Los pezones cubiertos de una lijera capa morenuzca, al principio no dieron con la presión ninguna gota de leche, sacada la capa y continuada la presión á ambos lados, se ha obtenido un fluido lechoso, espeso y abundante. El abdómen estaba un poco hinchado, el anillo umbili- cal saliente, la línea blanca presentaba una lijera separación mas considerable, en la parte media; la piel estaba floja y llena de surcos en diveros sentidos. El espacio comprendido en la región inguinal y el ombligo estaba cubierto de cardenales lívidos, de arrugas y grietas que ofrecen el mismo aspecto, siendo mas notables por las cercanías del pubis. La parte interna y superior de los músculos dejaba igualmente percibir algunos cardenales. Con la mano iz- quierda colocada en el epigastrio, en tanto que el dedo índice de la derecha se introducía hasta el fondo de la vagina, se sentía, im- pulsando el útero hacia arriba, que este órgano estaba encima del púbis, que era mas pesado mas voluminoso que en el estado normal. Su orificio apenas tumefacto, estaba flojo, irregular y dejaba pasar fácilmente uno ó dos dedos. Las partes genitales daban salida á una materia espesa amarillenta, que manchaba la camisa, arrojando un olor ácido, análogo al producido por el aceite de pescado. Los grandes lábios muy dilatados, fláxidos, semejando haber sido recien- temente entumecidos; el frenillo de la vulva estaba roto. La N. ha declarado no haber tenido otra enfermedad que una supresión de las reglas, seguida de una hemorragia uterina muy abundante el 14 del mismo mes. Que de esta colección de hechos, los cuales presentan evidente- mente correlación, creen poder concluir: 1°. Que la N. ha parido de unos diez á doce dias á esta parte, no de todo tiempo á una época cercana á los nueve meses. 2°. Que según la conformación del bacinete, el parto ha podido ser fácil. Que es cuando, etc. Sisera 1§—B1C1ASABI0I S01ES QW8 NO HA HABIDO PARTO, Dijeron: Que han reconocido á Da. N. N. y que han observado en ella lo siguiente: Mucha gordura, color encendido, miembros robustos, pelo negro, 600 pulso agitado y piel caliente, que se quejaba del vientre, el que era blando al tacto; sus paredes estaban muy provistas de tejido adi- poso. Las mamas eran poco voluminosas y no le dolían; el pezón salia poco y la glándula tenia muy poco volumen en cada mama; la piel de estas regiones no estaba ni tendida, ni sembrada de venas azuladas, como cuando es sitio de una violenta distensión; tampoco estabaíláxida, arrugada, como cuando la leche abandona derrepente dichos órganos. Las paredes del vientre no presentaban las líneas rasgadas, la cama de la enferma no estaba hecha, las sábanas eran limpias, y nada salia de la vulva de la mujer; los grandes y pequeños labios no estaban ni encendidos, ni escoriados, la entrada de la vagina era estrecha, la orquílla intacta y la enferma orina sin dolor. Tactando esta mujer sé encontró la vagina estrecha, sin que estuviese mas lubrificada que en estado natural; el hocico de tenca ofrecía su forma acostumbrada, ni estaba tumefacto, ni ancho, ni irregular; la matriz lijera y libre, se dejaba levantar fácilmente, y cuando se aplicaba la mano izquierda en la región hipogástrica no se encontraba el tumor que forma el globo uterino, y en especial cuando los lóquios están suspendidos; en una palabra la pretendida enferma no arrojaba al rededor el olor que es propio en las recien paridas. Que de todos estos hechos deducen que la N. no ha parido: Que es cuanto, etc. Número 1?—¿BOBfO PROVOCADO POR ROTURA DI LAS MEMBRANAS. La doméstica E de 21 años de edad se liabia sentido mala algunas semanas antes de Pentecostés; no liabia tenido sus reglas hacia dos meses, y no se dudaba que pudiera ser consecuen- cia de un embarazo, resultado de sus relaciones con su amo, el médico y comadrón Dr. X... Ella le hizo la confidencia, y entonces, dice la declarante, la introdujo profundamente en las partes genitales, un instrumento largo y pequeñas esponjas triangulares que salían muy hincnadas. El lunes de pentecostes tuvo muchos dolores y una pérdida considerable y repentina de sangre que salió cor algunas películas. Cinco meses después de este suceso tuve que hacer la explo- ración y manifesté en mi declaración que: «La areola de los pe- zones era mas morena que durante la virginidad y antes primer embarazo; que las mamas no tenían leche; que la mama izquierda presentaba cicatrices de úlceras, que en la actualidad parecen insignificantes, porque la supuración de la glándula tu- 601 vo lugar tres meses después del aborto presunto. No hay man- chas ni cicatrices en el vientre; las partes genitales presentan el signo de la desíloracion. El cuello de la matriz está alto, no pre- senta rasgaduras ni otras lesiones; el orificio uterino, sin embargo, no está como en las vírgenes, tiene la forma eléptica y se puede penetrar con la punta del dedo; no hay derrame y la horquilla no está destruida. El acento de verdad con que se expresa esta jóven y los resultados de la exploración hablan en favor de la justicia de la acusación. Lo que ha manifestado no es otra cosa que el procedimiento ordinario empleado por los tocologos para provocar el parto, con objeto de salvar en determinadas ocasiones la vida de la madre. Este procedimiento no es conocido mas que de los médicos, y no puede ser empleado mas que por ellos. Aunque el aborto mas precoz es difícil de probar cuando data de cinco meses, tenemos aquí indicios bastantes convincentes para no titubear en declarar que ha habido aborto.» — Oasper, abs. tom. Io. ttmno 18—AB0IIO PROVOCADO COI 3V8TAMIA8 MiBICISAMS. Hace algunos años un médico de mala nota fué acusado por haber dado á la viuda de K.... una receta para que abortase, y se me propuso la cuestión siguiente: «El brevaje tomado del modo que declara la mujer K.. ¿puede ocasionar el aborto, ó puede tener al- gún peligro importante para la salud?» Yo manifesté en mi declaración: «que no hay sustancias medici- nales que puedan obrar directamente contra la vida del feto, ó producir las contracciones uterinas, que ocasionarían infaliblemen- te el desprendimiento de las membranas. En vista de esta teoría basada en la experiencia, los medicamentos prescritos por el Doctor Y. no pueden ser considerados como tales, ni aislados ni juntos. Pero son sustancias que irritan y excitan la matriz y las partes cir- cunvecinas hasta el punto de que sobrevienen hemorragias, dolores de parto y pueden así mismo ocasionar el aborto, lo cual no es ra- ro, sobre todo si estos medicamentos han sido administrados á altas dósis, ó si la suma de los medicamentos forma una alta dosis, como sucede en la fórmula prescrita por el Dr. Y. Se compone de una infusión hecha de una onza de hojas de sen en cinco de agua, á la cual se añade onza y media de jarabe de azafran y otro tanto de bórax: de este brevaje había de tomar la mujer K..según ella dice, una gran cucharada cada dos horas. Había en junto 23 cacha- 602 radas que había de tomar en tres dias. Estas sustancias han sido administradas á altas dósis. Una infusión de una onza de sen en cinco de agua constituye un purgante enérgico Las declaraciones de la mujer K..y de la mujer K prueban que la porción lia producido este efecto aunque no había tomado toda la cantidad. Las purgaciones enérgicas tienen grande influencia sobre los em- barazos por una acción simpática y una acción mecánica, por esta razón los médicos prudentes evitan administrarlo para evitar un aborto, especialmente en los primeros meses, en que el aborto es mas fácil, y justamente la viuda K se encontraba en los prime- ros meses, de su embarazo. La sabina tiene una acción excitante mas específica sobre la matriz, lo cual la hace ser considerada co- mo un medio abor tivo, y ningún médico ordenará esta sustancia á una embarazada sin una necesidad urgente. Las preparaciones de bórax están generalmente reconocidas como sustancias abortivas, y también han sido administradas á altas dósis. Finalmente el aza- frán es por sí solo un emenagogo, y por consiguiente, excita el aborto; sin embargo debemos decir que en la receta en cuestión, se usa en una preparación que por sí sola sería insignificante, y solo contribuye á hacer mas dulce la bebida. En cuanto ál efecto do este medicamento, lo ha sentido la mujer K los cólicos, la diarrea abundante, la debilidad de las primeras y la incapacidad para el trabajo durante algunos dias deben atribuirse á las hojas de sen, sin que hayan sobrevenido otros accidentes, por que ha- biendo cesado la administración de los medicamentos han debido cesar los efectos. Por esta parte, la salud de la mujer K no ha sido atacada; no quiero insistir en la posibilidad de la inflama- ción de los intestinos si se hubiera continuado la administración del remedio; quiero manifestar solamente que ti aborto hubiera te- nido lugar, y como en los abortos provocados hay grandes hemor- ragias que debilitan mucho la salud de la mujer podría haber sido alterada. «De este modo respondía á la cuestión propuesta, el brevaje podría llenar el objeto que se proponía, y la salud de la mujer K...podría haber sido puesta en peligro.» El acusado protestó contra mi declaración, diciendo que la mujer K tenía disposición al aborto, y pidió otro perito. El que reemplazó, requerido para examinará la mujer K que yo no había visto ni antes ni después de mi declaración, teniendo que juzgar solo por los procesos verbales, encontró una mujer de 41 años, robusta y bien conformada, poco sanguínea, las menstruacions no habiendo sido siempre regulares y sin ningún dolor. Había tenido doce partos á término y tres abortos; el primero al sexto mes del em- barazo, á consecuencia de haber llevado una caja pesada, la segunda vez el aborto fué al segundo mes, también por una causa mecánica; la 603 tercera vez á consecuencia de una emccion moral muy viva. Después del último aborto había parido muchas veces niños de todo tiempo. El médico encontró en las partes genitales flores blancas y la ex- ploración era poco dolorosa. Concluyó, pues, con la mayor razón «que la viuda K...no tenía disposición particular para el aborto.» Casper—obs. tom. Io. Humera 18—DSCUBAÜMK A CERCA DE QS ABORTO PROVOCADO POS MEDIO DE OH IHSTEf MIHTO VUL- HBRANTE IÍÜTR0DPOÍBO II EL ÚTB&Q—KTCEM DI LA MOJES, Después del preámbulo del escribano, los módicos legistas lla- mados á reconocer el cadáver de la jóven B y declarar sobre sus observaciones. Dijeron: que en el dia anterior se habían apersonado en la ca- lle de numero cuarto por Orden de S. S. en cuya habitación estaba el cadáver de la jóven B...., la cual según les dijeron había abortado por la noche y sucumbido á las ocho y media de la mañana, encontrando dicho cadáver sobre un colchón, cubierto por una sábana doblada muchas veces. El lecho colocado en la habitación, estaba ensangrentado, y las ropas manchadas de sangre estaban colocadas en la parte inferior de un armario. Re- cogieron para hacer un examen ulterior, varios frasquistos, una jarra y una cubeta que estaban sobre una tabla cerca de la ventana; en seguida procedieron al examen del cadáver del cual resultó: I. El cadáver, que parecía ser de una mujer de veintidós á vein- ticuatro años, fuerte y bien conformada presentaba ya color azula- do y flictenas llenas de una serosidad rojiza. II. La cara estaba pálida y lívida, las maxilares fuertemente apretados y por las cavidades nasales salia un fluido sanguinolento poco colorado. III. Las manos daban únicamente, por la presión, algunas go- tas de serosidad no lechosa. IV. Cuando se comprimía la región hipogástrica salia sangre roja por los órganos genitales. V. Los grandes labios estaban adelgazados y blandos; los pe- queños poco salientes y el derecho estaba dividido transversalmente en todo su espesor. VI. La entrada de la vagina estaba dilatada y circular. Vil. La horquilla, el meato urinario, el clítoris y monte de Vénus estaban cubiertos por una capa de sangre coagulada en par- 604 te; después de haberla limpiado no se encontraron lesiones en nin- guna de estas partes. YIII. En el cráneo pudieron observar que el cerebro estaba deprimido, pero sano, y que los vasos apenas contenían sangre. IX. En el pecho han observado igualmente que los pulmones estaban deprimidos y pálidos, pero sin que presentase su tejido nin- guna alteración; el corazón estaba pequeño, blando y vacío, así co- mo todos los grandes vasos. X. En el abdomen se vió desde luego el buen estado del pe- ritoneo y de los numerosos repliegues de esta membrana, del esto- mago, del canal intestinal y de los órganos biliares y urinarios. XI. Pero los tegumentos redondos, las trompas y los ovarios estaban negros y el cuerpo del útero casi esférico y del grueso de la cabeza de un feto. XII. El cuello de este órgano que han examinado con el mayor cuidado, después de haber desunido los pubis, estaba muy delga- do y no tenía mas de 8 á 10 milímetros de altura. Su orificio se encontraba dividido y como desgarrado transversalmente en unaes- tension de mas de doce milímetros, y se hallaba desgarrado hácia el lado derecho cerca de 16 á 18 milímetros de largo, por 5 á 6 de espesor. Su cavidad contenía porciones de un tejido coposo y parenquinatoso que parecían ser restos de la placenta. Su pared interna presentaba adheridos muchos pedazos de un tejido seme- jante al anterior, y reconocieron que eran en efecto, porciones de la placenta, la cual parecía haber sido arrancada. XIII. El conducto vaginal contenía gran cantidad de sangre negra y coagulada; pero habiendo separado esta por medio de lo- ciones reiteradas, le encontraron sano, liso y unido en toda su es- teusion. XIV. Procediendo en seguida al examen de las sustancias, del lecho y de las sábanas que anteriormente habían reservado, encon- traron: Io. Tres frascos que contenían: vinagre uno; una pocíon calmante preparada en el segundo; y algunas gotas de éter sulfúrico el tercero. Una jarra que contenía una infusión de flores de violeta y tila. Una cubeta que contenía un lienzo moja- do, que parecía por su olor y por la sangre con que estaba impreg- nado, haber servido para hacer lociones con agua y vinagre.—2o. El lecho se componía de un colchón y un gergon ensangrentados, especialmente en su parte média y en uno de sus bordes, y de una sábana igualmente ensangrentada; todo él estaba cubierto por otra sábana y una colcha, sobre las que se veian grandes manchas de sangre;—3o. Dos sábanas, las servilletas y las camisas que lian ha- llado en el armario antes indicado, estaban manchados con sangre negra y pura, y las camisas sobre todo en la parte inferior. 605 De estas diversas observaciones se deducen las conclusiones siguientes: Io. Que la jóveu B ha muerto á consecuencia de una he- morragia uterina considerable; que se ha tratado de contener por las lociones avinagradas. (XIV) 2o. Que aunque han buscado en vano todos esos objetos, el producto de la concepción, sin embargo todo conduce á creer que este producto ha sido sustraído ó arrojado inadvertidamente, y que la homorrágia ha sido el efecto de un aborto determinado por la introducción de un instrumento vulnerante, hasta las mismas mem- branas del feto contenido en la matriz; lo que parece demostrado por la separación de la ninfa del lado derecho (V), por el desgarro del orificio del útero (XII) y por los fragmentos de la placenta en- contrados en este órgano (ibid). 3o. Que la muerte ha sido pronta, á juzgar por el estado de la membrana peritoneal y de las demás visceras contenidas en el bajo vientre, que seguramente hubieran presentado síntomas de in- flamación si la jóven B hubiese sobrevivido algunas horas á las maniobras de que á su entender ha sido víctima. Todo lo cual es la verdad en descargo del juramento que tengo prestado.—etc.— Briand. Humir® 2Q—Dsclaraciqa á aerea de un aborta provocada per una calda @ pipe» El preámbulo como queda indicado, los médicos declarantes. Dijeron: que habiendo pasado de Orden de S. S. á la calle de número cuarto el dia de los corrientes, á reconocer á la Señora A , la encontraron ator- mentada en una cama por una violenta fiebre y por vivos dolores en la región hipogástrica; parecía ser de veintiocho á treinta años de edad y buena constitución: le manifestó que por la noche había sido arrojada al suelo y cruelmente maltratada; que había recibido muchas patadas en el vientre; que en el momento había sentido manifiestos dolores en el útero y que cuatro horas después malparió* A las preguntas que se le hicieron contestó: que estaba en cinta hacia próximamente dos meses que había tenido otros dos embara- zos y que abortó sin causa conocida en el primero a los tres meses y en el segundo á los cinco. En seguida procedieron á su exploración: I. En la nalga izquierda habia una equimosis de dos á tres pulgadas de estension, de color pardo rojizo uniforme, que parecía recien producida y que la Señora A dijo ser el efecto de su caída. 606 II. No observaron en ninguna otra parte contusión ni ningu na otra lesión aparente; los órganos genitales externos estaban únicamente un poco hinchados. III. Por la vulva salía sangre en parte líquida y en parte coa- gulada. IV. Introduciendo un dedo en la vagina observaron que el ori- ficio del útero estaba dilatado y flexible y el cuerpo de este órgano mas desarrollado que en el estado natural. V. Se les enseñó el producto abortado, cuyo tamaño era con corta diferencia el de un huevo; lo pusieron en una vasija llena de agua; le separaron la sangre con precaución y encontraron en este huevo membranoso un embrión que tenía próximamente dos pulgadas de lonjitud y que presentaba ya algunos indicios de osifi- cación; el cordon umbilical, muy grueso, era un,poco mas largo que el feto mismo y se adhería por una base muy ancha A la parte in- lerior del abdómen. De todo cual deducen: Io. Que la Señora A estaba efectivamente embarazada por lo menos de dos meses. (V) 2°. Que aunque la antedicha Señora parecía tener una predis- posición natural al aborto, dede considerarse que la primera vez es- te tuvo lugar á los tres meses, y no se efectuó el segundo sino al terminar el quinto mes; de lo qte podía deducirse que este embara- zo llegara á su término natural ó por lo menos hasta una época bastante próxima á este término. 3o. y último—Que el aborto ha sido determinado, según todas las apariencias por la caída, de la cual conserva todavía la señal la Señora A y por los golpes recibidos en el vientre si es cierto que ha sufrido este género de violencias. Todo lo cual etc. Briand. Humera 21—Infanticidio por sofocación—Oclusión áe las vías aéreas. P era sirviente en Arzilliéres; en los primeros dias de Mar- zo de 1854 dejó A Arzilliéres en un estado de preñez muy avanzado; pero ella nodió parte á nadie; lejos de eso, cuando se le pregunta- ba sobre la grosura de su talle trataba de destruir estas suposicio- nes, y ya respondía de una manera evasiva, ó afirmaba que no es- taba en cinta. De Arzilliéres, la jóven P vino á París, y casi tan pronto como llegó, encontró como sirvienta en casa de los esposos Mercier 607 negociantes en plumas, calle Sain Sanveurs 5, para reemplazar mo- mentáneamente á su criado ausente. Después de los primeros dias la Señora Mercier creyó apercibirse que la jóven P. estaba en cin- ta: participó de sus conjeturas á su marido; pero por un plausible sentimiento de delicadeza, no se atrevió á declarar sus sospechas á la que era objeto de ellas, temiendo humillar la si no eran fundadas. Sin embargo el 24 de Marzo, la jóven P. enferma de un consti- pado se quedó en su cama; la Señora Mercier quiso hacerla expli- car francamente sobre su posición. Le preguntó varias veces, si estaba en cinta y esta muchacha negó con perseverancia; la Señora Mercier insistió para triunfar de loque consideraba con razón como una mentira; empleó el lenguaje mas benévolo, el mas propio para infundirle confianza; le hizo saber que había en Paris estableci- mientos donde seria recibida para efectuar su parto, donde so le facilitaría el medio de educar su hijo. La inculpada persistió en su negativa, y la Señora Mercier, á quien inquietaba este silencio, le hizo saber claramente que sos- pechaba que podía tener malos designios para con su hijo que la ley era muy severa para esta clase de crímenes. Mas tarde, en el mismo día, la Señora Mercier interpeló nue- vamente á la jóven P ; le anunció que su marido y ella con- vencidos de su estado de preñez, estaban decididos á hacerla asistir por un médico; en fin, apeló á sus sentimientos religiosos, le pidió que jurara sobre el Cristo que ella no estaba en cinta. Después de haber tratado de negar, la inculpada concluyó por confesar que se creia en cinta, pero hizo remontar su embarazo, ya á seis, ya á ocho meses, añadiendo, cuando su patrona le ofrecía ha- cerla llevar á una casa de partos, que aun estaba lejos la época de su embarazo. Esto pasó el dia 24 de Marzo. La mañana siguiente, á las seis y media, el Señor Mercier en- tró en el cuarto de su sirvienta, quien á una pregunta sobre su sa- lud, se contentó con responderle que no iba mal, sin entrar á nin- gún otro detalle. A las ocho menos cuarto, la Señora Mercier, admirada de no haber aun visto aparecer á la jóven P entró á su vez á su cuarto, y esta declaró que había tenido un aborto; que á media no- che de 4 á 5, había experimentado varios cólicos; que á las seis de ¡a mañana creyó tener necesidad de ir á la letrina; que al colocar- se sobre una escupidera, llegó el niño, cayó sobre la vasija, lanzó un pequeño grito, suspiró dos veces, y que murió muy pronto; al- gunos instantes después varió en estos detalles y dijo que el niño había caído no en el vaso sinó en tierra. El Sr. y la Señora Mercier mandaron buscar en seguida á su médico el Sr. Lebreton; llegó al instante, el niño estaba muerto, 608 pero su cadáver estaba aun caliente; no existía ninguna seña de lesiones ó violencias exteriores, pero encontró al niño empaquetado en unas enaguas que lo envolvía de todas partes. Le pareció bien constituido, nacido á término y perfectamente viable, y atribuyó su muerte ya á falta de cuidados, ya á un pensamiento culpable por consecuencia del que hubiera sido envuelto de modo que no pueda respirar. Yo he sido encargado, el 2 de Marzo de 1854 para proceder á la autópsia del niño recien nacido de la jóven P...y he hecho las si- guientes constataciones: Niño del sexo femenino, fuerte y vigoroso, peso 2kil.,750,52 cen- tímetros de largo, punto epiflsario muy desenvuelto, cordon no cor- tado, ninguna putrefacción. Cabeza y cuello, asi como la parte superior del pecho, de un color violeta muy subido, no hay escoriación aparente en la cara y cuello. En la superficie del pericráneo se hallan gran número de man- cliitas muy limitadas de sangre coagulada, distintas de la abolla- dura sanguínea sincipital; huesos intactos. Órganos torácicos sobrenadan. Los pulmones repletos de saDgre; pero en su superficie de un rojo subido se distingue multitud de pequeñas equimosis punteadas, diseminadas bajo la pleura, de un color negruzco, que dan á los dos pulmones un aspecto granítico. La laringe y tráquea contienen cierta cantidad de espuma san- guinolenta. El corazón ofrece también en su superficie equimosis subperi- cárdicas, hacia la base y origen de los grandes vasos. Contiene sangre totalmente fluida. Las visceras abdominales en estado normal. El estómago distendido por una gran cantidad de mucosidades teñidas de sangre. Io. Niño nacido átérmino y muy vigorosamente constituido. 2o. Este niño ha vivido y respirado. 3o. La muerte es el resultado de una asfixia por sofocación, producido por un obstáculo violentamente opuesto á la acción del aire en las vías aéreas. 4o. No existe lesión aparente en el exterior; pero las altera- ciones de los órganos respiratorios no pueden dejar dudas sobre las causas de la muerte, que no puede atribuirse ni á las dificultades naturales del parto, ni á un estado de debilidad congénito en el ni- ño (Tardieu. Etude médico legal sur 1‘infanticide, pág. 256 ots. I.) 609 tm&im mnMmmM. Autópsia—El 22 de Diciembre de 1852, del niño recien nacido de la jóven S , sexo femenino, cordon no cortado, roto á 36 centí- metros; cuerpo manchado de lodo desecado. Rostro achatado, nariz y boca sin desgarradura ni escoriación, tegumentos del cráneo en toda su estension aflojados por un derra- me enorme de sangre coagulada; toda la bóveda atravesada por fracturas múltiples que parten de los dos parietales. Los pulmones sobrenadan, muy aéreados en su superficie y so- bre el corazón algunas equimosis purulentas. El estómago, mucus espumoso. Puntos de asiíicacion de los fémures; en las espaldas, las rodillas, los muslos, numerosas y pro- fundas equimosis. Io. Niño recien nacido á término viable, bien conformado. 2o. Ha vivido y respirado bastante tiempo para que la respira- ción completa y la deglución se operen. 3o. Muerte resultante de la fractura del cráneo. 4o. Estas fracturas por el aplastamiento de la cabeza. No pue- den de ningún modo ser atribuidos á una caida accidental, ó al tra- bajo del desembarazo. 5o. Numerosas contusiones, consecuencia de violencias existen en el tronco y las caderas. 6o. El estado del pulmón, las equimosis que hemos constata- do en su superficie indican que se lian hecho esfuerzos para aho- gar los gritos del niño, y que ha habido un principio de asfixia. (Tardieu, idem. p. 281 obs. XIV). liniíf® 2.3—Infanticidio par estoasgulaeiaík El 10 ele Mayo de 1853, lie hecho en la Morgue la autópsia del hijo de la jóven C nacido el 2 de Mayo en el hospital d.e, San Luís. Esta criatura, del sexo femenino, vigorosa, nacida á término hace siete dias, presenta una cicatriz umbilical perfecta y comple- tamente formada. Un surco de dedo y medio de ancho, y muy profundo, rodea trasversalmente el cuello. Los bordes son violáceos; la parte iníe- rior del rostro, muy violáceo. No hay equimosis en el tejido ce- lular subyacente. La laringe y los bronquios contienen una espu- ma rosada muy fina y muy abundante. 610 Los pulmones están repletos de sangre, equimosis anchas y nu- merosas están diseminadas en su superficie; las cavidades derechas están llenas de sangre fluida. El estómago está lleno de leche re- cientemente ingerida. Este niño, nacido á término, bien conformado, ha vivido ocho dias; su muerte es el resultado de la estrangulación operada con ayuda de una ligadura fuertemente apretada al rededor del cuello. (l'ardieu—idem. pág. 293obs. XXIII). Kftmnt 24—IlfO SOBACO VIVO EN LA SEPULTURA Y SACADO VIVO; DESPUES DE ONCE: HORAS. Autópsia, el 2 de Agosto de 1869, de un niño echado en la sepul- tura, donde ha permanecido vivo once horas. Murió una después. Los pulmones presentan una particularidad muy curiosa. Nume- rosos lóbulos han quedado en el estado fetal y forman placas violá- ceas en su superficie, entre las partes aéreas que son pálidas. Si- mula núcleos apopléticos pero no hay señas de infiltración sanguí- nea ni equimosis sub-pleuríticas. Niño nacido á término; cordor. roto y no ligado, á 10 centímetros de su inserción abdominal. El estómago encierra gran cantidad de materias líquidas de la letrina, criatura del sexo femenino á térmi- no, viable y bien conformada; ha vivido y respirado. Muerte á con- secuencia de su prolongada permanencia en la letrina y del aire vi- ciado que allí ha respirado. Lajóvcn L. presenta indicios de un parto que no tiene de fecha mas de tres dias. (Tardieu-idem, p. 304—obs. XXXY1) Numero 25—Cuestión, da, identidad. En 1814 se encontraron dos porciones de un cadáver en el Sena entro el muelle Desaix y la plaza de Luis XV. Dupuytren y Bresehet declararon «que las cabezas de los férmures eran pequeñas y estaban ásperas, desiguales, desprovistas en varios puntos de cartílagos, no por efecto de una sección reciente sinó por una enfermedad antigua y curada después de mucho tiempo; que la cabeza del fémur iz- quierdo es mas pequeña que la del lado derecho; que los cuellos de los dos fémures eran mas cortos, y que el lado derecho presentaba una vegetación ósea incrustada en el cartílago; que los ligamentos de las articulaciones estaban deformes, hinchados y muy adheridos á las partes blandas.» 611 Comprobaron, además, que las cavidades cotiloides estaban obli- teradas; que en el sitio de la del lado derecho, existía una vegeta- ción medio ósea, medio libro-cartilaginosa, en el centro de la cual se implantaba el ligamento redondo; que en este lado la cabeza del fémur estaba alojada en una cavidad accidental, situada en la par- te posterior y superior de la cavidad natural; que una disposición análoga existía en la extremidad izquierda, pero que la cavidad nueva estaba situada mas alta y mas atrás que la derecha. « Se deduce de estas observaciones, que este individuo debía tener en la conformación de las nalgas una deformidad bien marcada y en la progresión una claudicación y un balanceo penoso y desagradable del cuerpo sobre cada miembro inferior alternativamente; y, siendo mas corto el miembro inferior derecho, debía apoyar sobre el suelo la punta del pié derecho. El cadáver fue reconocido por de Au- gusto Dautum, asesinado por su hermano Carlos, cuya conforma- ción y paso eran en efecto lo que los médicos habían indicado (De Briand y Cliaudé). Número 26—Otra, cuestígii de identidad. En 1825, el hermano de Miguel Guerin, cultivador en Sannois, había desaparecido. En 1828 se hizo una escavacion en la cueva de la casa que habían habitado los dos hermanos, y se encontraron huesos humanos. Laurent, Noble y Vitry procedieron á la exhumación; encontra- ron cabellos de un rubio ceniciento, y averiguaron: «que el cuerpo de la quinta vértebra lumbar, deprimido y menos grueso á la de- recha, parecía haber sufrido una alteración que se observa ordina- riamente en los individuos raquíticos; que la pelvis era menos an- cha á la izquierda que á la derecha; que las dos tibias y los dos pe- ronés tenían en su tercio superior una curvatura marcada, mayor en el miembro izquierdo que en el derecho, de donde resulta que la pierna izquierda era seis líneas mas corta que la derecha. Com- probaron, además, que en la mandíbula inferior los dos incisivos ex- ternos ofrecen, en unión con los caninos que le son contiguos, una pérdida de sustancia de forma semicircular, producida ciertamente por el rozamiento, continuado por largo tiempo, de un cuerpo duro y cilindrico como un tubo de pipa. En la mandíbula inferior, dos caninos muy grandes, acabalgados hacia adelante sobre los incisivos, forman una salida demasiado pronunciada. Entre estos dientes y los pequeños molares se encontraba una separación que completaba la abertura circular que recibía el tubo de la pipa. «Se avejigué 612 en efecto, que José Guerin tenia los cabellos del color indicado por los médicos, que cojeaba lijeramente y que fumaba siempre con una pipa de tierra. Miguel Guerin fuó condenado. (De Briand y Chaudé). Número 2f—BBOLABACtO» SOBES II CASO DE lilITIME Dijeron:—Que habiendo sido llamados por el Juez de Ia. Instan- cia de para reconocer á un sujeto que se supone ser Fran- cisco de Suarez, y determinar su identidad d tenor de los datos que ¿i cerca de este sujeto se tienen, se han trasladado á la cárcel de á las 10 de la mañana del dia 20 de Octubre del cor- riente año. Que los datos suministrados por el juzgado, relativos a dicho Francisco Suarez, son los siguientes: Io. Se crée que es Antonio Dominguez, de cincuenta años de edad, casado, padre de (res hijos, natural de Guadalajara, de oli- do zapatero, el cual desapareció de dicha ciudad hace unos diez años por haber herido á un amigo suyo en una reyerta. 2o. A la sazón en que desapareció estaba bien nutrido; tenia buena constitución, temperamento sanguíneo, bilioso, bien confor- mado, de estatura regular, pelo negro, un poco calvo en la coroni- lla y con entradas en las sienes; frente pequeña y estrecha, cejas negras y pobladas, ojos pardos y pequeños, nariz grande y aguile- ña, orejas regulares, boca grande, con buena y completa cara algo ovalada. 5o. Había sufrido cuatro sangrías, dos en la flexión del brazo derecho y una en cada mano; se le habían aplicado dos docenas de sanguijuelas en el costado izquierdo del pecho; en la muñeca iz- quierda tenia una cicatriz debida á un parche de cal que se aplicó para curarse un lobanillo, una berruga encima de la cadera dere- cha y un lunar en el antebrazo izquierdo. Que con presencia de dichos datos reconocieron al que se hace llamar Francisco de Suarez y cuyo oficio, según dijo era mozo de cordel, y observaron en él lo siguiente: Es en efecto, un hombre de unos cincuenta años, de constitu- ción bastante robusta y de temperamento sanguíneo, bilioso, de musculatura firme, y algo enjuto de carnes, estatura regular, pero tiene una deformidad en un muslo; esta acostado á consecuencia de una fractura del fémur, mal consolidada que le obliga á cojear. El pelo, tanto de la cabeza, como de las demás partes de su 613 cuerpo, es canoso ó agrisado, siendo casi mas los pelos blancos que los negros. Está casi enteramente calvo del vértice, tiene grandes entradas, y desde la frente al vértice hay algunos mechones de pelo bastante claro. No lleva barba, bigote, ni patillas y el pelo de la cabeza es corto; su costumbre es hacerse trasquilar á la raiz del pe- lo. Todos los datos relativos á la cara están conformes con los que tiene el juzgado, excepto las orejas, la nariz y la dentadura. La oreja derecha presenta alguna pérdida de sustancia, cicatrizada de algún tiempo de un modo irregular, con todo el aspecto de un mor- disco con avulsión de la parte. La nariz es algo roma, pero ofrece en la punta una cicatriz bri- dosa y luciente, irregular, análoga á las de las quemaduras. Las arcadas dentarias están incompletas; faltan algunas muelas, y otras están cariadas; falta un canino del lado derecho y de la arcada in- ferior y dos incisivos, de los cuales solo se conserva la raiz de su- perficie igual y como limada. La cara es mas bien larga que oval. En ambas flexiones del brazo tiene cicatrices de sangrías, unas encima de otras; de suerte que no puede afirmarse cuantas veces se le ha sangrado; pero de seguro que ha sido mas de una vez. Se le notan algunas picaduras de sanguijuela en el costado, pero es mas notable una gran cicatriz ancha de cuatro pulgadas y larga de seis, como debidas á cáusticos con algunos espacios de piel natural, donde aparece alguna que otra pequeña cicatriz, igual á la que producen las sanguijuelas. La cicatriz de las muñecas es mayor que la que los anteceden- tes mencionan; se estiende á casi toda la muñeca y parece tenerla hecha por una sustancia cáustica. No tiene ninguna berruga, ni lunar; pero se nota en los puntos correspondientes una cicatriz li- neal, como debida á una incisión cuyos bordes se reunieron y cica- trizaron con regularidad. Examinada la mano derecha, se le nota en el pulgar y el índi- ce la yema aplanada, la del pulgar un poco combada hácia el índi- ce. El pliegue que separa la segunda falange de la tercera del índice lleva vestigios de un surco de bordes callosos que ha debido ser mas profundo. La yema del pulgar de la mano izquierda está combada, como la derecha, hácia el índice y tiene la forma de una espátula muy ensanchada. La uña del pulgar izquierdo está engrosada y dura, con borde dentellado, rasgado, con vestigio de lesiones producidas por un cuerpo punteagudo. Al nivel de la articulación condro esternal de la sexta, sétima y octava costillas, inmediatamente encima del apéndice xifoides, se le nota un hundimiento bastante profundo, regular, redondeado y y muy circunscrito. No hay mas deformidad en toda la caja del 614 pecho. A pesar de ser muy velludo y tener los muslos y las pier- nas cubiertas de pelos, en la parte anterior é inferior de los muslos la piel está desprovista de vello. Por último, no presenta endurecimiento ni callosidades en los hombros, ni en otra parte. Que de todo lo que precede deducen: Io. Que hay completa conformidad entre los antecedentes que el juzgado tiene de Don Antonio Domínguez, con los que presenta en sus circunstancias orgánicas el llamado Francisco Suarez. 2o. Que la cojera de Suarez debida á una fractura del fémur, que datará de unos cuatro años, no es obstáculo para que sea An- tonio Domínguez, puesto que es un hecho accidental que puede so- brevenir á cualquiera. Parece que la debe á una caída de una ta- pia, desde la cual saltó al suelo, perseguido por un guarda bosque. 3o. Que tampoco lo es el color del pelo, ni mayor calva, pues- to que los progresos de la edad y las circunstancias azarosas, en que ha vivido probablemente el sujeto, bastan para ello. 4". Que hay completa conformidad entre los antecedentes de Antonio Domínguez y Francisco Suarez respecto de las señas de la fisonomía. 5°. Que la deformidad de la oreja es debida á una lesión poste- rior al tiempo en que se fugó de Guadalajara Antonio Domínguez; la de la nariz es debida á un cáustico que obró sobre la punta, destruyéndola, y que las pérdidas de algunas muelas y las caries de otras se deben álas causas comunes que á su edad pueden producir- las, al paso que los incisivos y caninos han sido rotos y limados á propósito. 6o. Que la cara es mas bien larga. 7o, Que las cicatrices de la flexura del brazo son en mayor nú- mero, lo cual así puede haber sido natural por haber necesitado sangrías, como hecho con el propósito de borrar ese vestigio de identidad. 8o. Que otro tanto puede decirse de los délas sanguijuelas, con toda probabilidad se aplicó algún cáustico en la piel que llevaba ese vestigio para borrarle, lo cual no se ha conseguido completamente, puesto que se nota todavía alguna cicatriz de mordedura de san- guij uela. 9o. Que del mismo modo puede explicarse la mayor anchura de la cicatriz de la muñeca. 10°. Que el lunar y la berruga pueden haberse hecho desapa- recer, haciéndose cortar regularmente la piel donde estaban, reme- dando una herida, como supone el tal Suarez, que atribuye dichas cicatrices á heridas recibidas en una riña. 11°. Que tanto las deformidades de la mano, como el hundí- 615 miento del tórax y el estado délos muslos del sujeto examinado, re- velan ñ un artesano zapatero que no ha cesado en su oficio. 12. Que no presenta caractéres de los mozos de cordel. 13. Por último, porque en cuanto á los caractéres físicos y con- diciones orgánicas hay completo acuerdo éntrelo que presentad lla- mado Francisco Suarez y los antecedentes de Antonio Domínguez, como si fuera el mismo sujeto. Que es cuanto, etc. Númera 2$—Informe sabré un casg de simula cien de epilepsia, hematémesis y temer abdominal en ® misma sujete. Los infrascritos, doctores en medicina residentes en Paris, en virtud de un auto de 5 de Abril de 1840, por el Juez de instrucción, por el cual se nos ha concedido visitar al llamado Jaime Guinard, do edad de cincuenta años, detenido en la cárcel; inculpado de ha- ber mendigado varias veces por Paris, fingiendo enfermedades, y dar nuestro dictamen á cerca de si esas enfermedades que preten- de padecer Guignard son reales ó simuladas, hemos aceptado este cargo y prestado el juramento prescrito por la ley; y habiéndonos enterado de los autos del proceso, nos hemos trasladado á la cár- cel el 27 de Abril de 1840 con el objeto de ver á dicho Guinard y concertarnos para emplear los medios mas conducentes al esclare- cimiento de la verdad. Desde dicho dia, uno de los infrascritos médico de la cárcel, ha visitado al prevenido todos los dias, y le ha hecho observar por los dependientes de la casa. Además, nos hemos reunido entrambos varias veces para proceder á nuevos exámenes, comunicarnos el re- sultado de las observaciones particulares, discutir y establecer las opiniones que luego se expondrán. De unos y otros datos resulta, que el 26 de Marzo de 1840, el comisario de policía del cuartel del Sonore recibió aviso de que en la calle de la moneda yacía un hombre vomitando sangre en abun- dancia. Trasportóse inmediatamente allí acompañado del Doctor Boniface. Examinando este á dicho hombre, se asombró al reco- nocer en él al mismo sujeto á quien en poco tiempo había visto dos veces en las calles de Paris en una posición semejante. Eso le hizo sospechar una superchería, y en este sentido se expresó en una de- claración juiciosamente motivada. Conducido Guignard al hospital de la Charité con órden de que le notara en el registro. M. Boni- lland médico de la sala donde aquel fué colocado, después de algu- nos dias de observación se convenció igualmente de que ese hom- bre simulaba las enfermedades de que se suponía afectado. Según 616 el informe que (lió M. Bonilland, Guignard fué arrestado y condu- cido á la cárcel. Reconocióse ser el mismo sujeto que en 1828 habia sido preso y condenado por darse á la mendicidad y simular enfermedades; en 1838 habia sufrido nueva condena por lo mismo y que en Ver- salles y Rambouillet habia sido también objeto de procedimientos por igual delito. Súpose además, reparando los informes remitidos á la policía, que los comisarios dependientes de la policía y guar- dias municipales, que desde el último mes de Enero Giguard ha- bia estado en diferentes calles de Paris vomitando sangre y dando lugar á que formase corro la gente. Leyendo y comparando estos partes, hemos notado en ellos ciertas particularidades, dignas de referirse antes de comparar los hechos. lu. Los accidentes de Guignard son muy frecuentes, porque las partes que dan cuenta de ellos se han sucedido con poco in- tervalo; á veces las fechas solo son de dias. 2o. Guignard es un pobre zapatero que viviendo en el arrabal de San Marcelo, siempre se encuentra en los cuarteles mas ricos de la ciudad cuando le sobrevienen los ataques. 3H. Casi siempre es á la misma hora, de las dos á las cuando le vienen esas crisis, precisamente son las que durante el invierno circula mas gente por dichos cuarteles. 4o. Las circunstancias que acompañan esos accidentes siempre son las mismas. En todas las partes los hechos son iguales. Así Giguard se halla siempre delante de una puerta cochera cuando le da el vómito, se echa al suelo, se agita con movimientos convul- sivos, hace esfuerzos para vomitar y acaba por echar una gran can- tidad de sangre. Lleva el vestido suelto, el pecho descubierto, su vientre distendido forma una salida que levanta la cintura del pantalón, desabrochado; un mar de sangre le rodea; sus vestidos, su mano, su pelo, su cara todo lo tiene manchado de sangre; es un espectáculo asqueroso. Las gentes se agolpan al rededor, le hacen sentar y le socorren. Poco á poco recobra los sentidos y la calma, y responde á lo que se le pregunta. Dice que padece una enfermedad grave de estómago, procedente de un culatazo que recibió en el vientre, siendo soldado en 1815. Esta enfer- medad le dá ataques de epilepsia, y determina vómitos desangre. Los médicos no pueden curarle. Hace tres dias que ha salido del hospital; trata de volverse á su país; pero le faltan diez francos para hacer el viaje. Apenas acaba de decir esto, su sombrero que siempre está á su lado se llena de algunas monedas; las recojo y se va poco á poco rehusando las ofertas que se hacen de condu- cirle á su casa ó de hacerle entrar al hospital. Tales son los hechos á cerca de los cuales tenemos que dar 617 nuestro dictamen: y para proceder con órden examinaremos suce- sivamente cada una de las enfermedades que presenta Guignard: Io la epilepsia; 2o la tumefacción del vientre; 3o el vómito de sangre. 1° Epilepsia—Cuando uno es testigo, y lo liemos sido muchas voces, de un acceso de epilepsia de Guignard, apenas puede creer que las simule; tanta verdad hay en la manera como reproduce los fenómenos de esta enfermedad. Es necesario que haya obser- vado á los epilépticos con grande ahinco para imitarlos tan perfec- tamente. Se echa de espaldas al suelo, se revuelca, se contornea, se hiere fuertemente, esconde los globos de los ojos en sus órbitas? su cara se pone lívida y agitada, con movimientos convulsivos. La boca se le llena de espuma, la lengua sobrepasa las arcadas dentarias y parece apretada entre ellas, los puños cerrados con fuerza, y los pulgares retraídos hacia la palma de la mano. Asom- bra verle luego, después de la crisis, tan tranquilo y tan vuelto á su estado natural. Apesar de la frecuencia y violencia de esas crisis, jamás se hace daño. No se le encuentra ninguna lesión, nin- guna de esas cicatrices que tan á menudo se hallan en los infelices afectados de una enfermedad. La lengua está intacta; ni lleva la impresión de los dientes, ni ofrece tampoco ninguna cicatriz, por la cual se conozca alguna vez haya sido cortada ó rasgada. Hemos visto muchas veces en las cárceles á sujetos que simulaban tan per- fectamente la epilepsia, que era muy difícil descubrir el fraude. Pensamos que Guinard es uno de esos, tanto mas, cuanto que sus accesos están ligados con otros padecimientos que desde luego de- claramos ser falsos, y por lo mismo forma parte del mismo sis- tema de simulación. 2o. Tumor abdominal—Dice Guinard que á consecuencia de un culatazo recibido en la boca del estómago en 1815, le ha salido en dicha parte un tumor que no ha desaparecido nunca, y enseña su vientre tumefacto. Esa tensión del abdómen no ofrece los mismos caractéres, según las circunstancias en las que se examina á Gui- gnard. Si espera á que le visiten; si está preparado, la tumefacción es considerable, y presenta los signos de una timpanitis; si al con- trario, se le examina de improviso, se siente tan solo en el epi- gastrio un tumor duro, desigual, como si fuera un infarto escirroso. Guiguard ha adquirido una verdadera habilidad en el arte de la simulación respecto de esa dolencia, y ha sido necesario luchar con astucia para descubrir la verdad. Asi es que cierto dia nos pusimos en observación en un ventanillo hecho en la pared de la enfermería de la cárcel y dispuesto de manera que pudiese verse todo lo de la sala sin ser vistos nosotros desde ella. Guignard se paseaba tranquilamente hablando con otro; el enfermero entró bajo el pretesto de su servicio, y aparentando que Guignard no podia 618 oirle, dijo que Mr. Olivier d’Angers estaba en el establecimiento y que iria probablemente á la enfermería. Guignard se fué en se- guida hacia su cama y se bebió todo lo que contenia su puchero de tisana, luego le notamos en sus labios y cabeza movimientos si- multáneos parecidos á los que acompaña una deglusion difícil y re- petida. Al instante se le hinchó el epigastrio; se lo tentaba de cuando en cuando, le miraba entreabriendo su capote y camisa, para ver si la tumefacción estaba al punto, y al fln se apoyó en el borde de la cama en la actitud de un hombre que sufre. Le mandamos que pasase al cuarto del enfermero, sin que sos- pechase siquiera que hacia rato le estábamos observando. Le h¡- 'cimos sentar, y con preguntas varias procuramos distraerle del verdadero objeto de nuestro examen. Al propio tiempo le obligamos á que estuviese hechado para delante, apoyando los antebrazos en los muslos. En esta actitud ejercimos con la mano una presión sostenida sobre el epigastrio, hablando con él, y no tardamos en sentir que la tumefacción se aplanaba y desaparecia debajo de nuestra mano; pero sin producir sonidos ni erutos. Le hemos examinado durmiendo, y hemos visto que su vientre está aplanado, flexible, flojo y que nada revela en ó! el menor tumor. Según las observaciones que hemos hecho, creemos que Guinard se vale de dos procederes, ya aislados, ya combinándolos, para re- mediar la tumefacción del vientre. Cuando se le coje de improviso, ó no tiene tiempo de preparar- se completamente, produce en parte ese efecto, empujando las vis- ceras abdominales con el diafragma, al mismo tiempo que contrae fuertemente los músculos rectos del abdomen, que han adquirido en él gran desarrollo con la repetición de esas contracciones forzadas. El otro medio consiste en la deglución del aire, cuyo efecto se co- noce por la distancia de la parte superior del vientre, que forma un tumor redondeado, elástico, sonoro á la percusión, con toda la forma y situación del estómago. Al propio tiempo se le nota una contracción continua de los músculos, de la cara y de los lábios en particular, y un lagrimeo, resultante de los esfuerzos que incesante- mente hace para efectuar la deglución del aire. Este lagrimeo exis- te en todos los que, ya para hacer ensayos fisiológicos, ya para si- mular ejecutan movimientos de deglución, necesarios para tragar aire. También hemos observado con el Doctor Bouvicr en Guinard, la existencia de un hecho que nuestro hábil comprofesor había ya visto y explicado en una memoria publicada sobre este asunto; á caber que cuando el estómago está fuertemente distendido por el aire, se 619 perciben en el epigastrio latidos muy distintos, echándose el sujeto de espaldas. Son los latidos del corazón trasmitidos de la cara plena de este órgano á las paredes abdominales del estómago hin- chado de aire; al paso que en el estado natural, la impulsión comu- nicada por el corazón á esa viscera, se debilita propagándose al tra- vés de su masa blanda, poco elástica y poco lejana de la pared mus- cular del abdomen. Es también muy verosímil que los latidos de la arteria celiaca concurran á determinar esos movimientos pulsati- vos que so perciben á la sazón en el epigastrio. 3o. Hematemesis ó vómitos de sangre—Las personas que han sido testigos de las crisis de Guignard, no están de acuerdo en sus declaración sobre el hecho del vómito de sangre. Unos afirman que le han visto realmente vomitar este liquido; otros dicen que no vomita, sinó que vierte á su alrededor y encima de sus vestidos la sangre que lleva dentro de una botella. Y efectivamente se leba encontrado un frasco que contenia sangre; mas él explica la presen- cia de este vaso, diciendo que, expuesto á ponerse malo, se provee siempre de un frasco que contiene un licor espirituoso, del cual be- be algún sorbo cuando se siente próximo á desfallecer; y que como á menudo le cojo el vómito bruscamente, una parte de la sangre que vomita penetra en la botella que tiene en la boca. Esta expli- cación es especiosa; porque es cierto que la botella ó el frasco no contiene mas que sangre, y es uno de los instrumentos de su super- chería. Nosotros que hemos sido varias veces testigos de las crisis de Guignard estamos ciertos que vomita realmente sangre, y que pro- cede del estómago. Mas ¿cómo se halla la sangre en este órgano? Tal es la cuestión que hay que esclarecer. ¿Es el resultado de algu- na exhalación morbosa, de alguna lesión orgánica? Mas una enfer- medad que fuese acompañada de tan frecuentes vómitos de sangre, seria de la mayor gravedad, y esa dura hacen veinticinco años. Guignard no tiene calentura, come, bebe, duerme y digiere perfec- tamente y no está delgado. ¿Es posible admitir en semejante cir- cunstancias Inexistencia de una hematemesis? No vacilamos en res- ponder que no. Es positivo que hay en eso un estratagema. Guinard, bebe, traga sangre, laque conserva momentáneamente en su estómago para echarla en seguida por vómitos, cuya ejecu- ción le ha hecho fácil el hábito. Ha podido procurarse sangre de varios modos; pero un consumo tan repetido hubiese ocasionado gas- tos, despertado sospechas; él ha adoptado un medio mas económico y mas seguro: Se basta á si mismo; saca de su propio cuerpo la ma- teria de su explotación. ¿Como podia explicarse de otra manera la innumerable cantidad de sangrías que se le han hecho en ambos brazos? Todas sus manos 620 están, como se dice vulgarmente, cosidas y deformes; hemos procu- rado contar esas cicatrices; mas es imposible conseguirlo: son tan numerosas, cpie se tocan, se cruzan, se resuelven y confunden Es cierto que hay mas de ciento en cada brazo. Nótase también que son grandes, irregulares y denotan un operador poco diestro. Gui- nard no da esplicacion plausible sobre el origen de todas esas cica- trices. Verdad es que dice que le han sangrado muchas veces dife- rentes médicos; pero cuando se le pregunta por los nombres de es- tos, ó se le hace citar fechas, en especial respecto de las mas nota- bles sobre las venas radicales y cubitales, guarda silencio. Cuando llegó á la cárcel tenia aun dos cicatrices rojas ó violá- ceas que no podían datar mas que de uno ó dos meses. No podía haber olvidado todavía el nombre del médico que se los hizo, pues bien solo puede referir cuatro de ellas á un cirujano de la calle de Vendóme, cuyo nombre ignora; respecto de las demás no dá ningu- na explicación. Para justificar tan gran número de cicatrices, di- ce que es muy difícil sangrarle, que en él las venas ruedan, y que el sangrador se ve obligado de picarle muchas veces. Con el fin de probar lo que afirma, imitó cierto dia sobre su brazo la maniobra operatoria de la sangría, y del modo como lo hizo, com- prendimos que mas de una vez habia manejado el mismo la lanceta- Desde su permanencia en la cárcel, los vómitos se han renovado’ pero no se ha sangrado, no se ha querido comprometer. ¿Cómo se ha procurado, pues, sangre? También lo hemos descubierto. Muchas veces se había notado que permanecía por largo tiempo solo en el lugar común, y se habia encontrado sangre en el sitioque ocupaba; también se le había notado delante de su camisa, y preci- samente en esos dias vomitaba sangre. El enfermero que le vigila- va nos dijo un día: Guignard ha hecho sus preparativos; no tardará en tener una crisis, y en efecto, la predicción se cumplió durante nues- tra visita. El día 10 de Junio haciéndole desnudar delante de nosotros de improviso, cayó de su camisa un pedazo de sarmiento seco de 12 centímetros de largo, hendido por uno de sus extremos en muchas lengüetas, y por el otro groseramente cortado como una pluma de escribir, estaba todo manchado de sangre, y aun tenía adherido un coágulo seco y negro. ¿Para que os sirve, le dijimos, esa especie de mechera? Para nada; repuso Guignard con la expresión de un profundo disgusto; no se de donde viene eso. No pudimos obtener de él mas explicación. Mas como se le había visto introducirse en las narices un cuerpo extraño, no vacilamos en pensar que se ser- via de ese instrumento para escoriarse el interior de las fosas na- sales, y que así se provocaba un flujo de sangre, la que con movi- mientos repetidos de aspiración y deglución se hacía penetrar en el estómago. 621 Tal es la explicación que puede darse á los vómitos de sangre que ha tenido desde que se le lia preso. Como complemento á esta parte de nuestro dictamen es necesa- rio que demos á conocer el resultado de una visita hecha en el do- micilio de Guinard, la cual practicó uno de los infrascritos el 21 de Junio. Desde que le prendieron había insistido en ocultar su do- micilio; mas las investigaciones de la policía hicieron descubrir que habitaba un gaMnete de una casa de pupilos de la calle de San Ni- colás du Chardeneret. Siendo conducido á la cárcel ha cesado de negar que allí habitase cuando fué preso. La huéspeda declaró que, no habiendo vuelto ese huésped ó inquilino el 26 de Marzo y dias siguientes, había recojido todo lo que tenía en la habitación donde vivía, y que le había reunido en un paquete que presentó. Consis- tían los efectos de ese paquete en tres chalecos, algunos pañuelos del cuello, una gran cantidad de trapos y todo manchado de sangre- Una botella, tapada con un tapón de trapo, contenía un líquido des- compuesto, en el cual el análisis químico demostró los elementos de la sangre. Entre los trapos se encontraron dos ó tres tapones de lienzo, igualmente ensangrentados y que claramente habían servido para frascos de un cuello mas estrecho que el de una botella ordi- naria. Por último había tres vendas también teñidas de sangre. Las mas minuciosas investigaciones no pudieron dar con lanceta alguna. ¿A qué tanto disimulo, á que ocultar hasta el fin su último do- micilio, á que negar que los electos encontrados en él le pertenecían? Es que Guignard comprendía bien que esos trapos, esas vendas manchadas desangre, esa botella que contenía algo de ese líquido, esos tapones de lienzo de diferentes tamaños, eran otras tantas pie- zas de convicción que venían á confirmar las demás pruebas de sus artimañas, y cuyo desenvolvimiento acababa de descubrirle. Hemos tardado tanto en dar este dictámen, por que, persistien- do Guignard en sus negativas y maulerías, debíamos por nuestra parte, para establecer bien nuestra convicción, perseverar en nues- tras investigaciones, y teníamos que luchar con una parte fuerte» porque es hábil y ha conseguido engañar á un gran número de mé- dicos. Los vestigios de multiplicadas aplicaciones ele sanguijuela en el epigastrio, las cicatrices de numerosas escarificaciones que se le notan, lo atestiguan demasiado. Uno de nosotros fué el objeto de sus bellaquerías la primera vez que se arrestó en 1828. Mientras se estaba instruyendo el proceso mismo actual, Guignard ha dado una prueba de su habilidad. Según su costumbre, tenía siempre un ata- queen ocasiones importantes. El 30 de Agosto último, conducido á la presencia del Juez de instrucción, y en el momento que él entra- ba en el gabinete de este funcionario, le acometió una de sus habi- 622 tuales crisis, seguidas de vómitos de sangre. El Juez mandó que lo viese un alumno interno del Hotel Dieu, y le diera los auxilios que considerase necesarios, previniéndole, sin embargo, que los acciden- tes de que se hacía cargo, podían ser simulados, y hasta constituía esa sospecha el motivo de su arresto. Aquel joven aunque hábil y además advertido, cayó en el lazo: afirmó en una declaración que Guignard tenía un tumor enorme ó canceroso en el estómago, y después de tratar largamente su diagnóstico, terminó diciendo que los accidentes del prevenido eran reales y verdaderos, que eran de la mayor gravedad y que no tardaría en producir la muerte. De todo lo que precede concluimos, que la epilepsia, el tumór abdominal y la humatémesis de que pretende estar acometido Guig- nard, no existen realmente, no son mas que enfermedades simula- das— Jacquernin Olivier d’Angers. (1) Número 29—Oftalmía provocaba* Dijeron: Que etc.:, para reconocer á N. N., y declarar si la oftalmía que presenta es una enfermedad debida á las causas na- turales de la misma, ó á algún medio artificial que la haya pro- vocado y la sostenga. Que, reconocido dicho Señor, N. N. ofrece realmente una infla- mación de la conjuntiva palpebral y ocular, bastante intensa, pero de carácter franco y puramente inflamatorio. Presenta en efecto, in color rojo vivo, tirando un poco al amarillo, con algunos puntos violados. Distínguese una multitud de a asitos sanguíneos: grue- sos, violado, entrecruzados de muchas maneras, móviles y fáciles de desalojar, tanto mas pequeños cuanto mas cerca se les vé de la coi- nea, á una línea de la cual se terminan en genera!, pero hay algu- nos que hasta avanzan hácia la misma membrana, prueba de la in- tensidad dtl mal. Distínguese en algunos puntos el color blanco de la esclerótica. Hay bastante secreción mucosa que durante la no- che se concreta en las pestañas, y se las pega; pero de día corre por las mejillas, límpida y trasparenle, poniéndolas exematosas. Se queja de dolor agudo al menor movimiento de los párpados, como si tuviese arena dentro del ojo, la visión seguida no están perturbada. N. N. vé perfectamente los objetos. (I) En virtud do esto informe, Guignard fue condenado por el tribu- nal correccional, con fecha 2i de Agosto de 1810* á un año de prisión, y espirada la pena á la reclusión en un hospicio de mendicidad. En Enero de 1841, Guignard estaba perfectamente bueno, y no había vuelto á tener crisis. 623 Que no pudiendo dudar de la realidad del mal, se ha sometido á N. N. á la observación y á un plan curativo sencillo, sin que la enfermedad acabase de ceder del todo, encontrándose la exacerba- da casi todas las mañanas, á pesar de haber tomado casi todas las precauciones para impedir que pudiese echar mano de cualquier causa irritante que aplicase á los ojos. Mas sospechando que, á pe- sar deesas precauciones, se valía de algún medio artificial para sos- tenerse la oftalmía, le hicieron vigilar de dia y de noche, y el en- fermero notó que N. N. ocultaba la cabeza dentro de las sábanas de su cama. Con este motivo le sorprendieron una noche en esta ac- titud, y notaron que tenía la camisa mojada, el olor orinoso que ar- rojaba les dió á comprender que el pretendido oftálmico se meaba la camisa, retorcía su cabo, y se la pasaba y reposaba entre los pár- pados y el globo del ojo, urgando luego con los dedos hasta que exasperaba el estado inflamatorio de la conjuntiva. Que, visto lo dicho, le ataron los brazos, impidiendo que se pu- diese urgar los ojos, ni aplicar nada, y á los pocos dias de haber tomado estas precauciones y de someter al mas sencillo plan curati- vo, la oftalmía ha ido cediendo rápidamente, y en el momento de estender esta declaración N. N. está perfectamente curado. Que de todo lo que preceden deducen: Io. Que la oftalmía de N. N. es real y positiva, de carácter puramente inflamatorio. 2o. Que se la había provocado con algún cuerpo estraño ó sus- tancia irritante y que asi se la sostenía. 3o. Que es por lo tanto una enfermedad provocada ó simula- da por provocación. Que es cuanto etc. Núm.sro 30—Enfermedad, disimulada. Dijeron: Que etc.; 'para examinar si N. N., ama de cría, pa- dece de una enfermedad contagiosa, y que fecha tiene esta enfer- medad; y si ha podido comunicarla al niño que ha criado. Examinada la N. N. han visto que era de treinta años, consti- tución bastante buena, temperamento sanguíneo flemático, estado casada, y ama de cria hace algunos años. Su último parto data de cuatro meses; su leche no tiene malas condiciones; pero es poco abundante. En el pezón derecho tiene algunas grietas con aspecto herpético, y, en la base, comprendiendo la parte inferior de la au- réola hacia el lado interno, se le nota una ulcera de una pulgada de diámetro, redondeada de fondo agrisado, y bordes poco duros, pero cortados perpendicularmente. 624 En sus órganos genitales se presenta un ílujo vaginal ama- rillento, que mancha y acartona la camisa, es bastante copioso, y le escoria la vulva. En la parte inferior de esta abertura, ni el espacio correspondiente á la fosa navicular, que no existe, hay algunas vegetaciones. La inoculación practicada en la parte superior é interior de los múslos de la N. N. no lia tenido consecuencias especiales ni res- pecto de las úlceras de la mama, ni respecto del flujo. Además se le notan en los pequeños labios vestigios de chancros cicatrizados, con algún endurecimiento todavía. La N. N. explica la úlcera, diciendo que cuando vino de su país, .(hace de eso un mes), trajo consigo un perrito para darle la teta y que este animal le escorió el pecho, resultándole la úlcera, y ha- biendo dado de mamar al niño N. N., se le exacerbó tanto mas? cuanto que crée que el niño estaba malo, que tiene muchos humores y que esta le pegó algún mal. El Üujo de la vagina, dice que es todavía el loquial, que no le ha cesado desde que parió, y que le sucede en todos los partos, los loquios le duran algunas veces en calidad de llores blancas, y que tanto el flujo, como el ejercicio que hace, le ha producido las ve- getaciones. Examinado el niño, se le ha observado una afección cutánea de aspecto herpétíco, con aftas en toda la boca. De ninguna de ellas inoculada en el muslo del propio niño, ha resultado nada. Que faltos de los antecedentes relativos á la N. N., tienen que referirse exclusivamente ásu estado actual y en virtud de él deducen: Io Que la afección del niño parece ser herpétíca. 2o Que, en cuanto á las aftas, pueden haber sido producidas por el pus de la úlcera del pecho del ama de cria, que ha podido obrar como agente irritante, pero sin afección especifica ó virulenta. 3o Que la úlcera de la mama de N. N., tiene mas fecha de lo que ella dice, y no es probable que reconozca por origen la acción de la boca del perro, ni el roce de los vestidos en el viaje que hizo la N. N. desde su tierra á Madrid. 4o Que los caracteres de la úlcera indican una afección mas bien constitucional, de carácter sospechoso ó venéreo. 5o Que el Ilujo vaginal no es loquial, esas flores blancas mas bien tienen todo el exterior de un Ilujo venéreo igualmente que las vegetaciones. 6o Que hay vestigios de chancros cicatrizados. 7o Que la N. N., ó ignora la naturaleza de su mal, ó le disimula. Que es cuanto, etc. 625 Húmero 31—Comprobación da la existencia da una perturba- laclan mental negada, « Los médicos abajo Armados en virtud de un auto del Tribunal Civil de primera instancia del Departamento de Sena, de fecha 21 de Julio de 1859, que ordena antes de fallar: que la joven N... sea visitada, al efecto de comprobar su estado mental; que los citados peritos se enteren de todos los documentos que consideren nece- sarios, hagan todas las preguntas y lomen lodos los informes que estimen convenientes, y estiendan de todo ello declaración con su dictamen motivado, para en su vista, decidir lo que tuviere lugar. Después de haber prestado juramento en manos del Sr. Presi- dente del Tribunal Civil; y de haber tomado conocimiento de los documentos siguientes: Io Fallo del Tribunal Civil del 46 de Abril de 1850; 3o Interrogatorio de la señorita N.... del 24 de Mayo de 1859; 4o Certificado del Dr. Duvivier, del 8 do Julio de 1859; 5o Cer- tificado de los Sres IL. y D.. inquilinos de la casa habitada por la señorita N..; 6° Fallo del 24 de Diciembre de 1844 que declara inca- pacitado al Sr. N.. padre de la mencionada señorita; y después de haber visitado é interrogado á la señorita N..el 17 de Diciembre de 1859 en la habitación que ocupa en compañía de su madre; han redactado este informe, en vista de apreciar el estado mental de la señorita N... y de expresar su opinión sobre las medidas que conviene tomar para proteger los intereses de esta señorita, de su familia y de la sociedad. De los documentos antes enumerados resulta: 1° Que el padre de la señorita N... fue declarado incapacitado, por causa de enagenacion mental. 2U Que la señorita N...,de inteligencia muy limitada, comenzó ñ ofrecer síntomas caracterizados de enagenacion mental, hará cosa de ocho años, y á manifestar ideas de suicidio, que la impelieron á una primera tentativa de asfixia por el carbón, en la primavera del año 1851; 3o Que en dicha época la señorita N. fué colocada en la casa de salud de los Dres. Falret y Voisin en Vauves, según los consejos y por un certificado del Dr. Duvivier y que fué sacada de dicho esta- blecimiento, algunos dias después, por su madre, prematuramente y á pesar de los consejos de los Dres. Duvivier Falret y Voisin; 4o Que desde aquella época, lia procurado varias veces atentar contra su vida, por el mismo medio, y que el trastorno de su razón la ha arrastrado frecuentemente á actos de cólera y de arrebato, acompañados de llanto y de gritos, en cuyas circunstancias injuria y hasta golpea á su madre; 5o Que el conocimiento personal que de estos hechos tenían los 626 miembros del consejo de familia les lia inducido á emitir, unánime- mente, el parecer de que habría lugar á la interdicción de la seño- rita N... en 24 de Mayo de 1859, no ha hecho resultar síntoma al- guno positivo de enagenacion mental. Sin embargo, resulta de él; Io que la señorita N á propósito de este interrogatorio, se ha entregado á manifestaciones de terror, de pesar, de quejas, y de re- criminaciones contra su madre, las que parecen poco compatibles con el estado de razón; 2o que ha acusado á su madre de que nunca ha tenido en ella confianza y la ha tratado siempre como una niña de doce años; y á la familia de su madre de haber aconsejado y movido siempre á su madre contra ella; 3o que no ha podido dar la menor cuenta del estado de su fortuna y de sus derechos á la herencia de su padre. En la visita que hemos hecho á la señorita N... en presencia de su madre, hemos observado los hechos siguientes: la señorita N. de edad de treinta y dos años, ofrece apariencias de buena salud; tiene la cabeza pequeña y de-fisonomía poco expresiva. Se ha mos- trado poco inteligente. Se ha mostrado muy contrariada por nuestra visita y muy poco dispuesta á entrar en relación con nosotros; después de haber intentado salir de casa, y de haber cedido, no sin dificultad á la invitación, que le ha sido hecha por su madre y por nosotros para que no se saliese, ha querido retirarse á su cuarto, siendo preciso insistir con enérgico tono para decidirla á que permaneciese en la habitación donde nos encontrábamos. Y después de una escena larguísima de llantos, sollozos y recrimina- ciones violentamente dirigidas contra su madre, apaciguada un poco ha consentido en contestarnos. En medio de sus quejas y de sus recriminaciones, en las que se repetía sin cesar y con vehemencia, dirigiéndose á su madre estas palabras: «¿Que te he hecho para que me otligues á esto?» ha in- sistido en que su madre ha dejado de amarla, desde hacia cuatro años, por influjo de su tia. A las preguntas sobre diferentes asuntos, que la hemos dirigido, hé aquí sumariamente lo que nos ha contestado, no sin usar de re- ticencias, ni sin interrumpirse para volver á llorar y á reprochar á su madre el haberla entregado de tal modo á unos desconocidos, sin advertirla antes. Declara que no se halla enferma y que no necesita médico, por lo demás, ya tiene uno de su confianza. Cada cual tiene su médi- co ¿por qué no ha de tenerlo ella? Después de muchas instancias, se decide al fln á constar algo relativamente á su salud. Reconoce que sufre, cada vez que efec- túa una evacuación alvina. Su sufrimiento consiste en que eso le quita el color del cuerpo 627 y le dá punzadas en las piernas y en la cabeza; sus digestiones son buenas; duerme bien; nada le perturba en su sueño; menstrua per- fectamente; nada siente de extraordinario, á propósito de sus reglas. Su madre ha dejado de amarla desde hace cuatro años. Por in- flujo de su tía, su madre quiere desembarazarse de ella y hacerla pasar por loca. Su madre le ha negado las diversiones que mas le agradaban; el teatro, por ejemplo. Reconoce que tiene altercados con su madre; que su madre nun- ca le ha pegado. Vacila en confesar que ella misma sella entrega- do á actos de violencia contra su madre. Habiendo declarado la Señora N... .que su hija en sus arreba- tos de cólera, le tira frecuentemente á la cabeza con lo que tiene al alcance de su mano, que, por ejemplo; el domingo pasado la gol- peó varias veces el rostro con su servilleta, la Señorita N... .des- pués de haber negado el hecho muy positivamente, y luego débil- mente acaba de decir: «Si lo hice fuó á causa del pesar que tengo, y no con «ánimo de hacer mal.» No puede, ó no quiere explicarse sobre la causa de su pesar. Reconoce que ella fue la que no quiso casarse, cuando se le ofreció un pretendiente. No rechaza, mas que las otras, la idea del ma- trimonio. Niega positiva y obstinadamente la tentativa de suicidio por asfixia, cuyas circunstancias se le recuerdan. Afirma que nada sabe realmente de sus intereses de fortuna, y á cuantas preguntas se le dirijen sobre la cifra de fortuna dejada por su padre, sobre la parte que le corresponde en la herencia, so- bre la lejítima que recibió su hermano, sobre los recursos de que su madre dispone, contesta: «No lo sé». Desde el momento en que manifestamos la intención de termi- nar nuestro examen, la Señorita N... .se levanta bruscamente, y se retira á la habitación contigua, donde la oímos hablar, algunos ins- tantes, sola y en voz alta. Del conjunto de estos hechos, los médicos abajo firmados con -. cluyen: Io. Que la Señorita N está atacada de locura hereditaria, crónica y muy probablemente incurable; 2U. Que es incapaz de administrar su persona y sus bienes; 3o. Que la inclinación al suicidio y la disposición á dar golpes que forman parte de su delirio, y actos de violencia contra su ma- dre; hacen peligrosas las condiciones ordinarias de la vida para la Señorita N misma, y para las personas que viven con ella; Y son de parecer que conviene colocar inmediatamente á la Se- ñorita N en una casa de salud especial á fin de procurarle los cuidados que su estado reclama y abtener con auxilio de una obser- 628 vacion continuada durante algún tiempo, datos ciertos sobre los ca- ractéres de permanencia que, desde el presente, es posible atribuir al trastorno morboso de su razón». Número M—CQX8WSA MÉDICO LEGAL, SOBRE US CASO DI DEMEMOIA 0 DI IMBECILIDAD SUPUESTA—(Par- íkafje—Grisslle—Taráiea.) Nombrados, por mandato del Tribunal Civil de primera Ins- tancia del Departamento del Sena, con fecha 28 de Agosto de 1863, al efecto de investigar y de dar á conocer: si la señorita Estefanía de S. C. se encuentra en un estado habitual, ya sea de demencia ya de imbecilidad, visitando á la señorita de S. C. tantas veces como crean necesario, ya en el sitio donde se halla actualmente, ya en otro cualquiera donde pasará á residir, y provocando y reco- giendo toda clase de informes considerados útiles, y haciéndose ex- hibir todas las cartas, piezas y documentos que se han producido en la instancia; después de haber prestado juramento ante el Presidente del Tribunal Civil, nos hemos enterado de los documentos siguientes: Io Sentencias del Tribunal Civil, fechas 27 de Marzo y 28 de Agosto de 1863; 2o Interrogatorio del 4 de Mayo de 1863; 3o Varias cartas de la señorita S. C. En apoyo de la demanda de interdicción de la señorita Este- fanía de S. C. se han formulado las alegaciones siguientes: Desde hace largo tiempo, la señorita Estefanía de S. C. ha ma- nifestado un espíritu incoherente y un carácter receloso y arreba- tado; la edad, lejos de borrar estas disposiciones, la ha desarrollado, al contrario, hasta el extremo de que la señorita de S. C. ha lle- gado á no tener ya conciencia de sus actos; desde 1858, estas dis- posiciones han tomado un carácter inquietante; á partir de entonces Estefanía no ha guardado ya el mas mínimo respeto hácia su madre, rechazado sus consejos y sus mas prudentes observacio- nes, con injurias groseras, y hasta á veces, con vias de hecho. En Marzo de 1859, Estefanía, á petición suya, entró de pensionista en el convento de las señoras del Sacre Coeur, de Orleans; mas, ape- nas llegado á él, solicitó de su madre que la sacase de allí por car- tas incesantes, en que se traslucía la incoherencia de sus ideas. Apénas transcurridos quince dias, vióse precisada la Señora do S. C. á admitirla de nuevo en su casa. Casi inmediatamente después de su regreso, la desdichada Se- ñorita cayó, no solamente en sus primeros extravíos, sinó en otros todavía mas graves. La incoherencia de las ideas, la falta de ra- ciocinio aumentaron visiblemente. 629 Al mismo tiempo, los arrebatos contra su madre adquirieron sucesivamente las proporciones de un verdadero Odio, que se ex- tendía á todas cuantas personas no aprobaban su conducta, á la mayoría de los domésticos, á las institutrices y hasta el venerable eclesiástico octogenario que tenia á su cargo el curato de Gretz. Por el contrario, bastaba lisongearla, para obtener sobro ella un dominio absoluto. Así, pues, habiéndole manifestado un doméstico cierta aprobación, perdió Estefanía toda reserva con este, hurtaba vino para dárselo y buscaba ocasiones para conservar con él, por manera que la señora de S. C. se vió precisada á despedir dicho doméstico en el mes de Junio de 1862. Tal medida solo sirvió para aumentar la sobreexitacioñ de Es- tefanía, quien reclamé á gritos que volvieran á tomar el criado en cuestión. A partir de entonces, la conducta de Estefanía denoté una verdadera insanidad de espíritu; negóse á comer en la mesa, hasta fanto que no se llamase al criado despedido; apesar de las prohibiciones y de la vigilancia de su madre, continuó conversando con él por encima de las tapias del parque; redobló en las mas es- pontáneas injurias contra su madre y todos sus servidores; entró írecuentemente en arrebatos furiosos, en los cuales, un dia, destro- zó su reloj, pisoteándolo, otro dia, porcelanas, sus pendientes, y otro, una lámpara de su madre, en otra ocasión persiguió á esta, dándole puñetazos en la espalda y á veces llegaba su demencia has- ta amenazarla con huir de casa para dar un escándalo que alcanzase á toda la familia. Estas escenas se han repetido casi diariamente ante numerosos testigos, desde el mes de Agosto último. Todo lo soportaba la condesa de S. C. para salvar á su desdichada hija, mas ésta excitada mas y mas por gentes que llevaban evidentemente el objeto de despojarla, puso el colmo á su demencia abandonando clan- destinamente la mansión de su madre para venir á Paris, donde su morada no fué descubierta sinó ocho dias después de su partida. Estefanía, asistida por el antiguo criado y por gentes de éste conocidas, se había instalado en una habitación de la calle de Vin- tirnille, número 9, piso 4°. Un acto tal, que comprobaba de una manera tan funesta el desorden de espíritu do Estefanía, imponía á su madre la obligación cruel de recurrir á los últimos medios reser- vados por la ley. Después de haber tomado las medidas necesarias para hacer examinar á su hija por uno de los médicos especiales mas autorizados, el doctor Lasegue, y de haber recibido de este mé- dico la certificación del extremo debilitamiento de espíritu, de la falta casi absoluta de sentido moral y de dirección en Estefanía, la Señora de S. C. la hizo trasladar en 21 de Marzo de 1863, al mani- comio de Ibry-sur-seine. Sobre la exposición de estos hechos, reproducidos en el acta de 630 deliberación del consejo de familia, este consejo, considerando que de la precedente exposición resulta que la Señorita de S. C. adole- ce de debilidad de espíritu, demostrada perfectamente por los hechos referidos en la exposición y atestiguada, por otra parte, por el in- forme del doctor Lasegue, encargado, por su familia, de examinar- la, y que, en tal posición, ha lugar á pronunciar una interdicción, ha dicho y declarado, en fecha de 25 de Abril de 1864, que opina unánimemente, que ha lugar, por el Tribunal, á pronunciar la in- terdicción de la Señorita de S. C. Las respuestas de la Señorita de S. C. á las preguntas que se le han dirijido en el interrogatorio de 4 de Mayo de 1863, no lle- van, en manera alguna, el carácter de la debilidad intelectual, ni de una perturbación morbosa de la razón. Perfectamente coherentes y pertinentes, estas respuestas prue- ban que la Señorita de S. C., comprendía muy exacta y completa- mente el sentido y el alcance de las preguntas, á menudo delicadí- simas, que se le hacian, y de las respuestas, á menudo embarazo- sas, que se veía inducida á dar. Estas respuestas á la vez que confirmando en el fondo la ma- yoría de los hechos alegados en la demanda de interdicción, pre- sentan estos hechos bajo un aspecto, muy diferente, y tienden á quitarles, yaque no todo carácter de error ó falta de conducta, cuan- do menos todo carácter de actos dependientes de una perturbación actual y morbosa. A esta pregunta. «¿Porqué había huido del hogar paterno?» Contesta: Por que mi madre se ha portado muy mal conmigo; ce- diendo á las instigaciones de la mujer Manceau, ha llegado hasta el extremo de privarme de alimentos y de hacerme zurrar por esta mujer, y últimamente por el jardinero.» A esta otra: «¿No habéis abandonado la casa de vuestra señora madre, bajo la influencia de una pasión que no estaba á la altura, ni de vuestra posición social, ni de la educación que habéis recibi- do?» Contesta: «No fuó este el motivo, por cuanto si hubiese existido, ya habría salido de casa al mismo tiempo que el criado quien partió en el mes de Junio, y yo no me ausenté hasta el 3 de Marzo. La verdadera causa de mi partida fué, lo repito, la debi- lidad que tenía mi madre para con esa mujer Marceau que he nom- brado ya. Yo había cumplido mis veintiún años, y era muy dueña de hacer lo que tuviese por conveniente. Antes de lomar esta re- solución me armé de una gran dósis de paciencia. La cuestión de intereses es la única que me ha decidido, en vista de negarse mi madre á aceptar un arreglo que le propuse, tocante á la sucesión de mi padre. Tenía yo tan pocas relaciones como el mencionado doméstico, que hasta fui solicitada en matrimonio por un jóven con 631 quien tuve intención de casarme, y si no lo hice, fue por concejo dei Señor Joson, notario. Mejor nubiera hecho llevando adelante mi idea. Mi madre dice á cuantos quieren oirla, que estoy loca desde hace muchos años. Con este pretexto me ha hecho encerrar.» Todas las demás respuestas de la Señorita de S. C. en el acta del interrogatorio ofrecen la misma lucidez. En el fondo, por lo que atañe á sus relaciones con el cochero Remy, niega que hayan tenido el carácter que se les ha atribuido; no alquiló una habitación en su nombre, y si durmió en ella dos noches, fue en cuarto aparte, reconoce que salió de paseo con él, una ó dos veses al anochecer; niega haberle dado dinero alguna vez. Remy, estaba casado. Si hubiera tenido con él alguna vez, en ca- sa de su madre, las relaciones que se le han atribuido ¿por qué su madre no lo despidió mas pronto1? Al presentarle dos cartas escritas por ella á Remy, y al pedir- le que se explique relativamente á la realidad del sentimiento que se refleja en estas cartas, la Señorita de S. C. guarda el mas profundo silencio: El acta del interrogatorio añade, sobre este punto: Sin embargo, á nuestra insistencia, condesa que experimenta la verdad del sentimiento que le reprochamos haber sentido por un criado. De una manera menos plausible explica el empleo que ha hecho de la suma de 1000 francos, que pidió prestado antes de abandonar la mansión paternal. Reconoce que ha tenido arranques de viva- cidad, que destrozó su reloj y una lámpara; mas pretende que fuó excitada por su madre, la cual, por su parte, se ha dejado llevar á muy pocos arrebatos. Declara que nunca han existido simpatías en- tre su madre y ella. Presenta á su madre como dominada por la mujer Manceau. Siente algún remordimiento por las faltas que ha podido cometer con respecto á su madre, pero estas faltas eran provocadas. Si la mujer Manceau saliese de la casa de su madre, Estefanía consentiría en probar á vivir en el castillo, á condición que le diesen una camarera enteramente á su servicio y de que co- locase su dinero á su nombre. Atribuye el proyecto que se ha formado de declararla incapa- citada, á su insistencia para obtener el arreglo de la cuestión de in- tereses que existe entre su madre y ella, relativamente á sus dere- chos sobre la herencia de su padre. Afirma que se encuentra bien de salud y que llena sus deberes religiosos. «Recito mis oraciones, dice, mañana y noche, y nunca dejo de asistir á misa. Tengo también costumbre de confesar- me, y si este año no he cumplido con la Pascua, ha sido por que no me hallaba libre.» 632 Las cartas (le la Señorita deS. C. que acompañan al expediente, las cuales no todas tienen una lecha cierta, que han sido escritas en diversas épocas de 1859 ó 1861 á 1863, no atestiguan por su formay su fondo, que el desarrollo de la inteligencia en la Señorita de S. C.; es positivamente exclusivo de la imbecilidad en un grado cualquie- ra. Generalmente correctas bajo el punto de vista déla gramática y de la ortografía, nada contiene que denote una perturbación mor- bosa de la inteligencia. Escritas las mas en circunstancias críticas de la vida, llevan generalmente, el sello de sentimientos apasio- nados y contienen habítualmente, quejas, recriminaciones, acusacio- nes que expresan irritación y amargura, y que no parecen exentos de exageración, ni de injusticias. Conviene notar, no obstante que en estas cartas, no se encuentra alguna de esas expresiones inju- riosas, groseras y molestas, que, según las alegaciones de la de- manda de interdicción, habrían figurado habitualmente en el len- guaje do la Señorita de S. C. Por lo que respecta á su fondo, dichas cartas ofrecen mucha analojía con las explicaciones dadas por la Se- ñorita de S. C. sobre sus sentimientos y conducta, en el interro- gatorio de 4 de Mayo de 1863. Lo mismo ocurre en una nota es- crita por la Señorita Estefanía, en 10 de Setiembre de 1862, y que viene á ser el ei resumen de sus apreciaciones sobre su situación en la habitación de su madre, en el Castillo de Vigrolles. Acusa á su madre de que se deje dominar por aduladores, espe- cialmente por la mujer Manceau, deque carezca de afecto y de in- duljencia para ella, de que la provoque á los actos á que la dispone su carácter irritable y arrebatado, que condesa como una causa de sus propias faltas, de que acoja todas las acusaciones que se dirijen contra su hija y que infieren ataques á su honra, deque acredite es- tas acusaciones, yá sea propagándolas en la familia, yá dándoles como motivo de medidas tomadas para oponer obstáculos á los de- sórdenes de conducta que se le reprochan injustamente, y finalmen- te, de que intente hacerla pasar por loca. La carta escrita por la Señorita de S. C. en 7 de Setiembre de 1861, al cura de Gretz es muy comedida, en el fondo yen la forma, y atestigua, por sí sola, el desarrollo y la integridad ae inteligencia en la Señorita Estefanía, en el momento en que la escribía. La carta sin fecha dirijida al mismo eclesiástico, es ciertamente posterior, y parece haber sido escrita en el momento en que la Se- ñorita de S. C. se decidió á alejarse de la mansión de su madre. « Salgo uno de estos dias para mi casa á fin de ver si alcanzo « una buena reputación. Por cuanto, después de todos los chismes, « hablillas é invenciones imaginarias que, en realidad, solo nacen « de envidia, no puedo permanecer mas aquí » Se queja de que el señor cura no haya desempeñado el papel que 633 de derecho le atañía, y de que no se haya abstenido de asociarse con los que la han perjudicado: «Debía haber procurado obtener, antes que mi madre despi- «diese á su criado, mas por mi interés, que por el suyo. Así al me- lenos no me hubiera visto yo difamada en las tabernas. Mi repu- «tacion nose habría perdido enteramente. Tal vez hoy me vería casada » En lo que conviene a sus sentimientos para con su madre dice en esta carta: ’ «Lo repito y lo sostengo, y hasta lo juro; á no ser mi madre tan «débil, podría vivirse aquí tranquilamente. Yo misma cambiaría mi «manera de obrar, sería amable con todo el mundo, y hasta jovial.» Las cartas escritas por la Señorita de S. C. desde el convento, donde había sido colocada por su madre, á su camarera Palmira' versan sobre el mismo asunto, quejas contra los aduladores que la- sirven y la calumnian, contra la debilidad de su madre, que les dá oidos, les crée y se deja dirijir por ellos, expresión apasionada de pena y de resentimiento á propósito de la pérdida de su reputación y de la imputación de locura. Los mismos agravios y las mismas quejas reproducen las cartas dirijidas directamente á su madre. Estas cartas respiran apasionada irritación, mas no ofrecen huella alguna de delirio. La del 30 de Agosto de 1862 comienza así: «Madre: «Vuestra manera de obrar para conmigo me sorprende en alto «grado. ¿Qué he hecho yo, para que me prohibáis volver á entrar «en vuestra casa? ¿queréis que muera de pesar? «Tengo, tal vez, muchos defectos, y muy mala cabeza; sin em- «bargo no estoy loca La Señorita de Chabaunes dice que se murmura mu- cho en el pueblo, desde mi partida. ¿Os es, pues, indiferente, que mi honór y mi porvenir se pierdan enteramente? « Si dais crédito á todo cuanto me habéis dicho, es «que he dejado ya de ser vuestra hija «Queréis que la Señora Manceau venga á buscarme el Sába- do próximo, para asistir á la distribución de premios á las ninas, y así hacer callar alas malas lenguas, tanto en mi propio interés, co- mo en el vuestro y en de toda la familia?» Las dos cartas dirijidas por la Señorita de S. C. á su madre desde el manicomio de Ivry, en 1863, tienen los mismos caractéres de ódio contra la mujer Manceau, de resentimiento contra las per- sonas que la acusan cerca de su madre y que inlieren ataque á su reputación, de irritación y de recriminación contra su madre, que creo verdaderas sus acusaciones, que le dirije reproches inmereci- 634 dos y que quiere hacerle pasar por loca, incapacitarla, y destruir su honra y reputaoion. Finalmente, el borrador de carta, sin fecha y sin Arma, á que se alude en el interrogatorio y que estaba destinada á un pariente del criado Remy, por sentido general y varias expresiones de ternura que contiene, implícala existencia de una relación de amor con es- te criado, mas no ofrece indicio alguno de debilitamiento ó de tras- torno morboso de la razón. La Señorita de S. C. después de haber- se ahusentado del castillo de Vignolles en 8 de Marzo de 1863, se ha instalado en Paris, calle de Vintimilles, ha sido arrastrada á petición de su familia, transferida á la prefectura de policía, interrogada por el profesor Laségue y trasladada en 31 de Marzo al manicomio de Ivry. Después de haber pasado algunos meses en este estable- cimiento, sin ofrecer signos evidentes de delirio, la Señorita de S. C. ha aprovechado el permiso que le dió su madre de salir á visitar sus parientes, para urdir una intriga con una persona que la pre- tendía en matrimonio, intriga cuyo resultado fue una fugaá Bélgi- ca con esta persona y una cohabitación prolongada por varias se- manas (hasta la época en que la Señorita de S. C. ha sido reinte- grada en el manicomio de Ivry) cohabitación que probablemente ha tenido por efecto de la preñez. En estas condiciones la demanda de interdicción, comenzada an. tes de dicho incidente, ha seguido su curso, y entonces ha llegado el caso de desempeñar la misión que nos había sido confiada desde el mes de Agosto de 1863. En el examen que hemos hecho de la Señorita de S. C. en Ivry nos hemos inspirado en investigar, positiva y directamente, si en el momento de nuestra visita, era posible apreciar en sus manifes- taciones mentales la prueba de la existencia actual en un estado de imbecilidad ó de locura. El resultado de nuestro examen, bajo este doble punto de vista, ha sido negativo. El alcance intelectual de la Señorita de S. C. no pasa, pero si llega al nivel de las inteligencias ordinarias. Hemos podido cer- ciorarnos de que, en todas las direcciones está especialmente en po- sesión de las nociones ordinarias sobre los derechos ó los deberes. En las preguntas delicadísimas que hemos tenido que dii ijirle en lo referente á las acusaciones de que ha sido objeto, nos ha contesta- do en lenguaje mesurado, prudente, sin darnos en manera algu_ na, por sus palabras, la prueba de que careciese de los sentimientos de reserva y de pudor, que corresponden á su sexo y á su condi- ción. En las largas espiraciones que hemos provocado sobre la mayoría de los hechos alegados en la demanda de interdicción, y que nos ha ofrecido en cuanto ai fondo y en cuanto ala forma, la mayor analogía con las respuestas del interrogatorio de 4 de Mayo 635 de 1863, nos lia sido imposible apreciar indicio alguno actual de perturbación mórbida de la razón. Estas explicaciones distan mucho de habernos demostrado que la conducta de la Señorita de S. C. haya sido irreprochable, ni que se haya hallado exenta de faltas para con su madre y las diversas personas con quienes haya estado en relación, hayan carecido en época alguna de exageración y de injusticia; pero tampoco nos ha permitido comprobar huella alguna de trastorno intelectual ó mo- ral, con los caracteres de un efecto morboso. Dichas espiraciones nos han conducido á pensar que las faltas de conducta y de carácter de la Señorita de S. C. han sido mayo- res de lo que ella confiesa; pero de Índole para convencernos de que tenia razón en defenderse contra la imputación de la locura, que se pretendía pesar sobre estas faltas. Apreciando, bajo el punto de vista de la demencia ó de la im- becilidad los diversos documentos que se nos han comunicado, y los hechos que han llegado á nuestro conocimiento y que se refieren á la vida pasada do la Señorita de S. C. nos hemos visto llevados á una conclusión semejante á la que hemos podido sacar de un exa- men profundizado de su situación mental actual, y teniendo en cuen- to á la vez todos estos datos, nos creemos con derecho de afirmar, en contestación á la pregunta que se nos ha planteado por el Tri- bunal Civil del Sena, que la Señorita de S. C. no se encuentra en un estado habitual de demencia ni de imbecilidad.» Numera II— SOIlUpited LEI Al SOBES W CASO DI MANIA OEQNIQA, (Blancho, Dgnu.ce, Dggm.aisgns y Tardieu.) « Los médicos abajo firmados, reunidos el 4 de Agosto de 1864, en Burdeos, á petición del Señor L obrando como apodera- do de su hija la Señora D. con objeto de dar su dictamen sobre el estado actual de su yerno el Señor S. D tanto bajo el punto do vista mental, como bajo el tísico, y de ponerse de acuerdo sobre las medidas que convenga tomar en interés del enfermo y de su fa- milia, exponen los hechos siguientes: De conformidad con el oiicio de relación del Señor Presidente del Tribunal Civil de Burdeos, de fecha 3 de Agosto de 1864, y cua- tro horas de la tarde, y por respeto á los términos de dicho oflcio, que expresan el deseo de que la consulta médica provocada por la Señora D se efectúe con todos los miramientos posibles, dos do ios consultantes, que han visitado ya al enfermo en otro tiempo y 636 que están muy al corriente do todos los hechos que le conciernen, se han abstenido de |visitarle de nuevo y han declarado que se aten- drán á las comprobaciones hechas por sus cólegas, salvo deliberar después, en cumun, sobre la apreciación de los hechos y sobre las medidas que pudieran ser oportuno prescribir; por consiguiente los doctores Tardíeu y Dcnucé se han trasladado solos á la residencia actual de la familia D Introducidos sin dificultad cerca del Señor D los dos mé- dicos ante nombrados han sostenido una conservación con él solo, durante mas de una hora, tanto en el parque y paseando á su lado como en la sala de billar que ha sido transformada por él en cuar- to de habitación. El resultado de esta observación atenta y prolongada puede resumirse como sigue: El Señor S. D. no ha manifestado descontento alguno, ni la mas mínima impresión al presentársele dos visitantes, uno de los cuales le era completamente desconocido. Les ha recibido con fir- meza, y se ha prestado á una conversación y á un interrogatorio sostenido largo rato. Su actitud durante toda la entrevista, ha sido tranquila, sus respuestas, generalmente pertinentes, su memoria asaz fiel, al menos sobre los hechos mas salientes, como la fecha de su nacimiento de su hijo la duración aproximada de su perma- nencia en la casa de salud y los principales hechos que precedie- ron á su ingreso ó han marcado su presencia, así como la época y las circunstancias de su salida. Empero, tocante á ciertos puntos, ha sido fácil reconocer que el Señor F. D. está aun sujeto á concepciones delirantes y muy pro- bablemente á alucinaciones. No seda cuenta exacta de su situa- ción. Habla de la necesidad en que se ve de velar por sí mismo sus negocios y confiesa que ignora á quien está confiado su manejo. Interrogado sobre la marcha que seguiría si volviese á encargarse de su dirección, dice que se haría sucesivamente agricultor é inge- niero. Quéjase de su secuestro en una cosa de salud, y motiva so- bre todo, sus quejas, en que le habían detenido su equipaje, y sus objetos detocador, especialmente las navajas de afeitar. Al recor- darle un incidente de extrema gravedad que se reprodujo, hace algunas semanas cuando, en una salida fuera de la casadesalud.se precipitó completamente vestido en el Sena, llevando su testamen- to en el bolsillo, (según nosha declarado uno de sus hermanos) afec- ta tomar la cosa en broma y dice sencillamente que quiso alcanzar á la otra orilla para librarse de un vigilante que le acompañaba. Alude, por si mismo, y sin provocación, á una especie de imagen fantástica de gigante cabalgando en un cometa, descubriéndola de una manera bastante incoherente, y diciendo que la ha visto repe- tidas veces. 637 Es de notar que, en cuanto á todas las demás partes de su con- versación que podrían parecer razonables, el Señor S. D. nunca to- ma la iniciativa de un pensamiento, ni una palabra, y que solo con ocasión de concepciones delirantes, no se contenta con respon- der mas ó menos pertinentemente á las preguntas que se le dirijen. Por lo demás la expresión del pensamiento en el Señor S. D. es len- ta é incompleta. Compréndese que no se franquea y que el círculo en que se mueven sus ideas es sumamente estrecho. En un mo- mento dado se animó, dejando ver una existencia marcada, y fuó al hablarle de la posibilidad de su nuevo ingreso en la casa de sa- lud. También parece que la vigilancia le impacienta y que desea sustraerse á ella. Por ultimo, al terminar nuestra visita, sus ras- gos y su lenguaje traducían una fatiga visible. En lo que atañe á las facultades afectivas, queda evidenciado que están, al menos, tan debilitadas como las facultades intelectua- les. Mas de una vez le interrogamos acerca de su mujer y de su hijo, y siempre nos contestó que tendría una gran satisfacción en verlos. Pero esta idea no ocupa ya sitio entre las suyas; este senti- miento no se traduce bajo una forma mas espresiva que cualquier otra necesidad, ni aun física, que le obligue á confesar. Cuando el S. D se ha visto llevado por nuestra conversación al medio del círculo numeroso de su familia, entre su madre, sus her- manos y euñada, ha manifestado cierta indecisión que podía resul- tar de la fatiga sentida, pero sobre todo de la impresión, demasia- do fuerte para él, de una conversación mas animada y mas ruidosa, y no ha tomado parte en ella á no ser por una sonrisa manifies- tamente forzada. La fisonomía del Señor S. D. es en general poco móvil; está muy pálido; su tez, que según dicen, es mejor que de costumbre, está aplanada, y es su mirada sin brillo y á menudo inquieta. Por lo de- más, no existe trastorno alguno en la motilidad, ni la mas lijera dificultad en los movimientos de la lengua, ni temblor en los miem- bros superiores, ni dificultad, ni irregularidad en el andar. Se nos asegura que todas las funciones se ejercen de una manera anormal. Tales son las observaciones recogidas por los médicos abajo fir- mados, que han sido admitidos á visitar hoy al Señor S. D. Fácil es resumirlas y sacar de ellas las deducciones que según parecer unánime de los consultantes resultan naturalmente. El primer hecho que debe notarse: que concuerdan de la mane- ra mas exácta con las que el Señor S. U. ha sido objeto de par- te de lós numerosos médicos que han tenido ocasión de examinar- le desde el principio de su enfermedad. Esta, favorecida por antecedentes sobre lo que sería ocioso in- 638 sistir, ha consistido desde el principio en un estado de manía cró- nica, con parasismos de excitación delirante, y debía tender fatal- mente á la demencia. No cabe duda de que el enfermo se haba- liado sujeto á las alucinaciones; y teniendo en consideración indicios muy formales, cabría pensar, en diferentes ocasiones y aún en épo- cas no muy lejanas, ha tenido ideas de suicidio. Por loque toca al estado actual, hay que reconocer que la de- mencia no está confirmada, y que recientemente se ha producido una remisión, lo cual no es raro, en la marcha ordinaria de esta es- pecie de locura. Importa empero no disimular que las condiciones en que se halla colocado desde hace algunos dias el enfermo, libre de la vigilancia y el aislamiento, deben haber producido necesariamen- te; cierto grado de excitación, evidente para una mirada experta, pero que puede engañar la ternura ciega de los parientes, y ser con- siderada como una prueba de mejoría, sobre la cual, desgraciada- mente, no es dado fundar esperanza alguna, formal para el por- venir. Deber de los consultantes es añadir que la salida de la casa de salud, autorizada con las reservas mas expresas por una consulta firmada, en 23 de Julió último por los doctores Trelat y Ceríse, y de la que se nos ha dado traslado, no puede en caso alguno conside- rarse sino como un ensayo, y que este ensayo, así como dicen los dos respetables médicos, debe por necesidad «acarrear condiciones imprevistas». Precisamente, estas condiciones, este imprevisto crean una situación y una responsabilidad, tocante á las cuales nin- guna preocupación será sobrada, y que es permitido calificar de muy temibles. Los hechos recientes que se han producido y que hemos recor- dado antes, dan á esta situación una gravedad todavía mayor; por cuanto la mejoría que se manifestó, cuando el enfermo se hallaba sometido á regla de una casa desalud, y que no resistirá á la nue- va proposición en la que el ensayo intentado por la familia de coloca al enfermo. No basta, para conjurar sus peligros, recurrir á la vigilancia, siempre incompleta, é impacientemente soportada por un doméstico; aí contrario se le agrava considerablemente sustitu- yendo, sin transición al aislamiento saludable y á la tranquilidad forzosa de lacasade salud, la vida común en el seno de una nume- rosa familia. Finalmente, hay un último punto que sobrepuja en importan- cia á los demás, y que los abajo firmados se apresuran á señalar con tanta energía como los anteriores consultantes. «No hay que buscar, han esciitolos doctores Cerise y Trélat, en el restablecimien- to del domicilio conyugal, y hasta los simples no pueden permitirse, sino con la mayor mesura. 639 Es indispensable al reconecer la sabiduría de esta prescripción, adelantar aun mas. Si, durante la permanencia en la casa de sa- lud, y bajo la salvaguardia de esta morada, las raras visitas de la señora B., á su marido han podido carecer de inconvenientes, aun que sin ventaja alguna para el enfermo, no acontecería en el estado de libertad, en que actualmente se encuentra. Aquí, todas las con- diciones estarían cambiadas y llevarían en sí un peligro real. Apre- surarían el aetorno de la excitación, que es imposible no provocary mantendrían, de una manera ficticia, sentimientos que en él care- cen de toda espontaneidad, y que tan de temer son por mil y una consideraciones graves. En resumen: de la exposición de los hechos que preceden, de la larga discusión a que han sido sometidos, y de la apreciación ra' zonada que de los mismos han hecho, no vacilan los abajo Arma- dos en formular las resoluciones siguientes: 1. a El Señor S. D no se encuentra curado de la enfer- medad mental que padece desde ha varios años, ni está en vía de curación; 2. a Bajo todos los puntos de vista; la condición mas favorable para el enfermo y los suyos hubiera sido la continuación de su per- manenciaen la casa de salud donde estuvo colocado; 3. a Se encuentra efectivamente en un estado mental que le ex- pone aun á parosísmos de excitación maniaca, sumamente peli- grosos para sí mismo y para los demás; 4. a El ensayo que se ha intentado por la salida de la casa de salud, crea una situación y una responsabilidad gravísimas, que es preciso atenuará toda costa; 5. a Conviene que el Señor S. D. sea sometido á un exámen médico asiduo; 6. a Cuando la temperatura lo permita, es decir, á principios de Setiembre, á mas tardar, deberá emprender un viaje bajo la di- rección y vigilancia incesante de un médico y de un criado. Este viaje durará, por lo menos, tres meses; 7. a A su regreso, un nuevo examen permitirá dictaminar sobre los efectos de este nuevo medio de tratamiento y sobre las medidas que deban tomarse para lo sucesivo; 8. a Hasta el reintegro del Señor S. D. en una casa de salud, 6 hasta su curación, si es dado esperarla, es «absolutamente indis- pensable prohibir toda especie de relación directa entre el enfer- mo su mujer y su hijo.» 640 M&üft 34—lesura lipsmaniaca—Mirlo de persecución— Petición de soltura. «La memoria que vá á leerse, redactada por el enfermo mis- mo, antiguo magistrado, dará la idea mas justa de la realidad y de la naturaleza de su delirio. «Deseáis, Señor, para cercioraros del estado de inteligencia, que os esponga de nuevo cuales son, á mi modo de ver, las causas que deben hacer cesar la inicua detención que estoy sufriendo en Vanves. La conversación que tuve el honor de sostener con vos anteayer ha debido (al menos así lo espero) ilustraros ya, y aun cuando la tarea que se me impone hoy tenga su lado penoso, me es- forzaré en llenarla, conformes á vuestros deseos. Sin embargo, no podrá hacer mas que repetir por escrito, lo que ya he dicho verbal- mente al Señor sustituto Salman, y á vos, señor; Procuré enterarme desde el principio, y repetidas veces, de los motivos que determinaron mi arresto. Son en numero de tres: l.° he tenido la intención de batirme en duelo; 2.° manifiesto una des- confianza para con mi familia; 3.° manifiesto una desconfianza ge- neral. Si existen otros motivos, no me lo han dado á conocer. «Per- mitidme, Señor, examinar, los diferentes cargos de acusación diri* gidos contra mi, separadamente y uno después de otro: «l.° He tenido la intención debatirme en duelo—Es verdad; no solo como Procurador Imperial, sino también como hombre; he incurrido en la falta de pensar, por un momento, en una acción prohibida por la ley; y la confesión que ahora repito la hize espon- táneamente, el dia de mi llegada á Vanves, ante el Doctor Falret, padre. El podrá decíroslo—Pero, al fin y al cabo una vez concebi- da esta intención en un momento de irritación ¿cómo se manifestó? ¿por insultos, por provocaciones? No tal—conversé sobre el parti- cular en mi casa, con dos personas de toda mi confianza, y todo se redujo á esto. ¿De qué manera ha entrado el público en la confi- dencia? No losé. En todo caso, no fui yo, en verdad, quien le hice participe de mis asuntos. Debo añadir que esta idea no pasó de ser momentánea en mí; que hacia ya tiempo y mucho que ha* bia renunciado á ella; que á fines de Setiembre Ultimo, cuando mi padre me entregó la carta del Señor Procurador General, que sin duda habéis leído vos, le declaré que el duelo estaba ya muy dis- tante de mis intenciones; que antes de mi arresto usé de un len- guaje semejante en presencia del Señor Havin, director político de el periódico Le Siécle, y del Señor Cuzan, redactor del mismo; y que finalmente en esta misma casa, ante el Señor Falret, padre, que da- ba como causa de mi detención mis proyectos homicidas, insistiendo 641 vivamente sobre lo mucho que interesaba á mi familia el oponerse á ellos, protesté, bajo mi palabra de honor, de mis ideas pacificas. Si se suponen en mí ideas de desafío y se dice ¡es asi!, yo con- testaré: « ¡ No es asi! No tengo mas medios de prueba que mi pa- labra—En lo que concierne al desafío, no ha habido mas que esto: intención manifestadas en particular á dos personas y muy en bre- ve abandonada. 2o. Manifiesto desconfianza para con mi familia—Sobre este punto, Señor, estad convencido de que solo hablaré afectado y por fuerza. He amado á mi familia, tanto como un hijo puede amar á su padre y á su madre; he sido con ellos siempre respetuoso y obe- diente; y sé lo que el hombre debe á su familia. Pero, como al fin y al cabo, no puedo resignarme á acabar mis dias en una casa de enajenados, conociendo que nada en mi inteligencia, me asigna un lugar aquí. Anteayer os dije, Señor, que salí de P... .á principios de Se- tiembre, para disfrutar de mis vacaciones anuales, vacaciones que siempre be pasado en casa de mi padre. Al llegar yo á Paris, mi madre y mi hermana se encontraban en el campo, en Etang-la-Vi lie, cerca de Saint Germain; mi padre me condujo allí, por la tarde, y allí permanecí por espacio de quince dias. Mi padre, á quien sus ocupaciones lo retenían en las oficinas del Siécle, venia á vernos varias veces por semana. Llegaba á la hora de comer, pasaba la noche en nuestra compañía, al dia siguiente se desayunaba y vol- vía á Paris. Regresamos todos á la Capital, y á los ocho ó diez dias de nuestra llegada resolví contar mis disgustos de P á mi padre, á quien nunca he ocultado mis más secretós asuntos. Hícelo en efec- to y me contestó: «Eso ya lo sabia yo, desde hace tres semanas.» Y en seguida me entregó una carta del Señor Procurador general, escrita por dicho magistrado al Señor Cuzan, pocos dias después de mi salida de Bretaña. Rabian sorprendido la buena fé del Señor Procurador general, diciéndole que yo habia querido hacer destituir dos gendarmes, lo cual es falso; que habia querido batirme con cinco personas, falso también; finalmente que yo estaba loco, lo cual me atrevo á decir que también es falso. De momento, esta carta me conmovió muy poco. El Señor Procurador general, á quien estoy sumamente agradecido, y á quien profeso el mas respestuoso afec- to, decia en su carta que, por su parte, no había observado ni el mas mínimo trastorno en mi inteligencia; por otro lado el asunto estaba en manos de mi padre, y aun cuando no esperase de él un vivísimo afecto, creía indudablemente poder contar con él, tratán- dose de destruir la imputación de locura que hacían pesar sobre de mi. Desde hacías tres semanas, en efecto, mi padre me habia visto 642 con bastante frecuencia, y debía saber, mejor que nadie, que mis fa- cultades intelectuales estaban sanas. Sin embargo, esta tranquila confianza no debia durar largo tiempo. En breve supe, (y tal vez mí padre mismo me lo dijo) que, durante mi permanencia en el campo, habia ido á consultar con un médico (después he sabido su nombre; es el doctor Blanche) y que le habia hablado de mi locura. A la verdad yo no habia dado la mas leve muestra de enagenacion, y asi lo reconoce mi propio padre. Sí era asi, ¿por qué acudir á consultar, y no desengañar al Señor Procurador general? Pasemos á otro punto. El Señor Procurador general manifestaba, en su carta, el deseo de que yo solicitase una prórroga de otro mes de vacaciones; mi pa- dre opinaba de igual manera; accedí á ello sin gran dificultad. Una mañana; mi padre me dijo que habia obtenido un certificado de mé- dico (que no me enseñó, ni sé de quién emanaba), y me invitó á mo- tivar mi solicitud de prórroga por una neuralgia facial; yo me negué. La cara está demasiado cercana al cerebro para que, mientras me tachaban de loco, pudiese yo pretestar razonablemente una enfer- medad tal, que, por otra parte, no padecía. Mi padre hubo de so- licitar por sí mismo la próroga. Mas yo tenia algunas apreciaciones sobre lo concerniente al contenido del certificado. El Señor Cuzan, á quien un día manifes- té mis temores sobre el particular, medijo: « Podéis estar tranqui- lo. Cred que no permitiré que os comprometan. He visto ese cer- tificado y he hecho que lo cambiaran. «Asi, mi padre no vacilaba en dirijir al Señor Guarda-sellos un documento tan compromete- dor, que el Señor Cuzan, que no pertenece á la familia, se opuso á su envío. Finalmente, Señor, (y aquí entro de lleno en los últimos hechos, de que me resta hablaros) desde el momento en que mi intención de desafio se habia hecho pública; desde el momento en que la imputa- ción de locura habia sido desmentida, creía que ya no me era dado conservar conveniente y dignamente mis funciones de Procurador imperial. Mi padre, al principio aprobó esta resolución. Después, estando próxima á espirar la prórroga de vacaciones, me aconsejó que solicitase otras, á lo cual me apuré vivamente, como podrá cer- tificarlo el Señor Havin-Urgiame el salir del atolladero en que me hallaba, y, sobre todo presentarme al Procurador general y decirle: «Miradme, examinadme, juzgadme. En verdad no estoy loco, y fá- cil os será convenceros de ello. « Pero el Señor Procurador general, movido por una benevolencia que le agradezco en el alma, solicitó expontáneamente una nueva prórroga de dos meses, y siendo de- masiadas las atenciones que le debo para que me sea posible resis- 643 tirme á sus deseos cuando me traza una línea de conducta perso- nal. viene de nuevo ligado á Paris, por un espacio de tiempo bas- tante largo. Mi padre, entonces, cambió de lenguaje. Al princi- pio, cuando yo le suplicaba que me procurase una nueva posición, me contestaba: «¿Por qué necesitas trabajar? ¿No tenemos lo sufi- ciente para vivir todos juntos? Vaya ¿no tendrías ánimo bastante para no hacer nada?» y cuando volvía yo á la carga, se enojaba. Mas, después, sus palabras, ya que no su objeto, hiciéronse dife- rentes. «¿Por qué no habrías de continuar con la magistratura? me dijo un dia. Personas de mucho mas mérito que tú se han hallado en tu posición. Ahí tienes al Señor B Estuvo como tú; ahora sé halla restablecido, y no por eso deja de merecer la consideración general. Escríbele al Señor Procurador general que tu inteligen- cia sufrió un trastorno momentáneo; poro que ahora ha vuelto á su estado normal, y entrarás de nuevo en el ejercicio de tus funciones, sin dificultad. «Tres ó cuatro veces me habló de esta suerte, y recuerdo que, la última vez, estando presentes mi madres y mi hermánale pregun- té: ¿Es es esa una condición sine qua non?» á lo cual repliqué vi- vamente: «Jamás escribiré tal cosa!» En efecto, Señor, ya com- prendereis que yo no podia reconocer una cosa que no existia, y por otra parte, convenir uno en que está loco, es una manera sin- gular de consolidar su posición en la magistratura. El consejo era, á todas luces, malo, así, pues, cuando se lo recordé á mi padre en presencia del Doctor Deschamps, lo negó. ¿Habré de decir que ayer vino por vez primera desde mi reclusión, y convino, ante los docto 3 res Falret y Yoisin, en que realmente lo habia dado? Añadiré, que, ayer, enumere yo, en presencia de mi padre, todos los hechos que preceden y que figuran en el número 2, de mi carta, y mi padre reconoció la exactitud material de todos ellos, sin excepción. Los directores de esta casa lo atestiguarán. «¡Pues bien, Señor, mi padre, á mi entender, desde el momento en que estaba convencido deque yo daba indicios de enajenación, hubiera debido escribir al Señor Procurador general antes de expi- rar mi licencia, para enterarle de mi estado, en vez de ir á pedir á los médicos consultas que se fundaban en el vacío, puesto que es- tos médicos no me habían visto; no hubiera debido pensar en en- viar al Señor Guarda-Sellos un certificado que hacia constatar, en términos comprometedores una enfermedad que no existía ; no hu- biera debido negar que lo diese. Y sin embargo, lo ha hecho, y todas estas diversas circunstancias me han hecho perder la confianza que podia tener en éi. Por este motivo me ausentó de su casa. 644 No os hablaró, Señor, de mi infancia, ni de cierto número de Hechos recientes, que concurren á hacerme persistir en mi re- solución. Permitid una reflexión postrera. Ayer me pareció que mi padre deseaba que yo continuase en la magistratura. ¿Opináis que un secuestro por cuatro agentes de policía sea muy á propósito para dotar de consideración A. un magistrado? 3o. Manifiesto una desconflanza general—¿Exigirían tal vez de mí, un confianza general? Si fuere preciso clejir entre los dos extremos, quizá valdría mas inclinarse hácia la desconfianza. Pero la verdad es que sí, en algo peco, es por demasiada confianza. En mi niñez, era este uno de mis mayores defectos, y si bien la experiencia de los hombres y de las cosas me ha dado advertencias penosas, pero saludables, ya sabéis que el hombre maduro nunca se despoja enteramente de los hábitos de su edad tierna. Tengo confianza, á Dios gracias, en algunos hombres todavía, y sobre todo, en la magistratura que ha sido mi mejor familia. «En resumen, Señor, yo no me creo loco; mi inteligencia, mi conciencia, me dicen que no lo estoy. El Señor Ilavin, que tiene la bondad de interesarse por mí, me iba á proporcionar una posición segura y buena, cuando me arrestaron; tenía yo la certeza de po- der vivir honradamente, sin servir de carga á nadie; soy mayor de edad, y dueño por consiguiente de vivir fuera del hogar paternal; deseo usar de esta libertad que la ley me dá. «Cuando tuve la honra de recibir vuestra visita, me invi- tasteis á que os escribiese; no comprendía yo qué interés atribuís á una carta mia; pero el Señor Voisin me lo dió á comprender ayer, y al momento puse mano á la obra. La llegada de mi padre me interrumpió, y hasta hoy no ne podido acabar la exposición que precede. Os suplico que me perdonéis este retardo, y que acti- véis en lo posible, la marcha de mi asunto.» Este escrito dala medida de lógica y raciocinio que puede sub- sistir con el delirio parcial mas caracterizado. Itott® Si—Mes®© ®édie@ legal seise m case de lesura. Ii|,@rriani.aeaf cea delisia misU.ee j alucteacJunes. (Fal’set ga- to—Yeisti y fasdiei,) Los abajo firmados llamados por el Tribunal del departamento del Sena, en fecha 23 de Octubre de 1852 para proceder al examen del llamado L...y comprobar su estado mental; después de haber prestado juramento en manos del Señor Presidente, hemos recibido 645 raslado del espediente relativo á la instrucción criminal seguido contra L...Nos hemos enterado de los documentos judiciales y ad- ministrativos que conciernen al acusado, como también de las cartas escritas por él durante su permanencia en Bicetre, después le he- mos visitado, repetidas veces, ya en la cárcel Mazas, ya en la de Madelomottes, interrogándole y examinándole con el mayor cuidado, y procurándonos cuantos informes podrían darnos los carceleros y los co-detenidos del acusado. Sobre estos elementos diversos y por los resultados de la averiguación á que nos hemos consa- grado, hemos establecido nuestro juicio sobre el estado mental del llamado L... Recordarémos que, á mediados de Julio último, presen tundo el acusado signos de enajenación mental en la Cárcel donde se halla- ba arrestado, se le transfirió al hospicio de Bicetre, donde, al cabo de una permanencia de seis semanas próximamente, se le creyó restablecido, y en consecuencia fuó conducido de nuevo á la cárcel. Pero, poco después, y solo unos cuantos dias antes del en que de- bía comparecer ante el tribunal, volvió á dar indicios de trastorno en sus facultades mentales; y su actitud en la audiencia, lo mismo que su lenguaje, denotaron un desórden de ideas, que motivó el aplazamiento de la vista para otra sesión. En estas circunstancias Se nos ha llamado para comprobar el estado mental de L...Aña- diremos que, llevado al salir del Tribunal, á una de las celdas de la cárcel Mazas, donde le visitamos por primera vez, ha sido trans- ferido últimamente á las Madelonnettes, donde se halla en contacto, en el pátio, con gran número de individuos y donde comparten el lecho de dos detenidos que han podido apreciar su continente y sus discuros, y á quien hemos interrogado con el mas escrupuloso cui- dado. L...no opone dificultad en contestar á las preguntas que le ha- cen, y entra expontáneamente en largas explicaciones, que cree- mos útil reproducir con la posible fidelidad. «Su nacimiento debió ser muy notado; mas, no se cuidaron de darlo á conocer al mundo- Su misión parece comenzar á la edad de seis años, y se ha mani- festado por la caída de la dignidad real, el cólera, la guerra civil y la ruina de Polonia. Es muy de notar que desde su juventud, jos que le han causado daño, ó los que debieron darle á conocer al mundo han fallecido poco tiempo después, ó han sido expulsados vergonzosamente. Tomó una parte activa en la revolución de Fe- brero. Un herido que expiró en sus brazos llevaba un libro en el bolsillo, lo cual prueba, dice L...que no son menester revolucio- nes, sinó que es preciso difundir la instrucción y hacer que cese la miseria, fuente de todos los crímenes. La insurrección de Junio lo encuentra entre los exaltados; queda herido, preso y es traslado á 646 lejanas tierras. Pero también ahi se deja sentirla mano de Dios suscitando nuevos desastres, el cólera, la guerra en Hungria, los sangrientos desturbios de Yiena, la fuga del Papa, dejando á las fuerzas de Roma, dos ejércitos republicanos que se degollaban en- tre sí; en una palabra todas las calamidades. Y cuando, mas ade- lante. mientras que, en Lion, en medio, de un motin, se ve derri- bado y herido, surge un huracán que arranca el puente de Angers y precipitan en el no á trescientos números soldados. Su vida, desde entonces, no ha pasado de ser una dura y prolongada miseria. Muy á menudo, cuando llegaba á una gran ciudad, el trueno retumbaba. Desde su último arresto y durante su detención en la Consiergerí se ha reproducido dos veces, la escena de la Pasión, porque le maltra- taban y le querían atentar contra su vida. Un rayo de luz penetra- ba en su calabozo para reanimarle, y cuando golpeanban en la ca- beza, resonaba esta como una campana. Si entra en cólera, el true- no ruge, y si está triste, se oculta el sol; pero, cuando al contrario ha pensado en la organización social que tiene en proyecto, y en la cual todo el mundo ha de ser feliz, serénase el tiempo, la natura- leza se dulcifica, los pajarillos van á revolotear en forma; yo soy el que os traigo y la fraternidad que hará que desaparezcan todos los cardos, las espinas, los cañones, los sables, fusiles, todas las armas mortíferas. «Adonde quiera que vaya el Dios Padre que está en el cielo, le acompañará y los elementos todos acudirán en su auxilio. Es su misión; para ella ha bajado á la tierra, y si quieren impedírselo está perdido el mundo. Descenderá el reino de Dios á la tierra, y lesclímas ganarán infinito en belleza. Al pretender que compareciese ante el tribunal en estos últimos tiempos, ¿no han oido retumbar el trueno? Y cuando le han vuelto á encer- rar en Mazas, ¿no han visto que el cielo se oscurecía de repente y caia de las nubes un fuerte aguacero? Ignora lo que ha sucedido desde su arresto; pero, de seguro, han debido ocurrir grandes des- gracias. Todos los acontecimientos de su vida han sido dirijidos por una mano invisible; no cabe duda de que es el Mesías anun- ciado. Le arrestaron el dia de Pascua. Si le dejan salir de la cár- cel hará dichosa á toda la humanidad, y trocará la tierra en un pueblo de hermanos. Todas las religiones se fundirán en una. Es menester que nos amemos unos á otros, y que no soportemos que un niño sufra; pueda la madre amamantar en paz á su hijo, y Ia pobre soltera no sea deshonrada ya. Tal es la ley de Dios.» Todas estas explicaciones las ha dado L.. .con un tono á la vez sencillo y muy convencido. Las objeciones que cada uno de noso- tros dirije á L.. .se estrellan contra la tenacidad, tranquila en ex- tremo, con que reproduce esta luenga exposición de su misión celeste. Apenas se anima cuando se le objeta que su mala conducta 647 que sus crímenes, son incompatibles con su pretendido carácter di- vino. Una sola vez, en una de nuestras visitas ha parecido que te- nia conciencia de su estado. Le sería menester, dice, un poco de libertad para reponerse ; ha sufrido demasiado, y necesita aire y viajes para volver á su centro. Lleva la mano á la cabeza, y siente en cierto modo, el trastorno y la debilidad de su inteligencia'. Pero esta percepción confusa del desorden desús facultades no le impide persistir en sus divagacio- nes. Añade, como pruebas nuevas, que, desde su arresto,'han acon- tecido desastres. Si pretenden sangrarlo, está convencido de que, al cabo de cuatro horas, el cielo se oscurecerá y retumbará el true- no. Por lo demás, Dios se revela á el por sus inspiraciones; pero nunca le ha visto, ni oido. Y asediado sobre este punto, no preten- de en modo alguno estar1 atacado de alucinaciones de esta índole. Sus co-detenidos interrogados por nosotros con escropuloso cui- dado, y lejos de su presencia, están acordes en considerarlo enaje- nado. Emplea todo su tiempo paseando, desde la mañana hasta la noche, sin trabajar, sin preguntar á los demás por sus asuntos, sin intentar sermonearles; solamente cuando hablan con él, dicen que oye á menudo, el trueno, relámpagos y no neja de insistir sobre sus ideas políticas, sobre su origen, sobre sumisión. Por lo demás, permanece invariablemente afable y tranquilo. Ninguno de los presos pone en duda su estado de enajenación. El estado físico de L se halla en completa relación con la naturaleza y la forma de su delirio. Está pálido, enflaquecido; sus ojos hundidos, su mirada tija, ordinariamente sin brillo, aunque á veces adquiere un sombrio fulgor; sus cabellos largos é incultos, levantados sóbrela frente, penden hasta el cuello; sus uñas desme- didamente largas, y sus manos desprovistas de callosidades deno- tan una luenga ociosidad. Su actitud, es generalmente, recogida y como relacionada con la meditación interior á que se halla en- tregado constantemente, Su lenguaje, aun luera de las ideas ae- lirantes que expresa, no pasa de ser el eco, íácil de de las declamaciones que, en todo tiempo, han costeado los dis- cursos de los pretendidos reformadores de la sociedad y de los falsos profetas del porvenir. , , „ . Del estudio atento de los hechos y de los documentos sometidos a nuestra apreciación, así como del exámen del acusado concluimos que. 1°. El llamado L... se encuentra en un estado de enajenación mental caracterizada por delirio parcial, muy probablemente remi- tente, que arrebatándole la conciencia de la situación, le hace in- canaz de responder de sus actos á la justicia; 2o. Pudiendo este estado presentar, en un momento dado, exa- cervaciones y accesos del mas peligroso carácter, se hace necesario el secuestro del acusado L » 648 fímtr® 36—Informe médico legal sobre un caso de locura si- mulada—Aseninato y falsa tentativa de suicidio—Cada- ver de la víctima conservado durante cuatro meses y medio en la alcoba del asesino. «En 11 de Abril de 1859, nos encargó el Señor Juez instructor Sacadle proceder á la autópsia de una mujer desaparecida desde ha- cía mas de cuatro meses, y cuyo cadáver acababa de sér hallado de- bajo del colchón de la cama en el cuarto que la víctima había ocu- pado con su marido, y que este continuaba habitando aun. El cadáver de la mujer D.. .está desfiguradísimo por el avanza- do grado de su putrefacción; que ofrece caractéres particulares. Las estremidades se hallan completamente momificadas; las partes blandas reducidas á una simple lámina apergaminada adherente á los huesos de las manos y de los piés. La superficie del cuerpo es de color escuro. Los músculos no están dilatados por gases pútri- dos, pero han sufrido una especie de eoesion, y la fibra ha adquirido una consistencia grasosa. Por lo demás, las fibras se hallan muy bien conservadas, y es fácil reconocer que, ni en los miembros, ni en el honco existe huella alguna de violencia. No así en la cabeza. Esta ha sufrido enteramente la momifica- ción; los huesos del cráneo y de la faz solo están cubiertos por un pergamino negruzco. Los ojos han desaparecido; pero la región de la sien izquierda es sitio de desórdenes perfectamente distintos y de suma gravedad. Encima del ángulo externo de la ceja existe un agujero irregularmente redondeado. En torno de esta abertura los tegumentos se adhieren mas ó menos íntimamente, y están le- vantados por una materia poca compacta de color verde negruzco que parece infiltrada en todas las capas musculares de esta región; la abertura resulta de una fractura del cráneo con hundimiento de los huesos reducidos á varias esquirlas, que se encuentran en el in- terior de la capa osea. La dura madre está desprendida en una gran porción, y cubierta por una capa negruzca análoga á laque se encuentra en el exterior debajo del cuero cabelludo. El cerebro de color verdoso, y cuya masa ha conservado sus formas, y casi no ha cambiado de consistencia, ofrece solamente, en el punto correspondiente á la fractura un reblandecimiento muy extenso. Los órganos interiores se hallan en un estado notable de con- servación. Los pulmones, en los que se han desarrollado algunos gases pú- tridos no son sitio de alteración alguna; el corazón está reblande- cido, pero sano. 649 Las visceras abdominales se encuentran en su estado normal; el estómago no ofrece lesiones; en su superficie entera vense numero- sas masas gaseosas. Los órganos sexuales nada de notable ofrecen. La mujer D.. .ha sucumbido á consecuencia de una fractura dei cráneo, resultante de golpes descargados sobre la sien, con auxi- lio de un instrumento contundente. El martillo que nos ha sido presentado puede haber servido pa- ra inferir esta herida. Ha sido manejado con gran violencia. Nada indica que la mujer D....haya sido envenenada; y no consta otra causa de muerte que los golpes que se le han descarga, do sobre la cabeza. La muerte puede remontarse á cuatro meses próximamente, es decir, á la época del 28 de Noviembre, y si la descomposición está mas adelantada, débese á que el cadáver ha sido envuelto herméti- camente y sustraído á la acción del aire. El llamado D. .visitado por nosotros, el 11 de Abril, en el hos- pital Saint-Louis, ofrece el cuello cortado delante y atras de la larin- ge, por cuatro incisiones profundas, aunque anchas, sin lesión de los vasos. Su estado desde hoy, carece de peligro. Habla con voz apaga- da; pero su inteligencia es muy clara y no adolece del menor tras- torno. Durante todo el periodo de su permanencia en el hospital no ha dado el mas mínimo indicio de enajenación, según atestigua el cirujano, jefe de servicio. Visitado nuevamente por nosotros en 11 de Abril, está ya com- pletamente curado; la herida se halla cerrada casi. Habla, come se levanta y pide ser puesto á disposición de lajusticia. Sometido entonces á una observación atenta bajo el punto de vista de su estado mental, este hombre, de edad de cincuenta y dos años, nos ofrece ante todo una preocupación vivísima de explicar la muerte de su mujer, y de justificarse. «No me atrevo á decir de qué manera la naturaleza ha hecho morir á mi mujer. Yo quería ver- si Dios me hacía castigar por los hombres. Quisiera que cuantas personas me conocen leyesen estas letras para testificar mi inocen- cia.» Ocúpase luego de sus negocios de interés, de sus pérdidas de dinero y hace frecuentes y fingidas invocaciones á su mujer. «Que- ría yo morir con ella, pero Dios ha prolongado mi existencia» El hecho principal está en la conservación del cadáver durante cuatro meses después del asesinato, que el homicida confiesa quefué con una chapa pequeña con la que asestó varios golpes en la cabe- za. La tentativa del suicidio en el momento del arresto no ha te- nido gravedad alguna. El asesino se infirió en el cuello, con un cuchillo varias heridas que curaron rápidamente. Pretende que 650 quiso ahorcarse con la escalera, dos veces, pero que en ambas des- ató la cuerda. En todos sus interrogatorios reproduce el sistema de un doble suicidio proyectado, y explica muy especiosamente el silencio de su mujer, sobre sus pretendidas intenciones de muer- te voluntaría. Por lo demás, miente sosteniendo que su mujer tomó láudano; «cuando mi mujer murió, dice, quedé muy conten- to, no lo niego; püseme á contemplarla satisfecho de no verla sufrir mas. Estaba muy contento viviendo con ella, y aplazaba el cum- plimiento de mis proyectos de muerte.» Pero ¿quién no ve traslucir la verdad1? Y ¿no es evidente que, de parte de D..todo se explica por el crimen cometido y la esperanza de disimularlo, de hacer imposible su comprobación ? En efecto, al pedirle cuentas sobre las falsas explicaciones que había dado sobre la desaparición de su mujer, contesta: «á menu- do el hombre escribe y no sabe lo que escribe, cuando tiene un pun- to lijo en la cabeza. Yo iba de aquí para allí y no me figuraba que hubiese cometido un crimen. Las enfermedades de que me he ha- llado atacado desde la edad de 28años os esplicarán (lo mismo que mi patrón, que es mucho mas viejo que yo) de qué modo han pa- sado las cosas. Son crisis que se producen periódicamente, las mismas que me impelieron á herir á mi prima en 1831, y que me llevaron áBicétre por espacio de seis meses.» En todo ello nada puede dar el mas leve indicio de un actual es. tado de locura. El patrón de D.. .lo pinta como un hombre extravagante, con- centrado, poco conmunicativo, pero en el que nada denotaba ma- as pasiones, ni un carácter feroz y sanguinario, ni un loco. Otro que le tuvo empleado quince años, le llama extravagan- te, original, caprichoso, tocado, pero nada más. Uno de los mas antiguos amos deD.de vió por breve tiempo, en- tregado á la bebida, y en aquella época, hallándose excitado por el vino hirió á una prima suya con unas tijeras, á consecuencia de lo cual fué encerrado en Bicétre, de donde salió al poco tiempo. Uno de sus vecinos asegura que, aun cuando era de carácter muy taci- turno, nadie le tomaba poi loco. El hermano de la victima declara en estos términos: «Positivamente no estaba loco, y la carta que me escribió concurre á confirmarlo. Era un hombre de carácter melancólico, misántropo, taciturno, orgulloso.» «En ninguna época desde seis años há que vivo en la casa, di- ce uno de sus vecinos, no ha dado indicios de locura; estaba siempre grave, tranquilo, nunca borracho.» El propietario atesti- gua también que jamás ha ofrecido el menor signo de enagenacion mental y que hablaba muy cuerdamente. Verdadaramente este no sería para nosotros (como tampoco para 651 médico alguno habituado á la observación de los enagenados) un motivo para negar la locura de D...Pero en resumen, ni en su conducta antes del asesinatode su mujer, ni en la cireunstanciaextraña del cadáver conservado junto á sí, ni en su tentativa abortada de sui- cidio, ni en su sistema de defensa, en sus embustes liabitualmente cal- culados, en sus pretendidas enfermedades alegadas por él mismo de una manera especiosa, como tampoco en los testimonios de los que le han conocido y tratado, es posible encontrar el menor indi- cio de locura verdadera, el menor trastorno de las facultades inte- lectuales, y no es dado atribuir á una enfermedad mental imposible de definir, lo que solo es resultado de un carácter melancólico y caprichoso, agriado por la miseria, y de un desfallecimiento mo- ral que, después de realizar el asesinato de su mujer, ha detenido la mano del suicida. Concluimos en consecuencia que: El llamado D.. .goza de la plenitud de sus facultades intelectua- les, y ha tenido siempre (ya sea el momento de la acción que se le imputa, ya después de esta época) perfecta conciencia de sus actos.« NOTA—Las necesidades de la enseñanza y la premura del tiem- po nos «Sfdgen cortar aquí la colección de casos selectos; dejando continuarla para otra edición. INDICE TOMO SEGUNDO Preliminares SECCION TERCERA. Cuestiones relativas d la identidad, d las enfermedades pretestadas, si- muladas, disimuladas é imputadas; al servicio militar y á los seguros sobre la vida. CAPITULO PRIMERO DE LA IDENTIDAD DE LAS PERSONAS §§ . PÁGINAS. 3i i Disposiciones legales 6 3i2 Definición de ia identidad da las personas 5 3 i 3 ¿ Tal sujeto es ó no la persona supuesta ? 6 3 14 ¿ Tal cadáver ó parte de él es del tal sujeto ? 23 ¿ Los huesos encontrados, pertenecen al mismo cuerpo humano y le componen en su totalidad?. . 36 ¿ Cuál es el sexo de la persona ? 36 ¿Cuáles podrán ser su edad y su estatura ?. . . . 3j ¿Cuál será el color y longitud de los cabellos, las dimensiones del cuello y de las manos, en qué es- tado se hallaban los dientes; en una palabra, porqué signos se podria reconocer la identidad del sujeto? 3y ¿ Cuál era la posición de la cuerda que se encon- tró al rededor de los huesos que forman la parte inferior del cuello, y en caso de que con esta cuerda se ocasionara la muerte, cuáles serian los indicios propios para determinar el género de muerte ? 3g ¿Existen señales de envenenamiento:' 3g ¿Cuánto tiempo llevaba sepultado el cadáver?.. 3g ¿Qué tiempo es necesario para que una cuerda, que tenga próximamente el espesor de una pluma 654 de escribir se pudra en el agua y en la tierra á una profundidad de metros ó piés? 41 315 ¿ Habiéndose cometido un hecho, hasta qué dis- tancia puede un testigo reconocer al autor ó afir- mar su identidad ante los tribunales? hasta qué distancia puede el testigo percibir distintamente la acción criminal y sus accidentes? 42 CAPITULO SEGUNDO DE LAS ENFERMEDADES SIMULADAS, DISIMULADAS, PRETESTADAS 316 Definiciones 5c 317 Disposiciones legales 5o 318 Enfermedades simuladas 5i 3 19 Enfermedades pretestadas 5?. 320 Enfermedades disimuladas 60 32 1 Enfermedades imputadas 61 CAPITULO TERCERO DEL SERVICIO MILITAR 322 Disposiciones legales 62 323 Procedimientos 64 324 Cuadro de los defectos que eximen del servicio mi- litar 65 325 Baja de los individuos del ejército 79 CAPITULO CUARTO DE LOS SEGUROS SOBRE LA VIDA Y RENTAS VITALICIAS 326 Definiciones 81 327 Disposiciones legales en los seguros sobre la vida, Código de Comercio 81 328 Certificado médico 82 329 Enfermedades y hábitos que abrevian la vida.... 85 330 Causas de nulidad del seguro por el género de muer- te 86 331 Disposiciones legales sobre rentas vitalicias 88 332 Casos médico legales en materia de rentas vita- licias 89 333 Necesidad y utilidad en la autopsia en los casos de nulidad de seguros sobre la vida por suicidio ó de rentas vitalicias por muerte dentro del plazo legal 92 655 SECCION CUARTA De la locura y del suicidio CAPITULO PRIMERO DE LA LOCURA Ó EN AGEN ACION MENTAL EN GENERAL 334 Definición de la locura g3 335 Causa esencial de la locura. Escuelas racionalis- ta, materialista y psico-orgánica g5 336 Síntomas principales de la locura en general... gg 337 Ilusiones y aluciones 107 338 Anatomía patológica 1 j x 33g Signos psiquicos-Delirio 116 340 Intérvalos lucidos 121 341 Causas de locura... 124 CAPITULO SEGUNDO DE LA LOCURA EN PARTICULAR 342 División de las enfermedades mentales I2g 343 Idiotismo é imbecilidad i32 344 Demencia.. u ¡3^ 345 Parálisis general progresiva » 137 346 Manía i38 347 Monomanías 143 348 Locuras sintomáticas i5o 34g Estados intermedios de la razón 160 CAPITULO TERCERO DE LA LOCURA CON RELACION AL DERECHO CIVIL 350 Significado legal de la palabra d mencia 162 351 Declaración legal de la demencia 1 63 351 ¿Quienes deben ser declarados dementes?—Lo- cura parcial i63 353 ¿ Quienes pueden pedir la declaración de la de- mencia? 167 35a Quienes deben practicar el reconocimiento?.... 168 355 Diagnóstico de la locura 170 356 De la locura imputada, simulada, pretestada ó di- simulada 175 357 Procedimiento de la declaración de demencia.. . i7g 358 Cesación de la incapacidad de los locos 181 656 35g Efectos de las sentencias sobre demencia i&3 360 Declaración de la sordo mudez 184 361 Cúratela de los incapaces 184 352 Libertad personal de los dementes—Manicomios. 18b 363 De los actos jurídicos que se suponen practicados sin uso de razón 192 364 De las sucesiones test imcntarias: 197 CAPITULO CUARTO Dli LA LOCURA CON RELACION AL DERECHO PENAL 365 El entusiasmo, el vicio y la pasión 366 De la voluntad criminal y de la culpa 367 Responsabilidad de los locos 368 Secuestro de los locos que han cometido delitos. 217 369 Secuestro de los presos locos 219 370 Responsabilidad civil de los locos 221 371 De la embriaguez CAPITULO QUINTO DEL SUICID O 372 Disposiciones legales 22^ 373 Crítica de las leyes relativas a! suicidio 226 373 ¿El suicidio 3 Tasación informe 558 » 4 Responsabilidad médica 56o » 5 Consulta sobre violación 662 » 6 Informe sobre violación 570 » 7 Estupro seguido de asesinato—Atentados al pudor en las personas de seis niñas 574 » 8 Violación seguida de asesinato 5yy » g Estupro seguido de asesinato 579 i) 10 Investigación del esperma 58o )> 1 1 Informe sobre aptitud para contraer matri- monio. .... . . , . 582 » 12 Informe sobre inhabilidad para contraer matri- monio - 583 » i3 Nulidad de matrimonio por impotencia . . . 585 » 14 Reconocimiento de embarazo 597 » 1 5 Declaraciones sobre un parto reciente. .... 5g8 » 16 Declaración sobre que no ha habido parto. . 599 )) 17 Aborto provocado por rotura de las membra- nas 600 » 18 Aborto provocado con sustancias medicinales. 601 » 19 Declaración acerca de un aborto provocado por medio de un instrumento vulnerante in- troducido en el útero —Muerte de la mujer. . 6o3 » 20 Declaración acerca de un aborto provocado por una caida ó golpe 6o5 » 21 Infanticidio por sofocación - Oclusión de las vías aéreas 606 )> 22 Infanticidio por fractura del cráiieo y sofoca- ción 6°9 » 23 Infanticidio por estrangulación 609 )) 24 Niño echado vivo en la sepultura y sacado vivo después de once horas • 610 664 » 25 Cuestión de identidad. 610 » 26 Otra cuestión de identidad 611 » 27 Declaración sobre un caso de identidad. . . 612 » 28 Informe sobre un caso de simulación de epi- lepsia, hematémesis y tumor abdominal en un mismo sujeto 615 » 29 Oftalmía provocada 622 » 3o Enfermedad disimulada 623 » 3 I Comprobación de la existencia de una pertur- bación mental negada. . 625 » 32 Consulta médico legal sobre un caso de de- mencia ó de imbecilidad supuesta—(Parchap- pe—Grisolle—Tardieu) 628 » 33 Consulta médico legal sobre un caso de ma- nía crónica. (Bianche, Donoué, Desmaisons y Tardieu) 635 » 34 Locura lipemaníaca—Delirio de persecución —Petición de soltura 640 « 35 Informe médico legal sobre un caso de locura lipemaníaca, con delirio místico y alucinacio- nes. (Falret padre—Voisin y Tardieu) . . . 644 » 36 Informe médico legal sobre un caso de locura simulada—Asesinato y falsa tentativa de sui- cidio—Cadáver de la víctima conservado du- rante cuatro meses y medio en la alcoba del asesino. . 648