Memorias y Actas del Congreso Nacional del Tabardillo. MEMORIAS Y ACTAS DEL CONGRESO NACIONAL DEL TABARDILLO VERIFICADO EN LA CIUDAD DE MÉXICO DEL 14 AL 21 DE ENERO DE 1919. MÉXICO. IMPRENTA FRANCO-MEXICANA, S. A. 1> DE LA ACAÚEMIA NÚM, 10. 19 19 Programa de estudios que la Comisión Organizadora del Congreso del Tabardillo propone a los que deseen tomar parte en él. La comisión encargada de arreglar un congreso especial para el estudio del tifo mexicano, ha creído conveniente que se efectúe en la Ciudad de Mé- xico, del 15 al 22 de enero inclusive, de 1919, y tiene a honra invitar a todos los médicos radicados en el país, para que ilustren con sus conocimientos el de tan importante estado patológico, sea por lo que creen haber indagado merced a sus personales trabajos, sea por lo que el estudio y meditación de ajenas opiniones puede suministrar. No sólo, por consiguiente, se solicita la cooperación de las personas que ejercitan o han ejercitado la profesión en sitios de endemia del tabardillo, o donde epidémicamente se ha presentado, sino hasta la de los que jamás le han visto, pero dotados de recto criterio y conocimientos médicos, están en aptitud de juzgar con acierto de algunas de las copiosas aseveraciones sobre diversos pormenores de la dolencia. Persuadida la Comisión de los peligros de las votaciones en congresos de la índole del actual, máximamente cuando no han sido con harta calma y detenido examen estudiadas las opiniones y canjeadas las ideas; y teniendo en cuenta que la mencionada reunión será en sumo grado beneficiosa al cuer- po médico y a la nación toda, con sólo depurar, refinar y aumentar los cono- cimientos de quienes se dedican a la Medicina, suplica atentamente que no se propongan decisiones, salvo las que tiendan a organizar el curso de los es- tudios en éste o subsecuentes congresos; pero, en cambio, se pugne por alcan- zar y efundir la verdad en la mayor cantidad de pormenores que sea dable. A fin de proporcionar puntos de estudio y acercar a la uniformidad las memorias, se ha formado el adjunto programa, del que pueden apartarse to- do lo que gusten los señores médicos; pero se les ruega que antes lo lean con atención. 1 ¿Cuáles son la longitud y altitud; temperatura media, máxima y míni- ma y precipitación media de lluvia al año? ¿Es ahí endémico el tabardillo, puramente epidémico, esporádico, o no se ha observado? 2 A.-Indagaciones peculiares a los lugares donde es endémica la enfermedad. Años Fnero Febrero Suma Suma Para sacar el promedio dividiendo la suma de cada columna por el nú- mero de años, y compararlo con promedios parecidos de temperatura atmosfé- rica media y precipitación de lluvia, si es posible por gráficas en círculo o al menos longitudinales. ¿A qué motivos parece obedecer cada exacerbación de la endemia, a esca- sez de lluvia en el año o meses anteriores, en relación con el promedio; ca- restía de alimentos; temperaturas atmosféricas más bajas o más altas que las ordinarias; acumulación de personas, suciedad mayor de la población; alteración o reducción de aguas potables, etc.? ¿Las supuestas causas han actuado al mismo tiempo en comarcas cercanas y en tal caso exacerbando también ahí la endemia o generando epidemias? ¿En las comarcas cercanas ha aumentado la endemia sin obrar aparentemente los supuestos agentes? ¿Las recrudescencias de la endemia han coincidido, precedido o seguido a las de alguna otra dolencia, como escarlatina, sarampión, padecimientos diarreicos, etc.? ¿ Se ha advertido algún lazo entre la abundancia del polvo en la atmósfera y el aumento del tabardillo? ¿Se ha notado más común en personas sucias que en aseadas? B.-Indagaciones propias a los lugares en que se ha visto únicamente ele epidémico el tabardillo. ¿Qué modificación lia habido en las condiciones de la localidad, antes o simultáneamente con las epidemias? ¿Tales modificaciones o causas apa- rentes lian existido otras veces sin que haya habido epidemias, o siempre que se han observado esos cambios ha habido tabardillo? ¿Cada vez que se ha advertido epidemia se han notado las variaciones enumeradas antes? ¿Es seguro que el primer caso observado en la epidemia o las epidemias haya sido de persona que llegó ya enferma a la población? ¿Es seguro que los casos siguientes hayan sido de personas en relación con el primer enfermo, y en tal caso directa o indirecta? 3 ¿Es seguro que el primer caso advertido en la epidemia o epidemias ha- ya sido de persona que había estado en relación con un atabardillado en otra población, y en tal caso la relación fué directa o indirecta? ¿Es seguro que el primer caso descubierto en la epidemia haya sido de alguna gente que recibiera objetos procedentes de la casa de un atabardillado? ¿Cómo se ha descogido la epidemia respecto a la situación de las casas, intimidad del trato social de las personas, sin relación aparente, etc.? Se circunscribió a un barrio, y entonces en qué difiere de todos los otros de la ciudad? ¿La epidemia invadió haciendas, simples caseríos? ¿Principió por ellos? Las epidemias circunscritas a una cárcel, ¿ocurrieron después del in- greso de algún convaleciente, coinciden con obstrucción de caños de desa- güe, con empeoramiento de ventilación u otra causa? C.-Indagaciones especiales en los lugares en que sólo esporádicamente existe. ¿Los atabardillados habían vivido siempre dentro de la localidad? ¿Qué modificación clara hubo en su vida, precediendo a la dolencia? ¿El avena- miento de su habitación era defectuoso? ¿Era distinto del de las casas con- tiguas, donde no hubo tifo? ¿Lo era la ventilación, aglomeración de perso- nas o de animales o de basuras? ¿Hubo alguna relación especial con gen- tes sucias? ¿Estuvo el paciente en relación directa o indirecta con algún atabardillado o enfermo de otro mal o convaleciente? D.-Indagaciones comunes a todos los enfermos. ¿Es la primera, segunda y tercera vez que padece tabardillo y, en los últimos casos, cuánto tiempo ha transcurrido de los accesos anteriores? ¿Es piojoso? ¿Su vivir le expone a adquirir piojos? ¿Se le encontró alguno? ¿Sin- tió el piquete? ¿Se le vieron las señales claras? ¿El insecto picador procedía segura o probablemente de algún atabardillado? ¿Hay certeza o sospecha bien fundada de transmisión de la enfermedad por otro animal, o ropa, o de otra suerte? ¿El aquejado acababa de tener alguna fuerte emoción moral depre- siva? ¿Tenía exagerado temor de adolecer tabardillo? ¿Acababa de pade- cer indigestión, enfriamiento, mojada u otra causa aparente? Creemos que al hacer las estadísticas conviene, fuera de los datos que resulten de las investigaciones ya citadas (y de las que se van a enumerar, si es dable observar los síntomas y evolución) tener en cuenta las condiciones sociales de los enfermos, si habitan en casa o barrios donde hay más acumu- lación o menos que en otros, mucha suciedad o poca o ninguna, abundante o escasa agua potable, amplia o reducida ventilación, buen o mal avena- miento, y todos los datos que se juzguen pertinentes, agrupando los casos semejantes en cada división y comparando el total con los elementos clima- tológicos de la localidad. 4 Juicio crítico pormenorizado de alguna o más afirmaciones sobre el pa- pel causal de algún microbio especial u otras causas, en la génesis de la en- fermedad. Estudio de las descripciones hechas de endemias y epidemias de tifo exantemático en otras naciones, procurando descubrir: Io. Si han nacido en circunstancias iguales o parecidas. 2o. Si sus síntomas y evoluciones son se- mejantes de una a otra y con lo advertido en nuestro tabardillo. ¿Antes de que principie la más ligera elevación de la temperatura hay fenómenos prodrómicos en los atabardillados; y en tal caso, cuáles? Curso de la calentura desde que principia la más ligera elevación térmica sobre la normal, teniendo en cuenta la ministración de antitérmicos (salicilados, baños, etc.), y los accidentes (hemorragias, v. gr.) y complicaciones capa- ces de alterarlo. ¿Hay enantema? y en tal caso sus caracteres. Forma y evo- lución del exantema, relacionándoles con la determinación del mal. Fórmula citológica de la sangre, con relación a la evolución de la dolencia, y sobre te do a la terminación y medicamentos usados. Caracteres de la orina, tenien- do en cuenta las propias circunstancias que al examinar la sangre. Estudio de las manifestaciones nerviosas, cardiovasculares y de otros apa- ratos y órganos. Frecuencia y caracteres de la diarrea. Descripción de las lesiones. Resultados de la expectación y del uso de diversas medicaciones, tales cual balneación, refrigeración de la cabeza, lociones generales, cloruro de calcio, citrato de sodio, calomel, timol, evacuantes, coloides, arsenicales, etc. ¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a los atabardillados? NOTA.-A iniciativa del Dr. Guillermo Cerqueda (de Nuevo Laredo, Tam.) la Comisión Organizadora recomienda que se observe si las personas que asisten largo tiempo a atabardillados, adquieren inmunidad. 5 Comisión Organizadora del Congreso Nacional del Tabardillo, Presidente: Dr. José Terrés. Vicepresidentes: Dr. Genaro Escalona, Dr. Antonio Vilchis Barbabosa. Secretario General : Dr. Fernando Ocaranza. VOCALES: Dr. Francisco Casián, „ Pascual de la Fuente, „ José Torres, „ Javier Hoyo, „ Rosendo Amor. Tesorero : Dr. Ernesto Cerrera. Relator: Dr. José de Jesús González. Relator suplente : Dr. Everardo Landa. Secretarios de sesiones: Dr. José Tomás Rojas, Dr. Gastón Meló. 6 Delegados al Congreso, Estado de Colima. Estado de Sonora. Dr. Gerardo Hurtado Suárez. * Dr. Enrique Osornio. Estado de Chihuahua. Estado de Tlaxcala. * Dr. Fructuoso Irigoyen. Dr. Arturo Iturriaga. Dr. Joaquín G. Cosío. Dr. Genaro Escalona. Distrito Federal. Academia Nacional de Medicina. Dr. Rafael Carrillo. Dr. Octaviano González Fabela. Dr. Antonio A. Loaeza- Dr. Rafael Rojas Loa. Estado de Hidalgo. Dr. Horacio Rubio. Departamento de Salubridad Pública. Dr. Angel Brioso Vasconcelos. Dr. Jesús González Uruefía. Dr. Roque Macouzet. Estado de Michoacán. * Dr. Manuel Cañas. * Dr. Angel Gaviño. Facultad de Medicina. Estado de Puebla. Dr. Germán Díaz Lombardo. Dr. Manuel Godoy Alvarez. Dr. Jesús Labastida. Dr. Andrés Anaya. Dr- Francisco Bello. Dr. Atanasio Placeres. Sociedad Médica "Pedro Escobedo". Estado de Querétaro. Dr. Francisco Hurtado . Dr. José Moreno Saucedo- * Dr. José Guillermo Salazar. Dr. Miguel R. Soberón. * Dr. Luis G. Viramontes. Dr. Carlos Alcocer. Estado de San Luis Potosí. Dr. Nicolás R. Amerena. Los nombres señalados con * son de los señores delegados que no se ins- cribieron como congregantes. 7 Miembros que formaron el Congreso Nacional del Tabardillo. Distrito Federal. 30. Espinosa, Diódoro G. 31. Estrada, Francisco de P. 32. Flores, Leopoldo. 33. Flores, Telesforo. 34. Gama, José María. 35. García Rendón, Joaquín. 36. García, Samuel. 37. Godoy Alvarez, Manuel. 38. Gómez, Antonio. 39. González Fabela, Octaviano. 40. González Uruefía, Jesús. 41. Govea, Carlos. 42. Gurría Urgell, Daniel. 43. Hernández Campos, Pascual. 44. Hernández, Gaudencio. 45. Hinojosa, Francisco. 46. Hurtado, Francisco. 47. Hurtado Suárez, Gerardo. 48. Irueste, José. 49. Iturriaga, Arturo. 50. Izquierdo, José Joaquín- 51. Jiménez, Carlos S. 52. Labastida, Jesús. 53. Lauda, Everardo. 54. Lasso, Miguel. 55. León, Nicolás. 56. Limón, Alberto. 57. Loaeza, Antonio A. 58. López, Demetrio. 59- Macouzet, Roque. 60. Magaña Peón, Pedro. 1. Agea, Ramón. 2. Alcázar, Heberto. 3. Alonso, Antonio F. 4. Amerena, Nicolás R. 5. Amor, José L. 6. Amor, Rosendo. 7. Aragón, Enrique O. 8. Arroyo, Jesús. 9. Aveleyra, Manuel. 10. Balvanera, Antonio. 11. Ballina, Francisco G. 12. Banuet, Alfonso. 13. Bejarano, Luis G. 14. Brioso Vasconcelos, Angel. 15. Bulman, Francisco. 16. Calderón, Aristeo. 17. Campesino, César. 18. Canale, Francisco C. 19. Carrillo, Rafael. 20. Castañedo, José A. 21. Castillo Nájera, Francisco. 22. Cervera, Ernesto. 23. Cicero, Ricardo E. 24. Cosío, Joaquín G. 25. Cuevas, Francisco. 26. Díaz Iturbide, José. 27. Díaz Lombardo, Germán. 28. Elcoro, Teodoro. 29. Escalona, Genaro. 8 61. Matute, Galo. 62. Martínez Guzmán, Felipe. 63. Martínez, Luis. 64. Meló, Gastón. 65. Montano, Alfredo. 66. Montano, Emilio F. 67. Moreno Saucedo, José. 68. Moya, Pedro. 69. Nadal, Rafael. 70. Nájera, José María. 71. Norma, Rafael. 72. Ocaranza, Fernando. 73. Ochoa, Alfonso R. 74. Olguín, Jorge A. 75. Orcillo, Francisco. 76. Ortega, Francisco. 77. Orvauanos, Domingo. 78. Pacheco García, Martín. 79. Patiño Guisande, Andrés. 80. Paz, Francisco. 81. Pérez, Manuel. 82. Pérez Reguera, Luis. 83. Perrín, Tomás G. 84. Pruneda, Alfonso. 85. Ramírez, Santiago. 86. Reza, Agustín. 87. Rojas, Ernesto S. 88. Rojas, José Tomás. 89. Rojas Loa, Rafael. 90. Rojas, Valentín. 91. Santín, Adalberto. 92. Serrano, Gildardo. 93. Soberón, Miguel R. 94. Terrés, José. 95. Torres Estrada, Antonio. 96. Torroella, Mario A. 97. Ulrich, Ernesto. 98. Valenzuela, Francisco. 99. Vallejo, Joaquín L. 100. Vasavilbaso, Juan N. 101. Vázquez Legorreta, Octaviano. 102. Vignon, Eduardo. 103. Vilchis, Diego. 104. Zenil, Sara. Estado de Hidalgo. 107. Farías, Arnulfo. 108. Hermosillo, David. 109. Hernández, Susano. 110. Hoyo, Javier. 111. Lara, Luis R. 112. Maya, Adrián. 113. Quiroz, Ezequiel. 114. Rubio, Horacio. 115. Santoyo, Rafael. Estado de México. 116. Díaz, Lorenzo. 117. Garduño Soto, Alberto. 118. Hernández, Adolfo. 119. Hernández, Arturo. 120. Moreno, Fernando. 121. Nájera, Antonio. 122. Olivera, Mariano C. 123. Rodea, Mariano. 124. Serna, de la, José. 125. Tirado Balcázar, José. 126. Vilchis Barbabosa, Antonio. 127. Vilchis Herazo, Leopoldo. Estado de Nuevo León. 128. Delgado, Modesto. 129. Garza, de la, Antonio. 130. Garza Nieto, Felipe. 131. Guajardo, Eusebio. 132. Martínez, Alfonso. 133. Ortega, Ricardo. 134. Saldaña, Jesús M. 135. Tamés, Nicandro L. Estado de Puebla. 136. Anaya, Andrés. 137. Bello, Francisco. 138. Duarte, Damián. 139. Duarte, Jesús. 149. González, Leopoldo. 141. Jiménez, Gil. 142. Pérez Legaría, Rufino. 143. Placeres, Atanasio. 144. Vergara, Gregorio. 145. Zafra, José Atanasio. Estado de Guanajuato. 105. Flores, Vicente. 106. González, José de Jesús. 9 Estado de Querétaro 153. Rodríguez y Vega, Rafael. Estado de Tamaulipas. 146. Alcocer, Carlos. 147. Carmena, Juan. 148. Gómez, Benito. 149. Herrera, Policiano. 150. Reséndiz, Antonio. 151. Sánchez Rubio, Ramón. 154. Cerqueda, Guillermo. Estado de Veracruz. 155. Iglesias, Manuel S. Estado de San Luis Potosí. Residencia desconocida. 152. Gómez, José Santos. 156. Simplicio. 10 Programa de las sesiones, Día 14.-S p. m.-Sesión solemne de apertura en el Anfiteatro de la Escue- la Nacional Preparatoria. Días 15, 1G, 17 y 18.--Sesiones en el Salón de Actos de la Escuela Nacional de Ingenieros, para presentar y discutir memorias, de 10 a. m. a 1 p. m., y de 5 a 8 p. m. Día 19.-Reunión familiar en los Viveros de Coyoacán. Días 20 y 21.-Sesiones en el Salón de Actos de la Escuela Nacional de In- genieros, para presentar y discutir memorias y resolver por vo- tación las proposiciones presentadas en el curso de los debates y a la Secretaría general del Congreso, de 10 a. m. a 1 p. m., y de 5 a G p. m.-A las 8 p. m. sesión de clausura. NOTAS.-La entrada a todos los actos del Congreso se conseguirá me- diante la presentación del recibo respectivo.-La presidencia de los trabajos corresponderá a las comisiones oficiales, por turno, según orden alfabético. 11 5esión inaugural. 12 Invitación. El Rector de la Universidad Nacional y la Comisión Organizadora del Congreso del Tabardillo se complacen en invitar a Ud. y a su honorable fami- lia, para que asistan a la sesión inaugural, que se realizará el día 14 del actual, a las 8 p. m., en el Anfiteatro de la Escuela N. Preparatoria. Méjico, 12 de enero de 1919. PROGRAMA. I. a) Nocturno Chopin. b) Polonesa Liszt. Piano. Sr. Prof. José Velázquez. II. Bienvenida a los congregantes, por el Pre- sidente del Congreso, Dr. José Terbés. 1IL Etude, (do menor) Chopin. Piano. Srita. Alba Hebrera y Ogazón. IV. Discurso por el Sr. Dr. Tomás G. Perrín. V. Madame Buterfly. Un bel di vedre mo G. Puccini. Canto. Srita. Victoria Sánchez Navarro. VI. Declaración de quedar inauguradas las se- siones por el Sr. Rector. 13 Discurso pronunciado por el Dr. José Terrés en la sesión solemne de apertura del Congreso. Señores: Merced a pura exquisita gentileza del 5o. Congreso Médico Mexicano» debo la subida honra de ocupar el puesto que me obliga a dirigir a ustedes hoy breves frases en la aurora de esta reunión, tan rica de celajes de buen éxito. Afortunadamente quienes me ensalzaron con su voto al encumbrado lu- gar que aquí ocupo, tuvieron el acierto de aunar esa cortesanía a mi perso- nalidad cada día más insignificante, si cabe, con la atinada elección de los otros miembros de la Junta Organizadora, laboriosos e idóneos, y por ello hemos llegado a congregarnos en la fecha proyectada y en condiciones re- lativamente bien favorables. La necesidad de esta reunión estaba en el ánimo de hartas personas, aunque quizá no en todas claramente manifiesta. Es el tabardillo la dolencia con que desde ha mucho tiempo se han preo- cupado los habitantes de nuestro país; no sólo quienes viven en el área donde endémica se advierte, sino los del resto de la nación. Los últimos tanto por saber que epidémicamente se extiende la enfermedad a ciertos lugares cercanos a la comarca de endemia, cuanto porque temen, por lo común con exageración, ser atacados de dicho mal al penetrar a regiones en que existe habitualmente. Cada vez que se exacerba la endemia se despiertan debates, a veces largos, en las sociedades médicas, en armonía con las pláticas que entonces a todas horas provocan y sostienen los médicos; en los cuales debates se descubren inmediatamente hondos desacuerdos y sobrados problemas que re- solver; en resumen: urgente necesidad de estudiar a fondo las peculiaridades del mal. En el público son grandes las congojas que engendra nuestro tifo y, se- gún la ilustración y sentimientos de cada uno, apelan a los recursos que juz- gan conducentes a evitarle y curarle, y mientras éste huye los rayos del sol inverna], aquél no se acerca a la casa de un atabardillado o esquiva las co- laderas de las calles; quién trae alcanfor en la bolsa y quién naftalina; el 14 de acá elogia el uso del tianguis pepetla, el de allá recomienda la hierba del tabardillo y el de más lejos las cataplasmas de cebolla en las plantas de los pies o los chilacayotes con vinagre bajo la cama del paciente o las hojas de eucalipto o la creolina u otra multitud de remedios, juzgados sumamente eti caces Con motivo de la exacerbación de la endemia en 1876, se reunieron varios médicos en la habitación del Lie. Rafael Martínez de la Torre, para canjear ideas, refinar y ampliar sus conocimientos sobre el tabardillo, y, dos años más tarde, a consecuencia de esa reunión y por excitativa del Ministerio de Fomento, hubo un congreso en esta ciudad para estudiar dicha dolencia. El 14 de agosto de 1879 convocó la Academia N. de Medicina a los médi- cos del país, para que le enviaran datos y observaciones de donde obtener algún adelanto en conocimiento de causas, profilaxis o tratamiento del tifo; y en 27 de septiembre de 1880 repitió esa Academia la convocatoria, aunque algo modificada, e invitó a los mencionados profesantes a remitir las obser raciones de todos los casos que vieran de la enfermedad, procurando ajus- tarlas a un modelo que dió la citada Sociedad; la cual nombró, además, una comisión permanente para reunir y estudiar los documentos que se recibie- sen, y presentar cada cinco años resumen de sus labores. La primera convocatoria produjo trece memorias y la segunda solamente dos, y ninguna serie de observaciones ni observación aislada; lo cual pone de manifiesto que hay ciertos defectos en nuestra parcialidad, que hacen fra- casar los más sanos proyectos. Posteriormente la misma Academia ha puesto el problema del tabardillo como tema de varios concursos anuales, y todos recordamos, sin duda, los dos extraordinarios, de 1906 y 1909, en los cuales el Gobierno de la Nación, por conducto de esa Sociedad, ofreció !j?o0.000.00 para premiar trabajos que resolvieran determinados problemas que, por desgracia, quedan todavía dudosos o, con más exactitud hablando, desconocidos por completo. Si tales hechos no bastasen a probar cuán fija sobre el tabardillo ha estado la atención del público, de los médicos y de las autoridades, lo cual no ha sucedido a tal grado con ninguna otra dolencia, lo probarían las nu- merosas memorias presentadas en las sociedades médicas; las pruebas escri- tas de los exámenes profesionales de los alumnos de varias escuelas del país, y las discusiones habidas en los congresos de Medicina, del último de los cuales brotó el proyecto de reunir el especial que hoy inaugura sus tareas, a iniciativa del señor Ricardo Varela, prohijada por la Sección de Patología y Clínica Médicas Tal empeño por avanzar en el conocimiento de nuestro tifo ha producido algunos resultados valiosos, y, desde Miguel Jiménez acá, se han publicado interesantes artículos, la mayor parte tratando puntos bien circunscriptos, cual el estudio del curso de la temperatura, los caracteres del exantema, la composición de la orina, el pronóstico y otros, principalmente relativos al tratamiento. Las ventajas de estudiar el asunto en congregación, consisten en mayor estímulo para presentar escritos y exponer opiniones, y más aún en escu- char los juicios críticos que engendran. En todos los países resultan tales bienes de los congresos; pero en el nuestro, donde se escribe poco; donde hay que suplicar a los médicos que lean lo producido por sus paisanos, y a me- nudo ni así se logra; donde la crítica, justa o injusta, suele ser de corrillo, es muy grande el beneficio procedente de discurrir en comunidad sobre los pToblemas Por otra parte, apercibidos los congregantes a empeñarse en acrecentar sus conocimientos sobre una sola dolencia, designada a estudio con un año de anticipación, pocos serán los pormenores de ella sobre los cuales no hayan cavilado, y el no sujeto a meditación por más personas habrá sido probable- mente harto analizado por otras, y como la mayor parte de las discusiones no serán improvisadas, los conocimientos de todos, inclusive de quienes no formen parte del congreso, pero se tomen siquiera la molestia de informarse de lo que aquí va a decirse, crecerán y se purificarán. ¡ Triste condición la de nuestro saber actual tocante al tabardillo! En vez de que la atención del cuerpo médico mexicano se haya concentrado en observarle y reflexionar sobre él, suele pretenderse conocerle de modo satis- factorio, a lo sumo por lo que dicen cualquier libro o periódico, extranjeros, que caen en las manos; lo que sería aceptable, con la restricción de escoger esas publicaciones, si se tratase de un mal tan común allá como acá, y con igual aspecto en todas partes, lo cual, seguramente falso en su primera par- te, es por lo menos dudoso en la segunda. El mérito notoriamente desigual de los autores de allende nuestras fron- teras, fuentes donde sacian su sed de saber los médicos mexicanos; la diver- sidad de aspecto del tifo según los lugares y épocas, y las diferencias de criterio, hondas entre nosotros, explican las repetidas contradicciones que oímos sobre cada pormenor de la dolencia, con la particularidad, tan mere- cedora de ser señalada cuanto de lamentada, de que no sólo se oponen los asertos de una persona a los de otra, sino los del propio médico o de la misma corporación, naturalmente teniendo en cuenta las afirmaciones de una sola época, pues lo contrario nada tiene de sorprendente, ya que es forzoso pensar de distinto modo en tiempos y circunstancias muy otros Naturalmente, cuando se cotejan opiniones de determinados sujetos con las de otros, son incontables los desacuerdos de ideas sobre causas, sínto- mas, profilaxis y tratamiento Si el Congreso, midiendo y pesando con serenidad varias discrepancias, las más importantes siquiera, logra uniformar la opinión en algunos porme- nores fundamentales, los que sea dable conocer actualmente con certeza, será en sumo grado beneficioso; y si consigue señalar con justicia y separar en grupos las aseveraciones seguras y las dudosas, las probables y las faltas de apoyo, y designar derroteros convenientes a futuras investigaciones, será muy más propiciatorio aún. Y subirá de punto su utilidad si, lo que no es imposible, resuelve algunos de los problemas que va a estudiar. Empero nada de eso es indispensable para que sea de gran provecho nuestra reunión: basta que se recuerde aquí lo bien indagado, que refresque- mos nuestros conocimientos sobre el síndromo, que nos estimulemos a obser- varle, que se avive nuestra afición a informarnos menudamente de lo dicho y hecho por quienes merecen crédito, que se nos despierte el interés por ca- tar lo aseverado por nuestros paisanos, para que resultemos gananciosos, y con nosotros, la parcialidad médica de la nación y todos sus habitantes. 15 16 No pretendo realzar las dificultades que lia habido, hay y habrá, para adelantar en Medicina, provenientes de la enzarzada acción de innúmeros fac- tores, que en sumo desigual grado y variadísimos sentidos actúan en los fe- nómenos patológicos; mas creo pertinente decir que si son disculpables equi- vocaciones que resultan de oscuridades de los problemas; de que es imposible conocer un acontecimiento si antes no se descubren y aclaran otros; de que, en suma, el breñoso progreso ha menester de esmerado orden y, por consi- guiente, las ideas sobre unos sucesos por fuerza han de ser dudosas, con- fusas o falsas por algún tiempo, no es menos cierto que copiosos errores, per- sonales y colectivos, se ahorrarían si los que laboran por desvanecerlos se empeñasen en purgar su educación intelectual y domeñar funestas pasiones A riesgo de que se me tilde de insistente o tome creces la opinión de ello, si ya se me juzga porfiado, he de encarecer la necesidad que nos abruma de distinguir y separar lo cierto de lo dudoso, lo sabido de lo presumido, lo probable de lo que no lo es; y he de asegurar, con honda arraigadísima con- vicción, que si el Congreso Mexicano del Tabardillo lograra eso y que los médicos mexicanos refinasen su mente hasta afanarse en lo sucesivo en no confundir los diversos grados de probabilidad de certeza de los asertos, y pugnasen de continuo por conocerles, realizaría obra meritísima. Y ninguna circunstancia más propicia que la actual para sacar de relieve tal necesidad, ya que la historia de las opiniones sobre los tifos exantemá- ticos nos muestra que se han tomado cual verdades, como hechos plenamen- te indagados, hipótesis más o menos plausibles sobre sus diversos capítulos, singularmente en lo (pie atañe a sus causas; y además de eso se advierten con- tradicciones profundas, radicales aún, en las creencias, (pie cada uno juzga fuera de duda, sobre demasiados, quizá todos, los pormenores del mal, hasta los más sencillos y trascendentes, tal vez esenciales; lo cual prueba (pie el deseo de alcanzar la verdad, muy digno de encomio, hace pensar a veces con deficiente criterio o sobrada pasión. Señores congregados: La Comisión Organizadora de este congreso, en el ■cual unos vienen a enseñar y todos acudimos a aprender, entrega en vuestras manos su obra de preparación, para que la aprovechéis con fecundo sosegado estudio; y al hacer tal entrega, se siente orgullosa de ver que la re- cibís animados de los más grandes deseos de progresar. Sed bien llegados. Os doy la bienvenida más cordial y anhelo feliz éxito de vuestros trabajos, con toda la efusión de que soy capaz, muy menos gran- de de la que merece la nobleza de vuestros propósitos, los sacrificios que ha- céis y el mérito personal de cada uno de vosotros; pero sobrado más entu- siasta de lo que podría esperarse quizá de mí, teniendo en cuenta las condi- ciones en que se halla mi espíritu. Aléxico, 14 de enero de 1919. 17 Discurso pronunciado por el Dr. Tomás Q. Perrín en la solemne sesión inaugural del Congreso. Sr. Rector de la Universidad Nacional: Señoras: Señores: Antes de haber pretendido ganar en lid honrada vuestra estimación, an- tes de haber sabido hacerme digno de vuestras simpatías, antes de haberos rendido una ofrenda, humilde por mía, pero en la que pudiera hallarse cor- tés pretexto para solicitar con decoro una dádiva vuestra, osadamente pido la concesión de una gracia. Y es ella, el que otorguéis la más generosa excul- pación a un hombre bueno y a un hombre sabio que, por serlo, cree hallar flores de bondad en todos los corazones y lampos de lucidez en todas las in- teligencias. Y este hombre cumbre, dilecto para mi corazón, y a quien-entre otros favores-quizá debo la vida, me lia pedido, a sabiendas de que nada puedo negarle, alce mi voz bajo estas sagradas bóvedas que amorosamente guardan ecos de palabras estupendas. De esos pasmosos desbordamientos de ideas y de esas pomposas floraciones verbales de vuestros filósofos, de vuestros oradores y de vuestros poetas. De un Parra, prez del pensamiento; de un Urueta, gala del lenguaje; o de un Ñervo, honra de las letras y gloria de la raza. Quede en este punto disculpado un yerro de quien tan grandes aciertos tuvo en su vida, ya que Helios -la divinización helena de las Artes y las Le- tras aquí agraviada por mi voz indocta- nunca pudiera fulminar colérico sobre el instigador del agravio que es, en tierras de Téotl, oráculo preciado de Esculapio, el hijo predilecto de aquel dios... No temáis que so pretexto de loanzas para el arte médico descargue so- bre vuestro silencio (inerme por cortés) una abrumadora erudición históri- ca. Ni desempolvaré las viejas páginas del Rodríguez-Fernández, leídas en mis ya lejanos tiempos de estudiante, ni desplegaré los flamantes folios del moderno Garrison. Quédense a un lado fáciles alardes de literatura médica. Quiero despojar de toda gravedad a mis palabras, quiero que humildes y cor- diales broten de mis labios como una oración, quiero devotamente ensalzar con ellas a una de las virtudes que deben albergar nuestros corazones. La abnegación en el ejercicio profesional. 18 * * * Se ha dicho que la práctica de la Medicina es un sacerdocio y en verdad que más alta categoría alcanza. Si el sacerdote es hombre consagrado a Dios, ungido y ordenado para celebrar sus ritos, el médico, ungido y ordenado pa- ra la divina liturgia de la salud de los demás, no sólo se consagra a ella, se sacrifica por ella. ¡ Que la religión médica exige, inexorable, a todo oficiante, la sublime austeridad espiritual del mártir! Tan excelsa, en efecto, como la de aquellos cristianos que devotos de una religión de amores no se arredraban ni ante las fieras del circo ni ante las ho- gueras del foro, es la figura de un clínico de nuestros tiempos, un Angel Hi- dalgo, por ejemplo, que tras leer los trabajos de Nicolle sobre la trasmisión leí tifo por el piojo, va serenamente a visitar enfermos de tabardillo, alber- gue, en hartos casos, de parásitos. Son legión los que como aquel ilustre clínico pagaron con la vida su de- voción al arte médico, y las víctimas conscientes de inyecciones de drogas y de inoculaciones experimentales; y no lo son menos-algunos se encuentran entre los médicos que me escuchan- los que llevaron sobre sus nobles hom- bros cadáveres de variolosos y de pestíferos abandonados por sus deudos; y un médico, agonizante, hace llegar hasta su lecho a un cliente pobre para en- tregar, con el postrer suspiro, la última receta; y otro, aneurismático, tras laboriosa aplicación de "fórceps" salva la vida a la madre y al niño, murien- do instantes después, víctima del esfuerzo realizado, y así mil y mil casos, conmovedores todos, que por sobre la haz de la tierra -en ciudades de ensue- ño o en poblados sórdidos- tejen una diadema luminosa para la alta divisa "Aliis vivere" escrita en los umbrales de vuestra gloriosa Escuela de Medi- cina, como sagrada consigna que ha de saber guardar quien en aquellos claus- tros aspire a profesante del arte médico. Pero esta abnegación profesional no ha menester de epidemias, ni de trabajos de investigación ni de otras excepcionales circunstancias para reve- larse. Toda nuestra vida ha de ser de renunciamiento y de sacrificio. Nues- tros más caros gustos, nuestras aficiones predilectas, los más nobles deseos de nuestro espíritu y aun las más justas exigencias de nuestra salud han de supeditarse abnegadamente a la adquisición de una nueva verdad científica, o de un nuevo recurso técnico. Es discutible el que honradamente tengamos derecho a deleitar nuestro espíritu con el cultivo de las artes o a vigorizar nuestro cuerpo con el ejercicio de los deportes, en tanto que no hayamos leído la última publicación médica llegada a nuestra mesa de trabajo. Que ella quizá pone serenamente ante nuestros ojos -con un recurso diagnóstico o 19 con una novedad terapéutica- la inesperada salvación de un enfermo con- dado solamente a nuestro saber. Pero ¿cuándo podemos jactarnos de haber leído el último folleto o haber hojeado la última revista?. . . ¿Y, por ventura, la vida de una mujer virtuosa -madre quizá de gloriosos hijos- o la salud de un hombre honrado,-acaso sostén de una familia, salvador de una pa- tria acaso- no merece que abandonemos las cautivadoras bellezas del arte, los bienhechores encantos del campo, o los galantes atractivos de un salón?.. . Hora es ya, de que dedique un recuerdo, fraternal y profundamente tris- te, a una oscura víctima de esta ignorada abnegación profesional, a uno de los más cultos representantes de la juventud mexicana. Tuve el honor de estrechar por primera vez su noble mano en un congre- so médico cuando ya su firma me era singularmente querida y admirada. Nunca, a no haberme deleitado con sus escritos o a no haber gozado de su trato, hubiera sospechado que en aquel joven médico, casi adolescente, se ocultaban tan sólidos conocimientos en ciencias naturales y sociales. Bien pronto su modestia atrajo todas las simpatías y su saber conquistó todas las estimaciones. Y por votación unánime aquel Areópago confirióle un honroso encargo. Buscando propicio ambiente intelectual este joven médico trasladóse a México, donde muy pronto fué fácil presa de una implacable infección. Sin embargo, yo os había hablado de abnegación profesional... Es cierto. Escu- chad esta breve y triste historia leída por mí, en el semblante macilento y pre- maturamente grave, de nuestro pobre compañero: En esos años de juventud en que el desarrollo armónico de nuestro cuer- po es obra fácil para la naturaleza, este médico sabía el grato secreto de ser fuerte. No ignoró nunca que la equitación, la caza o el "tennis" son gratos ejercicios que vigorizan el cuerpo, como las audiciones de música selecta o la conversación galante con damas bellas y discretas, placenteras ocupacio- nes que alegran el espíritu; pero el joven médico tenía una inapagable sed de saber y en toda hora quiso hallar una nueva verdad sobre el desconcertan- te enigma de los centros nerviosos, su tema predilecto. Y renunció a los ale- gres placeres de la vida social, y las caricias vivificadoras de la Naturaleza, para refugiarse en un recinto insalubre, falto de luz y sobrado de libros. So- bre ellos fué dejando nuestro amigo el vigor de su cuerpo y la alegría de su espíritu. Cuando de ambos quiso acordarse, sólo pudo ver que, en holocausto de sus enfermos, se extinguía su vida en los albores de la juventud. Para estas calladas víctimas de la abnegación profesional debiéramos pedir por ignoradas, la admiración más honda y el respeto más alto. Más al- to quizá que el tributado a un mártir arrojado al fuego, porque aceptaron un oscuro sacrificio entre las sombras, y un Servet que perece en una hogue- ra, muere entre resplandores! He aquí, una vez más, cómo la abnegación médica llega hasta el renun- ciamiento de la propia vida por la conquista de la verdad científica; es decir, por la vida de los demás; ¿podrá encontrarse acaso una expresión más alta de sacrificio? Alguien lo ha pedido. Todos sabemos de renunciamientos más penosos que los de la vida; no 20 sólo los de la dignidad o del honor, sino los de la gloria soñada, del ideal perseguido, del amor a un ser o a una idea... Pues bien, yo os invito a que meditéis estas hondas palabras del doctor Forns sobre el ilustre Ramón y Cajal: "En mi modesto sentir es lástima grande que su actividad de laboratorio no haya sido compartida con el cultivo de la clínica; porque con la perspi- cacia y la habilidad inquisitivas de Cajal y su exquisito teorizar sobre los propios descubrimientos, hubiera hecho progresar la patología del sistema nervioso, y no mediaría la distancia que se aprecia entre el saber del maestro y la escasa aplicación de su magna labor. El, y solo él, hoy por hoy, hubiera podido desamortizar, en favor de la humanidad, la gran cosecha de descu- brimientos que le ponen justamente a la cabeza de los investigadores de la estructura del sistema nervioso." Es decir, que en opinión de Forns la venerada figura del maestro de la Histología aún pudo sublimarse con la más dolorosa de las abnegaciones, con la ofrenda de su nombre, con el sacrificio de su gloria. Porque para Forns, Cajal -fiel al título de médico con que la Universidad de Zaragoza le invistiera- una vez hecho el prodigio de sus primeros descubrimientos en neurología de- bió haber callado su noble pasión por las investigaciones biológicas, para consagrarse a la aplicación médica de sus conquistas. ¡Ved, pues, hasta qué tenues distingos y hasta qué sutiles consideracio- nes pudiera llevarnos el complejo tema tan vagamente esbozado por mí! Elegí la abnegación profesional como congruente asunto para hablar es- ta noche, porque nunca quizá podamos honrarla con más noble motivo que si concienzudamente dedicamos nuestra vida a estudios sobre el tabardillo. En- fermedad esfinge, preñada de misterios. Su germen se desconoce, velan las sombras el contagio, y su terapéutica -pese a los modernos trabajos suero- lógicos-queda aún en los linderos de la socorrida vis medicatrix o del cap- cioso primum non nocere. Dediquémonos sí, fervorosamente a su estudio, que quizá obra de abnegación sea tan sólo el redentor esclarecimiento de sus mis- terios. Y si mi vieja España debe a un médico su honrado nombre científico en el mundo, que sea un médico también el que alce a vuestro México (Nueva España, para mi corazón) sobre el pavés de la Ciencia, ante las más cultas naciones del orbe! 14 de enero de 1919. Sesión de Clausura, 23 Informe del Secretario General del Congreso, Dr, Fernando Ocaranza. El Presidente de la Junta Organizadora refirió a ustedes en qué forma nació la iniciativa para la reunión de un congreso nacional dedicado al estudio de nuestro tifo exantemático. La Junta Organizadora del VI Congreso Médico Nacional fué la en- cargada de dar los primeros pasos hacia aquel fin, y en su primera asamblea tuvo como asunto del día el nombramiento de las personas que debían for- mar la Comisión Organizadora del otro Congreso; mas fué unánime el pare- cer de que la misma Junta del VI debía llevar a término la formación del Congreso del Tabardillo, teniendo en cuenta que por lo menos dos de sus miembros, cuatro quizá, habían entregado buena parte de su afán, al estudio de la frecuentemente asoladora dolencia nacional. Uno de los primeros trabajos de la Junta consistió en nombrar dele- gados en los Estados. Casi todas las personas invitadas contestaron acep- tando y la mayor parte ha estado en frecuente correspondencia con esta Se- cretaría General. No fué motivo de bizantinas discusiones la formación del programa, ni siquiera la elección de los temas que la junta propusiera a los futuros con- gregantes. Sobre el uno y sobre los otros pronto estuvimos en perfecto acuerdo. El programa no tuvo más objeto que el de orientar la opinión, encarri- larla si posible fuera, por más que, con buen cuidado se indicó que bien podían separarse de él los que así lo desearan y tanto como fuera su deseo. Las cuestiones propuestas fueron dos, una de crítica sobre los impor- tantes problemas etiológicos y otra relativa a la alimentación del atabardi- llado. A ocho personas se invitó para que desarrollaran dichos temas y aun- que todas ellas empeñaron su palabra, una desertó temprano por causa de urgentes ocupaciones, dos cumplieron su ofrecimiento para satisfacción de este Congreso y las demás no volvieron a recordar su compromiso. En el mes de septiembre creimos conveniente publicar la convocatoria, en la que sobriamente recordamos la invitación hecha con anterioridad, e indicamos las necesarias condiciones que debían llenar los congregantes. Aparte de eso, hicimos invitación especial a todos los Gobiernos de los Estados, Territorios y Distrito Federal, y aunque llegó a nuestras manos, 24 prontamente, la atenta contestación en la que se nos afirmaba que se nom- brarían delegados en tiempo oportuno, llegado éste, solamente tuvimos a honor que nuestra invitación fuera correspondida por los Estados de Sonora, Chihuahua, Puebla, Colima, Tlaxcala, Michoacán, Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y el Distrito Federal. Invitamos asimismo a diversas corpora- ciones oficiales y sociedades médicas de las cuales, nombraron representan- tes, el Departamento de Salubridad Pública, la Academia N. de Medicina, la Facultad de Medicina y la Sociedad Médica "Pedro Escobedo". Ciento cincuenta y cinco médicos y un farmacéutico se inscribieron al Congreso, de los que cuarenta y ocho son personas que ejercitan su profe- sión en diversos Estados de la República y el resto en la ciudad de México y poblaciones del Distrito Federal. Los trabajos inscritos antes del día primero de enero y que son los que aparecen en el programa de sesiones y trabajos, fueron en número de trein- ta y uno; posteriormente fueron inscritos seis trabajos más, lo que hace un total de treinta y siete. Aunque el Congreso N. del Tabardillo, no se puso bajo el patronato de alguna autoridad o corporación oficial, sí hemos de hacer mención de la valiosa ayuda que tuvimos del señor Rector del Departamento Universitario y de Bellas Artes; de la que tuvo a bien ofrecernos el señor Ministro de Go- bernación, y de la cortesía con que fuimos tratados por el C- Presidente de la República. Este informe, tan corto como es, no está en proporción con el esfuer- zo que tuvo que desarrollar la Junta Organizadora para la reunión de este Congreso, esfuerzo que pertenece casi todo al maestro don José Terrés, su presidente, quien metódica, constantemente y con sostenida energía tuvo la fortuna de disipar una atmósfera bien cargada de pereza y de escepticismo. A él solo se debe el éxito de este Congreso, abrillantado con las sabias me- morias de hombres que entienden que servir a la patria es, cultivarse a sí mismos y amar a los otros. México, 21 de enero de 1919. 25 Informe leído por el Tesorero, Dr, Ernesto Cervera. Ingresos por concepto de cuotas: 156 congregantes que con- tribuyeron con $5.00 cada uno > $780.00 Gastos hechos basta la fecha de este informe: Febrero 15 de 1918. Factura No. 11192 de "El Lápiz del Aguila'' por 500 hojas de papel para cartas y 500 sobres $ 11.08 Octubre 27 de 1918. Factura No. 62 de la Imprenta Zaragoza por 1000 ejemplares del programa del Congreso „ 35.20 Septiembre 30 de 1918. Factura No. 2103 de "El Lápiz del Aguila" por 1000 boletines para inscripciones y 500 recibos „ 13.50 Octubre 7 de 1918. Factura No. 2710 de la Imprenta Franco-Mexicana por 1000 convocatorias „ 35.00 Octubre 18 de 1918. Factura No- 2182 de "El Lápiz del Aguila" por 1000 sobres im- presos y 500 en blanco „ 17.45 Diciembre 11 de 1918. Recibo del Secretario del Congreso por importe de timbres postales „ 5.00 Diciembre 27 de 1918. Recibo No. 2083 del diario "Excelsior' „ 10.50 A la vuelta $780.00 $127.73 26 De la vuelta $780.00 $127.73 Diciembre 27 de 1918. Recibo No. 4181 del diario "El Pueblo" „ 8.40 Diciembre 28 de 1918 Recibo No. 6467 del diario "El Universal" „ 12.60 Enero 4 de 1919. Recibo del Secretario del Congreso por importe de timbres postales „ 5.00 Enero 13 de 1919 Recibo No. 2235 del diario "Excelsior" „ 7.90 Enero 13 de 1919 Recibo del Secretario del Congreso por importe de timbres „ 10.00 postales Enero 15 de 1919. Nota No. 4827 de "La Pluma Fuente" por 200 hojas de papel para cartas „ 2.50 Enero 11 de 1919. Nota No. 12908 de "El Lápiz del Aguila" por 200 hojas de papel para cartas y 200 sobres „ 8.00 Enero 16 de 1919. Nota No- 4833 de "La Pluma Fuente" por un libro rayado... „ 2.00 Enero 17 de 1919. Nota sin número de "El Modelo" por 200 hojas de papel para cartas y una caja de broches „ 2.70 Enero 10 de 1919. Factura No. 2860 de la Imprenta Franco-Mexicana por 300 programas del Congreso „ 30.00 Enero 20 de 1919. Recibo No. 1313 del diario ''El Pueblo'' n 5.25 Enero 20 de 1919. Recibo No. 2290 del diario "Excelsior" „ 6.60 Al frente í $780.00 $228.68 27 Del Trente $780.00 $228.68 Enero 21 de 1919. Importe de los timbres para los recibos de los señores congre- gantes „ 7.80 Enero 21 de 1919. Factura No. O|A de "La Helvetia" por un libro borrador y uno registrador „ 3.80 $780.00 $240.28 Resumen: Total de ingresos $780.00 Total de egresos $210.28 Existencia en caja $539.72 28 Informe sobre los trabajos del Congreso Nacional del Tabardillo, leído en la solemne sesión de clausura por el Dr, Everardo Landa, Relator Suplente. Es muy honrosa la comisión que el señor Presidente del Congreso Nacional del Tabardillo se dignó confiar a mi reconocida insuficiencia y que lleno de alientos vengo a cumplir en esta noche que dejará para mi per- sonal satisfacción muy gratos y perdurables recuerdos. Hubo de ser el dis- tinguido colega don José de Jesús González quien, atinado, erudito y en- tusiasta, resumiera una labor fecunda, que si no he considerado superior a mi reducido mérito científico, es por la razón plausible de un ferviente anhelo que me anima en pro de bella causa y, más aún, porque me siento obligado a corresponder a una elección con que no debió distinguirse más que a persona idónea y realmente ameritada. Herencia de nuestros antepasados, que en densos grupos resultaran víc- timas de la guerra, el hambre y la peste, es el temor popular a la inicua fiebre que suele dejar luto y acerbo dolor en nuestros hogares; herencia es para los médicos que vivimos en este suelo la general preocupación por cono- cer de un modo completo a un cruel enemigo que siempre nos asecha. De aquí resulta que muchas cuestiones que atañen al tabardillo son arduos pro- blemas de crecido interés para los médicos mexicanos. Y si, por otra parte, nos detenemos a pensar con amargura en que no pocos buenos y útiles hombres cayeron heridos de muerte, mil veces perdida la razón, calenturientos y con- vulsos, más se aviva aquel interés por descubrir el origen de la plaga y lograr al fin la completa destrucción de su fuerza, que parece invencible. Del seno del V Congreso Médico Mexicano, verificado en la ciudad de Puebla, brotó magnífica idea: impulsados por ella nos hemos congregado en esta ocasión para dar cumplimiento a nuestros propósitos. A pesar de que hubo escépticos que dudaran del buen éxito porque acerca del vulgarísimo tabardillo nada nuevo se puede ya decir, hemos visto por fortuna realizadas nuestras legítimas aspiraciones, y estamos aquí presentes con la rica ofrenda y no abatidos por el desengaño- 29 Treinta y seis memorias fueron leídas en las agradables horas du- rante las cuales nos reunimos para recoger enseñanzas, cambiar impresiones, disipar errores, destruir añejos prejuicios; y aunque no todas son propiamen- te originales o inéditas, porque algunas sólo reflejan y dicen las opiniones de otros observadores, o ya habían sido publicadas, en general sirvieron de fundamento a muchas discusiones útilísimas que fijaron ciertos puntos dudosos o, por lo menos, señalaron nuevas y más claras orientaciones. Los asuntos de que dichas memorias se ocupan pueden clasificarse de este modo: de diagnóstico y pronóstico, de etiología, de profilaxis y de tra- tamiento. Si recordáramos los estragos lamentables que en el haber del tabardillo se vienen registrando desde remotas épocas en México, y evocáramos aque- llas escenas aflictivas que durante la dominación española se repetían con singular frecuencia; presenciaríamos ante nuestros ojos aterrados un interminable cortejo de macilentos espectros: aquellos idólatras y pobres indios de las antiguas razas, «pie caían verdaderamente fulminados por la extraordinaria virulencia del temido y legendario matlazahuatl. Las nieves eternas con que coronan sus enhiestas cumbres los dos colo- sos visibles en el horizonte del florido Valle, y las aguas de los lagos y ca- nales pintorescos que en la antigua Tenochtitlán vieran admirados los con- quistadores, no sólo se tiñeron con la púrpura de los vencidos: aquéllas sir- vieron de simbólico sudario y éstas fueron tumba de innúmeros atacados por indomable peste. Afanosos iban entonces por doquiera los frailes do- minicos y franciscanos, movidos por la proverbial abnegación de su cris- tiana vida, recogiendo cadáveres infectos, escuchando lamentos de angustia y gritos de hondo pavor, incansables prodigando sus bendiciones y las palabras infinitamente consoladoras de su caridad a infortunados agonizantes. El historiógrafo l)r. Nicolás León nos habla de estos tristísimos suce- sos en la interesante memoria "¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en Ja época hispana?" La palabra, derivada de matlatl, red, y zahuatl, sarna, granos, significa una erupción en forma de red. Los códigos pintan a los enfermos con el cuerpo sembrado de manchas negras. Para el Ing. Francisco M. Rodríguez el vocablo proviene de ma- fia! i, (pie es un vegetal de flores azules, y de zahuatl. Ambas etimologías dan cuenta del síntoma principal, las petequias, que por su color y distribución corresponden a los nudos de la red o a la floración de la planta citada. Tabardete llamaron a la enfermedad algunos escritores porque es pare- cida a la (pie también se ve en la Península Española. Cocoliztli quiere decir "enfermedad o pestilencia"; viene del verbo cocoa, enfermar, doler algo. El vulgo llamó a toda epidemia cocoliztli; aunque, po- sible es, (pie el término fuese aplicado primitivamente a alguna enfermedad que se vió en los primeros siglos de la dominación transformadora. De las muy pocas e incompletas descripciones que existen del matlaza- huatl, la de Rodríguez Argüelles hace pensar que se trata del tabardillo, y en muchas obras se usa aquel término como sinónimo de tabardete, causón, fie- bre petequial, tifo exantemático. Matlazahuatl y tabardillo son, pues, a no dudarlo, designaciones corres- pondientes a la misma unidad nosológica. Si hubiera trabajos de clínica po- 30 dríamos ilustrarnos completamente sobre el asunto, pero algunos, como los de Hernández, se perdieron en el incendio del Escorial. Al tabardillo se debió la destrucción del reino de Tollan en el año de 111G de nuestra era; y la misma enfermedad, favorecida por el hambre, en el 583 de Cristo, motivó probablemente las emigraciones del Huehuetlapállan hacia México. Recuerda el Dr. León, para que se note la influencia terriblemente mortí- fera del tabardillo, que después de la sexta epidemia, o sea la de 157G, el vi- rrey I>. Martín Enríquez dejó en sus archivos un registro de más de dos mi- llones de muertes causadas por matlazahuatl. El Dr. Atanasio Placeres leyó su tesis inaugural: "Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo". Se refiere a trece necropsias y ciento cincuen- ta preparaciones histológicas hechas con visceras de atabardillados. El autor escribió extensamente y de su memoria trasciende un entusiasmo digno de elogio. Según el autor, en el tabardillo hay tendencia a la congestión y la he- morragia; constancia e intensidad notables en las lesiones respiratorias y nerviosas; abundancia y tensión exagerada del líquido cefalorraquídeo; in- tegridad del tubo digestivo (contra lo aseverado por Jiménez) ; y con gran probabilidad, teniendo en cuenta la dicha constancia de las lesiones del apa- rato respiratorio, que éste es el primero (pie adquiere el contagio. El subscripto dió lectura a unas "Notas sobre el exantema del tabardi- llo". Asegura que las pápulas que brotan a veces en esta dolencia aparecen antes que el exantema clásico, que las manchas empiezan por el dorso en la mayoría de los casos, favorecidas por el decúbito supino, y allí son siempre más abundantes y notables, y que el éxtasis sanguíneo resultante de una com- presión en la raíz de los miembros aumenta, según las investigaciones de Fraenkel y las que él efectuó de comprobación, el color del exantema, hace apa- recer manchas que no eran bien claras y aun puede favorecer la reaparición de petequias algunos días después de la defervescencia. "Tifo de forma adinámica" se intitula un escrito presentado por el doctor José Santos Gómez. La baja temperatura, el exantema tardío, el abatimiento de la tensión arterial, taquicardia, respiración superficial con una que otra, inspiración profunda, voz apagada, son comunes atributos de esta forma de pronóstico gravísimo. El Dr. Carlos Govea, en "Algunas notas sobre el pronóstico del tabardi- llo" revisa los elementos que un médico puede aprovechar, naturalmente bien valorizados, para prever la suerte del enfermo confiado a su pericia. La evo- lución larga y los numerosos cambios (pie pueden presentarse impiden formu- lar un pronóstico cercano a la verdad. Las constituciones individual y médi- ca, la edad, los hábitos de alcoholismo, las enfermedades anteriores, síntomas y complicaciones, estado psíquico, etc., etc.: he aquí varios de los puntos de meditación para el clínico. El pronóstico ha de ser reservado durante los sie- te o nueve primeros días, y próximo o pasado el undécimo, algo más segura la previsión del final. No hay (pie olvidar las sorpresas, que en el tabardillo son a veces terribles. Eran ya conocidas las ideas que el Dr. Francisco Bulman desarrolla en su estudio "Gestación y tabardillo". Se ocupa de pormenores útilísimos en la práctica. Medios empleados para extinguir la fiebre pueden ser 31 causa de contracciones prematuras o despegamiento placentario. Ha visto embarazos interrumpidos por el salicilato de sodio o los ecbólicos, prescritos quizás en virtud de la general creencia de que basta la calentura para determinar la expulsión del producto. Es cierto que el tabardillo tiene electos abortivos; pero una terapéutica imprudente resulta culpable en no pocas ocasiones. Llama la atención acerca de la posibilidad de evitar las in- fecciones puerperales en enfermas de tifo; y estudia al fin circunstanciada- mente el punto relativo a la asistencia de partos cuando el médico presta sus servicios a un tifoso. Concluye que no hay peligro ni deben existir escrúpulos justificados sobre este particular- "Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se ob- serva en el Estado de Nuevo León". El autor de esta memoria, Dr. Antonio de la Garza, dice (pie el padecimiento es probablemente esporádico en dicho Estado fronterizo y endémico en la ciudad de Monterrey; su forma es la vul- garmente conocida por "fiebre de catorce días"; es muy poco contagioso; su pronóstico benigno. Entre los factores etiológicos inculpa a la saliva, la cual, según ha leído, desempeña un papel principal en la génesis de ciertas infec- ciones; no le concede importancia al piojo; asegura (pie las petequias apare- cen entre el tercero y el cuarto días; y que la dolencia termina por crisis en el 75% de los casos. El cambio de clima es suficiente para hacer variar el pronóstico y la faz del padecimiento. Aplica inyecciones de aceite alcanforado desde el principio de la fiebre y cree que producen alivio notable. De muy importante debe calificarse la "Contribución para el estudio he- matológico del tabardillo", que a este Congreso trajeron los DD. Fernan- do Ocaranza y José Joaquín Izquierdo: trabajo de investigación que alaba- mos entusiásticamente. Rememoran lo escrito en trabajos anteriores de Von Domarus, Weil y Clerc, y de Codina y Castellví; revisan las observaciones de este último y hacen notar la constante leucocitosis polinuclear con hipolinfocitosis y anoo- sinofilia, de gran valor diagnóstico, supuesto que el contrario estado de leu- (openia es propio de la infección tifoidea y el sarampión. Algunos observadores nacionales han encontrado, aun en la convalecen- cia, manifiesta leucocitosis y polinucleosis habitual; mas como fuera necesa- rio perseguir los cambios hemáticos, la reacción y el equilibrio leucocitarios en un mismo enfermo, día por día y, en caso de ser posible, desde que empie- za hasta que termina la dolencia; y más aún, llegar a los primeros días que siguen al descenso febril, estudiaron cotidianamente a diecinueve enfermos que dieron un total de ciento sesenta y dos observaciones, efectuadas en igua- les circunstancias de medio y de tiempo. Como alteración constante, concluyen, existe una leucocitosis paralela a la curva febril, y siendo de mucha importancia este fenómeno, puede con- siderarse grave el pronóstico si hay divergencia entre las curvas térmica y leucocitaria. Las "Complicaciones oculares en el tabardillo": conjuntivitis, queratitis, iritis, glaucoma y atrofia papilar son las que ha visto con mayor frecuencia el Dr. Gildardo Serrano. Inyecciones subconjuntivales de cianuro de mercu- rio son muy eficaces en el tratamiento de la última. Una memoria "Acerca de la estadística del tabardillo", interesa por las 32 convicciones que deja en el ánimo el hecho por cierto lamentable, relativo al desorden con que se han efectuado hasta hoy muchos estudios, y los prejuicios y aun falsedades que reinan a propósito del tifo. El autor de aquélla, Dr. Ge- naro Escalona, dice que no conocemos clínicamente la dolencia ; (pie hay anar- quía absoluta en asuntos etiológicos; se construyen estadísticas sobre hechos mal observados; se consignan afirmaciones e ingenuamente se cree en la efi- cacia de recursos profilácticos o terapéuticos, sin meditar un poco en la natu- lal evolución de los fenómenos. Es, por consiguiente forzoso, principiar la es- tadística del tabardillo desde todos los puntos de vista en (pie deba conside- rarse un asunto de real trascendencia. El Dr. Luis R. Lara leyó una "Historia de la epidemia del tifo en Real del Monte", acaecida en los años de 1915 y 191G. La abundancia de piojos fué el hecho culminante en ese pueblo hidalguense. Parásito prolífico, visto por Vér- tiz como "una manifestación de la miseria orgánica y social", el piojo con- firmó su papel de propagador del tabardillo. La profilaxis debe consistir en activa campaña contra el inmundo chupador de sangre humana. "Las complicaciones quirúrgicas del tifo" fueron consideradas por el Dr. Gonzalo Castañeda en el seno de esta Asamblea, Califícanse de tales los padecimientos (pie sin ser acompañantes de la enfermedad sino contingentes, tienen con ella relaciones y son o pueden ser del dominio quirúrgico. Son de iodos perfectamente conocidas y no es preciso señalarlas en este breve re- samen. Desde tiempos remotos sabemos que el hambre es un factor poderoso en el desarrollo de innumerables enfermedades infectivas; sin embargo, no acep- tando esta vieja creencia, el Dr. Santiago Ramírez se ocupa de estudiar el "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". El hecho de que algunas epidemias de tifo exantemático hayan coincidido con escasez de ví- veres y de recursos pecuniarios para procurárselos, de ningún modo auto- riza la afirmación de que dicha calamidad social desempeñe un papel pre- ponderante. Se aceptaría que aquélla, deprimiendo las condiciones morales de personas cultas, agrega el factor depresivo y determina el desarrollo del tifo petequial. El Dr. Ramírez juzga menudamente, presenta la cuestión bajo diversos aspectos y añade a su memoria una buena colección de cuadros es- tadísticos con los cuales apoya su criterio. Tanta importancia suman los asuntos relativos a las causas de la en- fermedad, que debe el investigador saber orientarse en el terreno científico y emprender principalmente dos caminos: el de la observación y el de la ex- perimentación. En "El problema de la etiología del tabardillo" lo afirma el Dr. Angel Brioso Vasconcelos. Hemos de confesar ignorancia completa respecto de las causas; mas como quiera (pie la observación y sus inferen- cias constituyen un privilegio del genio, queda el otro recurso indudablemente científico. Para realizar este desiderátum hay (pie disponer de un instituto con los mejores elementos de estudio. El nos servirá para conocer lo mucho que nos falta del tifo exantemático. "Consideraciones sobre la importancia del piojo blanco en el tabardillo", es el título de un trabajo leído por el Dr. Agustín Reza. Supone este señor que el germen del tifo puede existir en la piel, donde calor, humedad y des- pojos diversos son condiciones favorables para la vida micróbica; el piojo 33 no sería más que un medio indirecto en la propagación, pues las minúsculas heridas (pie resultan del rasquido permitirían la invasión del microbio gene- rador. La principal medida profiláctica tendrá que ser, por consiguiente, el aseo de la piel tanto en el enfermo como en las personas que lo rodean. El reinante desacuerdo acerca de la intervención del piojo justifica el título de una memoria que interesados le oímos leer al Dr. Horacio Rubio: "¿Son los piojos los únicos agentes de la propagación del tabardillo?" Ilus- tra nuestro criterio con descripciones muy pormenorizadas y concluye Ru- bio (pie en el estado actual de los conocimientos (pie poseemos sobre este par- ticular no es posible admitir que los parásitos pediculinos sean el único me dio en la transmisión del tifo. Respecto de este problema tan espinoso de la etiología, el Prof. Rafael Rodríguez y Vega contribuyó con un trabajo que denomina "Etiología del tifo exantemático". Este señor es testigo de las investigaciones hechas por Plotz, Olitzky, Denzer y Husk en el Hospital Monte Sinaí, de Nueva York. El trabajo presentado en el Congreso es una traducción del folleto, bien conocido sobre el supuesto germen productor del tabardillo, escrito por el ci- tado bacteriólogo americano, Sr. Plotz. Investigaciones bioquímicas muy cuidadosas efectuó en el Hospital Ge- neral de esta ciudad el Dr. José Joaquín Izquierdo para redactar su memo- ria sobre "La eliminación de los cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo". No considera el hecho de la retención de cloruros aisladamente sino en conjunto con los cambios que introduce en el equilibrio de los líqui- dos orgánicos, en virtud de la gran influencia osmorreguladora que tiene di- cha retención. Estudia el volumen de la orina, las variaciones de peso cor- poral, la eliminación de los cloruros, es decir, la hidratación y deshidrata- ción de los tejidos a causa de la retención o de la pérdida de la linfa que los baña. Sus doce observaciones dan cuenta de una labor que mereció felicita- ciones por parte de uno de los señores asistentes al Congreso. El autor ex- plica de un modo original algunos de los ya conocidos hechos pertinentes al equilibrio clorurado en los tifosos. Suceso común es la descarga de cloruros en el momento de la defervescencia; los cloruros estaban retenidos y habían atraído el agua del torrente circulatorio; de aquí el aumento de orinas cuan- do la temperatura desciende; esto es, acaece un fenómeno de verdadera des- hidratación, que explica el rápido y notable adelgazamiento del convalecien- te, y quizás también, aunque sólo en parte, las gangrenas. Por haber encon- trado cifras normales de cloruros en la sangre no teme la clorurhemia; el mayor peligro está en la producción de edemas, si el agua llega a acumularse excesivamente en los tejidos. Comenta el punto de la impermeabilidad renal y expone los peligros reales (pie pueden causar en los tifosos las inyecciones de suero artificial. "La tifización o inmunidad adquirida por el contacto con enfermos de tifo", es el asunto de (pie se ocupa el Dr. Guillermo Cerqueda. Algunos he- chos hacen admitir al autor la adquisición de inmunidad contra el tabardillo en las condiciones a (pie se refiere el título de su trabajo. Cree que dicha inmunidad no se logra sino a costa de ligeros trastornos febriles de corta duración, las más de las veces inexplicables cuando se asiste a tifosos. En su "Práctica de la a utodesi afección presentada en forma de memo- 34 ría, ante el Congreso Nacional del Tabardillo'', el Dr. José Tirado Balcázar, médico militar, fundado en la consideración de que el tifo es una enferme- dad microbiana, quiso "buscar un medicamento microbicida, cuya actividad como tal, no perjudicara en lo más mínimo..." Tuvo "la fortuna de encon- trar una substancia que ingerida en forma sólida por la vía bucal, llega al estómago poniéndose en presencia de los jugos de reacción acida contenidos en él, se descompone desprendiendo un gas que al atravesar los tejidos, para ser eliminado, mata los micro-orgnanismos alojados en ellos, y deja un re- siduo tan fácilmente asimilable como los alimentos". Asegura "que la at- mósfera microbicida que es perceptible hasta en torno del lecho, obvia los inconvenientes con que tropiezan las personas pobres, para cambiar frecuen- temente la ropa a sus enfermos". No nos descubre la composición de su medi- camento "Microbicida" que, según las indicaciones, debe ir con otros asocia- do : "antiperiódico", "neurasténico", "cefálico", "antitérmico'' y "antiséptico", cuyas fórmulas se propone patentar. La lectura de este trabajo motivó una general protesta y el nombra- miento de una comisión que resolviera si dicho escrito debe publicarse jun- tamente con las memorias del Congreso. "Profilaxia del tabardillo. (Campaña contra el tifo)": título de una extensa memoria donde el Dr. Manuel S. Iglesias se avergüenza de que este mal siga diezmando a nuestras ciudades. Forman la base de la profilaxis las tres condiciones indispensables para la propagación de cualquiera enferme- dad infectiva. Las autoridades sanitarias deben procurar descubrir al eu- fermo, y después impedir que su infección se propague. Inútil fuera decir que se necesitan agentes sanitarios bien educados para el desempeño de la- bores de tal magnitud. En este sentido recuerda (pie la divisa del médico sa- nitario debe ser: "Convencer en lugar de imponer". Manera de obrar absolu- tamente necesaria en nuestro medio social, por desgracia tan poco inclinado a las prácticas sanitarias. Los consejos de Iglesias derivan de la gran expe- riencia adquirida en la campaña contra la fiebre amarilla, que (lió resultados incomparablemente buenos en el puerto de Veracruz, y (pie puede aplicarse en todas sus partes al tifo. También el Dr. Mario A. Torroella ha presenciado en los Estados Uni- dos los trabajos (pie condujeron a Plotz al hallazgo de su bacilo. Hace de ellos una completa y clara exposición en la "Contribución al estudio de la etiología del tifo exantemático". La cuestión del tabardillo, dice, ha dejado de ser, si cabe la expresión, un problema clínico para transformarse en pro- blema bacteriológico. Se muestra convencido, por haberse realizado sobre el particular los cánones que Pasteur formuló para declarar específico a un germen micróbico, de que Plotz ha podido ya identificar el del tifo. Acepta la transmisión por el piojo; cita, entre otros, los trabajos de Da Rocha Lima, probatorios de los de Plotz, y declara la unidad del tifo exantemático, en virtud de haberse hallado el bacilo de Plotz en México (se refiere a los tra- bajos emprendidos en Matehuala por colaboradores de Plotz), en Europa y los Estados Unidos. Acerca del "Tratamiento del tabardillo", los DD. Adolfo Hernández y Mariano Rodea dan cuenta en colaboración de la terapéutica habitual que vienen empleando para combatir el tantas veces nombrado tifo petequial. Ba- 35 iros aplicados personalmente por el médico, sueroterapia e inyecciones sub- cutáneas, intravenosas, musculares y raquídeas de líquido cefalorraquidiano en dosis de 5 a 15 centímetros cúbicos. Creen que el cloruro de calcio es po- co eficaz. ''¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a los tifosos?" El doctor Antonio Beséndiz nos dice que la preocupación del médico, en el sentir de Deschamps, debe ser el arreglo de la alimentación para el enfermo, y como en el tabardillo los procesos de la nutrición están siempre alterados, hay que propinar alimentos inofensivos que mantengan provechosamente las ener- gías para la natural defensa del organismo. El agua en cantidad suficiente facilita la diuresis y combate la clorurhemia; pero el alimento de elección es la leche; los atoles, porque originan muy escasas fermentaciones y aumen- tan el valor energético del individuo, convienen sobre todo en las formas adi- námicas; las gelatinas cuando hay tendencia a las hemorragias; los azúcares, por sus efectos electivos sobre la fibra muscular; y la dieta láctea, que debe prolongarse, con el fin de evitar complicaciones digestivas, cuando menos por una semana después de la defervescencia. El Dr. Francisco Bello expone en su trabajo el resultado de sus obser- vaciones y valiosa experiencia adquirida en el Hospital General de Puebla. Llega a la conclusión de que el tifo es endémico en aquella ciudad y que las exacerbaciones anuales y constantes acaecen en el mes de marzo; entre las causas de dichos aumentos sólo está bien averiguada la escasez de lluvias; no se explican satisfactoriamente atribuyéndolas al piojo como causa prin- cipal; el tabardillo es característico clínicamente y el exantema su signo patognomónico; no cree, por esto mismo, que haya formas sin petequias; la erupción cutánea se revela por pápulas y manchas; distingue tres formas clí- nicas: benigna, grave y muy grave; no existe un medicamento específico pa- ra oponerse al curso invariable de la dolencia; la vuelta al estado normal, se realiza sobre todo por los esfuerzos naturales del organismo; y la bacterio y la sueroterapia constituyen la verdadera esperanza del médico. Tengo que daros cuenta en seguida de algunos "Someros apuntes acerca del tabardillo en Nuevo León". Los ha presentado en su bien escrita me- moria el Dr. Jesús M. Saldaña. El epígrafe de este trabajo es un pensamien- to de Hirsch: "la historia del tifo es la historia de la miseria humana". El padecimiento se presenta de manera esporádica en la mayor parte del terri- torio de Nuevo León, excepto en pueblos del Sur, que situados a 1,800 M., lo llegan a adquirir con verdaderos caracteres de epidemia. Parece que antigua- mente no existía la enfermedad en aquel Estado septentrional y que ella apareció desde la época en que se establecieron con toda regularidad las co- municaciones ferroviarias con el resto del país. El pronóstico es benigno, a veces hay enantema, la duración es de doce a catorce días y la habitual ter- minación por crisis. Acepta la hipótesis de la transmisión por el piojo, y por consiguiente afirma Saldaña que "el tifo es evitable". Si pudiera hacerse objeto de vulgarización la idea de (pie se muestra solidario, quizás podría curarse ese temor que en el pueblo inspira la infección; y alejando el miedo al contagio, se lucharía victoriosamente, ya (pie suelen resultar más víc- timas del pánico que de la propia enfermedad. El Dr. Andrés Anaya cooperó en esta Asamblea con una laboriosa me- 36 moría y una colección de gráficas admirablemente acabadas sobre estadís- tica del tifo en Puebla. Creo que son de estimación las conclusiones a que llega, porque se fundan en lo observado en un lapso de veinticuatro años en el Hospital General de aquella ciudad, y como las hace extensivas a toda la capital poblana, apoyado en un estudio comparativo, resultan aquéllas de más importancia aún. Dice que el tifo ataca en igual proporción a los dos sexos: que noviembre es el mes de cifras más bajas de morbilidad, y marzo, al con- trario, el de mayor contingente; los solteros los que rinden mayor tributo a la dolencia; respecto de ocupación, se distinguen los tejedores, obreros de fá- bricas y domésticos; en las calles situadas a las márgenes del San Francisco y las adyacentes prevalece el tabardillo; la mortalidad general alcanza una proporción de 23.41%. En su trabajo "Tabardillo. Anotaciones", el Dr- Ricardo Ortega se considera a sí mismo, muy en contra de caprichosas intenciones de enfermar de tifo y sólo "para salir del paso", refractario a la dolencia y a todas las in- fecciones imaginables. ¿Defensas orgánicas? ¿Inmunidad adquirida por el frecuente contacto? No lo sabe. Cree que no hay tifo en Monterrey; lo cual estaría en absoluto desacuerdo con las aseveraciones de los señores que en el Congreso comunicaron que en esa ciudad fronteriza existe el tabardillo. Describe un caso de ascitis y otro de polineuritis producidas por el tifo. El Dr. Juan Carmona siguió en orden de turno para referir que en la gran fábrica queretana de "Hércules'' cesó el tifo, al parecer, después de ve- rificadas allí las prácticas sanitarias correspondientes. En sus "Apuntes clínicos sobre el tabardillo y algunas otras enfermeda- des infecciosas", el Dr. Antonio Balvanera concede a la ventilación, en las oficinas de los Telégrafos Nacionales, uno de cuyos departamentos era alber- gue de infecciones diversas, un efecto benéfico primordial, pues una vez es- tablecida aquélla en debida forma, desaparecieron dichos males. Por segunda vez ocupa la tribuna el Dr. Angel Brioso Vasconcelos para leer una recopilación que denomina "Algunas notas sobre el tifo exantemá- tico". Consigna muchos datos sobre tabardillo recogidos en el periódico de la Asociación Médica Americana. Llaman la atención, respecto de terapéu- tica sintomática, el uso de la estrofantina en inyecciones endovenosas, y la aplicación, por la propia vía, de suero clorado: útil consorcio de cloruro de sodio y cloro en convenientes proporciones. No es posible dar cabida en este informe a los numerosos datos coleccionados por el Dr. Brioso Vasconcelos y que hasta cierto punto se pueden calificar de últimos conocimientos acerca de la enfermedad que nos ocupa. Viene a continuación la lectura <lel Dr. Rafael Norma: "Juicio crítico de los procedimientos empleados para la profilaxis del tifo". Se refiere el au- tor, en esencia, a las medidas adoptadas por el Departamento de Salubridad, para ver de reprimir la amenazante explosión del tabardillo a fines de 1915. Ninguna hay, dice Norma, específicamente profilática, y además, todas eran impracticables durante la crítica situación económica en que fueron propues- tas y mal ejecutadas. En suma, el Departamento que rige las condiciones sa- nitarias de la República Mexicana, desplegó recursos desacordes con lo que la Higiene manda y lo que, por otra parte, la Patología enseña acerca del 37 tifo. Así opina el autor de este largo escrito, motivo inesperado de una inte- resantísima discusión en los dominios poco frecuentados de la Lógica. Sobre "Medidas profilácticas para la propagación del tifo", habló a con- tinuación el Dr. Francisco Valenzuela. Juzga la cuestión desde el punto de vista etiológico y revisa los conocimientos que ahora poseemos sobre la in- fluencia del piojo en la generación de la fiebre petequial. El Dr. Valenzuela se declara partidario de la teoría de la transmisión por este parásito, y dice, por lo tanto, que la profilaxis no debe ser más que una campaña muy activa contra el pediculino. En "La terapéutica del tabardillo", el Dr. Vicente Flores recuerda a Jiménez, hombre incomparable, dice, para quien fueran de cristal las pa- redes de las cavidades orgánicas. Combinando y coleccionando los datos co- nocidos con los resultados de su genial observación, el sabio clínico precisó la ruta científica en la terapéutica del tifo. Flores recomienda, apoyado en razonamientos por analogía, una fórmula compuesta de cloruro de calcio, cacodilato de sodio y ácido fénico, en inyecciones hipodérmicas. El Dr. José de la Serna envió un folleto de vulgarización, impreso y por lo mismo ya conocido: "Ligeros apuntes sobre el tabardillo o tifo exante- mático." La última comunicación de que voy a daros cuenta lleva por título: "Mis impresiones acerca del tifo (Tabardillo)"; su autor, el Dr. Antonio A. Loaeza la divide en dos partes: en la primera presenta una reseña biblio- gráfica de los trabajos publicados sobre el tifo en la Academia Nacional de Medicina; en la segunda expone breve resumen de sus prácticas relativas a diagnóstico, pronóstico y tratamiento de la enfermedad. Manifiesta que debe recordarse a los médicos de todo el mundo que existe en México un premio de $50,000.00 cuya vigencia tendrá que asegurar la Academia de Medicina, des- tinado a los investigadores (pie descubran la causa del tifo y el mejor modo de curarlo. Después de haber intentado reducir a tan estrechos límites la considera- ción analítica de una labor óptima (pie el primer Congreso Nacional del Ta- bardillo realizara, debo, señores, presentar un resumen si no del total de cuestiones importantísimas aquí vistas con la mejor voluntad y un entusiasmo sin precedente, al menos de aquellas que en mi concepto culminan y expre- san el general criterio de esta Asamblea. Tres son los asuntos de trascendencia indudable que hubieron de sus- citar los más vivos y fructuosos debates: el primero, relativo a etiología, sintetiza las opiniones que actualmente prevalecen respecto a la interven- ción del piojo blanco sobre la génesis de la grave dolencia. De los hechos re- feridos no se debe concluir que el parásito expresivo de la incuria y la mi- seria del hombre sea el único o principal agente transmisor. En Europa lo admiten, como hecho indiscutible, ilustres personalidades médicas; pero* en México, ya sea por defectos involuntarios de experiencia, en virtud de no estar aún convenientemente preparados para efectuar ciertos delicadísimos trabajos; ya porque la Academia de Medicina no halló buenas 38 las inferencias ni derivadas lógicamente las deducciones en la revisión pro- lija a que hubo de someter en época no lejana los estudios bien conocidos -ele Nicolle y otros investigadores; no podemos declararnos en favor de este punto concerniente a la etiología del tifo exantemático. No será la observación, como se dijo en una de las sesiones del Congreso, la que haya de resolver este problema tan difícil: la observación, reservada .a la clarividencia del genio, ha hecho que los hombres sorprendan a la Na- turaleza en el magno secreto de la gravitación universal. En cambio, la ex- perimentación es el sendero más adecuado (pie podrá conducirnos al triunfo que anhelamos todos en bien de la humanidad. Mas como nunca bastaran, se agregó a esta manera de pensar, aislada- mente considerados uno y otro recurso para conocer la verdad, deben ir ellos aunados en útil y sereno razonamiento. Haciendo un balance de las ideas expuestas sobre esta faz del problema Ttiológico; ya conocidos el pro y el contra de los hechos con que varios de los congregantes apoyaron sus simpatías en uno y otro sentido respecto del piojo, supuesto generador; hecha una valoración completa a la luz de imparcial y justo razonar; puédese, por hoy, decir que las mayores probabilidades se suman negativamente en contra de la acción transmisora por el piojo blanco, jpedícullis vestimenti. Concierne el segundo punto a la terapéutica. Reina aquí una verdadera y lamentable anarquía. No hay por qué señalar hoy tantos remedios usados por nosotros, ni esas mil vulgaridades, privilegio de curanderos y charlatanes, que aun llegan a traducirse en fórmulas patentadas. Para beneficio de los pa- cientes y en copia de materiales muy diversos, existirá en todo caso la te- rapéutica científica. Empero, no se ha llegado todavía al pleno conocimiento de que la medicación más sencilla en un enfermo intoxicado por los pro- ductos micróbicos, con sus vías de eliminación enormemente comprometidas, con sus energías orgánicas menguadas, con el espíritu muchas veces en de- rrota; la medicación más sencilla, repito, es la de mayor utilidad a la par que la más justificada. ¿No supimos que uno de los asistentes al Congreso suprimió en un grupo de tifosos todo medicamento, sólo dió agua con jugo de naranja y a pesar de ello no aumentó la mortalidad? Hecho elocuentísimo que, a priori, haría pensar en que el jugo de naranja es específico, y que me propuse re- cordar ahora por la importancia que tiene para los que padezcan o traten de curar tabardillo. El Dr. José Terrés, en una síntesis con (pie ilustró al auditorio, dijo que existe una relación inversa entre las probabilidades de curación y el número de medicamentos ordenados a un tifoso. Hago una digresión para dejar consignado que dicho señor recomendó para el tratamiento el uso combinado de timol y calomel, en dosis respecti- vas de 20 y 10 centigramos cada dos o tres horas. Aparte de los medicamentos de orden sintomático, indispensables pero discretos siempre, el tifoso no requiere forzosamente para alivio de su grave situación inyecciones de suero salino, ni coloides de oro o de plata, ni otras drogas que pueden comprometer su vida- 39 Tal es, señores, una de las conclusiones más trascendentales a que se ha llegado en este Congreso. El tercer punto concierne al gran desorden, a la más completa indis- ciplina y falta casi absoluta de lógica reinante en la mayoría de las inves- tigaciones que hasta hoy se han hecho para lograr el conocimiento del tifo- petequial. En asuntos biológicos, so pena de incurrir en gravísimos errores,, deben plantearse reflexivamente los problemas, medirse bien las circuns- tancias, emplear los diversos métodos que la Lógica nos procura para el ra- zonamiento y final adquisición de la verdad luminosa. Sólo así podremos, colocarnos en buenos puntos de mira y aprovechar mejor nuestras acti- vidades. Sin haber traído un acervo de investigaciones inéditas; sin habernos, procurado la grata satisfacción de reales novedades, sí podemos afirmar un hecho indudable, y este es en mi concepto el mejor provecho y la más útil enseñanza del Congreso: que por desgracia vivimos en el caos. Pero ya fi- jado por hoy nuestro criterio, más definidos nuestros proyectos, despejados los senderos y mejores las orientaciones que en lo futuro habremos de seguir^ en el próximo Congreso quizás lleguemos con inmenso júbilo al traer una cooperación verdaderamente fructuosa y la solución cabal dé problemas obscuros y difíciles. Termino mi relación exponiendo las proposiciones que fueron acep- tadas y que constituyen los acuerdos del Congreso, algunas de las cuales condensan mi último pensamiento acerca de las necesidades que imperiosa- mente exige el estudio del tabardillo. Dichos acuerdos son los siguientes: I. Las reuniones del Congreso Nacional del Tabardillo se efectuarán periódicamente cada dos años. II. Se nombrará una Comisión Central con residencia en la capital de- la República y con facultades para nombrar delegaciones en los diversos Estados, y para dirigir las investigaciones en todo el país en cuanto se re- fiere al estudio del tabardillo. III. La Comisión Central reunirá todos los datos que provengan de tales investigaciones y procurará que lleguen a conocimiento de los asocia- dos y de toda la clase médica del país, por medio de congresos y de la prensa médica científica. IV. La Comisión Central será nombrada por la Junta Organizadora del siguiente Congreso del Tabardillo, y podrán formar parte de ella uno o va- rios de sus miembros. V. Se solicitará respetuosamente la protección del Gobierno del Centro y del de los Estados para usar los elementos oficiales y para obtener una subvención, si tal cosa fuere posible. VI. Considerando: lo., que el tabardillo es en nuestro país un factor considerable de morbilidad y mortalidad; 2o., que en otros países se tiene como un hecho ya bien probado el papel del piojo en la transmisión del tifo y se cree probable el del bacilo de Plotz como agente etiológico de la enfer- medad; y 3o., (pie sería de gran utilidad que en México se comprobaran di- chas aseveraciones de un modo científico y racional, el Congreso Nacional del Tabardillo se permite excitar al Departamento de Salubridad Pública 40 para que el Instituto Bacteriológico que de él depende, emprenda las inves- tigaciones necesarias para comprobar el papel del piojo en la transmisión dél tabardillo y la significación del bacilo de Plotz en dicha enfermedad. VIL Nómbrese del seno de este Congreso una comisión que gestione de las instituciones de Beneficencia Privada el establecimiento en la ciudad de México del Instituto Experimental del Tabardillo. VIII. Las investigaciones a que se refieren dichas proposiciones, serán hechas por la comisión y subcomisiones del tabardillo en la República. IX. Se establece una cuota de $10.00 por cada congregante destinada a pagar la impresión de las memorias presentadas en este Congreso. X. Será publicado el trabajo del Dr. José Tirado Balcázar, seguido de la acta relativa a la protesta que suscitó. Compláceme, por último, anunciar que la Junta Organizadora del próxi- mo Congreso del Tabardillo, quedó formada, después de la votación respecti- va, por las siguientes personas: Presidente: Dr. Alfonso Pruneda. Vicepresidentes : Dr. Horacio Rubio. Dr. Genaro Escalona. Secretario General: Dr. Ricardo E. Cicero. Relator: Dr. Angel Brioso Vasconcelos. Tesorero: Dr. Tomás G. Perrín. Vocales: Dr. José A. Castañedo. Dr. Antonio de la Garza. Dr. Carlos Alcocer. Dr. Francisco Bello. Dr. Rafael Nadal. Y antes de separarme de este sitio deseo recordar que en los debates y en varias memorias se mencionó muchas veces el nombre de un médico sa- bio cuyos estudios llenan toda una época en la historia de la Medicina Na- cional. Si este hombre ilustre y bueno hubiera visto la luz de la vida en la vieja Europa, según dijo un apreciable compañero nuestro en cierta festivi- dad que la Universidad Popular celebró en memoria del sabio a que me ven- go refiriendo, este hombre conspicuo, Miguel Francisco Jiménez, sería, al igual de Pastear, gloria del mundo; pero ya que Jiménez nació en humilde cuna, Jiménez es sólo gloria de México. Su espíritu, o sea como yo pienso, el recuerdo que de su preclara exis- tencia conservamos con orgullo y amor, flota en estos momentos solemnes para estimular nuestros impulsos nobles en bien de la humanidad y por el verdadero progreso de nuestra patria. México, 21 de enero de 1919. 41 Discurso pronunciado por el Dr, Samuel García en la solemne sesión de clausura. ¿un DISCURSO DE DESPEDIDA? Señor Presidente: Señores : La pregunta que acabais de escuchar se hallaba resuelta ya afirmativa- mente en nuestra conciencia y también yo me la había formulado y contestado» de la misma manera. La mano inevitable del tiempo, todo lo toca para derri- barlo o para enaltecerlo, para destruirlo o para hacerle experimentar modi- ficaciones y nada hay que pueda escapar a su acción. Los fenómenos tienen (pie durar determinado lapso y sucederse unos a otros en quién sabe cuando comenzada cadena cuyo término nadie puede prever. No hay plazo, por muy esperado, que no se cumpla irremediablemente, ni tampoco que no tenga un fin, pues nada hay con existencia ilimitadamente prolongada. Así ha sucedido» con el Congreso del Tabardillo, concebido en las sesiones del V Congreso Médi- co Mexicano y preparado y cumplido por senda Comisión organizadora que logró inaugurarlo el décimo cuarto de los días correspondientes al primer mes del ano 1919 y (pie hoy asiste a su clausura. El tan deseado llegó a su hora y pasó como pasan los sucesos que en rápida y desenfrenada carrera, o con desespe- rante lentitud, huyen de nosotros para perderse muchos en la fría y oscura noche del olvido, algunos tan sólo en los pliegues de nuestras circunvoluciones cerebrales, de donde surgirán un tanto cambiados para volver a pasar ante nosotros, en la forma de ensoñadoras imágenes, de recuerdos o de alucinato- rias percepciones. Mas, en su preparación, como al efectuarse han laborado de consuno muchas actividades, unas disponiendo los varios pormenores de la reu- nión, otras procurando hacer de los hechos observados en los laboratorios o re- cogidos a la cabecera de los enfermos, aquello que más apariencia tiene de ver- 42 dadero para venir a presentarlo y a aquilatar su valor en el crisol de la dis- •cusión serena y desapasionada- ¡Cuántos espíritus, en tan ignorada cuanto pasmosa comunión, han sentido, durante este tiempo, palpitar una idea, crecer y afirmarse en sus relaciones con otras varias ora acerca de la etiología, de la descripción, del diagnóstico o de cualquiera otro de los numerosos asun- tos que encarna este Proteo que se conoce vulgarmente con el nombre de tifo o con el de tabardillo, propagado entre los módicos mexicanos desde los tiempos del eminente clínico Miguel Jiménez! Y, mientras tanto, la Co- misión organizadora no cedía un ápice en su empeño de conseguir realizar el encargo aceptado, y obtuvo el galardón merecido al inaugurarlo y al presidir las muy concurridas sesiones en que se leyeron y discutieron los trabajos pre- sentados. De dicha Comisión recibí la encomienda de representarla en este sitio, 'encomienda que acepté por el respeto que me inspiran todos los conjuntos de personas que abandonan temporalmente sus tareas ordinarias y provechosas, para dedicar una parte de sus energías al beneficio de la humanidad, o al ade- lanto de la ciencia, que al fin se resume en el primero. Es hermoso ver, que en tiempos de ruda brega, cuando las tendencias egoístas han llegado a prepon- derar en grado tan alto que amenazan ahogar todo altruismo, aunque de éste tomen las apariencias o los nombres; es digno de admiración, el hecho de que algunas personas se congreguen para convocar y dar cuerpo a una reunión en que se estudie cómo conseguir la verdad acerca de una dolencia que tan pronto nos arrebata a un padre como a un hijo, a un amigo o a un hermano, y para hallar los medios de salvar a la patria y al género humano de un azote que a las veces toma proporciones de gigante, si otras duerme y se aletarga como la boa que ha saciado su hambre en rica y suculenta presa- Y si tan bello es con- templarlo, ¿qué mucho que sin medir las propias fuerzas se acepte un com- promiso cuyo cumplimiento resulta casi imposible, si es sabido que el sen- timiento es el móvil de las acciones de los hombres, como el calor latente el que impulsa las grandes máquinas que ruedan por las montañas anuncian- do con sus estridentes silbos el progreso que llega o a las veces la muerte que se acerca, como la energía potencial de los compuestos instables la que lanza los enormes proyectiles agentes de destrucción de vidas y de monu- mentos, así sean las primeras las de grandes pensadores o benefactores y los segundos trabajo de insignes artífices de otros tiempos y orgullo y admira- ción de los coetáneos? No, sólo es extraño que yo haya accedido a hablar en nombre de la Comisión Organizadora, para quienes no sepan que con ella y, principalmente con su Presidente me ligan antiguos lazos de respeto y de afecto; para quienes tampoco sean capaces de sentirse movidos por la admi- ración que causa el logro de una labor a la que no pocos presagiaron que fracasaría y cuyo éxito se debe a la firmeza de voluntad y a la constancia «n el trabajo; y para quienes pasan indiferentes ante la multitud de proble- mas que esperan solución de un trabajo científico, intenso y asiduo o ante los sufrimientos de sus semejantes que piden alivio a quienes están obligados a procurarlo. Mas se halla en pie la pregunta inicial. ¿Váis a escuchar un discurso de despedida? ¡Ah, señores! para escribir un discurso se requieren condicio- nes muy otras de las presentes. En primer lugar, háse menester conocimiento 43 y fluidez en el lenguaje, viveza de imaginación y don especial para persua- dir, y es inútil empeño mostrar que dotes semejantes no han llegado a reunirse en mi persona. En segundo lugar se necesita un tema que, ampliamente des- arrollado, lleve una convicción al auditorio, y que, artísticamente tratado, exalte el sentimiento y haga pender de los labios del orador, el espíritu ente- ro de quienes lo escuchan. Pues bien, aquí no hay tema ni orador; lo se- gundo ya está dicho y sabido; lo primero, porque no hay tampoco despedida y, si la hubiera, no sería ciertamente de aquellas que, como las de los aman- tes Romeo y J ulieta daban nacimiento a estados afectivos contradictorios, dig- nos de ser explicados a luz de la ciencia del alma, y mediante todo un capítu- lo de afecciones mixtas; sino la modesta de compañeros de trabajo que no se dan un adiós, sino un hasta mañana, para continuar los trabajos por hoy suspendidos. Tampoco es alguno de los varios asuntos a que el tabardillo da lugar el apropósito para una oración aquí, pues ellos han tenido su puesto en las sesiones ordinarias que regularmente se verificaron durante el período del Congreso; ni lo es hablar de la importancia de esta congregación, ya que docta y severamente lo expuso en su correcto dircurso el Presidente en el acto inaugural y de una manera clara y bella en el proemio de su discurso el Sr- Dr. D. Tomás Gutiérrez Perrín, en dicha solemne sesión. Permitidme, entonces, dirigir a los médicos congregados para estudiar nuestra fiebre endemoepidémica llamada vulgarmente tifo, una breve alocu- ción que borde sobre los móviles que han podido impulsarlos y que sirvan de sencilla expresión de agradecimiento de quienes las convocaron, por haber acudido a su llamado; pero ruego a todos, tener siempre en el pensamiento el juicio de que la inspiración huye de mí a gran distancia, y en el corazón toda la indulgencia que debe acompañar por doquier al legítimo saber. Señores Congregantes: Todo acto humano puede tener como inducimiento una percepción más o menos complexa o un conjunto de representaciones mucho o muy poco elevadas; pero la energía quedará en potencia, en tanto que no acompaña a dicho inducimiento un incentivo que a intensidad variable, conver- tirá la energía potencial en actual y producirá mayor despliegue de esfuerzo cuanto más grande sea la afección en ejercicio. En el arte médico que noso- tros profesamos, se encuentran numerosos incentivos para proceder de múl- tiples maneras, y puede decirse que pertenecen a todos los órdenes de los ele- vados sentimientos, pues se encuentran intelectuales, sociales y morales, y puede asegurarse que aun religiosos y estéticos. Todos sabéis que la confu- sión que en la mente de un gran número de médicos existe acerca del sitio que este ramo del saber que divinizó Eculapio y transmitió a Hipócrates, debe ocupar entre los conocimientos humanos, se debe a que, si el fin es ejecutar algo que ha de quitar o aliviar una dolencia, los medios para lograrlo pro- vienen de los tres reinos de la naturaleza, que deben ser bien conocidos en to- das sus manifestaciones, lo que supone o implica un amplio saber teórico que, agregado al indispensable para poder formarse juicio completo de las perturbaciones estáticas y dinámicas en que consiste la dolencia aludida, for- 44 ma el altísimo y admirable monumento llamado "ciencias médicas'' creado por varias generaciones de sabios que os han precedido. En este saber teórico, y llámole así por su carácter, por su método, mas no ¡jorque no envuelva multitud de manipulaciones necesarias para la investigación de las relacio- nes que ligan unos hechos con otros, en este saber, se encuentra ya una riquí- sima dote del sentimiento que habiendo tenido su origen en la sorpresa y curiosidad de los primeros hombres, llega a convertirse en la emoción inten- sa que hace palpitar el corazón de Malebranche con la lectura del tratado "De l'homme" de Descartes y alivia los sufrimientos físicos de Pascal, cuando descubre relaciones entre las curvas de segundo grado. El amor a la verdad en abstracto y a lo verdadero, es patrimonio de todos los hombres, pero particular y principalmente de los sabios, y todos los que hemos andado la difícil y escabrosa senda científica lo hemos experimentado. Seguramente recordaréis el agrado con que en los cursos de Física, de Química, de Fisio- logía, etc., os hallasteis explicados por sus relaciones, fenómenos que antes simplemente anotabais. ¿Quién de aquellos de vosotros que os dedicáis a las investigaciones de laboratorio no habrá experimentado placer indecible cuan- do ha creído hallar una nueva raza de cocos o de bacilos, y no habrá sufrido una triste decepción cuando un nuevo aspecto en el campo del microscopio por la acción de los reactivos colorantes, o un desarrollo en los medios de cultivo o una inoculación ha venido a decirle que aquélla no es una nueva ver- dad, sino ya antigua y no hija suya, sino de extraño abolengo? Empero, si el amor a la verdad crea y mantiene a la ciencia, no fué el creador ni es el principal apoyo de la Medicina. El médico fué desde los más remotos tiempos un ejecutor antes que un sabio: necesitó curar o aliviar sus propias dolencias, las de los suyos, las de sus semejantes y puso en práctica los medios que estaban a su alcance y que, si a las veces, realmente o en apa- riencia le daban resultado favorable, otros, no pocos, le producían efecto ad- verso o no lo producían del todo. El propio dolor y ese lazo afectivo que une a todos los seres sociables y que forma la base de la teoría moral de Adam Smith, la simpatía, fué el primer incentivo para la creación del arte médico. Bien sabéis lo que este lazo es y cuán general y comúnmente se advierte en todos los hombres, bien que se afloje no pocas veces hasta hacer que her- manos de una misma comunión de raza o pueblo vean con fruición tan indeci- ble cuanto para nosotros es abominable, colgar como racimos de extraños frutos de los árboles despojos de sus hermanos (pie no pudieron pensar como ellos en religión o en política. Pero ello es que la simpatía que hace sufrir con el dolor y gozar con el placer ajenos no es el único móvil que impulsa a unos hombres hacia los otros; es además el amor que así tan general consti- tuye el altruismo, y éste es el que a las veces falta. El hombre que está orga- nizado para sentir la simpatía, puede ahogarla en una embriaguez de ira o alcohólica o en un exceso de exaltado egoísmo; pero este hombre o no amó o ha cesado de amar a sus semejantes. Pues bien, señores, el amor es el sentimiento que en las religiones ha crea- do a los misioneros, que en la sociedad ha creado a los filántropos y que a la cabecera de los enfermos creó los médicos y los enfermeros- Pe- ro el amor se extiende en vigoroso y alto vuelo, y de sentimiento social se convierte en elevado sentimiento moral cuando tiene por ob- 45 jeto el deber: toma entonces un aspecto religioso y el médico es entonces co- mo se le ha llamado un sacerdote. Se habló en la sesión inaugural de la ab- negación y es esta virtud religiosa por esencia; pero la santa abnegación de los portaestandartes del Evangelio cristiano no habrían podido existir, si por una parte no hubieran estado estos dignos varones impregnados de un grande amor a Dios, el Cual les hacía amar también a las criaturas del Ser Supremo, como en un exceso amó Francisco de Asís a los animales y a todo lo existente y, de la propia manera la abnegación del médico, el allis vivere, no sería un hecho si no amara a sus semejantes y si no se hubieran formado en su mente el deber de servirlos y en su pecho el amor por el cumplimiento del deber. El médico, como hombre, podrá profesar cualquiera de las religio- nes reveladas, pero, en su arte, siempre profesará la del deber de servir y de amar a sus semejantes y cuanto más profundamente así lo sienta, más abne- gado será hasta llegar al sacrificio bien consciente y voluntario. Como una extraña y sorprendente paradoja acontece haber belleza en lo anormal y a las veces, aun en lo monstruoso, y así sucede que los médicos encontremos bellos aquellos casos en los cuales la fijeza de las relaciones lle- ga a constituir un tipo de un padecimiento. ¡ Hermoso caso ! exclamamos, y es que olvidamos por un momento el dolor ajeno por la contemplación de lo que es para nosotros una enseñanza que abrirá fuentes de nuevas y útiles aplicaciones más tarde. Es hermosa una intervención quirúrgica que se ha realizado estrictamente con arreglo a los preceptos del arte o que, en frente de lo imprevisto ha creado nuevos recursos que ayudan a devolver la vida del operado al seno de un hogar en que hace falta o de la sociedad de quien es un miembro útil, o que hace prever la conducta que en otros casos seme- jantes habrá de seguirse. Y el médico, sensible a todas las bellezas de la na- turaleza, como lo prueban los Carpió, los Lucio, los Ortega, aman también este raro género de belleza que se convierte en un nuevo elemento de impulso. He aquí pues, señores Congregantes, los móviles que mueven a los médi- cos: inducimientos de orden intelectual y un principal incentivo, el amor bajo múltiples y variadas formas. Así fuisteis movidos vosotros: al llamado de la Comisión Organizadora del Congreso que hoy clausura sus sesiones ; acu- disteis impulsados por el amor al saber, por el amor a la humanidad, por el amor a la belleza, por el amor al deber, amores que os hacen sacrificar vuestro tiempo en pro del adelanto de la ciencia y del bien de la humanidad. La Comisión que, como vosotros siente, os da las gracias y, al hacerlo así en cumplimiento de un deber, os dice que no os despide, ya que per- manece unida a vosotros por el pensamiento, pues éste, aquí desarrollado, tiene como Dios el don de ubicuidad y, quedando con ella, va con vosotros donde quiera que vayáis; sabe, además, que este pensamiento seguirá labo- rando y desarrollándose en ignorada cuanto pasmosa conmoción para volver aquí o en otro sitio a manifestarse más rico y más pródigo en jugosos y bené- ficos frutos. Por esto la Comisión al expresaros su gratitud no os dice ¡adiós! sino tan sólo ¡hasta mañana! Trabajos presentados en el Congreso Nacional del Tabardillo. 49 TRABAJOS PRESENTADOS EN EL CONGRESO NACIONAL DEL TABARDILLO. Primera Serie. 1.-¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombi- nos y en la época hispana?-Dr. Nicolás León. 2.-Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo.-Dr. Atanasio Pla- ceres. 3.-Historia de la epidemia del tifo en Real del Monte. Años de 1915 y Í91G. -Dr. Luis R. Lara. 4.-Notas sobre el exantema del tabardillo.-Dr. Everardo Landa. 5.-Contribución para el estudio hematológico del tabardillo.-DD. Fer- nando Ocaranza y -José Joaquín Izquierdo. G.-Tifo de forma adinámica.-Dr. José Santos Gómez. 7.-Complicaciones quirúrgicas del tifo.-Dr. Gonzalo Castañeda. 8.-Complicaciones oculares en el tabardillo.-Dr. Gildardo Serrano. 9.-Gestación y tabardillo.-Dr. Francisco Bulman. 10.-Algunas notas sobre pronóstico en el tabardillo.-Dr. Carlos Govea. 11.-Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se ob- serva en el Estado de Nuevo León.-Dr. Antonio de la Garza. 12.-La eliminación de cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabardi- llo.-Dr. José Joaquín Izquierdo. Segunda Serie. 13.-Acerca de la estadística del tabardillo.-Dr. Genaro Escalona, 14.-El problema de la etiología del tabardillo.-Dr. Angel Brioso Vascon- celos. 15.-Papel etiológieo de la hambre en la génesis del tabardillo.-Dr. Santia- go Ramírez. 1G.-Consideraciones sobre la importancia del piojo blanco en el tabardillo. -Dr. Agustín Reza. 17.-¿Son los piojos los únicos agentes de la propagación del tabardillo?- Dr. Horacio Rubio. 18.-Etiología del tifo exantemático.-Prof. Rafael Rodríguez y Vega. 19.-Tifización o inmunidad adquirida por el contagio con enfermos de tifo. -Dr. Guillermo Cerqueda. 20.-Contribución al estudio de la etiología del tifo exantemático.-Dr. Ma- rio A. Torroella. 50 Tercera Jerie. 21.-Profilaxis del tabardillo. (Campaña contra el tifo).-Dr. Manuel S. Iglesias. 22.-Medidas profilácticas contra la propagación del tifo.-Dr. Francisco Valenzuela. 23.-Juicio crítico de los procedimientos empleados para la profilaxis del tifo.-Dr. Rafael Norma. 24.-El tifo en "Hércules."-Dr. Juan Carmona. 25.-Apuntes clínicos sobre el tabardillo y algunas otras enfermedades infec- ciosas. La ventilación.-Dr. Antonio Balvanera. Cuarta Serie. 26.-¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a los atabardillados? --Dr. Antonio Reséndiz. 27.-Práctica de la auto-desinfección presentada en forma de memoria, ante el Congreso Nacional del Tabardillo.-Dr. José Tirado Balcázar. 28.-Tratamiento del tabardillo.-DD. Adolfo Hernández y Mariano Rodea. 29.-La terapéutica del tabardillo.-Dr. Vicente Flores. Quinta Serie. 30.-Notas diversas sobre el tifo exantemático.-Dr. Angel Brioso Vascon- celos. 31.-Consideraciones sobre el tifo exantemático.-I)r. Francisco Bello. 32.-El tifo en la Ciudad de Puebla.-Dr. Andrés Anaya. 33.-Someros apuntes acerca del tabardillo en Nuevo León.-Dr. Jesús M. Saldaña. 34.-Tabardillo: anotaciones.-Dr. Ricardo Ortega. 35.-Mis impresiones acerca del tifo (tabardillo).-Dr. Antonio A. Loaeza. 36.-Ligeros apuntes sobre el tabardillo o tifo exantemático.-Dr. José de la Serna. 51 PRIMERA SERIE. ¿Qué era el MñTLHZflfiURTL y qué el COCOLlZTLI en los tiempos precolombinos y en la época hispana? Du. Nicolás León. Dos puntos comprende el tema enunciado: uno filológico y otro his- tórico-médico. Brevemente me ocuparé de ambos, y si bien en ellos no se trata lo que de preferencia exige el objeto de esta reunión, no creo que ello sea inconducente L Las palabras matlazahuatl y cocoliztli pertenecen al idioma náhuatl, az- teca o mexicano, que usaba una de las más numerosas, potentes y civilizadas agrupaciones étnicas que florecieron y dominaron en el actual territorio de nuestra República Mexicana, en tiempos anteriores a la conquista hispana. Su significación literal, deducida de la formación etimológica, nos da para matlazahuatl la siguiente: matlatl, red; zahuatl, sarna, erupción, granos, etc. Erupción como red o en forma de red. (Matlazahuatl). Fray Alonso de Molina, autoridad conspicua en asuntos referentes al náhuatl, confirma en su "Vocabulario" (1571) la exactitud de la significación de las palabras aisla- das, pero no incluye en su obra el vocablo matlazahuatl, quizá por descuido. Los textos primitivos en lengua náhuatl tanto sencillamente cronológi- cos como propiamente históricos, consignan esta palabra como uno de los vo- cablos antiguos de su idioma, y los Códices jeroglíficos pintan a los que de esa enfermedad adolecen con casi todo el cuerpo manchado con pequeñas pin- tas de color negro, distribuidas con cierta simetría, simulando los nudos del tejido de una red. Ello es una representación real de la erupción petequial, en su forma y distribución características. El año de 1746 y a causa de una de las intensas epidemias de tabar- dillo que sufrió la ciudad de México, se publicó en ésta con el título de "Es- cudo de Armas de México" una voluminosa obra (en folio y con 522 págs.) escrita por el presbítero don Cayetano de Cabrera Quintero, y allí encuentro relativamente a la etimología de la palabra de que me ocupo esta lección: "131. Muchas, pues, son tantas, y tan continuadas mortandades, como han aca- rreado a los Indios estas sus contagiosas fiebres, zebadas en los copiosos flu- 52 xos de sangre, que les acompañan las mas vezes, y con que han vertido la vida, ya esta, ya en las mas famosas de sus plagas; pero no es tanta aquella mortandad, y esta sangre, como por tantos siglos hizieron, y derramaron por si mismos en sus inhumanos sacrificios. Aun el nombre, que mas por igno- rancia (pie energía dió á la presente plaga su vulgo hazia no sé que eco, ó reclamo á aquellas sus ruidosas crueldades. Llamáronle en idioma del Pais: MATLAZAHUATL, voz compuesta de MATLATL, la red, y por lo parecido, el redaño, y de ZAHVATL, la pústula, ó grano; con que sin veer lo que de- cían la venían a llamar GRANOS EX EL REDAÑO; ó RED DE GRANOS...'' ( Págs. 59-60). Es particular la opinión de los indios respecto al sitio de las lesiones más notables de la enfermedad, en el peritoneo, y si yo me dejara llevar de la ima- ginación diría <pie se trataba de lesiones intestinales en los folículos de Peyer, cual si de tifoidea se hablara. Los primitivos escritores médicos (pie de esta enfermedad se ocuparon. (Bravo, López, Farfán, Barrios, etc.) mencionándola con el nombre de dalla- zahuatl, le aplican el de Tauardete. de origen hispano y (pie según veo en el ' Tesoro" de Covarrubias (1511) se aplicaba en España y en el siglo XVI a esta enfermedad (pie también se desarrollaba en la Península/') Otra moderna opinión tocante a lo mismo es la siguiente: El señor ingeniero don Francisco M. Rodríguez, profesor de Lengua Ná- huatl en la Escuela Nacional de Altos Estudios, dice (pie esa palabra está compuesta de matlali, nombre de un vegetal herbáceo cuyas flores, de color azul, se usan para pintar la lana y el algodón de tinte azul, más o menos obscuro, y de náhuatl, grano, erupción. Según el mismo, la recta pronunciación y escritura deben ser Mátlal-zá- huatl; Matlalzáhuatl. Acerca del matlali encuentro en las "Plantas de Nueva España", del doc- for Francisco Hernández, lo siguiente: "Caput XXI. Mátlalin. Hierba est dúos cubitos longa, fibratis radicibus, caulibus feretibus, te- nuibusque, foliis exilibus, multis, et floribus violis purpuréis similibus, cya- ueisque. Maceratur ex aqua unius hone intervallo; mox exprimitur, et is liquor dicitur fingere veneto, caumleove lanas. Sunt, qui eadeni Herbam Ma- Ual.róchitl vocent". (Líber. XII. Págs. 516-17. To. II. "Francisci Hernandi... Opera...'' Matriti, MDCCLXXXX). Yo traduzco este texto así: 'Es una yerba de dos codos de longitud, de raíces fibrosas, tallos cilin- dricos. tenues, hojas delgadas, abundantes y con flores semejantes a las de la violeta purpúrea, de color azulado. Remojadas en agua durante una hora; exprimidas después, se asegura que con ese líquido se tiñen lanas de color verdoso o azul. Hay algunos que llaman a esta misma yerba MatlaLroelútl". (1) Hoque Barcia dice: Etimología. 1. Latín tübiflca, sobrentendiéndose febris, fie- bre: forma sustantiva de tubera, emponzoñar, derivado de tabea, ponzoña. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. ¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocohztñ en los tiempos precolombinos y en la épcca hispana? Dr. Nicolás León. Lámina I. Matlalxochitl. 53 Este vegetal cuyo dibujo se encuentra en el compendio hecho por Reccho <e impreso en Roma el año de 1651, nos parece con los pocos datos descrip- tivos que de ella poseemos, una labiada, quizá salvia. (Pág. 384). En mi opinión ambas etimologías caracterizan perfectamente al más sa- liente síntoma del tabardete, las petequias, tanto en su distribución como en su color. (1) Los escritores supracitados distinguieron siempre en sus escritos el ma- tlazahuatl del cocoliztli y, más aún, Alonso López de Hinojoso en la segunda adición de su "Svma y Recopilación deCirvgia" (México, 1594) dedica el Libro VII1 de la misma al tabardillo, cocoliztli, etc., etc. Cocoliztli o Cocoliste (castellanizado), según leo en el citado "Vocabu- lario" de Fray Alonso de Molina, significa "enfermedad o pestilencia" y lá deriva del verbo cocoa, "enfermarse", doler alguna parte del cuerpo; enfer- medad, pero con más propiedad, epidemia. (2) Ni los médicos ni el vulgo con- fundieron. por largos años, la significación de cocoliztli y matlazahuatl, aun- que sí daban a toda enfermedad epidémica el dictado de cocoliztli (peste). Los códices jeroglíficos en sus representaciones gráficas señalan y dis- tinguen el tabardete o matlazahuatl, la viruela, el sarampión; y cuando de una epidemia o peste (cocoliztli') de alguna de estas enfermedades o de otras se trata ponen una ráfaga de aire pintada de color negro, sobre el cuerpo del enfermo ("Códice Sierra", pág. 27). Para robustecer todo lo aseverado citaré lo que la "Relación de las Mi- nas de Temascaltepec", hecha al rey de España el año de 1579, por Gaspar de Cobarrubias, alcalde mayor de ellas, asienta: "cocoliste, que quiere decir pestilencia".(3) La confusión del cocoliztli con el matlazahuatl data de fines del siglo XVIII y culmina en la primera mitad del XIX; de entonces acá se ha vuel- to a distinguir, por unos cuantos, la verdadera significación de ambas pa- labras. No ha faltado quien asevere que el cocoliztli era o fué una epidemia de paludismo pernicioso. Me sospecho que en los primeros siglos de la dominación hispana hubo alguna enfermedad a la cual se aplicó especialmente el nombre de cocoliztli, pues así se deduce del título del Libro VIII de la citada obra de López de Hinojoso. Desafortunadamente hoy no queda, que yo sepa, ejemplar alguno de ella en México. (1) I enejas escribe: La epidemia o fiebre pestilencial, que caracteriza el pueblo con los nombres de matlazaguatl, cocolistli, alfombrilla, tabardillo, y otras cosas semejantes se- ^ún los síntomas que prevalecen en ella, .. "Compendio de... Medicina Práctica"... N9 68... Curación de la peste, México, 1788 4". (2) Remi Simeón es más explícito y escribe: "s. v. maladie, mal, peste, épidémie; ayoui temicti cocoliztli, grande, tumeur mortalle; uei cocoliztli. grande doleur; ueiya in cocoliztli; la maladie, l'épidéme augmente En comp. nococoliz, mon mal; ciña incocoliz, menstrue, Htt. des femmes leur maladie'. R. cocoa. (Dictionaire de la langue Náhuatl ou mexicaine. París, 1885. Fol). (3) F. P. y Troncoso. "Papeles de Nueva España''. 2® Serie, Geografía y Estadís- tica. Tomo VIH; pág. 29. Madrid. 1903. 54 II. Si alguna duda quedare tocante al primer punto, la cual yo no abrigo, podría disiparse del todo si poseyéramos tratados completos, teóricos o clíni- cos de las enfermedades designadas especialmente con las denominaciones que me ocupan. En México no existen actualmente ejemplares de las obras del doctor Pravo y López de Hinojoso; en mi poder tengo un fragmento de una de las del doctor Farfán y sé existe un ejemplar completo de la del doctor Barrios. Se sabe que el doctor Francisco Hernández, (pie vió en México en los años de 1576 y 77 la gran epidemia de tabardete, escribió un tratado acerca de ella con este título: "De morbo Noese Híspanse anuí 1-576, locato ab Indis Coco- liztli". (De la enfermedad de la Nueva España, del año de 1576, llamada por los indios Cocoliztli) ; mas desgraciadamente el manuscrito de sus obras pe- reció en el incendio del Escorial del año de 1671 y quizá no quedó copia alguna de este escrito. Lo que acerca de la sintomatología del tabardete, escribe el doctor Fray Agustín Farfán, es esto: ''calentura continua, pintas y por eso se llama Tauar- dete, síntoma ó accidente que la malicia del humor causa. Si la malicia del hu- mor no es mucha con la primera calentura salen las pintas y manchas en la espalda y pecho, y si el humor es mucho, salen muchas pintas... Si hauiendo sa- lido manchas, los accidentes no se remiten, es mala señal... Si los accidentes se remiten, la naturaleza va venciendo al humor. . . quanto mas moradas y ne- gras fueren las pintas y manchas, es mas mala señal... muy mayor señal mortal es, si desde el principio comienza a delirar el enfermo..." Esto es todo. En cuanto a la etiología, la corrupción de los humores es la sola causa y esta engendrada por "el ayre pestilencial, los vapores de las lagunas, las frutas verdes.... " La terapéutica es riquísima y se envidia a aquellos beneméritos varones (pie tenían tantos recursos para tranquilizarse y tranquilizar a los allegados del enfermo. "Sangrías profusas y reiteradas, jarabes agrios, chicoria, borra- ja, culantrillo del pozo, pollo cosido con acederas, pasas, xocoatole, ventosas zajadas, cañafistola, mana, reubarbo, diagridio, limones, naranjas, jugo de agras, fregamiento de brazos y piernas, baños de pies después de rasparle la planta de los mismos con vn cuchillo y cortarle las uñas, calillas, lavar la ca- beza con leche, palominos vivos y abiertos con un cuchillo por las espaldas, puestos sobre la cabeza, o vnos perritos recien nacidos ó pollos en la mollera ; diacatholicon, letuario Indomayor, Alatlatliztic, adormideras, nenúfar, man- canilla, requies magna", etc., etc.; y de emplastos, ungüentos, pomadas, cata- plasmas y cocimiento de hierbas de la tierra, un sin fin...! El uso de la sangría dominaba sobre todos los remedios enumerados y se hacía en los brazos, manos, hombros, piernas, pies, sienes, orejas, pico de la nariz, lengua y mastoides. No encuentro en esta obra ni una sola vez la pala- bra cocoliztli y en cambio como sinónimo de tauardete se emplea el vocablo Causón. (1) (1) Tratado "Breve de Medicina y de todas las enfermedades.por fray Augustín Farfán. México, 1592. 2. edición; passim. Poseo ejemplar. (Véase el facsímile de la portada). Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. ¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en la época hispana? Lámina II. Dr. Nicolás León. Portada del tratado "Breve de Medicina y de todas las enfermedades " por Fray Augustín Farfán. 55 Todos los escritores posteriores a éste, con más o menos prolijidad o con- sición, dicen lo mismo; a nada conduciría, atento a ello, reproducir aquí sus lecciones; bástame citar los nombres de sus autores: Juan de Esteynefeer, Pedro Manuel de Gama, José Escobar y Morales, Francisco Capello, José Pe- ña Flores, Fray Manuel Avila, José Antonio Alzate, Juan Manuel Vanegas. Anacleto Rodríguez Argüelles, Luis Montaña, Bernardo González Guzmán, José Miguel Muñoz, Luis Guerrero. Pormenorizada noticia de sus escritos se en- cuentra en mi obra: "Los precursores de la literatura Mexicana en los en el T°. X., 3a. Serie, de la "Gaceta Médica de México", págs. 3-94. México, 1915. siglos XVI, XVII, XVI11 y primer tercio del siglo XIX (hasta 1833)", impreso De toda esta serie de escritores (pie cubren un lapso de casi cuatrocientos años, realmente sólo merecen alguna atención, de parte del clínico, dos obras de ellos, y son estas: 1.-"Tratado/ de la Fiebre epidémica o endémica,/ remitente pútrida,/ pe- tequial/ y contagiosa,/ observada en esta capital./ Por el Dr. D. Anacleto Rodríguez Arguelles,/ Primer Médico-Cirujano Jubilado de la/ Real Arma- da,/.../ En México... .año de 1811." (En 4o. con 12 págs). 2.-"Avisos importantes/ sobre el Matlazahuatl,/ o calentura epidé- mica manchada/ Que pasa a ser Peste/ y que es frecuente en esta Nueva España./ Con un modo sencillo y fácil/ de socorrer a los enfermos/ donde no hay médicos que les asistan,/ y cuya eficacia y seguridad se experimentó el año de 1813,/ En que el autor Dr. D. Luis Montaña fue comisionado/ por el Superior Gobierno y por el Exmo. Ayuntamiento/ para establecer y di- rigir el método dentro y fuera/ de la capital./ México: 1817." (4o. con 61 págs.) Por ser más concisa la sintomatología en la obra de Rodríguez Argüelles será de la que copie: "Señales que dan a conocer esta calentura "Las señales que dan a conocer esta calentura son las siguientes. En al- gunos enfermos se presenta con apariencia de catarro, y tal vez puede tener algún origen de él; en los primeros días se siente debilidad y falta de fuer- zas, un ataque casi insensible de calentura, notada por un calosfrío ligero y por remisiones cortas, calor aumentado, calentura no muy alta, que tie- ne un aumento al medio día y otro más grande a la noche, pero por la maña- na y tarde baxa; el pulso es freqüente, pero blando y decaído en los más; en algunos es lleno y duro, dolor de cabeza, turbación de ideas, encendimiento de rostro en los jóvenes y robustos, la lengua blanca y húmeda en los mas, en algunos amarilla y seca, inapetencia, estreñimiento, dolor y tensión en el vientre. "Algunos de estos síntomas suelen variar o faltar, pero los constantes son la debilidad, el dolor de cabeza, la turbación de ideas, la sed, la inapetencia, la lengua blanca y húmeda y la calentura del modo referido. Por lo común estos síntomas son moderados hasta el sexto ó séptimo día, desde este en ade- lante la calentura y demás síntomas crecen, aparecen las petequias encarnadas ó moradas en la espalda, y sucesivamente en el pecho y extremidades; se ma- nifiesta el delirio, el comavigil, el sopor, &c. "Como en la primera semana los síntomas son suaves, algunos enfermos dudan de su gravedad, y difieren los auxilios espirituales y médicos, muriendo 56 algunos el nueve ó el once, haciéndose todo con precipitación; lo (pie se ha de tener presente para advertirles el riesgo y que no pierdan tiempo, y obe- dezcan al Director ó Médico desde los principios. "Si se sigue el método curativo (pie expondré, y no se turba la natura- leza con remedios estimulantes é intempestivos, casi siempre se termina esta calentura en salud el dia catorce prolongándose alguna vez hasta el diez y siete y veinte y uno; en toda su carrera se notan con claridad los dias ín- dices y críticos de Hipócrates, á saber: el 4, el 7, el 9, el 11. el 14, de., tanto en el pulso como en otras funciones, y en las evacuaciones biliosas de vientre moderadas, como en las orinas abundantes y cargadas ó con cubécula, y en el sudor ó traspiración moderados y generales, especialmente el día catorce. "Señales que (inundan su éxito ''El pulso lleno, vigoroso, blando é igual, lo mismo, lo baxo de la calen- tura, el mayor vigor del cuerpo, la diminución ó cesación del dolor del vientre, de las petequias, del dolor de cabeza, delirio, sopor, sed, buelta graduada del sueño, sordera, y el irse limpiando la lengua por grados hasta ponerse roxa, son señales saludables. "Quando la calentura es de mal carácter, ó lo que es mas, si el enfermo avisa tarde ó reusa tomar los remedios en toda su extensión, la calentura sube y todos los síntomas se agravan : el pulso débil y freqüente, la falta de fuerzas, la situación boca arriba, el vientre elevado y con dolor, las evacua- ciones de vientre líquidas e involuntarias, la soltura de la orina, la dificul- tad de respirar, las petequias líbidas, la lengua árida ó negra, la sed extrema, el rostro pálido ó morado, el delirio ó sopor constante, el salto de los tendo- nes y la trabazón de quixadas son todas señales malas, é indican gran peligro ó muerte". En todas las obras citadas se usa el nombre del matlazah uatl como sinó- nimo de tabardete, tabardillo, causón, fiebre petequial, fiebre pútrida, typhus exanthematicus, pero nunca con el de cocoliztli. Entiendo por todo lo aseve- rado que etimológica y clínicamente queda puntualizada y aclarada la pre- gunta (pie forma el tema de esta nota. 111 Según el sentir hoy dominante, no de la Clínica sino de la Bacteriología, es de donde debe salir el conocimiento de la etiología y terapéutica del ta- bardete. Sin llevar ese principio al exclusivismo, me alisto entre sus adeptos, pero desearía que no se olvidasen todos los demás datos (pie ayuden a ambas cosas y éstos se encuentran profusamente en las obras antiguas y algunas contemporáneas. De entre éstas me permito recomendar a mi auditorio las siguientes: 1.-"Les altitudes de VAmérique tropicale comparées au airean des mcrs au point de rué de la constitution medícale. Par D. Joiudanet. París, 1861". 1 vol. en lo. 2.-"Le Medique consideré au point de rae médico-chirurgical. Par 31. le docteur León CoiNDEr. París. 1867-68-69". 3 vols. en 4o. 57 3.-"Influence de la pression de l'air sur la rio de l'homme. Climats d'al- titude ct climats de montagne. Par D. Jourdanet. París. 1875''. 2 vols. en folio. IV. La existencia del matlazahuatl o tabardete en nuestro territorio nacio- nal data de los tiempos protohistóricos y sus terribles estragos nos los rela- tan las pinturas y relaciones toltecas. A ella se debió principalmente la des- trucción del reino de Tollón acaecida el año Ce Técpatl (1116 de nuestra era) ; es de sospecharse (pie una de las causas de las emigraciones del Hue- huetlapállan a México fue esa misma enfermedad engendrada por hambre, y esto según los mejores cálculos, acaeció el año 583 de Cristo (Ce Acatl). No está de sobra, señores, (pie yo os transcriba el espantoso espectáculo de una de las más intensas invasiones del matlazahuatl, relatadas por testigo presencial, en la ciudad de México y en los años de 1576 y 77: prestadme un poco de atención y con ello terminaré esta lectura. "1576.-Una horrible peste picó entre los naturales, que para curarla no bastaron los muchos médicos que había, y aunque éstos se hubieran multi- plicado, no hubieran sido de provecho, siéndoles incógnita la causa y sus re- medios; y así toda ciencia y aun las plegarias que se hicieron dentro y fuera de las ciudades, no impidieron el curso de tal veneno. Este nació entre los mismos Mexicanos, no vino de otra parte como regularmente acontece. No sa- bemos en que lugar haya comenzado, pues los autores lo callan. Lo que cons- la es, que por más de seiscientas leguas desde Yucatán hasta los Chichime cas, corrió con tal mortandad de los naturales, que en la historia de México no tiene ejemplar, por lo cual me ha parecido contar la historia de cuanto pasó en aquella pública calamidad, de donde los sabios podrán indagar el ori- gen de tan repentina mutación en los cuerpos de una nación como la Mexica- na, tan parca, y que no se alimenta sino de comidas simples. "Entrada la primavera, sin haber precedido causa alguna, comenzaron los Mexicanos a sentir fuertes dolores de cabeza, a éstos sobrevenía calentura, (pie les causaba tal ardor interior, que con las cubiertas más ligeras no po dían cobijarse. Nada los recreaba más que el salir de sus pobres casas, y echarse o en los patios, o en las calles, lo que hacían los que carecían de asistencia: a esto se agregaba una perpetua inquietud, y sobreviniéndoles flu- jo de sangre a las narices, a los siete o nueve días morían. Si alguno por dicha escapaba de este fatal término, quedaba con tal debilidad, que a cada hora temía la muerte. Ninguna casa de los mexicanos fué exenta de esta calamidad, por haberse pegado la peste de unos a otros, y esta fué la causa del grande estrago que hizo. "Aquellos que o no tenían deudos que los asistiesen, o cuyas familias todas estaban contagiadas, no teniendo quien les ministrara aquel corto ali- mento de atole, como llaman en México, o de poleadas de maíz, morían de hambre, y fueron tantos los que murieron por esta causa, que acaso a los principios mayor estrago hizo la necesidad que la peste. Esta no perdonó a 58 sexo ni edad, y causaba horror entrar a las casas de los apestados y hallar a los moribundos niños entre los cuerpos de sus difuntos padres. "Los mexicanos, cuasi atónitos con aquel imprevisto estrago, como si su raza hubiera entonces de acabarse, caían en una profunda melancolía que les era fatal. Mexicanos hubo que se contagiaron de miedo. "A la verdad, este azote de la Divina Justicia tenía tan maligno carácter, que no se puede explicar, y por lo mismo pareció cosa extraña, mucho más teniendo la singularidad de que contagiándose casi todos los naturales, los españoles e hijos de ellos gozaban de salud. "El arzobispo, que era a la sazón 1). Pedro Moya de Contreras, y el Virrey, D. Martín Enríquez, cada uno por su parte pensó en levantar hospitales en que se curaran los apestados; pero imposibilitado este arbitrio por ser la peste general, llamaron según conjeturo, a los médicos más insignes, y los exhorta- ron a que averiguada la causa aplicaran los remedios convenientes; pero éstos, después de muchas juntas y repetidas disecciones de cadáveres hechas en el hospital Real por el Dr. Juan de la Fuente, nada determinaron, pues en los anatomizados no observaban sino hinchazón en el hígado, y así jamás ati- naron con los remedios: lo que a los unos sacaba de las fauces de la muerte, aplicado a otros les abreviaba la vida: las sangrías y demás auxilios del arte nada aprovecharon. Viendo esto el Arzobispo, llamó a los Superiores de las religiones, y les encomendó el cuidado de los apestados. Encargados éstos con- forme al número de sujetos que tenían, los padres franciscanos, dominicanos, agustinos y jesuítas, se distribuyeron por aquellos barrios de los Indios, de esta manera: los unos llevaban los alimentos y medicinas: otros oían sus con- fesiones, les administraban el viático, extremaunción, y los exhortaban a mo- rir cristianamente: en seguida venían otros que sacaban de las casas los cuer- pos muertos, y llevaban a enterrar a las iglesias vecinas; esto se hacía a los principios: pero después cuando la mayor parte de naturales estaba contagia- da, en los cementerios que por lo común están delante de las iglesias, se abrían profundas fosas en donde les daban sepultura eclesiástica. "Tuvieron gran parte en el piadoso trabajo de asistir a los apestados no sólo los clérigos, sino también los seculares; pero sobre todos, las matronas, mujeres, o hijas de Españoles que se mostraron en esta ocasión madres de los desvalidos Indios: corrían éstas acompañadas de sus criadas por aque- llos barrios, de casa en casa, limpiando las horruras de los enfermos: cono- ciendo como era verdad, que la incuria y desaseo eran causa de tanto mal, los proveían de ropa limpia, y les suministraban los alimentos más delicados que su caridad les sugería, y como para el cuidado de los enfermos están deta- llas de particular gracia, a muchos libraron de la muerte. Esta asistencia poco más o menos tuvieron los Indios en las poblaciones donde había muchos es- pañoles; pero en aquellas en que solos ellos habitaban, todo el cuidado de los apestados cargó sobre los curas religiosos, que salían de sus conventos o ca- sas al amanecer gastando el día en administrar los Sacramentos, enterrar a los muertos, y llevar la comida y remedio a los enfermos: no volvían a sus casas sino al Ave María. Este continuado trabajo fué la causa de que muchos murieran. Cuántos hayan sido éstos, se ignora. Se sabe solamente que de los padres franciscanos murieron muchos, ocho de los padres dominicanos, y uno que fué el rector de los padres jesuítas. 59 "Mientras que la peste se cebaba en los Mexicanos, éstos fueron tachados de haber procurado pegarla a los Españoles; ya, echando en las acequias que corrían por sus calles los cuerpos muertos; ya, amasando el pan con la sangre de éstos, porque se enfurecían, dice el P. Dávila Padilla, al considerar que su nación se exterminaba cuando los Españoles gozaban de robusta salud. Acaso algunos cuerpos muertos que se hallaron en las acequias dieron oca- sión a esta voz; porque parece que la razón dicta no creer tan gran delito sin pruebas convincentes. "Entretanto llegó el otoño, y cesaron las aguas: comenzó a sentirse el frío, y todos se prometían que cesaría la peste, como sucede frecuentemente; pero estas esperanzas fueron fallidas, pues aun en el corazón del invierno se mantuvo con la misma actividad que en los calores del estío. "Entretanto, la peste que ya había cundido por toda la Nueva España no se remitía en la capital, antes bien se puede decir que con las aguas que se adelantaron en Abril, causó mayor mortandad. Estas cosas nunca vistas en la Nueva España continuaron con tal tezón, que hasta entrado Noviembre no cesaron; pero de este mal resultó un gran bien, pues las aguas purificaron el aire y casi repentinamente cesó por todo el reino de México la peste. El Vi- rrey Enríquez hizo que en el archivo de la ciudad se guardara el testimo- nio de los muertos de aquel reino, que pasaban de dos millones". (Cabo). Fué esta la sexta epidemia de tabardete acaecida en México, a partir de la primera, sucedida el año de 1519 (tiempos históricos). Inspirándose en la lectura de ese relato el artista mexicano P. Miranda dibujó el tétrico cuadro que os presento. ¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en la época hispana? Db. Nicolás León. Escenas de la epidemia de matlazahuatl en la ciudad de México en el año de 1576. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Lámina III. 61 Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres. PREÁMBULO. E1 trabajo que traigo a este H. Congreso es mi tesis de recepción, resul- tado del estudio de las lesiones de cierto número de enfermos y convalecien- tes de tifo, de trece autopsias de cadáveres de individuos muertos de este pa- decimiento, y del estudio microscópico de más de ciento cincuenta prepara- ciones hechas con las visceras de esos cadáveres. No intento con él contradecir a nadie, ni tampoco hacerlo valer como indiscutible, puesto que estoy convencido de que apenas si constituye una pequeña contribución para resolver el tan difícil problema del tabardillo. Fuera de algunos retoques, lo presento a ustedes tal como lo fué hace diecisiete meses, a los sabios profesores de la Escuela de Medicina de Pue- bla, que formaron el jurado de mi examen profesional. PRIMERA PARTE MACROSCOPIA. Enfermos y convalecientes.-La primera lesión macroscópica aprecia- ble durante la enfermedad es el exantema: consiste en manchas rojas o co- brizas que desaparecen momentáneamente por la presión del dedo; suelen volverse amoratadas al cabo de dos o tres días, formando verdaderas hemo- rragias cutáneas (petequias), y entonces ya no desaparecen con la presión. Se presentan en general aisladas, por excepción confluentes, con dimensio- nes variables, pequeñas como la cabeza de un alfiler, o como una moneda de diez centavos y más grandes; las he visto hasta como un duro. Apareciendo del quinto al séptimo día del principio del mal, comienzan por la piel del ab- domen para invadir al poco tiempo el tórax, los miembros y aun la cara. Unas veces el enfermo está casi cubierto por ellas, otras apenas mancha- do. Esto es particular de los casos ligeros, benignos, y quizá, por eso, sostie- nen algunos el tifo no exantemático. Tuve ocasión de comprobar lo que ya había hecho notar Escalona: que es más fácil levantar con la punta de una lanceta la epidermis de las petequias, que la epidermis de las manchas no hemorrágicas o de la piel sa- 62 na; y en un enfermo a quien se le formaron en casi toda la cara posterior del tronco multitud de petequias de tamaño variable, siendo unas hasta de veinte milímetros de diámetro, vi caer la epidermis bajo la forma de costras, dejando en su lugar cicatrices parecidas a las de la viruela, pero que después se borraron. La desaparición del exantema principia desde el décimo segundo o dé- cimo tercero día, persistiendo con frecuencia hasta doce días después de terminada la calentura. Es muy notable la facilidad con que la piel de los tifosos, como la piel de la mayoría de los individuos atacados de otra clase de fiebres graves, se gangrena o ulcera en los puntos en donde obra la más ligera irritación. Basta una presión moderada para que la piel se mortifique: fórmase una es- cara, y la ulceración que ésta deja al caer profundiza hasta los huesos. Su- cede esto con especialidad en las regiones sacra y trocanterianas. En los mismos enfermos, más que en otros, en numerosos casos, al terminar la fie- bre, la gangrena ataca los miembros inferiores en una extensión variable, ya sólo los dedos, ya los pies, ya asciende a puntos más altos. Los convalecientes están completamente enflaquecidos; su piel puede presentar una escamadura furfurácea, y buen número de ellos tienen como le- siones propias, los abscesos, las parotiditis y las otitis. Aspecto de los cadáveres.-El enflaquecimiento de los convalecientes lo presentan también la mayor parte de los cadáveres; el fenómeno es mucho más notable si la muerte se produce hacia el fin del ciclo del padecimiento o en la convalecencia, y lo es menos tratándose de cadáveres de individuos obesos o que murieron en los primeros días. El tejido celular subcutáneo está disminuido en gran cantidad, y las masas musculares pálidas y reducidas considerablemente de volumen. La piel de los cadáveres conserva el exantema, pero borrado y empaña- do; abundan en ella las manchas lívidas, que aparecen rápidamente, y hemo- rragias que llegan a tener dimensiones bastante grandes. Lesiones del sistema nervioso.-Las lesiones del sistema nervioso son por su frecuencia de suma importancia. El líquido cefalorraquídeo es abun- dante y algunas veces turbio; al abrir la bóveda craneana y las meninges escurre, por decirlo así, a chorros; las serosas están congestionadas, y en ocasiones sobre la píamadre, extendiéndose a casi toda la cima del cerebro, existen natas purulentas; la congestión y el edema cerebral son constantes. Lesiones del aparato circulatorio.-No es rara la miocarditis; el múscu- lo cardíaco, entonces, está pálido, de color de hoja muerta, fláccido y delezna- ble. Tampoco es raro que esté grasoso y dilatado. El pericardio generalmente conserva su estado normal; sólo una lesión pude observar, y eso en un caso, que consistió en petequias de diez milíme- tros de diámetro. Como en todas las pirexias la sangre de los cadáveres de individuos muertos de tifo se encuentra disuelta. Lesiones del aparato respiratorio.-La mucosa de las fosas nasales, de la laringe, tráquea y los bronquios, habitualmente congestionada, puede estar sembrada de un punteado hemorrágico; la cubre un exudado, ora mucoso, ora purulento, que constituye la expectoración de los enfermos. Tanto en éstos 63 como en los cadáveres, el exudado presenta el mismo aspecto. El esputo de los tifosos, en un principio mucoso, vuélvese a menudo purulento en los úl- timos días de la fiebre o en la convalecencia; hechos análogos se comprueban en los cadáveres; en aquéllos que pertenecen a individuos muertos en los pri meros días, la mucosa respiratoria y la vía que limita tienen exudado mu- coso, y purulento en caso contrario. Al lado de las lesiones de las vías respiratorias superiores, existen las pleurales y pulmonares que, unidas a las nerviosas, son las principales de la terrible fiebre. En efecto, las pleuras y los pulmones siempre están atacados. Las le- siones de las primeras consisten en adherencias de desigual extensión, desde las más ligeras hasta la invasión completa de los dos lados, bien organiza- das, resistentes, con predominio en los vértices, y limitando a veces cavida- des más o menos grandes, ocupadas por derrames sanguíneos, jamás pu- rulentos. Las lesiones de los segundos son: o simples infartos, o congestión, o es- plenificación, o hepatización gris. El aspecto que presentan los pulmones atacados de esas lesiones, es bien conocido. El infarto es una hemorragia circunscrita que en los cadáveres de individuos muertos de tifo no tiene nada de particular; ocupa, como en otros muchos casos, las partes inferiores y posteriores del pulmón, raramente los bordes, por excepción los vértices y de ordinario la periferia y no el centro; limítase a una corta porción del tejido pulmonar donde, debido a que la san- gre llena los alvéolos y los bronquios privándolos de aire y ensanchando su campo, se hace más denso; visto por su superficie o en un corte, representa una masa cónica de vértice dirigido hacia el hilo, de color moreno negruzco, con la apariencia de un coágulo sanguíneo. En la congestión tampoco hay caracteres especiales. El tejido pulmonar más denso y consistente que el normal, arrojado a un vaso lleno de agua, ni nada ni llega al fondo; de coloración vinosa; crepita mal entre los dedos y de los cortes escurre un líquido espumoso y suerosanguinolento. La hepatización roja, en la que, como es sabido, el pulmón pre- senta un aspecto semejante al parenquima hepático, rojo oscuro, firme, denso, que arrojado al agua gana el fondo y crepita mal, tiene de espe cial en el tifo que, mientras que en la neumonía franca la lesión está separa- da de la parte sana por un límite bien definido, en aquél es difusa, con pre- dominio en los vértices y habitualmente doble. Estos tres caracteres unidos a la intensidad de las lesiones, es lo parti- cular de la hepatización gris. Con frecuencia en los cadáveres de tifosos, los pulmones están adheridos de una manera íntima a las pleuras y convertidos en masas impregnadas por completo de pus; de los cortes escurre este pro- ducto en abundancia y sale a chorros al exprimir el tejido pulmonar. Lesiones del aparato digestivo y sus anexos.-El estómago, los intesti- nos y los ganglios mesentéricos están sanos; las placas de Peyer intactas. No hubo un solo caso de mis observaciones en el cual pudiera hacer constar al- guna lesión del tubo digestivo. Esto mismo encontraron Gerhardt y Permonk en 50 autopsias, Jacquot y sus colegas en 400, Barrallier en 166, que hizo en el presidio de Tolón, y Murchison en 54. Sin embargo, debo recordar que 64 algunos autores franceses del siglo pasado, Andral, Chomel, Louis y otros, y nuestro célebre clínico doctor don Miguel F. Jiménez, dicen haber visto le- siones marcadísimas de los folículos cerrados, de las placas de Peyer y de los ganglios mesentéricos, y otras alteraciones menos frecuentes y más va- riadas de la mucosa intestinal. He aquí las conclusiones a que llegó el doctor Jiménez en su memoria "Apuntes para la historia de la fiebre petequial o tabardillo que se observa en México", presentada a la Sociedad Filoiátrica en la sesión del 31 de oc- tubre de 1844: "lo. Que en la fiebre las lesiones de los folículos agmíneos ó solitarios del intestino, y de los ganglios mesentéricos, son en México tan frecuentes como en Europa, pero mucho menos graves. "2o. Que en los primeros consisten en un simple espesamiento sin relieve, en forma de manchas alargadas, pardas, blanquizcas ó amarillentas, que par- ticipan ó no de la coloración de la mucosa que las rodea-, en los segundos, más raros, en la misma especie de hipertrofia ligera, que les da el aspecto de granitos blanquizcos, rara vez en su desorganización en pústulas o ulceritas de aspecto gangrenoso; y en los terceros, en el aumento de volumen, nunca excesivo, y en su coloración lívida muy marcada. "3o. Que aun en las formas más sencillas del exantema, el estado de los folículos no es el normal. "4o. y último: que esas lesiones no son exclusivas de la fiebre, sino que se hallan también en otras enfermedades muy diferentes." Y además: "que la otra clase de lesiones que se encuentran en el tubo intestinal, son menos frecuentes y más variadas que las que se hallan en los folículos del mismo y en los ganglios del mesenterio. "Que están, generalmente hablando, en harmonía con la duración del mal. "Que consisten algunas veces, en el reblandecimiento ó hinchazón de la mucosa, debidas por lo común á una especie de sufusión serosanguínea; y las más a una hiperhemia que frecuentemente afecta una tendencia a la he- morragia, á veces consumada." A resultados análogos, aunque haciendo notar mayor gravedad en las le- siones, llegaron los autores franceses que dejo mencionados y que el mismo doctor Jiménez cita en su trabajo; pero recuérdese que en oposición a esos resultados, está lo que afirman todas las obras modernas que nos vienen de allende los mares: "El intestino en particular no presenta jamás alteracio- nes de las placas de Peyer, que son la regla en la fiebre tifoidea. Los ganglios mesentéricos están intactos." (Netter. Tratado de Medicina de Gilbert y Brouardel). "Jamás son atacadas las placas de Peyer. Los ganglios mesenté- ricos están intactos." (Enríquez. Tratado de Medicina, T. 1). "El intestino está sano." (Collet. Compendio de Patología Interna, T. 2o.) Respeto las opiniones de esos sabios franceses y de nuestro inmortal Jiménez, y nunca osaría con tan reducido número de casos, seguramente llenos de errores hijos de mi inexperiencia, discutir sus conclusiones, por lo que sólo me limito a repetir, que no hubo un caso en el cual pudiera hacer constar alguna lesión del tubo digestivo. Petequias iguales a las que encontré en el pericardio en una de mis au- 65 topsias, vi en ese mismo caso sobre el mesenterio, sin que notara otra lesión de la serosa abdominal. La glándula hepática presenta como única lesión, aunque rara, la hiper- hemia. Lesiones de sistema linfático.-El brazo puede tener su volumen nor- mal, pero por lo común está aumentado, fláccido, deleznable, negruzco, con- gestionado o con infartos. Lesiones del aparato urinario.-Se reducen a congestión renal y, a ve- ces, a un ligero aumento de volumen, quizá debido a ella. OBSERVACIONES. Al exponer mis observaciones lo haré con brevedad, sólo mencionando, en ellas lo saliente y lo patológico. I.-En 20 de marzo de 1016 entró al Lazareto del Hospital Militar, Juan Méndez, a los siete días del principio de su mal. Tenía un tifo clásico con predominio de los siguientes síntomas: exantema muy extendido cuyas man- chas cobrizas medían un diámetro de diez milímetros; temperaturas altas (39°.5 a 41°), pérdida completa del conocimiento, delirio agitado y locuaz, ataques epileptiformes frecuentes; catarro bronquial, epistaxis abundantes, hipo en los últimos días; murió el 4 de abril a la 1 p. m., en el Kcimocuarto día del ciclo de la fiebre. Necropsia.-Al día siguiente a las 2 p. m., aún persistía el exantema bo- rrado y empañado, extensas manchas lívidas, ligero enflaquecimiento, com- pleta rigidez cadavérica. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo abun- dante, exagerada congestión meníngea y encefálica; en el piso del 4o. ventrícu- lo, un tumorcito del tamaño de un limón, que macroscópicamente parecía estar formado de granulaciones de Pacchioni. Cavidad torácica: en la mucosa respiratoria exudado mucoso, y vago punteado hemorrágico; adherencias pleurales del lado derecho que limitaban un derrame sanguíneo de regular cantidad; los dos pulmones tenían sus vértices en hepatización roja, lesión mucho más característica del lado derecho; sobre la cara anterior del peri- cardio, petequias, con las dimensiones de las monedas de diez centavos. Cavidad abdominal: el bazo aumentado de volumen, como seis veces el normal, de co- lor violado casi negro, fláccido, deleznable y congestionado; los riñones con ligero aumento de volumen y congestionados; en el mesenterio, petequias iguales a las del pericardio. II.-En 8 de abril de 1916 entró al Hospital "Maclovio Herrera", Gui- llermo Galicia, a los cuatro días del principio de su mal, que era un tifo clá- sico en el cual dominaban estos síntomas: gran postración, adinamia, pér- dida completa del conocimiento, delirio tranquilo; temperaturas altas (de más de 39°.5) ; tos con esputos en un principio mucopurulentos. Exantema de intensidad media. Murió el 18 del mismo mes a las 7. a. m., en el décimo ter- cero día. Necropsia.-A las o de la tarde del día de la muerte el cadáver con- servaba casi todas las manchas exantemáticas, siendo las manchas lívidas poco abundantes; rigidez y enflaquecimiento completos. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo abundante, congestión meníngea, edema cerebral. Ca 66 vidad torácica: adherencias pleurales en toda la extensión de la serosa y de ésta al pericardio, bien organizadas y resistentes; la totalidad de los pul- mones en hepatización gris, y cortados dejaban escurrir considerable cantidad de pus, el cual salía a chorros al exprimir el tejido pulmonar; seccionando los bronquios gruesos en su nacimiento traqueal, escapóse también de ellos ese producto en abundancia; la mucosa bronquial y traqueal estaba cu- bierta por una capa purulenta. Cavidad abdominal: bazo doble del normal, deleznable en extremo. III.-En 6 de abril de 1916 ingresó al Hospital " Maclovio Herrera", Francisco Guzmán, probablemente en el tercer día de estar enfermo de tifo. Presentaba un exantema intenso, el cual en la cara posterior del tronco era confluente; pérdida completa del conocimiento, delirio ruidoso, adinamia; temperatura de 40° y 41°. Murió el 26 del mismo mes a las 7 a. m., probable- mente en el vigésimo día, tres días después de la crisis. Necropsia.-El mismo día de la muerte, a las 5.30 p. m., el cadáver con- servaba perfectamente bien marcado el exantema; tenía manchas lívidas abundantes y otras hemorrágicas en diferentes puntos, algunas de las cua- les eran de un decímetro de superficie; rigidez cadavérica completa; pus en los oídos. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo copioso; ligera con gestión meníngea; edema cerebral. Cavidad torácica: adherencias pleurales en los dos lados, pero más extensas en el derecho; los dos pulmones ata- cados de hepatización roja, con especialidad en los vértices; exudado mu- coso en gran cantidad en la tráquea y la laringe. Cavidad abdominal: bazo de tamaño normal, pero deleznable y congestionado; hígado voluminoso, con- gestionado y negruzco; adherencias íntimas, que parecían antiguas, entre el colon transverso y el mesenterio. IV.-En 22 de abril de 1916, probablemente el décimoquinto día del prin- cipio de su mal, esto es, ya convaleciente, entró al Hospital "Maclovio Herre- ra", Juan García, con los siguientes síntomas principales: el exantema ex- tendido pero borrado; temperatura normal; pérdida completa del conoci- miento, delirio tranquilo, expectoración mucopurulenta. Murió el día 28 a las 5 a. m., y a las 5.30 p. m. del mismo se hizo la necropsia. Todavía con- servaba el exantema; tenía pus en los oídos y mostraba un enflaquecimiento notable. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo abundante y turbio, con pequeños copos purulentos; sobre la píamadre natas de pus extendidas en toda la bóveda cerebral. Cavidad torácica: la mucosa de la vía respiratoria superior estaba cubierta por un exudado mucopurulento. Extensas adhe- rencias pleurales en los dos lados y la pleura y el pericardio; los pulmones en su totalidad en hepatización gris; tanto las lesiones pleurales como las pulmonares se marcaban más del lado derecho. Cavidad abdominal: hígado fláccido, deleznable y negruzco; bazo crecido, deleznable y con infartos. V.-Entró al Hospital "Maclovio Herrera", Julia X., el 3 de abril de 1916, probablemente en los primeros días de la convalecencia; sin fie- bre, con subdelirio, huellas de exantema que al parecer debió de haber sido intenso y petequial; tos con expectoración mucosanguinolenta. Murió el 5 de mayo, y la necropsia se efectuó a las 4.30 p. m. de ese día. En la piel de los miembros tenía el cadáver el exantema, manchas lívidas extensas, ri- gidez y enflaquecimiento muy notables. Cavidad craneana: líquido cefalorra- 67 quídeo abundante, hiperhemia de las meninges, edema cerebral. Cavidad to- rácica: la mucosa de las vías respiratorias superiores cubierta de exudado mucoso que levantado dejaba ver un punteado hemorrágico. Hepatización roja de los dos pulmones, extensas adherencias pleurales, bien organizadas v resistentes. Cavidad abdominal: bazo de volumen normal; deleznable; ri- ñones congestionados; peritonitis. VI.-María Pascuala ingresó en 7 de mayo de 1916 al Hospital "Ma- clovio Herrera", al octavo día de haber principiado su tifo, cuyos síntomas más salientes eran: exantema petequial y oscuro; pérdida completa del cono- cimiento, delirio tranquilo, adinamia, epistaxis repetidas. Murió el día 12 de mayo a las 3 a. m. Necropsia.-Hecha a las veinte horas de la muerte, mostró: un cadáver in extremo delgado con espuma blanca en las comisuras labiales, en las ven- tanas de la nariz y en la cavidad bucal; su piel conservaba el exantema; la mucosa de la laringe y de la tráquea cubierta por un exudado mucoso. Ca- vidad craneana: líquido cefalorraquídeo copioso, ligera hiperhemia menín- gea y edema cerebral. Cavidad torácica: extensas adherencias pleurales, he- patización roja en la totalidad de los dos pulmones; miocarditis. Cavidad ab- dominal : bazo con un volumen doble, de color moreno negruzco, congestio- nado y deleznable; los riñones dos veces más grandes que normalmente, en extremo congestionados y su tejido a la menor tracción se desgarraba. VII.-Entró Guillermo Cabrera al Hospital "Maclovio Herrera" el 20 de mayo de 1916. Estaba atacado de tifo hacía ya ocho días, y tenía como síntomas principales: exantema discreto, pérdida completa del conocimiento, delirio intenso, convulsiones y rigidez. Murió el día 24 a las 4 a. m., en el dé- cimotercero día, esto es, en pleno tifo. Necropsia.-El cadáver completamente rígido estaba enflaquecido, y su piel con pocas manchas lívidas y casi ninguna de exantema. Cavidad cranea- na: líquido cefalorraquídeo abundante y ligeramente turbio, congestión me- níngea; sobre la parte convexa del cerebro, la píamadre cubierta de natas pu- rulentas. Cavidad torácica: congestión de la mucosa de las vías respiratorias, hepatización roja de los dos pulmones pero no en su totalidad, sino limi- tada a los dos tercios superiores; el corazón hipertrofiado y dilatado, un tan- to engrasado. Cavidad abdominal: bazo crecido, deleznable y con infartos; riñones hiperhemiados, blandos y algo crecidos. A III.-El 19 de junio de 1916 entró al Hospital ''Maclovio Herrera'7, Macario Pérez, tres días después del principio de su mal, (pie era tifo, en el que dominaban estos síntomas: temperaturas altas (39°.5 a 41°), pérdida completa del conocimiento, delirio sobreagudo, exantema petequial y muy extendido, epistaxis frecuentes y expectoración sanguinolenta. Murió el 22 del mismo mes a las 4 p. m., a los trece días del ciclo de la fiebre. Necropsia.-Se le hizo al día siguiente a las 2 p. m. Cadáver rígido, muy delgado, con su piel todavía cubierta de petequias y en varios puntos hemo- rragias cutáneas de regulares dimensiones. Cavidad craneana: líquido cefa- lorraquídeo abundante, congestión exagerada de las meninges y del encéfalo. Cavidad torácica: congestión de la mucosa respiratoria y de los vértices pul- monares, y ligeras adherencias pleurales del lado derecho. Cavidad abdomi- nal: bazo de volumen normal, blando, amoratado y con ligera congestión. 68 IX.-Petra García, entró al Hospital "Maclovio Herrera" el día lo. de julio de 1916, seis días después de que comenzó su mal, que era un tifo en el que sobresalían los síntomas siguientes: exantema confluente, casi cubriendo toda la piel, y petequial; tenía en varios puntos del tronco manchas hemo- rrágicas, hasta del diámetro de un duro; temperaturas poco elevadas (39° a 39°.5), vago delirio y adinamia. Murió el día 6 a las 5.30 a. m. Necropsia.-Se practicó el mismo día: el exantema y las manchas he- morrágicas persistían, no había gran enflaquecimiento y sí completa rigidez y grandes manchas lívidas. Cavidad craneana: congestión encefálica. Cavidad torácica; congestión de la mucosa respiratoria y de las masas pulmonares en las cuales era generalizada, mucosidades sanguinolentas en la tráquea, bronquios y laringe, en la mucosa de estos sitios existía un punteado hemo- rrágico. Cavidad abdominal: bazo crecido, deleznable y negruzco; riñones congestionados. X.-El 20 de julio de 1916 entró al Hospital "Maclovio Herrera", Anto- nio Flores, atacado de tifo hacía ya nueve días. Tenía temperaturas poco altas (38°.5 a 39°.5), exantema discreto, delirio subagudo y tranquilo. Murió el día 24 a la 1 p. m. Necropsia.-Al día siguiente a las 10 a. m. el cadáver, rígido y enfla- quecido, conservaba huellas del exantema y pocas manchas lívidas. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo abundantísimo; congestión meníngea, ede- ma cerebral. Cavidad torácica: ligeras adherencias pleurales de los dos lados y leve congestión pulmonar; crecimiento del corazón. Cavidad abdominal: bazo crecido; congestión renal. XI.-En 20 de septiembre de 1916 entró al Hospital "Maclovio Herrera", Dolores Sandoval, probablemente en el noveno día del período evolutivo del tifo que padecía y en el cual predominaban los síntomas siguientes: exan- tema petequial e intenso, hemorragias nasales y bucales abundantes, delirio ruidoso y agitado, ligeras convulsiones, pérdida completa del conocimiento. Murió el 30 de septiembre a las 8 a. m., al parecer al décimocuarto día. Necropsia.-Se practicó el mismo día de la muerte a las 5 p. m., encon fi ándose un cadáver rígido, del todo enflaquecido, con las petequias muy no- tables y algunas hemorragias cutáneas más o menos extensas. Cavidad cra- neana: líquido céfalorraquídeo copioso, hiperhemia en las serosas, edema ce rebral. Cavidad torácica: infartos en el pulmón derecho, de regulares dimen- siones. Cavidad abdominal: bazo crecido, tres veces mayor que el normal, congestionado y deleznable. XII.-Pedro Cruz, entró al Hospital "Maclovio Herrera" el día 20 do septiembre de 1916, tres días después de que se le declaró su tifo. Tenía en- tre otros síntomas, altas temperaturas (39°.5 y 40°.5), exantema intenso, pér- dida completa del conocimiento, delirio tranquilo, ligeras convulsiones epi- leptiformes. Murió el día 2 de octubre a las 4 a. m., en el décimocuarto día. Necropsia.-El mismo día a las 5 p. m., la autopsia mostró: cadáver todavía con el exantema, con abundantes manchas lívidas y un enflaqueci- miento notable. Cavidad craneana: líquido céfalorraquídeo en enorme canti- dad y turbio, natas purulentas en toda la bóveda cerebral. Cavidad torácica: ligeras adherencias pleurales del lado derecho y vaga congestión pulmonar. Cavidad abdominal: bazo de volumen normal, pero deleznable; congestión renal. XIII.-El 11 de diciembre de 1916 ingresó al Hospital de "San Pedro". María Sánchez, como a los cinco días de haber sido atacada de tifo en el cual sobresalían los siguientes síntomas: exantema casi confluente, extendido has- ta en la cara, temperaturas altas (39°.5 a 41°), que descendieron en los últi- mos días precedentes a la muerte, a 38°.5 y hasta 37°.9; pérdida completa del conocimiento, delirio tranquilo, adinamia, tos, expectoración mucopurulenta Murió el 16 del mismo mes a las 11 p. m., a los diez días del cielo tífico. Necropsia.-A las veinticuatro horas de la muerte, el cadáver, rígido y ligeramente enflaquecido, mostraba el exantema y abundantísimas manchas lívidas. Cavidad craneana: líquido cefalorraquídeo poco abundante, conges- tión de las serosas y edema cerebral. Cavidad torácica: miocarditis, vaga congestión de los vértices pulmonares. Cavidad abdominal: bazo de volumen normal, negruzco, congestionado y deleznable; hiperhemia renal. 69 SEGUNDA PARTE MICROSCOPÍA. Lesiones Cutáneas.-El exantema en un principio es resultado de una dilatación vascular, a la que sigue una hemorragia entre la dermis y la epi- dermis, cuando se vuelve petequial. Lesiones viscerales.-El examen microscópico de las preparaciones his- tológicas de las visceras de individuos muertos de tifo, hace ver: en el cora- zón, adiposis cardíaca y miocarditis en segmentos; en el pulmón, infarto, congestión y la neumonía en sus tres fases: congestión, esplenificación y hepatización gris; en el hígado, congestión; en el bazo, lesiones de bazo infeccioso, esto es, congestión, transformación de los elementos linfáticos jóvenes en forma adulta, necrosis de estos elementos en las dos variedades que puede revestir, de localización al núcleo o al protoplasma, y además en general, una hipertrofia de la pulpa esplénica que no es específica del tifo, puesto que también se ha señalado en otras enfermedades como la difteria; y en el riñón, infarto y congestión- Todas estas lesiones son ya bien conocidas y perfectamente descritas cu los tratados de Histología Patológica, para que insista sobre ellas; pero cabe, sin embargo, que ilustre mis apuntes con unas microfotografías, to- madas de las cinco preparaciones mejores, escogidas entre las ciento cincuen- ta que hice para llevar a cabo mi trabajo microscópico. CONCLUSIONES- El resumen de este corto estudio anatomopatológico está contenido en las siguientes conclusiones: la.-En el tifo hay tendencia general a la congestión y a la hemorragia en todos los órganos. 70 2a.-Hay constancia e intensidad muy notable de las lesiones del apa- rato respiratorio y del sistema nervioso. 3a.-Hay integridad del tubo digestivo. 4a.-Puede suponerse con gran probabilidad, (pie son las vías respirato- rias las primeras que sufren el contagio, teniendo en cuenta la constancia e intensidad de sus lesiones. Puebla de Zaragoza, abril de 1917 y diciembre de 1918. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres. Lámina IV. A la derecha de la fotografía se ve un abundante grupo de células adi- posas que continuándose con la grasa interfibrosa disocia las fibras del miocardio. ADIPOSIS DEL MIOCARDIO. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres Lámina V. NEUMONÍA SUPURADA. Toda la preparación muestra los alvéolos llenos de leucocitos: unos vi- vamente colorados por Ja hematoxilina, otros que han perdido su poder de coloración, y buen número destruidos. Las paredes alveolares se desta- can en líneas sinuosas. Arriba y a la izquierda hay un gran derrame san- guíneo. y otros menores hacia abajo. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres. Lámina VI. CONGESTIO N HEPÁTICA. Nótense arriba y a la derecha de la fotografía, los vasos hepáticos lle- nos por completo de sangre. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres. Lámina VIL BAZO INFECCIOSO TÍFICO. Abunda la preparación de linfocitos y leucocitos mono y polinucleares que han resultado de la transformación de los primeros. Muchos de estos elementos adultos están necrosados. revistiendo las dos formas de necrosis del bazo infeccioso: la que tiene por asiento el núcleo y la que se localiza en el protoplasma. Hay también gran número de glóbulos rojos que indican la congestión esplénica y se ve en el ángulo superoizquierdo, una masa de ellos formando un derrame. La pulpa está hipertrofiada. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres. Lámina VIH. INFARTO Y CONGESTIÓN RENALES. En el centro hay un vaso completamente lleno de sangre; a la izquier- da y arriba, un extenso derrame sanguíneo; y a la derecha y arriba, células renales atacadas de tumefacción turbia, lesión que es consecuencia de la congestión. 71 Historia del tifo en Real del Monte. Hños de 1915 y 1916. Dr. Luis R. Lara. Quien trate de reunir datos y catalogar hechos, para que después de investigaciones cuidadosas, surja la verdad, notará que lo malo sirve siempre para resaltar lo bueno. Convencido de esta idea y sin tener pretensión alguna, vengo a esta inte- resante Asamblea trayendo consigo los datos y los hechos que he recopilado y observado en mi tierra Real del Monte durante la práctica profesional y principalmente en la época en que azotó la última epidemia del tabardillo; esto es, en los años de 1915 y 1916. Real del Monte es una población de bellezas naturales, que está situada al Noreste de la ciudad de Pachuca, capital del Estado de Hidalgo, a once ki- lómetros de distancia, unida con ella por un camino carretero sumamente transitado y por una hermosa vía férrea de tracción eléctrica. Su altura sobre el nivel del mar, es de 2,575 metros, los vientos dominantes son los del Noreste, caracterizados por su poca velocidad y baja temperatura. Estos vientos desempeñan factor muy importante en la climatología de la población. La temperatura media del año es de doce grados sobre cero, la máxima que se observa a mediados del mes de abril, es de veinte grados a la sombra, y la mínima en el mes de febrero, es de tres grados bajo cero. La precipitación fluvial no he podido obtenerla en números redondos y sólo me limito a seña- lar que desde el mes de noviembre hasta el de marzo, la atmósfera es general- mente seca y escasas las lluvias; en los meses restantes es húmeda y llu- viosa. Está sentado el pueblo sobre terrenos rocallosos, en una cañada abierta hacia el Noreste y cerrada hacia el Sur, con una inclinación general de Sur a Norte muy acentuada. El caserío se extiende siguiendo una orientación igual y por tanto, la mayor extensión del pueblo, es de Sur a Norte. Las arbo- ledas son escasas y la circundan por todos lados. Hago esta advertencia por- que el nombre del pueblo vino precisamente de lo espeso de sus bosques; hoy la tala inmoderada que se ha hecho en fuerza de las necesidades de la in- dustria minera, ha despoblado casi totalmente de árboles los cerros que li- mitan a la población; quedando sólo una pequeña arboleda llamada ''El Hi- loche", que sigue representando papel importante en la climatología y que está situado a un kilómetro hacia el Poniente. Cuenta Real del Monte con agua potable en cantidad suficiente para los usos culinarios y algo para el aseo de los moradores. 72 La densidad de la población fluctúa entre doce y quince mil habitantes. Sus casas en general están hechas con paredes de piedra y adobe, cubiertas con techos de lámina acanalada en un cincuenta por ciento y con tejamanil el resto. Pocas de ellas poseen tapanco bien acondicionado y que por tanto impida los cambios bruscos de temperatura que se sienten en las habitacio- nes con alguna crueldad. Los pisos son en su mayoría de tierra suelta; pocas casas cuentan con excusados y albañales adecuados; multitud de ellas sólo tienen un solar anexo en el cual evacúan sus necesidades los habitantes. Las calles no tienen pavimentación buena; un centenar de ellas con una superfi- cie de más o menos dos kilómetros, está empedrado, y el resto lo consti- tuyen la tierra suelta y los basureros. Hay unas cuantas atarjeas en las prin- cipales calles, y a guisa de colectores existen una barrancas descubiertas que atraviesan la población de Sur a Norte y que reciben el contenido de dichas atarjeas. La población está formada así: un ochenta por ciento de gente, digamos trabajadora en las minas, como barreteros, casi todos analfabetas; el veinte por ciento restante lo constituyen los empleados que trabajan en las oficinas de las compañías mineras, los comerciantes y particulares. Las costumbres de los habitantes son medianamente morigeradas; la cla- se llamada obrera, por razones que no son del caso enunciar gustan de tomar con exceso, pulque, y la clase social más elevada toma de cuando en cuando licor. La vida es monótona, se trabaja durante el día y se descansa por las noches. Los trabajos nocturnos en las minas no son muy extensos y por lauto la gente que se ocupa en ellas, no es la mayoría. Las diversiones pú- blicas son tan escasas como poco atractivas y en consecuencia los habitantes no las frecuentan. El matrimonio forma pequeñísima base de la sociedad real- montense: la mayoría de los habitantes vive en amasiatos enteramente fuga- ces. La cantidad de celibatos puede estimarse en un treinta por ciento. Los elementos de vida son proporcionados por los jornales (pie en las minas se obtienen a cambio de los trabajos corporales, y en verdad pueden consi- derarse como suficientes para cubrir las necesidades de la clase obrera real móntense. Estas eran y ahora han vuelto a ser las condiciones generales de mi pue- blo Real del Monte. La Revolución Constitucionalista, en la gran conmoción social que pro- dujo en el país, sorprendió este estado higiénicosocial que acabo de bosquejar en Real del Monte; abriendo un paréntesis de dos años largos, en los cuales los trastornos económicos fueron tales, que la miseria, con todos sus horro- res, invadió los hogares de los realmontenses. La carestía inusitada de los cereales, base de la alimentación de nuestros trabajadores y también de nues- tra clase media, llegó a grado inenarrable; la depreciación del papel mone- da circulante en ese tiempo agravó la precaria situación por la cual atrave- saba la población; los constantes sobresaltos que traían consigo las noticias de la guerra fratricida y los amagos al pueblo por grupos de bandoleros que a la sombra de la revolución medraron, produjeron un estado especial rece]) tivo y de debilitación, que puso a los habitantes en condiciones de menor resis- tencia para luchar contra elementos morbosos de cualquier especie. 73 Estas condiciones de miseria, tan agravadas por las razones que he men- cionado, ocasionaron algunos casos de muerte por inanición (seis) y en las. calles, en las diversas y continuadas "colas" que hacían las gentes para adqui- rir los alimentos más indispensables que requería el sostenimiento de la vida, se veían retratadas en los semblantes todas las penas que la situación ha- bía engendrado. El tabardillo es endémico en Real del Monte; uno que otro caso aislado anota la estadística dentro del año; pero su aparición normal se observa sin llegar a la forma epidémica, en el invierno. La epidemia del tabardillo se presentó en junio del año de 1915; los casos fueron haciéndose más frecuentes a medida que el tiempo transcurría y las defunciones llenaban las notas estadísticas del Registro Civil, en forma as- cendente, como podrá verse en el cuadro adjunto. DEFUNCIONES CAUSADAS POR EL TIFO. AÑO DE 1915. AÑO DE 1916. Enero - .... 4 Enero ... 11 Febrero .... 0 Febrero ... 11 Marzo- .... 2 Marzo ... 13 Abril .... 0 Abril ... 11 Mayo .... 3 Mayo 5 Junio Junio Julio .... 2 Julio ... 5 Agosto .... 3 Agosto ... 1 Septiembre Septiembre. ... 1 Octubre .... 8 Octubre ... 2 Noviembre ... 13 Noviembre.. ... 0 Diciembre .... 17 Diciembre.-. ... 0 Suma .... 63 Suma ... 66 La epidemia comenzó a desarrollarse entre la clase social más humilde,, la que vive en las casas más mal acondicionadas y en las cuales se albergan cuatro o cinco y hasta seis personas en un solo cuarto. Avanzando el tiempo y la epidemia, los casos se observaron entre la clase social más elevada. La declinación de la epidemia se hizo notar al comenzar el año de 1916, y al finalizar dicho año, no hubo casos de enfermedad ni de fallecimiento por dicha dolencia. El piojo, que conforme a las célebres experiencias ya conocidas ha sido considerado y de hecho es, uno de los diversos elementos de propagación de la enfermedad que estudiamos en estos momentos, es huésped constante de la última clase social de mi pueblo. Normalmente habita con ella y por desgracia en gran cantidad; pero en el período de tiempo que ocupó la epidemia, se acrecentó, digamos, su número de manera extraordinaria, y por tanto, el huésped habitual de nuestra clase humilde franqueó los umbrales de la clase social más elevada y más cuidadosa de los principios rudimentales de hi- giene- El papel propagador del piojo quedó confirmado en Real del Monte, puesto que hubo casas en las cuales me fué posible comprobar que varios 74 miembros de ellas fueron atacados por ese parásito, después de haber pica- do al enfermo. Casos concretos fueron los observados en mis estimados y distinguidos colegas los señores doctores don Fernando Sandoval, que desempeñaba el puesto de Médico Cirujano de la "Compañía Real del Monte y Pachuca" y que, según informes recogidos de sus familiares, un piojo proveniente de un atabardillado trabajador de dicha Compañía, le picó la espalda y poco tiempo después la enfermedad del tabardillo acabó con su importante vida. El señor doc- tor Ignacio Guevara a quien tuve el honor de asistir, fué el sucesor en el tra- bajo de iguala de la "Compañía Real del Monte y Pachuca", de mi malogrado compañero y paisano doctor Sandoval; al desempeñar sus labores atendien- do a los trabajadores de dicha Compañía, en donde abundaban los enfermos de tabardillo, un piojo le picó la espalda y le trajo consigo la enfermedad a los cuatro o cinco días; enfermedad que por desgracia segó su vida tan útil. Por último, el doctor don Pilar Manzano a quien también tuve el honor de asis- tir, enfermó de tabardillo y al recoger sus datos anamnésticos no pudo pre- cisarme, por no recordarlo, si algún parásito de sus enfermos atabardilla- dos le picaría; pero presumía él que habría sido picado, por la gran abun- dancia que de ellos había en las diversas casas que frecuentaba. El piojo, recordando una frase de mi distinguido e ilustre maestro señor doctor don Joaquín Vértiz, "es la manifestación de la miseria or- gánica y social"; el piojo invadió de manera alarmante la población de Real del Monte, cuando ella se encontraba en miseria espantosa; cuando llegaron las tropas de diversas denominaciones en son de guerra y cuando, por últi- mo, las dificultades para obtener los artículos necesarios para la alimenta- ción, eran grandes. El piojo, en una palabra, coincidió en su existencia y aumento inusitado entre los moradores de Real del Monte, con la apari- ción en forma epidémica del tabardillo. La epidemia enfermó al diez por ciento de los habitantes aproximada- mente, produciendo la mortalidad de cuatro un décimo por millar y por año. La mayor parte de los enfermos los proporcionó la clase pobre, la más mal alimentada, la que vive en casuchas perfectamente antihigiénicas, la que tiene por lecho un petate en que acostarse y por último, la que cuenta por toda indumentaria, con un vestido de manta gruesa y una cobija que tanto emplea para dormir como para pasear La clase más elevada del pueblo dió su contingente, pero pequeño, no habiéndose notado más de un centenar de enfermos. Las defunciones fueron en mayor número relativamente entre esta clase social; la más humilde, en esa misma proporción dió pocas defunciones. Los datos sintomatológicos que pudiese dar a conocer en este trabajo, no tienen importancia alguna, puesto que el cuadro observado fué el ya conocido por los médicos mexicanos, con todas sus variantes. La terapéu- tica seguida, consistió en los antitérmicos químicos como el piramidón, la antipirina, criogenina, etc., no habiéndose usado la hidroterapia por ser un sistema de tratamiento que causa horror a nuestra clase social inculta y que, además, es impracticable en el medio en que opero por las malas con- diciones económicas de la mayoría. Los antisépticos generales, el cloruro de calcio, el citrato de sodio, las enemas de la consabida yerba Tianguis pepetla, 75 suministrados por mi parte, como evacuantes y principalmente para llevar agua al organismo enfermo, por medio de la absorción rectal; coloidales, ar- senicales, etc. Los resultados obtenidos con dichos tratamientos, están muy lejos de conceptuarse como el desiderátum, pues hubo enfermos de la clase pobre, que curaron con sólo el famoso Tianguis pepetla tomado en poción y sumi- nistrado en lavativas, y otros muchos de la clase llamemos acomodada, que murieron no obstante un tratamiento nutrido de sustancias medicamen- tosas. Los enfermos que en mayor número sanaron, tanto proporcional como totalmente, fueron nada menos los pertenecientes a la clase humilde, aque- lla en la cual las manifestaciones nerviosas fueron poco ostensibles y tam- bién en la cual por la escasez de recursos no pudo sufragar los gastos que de- mandaba una asistencia médica. No así las personas que padecieron la dolencia y que por su condición social estuvieron en posibilidad de tener un médico a su cabecera, que solícito las atendiese: esas, relativamente perecieron en mayor número y en ellas las manifestaciones nerviosas fueron intensas. Las medidas profilácticas que se pusieron en práctica fueron las siguien- tes: primero, fundación de un lazareto para el aislamiento de los enfermos, que construyó la "Compañía Real del Monte y Pachuca" y que dotó de per- sonal adecuado y elementos necesarios, y la formación de un servicio de am- bulancia que tuvo por objeto recoger de las casas de los trabajadores a los enfermos; segundo, campaña contra el piojo; tercero, facilidad de adquisi- ción de sustancias alimenticias; cuarto, desinfección de las casas de los en- fermos. La campaña contra el piojo la hizo la "Compañía Real del Monte y Pa- chuca", en gran escala, puesto que la mayor parte de los habitantes de la población trabaja en ella. Comenzó por ordenar que las frazadas viejas y al- gunas ropas que los operarios portaban sembradas indudablemente de pio- jos, fuesen incineradas en las puertas de las minas, y a continuación se pro- veyó, a los más insolventes, de otras frazadas y otras ropas, las cuales co- tidianamente se sometían a ebullición y asoleo, ínter descendían los traba- jadores con su ropa de trabajo a los laboríos. Por este sistema, muchos mi- llones de parásitos (piojos) fueron extirpados. Igualmente estableció peluquerías en las mismas minas para cortar el pelo de los operarios a fin de impedir el desarrollo del piojo de cabeza. Uti- lizó la gasolina, con la que empapó las cabezas más piojosas. El servicio de baños que de tiempo atrás tiene establecido en sus minas, lo aumentó. La gran medida de profilaxis en mi concepto, que la misma Compañía puso en vigor, consistió en fundar una tienda de abarrotes y ropa en la cual con el papel moneda depreciado por todo el comercio, el barretero y el em- pleado pudieron obtener cereales baratísimos, harina, etc., en pequeña can- tidad ciertamente, pero que les impidió a ellos y a sus familias sucumbir de hambre; ropa barata y calzado con lo cual podían cubrir sus desnudeces e impedir la acción de la intemperie. Esto es digno de mencionarse. He conceptuado como de primer orden en la profilaxis del tabardillo 76 de Real del Monte, la acción benefactora de la compañía minera (pie lleva el mismo nombre y de otras diversas que la imitaron, porque sin ellas y sin su importante ayuda, la miseria habría sido más intensa; la resistencia orgá- nica más vulnerable, y en consecuencia, el desarrollo de la epidemia del ta- bardillo, acaso habría alcanzado mayores proporciones. Me permito puntualizar el hecho, para que se tome debida nota de él y seguramente que bien valorizado servirá de base para una profilaxis efecti- va de nuestra dolencia nacional. La desinfección de las casas de los pacientes la hizo el Gobierno Muni- cipal, para lo cual el Municipio compró una estufa generadora de formalina que prestó eminentes servicios. Los vapores de ácido sulfuroso se emplearon también en algunas casas, por más (pie en muchas de ellas su acción no fué eficaz por ser imposible cerrar debidamente la multitud de hendiduras, por donde los vapores salían sin dar tiempo a la acción benefactora desinfec- tante. He terminado el bosquejo histórico que acabo de hacer de la epidemia del tabardillo en Real del Monte y he creído pertinente asentar las siguien- tes conclusiones: I.-El tabardillo, enfermedad endémica en Real del Monte, se hizo epi- démica cuando la miseria social y orgánica corroía las entrañas de mi pue- blo; es endémica, porque en mi pueblo, por desgracia, hay algunos que vi- ven en la miseria. II.-Coincidió la existencia del tabardillo en forma epidémica, con la llegada de tropas de diversas denominaciones que procedentes de varios lugares del país infectados de tabardillo, eran portadores probablemente de piojos infectados. III.-El tabardillo presentó mas enfermos en la clase humilde que en la clase acomodada; los contagios se verificaron con más exactitud y mayor número entre las personas que eran presa de debilidad orgánica. IV.-El tabardillo produce mayor número de defunciones entre la clase acomodada, que entre la pobre. V.-El tabardillo no tiene hasta la fecha, conocido por mí, un trata- miento seguro y eficaz. VI.-Por último, el tabardillo mexicano es, en mi humilde concepto, el consecuente obligado de nuestras miserias sociales y por lo tanto de las or- gánicas. 77 Motas sobre el exantema del tabardillo. Dr. Everardo Landa. El exantema "es tan característico (sin ser por ello exclusivo) del ta- bardillo', decía Jiménez, que justifica el nombre de "fiebre petequial" con que este clínico ilustre designó a la dolencia. Sabido es que existen descritas variadas formas de la erupción cutánea: pápulas, vesículas, manchas rosadas, petequias. En algunos de los casos en (pie he tenido ocasión de observar el mal desde el principio de la invasión febril y, por supuesto, antes de que aparez- can las verdaderas y clásicas petequias, he hallado pápulas, pequeñas, discretas en número, rojas, especialmente en el tronco, algunas de las cuales se trans- forman pronto en vesículas que dejan después de romperse o secarse mi- núsculas costras de color oscuro. De un hecho recuerdo en que las pápulas eran como de viruela incipiente; de tal modo que pudo pensarse, en consul- ta con un compañero, en esta última enfermedad. A los dos días había apa- recido el exantema propio del tabardillo y el cuadro clínico no produjo ya confusión ninguna. Observaciones nacionales señalan la existencia de pápulas; Jiménez las describe "rojas, constantes y confluentes''; pero no se dice cuándo aparecen y si pueden tener alguna significación. El hecho de (pie se revelen primero que las manchas bien conocidas o de (pie aun puedan coexistir con las pete- quias, hace pensar en que dicha floración cutánea deba considerarse como fenómeno precoz, (pie será necesario tener en cuenta para el diagnóstico del tabardillo. Respecto del sitio en (pie más a menudo empiezan las manchas petequia- les, hay variados pareceres: quienes indican el pecho y vientre, quienes el dorso o la región epitrocleana, otros, en fin, señalan los bordes costales. Las necesidades actuales de mi actual ocupación de Médico Inspector Sanitario me han obligado, por circunstancias que fuera inútil puntualizar, a establecer un rápido diagnóstico. Desde fines de 1915 en que empezó la úl- tima gran exacerbación de la endemia de tabardillo en el Distrito Federal, han pasado, en los cuarteles segundo, tercero, cuarto y (plinto de esta ciu- dad, muy numerosos enfermos bajo mi observación. Pronto pude hallar una manera relativamente fácil dé conocer el padecimiento observando el dorso antes que otras regiones. Allí es en donde he visto siempre más abundantes, mejor definidas y más precoces en su aparición, las petequias que pocas veces faltan en los pacientes de tabardillo. Hay observadores que refieren lo mis 78 ino: recuerdo al doctor Terrés, que asegura que el exantema comienza por el vientre y el tórax, en sus caras anterior y posterior; al doctor Saloma, que ha visto el exantema varias veces en el dorso, antes que en cualquier otro lugar, y que cuando en otras regiones es escaso y dudoso, por lo general en el dorso ya está bien caracterizado y abundante; y al doctor Cosío, quien en todos los casos de tifo por él estudiados encontró las primeras manchas, también en la parte posterior del tronco. Creo de interés el asunto porque no hay uniformidad en la opinión de nuestros clínicos sobre el sitio en que por lo general aparece el exantema y porque en la práctica será más útil un examen cuando se disponga de recur- sos que permitan llegar lo más pronto posible al diagnóstico. El Sr. E. Fraenkel, alemán, dice en un artículo publicado por el Jour- nal of the American Medical Association (mayo 11 de 1918) que las manchas del tifo pueden reaparecer aplicando un torniquete en los miembros, aun a la décima semana después de la defervescencia. Pacientes investigaciones llevadas a cabo con el fin de ratificar el hecho, me han demostrado que la afirmación es en gran parte exacta. Procuré in- vestigar primero los cambios que pueden suceder en las manchas en franca evolución. El algunos casos, bajo la acción del éxtasis sanguíneo provocado por una ligadura en un brazo, las petequias suben de color, esto es, se hacen más visibles, y hasta se ven otras que no se notaban antes a la inspección. No pude observar a convalecientes más que en los primeros días y no en todos se vió que el exantema reapareciera; pero en un caso logré hallarlo bastante claro en la cara anterior de los antebrazos, sobre todo comparando el lado comprimido con el opuesto, al cabo de doce días de terminada la evo lución de un tabardillo intenso. Se comprende la importancia de este fenómeno para facilitar el diagnós- líco en enfermos que tienen un tabardillo benigno o muy poco notable en sus manifestaciones clínicas; lo mismo (pie para identificar el padecimiento durante la convalecencia, es decir, cuando existen mayores dificultades para definir la dolencia (pie algún individuo acaba de padecer; y tal vez, lo pien- so con las salvedades consiguientes, en esos casos descritos como de tabardillo sin petequias. Será preciso investigar más aún en este sentido. Nuestros clínicos han estudiado la duración del exantema y ninguno la señala tan prolongada como el observador antes citado. Se recordará que Jiménez marcaba con nitrato de plata algunas manchas y así podía saber la duración individual de ellas; pero no dice, ni otros clínicos hablan sobre el particular, si las petequias pueden observarse muchos días después del des- censo febril- Sólo Fraenkel, mediante el artificio que he señalado, afirma que las manchas petequiales pueden volverse a ver cuando ostensiblemente ya han desaparecido. Si, ¡mes. el éxtasis sanguíneo facilita la observación del exantema, se comprende que éste sea más abundante, más oscuro y de mayor precocidad en su aparición en el dorso, ya que el decúbito supino es la postura ordinaria de un tifoso desde el principio de la enfermedad. Conclusiones: la.-Las pápulas que se ven algunas veces en el tabardillo aparecen an- tes que el exantema característico. 79 2a.-El exantema aparece primero en el dorso en la mayoría de los ca- sos, favorecido por el deciíbito supino, y allí es más abundante y más notable. 3a.-El éxtasis sanguíneo resultante de una compresión en la raíz de los miembros aumenta el color de las manchas, hace aparecer las que no eran bien claras y puede favorecer la reaparición de las petequias algunos días después de la defervescencia. México, 15 de enero de 1918. 81 Contribución para el estudio hematológico del tabardillo. DD. Fernando Ocaranza y José Joaquín Izquierdo. El favor dispensado por el V Congreso Médico Nacional a la memoria que presentó uno de nosotros sobre la histología de la sangre en diversos lu- gares de la República Mexicana, nos dio ánimo para continuar nuestras in- vestigaciones hematológicas no tan sólo en las diversas condiciones norma- les del individuo, sino también en sus distintos estados patológicos. La reu- nión de este congreso nos presenta la oportunidad, y sometemos a la consi- deración de ustedes esta sencilla contribución para la hematología del ta- bardillo. Como es natural, debimos emprender una paciente exploración biblio- gráfica, y para el efecto hemos urgado en la prensa médica, en los folletos v en los libros que hemos tenido a nuestro alcance y que han aparecido de quince años a la presente fecha. No pudo ser más desconsoladora nuestra investigación, en lo que se refiere a la literatura médica extranjera, ya que en la prensa nada encontramos, y en las obras especialistas, ligeras alusio- nes, tales como la del Sr. Von Domarus, quien simplemente dice que en el ti- fo exantemático hay leucocitosis, y la de los DD. Emilio Weil y Antonio Clerc, quienes indican que el carácter de la fórmula leucocitaria es la po- linucleosis. El doctor Pedro Canale, en su tesis de doctorado, en Buenos Aires, sin referirse especialmente al tifo exantemático, sostiene los siguientes apoteg- mas, en lo que se refiere a la hematología de las enfermedades infecciosas en general: lo.-"Casi todas las leucocitosis de los padecimientos infecciosos se dis- tinguen por la polinucleosis. 2o.-"La leucocitosis infecciosa sigue a la curva térmica. 3o.-"En las infecciones la fórmula leucocitaria se altera, aunque no haya leucocitosis. 4o.-"No existe fórmula leucocitaria propia y característica de cada en- fermedad. 5o.-"En las infecciones agudas los eosinófilos desaparecen al princi- pio y su reaparición coincide con la caída de la temperatura". Fortuna tuvimos por el campo de la literatura española, ya que pudi- mos adquirir el folleto del doctor Codina y Castellví, en el que cuenta este se- ñor el resultado de sus investigaciones clínicas sobre el tifo exantemático de 82 Madrid, en el invierno de 1909. Las observaciones en lo que se refiere a la san- gre se hicieron en 39 enfermos, siguiendo la evolución de las modificaciones he- máticas en 34 de ellos. Dice el autor que hizo lo posible por escapar a toda causa de error, tomando la fórmula o haciendo el recuento de los elemen tos figurados a una misma hora y buscando relaciones análogas con alimen- tos y bebidas. Del total de sus investigaciones resulta que las hematías, ex- cepcionalmente aumentan o disminuyen, puesto que el 827o de los casos os- cilaron al rededor de 5 millones y por lo tanto de los límites de la cifra fi- siológica. Partiendo de la cifra, 6,000 leucocitos por milímetro cúbico, se encontró aumento de leucocitos en 37 casos y sólo en uno disminución; la altura máxima media de leucocitosis fue de 13,(100, llegando en casos excep- cionales a 30,000. El autor considera esta leucocitosis constante, de una gran importancia diagnóstica, ya que en la fiebre tifoidea, las paratifoideas y el sarampión, casi es constante la leucopenia en el período de estado. Con respecto a la fórmula leucocitaria considera la polinucleosis como invariable; mas debo advertir que esta afirmación está basada en una sola observación para cada caso de los 38 mencionados; debiendo haberse anotado las variaciones del equilibrio leucocitario siguiendo día por día a cada enfer- mo. De cualquiera manera que haya sido, es importante indicar que la fór- mula marcó en ciertos casos hasta un 94% de polinucleares. Los mononucleares grandes tuvieron tendencia a mantenerse dentro de los límites normales; pero los linfocitos disminuyeron francamente. Sobre esta afirmación debemos observar lo mismo que ya indicamos en lo que ata- ñe a la polinucleosis. La fina' aseveración del doctor Codina sobre la fórmula leucocitaria del tifo exantemático, es categórica: "la característica leucocitaria del tifo exantemático en el período eruptivo, dice, ha sido la leucocitosis polinuclear con hipolinfocitosis y aneosinofilia". Sobre los dos primeros caracteres ya hicimos observar lo conveniente; sobre el último recordemos uno de los apo- tegmas de Canale: "En las infecciones agudas, los eosinófilos desaparecen al principio y su reaparición coincide con la caída de la temperatura". Dejemos ya los trabajos extranjeros y veamos qué se ha hecho en nues- tro país. Varios tomos del "Boletín del Instituto Patológico" nos mostra- ron numerosas observaciones sobre el tabardillo, firmadas en su mayor par- te por el doctor Genaro Escalona. Además, la galantería de un colega, puso en nuestras manos una tesis de Puebla sobre la fórmula leucocitaria en el tifo exantemático. Las primeras observaciones del Instituto Patológico de México, datan .leí año de 1906, fueron hechas por el doctor don José Saloma y su número es de siete. De ellas resulta que el número de hematías por milímetro cú- bico aumenta en el curso del tabardillo, que hubo polinucleosis en tres ca- sos, leucopenia en dos y en los restantes no se alteró la cifra de leucocitos por milímetro cúbico; la fórmula leucocitaria reveló polinucleosis en cinco ocasiones y linfocitosis en dos. Debemos advertir que todas las observaciones fueron aisladas y en distintos enfermos; que solamente se distinguieron dos clases de elementos en la fórmula: polinucleares y linfocitos; y que el doc- tor Saloma consideró la leucocitosis en ciertos casos como pasiva. 83 Las observaciones del doctor Escalona abarcan los años de 1907, 08, 09 y 10, y deberemos repartirlas en tres series por el orden de importancia. En la primera serie incluiremos tan sólo dos observaciones, de enfer- mos distintos y graves; ésta no lleva indicado el momento en que se hizo, y la segunda fué tomada en el período de estado. En la primera, la cifra de he- matías está dentro de lo normal, la de leucocitos lo mismo, pero la fórmula leucocitaria está alterada en el sentido de que hay polinucleosis. En el se- gundo caso la cantidad de hematías está muy abajo de la normal, hay lige- ra leucopenia y la fórmula indica una polinucleosis extraordinaria: 94% La segunda serie comprende cuatro observaciones aisladas en distin- tos enfermos, pero en diversas épocas de la enfermedad, y el mismo doctor Escalona comenta como sigue: "siempre hay una leucocitosis manifiesta y eso en todos los casos, aun en los días de la convalecencia; a veces hay, durante el período de estado y especialmente en los casos graves, mononu- cleosis, menos veces polinucleosis. Los linfocitos están disminuidos o no existen y los hematoblastos son numerosos". Sobre estos últimos elementos debemos indicar que los medios habituales de dilución para la cuenta de Jos elementos figurados o de la coloración para entresacar la fórmula leu- cocitaria, no son propicios para conservarlos y que es necesario un medio adecuado para su conservación y cuenta. La segunda serie del doctor Esca- lona comprende casos benignos y casos mortales. La tercera y última es más importante por el número de casos y por- que a un mismo enfermo se le hicieron varias observaciones en distintos períodos de su enfermedad; las que, sin embargo, no fueron suficientes pa- ra seguir de día a día el curso de la reacción y del equilibrio leucocitario. Abar- ca doce observaciones en personas de diversos sexos y edades y con padeci- mientos de variada gravedad; entre ellas se encuentra una muy importante de una sifilítica indiscutible, paciente de tabardillo al mismo tiempo. En es- ta serie se demuestra que el número de hematías (por milímetro cúbico) aumenta progresivamente en el curso de la enfermedad y el observador da a este hecho la debida interpretación; ésta es la progresiva concentración de la sangre en los atabardillados. En la mayor parte de los casos se observó leucocitosis, en muy contados leucopenia, la curva culminó por lo regular en 15,000, habiéndose anotado una observación excepcional de 31,810 leucocitos por milímetro cúbico. La polinucleosis fué de observación habitual. Una tesis del Colegio del Estado de Puebla, escrita en 1916, por el se- ñor Armando Castellanos, e inspirada por el doctor Fausto Vergara, según noticias que tenemos, lleva por título: "Fórmula leucocitaria del tifo exan- temático''. El autor divide sus observaciones en tres grupos: primer sep- tenario, segundo y convalecencia. Desgraciadamente no siguió el curso de la reacción y del equilibrio leucocitario en un mismo enfermo; sino tomó observaciones aisladas en distintos pacientes y en los días 5o., 6o. y 7o. pa- ra el primer septenario, 8o., 9o., l(lo., lio.. 13o. y 14o., para el segundo, y lo., 2o., 3o. y 6o. días de la convalecencia. El primer grupo abarca seis ob- servaciones, doce el segundo y cinco el tercero. De todas ellas, deduce las conclusiones siguientes: 84 "Durante el primer septenario el número de leucocitos aumenta ligera- mente. "En el segundo, el aumento es más perceptible, alcanza el doble de la cifra normal y en ocasiones la pasa. "Si la enfermedad termina por la curación, el número de leucocitos baja rápidamente, llegando a la leucopenia; si la enfermedad termina por la muer- te, el número de leucocitos sigue aumentando. "Durante el segundo septenario se observa mononucleosis (pie puede llegar hasta la inversión de la fórmula normal. "En la aproximación de la crisis (?) y durante ella, cuando la enferme- dad termina por la curación, aparece aumentado el número de linfocitos has- ta alcanzar una cifra tres o cuatro veces mayor que la normal. "Durante el segundo septenario, en los casos (pie termina por la muer- te o cuando va a presentarse alguna complicación, se observa polinucleosis''. Para apreciar las diversas variantes de la fórmula leucocitaria, ei se- ñor Castellanos tomó como punto de partida el cuadro de Sabrazés: p. neu- trófilos, 60 a 70%; eosinófilos 1 a 2%; basiófilos %%; mononucleares grandes y medianos 25 a 30%; formas de transición 3 a 4%; linfocitos 2 a 3%. Como habrá podido apreciarse, todos los observadores fundan conclusio- nes categóricas o punto menos, en observaciones aisladas, hechas en distin- tos enfermos o en reducido número de observaciones practicadas en el nis- mo. Por esto pensamos que el punto de apoyo de tales conclusiones es muy relativo y para darle toda la plenitud necesaria, era preciso seguir las modi- ficaciones hemáticas, la reacción y el equilibrio leucocitario en un mismo enfermo, día por día y si es posible desde que comienza hasta que termina su enfermedad y aún, comprendiendo por lo menos los primeros días de la convalecencia. Esto nos propusimos hacer, y para el efecto, observa- mos cotidianamente a 19 enfermos, sumando nuestras observaciones un total de 162, a la misma hora, en el mismo medio (Hospital General) y en- tre personas de sexo, edad y condiciones pronosticas diversas. Anotamos inmediatamente una vieja observación del doctor Escalona: que el número de hematías por milímetro cúbico va aumentando progresiva- mente en el curso del tabardillo, y no pudimos dar otra explicación que la publicada antaño: la creciente concentración de la sangre. En todos los casos, sin excepción, hemos observado leucocitosis, que si- gue casi puntualmente las alzas y bajas de la temperatura del enfermo; a es- to no hay más excepción que la siguiente: los casos mortales, en los que la línea leucocitaria sigue un camino opuesto a la de la temperatura. La leucoci- tosis alcanza generalmente la cifra de 20,000, aunque no son escasas las observaciones de un número mayor, y debemos apuntar una, excepcional, de 57,800 en un enfermo al que se aplicaban inyecciones de oro coloidal. El equilibrio leucocitario no tiene en verdad algún aspecto característico o por lo menos habitual, durante el primer septenario, pues si en ocasiones se observa neutrofilia, en otras linfocitosis o mononucleosis, y a veces no hay sino ligera alteración en la fórmula leucocitaria; en el segundo septenario, no hay una fórmula constante, pero en la gran mayoría de los casos se obser- ta mononucleosis, linfocitosis o ambas cosas a la vez. Los eosinófilos casi siem 85 pre desaparecen al principio del mal, para reaparecer cuando se aproxima la caída de la temperatura. Nos parece casi innecesario indicar que las complicaciones supurativas orientan el equilibrio leucocitario del atabardillado hacia la neutrofilia. En los casos mortales, hemos observado neutrofilia, al acercarse el mo- mento fatal en dos de ellos; pero en otro ésta fue la fórmula: p. neutrófilos 29.25%, eosinófilos 1.5%, basófilos 0.5%, de transición 2.25%, mononucleares grandes 38.25% y linfocitos 28.25%. Hemos tomado como punto de partida para nuestras observaciones las cifras medias determinadas por uno de nosotros para los habitantes de la ciudad de México, y en resumen creemos poder concluir lo siguiente como consecuencia de nuestras observaciones: Io.-La leucocitosis es constante en el tabardillo y paralela a la tempe- ratura. 2o.-Los eosinófilos desaparecen en los primeros días de la enfermedad, para reaparecer cuando se aproxima la caída de la temperatura. 3o.-La fórmula leucocitaria es muy variable durante el primer septena- rio. 4o.-El equilibrio leucocitario durante el segundo septenario se orienta hacia la mononucleosis o la linfocitosis. No creemos que el cuadro hemático del tabardillo sea de un valor deci- sivo para el diagnóstico de la enfermedad; sin embargo, la constante leucocito- sis es un medio diferencial para los padecimientos de leucopenia como la tifoidea, el sarampión y algunas veces el paludismo. Con respecto al pronós- tico, no creemos que la fórmula tenga valor alguno, pero sí la divergencia entre las curvas leucocitaria y térmica. Acompañamos esta memoria con la relación detallada de todas las obser- vaciones que hicimos en nuestros 19 enfermos y con las gráficas de tempera- tura, leucocitosis y equilibrio leucocitario. que hablan mejor que los cuadros. 86 BIBLIOGRAFÍA. 1.-Dr. Von Domaros.-Compendio de hematología clínica.- Edición Salvat.-Barcelona, 1914. 2.-DD. P. Emile Weil y Antonio Clero.-La leucocytose en clinique.-París, 1904. 3.-Pedro Canale.-Hematología clínica.-La sangre en las enfermedades.-Tesis de Buenos Aires, 1903. 4 -Dr. José Codina Castellví.-El tifus exantemático de Madrid, en el invierno de 1909.-Investigaciones clínicas.-Hospital Provincial.-Publicado por la Exma. Diputación Provincial de Ma- drid.-Madrid, 1910. 5.-Dr. José Saloma.-"Boletín del Instituto Patológico".- Departamento de tifosos.-México, 1906. 6.-Dr Genaro Escalona.-"Boletín del Instituto Patológi- co".-Departamento de tifosos.-México, 1907-08. 7.-Dr. Genaro Escalona.-"Boletín del Instituto Patológi- co".-Departamento de tifosos.-México, 1908-09. 8.-Dr. Genaro Escalona.- "Boletín del Instituto Patológi- co".-México, 1909-10. 9.-Dr. Armando Castellanos.-Fórmula leucocitaria del ti- fo exantemático-Tesis de Puebla, 1916. 10.-Dr. Fernando Ocaranza.-Histología de la sangre en di- versos lugares de la República Mexicana. - Memoria para el V Congreso Médico Nacional.-Puebla, 1918. 87 OBSERVACIONES relativas al trabajo "Contribución al estudio hematológico del tabardillo" por los DD. Fernando Ocaranza y José Joaquín Izquierdo. OBSERVACION No. 1. Enfermo José Sánchez, Pab. 30.-Cama 1 H. Ingresó el 3 de noviembre de 1918. Edad: 28 años. No sabe decir cuándo principió la enfermedad. Días Glóbs. blancos Polinucls. neutr. Mononucls. Trans. Linfs. Eos. Bas. Nov. 4 28,000 Exantema esc tuado; el enf 63 aso, bien n ermo no co 12 mrcado; in ntesta a la 11 yección co 3 preguntas 9 njuntival; 2.5 estado tifc 1.5 so acen- Nov. 5 20,800 Empieza a des 64 aparecer el 11 exantema, 5 pero persis 13 5 te el sopor 4.5 2 Nov. 6 23,600 Sigue borránd» 62 ise el exant 15 ema y emp 8 ieza a desa 7 parecer laii 6 iyección co 2 ijuntival. Nov. 7 16,000 Empieza a des (No se determina la fórmula porque la preparación es mala). Dejarse la inteligencia; la inyección conjuntival escadavez menor. Nov. 8 14,200 63 1 El enfermo ya contesta a 14.4 as pregunt 10.3 as. 6 5 1.3 Nov. 9 10.200 54 3 20.6 5.8 16 3 2 1 Nov. 10 21,400 Se está forman 76 do una escí 6 ira infecta» 7 a en un trc 6.5 cánter. 4 0.5 Nov. 11 13,000 73.5 13.5 5.5 6 1 0.5 Nov. 12 8.600 68.5 12 10 7 2 5 - Nov. 13 18.200 Se perdió la, preparación. Escara con mayores fenómenos in- flamatorios. Nov. 14 9,200 También se extravió la preparación. Nov. 15 10,600 (Poco antes tom El enfermo pasí 63 ó baño), i a otro sei 12 vicio para 5.5 ser curado 17 2 de su escara. 0 5 Nov. 25 11,200 El enfermo pasi 56 i al Pabelk 10.5 >n 27 divs. 7 a curarse c 25 e su escara 1 b. 0 5 88 OBSERVACIÓN No. 2. Enfermo Gustavo Castellanos. Pab. 30.-Cama 1 P. Ingresó el 5 de noviembre de 1918. Edad: 35 años. Días Glóbulos blancos Polins. neutrs. P. eosinófs. p. basófils. Transic. Linfocitos Mono- nucís. Observaciones Nov. 8 13,600 65 2.5 1 5 6.5 20 Nov. 9 11,600 67 2 0 7.5 6 5 17 Nov. 10 10,600 53 4 1 10 15.5 14 5 Nov. 11 9,200 ' 67 3 0.5 7.5 7 - 16 Nov. 12 9,000 73 5 1 0.5 4 8.5 12 5 Nov. 13 9 800 61 - 0.5 6 18 14.5 Nov. 14 11,000 66 1 0.5 2 22 5 8.5 Nov. 15 9,400 64 3 0 3.5 17 5 12 El enfermo sale curado. OBSERVACIÓN No. 3. Enferma María de J. Villanueva. Pab. 30.-Cama 5 M, Ingresó el 11 de noviembre de 1918. Edad: 16 años. Comenzó a estar enferma el 10. 3er. día de la enfermedad. Nov. 12 11,600 62.5 1.5 0.5 9 15.5 11 Cefalea frontal intensa; est. tif. a- centuado; fiebre al- ta; lengua húmeda y saburral; fotofo- bia; petequias esca- sas. en el cuello. Nov. 13 21,400 68 15 0 5.5 10.5 14 5 Nov. 14 15,200 69.5 15 0 7 9 5 12 5 Nov. 15 11,400 65 1.5 0.5 2.5 13 17.5 Nov. 16 15,200 69.5 1.5 0 3 9.5 16.5 Se atenúa el est. tifoide y la inyec- ción conjuntiva! empieza a ceder. Nov. 17 14,800 64.5 1.5 0 5 13.5 15.5 Nov. 18 18,000 63.5 1 0.5 6 18 11 Nov. 19 15,400 63 1.5 0.5 6 17 12 Nov. 20 11 200 58 5 3 1 7 17.5 13 Nov. 21 10,600 61 0.5 0 3 17.5 18 Nov. 22 8,600 41 1.5 0.5 6.5 25 25 5 Nov. 25 10.600 50.5 2 0 5.5 14 28 89 OBSERVACIÓN No. 4. Enferma Juana Castillo. Pab. 30.-Cama 4 M. Ingresó el 20 de noviembre de 1918. No da ningún dato, por su estado. Días Glóbulos blancos Polins. neutrs. P. eosinófs. P. basóíils. Transic. Linfocitos Mono- nucís. Observaciones Nov. 22 29,000 86 3 05 1.5 7 2 Fxante'ra desde que entró al Hospi- tal; inyección ci n- juntival acentuada; cefalea; sordera; lengua húmeda, con saburra; tem- blores. Nov. 23 22,2C0 78 2 0 1 6 13 Petequias raras en la cara; más en pecho y abd.; car- folgía; estad > tif. más acent ; lengua sab. y seca; pulso peq., igual, regu- lar, 100 por mto. Hipotermia (36°1). Nov. 24 30,200 69.5 2 0 75 10 11 Se acentúa est, tif.; extremidades ii fs. frías (parece amena'ar la gan- grena); in ontinen- cia de orina. Nov. 25 30 200 70.5 2 0 enferma muere a las 7 h. 4 11 5 m. p. m. 2 14.5 Pulsa arrítmi- co, débil peq. in- contable. Polipnta (58); ia enferma se queja y el estado tif. es mucho más acentuado. OBSERVACION No. 5. Enferma Clara García. Pab. 30.-Cama 2 M. Ingresó el 21 de noviembre de 1918. Edad: 40 años. Tifo; hipotermia. Lengua seca y saburra!; exantema regularmente abundante; inyección conjuntiva!; so- bresaltos tendinosos; estado tifoide muy acentuado. Noviembre 23. Glóbulos blancos: 33.800. Polinucleares neutrófilos 29.25 ,, eosinófilos 15 ,, basófilos 0.5 De transición 2.25 Linfocitos 28.25 Mononucleares grandes 38.25 (contados en 400). Se deja la enferma porque la piel de sus manos está encallecida y sangra difícilmente. Al día siguiente muere a las 7 p, m. 90 OBSERVACIÓN No. 6. Enferma Ana Cázares. Pab. 30.-Cama 3 M. Ingresó el 21 de noviembre de 1918. Edad: 37 años. No sabe decir cuándo principió. Días Glób. 'blancos Polins. neutrs. P. eosinofs. P. basófs. Transic. Linfocitos. Mono- nucís. Pulso Resp. Nov. 23 12,8)0 81.5 0 5 0 6 5 7.5 4 Nov. 24 21.400 43 0 5 0 3.5 39 14 Nov. 25 22 200 62.5 0 0 4.5 22 11 106 Nov. 26 15,800 Persiste el Empieza a 76 exanten disipare 0 a; escar e el esta 0 a en el tr rio tifoid 1.5 ocánter e. 15.5 derecho. 7 112 39 Nov. 27 11,400 Se acentúa 81 el alivio 1.5 ; el exan 0 tema se 0 está bor 6.5 rando. 11 126 31 Nov. 2S 27,400 El exanten 70 la ha dei 3 ja pareen 0 7 | 45 lo; temblor de las manos 15.5 130 30 Nov. 29 15.890 80 0.5 0 3.5 9 7 120 Nov. 30 11 200 43-5 1 0 3 7 5 45 114 28 Dbre. 15.800 Laringitis 85 1 0 4 5 5 112 Dbre. 2 9 200 Tos; espute estertore 64 )s hemo] s. 0 itoicos; 0 resp. sop 4 1. en la b 19 ase del p 13 ulmón i 108 zqdo.; al ^unos Dbre. 3 13,400 78 5 0.5 0 15 14 5 5 102 25 OBSERVACION No. 7. Enferma Felisa Muñoz. Pab. 30.-Cama 8 M. Ingresó en la tarde del 23 de noviembre de 1918. Edad: 60 años. No se sabe cuándo principió. Nov. 23 37,800 Petequias, numerar tró. Te •29.5 inyecck ón de gl mperatu 5.5 n conjui óbulos 8 ra: 39°2 1.5 itival; r a hace a 7.5 ! 16 ispiración estert las 4 p. m. de la 40 orosa y disneica misma tarde en c 36 . La jue en- Nov. 24 29,C00 Los datos horas de tura, 39( 47.5 hemato' spués(a 1 1.7 | 0.7 ógicos se toman la 1 p. m.) En e 4.1 a las 10 1 momen •20 a. m., y to de la •26 la enferi observa 1 41 na muere tres jión: tempera- Las dos fórmulas leucitarias anteriores se tomaron de la cuenta de 400 leucocitos. 91 OBSERVACION No. 8. Enfermo Ensebio Rodríguez. Pab. 30.-Cama Pens. Ingresó el 25 de noviembre de 1918.1 Edad: 46 años. 5° día de la enfermedad. Tifo de evolución sin complicaciones y leve. Días Glóbulos blancos Polins. neutro filos. p. eosinó- filos P. basófilos Transi- ción Linfocitos Mono- nucl. Pulso Resp. Nov. 26 25,200 Peteqs. e 78 n tórax, 1 abd. y i 0 niembro 2.5 s; cefalei 4 1 14 5 i moderada; baz 88 o crecid 3. Nov. 27 20,000 81.5 Petequias muy punta, algo saburra! se acentúa. 1.5 0 0.5 | 7 | 9.5 | 102 23 marcadas, color rojo vinoso; lengua seca, roja en la en la base. La cefalea se generaliza y el estado tifoso Nov. 28 1 | 12,100 | 88 0 Persiste lo anotado ayer: incontinencia de oiina. 0 0 3 9 | 106 24 ligera inyección conjuntiva!; el enfermo tiene Nov. 29 12,600 58 1.5 0 2.5 25 Se atenúa el est. tif.; ya no hay iny. conjuntiva]; marcadamente. 13 96 19 el exantema palidece Nov. 30 12,800 | 63 5 | 1 El exantema persiste aun 0 que bori 3 16.5 16 ado; lengua húmeda. 94 Dbre. 1? 9,800 61 0.5' 0 2.5 | 18 18 81 21 La cabeza que ya no dolía, vuelve a doler; una conjuntiva se inyecta algo nuevamente: apenas puede reconocerse el exantema. Dbre. 2 10,800 El estado del exantema 68.5 | 1.5 0.5 | 3.5 29.5 | 6 5 74 | 18 general ha mejorado mucho; apenas quedan algunos puntos l. Lengua húmeda, algo saburra!. Dbre. 3 7,800 60 0 Convalecencia franca; e fuerzas. 05 | 5 enfermo está 30,5 | 4 74 'ecobrando rápidamentt 19 sus Por su evolución clínica y aun por los resultados liematológicos, esta observación pue- de tomarse como tipo de las de tifo de mediana gravedad, que termina por curación, sin complicaciones, en personas desprovistas de lacras patológicas. 92 OBSERVACIÓN No. 9. Enfermo Emigdio López. Pab. 30.-Cama 1 H. Ingresó e 29 de noviembre de 1918. Edad: 17 años. No sabe decir cuántos días tiene de enfermo. Días Glóbulos blancos Polins. neutrf. Polins. eosiní. P. basó- filos Transi- ción Mono- nucís. Linfo- citos Pulso Respira- ción Dbre. 2 18,400 Exantema e no hay cefalalj 58.5 n brazo ?ia; 05 y trom 0 :o; lengu 4 a roja j 17 húmedí 20 i; inyecc 108 36 ión conjuntiva!; Dbre. 3 20,800 Persiste el e 54.5 xanteme 1.5 i; lengua 0 seca y 3.5 roja enk 18 ! 2.25 112 38 i punta, algo saburral en la base Dbre. 4 12,600 52.5 0.5 0 4 14 29 88 34 Dbre. 5 15,800 51 1 0 3 12 33 89 30 Dbre. G 8, 00 70 5 1 0 2 9 17.5 8) 32 Dbre. 7 10,2(10 - - - - - 62 26 Dbre. 8 10,000 Hay mejorh 31.5 1 0 i; persiste el exantema y 3 j 18 el estado tíf. se 43.5 disipa. 48 | 21 Pulso lento. Dbre. 9 6,400 | 38 | 1 0 4.5 12.5 El pulso es todavía más lento; prosigue la mejoría. 44 44 23 OBSERVACION No. 10. Enfermo David Hernández. Pab. 30.-Cama 3 H. Ingresó el 2 de diciembre de 1918. Edad: 19 años. No precisa el principio de la enfermedad. Dbre. 3 31,800 No hay cefa 64 lea; exai 2.5 ítem a b( 0 irrado; engua h 14 úmeda 5 17 | 120 saburra!. 39 Dbre. 4 16,400 Ya no hay e 66.5 xantem 0 a. 0 1 14.5 18 94 M Dbre. 5 15,400 Apenas que 55 la una 1 0 gera inj 0 'ección c 3.5 15.5 onjuntival. 26 84 31 Dbre G 13,400 57 5 0.5 o 3.5 17 21.5 91 34 Dbre. 7 11,403 - - - - - 76 44 Dbre 8. 9,0C0 Hay mejoríf 62 í; conva 0 5 lecencia 0 franca. 4.5 8 5 24 5 76 38 93 OBSERVACION No. 11. Enferma Cornelia Mejía. Pab. 30.-Cama 7 M. Ingresó el Edad: 35 años. Refiere que está enferma desde hace quince días y que tiene petequias desde hace cinco. Días Glóbulos blancos Polins. neutrófilos P. eosi- nófilos P. bas- sófilos Tran- sición Lin- focitos Mononucls grandes Pulso Resp. Dbre. 4 10,200 Ni alio re cinco días er 72.5 i, ni en toe antebraz 1.5 lo el cun os. tóra: 0 so del tif í y vient 1.0 o hubo re, escás 14.5 cefalea, as. 10.5 Petequia 102 s desde 34 iace Dbre. 5 12,200 Persiste 57.5 el exanter 0.5 ia; no h 0 ly inyece úón coni 20 untival. 18 5 100 28 Dbre. 6 13,800 Sordera 72 quedan a 0.5 Igunas] 0 •etequias 1 13.5 12 5 88 34 Dbre. 7 9,200 Gran me 69.5 . joría; peí 2 siste el e 0 xa n tema 3.5 (borrac 9 lo); puls 16 □ dicrotc 86 28 Dbre. 8 9,200 66.5 0 0 3 20.5 10 96 31 Dbre. 9 19,400 Buscant mefacción d bía quejado 76.5 o la causa olorosa se (parotidit 1,5 del bru jbre la p is) 0 seo aume arótidae 2 jnto leuc lerecha, 6.5 ocitario déla que 13.5 se encue la enfer 92 ntra un¡ mano s< 48 1 tu- ? ha- Dbre. 10 20,800 La tum 71 ^facción pi 1.5 irotídea 0 es much 3 o mavor 12.5 i 12 la deglución difí 88 cil. - Dbre. 11 17.400 La tum< so), algo ca do el ojo. 87 jfacción pi líente; pái 0.5 irotídea rpados d 0 es much el misme 3 5 o mayoi lado ed 3 •; empas emateso 6 tamient< s, mante 110 j duro ( niendo c eño- >cluí- Dbre. 12 24,000 El edem dula persiste a del párp n. ado es ir enor; lo s fenóme - i - | 100 - 1 । 1 nos inflamatorios de la glán- Dbre. 13 19,200 La piel ( 82,5 leí foco in 0 lamatoi 0 io está v 3-5 iolácea 8 r más ca 6 iente. 89 - Dbre. 14 23.000 71.5 0 0 5 14.5 9 - - Dbre. 15 17,600 72 2 0 4 14 8 - - Dbre. 16 15,800 El empa curaciones h 78 atamiento úmedas. 0.5 parotíd 0 eo no ha 5.5 desapa 6.5 recido; 9.5 ;e le ha tratade con Dbre. 17 25,2r0 La lluct la región est Cirugía para 78 | 1 nación es manifiesi á congestionada y que se le desbride 0 ta en el edemat el abscei 4.5 l en ti o d< osa. La JO. 12.5 ?1 empas enferma 4 tamient< pasa a u 80 ), y la pi n servio el de o de 94 OBSERVACIÓN No. 12. Enferma María Gutiérrez. Pab. 30-Cama 9 M. Ingresó el 3 de diciembre de 1918. Edad: 22 años. Días Glóbs. blancos Polins. neutrs. p. eosinófs. P. basófilos Transic. Monona, grnds. Linfocitos Pulso Resp. Dbre. 6 9,400 Arteria dej ción con 75.5 íresible, juntival 1 pulso pe conges 0 q., agit úón muj 0.5 ación, ir marcac 9 isomnio a de la < 14 lengua ara,exa 144 lúmeda, ntema. 31 • inyec- Dbre 7. 15,800 62.5 ,| 0 0 2 24 Persiste el exantema (petequias redondas, morado 11.5 | 140 | 32 ■inoso, bien limitadas). Dbre. 8 9,400 73.5 15 0 3.5 13 5 8 Imper- ceptible 44 Dbre. 9 115,000 Delirio. 58 0.5 0 2 24 15.5 121 38 Dbre. 10 15,800 Desaparece 75.5 | 1.5 el exantema. 0 1.5 13 8.5 150 26 Dbre. 11 11,000 1 64 1 Ya no queda exantema. 0 3.5 15 16.5 24 Dbre. 12 13,000 62.5 | 1 0 | 5 Se nota gran mejoría. Lengua húmeda y 1 ig 12.5 | 19 . saburral. 90 20 Dbre. 13 14 200 Se borra la 62.5 0 0.5 inyección conjuntival. 2.5 21.5 13 90 ■■ 21. Dbre. 14 10,200 41.5 0.5 0 1.5 14.5 42 9) 16 i Dbre. 15 12,200 32 0,5 0 3 17 37-5 88 - OBSERVACIÓN No. 13. Edad: 48 años. Enfermo Salvador Cañas. Pab. 30.-Cama 4 H. (Ingresó el 2 de diciembre de 1918. Dbre. 4 1^000 47 0.50 | 0 2.25 | 22.53 Petequias escasas, más abundantes en el abdomen inyectadas; lengua seca, tostada; el enfermo dice Estado tifoso claro. 27.75 | 104 | 32 ; conjuntivas oculares que no tiene cefalea. Dbre. 6 34.200 1 68.50 | 0.75 | 0 J 1.50 | 15 | 14.25 | 1 5S Sobresaltos tendinosos; aunque no se puede contar el pulso, se aprecia que es desigual e irregular; el exantema ha permanecido discreto. Dbre. 7 24,600 Polipnea; e 70 1 pijlso e 1.50 | 0.50 s pqq., depresible 1.25 | 14.50 1 12.25 (1.a observación se hact 124 a las 4 56 P-m) . Dbre. 8 MUERE a las 71). 45m.' de la mañana. Las fórmulas leucocitarias de esta observación se sacaron de la cuenta de 400 leucocitos. 95 OBSERVACIÓN No. 14. Enferma María Santos Díaz. Pab. 30-Cama 1 M. Edad: 20 años Lleva quince días de enferma Días Glóbulos blancos Pols. eosinófs. P. basófilos Transic. Mono- nucís, ¿mds. Linfocitos P. neutrófs. Pulso Resp. Dbre. 6 12,200 Exantema anteriores huí» , lengua o cefalea húmeda ■. y roja, nyecció i conjun - tival, se 110 irdera; 21 »n días Dbre. 7 14,600 0 0.5 1 7.5 | 12 79 88 Persiste el exantema; cefalea temporal izquierda; lengua húmeda, burral en la base 21 ig. sa- Dbre. 8 9,200 1.5 Se nota mejoría. 0 2.5 17 * 63 84 •21 Dbre. 9 10,0C0 Exantema 3 6 borrado. 0 23 38 36 86 19 Dbre. 10 7,800 0 0 4 5 6-5 50.5 38 5 OBSERVACIÓN No. 15. Enferma María Velázquez. Pab. 30-Cama 10 M. Ingresó el 7 de diciembre de 1918 Edad: 26 años Dbre 9 15,400 Escaso exantema; - ! - 1 no hay cefalalgia. - - 126 32 Dbre. 10 21,8:0 Apenas se 0.5 0 1.5 10 16.5 71.5 120 27 reconoce el exantema; lengua húmeda y ligeramente saburral. Dbre. 11 17,000 0.5 0 Ya no hay exantema. 2 11.5 18.5 67.5 114 24 Dbre. 12 21,001 0.5 0 2 15 11.5 71 104 24 Dbre. 13 16,400 0 Hay mejoría. 0 2 17-5 20.5 60 112 20 Dbre. 14 21,000 0 0 1 14 26 59 106 - Dbre. 15 12,800 1 0 11 19 34 45 106 - 96 OBSERVACIÓN No. 16. Enferma Hermelinda Flores. Afanadora del Hospital Pab. 30.-Cama 3 M. Edad: 16 años. Pasa del Pabellón de Observación, donde principió la enfermedad hace seis o siete días. Días Glóbulos blancos Polins. neutro filos. P. eosinó- filos p. basófilos Transi- ción Mono- nucl. Linfocitos Pulso Resp. Dbre. 9 24.400 Cefalea 1 Exantema q 83 titempoi le palidf 1 al, inyt ce a la i 0 'cción c< resión, ] 7 mjuntiv )oco abi 4 5 al, lengua suci indante. 110 42 i y húmeda. Dbre. 10 28.200 84 0 0 Lengua seca, tostada, zumbidos el exantema es borrado, confluente, c 5 7 de oídos, inyec escansando sob 3 5 . conjun re un ra. 106 32 t. acentuada; congestivo. Dbre. 11 28,800 5 5.5 | 0.5 | 0 3.5 | 25 15.5 | 124 46 Estado tifoso acentuado; desaparece el rash congestivo; el exantema es confluente en algunos lugares, formando manchas. Dbre. 12 33,400 49.5 | 0.5 | 0 2.5 | 25.5 | 22 | 121 37 Lengua seca y tost ; el exant. es más abund., y de rosado que se había presentado hasta el día de ayer, se hace peteq.jel estado tif. es todavía más profdo ; la cefal. des. y es reempl. por un est. de torp. intel. cada vez mayor. Dbre. 13 53,600 51.5 | 0.5 | 0 5 23 17 120 | 44 Persiste el cuad. clin, de ayer. Admirado de la alta cifra de la leucoci- tosos, se repite la numeración, comprobando los resultados. Dbre. 14 15,600 | 68 5 | 0 0.5 0 15.5 | 15.5 | 121 36 Persistiendo el mismo cuad.delosdías anters.,el exant. emp. ahorrarse. Dbre. 15 25,400 | 72 Se está borrando 0.5 | 0 3.5 | 16 | 3 el exantema; lengua húmeda y sab. en la lú base. 36 Dbre. 16 24,000 59 1 0 Lengua tostada y húmeda. 9 22 16 110 30 Dbre. 17 21,830 Desapare 55 5 | 2.5 0.5 | 3.5 | 19 19 ce la inyección conjuntiva]; apenas se reconoce el 106 24 exantema. Dbre. 18 25.600 63 5 1.5 0 3 21.5 10 5 - 20 Dbre. 19 12.600 Ya no ha 57.5 y cefalee 1.5 l. 1 3 18 5 18.5 91 1 18 Dbre. 20 13,000 59.5 Gran mejoría. 0.5 0 45 *» 26 94 30 Dbre. 21 11,800 60 2 0 3 11 24 81 24 Dbre. 22 12.800 Se aband 55 ona la o 0 bservaci 0 18 ón dejando a la enferma 36 | 86 en plena con va 16 ecen. 97 Enferma María Hernández. Pab. 30.- Cama 12 M. OBSERVACION No. 17. Edad: 21 años. Cuatro a seis días de enferma. Días Glóbulos blancos Polins. neutrf. Polins. eosinf. P. basó- filos Transi- ción Mono- nucís. Linfo- citos Pulso Resp. Dbre. 15 10,200 Escasas pet meda y sabun 47.5 | 0 | 0 | 1.5 equias que resaltan fuertemente al en la base; inyecc. conjunt. 25 sobre la 26 obscura 118 '! 32 piel; lengua hú Dbre. 16 25,400 44 1 1.5 | 0 | 4 34.5 1 16 | 118 Pérdida casi completa del conocimiento; estado tifoso profundo. 32 Dbre. 17 14,200 65.5 2 0 1 La enferma recupera por algunas horas el orina; parece que hay mejoría. 18.5 1 13 conocimiento; i 102 | 31 ncontinencia de Dbre. 18 20,800 41 5 | 2 | 0 Pérdida completa del conocimiento, 1 delirio, 20.5 | 35 carfología. 108 Dbre. 19 13,200 71 0 | 0 1.5 | 5.5 Incontinencia de orina. MUCHAS HEM0K0N1AS! 22 82 28 Dbre. 20 15,800 54 Muchas hemokonias 0.5 0 4 (abundantísimas). 11.5 30 84 29 Dbre. 21 16,000 Tos; delirio. 69 0.5 0 1.5 6.5 22.5 Dbre. 22 16,201 50 1 0.5 2 12.3 34 86 24 OBSERVACION No. 18. Enferma Ricarda Espinosa. Pab. 30.-Cama 13 M. Tifo infantil. Edad; 6 años. Enferma desde hace seis días. Dbre. 16 11,803 64 0 0 2 | 13.5 | 20.5 Petequias raras; cefalea frontal; no hay inyección conjuntiva 121 U. ** Dbre. 17 13,400 | 45 | 2.5 La cefalea se mitiga; lengua 0 1 27 húmeda y saburral. 24.5 122 24 Dbre. 18 16,800 60 0 0 Parece más aparente el exantema: c 1 efalea. 13 26 128 24 Dbre. 19 22,600 49 0 0 3 Sólo queda una que otra mancha rosada. 13 35 116 24 Dbre. 20 12,600 No se toma la fórmula porque la preparación es mala. Dbre. 21 13,400 64 1 0 1.5 8.5 25 116 21 Dbre. 22 14,200 No queda na 70.5 da del e 0 xanteme ■o i, ni hay 1 ya cefa 7 ea. 21.5 88 17 Dbre. 23 10.200 70 0 0 1.5 3 5 25 84 15 98 OBSERVACION No. 19. Enfermo José Martínez. Pab. 30.-Cama 4 H. Edad: 17 años. Tercer día de la enfermedad. Días Glób. blancos Polins. neutrs P. eosinofs. P. basófs. Transic. Mono- nucís. Linfocitos. Pulso Resp. Dbre. 16 10.300 No hay e 76.5 xantema 1 q cefalea 0 intensa 1 no hay 10 inyecc. c 11 onjuntiv 82 al. 25 Dbre. 17 21.000 50 | 1 | 0 1 Cefalea muy intensa y dolor de los globos rosada en el pecho. 23 oculares 25 94 20 ; una que otra mancha Dbre. 18 23,800 67 5 0 0 1 19 12.5 106 ' 39 Dbre. 19 16,200 Cefalea a 65 troz; el e 0 | 0 stado tifoso se a 0.5 'en tú a. 11.5 23 98 20 Dbre. 20 31,200 A las 10 61 1. m. iny 0.5 ección dt 0 5 c3 ore 0.5 coloida 18-5 1 (Ppr. c 17 3 : 0.00( 78 )2) Dbre. 21 30,400 | 45 | 0 Exantema siempre escaso 0 | 2.5 21 v borrado; cefalea atroz; 31.5 | 100 | 24 iny. oro coloid. Mialgias. Dbre. 22 57.800 ! Mialgias permanece con los ojos cerrados; cefalea intensísima. Dbre. 23 22,800 76.5 0 0 1 7 I 15.5 88 24 Dbre. 24 30,800 Postracú Este y lo 54.5 5n muy £ días an 0 cande; { teriores, 0 ersiste e inyecció 1.5 1 exantei n de oro 16.5 27.5 na, aunque escás coloidal. 79 o. 23 Dbre. 25 24,800 57.5 1.5 0 0.5 9 31.5 86 22 Dbre. 26 26,800 Desapare profunda. 62 ce por 0.5 complete 0 ¡a cefal 1.5 ea; la c 10.5 onvalece 25.5 ncia se 78 afirma; 18 astenia Dbre. 27 20,600 Todavía 69.5 | 1.5 0 1 6 se nota algún entorpecimiento intelectual 22 76 22 Dbre. 28 15.000 58 La convalecencia 1 | 0.5 | 1.5 es cada vez más franca. 9.5 29.5 74 18 Dbre 29 20,600 j (Mala preparación). Hoy se pone al enfermo la última inyección de oro aplicado diariamente. coloidal, que se le ha Dbre. 30 19,600 45 | 2 Se deja la observación. 0 2 8 5 42 5 104 17 99 GRAFICAS CORRESPONDIENTES AL TRABAJO "Contribución para el estudio hematológico del tabardillo" por los DD. Fernando Ocaranza y José Joaquín Izquierdo. En todas estas gráficas, la línea quebrada superior representa las cifras cotidianas de la leucocitosis total; la línea quebrada inferior, las oscilacio- nes cotidianas de la temperatura. En el centro se lian representado gráfi- camente las proporciones por ciento de las diferentes especies leucocita- rias, correspondiendo: E, a los eosinófilos; T, a las formas de transición; L, a los linfocitos; M. g., a los mononucleares grandes, y P, a los polinuclea- res neutrófilos. Para la representación gráfica exacta de las proporciones que guardan las diferentes especies leucocitarias, hay que añadir a la zona de los poli- nucleares una área proporcional a la cifra que aparece en su parte inferior (40 ó 50), tomando como escala la distancia que separa dos líneas horizon- tales de la parte superior de la gráfica, equivalente a 5 unidades. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina IX. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 1. Enfermo José Sánchez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló.. gico del tabardillo. Lámina X. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 2. Enfermo Gustavo Castillo. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Lámina XI. Observación num. 8. Enferma María de Jesús Villanueva. Memorias del Congreso Racional del Tabardillo. Afio de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XII. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 4. Enferma Juana Castillo. Observación núm. 5. Enferma Clara García. Memorias del Congreco Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio liematoló- gico del tabardillo. Lámina XIII. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 6. Enferma Ana Cazares Observación núm. 7. Enferma Felisa Muñoz. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Ano de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XIV. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 8 Enfermo Ensebio Rodríguez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Lámina XV. Observación núm. 9. Enfermo Emigdio López. Observación núm. 10. Enfermo David Hernández. Memobias del Congbeso Nacional del Tababdillo. Afío de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XVI. DD. F. Ocabanza y J. J. Izquiebdo. Observación núm 11. Enferma Cornelia Mejía. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XVII. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 12. Enferma María Gutiérrez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XVIII DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 13. Enfermo Salvador Cañas. Obsebvación núm. 14. Enferma María Santos Díaz. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XIX DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 16. Enferma Hermelinda Flores. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio bematoló- gico del tabardillo. Lámina XX. DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 15. Enferma María Velázquez. Observación núm. 17. Enferma María Hernández. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Contribución para el estudio hematoló- gico del tabardillo. Lámina XXL DD. F. Ocaranza y J. J. Izquierdo. Observación núm. 18. Enferma Ricarda Espinosa. Observación núm. 19. Enfermo José Martínez. 101 Tifo de forma adinámica. 0) Dk. José Santos Gómez. Empiezo por expresar las más cumplidas gracias a la Junta Organiza- dora de este Congreso por habernos hecho el honor de nombrar al doctor Juan H. Sánchez y al subscripto, delegados locales por San Luis Potosí, y co- mo tributo humilde a honrosa distinción presentaré este trabajo, a última hora pergeñado. No me detendré en hacer historia acerca del tabardillo y de la época de su aparición en nuestro suelo patrio; ya de ello se han ocupado ampliamente médicos eruditos (Jiménez, Orvañanos, etc.), historiadores y cronistas (He- rrera, Quintero, fray Gregorio García, etc.), quienes convienen en que antes de la conquista ya era conocido este síndromo en forma epidémica, y que los indios le llamaron cocoliztli (enemigo que hiere) y posteriormente ma- tlazahuatl (fiebre del redaño). Quiero tan sólo'llamar ]a atención de uste- des acerca de una forma que en mi práctica he observado y que no carece de interés por la manera insidiosa como se presenta: me refiero al tifo de forma adinámica, que también llamamos en San Luis hipotérmica por la poca reacción con que evoluciona, siendo así (pie en toda infección es, jun- tamente con otros, el elemento termométrico el que nos da luz acerca de la agudeza de aquélla. El exantema falta o se presenta discreto y muy tardía- mente: recuerdo de un caso en que apareció al décimo día; así es (pie si no se tienen otros signos de presunción, es muy bochornoso andarse con palo de ciego aun al octavo día de la enfermedad. La tensión arterial se nota abatida y el pulso es frecuente. La respiración es superficial con una que otra inspiración profunda (respiración suspirosa, tipo de Biot). Hago hin- capié en este signo, porque desde luego por él nos damos cuenta del grado de infección, pues como la sangre no se oxigena lo suficiente, el centro res- piratorio se encuentra inhibido y por consiguiente la respiración no se ha- ce con su amplitud normal: ya el organismo ha sido presa de la endotoxe- mia, toda vez que el riñón no funciona o funciona poco, y sabemos que es serio el pronóstico cuando la secreción de esta glándula es escasa o nula. La voz es estropajosa y apagada, para ser preciso. Hay enfermos que con- servan íntegras sus facultades intelectuales hasta momentos antes de mo- (1) El primitivo título de este trabajo fué: "Tifo de forma hipotérmica"; pero el autor, con motivo de la discusión habida en una de las sesiones del Congreso, convino en que se trata de la forma adinámica del tabardillo.-Véase el acta relativa. (N. del Uelat. Sup.) 102 rir: tal me recuerda el caso de mi sentido maestro el doctor Silva, que murió- víctima del cumplimiento de su deber. ; Honor a su memoria! Pudiera objetárseme que estas formas corresponden sólo a individuos ago- tados, viejos o valetudinarios; yo pienso que llevan un sello especial, no so- lamente por la discordancia que hay entre pulso, temperatura y respiración, sino porque lo mismo se observan en jóvenes que en viejos, en robustos como en enfermizos. En apoyo de mi tesis citaré a ustedes dos casos en per- sonas de distinta complexión. 1.-Doctor Manuel O. Silva, de 56 años, casado, delicado de salud por su dispepsia crónica. Como por el 19 de septiembre de 1916 cayó en cama con quebrantamiento general, cefalea, raquialgia intensa y constipación; temperatura de 38°., pulso pequeño y frecuente; a la mañana siguiente, re- misión a 37°.5, que se repitió algunos días; respiración suspirosa, ti- po de Biot; disuria. Al octavo día aparece el exantema discreto y el pulso muy pequeño, aun depresible, vértigos frecuentes; adinamia progresiva, y muere al noveno día, conservando el conocimiento hasta momentos antes de morir. 2.-Pablo M. Baranda, de 53 años, casado, conductor de ferrocarriles, bien constituido; ignoro antecedentes hereditarios; no los hay patológicos; empieza con malestar general, cefalea, raquialgia y temperatura que oscila de 37°5 a 38°.5; pulso 120, pequeño; respiración superficial desde el cuarto día. El exantema aparece al décimo día. Al décimosexto el pulso descendió a 80 y la temperatura se mantuvo en 38°.5; entra en estado semicomatoso que va acentuándose, y muere al décimooctavo con meningitis cerebral. A riesgo de presentar incompleto mi trabajo, permítaseme que no haga mención de diagnóstico, pronóstico ni tratamiento; de esto último sólo ten- dría que repetir lo que se ha dicho hasta el cansancio: que aún no hay trata- miento específico. Quizá para el próximo Congreso ya le tengamos; por lo mismo, todavía necesitamos trabajar. Con este fin me permito someter, con todo respeto, a esta Asamblea las siguientes iniciativas: 1.-Para todas aquellas comarcas donde el tifo es endémico, nómbrense comisiones médicas que estudien los síntomas que aquél revista, refiriéndo- los a las grandes funciones del organismo. 2.-Nómbrense comisiones médicas que se dediquen a estudios bioquí- micos, bacterioscópicos y anatomopatológicos relacionados con las moda- lidades de la enfermedad. 3.-Reunir al cabo de algún tiempo todos aquellos datos, para basar sobre ellos el verdadero conocimiento del tabardillo o tifo exantemático. Señores: el tiempo reglamentario oblígame a poner fin a mi modesta labor, dejando en mi ánimo el convencimiento de no haber traído a esta reu- nión cosa alguna novedosa, pero sí la mejor intención de recibir gustoso las enseñanzas de distinguidos profesores, compañeros y amigos. San Luis Potosí, diciembre 23 de 1918. 103 Complicaciones quirúrgicas del tifo. Dk. Gonzalo Castañeda. Denomino así, los padecimientos o afeccione? (pie sin ser acompañantes necesarios de la enfermedad sino contingentes, tienen relaciones con ella, que pueden acompañarla o sucedería y cuyo estudio y solución es o puede ser del dominio quirúrgico. Por brevedad las enumeraré solamente, advirtiendo que su conocimiento en unos casos me consta y en otros me ha sido transmitido. En el campo del aparato genitourinario se observan: la retención de orina, cuya génesis es el aniquilamiento tóxico de los centros nerviosos y la paresia de la fibra lice de Ja vejiga que por causa idéntica degenera; la cistitis, la cual no es extraña a la retención misma y al sondeo repetido que su tratamiento re- quiere; y la pielitis, quizá de origen ascendente y (pie médicamente puede tratarse, pero (pie también puede caer en el dominio quirúrgico. El aparato respiratorio ofrece también contingente al capítulo de las complicaciones quirúrgicas del tifo, (pie vengo esbozando. Aunque menos fre- cuentes que las ya mencionadas del aparato urinario, constan ulceraciones de las cuerdas cocales, pericondritis y edemas de la laringe, y la laringone- crosis. Como complicaciones viscerales se han observado algunas veces gan- grena pulmonar, absceso del pulmón y pleuritis supuratoria; peripecias se- guramente debidas a infecciones piógenas u otras agregadas y secundarias. En el campo anatomofisiológico del aparato digestivo se han visto las siguientes complicaciones: gangrena de la boca, sea primitiva, sea consecu- tiva a ulceraciones de la mucosa bucal, gangrena de la faringe y parálisis del esófago, que imposibilita la deglución y exige el sondeo para alimentar al enfermo. El aparato vascular rinde el mayor contingente de complicaciones qui- rúrgicas. Figura en primera línea la gangrena seca por arterítis cbliterantv de las arterias gruesas del miembro inferior, o del superior, aunque esto último rara vez; la necrosis, que se limita a lo$ dedos del pie, puede abar- car a todo este segmento y hasta invadir la pierna; estos casos acaban to- dos con mutilación. Pueden observarse igualmente flebitis, aunque más ra- ras veces que las arteritis: traen consigo la obstrucción de las venas grue sas de los miembros inferiores y con ello graves consecuencias. Por razones no solamente circulatorias, sino también mecánicas, infec- ciosas y otras, se notan no pocas veces, escaras sacras en los talones y a ve- ces en los maléolos. La gangrena de la vulva es frecuente. 104 Las parotiditis agudas supuratorias figuran como frecuente complica- ción, ya unilaterales, ya dobles. Constan igualmente las adenitis supuradas de los ganglios del cuello o de la axila; algunas adenitis terminan por reso- lución. En el dominio de los órganos de los sentidos figuran: la otitis supurada, la conjuntivitis, la queratitis ulcerosa y, según algunos, el glaucoma. Olvidé mencionar en el lugar que le corresponde una frecuente compli- cación que encuadra en el campo quirúrgico: las hemorragias nasales, que pueden requerir un taponamiento en toda regla. No ha sido mi propósito disertar sobre la etiología, patogénesis, etc., de las complicaciones quirúrgica del tifo, sino solamente, como dije al principio, enumerar algunas para contribuir a formar el acervo bibliográfico del gran problema del tifo. 105 Complicaciones oculares en el tabardillo. Dk. Gildardo Serrano. Voy a presentar en este Congreso las complicaciones oculares que en el tabardillo he observado con más frecuencia. Antes que me dedicara a la especialidad de las enfermedades de Los ojos, no había dado la importancia que realmente tienen a las complicacio- nes <pie voy a exponer; como esto es de gran interés para todos los médicos que atendemos tifosos en mayor o menor número, me empeño en poner de relieve estas complicaciones, algunas de las cuales de no ser reconocidas a tiempo y debidamente tratadas, se hacen incurables. Paso a exponerlas por orden de frecuencia. Primera: Conjuntivitis catarral.-Esta es, se puede decir, constante compañera del tabardillo. Ningún médico, estoy seguro, habrá pasado por alto esta complicación ocular que unida a otros síntomas.-al)re la escena a esta terrible enfermedad (pie desgraciadamente es endémica en .nuestro país. Se ve la conjuntiva óculopalpebral inyectada y con notable diapedesis; a veces hay fotofobia por la ligera escamadura epitelial, o por flictenas o pequeñas úlceras. Dicha conjuntivitis dura todo el tiempo que dilata el ta- bardillo, pero las más de las veces termina antes y más aún si se trata con- venientemente; no deja ninguna huella de su paso, y por consiguiente su pronóstico es benigno, l'or lo general los médicos se conforman con prescri- bir lavados con agua hervida o solución bórica al 2%. El tratamiento con (pie mejores resultados he logrado es el siguiente: dos gotas tres veces al día, de una solución de argirol al 5% y después de algunos minutos un lava- torio de tetra borato de sodio al 2%. Es el tratamiento de una conjuntivitis simple, pero (pie hay que aplicarlo para abreviar el tiempo de su curación y evitar la formación de úlceras en la conjuntiva o la córnea. Segunda: Queratitis.--Abandonada la conjuntivitis o tratada indebida- mente, se complica de queratitis simple o ulcerosa y también de iritis; la ulceración puede facilitar la hernia del iris y por consiguiente la formación de leucomas adheridos, que es la terminación de estas úlceras corneales; el pronóstico es grave porque puede disminuir notablemente la agudeza vi- sual y más todavía si la úlcera ocupa el campo papilar. El mejor tratamien- to es la aplicación de atropina y dionina en solución al 1%, y pomada de óxido amarillo de mercurio al medio por ciento. Tercera: Atrofia papilar.-Esta complicación se reconoce en general en plena convalecencia, pues es raro (pie los médicos hagan el examen del fon- 106 do del ojo; así es que los enfermos se quejan de que su vista ha disminuido, que ven nublado, y algunos manifiestan clara y terminantemente que no ven absolutamente nada. Hecho el examen oftalmoscópico se encuentra una papilitis o una atrofia de la papila según lo avanzado de la lesión. El pro nóstico es grave si no se trata enérgica y convenientemente. El mejor trata- miento consiste en aplicar inyecciones intravenosas de cianuro de mercurio en la dosis de uno a dos centigramos, e inyecciones subconjuntivales de una solución así formulada: agua estéril 30.00 g., cianuro de mercurio 0.01 cg., cloruro de sodio 1.00 g. Dosis: un centímetro cúbico poco más o menos se gún la tolerancia del enfermo y el estado de la lesión. Es conveniente po ner después de la inyección fomentos bien calientes con agua hervida y ha- cer amasamiento durante dos minutos con el objeto de que la infiltración producida por la inyección desaparezca pronto y moleste menos tiempo al enfermo. He visto que estos enfermos se alivian notablemente bajo la acción de este tratamiento, y hago hincapié en ello para que los señores médicos lo apliquen sin vacilación ninguna, asegurándoles un éxito seguro y la gra- titud de sus enfermos que, abandonados, serían candidatos seguros a la ceguera. Cuarta: Glauconia.-Esta complicación la observé en unión del señor doctor Andrés Martínez. Se trataba de una enferma cuya conjuntivitis se hacía rebelde al tratamiento impuesto por su médico de cabecera; uno de los familiares de dicha paciente consultó el caso con el doctor Martínez y éste le recetó una solución de argirol al 10% y otra de ácido bórico al 2%, para aplicarlas como expliqué al referirme al tratamiento de las conjuntivitis; a pesar de todo la susodicha conjuntivitis persistía; en fin, ya en plena con valecencia se le hizo un examen detallado de sus ojos y nos encontramos con un glaucoma tipo con todos los caracteres que distinguen a esta lesión ocular. Esta complicación de seguro había principiado en pleno tifo y no fué reconocida a tiempo: causa por la cual no se salvó el ojo a pesar del tratamiento que se le impuso. No pretendo haber hecho un trabajo digno de este Congreso; pero como oculista, debo hacer patentes estas complicaciones, que atendidas conveniente mente evitarán a muchos enfermos perder la facultad más deseada, y ade más ayudar humildemente con mi grano de arena al tantas veces repetido Congreso, por todos motivos admirado y respetado. 107 testación y tabardillo. Dr. Francisco Bulman. Distinguidos tocólogos enseñan que el producto de la concepción no tolera la hipertermia de la madre y causa el alumbramiento. Las enfermeda- des infecciosas tienden a producir la muerte del niño, y como consecuencia de ella, su expulsión del útero; fatal resultado debido a la transmisión de ¡as toxinas o del microorganismo específico de la madre al niño; pero debe tenerse en cuenta la irritabilidad de la matriz, variable de una persona a otra: algunas veces el órgano reacciona con ligeros estímulos, y en otras es insensible. Recuérdese la historia trágica de aquella joven que, asediada por su embarazo, recurre, sin éxito, a varios medios abortivos y termina por lanzarse del piso más alto del edificio de los Inválidos, fracturándose las piernas, sin conseguir su objeto; y compárese tal tentativa con lo que pasa a delicadas damas, para quienes un brinco, una ligera caída, un resbalón, alguna contrariedad bastan para producir el aborto. En las obras inglesas cítanse a granel casos de tolerancia suma, en la mujer sajona, para la in- troducción de la blanda sonda en el útero y aun del dilatable globo de Cham- petier de Rives, sin ocasionar la desocupación del órgano. A propóstio de la hipertermia, no voy a hacer añoranzas acerca de las observaciones clínicas de Wurster, d'Alexeef y de Fehling, ni tampoco de las experiencias de laboratorio de Kaminski, Max-Runge y Vincent, sobre las que ha caído la sesuda crítica de Doleris; sólo recordaré que la temperatura del feto se levanta algunos décimos de grado sobre la de la madre, pudiendo adaptarse a la de ésta, cuando el ascenso se opera lentamente, y que no todos mueren con igual temperatura, pues es variable la resistencia de cada en- gendro. Pero aún hay más: algunos <le los medios aconsejados para apagar la fiebre, no son' agenos a la producción de las contracciones de la matriz o al despegamiento de la placenta. Durante nuestro paso por el pabellón de tifosos del Hospital General, tu- vimos en cuenta los diversos motivos del aborto o del parto prematuro, a saber: infección, variable irritabilidad de la matriz, distinta resistencia del producto para la hipertermia y medios empleados para combatirla. Enton- ces nos fué dable observar: ya embarazos tiernos o de próximo vencimien- to, en atabardilladas, que al curar de su fiebre petequial, iban más tarde a terminar su gestación; ya interrumpidas preñeces, cortas o casi a térmi- no, cuyo editor responsable era el salicilato de sodio, la quinina y aun la 108 solución de Yvon; algunas veces asociadas estas substancias, otras solas, o bien fuerte purgante, encargado de movilizar endurecido excremento, que estropeó al ser expulsado la vecina pared de la matriz, despegando la pla- centa, que ofrecía a la vista y en el sitio traumatizado, cambios de colora- ción y consistencia. Acaso esos abusos de salicilados, ecbólicos o de enér- gica evacuación del intestino, se cometan por la creencia de que basta la ele- vación de la temperatura para determinar el parto prematuro; consecuencia de la infección para unos, achaque de los ocitócicos para otros; pero todos con la razón a medias puesto que la fiebre y la terapéutica mal empleada en esos casos, son los dos factores del mal parto; y si la segunda a veces lo ocasiona, queda al tacto del clínico la selección del medicamento que mitigue la fiebre y no atente contra los intereses del niño, para que cuando éste perezca, la hipertermia sea la única responsable, y no escudados por ella, coadyuvemos empleando substancias que el útero ocupado no consien- te. Ahora bien: si descartamos los abortos producidos por el tifo, al que no negamos su influencia, de los originados seguramente por la medicación, sin duda que nos abstendremos de los antitérmicos ocitócicos, en la posi- bilidad de favorecer el parto, y no nos dejaremos livianamente arrastrar por el deseo de dominar la fiebre. No seré yo quien os haga perder vuestro precioso tiempo recordando a febricitantes embarazadas, poseídas de aquellos síntomas tan comunes, o re- produciendo historias tan sabidas y cosas tan dichas a través de textos bien conocidos. Sólo quiero llamar la atención sobre la posibilidad de evitar la asociación de la fiebre puerperal con el tifo, tratando el parto en las ata- bardilladas como se atiende, asépticamente, en las que no lo están. Ade- más. en el registro de mis recuerdos figuran embarazadas pacientes de tifo sin parir y aseados partos durante el tabardillo, sin puerperismo infeccioso. Entre esas observaciones sobresale una plurípara al séptimo mes, curada dé tifo, y dando a luz un niño dos meses más tarde. Esta madre en el ante- rior embarazo había abortado y tenido septicemia puerperal, según refería el esposo. Tales casos alejados del puerperismo infeccioso, por asepsia, du- rante el tifo, terminado con fiebre apagada y convalecencia naciente, alu- den a la solución nueva y afortunada del problema viejo de mortal asocia- ción de infecciones, y vienen a probar la independencia que existe entre el tifo y la fiebre puerperal; suprema independencia apoyada y sostenida por la poderosa antisepsia; principio que toma la proporción de un acontecimien- to, de una revolución que da al traste con ciertas cuestiones de bacterio- logía íntima, con prácticas que envejecen y consejos que caducan y prescri- ben con la observación de casos aislados. Seducido quizás por tan prodigioso resultado, tal vez no haya com- prendido «pie, cual otras novedades, mi observación sea tan vieja como el mundo; pero aun así y ante todo, subsiste la verdad de los hechos y la elocuencia de los casos, como pequeñas gabelas en la escasa documentación relativa a la influencia del tifo sobre el embarazo. Esto por lo que mira a la enferma; en cuanto a lo (pie toca al médico hay que preguntar si el asistente en tifo debe cuidar a la parturiente. En profesor de profesores, un distinguido tocólogo de nuestra Facultad, el señor doctor don Manuel Gutiérrez Zavala. tenía arraigada la. idea de la incom- 109 patibilidad habida entre atender a un tifoso y vigilar un parto y esto por el inminente peligro de ocasionar la sepsis puerperal. Escudado en su es- pecialidad constantemente se excusaba de impartir cuidados a atabardilla- dos y censuraba al (pie lo atendía y a la vez practicaba la obstetricia; sus consejos y su ejemplo en esta materia se extendieron, y de la escuela pe- netraron a los hogares. Jefes de casas hubo que en perspectiva de un parto, preguntaban a sus médicos si en aquellos momentos atendían a algún tifoso. El sabio partero fundaba sus temores en el hecho de estar comprendida la enfermedad en cuestión entre los padecimientos infecciosos y el haber ob- servado en la embarazada la fiebre puerperal durante o tras el tifo, y así, en su vida había dolorosamente guardado en el archivo de su experiencia avisos de muchas existencias arrebatadas por el tifo asociado a la fiebre puerperal, y en brazos de un pesimismo pavoroso que mira desastre tras desastre se comprenden sus inquietudes; mas eran de esos escrúpulos que no sólo se perdonan sino (pie se admiran en un médico de alta conciencia, entregado de lleno al santo ejercicio de su profesión. Pero, meditando algunos instantes para recoger ideas, lo primero que ocurre es el conocimiento real del agente del puerperismo infeccioso y la ignorancia supina en que nos hallamos acerca del causante del tifo, y la ob- servación de las enfermas de este mal, quienes parteadas con las reglas de asepsia han escapado a la infección puerperal. Ellas sin duda, las poseídas del tifo estaban en mejores condiciones para ser atrapadas por la fiebre puerperal, y no las otras, (pie sin tenerlo eran visitadas por médicos dedi- cados al tabardillo. Lo sucedido era sencillamente la comisión del delito de sepsis en las atabardilladas; habiendo más de sepsis que de tabardillo, aunque ambos a dos, suelen, a veces, proceder paralelamente al desastre. Ahora bien, el germen no precisado del tifo, podrá engendrar idéntica en fermedad pero nunca otras ni menos la septicemia puerperal cuyos agentes-son harto conocidos, en tanto (pie, el de aquel padecimiento es por ahora ignorado. De cuando en cuando se encuentran casos de embarazadas con tifo, pari- das durante su agresión, las que, asistidas con solicitud y esmero de aseo no han presentado accidentes sépticos; de donde hay que desear a ellas, como a todas: trance no prolongado, abundante en limpieza, de resultados felices. Era tal la seguridad en la aparición del puerperismo infeccioso, (pie sin preocuparse, a la verdad, se cometían faltas de asepsia tales, en las en- fermas, que debajo del tifo de cada una de ellas, alentaban los agentes de la fiebre puerperal. Esos tifos y esas faltas de asepsia, y esta infección puer- peral y estos fracasos contiene a granel la época antigua que al fin cierra su broche y guarda el documento de sus fechorías en el sepulcro de la sepsis. La observación y el razonamiento son las pruebas que quiebran por su base la temida generación de la una por el desconocido productor del otro. La clínica moderna con enseñanzas nuevas y provechosas exige la lim- pieza, prohíbe los ecbólicos y mediante el proceso bacteriológico hace luz, deslinda responsabilidades y señala justiciera al agente microscópico, al edi- tor responsable de la sepsis. México, 15 de enero de 1919. 111 Algunas notas sobre pronóstico en el tabardillo. Ük. Carlos Govka. Decía el inolvidable maestro, doctor Lucio, que de la labor intelectual que el médico tiene que desarrollar en la cabecera del enfermo, la más in- teresante por las consecuencias que puede traer y para la cual debe desple- garse gran tino y prudencia con el objeto de aproximarse en lo posible a la verdad, es la relativa al pronóstico. Las familias, decía, no pueden apre- ciar un error en el diagnóstico, un tratamiento inadecuado y mal dirigido; si llegan a posesionarse de una u otra cosa, la disculpan o la olvidan; mas un pronóstico errado las impresiona profundamente y ni lo perdonan ni lo olvidan. En efecto, si por una falsa justipreciación de los síntomas que presenta un enfermo, al despedirnos de sus familiares los llenamos de gratas esperan- zas, asegurándoles un resultado halagador y la feliz terminación de la enfer- medad, y horas más tarde o algunos días después, en lugar de la augurada salud le llega el eterno viaje; producirá nuestro erróneo vaticinio, en el áni- mo de sus familiares, detestable impresión, que no olvidarán jamás, culpan- do siempre al médico de ineptitud porque no supo formarse juicio exacto del enfermo encomendado a sus cuidados. El pronóstico del tabardillo en su principio, no es posible formularlo de manera positiva y aproximada a la verdad: la larga evolución del mal y los numerosos cambios que pueden presentarse transforman por completo el esta- do del enfermo, y apenas muy problemáticamente puede preverse el resultado final, después de estudiar con detenimiento y valorizar debidamente los fac- tores que paso a enumerar y que tanto influyen para el buen éxito o el fra- caso. Los aludidos factores son: lo., la constitución médica reinante; 2o., la «nlad del enfermo; 3o., la constitución individual; 4o., los hábitos: alcohó- licos, tabáquicos, etc.; 5o., las enfermedades anteriores; 6o., los síntomas propios de la enfermedad y sus complicaciones: fiebre, estado de las vías digestivas, fenómenos nerviosos, vasculares, renales, aspecto, desarrollo y curso del exantema; 7o., situación económica del paciente; y 8o., estado psíquico. lo. Constitución médica reinante.-¿Si el caso en estudio se verifica en medio de una endemia o epidemia mortífera, habrá que tomar muy en cuenta esta mala circunstancia, pues, aunque no todos los casos que se presenten tendrán necesariamente que ser graves, habrá, sin embargo, que tener en 112 consideración tal circunstancia entre las que han de servir para la apre- ciación del pronóstico del caso en observación. 2o. Edad.-Factor importantísimo para la evolución y terminación del tabardillo. En los niños menores de siete años, el padecimiento generalmen- te es benigno, un poco menos benigno de los siete a los quince años, más im- portante desde esta edad hasta los cuarenta, y más grave de aquí en ade- lante. La razón de esta escala de gravedad del tabardillo en diferentes eda- des, se comprende perfectamente: antes de los quince años es raro que el organismo tenga su .locas minoris resistencise por padecimientos orgánicos en visceras de funcionamiento interesante para la vida: cerebro, corazón, pul- mones, riñones, hígado, etc. El lapso transcurrido entre los quince y los cuarenta años constituye la época de mayores actividades en la vida; lo que produce necesariamente desgastes funcionales en las aludidas visceras, siendo el período adecuado por razón de dichas actividades, para la adqui- sición de toda clase de enfermedades infectocontagiosas; presentándose tam- bién en esta etapa de la existencia muchas de las manifestaciones patoló- gicas de origen diatésico; así es, que los atabardillados, en este período, guardan condiciones respecto de la buena evolución de la dolencia, muy dis- tintas de las de los atacados durante el precedente. Ocioso es indicar el por- qué del aumento de gravedad en los enfermos de más de cuarenta años, desde el momento (pie las condiciones desfavorables que acabo de señalar, crecen en ellos notoriamente. 3o. Constitución física.-De un modo general, el sujeto bien constituido, posee en su organismo elementos defensivos contra todas las infecciones, muy superiores a los que son patrimonio de los mal constituidos. 4o. Hábitos individuales.-El alcohólico, el morfinómano y otros intoxi- cados, lucharán con menos buen éxito en la infección tifosa, que los indi- viduos de buenas costumbres. Conocidos son los serios deterioros que en todo el organismo produce el abuso de las bebidas alcohólicas, de la morfina y del tabaco; las resistencias naturales orgánicas y sus medios de defensa se en- cuentran disminuidos. No sólo los malos hábitos producen desfavorable situación en los tifosos-; también la producen aquellas costumbres que no pueden tacharse de malas moralmente consideradas, pero que exageradas traen deterioro notable en el organismo; por ejemplo, el individuo que ha tenido exceso de trabajo físi- co o intelectual, no es por cierto de los que mejor resisten al tabardillo. 5o. Enfermedades anteriores.-Se comprende perfectamente bien la im- portancia de este factor^ para el pronóstico del tifo; una persona (pie esté bajo la influencia de otra infección, la sífilis por ejemplo, o alguna enferme- dad constitucional, diabetes, albuminuria, etc., si adquiere el tabardillo, lo resistirá menos bien (pie un sujeto sano. En el mismo caso sé encontrará un individuo con lesión orgánica del corazón, enfermedad del hígado, de lo» riñones o del aparato digestivo, del pulmonar, etc. 6o. Síntomas propios de la enfermedad y complicaciones: fiebre, estado especial de las vías digestivas, fenómenos nerviosos, vasculares, renales, as- pecto, desarrollo y curso del exantema.-Las temperaturas muy elevadas, alcanzando desde el principio 40° y más, no son por cierto del mejor augu- 113 rio; pero si no existen otros fenómenos que las acompañen agravando la si- tuación, no creo deban reputarse como signo seguro para un mal pronóstico. Existen atabardillados con temperaturas medianas, no superiores a 38°.5 ó 39°.5, pero acompañadas de fenómenos nerviosos ataxoadinámicos, delirio, lengua muy saburral y fuliginosa, pulso frecuente y depresible, disnea, etc., que sí presagian un final muy sombrío. Los fenómenos nerviosos cerebromedulares, observados en algunos pa- cientes, poseen sumo interés para el pronóstico, particularmente si se pre- sentan desde el principio de la enfermedad; una grande excitación cerebro- medular, traducida por delirio y convulsiones intensas, proporciona mala nota para el resultado que se obtenga; adinamia extraordinaria, alternada, como pasa a veces, con fenómenos atóxicos, es también de mal augurio. Res- pecto a los fenómenos cardiovasculares, tiene su exacta observación un in- terés de primer orden, en sentido pronóstico: un corazón debilitado en sus funciones, atónico, acompañado de un pulso pequeño, frecuente, depresible y hasta arrítmico, promete fatal augurio, especialmente si estas observacio- nes tienen lugar en los comienzos de la enfermedad. Suelen presentarse epistaxis de tal manera abundantes, que llegan a poner en inminente peligro de muerte a los pacientes, y en todo caso, quedan éstos debilitados por la anemia, que les resta fuerzas para la lucha por la salud. El estado que guardan las vías digestivas, traducido por el aspecto de la lengua, debe tomarse en cuenta; en efecto, se dice que la lengua en el aspecto que presente, es el espejo del estómago; generalizando más la frase, diremos que es el espejo de todo el aparato digestivo; su atenta inspección nos da una idea del estado que alcanzan las perturbaciones gastrointestina- les, motivadas por la infección tifosa: una lengua seca, agrietada, fuliginosa y muy saburral, manifiesta (pie es muy profundo el ataque sufrido por las vías digestivas del atabardillado. Un exantema abundante y generalizado, con gran predominio de pete- quias, algunas de gran tamaño, constituye elemento de importancia para calcular un probable resultado; siendo de advertirse que la erupción más confluente y más señaladamente petequial, corresponde a un tabardillo más grave. Siendo la orina magnífico vehículo eliminador de toxinas, el buen funcio- namiento del aparato renal trae aparejada una probabilidad mayor de buen resultado; orinas escasas son de mal vaticinio. 7o. Situación económica del enfermo.-La situación pecuniaria del en- fermo debe tomarse en consideración para valorizar las probabilidades de éxito feliz o de fracaso. De modo general y tratándose de otras enfermedades, una persona de escasos recursos, tiene dificultades y a veces no puede pro- porcionarse alimentos y medicamentos adecuados, así como rodearse de todas las medidas que demanda una buena higiene; lógico parece pensar que quien está provisto de toda clase de recursos, alimenticios e higiénicos, pueda luchar con mejor resultado que el desheredado de la fortuna. Tratándose del tabardillo, el factor económico no parece obedecer a las ideas anteriormente emitidas; las estadísticas en esta capital demuestran (pie la proporción de mortalidad es menor en los hospitales que en la clien- tela civil; en los susodichos establecimientos de beneficencia, la mayoría de 114 los asilados carece de recursos pecuniarios; entre los atabardillados que se atienden a domicilio y según opinión de respetables facultativos, inclu- sive la humilde mía, la mortalidad relativa es mayor entre las clases aco- modadas, que entre las de los proletarios. Unicamente se ocurre una expli- cación para este hecho paradógico: las gentes pobres, por su general carencia de instrucción, poseen un cerebro que ha trabajado poco, y sabemos que este órgano es el principal centro del primero de los sistemas orgánicos; por otra parte y como efecto de su carácter, poco les preocupa la adquisición de un tabardillo; y ya diremos todo lo que influye para el resultado Anal, el estado psíquico de los pacientes. 8o. Estado psíquico.-El estado psíquico de los atabardillados, es ele- mento que no debemos olvidar al efectuar la valorización de todos los datos que deben servirnos para hacer un buen pronóstico; todos hemos observado la influencia poderosa que posee el estado de ánimo del paciente, para el desenlace de la enfermedad; individuo pusilánime, (pie desde que teme ser víctima del tabardillo y más aún, desde que se le confirma, está decaído y amagado por constantes presentimientos y temores para un fin fatal, des.- graciadamente es candidato para un probable fracaso; lo contrario Je sucedes a aquel que con energías psíquicas y notable virilidad, no se acongoja, pen- sando firmemente en el triunfo final y esperando confiado un buen resulta- do: individuo de tal índole, probablemente se salvará. El estudio cuidadoso y concienzudo de cada uno de los elementos que acabo de señalar, y la valorización lo más exacta posible, de todos y cada uno de ellos, pueden orientar el criterio del médico, en el sentido de que sumando las probabilidades que le proporcionen, pueda prever el resultado. Insisto en señalar todo lo incierta que puede ser la susodicha previsión en los comienzos del mal: enfermo que al principio parece tener un tabardillo benigno, algunos días después y muchas ocasiones, algunas horas más tarde, cambia totalmente la faz de su enfermedad, pasando de la benignidad a la gravedad; dándose otras veces el caso contrario. La discreción y reserva del médico, para anunciar el resultado proba- ble del tabardillo en sus comienzos, deberá ser muy grande, para no exponer- se a ser duramente juzgado, si su augurio no resulta tal cual lo anunció. Ya he dicho que los familiares del paciente atribuyen generalmente a ignorancia y descuido del médico la no realización de su pronóstico; así es que lo <pie se llama pronóstico reservado, deberá ser el que comúnmente se use durante los siete o nueve primeros días del tabardillo, salvo el caso de que sean evidentes los elementos con que se cuente para la orientación de nuestro criterio. Próximo el undécimo día, y sobre todo, pasando éste, generalmente las probabilidades resultantes de los diversos factores enumerados, pueden pro- ducir en el ánimo del médico, convicciones un poco más eficaces y seguras para poder prever con mejor acierto el final de un enfermo; no sin dejar de tener presentes las ingratas sorpresas (pie suelen darnos algunos casos, tocante al resultado final (pie se esperaba. Es un hecho de observación común, (pie general mente pasado el undé- cimo día del tabardillo, los signos clínicos que marean la benignidad o ma- 115 lignidad, se hacen ostensiblemente un poco más claros, siendo menos fácil, fuera de algunas excepciones, caer en un error de pronóstico. Cuando la temperatura es poco elevada, y no existe gran adinamia, si el pulso es regular y no muy frecuente, la lengua húmeda, la orina nor- mal y mejor todavía abundante, sin insomnio ni delirio, sudores poco abun- dantes, el paciente se salvará. Una temperatura elevada, acompañada de notable excitación nerviosa o depresión, pulso débil, frecuente, arrítmico, lengua seca, insomnio, deli- rio, constituyen un cuadro la mayor parte de las veces fatal. Conviene hacer hincapié en ciertos síndromos tíficos, algunas veces en- gañosos, que examinados con cierta ligereza, pueden inducir a lamentable error de pronóstico; he aquí algunos de ellos; fiebre poco elevada, pulso fre- cuente, débil y no en relación con la temperatura, disnea continua y a ve- ces intermitente, lengua seca, insomnio, ligero delirio, orina más bien esca- sa. Enfermo con tales síntomas, se aproxima más a la muerte que al triunfo de la salud. El síntoma fiebre, sin la apreciación exacta de todos los demás que con él se acompañan, no proporciona una orientación perfecta sobre el resultado que es de esperarse; en algunos casos se llega hasta su desapa- rición completa, y existe apirexia, sin alivio de los demás síntomas ceexisten- tes. Ante un hecho semejante no habrá que anunciar victoria, sin hacer an- tes estudio minucioso del estado general del enfermo y del funcionamiento de todos los órganos y aparatos susceptibles de exploración, y entonces, me- jor documentados, hacer un pronóstico en lo posible verídico. En resumen: cuidadoso estudio del paciente, exacta y juiciosa obser- vación de los síntomas que presente, y atinada valorización de dichos sín- tomas en relación con el probable resultado: he aquí los elementos a que debemos acudir para formular un pronóstico acertado, en todas las enfer- medades y muy particularmente en el tabardillo. Antes de terminar, suplico a ustedes atentamente excusen en este des- aliñado trabajo, las innumerables incorrecciones científicas, retóricas y de lenguaje que de hecho contiene; no pretendiendo haberos mostrado novedad alguna que merezca atención, y deseando únicamente hacer presente mi gran- de y buena voluntad para contribuir con exiguo e insignificante contingente en la magna obra de formar el estudio nacional de una de las más mortífe- ras enfermedades que afligen a los habitantes de la mesa central de la Re- pública. México, enero 9 de 1919. 117 Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se observa en el Estado de Nuevo León. Dr. Antonio de la Garza. Excepción hecha de los municipios de Galeana, Doctor Arroyo y Va- llecillo, limítrofes con el Estado de San Luis Potosí, en que el tabardillos es endémico, habiendo sido la última exacerbación de la endemia, según datos del Consejo de Salubridad del Estado, en 1910, se consideraba a Nue- vo León como una de Jas entidades de la República en que no era capaz de desarrollarse dicha enfermedad, como propia del lugar, y que solamente* en casos aislados, venidos de fuera, podía observarse. En la "Etiología del Tabardillo'', del doctor Terrés, aparecen siete ca- sos en 1892 y veintitrés en 1893; pero no he podido comprobar en el ex- pediente respectivo del Consejo de Salubridad del Estado, si fueron regis- trados en la ciudad o en los puntos ya mencionados . Entre los médicos que por más de cincuenta años han ejercitado la pro- fesión, indagué opiniones sobre si se habían observado y tratado enfermos de tabardillo: fueron negativos los datos que obtuve; y tanto el parecer de aquéllos como las estadísticas anteriores a esa fecha, están acordes en afir- mar que no ha existido la enfermedad. Sin embargo, un estudio del enfermo X, en 1908, presentado por el señor doctor J. M. Saldafía a la Sociedad Médica Fraternal Nuevoleonesa, sobre el tabardillo, probó plenamente que en casos esporádicos podía presentarse en persona que no fuera infectada en los sitios comúnmente conocidos como dominados por la enfermedad. Esta tesis fué discutida rudamente y hasta puesta en duda la exactitud de su ase- veración, pues influyó en los juicios emitidos la idea de que no podía existir dicha enfermedad, en virtud de la creencia y los antecedentes habidos entre quienes no aceptaban ni aceptan que fuese tifo. Mas los estudios de otros médicos y las observaciones minuciosas posteriores, han podido demostrar que el tabardillo se desarrolla esporádicamente y hasta algunas veces en pequeñas epidemias, según datos que tendré a honor referir y que segura- mente de años atrás han existido; sólo (pie han sido refundidos entre los diagnósticos de las diversas formas de paludismo y tifomalaria, como ge- neralmente dicen. Por lo tanto, los datos que he podido recoger datan de esa fecha y en gran parte me han sido cedidos por algunos compañeros, que con los 34 personales que poseo forman un total de más de 146. El padecimiento a que hago referencia ha sido diferenciado clínica y 118 bacteriológicamente de la fiebre tifoidea, por su duración. Vulgarmente y desde ha muchos años es conocida con el nombre de "fiebre de catorce días"; pero su semejanza con el tabardillo es palpable y su carácter clínico, (pie más adelante expresaré, indicará (pie es seguramente bajo la forma be- nigna como se nos presenta, y que había sido desconocida y mal definida hacía muchos años. El 75% de estos casos corresponde a personas (pie no han salido de la ciudad o de los pueblos del Estado, que se conceptúan como no tifosos; a las veces se han presentado pequeñas epidemias motivadas por personas in- fectadas fuera de la ciudad y cuya evolución fué en ésta: como en el caso del enfermo X, de la calle de Espinosa, en mayo de 1916, en (pie fueron contagiadas dieciséis personas más, en el término de tres a cuatro sema- nas; y se me ha referido que la persona primeramente atacada falleció a los dos días de estar en Monterrey y a los seis de haber contraído la en- fermedad ; que se le encontró gran cantidad de piojos en su persona; que los casos más serios fueron entre quienes tuvieron más contacto con él, lo mis- mo que con sus ropas; y no puedo asegurar si alguna de estas personas fué picada o no por piojo, pero sí los tenían todos en las ropas de la cama. La segunda fué registrada en Higueras, N. L„ donde enfermaron ocho o diez personas entre sus familiares, sin que yo pueda indicar qué papel tuvo el piojo para determinar la epidemia, podiendo solamente referir que estas personas enfermaron en su pueblo natal y contrajeron el padecimiento sin (pie ningún atabardillado hubiera existido antes de ellos. Fuera de estos casos se ha notado (pie no es contagioso el tifo, pues en el público en general como en los hospitales del Ferrocarril y Militar no han enfermado quienes están en contacto directo con los atabardillados, y se trata de practicantes, enfermeras, familiares de los enfermos, lavande- ras, etc. Un hecho especial viene a afirmar esta idea, pues en 1916 fueron traídos a esta ciudad 165 enfermos de tabardillo, de las fuerzas del general Murguía, que iban a ser hospitalizados, pero que por circunstancias espe- ciales no lo fueron; permanecieron cinco días en la Estación del Nacional en los mismos trenes en que llegaron; pasaron después a San Luis Potosí, y entre las personas que estuvieron en contacto directo con ellos, como sol- dados, ambulantes, vendedores, los (pie aseaban las ropas, en las que se ha- llaron piojos, y entre los vecinos, que en esa parte de la población lo son en gran cantidad por estar bastante poblada, no se registró ni después he tenido noticia de que se halla registrado ningún caso de esa dolencia. Entre aquellos en quienes he podido hacer investigaciones para ver si es posible el contagio por el contacto directo o indirecto, ya en el Hospital del Ferrocarril, ya en el Militar, he observado que quienes están encarga- dos de cuidar a los enfermos, de practicarles el corte del pelo, de lavar la ropa y de bañarlos cuando llegan; no obstante haber hallado piojos más de una vez entre estas personas, no he tenido (pie atender a ninguna de ta- bardillo. Haciendo investigaciones entre los enfermos sobre si sintieron piquete de piojo o si sospecharon que fueran picados por alguno, no se ha podido determinar hasta qué punto este factor haya contribuido, pues refieren co- 119 mo causas aparentes, otras, negando o desconociendo si fueron picados, aun- que se hayan encontrado piojos. Cabe hacer notar como uno de los factores valorizados de gran poder infectante, la saliva y el sudor para los cuales seguramente sería bueno indagar qué papel pueden tener en el desarrollo de la enfermedad (pie nos ocupa, sobre todo la primera, que debe ser expe- rimentada desde este punto de vista, ya que en una gaceta médica indicaron (pie desempeña un gran papel. Entre las causas aparentes debo hacer figurar la indigestión en primer término, el enfriamiento, como otro factor; a ellos atribuyen los enfermos el papel de causas coadyuvantes, las cuales han tenido que persistir por razón de las labores que desempeñan (soldados, ferrocarrileros). Entre otras excesivo trabajo, fatigas, alimentación escasa y algunas desveladas, labor intelectual intensa, apartamiento de los hábitos comunes, en los que han exis- tido a las veces ingestiones de bebidas alcohólicas. 1 >e los datos recogidos sobre los casos de tabardillo de algunos munici- pios. en genera] pudiera indicar (pie son esporádicos, de gran benignidad y no contagiosos; sin poder puntualizar como yo deseara, pues no me ha sido posible adquirir mejores noticias; habiendo inquirido únicamente que en los minerales que se encuentran a 1,200 metros sobre el nivel del mar, existen comúnmente de forma y gravedad igual a la que se observa en la mesa Cen- tral. Pero como en Monterrey es donde he visto algo de interés, a esta ciu- dad me referiré. Está situada a 25°, 40', 1(5'', latitud boreal, y Io, 25', 15'', longitud oc- cidental del meridiano de México. Está a 137 metros sobre el nivel del mar. A guisa de ejemplo sobre las temperaturas referiré las del año 1882; máxima 41, mínima 0. En 1914: temperatura media de 22.5. En 1915: temperatura inedia de 20.9. En 1916: temperatura media de 21.1- En 1917: oscilación al abrigo 22.2. Junio 8 de 1918: 20.0. Lluvias en 1916: 484.25 milésimas. Lluvias en 1917: 236.95 milésimas. Según el último censo hay 90,000 habitantes. El avenamiento de la ciudad en un gran circuito es de los mas comple- tos, y en su radio es donde se han visto menos enfermos; siendo mayor el número de éstos en las demarcaciones donde no existe y el uso de agua se hace de pozos, aparte de que el depósito de aguas sucias y letrinas es de po- zos Ojos. No puedo establecer comparación entre el número de enfermos an- tes de establecido el avenamiento en 1906 y la época actual, por carecer de detalles- En los municipios donde no existe, su aparición ha sido siempre igual y cuando han prevalecido gran polvo en la atmósfera, sequedad del aire, falta de lluvias, y ha habido epidemia de viruela y fiebre tifoidea. En los años de 1916 y 1917 en que fueron observados el 60% de los ca- sos que presento, existió una población dotante mayor de la que comúnmente existe, siendo de corta permanencia o estancia gran número de tropas; ha- 120 biéndose unido a esta circunstancia el aumento de población desaseada, disminución de las lluvias, dificultad para conseguir buena alimentación y temperaturas más altas que las medias anuales, como se podrá comparar en el cuadro del Observatorio Meteorológico de la ciudad, que va adjunto. Aparte de esto, se desarrolló en la ciudad a los pocos meses una epide- mia de viruela bastante intensa y de forma maligna; estando igualmente en esa época recrudecida la fiebre tifoidea, que es endémica en el Estado lo mismo que la escarlatina. La forma más comúnmente observada y su benignidad, están manifies- tas por las estadísticas; se presenta generalmente precedida de un estado prodrómico de tres o cuatro días en que prevalecen ligeros fenómenos de coriza, en que el síntoma más pertinaz es la cefalea, acompañada de lige- ros trastornos digestivos, sin que algunas veces haya dejado de tener el enfer- mo un acceso seudopalúdico; por lo que, cuando se llega a su cabecera, ge- neralmente ha usado purgantes o ingerido algunas dosis de quinina. Quedando instalada la enfermedad con una temperatura de 38° ó 38° 5, para ascender un grado más por la tarde, siendo lo raro que uno o dos días después haya apirexia, y si no, sigue ascendiendo hasta 40°, sosteniéndose esta temperatura que solamente la permanencia en agua por unos cuantos minutos es capaz de disminuir, y luego, salido el individuo del baño, en un lapso como de treinta o cuarenta minutos, vuelve a su grado primitivo, y contra lo cual los antitérmicos muy poca influencia tienen. Los casos en que la aparición del padecimiento es brusca, parecen ra- ros; entre los datos suministrados por los compañeros, solamente en cuatro enfermos hubo elevación de temperatura a 39° con pequeñas remisiones; habiendo dos de ellos que terminaron por la muerte en el sexto y séptimo días. La cefalalgia, decaimiento general desde el principio, se instalan au- mentando cada vez más sin (pie sea frecuente que lleguen a adquirir una in- tensidad suma; predominando frecuentemente el primero de los síntomas mencionados, durante toda la enfermedad, y aun, a las veces, en la conva- lecencia. La sordera que ya al principio o en el transcurso del padecimiento aparece, puede continuar en la convalecencia (cinco enfermos en el Hos- pital del Ferrocarril). Las petequias generalmente son discretas y aparecen al 3o. ó 4o. día en el vientre o en el tórax, para luego extenderse al resto del cuerpo, sin que se haya observado una gran abundancia en la cara como en otras partes; habiendo más de un caso, según me refieren, en forma discreta y relativa- mente fugaz. Los enantemas se ven en los casos muy severos; se han obser- vado pequeñas hemorragias (el señor Q., calle de Arteaga, núm. 98, estudia- do por el doctor E. Rangel y el subscripto, y otro caso de uno de los com- pañeros). Puede haber delirio el cual aparece el tercero o cuarto día llegando a ser de acción (seis enfermos en el Hospital del Ferrocarril, cuatro en el Mi- litar), por lo que hubo necesidad de usar medios contentivos; en otros simplemente el de palabras; el estado ataxoadinámico en los casos muy gra- ves ha existido; siendo la adinamia lo que comúnmente se observa. La facies 121 especial de estos enfermos consiste, aparte de otros pormenores, en conjun- tivas inyectadas, lengua pruriginosa, temblor ñbrilar de la lengua, y mirada indiferente, que caracteriza su estado especial. Desde el principio del padecimiento existe un ligero estreñimiento que continuará durante cuatro o cinco días, apareciendo después diarrea, que consiste en cuatro o cinco evacuaciones poco abundantes de color amarillento negruzco y de poco olor. (El 65%). En la exploración del tórax se encuentran algunos fenómenos de ligera congestión pulmonar; en el vientre aumento del área hepática y crecimien- to del bazo, y a veces meteorismo y dolor a la palpación- Las oscilaciones del pulso son de 110 a 130. La evolución del padecimiento, si no aparece ninguna complicación, que es lo común, es con el cuadro sintomático que brevemente he esbozado; si- guiendo así, hasta el doceavo o catorceavo día en que por crisis, en el 75% <!e los enfermos, se observa el abatimiento de la temperatura hasta la nor- mal: y siendo menores aquellos en que se hacen por lisis; continuando al- gunos de los síntomas ya anotados en evolución, y sobre todo las pulsacio- nes de 100 ó 110, que hasta cuatro o cinco días después llegan a lo normal, lo mismo que los fenómenos nerviosos. El pronóstico es benigno. En las estadísticas de los compañeros y la mía personal, en la época de 1916 y 1917, de mayor número de enfermos, figuran 6 ó 7% de mortalidad, y este pronóstico es aplicado también a los casos cuya evolución ha sido en esta ciudad. Entre los ya referidos 165, de las fuerzas del general Murguía, solamente fallecieron 5. Debo referir sobre este particular, a guisa de ilustración, una expresión de alguno de los compa- ñeros, quien después de haber observado gran número de atabardillados en estas condiciones, dice: "El cambio de clima es suficiente para cambiar el pronóstico y la faz <lel padecimiento'*. Por lo que cabría indagar qué papel tienen la latitud, altitud y clima nuestros para modificar en ese sentido el curso del tabardillo. Entre las complicaciones, la paresia del intestino, hemorragias en diver- sos órganos, endocarditis o miocarditis, congestión pulmonar, meningitis, tan comunes en otras partes, son raras en esta ciudad, y de un solo caso tengo referencia de paresia vesical. En la convalecencia es frecuente observar las del oído, nerviosas y fle- bitis, habiendo fallecido algunos por embolia o trombos, entre otros, según me refieren, uno de los facultativos de esta ciudad, hace dos años. La terapéutica de que más uso se ha hecho es la balneación (cuatro o seis baños cada veinticuatro horas a una temperatura de 10 a 15 grados sobre la normal). Se inicia ésta en la primera semana, para luego continuar a la temperatura normal; compresas húmedas sobre el vientre en el Ínter valo de los baños y refrigeración en la cabeza. Entre los medicamentos, el calomel a pequeñas dosis asociado al salol; purgantes sobre todo salinos, con alguna discreción. Enemas de solución muy débil de permanganato de potasio. Como des- infectantes intestinales, el benzonaftol, salol y fermentos lácticos. Prepara- ciones quinadas con cola, coca y nuez vómica, inyecciones de aceite alean- 122 forado, desde el principio del mal; uucleinato de sodio (de 30 a 40 centi- gramos diarios). En cinco enfermos tratados por algunas de las preparaciones de colo- biasa, no se ha observado mejoría digna de mencionar, sin que sea posible fundamentar opinión alguna, por ser pocos los casos observados'. Por lo que respecta a la alimentación, que sin duda reviste un gran interés, en tesis general se sigue el siguiente método: limonadas lácticas por los tres o cuatro primeros días, podiendo variar con la cítrica, de uno a dos litros por cada día; régimen lácteo de 200 a 300 gramos cada cuatro horas, mezclando la leche a las veces, con infusión de canela o anís, y siendoi de v so común los claretes no alcoholizados. Algunos emplean agua de arroz, o cocimiento de verduras, que seguramente al ser bien tolerados por los en- fermos pueden ser útiles. SUMARIO. I. El tabardillo probablemente es esporádico en el Estado de Nuevo León, y endémico en la ciudad de Monterrey- . II. Su forma es la vulgarmente conocida con el nombre de "fiebre de ca torce días", generalmente petequial. Til. Es muy poco contagioso. IV. Su pronóstico es benigno. V. La falta de lluvias, existencia de polvo en la atmósfera, exacerba- ción de la fiebre tifoidea, escarlatina y viruela, han coincidido con el mayor número de casos de esta enfermedad. NOTA.-La mayor parte de los caso^ que he referido me fueron bonda- dosamente procurados por los señores 1)1). E. Rangel, J. Barra, E. Gua jardo, M. Delgado y N. L. Tamez. Monterrey, a 31 de diciembre de 1918. 123 La eliminación de cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo Dr. José Joaquín Izquierdo. La importancia fisiológica enorme del cloruro de sodio, cuerpo univer- sal del organismo, (pie existe en sus líquidos todos, nos es revelada precisa- mente por esta circunstancia (pie nos lo presenta como un factor constante del medio interior, en cuyo seno viven y se nutren las células de los órganos y de los tejidos. Por eso, Quinton, en razonamiento atrevidísimo, mas no iló- gico. supuso (pie la vida al principio fué acuática y después terrestre, y que las primeras células y protoplasmas, adaptados a vivir en soluciones parecidas al agua de mar, conservan todavía esta costumbre en los elementos del cuer- po humano, de continuo bañados en soluciones cloruradas sódicas, indispen- sables para su vida. Una de las características del estado fisiológico del hombre y de los animales más elevados, es la estabilidad de sus condiciones de existencia, con el fin de favorecer la conservación de sus células y de ahorrarse traba- jo. La temperatura, la presión sanguínea, la concentración molecular y la composición química de los humores vitales, son ejemplos de esta notable fijeza. La cantidad de cloruro de sodio que contiene el organismo (unos 200 gra- mos), debe ser siempre constante y, si acaso, presentar muy pequeñas va- riaciones. Así sucede por más que usemos una alimentación muy salada o completamente desprovista de cloruros, y ello gracias a un mecanismo regu- lador de todos conocido, al que hemos de referirnos frecuentemente en el curso de este trabajo. La importantísima función del cloruro de sodio consiste en regular la repartición de los humores vitales, gracias al intercambio molecular de sus soluciones, que también ejercen acción sobre las membranas orgánicas ha- ciéndolas más osmostáticas y sobre las substancias coloides, haciéndolas más difusibles. En una palabra, el cloruro de sodio es una sal de cambio, un agente de movimiento, y aun cabrá añadir a todo esto su importante papel en la producción del jugo gástrico. Por eso he creído interesante estudiar las variaciones patológicas de este importantísimo cuerpo en el tabardillo, no considerando el hecho aisla- damente, sino relacionado con los fenómenos que resultan de sus variacio- nes, como consecuencia de sus propiedades biosmóticas, muy principalmente en lo relativo a los cambios de equilibrio de los líquidos orgánicos. Cuando las condiciones externas e internas del organismo son cons- tantes, éste se encuentra en lo que podría llamarse estado osmostático. Pero 124 que se produzca un cambio, (pie las condiciones de equilibrio varíen como su- cede en el tabardillo por la retención clorurada, y entonces el equilibrio se romperá. Entrarán en juego acciones reguladoras en las que la osmosis desempeña el papel primordial, y el organismo colocado en semejantes con- diciones, estará en un estado osmocinético. A él es al que voy a referirme en este trabajo, por más que la elimi- nación urinaria de los cloruros quedará como el objeto de estudio principal. Ciertamente no soy el primero en señalar las interesantes variaciones de los cloruros eliminados por la orina en el curso clínico de nuestro tabar- dillo : la literatura médica nacional ya se ha ocupado del asunto, aunque escasamente, según podrá verse en el siguiente breve resumen de los tra- bajos efectuados, todos ellos en nuestro desaparecido Instituto Patológico Nacional, en cuyo Boletín aparecieron en diversas épocas. El profesor del Portillo (1) observó que el cloruro de sodio se en- contraba muy disminuido en la orina de los atabardillados, alcanzando una cifra media de 3 gramos, y así lo hacía constar en un trabajo que escribió en 1905 sobre la composición de la orina de estos enfermos. Al año siguiente, el doctor Elrich (2) asentaba en la publicación del Instituto, que la orina de los tifosos, por regla general disminuye en el pe- ríodo de estado, para aumentar en la convalecencia. En cuanto a los cloru- ros, varias observaciones le habían enseñado su escasez en el período de es- tado y su posterior aumento en la convalecencia. ''Los cloruros aumentan'', dice el doctor Ulrich, "conforme el organismo está más próximo a recuperar su estado normal". En el mismo año, el doctor Escalona (3) publicó un trabajo en el cual, fundándose en la observación de 16 tifosos cuyas orinas había analizado en el Instituto el doctor del Raso, hacía notar que la oscilación de la cantidad eliminada en los diversos períodos de la enfermedad es muy evidente y exa- gerada, mínima en el fastigium (0.(16 a 1 gr.), y muy elevada en la conva- lecencia (hasta de 14 gramos por mil). El autor asienta con justicia, que la retención es mayor mientras más próxima se considera la plenitud en la evolución de la enfermedad, y que el aumento progresivo coincide con la regresión también progresiva de los fenómenos patológicos. Concluye que los cloruros están retenidos patológicamente en el tabardillo, atribuyendo esta retención al estado en (pie se encuentran otros órganos, principalmente el riñón. El doctor Uribe (4), en el tiempo que dirigió la Sección de Química del ya varias veces citado Instituto, al rendir uno de sus informes, escribía en 1908 que "había visto disminuidos los cloruros en el régimen lácteo, en los vómitos, en la diarrea y en el tifo". Las conclusiones a que llega más adelante el doctor Bulman (5) son del todo semejantes: afirma que el cloruro de sodio urinario baja hasta 0.50 centigramos, que su disminución no puede atribuirse a la falta de alimen- tos, porque inyectando grandes dosis de sal marina, no se aumenta la can- tidad contenida en la orina, y por otra parte el aumento del cloruro de so- 125 (lio se manifiesta al iniciarse la convalecencia, antes de que el que ingresa por la alimentación haya aumentado proporcionalmente. Terminada esta pequeña reseña histórica y conocido el estado actual de nuestros conocimientos sobre el asunto que lie elegido, tiempo es ya de pasar a estudiar los resultados de mis observaciones. Son éstas en número de 12, correspondientes a otros tantos casos de tabardillo que he seguido de día a día, estudiando los elementos que utilizaré en el presente trabajo. Al final pueden consultarse los resúmenes correspondientes, en los que cons- tan los datos que no interesan directamente en nuestro tema y que en cam- bio, intercalados en él, le harían perder su unidad. Consideraré sucesivamente: lo., la cantidad de orina eliminada; 2o., las variaciones del peso corporal; 3o., la eliminación de los cloruros, y 4o., las consecuencias de las variaciones de los cloruros, es decir, la hidrata- ción y deshidratación de los tejidos a causa de la retención o de la pérdida de la linfa que los baña. 1.- Cantidad de las orinas.- Es muy difícil seguir las variaciones cuantitativas de la orina, desde el principio del tifo, en razón de que la mayor parte de los enfermos que ingresan en los hospitales son llevados después del 8o. ó 9o. día de iniciado el mal; rara vez antes. A pesar de esto, es interesante seguir en las gráficas anexas a estas observaciones, la curva de la excreción urinaria. Puede afirmarse que la cantidad de orina dismi- nuye rápidamente hasta unos 600 ó 700 gramos por término medio y hasta menos, como en las observaciones 9 y 10, que por cierto son aquellas en que se pueden estudiar las variaciones urinarias más cerca del principio de la enfermedad. En ellas la orina llegó a disminuir hasta 220 y 360, respecti- vamente. Es general (pie la disminución persista en el período de estado, varian- do de un individuo a otro según la abundancia de líquidos ingeridos, de las evacuaciones alvinas y de los sudores, hasta el momento en que se ini- cia la defervescencia. En este período es frecuente tropezar con otro obstáculo: los enfermos presentan incontinencia de orina, y si se quiere no renunciar a su estudio, hay (pie recoger la orina por medio del cateterismo vesical practicado varias veces en el día. Sólo valiéndome de este medio es como pude llevar a cabo algunas de estas observaciones, y debido a su falta, en algunas de las pri- meras quedaron algunos huecos. Cuando ¡la temperatura empieza a bajar, la orina empieza a aumentar, y si se juzga por mis observaciones, este aumento nunca es exagerado. Las gráficas hacen ver con claridad que el aumento no ha pasado de valores fi- siológicos que en muchos casos ni siquiera ha llegado a alcanzar. Se nota, por lo general, que el vértice de la curva volumétrica de la orina coincide con el momento en (pie el descenso térmico ha llegado a las temperaturas normales, para después descender ligeramente. Es ésta, por do tanto, una diferencia esencial con la fiebre tifoidea, en la cual las orinas, abundantes en la defervescencia, lo son mucho más en la convalecencia, en profusión tal, que alcanzan las cifras de 2,000, 3,000 y aun 4,000 gramos, de que ha- blan las autoridades. 126 La modalidad gradual conforme a la cual tiene lugar este aumento,, está de acuerdo con el modo de terminación habitual del tabardillo, por lisis. En todos los casos lo he comprobado, y el doctor Escalona, en su tra- bajo citado, asegura otro tanto. Pero quizá no sea imposible observar algu- nas crisis, aunque raras, en las cuales el aumento urinario se haga según acontece en las terminaciones febriles de este género. Para explicar el descenso de la curva urinaria, después del máximo que acabo de señalar, hay que tener presente lo que he observado: los enfermos, polidípsicos en el período de la hipertermia, al llegar la defervescencia sien- ten repugnancia por el agua y la ingieren en muy corta cantidad. La enfer- ma de la observación número 10, en este período no bebía más de 200 ó 300 gramos en veinticuatro horas. La densidad de la orina varía en razón directa de los materiales que contiene en disolución. Aunque a primera vista pudiera creerse que su ma- yor peso específico sería en el período de estado, cuando su color es más oscuro y su cantidad exigua, la inspección de nuestras gráficas parece ense- ñarnos que en el período de la defervescencia es cuando su densidad es ma- yor, precisamente porque entonces el organismo se despoja de todos los ma- teriales acumulados en los tejidos . La urea, sin embargo, según el doctor del Raso, aumenta en el período de estado, por efecto del aumento de las combustiones. Probablemente su- ceda lo mismo con los aminoácidos. Es indudable que el aumento de la orina en la época de la defervescen- cia, que en virtud de lo dicho no puede calificarse de poliuria, tiene su expli- cación en la eliminación de los líquidos intersticales. Repito que los atabardillados, en este período beben cantidades de agua muy inferiores al volumen de la orina excretada, lo cual parece paradójico. De donde toman la diferencia, es del organismo mismo, que se desembara- za de su demasía en líquidos y sufre una verdadera desecación. En tanto dura esta eliminación profusa, el peso del cuerpo disminuye con rapidez. -•-Peso.-La anotación diaria del peso corporal de los sujetos de mis observaciones, y su representación gráfica, nos ministran importantes da- tos para el estudio del tema que nos ocupa, que hasta la presente no han sido utilizados por otros autores nacionales. En los tifosos de evolución regular y de mediana gravedad, se nota un descenso gradual y constante de la curva del peso. En ocasiones estas varia- ciones son bastante grandes, como en la observación número 9, en la que el enfermo perdió 9 kilos en el curso de su enfermedad, o todavía mayores y mas rápidas, como en el individuo de la observación 11, (pie en cuatro días perdió -cerca de 6 kilos. Otras veces, por el contrario, en el corto transcur- so de un día se notan bruscos aumentos de 1 kilo o más, según puede ver- se en las gráficas correspondientes a las observaciones 1 y 3. Pero estas variaciones también suelen ser mucho más acentuadas, como en la mu- chacha de la observación 7, en la que fué de más de 3 kilogramos, de un día al siguiente. Su explicación no puede hacerse por un aumento o una disminución de los elementos celulares que aglomerados constituyen los órganos, sino más 127 bien poj> variaciones en la masa líquida, circulante o más o menos estancada, que baña los elementos. ¿Hay correlación entre estas variaciones del peso y la excreción uri- naria ? Desde el principio del tabardillo el peso empieza a descender con cierta rapidez, que aumenta en el segundo septenario, y no podía suceder de otra manera, dado que el enfermo no come, bebe escasamente y suda con más o menos abundancia. Las orinas disminuyen paralelamente, pero es probable que con menor rapidez que el peso, y de ello resulta lo que puede compro- barse en casi todas nuestras gráficas: que siendo ambas descendentes, la curva del peso y la de la excreción urinaria tienden a encontrarse. Por fin, en el momento de la defervescencia, como el peso del cuerpo sigue bajando,-y con mayor rapidez que antes-y la cifra urinaria, por su parte, crece, llega un momento en (pie las dos curvas se cruzan, la urina- ria subiendo y la del peso bajando. La más acentuada pendiente de la curva del peso y la abundancia de las orinas de la convalecencia, mantendrán todavía separadas por algún tiempo las dos curvas, hasta el momento, no apreciado en mis gráficas, en que el peso se irá recuperando. Entonces las dos curvas se cortarán de nue- vo en el curso inverso de sus valores hacia la normalidad- 3.-Disminución de cloruros.-Tengo por muy importante que cuando se refieran los resultados sacados de una serie de experiencias, se consignen los métodos seguidos; pues muchas veces, observaciones hechas por métodos diferentes, por más (pie se refieran al mismo hecho, no son comparables. Y aunque en el caso presente no creo (pie pueda existir este inconveniente, es bueno dejar consignado el procedimiento que siempre seguí para dosificar los cloruros (6). Después de medir exactamente 10 c. c. de orina y de di- luirla en un poco de agua destilada, le añadía 3 a 5 gotas de ácido sulfúrico concentrado, y a la mezcla resultante le agregaba 0,30 a 0,50 cg. de perman- ganato de potasio. El conjunto era sometido a la ebullición hasta que toda la materia orgánica había sido oxidada; cosa fácil de reconocer en (pie el líquido (pie sobrenadaba en el precipitado aparecía transparente. Separado en- tonces de la llama, se neutralizaba añadiendo pequeñas cantidades de car- bonato cálcico, en polvo y libre de cloro, hasta que no había efervescencia. Se hervía el líquido por algunos minutos para terminar la reacción y ex- pulsar las pequeñas cantidades de anhídrido carbónico que pudieran existir; se filtraba el líquido en caliente; por dos veces se lavaba el matraz y el filtro (on agua caliente, que también se recogía, y a continuación se dosificaban los cloruros en la forma conocida empleando la solución de nitrato de pla- ta en agua destilada, al 29.075 por litro, (pie por cada centímetro cúbico, precipita 0.01 cg. de cloruro de so lio. Como reactivo indicador de la reac- ción se usaba el cromato de potasi). Sorprende que en una enfermedad en que la fiebre es alta y activas las combustiones, se noten disminuidas, junto con el agua y los desechos nitro- genados, las sales eliminadas y entre ellas los cloruros. En el período de es- tado del tabardillo, según las observaciones que he hecho, estas sales dismi- nuyen considerablemente en la orina; su cifra es por lo general inferior a 128 dos gramos, a uno, y aun suelen alcanzar valores mucho menores, ^as cur- vas de las observaciones 1, 7 y 9. que corresponden a los casos (pie he podido tomar más cerca de su principio, parecen indicar que esta disminución se acentúa particularmente en el segundo septenario. Las cifras más bajas que he observado, son: 0.19 cg. en la observación 1, y 0.23 en la 9; pero la eliminación puede alcanzar valores todavía meno- res, como en el caso en que el doctor del -Raso comprobó que era tan sólo de 0.00 cg. al día. Es necesario poseer un conocimiento tan completo como sea posible del metabolismo de los cloruros, para poder resolver si los abundantes sudo- res tpie generalmente se observan en el segundo septenario del tabardillo, precisamente cuando los cloruros de la orina se encuentran más reducidos, no causan la eliminación de cantidades de cloruro de sodio dignas de tener- se en cuenta por venir a desempeñar una verdadera función supletoria. Schwenkenbecher y Spitta (7) han estudiado la eliminación del cloruro de sodio por la piel, de la manera siguiente: los sujetos cuyo sudor debía ser examinado, eran envueltos en ropas desprovistas de cloruros y después ro- deados de una tela impermeable. Al cabo de veinticuatro horas de perma- nencia en el lecho, se procedía a dosificar los cloruros absorbidos con el sudor por las ropas. La cantidad de cloruros eliminados en el hombre sano resultó restrin- gida (0.30 a 0.40 cg. en veinticuatro horas, para un sujeto de 00 kilos). En las enfermedades febriles (fiebre tifoidea, neumonía, escarlatina), encontra- ron los mismos autores (pie no excedían a la normal; ni siquiera durante las crisis de la neumonía. En las sudaciones provocadas artificialmente, en- contraron que el cloruro sódico aumenta al principio, pero muy pronto dis- minuye, cuando la transpiración es profusa. En consecuencia, puede afirmarse por analogía, que la cantidad de clo- ruros eliminados por los sudores del segundo septenario del tabardillo, es de poca monta y no merece ser tenida en cuenta. Al llegar la defervescencia, la curva de los cloruros asciende con rapi- dez y en la mayor parte de nuestros trazos alcanza un máximo, seguido en los días subsecuentes por otros valores casi iguales, pero casi siempre me- nos notables. Sin embargo, en la observación 7, la curva clorúrica sigue ascendiendo cada día, y adquiere valores siempre más altos, Pero lo (pie probablemente constituye un hecho general, es (pie en el momento de la defervescencia hay una verdadera descarga de cloruros, se- guida en la convalecencia de una eliminación acentuada. En cuanto a la magnitud de esta descarga, las cifras más altas que dan mis observaciones, no pasan de valores fisiológicos y las más de las veces no han llegado a alcanzarlos. El doctor Escalona observó un caso en que la cifra llegó a 14 gramos por mil; pero tales hechos seguramente son ex- cepcionales. La correlación entre las curvas de la excreción urinaria y de la elimi- nación de cloruros, no es perfecta. En el primer septenario la curva de los cloruros desciende mucho más rápidamente que la volumétrica de la orina, alcanzando valores proporcionalmente mucho más reducidos con relación 129 a lo normal. En la defervescencia, las curvas ascienden simultáneamente. En ocasiones este descenso no tiene lugar como en el enfermo de la observación 9, en el cual, la orina aumentó rápidamente en la convalecencia, pero los cloruros siguieron eliminándose en pequeñas cantidades que apenas si pasaron de 1 gramo. En cambio, la observación 11) es un ejemplo notable de para- lelismo entre ambas curvas. 4.-Deshidratación.-En el período de estado del tabardillo, la deshi- dratación hística es poco acentuada: ya lo hemos comprobado al hablar de la disminución del peso corporal. Si éste disminuye, es porque la alimen- tación es muy reducida; la disminución se hace en proporciones reducidas. Pero en la defervescencia y los primeros días de la convalecencia, cuando la descarga urinaria tiene lugar y los líquidos que se estancaron en los te- jidos son removidos y desechados, entonces es cuando, como dejé apuntado, baja con mayor rapidez a causa de la deshidratación producida, acompa- ñada de sus otros signos. La disminución del peso y el estudio de la eliminación urinaria, por sí solos ya son datos demasiado elocuentes en favor de la deshidratación; pero muchas veces bastará contemplar la fisonomía del convaleciente de ta- bardillo, para que el enjillamiento de la cara y de los miembros y la seque- dad de la piel no dejen lugar a duda. En otros procesos morbosos hay alteraciones semejantes; en las dia- rreas profusas, en el cólera, en la inanición, en los vómitos incoercibles del embarazo, etc. Pero cuando los procesos evolucionan lentamente, como en los tísicos y los cancerosos, por más que la deshidratación sea manifiesta, las destrucciones celulares corren parejas con la alteración de los líquidos, y no es posible darse cuenta de la disminución de éstos. Ahora bien, ¿lo que disminuye en el atabardillado que se deshidrata es únicamente la parte líquida de la sangre? porque el estudio de ésta, se- gún ha observado el doctor Escalona, y según hemos podido comprobar nos- otros mismos en otro trabajo presentado en este Congreso (8), demuestra su concentración, puesta de manifiesto por un aumento en el número de sus glóbulos rojos. Dejando aplazado este interesante punto para más adelante, con el fin de no incurrir en repeticiones, diré ya que las modificaciones son más pro- fundas en los líquidos intersticiales que bañan los elementos de los tejidos, en virtud de lo cual, puede asegurarse que la masa líquida total de la eco- nomía merma notablemente. Gracias al mecanismo osmorregulador de que también hablaremos más adelante, si la sangre pierde líquido es porque lo cede a los espacios intersticiales, que lo reclaman con avidez para di- luir los materiales que en ellos se acumulan, y conservar su isotonia. En cuanto al curso de esta deshidratación, ya lo hemos apuntado al analizar las curvas del peso: al principio, estando disminuida la secreción urinaria y los líquidos intersticiales estancados en los tejidos, las curvas demuestran que el enfermo pierde peso, por más que no parezca deshidra- tarse: sus músculos están blandos, la piel se conserva húmeda, no aper- gaminada y aun en ocasiones ligeramente turgente. Pero en la convalecencia el enfermo adelgaza con rapidez, porque los 130 líquidos acumulados en los tejidos se eliminan. Hepito que el descenso no puede atribuirse a una destrucción de elementos celulares, ni a una utiliza- ción demasiado activa de las grasas o de los elementos nitrogenados: la úni- ca explicación posible es la deshidratación del organismo. Entonces es cuando el individuo cambia rápidamente de fisonomía, cuan- do la piel, los músculos y de una manera general, los tejidos, disminuyen de volumen, en grado tal, que ya no es posible dudar que su riqueza en agua histológica ha mermado notablemente. La piel está seca y pálida, parece sucia o grasosa, aun en individuos convenientemente aseados. La capa córnea, engrosada, forma elevaciones se- cas. de color gris sucio, alrededor de los folículos pilosos atrofiados, y por espacio de algunos días persistirá en tal estado, rebelde a los lavados. No será sino cuando la circulación, la nutrición y las secreciones cutáneas vuel- van a la normalidad, cuando recuperará su aspecto. En la convalecencia las secreciones sebácea y sudoral están suprimidas. Sería interesante examinar histológicamente los órganos de los tifosos muertos en estas condiciones, para poder juzgar de las alteraciones que han sufrido por la deshidratación, de la misma manera que Letulle estudió, hace años, las venas de los tísicos. He aquí un último hecho cuya explicación me parece estrechamente ligada a la deshidratación hística de la convalecencia del tabardillo: en este período suele presentarse una de las complicaciones más frecuentes de la enferme- dad. la gangrena de los miembros inferiores a consecuencia de la arteritis obliterante. Todos hemos observado que la mortificación reviste generalmente la forma seca: el miembro se enfría, disminuye de volumen y se seca, cu- bierto por una piel apergaminada. Me atrevo a presentar la hipótesis, que para mí tiene valor de certeza, de que la aparición de esta forma seca obe- dece precisamente a la deshidratación que contemporáneamente sufre el convaleciente, gracias a la cual los líquidos de los tejidos son atraídos por la sangre que pierde agua por el filtro renal, en este caso verdadera bomba aspirante, mediante esa potente fuerza que se llama osmosis. Gracias a esta misma deshidratación, la piel, que entonces tampoco recibe irrigación por la obliteración de la arteria nutricia del miembro, ve favorecido su aper- gaminamiento, que desempeña tan importante papel en proteger los tejidos subyacentes, privados de nutrición, contra el ataque de los agentes de la putrefacción. 5.-Hidratación.-Suele observarse en el curso de un descenso del peso corporal más o menos rápido, que la curva, por el contrario, ascienda, v esto a veces con gran rapidez. No puede explicarse este hecho sino por la fijación brusca de agua en los tejidos. El organismo en estas condiciones puede compararse a una planta marchita (pie al ser sumergida en el agua se hincha y despliega sus ramas. El hecho no tiene nada de singular: se han señalado variaciones seme- jantes en la neumonía y en la fiebre tifoidea (9). Convendrá distinguir dos casos: en la convalecencia, pasada la descar- ga urinaria de los primeros días, el peso empieza a recuperarse con una rapidez asombrosa. Sería imposible admitir que el número o el volumen 131 de los elementos celulares fuesen la causa de semejante aumento; forzosa- mente tenemos que acogernos a la explicación contraria de la disminución: los tejidos atraen hacia sí los líquidos, cuya presencia facilita su repara- ción. Pero hay otro caso en que es muy otra su significación y valiosí- simo su valor pronóstico: si en el curso de la fiebre la curva asciende brus- camente, el cambio traduce la fijación brusca de líquidos, acompañada de retención de productos tóxicos por causa de su falta de eliminación, y cons- tituye un signo precursor del edema. No es preciso insistir sobre la impor- tancia del punto. PATOGENIA.-Después de presentar este pequeño, pero, a mi modo de ver, interesante material de observación, es lógico preguntarse, primero si he- mos adquirido el convencimiento de que los cloruros y los líquidos intersti- ciales están patológicamente retenidos en el tabardillo; después, si el hecho tiene algún valor pronóstico y, muy principalmente, cuál es su patogenia; y por último, qué condiciones acarrean estos fenómenos, sobre todo si son per- judiciales, para deducir de ellas la manera de prevenirlas o de curarlas. Esbozo lo primero, con el fin de analizar la siguiente posible objeción que alguno pudiera hacer. Se nos podría decir: si los cloruros de la orina, en el tabardillo, están disminuidos, esto obedece sencillamente a que el enfer- mo se encuentra sometido a la dieta láctea, y en tales condiciones, siendo exigua la cantidad de cloruros ingerida, exigua tiene que ser la eliminada por la vía renal. Y en efecto, la experiencia, sancionada por los autores, enseña que la cantidad de cloruros eliminada por la orina, decrece al disminuir el de so- dio de los alimentos, tal como sucede al ingerir únicamente leche, que ape- nas contiene 0.10 cg. de cloruro sódico por ciento. La eliminación de cloruros durante el régimen hipoclorurado ha sido objeto de importantes estudios, primero de Widal y Javal (10), y más tar- de de Ambard (11), quien se sometió a sí mismo a un régimen de esta natu- raleza por espacio de cincuenta y un días, llegando a las siguientes con- clusiones, como resultado de su experiencia: la sed desapareció; Ambard tomaba por su voluntad exclusiva unos 1,000 gramos de agua por día, pero no sentía la menor necesidad; en toda la experiencia perdió únicamente quince gramos de cloruro de sodio; la eliminación clorurada fué no- table por su regularidad en el curso de la experiencia, y al cabo de unos cuarenta días el equilibrio clorurado se estableció: Ambard eliminaba al- rededor de 1.70 gr. de cloruros, por día, a cambio de 1.75 gr. que ingería; las entradas igualaban a las salidas. Debido a otras circunstancias de la experiencia, el término para el establecimiento del equilibrio clorurado se retrasó considerablemente, pues para la mayor parte de los autores, se es- tablece entre el 7o. y 9o. días, en el hombre sano. ¿En el tifo son tales circunstancias las que determinan la disminución de cloruros en la orina? Había ya presumido que no, atendiendo a que desde hace años, Widal y Javal, después Mayer y por último Enríquez y Ambard (12), han demos- 132 irado que,-en el hombre sano por lo menos,-el paso de un régimen de cloruración normal a un régimen estrictamente desclorurado, se acompaña de una descarga de cloruros en lisis, de una duración mínima de cuatro días, seguida del establecimiento del equilibrio clorurado. Pero en realidad no tenemos datos experimentales para referirnos a este punto en el tabar- dillo. ¿Existirá al principio, cuando el organismo del tifoso cambia de ré- gimen, una descarga análoga a la descrita en el hombre sano, o las condi- ciones patológicas del tabardillo la suprimirán? Me contento con dejar señalado el punto. Busquemos la resolución del problema (pie he planteado, relacionado con la dieta láctea, en la experimentación, observando lo que sucede cuando los atabardillados ingieren mayores cantidades de cloruro de sodio en el período de estado. A la enferma de mi observación 10, en pleno período de estado y eliminando menos de 1 gr. de cloruros al día, se le ministraron casi diariamente 10 g. de cloruro de sodio en dosis fraccionadas de 1 g., una cada dos horas. Según podrá verse en la gráfica correspondiente, - que permite comparar las cifras de los cloruros ingeridos y las de los elimina- dos,-la eliminación baja de cloruros persistió en los seis días siguientes, haciendo un total de 15 g., en tanto que los cloruros ingeridos en el mismo período pasaban de más de 60 g. No fue sino en el momento de la defervescencia cuando la descarga clorúrica se presentó, alcanzando entonces los valores más altos (pie regis- tran mis observaciones y completándose en una semana, al cabo de la cual, el equilibrio clorurado pareció establecerse. La enferma, sometida a exclu- siva dieta láctea, tomaba alrededor de 0.75 cg. de cloruro de sodio al día, y eliminaba 0.45 el último. Confieso (pie la prueba pudo causar algún perjuicio a la enferma, pero estaba pronto a evitarlo, siguiendo diariamente con todo cuidado, las va- riaciones del peso y buscando con empeño la aparición de edemas (pie me indicaran la retención hística de líquidos. Me parece que esta demostración es bastante satisfactoria; pero sin recurrir a ella podría preguntarse lo siguiente a los sostenedores de la men- cionada objeción: ¿qué significación debe atribuirse a la descarga clorúrica de la convalecencia, fuera de (pie los cloruros retenidos en el período de estado son removidos y desechados por el organismo triunfante de la fie- bre? Porque no sería plausible admitir (pie el convaleciente eliminara abun- dantes cloruros, no por haberlos retenido, sino en virtud de no poder conser- var los (pie posee. La observación número 11, a que me referiré dentro de breves momen- tos, es una prueba más de la retención clorurada del período de estado del tabardillo. Y ahora que seguramente admitimos la retención de cloruros, es justo (pie, siguiendo los impulsos de nuestra curiosidad científica, nos pregunte- mos el porqué de este fenómeno, cuál es su patogenia. De entre los autores nacionales que se han ocupado del asunto, el doc- tor Escalona es el único que. después de afirmar la retención clorurada, la 133 atribuye "al estado en que se encuentran otros órganos, principalmente el riñón". En efecto, el papel que desempeña este órgano es innegable, aunque en grados diversos. ¿Pero es el único? Me parece que no. Demostremos primeramente el papel de la filtración renal. La exis- tencia de las lesiones macroscópicas y microscópicas descritas en los riñones de los atabardillados (congestión, tumefacción epitelial, etc.), y la presen- cia de albúmina y de cilindros en sus sedimentos urinarios, tan bien estu- diados por el doctor del Raso, y que yo he tenido ocasión de comprobar, hacen indudable la existencia en el tabardillo, en muchos casos de una verdadera nefritis, y en otros, por lo menos, de alteraciones pasajeras que temporalmente alteran sus funciones excretoras. Ahora voy a añadir una tercera prueba, quizá de valor mayor, estudian- do la eliminación provocada, ya no en globo como en la observación 10, si- no recogiendo y analizando las orinas a cortos plazos, cada dos o tres ho- ras, para seguir las pequeñas oscilaciones de la curva de eliminación y la duración completa de ésta. Veamos los resultados de esta interesante prueba, que he llevado a ca- bo en el sujeto de mi observación número 11. Con intervalos de dos horas se empiezan a dar al enfermo cuatro tomas de 5 g. de cloruro de sodio, que hacen un total de 20 g., y a partir de la primera se empiezan a recoger las orinas cada dos horas en las primeras cuarenta y ocho, y cada tres en los días subsecuentes. Con los datos recogidos se trazó la gráfica número 7. En ella se nota claramente que los cloruros eliminados en el tiempo que «epata dos observaciones (dos horas), durante las primeras veinticuatro se mantienen en valores muy semejantes, sin que se note aumento alguno. Lo mismo ocurre en la mayor parte del día siguiente. Hasta las cincuenta horas es cuando se nota el ascenso franco y casi brusco de la curva. La curva de los cloruros con relación al litro de orina, que nos da su propor- ción en volumen, aumenta con mayor rapidez. ¿Qué demuestra esto? En el hombre sano, después de la ingestión frac- cionada de cloruro de sodio, según Claret (13), se ve ascender la curva de su eliminación hasta la cuarta hora, para después volver a bajar. En nues- tra observación la ascención no se esboza sino hasta las treinta y cinco horas, para hacerse franca a las cincuenta, al cabo de las cuales vuelve a descender. El hecho es elocuentísimo y hace pensar que en muchos casos 1a retención ha de ser todavía más prolongada, pues según podrá notarse, en la gráfica en estudio su alza fué determinada por la terminación del pe- ríodo de estado. He aquí el curso de la eliminación: , En las primeras 24 horas: 1.98 g. de NaCl; ,, 24 horas siguientes: 3.62 „ „ „ „ 24 horas posteriores: 7.50 „ „ „ „ „ 24 horas ulteriores: 4.14 „ „ „ ,, subsecuentes: 2.03 „ „ „ El doctor Escalona, que hizo algunas pruebas de eliminación con el azul ile metileno, la encontró también muy retardada (14). 134 Es, pues, indudable el papel del riñón en la génesis del fenómeno y de los que de él derivan, mas no es el único. Es seguro que la tensión arterial toma alguna parte. Ignoro si existen estudios relativos a ella en nuestro tabardillo, pero por analogía es de suponerse que se encuentre disminuida de la misma manera que en otras enfermedades que se acompañan de aste- nia profunda y aun de adinamia. Se comprende fácilmente que su descenso ha de modificar desfavorablemente la irrigación de los tejidos, su oxigena- ción y el aporte de materiales nutritivos; (pie facilitará la retención en el plasma, en los líquidos intersticiales y en los elementos mismos, de las toxi- nas, de los desechos nitrogenados y de las substancias salinas cuya presen- cia no deja de tener inconvenientes. Además de que muchas veces favore- cerá por este medio la aparición de fenómenos tóxicos análogos a los que caracterizan la uremia. Hay, pues, dos casos: éste, en que la retención de venenos en la sangre y en los humores resulta de que la corriente sanguínea carece de la ener- gía necesaria para arrastrarlos, y el anterior, que tiene lugar porque la barrera renal los retiene. Cuando este último se acompañe de hipotensión, conocido el papel de la presión arterial en la filtración renal, ya se com- prenderán los peligros que acarreará la combinación de ambos factores. ¿Sucederá en el tifo como en la fiebre tifoidea adinámica, en la que en ocasiones la presión arterial se eleva gradualmente hasta forzar el obs- táculo renal? No puedo decirlo, pero señalo el interés «pie hay en estudiar el punto. Por último, no hay que dejar de apuntar el papel que no por modesto es menos real, de la supresión de otros factores que normalmente determi- nan la progresión linfática, contracciones musculares, etc. LAS CONSECUENCIAS.-De la impermeabilidad renal relativa, de la baja presión arterial y de la retención de cloruros, resultan modificaciones en los cambios recíprocos, por demás interesantes, «pie tienen lugar entre las circulaciones sanguínea e intersticial. Conviene no olvidar que ésta com- prende las cavidades de las serosas, las mallas del tejido conjuntivo, las substancias fundamentales de los órganos, en una palabra, todas aquellas partes adonde llega la linfa salida de la sangre. Para designar a esta masa líquida en donde viven las células, se emplean corrientemente las expre- siones de linfa, linfa hística y linfa no canalizada; pero todas ellas se usan a falta «le mejor expresión, puesto que debe comprenderse en ellas a ciertos líquidos no encerrados en los vasos ni en los espacios intercelulares (líqui- dos de las serosas, líquido celofarraquídeo, humor acuoso, etc.). Achard y Lceper (15) han practicado la siguiente experiencia, que es muy demostrativa de los cambios «pie tienen lugar entre las circulaciones vascular e intersticial: después de ligar los ureteres de un animal para suspender la excreción renal, le inyectaban en las venas una substancia fácilmente reconocible (urea, ferrocianuro de potasio, azul de metileno). Al cabo de algunas horas, un análisis de la sangre demostraba que la subs- tancia había desaparecido de la circulación sanguínea. Había quedado, sin embargo, en el organismo, puesto que si se retiraban las ligaduras, se la veía reaparecer poco a poco en la orina. La demostración es evidente: cuan- 135 do la composición de la sangre está alterada por la introducción de algún cuerpo en exceso, si no es posible la excreción, la composición sanguínea tiende a regularse gracias a una derivación interior hacia los tejidos. Es lo mismo (pie Klikowitz (16) ya había observado mucho antes, inyectando en exceso y bruscamente soluciones salinas que en seguida pasaban a los te- jidos y después reaparecían en la sangre para ser eliminadas por la orina. Son muchas las experiencias que han establecido este papel regulador de la composición de la sangre, pero no es del caso relatarlas. Las circunstancias patológicas a que nos venimos refiriendo, remedan en diversos grados las condiciones experimentales a que he hecho mérito, y ponen en juego acciones osmorreguladoras semejantes. En la magnitud de los trastornos debe de influir poderosamente el es- tado anterior del riñón y la existencia de las crisis patológicas (pie hagan de él un locus minoris resistentise, pues en materia de complicaciones- hay que recordar la elegante expresión de Peter: les malades tombent du cote oü ils penchent. En consecuencia, disiento del parecer emitido por el doctor Escalona (17) y recogido por nuestro ma/itre a tous, el doctor Terrés (18), en sus brillantes lecciones clínicas, respecto a que el peligro más inmediato que amenaza a los atabardillados con gran retención clorurada, sea la clorohe- mia. En tres ocasiones he dosificado los cloruros de la sangre, en los momen- tos en que su eliminación por la orina era pequeñísima, y en todos ellos ob- tuve cifras comprendidas en los términos fisiológicos: 7.2 gramos por li- tro, en la observación 7; 7.35 y 8.03 en la enferma de la observación 10, sometida a régimen clorurado. El peligro está, ante todo, en la producción de edemas, mucho mas graves si se asientan en órganos como el pulmón, etc., pero de todas mane- ras perjudiciales para el enfermo por todo lo que he señalado y porque ali- mentan el trabajo del corazón. De ahí que insista en la importancia de seguir las variaciones del peso de estos enfermos, importancia en general tan grande, que algunos autores, con Cramer (19), han asegurado que corre parejas con la investigación de la albúmina para el pronóstico de las nefritis. Igualmente, la comprensión de este mecanismo y la concepción justa de lo que es la linfa, que como acabo de decir, comprende todos los líquidos orgánicos situados fuera de los vasos, comprendiendo el líquido cefalorra- quídeo, me da la clave de un importante asunto tocado en nuestra discusión de ayer: diferentes observadores y entre ellos el doctor Placeres, han com- probado un aumento notable en la cantidad de líquido cefalorraquídeo de los cadáveres de atabardillados. ¿Por qué es esto? Yo propongo la ex- plicación de que la alteración no es más que el resultado de modificaciones profundas del equilibrio de los líquidos orgánicos en el tabardillo, tanto mayores cuanto más grave es la infección. En el tejido celular resultará el edema; en los espacios subaracnoideos dará por resultado el aumento con- siderable del líquido cefalorraquídeo. ¿Tiene algún valor pronóstico la retención clorurada del tabardillo? Es evidente que sí y ello no ha sido ignorado por los autores nacionales. En 136 las formas en que predomine el typhós, que «la su nombre a la enfermedad, la eliminación exigua de cloruros, traducirá a compás de su mayor grado, el mayor peligro del organismo. Por su parte la terapéutica y la dietética también pueden sacar en su provecho muy interesantes deducciones. Sólo me ocuparé «le una: ¿hay in- dicaciones o inconvenientes para inyectar suero fisiológico a los atabardi- llados ? En un trabajo posterior a todos los citados, en 1911, publicado en la Gaceta Médica «leí ano siguiente, el doctor M. Otero (2), entre otras con- clusiones llegaba a la de «pie "se impone la necesidad de prodigar constan- temente suero fisiológico artificial isotónico y fosfatado a los tifosos,.... en inyección subcutánea y hasta intravenosa en los casos graves y con más razón en los apremiantes.... cuando se inicia endocarditis o encefalopatía tifosa". Todo lo dicho me dispensará de insistir en los inconvenientes de seme- jante práctica. Durante la epidemia «le 1915 a 191G, oí relatar a un médico de vasta ilustración y claro talento, el doctor F. Vergara, que había tenido oportunidad de conocer casos en que una o varias inyecciones de suero ha- bían determinado una rápida anasarca. Tales hechos están «le acuerdo con las ideas que vengo desarrollando y no hacen más «pie confirmarlas. Si el doctor Otero tuvo la singular fortuna de emplear suero en estas condiciones, sin producir trastornos, esto se debe, indudablemente a que la permeabilidad renal en el tabardillo, es muy variable «le un individuo a otro. El doctor Escalona, que en su trabajo citado encontraba también incon- venientes para semejante práctica, y el doctor Terrés en sus clínicas men- cionadas, son de igual opinión. El doctor Terrés habla en ellas de los incon- verientes de obligar al corazón, por lo general debilitado en los estados in- fecciosos, a mover un volumen de líquido mucho mayor, y a ese propósito recuerda la frase de Dieulafoy, que aconseja más bien "descargar la carreta". Así es; pero para completa claridad, es conveniente especificar «pie el líquido aumentado no es el «pie se encuentra en los vasos y es directamente movida por la circulación general, sino el de la circulación intersticial, cuyo mo- vimiento también en grandísima parte depende de la anterior. La cantidad de sangre encerrada en el árbol arterial, ya hemos visto «pie no aumenta, gracias al mecanismo regulador que le es propio. Además, los inconvenientes de esta práctica me parecen todavía mayo- res por otro capítulo: conforme a la física moderna, se admite que la diso- lución de materias sólidas, minerales u orgánicas- consiste en su desagrega- ción en estado «le moléculas libres en el seno «le la masa líquida, y tratándo- se de las soluciones «le electrolitos, los estudios crioscópicos y de osmosis han llegado a demostrar que una parte del electrolito es disociada en iones equi- valentes a moléculas desde el punto de vista osmótico y crioscópico. En consecuencia, en una solución del electrolito, cloruro «le sodio, una par- te de él se encuentra disociada en sus iones, el electropositivo Na y el elec- tronegativo 01. La disociación iónica es todavía más acentuada en el organis- mo, y en nuestros días es objeto de estudio. En tal concepto, la administración 137 de un compuesto neutro como es cloruro de sodio, da por resultado la aci- dificación del organismo, porque el anión Na entra a formar diversas com- binaciones (en los tejidos y los humores: bilis, páncreas, intestino) (21); alcaliza la sangre y la orina (carbonates) y es eliminado, mientras que el catión C1 queda en el organismo. Ahora bien, los efectos nocivos de este elemento electronegativo, par- ticularmente sobre la fibra cardíaca, son muy conocidos y en el caso par- ticular del cloruro de sodio, desde hace tiempo han sido estudiados (22). Luego ello es un motivo más para evitar la presencia excesiva de ese ele- mento en el organismo, ya bastante alterado por sus condiciones patológi- cas. El asunto pudiera prestarse a largas consideraciones, pero por la na- turaleza de este trabajo, debo abstenerme de hacerlas. Para terminar: ¿por qué la ingestión de agua abundante, lejos de ser fijada por los cloruros retenidos en el organismo, yendo a producir edemas, resulta provechosa para los atabardillados, tal como añeja práctica lo en- seña ? Es realmente benéfico prodigar agua abundante a los atabardillados porque diluye los líquidos acumulados y favorece el acarreo de las toxinas y de los demás desechos acumulados. Y a mayor abundamiento, hay que tener presente lo (pie la fisiología moderna nos enseña: está bien averiguado que la secreción urinaria puede ser provocada por substancias químicas de las que es tipo la urea, y además de estos estímulos químicos generales, en los últimos cuatro años se viene hablando de la posible acción diurética de algunas hormonas específicas. Entre las señaladas, Cow (23) ha colocado una hormona diurética que se originaría en la mucosa intestinal, principal- mente del yeyuno y del íleon. Al ser ingerida el agua, la hormona es aca- rreada por la sangre, yendo a determinar la diuresis. Por eso el agua que se ingiere por la boca produciría diuresis, mientras que la inyectada direc- tamente en las venas carece de esos efectos. México, 16 de enero de 1919. 138 BIBLIOGRAFIA. 1-Del Portillo.-Breves apuntes sobre la orina de los enfer- mos de tifo.-Bol. del Inst. Pat., sept. de 1905, pág. 243. México. 2.-Ulrich.-Bol. del Inst. Pat-, 2a. época, tomo IV, mayo de 1906, pág. 89. México. 3.-Escalona.-¿Debe inyectarse suero fisiológico en el tabar- dillo?-Bol. del Inst. Pat., 2a. época, tomo IV, junio de 1906, pági- na 103. México' 4.-Uribe.-Bol. del Inst. Pat., 2a. época, tomo V, marzo de 1908, pág. 781. México. 5.-Bulman.-Urosemeiología del tabardillo. Bol. del Inst. Pat., 2a. época, tomo V, nov. de 1907, pág. 453. México. 6.-Konya.-Guía práctica de análisis de orinas. Barcelona, 1908. 7.-Schwenkenbecher y Spitta.-Eliminación del cloruro de sodio y del nitrógeno por la piel. Arch. fur Pathol. und Pharma col., LVI, 3-4, 1907. 8.-Ocaranza e Izquierdo.-Contribución para el estudio he- matológico del tabardillo. Congreso Nacional del Tabardillo. 1919. 9.-Hutinel y Beretervide.-Revista de la Asociación médica Argentina. Vol. XXVIII, Nos. 158-159, febrero de 1918, pág. 96. 10.-Widal y Javal.-Société de Biologie. 19 Mars, 1904. 11.-Ambard.-Régime hypoMoruré observé durant cinquante et un jours. Société de Biologie. Tome LVIII. 1905, pág. 375. 12.-Enriquez y Ambard.-Régime de l'elimination chlorurée. Société de Biologie, janvier, 1906. 13.-Claret.-Le métabolisme des chlorures chez les tuberculeux. Thése de Paris, 1908. 14.-Escalona.-Bol. del Inst. Pat., T. VI, 1908-1909, núm. 3. pág. 129. México. 15.-Acharo y Lceper.-Sur le mécanisme regulateur de la com- position du sang. Comptes rendus de la Soc. de Biol., 1901, pág. 382. 139 16.-Klikowitz.-Die regelung der saltmengen des Blutes. Ardí, für Physiol. 1886, p. 518. 17.-Loo. cit. 18.-Terrés.-"Anales de la Escuela N. de Medicina." Parte médica, 1905-1906, pág. 294. México 19.-Cramer.-Mundt. med. icochensch., 31 de diciembre de 1907. 20.-Otero.-Causas de la muerte en astenia, de los convale- cientes de tabardillo. Gaceta Médica, año VII, 1912, pág. 440. Mé- xico. 21.-Feuillié.-Le dédoublement ionique des dilorures alcalina dans V organisme. Soc.de biol., tome LXXXI, nov. 1918, p. 947. 22.-Castro.-Bioquímica de los cloruros. "La Semana Médi- ca," Buenos Aires, Vol. X, 1903, pág. 1168. 23.-Cow.-Journal of Physiology^ 48, I, 1914. 141 CUADROS de las observaciones clínicas relativas al trabajo "La eliminación de cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo" por el Dr. José Joaquín Izquierdo. OBSERVACIÓN No. 1. Enferma María de Jesús Villanueva. Pab. 30.-Cama 5 M. Ingresó el 11 de noviembre de 1918. Edad: 14 años Comenzó a estar enferma el día 10 (3er día). Día del mes Día de la enferm. Peso.-Kilog. Orina Densi- dad Clors. por litro Clors. por día Albú- mina Liqds ingrd. Pulso Resp. Nov. 12 Nov. 13 39 Cef burra 4'-' 38,200 alea frontal intensi J; petequias escasa 38,100 1; esta s en el lo tifo cuello; so acei fotofo it.; mit bia. ligias; engua 1 litro ngua. 60 gr. teche. húmet la,sa- Nov. 14 59 37,900 - - - - - Id. Nov. 15 69 37,200 320 C3 10 4.50 2.79 0.3 Id. 50 Nov. 16 79 36,700 420 C3 1020 2.3 0.96 0.3 Hit. le- che con café. 1 y me- dio ag. endulz. Se ate tado til iny. co minuye 48 a. el es- ., y la nj. dis- Nov. 17 89 - 520 C3 1018 - - - 1 litro café con leche. 1 agua. 44 Nov. 18 99 36,400 160 C3 1017 1.2 0.19 sí 600 gr. caf. le- che. 1 litro agua. 37 Nov. 19 109 36,200 56 Nov. 20 119 36,000 1000 1012 1.0 1.0 sí 1 litro café con le- che. 1 agua. 56 Nov. 21 129 35,200 690 1011 - - sí Id. La orina se ha ce clara y trana párente. Nov. 22 139 - 690 1011 4.5 3.10 sí Id. Nov. 23 Nov. 25 Nov. 26 149 169 179 35.800 37,500 1140 1016 sí Dbre. 3 38,620 370 1C20 12.13 4 48 huellas 142 OBSERVACIÓN No. 2. Enferma Juana Castillo. Pab, 30.-Cama 4 M. Ingresa el 20 de noviembre de 1918. Exantema desde hace tres días que ingresó al Hospital; inyección conjuntiva! acentua- da; cefalea: sordera; lengua con saburra, húmeda; sobresaltos tendinosos. No da datos, por su estado tifoso muy notable. Días Orina Densidad Clorus. eliminados Pulso Resp. Glób Liq. ingeridos Peso Por litro Por día blancos Nov. 22 29,000 1 lit. agua 1 ,. leche Nov, 23 Petequias en ti fología. estado ido el cu tif. más erpo (pe acentual 32 22,2C0 cas en la cara, más en tó lo. lengua, seca y saburra Id. rax v abdom I. 35,400 en), car- Nov. 24 42 30,200 | Id. 35,200 Persiste estado tif.; extremidades frías; parece que se anuncia la gangrena; persiste el exantema un poco pálido; incontinencia de orina * Nov. 25 La ei zo cree acentu iferma s ido; los ado. Mu e queja c miembr erte a la onstant as inf. se s 7 p. m. Arrit., pa- sos falsos cardíacos, peq.. in- cont. miente; han vue 58 4 exante Ito a ca 30,200 ma casi entar; ei la desaparee stado tif. mu 33,700 ido; ba cho más OBSERVACIÓN No. 3. Enferma Ana Cázares, Pab. 30,-Cama 3 M. 37 años Días Régimen alimenticio Orina Densidad Cloruros eliminados Peso Por litro Por día % por día Nov. 23 Agua ad libitum (1 Itr). leche, 1 Itr. NaCl ingerido total al rededor de 1 gr. Régimen constante du- rante toda la observa- ción. 1 35,400 Nov. 24 2,75 34,700 Nov. 25 680 1018 1,00 0,68 33,700 Nov. 26 660 1016 2.00 1,32 35,300 Nov. 27 600 1018 2,09 1,25 33,700 Nov. 28 600 1016 2,64 1,58 33 800 Nov. 29 250 1025 4,76 1,19 33,100 Nov. 30 720 1017 3,50 2,52 32,700 Dic. 620 1025 2.00 1,24 32,760 Dic. 2 540 1016 3,44 1 85 32,450 Dic. 3 640 1005 3,44 2 20 31,200 Dic. 4 230 1004 30,600 Dic. 5 740 1007 3,84 2,84 30,600 Dic. 6 31,100 143 OBSERVACIÓN No. 4. Enfermo Eusebio Rodríguez Pab. 30.-Cama 1 P. Edad: 46 años. Cuarto o quinto día de la enfermedad. Días Regimen alimenticio Orina Densidad Cloruros eliminados Peso Dia de la enfer- medad Por litro Por dia Media por dia Nov. 26 Durante toda la ob- servación; leche 1 Itr. 39,500 Nov. 27 840 1011 1,32 1,10 38,600 Nov. 28 Agua ad libitum, (al- rededor de 1 litro). 1017 1,20 38,0'0 Nov. 29 900 1013 1,32 1,18 37,600 89 Nov. 30 NaCl ingerido por día, al rededor de 1 gr 400 1013 1,65 0,66 36,600 99 Dic. 1' 620 1013 6,48 4,01 36,480 lO9 Dic. 2 800 1018 2,92 2.33 36,00<> 11° Dic. 3 600 1020 4,70 2,82 36,003 Dic. 4 Dic. 5 450 1020 36,300 700 1020 36,550 OBSERVACION No. 5. Enfermo Emigdio López. Pab. 30.-Cama 1 H. Edad 17 años. Dice que empezó su tifo hace ocho días. Dic. 2 35,900 Dic. 3 36,400 Dic. 4 2,350 1007 85,COO Dic. 5 1,800 1007 1,14 2,05 34,700 Dic. 6 1,300 1014 33,700 Dic. 7 800 1019 4,59 3,67 32,690 Dic. 8 680 1025 3,90 2,65 33,0C0 Dic. 9 640 1021 1,77 1,13 33,300 Dic. 10 740 1023 3,21 2,37 32,600 144 OBSERVACIÓN No. 6. Enfermo David Hernández. Pab. 30-Cama 3 H. Edad: 19 años. Días Régimen alimenticio Orina Densidad Cloruros eliminados Peso Por litro Por día Media por día Dbre. 3 - 1016 - - 41,800 Dbre. 4 460 - 1.83 0,84 40.700 Dbre. 5 - - - - 40.090 Dbre. 6 - - - - 40,000 Dbre. 7 650 1011 0,80 0.52 39,200 Dbre. 8 720 1010 0,74 0,53 38.500 Dbre. 9 500 1018 1,72 0.86 38,500 Dbre. 10 - - - - 38.400 (La observación es muy incompleta porque faltaron reactivos en esos días). OBSERVACIÓN No. 7. Dbre. 10 Leche 6Ü0 Agua 1,300 - - - - 49,200 í Cloruros ¿ de la san- ( gre~gr.2 Dbre. 11 Leche 600 Agua 1,300 600 1020 4,40 2,64 43.200 Dbre. 12 Leche 400 Agua 1.000 (1) 1016 1,83 - 42,900 Dbre. 13 Leche 400 Agua 1,3C0 720 1011 1 54 1,10 41,000 Dbre. 14 Leche 400 Agua 806 700 1016 1,72 1,20 44,300 Dbre. 15 Id. 170 1016 2,28 0,38 43.900 Dbre. 16 Id. 700 1012 0,75 0,52 42,000 Dbre. 17 Id. - 1017 1,72 - 40,750 Dbre. 18 Id. 430 1015 2,12 0,91 40.100 Dbre. 19 Leche 750 Agua 1,000 400 1019 1,54 0,61 39,900 Dbre 20 Id. 130 1025 2,28 0.29 4C.0C0 Dbre. 21 Id. 300 1022 2,98 0,89 39,380 Dbre. 22 Id. 340 1018 3,73 1.16 38.900 Dbre. 23 Id. 350 1016 - - 38,350 Dbre. 24 Id. Patatas y sopa de arroz con NaCl. 380 1027 4,59 1,74 38,000 Dbre. 25 Id. Id. 400 - - - 38,200 Dbre. 26 Id. Id. 400 1026 5,51 2,20 39,150 Dbre. 27 Se vuelve a la dieta lác- tea! 1 litro). 300 - - - 39,620 Dbre. 28 Leche 1 Itr. Agua ad li- bitum. 330 1016 4,30 1,29 39,000 Dbre. 29 Id. 700 1006 2,29 1,60 38,600 Enferma Hermelinda Flores. Pab. 30.-Cama 3 M. Edad: 16 años. Enferma desde hace seis o siete días. (1) Se orina en la cama. 145 OBSERVACION No. 8. Enferma María Hernández. Pab. 30.-Cama 12 M. Edad: 21 años. Días Régimen alimenticio Orina Densidad Cloruros eliminados Peso Por dia Por litro Dbre. 15 51.8 0 Dbre. 16 400 1013 1.49 0.59 52.950 Dbre. 17 (1) 1.37 5 >,200 Dbre. 18 49,000 Dbre. 19 47 350 Dbre. 20 47,<100 Dbre. 21 46,600 Dbre. 22 46,600 Dbre. 23 | 46.6'>0 OBSERVACION No. 9. Edad: 17 años. 3er. día de enfermedad. Enfermo José Martínez. Pab. 30.-Cama 4 H. Dbre. 16 Leche 750 Agua ad'líbítum ( a 1 rededor d e 1000) Durante toda la observación el regimen alimen- ticio permanece constante. Cantidad de Na- cí ingerido por día: entre 0,70 y 1 gr. 41,900 Dbre. 17 220 1029 14 35 3,15 41,800 Dbre. 18 Dbre. 19 550 1025 9,75 5,36 40,800 610 1022 40,200 Dbre. 20 El enfermo se orina en la cama. 40,375 Dbre. 21 370 | 1012 Se dosifican 0,63 | 0,23 | los cloruros de la sangre: 8,48 g. por 40,000 litro. Dbre. 22 1,200 1010 0,45 0,54 39,200 Dbre. 23 700 1012 0.92 0,64 39,000 Dbre. 24 680 1014 0,64 0,43 38,700 Dbre. 25 800 1005 0,51 0,40 38,580 Dbre. 26 1,010 1007 0,57 0,57 38.000 Dbre. 27 •••• 37.000 Dbre. 28 750 1012 0,68 0,61 36,500 Dbre. 29 600 1015 0,86 0,51 35,920 Dbre. 30 60° 1016 0,74 0,44 36,050 Dbre. 31 910 1008 0,74 0.67 35,500 Enero l9 950 1008 1,15 1,09 34,400 Enero 2 | 780 1010 1,31 1,02 33.900 146 OBSERVACIÓN No. 10. Enferma Victoria Méndez. Pab. 30.-Cama 14 M. Edad: 20 años. 8o dia de la enfermedad. Días Régimen alimenticio Orina Densidad Cloruros eliminados Cloruros de la Peso Sangre Por litro Por día Media por día Dbre. 24 Leche 750 gr. Aguaad libitum(al rededor de 1000). NaCl, 10 gr-: 1 g. cada dos horas. Régimen constan- te. Hoy no toma los 10 g. de NaCl, adicio- nales- R: 10 g. de NaCl. R: sin NaCl. (sólo los el. de la leche). R: 10 g. NaCl. R: NaCl. 10g. R: 10 g. NaCl, Leche, 250, Agua. 500. NaCl, 10 g. Leche 1000. Agua, 750. NaCl, 10 g. Id. Leche, 750. Agua acl líbitum (al rededor de 1000). Se suspende NaCl adicional. Leche. 750- Agua ad líbitum. (1000). Id. La enferma to- ma muy poca agua (300). Id. Agua 200. 400 1026 2,18 0,87 । 1,16 > 2.22 i 1 ) 3,59 1 j 8,29 2,98 40,600 Dbre, 25 500 1026 2,92 1,46 41.050 Dbre. 26 360 1026 7,34 2.64 7,35 40,780 Dbre. 27 , Incom- i pleta. 1018 6,19 40,500 Dbre. 28 660 1020 5,74 40.500 Dbre. 29 910 1008 49,275 Dbre. 30 750 1010 2,41 1,80 39.900 Dbre. 31 1250 1007 2,58 3,22 38.900 Enero 1" 990 1006 4,02 3,97 38,850 Enero 2 1110 1037 7,03 7,77 38.580 Enero 3 1430 1008 7,46 10,66 8,03 38,000 Enero 4 680 1011 7,92 5,38 37,300 Enero 5 1010 1012 9,51 9,60 ( 37,050 Enero 6 1060 1009 7,60 8.05 36.600 Enero 7 850 1012 6,80 4,42 36,250 Enero 8 470 1013 3,30 1,55 35,800 Enero 9 350 1009 1,30 0,44 35,800 147 OBSERVACION No. 11. Enfermo Julio Medellín. Pab. 30.-Cama 1 H. Edad: 26 años. Petequias abundantes de color rojo vinoso; lengua húmeda y saburral; ligera inyección conjunti- val; sobresaltos tendinosos; respiraciones por minuto: 20; pulso 138, pequeño y regular. El día 7, a partir de la una de la tarde se dan cuatro papeles de Na Cl, de cinco g. cada uno, -en total 20 g. de Na Cl,-y se empieza a recoger la orina periódicamente. Régimen alimenticio Densi- dad Cloruros eliminados Peso del en- Dias Horas Orina Por litro Gramos En el tiempo que separa las observaciones En el dia fermo cada 24 horas Kilos Eno. 7 1 p. m. 5 ir. Na C1 1016 1 43 200 3 .. 5 tr. NaCl 21 1,9 0,40 5 .. 5ir. NaCl 1+2 101+ 1 0,14 7 .• 5». Na C1 100 1016 1,9 0,19 9 56 1015 2.2 0,12 11 .. En el día to- 83 1013 1.3 0,11 Eno. 8 1 a. m. nía: Leche 750; 65 1018 1,5 0.09 / 198 3 agua ad 1 i bi- ta m (500). 160 1015 1 0,16 5 Cloruros inge- ridos con 1» le- che «'rededor de 0,75. 276 1018 1,1 0.30 7 .. 79 1018 1.4 0.11 9 .. 135 1017 1,5 0,20 • 1 11 „ 9+ 1017 1,8 0,16 1 * 1 p m. 153 1015 2.9 0,44 42,200 3 .. 68 1018 2,8 0,19 5 .. 115 1017 2.5 0,28 No hubo 9 ., 11 .. No hubo Eno. 9 1 a. m. El enfermo se niesra a orinar. > 3 62 3 „ • 280 1016 2,7 0,75 5 206 1016 2.8 0.57 7 .. 9 No ha habido micción. 10 ., +80 101+ 2,9 1.39 12 medio día Régimen cons- tante todo el resto de la ob- servación. 160 1011 2,9 0.46 42,100 3 p. m. 385 1012 4 2,84 6 ,. 250 1008 5.2 1 30 9 273 1008 2,7 0.73 12 media noche 216 1009 2.8 0.60 > 7,£0 Eno. 10 3 a- m. NaCl ingeri- do por día, al- rededor de 0,75. 126 1009 2.9 0.36 6 290 1010 2,5 0 72 9 ., 190 1014 3 0.57 12 medio día 105 1012 3.7 0.38 39,900 » p. ni. 205 1014 3,5 0 71 6 .. 176 1014 4,6 0,80 i 9 .. 2+0 1012 3 0.72 1 12 media noche 190 1017 5 0.95 / 4,14 Eno. 11 3 a. m No hubo 6 118 1020 2.6 0 30 9 „ 126 1021 2.9 0,36 12 medio día 102 1018 3 0.30 38,400 3 p. m. 93 1027 2.9 0.27 6 „ 130 1019 2.9 0.37 9 190 1020 1,8 0,34 I 12 media noche No hubo. ,2,03 0 Eno. 12 3 a. m. No hubo. 0 2+0 1021 2.5 0 60 10 .. 250 1022 1.8 0.45 37,250 (1) Menos la orina de dos horas. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. "La retención de cloruros y el equili- brio de los líquidos en el tabardillo". Dr. J. J. Izquierdo. Lámina XXII. La área sombreada señala la retención de líquidos. Observación Núm. 1. Enferma María de Jesús Villanueva. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. "Laretención de cloraros y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo". I)r. .1. J. Izquierdo. Lámina XXII1. Las áreas sombreadas corresponden a la retención de líquidos. Observación núm. 3. Enferma Ana Cázares. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. "La retención de cloruros y el equili- brio de los líquidos en el tabardillo''. Dr. J. J. Izquierdo. Lámina XXIV. Las áreas sombreadas corresponden a la retención de líquidos. Observación núm. 4. Enfermo Ensebio Rodríguez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardlllc. Año de 1919. "La retención de cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo''. Dr. J. J. Izquierdo. Lámina XXV. Las áreas sombreadas corresponden a la retención de líquidos. Observación núm. 7 Enferma Hermelinda Flores. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. "La eliminación de cloruros y el equili- brio de los líquidos en el tabardillo''. Dr. J. J. Izquierdo. Lámina XXVI. Observación núm. 9. Enfermo José Martínez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. ''La eliminación de cloruros y el equili- brio de los líquidos en el tabardillo." Lámina XXVII, Dr. J. J. Izquierdo. Observación núm. 10. Enferma Victoria Méndez. 149 SEGUNDA SERIE. Acerca de la estadística del tabardillo. Dr. Genaro Escalona. Cumplo en este momento una doble misión: representar al Gobierno del Distrito Federal ante esta Asamblea y consagrar unos apuntes a nuestro constante problema del tabardillo en México. La representación que a tanta honra tengo, atendiendo mérito mío, ha sido enteramente desacertado conferírmela; mas si se tiene en cuenta mi afición por el estudio de la enfermedad cuyos problemas nos congregan, en- tonces sí hubo acierto de parte del C. Gobernador, porque soy de los mé- dicos que han pasado algunas horas procurando conocer el tabardillo. De todos modos, hago público mi agradecimiento por distinción seme- jante, y ya que no voy a correspondería con labor sesuda, sea ella siquiera de buena voluntad. Se entiende que con todo y el tiempo destinado, no me sienta satisfe- cho del conocimiento del mal, primero, por lo reducido de mis alcances, y después por lo arduo del problema. No voy a pormenorizar asuntos etiológicos ni pretendo resolver alguno de los problemas estadísticos: mi papel se concreta a señalar algunos defec- tos de lo hecho hasta hoy, con el fin de que cada uno de nosotros en su es- fera tienda a corregirlos si es cierto lo que yo diga, y se uniforme así el criterio. Que no haya tantos puntos obscuros y tanta divergencia en con- ceptos que debían ser únicos. La mayor parte de mis afirmaciones son segu- ramente aprendidas de la palabra o de los escritos del maestro Terrés; esas son exactas; pero a fuerza de estar persuadido de todas, no sé cuáles son las poquísimas mías, que serían las discutibles, y cuáles las que he apren- dido. Como sucede con todas las enfermedades, de la clínica ha salido gran parte de los datos estadísticos con que se está formando el capítulo de Patok)' gía que se llama "Tabardillo". De la estadística cosechan a su vez las otras ciencias auxiliares datos valiosos para su aplicación a la clínica. De ella mis- ma obtiene la Higiene reglas en bien de la salud colectiva y de la personal. La estadística aplicada al arte de la Medicina le proporciona constante- mente bases para su desarrollo interminable: el valor de la estadística es por tanto muy grande. La relativa al tabardillo, mal que tiene tanto de peculiar, cuyo capí- tulo está abierto a la observación; que ha merecido habernos congregado 150 y que merece lo sigamos haciendo periódicamente, tal es su importancia; ha flaqueado, no como ciencia, sino porque no hemos sabido aplicarla de- bidamente, pues es cierto lo que se ha dicho de los médicos mexicanos: que no conocemos esta dolencia al contrario de lo que indicara la razón, y de ahí que las bases para su estadística sean débiles e insuficientes para sos- tenerla. . Nos inspiramos en descripciones de artículos extranjeros para aplicar esos conocimientos a casos concretos que distan mucho de ellas. Un mé- dico hace poco me dijo: "Yo no he estudiado teóricamente el tifo en Méxi- co, lo conozco sólo en los enfermos''. Es decir, que este señor ejercita la profesión y atiende a atabardillados sin conocer los atributos del mal. De aquí que desconozcamos frecuentemente los cuadros clínicos y refiramos al tabardillo lo que no es, o- al contrario, ignoremos lo que a él compete. En lo tocante a etiología hay una circunstancia trascendente, que difi- culta sobremanera este estudio y es, que tal vez sucede con el tabardillo, lo que se está observando con algunas de las enfermedades entre las que está clasificado: su noción etiológica evoluciona de manera considerable, explicándose así la dificultad de tener la del caso especial. Algunos de los microbios que se consideraban específicos no tienen carácter específico. El bacilo de Eberth no produce siempre el cuadro clínico de la fiebre tifoidea; no son la endamxba coli y el Shiga los únicos productores de las colitis di- sentéricas, y el bacilo de Pffeifer no tuvo papel patógeno en la pandemia de gripa que acaba de pasar. Ni en países extranjeros ni en México se en- contró dicho germen sino accidentalmente; mientras el neumococo, el es- treptococo y el micrococo catarralis figuraron casi siempre. Tiene razón Te- rrés cuando presume de inconstante el elemento micróbico del tabardillo, ya sean varias las razas de uno mismo o quizá varios los que se agrupen de distinto modo, en virtud de la variabilidad tan grande en las manifestacio- nes clínicas. En este mismo punto de vista se le da importancia decisiva a cualquie- ra de las múltiples causas que rigen la producción del mal, y se hacen cua- dros estadísticos basados en esa causa. Tal sucede cuando se afirma que las lluvias, aisladamente, influyen en el mayor o menor número de atabardillados del año siguiente; que la con- centración de los habitantes de una ciudad, en una parte de ella o en una sola pieza determina la aparición de enfermos en mayor escala; que la mi- seria o la suciedad de esos habitantes influyen de igual modo; como la falta de avenamiento o el avenamiento defectuoso de un poblado, o el papel tan discutido y casi desechado de algunos insectos como transmisores del ger- men patógeno, etc., etc. Sobre temas de esta especie se oyen todos los días afirmaciones las más ligeras y se leen escritos poco meditados que confirman mi aserto. No analizo ninguno de estos problemas porque Terrés lo ha hecho en sus escritos y en su "Etiología del Tabardillo", con la lógica que el asunto requiere y que él maneja tan bien. Desde el punto de vista clínico, y para dar una idea del estado de nues- tros conocimientos diré, que, el doctor Goldberger expresó la opinión en plática, de que cuando en México se tuviera una reacción para identificar 151 al tabardillo, veríamos muchos cuadros clínicos, ahora no clasificados por falta de signos, aparecer en este capítulo. Esta afirmación supone que, has- ta hoy, no colocamos en la columna estadística del mal en estudio, algunos cuadros incompletos o que simulan otros y figuran unas veces entre las in- fecciones autóctonas, otras entre las desconocidas, etc. Pero no lleguemos a esos cuadros incompletos u obscuros, de clasifica- ción dudosa; no es preciso llegar a ellos para demostrar nuestra ignoran- cia en las manifestaciones clínicas de la dolencia. ¿No vemos todos los días médicos que desconocen la curva térmica, y hablan de ascensos bruscos y de fenómenos críticos, cuando desde hace tiempo se está repitiendo que el cur- so de la fiebre es por oscilaciones ascendentes los primeros días y descenden- tes los últimos? ¿Están acordes los mismos en que la erupción tiene siem- pre los caracteres iguales? ¿No se han descrito seis o más variedades por unas personas, y por otras, dos o tres, y para considerarla característica por algunos necesita tener los atributos de la petequia, olvidando que la erupción puede no ser petequial? ¿No hemos visto creer en un diagnóstico de tabardillo porque se ha hallado tal cual manchita en los miembros superiores solamente y sin ninguno de los caracteres de la erupción? ¿No se corre el peligro de confundir la verdadera clasificación de estos adolecentes basándola en los síntomas tomados como ejemplo? Basta pen- sar que el síndromo de que se trata puede no estar constituido por sus sín- tomas frecuentes, para presumir con mayor razón un error. Es justificada la conjetura de que un tabardillo de tipo febril se desconozca, como se des- conociera otro con erupción formada de manchas congestivas, otro sin erup- ción, o el de más allá por tener ésta caracteres anómalos y aun normales. (Por quien cree que puede localizarse en la cara interna de los brazos). He tomado estos síntomas como ejemplo, porque sería largo y fuera de lugar hacerlo con todos los principales; pero a título de cita pregunto: ¿Qué se va a pensar de los pacientes con diarrea? ¿Qué de aquellos con esplenomegalia? ¿Qué de los que tienen signo de Koerning? No está en mi mente que el tabardillo sea unidad nosológica bien de- finida, pues siendo variable su expresión clínica, aun con hábito pueden pa- sar inadvertidos casos de él; más si se recuerda lo nada común entre nos- otros de leer escritos y procurar conocer lo genuino de nuestro medio. Pienso en los cuadros de morbilidad defectuosos por no estar incluidos en ellos casos de tabardillo o por figurar con él quienes no lo han tenido. No cuento en el primer supuesto las veces que el médico a ciencia y pa- ciencia no declara atender a un atabardillado. No juzgo esta circunstancia, pero por ser frecuente vale la pena de mencionarla. Que se desconocen pacientes con tabardillo, lo demuestran hechos co- mo el observado todos los días en el Hospital General de esta ciudad, adon- de llegan a pabellones indebidos, personas sujetas al examen del médico de comisaría o particular, al del médico de guardia y aun a somero del mé- dico del pabellón- Lo contrario es igualmente común: un paciente declarado con tabardillo, pasa bajo la observación del mismo número de personas y resulta con neumonía o viruela, a pesar de las exploraciones hechas en me- dio menos inadecuado del que suele haber en la policlínica; por tanto las 152 estadísticas de morbilidad hechas fuera del hospital, respetando excepcio- nes, tienen más causas de error. listo no quiere decir que la mayor parte de los enfermos clasificados como de tabardillo no lo sean, y las estadísticas hechas hasta hoy resulten del todo falsas; no, el número de errores no es mayor al de afirmaciones ciertas, ni siquiera en tal cantidad para desvirtuarlas hasta hacerlas increí- bles; significa lo antes dicho que nuestras estadísticas tienen bastantes de- fectos por corregir en bien de la verdad y de la ciencia nacional, para po- der inspirar confianza. Las estadísticas de •mortalidad están sujetas, naturalmente, a causas de error semejantes; el tanto por ciento de ellas no se conoce con precisión, por ser común que casos benignos o graves, terminados favorablemente, sean desconocidos en los registros oficiales; es decir, el número real de enfermos de tabardillo se ignora porque los médicos no los manifiestan. El número to- tal de muertes es menos inexacto, pues enfermos en condiciones de identi- ficar su padecimiento, son registrados seguramente cuando mueren aunque no lo hayan sido durante su dolencia. Dicho de otra manera: los documen- tos oficiales tienen valor distinto en la estadística, dado que en el Departa- mento de Salubridad no están registrados todos los enfermos, mientras en el Registro Civil sí lo están todos los muertos de tabardillo. El tanto por ciento de mortalidad es dudoso por esta razón aun en los hospitales. Hay más, concretándome a algo de esta ciudad: la mortalidad en los di- versos cuarteles tiene notables diferencias de uno a otro, prescindiendo de números en absoluto y refiriéndolos a la morbilidad; como si las circuns- tancias variaran tanto en la propia ciudad, al grado de que en un cuartel donde la morbilidad es baja, sea muy alta la mortalidad y, al contrario, en el que fuera alta la primera, resultara baja la segunda. Y es que los regis- tros se hacen sin anotar las particularidades de cada cuartel. Ignoro lo sucedido en otros hospitales respecto del asunto, y señalaré lo visto en el General. Se intentó hacer estadística de la exacerbación de una endemia y se encontró en el departamento respectivo cerca de cien en- fermos de tabardillo en un mes y en el siguiente sólo cuatro. Más tarde se procuró la de cuantos años se pudiera y se encontraron los documentos en tal desorden y tan faltos por consiguiente de valor, (pie los encargados de hacerla desistieron. Esto advertido ahí se repitió seguramente en otras ofi- cinas, pues en la actualidad el Gobierno del Distrito se ha propuesto hacer la estadística en esta entidad federativa. Debo anotar otro hecho, en mi concepto de importancia, para la alte- ración de los datos de que me vengo ocupando. No todos los médicos esta- ban o están conformes en la existencia del tabardillo en los niños, con todo y que aun los de teta lo padecen (caso del doctor Aniceto Ortega, referido por el doctor Terrés) ; de donde resultan niños realmente enfermos de ta- bardillo, que no figuran en la estadística. En algunos ensayos anteriores he lla- mado la atención acerca de este punto. A pesar de los motivos de error esbozados, y algunos que seguramente se me escapan, tenemos formada estadística, como antes decía con buena parte de verdad en los números; pero no la consultamos ni menos la Ínter- 153 pretamos. Conviene hacerlo no por pura especulación científica o por tener más amplia noción de la dolencia, sino porque sepamos dar a los medios profilácticos o a los curativos, su valor real, diverso si se juzgan esas esta- dísticas con ojos serenos o con ojos apasionados. Siempre sigue a una epi- demia intensa y, donde es endémico, a una gran exacerbación, un espacio de años variable en que no se repite la primera, o la segunda tiene exacer- baciones poco notables, tanto menores mientras más intensa ha sido la an- terior. Dicho espacio, en lo consultado, no ha sido menor de diez años (1905 a 1915), ni de más de diez y siete (1876 a 1893). Han concurrido en cada epidemia o en cada exacerbación, factores que no es el momento de anali- zar, pero no han sido siempre los mismos. Unas veces, refiriéndome a la ciu- dad de México, han sucedido a la penetración de tropas y después de gue- rras civiles (1861, 1876 y 1915), otras no ha habido tal causa aparente (1893 y 1905). ("Etiología del Tabardillo" y lecciones publicadas en los ' Anales de la Escuela Nacional de Medicina", por el Dr. José Terrés). Deben tenerse presentes estas nociones, para que las medidas profilác- ticas no sean perjudiciales o por lo menos costosas, y para no creer en un éxito feliz al haber tomado algunas. Tienen igualmente importancia por- que desconociendo la manera segura de prevenir el mal, debemos modesta- mente continuar su estudio, con la esperanza de poder tomar medidas con tra la mortalidad de que es víctima esta insalubre ciudad y con ella la al- tiplanicie central- Del conocimiento de los fenómenos aludidos se destaca un punto de vista de suma importancia: el referente a la terapéutica. Así como todos los métodos empleados hasta hoy fracasan durante la mayor intensidad de una epidemia o de una endemia, porque entonces la gravedad del mal es mayor, así en la época en que decrecen y con ella la intensidad de los ataques, todos los recursos producen efectos maravillosos; porque casi ningún enfermo muere y esas estadísticas brillantes las forman lo mismo el profesante al usar oro en estado coloidal o emplear suero de convalecientes, que quien pone lavativas de tlalchichinoa o en el abdomen del paciente un pichón recién abierto. El entusiasmo despertado con un recurso terapéutico debe refrenarse ante la idea de la rareza del médico que atendiendo a atabardillados, no hable encomiásticamente de tal o cual substancia (quinina, piramidón, clo- ruro de calcio, electrargol, etc.), de tal cual inyección moderna, de tal cual suero, de tal cual método; pero se presenta un caso mortal aislado, o hay mu- chos en una epidemia, y da mil explicaciones al fracaso, y, por último, no lo hace figurar en sus estadísticas con toda buena intención o por no de- formarlas. Como corolario puedo decir: en México es forzoso principiar a hacer estadística del tabardillo, pues por lo expuesto, por lo que se diga o se ha- ya dicho aquí por palabras autorizadas, hay mucho por conocer, mucho por divulgar para hallar justificado que se estimule a los médicos del país a continuar estudiando, recopilando datos clínicos, haciendo verdaderas es- i adísticas, etc., para poder decir alguna vez que la enfermedad azote de núes- 154 tro suelo y en particular de los habitantes de la Mesa Central, nos es cono- cida y le tenemos formado un capítulo nosológico. ; Uno de los medios de que podemos valernos para realizar esta idea, es verificar periódicamente una reunión de la naturaleza de la actual. Al hacer esta apreciación sobre la estadística del tabardillo creo cum- plir con deseo expreso de la Autoridad que tuvo a bien nombrarme en su representación. Propongo, para terminar, a esta honorable Asamblea, para que, si lo tiene a bien se discutan en la sesión general, estas dos ideas: la.-'Que se verifique cada dos años un congreso de tabardillo. 2a.-Que se solicite del Gobierno Federal la fundación de una oficina constituida por personas realmente idóneas, para dirigir los estudios del tabardillo en nuestro país, la cual se ha de poner en relación con la auto- ridad que sea necesario y dispondrá de los laboratorios, archivos, etc., de las otras oficinas oficiales. México, 15 de enero de 1919- 155 El problema de la etiología del tabardillo. Dr. Angel Brioso Vasconcelos. Podremos difícilmente llegar a conocer un tratamiento específico del tabardillo y a establecer las reglas de una profilaxis racional mientras ig- noremos, al grado que ignoramos boy, cuáles son los factores que lo deter- minan. La lectura de publicaciones extranjeras nos impresiona en el sentido de que el papel que desempeña el piojo blanco en la transmisión del tifo exantemático es cosa perfectamente averiguada, al grado que basta en la obra ''Mis cuatro años en Alemania", del embajador Gerard, se señala el hecho, como cosa que nadie ignora, y se atribuyen a la abundancia de tales pará- sitos las epidemias que se observaron en los campamentos destinados a los prisioneros; pero por más valor que se conceda a tales aseveraciones, lo cierto es que por lo que se refiere al tabardillo en nuestro medio, no está suficientemente demostrado que el piojo sea el vector único, ni siquiera el principal del virus, y si acaso desempeña algún papel en la diseminación de la dolencia es cosa dudosa. A más de los argumentos de peso citados en contra de la transmisión del mal por los pediculinos (1) yo puedo referir el hecho-cuyo alcance a vosotros toca justipreciar-y que yo observé, de no menos de cinco personas aseadas que encontraron piojos en su cuerpo o en sus ropas durante el invierno de 1915, en pleno recrudecimiento de la endemia, y ninguna de las cuales resultó atabardillada: una de ellas fui yo. En todo caso, toca a la experimentación el resolver este asunto. El papel patógeno atribuido al Bacillus typhi exanthematici de Plotz y Olitzky no ha resistido a la prueba del tiempo, y los estudios experimen- tales de McCoy y Neill confirman este aserto. El Dr. A. Parker Hitchens, secretario de la Society oj American Bacteriologists opina que hasta el pre- sente las pruebas que contrarían las afirmaciones de Plotz son muy conclu- yentes : así ha tenido la cortesía de manifestármelo en una carta que me ha dirigido-contestando una consulta mía y obligando con ello muy viva- mente mi gratitud. De los trabajos experimentales efectuados en México para indagar la etiología del tabardillo, merecen ser citados los de Ricketts (no concluidos por la muerte del benemérito autor), los de Gaviño y Girard (2), que com- prueban la infecciosidad de la sangre de los atabardillados, los de Tous- saint, que fueron objeto de una comunicación a la Academia Nacional de Medicina, y que demuestran que en los casos estudiados no se contrajo la 156 enfermedad por la ingestión de productos que se podrían suponer específi- camente contaminados: moco faríngeo y escamas de la piel de los tifosos; los muy interesantes de Fabela, citados en la prensa extranjera (3) y que nos enseñan que el autor no pudo comprobar en 14 casos que sometió a estudio la presencia del bacilo de Plotz en la sangre de los pacientes. Otro» investigadores han llegado a conclusiones o descubrimientos que nadie ha podido comprobar- Puede por lo tanto, afirmarse que siendo el tabardillo una enfermedad infecciosa, se desconoce el germen o gérmenes que la producen, y se sabe muy poco de las circunstancias que intervienen en su transmisión, de las que rigen la aparición de la epidemia, o de las que determinan la ende- mia y sus exacerbaciones. Es de urgente necesidad que nuestra ignorancia no continúe; y ¿qué hacer para remediar el mal? Hay dos caminos que pueden seguirse para averiguar cuáles son las causas de un padecimiento: la observación y la experimentación, las que le- jos de excluirse se complementan. La primera es larga, exige método, pa- ciencia, y sobre todo, facultades nada vulgares, en tanto que la segunda ha enriquecido a la ciencia con sus conquistas más valiosas. ¿Cuál será el camino del probable éxito? Yo sin vacilación contesto que el de la experimentación. Muchas gentes son aptas para observar, v. g., que el arco iris sólo apa- rece invariablemente en días lluviosos, y no pocas inferirán que la luz y la precipitación pluvial desempeñan papel importante en la producción del meteoro; pero pocas han sido capaces de explicar por qué el paludismo asue- la sólo las comarcas pantanosas, o a qué se debe que la fiebre amarilla sea una dolencia exclusivamente de los países tropicales; y se necesitó del genio de un Jenner para descubrir la relación de inmunidad (pie hay entre el cow-pox y la viruela, lo mismo que el de un Newton para deducir del hecho trivial de la caída de una manzana las leyes de la gravitación universal. Y es que no sólo se ha menester observar bien para descubrir las relaciones de causalidad; hay que saber inferir, de acuerdo con los cánones de la Ló- gica. Habrá, pues, que buscar las causas1 del fenómeno "tabardillo'', dando la pre- ferencia a las esenciales, ya que del conocimiento de éstas deriva a menudo el de las que son puramente ocasionales o coadyuvantes, entre los fenóme- nos que le preceden; pues es admitido (pie por causa debe entenderse el an- tecedente incondicional de un acontecimiento; y habrá que descartar las circunstancias que sean fortuitas; será preciso distinguir cuidadosamente entre lo observado y lo inferido; tendrá (pie observarse librándonos de todo prejuicio, y deberá poseer el observador un criterio científico que le permi- ta apreciar circunstancias que a primera vista parezcan sin importancia y que la tengan grande, o viceversa. Aun así, al cabo de varios años podrá no haberse alcanzado ninguna conclusión valiosa. Tal ha acontecido con la ataxia locotriz progresiva y demás dolencias que formaron el grupo de las llamadas parasifilíticas: mientras el estudio se limitó a la observación clínica, durante largos años, solamente Fournier 157 sostuvo su naturaleza luética, pues contra su opinión parecían concluyentes los hechos: numerosos casos en los que no se podía descubrir ningún antece- dente específico; el no ceder a los tratamientos habituales de la sífilis, ni poder ser identificadas por sus lesiones en el terreno anatomopatológico como sifilíticas. Empero, la tabes como la parálisis general son causadas por el Trepánenla pállidum, lo mismo que una placa, y fué necesario que Noguchi y Moore encontraran el protozoario en los centros nerviosos de las personas muertas a consecuencia de tales enfermedades, para que pu- diera' quedar esclarecido un punto tan importante de patología; las conse- cuencias terapéuticas del descubrimiento no se han hecho esperar. No han faltado médicos estudiosos y dotados de recto criterio que ha- yan abordado el problema etiológico del tabardillo, y sin embargo, poca cosa se ha logrado esclarecer. ¿Tendremos que aguardar, acaso, la aparición de un clínico genial que logre ver lo que los demás no hemos vislumbrado siquiera ? Además, la observación clínica, con recursos de suyo más limitados, no podrá llegar hasta donde alcanzan las experiencias de laboratorio. Creo que sólo la experimentación es capaz de resolver el problema- La experimentación de la transmisión de la enfermedad del hombre al hombre, que se ha efectuado tratándose de dolencias muy más graves que el tabardillo: la lepra y la fiebre amarilla, antes, y recientemente la influen- za (Nicolle) y la fiebre de las trincheras (4), por no citar otras; la deter- minación de los animales receptivos, entre los de laboratorio (estudio que se ha iniciado ya) ; la investigación minuciosa y variada por todos los me- dios de gabinete; procedimientos de coloración, ultramicroscopía, cultivos, etc., en todos los humores y tejidos del enfermo y los del cadáver reciente; en caso necesario, en todos los exudados, espontáneos o provocados, como la serosidad del vejigatorio o los abscesos de fijación, etc., hasta que se lo- gre aislar el germen, o determinar si es invisible o incultivable. No se me oculta que para la realización de un programa tan sencillo de esbozar, se ha menester de años de trabajo, de laboratorios perfectamente equipados y de técnicos adiestrados; mas la salud pública, suprema ley, así lo demanda y hay que hacerlo. Imposible ensayar la bacterioterapia (de brillantes resultados para la dotienentería) ; imposible buscar en la quimioterapia un remedio para el azote, comparable en su eficacia al salvarsán, si no se tiene el microbio ais- lado y clasificado; difícil intentar una vacunación como la antirrábica, cuan- do sólo se sabe que la sangre es infectiva; inútiles, o poco menos, las pre- cauciones que se tomen para evitar la diseminación de la enfermedad (fue- ra de la desinfección de los locales, el aislamiento de los pacientes, y la limpieza, aquélla y ése imposibles de efectuar cuando el número de los ata- cados es muy grande, y ésta, difícil de hacerse extensiva a la masa de nues- tra población, inculta y pobre) si ignoramos de dónde viene el germen y có- mo se transmite. Y la sueroterapia, ya preventiva, como la antitetánica, ya curativa, como la antidiftérica, ¿cómo practicarla sin haber aislado el mi- crobio? ¿Los trabajos de Nicolle y Blaizot (5) son decisivos? Me permito opinar que para que esta reunión sea fructífera, se requiere 158 que culmine en la creación de un instituto destinado al estudio experimental del tabardillo, y en el que al lado de pabellones para los enfermos, se en- cuentre un laboratorio de primer orden servido por médicos especializados y de aptitud reconocida, pues no basta la buena voluntad para hacerse mi- crobiólogo. Tal instituto tendrá que ser fundado y sostenido por el Estado, ya que entre nosotros son pocos los capitales y no hay el hábito de tales dona- ciones para que podamos esperarlo cuerdamente de los particulares, reco- nocidos el estado económico del momento y la poca cultura ambiente; y sería triste que una fundación de esa índole no se realizara hasta que algún filántropo norteamericano la hiciera. Pero si tal proposición no se estima realizable, habrá que recurrir a otro expediente más sencillo, aunque de re- sultados menos seguros: restablecer el premio instituido por el Ministro ue Instrucción Pública 1). Justo Sierra, para estímulo de los investigadores, propios o extraños, y recompensar a los bacteriólogos que lograran éxito en la empresa con una suma no menor de 25,000 dólares para quien llegue a realizar el descubrimiento, y en cantidades en relación con aquélla para premiar a sus colaboradores. Y si ni aun esto se juzga hacedero, deberá por lo menos procurarse por el Congreso que se prepare y experimente en la más amplia escala posible el suero antiexantemático de Nicolle y Blaizot, (pie es hasta el presente la medicación que más promete, y que no ha sido ensayada en el país, al menos que sepa yo. Creo que no debemos separarnos de esta Asamblea sin haber tomado alguna resolución que nos acredite de prácticos. ¡ Sería muy penoso que des- pués siguiéramos contando por toda arma eficaz con el aceite alcanforado! Posible es que fundado el instituto para el estudio del tabardillo, a la postre sucediera con esta enfermedad lo que acontece con la neumonía, por ejemplo, cuyo germen es conocido, y cuya terapéutica parece no haber ade- lantado ; cierto que los recursos humanos son limitados, pero eso no nos autoriza a cruzarnos de brazos con fatalismo musulmán ante nuestras pla- gas, y por otra parte, los estudios recientes llevados a cabo en el Instituto Rockefeller demuestran que nuestros conocimientos sobre la biología del mi- crobio de Talamon-Fraenkel eran muy más incompletos de lo que sospechá- bamos, y que cuando se perfeccionen podrán conducirnos a fructuosos re- sultados en el tratamiento de tan mortífero padecimiento. La tuberculosis nos presenta otro ejemplo de una dolencia cuya bac- teria se conoce y cultiva y cuya terapéutica no es todavía específica; pero a más de que en lo porvenir las cosas pueden cambiar, la profilaxis de la enfermedad ha adelantado muchísimo: bastará citar el hecho que ya he refe- rido en la tan modesta publicación que dirijo (6), de que durante veinti- cinco años no se ha observado un sólo caso de contagio entre las enfermeras que asisten a los asilados del Sanatorio de las Hermanas de la Misericor- dia de la ciudad de Nueva York. Las consideraciones que he apuntado me han sido sugeridas por la lec- tura de un artículo crítico de Terrés (7) en el cual se patentiza la sobra de ilogismos que se han cometido cuando se escribe sobre la etiología del 159 tabardillo y el caos que reina en los espíritus a propósito del asunto. Cuan- do escuché las discusiones a que dió lugar el tratamiento de nuestra temi- da fiebre petequial en el seno del V Congreso Médico Nacional, me convencí del desacuerdo que hay entre los profesantes de igual reputación sobre el particular y me pareció que ninguna de las medicaciones que se proponen sirve para mayor cosa- Es urgente que esta situación no continúe y con el fin de contribuir a que cambie, he escrito estas líneas a las que pongo punto final no sin el te- mor grave de haber cometido faltas lógicas semejantes a las que censuro. México, 5a. de Tacuba, 78, diciembre de 1918. BIBLIOGRAFÍA. 1.-"Revista Médica''.-Puebla, 1918, N? 1, p. 16. 2.-Bulletin de l'Institdte Pasteur.- París, 1912, p. 127. 3.-Jour. Am. Med. Assn.-Chicago, Vol. 71, p. 1782. 4.-Ibid.-Vol. 71, p. 2090. 5.-Annales de l'Institute Pasteur.-París, 1916, T. III, p. 446. 6.- "Página Medica" del diario "El Universal".-México. 7.- "Revista Médica", Puebla, 1918. N9 2, p. 25. 161 Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo. Dr. Santiago Ramírez, Estos renglones han sido escritos con la mejor voluntad del mundo, y sin embargo, me cabe la certeza amarga de que ellos no traerán ninguna luz, nin- gún dato de valor en el asunto tan estudiado, meditado y complejo del tabar- dillo, en cualquiera de sus puntos de mira. La etiología del tabardillo se bosqueja, y gracias a los esfuerzos merití- simos del eminente clínico mexicano doctor Terrés, tenemos puntos de estudio, de observación y de partida en este embrollado asunto. Empírica y ciega la terapéutica del síndromo, tendrá (pie serlo acaso, has- ta que la etiología y patogénesis sean mejor y más científicamente conocidas; digo científicamente, pues no es raro escuchar a médicos más o menos cultos, atribuir al tabardillo causas etiológicas no seguras, ni siquiera probables, y partiendo de estos datos, seguramente falsos, establecer su terapéutica, (pie si a las veces no daña, otras sí, y de modo lamentable. Está y hace algún tiempo más, de moda la creencia de (pie el piquete del piojo del cuerpo es el (pie vehicula el germen del tabardillo, como el anofeles el del paludismo o la pulga el de la peste bubónica. Una demostración lógica a tal afirmación, entiendo que hasta la fecha no se ha dado, y los casos pocos o muy numerosos en que un piojo haya sido encontrado en las ropas de un ata- bardillado, no prueba la idea, pues a muchos individuos se les pueden encon- trar estos parásitos sin tener la dolencia, y a otros, con neumonía o difteria, pueden hallárseles piojos en sus ropas y no por eso concluir que tales dolen- cias son producidas por el piquete de esos parásitos. Los autores europeos, al hablar de la etiología del typhus exantemático y del typhus fever, nos traen en cuenta la hambre, las aglomeraciones, el desaseo, los enfriamientos. Para ellos, tales causas, son poderosas para desarrollar la dolencia. En las lecciones clínicas de Graves, en la nota que su traductor, el doctor Jaccoud, trae, se lee lo (pie sigue: "El 22 de febrero de 1861, un bergantín de guerra, egipcio, el Sheah-Gehald, llegó a Liverpool, procedente de Alejandría, La travesía fué larga: los pasajeros, en número de trescientos, habían sido mal alimentados y peor vestidos. Ochenta estaban enfermos al llegar al puerto. Después de una semana, seis marineros habían muerto de disentería; no ha- bía typhus a bordo. Durante los días 26 y 27 de febrero se trasladaron al Southern Hospital treinta enfermos, casi todos árabes y abisinios. Casi todos tenían disentería o diarrea de mal carácter; otros padecían afecciones torá- cicas. Todos se encontraban en un estado de suciedad imposible de describir; exhalaban un olor infecto : nada semejante se había visto desde la época de los 162 faraones. En esta época no había un solo caso de typhus en el Southern Hos- pital ; poco tiempo después de la llegada de estos hombres, el jefe de internos tuvo la dolencia; el segundo interno que estaba ausente por enfermedad, vol- vió apresuradamente para curar a su colega y bien pronto tuvo el typhus; lo tuvo asimismo un clérigo que visitó por esos días el hospital; en fin, el estu- diante de medicina al que se le encargaron las funciones del interno, dos en- fermeros, dos porteros y nueve enfermos contrajeron la enfermedad. El día en <pie se verificó el translado de los enfermos del barco al hospital, se tomaron medidas para bañar a los sanos. Del 26 de febrero al lo. de marzo, más de dos- cientos individuos fueron enviados al baño de Paul Street. Ahí se admiraron de la penuria de estos hombres; su cuerpo estaba cubierto de parásitos y en ese lugar, también el typhus, fué lo que a su paso dejaron. El 2 de marzo un empleado de los baños enfermó y a la siguiente semana, lo atrapó el jefe del establecimiento y también lo tuvo una de las encargadas... Hasta este mo- mento (2 de abril) hemos tenido en Liverpool, veinticuatro casos evidentes de typhus, atribuidos a los pasajeros del barco*'. Es de advertir que solamente un empleado de farmacia, de los ingleses (pie venían en el barco, tuvo tifo. Como se ve por esta nota y por los comentarios que de ella hace el doctor Irvine (Med. Times and (luz, 20 de abril, 1861) los hambrientos del barco tu- vieron disentería y diarrea de mal carácter. pero no fueron aquejados de tifo, a pesar de (pie el número de ellos era de trescientos. El comentador cree (pie esos árabes y abisinios, llevaron el contagio a los ingleses de Liverpool y a pe- sar de eso, ellos, los hambrientos y sucios no tuvieron sino diarreas y disen- tería, es decir, dolencias (pie sí están perfectamente de acuerdo con la mala alimentación y el estado de penuria de los individuos. Se ve también (pie el tifo lo atraparon personas (pie probablemente no pa- decían hambre: el interno, el segundo interno, el empleado de baños y jefe del establecimiento, el estudiante de medicina y otros que acaso pero tampoco es probable lo hayan padecido: enfermeros, porteros y nm> empleada del baño. (través y Cork, al referirse al tifo en Irlanda, el año de 1847, en que la epidemia fué verdaderamente desastrosa, opinan «pie la endemia tornóse en epidemia, debido principalmente a la acumulación, aglomeración de indivi- duos y a la falta de aeración. Los informes oficiales del citado año, hablan de aglomeración, enfriamientos, mala alimentación y. en una palabra, condicio- nes pésimas de higiene. En sus conclusiones sobre la epidemia de 1847. (través, juicioso siempre y gran observador, nos dice entre otras cosas, textualmente, esto; "La ham- bre puede coincidir con la epidemia". Si (través hubiera creído (pie la hambre tenía papel de primera importan- cia. no hubiera llegado a esta conclusión: hubiera dicho tal vez (pie la ham- bre favorecía las epidemias; (pie su papel era manifiesto; nos afirma que ella coincide con la epidemia (del citado año) ; y en nuestro país, acaso, la con- clusión del clínico europeo pueda aplicarse también a nuestro tabardillo. En su octava lección sobre el typhus fever, Graves, con una sinceridad de verdadero hombre sabio, nos dice: "Por lo (pie a mí toca, hace ya mucho tiem- po que he renunciado a la esperanza de enunciar una teoría satisfactoria so- bre el typhus. En consecuencia me limito a estudiar con cuidado los síntomas, 163 me contento con observar la asociación y sucesión de los fenómenos morbosos, y de darme exacta cuenta de la acción de los medicamentos sobre su evolución". Ojalá fueran estas frases patrimonio de muchos de nuestros médicos. En efecto, médicos tenemos, (pie sin haber ahondado el tabardillo, sin haber teni- do (pie ver mucho (ni poco) con él, sin meditaciones y sólo guiados por lo (pie han leído en extranjeros libros, sueltan teorías (pie quieren aparecer como ver- dades perfectamente conquistadas. En tan delicado asunto como es el de la etiología del tabardillo, necesaria es una dosis grande de conocimientos lógicos para aplicarlos en nuestras infe- rencias, y conveniente valorar todos y cada uno de nuestros esfuerzos, sin prejuicios, con la más imparcial conducta para llegar siquiera a avanzar un paso. Los métodos lógicos son y serán los únicos (pie nos lleven a la deseada meta, y por eso el más completo de nuestros médicos, en sus trabajos sobre el tabardillo, en sus lecciones clínicas sobre la dolencia, nos hace recordar los preceptos lógicos, mediante los cuales ha llegado a investigar maravillosamen- te el papel de las lluvias en el síndrome. Los datos, las observaciones, las indagaciones (pie ha verificado, son insu- ficientes para llegar a concluir cuál es el exacto, el verdadero papel de la ham- bre en la génesis de nuestro tabardillo. Presento a la consideración de ustedes algunos datos incompletos, pero (pie para el concretísimo asunto del hambre, me han parecido de alguna utilidad. Algunos son estadísticos. Poca fe tengo a las estadísticas en México por multitud de circunstancias, y la principal es (pie hay, por regla general, fal- sedad en los datos, falsedad en los diagnósticos y muy poca disciplina y total ignorancia en esta clase de trabajos, (pie llevados de una manera correcta, son valiosísimos para establecer útiles conclusiones eminentemente prácticas. Mi primer pensamiento al comenzar a escribir este trabajo fué el siguien- te: voy a procurar ver los muertos de los sumamente pobres, es decir, de los (pie tienen más dificultades para la vida, para la alimentación, en la ciudad. Ver los muertos mensuales, por sexos, inquirir las causas principales de de- función; anotar los que fallecieron por tabardillo y los (pie de él enfermaron, y así, poder intentar, sólo intentar una conclusión. Sabemos que la clase más pobre, los miserables más grandes, al morir, tienen sus familiares (pie recurrir a las comisarías para (pie se les expida el certificado de defunción. Al reconocer estos cadáveres se admira uno de ver las condiciones en que estas gentes vivieron : pocilgas sin luz, sin ventilación, pequeñas, llenas de humo; durmiendo en ellas multitud de personas y basta animales. Otras veces, es una vecindad infecta, sin comunes ni caños, ni sol, ni aire. No es raro (pie el muerto sea envuelto en mísero petate y depositado en la "gaveta"; en ocasiones, sobre el tórax del cadáver, ponen una cazuela para recoger centavos y poder comprarle una caja de madera blanca, emba- durnada de chapopote. Entre esta gente he tomado mis datos estadísticos, y creo (pie es la más a propósito para investigar la génesis de la hambre en el tabardillo. Tomé el (plinto cuartel de la ciudad de México, pues es el más conocido para mí por haberle recorrido casa por casa en la epidemia de 1915 a 1916. 164 De fuentes oficiales he tomado los datos que constan en los cuadros que acom- pañan este trabajo. Estos cuadros, como podrá verse, son anuales; en ellos consta el número de muertos, adultos, mensualmente, separados por sexos; la mortalidad por enfermedades del aparato digestivo, la mortalidad por tabardillo, la mortali- dad por hambre y, por último, la proporción por ciento de atabardillados y de enfermos del aparato digestivo con relación a la mortalidad total; por fin, y esto me parece malo, pero lo he hecho, ya diré por qué: pongo el tanto por ciento de mortalidad y morbilidad de tabardillo, con relación a la morta- lidad general. Por imposibilidad de tomar datos de muchos años, me he dedicado sólo a hacer gráficas y cuadros de los años de 1913, 1914, 1915, 1919 y 1917. De mis personales observaciones poco o nada tengo que mencionar; si po- co valor doy a la estadística, menor aún concedo a mis observaciones, pues mi total incompetencia hace que ellas sean poquísimo dignas de tomarse en consi- deración; sin embargo, un grano de arena, por pequeñín que sea, algo aumenta. De poco me han servido los datos del Departamento de Salubridad, pues son generales, es decir, corresponden a los muertos por tabardillo en cada cuartel; pero se ignora la clase social y los recursos de esos individuos; sin embargo, para apreciaciones generales me han servido. En los lugares en donde la dolencia es endémica y en los que hay gran- des epidemias, es tal vez donde mejor puede estudiarse con fruto todo lo relativo a ella. Por eso creo que las causas etiológicas que a la dolencia dan los autores franceses, no son hijas de la personal observación (en algunos ca- sos tal vez sí) sino se han tomado de lo que sobre el particular han escrito los clínicos, principalmente de Irlanda. Jaccoud atribuye papel casi exclusivo a la aglomeración, la miseria, el desaseo. Dieulafoy, en los pocos renglones que le consagra, se hace partidario de esta opinión, y sabemos que Grisolle exclamaba que el tifo desaparecería cuando se hicieran palpables los progresos de la civilización y por la sola volun- tad del hombre. Me he puesto a meditar en este hecho: ¿la transformación de las ende- mias de tabardillo en epidemias, depende del factor individuo, del factor ger- men (admitiendo sea microbiano) o del factor atmosférico? Si el individuo, menguando su resistencia, opusiera menos dificultad a la invasión, cualquiera época sería propicia para el desarrollo epidémico. Si las privaciones, la miseria, el hambre, etc., se hacían sentir en enero, pongamos por caso, entonces consecutivamente, poco después estallaría la epidemia. ¿Su- cede esto? Probablemente no. El aumento de tabardillo en las diversas epide- mias ha coincidido con la disminución de las lluvias, y después de la época de éstas, minoradas, se ha presentado. Las condiciones atmosféricas y de lugar son las (pie parecen tener franca influencia en el tabardillo. Si el hambre sola o con otros factores de debilitación individual, fueran poderosos en altitudes de menos de 1,800 metros, tendríamos tabardillo, pues en el Distrito Federal, como en lugares a 500, 200 o menos metros, hay gran- de penuria. El año de 1913 llegó a Guaymas, por el mes de julio, un barco con fuer- 165 zas federales de las llamadas por aquella época "reemplazos". Las condicio- nes de estos soldados, casi eran como las (pie Jaccoud nos dice del bergantín egipcio que en 61 llegó a Liverpool. Se alojaron en la cárcel de Guaymas. La miseria, la aglomeración, la suciedad, los vicios, reinaban. No se dió un solo caso de tabardillo y en cambio, la tuberculosis se llevó a muchos de estos in- felices. Aquí, inconcusamente, el hambre existía, pero la altitud es desfavora- ble y no hubo tabardillo. ¿De qué manera obran lluvias y altitud? Me sería imposible decirlo. Es- pero <pie algún día este doble papel etiológico de consideración sea puesto en claro. Habiendo carencia de lluvias y altitud de más de 1,800 metros, las con- diciones para las epidemias de tabardillo son inmejorables. ¿En estas circuns- tancias se presenta la dolencia con más intensidad en los hambrientos? En mi concepto, no, y si éstos lo padecen, también aqueja a los hogares en don- de la higiene, la alimentación irreprochable y hasta la comodidad existen. Lo que sí se ve de una manera clara en las estadísticas que he sacado y que aparecen en mis cuadros, es que las enfermedades .leí aparato digestivo aumentan de una manera notable cuando la penuria existe. Saliéndome del asunto del tabardillo diré que la tuberculosis de los pul- mones, las diarreas y enteritis de niños de menos de dos años y los partos prematuros, se han visto en las épocas de hambre. El hecho lo he comproba- do en los libros en donde se consignan las defunciones en las secciones mé- dicas de comisarías. Voy a presentar algunas someras observaciones respecto de la influen- cia de la hambre en la génesis del tabardillo; observaciones en las (pie otros factores de debilitación tales como desaseo, falta de ventilación, humedad, frío intenso, aglomeración, etc., no han existido. En el mes de noviembre de 1915 fui llamado, en compañía de otros médi- cos, para atender a los soldados atabardillados (pie por docenas llegaban al Lazareto de San Joaquín, en Tacuba. Al llegar a este sitio, amplísimo pero perfectamente inadecuado para su objeto, me encontré con cerca de cuatrocientos hombres, soldados en su ma- yoría, atacados de tabardillo. Mejor dicho, había cerca de cuatrocientos hom- bres con diagnostico de tabardillo. Yo, al encargarme de dos inmensos salo- nes pude cerciorarme de (pie tenía ciento veinte tifosos. tomo fundado a la carrera dicho lazareto, sin presupuestos, sin organiza- ción, sin talento, sin elementos, el espectáculo era de los más desagradables. Aquellos individuos con sus ropas piltrafientas, sucias, caían en el suelo de los salones, y hasta que comenzaron a llegar malas camas con colchones de paja, durmieron en pleno suelo. La alimentación del personal de enfermeras, afanadoras, ambulantes, la- vanderas, etc., era precaria, enteramente insuficiente en cantidad y en cali- dad. Los empleados se quejaban de los alimentos por pésimos y confesaban (pie teman hambre. El mísero sueldo que ganaban, en papel, era insignificante y no podían con él mejorar sus condiciones. Cuando se formo una brigada para ir a combatir la epidemia en Zacate- cas, casi todas las enfermeras quisieron irse, pues esperaban mejorar de ali- mentación y de sueldo con la salida. 166 Recuerdo perfectamente que entre enfermeras, afanadoras, ambulantes, lavanderas, cocineras, etc., había setenta plazas poco más o menos. (Poste- riormente aumentaron a cerca de cien). La amplitud del local permitía a este personal dormir sin ninguna aglo- meración. Las enfermeras y afanadoras, si no eran un modelo de aseo, sí pue- do decir que estaban lo suficientemente limpias. El contacto con los enfermos era directísimo y por bastantes horas diarias. De suerte (pie entre las causas de debilitación, la más aparente, la real, la que se palpaba de una manera franca, era la falta de nutrición; había ham- bre entre el personal. No diré que se encontraban famélicos, pero sí que dos horas después del desayuno deseaban comer y eso lo verificaban a las cinco horas, tan precariamente, que de haber hecho un cálculo de calorías por cabe- za, hubiera sido desfavorable completamente. Sin embargo de esto, del 15 de noviembre de 1915 al 15 de enero de 191 (i. sólo cayeron enfermos de tabardillo dos enfermeras, una afanadora, un am- bulante y la cocinera. Entre 70 personas, manejando enfermos u objetos en íntimo contacto con ellos, durante dos meses, sólo hubo cinco atabardilladas y entre éstas, la (pie creo con algún fundamento que tenía mejor alimentos a su disposición: la cocinera. De la fecha citada en primer lugar al mes de marzo en el citado lazare- to, contrajeron el tifo las siguientes personas: Dr. Guillén España. Murió. Dr. Ruiz. Murió. Dr. Venegas. Murió. Dr. Gareaga. Lo padeció por segunda vez. Era el Director. Sanó, pero tuvo una parotiditis supurada como complicación. Dr. Jiménez. Sanó. Practicante Sorcini. Sanó. Practicante Sampedro. Sanó. Practicante Reyes Avilez. Con lesión mitral. Sanó. Entre estas personas ninguno se puede decir «pie padecía hambre; muy al contrario, los practicantes Sorcini y Sampedro comían con exceso. Después de dos años de estar yo entre atabardillados, en contacto íntimo, experimentando en ellos, contraje el tabardillo y afortunadamente no me ha aquejado hambre: satisfago mi polifagia de diabético. En mi concepto se le ha dado un papel etiológico bastante considerable al hambre; pienso que es debido a (pie este estado circunscribe otros muchos y de capital importancia para la debilitación general del individuo. En efecto, el (pie padece hambre, casi siempre vive en locales sin ventila- ción. en grandes aglomeraciones, expuesto a enfriamientos, sin bañarse, etc. Indudablemente que en la mayoría de los casos es muy difícil, si no im- posible. eliminar las causas todas menos el hambre, para ver la influencia su- ya en el síndrome; sin embargo y por especiales circunstancias en el caso que vengo estudiando, la aglomeración, los enfriamientos, mojadas, etc., se han eliminado casi en las observaciones del personal del lazareto. Admito como una verdad conquistada que las aglomeraciones, la falta 167 de higiene personal y pública, la falta de avenamiento de ciertas casas, la miseria, tienen capital importancia en la morbilidad y mortalidad en general. Un hecho digno de tenerse en cuenta es el siguiente: la casa número 23 de la Rinconada de la Estrella, es la (pie mayor número de casos de muerte en general ha dado de hace tres años a la fecha. Es una inmensa vecindad. Co- mo ésta, en tamaño, hay muchísimas en el «plinto cuartel de la ciudad. Tiene tres enormes patios. Pero creo (pie el contingente grande de mortalidad (pie da, es debido principalmente a las especiales condiciones de sus habitantes y de la casa en sí. Ahí no existe el más ligero asomo de higiene ni en los ha- bitantes ni en las habitaciones. Unos y otras son detestables. La he visitado varias veces: aguas estancadas y fétidas, olores pestilenciales, ropas inmun- das por todos lados, cuartos lúgubres, pequeños, sin ventilación, en donde duermen cinco o seis personas, hacen tortillas y guisan con leña. Esta casa, que alberga muy probablemente unas quinientas personas, sin contar niños, ha tenido sin embargo, un contingente de tabardillo relativamente corto (al rededor de cinco en tres años). Cuando nos visitó la epidemia de 1915 a 1916, fui nombrado jefe de ins- pección de la faja comprendida entre las calles de Guerrero y Héroes; esta faja se cierra por el lado sur, por parte de la Avenida de los Hombres Ilus- tres y -Jardín de San Fernando y por el norte se pierde en la triste y abando- nadísima barriada de San Simón. La tarea inspectora, en compañía de otros médicos, duró tres meses, y la impresión general que entonces tuve, contra mis creencias, fué de que la gente verdaderamente hambrienta, enfermaba poco de tabardillo. El que co- nozca las casuchas infelices de San Simón y Nonoalco, verá que no exagero al considerarlas como el ámpula rectal de la colonia de Guerrero; sin embar- go poco tabardillo encontré y encontraron los otros médicos. Esta observación se la hacía yo al doctor -José L. Amor, y él me refería que en la zona (pie visitaba, acontecía una cosa semejante; en los avisos dia- rios (pie rendía yo al jefe de la llamada campaña contra el tifo, doctor Pru neda, iban nombres de empleados particulares o federales, de tenderos espa- ñoles, de vendedores de mercancías en Martínez de la Torre, y pocas veces de los miserables sin oficio ni beneficio (vagos, alcohólicos, ladrones, mendigos), (pie vivían en las pocilgas más infelices. Cito este hecho para que dé alguna luz a investigadores de mañana. Si el hambre y su corte de otros factores, tales como aglomeraciones, des- nudez, desaseo, etc., fueran de primera importancia en la génesis del síndro- mo, cabe preguntar el motivo por el (pie ataca con la misma o mayor facilidad a las personas ricas, acomodadas o (pie al menos tienen un modo honesto de vivir. Ignoro mucho de lo (pie pase en oirás poblaciones respecto a la endemia y epidemia de tabardillo; pero en la ciudad de México se ha visto claro (pie el cuartel de la ciudad menos poblado, más sano, con habitantes acomodados, es el «pie mayor contingente de tabardillo ha dado. En apariencia no es así, pues vemos «pie hay relativamente pocos muertos y enfermos de tifo en el cuar- tel octavo y muchísimos en el segundo; pero esto es debido a la población de uno y de otro. Si hacemos el censo de una manzana de las colonias Roma. Juárez, San Rafael, etc., vemos (pie el total de habitantes es menor en esa manzana, (pie el que da una sola vecindad del segundo cuartel por ejemplo. 168 He dicho anteriormente que en la casa número 23 de la Rinconada de la Estrella hay tres enormes patios; medio borrados se ven los números de los cuartos y hay más de noventa en cada uno de aquellos: probablemente hay tantos habitantes como en toda una manzana de la colonia Roma incluyendo criados de ella. En la Avenida de los Hombres Ilustres existe otra vecindad enorme: electricistas, empeñeros, sastres, hojalateros, vendedores ambulantes, tortilleras, empleados íntimos de comisarías, gendarmes, etc., etc., son sus ha- bitantes. El total de (dios no es hiperbólico calcularlo en trescientos indivi- duos; número que tendrán muy probablemente dos o tres manzanas de la co- lonia de San Rafael. Sin embargo de esta notabilísima diferencia en modo de vivir, de recur- sos, de higiene, etc., etc., vemos por las estadísticas, «pie el tabardillo sienta sus reales más y mejor entre estas personas «pie entre aquéllas, de la más ba- ja clase social y «pie muy probablemente, por no decir seguramente, tienen ma yores necesidades no satisfechas y sobre todo la referente a alimentación. He interrogado al practicante de medicina Joel Luevano, respecto a la epidemia de Zacatecas de 1915 a 1916 y me ha dicho que si bien es verdad que el tabardillo atacó a multitud «le miserables, también fué funestísima para las clases acomodadas: «pie sin asegurarlo, cree «pie en éstas fué mayor Ja dolencia. Estos hechos no niegan el papel «leí hambre en lo absoluto, claro está, pe- ro lo catalogan pudiera decir, entre las causas muy secundarias «le la dolencia. ¿Acaso, el tabardillo, al atacar a un hambriento encuentra menos resis- tencias y la dolencia toma caracteres más graves? No podría afirmarlo «le una manera lógica ni negarlo, pero a prior-i, opino que no es más grave la do- lencia en los más pobres y hambrientos «pie en los alimentados conveniente- mente y hasta con exceso. Creo «pie la gravedad «le la dolencia obedece a otros muchos factores, sien- do en mi concepto los principales, las lesiones cardíacas, las lesiones hepáticas, la edad «le los pacientes, las fatigas cerebrales desordenadas (maníacos, etc.) Entre un atabardillado hambriento, simplemente hambriento y uno rico, «pie se haya nutrido perfectamente, pero «pie sea alcohólico crónico, mitral, tenga más de sesenta años, casi es seguro que el segundo morirá y tal vez el primero logre salvar de su dolencia aun cuando posteriormente quede pro- pensísimo a tuberculoso, a atrapar una neumonía mortal, etc. En los años que llevo «le ser médico de tifosos, he comprobado esto de una manera bastante clara: soldados viejos, ateromatosos, alcohólicos con- suetudinarios, paludosos, cardíacos, mueren casi siempre cuando Jos ataca el tabardillo: soldados jóvenes, aún no viciados mucho, pero flacos y mal nutri- dos, resisten la dolencia, y en ocasiones hasta franca y rápida es la convale- cencia de ellos. Hace poco tiempo llegaron al Lazareto de TI al pan dos oficiales «leí mismo cuerpo, atacados de tabardillo: el del primero era grave, forma ataxoadiná- mica, pulso incontable; el del segundo revestía forma relativamente benigna; sin embargo, éste, portador de una lesión mitral sucumbió, mientras el prime- ro sanó de su fuerte dolencia. Trabajos «le investigación como éste necesitan multitml de requisitos de los que desgraciadamente no he podido disponer en los actuales momentos; 169 pero, que con el tiempo y ya enteramente circunscrito el asunto, podrán lle- varse a cabo de una manera menos imperfecta que la que actualmente presento. Las estadísticas particulares, las oficiales, son indiscutiblemente de gran- de importancia y por eso, yo, las he tomado muy en consideración aun cuando no las crea ni con mucho, medianas, sino malas, pues en ellas he debido ate- nerme a las personas excesivamente pobres, sin saber si en ellas, otros impor- tantes factores aparte del hambre han tenido que ver en el asunto. Cuando comencé a escribir estos renglones (septiembre de 1918) tuve de- seos de investigar el tabardillo en los mendigos, para consignar los hechos. En compañía del practicante Tapia, de la quinta comisaría, emprendí la investigación. De la cuerda de mendigos llevados a la comisaría (tengo entendido que para darle alimentación en la excárcel de Belem) por gendarmes y agentes especiales, pudimos anotar los siguientes, en estado verdaderamente lamen- table de miseria, desaseo, porquería : Hombres 197 Mujeres 54 Niños hasta de 13 años 27 Suma 278 Descontando niños 27 Quedan 251 mendigos Unos duermen, comen, evacúan el intestino y la vejiga en la calle (men- diga de la Avenida de los Hombres Ilustres, junto a la Librería Religiosa) ; otros duermen en Jos jardines públicos (Alameda, Jardín Concepción Cuevas), los Angeles, etc) ; otros en pocilgas inmundas de la barriada de San Simón. La alimentación de estos individuos es precaria : despojos recogidos en los mer- cados y calles, sobras de alimentos en pequeña cantidad, fríos, revueltos en un bote de hojalata; intestinos de res, fritos en unto ("nenepil'') ; los menos comen tortillas duras y desayunan hojas de naranjo o una infusión inmunda de café con aguardiente. Tienen fobia por los baños. Muchos con viejas úlce- ras infectadísimas, otros hemipléjicos, otros tuberculosos del intestino o los pulmones. Pues bien, de esta flor y nata de la mendicidad citadina, he aquí el resul- tado en cuanto a tabardillo: Mujeres 3 Hombres 11 Suma 34 atabardillados. De las tres mujeres con tabardillo, dos lo tuvieron en México, una en To- luca. De los once hombres, tres en Zacatecas, seis en México, dos en Pachuca. Se ve, pues, que la proporción de tabardillo, en estos infelices, es verda- deramente corta: llega solamente al 5.577%. Durante la epidemia de tabardillo de 1915 a 1916, tuve ocasión de asis- tir bastantes enfermos tanto en la ciudad de México como en la muni- 170 cipalidad de Atzcapotzalco. De mi libro particular de enfermos he entre- sacado los asistidos por mí en Atzcapotzalco; probablemente atendí por lo ba- jo un 50% de ellos, pues a más de haber algún otro médico titulado, abundan los merolicos homeópatas, los merolicos boticarios y los merolicos «pie no son ni una ni otra cosa y (pie también recetan. Por la lista (pie acompaño a estas líneas, se podrá ver: el nombre (en iniciales naturalmente), la edad de los pacientes, su profesión u ocupación principal, la causa que esos mismos individuos atribuyeron a su dolencia y si murieron o sanaron, así como algunas de las complicaciones que sobrevinie- ron al síndrome. Se ve (pie, con excepción del enfermo número 17 y de la enferma 14, (pie no tenían sino sueldo miserable, los demás no padecían hambre. Se ve también que las causas principales a las (pie atribuyen el tabardi- llo son: sustos y depresiones morales (enfermos 2, 3, 9, 11, 14, 16, 26). Recor- demos que el doctor Terrés en su "Etiología del Tabardillo" atribuye papel no despreciable a los sustos y al miedo a tener la dolencia, y cita casos. En- friamientos y mojadas (enfermos 1, 4. 9, 12, 15, 16, 21, 23 i. Asoleadas (enfer- mos 5, 12, 18, 22). Indigestión (enfermos 6, S, 10, 11, 20). Contagio (enfermos. 7, 24, 28). Piquetes de piojo (enfermo 25). Nótese (pie de estos enfermos sólo tres creyeron haberse contagiado y uno por piquete de piojo. A las mojadas les doy una importancia insignificante: en México casi to- do el mundo se moja, se enfría (falta de cultura) y si vemos a un entérico, a un leproso, a un blenorrágico, no es difícil que atribuya la causa de su do- lencia a mojadas. Un destacamento compuesto de ciento cincuenta soldados faltos de habe- res, flacos, (pie robaban mazorcas y quedaban a deber en todas partes, estuvo en Atzcapotzalco, en el segundo trimestre de 1916 y casi ninguno de sus indi- viduos tuvo tabardillo; en cambio, se me dice, la tuberculosis imperaba, y los niños hijos de soldados, con viruela, sarampión, etc., vivían en los portales, y en mecates puestos de pilastra a pilastra se tendían las ropas mal, muy mal lavadas de estas personas. Algunas epidemias de tabardillo han coincidido, es verdad, con hambre general: entrada de las fuerzas de González Ortega, del señor general Díaz, de Carranza; pero al lado del hambre, veíamos multitud de factores de gran importancia: desaseo absoluto (personal y de dominio público), fatigas gran- des, asoleadas y enfriamientos, aglomeración increíble, trastornos digestivos enormes, alcoholismo manifiesto. Permanencia en lugares húmedosgran parte del día; enfriamientos y moja- das. Mitral. Depresiones morales, enfria- miento. Régimen alimenticio sumamente hi- giénico y nutritivo. Penetran ladro- nes en su establo: dos días después pró- dromos febriles que son epifaníadeta- bardillo. Muchacha pobre pero no mal nutrida. Viajó a pie, de paseo; mojada. 1 A. M. 2 E. M. 3 M. P. 4 M. S. R. Propietario. Vaquero. Hermana del anterior. Trabaja en su casa. Vaquero. Escribiente con un abogado. 28 años. 22 „ 34 ., 19 .. Sanó. Sanó. Sanó. Sanó. 171 5 J N. Cobrador de una jar- „„ - Exceso de trabajo, cóleras y asolea- ciería importante. ' ' das. Sanó. 6L. D. V. Propietaria. 60 „ Exceso de alimentación. Murió. _ R Empleado del Gobier- r- Alcohólico. Cree haber atrapado el ta- 4 no. '' bardillo por contagio. Sanó. „ „ . , . Atribuyesutabardilloalhabertoma- 8 F. T. V. Mujer de vaquero rico. ¿o pa^o en ja noche y después agua. Sanó. .. Fue perseguido por un toro y cayó en 9 J. P. Hijo de lamilla acomo- „ una zanja. Dos días después se inició la dolencia. Sanó. Reumático viejo. Afecto a las bebidas alcohólicas y a los excesos de mesa. jQ p I Empleado en fábrica _ Después de una desvelada enfermó. Su de velas. ° •' dolencia fue severa. Flebitis pierna iz- quierda y parotiditis derecha supura- da. Sanó. " Indigestión y susto. Sanó. 12 «* " ico y uiciiZciir?y. i i • i J des hemorragias nasales. Sanó. Constipada tenaz. Buena y sana ali- 13 G. R. Propietaria. 31 ,, mentación. Atribuye su tabardillo a haber tomado agua cuando sudaba. Sanó. A pesar de ser profesora no tenía ham- 14 M. G. Profesora. 38 bre' pues 8U m.adre Fana " con su comercio de frutas. Atribuye el tabardillo a disgustos. Sanó. Arterioescleroso. Atribuye su tifo a 15 A. S. Propietario. G9 ,. mojadas. Visto en compañía del doc- tor Limón Seguí, su sobrino. Murió. 1fi W P Mujer de un dueño de Susto y acostarse con el cabello mo- lienda. * " jado. Sanó. 17 L. A. Empleado postal. 26 Pleuritis antes del tabardillo. Este in* r v " dividuo acaso padeció hambres. Sanó. 18 N. L. Panadero. 18 M Asoleadas. Sanó. Alcohólico. Gran gastrónomo. Atri- 20 A. L. Alemán. 43 , buye su tabardillo a las condiciones ' " pésimas de los establos de cerca de su casa. Sanó. „ rn Introductor de gana- „ Fatigas y enfriamiento. Visto al prin- do. " cipio de su tabardillo. Sanó. 22 A. T. Italiano. Rico. 31 ., Insolación. Sanó. 23 A. M. Empleada Ericsson. 25 ., Mojadas. Después del tifo pleuritis se- ca. Sanó. 24 E. M. Hija de familia. 20 ., Cree que por contagio de la anterior. Sanó. 25 R. M. Profesante. 37 ., Lo atribuye a piquete de piojo. Vida sumamente higiénica. Ningún vicio. Desde el principio forma grave. Murió. ne m m Procedente de Guerrero; en plena epi- 2b 1.1. Abogado. ó ,, demia tenía un miedo terrible al tifo. Sanó. Visto en junta con los DD. León Mar- 27 A. N. Militar. 62 ,, tínez y Rafael López. Posición desaho- gada. Murió. Cree haberse contagiado. Alcohólico. 28 V. P. Acróbata. 36 ,, Alimentación sana y abundante. Muiió. 172 Los datos que lie reunido con intención de apoyar mi tesis, me han cos- tado algún trabajo, pues lie procurado expurgarlos de todas las causas de error que he podido; sin embargo, comprendo perfectamente que son imper- fectos. Además, el número de años para llevar a cabo el trabajo, es comple- tamente insuficiente, l'aso por alto mencionar el procedimiento (pie he se- guido para hacerlos menos imperfectos; y algunas veces me ha desilusionado ver que en donde las estadísticas podrían llevarse con cierta exactitud, hay errores bastante notables: así, por ejemplo, el mes de noviembre de 1916, la sección médica de la quinta comisaría, expidió tres certificados de defun- ción con diagnóstico de "Inanición"; pues bien, en los datos estadísticos del Consejo, en el propio mes y en el quinto cuartel de la ciudad, sólo se con- signan dos muertos por inanición, debiendo ser, como se comprende, por lo bajo, tres. Si examinamos la gráfica de los años de 1915 a 1916, notamos (pie en el quinto cuartel de la ciudad de México, hubo en 1915 noventa y nueve defun- ciones más por dolencias digestivas que en 1916; cuarenta y cinco muertos, más de inanición (pie en 1916; y en cambio, la faja azul, de mortalidad y mor- bilidad por tabardillo, es mucho menor en 1915 que en 1916: menos de la mi- tad de tabardillo en el primero de esos años. Cabe preguntarse si lo que esa gráfica enseña está de acuerdo con los he- chos: en mi concepto, sí está. Las condiciones pecuniarias en 1915 fueron más difíciles (pie en 1916. La alimentación en el primero de Igs años citados fue mucho más deficiente. Las verdolagas, quintoniles y otras hierbas fueron de gran consumo. Se escribió algo sobre "la hidropesía epidémica de México" por los doctores Francisco Miranda, E. Lauda y M. Torroella. l'ues bien, como se ve, a pesar de eso, hubo mucho más tabardillo en 1916 que en 1915. Los datos de 1915 del Consejo no existen por desgracia para tener más «cua- dros y gráficas. Si examinamos las gráficas y cuadros correspondientes a los años de 1917 y 1918, vemos que hubo más casos de la dolencia en el primero que en el segundo, no obstante que las condiciones de vida cada día se iban ponien- do más y más difíciles: la carencia de lo más indispensable para la vida, en 1918, se ha hecho notar. El precio de los artículos de primera necesidad ha aumentado notablemente, sobre todo el alimento de la mayoría de la clase pobre: maíz y frijol. El precio del maíz en los ocho primeros meses del año de 1918 ha oscilado entre treinta y dos y cuarenta centavos el cuartillo. Los huevos han tenido un valor hasta de catorce centavos, y la leche de buena calidad ha valido de veinticinco a treinta y dos centavos el litro. Si vemos que un soldado gana un peso dieciocho centavos diarios, un peón un peso veinticinco, un albañil dos o dos cincuenta, un camillero un peso, una enfermera uno a dos; un maestro de escuela dos o tres; si pensa- mos en que esos emolumentos son pagados con marcada irregularidad; si no- tamos que muchos de estos individuos tienen dos o tres personas de familia (algunos mucho más), comprenderemos que la ración alimenticia tiene que ser necesariamente precaria. Sin embargo, a pesar de esta debilitación no se ha visto que el tabardi- llo aumente o siente sus reales en esta clase de personas. 173 En cambio, si observamos las diversas gráficas y cuadros que acompañan estas líneas, notamos en todas este hecho: aumento de mortalidad, aumento de proporción de defunciones por dolencias gastrointestinales. Es digno de te- nerse en consideración este hecho. Si miramos el cuadro sintético de los años de 1913 a 1917, nos admi- ramos de (pie el tanto por ciento de defunciones por enfermedades digestivas, con respecto a la mortalidad general, en personas sumamente pobres, sea de: 22.81%, 26.73%, 37.76%, 33.687o y 22.59%, respectivamente; es decir, (pie de la tercera a la cuarta parte de las defunciones es por dolencias intesti- nales; y téngase en cuenta que no se consideran entre estas dolencias, aque- llas que parece (pie no tienen (pie ver mucho con la defectuosa, antihigiénica, precaria alimentación (cáncer del aparato digestivo, abscesos del hígado, pe- ritonitis, apendicitis, etc.). En plena epidemia de tabardillo, en 1916, el tanto por ciento por esta do- lencia, con relación a la mortalidad general, entre personas sumamente po- bres, fué de 10.62% solamente. Y yo (pie he vivido observando a esta gente paupérrima, que he ido a ins- peccionar cadáveres para extender los certificados respectivos, me he admira- do verdaderamente de las condiciones en que viven multitud de gentes en nuestras clases pobre y media. Algunas vecindades de México, como he dicho antes, pecan contra todos los preceptos de la más insignificante y rudimental higiene, y al saber cuál fué la alimentación de los que fallecían, no sabe uno realmente si el hambre haya acabado con ellos. Los médicos hemos visto muchos cuadros dolorosos de miseria, sobre to- do en estas épocas de vertiginoso retroceso. Conozco familias de marido y mu- jer y cuatro hijos, obligados a vivir con un sueldo de cuatro pesos diarios, que tienen verdadera hambre, que han pasado por las epidemias de tabardillo y no han contraído la dolencia. Existía en Atzcapotzalco una viuda de un profesor de escuela, que tenía siete hijos (dos hombres y cinco mujeres) ; dos de ellas trabajaban y sus suel- dos sumados daban sesenta y cinco pesos mensuales; a ninguna de las ocho personas le había dado tifo; la madre, con motivo de la epidemia de 1915 a 1916y para tener algo más de dinero, velaba atabardillados; hízolo después una de las hijas y durante algo más de tres meses de desveladas, hambres, contac- to con tifosos, no tuvieron la dolencia. He interrogado a multitud de médicos respecto al papel genésico de la hambre en el tabardillo y, en tesis general, le dan papel secundario. Después de tan ligerísimos apuntes, ojalá que pudiera yo llegar a una conclusión (pie fuera satisfactoria: no creo en ella. Investigaciones nuevas, llevadas a cabo por mí, (pie nada valgo, por otras personas de más valer y por verdaderos investigadores y sabios, orientarán este punto hacia su verdadero sendero y llegarán a una conclusión netamente científica. Yo, por lo (pie he observado, por los datos que he recogido, por lo (pie me han informado, puedo, temerosamente, llegar en este asunto oscuro, difícil, complejo y enorme, a la conclusión siguiente: 174 El hambre, con exclusión de otros factores de debilitación orgánica, es excesivamente rara. Por regla general, el hambre se asocia a trastornos gastrointestinales severos, por la ingestión de sustancias tóxicas, con un coeficiente de nutrición nulo o casi nulo (sangre en descomposición, frutas podridas, cáscaras, yerbas, etc). No es raro que el pueblo hambriento, al tener unos centavos, prefiera, en vez de medio nutrirse, tomar pulque o aguardientes de ínfima clase. El hambriento, con raras excepciones, se encuentra expuesto a cambios bruscos de temperatura, enfriamientos intensos, está sucio, haraposo, con piojos, vive en casuchas completamente antihigiénicas o en las plazuelas, alamedas, paseos públicos, atrios de templos, etc. En tales condiciones es sumamente difícil precisar, de-una manera siquie- ra aproximada, el papel genésico del hambre en nuestro tabardillo. El hecho de que algunas epidemias de tabardillo hayan coincidido con escasez manifiesta de víveres y de recursos monetarios para adquirirlos, no autoriza a afirmar que el papel del hambre sea preponderante. Los pocos datos (pie he mencionado en estas líneas, sin tener las cualida- des de una estadística y sí muchas de sus deficiencias, hacen ver, sin embargo, el muy secundario papel del hambre en la génesis del tabardillo. El hambre, deprimiendo marcadamente la moral de los individuos me- dianamente cultos, agrega ese factor depresivo y sí puede tener entonces in- fluencia en el desarrollo de la dolencia. La mayor parte de los atabardillados (pie he asistido en la clientela par- ticular, han sido individuos bien nutridos, sencillamente nutridos. Los barrios más pobres de la municipalidad de Atzcapotzalco (tales como San Miguel, Santa María, San Marcos) durante la epidemia de 1915 a 191G (asi han ignorado lo (pie es tabardillo. Cuando las condiciones de altitud y anteriores atmosféricas, son poco propicias para el desarrollo del tabardillo, a pesar del hambre, no se desarro- lla la dolencia y sí aparecen otras. Como final, me aventuro a decir: el hambre, debilitando el organismo, menguando las combustiones y quemando las reservas, predispone a otras dolencias que a su vez, son sumandos para (pie el tabardillo encuentre un lugar de menor resistencia para invadir y desarrollarse. Por último, en el tabardillo, como en cualquiera otra dolencia, nunca de- ben entrar en cuenta las simpatías o antipatías personales por tal o cual idea, pues de esta suerte se obra enteramente fuera de la Lógica, y a veces, los inexpertos, se encaminan por senderos totalmente falsos o notoriamente em- píricos. Debo, muy sincera y encarecidamente, presentar al honorable Congreso del Tabardillo, mi excusa por haberme permitido traer este trabajo, muy ma- lo y deficiente; pero la buena voluntad, la sinceridad lo acompañan y además, el mandato de un hombre superior me ha hecho obrar así. México, octubre de 1918. 175 AÑO DE 1913. Cuadro que muestra el número de muertos (adultos) sumamente pobres en el quinto cuar- tel de la ciudad de México, con anotación de enfermedades gastrointestinales y tabardillo. (De inanición no hubo ningún muerto, según los registros respectivos). Meses Muertos Total Enferm. del ap. digestivo Tabardillo Promedio de aparato digestivo Promedio de tabardillo H. M. Enero 22 16 38 9 0 23.68% Febrero 19 19 38 8 0 21.05% Marzo 22 16 38 5 0 13.15% Abril 16 15 31 5 2 16.12% 6.77% Mayo 21 16 37 9 1 24.32% 2.70% Junio 24 17 41 9 1 21.95% 2.43% Julio 19 11 30 6 o 20.00% Agosto 20 15 35 9 0 25.71% Septiembre 15 14 29 7 0 24.13% Octubre 23 22 45 14 0 31.11% Noviembre 13 20 33 8 1 24.24% 3.03%; Diciembre 23 16 39 10 1 25.64%; 2.56% Sumas... 237 197 434 99 K 22.81% 1.38% (6.68%) El reproche justo que se le puede hacer a este cuadro es el siguiente: algunos atabardilla- dos que vivían en el quinto cuartel, pasaron al hospital y ahí pudieron haber muerto, y por o mismo no se consideran en esta estadística. A esta observación respondo: durante el año de 1913, fueron remitidos al hospital por conducto de la quinta comisaría, 23 atabardillados. Sumando esta cifra a 6 muertos, da 29. (Para el caso, se trate de mortalidad o de morbili- dad, da igual.) Muy probablemente este cuadro peca por errores; por ejemplo: enfermos de tabardillo que ni hayan pasado al hospital, ni hayan muerto, y los que no figuran en la lista; pero mala y todo, puede dar alguna luz sobre el asunto, objeto del trabajo. Nota.-El promedio de 6.68%, señalado con cifras negras, indica el tanto por ciento de mortalidad y morbilidad de tabardillo (29) respecto al número total de muertos. 176 AÑO DE 1914. Cuadro que muestra el número de muertos (adultos) sumamente pobres en el quinto cuar- tel de la ciudad de México, con anotación de afecciones gastrointestinales y tabardillo. (No se registraron defunciones por inanición, según los registros). Meses Muertos Total Enferm. del ap. digestivo Tabardillo Promedio de aparato digestivo Promedio de tabardillo H. M. Enero 18 20 33 9 0 23.68% Febrero 17 17 34 6 0 17.64% Marzo 17 15 32 10 0 31.25% Abril 18 11 29 9 2 31.03% 6.89%. Mayo 24 11 35 5 0 14.28% Junio 21 11 32 7 0 21.87% Julio 13 20 33 11 0 33.33% Agosto 10 23 39 11 0 28.20% Septiembre 21 22 43 12 1 27.91% 2.32%, Octubre 16 10 26 6 0 27.07% Noviembre 12 15 27 7 0 25 92% Diciembre 14 22 36 15 1 41.66% 2.77% Sumas . 207 197 404 108 4 26.73% 0.99% (4.20%) Nota.-En los meses de junio y diciembre se registraron algunos casos de muerte por vi- ruela. Además de las cuatro defunciones por tabardillo, se remitieron al hospital 13 enfer- mos sumamente pobres, lo que da un total de 17. El promedio señalado con cifras negras indica el tanto por ciento de mortalidad y morbilidad reunidas, con respecto a la mortalidad general. 177 AÑO DE 1915. Cuadro que muestra el número de muertos, sumamente pobres, en el quinto cuartel de la ciudad de México, de afecciones gastrointestinales, tabardillo e inanición. Meses Muertos Total Eníerm. del ap, digestivo Inani- ción Tabardillo Promedio de aparato digestivo Promedio de tabardillo H. M. Enero 16 11 27 7 0 0 25.92% Febrero 21 20 41 6 0 0 14.63% Marzo 19 19 38 12 0 0 31.57% Abril 23 14 37 8 0 0 21.62% Mayo 18 32 50 16 0 1 32.00% 2.00% Junio 17 25 42 17 0 1 40.41% 2.38% Julio 24 31 55 27 3 0 49.09% Agosto 58 37 95 34 22 0 35.78% Septiembre 63 68 131 49 10 0 37.40% Octubre 71 69 140 57 11 0 40.71% Noviembre 57 48 105 53 2 2 50.47% 1.90% Diciembre 42 47 89 35 1 5 39.21% 5.61% Sumas... 429 421 850 321 49 9 37.76% 1.05% (4.11%) El reproche justo que se le puede hacer a este cuadro es el siguiente: algunos atabardi- llados que vivían en el quinto cuartel pasaron al hospital y ahí pudieron haber muerto, y por lo mismo no se consideran en esta estadística. A esta observación justa respondo: durante el año de 1915 fueron remitidos al hospi- tal, por conducto de la comisaría, 26 enfermos de tabardillo. Sumando 26 a 9 muertos, tene- mos un total de 35 atabardillados. (Para el caso, morbilidad o mortalidad tienen la misma significación, pues se estudia la hambre en la génesis del tabardillo). Muy probablemente este cuadro peca por errores; por ejemplo: enfermos de tabardillo que no hayan pasado al hospital y no hayan muerto y los cuales naturalmente no figuran en lista; pero, malo y todo, puede dar alguna luz sobre el asunto, objeto del trabajo. Nota.-El promedio de 4.11% impreso con cifras negras indica el tanto por ciento de atabardillados, considerando los que pasaron al hospital; es decir, mortalidad y pase al hos- pital (muertos o no). 178 AÑO DE 1916. Cuadro que muestra el número de muertos, sumamente pobres, adultos, en el quinto cuar- tel de la ciudad de México, con especificación de las enfermedades gastrointestinales, tabardi- llo e inanición. Meses Muertos Total Enferm. del ap. digestivo Inani- ción Tabardillo Promedio de aparato digestivo Promedio de tabardillo H. M. Enero 27 38 65 16 1 4 24.61% 6.15% Febrero 20 28 48 13 - 3 27.08% 6.25% Marzo 21 20 41 13 - 3 31.70% 7.31% Abril 16 26 42 19 - 1 45.23% 2.38% Mayo 11 11 25 6 - 1 24.00% 4.00% Junio 16 19 35 13 - - 37.14% - Julio 23 27 50 21 - - 42.00% - Agosto 33 38 71 26 - - 36.61% - Septiembre 10 33 73 32 - 5 43.83% 6.84%, Octubre 36 41 77 28 - 2 36.36% 2.59% Noviembre 38 45 83 17 3 2 20.48% 2.40% Diciembre 21 28 49 18 - - 36.73% - Sumas... 302 357 659 222 4 21 33.68% 3.18% (10.71%) El reproche justo que se le puede hacer a este cuadro es el siguiente: algunos atabardilla- dos que vivían en el quinto cuartel de la ciudad, pasaron al hospital y ahí pudieron haber muerto (o sanado) y por lo mismo no se consideran en esta estadística. A esta observación respondo: durante el año de 1916 fueron remitidos al hospital, por conducto de la comisaría, 49 atabardillados. Sumando esta cifra a 21 resultan 70. (Para el caso, se trate de mortalidad o de morbilidad, es igual). Muy seguramente este cuadro peca por errores; por ejemplo: enfermos de tabardillo que ni hayan pasado al hospital ni hayan muerto, y los que no figuran en lista: pero mala y todo, puede dar alguna luz sobre el asunto, objeto del trabajo. Nota.-El promedio impreso con cifras negras es el tanto por ciento de atabardillados,en conjunto; es decir, mortalidad y morbilidad. 179 AÑO DE 1917. Meses Muertos Total Muertos por ap. digestivo Muertos por Tabardillo Promedio de aparato digestivo Promedio de tabardillo H, M. Enero 26 24 50 9 1 18.00% 2.00% Febrero 16 17 33 1 0 3.33% Marzo 13 19 32 4 0 12.50% Abril 15 18 33 9 0 27.27% Mayo 17 13 30 12 1 40-00% 3.03% Junio 12 13 25 7 0 28.00% Julio 9 10 19 5 0 26-31% Agosto 10 12 22 6 0 27.27% Septiembre 22 18 40 14 0 35.00% Octubre 18 12 30 8 0 26-66% Noviembre 17 18 35 4 1 11-42% 2.85% Diciembre 24 12 36 7 0 19.44% Sumas... 199 186 385 ' 86 3 22.59% 0.77% (3.63%) Nota.-Además de los tres muertos por tabardillo se remitieron 11 enfermos de esta do- lencia; lo que da un total de 14. Las cifras negras indican el tanto por ciento de morta- lidad general. Ignoro por qué en el mes de febrero solamente se consigne un muerto por enfer- medad gastrointestinal en 33 defunciones. 180 A^íO DE 1916. Meses Mortalidad por tabardillo Morbilidad por tabardillo Mortalidad por diarrea y enteritis (2 años y más) y disentería Tanto por ciento de mor- talidad de tabardillo res- pecto a la mortalidad ge- neral. Enero 488 2001 389 18.16% Febrero 275 2250 280 14.20% Marzo 167 1534 248 8.08% Abril 113 1066 275 7.03% Mayo 72 681 307 4.23% Junio 76 454 342 4.43% Julio 82 463 439 4.78% Agosto 86 568 554 4.05% Septiembre 125 837 658 5.69% Octubre 165 1216 562 7.18% Noviembre 96 1008 463 4.44% Diciembre 85 911 371 4.42% Nota.-En la página 53 del "Boletín del Consejo de Salubridad'', en el informe rendido por el médico encargado de la "Campaña contra el Tifo", se dice que el curso de la epidemia en el mes de febrero de 1916, fué de 2528 casos (primera semana 712, segunda 685, tercera 543, cuarta 588), y en el propio boletín, en los datos del oficial de estadística, de la propia ofi- cina, se asienta que el número de casos en el propio febrero fué de 2250. Como se ve, existe una diferencia bastante notable. Me he guiado por los datos del Oficial de Estadística. 181 AÑO DE 1917. Meses Mortalidad por tifo Morbilidad por tifo Mortalidad por dia- rrea y enteritis (2 años y más) y disenteria Tanto por 100 de mor- talidad de tifo, res- pecto ala mortalidad general Enero 81 604 302 4.10% La mortalidad Febrero 70 423 204 4.44% anual por ta- bardillo, res- Marzo 60 387 191 3,74%. pecto a la ge- Abril 58 318 203 4.05% neral, fue de Mayo 38 373 242 2.43% 2,441. Junio 23 378 202 1.68% Julio 17 389 256 1.23% Agosto 22 319 320 1.41% Septiembre 21 321 341 1-37% Octubre 27 358 280 1.70% Noviembre 27 255 261 1.85% Diciembre 18 282 180 1.30%. AÑO DE 1918. Enero 14 233 145 0.94% Febrero 14 171 136 1.15% Marzo 9 131 177 0.61% Abril 13 121 261 0.65% Mayo 17 102 331 0.73% Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Dr. Santiago Ramírez. Lámina XXIX. Línea exterior: mortalidad general.-Línea interior: mortalidad por enfermedades di- gestivas.-Esta gráfica corresponde al año de 1913. Estudió y construyó Santiago Ramírez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Lámina XXX. Dr. Santiago Ramírez. Línea exterior: mortalidad general.-Línea interior: mortalidad por enfermedades di. gestivas.-Esta gráfica corresponde al cuadro de 1914. Estudió y construyó Santiago Ramírez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo''. Lámina XXXII. Dr. Santiago Ramírez. Línea exterior: mortalidad general.-Línea interior, mortalidad por enfermedades di- gestivas.-Esta gráfica corresponde al cuadro de 1916. Estudicí y construyó Santiago Ramírez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Lámina XXXIII. Dr. Santiago Ramírez. Línea exterior: mortalidad general.-Línea interior: mortalidad por enfermedades di- gestivas.-Esta gráfica corresponde al cuadro de 1917. Estudió y construyó Santiago Ramírez. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Dr. Santiago Ramírez. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. Lámina XXXIV. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. ''Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Dr. Santiago Ramírez. Lámina XXXV. La fajas estriadas: tanto por ciento de morbilidad y mortalidad de tabardillo con rela- ción a mortalidad general.-Las fajas negras: muertos por inanición.-Las líneas quebradas: por aparato digestivo.-Nótense dos hechos: l9 Desproporción entre mortalidad por inani- ción y mortalidad y morbilidad por tabardillo. 29 Proporción entre inanición y muertos por aparato digestivo. Estudió y construyó Santiago Ramírez. "Papel etiológico de la hambre sn la génesis del tabardillo". Dr. Santiago Ramírez. Escala: 50 individuos por centímetro lineal 1.-Mortalidad por tabardillo. 2.-Morbilidad por tabardillo. 3.-Mortalidad por diarrea y enteritis (2 años y más) y disenteria Año de 1916 Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. Lámina XXXVI. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. "Papel etiológico de la hambre en la génesis del tabardillo". Lámina XXXVII. Dr. Santiago Ramírez. Año de 1917-Escala; 50 individuos por centímetro lineal. 1.-Mortalidad por tabardillo. 2.-Morbilidad por tabardillo. 3.-Mortalidad por diarrea y enteritis (2 años y más) y disenteria. 183 Consideraciones sobre la importancia del piojo blanco en el tabardillo I)r. Agustín Reza. €011 motivo del próximo congreso mexicano (pie lleva como asunto prin- cipal investigar la causa del tabardillo, su profilaxis y tratamiento, el dis- tinguido doctor don José Terrés se sirvió invitarme, solicitando de mí, por dedicarme al estudio de la Zoología, dijera algo relativo a la biología del piojo blanco, parásito del hombre, a quien algunos médicos acusan como el medio obligado de transmisión del tifo exantemático o tabardillo. Obsequiando los deseos del doctor Terrés y por el beneficio que nos re- sulta con esclarecer la verdad en asunto tan importante, paso a exponer an- te esta docta y respetable Asamblea, mi humilde opinión sobre el asunto. Me ocuparé del tabardillo en el siguiente orden : lo. Su causa probable. 2o. Dificultades para transmitir el tabardillo al conejo, cuy, rata y mo- nos. 3o. ¿Es el piojo blanco (Pedículus vestiinenti) el intermedio obligado para propagar el tabardillo? 4o. Reflexiones sobre lo estudiado. 5o. Profilaxis del tabardillo. lo. Causa probable del tipo exantemático o tabardillo.-Está ya fue- ra de duda, por las múltiples y profundas observaciones de los especialistas como Murchison, Gestin, Thoinot, Taylor Ricketts, etc., que el contagio por el enfermo es el origen de propagación del tabardillo y (pie se transmite tam- bién por las ropas, piojos y habitaciones contaminadas. Observaciones y experiencias bien logradas han establecido que el aire, el agua y los insectos alados, no son su vehículo. Las agrupaciones humanas debilitadas por el cansancio, mala alimenta- ción y desaseo, son las más diezmadas. La distribución geográfica, sin distinción de temperatura, presión y hu- medad, sigue implacablemente el territorio recorrido por los atacados. El aislamiento y la higiene, son eficaces profilácticos. La desinfección impide su propagación. Su evolución es cíclica. La sangre es el tejido en que las modificaciones patológicas están más acentuadas, como lo prueba el notable aumento de glóbulos blancos mono- nucleares, extravasaciones petequiales y epistaxis, viniendo en segundo lu- gar las excitaciones o depresiones nerviosas, manifestadas por las formas clí- nicas y las congestiones epiteliales. Pacientes investigaciones microscópicas en la sangre de los enfermos no 184 acusan como origen del mal ni al estreptobacilo de Hlava, ni al microorga- nismo hallado por Thoinet y Calmette, ni tampoco está probado que la bac- teria de tinte bipolar de Taylor Ricketts sea su causa. Sin embargo, los hechos que acabo de enumerar, acusan sin duda a un microorganismo o a su diastasa, desarrollada muy probablemente sobre la piel humana, cuando las condiciones lo permiten, y que penetrando hasta la sangre, produce el tabardillo. 2o. Dificultades de transmisión del tabardillo.-Thoinot y Calmette no han podido hallar en la sangre un germen patógeno que produzca el ta- bardillo, ni inocular con éxito sangre de tifosos al conejo, cuy, rata y palo- ma; este hecho ayuda a sostener como causa, un germen que exige para su evolución condiciones y medio semejantes a los hallados en el hombre. Howard Taylor Ricketts, de grata memoria, colocado en terreno más propicio, logró inocular con sangre humana tomada entre el séptimo y el octavo día del tabardillo, al mono Macacus rheus y también lo inoculó de un macaco a otro de la misma especie, y por último, con un buen número de piojos, diecisiete a ochenta, hechos papilla en unión de sus excrementos, pro- duce el padecimiento por incisiones cutáneas inoculando al mono de la espe- cie ya citada. 3o. El piojo blanco como vehículo de transmisión del tabardillo.-El piojo blanco, Pedículus vestimenta, ha sido acusado como medio necesario pa- ra transmitir el tabardillo. Diré algo de su estudio zoológico y biológico, considerado en relación con el papel que le atribuyen algunos en la transmisión del tabardillo. El Pedículus vestimenti, de unos 3 112 milímetros de longitud total, por 1 1|2 milímetros en su mayor anchura y en su mayor desarrollo, tiene la forma de un ovoide pediculado, alargado y deprimido; de color dominante blanco sucio y con una mancha rojo obscura en el abdomen, debida a la san- gre chupada. Las proporciones en el adulto, de la cabeza, tórax y abdomen visibles, son: 1/9 -|- 3/9 -|- 5/9 de la longitud total. Los bordes de los anillos abdominales son dentados. En la cabeza presenta de notable su boca chupa- dora, formada por un tubo protráctil con borde terminal provisto de doble hilera de ganchos, que encierra otro tubo córneo formado de cuatro cerdas perforantes. El tórax carece de alas y lleva tres pares de patas medianamente desarrolladas, pero notables, particularmente el par anterior por formar pin- zas prénsiles. El abdomen voluminoso lleva los estigmas más desarrollados y en su extremidad posterior es escotado en las hembras y arredondado en los machos. Pertenece a los insectos ápteros, parásitos del hombre, orden hemíptero, familia pedicúlidos. Abundan más las hembras que los machos. La liendre o huevo del piojo, de 3/4 de milímetro, es ovoide, pediculada, de color blanco amarillento; se halla en grupitos de cinco a quince, pegada en los pliegues de la ropa interior. De ella salen a luz al sexto día los piojitos ya. formados porque carece de metamorfosis. Este piojito crecerá hasta el tamaño ya dicho del adulto, después de varias mudas, para estar a los dieciocho días de na- cido, apto para la fecundación. La hembra pone unos cincuenta huevos cada seis días, y una pareja en 185 buenas condiciones, se calcula que reproduce 18,000 hijos en dos meses (1). El piojo vive unos tres meses. Biología.-El pedículus vestimenti es propio sólo del hombre; en él encuentra su medio normal y óptimo en temperatura, alimentación, obscuri- dad, abrigo y condiciones reproductoras. El piojo busca temperatura superior a 20° C. e inferior a 40°. Perece pronto con el frío y huye de él. La sangre humana es su alimento normal; si le falta por cinco días, muere. (2). Huye de la luz, y su sitio predilecto son los pliegues de las costuras de la ropa interior en el cuello, hombros y cintu- ra. Su condición óptima de reproducción, está en la ropa pegada al cuerpo por más largo tiempo. De las condiciones biológicas del piojo que acabo de sintetizar, se dedu- ce que a los seis días ha muerto con seguridad por falta de alimento, y si ro- pas o habitaciones son abandonadas por el hombre con tabardillo y vuelve un hombre sano a usarlas pasados siete días y se contagia, no es el piojo por su piquete quien lo inoculó sino el contacto de los cuerpos contaminados. Motivos inminentes de contagio: el escozor del piquete del piojo obliga a rascar y escoriar frecuentemente la piel, favoreciendo con esto la oportu- nidad de un contagio. Los dedos al rascar, frotan piojos llevados en íntimo contacto con la piel, recogen lo que encuentran en su superficie y lo siembran en piel esco- riada. Se deduce por lo dicho, que el piojo favorece la transmisión del tabar- dillo por su contacto, pero que no es su intermedio obligado. Si el miscroscopio en manos expertas, aún no define un microbio espe- cífico del tabardillo en la sangre, el bazo o algún otro órgano; si los medios de cultivo hasta hoy ensayados no han favorecido la multiplicación de un germen a quien acusar, queda amplio campóla las suposiciones e investigacio- nes. 4o. Reflexiones basadas en lo que llevo dicho.-El período cíclico del tabardillo; la inmunidad temporal o permanente de los ya atacados; el con- tacto obligado directo o indirecto del enfermo para su propagación, son to- das las razones de peso que acusan con certeza como origen del mal a un mi- croorganismo. El microorganismo que produce el tabardillo en la especie humana, si respeta más o menos a las demás especies animales, prueba que el medio hom- bre es el medio óptimo y en el que debe hallarse. Nótese que el desaseo de la piel y del vestido es el factor universalmente acusado para que haga explosión el tabardillo, el que después se propaga por contacto directo o indirecto por objetos o animales contaminados. Recordemos que la vida de cada especie organizada exige medio apropia- do. ¿Por qué no suponer con muchas probabilidades de verdad que la piel humana con su calor, humedad, secreción sudorípara y sebácea, despojos cu- táneos, etc., sea el medio propicio del desarrollo del microbio patógeno del (1) Observaciones de Swenhvek, aceptadas por el entomologista Guiart 1918. (2) Este hecho me consta personalmente. 186 tabardillo? Así me inclino a creerlo. Es racional, por consiguiente, ensayar un medio semejante de cultivo. Si el Pedículus vestí mentí es capaz de contagiar el tabardillo, es porque su cuerpo está en íntimo contacto con la piel (í) y su piquete provoca esco- riaciones y frotamientos propicios para inocularlo. Debe considerarse por esto al piojo como un coadyuvante del contagio, pero no como un individuo cuya presencia es necesaria para que evolucione. Profilaxis del tabardillo.-Continuad con más ardor en la busca del microorganismo que origina el tabardillo y así lograréis con más probabili- dades hallarlo a él y a su específico, y mientras tanto, me honro en proponer a esta docta Asamblea los preceptos profilácticos siguientes, en consonancia con mi opinión y en parte por el éxito obtenido a mi juicio, con su aplica- ción, en la práctica personal: A. Obligúese al médico a que tan luego como diagnostique "tabardillo", aísle al enfermo y al personal que lo atienda, y si no puede lograrlo, que no se liaga cargo del enfermo. B. Aséese la piel del atacado con fricciones apropiadas, lo mismo que la del personal. O. Desinféctese con agua hirviente y si es posible a dos atmósferas, ca- da tercer día, cuanta ropa del enfermo o del personal se juzgue contaminada. D. Destruyanse los piojos y liendres del enfermo y del personal por to- dos los medios conocidos. E. A los encargados de colegios, cuarteles, hospitales y cárceles, pénese- les severamente si no avisan con oportunidad los casos de tabardillo. F. A los soldados, sobre todo en campana debe exigírseles ablución dia- ria con agua y aseo siquiera semanariamente de ropa interior. G. Procúrese por cuantos medios se pueda, el establecimiento gratuito o a precio ínfimo para el pueblo, de baños, lavaderos y calderas de agua ca- lentada a presión y secadoras rápidas, para desinfección. IT. Fúndense hospitales modelos para contagiosos. Que mi pobre contingente os sea útil en algo, son mis sinceros deseos. (1) Diecisiete a ochenta piojos necesitó Taylor Ricketts para legrar inocular al mono .Vamicws rheus. 187 ¿Son los piojos I05 únicos agentes de la propagación del tabardillo? Dr. Horacio Rubio. Tenía, cuando acepté la honrosa invitación que me filé hecha por la Co- misión Organizadora del Congreso Nacional del Tabardillo, para tratar en esta reunión el tema: "Juicio crítico pormenorizado acerca de alguna o va- rias afirmaciones sobre el papel causal de algún microbio especial, u otras causas, en la génesis de la enfermedad"; tenía, repito, como actualmente, la convicción de que el trabajo es superior a mis fuerzas, y como consecuencia, será deficiente; mas me impulsó a aceptarlo la consideración de que, aun cuando sea con un grano de arena, todos tenemos obligación de contribuir dentro de nuestros alcances a la formación de la ciencia nacional. Sirva esta explicación, ante vuestra benevolencia, como una atenuante para la osadía de haber aceptado una labor que exige tamaños muy superiores a los que po- seo. El asunto es muy amplio, y he tomado de él una parte de las que son más importantes en la actualidad, porque sirve de base en dondequiera para hacer la profilaxis del tifo. Así, pues, el tema (pie procuraré desarrollar es el siguiente: ¿Son los piojos los únicos agentes de la propagación del tabar- dillo? Ninguna de las ideas que expongo en este modesto trabajo es nueva: to- das ellas han sido vertidas ya de una manera brillante por médicos conspi- cuos, mejicanos y extranjeros. Sólo daré a conocer algunos hechos nuevos, adquiridos por observación personal, (pie pueden prestar ayuda para susten tar determinadas ideas. Las investigaciones de carácter experimental hechas por Nicolle, Comp- te y Conseil, y después por Anderson y Goldberger, Ricketts y Wilder, Ga- viño y Girard, indican (pie se puede transmitir una infección del hombre al mono, y de un mono a otro, haciendo (pie piojos (pie han picado a un ata- bardillado piquen a un mono sano, o que después de haber picado a un si- mio infectado de esta manera, piquen a otro sano. La infección de los monos puede ser producida también por inyección intravenosa o intraperitoneal de sangre de tifoso, y por inoculación subcutánea de una emulsión hecha por trituración de piojos blancos o negros. Se ha demostrado (pie no sólo los pio- jos (pie han picado a un tifoso o a un mono infectado transmiten la infección, sino (pie también son aptos para producirla los hijos de los piojos infectados. A pesar de las diferencias (pie existen entre el tifo humano y la infección producida en los simios, tales experiencias han sido interpretadas por sus autores y por un gran número de médicos del mundo, en el sentido de que los piojos blancos y negros son los agentes propagadores del tifo, y forman 188 el pedestal sobre el cual descansa actualmente la profilaxis del tifo exante- mático europeo y del tabardillo mejicano. Se ha encontrado, además, que los piojos infectados sólo son peligrosos del quinto al séptimo día de su infección, y que los monos infectados por los piojos de tifoso quedan inmunes, al menos temporalmente, contra una nueva inoculación. Las experiencias del mismo orden que han sido practicadas con pulgas y chinches, han dado resultados negativos. En Méjico, el señor doctor José I. Saloma ha hecho experiencias de trans- misión del tifo de un enfermo a otro, haciendo que el primero sea picado por piojos blancos varias veces, y que después éstos piquen a personas sanas, no inmunes, y ha obtenido resultados también negativos. Voy a exponer algunos hechos que apoyan la idea de la transmisión del tifo por medio de los piojos, y otros que se encuentran en desacuerdo con ella. En todas las personas enfermas de tabardillo, pertenecientes a la clase humilde de nuestro pueblo, y en la mayor parte de los enfermos de nuestra clase media, es fácil observar los piojos blancos, los negros y las liendres producidas por ellos, principalmente las de los últimos. Esta observación se hace mejor cuando se ve al enfermo por primera vez, y que no ha recibido an- tes ninguna asistencia médica, pues en virtud de las ideas reinantes en la actualidad sobre la propagación de la dolencia, tan pronto como un médico ve a un tifoso recomienda que le cambien la ropa y la desinfecten, le corten el cabello y lo tengan aseado- La misma observación puede hacerse dos o tres días después de haber principiado a atender a un enfermo pobre con el cual la familia no tiene inmediatamente todos los cuidados exigidos por la pro- filaxis, de una manera tan eficaz como debe serlo. No sólo en las personas más pobres puede ser observado esto; yo he encontrado piojos blancos en la ropa de personas pertenecientes a familias muy acomodadas, más de tres días después de que he recomendado la desinfección diaria de la ropa por medio de la ebullición en agua. Tal vez en este caso haya quedado oculto en- tre los cobertores algún piojo, o haya sido llevado por alguien de la servi- dumbre. La investigación cuidadosa de piojos en tifosos de nuestra clase media da comúnmente resultados positivos, principalmente en estos tiempos en que por las malas condiciones económicas, no pueden cambiarse la ropa con toda la frecuencia con que deben hacerlo. Muchas personas de esta condición social sólo están aseadas en apariencia, pues sus ropas interiores dejan mu- cho que desear respecto de la observancia de este precepto higiénico. Es sabido que el tabardillo es una enfermedad poco transmisible. Se pue- de sentar como una regla general que cuando hay un enfermo de tifo en una casa, la dolencia no se propaga a las personas de la familia, ni a los ami- gos o personas que tienen relaciones más inmediatas con el paciente. Se sa- be también que los médicos, practicantes, enfermeras y servidumbre de los hospitales en que se atiende a enfermos de tifo no adquieren el padecimiento con facilidad, aun cuando no estén inmunes por un ataque anterior, y que algunas de esas personas no adquieren el tabardillo no obstante durar mu 189 cho tiempo en las mismas condiciones respecto de los enfermos. Estos hechos concuerdan con lo que se conoce respecto de la biología de los piojos, que, como sabemos, son parásitos que necesitan estar en contacto casi continuo con el cuerpo humano, a diferencia de las pulgas y chinches que habitan en los pisos, unas, y en las camas, paredes y muebles, las otras, y sólo llegan al cuerpo humano cuando son impulsadas por la necesidad de satisfacer el ham- bre. Los piojos, por lo contrario, viven constantemente sobre el organismo hu- mano, al cual abandonan únicamente cuando ha muerto y ya no puede ali- mentarlos. Los piojos viven habitualmente en las ropas interiores, es decir, en los pliegues y costuras de los calzoncillos, camisetas, camisa y enagua, y excepcionalmente afuera de la ropa, al grado de que cuando se halla uno de estos hemípteros en tales condiciones, se puede presumir con fundamento que acaba de cambiar de hospedaje y va en busca del lugar que más le con- viene para vivir en la persona que va a proporcionarle nuevo albergue. Como una excepción de la regla que acabo de mencionar, se observa a veces que se presentan casos sucesivos de tabardillo en las personas que ha- bitan una misma casa. Esto lo he observado casi siempre en las que son muy poco cuidadosas de su aseo personal; y, en todos los casos, menos en uno que señalaré posteriormente, he encontrado piojos en los enfermos. La poca transmisibilidad del tabardillo es un hecho adquirido desde ha- ce mucho tiempo; se presenta aun en aquellos casos en que no se toman pre- cauciones especiales para evitar la dolencia, y no sólo cuando se procura cambiar al enfermo y mantenerlo aseado. Durante la intensa exacerbación de la endemia en la ciudad de Pachuca, en los años de 1915 y 1916, hubo una cantidad muy grande de piojos, como- no la había yo observado anteriormente, ni la he visto después. Entonces era sumamente fácil adquirir uno de estos parásitos al tomar un tranvía, un coche, en los asientos de los teatros, en los carros de ferrocarril, en las igle- sias y en los paseos públicos. Tuve oportunidad de viajar en los furgones que eran usados para transportar pasajeros, y siempre quité de mi ropa algunos piojos poco tiempo después de haber ocupado mi asiento en el tren. Se puede formar una idea aproximada de la enorme cantidad de insec- tos que tenían algunas personas por los hechos siguientes: fui llamado para re- conocer el cadáver de un soldado que había muerto de erisipela de la ingle^ y que estaba acostado en el suelo. Al examinarlo me llamó la atención el he- cho de que tenía el cuerpo y la ropa salpicados de muy numerosos puntos blanquizcos, que existían también en una zona como de un metro alrededor de él. Pronto me convencí de que todos esos puntos eran piojos blancos. Ha- ciendo una valuación aproximada de los que tenía el cadáver, por los que había en un decímetro cuadrado, pienso que aquel soldado no tenía en vida menos de tres mil piojos blancos en su cuerpo. Necesitamos en aquella época hacer algunas investigaciones acerca del poder insecticida de substancias tales como la alfasolina. soluciones de ti- mol en alcohol y esencia de tomillo, y otras. Con toda facilidad encontramos de cuarenta a cincuenta piojos en la ca- misa de un papelero, y otros tantos en el zarape de un barretero. Los pediculinos abundaban demasiado, y no sólo estaban en la ropa in- 190 terior de las personas sino que podían ser vistos con facilidad sobre el exte- rior. Esto lo observé durante todo el período de la exacerbación de 15 y 16, en los cuales era sumamente fácil el paso de los hemípteros de las ropas de una persona a las de otra. He creído observar que la cantidad de piojos es algo mayor en los meses más fríos que durante los calientes o templados del año, lo cual puede explicar, en parte, por lo menos, el incremento que toma el tabardillo durante los me- ses fríos. Aun cuando no tengo datos numéricos exactos respecto de la mor- bilidad por tifo en Pachuca, sí puedo asegurar que es mayor el número de enfermos durante el otoño e invierno que durante las otras estaciones. La cárcel del Estado en la ciudad de Pachaca, había dado contingente de enfermos de tifo al Hospital Civil, durante muchos años. En los meses de julio y agosto de 1916 se presentaron 18 casos de tabardillo en la cárcel. Pa- ra impedir la propagación de la enfermedad se hizo la profilaxis basada en la transmisión por el piojo, de la manera siguiente: se aisló a los enfermos y a los sospechosos de tener tifo; se les cortó el cabello con máquina a todos los presos hombres, y se les untó petróleo en todo el cuerpo; a las mujeres se les aplicó en la cabeza una pomada antiparasitaria, y petróleo en el resto del cuerpo; se les cambió ropa tanto a los hombres como a las mujeres, y fué desinfectada por el agua hirviendo; se hizo la sulfuración de las galeras en que duermen los reclusos. Después de esto se ha continuado haciendo la pro- filaxis del tifo en la misma forma, haciendo, además, (pie los presos se bañen lo más frecuentemente posible, y desde el mes de agosto de 1916 sólo se pre- sentó en la cárcel un caso de tabardillo, en diciembre del mismo año, no ha- biéndose vuelto a observar ninguno desde entonces, no obstante (pie ha habi- do otra causa de las que se considera habitualmente como capaces de engen- drar el tifo, pues la alimentación de los presos ha sido sumamente deficiente. Hubo algunos días en estos dos años pasados, en los que se dió a cada uno de los reclusos una taza de atole y hasta seis tortillas como alimento de vein- ticuatro horas. Otro hecho que habla en favor de la eficacia de la profilaxis del tifo fundada en su transmisión por los piojos, ha sido adquirido por el señor doc- tor José Meza Gutiérrez durante su permanencia en la Dirección del Mani- comio General, en el cual logró (pie desapareciera el tifo que se había presen- tado entre los asilados, algunos empleados y familias de ellos (pie vivían en el Establecimiento. Dice a este propósito el citado facultativo:.... "los pio- jos quedaron absoluta y definitivamente exterminados. Y el resultado que perseguía fué obtenido del modo más demostrativo; no volvió a darse un so- lo caso de tifo en el Manicomio; la epidemia local fué neta, rápida y absolu- tamente extinguida en el mismo mes de noviembre, habiendo sido así que ninguna otra precaución se tomó. Los atacados de tifo, una vez limpios, ya no fueron rigurosamente aislados; no se tuvo cuidado alguno extraordinario con sus desechos; no se regaron soluciones desinfectantes, como es común hacerlo; no se apartaron los platos, tazas y demás útiles de los atacados, pa- ra el uso exclusivo de ellos; no tomaron los asilados preventivo alguno con- tra el tifo, etc. La campaña contra los piojos tuvo, pues, el valor de un ex- perimento científico concluyente, después del cual se pudo decir: sublata cau- 191 na, tollitur efectus". ("Un estudio sobre los medios para precaverse del tifo"). Jeanneret Minkine, en su libro titulado "El tifo exantemático'', dice en Ja página 98: "En nuestro grupo hospitalario un sólo médico, el doctor P., afirmaba siempre (pie no se había encontrado ningún piojo, no obstante que revisaba su ropa todas las tardes. Fué el único que no cayó enfermo. "En los hospitales modernos, conservados con toda limpieza, no se infec- ta el personal. "En el campamento de Merzdorf, Jürgens lia detenido la epidemia supri- miendo los piojos, y dejando a sus enfermos y a los sanos juntos en sus barra- cas. "En mi servicio todos los enfermeros se infectaron mientras hubo enfer- mos atacados de pediculosis. Ocho días después de la desinfección general no hubo ya enfermero infectado. Tres semanas después cuatro enfermeros ad- quieren la enfermedad. Los piojos se habían esparcido de nuevo por todas partes, gracias a la intervención de un funcionario que, contrariando mis ór- denes, había hecho introducir al hospital seis días antes, vestidos llenos de insectos''. Y en la página llú asienta: "En Jos campamentos de prisioneros rusos en Alemania, la epidemia fué detenida justamente diez días después del des- piojamiento sistemático, a pesar de las malas condiciones higiénicas, y, sin embargo, los médicos alemanes (pie publican estos hechos no son sospechosos de alterar la verdad por respeto al francés Nicolle. En fin, Ja desaparición del tifo en Túnez, donde reinaba endémicamente, ha concordado con el esta- blecimiento del despiojamiento sistemático, por Nicolle y Conseil. "Durante la epidemia servia he visitado una docena de. hospitales. El único en donde no he visto casos de tifo es también el único en donde no he visto piojos: el de la misión inglesa en Uskub'. Las epidemias de tifo se presentan consecutivamente a las guerras, el hambre y la miseria, circunstancias (pie favorecen el desaseo, y, por lo mismo, la multiplicación de los pediculinos. En toda la región en (pie existe el tabardillo bajo la forma endémica, hay habitualmente piojos blancos y negros. Para determinar la relación que existe entre la existencia de pediculinos y el tabardillo endémico, es indispen- sable conocer con certeza las áreas de distribución de aquéllos y de éste. Yo tengo la creencia de (pie la segunda es menos extensa que la primera, es de- cir. que hay lugares en los cuales existen piojos, principalmente los de la ca- beza, y sin embargo, allí no hay tifo endémico. ¿Cómo puede explicarse esto? ¿Las condiciones climatológicas de esos lugares son impropias para el des- arrollo del germen o de los gérmenes productores del tabardillo? ¿O bien los piojos han perdido, en virtud de esas condiciones su poder infectante, y son incapaces de transmitir los microbios tifógeños? ¿El clima, al obrar sobre el cuerpo humano lo hace resistir a la acción patógena de los microbios que le puedan haber sido introducidos por el piquete de los piojos? Cualesquiera que puedan ser los gérmenes causales oel tabardillo y la explicación que se dé a las cuestiones anteriores, basta el hecho de que haya un sólo lugar en el cual se encuentran piojos, y no exista el tabardillo, para inferir que el piquete de ellos no es el único medio de adquisición de la do- 192 lencia, sino que hay otras causas que son, por lo menos, tan importantes como ésta, y contribuyen a determinar su aparición. El señor doctor don José Te- rrés, en su concienzudo estudio titulado "La etiología del tabardillo", que puede servir de modelo en cuanto al rigor del método y la profundidad del análisis, ha puesto en evidencia la acción de los factores climatológicos: la altura sobre el nivel del mar, y la acción de las lluvias, aun cuando no sepa- mos todavía el mecanismo por el cual desarrollan su acción. Voy a mencionar algunos hechos que se encuentran en desacuerdo con la idea de que el tabardillo sea transmitido por el piquete de los piojos. He observado algunos casos de tifo en personas que no recuerdan haber sido pi- cadas por piojos dentro de treinta días o más, antes de la aparición de la do- lencia, no obstante ser personas muy aseadas, y, por lo tanto, muy notable para ellas la presencia de un insecto en su cuerpo. Verdad es (pie en estos casos puede suceder que el piquete haya pasado inadvertido; pero están en armonía con otros que voy a mencionar. Jeanneret Minkine dice en la página 99 de su obra citada: "El 10 do enero de 1915, al quitar una curación en un recién llegado en período de es- tado del tifo, encontré una verdadera capa de piojos bajo la venda. Algunos cayeron sobre mis antebrazos desnudos. Me hice cepillar inmediatamente, a pesar de lo cual sentí al cabo de algunos minutos un piquete en el brazo. Des- cendí a desvestirme, y encontré un piojo grande en plena comida sobre mi piel. Lo coloqué en seguida en el microscopio para dibujarlo, convencido de que estaba yo infectado, a fin de conservar un recuerdo del insecto culpable. Te- nía el tubo digestivo lleno de sangre que seguramente no había tenido tiempo de chuparme, la cual estaba negra, por lo demás. No podía provenir más que del enfermo exantemático. Así, pues, yo había sido picado por un piojo lle- no de sangre virulenta, y, sin embargo, duré todavía ocho semanas en per- fecta salud. El insecto estaba, pues, en período de incubación no contagiosa, o bien, visto su tamaño que manifestaba una edad respetable, estaba ya cu- rado de su tifo hacía largo tiempo. "Algunos otros médicos, amigos míos, han sido picados por los piojos en pleno hospital sin infectarse". Y en la 102 afirma: "Jürgens ha hecho la experiencia siguiente, en el campamento de prisioneros rusos de Merzdorf-Cottubus: Al cabo de algunos meses de epidemia sacó de varias compañías los prisioneros todavía indem- nes y formó otra de 750 hombres sin despiojarlos. Las condiciones parecían, pues, muy favorables a una nueva exacerbación de la epidemia que no se ha- bía detenido, y, sin embargo, solamente algunos soldados se infectaron. El virus parecía haber perdido su virulencia". Voy a referir en seguida un hecho de observación personal (pie me pa- rece muy importante. En la segunda quincena de octubre de 1917 una per- sona de mi familia, que vivía en mi casa habitación, contrajo el tabardillo. Debo advertir que desde antes de que se presentara este caso se tenía la cos- tumbre, que se observa también en la actualidad, de hervir en agua cada se- mana, la ropa interior de las personas, tanto de la familia como de la ser- vidumbre, y la ropa blanca de cama. Esta práctica se sigue por prescripción 193 mía como un medio de impedir la existencia de piojos blancos en la ropa. Ca- si me parece ocioso decir que se observa el aseo de todas las personas. Con motivo de haberse presentado este caso de tabardillo fueron toma- das las precauciones aconsejadas como eficaces para la profilaxis, tales como aislamiento de la enferma, desinfección de sus ropas, aplicación de pomada antiparasitaria en la cabeza de los niños, la misma pomada o petróleo a la servidumbre, desinfección de la pieza en que estuvo la paciente, por medio de la sulfuración. A los dieciséis días de haber principiado la enfermedad fué atacada tam- bién una niñera que fué aislada en otra pieza, y sujetada a las mismas medí das profilácticas, no obstante las cuales, a los veintidós días de ella, comen- zó a estar enferma otra persona de mi familia. Antes de que se presentara el primer caso de tifo había yo atendido, por súplica de una de las sirvientas, a un enfermo de tifo con el cual recomendé que se hiciera la profilaxis indicada. Procurando indagar come se había des- arrollado esta pequeña epidemia supe que la lavandera, que me pidió aten- diera al enfermo, iba a cuidarlo por la noche, y regresaba a mi casa a lavar la ropa en el día. Esta sirvienta tuvo, cuando el tercer caso de tifo, un pade- cimiento febril con cefalalgia, raquialgia e inyección conjuntiva!, que duró solamente cinco días. En virtud de la costumbre de hervir la ropa, y del aseo que se tiene con todas las personas, es poco probable que la primera enferma contrajera la dolencia por el piquete de un piojo infectado. El primer caso de tifo se presentó como un mes después de que yo atendí al enfermo citado. Sin embar- go, admitiendo que el tifo hubiera sido adquirido por este medio, creo que en las otras dos enfermas la transmisión no se hizo de igual manera, dadas las exageradas precauciones observadas desde la primera. Se dice habitualmente que el período máximo de incubación del tabardi- llo es de tres semanas, y como creo que el segundo y el tercer casos no fue- ron originados por el primero, si se quiere admitir que la infección fué de- bida a piquete de piojo, es necesario aceptar también que este piquete fué recibido más de un mes antes, para la segunda enferma, y dos meses antes para la tercera, o con mayor anterioridad aún, a la aparición del padeci- miento. Prosiguiendo en el estudio de las condiciones que pudieran haber ori- ginado este foco de tifo, mencionaré que la casa que habito está bien orien- tada, ventilada y asoleada; sus piezas son amplias; su avenamiento bueno. En los días en que se presentaron estos casos de tifo se había escaseado algo el agua, por lo cual las atarjeas, y aun los excusados ingleses, daban a veces algo de mal olor. Como seis meses antes había sido atacada una de mis hijas de un padeci- miento febril, de diez días de duración, que yo clasifiqué como una infección intestinal, y a consecuencia del cual le quedó por algún tiempo diarrea. Men- ciono esto porque se ha señalado la coincidencia de las diarreas con la apa- rición del tabardillo. A las dos últimas enfermas se les cortó el cabello tan pronto como se hi- 194 zo el diagnóstico; a la primera hasta en la convalecencia. En ninguna de ellas encontré piojos. Meditando en estos hechos me he formado la siguiente opinión: las dos últimas enfermas no adquirieron el tifo por piquete de piojo infectado, re- cibido por Jo menos un mes antes de aparecer el padecimiento. En tal caso se puede explicar su génesis de cualquiera de estas dos maneras: o bien la enfermedad se debió a alguna otra causa desconocida que obró sucesivamen- te sobre ellas, o bien el germen fué inoculado por los piojos algunos meses ■antes, vivió en el organismo en estado inofensivo durante mucho tiempo, y adquirió sus propiedades patógenas cuando intervino una causa apropiada para ello. La primera enferma tuvo una indigestión, seguida casi inmediata- mente del tabardillo, en tanto que la tercera lo atribuye a un baño. Tengo la creencia, que todavía no adquiere el carácter de convicción, de que el germen productor del tifo puede vivir mucho tiempo en el cuerpo humano, y hacerse patógeno en condiciones apropiadas. Me inclinan a ello los hechos que ya lie mencionado, relativos a personas que no recuerdan haber sido pi- cadas por piojos durante las tres o cuatro semanas que preceden al tifo, uni- dos a los casos observados en mi familia, y los que relato en seguida. Una señora recibe bruscamente la noticia de que su esposo ha caído pre- so y que va a ser fusilado. Para lograr su salvación, la esposa anda a pie como tres leguas bajo el sol; consigue que sea puesto en libertad, regresa a su casa, y la misma noche comienza con los síntomas del tabardillo. Una señora y un niño son asaltados en su casa como a las siete de la noche por unos ladrones que golpean a la señora y roban a ambos. Al día siguiente amanecen con calentura y los otros síntomas del principio del tifo, que arrebata la vida a la señora. En estos dos enfermos encontré piojos blan- cos y negros. Los tres últimos casos revelan la existencia de un período de incubación que duró solamente algunas horas, y señalan claramente la sucesión entre una emoción depresiva intensa y el desarrollo del tifo. Han sido ya citados algunos casos análogos a éstos, en que el tifo parece haber sido ocasionado por una depresión moral grande y brusca. Yo he observado, además, algunos casos en que los pacientes han comenzado a experimentar los síntomas del tifo al salir de un baño de regadera fría, o de vapor, y otros en que se han presentado algunas horas después de una mojada o un asoleo. Para mí es indudable que el período de incubación es en muchos casos sumamente corto, de pocas horas; y casi también lo es qne el germen pató- geno puede vivir como simple parásito en el cuerpo humano durante mucho tiempo. Si se corrobora esta última opinión, ¿no será posible que el organis- mo del hombre tomara el microbio del medio ambiente por un mecanismo distinto de la picadura de un piojo, y que el germen viva normalmente den- tro del organismo hasta que una causa determinada lo hace adquirir y poner en juego sus propiedades patógenas? De esta manera podrían explicarse los casos de tifo (pie no son actualmente explicables por la transmisión exclusi- va por el piquete de los insectos. El hecho de que Jeanneret Minkine haya sido picado por un pediculino infectado, y no haya adquirido el tifo sino dos meses después, puede ser in- 195 terpretado, en mi concepto, como una prueba de que el germen del tifo pue- de vivir un tiempo largo en el cuerpo del hombre antes de hacerse patógeno. Jeanneret lo explica diciendo que probablemente el piojo no estaba dentro del período en que era peligroso, es decir, habían transcurrido menos de cin- co días, o más de siete, de haber picado al tifoso en el cual se encontraba. Mi estadística personal me enseña (pie el tabardillo es más frecuente en el sexo masculino que en el femenino, y, sin embargo, no creo que los hom- bres, por razón de su trabajo, o por otros motivos, estén más expuestos que las mujeres a los piquetes de los piojos. La mujer, tanto por su cabello lar- go como porque las premias de su ropa tienen mayor número de pliegues que las de los hombres, están indudablemente en mejores condiciones para al- bergar piojos, si son desaseadas; y más expuestas a la infección en virtud de que ellas se encuentran en relación estrecha con los tifosos en los hospita- les si se trata de enfermeras, o en su casa cuando atienden a enfermos de su familia, y a pesar de esto el tifo es más frecuente en los hombres. Puede pensarse que los varones tienen costumbres como la de beber, des- velarse, etc., que los hacen más susceptibles al germen inoculado por los piojos; mas se debe tener presente también que en aquellos casos en (pie hay mayor peligro de contraer la enfermedad, como cuando se atiende a un ti- foso, son siempre las mujeres quienes por sus desvelos y su depresión moral se encuentran en mejores condiciones para adolecer de tabardillo. El número de atabardillados es indudablemente mayor en los proleta- rios, (pie en las personas acomodadas, si nos atenemos a las cifras absolu- tas; pero si comparamos el número de proletarios y de los que no lo son, por una parte, y por otra, las cifras correspondientes de enfermos, proba- blemente encontraremos (pie la proporción de éstos es mayor entre los ricos (pie entre los pobres, a pesar de que aquéllos se encuentran poco o nada ex- puestos a la acción de los pediculinos. No tengo conocimiento de «pie hayan sido repetidas las experiencias he- chas por el señor doctor José I. Saloma respecto de la inoculación de una persona sana, no inmune por un ataque anterior de tifo, por medio de piojos (pie hayan picado a un tifoso. Los experimentos en este sentido tendrán in- dudablemente un valor mucho más grande, cualquiera que sea su resultado, si se llevan a cabo fuera del medio endémico, es decir, fuera de la zona (pie ocupa habitualmente el tabardillo, para descartar todas las demás condicio- nes (pie contribuyen a engendrarlo, de las cuales hay unas conocidas, y tal vez oirás ignoradas por completo. Existen observaciones (pie hacen presumir la posibilidad de propagación del tifo por otros insectos: las chinches. Tal la citada por Jeanneret Minkine. "Mi amigo el doctor H., (pie trabajaba como cirujano y estaba así menos ex- puesto al contagio, despertó un domingo en la mañana cubierto de piquetes de chinche. Se encontró estos insectos en su cama. Desde este día cambió de carácter, y el domingo siguiente comenzó su tifo. El modo de propagación de su enfermedad en el hospital en «pie estaba, hace pensar un poco en el transporte por las chinches. En efecto, había cinco cuartos, colocados uno al lado del otro, y ocupados por médicos. En el primero del fondo, se aloja- ban los compañeros austríacos que adquirieron el tifo con quince días de 196 intervalo, en el segundo el doctor 1'. que quedó indemne, en el tercero el doc- tor H. que cayó enfermo tres semanas después que el segundo de los médicos austríacos; en el cuarto un compañero polaco que se infectó ocho días des- pués que el doctor H.; en el quinto un estudiante que no tuvo más que ñebre recurrente. Ahora bien, todos estos cuartos comunicaban por puertas en ge- neral cerradas, y en todas las camas, salvo la del doctor P., había chinches. (El señor P. había espolvoreado en su colchón polvo de piretra)" Decía yo al principio que se han hecho con las chinches y pulgas inves- tigaciones análogas que con los piojos para averiguar su papel en la trans- misión del tifo, y se han obtenido resultados negativos. De esto no se debe inferir necesariamente que no pueden propagarlo, pues sabemos que los he- chos negativos no tienen el mismo valor que los positivos, y que basta uno de éstos rigurosamente comprobado, para destruir un gran número de aqué- llos. Tales resultados pueden ser debidos a que no han sido realizadas las experiencias en condiciones adecuadas. Es posible que tanto las chinches como las pulgas necesiten tener los gérmenes en un período de incubación mucho mayor que los piojos, y que el lapso durante el cual son peligrosas sea muy pequeño y, por lo mismo, difícil de realizar las investigaciones du- rante él. Es verdad que la propagación del tabardillo no está de acuerdo con la biología de las pulgas, y que dada la movilidad de ellas sería fácil la trans- misión de aquél. Y en cuanto a las chinches, algunos de los hechos que no pueden ser explicables por medio de los piojos pueden serlo por el piquete de éstas. Resumiendo lo anteriormente expuesto diré: hay numerosos hechos tan- to de observación, como de carácter experimental, que están de acuerdo con la idea de que los piojos son propagadores del tabardillo. Hay otros, también numerosos, que no son explicables por este medio de transmisión, y necesi- tan otra explicación, o mayores conocimientos acerca de la biología de los piojos, de su papel como vectores del tabardillo, y principalmente, del ger- men o gérmenes que producen el padecimiento. 'Como conclusión creo (pie se puede afirmar de una manera justificada lo siguiente: en el estado actual de nuestros conocimientos acerca de la trans- misión del tabardillo, no se debe asegurar que los piquetes de los piojos constituyen el único medio de adquirir esta enfermedad. Pachaca, diciembre de 1918. 197 Etiología del tifo exantemático Prof. Rafael Rodríguez y Vega. En el año de 1916, hallándome en la ciudad de Nueva York, tuve noticia de los estragos que en México causaba en esa época el tifo, y deseoso de contribuir en algo a combatir esa terrible plaga, me dirigí, previa recomen- dación especial de mi profesor en esa ciudad, el doctor Luis Heitzmann, al Hospital "Mount Sinai'' en el que se llevaban a cabo estudios e investiga- ciones sobre esa enfermedad, pues se pretendía haber descubierto el micro- bio causante del tifo. Se me dispensó en ese Hospital excelente acogida, y hago público mi agradecimiento a los 1)1). Libman, Olitzky y Plotz por haberme permitido asistir en el laboratorio de ese Hospital a los experimentos de cultivo y ex- periencias con el germen causante del tifo. Con datos obtenidos por mí per- sonalmente y además con datos enviados recientemente por el doctor Plotz. me es posible formar el presente trabajo, que deseo sea de utilidad para com- batir y prevenir este azote de nuestro país. Se han considerado como causantes del tifo numerosos microorganis- mos. entre ellos, bacilos, cocos, espirilas, y aun se mencionan algunos pro- tozoarios hallados en la sangre de pacientes de tifo; sin que ninguno de los investigadores que esto aseguran haya podido demostrar su aserto y probar el carácter específico de estos microorganismos. La forma endémica del tifo se caracteriza por su curso en general be- nigno y la baja mortalidad; estos casos son muy semejantes a los de Europa. Experimentos de inmunidad llevados a cabo por Anderson y Goldberger han demostrado que la enfermedad conocida con el nombre de mal de Brill es con toda probabilidad una forma benigna del tifo. Estos experimentos de in- munidad consistieron en inocular monos con sangre tomada de tifosos. Des- pués de un período más o menos largo de incubación se presentó en estos animales una marcada reacción febril que se decidió en una crisis rápida, siendo la sangre de estos animales infecciosa para otros monos. También se hicieron experimentos en los que se observó que los monos que habían reac- cionado a inyecciones de sangre del llamado mal de Brill eran inmunes a inyecciones de sangre de casos de tifo mexicano (tabardillo), y a la inversa, monos inmunes por inyecciones de sangre de tifo mexicano eran inmunes a inyecciones de sangre de casos del mal de Brill; pudiéndose de esta manera establecer la identidad entre los microorganismos causantes de ambas en- fermedades. 198 Al llevar a efecto las investigaciones para precisar la etiología del tifo, se halló que el virus se encuentra en la sangre circulante durante el período febril; habiendo sido esto demostrado en la experiencia «le Moczutowsky, quien se inoculó personalmente con sangre de un caso típico de tifo y des- pués de un período de incubación de dieciocho días vió aparecer los síntomas característicos de la enfermedad. Esta experiencia fué más tarde confirma- da también en seres humanos, por los 1H>. Otero, Gavillo, Yersin, Vassal, Ni- colle, Goldberger, Anderson, Ricketts, Wilder y Girard. La posibilidad de que el virus del tifo sea ultramicroscópico fué consi- derada como posible en un experimento de Nicolle. que sin embargo ni él ni otros experimentadores han podido confirmar plenamente. En este experi- mento, un mono fué inyectado con suero de la sangre de un caso de tifo; es- te suero había sido previamente filtrado en un filtro Berkefeld. El mono así inyectado presentó una elevación de temperatura de 0.5 grados C. a los die- <iséis o dieciocho días de la inoculación. Este mono fué inyectado posteriormente con sangre de tifosos y no pudo observarse una nueva reacción febril. Ante este hecho, Ai.derson y Goldber- ger expusieron la posibilidad de existir en el mono inmunidad natural con- tra el tifo. Investigaciones posteriores de Gaviño, Nicolle, Girard. Wilder, Ricketts y otros, han demostrado que el virus del tifo no es filtrable y por esto se supuso que fuera de tamaño microscópico. Este experimento indujo a Wilder a examinar la sangre microscópicamente en varios casos de tifo, y halló un bacilo en frotes (pie fueron teñidos por el Giemsa; pero presenta diferencias morfológicas con el bacilo que los DD. Plotz y Oiitzky lograron aislar; sin embargo no es posible formarse un juicio exacto por sólo haber hecho un examen microscópico de los microorganismos. El hecho de que el germen del tifo sea un protozoario no ha sido aceptado, y queda en pie so- lamente el creer que el tifo es producido por un virus que se halla en la san- gre circulante durante el período febril; que no es filtrable y (pie es de ori- gen bacteriano. Como resultado de estas observaciones se procedió a verifi- car cultivos con la sangre de casos de tifo indudables. Se hicieron cultivos aerobios de resultados negativos; se hicieron más de 300 con sangre de tifosos sin haberse logrado un sólo caso positivo. En es- tos cultivos se empleó como medio agar-glucosa-suero en platillos de Petri, y también se intentaron cultivos en frascos de caldo con dos por ciento de glucosa. Como suero se empleó en los cultivos en platillos líquido ascítico. Este no fué usado en los de caldo. No habiéndose obtenido resultados positivos en los cultivos aerobios se intentaron cultivos anaerobios. Estos experimentos se hicieron con sangre de pacientes de tifo de la va- riedad prevaleciente en los Estados Unidos, y también con sangre de pacien- tes que regresaban enfermos de los campos de guerra de los Balkanes. Se recibieron en el Hospital "Mount Sinai" 36 casos que pudieron ser detallada- mente estudiados. Se procedió de la manera siguiente: Extracción de la sangre.-En el espacio antecubital se hizo un lavado escrupuloso durante dos minutos empleando tintura de jabón verde y agua 199 caliente; en seguida se empleo alcohol y por último éter y una solución al 1/1000 de bicloruro de mercurio. Se ligó el brazo un poco arriba del codo para producir prominencia venosa, se puncionó la vena con una aguja esté- ril, y por medio de una jeringa también estéril, se recogieron 15 c. c. de san- gre (pie fueron distribuidos inmediatamente en los medios de cultivo. Métodos aerobios.-En dos platillos de Petri conteniendo agar y en otros dos conteniendo glucosa-agar, se añadieron 100 c. c. de caldo con 2 por cien- to de glucosa. El agar tenía una concentración de 3-2 por ciento y el caldo se preparó usando extracto de carne de Liebig; presentando el total una acidez de 0.9-1,1 por ciento. Antes de verter esta mezcla en los platillos se calentó el total en un ba- ño de María a la ebullición y se dejó enfriar hasta alcanzar 40 grados C.; en seguida se agregó la sangre agitando muy bien. A cada uno de los tubos de glucosa-agar se añadieron 2 c. c. de la san- gre tifosa, procediendo como sigue: se puso la sangre en uno de los tubos con el medio de cultivo; se agitó para obtener una mezcla homogénea, y se pasó la mezcla en otro tubo estéril; se repitió esta operación varias veces, vertiendo la mezcla de un tubo al otro y procurando hacerlo rápidamente para evitar la contaminación del medio de cultivo; la mezcla resultante se colocaba en platillos de Petri (pie se dejaron solidificar. A cada uno de los dos frascos con caldo se agregaron 2 c. c. de sangre tifosa y se agitaron has- ta obtener una mezcla homogénea. Se mantuvieron en incubadora a 37 y medio grados C.; habiéndose observado continuamente a cortos intervalos. Eii ninguno de los platillos se logró obtener germinación; igual pasó en los frascos de caldo. Métodos anaerobios.-En tubos de 15 cm. de largo por 2 cm. de diámetro se pusieron en cada uno 20 c. c. de una solución al 2 por ciento de glucosa- agar en las proporciones indicadas arriba y acusando acidez de 0.9-1,1. Ocho de estos tubos se usaron para cada cultivo. El medio de cultivo fué li- cuado en baño de María a la ebullición y luego se enfriaron los tubos hasta al- canzar 40 grados C. En cada tubo se agregaron 2 c. c. de la sangre tifosa y se añadieron a esta mezcla 4 c. c. de líquido ascítico. El contenido de los tubos se mezcló vertiéndolo de un tubo a otro limpio y estéril, y se tuvo es- pecial cuidado al verificar esta operación, de impedir la formación de bur- bujas de aire, al mismo tiempo que se procuró hacerlo rápidamente para evi- tar todo peligro de contaminación. En seguida se dejaron enfriar los tubos a la temperatura ambiente o bien se sumergieron en agua helada para abre- viar la coagulación e impedir así el acceso del oxígeno a los tubos. Cuando el medio de cultivo estaba perfectamente solidificado se añadió a cada tubo una capa de agar de 2 cm. de espesor y se llevaron en seguida los tubos a la incubadora en donde se mantuvieron a una temperatura de 37,5 grados C.: observándose los tubos a menudo contra la luz del sol o contra la luz de un foco luminoso intenso y de esta manera distinguir las colonias (pie se pre- sentan como masas opacas. Suero que hay que usar en estos cultivos.-El buen éxito de estos culti- vos depende en gran parte del suero que se use. El fluido de hidrocele ha si- do usado con muy buen éxito en los primeros cultivos, pero se ha hallado 200 que el líquido ascítico presenta mayores ventajas. Estos sueros deben ser usados exclusivamente porque se hallan libres de todo vestigio de bilis y tie- nen una densidad de 1015. El líquido que se emplee debe ser absolutamente estéril, y para probarlo se vierte el medio de cultivo en platillos de Petri que se mantienen en incubadora a 37,5 grados C. Si al cabo de siete días se nota germinación en los platillos, hay que desechar el líquido empleado; si, por el contrario, no ha habido des- arrollo, el líquido será útil y podrá emplearse en los cultivos. El método anaeróbico consiste en añadir 5 c. c. de líquido ascítico a ca- da uno de tres tubos que contengan glucosa-agar al 2 por cielito; cada tubo conteniendo por término medio 20 c. c. del cultivo. A cada uno de los tubos se añaden 2 c. c. de sangre de buey esterilizada por medio de formol según el método de Bernstein y Epstein; haciendo esto con objeto de descartar la posibilidad de la presencia de microorganismos hemoglobinóficos. Estos seis tubos se observan durante veinte días conservándolos en la incubadora a 37,5 grados C. y observándolos a menudo, y así ver si se desarrolla algún or- ganismo saprofito. Desarrollo de las colonias del organismo obtenido.-Subculturas.-Las colonias aparecen en los tubos entre tres y diecinueve días después de haber- se inoculado; algunas veces tardan hasta dieciséis días, y es muy importante observar los tubos durante largo tiempo, por término medio durante vein- tiún días. Para abrir los tubos se hace una perforación circular con ayuda de una lima en el sitio preciso en que se observa la colonia que se desea es- tudiar; quebrando el tubo se recibe en un platillo de Petri el medio de cul- tivo, y con ayuda de un alambre de platino en cuya extremidad se halla he- cho un pequeño anillo, se remueve el agar que se halla encima de' la colonia. Una parte de la colonia se remueve y se siembra en tubos conteniendo 0.5 de glucosa-suero-agar en posición inclinada, agregando a cada tubo un cuar- to de su volumen de líquido ascítico. Los tubos así inoculados se colocan en tubos Buchner de 20 cm. de largo por 2.5 de diámetro, conteniendo una solu ción de potasa cáustica poco más o menos al 40 por ciento y 3 gramos de áci- do pirogálico. Los tubos de Buchner se cierran herméticamente con un ta- pón de goma que ajuste perfectamente. Después de haber removido las colonias más grandes con el alambre de platino, se corta en rebanadas el agar restante para poder descubrir las co- lonias más pequeñas. Este método de remover las colonias impone la des- trucción del medio de cultivo, y por lo mismo el desarrollo de las colonias se interrumpe por la entrada del aire. El método de remover las colonias con una pipeta es mucho más difícil y tiene el inconveniente de dejar entrar aire. Descripción del microorganismo.-Colonias.-Las colonias aparecen por lo general dos o tres centímetros abajo de la superficie del medio de cultivo, bajo la forma de una manchita pequeña y opaca. A medida que se desarro- lla, la colonia se tiñe en su contorno de un color café y es más visible exami- nándola contra la luz; la colonia aparece redonda y opaca, variando su ta- maño entre 1 y G mm. de diámetro, incluyendo el área de precipitación, y el tamaño de la colonia depende de su estado de desarrollo. En sección trans- 201 versal, aparece como si tuviera la forma de una Y de color café, y blanda en su consistencia; las dos ramas de la Y son fusiformes. Morfología.-El microorganismo es muy pequeño; Gram-positivo, en for- ma de bacilo; carece de movimientos propios, no es encapsulado y no se tiñe por el Ziehl. Su tamaño varía entre 0.9 y 1.93 mieras, siendo su ancho poco más o menos como entre 1/5 y 3/5 de su longitud. La mayoría de los bacilos son rectos, algunos aparecen ligeramente encorvados, algunos presentan formas cocoides y las extremidades son arredondeadas o ligeramente aguzadas. En preparaciones hechas con bacilos tomados de medios sólidos, se hallan uni- dos por sus extremidades o formando unos con otros ángulos de diferentes grados sin tener un arreglo determinado. Las formas de evolución y degene- ración. aparecen muy pronto, y después de haberlos trasplantado varias ve- ces, este microorganismo asume formas de aspecto enteramente diferente a las formas de los bacilos originales. No forma esporos, y tiñendo con proktanina se observan cuerpos polares. Cuando se hallan estos cuerpos polares se obser- van en una de las extremidades del bacilo, aunque a veces se observan en las dos. Caracteres de los cultivos en glucosa-suero-agar.-Después de tres días apa- rece un cultivo de color amarillento y aspecto cremoso, (pie no presenta ten- dencias a extenderse sobre la superficie del medio, sino que se superpone, foma un color café en los cultivos viejos, sufriendo el medio una ligera pre- cipitación; después de cinco días es más profuso y la precipitación más no- table. En cultivos posteriores esta precipitación lo es más aún. En patatas.-Después de cuatro días se nota un ligero cultivo blanquiz- co, sólo visible raspando la superficie de las patatas. En gelatina.-No se observa ningún desarrollo. Reacciones fermentativas.-En una serie de tubos se colocaron medios de cultivo hechos con agar al 3 por ciento, agregando 3 por ciento de diver- sos hidrocarburos a los que se añadió líquido ascítico (densidad 1013) ; a es- tos medios de cultivo se les agregó un poco de tintura de tornasol. Los hidrocarburos empleados fueron: glucosa, galactosa, lactosa, malto- sa, manita, arabinosa, inulina, rafinosa y dextrina. El agar empleado presen- taba acidez de 1 y 1,5 por ciento. Se hicieron en estos tubos inoculaciones superficiales y fueron colocados en tubos de Buchner, y observados durante seis días de permanencia en in- cubadora. Los resultados muestran que el bacilo produce ácido con la glucosa, mal- tosa, galactosa, inulina, y no produce ácido con la rafinosa, la manita, la ara- binosa, la sacarosa, la lactosa y la dextrina. En ninguno de los tubos se pu- do notar desprendimiento gaseoso. Colonias en platillos de Petri.-En depósitos de Novy conservados a 37.5 grados C. y conteniendo una suspensión salina del microorganismo, además de los medios de cultivo, agar, glucosa-agar, y suero-glucosa-agar, se obtuvie- ron colonias siete días después de cultivo. Las colonias se desarrollaron sólo en la superficie. Estas colonias medían 15,2 mm. de diámetro, de forma re- donda u ovalada, algunas presentaban forma oblonga y presentaban una al- tura de 1 mm. sobre la superficie del medio. Cada colonia se halla rodeada 202 por una zona de puntos que se hallan colocados en la zona de precipitación. Su color, con luz reflejada, es crema claro, y por luz transmitida las colonias aparecen opacas. Vistas con microscopio las colonias aparecen como cuerpos opacos de contornos irregulares y difusos. La granulación está formada por granulos irregulares, esféricos, con un contorno refrangible y no muy numerosos. Las colonias que se desarrollan debajo de la superficie miden 1 mm. de diámetro; son de forma redonda, oblonga, triangular, algunas veces apa- recen con formas semejantes a la bellota, circunscritas por un contorno irre- gular. Por lo anteriormente expuesto se puede decir en resumen, que el micro- organismo crece mejor en los medios sólidos, que en los medios líquidos; en los medios sólidos, para obtener el óptimo de su crecimiento, se requiere la presencia de hidrocarburos y suero, llegando a su grado más elevado de cre- cimiento cultivándolo en una mezcla de 2 por ciento de agar-suero. Para con servarlo vivo se cultiva en 0.5 por ciento de glucosa-agar-suero, pues mayor cantidad de glucosa hace perder al bacilo su virulencia. Punto de muerte del microorganismo por acción del calor.- Resultados comparativos de experiencias de diferentes investigadores han demostrado que el bacilo del tifo perece si se calienta durante diez minutos a una tem- peratura de 55 grados C. Experimentos de filtración.-Después de haber aislado el bacilo se de- terminó su filtrabilidad de la manera siguiente: 2 c. c. de agua destilada es- terilizada fueron puestos en varios tubos en posición inclinada, y después de siete días de cultivo se raspa la superficie de dicho cultivo con un alambre de platino, teniendo cuidado de no desprender nada del agar. Esta emulsión se diluye en seguida con la misma cantidad de agua destilada estéril izada y filtrada por un filtro Berkefeld de tamaño N. El producto se inocula en tubos inclinados conteniendo 0.5 de glucosa-suero-agar y se coloca en tubos de Bnch- ner. Se prepararon algunos tubos testigos con la emulsión no filtrada y se sembraron y se inocularon en tubos inclinados conteniendo el mismo medio. En los tubos sembrados no se notó ningún desarrollo, y en los tubos sembra- dos con el líquido sin filtrar, se produjo el desarrollo típico del tifo. Esto es prueba que el virus existente en la sangre de un tifoso no es filtrable. Resultados del cultivo de la sangre en casos epidémicos.-Se hicieron cultivos en 7 casos durante el período febril. En cada caso estudiado se logró aislar el bacilo en cultivo puro. De un caso de éstos se inocularon dos cuyes en el peritoneo con sangre tomada durante el período febril: ambos padecie- ron después del período de incubación una reacción febril muy notable. En casos endémicos.-Se hicieron cultivos de la sangre en 37 casos en- démicos; en 34 de ellos los cultivos fueron hechos en diversos períodos de la enfermedad incluso el día de la crisis. 18 de estos casos o sean 53 por ciento, produjeron el bacilo. Un tanto por ciento más elevado de casos positivos se hubiera obtenido con seguridad si se hubiere tenido en esos momentos un líquido ascítico más rico. Cultivos de la sangre después de la crisis.-Se hicieron cultivos de la sangre de pacientes después de la crisis, y todos estos cultivos se mostraron 203 negativos. Algunos de estos casos habían sido cultivados durante el período febril y habían producido resultados positivos. Nueve de los casos endémicos fueron cultivados después de la crisis: dos de ellos produjeron resultados positivos, uno doce horas y el otro treinta y seis después de la crisis. Estos resultados son muy interesantes en virtud del hecho demostrado por Anderson y Goldberger y confirmado más tarde por Plotz y Olitzky, de que la sangre de un animal infectado es infecciosa aun treinta y dos horas después de la crisis. Resultados obtenidos en casos de cultivos anaerobios como testigos.-• Usando una técnica idéntica a la empleada para aislar el bacilo que ya se describió, se hicieron cultivos anaeróbicos con la sangre de 198 casos febriles. El líquido ascítico empleado en estos casos fué el mismo que se empleó en los cultivos del bacilo tífico. Estos casos presentaban una variedad de esta- dos patológicos tales como fiebre tifoidea, tuberculosis, osetoemielitis aguda, endocarditis reumática, absceso del hígado, erisipela, flebitis, anemia espié- nica, infecciones postpartum. En ninguno se logró obtener desarrollo, ni tampoco algún microorganismo que tuviera alguna semejanza con el bacilo aislado de casos típicos de tifo. Identidad de los microorganismos aislados de diversas fuentes.-Los mi- croorganismos aislados de casos de tifo endémico se hallaron idénticos en sus propiedades cultivables a los casos del tifo epidémico. Se han hecho minucio- sos estudios para ver de hallar innque fueran pequeñas diferencias entre sus propiedades de cultivo, tales como existen entre el bacilo de Eberth y los bacilos de la paratifoidea: en ninguno de estos cultivos se halló la más ligera variación. Asimismo en microorganismos aislados de cultivos de sangre de cuyes y monos inoculados experimentalmente no se hallaron diferencias entre ellos, y se halló que eran idénticos a los microorganismos aislados en casos endé- micos y epidémicos de tifo. Período de bacterihemia más marcado.-En la mayor parte de los casos estudiados era imposible sólo por la historia clínica del caso conocer la fe- cha exacta de la terminación de la enfermedad. El día de la crisis o en au- sencia de una crisis, el primer día que la temperatura marcaba 38 grados C. y permanecía constante, se consideraba como el último día de la enfermedad. Haciendo un cálculo de la cantidad total de sangre que fué empleada para preparar los cultivos hechos tres días antes de la crisis y los hechos cuatro días antes, y comparando estas cantidades con los números de colo- nias halladas en el mismo tiempo, parece que el microorganismo se halla en cantidad más abundante en la sangre en el cuarto o quinto día antes de la crisis y no en los días inmediatos. Por lo tanto, se acepta como un hecho pro- bado (pie el período de mayor bacterihemia se hallará en la sangre del pa- ciente en los primeros días de la enfermedad. Relación entre el grado de bacterihemia y la gravedad de los casos.- Un cálculo hecho con los datos obtenidos de cultivos logrados antes o en el día de la crisis en casos endémicos y epidémicos, han acusado los siguientes resultados: en casos epidémicos se emplearon 51 c. c. de sangre y se hallaron 74 colonias; en casos endémicos se usaron 43fi c. c. de sangre y se hallaron 204 33 colonias. Por lo tanto, en casos epidémicos se hallan los bacilos alimenta- dos como dieciocho veces más que en los casos endémicos. Por lo mismo debe creerse que la bacterihemia es mucho más intensa en los casos epidémicos que en los endémicos. Valor diagnóstico de los cultivos de la sangre.-Por ser muy tardada la completa madurez de las colonias en los casos de tifo, los resultados de los cultivos no pueden conocerse sino hasta que la enfermedad ha termina- do; sin embargo los datos proporcionados sirven para confirmar el diagnós- tico clínico. En un 87.5 por ciento de 51 casos estudiados se confirmó plena- mente el diagnóstico clínico con los cultivos de la sangre, por procedimientos de aglutinación y fijación del complemento. En dos casos de diagnóstico dudoso, el cultivo de la sangre, que fué posi- tivo. hizo llamar la atención sobre la índole de la enfermedad. En ambos casos, cuando fueron recibidos en el Hospital se notó muy alta la temperatura, y súbitamente a las doce horas la temperatura descen- dió a la normal y la convalecencia de estos casos pasó sin novedad y se hizo un diagnóstico clínico de influenza. Después que se conocieron los resultados de los cultivos de la sangre y se hicieron investigaciones más minuciosas respecto al curso de la enferme- dad, se halló que ambos casos fueron de tifo, y la súbita baja de la tempera- ra poco después de haber sido recibidos en el Hospital, fué sin duda debida a la crisis de la enfermedad. Por lo mismo es muy probable, que casos seme- jantes de tifo, que sólo se reconocen hasta el fin de la enfermedad, son a me- nudo objeto de interpretaciones erróneas. Conclusiones.-Como ya se ha visto más arriba, se ha descubierto tpie el virus del tifo se halla en la sangre circulante de las personas infectadas; que este virus no es filtrable y por lo mismo afecta un tamaño microscópico y que los cultivos aerobios han sido negativos. Al contrario, los cultivos anae- robios fueron todos positivos. Estos cultivos anaerobios produjeron un ba- cilo en cultivo puro en ciento por ciento de los casos estudiados durante el período febril. El mismo microorganismo fué obtenido de igual manera durante el período febril de la forma endémica de esta enfermedad, y en 53 por cien- to de los casos fué hallado después de la crisis. Cultivos de sangre semejantes, usados como testigos no produjeron nin- gún microorganismo. (En estos tubos se usó sangre no enferma). Considerando esto y agregando las pruebas dadas por las pruebas experi- mentales y suerológicas, queda debidamente comprobado que el bacilo hallado, es el causante y único productor del tifo exantemático. Se ha propuesto llamar a este bacilo: Bacillus tiphy exant hematíe i. Estudios suerológicos.-Siendo el bacilo del tifo un anaerobio obligado no puede ser estudiado con la misma facilidad que las bacterias aerobias. Por lo mismo es menester modificar la técnica ordinaria y así vencer las dificulta- des que por este motivo se presentan. El estudio de algunas importantes reac- ciones fué suprimido por la causa antedicha. Además, al comenzar a hacer estos experimentos suerológicos había duda respecto a diferencias entre el bacilo del tifo endémico (mal de Brill) y el otro tomado de la sangre de individuos 205 con tifo epidémico. Las observaciones e investigaciones suerológicas llevadas a cabo al comenzar este trabajo demostraron que ambos bacilos son idénti- cos y por lo mismo se consideró como cansante del tifo al badilas tiphy exanthematici. El estudio de lo que con suerología se relaciona, se ha dividido en el or- den siguiente: 1) Fijación del complemento. 2) Aglutinación. 3) Precipitación. 4) Otras acciones de los anticuerpos. 5) Identificación del microorganismo aislado en casos de tifo endémico con el aislado en casos de tifo epidémico. 6) Estudios suerológicos hechos en animales. 7) Reacciones suerológicas en los individuos, después de haber tenido tifo. 8) Relación entre los resultados suerológicos obtenidos y el tifo. Fijación del complemento en el tifo.'-Varios ensayos se hicieron an- tes de conocer el microorganismo causante del tifo, para estudiar la fijación del complemento en esta enfermedad. Cathoire obtuvo reacciones positivas empleando como antígenos, extractos alcohólicos de tejidos del bazo de tifo- sos. Igualmente Markl usó extractos de órganos (bazo, hígado, corazón de tifosos) y obtuvo también reacciones positivas (aunque débilmente positi- vas) ; no llegando a obtener la absoluta fijación del complemento con sueros de tifosos. Analizando estos resultados hay que considerar su carácter no especí- fico. Extractos alcohólicos de tejidos producen un antígeno lipoide, que si se titula cuidadosamente, fijará el complemento en presencia de substancias "lipoidifílicas" (como se hallan en la sangre en casos de sífilis), y por esto no importa que los órganos provengan de individuos sanos o enfermos, y no hav relación entre los resultados obtenidos con respecto al tifo exantemático. En lo que se refiere a la cuestión de que el individuo al mismo tiempo que tifoso, sea sifilítico, deberá tenerse siempre presente al llevar a cabo una reacción de fijación del complemento. Las investigaciones del Dr. Olitzky no dieron estos resultados, por ha- berse empleado un antígeno lipoide puro (Noguchi); con extractos hechos con corazones de cuyes se obtuvieron resultados negativos en 11 casos de tifo en- démico y en 8 casos de tifo epidémico. Por lo mismo se puede decir que los re- sultados obtenidos con antígenos lipoides no tienen influencia alguna sobre el factor causante del tifo. Los resultados de los trabajos de Olitzky están fundados en las propie- dades específicas. Por ejemplo, conocido un bacilo como el tífico, se determi- naron en él, anticuerpos fijadores de complemento contra esta bacteria pro- ductora del tifo, y no los había en otras condiciones patológicas. Al describir los métodos empleados se detallarán sólo los procedimien- tos que por sus resultados han sido adoptables. 206 Método.-El antígeno.-Hay varios factores que deben tenerse pre- sentes al preparar un antígeno tífico: 1) La solución acuosa es superior a la salina. La autolisis después de calentar durante veinticuatro horas produce un extracto de mucha mayor ac- tividad. 2) Por ser de más fácil extracción es preferible hacer uso de colo- nias viejas. 3) Los antígenos deben tener un gran alcance; esto es, la unidad an- ticomplementaria debe ser cuando menos cuatro veces la cantidad que se use en la reacción. La propiedad antigénica se determina titulando con suero inmune. 4) Es preferible emplear filtrados y no suspensiones de los microor- ganismos : los últimos son muy instables y varían en título muy a menudo. Las bacterias poseen la propiedad de absorber complemento; de aquí nace el peligro de obtener reacciones no específicas. Igualmente las bacterias son muy anticomplementarias y muy poco antigénicas. El método para preparar el antígeno es como sigue: puesto que el orga- nismo causante del tifo es anaerobio, no se conoce ningún método para po- der obtenerlo en gran cantidad. El desarrollo que se obtenga en un cultivo de agar con 0.5 por ciento de glucosa (en posición inclinada) y que se halla desarrollado en un tubo de Buchner, se lava muy bien con 1 c. c. de agua destilada, teniendo cuidado de que ninguna partícula del medio de cultivo pase al líquido, y cada cultivo debe ser comprobado en cuanto a su pureza tiñéndolo por el método de Gram. 20 ó 30 de estos tubos inclinados dan por lo general cantidad de extracto suficiente para todas las necesidades de la práctica ordinaria, y equivalen a 10 ó 15 c. c. de extracto. Esta suspensión turbia se calienta a 00 grados C. durante una hora y se autoliza a 37 grados C. durante veinticuatro horas. En seguida se filtra con filtro Berkefeld mo- delo N, que haya sido previamente hervido, lavado y limpiado escrupulosa- mente; y esta filtración debe ser lenta, pues de otra manera el extracto co- rre el riesgo de contaminarse por exposición o se vuelve anticomplementa- rio por la presencia de bacterias. No se añade ningún preservativo al líquido resultante, que es el antígeno, listo para usarse. Se conserva durante meses y cuando se use hay que calentarlo a 56 grados C. durante media hora, re- pitiendo esta operación durante tres días consecutivos. Para titularlo, úsese haciendo una solución normal; esto es, tómese una parte de solución fisiológica de NaCl para nueve partes de antígeno. El valor antigénico del antígeno se determina del modo siguiente: el antígeno se titula primero para hallar su unidad anticomplementaria; para este objeto las titulaciones se hacen con el antígeno concentrado, sin diluir- lo, de 1 : 5 ó 1 : 10. Un antígeno diluido de 1 :5 es muy propio. 1/4 de la uni- dad anticomplementaria se titula con cantidades decrecientes de suero de conejo inmune, comenzando con 0.1 c. c. Para considerar un antígeno como aceptable, debe impedir que se veri- fique la hemolisis con cantidades de suero menores de 0.005 c. c. y no debe impedirla con suero normal. El suero de conejo inmune se obtiene inyectando en las venas a un cone- 207 jo con cantidades crecientes de cultivo tífico. La dosis inicial debe compren- der Ja suspensión completa del desarrollo de un tubo inclinado de cultivo de bacilo tífico. La última inyección equivale al cultivo recogido de cuatro tubos. El animal es sangrado nueve o diez días después de la última inyec- ción. Un antígeno (11-9) por ejemplo, se tituló para averiguar su unidad an- i¡complementaria. Hubo hemolisis incompleta con 0.1 c. c.; en dilución de 1 : 5 hubo completa hemolisis con 0.4 c. c., y se impidió completamente la hemolisis usando 0.6 c. c. Titulando 0.1 c. c. de la dilución 1 : 5 con suero de conejo inmune se observó la completa fijación del complemento con 0.002 c. c. del suero del conejo. Tal antígeno se considera como útil. El sistema hemolítico.-El complemento se prepara diluyendo suero fresco de la sangre de un cuy (1 :10). Este se titula poniendo en tubos cantidades constantes de amboceptor y cantidades decrecientes de comple- mento. La cantidad de complemento que se emplea es por lo general 0.3 c. c. El amboceptor es el suero de un conejo inmunizado con inyecciones de glóbulos rojos lavados de sangre de carnero. El título por lo general es arriba de 1 :1000. Los glóbulos rojos lavados de carnero en dilución al 5 por ciento, forman el otro reactivo del que se usa en la reacción de 0.5 c. c. Estos reactivos componen el sistema hemolítico. En general el sistema hemolítico debe ser muy activo si se desea obtener resultados precisos. Este sistema está combinado de tal manera que la hemolisis tiene lugar completamente en quince minutos. Representa la mitad de las cantidades de reactivos emplea- das en la reacción de Wassermann original. Suero del paciente.-Se hace inactivo el suero tomado por punción aséptica de la vena del pliegue del codo (calentándolo a 56 grados C. du- rante treinta minutos), y se emplean 0.05 y 0.1 c. c. El suero que produce la completa fijación en ambas cantidades se considera como fuertemente po- sitivo (4 cruces) ; cuando sólo produce la hemolisis en la cantidad mayor, entonces se considera como positivo (2 ó 3 cruces). Tales sueros conservan su contenido de anticuerpos durante un mes poco más o menos si están en la refrigeradora. La reacción.-Cada reacción se compone de una serie de tubos en los que se ponen el suero por investigar, un suero negativo, un suero posi- tivo y la cantidad de antígeno (el doble de la usada en la reacción), como testigos. Se mantienen los tubos en un baño de María a 37 grados C. y tres y media horas en la refrigeradora; pudiendo después hacerse la lectura de los tubos cuando se haya verificado la hemolisis completa en los tubos testigos con suero y otros con antígeno. Reacción de fijación del complemento durante el curso del tifo.-Estos métodos fueron aplicados al estudiar casos de tifo. Al principio se usaron tres antígenos, uno hecho de organismos obtenidos de casos epidémicos de tifo, otro de organismos de casos endémicos y el tercero hecho con una mez- cla de ambos gérmenes. Comparando los resultados obtenidos en un caso de tifo endémico y once casos de tifo epidémico, se halló que el caso endémico dió una reacción fuertemente positiva (4 cruces) con antígeno hecho de un organismo de caso epidémico; pero la dió negativa.... Hubo varias razones 208 para obtener estos resultados, pues sólo se tenía un solo cultivo de microor- ganismo del tifo endémico y cuatro diferentes cultivos del organismo dei tifo epidémico. Se notó (pie los antígenos polivalentes dan reacciones más enérgicas que los monovalentes. De los 11 casos de tifo epidémico, 9 fueron investigados después de la crisis; 2 dieron reacciones negativas con antígenos endémicos y epidémicos, y 7 fueron positivas con los dos antígenos. Después de haber obtenido estos resultados se descartaron los antígenos simples y se usaron sólo los antígenos hechos con ambas variedades de cul- tivos. Sin duda por este hecho y por haberse obtenido más cultivos, los re- sultados obtenidos posteriormente han sido más uniformes y las reacciones positivas más comunes. Los casos mencionados, es decir, 11 de tifo epidémico y 34 de tifo endé- mico. fueron investigados después de la crisis. En este período apirético el número total de reacciones positivas fué de 28 o sea el 71,8 por ciento. De todos los casos investigados, sin tener en cuenta el período de la enfermedad, el total de reacciones positivas fué de 29 o sea 64,4 por ciento. Es una pro- porción baja; pero se debe considerar el hecho de que por la naturaleza del tra- bajo llevado a cabo para determinar si el bacilo es el verdadero causante del tifo, sólo se aceptaron los resultados francamente positivos y las reacciones dudosas fueron consideradas como negativas. En lo referente al período de la enfermedad en el que se obtienen reac- ciones positivas, se hicieron observaciones muy importantes: 25 casos fueron investigados en el período álgido de la enfermedad, y de éstos, dos fueron positivos solamente, uno fué positivo 2 cruces y el otro positivo 4 cruces. Ambos fueron investigados nuevamente un día antes de la crisis. El último caso dió una reacción negativa y el primero dio un culti- vo puro de la sangre. 10 casos se investigaron durante la crisis. De éstos 2 fueron positivos 4 cruces, uno dió positivo 3 cruces, otro positivo 2 cruces y los demás fueron negativos. Se notó una marcada tendencia de aumento de cuerpos fijadores de complemento durante la crisis. En el período después de la crisis las reacciones positivas son más co- munes. Se obtuvo un 71,8 por ciento de reacciones positivas. En un caso que al principio de la enfermedad presentaba una reacción negativa se halló que después de la crisis la reacción era positiva (4 cruces). Por lo anterior se deduce que los anticuerpos fijadores de complemento alcanzan su máximo entre el segundo y el duodécimo día después de la crisis. Fijación del complemento en casos testigos.-En estos experimen- tos siempre se tuvo presente el hecho de que la suma de las propiedades anticomplementarias del antígeno y el suero, cuando se mezclan en una reacción, es mayor que la suma de las propiedades anticomplementarias de cada uno por separado. Por lo mismo los reactivos usados fueron de un grado tal de pureza, para evitar así toda posibilidad de errores que pudieran provenir de acción anticomplementaria, y la eficacia de estos reactivos fué asegurada no considerando positivas las reacciones dudosas. Así, se puede decir que todos los testigos sin agente tífico dieron reacciones negativas. 209 Se hicieron 104 casos de testigos que consistieron en una gran variedad de estados patológicos, tales como: fiebre tifoidea, fiebre paratifoidea, in- fluenza, procesos patológicos infecciosos, crónicos, como sífilis, tuberculosis, tumores, estados quirúrgicos. En algunos de los casos de enfermedades febri- les agudas en las que el suero fue investigado durante el período febril, se hizo un segundo ensayo con la sangre tomada poco después del período, y los resultados obtenidos fueron igualmente negativos. Fijación del complemento en casos de tifo con otros antígenos distin- tos del antigeno tífico.-Como es sabido entre los suerologistas, algunos sueros en presencia de algún antígeno bacteriano fijan el complemen- to. Estas reacciones son absolutamente no específicas, y uno de los me- jores ejemplos lo tenemos en el caso del suero de conejo en gran- des cantidades. Para evitar este elemento no específico, el antígeno tí- fico fue titulado con suero normal y con suero inmune. Asimismo el suero tífico que dió resultados positivos con el antígeno tífico filé tratado por los siguientes antígenos bacterianos: los resultados fueron todos negativos. Antígenos hechos con bacterium cotí, estafilococcus áureas, gonococos, es- treptococos (antígenos simples hechos de diversos tipos de bacterias) y al- gunos bacilos anaerobios, Gram-positivos, teniendo una morfología semejan- te a la del bacilo tífico (bacillus acné y bacilos aislados de líquido ascítico y de riñón de conejo!. Estos antígenos fueron preparados de la misma ma- nera que el antígeno tífico. Aglutinación en el tifo.-El método elegido para llevar a cabo la aglutinación con suero de tifoso o con el organismo tífico, es el método microscópico. Este método bien hecho iguala al macroscópico por su segu- ridad y exactitud. Las razones que hacen emplear el método microscópico mejor que el macroscópico son las siguientes: 1) El microorganismo crece en cantidades muy pequeñas y requiere pa- ra su crecimiento (pie el cultivo sea anaerobio: por lo mismo las grandes cantidades de gérmenes que se necesitan para los aglutinómetros son difíci- les de obtener. 2) El bacilo sin adición de suero tiene una tendencia muy marcada a aglutinarse por el reposo; haciendo por lo mismo que el método sea imprac- ticable, por su larga duración. 3) Estudios comparativos entre el método microscópico y el macroscó- pico demuestran que siempre que se obtiene una reacción positiva con el primer método, se obtiene igual con el segundo. Se hace necesario el hecho de que los ensayos macroscópicos produzcan lecturas positivas en mucho ma- yores diluciones que las que dan los ensayos microscópicos. Zonas proaglutinoides son muy comunes en el primero, y la aglutinación se ve mejor más allá de diluciones al 1 : 200; mientras que estas zonas nunca se ven en el método microscópico; y el término medio de la aglutinación es 1 : 200. 4) Este método permite conservar la reserva de suero, (pie es por lo ge- neral muy limitada y que a veces se requiere para otros estudios. El método microscópico que se usó consiste en poner una serie de tubos pequeños, cada uno conteniendo una cantidad creciente de una dilución del 210 suero por examinar; 5 tubos se requieren por lo general: el tubo 1 contiene 0.1 c. c. de suero con 0.9 c. c. de una sol, al 0.85 por ciento de NaCl; el tubo 2 contiene 0.5 c. c. de la mezcla anterior en el tubo 1 más 0.75 c. c. de NaCl; el tubo 3 contiene 0.5 c. c. del contenido del tubo 2 más 0.5 de sol. salina; el tubo 3 contiene 0.5 c. c. del contenido del tubo 2 más 0. 75 de sol. salina; el tubo 4 contiene 0.5 c. c. del contenido del tubo 3 con 0.75 de sol. salina, y el tubo 5 contiene 0.5 c. c. del contenido del tubo 4 con 0.5 c. c. de sol. salina. i)e esta manera se tienen diluciones sucesivas (de 1 :10, 1 :25, 1.50, 1 :100, 1 :200). El suero que se use tiene que hacerse inactivo calentándolo a 56 gra- dos C. por media hora. El aglutinógeno se hace suspendiendo los desarrollos de varios cultivos de bacilo tífico .en solución salina. Esta es bien agitada con la mano o en una máquina agitadora hasta que no se vean copos de bacilos en suspensión. Se centrifuga suavemente con objeto de hacer clara la solución de algunos copos pequeños que podrían haber quedado. La exactitud de la dilución fi- nal (la del suero mezclado con aglutinógeno) se mantiene usando el mismo alambre de platino para cada uno de estos reactivos y tomando una gota de la superficie de cada flúido. De esta manera se obtienen diluciones de 1 : 20, 1 : 50, 1 :100, 1 :200, 1 :400. El resultado de la reacción puede leerse después de transcurrida una hora manteniendo los tubos a la temperatura ambiente. Cuando todas las bacterias se amontonan en masas sólidas, con espacios claros, la reacción se llama positiva 2 cruces; cuando los aglomerados de bacterias son defini- dos pero no de tamaño tan grande como en el primer caso, la lectura se con- sidera como positiva 1 cruz, y cuando se nota «pie hay aglutinación clara, pero se observan entre los aglomerados de bacterias algunas bacterias libres, la reacción se llama ligera. Hay que tener mucho cuidado al hacer la lectura de examinar toda la masa líquida, para evitar la aglomeración que general- mente ocurre en la periferia de una gota en todas las emulsiones bacteria- nas y que haría confusa la lectura. El término medio de la aglutinación es de 1 :200. Aglutinación durante el curso del tifo.-Se hicieron estos experi- mentos empleando dos cultivos, uno obtenido de casos de tifo epidémi- co y el otro de casos de tifo endémico: demostraron que el aglutinógeno del tifo epidémico produjo aglutinación con el suero del tifo endémico, así como con el suero de tifo epidémico, y que el aglutinógeno del tifo endémico dió aglutinación positiva con el suero de casos de las dos variedades de tifo. Los resultados obtenidos fueron irregulares y debido probablemente a que el cultivo de tifo endémico era viejo y el de tifo epidémico era un culti- vo reciente. Usando un aglutinógeno mixto, es decir, conteniendo cultivos de casos de tifo epidémico y tifo endémico, se obtuvieron aglutinaciones en la ma- yoría de los casos, y fueron más frecuentes que las reacciones de fijación del complemento. Entre 43 casos de tifo, durante cierto período de la enfermedad, 39 o sea 90,7 por ciento fueron positivos. De estos casos, 34 fueron examinados en 211 el período álgido de la enfermedad. En este caso fueron todos negativos ex- cepto 2; presentando ambos un título de 1 : 100. En ambos casos la sangre fue examinada un día antes de la crisis. Diez c¿isos fueron examinados en el día de la crisis y de éstos, 7 fueron negativos y 3 positivos. En el período apirético se estudiaron 38 casos: sólo se obtuvieron 3 negativos, y 92,1 por ciento de los casos fueron positivos. Por esto se verá que las aglutininas se hallan ausentes en el período álgido de la enfermedad; pero aumentan durante la crisis hasta que llegan a alcanzar su punto más alto durante el período apirético. Con respecto a la persistencia de las aglutininas, se sabe que se encuen- tran basta cinco meses después de la crisis. Aglutinación en casos testigos.-Un gran número de los casos testigos fué examinado en lo que se refiere a reacción de fijación del complemento y a aglutinación. Se hicieron exámenes de 41 casos en estas series y se incluye- ron en la serie casos de diferentes enfermedades. En 7 de estos casos se verificó la aglutinación en dilución de 1 :20, pe- ro nunca en diluciones mayores. De los 7 casos uno era de tumor cerebral, dos eran de afecciones valvulares, dos de parálisis general, otro de carcino- ma de las amígdalas y uno de alcoholismo. En todos la fijación del comple- mento fué negativa. Hay que tener en cuenta que al hacer las lecturas sólo se consideraron como positivos los casos que dieron aglutinación en dilucio- nes de 1 : 50 o en diluciones mayores. Las reacciones no específicas en diluciones débiles no son peculiares al tifo Se acepta como cierto que en todos los sueros normales se hallan ves- tigios de anticuerpos, pero en sueros inmunes aumentan en mayor o menor grado. En el caso arriba citado, en diluciones débiles, la aglutinación se verifica probablemente por causa de algún fenómeno coloidal. Además de los casos mencionados se experimentó con otra serie de do- ce. Estos fueron enviados para diagnóstico, y las investigaciones verificadas con ellos probaron que estos casos no eran de tifo. Todos acusaron reaccio- nes negativas en la aglutinación. Todos eran febriles y comprendían enfer- medades diversas tales como fiebre tifoidea, meningitis, tuberculosis, influen- za, etc., etc. En estos casos se examinó la sangre durante el período febril y en el pe- ríodo después de la crisis; obteniendo igualmente resultados negativos. En otra serie de testigos se examinaron 40 casos. Estos casos dieron resultados positivos. El caso 1 era de un adulto, varón, que padecía de celu- litis de la mano en el momento en que se tomó la sangre. Como historia clí- nica, dijo que había estado sirviendo de soldado en un cuerpo en la frontera mexicana y que durante ese tiempo se había sentido atacado por diferentes padecimientos, de los que fué atendido en el Hospital del Campamento. Por causa de su padecimiento no pudo dar una historia detallada. Los otros dos casos eran emigrantes que habían vivido en lugares infectos. Por su falta de cultura no pudo obtenerse de ellos una buena historia clínica. El primer caso mostró aglutinación de 1 : 100; los otros dos casos acu- saron aglutinación de 1 : 200. Los experimentos de fijación del complemento 212 fueron negativos en los tres. Es razonable creer que estos tres casos no fue- ron de tifo. Aglutinación con otros microorganismos diferentes.-Durante el curso de estos experimentos se usaron aglutinógenos hechos de bacterias que se re- cogieron de casos de enfermedades distintas del tifo y (pie tenían semejanza morfológica con el bacilo tífico. En todos los casos investigados los resulta- dos fueron negativos y en ellos se empleó suero de convalecientes de tifo. Precipitinas en el tifo.-En el suero de casos de tifo en el período de la convalecencia se presentan precipitinas que reaccionan con filtrados del ba- cilo tífico. Métodos.-El precipitógeno fué preparado inoculando caldo con 2 por ciento de glucosa, con bacilo tífico y dejando a los cultivos desarrollar- se durante un mes. Diferentes cultivos se emplearon con objeto de obtener un precipitógeno polivalente. Los cultivos fueron logrados cultivando en tu- bos de Buchner, y el medio de cultivo cubierto en la superficie con parafina líquida. No se usó ningún suero en estos cultivos. El sedimento o crecimien- to de cada tubo fué examinado para tener certeza de su pureza, y todos los líquidos fueron filtrados en un Berkefeld. El filtrado se empleó como preci- pitógeno. Se empleó el método de Besredka de precipitar la proteína de las célu- las bacterianas, secándola y suspendiendo el residuo en una solución fisio- lógica o en agua pura; pero el método arriba citado es preferible. El suero empleado se clarificó y se hizo inactivo. Se hicieron diluciones de 1 :100, 1 : 500, 1 :1000, 1 : 1500 y 1 : 5000. Se hicieron tubos testigos usan- do un suero inmune de título conocido y un suero negativo de un caso que nunca padeció de tifo. El ensayo fué practicado añadiendo 1 c. c. de precipi- tógeno a 0.5 c. c. de cada, dilución en tubos. Los resultados fueron leídos después de dos horas de permanencia a 37 grados C. Los tubos en que no se notó ningún precipitado fueron colocados en la refrigeradora durante la no- che. Se debe tener mucho cuidado al leer las reacciones cuando se dejan los tubos en la refrigeradora, pues es común (pie haya contaminación con el ba- cillus subtilis. Se deberán hacer subculturas para poder descartar esta pro- babilidad de error. Sin embargo, la mayor parte de los ensayos hechos, fue- ron leídos dos horas después de permanencia en la incubadora a 37 grados C. Algunos tubos mostraron turbiedad en diluciones débiles poco después de la adición del precipitógeno. Después de obtener algunos resultados positivos se simplificó el méto- do y se emplearon sólo seis tubos. El tubo 1 contenía 0.05 c. c. de suero sos- pechoso; el tubo 2 contenía 0.01 c. c. de suero sospechoso; el tubo 3, 05 c. c. del suero sospechoso; el tubo 4, LO c. c. del suero sospechoso; el tubo 5 contenía 0.05 c. c. de suero inmune; el tubo 6 contenía 1,0 c. c. de suero testigo (ne- gativo), y se agregaron a todos los tubos 2 c. c. de precipitógeno y solución fisio- lógica para formar en total 3 c. c. en cada tubo. La lectura de los resulta- dos se hizo después de transcurridas dos horas a 37 grados C. Precipitina durante el curso del tifo.-Hay una gran semejanza entre los resultados de las experiencias hechas para determinar fijación de comple- mento, aglutininas y precipitinas. 213 Diez casos que se estudiaron en el período álgido del nial produjeron resultados negativos. Tres casos fueron examinados con sangre tomada du- rante la crisis. De éstos uno mostró turbiedad marcada en una dilución de 1 : 1000. De los 19 casos estudiados en el período apirético, 14 o sea el 73.6 por ciento produjeron precipitación. Tres reaccionaron positivamente en di- luciones de 1 : 1000, mientras que el resto mostró precipitados en diluciones de 1 : 100. La precipitina se halla ausente en el período álgido de la enfermedad, pero se hace evidente en el período que sigue a la crisis. Desde este momento aumenta durante todo el período subcrítico. En cada ensayo se usó además un tubo testigo con un suero negativo. Ninguno de estos tubos mostró reacción positiva. Otros anticuerpos en el tifo.-No se pudo determinar en el suero in- mune al tifo la presencia de bacteriolisinas o bacteriocidinas contra el tifo. Esto no quiere decir que tales anticuerpos no existan, pues no se lia llegado a lograr un método para descubrirlos. Las razones son las siguientes: 1) La experimentación en los animales es muy poco a propósito. Los organismos pierden rápidamente su virulencia; por lo mismo el poder pro- tector del suero inmune no puede ser determinado porque los animales tes- tigos (inyectados con bacterias solamente) no son afectados por ella. 2) Experimentos de bacteriolisina han dado igualmente resultados ne- gativos. Se intentó el método de platillos de Petri usando diluciones del sue- ro inmune, así como también un método con pipetas capilares; los experi- mentos con los platillos fueron negativos; e igual pasó con las pipetas ca- pilares; lo que hace creer que no pudo obtenerse un grado anaerobio bas- tante marcado para permitir el desarrollo de los organismos. 3) Se intentó reproducir el fenómeno de Pfeiffer en cuyes, empleando cuyes tifoinmunes y bacilo tífico, y no se verificó la bacteriolisis como pasa en el cólera. En resumen, no se puede aún decir nada a este respecto, sino hasta lograr obtener resultados de* investigaciones en animales usando un cultivo virulento del organismo. Opsoninas.-Es evidente que en el suero inmune al tifo existen opso- ninas contra este microorganismo. Se empleó el método de Wright para de- terminar las opsoninas, usando suero inactivo. Los resultados acusan que el índice opsónico aumenta en la crisis y permanece en el mismo estado durante el período de la convalecencia. Estudios de inmunización profiláctica con el bacilo del tifo exante- mático.-En el año de 1915 y en el mes de junio, una expedición científica en- viada por el Mount Sinai Hospital, de New York, y patrocinada por la Cruz Ro- ja Americana, fué a Serbia en donde entonces prevalecía la epidemia del ti- fo. Después de la ocupación de ese país por los búlgaros y a solicitud de las autoridades búlgaras se prosiguieron los estudios comenzados, y en este tiem- po el Gobierno Austríaco hizo una invitación a esta expedición para llevar a cabo sus experiencias en Volhynia, Rusia, en donde se desarrollaba en esos días una epidemia que se iba extendiendo rápidamente. Además de lo referente a vacunación se llevaron a cabo estudios bacte- riológicos, suerológicos y epidemiológicos; los que confirmaron los resulta 214 dos obtenidos en 1915 en lo que se relaciona con la significación etiológica del bacilo del tifo exantemático. Este trabajo fué desempeñado durante la práctica de los señores Teo- doro Escherinch, G. Blumenthal, jr., y Eugéne Meyer, jr., como practicantes de Patología y bajo los auspicios de la Cruz Roja. Dos de los autores de este trabajo, los doctores Plotz y Baehr, tomaron parte en la expedición a Eu- ropa, trabajando primero unidos, en los Balkanes y más tarde independien- tes, el primero en Serbia y Bulgaria y el segundo en Volhynia y Galitzia. Los doctores Olitzky, Denzer y Poli fueron los que prepararon la mayor parte de las vacunas, y el primero y el doctor Denzer tomaron parte en la expedición de México. La vacuna consiste en una suspensión de quince cultivos del bacillus typhy exanthematici en solución fisiológica de cloruro de sodio, que se suje- ta durante media hora a 58 ó fit) grados C. Después de haber sido comproba- da la esterilidad de esta suspensión, la vacuna fué diluida de tal manera que cada centímetro cúbico contenía poco más o menos dos billones de bacterias Se aña lió un 0.5 por ciento de fenol para asegurar su esterilidad. Se aplica- ron tres inyecciones de esta vacuna, en dosis de 0.5 y 1, respectivamente, apli- cadas con cinco o seis días de intervalo. Como la cantidad de vacuna que se hizo fué limitada, se creyó oporti.ro restringir las vacunaciones lo más posible a aquellas personas que estaban más expuestas a contraer la enfermedad. La vacuna, por lo tanto, fué admi- nistrada a los directores, los empleados de los hospitales que se hallaban en contacto continuo con los enfermos antes o después de haber sido admitidos en el hospital, cuando se hallaban infestados por piojos, y también fueron vacunados los hombres que se ocupaban de desvestir, bañar, afeitar y rasu-, rar la cabeza de los pacientes que eran admitidos en el hospital y a todos aque- llos que formaban brigadas sanitarias para proteger y detener la epidemia en los pueblos y aldeas. Además todos los empleados de los hospitales fue- ron vacunados, así como algunos grupos de militares entre los que había co- menzado a manifestarse el mal. La vacuna fué administrada por los doctores Plotz y Baehr y los imhlí- eos militares directamente bajo la vigilancia de estos señores. Se llevaron detalles minuciosos y estadísticas de cada persona (pie fué vacunada. En Serbia, después de la ocupación búlgara y en Bulgaria, se empleó la vacuna en sesenta y tres hospitales militares búlgaros y estacionen milita- res, y en total fueron vacunados 5,251 hombres. 60 por ciento de éstos fueron vacunados en noviembre y diciembre de 1915; el resto durante los primeros tres meses del 1916. Los casos de tifo empezaron a aparecer en gran número en los Balkanes a fines del mes de enero de 1916; el máximo tuvo lugar en febrero, aunque focos del mal aparecieron en diversas partes del país hasta a mediados de mayo. Según estadísticas hubo 3,000 casos en los hospitales militares búlga- ros. Cuántos miles de casos ocurrirían entre los civiles en todo el país, no se ¡nido averiguar. Aunque la epidemia no fué tan severa como la del invierno de 1914 a 1915, sin embargo, fué bastante grave y la mortalidad alcanzó la cifra de 11 por ciento. 215 Entre los 5,251 vacunados en Bulgaria en hospitales militares y en es- taciones sanitarias, de los que se hallaban expuestos al peligro de infección, sólo ocurrieron 3 casos de tifo. Según las estadísticas del jefe de la división militar del ejército búlga- ro, el número de casos entre los no vacunados en éste y en otros hospitales de Serbia y Bulgaria fue muy grande. Por ejemplo, en el pueblo de Uskub en el que había cinco hospitales militares, se llevó a cabo la vacunación com- pleta en cuatro de ellos. En estos cuatro hospitales no hubo un solo caso en el mismo período de tiempo. En el hospital en que la vacunación no se llevé» a cabo se contaron 34 casos de tifo, en el mismo período de tiempo. En el pueblo de Gornijumier en Bulgaria muchos casos tuvieron lugar entre los personales de los hospitales antes de que se aplicaran las vacunas. Durante el curso de las vacunaciones (diez días) 4 casos más se desarrolla- ron entre ellos. Después de haber terminado la vacunación no hubo ningún caso nuevo, aunque los hospitales admitieron más de 300 casos en las siguien- tes tres semanas. En el pueblo de Radomir, en Bulgaria, veinte personas entre el personal de los hospitales tuvieron la enfermedad antes de (pie se instituyeran las va- cunas. Después de ese tiempo, aunque aumentaron los ingresos de tifosos, no se registré) ningún nuevo caso entre el personal. En Rusia las observaciones fueron particularmente hechas en la región de Volhynia, ocupada en ese tiempo por las fuerzas austro-húngaras, en el territorio al sur de los pueblos de Dubno y Lutzk, en la frontera con Galit- zia. Esta región estaba llena de hospitales austro-húngaros de campo y epi- démicos, así como campamentos de cuarentena para el aislamiento de los casos sospechosos de tifo. La epidemia duré) de diciembre de 1915 a mayo de 1910 y atacé) especialmente a la población civil; no escapando sin embargo el ejér- cito. Aunque este trabajo fué llevado a cabo a solicitud del gobierno austro- húngaro, no pudieron obtenerse por razones militares estadísticas precisas. Debido a la estricta prohibición del jefe de las armas de dar datos respec- to al número de casos habidos, no pudo obtenerse estadística ninguna por este motivo, como pasé) igualmente con la epidemia de cólera (pie allí se des- arrollé) en el verano de 1915. La epidemia del tifo en Volhynia fué, sin embargo, muy extendida, y de acuerdo con las observaciones de los médicos el número de casos llegó a al- canzar cifras altísimas, y por estar constantemente transportando tropas de un punto a otro, así como también las columnas de abastecimiento que iban de una población a otra, casi no hubo una sola aldea que no fuera invadida por el tifo. A causa de la falta de ferrocarriles a través del territorio y las malísimas condiciones de los caminos, el transporte de los enfermos de tifo era sólo posible en carros de madera tirados por caballos. El pequeño» hospital para el tifo en el (pie vivieron algunos médicos tres meses, admitía sólo 200 pacientes, y en él se llevaron a cabo experimentos bacteriológicos y epidemiológicos; pero por las desventajas antedichas fué difícil sanear esa localidad. Como en los Balkanes, se hizo un esfuerzo a fin de limitar las vacunas sólo a aquellas personas que estaban más expuestas a contraer la enferme- 216 dad especialmente al personal de los hospitales. La vacuna usada fue la ya descrita y se vacunaron 3,109 personas en 46 campamentos. Hasta el fin de mayo de 1916 se produjeron tres casos de tifo entre los vacunados; entre los no vacunados hubo muchísimos, aunque no se pudieron conseguir estadísticas exactas. En un grupo de ejército adyacente fueron vacunados todos los miem- bros del personal del hospital, y en total fueron vacunadas 5(1 personas. An- tes de practicar las vacunaciones cinco médicos fallecieron de tifo en el te- iritorio (pie abarcaba este cuerpo de ejército. Cifras exactas de los falleci- mientos de médicos, enfermeras, etc., no fué posible obtenerlas. La vacuna- ción se verificó en enero de 1916. Durante este período de vacunación (diez díast se desarrollaron 5 casos entre el personal de los cuatro hospitales en (pie se aplicaba la vacuna. Durante los siguientes cuatro meses de la epide- mia no se desarrollaron ya más casos; aunque según informes del jefe de la comisión para vigilar las enfermedades epidémicas en este grupo del ejérci- to, no se hicieron ningunos cambios en la forma de admitir enfermos, y se siguieron recibiendo tifosos en tan gran número como anteriormente. En total 8,420 personas, miembros de 109 hospitales y campamentos sa- nitarios en Serbia, Bulgaria y Volhynia, fueron vacunadas contra el tifo (lu- íante la epidemia del 1915 a 1916. Se hizo una prueba para incluir entre este número sólo a las personas que estaban más expuestas al peligro del conta- gio. De este número seis adquirieron el mal durante los cuatro meses de la epidemia. Nuestros experimentos en los Balkanes y en Volhynia durante el invier- no y la primavera de 1915 a 1916 con la vacuna hecha del bacillus tiphn ewanthenwtici, parecen indicar que es capaz esta vacuna de reducir la apa- rición de Ja enfermedad, aunque no produce una inmunidad absoluta contra el tifo. Etiología del tifo exantemático (tabardillo') en México.- En el invier- no comprendido entre 1915 y 1916 el Hospital Mount Sumí, de la ciudad de Nueva York, envió a nuestro país una expedición científica con el único ob- jeto de experimentar los procedimientos descubiertos de inmunización de es- ta enfermedad, así como para estudiar el tifo dominante entre nosotros. Esta expedición perfectamente dotada de todos los útiles e implementos para llevar a cabo estos estudios, vino encabezada por los DD. Peter K. Olitz- ky, Bernard S. Denzer y Carlos E. Husk, y es verdaderamente de lamentarse (pie a consecuencia de la agitada situación política que reinaba entonces en el país, se hayan visto obligados a suspender sus útiles e interesantes expe- rimentos y regresar a los Estados Unidos dos meses después de su llegada a México. La ciudad elegida para llevar a cabo estos trabajos fué la de Ma- tehuala, en el Estado de San Luis Potosí, y en este lugar la expedición reci- bió gran ayuda y apoyo de la American Smelting and Refining Co., permi- tiendo <pie se establecieran los laboratorios en uno de sus edificios. En los momentos en que llegó la expedición a Matehuala, se calcula que habría como 500 casos de tifo. 217 Uno de los médicos que encabezaba la expedición falleció en Mateliuala por infección tífica. En sus rasgos generales la enfermedad de Mateliuala corresponde al ti- po clásico de tifo. Sin embargo, fué necesario identificar absolutamente la naturaleza <1(4 virus, puesto que se puede confundir el tifo con la influenza, la fiebre recurrente, la fiebre tifoidea. Para comprobar la naturaleza del virus se inoculó suero de varios pa- cientes a varios cuyes. Observaciones hechas anteriormente demostraron que cuando se inyecta a cuyes el suero de un paciente de tifo en el período fe- bril, se produce en los animales inyectados una reacción térmica que dura de cuatro a once días después de un período de incubación variable entre «iete y catorce días. La sangre del cuy inyectado es infecciosa para otros cuyes cuando se extrae durante el período febril. El procedimiento empleado para inyectar los cuyes era el siguiente: se inyectan en el peritoneo 3 c. c. de la sangre del paciente (desfibrinada) más 3 c. c. de una sol. fisiológica de NaCl. Después de un período de incubación de doce días poco más o menos se desarrolló una fiebre marcada en los cu- yes. Tales animales fueron sangrados y su sangre inyectada a otros cuyes. El virus se mantuvo activo durante dos generaciones, cuando se tuvieron (pie interrumpir los experimentos por causa de las condiciones reinantes en el país, que obligaron a la expedición a retirarse de México. El período de incubación, el tipo de la reacción febril y los efectos ha- llados al hacer la autopsia: bazo dilatado, con corpúsculos de Malpighi muy prominentes, corresponden exactamente con los resultados obtenidos en tra- bajos anteriores con el virus de tifo endémico y epidémico. ('orno testigos fueron inyectados algunos cuyes con sangre de individuos que no padecían del tifo, y no se obtuvieron ningunos síntomas de infección como en los otros. Kesultados de los cultivos de la sangre.-Se hicieron cultivos de la san- gre en todos los casos. Los resultados obtenidos no fueron exactos por la fal- ta de hospitales y personal competente, y la necesidad de trabajar en casas en pésimas condiciones higiénicas, de nativos completamente ignorantes. Se hicieron cultivos de la sangre en 31 casos de tifo y con algunos pa- cientes (pie no padecían tifo. Se emplearon los procedimientos de cultivo arri- ba citados. De los 31 cultivos 3 se hicieron agregando 0.5 por ciento de glu- cosa-suero-agar. De éstos, uno fué positivo. De los 28 cultivos hechos con 2 por ciento de glucosa-suero-agar sólo 8 pudieron ser observados el tiempo suficiente para poder formarse un juicio de su evolución, por haber tenido que abandonar en esos momentos el país. Todos estos cultivos mostraron un organismo (pie revela todas las características morfológicas del bacilo des- cubierto por Plotz. En los casos en (pie se hicieron los cultivos con la sangre tomada duran- te la crisis, no se obtuvieron microorganismos. Este hecho y la gran cantidad de colonias observada en casos en que la sangre fué tomada en el sexto día de la enfermedad, concuerda con resultados semejantes obtenidos anteriormente por estos mismos médicos. Se observa que en los cultivos hechos en los días cuarto y quinto de la enfermedad aparecen muchísimas colonias; igual se 218 observó en cuyes que fueron inyectados tres días antes de la crisis. En am- bos casos no se obtuvieron organismos en cultivos hechos con sangre toma- da en el momento de la crisis. El número de colonias obtenido, comparado con el total de centímetros cúbicos de sangre cultivada, muestra claramente la relación en el grado de bacterihemia según sea la gravedad del caso. Pompa ramio los resultados ob- tenidos en México, con los obtenidos en New York y en Serbia, se hace no- tar lo siguiente: Mortalidad: 0.3 por ciento. Número de colonias: 33 Número de c.c. de sangre cultivados: 436 c.c. Término medio de colo- nias por c c.: 0.07 Tifo endémico (N ueva-Yo rk.) Mortalidad: 20 por ciento. Número de colonias: 34 Número de c.c. de sangre cultivados: 120 c.c. Término medio de colo- nias en cada c.c.: 0.28 Tifo mexicano. Mortalidad: entre 18 y 60 por ciento. Número de colonias: 74 Tifo balkánico. Número de c.c. de sangre cultivados: 51 Número de colonias en Cada c.c.: 1.45 Por lo anterior se ve que mientras más grave es la enfermedad, mayor es el número de colonias. Esto se vió muy claro en un caso que se hallaba en una gravedad extre- ma en el período de la crisis, pero (pie se recobró después de una pesada convalecencia. Este caso presentó mayor número de colonias en los cultivos, que la mayoría de los casos. La aparición de las colonias en la sangre origi- nal cultivada, fue entre los días cuarto y decimocuarto, por lo general en el noveno día. Al mismo tiempo se hicieron cultivos con sangre de pacientes (pie no sufrían de tifo; entre ellos hubo casos de influenza, bronquitis, bronconeu- monía, pulmonía, cistitis, etc. Todos fueron cultivados durante el período febril de la enfermedad, habiendo empleado los mismos medios de cultivo y procedimientos (pie en los casos de tifo, además de 76 c. c. de sangre para estos cultivos y 12(1 c. c. de sangre tifosa. Los tubos testigos fueron observa- dos cuidadosamente durante veintiún días. Todos estos cultivos fueron nega- tivos o mostraban la causa de la enfermedad, como el bacilo de Pfeiffer, el neumococo, etc Resultados de los experimentos de aglutinación.-Por carencia absoluta de facilidades y animales en los experimentos suerológicos, se tuvo (pie recu- rrir especialmente a experimentos de aglutinación. El suero (pie se obtenía de los enfermos, era en pequeña cantidad, y por eso se empleó exclusivamen- te el método microscópico. En casos en que se dispuso de mayor cantidad de suero se hicieron ex- perimentos macroscópicos también. El método seguido fué el ordinario, y los resultados obtenidos son los 219 siguientes. (Se hace observar que por falta de hospitales no fué posible san- grar a los pacientes repetidas veces durante el curso de la enfermedad, y también se usaron como aglutinógeno, cultivos viejos, pues los nuevos se no- ta que no producen la aglutinación). Se examinaron 41 casos; de éstos 18 se hallaban en el período álgido de la enfermedad, 4 en el período de la crisis y 19 después de la crisis. Hubo 16 por ciento de los casos que dieron resultados positivos antes del período crí- tico. En todos la aglutinación mostró un título bajo. De cuatro exámenes hechos con sangre tomada durante la crisis todos fueron positivos; pero co- mo en los otros, la aglutinación se verificó en dilución ligera (entre 1:50 y 1 :200). De los exámenes hechos después de la crisis, todos menos uno fue- ron positivos; dando un 95 por ciento de reacciones positivas. También el título del suero mostró reacciones más vigorosas, algunas aglutinaciones se verificaron en diluciones de 1 :800. Estos resultados concuerdan en su mayor parte con los obtenidos al es- tudiar el tifo endémico y epidémico en Nueva York; esto es, las aglutininas en el tifo, en el período álgido de la enfermedad, son negativas, pero aumen- tan en cantidad durante la crisis y permanecen uniformemente positivas después. Al mismo tiempo se hicieron ensayos de comprobación empleando la misma técnica y usando sueros de pacientes de otras enfermedades. En este grupo se incluyeron casos febriles en los que los exámenes se hicieron en el período álgido de la fiebre y también en el período después de la crisis. En la mayoría de estos casos los resultados fueron negativos; en uno hubo aglu- tinación en una dilución de 1 : 5(1, pero se considera como nulo este resul- tado, por no tener significación aglutinaciones que se verifican a este título, que no son especificadas. Esto tiene lugar con otros microorganismos. identificación del microorganismo.-La identificación del microorganis- mo aislado de la sangre de pacientes de tifo mexicano (tabardillo) fué ba- sada en caracterizaciones definidas.* Esto se refiere al aspecto de las colo- nias, a la morfología del bacilo, a las características de los cultivos, in- cluyendo las reacciones de fermentación, y finalmente en lo (pie respecta a las reacciones suerológicas. En todos estos experimentos el bacilo que se obtuvo en cultivos hechos con sangre de tifosos en México, incluyendo cultivos obtenidos de piojos y de tifo experimental en cuyes, corresponde en todos sus caracteres con el Bacillus typhy aranthematici. Las características de los microorganismos aislados son las siguientes: Colonias.-La colonia, como se ve en los cultivos hechos anteriormente, adquiere su tamaño máximo al noveno día, apareciendo como una mancha opaca de 3 a 4 mm. rodeada de una área de precipitación de color café. En sección transversal es de color café y si se deja que se desarrolle en el tubo por determinado tiempo, toma la forma de una Y, siendo los brazos de ésta blanquizcos y fusiformes. Morfología^-El organismo es un bacilo sutil que mide una miera de largo; cuando es joven parece mostrar una forma semejante al tipo del ba- cilo de la influenza; es Gram-positivo en cultivos viejos, no siéndolo en culti- vos recientes. En cultivos viejos ha sido posible determinarle existencia de 220 cuerpos polares en algunos casos; no así en cultivos jóvenes, pues general- mente se notan cuando comienza la degeneración de los bacilos. Características do los cultivos y reacciones de fermentación.-En los cultivos, los organismos cultivados de sangre de tifo mexicano son idénticos a los cultivados en Nueva York. Es un microorganismo anaerobio. Crece fácilmente en 0.5 por ciento ó 0.2 por ciento de glucosa-suero-agar en po- sición inclinada, para poder obtener abundante crecimiento y poderlo tras- plantar. Este medio de cultivo muestra un crecimiento (pie comienza a desarro- llarse tres días después de la inoculación, y se precipita más o menos; de- pendiendo esto de la edad del cultivo. Es muy importante manifestar (pie en las reacciones fermentativas es menester usar hidrocarburos perfectamente puros, para poder obtener re- sultados uniformes. En las reacciones (pie se describirán en seguida, las ob- servaciones fueron hechas en medios de cultivo preparados con lactosa cris- talizada ; medios preparados con lactosa pulverizada; habiéndose notado en los cultivos hechos con la última, variaciones debidas probablemente a im- purezas. Para estar completamente seguro de la pureza de los hidrocarburos, que se empleen, es mejor probarlos cultivando en ellos colonias de algún micro- organismo conocido, como por ejemplo el bacilo de Eberth. Algunas veces es necesario purificar lactosa que contenga vestigios de dextrosa y galactosa, sujetando el hidrocarburo a la acción de un microor- ganismo (pie consuma los elementos nocivos sin hacer uso de la lactosa. Inocu- lando bacilos coli en infusiones de carne que contengan dextrosa se consi- gue la eliminación de ésta. En caso de querer obtener lactosa pura, se agre- garán cultivos del bacilo de la paratifoidea, que producirán la fermentación de todas las impurezas dejando intacta la lactosa. Sin embargo hay (pie exa- minar la pureza de la lactosa restante, y se puede lograr esto cultivando en ella un bacilo conocido: en este caso el bacilo coli. La técnica debe ser per- fecta para evitar toda causa de contaminación exterior. El ácido pirogálico empleado en los cultivos anaerobios, si es impuro, desarrollará gases volá- tiles que enturbiarán el espacio del tubo y no permitirán ver las colonias claramente. La técnica es como sigue: el medio fue hecho con agar (3 por ciento) conteniendo 1 por ciento del hidrocarburo (pie había de ser estudiado, al que se añadió 1|: de su volumen de líquido ascítico rico, y suficiente cantidad de tornasol (Kalbaum) para dar color azul a todo el material de cultivo. Antes de usarse hay que ver la reacción del medio, (pie generalmente es 0.8 por cien- to ácida. En tubos inclinados se coloca la mezcla y se inocula con determinada cantidad del cultivo y se incuba durante seis días. Para obtener condiciones anaerobias perfectas hay que usar depósitos sujetados a una presión negati- va de 600 mm. de mercurio que tienen al mismo tiempo un espacio para el ácido pirogálico con la potasa cáustica, y estos depósitos fueron más útiles que los tubos de Buchner. Todos los tubos se colocaron en idénticas condi- ciones y se obtuvieron los siguientes resultados: 221 EPIDÉMICO (N. Y.) (endémico N. y.) Lactosa Negativa Negativa . . . . Negativa. Glucosa Negativa Negativa . . . . Negativa. Rafinosa Negativa Negativa . . . . Negativa. Maltosa Negativa Negativa . . . . Negativa. Manita Negativa Negativa . . . . Negativa. Galactosa . . . . P. ácido P. ácido . . . P. ácido. Inulina P. ácido P. ácido . . . P. ácido. Sacarosa P. ácido P. ácido . . . P. ácido. Dextrina . . . . P. ácido P. ácido . . . P. ácido. Los cultivos hechos con bacilo aislado de casos de tifo mexicano dieron los siguientes resultados: producción de ácido (sin formación gaseosa) en glucosa, maltosa, galactosa e inulina; no produjeron ácido ni formación ga- seosa, en lactosa, rafinosa, manita, sacarosa y dextrina. Una comparación de estos resultados con los exámenes hechos en Nueva York con cultivos ais- lados de casos endémicos y epidémicos de tifo muestran la identidad en los resultados. Estos desarrollos fueron más abundantes en inulina, maltosa y gluco- sa, y escasos en lactosa, manita y sacarosa. Reacciones suerológicas.-Los métodos más importantes para identificar los microorganismos obtenidos de casos de tifo mexicano se basan en reac- ciones suerológicas. Para tal objeto se empleó el suero humano obtenido de casos de individuos inmunes al tifo. Con objeto de hacer observaciones com- parativas con un organismo desarrollado en suero humano como en este ca- so, es muy importante usar suero humano inmune, pues el uso de suero pre- parado artificialmente por inyección de microorganismos puede dar resulta- dos no específicos. Esto se debe al hecho de que el suero inmune contiene anticuerpos específicos además de los anticuerpos contra el suero empleado en los medios de cultivo (o proteína) »en los (pie se cultivaron los bacilos. Los anticuerpos del suero causan producción de aglutininas no específicas, de precipitinas no específicas, cuerpos fijadores del complemento y anticuerpos •celulares. En los experimentos se hicieron los ensayos con suero inmune de un caso de tifo endémico, pues fué el único caso que hubo a mano. Ensayos de aglutinación.-Para hacer estos experimentos se tenían dis- ponibles cinco cultivos del nuevo organismo obtenido de casos de tifo mexi- cano. Uno de un cultivo de piojos; otros del bazo de un cuy infectado con virus tífico; otro de un cultivo obtenido de un caso de tifo, y otros dos con cultivos de piojos. Los métodos empleados fueron el micro y el macroscópico. Los agluti- nógenos fueron preparados de cada uno de estos cultivos de la manera an- tedicha. El suero inmune fué hecho inactivo y diluido en proporciones de 1 : 50, 1 : 100, 1 : 200 y 1 : 400. Se pusieron testigos que dieron resultados negativos. El primer caso se aglutinó en todas las diluciones (débil en la última). El segundo caso fué negativo en todas las diluciones. 222 El tercer caso se aglutinó fuertemente en las tres primeras diluciones, y débilmente en las dos últimas. El cuarto caso se aglutinó fuertemente en las tres primeras diluciones, y débilmente en la última. El quinto caso fué negativo (microorganismos no tíficos). Con referencia a lo anteriormente expuesto se verá que de cinco cultivos cuatro dieron aglutinación positiva con el suero de tifo endémico. Se debe atribuir la no aglutinación de los casos 2 y 5, que sin embargo fijaron el complemento, al hecho de que se usó suero de tifo endémico. Se sabe que los diferentes cultivos varían en sus reacciones suerológicas y que la poli- valencia en tales experimentos debe ser tenida en cuenta. El mismo suero aglutinó cultivos hechos en Nueva York en diluciones de 1 : 400. Por lo mis- mo se puede deducir de estos experimentos que los organismos aislados en México de casos de tifo son idénticos a los aislados en Nueva York. Se hicieron algunos ensayos empleando aglutinógenos hechos con orga- nismos <pie se asemejan al bacilo tífico; siendo Gram-positivos pero sin em- bargo difiriendo en algunas de las características mencionadas que posee el bacilo tífico. Algunos se desarrollaron como aerobios después de algunas sub- culturas; otros eran anaerobios, pero diferían del tífico en sus propiedades cultivables y en su desarrollo. Uno de estos organismos era un bacilo acné típico; otros fueron aislados de pústulas en casos de acné vulyaris; otro fué obtenido de un caso que padecía de poliartritis crónica, y uno aislado de la sangre de un caso de corea. Todas estas bacterias fueron ensayadas con el suero inmune, y todos los resultados obtenidos fueron negativos. Ensayos de fijación de complemento.-Todos los cultivos disponibles de casos de tifo mexicano se emplearon para determinar la fijación de comple- mento y también para determinar su relación con los resultados (pie se ha- bían obtenido en Nueva York. Para conseguir este objeto se prepararon diferentes antígenos, en cada uno empleando un desarrollo diferente. Los métodos de preparación fueron dos: en el primer caso, el cultivo fué suspendido en agua destilada y calentado a (JO C. durante una hora; luego se "auto!izaron" a 37 grados C. durante vein- ticuatro horas. En el segundo caso el procedimiento se continuó por filtra- ción del líquido en un Berkefeld (tamaño N. Presión 100 m. m. de mercurio), y calentándolo a 56 grados O. durante media hora por tres días consecutivos. El segundo método es preferible, porque rinde un antígeno activo y no an- ticomplementario. El primero es recomendable sólo por la rapidez de su pre- paración. El suero empleado se obtuvo de un paciente que convalecía del tifo en- démico. Fué hecho inactivo a 56 grados C. durante media hora y era absolu- tamente an ti complementario. El sistema hemolítico se formó con un amboceptor anticarnero (título variable entre 1 :1000 y 1 : 10000), una suspensión al 5 por ciento de gló- bulos rojos de carnero, lavados, y como complemento, suero de la sangre de un cuy en dilución de 1 :10. Las cantidades empleadas fueron la mitad de las empleadas en la reacción de Wassermann. El sistema hemolítico trabajó 223 muy bien al hacer con él reacciones de Wassermann. Siempre su tuvo en cuenta la presencia posible de amboceptor. El tiempo empleado para la fijación del complemento fue de inedia hora a 37 grados C. en un baño de María, y luego tres horas y media en la refrigera- dora. Los resultados mostraron plenamente que los organismos aislados en México son semejantes a los aislados en Nueva York, en casos de tifo endé- mico y epidémico. Se hicieron al mismo tiempo ensayos con bacilos semejantes al bacilo tífico, y en estos casos se obtuvieron resultados negativos. Estos resultados obtenidos en conjunto con los experimentos de agluti- nación, son los mejores métodos que hay para diferenciar el bacilo tilico con cualquiera otro que se le asemeje. Carácter patógeno del microorganismo.-Experimentos de Olitzky, Baehr y I'lotz, demostraron que los organismos obtenidos de casos de tifo epidé- mico son patógenos para los cuyes, sólo cuando se inyectan cultivos recien- tes. Estas observaciones mostraron también que los organismos aislados de casos endémicos no dan estas reacciones. La conclusión y explicación de este fenómeno es (pie los bacilos pierden su virulencia cuando se trasplantan en tubos inclinados de 2 por ciento de glucosa-suero-agar. Teniendo en cuenta esto, se inyectaron diversos animales con colonias tomadas del cultivo original, y los resultados fueron muy claros. Como resultado de los experimentos verificados en cuyes se obtuvo la siguiente conclusión: el organismo es sólo patógeno en su generación más joven, y pierde su virulencia casi inmediatamente al ser trasplantado a un medio de cultivo conteniendo glucosa-suero. Experimentos hechos en animales con piojos infectados.-Fué el propó- sito de los autores de estos trabajos el de inyectar cuyes en el peritoneo con piojos infectados, para (pie la reacción que se verificara pudiera ser estudia- da ha ct eriol ógi ca n i en te. Algunos investigadores, entre ellos Goldberger, Anderson y Nicolle, Con- seil. Ricketts y Wilder infectaron monos con inyecciones subcutáneas de pió jos. En estas inyecciones el número de piojos varió entre 37 y 100. No se manifestó fiebre, por lo general; tampoco otras manifestaciones del mal; lo único «pie se notó fué el desarrollo de una inmunidad a subsecuentes inocu- laciones de virus tífico. La transmisión directa, del mal a cuyes, con la elevación típica de la temperatura por medio de piojos infectados, no ha sido aún intentada. Per- siguiendo realizar este experimento se juntaron de la piel y las ropas de pacientes enfermos de tifo, los piojos que fueron usados en los experimentos. Todos estos piojos se veían hinchados; lo (pie hizo creer que todos habían absorbido sangre en abundancia. Sin embargo no se intentó emplear piojos normales y hacerlos absorber sangre de pacientes de tifo. La interrupción forzosa de los estudios impidió que se verificara esta experiencia. Los piojos fueron recogidos de la ropa de los enfermos, por medio de pinzas, juntados en un recipiente especial conteniendo un pedazo de género esterilizado, lle- vados al laboratorio e inyectados inmediatamente. 224 La inyección se preparó como sigue: en un mortero esterilizado se pusie- ron 4 c. c. de solución fisiológica, determinado número de piojos, y, por medio de pinzas, éstos fueron desquebrajados en la solución hasta obtener una emulsión. Esta fue en seguida inyectada en el peritoneo de cuyes. No se hizo ninguna experiencia para estudiar si las partes separadas de los cuer- pos de los piojos son o no infecciosas (glándulas salivales, contenido gástrico). Eno de los cuyes fue inyectado con la emulsión de 30 piojos recogidos de un paciente en el décimotercero día de la enfermedad o sea un día antes de la crisis. Como ya se había previsto que los piojos se vuelven infecciosos cinco días después de haber absorbido sangre tifosa, se supuso que estos piojos llevaban el agente infeccioso. En el noveno día después de la inyec- ción el cuy experimentó un rápido ascenso de temperatura precedido de una baja marcada. Para proseguir el estudio, este cuy fué sangrado y su san- gre inoculada a tres cuyes. El trabajo fué en estos momentos interrumpido y no se pudo observar el efecto de estas inyecciones posteriores. La autopsia del cuy original no mostró más lesión que en el bazo, que estaba hipertrofia- do y mostraba los corpúsculos de Malpighi muy prominentes; detalle típico del tifo en los cuyes. El bazo de este cuy fué extraído de una manera aséptica; fué macerado en una solución fisiológica estéril, y la emulsión obtenida cultivada en tubos conteniendo 2 por ciento de glucosa-suero-agar. A los cinco días subsecuen- tes se obtuvieron doce colonias de bacilo tífico en uno de los tubos; los otros tubos no pudieron ser observados por la interrupción de los trabajos. Otro cuy fué inyectado de la misma manera con 65 piojos de un enfer- mo de tifo y tres días después de la crisis. Por desgracia este caso no pudo ser estudiado detenidamente por la misma interrupción de los trabajos, pero la elevación de la temperatura después de un período de incubación de diez días hizo creer que este cuy padecía de tifo. Por lo mismo se cree (pie la cuestión do la transmisión del tifo a los cuyes inyectándoles piojos infectados, produce el tifo, y que cultivando la sangre de estos cuyes se han obtenido colonias del bacilo tífico. Se iniciaron estudios sobre la posibilidad de la transmisión del tifo por la chinche; pero estos trabajos fueron también interrumpidos por las razones antedichas. Resultado de cultivos de piojos infestados.-Algunos piojos fueron cultiva- dos y para ello se emplearon dos métodos: en el primero, el piojo fué tomado en- tre dos pinzas estériles, una cogiéndolo del tórax, y la otra de la parte baja del abdomen, y el insecto fué dividido así en dos partes. El contenido intestinal fué recogido en un alambre de platino e inoculado en los medios de cultivo. En el segundo método, la totalidad de los piojos fué macerada en un mortero con solución fisiológica, y esta suspensión fué cultivada. Los medios de cultivo em- pleados, fueron glucosa-suero-agar, en proporción de 0.2 por ciento o 0.5 por ciento. Los tubos después de inoculación se solidificaron en posición recta. Se encontró (pie estos métodos son de importancia para separar las colonias del organismo de las colonias de oirás bacterias conlaminantes, que son huéspedes del trayecto intestinal. Las colonias aparecieron en la tercera parte del tubo. Seis series de experimentos se hicieron que pudieron ser observadas el 225 tiempo suficiente, para poder darse cuenta de los resultados finales. Estas se- ries fueron: 1) Cinco piojos del caso 6 que se obtuvieron del paciente dos días antes de la crisis, o sean doce días de padecer el nial, fueron cultivados por uno de los métodos mencionados en glucosa-suero-agar en tubos. Después de cua- tro días de incubación, aparecieron numerosas colonias muy pequeñas. Estas colonias tenían las mismas características que las del bacilo tífico. Eran anae- robias y se desarrollaban solamente en la parte más profunda del tubo; pero no se logró obtener subcultivos de estos cultivos originales. Estas colonias fue- ron Gram-negativas. 2i Tres piojos tomados del mismo paciente, pero en este caso un día an- tes de la crisis, es decir, en el décimotercero día de la enfermedad, fueron culti- vados en tubos con 0.5 por ciento de glucosa.agar-suero. En un tubo se dificultó mucho el cultivo de la excreción de un piojo recibida previamente sobre un pe- dazo de género esterilizado. En este caso, después de siete días de incubación, la parte más anaerobia del cultivo se vió invadida por multitud de puntitos del tamaño de la cabeza de un alfiler. Estas colonias estaban formadas por mi- croorganismos con la morfología típica del bacilo tífico; pero como los prime- ros eran negativos al Gram. 4 i 1 los piojos tomados de la ropa del caso 12, en un período correspon- diente a dos días antes de la crisis o en el décimosegundo día de la enfermedad, fueron cultivados en 0.5 glucosa-suero-agar en tubos. En el undécimo día de in- cubación aparecieron tres colonias; en el doce aparecieron cuatro. Estas colo- nias estaban constituidas por microorganismos que estudiados luego en Nue- va York coincidieron exactamente en sus propiedades morfológicas y de cultivo, con el bacilo tífico. En muestras teñidas por el método de Gram, la mayor parte de las colonias dieron resultados negativos, algunas fueron Gram- positivas, pero en subcultivos todas las colonias fueron positivas al Gram. 6) Seis piojos recogidos de la ropa del caso 13, se enviaron para culti- varlos. Estos piojos fueron enviados por el Dr. Frazin, de la mina de "Dolores", y es de mencionar la eficaz y bondadosa ayuda que este señor prestó a la expe- dición. Estos piojos fueron tomados del paciente que padecía una forma muy severa de la enfermedad en el duodécimo día o sea dos días antes de la crisis. Fueron cultivados en glucosa-agar-suero (2 por ciento de glucosa y 3 por ciento de suero-agar). 7) El cultivo del primer piojo mostró una colonia después de tres días; los organismos fueron Gram-positivos. Cultivos del piojo 2, mostraron ocho colonias después de tres días. Todos los organismos fueron Gram-negativos. Cul- tivos del piojo 3, mostraron cuatro colonias después de nueve días. Una colonia estaba formada por organismos Gram-negativos; las otras por organismos Gram-positivos. Estos microorganismos fueron subcultivados y traídos a Nueva York, en donde se compararon con cultivos del tifo epidémico y el endémico ; no se encontraron diferencias. Cultivos del piojo 2 fueron Gram-positivos después de haber practicado el primer subcultivo; los cultivos del piojo 3 fueron Gram- positivos después del segundo subcultivo. 8) Cinco piojos fueron tomados de la ropa que cubría al caso 18, en el período un día antes de la crisis, y otros 30 piojos juntados en la misma fecha, 226 fueron inyectados a un cuy. Este demostró haber sido inyectado con tifo. El cultivo fué positivo cuatro días después de haberlo sembrado. Los organismos en este caso, fueron también Gram-negativos en la colonia original. 9) Estas series son de gran importancia, porque los piojos fueron reco- gidos del cuerpo del caso 7, cuatro días antes de la crisis; cuatro piojos fueron cultivados en tubos, conteniendo el medio de cultivo ordinario. Después de seis días de incubación, el cultivo mostró dos colonias típicas, una conteniendo gér- menes Gram-negativos y la otra parcialmente positivos. Después de hacer dos subcultivos, éstas fueron uniformemente positivas con el Gram. Un alambre de platino en círculo, Heno de gérmenes de una colonia origi- nal, fué emulsionado en solución fisiológica e inyectado a un cuy. Veinticua- tro horas más tarde hubo un ascenso de temperatura de 4 grados y al tercer día. después de la inyección murió el cuy. Al hacer la autopsia, mostró las le- siones típicas del bacilo tífico; el bazo estaba hinchado y los corpúsculos de Malphighi eran muy prominentes. Todas las otras visceras se presentaban nor- males. El bazo fué removido empleando todos los medios de la asepsia, macera- do en una solución salina y cultivado en seguida. Después de cuatro días de incubación aparecieron cinco colonias en uno de los tubos, siendo todos los microorganismos que se hallaron, Gram-positivos. Los otros tubos de cultivos no pudieron ser estudiados, por haberse interrumpido los experimentos en esos momentos. Algunos de los cultivos fueron estudiados en Nueva York, y se halló (pie eran idénticos a los cultivos obtenidos en casos de tifo endémico y epidémico. Para hacer un resumen de los resultados de estos cultivos hechos con pio- jos, se puede decir que todos los cultivos dichos produjeron el microorganismo. Se halló que estos piojos tenían el bacilo cuando eran tomados del paciente, en el período álgido de la enfermedad y cuatro días después de la crisis. Esto con- cuerda con los datos de otros investigadores «pie observaron que un piojo, ali- mentándose con la sangre de un enfermo de tifo, se vuelve infeccioso para otros en un período de cinco días. Este período es necesario para la multiplicación de los bacilos o su aumento en virulencia en <4 cuerpo del piojo hasta (pie es muy infeccioso. Otra observación notable fué la de (pie los organismos son Gram-negativos en las colonias originales. Después de uno o dos subcultivos se transforman en Gram-positivos. La relación entre la virulencia de los microorganismos y su reacción de colorido es muy marcada. Además, es de interés hacer notar (pie en trabajo previo, se observó (pie en las colonias originales en cultivos de san- gre de casos de tifo, los microorganismos se teñían, en parte como Gram-positi- vos y otra parte negativos en la misma preparación. En observaciones de in- vestigadores modernos se han obtenido los mismos resultados, y Da Rocha Li- ma encontró (pie en el piojo infeccioso se halla en su estómago un microorga- nismo semejante en su morfología con el del tifo, y (pie son todos Gram-negati- vos. Independientemente de Da Rocha Lima, Plotz y Baehr, en sus estudios del tifo en los Balkanes y Rusia, comparando piojos normales y piojos infecciosos, hallaron en piojos de enfermos de tifo, numerosos bacilos decolorados por el método de Gram. Un cuy inyectado con organismos de una colonia original de un cultivo de 227 piojos, esto es, antes de que perdieran su virulencia, por subcultivos, el bacilo produjo la muerte del animal en tres días. El cuy mostró los síntomas clási- cos del tifo, y de su bazo se pudo cultivar nuevamente el mismo bacilo. Por lo mismo, en los estudios hechos con piojos infecciosos se pudo produ- cir el tifo inyectando esos piojos; se pudo también recobrar el microorganismo del cuy infectado; se pudo cultivar el organismo del piojo infectado y demos- trar su acción patógena en un cultivo tomado del insecto. Conclusiones.-En el corto período del trabajo llevado a cabo en México, se confirmaron todos los datos obtenidos previamente por Plotz, Olitzky y Baehr y se añadió con estos experimentos más evidencia a la etiología del tifo exantemático. El resumen del trabajo verificado, es como sigue: Once casos fueron cultivados: 9 fueron positivos. De estos 11, 3 fueron cul- tivados en 0.5 por ciento glucosa-suero-agar: 1 fué positivo. 8 de los 11 fueron cultivados en 2 por ciento de glucosa-suero-agar: todos fueron positivos. Al mismo tiempo y usando los mismos métodos, se pusieron testigos y todos fue- ron negativos. Las bacterias fueron más numerosas en los períodos primarios de la infec- ción y en los casos más graves. El organismo obtenido es idéntico en todas sus características, especial- mente en la fermentación de hidrocarburos y en las reacciones suerológicas, con las obtenidas en Nueva York, con casos de tifo epidémico y endémico. La sangre cultivada es verdadero virus tífico, y con ella se pudieron inyec- tar cuyes que padecieron el tifo. Aun pruebas más evidentes se tuvieron al descubrir anticuerpos en casos de tifo mexicano. Se pudo seguir paso a paso el desarrollo de aglutininas con los resultados siguientes: antes de la crisis, 16 por ciento de los casos mostra- ron aglutinaciones positivas; después de la crisis, 95 por ciento. Las aglutini- nas no se hallaron en numerosos casos testigos en los que se pudo descartar la existencia del tifo. A glutinógenos obtenidos de otros organismos, de forma semejante al bacilo tífico, no acusaron aglutinación con sueros de tifosos in- munes. Antígenos hechos con esos organismos, también fallaron en fijar el com- plemento con sueros inmunes al tifo. Por Jo anterior, se puede decir que en el tifo se hallan aglutininas especí- ficas en la sangre en el período álgido de la enfermedad. Estos anticuerpos se hallan ausentes cuando prevalece la fiebre, es decir, cuando el antígeno, el or- ganismo, puede ser vuelto a tomar por el sistema circulatorio. Después de la crisis, las aglutininas son evidentes en su mayor concentración. Se mostró igualmente que el microorganismo es muy virulento, pero que su virulencia se pierde en subcultivos rápidamente. En animales infectados con piojos infecciosos, se pudo comprobar la in- fección por la aparición de la enfermedad. En el bazo de algunos de estos animales, fué posible recoger cultivos abun- dantes del bacilo tífico. Cultivos hechos de piojos infectados, mostraron resultados uniformes. El microorganismo fué obtenido en todos los cultivos que pudieron observarse de- tenidamente durante el período de veintiún días. La inyección de una colonia 228 original a un cuy, produjo la muerte del animal en tres días, y del bazo se pudo aislar el mismo organismo. El hecho más saliente de estos cultivos de piojos infectados, es la propiedad que tienen los bacilos de ser Gram-negativos cuan- do son jóvenes. Los bacilos Gram-negativos, sin embargo, se transforman en Gram-positivos haciendo subcultivos. Es lógico, por lo tanto, concluir que las pruebas evidentes presentadas en la reacción del organismo para el color de Gram, tienen una relación estrecha con la intensidad de su virulencia. EL PIOJO COMO TRANSMISOR DEL TIFO. Los piojos humanos han sido divididos en tres variedades: Pedículus hu- manis (capitis) Pedículus vestimenti (corporis) y Phtirius pubis. El piojo de la cabeza y el piojo del cuerpo, han sido considerados por varios observa- dores como razas de la misma especie. Pedículus humanis (capitis).-El piojo de la cabeza se halla más a me. nudo en los niños, pero también se encuentra en los adultos. Es más pequeño que el piojo del cuerpo y pone sus huevos en el pelo (pie se halla atrás de las orejas y en el occipucio; pero puede también ponerlos en el pelo, en otras par- tes del cuerpo. r El tratamiento para destruirlos es como sigue: rasúrese el pelo y lávese la cabeza con una mezcla en partes iguales de petróleo y vinagre. Este lavado debe ser seguido de un baño con jabón y agua caliente. Una vez terminado este tratamiento, hay que buscar minuciosamente si aún quedan liendres o piojos, y en tal caso, hay que repetir el tratamiento. Debe recogerse el pelo (pie se cor- te, en bolsas de papel y quemarlo. Phtirius pubis.-Este es el tipo de piojo hallado más generalmente en los hombres. Sin embargo, no se ha logrado demostrar que sea el transmisor de enfermedades. Es sumamente molesto y su presencia es debida a falta de lim- pieza. El piojo de esta variedad vive en todas las partes que se hallan cubiertas de pelo, con excepción de la cabeza; siendo su sitio preferido la región pubia- na. Este insecto se transmite por ropas de las camas de hoteles y casas de hués- pedes. en las casas de prostitución, en las tinas de baño, y algunas veces se recoge de los asientos de W. C. El tratamiento para destruirlo es rasurar el pelo de la región pubiana. de las axilas, pecho y piernas. Se hace una aplicación de petróleo y vinagre en partes iguales, seguida de un baño de agua caliente con jabón. Unciones de ungüento doble se emplean a menudo, pero su uso puede causar una dermati- tis. En vez de emplear el ungüento doble, se usa la fórmula siguiente: Oxido amarillo de mercurio - 10.00 g. Acido salicílico 1.00 g. Vaselina 90.00 g. Pedículus córporis (vestí mentí) .-Es este piojo el (pie se considera como transmisor de enfermedades. Para vivir, necesita la sangre humana, y le es menester estar en la ropa y en el cuerpo del hombre. El piojo de esta variedad es un poco más grande (pie el de la cabeza, y tiene un color gris sucio, por lo que se llama piojo gris. Las liendres y los hue- Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. "Etiología del tifo exantemático". Prof. Rafael Rodríguez y Vega. Lámina XXXVIII. 1' igura 1. BACILLUS TYPHY EX ANTEM ATICE. GRAM. X 1000. Nótese el color blanquecino que toma el medio de cultivo. Figura 2. Colonia del Bacillus Typhy exantematici con área de pre- cipitación. Figura 3. Tubo mostrando creci- miento del B. tífico en SUERO GLUCOSA AGAR 7 días. Figura 4. TUBO TESTIGO con Glucosa-suero-agar. 229 vos son cuerpos ovales de apariencia de perlas y que miden 1 mm. de ancho. El piojo y sus huevos, se hallan en la ropa y en el pelo del cuerpo. La ropa in- terior es su sitio preferido; pero vive también en la ropa exterior; se halla es- pecialmente en los faldones de la camisa, en la entrepierna de los pantalones y en la cintura. Liendres de este piojo se han hallado en todas las partes del cuerpo. En Serbia y en Bulgaria, se hallaron liendres en las cejas de los pri- sioneros. Los piojos se ven también en las ropas de cama, en los colchones, sa- rapes, etc. , Considerando esta distribución amplia de los piojos, hay que tener pre- sente la importancia de examinar no sólo el cuerpo, sino la ropa de los infes- tados por este insecto. La diseminación de los piojos se verifica por medio de la persona infestada. Estos insectos se reparten y desprenden del cuerpo al vestirse y al desvestirse, y pueden ser dejados en la cama y ser llevados a otros lugares por el viento. Cuando duermen muchos en un mismo lugar, es éste el mejor modo de propagación del insecto. Todo hombre infestado por los piojos, debe ser visto como una amenaza peligrosa para los que lo rodean. Bajo condiciones adecuadas de humedad y temperatura los huevos del piojo, se maduran en cuatro u ocho días. Una sola hembra puede poner entre 275 huevos a 300 en veinte o treinta días. Si la ropa se quita y por lo mismo la temperatura no es favorable al desarrollo de los huevos, la incubación de los mismos es más dilatada y puede prolongarse hasta cinco semanas. El huevo se halla fuertemente adherido al pelo por una substancia especial semejante al cemento. Los piojos prefieren las pieles, el fieltro o la lana para depositar sus hue- vos, pero también depositan sus huevos en seda. Por esta razón la ropa inte- rior de seda no impide la propagación de los piojos. Los piojos recién nacidos, si no son alimentados inmediatamente, mueren por lo general en veinticuatro horas. Los piojos adultos se alimentan por lo general dos veces al día durante veinte minutos; pero suelen alimentarse más a menudo. Un piojo adulto puede sobrevivir nueve o sesenta días sin alimentarse, El piojo del cuerpo vive de la sangre humana que obtiene por succión a través de la piel. Los piojos utilizan su secreción salival para dilatar los capilares por irritación que causa la misma; produciéndose de esta manera sangre por la parte picada. Un piojo hambriento se alimentará con las materias fecales de otro piojo por contener éstas una proporción de glóbulos rojos no digeridos. Los piojos jóvenes, para llegar a madurez completa, tardan entre diez y cator- ce días, y las hembras para poder poner sus huevos, tardan tres o cuatro des- pués de haber alcanzado la madurez. Los huevos separados del cuerpo perma- necen al estado latente hasta cuarenta días. La duración de la vida de un piojo macho es de treinta días, y la de una hembra de treinta y ocho. Los piojos no permanecen en el mismo lugar, sino que recorren diferentes partes del cuerpo con la condición de que la temperatura sea la misma. Si el atacado por los pio- jos tiene calentura, los piojos lo abandonarán. Son muy susceptibles a la ac- ción del calor, y se ha observado que indígenas de México que viven en la Me- sa Central, en las montañas, y que se hallan infestados por los piojos, al llegar 230 a tierra caliente, se ven despojados de los piojos sólo por la temperatura. Se cree que los piojos transmiten enfermedades por medio de las materias fecales más bien que inyectando virus al picar. El virus en las materias fecales, pe- netra al organismo humano por las heridas hechas por el piojo al picar para absorber sangre como alimento, o también puede penetrar por las excoriacio- nes que se hacen al rascarse. Métodos de desempiojar.-Desempiojar es el procedimiento de destruir los piojos y sus huevos y por lo mismo el virus que transmiten para contagiar enfermedades. Los métodos se dividen como sigue: A.-Húmedos. 1.-Agua hirviente. 2.-Cámaras calientes. B.-Secos. 1.-Planchas. 2.-Estufas calientes. 3.-Barriles serbios. C.-Químicos. 1.-Insecticidas. 2.-Fumigación. En el proceso de desempiojar personas, deberán tratarse por estos medios de destrucción de los piojos la ropa, las habitaciones y todo lo que haya esta- do en contacto con la persona infestada. Agua hirviente.-Inmersión de la ropa en agua hirviente durante cinco o diez minutos destruirá todos los piojos y sus huevos. Inmersión en agua hir- veinte durante un minuto no es suficiente para matar todos los huevos. Este método no es recomendable porque perjudica y destruye los géneros de lana y es impracticable en gran escala por ser sumamente dilatada la desecación del material. Barriles serbios.-Son grandes barriles cuyo fondo está perforado,.y en los que la tapa superior es reemplazada por una placa pesada de acero. En la parte inferior hay un collar formado por sacos de arena para impedir el es- cape del vapor que proviene de una caldera metálica sobre la que descansa el barril.. Barril y caldera se hallan incrustados en la construcción de ladrillo que forma la hornilla, la cual puede hacerse larga y angosta por medio de una chimenea que lleva en una extremidad ; y las calderas y los barriles colocados en series. Una condición necesaria es la de que el vapor se genere rápidamen te, por lo que se necesita emplear un fuego muy intenso y una caldera propor- cionada al contenido. La ropa que se va a desinfectar se coloca adentro de estos barriles, y la tapa se aprieta fuertemente. Después que el vapor se produce, la ropa perma- nece en los barriles durante una hora. Este es un método improvisado que dió resultados muy satisfactorios en Serbia. Cámaras de vapor.-El mejor método para destruir los piojos y huevos, y el único de absoluta garantía es el vapor. Con objeto de desempiojar a un hombre convenientemente, el hombre y to- da su ropa y la de su cama deben ser sometidos al tratamiento. Como ya se in- 231 dicó, el piojo vive en la ropa y pone sus huevos en el pelo de la cabeza, las axi- las, el pecho y las regiones púbicas, y puede también depositarse en las sábanas o ropas de camas ocupadas por un hombre piojoso. Además, el virus se halla presente en las materias fecales de los piojos; por lo mismo en cualquier mé- todo de desempiojar, para ser eficaz, deberán tenerse presentes todas estas con- sideraciones. El siguiente procedimiento es uno de los une reunen todas las condicio- nes requeridas y en el que un gran número de hombres pueden ser desempio- jados rápidamente en un solo día. Es de aconsejarse desempiojar a toda la co- munidad cuando se halla alguno de sus miembros empiojado con el Pediculus córpori8 (rest im en ti). El hombre entra a la puerta de la planta para desempiojar su bulto de ropa. Todo el material de cuero (como zapatos, cinturón y sombrero), todo él material de celuloide y el dinero (pie traiga se entregan en el cuarto de de- pósitos. El hombre recibirá en cambio tarjetas que comprobarán el sitio de su propiedad en casilleros especiales, y en seguida entrará al cuarto que se usa para desvestirse, llevando consigo su ropa. En este cuarto se desviste y co- loca toda su ropa en una bolsa que se amarra y se numera con una de las tar- jetas de identificación. La bolsa con la ropa se coloca en un carrito que se comunica por rieles con el esterilizador de vapor. El hombre entonces pasa a la barbería, donde se le rasuran con una máquina eléctrica, todas las par- les velludas de su cuerpo. Después entra al baño de regadera en el que se usan jabón y agua tibia. En seguida pasa al cuarto secador en el (pie habrá toballas y un receptáculo para recibir lo sucio. En el cuarto para desvestirse el hombre hallará al pasar su bolsa con su ropa ya esterilizada y reclamará al mismo 1 iempo los artículos de cuero que se le recogieron al entrar. En una de estas plantas, es posible desempiojar a 260 hombres i>or hora o sean 6,000 hombres en un día. No hay precaución de esterilizar el material de cuero, sombrero etc., en Serbia, por no considerarse necesario en ese país. Si estos artículos requirie- ran desinfección se puede usar un desinfectante líquido. El baño se compone principalmente de jabón y agua caliente. El jabón líquido es preferible con objeto de impedir la contaminación por contacto. Va- rios jabones se recomiendan y los mejores son: a) Jabón de cresol. b) Partes iguales de raspaduras de jabón y kerosena o también un ja- bón hecho como sigue: ...... ■ Hiérvase una parte de jabón en cuatro partes de agua y añádanse dos partes de aceite de kerosena o cuatro partes de gasolina. Esta mezcla se trans- forma en jalea cuando se enfría. Una parte de esta jalea jabonosa se añade a cuatro partes de agua caliente haciéndose de esta manera un jabón muy bueno y muy barato. Las bolsas con la ropa permanecerán en la cámara esterilizador duran- te veinte minutos a una presión de 15 libras, y cinco minutos más aplicando el vacío, para secarla. v Hay que tener también un departamento para planchar la ropa. 232 Los pisos de la planta deben ser cuidadosamente lavados con agua y lisol todas las noches. Los ayudantes deberán usar un traje protector contra los piojos, que se compone de dos piezas. Los pantalones son como pijamas con medias que se ponen encima de los zapatos. El saco cubre la cabeza completamente y tiene guantes cosidos de las mangas. Se han recomendado varios métodos para usar el calor seco. Planchas.-Este método consiste en planchar la ropa húmeda con plan- chas calientes. Si hay un solo caso, se empleará este método, pero cuando ha- ya muchos será necesario aumentar el número de planchadores en proporción al de casos, para que la ropa esté lista cuando Igs hombres salgan del baño. Estufas calientes.-Estas se usan como todos los medios recomendables para esterilizar por medio del calor seco. El calor seco a 117 grados F. matará ios piojos en cinco a diez minutos. Este es un buen método, pero la penetra- ción del calor en montones de ropa no es tan completa como cuando se em- plea el vapor. El calor seco se tendrá que vigilar cuidadosamente para evi- tar se chamusque la ropa. Insecticidas.-Se han recomendado muchos insecticidas, pero entre ellos no hay un solo que destruya completamente los piojos. Sólo los más impor- tantes mencionaré. Los ingleses han empleado el polvo N. C. I. que ha dado buenos resulta- dos. Este polvo se compone de Naftalina 96 por ciento. Creosota 2 „ „ Yodoformo 2 „ „ La naftalina comercial es la mejor. El polvo se esparce sobre la ropa y en la parte inferior de la ropa exte- rior durante una semana cuando menos. Los mejores resultados se obtienen cuando se pone la ropa en el polvo y se hace que todo el polvo la cubra de- jándola así toda la noche. Esta preparación es un insecticida rápido, que des- tierra a los piojos. Hay que tener cuidado en no poner mucho polvo en la en- trepierna del pantalón, para no producir una irritación molesta. El polvo N. C. I. es húmedo; por lo mismo es difícil espolvorearlo entre la ropa. Se ha hallado que este otro polvo es muy eficaz: Talco 20 gramos Creosota 1 c. c. Azufre 5 gramos Produce menos irritación en la piel y es de más fácil aplicación que el polvo N. C. I. Al mismo tiempo que los ingleses emplean el polvo N. C. I., usan una mezcla que llaman "Vermijolli", que está formada por: Aceite crudo 9 partes Jabón blanco 5 partes Agua 1 parte Esto se unta una vez a la semana en el interior de toda la ropa, y tam- bién el cuerpo se unta en la misma forma. 233 La naftalina cruda se puede poner en la ropa; da buenos resultados, pe- ro es irritante lo mismo (pie el polvo N. C. L Un vermicida recomendado por los ingleses para la ropa y (pie ha dado muy buenos resultados, es una mezcla de jabón blando de potasa al 10 por ciento en nafta cruda. Algunos aceites esenciales se han usado con poco éxito. Aceites de berga- mota, anís, canela, clavo, eucaliptus, etc., se han empleado en soluciones al- cohólicas al 10 y 20 por ciento. Estos aceites son costosos y no son muy efi- caces. Impregnación de la ropa con diversas substancias químicas ha dado resultados negativos. Se recomienda usar impregnando la ropa con ella, una solución al 5 por ciento de una emulsión hecha de 45 ó 50 por ciento de jabón blando combinado en caliente con 50 por ciento de ácido carbónico. La inmersión de la ropa en gasolina ha sido igualmente recomendada así como también la exposición de la ropa en vasos cerrados a los vapores de benzina durante veinticuatro horas. Fumigación.-Bióxido de azufre.-Se dice que los piojos y los huevos mueren en dos horas por la acción del bióxido de azufre. La ropa se colgará separada en un cuarto. Dos libras de azufre se queman por cada cien pies cúbicos. Se dice que el bióxido de azufre perjudica los artículos de madera. Acido cianhídrico.-Fumigación en el vacío con ácido hidrociánico ha da- do muy buenos resultados. Como no se ha podido aún llegar a probar que este método mata las liendres, se emplea sólo como un vermicida. Tiene la ventaja de que desinfecta sin perjudicar los artículos de cuero. El gas se ge- nera añadiendo ácido sulfúrico a cianuro de potasio en jarras o cazuelas de barro o en barriles de madera. El uso de este gas es muy peligroso. Para ma- tar piojos se usan 10 onzas de cianuro para cada 1,000 pies cúbicos con expo- sición de dos horas empleando un vacío de veinte pulgadas. Se dice que 3 y media onzas de cianuro de sodio para 100 piés cúbicos matan a los piojos y a las liendres en treinta minutos. Al terminar la fumigación se abrirán todas las puertas y ventanas y el edificio será aereado perfectamente. También se usa el clorpicrin. Si se pone en contacto con la ropa mata a los piojos en quince minutos y a los huevos en treinta. Aumentando el calor, la fumigación se verifica más rápidamente. Para fumigar una casa se recomienda el siguiente método: Lávense las paredes con ácido fénico al 5 por ciento; entonces fumigar con vapor de azufre usando 5 libras para cada 1,000 pies cúbicos. Mantén- gase cerrado durante seis horas. 234 Tifización o inmunidad adquirida por el contacto con enfermos de tifo Dr. Guillermo Cerqueda. Llamamos inmunidad a la resistencia que presenta el organismo contra las enfermedades; a la capacidad de un ser humano para combatir con buen éxito la acción patógena de las bacterias. La inmunidad no solamente consiste en la resistencia para rechazar a las bacterias origen de las enfermedades, sino también para contrarrestar los efectos de sus toxinas. Sobre estos principios fundamentales de las leyes biológicas, se ha es- crito mucho; mucho también está aún ignorado; pero hay ciertos hechos es- tablecidos definitivamente y son los siguientes: La susceptibilidad, que es la ausencia o pérdida del poder de resistencia. La inmunidad para ciertas enfermedades, es decir, qué todas las espe- cies de la vida animal son inmunes a determinado tipo de infección, y todas son susceptibles a otros tipos. Ejemplos: el hombre es susceptible a las infecciones blenorrágicas, mientras que los animales inferiores no lo son; las aves no contraen el tétanos, el hombre sí. La resistencia orgánica para la misma clase de infección es variable, y mientras que hay organismos que sucumben en pocos días por una infec- ción tuberculosa, hay otros que la toleran años La raza es un factor importantísimo en la resistencia antibacteriana. Al- gunas son extremadamente susceptibles para determinadas infecciones y otras lo son en menor escala. Ejemplos: entre las razas negra y blanca, los com- ponentes de la primera son menos susceptibles de sufrir la liebre amarilla y el tifo; los indios americanos del Norte son muy susceptibles a la tuberculosis. Puede establecerse como un hecho cierto, que a mayor perfección de raza mayor susceptibilidad infecciosa. Las razas emigrantes cambian de susceptibilidad y así pasa con la negra de origen africano; antes de su llegada a América, son susceptibles a las infeccio- nes de la piel: ya en América se hacen inmunes hasta cierto grado. La herencia confiere mayor resistencia antibacteriana; los hijos nacidos de padres sanos, robustos y de antecedentes nulos en diátesis morbosas, se- rán menos susceptibles a las infecciones secundarias. La edad desempeña papel importante en la inmunidad. Las personas muy jóvenes y las muy viejas, son más susceptibles a muchas infecciones que aque- llas que están en el apogeo de la vida; por otra parte, los viejos gozan de cier- ta inmunidad respecto a algunas infecciones, en tanto que los niños de pe- cho resisten a la mayoría de las infecciones agudas. 235 A este motivo se puede agregar que los niños no son eminentemente re- sistentes a las infecciones, por su edad, sino que su inmunidad es consecuen- cia del género de alimentación (pie se les da; no usando carnes ni sus deriva- dos, así en los niños como en todas las edades, las infecciones, especialmente las tifosas, son menos intensas. El sexo parece (pie también afecta la resistencia o susceptibilidad: los hombres son más resistentes que las mujeres a la mayoría de las infecciones. Hay también ciertas condiciones que llamaremos incidentales, y que afec- tan a su vez a la susceptibilidad individual; la fatiga, el aire frío, condicio- nes higiénicas, el hambre, la sed y otras muchas causas, son capaces de debi- litar y aun anular la resistencia orgánica. Es bien sabido que una persona expuesta al frío y la humedad puede sucumbrir a la infección neumocóccica, aun cuando esta misma persona haya estado antes en las mismas condicio- nes de medio atmosférico. Hay momentos de debilidad orgánica que aprove- chan las bacterias para su propia vida evolutiva. Esta es una ley biológica que se aplica a todos los seres organizados de la Naturaleza. En el tifo (y no solamente en esta enfermedad) existe una forma qug.se llama tifo recurrente y que consiste en la reaparición del ciclo evolutivo de la enfermedad. Pasa entonces, que la inmunidad adquirida por la primera in- fección, debido a circunstancias especiales no llega a poner al organismo en condiciones de cabal defensa, y las toxinas que aún no se han podido elimi- nar, retoñan provocando nuevo proceso cuya forma apenas si difiere de la ori- ginal. Hay dos clases de defensa orgánica: la externa y la interna. La externa es la obstrucción mecánica que se opone a las bacterias invasoras por medio de la piel, las membranas mucosas, los antisépticos químicos y los pro- ductos biológicos; la defensa interna es la facultad que cada individuo posee para conseguirla, y no está sujeta a voluntad propia sino a las condiciones vitales de la célula. La defensa interna en condiciones normales es suficiente para impedir que las bacterias penetren en los tejidos, aun cuando haya gran número en la superficie de los mismos. Abundante es la fauna bacteriana que vive constan- temente en la mucosa buconasal esperando el momento oportuno para cum- plir a su vez con la ley biológica de procreación; pero las defensas internas no descansan, el leucocito vela eternamente y triunfará. La defensa interna es muy importante y constituye las varias fases de la inmunidad o resistencia, por las cuales puede el cuerpo combatir la infección después (pie las bacterias han traspasado las barreras naturales que se le oponen. La inmunidad puede ser natural o adquirida. Se dice natural al poder de resistencia que existe en cada individuo, ya sea a toda clase de infecciones o a determinadas en particular. Decimos inmunidad adquirida a la que por medio de productos biológicos u otros de origen químico se confiere a un organismo. Por lo general un ataque de viruelas confiere inmunidad contra infec- ciones secundarias de la misma especie. Esta es la inmunidad natural adqui- rida, causada por ciertas reacciones orgánicas. 236 Existe la inmunidad adquirida artificialmente y efectuada por medio de cualquier tratamiento inmunizante, como por ejemplo, la protección contra la fiebre tifoidea por medio de la vacuna tifoidea. La inmunidad adquirida artificialmente se divide en activa y pasiva; llamaremos inmunidad activa a la forma de resistencia producida por la in- troducción en el organismo de una substancia (pie estimule a las células a producir a su vez, substancias que resistan las bacterias o sus toxinas. Los productos que introducidos al organismo forman o desarrollan subs- «aucias protectoras se llaman "antígenos". Un ejemplo de esta naturaleza es Ja vacuna contra la viruela; en este caso, la linfa representa el antígeno que estimula la producción de substancias antagónicas a la enfermedad, y es el pa- ciente quien desarrolla en su propio organismo los elementos que lo prote- gen. La inmunidad pasiva es la forma de resistencia que se produce por la introducción al organismo dé la substancia protectora, como acontece con el suero antidiftérico, que se prepara en el laboratorio y después se adminis- tra al paciente. Cuando se ha introducido al organismo un antígeno, la actividad celu Jar tiende a formar nuevas substancias con él, para formar en definitiva los anticuerpos, que son la base fundamental de las leyes biológicas. He querido referir el ya conocido proceso inicial de las leyes biológicas, para llegar al caso de observación que traigo a este Congreso, no como nueva luz en lo mucho que se ha escrito sobre el tabardillo, sino porque creo que es una de sus modalidades, un conjunto sintomático que todos aquellos médicos que han tratado con especialidad tifosos, habrán sentido, pero que hasta la fecha no se ha descrito. Huíante mi estancia en Guadalajara, siendo Director del Hospital Mili- tar, estuvo a punto de desarrollarse una epidemia de tifo, que pudo localizar- se en su foco inicial por la actividad desplegada para conseguirlo. Vino a Mé- xico una partida de 200 soldados a dejar reemplazos, y a su regreso, ya en Gua- dalajara, principiaron a enfermar de tifo; hubo muchos casos de contagio, entre ellos el Dr. Daniel García, que falleció y a quien substituí como Direc tor del referido Hospital, teniendo a mi cargo y responsabilidad el tratamien- to de los enfermos, y el de limitar los efectos de la epidemia, lo que se con- siguió. Recuerdo que entonces estuve enfermo tres o cuatro días, muy alarmado porque me supuse ya contagiado del tifo; pero no fué esa enfermedad, ni puedo precisar el cuadro sintomático sufrido. Después, siendo Director del Hospital para lufectocontagiosos, de Chu- rubusco, recuerdo con precisión que tres o cuatro días después de que princi- pié a desempeñar ese servicio, tenía yo zumbidos de oídos, falta de apetito, náuseas, pequeñas oscilaciones térmicas vesperales y un malestar general que no podía referir a determinada enfermedad. Evité todas las causas que podía tener aquel estado patológico, menos la asistencia al Hospital y no cesó sino cuando algunos meses después fui releva- do de ese servicio. 237 Hace tres años, durante la epidemia de tifo que se desarrolló en toda la República, estaba yo en Oaxaca y allí fundé y tuve a mi cargo el lazareto (pie sirvió de alojamiento a los enfermos. Pues bien, esta vez como en las ante- riores, los primeros días de contacto con tifosos fueron para mí iguales a los pasados, durante mi estancia en el hospital de Churubusco; los síntomas fue- ion más intensos, hasta desequilibrar el funcionamiento regular de mi co- razón. Poco a poco fui regularizando mi sistema y adaptándome a aquel me- dio pestilencial, terriblemente repulsivo, molestándome únicamente acpiel zum- bido de oídos, (pie no cesó sino cuando cerré el lazareto, por haber terminado la epidemia. Naturalmente que repetido el cuadro sintomático sufrido durante el servi- cio de Churubusco, me vi obligado a pensar en la correlación (pie existía en tre el medio ambiente en (pie yo me encontraba y la resistencia de mi orga- nismo para evitar el ataque tifoso. Me informé con otros compañeros médicos, si habían notado algo extra- ordinario en su organismo durante su contacto con tifosos en la clientela par licular, y algunos de ellos, los (pie más enfermos vieron, contestaron afirma- tivamente, pero atribuyendo el dolor de cabeza y los zumbidos de oídos ai exceso de trabajo y no a ese período de inmunidad adquirida que yo llamo "ti- fización" y que constituye un medio de defensa orgánica. Ahora bien, yo pregunto: ¿el organismo tiene propiedades especiales pa ra formar anticuerpos, sin necesidad de la inyección previa del antígeno? ¿Puede la Higiene desempeñar en este caso, papel de importancia? ¿Se puede intentar un método preventivo valiéndose de la "tifización" co- mo medio de defensa, entanto (pie los preparados biológicos, (pie serán la te- rapéutica del porvenir se puedan adquirir a tan bajo precio como el bicarbo nato de sosa en la actualidad? Y vuestro muy ilustrado criterio contestará esas preguntas (pie entra ñau mi deseo constante de hacer algo por el bien común ; vuestros conocimien- tos ilustrarán el caos en (pie va pasando ante nosotros esa terrible enferme- dad llamada tabardillo, tifo o de otros mil modos distintos, (pie desde muy lejanas épocas viene siendo el azote más terrible de la humanidad. Acabo de leer en la "Revista Médica", que se publica en Puebla, un ar- tículo muy concienzudo del Sr. Dr. Escalona en el (pie hace mención del caso frecuentemente observado, de la no contagiosidad del tifo entre las personas que los atienden, ya sean médicos, enfermeras o miembros de la misma familia , el Sr. Dr. Horacio Rubio, en su trabajo leído aquí, hace también mención de este hecho, y a los dos señores me permito preguntarles: ¿no será posible que todas aquellas personas (pie han estado en contacto con tifosos no han sido contagiadas porque en su organismo se ha realizado de una manera feliz es- te fenómeno que llamamos "tifización"? La redo, Tamaulipas, enero de 1919. 239 Contribución al estudio de la etiología del tifo exantemático. Dr Mario A. Torroella. Hace dos años aproximadamente que a mi regreso de los Estados Unidos y gracias a la bondad de mi maestro el señor doctor Kosendo Amor, daba a conocer por medio de una conferencia en la Escuela N. de Medicina, la cues- tión de por entonces palpitante interés en Nueva York: el hallazgo del baci- lo del tifo exantemático, debido al doctor Plotz Pasada la primera impresión de la nueva noticia, sonrieron unos escépticamente; otros rebatieron el pun- to con pasión, acaloramiento y saña tales, que no parecía sino que yo recla- maba para mí la gloria del descubrimiento. Y lo curioso de este caso era que quienes estas objeciones hacían, ni conocían los procedimientos seguidos pa- ra hallarlo, ni había leído siquiera los trabajos efectuados, ni se dedicaban tampoco a estudios bacteriológicos. Por último, los que ni sonrieron ni objc taron, y fueron los más, vieron la cuestión con olímpica indiferencia y no se ocuparon del asunto. Ante tan poco halagadora acogida, resolví continuar estudiando estos trabajos desde entonces emprendidos, sin volver a darles publicidad. A la reiterada invitación de mi maestro el señor doctor Terrés para que me inscribiera en este Congreso, débese el que ocupe en estos momentos la atención de ustedes creyendo traer un contingente nuevo, hasta hoy poco co nocido aquí, en que parece que se afirma definitivamente el conocimiento etio- lógico del tifo exantemático. En 1914 decía Plotz en una comunicación haber descubierto un pequeño bacilo que consideraba como el agente causal del tabardillo. Estudios poste- riores emprendidos en los laboratorios del Mount Sinai Hospital, robuste- cieron y ratificaron su creencia, y en ese estado las cosas, fué cuando con proli- jidad de detalles en lo relacionado con la técnica para los cultivos, la morfo logia y propiedades biológicas del germen, di a conocer en el salón de actos de la Escuela de Medicina el descubrimiento. Por razón de su especialidad, a quienes tocaba continuar el estudio era a nuestros bacteriólogos, pues desde hace tiempo, la cuestión del tabardillo ha dejado de ser, si cabe expresarse en términos tales, un problema clínico para transformarse en un problema bac- teriológico; y nuestros microbiologistas, repito, a un lado lisonja que no acos- tumbro prodigar-cuya idoneidad y competencia hacen que realmente ese cuerpo pueda considerarse como uno de los mejores de nuestros especialistas,- no hicieron absolutamente nada sobre este asunto, pues si no estoy en nn error, sólo el señor doctor González Fabela estudió el punto, y los demás no le consagraron ni poca ni mucha atención. Por esos días el doctor Monjarás, 240 según creo, trajo a esta ciudad unos tubos con cultivos del bacilo de Plotz; pero por desgracia contaminados. El doctor Joaquín Rendón (pie los vio, me decía (pie en ellos se habían desarrollado hongos, y le había sorprendido ver los cultivos en aerobio, siendo el germen anaerobio estricto. Este no se pudo aislar por la contaminación; entonces se rompieron los tubos para tomar por el fondo la semilla; en las preparaciones se vió el bacilo mezclado al micelio. Las siembras tomadas del cultivo original fueron negativas, y los cultivos he- chos por el doctor González Fabela, siguiendo las indicaciones de Plotz, ne- gativos también. Había (pie esperar que nuevos trabajos afirmaran o desecharan el des- cubrimiento. El doctor Norma, con prudencia muy de encomiarse, decía: "Aun cuando hay poderosas presunciones de (pie el bacilo descrito por Plotz sea el agente causal del tifo, no está todavía perfectamente identificado"; y el Dr. Terrés, con su reconocido buen criterio también asentaba: "La idea de la especificación (del tabardillo) se manifiesta en .abundantes trabajos y cada día se describen nuevos microbios". Y adelante añade: "Ya por esto y sin citar descubrimientos españoles, mexicanos (algunos de ellos inéditos) y de todas partes, se ve que estamos muy distantes de poder pensar (pie se ha dicho la última palabra en los estudios bacteriológicos de los tifos exantemáticos". Voy a permitirme una digresión. En el propio artículo se lee: "Brumpt encontró en piojos de personas sanas microbios parecidos al descrito por Da Rocha Lima con el nombre de Kickcttsia piowascki, y por eso le niega el pa- pel ( ausal en el tifo". En mi concepto la apreciación de Brumpt debe inter- pretarse de otra manera, como adelante lo expondré; ahora añadiré sólo que da Rocha Lima dió este nombre al germen, pues creyó en un principio (pie no era un bacilo sino un protozoario. El doctor .Mesa Gutiérrez, muy antes de <pie se hicieran estos estudios, nos decía (pie en su concepto el agente del tifo debía de ser un protozoario más bien (pie un bacilo, y en fecha remota, si la memoria no me es infiel, Ricketts y Wilder tuvieron sus dudas acerca de (pie si el germen descubierto sería un protozoario o un bacilo. Las razones en que da. Rocha se apoyaba para creer en un protozoario eran en (pie, aun cuando tenía forma bacilar tomaba una coloración rojiza con el Giemsa, peculiar a los protozoarios; pero en su última comunicación dice (pie ha modificado su modo de pensar y se inclina a creer (pie es un bacilo, y en lugar del nombre que le dió al principio, sugiere el de bacilo prowazeki. Pero volviendo al asunto en el punto en «pie lo dejé, me parece (pie con los datos que hoy tenemos se ¡Hiede afirmar con seguridad (pie el bacilo de Plotz es causa de la dolencia. Para establecer científicamente (pie un germen e? producto de tal pade- cimiento, Pasteur formuló las siguientes condiciones: la. Aislamiento del microorganismo. 2a. Encontrarlo cuando de dicho padecimiento se trate. 3a. Cuando inoculado experimentalemente puede producir la enfermedad Con el germen (pie nos ocupa, si hemos de dar crédito a los innumerables trabajos sobre él escritos, se realizan éstas. Y tales aseveraciones, creo (pie son de tomarse muy en consideración, por la ceriedad de sus investigadores: por la constante presencia de todos los caracteres asentados, aun cuando se 241 itayan hecho los estudios en distintos puntos del globo; y por la concor- dancia de las observaciones de los sabios de diferentes países en las cuales tan fácil es disentir dada nuestra humana flaqueza, y hoy más que nunca teniendo en cuenta las condiciones de política internacional. Como prueba de esto no hay sino ver a Koch negando legítimos méritos a Villemin; a médi- cos de otros países queriendo restarle gloria a Erlich. Y si se llevan con todo rigor, como se han llevado estos estudios; si con toda lógica se les examina, y si son concluyentes, tendremos que convenir en que el examinado es el agente patógeno del tabardillo; del propio modo que convenimos y creemos que hubo un padecimiento llamado "podredumbre de hospital", producido por el bacilo fusiforme de Vincent, de que el bacilo de Ludfler origina la difteria o que el de Koch es el agente causal de la tuberculosis. Voy a presentar ahora los hechos (pie en mi concepto afirman tal des- cubrimiento y con los (pie se dilucida el obscuro problema etiológico del tifo. En algunos párrafos reproduciré íntegros los conceptos en que me expresaba yo en la. antes mencionada conferencia, pues mi criterio en este asunto, de en- tonces a hoy, no ha variado, antes se ha fortalecido con la lectura de nueves trabajos (pie en breve lie de citar y han servido de base al que ahora presento; y los estudios que de apoyo antes me sirvieron, se han visto en todos sus puntos ratificados. No me detendré en describir el germen ni sus colonias, ni la técnica para sus cultivos, ni los elementos de prueba de que se sirvió su descubridor para demostrar (pie realmente es el agente causal; que sobre haberlo hecho hace dos años, anoche detalladamente lo hizo el profesor Ro- dríguez y Vega; y me concreto en estas líneas a aducir las pruebas «pie iden- tifican como el microbio patógeno del tabardillo, el bacilo de Plotz. Los estudios a (pie antes me he referido son: Etiología del tifo exantemático.-Aísla miento del germen áel piojo in- fectado.-Estudios del cultivo de sangre hechos en Serbia, Bulgaria y Rusia- - Desarrollo de anticuerpos originados por el bacilo del tifo en personas que han estado en contacto con tifosos.-Aglutinación en el tifo y no filtrabilidad del virus.-Estudios de la inmunidad en el tifo con relación a los anticuerpos: en el hombre y los cochinillos úV Indias, demostrada por el método de líale.- Estudios sobre inmunización profiláctica con bacilos del tifo exantemático.- Por último, el asunto más interesante para nosotros, pues de él se desprende la ya indiscutible identidad entre nuestro tifo y los de los Estados Unidos, Bulgaria, Serbia, Rusia, Austria-Hungría, etc.: el haberse aislado el germen en nuestro país, publicado en un opúsculo que se titula: "La etiología del tifo exantemático en México". Con excepción del primero, todos ellos han sido pu- blicados de 1916 a la fecha. Trataré ahora de la cuestión relativa al papel que desempeña el piojo en la transmisión de la enfermedad. En este año expresaba yo la idea de que si el piojo no era el único de los medios de transmisión del tabardillo, por lo menos debía estimarse como uno de los principales: creencia (pie sostengo en el presente. El hecho de que 242 un insecto sea el vector habitual de una dolencia, no implica que necesaria mente tenga que hacerse por ese medio. La peste bubónica, transmitida de la iata al hombre por la pulga, puede en determinadas ocasiones, sobre todo en las formas pulmonares, ser contagiosa por la expectoración. Mas el cono- cimiento de la transmisión por medio de determinado insecto lo pone a uno en muchas ocasiones en camino del descubrimiento de la etiología y siem- pre en guardia para la profilaxis de la dolencia. Por intuición en México, debería haberse sabido que el piojo transmitía la enfermedad; el hecho de que el tifoso se empiojaba era cosa que oíamos desde hace mucho tiempo. El poder tiriogenético del tabardillo, cuchicheado por las comadres de nuestro pueblo, entrañaba un absurdo concepto y un hecho de sofística observación, que seguramente no resultaba de una gran sagacidad sino de lo manifiesto del fenómeno. En nuestra Academia de Me- dicina se discutía el punto y se dividían las opiniones en dos bandos: quiénes dudaban o no creían que fuera el piojo el transmisor, quiénes lo afirmaban, y hasta hubo un maestro mío que con justicia y gracia decía, que aunque no lo fuera se debía hacer creer que sí, pues la destrucción del parásito era una gran medida aunque sólo fuera desde el punto de vista del aseo. Esta discusión se debatía a fines del año de 1915. Ricketts y Wilder, con sus expe- riencias hechas aquí, habían demostrado la transmisión por medio de estos parásitos. Nicolle, Comte y Conseil hallaban Jo mismo. Ya en la Castañeda, y si la memoria no me es infiel, allá por el año de 1911 teniendo en cuenta esas observaciones, el doctor Mesa Gutiérrez, a la sazón director, cortaba una epi- lemia que se levantaba amenazadora entre los asilados. Uno de los hechos que han motivado algunas dudas a este respecto, es el de que "encontrándose el germen en relativo corto número en la sangre", el piojo se debía infectar con dificultad. La verdad de esta aseveración es que se ha necesitado un gran número de animales para producir experimen- talmente la infección, como lo prueban los estudios de Andersson, Goldber- ger, Koch, etc., en que para obtener resultados positivos se han necesitado más de cien piojos. El menor número con que se pudo reproducir la reacción febril típica en un mono fue de treinta y siete (experiencia de Nicolle y Blanc). Hay otra observación que muy especialmente ha embarazado a los investigadores, y es el hecho de que el parásito es infectante sólo seis o siete días después de la primera succión, del first feeding, para usar la expresión inglesa. Esta es una de las razones por la cual Nicolle creía que era un protozoario y que era el tiempo necesario para su desarrollo cíclico en el cuerpo del piojo. Otros investigadores creen que durante este período, el germen aumenta en número o en virulencia. Hay que tener en cuenta que en las experiencias no se logra siempre reproducir Jo que acontece en las condiciones ordinarias, núes si es cierto, por ejemplo, que en la sangre hay un corto número de baci- los, es necesario recordar cómo en las normales, un solo piojo puede hacer muchas succiones, pues habitualmente éste permanece mucho tiempo sobre el enfermo y tiene oportunidad de alimentarse más frecuentemente que el de un experimento, a quien alimentan en condiciones de observación, y por lo tanto, la cantidad de sangre que pasa a través del primero, es mayor de la 243 que recibe el otro. Estos conceptos de hace dos años se robustecen con los siguientes trabajos tomados de un folleto de Olitzky, Husk y Denzer. "En 1910, Ricketts y Wilder hallaron un organismo con extremidades te- ñibles intensamente, en las heces del piojo normal, y fabulosamente auménta- los en los piojos infectados''. El germen hallado se describía como un microorganismo de dos mieras, con cuerpos polares colorables por el Giemsa. Von Prowazek y Hegles, en 1913, hallaron también en el piojo un germen idéntico al descrito por aqué- llos. En 1914, Sergent, Foley y Vialatte, en cientos de piojos alimentados con sangre de individuos sanos o no afectados del tifo jamás hallaron el germen; pero en los piojos que habían picado a tifosos vieron un pequeño bacilo de una y media a dos mieras de largo cuyas extremidades se teñían intensamen- te por el Giemsa. La observación de estos investigadores tiene gran impor- tancia. porque lograron producir en los sanos una enfermedad que corres- pondía en apariencia clínica a la producida por la inyección de piojos, que ellos creían infectados, inyectando cultivos del germen. Durante el año de 1916 la confirmación de estos descubrimientos fué relatada por Da Rocha Lima, Topfer, Schülsller, Otto y Baher- Plotz, Topfer y Schülsller vieron en cuatrocientos un piojos que habían sido alimentados sobre treinta y cinco tifosos la bacteria que nos ocupa, y en ciento un piojos alimentados sobre diecinueve pacientes de otras enfermedades no lo hallaron. Estos ob- servadores lograron producir el tifo en cuyes, con inyección de los gérmenes que éstos tenían; la reacción de aquéllos fué idéntica a la de los que se in- yectaron con la sangre de los tifosos directamente; el organismo se encon- tró siempre en el tubo intestinal del piojo. Otto recientemente halló el mismo microorganismo proliferando en las células del intestino del piojo infectado, confirmando en todo las investigaciones de Da Rocha Lima. Plotz en sus es- tudios de tifo en los Balkanes, y Baher, simultáneamente, en Rusia, encon- traron el bacilo en el cuerpo del piojo infectado. Da Rocha Lima cree que los gérmenes por él hallados son exactamente los mismos encontrados por Ricketts. Wilder, Prowazek, Foley, etc., y los ve como el agente etiológico del tifo, primero: porque el organismo penetrando en las células del tubo intes- tinal del piojo y multiplicándose enormemente produce cambios caracterís- ticos en dichos epitelios; cambios que se han hallado solamente en el piojo infectado por el tifo. Segundo: porque solamente la sangre de los tifosos po- see la propiedad de producir estas infecciones en el parásito. Cientos de pio- jos alimentados en convalecientes de tifo, individuos sanos o atacados de otras dolencias, nunca han aparecido infectados por modo semejante. Ter- cero : el absoluto paralelismo que existe entre la virulencia del piojo para el cuy y la presencia de este germen en el cuerpo -de aquél. Da Rocha Lima, discutiendo la posible identidad entre su bacilo y el del tifo exantemático, dice: "De todos los organismos que se han dado como posibles agentes etio- lógicos del tifo, el de Plotz es el que merece la mayor consideración". Los médicos americanos atribuyen esta relativa diferencia entre los dos organis- mos a <pie si existen ligeras desemejanzas morfológicas entre ambos, se deben a que Da Rocha hizo la comparación de su bacilo con fotogra- fías del bacilo de Plotz, desarrollado en medios artificiales y en cultivos viejos; y éstos sufren, como sabemos, algunas alteraciones en su forma con 244 respecto a los cultivos jóvenes. Además, las fotografías que sirvieron no eran perfectas; y por último encontró que su bacilo era negativo al Gram y el del tifo era positivo. Mas ya se había descrito antes por Denzer y Husk que el bacilo de Plotz era Gram-negativo en los primeros subcultivos tomados de los cultivos hechos con piojo infectado o con las siembras tomadas directa- mente de este parásito, y positivo en las más antiguas o tomadas de la sangre. En el trabajo del maestro Terrés aparece, como se recordará, el concepto de Brumpt, quien niega que el bacilo de Da Rocha sea el agente del tifo por haberlo hallado él en piojos que no han picado a tifosos. Ya Ricketts y Wilder, como vimos, habían hecho en México la misma observación, y al principio Je mi trabajo dije que yo interpretaba de distinta manera la objeción de Brumpt, para lo cual se me han ocurrido estas dos preguntas: ¿el microor- ganismo se puede trasmitir del piojo al piojo por contacto de éstos? ¿la liendre del piojo infectado está contaminada a su vez? A la última pre- gunta encontré la siguiente respuesta: Sergent, Foley y Viallate y más re- cientemente Da Rocha Lima han demostrado que las liendres de piojos conta- minados son infectantes para el cochinillo de Indias; así, pues, queda en pie sólo la primera interrogación. Además ya está probado este hecho: una per- sona inmune para el tifo, puede sin ningún peligro para ella, llevar durante mucho tiempo parásitos infectados, pues éstos conservan indefinidamente su virulencia: así, tales individuos son verdaderos portadores de gérmenes. Cultivos de sangre tomada en casos de tifo en Serbia, Bulgaria y Rusia. -Todos éstos han sido hechos por métodos anaerobios. La confirmación de los trabajos llevados a feliz término por Plotz en 1914, emprendidos en Nueva York con los rusos emigrantes enfermos, se ha obtenido por la investigación y hallazgo del microorganismo durante la epidemia de Serbia, hecha por el mis- mo autor en el año de 1915. En 1916 se siguieron estos estudios por Baher en Volhinya, por invitación del gobierno austro-húngaro, y durante los meses si- guientes prosiguieron sus estudios separadamente dichos investigadores en diversas partes de Europa. Ya la presencia de este bacilo no puede considerar- se como un mero prejuicio de su descubridor, dada la constancia con que se observa en los atabardillados, y además haberlo encontrado toda una serie de observadores que para no ser cansado citando a todos ellos, me limitaré a los siguientes: Berstein, Blatteis y Lederer, Gottesman y Klein, que los han visto en el cincuenta por ciento de los casos observados; Andersson, que ade- más, ha logrado cultivarlo extrayéndolo de la sangre de los cuyes inyectados con la sangre de los tifosos; Zinsser y Hopkins lo descubrieron sólo en tres casos de varios observados en Serbia, debido probablemente a condiciones de- fectuosas de los medios de cultivo. Popoff y Paneth. han logrado cultivar el germen en Volhynia; Mühlnes y Ficker en Serbia lo han hallado; Ghon en Pra- ga lo aisló, lo mismo que Andersson en Nueva York; Olitzky, Denzer y Husk, refieren haberlo encontrado en los casos observados en México. Dicen los doc- tores al principio mencionados: ''Los estudios bacteriológicos llevados a cabo en Rusia y los Balkanes, sobre 64 individuos tifosos, confirman las observacio- nes hechas previamente en Nueva York, de que durante el período febril de 245 la enfermedad, el bacilo se encuentra en la sangre de estos pacientes. El orga- nismo se presenta en ésta desde el primer día de la fiebre; la bacterihemia y la gravedad del caso, corren paralelamente. En dos casos en que la sangre se to- mó durante el calofrío, uno de ellos muy al principio de la enfermedad, se encontró en enorme número de bacterias. Resumen de los estudios realizados por Denser y Olitzky acerca de la inmunidad con relación a los anticuerpos en el hombre Y LOS COCHINILLOS de Indias por medio del método de Dale.-Éste consiste en lo siguiente: estu- diando Dale la anatílaxia, sensibilizaba un cochinillo de Indias, hembra, con determinada substancia; después de determinado tiempo sacrificaba al animal, extraía el útero, el cual suspendía en una solución de Loke y conectaba este ór- gano con una palanca registradora que marcaba sobre un cilindro giratorio las contracciones verificadas en la matriz cuando se añadía el antígeno. En las enfermedades infecciosas, se utilizó este método por primera vez por Weil, estu- diando la neumonía. Con el tifo se ha procedido del mismo modo: se sensibi- liza el cuy, con virus de esta dolencia, se hacen las operaciones mencionadas, se añade a la solución el antígeno, que en este caso.es el bacilo del tifo o sus productos, y se ven aparecer las contracciones uterinas registradas por la pa- lanca mencionada. Los anticuerpos respecto al bacilo del tifo, demostrados por el método de Dale, encuéntranse en el suero de los tifosos sólo después de la crisis. Los anticuerpos no están presentes en el acmé de la dolencia. Los an- ticuerpos en el caso del cuy, se hallan en las celdillas de este animal sensibili- zado y sólo después de la crisis. La reacción con el suero de los tifosos y las celdillas del cochinillo es específica, pues usando métodos similares con indivi- duos normales o pacientes de otra infección, no se hallan estas reacciones, y nunca se han presentado, v. gr., cuando se han tratado los cuyes, así sensibi- lizados con micrococus áureus, bacilos de Eberth, bacilo del acné, etc. Resumen del estudio de desarrollo de anticuerpos en los individuos en contacto con tifosos hecho por Baehr.-En 20 individuos se halló positiva la complemento-fijación, y en 250 que se tomaron como elementos de comparación por no haber estado en contacto con tifosos, todas las experiencias fueron nega- tivas. De los 20 individuos estudiados, tres tuvieron después de estar expuestos a la infección, síntomas vagos, quebranto, que no pudieron distinguirse de una influenza benigna; todos los otros estuvieron bien. El estudio del suero de los individuos observados, demostró la presencia de anticuerpos específicos igua- les a los antes observados, sólo en convalecientes de tifo. Estos datos los inter- preta su autor como acusadores de infecciones insuficientes para provocar manifestaciones clínicas, como las inoculaciones de dosis subinfectantes de vi- rus o bacilos, especialmente cuando son reptiles. Hay hechos muy semejantes en las experiencias hechas con los monos. l'ero el asunto más importante para nosotros es el que se desprende de los trabajos llevados a término en Matehuala, S. L. P., por Denzer, Olitzky y 246 Husk, y cuyo extracto voy a hacer, comenzados en dicho lugar el primero de febrero de 1916 e interrumpidos el ocho de marzo del mismo año, por las con- diciones políticas de la localidad. El virus de los enfermos de este lugar, se transmitió a los cuyes. Kicketts y Wilder habían demostrado que el virus circulante en la san- gre durante el período febril, inoculado a los monos; y otros observadores, a los cochinillos de Indias, producía una reacción febril de cuatro a once días de duración, después de una incubación que duraba de siete a catorce, y que la san- gre de este animal durante el mismo período, es infectante para los de la misma especie. El procedimiento seguido aquí, fué inocular 3 c. c. de sangre desfibrinada, más 3 c. c. de suero fisiológico en la cavidad abdominal. Des- pués de un lapso de doce días de incubación, los cochinillos presentaron la reac- ción febril característica; estos animales se sangraron y su sangre fué trans- mitida a otros. El virus se mantuvo durante dos generaciones; más en este mo- mento se interrumpieron los trabajos. El período de incubación, el tipo de la reacción febril y los hallazgos de autopsia (esplenomegalia e hipertrofia de los corpúsculos del tifo), corres- ponden a los resultados previamente obtenidos con el virus del tifo tomado de casos esporádicos o epidémicos. Muchos cuyes inyectados con sangre de individuos sanos o pacientes de otras dolencias, no presentaron ninguna de las alteraciones mencionadas. Los cultivos de sangre fueron hechos con treinta y un casos de tifo y tam- bién en enfermos que no tenían esta dolencia. El método seguido fué el de Plotz. De estos 31 cultivos, tres fueron hechos en suero-glucosa-agar al 0.5% ; de estos tres, uno fué positivo ; de los 29 restantes, hechos con suero-glucosa- agar al 2%, sólo ocho pudieron seguirse por tiempo suficiente, pues las condi- ciones políticas, como antes dije, los interrumpieron. El total de las colonias obtenidas, fué de 34; la cantidad de sangre tomada para los cultivos, fué de 121 c. c., y todos los germenes, idénticos al bacilo descrito por Plotz. En el cua- dro siguiente, hacen notar el grado de bacterihemia y la gravedad de los ca- sos en relación directa. Tifo endémico de Nueva York: mortalidad, 0.3%; cantidad de sangre cul- tivada, 436 c. c. Número de colonias, 33. Colonias por c. c., 0.07. Tifo mexicano epidémico: mortalidad, 20%. Sangre cultivada, 120 c. c. Número de colonias, 34. Colonias por c. c., 0.28. Epidemia balkánica: mortalidad variable de 18 a 60%. Sangre cultivada. 51 c. c. Número de colonias, 74. Colonias por c. c., 1.45. La fecha de aparición de las colonias en los cultivos originales, fué del cuarto al décimocuarto día, predominando poco más o menos alrededor del noveno. También se tomaron cultivos de sangre al mismo tiempo en enfermos de bronquitis, bronconeumonía, neumonía, cistitis, etc. Todos durante el pe- ríodo febril de su enfermedad y con técnica idéntica. El número de centímetros cúbicos de sangre cultivada, fué de 76. La observación de estos tubos se siguió durante veintiún días; todas fue- ron negativas, por lo que se refiere al tifo, o contenían los gérmenes causales de la dolencia. 247 Resultados de la aglutinación.-Para no cansar con la relación detallada de la técnica, sólo diré que, a pesar de las cortísimas cantidades de suero que se pudieron recoger, se produjeron fenómenos positivos de aglutinación en al- gunos casos, hasta al 1 por 800. Tengo a la disposición de quien lo desee, el cuadro con los datos recogidos. Estos corresponden exactamente con los obte- nidos por el estudio de los casos endémicos y epidémicos en Nueva York. La identificación del organismo encontrado en el tabardillo de México, es- tablece definitivamente su etiología; la aparición de las colonias, la morfo- logía del bacilo, los caracteres de los cultivos incluyendo las reacciones de fer- mentación, y, finalmente, el papel que desempeña en los fenómenos de agluti- nación y encontrarlo en todos los casos en que se ha cultivado el producto in- testinal del piojo, hacen que el germen obtenido, se clasifique como el bacilo del tifo. En mi concepto, el hecho más demostrativo en lo que se refiere a fe- nómenos de aglutinación, es que el suero obtenido en México haya aglutinado gérmenes aislados en casos de tifo de Nueva York. Ya son sabidos todos los trabajos de Andersson y Goldberger, Ricketts y Wilder, en los que inyectando monos con piojo infectado, lograron obtener inmunidad de éstos para sangre tifosa. Con esos antecedentes, los médicos que trabajaron en México, recogieron de los vestidos de los enfermos, los piojos que sirvieron para la siguiente experiencia: en un mortero estéril pusieron 4 c. c. de solución fisiológica; con unas pinzas se exprimió el número de piojos deseado y se emulsionaron en el suero; este líquido se inyectó en el peritoneo de los cuyes. No me detengo a enumerar las precauciones que se tomaron pa- ra la técnica de las experiencias. Los resultados fueron : cuy núm. 6, inyecta do con emulsión de 30 piojos tomados de un enfermo en el 13°. día de su do- lencia ; al noveno de la inyección, el animal presentó una reacción de 104.4 F. El animal se desangró; la sangre desfibrinada se inyectó a otros tres más. La interrupción de los trabajos no permitió conocer si éstos presentaron reac- ción febril; pero en la autopsia del primero, se halló la típica reacción espié- nica (hipertrofia de los cuerpos de Malpighi.) El bazo extraído con todos los cuidados de asepsia, fué macerado en solución ñsiológica, la emulsión cul tivada en tubos con la técnica descrita y a los cinco días aparecieron doce co- lonias del bacilo. Cuy núm. 8, inyectado con 65 piojos tres días después de la crisis. Por lo dicho antes, estos piojos eran virulentos; no se pudieron hacer las mismas in- vestigaciones que en el caso anterior, pero el décimo día presentó una eleva- ción de temperatura de 40°.3. Resultados de los cultivos del piojo infectado.-Dos métodos se em- plearon : la compresión del piojo entre dos pinzas, una colocada en el tórax y otra en la parte inferior del abdomen; una vez exprimido, se recoge el conteni- do intestinal con asa de platino y se siembra en el medio. El otro consiste en 248 machacarlos en un mortero, añadiéndoles solución salina, y se cultiva la sus- pensión. Estos métodos permiten separar las colonias (pie accidentalmente puedan presentarse por contaminaciones, (pie distintas del tifo pueda haber sufrido el animal. Los resultados han sido: Primero.-El piojo contiene el germen cuando se le toma durante el ac- mé de la dolencia o cuatro días cuando más, después de la crisis. Segundo.-Es Gram-negativo en las colonias originales. Después de uno o dos subcultivos se hace definitivamente Gram-positivo. En nuestros estudios con el piojo infectado, hemos logrado producir el tifo con la inyección del parásito, y recoger el microorganismo del cuy así ino- culado, cultivar el organismo del piojo tifoso y demostrar la acción patógena del cultivo hecho con este germen. Estos son los datos (pie se pueden aducir en pro del hallazgo del agente causal del tifo. ¿Qué esperamos, pues, para aceptar como bueno tal descu- brimiento? Los observadores de dos continentes, se hallan de acuerdo en este punto. Los fenómenos específicos como aglutinación, complemento-fijación, etc., se han producido con elementos de distintos Jugares. En enfermos de nuestro país, se ha aislado el germen; las reacciones anatomopatológicas, pro- vocadas por él, que hoy en día están tomando tanta importancia, (pie en algu- nos casos la tienen igual o mayor (pie las bacteriológicas ícomo vemos que acontece con las reacciones histopatológicas de los granulomas infecciosos), son constantes en el cochinillo de ludias: siempre se observa la hipertrofia de los corpúsculos de Malpighi, lo mismo cuando han sufrido la inyección con tifo de Nueva York, que cuando han sido infectados con el de México. La morfología bacilar idéntica en Matehuala y en Volhynia, la reacción febril en el mismo tiempo producida en un lado y en otro, ¿no nos llevan a concluir con pruebas casi irrefutables, (pie es este germen el agente del tifo? A nosotros sólo nos toca hacer una cosa : pedir el resultado a nuestros bacte- riólogos; a ellos es a quienes corresponde, para que esto se establezca de un modo ya indiscutible, fijar con resultados positivos, la etiología. En una carta que me dirigió el Dr. Plotz el 17 del pasado, dice: "Hay que hacer notar toda la importancia que tiene la elección del líquido ascítico para los cultivos. Los resultados pobres en treponemas (pie muchos investigadores han obtenido se gún el método de Noguchi, se han debido a esto; lo mismo digo a Ud., respecto 'leí bacilo del tifo: el resultado sólo se obtiene usando un líquido absolutamen- te desprovisto de bilis y de alta densidad específica; igualmente hay (pie cui- dar del agar. Otra cosa (pie he notado es (pie la mayor parte de los (pie operan, quieren poner algo de personal, modificando la técnica (pie he da- do y es la que permite obtener los mejores resultados." Y concluye diciendo (pie está verdaderamente deseoso de poder ayudar a este estudio en México, en la forma que se desee. Dejo planteado así este asunto y confesado mi criterio en él. No quiero cansar más la atención de ustedes. Nuestros bacteriólogos tienen la palabra. México, enero de 1919. 249 TERCERA SERIE. Profilaxis del tabardillo (Campaña contra el tifo). Dr. Manuel S. Iglesias. Loable en grado superlativo y digna de todo encomio, ha sido la convoca- ción de este congreso especial para el estudio del tifo mexicano; y en el pro- grama respectivo que al efecto se publicó, se encarece, con bastante acierto, la conveniencia de dar uniformidad a todos los estudios que se presenten, dándo- sele absoluta primacía a las causas que pueden producir la enfermedad; para lo cual se señalan en dicho programa todos los puntos de vista que se deben tener en cuenta para emprender los estudios y trabajos que se han de someter a la consideración de los congregantes; dejando en segundo término los rela- tivos a las investigaciones microbiológicas, síntomas, lesiones anatómicas, te- rapéutica y dietética; haciéndose casi punto omiso de la profilaxis; y digo "ca- si", porque en dicho programa no se consideró ésta, y tan sólo en el párrafo cuarto de la parte expositiva existe la frase: " se ha formado el adjunto programa, del que pueden apartarse todo lo que gusten los señores médicos"; por lo que, teniendo en cuenta esta advertencia, me creo autorizado para ocu- parme de profilaxis. Negar la importancia de los estudios relativos a la sintomatología, anato- mía patológica y bacteriología de la enfermedad; negar su influencia sobre la terapéutica, supremo desiderátum a que aspira todo médico, sería negar la luz del día. Puede y debe considerarse como un sacrilegio, como una herejía, como una blasfemia científica, el poner siquiera en tela de jui- cio, la transcendental importancia de los estudios emprendidos por la es- cuela de Pasteur, que al darnos a conocer los microorganismos generadores de las múltiples enfermedades que padece la humanidad, nos ha dado la pauta para preparar los sueros preventivos y curativos de ellas, gracias a los que, el tanto por ciento de la mortalidad se ha reducido de las cifras colosales que te- nía años atrás, a las pequeñísimas que ahora se registran con dichos sueros. Hacer abstracción de estos estudios, suspenderlos en lo sucesivo en aquellas en- fermedades, como nuestro tifo, en las que aún no se ha podido comprobar la causa eficiente, identificar el microorganismo productor, para dirigir las in- vestigaciones por otros derroteros, sería un delito de lesa ciencia, de lesa hu- manidad. Pero, que por dedicarse a estos estudios, para los que no encuentro pala- bras suficientemente elocuentes con que encomiarlos, se haga abstracción de aquellos que tienden a ahogar en su cuna las endemias, epidemias y pande- 250 mias; a impedir la propagación de las enfermedades transmisibles, y a supri- mirlas de los lugares en que existan, sería aún mucho más censurable. Mientras los sabios estudiaban para identificar, y discutían cuál era el microorganismo generador de la fiebre amarilla, otros hombres, también de ciencia, desplegaron todas sus energías para estudiar la manera de suprimir este azote de la humanidad; y como consecuencia de su labor se ha logrado des- terrar tan temible enfermedad, y de una vez para siempre (al menos en deter- minadas localidades) en Cuba, Panamá, Veracruz, etc. Y lo que se ha hecho con la fiebre amarilla, puede y, sobre todo, debe, hacerse con el tabardillo. Dejemos a nuestros sabios dedicarse a sus estudios a la cabecera de los enfermos; a investigaciones de laboratorio; aún más, estimulémosles a ello, confiando en que llegará el día en que nos puedan proporcionar los sueros, in- munizador para el individuo sano, y curativo para el enfermo ; pero mientras esto se logra, dediquémonos con toda energía a suprimir nuestro tabardillo, que nos lo está pidiendo a gritos nuestra ciencia; que nos lo están exigiendo imperiosamente nuestra nación, nuestros paisanos; que nos lo está demandan- do la humanidad. Cuando se han suprimido las fiebres en Ismalía; cuando se ha saneado el Istmo de Panamá; cuando se ha proscrito de la Isla de Cuba la fiebre amarilla; es una vergüenza que el tabardillo continúe asolando nuestras poblaciones. Los que pudimos hacer desaparecer de Veracruz y otros lugares de la República la fiebre amarilla; los que impedimos que entrara a la ciudad de Veracruz y en ella se desarrollara la no menos temida escarlatina, que se desbordó de Jalapa en las postrimerías del año de 1910; podremos y debere- mos hacer desaparecer el tabardillo, con sólo que despleguemos todas nuestras fuerzas para realizarlo. La labor es ardua, es penosa, es más enérgica, si se quiere, (pie la empleada para aniquilar la fiebre amarilla; pero no es imposible, porque la ciencia profiláctica moderna ha suprimido esta última palabra de su lenguaje; y no es insuperable para nosotros los mexicanos; todo depende de la buena distribución que sepamos dar a los recursos pecuniarios de que disponemos y a los elementos con que contamos; correspondiendo, como es na- tural y debido, por tener derecho y facultades para ello, a las autoridades sa- nitarias de la nación, iniciar y continuar la dirección de la campaña con- tra el tabardillo. Este, como las demás enfermedades infectocontagiosas, necesita para transmitirse y propagarse, de la coexistencia de tres condiciones indispensa- bles : un individuo que padezca la enfermedad, un agente transmisor de su ger- men morboso, y un individuo sano, no inmune a la enfermedad, que reciba este' germen o microorganismo; de lo cual derivan tres prescripciones fundamenta- les para impedir la propagación de la enfermedad: el aislamiento del enfermo, la supresión del agente transmisor, y la inmunización, si es posible, del indivi- duo sano. Si logramos obtener de una manera absoluta las dos primeras, pero particularmente la segunda, puede asegurarse que no hay necesidad de cumpli- mentar la tercera, para impedir la propagación de la enfermedad. De donde se deduce que dos son los puntos capitales de esta campaña contra el tabardillo: Io. Descubrir al enfermo que lo padezca, por muy oculto que se encuentre, o por mucho que quiera substraerse a nuestra inquisición. 2o. Impedir por cuantos medios estén a nuestro alcance, que su enfermedad se propague. Descubrimiento del enfermo.-El Código Sanitario previene en su ar- 251 tículo 262, que el médico que se encargue de la asistencia de un enfermo o que simplemente tenga conocimiento de él, que padezca alguna de las enfermeda- des transmisibles que enumera dicho artículo, tiene la obligación de avisar- lo al Consejo Superior de Salubridad; y el 264, así como sus correlativos, im- ponen la misma obligación a los directores de colegios, los de las fábricas e in- dustrias, los dueños de hoteles, mesones, casas de huéspedes o cualquier otro establecimiento en donde haya aglomeración de individuos; siendo estas pres- cripciones los únicos medios de que disponen las autoridades sanitarias, para tener conocimiento de la existencia de los enfermos que puedan existir. Ambos procedimientos son insuficientes, sobre todo, el segundo, a cau- sa de la facilidad que hay para poder eludir el cumplimiento de estas prescrip- ciones legales; siendo deficiente la redacción del artículo 264, la que en mi con- cepto, debe cambiarse por la siguiente: Artículo 264.-Los directores de colegios, los de las fábricas e indus- trias, los dueños, administradores o encargados de hoteles, casas de huéspe- des, mesones o cualquier otro establecimiento en donde haya aglomeración de individuos, los conserjes o caseras en las casas de vecindad o de cualquiera otra finca análoga, están obligados a dar parte de todo enfermo que se observe o presente en ellas, cualquiera que sea la enfermedad, al Consejo Superior de Salubridad, a la autoridad sanitaria de la población, al médico inspector del! distrito en que vivan o al agente sanitario de su demarcación, tan pronto como tengan noticia de la existencia de dicho enfermo. Me permito llamar la atención sobre que en esta nueva redacción que pro- pongo, incluyo en la obligación de dar parte de los enfermos, a los conserjes o caseras en las casas de vecindad; modifico la prescripción que se refiere a las enfermedades transmisibles o infectocontagiosas, en el sentido de que dicho parte se refiere a toda clase de enfermos, cualquiera que sea la enfermedad de que se trate; y amplío la obligación de dar este parte a la autoridad sanitaria de la población, al médico inspector del distrito en que vivan o al agente sani- tario de su demarcación. Lo primero, porque en las casas de vecindad es aún más fácil y frecuente que enfermen quienes las habitan, que aquellos que accidentalmente viven en los hoteles y demás establecimientos análogos; y si se impone esta obligación a sus dueños o administradores, con mayor razón debe imponérseles a dichos conserjes o caseras, tanto más que éstos son de las primeras personas que tie- nen noticia de dichos enfermos, y por consiguiente, éste será un medio muy eficaz para que las autoridades sanitarias tengan conocimiento oportuno de ellos. Lo segundo, para evitar que todas estas personas eludan el cumplimiento de la obligación que les impone la Ley, pues alegan o pueden alegar, cuando se les conmine a ello o se les castigue por no haberlo hecho, que siendo profanos en Medicina, ignoraban si la enfermedad de que tuvieron conocimiento es de las infectocontagiosas, de las transmisibles; en nuestro caso, del tabardillo; mientras que prescribiéndoseles que den aviso de todo enfermo, cualquiera que sea la enfermedad que padezca el que vive en la finca a su cuidado, se les supri- me el pretexto para no cumplir con la disposición legal. Lo tercero, para facilitarles el cumplimiento de esta obligación; lo que puede dejar de cumplirse sin que haya dolo en ello, por varias causas hasta 252 cierto punto independientes de la voluntad de las personas: por encontrarse muy distante de las oficinas del Consejo de Salubridad, o de la autoridad que lo represente, la finca en que se encuentre el enfermo; por no disponer de telé- fono, o no saber utilizarlo; por no saber cómo se hace uso de las tarjetas pos- tales de circulación gratuita, que al efecto distribuyen las autoridades sanita- rias; en tanto que si se les previene que este aviso pueden darlo también al médico inspector del distrito, que vivirá o por lo menos tendrá su despacho en éste, ello se les facilitará por encontrarse a corta distancia de la finca en que se encuentre el enfermo; y esto lo será aún más, si dicho aviso se lo pueden dar al agente sanitario de la demarcación respectiva, que tiene la obligación de re- correrla y visitarla diariamente. Mas no considero suficiente, para emprender una campaña vigorosa y fructífera, contra el tabardillo, el hacer esta modificación al Código Sanita- rio ; estimando absolutamente necesario completarla con el establecimiento de las visitas domiciliarias, por los delegados o empleados de las autoridades sa- nitarias; y para la realización de esta idea, deben dividirse las poblaciones en distritos sanitarios a cargo de médicos higienistas, que serán los jefes de los servicios respectivos que se establezcan en ellos; y cada distrito debe dividirse a su vez, en demarcaciones más o menos numerosas, según la densidad de la población que habite en cada una de ellas, que estarán al cuidado de un agente sanitario. Las enseñanzas adquiridas en la campaña contra la fiebre amarilla en Ve- racruz, me autorizan para asignar la extensión de un distrito sanitario, en un promedio de mil casas para cada uno, no siéndome posible prever, ni aun de una manera aproximada, el número de demarcaciones en que se debe dividir cada distrito, porque sería enteramente arbitrario hacer un cálculo del nú- mero de habitantes que pudieran existir en ellos, al hablar de una manera ge- neral, como lo estoy haciendo; cayéndose de su peso, que en las demarcaciones adonde predominen las habitaciones particulares, o en las fincas con dos o tres habitaciones, tendrán que ser mucho más extensas que aquéllas en que se en- cuentren las casas de vecindad más o menos pobladas, como la denominada "Casa del Pueblo," en una de las calles de la Merced de esta capital, como las conocidas con el nombre de "cindadelas" en la Isla de Cuba; pues en estos ca- sos, las demarcaciones sanitarias tienen que ser muy pequeñas, a fin de facili- tar la tarea que tienen que desempeñar los agentes sanitarios encargados de ellas. Pero esto no es una gran dificultad, porque quedará a cargo del médico en jefe del distrito sanitario, dividirlo en tantas demarcaciones cuantas sean convenientes, en virtud de las enseñanzas que le vaya proporcionando su co- rrespondiente distrito, lo cual será tarea de poco tiempo. Así, con una poca de buena voluntad, la campaña contra el tabardillo no sufrirá retardos de con- sideración por este motivo. El reclutamiento del personal facultativo no será difícil, pues si bien es cierto que no contamos con numeroso contingente de médicos higienistas, sí existe y abundante, de médicos titulados a los que se puede confiar esta misión, en la que, a la vez que prestan un servicio a la humanidad y a la patria, irán adquiriendo los conocimientos necesarios para especializarse, toda vez que sus principales obligaciones consistirán en vigilar por la estricta observancia de las prescripciones higiénicas; acudir a la cabecera de los enfermos de que 253 les den cuenta sus agentes sanitarios, para establecer el diagnóstico, confir- mado o sospechoso, de tabardillo; y en ordenar el completo aislamiento del en- fermo, así como la desinfección de sus deshechos naturales, ropas y el local que ocupe, al terminar la evolución de su enfermedad; vigilando por el exacto cum- plimiento de estas disposiciones. En cuanto al personal de agentes sanitarios, será trabajo un poco más difícil, a causa de que por el sueldo que tiene que asignársele, no va a ser po sible encontrar el personal, todo lo idóneo que se necesita, en el conglomerado social en que tiene que reclutarse, a causa de que las labores que van a desem- peñar, deben ser dirigidas y guiadas por una paciencia a toda prueba, un tra- to exquisito hacia el pueblo, con quien tienen que tratar, una tenacidad para no desmayar en la misión que se tiene que encomendarles, y una sagacidad exa- gerada para no dejarse engañar por las personas que oculten a sus enfermos, y poder descubrir a éstos, por muy escondidos que los tengan. Pero lo que no puede obtenerse como materia prima, digamos así, puede lograrse por la edu- cación especial que se les dé; siendo suficiente que al hacer el reclutamiento, sólo se admita a individuos que sepan leer y escribir, y que no tengan el há- bito de emborracharse frecuentemente; y me refiero a este hábito, en lugar de prescribir que no tengan hábitos alcohólicos, porque en las actuales circuns- tancias-triste es decirlo, pero no debemos hacernos ilusiones,-es rara avis esta cualidad en el círculo social en que tenemos que buscar este personal; y con las cualidades mencionadas, es fácil que adquieran la especial educación que se les ha de impartir, para que sean buenos agentes sanitarios Esta educación es bien sencilla: debe enseñárseles sus dos obligaciones esenciales: buscar enfermos y darse cuenta de las infracciones a la higiene. Debe inculcár- seles que su misión es exclusivamente la de observar y dar cuenta de lo que observen, a su superior el médico del distrito a que pertenezcan; y que por ningún motivo deben ordenar de motu propio, absolutamente nada a las per- sonas con quienes tienen que tratar; transmitiéndoles únicamente las órdenes que por escrito y bajo forma de notificaciones, les dé su jefe, como resultado de los partes que a éste le hayan rendido. Para poder buscar, y dicho con más propiedad, encontrar enfermos, debe el agente sanitario hacer un censo de su demarcación, anotando a todas las personas que vivan en ella, clasificadas por edades, sexos, estados y profesio- nes ; y debe enseñársele que lo lleve así desde un principio, aunque en la apa- riencia no tengan gran importancia estos detalles, para la campaña contra el tabardillo, a fin de que se acostumbren a tomar nota de estos datos estadísti- cos; así, al llegar la época en que esta campaña contra el tabardillo se gene- ralice transformándose en campaña contra todas las enfermedades transmisi- bles, ensanchándose las labores de los agentes sanitarios, no habrá necesidad de dar a los agentes una nueva educación. Este censo deben corregirlo cons- tantemente, dando de baja en su demarcación a las personas que se ausenten por desocupación de los domicilios en que vivían; anotando a todos los que vengan a ocupar las casas vacías que pudiera haber; haciendo ambas cosas tan pronto como tengan conocimiento de ello, y de una manera constante para que estén familiarizados con este procedimiento y tengan perfecto conocimiento de todos y cada uno de los habitantes que vivan en su demarcación. Para cumplir esta parte de su cometido, tendrán la obligación de visitar 254 casa por casa, y vivienda por vivienda, todas las de su demarcación, distribu- yendo sus visitas de manera tal, que por lo menos las practiquen en cada una de ellas dos veces a la semana. No se necesita hacer un gran esfuerzo de imagi- nación para comprender que el agente sanitario tiene conocimiento de que en una habitación vive, pongo por ejemplo, un matrimonio compuesto de un arte- sano que sabe que trabaja en determinado taller, de la mujer que se ocupa de sus labores domésticas, de niños o niñas en edad escolar, y de niños chiquitos; le basta asomarse a dicha casa para darse cuenta de que si el jefe de la fami- lia o alguno de los niños en edad escolar, se encuentra en ella, lo que no es ha- bitual, puede ser debido a alguna enfermedad, y en consecuencia, despertarse la suspicacia del expresado agente sobre este particular. Cosa análoga puede decirse, si los niños chiquitos no se encuentran jugando por la finca, o la ma- dre de ellos se encuentra recluida en sus habitaciones. Una vez alerta su suspicacia, el agente debe proceder a investigar si hay algún enfermo en la habitación, y si la contestación es afirmativa, debe pro- ceder a verlo, para informarse de la enfermedad sospechada por la familia o por él mismo; o por los datos recogidos del médico que lo asiste, en caso de que éste haya dado su opinión ; y si se tratase de alguna afección febril, to- marle la temperatura con el termómetro de que debe estar provisto, y anotar- la para dar cuenta de ella y de todos los pormenores que pueda recoger, in- mediatamente al médico jefe de su distrito. En el caso de que hubiere renuen- cia por parte de la familia a explicar la causa de la anormalidad observada por el agente sanitario, o aun de resistencia para ver al enfermo, procurará averi- guar la verdad con la casera, conserje de la casa, y con los vecinos ; y en el ca- so remoto de que no pudiera obtener datos que satisfagan sus sospechas, dar cuenta a su jefe el médico. En este caso, como en todos los demás en que tengan que tratar directa- mente con los habitantes de su demarcación, deben ser educados y políticos hasta el extremo; en sus demandas o exigencias para cumplir con sus obliga- ciones, deben usar procedimientos conciliatorios; deben explicar detenida- mente el objeto de su misión, para convencer de que al proporciornársele los datos que pide, no sobrevendrá ningún perjuicio a quien los dé; que podrán obtenerse ventajas que redunden en beneficio de quienes habitan la casa; y nunca, ni por ningún motivo, deben ser altaneros, despóticos, bruscos en sus modales, así como tampoco deben amedrentar al pueblo con amenazas francas o embozadas. Se obtienen mayores ventajas con los procedimientos de suavi- dad y de cariño, que con los de violencia; y en el caso de que fracase en ellos; corresponde al médico, jefe de su distrito, vencer la resistencia opuesta por los vecinos. Los mejores agentes sanitarios que tuvimos en la campaña contra la fiebre amarilla en Veracruz, y los que nos proporcionaron resultados más satisfactorios, fueron los que en el desempeño de sus obligaciones practicaron y cumplieron con este aforismo: "Convencer en lugar de imponer." Como complemento de este servicio de investigación, relativo a la exis- tencia de enfermos de tabardillo, deben tomar nota de todas las infracciones a la higiene, que observen al practicar sus visitas domiciliarias, tales como el estado de aseo en que se encuentren las habitaciones, patios, corredores, ca- ños de desagüe, letrinas, inodoros, mingitorios, baños, depósitos temporales de basura y desperdicios domésticos; así como de las quejas que sobre estos par- 255 ticulares les hagan los vecinos, recomendando y aconsejando en términos mo- derados y afables, que subsanen estas deficiencias que encuentren; procurando inculcar entre los vecinos de dichas casas, las ventajas que obtendrán de con- servar todo ésto en perfecto estado de aseo, explicándoles el alcance, significa- ción e importancia de las leyes y disposiciones sanitarias; y dando cuenta en el parte diario que deben rendir al médico jefe del distrito, de todas las no- vedades que encuentren acerca de estos asuntos, por nimias o inútiles que les parezcan. El descubrimiento de un enfermo por medio de la visita domiciliaria, no es tan sencillo como parece desprenderse de lo que acabo de exponer, porque a estas visitas domiciliarias tendrá que oponer más o menos resistencia el pú- blico, a causa de no estar acostumbrado a ellas, y para evitarla se han de po- ner toda clase de trabas y dificultades al agente sanitario que la practique, pudiéndose alegar por parte de los moradores, que se vulnera la garantía otor- gada por la Constitución de la República, en su artículo 1G, relativa a "que na- die puede ser molestado en su persona, familia y domicilio;" y aun cuando es- to quede subsanado, proveyendo a cada agente sanitario "del mandamiento por escrito de la autoridad competente," que ordena dicho artículo, no por ello dejará de ser un entorpecimiento para que se puedan verificar dichas visi- tas ; pero con paciencia, constancia y buena voluntad en los médicos y agentes sanitarios, se logrará vencer esta resistencia. Como los tres procedimientos de investigación para descubrir la existen- cia de un enfermo, de que he hecho mención, no se excluyen el uno al otro, sino que por el contrario, se complementan; y como el paciente o su familia deben ignorar quién fué el que dió el aviso respectivo y no sabrán a quién culpar de ello: al médico de cabecera, a la casera, al conserje, al agente sanitario; to- dos estarán mucho menos expuestos a sufrir las iras de los que se consideren adoloridos con semejante disposición. Tan pronto como el médico inspector del distrito tenga conocimiento de la existencia de un enfermo, se transladará al domicilio de éste para hacer su examen y establecer su diagnóstico; dictará las disposiciones relativas al ais- lamiento del enfermo- y ordenará las desinfecciones correspondientes si el re- sultado de dicho diagnóstico fuera el de tabardillo sospechoso o confirmado. La educación propia del que dedica su vida al ejercicio de la profesión médica; la cultura adquirida durante su preparación para obtener el codiciado título; y el trato frecuente con toda clase de personas, con motivo de ella, da a los médicos una aptitud especial para desempeñar la delicada mi- sión de médico inspector de un distrito, en la campaña que se emprenda contra el tabardillo; y de él depende inspirar en muy poco tiempo la confian- za ciega y absoluta a todas las personas que habiten en su distrito sanitario, usando de todo el tacto y discreción necesarios para hacerles comprender que la campaña emprendida contra esta enfermedad tiene por misión especial, im- pedir el que ellos sean sus víctimas, y como accesorias y complementarias, las de mejorar las condiciones de vida en que se encuentren, para proporcionarles todo el bienestar posible; todo esto con el fin exclusivo de que todos y cada uno de los habitantes en su distrito, coadyuven al éxito de dicha campaña de- nunciando los enfermos de que tengan conocimiento. Incumbe, además, al médico inspector de distrito: vigilar la labor que 256 desempeñan sus agentes sanitarios, corrigiéndoles las deficiencias que encuen- tre en su servicio, aconsejándolos e instruyéndolos en todo aquello que desco- nozcan acerca de este servicio, para que su labor sea todo lo eficaz que es de desear: amplificar y completar todas las observaciones que hagan los agentes a sus órdenes, relativas a las infracciones sanitarias que se cometan en su dis- trito ; y difundir por cuantos medios estén a su alcance, entre todos los habi- tantes de él, todas las reglas higiénicas propias para impedir la propagación del tabardillo de una manera tan clara y tan sencilla, que sean comprensibles a todas las inteligencias por burdas que éstas sean. Impedir la propagación de la enfermedad.-La última palabra de la ciencia, referente a la propagación del tifo mexicano o tabardillo, es que esta enfermedad es transmitida por el piojo, particularmente el Pcdículus vestimen- ti • y aun cuando para muchas personas y entre éstas no pocos médicos, eso no pasa de ser una teoría; para la generalidad de los hombres que se dedican al cultivo de las ciencias médicas, entre los que soy uno de los más humildes, esta teoría ha pasado ya a la categoría de doctrina; y tanto por esta circunstancia, cuanto porque en todo caso, la última palabra de la ciencia es la que debe guiar nuestros procedimientos, ateniéndonos a ella, debemos emplear los métodos que nos aconseja para la extinción del tifo, con tanta mayor razón, cuanto rjue los que se han empleado hasta la fecha, han fracasado por completo; así como porque las medidas que se deben adoptar en esta campaña contra el tabardillo, son de una manera general las que se han empleado con muy buen éxito en las demás enfermedades transmisibles; salvo algunos detalles que aunque parez- can sin importancia, sí la tienen, como el empleo del gas sulfuroso para matar a los piojos, y el cual sirve también para privar de la vida a los microorga- nismos. Descubierto el enfermo, lo primero que debe hacerse es aislarlo para evi- tar que propague su enfermedad; y este aislamiento se realiza en estableci- mientos adecuados al objeto, o en la casa misma en que vive el paciente. Lo primero es, si así puede llamarse, lo verdaderamente ideal; pero por desgracia, a ello se opone con toda la energía de que pueden disponer, el públi- co en general y la familia de cada enfermo en particular; y hay que convenir en que no carecen de razón: los hospitales y los lazaretos, que son los lugares destinados para este objeto, tienen de abolengo, entre nosotros, una fama de testable, al grado que todas las masas sociales creen que son establecimientos de tortura, en los que están condenados de antemano a perecer todos los que van a asilarse en ellos; y contribuyen en gran parte a esta aversión, los anti- quísimos reglamentos que hasta la fecha los rigen, conforme a los cuales se priva a los enfermos de la compañía, de la asistencia, de los cariñosos cuidados de su familia; se les prohíbe o impide que sean asistidos por los médicos de su confianza; salvo casos muy determinados, no se les proporciona espontánea- mente los auxilios de la religión que profesan, esperando a que ellos lo solici- ten, cosa que disgusta y contraría sobremanera a sus familiares. Los actuales hospitales y lazaretos no tienen las condiciones adecuadas para hacer, si no agradable, al menos tolerable, su permanencia en ellos; y el servicio, por lo que se refiere a las segundas manos (practicantes, enfermeras y demás), deja mu- cho que desear. Por todo lo cual, y mientras no se cuente con establecimien- tos que reunan todas estas condiciones y algunas otras más, complementarias 257 de éstas, debe prescindiese de este sistema de aislamiento, porque de intentar- lo la autoridad sanitaria o el médico del distrito, se provocarán las protestas de la comunidad, se harán odiosas las instituciones y autoridades sanitarias; y se dará lugar a que se oculten los enfermos, con lo cual se entorpecerá la acción benéfica y altruista que éstas persiguen. En este caso, como en otros muchos, viene bien recordar el refrán: "No me defienda compadre, o defiénda- me con talento." Lo segundo, el aislamiento del enfermo en su propia habitación, presenta no pocas dificultades al realizarlo en la práctica; pero en cambio, ofrece la ventaja de que el público se somete con mucha mejor voluntad a éste que al anterior, pues adquiriendo la convicción de que al enfermo no se le separará de la familia para llevarlo al hospital o al lazareto, ni lo ocultará, ni opondrá resistencias a que lo vigile la autoridad sanitaria; y es mil veces preferible que ésta tenga bajo su jurisdicción a todos los enfermos que puedan existir, por imperfectamente aislados que se encuentren, a tener unos cuantos perfecta- mente aislados, y la mayoría de ellos substraídos a su vigilancia; porque en este último caso, la propagación de la enfermedad es indefectible, mientras (¡ue en aquél, es más o menos problemática, pues si bien el enfermo imperfecta- mente aislado es o puede ser un peligro para los que lo rodean, no lo será para la comunidad en general, a causa de que se podrán hacer todas las desinfec- ciones debidas, cosa totalmente imposible de verificar con el enfermo que se oculta. Queda entendido que en estas consideraciones no están comprendidas las familias de nuestra más humilde condición social, y cuyos miembros por las condiciones especiales en que viven, es imposible, de toda imposibilidad, aislarlas debidamente en las habitaciones que ocupan en las más miserables casas de vecindad, y que por su especial manera de ser, siempre pueblan los hospitales. No me detendré en pormenores sobre la manera de hacer este aislamiento en la casa del enfermo; pero sí insistiré en que si se hace con todas las aten- ciones y consideraciones debidas al paciente y a su familia; si el médico ins- pector del distrito, encargado de indicarlo y de dar todas las reglas adecua- das, y especificar todas las condiciones que debe reunir para que sea real y efectivo, para que produzca los resultados apetecidos, lo hace dando a la fami- 'ia todas las explicaciones pertinentes, con minuciosidad de detalles, contes- tando todas las preguntas que se le hagan sobre el particular y combatiendo con buenas razones todas las objeciones que se le opongan, para vencer con pa- ciencia y dulzura la resistencia que pudiera ofrecer el público; éste, al fin y al cabo, se convencerá de todas las ventajas que ofrece el aislamiento, se so- meterá de buena voluntad a él, y adquirirá la educación necesaria para hacer posteriormente propaganda en su favor. Todo lo que vengo diciendo en el curso de este proyecto de campaña con- tra el tabardillo, no son hipótesis, no son sueños irrealizables, ni lucubracio- nes académicas, y no me cansaré de repetirlo: es el resultado de la experien- cia adquirida en la extinción de la fiebre amarilla en Veracruz. La práctica y la observancia de todos los consejos que vengo a propalar aquí, fué lo que nos dió los brillantes resultados contra este terrible azote de la humanidad; y convencido de que aplicándose los mismos procedimientos contra el tabardillo, darán el mismo resultado, los vengo a proponer ante esta docta Asamblea. No 258 debemos olvidar que nuestras masas populares son ignorantes y dominadas, por consiguiente, por toda clase de consejas y supersticiones; que carecen de educación, muy particularmente de educación médica; lo que debemos tener presente para emplear los métodos que vengo aconsejando, debiendo ilustrar a dichas masas por la profusa publicación de consejos, bajo la forma de ex- hibiciones cinematográficas, de reparto de estampas ampliamente explicati- vas, de la divulgación de consejos impresos en hojas volantes, en lenguaje sen- cillo, conciso y claro, que estén a los alcances de todos; incumbiendo a los mé- dicos y agentes sanitarios, hacer extensa propaganda de todos ellos, amplián- dolos de viva voz, dando toda clase de explicaciones para arrancar a nuestras masas populares el cúmulo de errores que siglos de ignorancia han ido acumu- lando en sus pobres intelectos; teniendo en cuenta "que el que no sabe, es co- mo el que no ve," y que si nuestras masas populares ofrecen tenaz resistencia a las prescripciones de la ciencia sanitaria, es por ignorancia y no por rebel- día a los dictados de las leyes y de las autoridades. Cierto es que hay caracte- res completamente indómitos, y espíritus recalcitrantes, incapaces de com- prender las razones que se les den, rebeldes a todas las explicaciones y frases de convencimiento, que pudieran prodigárseles, que oponen tenaz resistencia a cumplir lo ordenado por las autoridades; pero en estos casos y después de haber agotado los procedimientos de dulzura y de suavidad indicados, se pro- cederá con todo rigor de la ley, aplicándola con toda energía, sin considera- ciones de ninguna especie, para cuyo efecto, se otorgarán amplísimas faculta- des a los médicos inspectores. Huelga detenerse en repetir lo sabido hasta la saciedad por todo médico, relativo a la desinfección de los productos naturales excretados y secretados por el enfermo; a la de sus ropas de uso personal y de cama, antes de que sean extraídas de la pieza en que se encuentra; insistiendo tan sólo sobre este par- ticular: que las soluciones desinfectantes en que se sumerjan estas ropas por un tiempo bastante prolongado, deben estar a una temperatura vecina a la ebullición, con objeto de que perezcan todos los piojos que pudieran albergar ; así como el de destruir todos los huevecillos que éstos pudieran haber deposita- do ahí, a fin de evitar que puedan adherirse a las personas que manejan dichas ropas, dentro y fuera de la habitación del enfermo, antes de ser recogidas para conducirlas a la estufa de desinfección, como debe hacerse en todo caso, o an- tes de ser entregadas a la lavandería. Aislado el enfermo y hechas las desinfecciones respectivas de sus excre- ciones, ropas y cuarto adonde haya evolucionado su enfermedad, para que no transmita el tabardillo de que fué víctima ; no debemos limitarnos a cumplir con estas tareas, sino que estamos en la obligación imprescindible de hacer una campaña aún más efectiva contra esta enfermedad, campaña que es más importante y más fehaciente, para proscribirla de nuestra nosología, como he- mos proscrito la fiebre amarilla; y para realizarla debemos dedicar todas nuestras energías a la destrucción de los piojos, adonde quiera que podamos encontrarlos, pues de la misma manera que sin anofeles no hay paludismo, y sin estegomias no puede haber fiebre amarilla; al no existir piojos, no tendre- mos tabardillo. Para muchos médicos esto será trabajo perdido, porque no quieren creer en el papel tan importante que juegan estos parásitos en la transmisión de dicha enfermedad; no me detendré en procurar convencerlos de 259 lo contrario, limitándome a citarles a título de información, por la importan- cia que para dilucidar este punto tiene, el hecho de que en la ciudad de Vera- cruz, adonde no hay piojos, sólo se observan casos de tabardillo procedentes de otras ciudades, pero éstos no propagan la enfermedad a aquellas personas con quienes se encuentran en contacto, como sucede en las otras poblaciones en que abundan dichos insectos; pero sí creo necesario decir, que siendo ésta la última palabra de la ciencia, estamos obligados a procurar la destrucción y el aniquilamiento de ellos; y aun suponiendo que los expresados médicos tu- vieran razón, muchos y muy grandes beneficios reportarían nuestras masas populares, si lográsemos despiojarlas y despiojar sus habitaciones. Y la ma- nera de alcanzar ésto, consistiría en el aseo de las personas, de sus ropas de uso y de sus habitaciones, y en la desinfección de estas últimas. El aseo de las personas debe empezar por el mismo enfermo, bañándolo continuamente; con tanta mayor razón, cuanto que una de las mejores pres- cripciones terapéuticas, en su asistencia, es el baño, para combatir el síntoma fiebre. Conjuntamente con el baño, debe aplicárseles, cortándoles o no el ca- bello, lociones de petróleo con vinagre, porque mientras el primero mata o por lo menos adormece y "estupifica" al insecto, el segundo afloja del cabello a los huevecillos, y por consiguiente, ambos son fáciles de quitar, bien sea lavando con agua caliente y jabón la cabeza, bien sea escarmenándola con peines a propósito. Es proverbial la suciedad y el abandono personal de todas las clases pro- letarias de nuestro pueblo; pero hay que convenir que una de las principales causas de esta idiosincracia particular a ellas, depende de que no pueden proporcionarse todas las facilidades necesarias para el aseo de sus personas y de las ropas con que se visten; y una prueba de ello es, que acuden a lavar sus ropas a las acequias y zanjas con agua que se encuentran en las afueras de la ciudad, y si la cantidad de agua que contienen se los permite, se bañan en ellas, así como en los charcos más o menos grandes que pueden encontrar. Para las gentes que ganan exiguos jornales con los que apenas pueden cubrir las necesidades apremiantes de su escasa alimentación, es absolutamen- te imposible que puedan proporcionarse, ya no digo una vez a la semana, pe- ro ni aun al mes, un baño con agua tibia; pues a causa del clima, no pode- mos pretender que se bañen con agua fría, porque por ínfimo que sea el pre- cio de un baño de agua tibia, les significa cuando menos la tercera o cuarta parte del jornal diario que perciben por su trabajo; y si esto es considerándo- los como individuos aislados, más imposible es si los consideramos con fa- milia, pues en este caso, la imposibilidad de bañarse ellos y sus familiares, crece en proporción del número de estos últimos. Y si por estas circunstan- cias no podemos ni debemos exigirles que se bañen, así como tampoco censu- rarles su desaseo clásico; sí estamos en el imprescindible deber de facilitar- les todos los medios para que lo puedan hacer, educándolos a la vez para que lo hagan con toda frecuencia. ¿Cómo? Sencillamente: obligando a todos los propietarios de casas, lo mismo las de una sola habitación, como las denominadas de vecindad, a establecer en ellas, y en proporción al número de habitantes que puedan albergar, la can- tidad suficiente de baños, para que puedan hacer uso de ellos todos los que las habitan; y a mantenerlos en servicio activo durante doce horas del día, 260 dotándolos con agua caliente y fría. Obligando también a todos los propieta- rios de fábricas e industrias y talleres, a establecer un servicio de baños en proporción con el número de personas que trabajan en ellas, dotándolos con agua caliente y fría, así como con la cantidad suficiente de jabón líquido, es- pecialmente a la hora en que acaben las labores cotidianas. En ambos casos y teniendo en cuenta el número de personas que deberán bañarse, y por consiguiente, el tiempo que se gaste en esto, para que todas lo puedan hacer; lo poco higiénico que sería para una comunidad abigarrada, co- mo la de las casas de vecindad y la de las fábricas y talleres, el que estos ba- ños se tomasen en tinas, bañaderas o estanques, y el gasto que tendrían que erogar los propietarios al establecerlos y mantenerlos en constante y eficien- te servicio; debe preferirse y adoptarse el sistema de baños de regadera, pro- vistos cada uno con agua caliente y fría a voluntad de la persona, para que ésta regule la temperatura por la mezcla de ambas, a la medida de sus deseos. Al existir en cada casa y particularmente en las de vecindad, un baño de agua tibia a disposición de todas las personas que la habitan, y sin exti- pendio de ninguna clase para que puedan utilizarlo a la hora y con la opor- tunidad que lo deseen, desaparecerá una de las principales causas, si no es que la principal, de la suciedad característica de nuestras masas populares. Cuando esta instalación se realice, la autoridad sanitaria podrá exigirles que estén limpios sus cuerpos, porque entonces no podrán alegar que no lo hacen por no tener adonde bañarse, ni dinero con que pagar el importe del baño, toda vez que éste lo tendrán a su disposición, sin extipendio de ninguna clase, en la misma casa en que viven; ni porque no dispongan de tiempo para ha- cerlo, puesto que deben funcionar dichos baños durante doce horas del día; ni podrán rehusarse a tomarlo por causa del clima, que no permita el que sea con agua fría, porque podrán utilizar toda el agua caliente que deseen; y nu- lificando estos obstáculos o renuencias, de verdadera importancia, que pu- dieran alegar para no bañarse: si no lo hacen, será por apatía o por idiosin- cracia, cosas que por ningún motivo debe tolerarse a nuestras clases popula- res, en beneficio propio, pero principalmente en el de la comunidad en que vi- ven, toda vez que está demostrado que los piojos y el tifo que transmiten, son el patrimonio de las personas sucias y chamagosas; y claro es, que disminu- yendo el número de éstas, disminuirá no sólo el número de tifosos, sino el de los que pueden ser venículo de la enfermedad, aunque no la padezcan per- sonalmente. Fábricas, industrias y talleres, deben tener a disposición de sus opera- rios el número suficiente de baños, para que puedan tomarlos al terminar sus labores cotidianas, antes de salir a la calle, para despojarse de todas las grasas, pinturas, polvos y demás substancias que indefectiblemente tienen que recoger y almacenar en sus cuerpos y vestidos, al desempeñar las labores que tienen a su cargo, y que todas ellas constituyen mugre y suciedad, cau- sando asco y repugnancia a todas las personas con quienes se ponen en con- tacto en los tranvías, calles, edificios públicos, etc.; encargándose la autori- dad sanitaria, y esto por vía de educación, de establecer en cada una de ellas, agentes sanitarios al terminar las labores diarias, para impedir que salgan a la calle los operarios sucios y asquerosos. Indudablemente que cuando el jor- 261 nalero haya adquirido el hábito de bañarse al salir de la fábrica o taller, de cambiarse su ropa sucia de trabajo por la limpia de la calle o casa, apre- ciará las ventajas del aseo, lo agradable que es oler y sentirse limpio; y re- pugnándole entonces, como tendrá que repugnarle, la gente sucia y mugrosa, con quien se ponga en contacto, tendrá buen cuidado de exigir a su mujer e hijos, que practiquen con frecuencia el aseo de sus cuerpos, coadyuvando entonces con las autoridades sanitarias a la propagación de los hábitos de limpieza y aseo, y por tanto, a la campaña contra el tifo o tabardillo. Mas, como no basta con el aseo de los cuerpos, sino que es necesario con- juntamente el aseo de las ropas que usan; y tampoco nuestras masas popula- res disponen de facilidades para lavarlas, es indispensable que en cada casa, muy especialmente en las de vecindad, exista el número suficiente de lavade- ros, provistos con abundante cantidad de agua, a fin de que los puedan utili- zar las personas que vivan en ellas, a toda hora del día; debiendo obligarse a los propietarios de dichas casas, a que los construyan y los mantengan siem- pre al corriente. Las autoridades sanitarias tendrán constante cuidado del cumplimiento de las anteriores prescripciones, así como de que los vecinos es- tén siempre aseados. Con toda seguridad que los propietarios de fincas harán todo lo que es- té en su poder para eludir el cumplimiento de estas dos obligaciones, que les han de imponer las autoridades; siendo de suponer que aleguen para ello, el costo de la instalación y el del mantenimiento; pero ni uno ni otro son obs- táculos o razones que se deben tener en cuenta para que no se lleven a cabo semejantes prescripciones. En todas las naciones civilizadas en que la estación de invierno es ri- gurosa, los propietarios de las casas están obligados, y cumplen con la obli- gación, de proporcionar medios de calefacción a las personas que las habitan; y en algunas de dichas naciones también se les proporciona agua caliente en abundancia para los usos domésticos; y no veo la razón por la que entre nos- otros no se haya de exigir, por prescripción legal, se entiende, el que los pro- pietarios de fincas las provean con baños y lavaderos. Más aún, en la ciu- dad de Veracruz, no hay casa por insignificante que sea, que no tenga sus ba- ños y lavaderos para uso gratuito de las personas que las habitan; y lo que se hace en la expresada ciudad, puede y debe hacerse en el resto de las de la Re- pública ; y aunque pudiera alegarse que por razón del clima, los baños no están provistos con agua caliente, y esto significa un gasto más para el propietario, creo que esto último no sería de mucha importancia; pero aun suponiendo que lo fuese, compensaría con creces los beneficios alcanzados por la comu- nidad, a la que todos estamos obligados a servir no sólo por sentimientos al- truistas, sino por egoísmo al formar parte de ella, y obtener ventajas de su bienestar, puesto que al no existir enfermos de tifo, o disminuir éstos a su mínima expresión, menos expuestos estamos a ser víctimas de esta en- fermedad. La desinfección de las habitaciones, desde el punto de vista de la des- trucción o aniquilamiento de los piojos, no debe limitarse a aquellas en que ha habido un enfermo de tifo, sino que debe extenderse a todas las de la ciudad, en que se pueda comprobar la existencia numerosa de estos insectos, procediéndose a hacerla: o por medio de los vapores de ácido cianhídrico, o 262 por medio del anhídrido sulfuroso, que son los cuerpos que con más eficien- cia los matan. A primera vista parecerá una obra de romanos el despio- jar todas las casas que existen en México, y podría considerarse como tal, si se pretendiera hacerlo simultáneamente; pero no lo es, si se hace de una manera constante y metódica, haciéndolo a la vez en todos los distritos sanitarios en que se divida la ciudad, y redoblando la actividad con que se emprenda en el invierno, durante los meses calurosos del año, en que por la disminución na- tural de los enfermos de tifo, el trabajo de los médicos y agentes sanitarios tiene que ser mucho menor. Inmunización del sano.-No contamos hasta la fecha con ningún sue- ro preventivo, ni con ninguna vacuna especial que pueda proporcionar in- munidad a las personas sanas, y lo que no podemos lograr directamente por estos medios, podremos alcanzarlo indirectamente impidiendo que sus cuer- pos lleguen a albergar piojos. Esto, aunque no es posible conseguirlo de una manera absoluta, sí puede alcanzarse en gran parte haciendo circular por me- dio de los agentes sanitarios, las siguientes prescripciones impresas: Toda ama de casa debe revisar cuidadosamente la ropa limpia que reciba de la lavandería, antes de guardarla, para purgarla de los piojos que pu- diera tener. Deben depositarse entre las piezas de ropa, dentro de los roperos y có- modas, bolitas de naftalina o pastillas de formalina o trioxiinetileno, de las que se desprenden gases tóxicos para los piojos y otros insectos. Debe revisarse y limpiarse cuidadosamente la ropa exterior, cuando retor- na uno a su casa, después de haber estado en un lugar sospechoso de abrigar piojos, o de haber estado en contacto con algún enfermo de tabardillo. Debe cada jefe de casa exigir a sus criados, las frecuentes prácticas de limpieza: baños generales, aseo constante de su cabeza, lavado y muda de ro- pa ; proporcionándoles los medios de que lo hagan, educándolos en estas prác- ticas, y ponderándoles los peligros a que se exponen de no seguirlas. Los procedimientos que propongo para desarrollar una campaña efectiva contra el tabardillo ameritan .otros complementarios que no me ha parecido pertinente tratar, para no cansar vuestra bondadosa atención, así como por- que son bien conocidos, especialmente de nuestras autoridades sanitarias en- cargadas de desarrollarlos, y solamente he querido exponer los lincamientos generales de dicha campaña. Ellos no constituyen la panacea inmediata que todos anhelamos para borrar al tabardillo de la lista de las enfermedades que abruman a nuestro pueblo; pero sí abrigo la íntima convicción de que siguién- dolos al pie de la letra, en época no remota, lograremos la proscripción abso- luta de esta enfermedad; mientras que si se continúan las prácticas rutinarias empleadas hasta la fecha, dilapidaremos nuestras energías sin lograr nunca la realización de las bellas ilusiones con que las emprendemos. México, enero de 1919. 263 Medidas profilácticas contra la propagación del tifo. Dk. Francisco Valenzuela. La marcha evolutiva en las investigaciones etiológicas del tifo, así como de las circunstancias que concurren en su aparición, transmisión y propaga- ción, principalmente cuando esta dolencia reviste un carácter epidémico, han venido a orientar racionalmente después de definidas y confirmadas aquéllas la efectividad de las medidas profilácticas que la higiene moderna impone pa- ra el tifo exantemático. No ha mucho tiempo tales medidas obedecían sólo a tendencias hipotéti- cas, fundadas en empirismos y deducciones de semejanza entre esta enferme- dad y otros males igualmente transmisibles, sin señalar un solo factor o con- junto de factores especiales al tifo; siendo desconocido su agente etiológico, era difícil evitarlo, y por consiguiente, muy aventurado combatirlo y evitar su transmisión; asimismo la apreciación de las causas que concurrían en su apa- rición ya aislada, endémica o epidémicamente, eran por demás infundadas y desprovistas de pruebas convincentes. Una serie no interrumpida de laboriosos estudios emprendidos por emi- nencias científicas, ha tratado de arrancar el secreto al mundo de los infinita- mente pequeños, para identificar el agente etiológico que produce esta dolen cia; pero no obstante los esfuerzos, las fatigas y sacrificios de esta legión de sabios, el misterioso agente permanece aún desconocido; cada uno de ellos con- sidera como auténtico el microorganismo que en sus investigaciones ha descu- bierto y lo proclama como agente patógeno de tan terrible mal; sin embargo, el mundo científico desecha sus conclusiones, por no ser confirmadas por la experimentación, que niega la relación de causa a efecto de sus observaciones laboriosas y constantes. En 1910 fueron descritos unos bacilos por Ricketts y Wilder; otros micro- organismos filtrables fueron señalados por Nicolle; en 1912 fué señalado por Rabinovitch, un diplobacilo; Furth encontró un diplococo; además de éstos, Prowazek observó otros cuerpos intraglobulares, y más recientemente Plotz y sus colaboradores, creyeron haber encontrado cocos agentes específicos del tifo. En el Congreso Japonés de Medicina Interna que tuvo verificativo en abril de 1916, el profesor Futaki, declaró que a él le había sido imposible en- contrar en sus observaciones personales, confirmación de ninguno de los agen- tes descritos anteriormente, y refirió que él y sus colaboradores del Instituto Imperial de Enfermedades Infecciosas en Tokio habían descubierto un micro- organismo que consideran como el verdadero agente etiológico del tifo exante- 264 mático; dicho germen fue encontrado en el riñón de un enfermo que murió de tifo; pudo aislarlo y colorarlo por la plata y el Giemsa y lo describió conside- rándolo con grandes semejanzas con la S. pálida, de seis a ocho mieras y con cinco a siete espirales, presentando en cada una de sus extremidades una pe- queña pestaña; fué denominado por él y sus colaboradores con el nombre de espiroqueta exantemotifica, y expone que si sus experiencias se confirman y se logra identificar tal especie, será denominada más tarde E. japónica. W. Félix ha observado últimamente que el suero de los tifosos aglutina una bacteria que este autor llama proteus X, y que se encuentra, sin conceder- le ningún papel etiológico, en la sangre y las excreciones de los enfermos de tifo; considerando gran importancia a su descubrimiento, pues cree poder ob- tener de él útiles aplicaciones. Penfold creyó aislar un coco en la sangre y en la orina de un enfermo de tifo en el período agudo con propiedades inmunizantes contra el tifo exante- mático ; pero Kobertson, en experimentos posteriores, concluyó que el germen que Penfold cultivó y creyó descubrir como agente específico de esta enferme- dad, no produce ninguna inmunidad para la misma y no encontró comproba- da ninguna relación de causa a efecto, entre la presencia del mencionado coco descrito por Penfold en la sangre y el estado clínico que caracteriza el tifo. Los médicos mexicanos no han permanecido ni permanecen indiferentes a esta justa científica universal; laboriosos e inteligentes miembros de nuestra corporación médica nacional emprendieron labores dignas de mención por el afán y constancia con que integraron sus investigaciones; los doctores Otero, Prieto, Gaviño, Iglesias, Hidalgo y Paz, dieron sus contingentes valiosos a la ciencia, y sus trabajos expresan claramente sus afanes y energías consumidas en tan loable tarea. Pero si los médicos mexicanos no fueron más felices en los resultados de sus investigaciones que los facultativos de otros países en el descubrimiento del germen específico del tifo exantemático, sus trabajos de observación y ex- perimentación han desechado las conclusiones anunciadas como adquiridas por la ciencia con el descubrimiento de dicho germen, por notables microbio- logistas extranjeros. La importancia del descubrimiento del germen específico del tifo exan- temático, necesita enunciarse; su finalidad satisface científica y racionalmen- te a la profilaxis basada en la inmunización; conquista de tal magnitud, será obra casi de un dios, que librará a la humanidad entera de tan terrible azote. En tanto que los microbiologistas han luchado y luchan para alcanzar el descubrimiento del germen específico del tifo exantemático, los higienistas en el terreno de la observación, no han descansado agrupando los factores que concurren en la invasión de este mal, estudiando su acción en el individuo y en el medio: ya aislado aquél, ya en colectividad; así como la reciprocidad de acción entre el medio y el individuo, señalando siempre las constantes que in- tervienen. Desde épocas muy remotas se ha observado que los lugares en donde apa- rece el tifo endémicamente, eran aquellos en donde se reunían individuos des- aseados en su persona y en su ropa, hambrientos y miserables y complementan- do sus malas condiciones higiénicas las de los locales en que se aglomeraban : siendo éstos, por lo común, asilos, cuarteles, hospitales y prisiones, y en éstas 265 principalmente, en donde con frecuencia se observaban numerosos casos de di- cha enfermedad, por lo cual se le denominó "fiebre de las prisiones." Iguales condiciones constan persistentemente en las descripciones de epi- demias en todas épocas y lugares. Murchison en sus observaciones las anota; Sergent las describe en las epidemias registradas en los barrios más miserables de Argelia, Marruecos, Túnez y Tripolitania; Herzen hace especial mención de ellas en los focos en- démicos y epidémicos de Rusia, Alemania e Irlanda. The Lancet refiere en su número del 22 de junio de 1918 las epidemias registradas en Polonia, y muy particularmente en el distrito de Varsovia, en una población de 850,000 habitantes, en donde se sostuvo durante diecinueve meses, contados desde el primero de octubre de 1916 hasta el 27 de abril de 1918; obteniendo una estadística de 54,000 enfermos, de los cuales murie- ron 4,705. En el mismo año, en Suwalki, otro distrito de Polonia, ocupado y admi- nistrado por los alemanes en esa época, se declaró una epidemia de tifo, en la cual, del primero de enero al 11 de abril, se registraron 3,711 casos. En estas epidemias se anotan la fatiga, la aglomeración, el desaseo y el hambre. El doctor Cortezo señala igualmente factores en la epidemia de tifo exan- temático registrada en Oporto (Portugal), en mayo de 1918, adonde fué en- viado por el gobierno español a combatir esta epidemia. Los informes enviados por los médicos militares europeos, de los frentes de combate, manifiestan las epidemias de tifo que se desarrollaron entre los soldados, aglomerados en recintos estrechos, siendo imposible atender a su aseo personal; faltos en muchos casos de la debida alimentación y agobiados por las fatigas físicas y morales. En México, desde la época precolonial, existe endémicamente el tifo, que se exacerba periódicamente y da lugar a epidemias de consideración. El terror que causaba el tabardillo entre los antiguos moradores de esta región hacía que se aglomeraran en locales multitud de individuos, entre los cuales había numerosos enfermos; en estos lugares permanecían largo tiempo sin ningún aseo y sin preocuparse de una alimentación que reparara sus fuer- zas ; de donde resultaba que se propagaban rápidamente tales epidemias, cau- sando numerosas víctimas. La Cárcel de Belén, las escuelas correccionales de Tlálpam y Coyoacán y varias casas de vecindad, en los cuarteles primero y segundo de la ciudad, por mucho tiempo fueron una amenaza constante para la salubridad pública, pues daban un gran contingente de casos de tifo exantemático. Tanto en los establecimientos penales como en las vecindades, había una aglomeración de individuos sucios y miserables en un medio igualmente en pésimas condiciones en su ventilación y aseo. La terrible epidemia registrada en México a la llegada de numerosas tro- pas del Ejército de Oriente, de agosto a diciembre de 1915 y 1917, alcanzó pro- porciones considerables. El cuadro estadístico siguiente, manifiesta la morbilidad y mortalidad causadas por el tifo. Los enfermos se hallaban en carros de ferrocarril, en las estaciones, en los cuarteles y hospitales; y estas multitudes llegaban a la ciu- 266 dad sucias, agotadas y hambrientas, y propagando la dolencia por todas partes. TIFO EN LA CAPITAL Meses Morbilidad Mortalidad Agosto de 1915 265 44 Septiembre ,, 498 86 Octubre ,, 658 150 Noviembre ,, 1,616 336 3 225 567 Enero 1916 2'001 488 Febrero 1,810 27 5 Marzo ,, 1,227 167 Abril ,, 765 113 Mayo ,, 535 72 Junio 371 76 Julio 376 82 Agosto ,, 484 86 Septiembre ,, 747 125 Octubre ,, 1,013 Noviembre ,, 96 Diciembre ,, 744 85 Enero 1917 604 81 Febrero 423 70 Marzo ,, 387 60 Abril ,, 318 58 Mavo ., 373 38 Junio ,, 378 23 Julio 389 17 Agosto ,, 319 22 Septiembre 321 21 Octubre 358 27 Noviembre 255 27 Diciembre 282 18 Siempre la constante del medio: alojamiento estrecho y mal ventilado, aglomeración de personas; siempre la constante en el individuo: desaseo en su persona y en su ropa, hambre y miseria fisiológica. ¿Qué intervención tienen en la invasión y propagación tales factores? Sin duda alguna de gran importancia; estudios fisiológicos sobre este asunto, han venido a establecer conclusiones uniformes en los experimentos que han defi- nido las modificaciones hemáticas, que las condiciones del medio y de la ali- mentación determinan en el individuo, restando grandes energías de defensa al organismo, disminuyendo considerablemente las funciones de resistencia de los leucocitos, confirmando día a día la verdad de los preceptos grabados en letras de oro en los anales de la ciencia por los ilustres maestros (Mettchnikoff, etc.) y aplicados extensamente más tarde por Levaditi y sus colaboradores. Tales factores obran como causa predisponente. De una manera caprichosa se trataba no ha mucho tiempo, de explicar los medios de transmisión del tifo aun lejos de los focos endémicos. Se considera- ban como tales el aire, las deyecciones del enfermo, el contacto directo de éste y la ropa del mismo. Si actualmente se ignora cuál es el agente etiológi- co, el estudio y la constante observación de los abnegados sabios que se han de- dicado al progreso de las ciencias médicas, han llegado a descubrir un agente intermediario que desempeña el papel de vehículo transmisor del agente espe- cífico de esta enfermedad, aún no descubierto; al principio los resultados fue- ron anunciados con temor, y encontraron opiniones contrarias y no pocas cri- 267 ticas irónicas. Posteriormente, la confirmación en el terreno de la experien- cia, se ha venido obteniendo por un gran número de observadores que han lo- grado obtener la aceptación de este vehículo transmisor del tifo exantemático, y este agente encontrado con el carácter de constante, es el piojo. Este agente es uno de los productos fatales que forman la fauna de las condiciones antihigiénicas que concurren en los individuos entre quienes apa- rece un foco endémico del tifo exantemático. Una serie de experimentos he- chos en animales y algunos abnegados médicos en su propia persona, que se han sacrificado en aras de la ciencia, vienen a confirmar la transmisión del tifo por medio del piojo Pedículus vestimenti; aunque, según Anderson y Gol- derberger, también el Pedículus cápitis, puede transmitirlo. Netter y Baizot anotan como una prueba concluyente del papel transmisor de agente especí- fico que desempeña el piojo en la propagación de este mal, una epidemia des- arrollada en París, entre un grupo numeroso de traperos, entre los cuales con- currían las constantes mencionadas y su consecuencia obligada, el piojo, que en abundancia se encontró entre las ropas viejas que manejaban y cuya proce- dencia no conocían. En el curso de las investigaciones hechas para confirmar el papel del pio- jo en la transmisión del tifo exantemático, las ciencias médicas han hecho im- portantes adquisiciones, pues se ha encontrado un grupo de enfermedades muy semejantes a aquélla, con caracteres diferenciales que las distinguen de ella y cuyo agente específico es igualmente transmitido por el piojo humano; estas dolencias observadas en los frentes de la guerra, han sido observadas por un gran número de médicos, y son denominadas: fiebre de las trincheras y fiebres recurrentes. Los trabajos emprendidos por distinguidos médicos europeos, ad- quieren cada día más importancia; figurando entre los principales trabajos, los de Nuttall, Wemer y Wiese, Couvey y Dujarie de la Reviére, Sir David Bruce y otros; confirmando con numerosas observaciones la importancia que riene la presencia del piojo en la propagación de tifo exantemático. El doctor Brumpt presentó a la Sociedad de Patología Exótica, en la se- sión del 13 de marzo de 1918, un trabajo en el que refiere los estudios hechos en el piojo humano Pedículus vestimenti, desde que Nicolle y sus colaborado- res han demostrado el papel de agente vector en la transmisión del tifo, des- empeñado por este insecto. Da Rocha Lima describe en 191G un microorganismo que denominaba Ri- ckettsii proivaseki, encontrado en el tubo digestivo y las glándulas salivales del piojo infectado. Una serie de observaciones hechas sobre piojos procedentes de prisione- ros de guerra, después de algún tiempo de llegados a Francia y en perfecto estado de salud, han conducido al doctor Brumpt a la conclusión siguiente: "Los microbios encontrados en los piojos procedentes de individuos abso- lutamente sanos, son idénticos desde todo punto de vista al Rickettsii proica- seki; experimentos hechos en sí mismo, haciéndose picar por piojos con dicho germen, han sido negativos; por lo cual considera que el germen descrito por Da Rocha Lima, no es el agente específico del tifo exantemático." Baehr y Olitski pretenden haber aislado en los piojos infectados un ba- cilo que han cultivado como anaerobio. Practicando estos autores investiga- 268 ciones de aglutinación, usando de este extracto microbiano en la reacción de desviación del complemento, los resultados obtenidos de sus observaciones no son concluyentes. Dejemos por ahora a la Higiene entablar la lucha en la profilaxis del tifo exantemático, y en tanto que la Microbiología persigue sus investigaciones, im- plántese y desarróllese la aplicación de los preceptos que aquélla impone pa- ra combatir las condiciones del medio y del individuo, que son propicias al cul- tivo y propagación del agente transmisor, el piojo. Las que corresponden al medio, si bien consideradas secundariamente, no dejan de tener importancia, y por lo tanto, no deben ser desatendidas, pues ya hemos visto que constituyen una causa predisponente. Las que al indivi- duo tocan, son de capital importancia, tanto directa como indirectamente. La higiene del individuo es la base fundamental de la higiene de la colectividad; y el principio esencial de la primera es el aseo personal; éste, además, es el pe- destal sobre el cual se apoya la lucha que tiene por finalidad la campaña con- 1 ra el piojo, emprendida actualmente en todos los países, hasta lograr la com- pleta destrucción de este parásito en todas partes donde se encuentre. Desde que la doctrina de la transmisión del tifo exantemático por el piojo u>e inició, se propusieron varias medidas encaminadas a la destrucción de este parásito; y a medida que fué confirmada y aceptada tal doctrina, las medi- das se aumentaron considerablemente; unas con el carácter esencialmente pre- ventivo, evitan la aparición del piojo, corresponden al individuo mismo y com- prenden procedimientos netamente educativos, fundados en la adquisición de los preceptos higiénicos y su rigurosa observancia; siendo el punto inicial de ellos, el aseo corporal; otras han tenido por objeto la destrucción del agente transmisor, tanto en el individuo mismo, como en sus vestidos y otros objetos que use invadidos por el parásito. Veamos cuáles han sido los resultados de tales medidas. Io.-Los procedimientos educativos constituyen principios de las costum- bres del individuo y consecutivamente de las sociedades y de los pueblos; su aplicación racional está en darlos a conocer y practicarlos desde los primeros años de la vida; la enseñanza en la escuela principalmente, fundará las cos- tumbres del niño para toda su vida; difícilmente y muchas veces imposible es cambiar las costumbres de los individuos en el curso de su vida, y más difícil aún se cambian las costumbres de los pueblos. Y no sólo en la escuela, en todas partes, la propaganda de tales preceptos se impone; es preciso llevar al convencimiento individual el deber que se tie- ne de conservar la salud y respetar la de los demás; y el peligro que la colecti- vidad tiene con uno solo de sus individuos, que por su desaseo o sus costumbres contraiga males que se transmiten; y que el individuo que descuida su aseo corporal, es el albergue de parásitos asquerosos, como el piojo, que propagan tan grandes males como el tifo. En las grandes naciones en las que desde hace tiempo en su propaganda educativa, figura la enseñanza de la Higiene, los resultados son satisfacto- rios ; sus estadísticas expresan con elocuencia la desaparición o por lo menos la disminución considerable, de casos de enfermedades infectocontagiosas, cu- 269 yo origen está perfectamente comprobado que reside en las violaciones de los preceptos higiénicos. Los resultados de tales medidas son lentos, pero seguros, firmes y dura- deros ; su constante observancia formará más tarde una parte integrante de las costumbres y tradiciones de un pueblo y de una raza. Urge, pues, implantarlas para comenzar a obtener sus resultados. En nuestro medio social contamos en abundancia con el terrible agen- te transmisor del tifo, y es preciso iniciar en la escuela, y en general, en la educación social, el peligro que constituye para la salubridad pública facili lando la propagación del tifo, tal vez de otros males, el piojo, fruto fatal del desaseo corporal. La estadística escolar expresa: que en el año de 1917, en una asistencia de 30.000 escolares a las escuelas públicas, se registraron 13,000 casos de pe- diculosis. En el año de 1918 se iniciaron conferencias dedicadas a los padres de fa- milia, en las cuales se hizo ver a los familiares de los escolares el peligro de la presencia del piojo. La estadística del año de 1918 manifiesta que en las asistencias del año, que alcanzaron la cifra de 27,000, solamente se registraron 7,000 casos de pe- diculosis. Es preciso difundir cuanto antes y por todas partes y por todos los medios, tanto en la escuela como en el hogar, como en toda corporación, los benéficos resultados de la observancia de los preceptos de la Higiene en el individuo. 2o.-La medida empleada para la destrucción de los piojos, es el despioja- miento del individuo por medios mecánicos, siendo necesaria gran constancia para obtener el fin propuesto; o por la acción de substancias insecticidas, es- pecialmente pediculicidas. El número de substancias propuestas como tales, es considerable; Nuttal en su Tratado de Parasitología, dice que el número de ta- les substancias, llega a 110. Entre ellas hay muchas cuyo costo no está al alcance de las personas que más lo necesitan; otras son peligrosas y todas ellas pueden ser consideradas como ineficaces para destruir y extinguir el piojo y la liendre en el cuerpo del hombre; no obstante que algunas de ellas tienen un resultado cierto en el in- secto separado de aquél. Tales conclusiones son corroboradas por el resultado de los experimentos de muchos médicos militares europeos, quienes emplearon entre las substan- cias exterminadoras del piojo, muy especialmente el nitrobenzol y el anisol, sin obtener los resultados satisfactorios .deseados. En la cárcel de Belem, las escuelas correccionales de Tlálpam y Coyoa- cán, se han empleado el petróleo, la benzina, el vinagre, muchas pomadas, sales sulfurosas y mercuriales, preconizadas como eficaces pediculicidas: sus resul- tados dejan mucho que desear. En enfermos del Hospital Militar se hicieron varios experimentos con una substancia denominada alfasolina, considerada por sus autores, como ver- daderamente eficaz; pero sus resultados no fueron satisfactorios. En general, los insecticidas empleados como medios de preservación per- 270 sonal, no son eficaces, pues si llegan a matar el insecto adulto, su acción sobre la liendre, es muy dudosa. Ninguna substancia es, propiamente hablando, eficaz para destruir y evitar el desarrollo del piojo en el cuerpo del hombre; los innumerables reme- dios preconizados como insecticidas, entre los cuales figuran, además de los ya mencionados, las emulsiones de cresol y petróleo, son muy eficaces para ma- tar el insecto separado del cuerpo. La destrucción de los piojos en la ropa y en los vestidos, se obtiene seguramente con la acción del calor a 65 0 C., durante quince minutos, a fin de que el aire caliente penetre bien los vestidos infectados; o ya por me- dio del calor húmedo, desinfección a vapor, que destruye los piojos y las lien- dres a 80 ° C., inmediatamente. A falta de aparatos especiales, puede someter- se la ropa a la acción del agua hirviendo. La práctica ha venido a demostrar en la campaña contra el tifo, empren- dida en 1912, que el procedimiento empleado para destruir los piojos en el in- dividuo por medio de substancias insecticidas, no dió resultado satisfactorio pues tanto en la Cárcel de Belem, como en las escuelas correccionales de Tlál- pam y Coyoacán, en el Hospital Juárez y en el servicio público de la ciudad, era muy deficiente la aplicación de tales medidas, y el resultado se manifesta- ba elocuentemente con las estadísticas, que permanecían invariables. Se implantó y llevó a cabo el aseo individual, exigiendo en los estableci- mientos penales mencionados, el baño diario y lavado de ropa frecuentemen- te; en el servicio público, los baños domiciliarios, y la provisión de ropa nueva, y los resultados no se hicieron esperar: en Belem, de 200 casos diarios que se llegaban a registrar en los 5,000 reclusos que había, bajó a 0 la estadística, y los casos que se llegaban a registrar, eran importados del exterior de la prisión. Datos correspondientes se obtuvieron de los demás establecimientos men- cionados, y la curva de morbilidad bajó en la ciudad. En la terrible epidemia del año de 1916 a 1917, se emplearon procedimien- tos para la destrucción del piojo por substancias pediculicidas, tanto en los primeros como en los cuarteles y el servicio público, y la epidemia avanzaba; se dispuso por la autoridad sanitaria, el baño obligatorio de toda la gente su- cia aglomerada en mercados y dormitorios públicos: la curva bajó hasta lle- gar al estado actual. Que si ciertamente no manifiesta una completa desaparición, no alcanza las cifras de otros tiempos. La razón de esto es la resistencia de las multitu- des populares y la falta de elementos para aumentar tales medidas. Para la destrucción de las liendres y los piojos en el cuerpo de los mismos enfermos, se empleará alguna de las substancias pediculicidas que han dado mejor resultado; se mantendrá el aseo del paciente y de la ropa de su uso, así como el propio aseo personal de los que lo cuidan. Como complementario de las medidas anteriores, debe indicarse el aisla- miento; tal medida llevada a efecto es, sin duda alguna, de utilidad, pero su efectividad representa un factor con el cual es preciso contar: la educación so- cial sin la cual dicha medida es no solo inútil, sino peligrosa. 271 Entre nosotros el aislamiento de un enfermo de tifo es un fracaso; cau- sas sentimentales se imponen para desdeñar el bien común y posponerlo al afecto personal; el recinto del enfermo es invadido por cualquier amigo o veci- no, contra lo dispuesto por el facultativo y las autoridades sanitarias. Entre tanto no disponemos del factor cultura, no debemos contar entre nosotros con la eficacia del aislamiento. Es elocuente el aforismo de Gourmont: "El grado de civilización de un pueblo, se mide actualmente por la per- fección de su higiene." HIGEA, preclara diosa de los pueblos cultos: envía tus sacrosantos dones sobre nuestra patria, para que con el cumplimiento de tus preceptos, de uno a otro de sus confines, nuestra raza llegue a ser feliz y esforzada. 273 juicio crítico de los procedimientos empleados para la profilaxis del tifo. Dr. Rafael Norma. Al finalizar el año de 1915, a principios del mes de noviembre, dos hechos culminaban en la serie de los sucedidos durante el largo período de la convul- sión revolucionaria del país. Eran, por una parte, la exacerbación de la ende- mia del tifo, que desde el mes de septiembre anterior había comenzado a levan- tar sus curvas de mortalidad; traspasando el nivel de costumbre en estos meses dejándolo muy abajo, y perdiéndose en su ascenso no interrumpido, escalaba las zonas de la epidemia hacia una cima sin precedente; por otra, las hues- tes constitucionalistas ocupaban por segunda vez la capital de la República. Inútil parece recordar la intranquilidad y la miseria de la población, su- puesto que todos los habitantes tienen aún fresco el recuerdo de la angustia y el hambre a que la prolongada lucha los había sujetado. A consecuencia de la escasez de artículos alimenticios y de la falta de dinero, la gente comía po- co y mal, y mucha de la clase del pueblo, sólo raíces, con lo que lograba tal vez engañar su necesidad, sin llegar a alimentarse; y hasta se presentaron entre los más miserables, perturbaciones de nutrición, que hicieron surgir la duda de la presencia entre nosotros del beri-beri. Las habitaciones del proletariado eran, como hoy, infames pocilgas en que entonces se aglomeraban fugitivos, perseguidos y refugiados prudentes; el número de éstos fué tan exagerado, que muchos de ellos se conformaban, por fuerza, con dormir en los quicios de los zaguanes, bajo los portales o a plena intemperie; la ropa y los abrigos escasea- ban, y no pocos se contentaban para protegerse del frío, con papeles de perió- dicos o anuncios arrancados de las paredes; y coincidía con todo la carencia de agua y el desarrollo escandaloso de una verdadera plaga de piojos, que por donde quiera se nos subían. Todas estas calamidades no parecían conmover a las autoridades sanitarias de aquella triste época. El 19 de noviembre, ocupada ya definitivamente la capital por el Gobier- no Constitucionalista, el Consejo Superior de Salubridad, integrado por las mismas personas (excepción hecha del Presidente) que con admirable tena- cidad e inquebrantable perseverancia, habían venido prestando sus servicios en el ramo sanitario, a través de todas las peripecias e incongruencias de to- dos los partidos antagonistas que sucesiva y efímeramente asumieron la direc- ción gubernativa de la capital, desde la época del señor general Díaz; el Con- sejo Superior de Salubridad, decimos, declaró pública y profusamente que: el aseo personal, de habitaciones, ropas y objetos de uso; el uso de agua lim- pia y de aire puro y renovado; la habitación amplia y confortable; la alimen- tación sana y suficiente; la vida sobria y moderada; la desinfección de casas 274 y objetos infestados; el aislamiento de los tifosos; y la esterilización de los deshechos y materias orgánicas en descomposición, eran consejos, más que su- ficientes, a la iniciativa privada, para combatir la epidemia de tifo que en esa fecha alcanzaba ya proporciones notablemente alarmantes. No aconsejaba, también es verdad, la manera de haberse los recursos pecuniarios, para que la iniciativa, a la cual se remitió, pudiera alcanzar y llevar a la práctica sus sabias instrucciones. Como se ve, las medidas (pie el Consejo adoptó y publicó para reprimir la epidemia reinante, fueron medidas de higiene general, adecuadas para mante- ner la salubridad media de la población, levantar la resistencia de los organis- mos humanos y ponerlos en condiciones de luchar contra cualquier causa mor bígena, epidémica o no, infecciosa o no, y aun simplemente traumática. En- tre esas medidas no hay ninguna específicamente profiláctica contra la dolencia que justamente se trataba de combatir; además, eran impracticables en la etapa crítica de la situación económica en que fueron propuestas. En Europa, desde 1909, en Norte América, desde 1910 y en México, desde 1911, se venía hablando de la inoculación del virus tífico a diferentes especies de simios, por inoculación de La sangre de tifosos debajo de la piel, en el pe- ritoneo y en los humores de los monos ; en 1912,1913 y 1914 se daban a conocer las observaciones y experimentaciones de transmisión del tifo por intermedio de los piojos, y desde enero de 1915 aparecen publicadas las medidas de des- piojamiento profiláctico del tifo, adoptadas en los campamentos militares de París; y en el curso del mismo año, medidas profilácticas de carácter análogo, fueron dictadas por los gobiernos francés, italiano, inglés y helvético, siempre en relación con el papel transmisor del piojo en el tifo exantemático. Entre nosotros, a pesar de las medidas anacrónicas dictadas por el Conse- jo, a que anteriormente me he referido, el tifo continuó aumentando sus estra- gos y levantando su curva de mortalidad hasta alcanzar la cifra de 685 en la semana que terminó el 11 de diciembre del propio año. Por esos días Pruneda sustentó en los salones de la Universidad Popular, en los altos del Teatro Díaz de León, brillante conferencia sobre el tifo y los piojos, y logró con espléndido acopio de datos y con argumentación concisa y clara, llevar al ánimo de los oyentes, entre los cuales estaban las más altas au- toridades sanitarias, la convicción de que los piojos blancos desempeñan un papel importante, tal vez preponderante en la transmisión de aquella enfer- medad. Casi al mismo tiempo salió a luz mi folleto "La preservación contra el tifo," cuyas conclusiones, análogas a las de la conferencia aludida, consistían en aconsejar el exterminio de los piojos, como profilaxis si se quiere parcial, pero segura de nuestro tabardillo. El once de diciembre del mismo año, el Consejo, siempre constituido por el mismo personal, derogó tácitamente las disposiciones acordadas para combatir la epidemia; y en esa misma fecha, se acordó cuerdamente, en mi concepto, emprender la campaña profiláctica específica contra el tifo de acuer- do con lo que demandaban las adquisiciones patogénicas adquiridas científi- camente y la gravedad de la peste. Se determinó divulgar ampliamente la ver dad sobre los modos de transmitirse la enfermedad y la manera de precaverse de ella: descubrir a todos los enfermos: obrar sobre ellos despiojándolos y 275 despiojando a sus familiares: transladar sin demora fuera de la ciudad a to- dos aquellos que no presentaren garantía absoluta sobre su aislamiento: ais- lar de un modo efectivo a aquellos que quedasen en la ciudad, y hacer el des- piojamiento de todos los sanos portadores del parásito. En esta vez se olvida- ron las recomendaciones relativas a levantar la resistencia individual, que tan importante es para restar probabilidades de éxito a la inoculación de los gér- menes patógenos. Pruneda fué acertadamente llamado a dirigir la campaña, después de que el Consejo hizo suyas las conclusiones que el primero había sostenido en su conferencia, punto de partida de la acción profiláctica racional de las au- toridades sanitarias mexicanas. Tardía fué esta decisión: el piojo se había propagado profusamente: la movilización de tropas sin vigilancia sanitaria lo había desparramado por to- das partes y el tifo se enseñoreaba en las altitudes propicias y en las zonas fér- tiles a su desarrollo: la mortalidad en la capital, alcanzó en la primera sema- na de 1916, la escandalosa cifra de 863, excepcional en la historia de las epide- mias de tabardillo. La amplia difusión que había alcanzado el piojo, complica- ba desde un principio la campaña y comprometía su éxito. Además, la epide- mia, por falta de medidas (pie cohibieran su propagación, estaba muy cerca de alcanzar su fastigíum, después del cual vendría el descenso de acuerdo con las leyes biológicas de selección y adaptación; lo que auguraba de antemano, el desprestigio de sus resultados. Sea lo que fuere: después de cuatro meses de epidemia, comenzó la campa- ña bajo el plan perfectamente justificado que más arriba se expresó. En la práctica se hizo notar por la falta de energía y decisión para obligar al cum- plimiento de las medidas propuestas explícitamente y de sus postulados. Efectivamente: la primera medida se refiere a la divulgación de la ver- dad sobre los modos de transmisión de la enfermedad y manera de precaverse de ella, y por su simple enunciación, se comprende lo ambiguo del conocimien- to de esa verdad en la conciencia de las autoridades sanitarias; porque, en realidad, no es conocido, positivamente, experimental mente más que un modo de transmisión del tifo: el que tiene por vehículo el piojo blanco. No quiere decir que no haya, o que haya otros medios de transmisión ni que existan o no otros medios de propagación; pero si existen, no son ciertamente descono- cidos y a lo sumo, se pueden explotar analogías y coincidencias o hechos nega- tivos de contagio (pie, por una parte pueden dar lugar a hipótesis más o menos ingeniosas y probables, y por otra, nada pueden probar; pero (pie en todo ca- so, no nos dan el carácter de certidumbre (pie las experiencias de transmisión por los piojos blancos nos da; y si es así, no se puede hablar de modos ciertos de transmisión, cuando no hay más (pie uno científicamente conquistado; a menos de equiparar hechos positivos con hipótesis, y experiencias con teorías; a riesgo de introducir la confusión en el lenguaje, la incertidumbre en la idea y la indecisión en Ja acción. Así se infiltró en la campaña contra el tifo un elemento psicológico negativo de inercia, surgido de la duda que implica la aseveración a priori de medios de transmisión que no conocemos. Esa afirma- ción apriorística. debía traducirse, como en efecto se tradujo, en vacilaciones por lo menos del público y de algunos médicos, en la aceptación de las disposi- 276 ciones profilácticas efectivas contra el piojo, intermedio seguro de la transmi- sión del tifo, cuando simultánea e implícitamente se afirmó por las mismas autoridades, en la misma proposición la existencia de medios de transmisión ciertos, que no son conocidos; pues la afirmación verdadera concerniente al piojo se encuentra afectada por la falsa afirmación de otros medios de trans- misión ciertos que no conocemos; y a grado tal quedó sembrada la vacilación y la duda, que hoy todavía florece en las discusiones filosóficas aquí mismo suscitadas con motivo de la transmisión anoplúrica del tifo, queriendo hacer triunfar la dialéctica y los prejuicios sobre la demostración experimental. La segunda disposición no es más explícita que la primera; dice: descu- brir a todos los enfermos. Se subentiende, aunque no lo expresa, que se refiere a todos los enfermos de tifo; pero esto es impracticable, supuesto que esta do- lencia no es diagnosticable más que después de transcurrido el primer septe- nario de la enfermedad, y durante los siete primeros días es imposible descu- brir que el enfermo tiene tifo; y durante este período es importante tomar me- didas profilácticas contra la enfermedad, ya que el virus que la produce, pue- de infectar a los piojos, según Nicolle y Conseil, desde el principio del perío- do febril. Más acertada hubiera sido si se refiere a todos los individuos que durante el período epidémico se encontraran afectados de fiebre sin que ningún otro padecimiento local o general la explicara; y durante veintiún días, duración de la incubación del tifo, a los que hubieran estado en contacto mediato o in- mediato con el tifoso; debiendo ser considerados unos y otros, como sospecho- sos de tener tifo. Aplicar a ambos las medidas de despioja miento no tendría ningún inconveniente para ellos y sí tendría grandes ventajas para el resto de la población, desde el punto de vista de la limitación del foco de contagio. La tercera medida que ordena obrar sobre ellos, despiojándolos y despio- jando a sus familiares, está en perfecta relación con la idea patogénica que presidió a la dirección de esta campaña; desgraciadamente el despiojamiento no pudo efectuarse más que de una manera tardía, es decir, después de que el diagnóstico fué hecho, cuando los piojos ya habían tenido oportunidad de infectarse, cambiar de huésped, picarlo y transmitirle su virulencia y esto en el supuesto de que el diagnóstico hubiera sido hecho con toda oportunidad, al terminar el primer septenario y transmitido con eficacia a las autoridades, y que los agentes respectivos hubieran procedido al despiojamiento del enfermo y de su familia con toda diligencia; que si así no fué por falta de personal o por las demoras consiguientes a toda tramitación, mayores y más amplias pu- dieron haber sido las ocasiones de contaminación. Además, el despiojamiento se hizo sin sujetarse a la técnica profiláctica que demanda esta campaña: se hubiera requerido no emplear en ella más que el personal inmune o, sin lle- gar a este rigor, que el personal empleado hubiera sido suficientemente prote- gido contra la invasión y el acarreo de los piojos por medio de vestidos espe cíales y precauciones determinadas durante la visita a los infestados, y al salir de las casas o más bien, de las piezas o cuartos en que fueron encontra- dos. Sin embargo, las visitas, la recolección de ropas, el despiojamiento y los baños, eran practicados por individuos que no se cuidaban de evitar el conta- gio ni de conducirlo; pues cuando más usaban una bata común sin prendas de 277 ajuste en las bocamangas de las muñecas y de los tobillos, ni en el cuello. Esos agentes pudieron ser para el piojo, lo que éste es para el bacilo de Plotz. Transladar fuera de la ciudad a todos aquellos que no prestasen una ga- rantía absoluta sobre su aislamiento, fué un medida que se prestó a interpre- taciones diversas y que en algunos casos revistió caracteres de crueldad. En la tesis que para su examen profesional presentó el alumno Alejandro Romo, se asientan los siguientes párrafos que textualmente copio: "En el Consejo se aceptaban insinuaciones de personas de algún valer, aunque fuesen contrarias a las órdenes que antes se habían dado; así, una vez que los agentes habían re- cibido orden de recoger papeleros para bañarlos, así lo hicieron con unos que se habían estacionado fuera de la Imprenta de "La República", cosa que dis- gustó a Heriberto Barrón, Director entonces de dicho periódico, por lo que habló con el Presidente del Consejo, el que dió inmediata contraorden." En la misma tesis se asienta: "Alguien ha dicho que el Consejo sólo gastó el dinero para maltratar a los enfermos"; aseveración grave que yo necesitaba aclarar; para lo que entrevisté al actual Jefe del Servicio contra el tifo, doc- tor José Díaz Iturbide, y le hice esta pregunta: "¿Es cierto que en la transla- ción de los enfermos, éstos iban a veces sentados?" A lo que me contestó que sí. En seguida, díjele que si se maltrataban mucho los enfermos con dicha translación; a lo que respondió que "por desgracia, sí;" que ese maltrato era imposible de evitar, dado el mal estado del piso de las calles y de las calzadas, aunque los automóviles tuvieran magníficos muelles. Considerando esta cuestión en su esencia; despojándose de todo prejuicio sobre lo mucho que se ha dicho acerca de las causas, medios de transmisión y patogénesis, y suponiendo en una abstracción absoluta del espíritu que el único agente conocido de propagación del tifo es el piojo blanco; llevando el aislamiento de nuestra facultad de conocer hasta el punto de admitir que sa- bemos bien que no hay otro agente de transmisión, cosa que no está probada; si es así, como fingimos en este momento, ¿qué riesgo podría haber de disemi- nación de la enfermedad, después de haber despiojado al enfermo y a sus fami- liares y asistentes; si el enfermo fuera dejado en su casa, bajo prohibición estricta, o más bien con instrucciones claras y precisas de que nadie que no estuviera bien despiojado se aproximara a su lecho? Supongamos ahora la contraria: no sabemos nada, absolutamente nada, como no lo sabíamos hace diez años, de lo que respecta a la patogénesis del tifo ; que la abundancia o la escasez de la precipitación fluvial; que el exceso o la falta de calor o de frío; que el aire confinado o las corrientes de viento; que el ascenso o el descenso de la presión barométrica; que el aumento o la dismi- nución de la tensión higrométrica; que la altura o el hundimiento del nivel de la capa de agua subterránea; que la profusión o la deficiencia de los ali- mentos; que la falta o la superfluidad de la ropa; las calamidades públicas, las emociones morales; la aglomeración de personas y animales; la proximi- dad de desechos y materias orgánicas en descomposición; las desveladas y des- órdenes en el régimen; la imperfección o la falta de avenamiento en las ha- bitaciones ; las circunstancias de edad, sexo, gestación y cuantas más existan realmente por más contradictorias que sean y se imaginen; supongamos que cualquiera de estas supuestas causas aisladas combinadamente a pesar de su 278 íncompatibildad en diversas maneras y grados y cantidades, son revestidas de realidad efectiva y actúan, pero nada más las ennumeradas, positivamente en la génesis del tifo, ¿a qué conduce entonces el aislamiento? Si la o las cau- sas son persistentes y arraigadas en el predio o en los medios cósmico y so cial, a nada conduce separar al enfermo de la circunfusa patógena; más ra- <cional sería transladar a los sanos a comarcas no dañadas o mejorar las con- diciones tifogénicas de los medios cósmicos enfermizos, ir No quiero decir que el piojo blanco sea el único y exclusivo agente de la propagación y el desarrollo del tifo: lo primero no está probado, y lo segundo es absolutamente contrario a las leyes más diáfanas de la Biología General. Ya lo sabemos todos: en los desequilibrios de la vida normal que llamamos en- fermedades entran como factores de idéntico valor la naturaleza y la intensi- dad del agente vulnerante y la naturaleza y resistencia del paciente vulnera- do: pero de esos dos factores es predominante en la pérdida del equilibrio vi- tal aquél, sine qua non, la acción patógena no se hubiera desarrollado. La directriz de las medidas profilácticas se basó y no podía basarse más que en el único hecho conocido en la transmisión del tifo; es decir, en el pa- pel del piojo blanco como vehículo: en consecuencia, todas las medidas profi- lácticas (pie se dictaran, tendrían (pie estar en rigurosa subordinación lógica con aquella idea, y debería decirse para ser consecuentes con lo (pie se cree y se sostiene, si la convicción es cierta, que un enfermo despiojado al cual no se acerquen sanos, piojosos, no tiene posibilidad de comunicar su tifo, aun cuan- do viva en la mayor aglomeración y aun cuando duerma, aliento con aliento, con personas sanas no inmunes. Es tan difícil desarraigar del espíritu preocupaciones añejas, que mucho me temo acerbas censuras, tan acerbas como injustificadas, por mi radicalis- mo racional en el asunto que se ventila. Nada importa si así fuere; mi con- vicción está hecha y mi conciencia me dicta el deber de sostener donde quiera y con mayor razón aquí, mis ideas ante un auditorio especialista, tan ilustra- do como el (pie vosotros formáis. En cuestiones tan trascendentales co mo las que han ocupado la atención de este Congreso, tenemos el deber de suscitar la discusión, aun cuando fuera con el ardid, (pie en el presente ca- so no existe, de exponer ideas extravagantes y absurdas. Volviendo al punto capital, el enfermo despiojado es inofensivo para los sanos también despiojados, (pie pueden tener acceso hasta su lecho; y otro género de aislamiento es superfino; la translación es peligrosa, porque puede diseminar los piojos contenidos en la ropa en el momento de la translación, máxime si no es hecha con los meticulosos cuidados que demanda para evitar rozamientos y sacudidas que pueden despertar en los parásitos el instinto de la huida y el cambio de domicilio; es inútil, porque los parásitos infestados quedan en las ropas abandonadas en el domicilio, y a este propósito, recuerdo de algunos casos en que pasaron días después de la muerte o translación del tifoso, sin que se procediera a recoger la ropa y desinfectarla. El quinto capítulo, comprende el aislamiento efectivo de aquellos enfer- mos que quedasen en la ciudad. Entiendo que ese aislamiento se refiere al -su- botage del virus contenido en la sangre tifosa, privándolo del comercio direc- to con los piojos, que son los agentes conocidos de su transmisión ; mas no 279 parece que haya sido interpretado en este sentido, supuesto (pie en un infor- me referente a esta campaña, se dice: "Habría necesidad para lograr ese ais- lamiento de tener constantemente en la casa del enfermo un empleado del Con- sejo, inteligente, honrado y sostenido por la autoridad policíaca, para hacer cumplir sin complacencia, la orden. Este es un desiderátum prácticamente irrealizable." No sé por qué una incomunicación tan depresiva y humillante pudiera ser un desiderátum para un pueblo culto y liberal: pero haciendo a un lado esta cuestión, ¿cuál podría ser el papel del agente de policía instala do a la cabecera del enfermo despiojado y rodeado de personas igualmente despiojadas? Para mí, la incomunicación rigurosa con centinela de vista en el tifo, no puede interpretarse más que como la manifestación de un respeto ciego e irracional a las tradiciones absurdas legadas por el pasado; ese aisla- miento después de la introducción de la noción del piojo blanco en la patogé- nesis del tifo es arbitrario, porque no tiene ninguna razón de ser, cuando ya no existen anopluros. En este caso, no habría necesidad de tener constante- mente en la casa del enfermo un empleado del Consejo, sino que sería necesa- rio que el Consejo se asegurara de una buena vez de la destrucción completa de los piojos al derredor del paciente. Llegamos, por último, al despiojamiento de todos los sanos portadores del parásito, que es la sexta y última de las medidas aconsejadas para combatir la epidemia del tabardillo; medida verdaderamente trascendental, no sólo des- de el punto de vista profiláctico con (pie especialmente fué dictada, sino desde el punto de vista cultural que indirectamente comprendía. En la relación de Wilder, sobre el problema profiláctico del tifo, publica- da en The Journal of Infectious Diseascs, de Chicago, correspondiente al mes de julio de 1911, encontramos las siguientes afirmaciones: "Destrucción gene- ral de los piojos.-La campaña contra la fiebre amarilla por la extirpación de los mosquitos, ha sido seguida de un éxito sorprendente; pero la extirpación de los piojos es mucho más difícil. Sería una irrisión querer destruir los pio- jos que plagan a toda la población miserable (pie habita el territorio mexicano. Hervir en piojos, es considerado por esos individuos, como un hecho natural y normal, y la antipatía abrigada por el indio mexicano con respecto al agua, sólo puede ser vencida por un esfuerzo considerable de educación." Creo que la educación sólo tiene influencia en la modificación de los hábi- tos sobre la constitución tierna y maleable de los niños y de los adolescentes, cuando ni la de los unos, ni la de los otros, está indeleblemente marcada por atavismos irremovibles. Su influencia en todo caso, no podría ser aprovechada inmediatamente, como lo demandan las exigencias inaplazables de la profilaxis urgente en caso de epidemia. Acepto, por lo tanto, el despiojamiento forzoso de los sanos, como medida profiláctica; pero debiera dársele la forma educativa y no la penal que se le ha impuesto. Dícese vulgarmente que la misma frase de nuestro lenguaje, puede reves tir carácter moral diferente y aun contrario, según el estado de ánimo que la inspira; y se expresa su doble significado en el apotegma de que "La tonada hace canción." Igualmente puede decirse que las disposiciones de las autori- dades son interpretadas de distinta manera y asumen caracteres diversos y 280 aun opuestos al espíritu que las informa, según los procedimientos seguidos para su ejecución: no me parece que el indio mexicano ni aun nuestro pelado, sean tan refractarios, como dice el médico americano a las prácticas de aseo: los indios de ciertas municipalidades que tienen abundante provisión de agua, son modelos de perfecto aseo en sus personas y de nítida blancura en sus hu- mildes vestidos; los de otras municipalidades que no pueden conseguir el agua, se habrán acostumbrado al desaseo, pero la culpa no es de ellos, sino de quienes, pudiendo, no han puesto a su alcance este precioso elemento de la vida. Ahora, arrancar por la fuerza a una persona de sus ocupaciones para ba- ñarlo, vellis nollis, constituye, en mi concepto, un acto de violencia; pero si además se le pone entre dos filas de agentes tan sucios y desarrapados como los que van en el centro contra su voluntad al baño, al grado de que es difícil distinguir quiénes lo necesitan más, si los de adentro o los de afuera, si los conductores o los conducidos, entonces la violencia por razón de las circuns- tancias en que es consumada, toma el carácter de atentado, en el que no pue- den menos de surgir consideraciones psicológicas acerca de la fatalidad del destino y la injusticia de la humanidad. El acto, en lugar de ser educativo, sugestivo, se trastoca en repugnante y odioso. Toca a las autoridades estudiar y resolver este problema, dándole el as- pecto generoso y benéfico que lo enaltecerá y prestigiará. La campaña profiláctica contra la epidemia de tifo de 1915 y 16, tuvo el más decidido apoyo del Gobierno y se hizo a base de dinero y de facultades extraordinarias de que estaba investida la primera Jefatura del Ejército Cons- titucional ista y que delegó de hecho en la persona del Presidente del Consejo. Estuvo, por lo tanto, en condiciones excepcionalmente favorables, no sólo pa- ra ser seguida de éxito, sino para demostrar irrecusablemente que el éxito de la profilaxis aconsejada, era una resultante directa e "innegable de la campaña emprendida: la demostración casi experimental de la eficacia de las medidas propuestas, habría sido tal vez el resultado más trascendental que se hubiera tenido, por el precedente que habría dejado sentado para el tratamiento ul- terior de pestes análogas, en caso de haber cuidado de cimentar la empresa sobre bases sólidas e indiscutibles y de seguir paso a paso por medio de ob- servaciones estrechas y meticulosas el proceso de la epidemia hasta la extin- ción absoluta de la enfermedad. Muy conveniente habría sido basarla en el censo exacto de la morbilidad y en la localización perfecta de los focos de infección desparramados por to- da la ciudad. Lo primero no hubiera sido muy difícil: ya hemos dicho y ahora insisti- mos, que esta campaña contó con todos los recursos pecuniarios, materiales y morales que pudieran apetecerse, y con la mejor buena voluntad fueron pro- porcionados por el Gobierno Constitucionalista; contó, además, con el auxilio de los médicos y con la pasiva obediencia del público: la simple declaración a hora fija de día determinado por parte de todos los jefes de familia, propie- tarios y hosteleros, de que en sus respectivas familias, predios y hospederías había o no enfermos de fiebre, con transcripción del diagnóstico en caso de 281 que hubiera sido hecho, o indicación en caso contrario, de la carencia de diag- nóstico, hubiera bastado por una rápida clasificación de las respectivas bole- tas para dividir la existencia de febricitantes en tres categorías: Ia.-Febricitantes que seguramente no tienen tifo. 2a.-Febricitantes que seguramente tienen tifo. 3a.-Sospechosos en observación. Descartados los primeros y anotados y localizados los segundos, quedaba a cargo de la autoridad dilucidar los padecimientos de los últimos; como el servicio de inspección médica contaba con 186 inspectores médicos, de los cua- les 31 estaban exclusivamente adscritos a este trabajo y 155, que tenían otros cargos públicos, debían coadyuvar por orden del primer Jefe, el departamento sanitario contaba con el personal técnico necesario para dilucidar en breve los padecimientos de los sospechosos en todos los casos en que técnicamente fuera posible, y así dividir este último grupo en las mismas categorías que el general de febricitantes, agrupando los grupos correspondientes para obtener la suma general de los que no tienen tifo, de los que tenían tifo y de los sospe- chosos que, debiendo ser sometidos al mismo tratamiento profiláctico de los atabardillados, podrían provisionalmente ser incluidos en el mismo grupo de los tifosos confirmados, aunque con la anotación respectiva para suspender el tratamiento en caso de que resultaran afectados de otra dolencia. Por el mismo hecho, hubieran quedado desde luego localizados todos los enfermos de tifo existentes en la fecha del censo y sometidos a la inspección y trata- miento profiláctico adoptado. Esto es lo que, a mi parecr, debió haber constituido el primer paso de la campaña. Supongamos que la acción del piojo es real y exclusiva en la trans- misión del tifo, y partiendo de esta premisa que para mí es verdadera, y que para el objeto de mi razonamiento, suplico que así sea considerada por todos, desde el momento en que todos los enfermos y sospechosos de tener tifo, son conocidos y por conocidos despiojados con sus familiares; desde este momen- to mismo el tifo debe dejar de propagarse: al término del período conocido de incubación del tifo, contado desde la fecha del despiojamiento general de los tifosos y sus familiares, la epidemia de esta enfermedad debe comenzar a decrecer y las curvas de mortalidad y morbilidad a declinar. Es por lo que creo que el censo de morbilidad habría sido de capital importancia, al comen- zar la campaña y de inmensa trascendencia, si hubiera sido hecho de manera precoz. ¡Cuántas víctimas se hubieran evitado y qué demostración tan bri- llante se hubiera obtenido de la transmisión anoplúrica de la enfermedad I Desgraciadamente no pudo hacerse. La extensa difusión de la epidemia y la enorme multiplicidad de casos que existían ya cuando se inició la campaña, complicó enormemente el des- arrollo de su programa, que sólo la capacidad cerebral de Pruneda, pudo abar- car. Pruneda en esta ocasión, estuvo a mayor altura de su bien elevada repu- tación, como hombre de ciencia, de inteligencia y de acción, y confieso que hizo cuando pudo, y pudo mucho, en el enfrenamiento de la peste, dadas las complicadas y difíciles circunstancias en que se hizo cargo de la campaña. El número de enfermos debe de haber sido tal, a juzgar por las cifras de mor- talidad y la relación aproximada entre ésta y la morbilidad, que hubiera sido 282 labor titánica seguir las fases del contagio y la diseminación de la epidemia, a pesar de los 186 médicos y de los 431 empleados en este servicio profiláctico especial; pero ya que éste no era humanamente posible, debióse, en mi sentir, seleccionar una o varias zonas urbanas de la ciudad, para aprovecharlas exclu- sivamente como campos de observación y experimentación clínicas, siempre con la mira de ilustrar por cuenta nacional todos los problemas que se susci- tan con motivo de la etiología, patogénesis, formas nosológicas, terapéutica y profilaxis de nuestra principal endemia. En un campo de observación limitado sí hubiera sido factible llegar a la convicción experimental de que nuestro tabardillo es igual, es la misma en- fermedad de Brill de Norteamérica; es similar, idéntico al tifo exantemático eu- ropeo, de los que no difiere ni por su sintomalogía, ni por su patogénesis y de los cuales no debe diferir tampoco por su profilaxis; y ese campo de observación clínica y experimental pudo haber sido creado sin grandes obstáculos, ya que se contaba con el dinero suficiente y con el apoyo decidido e incondicional, a la altura de la gravedad e importancia de las circunstancias, prestado gene- rosamente por el señor Carranza, en aquiescencia al cumplimiento de uno de sus más altos deberes. Las cuestiones en conexión con la profilaxis del tifo, como todas las que son conexas con las ciencias biológicas, no son cuestiones de resolución lógica; no dependen tampoco de la mayor o menor agudeza del raciocinio; se resuelven por observación y experimentación exclusivamente. La observación, punto de partida de un descubrimiento biológico, se revela a veces por acaso; pero cuando se va en busca premeditada de la explicación de alguno de los misterios de la vida normal o patológica que nos intrigan, es necesario crear las circunstancias propicias para la manifestación del fenómeno cuya natu- raleza se investiga; es preciso variar las condiciones de observción reiteradas veces; es indispensable tantear; restar o agregar elementos y orientar las investigaciones en diversos sentidos hasta obtener el fenómeno que se desea observar. Repitiendo obstinadamente la observación en las mismas condiciones, es posible llegar a descubrir la relación causal que existe entre los diferentes motivos que se pusieron en juego para determinar el fenómeno y el fenómeno mismo; pero antes de que el fenómeno se determinara, ninguna inteligencia sería capaz de prever las causas (pie lo iban a determinar ni las condiciones en que iba a surgir. Por esto hubiera sido necesario mantener a la vera del campo de investi- gaciones y experimentaciones clínicas, un laboratorio biológico afocado sobre las condiciones de propagación del tifo, en acecho de la composición humoral de los enfermos y de los piojos, atisbando la presencia de las bacterias, y su paso a través de los medios humano y hemíptero y cosechando los anticuerpos depositarios de las energías inmunizantes y sueroterápicas. El censo de morbilidad preliminar, los campos de observación clínica y ex- perimental y el laboratorio de biología, combinando sus investigaciones y en- lazando sus resultados, hubieran dado un carácter altamente científico a la campaña profiláctica, y habrían ministrado los elementos irrecusables de su justificación, prolongando sus resultados en algún adelanto positivo en la re- solución del problema profiláctico del tifo. 283 No fue así; y por lo tanto, los que creemos ciegamente en la transmisión por el piojo, no tenemos derecho a proclamar que gracias a las medidas de despiojamiento, la epidemia decreció, pues si por esas medidas se redujo a los modestos límites de la endemia normal; por los mismos motivos la endemia de- bía haber desaparecido. Ya que no ha sucedido, a pesar de pronósticos op timistas, y que no han faltado afirmaciones falsas en contrario, hay razones de mayor peso para sostener que la epidemia cedió por agotamiento de los medios individuales, susceptibles a la receptividad del contagio. Resignémonos, pues, a esperar, como siempre, los descubrimientos de Euro- pa o Norteamérica, para pronunciar nuestra última palabra. Enero 20 de 1919. 285 El tifo en Hércules. Dr. Juan Carmona. Unas cuantas palabras acerca de un raro caso en dos años de tifo, o tal vez de importancia para la estadística, la higiene y profilaxis de este grave pade- cimiento en aquel centro fabril. Respetables señores congregantes: sólo diez minutos molestaré a ustedes su exquisita atención. El pueblo de Hércules, el mejor del Distrito del Centro (Querétaro), aun- que también el más pequeño, fué fundado en el año de 1840. De temperatura templada, situado al E. de la capital del Estado y a la distancia de 3.14 kilo metros o sean 75 centésirnos de legua. Ese lugar, que ha recibido su nombre de la misma fábrica, que en sus primeros tiempos fué molino de harina, y su fun- dación se debe a la acaudalada familia Rubio, hoy pertenece a la Compañía Industrial Manufacturera. El edificio majestuoso se levanta sobre las humil- des casas de los obreros que lo rodean. Una chimenea elevada y gallarda, acom- pañada solamente de otra pequeña, se eleva a una altura de 40 metros arrojan- do algunas veces denso humo. Se penetra al edificio pasando por un patio en el que hay un jardín y una hermosa fuente, sobre la cual se admira, esculpida en un bloque de mármol de Carrara, una estatua que representa a Hércules dominando a dos leones. Al final de este jardín, se alza la fachada del edificio, de un vestíbulo que franquea el paso al interior del mismo, en donde se encuentran varios salones: el destinado a limpiar y a escarmenar el algodón; otro donde se hace pasar por entre cilindros giratorios y empieza a tomar la apariencia de tela, aunque sólo es la presión la que lo extiende; otros, los llamados de cardas, en los que se da al mismo material la forma de pábilo; aquel otro en el que se completa esta operación adelgazando dicho pábilo; otro, el de trozo o "trociles" en el que el mismo pábilo se enrolla al rededor de largos carretes; el de más allá, en el que se le dispone para la urdimbre; otro más en que los hilos reciben un baño en una substancia viscosa que le da cierta consistencia; otros varios, en donde hay centenares de telares; y por último, aquel en el cual la manta, ya elaborada, recibe otro baño; y al fin de todos ellos, el departamento en el cual se plancha, dobla, mide, aprensa y pesa la manta. Una parte de la maquinaria se mueve por electricidad, otra recibe el im pulso de una gran rueda hidráulica de 47 pies de diámetro (manufactura in- glesa) y que tiene una potencia de 106 caballos, la que es movida por agua (de los socavones), propiedad también de dicha negociación, y por último, dosmá- 286 quinas de vapor que consumen semanariamente leña con un costo de $20,000 anuales, cuando faltaba la energía eléctrica. En el mismo edificio hay talleres de carpintería, herrería, hojalatería, fun- dición de bronce y fierro, talabartería, etc. La fundición de fierro y bronce la adquirió últimamente el gobierno del Estado. Hércules tenía antiguamente una población de operarios solamente, al rededor de 1,500 entre hombres y mujeres; hoy trabajan cada ocho horas, de día y de noche, 300 hombres, 200 mujeres y 50 niños, poco más o menos. Perdonadme estos apuntes que no tienen importancia alguna con el insig- nificante caso raro de observación estadística que presento de la manera más humilde, como una insignificante contribución al conocimiento de auditorio Tan conspicuo y por ello tan indulgente. Entro en materia, la que afortunada mente para ustedes, ilustrados señores congregantes, va a resultar muy peque- ña y de seguro sin gran importancia. Tuve oportunidad de haber sido médico de aquel centro fabril, durante algunos años, así como de la fábrica de La Pu- rísima, transformada en lazareto temporalmente, cuando en los años de 191G a 1917, hubo una recrudescencia o exacerbación de las enfermedades infec- tocontagiosas en la ciudad y distritos de Querétaro, así como en otros muchos puntos de la República. Dicha recrudescencia en estos males, habituales com- pañeros de las guerras, supongo yo fueron debidos en aquel lugar a la aglo- meración de una población flotante que coincidió con la estancia del entonces C. Primer Jefe y hoy digno Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. En la noble, leal, e histórica ciudad de Querétaro. fundó dicho señor la capital de la República durante ese tiempo, y unida a esta honrosa circunstancia para los queretanos a quienes parece que siempre ha distinguido, hubo entonces tam- bién, además, el aumento de habitantes, formados por los miembros del Con- greso Constituyente, cuyas sesiones tuvieron allí lugar; por sus familias, ser- vidumbre y amistades, y por las numerosas personas (pie entonces iban con el objeto exclusivo de entrevistar a dicho señor; y especialmente por las nume- rosas tropas que estuvieron allí con dicho Primer Jefe. Lisonja aparte y sólo justicia, el C. Primer Jefe se preocupó, como lo hace en estos momentos, según periódicos de pocos días ha, porque las medidas sanitarias para combatir la enfermedad, fueran rigurosas y se dotara al lazareto de cuanto necesitaba (ca- tres, colchones, colchonetas, sábanas, vajilla, así como de un botiquín con to- das las medicinas apropiadas). Esto, los queretanos siempre lo agradeceremos, como agradecemos la implantación de escuelas y urbanización de la ciudad. Pero entrando de una buena vez en materia, diré que: de dicha fábrica de Héicules ' (en donde hay endemia de tuberculosis) como en todo centro fa bril, enviamos al lazareto de La Purísima bastantes enfermos de tifo, pre- via desinfección de ropa, corte de cabellos, frotación con bencina y vinagre, así como el baño indispensable, para lograr, en tanto se pudiera, el mayor aseo y con él la desaparición de suciedad y parásitos. Este procedimiento coincidía con los oportunos consejos del doctor García Rendón, (pie fué el delegado es- pecial del Consejo de Salubridad en la histórica ciudad de Querétaro. Después de la salida de los enfermos obreros de sus habitaciones, se pro- cedía a la desinfección cuidadosa de sus cuartos, con gas sulfuroso (calcu- lando unos 30 gramos de azufre por metro cúbico) ; y tomadas algunas otras medidas de acuerdo con el Subdelegado de la Presidencia Municipal, señor 287 l^nce, se procedió al aseo de calles, callejones, alejamiento e incineración de las inmundicias. Se comenzó a notar la palpable disminución de los casos, y en el año siguiente, después del invierno de 1917 a 1918, no se presentó un solo caso de tifo en las tantas veces mencionada Hércules ; a menos que los obre- ros enfermos, por temor de que se les volviera a internar en el hospital, hubie- ran escapado a mi conocimiento, por haberlos ocultado sus familias durante la enfermedad, pero que no lo pudieron hacer después de su muerte. Mi separación de la negociación aludida, me impidió completar este estu- dio y continuar estas humildes observaciones durante el final del pasado año y el presente de 1919. Poseo una lista que no es precisamente estadística, sino la ennumeración de fallecimientos en la ciudad de Querétaro y en Hércules , especialmente, que fué hecha por la autoridad civil, y la cual está de acuerdo con los infor- mes que diariamente me daba la policía especial «pie visitando casa por casa y haciendo el recuento de obreros y obreras, al entrar y salir de la fábrica, me dieron el convencimiento de que durante el año siguiente no hubo, repito, ni un solo caso de tabardillo. Preocupado por esto y temeroso de (pie se me hubiera escapado algún en- fermo, supliqué al entonces párroco de aquel lugar, que me informara sobre la veracidad de esta rareza, porque así la conceptúo. Removido que fué a un lugar distante dicho cura y por cuidados de fami- lia, no pudo proporcionarme por escrito oportuna y últimamente, como yo lo deseaba, la aseveración que de palabra me hizo varias veces, de que en el trans- curso de los años de 1917 a 1918, no fué llamado a proporcionar auxilios espi- rituales a paciente alguno de tifo en aquella localidad. Saben ustedes perfectamente bien, que los enfermos poseedores de educa- ción médica o de la otra siquiera, dejan de buscar muchas veces al facultativo, pero nunca omiten llamar al cura o a sus vicarios en trances tan graves co- mo el del padecimiento que en estos días ha ocupado nuestra atención. En cuanto a la diagnosis, no era posible la confusión en la diferencial con la fiebre tifoidea, que tiene cierta forma especial y caracteres singulares y típicos, y ocasionada seguramente por bacilos del grupo coli y Eberth y que es debida probablemente al uso de agua potable no filtrada. Dicha dolencia, como la tuberculosis, es también allí endémica. Muy lejos, señores congregantes, de abrigar la pretensión necia y, por tanto, ególatra, de pensar siquiera, que las medidas aconsejadas y que fueron ejecutadas con más o menos regularidad, hayan sido las determinantes efica- ces para la desaparición del mal de un año a otro; sino la casualidad fué la (pie intervino, ocasionando tan raro y singular hecho, que he tenido el antojo de referirles por bondad de la Secretaría. A ciencia cierta, científicamente, y sin contar nunca con ese factor casualidad, está fuera de duda, que contamos ac- tualmente con bastantes medios profilácticos para evitar con un máximum de probabilidades el tifo; pero son irrealizables algunos de ellos, si pretendemos hacerlos con perfección ideal en la práctica. Para finalizar ya y en otro orden distinto de ideas, ilustrados colegas, pienso esto: (pie en tanto se prosigue la eterna, la antigua y tan desigual ba- talla contra el tifo, los médicos todos y especialmente nuestros distinguidos bacteriologistas, debemos y deben, como en el presente oportuno caso, dentro 288 de un congreso, el primero y especial de verdad en México y cuya realización fué debida al decidido empeño y tenacidad bien conocida del sabio maestro doc- tor José Terrés, acompañado de su laboriosa mesa directiva; o fuera de dicho congreso debemos, repito, contribuir en la medida de nuestras fuerzas perso- nales, para alcanzar el ambicionado desiderátum, que, sin patriotería, quisie- ra yo fuera para México y sólo para México, una de sus mayores glorias cien- tíficas . Me permito proponer a la sabia consideración de ustedes, lo siguiente: pe- dir al C. Presidente de la República, don Venustiano Carranza, de una mane- ra directa y paternal, su altruista apoyo para que se aumente el número de trabajadores a este respecto, fomentando el Instituto Bacteriológico, resultan- te de la gran comisión del tabardillo, y se pague mejor, aumentando el per- sonal del Instituto Bacteriológico creado ya, para que especializados y con la científica emulación de dichos importantes departamentos, llegue el día en que alguno de los mexicanos allí concurrentes, sea el que por vez primera vea con emétrope ojo, en el mundo de lo infinitamente pequeño y con el auxilio de su microscopio idealmente perfeccionado con cristales apocromáticos, al minúsculo germen, pero que sea de verdad el seguro productor del mal pete- quial; a semejanza del astrónomo que, con su poderoso ecuatorial ha llegado a descubrir en alguna de las constelaciones una estrella nueva, de X magnitud en nuestro bellísimo cielo mexicano. México, enero 19 de 1919. 289 Apuntes clínicos sobre el tabardillo y algunas otras enfermedades infecciosas.-La ventilación. Dk. Antonio Balvañera. Al presentar mi desaliñado trabajo a la consideración de tan docta Asam- blea, no lo hago con la pretensión vana de figurar en un congreso, sino pa- ra ser consecuente con mi maestro el señor doctor don Genaro Escalona, que me honró invitándome, y a quien mucho quiero y debo. Para el objeto del Congreso Nacional del Tabardillo, tomé por tema las observaciones de atabardillados que hice entre el personal de la Dirección de los Telégrafos Nacionales, desde el año de 1917 a la fecha. El estudio a este respecto, pude lograrlo, gracias a la inteligente y celosa labor del señor inge- niero don Mario Méndez, actual Director del Ramo; pues siendo desde la fe- cha (pie cito, médico de esa oficina, se me facilitó todo lo que hubo de ser ne- cesario para mis observaciones, y se efectuaron reformas en los departamentos (pie así lo requirieron. La observación más saliente que tuve a poco de recibirme de ese puesto, fué la siguiente: entre los distintos departamentos del Telégrafo cuyo edificio pertenece a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, había uno que daba la casi totalidad de empleados enfermos de tabardillo y otras enfermeda- des infecciosas. El registro que llevé diariamente, al fin del mes arrojó de 20 a 40 enfer- mos salidos del departamento a que he hecho referencia y que está en la planta baja del edificio, y es el de aparatos; tal fenómeno era de llamar más la aten- ción, puesto (pie, en los otros departamentos, incluyendo el salón de donde salen infecciosos, rigen magnífica disciplina, orden, moralidad y limpieza. ¿De qué provenían los diversos casos de tabardillo y otras enfermedades infecciosas? ¿Qué factores contribuían en la aparición de esas enfermedades? La resolución era para mí urgente; estoy en la obligación de prevenir las en- fermedades, dentro de lo factible. Estudié, pues, los extractos de las historias clínicas que llevo de los empleados, particularmente los antecedentes persona- les, hereditarios, fisiológicos y patológicos. Comparando estos antecedentes de los empleados enfermos y no enfermos, llegué a la conclusión de que la inmensa mayoría de ellos toma escasos ali- mentos y de mala calidad, debido a lo que todos conocemos: la situación eco- nómica. Hice los anamnésticos a que aludo, entre los empleados que enferma- ron de tabardillo y de otras infecciones generales. Si las condiciones de alimen- 290 tación son defectuosas, como consecuencia, el estado de nutrición es de- ficiente. Estudié si los casos de tabardillo y de enfermedades febriles que salían del salón de aparatos, eran en alcohólicos o viciados en el tabaquismo. El al- coholismo no me parece haber sido factor primordial en la mayoría; el taba- quismo tampoco, aunque, probablemente hay mayor abuso del tabaco. Del es- tudio que emprendí respecto a las labores, llegué a lo siguiente: los empleados del Departamento, trabajan seis horas diarias en la mañana o en la tarde, y se desvelan durante días seguidos, cada días. Inquirido el lugar en (pie vivían los enfermos, obtuve estos «latos: la mayoría habita en las de- marcaciones Ia., 2a., 3a., 4a. y 5a. Sus habitaciones se reducen a viviendas que tienen casi siempre dos piezas de pequeñas dimensiones, tres a lo más; y por otra, he apuntado que hacen uso para recámara de alguna de estas piezas, en donde casi siempre duermen más de dos personas. En otras habitaciones cier- tamente es reducido el número de personas que habitan en relación con las proporciones de la pieza; pero en cambio, hay exceso de muebles y de cortina- jes; en suma, hay acumulación de personas o muebles que disminuyen la ca- pacidad aérea, evitando la buena ventilación. Respecto de las enfermedades anteriores, siempre entre los empleados que enfermaron, supe que desde que trabajan en el salón de aparatos, algunos de ellos se han vuelto enfermizos: lo que he confirmado porque, efectivamente, las faltas a su ocupación de tres y hasta cinco veces al año, han sido por enfermedad. Después de estas obser- vaciones comprendí que una de las principales causas para el desarrollo de estas dolencias, era la defectuosa ventilación que palpablemente anoté en la visita a las habitaciones y también en el famoso Departamento; siendo el caso curioso de que, viviendo la mayoría de los empleados en las habitaciones (pie he descrito, los que trabajan en otros departamentos (pie están bien ventilados, no enfermaban. El mal. pues, radicaba en la escasez de ventilación del men- cionado salón que tanto material dió a mis pesquisas. Es de mi deber ampliar estas observaciones, describiendo el referido De- partamento. Está colocado en la planta baja del edificio, descansando sobre amplios sótanos; está orientado al Norte y al Este, teniendo una extensión de .">7.40 metros y una anchura de 8.50. Cuenta con suficientes ventanas que ven a la propia orientación; teniendo también al Sur algunas vidrieras; sus paredes y techo están cubiertas de es- tuco; el piso en un principio era de mosaico: la luz natural es abundante; la presencia del sol es por muy cortos momentos en la mañana; la temperatura < s baja, acentuándose en el invierno. En mi concepto, éste es el departamento más frío de todo el edificio. Llamará la atención el por (pié contando el De- partamento con ventanas, no se practica una ventilación abundante; pero la respuesta está en que, al abrirse, es tal la cantidad de aire (pie penetra, que en- fría de un modo increíble el local. El número de empleados que constantemen- te lo ocupa es de 70 diariamente. Habiendo establecido la prueba plena de que no había entre los motivos más sobresalientes al desarrollo de males infecciosos y otros, que la falta de ventilación, propuse al Director de la Oficina, la conveniencia de llevar a ca- 291 bo reformas de higiene en el local, cuna de dolencias en esa corporación la- borante. Fui oído, y hechas las reformas que consistieron: en el cambio de piso, pues de mosaico (pie era, fué substituido por de madera; abrir algunas venti- las altas en los lados Este y Sur, prohibiendo abrir las (pie ven al Norte. El objeto fué conseguido alhagadoramente: el número de enfermos dis- minuyó en rápido progreso, hasta asegurar totalmente que en el lapso de cin- co meses de las reformas a la fecha, son de índole simple los casos de enferme- dad que, del antiguo surtidor de infecciones generales, principalmente de ta- bardillo, se me presentan de aquel departamento, apesar de los agudos descen- sos de temperatura en diversas ondas frías que visitan el Valle. Hesi.men. Las enfermedades infectocontagiosas y en particular, la endémica tabar- dillo, son en su mayoría nacidas, aparte de su sinnúmero de concurrentes, por la viciosa atmósfera que en algunos centros se hace propicia a la incuba- ción de bacterias. Las anteriores observaciones (pie tan trivialmente presento a la considera- ción del Congreso, y que obedecen a la forma práctica más rudimental en el campo médico, me hacen asegurar (pie en el concepto de educadores enmedio de nuestra mediocre civilización, es de imponerse a nuestros deberes como con- servadores de la relativa salud humana, difundir en nuestra clientela enseñan- zas de índole trascendente, como es la de que la ventilación de habitaciones, centros de reunión en general, fábricas y colegios, se haga en la forma más amplia que a sus circunstancias de orientación convenga mejor. Mi propuesta es de aceptarse por lo sencilla, pues si cada uno de nosotros pensamos propagar entre los seres (pie a nuestra clínica vienen en busca de salud, enseñanzas de la índole que expreso, aparte de otras muchas a que se presta nuestra profesión; lograremos si no extirpar males infecciosos que co- rroen a la raza, cuando menos reducir su potencialidad exterminadora. Permitidme, señores congregantes, me atreva a exhortaros de este modo, ya que en la Medicina encontramos problemas tan difíciles de resolver, en cuanto a la aplicación eficaz de nuestros conocimientos; aprovechemos siquie- ra las máximas que de nuestra práctica aprendemos en el camino de la Higie- ne; (pie con este modo educativo practicado, por cada uno, en nuestra órbita, se conseguirá sea llevada con discreción la defensa más poderosa contra los ejércitos de microbios que nos rodean. Integrado este Congreso por elementos de valía y buena fe reconocida, es a mi deber pedir de su benevolencia, no tome en consideración lo exiguo de mi cooperación en el fin (pie se propone, sino que, coloque en su balanza la defi- ciencia de mi dicho y la buena voluntad que lo sugirió. México, enero 22 de 1919. 292 Anexo al trabajo del Dr. Antonio Balvanera. Agosto de 1917. Septbre. ,, Octubre ,, Novbre. ,, Dicbre. ,, Enero de 1918. Febrero ,, Marzo ,, Abril ,, Mayo ,, Junio Julio Agosto ,, Septbre. ,, Octubre ,, Novbre. Tifo 1 Id 3 Id 3 Id 1 Id 4 Probable tifo 3 Tifo 4 Id .1 Id 2 Id 6 Id 4 Reformas higiénicas Gripa 1 Inf. gl 6 Gripa 3 Id 4 Id r Inf. gl 4 Id. id.. . 2 Gripa 26 Id 8 Inf. gl 3 Gripa 45 Id 61 Predominaron las enfermedades gastro intestinales. 293 CUARTA SERIE. ¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a I05 atabardillados? Dk. Antonio Reséndiz. La Junta Organizadora del Congreso N. del Tabardillo, tuvo a bien hon- rarme, invitándome a tomar parte en tan interesante reunión científica, y qui- so distinguirme señalándome para desarrollar el tema "¿Qué régimen alimen- ticio conviene generalmente a los atabardillados?" En verdad, el asunto es tan interesante, que forma él solo uno de los pun- tos que aquí han de tratarse; justificándose de esta suerte el aserto del doctor Alberto Deschamps, que en su obra Les maladies de Vénergie, exclama: "una de las primeras preocupaciones del médico debe ser arreglar la alimentación del enfermo." Pero si importante es el postulado, mi incompetencia para tra- larlo es indiscutible; tanto más, cuanto que forzosamente tengo que referir- me al tabardillo, dolencia que ha ocupado nuestras más doctas plumas a un grado tal, que el más distinguido de nuestros clínicos contemporáneos, en su magistral tesis de concurso "La Etiología del Tabardillo," afirma que se ha es- crito tanto a propósito de esta enfermedad, que es difícil encontrar algo que no haya sido ya dicho. En tal virtud, pido a ustedes mis excusas por venir a referirles lo que ya íes es de sobra conocido; rogándoles al propio tiempo, disculpen mi notoria insuficiencia, y suplicándoles vean mi estancia aquí, solamente como el obede- cimiento a un mandato superior, ante el cual tuve que prescindir de toda clase de consideraciones. Armando Gautier, en su obra L'Alimentation et les régimes, asienta que: "Bajo las más variadas formas el individuo fisiológico se sirve para su nutri- ción de tres substancias, que son: los albuminoides, los hidratos de carbón y las grasas. Si a ellas se agrega el oxígeno inspirado, se tendrá el total de lo que el hombre necesita para su vida." La Fisiología afirma igualmente que, para que esas substancias puedan ser utilizadas, deben experimentar en la economía una serie de fenómenos físi- cos, químicos y biológicos, capaces de engendrar las energías caloríficas, diná- micas o vitales necesarias para el funcionamiento del individuo. Es decir, el ali- mento debe proporcionar dos cosas que muy a menudo se confunden : energía y materia. Los fisiólogos pretenden conocer ambas condiciones, suponiendo al hom- bre como un "motor animal," en el cual se instituye un régimen alimenticio su- ficiente, teniendo como tal, a aquel que compense las energías gastadas, fijan- do la cantidad de los ingesta por el monto de las pérdidas experimentadas, y 294 estimando aquéllas y éstas por colonias, según la clásica teoría de Armando Gautier. Mas este concepto, demasiado teórico y que no abarca la totalidad del magno problema, va perdiendo adeptos desde que Chauveau y Laulanié cal- culan el valor de los alimentos no por las calorías que desarrollan, sino en pe- sos isoglicósicos, " puesto que (dicen los mencionados autores) el valor nutritivo de los principios inmediatos, debe ser proporcionado a su rendimien- to en glicosa." Y si dentro de lo fisiológico, el acuerdo no existe, forzosamen- te que en la Patología y en la Clínica, las dificultades aumentarán multipli- cándose los escollos. Así, en las enfermedades llamadas de la nutrición, como la obesidad y la diabetes, Jos regímenes alimenticios son casi tan numerosos como los autores que se han ocupado de las mencionadas dolencias; siendo tal el número de los aconsejados para el último de los padecimientos a que me re- fiero, que, en la Presse Medícale, 3 de enero, 1906, el Prof. Mastinet, en su ar- tículo Les hydrats de carbono choz les diabétiques, califica de "revolucionario" al período en el que no tan sólo se tolera que el diabético tome ciertos hidratos de carbono, cuerpos amiláceos o azucarados, sino que se le aconseja que los utilice como medios antidiabéticos. En las enfermedades microbianas si no existe la riqueza de regímenes ali- menticios (pie se halla en los padecimientos de la nutrición, hay, empero, los bastantes para impresionar al espíritu, despertando ciertas dudas y dando mo- tivo para hacer siquiera someras consideraciones. En la fiebre tifoidea, padecimiento que clínicamente se encuentra agotado, cuyo germen se ha identificado hasta en sus más nimios detalles biológicos, cuyo medio de transmisión es de sobra conocido y en el cual se dispone hasta de sueros curativos y profilácticos; en lo que atañe a la alimentación del dotie- nentérico, existen hondas divergencias que se aprecian fácilmente hasta en las más conocidas y vulgares obras que tratan de la materia. Así, en la excelente obra de Patología Médica de Brouardel-Gilbert-Thoinot, en el tomo dedicado a fiebre tifoidea, se lee: "La mayor parte de los médicos en Francia se limitan a prescribir durante el período de estado 1 ó 2 litros de leche y caldo ligero"; y más adelante: ''Otros autores. Gournitzky, Manasseine, Tshouchewsky. Pru- ritz, en Rusia, Vaquez en Francia, han pensado que no habría ningún incon- veniente y sí por el contrario, grandes ventajas en dar a los tíficos una alimen- tación aún más substancial." En la obra de Terapéutica, publicada en París bajo la dirección de Charles Robín, se afirma, a propósito de la fiebre tifoidea, que, los médicos en Rusia, dan a sus enfermos, carnes, huevos, etc., y que, sin embargo de que en Francia se aconseja únicamente la leche, no por esto es mayor la mortalidad por do- tienenteria en Rusia, de lo que es en Francia. A un examen superficial de lo que llevo referido, se tendrá la impresión de que existe un estado caótico; mas si con ánimo sereno se medita, entonces se llegará a la conclusión de que aquel principio de que no hay enfermedades, sino enfermos, tiene una amplitud mayor, mas por desgracia, olvidada, y es que no hay regímenes exclusivos, sino regímenes individuales. La mayoría se preocupa principalmente del valor del alimento, dejando en segundo lugar y como se- cundario, lo oue realmente tiene importancia capital: el valor del alimentado. Al principio de este trabajo, manifesté que en rigor, se carece de un me- dio que sin dejar lugar a dudas precise la cantidad y calidad de los alimen- 295 los necesarios para el funcionamiento del organismo animal; pero a pesai de esto y dentro de la relatividad del conocimiento que se adquiere ya ponien- do en práctica el método de las colonias o de Gautier, ya el de los pesos iso glicófticos, como quieren Chauveau y Laulanié, se sabe que el mismo enfermo un día utiliza mejor los proteicos, otro, los hidratos de carbono; y estas diferen- cias, en las más de las veces, no dependen de alivio o agravamiento del es- tado patológico, sino que son debidas a reacciones humorales, quizá a la ali- mentación misma o tal vez a causas psíquicas u orgánicas, o a modificaciones en los procesos metabólicos. Teniendo presente que los regímenes son individuales, que tanto importa conocer el valor del alimento como el del alimentado, la capacidad digestiva de éste, la relación que debe existir entre la materia y energía ; en una pala- bra, atendiendo en cada caso a las necesidades presentes, voy a ocuparme de la alimentación en el tabardillo, procurando colocarme dentro del lógico erite rio que inspiró a la Comisión, que propuso el presente tema. Para ello me ocuparé primero del enfermo y en segundo lugar del convaleciente. En el atabardillado los procesos de la nutrición se encuentran siempre alterados, tanto más, cuanto más intenso es el ataque que sufre el sistema ner- vioso . El conocimiento que la Química ha proporcionado de los excreta, princi- palmente por el examen de las orinas; ios análisis de la sangre verificados por diversos médicos, principalmente nacionales, revelan la concentración de los líquidos y la retención de cloruros, como fenómenos capitales y constantes. Las degeneraciones en los músculos de fibras estriadas, demostrada por Ul- rich (Publicaciones del Instituto Patológico. 1911), y la astenia y adina- mia más o menos marcada, es lo que caracteriza al tabardillo en el período de estado. Precisamente este estado de adinamia es el que obliga a dar el alimen- to bajo la forma líquida; y el líquido que se suministra a todos estos enfermos, es el agua. Esta no tan sólo con el objeto fisiológico de mitigar la sed, sino principalmente para introducirla en el organismo y facilitar así la nutrición ; siendo su presencia enteramente indispensable para los actos de asimilación y desasimilación, y tal vez como pretende Saloma, para combatir lo que él lla- ma "policitemia tífica" en su folleto "Transmisibilidad del tabardillo, trata- miento y algunos de sus síntomas." Respecto de la cantidad que debe ingerir el enfermo, es muy común que se aconseje la de dos litros por día. Pero esto es imposible realizarlo en la práctica, núes hay que tener en cuenta las condiciones individuales; podiendo darse como regla (pie, el enfermo debe tomar tanta agua cuantas sean sus necesidades individuales; pero teniendo siempre presente que hay que dar- le más que en el estado normal, para facilitar su diuresis y combatir la clor- urhemia. La forma más común de suministrar el agua, es proporcionarla en estado natural. Sin embargo, las aguas ligeramente aciduladas tienen un sabor que agrada a algunos enfermos, les obliga a tomar más y sirven para activar los procesos digestivos. Después del agua, la leche es el alimento de elección. Su composición quí- mica, su fácil digestión, su poder diurético, su pobreza en cloruros y el ori- gen que da en el intestino a ácido láctico, que impide las fermentaciones, ha- 296 cen de ella el alimento ideal. Debe insistirse, por las razones expuestas, pa- ra que la tomen los pacientes; venciendo la resistencia que algunos presentan, ya dándoselas endulzada, o bien con alguna infusión aromática, etc., o recu- rriendo a la leche descremada, a la conservada o a la fermentada. Lo que im- porta es sostener el régimen lácteo. (Vingt régimes alimentaires. Ch. Fiesin- ger. 1917. Régimes alimentaires. Marcel Labée. 1917). La cantidad que debe de suministrarse, variará con las condiciones del enfermo, teniendo siempre presente la necesidad de darla a intervalos regu- lares, excepción hecha de cuando haya vómitos o náuseas; caso en el cual se proporcionará helada cuantas veces sea necesario y siempre en cortas can- tidades. Los atoles tienen la ventaja de que, por su composición, dan lugar a muy escasas fermentaciones y aumentan el valor energético del individuo, •Les maladies de Vénergie. Deschampa) siendo de recomendarse en los ta- bardillos de forma adinámica. En aquellos en los que de un modo muy ostensible hay tendencias hemo- rrágicas, convendría usar gelatinas, que hasta podrían contribuir a comba- tir las pérdidas sanguíneas. Las carnes y los caldos grasos, hay que suprimirlos, pues siendo de difí- cil digestión, podrían acarrear trastornos que vendrían a agravar el estado patológico. Además,la albúmina es muy estable,se renueva pocoycuando no hay trabajo físico, los cambios azoados son casi nulos. Respecto al uso del alco- hol, puede darse a pequeñas dosis, de preferencia en las formas adinámicas. En la convalecencia es muy común que se pase bruscamente del régimen lácteo a la alimentación mixta, y ésta en ocasiones trae serios trastornos. No es extraño, en efecto, observar que, después que ha desaparecido la calentura, se presentan vómitos incorregibles, de patogenia dudosa, y este fe- nómeno se nota a menudo en aquellos enfermos que prematuramente abando- nan el régimen lácteo. Además, la astenia del convalenciente es causa pode- rosa de «pie los fenómenos digestivos se efectúen difícilmente; y si a esto se agrega el estreñimiento tan común en el tabardillo, se justificará que la die- ta láctea debe prolongarse por lo menos una semana. Está tan ligada la alimentación con el tratan^iento, que en el curso de estos apuntes, con frecuencia invoqué razones de orden terapéutico; pero esto se debe a que en el paciente, el régimen alimenticio debe responder no tan sólo a necesidades fisiológicas, sino también y muy principalmente, debe servir para recuperar la salud perdida. 297 Práctica de la auto-desinfección presentada en forma de memoria, ante el Congreso Nacional del Tabardillo. Dr. José Tirado Balcázar. No es a mi palabra desautorizada i casi nula, a quien corresponde enal- tecer la importantísima significación del "Congreso Nacional del Tabardillo," i sus fines humanitarios, altruistas por excelencia; la sociedad mexicana, sin tiéndese flagelada duramente por la terrible enfermedad del tifo, verá en los hombres de ciencia que se afanan por librarla de los golpes mortales que le asesta traidoramente un enemigo temible, a los dignos auxiliares de la vida, a los verdaderos Médicos, que levantando el majestuoso vuelo de su sereno pensamiento, muy por encima de las miras pequeñas, persiguen con loable es- fuerzo un ideal grandioso, digno de los seres racionales, digno de aquellos a quienes está encomendada la conservación de la especie humana, en condicio- nes saludables, para realizar el aforismo de: "Mente .sana en Cuerpo sano." lisa sociedad será la que otorgue el merecido galardón a quienes aporten a es te Congreso, un contingente provechoso. Sintiéndome honrado al ocupar un lugar que no merezco entre los hom- bres doctos, rompo de un golpe el opaco cristal que oculta la fingida modestia, i confesándome insuficiente, pido aliento a mis colegas, para poder expresar mis ideas de la manera más clara i sencilla que sea posible, pretendiendo con ello simplificar, ya que no puedo resolver el importante problema que teñe mos al frente. No me propongo hacer un estudio concienzudo acerca de la pa- togenia del tabardillo, porque después de lo mucho que han tratado este asun- to, las lumbreras de la ciencia médica, resultaría una luz mortecina mi tra- bajo, por mas que me esforzara en amplificarlo; por otra parte, considero al recto criterio de los presentes, perfectamente ilustrado con los estudios he- chos acerca de la enfermedad que nos ocupa, i por los trabajos clínicos que en la cabecera de las doloridas víctimas, hallan desempeñado con verdadero acier- to. Voy a exponer ante el juicio crítico de los muy competentes profesionis las que me escuchan, el fruto exiguo de una corta práctica, dirigida por la mas vehemente voluntad para ser útil a mis semejantes. Quizá impropiamente titulo " Auto-desinfección ", al método que he seguido para curar el tifo, pero como ello no es el punto capital de mi di- sertación, pido perdón por el dislate i me permito entrar en materia. (1) El acuerdo especial que respecto a esta memoria hubo de tomarse en el Congreso, que dice: "X. Sera publicado el trabajo del Dr, José Tirado Balcázar, seguido de la acta relativa a la protesta que suscitó", requipre que se conserven la ort< grafía y la forma exactas del original. Más adelante, entre las Actas de las sesiones del Congreso Nacional del Tabardillo, se verán los conceptos emitidos a propósito del trabajo de referencia. (N. del Relat. Sur-' 298 Considerando como una enfermedad microbiana la que ocupa nuestra atención, la mira principal de mis trabajos se dirigió a buscar un medicamen- to microbicida, cuya actividad como tal, no perjudicara en lo más mínimo al organismo profundamente alterado de los tifosos; después de algunos estu dios i aplicaciones prácticas, tuve la fortuna de encontrar una substancia que ingerida en forma sólida por la vía bucal, llega al estómago i poniéndose en presencia de los jugos de reacción ácida contenidos en él, se descompone des- prendiendo un gas que al atravesar los tejidos, para ser eliminado, mata los micro organismos alojados en ellos, i deja un residuo tan fácilmente asimila- ble como los alimentos. La condición precisa es, propinarlo con suma cons- tancia, para tener al enfermo en un estado de saturación, provechosa para él i quienes le rodean. La atmósfera microbicida que es perceptible hasta en torno del lecho, ob vía los inconvenientes con que tropiezan las personas pobres, para cambiar fre- cuentemente la ropa a sus enfermos. El medicamento aludido, está compuesto con otras substancias que lle- nan indicaciones tan importantes como: prevenir la Adinamia, las perturba- ciones mentales, i alejar la periodicidad de los accesos vespertinos, disminu- yendo su intensidad i combatiendo el insomnio. El medicamento "Microbicida", está encerrado en cápsulas gelatinosas, que se ministran junto con el alimento, consistente en leche hervida i endul- zada, diluida con infusión de hojas de naranjo, una tacita cada dos horas. Como auxiliar de mi tratamiento, he mandado aplicar diariamente, dos o tres enemas emolientes, compuestas con medio litro de cocimiento de hojas de malva i diez gramos de aceite de ricino, cuando no hay diarrea. Esto es con el objeto de desembarazar el canal digestivo, de las materias infectantes que pueda contener. Sabiendo que la hipertermia, da lugar a complicaciones muy serias, he tra- tado de moderarla ya que en enfermedades como el tifo, no se puede hacer des- aparecer tan pronto como desearíamos; para combatir la calentura, he minis- trado comprimidos antitérmicos disueltos en agua potable, para formar una poción que propinada por cucharadas a intervalos más cortos mientras más intensa sea la fiebre, produce una suave diaforesis que hace descender la tem- peratura gradualmente, lo cual es apreciable por medio de las aplicaciones del termómetro, por lo menos tres veces en el día; las curvas obtenidas indican de manera clara la marcha descendente de la enfermedad, que va simplificán- dose en la mayoría de los casos. ¡La Adinamia! He ahí al enemigo del terapeuta que ha curado el tifo; el escollo fatal conque tropiezan sus más ímprobos trabajos, zozobran- do desgraciadamente con mucha frecuencia i defraudando de manera cruel sus más legítimas esperanzas ¡Cuántas víctimas hemos visto, que después de haber pasado los períodos más agudos i peligrosos del tifo, al principiar la convalecencia, sucumben por la adinamia! ¿Se conoce al enemigo? ¿Sabemos que aparecerá en el curso de la enfermedad? Pues lo natural es prevenir sus ataques, no esperando pa- cientemente que haga su funesta aparición, para poner en juego nuestros me- dios de defensa. Desde el principio de la enfermedad, he asociado al "Microbici- da," un medicamento "Neurasténico," con el fin de incitar al Sistema Ner- 299 vioso, para que ayude a desempeñar regularmente, las funciones fisiológicas del organismo; pero cuidando con esmero de no excitarlo, porque ello no sería conveniente. Acabo de referirme a los tres puntos capitales, a que se ha dirigido prin- cipalmente mi atención, tratando de curar el tifo; pero todos sabemos que existen muchos síntomas que no deben ser descuidados, pues el enfermo i sus familiares, lo reclaman con insistencia. La cefalalgia torturante en el primer período de la enfermedad, cuando el paciente aún tiene conocimiento de sí mismo, exige ser combatida eñcazmente, para lo cual he usado comprimi- dos "Cefálicos" que se disuelven en la misma poción que el antitérmico. La periodicidad de los accesos vespertinos hacen las noches insoportables, agravando con el insomnio la situación angustiosa del enfermo i quienes lo asisten; para evitar tales molestias he asociado en las cápsulas microbicidas un medicamento "Antiperiódico," que siendo completamente soluble, puede ser ingerido fácilmente, i sin fatigar a el aparato digestivo, es eliminado como los demás después de producir sus efectos terapéuticos. Para neutralizar los efectos morbosos de los productos sépticos, he di- suelto en la poción, comprimidos "Antisépticos," pertenecientes como los otros medicamentos mencionados, a mi botiquín especial, cuyas fórmulas voy a patentar, por constituir ellas el único patrimonio de mi familia; pero cu- ya eficacia estoy dispuesto a demostrar en el tiempo i lugar que me sean de signados. Con el tratamiento descrito, he conseguido en multitud de casos que han sido sospechosos en tiempo de la epidemia del tifo, hacer abortar la en fermedad. Sabiendo que hay muchas otras indicaciones que llenar en el trata- miento del tabardillo, pues no todos los casos son exactamente iguales; por m> ser prolijo en esta teoría, me reservo para demostrarlo en la práctica. Tratando de contestar algunas de las preguntas contenidas en el progra- ma DE ESTUDIOS QUE LA COMISION ORGANIZADORA DEL CONGRESO DEL TABARDILLO, se dignó proponer, me permito molestar vuestra atención, haciendo una ligera reseña de mis últimos trabajos. Hallándose situada la Villa de Tlalnepantla, Méx. en las estribaciones de las montañas que circuyen por el Norte el hermoso Valle de México, i distan- do 12 kilómetros de esta Capital, sus condiciones climato-telúdico-atmosféricas son casi las mismas; pero teniendo la desventaja de no contar con buena agua potable ni con un drenaje completo. El tabardillo se presenta anualmente en el invierno, i casi siempre es im portado por la gente pobre que viniendo a trabajar en el Distrito Federal, hu- ye del aislamiento a que son sujetados los enfermos de tal dolencia, que no cuentan con elementos para su curación en lo particular. A fines del año de 1915, que desgraciadamente fué excesiva la escasez de alimentos, i por disposición del Superior Gobierno del Estado de México, se prohibió la fabricación i expendio del pulque, coincidiendo esto con la escasez de agua potable, todo ello dió lugar a un trastorno profundo en el régimen de vi- da individual; el tifo tomó la forma epidémica generalizándose en la pobla- ción, i declarándose también entre los individuos que componían la Brigada "14" perteneciente al Cuerpo de Ejército de Oriente 4a. División del Ejército Oonstitucionalista, a las órdenes del hoy General Sidronio Méndez. La epide- mia invadió por completo la región, durando' hasta los primeros meses del 300 año de 1916. La mayor ¡jarle de los individuos atacados por el tifo, fue por primera vez; el estado miserable de la gente pobre i las necesidades de la cam- paña en la tropa, trajeron consigo el mayor desaseo i la multiplicación de los piojos blancos. Las circunstancias de ser yo, el Delegado de la Cruz Hoja Mexicana en Tlalnepantla, i el haber enfermádose el personal del Servicio Sanitario Militar de la Brigada nombrada antes, hicieron que accidentalmente me encargara de la Jefatura de dicho Servicio. Convertido el "Hospital de Sangre" en hospi- tal Militar, el primer paso que di fué hacer en el local una amplia desinfec- ción irrigando: techos, muros i pisos con solución acuosa de Pacocreolina i Formol, después de lo cual mandé transportar los enfermos existentes en los carros del F. C. a las salas del hospital, donde tuve encamados muchos enfer- mos durante tres meses, al fin de los cuales i cuando la Brigada marchó para Atlixco Pue. desde aquella población telegráficamente me pidió cuenta su Jefe, del estado en que se hallaban los Oficiales i gente de Tropa, que enfermos de tifo quedaron a mi cuidado, tuve la satisfacción de contestarle: todos dados de alta, remitiéndolos a su destino. Por casualidad si se quiere, ¡«ero el caso fué que no tuve ninguna defunción; de ello debe haber constan- cias en el Archivo de la Brigada "14". El tratamiento curativo que seguí, fué el que describí al principio de esta memoria; pero haciendo algunas modifica- ciones según lo requerían las circunstancias, como: dar a tomar el medicamen- to "Microbicida" en polvo desleído en una cucharada de leche, cuando era difícil la deglución; en los casos de hemorragia, inyectar solución de Ergotina de Ivon; cuando se iniciaba la paresia cardíaca, aplicar inyecciones con Ca- feína i Benzoato de sosa, etc. etc. En general no hubo complicaciones en los casos que traté desde sus principios, i si hubo multitud de personas en quie nes se sospechaba el tifo i no llegó a declarárseles; quedando yo con la duda de si fué yugulada la enfermedad, o no fué tifo el mal que se presentaba. Ha- biendo relevado la Brigada 2a. al mando del General Carlos García, a la que he mencionado tantas veces antes, ya fuera por la confianza adquirida por mí, ya por un descuido suspendiendo el uso de mis cápsulas que tomaba co- mo profiláctico, o por la picadura que me hizo un piojo blanco en el ante- brazo izquierdo, lo cierto fué que se me declaró el tifo, teniéndome encamado 11 días durante los cuales me fué aplicado el mismo tratamiento descrito. En el Servicio Militar no tuve ningunas dificultades, pues mis disposi- ciones eran obedecidas al pie de la letra; en la clientela civil pude observar que: cuando se suspendía el uso del medicamento "Microbicida," i la medica- ción antitérmica, la fiebre aumentaba, la lengua tomaba el aspecto saburral i el estado tifoideo se acentuaba por completo. Un individuo que en el primer período del tifo se levantó de su lecho a to- mar un jarro de pulque frío, murió por una complicación con neumonía: una señora que no quiso tomar cápsulas i siguió otro tratamiento empírico, murió por complicación con peritonitis; i otra señora que habiendo entrado en con- valecencia exigió que se le diera medio litro de atole de harina tomándolo en una vez, murió congestionada. De los escasos datos anotados en esta reseña, los doctos Médicos aquí reu- nidos, apreciarán lo que a su juicio merezca su atención; yo me concreto a pro- testarles la veracidad de mi relato, pidiéndoles perdón por todos los defectos 301 que en él hallan notado, i repitiendo el ofrecimiento que hize al principio, con- sistente en hacer demostraciones prácticas del tratamiento que he seguido pa- ra curar el tabardillo. Considerando obra patriótica contribuir al estudio del Tifo Mexicano, tra- tando de extinguirlo; despojándome del "amor propio," humildemente pongo ante vuestra consideración el pobre esfuerzo de que es capaz mi escasa inteli- gencia, cuya falta suplen los deseos que tengo de ser útil a la Humanidad. 303 Tratamiento del tabardillo. DI). Adolfo Hernández y Mariano Rodea. Respecto al asunto que forma el objeto de esta tesis, los médicos han 'Creído dividirse en dos grandes grupos: unos que opinan que el tabardillo es susceptible de tratamiento, y, por tanto, que el resultado que obtiene un en- fermo atacado de este mal, lo debe, en gran parte, al método empleado por el médico durante la enfermedad; y otros (pie afirman que el médico está despro- visto de medios para combatir la enfermedad, y «pie, si el tifoso cura o muere, se debe al grado de intensidad de la infección, al grado de resistencia del pa- ciente, al medio, etc., etc. Dijimos que han creído los médicos dividirse en los dos grandes grupos ja señalados, y ahora afirmamos que tal creencia es errónea, pues, según nues- tros actuales conocimientos, no hay quien trate el tabardillo por un proce- dimiento especial y exclusivo para él, ni hay tampoco quien, al hacerse cargo de un atabardillado, lo deje entregado a sus propias fuerzas y, expectante, ob- serve la lucha entre el desconocido agente de la infección y el organismo atacado. Ciertamente que ni lo uno ni lo otro es exacto, y todo médico que es so- licitado para atender a un enfermo de tabardillo, hace algo, se traza un plan, con mayores o menores esperanzas de que le dé resultados, pero que de todas maneras significa un tratamiento. A nuestro juicio, hay más: el tabardillo se trata actualmente como la mayor parte de las enfermedades infecciosas (infecciones generales agudas), cuyo medicamento específico aún no se determina; pero usando de algunos medios, que, si en esas infecciones no dan resultados benéficos muy notables, en el tabardillo sí los dan; aun cuando esto no quiera decir que empleando esos medios el enfermo de tabardillo curará forzosamente: nos referimos, por ejemplo, a la hidroterapia. En el grupo de enfermedades designadas con el nombre de infecciones in testinales, la hidroterapia es un recurso muy pobre que casi nunca produce un resultado benéfico apreciable. Por el contrario, en el tabardillo, la hidrote- rapia, como tratamiento sistemático y como tratamiento sintomático, da, casi siempre, resultados útiles apreciables. Ensayando, observando y escogiendo lo que nos ha parecido más útil do lo que algunos textos consignan; lo que nos enseñaron nuestros maestros y lo que hemos podido aprender en el ejercicio de la profesión, en nuestra locali- dad y al lado de los compañeros, vamos a exponer al ilustrado criterio de este < Congreso el resultado de nuestros esfuerzos. 304 Ante todo, en el tratamiento de cualquier enfermo de tabardillo, seguimos un procedimiento que dividimos en dos partes: una que es sistemática, casi la misma para todos los enfermos, con muy pocas variantes; y otra que con- siste en un tratamiento circunstancial, propiamente sintomático. La primera parte es en general, como sigue: a todo enfermo que nos soli- cita en épocas de tabardillo y con pródromos febriles, le prescribimos: aisla- miento en una habitación donde el aire y la luz puedan penetrar ampliamen- te, un purgante de aceite de ricino (25 a 60 gramos, según la edad, sexo y con- diciones), lavados con agua hervida de las cavidades bucal y faríngea, tres veces al día, lavados de los ojos, conductos auditivos externos, fosas nasales: lavados intestinales (estos últimos, dos, hechos con dos litros de agua herví da cada uno y con sonda de Nélaton de los números 24 a 28) ; dos fricciones de alcohol diariamente en casi la totalidad de la piel; en las mucosas bucal y faríngea, aplicamos, además de lo ya expuesto, unos toques de glicerina y resorcina en la proporción de diez para cada uno, o uno de resorcina por vein- te de glicerina. Tenemos bastante cuidado de (pie al enfermo se le cambie diariamente su ropa de uso personal y la de cama. Con objeto de evitar al paciente, en todo lo posible, el gasto de energías, le prescribimos, como única prenda de ropa, un camisón abierto por todo el frente, con sus correspondientes botones o cin- tas. Como régimen alimenticio, leche únicamente, cada tres horas, procuran do que tome de dos y medio a tres litros por término medio en veinticuatro ho ras, tratándose de un adulto. Le obligamos, también, a ingerir la mayor can- tidad de agua que sea posible o cualquiera bebida acuosa ligeramente acidula- da y azucarada y a la temperatura ambiente o helada. Si se trata de un adul- to. le hacemos ingerir también pequeñas dosis de alcohol desde el primer sep- tenario (20 a 30 gramos de coñac en cucharaditas, durante el día) ; si se trata de un alcohólico, aumentamos la dosis de coñac, hasta una cucharadita cada vez que tome leche o agua. En algunas ocasiones y especialmente tratándose del sexo femenino, substituimos el coñac por algún vino blanco, dulce o seco. Usamos el alcohol en esas pequeñas proporciones, para los que no lo acostum- bran, porque nos parece un buen tónico que no deprime al enfermo después de su acción. En el alcohólico, parecen obvias las razones que se den para fun dar su uso. El agua es uno de los elementos que empleamos con mayor amplitud en el tratamiento de los tifosos, y creemos también (pie es uno de los materiales más útiles de que disponemos, usado tanto al interior como al exterior. Al inte- rior. diremos que el paciente, teniendo sus mucosas bucal y faríngea secas, el contacto con el agua le proporciona gran alivio; sus primeras degluciones son torpes por la misma sequedad de las mucosas y por el estado tifoso; pero las siguientes, ya son más fáciles, debido, según parece, a que, primeramente, se humedece y suaviza la mucosa, y en segundo lugar, porque el estado cerebral sufre, aun cuando sea una ligera excitación, ya refleja o de alguna otra natu raleza, por la sensación fría del agua o por el acto de la deglución, o por un conjunto de circunstancias que no son del caso analizar; pero el hecho de ob servación es que el enfermo, después de haber ingerido una poca de agua, res pira mejor, habla algo y con mayor claridad, y, en algunos casos, duerme un poco. El agua favorece la diuresis: y todos sabemos la significación pro- 305 nóstica que tiene la emisión y cantidad de orinas de un enfermo de tabardillo; teniendo la ventaja, el agua, de que no es ofensiva para al riñón y la mucosa gástrica. Por estudios que en nuestro país se han hecho, se sabe que durante el ta- bardillo aumenta la consistencia de la sangre, por disminución de su agua; por tanto, si hacemos ingerir agua al enfermo, indudablemente que haremos crecer el título de ella en su sangre, aproximándolo al normal, y evitaremos o disminuiremos las congestiones y seguramente que también las hemorragias, pues si éstas se deben a rupturas de los vasos y a perturbaciones que origina la infección en ciertos puntos de las paredes vasculares, probablemente estas rupturas y perturbaciones, son favorecidas y quizá también, directamente cau- sadas por la lentitud en la. circulación, puesto (pie la mayor consistencia de la sangre, obliga al vaso a aumentar la energía de su contracción. Esto lo fatiga disminuyendo progresivamente su resistencia y energía contráctil, haciendo naturalmente más lenta la circulación; la naturaleza se encarga de vencer hasta donde puede, y lucha obligando al corazón a desarrollar más trabajo; pero el corazón es un órgano que tiene su límite de resistencia, y por eso ve- mos frecuentemente a los atacados de tabardillo sucumbir, porque su miocar- dio no tuvo la energía suficiente para funcionar hasta el final de la infección. Notamos en estos enfermos, la disminución en la secreción salival, y la poca saliva que se secreta, es pegajosa, falta de agua; las glándulas sudoríparas casi no funcionan, la orina disminuye, el excremento igualmente es seco y di- fícil de expulsar. En el enfermo de tabardillo hay, pues, falta de agua, y es ne- cesario proporcionársela. No hallamos expresiones suficientes para manifestar la importancia que creemos tiene, en el tratamiento que nos ocupa, en comparación siempre con la ruindad de los medios de que disponemos para combatir este padecimiento, el agua usada al exterior, lo que para la mayoría constituye propiamente la hidroterapia. El uso del agua en los enfermos, no deja de tener algunos peligros, pues por su estado patológico, son más sensibles al enfriamiento, a la acción de- presiva subsecuente de los excitantes, etc., etc. Por estas razones nosotros mis- mos bañamos a los enfermos y nunca dejamos que lo hagan los familiares. Por regla general encargamos que, una media hora antes del baño, se ventile ampliamente la habitación; momentos antes de darlo, cerramos lo mejor po- sible dicha habitación, cubriendo las hendeduras de las puertas; quemamos un poco de alcohol dentro de la pieza ya cerrada, para elevar su temperatura hasta un grado que soportemos cómodamente el enfermo, la persona que nos ayuda y nosotros. El baño lo empleamos, como ya se dijo al principio de este estudio, como método de tratamiento general, sistemático o para combatir sín- tomas aislados. En el primer caso, cuando no hay un síntoma predominante e intenso que combatir con el baño, procedemos de la siguiente manera: en una tina en la que el enfermo pueda estar cómodamente sentado y cubierto hasta el cuello, ponemos agua a una temperatura de medio grado o un grado mayor de la que tiene el paciente antes de tomar el baño. Desnudamos al enfermo, lo ponemos en decúbito dorsal, cubierto con una sábana. La persona que ayuda lo coge v levanta por las regiones poplíteas y nosotros por las axilas, sosteniendo su 306 cabeza; sin quitarle la sábana lo transladamos a la tina y lo sumergimos, de- jando que la sábana quede bien extendida sobre los bordes de la tina, para evitar que la piel mojada se ponga en contacto inmediato con la atmósfera y el enfermo tenga enfriamientos por la evaporación rápida del agua; dos o tres minutos después, empapamos una compresa o toalla con agua fría y la coloca- mos como un casquete en la cabeza del paciente. Esta combinación del agua fría en la cabeza del enfermo y caliente en el resto de su cuerpo, nos ha pare- cido que determina una mejor excitación sin ser perjudicial. En estas condi clones permanece el enfermo por unos dos o tres minutos más; en seguida, por el lugar correspondiente a los pies, arrollamos la sábana en una pequeña porción y por la abertura que queda introducimos en la tina agua fría lenta- mente hasta hacer descender la temperatura del agua unos dos, tres y hasta cinco grados de la inicial; dejamos al enfermo hasta ajustar diez minutos por total de duración del baño, si antes no le viene calofrío; y si esto sucede, lo sacamos en seguida que se inicia. Para sacar al paciente del agua, el ayudante lo toma por los huecos poplíteos y nosotros por las axilas, cuidando ambos de que la sábana se moje lo menos posible; cubierto con ella, lo transladamos a su lecho, en donde se ha colocado un sarape, el más grueso de que se dispone, y en él se le envuelve. Con la misma sábana que tenía al entrar y salir del baño, enjugamos su piel, quitamos esa sábana, lo dejamos envuelto en el sarape y lo cubrimos, además, con sus ropas de cama. Antes y después del baño acos- tumbramos dar un poco de te caliente ligeramente alcoholizado, para evi- tar posibles vértigos; una vez terminado, abrimos las puertas, procurando una amplia ventilación. En la mayor parte de las ocasiones, hemos notado en los enfermos, des- pués del baño, un bienestar general, que muchas veces ellos mismos expresan. Algunos duermen un poco; la temperatura se abate de medio a un grado, aun- que transitoriamente, por media hora y hasta por unas tres horas; también se nota que el paciente, dentro del agua y poco tiempo después de salido de ella, habla y deglute con más facilidad y razona mejor; algunos enfermos ori- nan abundante y fácilmente dentro del agua. En estas condiciones en que no se hace gastar al enfermo sus energías y se le evitan cuidadosamente las corrientes de aire, creemos que el baño es de gran utilidad, pues resulta un tónico general que no deprime, pasada su ac- ción; estimula las funciones de la piel, del riñón, de la vejiga, del corazón, de los vasos, del sistema nervioso, etc., etc., por acción directa o refleja. Acostum- bramos bañar a los tifosos desde el principio del segundo septenario, diaria- mente o cuando menos cada tercer día; bañamos a los niños, a los adultos y a los ancianos de uno y otro sexos. Exceptuamos del baño de inmersión, a los adinámicos o ataxoadinámicos, a los que tienen intermitencias en sus pulsa clones, y substituimos entonces la inmersión, por la aplicación a la piel de sábanas mojadas en agua caliente a la temperatura de uno o dos grados más que los que tiene el enfermo y por un tiempo de cinco a diez minutos. Este procedimiento nos parece de inferiores resultados que el primeramente descri- to, pero lo usamos en los casos en (pie se teme algún accidente dé impor- tancia. La hidroterapia como tratamiento sintomático, parece que también da muy buenos resultados. Mencionaremos los más importantes, teniendo en considera- 307 ción, previamente, que algunas de las condiciones del baño varían según los síntomas que se quiere combatir. Primeramente consideramos como más im- portantes, algunos de los síntomas nerviosos de origen cerebral; a un enfer- mo fuertemente excitado, con delirio violento, si se le sumerge en una tina con agua caliente a la temperatura de 40 ó 42 grados y se le mantiene en ella por quince, veinte o treinta minutos, se calma su delirio y aun entra en reposo. El baño se repite cuantas veces sea necesario: dos, tres y cuatro veces en el día. Si por el contrario, se trata de un enfermo postrado, que responde con pe- reza o aun muchas veces no responde a las excitaciones exteriores, si se le su- merge en una tina de agua dos o tres grados más abajo de la temperatura que el enfermo tiene, se reanima, habla, toma alimento, y da muestras de mejoría, aun cuando sea transitoriamente, pero que se aprovechan para la medicación a la alimentación, y que, de todos modos, son momentos de alivio en que el organismo lucha con ventaja contra la infección, y que, sumados, aumentan las probabilidades de salvación del paciente. En estos casos, puede ministrar- se el baño varias veces en veinticuatro horas. Si la temperatura es alta, la balneación se hará con agua caliente (1 ó 2 grados más que la del enfermo), y uno o dos minutos después de introducido en el agua, se abate la tempera- lura de ésta, mezclándola con agua fría hasta que descienda a 35 ó 32 grados. Aun cuando no se emplean frotaciones ni jabón en esta clase de baño, se guramente que el enfermo deja en el agua algunos de los gérmenes patógenos que llevaba y que pudieran asociarse a los productores del mal, lográndose así, en la cantidad mínima que se quiera suponer, la disminución en la inten- sidad del padecimiento. A las diversas substancias medicamentosas que se emplean en el tabardi- llo, francamente no les hemos visto dar resultados apreciables de alguna im- portancia. Nos referimos a las que se usan para combatir la infección, pues de las que se aconsejan para moderar o suprimir ciertos síntomas, hay algunas que son verdaderamente eficaces. Entre las primeras, hemos usado el cloruro de calcio en la dosis de 50 centigramos a 4 gramos por día, y desde el cuarto o sexto día hasta el catorce, y no se ha podido notar ningún cambio favorable en el curso del mal. Ni como sintomático nos ha parecido útil, pues las epistaxis no desaparecen ni dismi- nuyen ; las petequias no las hemos visto tampoco disminuir ni desaparecer; las metrorragias se presentan en muchas enfermas, a pesar del cloruro de cal- cio. Los metales coloidales que hemos usado, colargol y colobiasa de oro, tam- poco parece que den un resultado útil y práctico. En cuanto a la medicación sintomática, sí la creemos de gran utilidad, usándola con la debida prudencia. La antipirina, el piramidón o la aspirina para la cefalea. Estos medicamentos los usamos en la menor cantidad y por el menor tiempo posible, pues tememos su acción sobre el miocardio o los descensos bruscos de temperatura que fre- cuentemente originan. Cuando la temperatura llega o pasa de 40 grados y se sostiene por más de doce horas, usamos la criogenina, de preferencia a la quinina, pues parece más tolerable. Les ministramos a los adultos, de 50 centigramos a 1 gramo por Oía, fraccionando en cinco partes iguales, para tomar una cada dos o tres ho- ras, previa la consulta con el termómetro. Para las epistaxis, la solución ofi- 308 c.inal de adrenalina en tapones de algodón empapados en ella e introducidos, en las fosas nasales. El insomnio y el delirio nos parecen de los síntomas más rebeldes a la medicación. Con el bromuro de sodio o de estroncio hemos logrado, algunas veces, moderarlos. Los tónicos cardíacos, cafeína, digital y esparteína, los usamos lo me- nos posible, a dosis pequeñas y lo más tarde que se puede, en el duodécimo, décimotercero o décimocuarto día de la infección. Es de elemental terapéuti- ca el conocimiento que se tiene respecto a estos medicamentos, cuya acción del momento, es eficaz; pero como esta acción es transitoria y pasada ella, queda una fatiga del corazón y un funcionamiento del mismo más imperfecto y peligroso para el paciente, dejamos el uso de los mencionados medicamen- tos para cualquiera de los tres últimos días del período'evolutivo del tabardi- llo; y cuando la indicación de ellos es verdaderamente urgente, los prescribi- mos antes, pero por uno o dos días. Empleamos generalmente el benzoato de cafeína a la dosis de 20 centigramos en inyecciones hipodérmicas, una por día, o de 50 centigramos a un gramo por día, en cucharadas. El sulfato de estricnina lo empleamos en casi todos los enfermos de tabar- dillo, durante los dos o tres últimos días de la enfermedad, y los dos o tres primeros de la convalecencia, a la dosis de uno y medio a tres miligramos por día, en virtud de que el tabardillo es una enfermedad que determina una debi- litación general del organismo y particularmente del sistema nervioso. Es- te medicamento lo aplicamos por la vía hipodérmica o la digestiva, según nos parece la urgencia que de él tiene el organismo afectado. Para el hipo usamos mentó], cocaína, cloroformo, bromuros o pequeños revulsivos en la región epigástrica; advirtiendo que éste es otro de los sínto- mas que pocas veces hemos logrado corregir. Para la retención urinaria, aplicamos dos o tres sondeos por día, segui- dos de lavado vési couretral, con solución de ácido bórico al 2 ó 4%. Para aumentar la diuresis, en caso de que escasee la secreción urinaria, damos teobromina a la dosis de un gramo por día, lactato de estroncio uno o dos gramos por día, abundantes bebidas aciduladas, o infusión de grama o de estigmas de maíz. En algunas ocasiones de tenaz oliguria, hemos aplicado con buen resultado, sinapismos de mostaza en ambas regiones lumbares, sangui- juelas, en esos mismos lugares y sobre los riñones. La sequedad de la piel es un signo que a nuestro juicio no debe tratar el médico de modificar durante los catorce días de evolución del tabardillo, pues en el poco tiempo que llevamos de ejercer la profesión, no hemos visto tifoso que sude antes del décimocuarto día, (pie se salve; y si ésto es lo que sucede de un modo natural, creemos que los diaforéticos contrarían esta defensa na- tural del organismo, (pie procura conservar su agua para mantener un título de ella, en la sangre, lo más alto posible y próximo al normal. Antes de usar esta medicación sintomática, ocurrimos, como ya se dijo, a la hidroterapia, y con ésto queremos significar una vez más. (pie nos pa- recen más pobres recursos los medicamentos que los baños; sin que esto quiera decir que los últimos sean de una eficacia tal. que basten para garantizar, mé- dicamente hablando, el buen éxito de un tratamiento. Creemos que dados los estragos que en nuestro país ocasiona el tabardillo y los pocos elementos que tenemos para combatirlo, nos obliga a todos es- 309 tudiar el asunto y tratar de encontrar algo que sea de acción segura en contra del agente patógeno o de sus toxinas. Vamos a exponer a la consideración muy ilustrada del Congreso, los tra- bajos que para cumplir con esto, que consideramos un deber, hemos llevado a la práctica; suplicando que, si ellos constituyen un desvío de nuestro jui- cio o una fantasía exagerada, se sirvan aceptarlos sólo como un esfuerzo de nuestra parte para llenar un vacío. Durante mi práctica de estudiante (habla Hernández) en el Pabellón de Tifosos del Hospital General, entonces a cargo de mi maestro el señor doctor don Genaro Escalona, pude observar que la mayor parte de los empleados de ese departamento, que no habían tenido el tabardillo, lo adquirían, y, por el contrario, aquellos que ya lo habían adquirido, no lo volvían a contraer. Esto me hizo suponer, y después me lo confirmaron mis textos y maestros, que en los primeros había predisposición al mal, y que los segundos adquirían una inmunidad más o menos duradera. Prosiguiendo mis estudios profesiona- les, tuve nociones de sueroterapia, sobre la preparación de algunos sueros cu- rativos y preventivos, como el antidiftérico; preparación y aplicación de las inyecciones antirrábicas, etc.; y me llamé) la atención que si un caballo por la absorción gradual y progresivamente creciente, era susceptible, primero, de soportar impunemente grandes cantidades de venenos diftéricos, por ejemplo, capaces de matar a otro animal de la misma especie y no habituado previa- mente a la toxina; y segundo, que ese mismo caballo puede proporcionar su suero sanguíneo, como elemento curativo y aun preventivo, para el hombre atacado por el agente patógeno productor de la misma toxina a que el caballo se habituó; existe la circunstancia, importante en el caso, de que el suero pre- ventivo o curativo aplicable al hombre, proviene de especie enteramente dis- tinta. Más tarde, al preparar mi tesis recepcional, estudié con el mayor cuidado posible, las diversas teorías que existen sobre la inmunidad. No cabe duda de (pie un individuo, después (pie ha tenido el tabardillo, lleva en sí lo que se denomina una "inmunidad adquirida" en contra del mis- mo tabardillo y que le dura más o menos tiempo, según la intensidad de la in- fección que tuvo y según, también, las condiciones en que en lo subsecuente se coloque el individuo de que se trata. Procurando reunir en la expresión más corta las principales teorías que explican esta inmunidad, por el hecho de in- fecciones contraídas con anterioridad, diré que los gérmenes determinan mo- dificaciones en alguno o algunos de los elementos del organismo, haciendo (pie esos elementos adquieran la propiedad o estimulen su probable funcionamien- to, en determinado sentido, para producir substancias defensivas contra la ac- ción del germen o sus productos, es decir, substancias inmunizantes. Estas substancias inmunizantes, permítaseme la designación, son vertidas en los humores o recogidas por ellos y son las (pie se encargan de hacer ineficaz la nueva acción del germen patógeno. La experiencia de Roger, es bastante de- mostrativa: hizo dos cultivos de estreptococos,uno en suero de animal vacunado contra ellos y otro en suero de animal no vacunado. A las veinticuatro horas de la siembra, inyectó, debajo de la piel de la oreja de dos conejos sanos, en el uno, determinada cantidad de cultivo del desarrollado en suero del animal vacunado y en el otro conejo, la misma cantidad de cultivo, ]>ero tomado del 310 que provino de la siembra en suero de animal no vacunado. En este último se produjo una infección intensa que mató al conejo y en el primero sólo se deter- minó infección local ligera. Las substancias inmunizantes son dos: según unos, la alexina y la sensibi- lizadora; citasa y fijadora, según otros. Mettchinikoff cree que en un animal inmunizado, los leucocitos llegan a aumentar su aptitud para la destrucción de los gérmenes contra los que fue inmunizado el organismo, por la formación de substancias que llama estimulinas y que Wright, en un estudio más com- pleto, denomina opsoninas. Ehrlich cree que las celdillas producen y suminis- tran a los humores dos clases de substancias, una que llama complemento y otra a la que se designa con el nombre de sensibilizadora. La primera está for- mada de dos partes, una que llama zimotoxa y otra a la que designa con el nombre de haptófora: a la segundaba supone formada por sólo dos haptóforas y desprovista de zimotoxa. Al microbio patógeno lo supone formado por un grupo central y por receptores o cadenas laterales. El complemento de Ehrlich, por su parte haptófora, se fija o combina al receptor del microbio mediante la sensibilizadora, una de cuyas dos haptófo- ras, vendría a fijarse a la haptófora del complemento, en tanto que la otra se fijaría al receptor del microbio. En estas condiciones, la zimotoxa obra sobre el grupo central, parte específica y activa del germen, neutralizándola o des- truyéndola. De cualquiera manera que sea, el organismo lucha contra los gér menes o las toxinas por medio de la fagocitosis y por la producción de substan- cias bactericidas o antitóxicas, que reciben distintas denominaciones, según cada autor de quien sea la teoría. En lo que están la mayor parte de acuerdo es en que, alexina, citasa, opsonina o complemento, es vertido en los humores, adquiriendo éstos la propiedad bactericida o antitóxica. No me parece ilógico conjeturar, dado lo ya expuesto, que si un individuo tiene tabardillo y lo resiste, y queda con cierto grado de inmunidad para nue- vos ataques del mismo agente patógeno, sean sus humores los que tengan las substancias bactericidas o antitóxicas o estimulantes de éstas: llamémoslas funciones de las celdillas. Y si en el caballo se logra que su suero, tratándose de la difteria, por ejemplo, contenga las substancias bactericidas o antitóxi- cas y aun las estimulantes, no sería irracional suponer, según mi criterio, que el suero o alguno de los humores de un hombre, que ya es para él, por previo padecimiento, bactericida o antitóxico del tabardillo; no sería irracional, repi- to, que este suero o alguno de sus humores fueran bactericidas, antitóxicos o estimulantes, para otro individuo atacado o por atacar de tabardillo. Mi idea primera fué la de aplicar el suero sanguíneo de un convaleciente de tabardillo a otro enfermo de lo mismo, y variar la experiencia aplicando mezclas de sueros sanguíneos de varios convalecientes de distintas fechas, de diferentes edades y sexos; pero tuve la atingencia de comunicar mi propósito a] Dr. Mariano Rodea, el que me hizo saber que nuestro maestro de ilustre, me- moria, el señor doctor don Ajigel Hidalgo, ya había efectuado experiencias semejantes, sin resultado útil. Entonces variamos la experimentación, resol- viendo inyectar en vez de suero sanguíneo líquido céfalorraquídeo de diversos convalecientes y, como se verá por algunas memorias, aunque incompletas, que logramos formar, parece que algo de útil se obtuvo, a menos que nuestro jui- cio, en caso de error, nos haya hecho observar lo que en realidad no existía; 311 cosa, por otra parte, muy fácil de suceder, cuando no se sigue la lógica rigu- rosa. En casi todos los individuos a quienes aplicamos el líquido céfalorraquí- deo, nos pareció haber observado un descenso de temperatura: en un caso, una hora después, y en otros, variando, hasta dentro de las veinticuatro horas si- guientes a la aplicación de la inyección, y sostenerse ese descenso durante to- da la evolución subsecuente del mal, y que la fiebre no volvía a alcanzar la máxima que había adquirido antes de la inyección, siendo la temperatura ma- yor después de la inyección, de medio grado y aun de un grado inferior a la primordial, y la mínima también de medio grado a un grado de la registrada antes del tratamiento. En casi todos los enfermos observamos, también, un alivio notable de sus condiciones intelectuales, y esta observación se hizo aun en los que fallecieron. Individuos que estaban en un estado tifoso muy acentuado, amodorrados, sin hablar o pronunciando constantemente palabras inentendibles, sin pasar ali- mentos ni medicamentos y sin dormir, parecía que despertaban, hablaban con relativa claridad, inquirían por la hora o el día que era, reconocían a las per- sonas, acusaban dolor de cabeza o de piernas, o raquialgia, o manifestaban sentirse muy débiles; pedían agua o leche y deglutían con alguna facilidad; y algunos hubo que durmieron con sueño tranquilo, algunas horas, según nos in- formaban sus familiares. De todos los individuos tratados por este procedimiento, sólo fallecie- ron tres: una señora casada, que padecía con anterioridad insuficiencia mi- iral y a la que se le aplicó el líquido el undécimo día de su infección, y mu- rió al décimocuarto. Un joven sifilítico, que recibió dos inyecciones: una el séptimo día del tabardillo y otra el noveno; murió el día décimotercero. Por último, un individuo de sesenta y siete años, tuberculoso y al que se le apli- có una inyección intrarraquídea de 6 c c., por la mañana del séptimo día. Al medio día se le aplicó otra inyección, hipodérmica, de ocho centímetros cúbi- cos, y murió en la noche de ese mismo día. Las inyecciones de líquido céfalorraquídeo de los convalecientes de ta- bardillo, las hemos aplicado a los enfermos por la vía hipodérmica, intramus- cular, intravenosa e intrarraquídea. Nos ha parecido que se obtienen mejores resultados con las primeras y con las intravenosas. Hemos aplicado en cada inyección, de cinco a quince centímetros cúbicos y puesto a cada enfermo de una a tres inyecciones con intervalo, una de otra, de uno, dos o tres días. La más prematuramente aplicada, fué la intravenosa de ocho centímetros cúbi- cos que me pusieron los doctores Rodea y Cejudo el quinto día del tabardillo que tuve el año de 1916. La época que tenían los convalecientes de tabardillo de quienes nos pro- veimos el líquido céfalorraquídeo osciló entre cuatro meses y dos días, después de que el enfermo ya no presentaba reacción febril alguna. No nos fué posible aplicar inyecciones de mezclas de líquidos céfalorra- quídeos de varios convalecientes, de distintas épocas, edades, sexos y consti- ti ciones. Procuramos y tenemos la confianza de haber seleccionado a los convale- cientes que utilizamos, desechando a los que tenían estigmas de padecimientos infecciosos de otro orden, aun los más ligeramente sospechosos y los alcohó- licos. 312 Las descripciones que damos a continuación, son pocas, en relación cotí el número de individuos que tratamos, y adolecen de muchísimos defectos y omisiones; pero esto se debe a nuestra deficiencia y a que, a la vez que ha- cíamos estos experimentos, buscábamos lo necesario a la propia subsistencia, y también a la falta de aparatos adecuados para una correcta experimentación. No abrigamos la presunción de haber logrado lo que tantas verdaderamente claras inteligencias han buscado inútilmente, pero sí tenemos la satisfacción de que, si de ningún valor científico y material es nuestro estudio, hemos cum- plido hasta donde nos ha sido posible, sin ocasionar perjuicios. A pesar de lo peligroso que en ciencia es dar rienda suelta a la imagina- ción, creemos, y cuando las circunstancias lo permitan, continuaremos ensa- yando, que, si ni el suero sanguíneo, ni el líquido cefalorraquídeo logran la cu- ración del tabardillo, probablemente algún otro de los humores o tejidos del convaleciente o del mismo enfermo o productos cadavéricos, podrán ser de ver- dadera utilidad. El bazo y el hígado sufren modificaciones o alteraciones du- rante el tabardillo: de ellos, del sistema nervioso o de cualquiera otro elemen- to del organismo enfermo o convaleciente, podrá, posible es, obtener algún material útil para contrarrestar la acción, muchas veces funesta, del ta- bardillo. Algunos datos acerca del empleo del líquido cefalorraquídeo de con- CALECIENTES DE TABARDILLO COMO TRATAMIENTO DEL MISMO EN ALGUNOS ENFERMOS. M. 1'., viuda, de 39 años de edad, raquítica y diabética; comenzó a estar en- ferma el 4 de febrero de 191G. Sus temperaturas hasta el día 11. oscilaron entre 39° y 40°,2. Este día se le aplicaron, en inyección intravenosa. 8 c. c. de líquido cefalorraquídeo, procedente de una señora, viuda, de 29 años y (pie había sufri- do el tabardillo cuatro meses antes. Estado general de la enferma antes de la inyección, ataxoadinámico; ideación retardada; discucia acentuada; in- somnio persistente, desde el tercer día de la infección. Una hora después de Ja inyección, temperatura, 37°,9; pulso: 95. regular y lleno: los demás signos y síntomas no variaron. A las veinticuatro horas de la inyección, la misma en- ferma me informó que se sentía muy aliviada y (pie le parecía como si hubiera despertado; recordando con vaguedad los días anteriores a su enfermedad. Efectivamente, noté alivio en su estado general, más expedición en sus movi- mientos y facilidad en su expresión; durmió casi toda la noche; temperatura. 38°,7; pulso: 110. regular. Recomendé a la enfermera recogiera temperaturas ca- da hora, y las que anotó, oscilaban entre 38° y 39°, registrándose ésta a las 11 p. m. El día 12 apliqué otra inyección intravenosa, de G c. c. de líquido del mismo origen que el anterior. Pasada una hora, no registré diferencia nota- ble con relación al estado inmediato anterior al de esta segunda inyección. Los días 13 y 14 pasaron sin anotar observación de importancia, más que su temperatura (pie no excedió de 39". ni fué menor de 38°: su estado general per- maneció como después de la primera inyección. El día 15 le aplicamos una ter- cera inyección subcutánea de 8 c. c. Los días 15. 1G, 17 y 18 fué descendiendo progresivamente la temperatura, no volviendo a alcanzar la de 39°, y tuvo remi- siones hasta de 37° y décimos. El día 19 su temperatura fué de 3G° y décimos, continuando desde esa fecha en una convalecencia franca. 313 El líquido de esta tercera inyección se obtuvo de una convaleciente del hospital. Esta paciente tenía unos 22 años de edad, y cuatro días de estar sin liebre. La atendió del tabardillo, el doctor Rodea. A. H., de 33 años; sin antecedentes patológicos. Desde que se inició la en- fermedad ascendió la temperatura rápidamente hasta 39°,5, sosteniéndose en ella los cuatro primeros días con sólo remisiones matutinas, a 39°. El quin- to día los doctores Rodea y Cejudo aplicaron una inyección intravenosa de 8 c. c. de líquido cefalorraquídeo. El enfermo entró en franca convalecencia al decimoquinto día. Las anotaciones que se hicieron fueron destruidas al desin- fectar su habitación; pero recordamos que el doctor Leopoldo Vilchis Hera- zo, médico de cabecera, y que no tuvo conocimiento previo de la aplicación de las inyecciones, entró en alarma al ver que desde el siguiente día de la in- yección, la temperatura descendió, sin volver a llegar a la máxima que había alcanzado antes de dicha inyección. f A. C., de 18 años, sin antecedentes patológicos. Durante los nueve prime- ros días de su tabardillo, las temperaturas oscilaron entre 39°.2 y 40°.(>. Es- tado general: grave, ataxoadinámico; pulso, oscilando entre 130 y 140, regular y débil. El décimo día, el mismo estado; no pasaba alimento, agua ni medica- mentos. Temperatura y pulso, los mismos. Insomnio, que continuaba desde los primeros días. Undécimo día, estado general más grave; accesos frecuen- tes de delirio agresivo, seguidos de períodos ataxoadinámicos; continuaba sin pasar alimentos ni agua y cuando se le forzaba a deglutir, sufría accesos asfíxicos. Temperatura, 4(1°; pulso filiforme, incontable. De acuerdo con el se- ñor doctor Leopoldo Vilchis Herazo, médico de cabecera del enfermo, se le puso una inyección de líquido cefalorraquídeo, esa misma tarde, a las cuatro, de 12 c. c. No se observó ningún cambio inmediato. Al día siguiente la fami- lia informó que desde la media noche, el enfermo pudo hablar, pidió alimento, se sentó para lomarlo y lo hizo con facilidad; reconoció a sus familiares, y durmió, en la madrugada, unas dos horas continuadas. La temperatura, en el momento que lo visitamos, era de 39°, el pulso de 120, regular, lleno. En este día y en los siguientes, no se volvió a registrar temperatura de 40°, descen- diendo progresivamente hasta el décimoquinto día, que tuvo temperatura normal, sosteniéndose en ella por unos tres días, y después volvió a ascender hasta 39" y décimos, por habérsele supurado dos ganglios del cuello, los cua- les, después de abiertos y aseados por algunos días, cicatrizaron G. R., de 19 años, de constitución raquítica, de antecedentes patológicos desconocidos. Sus temperaturas oscilaron entre 39° y 40° desde los primeros lías hasta el octavo. Estado general grave, adinámico; no tomó alimento, me- dicamento ni agua; tuvo vómitos biliosos; temperaturas de 40° y 40°,2 sosteni- das. El décimo día, el mismo estado e iguales temperaturas, excepto los vómitos. A las 7 p. m. se le aplicó una inyección subcutánea de 8 c. c. No observamos mo- dificación inmediata alguna. El undécimo día la visitamos a las 11 de la ma- ñana, encontrando su estado general notablemente aliviado, hablaba, cono- cía; tomó alimento y agua y nos informaron que había dormido algo. Tem- peratura que registramos en ese momento, 37".7. En la noche de ese mismo día, ascendió a 39°, manteniéndose en los siguientes, entre 37°,5 y 38°.7. Con- valecencia franca desde el décimoquinto día. 314 J. O., comerciante, de 41 años de edad, antecedentes sospechosos de sífilis y alcoholismo. Sus temperaturas, desde los primeros días, sostenidas entre 39° y 40°.5. Estado general hasta el séptimo día, bueno. Octavo día, temperatura, 40°.5; estado general grave; palabra torpe; anuria; paresia intestinal; pete- quias muy abundantes. Se le aplicó inyección intravenosa de 9 c. c. sin resul- tado inmediato. Al noveno día se acentuó la gravedad. Las temperaturas con- Tinuaron entre 39° y 40°.5. Al décimo día se le aplicó otra inyección subcutá- nea de 10 c. c. sin resultado favorable inmediato. El undécimo día, estado gene- ral notablemente aliviado; temperatura, 39°.5 y en la noche del duodécimo día, después de sudor abundante, descendió la temperatura hasta 37°, volviendo a ascender una hora después a 38°, temperatura alrededor de la cual se man- tuvo hasra el décimocuarto día, en que entró en el período de convalecencia franca. N. R., de 67 años. Antecedentes patológicos: tuberculosis pulmonar en se- gundo período. Lo vimos desde el sexto día. Estado general muy grave. Tem- peratura, 35°.8; pulso muy débil. El día séptimo le aplicamos una inyección intrarraquídea de 6 c. c. y en la noche otra hipodérmica de 8 c. c. Murió a las 11 de la noche de ese día. F. B., de 47 años; alcohólico, obeso. Estado general bueno. Temperatura, desde los primeros días: oscilando entre 38°.5 y 39°.8. Inyección hipodérmica el séptimo día, de 12 c. c. Los siguientes días continuó su buen estado general y sus temperaturas oscilaron entre 37° y 38° y décimos. Convalecencia franca, desde el décimoquinto día. 315 la terapéutica del tabardillo. Dk. Vicente Flores. A don Miguel Francisco Jiménez, el primero que distinguió al tifo de la fiebre tifoidea, llamándolo para su mejor diferenciación fiebre petequial o ta- bardillo pinto, tocóle también la gloria de sentar las bases para su tratamiento racional i científico, en su notable opúsculo de 1845, obra que permanece clási- ca en los anales de la Medicina Nacional. Desde los años de 1516 i 1517, gobernando Nueva España don Martín En- ríquez de Almanza, en que con las investigaciones cadavéricas que el doctor Juan de la Fuente hizo en el Hospital Real se inauguraba entre nosotros el es- tudio serio del tabardillo, todos los médicos han visto en la calentura el blan- co al cual deben apuntarse los procedimientos terapéuticos: primero, en los tiempos virreynales con los medios primitivos de que se podía disponer, i des- pués con el alcohol i los neuromusculares, como el sulfato de quinina i la digi- tal; procederes anticientíficos, en verdad, disculpables en un caso por el atra- so de la ciencia i en el otro por lo aparatoso i sugerente de la calentura, que hacía que muchos investigadores la tomaran como la enfermedad misma i no como el medio de que se vale la naturaleza para combatir el padeci- miento. Jiménez, al considerar a la fiebre desde su verdadero punto de vista, seña- laba derroteros nuevos a la terapéutica, viendo a la reacción térmica, no como un simple síntoma dependiente del envenenamiento, ni sólo como un efecto físicoquímico como el que pasaría en un tubo de reactivos, sino, más que todo i ante todo, como el esfuerzo de la vida para combatir la enfermedad, en cuya virtud el veneno tífico experimenta transformaciones i es expelido; trabajo di- námico i orgánico que se realiza en el seno del organismo para eliminar el ve- neno. Ideas sublimes dignas de aquel genio, honra de nuestra patria, que trans- pasaba los dinteles de su tiempo, el reinado de Broussais, el innovador de Val-de Grace, para ver en la enfermedad una unidad patógena invariable en su causa productora, pues ninguna diferencia existe entre lo dicho por el clínico mexi- cano i lo que hoy proclama la ciencia moderna, al considerar el proceso infec- cioso como la lucha del fagocito contra el microbio, acto en cuya virtud se ope- ran transformaciones celulares productoras de calórico, destinadas a contra- rrestar la influencia de toxinas i de facilitar su eliminación; transformaciones que se exteriorizan pop síntomas reveladores que de ninguna manera son la enfermedad ni constituyen la esencia íntima del padecimiento. Antes de Jiménez, los médicos veían en el tabardillo, es cierto, una septi- 316 cernía; pero como no conocían, lo que hoy también pasa, su naturaleza, se de- dicaban a combatir únicamente sus efectos, i como el principal de ellos era la calentura, dirigían contra ella sus esfuerzos. En el alcohol i los neuromuscu- lares habían encontrado el freno del tabardillo, ¡mes aquél se quemaba en lu- gar de quemarse el enfermo, i éstos, retardando la circulación, traían como consecuencia forzosa la disminución de las combustiones; errores nada discul- pables, tanto más cuanto que todos sabían por experiencia que la calentura, no pocas veces al fin de la evolución del tabardillo, no es una agravación por su ascenso, sino una reacción saludable del organismo, como también se sabía desde aquella época que a dosis pequeñas o fuertes el alcohol en vez de ser útil es pernicioso en las pirexias, pues en el primer caso si se quema i elimina, «pie es la verdad, produce calor que se aumenta al de la fiebre, i en el segundo descompone la sangre que se agrega a la producida por el tabardillo. La ac- ción de los neuromusculares (sulfato de quinina, digital) no era menos noci- va, pues sus acciones paralizantes atan los resortes de la vida orgánica que quiere luchar contra el tabardillo. Combatir síntomas i no la enfermedad- dice el doctor Marcelino Guerrero al comentar la obra de Jiménez-da la idea del que quiere destruir un árbol arrancándole las hojas en vez de aplicar el hacha a su raíz. Jiménez consideraba al tabardillo como un envenenamiento de la sangre, causado, decía él, por un miasma cuyo vehículo es el aire; bajo la influencia de ete miasma la sangre se altera: está más fiúida, disminuye la fibrina, los glóbulos rojos, la albúmina i los materiales sólidos del suero; la proporción de oxígeno es menor, i mayor la de ácido carbónico. También señalaba hiperemia encefálica, edema subseroso i derrame en la gran cavidad de la aracnoides i en los ventrículos, como más constantes que las lesiones del tubo digestivo que con admirable precisión en describir fue el primero. Partiendo de estas concepciones de una patogenia admirable, la terapéu- tica del tabardillo se precisa i perfecciona, viendo en la eliminación del ele- mento tóxico i no en la calentura la indicación capital del tratamiento, que- dando de esta manera abiertos senderos que Jiménez i sus contemporáneos se encargaron de explorar. Manuel Carpió lanza los dardos sangrientos del epi- grama i proscribe las sangrías; Joaquín Villa inventa la aplicación de los ba- ños tibios al tifo i el mismo Jiménez, combinando i coleccionando los datos de sus compañeros, precisa en su opúsculo ya citado la ruta científica i racional; i a impulsos de aquel genio portentoso vienen los purgantes, los temperantes, los baños tibios generales, las aplicaciones frías a la cabeza, los tónicos, los antiespasmódicos, alguna vez opio i la dieta nutritiva compuesta de alimen- tos fáciles de digerir. Tal fué la herencia que legó a nuestras generaciones médicas aquel hom- bre jncomparable para quien eran de cristal las paredes de las cavidades; he- rencia que ha sido celosamente conservada por sus sucesores que fieles a las doctrinas del maestro, la han opuesto a las tendencias inovadoras del Brand- tismo. La introducción-quizás sea mejor decir resurrección-de los baños fríos en el tratamiento de la fiebre tifoidea, hecha en 1861 por Brand de Sttetin, hi- zo que nuestros clínicos, modificando más o menos el procedimiento del médi- co alemán, lo aplicaran a la curación del tabardillo, trayendo con ello una re- 317 volución que ha conmovido profundamente las bases de Ja terapéutica del pa- decimiento. Los efectos generales del baño frío, las modificaciones que trae en la'temperatura periférica i central, su acción innegable sobre el corazón, la respiración, la secreción urinaria i sobre el sistema nervioso, la frecuencia me- nos grande de las complicaciones, sus efectos favorables en el estado de los atabardillados i la disminución notable de la mortalidad, son hechos que com- probados en la dotienenteria tienden a confirmarse en el tabardillo, por la formación de estadísticas (pie día a día se perfeccionan bajo la influencia im- presa a Jos estudios encaminados a la resolución de este problema nacional por dos médicos eminentes, Terrés i Escalona, cuyo juicio corresponde a la posteridad i no a los (pie nos encontramos cerca de ellos, muchos de los que co- mo yo hemos tenido la honra de haber sido sus discípulos. El método legado por Jiménez i el modificado de Brand no marcan de ninguna manera sistemas diferentes en la Medicina Nacional; son más bien tendencias honradas, hijas de la ignorancia en que nos encontramos respecto al tratamiento de Ja dolencia. Partidario de los baños fríos, siempre lie visto en el método de Brand el tratamiento por excelencia del tabardillo, i así lo he aplicado sistemáticamen- te en los casos esporádicos que se me han presentado; mas la epidemia de 1915 a 1916 ocasionó muy a mi pesar un cambio en mi conducta. Esta terrible epidemia fué funesta para los médicos que ejercían en Sala- manca, tito.: el señor doctor Carlos Santander murió en la capital de la Re- pública, donde se encontraba accidentalmente, el 29 de noviembre de 1915 ; víc- timas de su deber fallecieron respectivamente el 22 i el 28 de octubre del año siguiente, los doctores Luis (1. Ramírez i Antonio Fuentes; el doctor Francis- co Lazo sucumbió a su vez el Io. de enero de 1917. Estas pérdidas para mí tan sensibles motivaron que me quedara como único médico en la ciudad, con el trabajo abrumador de una población de más de doce mil habitantes, asolada por el tabardillo, cuya morbilidad i mortalidad día a día iban en aumento. Este excesivo trabajo unido a las ocupaciones oficiales que me estaban encomendadas, tanto en la Dirección del Hospital Civil, quedado acéfalo, como con la comisión (pie se me confiara de combatir la epidemia, me hicieron restrin- gir, ya (pie no prescindir, de la aplicación de los baños fríos, tanto más cuanto que la mayor parte de los enfermos con quienes tenía (pie habérmelas eran de la clase del pueblo en condiciones tan lamentables de miseria que era materialmente imposible el empleo sistemático de la hidroterapia. Obligado por la fuerza a recurrir a las drogas i colocado por la circuns- tancias en terreno nuevo para mí i más (pie .todo apremiado por numerosísi- mos enfermos (pie me vedaban por su cantidad de dedicarme al número que hu- manamente podía atender, caminé de fracaso en fracaso, obteniendo, sin em- bargo, saludables enseñanzas. Las inyecciones intravenosas de electrargol i las subcutáneas del suero de Plotz. aparte de ser substancias inaccesibles pa- ra la mayoría de los enfermos, están muy lejos de haberme dado el resultado apetecido; su acción es insignificante, por no decir nula, pues no ocasionaron ninguna modificación favorable en la condición de los atabardillados, i la esta- dística no pasó del máximo de mortalidad señalado al padecimiento. El señor doctor José de Jesús González, obsequiando bondadosamente mi solicitud te- lefónica en el caso apremiante del señor doctor Fuentes, que deseaba se le apli- 318 case el remedio, me ilustró sobre la técnica para obtener i utilizar el suero de convalecientes recientes de tabardillo, el cual fue inyectado al facultativo en- fermo i usado en otros casos en observación, todo esto sin resultado apeteci- ble; lo cual manifiesto con franqueza sin saber la opinión posterior i actual de este ilustrado compañero, a quien no tengo el gusto de conocer. Debía, pues, salir de la situación embarazosa en que me encontraba, op- tando por un camino, que a la par que me ofreciera probabilidades de un buen éxito me permitiera ser menos asiduo con los enfermos, y sin dejar de obede- cer a, las exigencias de una numerosa clientela; así fué como, sentando dos postulados, edifiqué sobre de ellos mi terapéutica del tabardillo. I. Prescindiendo de investigaciones cadavéricas, toco o nada revelado- ras DE ALTERACIONES EN LA MASA ENCEFÁLICA, VEMOS QUE, SIN EMBARGO, ACCI- DENTES NERVIOSOS DOMINAN EL CUADRO SINTOMÁTICO DEL TABARDILLO, I QUE HAN LLEGADO EN LA EPIDEMIA A QUE ME REFIERO A MATAR A LOS ENFERMOS EN NO PO- CAS OCASIONES CON FENÓMENOS DE ASFIXIA BULBOPROTUBERANCIAL. II. La MAYOR PARTE DE LOS INVESTIGADORES ESTÁN CONFORMES EN ADMITIR, desde Jiménez i con más o menos divergencias, modificaciones en la san- gre (alteraciones del plasma sanguíneo, del valor globular, disminución DE LAS HEMATÍAS, etc.) Formulados los postulados que anteceden, mi tarea se reducía a buscar medicamentos capaces de contrarrestar los efectos dichos. Obligado por mi estado enfermizo a aplicarme inyecciones de cacodilato de sodio, no dudé ni por un momento -de que mi inmunidad ante el proce- so infeccioso que había matado a mis compañeros, era debida al arsénico, al que, como es bien sabido, el doctor Egea i Galindo concede poder preventivo, fácil de explicar hipotéticamente por la fijación del medicamento, sustituyen- do al fierro de los glóbulos rojos, confiriendo tal vez propiedades alexínicas a los componentes de la sangre. Mi condiscípulo i amigo el doctor Horacio Rubio, de Pachaca, ha obtenido buenos éxitos innegables en la. curación del tabardillo, valiéndose del cloruro de calcio, cuya acción terapéutica es antihemolizante, y el que no obstante lo que pudiera suponerse en contrario, no produce arteritis, trombosis, flebitis o gangrenas, conforme lo ha observado mi compañero a la cabecera del enfermo i no in vitro; i en este efecto coagulante tal vez se encuentre el secreto del medi- camento, explicable hipotéticamente, porque su presencia en la sangre tendería a disminuir esa fluidez mayor del líquido que Jiménez ha encontrado en los atabardillados, al mismo tiempo que aprisionaría a los elementos tóxicos impi- diendo su difusión i dando tiempo a la formación de las defensas orgánicas. Encontrados dos medicamentos que obran sobre la sangre, quedábame para satisfacer el primero de los postulados establecidos, buscar una substan- tancia medicamentosa de acción sobre el elemento nervioso i que los investi- gadores hubieran comprobado como curativa del tifo, i la casualidad me orien- tó en esta vía. En el periódico II Messagiero de Roma, vi un suelto que anun- ciaba que el doctor Giacosa, al servicio de los ejércitos italianos que en la fe- cha del periódico combatían contra los turcos en la Tripolitania, inspirado en el procedimiento de Guido Baccelli para el tétanos, había modificado con muy buen resultado dicho procedimiento, aplicándolo a la curación del tifo man- chado; difiriendo también del modo como se empleaba en la fiebre tifoidea, pues 319 el ácido fénico, que era el medicamento usado por él, era empleado a dosis muy pequeñas, en solución i en inyección hipodérmica. Creí, pues, resuelta la cues- tión, i no debo ocultar la simpatía (pie me inspira el ácido fénico en el asunto, porque si la toxina tetánica se localiza en el elemento nervioso ocasionando fenómenos convulsivos, ¿por qué no admitir igual localización para la del ta- bardillo, que como ya he dicho estaba matando a mis enfermos con accidentes bul bares? Aun cuando creo haberme explicado suficientemente en la resolución de mis dos postulados, i creo haber llegado por una consecuencia lógica a la elec- ción de estos tres medicamentos, debo insistir todavía más, haciendo una acla- ración. En el dominio ontológico i metafísico, todo es verdad o todo puede ser- lo : una creencia profesada sincera i honradamente es verdad para el que la pro- tesa i así debemos admitírselo; mas en la ciencia una cosa son los hechos i otra son las hipótesis; los hechos son verdades; las hipótesis, lo serán mañana o no lo serán, pero por el momento hay que tomarlas como hipótesis que son. he- chos: el arsénico i el cloruro de calcio obran sobre la sangre; el arsénico (Egea) i el cloruro de calcio (Rubio) ejercen acción favorable en el tabardillo. hipótesis : el arsénico i el cloruro de calcio curan el tabardillo, porque con- fieren propiedades inmunizantes a la sangre que le permiten luchar contra la infección, hechos: el ácido fénico obra sobre el elemento nervioso; el ácido fénico ejerce acción favorable en el curso de los atabardillados (Giacosa). hi- pótesis: el ácido fénico cura el tabardillo, porque neutraliza la toxina ti- lica que como la tetánica se localiza en la celdilla nerviosa, como lo revelan los accidentes nerviosos característicos de los atabardillados. Tenía, en consecuencia, en mis manos tres medicamentos de acción te- rapéutica indudable, i me decidí a aplicar los tres asociados, siguiendo la vía hipodérmica; así es que preparé la siguiente solución perfectamente esteriliza- da, que fué distribuida en ampolletas de dos centímetros cúbicos: Agua destilada i esterilizada 100 c. c. Cloruro de calcio 5 gramos. Cacodilato de sodio 1 „ Acido fénico puro 1 „ Para 50 ampolletas. Teniendo a mi disposición los enfermos del Hospital Municipal i los sol- dados del 2o. Regimiento de la Brigada Escobedo, ordené que a cada enfermo se le aplicara, sin dar otro medicamento, una o dos inyecciones al día de mi preparación; observando con sorpresa que mientras que en la población la mortalidad alcanzaba de un 15 a un 20 %, en los cuarteles i Hospital mi es- tadística, tomada cuando se completaron cien casos i no por un mero cálculo, se redujo a un 5%, en estas condiciones: en uno de los cuarteles, una anciana, madre de un teniente, de 70 años de edad; en el Hospital, cuatro hombres, con- iándose entre ellos a un alcohólico de constitución orgánica precaria i a otro que murió a consecuencia de una gangrena de la pierna derecha. Este éxito, al que contribuye también en parte la benignidad del tabardi- llo en la gente del pueblo respecto de la gravedad que presenta entre los aco- modados, me indujo a aplicar en los casos de la ciudad mi medicina que ya 320 por ese tiempo un amigo mío había bautizado con el nombre de alexotabardi* llo; obteniendo, es cierto, una reducción en la mortalidad que llegó a muy cerca da un 5% ; pero fue en los momentos en (pie por las medidas higiénicas adopta- das se yugulaba la epidemia, los casos se presentaban evolucionando de una manera más favorable, i en poblaciones cercanas tales como la capital del Esta- do, el tabardillo estaba próximo a extinguirse; todo lo cual me colocaba en condiciones erróneas para establecer comparaciones i formular datos esta- dísticos. Hoy que se reune un congreso para ocuparse del estudio del tabardillo, creo de mi deber someter estas líneas a la consideración de mis compañeros: con esto tendré la satisfacción de haber colaborado con mi insignificancia en la solución de un problema de tanta trascendencia para la patria. Salamanca, Gto., 18 de enero de 1919. 321 QUINTA SERIE. Notas diverjas sobre el tifo exantemático. Dr. Angel Brioso Vasconcelos. El escrito cuya lectura vais a escuchar, señores compañeros, carece de unidad, pues está formado con recortes tomados del Journal of thc Amer- ican Medical Association, de Chicago, mi periódico predilecto, y del que he to mudo estas anotaciones que son el resumen, puede decirse, de lo más impor- tante que sobre tifo exantemático se ha publicado en distintas revistas médicas durante el año de 1918; muchos de vosotros, sin duda conoceréis esas obser- vaciones, pero el deseo de su divulgación y el propósito de discutir aquellas que se juzguen de importancia o el de citar las que de origen nacional corren mencionadas en publicación que circula en todo el mundo, casi, me ha movido a la formación de estos renglones, ya que otro nombre no merecen. Quiera vuestra benevolencia excusarme si alguno de los puntos que menciono ha sido ya tratado, y con antelación pido dispensa si mi trabajo se juzga es caso o aún ayuno de interés. Supla, pues, la buena voluntad del auditorio el mérito escaso, si es que alguno tiene, este pot pourri médico. El tifo en Madrid.-El Dr. Gregorio Marañen dice en el "Siglo Médico", No. 3333, del 27 de octubre de 1917, que el tifo ha dado en un período de 1 a 2 últimos años una mortalidad del 10 al 15 por 100, pero que estas cifras se elevaron durante las epidemias de 1913 y 1916 hasta un 18 por 100. La dolencia revistió un carácter benigno en los niños de menos de 10 años; en- tre los 10 y los 40 revistió carácter grave y en las personas de más de 50 años se observó una mortalidad de 60 por 100. La residencia en los lugares donde la enfermedad es endémica parece ser causa de ciertá inmunidad. La intensidad y extensión del exantema no son criterios de la gravedad del caso. El Dr. Carlos M. Cortezo, desde 1903 ha manifestado su creencia de que el piojo es el agente transmisor de la enfermedad. El autor manifiesta la difi- cultad que hay en ciertos casos para distinguir el tifo de la meningitis epi- démica ; el primero puede presentarse con los síntomas de la segunda, en tanto tpie la meningitis con erupción puede simular el tifo; en un caso que parecía de tifo se practicó la punción lumbar con objeto de mitigar la cefalea. 322 y al examen se encontró el meningococo en cultivo puro; el herpe debe in- clinar el diagnóstico en favor de la meningitis; la erupción tifosa no va acompañada de las lesiones nasofaríngeas que se observan en el sarampión, y en algunos casos pueden llegar a observarse infartos ganglionares y de las glándulas salivales .que nos hagan pensar en la peste. Por lo que mira al tratamiento el autor se declara partidario del sinto- mático, recomendando el empleo de grandes dosis de aceite alcanforado en los casos más graves. Para atender a los tifosos se ha recurrido a médicos y enfermeras que ya habían padecido la dolencia; lo que se cree ha influido favorablemente para disminuir el número de casos de contagio; y además, tales personas usaban cuando se ponían en contacto con los pacientes batas que llevaban ligas de hule en el cuello y los puños, y guantes di1 algodón, prendas (pie se cambiaban con frecuencia. Las perturbaciones cardiovasculares en el tifo.-El Dr. D. Danielo- pulo relata en el No. 12 de los Archives des Maladies du Coeur, etc., de París, correspondiente al mes de diciembre del mismo año. sus impresiones sobre los 500 casos de la enfermedad (pie le fué dado observar en Rumania entre los ci- viles y militares en 1917, y cree que el corazón y las glándulas suprarrenales son los órganos que más padecen; él observó varias formas de arritmia, y la presión arterial con frecuencia la encontró anormalmente baja. Pretiere como tratamiento eficaz las inyecciones endovenosas de estrofantina; dice tener menor confianza en la digital y asegura que el aceite alcanforado no bene- ficia a los pacientes. La estrofantina indudablemente se acumula, y el autor la administraba en dosis de 2 a 3 décimos de miligramo, y como a estas dosis tan pequeñas la droga no es diurética la asociaba con teobromina; ha adminis- trado miles de tales inyecciones sin accidentes, y su opinión es que la estro- fantina debe administrarse desde que se observen los primeros síntomas de la insuficiencia cardíaca y se continúe su administración hasta (pie el ritmo sea normal, alargando los intervalos; el alcaloide empleado provenía del Stro- phantus gratas; el descenso de la presión sanguínea fué combatido por la adrenalina en dosis relativamente elevadas, la cual asociada a la estricnina, dió buenos resultados en la astenia intensa y prolongada de las formas tóxicas de la enfermedad; el efecto de la adrenalina fué pasajero. Tratamiento del tifo por el suero clorado.-En el No. 33 del Bulletin de la Sodétc Medícale des Hópitaua-, Nov., 1917. se encuentra otro artículo del médico rumano anteriormente citado y que versa sobre la terapéutica del tifo. Dice así Danielopulo: se ha buscado la manera de poder emplear para el uso interno una solución desinfectante comparable por su acción con la de hipo- clorito de sodio neutralizada, y tras numerosos ensayos se decidió emplear una compuesta de cloruro de sodio (6.5 g.) y cloro (0.4. por litro), la cual parece inofensiva, pues los conejos la toleran sin presentar el signo más ligero de intoxicación, en la proporción de 20 c.c. por kilo, en inyección intravenosa. El autor ha practicado sin el menor incidente unas mil inyecciones de su solución a los enfermos. Si se exceptúa el calosfrío, el cual a las veces falta, en dosis de 500 c.c. por la vía venosa, este tratamiento fue empleado en los 323 casos más serios en los que se observaban delirio intenso o postración, cia- nosis y enfriamiento de las extremidades. Los resultados parecen haber sido muy buenos, si se tiene en cuenta que los enfermos así tratados se aliviaron en una proporción de 90 por 100, mientras que otros igualmente graves, some- tidos a otros tratamientos sólo curaron en proporción de 8 por 100; de los que murieron a pesar del tratamiento todos eran mayores de 40 años, y en cuatro de las seis defunciones registradas, la muerte se debió directamente a una infección estreptocócica. La solución se prepara haciendo obrar ácido clorhídrico sobre hipoclorito de calcio; recibiendo el cloro que se desprende en una solución decinormal de sosa (para retener los vapores ácidos arrastrados) y recogiéndolo en agua destilada, a la que se añade después la sal marina; así preparada la solución se conserva a cubierto de la luz y dura de dos a tres días sin descomponerse cuando se la guarda en ámpulas. El líquido cefalorraquídeo de los tifosos.-El mismo señor escribe un artículo en los Anuales de Médecine (Octubre-novbre., 1917) en el que dice que su experiencia con 60 casos de la enfermedad que observó en Jassy le ha con- vencido de que las perturbaciones nerviosas, con más frecuencia (pie las car- díacas son las responsables de la muerte; por este motivo él practica con fre- cuencia la punción raquídea y describe los hallazgos de 24 casos en los que así se hizo. En la mayoría de las observaciones se notó que coinciden la leucocitosis y una reacción meníngea intensa con los fenómenos nerviosos más serios; la presencia de globulinas y la linfocitosis parecen ser resultado de un aumento de permeabilidad de las meninges por un lado y de leucocitosis san- guínea por otro. El tifo en París-Netter y Blaziot (Bulletin de V Acade míe de Médecine, No. 4, enero, 1918) han observado 9 casos de tifo en personas de la misma familia y todos tenían piojos cuando ingresaron en el hospital; fueron desin- fectados y el mal no se propagó. El tifo nunca desaparece por completo en la capital francesa probablemente y su diagnóstico presenta algunas dificul- tades por no haberse encontrado un signo patognomónico; el exantema es fu- gaz ; puede no presentarse, pero el principio brusco, la rapidez con que la fiebre llega al máximo, la escasa diferencia entre las temperaturas matutina y veiaertiua, la duración comparativamente corta de la fiebre y su descenso rápido a la normal en uno o dos días, la intensidad de los fenómenos nerviosos, la rareza habitual de los síntomas intestinales y la relativa frecuencia de las complicaciones (parotiditis, gangrena), deben hacer nacer la sospecha, que se tornará en seguridad, si el paciente muere en los primeros días y en la ne- cropsia no se encuentran lesiones del intestino. Netter observó en 1916 nueve casos de tifo al mismo tiempo en ñiños que habían estado en el pabellón de escarlatinosos durante un mes, y el diagnóstico retrospectivo que hizo de estos casos fue el de tifo benigno, o enfermedad de Brill. Diagnóstico y tratamiento del tifo.-Muratet hace notar (Preste Me- dícale, París, feb., 1918) que hasta la fecha ningún caso de tifo se había obser. 324 vado en los ejércitos inglés y francés desde el principio de la guerra, pero que en cambio Netter había visto recientemente seis casos de la enfermedad en el medio civil y que por lo tanto la dolencia era una amenaza para los com- batientes, pues que si los gérmenes específicos llegaban a ser transportados a las trincheras podría resultar de ello una epidemia seria. Deberá sospecharse el tifo cuando se observe un principio brusco de la enfermedad y que la fiebre se eleve a 104 o aún 100 grados F. y se mantenga sin remisión notable; que el pulso sea pequeño y débil y lata a razón de 110 a 120; haya congestión de Las mucosas y conjuntivitis, angina eritematosa o se encuentren manchas rojas de un diámetro de 3 a 0 milímetros en el paladar; pueden encontrarse de cinco a quince de estas manchas durante el primero y segundo días, pero al tercero aparecen más; el exantema, que es petequial, aparece del segundo al (plinto día, y puede hacerse aparente cuando aún no existe frotando el pecho o los miem- bros, o poniendo una ligadura en uno de éstos. La inoculación al cuy de dos a dos y medio centímetros cúbicos de la sangre del enfermo aclarará todas las dudas. Los resultados de la sueroterapia son halagadores .El suero se obtiene de un caballo al que se inocula con tejido esplénico o suprarrenal proc< dente de cuyes que padezcan tifo experimental. No quiero dejar pasar el apunte anterior sin comentarios: la presencia de un enantema precoz en el tifo y que yo no he visto mencionada anterior- mente, lo mismo que la provocación del exantema por las fricciones o por la ligadura del brazo o de la pierna, si se confirma que se observan frecuente mente serían signos diagnósticos de la mayor importancia; por mi parte y en e1 mes de julio de este año he visto un caso de fiebre en el que se pensó <pie podría tratarse de tabardillo, y el Sr. Dr. Reguera aplicó al enfermo, que era yo, la ligadura recomendada por Muratet: el exantema provocado no apareció y la evolución del padecimiento demostró (pie no se trataba de la temida fiebre petequial. Muy más valiosas me parecen las observaciones del médico francés referentes al éxito de la sueroterapia, y lamento no haber tenido a la vista el artículo original, sino solamente un resumen de donde he tomado esta nota, lo que no me permite juzgar de los fundamentos lógicos de la afirmación; mas en todo caso, la experimentación puede resolver las dudas. El tifo en Portugal.-Según la "Medicina Contemporánea'', desde 1882 hasta 1918 sólo en doce años no se han registrado en Lisboa de la 10 casos de tifo, y en la ciudad de Oporto hubo en el último de los años citados una epidemia que en una sola semana causó 23 defunciones, sobre 350 casos de la enfermedad. Signo pronóstico del tifo.-En el número de la Presse Medícale co- rrespondiente al 31 de enero de 1918, el Dr. Alante refiere (pie ha practicado la reacción intradérmica con tuberculina a 109 pacientes de tifo y que todos los que dieron una reacción positiva curaron, cuando aquélla se presentó du- rante el período febril, y que los convalecientes reaccionaron más rápidamente en los casos benignos que en los graves; por lo que parece que hay cierta re 1 ación entre el estado general y la reacción, que puede servir de base para el pronóstico. 325 La fórmula leucocitaria.-Danielopulo, ya citado, es el autor de un escrito publicado en el No .2 de los Archives des Maladies du Coeur, etc., en febrero de 1918, y en el que se afirma que existe una leucocitosis más o menos acentuada en los pacientes de tifo, en una proporción de 62 por 100 durante la primera semana y en la de 96 por 100 durante la segunda, en los 250 casos cuya observación sirve de base para este estudio. En los casos más graves la leucocitosis varió de 20,000 a 128,000; la curva leucocitaria sería un indicio del grado de la intoxicación, y una cifra mayor de 20,000 indicaría un desen- lace funesto; el aumento rápido de los glóbulos blancos de 25,000 a 50,000 y luego hasta 90,000 sirvió para establecer el diagnóstico en un caso dudoso er el que la temperatura descendió abajo de la normal en los primeros días del padecimiento. La hipei leucocitosis también sirvió para revelar la asociación del tifo (?)en algunos casos de tifoidea; cualquiera complicación inflamatoria es capaz de producir un aumento de la leucocitosis, pero en este caso nó tiene interés pronóstico. Se encuentran constantemente leucocitos mononucleares cuyo protoplasma se tiñe intensamente de azul, de núcleo excéntrico, y sin gra- nulaciones; y aun cuando este tipo de células plasmáticas se encuentran en cierto número de otras enfermedades infecciosas son entonces menos nume- rosas. Comisión japonesa.-Según el "Policlínico", de Roma, una misión de mé- dicos japoneses bajo la dirección del Dr. K. Mogi llegó a Rumania a mediados del año pasado con objeto de hacer un estudio del tifo. El tito en Portugal.-Barradas escribe un artículo en el número 1510 de la "Revista de Medicina y Cirugía Prácticas", Madrid, 14 de junio de 1918, en el cual se refiere a la epidemia reciente de Oporto, y dice que la mortalidad ha sido baja, solamente de G por 100, y la mayor parte de las defunciones se ob- servaron entre los ancianos. El cuadro clínico está subordinado a las per- turbaciones cardíacas, siendo de notarse la frecuencia de Ja ataxia de los la- bios y la lengua, desde el comienzo del mal. La miocarditis, que libros de texto señalan como una complicación, él pudo observarla desde el principio de la fiebre hasta el fin de la convalecencia, con mucha frecuencia. Atribuye la escasa mortalidad al tratamiento o medicación tonicardíaca, aceite alcan- forado, esparteína, sola o asociada con estricnina y cafeína, y cuando hubo amenaza de síncope, inyección endovenosa de 1)10 de miligramo de estrofan- tina, cuatro veces al día; cuando la cefalea es intensa o el delirio se estima serio, extrae 20 c.c. de líquido cefalorraquídeo, con resultados generalmente buenos. Usa además suero salino normal, en inyecciones, con adrenalina. En Portugal la enfermedad puede llamarse "tifo de los pescadores", ya que constantemente comienza en las casas de dichos obreros. Las lesiones del tifo.-Esta nota está tomada de los extractos de la prensa médica que publica el Sedería ndasch Tijdschrifta cuyo artículo ori- ginal apareció en el No. 40 del Müncherner Medezinische Wochenschrift. En tal artículo, E. Fraenkel dice que las ligaduras aplicadas en la raiz de uno de ios miembros hacen reaparecer las manchas eruptivas del tifo, y que el fenó- 326 meno puede repieducirse de semana en semana, hasta la décima después de la defervescencia; el autor alemán opina que probablemente cambios vasculares (a los que se atribuye la aparición provocada del exantema) semejantes per- sisten en las arterias de los órganos internos por un espacio de tiempo igual. Me permito señalar la relación (pie existe entre las oservaciones de Fraen. kel, las de Muratet-ya citadas-y las de Ceconi (pie seguirán, a propósito de la aparición prematura del exantema por el mismo procedimiento. Diagnóstico.--Ceconi aplica una venda elástica al derredor de uno de los brazos, o sencillamente lo comprime con las manos de manera de dificultar la circulación, y dice (Policlínico, Roma, No. 19, 12 de mayo de 1918 ) que si se trata de un caso de tifo, por medio de este ardid se hacen aparecer manchas numerosas, o las existentes se vuelven más marcadas, y cuando se suprime la constricción, algunas de las máculas se convierten en petequias; usando del mismo procedimiento se hace visible el exantema desaparecido del tifo re- ciente. y el fenómeno puede observarse hasta pasadas ocho semanas todavía de la defervescencia, lo que permite hacer un diagnóstico retrospectivo. El examen histológico de un fragmento de piel tomado en el sitio de una petequia, a los cincuenta y seis días después de la enfermedad, permitió des- cubrir las lesiones vasculares propias de dicho elemento eruptivo. El autor advierte que la prueba de la constricción puede causar un error (por la producción de fenómeno semejante al descrito) en casos de ictericia común o hemolítica y de púrpura reumática; mas la existencia de los sínto- mas concomitantes propios de tales dolencias, servirá para evitar la confusión. La región situada arriba del hombro, y sobre la cual reposa el paciente, puede presentar la misma acentuación de las manchas que se observa en la extremidad lejana del miembro ligado. El dermografismo es también pro- nunciado en el tifo, y si se frota la piel con un lápiz o con el dedo se advierte escamadura epitelial: el producto que así se desprende de la piel es semejante al qte arranca la raspadura de una hoja de papel con un borrador de hule. Otra de las características del tifo sería la languidez circulatoria, y a ésta se atribuye la frecuencia casi inevitable con que se observan accidentes gangrenosos in situ, después de las inyecciones subcutáneas o intramusculares; lo que acontece en ocasiones hasta pasado un mes después de la fiebre. Las reacciones de aglutinación se vuelven menos ostensibles a medida que se atenúan los fenómenos de éxtasis. Devaux afirma, basándose en el estudio de 200 casos (Bulletin de l'Aca- dentie de Médecine, París, 27 agto., 1918) (pie la infección tifosa es más fran- camente neurotrópica que cualquiera otra. La difusión y la gravedad de las lesiones del sistema nervioso central contrastan con la integridad relativa de los otros órganos. El líquido cefalorraquídeo acusa una reacción leucocitaria temprana y constante, y ésta es progresiva y persiste durante un tiempo que varía de dos a ocho meses. En la primera semana se observan de 10 a 12 linfocitos. 4 ó 5 mononu- cleares y 1 polimorfo nuclear, por cada dos o tres campos, y esta fórmula ad- quiere mayor gravedad en la segunda y tercera semanas del padecimiento. En el No. 1, T. V., de los Anuales de Médecine. de París, correspondiente 327 a los meses de enero y febrero de 1918 se relatan las observaciones de Da- nielopulo en 142 casos de tifo: en 48 de los estudiados, el líquido cefalorra- quídeo era más o menos amarillento en el curso de la segunda semana de la fiebre. Las reacciones celulares indicaban también (pie las toxinas tifosas tienen una acción especial sobre el tejido de los centros nerviosos y los vasos sanguíneos del cerebro; acción que se traduce por mononucleosis, aumento de almunina en el líquido y formación de precipitado cuando se sigue la téc nica de Noguchi. Complicaciones oculares del tipo.-Así se titula un interesante ar- tículo de nuestro compatriota el Dr. José de Jesús González, de León, Gto., publicado en una revista editada por estudiantes de Medicina en esta capital ("Gaceta de los Hospitales'') ; artículo que todos o gran parte de las perso- nas que me escuchan habrán leído; no me detendré, por lo mismo, en relatar su contenido, y si hago mención de él, es por la satisfacción que me causa ver reproducidos, o extractados, al menos, en un periódico tan prestigiado como el de donde he tomado estos apuntes, los estudios de médicos mexicanos, sobre todo en el caso presente en que se trata del estimable Relator de este Congreso. Me es grato también decir (pie los trabajos del Dr. González Fabela, quien en 14 casos de tabardillo sometidos a su estudio no pudo encontrar el Bacillus typhi, de Plotz. siguiendo la técnica que éste aconseja, se mencionan en el Journal bajo el sugestivo rubro (pie no traduzco: Plotz alleyed typlius bacillus. El Dr. Hitzig, conocido en México, es autor de un artículo que vió la luz en un periódico titulado Corresponden^ Blatt für Schweizer Aeróte, No. 29, del 20 de junio de 1918, en el que refiere sus opiniones sobre la dolencia, formadas durante el tiempo que aquí residió. Dice Hitzig que cuando alguien es pirado por un piojo probablemente infectado, puede ser posible evitar el tifo por medio de una inyección inmediatamente aplicada de fenol en el pun- to de la picadura, seguida de una serie de inyecciones cotidianas de gramo de quinina; con lo que espera evitar la prolificación y desarrollo de los mi- crobios de la sangre. Menciona la arsfenamina (salvarsán) como remedio preconizado para el tifo, sin emitir opinión sobre su valor curativo, y dice que lo más importante es dar de beber a los pacientes, y cuando no pueden tragar, hacerles absorber el agua por el recto haciéndola llegar ahí gota a gota. La punción lumbar puede ser una medida salvadora de la vida en casos en que haya síntomas cerebrales graves. Aquí terminan estas notas. Excusado es decir (pie este trabajo carece ab- solutamente de originalidad y no entraña ninguna pretensión de mi parte: es un conjunto de informaciones sobre cuya importancia toca decidir a la Asamblea. México. 5a. Tacuba, 78, enero de 1919. 329 Consideraciones sobre el tifo exantemático. Dr. Francisco Bello. Escribir algo acerca del tabardillo, debe considerarse entre los médicos de nuestro país, obra útil en la medida posible de cada quien, ya que es esta enfermedad una plaga nacional (pie causa siempre gran número de víctimas y que en ciertas épocas produce una verdadera devastación de vidas. Esta consideración y la inmerecida honra que me cabe de haber sido nom- brado, en unión de los doctores Anaya y Placeres, para representar a Pue- bla en este transcendental Congreso, me han decidido a publicar algunas de las opiniones que profeso sobre la materia, y sólo con el fin de llevar a la prác- tica lo que al principio dije. No creo estar en posesión de la verdad, y algo de lo que exponga, se halla- rá tal vez en contradicción con las ideas emitidas por médicos prominentes y que con justicia se les considera autoridades en la materia; pero para que es- te humilde trabajo tenga las cualidades de sinceridad y honradez, indispensa- bles en el caso, debo presentar mi criterio científico, libremente y como resul- tado de mi experiencia, sin presunción alguna. Este criterio se ha formado en el transcurso de muchos años en (pie estu- vo a mi cargo la sala de tifosos en el Hospital General, y se referirá principal- mente a lo que he observado a la cabecera de los enfermos. Necesariamente he de haber incurrido en muchos errores de apreciación resultantes de mi incompetencia; pero en todo caso, creo que, un hecho mal recogido por observador mediocre, puede servir para ser mejor apreciado por inteligencias superiores. Modo como se desarrolla el tabardillo en Puebla.-épocas del año.- El tabardillo es endémico en Puebla; siempre existe en más o menos propor- ción. En ciertos meses del año se exacerba la endemia y no se producen ver- daderas epidemias, como se acostumbra llamarlas. Este aserto se comprueba claramente con los datos estadísticos (pie sacó el doctor Anaya respecto al nú- mero de tifosos del Hospital General de Puebla, en su tesis de recepción. Su estadística hospitalaria se refiere a un período de dieciséis años comprendidos de 1891 a 1906. Aunque muy importantes estos datos estadísticos, no tienen todo el valor que sería de desearse, porque se refieren sólo a ese establecimien- to y no a la ciudad; pero sin duda (pie, para el asunto a (pie me estoy refirien- do ahora, sí dan mucha luz, pues lo que se dice del hospital a este respecto, es aplicable a la ciudad y muestra con evidencia lo siguiente: el tabardillo no falta nunca en Puebla; es, por consiguiente, endémico, y sólo mediante cier- 330 tas circunstancias, de las cuales, a mi entender, no se conocen las principales, se exacerba la enfermedad en determinados meses del año. El mes en que se observa menos número de tifosos, es casi siempre el de noviembre, y va aumentando el mal en los meses siguientes, hasta alcanzar su máximum en los de febrero, marzo, abril, mayo, junio, hasta julio, en que se nota ya una diminución bien marcada, para llegar a su mínimum en octubre, noviembre y diciembre. Estos hechos también están bien comprobados por los datos estadísticos del doctor Anaya, a que me vengo refiriendo. Naturalmente que no es por completo exacto en todos los años; hay algu- na discrepancia en el número de atacados en la sucesión de los meses com- parativamente; pero tomados estos datos en general, sí son rigurosamente ciertos. Etiología.-Se desprende ahora, naturalmente, estudiar la causa del tifo y lo que determina su exacerbación, que algunas veces es verdaderamente aso- ladora. Creo que poco se pone en duda hoy que el tabardillo sea de naturaleza microbiana. Juzgando sólo clínicamente, se llega a la conclusión sin esfuerzos, que tiene caracteres semejantes a los de las otras fiebres eruptivas, viruela, sarampión, fiebre tifoidea, escarlatina, causadas por gérmenes patógenos; pe- ro la dificultad principal para conocer la transmisión de la enfermedad, es saber cuáles son las condiciones favorables al desarrollo del germen, cuál el medio de propagación y adonde se halla su puerta de entrada. Con todo temor emito mi parecer sobre el asunto, supuesto que él ha sido ya tratado por eminencias médicas del país y extranjeras. Surge ante todo la opinión de que el piojo es el único transmisor de la dolencia, aunque no está aceptada por todos; el resultado de mi observación, me conduce a admitir que hay muchos hechos, que están en oposición con este medio único de transmisión, aunque de ninguna manera lo niego. Según la estadística del doctor Anaya a que aludo, se sabe seguramente que en ciertos meses del año, enero, febrero, marzo, abril, mayo y junio, au- menta el número de atacados en más o menos proporción, según los años; pe- ro es constante la exacerbación de la endemia en Puebla, y no sé que se haya demostrado que el piojo es insecto que abunda más en esos meses, como sí se sabe de otros parásitos que se propagan más, en tiempo de calor, de lluvias o de frío. Los mismos datos estadísticos parecen demostrar, que hay una relación muy manifiesta entre la aparición de las lluvias y la diminución del tifo en la ciudad; en efecto, las curvas comparativas que obran en la referida tesis, in- dican que a menor cantidad de lluvias y mayor sequedad de la atmósfera, co- rresponde mayor número de atacados; y aunque este dato no es rigurosamente exacto, sí, en general, se le puede tomar por cierto. La baja observada en los primeros meses de sequía, puede interpretarse como consecuencia de las abundantes lluvias de los meses anteriores. Creo que estos datos estadísticos no concuerdan con la idea de que el piojo es el único vehículo transmisor del tifo. Lo <pie he observado en el Hospital General respecto al contagio del ta- bardillo, me ha confirmado en esta creencia. En el Establecimiento siempre se notaba una gran abundancia de piojos en las ropas de los enfermos, inclu- sive las que usaban los tifosos; nunca se procuró con empeño y por lo mismo 331 no se logró, destruir esos parásitos. No obstante la abundancia constante de dichos insectos, observamos siempre (pie el tifo, se propagaba muy poco en el Establecimiento; es decir, se podía asegurar que eran raros los casos de conta- gio, a pesar de que las ropas de los tifosos eran las mismas que usaban otros enfermos. Apuntaré hechos que se relacionan con la transmisión del tifo por el pio- jo : hace anos apareció en la casa de corrección de niños y en el Hospicio, una verdadera epidemia local de tabardillo, y se vieron atacados casi simultánea- mente en unos cuantos días los asilados del Establecimiento, sin escapar uno solo en la casa de corrección. No me parece racional admitir que en cierto mo- mento hubiera invadido una inmigración de piojos tifosos a esos locales, y pienso como más probable, que causas aún no conocidas, se presentaron para favorecer la propagación de la enfermedad. Entonces se aseguró que la causa residía en las malas condiciones de los excusados y de los desagües de estos establecimientos; se procedió a remediar este mal y no se volvió a presentar otra epidemia local. La manera como se desarrollan las llamadas epidemias de tifo en la ciu- dad de Puebla, me ha conducido a creer, que no se explican satisfactoriamente atribuyéndolas al piojo, como única causa ; así se ve «pie las exacerbaciones intensas de la endemia, siguen el mismo curso (pie el desarrollo de las verda- deras epidemias de otras enfermedades infecciosas, v. gr., la viruela, el sa- rampión, la escarlatina, para no ocuparme más que de las comunes. Todas es- tas epidemias han nacido en Puebla sin causa conocida, principiando por un corto número de casos y van progresivamente aumentando en los meses (pie si- guen, hasta llegar a su máximum, para ir gradualmente decreciendo hasta desaparecer. Esto mismo observamos últimamente en la que se llamó epide- mia de tifo: principió en el mes de agosto de 1915, se cebó terriblemente en las poblaciones en los meses siguientes, comenzando a disminuir poco a poco en marzo y abril de 1916. hasta llegar casi a desaparecer en los últimos meses de ese año; en el presente de 1918 no hemos vuelto a observar notable aumento de enfermos; y puedo afirmar que en 1917 y 1918, casi no ha habido tifo en Puebla Este mismo curso me ha parecido que han seguido las verdaderas epide- mias de viruela, sarampión y escarlatina cuando han aparecido en la pobla- ción ; y es digno de notar que, como en ellas, cuando se propaga el tifo de una manera alarmante en Puebla, casi siempre se ve simultáneamente aparece con igual intensidad en México, la mayor parte de las poblaciones, de los distritos, de los pequeños pueblos, de las haciendas y rancherías. Juzgo que no es natural admitir, como ya lo expuse más arriba, que en cierto momento hayan invadido los piojos tifosos, lugares tan distantes y mu- chas veces con muy pocas comunicaciones; así, por ejemplo, acaeció en Oaxa- ca durante la última epidemia de tabardillo cuando esta ciudad se hallaba casi aislada de Puebla y de México. De todos los hechos antes expuestos, creo (pie hay razón para poder con- cluir, según mi criterio, que el piojo es posible (pie transmita el tabardillo, pe- ro de ninguna manera que es el único medio de propagación. Viene ahora la consideración en este supuesto de ¿cuál es el medio de transmisión? Asunto muy arduo y mucho más para mí; pero siguiendo 332 mi propósito, daré a conocer lo que la experiencia me ha enseñado a este res- pecto. Soy de la opinión ya emitida por médicos muy distinguidos, que el tifo es poco contagioso; pero no admito, que absolutamente no lo sea: multitud de hechos me han demostrado que un enfermo es capaz de transmitir la enferme- dad. En el Hospital pude comprobar que los enfermeros de la sala de atabardi- llados, si no estaban inmunes por haber sufrido ya la enfermedad, casi segura- mente caían atacados de ella más o menos tarde; lo mismo pasó a muchas her- manas de la Caridad, y me lo explico por el contacto íntimo que tenían con los pacientes: limpiándolos, cambiándoles las ropas, bañándolos, en suma, tenien- do una relación muy íntima con ellos. Igual cosa me pareció ver respecto al contagio de las lavanderas, los practicantes y los médicos, aunque no con tan- ta frecuencia. No puedo afirmar lo mismo respecto a los enfermos que habita- ban en las otras salas, a pesar de que estuvieran próximas a las de los tifosos; en éstos, como ya lo indiqué, se observaba el contagio, pero más raramente. La explicación que yo di siempre, fué que, para adquirir el contagio, se necesi- tan contactos frecuentes e íntimos con el atacado, pues así se aumenta consi- derablemente la posibilidad de que en un momento dado se reunan las condi- ciones para que se realice el contagio. Hay, sin embargo, otros hechos que contradicen esta manera de ver. En las casas de las personas acomodadas o de la clase media, pero que viven bien, los tifosos están las más de las veces asistidos por y en comunicación constan- te y estrechísima con sus padres, hijos, esposas, enfermeras, etc., y a pesar de esa circunstancia favorable al contagio, éste rara vez se verifica: comun- mente el tifo entra en estas clases sociales y se limita a un solo caso. Lo contrario absolutamente pasa en las casas de los pobres; allí barre, por decirlo así. familias enteras y va penetrando en la mayor parte de los departamentos y cuartos de las casas de vecindad, principalmente en los ba- rrios más miserables. ¿De qué depende esto? ¿Es que las buenas condi- ciones higiénicas de los acomodados, en sus habitaciones, en su vestido, en su alimentación, género de vida, etc., son poco favorables al desarrollo y propaga- ción del germen? ¿Depende de que el foco se halla en las casas misera- bles, y sus habitantes se infectan más bien que se contagian ? No me es posible resolver este problema; pero sí creo que todos estamos de acuerdo, en que coin- cide la propagación del tabardillo con las malas condiciones de vida de la cla- se más baja y miserable de la población; es seguro que son más fácilmente ata- cados los que viven en casas mal sanas, están mal alimentados, aglomerados en las habitaciones y tienen un trabajo rudo, etc. Surje la opinión, ya emitida, de que el tifo ataca más frecuentemente a los ricos que a los pobres. Yo he creído ver que es lo contrario; en efecto, aquí en Puebla, predomina la opinión entre Jos médicos, de (pie es enfermedad que muy rara vez curamos, ordinariamente, entre personas acomodadas. (Dr. Uriar te, Dr. Gatean, Dr. Gal indo, Dr. Hernández, Dr. Anaya. y otros muchos). Se dirá que esto depende de que es mucho mayor el número de pobres que el de ricos y de la clase media; pero contra esa idea se puede oponer lo que obser- vamos en la última invasión de 1915; entonces la enfermedad no respetó a na- die, penetró lo mismo en las habitaciones suntuosas, y las bien arregladas hi- giénicamente, que en las posilgas del proletario. Naturalmente fué mayor el 333 número de los infectados en la clase pobre. La explicación satisfactoria de es- te hecho no la he encontrado, y me inclino a creer, (pie durante las formidables epidemias, las condiciones generales del desarrollo del germen son muy pro- picias, y tal vez por ellas se encuentra más exaltada su virulencia. Mucho se ha hablado de otros factores (pie obran en la producción del ti- fo : como las malas condiciones higiénicas de las ciudades y de las habitacio- nes, la escasez de lluvias, la falta de aseo, la miseria, el hambre, la aglomera- ción, el trabajo excesivo, las guerras, la proximidad a las ciudades de ríos mal encauzados, etc., etc.: en suma, que no es posible enumerar todas las circuns- tancias generales que se señalan como causas determinantes de las epidemias y las endemias. Para el caso (pie estudio, algunas de ellas son perfectamente demostra- das : así, es innegable, porque lo atestiguan las observaciones estadísticas, que hay relación constante entre la exacerbación del tabardillo en Puebla y la es- casez de las lluvias en los meses de enero, febrero, marzo, abril y mayo, coin- cidiendo siempre la disminución del número de atacados con los meses lluvio- sos, junio, julio, agosto, septiembre y octubre. (Cuadros obtenidos por el doctor Anaya, en los que se ve mayor número de enfermos en marzo). Viene la ex- plicación de cómo obran las lluvias: sin duda que arrastrando las inmundicias de los conductos de avenamiento de las casas y de la ciudad, y purificando la atmósfera de polvos infectados. También ha de haber otras circunstancias meteorológicas que deben tenerse en cuenta; pero sólo me limito a mencionar lo demostrado. No puedo pasar en silencio un hecho muy notable que presenciamos en Puebla: siempre se creyó entre sus habitantes y personas científicas, que el tifo era ocasionado, antes de que se hiciese el avenamiento de la ciudad, por las malas condiciones de los conductos de desagüe: en efecto, éstos tenían la construcción antigua bien conocida : eran de ladrillo, de forma prismática cua- drangular, permeables, estrechos, etc., etc.; tenían todas las condiciones con- denadas por la más rudimental higiene. En 1908 se hicieron las obras de sa- neamiento de la ciudad, y progresivamente de las casas. La estadística vino a demostrar que el tabardillo no sólo no se acabó, sino que ha hecho su apari- ción periódicamente lo mismo que antes de haberse efectuado esta notable me- jora higiénica: y en 1915 y 1916, presenciamos la racha más mortífera que ja- más se había visto. Pero todavía hay algo más digno de notarse: cuando se hizo el saneamien- to de la ciudad, el Ayuntamiento determinó, para evitar molestias al vecinda- rio y mayores males, que simultáneamente y por casi todos los rumbos se lleva- ran a cabo las obras, y, al efecto, se abrieron las zanjas adonde se construye- ron los conductos nuevos, y necesariamente quedaron entonces rotos los alba- fíales antiguos, dejando descubiertas todas las inmundicias de las atarjeas de las casas y sujetas a la acción del aire, del sol y de las lluvias. Resultó nece- sariamente que casi toda la población estaba invadida por aguas inmundas cargadas de substancias en fermentación, y que daban a la atmósfera una fe- tidez insoportable. Al acontecer esto, todos pensamos, que la consecuencia se- ría una fuerte exacerbación del tifo durante el tiempo de las obras, que fue bien largo. Pues sucedió precisamente lo contrario: fué uno de los años en que tuvimos menos tifo en Puebla. 334 Todos estos factores que vengo estudiando, obran en mi concepto, como lo hacen en las otras verdaderas epidemias (sarampión, viruela, escarlatina, etc.), en el concepto de causas generales propicias a la infección y al contagio, pero de ningún modo peculiares al tifo. En la ciudad de Puebla existe un río que la atraviesa: en tiempo de llu- vias viene muy caudaloso y se desborda de su lecho habitual arrastrando gran cantidad de substancias orgánicas y algunos desechos de la población: pero cuando llegan los meses de sequía, va disminuyendo su caudal y queda redu- cido a un pequeño arroyo, cuyas márgenes constituyen un verdadero pantano. No es necesario insistir en lo insalubres que son para la ciudad esas aguas mal encauzadas y que dejan al descubierto enorme cantidad de desechos orgánicos en putrefacción. Se sabe por la estadística del doctor Anaya que, en las casas situadas a las márgenes del río, abunda más el tabardillo, y que éste se cebó allí con mayor fuerza en 1915 a 1916. Sabido es que también a otras causas se atribuye la producción del tifo, como son: los enfriamientos, las emociones vivas, la mala calidad de los ali- mentos, las aguas potables, etc., etc. A todas éstas no les atribuyo más que un papel meramente predisponente; pero según mi sentir, no explican la endemia en Puebla ni sus exacerbaciones. No olvidaré, por último, decir que, en Puebla, cuando han aparecido ver- daderas epidemias de sarampión, escarlatina, viruela, exacerbación del tabar dillo, su disminución y su desaparición se han verificado, en mi opinión, por la acción de agentes naturales que van debilitando a los gérmenes patógenos y por fin los destruyen; pues profeso la creencia firme de (pie nunca han termi- nado, debido a las medidas higiénicas y reglamentarias puestas en acción por nuestras autoridades; porque su ineficacia ha sido debida a los factores que siempre dominan en nuestro país: falta de cultura y de disciplina en nuestro pueblo y escasez de recursos pecuniarios indispensables para combatir esas plagas sociales. Edad en que ataca el tabardillo.-Se demuestra por las curvas estadísti- cas hechas por el doctor Anaya, en su tesis ya citada, las cuales están de acuer- do con lo <pie he observado en mi práctica, que el tifo es raro en la primera y segunda infancias, y va aumentando el número de atacados, entre los catorce y cuarenta años, para decrecer de una manera rápida de los cuarenta y uno hasta los setenta o más, en (pie es excepcional. Formas clínicas del tabardillo.-Juzgo difícil hacer una clasificación justa y precisa de las formas en (pie se presenta la enfermedad. Los maestros han tomado-por base ya su gravedad, ya los síntomas más culminantes que se destacan del cuadro clínico y aun el curso que sigue la enfermedad. Sin tener competencia para hacer crítica de las diversas formas aceptadas por notables médicos, me limito a este respecto, a considerar la enfermedad desde el punto de vista práctico, tomando en cuenta principalmente los rasgos que sirven al observador para hacer un diagnóstico seguro, un pronóstico pro- bable, y según ello, llenar las indicaciones terapéuticas (pie reclama el caso. Acepto la división (pie presentó en su tesis de recepción mi discípulo y amigo, el malogrado doctor don Joaquín Urrutia. joven muy inteligente y que consa- gró largo tiempo al estudio del tabardillo, a mi juicio, con gran espíritu de observación. Haré referencia muy a menudo a ella en este trabajo, porque yo 335 también tomé alguna parte en su formación, pues en muchos puntos éramos de la misma opinión, y su tesis tuvo por base cincuenta casos de tabardillo que estudiamos juntamente en la sala de mi cargo en el Hospital General. El doctor Urrutia describe, y yo acepto, tres tipos de tabardillo: benig- no, grave y muy grave ; división casi igual a la de Wunderlich y Laceran, que en mi opinión tiene la ventaja de su simplicidad, y responde al pronóstico y a las indicaciones terapéuticas que se desprenden de los síntomas (pie caracte- rizan a estas formas clínicas. Lo que debe guiar al práctico, para apreciar di chas formas, son los síntomas que marcan la gravedad y que, por decirlo así. deciden la suerte del enfermo. Forma benigna.-El tabardillo tiene un período de incubación, según los autores, de ocho a doce días más o menos. Yo nunca he tenido la oportunidad de comprobarlo, porque mi principal práctica es hospitalaria, y se comprende cuán difícil es obtener de los enfermos de la clase inculta, los datos que recla- ma esta investigación. Los asilados llegan al establecimiento en pleno ta- bardillo. La duración de la enfermedad es en la gran mayoría de los casos, de ca- torce días, aunque es frecuente (pie se prolongue dos o tres días más; pero ca- si invariablemente el día catorce de la enfermedad se nota un alivio manifies- to si sigue el camino de la curación, y aun en los casos muy graves y mortales al fin de la segunda semana a veces se nota algún cambio favorable, aunque no sea más que aparente, que hace concebir esperanzas de salvación. Delineando brevemente, porque no es posible otra cosa en este corto tra- bajo, el cuadro (pie presentan las formas benignas, comenzaré por decir que los primeros días se descubren sólo los síntomas (pie corresponden a una in- fección aguda febril, esto es: un calosfrío o varios, temperatura alta, pulso frecuente, cefalalgia más o menos intensa, inyección conjuntiva], dolores musculares, principalmente en los miembros inferiores, inapetencia, sed. desfallecimiento, entorpecimiento mental, insomnio, etc. Por estos síntomas comunes a los estados febriles no es posible, en los cinco primeros días, hacer el diagnóstico y sólo se puede presumir por las condiciones de infección o con- tagio a que haya estado expuesto el enfermo o por la existencia abundante de tifosos en la localidad. Algunas veces la invasión es lenta y permite al enfermo no hacer cama, y hasta salir a la calle en los tres primeros días. La fiebre es generalmente al- ta, entre 39" y 10°, con remisiones matinales. Sólo en los casos muy benignos es menor de .">9° o en algunos otros muy graves y mortales en que a pesar de la temperatura muy moderada, aparecen otros síntomas, que marcan un pronós- tico casi siempre mortal. Haré mención de esto oportunamente. Algunas veces se nota una remisión a 37°,5 al fin del primer septenario, cuando brota el exan- tema. Esto lo comprobó en varias curvas el doctor Urrutia. En los tabardillos benignos a que me estoy refiriendo, se efectúa el des- censo de la temperatura, o bruscamente al fin del segundo septenario, o por lisis, gradualmente, desde el noveno día de la enfermedad. Las curvas térmicas formadas por el citado doctor lo comprueban claramente. EPexantema aparece del (plinto al séptimo día del padecimiento, y conti- núa haciéndose el brote en la segunda semana. Siempre he creído que este sín- toma es el patognomónico de la enfermedad. Lo diré de una vez: yo no admito 336 la existencia de tabardillo sin exantema. En los casos muy benignos y en el tabardillo de los niños, puede ser muy poco aparente y muy discreto, pero exis- te lo suficiente para poder descubrirlo. En los tabardillos comunes es muy fácil verlo con sus dos caracteres prin- cipales en estado de pápula rosada, sobresaliente, que desaparece por la presión (esto en su primera fase) y después transformado en petequia o mácula hemo- rrágica que da un aspecto manchado a la piel sin que desaparezca por la pre- sión. Comprendo que son nimios todos estos pormenores, por harto conocidos, ¡>ero he advertido desde el principio, que debo escoger los datos (píeme parecen más importantes, para hacer sobre ellos las consideraciones que me ha sugeri- do la observación de atabardillados durante muchos años. Seguiré, pues, en este propósito. El exantema tiene a mi ver, para el pronóstico de la enferme- dad, una grandísima importancia: en los casos benignos y en los niños es po- co aparente y discreto, forma pocas petequias y desaparece rápidamente al fin de la enfermedad; éste es su carácter en la forma leve que estudio. Dejo pa- ra después describirlo con más pormenores cuando me ocupe de los casos graves. Después de la temperatura y del exantema, viene a mi consideración el es- tudio del pulso. Este se halla en relación con la temperatura entre 100 por mi- nuto y 120 como máximo. Su moderada frecuencia es un signo muy favorable. Es lleno, algunas veces la arteria es dura, y raramente dicroto. No insistiré más por ahora acerca del pulso, porque al tratar de los casos graves, me ocu- paré de la significación que reviste con relación al pronóstico. Las manifestaciones nerviosas son a mi ver, lo que marca la gravedad del enfermo y en general lo que decide de su suerte. Al tratar de estos síntomas, algunas veces formidables, en las formas graves, ampliaré mi opinión sobre el asunto; por el momento, hablando sólo de los casos benignos, indicaré que el delirio es raro que falte en el curso de la enfermedad, pero en los casos ligeros, reviste caracteres poco alarmantes: moderado, tranquilo, desaparece fácilmen- te si se interroga al paciente, es un verdadero subdelirio interrumpido por li- gero sopor, más bien torpeza cerebral que al fin del día décimocuarto o antes, va disminuyendo para comenzar la convalecencia. La lengua está ligeramen- te seca, fuliginosa, pero nunca presenta la costra dura y áspera que caracteriza a la lengua de perico. La terminación en estas formas leves es frecuentemente anunciada por fe- nómenos críticos: sudores, mayor delirio, agitación y abundancia de orinas se- dimentosas, etc., etc. Todavía pueden presentarse, por excepción, cuadros aun más atenuados: pero creo que con lo dicho, habré dado idea aproximada de la variedad que me ocupa. Respecto a los demás órganos y aparatos, padecen bien poco: pueden pre- sentarse ligeras bronquitis, faringitis, constipación, meteorismo, diarrea y es- casez de orina; pero todo ello reviste escasa importancia. Forma grave.-Delinearé rápidamente los caracteres más culminantes que presenta esta forma de la enfermedad, pues entrar en grandes pormenores haría muy extenso mi estudio y saldría de los límites que debo darle. La inva- sión es a menudo más brusca y hace presumir la gravedad del caso; aunque sucede algunas veces que los síntomas alarmantes se presentan a medida que 337 avanza la segunda semana. Se observa calosfrío inicial, la temperatura oscila entre 39° y 40° o más, el dolor de cabeza es intenso, la postración se nota des- de luego, y la acompaña torpeza cerebral, lentitud de la palabra, inyección de las conjuntivas y de la cara, insomnio, sed viva, anorexia, etc. Todo indica que el organismo se halla invadido por un enemigo terrible que lo amenaza de muerte. El exantema brota a su tiempo, pero rápidamente, invade el abdomen, el dorso, el pecho y los miembros. Como lo indiqué antes, la aparición de este signo, hace presumir lo grave del caso, porque el aspecto que presenta difiere en su intensidad de la que tiene en los casos benignos. Es casi siempre con- fluente, forma máculas grandes, salientes, y cuando se hace petequial, da al cuerpo un aspecto manchado, vivo, que se ve como jaspeado. Este aspecto con- fluente y equimótico del exantema, es un augurio de gravedad de gran valor para el pronóstico. Pasa en esta unidad nosológica lo mismo que se observa en las otras fie- bres eruptivas sus congéneres: la viruela, el sarampión, la escarlatina, etc.; esto es, a mayor confluencia del exantema mayor gravedad, y la tendencia a las hemorragias hace esperar consecuencias fatales. En los casos muy graves he llegado a verlo en la cara, en las manos y hasta en la cabeza, en alguna per- sona calva. Los fenómenos nerviosos dominan el cuadro del padecimiento: el delirio aparece generalmente al fin de la primera semana y se desarrolla muchas ve- ces de una manera violenta en la segunda; el paciente se ve agitado, trémulo, habla ya incoherentemente, o en otras ocasiones, grita, intenta levantarse y hasta es preciso sujetarlo en la cama. A veces tiene un delirio tranquilo, pero nrenominan el abatimiento y el sopor; el gran Trousseau llamó a estas varie- dades ataxoadinámicas. Aunque el enfermo responda a las preguntas que se le hagan, puede decirse que en la mayoría de los casos no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor; y en ocasiones entra en un estupor que dura hasta el final, ya sea éste favorable o mortal. Se pueden apreciar otras manifestaciones nerviosas: temblor de las ma- nos, de los labios y de la lengua, sobresaltos de los tendones, carfología, rigi- dez del tronco y de los miembros, y expulsión inconsciente del excremento y de las orinas. Sin desconocer que falta aún mucho que citar, abreviaré la descripción para no abusar de vuestra paciencia. Llego ahora al estudio importantísimo del pulso, del corazón y de la cir- culación general. En los casos graves, el pulso es siempre frecuente, al derre- dor de 120 por minuto y más también. Cuando la mayor gravedad aún no se presenta, puede estar abajo de 120, y tiene buena tensión; lo que indica que el corazón impulsa la corriente sanguínea de manera satisfactoria; no existen congestiones pasivas; pero si el curso de la enfermedad sigue mal camino, de un día a otro cambian estos caracteres de buen augurio; frecuentemente del noveno día en adelante; entonces se debilita el pulso, aumenta su frecuencia y baja su tensión; la auscultación del corazón hace apreciar la diminución de energía contráctil, porque toma el carácter embriocárdico, y esta debilidad re- suena en la circulación periférica, determinando éxtasis viscerales principal- mente en el pulmón y la periferia. Hay cianosis de la cara, de los labios y de 338 las extremidades; se produce tos por la congestión pasiva del pulmón, y la dispnea se va acentuando cada vez más. Así, pues, accidentes nerviosos intensos, debilidad cardíaca, angustia res piratería y cianosis: son los fenómenos (pie. llevados a extremo grado, condu cen al enfermo a la muerte. Existen otros síntomas que acompañan a los que acabo de enumerar, tales como el aspecto de la lengua, que es seca, cubierta de una capa áspera, dura, negruzca, sin asomo de humedad, llamada lengua de perico. Nunca falta este aspecto en los casos graves, y es un importante signo pronóstico. Se presentan también bronquitis, constipación rebelde y meteorismo; a veces diarrea, en- friamiento de las extremidades, parálisis de la vejiga, orinas muy concentradas y rojizas, etc., etc. Si la enfermedad llega a tener por final la curación, porque el organismo pudo vencer la gran intoxicación de (pie se hallaba presa y también porque res- pondió a los medios terapéuticos de (pie disponemos, (pie en mi sentir son de limitada acción, el conjunto descrito cambia más o menos rápidamente cuan- do se presentan fenómenos críticos; o bien se comienza a acentuar gradual- mente el alivio desde el décimocuarto día o poro antes, o uno o dos días des- pués, y van mejorando los fenómenos graves que amenazaban la vida del pa- ciente. En efecto, se ven aminorar las manifestaciones cerebrales alarmantes, el individuo comienza a darse cuenta de lo (pie pasa a su alrededor, disminuye el delirio, el pulso aumenta su tensión y baja su frecuencia : la respiración es menos fatigosa y, para no seguir paso a paso el desarrollo de la curación, sólo diré, (pie si no hay complicaciones, todo va entrando al orden sin dejar huellas muchas veces. Si hay crisis, el paso a la salud, más rápido, se inicia por sudores de muy buen augurio u otra manifestación crítica; aunque se produce un agotamiento profundísimo; el corazón, que es el eje de la vida, en el caso, reacciona aumen- tando su energía y entonces puede llamarse salvado el paciente. Forma muy grave.-En la forma (pie acabo de describir, la curación es po- sible muchas veces; pero no sucedí1 lo mismo en la (pie voy a ocuparme, pues casi siempre ocasiona la muerte. Poco tengo (pie agregar al cuadro trazado arriba; sólo haré notar (pie las manifestaciones alarmantes se acentúan más aún, y todo hace predecir funes- to tin. El exantema es muy confluente y consiste en máculas y petequias muy grandes, algunas unidas formando verdaderas equimosis. El pulso siempre es muy frecuente, arriba de 120, puede llegar hasta 1G0 y es entonces signo de extrema gravedad; la tensión baja gradualmente y si no hay reacción útil, la muerte es inevitable. Los fenómenos nerviosos toman una intensidad extraor- dinaria, ya se presenten con vivísima agitación delirante, o con postración y estupor (pie puede llegar al coma. Inútil es decir que el paciente ha perdido la conciencia, con gran trabajo se logra fijar su atención y balbute algunas pala- bras incoherentes. La cianosis de la cara, de las extremidades y del cuerpo, se acentúan cada vez más: hay enfriamiento periférico aunque la temperatura central sea muy alta. Se aprecia bien el temblor de los labios, de la lengua y de las manos; sobresaltos tendinosos, y pueden presentarse también rigidez y con- vulsiones. El hipo se observa a menudo antes que estos síntomas tan alarman- tes. y siempre anuncia un pronóstico comúnmente mortal. La respiración es en 339 los últimos días muy frecuente, superficial, ruidosa, angustiosa. La lengua to- ma el aspecto ya descrito: enteramente seca, agrietada, dura, negruzca. Se percibe un aliento muy fétido. La posición del enfermo es siempre la de decú- bito dorsal. (Es favorable que pueda conservar el lateral). En este período existe mucha dificultad para hacerle deglutir, ya sea por la sequedad de la faringe o por su parálisis. He dejado a lo último la temperatura, porque abrigo acerca de este sínto- ma, ideas «pie no están de acuerdo con las reinantes entre muchos médicos. Asentaré que mi parecer es «pie la temperatura alta por sí sola, no marca la gravedad y tampoco decide del pronóstico, si no viene acompañada del cuadro nervioso y de los síntomas cardiovasculares que acabo de indicar; y por otra parte, éstos sí pueden coexistir con temperaturas moderadas, y aun relativa- mente bajas. Profeso la creencia de (pie la temperatura, como lo han dicho al- gunos sabios, es una reacción de defensa del organismo; pues es de la práctica común observar que, temperaturas bastante altas y sostenidas, en otros mu- chos estados patológicos no dan lugar a manifestaciones verdaderamente gra- ves, y no comprometen la vida. Así, pues, la hiperpirexia, sí agrava la enfer- medad. pero no es la <pie produce la muerte. Aceptada esta idea por mí, he llegado a preguntarme; ¿Cuál es la causa del desfallecimiento cardíaco que indudablemente hace sucumbir a los atabar- dillados? Diversos autores han descrito tiempo ha, lesiones degenerativas de las Abras del miocardio, es decir, una miocarditis de naturaleza infecciosa. Es indudable (pie esto puede explicar fácilmente el desfallecimiento del corazón y sus consecuencias funestas; pero a mi juicio, no hay que perder de vista otro factor que tal vez es más importante, y resuelve de una manera plausible la di- ñcultad; me redero al elemento tóxico. No cabe duda que la toxemia domina el cuadro de la enfermedad, obrando sobre los centros nerviosos y por consiguien- te sobre los centros circulatorios. En efecto, el paciente es un intoxicado, que está en lucha contra el veneno tífico; si su organismo no tiene medios suficien- tes de defensa naturales, pues los terapéuticos son poco eficaces, saldrá venci- do en el combate y como consecuencia aparecerá el debilitamiento cardíaco que lo llevará al sepulcro. Diagnóstico.-Clínicamente, me ha parecido bien sencillo el diagnóstico del tabardillo, porque es una unidad nosológica perfectamente definida, carac- terizada por un ciclo constante y un exantema que no es fácil confundir. Opi- no que las vacilaciones pueden existir en casos muy benignos, en que el prin- cipio de la enfermedad, por estar muy atenuada, pasa casi inadvertido, y por eso se cuentan menos de dos semanas en su duración. Nunca he encontrado las formas abortivas descritas por varios autores. Respecto al exantema, que es, según pienso, lo que caracteriza principalmente a la enfermedad y la descubre con certeza, ya dije oportunamente (pie sólo en los casos muy atenuados y en los niños, puede ocultarse este síntoma por su poca apariencia; pero siempre se le llega a notar, y el conjunto clínico ayuda a aclarar las dudas. En la in- mensa mayoría de los casos de tabardillo, no caben vacilaciones: la unidad morbosa se destaca de manera precisa. Tampoco he tenido la oportunidad de observar tabardillos asociados a otros padecimientos febriles, que confundan sus caracteres particulares, desde el punto de vista clínico. Estados tifosos 340 hay muchísimos; pero el que se refiere al que estudio, tiene sus caracteres per- fectamente definidos. Algunas palabras sobre la terapéutica del tabardillo.-Después de ha- ber agotado la atención de mi benévolo auditorio con esta larga descripción, paso en silencio, por falta de tiempo, otros importantes puntos que están fuera de mi propósito, y que con seguridad serán tratados con mucho acierto aquí por otros médicos que cuentan con la competencia que a mí me falta. Pero pa- ra terminar, no puedo resistir a ocuparme, aunque sea con extrema rapidez, de algo referente al tratamiento del tabardillo. Mientras no sea descubierto definitivamente su germen patógeno y éste sirva de base para instituir una terapéutica enteramente firme, o aun sin esto se halle un remedio específico, el tratamiento que empleamos hasta hoy, lo juz- go muy deficiente porque no combate al terrible enemigo de que tiene que de- fenderse el organismo: esto es, la toxemia. Tal vez sólo la sueroterapia o bac- terioterapia podrán resolver el problema curativo con éxito feliz; y si esto es exacto, la medicación farmacológica no desempeña otro papel, como lo hace hasta ahora, que el de un coadyuvante en muchísimos casos seguramente inefi- caz. De esto último voy a ocuparme. Las formas benignas del tabardillo no necesitan medicación alguna; la experiencia me ha enseñado que la acción de los medicamentos es ilusoria, por- que el organismo tiene medios suficientes de defensa, por sí solo, para vencer al enemigo, con éxito afortunado. Así, pues, no admito, que se deba atribuir el resultado favorable a los medicamentos. En los casos graves y muy graves, juzgando de la acción terapéutica con serenidad, he llegado a la conclusión de que tienen un efecto curativo muy dis- cutible; en efecto, ¿qué es lo (pie se hace en esos casos en que el enfermo es arrastrado muchas veces a la muerte? Tratarlo sintomáticamente, pues no te- nemos medios de contrarrestar la acción mortal del veneno tífico. Brevemente me referiré a ello. Se combate la temperatura por los baños, las abluciones frías en todo el cuerpo, la refrigeración de la cabeza, las lavativas frías y los antitérmicos. La experiencia me ha enseñado, que el baño es benéfico al paciente, porque abate transitoriamente su temperatura, y es un sedante del sistema nervioso; pero hay veces que esto no se consigue sino de manera fugaz, y los fenómenos mor- tales avanzan a pesar de ello. Lo mismo digo de la refrigeración por medio de las lociones y las abluciones o las duchas a la cabeza, etc., etc. En consecuen- cia, se combate la hipertermia, pero la toxemia sigue su avance, al fin del cual el organismo decide si tiene poder para vencer o sucumbir en la lucha. Alarma mucho, y con justicia, el desfallecimiento del corazón: entonces se aplican digital, cafeína, alcanfor, esparteína, adrenalina, etc. Finalmente creo que cuando la acción del corazón se debilita por falta de influencia cen- tral debido al envenenamiento de los centros nerviosos o a la miocarditis infec- ciosa, como se piensa, los medicamentos cardíacos tónicos, enunciados, son per- fectamente inútiles; y por nada se logra vigorizar este órgano. Llego, por último, a la serie de medicamentos propuestos, a los cuales atri- buyo una acción específica contra el mal: me refiero al cloruro de calcio, ti- mol, citrato de sodio, calomel, fermentos coloidales, etc. Confieso que soy ab- solutamente escéptico en la acción curativa de estos medios farmacológicos, 341 sin negar que los he empleado multitud de ocasiones y naturalmente habiendo curado a veces al enfermo, no por su acción en mi concepto; pero salvo opi- niones muy competentes, si he de ser sincero, debo declarar: que siempre he atribuido la curación a los esfuerzos naturales de defensa del organismo, y les he concedido una participación bastante corta, y sólo como coadyuvantes a los medicamentos indicados. Del somero estudio que precede, se desprenden las siguientes conclusiones que a la vez le resumen: I. El tabardillo es endémico en Puebla y la endemia muestra exacerba- ciones anualmente constantes, cuyo máximum se observa en marzo. II. De las causas (pie determinan la exacerbación sólo podemos señalar, como bien demostrada, la escasez de lluvias. ¡I I. El tabardillo es característico clínicamente y el exantema es su sín- toma patognomónico. IV. En el tabardillo podemos distinguir, desde el punto de vista clínico, tres formas: benigna o ligera, grave y muy grave, que implican pronósticos di- ferentes. V. Hasta la fecha no disponemos de un medicamento específico y eficaz para la curación del tabardillo; sólo disponemos de medicaciones sintomáti- cas cuyo valor es insuficiente, y la vuelta al estado normal se realiza más por los esfuerzos naturales del organismo (pie por la acción de nuestros medios terapéuticos. VI. Probablemente la inmuniterapia, la bacterioterapia y la suerotera- pia, nos proporcionarán un tratamiento específico del tabardillo, y en ellas de- bemos cifrar nuestras esperanzas terapéuticas. 343 El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya. El trabajo que presentamos a la ilustrada consideración de ustedes se refiere a un conjunto de datos estadísticos acerca del tifo en el Hospital Ge- neral del Estado y que en su mayor parte formó el asunto de nuestra tesis pa- ra el examen de recepción. Esta primera parte que comprende diez y seis años ha sido cuidadosamente revisada y aumentada con los datos de otros ocho años más, comprendiendo por lo tanto, el presente, veinticuatro años. Los datos consignados en él se refieren casi exclusivamente al tifo en el Hospital y han sido tomados de los libros que existen en dicho Establecimiento; los de la mortalidad en la ciudad fueron tomados de la Sección de Estadística del Ayuntamiento; los de la cantidad de lluvia y temperatura atmosférica nos fueron proporcionados bondadosamente por el señor don Francisco Te- norio, Director del Observatorio Meteorológico del Colegio del Estado. Para proceder metódicamente en la recolección de los elementos, hicimos primero dos grandes divisiones: en la primera, tuvimos en cuenta únicamente a los hombres y en la segunda a las mujeres que durante el período de vein- ticuatro años ingresaron en el Hospital. En cada una de las mencionadas divisiones hemos tenido en cuenta la edad, el estado civil, oficio o profesión, domicilio, permanencia en el Hospital y el resultado. Cada uno de estos elementos en ambos grupos fué anotado por años y a su vez en cada año se estudió el tifo en los diversos meses. Con estos elementos hemos formado el presente trabajo, y las enseñanzas que ellos nos han dado, vamos a indicarlas a continuación. El número de días que cada individuo permaneció en el Establecimiento no nos da una enseñanza precisa con respecto a la duración de la enfermedad, porque en general los atacados de tifo ingresan cuando ya han transcurrido varios días desde que se presentaron los primeros fenómenos del padecimien- to, siendo imposible saber exactamente su principio. La permanencia en el Establecimiento es extremadamente variable: desde un día hasta ciento trein- ta y cuatro, y estos números no corresponden solamente a los días de la en- fermedad, sino que están incluidos en ellos algunos días de la convalecencia, y además con harta frecuencia, en el curso o al final de la enfermedad, se presenta alguna de las complicaciones del tifo, lo cual retarda la salida o la defunción del paciente. El tifo se observa en todos los meses de los diversos años (pie estudiamos, exceptuándose el mes de diciembre de 1891. el de julio de 1892 y 191)1. enero de. 1910. octubre de 1912. en los que no ingresó al Hospital ningún tifoso; de manera que puede decirse (pie el tifo en el Hospital es continuo. 344 El número de atacados de tifo que se registraron en el Hospital en cada uno de los años que estudiamos es el siguiente: 1891 - 49 casos 1892 - 41 1893 - 274 ,, 1894 - 274 ,, D. 1903 - 194 casos 1904 - 324 ,, Ascendente. A. Ascendente. 1905 - 79 ,, 1906 - 125 - ,, 1907 - 101 ,, E.- Ascendente. B. 1895 - 169 ,, 1896 - 211 ,, 1897 - 214 ,, Ascendente. 1908 - 73 ,, 1909 - 63 ,, 1910 - 220 ,, F. - Ascendente. c.- 1898 - 61 1899 - 58 ,, 1900 - 47 ,, Descendente. 1911 - 626 ,, 1912 - 225 ,, 1913 - 100 1914 - 135 ,, G. Descendente. D. 1901 - 62 „ 1902 - 191 Ascendente. Hemos dado a los años el agrupamiento anterior, teniendo en cuenta el aumento o disminución en el número de atacados, y partiendo del año (1892) en el que hubo menor número (41) nos quedan divididos en los grupos A, B, C, D, F y G, con la particularidad de que el grupo 1) está formado de cuatro años; el año de 1891 y el de 1914, conforme a esta manera de agruparlos, corresponderían a un grupo anterior y a uno posterior respectivamente. En los grupos A, B, 1>, E, se observa que de un año al siguiente en cada uno de los mencionados grupos, hay aumento en las cifras de los atacados, y en los grujios C y G. por el contrario, hay disminución; por tanto a éstos los llamamos grupos o períodos descendentes, y a los otros cuatro grupos ascen- dentes; el F lo consideramos como ascendente aun cuando se advierte que el año intermedio (1909), en vez de ser la cifra correspondiente (63) mayor o por lo menos igual a la del primer año (1908) es menor; pero comparada la cifra del primero (73) con la 220 del tercero (1910), se nota que hay aumento. Como fácilmente se advierte, después de dos períodos ascendentes encon- tramos uno descendente, luego tres ascendentes y uno descendente, con la pe- culiaridad de que el primero de los tres ascendentes está formado ¡>or cuatro años. Por lo que hace al año de 1891 nos atrevemos a suponer que correspon- de a un período ascendente, y el año de 1914 con seguridad corresjmnde a uno ascendente; fundándonos en que durante los años de 1915 y 1916 se des- arrolló en la ciudad una epidemia, y si no consignamos los datos, es porque por desgracia existen incompletos los de estos dos años y sólo pudimos reco- ger los datos de los atacados de tifo que ingresaron al Hospital General y que arrojan un total de 621 para el año de 1915 y 230 para el de 1916; pero estos números no son, ni con mucho, los verdaderos, pues debemos advertir que hubo necesidad de establecer un lazareto exclusivamente para tifosos en el antiguo Hospital del Corazón de Jesús, y que los libros de este Estable- cimiento han desaparecido en las ocupaciones y desocupaciones que ha habido. Podemos atrevernos a decir que parece existir en el Hospital un ciclo evolutivo del tifo y que consiste en que después de tres períodos ascendentes viene uno descendente, sin que por ahora pueda darse la explicación de la 345 anomalía que se nota en el grupo 1) que es el primero de los tres ascendentes después del primer descendente. Podemos también decir de un modo aproxi- mado que los años de 1917 y 1918 forman parte de un período ascendente puesto que en este último año aun cuando hay muy pocos tifosos, hubo más que en 1917 durante el cual se notó una baja muy considerable en relación con el de 1916, que fué el de la epidemia. Por lo que hace a la relación entre las cifras del último año de cada agrupamiento y las del primero del agrupamiento (pie le sigue inmediatamente,, se advierte que: del grupo A al B hay una diferencia negativa (-105 i, en- tre el B y el C igualmente negativa (-153 ) pero a la vez mayor que la ante- rior; entre el grujió C y el D hay una diferencia positiva (4 15), menor que las anteriores; entre el 1) y el E encontramos una diferencia negativa (-245), mayor que las dos negativas anteriores; entre el 12 y el F una negativa (-30), menor que las. dos negativas anteriores; entre el grupo F y el G existe una diferencia positiva (H-400), mayor «pie la positiva anterior y que las tres negativas. El grupo G descendente es en el que se observó el mayor número de tifosos en los veinticuatro años. Por lo dicho anteriormente podemos concluir que los veinticuatro años los podemos dividir en períodos de tres o cuatro años, habiendo un período descendente después de tres ascendentes, o sea que después de nueve a diez años hay un período de tres en el «pie el tifo baja considerablemente para as- cender de un modo rápido en el período ascendente que le sigue. ¿Tendrá un ciclo evolutivo el tifo en el Hospital? Para contestar esta pregunta sería necesario repetir las observaciones en un gran número de años. De todos modos, vemos que el tifo se presenta en todos los meses y años que estamos estudiando, pero que a la vez hay algunos años de recrudeci- miento constituyendo verdadera epidemia. El número de atacados de tifo en los veinticuatro años por sexos, es como sigue: HOMBRES MUJERES 1891 - 25 casos 1892 - 29 ,, 1893 - 156 ,, 1894 - 151 1895 -- 71 ,, 1896 - 103 „ 1897 -- 103 ,, 1898 -- 26 ,, 1899 - 33 ,, 1900 - 28 ,, 1901 - 40 ,, 1902 - 97 ,, 1903 -- 110 ,, 1904 - 170 ,, 1905 -- 33 ,, 1906 - 54 ,, 1907 - 45 ,, 1891 - 24 casos 1892 -- 12 „ 1893 -- 118 ,, 1894 -- 123 „ 1895 - 98 ,, 1896 - 108 ,, 1897 - 111 ,, 1898 -- 35 ,, 1899 - 25 ,, 1900 - 19 ,, 1901 - 22 ,, 1902 - 94 ,, 1903 - 84 ,, 1904 - 154 ,, 1905 - 46 ,, 1906 - 71 ,, 1907 -- 56 ,, A' B' C' D' E' A" B" C" D" E" 346 HOMBRES MUJERES F' G' 1908 - 28 ,, 1909 -- 25 ,, 1910 --99 ,, 1911 -- 331 „ 1912 -- 112 ,, 1913 --46 ,, 1914 --54 ,, F" G" 1908 - 45 casos 1909 -- 38 „ 1910 - 121 „ 1911 - 295 ,, 1912 - 113 ,, 1913 - 54 ,, 1914 - 81 ,> El tifo ataca casi en la misma proporción a los hombres y a las mujeres, como nos lo demuestran los números anteriores. El número de hombres tifo- sos que ingresaron al Hospital en veinticuatro años es de 1,969, y el de mu- jeres de 1,947. La diferencia de 22 es despreciable teniendo en cuenta que corresponde a veinticuatro años. Los resultados que el tifo nos presenta considerándolo en los diversos meses (y siempre en el mismo lapso), sin distinción de sexos, es como sigue; debiendo advertir que se encuentran colocados los meses en un orden as- cendente : Noviembre 256 casos Agosto 258 ,, Septiembre 260 ,, Julio 296 ,, Octubre 299 ,, Junio 313 ,, Diciembre 314 casos Mayo 331 ,, Enero 380 ,, Febrero 387 ,, Abril 399 Marzo 423 ,, Noviembre 111 ,, Septiembre 123 ,, Agosto 135 ,, Julio 138 ,, Junio 140 ,, Octubre 146 ,, Diciembre 161 ,, Mayo 171 ,, Febrero 198 ,, Enero 201 ,, Marzo 219 ,, Abril 226 HOMBRES Agosto 123 ,, Septiembre 137 ,, Noviembre 147 ,, Octubre 153 ,, Diciembre 153 ,, Julio 158 ,, Mayo 160 ,, Abril 173 Junio 173 ,, Enero 179 ,, Febrero 189 ,, Marzo 204 ,, MUJERES De lo anterior resulta que el mes en que hay menor número de tifosos es noviembre y el de mayor número marzo; pues aun cuando para los hombres no es marzo sino abril, la diferencia entre marzo (219) y abril (226) es de -|- 7; y tratándose de las mujeres, el mes en el que se observa menor número de atacadas no es noviembre (141) sino agosto (123); la diferencia es de -1S; sin embargo aceptamos que marzo es el mes en el que se observa mayor nú- mero de atacados y noviembre el de menor número. El curso del tifo gráficamente representado puede verse en la Fig. 1, que es una gráfica comparada con la de la lluvia. Teniendo en cuenta que el número total de individuos atacados de tifo en veinticuatro años fué de 3,916, la media anual es de 163.1 (i y la mensual 13.59; ahora bien, la media, anual de hombres es de 82.62 y la de mujeres 81.12; la media mensual para los hombres 6.83 y para las mujeres 6.76. 347 Estos números nos vienen a confirmar que el tifo ataca casi en la misma proporción a los dos sexos. La máxima anual en nuestro período de veinticuatro años correspondió a 1911 con 626 casos, al paso (pie la mínima correspondió a 1892 con 41 casos. La máxima mensual se observó en marzo con 423 casos y la mínima en noviembre con 256. (Estas cifras no corresponden a un solo mes sino a la suma de los meses en veinticuatro años). La máxima anual para los hombres (331) y para las mujeres (295) co- rresponde a 1911. La mínima anual de hombres se observó en 1891 y 1909 con 25 casos y la de mujeres en 1892 con 12 casos. La máxima mensual para los hombres se observó en abril (226) y para las mujeres (204) en marzo. (Las cifras son la suma de los meses en vein- ticuatro años). La mínima mensual de hombres (111) y la de mujeres (123) se observó en noviembre y agosto respectivamente. (La misma observación que tratán- dose de la máxima). Los términos medios que hemos anotado son de grandísima importan- cia, pues desde el punto de vista estadístico nos representan el valor más probable de los datos de observación, y son la base de las operaciones ul- teriores. Una media anual de 163.16 y-una media mensual de 13.59 no son pro- porciones altas. El estado civil nos proporciona los resultados siguientes: 2,572 solteros, 657 casados, 262 viudos y 284 menores de 0 a 12 y 17 años (mujeres y hom- bres; correspondiendo esta cifra (284) únicamente a los años de 1907 a 1914, pues en los diez y seis años anteriores no está anotado en el trabajo primi tivo el número de menores que se registró. Haciendo la suma se encuen- tra que tenemos un total de 3,775 que comparado con el total de tifosos da una diferencia de 141; pero esto se debe a que en los libros respectivos hay anotados varios individuos que por el estado de suma gravedad en que lle- garon al Hospital no pudieron dar sus generales. Los solteros figuran en primera línea; lo que probablemente esté en re- lación con el período de la vida en el cual es más frecuente el tifo. Los datos relativos a la edad, están consignados de una manera gráfica en las Fig. ) y 5. Estas gráficas nos enseñan que el tifo en la primera y segunda infancias es raro, aumenta en la juventud y alcanza su máxima en la edad adulta, de donde comienza a descender poco a poco hasta llegar a hacerse raro en la ancianidad. En la gráfica de las edades de la mujer el mayor número de atacadas (157> corresponde a los 30 años, al paso que en el hombre (106) corresponde a los 20 años. En ambas gráficas se comprueba que de los 60 años en adelante el tifo se hace más y más raro. En los veinticuatro años se observó un solo caso de una mujer de 90 años y un caso de un hombre de 99. 348 Observando las gráficas 4 y 5 se aprecia inmediatamente (pie, tratándose de los hombres, el período de la vida comprendido entre los 12 y 39 años es en el que hay más atacados; al paso que las mujeres lo son más en el pe- ríodo de la vida comprendido entre los 14 y los 39 años; que en ambas grá- ficas se nota un descenso inmediatamente después de estos períodos para as- cender fuertemente a los 49 años, y que de aquí en adelante el descenso cada vez va siendo más considerable. Las mismas gráficas nos enseñan que de los 12 a los 39 años están ios individuos por encima del círculo de la vida media (50 años) y (pie de ahí en adelante, con excepción de los 49 años, están por abajo; luego, generalizando, diremos (pie los individuos de 12 a 39 años son a quienes el tifo ataca de preferencia. Todos los autores están de acuerdo en asegurar como causas predispo- nentes y favorables al desarrollo del tifo, las malas condiciones higiénicas, la miseria, la aglomeración, el alcoholismo, etc., etc. Analizando los oficios veremos comprobado lo anterior. Mencionando únicamente los oficios que dieron un contingente notable, tenemos: zapateros 153, tejedores 142, fabricantes 140, jornaleros 136, al- bañiles 125. carpinteros 109, panaderos 103, domésticos 71, domésticas 591, molenderas 240, lavanderas 206, costureras 91, empuntadoras 78. Por medio de los domicilios nos propusimos investigar si en la ciudad hay focos especiales en los que se desarrolle el tifo, o si se observa indife- rentemente en toda ella. Con este objeto fuimos agrupando los domicilios por cuarteles. Es indispensable antes de pasar adelante, decir que la ciudad de Puebla oficialmente está dividida en cuatro cuarteles de la manera siguien- le: en el punto de entrecruzamiento de las calles Independencia, Costado de San Pedro, la. y 2a. de Mercaderes se trazan dos líneas perpendiculares entre sí, que nos limitan los cuarteles. (Para mayor claridad, téngase a la vista mi plano de la ciudad: advirtiendo que es la división antigua, pues el año pa- sado. con motivo de la nomenclatura, quedó dividida la ciudad en los mismos cuatro cuarteles, pero las líneas perpendiculares entre sí están trazadas en el entrecruzamiento <le las antiguas calles de la Santísima y Portal Hidalgo. Portal Iturbide y Guevara). El primer cuartel está comprendido aproximadamente entre SSW y ESE; <'l segundo entre ESE y NNE; el tercero entre SSW y WNW, y el cuarto entre WNW y NNE. El primer cuartel consta de 47 manzanas, el segundo de 71. el tercero y el cuarto de 95 y 86 respectivamente. En total 299 manzanas, en general de forma de paralelogramo rectangular formado cada uno por cuatro calles. Debemos hacer notar que el río de San Francisco atraviesa la ciudad, entrando por la parte más lejana del cuarto cuartel; quiere decir, en los lí- mites de lo poblado, pasando por detrás del templo de San Antonio; atraviesa el segundo cuartel dividiéndolo en dos partes; del lado de la margen derecha quedan 21 manzanas y el resto del lado de la izquierda: además este cuartel está atravesado por un afilíente del río San Francisco. Dicho atinente atra- viesa la porción izquierda del mencionado cuartel. Continúa su curso el San 349 Francisco dividiendo a su paso el primer cuartel, de tal modo que del lado de la margen derecha quedan 14 manzanas y del izquierdo 33. En estos dos cuarteles la porción mayor queda del lado izquierdo del río, formando en el segundo cuartel el barrio del Alto y en el primero el de Analco. Hechas estas aclaraciones, repelimos que, agrupando por cuarteles los do- micilios que constan en los libros del Hospital no podemos localizar en deter- minada zona únicamente el tifo, sino que por el contrario aseguramos que se dan casos de tifo en casi todas las calles de la ciudad. Sin embargo no con la precisión que sería de desear, pero sí por agrupa- mientos más numerosos, esto es, investigando el número de tifosos proporcio- nados al Hospital por cada cuartel, obtuvimos los resultados siguientes: Primer cuartel (47 manzanas), 742 casos de tifo en veinticuatro años; segundo cuartel (71 manzanas), 878 casos; tercer cuartel (95 manzanas, más unas 8 a 1(1 manzanas en estos últimos ocho años), 831; y el cuarto cuartel .86 manzanas) 1,080. Ahora bien, teniendo en cuenta en cada cuartel el número de manzanas de <pie consta y el número de tifosos que ha dado al Hospital, en los vein- ticuatro años, les corresponderían las siguientes proporciones: primer cuartel, 15.78 por manzana; segundo cuartel, 12.36 tifosos por manzana; tercer cuar- tel. 8.74 considerándolo formado por 95 manzanas, ó 7.91 considerándolo for- mado por 105 manzanas; y finalmente el cuarto cuartel, 12.55 por manzana. En orden descendente y en números redondos los colocaríamos así: Primer cuartel, 16 (15.78); cuarto cuartel, 13 (12.55); segundo 12,. (12.36) ; y el tercero, 9 (8.74), u 8 (7.91). Sería de gran utilidad saber la densidad de la población en cada cuartel, a fin de obtener un cálculo más exacto, pues no vamos a decir (pie el tercer cuartel es el más denso, por la sencilla razón de que tiene mayor número de manzanas; antes bien nos atreveríamos a asegurar que probablemente es el menos denso atendiendo a que en su mayor parte está habitado por personas acomodadas. Los cuarteles segundo y primero, casi en su totalidad están habitados por la clase humilde, particularmente el barrio del Alto y el de Analco, y basta penetrar a una de las muchas casas de vecindad con que cuentan estos cuarteles, para comprender que en ellas hay aglomeración y falta de higiene. Sea de ello lo que fuere, decimos que el primer cuartel es el preferido por el tifo; resultando una proporción de 16 tifosos para cada manzana. Bueno es llamar la atención respecto a que el tercer cuartel es el que da menos contingente de tifosos al Hospital y el único (pie no está atravesado por el río. ¿Tendrá alguna influencia el río de San Francisco en la producción del tifo? Fundándonos en los datos recogidos, en términos generales, podemos asegurar (pie las calles situadas a una y otra margen del río y varias de las adyacentes, son las que. en los mencionados cuarteles, suministran más con- tingente de tifosos al Hospital. Nos queda por analizar el elemento más importante, de los varios que 350 acabamos de revisar: el resultado. Comprende los casos de curación y las defunciones. Siguiendo el método que hemos adoptado anteriormente pon dremos primero las cifras relativas a los casos de curación, en conjunto, y a continuación por sexos. De una manera idéntica procederemos para las de- funciones. CASOS DE CURACIÓN 1891 - 36 casos 1892 - 30 ,, 1893 - 231 ,, 1894 - 204 ,, 1895 - 133 ,, 1896 - 170 ,, 1897 - 164 ,, 1898 - 51 ,, 1899 - 41 ,, 1900 - 34 ,, 1901 - 45 ,, 1902 - 137 ,, 1903 - 158 casos 1904 - 248 ,, 1905 - 54 ,, 1906 - 84 ,, 1907 - 71 ,, 1908 - 49 ,, 1909 - 49 „ 1910 - 172 ,, 1911 - 499 ,, 1912 - 177 ,, 1913 - 64 ,, 1914 --95 ,, HOMBRES MUJERES 1891 - 19 casos 1892 - 23 ,, 1893 - 140 „ 1894 - 115 ,, 1895 - 57 ,, 1896 - 84 ,, 1897 - 76 „ 1898 - 19 „ 1899 - 24 „ 1900 - 18 ,, 1901 - 29 „ 1902 - 61 „ 1903 - 91 ,, 1904 - 151 ,, 1905 - 25 ,, 1906 - 36 ,, 1907 - 33 „ 1908 - 20 ,, 1909 - 22 ,, 1910 - 80 ,, 1911 - 278 „ 1912 - 95 ,, 1913 - 35 ,, 1914 - 38 ,, 1891 - 17 casos 1892 - 7 ,, 1893 - 91 ,, 1894 - 89 ,, 1895 - 76 ,, 1896 - 86 ,, 1897 - 88 ,, 1898 - 32 „ 1899 - 17 ,, 1900 - 16 ,, 1901 - 16 ,, 1902 - 76 ,, 1903 - 67 ,, / 1904 - 97 ,, 1905 -- 29 ,, 1906 - 48 ,, 1907 - 38 ,, 1908 - 29 ,, 1909 - 27 ,, 1910 - 92 ,, 1911 - 221 ,, 1912 -- 82 ,, 1913 - 29 ,, 1914 -- 57 ,, La suma de los casos de curación en cada uno de los meses del año en los veinticuatro años por sexos y colocando los meses en orden ascendente, es como sigue: HOMBRES MUJERES Noviembre 89 casos Septiembre 97 ,, Agosto 106 ,, Junio 110 ,, Julio 112 ,, Octubre 117 ,, Agosto 92 casos Noviembre 104 ,, Octubre 109 ,, Septiembre 112 ,, Diciembre 116 ,, Mayo 117 ,, 351 HOMBRES MUJERES Diciembre 120 casos Mayo 140 ,, Marzo 150 ,, Febrero 163 ,, Enero 165 ,, Abril 180 ,, Julio 122 casos Abril 124 Enero 129 ,, Junio 133 ,, Mayo 144 ,, Febrero 145 ,, Sin distinción de sexos son las siguientes: Octubre 116 casos Noviembre 193 ,, Agosto 198 ,, Septiembre 209 ,, Julio 234 ,, Diciembre 236 ,, Junio 245 casos Mayo 257 ,, Enero 294 ,, Marzo 294 ,, Abril 304 ,, Febrero 308 ,, No puede decirse que las curaciones sean proporcionales al número de atacados, y para demostrarlo bastaría poner los años seguidos de las cifras que indican el número de atacados en cada uno de ellos; ponerlos en un orden ascendente y del mismo modo los años seguidos de las cifras indicadoras del número de curaciones en cada uno de ellos. Esto nos demostraría (pie no guar dan la misma colocación. Por medio de los meses, (pie les hemos dado el ordenamiento indicado, podemos comprobar que no son proporcionales los casos de curación con el número de atacados. ATACADOS CURACIONES Noviembre 256 casos Agosto 258 ,, Septiembre 260 ' ,, Julio 296 ,, Octubre 299 ,, Junio 313 ,, Diciembre 314 ,, Mayo 331 ,, Enero 380 ,, Febrero 387 ,, Abril 399 ,, Marzo 423 ,, Noviembre 193 casos Agosto 198 ,, Septiembre 209 ,, Octubre 226 ,, Julio 234 ,, Diciembre 236 ,, Junio 243 ,, Mayo 257 ,, Enero 294 Marzo 294 ,, Abril 304 ,, Febrero 308 ,, En resumen, en los veinticuatro años hubo 1,549 curaciones, de hombres, 1,447 de mujeres, y en conjunto 2,996 curaciones. Ahora bien, tomando como base estos números determinemos las medias anual y mensual. La media anual correspondiente al conjunto es 124.80, y la mensual 10.40. La media anual de hombres es 64.54; la de mujeres 60.29. La media mensual de hombres es de 5.37; la de mujeres 5.02. La máxima mensual del conjunto es igual a 308 y corresponde al mes de febrero, teniendo en cuenta (pie representa la suma de los meses en los vein ticuatro años. La mínima es de 193, correspondiente a noviembre. La máxima anual de curaciones en los veinticuatro años correspondió a 1911 con 499 curaciones y la mínima se observó en 1892. con 30. Para los hombres, la máxima mensual (sin perder de vista (pie las cifras 352 indican la suma de los meses en veinticuatro años) correspondió a abril con 180 casos de curaciones: la de mujeres se observó en febrero con 145. La mínima de hombres (89) correspondió a noviembre; al paso que la de las mujeres (92) correspondió a agosto. La máxima anual de hombres correspondió a 1911 con 278 curaciones; la de mujeres al mismo año con 221. La mínima anual para los hombres (18) se observó en 1900 y la de mu- jeres (7) en 1892. Los datos referentes a la mortalidad son estos: 1891 - 13 casos 1892 - 11 ,, 1893 - 43 ,, 1894 - 70 ,, 1895 - 36 ,, 1896 - 41 „ 1897 - 50 ,, 1898 - 10 ,, 1899 - 17 „ ' 1900 - 13 ,, 1901 - 17 ,, 1902 - 54 ,, 1903 - 36 casos 1904 - 76 ,, 1905 - 25 ,, 1906 - 41 ,, 1907 - 28 ,, 1908 - 24 1909 - 14 1910 - 48 ,, 1911 - 126 1912 - 48 ,, 1913 - 36 ,, 1914 -' 40 ,, HOMBRES MUJERES 1891 - 6 casos 1892 - 6 ,, 1893 - 16 ,, 1894 - 36 ,, 1895 - 14 ,, 1896 - 19 ,, 1897 - 27 ,, 1898 - 7 ,, 1899 - 9 ,, 1900 - 10 ,, 1901 - 11 ,, 1902 - 36 ,, 1903 - 19 ,, 1904 - 39 ,, 1905 - 8 „ 1906 - 18 „ 1907 - 10 ,, 1908 - 8 ,, 1909 - 3 ,, 1910 - 19 ,, 1911 - 52 ,, 1912 - 17 ,, 1913 - 11 ,, 1914 - 16 1891 -- 7 ca^s 1892 - 5 ,, 1893 - 27 ,, 1894 - 34 ,, 1895 - 22 ,, 1896 - 22 ,, 1897 - 23 ,, 1898 - 3 ,, 1899 - 8 ,, 1900 - 3 „ 1901 - 6 ,, 1902 - 18 ,, 1903 - 17 ,, 1904 - 37 ,, 1905 - 17 ,, 1906 - 23 ,, 1907 - 18 ,, 1908 - 16 ,, 1909 - 11 ,, 1910 - 29 ,, 1911 - 74 ,, 1912 - 31 „ 1913 - 25 ,, 1914 - 24 ,, La suma de las defunciones en los diversos meses de los veinticuatro anos y por orden ascendente de los meses, es como sigue: Septiembre 51 casos Aposto 59 ,, Julio 62 ,, Mayo 74 casos Diciembre 78 ,, Febrero 79 ,, 353 Noviembre 63 casos Junio 70 ,, Octubre 72 ,, Enero 86 casos Abril 94 ,, Marzo 129 ,, hombres MUJERES Noviembre 22 casos Julio 26 ,, Septiembre 26 ,, Agosto 28 ,, Octubre 28 ,, Junio 30 ,, Mayo 31 ,, Febrero 35 ,, Enero 36 ,, Abril 45 ,, Diciembre 41 ,, Marzo 69 ,, Septiembre 25 casos Agosto 31 ,, Julio 36 ,, Diciembre 37 ,, Junio 40 ,, Noviembre 41 ,, Mayo 43 ,, Febrero 44 ,, Octubre 44 ,, Abril 49 ,, Enero 50 ,, Marzo 60 ,, Notamos que las defunciones ya se consideren mensual o anualmente, no guardan proporción con el número de atacados por mes o por año, y se com- prende que así sea, atendido a (pie las causas que influyen en la curación o mortalidad de los atacados de tifo son múltiples y variadas: alcoholismo, mi- seria fisiológica, discracias, edad, constitución médica o gravedad con que se presenta el tifo en los diversos años, período de la enfermedad, al ingresar al Hospital, etc. En el período de veinticuatro años hubo 417 defunciones de hombres, 500 de mujeres y en total 917. La media anual del conjunto es 38.20, la mensual 3.18. La media anual para los hombres es 17.37, la de las mujeres 20.83. La media mensual para los hombres es 1.44, para las mujeres 1.73. La mortalidad media anual en el Hospital es, pues, de 38 y la mensual de 3 defunciones. La máxima anual (126) se observó en 1911 y la mínima (10) en 1898. La máxima mensual (no debe olvidarse que estas cifras indican la suma de los meses en los veinticuatro años) del conjunto (129) se observó en el mes de marzo, y la mínima (51) en septiembre. La máxima mensual de hombres (69) corresponde a marzo, la de mu- jeres (60) a marzo. La máxima anual de hombres (52) correspondió a 1911, y la de mujeres (74) al mismo año. La mínima anual de hombres (3) a 1909, la de mujeres (3) a 1898 y 1900. La mínima mensual (teniendo en cuenta lo que ya hemos repetido, esto es, no perder de vista que se refiere a la suma de los meses en los veinticuatro años) de hombres (22) corresponde a noviembre, la de mujeres (25) a sep- tiembre. Determinando el tanto por ciento de las defunciones fu el Hospital, te nemos: para las mujeres 25.68%; para los hombres 21.17%, y para el con- junto 23.41%. La mortalidad por tifo en el Hospital es de 23% en números redondos. Determinando el tanto por ciento en los casos de curaciones, tenemos: 354 mujeres 74.31%, hombres 78.78%, y para el conjunto, 76.56%. Curaciones por ciento en el Hospital, 76. Con los datos relativos a las defunciones construimos la gráfica de la mortalidad (Fig. 3. en rojo) en el Hospital. Ella nos muestra el curso que siguió en los veinticuatro años. El año de menor número (10) de defunciones y (pie correspondió a 1898, no corresponde con el año (1892) en el que hubo menos atacados (41 ). El año de 1911, en el que hubo mayor número (126) de defunciones corresponde exactamente con el año 1911 en el (pie hubo mayor número (626) de tifosos. Nos muestra también la misma gráfica las grandes oscilaciones en el curso del mal. Hasta aquí hemos tenido en cuenta el tifo en el Hospital. En el cuadro "Resumen de los casos de tifo en el Hospital General.-1891-1914" están con densadas las curaciones, defunciones y total de atacados por meses y años. En el "Resumen Sinóptico General.-1891-1914", están reunidos los datos re- lativos a las medias máximas y mínimas. En nuestro afán de investigaciones nos proponíamos saber el número de atacados de tifo, que durante el mismo período de veinticuatro años no hu- bieran ingresado al Hospital; esto es, el numero de habitantes de la ciu- dad que fueron atacados de tifo y se. curaron en sus domicilios; pero nos fue verdaderamente imposible por falta de datos. Lo único que logramos fué saber el número de defunciones habidas fuera del Hospital, en el mismo pe- ríodo tantas veces repetido. Estos datos nos fueron proporcionados bonda- dosamente por la Sección de Estadística del Ayuntamiento y pueden verse condensados en el "Resumen de las defunciones por tifo en la Ciudad.-1891- 1914". Valiéndonos de estos números construimos la gráfica [Fig. 3, ew azul} de la mortalidad en la ciudad. (Advertimos que están descontados los (pie mu- rieron en el Hospital). En la misma Fig. 3, en negro, está construida la grá- fica de la mortalidad total en la ciudad. El año de menor número de defunciones (17), corresponde al de 1909, resultando diferente del (pie nos dieron los datos del Hospital, pues en éste el año de menor número (10) correspondió a 1898; pero en cambio el de ma yor número de defunciones, tanto en la ciudad como en el Hospital, es el mismo (1911, con 132 y 120 defunciones respectivamente). Comparando las gráficas de la mortalidad se nota que en cada una de ellas los puntos culminantes corresponden a los mismos años: 1894. 1897, 1899, 1902, 1904, 1906, 1911 y 1913. En general los ascensos y descensos en dichas gráficas siguen un curso idéntico. La media máxima y mínima de la mortalidad fuera del Hospital, no la podemos determinar directamente, pero atendiendo al curso que siguen las dos gráficas (Fig. 3, azul y rojo) y ayudados por el cálculo, vamos a determi- nar el número probable de atacados de tifo que hubo en la ciudad en el pe ríodo de veinticuatro años. Relacionando entre sí los tres elementos que ya tenemos, a saber, el número de atacados en el Hospital (3,916), el número de defunciones en dicho Establecimiento (917), y defunciones en la ciudad 355 (1,319) tenemos que el número probable de atacados de tifo fuera del Hos- pital es de 5,632. Lo que sí podemos asegurar después de las comparaciones de las dos mencionadas gráficas, es (pie la mortalidad del Hospital y la de la ciudad si- guen un curso idéntico, y probablemente la proporción por ciento aproxima- damente es igual. Si por otra parte tenemos en cuenta (pie el tifo ataca con preferencia a la clase pobre y que de ésta, muchos son los (pie ingresan al Hospital, de una manera aproximada decimos que: el movimiento del tifo en el Hospital General es un reflejo fiel del tifo en la ciudad; de manera que todo lo que he- mos dicho del Hospital bien puede extensivamente aplicarse a la ciudad. Con objeto de investigar si la lluvia tiene alguna influencia en el desa- rrollo del tifo, tomamos los datos respectivos del Observatorio Meteorológico del Colegio del Estado, datos que nos fueron proporcionados bondadosamente por el señor Director del mencionado Observatorio. Con estos datos construi- mos la gráfica (Fig. 11 de la lluvia, advirtiendo que está construida con los to- tales de precipitación en cada año para poderla comparar con la del tifo, que igualmente está construida con los totales por año. Examinando las gráficas del tifo y dé la lluvia (Fig. 1) notamos que no hay una relación constante: tan pronto vemos que las dos curvas siguen un curso paralelo, como las vemos seguirlo en sentido contrario, para, volver a hacerse paralelas. En los puntos en (pie hay paralelismo la relación es di- recta: a mayor lluvia, mayor número de tifosos, y en los (pie hay divergencia, el tifo y la lluvia están en razón inversa. A continuación ponemos un cuadro en el que constan los meses, la can- tidad de lluvia y el número de atacados de tifo, haciendo notar que tanto las cifras de lluvia como de tifosos corresponden a la suma de cada uno de los meses en veinticuatro años. MESES. Precipitación en M. M. Atacados de tifo. Enero 76. 380. Febrero 178. 387. Marzo 258. 423. Abril 548. 399. Mayo 2054. 331. Junio. 4063. 313. Julio 3603. 296. Agosto 3364. 258. Septiembre . 3327. 260. Octubre 1421. 299. Noviembre 604. 256. Diciembre 195. 314. Según estos números, venios que precisamente en los meses de lluvias más abundantes (de mayo a septiembre) el tifo disminuye y que de octubre a diciembre, se observa, un descenso mayor quizá debido a la influencia de las 356 lluvias abundantes en los meses anteriores. De enero a abril el tifo aumenta en un grado notable, y se ve que en estos meses la lluvia es extremadamente escasa y además quedan ya distantes de la influencia de las lluvias del año an- terior. En la Fñ/. 2, están representadas las gráficas del tifo (rojo}, la tempera- tura ambiente inedia (azul) y la precipitación de la lluvia total por mes. Si comparamos la lluvia y el tifo o mejor dicho si tratamos de discutir las gráfi- cas del tifo y la lluvia, representadas de un modo matemático, tendremos: Lluvia: E. F. M. A. M. J. - + . + J. A. + + S. O. N. D. Tifo: (4- + + + ) ( + ) (- - - -) (- - -) Inversa. Directa. Inversa. Directa. Por esta expresión matemática vemos que en los cuatro primeros meses del año la lluvia y el tifo están en razón inversa ; esto es. a menos lluvia, más tifo; en el quinto mes están en razón directa de más a más; del sexto al noveno vuelven a estar en razón inversa y contraria a la de los cuatro pri- meros meses (en vez de ser de menos a más, es de más a menos) ; y finalmente en los tres últimos meses vuelven a estar en razón directa y contraria a la que se observa en el quinto mes, esto es, en lugar de ser de más a más. se ven de menos a menos. Esta misma expresión matemática nos enseña que sólo du rante los cinco primeros meses del año, el tifo está por encima del promedio mensual total (326) y que durante los siete meses restantes, es inferior a dicho promedio. En la Fif/. 1 están representadas las gráficas del tifo y de la lluvia por años, las que expresadas de un modo abstracto nos dan lo siguiente: 1894 1895 1896 1897 1898 1899 l'.MX) 1901 1902 1903 1904 190.) 1906 190" 1908 1909 1 £2 Lluvia: -1-4- 4- 4- -4 -4. _ - Tifo: (--) (+) ( + ++)( HH ( +) (+) (+ ) H (-) (')(---) (-) 2. 1. 3. 1. 1. 4. 1. 4. 1. 1. 3. 1. Como fácilmente se nota, los veinticuatro anos quedan divididos en pe- ríodos de razón inversa y de razón directa alternados, con la particularidad de que en el año de 1910 o sea después de diecinueve años, en el vigésimo, se inte- rrumpe el orden, debido a (pie la lluvia fué igual a la precipitación media anual total, 820 ni. La relación en que se encuentran los períodos está indicada por los números colocados debajo; así, el primero que es de razón inversa consta de dos años, y el segundo que es de directa consta de uno; el siguiente de razón inversa, consta de tres años y el de directa de uno, y así sucesivamente. Nos atrevemos a señalar como ciclo del tifo en la ciudad de Puebla el período de veinticuatro años, dividido en períodos de razón inversa y de razón directa, que agrupados por pares, y colocados en el orden en que se han sucedido, representado numéricamente el ciclo sería el siguiente: Ciclo de la lluvia y el tifo: Podemos asegurar que estos números se repiten, por lo menos tratándose 2 a 1, 3 a 1, 1 a 4, 1 a 4, 1 a 1, 3 a 1. 357 de los años de 1915, 1916 y 1917, de los que tenemos datos tanto de la lluvia como del tifo, y hemos encontrado que están en la misma proporción de 2 a 1, es decir, que en 1915 y 1916 la lluvia y el tifo están en razón inversa, al paso que en 1917 lo están en razón directa, y el que se repita esta proporción 2 a 1 nos hace sospechar (pie probablemente de 1915 en adelante comienza un nue- vo ciclo; sin que lo podamos afirmar, pues sería indispensable tener los datos cuando menos de otros veinticuatro años. Quizás de la discusión matemática de estas gráficas se pudiera obtener alguna o algunas leyes: pero nuestra falta de competencia y de tiempo nos obligan a dejar este asunto en tal estado. Las conclusiones que van a continuación se refieren especialmente al tifo en el Hospital; pero por las razones que anteriormente liemos dado, las hace- mos extensivas al tifo en la ciudad. El tifo en Puebla es endemo-epidémico. El tifo ataca casi en la misma proporción a los dos sexos. Noviembre es el mes en que se observa menor número de tifosos. Marzo es el mes al cual corresponde mayor número de atacados de tifo. La inedia mensual cu el Hospital es de 13.59 atacados. La media anual en el Hospital es de 163.16 atacados. La media anual en la ciudad es de 236.45 atacados. La media mensual en la ciudad es de 19.70 atacados. El tifo ataca en mayor proporción a los solteros. En Puebla los tejedores, los obreros de las fábricas y las domésticas, son los que proporcionan más contingente de tifosos al Hospital. El primer cuartel < * el que da más contingente de tifosos, y el tercero el que da menor número. En las calles situadas a las márgenes «leí río San Francisco y las adya- centes, es donde se observan más casos de tifo. Septiembre es el mes en que se observa menor número de defunciones, en tanto que el número más alio corresponde a marzo, por lo que hace a la mor- talidad en el Hospital, pero sumadas Ja <lel Hospital y la de la Ciudad re- sulta que noviembre es el mes en que hay menor número de defunciones, per- maneciendo marzo para el mayor número. La media anual en el Hospital es 38.20 defunciones. . La media mensual en el Hospital es 3.18. La media anual en la ciudad es 55.37 defunciones. La media mensual en la ciudad es de 4.61 defunciones. (No hay que olvidar que estas inedias corresponden a lo que hemos lla- mado mortalidad parcial de la ciudad). El tanto por ciento de las defunciones es: mujeres 25.68%; hombres 21.17%, y en conjunto 23.41%; por tanto la mortalidad por tifo en el Hos- pital es igual a 23% en números redondos. Teniendo en cuenta la mortalidad del Hospital (917 en veinticuatro años) la de la ciudad (1,329 en el mismo tiempo» y el número de habitantes de la ciudad (95,600) ; los veinticuatro años nos dan una mortalidad anual media de 0.98 por mil , 358 RESUMEN SINÓPTICO GENERAL. 1891-1914. Atacados de tifo. Media anual total 163.16 Media mensual total 13.59 Media anual de hombres 82.04 Media mensual de hombres 6.83 Media anual do mujeres 81.12 Media mensual de mujeres 6.76 Máxima mensual total (marzo) 423.- Mínima mensual total (noviembre) 256.- Máxima anual total (1911) 626.- Mínima anual total (1892) 41.- Máxima mensual total de hombres (abril) 226.- Mínima mensual total de hombres (noviembre) 111." Máxima anual total de hombres (1911) 331.- Mínima anual total de hombres (1891-1909) 25.- Máxima mensual total de mujeres (marzo) 204.- Mínima mensual total de mujeres (agosto) 123.- Máxima anual total de mujeres (1911) 295.- Mínima anual total de mujeres (1892) 12.- Total 3,916.- Total de hombres 1,969.- Total de mujeres 1,947.- Media anual total 124.80 Media mensual total 10.40 Media anual de hombres 64.54 Media mensual de hombres 5.37 Media anual de mujeres 60.29 Media mensual de mujeres 5.02 Máxima mensual total (febrero) 308.- Mínima mensual total (noviembre) 193.- Máxima anual total (1911) 499.- Mínima anual total (1892) 30.- Máxima mensual total de hombres (abril) 180.- Mínima mensual total de hombres (noviembre) 89.- Máxima anual total de hombres (1911) 278.- Mínima anual total de hombres (1900) 18.- Máxima mensual total de mujeres (febrero) 145.- Mínima mensual total de mujeres (agosto) 92.- Máxima anual total de mujeres (1911) 221.- Mínima anual total de mujeres (1892) 7.- Total 2,996. Total de hombres 1,549.- Total de mujeres 1,447.- ALTAS. 359 Media anual total 38.20 Media mensual total 3.18 Media anual de hombres 17.37 Media mensual de hombres 1.44 Media anual de mujeres 20.82 Media mensual de mujeres 1.73 Máxima mensual total (marzo) 129.- Mínima mensual total (septiembre) 51.- Máxima anual total (1911) 126.- Mínima anual total (1898) 10.- Máxima mensual total de hombres (marzo) 69.- Mínima mensual total de hombres (noviembre) 22.- Máxima anual toial de hombres (1911) 51.- Mínima anual total de hombres (1909) 3.- Máxima mensual total de mujeres (marzo) 60.- Mínima mensual total de mujeres (septiembre) 25.- Máxima anual tota] de mujeres (1911) 74.- Mínima anual total de mujeres 1898-1900) 3.- Total 917.- Total de hombres 417.- Total de mujeres 500.- Por ciento total 23.41% Por ciento de hombres 21.17% Por ciento de mujeres 25.68% DEFUNCIONES. Puebla, enero de 1919. El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya. Fig. No. 1. Gráfica comparativa entre el tifo y las lluvias. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Lámina XXXVIII. bis. El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya. Fig. No. 2. Gráfica de la temperatura ambiente media y la precipitación pluviosa piensual. Memorias del Congreso Nacional del Taeardillo. Año de 1919. Lámina XXXIX. El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Axa ya. Fig. No. 3. Gráfica de mortalidad por tifo. TIFO Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Lámina XL. El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya. Fig. No. 4. Primera gráfica del tifo por edades Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo. Año de 1919. Lámina XLI. El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya. Fig. No. 5. Segunda gráfica del tifo por edades. Memorias del Congreso Nacional del Tabardillo Año de 1919. Lámina XLII. Resumen de los casos de tifo observados en el Hospital General de Puebla en los años de 1891 a 1914 A Í7 O s MESES 1891 1892 * 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. | Total Altas । Def. Total Altas Def. | Total Altas Def. Total j Altas Def. Total Altas Def. Total Altas De'. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total H M | H I M | H | M H M ! H M j H M H M H M | H [ M H M | H M j H M H M H M j H M H M H M H M j H j M H M H | M H M H M j H | M H M H M j H I M H j M H M H M H K H M H M HMHMHM HMHMHM] Enero 0 0 0 1 0 1 1 0 0 0| 1' 0 5 10 15 2 1 II 1 1 14 9 2 4 16 13 6 7 2 4 8 11 19 22 1 3 20 25 11 11 7 1 1 i 1 1 2 181 13 552075 220022 01 „ 1 1 6001 131023 5 24294 121224 Febrero 0 8 0 1 0 9 200020 612081 14 11 2 2 16 13 5 5 1 1 6 6 15 8 3 4 18 12 13 16 4 2 17 18 1 2 0 1 1 3 1 1 1 0 2 1 2 1 2041 31326 3 222244 341246 Marzo 513182 21 1031 15 10 11 16 11 11 16 10 5 21 21 6 2 1 2 7 4 10 6 2 2 12 8 8 14 6 7 14| 21 2 5 0 0 2 5 0 1 2 1 2 2 2 3 2144 001010 968 3 17 9 11 941 15 10 Abril 2 0 0121 310031 29 3 01 29 4 15 10 6 3 21 13 6 3 3 1 9 4 9 8 0 4 9 12 10 12 2 2 12) 14 341044 0 0 2121 10 0 0 1 0 2 0 2 0 4 0 11 10 6 4 17 14 18 6 4 6 22 12 Mayo 3 000 3 0 210122 9211 10 3 10 5 4 5 14 10 3 6 0 1 3 7 7 6 2 3 9 9 9 6 4 1 13 7 141024 72017 3 0 2 0 0 0 2 210021 11 13,31 14 14 7641 11 7 Junio 1 1 0 0 1 0 3 0 1 2 4 2 10 11 3 4 13 15 8 7 1 3 9 10 5 11 1 1 6 12 2 5 1 0 3 5 7 6 0 278 210 0 21 521264 02 0 0 0 2 0 4 0 1 0 5 4 16 4 1 8 17 10 4 3 0 13 4 Julio 1 0 0 1 11 2 0 0 0 0 0 0 10 17 0 2 10 19 14 10 26 16 16 7622 9 8 2410 3 4 560 157 0 32 0 23 022224 22 0 1 2 3 0 0 0 0 0 0 6 5 1 0 8 5 5 3 0 2 5 5 Agosto 1 0 2 0 3 0 2 0 0 0 2 0 10 6 1 0 11 6 8 4 1 1 9 5 6 15 0 5 6 20 5 2 0 2 5 4 2 2 0 224 32 0 0 3 2 321042 41 2061 500151 7 9 3 0 9 9 9310 10 3 Septiembre . . 3 0 1 0 4 0 2 1 1 0 3 1 23 13 2 0 25 13 720072 1 3 0 0 13 0 42024 25 3 05 5 11 0 011 100 0 1 0 01 1 1 1 2 1 0 1 0 2 0 1 5 1 1 2 6 3 12 0 1 3 13 Octubre 16021 8 001010 660 11 6 17 752297 441155 3 5 104 5 75 0 277 0 3 0 104 230124 5 0 1060 3 200 3 2 4432 7 6 13 910 14 9 Noviembre. . . 210 0 21 222 0 4 2 68 3 19 9 3 5 3 1 6 6 470 3 4 10 472269 240 1 2 5 0 2 0 1 0 3 2 0 0 0 2 0 0 1 0001 3 01242 0 110 11 3 5 02 3 7 Diciembre. . . 0 0 0 0 0 0 4 1 0 2 4 3 11 13 3 5 14 18 453277 473178 8 9 42 12 11 011 112 101020 120012 22 2042 9 520 11 5 1 3 0 2 1| 5 840084 Sumas 19 17| 6 7| 25¡ 24 23 7 6 5^9 12 140 91 16 271156 118 1 i 1 ll lili II 115 89| 36 34)151 123 57 76 14 22 71) 98 84| 86 19 22 103|108 76| 88 27 II lili lili 23|103|lll 19 32 7| 3 26| 35 24 17 9| 8 33) 25 18 16 10 3| 28 19 29 16| 11 6' 40| 22 | 61 76| 36 181 971 94 911 67¡ 19 171110 84 Totales 36 13 | 49 30 11 41 231 43 274 204 70 j 274 133 36 169 170 41 211 164 50 | 214 51 10 61 41 17 58 34 13 | 47 45 | 17 62 | 137 | 54 191 158 | 36 194 - - ( ) s MESES 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 1912 1913 1914 1891 a 1914 Totales Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total Altas Def. Total H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M H M | M M II 1 M II M II M II M H M H M H M H M H M H M H M H M H M II M H M H M I H 1 M | H M Enero 2 9 3 6 15 1 1 0 2 1 3 1 7 3 3 4 10 3 3 0 3 4 2 0 2 1 4 1 0 2 0 2 0 4 0 o 0 0 0 0 49 16 4 5 53 21 25 16 3 6 28 22 7 6 1 2 8 8 5 4 0 3 5 7 165 - 129 36 50 201 179 380 387 423 398 331 313 296 4 257 260 298 256 314 Febrero Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Septiembre Octubre Noviembre Diciembre 12 13 8 20 15 9 14 6 4 3 11 14 12 9 19 8 9 9 8 4 2 7 4 4 6 2 2 3 1 2 2 4 6 0 4 2 4 4 1 4 0 14 20 12 24 31 17 12 16 9 5 13 18 18 9 23 10 13 13 9 9 4 3 0 0 0 3 0 6 3 2 5 1 2 0 2 1 1 6 1 6 3 0 1 1 0 0 1 0 1 2 0 2 3 1 0 3 1 0 2 0 3 0 2 3 1 1 0 4 0 7 2 2 7 4 3 0 5 2 5 3 6 4 6 0 4 5 2 0 1 3 7 3 7 4 1 3 5 9 0 0 2 2 0 1 1 2 3 1 1 0 2 3 0 3 3 4 1 1 0 1 7 7 6 1 6 8 3 1 1 5 10 3 10 7 7 7 10 0 1 3 3 3 3 4 2 4 4 0 2 6 5 2 7 1 1 1 5 2 _3 1 1 1 1 1 1 0 1 0 2 1 1 1 2 Ó 0 2 1 3 o 4 4 4 4 3 4 5 0 4 3 3 7 7 7 9 1 1 3 6 5 3 2 1 0 0 4 1 2 0 3 2 1 1 7 4 1 0 0 0 2 1 1 1 0 0 0 1 0 0 0 3 0 0 3 2 2 3 1 1 0 3 3 1 4 1 7 7 5 2 4 4 4 1 1 2 3 3 3 1 2 2 3 1 4 0 4 2 1 0 1 0 0 0 0 0 1 1 0 0 1 0 1 3 0 2 1 0 1 0 0 1 2 2 3 3 3 2 3 2 3 2 4 6 1 5 5 0 2 1 0 4 4 7 4 6 4 1 15 18 17 0 4 3 7 7 10 6 6 20 15 14 1 2 0 1 1 0 3 4 1 3 0 6 2 3 1 2 2 1 6 4 1 6 4 8 9 4 4 19 19 20 0 10 5 10 9 11 8 8 21 21 18 41 24 28 16 11 14 8 19 30 16 32 27 20 16 17 13 10 15 12 16 27 3 7 6 2 4 6 1 6 4 6 5 12 8 5 4 6 6 6 6 6 5 44 31 34 18 14 18 14 20 36 20 28 37 39 28 21 21 19 16 21 18 i2 21 8 12 8 3 3 5 1 0 3 6 24 6 8 6 2 4 4 7 0 1 4 5 o 1 0 0 2 0 0 1 7 7 3 1 3 1 0 0 0 1 23 11 17 8 4 3 3 0 3 7 31 13 11 7 5 4 7 0 2 6 6 4 4 0 2 0 0 1 3 3 4 1 3 4 1 2 1 1 3 1 2 4 1 1 1 0 0 0 0 o 1 2 1 0 o 3 2 4 3 1 3 8 8 6 5 1 0 0 1 o 4 6 2 3 6 4 4 3 6 4 4 4 2 4 3 3 3 3 2 5 4 2 1 3 5 3 4 9 3 8 3 9 5 1 0 1 0 0 4 2 1 2 3 2 1 3 0 1 1 1 2 4 3 3 4 4 3 7 4 6 6 5 4 5 6 6 4 10 4 9 13 8 163 150 180 140 110 112 106 97 117 89 120 145 144 124 117 133 122 92 112 109 104 116 35 69 45 31 30 26 28 26 28 41 44 60 49 43 40 36 31 44 41 37 198 219 225 171 140 138 134 123 145 111 161 189 204 173 160 173 158 123 137 153 145 153 Sumas 1 133|117 39 37 1 170|154 25 1 29 8 17 33 46 36 48 18 23 54 71 33 38 10 1S 43 56 20 29 8 1 16 28 45 22 27 3 1 11 25 38 80 92 19 29 99 121 278 221' 52 741330 295 95 82 17 1 31 112 113 35 1 29 11 46 54 38 57 16 24' 54 81 1549 1447 417 1 50011966 1947 Totales 284 76 324 1 54 2 79 84 41 125 71 1 28 1 99 (*) 49 24 73 49 | 14 63 172 48 220 499 | 126 | 625 (*) 177 48 22 5 64 36 100 9. 5 40 13 5 2993 917 3S 13 3913 (*) En el total de 1907 faltan dos enfermos, y en el de 1911 falta uno, debiendo ser las cifras 101 y 026, respectivamente; pero como en los libros relativos no consta si murieron o curaron, por eso en este resumen no aparecen. Dr. Andrés Anaya. Resumen de las defunciones de tifo en la ciudad de Puebla. MESES a o s Totales 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 1901 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1911 11912 1913 1914 1891-1914 1 H M H M 1 H M H M A M H M H M H M H M H M H M H | M H M 1 H M i H M H M 1 H M H M i H M H M H M H M 1 H { M 1 H M H M Enero 4 0 2 0 2 0 6 6 5 3 7 1 4 4 0 6 2 1 1 1 2 1 3 5 2 4 5 5 1 2 5 1 1 0 0 1 0 0 0 2 12 11 4 7 4 1 3 69 64 137 Febrero 1 1 1 0 1 1 4 3 0 3 6 4 3 4 3 2 1 2 2 0 2 0 1 5 0 3 3 4 1 1 4 4 2 2 3 0 0 1 0 0 3 13 5 7 10 0 3 46 63 119 Marzo 1 3 2 2 3 4 5 4 1 3 5 9 5 4 0| 1 1 3 2 1 3 1 2 9 2 3 4 10 0 1 7 3 2 3 1 1 0 1 1 0 8 10 7 6 10 1 0 63 82 155 Abril 1 3 1 1 3 3 5 11 1 5 0 3 3 1 11 2 0 4 1 1 2 1 5 4 2 3 7 7 1 4 2 1 3 5 1 1 1 1 2 0 3 4 2 3 10 0 1 47 69 126 Mayo 0 4 3 4 0 2 5 6 1 4 5 0 4 5 1! 3 2 4 3 2 3 1 4 7 6 6 3 5 1 1 2 1 2 2 2 3 0 0 1 0 5 4 2 4 8 1 4 56 72 136 Junio 0 0 2 1 3 7 4 7 0 3 1 2 3 5 2| 2 0 4 0 1 0 1 1 4 1 2 5 8 0 0 2 2 0 0 0 0 0 0 1 0 1 3 2 2 6 1 0 29 54 89 Julio 2 2 2 3 2 5 o 2 4 4 1 2 0 3 Ol 1 7 2 0 2 0 2 2 5 1 1 3 5 1 1 2 2 2 1 2 0 1 0 4 2 2 1 1 0 5 2 0 44 46 95 Agosto 1 1 0 1 1 2 2 0 2 1 0¡ 1 2 3 1 2 4 0 2 0 0 2 3 3 3 2 2 9 0 1 2 5 0 1 1 1 1 1 1 6 2 6 0 2 7 5 4 35 54 96 Septiembre. . 3 3 2 0 9 1 2 1 0 4 2 1 0| 1 2 0 0| 1 0 0 Ó 3 1 6 1 3 2 1 0 4 0 1 2 1 1 0 3 6 4 8 0 0 5 7 4 43 51 99 Octubre 2 0 1 1 5 7 2 0 1 2 3! 3 3 0 0| 1 2 0 0 3 1 0 1 4 3 0 2 4 1 0 0 0 2 3 2 2 1 1 4 2 9 5 1 0 3 8 4 54 42 99 Noviembre. . . 3 0 5 1 3 3 1 4 0 1 3| 2 1 1¡ 1 0 1 1 0 1 0 1 0 3 4 1 1 0 0 0 0 2 0 1 1 0 1 1 3 6 6 2 1 3 3 1 40 32 75 Diciembre. . . 0 1 1 1 3 3 | 1 3 2 7 4 1 5 1 1 1' 0 1 3 1 2 1 3 3 0 2 0 4 0 0 2 3 3 0 1 3 1 1 3 2 3 1 1 No hay datos 0 2 1 4 4 0 42 40 1 86 Sumas 18 18 22 15 1 35¡ 38 40 47 17 40 1 37 30 1 1 361 32 1 10 22 24 22 1 14 13 1 17 12 1 23 51 1 24 38 1 1 361 61 i 10 15 1 29 23 17 21 16 12 8 8 1 21 22 1 551 71 1 26 34 1 75 32 24 568¡669 1 . 1312 Totales 36 37 73 87 57 67 68 32 46 27 29 74 62 97 25 38 28 16 43 126 60 75 57 1312 NOTA.-En este resumen no constan las cieiunciones naoiaas en ei Hospital durante ios veinticuatro anos, rm la columna corresponuienie ai ano oe mw, no esta necna ia separación entre nom- bres y mujeres, porque en la Sección de Estadística del Ayuntamiento sólo existen los datos en conjunto, que están anotados en dicha columna; por consiguiente, al hacer la suma de los totales de hombres v de muieres (1891-1911) hav eme aa-reaar el número que se encuentra en la columna de 1913, para tener el total del conjunto. Dr. Andrés Anaya. 361 Someros apuntes acerca del tabardillo en huevo León. Dr. Jesús M. Saldaña. La historia del ti fo es la historia de la miseria humana. Hirsch. Este Estado fronterizo se halla comprendido entre los paralelos 23° 10' y 27° 47' 30'' de latitud N. y entre los meridianos 0o 42' 16" de longitud E. y 2° 5' 15" de longitud O. del meridiano de México. Su territorio ocupa una vasta planicie atravesada de S. a N. por la Sie- »ra Madre, que se reclina en gran parte sobre la vertiente oriental de la gran altiplanicie donde se asienta una cuarta parte del Estado, y desde la cual se desliza en rápida pendiente siguiendo las estribaciones de la cordillera cuyos contrafuertes dan lugar a pintorescos y profundos valles que bajan escalo- nándose hasta las planicies que continúan en Tamaulipas por el SE. y NE. y van a terminar en el Golfo y la frontera norte de la República. Monterrey, la capital nuevoleonesa, ocupa uno de esos valles, a 506 m. sobre el nivel del mar y a corta distancia de la Sierra Madre, que casi lo rodea. Está situado a los 25° 40' 11" de latitud N. y a los Io 10' 28" de longitud O. del meridiano de México. Su clima es templado-cálido, con temperatura media anual de 21° C. máxima de 28° y mínima de 14°. La precipitación media anual ha sido en es- taciones secas de 14 pulgadas y en las otras de 15.23 hasta 21 .94. en un pro- medio de quince anos. De una manera general, el tabardillo es raro en todo el Estado de Nuevo León, y sólo se presenta de manera esporádica en la mayor parte de su te- rritorio. excepto en los pueblos de la parte sur que se asienta en la Mesa Central, y situados a 1,860 m. donde es frecuente, y a veces ha adquirido ca- racteres de epidemia. En Monterrey paiece haber sido enteramente desconocido en épocas pa- sadas. cuando era una ciudad poco y mal comunicada con los centros más poblados del interior de la República. El Dr. José Eleuterio González, profundo conocedor de la constitución médica de la región, nunca mencionó en sus lecciones (que aún recuerdan sus discípulos vivientes), ni dejó consignado en sus escritos sobre la materia (que fueron numerosos) algo que recuerde el tabardillo; por lo que creo que dicha infección o no existió o pasó por completo inadvertida. Desde la época de las comunicaciones ferroviarias, que pusieron en con- tacto más directo y frecuente a Monterrey con ej resto del país, se ha hecho notar la existencia de casos bien caracterizados de tifo; pero siempre en es- casísimo número y sin dar lugar a casos secundarios. En los últiinos veinte años, puede decirse, se han observado casos más frecuentes, cuando la ciudad 362 ha entrado en un franco período de progreso industrial que ha atraído a su eno a grupos numerosos de obreros de distintas regiones del país, y entre quienes se lia observado más a menudo el tabardillo. Por desgracia los datos que he podido obtener de este lapso de veinte años son poco exactos y dan lugar a algunas dudas, por estar consignados con los nombres de "tifo palustre'' o "tifo abdominal", casos de "muerte por tifo'' y los que bien pueden referirse a fiebres atabardilladas más bien que al verdadero tabardillo. Así por ejemplo: de 1900 a la fecha, sólo constan 4 defunciones por tifo; en 1903. 45 por fiebre tifoidea; en 1907, 1 muerto de tifo por 55 de tifoidea; en 1912, 1 por 52; y en 1913, 2 por 40 de tifoidea. En los últimos cinco años no consta ninguna defunción por tifo y sólo se recibió aviso de un caso de dicha enfermedad en 1915, y 0 en 1916, todos procedentes de lugares infectados, según consta en las boletas firmadas por los médicos que dieron parte de dichos casos. En este último período a que me acabo de referir, el Consejo de Salu- bridad sufrió largas y frecuentes interrupciones, por lo que no he podido ob- tener datos completos; y es de lamentarse, porque fue cuando se notó el mayor número de casos de tifo, tanto en la capital como en el resto del Estado, se- gún datos fehacientes que guardo en mi poder. En 1916 en que se hizo alarmante la epidemia de tifo en México y se extendió por casi todo el país, diseminado por la ola revolucionaria que puso en acción a grupos numerosos de gente en las peores condiciones higiénicas, y muchos de ellos infectados, fué cuando se notó un aumento manifiesto de casos, especialmente en hospitales y cuarteles, y aisladamente en la ciudad v sus rededores. Se observó entonces el hecho muy significativo de que a pesar de haber estado un núcleo numeroso de tifosos en las goteras de la ciudad y de no ha- berse tomado las menores precauciones para evitar la diseminación, el mal no se propagó ni allí ni en los lugares cercanos con los (pie estaba en cons- laute relación. El hecho se repitió después, en plena ciudad, donde estuvo de paso un tren cargado con más de 70 tifosos, llegados de Aguascalientes, entre los que hubo varios muertos; sin embargo de lo cual no se registró ni un solo caso en los lugares circunvecinos. Corroboran estos hechos, los informes (pie bondadosamente me han su- ministrado algunos compañeros de diversos lugares del Estado, en donde só- lo se han observado casos esporádicos, de enfermos ya infectados que llegaron de otra parte y que no dieron lugar a casos secundarios. Solamente en la región meridional del Estado, en los pueblos (pie están sobre la Mesa Central, a 1,800 m. sobre el nivel de] mar y en constantes rela- ciones comerciales con lugares donde es endémico el tifo, es donde se observa con frecuencia y a veces llega a adquirir caracteres de epidemia. Tal pasó, según me han informado, en 1910 en el distrito de Galeana, en dos haciendas en que se registró un total como de 150 enfermos con un 10% de mortalidad, que tuvo su origen en un tifoso llegado de Matehuala. lugar colindante, don- de reinaba la dolencia Por lo que se ve, tanto en Monterrey como en los demás lugares que están 363 en igualdad de condiciones de clima, altura, etc., el tifo, aunque exista, rara vez o nunca se propaga, salvo muy contadas excepciones que después referiré. Esta es aquí la opinión médica unánime. Lo que ha dado lugar a divergencia de opiniones es el relato de varios casos espontáneos cuya existencia muchos juzgan imposible; pero (pie tanto algunos compañeros en su práctica como yo en la mía, hemos creído encontrar con todos los caracteres clínicos del tifo sin lugar a dudas. En estos casos, que bien pueden llamarse auctóctonos, no he podido en- contrar, a pesar de mis esfuerzos, el hilo conductor de alguna relación in- termediaria clara, con algún foco lejano de infección, o si existe, es de una manera imprecisa, que se presta muy bien a conjeturas. Es el primero, el de un alto empleado de Hacienda (pie en 1908 contrajo el tifo, pocos días después de haber hecho la inspección de varios bultos de ropa del Ejército, procedentes de la ciudad de México. Otro caso semejante es el de una señora que enfermó seis días después de haber desempacado un cajón de fruta que le remitían de San Luis Potosí en 1912. Otro caso, en 1914, de una persona detenida varios días por los revolucionarios en un sucio fur- gón, donde tal vez tuvo su origen el tifo (pie se presentó a ios pocos días. En los otros casos, el origen ha quedado más oscuro aún. a menos que se tome en cuenta la coincidencia de que en un caso el tifo apareció en una señora que cuidaba a su perro que. por la sed incesante, los ojos inyectados, la suma postración y muerte en convulsiones parecía tener fiebre, y en otro caso que coincidió con la presencia de una cocinera con abundantes pará sitos de ropa, y de la (pie nada más se supo porque salió de la casa. En ninguno de estos casos el mal se propagó, excepto en el último, y esto en circunstancias que merecen fijar la atención. En la casa de esta señora, que era atendida asiduamente por sus hijas, y visitada por numerosas amigas y parientes, sólo se propagó el tifo a dos de las hijas que hicieron uso, imprudentemente y sin precaución alguna, de la ránula rectal (pie se usaba en los lavados intestinales de la enferma. Otro caso de contagio lo observó el Dr. E. Guajardo en toda una fami- lia compuesta de seis personas, después de la llegada de uno de sus miem- bros enfermo de tifo en 1916. Lo primero que llamó la atención en este su- jeto ((pie venía de Concepción del Oro. Zac.), fué el gran número de pará- sitos (pie traía en sus ropas. Una de las primeras medidas aconsejadas, fué la de someter éstas a la ebullición. El otro caso, que yo presencié en el mismo año. tuvo su origen en un pueblo cercano, adonde llegó un tifoso de Zacatecas y contagió a cuatro per- donas en la misma casa. Uno de estos enfermos vino a Monterrey, donde yo lo vi, y contagió a cinco personas más en su casa. También aquí había pa- rásitos abundantes. Estos hechos se prestan a otras consideraciones que después haré. Con excepción de estos dos últimos enfermos, llegados de lugares infec- tados y rodeados do pésimas condiciones higiénicas, los otros eran de perso- nas que habían vivido siempre o la.go tiempo en Monterrey, sin (pie hubiera en su género de vida otra modificación aparente que precediera a la dolencia; y habitaban en casas de correcto servicio sanitario igual al de las casas con- 364 liguas,. en parecidas condiciones de ventilación, y sin que hubiera otros casos de tifo en la ciudad. En todos los casos (pie he mencionado, aparte del cuadro clínico incon- fundible, me han servido para apoyar mi diagnóstico, los datos negativos de la sueroaglutinación de Widal, la diazorreacción de Ehrlich, el haber tenido antes, algunos de ellos, la fiebre tifoidea, y en un caso, la investigación mi- croscópica del bacilo de Eberth, sin resultado positivo. La forma en que se presenta más comunmente el tabardillo en esta re- gión, no <lifiere mucho de la que se observa en los lugares donde es endémico, y de un modo general puede decirse que dominan los casos de mediana inten- sidad. y que su evolución tiende más bien hacia la curación. Algún compañero, el Dr. J. Gómez, impresionado por este hecho obser- vado en su práctica de hospital, pensó que tal vez la deportación de los tifo- sos a lugares bajos, sería un buen medio de abatir la mortalidad. El principio de la enfermedad, tal como lo he observado, nunca es brus- co, casi siempre es insidioso, a menos que una causa incidental (enfria- miento, indigestión) venga a precipitar el período prodrómico que nunca he dejado de ver antes de la dolencia. En este período ambulatorio, que dura de tres a cinco días, se nota en el paciente, ligero abatimiento, indiferencia ñor los alimentos, ciería apatía y concentración en sí mismo que le hace apare- cer frío en sus afectos; y mal sueño, interrumpido a veces por pesadillas, en las formas (pie más terde se revelarán, ataxoadinámicas graves. Quizá este cuadro se acompañe de ligera reacción febril, principio obli- gado de toda infección ; pero no es fácil observarlo, y si existe, tal vez sea apreciable más bien en el recto que en la axila, donde no es constante. E! curso de la temperatura es el conocido: al principio intermitente, des- pués remitente, y continua al fin. Rara vez es sostenida la hipertermia en más de 4ú". El exantema raras veces se generaliza a cara y miembros, y a veces se acompaña de enantema. Su evolución es la normal de doce a catorce días, y su terminación por crisis, la más frecuente. Entre las complicaciones inmediatas nunca he notado la hemorragia in- testinal; pocas veces, manifestaciones pulmonares (edema); y rara vez, car- díacas (miocarditis y asistolia), en general dóciles al tratamiento. Compli- caciones tardías, sólo he visto flebitis con embolia y muerte súbita del pa- ciente. Este es, en breves líneas, un boceto del tifo «pie se ve en nuestra región. No ha entrado en mi propósito hacer un minucioso análisis de una enferme- dad poco estudiada y conocida en la frontera y que no difiere, sino por ma- tices, del cuadro regional que todos conocemos. El tratamiento que be usado, ha sido el más sencillo posible, que es en mi concepto, el mejor; el que se inspira en el estado patológico del paciente 365 y en el estudio atento del funcionamiento de sus órganos, y de su reacción a los medios empleados; todo esto sin perder de vista el estado general del enfermo y el trabajo del riñón y el corazón, pues todo lo que se haga por sim- plificar la tarea de estos órganos tan importantes, es de suma utilidad para el pronóstico. Comenzando por les cuidados de higiene que deben rodear a todo enfer- mo, hay que dedicar los primeros esfuerzos al aparato digestivo: aseo fre- cuente y minucioso de la cavidad bucofaríngea, lavado del estómago con soluciones salinas ísi ha habido indigestión), limpieza del intestino con purgantes repetidos, de preferencia mecánicos, y lavados altos de intestino con abundantes soluciones antisépticas. Para cuidar el estado general del enfermo y conservar el equilibrio de sus fuerzas defensivas, acostumbro asociar al alimento algún buen tónico, coñac, del que administro una cucharadita en cada vaso de leche o de limo- nada. de manera de tomar cada hora y media, una vez leche y otra limonada, pudiendo ésta ser cítrica o láctica, clorhídrica o fosfórica. El enfermo ingiere de este modo, como 4 litros de líquido en veinticuatro horas; lo que hace activar el funcionamiento cutáneo y renal. El alcohol contribuye a mantener el pulso fuerte, y es raro que el corazón necesite es- timulación directa para resistir con buen éxito hasta el fin. El equilibrio de la temperatura se mantiene por el baño, sobre todo el de inmersión a 35°. progresivamente enfriado y con aplicaciones frías en la cabeza, que es el (pie yo prefiero. El baño frío tiene muy serios inconvenientes y el enfermo lo rechaza con horror. La refrigeración es perjudicial: aplicada al vientre paraliza el intestino y se agrava la infección. He visto a un enfer- mo aliviarse después de quitar el hielo de su vientre y restablecerse la per- meabilidad del intestino. Sobre el corazón es difícil mantener el hielo bien aplicado; y sólo puesto en la cabeza puede procurar al enfermo algún alivio. El tratamiento por los medicamentos es muy incierto en sus resultados; sólo es útil usado parca y prudentemente, y obedeciendo siempre las indica- ciones especiales en cada caso. Los salicilados, urotropina. lactofenina. cloruro de calcio, son de tomarse en cuenta. En casos graves, el oxígeno me ha parecido útil, sea por vía rectal o hipodérmica: desaparece con él la cianosis y el enfermo se beneficia. Como es bien sabido, el tratamiento sintomático deja mucho que desear. Actualmente las esperanzas todas se cifran en la moderna terapéutica causal que combate la infección con sus propias armas y cuyo resultado es el au- mento en la producción de anticuerpos específicos provocados por prepara- ciones inyectadas del virus causal. I a inyección de suero de convaleciente de la misma enfermedad, (pie en otras infecciones como el sarampión, ha dado buenos resultados, parece que en nuestro país ha tenido sus adeptos. Ignoro los resultados obtenidos; pero es de temerse con tal proceder, que se lleven al enfermo gérmenes de otra in- fección más grave aún (pie la (pie se trata de combatir. Me refiero a la sí- filis. En cuanto a los sueros específicos de Ni col le y las vacunas de gérmenes le Plotz, usados en la última epidemia de los Balkanes, no se ha llegado aún 366 a resulla Jos concluyentes sobre su empleo. Sólo parece que abreviaron la duración de la infección en algunos casos y en otros la hicieron abortar. Más bien como preventivos parecen tener algún valor; pues un grupo nu- meroso de más de doscientas personas de la Cruz Roja Americana que fueron a prestar sus servicios en la epidemia de Serbia, previamente inyectadas con la vacuna de Plotz quedaron indemnes, excepto una, en quien fracasó. Por lo que se ve, el tratamiento causal no es menos incierto que los pro- cedimientos anteriores. Felizmente al lado de tantos hechos dudosos que desorientan y abaten el espíritu, por la pobreza e ineficacia de nuestros actuales medios curativos, que no siempre nos permiten salir airosos; hay otros, evidentes, verdaderos hallazgos de investigación, de que podemos enorgullecemos y que prueban a ciencia cierta que: el tifo es evitable. Tal es lo une me propongo demostrar en la continuación de estos rápi- dos apuntes, basándome en datos relativamente recientes, tomados de auto rizadas revistas europeas y norteamericanas. Etiología y profilaxis.-Los trabajos emprendidos por los médicos nor- teamericanos durante los últimos años, tienden a demostrar, si se juzga por sus conclusiones, (pie el tifo mexicano como ellos lo llaman, es idéntico al de origen europeo que se observa en sus hospitales. Parece que esta infección era para ellos poco conocida, pues una fiebre manchada que aparecía a veces en N. York, era conocida con el nombre de enfermedad de Brill. Este investigador, hizo en 1909, a alguna sociedad científica de su país, la comunicación de más de doscientos casos, por él observados en uno de los pabellones del Maunt Sinai (Nueva York), de una infección de origen y naturaleza desconocidos, caracterizada por "una incubación de cuatro a cinco días, seguida de fiebre continua, con cefalalgia intensa y exantema má- culo-petequial, y que duraba como dos semanas en su evolución, terminando unas veces por crisis y otras por lisis rápida de tres días, para volver al es- tado normal". En año después presentó nueva copia de observaciones de la misma in- fección ; pero estando entonces de regreso los doctores Anderson y GoM- bcrger. que acababan de hacer estudios del tabardillo en México, impresiona- dos por la notable semejanza del síndromo descrito por Brill con el que habían estudiado en nuestro país, se decidieron a, hacer algunas experiencias, ino- culando a monos la enfermedad de Brill, y notaron que los convalecientes de dicho mal se mostraban refractarios al tabardillo y, viceversa, los monos convalecientes de éste quedaban inmunes para aquella. Por estas experiencias y algunas pruebas microscópicas, llegaron a la conclusión de que ambos padecimientos eran idénticos: el tifo mexicano y el observado en Nueva York, importado por los inmigrantes serbios. En 1916, otro grupo de investigadores de Norteamérica, los doctores Olitzky, Denker y Husk (este último corrió igual suerte que el Dr. Ricketts) hicieron en Matehuala, San Luis Potosí, algunas pruebas en sangre de tifosos ; 367 y después de pacientes investigaciones, llegaron a encontrar el microorganis- mo de Plotz, que es un bacilo anaerobio, cuya morfología y cultivos en varios carbohidratos son iguales a los del Bacillus tiphy exanthematici. La inyec ción, variable positiva, cerca de la crisis, e invariablemente positiva después ser el microbio patógeno. Las pruebas de aglutinación, hechas con suero tomado en diferentes pe- ríodos del mal, dieron reacción negativa en los primeros días de la infec- ción, variable positiva, cerca de la crisis, e invariablemente positiva después de ésta. En cultivos hechos con piojos tomados de la ropa de tifosos, se obtuvo el mismo germen de Plotz, así como en los cultivos de bazo. Estas últimas experiencias parecen estar de acuerdo con las practicadas en Serbia, donde se encontró en los cultivos de bazo un microorganismo se me jante. Estos acontecimientos son relativamente recientes y no conozco el re- sultado de investigaciones posteriores; pero es de llamar la atención y digno de retenerse, el hecho de que grupos distintos de investigadores, trabajando en campos tan distantes y tal vez desposeídos de prejuicios, hallan alcanzado las mismas conclusiones; esto es. que el tifo es producido por un microorga- nismo que parece ser el mismo en los distintos lugares de obsecración y que además es propagado por los piojos humanos, especial mente los de ropa. Este notable y feliz descubrimiento es de origen francés, y data de 1909, en ipie Nicolle logró trasmitir el tifo humano al mono y de éste a otros mo- »¡os de la misma especie y aun de especies diferentes, por medio de la pica- dura de piojos blancos infectados de tifo. líeapués se han multiplicado las experiencias tanto en Francia (('omte y Conseil) corno en los Estados Unidos de América. En México, Ricketts y Wilder llegaron, entre otras experiencias, a transmitir el tifo a varios monos, poniendo en contacto de pequeñas heridas de la piel el contenido abdominal de piojos infectados. Basado el doctor Nicolle en sus observaciones, pudo dominar la endemia reinante en Túnez, el año de 1912, en «pie no se registraron más que 22 casos, siendo que el año anterior se habían registrado 838 de tifo. Las medidas empleadas se redujeron a la destrucción de los piojos en- contrados en los enfermos y en sus ropas, así como en las de las personas que les rodeaban. Es de notarse (pie el piojo es más peligroso cuando ha picado al paciente en el período eruptivo del tifo. Entonces lo transmite con seguridad; no así en los otros períodos del mal, en que puede llegar a ser inofensivo. Todas estas experiencias han abierto ampliamente el camino para la profilaxis y han servido de base para luchar en Serbia con brillantísimo re- sultado. podiendo asegurarse que actualmente el tifo es una de las infeccio- nes más fáciles áV evitar. Gracias a la meticulosa aplicación de los más modernos procedimientos puestos en práctica en Serbia, por las autoridades sanitarias de los países colindantes, y a las enérgicas medidas de las diversas asociaciones que se dieron cita en aquel vasto campo de exterminio y de infección, se pudo lu- 368 liar hasta conseguir el triunfo sobre tan temible azote, que parecía inextin- guible. tanto por el número enorme de atacados (4 por cada 5 en dos y medio millonea de habitantes!, como por las desastrosas condiciones allí existen- tes. Después de cruentísima guerra, ensañábase Ja peste en pueblos que, aterrorizados, hambrientos y agotados física y moralmente, tenían que ser una presa ideal para la infección, que llegó hasta el 65% de mortalidad, al nrincipio de la guerra. Como 266,666 víctimas entre las que sucumbieron heroicamente el 56% de los médicos, que no pudieron escapar al contagio por las condiciones de fatiga en que fueron sorprendidos por la peste. No siendo bastantes para atender a tal número de enfermos, su trabajo incesante era superior a toda humana resistencia. Los procedimientos que se emplearon fueron de la más estricta higiene, pero sin perder de vista el piojo, que fué el objetivo principal de la campaña en las fronteras; pues tanto en Rumania como en Bulgaria, y sobre todo en Grecia y la frontera con Rusia, lograron contener el avance de la infección que amenazaba invadir a toda Europa. En Galicia y Polonia, después de la retirada de los rusos, las autoridades austrogermanas instalaron un louserin o despiojadero donde lodo individuo, cualesquiera que fuesen su nacionali- dad, sexo, edad o condición social, era detenido por cinco días, y sometido durante ese tiempo al baño diario desinfectante y la esterilización de sus topas, extendiéndosele al salir, certificado de no tener parásitos. Los enfermos y los sospechosos eran retenidos por más tiempo, en lo- cales adecuados; y en Grecia, los que obtenían permiso de internarse, aun los sanos, debían dar cuenta diariamente a oficinas designadas, de su tempe- ratura axilar; quedando bajo la estricta vigilancia médica. El éxito de toda esta campaña sanitaria fué de los más brillantes que se conocen, y ha provo- cado, con justicia, la admiración del mundo entero. En el interior del país infectado la lucha no era menos intensa y bri- dante que en las fronteras. Don la llegada oportuna de las misiones sanitarias aliadas, y de la Cruz Roja Americana, auxiliadas en gran parte por el clima cálido y la luz solar que permitían a presos y convalecientes abandonar sus barracas recargadas de ocupantes, se consiguió luchar con el mismo éxito admirable y dominar en pocas winanas, totalmente, la epidemia. Las medidas practicadas consistieron en la fumigación de escuelas, cuar- teles y locales infectados; el baño diario a enfermos, presos y soldados, con jabón, agua caliente y kerosene; y desinfección de sus ropas en estufas a 115° (' por treinta minutos; extremando el rigor con los apestados, que eran enviados a lazaretos dictantes, bien incomunicados. Tal confianza llegaron a inspirar los procedimientos usados, que en Mo- nastir, donde había instalada una escuela orfanatorio con 146 alumnos, al lado de un hospital con más de tres mil tifosos, no se registró un solo caso- en la mencionada escuela, a pesar de estar rodeada de otras casas infectadas, y de haber sido frecuente la comunicación entre el personal de ambos esta- blecimientos. Gomo éste hubo otros muchos ejemplos en ciudades de impor- tanci?. Un resultado análogo tuvieron las autoridades norteamericanas cuando 369 combatieron la endemia de tifo que se observó, hace dos años, en la Alta Ca- lifornia. Hacía mucho tiempo que el tifo no se presentaba en aquella región, hasta mediados de 1916, cuando hubo la epidemia en México y que por causa, de la revuelta interior, muchas personas de todas las clases sociales tuvieron que emigrar a aquel país. Entonces se notó, que entre los mexicanos, especialmente en los trabaja- dores de la línea del ferrocarril, se dieron los primeros casos, que fueron el punto de partida de otros secundarios. Como a pesar de las precauciones que se tomaban al principio, lejos de disminuir, aumentaba el número de enfermos, y temiendo que se propagara a centros populosos donde podría convertirse el mal en epidemia, se proce- dió con toda energía, haciendo a un lado el antiguo rígido sistema de in- comunicación, y teniendo solamente en cuenta el piojo como principal agente trasmi sor. A los emigrantes de nuestro país que pretendían pasar al vecino terri- torio, se les introducía en departamentos especiales donde se desnudaban para tomar un baño, mientras su ropa era sometida a la estufa de vapor a 135°C. A los piojosos se les exprimía en la cabeza una esponja empapada en gasolina, y después de tomadas estas precauciones les era permitido el pa- so. Los enfermos y sospechosos eran devueltos inmediatamente. Así impe- dían el contingente de nuevos casos. En cuanto a los ya existentes, diseminados en el trayecto de la línea férrea, fueron sometidos a estricta cuarentena; cuidadosamente despiojados de cabeza y ropas, tanto los enfermos como sus familias y todas las perso- nas que estuvieran con ellos en relación. Igual precaución se tomó con las ropas de cama. El baño en partes iguales de agua caliente y kerosene, era general para enfermos y sanos, y estos últimos eran tenidos en observación quince días. El resultado no se hizo esperar: de 15 casos como máximo, que hubo en sep- tiembre, el número baió a 5 en octubre, y a 0 en noviembre de ese año (1916). De éstos, sólo dos fueron secundarios; y mientras al principio, de la inspec- ción hecha en todo el personal (más de 5,000 obreros) el informe arrojó 60% pon piojos de cabeza y 35% con piojos de ropa, al final de la campaña, ape- nas hubo 1% con piojos en la cabeza, y ninguno con piojos en la ropa. Estando plenamente demostrado el papel tan importante del piojo blan- co como vehículo de contagio, y al aceptarlo como agente principal de tras- misión, resultan (a mi juicio) claros, muchos antes inexplicables y aun con- tradictorios hechos, que tanto han dado a pensar a sesudos observadores. Así se explica que las aglomeraciones humanas, que se han considerado como causa de la infección, "unas veces daban lugar al tifo, aun estando al aire libre, y otras no, aun estando en lugares cerrados y antihigiénicos". Ya el maestro Terrés, en su notable opúsculo sobre la etiología del tabar- dillo, hacía notar esto hecho cuando dice, basado en la lógica de su razona- 370 miento y en los hechos por él observados, que: "no toda acumulación es causa de tifo, ni todo tifo es resultado de acumulación". Tomando en cuenta ese factor, el piojo, resulta inexplicable ese curso on- dulante y caprichoso de la endemia tanto en su aparición como en su desa- rrollo, que así da en climas de altura como en lugares bajos; "que tantos estragos hace en tiempo seco como en tiempo húmedo; que lo mismo desafía los rigores del invierno que los calores del verano"; que a veces aparece en barrios limpios dejando a salvo barrios antihigiénicos; y que no respeta la mansión del rico, a quien ataca, a pesar de su higiene irreprochable, lo mis- mo que al indigente, siempre reñido con sus reglas más elementales, y (pie va sembrando a su paso el insecto propagador por calles y templos, de donde es fácil recogerlo, en las ropas o en el cuerpo, para ser de este modo, causa de contagio. Así es como pude» un buque, trasportando gentes sucias (tal vez pio- josas), provocar la aparición del tifo en personas con quienes estuvieran en relación aquéllas, a su ¡legada, en el lugar del desembarco. También se explican de este modo las pequeñas epidemias de familia en que todos los (pie rodean al enfermo se contagian, mientras (pie en otros ca- *os, en plena endemia, respeta a los numerosos familiares a pesar de su ín- timo trato con el paciente, y de sus*desvelos y transportes de cariño. Esto viene también a dar la razón al maestro Terrés quien, con verda- dera clarividencia, ha afirmado y sostenido, desde hace veinte años, que "el tifo no es contagioso en el grado que se le supone"; haciendo ver cómo entre los médicos, entre quienes más debería observarse, sólo se presentaba en los que más visitaban enfermos pobres; y por qué en una sala de hospital, nadie se haya contagiado cuando por descuido se dió entrada a un tifoso; va (pie, según la costumbre establecida, había dejado aparte sus ropas para vestir las del hospital. Lo mismo se explica (pie ataque más a los hombres, porque en lo general, las mujeres atienden mejor su aseo personal y el de los niños. Como todos éstos, podrían explicarse otros muchos hechos que sería lar- go enumerar; bastando a mi propósito hacer notar que, en los lugares cali dos, donde el tifo es planta exótica, es donde los individuos, aun de la clase pobre, por las necesidades mismas del clima, practican con más frecuencia la higiene de sus personas y vestidos. Así como en algunos lugares de la República, en Mérida, por ejemplo, donde no se conoce el tifo, son proverbiales el aseo y la pulcritud de sus ha- bitantes, aun los de la clase humilde, por lo cual con justicia, causan la ad- miración de propios y extraños; en las demás regiones cálidas es muy fre cuente entre el elemento popular, el uso del agua y del jabón; y en lo que respecta a las regiones cálidas de la frontera, ev tradicional la costumbre de hervir la ropa en agua jabonosa, lo (pie hace imposible la existencia del parásito. Queda demostrado, sin ningún género de duda, que la endemia de tifo 371 es perfectamente dominable, cuando se instituye una higiene rigurosa en el paciente y todo el personal que le rodea. Que cualquier foco se puede localizar, evitando la extensión del mal. Que una vez constituida la epidemia, se puede luchar con éxito seguro, si se ponen en vigor, aplicados concienzuda y científica mínente, todos los recursos modernos que la Higiene pone a nuestro alcance. Si este optimismo, basado en los hechos relatados, pudiera ser objeto de vulgarización, por medios especiales, creo que se llegaría a tener en el pú- blico un celoso colaborador si llegáramos a convencerlo de que el piojo es el principal enemigo del que hay que defenderse. Se curaría quizá de ese terror que le inspira la infección, sabiendo que puede evitarse con el cuidado mi- nucioso de sus ropas y personas, libres de parásitos; y se conseguiría, ale- jando el temor del contagio, más eficiencia en sus cuidados a los enfermos, víctimas a veces, no tanto del mal cuanto del pánico de los seres que los rodean. Señores Congregantes: Temo haber ocupado, sin provecho, vuestra atención. Sírvame de excusa el vivo deseo que me anima, de que nuestro país borre para siempre el estig- ma de tifógeno que tanto nos deprime; y de que su nombre no figure más en obras médicas, al nivel de los sucios atrasados países orientales. Toca a nosotros trabajar en nuestro campo, para elevar su prestigio a la altura (pie merece. Monterrey, diciembre de 1918. 373 Tabardillo.-Anotaciones. Dr. Ricardo Ortega. Carezco de los datos suficientes para pormenorizar los casos clínicos que ofrecí mandar a ese Congreso; permítaseme, pues, relatarlos con los pocos que poseo, porque aun así, los creo de alguna utilidad, ya (pie en su programa de estudios, la Comisión Organizadora indica que puede el médico apartarse de él todo lo que guste, pues el principal objeto es recopilar datos para el estudio del tabardillo. Deseando contribuir algo más a tan noble objeto, me tomo la libertad de remitir algunos otros datos, que si no tienen la importancia que yo desearía, cuando menos, son observaciones sinceras. Desde que comencé a estudiar Medicina, tuve la grandísima fortuna de ser admitido como meritorio en el Hospital Militar de Instrucción, en Méxi co, lo cual me proporcionaba la oportunidad de oir y practicar las sabias lec- ciones y consejos del eminente Montes de Oca y sus notables colaboradores; y desde el segundo curso, sabiendo que en los años retropróximos habían muer- to muchos estudiantes de Medicina y algunos médicos contagiados por el ta- bardillo, tomé la resolución de exponerme al contagio para salir del paso cuanto antes, si no moría en mi empeño, y el efecto, empecé a concurrir al Hos- pital de Infecciosos (Regina), y tan pronto como pude hacerlo, a estudiar con detenimiento atabardillados, examinándoles escrupulosamente, sentado largos ratos sobre sus propios lechos, sin tomar precauciones ningunas; antes bien, solía ir algunas veces en ayunas, otras durante la digestión, antes o des- pués del baño y algunas veces después de haber pasado la noche en vigilia, can- sado mental o físicamente. Por fortuna no me contagié, le perdí el miedo por completo al tabardillo y esto me valió para que desde que estudiaba cuarto año asistiera a algunos atabardillados en la población civil, que me fueron encomendados por mis inolvidables profesores Domínguez, Segura, Escobar y Rivero y Heras, a quie- nes daba yo con regularidad cuenta del estado del enfermo, y recibía sus con- sejos, gracias a los cuales fui tan afortunado con todos esos pacientes, pues ninguno falleció. A dos de estos enfermos los atendí no como médico, sino como enfermero; habitaba con ellos en la casa donde estábamos aislados, con la servidumbre indispensable, hasta la curación del paciente y desinfección del local. Soy nativo del Puerto de Matamoros, Tamaulipas, y jamás he oído decir <pie en ese lugar se haya dado un solo caso de tabardillo. La primera vez que salí de la región donde nací, fué para ir a México a estudiar, y en los ocho años que habité en la capital, exponiéndome al contagio, como antes referí, no enfermé de tabardillo. ¿Fué debido a esto por lo que adquirí inmunidad por mi i recuente trato con atabardillados, o porque mis defensas orgánicas lo impidie- ron? No puedo decirlo; pero creo pertinente anotar que jamás he sido conta- giado por enfermedad alguna. Durante la pandemia de gripa (89-90), así como en esta última de 1918, me vi agobiado por el trabajo; comía mal y a la hora que podía; en esta vez. se dió el caso de que me pasara treinta y ocho horas sin acostarme, por haber tenido que atender durante la noche un parto difícil; no usé ningún preventivo ni desinfectantes en mi persona ni en mi residencia, y sin embargo, no enfer- mé de gripa. Varias veces estuve en el Puerto de Veracruz en épocas de epidemia de fiebre amarilla, y no me contagié. He asistido gran número de erisipelatosos, sin preocuparme el hacerlo en seguida de afeitarme o de tener alguna escoria- ción en mis manos, y nunca he tenido erisipela. He atendido centenares de variolosos sin contagiarme, aunque debo ad- vertir que fui vacunado de brazo a brazo, cuando tenía dos meses de edad, con buen éxito, y de veinte y cinco años a la fecha, cuantas veces me he revacu- nado, no me ha prendido la vacuna; pero la mayor parte de ellas han produci- do ligera reacción dérmica, por tres o cuatro días, tres o cuatro días después de revacunado, lo que me ha hecho suponer que debo tener aún anticuerpos, de la primera vacuna, que me defienden; porque las linfas con que me he re- vacunado no estaban estériles, puesto que produjeron en mí reacción, y en los que no estaban inmunes, prendieron perfectamente. De sarampión, escarlatina y orejones, he atendido enfermos por centena- res, pero yo no he sufrido esas dolencias. También he tratado muchos enfer- mos de tifoidea y paratifoidea, (pie son frecuentes en Monterrey, y sin em- bargo, jamás he tenido alguna de estas enfermedades en los catorce años (pie he habitado aquí. En fin: ninguna enfermedad contagiosa he adquirido, a pesar de no to- mar ninguna precaución para evitar el contagiarme; pero siempre he procu- rado no llevar el contagio a los demás, aseándome las manos después de tocar al contagioso y evitando el contacto de mi ropa con el enfermo y sus muebles. En los casos de viruela, siempre he usado un cubrepolvo que dejo en cada ca- sa hasta la terminación de la enfermedad, y estos cubrepolvos yo solamente los manejo mientras están en uso. Durante los diez y siete años (pie estuve radicado en Piedras Negras, Coah., no vi ningún caso de tabardillo y solamente oí hablar de dos o tres que habían llegado de Zacatecas o México. Durante los catorce años que tengo de radicado en Monterrey, solamente he visto tres con esta enfermedad, los tres venidos de fuera. El Io., Trinidad M., adulto, procedente de San Luis Potosí, con tabardi- llo benigno. El 2°., J. E. D. R„ agente de compañía de teatro, de veinte y cuatro años de edad, llegó a esta ciudad el ocho de noviembre de 1915, procedente de San Luis Potosí; el tercero o cuarto día de enfermo, con temperatura 40°.3; pul- so de 95, amplio y rítmico, cefalalgia frontal intensa, lengua saburral, gris y 374 375 algo seca, fuliginosidades en los dientes, cara abultada, conjuntivas muy congestionadas, delirio locuaz. En la primera noche, habiéndose dormido los que lo cuidaban, fueron despertados por el ruido (pie hacía el enfermo tratan- do de abrir el balcón por donde pretendía salir. La sordera era marcada. Tuvo algunos vómitos, presentaba algunas manchas rosadas en el abdomen y en el pecho, y entre ellas algunas petequial. El día doce cesó la cefalalgia, mejoró su estado general y el diez y nueve entró en convalecencia. Estuvo alojado en un hotel cuyo desaseo y demás condiciones higiénicas son pésimas. Los que lo cuidaron y la mayor parte de los (pie lo visitaron, durante su enfermedad, no habían tenido tifo antes, y sin embargo, la enfermedad no se propagó. El 3°., como de treinta años de edad, profesional inteligente, bien consti- tuido, procedente de Cuerna vaca, en carro especial, acompañado de enferme- ros que venían poniéndole inyecciones de quinina a dosis fuertes, pues traía como diagnóstico malaria grave. En mi primera visita, encontré tan característico el caso, que diagnosti- qué tabardillo. Como su hermano no estuviera conforme con mi diagnóstico, solicitó la concurrencia de otros médicos, y de los cinco que asistieron, cuatro, que conocían el tabardillo, dijeron que esa era la enfermedad que tenía el pa- ciente. El aseo y la ventilación esta vez, nada dejaron que desear. El enfermo falleció el noveno día después de su llegada a ésta. Durante la enfermedad y después de su muerte, estuvo la casa del pacien- te pictórica de gente y la mayor parte de ella, trató y consiguió permanecer al lado del enfermo, tanto tiempo como le era posible, aunque bien claro se les hacía notar que estorbaban, y ninguno se contagió. Creo yo (pie en Piedras Negras, Coah., y en Monterrey, N. L., no hay tabar- dillo y que los casos importados, no se propagan. Me ha llamado mucho la atención, entre los pródromos del tabardillo, que en la mayor parte de los casos están atacadas las mucosas, y esto es mayor mientras más próxima está la mucosa al exterior. "Durante dos o tres días, el paciente sufre malestar vago, tiene sueño agi- tado, o por algunos síntomas locales se cree afectado de coriza, de bronquitis, de faringitis o de trastornos digestivos." (Terrés). La mucosa que al parecer es más dañada, es la conjuntiva. ¿Será por aner- gia o porque la lágrima no ha sido suficiente para defender el órgano? He vis- to su inyección muy marcada,, y casi puede decirse que no falta en el tabardillo; algunas veces en la viruela y muchas veces en la gripa; pero en éstas hay lagrimeo y en el tabardillo no; y en aquéllas nunca la vi lle- gar al grado (pie en éste, en que suele ser, con mucha frecuencia, tan intensa, (pie toma color de ladrillo, y a veces hay equimosis subconjuntival. Esto ha sido comprobado por gran número de observadores, entre ellos, por el malogrado compañero mío, V. Vallejo y Gómez, quien en su trabajo inaugural (1885) asentó: "Uno de los síntomas que llaman más la atención al principio de la enfermedad, es la inyección de las conjuntivas. Esta inyec- ción comienza con los primeros síntomas; persiste durante toda la enfenne- 376 dad, aumentando progresivamente. Las conjuntivas presentan (1) un color tan vivo, que se les ha comparado al ('olor del ladrillo. Cuando minoran los sín- tomas, la inyección, que durante el estado agudo había llegado hasta producir fotofobia, va disminuyendo poco a poco; pero en los casos funestos aumenta en'intensidad y llega, algunas veces, hasta formarse una verdadera equimosis subconjuntival". "Se han observado en los casos graves queratitis" (Terrés), y Vallejo y Gómez observó dos enfermos con estácele de la córnea, que murieron. Reflexionando sobre lo anterior se me ocurre (pie tal vez estas mucosas sean las principales puertas de entrada del germen del tabardillo, y si esto es así, de gran utilidad serían las máscaras filtradoras para evitar el con- tagio. Ascitis por el tabardillo. En febrero 7 de 1896, en mi trabajo reglamentario que remití a la Aca- demia Nacional de Medicina de México, y que fue publicado en su gaceta ese año, digo: "ya que de tifo hablo, permítaseme referir un caso que, quizá por mi poca erudición y práctica, me parece raro: trátase de un ascítico; el derra- me aumentaba considerablemente, al grado de comprometer la respiración, y había edema exagerado en los miembros inferiores; pero nada más. "Por una investigación minuciosa, sólo pude encontrar que el paciente ha- bía contraído el tifo en México, y poco después, al principio de la convalecen- cia. notó el comienzo de su malestar abdominal. Seguro estoy de que nada se me ocultó: así es que no dudo que el tifo haya causado la ascitis. Como quiera que sea, después de veinte días de dieta láctea, el uso de algunos purgantes salinos, de la estricnina y de tres punciones que hice (antes le habían hecho dos), el enfermo curó. De esto hace cinco años, y hará dos meses que volvió a esta población *y me aseguró que jamás ha vuelto a enfermar". No di más detalles aquella vez por no creerlo indispensable para mi tra- bajo; pero como hasta hoy no he oído hablar de otro caso semejante y en la literatura médica a mi alcance sólo he encontrado en el opúsculo "Sobre la identidad de las fiebres" (1865), del distinguido clínico mexicano, Miguel F. Jiménez, lo siguiente: "sigue la constipación, si no se ha purgado al enfermo, y aun cuando se le purga, después de pasado el efecto de ese medio; algunas veces se siente alguna ascitis que dura tres o cuatro días", creo de alguna im- portancia detallar más, aunque no tanto como yo deseo, para ese Congreso, pues ya sabemos lo difícil que es recoger observaciones completas en la prác- tica civil. M. M. P., de treinta años de edad, agricultor propietario, tomaba una o dos copas de aguardiente o cerveza eventualmente en alguna convivialidad; nunca tomó aperitivos. No recordaba haber tenido enfermedad aguda antes que el tifo, y éste lo contrajo en México en junio de 1890, y al día siguiente de sentirse enfermo regresó a su residencia en Nava, Coah. La enfermedad si- guió su curso normal y benigno y a los quince días entró en convalecencia. (1) Yo diría: algunas veces llegan a presentar. 377 Algunos días después notó que su vientre abultaba, pero no le dió importan- cia a la observación, creyendo que era porque estaba alimentándose mejor que antes. Como aumentara demasiado, a los dos meses consultó un médico y és- te lo punzó, repitiendo la punción quince días después. Veinte días después de esta última, me vino a consultar; todo en él era normal menos su vientre, en el que había derrame abundante y libre, y edema exagerado en los miem- bros inferiores. Hice una punción: produjo diez litros; ordené reposo en el le cho con los miembros inferiores ligeramente elevados, un purgante salino y dieta láctea. A los cuatro días no había edemas, pero la ascitis se había re- producido; hice otra punción: ocho litros; igual prescripción, más un cen tigramo diario de estricnina en gránalos repartidos durante el día. Ocho días después, otra punción y ordené se continuara con lo prescrito. Ya no se re produjo el derrame y a los siete días lo di de alta. Cinco años después estuvo a verme, y me dijo que no había vuelto a enfermar de nada absolutamente, y en Jos años siguientes, mientras viví en Piedras Negras, lo vi con frecuencia siempre sano. Polineuritis por tabardillo. Aunque muy incompleta porque cuando fui a buscar a la señora (1. para recoger más datos, no la encontré por haber regresado a su hogar, remito, sin embargo, esta observación que ofrecí: La señora M. G., viuda de Q., representa cuarenta y ocho años de edad ; apariencia saludable; madre de varios hijos. Hace cuatro años fue a Zacate- cas, para atender a un hijo atabardillado y se contagió, regresando inmedia tamente a su residencia en San Pedro de Las Colonias, lugar en el cual pasó su enfermedad. A los dos meses de curado el tabardillo, comenzó a sentir dolores intole rabies en todo el lado derecho, cada cinco o diez minutos, y en los intervalos sentía sus miembros derechos adoloridos y tan pesados, que le parecía eran de plomo. Durante la noche, cesaban los dolores, pero persistía la sensación de pesantez. Cuando andaba, se apoyaba en su pie derecho por su borde externo. Después de algún tiempo cesaron, poco a poco, las molestias del miembro inferior, pero continuaron iguales las del miembro superior y región escapu- lar del lado derecho. Desesperada de tanto padecer, se transladó a Ciudad Juárez, Chihuahua, y ni allá ni en El Paso, Texas, logró su alivio. Como una amiga le aconsejara que viniera a consultarme, se transladó a Monterrey y se me presentó el día 11 de julio pasado y me contó lo que acabo de exponer. No encontré dato alguno para diagnosticar histeria, ni sífilis o alguna in- toxicación. Acusaba hormigueos y pesadez constante en el miembro superior derecho y región escapular del mismo lado, y accesos dolorosos espontáneos in- tensísimos. que la hacían gritar y llorar, en diferentes lugares de las regiones citadas, sin poder precisar puntos exactos para el nacimiento del dolor, y és- te le duraba algunos segundos, y se repetían los accesos cada cinco o diez mi- nutos. Después de examinarla y estudiar el caso, creí que realmente el ta- 378 bardillo era el causante de una lesión ''probablemente en las raíces nerviosas, pues los dolores eran muy intensos, interminentes y sin puntos dolorosos espe- ciales (Benedik)"; y como no encontré reacción de degeneración, ni atrofias musculares, tuve esperanzas de curarla. Como la señora se resistiera al em- pleo de la electricidad, porque la habían tratado largo tiempo con ella sin resultado satisfactorio, no creyendo yo, por otra parte, indispensable su uso, accedí a su ruego, e instituí el siguiente tratamiento: inyecciones intramus- culares diarias de diez centigramos de cacodilato de sodio con cinco miligra- mos de sulfato de estricnina. Salicilato de quinina dos gramos; aconitina amor- fa dos miligramos; sulfato de estricnina cinco miligramos. Para diez píldoras con cubierta insoluble en el estómago (1), para tomar una cada dos horas. Julio 12.-Accesos dolorosos menos intensos y más retardados. Julio Uf - Accesos dolorosos mucho menos intensos y cada media hora. Julio 18.-Alivio mayor. En lugar de las píldoras ordené granulos de medio miligramo cada uno de clorohidrato de cicutina amorfa, uno cada dos horas. Julio 22.-Han desaparecido los dolores por completo; quedan hormigueo y pesantez muy ligeros; prescribo granulos de gelsemina amorfa de medio mi- ligramo (medicamento como el anterior, injustamente casi olvidado, a pesar de ser tan útil), uno cada dos horas. Agosto 1°.-Ya no hay síntoma alguno de la enfermedad. Se suspenden las inyecciones y la señora seguirá tomando cuatro o cinco gránalos alternan- do cada dos días los de cicutina con los de gelsemina. Agosto 9.-Ultima consulta. Se considera completamente sana. Le acon- sejo que si vuelve a sentir la más ligera molestia, me avise. A fines de noviembre le encontré en la calle y me dijo que estaba comple- tamente bien. Monterrey, N. L., diciembre 27 de 1918. (t) De tres años a esta parte, siendo tan fácil poner la cubierta insoluble en el estómago, a las píldo- ras, siempre la ordeno cuando uso medicamentos que no conviene se disuelvan en él. 379 impresiones acerca del tifo (tabardillo). Dr. Antonio A. Loaeza. La bondad del digno Presidente de la Academia Nacional de Medicina, provisto de muchas grandes cualidades, unida a mi personal adhesión al Pre sidente General de este Congreso, constituye la razón por la cual, inves- tido, sin renuncia posible de mi parte, con el carácter de presidente de una comisión enviada por la Academia, para representarla en este gran torneo del saber mexicano en asuntos de tifo, disfruto el alto honor de emitir ante uste- des mi humilde palabra. Muy más torpe que otros míos, será el trabajo (pie traigo, por haber reci- bido a última hora, no más de ocho días antes de la fecha actual, la conspicua cuanto para mí estimada representación; y como mis ilustrados compañeros de comisión, entre quienes se encuentran bacteriólogos de la talla de Gonzá- lez Fabela y Francisco Paz, y prácticos como Rafael Carrillo y Rojas Loa, no se resolvieron, a pesar de mi insistente ruego a presentar sus memorias para ilustrar con el magnífico acervo de sus conocimientos a esta Asamblea, tuve que decidirme a emitir mis ideas, tan sólo para (pie la Academia de Medicina no deje de hacer (pie su voz se escuche aquí, toda vez (pie le cabe a honra ser portaestandarte en asuntos de tifo entre nosotros. Por eso me propongo de- jar consignado aunque sea brevemente, lo que la ciencia mexicana, auxiliada a veces por médicos extranjeros, ha hecho conocer en la Academia sobre la trascendental enfermedad. Ya el Dr. Terrés, con maestra mano, como la suya es, delineó en la sesión de apertura, los puntos culminantes de la labor acadé- mica ; mas penetrando hondamente en sus escritos, puedo asegurar que du- rante los cincuenta y tres años que lleva de establecida la Corporación, ni uno solo ha dejado de tener a la orden del día el esclarecimiento de la debatida cuestión del tifo. Desde el ya remoto año de 1SG5, en el (pie por desgracia para nuestra pa tria, la cultísima y hoy victoriosa Francia, interviniera en México por causas ajenas a la voluntad del pueblo de aquella nación, los médicos franceses uni- dos a eminentes maestros mexicanos, fundaron la Sociedad de Medicina, en donde presididos por Ehrmann, alsaciano distinguido, se reunían cada sema- na para exponer lo que su ciencia y experiencia les enseñaba. ¡Paréceme ver aquel areópago de sabios conversando acerca de la constitución medica! Tur- nábanse en el uso de la sapiente palabra para dar a saborear el jugoso fruto de sus enseñanzas: Jiménez don Miguel y don Lauro. Hidalgo ('arpio, Car- mona y Valle, José María Reyes, Lobato, etc., entre los mexicanos: Ehrmann, Jourdanet, Garrone, Tonraine, del grupo de los franceses. Hoy se pueden con- sultar las opiniones de estos médicos, que hacían cuanto era dable en su épo- ca para desentrañar los arcanos del tifo. Ahí puede leerse cómo Jiménez y otros, llamaron tabardillo al tifo por ellos observado; ahí puede verse cuánta importancia daban a la cefalea, a la salida de sangre por las narices, a las 380 petequias, a la fiebre, para el diagnóstico. Fue cuando el ilustre clínico Mi- guel Jiménez escribió y dió a conocer sus claras ideas acerca del tabardillo. Culmina un trabajo de Geografía Médica del l)r. Ehrmann (7 de abril de 1867), en el cual concluye su autor que en las altiplanicies de nuestro país, el tifo es endémico con exacerbaciones epidémicas. En las vertientes de las cor- dilleras se desarrollan a intervalos variables, casos aislados o en forma de epidemias raras, generalmente importadas. En las costas es rarísimo, mima de carácter epidémico, según el escritor citado. Ya se ve que a la fecha y con el ilustrado concurso de este auditorio, se pueden sostener análogas conclu- siones. Encuéntrase después, en febrero de 1877, un estudio acerca de la higie- ne del tifo exantemático, relativo a la epidemia que reinaba desde el año de 75 en esta ciudad y consecutiva, según deja verse, a la revolución de Tux- tepec. Hago notar que aquélla duró por lo menos tres años, pues así lo procla ma el Dr. Lobato en las primeras palabras de su docta memoria, en la que re- suelve que en México el tifo es endemoepidémico y acepta con Niemeyer, (pie es enfermedad de origen infeccioso. Hace hincapié en las oscilaciones de la capa de agua subterránea, señaladas por Petenkoffer, respecto de las epidemias de fiebre tifoidea, y quiere aplicarla al tifo nuestro; así como también quiere que el tifo de la especie bovina y el del hombre son infecciones de la misma naturaleza. Señala la influencia de los focos de materias orgánicas en des- composición; habla de las teorías reinantes en aquel tiempo respecto del con- tagio por animales y ropa; declara abiertamente, que la falta de higiene en la habitación, es causa de tifo; este higienista enumera después las depresiones morales, las fatigas de orden físico, la mala alimentación: las variaciones brus- cas de temperatura, la edad, etc., y dice que la hambre y la miseria no deben considerarse como causas de tifo. Estudia la epidemia del año de 1859, como una verdadera consecuencia de la revolución (pie por entonces defendía las Le- yes de Reforma, la cual duró hasta 1861. Hace mención igualmente de la epide- mia (pie apareció en la época de la Intervención Francesa en 1864 y que de México se transmitió al centro del país. Cree (pie puede relacionarse con una epizootia por entonces general. Recuerda cómo el sitio de Querétaro, (pie agru- pó 90,000 gentes en estado de miseria, no ocasionó un solo enfermo de tifo. Ad- mite que el tifo puede propagarse por el aire, toda vez que señala el padeci- miento entre personas que permanecían breve rato en algún lugar infestado de tifo. Señala una bacteria en la sangre de los tifosos y relata muy curiosas ex- periencias para buscarla en el aire. Dice (pie en la calle de Arcinas encontró en el aire una igual a la descrita en la sangre; y cree haber hallado cosa análoga en el agua de sus pluviómetros. Respecto de la forma general de la infección tífica, cree Lobato, como creyeron los de su época, «pie la fiebre es miasmática y palúdica; y habla del interés (pie tiene este pormenor para el diagnóstico y el pronóstico. El perío- do de incubación es para él de seis a doce días. Señala la cefalalgia, el dolor general del cuerpo, los calofríos continuados, como fenómenos útiles para el diagnóstico. El exantema puede ser primero de pápulas, después de manchas rosadas y al ñu de verdaderas petequias; aparece del (plinto al sexto día en el dorso, para generalizarse más tarde a los costados, el pecho y los miembros. 381 Acepta un período de escamadura y concede mucho valor a la confluencia de la erupción y a su polimorfismo no sólo para el diagnóstico, sino aun para el pronóstico y el tratamiento. Al estudiar la fiebre, insiste sobre el ascenso len- to y el descenso habitual por lisis, y considera graves los tifos cuya tempera- tura es superior a 41 grados. Hay crecimiento del bazo, y si además el órgano es doloroso, el pronóstico se agrava. Señala el dolor de la región hepática. Dice <pie disminuyen las respiraciones por minuto; (pie hay estertores silbantes y roncantes; disminución de la tensión arterial, albúmina en las orinas, oligu- ria, aumento de la urea; pero si ésta falta, el tifo es grave. En seguida, re- cuerda la importancia (pie en su concepto tiene la higiene profiláctica en el tifo. Agrega (pie las carnes de consumo deben ser de buena calidad; y no olvi- da el interés (pie puede tener para el higienista el aseo de cloacas y excusados. Para él son de gran importancia la ventilación de las habitaciones y de los enseres de uso doméstico, la higiene en el comer y el vestir; cree que los ba- ños evitan el tabardillo. Desea que se conserve una temperatura constante dentro de las habitaciones; aconseja la fumigación por medio del azufre; y en cuanto a la higiene individual sobre ocupaciones, alimentos, vestidos, diver- siones, aconseja mucha discreción; y en otros pormenores de la vida íntima, ha- ce las prescripciones habituales que se deben suponer. Esta notable memoria, puede leerse ahora con gran provecho, pues su sa- bor clínico e higiénico es tan grande, (pie purgándola de las ideas propias de su época, podría brillar intensamente en este Congreso. Don José María Reyes, en 1877, daba consejos muy útiles de higiene ge- neral para hospitales, cadáveres, aislamiento de convalecientes, desinfección de habitaciones, prohibición de usar objetos de tifosos, ventilación de cuarte- les, colegios, etc., vigilancia de las aguas potables, regado de calles, vigilancia de comestibles ; consejos dignos de (pie en el día fueran recomendados por nues- tras autoridades. El Dr. Labastida, en el año de 1878, a propósito de tratamiento, señala los baños tibios y el uso de substancias antiespasmódicas, de alimentos líqui- dos, atole o leche, y de sólidos, para nutrir a los tifosos. Tan juzgó trascendentalísimo el estudio del tifo en México, la Academia de Medicina, (pie durante los años de 187!) y 1880 fijó una convocatoria para premiar con quinientos pesos al médico que lograra un adelanto acerca del co nacimiento que entre nosotros había acerca de la naturaleza, etiología, profi- laxis y tratamiento del tifo. Nombró una comisión permanente para el estudio del tifo, compuesta de médicos cuyo valer se advierte con sólo nombrarlos: Lucio. Andrade, Velasco, Carmona y Valle, Mejía. Por entonces los trabajos (pie tuvieron mayor interés, fueron el del doctor Egea, persona de quien guardo mucha gratitud, en el cual culmina toda la his- toria de las antiguas epidemias de tifo relativas a la época de la conquista y aun a tiempos anteriores, así como unos cuadros muy bien hechos, de cincuen- ta observaciones clínicas; una memoria de Octaviano Gabán, de León de los Aldamas, y otra de Manuel Morales Pereyra, de Puebla, que merecieron los honores de la publicación. En el año de 1882 los DI). Nicolás y Juan José Ramírez de Arellano, pro pusieron cinco capítulos relativos a limpia de la ciudad, aislamiento de en- 382 Termos, desinfección, ventilación, aseo y desinfección de ropa y deyecciones, y la idea de una casa de salud para atacados. El año de 1893, el ilustre partero don Juan María Rodríguez, relata con florido lenguaje y la erudición que le era peculiar, un embarazo terminado por parto feliz al octavo mes. Hay unos datos estadísticos de 91 a 92, (pie toman en cuenta edad, pro- fesión, estado civil y ocupación de los enfermos de tifo, por el Dr. Manuel S. Soriano, en el cual se pueden recoger datos muy instructivos. Los DI). Luis E. Ruiz y Fernando Zárraga, presentaron una memoria pa- ra obsequiar una convocatoria de 1890, en la que se propone se investigue si hay concordancia entre las oscilaciones de la capa subterránea y el grado de frecuencia del tifo. Creyeron encontrarla; pero la comisión informadora, (pie estudió más de trescientos pozos, pensó que no existe dicha relación. Se aceptó el hecho relativo a la curva de aumento o disminución del tifo con relación a las precipitaciones fluviales, conforme a un estudio de treinta y cinco años, del Dr. Orvananos. En abril de 1893, el Dr. Maximino Río de Ja Loza, hace notar el hecho observado de que las aguas de lluvia hacen disminuir diariamente los casos de tifo. Para él el suelo absorbe más agua mientras mayor cantidad de materia orgánica contiene; pero la concordancia entre la disminución del tifo y el al- za de nivel de la capa subterránea, y lo contrario, débese al lavado (pie fue- ra de la tierra hacen las aguas de lluvia. Da gran importancia a la limpia de las atarjeas en la ciudad de México, para lograr la disminución de la en- demia. El año de 1893, el Dr. José María Lugo Hidalgo, dio a conocer en lo (pie llamó tratamiento antiséptico del tifo, los esfuerzos que ya entonces se ha- cían para descubrir el microbio de esta enfermedad, por Halva en Italia; CaL mette y Thoinot, en Francia; Levvaschew, en Alemania; pero ninguno fué comprobado. Persuadido de (pie el tifo proviene de microorganismos, quiere que, para curarlo, se haga una atmósfera antiséptica con pulverizaciones de sublimado corrosivo en derredor del enfermo; desea (pie se desinfecte su piel, haciéndole fricciones con alcohol alcanforado y solución de ácido fénico al 2%; propone asear la boca con solución bórica; quiere (pie el recto se desinfecte con permanganato de potasio en debida forma; propone el salo], el naftol, el salicilato de sosa o de magnesia, para hacer la antisepsia gastrointestinal; por último, propone la cafeína, la estricnina y el alcohol, como tónicos; la exalgina y la anticamnia contra la cefalea, y el uso de aguas aciduladas con jugo de naranja o de limón en abundante cantidad. El Dr. Manuel Anaya, en 1891, se propone tratar a los tifosos únicamen- te por una aeración intensa. El Dr. Soriano presentó en los años de 93 y 94, estadísticas del tifo, útiles de conocer. El Dr. Luis E. Ruiz. el año de 95, escribió una extensa memoria acerca del tratamiento del tabardillo, en (pie insiste en todo lo relativo a la antisepsia, según el orden de ideas (pie tiene el trabajo que acabo de mencionar. En 11 de junio de 1902, el digno Presidente actual del Congreso del Ta- bardillo, escribió una nota respecto a pronóstico de esta enfermedad, en la cual hace notar el exagerado 25% que da la mortalidad entre nosotros, así 383 como cpie le parece, sin asegurarlo, que la mortalidad es menor en mayo, junio y julio. Asienta la idea de que en el hospital mueren menos (pie en la clien- tela civil; de lo cual infiere (pie si influye la terapéutica, es en sentido perju- dicial, supuesto (pie es indiscutible, dice, (pie se medicina más el enfermo aco- modado (pie al del hospital, Cita palabras de su conocido trabajo "Etiolo- gía del Tabardillo", en donde asentó este ilustre clínico, una afirmación de la cual me hago partícipe: "jamás puede afirmarse un pronóstico en el tifo". Hace notar el desacuerdo entre dos clínicos, a mi juicio en el asunto de (pie se trata, de igual competencia: mi maestro I). Juan María Rodríguez, quien con- sidera dudosa la acción del embarazo en el pronóstico del tifo, y el Dr. Miguel Jiménez, (pie afirma (pie lo agrava. Dice después el Dr. Terrés, (pie hasta esa fecha, el aparato urinario no suministraba síntoma valioso para el pronós- tico. A la temperatura sólo en sus grados extremos, le concede interés. Da im- portancia a la enteroplejia para el pronóstico. El Dr. Lugo Hidalgo presentó en abril del mismo año una memoria rela- tiva al valor semeiótico y pronóstico de la anuria, según el cual reconoce interés por los productos de desasimilación de (pie se carga el organismo y que desarrollan la uremia, y admite que las lecitinas acreditan un desorden ce- lular (pie destruye la nucleína ; lo cual explica la gravedad de los tifos y se agrega a la falta de formación de la orina. Es memorable el año de 1900 por los asuntos relativos al tifo, pues es bien sabido (pie por esa época se discutieron ampliamente en la Academia de Me- dicina los trabajos presentados por muy ilustres médicos, quienes creyendo descubrir un microbio especial, como generador del tifo, quizá hasta se apasio- naron en ese camino, produciendo no obstante, muy fructuosos estudios (pie culminaban con la declaración (pie en 23 de mayo de ese año, hiciera el Se- cretario de instrucción Pública, según lo cual, el Supremo Gobierno distri- buiría cincuenta mil pesos en la forma siguiente: veinte mil para el descubri- dor o descubridores del germen del tifo: veinte mil al o a los (pie logren pro- ducir la inmunización contra la citada enfermedad, y diez mil para los (pie ayuden directamente a resolver los problemas anteriores; quedando la Aca- demia facultada para discernir dichos premios. \ ('ritas sola rallo y Pío pa- tria ct hurnanitatis, fueron las memorias presentadas a tal concurso; pero la doctísima comisión formada por los señores Licéaga, Ramos, Terrés, Tous- saint y González Fabela, no juzgó merecido el premio, aunque sí muy merito- ria su labor. Bien sesudo es ese dictamen, como formado por quienes lo pro- dujeron. Yo me complazco al recomendar la lectura de él, y en declarar (pie los años han dado razón a los (pie así pensaron. Todavía en 1908 pueden leer- se documentos relativos a la cuestión del supuesto microorganismo del tifo, en los (pie campean las plumas de los DI). Terrés, Gayón, González Fabela y Prieto Ignacio, de toda cuya erudita cuanto vehemente discusión, se aclara (pie no se ha descubierto en México el germen (pie se discute. Diré solamente (pie en 1909, vino a este país, aun cuando no tuvo relación con la Academia, entre otros, el eminente médico americano Ricketts, «pie murió de tifo. El año del Centenario, 1910. los señores Anderson y Goldelberger, del ser- vicio de Salubridad Pública y de los hospitales de marina de los Estados Uni- dos, hicieron saber los resultados de sus primeras experiencias de inocula- ción de cuyes, conejos o monos, con sangre de tifosos, y que presentaron una 384 infección febril acompañada de exantema. Para los investigadores america- nos citados, el tifo no es contagioso en el sentido estricto de la palabra, sino <pie ha menester un huésped intermediario. Eliminaron la pulga y la chinche como incapaces de hacer la transmisión, creyeron que el piojo del cuerpo (Pedículis vestimenti), transmite el tifo del enfermo al sano. Hicieron picar a las monas Juana y Raquel por piojos de tifosos, y los simios tuvieron calen- tura ocho días después de los piquetes. Por entonces llegaron al conocimiento de los médicos de la capital y de los observadores americanos las publicaciones de Nicolle, quien cree, como se sabe, poder hacer la reproducción experimen- tal del tifo exantemático en el mono, y también la transmisión del mismo ti- fo por el piojo del cuerpo. Todo esto corre traducido para la Academia por el Sr. Dr. Cosío. El año de 1911, el Sr. Dr. Saloma presentó trabajos con el fin de probar la transmisión del tifo por el piojo: mas desearíamos olvidar las terribles objeciones que el Sr. Dr. Miguel Otero le hizo, en discusiones publicadas en actas suscritas por mí como secretario de aquella docta corporación. En el concurso de 1909 a 1912, se presentaron veintiuna comunicaciones también a la Academia de Medicina, con las que el mundo médico respondía a la invitación ya referida del Gobierno mexicano; y la comisión de entonces, in- tegrada por los DI). Toussaint, Gayón. González Fabela y Saloma, concluyó: que catorce de estos trabajos no podían tomarse en consideración; mientras que los de los señores B. Campbell y Mac Cample, B. Sánchez, Nicolle, Prieto, Rabinowitsek y Lagrain, fueron admitidos, aunque, por desgracia, después de conocidos, se vió que no habían resuelto los temas del concurso. Estas me- morias pueden verse publicadas en el Apéndice al tomo de 1913 de la Gaceta Médica de México. Su lectura resultaría provechosísima. En el año de 1914 hay un cuadro estadístico (1903 a 1912) del Dr. Soria- no, sobre mortalidad. En ese año, el Dr. Escalona presentó un caso de pielone- fritis que atribuye al tifo. En 1916 presentó el Dr. Saloma una nota relativa al resultado de al- gunos experimentos sobre piquetes de piojos alimentados con sangre de tifosos en jóvenes sanos. Por fortuna estas pobres gentes no enfermaron. El mismo año de 1910 el Dr. Terrés ofreció una breve nota acerca de etio- logía del tifo, en la cual da a conocer los trabajos de Plotz, las vacunas lleva- das a Servia, el estreptococo exantemático de Milman, etc. Opina el Dr. Terrés, como es natural, que estas investigaciones deben ser repetidas por otros obser- vadores, (pie las podrán ratificar o rectificar. No se hizo esperar este deseo en México: el Dr. González Fabela, en 28 de junio de 1916, declaró (pie no pudo observar colonia ninguna después de los cinco días aconsejados por Plotz para verlas en los cultivos. Filé negativa también la fijación del complemento. Llega a la siguiente conclusión: en ca- torce siembras de sangre de tifosos no se desarrolló ninguna colonia de las descritas por Plotz. Declara también no haber conocido el trabajo original de este autor y ofrece presentar a la Academia las conclusiones a que llegue, ciñiéndose a la técnica de Plotz. Desde entonces a la fecha, nada se ha vuelto a decir en la Academia res- pecto del tifo petequial. Ya véis, señores, aunque en breve relato, todo lo (pie la Academia Nacional 385 de Medicina ha hecho para aclarar los problemas relativos al tabardillo. Se- guramente que entre todo lo publicado hay muchos puntos discutibles; pero éstos pueden ser temas de futuros congresos que, a no dudarlo, se verifica- rán para el estudio y conocimiento de esta enfermedad de tanto interés pa- ra nosotros. Después de todo lo muy bueno (pie nuestros antecesores han dejado es- crito, ¿qué puedo yo decir? Trataré en lo que resta de este pobre escrito de tales y cuales convicciones (pie me deja la observación de los enfermos; las que quiero dejar ante esta docta asamblea, para que sepa, cómo en mi humilde sentir, el tifo exantemático (tabardillo), es una entidad nosológica perfecta- mente determinada, siempre igual a sí misma, sujeta sólo a las variaciones que necesariamente acarrean a toda dolencia humana la edad, la constitución física, la intensidad de la infección según la epidemia, y demás circunstan- cias del atacado. Quizás haya hasta ligeras variaciones por la altura sobre el nivel del mar, la latitud y longitud de los lugares donde la enfermedad se ob- serve, como es constante que varíen también todas las dolencias (me refiero, como es natural, a las de orden infeccioso) por estas circunstancias. Que el tifo reviste para mí todos los caracteres de una infección, es un hecho <pie no me deja la menor duda, y esta aseveración la fundo en la obser- vación de los médicos (pie me han precedido y en la mía propia. Igualmente tengo para mí, que de ser contagioso el tifo, lo es en grado mínimo, pues por rareza he tenido en veinticinco años de práctica, (pie asistir en una misma ca- sa a enfermos de tifo en quienes yo vea clara la sucesión de un caso a otro, como, al contrario, lo he visto, por ejemplo, para el sarampión. Queda hasta hoy, para mi entender, incógnito el procedimiento por me- dio del cual se ejecuta las más veces la transmisión de esta dolencia ; pues aun cuando deja profunda impresión en mi espíritu todo lo (pie he leído y he visto a propósito de la transmisión del tifo por el piojo del cuerpo, pienso que'el menor número de veces debe ser dicho parásito el (pie comunique la enferme- dad ; y pienso que, en otros muchos casos, debe existir otro medio por el cual se haya recibido el supuesto germen del tifo. Declaro que, sobre el particular, cuantos esfuerzos se ejecuten por descubrir ese germen y la manera como se transmite del hombre enfermo al sano, constituye en realidad, lo (pie más importa para esclarecer Jos problemas de patogenia, etiología y tratamiento (pie, como bien se sabe, están obscuros; y, sin embargo, al ejecutar este descu' brimiento, (pie en honor de lo justo, creo ya muy cercano, se logrará sin duda, una profilaxis individual y social definitiva. Mientras tanto, me parecen ver- daderamente encomiásticos todos los estudios y lucubraciones que se ejecu- ten para esclarecer los detalles siempre dignos de interés, a propósito de esta enfermedad (pie asola a nuestra República. Debo igualmente confesar, (pie la curva febril especial al tifo, la cefalal- gia, la raquialgia, la inyección conjuntival, el temblor de la lengua, la ligera sordera y el estado intelectual especial (pie constituyen el estado tifoso, me parecen signos bastantes para determinar en la práctica, la existencia del ta- bardillo, con la aparición, a los cinco o seis días de la petequias caracterís- ticas en este padecimiento. Inútil sería también, de mi parte, insistir en los variados signos (pie con el carácter de la epidemia reinante, la edad, el sexo, las costumbres, la profe- 386 «ión, el terror y otros elementos, dan al experto clínico, para pronosticar con aceptable acierto en cada caso. Permítaseme tan sólo, insistir en (pie, por mi parte, doy una importancia verdaderamente capital, a los resultados del es- tudio fisicoquímica completo de la orina. Ya en el ilustrado espíritu de uste- des, flotan en este instante, los recursos que encuentro para formalizar el pronóstico: básteme mencionar, cómo deben juzgarse la urea, los cloruros, la albúmina y la cilindraría renal. Justipreciando bien estos datos, señores, y uniéndolos con los muy numerosos que he oído leer en los eruditos trabajos presentados en esta asamblea, estoy cierto de (pie en muy pocas ocasiones, co- meteréis graves errores de pronóstico. Y de tratamiento, ¿qué puedo deciros que no haya sido documentado am- pliamente y con toda erudición? Nada a fe mía, por la humildad de mi inte- lecto; pues de años atrás aplico reglas generales, cuales son: baños en todas sus formas y según cada caso especial t baño caliente, baño frío, baño de esponja, baño con sábana mojada). Esto para combatir la hiperpirexia, que la en- tiendo arriba de 39".5. He usado con éxito, para la hiperpirexia, las inyec- 'Ciones intrevenosas de oro coloidal. Hago también (pie los enfermos beban cuanta agua sea posible: mantengo una alimentación láctea con ligeras varian- tes; hago con enemas (pie las evacuaciones se efectúen con regularidad; sos- tengo las fuerzas del enfermo ya con tónicos ligeros (cola, cognac, estricnina, o algún otro tónico difusible), según la edad, costumbres, medio de vida, etc., de cada paciente. En cuanto el corazón desfallece, empleo esparteína, estro- fantus y digital. Estoy atento a la función urinaria, teniendo a la mano diu- retina y teobromina. Esta última es de heroicos resultados. Para no fatigar demasiado a mi auditorio, diré de una vez, (pie empleo to- do el tratamiento sintomático (pie se hace preciso, ya sea por el curso de! tilo o de sus complicaciones; procuro al enfermo todos los cuidados de aisla- miento y desinfección (pie me parece necio indicar a ustedes. Declaro, por úl timo, que nunca me han convencido los alivios (pie dicen proporcionan los sue- ros curativos hasta hoy preparados. Los mismos medios de aislamiento y desinfección en el sentido más am- plio de la frase, y ejecutados de un modo automático, si puedo decirlo así. creo humildemente (pie, hasta no tener conocimiento de la causa íntima del tifo, son los únicos medios (pie podemos oponer para la propagación de la dolencia : pero insisto nuevamente en decir que deben desarrollarse con rapidez y efica- cia automática. Termino, agradeciendo muchísimo la benévola atención (pie ustedes se han dignado tener para mi pobre palabra; mas antes de abandonar esta honrosa tribuna, permítaseme obtener de mi mala memoria, algunas conclusiones: Ia. Dada la importancia (pie tiene para la República Mexicana el descubrimiento <lel microorganismo «pie produce el tabardillo, así como el modo de curar la dolencia, debe recordarse frecuentemente a los médicos de todo el mundo, (pie existe un premio de cincuenta mil pesos cuya vigencia debe asegurar la Aca- demia Nacional de Medicina. 2a. Deben verificarse entre nosotros nuevos con- gresos nacionales para (pie, como el actual, mantengan el interés por estos asuntos. 3a. Estimo (pie, merecen entre nosotros, el bien de la sociedad mexica- na, los médicos (pie se ocupan de los asuntos relativos al tifo, y, por tanto, los organizadores de este Congreso, así como las personas (pie aportaron intere- santes trabajos documentados con anticipación. 387 Ligeros apuntes sobre el tabardillo o tifo exantemático. Dr. José de la Serna. A D V E R T E N C 1 A. El presente estudio fué escrito, únicamente, con el fin de ilustrar al pú blico sobre la materia y, en manera alguna, suponiendo (pie alguna vez hubie ra de presentarse en un congreso de facultativos como el (pie ahora se ha con- vocado para beneficio de la ciencia y de la humanidad: es un testimonio del interés (pie su autor ha consagrado al asunto, sin pretensiones de ninguna clase. Tifo.-Sinonimia.-Cocoliztli, matlazáhuatl (matlauh, contagiosa, za- huatl, erupción), tabardillo, tifo exantemático, tifo o peste de guerra, de los campos o prisiones. El tifo existía en México antes de la conquista y se conocía con el prime- ro de estos nombres: hizo muchas apariciones y víctimas, como se verá por la relación de las epidemias que desolaron a la entonces Nueva España. Los aztecas conocían perfectamente esta enfermedad: está representada en sus jeroglíficos por un indio atacado de epistaxis (hemorragia por la nariz) y amarrado de cabeza: su tratamiento consistió en dar a beber cocimiento de tianguispepetla y también corteza de raíz de (icocxoctic y zumo de cxtacwihitl, y la yerba de i-rtlacocotH, que los médicos de Chololan y Tlaxcalan, aplicaban con éxito. La primera epidemia de que se tiene relación, fué durante el gobierno del primer virrey don Antonio de Mendoza, el año de 1545, de la cual habla Tor- quemada, y se asegura que murieron ochocientos mil indios: otra de (pie habla Sahagún en la época del segundo virrey don Luis de Velasco y en la cual sólo en el barrio de Santiago Tlaltelolco murieron más de diez mil indios: y otra muy espantosa en los años de 1575 a 1577, durante el gobierno del virrey don Martín Enríquez de Almanza, en la cual murieron más de dos millones de indios, y descrita por Torquemada. Sahagún y el Padre Alegre; la (pie se anun- ció terrible, según cuentan las crónicas, con la aparición de un cometa (pie es, a no dudarlo, el mismo «pie Arago registra y (pie fué observado por Ticho Bra- he y calculado por Halley Wolstod, y después por la aparición de tres soles (pie brillaron por toda una mañana en el firmamento. Esta epidemia se cebó es- pecialmente en los indios; pues los españoles e hijos de éstos, gozaron de com- pleta salud durante la epidemia. Dicen las crónicas (pie la enfermedad se anunciaba por un fuerte dolor de cabeza, fiebre voraz, (pie los hacía salir des- nudos de su casa y como locos a los patios y calles a exponerse a las inclemen- cias del tiempo, (pie expiraban a los nueve días, y les venía una hemorragia por la nariz. Fué tal la multitud de cadáveres, que éstos se veían por todas partes, y el padre Alegre dice (pie la mortalidad fué de las dos terceras partes de la 388 población. En esta época se comenzaron a hacer disecciones en el Hospital Real por el doctor don .Juan de la Fuente, uno de los más célebres médicos, quien procuró investigar en los cadáveres el origen y causa del mal. El diag- nóstico era imposible; el pronóstico seguro: la muerte. El diccionario de Geografía y Estadística dice: "En la primavera de es- te año, se encendió en toda la ciudad de México una epidemia cuyos tristes efectos experimentó muy en breve toda la Nueva España. Los indios fueron la principal, o mejor dicho, la única víctima de esta espada del Señor, pues que murieron más de las dos terceras partes de los naturales de América : la sed, el hambre, la miseria de esas gentes, el abandono de los cadáveres inse- pultos en las calles, plazas, cementerios y el mal olor esparcido por todas par- tes, alejaban a los más, por el temor del contagio para ministrar alguna medi- cina y alimento." El Dr. Romero, en su obra histórica del obispado de Michoacán, dice: "El siguiente año de 1G43, una horrible peste, la más destructora que ha tenido el país desde la conquista hasta la época actual, tuvo lugar en toda la clase in- dígena de Nueva España y principalmente en Michoacán. Fueron tales sus estragos, que la ciudad de Tzintzunzan, (pie tenía veinte mil individuos, quedó reducida a doscientos". El padre Larra, testigo ocular de esta desvastación, dice: "De seis partes de los indios, murieron las cinco en esta provincia, reduciéndose su multitud a tan poca gente, que a cada paso se ven las ruinas y cimientos de poblaciones muy grandes que fueron ayer y hoy no son apenas hay indios que aren los campos, cultiven las cementeras y guarden los ganados si suceden dos o tres partes como cualquiera de las pasadas, hemos de preguntar cómo eran los indios, su color, traje y tratamientos, etc." En el año de 1636 hubo nueva y espantosa peste de matlazáhuatl, (pieem- pezó en un obraje de Tacuba y que hizo los mayores estragos: en México mu- rieron cuarenta mil ciento cuarenta y siete personas, fuera de los muchos que enterraban clandestinamente los indios, o arrojaban a las acequias, aumentan- do así la infección, especialmente en Tlaltelolco, barrio que casi acabo. En Pue- bla murieron sobre cincuenta y cuatro mil personas. En 1737 continuaba esta epidemia; en 1742 hubo otra terrible, notable por el gran número de curanderos que se soltaron ejerciendo (lo que pasa ac- tualmente). En 1772 invadió la Nueva España otra espantosa epidemia de matlazá huatl, que hace en Guanajuato terribles estragos y que se llamó Epidemia de la Bola. El Dr. .Juan 1). Fernández, primer párroco de la ciudad, en su carta con- solatoria, dice: "para explicar la fuerza con que invadió la epidemia a este mi partido, basta decir que no era suficiente el buen número de sacerdotes de que puede disponerse para ministrar los auxilios espirituales a tan gran nú- mero de enfermos; siendo el de los muertos ya treinta y ya treinta y cinco, ya cuarenta y más cada día, de los que juntos llegaron a tres mil". Se registró otra epidemia en los años de LSI3 a 1815, después del sitio de Cuantía, sostenido por el gran capitán Morelos, en contra del brigadier Calle- ja; para cuyo tratamiento tuvo gran aceptación la espinosilla (Hortzia cot- zinea), puesta en boga por el célebre doctor Montano. 389 En seguida, como notables, se registraron: una en el año de 1824, otra en los años de 1835 a 1839, otra durante la Invasión Americana en 1847 a 1849, otra en los años de 1860 a 1861, y que fué debida a la aglomeración producida por la entrada a México de las fuerzas del general González Ortega, y que fué también terrible en Zacatecas; otra en el año de 1867, después del sitio de México por el general Díaz: otra en 1876, con la entrada a México de las fuer- zas del general Díaz, y (pie se exacerbó el año siguiente; otra en 1884, después en 1889, (pie también fué terrible en Zacatecas; otra notable en 1892 y 1893, y después como notable, la actual de 1915 a 1916. Tifo en europa.-De la obra de Murchison, La fierre typhoide, apéndice, traducida por A. Luteaud, tomo esta parte histórica: El tifo era conocido desde la más alta antigüedad; en los libros sagrados es conocido con el nombre de pestilencia y, que como el tifo de hoy, reconoce como causa la aglomeración y el hambre. La peste de Atenas, que se desarrolló durante un sitio; la ciudad sufría hambre y aglomeración; era tifo; era contagiosa y los que cuidaban a los en- fermos, eran particularmente atacados. En la obra de Livio, Tácito y otros autores romanos se encuentran des- cripciones (pie son probablemente de tifo; se mostraban habitualmente en las épocas de hambre, y una vez, el famoso Galeno huyó de Roma, por el carácter contagioso de la enfermedad. En 1489, durante el sitio de Granada, contra los moros, por el ejército de Fernando e Isabel la Católica, diecisiete mil hombres fueron destruidos por una fiebre, (pie los españoles designaron con el nombre de tabardillo. En el siglo XVI, fué notable el número y gravedad de las epidemias que, según la descripción de dos médicos italianos, Fracastor y Cardannus, son de tifo; dos coincidieron con una estación muy rigurosa y la pérdida total de las cosechas. Durante los años de 1550 a 1554, en una época de hambre, que fué seguida por la aglomeración de las ciudades, una fiebre petequial apareció en Toscana y mató más de cien mil personas. Casi en la misma época, una fiebre semejante destrozó el ejército del em- perador Carlos V, durante el sitio de Metz. En 1566, la célebre enfermedad, conocida con el nombre de Morbus hun- garicus, apareció en Hungría en el ejército de Maximiliano II, reunido para combatir a los turcos, y se esparció en toda Europa; era muy contagiosa y du- raba de catorce a veintiún días. En 1580 apareció nuevamente en Veroña; era contagiosa y se desarrolló en el invierno; se cita el hambre como causa original. En 1591, en Italia, epidemia igual a la anterior. Durante el siglo XVI una epidemia de fiebre contagiosa se desarrolló en España y recibió el nombre de Tabardillo y Puntos, según el carácter de la erupción. En la última mitad del mismo siglo, cuando la Holanda sufría por el hambre y hacía esfuerzos para sacudir el yugo español, se observó una epide- mia que era semejante a la descrita por Fracastor. 390 En 1621 apareció otra epidemia de tifo entre las* tropos confederadas, acampadas en Weidhausen, y se extendió a toda la Alemania. El ejército báva- ro perdió veinte mil hombres. Durante la guerra de treinta años, 1619 a 1648. la Europa central fue des- trozada por el hambre y las fiebres continuas; y cuando las guerras de religión, en Inglaterra, y siendo la aglomeración inmensa,'esta nación fué el asiento de una gran epidemia de tifo. En 1665 hubo en Inglaterra otra epidemia de tifo, descrita por él ilustre Sydenham. En 1700, Hoffman observó una epidemia de tifo en los ejércitos alemanes, y la considera como engendrada por la impureza <lel aire. En los años de 1700 a 1735 hubo en Irlanda varias epidemias de tifo, siendo en todas atribuida la dolencia a la aglomeración y mala ventilación. En 1757, el tifo apareció en Viena y se desarrolló principalmente en los centros de aglomeración. En 1764, una terrible epidemia de tifo se observó en Ñapóles y fué atri- buida al hambre y privaciones de las clases media y pobre. En los años siguientes se desarrollaron varias epidemias de tifo en Eu- ropa . Durante los años de 1797 a 1801, una epidemia de tifo apareció en Irlan- da. Grandes calamidades destrozaron la isla; el país fué amenazado por una invasión extranjera ; después fué teatro de una guerra civil. Las clases supe- riores e inferiores de la sociedad, habiendo tenido opiniones políticas contra- rias, llegaron a las manos; la administración de las grandes propiedades se vió entre manos de hombres incapaces, y muchas quedaron improductivas. Una serie de malas cosechas se sucedió; la alimentación de las clases pobres fué insuficiente; el pan, las papas y todo lo preciso para la nutrición, llegó a pre- cios exagerados. Durante los primeros años de este siglo (1800) el tifo hizo grandes estra- gos en los ejércitos de Napoleón I, y en los países que eran el teatro de la gue- rra. Era siempre causado por la miseria y las privaciones, y se cebaba en los habitantes de las ciudades sitiadas; como en Zaragoza, Torgau, en donde mu- rieron catorce mil soldados franceses, y la epidemia que destruyó por millares el ejército francés, en la ciudad de Moscow en 1813. El tifo (pie apareció en Rusia y Polonia era siempre el resultado del ham- bre y la miseria. En los años de 1828, 1831 y 1832, el tifo aumentó de una manera conside- rable en Inglaterra e Irlanda; el año de 1837 fué terrible, y una comisión mé- dica, nombrada para estudiar la causa de la epidemia, sostuvo que era la mis- ma que las anteriores: miseria y aglomeración. Este mismo año se desarrolló con violencia en Filadelfia, y Gerard dice (pie comenzó por los cuarteles más aglomerados de la ciudad. En 1847 se desarrolló en Irlanda otra epidemia de tifo producida por la pérdida total de las cosechas. Después se presentó la epidemia de tifo (pie destrozó a los ejércitos fran- ceses, inglés y ruso, durante la guerra de Crimea; y después de la toma de Se- bastopol, se calcula (pie sobre ciento veinte mil hombres, que componían el ejército francés, murieron seis mil de tifo. 391 En seguida, como notables, las epidemias durante la guerra franco-pru- siana, la ruso-turca, etc. l)e todos estos datos históricos, Murchison llega a las conclusiones siguien- tes: "El tifo se muestra por grandes epidemias muy extendidas". "Estas epidemias aparecen durante épocas de hambre general o a CONSECUENCIA DE PRIVACIONES PRODUCIDAS POR CAUSAS LOCALES, COMO GUERRA, PE- NURIA COMERCIAL y falta de recursos entre las clases obreras". Etiología.-l'or los datos históricos anteriores y lo observado en la epi- demia actual, que invade la República, creo que la opinión del profesor Jac comí ¡ Pathologie interne), está perfectamente fundada, y es la siguiente: "El tifo exantemático es la expresión morbosa más directa y más temible del hacinamiento y de las influencias nocivas que produce fatalmente, cuando es prolongado, a saber: la falta de aire y la suciedad. "Que los individuos así aglomerados sean además debilitados por el ham- bre, la fatiga, las emociones depresivas; estas condiciones, duplicando la po- tencia de la causa primera, el tifo aparece espontáneamente en este medio vi- ciado. "El veneno morboso es de origen humano: es el veneno humano por exce- lencia: porque nace infaliblemente siempre que las condiciones de aglomera- ción especial son realizadas durante un tiempo suficiente. "En razón misma de su génesis, el tifo exantemático coincide frecuente- mente con las grandes perturbaciones de la guerra, del hambre, con la cares- tía de los víveres; en una palabra: con este conjunto de condiciones diversas que constituyen la miseria social". El informe presentado por la Comisión del Gobierno inglés, últimamente (1915), sobre la epidemia observada en el campo de prisioneros de Gordeleben, prueba la influencia de estas tres causas. Todas las grandes epidemias de tifo han tenido como una condición muy importante para su rápida extensión la suma de estos tres factores: miseria, desaseo y aglomeración. Las palabras de Wirchow, con respecto al tifo son enteramente aplicables a nuestro estado actual: "El tifo es el castigo de un pueblo que se impone a sí mismo por su ignorancia y su indiferencia". Reunidas todas estas condiciones, y por debilitamiento que hay en gene- ral, la menor resistencia del organismo, las condiciones especiales en (pie nos encontramos, se explica el carácter epidémico del tifo actualmente, según las palabras del profesor Bouchard: "para la realización de una enfermedad in- fecciosa se necesitan dos factores: el primero, necesario: el germen infeccioso; el segundo, no menos indispensable: la connivencia del organismo, que pone a disposición del germen el conjunto de condiciones físicas y químicas que constituyen su medio vivo. La presencia de microbios en el organismo no cons- tituye ningún peligro sino cuando, a consecuencia de modificaciones físicas, químicas y dinámicas, el terreno de estéril que era ayer es fértil hoy". También deben tenerse en cuenta la gran cantidad de materias animales <pie ha existido en fermentación en nuestras ciudades, durante la época ac- tual; la llegada de gentes no aclimatadas y su aglomeración en casas antihi- 392 giénicas; la mala higiene, las privaciones, la miseria y el desaseo en que estu- vieron las poblaciones los meses pasados. No se conoce el germen patógeno de la enfermedad, ni en Europa ni en Mé- xico, a pesar de las observaciones y estudios hechos en Europa por notabilida- des, y en México por los ilustrados doctores Miguel Otero y mi apreciable ami- go y compañero Ignacio Prieto. El descubrimiento del microbio del tabardillo, anunciado por el médico americano Plotz, no fué confirmado en México. Si la bacteriología del tabardillo estuviera más adelantada, la etiología se- ría menos obscura y podría decirse qué prácticas facilitan la transmisión; pe- ro no siendo esto posible, nos limitaremos a señalar algunas infracciones de los preceptos de la Higiene, que pueden contribuir a la propagación y transmi- sión del microbio del tifo, cualquiera que sea. Los doctores Porfirio Parra y Manuel Suriano, señalan tres causas que pueden contribuir a la propagación del tifo: la poca o ninguna precaución que toman las lavanderas para separar las ropas de los enfermos, de las de los sa- nos. Basta leer un artículo publicado por el doctor Soriano sobre las Chinease Laundry-lavanderías chinas-para convencerse: mezclan en su saco (ver- dadero almacén de microorganismos) enaguas, camisones, calzones con o sin encajes, chalecos de piqué, cuellos, puños, paliacates, manteles o serville- tas y toda clase de ropa; todo sin desinfectar y después únicamente lavado con agua y jabón. De esta manera, en los hoteles puede adquirirse la enfer- medad. El doctor Soriano refiere haber asistido de tifo a fres señoritas (pie usaron sábanas llevadas de esas lavanderías. Otra es la familiaridad con (pie se trata a los animales domésticos: cual- quiera (pie sea la posición social y pecuniaria de la familia, casi no hay hogar en el cual no haya un gatito mimado o un perro favorito; pasan la vida dentro de las piezas, acostándose en la misma cama (pie las personas, y como en estos animales hay gran número de parásitos del género Púle.r, es muy probable (pie puedan ser agente en la transmisión de la enfermedad. Otra es la poca precaución (pie toman en las peluquerías para la desinfec- ción de los útiles. En ningún establecimiento, aun los elegantes, se desinfectan la navaja o tijeras, y sirven para todas las personas; es muy común (pie duran- te ciertos tifos atóxicos el médico de cabecera mande'rasurar a navaja al ti- foso, y después el mismo útil sirve para una persona sana ; últimamente he- mos visto la práctica usual de pelar a todos los enfermos; durante la convale- cencia, el enfermo principalmente si es mujer, se hace cortar el pelo y el opera- dor no toma después ninguna precaución. El doctor Parra llama la atención sobre estas faltas y dice (pie. si preve- nir vale más (pie remediar, una onza de higiene valdrá más (pie una libra de terapéutica. Causas predisponentes.-La insuficiencia de la alimentación, que tiene una acción muy clara sobre el desarrollo de las enfermedades infecciosas y que obra moderando la actividad celular y disminuyendo considerablemente la can tidad de glicógeno en el hígado. En sus experiencias, Canalis y Mon purga han 393 estudiado sobre gallinas y pichones la acción del ayuno. Los hechos experi- mentales se deben apropiar a las observaciones numerosas sobre las poblacio- nes durante las grandes épocas de hambre; siempre se ha demostrado (pie los individuos en estado de inanición, eran más fácilmente atacados por las en- fermedades infecciosas, contribuyendo de una manera muy poderosa la insa- lubridad de las habitaciones, exceso de fatiga física o mental, que con el frío y la inanición, constituyen este conjunto complexo (pie predispone tanto, prin- cipalmente a las tropas en campaña, a las infecciones. Los enfermos de Cha- rrin y Roger, Nocard y Roux lo prueban perfectamente: perturbaciones, im- presión moral fuerte. El distinguido profesor doctor Terrés hace relación de un caso de tabar- dillo observado en una señora que da como causa de su enfermedad, el haber sufrido una emoción moral intensa y de carácter depresivo; otro en Pachaca, en un médico (pie a consecuencia de haber sufrido una terrible impresión por haberse visto a punto de ser asesinado, contrajo el tabardillo y sucumbió. He observado tres casos semejantes. Las ingeniosas y recientes investigaciones de Feré, merecen una mención. Habiendo observado (pie las emociones han sido vistas como causantes del sú- bito desarrollo de una enfermedad infecciosa, ha intentado demostrar experi- mentalmente la acción fisiológica de la emoción sobre el ser. Ha visto que las emociones modificaban profundamente la contractibilidad muscular; hay mo- dificación marcada del papel fagocitario y alteración de la quimiotaxia de los leucocitos (propiedad de ser atraídos o rechazados por los microbios o sus productos de secreción) ; costumbres alcohólicas: a dosis elevadas el alcohol es distrófico y tóxico, y un excelente medio de preparación a la infección : y des- aseo: la miseria realiza en cierto modo las condiciones preparando la infec- ción, tales como higiene deplorable, suciedad, aglomeración, airé viciado, frío, inanición y emociones morales. El sistema nervioso tiene un papel activo en la predisposición y prepara- ción a la infección: obrando sobre la nutrición por su acción trófica, modifi- cando la circulación por los nervios vasomotores y modificando también varias secreciones, es como actúa en el mecanismo patogénico de la infección. En la edad de quince y treinta y cinco años es más frecuente; es más fre- cuente en el sexo masculino que en el femenino; la constitución no tiene nin- guna influencia; de las profesiones hay algunas que parecen predisponer poco (curtidores, jaboneros, etc.) En tiempo de epidemia, las enfermedades, aun ligeras, aumentan la predis- posición. I.os doctores Rniz y Zárraga, dicen que en la ciudad de México, el nivel de la capa de agua subterránea, tiene mucha influencia sobre el desarrollo del ti- fo; en una memoria presentada a la Academia de Medicina de México, dicen: "en la ciudad de México y durante el período de tiempo del 18 de noviembre de 1890 al 14 de septiembre de 1891, hubo concordancia entre las oscilaciones de la capa subterránea y el grado de frecuencia de los casos de tifo, la cual con- sistió en que a medida que la capa de agua descendía, el número de casos de tifo aumentaba, y por el contrario, con el ascenso de la capa de agua coincidió el menor número de atacados de tifo". Esta conclusión la hicieron fundándose en observaciones personales, que, 394 dada la competencia y criterio científico de estos profesores, debe tenerse en cuenta; además de los datos recogidos en el Hospital Juárez, en el Consejo Su- perior de Salubridad y en el Observatorio Meteorológico y Magnético Central; pero creo que estos datos son únicamente aplicables a la ciudad de México y no a las poblaciones de la Mesa Central. Las condiciones geográficas tienen una gran influencia en su desarrollo: nunca se presenta a menos de mil metros de altitud el tabardillo. Causas determinantes.-Los enfriamientos y cambios bruscos de tempe- ratura son frecuentemente invocados. El tifo ha sido más frecuente en las clases acomodadas y medias (pie en la baja; y en relación a esto, el año de 1741. Rutly decía: "Los enfermos pobres, que tenían por socorro a la Divina Providencia curaban, mientras que los que tenían cordiales y arcas bien repletas de dinero, perecían miserablemente". El tifo mexicano es muy poco contagioso: el europeo, según eminentes au- tores, es altamente contagioso. Jaccoud dice «pie es contagioso desde el fin del primer septenario, hasta la convalecencia; Liebig, Simón y otros, dicen que el contagio es más probable cuando se percibe un olor marcado y especial al aproximarse a un tifoso (doc- tor Terrés) ; el olor sí existe; pero no he visto ningún caso de contagio en es- te período. Tanto el distinguido patologista doctor José Terrés, como el sabio doctor -José Ramos, dicen que el tifo no es enfermedad contagiosa y (pie si acaso está dotada de facultad transmisible, es muy débil, y el doctor Ramos me refería que en más de veintidós años de práctica, se había confirmado en esa opi- nión. En México se cree comunmente (pie el tifo es sumamente contagioso: soy de opinión contraria, tanto por la lectura de los hechos referidos por el señor -doctor don José Terrés, como por lo observado personalmente durante veinte años de asistir a más de mil quinientos tifosos; e investigando cuidadosamente la causa de su enfermedad, únicamente he visto cuatro casos, en los cuales pue- de decirse que hubo contagio. Cito los casos referidos por el doctor Terrés: 3 El doctor I. Montaño asistió en los llanos de Apam a setenta y ocho tifo- sos, y en ningún caso observó (pie simultáneamente con un enfermo o después de él, fuese atacado algún miembro de la familia. El doctor O. Galván afirmó: (pie de veintitrés personas (pie estuvieron en contacto con setenta y dos enfermos de tifo en Lagos, Jalisco, ni una sola se contagió; el mismo médico atendió a doscientos cuarenta y tres enfermos en el hospital, y únicamente tres personas se contagiaron; pero el doctor Terrés, con mucha justicia, pregunta: ¿es lo mismo enfermar cerca de un enfermo que contagiarse de él ? El doctor Egea y Galindo, en cincuenta enfermos, únicamente en siete ca- sos admitió el contagio; pero aun en estos casos es muy dudoso, por la relación de los mismos pacientes, pues la mayor parte habitaban casas muy sucias en donde había aglomeración y fecal ismo, y puede atribuirse a estas causas y no al contagio. 395 En el estudio del doctor A. Martínez, en el primero en siete casos, única- mente se aceptó en uno, y en el segundo, en veintiún casos, se afirmó única- mente el contagio en seis. El doctor Nicolás Ramírez de Arellano dice: ''para (pie el tifo se propague por contagio, es preciso (pie en la gran mayoría de casos, los gérmenes tíficos invadan el organismo en gran cantidad". El doctor Jesús Chico afirma (pie es más bien infecciosa (pie contagiosa la enfermedad, y dice: de 1S72 a 1S76, en el Hospital de San Andrés, de México, los pacientes de tifo estaban mezclados con todos los demás enfermos, y nun- ca había habido epidemias interiores. (Un autor ruso, Botkine, sostiene la misma opinión). Tan notable era este hecho, (pie un profesor de la Escuela de Medicina, el doctor Ignacio Torres, hablando en contra de la contagiosidad del tifo, decía: "el tifo no es contagioso ni con capa'', aludiendo a (pie él constantemente usa- ba una capa y (pie bien podría haberlo atrapado en los anchos pliegues de ella. El doctor F. Bmnáldes, dice: "si el tifo es contagioso, no es al grado de al- gunas enfermedades infecciosas, como la viruela, el sarampión y la escar- latina". La opinión más respetable, ciertamente, es la del notable clínico mexica- no, doctor Miguel Jiménez, quien dijo: "aquí cabe la coyuntura de examinar la célebre cuestión del contagio de la fiebre petequial, en cuyo desenlace esta- rían interesadas Ja humanidad y la Administración Pública: pero ingenua- mente confieso (pie cada día me encuentro en mayor perplejidad sobre este pun- to. Jamás he visto, por una parte, (pie los enfermos admitidos en los hospita- les, comuniquen el mal a sus vecinos; y es de saberse (pie la época en que me dediqué especialmente al estudio de la fiebre, llegué a reunir a un tiempo, en mi hospital, hasta diez atabardillados y, ni los demás enfermos ni alguna otra de las personas de la casa, tuvieron nada (pie se pareciese a la fiebre: además, es muy común en las familias, ver a muchos o a todos sus miembros colocarse por los cuidados asiduos (pie prodigan a sus enfermos, en las circunstancias, más favorables al contagio, sin que esto se verifique". Si el tifo fuere tan contagioso, debería ser más frecuente en el sexo feme- nino; supuesto que la mujer se encuentra en condiciones más propicias para contraer la enfermedad; son las (pie comunmente asisten a los enfermos, inter- vienen para el aseo, alimentación, y, sobre todo, el lavado de la ropa; pasan la mayor parte del día y de la noche con el enfermo, y están mucho más en con- tacto con él, y las estadísticas prueban (pie es más frecuente en el hombre. Cuando en una casa hay un enfermo de tifo y caen en pos de éste otros enfer- mos, no es (pie haya contagio, es (pie la enfermedad se ha desarrollado en ellos porque viven en el mismo medio generador de la enfermedad. Hay en la etiología del tifo dos puntos importantes, sobre los cuales no estoy de acuerdo, por no estar comprobado ninguno de los dos: la opinión ab- soluta y exclusiva de la transmisión de la enfermedad por el piojo blanco y por el pulque. No estando descubierto el agente patógeno del tifo, no conociendo su mo- do de desarrollo y vida, temperatura a la que resiste, en una palabra, todo su 396 modo de ser, nial puede atribuirse a determinado insecto o parásito ser el ve- hículo propagador de él: lo mismo puede ser el mosco, la chinche o la pulga. Aun aceptando que sea cierto, ¿cómo se explica que siendo éste compañe- ro habitual del hombre, en determinadas épocas adquiere virulencia tal. que invada regiones tan extensas como toda la mesa central de Anáhuac, sabiendo que las exacerbaciones son cada ocho o diez años, y ataca a personas que nunca han conocido en su ropa y persona un piojo; debiendo desecharse la opinión de que el tifo mexicano sea exclusivo de las clases pobres y miserables, que lle- van piojos blancos en su ropa, pues sucumben muchas personas pulcras y aco- modadas? Además, queda por determinar si alguna mosca o pulga es el agente transmisor del tifo; y haciendo una investigación cuidadosa en todos los en- fermos de tifo, son muy contados los que hayan estado en una casa en donde hay enfermos de este mal, debido al miedo que se le tiene a la enfermedad. El piojo es un animal muy torpe; el mosquito y la pulga son animales muy ágiles, y sería más fácil el transporte. El doctor Campbell, en una memoria presentada a la Academia de Medi- cina, de México, dice en su octava conclusión: ''el piojo no puede ser considera- do, al menos las experiencias no lo demuestren, como el portador del virus: de- ben figurar la pulga y la chinche". En las experiencias del doctor Otero se consigna el resultado negativo de las picaduras del Pedículis cápitis a una persona sana, después de haber picado dichos parásitos a un tifoso: así como el resultado, igualmente negati- vo, de la picadura de tres grupos de Pedículis vestí mentí a individuos sanos, veinticuatro a treinta y seis horas después de haber picado a febricitantes graves. El doctor Nicolle, en un trabajo publicado en los anales del Instituto Pas- tear, de París, en enero de 1911, sostiene que el piojo es el único agente de la transmisión del tifo exantemático; que desempeña el papel del mosquito en el paludismo, como único e indispensable intermediario de la enfermedad. Se ha objetado, con razón, a esta idea tan absoluta, la distribución desigual del tifo en las diferentes partes de la ciudad de México, y aquí en Toluca se ha ma- nifestado también con distribución muy irregular; siendo mucho más marcado en el cuartel número IV (pie en el barrio de Santa Clara, en donde ha habido muy pocos enfermos de tifo. En Toluca siempre ha comenzado el tifo, según las observaciones del doc- íor Mariano Hernández, desde el año de 1865 en adelante, por la parte sur- oeste y noroeste de la ciudad: lo (pie en la epidemia actual es igualmente cierto. Los doctores Anderson y Goldberger creen (pie la diferencia de la tempe- ratura para la longevidad del piojo, contribuye a la limitación del tifo a la Mesa Central, es decir, a lugares (pie tienen más de mil quinientos metros de altura. Creen que el piojo no existe a bajas altitudes, y explican, de esa mane- ra, por (pié no hay tifo en las costas; pero datos recogidos por el Instituto Bac- teriológico, prueban (pie el piojo del cuerpo existe en Tampico. Jalapa, Salina Cruz, y sin embargo, no hay tifo. Lo mismo he visto en tierra caliente. La comisión nombrada al efecto para informar sobre las memorias pre- sentadas en la Academia de Medicina de México, después de enumerar todas las precauciones y medidas tomadas con un tifoso, (pie se dirigen contra el 397 piojo, hacen notar (pie no ha habido pinguna disminución en el avance de la enfermedad, y en su conclusión número 3 dicen lo siguiente: "la campaña ex- traordinaria emprendida por el Consejo de Salubridad de México, de noviem- bre de 1912 a marzo de 1913, no ha demostrado ninguna influencia favorable sobre la marcha de la enfermedad, no obstante contar entre sus elementos, y de modo sistemático, el baño de los tifosos y sus familiares y el reparto de ro- pa nueya; como debería de haberse manifestado si el piojo fuera el agente úni- co, obligado e indispensable de la transmisión natural de la dolencia. En los experimentos realizados por el doctor Ricketts, repetidos por el doctor Nicolle, y en los hechos por la comisión, de transmisión del tifo a simios por interme- dio del piojo, nunca se consiguió producir alteraciones de ninguna clase, ni siquiera semejantes a las clasificadas por el autor como tifo experimental. Un apreciable médico mexicano, de los más acérrimos partidarios de la teoría del piojo, relata un hecho, que clínicamente, dice, prueba la transmisión del tifo por medio del piojo; pero además de que es un hecho único, es contra- dicho por el doctor Otero: refiere el doctor Saloma, que enfermaron casi al mismo tiempo tres personas de una misma familia que no había tenido que ver con ningún tifoso; vivían en casa particular, en recámaras aseadas, am- plias y bien ventiladas; y que haciendo una especial investigación, encontra- ron que toda la familia se reunía a rezar el rosario todas las noches: en una de esas noches, tres de las señoritas sintieron molesta comezón en el cuerpo: registraron su ropa, se encontraron en éstas, y en las de cama, numerosos pe- dículi8 vextimcnti. Entonces se fijaron en una muchacha criada, pelona, que llevaba gran número de parásitos, y ésta les di jo (pie todos los de su casa ha- bían tenido fiebre. De las personas picadas por los insectos, murieron dos y es- capó únicamente una. El doctor Otero declara (pie se presentó a hacer-una investigación cuida- dosa, y toda la familia está de acuerdo en manifestar que no le consta la ver- dad de los referidos piquetes del piojo, ni menos que a ello se debiera el tifo sufrido por las interesadas. Hay otra opinión aún más exclusiva e infundada: "donde no hay piojo no hay tifo". Durante la epidemia actual he sido picado varias veces por piojos de en- fermos de tifo. Con respecto al segundo punto, el pulque, además de lo anterior, o sea la falta de conocimiento del germen, es demostrar ignorancia sobre la composi- ción y propiedades del pulque, querer atribuirle el papel de generador del tifo. El pulque es una especie de vino alcohólico, que contiene agua, alcohol, azúcar, mucílago, sales y ácidos especiales. El pulque y la cerveza tienen la misma composición general cualitativa y cuantitativa, como se verá por el análisis siguiente; y no considerando malsa- nas la generalidad de las cervezas, debería ser lo mismo con el pulque, aten- diendo solo al factor químico, supuesto que parte de la bacteriológica está en problema. En prueba de lo antes expuesto, cito la composición de ambas bebidas, se- gún el estudio del ilustrado ingeniero don Francisco Bulnes. 398 TANTO PC|R CIENTO Pulque TANTO POR CIENTO Cerveza Alcohol etílico 3.72 4.80 Alcoholes superiores. 00 00 Materias azoadas 0.81 0.72 Materias gomosas. 4.02 4.82 Azúcar sin fermentar • 1.80 2.13 Materias minerales.... 0.64 0.28 Gil ¡cerina 9 09 0 12 Acidos libres 0 28 ,. o 14 Agua. 88.74 86.99 100.00 100.00 La dosis de alcohol no es exagerada, y representa por término medio, 3.23 ipor ciento. El que tome un litro de pulque, habrá ingerido 32.G0 gramos de alcohol bajo una forma muy diluida, y resulta (pie como es costumbre tomar- se una botella de pulque durante la comida, se habrá tomado 2G gramos de alcohol, (pie excitará las funciones digestivas y nerviosas, no produciendo al- 'coholismo agudo, y menos crónico. Los ácidos y el mucílago no pueden producir ningún estado patológico. Respecto al azúcar, las sales y los residuos del pulque, no pueden influir en la producción de ninguna enfermedad; las sales, constituidas por sulfato y fos- fato de cal, fierro y potasa, no son generadores de ninguna enfermedad; al contrario, se ve diariamente que algunos enfermos de enteritis crónica curan por el uso del pulque. Las substancias albuminoides son muy favorables para la nutrición; hay un gran número de personas (pie no toman la cantidad de alimentos azoados suficientes para su nutrición y toman pulque, y presentan siempre constitución regular y apariencias de buena nutrición. De todos los hechos transmitidos por la observación y la experiencia, se deduce: (pie el pulque es una bebida nutritiva, tónico del sistema nervioso y de la economía en general, conteniendo sales que pueden curar algunas enferme- dades, y ácido carbónico, (pie determina efectos favorables a la digestión. Como alimento "nervino", es muy útil para la reparación de lás fuerzas de los obreros, siempre que se use con moderación. El ejercicio de cualquier in- dustria mecánica hace perder mucho trabajo muscular; éste se transforma en, calor y este calor perdido debilita las fuerzas musculares; esto es muy no- table en las clases pobres, (pie no pueden hacer uso de una buena alimentación, y se privan de la carne y toman otros alimentos (pie no son susceptibles de re- parar sus fuerzas. Marvaud dice: "todas las observaciones europeas están en favor del uso en las clases obreras de cierta ración de alcohol". Sabemos (pie para producir quinientas calorías se necesitan ciento veinte gramos de azúcar, o ciento cuarenta gramos de arroz, o quinientos gramos de papas, o setecientos gramos de leche y únicamente ochenta y cinco gramos de alcohol. Las clases pobres, en su alimentación no hacen gran consumo de carne; actualmente sólo la conocen de nombre; hacen gasto de feculentos y grasas. El consumo de bebidas fermentadas y alcohólicas está en relación con la insu- ficiencia del régimen alimenticio y con la cantidad de fuerzas (pie el obrero 399 tiene que gastar para dar terminación a su trabajo. En estos casos, el hombre tiene que tomar alguna cantidad de alcohol para la ayuda de su nutrición y actividad muscular. El alcohol, para ser inofensivo y agradable, debe llenar las condiciones si- guientes, que las llena perfectamente el pulque: hallarse en una bebida alco- hólica natural, carecer, siempre, de esencias tomadas del exterior: la dosis no debe de pasar de un gramo de alcohol etílico por kilo del peso del bebedor; nunca tomarse en ayunas y tampoco de una sola vez. Una bebida es malsana, cuando entran en su composición substancias tó- xicas o contienen microorganismos patógenos: y el pulque, no contiene nada de esto. Según estudios hechos por los distinguidos químicos mexicanos, doctores A. Carbajal y E. Ulrich, el pulque no es un medio apropiado para el desarrollo de los gérmenes patógenos. Según el doctor Lorenzo Díaz, inteligente bacteriologista del Consejo Su- perior de Salubridad, de Toluca, sí existen microbios patógenos en el pulque. En consecuencia, el pulque de buena calidad, se debe permitir en cantidad moderada a las clases obreras de nuestro país: supuesto (pie posee las cualida- des del alcohol diluido y propiedades alimenticias por su composición. Por último, para ver cuál es el papel alimenticio del pulque en nuestra clase media y humilde, hago notar el hecho de (pie en la Penitenciaría de Pue- bla, los doctores Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara, el año de 1903, usaron con magnífico éxito el pulque como profiláctico del escorbuto: el doc- tor Perrín lo encontró como superior a los otros antiescorbúticos, según lo re- fiere en su Estadística Médica del Ejército Americano, en los años de 1839 a 1853: lo mismo observó el doctor Ricardo de la Cueva en la Penitenciaría de México. Volviendo al objeto de este estudio, creo (pie el pulque sí puede contribuir a la propagación del tifo: pero de una manera contraria: debilitando y ha- ciendo en las circunstancias actuales más insuficiente la nutrición del indivi- duo y, por consiguiente, presentando menor resistencia orgánica a la invasión de los gérmenes patógenos. Entre nosotros, un distinguido médico fronterizo, el doctor David Cerna, de Monclova, en un concienzudo trabajo, titulado: La acción fisiológica del alcohol, presentado al primer Congreso Médico Pan-Americano, y después de una larga serie de experiencias practicadas en los laboratorios de Terapéutica de la Universidad de Pensilvania y Texas, llega a las conclusiones siguientes: "En pequeñas cantidades el alcohol excita, en grandes dosis deprime. "En pequeñas dosis estimula los procesos digestivos. "El alcohol es un preservativo de los tejidos, un generador de fuerza o energía vital y por tanto puede considerarse como un alimento". Para hacer más clara y franca mi opinión sobre estos dos puntos (piojo y pulque, sobre producción del tifo), diré, imitando al gran cirujano francés Velpeau: Puesto que hombres tan instruídos y dignos de fe lo han dicho, lo ■creo; pero si yo mismo lo hubiere dicho, no lo creería. Síntomas.-En México, el tifo no comienza bruscamente como en Europa; 400 casi siempre hay al principio malestar, cansancio general, pérdida de apetito, perturbaciones digestivas, algunas veces, catarro laríngeo o faríngeo (pie ha- cen creerse al paciente atacado de anginas o bronquitis; dolor de cintura, fal- ta de sueño. En seguida, aparecen los siguientes síntomas: calofrío de intensidad va- riable, seguido de elevación ligera de temperatura y de sudores. El doctor 01- vera dice que por la intensidad, extensión y duración del calofrío, se puede de- cir el grado a (pie llegue el tifo. Dolor de cabeza, casi inseparable y muy intenso en algunos casos, ocupa la región frontal. Sordera y zumbido de oídos muy frecuente (pie, según el doctor Olvera, indica feliz resultado. Desvanecimientos y vértigos, cuando se presentan intensos y precoces, es grave la enfermedad; hay también temblor de las manos y sobresaltos en los tendones. Epistaxis, se presenta al fin de la primera semana; es muy frecuente y es un signo muy variable según el genio de la epidemia reinante ; en la epide- mia de 1813, el doctor Montaño dice que los que la tuvieron al fin de la enfer- medad, murieron todos. En la mujer generalmente se adelanta la época mens- trual. Aunque raramente pueden presentarse grandes hemorragias intestina- les en el segundo septenario, las cuales si no se repiten, son favorables (Gra- ves, Trouseau) ; en cinco casos que he visto, tuvieron feliz resultado. Pulso frecuente; desde el primer día llega a cien o ciento veinte pulsacio- nes, y pueden llegar a contarse hasta ciento cuarenta ; y nada es de peor pro- nóstico, según el eminente doctor .Jiménez, (pie en un período avanzado de la fiebre el pulso se concentre mucho y su frecuencia sea tal, que no pueda gra- duarse, y se sienta la arteria bajo el dedo como una cuerda blanda y floja. Calentura.-Comienza lentamente y con tipo intermitente durante los primeros días del primer período; en la tarde llega a treinta y ocho y treinta y nueve grados, para tener al día siguiente un descenso; las oscilaciones pueden llegar hasta dos grados de diferencia. Según mi maestro el doctor don Maximiliano Galán, hay en este período una particularidad (pie puede servir para el pronóstico y es la siguiente: co- mo el tifo se desarrolla en catorce días, divide este período en dos septenarios: al primero le llama de reacción y al segundo nervioso. Al fin del período de reacción hay un descenso considerable de temperatura que sirve como de tran- sición del primer período al segundo. Si la temperatura al volver a elevarse, no sube al mismo grado (pie estaba antes, el pronóstico puede ser favorable; pero si al volver a ascender es más alta la temperatura, el pronóstico puede agra- varse. Inyección de las conjuntivas, es constante y uno de los primeros síntomas; si se forma una equimosis subconjuntival de color rojo vinoso, el resultado es fatal, según el doctor Egea y Galindo. Pupila contraída si hay alguna complicación cerebral. Lengua al principio húmeda, saburral y en los casos graves, áspera y cu- bierta de fuliginosidades, así como las encías. La poca sed o falta absoluta de ella, es por lo común, de mal agüero; el estado contrario muy favorable. Fosas nasales anteriores, al principio normales; pero si aparece una snbs 401 tancia pulverulenta que se adhiere al vello, casi siempre mueren los en- fermos. Hay falta completa de apetito, sensación de flemas en la garganta, con frecuencia, y dificultad para deglutir, el meteorismo se presenta a menudo: es el efecto de las toxinas tíficas sobre el cerebro abdominal y la túnica mus- cular, y con frecuencia acaba con la vida del paciente; estreñimiento muy notable. Retención de orina en los casos graves. Hipo muy tenaz en los casos graves y de muy mal pronóstico. Delirio casi constante aparece desde el séptimo día en adelante y es muy variable en su intensidad y duración; en seis casos de delirio furioso según el doctor Jiménez, sólo uno se salvó. Insomnio variable, ensueños y pesadillas. El exantema aparece del quinto al séptimo día, se parece mucho al del sarampión, comienza por la base del pecho, abdomen y el dorso; pero no inva- de nunca la cara; son pequeñas manchas de color cobrizo que desaparecen bajo la presión del dedo en los casos no graves. En los casos graves se ponen rojizos, no desaparecen bajo la presión del dedo y constituyen una verdadera petequia; la abundancia está en relación con la gravedad del mal. Durante este período, el aspecto del enfermo es característico: el estupor es profundo, el enfermo inerte e imposibilitado para moverse en su cama, no reconoce a las personas (pie le rodean, rehusando con frecuencia los alimentos y en una indiferencia completa. Generalmente a los quince días, en los casos favorables, hay baja notable de temperatura, pero sin llegar a la normal; presentándose la calentura bajo la forma intermitente hasta los dieciocho días en que es ya normal; hay au- mento en la cantidad de orina, comienzan a volver a su estado normal todas las funciones del organismo, quedando con frecuencia sordera y zumbido de oídos. Diagnóstico.-Fácil en tiempo de epidemia; en los primeros días no es fácil, hasta (pie aparece el exantema ; sin embargo, teniendo en cuenta la pos- tración y aspecto del enfermo, la curva de la temperatura que nunca llega al principio a cuarenta grados, el dolor de cabeza, los vértigos y zumbido de oídos, aun cuando no hayan aparecido las manchas, es casi seguro el diagnóstico. Pronóstico.-Es un punto muy importante por ser el (pie influye en la reputación del médico, pues como dice muy bien el eminente clínico Trouseau: "se perdona más fácilmente dejar morir a un enfermo (pie no prever la termi- nación de la enfermedad". La significación pronóstica de los síntomas en el tabardillo, es la siguien- te: debe tenerse en cuenta la edad, sexo, hábitos, profesión, clima, influencias morales, constitución médica, pasado patológico, posición social, etc., etc. Signos favorables.-El doctor Miguel Jiménez menciona la evolución or- denada de los síntomas: enfermo joven, de buena constitución, sexo femenino, sin alteración orgánica anterior, funcionamiento regular del aparato digesti- vo. gran cantidad de orina, regularidad en la temperatura, pulso regular, leu- 402 gua húmeda, exantema no muy abundante, humedad en la piel, sueno regular y natural. Signos desfavorables.-Síntomas de excitación exagerada desde un prin- cipio y más cuando la depresión es profunda y precoz, la parálisis de la vejiga e intestinos, hipo, convulsiones, lengua reseca y negruzca (lengua de perico),, frecuencia exagerada del pulso, temperatura poco elevada acompañada de pos- tración; petequias muy abundantes y que hayan invadido la cara, sequedad de la piel, disminución de la cantidad de orina, oscilaciones frecuentes en la temperatura. El doctor Eduardo Licéaga se expresa así: "No obstante todo esto, todas las observaciones están de acuerdo en «pie un tifo de apariencia benigna puede terminar por la muerte, y que por otra parte un caso de tifo de apariencia gra- ve, puede terminar por la curación". Las epidemias revisten malignidad durante las guerras; en México se ha visto esto después de la guerra de Independencia, contra los yanquis, Invasión Francesa, Guerra de Tres Años, Tuxtepec, y actualmente pasa lo mismo. En cuanto a las razas, no se puede aventurar nada; sin embargo, el doc- tor OI vera ha visto epidemias localizadas a pueblos y pequeños ranchos, y yo he observado lo mismo durante mucho tiempo; y el doctor (Uvera agrega que en los indios el tifo es grave. Profilaxis del tifo.-Los ángeles exterminadores han sido en México el tabardillo y la neumonía. ¿Podremos arrancar al primero su espada desolado- ra? El doctor Monjarás dice que la Higiene Pública es la que lo hará, citando* el ejemplo de Panamá, que va en seguida. "Para el combate contra la liebre amarilla y la malaria, se necesitan es- tos elementos: un plan bien concebido, un personal muy inteligente, muy bien penetrado de sus obligaciones y muy activo en el cumplimiento de ellas; leyes severas para ejecutar las disposiciones dictadas; penas irremisiblemente aplicadas a los infractores de esas leyes, y dinero suficiente para pagar a los empleados que se encarguen de la ejecución de todas estas disposiciones". Las anteriores palabras, que son <lel eminente coronel W. C. Gorjas, direc- tor de las obras sanitarias en el Canal de Panamá y «pie mi eminente maestro el doctor don Eduardo Licéaga cita, creo que son enteramente aplicables a nuestro tabardillo; pero desgraciadamente no podemos aplicarlas y seguire- mos viendo al tabardillo segar la vida de las personas más útiles y necesarias a la sociedad. Profilaxis general.-Saneamiento de las poblaciones, evitar la acumula- ción de basuras y desperdicios, buena ventilación de las habitaciones; la res- piración colectiva de una casa es como la respiración de un individuo: exige «pie se le dé aire puro y en cantidad suficiente y que se le desembarace del aire qua ha viciado. La aeración es tan importante, que en la guerra de Crimea, dos médicos militares, Jacqout y Cambay, en los hospitales y a pesar «leí frío tan intenso, rompían las ventanas para hacer forzosa y obligatoria la ven- tilación. Combatir la miseria y procurar la baratura «le los artículos «le primera necesidad, evitar la aglomeración en los lugares destinados a los enfermos, pro- 403 curar (pie haya sol en las habitaciones, pues donde el sol no entra, entran la enfermedad y el médico. Al lado de la higiene del cuerpo, la higiene moral; hay (pie desechar toda preocupación; los medios morales tienen una importancia capital; los griegos y los romanos conocían tan bien la influencia del miedo en la producción de las enfermedades epidémicas, (pie ofrecían sacrificios a las divinidades que presidían a estas enfermedades, y el pueblo tenía gran confianza en esto. Los romanos tomaron de los griegos el culto de Esculapio. Una peste devastaba a Roma hacía tres años; se consultaron los libros de las sibilas, quienes ordena- ron que se llevara a Esculapio a Roma. Cuando la persona encargada de esta misión llegó al templo del Dios, una de las serpientes salió, entró al buque y se colocó en el camarote del enviado romano. Cuando el navio llegó a la emboca- dura del Tíber, la serpiente salió y se retiró a una de las islas del río y ahí se enrolló, lo (pie significaba, según los augurios, que Esculapio quería ser ado- rado en este lugar. Para obedecer, se construyó un templo, que fué después muy frecuentado. Este es el origen de los templos dedicados en la pagana Roma a la Febril y a Esculapio. Un médico, a propóstio de la influencia moral y física, ha dictado la fór- mula de un preservativo contra el cólera (pie puede aplicarse al tifo y en la cual no entra menos verdad que espíritu. Hélo aquí: 40 dosis de calor. 5 de aseo. 1 de sobriedad. 1 de actividad. 1 de buen sueño. 1 de alimento sano. 1 de aire puro, y 50 de tranquilidad de espíritu. (Verdadero antitifoso). A título de curiosidad, cito el hecho siguiente: En una discusión que hubo en la Academia de Medicina de París, para evi- tar el desarrollo del cólera, uno de sus miembros, Martín Solón fué interpela- do por otro de sus colegas, Moreau, diciéndole que las instrucciones fueran más precisas, y entonces Solón citó unos versos (pie encontró en un cuadro del si- glo XVI y (pie reproduzco moditicados y adaptados al tifo, con un preservati- vo de que hablaré después : Tiens tes pattes au chaud Vide bien tes boyaux Ne vois pas Margueritte Prends-toi unpeu d'arsenic Du typhus tu seras quitte. ¿Existe algún medicamento que sea profiláctico del tifo? Sí: el arsénico. Siendo yo estudiante, el distinguido doctor Samuel Morales Pereira me refería con muchos detalles (pie siempre había usado el arsénico durante las epidemias que había asistido en Puebla, y nunca había visto propagarse el mal en la casa invadida. 404 El año de 1880 presentí) a la Academia de Medicina de México, una me- moria sobre este asunto que fué premiada, y tanto por interés de la cues- tión como por las opiniones de tres eminentes médicos mexicanos que opinaron sobre el asunto, los doctores Rafael Lucio, Ildefonso Vela seo y Agustín An- drade y por estar por mi parte plenamente convencido de la acción del arséni- co, y fijándome en que la mayor parte di» los habitantes son anémicos, por la altura en que vivimos, un poco de arsénico tomado diariamente es benéfico, porque levanta las fuerzas, aumenta el poder respiratorio y modifica los ele mentes de la sangre, me decidí a ensayar el procedimiento sin tener que arre- pentí rme nunca. Dice el doctor Morales: ••Leyendo a Trousseau en su tratado de terapéu- tica y al hablar del arsénico, dice que todos los que de tiempo inmemorial lo estudiaron, lo declararon antiséptico". Actualmente Martinet en su obra Les Medicantents Usuels, dice que e! ar- sénico obra como un agente antiinfeccioso de primer orden y es excitante de las funciones musculares, estimulante general del organismo y excita particular- mente la asimilación y hematosis. Trousseau, dice (pie el gran clínico inglés Stokes afirma que una epidemia de fiebres en Cornualles, cesó durante la explotación de una fundición de co- bre que impregnó la atmósfera de vapores arsenicales. Birmigham afirma (pie una ciudad de Inglaterra era diezmada por el tifo a la vez que en un colegio se había prescrito el arsénico a muchos afectados de intermitentes y aun a los sanos, para preservarlos de la enfermedad: ahí, dice, no entró el tifo por respeto al arsénico. El doctor Morales Pereira sometió a todos los miembros de la familia en donde asistía a un tifoso, a la administración de licor de Fqwler, diariamente durante la epidemia, y dice: "no tuve (pie arrepentírme: en donde seguí esa práctica no se dió un solo caso de contagio". Convencido por las razones del doctor Morales Pereira, el número tan con- siderable de personas en las cuales había hecho la experiencia de dar arséni- co con buen resultado i más de cuatro mil) y por las palabras del eminente pa- tologista mexicano, doctor Rafael Lucio: "Yo no me explico por (pié suceda; pero tengo en la conciencia (pie debe ser el arsénico, profiláctico del tifo", ensayé el procedimiento y debo decir (pie durante veinte años (pie tengo de asistir enfermos de tifo, he sometido a la familia al uso del arsénico, siempre con buen resultado, dando diariamente a los adultos un miligramo de ácido ar- senioso antes de cada alimento. Tratamiento curativo.-Del tratamiento curativo del tifo hay pocas pa- labras que decir: se limita a combatir los síntomas. (Thoinot). En tanto (pie no tengamos nosología especial, exacta o teoría completa sobre una enfermedad, (pie no conozcamos sus causas o al menos su modo de desarrollo, no tendremos sobre esta enfermedad método de tratamiento ra- cional ni directo. (Hildebrandt. Traite du typhus). Estas opiniones emitidas con un siglo de diferencia, dicen elocuentemente que para muchos prácticos, los progresos de la terapéutica del tifo han sido poco marcados. Al lado de estos escépticos figura el eminente clínico inglés Graves, quien 405 indignado con las aserciones precedentes, exclama: "Nada es más falso, na- da es más erróneo que la opinión de aquellos que no dan ninguna importancia a la terapéutica del tifo". Ataca a los médicos que tienen un escepticismo ab- soluto y que, sin dejar llenar al enfermo de pociones y de píldoras, aceptan sin escrúpulo la remuneración que se les ofrece. Un médico escéptico no puede existir, de la misma manera que un sacerdo- te que no creyera en la religión que enseña y un soldado que no admitiera la idea de patria ni de su pabellón. Hemos visto en la parte relativa a la etiología, que aún no se ha descu- bierto el agente patógeno del tabardillo. ¿Pero debemos desanimarnos por es- to? Creo que no : no se han descubierto los gérmenes específicos de la pústula variólica ni de la linfa vacunal, y sin embargo, nos aprovechamos diariamente del descubrimiento del filántropo Eduardo Jenner, y mucho más de los tra- bajos del reformador de la Medicina, el venerable Luis Pastear, quien desde el año de 1885 y de acuerdo con los profesores Vulpian y Grancher, emprendió en Joseph Meister las inyecciones preventivas de la rabia, con el éxito que se sabe. Así podemos esperar del tabardillo. No existe un tratamiento específico del tabardillo; pero sí existe una me- dicación específica, común a todas las infecciones, que está basada en el prin- cipio de (pie nosotros no podemos atacar directamente al microbio, pero sí po- demos estimular las energías y aumentar la resistencia espontánea del orga- nismo. Se desecha el tratamiento por los antisépticos, "puesto que la antisep- sia interna es muy difícil de realizar". Los antitérmicos son inútiles y peli- grosos en el tratamiento de las infecciones. Comprende dicha medicación un conjunto de medios que pueden ser em- pleados contra una infección, cualquiera (pie sea su naturaleza nosológica o bacteriológica. El profesor Alberto Robin en sus notables estudios ha sentado tres prin- cipios que son la base de la. terapéutica de las infecciones, y que cito en seguida : 1a. La desintegración orgánica total, y sobre todo la azoada, aumentan du rante la fiebre. 2a. En las infecciones graves complicadas de estado tifoideo, hay retención en el organismo de productos poco solubles, difícilmente eliminables y habi- tualmente tóxicos. 3a. La fiebre no depende exclusivamente del aumento de las oxidaciones orgánicas. En una infección desconocida debemos dirigirnos, no al microbio, sino al organismo enfermo, (pie es el agente verdaderamente activo de la lucha: debe- mos no deprimir al organismo disminuyendo su actividad, sino al contrario, estimulándolo y aumentándolo, ayudando a eliminar a los microbios y sus to- xinas, así como los productos de desintegración no oxidados y tóxicos, acumu- lados en los tejidos. Este método comprende: Io. Régimen estimulante y tónico; 2o. Sudorífi- cos y purgantes; el purgante es el mejor antiséptico intestinal; 3o. El agua bajo todas sus formas y temperaturas, baños, lociones, bebidas. El agua des- empeña un papel inmenso en la terapéutica común de las enfermedades infec- ciosas: la hidroterapia es ciertamente el más poderoso de los agentes de la me- dicación antiinfecciosa común; 4o. Las inyecciones saladas o suero artificial, 406 que tienen un triple efecto: estimulan y aumentan la tensión arterial y evitan la anemia, ayudan a eliminar las toxinas y al mismo tiempo, producen fenó- menos inequívocos reaccionales. Debemos tener presentes las palabras del insigne Sir Tilomas Watson: ''El médico debe ser como un piloto que conduce una nave y se preocupa más del término feliz de la travesía, que es el punto objetivo de su empresa, y poco le da (pie tarde más o menos, y atento a evitar los peligros que a su paso se en- cuentren, evita ya un escollo, corta una mala corriente, plega sus velas frente a una tempestad deshecha; así el médico debe observar de cerca todas las pe- ripecias de la enfermedad, para conducir sabiamente las tendencias natura- les del organismo, aprovechando las buenas y combatiendo las complicacio- nes". El enfermo debe ser colocado en una pieza espaciosa y bien ventilada, pa- ra (pie en igualdad de condiciones sea mayor la cantidad de aire respirable y la hematosis se haga mejor, teniendo abiertas las puertas, evitando única- mente una corriente de aire y la penetración directa de los rayos solares, y sólo con los muebles precisos; no deben estar al lado del enfermo, además, sino las personas que se ocupan en asistirlo, procurando hacer el menor ruido po- sible. Estas personas tendrán especial cuidado en asear la boca, faringe, encías, y nariz; poner diariamente una o dos lavativas abundantes para vaciar el in- testino, cuidar de la vejiga y medir la cantidad de orina; poner inmediata- mente en las deyecciones cal o sulfato de cobre; al cambiar la ropa del enfer- mo, se pondrá inmediatamente a hervir ; en la mujer es conveniente poner in- yecciones vaginales calientes y antisépticas. Los mejores alimentos son la leche, alimento ideal, porque abre el riñón, alimenta, es digestible y deja pocos residuos; el caldo, antiguamente tan usa- do y actualmente olvidado tal vez porque se ignora su composición y modo ver- dadero de prepararlo, del cual se ha llegado a decir (pie no sólo es la carabina de Ambrosio como alimento, sino hasta perjudicial y venenoso. Puede aplicar- se a las personas de esta opinión, el pensamiento profundo de Bacon: "Los modernos son más grandes (pie los antiguos si se alzan ssbre los hombros de estos últimos". El caldo remedia la desasimilación orgánica tan frecuente en las infeccio- nes, encierra la mayor parte de las sales de la carne y responde a esta indica- ción de la inanición mineral; es peptógeno, excita la secreción del jugo gástri- co y tiene una acción reconfortante y estimulante indiscutible. La dieta debe ser nutritiva, como dicen los ingleses, y el primero que com- batió la dieta en el tifo, el eminente clínico inglés Graves decía a sus discípu- los: "No quisiera otro epitafio para mi tumba que este: Grates alimentaba a los febricitantes." Entre nosotros, quien comenzó a combatir la dieta en las enfermedades, fué el ilustre Carpió, quien compuso los epigramas muy conocidos: Método de nuestros días : Luego tpie un mal asoma. Agua de malva o de goma, Sanguijuelas y sangrías Y (pie el enfermo no coma. 407 A mí me duelen las muelas, Mi hijo tiene tabardillo, Papá se quebró un tobillo; Pues a todos sanguijuelas. El jugo de carne, que se asocia al caldo y forma entonces un alimento ver dadero, te ligero o café, los atoles sólo en casos especiales, pues como feculen- tos aumentan el meteorismo. Bebidas abundantes que calman la sed, humede- cen la boca, hacen desaparecer el estado tan penoso de sequedad de la lengua y faringe, que impide, con frecuencia, deglutir y provoca vómitos; si es posible, dos o más litros de agua de limón o de naranja, fría, que es más diurética que la caliente; el agua obra disminuyendo la concentración de la sangre, apresu- ra la exósmosis en los tejidos, que vierten más fácilmente en la circulación los productos nocivos de que están cargados. Aumentando la masa de la san- gre hay aumento de la tensión circulatoria, la cual aumenta las eliminacio- nes y llena una indicación de Wilischanin, que demostró que cuando se hace ingerir a animales una gran cantidad de agua, se necesita aumentar mucho la cantidad de materias sépticas para provocar la fiebre. Puede también permitirse el uso de la cerveza, que además de ser diu- rética, contiene 5 gramos de materias alimenticias; es una bebida alimenticia bastante completa. Como medicamentos, nunca he empleado los antipiréticos, con ex- cepción del piramidón, que tiene una acción opuesta a la de la antipirina y de- más antipiréticos, que como dice muy bien el profesor Alberto Robín, son pe- ligrosos y detestables. Unicamente uso los medicamentos solubilizantes y disolventes, como el sa- licilato, benzoato y fosfato de sosa ; los estimulantes café, te, alcohol y acetato de amoniaco; los tónicos generales, cola, extracto de quina y los del corazón, cafeína, esparteína y estricnina; aceite alcanforado y suero de Cheron en in- yecciones hipodérmicas. En cuanto al tratamiento actualmente en boga por el cloruro de calcio, sus indicaciones son como tónico del corazón: aumenta la energía cardíaca y eleva la presión arterial; sin embargo, no hay que olvidar que en las infeccio- nes hay retención de cloruros al principio y al terminar hay abundancia en la orina. Hay un órgano que desempeña un gran papel de protección en las infec- ciones y es el hígado, según las investigaciones de H. Roger. Investigaciones, tanto antiguas como modernas, han permitido afirmar que este órgano es ca- paz de neutralizar un gran número de venenos y toxinas; esta acción sólo se produce cuando el parenquima contiene glicógeno: la hipertemia y la inani- ción disminuyen la glicogenia. De estos hechos resulta que es indispensable alimentar a los infectados. Roger cree que las tizanas azucaradas tienen un efecto muy favorable. El azúcar da el elemento más importante a la glicoge- nia; recomienda mucho la miel, por contener mucha glicosa; no deben darse grandes dosis. Hay otra substancia que asegura el buen funcionamiento del hígado: el éter, en ingestión bajo la forma de jarabe de éter, de veinte a treinta gramos diarios. 408 En cuanto al uso de los fermentos metálicos que estimulan la reacción del organismo contra la infección y los productos tóxicos y ayudan poderosamente a las reacciones vitales de defensa, todas las veces que los he empleado, ha si- do con muy buen éxito: son los más seguros y poderosos agentes antiinfeccio- sos conocidos actualmente y que conviene emplear sistemáticamente en toda infección, cualquiera que sea su naturaleza, y por poco que sea grave, rebelde o complicada. Debido a la amabilidad del señor Gustavo Henkel. tuve la oportunidad de usar las inyecciones de oro coloidal: en tres casos con muy buen resultado; en uno fatal. Creo que es un buen ayudante como tónico; únicamente en un ca- so se observó una alza momentánea de temperatura a 41 grados. He empleado mucho el baño en el tifo: es un estimulante poderoso de eli- minación: provoca la diuresis y de una manera general la evacuación de los productos tóxicos: aumenta las oxidaciones, y la absorción del oxígeno y la eliminación del ácido carbónico aumentan. No obra como refrigerante directo y mecánico, regulariza la temperatu- ra y, cuando es muy elevada, la abate; esta acción es por intermedio del sis- tema nervioso. Tiene una acción estimulante sobre las fuerzas, sobre el corazón y so- bre la circulación en general; sobre el sistema nervioso, del cual es el gran remedio; cuando la infección produce depresión, adinamia o ataxia, el agua fría hace maravillas. ¿Hay acaso algún medicamento o asociación medicamentosa capaces de presentarse como rivales ventajosos del agua para producir tales beneficios en los estados febriles y que sean dignos de merecer la preferencia? Debe ser un método de elección y no de excepción en contra de lo que dice el profesor Peter: "que constituye un supremo recurso contra un supre- mo peligro". La temperatura del baño siempre ha sido de veintidós a veinticuatro gra- dos, de quince minutos de duración, procurando hacer tomar al enfermo mien- tras esté en el baño, una taza de te con alcohol: cuatro baños al día; tan pron- to como el enfermo comienza con calosfríos debe ser sacado del baño; es señal de utilidad. Se le seca rápidamente y se le pone en su cama bien abrigado. El baño para ser eficaz, debe ser comenzado desde que se hace el diagnósti- co y que la temperatura llega a 39 grados. He empleado este método con fe; pues como dice muy bien el profesor Grasset: "Sin fe en la terapéutica, el médico no tiene más que desgarrar su título, pues no le serviría sino para ejercer un fastidioso y deshonroso oficio". En Toluca, mis apreciables amigos y compañeros los doctores Adolfo Her- nández y Mariano Rodea, han empleado inyecciones subcutáneas e intrave- nosas de 8 centímetros cúbicos de líquido cefalorraquídeo; han observado el descenso de la temperatura y modificación favorable del estado general. En 11 casos el resultado fué bueno y en 3 fué fatal. El uso de los baños es tan antiguo como la Medicina; el padre de ella, Hi- pócrates, trataba las enfermedades agudas por el agua fría; Plinio escribe que durante seiscientos años no se conoció en Roma otra medicina que la de los baños. En seguida debemos citar como los más notables a Galeno, quien da curiosos detalles. El empleo del agua dividía profundamente a los médico^ 409 de Roma: se dividían en hidrófilos e hidrófobos. Los hidrófilos comprendían a los psicrófilos (partidarios del agua fría) y termófilos (partidarios del agua caliente) ; a su vez los psicrófilos se dividían en psicrólitos (partidarios del baño frío) y psicrópotas (partidarios de las bebidas frías), y psicropan- tas (partidarios de los dos métodos). Entre nosotros, el primero que implantó el uso de los baños, por los años de 1848 a 1849, fué el padre Nogueras, quien lo fue llevando a Morelia, Gua- na juato, Silao y Guadalajara, en donde fué secundado por sacerdotes partida- rios del sistema y a quienes el pueblo llamó los padres del agua fría. En Méxi- co, por el padre Moreno; en Guadalajara, por el padre Saez de Heredia, quien publicó un manual de hidroterapia, y por el padre Labarrieta, quienes con ab- negación y fe lo popularizaron. Estos son los medios de (pie disponemos; pues como dice muy bien el pro- fesor Robín, cuando una casa se incendia, hay que echar mano de todos los re- cursos conocidos y no esperar la llegada de máquinas perfeccionadas que ven- drían fuera de tiempo. En el último combate no debemos perder las esperanzas, y si después de luchar con energía contra el temible tabardillo, somos vencidos y el resultado es fatal, tengamos presente los médicos que, "el Senado y pueblo romanos con- cedían los honores del triunfo a los soldados vencidos que no habían desespera- do de vencer a su enemigo". Toluca, octubre 24 de 1916. Retas de las sesiones del Congreso Nacional del Tabardillo, 413 ACTAS DE LAS SESIONES DEL CONGRESO NACIONAL DEL TABARDILLO. Sesión de la mañana del día 15 de enero. En la ciudad de México, a los 15 días del mes de enero de 1919, a las 10 y 12 minutos de la mañana, reunidos en el Salón de Actos de la Escuela Nacional de Ingenieros, bajo la presidencia del Sr. Dr. Horacio Rubio, dió principio la sesión reglamentaria. Dr. Nicolás León: Dió lectura a su trabajo titulado: "¿Qué era el mattazáhuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombianos y en la época hispana?" Dr. Atanasio Placeres: Leyó sus "Apuntes acerca de la Anatomía Patológica del tifo." Presidencia del Sr. Dr. Andrés Anaya. Dr. Everardo Lauda.-Lee su memoria: "Notas sobre el exantema del tabardillo." Dr. José Santos Gómez.-Da lectura a su estudio: "Tifo de forma hipotérmica." La Presidencia invita al Sr. Dr. Santos Gómez a que presente por escrito las propo- siciones con que termina su trabajo, a fin de que sean discutidas en la sesión final, y nombra a los DD. Horacio Rubio, Antonio Reséndiz y José Castañedo, para que rindan dictamen sobre las proposiciones referidas. Presidencia del Sr. Dr. Carlos Alcocer. Dr. Carlos Govea.-Lee su trabajo: "Algunas notas sobre el pronóstico del tabar- dillo.'' Dr. Francisco Bu Imán.-Leyó su estudio: "Gestación y t bardillo." Dr. Antonio de la Garza.-Dió lectura a su "Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se observa en el Estado de Nuevo León." Por no estar presentes los autores de los otros trabajos en turno, se cita para la sesión de la tarde y se recomienda la puntual asistencia. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. 414 Sesión de la tarde del día 15 de enero. Presidencia del Sr. Dr. Carlos Alcocer. Dr. Fernando Ocaranza.-Da lectura a su memoria hecha en colaboración con el doc- tor José Joaquín Izquierdo: "Contribución para el estudio hematológico del tabardillo." Presidencia del Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos. T)r. Gildardo Serrano.-Lee su trabajo: ''Complicaciones oculares en el tabardillo." Se ponen a discusión los trabajos de la primera serie. Dr. Brioso Vasconcelos.-La memoria leída por el Dr. Placeres encierra interés, por tratarse de observaciones personales. El autor no ha querido sacar conclusiones, sobre todo, si son opuestas a las de otros clínicos, por lo que es de felicitársele. Llaman la atención al que habla, dos hechos señalados: la presencia de pus en las meninges en un caso y el aumento de líquido cefalorraquídeo en otros; dado que Danielopulo consi- dera al tabardillo como padecimiento de los centros nerviosos, y aun ocasionalmente se ha confundido con meningitis cerebral esporádica con exantema, caso en el cual sólo el examen del líquido cefalorraquídeo puede resolver el diagnóstico, sugiere la posibilidad de que se haya tratado de algo semejante en los casos del Dr. Placeres y lamenta que su estudio no se haya completado con el examen del citado líquido. Refiriéndose a la memoria del Dr. Landa, conviene en que es común que se espere la aparición del exan- tema para formular el diagnóstico, y en los casos en que no aparece se hace el diagnós- tico a posteriori, según lo ha visto en la práctica del Dr. Manuell. Acepta y recomienda friccionar ásperamente el tronco y los miembros o poner ligaduras apretadas fuerte- mente (Fraenkel y Muratet); en los casos en que el fenómeno de Muratet no apareció, no se trataba de tabardillo según lo comprobó la evolución ulterior. Refiriéndose a la memoria del Dr. de la Garza, a propósito de la posible transmisión del tabardillo por la saliva, cita la comunicación del Dr. Toussaint a la Academia de Medicina, en la que re- lata haber ingerido miga de pan con mucosidades de atabardillado, sin haber contraído la enfermedad. Aunque las observaciones no son numerosas tal parece que la enferme- dad no se transmite en esa forma. Dr. Santiago Ramírez.-La memoria del Dr. de la Garza contiene dos afirmaciones: la aparición de las petequias al tercer día y la terminación por crisis en el 75 % de los casos. Además, es bien sabido que precisamente una de las características que distin- guen al tabardillo del tifo exantemático europeo, es la terminación por lisis. Con res- pecto a la afirmación del Dr. Govea, que señala el trabajo intelectual como agravante del pronóstico, lo acepta siempre que se trate de trabajo mental desordenado o inútil (maníacos) y no de trabajo ordenado. Remitiéndose al estudio del Dr. Bulman, en el que se asienta que el Dr. Gutiérrez Zavala prohibía terminantemente la atención simultánea de parturiente y atabardillado, para evitar infección puerperal, juzga que las fiebres puerperales anatomopatológica y bacteriológicamente están ya determinadas para que en la actualidad se abriguen esos temores; personalmente no ha tenido nunca nada que lamentar. Objeta a la.memoria del Dr. Serrano que la conjuntivitis catarral, por su cons- tancia, es más bien síntoma que complicación, debiendo considerarse como tal, sólo en el caso de que adquiera inusitado desarrollo. Dr. Govea.-Contesta al Dr. Ramírez que está de acuerdo en que el trabajo ordena- do hace menos mal que el desordenado, aunque ya el exceso de trabajo constituye un 415 desorden y, en general, siempre es más grave el tabardillo en los intelectuales que en los individuos que tienen trabajo físico. J)r. de la Garza.-El poder infectivo de la saliva lo ha puesto en cuarentena en vir- tud de no encontrar estadísticas de las que pudiera inferir algo; simplemente anotó el hecho sin hacerse solidario de él. En cuanto a lo que indicó el Dr. Ramírez, de las pete- quias, efectivamente las ha visto aparecer al tercero o cuarto día; la terminación por crisis que señala, con la que están de acuerdo sus compañeros de Monterrey, sí es efec- tiva y a él también le llama la atención por el desacuerdo con la terminación ordinaria en la Mesa Central; sí se observa en los municipios de Nuevo León, situados a más de 1,400 metros sobre el nivel del mar. Dr. Mario A. Torroella.-Participa de las ideas del Dr. Govea, respecto a la influen- cia del surmcnagc para el pronóstico. Supo de un alumno que enfermó de tabardillo, sien- do atacado a los ocho o diez días de convalecencia de confusión mental y que murió dos o tres días más tarde; además, era el alumno más aventajado y estudioso, y a pesar de sus costumbres no disipadas, se acostaba muy tarde dedicado a sus estudios. Respecto al papel infectante de la saliva no cree, o no conoce, esa transmisión, y juzga que de una sola experiencia como la del Dr. Toussaint no se puede concluir nada; así es sabido que el Dr. Domínguez se vacunó con linfa de heredisifilítico sin contraer la sífilis, y Trous- seau y Peter se frotaron con membranas diftéricas sin resultado, a pesar de que ambos padecimientos son transmisibles en esa forma. Dr. Guillermo Cerqueda.-Estima que la conjuntivitis es propia de los estados fe- briles agudos y no peculiar al tabardillo. Dr. Emilio F. Montano.-La llamada conjuntivitis en el tabardillo, no es una con- juntivitis catarral, sino inyección conjuntival y algunas veces profunda congestión pe- riquerática. La conjuntivitis catarral supone exudado catarral y presencia de gérmenes específicos, y en el tabardillo pueden estar presentes estos gérmenes, pero de modo ac- cidental; no son, pues, conjuntivitis; no son procesos catarrales, sino inyección de los vasos que forman pequeños arcos en el limbo de la córnea. En el pronóstico es seria la presencia de intensa congestión escleral. Dr. Genaro Escalona.-Le llamaron la atención en el trabajo del Dr. Placeres las lesiones que encuentra en el aparato respiratorio y que considera como fenómenos pro- pios del tifo y no como complicaciones, por más que se trataba de procesos flegmásicos pleuropulmonares que llegaron hasta la supuración; le llamaron la atención, porque en sus autopsias ha encontrado únicamente congestiones hipostáticas o generalizadas a toda la viscera, pero sin llegar a ser flegmasías. Extraña igualmente que el Dr. Placeres no haya encontrado alteraciones anatómicas del aparato digestivo, pues si es cierto que las placas de Peyer pueden estar intactas, siempre existen congestiones, tanto de la mu- cosa gástrica como de la intestinal, lo mismo que en la serosa. Dice que la afirmación de que haciéndose el contagio por el árbol respiratorio es natural que éste padezca más, le parece extraña; no sabe por dónde se hace el contagio, pero la idea es aventurada. Respecto a lo dicho por Govea, que considera el séptimo y noveno días como los más propicios para resolver el pronóstico, entiende que la evolución de la enfermedad es tal, que sólo se puede fundar el pronóstico de un día para otro. Hace mención a la termina- ción crítica que señaló el Dr. de la Garza, distinta a la del tabardillo en la Mesa Cen- tral, con lo que se enriquece el conocimiento de las posibles terminaciones del tifo; la mortalidad de 5 a 7 % que señaló el Dr. de la Garza, es indudablemente bajísima y sin duda variable con las diversas epidemias. En terapéutica, el Dr. de la Garza recomienda inyectar aceite alcanforado desde el principio de la enfermedad; opina, Escalona, que estas inyecciones deben reservarse para cuando existan indicaciones precisas. A título de contestación, dice al Dr. Ocaranza que los medios de que se valió para apreciar el au- mento de plaquitas en la sangre fué aproximado solamente, comparando preparaciones de sangre de tifosos con preparaciones de sangre normal. A propósito del trabajo del Dr. Serrano, el orador ha encontrado con más frecuencia úlceras corneanas que con- juntivitis. Dr. Atanasio Placeres.-Contesta al Dr. Escalona que las lesiones pulmonares las señaló como propias del tabardillo y no como complicaciones, fundándose en que las encontró avanzadas, y lesiones avanzadas no pueden desarrollarse en pocos días, lo que 416 indica que principiaron con el padecimiento. Dada la frecuencia e intensidad de las le- siones pulmonares, le parece probable que ese órgano sea el primeramente atacado. Dr. Escalona.-Contesta al Dr. Placeres que de lo que se hizo en el Instituto Patoló- gico, se deduce que en el tabardillo no hay lesiones anatómicas propias, sino simplemen- te congestiones viscerales; suponiendo que existan procesos flegmásicos, aun desde el principio de la enfermedad, serían complicaciones. Dr. Govea.-Replica al Dr. Escalona que si afirmó que desde el décimo día en ade- lante, hay más elementos pronósticos, es porque mientras más tiempo transcurre se ve más claro el desarreglo en los distintos órganos y el grado a que ha llegado; pero el pronóstico es siempre obscuro en todos los días de la enfermedad; sin embargo, cree que es más acertado el pronóstico que se hace en los últimos días que el que se hiciera al principio. Dr. Santos Gómez.-Dice que no deben generalizarse los hechos observados; pues así como el Dr. Serrano encontró muy frecuentemente conjuntivitis, él, en 80 enfermos atabardillados, vió sólo un caso; además, en esos propios 80 casos observó un 20%de le- siiones vasculares y al año siguiente apenas si anotaría dos. Dr. Izquierdo.-Dice al Dr. Escalona que sí existen señaladas lesiones del aparato respiratorio en el tifo; lo ha leído en la obra de Brouardel y Gilbert, aun como lesiones de principio. Dr. de la Garza.-A propósito de la observación que respecto a la mortalidad le hizo el Dr. Escalona, afirma que en realidad es baja, tal vez influyendo en ese sentido el cli- ma; asevera también que las complicaciones casi no se observan en el Estado de Nuevo León; que inyecta con buen éxito aceite alcanforado al principio de la enfermedad, en las dosis de 20 a 30 centigramos diarios. Presidencia del Sil Dr. Rafael Carrillo. Dr. Ramírez.-Pidió la palabra para ratificar lo dicho sobre mortalidad del tabardi- llo. Juzga que se ha exagerado, pues en la epidemia de 1915, de 1,200 atabardillados que hubo en San Joaquín (Tacuba), fallecieron 70 individuos macilentos, tuberculosos y mal alimentados; en su clientela civil y en la estadística de varios médicos, la mortalidad fue de 6 a 8 %, por lo que cree exagerada la relación de quince a veinte por ciento como mortalidad del tifo. En la epidemia pasada (1915-1916), obtuvo la de 9% en el elemento hospitalario, único en el que pueden hacerse estadísticas grandes. Dr. Govea.-No tuvo el gusto de escuchar el trabajo del Dr. de la Garza, pero en- tiende que habló de la benignidad del tifo en Monterrey; él ejerció en un lugar de clima parecido: Ciudad Victoria, en donde no hay tifo, y vió que en los enfermos llegados de Monterrey el tifo se desarrolló benigno, por lo que juzga que el elemento clima tiene in- fluencia; estando, por consiguiente, de acuerdo con el Dr. de la Garza. Dr. Agustín Reza.-'Observa a propósito del trabajo del Dr. Placeres, que en la ma- yor parte de los autopsiados, encontró adherencias pleurales principalmente en el pulmón derecho; por ser frecuente esto, debe buscarse algo ahí que haga luz en el tabardi- llo. Quizá las adherencias hayan sido antiguas, quizá no, pero de todos modos llaman la atención y merecen que se dirijan investigaciones sobre ese punto. Recuerda que el Dr. de la Garza indicó que juzga favorable el cambio de clima y quisiera saber qué in- fluencia podría tener ese cambio aconsejado como tratamiento. Participa con el Dr. Go- vea de las ideas respecto a la influencia del trabajo intelectual en el pronóstico del ta- bardillo y tiene otros hechos observados a ese respecto. Dr. Nicandro L. Tamés.-'Piensa que el Dr. Placeres da poca importancia a las com- plicaciones cardíacas y añade que es de observación que el aparato circulatorio, prin- cipalmente el corazón, sufre complicaciones; por lo que s^ refiere al líquido céfalorra- quídeo, bueno hubiera sido que indicase cuál es la cantidad máxima fisiológica y, por el hecho de encontrarla aumentada, decir en qué proporción y determinar si era mayor en las formas con manifestaciones meníngeas que en las otras. Encuentra contradictorio que el Dr. Placeres señale la ausencia de lesiones del aparato digestivo y luego afirme que todos los órganos tienen propensión a producir hemorragias. Encuentra, asimismo, 417 contradictorio que el Dr. Gómez titule su memoria: "Tifo de forma hipotérmica", sien- do así que todos los casos a que se refiere, son con temperaturas superiores a 38 grados. Dr. Placeres.-Rectifica que no da poca importancia a las lesiones cardíacas, pues señaló la presencia de miocarditis segmentaria -y, con expresarlo, creyó haber comprendi- do lesiones graves del corazón. Respecto al estudio del líquido cefalorraquídeo, conviene con el Dr. Tamés, en que fué incompleto; si consideró aumentada la cantidad, fué por- que las meninges estaban muy distendidas y el líquido saltaba al punzarlas en los ca- dáveres de atabardillados. Leyó el trabajo del Dr. Miguel Jiménez antes de emprender sus estudios y, como en dicho trabajo se mencionan alteraciones del aparato digestivo, tuvo especial cuidado en buscarlas en 13 casos y no las encontró. Dr. Santos Gómez.-Afirma que su trabajo se titula: "Tifo de forma adinámica" y sólo señaló que incorrectamente en San Luis le llaman tifo de forma hipotérmica. Si se admite que haya un germen productor del tifo, es posible que razas de este germen en- gendren tal forma. Dr. Tamés.- Objeta que el programa reza: "Tifo de forma hipotérmica" y que si en San Luis se le llama al adinámico, hipótermico, será simplemente convencional, toda vez que los vocablos no son sinónimos. Dr. José Terrés.-El asunto de la Anatomía Patológica macroscópica, parece agota- do entre nosotros: son numerosas las necropsias, en esta ciudad y en otras del país, he- chas por personas acostumbradas a esa clase de trabajos, y desde Miguel Jiménez se ha buscado una lesión esencial, constante. Cuando el número de necropsias es pequeño, ha sucedido lo que al Dr. Placeres, que se ha creído ver alguna constante y esencial, co- mo crecimiento del bazo, nefritis epitelial, congestiones hipostáticas, etc.; pero cuando la observación se extiende a centenares o miles de casos, no se encuentran lesiones es- peciales al tabardillo, sino las correspondientes a los estados infecciosos en general. Mi- guel Jiménez creyó encontrar constantemente congestiones de los centros cerebrales, y de ahí arrancó la idea de buscar en el líquido céfalorraquídeo el microbio que se supone específico. Los hechos de observación son indiscutibles, la inferencia basada en ellos, es la, dudosa y discutible; no es discutible que el Dr. Placeres haya visto lesiones pulmonares, pero sí que se trate de lesiones constantes, esenciales, características del tabardillo; si así fuera, otros las habrían encontrado. Consúltense los trabajos del Dr. Ulrich, basados en numerosas observaciones, donde asegura que solamente se encuentran las lesiones que son triviales en estados infectivos. De las adherencias pleurales a que alude el Dr. Reza, no nos dice el Dr. Placeres si eran fibrosas, antiguas, o recientes, de las que pueden formarse en ocho días. En este último caso, la clínica nos indicaría frotamientos pleurales, y no es lo que sucede; por lo cual debe considerarse lo relatado por el Dr. Placeres como una serie de casos seme- jantes producidos por circunstancias especiales y de ninguna manera como formando parte del capítulo: Anatomía Patológica del tabardillo. Bueno es hacer ver que no hay relación estrecha en todas las enfermedades, entre las alteraciones post mortem y las que se encuentran durante la vida. En el cadáver, las condiciones son distintas que en los enfermos y sobre todo, en la mayoría de ellos: fenómenos agónicos, dolencia severa que remató por muerte, y no todas las lesiones son iguales, según que los casos sean simples o graves; poniendo ejemplos: si las degeneraciones miocardíacas se encontra- ran en los enfermos de tabardillo tan frecuentemente como en los cadáveres, la mortali- dad sería espantosa. No hay que inferir de lo observado en los cadáveres, lo que sucede forzosamente en los vivos; ni, de lo observado en un puñado de casos, para todos los hechos. A propósito del tubo digestivo, es claro que cuando la diarrea existe, se en- cuentran alteraciones; y es imposible que Jiménez pensara que el tifo y la fiebre tifoi- dea son una misma enfermedad en el fondo, aunque con distinto aspecto, sin haber encon- trado lesiones de las placas de Peyer. El tabardillo culmina entre las enfermedades que no tienen el mismo aspecto en cada lugar y en cada época; así en una.parte predominan hemorragias, en otra flebitis o complicaciones pulmonares; en ocasiones hay delirio, en otras se conservan las facultades mentales; y sli esto pasa con los síntomas, ¿por qué no ha de suceder lo mismo con las lesiones? Ello hay que tenerlo presente para evitar generalizaciones prematuras; si en una epidemia predomina la diarrea, las alteraciones 418 digestivas serán frecuentes, más que cuando no la hay, o existe constipación de vientre. Se insiste por los DD. Placeres y Landa sobre la particularidad sintomática seña- lada por Escalona, de que la epidermis no tiene la misma adherencia en toda la placa del exantema petequial, pues en el centro se levanta fácilmente. Para refrescar sus recuerdos, pregunta al Dr. Escalona si él ha advertido vesícula; el Dr. Landa sí la se- ñala y lo observado por él, nos obliga a modificar nuestras .ideas. Que se desprenda con facilidad la epidermis que cubre la hemorragia de la piel tiene explicación, porque la sangre infiltrada comienza por despegar la epidermis, quedando las capas superfi- ciales con su vitalidad perturbada o perdida, lo que produce su exfoliación; pero este es un hecho distinto a la formación de un líquido. A propósito del exantema llamó la atención acerca de la diversidad de opiniones respecto al sitio de aparición: quien afir- ma que principia por la parte anterior, quien por la posterior; Landa se declara parti- dario de la última opinión, considerando que el decúbito supino favorece el desarrollo en el dorso. El exponente ha observado que no es constante el principio por la parte posterior, ni tampoco por la anterior, pero sí en el tronco, ya adelante, ya atrás. El sitio en que principia un exantema es de todo punto importante; por olvidarlo un médico de Tacubaya, sostuvo que el sarampión y el tabardillo son la misma dolen- cia, siendo así que la erupción del sarampión principia por la cara. En el trabajo del Dr. Santos Gómez le sorprendió que no corresponde al título, pues, creyó que iba a tratar el asunto tan importante de los tifos de evolución sin alza de tem- peratura, porque se han descrito; así en la monografía del Dr. Castellvi se señalan, aun- que en verdad no comprende cómo se pueda asegurar que son tifos exantemáticos esos padecimientos en que no existe fiebre; pero ya se nos dijo que se usó de un término con- vencional y que se llamó así a los tifos de evolución con fiebre moderada. Tiene incon- venientes dar poca importancia a la connotación de las palabras. El Dr. Santos Gómez dice que cuando la respiración es suspirosa o de Biot, desde el principio de la enferme- dad, indica falta de oxigenación de la sangre y es de mal pronóstico. Seguramente hu- bo un poco de falta de precisión, pues, como el Dr. Santos Gómez lo sabe mejor que él, no es lo mismo respiración de Biot, que se observa normalmente en los recién nacidos, y consiste en inspiraciones y espiraciones de igual fuerza, pero con ritmo perdido, que la sus- pirosa en la que la inspiración es entrecortada y la espiración normal o también entrecorta- da. No sabe cuál de los dos fenómenos es el que ha notado el Dr. Santos Gómez como de mal pronóstico, y es importante el hecho, puesto que debemos andar a caza de signos pronósticos. Por su parte, cree que las alteraciones del ritmo son de mal pronóstico, pero no juzga que se deban a falta de oxigenación de la sangre, que produce taquipnea, sino a perturbaciones de inervación; y si los centros bulbares están atacados desde el principio, ello tiene que ser grave. Entre los signos de mal pronóstico del tabardillo po- ne el Dr. Govea los que por regla general conocemos como de mal pronóstico en todas las enfermedades y cita el alcoholismo. Según observaciones del Dr. Ulrich, recogidas en el anfiteatro del Hospital General, los borrachínes son los que menos mueren de ta- bardillo, y esa es la creencia vulgar de los que toman alcohol para preservarse. Fernan- do Ponce, de Tulancingo, trataba el tabardillo por el alcohol a dosis repetidas, admi- nistrándolas de día y de noche, porque en su opinión los microbios no duermen. Se ve, pues, que sin afirmar o negar lo dicho por Govea, su opinión no es tan indiscutible. Opina el Dr. Govea que las temperaturas muy altas no son de mal pronóstico, si no son acompañadas de otros síntomas graves. Con esta aseveración no está de acuerdo; por regla general, temperaturas muy altas de 41 o más grados, sostenidas desde el prin- cipio de la dolencia, sí son de mal pronóstico. El que se pueda morir con temperaturas bajas no significa que las altas no tengan importancia pronostica. Dice el Dr. Govea que la lengua no sólo es el espejo del estómago, sino de todo el tubo digestivo; nosotros sabemos que eso es una exageración; basta que duerma una persona con la boca abierta para que la lengua se ponga saburra!; todo adinámico que en vigilia o durante el sueño tiene la boca abierta, puede tener lengua de perico, y esto no quiere decir que tan arrugada y seca, apencada, se encuentre la mucosa digestiva. La tendencia a generalizar trae errores gravísimos; la mortalidad y la gravedad media no pueden inferirse de la práctica de un médico, de la habida en un hospital o de la de un año: el pasado, 1918, la mortalidad fué aquí insignificante y hace dos, 1916, 419 mucho mayor en la misma ciudad. La diferencia de cifras de las estadísticas de morbili- dad y mortandad, es tanto mayor cuanto más benigna está la endemia; en las exacer- baciones graves las cifras oficiales de morbilidad se acercan más a la verdad. Lo ob- servado en el hospital de Tacuba, no puede servir de base para inferir la mortalidad del tabardillo, porque nunca lo que se advierte en el hospital, es igual a lo que se nota en la policlínica y, en ésta, no es lo mismo trabajar con la clase pobre que con la acomo- dada. En México, los médicos más famosos para la curación del tabardillo, son los que tienen clientela pobre. Los pobres resisten al tabardillo mejor que las personas acomo- dadas, y sin duda, las condiciones de vida son diversas. Cree que todo trabajo cerebral es circunstancia de mal pronóstico, más si es desarreglado; explicándose así la gravedad del tabardillo en los que han vivido de su cerebro. El terror es tan importante en la agravación de la dolencia, que da más importan- cia a la psicoterapia, que a la prescripción de medicamentos. Recuérdese esa especie de aforismo vulgar: "el que tiene miedo al tifo, perece de él." Le llamó la atención que el Dr. Govea diga que en los nueve primeros días el pro- nóstico debe ser reservado, y después ya se puede establecer; cree que en toda la evo- lución del tabardillo, y aun en los primeros días de la convalecencia, es inseguro, aun- que es natural que conforme más días pasen se tengan más elementos para fundarlo. Ha visto morir varios pacientes en la convalecencia, por hemorragia cerebral y por anuria súbita, aun cuando análisis anteriores de orina hayan mostrado el funcionamien- to del riñón casi normal. En el trabajo del Dr. de la Garza, hay puntos interesantes, precisamente porque el autor ejercita la profesión en lugares donde el tifo no es endémico. Nosotros encontra- mos la terminación por lisis y el Sr. de la Garza, en el 75 % de los casos, la encuentra por crisis, y, isi esto se ratifica con observaciones posteriores, se llegará a la conclusión de que el clima modifica notablemente al tabardillo, haciéndolo adquirir caracteres que no tiene en la Mesa Central. Respecto a la aparición de las petequias al tercer día, ha- ce notar que existen autores que consideran indebidamente los tres o cuatro primeros días de calentura como período prodrómico, y así se explica que vean aparecer pronto el exantema; no cree que en el caso del Dr. de la Garza haya sucedido eso. El trabajo de los DD. Ocaranza e Izquierdo, es sumamente interesante; el estudio de las leucocitosis no es una mera curiosidad de Anatomía Patológica, porque ellos no, pero Castellvi sí da como signo pronóstico decisivo, alteraciones en la fórmula leuco- citaria. Dr. Lauda.-Pide la palabra para hacer una aclaración a propósito de la existencia de pápulas y vesículas. Ha visto pápulas más o menos numerosas, pequeñas, rojas a ve- ces, y, como transformación de algunas, han aparecido las vesículas al principio del tabardillo, y no ha visto la existencia de vesículas en el centro de la mancha petequial. Insiste sobre esto como síntoma para el diagnóstico precoz, porque las ha encontrado (pápulas y vesículas) desde el principio de la infección. En el Consejo Superior de Sa- lubridad se recibieron en el año de 1916, avisos con diagnóstico de viruela y, llamado como perito, vió que se trataba de enfermos de tabardillo, como lo comprobó la evolu- ción ulterior. Dr. Escalona.-Aclara que la facilidad para desprender la epidermis en el centro de la mancha, a la que hicieron mención los DD. Placeres y Terrés, es real y la ha seña- lado; pero al mismo tiempo, y con prioridad al Dr. Landa, ha advertido pápulas y ve- sículas independientes del exantema, que apareció después; no habiéndolas confundido con vesículas de sudamina, que también pueden presentarse desde el principio, aun cuan- do no es el tiempo en que comúnmente hay sudores. Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. 420 Sesión de la mañana del día 16 de enero. Presidencia del Sr; Dr. Joaquín G. Cosío. Dr. Luis R. Lara.-¿Da lectura a su trabajo: "Historia de la epidemia del tifo en Real del Monte. Años de 1915 y 1916." Se aplaza la discusión de este trabajo para cuando se trate de etiología y tratamiento. Dr. Santos Gómez.-Contesta al Dr. Terrés y conviene en que estuvieron mal apli- cados los términos por él usados, pues lo que observó fué respiración suspirosa. In- siste en que hay en San Luis Potosí formas de tifo adinámicas que no han sabido deno- minar y pide para ellas una clasificación, si tienen interés. Dr. Cerqueda.-Se refiere al trabajo del Dr. de la Garza y dice que el tabardillo, idéntico en su origen, puede ser distinto en sus formas, como acontece con el tifo euro- peo y el tabardillo mexicano. El tifo es raro en las costas, reviste formas diferentes al de la Mesa Central y se diagnostica solamente por su evolución en catorce días y por el aspecto de la lengua, lengua apencada que dijera Terrés; por lo cual los médicos que únicamente han leído autores europeos y no han visto tabardillo en la Mesa Central, hacen diagnósticos erróneos, y aceptan otras denominaciones como "fiebre biliosa", lo que puede ser peligroso, pues favorece la contaminación, por falta de aislamiento opor- tuno. La epidemia de Oaxaca, a que se refiere en su trabajo, se observó en época de mi- seria suma, en que los habitantes se alimentaban con plátanos y mangos verdes. Quie- re que se reunan estas observaciones para que luego una comisión las valorice y no se concluya solamente que en San Luis Potosí hay tifo con temperaturas bajas y que en Monterrey termina por crisis. Se nombra a los DD. de la Garza, Santos Gómez y Brioso Vasconcelos, para que presenten dictamen acerca de la proposición del Dr. Cerqueda, relativa a que se dirija una circular a los médicos de la República, a fin de que se sirvan remitir sus observa- ciones. Dr. Gonzalo Castañeda.-Lee su semoria: "Complicaciones quirúrgicas del tifo." Dr. Javier Hoyo.-Se han señalado como causa de la cistitis, los sondeos repetidos, y si esa es la causa, no es propiamente una complicación del tifo, pues se trata de una infección exógena y no endógena, ya que los gérmenes son llevados por la sonda. Dr. Manuel Godoy Alvarez.-Observó el desarrollo de un flemón retroorbitario, en un caso benigno: a los ocho días de convalecencia, al parecer franca, apareció paroti- ditis supurada, que se abrió en el conducto auditivo externo; el médico fijó su atención en esta parotiditis y no paró mientes en la complicación ocular, que terminó con la vi- da del enfermo. Dr. Escalona.-Pide en público excusas al Dr. Castañeda, por no haber podido su- ministrarle los datos que le había ofrecido. Dr. Cosío.-Hace notar que en los últimos años, de 1915 a la fecha, observó con más frecuencia flebitis, que arteritis, contrariamente a los datos clásicos. Dr. Lauda.-Ya señalaron que las cistitis pueden no depender directamente del ti- fo; cree que lo mismo pasa con otras complicaciones quirúrgicas, como la parotiditis, evitable por el aseo minucioso de la boca, y relata un caso mortal en un enfermo de boca desaseada, en que la muerte se debió a septicemia purulenta. Dr. Germán Díaz Lombardo.-El tifo provoca parálisis de la vejiga, así como de otros órganos; parálisis que hace necesarios los sondeos; además, la vejiga paralizada tiene más facilidades para infectarse. No considera a la cistitis como complicación del tifo, pero sí cree la favorece al poner en condiciones receptibles a la vejiga. Las com- plicaciones que él ha observado más frecuentemente, han sido las vasculares! de los miembros. Dr. Ramírez.-Opina que el Dr. Castañeda está en lo justo al clasificar la cistitis como complicación del tifo, porque está en el mismo caso que otras, como las otitis, en 421 las que nadie discute su clasificación y, sin embargo, son producidas por gérmenes ex- traños, pero favorecida su invasión por el tabardillo. Dr. Castafieda.-Ejerció en Real del Monte y Pachuca, en donde el tifo es endemo- epidémico, por lo que tuvo ocasión de asistir a muchos enfermos; ahora ve pocos, y por eso la materia prima de su trabajo pertenece a los DD. Cosío y Saloma; conviene en que el título de su trabajo debió ser: Complicaciones d^l orden quirúrgico que se pue~ den presentar en el tifo; lo que hubiera evitado discusiones; pero desde el punto de vista práctico sí cree que las citadas son complicaciones del tifo. Dr. Escalona.-Leyó su trabajo: "Acerca de la estadística del tabardillo". La presidencia nombra a los DD. Alcocer, Norma y Quiroz, para que informen sobre las proposiciones oon que termina esta memoria. Dr. Cerqueda.-Pide que se sometan a votación inmediatamente las proposiciones del Dr. Escalona. Dr. Terrés.-'Deben evitarse las sorpresas de votación. Dr. Santiago Ramírez.-Leyó su estudio: "Papel etiológico de la hambre en la gé- nesis del tabardillo." Presidencia del Sr. Dr. Genaro Escalona. El Presidente nombra a los DD. Cerqueda y Vergara, para que visiten al Dr. José Torres e informan acerca de su salud. Se suspende la sesión para reanudarse al regresar los comisionados, quienes in- forman, con pena, que el estado del Dr. Torres es bastante delicado y que dicho señor agradece la deferencia que con él se tuvo. A su vez la mesa da las gracias a la co- misión. La Presidencia consulta si se continúa la sesión, a lo que la asamblea contesta ne- gativamente, por lo que se cita para la sesión de la tarde. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. Sesión de la tarde del día 16 de enero. Presidencia del Sr. Dr. Octaviano González Fabela. Dr. Brioso Vasconcelos.-Da lectura a su trabajo: "El problema de la etiología del tabardillo.." Dr. Agustín Reza.-Leyó sus "Consideraciones sobre la importancia del piojo blan- co en el tabardillo." Dr. Horacio Rubio.-Dió lectura a su memoria: "¿Son los piojos los únicos agentes de la propagación del tabardillo?" Prof. Rafael Rodríguez y Vega.-Lee su estudio: "Etiología del tifo exantemático." Dr. José Joaquín Izquierdo.-Da lectura a su trabajo: "La eliminación de cloruros y el equilibrio de los líquidos del tabardillo." Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. 422 5esión de la mañana del día 17 de enero. Presidencia del Sr. Dr, Germán Díaz Lombardo. La Presidencia pone a discusión el trabajo del Dr. Izquierdo, leído la víspera, pero nadie hace uso de la palabra. Dr. Cerqueda.-Lee su memoria intitulada: "Tifización o inmunidad adquirida por el contacto con enfermos de tifo." Dr. Francisco Cuevas.-Hace notar al Dr. Cerqueda que el tifo recurrente es unidad nosológica perfectamente definida y distinta del tifo exantemático; respecto a la tifiza- ción a pequeñas dosis, mencionada como observación personal, le recuerda que ha sido descrita hace medio siglo, durante la guerra de Crimea y consta en el libro de Mur- chison. Dr. Cerqueda.-Agradece al Dr. Cuevas sus indicaciones. Dr. Alberto Limón.-(Relata un caso práctico que está en contra de las ideas de tifi- zación. Dice que el Dr. Otero se dedicó mucho al estudio del tifo, nunca enfermó de él; además, profesaba las ideas de que el piojo transmite el tifo, y tenía horror al pediculi- no. En la epidemia pasada notó el piquete de un piojo, enfermó y murió. Estos hechos prueban o que no se produce inmunidad por tifización, o que ésta es débil y desaparece por debilitamiento del organismo y por depresiones morales, cuya importancia ha sido señalada por el Dr. Terrés. Dr. Vergara.-Es muy posible que esa tifización se produzca por las toxinas volá- tiles del Dr. Trillado; pero en el caso actual, es de temer la autosugestión, porque los hechos relatados, se refieren únicamente a médicos y no a personas ajenas a la Medici- na. Puede muy bien el Dr. Cerqueda haberse sugerido su sintomatología y cuando ha- blaba a sus compañeros de ello, preguntándoles si habían experimentado lo mismo, sus palabras haber provocado sugestión. Dr. Ramírez.-Las ideas del Dr. Cerqueda no pasan de ser una bella teoría; en con- tra existen numerosos casos: Hidalgo cuidó tifosos toda su vida y murió de tabardillo; Careaga no sólo tuvo uno, sino tres tabardillos; el propio Dr. Ramírez y Otero estuvie- ron en análogas condiciones y asimismo, enfermaron; además, multitud de enfermeras y afanadoras, después de mucho tiempo de contacto íntimo con enfermos, contrajeron la dolencia. Cree que la autosugestión, y en eso opina con el Dr. Vergara, es muy impor- tante en este asunto, pues que coincidió la dsaparición de los síntomas experimentados por el Dr. Cerqueda con la clausura de los lazaretos. Dr. Cerqueda.-Afirma que no ha habido autosugestión de su parte; que los síntomas eran claros, precisos, aunque por otro lado, no ha llegado a afirmar la verdad de la tifi- zación, y sólo pregunta si sería posible establecer un régimen alimenticio o un sistema de medidas que puedan favorecer la inmunización. Dr. Ramírez.-Dice que la inmunidad adquirida en esas condiciones debe ser una in- munidad pasiva y duradera, no una inmunidad activa, de poca duración; siendo así que se pierde fácilmente, no cree que se haya producido. Dr. Joaquín García Rendón.-Hace observar al Dr. Ramírez que los términos por él empleados, de inmunidad activa y pasiva, están invertidos en su connotación, y explica en qué consisten una y otra. La presidencia recuerda que están a discusión los trabajos de la segunda serie y no solamente el del Dr. Cerqueda. Dr. Brioso Vasconcelos.-Lamenta no haber estado presente a la lectura del trabajo de su muy estimado paisano el Dr. Cerqueda, por lo que se priva del placer de comen- tarlo. Tal le pareció que el Dr. Reza acepta como cosa no comprobada todavía, que el cuy sea receptivo al tabardillo. Si no está en un error, si interpreta fielmente el pensamien- to del Dr. Reza, quiere rectificar este punto, porque además del interés patológico que entraña, es un asunto importante para la ciencia nacional. Los trabajos de Gaviño y 423 Girard, mexicano el uno y francés el otro, entonces radicado en México, muestran que lograron producir en el cuy elevación de temperatura y trastornos patológicos por la inyección de sangre de tifosos, y que estos animales infectados transmitían por su san- gre la infección a otros hasta la serie doce o catorce; esto viene a demostrar que el su- puesto germen del tifo existe en la sangre durante el período febril. Por lo demás, todos los datos que ha dado el Dr. Reza sobre la dolencia, cree que son puntos que solamente la experimentación podrá resolver. En lo que atañe a la memoria del profesor Rodríguez y Vega, con pena dice que en el Boletín de Medicina Tropical de Liverpool, leyó un trabajo de Plotz y Olitsky, del cual es traducción; de modo que carece de originalidad el citado trabajo del Sr. Rodríguez y Vega. Lamenta, igualmente, que el tiempo no le haya permitido a dicho señor relatar los tra- bajos científicos hechos en Matehuala. Es sabido de tiempo atrás, que para que un ger- men se considere como el causante de una enfermedad, debe llenar ciertos requisitosi que se han llamado las pruebas de Koch. Le parece que el microbio de Plotz no ha satis- fecho los mencionados cánones; pues si es cierto que lo han retirado de los organismos enfermos, en cambio no han producido, que él sepa, la enfermedad en los monos, por la inoculación de cultivos vivos o muertos y menos aún encontrado el germen en el animal inoculado. Las pruebas suerológicas que se citan, parecen convincentes, y es de mucha importancia que el suero de los enfermos de tifo aglutine al bacilo de Plotz; pensando en estas cosas y sabiendo que nuestros bacteriólogos han hecho las mismas investiga- ciones con resultados negativos, se dirigió en marzo del año pasado al Director de la publicación "Resumen de Bacteriología", de Pensilvania; y tiene ahí la contestación, que es de valor, tanto por la nacionalidad de quien la escribe, como por su personalidad cien- tífica. Dice el documento: "En contestación a su carta referente al microbio de Plotz, considerado por ellos como causa del tifo, hay ciertas cosas que me obligan a pensar que su caso no está probado. El hecho puede ser aislado y la sangre mostrar reacción específica, pero es un hecho que la inoculación a cuyes o monos, no los inmuniza con- tra la enfermedad; por otra parte, el virus de la sangre de los pacientes sí los hace in- munes para una nueva inoculación. Conclusiones: se tienen pruebas de que la vacuna bactericana de Plotz, fué ineficaz para impedir la infección del tifo mexicano." Seguramente que en todo el mundo científico no hay persona que tenga la compe- tencia de Nicolle en asuntos de tifo experimental. Nicolle, en alguna época, creyó haber descubierto el germen del tifo y aun optó al premio que nuestra Academia Nacional de Medicina ofreció al descubridor. Nicolle ha seguido estudiando el tifo en Túnez y en París, y desesperado de no poder encontrar el germen, abandona el problema etiológico, y ha abordado el problema terapéutico; prepara un suero inyectando a caballos y asnos, producto suprarenal de cuyes infectados de tifo; se han hecho 36 ensayos clínicos con su suero y los resultados obtenidos parecen favorables. Es indudable que si Nicolle creyera con algún papel al germen de Plotz en Ja etiología del padecimiento, en vez de servirse de las cápsulas suprarrenales, utilizaría al bacilo en el preparado de su suero. Esta prueba, aunque indirecta, le parece de valor. Resumiendo su pensamiento sobre lo que opina respecto del trabajo del profesor de la Vega, tiene la pena de manifestar que no es original y que, además, no está pro- bado que el bacilo de Plotz tenga algún papel en el tifo. El Dr. Monjarás estuvo en Nueva York por los años de 1916 a 1917 y el mismo Plotz le obsequió un tubo de cultivo con su germen. Al llegar a México, el tubo fué examinado por el Dr. González Fabela, quien encontró solamente los gérmenes vulgares del aire. Para él es inadmisible que el Dr. Monjarás, por más mala voluntad que le haya tenido a Plotz y sabiendo lo que traía, hubiera destapado el tubo en el camino, y sí le parece posible que Plotz "nos hu- biera querido tomar el pelo.'' Quiere hacer otra observación a la memoria del profesor de la Vega y le ruega que no vea en sus palabras ninguna prevención. Posible es que las memorias de este Congre- so lleguen a publicarse; fácil es que no; pero si acaso lo son, esta memoria causaría una impresión muy desagradable en España y en otros países de habla española, por- que en ella se dice "bullón" cuando existe la vieja palabra caldo, "tan vieja como el caldo". Tiene también otro error de lenguaje la memoria del profesor de la Vega, que le suplica se sirva corregir: al referirse a la glucosa, manita, etc., las llama hidrocarbu- 424 ros, siendo que éstos son compuestos binarios, y los otros, ternarios, en los cuales el oxígeno y el hidrógeno se encuentran en la proporción que en el agua, y por eso se lla- man hidratos de carbono. Lamenta que no esté presente el Dr. Torroella, quien conoce muy bien los trabajos de Plotz, por haber estado en el Monte Sinaí, y podría ser un testigo útil para saber si dijo o no verdad al calificar de traducción el trabajo del profesor Rodríguez y Vega. Ahora bien, respecto a dicho señor, no abriga sino sentimientos de simpatía y quie- re aplaudir sus deseos de trabajar y de colaborar en estos estudios, en un país donde la modorra y la pereza se consideran como virtudes. Prof. Rodríguez y Vega.-Expresa que su trabajo, efectivamente, no es original y que su única idea al venir al Congreso, fué traer a él lo que le dieron allá. Personal- mente no ha podido hacer nada por su situación difícil desde el punto de vista pecunia- rio; por lo que respecta a las palabras "bullón" e "hidrocarburos", revisará su trabajo y hará las correcciones necesarias. Dr. Reza.-Sus notas relativas a la receptividad del cuy, están basadas en el estudio de Thoinot, y hasta esa época los intentos de inoculación habían sido infructuosos; si posteriormente el tifo ha podido ser inoculado a ese animalito de laboratorio, ha sido fuera de su conocimiento. Dr. Francisco Paz.-Habla para confirmar los conceptos vertidos por Brioso Vas- concelos respecto a la inoculabilidad al cuy y a la experimentación hecha con el bacilo de Plotz. En Europa se considera actualmente al cuy como animal perfectamente re- ceptivo; tanto es así, que en un número de la "Prensa Médica" de hace aproximadamen- te cuatro meses, se refiere el caso de que al Hospital Necker ingresaron enfermos, a primera vista atacados de fiebre tifoidea, pero en los cuales se dudó del diagnóstico; se inocularon cuyes: presentaron elevación térmica y después de cuatro días, volvieron a la salud, permaneciendo inmunes estos animales a una nueva inoculación de sangre de tifoso; no sucediendo así con los testigos. Se ve, pues, que en casos dudosos de diagnós- tico, se recurre al cuy; de modo que no sólo se le considera como receptivo, sino como muy receptivo, puesto que sirve de testigo. Le consta que el Dr. González Fabela hizo siembras siguiendo rigurosamente la técnica descrita en el folleto original de Plotz. Como el cultivo que trajo el Dr. Monjarás venía contaminado, no sirvió para estas ob- servaciones. Las siembras que fueron hechas con sangre de tifosos, resultaron estériles en ocasiones, y otras, en algunos de los tubos se desarrollaron bacterias vulgares, nunca la misma, debido quizá a un detalle de la técnica original que expone a la contaminación. Estas siembras también se hicieron en algunos medios de cultivo preparados por el mis- mo Plotz, y que también trajo el Dr. Monjarás. El Dr. González Fabela hizo asimismo pruebas de la desviación del complemento y en ninguno de los casos obtuvo esta des- viación. Dr. Cerqueda.-Sabe que va a tomar la palabra el Dr. Terrés y desearía que le di- jera su opinión acerca de lo siguiente: siempre ha creído que la carne es un factor im- portantísimo en la producción del tabardillo; en sus enfermos, ha encontrado constante- mente la ingestión inmoderada de carne seca; las fermentaciones producidas por las carnes conservadas son las más temibles, y en la epidemia de Oaxaca que citó en su trabajo, la gente muy pobre comía carne descompuesta, a veces recogida en los basureros, y la acomodada, carne retrasada de cinco a seis días. No le extraña por consiguiente, el desarrollo de la epidemia. Va a citar casos concretos: en la epidemia de tifo desarrollada en Oaxaca, tuvo a su cuidado la dilección del lazareto y recomendó al personal que no abusara de la carne; una vez, pasando por la cocina, vió que la co- cinera guisaba en un perol unas patas de puerco; pues bien: la cocinera enfermó de tifo, y después otros empleados de la cocina, que también comieron el propio alimento. Otra vez, bajando las escaleras, encontró al mozo que subía con "chicharrones" y "car- nitas". "Te vas a morir, Pedro," le dijo, y parece que se lo pronosticó; tres días des- pués enfermó de tifo y murió ese hombre que había pasado cuatro meses y medio en contacto con tifosos sin contraer la dolencia. , Dr. Brioso Vasconcelos.-Contesta al Dr. Paz que en la memoria que tuvo el honor de presentar, sí hizo mención de los trabajos de González Fabela, que considera impor- tantes, y sí dijo que en los 14 casos sometidos a estudio, ese experimentador no logró 425 encontrar el llamado bacilo de Plotz. Anoche el Dr. González Fabela le mostró una car- ta de Plotz, en que le suplica que le remita una traducción inglesa de sus trabajos, por- que le extraña que no haya encontrado el bacilo que él cree como causante del tifo. Aho- ra bien, en materia de creencias, desde 1857, en México, se respeta ese derecho sagrado. El Dr. Cerqueda cree muchas cosas raras, entre ellas, que la carne puede producir el tifo, y a ese respecto, recuerda lo que Terrés dijo en són de broma: que si una per- sona había ingerido chocolate la víspera, y al día siguiente enfermaba, bien podría atribuir su tifo al inofensivo chocolate. La víspera de ser atropellado por un carro, po- demos haber comido, en fiesta campestre, borrego o barbacoa, y no por eso vamos a creer que fueron los, causantes del accidente. No le parece, como el Dr. Cerqueda dice en su trabajo, que las fiebres eruptivas sean raras en los niños; al contrario: son fre- cuentes y si en apariencia resulta lo inverso, depende no de la alimentación, sino de las condiciones en que viven, que los alejan del contagio; pero si a un niño recién naci- do se le acuesta en el lecho de otro con sarampión, lo contraerá indudablemente. Ade- más, hay que tener en cuenta que en los primeros meses de la vida, se suele tener inmu- nidad prestada de la madre; así es conocido que la vacuna prende menos frecuente- mente en los primeros días de la vida. Presidencia del Sr. Dr. Manuel Godoy Alvarez. Dr. Santos Gómez.-No está de acuerdo con el Dr. Cerqueda y cita a Comby y otros autores que afirman que en los tres primeros meses de la vida, son raras las fiebres eruptivas; no así después de un año, por los motivos que expuso el Dr. Brioso Vas- concelos. Dr. Joaquín García Kendón.-Hace notar que a la conquista de la verdad se llega por dos caminos: la observación, para la cual se necesitan cualidades excepcionales, y la experimentación. Propone que en la última sesión, a propósito de la fundación del institu- to, se diga cuál de estos dos caminos debe seguirse. Refiriéndose a la observación del Dr. Ramírez, de que en el cuartel octavo, menos poblado, hubo más casos de tifo, que en los más poblados, como el segundo por ejemplo, cree, que de seguirse por ese camino, se llegará a la conclusión de que todas las causas, tratándose de tabardillo, son se- cundarias y que lo principal es buscar el agente causal; lo mismo se podría argumentar a propósito del piojo y de la chinche; por ello pide que se dirijan las investigaciones principalmente hacia la determinación del germen causal. Dr. González Fabela.-Refiere sus experiencias hechas con la mira de encontrar el microbio descrito por Plotz, y dice que los suyos son los únicos trabajos hechos en Méxi- co, al menos de que él tenga conocimiento. En junio de 1916 leyó un trabajo en la Aca- demia de Medicina, relativo a 14 observaciones, 14 siembras hechas según la técnica de Plotz, traducida de un periódico de información; consideraba que los términos corres- ponderían, en lo fundamental, con el trabajo original de ese autor. Le llamaron la atención varios pormenores: el bacilo de Plotz mide de 9 décimas de miera a 93 centé- simas; se le da así grande importancia a las centésimas de miera, que en general no la tienen en Bacteriología. Se señala igualmente para el líquido ascítico una densidad precisa, y grado más o menos en la densidad de un medio de cultivo no tiene tampoco importancia. Llaman la atención estas dificultades técnicas, porque contrastan con las facilidades que asegura Plotz que existen para encontrar su bacilo. En las 14 siembras de González Fabela no hubo ninguna en que se encontraran bacilos. En los meses de enero a abril de 1917, ya con el trabajo de Plotz a la vista, hizo 6 siembras más, some- tiéndose estrictamente a su técnica, y entonces corroboró que la primera técnica que había seguido, no estaba muy distante de la segunda. En ninguna de las 6 siembras ob- tuvo tampoco resultado positivo. En estos últimos días en un periódico extranjero, ''Ex- tractos de Bacteriología", se refiere que con los famosos bacilos, vivos y muertos, se ha tratado de inocular nimios, sin lograr inoculación morbosa. Su opinión personal es que con el microorganismo de Plotz, va a suceder lo que con el microbio de Sanarelli para la fiebre amarilla, que ocupó largos trabajos, hubo muchas discusiones, mucho ruí- 426 do, se publicó un libro, y después se vió que no tenía significación real. El Dr. Monja- rás recibió de manos de Plotz un cultivo que llegó a México en condiciones de aerobio, siendo así que Plotz dice que su microbio es anaerobio estricto. Hay, además, otro he- cho: el Consejo Superior de Salubridad de México, lo felicitó como a benefactor de la humanidad y le pidió cultivos; y esta es la hora que no contesta, siendo así que los mé- dicos americanos son correctos y no egoístas. No puede dejar la tribuna sin hacer elogios de los trabajos del Dr. Izquierdo y del Dr. Rubio; de éste último a propósito de los casos en que duda de la transmisión del ti- fo por el piojo. Cuando la solicitud de Nicolle a la Academia de Medicina para optar al premio de 20 mil pesos, su solicitud pasó a una comisión, que opinó desfavorablemente, y apesar de esta contestación, no ha vuelto a hacer gestiones. Claro es que si hubiera estado se- guro de su descubrimiento, las hubiera hecho; y, al presentarse el dictamen, se propu- so esta cuestión: ¿una enfermedad de infección es una enfermedad infecciosa? Dr. Cosío.-Refiérese a algunos puntos de estadística asentados en los trabajos de los DD. Escalona y Ramírez. Su primera intención fué hacer un trabajo de estadística; pero se encontró con que las bases en que se podía fundar, eran absolutamente delez- nables, como lo hacen notar Escalona y Ramírez. Encontró, como ellos, cosas sumamen- te raras: la estadística del Consejo Superior de (Salubridad, en el año de 1917, señala una mortalidad de 461 para 4,407 de morbilidad, o sea un 10.46%. Para las diversas de- marcaciones, el tanto por ciento de mortalidad fué: la. demarcación, 6.78%; 2a., 8 0|0; 3a., 4.82 0|0; 4a„ 7.64 0|0; 5a., 7.43 0|0; 6a., 45.82 0|0; 7a., 3.96 0|0, y 8a., 4.61 0|0. El tanto por ciento de mortalidad de 45.82, para la 6a. demarcación, es inexplicable, y des- pués de mucho urgar, consiguió que le dieran una explicación que es la más aceptable: en la referida demarcación está el Hospital General y ahí van a morir enfermos de todas las demarcaciones, sin que en la estadística se haga después la distinción. En la Sección de Archivo y Estadística del Ayuntamiento, se encuentran únicamente datos relativos a la mortalidad, los cuales son más exactos por estar basados en los certifica- dos médicos. En la parte correspondiente a julio de 1917 a octubre de 1918, según las distintas edades, aparecen clasificados en la siguiente forma: de 7 meses a 1 año, de 3 a 6 años; no sabiéndose lo que pasa con los niñosi de 1 a 3 años, etc. La propia esta- dística señala 137 muertos para el segundo semestre de 1917; 83 para el primer semestre de 1918, y para los cuatro meses siguientes, hasta octubre, 220 muertos; no estando conformes estos datos con los suministrados en el Consejo, para el mismo período de tiempo. (1) Termina el orador ampliando las proposiciones del Dr. Escalona en el sen- tido de que se hagan estadísticas exactas en todos los lugares de la República, forma- das por personas competentes, con instrucciones idénticas, a fin de que sean uniformes y sus resultados comparables. Dr. Ramírez.-Señala otros defectos de estadística, no sólo a propósito del tifo, sino de otras enfermedades; errores o cambios que se hacen a ciencia y paciencia de los empleados, como pasa con los certificados de aborto por traumatismo accidental de la madre, que no son admitidos por los jueces, y que los mismos empleados cambian por heredosífilis, asfixia, etc., para evitarse dificultades. Dr. Terrés.-El grupo de trabajos cuya discusión ha, principiado hoy, se presta, más que el de la serie anterior, a disquisiciones más o menos dudosas; y es claro, tratándose de identificar dolencias, de discutir sus síntomas, principalmente se traen ál debate he- chos de observación pura, en los cuales, por cierto, puede haber errores, y grandes; pe- ro tratándose de problemas etiológicos, además de los errores de una observación más o menos defectuosa, culminan los de inferencia, que son tanto o más importantes, y que dependen de diferencia en la educación mental de los observadores, y, en el caso ac- tual, también del afán de encontrar la verdad y del anhelo de encumbrarse sobre los demás. Leyó un artículo en uno de los periódicos extranjeros de más circulación, en el cual se aseguraba que un descubridor había llegado a Serbia durante la guerra actual, en momentos en que el tifo producía más muertes entre los soldados que las balas ene- migas; y que una vez llegado él, y merced a sus consejos profilácticos y terapéuticos, (1) Véase en el Apéndice el cuadro relativo.-(Notadel Relat Sup.) 427 había desaparecido por completo la enfermedad. Pues bien; sólo en ese reportazgo se hablaba de suceso tan estupendo; y coincidió la lectura de ese autobombo con la que hi- zo en la Revue de Médecine de otro artículo, en el que se relataba la historia del tifo en Serbia. El autor refería estadísticas, hablaba de los síntomas, del tratamiento y sólo incidentalmente mencionaba en unos cuantos renglones algo de los trabajos del citado descubridor. Además, el tratamiento descrito fue distinto al preconizado por ese descu- bridor y consistía en aplicación de compresas, mojadas en agua fría y aplicadas en la cabeza y el abdomen. Refiere este hecho, porque viene en comprobación de que se pue- den falsear los sucesos, por el deseo que ya señalaba de encumbrarse, llamar la aten- ción y obtener quizá resultados pecuniarios. Por una u otra causa, no debemos creer a pie juntillas todo lo que oímos referir o vemos escrito en un libro o periódico; tanto menos, cuanto que muy a menudo se basa un tratamiento en lo leído. A propósito de las estadísticas, se ha insistido aquí, de sobra, en que son defectuosas. En todas partes lo son; pero más en México que en otras, por vicios que envenenan la mayor parte de nuestros actos; pues es frecuente que no se desee trabajar sino simplemente aparentar que se trabaja, cuando en realidad no se hace nada; lo cual se ve muy a menudo en ciertas oficinas del Gobierno. En las estadísticas no es notable encontrar desacuerdo entre lo hecho por una per- sona, con lo hecho por otras, aun sin tener en consideración los errores de imprenta. Así y todo, son de cierta utilidad, y va a aprovecharlas para hacer ver que algunas afir- maciones repetidas en el Congreso, carecen de fundamento. En el trabajo del Dr. Rubio, se encuentran dos aseveraciones: primera, que en las épocas de frío aumenta el tabardillo, y segunda, que en esa época son más abundantes los piojos. Las dos proposiciones son sumamente interesantes. No sabe hasta qué punto habrá llevado el Dr. Rubio sus observaciones, sobre todo, la referente a las cantidades de piojos habidas en tal o cual época, cosa difícil de determinar; pero en lo que se re- fiere a la primera afirmación, cree que Rubio no está en lo justo, porque la ciudad de Pachuca es bastante bien conocida de nosotros, en lo que respecta a sus curvas de morbilidad y mortalidad, que muestran cambios semejantes a las oscilaciones que se re- gistran en la ciudad de México; y aquí no se ha observado lo que consta en el trabajo citado, como puede verse en la gráfica que publicó en su obra sobre la "Etiología del Tabardillo", que abarca diecisiete años. Ha insistido en úna falta muy común, al interpretar las estadísticas, que consiste en creer que lo que es verdad para la generalidad de los hechos, lo ha de ser forzosa- mente en un caso concreto. Es menester tomar los promedios de varios años: así se tiene un resultado exacto. En circunstancias concretas, puede el tabardillo, en un año, no tener su mayor morbilidad en los meses de abril y mayo, que es lo que se observa en conjunto; pero queda lo de tal año como hecho aislado y no como general. El pro- medio es el que debe tenerse en cuenta para las conclusiones a propósito de éste y otros casos. Si fuese exacto que los piojos aumentan, como parece haberlo observado el Dr. Ru- bio, en los meses de frío, y si es exacto también, como lo prueba su estadística larga de diecisiete años, que el tabardillo no tiene su máximo en esos meses, sino al contrario, en los de más calor, se llegaría a la conclusión de que el piojo no tiene influencia, o tiene poca, en la producción de la enfermedad. El Dr. Lara, en su trabajo, tal vez ha cometido una ligereza al escribir y por eso se nota poca precisión: asegura que el tifo es enfermedad endémica en Real del Mon- te y que se hizo epidémica por la miseria y por la llegada de tropas, probablemente por- tadoras de piojos y que provenían de lugares infectados. Ahora bien, si la enfermedad es endémica en Real del Monte y simultáneamente se exacerba en toda el área de en- demia, ¿qué necesidad había de que llegaran las tropas con piojos de lugares donde ha- bía tabardillo? además de que ese hecho ni siquiera se comprobó: el trabajo dice "pro- bablemente" y no debemos basarnos en suposiciones, que no tienen vallas y carecen de mugas. En el mismo trabajo se dice que enfermaron más las personas de clase humilde y que los contagios se presentaron con más exactitud en esa, que en la clase acomodada. No es extraño que el tabardillo se haya presentado más en la clase pobre, porque es 428 cincuenta o cien veces más numerosa que la acomodada. Tal como se presenta la aseve- ración no dice nada nuevo, pues es forzoso el hecho, y obliga a pedir el tanto por ciento de acomodados con relación a los humildes, para poder comparar y estudiar la verda- dera proporción de atacados, en una clase y en otra. Quizá si se hace ese estudio no re- sulten las mismas conclusiones, y el asunto es importante, porque tiene relación con las condiciones que producen inmunidad y con el modo de propagación de la dolencia. El Dr. Ramírez da importancia secundaria como factor etiológico a la hambre; pero él presume y advierte que está en el terreno de las presunciones y no de los hechos comproba- dos, que el papel de la hambre en la génesis del tabardillo es real, es efectivo, aunque no es el único. Presume que obra como causa debilitante, así como el terror o las moja- das, poniendo al organismo en condiciones receptibles, sin que sea causa prepotente y menos la única. En todas partes del mundo se ha encontrado cierta coexistencia entre los períodos de hambre y la aparición de los tifos exantemáticos. Un médico que sucumbió hace poco y que ha sido uno de los que han descollado entre nosotros por su idoneidad, el Dr. Miguel Silva, de Morelia, decía en una especie de aforismo, que "el tifo está en relación directa con el precio del maíz." Quizás haya alguna exageración en este aserto; pero sí tiene su parte de verdad; quizá intervengan otros factores: guerras, carencia de lluvias, que también pueden obrar por intermedio del factor hambre. En el año de 1892 escasearon las lluvias y en los primeros meses del año siguiente (nótese que dice a»o siguiente), porque el efecto no siempre ha de seguir inmediatamente a la causa, se exacerbó la endemia del tabardillo; pero el país estaba en condiciones rentísticas bonancibles; se permitió la libre importación de cereales, y la exacerbación endémica se contuvo. Presume que influye en realidad la hambre trans- formando las condiciones del medio social y poniendo en condiciones de menor resis- tencia a los organismos, aunque no para cada, caso particular; si es cierta una afirma- ción tomada en lo general, en conjunto, puede ser falsa en un caso concreto; una per- sona le decía: "yo creo en la influencia de la hambre, pero mi familia no carece de na- da y sin embargo hubo una víctima"; mas es que el medio se modifica grandemente. El es de los menos dispuestos a creer en el contagio del tabardillo en el sentido es- tricto del nombre, y sin embargo, cree que en circunstancias especiales éste puede rea- lizarse. Desde Miguel Jiménez acá, se ha observado que parece producirse en personas en contacto íntimo y prolongado con atabardillados; así ha resultado de la observa- ción, así de una estadística publicada por el Dr. Saloma hace pocos años, y este hecho no le parece favorable a esa inmunidad que dice el Dr. Cerqueda, y en cambio explica por qué el tabardillo se adquiere después de veinte o más años de contacto con los en- fermos. A propósito del contagio, le parece que las observaciones hechas en medio endémi- co, tienen poco valor y lo tendrían mayor en los lugares donde es sólo epidémico: si ha tocado la casualidad de que enfermara Toussaint cuando hizo sus experiencias de co- mer en México moco de atabardillados, se hubiera concluido que el moco es vehículo de contagio; pero la experiencia no hubiera sido probatoria, a pesar de sus apariencias, porque no se había tenido en cuenta el factor endemia. En los problemas biológicos no es suficiente usar el método de diferencias; es pre- ciso emplear los de concordancia y diferencia unidos, y en casos raros el de variaciones concomitantes; si de treinta casos, en veintinueve o treinta se realiza un hecho, ya se puede hacer la inducción. Por eso, si ninguna importancia da a la experiencia del Dr. Toussaint, cualquiera que fuese el resultado, sí le concede alguna a lo dicho por el Dr. de la Garza, quien no creyó encontrar contagio, sino en casos excepcionales, a pesar de la abundancia de piojos en los atacados, en un lugar donde no hay endemia. Queda agradecido al Dr. Reza, porque le hizo favor de atender su .invitación, y le ruega que aclare algo que hay en su trabajo y parece en contradicción con los datos de Gándara; pues no es lo mismo que un piojo pueda vivir tres meses o más, o solamente dos; el hecho tiene importancia para explicar casos como el del buque egipcio, citado por Graves, y cuya travesía duró tres meses. Si los piojos viven más de tres meses, sí pudieron salir infectados de Egipto y llegar a Inglaterra y producir los casos de tifo; pero si solamente viven dos meses, no es admisible esa explicación. Dícese por algunos, que los piojos sólo son peligrosos del quinto al séptimo día, después de haber picado a 429 un atabardillado, y resulta que sus hijos pueden transmitir la dolencia: estos hechos pa- rece que no están muy de acuerdo. La inoculabilidad de la enfermedad a cuyes, es asunto importante, porque corren en los libros dos afirmaciones enteramente opuestas: quienes aseguran que son entera- mente refractarios y quienes los consideran muy receptivos y van hasta suponer que sirven de reactivo en los casos de diagnóstico dudoso. El hecho le pareció sumamente importante de aclarar y suplicó al Dr. Escalona, Director entonces del Hospital Gene- ral, que nombrase una comisión para que ahí hiciera experiencias relativas. La comi- sión fué nombrada, y se insistió tanto por Escalona como por él, para que se verificaran, pero no se logró nada. A propósito del microbio causal, se han expresado muchas opiniones, y constante- mente se descubren nuevos organismos; aun hay investigadores mexicanos que creen haber descubierto el germen patógeno y no han publicado sus trabajos. Quiere insistir en que actualmente en Alemania, se ha olvidado toda esa serie de microbios descritos y se señalan, por Weil y Félix dos proteos el X-2 y el X-19 a los cuales atribuyen principalmente la producción del tabardillo; y, precisamente, uno de los puntos que les sirve de apoyo es la desviación del complemento, de la que desde hace tiempo consideré Terrés que no es decisiva para establecer el carácter específico, y ahora ve que no fué tan atrevido al opinar así, pues la desviación del complemento se verifica con va- rios gérmenes, y no puede, por lo mismo, ser decisiva y suficiente para afirmar dicho carácter. Va a tener que estar en desacuerdo con una afirmación del Dr. Cerqueda. Juzga que no hay ninguna probabilidad de que la ingestión de carne, aun en descomposición, ten- ga alguna influencia, pues aparte lo ya refutado por otros oradores, las toxiinfecciones de origen alimenticio, ya perfectamente estudiadas, no se parecen por sus síntomas, ni por su evolución, ni por su pronóstico, al tabardillo. Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. Sesión de la tarde del día 17 de enero. Presidencia del Sr. Dr. Roque Macouzet. Dr. Antonio Beséndiz.-En Querétaro, en el departamento de infecciosos, en un lo- cal para cuarenta personas, se alojaron 170 enfermos y se contagiaron, sin excepción, todas las enfermeras y afanadoras; los asilados estaban plagados de piojos; en cambio, en el lazareto de la Purísima, donde todo era desinfectado, no hubo contagios; pero una vez se olvidó someter la ropa a la desinfección y los soldados de la guardia que to- maron contacto con ella, enfermaron. La Secretaría da lectura al trabajo del Dr. Manuel S. Iglesias: "Profilaxis del ta- bardillo. (Campaña contra el tifo)''. Se pone a discusión. Dr. Bamírez.-Ve, con pena, que el Dr. Iglesias admite como verdades, cosas que son dudosas, que no son ni siquiera probables; así, funda toda su campaña en la trans- misión pm- el piojo, a lo que llama la última palabra de la ciencia. Dice, además, en su trabajo, o se desprende de él, que el tabardillo es tan contagioso, o más, que el saram- pión, y precisamente sabemos que el tabardillo es de las enfermedades menos conta- giosas. El Dr. Iglesias propone la desinfección por el ácido cianhídrico y, en verdad, en Alemania se desinfectan por ese medio los carros de ferrocarril, en túneles cerrados; pero en México la desinfección por el ácido cianhídrico sería muy peligrosa, por la fal- ta de medios a propósito para hacerla. Dice también el trabajo que comenta, que el ta- bardillo aumenta en el invierno y ya Terrés lo negó en la sesión de la mañana. 430 Presidencia del Sr. Dr. Horacio Rubio. Dr. Mario A. Torroella.-Da lectura a su trabajo: "Contribución al estudio de la etiología del tifo exantemático." El Dr. Torroella presenta por escrito las proposiciones con que termina su memo- ria, y para opinar acerca de ellas, se nombra en comisión a los DD. Ramírez, Juan Car- mona y Miguel R. Soberón. Dr. Alfonso Pruneda.-Califica de muy importante el asunto tratado por Torroella. Desde que leyó los trabajos de Plotz en la prensa extranjera, los consideró de interés y ya en el año de 1915, tuvo la satisfacción, en su conferencia de la Universidad Popular, a la cual invitó a las personalidades del Consejo Superior de Salubridad, de dar a co- nocer un resumen tanto de los trabajos europeos, como de los americanos, relativos al papel del piojo como transmisor y al descubrimiento del bacilo de Plotz. En esa confe- rencia hizo notar que le impresionó el buen éxito de la campaña de la Cruz Roja Ameri- cana, en la epidemia de tifo en Serbia. No tiene la pretensión de pensar que como re- sultado de lo que entonces dijo, el Consejo Superior iniciara una campaña distinta a la que hasta entonces había seguido; pero el hecho es que este cambio coincidió con su con- ferencia. La campaña del Consejo no se realizó en la práctica tal como se había pensa- do; pero se dió al despiojamiento la importancia que merecía. No le llama la atención la actitud del Dr. Terrés, quien no se ocupa de la personalidad científica de quien hace las afirmaciones, sino que les aplica todo el rigor de la Lógica, que tan bien maneja, y aun cree que lo censuró algo. La actitud del Dr. Terrés contrastó con la de otros médi- cos que comenzaron a dar tajos y mandobles, opinando sobre asuntos que no conocían. Porque un médico de la Academia de Medicina hizo tres experiencias, ya se consideró con derecho a declarar que el piojo no tiene que ver con el tifo. Los gérmenes del Dr. Ignacio Prieto, los de Ricketts, los de Plotz, parecen corres- ponder a un organismo pequeño, tal vez siempre el mismo; pero de todas maneras fal- tan experiencias formales, amplias, extensas, tanto en materia de Bacteriología, como sobre el papel del piojo como transmisor. Un nuevo trabajo debe venir a demostrarnos que sólo en México no sucede lo que en otros países, como Rusia, Irlanda, Serbia; su- cios e incultos como el nuestro, que tiene en su abono: suciedad, piojosos y tifo; y pa- rece que entre los tres podría haber relación, aunque no lo afirma. Refiriéndose a la segunda proposición de Torroella, para que se invite a Plotz a es- tudiar en nuestro medio, no quiere sujetar a nuestros bacteriólogos a los americanos, sino que conservando su personalidad, solamente sigan las indicaciones de técnica del autor americano. La proposición del Dr. Pruneda, por acuerdo de la Presidencia, pasa a la misma co- misión que debe rendir dictamen sobre la del Dr. Torroella. Dr. Terrés.-Por no haber estado el Dr. Torroella en la mañana, ha acaecido la anomalía de que su trabajo fué refutado antes de ser leído, a pesar de lo cual desei que el Dr. Torroella le conteste dos preguntas que juzga de interés: la. ¿El Dr. Torroella presenció los trabajos hechos en Matehuala, o los conoce por referencias, y en este último caso, de quiénes son ellas? 2a. Como se habla en su trabajo de tantos por ciento, desea saber cuántos cientos de casos se observaron. Dr. Torroella.-Contesta a la interpelación, manifestando que los trabajos de Mate- huala los conoce por la lectura de los originales de Plotz y Olisky, y que el número de casos observados fué solamente de 31. Dr. Terrés.-<Da las gracias y dice que ya sabía que esa iba a ser la contestación, pero quería que resaltara, porque tal parecía que Torroella se hacía solidario de las afirmaciones y quizá más tarde tuviera que arrepentirse. Hace poco, leyó una nota extranjera en los Anales del Instituto Pasteur, que hacía suponer que en la República Mexicana se había hecho uso, en grande escala, del suero de Plotz con éxito brillante, y eso es una inexactitud. Se levanta la sesión. Gastón Meló. Los Secretarios de Sesiones, José Tomás Rojas. 431 Sesión de la mañana del día 18 enero. Presidencia del Sr. Dr. Arturo Iturriaga. La Secretaría da lectura al trabajo de los DD. Adolfo Hernández y Mariano Rodea: "Tratamiento del Tabardillo.'' Se pone a discusión. Dr. Alcocer-Manifiesta que entre los pequeños cuidados que deben prodigarse a los tifosos, se omitió el relativo al aseo de la vulva, que es importante, tanto porque se puede observar la gangrena de los órganos genitales, quizá así evitable, cuanto porque es grande el beneficio que se les proporciona a las enfermas. En cuanto a la hidroterapia, ha encontrado que es un procedimiento bueno en algu- nos casos, aunque de práctica difícil, porque es imposible que el médico se convierta en enfermero para aplicar personalmente los baños, y, en manos torpes, son éstos peligro- sos. Tuvo un caso fatal al bañar a un enfermo y desde entonces le tiene cierta mala vo- luntad al baño, por lo que emplea de preferencia las fricciones y las envolturas en sá- banas húmedas. Respecto a las inyecciones de líquido céfalorraquídeo, le parece hermoso estudio de laboratorio, pero cree que no puede nunca constituirse en sistema práctico de trata- miento. Allá por el año de 1909, él también tuvo la idea de tratar atabardillados con sangre desfibrinada de convalecientes; hizo 5 observaciones, y de las 5, una fué muy elocuente por sus brillantes resultados, las otras fueron inútiles, y abandonó aquella vía por falta de elementos; poco después supo que el Dr. Angel Hidalgo utilizó también la san- gre de convaleciente. Dr. Brioso Vasconcelos.-La memoria a que se acaba de dar lectura le sugiere algu- gunas observaciones respecto al punto muy importante del tratamiento del tabardillo. La parte que escuchó se refiere a balneoterapia, sueroterapia y tratamiento por el lí- quido céfalorraquídeo. Respecto a la primera, será breve y se concretará a decir que en su humilde concepto es útil como sintomática; los enfermos mejoran momentánea- mente. No llega a imaginar, ni remotamente, que la curación de los enfermos así tra- tados, se deba a la balneación. La sueroterapia es más importante. Nicolle fué el pri- mero que introdujo en el tratamiento la curación por medio de suero de convalecientes. Entre nosotros, se ha usado el suero de perro. No se debe dar importancia a estos sue- ros, pues el mismo Nicolle parece no conceder ya al de convaleciente importancia cura- tiva, aunque sí preventiva. Aprovecha esta ocasión para rendir homenaje a la memoria de su maestro Angel Hidalgo, que fué el primero que practicó la sueroterapia de conva- leciente entre nosotros. En los últimos días dejó de emplearla, a pesar de que a su saga- cidad clínica, no se le hubiera escapado su utilidad. Cuando estuvo enfermo, a pesar de que sus facultades eran lúcidas, no sugirió a su médico que se le inyectara suero. Hay más todavía: la inmunidad que producen los sueros es inmunidad pasiva, y para pro- ducirla, deben emplearse grandes dosis de suero, con la única excepción del suero anti- diftérico, en que se pueden hacer concentraciones y obtener en un pequeño volumen mi- les de unidades. Las dosis altas a que se refiere, son de 200 a 300 c. c. por día. La suero- terapia en que el producto se deba tomar de la sangre de los convalecientes, es imposi- ble que proporcione esas cantidades de suero, y empleando más pequeñas es ilusorio el procedimiento; se está en el caso de un médico que para curar la bronconeumonía in- yectaba diariamente de 1 a 2 c. c. de suero antiestreptocócico, práctica que en él era sistemática e independiente del examen bacteriológico. La sueroterapia por el suero de convaleciente se ha ensayado en el tratamiento de la bronconeumonía gripal, en dosis de 200 a 300 c. c. en el Hospital de la Marina (E. U.), en donde fué posible el procedi- miento por la circunstancia de haber muchísimos enfermos cuya sangre tomada en cantidades pequeñas, sumada hacía la cantidad total. La sueroterapia en esta forma, re- quiere cuidados especiales y debe ser precedida de estudios de laboratorio (reacción de 432 Wassermann, etc.), sin desatender tampoco el examen clínico minucioso. Los sueros de personas o de animales pueden tener poder aglutinante o lísico sobre los glóbulos rojos de la sangre del receptor; por lo que habría que hacer también previamente este estu- dio. Los señores autores del trabajo que comenta, no mencionan el suero de N.icolle que, a su juicio, es lo más serio que se ha hecho en ese sentido. La administración de líquido céfalorraquídeo le parece menos racional, porque no está demostrado, como pa- ra la sangre, que sea infectante o que tenga anticuerpos; la dificultad para procurár- selo, es mucho mayor, y la extracción aun en el sano, no deja de tener inconvenientes. En las evacuaciones de líquido que ha hecho, ha encontrado frecuentes cefaleas y otras molestias, que atribuye a que la duramadre, apergaminada y poco elástica, queda per- forada y quizá el líquido continúa escapándose en el tejido celular, hasta que la pequeña herida se cicatriza; de suerte que si los enfermos se someten con dificultad a la punción, cuando están amenazados de enfermedades graves como la sífilis, mucho mayor sería esa dificultad cuando no se ven directamente obligados, ni les reporta provecho algu- no. Respecto al resultado, no debemos hacernos muchas ilusiones, sólo por lo que nos relatan los observadores, pues hay enorme diferencia en la mortalidad de las diversas epidemias; si algún terreno es propio para las ilusiones es el de la Terapéutica, pero por grandes y gratas que sean, hay que desprenderse de ellas y sacrificarlas en aras de la Lógica y del método. Dr. Reza.-En el trabajo de los DD. Hernández y Rodea se nota la tendencia a bus- car la baja de la temperatura por las inyecciones de líquido céfalorraquídeo, lo que se- guramente sería favorable; pero en las observaciones que nos presentan hay 6, de las cuales en 4 notaron esta baja, poniendo la inyección el noveno o el décimo día y obte- niendo el descenso el décimo o el undécimo, cosa que ya en esas fechas, por el curso espontáneo de la enfermedad, se observa corrientemente. Les rogaría a esos señores que lo ensayaran en enfermos desde el principio del padecimiento, inmediatamente después de que hayan hecho el diagnóstico; pues sólo en 2 casos lo verificaron así, y en ellos no ,se observó el descenso; y con tanta más razón cree que debe hacerse esta distinción, cuanto que en todos los inyectados la duración de la enfermedad fué la normal. Sin es- tas condiciones no se podrá sacar ninguna conclusión. Presidencia del Sr. Dr. Antonio A. Loaeza. Dr. Vergara.-Muy poco tiene que agregar a lo que han expresado los señores que le precedieron en el uso de la palabra. Respecto a la mortalidad, está de acuerdo con el Dr. Brioso Vasconcelos, en que es muy variable con las distintas epidemias. Es preciso ser muy cauto en el ensayo del líquido céfalorraquídeo, pues es sabido que presenta grandes modificaciones en los padecimientos nerviosos o mentales, tanto que sus altera- ciones revelan el padecimiento en casos de diagnóstico difícil; v. gr., en la sífilis el esta- do del líquido céfalorraquídeo puede imponer el diagnóstico aun con Wassermann ne- gativa. Hace, pues, extensivas a este líquido, las precauciones que el Dr. Brioso Vascon- celos pide respecto a la sangre. Dr. Izquierdo.-En el capítulo de terapéutica del tabardillo, en el que los DD. Her- nández y Rodea fueron tan prolijos, cree que hubo injusticia en no dedicar alguna pa- labra al cloruro de calcio. El estudio de este medicamento, le parece importante, no porque tenga una idea especial de ese remedio, sino porque le parece útil resolver el punto relativo a un agente medicamentoso que constantemente se emplea. El papel del cloruro de calcio en el caso de las hemorragias es muy bien conocido, aunque muchas veces es usado empíricamente. La base de su empleo en el tifo está en su acción so- bre la coagulabilidad de la sangre, disminuida en esta enfermedad, aunque hay personas que, como el Dr. Otero, han creído lo contrario. Bueno sería que hablase el laboratorio con datos precisos, por medio de experiencias sobre la coagulabilidad en las condiciones necesarias. Es hecho corriente en los laboratorios de Fisiología, que un corazón de rana, recogido en suero fisiológico, deja de latir poco tiempo después; pero si se añade clo- ruro de calcio, continúa latiendo por algún tiempo más, lo que hace suponer que las 433 sales de calcio tienen cierta acción tónica sobre el corazón. Por consiguiente, es conve- niente que se establezcan bases para la administración de este medicamento y no se si- ga usando empíricamente. Dr. Brioso Vasconcelos.-A riesgo de pasar por impertinente, va a ocuparse del tratamiento del tabardillo por el cloruro de calcio. El fundamento de este tratamiento se encuentra en que las sales de calcio son indispensables para el fenómeno coagula- ción; así, basta precipitarlas del plasma por el citrato u oxalato de sodio, para que aque- lla no se verifique; uno de los procedimientos de transfusión de sangre está basado en esto. Pero la inferencia no ha sido lógica; porque algunos hechos tienden a demostrar que las sales de calcio ingeridas no son asimiladas, pues dosificando el calcio, antes y después de la administración de sales solubles, la proporción en la sangre no aumenta en lo más mínimo. No existe, pues, más efecto que la ilusión provocada en el médico tratante y en la familia. Dr. Escalona.-A propósito de los baños de que el Dr. Alcocer se muestra poco en- tusiasta, cree que no es realizable que los médicos practiquen personalmente la balnea- ción; pero no es preciso que se haga con tantos requisitos; es útil para rodear al enfer- mo de los medios higiénicos que son necesarios, pues se limpia su piel y se favorecen las funciones de transpiración y respiración cutáneas. (Respecto al suero de convalecientes, en un trabajo del Dr. Paz, presentado a la Academia de Medicina y en que se refería a las experiencias del Dr. Hidalgo, decía que hasta ese momento las inyeccciones de suero de convaleciente eran un trabajo de labo- ratorio únicamente y no podían entrar en la práctica; después, de mediados de 1916 a 1917, se hicieron experiencias en este sentido en el Hospital General, y desde entonces Escalona censuró al que hacía estas inyecciones, por no hacer suerorreacciones, amén de otros defectos que no son del caso referir, pero que lo hicieron oponerse a la continua- ción del procedimiento. Mas aquí viene la parte interesante: la evolución de la enfer- medad no se modificó para nada; a pesar de que se usaron cantidades de suero relati- vamente altas, 20 a 25 c. c., los enfermos graves morían y los otros se aliviaban. Respecto a las inyecciones de líquido céfalorraquídeo, es difícil resolverse sobre su valor curativo, si tenemos en cuenta lo variable de la gravedad del padecimiento; y en las épocas en que la mortalidad es baja, se puede concluir que todos los sistemas te- rapéuticos son muy buenos; así en su última época en el Hospital General observó por muchos meses que suprimiendo absolutamente la terapéutica y administrando agua de naranja, se curaban lo mismo los viejos que los jóvenes; las mujeres que los hom- bres, y hubo meses en que no murió ningún enfermo; de modo que podría proclamarse como específico del tifo al zumo de la naranja. Un médico mexicano, un poco iluso, pero honrado, dedicado a la Bacteriología, cre- yó encontrar en el líquido céfalorraquídeo el microbio del tabardillo, aunque nunca lo dijo en público. En el caso de que esto fuera verdad, de que en el líquido se desarrolla- ran anticuerpos y de que fuera útil su aplicación, aun así permanecería procedimiento de gabinete, por las dificultades que existen para procurárselo en grande escala. Cree que fué uno de los primeros médicos que usaron en México el cloruro de calcio en el tratamiento del tabardillo, y lo hizo teniendo en cuenta sus acciones coagulante, toni- cardíaca y antialbuminúrica. Dr. de la Garza.-Respecto a la balneación, han observado en tierracaliente que es de mucha utilidad, porque por cerca de una hora la temperatura disminuye, y si se mul- tiplican los baños, resulta largo el tiempo que pasan los enfermos sin altas temperatu- ras, y el estado general del individuo mejora grandemente. Dr. Ramírez.-En el tratamiento del tifo se ha olvidado la psicoterapia. Hay en- fermos tan nerviosos y tan preocupados, que se agravan cuando ven que el médico pone la cara seria, y que cuando entra sonriente y los anima, experimentan un alivio real. Ha notado en algunos de sus atabardillados un meteorismo muy molesto y ha usa- do para combatirlo, lavativas de agua con trementina puestas con sonda, y ha visto disminuir el síntoma. No está de acuerdo con administrar mucha agua a los tifosos; da leche que es diurética y no hace trabajar demasiado al riñón por la eliminación de mu- cho líquido; cree que la hidratación debe hacerse solamente por el agua de la leche, 434 pues resultaría excesivo dar más agua si se tiene en cuenta la que se ingiere con dos o tres litros de leche. La Secretaría da lectura al escrito del Dr. José Tirado Balcázar "Práctica de la autodesinfección presentada en forma de memoria, ante el Congreso Nacional del Ta- bardillo''. (1) Los DD. Rojas y Alcocer protestan enérgicamente por la índole anticientífica de este trabajo y piden no se tome en consideración. Dr. Brioso Vasconcelos.-Desde que se inició la lectura del escrito del Dr. Balcázar quiso protestar, pues quiere que se siente un precedente. Los mexicanos somos muy "guasones"; con cualquier motivo hacemos chascarrillos y, desgraciadamente, hasta en los congresos médicos se han dejado sentir los resultados de este carácter. Recuerda que en el Congreso de Puebla se dió lectura a un papel, en que se hablaba de simbiosis sífilo- tuberculosa y "tuvo el descaro aquel ignorantón" de decir que había encontrado en los espu- tos treponemas con bacilos de Koch, y exclamaba: ¡Eureka!, como Arquímides. Mandó una preparación, la que fué examinada por el Dr. Perrín, quien declaró que era "una solemne porquería". Ayer vino una memoria que no fué sino una traducción, según pudo demostrar; hoy ve una cosa peor: un señor con tendencias a la homeopatía y que se caracteriza por su mala conducta, dándonos elogios que no pedimos, y que resulta ser un comerciante que nos habla del bienestar de su familia y de patentes. Cada quien está en el derecho de patentar sus medicinas, pero aquí venimos a tratar de cosas útiles y no a "chotear" la ciencia con comprimidos cefálicos, microbicidas y antiperiódicos solubles. Pide se haga constar su más enérgica protesta por la falta de respeto a la Asamblea. Dr. Terrés.-'Manifiesta que sí debe publicarse el trabajo, porque los estatutos del Congreso no autorizan a rechazarlo. Dr. Ramírez.-Cree que se está en lo justo al no publicarlo. Seguramente que las Bases del Congreso no pueden decir que no se publiquen, porque se supone que los trabajos se hacen de buena fe y no hay individuos tan "cínicos" que presenten trabajos de la naturaleza del actual. Si este trabajo se publica, el Congreso quedará en ri- dículo. Tuvo ocasión de leer el trabajo de Plotz, enteramente igual al trabajo del profesor Rodríguez de da Vega; pero la memoria de este último, aunque traducción, jes obra cien- tífica y bellísima. El Dr. Tirado Balcázar no presenta un trabajo científico; nos dice que el medicamento va al estómago, que desprende gases, que los gases se absorben y van a matar a los microbios en los tejidos y aun desinfectan la ropa; esto es un verdadero "choteo". Si el Congreso no tiene autorización para no publicarlo, quiere que no sólo se hagan constar las protestas aisladas, sino que toda la Asamblea proteste contra ese "mamarra- cho", y, entonces sólo su autor será responsable. Dr. Castañedo.-Es muy frecuente que se hable de la Lógica y que se la vulnere de la manera más inaudita. Evidentemente que para presentarse de buena fe a este Con- greso, es necesario obrar con sinceridad y suministrar datos, que en lo posible, se ajus- ten a los cánones de la Lógica. En el trabajo que acabamos de oír no solamente hay falta de Lógica, sino falta absoluta de espíritu científico. Disiente del criterio del Dr. Te- rrés; el caso estará o no previsto; cree que hay ya antecedentes, pero si no, deben es- tablecerse, pues sobran razones para fundarlos y ruega al Dr. Terrés que considere una vez más el asunto y consulte la opinión de la Asamblea para resolver. Pide que no se sea demasiado exigente con los trabajos presentados de buena fe, aun cuando tengan errores notorios; pero deben rechazarse del modo más enérgico tra- bajos como el del Dr. Tirado Balcázar. No se debe excluir un trabajo porque esté en contra de nuestra opinión, pues en el tifo hay todavía muchos problemas que resolver; unos creen, por ejemplo, que son eficaces los baños, otros creen que no y que aun pue- den presentar peligros reales; los dos están, por ahora, en su derecho, pues ninguno ha dicho la última palabra. Recuerda que Angel Hidalgo era partidario de ellos y el Dr. Ma- nuell no; fué Manuell el médico que trató a Hidalgo en su enfermedad; le propuso que (1) Véanse el trabajo y la nota relativa en la página 297. 435 empleara la hidroterapia, siquiera fuera por la influencia psíquica que pudiera tener so- bre Angel Hidalgo; ignora las razones que en contra haya tenido Manuell, pero no la empleó; y si dos clínicos de esa talla divergían en criterio, no es raro que a propósito de otros asuntos haya también divergencias; por eso cree que la labor rigurosamente lógica, en el tifo, está por hacerse en muchos de sus capítulos. Ningún método lógico aislado, como decía el Dr. Terrés, es aplicable para la resolución de estos problemas, que necesitan conjuntamente los métodos de concordancia y diferencia. El tifo no siem- pre es el mismo, debido a varias condiciones; es, pues, necesario hacer amplios estudios aplicando el método de concordancia, que es el de la observación, para después compro- bar por la experimentación, que es el de diferencias. Se ha desviado de la cuestión, porque hace años profesa la Lógica, pero su inten- ción ha sido protestar contra trabajos de la índole del anterior y no quiere que en nin- gún caso el mercantilismo se ampare con la augusta autoridad del Congreso. Dr. Terrés.-Aplaude como el que más, la justa indignación de la Asamblea, pero no está de acuerdo en lo propuesto por Castañedo, porque en las bases está prohibido que se tomen decisiones por votación inmediata. Tampoco existe precedente, pues si es cierto que en alguna de las secciones del Congreso de Puebla se tomó resolución aná- loga, también lo es que no fué por el Congreso, sino por la sección, y a mayor abunda- miento, es cierto asimismo que el Relator consideró que se había extralimitado la sec- ción en sus funciones y se encontraba perplejo para resolver el caso. No sabe por fin qué haría. Por otra parte, si lo que se quiere hacer es castigar al autor, ¿qué castigo es mayor: que no se publique su trabajo o que se publique con las protestas que se han hecho aquí? Además, si el trabajo no se publica, tampoco se podría hacerlo con la parte relati- va del acta, y se nos podría tachar de injustos; hay que ser más serenos y publicar el trabajo con las protestas a que ha dado lugar. Dr. Ramírez.-En virtud de que la sesión del día 22 es para resolver, por votación, las proposiciones presentadas, cabe perfectamente que alguno de nosotros proponga a la Asamblea una protesta unánime contra la serie de disparates presentados en calidad de trabajo, por el Dr. José Tirado Balcázar. Se nombra a los DD. Nadal, Escalona y Castañedo para que opinen sobre la propo- sición que el Dr. Ramírez presentó poi' escrito. So levanta la sesión. Gastón Meló. Los Secretarios de Sesiones. José Tomás Rojas. Sesión de la tarde del día 18 de enero. Presidencia del Sr. Dr. Fernando Ocaranza. Dr. Reséndiz.-Lee su memoria: "¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a los atabardillados?" Se pone a discusión. Dr. Ramírez.-Desea hacer la misma observación que ya hiciera con respecto a la administración del agua: que no está justificado el uso de ésta y mucho menos el abuso, porque se hace que el riñón trabaje mucho más y pueda sobrevenir nefritis. Dice Re- séndiz que la administración de agua es para disminuir la clorurhemia; cree, Ramí- rez, que la cantidad de agua tiene poca importancia en la retención de los cloruros, por- que lo que importa no es el cloruro eliminado, sino el retenido. Dr. Ocaranza.-<Si Ramírez no está de acuerdo con Reséndiz, él tampoco lo está con la afirmación tan categórica de Ramírez; le parece que no se debe quitar agua al enfermo que tiene sed. Los fisiólogos distinguen la sed preventiva (sensación local) de 436 la sed curativa (sensación general). Ese hiperfuncionamiento renal que supone el doctor Ramírez le parece inexacto; recuerda que el riñón tiene dos funciones: la glomerular y la tubular. La primera, fenómeno físico, es la única influida por el agua; la segunda, esencialmente vital (función epitelial), no lo es; no se pone, por consiguiente, en peli- gro al riñón por dar agua abundante. Quizá sea malo dar agua al que no tiene sed; pero al que la tiene, le parece hasta atroz quitársela. Dr. Vergara.-'Poco tiene que añadir a las razones justas que ha expuesto el Dr. Oca- ranza; solamente dirá que ha podido ver que los atabardillados experimentan alivio cuando se les da agua por cualquier vía. En los tifosos, se nota toxhemia terrible, y como sabemos que las nefritis pueden ser de origen tóxico, diluir las toxinas, dando agua, sería más bien favorable. Es cierto que en tres litros de leche se da bastante agua, pe- ro eso de una manera absoluta, relativamente no, porque si consideramos la elevación de temperatura, hay que tener en cuenta la evaporación abundante, aunque insensible, que se produce por la piel. Desea citar lo que el Dr. Lauro Camarillo le refirió res- pecto al tratamiento de una enfermedad que no pudo identificar ni como tifo, ni como fiebre de las Montañas Rocallosas y que curó ministrando exclusivamente agua. Dr. Escalona.-El Dr. Ramírez al calcular la cantidad de agua que se toma en la leche, no tiene en cuenta que los enfermos no pueden ingerir cuatro litros de leche en veinticuatro horas, para que pudiera bastar el agua. La cantidad media de agua nece- saria a un adulto normal, es de tres litros y en el febricitante debe ser mayor. Ahora bien, la cantidad de leche que puede digerir un sano, es aproximadamente de dos li- tros; pero los atabardillados, con vías digestivas enfermas, no digieren esa cantidad y aun suponiendo que la toleraran, necesitarían todavía otros dos litros de agua. Está convencido de que es necesaria el agua a los enfermos y no hay que esperar a que expresen su sed para dárselas; pues hay casos en que no la pueden pedir. Nunca se ha arrepentido de dar aproximadamente dos Litros en veinticuatro horas, ni ha ob- servado que los pacientes hayan estado molestos. Las razones fisiológicas del Dr. Oca- ranza son convincentes, lo mismo que las de la dilución de toxinas. Ya ha rebatido la inyección de suero fisiológico a los atabardillados y la razón ha estado bastante estu- diada en el trabajo del Dr. Izquierdo. Dr. Ramírez.-Quiere poner los puntos sobre las íes; no proscribe sistemáticamente el agua, ni ha querido decir que no se les dé a los enfermos cuando tengan sed; pero ha notado que algunos tienen manía por el agua, no por sed, sensación general, sino por la sensación local. La prueba es que prefieren una naranja o un limón frotados so- bre la lengua. Ha visto que algunos enfermos ingieren varios litros de agua y se con- vierten en verdadero "chochoco!". El no dice que se les someta al suplicio de Tántalo, sino que no se cometan exageraciones. Dr. Reséndiz.-En su trabajo se refiere al agua en el régimen alimenticio, y parece que se ha tomado como medio terapéutico. Dr. Santos Gómez.-En la práctica no es llevadero el papel de ministrar leche a los enfermos, como lo acostumbra el Dr. Ramírez, porque a las cuarenta y ocho horas un en- fermo no puede tolerar el régimen lácteo. Dr. Izquierdo.-En lo relativo al agua, dietética y terapéutica se confunden. El doc- tor Ramírez se contenta con quitar la sensación de sed frotando las fauces con limón o naranja; cree que hay ventaja en diluir las materias de desintegración de las células por medio del agua, y no juzga que sea lo mismo darla ab ore que en inyección intra- venosa; el agua ingerida es diurética, porque al ser absorbida en el intestino acarrea hormonas diuréticas, que se forman ahí y que van a excitar el riñón. Añade que Re- séndiz afirmó la concentración de cloruros en la sangre, y es sabido que cuando una substancia se encuentra momentáneamente en exceso en la sangre, ésta no aumenta su concentración, ni se diluye, sino que la substancia pasará a los tejidos y ahí for- mará edemas si. se trata de Jos cloruros. Dr. Lauda.-Alimento y remedio se confunden de hecho y no se puede deslindar hasta qué punto el agua es alimento y hasta cuál medicamento. Los enfermos ata- bardillados en los campos, los rancheros de las haciendas, los indios en sus jacales, se pasan casi sin tomar alimento y, agobiados por la calentura, beben exclusivamente agua en gran cantidad y la mortalidad no es muy grande. El Dr. Cosío, según sabe, 437 usó como desinfectante intestinal el acetozono en dosis de un gramo en un litro de agua, y los buenos efectos pueden provenir, según -se ha pensado, más bien de la acción del agua sobre el riñón. Usó el Dr. Landa el acetozono y no está arrepentido, pues ha notado, al séptimo u octavo día. que la diuresis aumenta y las orinas concen- tradas se diluyen y se hacen claras. Las inyecciones de suero fisiológico se han desechado, y pregunta a la Asamblea si han empleado las de suero glucosado al 300 por mil, que se dice son alimenticias y tónicas. Se han usado frecuentemente en Europa y los Estados Unidos en la fiebre tifoidea y otros estados infecciosos. En un caso desesperado, él recurrió al suero glu- cosado y de momento notó ligero alivio; después se presentaron accidentes meningí- ticos, como complicación de la enfermedad, y el paciente murió . Dr. Reséndiz.-Realmente parece que en el tifo todos los observadores encuentran datos diferentes: Izquierdo no admite que los cloruros aumenten en la sangre y Sa- loma señala la clorurhemia, y por eso da agua abundante, pura o acidulada. Dr. Amercna.-En 1916 y 17 observó en San Luis Potosí muchos casos de tifo en ios cuales el 95 por ciento de los que tomaban agua curaban y los que no, morían. En San Luis usaban como diurético la infusión de huachichile, y llegaron a la con- clusión de que enfermo que toma agua y enfermo que orina es enfermo que cura. No permitiría, en una junta, que un médico proscribiera el agua. Da, además, ácido clor- hídrico oficinal en la dosis de 5 gotas tres veces al día en un vaso de agua, y ha visto con esto buen resultado. Es partidario de la leche, pero en los casos de intolerancia se usará el atole. Presidencia del Sr. Dr. Nicolás R. Amerena. Dr. Cosío.-Así como Terrés, citando a Silva, relaciona en un aforismo el precio del maíz con la intensidad de la endemia, puede decir que la curabilidad del tifo está en razón inversa de la cantidad de medicamentos. Da casi exclusivamente bebidas abundantes. En efecto usó el acetozono como desinfectante intestinal, teniendo en cuenta la congestión de las placas de Peyer y de los folículos cerrados, señaladas por algunos autores en el tifo. Su objeto fué conseguir el desprendimiento de oxígeno naciente en el intestino; después lo siguió usando para obligar al enfermo a tomar agua, y en los atabardillados de la Beneficencia Española, sometidos a esta terapéutica, la mortalidad era de 1 a 1^ por ciento. Cierto es que la Beneficencia es un buen asilo, en buenas condiciones higiénicas, donde dan leche pura y los enfermos son jóvenes y vigorosos en general. Después usó el alfozono, que es menos caro, y luego desechó los dos y da limonadas cítricas, lácticas, naranjadas, etc. Ha notado que el Dr. Izquierdo dice que la orina disminuye en el período febril y aumenta en la convalecencia; pues bien; haciendo uso del agua en abundancia no se observa la disminución de la diuresis. Pone a tarea a sus enfermos, obligándolos a tomar un litro y medio de agua, sin más tratamiento, o el sintomático cuando existen indicaciones precisas. Ha usado también el suero glucosado al 6 por ciento, poco en el tifo, y más en las fiebres mal determinadas. La Secretaría da lectura a Jos trabajos de los DD. Francisco Bello y Jesús M. Saldaña, respectivamente: "Consideraciones sobre el tifo exantemático'', y "Someros apuntes acerca del tifo en Nuevo León". Por lo avanzado de la hora se aplaza la discusión de estas memorias y se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. 438 5esión de la mañana del día 20 de enero. Presidencia del Sr Dr. Atanasio Placeres. Se ponen a discusión los trabajos de los DD. Saldaba y Bello, leídos en la última sesión. Dr. Escalona.-Quizá por la fatiga intelectual de sesión ya prolongada, el trabajo del Dr. Saldaba pasó casi inadvertido y, sin embargo, presenta puntos interesantes, en relación con el trabajo del Dr. de la Garza; se refiere a sintomatología. En la Mesa Central sabemos que el tifo comienza y termina por oscilaciones, que pueden ser tan notables, que llegan casi a convertirse en intermitencias, especialmente en el se- gundo o tercer día; de suerte que cuando afirmó Garza que en un 75 por ciento de los casos observados en Monterrey el descenso era rápido, consideró importante el dato; pero ahora Saldaba, que también ejerce en Monterrey, considera que la curva de la temperatura es la conocida: al principio intermitente, después remitente y con- tinua. Casi no se necesitan más comentarios y considera conveniente suplicar a los DD. de la Garza y Tamés que sigan haciendo observaciones, para que con mayores datos se pueda resolver en definitiva. También desea excitar a los congregantes para que externen su opinión acerca de lo que se ha dicho del piojo, pues cree que si mañana o pasado se preguntase a alguno qué opiniones dominaron, estaría perplejo para responder Algunos han leído sus trabajos y se muestran partidarios enteramente de las ideas en pro de esa tras- misión; otros han argumentado en contra, pero todo se ha quedado como ideas aisla- das y no se han llegado a uniformar las opiniones de la mayoría de los congregantes; de manera que sería bueno dar a conocer las distintas opiniones que se tienen sobre ese punto. La suya particular es la siguiente: los médicos que son partidarios de la trasmisión por-el piojo ponen argumentos como éste: en los campos de concentración europeos, en los que había tifo, se logró hacerlo desaparecer despiojando a los rusos, y pregunta, ¿qué, al mismo tiempo no se les aseaba? ¿No se les despojaba de todas las suciedades que llevaban, quedando así completamente limpios? ¿Por qué entonces se le atribuye la intervención al piojo y no se piensa que la suciedad es factor etioló- gico? En Tlalpam llegaban los enfermos, se les limpiaba superficialmente de piojos y conservaban algunos; además, había individuos que no tenían tifo y a pesar de estar rodeados de atabardillados con piojos, no adquirían la enfermedad y eso se ha repetido muchas veces en el Hospital General. Cosa análoga se puede decir de las enfermeras y practicantes. No es una razón decir que después de un piquete de piojo se ha adquirido la en- fermedad. Por ejemplo, en el caso del Dr. Otero, hay que tener en cuenta que en su vida atendió muchos tifosos y es de suponer que alguna vez otro piojo le picara, y llegó a adquirir la enfermedad hasta que estuvo receptible. ¿Por qué la vez que enfermó se atribuyó al piojo la casualidad y no al miedo que tuvo? Ricketts le tenía muchc miedo al piojo, y estaba convencido de su papel. Una vez que se puso una media de malla muy fina que había usado un tifoso y que empleó para que por la temperatura del cuerpo se pudieran desarrollar las liendres, pudo ver un piojito, lo que lo ate- rrorizó. Experimentando pocos días después con pulgas que llevaba en un tubo de vidrio que aplicaba al tifoso, se le escapó una que no pudo encontrar y esa misma noche le picó una pulga, quizá la misma, quizá otra, lo que vino a aumentar su temor; y ¿se pensaría por eso que forzosamente la pulga o el piojo habían desempeñado, al enfermar Ricketts, papel inoculador, cuando se estaba en medio endémico? No, segu- ramente, porque así como él manejaba esos insectos que estaban en otras personas atabardilladas y enfermó, así otras muchas que jamás tuvieron insectos también fue- ron atacadas por la dolencia. Respecto al piojo hay algo que debemos tener en consideración: no todos los ex- 439 perimentadores están de acuerdo en el número de piojos que se necesita para producir la trasmisión del tifo; unos suponen que treinta y tantos y otros que más de cien- lo que demuestra falta de uniformidad en el criterio; además, el piojo no tiene lanceta para chupar e inyectar después el germen; el piojo produce comezón y a fuerza de te- ner congestionada la piel, puede chupar la sangre, pues no penetra profundamente su aparato de succión. Suplica al Dr. Terrés, su estimado maestro, amplíe su razona- miento respecto a la importancia que pueda tener la duración de la vida del parásito; si supone, en el caso del barco relatado por Graves, que los primeros piojos fueron los únicos que picaron y no los hijos de ellos. Dr. Torroella.-A propósito de la curva térmica del tifo ha notado las mismas oscilaciones señaladas por el Dr. Escalona. Respecto del piojo ha dicho que es un factor en la trasmisión del tabardillo; quizás el principal, pero no el único. Es ene- migo de sacar conclusiones generales de casos particulares, pero casos como el de Otero, que se quitó el piojo al salir del Hospital, son frecuentes: Ramírez señaló uno; el practicante Sorcini, cuando enfermó, negaba que le hubiera picado algún piojo, pero al sanar se v.ió que en las ropas que usó antes de enfermar y que abandonó por la en- fermedad, había una verdadera colección de piojos; una persona de la familia del orador, cuatro días antes de enfermar de tifo se había quitado un piojo del cuello. Respecto a lo dicho por Escalona, de que por qué no se citan la suciedad, el miedo, la aglomeración, recuerda que el Dr. Terrés, refiriéndose a la etiología del tabardillo, dice que es necesario estudiar el papel del piojo, porque en Veracruz hubo las mismas condiciones de miseria, suciedad, etc., y no se desarrolló el tabardillo. Acepta que in- fluyan las preocupaciones morales, pero no puede creer que sean la única causa. Por lo que se refiere al tiempo que dura el piojo infectante y respeto a su vitalidad, Reza le asigna tres meses de existencia; pero da Roca Lima dice que no sólo el piojo es infectante, sino también la liendre para el cuy. Se dice también que el piojo es infectante siete días después, de verificada la succión de sangre de tifoso, que puede serlo toda su vida, y por su parte pregunta: ¿un piojo puede ser contagioso para otro piojo? Dr. Lauda.-Rectifica una apreciación de Escalona referente al trabajo de Sal- daña, quien sí está en perfecto acuerdo con de la Garza, respecto a la terminación por crisis del tifo en Monterrey. Relativamente al piojo y refiriéndose a lo que se dice de que al despiojar a los enfermos también se les aseaba y se les ponía en mejores condiciones higiénicas, lo que no sucedía con los del Lazareto de Tlálpam, se puede aceptar la hipótesis del doctor Reza, que dice que el gérmen permanece en la piel, y el piquete del piojo sólo abre la puerta a la infección por la rascadura. Cree que es útil que en el Congreso se razone sobre el papel del piojo en el tabar- dillo, pero juzga que no se llegará a una conclusión: las simpatías que uno tiene por estas o aquellas ideas, es lo que hace juzgar una u otra cosa, dando o restando impor- tancia a los hechos. Con Brioso Vasconcelos quiere que la cuestión a debate se re- suelva por la experimentación y por la observación. Dr. Reséndiz.-No acepta la trasmisión del tabardillo por el piojo. En el medio urbano de Querétaro, en los cuarteles octavo y décimo, a pesar de estar habitados por personas sucias, no enfermaron sino 46 en el primero y 3 en el segundo. En el medio hospitalario (Hospital Civil) a pesar de la aglomeración y de la abundancia de piojos el tabardillo no se trasmitió a los empleados. Dr. Santos Gómez.-La trasmisión del tabardillo por el piojo, hablando en len- guaje estudiantil, se puede decir que es un "cuete" que se viene a presentar a este Congreso. En San Luis Potosí, en 1892', faltó la lluvia y hubo hambre; tanto que se fundaron comedores públicos y en ese año el 95 por ciento de los mendigos con- trajo el tabardillo; en cambio, en esa misma epidemia, de veinte practicantes, que probablemente no tenían hambre, sólo dos enfermaron y uno, Horacio Segura, su- cumbió; y no quiere suponer que estuvieron exentos de piojos, puesto que estaban en contacto íntimo con enfermos piojosos. Estos datos de estadística son significati- 440 vos; pero como generalmente las estadísticas se han hecho con criterio preconcebido, es de desearse que la experimentación resuelva en definitiva. Dr. Terrés.-Habiéndosele hecho dos interpelaciones se reserva para contestarlas con más amplitud al final de esta discusión. Ruega a los interpelantes que no lo atri- buyan a descortesía. Dr. Brioso Vasconcelos.-El asunto del piojo es de los más interesantes por la uni- formidad que se observa en la opinión de los autores extranjeros, que es tal, que aun en la obra política, y no médica, del embajador Gerard, se señala que la epidemia entre los prisioneros ingleses y franceses se desarrolló por el contacto con prisioneros rusos, piojosos. No recuerda haber leído obra alguna en la que se ponga en duda la importancia de la trasmisión del tifo por el piojo; sólo en México discutimos esto. Se citan casos en pro y en contra, según la opinión que se tiene sobre el particular. Se dice que no es la única enfermedad que se transmite por parásitos; la peste bu- bónica por las pulgas, la fiebre recurrente por las chinches y la fiebre manchada de las Montañas Rocallosas por las garrapatas. Se señaló que en las costas no hay tifo porque no hay piojos y un médico los encontró en la cárcel de Tampico, los remitió en un tubo para que fueran examinados y el perito declaró que no cabía duda sobre su identidad. En Juchitán son abundantes, blancos y negros, y los indígenas para destruirlos se los comen. Sí, señores, dijo, "soy de allá y lo he visto; se sientan a los chiquillos en las piernas, empiezan a quitarles los piojos y se los comen muy tranqui- lamente". En Oaxaca es de suponerse que existen, porque hay peines de dientes muy apretados, que se llaman peines de china o peines para despiojar y, sin embargo, no había habido tifo antes de la revolución. Un ejemplo de la interpretación que se da a los hechos es el que va a referir. Asistió a un compañero que antes de enfermar había comido ostiones y que como se creyera atacado de fiebre tifoidea relacionaba su padecimiento a la ingestión de los moluscos; mandó hacer la reacción de Widal y hemocultivos al Dr. Cervera, quien inmediatamente le expresó su sospecha de que no se trataba de tifoidea, por la fór- mula leucocitaria. La suerorreacción fué negativa y la evolución demostró que se trataba de tabardillo; cuando lo supo el enfermo dijo que ¡cómo no había de ser tifo si lo había picado un piojo días antes, en un furgón de ferrocarril! Cuando creía que era tifoidea, se olvidaba del insecto, para pensar en los ostiones, y lo contrario al saber que era tifo. En pleno recrudecimiento de la endemia anotó las personas aseadas que le refe- rían haber encontrado piojos blancos en su ropa, y de esas personas ninguna con- trajo el tabardillo; el que le picó a él seguramente pernoctó en su compañía y tampoco enfermó. Para reforzar la idea del Dr. Landa de que este asunto se resuelva experimental- mente, cita el caso del Dr. Finlay, quien se declaró partidario de la trasmisión de la fiebre amarilla por el mosquito y solamente fueron aceptadas sus ideas veinticinco años más tarde, cuando se hicieron experiencias que tuvieron tanto o más valor que el que hubiera tenido el descubrimiento del microbio causal, porque han hecho des- aparecer la endemia en los puntos donde se observaba. Estas experiencias fueron he- chas en el homlbre; en análogas condiciones también se ha trasmitido la lepra, enfer- medad que no sabemos curar. ¿Qué mucho, pues, que los médicos mexicanos las ha- gamos con el tifo, sin preocuparnos de que se nos llame inmorales? Lo que sucede es que aquí, "tragamos las de a peseta y persignamos las de a cuartilla". En Oaxaca se cuelga a los hombres vivos; eso en bien de la pacificación, y no es inmoral; en cam- bio, sí lo es llamar a un hombre y con su consentimiento pagarle para que se deje pi- car por los piojos, y si no, aquí estamos los médicos que por altruismo podríamos hacerlo. Después de muchas experiencias, hechas en lugares donde el tifo no es endé- mico, diríamos la verdad. Dr. Limón.-Aquí se acaba de decir que en la Costa no hay piojos y que por eso no se trasmite el tifo. Ha ejercido en la Costa, y el hecho de que no haya piojos no es cierto; hay piojos, a pesar del aseo, que es más minucioso por el clima, y atribuye a las condiciones climatéricas que el tifo no se desarrolle en las Costas, como que en 441 Monterrey termine por crisis. A priori cualquiera puede aceptar la trasmisión del tifo por el piojo, desde el momento que se admite que el germen existe en la sangre. Llama la atención que en el extranjero se acepte por todos el papel transmisor del piojo, y según lo que ha oído decir, se necesita una gran cantidad de circunstancias que no obran solas, y pregunta si en el extranjero se han eliminado las otras causas y sólo se ha tenido en cuenta el factor piojo al hacer experiencias. Ha visto las peores condiciones higiénicas y el tifo no se ha desarrollado. Dr. Iturriaga.-Por lo que se refiere a la curva de la temperatura, relata dos casos clínicos sin hacer comentarios, lo. La señora esposa del subalcaide de la prisión de Belem principia con fiebre intermitente, de tipo palustre, bazo crecido; no se hizo análisis de sangre. Llevó en consulta al Dr. Bulman y no hicieron diagnóstico; al quinto día la temperatura se hizo continua y al sexto aparecieron numerosas pete- quias. En la noche falleció la señora. 2o. El señor Sub-tesorero de la nación empieza su mal con calofrío, insomnio, dolor de cabeza, congestión conjuntival. Al cuarto día el mismo estado; al quinto día, temperatura de 41°5 y en la noche, después de sudores profusos, 35.5. Llevó en consulta al Dr. Jesús Valenzuela y encontraron petequias que definieron el diagnóstico. Estos dos hechos corroboran lo dicho a propósito de la .irre- gularidad de la temperatura. Respecto al piojo cita otros dos casos, también sin comentarios: lo. Una señora muy aseada, de buena posición social, convaleciente de neumonía franca, contrae el tifo; enferma sin salir de su habitación y sin estar en contacto con personas sucias. 2o. Otra señora, también acomodada, fué picada por un piojo y al décimo día enfermó de tifo en Veracruz, adonde había ido. Presidencia del Sr. Dr. José Moreno Saucedo. Dr. Cuevas.-'Desea, sin que eso signifique la menor censura o desconfianza a los observadores de Monterrey, que prescindan de la palabra crisis, por la posible diver- sidad de interpretación y que describan los hechos observados. Si no interpreta mal, el Dr. Escalona no quiere que se traigan nuevos casos, lo que él desea es que se le diga la opinión razonada de cada uno, a fin de que pueda juzgar cuál es la dominante respecto al papel del piojo. Que en Europa se acepte como un hecho la trasmisión por el parásito, no quiere decir que sea verdad. En la etiología de toda enfermedad infecciosa hay que conocer el germen causal, sus vías de penetración y el vehículo que lo propaga; y, en el tifo, ninguna de las tres cosas conocemos; pues en Europa, los Estados Unidos y México, es muy discutido el papel patógeno de los gérmenes descritos, como el de Plotz. Si no conocemos el germen menos podemos conocer sus vías de propagación, y si en la fiebre amarilla es cierto que se llegó al conocimiento del vehículo, sin conocer el germen, no es lo habitual en las enfermedades infecciosas. Por lo anterior juzga que to- das nuestras energías debemos consagrarlas a la investigación del germen causal. Dr. de la Garza.-En Monterrey se entiende por crisis lo que se entiende científi- camente por ese término; las terminaciones lísica y crítica están tan bien caracteriza- das que es imposible su confusión. Dr. Andrés Anaya*-Da lectura a su estudio: "El tifo en la Ciudad de Puebla". Se pone a discusión y como nadie hace uso de la palabra, la Secretaría da lectura a la memoria del Dr. Ricardo Ortega: "Tabardillo. Anotaciones". Dr. Meandro L. Taniés*-Advierte que en una buena parte de su trabajo, el Dr. Or- tega se concreta a referir que ha sido inmune a las infecciones más diversas, las que no ha podido contraer a pesar de su buena voluntad. Lo felicita por sus magníficas defensas orgánicas, pero no puede estar de acuerdo con él, en que en Monterrey no hay tifo. Causa extrañeza que Ortega, que ha ejercido por muchos años en esa ciudad, no haya podido observar lo que otros en menos tiempo han advertido. El Dr. Alfonso 442 Martínez , entre otras personas, tuvo tifo en Monterrey, sin haber salido de ahí y es- tando en buenas circunstancias económicas. En junta previa, a la que estuvo ausente el Dr. Ortega, en virtud del aislamiento en que ha vivido, y que tuvieron en Monterrey los médicos que ahí ejercen, se con- vino en que en definitiva sí existe el tifo en Nuevo León y que esta enfermedad se desarrolla con todo su tipo clínico, distinguiéndose sólo en la manera de terminar. A propósito del caso de ascitis relatado por Ortega, aunque no dice en su trabajo de qué origen era (cardíaco, renal, etc.) le llama la atención que después de tres pun- ciones con evacuación abundante de líquido y con reproducción rápida, a los ocho días de la cuarta haya podido dar de alta al enfermo radicalmente curado. Dr. Juan Carmona.-Lee su memoria: "El Tifo en Hércules". Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. Sesión de la tarde del día 20 de enero. Presidencia del Sr. Dr. Miguel R. Soberón. Se pone a discusión el trabajo del Dr. Carmona. Nadie hace uso de la palabra. Dr. Antonio Bal valiera.-Da lectura a su trabajo: "Apuntes clínicos sobre el tabar dillo y algunas otras enfermedades infecciosas. La ventilación". Dr. Brioso Vasconcelos.-Lee su memoria: "Notas diversas sobre el tifo exante- mático". Puestos a discusión los trabajos anteriores, nadie hace uso de la palabra. Dr. Rafael Norma.-Da lectura a su "Juicio crítico de los procedimientos emplea- dos para la profilaxis del tifo". Dr. Francisco VaJenzuela.-Lee su estudio: "Medidas profilácticas contra la propa- gación del tifo". Se ponen a discusión ambos trabajos. Dr. Reséndiz.-Ciegamente cree el Dr. Norma que el piojo es el factor primordial para la transmisión del tifo y después afirma, contradictoriamente, que a pesar de la destrucción que se hizo del parásito la endemia no se modificó. Cita Norma en apoyo de sus ideas de la trasmisión por el piojo, experiencias hechas en Europa- y los Esta- dos Unidos; pero ya Jiménez afirmaba las diferencias existentes entre el tifo europeo y el tabardillo mexicano. Lejos de su ánimo está que el tabardillo y el tifo exantemá- tico obedezcan a causas distintas, aun cuando sus manifestaciones sean variables; pe- ro en Europa, desde Graves, se ha afirmado que la miseria, el hambre, etc., son los factores que concurren en las diversas epidemias, y en México se les da menos impor- tancia. Los americanos apenas el nombre conocen del tifo exantemático y Ricketts creía que en México teníamos la enfermedad de las Montañas Rocallosas. En la ciudad de Querétaro el despiojamiento se efectuó de manera intensa, por haber estado ahí accidentalmente el asiento del Poder Ejecutivo y, a pesar de eso, no dismi- nuyó el tifo en lo más mínimo y desaparció solamente cuando lo hizo en poblaciones cercanas, en donde no se había combatido al piojo; por todo lo cual casi se atreve a negar el papel de ese parásito. La Secretaria da lectura al trabajo del Dr. Vicente Flores: "Tratamiento del tabar- dillo". Se pone a discusión. Dr. Ramírez.-El trabajo del Dr. Flores le parece, todo él, hipotético: primero asienta que todos los médicos de la localidad enfermaron y él no, porque se inyectó cacodilato; después dice que el electrargol no le dió resultados, porque en los enfer- 443 mos en que lo usó, la mortalidad fué la que refieren los autores, y ya se ha repetido aquí que no hay mortalidad fija para el tabardillo. El empleo sistemático del ácido fénico le parece peligroso, sobre todo isi no se conoce la eliminación renal. Concluye el Dr. Flores que sus inyecciones polifarmácicas disminuyeron la mortalidad y, a renglón seguido, afirma que disminuyó a causa de que las medidas higiénicas se hicieron más rigurosas. Exponiendo dos causas diferentes, ¿por qué no atribuir la disminución en la mortalidad a la sola profilaxis? El trabajo es elogiable por su sinceridad, pero las afirmaciones no deberían ser tan categóricas. Dr. Solterón.-Pide perdón porque va a decir palabras quizá inoportunas, por re- ferirse a trabajos ya discutidos. Algún estimado compañero dijo que en San Luis Po- tosí se llamaban hipotérmicos a los tifos de débil reacción febril, lo que no es exacto, porque en San Luis el cuerpo médico es ilustrado y da a las palabras su justa significación. Respecto a los datos de pronóstico, señalados por Govea, agrega otro: los brotes subintrantes de la erupción, que considera como de pronóstico fatal; así lo ha ob- servado frecuentemente; tal sucedió con un caso que le fué muy doloroso en su fa- milia. En lo referente a las complicaciones quirúrgicas no se mencionaron las escaras de decúbito, que juzga muy interesantes. Supo que se habló de la conveniencia de ad- ministrar grandes cantidades de agua, lo que ya está sancionado por la práctica. Hizo recuerdo el Dr. Bulman, al hablar de tifo y puerperio, del Dr. Manuel Gutiérrez Zavala, "maestro de maestros", según Bulman. Gutiérrez predicaba que no atendieran tifosos los parteros, y él, que Vivió largos años al lado de Gutiérrez, puede afirmar que aquel maestro no temía la trasmisión de infección puerperal de tifoso a puérpera, sino que considerándola como mujer en condiciones de receptividad temía el tifo para ella. Cuan- do sirvió una maternidad vió embarazadas y puérperas tifosas, así como niños muy pe- queños atacados de ese mal. En las puérperas tifosas hay que tener cuidados exquisitos de aislamiento y desinfección. Cuando el médico está obligado a ver simultáneamente puérperas y tifosos, si no puede dejar de ver a las puérperas, debe darles la preferen- cia, visitándolas en las mañanas, antes que a los otros enfermos. Dr. Castañedo.-El Dr. Norma dijo que en Biología no es la Lógica la llamada a resolver los problemas científicos, sino la observación y la experimentación. Ya ha dicho que los médicos se equivocan muy frecuentemente por no conocer la Lógica. Tiene esa convicción y se afirma cada vez más en ella; así, con motivo de las experiencias que se hacían en el Hospital General, por el Instituto Médico y en la interpretación de las cuales se pecaba a veces grandemente contra la Lógica, escribió un folleto para corregir ese vicio. Si Norma quiso referirse a la Lógica escolástica, incompleta, sin método inducti- vo, seguramente es ineficaz; pero la moderna, es indispensable, y todo aquél que la ignore o se aparte a sabiendas de sus leyes, fracasará. Por lo demás, cree que Norma y él, están de acuerdo en el fondo, pues seguramente quiso referirse a las argucias bi- zantinas que la misma Lógica reprueba. Dr. Norma.-Sin ser especialista en materia en que su contrincante es profesor, cree que en ciencias sociales y en las biológicas no sirve de nada el raciocinio que se basa en hechos pasados, porque nadie puede saber en estas ciencias qué evolución o giro seguirá mañana un fenómeno, sobre todo cuando se considera en un período convulsivo. Cree que solamente cuando se llega a establecer una forma nueva, una evolución nueva o un estado social, el filósofo puede buscar sus causas; pero no ba- sarse en lo acontecido para predecir lo que sucederá. Dr. Brioso Vasconcelos.-Hay diversidad absoluta de opiniones entre el Dr. Cas- tañedo y el Dr. Norma. El método científico se funda en las uniformidades de la natu- raleza; de otra manera no se podría edificar nada; cierto es que las ciencias se dividen en exactas y en ciencias de verdades relativas; pero todas se afirman en la Lógica, que es la que disciplina el raciocinio. Los buenos razonamientos se sujetan a la Ló- gica, aunque se la desconozca; así se han hecho inducciones perfectas antes del co- 444 nocimiento de la Lógica inductiva, y si por el contrario, conociéndola se la olvida o voluntariamente se aparta de ella, se irá seguramente al fracaso. La naturaleza es siempre uniforme en sus variaciones, y las inducciones, aunque aproximativas, no de- jan de ser inducciones; en la Matemática se pueden prever rigurosamente los fenó- menos, como pasa con los eclipses; en las ciencias biológicas y sociológicas las induc- ciones y deducciones serán aproximativas solamente, aunque hay algunas casi fatales: si un macho fecundo cohabita con hembra fecunda, forzosamente se producirá el em- barazo. Dr. Ramírez.-Está absolutamente de acuerdo con el Dr. Castañedo y en completo desacuerdo con el Dr. Norma. La Lógica es el fundamento de toda la ciencia médica; en los fenómenos biológicos y sociológicos se puede hacer uso de la hipótesis, que es función lógica, y los métodos inductivo y deductivo, que son lógicos, se aplican siempre en Biología y Sociología. Dr. Ricardo E. Cicero.-Le parece oportuno decir dos palabras con motivo del giro que ha tomado la discusión. Si admitimos el papel trasmisor del piojo, es claro que es preciso combatir al parásito; pero para esto hay que ser lógicos, pues como nunca se ha incriminado al piojo de la cabeza, debemos limitarnos a destruir al blanco; pero aquí tenemos que volver a obrar con lógica y no combatirlo con pomadas inútiles, irritantes, que no siempre son inocentes; puesto que el piojo no habita en el cuerpo, sino en las ropas (Pcdículi vestimenti), es, por consiguientg, lógico irlo a destruir allí. En la cárcel de Belem mientras se tomaron otras medidas, no se tuvo ningún buen éxito, pero en cuanto se suministraron ropas limpias, desaparecieron el tifo y los piojos; y, es claro, se había aplicado la Lógica. Dr. Norma.-Lamenta el paréntesis que introdujo el Dr. Cicero, porque su memoria, poco firme, casi ha olvidado lo que iba a decir. Afirma que la Lógica positivista de Alejandro Bain y de J. Stuart Mili ha fracasado delante del sistema de Bergson y que éste ha hecho entrar en las fuentes del conocimiento a la intuición, que no está, ni puede estar, sujeta a las leyes anticuadas de la Lógica; la intuición es nueva como las ciencias biológicas, que son siempre nuevas y cambiantes. Dr. Castañedo.-Suplica que no se confunda la Filosofía positivista de Stuart Mili con la Lógica. Está de acuerdo en que muchos de los principios de los positivistas han fracasado; podrán fracasar los lógicos, pero la Lógica no, la Lógica queda siempre en pie. En cuanto a que la Biología y la Sociología no se sometan a los métodos lógicos, asegura y afirma que sí. Todas las ciencias tienen su método lógico particular; la Ma- temática, el deductivo abstracto; la Físico-química, el deductivo concreto y la Biología el inductivo. Si se aplica en una ciencia un método lógico que no le corresponde, se llegará a un error; pero no por culpa de la Lógica, sino de quien la aplica mal. ¿Por qué no se pueden prever los fenómenos biológicos? Porque son de ciencias de ayer, las más complejas, las más difíciles, las de mezcla de causas y pluralidad de efectos. En las ciencias se recorren cuatro etapas: la. Adquisición de hechos. 2a. Or- denación y comparación de los mismos. 3a. Inducción de leyes generales, y 4a. De- ducción o aplicación a casos particulares. Ahora bien; hay ciencias, como la Mate- mática, que recorren gallardamente las cuatro etapas; pero la Biología y la Sociolo- gía no han pasado de los primeros escalones; así, la Botánica y la Zoología únicamente describen y recogen hechos, y si ha habido inducciones han sido sólo aproximativas y mal se les podría pedir, por prematuras, exactas deducciones. Vuelve a recordar que no se confunda el fracaso de un sistema filosófico, con el fracaso de la Lógica; los que fracasan son los malos lógicos. Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Alelo. José Tomás Rojas. 445 Sesión de la mañana del día 21 de enero. Presidencia del Sr Dr. Arturo Iturriaga. Dr. Antonio A. Loaeza.-Lee su trabajo: "Mis impresiones acerca del tifo (tabar- dillo)". Presidencia del Sk. Dr. Francisco Paz. Se pone a discusión el trabajo anterior. Dr. Brioso Vasconcelos.-Largo se ha hablado sobre el papel del piojo, por lo que no insistirá; sólo se referirá a la prueba de Goldberg, quien hace picar al mono por piojos no infectados y produce elevación febril. A últimas fechas ha leído que la pediculosis, produce elevación de temperatura y lo atribuye a substancias químicas, semejantes a las toxinas introducidas por el piquete del piojo. Si esto es cierto res- taría mucho valor a la elevación térmica que se produce en el mono cuando es picado por piojos de tifoso, elevación que se ha considerado como prueba de infección es- pecífica. Añade que el Dr. Loaeza afirma, basándose en su práctica de veinticinco años, que en los casos dudosos hay que esperar la aparición del exantema para afirmar el diag- nóstico, y recomienda a la consideración de dicho señor la posibilidad de hacer apa- recer tempranamente el exantema frotando rudamente la piel o poniendo una ligadura en Ja raíz de los miembros. Podrá ser esto una ilusión de Muratet, pero también un signo útil; se inclina a lo segundo porque el Dr. Leconi (italiano) y Fraenkel (alemán) sin conocer los trabajos de Muratet, señalan hechos análogos. Algún autor ha descrito también en el tifo exantema precoz en el paladar. Si esto es real, quizá tenga el mismo alcance diagnóstico que el signo de Koplik en el saram- pión. Sugiere a los congregantes que ensayen el suero de Nicolle, que es el que más promete, y no los sueros que no están basados en los principios de la inmunología, como algunos usados en México. Dr. Terrés.-Dijo en la sesión de anteayer que con mucho gusto contestaría las interpelaciones que se le hicieren, reservándose para hacerlo hasta tener reunidos va- rios puntos, con objeto de no estar haciendo uso de la palabra repetidas veces. Va a cumplir lo que prometió, comenzando por dar las gracias a las personas que lo inter- pelaron. Se ha visto en las memorias y en el curso de los debates, que son sobrados los puntos obscuros que tenemos que aclarar en la historia del tabardillo; además exis- ten otros también obscuros, que no han sido mencionados, a pesar de su importancia. Es claro que la solución de estos problemas, tan embrollados y tan numerosos, ha menester esfuerzos múltiples y bien dirigidos; necesita no sólo de la experimentación, que no es contraria a la Lógica, sino operación lógica, y ha de estar unida a la obser- vación pura, y ambas aunadas a un sano razonamiento. Lejos estamos de considerar que "contra hechos no hay argumentos", que todo el que observa, observa bien y que +odo el que experimenta lo hace en condiciones correctas. Necesitamos principiar por conocer qué es tifo exantemático. Quizá sorprenda esta afirmación; pero la sorpresa se disipará al saber que no hay acuerdo ni en los signos principales, y si Miguel Ji- ménez advirtió diferencias entre el tifo europeo y el mexicano, diferencias mayores en- contramos con el tifo de los Estados, y mayor aún entre los llamados tifos experimen- tales y el tifo del hombre. ¿Estamos, pues, seguros de que es lo mismo el tifo mexicano que el europeo o el provocado por experimentación? El Dr. Bello nos decía en su tra- bajo, aceptando ideas de clínicos antiguos y competentes, que lo característico del tifo 446 es el exantema, con los atributos que se le conocen: manchas lívidas, de cuatro a cin- co milímetros de diámetro, y que suelen tener en el centro una petequia. Pues bien; al lado de esta afirmación hayamos descritos, en obras extranjeras y mexicanas, tifos sin exantema. Nicolle dice que falta el exantema en los animales y que en el hombre es inconstante, por lo cual no se debe considerar como síntoma de importancia. Allen- de de esto, nos encontramos en la práctica con enfermos con los caracteres del tifo, en los que creemos que va a aparecer el exantema, que no brota, y aun se desvanece el cuadro en el quinto, sexto día o después, y ya se queda el médico en la duda, o bien se asegura rotundamente que se trató de tifo sin exantema, como se ha descrito saram- pión sin exantema. Si no consideramos como carácter esencial al exantema, tendremos que apelar a la curva térmica, y aquí nos encontramos con nuevas dificultades que vencer. La clá- sica curva de Wunderlich no se encuentra en todos los tifos, y en la Mesa Central casi jamás se observa. Cuando no vamos a urgar en las obras de Patología sino a informarnos en las historias clínicas de ultramar, vemos que se describen como tifos, padecimientos que no tienen la curva clásica febril. En los escritos de Nicolle dícese que faltando el exantema, lo que puede caracterizar al tifo es la curva térmica. Esto merece hondo análisis, porque en primer lugar encierra una petición de principio: se señala como curva característica la que se observa en los animales inoculados, y se dice que esos animales inoculados tuvieron tifo, porque presentaron esa determinada curva térmica. Dejando a un lado este sofisma, se advierte que esa curva difiere mucho en los distintos animales en experiencia; hecho que quizá ha pasado inadvertido para muchos y que es importantísimo para conceder determinado grado de confianza a las conclusiones de Nicolle. De pasada dirá que muy a menudo nos dejamos dominar por nuestros prejuicios y deseos, y que los experimentadores más ecuánimes dicen por eso inexactitudes. El Sr. Dr. Pruneda, muy entusiasta por las ideáis de Nicolle, nos decía aquí hace pocos días: "No porque un académico haya fracasado en sus tentativas acerca del pio- jo, vamos a decir que las aseveraciones de Nicolle sean falsas o ciertas''. Nada más, que el hecho referido por el Dr. Pruneda no es exacto. Cuando la Academia de Medi- cina negó el premio a Nicolle, no fué porque un miembro de la comisión fracasara en sus tentativas, sino porque otros académicos que no formaron parte de ella, anali- zando el trabajo de Nicolle, creyeron que sus pruebas no eran concluyentes. De suerte que, justa o injusta, la decisión de la Academia no fué motivada, como decía el doctor Pruneda, domeñado por sus simpatías a ese autor, porque fracasara uno de los miem- bros de la comisión. Muy a menudo nos deslumbra el brillo de un observador, y esto no sólo nos su- cede a los mexicanos, sino a todo el mundo, lo cual es indebido, así como argumentar que una observación es justa porque es unánimemente admitida en un país o en un con- tinente. En Patología sobran ejemplos de errores colectivos, de afirmaciones que se han tomado como axiomáticas y sin embargo han resultado completamente falsas. Se tomó como loco al primero que dijo que la* tierra es esférica, cuando la opinión uná- nime afirmaba que era plana, habiendo llegado algunos monjes a referir, según Fla- marion, que al alcanzar los límites de la tierra habían tenido que agobiarse para se- guir caminando, porque la bóveda celeste se los impedía! Volviendo al punto de donde algo se había separado, insiste en que los caracteres sintomáticos no tienen sobrada uniformidad en los casos que se clasifican como tifo. El exantemático se observa igual al nivel del mar que en los lugares altos, es endé- mico en Irlanda y epidémico en Londres, y en eso se diferencia de nuestro tabardillo, que no se observa en las costas, a pesar de que las condiciones son aparentemente iguales. ¿Qué ha sucedido con la exacerbación endémica que acaba de pasar? Para unos eran las turbas piojosas que llegaban a la ciudad de México las que exacerbaban nues- tra endemia; otros han afirmado que lo propio ocurrió en Monterrey, donde no es do- lencia común; pero el hecho es que estas mismas tropas fueron a Veracruz y a Driza- ba, y sin embargo ahí no se desarrolló el tabardillo. Luego es un hecho que en nuestro 447 tabardillo ejercen una gran influencia la altura del lugar y quizás otras circunstancias, lo cual no se observa en el exantemático europeo. Que sean en el fondo una misma dolencia, es posible; pero como se advierten diferencias importantes, no se debe trans- portar a uno lo que corresponde al otro, sino previa ratificación de la identidad. En otra de las veces que hizo uso de la palabra llamó la atención acerca de que algunos han fracasado en sus inoculaciones al cuy, especialmente en nuestro país, y en cambio otros las han logrado en Europa, y así vemos que buenos observadores difieren en sus conclusiones. Si se demostrara experimentalmente que el tabardillo no es inoculable al cuy, ¿no sería una nueva diferencia con el tifo exantemático? A propósito de la trasmisión y si se quiere del contagio (pero hay que advertir que usa la palabra contagio en su sentido antiguo de trasmisión por contacto di- recto), es indiscutible que hay muchos puntos que dilucidar; uno que le parece im- portante y quizás está referido en alguno de los trabajos leídos, aunque en su sentir no con suficiente claridad, es el hecho de que cuando se advierten uno, dos o tres cas?3 de tifo en una casa, es común que en las vecinas se observe lo mismo. Va a relatar hechos reales: en la calle de su domicilio, 5a. de Donceles, apareció un papel amarillo (indicador de un caso de tifo) en una de las casas de la parte media de la cuadra, poco después en la casa contigua, luego en la de enfrente; tres o cuatro de las casas del centro de la calle fueron las que presentaron casos de tabardillo, y en el resto de la calle no hubo. En las casas de vecindad se observa eso mismo; nada más que en una esfera más reducida; es muy común que haya un atabardillado en la vivienda 3, por ejemplo, luego sigue en la 4, después en la 8 o pasa al segundo patio; en suma, que salta de un lugar a otro, pero en un área bien limitada. A uno de los señores alumnos que ha estado concurriendo a esta asamblea le hacía notar esto a propósito de dos casos de tifo en la calle del Uruguay: en el número 62 hubo un caso de tabardillo y en la misma casa saltó a una vivienda contigua y luego a otra de diverso piso y así a varias, algunas ocupadas por personas que no tenían trato con las antes atacadas. Se ha dicho aquí que un caso aislado nada significa y, en su concepto, no hay que exagerar; una observación aislada, pero bien analizada, puede dar más provecho que cincuenta o sesenta mal conocidas y, por lo menos, sirve de punto de partida a hipó- tesis. No admite la idea de que el piojo sea el único o el principal trasmisor del tabar- dillo, pues la trasmisión en esa forma no explica los casos anteriormente citados, por- que los piojos no se pasean de una casa a la otra, ni de una vivienda a la de enfrente; no andan esas distancias, necesitan forzosamente ser llevados por un objeto, que casi constantemente es la ropa del atabardillado; pero ellos no pueden pasar de un lugar a otro como las chinches, las moscas, las ratas, o las pulgas, por sí o llevadas por pe- rros o ratas. La vida del piojo, animal de los más perezosos, no le permite hacer esas excursio- nes y, por lo tanto, no se explica por su medio el contagio de casa a casa o de vivienda a vivienda. Se le pidió que expusiera alguno de sus argumentos en contra de la tras- misión por el piojo y que ya en plática particular había expresado a sus compañeros. Debe comenzar por llamar la atención sobre una confusión harto frecuente en las discusiones: una cosa es negar el exclusivo papel del piojo y otra negar la trasmisión por el piojo; más aún; suponiéndole trasmisor, hay que distinguir si es o no el prin- cipal. Los argumentos que ha expuesto están encaminados a negar que sea el único y más aún el principal agente de trasmisión. No estuvo ayer al fin de la sesión y no supo, por lo tanto, si se discutiría la ase- veración del Dr. Valenzuela, acerca de calificar al tifo entre las pediculosis. Aun ad- mitiendo que estuviera perfectamente probada la acción del piojo, no creería, como el Dr. Valenzuela, que la nosología permita clasificar al tifo entre las pediculosis, porque éstas resultan directamente de la vida permanente de muchos parásitos en el hombre, no de su acción pasajera y fortuita como trasmisor de otro germen. Las razones que ha tenido para negar que el piojo es el exclusivo y aun el prin- cipal agente, son múltiples.: en todas las estadísticas encontramos que el tabardillo es más frecuente en el sexo masculino que en el femenino, no obstante ser mucho mayor el número de mujeres y estar más expuestas a empiojarse, por su género de 448 vida y trabajo; 'a ropa de los sanos y de los enfermos es generalmente lavada y mane- jada por mujeres, y los enfermos son asistidos en su mayoría por mujeres; el contacto íntimo en el hogar se hace más fácilmente entre mujer y mujer o mujer y hombre, que entre hombre y hombre; en las fábricas en donde están en relación convalecientes con sanos es tan fácil, para un sexo como para el otro, el contagio. Haciendo un ba- lance se ve que las probabilidades para adquirir el piojo son mayores para la mujer que para el hombre y, sin embargo, el tifo se observa más en el hombre. El piojo, animal perezoso, no abandona al hombre vivo sino cuando es forzado a ello mecánicamente, y, en cambio, sabemos que es buen signo de muerte real el que inmediatamente que fallece el enfermo los parásitos tratan de abandonarlo; todos he- mos visto en los anfiteatros cómo ahí los piojos andan por las mesas. Pues bien; nues- tro pueblo es piojoso y conocemos esa costumbre muy antigua de velar a los muertos; en un cuarto estrecho, donde ha fallecido un atabardillado, se reunen los parientes y amigos; muchas veces se emborrachan, >se quedan dormidos junto al cadáver, en con- diciones de poder atrapar piojos; si fueran éstos tan peligrosos, sería de esperarse que todos los que velaban adquirieran el tabardillo, pero no es así. Sabida es la di- ferencia tan grande que hay entre la cantidad de piojos del pueblo bajo y la de las personas acomodadas y sin embargo, relativamente al número de personas acomoda- das y a la diferencia de esa costumbre señalada, del velorio, el tabardillo, es tan frecuen- te o más que entre los pobres. En Europa se mencionó, según sus recuerdos, que entre los soldados, como medida preventiva se usaron las camisetas de seda, porque, se dice, que el piojo no anda sobre la seda. Todas nuestras personas acomodadas muy a menudo usan refajo y aun toda la ropa interior de seda y a pesar de eso les da el tabardillo con tanta o más frecuen- cia relativa que a los pobres. La picadura del piojo no pasa desadvertida para las personas aseadas: comezón tenaz, que se repite cada seis o siete horas. Pues bien, recuerda muchos casos en que preguntó a sus clientes aseados si los había picado algún piojo, y, a pesar de 'la su- gestión de la prensa y autoridades oficiales, le contestaron que seguramente no les había picado. La madre de uno de los médicos que nos acompaña, persona aseada, imposibilitada por antiguos males para salir de su pieza, sin tener trato con muchas personas, sólo con las criadas, y naturalmente no íntimo, adquirió el tabardillo. Este, y casos se- mejantes relatados aquí, vienen a demostrar que la enfermedad no siempre es adquiri- da por intermedio del piojo. Para afirmar una proposición universal se necesitan mi- les de observaciones, para negarla basta un hecho: si se encontrase un hombre inmor- tal, ese solo hecho bastaría para negar que todos los hombres son mortales. Si se encuentra un caso de tabardillo en que no pudo llegar un piojo, este hecho basta para afirmar que no sólo los piojos trasmiten esa enfermedad; pero no es sólo uno el hecho, sino muchos en los que se tiene que admitir que no ha intervenido el insecto. Recuerda una pregunta que se le hizo para que aclarara qué importancia le da a la vida del piojo. Para interpretar exactamente el caso del buque egipcio, que tardó tres meses en su travesía a Inglaterra, es importante la duración de la vida del parási- to; si, como decía el Dr. Reza en su trabajo, ésta es de tres meses o más, cabe admitir la suposición de que piojos infectados en Egipto fueron transportados y llevaron a Inglaterra la enfermedad; pero si aceptamos que la duración máxima de la vida del animal es de dos meses, tenemos que admitir el hecho de que todos los piojos salidos de Egipto habían muerto en la travesía. Por lo tanto, es importantísimo saber la du- ración de la vida del parásito. A propósito de los síntomas es indudable que hay puntos que aclarar; así el exan- tema, que es descrito de diversas maneras por los que dicen haberlo observado: unos, como manchas aisladas, chicas, otros como rubor difuso, es variable, según se opina, en el momento de su aparición; y también tiene caracteres importantes, como las vesícu- las, que no se refieren en los libros extranjeros. La curva térmica, que para nosotros es casi fija, para los autores extranjeros no lo es: se refiere a la remisión, que han 449 dado en la flor de señalar en el tercero, sexto o séptimo día, y que algunos consideran como la terminación de los pródromos y principio de la enfermedad. Se ve que lejos de conocer aún las particularidades de la dolencia, necesitamos todavía discutir mucho y dilucidar varios problemas que tenemos pendientes. Respecto a la conducta del médico para con los atabardillados, es mayor el núme- ro de incógnitas que tenemos que ir despejando. Así la dietética nos aconseja la mi- nistración de alimentos de fácil digestión (leche, atole), y falleció hace poco, aquí en México, un médico que llevaba como norma para sus enfermos prescribirles todos los días: consomé, sopa, huevos, en suma, una alimentación muy distinta a la que esta- mos acostumbrados a prescribir. Hará unos treinta y cinco años, poco más o menos, que se presentó una tesis en la Escuela de Medicina, en la cual se indicaba la necesidad de salir de la rutina y dar alimentos más sustanciosos a los atabardillados. Pero dejando a un lado esto, llama la atención sobre un pormenor que no ha sido rocado aquí: se ha dicho qué alimentos se les debe dar a los enfermos, pero no cómo se les deben dar. No es lo mismo dar leche cada dos horas, tres o cuatro, ni en un día uno o tres litros. En primer lugar le parece necesario manifestar la observación que ha hecho entre sus enfermos, de que por regla general los atabardillados se con- ducen tanto mejor, cuanto menor es la cantidad de alimentos que se les da. La práctica aconseja que no se les dé mucha cantidad, ni a plazos muy cortos. Nuestros órganos no funcionan obedientes a la voluntad del médico; las funciones se realizan siguiendo una secuela en el estado fisiológico, que también se realiza en el patológico, con mo- dificaciones que unas veces son conocidas y otras no, pero que todas alteran la función. El razonamiento, pese a los que dicen que no es el llamado a resolver esta clase de problemas, enseña que en una persona normal es indispensable, si se quiere que sus órganos estén en buen estado, tener en cuenta lo que tarda la digestión y dejar des- pués un plazo de reposo a dichos órganos. Todo órgano que trabaja ha menester de des- canso. Se calcula que en un estómago perfectamente sano la digestión de la leche se hace en dos horas y como en casos de enfermedad, calentura, infección, se necesitan hasta más de tres horas, es un absurdo dar más leche antes de que termine la digestión de la dosis anterior; es necesario, pues, retirar las tomas de alimento, y cosa seme- jante dice a propósito de la cantidad: el estómago enfermo no digiere la cantidad de leche que queremos. Muy justa y atinadamente se dijo a propósito del agua, si no está trascordado, que el organismo sano ha menester de dos a tres litros de agua y, efectivamente, se eli- mina por la orina de un litro a litro y medio, por la piel un litro y por el pulmón medio litro. En el febricitante la eliminación por la piel es mayor a causa de la tem- peratura elevada, y por la respiración se pierde más agua debido a la taquipnea. Todas estas consideraciones las debe tener presentes el clínico, para no ser sobrado parco en la administración de agua, pero sin declarar que el atabardillado es un filtro al que se puede arrojar agua por la boca para que salga por el riñón. A propósito de la terapéutica ha observado que las probabilidades para curar al atabardillado están en razón inversa de la cantidad de medicinas que se le suminis- tran. Recuerda que en el segundo Congreso Médico Mexicano, celebrado en Zacatecas, se refirió el hecho de que en el Hospital de aquella población, de sobra mal atendido, los enfermos no recibían medicinas y la mortalidad era de determinado tanto por cien- to. Un médico joven y entusiasta consideró que aquéllo era falta imperdonable y lla- mó la atención de la autoridad, consiguiendo ser nombrado médico del establecimiento; ingresó con gran entusiasmo y desplegó su terapéutica, sucediendo que desde ese mo- mento la mortalidad aumentó de un modo espantoso. En la práctica se observa lo mis- mo: los más entusiastas por la terapéutica tienen mortalidad más alta; naturalmente eso no quiere decir que considera que toda la terapéutica es inútil; pero hay que mode- rar el entusiasmo que ilusiona e irse con pies de plomo, para no perjudicar al enfermo en vez de beneficiarlo. Apenas hay punto en donde influya más la observación defectuosa que en la tera- péutica del tabardillo. Cada uno, fundándose en el post hoc, se dice acérrimo partidario de una medicación. Ha referido en otra parte, pero le parece importante repetirlo 450 aquí, cómo uno 4e nuestros médicos, honorable y de elevado criterio, aseveraba una vez en público no haber tenido ninguna defunción administrando coloides de oro a sus tifosos, y él sabe de un caso en el cuail el citado facultativo los aplicó y falleció el enfermo. ¿Por qué se olvidaba de ese caso al decir que no había tenido ningún falle- cimiento? A propósito de los coloides ha oído decir que han fracasado en diversas partes del país y añade, que no por la experiencia propia, pero sí por lo que ha visto entre los médicos, considera que los coloides están muy lejos de la fama que han llegado a adquirir. El Dr. Rubio ha sido uno de los que más ha llamado la atención acerca de la uti- lidad del cloruro de calcio, y sólo se explica su silencio ahora por el hecho de haber consignado sus ideas en un trabajo que presentó al Congreso de Puebla. Alguno de los otros señores llamó la atención acerca de la utilidad de ese producto y se hicieron consideraciones basadas en los conocimientos de experimentación para probar su uti- lidad. Cuando no se hacían exámenes de orina, no se había descubierto que la mayoría de los atabardillados tiene ligera albuminuria; pero desde que los químicos la anali- zan, hemos visto que en esta dolencia, como en la escarlatina y otras muchas, es muy frecuente la nefritis epitelial, más o menos ligera, lo cual hay que recordar porque evita sorpresas de pronóstico y porque es una nueva indicación del cloruro de calcio, medicamento antialbuminúrico, y que debe ser administrado en cantidades moderadas, de 0.75 centigramos a un gramo en veinticuatro horas. Otro pormenor sobre el cual quiere insistir, lo expone con todo el temor del que cree poder haberse engañado fácilmente; pero en una práctica no muy extensa, mas tampoco reducida, ha creído encontrar útil el timol asociado al calomel, sobre todo al principio de la dolencia y en aquellos casos dudosos que se califican de tifos aborti- vos (tifinas, que se decía antes aquí), y que ahora se diagnostican por algunos como infecciones intestinales. Prescribe la dosis de 20 centigramos de timol y 1 centigramo de calomel cada dos horas, durante dos días a lo sumo. Tiene algunos otros puntos ano- tados, pero está seguro de que sólo por un exceso de cortesía han tolerado su presen- cia en la tribuna; de suerte que expresando su gratitud, ruega le perdonen los haya cansado. Presidencia del Sr. Dr. José Terrés. Dr. Ramírez.-Lee el dictamen, de la comisión que estudió las proposiciones de los DD. Torroella y Pruneda. Se aplaza la discusión hasta saber si se nombra o no la Gran Comisión Central. Dr. Castañedo.-Lee el dictamen de la comisión que preside. Se pone a votación y se aprueban los siguientes puntos: Io.-Las reuniones del Congreso del Tabardillo se efectuarán periódicamente cada dos años. 2o.-Se nombrará una Comisión Central, con residencia en la Capital de la Repú- blica, y con facultades para nombrar delegaciones en los diversos Estados y para di- rigir las investigaciones en todo el país, en cuanto se refiere al estudio del tabardillo. 3o.-La Comisión Central reunirá todos los datos que provengan de tales investiga- ciones y procurará que lleguen a conocimiento de los asociados y de toda la clase médica del país, por medio de congresos y de la prensa médica científica. 4o.-La Comisión Central será nombrada por la Junta Organizadora del próximo Congreso del Tabardillo, y podrán formar parte de ella uno o varios de sus miembros. Asimismo fué aprobado que en la propia sesión se hiciera la elección de los miem- bros de la Junta Organizadora del próximo Congreso, que deberá estar constituida de idéntico modo que do fué la del primero. 451 Hechas las votaciones respectivas, resultaron elegidos: Para Presidente, Dr. ALFONSO PRUNEDA. Para Vicepresidentes, DD. HORACIO RUBIO y GENARO ESCALONA. Para Secretario General, Dr. RICARDO E. CICERO. Para Relator, Dr. ANGEL BRIOSO VASCONCELOS. Para Tesorero, Dr. TOMÁS GUTIÉRiREZ 'PERRÍN. Para Vocales, DD. JOSÉ A. CASTAÑEDO, ANTONIO DE LA GARZA, CARLOS ALCOCER, FRANCISCO BELLO y RAFAEL NADAL. Se levanta la sesión. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Rojas. Sesión de la tarde del día 21 de enero. Presidencia del Sr. Dr. José Terrés. Se ponen a votación y se aprueban las siguientes proposiciones: Ia.-Se solicitará respetuosamente la protección del Gobierno del Centro y la del de los Estados, para usar los elementos oficiales y obtener una subvención, si tal cosa fuere posible. 2a.-Considerando: primero, que el tabardillo en nuestro país es un factor consi- derable de morbilidad y mortalidad; segundo, que en otros países se tiene como un hecho ya bien probado el papel del piojo en la trasmisión del tifo, y se cree probable el papel del bacilo de Plotz como agente etiológico de la enfermedad; tercero, que sería de gran utilidad que en México se comprobaran dichas aseveraciones de un modo científico y racional, el Congreso Nacional del Tabardillo se permite excitar al Depar- tamento de Salubridad Pública, para que el Instituto Bacteriológico que de él depende, emprenda las investigaciones necesarias para comprobar el papel del piojo en la trans- misión del tabardillo, y la significación del bacilo de Plotz en dicha enfermedad. 3a.-Nómbrese del seno de este Congreso una Comisión que gestione de las ins- tituciones de Beneficencia privada el establecimiento del Instituto Experimental del Tabardillo. 4a.-Las investigaciones a que se refieren dichas proposiciones serán hechas por las comisiones y subcomisiones del tabardillo en la (República. 5a.-Se establece una cuota de diez pesos por cada congregante, destinada a pagar la impresión de las memorias presentadas en este Congreso. 6a.-'Será publicado el trabajo del Dr. José Tirado Balcázar, seguido del acta re- lativa a las protestas que suscitó. (1). Los Secretarios de Sesiones. Gastón Meto. José Tomás Hojas. (1) Véase el trabajo en la DÚ£. 297. (N. del Relat. Sun-) 452 Sesión de la noche del día 21 de enero. Presidencia del Sr. Ing. Mariano López Moctezuma, Director de la Escuela Nacional de Ingenieros. Br. Fernando Ocaranza.-Leyó el informe general de la Secretaría. Br. Ernesto Cerrera.-Rinde el informe reglamentario de la Tesorería. Br. Everardo Lauda.-Como Relator Suplente, y por ausencia del propietario, hace una breve síntesis de los trabajos llevados a cabo por el Congreso. Br. Samuel García.-Da lectura al discurso de despedida, a nombre de la Junta Organizadora. Dr. José Terrés.-Agradece al ingeniero López Moctezuma la deferencia que tuvo al presidir la última sesión del Congreso y al poner a disposición de los congregantes el Salón de Actos de la Escuela de Ingenieros. Se levanta la sesión declarándose clausurado el Congreso. Los Secretarios de Sesiones, Gastón Meló. José Tomás Hojas. Apéndice. 455 APÉNDICE. Alocución pronunciada por el Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos, en la reunión familiar de los miembros del Congreso Nacional del Tabardillo. Señor Rector de la Universidad Nacional. Señoras y señores. Propio de espíritus selectos es reconocer la trascendencia que alcanzan las reuniones científicas del carácter de la que estamos celebrando en estos días, y por ello la más alta autoridad universitaria se ha apresurado a real- zar con su investidura oficial el brillo de nuestra sesión de apertura, cuyos ecos aún resuenan gratamente en nuestros oídos: aún nos parece escuchar la palabra jugosa y la impecable dicción de nuestro Terrés,-un aforismo hi- pocrático de levita- según frase feliz de Gregorio Mendizábal en ocasión inol- vidable; saboreamos todavía como miel hiblea el verbo argentino de Tomás G. Perrín, todo corazón para nuestro país y prez de la profesión. Más, como si no bastase galantería tanta, el señor Rector de la Universidad Nacional, con- tinuador de la obra gigantesca de Justo Sierra, nos ofrece hoy este ágape para significarnos que ve con simpatía y alienta con su estímulo nuestras labores. De no ser por la benevolencia con que me distingue el señor Presidente de este Congreso, no sería yo seguramente quien tomara hoy la palabra: mu- chos hay entre nosotros que desempeñarían más airosamente mi cometido. Cuando este Congreso se inició hace un año, en Puebla, cuna de la glo- riosa revolución de 1910, mi corazón que ama a toda la humanidad sin dis- tingos de credos ni de razas, pero que alimenta especial predilección por los sanps principios liberales, era presa de una dolorosa tortura: la civilización, la más preciada herencia de nuesros antepasados, estaba en peligro por ha- llarse en período de manía un grupo de delirantes homicidas escapados de los manicomios o de los presidios (¡qué sé yo!) para invadir el Palacio de Postdam, y el incendio, el pillaje, la violación y la carnicería desenfrenada del hombre por el hombre, conmovían al mundo. Hoy la situación es muy otra, estamos en el crepúsculo de un nuevo día, amanece brillante alborada, el sol de la Libertad vivifica con sus rayos la conciencia humana y esos tita- nes que supieron librar al mundo de la barbarie científicamente organizada se disponen a echar los cimientos de un mundo nuevo de justicia y paz; Lloyd George, impasible ante la pedrea de las turbas cuando sostiene los derechos de un pueblo débil ante la invasión de los imperialistas británicos de enton- ces; Clemenceau, el hombre de la confianza y de la voluntad de hierro, el mé- dico retirado del ejercicio para convertirse súbitamente en especialista en el tratamiento de las psicosis delirantes de los déspotas; y Wilson el inmen- so, el idealista superactivo, honra de su patria y de su siglo, ponen en estos instantes, en tierras de Europa, las fundamentos del edificio de la nueva so- ciedad de las nacieres. 456 El mundo liberal se estremece de regocijo, los labios de los buenos en- tonan hosannas y en donde antes rugió el cañón, se escucha de nuevo el canto del labrador. Bajo auspicios, tan favorables, que imagino augurios de buen éxito, he- mos iniciado esta modesta reunión científica para puntualizar un programa racional de defensa contra la temida fiebre petequial que asola a nuestros la- res desde tiempos muy remotos. Así como no es posible visitar el Foro sin recordar a Jos ilustres romanos codificadores del Derecho; como no se pueden ver las ruinas del Coliseo sin escuchar los gemidos de los primeros cristianos, víctimas de la intolerancia, así, señores y señoras, me es imposible hablar de nuestro tabardillo sin re- cordar los nombres de virtuosos varones que consagraron sus energías al es- tudio de la dolencia: Miguel Jiménez, el primero, la personificación del mé- todo, clínico sagaz y anatomopatólogo de mérito indiscutible, quien no obs- tante los atrasos de su época no desfallece, en tiempos pretéritos; y Angel Hidalgo, mi maestro, cuyo nombre no puedo pronunciar sin que el recuerdo de su sabiduría, su laboriosidad, sus inapreciables dotes pedagógicas, y su bondad me obligan a lamentar perpetuamente su desaparición temprana; y Lucio, el patriota, Hidalgo Carpió, Al varado y Demetrio Mejía, y tantos y tantos más que menos felices que Moisés no pudieron ni de lejos avistar la tierra prometida. Dice Herbert Spencer que el temor a los antepasados y el culto por ellos, de aquél derivado, entra por mucho en la raigambre de ciertas religiones, y debe tener razón; los que oficiamos en los altares de Esculapio veneramos a nuestros antecesores que fueron ilustres por cuanto queremos que su ejemplo nos aliente, y que estimule a las generaciones médicas que nos seguirán, en la tarea de suprimir el dolor, que es obra divina al decir de Hipócrates, y de conservar la salud que es obra científica. No pretendemos ya, cual lo preten- dieran medioevales soñadores, hacer de los hombres seres inmortales; quere- mos sólo que nadie muera prematuramente, que todos vivan sanos, y para lograr nuestro deseo escudriñamos la Naturaleza, y va Cajal al laboratorio a sorprender los secretos que encierra el cerebro, maravilla de estructura y de funcionamiento, y Achúcarro sigue gloriosamente las huellas del Maestro, y Carrel abandona el gabinete, y tras haber ingertado órganos de un ser en otro ser, acude al angustioso llamado de su Francia, que es nuestra porque todos los que estudiamos Medicina hemos pensado siquiera sea alguna vez en francés, y con Dakin establece nuevos métodos que arrancarán a las víc- timas de las garras de la infección quirúrgica. Un punto de apoyo pedía el Matemático para mover el Universo, y ese punto de apoyo existe, se llama voluntad; la que cuando armada con el método científico, triunfalmente marcha a la conquista del ideal y traza los linca- mientos de un mundo mejor, en el (pie las epidemias serán recuerdos histó- ricos y los hombres serán sanos y robustos y las mujeres más hermosas, y quizá por ello nuestros descendientes sean más buenos y más justos. Señor Rector: os habéis dignado honrar a los miembros de este Con- greso Nacional del Tabardillo ofreciéndonos esta reunión familiar, y yo en 457 nombre de todos os aseguro que no sólo os lo agradecemos de corazón, sino que pugnaremos por devolveros tamaña honra cuando se sepa que el Congre- so no fue una reunión de metafísicos que se congregaron para discutir pri- meros principios, sino un conjunto de trabajadores de la ciencia, que algo lograron edificar. He terminado; habéis podido ver que la pobreza de mis ideas corre pa- reja con la mezquindad de atavíos de mi lenguaje, indignas ambas de loar una profesión de tan excelsa estirpe como la Medicina, la que, como ha escri- to un poeta español que cautiva mi admiración y tiene todo mi fraternal afecto, fué arte honrado por Cristo en los tiempos bíblicos y que, acaso poi' ello, en nuestros días, resucita a los muertos con Dumont y hace andar a los paralíticos con Swift y Ellis! CUADROS DE MORTALIDAD POR TIFO EXANTEMÁTICO RECOSIDOS POR EL Dr. JOAQUÍN COSÍO. (') DEPARTAMENTO DE ESTADÍSTICA. A RCIIIVO Y B1BLIOTECA DEL II. AYUNTAMIENTO. SECCIÓN DE ESTADÍSTICA MORTALIDAD POR TIFO EXANTEMÁTICO. JULIO DE 1917 A OCTUBRE DE 1918. PERÍODOS MORTALIDAD TOTAL (TIFO) SEGUNDO SEMESTRE DE 1917 JULIO AGOSTO SE1 TBRE OCTUBRE NOVBRE. DICBRE. Edad infantil ii m Total H M II M n m II M II AI II M 7 meses a 1 año 1-1 - - - - - - 1 - 1 - - 3 a 6 años 2 3 5 1 - - - 1 1 _ 1 - 1 7 a 10 ,, 112 - _ - - - - 1 - - - - 1 11 a 14 „ 2 13 - 1 - - - - 2 - - - 6 5 11 1 1 - - 1 1 4 1 - ! - - 2 Edad no infantil 15 a 20 años 9 7 16 - - 1 1 4 2 1 1 3 1 - 2 21 a 40 „ 27 20 47 3 3 10 - 3 3 6 4 2 5 3 5 41 a 60 „ 24 17 41 5 3 4 5 4 1 1 1 6 5 4 2 Más de 60 años 10 12 22 - 2 1 1 _ 9 5 3 3 4 1 - 70 56 126 8 8 16 7 11 8 13 9 14 15 8 9 TOTAL 76 61 137 9 9 16 7 12 9 17 10 14 15 8 11 PERÍODOS MORTALIDAD TOTAL (TIFO) PRIMER SEMESTRE DE 1918 ENERO FEBRERO MARZO ABRIL MAYO JUNIO Edad infantil ii m Total II M II M II M II M H | M H M 2 años 2-2 - - 1 1 - - - 7 a 10 años 112 1 1 - - 11 a 14 , - - 3 1 4 1 1 - - 1 - - - 1 " - - Edad no infantil 15 a 20 años 3 6 9 - - 3 - - 1 - 3 2 - - 21 a 40 ,, 19 19 38 2 4 7 2 1 3 2 1 2 4 5 5 41 a 60 „ 12 7 19 2 1 - - - 1 4 2 3 2 3 1 Más de 60 años 7 6 । 13 2 1 2 1 1 1 - 1 2 2 41 38 | 79 6 6 12 2 2 6 7 6 6 10 8 8 TOTAL 44 39 | 83 7 7 131 2 3 6 7 6 7 10 8 8 (1) Véase la páü.426.-(N. del Relat. Sup.) RESUMEN. PERÍODOS TOTAL 1917-1918 2° SEMESTRE DE 1917 1er. SEMESTRE DE 1918 Edad infantil H M Total H M Total H M T tal 7 meses a 1 año 1 - i 1 - 1 - - - 2 años 2 - 2 - - - 2 - 2 3 a 6 años 2 3 5 2 3 5 - - - 7 a 10 „ 2 2 4 1 1 2 1 1 2 11 a 14 „ 2 1 3 2 1 3 - - - 9 6 15 6 5 11 3 1 4 Edad no Infantil 15 a 20 años 12 13 25 9 7 16 3 6 9 21 a 40 „ 46 39 85 27 20 47 19 19 38 41 a 60 „ 36 24 60 24 17 41 12 7 19 Más de 60 años 17 18 35 10 12 22 7 6 13 111 94 205 70 56 126 41 38 79 TOTAL 120 100 220 76 61 137 44 39 83 JULIO A OCTUBRE DE 1918 PERÍODOS TOTAL JULIO AGOSTO SEPTBRE OCTUBRE H M Total H M n M H M H M Edad infantil 7 a 10 años - 1 i 1 11 a 14 „ - 3 3 - - - 1 - - - 2 - 4 4 - - - 1 - - - 3 Edad no infantil 15 a 20 años 6 5 11 1 - - - 1 1 4 4 21 a 40 „ 15 22 37 3 3 4 5 3 4 5 10 41 a 60 „ 12 9 21 - 4 2 2 5 2 5 1 Más de 60 años 5 4 9 2 1 1 2 1 - 1 1 Edad ignorada - 1 1 - - - 1 - - - - 38 41 79 6 8 7 10 10 7 15 16 TOTAL 38 45 83 6 8 7 11 10 7 15 19 México, 22 de noviembre de 1918. EL JEFB DE LA SECCIÓN DE ESTADÍSTICA, FRANCISCO DE P. SEGURA Vo Bo. EL JEFE DEL DPTO. DE ESTADÍSTICA, ARCHIVO Y BIBLIOTECA, ALFREDO DUPLÁN. EL REGIDOR ENCARGADO A. GARCÍA FIGUEROA. RECOGIDO POR EL Dh. J COSÍO. INDICE. MEMORIAS Y ACTAS DEL CONGRESO NACIONAL DEL TABARDILLO. Indice general de materias. Páginas Programa de estudios que la Comisión Organizadora del Congreso del Tabardillo propone a los que deseen tomar parte en él 1 Comisión Organizadora del Congreso Nacional del Tabardillo 5 Delegados al Congreso 6 Miembros que formaron el Congreso Nacional del Tabardillo 7 Programa de las sesiones 10 Sesión inaugural 11 Invitación 12 Discurso pronunciado por el Dr. José Terrés en la sesión solemne de apertura del Congreso 13 Discurso pronunciado por el Dr. Tomás G. Perrín en la solemne sesión inaugural del Congreso 17 Sesión de clausura 21 Informe del Secretario General del Congreso, Dr. Fernando Ocaranza.. 23 Informe leído por el Tesorero, Dr. Ernesto Cervera 25 Informe sobre los trabajos del Congreso Nacional del Tabardillo, leído en la solemne sesión de clausura por el Dr. Everardo Lamia, Re- lator Suplente 28 Discurso pronunciado por el Dr. Samuel García en la solemne sesión • de clausura. ¿Un discurso de despedida? 41 Trabajos presentados en el Congreso Nacional del Tabardillo 49 Primera serie 49 Segunda serie 49 Tercera serie 50 Cuarta serie 50 Quinta serie 50 PRIMERA SERIE.-¿Qué era el matlazáhuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en la época hispana? Dr. Nicolás León.. 51 Apuntes acerca de la anatomía patológica del tifo. Dr. Atanasio Placeres 61 Historia del tifo en Real del Monte. Años de 1915 y 1916. Dr. Luis R. Lara 71 Páginas. Notas sobre el exantema del tabardillo. Dr. Everardo Landa 77 Contribución para el estudio hematológico del tabardillo. DD. Fernando Ocaranza y José Joaquín Izquierdo 81 Tifo de forma adinámica. Dr. José Santos Gómez 101 Complicaciones quirúrgicas del tifo. Dr. Gonzalo Castañeda 103 Complicaciones oculares en el tabardillo. Dr. Gildardo Serrano 105 Gestación y tabardillo. Dr. Francisco Bulman 107 Algunas notas sobre pronóstico en el tabardillo. Dr. Carlos Govea 111 Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se ob- serva en el Estado de Nuevo León. Dr. Antonio de la Garza 117 La eliminación de cloruros y el equilibrio de los líquidos en el tabar- dillo. Dr. José Joaquín Izquierdo 123 SEGUNDA SERIE.-Acerca de la estadística en el tabardillo. Dr. Ge- naro Escalona 119 El problema de la etiología del tabardillo. Dr. Angel Brioso Vasconcelos 155 Papel etnológico de la hambre en la génesis del tabardillo. Dr. Santia- go Ramírez 161 Consideraciones sobre la importancia del piojo blanco en el tabardillo. Dr. Agustín Reza 183 ¿Son los piojos los únicos agentes de la propagación del tabardillo? Dr. Horacio Rubio 187 Etiología del tifo exantemático. Prof. Rafael Rodríguez y Vega 197 Tifización o inmunidad adquirida por el contacto con enfermos de tifo. Dr. Guillermo Cerqueda 234 Contribución al estudio de la etiología del tifo exantemático. Dr. Ma- rio A. Torroella , 239 TERCERA SERIE.-Profilaxis del tabardillo. (Campaña contra el tifo). Dr. Manuel S. Iglesias 249 Medidas profilácticas contra la propagación del tifo. Dr. Francisco Valenzuela 263 Juicio crítico de los procedimientos empleados para la profilaxis del tifo. Dr. Rafael Norma 273 El tifo en Hércules. Dr. Juan Carmona 285 Apuntes clínicos sobre el tabardillo y algunas otras enfermedades in- fecciosas. La ventilación. Dr. Antonio Balvanera 289 CUARTA SERIE.-¿Qué régimen alimenticio conviene generalmente a los atabardillados? Dr. Antonio Reséndiz 293 Práctica de la auto-desinfección presentada en forma de memoria, ante el Congreso Nacional del Tabardillo. Dr. José Tirado Balcázar... 297 Tratamiento del tabardillo. DD. Adolfo Hernández y Mariano Rodea.. 303 La terapéutica del tabardillo. Dr. Vicente Flores 315 QUINTA SERIE.-Notas diversas sobre el tifo exantemático. Dr. An- gel Brioso Vasconcelos 321 Consideraciones sobre el tifo exantemático. Dr. Francisco Bello 329 El tifo en la ciudad de Puebla. Dr. Andrés Anaya 343 Someros apuntes acerca del tabardillo en Nuevo León. Dr. Jesús M. Saldaña 361 Tabardillo. Anotaciones. Dr. Ricardo Ortega 373 Pági ñas Mis impresiones acerca del tifo (tabardillo). Dr. Antonio A. Loaeza.... 379 Ligeros apuntes sobre el tabardillo o tifo exantemático. Dr. José de la Serna 387 Actas de las Sesiones del Congreso Nacional del Tabardillo 413 Sesión de la mañana del día 15 de enero 413 Presidencia del Sr. Dr. Andrés Anaya 413 Presidencia del Sr. Dr. Carlos Alcocer 413 Sesión de la tarde del día 15 de enero 414 Presidencia del Sr. Dr. Carlos Alcocer 414 Presidencia del Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos 414 Presidencia del Sr. Dr. Rafael Carrillo 416 Sesión de la mañana del día 16 de enero 420 Presidencia del Sr. Dr. Joaquín G. Cosío 420 Presidencia del Sr. Dr. Genaro Escalona 420 Sesión de la tarde del día 16 de enero 421 Presidencia del Sr. Dr. Octaviano González Fabela 421 Sesión de la mañana del día 17 de enero 422 Presidencia del Sr. Dr. Germán Díaz Lombardo 422 Presidencia del Sr. Dr. Manuel Godoy Alvarez 425 Sesión de la tarde del día 17 de enero 429 Presidencia del Sr. Dr. Roque Macouzet 429 Presidencia del Sr. Dr. Horacio Rubio 430 Sesión de la mañana del día 18 de enero 431 Presidencia del Sr. Dr. Arturo Iturriaga 431 Presidencia del Sr. Dr. Antonio A. Loaeza 432 Sesión de la tarde del día 18 de enero 435 Presidencia del Sr. Dr. Fernando Ocaranza 435 Presidencia del Sr. Dr. Nicolás R. Amerena 437 Sesión de la mañana del día 20 de enero 438 Presidencia del Sr. Dr. Atan asió Placeres 438 Presidencia del Sr. Dr. José Moreno Saucedo 441 Sesión de la tarde del día 20 de enero 442 Presidencia del Sr. Dr. Miguel R. Soberón 442 Sesión de la mañana del día 21 de enero 445 Presidencia del Sr. Dr. Arturo Iturriaga 445 • Presidencia del Sr. Dr. Francisco Paz 445 Presidencia del Sr. Dr. José Terrés 450 Sesión de la tarde del día 21 de enero 451 Presidencia del Sr. Dr. José Terrés 451 Sesión de la noche del día 21 de enero 452 Presidencia del Sr. Ing. Mariano Moctezuma, Director de la Escuela Nacional de Ingenieros 452 Apéndice 455 Alocución pronunciada por el Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos en la reunión familiar de los miembros del Congreso Nacional del Tabar- dillo 455 Láminas y cuadro; fuera del teMo. Pátinas. Lámina I. Matialxochitl 52 Lámina II. Portada del tratado "Breve de Medicina y de todas las enfermedades " por Fray Agustín Farfán... 54 Lámina III. • Escenas de la epidemia de matlazáhuatl en la ciudad de México en el año de 1576 60 Lámina IV. Adiposis del miocardio . 70 Lámina V. Neumonía supurada ,, Lámina VI. Congestión hepática ,, Lámina VII. Bazo infeccioso tífico „ Lámina VIII. Infarto y congestión renales „ Lámina IX. Observación núm. 1. Enfermo José Sánchez 100 Lámina X. Observación núm. 2. Enfermo Gustavo Castillo ,, Lámina XI. Observación núm. 3. Enferma María de Jesús Villa- nueva ,, Lámina XII. Observación núm. 4. Enferma Juana Castillo.-Ob- 1 servación núm. 5. Enferma Clara García ,, Lámina XIII. Observación núm. 6. Enferma Ana Cázares.- Obser- vación núm. 7. Enferma Felisa Muñoz ,, Lámina XIV. Observación núm. 8. Enfermo Eusebio Rodríguez.. ,, Lámina XV. Observación núm. 9. Enfermo Emigdio López.-Ob- servación núm. 10. Enfermo David Hernández.. ,, Lámina XVI. Observación núm. 11. Enferma Cornelia Mejía ,, Lámina XVII. Observación núm. 12. Enferma María Gutiérrez.... ,, Lámina XVIII. Observación núm. 13. Enfermo Salvador Cañas. - Observación núm. 14. Enferma María Santos Díaz ,, Lámina XIX. Observación núm. 16. Enferma Hermelinda Flores.. ,, Lámina XX. Observación núm. 15. Enferma María Velázquez.- Observación núm. 17. Enferma María Hernández. ,, Lámina XXI. Observación núm. 18. Enferma Ricarda Espinosa.- Observación núm. 19. Enfermo José Martínez.. ,, Lámina XXII. Observación núm. 1. Enferma María de Jesús Villa- nueva . 148 Lámina XXIII. Observación núm. 3. Enferma Ana Cázares ,, Lámina XXIV. Observación núm. 4. Enfermo Eusebio Rodríguez.. ,, Lámina XXV. Observación núm. 7. Enferma Hermelinda Flores... ,, Páginas. Lámina XXVI. Observación núm. 9. Enfermo José Martínez 148 Lámina XXVII. Observación núm. 10. Enferma Victoria Méndez.... ,, Lámina XXVIII. Observación núm. 11. Enfermo Julio Medellín ,, Lámina XXIX. Papel etiológico de la hambre en la génesis del ta- bardillo 182 Lámina XXX. Id. id. id „ Lámina XXXI. Id. id. id ,, Lámina XXXII. Id. id. id ,, Lámina XXX1I1. Id. id. id ,, Lámina XXXIV. Id. id. id „ Lámina XXXV. Id. id. id „ Lámina XXXVI. Id. id. id „ Lámina XXXVII. Id. id. id „ Lámina XXXVIII. Etiología del tifo exantemático 228 Lámina XXXVIII bis. Fig. n9 1.-Gráfica comparativa entre el tifo y las lluvias 360 Lámina XXXIX, Fig. n9 2.-Gráfica de la temperatura ambiente y la precipitación pluviosa mensual ,, Lámina XL. Fig. n9 3.-Gráfica de mortalidad por tifo ,, Lámina XLL Fig. n9 4.-Primera gráfica del tifo por edades.... ,, Lámina XLII. Fig. n9 5.-Segunda gráfica del tifo por edades.... ,, Resumen de los casos de tifo observados en el Hospital General de Puebla en los años de 1891 a 1914 ,, Resumen de las defunciones de tifo en la ciudad de Puebla ,, Cuadros de mortalidad por tifo exantemático recogidos por el Dr. Joaquín G. Cosío 458 Indice alfabético de materias. Páginas. Actas de las sesiones del Congreso Nacional del Tabardillo 413 Alocución pronunciada por el Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos en la reu- nión familiar de los miembros del Congreso Nacional del Tabardillo. .. 445 Anatomía patológica del tifo, apuntes acerca de la 61 Apéndice 455 Apuntes clínicos sobre el tabardillo y algunas otras enfermedades infeccio- sas. La ventilación 289 Auto-desinfección, práctica de la, presentada en forma de memoria, ante el Congreso Nacional del Tabardillo 297 Cloruros, la eliminación de, y el equilibrio de los líquidos en el tabardillo.. 123 Comisión Organizadora del Congreso Nacional del Tabardillo 5 Complicaciones oculares en el tabardillo 195 Complicaciones quirúrgicas del tifo 102 Contribución para el estudio hematológico del tabardillo 81 Cuarta serie 50 y 293 Delegados al Congreso 6 Discurso pronunciado por el Dr. José Terrés en la sesión solemne de aper- tura del Congreso 13 Discurso pronunciado por el Dr. Samuel García en la solemne sesión de clausura. ¿Un discurso de despedida? 41 Discurso pronunciado por el Dr. Tomás G. Perrín en la solemne sesión inaugural del Congreso 17 Estadística, acerca de la, en el tabardillo 149 Etiología del tifo exantemático 197 Etiología del tifo exantemático, contribución al estudio de la 239 Etiología, el problema de la, en el tabardillo 155 Exantema del tabardillo, notas sobre el 77 Gestación y tabardillo 197 Hambre, papel etiológico de la, en el tabardillo 161 Historia del tifo en Real del Monte. Años de 1915 y 1916 71 Informe del Secretario General del Congreso, Dr. Fernando Ocaranza 23 Informe leído por el Tesorero, Dr. Ernesto Cervera 25 Páginas. Informe sobre los trabajos del Congreso Nacional del Tabardillo, leído en la solemne sesión de clausura por el Dr. Everardo Landa, Relator Su- plente 28 Invitación 12 ^atlazáhuatl^ ¿qué era el, y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en la época hispana? 51 Miembros que formaron el Congreso Nacional del Tabardillo 7 Piojo blanco, consideraciones sobre la importancia del, en el tabardillo.... 183 Piojos, ¿son los, los únicos agentes de la propagación del tabardillo? 187 Presidencia del Sr. Dr. Andrés Anaya 413 Sr. Dr. Angel Brioso Vasconcelos 414 Sr. Dr. Antonio A. Loaeza 432 Sr. Dr. Arturo Iturriaga 431 y 445 Sr. Dr. Atanasio Placeres i 438 Sr. Dr. Carlos Alcocer 413 y 414 Sr. Dr. Fernando Ocaranza 435 Sr. Dr. Francisco Paz 445 Sr. Dr. Germán Díaz Lombardo 422 Sr. Dr. Horacio Rubio 430 Sr. Dr. Joaquín G. Cosío 420 Sr. Dr. José Moreno Saucedo 441 Sr. Dr. José Terrés 450 y 451 Sr. Dr. Manuel Godoy Alvarez 425 Sr. Dr. Miguel R. Soberón 442 Sr. Dr. Nicolás R. Amerena 437 Sr. Dr. Octaviano González Fabela 421 Sr. Dr. Rafael Carrillo 416 Sr. Dr. Roque Macouzet 429 Sr. Ing. Mariano Moctezuma, Director de la Escuela Nacio- nal de Ingenieros 452 Primera serie 49 y 51 Profilaxis del tabardillo (campaña contra el tifo) 249 Profilaxis del tifo, juicio crítico de los procedimientos empleados para la... 273 Programa de estudios que la Comisión Organizadora del Congreso del Ta- bardillo propone a los que deseen tomar parte en él 1 Programa de las sesiones 10 Pronóstico, algunas notas sobre, en el tabardillo 111 Propagación del tifo, medidas profilácticas contra la 263 Quinta serie 50 y 321 Régimen alimenticio, ¿qué, conviene generalmente a los atabardillados?... 293 Reseña de algunos casos de tabardillo y forma que generalmente se observa en el Estado de Nuevo León 117 Segunda serie 49 y 149 Sesión de clausura 21 Páginas. Sesión de la mañana del día 15 de enero 413 del día 16 de enero 420 del día 17 de enero 422 del día 18 de enero 431 del día 20 de enero 438 del día 21 de enero 445 Sesión de la noche del día 21 de enero 452 Sesión de la tarde del día 15 de enero 414 del día 16 de enero 421 del día 17 de enero 429 del día 18 de enero 435 del día 20 de enero 442 del día 21 de enero 451 Sesión inaugural ' 11 Tabardillo. Anotaciones 373 Tabardillo en Nuevo León, someros apuntes acerca del 361 Tabardillo o tifo exantemático, ligeros apuntes sobre el 387 Terapéutica, la, del tabardillo 315 Tercera serie 50 y 249 Tifización o inmunidad adquirida por el contacto con enfermos de tifo 234 Tifo de forma adinámica 101 Tifo exantemático, consideraciones sobre el 329 Tifo exantemático, notas diversas sobre el 321 Tifo, el, en Hércules 285 Tifo, el, en la ciudad de Puebla 343 Tifo (tabardillo), mis impresiones acerca del 379 Trabajos presentados en el Congreso Nacional del Tabardillo 49 Tratamiento del tabardillo 303 Indice alfabético de autores. Páginas. Alcocer, Carlos 431 Amerena, Nicolás R 437 Anaya, Andrés 343 y 441 Balcázar, José Tirado 297 Balvanera, Antonio ' 289 y 442 Bello, Francisco .... 329 Brioso Vasconcelos, Angel 155, 321, 414, 421, 422, 424, 431, 433, 434, 440, 442, 443, 445 y 455 Bulman, Francisco 107 y 413 Carmona, Juan 285 y 442 Castañedo, José A 434, 443, 444 y 450 Castañeda. Gonzalo 103, 420 y 421 Cerqueda, Guillermo 234, 415, 420, 421 y 422 Cervera, Ernesto ■ 25 y 452 Cicero, Ricardo E. 444 Cosío, Joaquín G 420, 426 y 437 Cuevas, Francisco 422 y 441 Díaz Lombardo, Germán 420 Escalona, Genaro 149, 415, 416, 419, 420, 421, 433, 436 y 438 Flores, Vicente 315 y 442 Garza, de la, Antonio 117, 413, 415, 416, 433 y 441 García Rendón, Joaquín 422 y 425 García, Samuel 41 y 452 Godoy Alvarez, Manuel - 420 Gómez, José Santos 101 González Fabela, Octaviano 425 Govea, Carlos.. 111, 413, 414 y 416 Hernández, Adolfo 303 y 431 Hoyo, Javier 420 Iglesias, Manuel S 249 Iturriaga, Arturo 441 Izquierdo, José Joaquín 81, 123, 414, 416, 421, 432 y 436 Páginas. Landa, Everardo 28, 77, 413, 419, 420, 436, 439 y~452 Lara, Luis R 11 y 420 León, Nicolás.., 51 y 413 Limón, Alberto 422 y 440 Loaeza, Antonio A 379 y 445 Meló, Gastón 413, 419, 421, 429, 430, 435, 437, 442, 444, 451 y 452 Montano, Emilio F 415 Norma, Rafael '. 273, 442, 443 y 444 Ocaranza, Fernando 23, 81, 414, 435 y 452 Ortega, Ricardo 373 Paz, Francisco 424 Perrín, Tomás G : • ■ • • 17 Placeres, Atanasio 61, 413, 415 y 417 Pruneda, Alfonso 430 Ramírez, Santiago. ...161, 414, 416, 420, 421, 422, 426, 429, 433, 434, 435, 436, 442, 444 y 450 Reséndiz, Antonio 293, 429, 435, 436, 437, 439 y 442 Reza, Agustín 183, 416, 421, 424 y 432 Rodea, Mariano 303 y 431 Rodríguez y Vega, Rafael 197, 421 y 424 Rojas, José Tomás 413, 419, 421, 429, 430, 435, 437, 442, 444, 451 y 452 Rubio, Horacio 187 y 421 Saldaña, Jesús M 361 Santos Gómez, José 413, 416, 417, 420, 425, 436 y 439 Serna, déla, José 387 Serrano, Gildardo 105 y 414 Soberón, Miguel R 443 Tamés, Nicandro L 416, 417 y 441 Terrés, José 13, 417, 421, 426, 430, 434, 435, 440, 445 y 452 Torroella, Mario A 239, 415, 430 y 430 Valenzuela, Francisco 263 y 442 Vergara, Gregorio .... 422, 432 y 436