CONFERENCIA BOBEE U CEESTION SEL COLERA ?CE»EBEADa EN EL CONSEJO DE SALUBRIDAD DE BERLIN El 25 de Jalio de 1884 i, loa seis de la tarde Traducirio por ios Doctores E. Beiow y Felipe Bnenrostro, por comisión de Ib. Asociación médica “ Pedro Escabedo, ” MEXICO IMPRENTA DEL GOBIERNO,.EN PALACIO Uirigida por Sabás A. y Munguía. 1885 CONFERENCIA SOBRE LA CUESTION DEL COLERA CELEBRADA EN EL CONSEJO DE SALDBEIDAD DE BERLIN el 26 de Julio de ISB4 á las seis de la tarde. TRADUCIDO POR LOS DOCTORES E. BELOW y FELIPE EUENROSTRO# POR COMISION DE LA ASOCIACION MÉDICA "PEDRO ESCOBEDO." MÉXICO imprenta clel Gobierno, en Palacio A cargo de Sabás A, y Munguia 1885 Asistieron los Sres. Consejero secreto Dr. y. Bergmann, Médico General Dr. Ooler, Consejero secreto Dr. Eulenberg, Profesor Dr. B. Eraenckel, Cirujano mayor Dr. Gaffky, Con- sejero secreto Dr. Hirscb, Consejero secreto Dr. Kocb, Conse- jero secreto Dr. Ley den, Consejero de Salubridad Dr. S. Ken- mann, Consejero médico Dr. Pistor, Médico General Dr. Scbu- bert, Consejero secreto Dr. Skrzeska, Consejero secreto Dr. Struck, C jnsejero secreto Prof. Dr. Yircbow, Consejero de Estado Dr. Wolffhügel. Antes de abrirse la sesión el Dr. Kocb mostró algunas preparaciones microscópicas (de las que se acompañan dise- ños) y explicó asimismo los métodos de preparación y los procedimientos de cultivo délos bacilos del cólera. La preparación se hace por los métodos comunes. Sobre un vidrio se extiende un grumo de moco de las deyecciones ó del contenido del intestino, se deja secar, se pasa después tres veces al través de una llama de gas ó de alcohol, se ba- ña en una solución acuosa de fuchsina ó de azul metílico, y se escurre después de algunos segundos para ser inmedia- tamente sometido al examen microscópico, para lo cual se hace uso de una llama de aceite de r2 de pulgada y del ilu- minador de Abbe. 4 Para preparaciones del intestino, se endurecerá bien este en alcohol absoluto y se teñirá después en una solución acuo- sa concentrada de azul metílico, dejándolo permanecer en ella por veinticuatro Loras,ó menos, si se aplica el calor, yse prosigue como de ordinario. El exámen microscópico por sí solo no basta en lo gene- ral para el diagnóstico y las más veces para demostrar con entera seguridad la existencia de los bacilos corniformes se- rá necesario recurrir al siguiente procedimiento de cria ó de cultivo. lina partícula muy pequeña de moco se desleirá agitán- dola en 10 centímetros cúbicos de gelatina nutritiva (Pep- tona de gelatina y agua de carne, conteniendo diez por cien- to de gelatina y de reacción débilmente alcalina) se vaciará después dicha gelatina fluida sobre una lámina de vidrio co- locada sobre hielo. La gelatina extendida por medio de una varilla de vidrio esterilizada, se solidifica muy pronto. Se co- loca después la lámina bajo una campana de cristal cuyo in- terior se cuidará de conservar siempre húmedo, hasta que se desarrollen las bacterias, y se examina entonces con un Ocu- lar AA 4 de J. Zeiss ó con una amplificación análoga. El Prof. Yirchow dió principio á la sesión con las siguien- tes palabras: Séame permitido explicar brevemente á qué circunstan- cias debo el honor de haberos invitado. La Sociedad Médica de Berlin, por medio de su presidente el Sr. Koch, repetidas veces propuso una disertación sobre el cólera y los numero- sos experimentos que sobre esta enfermedad Labia realizado dicho señor, y podia también abrigar la esperanza de prestar oido á una disertación de esta índole en una de sus sesiones. Pero fueron presentándose dificultades de varios géneros, y el mismo Sr. Koch fue de opinión que seria mejor primero mostrar y discutir en un círculo pequeño, aquellos puntos que presentaran mayor interes. Encontrándonos además á 5 principios de las vacaciones y siendo tal vez ditícil llevar á ca- bo nna comunicación detallada y de otra manera, liemos creí- do que seria conveniente recoger por la taqnigraiía las dis- cusiones que aquí tengan lugar, reservando naturalmente á cada quien la enmienda de su propia redacción, y después comunicar el acta de esta sesión á los órganos principales de la prensa médica, para que así, nuestros colegas tengan á la vista un informe tan auténtico como sea posible. Ha dado ocasión á quejas el modo como la prensa suele apoderarse de ciertas comunicaciones orales y por este motivo insistiría en mi deseo de que se escoja una forma auténtica para esta co- municación. Tales son los motivos por los cuales accedí á los deseos del Sr. Kocb, haciendo las invitaciones correspondientes. Os saludo de todo corazón, señores. Varios de los convidados faltan. El Sr. Director Lucanus rae expresa por escrito su sentimiento de no poder estar presente, pero al mismo tiem- po me manifiesta su alegría de que se verifique esta confe- rencia, de la que espera se pueda fijar alguna base para las disposiciones que tenga que tomar el Gobierno. El presidente Sydow me encarga igualmente hacer público su sentimiento por no poder estar presente; tuvo que partir anoche. Tam- bién están de viaje algunos otros señores que extrañamos aquí, son los Sres. Von Lauer, Yon Ererichs, Mehlhausen y Kersandt. Ha fijado el Sr. Koch algunos puntos para el caso de una discusión, pero supongo que antes se servirá hacernos una re- seña pormenorizada y completa. El Sr.Koch.—Señores: Deben fundárselas disposiciones sanitarias en sólidas bases científicas. No se trata únicamen- te de instalaciones muy costosas, va de por medio también la salud y el bienestar de mucha gente. Muy especialmente es cierto esto, cuando se trata de impedir la propagación de epidemias, asunto que, puede decirse sin exageración, forma 6 el objeto que se proponen las principales disposiciones sani- tarias. Deberíamos en consecuencia suponer, qne al comba- tir las epidemias se parte de nna base fija y científicamente bien determinada; desgraciadamente no es así en todos los casos, y precisamente con respecto al cólera, carecemos basta abora de nna base sólida. Poseemos, es verdad, un número considerable de opiniones acerca de la naturaleza, los modos de propagación y de infección del cólera, no faltan tampo- co las teorías sobre este punto; pero disienten las opiniones de tal manera, están en tal divergencia unas de otras, que de ningún modo, sin examinarlas previamente, podríamos acep- tarlas como bases de nuestras disposiciones para combatir esta epidemia. Opinan unos que el cólera es una enfermedad específica originaria de la India, otros combaten esta opinión y sostie- nen qne el cólera puede desarrollarse espontáneamente en otros países, y que no está ligado á ninguna causa específi- ca. Unos creen que el gérinen del cólera no se propaga sino por los enfermos y sus objetos de uso personal, otros admi- ten que puede propagarse por el intermedio de mercancías, gente sana y corrientes de aire. Disienten igualmente las opiniones acerca de la importancia del agua potable como vehículo de la materia infectante, acerca de la influencia del suelo y el clima, acerca de si las deyecciones de los enfermos son ó no focos de infección, acerca del período de incuba- ción, etc., etc. Precisamente todos estos puntos son impor- tantísimos y no seria posible combatir con eficacia la enfer- medad antes de baber llegado á la solución precisa de estas cuestiones fundamentales de la etiología del cólera. La etiología del cólera muy poco ó ningún provecho ha podido sacar de los progresos que se han hecho en el cono- cimiento de la etiología de otras enfermedades de infección. Estos progresos han sido hechos en los últimos diez años, y precisamente en este período no se presentó la ocasión de ha- 7 cer observaciones sobre el cólera, por lo menos en Europa ó en los países vecinos; en la India, en donde el cólera hubiera podido suministrar en todo tiempo material para dichas ob- servaciones, no ha habido ninguno que se haya ocupado de es- tudiar esta cuestión con arreglo á los métodos modernos de experimentación. Fue bajo este punto de vista, propicia la circunstancia de que el año próximo pasado estallara el cólera en Egipto, dan- do así ocasión á que se hiciesen investigaciones sobre la natu- raleza, y la manera de efectuarse la infección de esta enferme- dad, antes de que penetrara en dominios europeos. Cúpome la honra de que se me nombrara director de una de ellas. Al aceptar este encargo, tenia la conciencia perfecta de lo difí- cil de la misión que se me encomendaba. Nada se conocía del virus del cólera, no se sabia dónde habia que buscarlo, si únicamente en los intestinos, ó en la sangre, ó en alguna otra parte. No se sabia tampoco, si en este caso se trataría de bacterias, ó de hongos, ó hasta de parásitos animales co- mo por ejemplo Ammbas (Lobosas). Si bien es cierto que en este respecto no se presentaron dificultades tan grandes co- mo en otro, que era en el que verdaderamente menos los es- peraba. Me habia forjado una imagen del estado patológico enteramente tal como la describen las obras de texto, y ad- mitía por lo tanto que el intestino de los coléricos presenta- ba muy pocas alteraciones y que se encontraba lleno de un líquido del aspecto del agua de arroz. Las disecciones á que en otros tiempos habia asistido se me habían casi borrado de la memoria, de manera que no estaba en posibilidad de cor- regir esta idea errónea. Por esta causa me encontré al prin- cipio bastante perplejo y aun vacilé cuando llegué á ver en el intestino cosas muy diferentes. Desde luego en las prime- ras autopsias pude ver que en la mayoría de los casos se en- contraban observaciones tan notables como extraordinarias. En otros, la alteración no era tan intensa y por fin llegué á 8 descubrir algunos que poco más ó menos correspondían al tipo que describen los libros. Fueron, sin embargo, necesa- rios algún tiempo y un número bastante crecido de discusio- nes, para formarse una nocion precisa é interpretar del modo debido todas estas alteraciones. Quiero desde luego advertir que á pesar del más escru- puloso exámen tanto de los órganos como también de la san- gre, nada pudo encontrarse que diera indicios de un gérmen de infección. Todo el interes se reconcentraba pues en últi- ma instancia en las alteraciones del intestino y estas pueden clasificarse del modo siguiente: Presentáronse casos en los que la parte inferior del intestino delgado tenia una colora- ción roja café oscuro, siendo el punto de su mayor intensidad la región situada inmediatamente arriba de la válvula ileoce- cal, disminuyendo Inicia arriba, la mucosa presentaba emor- ragias superficiales. Algunos casos presentaban una necrosis superficial de la mucosa cubierta de membranas difteríticas. En correlación con esto, el intestino no contenia un líquido incoloro semejante al agua de arroz sino al contrario turbio, fétido y sanguinolento. Otros casos presentaban una transi- ción ó alteraciones menos profundas. La rubefacción era me- nos intensa, en algunos solo en partes, y en otros, por últi- mo, solo se encontraron coloreados los bordes del folículo y las placas de Peyer. Esta última forma presenta un aspecto característico, que apenas puede presentarse en otras afec- ciones del intestino y que es enteramente peculiar al cólera. En casos relativamente raros, la mucosa se encontraba poco alterada, estaba algo hinchada, menos trasparente, la super- ficie y los folículos solitarios y las placas de Peyer tenían una prominencia más pronunciada. La mucosa entera tenia un color de rosa, pero no llegaban á presentarse hemorragias ca- pilares. En estos casos el contenido del intestino era incolo- ro, pero no por eso parecia agua de arroz, antes mejor pudie- ra compararlo á sopa de harina: solo en casos muy aislados 9 encontré el contenido como agua, flemoso y con pocos gru- mos relativamente. Procediendo al examen microscópico del intestino y su contenido, resultó que en algunos casos, especialmente aque- llos en que se encontraban enrojecidas en sus bordes las pla- cas de Peyer, y coetáneamente á esta rubefacción había te- nido lugar una invasión de bacterias. El aspecto que presen- taban era como el que han podido vdes. observar en una de las preparaciones expuestas (figura 1?), que proviene de uno de estos casos. Las bacterias habían penetrado parcialmen- te en las glándulas tubiformes, en parte deslizándose entre el epitelio y la membrana principal habían llegado hasta des- pegarlo de ella. En otros puntos era fácil ver que habían pe- netrado aun más profundamente en los tejidos. Encontrá- ronse otros casos en que después de estas bacterias, que en cuanto á su forma y tamaño tenían un aspecto bien determi- nado, se podían distinguir otras bacterias y dedicarles una atención especial; después de estas bacterias, repito, habían penetrado otras en las glándulas tubiformes y los tejidos ve- cinos, entre ellas bacilos mayores y gruesos y bacilos muy delgados. Se encuentra aquí algo análogo á los casos de al- teraciones difterítícas ó de necrosis de la mucosa intestinal y en las ulceraciones tifoideas, en las que en los tejidos des- organizados por las bacterias patogénicas, penetran más tar- de otras bacterias que no lo son. Desde un principio hubo, pues, necesidad de no considerar las bacterias de que hablá- bamos como algo enteramente indiferente á la evolución del cólera, mientras que todo lo demas hacia la impresión de ser cosa secundaria; pues las bacterias primeramente menciona- das precedían siempre á las demas, penetraban más profun- damente y parecían siempre haberles franqueado el paso á las otras. Por lo que toca al contenido del intestino no fué posible al principio adquirir de él una idea precisa, pues solo fué po- 10 sible disponer para la investigación de casos poco adecua- dos, en los cuales el dicho contenido se encontraba ya san- guinolento y corrompido. Existían en él un sinnúmero de bacterias de las clases más diversas, de manera que no era ni posible fijarse en los bacilos del cólera. Solo después de haber hecho la disección de algunos casos agudos y que no presentaban complicaciones, en los cuales aun no había ha- bido hemorragias y en los que el contenido del intestino no habia pasado al estado de descomposición pútrida, pude re- conocer que mientras más reciente y menos complidado es un caso, más predomina también en el intestino una clase determinada de bacterias, y bien pronto pude convencerme de que era la misma que habia encontrado en la mucosa. Es- ta circunstancia naturalmente debía contribuir á fijar siem- pre más la atención en esta clase de bacterias. Las he exa- minado en todos sentidos para fijar bien sus particularidades y lo que acerca de ellas puedo decir es lo siguiente: Estas bacterias que por su forma peculiar he denomina- do bacilos de “coma” ó corniformes, son más pequeños que los bacilos de la tuberculosis. Los datos numéricos no son capaces de darnos una idea clara del tamaño, la longitud y el grueso de las bacterias, prefiero por lo mismo comparar sus dimensiones con otros objetos ya conocidos para que sea posible formarse inmediatamente una idea de ellas. Como los bacilos de la tuberculosis son ya conocidos de todos, quiero comparar con ellos las bacterias del cólera. Los bacilos del cólera tienen además la mitad ó á lo sumo las dos terceras partes de la longitud de los bacilos de la tuberculo- sis, pero son más toscos, más gruesos que ellos y ligeramente encorvados. Esta curvatura por lo común no es más pronun- ciada que la de una coma; pero en ciertos casos se acentúa más hasta llegar á un semicírculo (figuras 2 y 3). En algu- nos casos la curvatura es doble, de modo que á una coma se agrega otra, pero en sentido inverso, afectando así la forma 11 de una S. Creo que esto puede explicarse aceptando que des- pués de la división han quedado adheridos unos á otros dos individuos que presentan por lo mismo una apariencia como de una curva más pronunciada. En el cultivo se encuentra otra forma de desarrollo muy notable y que es muy caracte- rística para los bacilos corniformes. En una de las prepara- ciones que presentó á vdes. se encuentra esta forma en va- rios de los ejemplares magníficos y tuve ocasión al mostrarlos de llamar la atención sobre ellos. Quiero decir que con fre- cuencia los bacilos de coma afectan la forma de un hilo más ó menos largo (fig. 4). Pero no forman hilos derechos como los del bacilo del carbunco (anthrax) ó hilos sencillamente ondeados como tal vez pudiera inferirse del aspecto de la imá- gen microscópica, sino espirales muy delicadas, que en cnan- to á su longitud y aspecto general, son muy parecidos á la espiroqueta recurrente. Yo no podría distinguirlos si los tu- viera uno al lado del otro. Por esta forma de evolución tan curiosa me inclino á creer que el bacilo corniforme no es un bacilo legítimo, sino más bien una forma de transición entre bacilos y espirilos. Aun es posible que sea un legítimo espi- dió del que no tenemos á la vista sino fragmentos. Se llega á ver en otros espirilos como en Spirilla undula que los ejem- plares muy cortos no forman la espiral completa sino cons- tan solo de varillitas muy cortas más ó menos encorvadas. Volveré á tratar más tarde de este punto que tiene no poco interes. Al enseñar una de las preparaciones que contenia baci- los corniformes cultivados en caldo, hice saber á vdes. que se crian en esta sustancia. Se desarrollan en ella con extraor- dinaria rapidez y abundantemente, pudiendo utilizarse esta circunstancia para estudiar sus demas propiedades, suspen- diendo una gota de un cultivo de caldo en un vidrio de mi- croscopio y examinándola directamente bajo, una amplifica- ción Cuando se han aglomerado en gran número 12 al borde de la gota y se revuelven y se agitan, parecen un enjambre de mosquitos y entre ellos descuellan aquí y allí esas hebras espirales que también se agitan con bastante vi- vacidad, de manera que el conjunto presenta un aspecto par- ticular muy caracterizado. Pero los bacilos corniformes tam- bién crecen en otros líquidos, ante todo en leche se desarro- llan muy pronto y en gran cantidad. No coagulan la leche, ni precipitan la caseina, como lo hacen otras bacterias sus- ceptibles también de desarrollarse en la leche. La leche no cambia, pues, su aspecto, pero si se toma una gota de la su- perficie y se examina con el microscopio abunda en bacilos. Crecen también en el serum sanguíneo, en el que también se desarrollan pronto yse multiplican abundantemente. Terre- no muy propicio para los bacilos corniformes es también la gelatina nutritiva de la que presenté á vdes. una muestra. Esta gelatina, como ya se dijo al explicar el método de cul- tivo, puede servir para facilitar la busca de los bacilos y ha- cer muy Segura la investigación. Pues sucede que en la ge- latina nutritiva las colonias de bacilos corniformes adquieren una forma muy determinada y característica, y como no la presenta ninguna otra clase de bacterias, según me lo mani- fiestan el alcance de mis experiencias y de mis conocimientos. La colonia cuando es reciente, semeja á una gota pálida muy pequeña (fig. 5), pero que no es perfectamente circular, como generalmente lo son en la gelatina las colonias de bac- terias, sino que presenta un contorno más ó menos irregular, formando concavidades, y algunas veces áspero ó dentella- do. Hay que advertir, además, que desde muy temprano ad- quiere un aspecto granulado, y no es de contextura tan uni- forme como otras colonias de bacterias. Conforme va creciendo la colonia, va notándose más y más la granulación y al fin remeda á un montonoito de boli- tas muy refringe Lites. Pudiera comparar el aspecto de una de estas colonias con el de un montoncito de pedacitos do vi- 13 drio. En el crecimiento ulterior, la gelatina se licúa en las inmediaciones próximas de la colonia de bacterias y esta úl- tima se hunde un poco en la masa gelatinosa. De este modo se forma en la gelatina una depresión á manera de embudo en cuyo centro aparece la colonia como un pequeño punto blanquizco (fig. 5). Este proceder también es enteramente peculiar, por lo menos se ve de esta manera en muy pocas clases de bacterias, y nunca, que yo sepa, de un modo tan pronunciado como en los bacilos corniformes. Se puede ob- servar con más claridad esta inmersión do las colonias si se produce un cultivo puro, como se explicó al describir los mé- todos de cultivo. Se procede, pues, buscando en la lámina de gelatina y por medio de un microscopio de poco aumen- to una colonia apropiada, se toca con un alambre de platino quemado previamente; por medio del alambre se trasportan á un tubo de reacción lleno de gelatina y se tapa el tubo con un tapón de algodón esterilizado. Un cultivo limpio obteni- do por este procedimiento crece lo mismo que la colonia de la lámina de gelatina. Poseo una colección numerosa de cul- tivos puros de bacterias sembrados del mismo modo, pero nunca he podido observar en ninguno de ellos cambios co- mo los que producen los bacilos corniformes al ser trasplan- tados á la gelatina. Inmediatamente que comienza á desar- rollarse el cultivo se observa igualmente en ella un pequeño embudo (fig. 5) que marca el punto de inoculación. Paula- tinamente va poniéndose líquida la gelatina alrededor de es- te punto; puede entonces verse con toda claridad la pequeña colonia que va extendiéndose más y más, pero siempre que- da encima de ella un punto hundido, profundo, que en medio de la gelatina parcialmente disuelta, aparece como si flotara una burbuja de aire sobro la colonia de bacilos. Se siente uno tentado en creer que la vegetación de los bacilos provo- ca no solo la liquefacción de la gelatina sino también la eva- poración rápida del líquido formado. Conocemos ya una can- 14 tidad regular de bacterias que cultivadas en probetas de reacción liquidan igualmente la gelatina, partiendo del pi- quete de inoculación, pero nunca se ba observado en ellas un hundimiento de esta clase y nunca tampoco ese hueco á manera de vejiguita en la superficie. Debo hacer notar que la liquefacción de la gelatina provocada por una colonia ais- lada, nunca se extiende mucho, como puede observarse con mayor comodidad en una capa de gelatina extendida sobre una lámina de vidrio. Puede calcularse en 4 milímetros la dimensión del espacio licuado por una colonia. Otras bacte- rias son capaces de licuar la gelatina en una extensión mu- cho mayor, de manera que una colonia adquiere un diámetro de un centímetro y más. En los cultivos de bacilos cornifor- mes sembrados en probetas de reacción, la liquefacción de la gelatina, partiendo del piquete de inoculación, se extiende paulatinamente y muy despacio, de manera que se necesita una semana, poco más ó menos, para que toda la gelatina pase al estado líquido. En todas estas propiedades, por insig- nificantes que en sí parezcan, conviene fijar la atención, pues sirven para distinguir los bacilos corniformes de las otras cla- ses de bacterias. También pueden cultivarse los bacilos antedichos en Agar-agar al que se habrá añadido caldo y peptona. Laja- lea do Agar-agar no se pone líquida bajo la acción de los ba- cilos. También pueden cultivarse (y es esto muy importante para algunas cuestiones) sobre patatas cocidas. Crecen enci- ma de las patatas de un modo muy parecido á los bacilos del muermo. Estos últimos, como tal vez habrán visto vdes. en los cultivos presentados en la exposición de higiene, forman una costra delgada como papilla y de color achocolatado. Parecida á ella pero no tan oscura, sino más bien de un color gris-cafó claro es la que forman los cultivos de bacilos co- rniformes criados sobre patatas. Las temperaturas más propicias á los bacilos corniforme» 15 son las de 30° á 40° centígrados, pero no son muy sensibles ála diminución de temperatura. Se han hecho experimentos que demuestran que á 17° c. todavía crecen muy bien, aunque proporcionalmente más despacio. A menos de 17° c. el cre- cimiento es insignificante, y parece paralizarse por comple- to á menos de IG°. En este respecto concuerdan de una manera notable con los bacilos de carbunco, que para su des- arrollo presentan el mismo límite inferior de temperatura. Hice una vez el experimento del influjo que tienen las tem- peraturas más bajas sobre los bacilos corniformes, para saber si tal vez una temperatura muy baja no solo impediría su desarrollo, sino que tal vez pudiera matarlos. Con este obje- to se expuso un cultivo durante una hora á una temperatura de menos de 10° c.; en este espacio de tiempo se había he- lado por completo. Sembrando después algo de ella en ge- latina no se notó en su crecimiento ni la menor diferencia. En consecuencia soportan perfectamente la congelación. No sucede lo mismo con la privación del aire y del oxígeno. Ce- san de crecer inmediatamente que se les priva del aire, y se- gún esto, admitiendo la clasificación de bacilos aerobios y anaerobios pertenecen á la clase de aerobios, Puede uno cer- ciorarse de ello de un modo sencillo: Si habiendo hecho una siembra en gelatina todavía líquida sobre una lámina de vi- drio se coloca encima de la gelatina, en los momentos de co- menzar la solidificación, una laminita de mica tan delgada como sea posible y que cubra cuando menos la tercera par- te de la superficie de la gelatina. Debido á su elasticidad la hoja de mica se aplica perfectamente á la superficie de la ge- latina, y cierra así la entrada al aire en la parte cubierta. Se ve entonces al verificarse la evolución de las colonias que es- tas solo nacen en la parte no cubierta, penetrando solo muy poco, apenas unos dos milímetros bajo la lámina de mica, distancia hasta la cual por difusión, puede penetrar el aire. Es verdad que se forman colonias sumamente pequeñas no 16 visibles á La simple vista, que probablemente deben su exis- tencia al oxígeno detenido en la masa de la gelatina, pero que ya no tienen crecimiento ni desarrollo ulterior. Por lo demas, el experimento se ejecutó también de otro modo. Ba- jo la campana de la máquina pneumática fueron colocados unos tubitos conteniendo gelatina nutritiva sembrada con bacilos corniformes, otros tubitos preparados del mismo mo- do se dejaron expuestos al aire libre por vía de comproba- ción. Eesultó que en los colocados debajo de la campana na- da se desarrollaba, pero sí, en los colocados afuera. Pero si después se exponían al aire los que babian estado debajo de la campana comenzaban entonces a desarrollarse también. No se encontraban, por consiguiente, aniquilados sino que únicamente carecían del oxígeno necesario para su desarro- llo. Algo semejante pasa exponiendo los cultivos á una at- mósfera de ácido carbónico. Mientras que los tubos expues- tos al aire por vía de comprobación se desarrollaban del mo- do acostumbrado, los que se encontraban en la atmósfera de ácido carbónico permanecían sin desarrollarse. Tampoco en este caso mueren, pues después de haber estado algún tiem- po en el ácido carbónico comienzan á crecer inmediamente si se sacan de él. En resumidas cuentas, y como ya repetidamente lo be in- dicado, los bacilos corniformes crecen con rapidez extraordi- naria. La vegetación llega muy pronto á su apogeo, en el que no permanece sino muy corto tiempo y decrece después con prontitud. Los bacilos que se extinguen aparecen ya ar- rugados y encogidos, ó más bien hinchados, y en este estado no admiten del todo ó solo difícilmente las materias coloran- tes. El mejor modo de observar las fases peculiares del des- arrollo de los bacilos corniformes consiste en tomar sustan- cias ricas en los dichos bacilos, pero que á la vez contengan otras bacterias, por ejemplo, el contenido de los intestinos ó las deyecciones coléricas, se colocan sobre tierra húmeda ó se 17 extienden sobre lienzos que se cuidará de conservar húmedos. Los bacilos se desarrollan eu muy corto tiempo, como en 24 horas y de un modo extraordinario. Cunden al principio con tal rapidez que desalojan á las otras bacterias que existen con ellas, se forma en cierto modo un cultivo limpio natural, y en el examen microscópico de la sustancia tomada de la superficie de la tierra ó de los lienzos húmedos, se obtienen preparaciones que casi no contienen más que bacilos corni- formes. He enseñado á vdes. una preparación de esta clase (fig 3?), que pro venia de la ropa húmeda y sucia por las de- yecciones de un colérico. Pero no es de larga duración este desarrollo exuberante de los bacilos corniformes. A los dos ó tres dias comienzan á desfallecer y preponderan entonces las otras bacterias. Las circunstancias son, pues, enteramen- te análogas á las de su crecimiento en el intestino. Allí tam- bién hay al principio una propagación muy rápida, pero lue- go que pasa el período culminante de la vegetación, que dura solo poco tiempo, y sobre todo cuando hay trassudaciones de sangre en el intestino, desaparecen de nuevo los bacilos corniformes y se desarrollan en su lugar las otras bacterias, sobre todo las que caracterizan los estados de putrefacción. Por esta razón casi quisiera yo admitir que si desde un prin- cipio se introducen los bacilos corniformes en un líquido ya corrompido que contenga ya muchos productos del proceso vital de otras bacterias, y sobre todo de las bacterias de la descomposición, no se desarrollarían del modo debido sino que morirían muy pronto. Pero sobre este punto no se han hecho aún los experimentos suficientes, es solo una sospecha que fundo en las experiencias adquiridas con el cultivo de otras bacterias. Este punto es importante bnjoel punto de vis- ta de que no es indiferente saber si alojándose los bacilos co- rniformes en las fosas de los inodoros encontrarían un terre- no propicio ó tal vez muy adverso. En el primer caso se mul- tiplicarían y deberla destruírseles por la desinfección, en el 18 segundo morirían por sí, y no habría necesidad de desinfec- tar. En vista de todas las experiencias adquiridas hasta el presente, opinaría yo por lo segundo. Los bacilos corniformes se desarrollan mejor en líquidos que contienen sustancias alimenticias en proporciones nomuy escasas. Sobre este punto se hicieron varios experimentos. Se hicieron diversas diluciones de caldo de carne de reacción alcalina y se sembraron en ellas bacilos corniformes. En uno de estos experimentos resultó, que el caldo en una dilución de | no era ya líquido á propósito. En otros experimentos cre- cían todavía en una dilución al Estos experimentos, por supuesto, será necesario repetirlos y hacerlos en más vasta escala, para determinar un límite seguro; pero ya estos resul- tados indican que no debe exagerarse mucho la dilución y que los bacilos corniformes exigen cierta concentración de las sustancias que los alimentan. En las experiencias de cultivo resultó, además, que estas sustancias, por lo menos la gelatina alimenticia y el caldo de carne, no deben dar en lo más mínimo reacción ácida. Lue- go que la gelatina da la menor traza de reacción ácida, el crecimiento de los bacilos se vuelve muy raquítico. Cuando la reacción es francamente ácida el crecimiento de los baci- los se paraliza por completo. Cosa rara es, en verdad, el que no todos los ácidos parecen ser contrarios al bacilo cornifor- me, pues la superficie de una patata cocida también presen- ta reacción ácida, debida si no me equivoco, á su contenido de ácido málico. A pesar de eso, los bacilos se propagan en abundancia en las patatas, de manera que no puede aseve- rarse que todos los ácidos impiden el desarrollo, pero de todos modos existe cierta clase de ácidos que tienen esta propie- dad. En el caldo de carne probablemente se deberá el efecto al ácido láctico ó á algún fosfato ácido. Como es de interes saber el influjo que las sustancias retardantes del desarrollo vital tienen sobre el crecimiento 19 de los bacilos corniformes, se examinaron varias sustancias con esta mira. Quiero en esta ocasión hacer notar, que el im- pedir el desarrollo aun no significa la desinfección, se trata sencillamente en estos experimentos de determinar aquella cantidad de una sustancia que basta precisamente para im- pedir el desarrollo de las bacterias. Pero con esto no quedan muertas como lo exige la desinfección. Es una cosa semejan- te al experimento con el acido carbónico, allí solo se impidió el crecimiento por el tiempo en que se dejaba obrar dicho ácido. Lo mismo sucede con los datos numéricos de que voy á dar cuenta. El iodo ha sido señalado por Davaine como un veneno muy activo para las bacterias y en casos determinados con muchísima razón. Los experimentos de Davaine consistían en tomar un líquido que contenia bacilos de carbunco, por ejemplo, sangre carbuncosa, lo diluia considerablemente has- ta obtener realmente agua limpia con algunos bacilos car- buncosos en suspensión. A este líquido le anadia iodo, resul- tando que dichos bacilos morían bajo el influjo de cantidades pequeñísimas de iodo. Pero las circunstancias prácticas son muy distintas de esta. Nunca tendrémos que impedir el des- arrollo de los virus en el agua pura, sino en el líquido alca- lino que guardan los intestinos, ó también en la sangre ó en los humores de los tejidos, y en todos estos casos el iodo no permanecerá en el estado libre, sino que inmediatamente for- mará combinaciones con los álcalis. La experiencia sobre la acción del iodo se ejecutó, pues, añadiendo agua iodada á un caldo de concentración estrictamente suficiente para for- mar un buen líquido nutritivo. El iodo se disuelve en el agua poco más ó menos en la proporción de 1 á 4000. De esta so- lución de iodo se mezcló un centímetro cúbico con diez de caldo, pero esta adición no estorbó en lo más mínimo el cre- cimiento de los bacilos; el límite en que el iodo impida el crecimiento de los bacilos debe, por consiguiente, ser muy 20 inferior al de la cantidad empleada en este experimento. No me parece necesario proseguir las investigaciones en esta di- rección, porque prácticamente no es posible administrar el iodo en cantidades mayores á la que aquí se empleó. El alcohol impide el desarrollo de los bacilos corniformes solo cuando se añade una parte á diez de licor nutritivo, es decir, en la proporción de un 10 por ciento. Es una concen- tración también imposible en la práctica. La sal culinaria se empleó hasta en la proporción de un 2 por ciento sin obtener el menor impedimento en el desar- rollo de los bacilos corniformes. El sulfato de hierro comienza solo á obrar cuando se le añade en la proporción del 2 por ciento. Muy especialmente al tratar de esta sustancia que en tiempos de cólera tiene un uso muy extenso como desinfectante, quisiera recordar que la proporción del 2 por ciento es apenas el límite que impi- de el desarrollo. En esta concentración, el sulfato de hierro no es todavía capaz de matar á los bacilos corniformes. La propiedad retardante del sulfato de hierro depende probable- mente de que en el licor alimenticio precipita la peptona y los albuminatos, pues añadiendo á dicho licor el sulfato en la proporción del 2 por ciento, se forma un precipitado abun- dante. Posible es, que también influya además la reacción ácida á que da lugar esta combinación. Parece por lo expues- to que dicha sustancia no posee acción específica alguna, y que no puede considerarse como tóxico ó desinfectante x>ro- piamente dicho. Casi creo probable que con dicha sustancia se logre un efecto enteramente contrario al que uno se pro- pone. Pongamos el caso de que se trata de desinfectar un inodor en el que se supone que han penetrado los bacilos co- rniformes. Según mi parecer basta ya el proceso de corrup- ción que allí se verifica para matar á los bacilos. Pero si se añade sulfato de hierro hasta reacción ácida y se interrum- pe con esto la putrefacción, no se logrará entonces otra cosa 21 sino suspender el crecimiento de las bacterias y de los baci- los corniformes. Téngase presente que no por eso quedarán muertas las bacterias, y en cuanto á los bacilos corniformes se les librará del influjo para ellos pernicioso de las bacterias de putrefacción, y se les conservará así, en vez de destruirlos. Este ejemplo es muy propio para demostrar que precisa- mente bajo este punto de vista es necesario probar y exami- nar de un modo adecuado los desinfectantes, y que es nece- sario distinguir lo que es simplemente retardante y lo que verdaderamente mata las bacterias. Lo primero puede con mucha probabilidad favorecer precisamente la conservación de los virus. De las demas sustancias me concretaré á indicar los lí- mites de su efecto retardante. Alumbre 1 á 100, alcanfor 1 : 300. Atribuía al alcanfor una acción más poderosa, pero varios experimentos hechos con mucho cuidado me demos- traron que no tiene sino muy poca acción sobre los bacilos corniformes. Acido fénico 1: 400. Esta proporción concuer- da poco más ó menos con lo que ya se sabe sobre la acción do ácido sobre otras bacterias. Esencia de menta piperita 1: 2000. Sulfato de cobre 1: 2500. Es ya notable la acción de esta sustancia. Pero si se pusiera uno á calcular cuánto sulfato de cobre hay que administrar únicamente para impe- dir nada más que el desarrollo de los bacilos en el intestino, se obtendrían cantidades que ya no es posible administrar á un sér humano. Quinina 1: 5000, y por último el sublima- do, que también en esta ocasión acentúa su superioridad so- bre las demas sustancias. 1:100,000. En el trascurso de los experimentos sobre la influencia de los remedios represivos contra el desarrollo, resultó el he- cho remarcable de que los bacilos de coma se mueren muy fácilmente cuando se secan. Las pruebas se hacen del modo siguiente: encima de un vidrio cubre-objetos se deja secar una gotita mínima de sus- 22 tanda que contenga bacilos, es decir, se prepara una sola vez para una serie de experimentos una cantidad considera- ble de vidritos iguales; encima de éstos se pone después una gota del líquido que se quiere examinar y se deja desarrollar en el vidrio hueco (pie sirve de porta-objetos. Cuando se opera de esta manera, en ninguno de los pre- parados hubo crecimiento; pero lo que me chocó más fué, que también en los preparados reservados por el controle no había crecimiento alguno, sin embargo de que habian reci- bido puro caldo por líquido nutritivo. lío pude imaginarme desde luego cuál fuó la causa por la que no hubo crecimiento, y me imaginó primero que el cal- do pudiera tener la culpa, porque nunca me había sucedido igual cosa en los experimentos hechos con otras bacterias. Por ejemplo, los bacilos de la pústula maligna se pueden re- servar bastante tiempo en estado seco encima de los cubre- objetos, permaneciendo vivos media y hasta una semana en- tera en este estado. Pero cuando el caldo se reconoció que era bueno, se debió también examinar si los bacilos de co- ma no habian muerto por haberse secado en los cubre-ob- jetos. Para averiguar esto se hizo la prueba siguiente: en una determinada cantidad de vidritos se depositó una gotita de sustancia que contenia bacilos. La gotita se secó en pocos minutos. Después se añadió una gota de caldo en un prepa- rado después de un cuarto de hora, otra después de media hora, otra después de una, etc., etc. Entonces se averiguó y se probó por varias series de experimentos, que los bacilos de coma pueden volverse á desarrollar en los preparados del cuarto de hora, de media hora y también de una hora, aunque algunas veces murieron después de haber quedado secos du- rante dos horas. Ninguno llegó á tres horas. Solamente cuan- do se secaron masas compactas de cultivos de bacilos, por ejemplo, en Ja sustancia pulposa de un cultivo crecido en pa- 23 pas, los bacilos quedaban vivos, debiéndose este resultado á que no se pudieron secar completamente. En estas circuns- tancias nunca fnó posible conservar los bacilos más que unas 25 horas sin mojarlos. Este resultado era importante en primera línea, porque con ayuda de él se pudo examinar si las bacterias tienen un estado de duración. Sabemos que otras bacterias patogénicas, como las bac- terias de la pústula maligna, que forman esporos, quedan en este estado de duración por años, secados con un vidrito se- mejante, sin que pierdan su vitalidad. Igualmente en otras sustancias infecciosas, de las cuales no conocemos bien la na- turaleza, como por ejemplo, de la viruela y de la vacuna, sa- bemos que pueden quedar por muchos años secas y al mismo tiempo infeccionables. En estos casos se trata de verdaderos estados de duración. Si los bacilos de coma, que tan pronto se mueren cuando se secan, se pueden trasformar bajo cua- lesquiera circunstancias en un estado de duración, esto se debería demostrar fácilmente secándolas. Es una de las cues- tiones más importantes para la etiología de una enfermedad infecciosa y principalmente para el cólera. Por esta razón las investigaciones en este respecto se hicieron con toda la es- crupulosidad posible en todos sentidos, y creo difícil que en este respecto sea posible hacer más. En primer lugar se dejaron tas deyecciones de cólera y el contenido intestinal de cadáveres de cólera encima de lien- zos mojados para que los bacilos de coma se pudieran des- arrollar bajo las condiciones más favorables. Después de di- ferentes intervalos se secaron pedazos de lienzo, es decir, después de veinticuatro horas, de algunos dias, de algunas semanas, para ver si después de este tiempo no se habia es- tablecido de algún modo un estado de duración. La infección del cólera por ropa sucia nos presta el único ejemplo claro de la existencia de una sustancia infecciosa eficaz, que se pe- 24 ga á ciertas cosas. Si existiera un estado de duración, se de- bería buscar en la ropa sucia del cólera. Pero en todas estas pruebas nunca se pudo conocer un estado de duración. Cuando se examinaron los objetos se- cados, se vio que los bacilos de coma estaban muertos. Mien- tras, se pusieron las deyecciones en la tierra mezclándoles con ella, ó extendiéndoles sobre la superficie, que se mantenía en un estado seco ó húmedo. Se mezclaron con agua de panta- nos, también se entregaron a la descomposición sin añadir nada. En cultivos de gelatina los bacilos de coma se culti- varon por seis semanas; tomismo en suero de sangre, en le- che, en papas, donde los bacilos de la pústula maligna, como se sabe, forman sus esporos muy rápidamente y en abundan- cia. Pero los bacilos de coma, nunca presentaron un estado de duración. Como sabemos que los demas bacilos tienen un estado de duración, este resultado debe parecer tanto más extraño. Pero aquí yo tengo que recordar esto, que ya dije antes, que aquí muy probablemente se trata de un micro- organismo, que no es un bacilo verdadero, pero que pertene- ce con más razón al grupo de las bacterias espirales, que se llaman los espirilos. De éstos no conocemos ningunas for- mas que tengan un estado de duración. Los espirilos son bacterias que dependen únicamente de líquidos y que no están vegetando como los bacilos de car- bunculosis, en circunstancias donde tienen que aguantar también un período seco. Por esta razón—según mis ex- periencias— me parece por demas buscar un estado de du- ración en los bacilos de coma. Más tarde tendré ocasión de explicar que la ausencia de un estado de duración está en- teramente conforme con las experiencias sobre la etiología del cólera. Si juntamos todas estas calidades de los bacilos de coma hasta ahora descritos, nos conveucerémos que ellos pertene- cen á un bien caracterizado género de bacterias que se co- 25 nocen y se diferencian fácilmente de otro género también ca- racterístico por sus calidades. Después de haberse persuadido de esto, era necesario en primer lugar fijar eu la relación en que están los bacilos de coma con el verdadero proceso del cólera, y debe examinar- se por de pronto si se encuentran en todos los casos de cóle- ra y si faltan en algunos otros casos que no sean cólera, es decir, si pertenecen exclusivamente á esta enfermedad. Bajo este respecto se examinó un gran número de casos. En Egip- to, diez casos se prestaron á este examen. Debo decir que estos diez fueron observados solamente con el microscopio, porque las calidades que presentan los bacilos de coma cuan- do crecen en la gelatina nutritiva todavía no me eran bastan- te conocidos para aplicar ese método para la demostración de ellos. Por escrupulosos exámenes microscópicos me persuadí, que en todos estos casos existian bacilos de coma. En India se examinaron cuarenta y dos casos no solamente por el mi- croscopio, sino también por cultivos eu la gelatina nutritiva, y en ninguno de ellos faltaron los bacilos. Eu una serie de casos muy agudos se encontró en el intestino un cultivo casi especial de bacilos de coma cuando se examinaron del mismo modo en India las deyecciones de treinta y dos enfermos de cólera, y siempre se descubrieron en ellas los bacilos de coma. Igualmente se examinaron con frecuencia los líquidos vo- mitados por enfermos de cólera. Pero solamente en dos oca- siones se encontraron los bacilos de coma en dichos vómitos, y la calidad del vómito hizo conocer que no era el verdadero contenido del estómago, sino del intestino, que por la presión abdominal fué impelido por arriba y se evacuó por el exófa- go. La reacción del líquido era alcahalina y tenia enteramen- te el aspecto del contenido del intestino. Yo encontré los bacilos de coma también en los preparados de otras ocho au- topsias que recibí, parte mandadas de la India y parte de Alexandría, del Dr. Kartulis y del Dr. Schiess-Bey. Hiceúl- 26 timamente dos autopsias junto con el Dr. Strauss y el Dr. Roux en Tolon, y se probó la existencia de los bacilos de coma con las deyecciones de dos enfermos. En las autopsias ejecutadas en Tolon se trataba de casos que eran en su marcha muy característicos y muy agudos. Uno de los individuos, un marinero, debía salir ya convale- ciente de Malaria el mismo dia del hospital. Pero antes que esto se realizara, á las once de la mañana se enfermó de cólera, en la tarde á las tres se murió, y á las tres y media se pudo disecar el cadáver. Aquí quiero agregar que casi en todos los otros casos que yo examiné, las autopsias se hicieron muy poco tiempo después de la muerte. Muchas veces hicimos la autopsia inmediatamente después de la muerte, en los demas á las dos ó tres horas después, así es que la putridez postmor- tal no pudo haber alterado el estado del intestino y de su contenido. En la citada autopsia nos pudimos persuadir, co- mo en un número de autopsias anteriores, que en los casos muy agudos casi existe un cultivo especial de los bacilos de coma. Pude demostrar este hecho á los Sres. Dr. Strauss y Dr. Eoux, los cuales hasta entonces no habían logrado todavía demostrar la existencia de los bacilos de coma ni por el mi- croscopio ni por el cultivo en suelo sólido nutritivo. Esos se- ñores habían sido siempre de opinión, según me dijo el Sr. Dr. Strauss, que se necesitaba cierta finura y destreza respec- to de la preparación, para atender y cultivar los bacilos de coma. Después se convencieron que nada es más fácil que esto cuando solamente se trata de un caso agudo, claro y sin complicación. En la segunda autopsia, de la cual fui testigo en Tolon, los bacilos de coma se encontraron en el intestino casi en cultivo especial. Entonces yo pedí al Sr. Dr. Strauss me enseñara en esta ocasión los microbios, que según él se encuentran en la sangre del cólera. Pero en los dos casos pu- do descubrirse su existencia. Si sumamos todos estos casos, 27 entonces tendremos cien que se examinaron para investigar 3a presencia de bacilos de coma, y en todos ellos se encon- traron. Pero no solamente se demostró que existían, sino que se hizo ver la relación directa que tienen con el proceso de cólera. Porque en los puntos donde este proceso provoca las alteraciones más profundas en el intestino, es decir, en el seg- mento interior de jejuno, se encontraron más numerosas; há- cia arriba disminuyeron. En casos más especiales se presentó un cultivo especial. Pero mientras más antiguos eran los ca- sos y más alteraciones secundarias presentaban, más se ocul- taron los bacilos de coma atras de estas últimas. Fundándome en el material del cólera que yo he exami- nado hasta ahora, creo que puede afirmarse que los bacilos de coma nunca faltan en el cólera, que son un atributo es- pecífico de él. Para hacer la prueba, se examinaron igual- mente otros muchos cadáveres, deyecciones de enfermos y de sanos y otras sustancias que son ricas en bacterias, para saber si acaso estos bacilos, que nunca faltan en el cólera, existen también en otras enfermedades. Esto era de impor- tancia para juzgar sobre la conexión causal entre Los baci- los de coma y el cólera. Entre estos objetos de exámen se encontró el cadáver de un hombre que había tenido cólera hacia seis semanas, y que se había muerto después de ane- mia. En su intestino no se encontró nada absolutamente de bacilos de coma. Del mismo modo se examinó la deyección de un hombre que habia tenido un ataque de cólera hacia siete ú ocho dias y donde las evacuaciones ya comenzaban á solidificarse; también en este caso faltaron los bacilos de coma. Cuando examiné escrupulosamente más de treinta ca- dáveres, me convencí de que los bacilos se encuentran so- lamente en enfermos de cólera. Se escogieron para este exá- men cadáveres de individuos que habian fallecido de afec- ciones del intestino, como disenteria y de catarros intestinales, que son tan frecuentes en las regiones tropicales, de ulcera- 28 dones en el intestino, de tifo abdominal, y algunos de tifo bilioso. En esta última enfermedad las alteraciones en el in- testino se parecen mncbo por su aspecto á aquellas que se encuentran en los casos de cólera, combinados con graves hemorragias intestinales. En el segmento inferior del jejuno también se observan infiltraciones hemorrágicas; pero hay que notar que en el tifo bilioso esa alteración ataca más bien á las placas de Payer y se alteran menos en el cólera. En to- dos aquellos casos en donde se trata principalmente de afec- ciones intestinales, minease encuentran los bacilos de coma. La experiencia demuestra que esas enfermedades predis- ponen para la adquisición del cólera. Puede suponerse que si los bacilos de coma se hallaran en otras afecciones mor- bosas fuera del cólera, se encontrarían con predilección en éstas. Se han examinado un gran número de las evacuacio- nes de los enfermos de disenteria, sin que se haya encontra- do un solo bacilo. En las investigaciones que he continuado después en Berlín, junto con el infatigable Dr. Stahl, tan ap- to para el exámen de las bacterias, y cuya temprana muerte lamentamos, hemos experimentado gran número de evacua- ciones, especialmente de diarreas infantiles y de adultos, así como la saliva y la mucosidad, rica de bacterias, que se en- cuentra pegada á los dientes y á la lengua; pero siempre el resultado fué negativo. También se examinaron diversos animales en este sen- tido. Como por el envenenamiento del arsénico se puede pro- vocar un conjunto de síntomas muy semejantes á los del có- lera, se envenenaron animales con arsénico y se observaron después. Se encontraron cantidades de bacterias en el intes- tino, pero ningunos bacilos de coma. Tampoco éstos se ha- llaron en las corrientes de los canales desaguadores de la ciudad de Calcutta, ni en la agua sumamente sucia del rio Hugthli, en una cantidad de estanques que están colocados en los ranchos y entre los jacales de los indios, conteniendo 29 una agua muy sucia. Donde pude apoderarme de un líquido rico de bacterias, lo examiné para buscar la presencia de ba- cilos de coma, pero nunca se encontraron dentro de ellos. Solo una vez bailé en el agua, que en tiempo de marea inun- da el terreno al Oriente de Oalcutta, qne lleva por nombre terreno del “Lago Salado,” un género de bacterias que tie- nen á primera vista cierta semejanza con los bacilos del có- lera; pero examinándolos más atentamente se notó que eran más grandes y gruesos que aquellos y que sus cultivos no li- quidaban la gelatina. Aunque por todas esas observaciones tengo por mis estu- dios anteriores tanta experiencia sobro las bacterias, en todos mis trabajos no pude recordar haber visto una vez bacterias que se pareciesen á los bacilos de coma. He hablado con mu- chos quehan cultivado bacterias engrande escala y que tienen también experiencia en este sentido; pero todos me declara- ron que todavía no han visto semejante género de bacterias. Por estas razones creo que yo me puedo permitir afirmar con certidumbre, que los bacilos de coma acompañan constante- mente al proceso del cólera, y que no existe en ninguna otra afección morbosa. Entramos ahora ála cuestión: 4 cuál es el carácter yla re- lación entre el bacilo de coma y el proceso del cólera? Para contestarla pueden servir de base tres diferentes presunciones. En primer lugar se puede decir: el proceso de cólera fa- vorece el crecimiento de los bacilos de coma, preparando pa- ra ellos el suelo nutritivo, y en consecuencia se aumentan rápidamente esta clase especial de bacterias. Aceptando esto, se debe suponer que cada hombre ya tie- ne bacilos de coma en su organismo cuando se enferma de cólera, porque se encontraron en los lugares más diferentes de India y Egipto, en Francia en hombres de origen y nacio- nalidades muy diferentes. Según esta presunción, esa clase de bacterias debería ser una de las más frecuentes y comu- 30 nes. Pero en verdad sucede lo contrario: ni se encuentran, como liemos visto, en individuos que sufren de otras enfer- medades, ni en individuos sanos, ni fuera del organismo hu- mano, en los lugares que son los más favorables para el des- arrollo de las bacterias. Se encuentran solamente donde hay cólera. Dicha presunción por esta razón no es admisible, y por tanto debemos rechazarla. En segundo lugar se puede explicar la coincidencia del proceso de cólera con los bacilos de coma, diciendo, que por la enfermedad se establecen ciertas posibilidades para que uno ú otro genero de las muchas bacterias que existen en el intestino se trasformen y tomen la forma y las calidades que hemos descrito en los bacilos de coma. En cuanto á esta in- terpretación debo decir, que carece enteramente de causa ac- tual, que es nada más una pura hipótesis. Hasta hoy todavía no conocemos ninguna trasformacion de una clase de bacte- rias en otra. Los únicos ejemplos de trasformacion de las ca- lidades de las bacterias, se refieren á sus efectos fisiológicos y patológicos, pero no á su forma. Los bacilos de carbun- culosis, por ejemplo, pierden su efecto patogénico después de tratarlos de cierto modo, pero en su forma quedan inva- riables. En este ejemplo se trata también de la pérdida de las calidades patogénicas. Es justamente lo contrario de lo que deberla suceder supuesta la trasformacion de inocentes bacterias del intestino en los peligrosos bacilos de cólera. Para esta última clase de trasformaciones de inocentes bac- terias en otras nocivas, todavía no existe ningún ejemplo exactamente probado. Hace algunos años, cuando la inves- tigación de bacterias todavía estaba en su estado primor- dial, se pudieron proponer semejantes hipótesis, acaso con algún derecho. Pero ahora que se ha desarrollado la ciencia de las bacterias, hay que ratificarse más en que las bacterias son extraordinariamente constantes, especialmente respecto de su forma. Sobre los bacilos de coma tengo que agregar, 31 que mantienen completamente las cantidades descritas an- tes, cuando se cultivan fuera del organismo humano. Se cul- tivarían, por ejemplo, algunas veces hasta veinte generaciones en la gelatina; si $n sus calidades no fueran tan constantes como otras bacterias, en estas pruebas debiau haberse tras- formado otra vez en las formas conocidas de las bacterias intestinales más comunes, pero esto nunca sucedió. Por to- das estas consideraciones queda solamente la tercera presun- ción, esto es, la siguiente: que el proceso de cólera y los ba- cilos de coma están en relación directa; para mí, no hay otra relación que la relación causal, es decir, que los bacilos de coma están produciendo el proceso del cólera; que ellos an- teceden á la enfermedad y que la engendran. Lo contrario seria lo que se ha expuesto antes, es decir, que el proceso de cólera está creando y provocando los baci- los de coma, y eso es imposible, como se demostró. Para mí el hecho es probado: que los bacilos de coma son la causa del cólera. Ahora, si esto es así, se puede exigir que se den otras pruebas para ello, y ante todo, que se produzca el proceso de cólera por los bacilos de coma en los experimentos. Se ha experimentado verdaderamente todo lo imaginable para satisfacer á esta pretensión. La única posibilidad de dar la prueba directa de que los bacilos de coma producen el cóle- ra, existe en el experimento con los animales, que se podría ejecutar sin dificultad, si pudiéramos creer en los indicios de los autores. Se ha afirmado que hay cólera entre las vacas, perros, pollos, elefantes, gatos y muchos otros animales. Pe- ro analizando algo más de estas noticias, se ve que son fali- bles. Hasta ahora todavía no tenemos ningún ejemplo seguro de que en tiempo de cólera animales se enfermaran espontá- neamente de dicha enfermedad. Todos los experimentos que se hicieron en animales con sustancias del cólera han tenido un resultado netamente negativo; aunque al principio se afir- 32 mó que eran positivos, carecían los experimentos de pruebas completas, que se refutaron por otros experimentadores, lío obstante esto, nos hemos consagrado con toda atención á los experimentos sobre animal. Entre otros tomé conmigo cin- cuenta ratones en Berlin, porque se daba mucha importancia á los resultados que Thiersch ha obtenido en ratones blan- cos é hice toda clase de experimentos de infección con ellos. Primero fueron alimentados con deyecciones de enfermos de cólera y con el contenido del intestino de cadáveres de la misma afección morbosa. Seguimos con bastante exactitud las prescripciones de Thiersch, y no los heñios alimentado so- lamente con el material fresco, sino también con líquidos des- pués de su descomposición pútrida, lío obstante que estos experimentos se repitieron siempre con el material de otros nuevos casos de cólera, nuestros ratones quedaron sanos. En seguida se hicieron experimentos en monos, en gatos, en po- llos, perros y varios otros animales que pudimos tener á las manos; pero nunca se pudo obtener algo semejante al pro- ceso de cólera. Del mismo modo hicimos experimentos con los cultivos especiales de los bacilos de coma; también estos se alimentaron en todos los estados del desarrollo. Hicimos después los experimentos de este modo: unos animales ali- mentados con grandes cantidades de bacilos de coma fueron matados para examinar el contenido del estómago y del in- testino para buscar la existencia de los bacilos de coma, y nos convencimos que los bacilos de coma perecen en el es- tómago de los animales, y que comunmente no llegan hasta el intestino. Con otras bacterias no sucede lo mismo. En Oal- cutta se encontró por casualidad un microbio de un color rojo muy hermoso, que se conoció fácilmente por su color nota- ble, y se prestaba bien para semejantes experimentos. Este microbio fué dado como alimento por el Dr. Barclay en Oal- cutta á unos ratones, y el contenido del intestino de esos ani- males se inoculó en papas. Se hicieron de nuevo semejantes 33 cultivos rojos del microbio, que había pasado en estado ín- tegro al estómago del ratón. Pero todos los bacilos de coma perecieron en el estómago de los animales. De aquí debo con- cluir, que el insuceso de estos experimentos de cebamiento tiene por origen la reaccion.de los bacilos de coma. De con- siguiente se varió el método, introduciendo las sustancias directamente en el intestino de los animales. Se abrió el ab- domen, y con una jeringa de Pravaz se inyectó el líquido di- rectamente en el jejuno. Los animales aguantaron muy bien esta operación sin enfermarse. En unos monos hemos proba- do introducir en el intestino la deyección del cólera por un catheter largo. Esto se verificó muy satisfactoriamente; pero los animales quedaron buenos y sanos. Para no olvidar esto, se purgó antes á los animales para irritar el intestino de cier- to modo, y después se dió la sustancia infecciosa, pero aun esto quedó sin resultado. El único experimento donde los bacilos de coma mostra- ron un efecto patogénico, y que me hizo esperar de pronto que se podría obtener un resultado, fué el siguiente: se inyecta- ron cultivos especiales, directamente en el sistema circulato- rio de los conejos y en la cavidad abdominal de los ratones. Los conejos parecían muy enfermos después de la inyección, pero se aliviaban en pocos dias. De los ratones, veinticuatro se murieron cuarenta y ocho horas después de la inyección, y los bacilos de coma se manifestaron después en la sangre de estos animales. Ya se vió que se debían aplicar cantida- des bastante grandes, y no sucede en otros experimentos de infección donde se aplican cantidades mínimas y siempre se ve el mismo efecto. Para cerciorarme sobre la posibilidad de poder infeccionar animales con cólera, me informé en India y en todas partes si se observaban en los animales semejantes enfermedades. Pero justamente en Bengala se me aseguró que nunca se no- taban. En este punto se encontró una población muy agru- 34 pacía donde hay varios animales que viven junto con el hom- bre. Debería suponerse que en un país donde el cólera existe en todas partes y continuamente, los animales deberían re- cibir por su canal digestivo muy frecuentemente la materia infecciosa del cólera, y en una forma tan eficaz como la reci- ben los hombres; pero nunca se notó allí que se enfermaran los animales, presentando síntomas semejantes á los del có- lera. Por esto creo que existe una inmunidad contra el cólera en todos los animales que se nos prestan para semejantes pruebas. De la misma manera entre aquellos que suelen vi- vir cerca de los hombres, creo que no es posible provocar ar- tificialmente en ellos un verdadero proceso de cólera. Por esta razón, debemos renunciar á esta clase de argu- mentos. Pero por esto no debe entenderse que de todos mo- dos el efecto patogénico de los bacilos de coma no se pueda demostrar. Ya he expuesto ó vdes., señores, que por mi parte, sin experimentos con los animales no puedo hacer ninguna otra explicación de la cosa, sino por la conexión causal que existe entre los bacilos de coma y el proceso do cólera. íSi más tarde se logran provocar en los animales algu- nos síntomas semejantes á los del cólera, esto para mí no se- ria un argumento más vigoroso que los expuestos, de los cua- les hasta ahora ya tenemos abundancia. También conocemos otras enfermedades que no se pueden trasferir á los anima- les, como por ejemplo, la lepra, y siempre debemos, según todo lo que sabemos de los bacilos de lepra, suponer, que ellos son la causa de ella. En esta enfermedad debemos tam- bién renunciar á las inoculaciones en animales, porque hasta ahora todavía no se encuentra ninguna especie de animales que sea susceptible á la lepra. Con el tifo abdominal proba- blemente sucede lo misino. Yo no se que se haya logrado infectar animales con él. Yos beberemos contentar con la prueba de la constante coexistencia de una cierta clase de 35 bacterias en determinada enfermedad, y de la falta de las mis- mas en otras enfermedades. Las bacterias en cuestión deben siempre coincidir con la sustancia infecciosa de determinado estado morboso, y al presentarse las patogénicas deben cor- responder con las alteraciones patológicas del cuerpo y con la marcha de la enfermedad, lo que es en mi concepto de mu- cha más importancia. Por otra parte, conocemos también enfermedades de ani- males que no se dejan trasferir al hombre: por ejemplo, la peste animal y la epidemia pulmonar entre los animales. Es- tamos aquí en frente de un fenómeno muy esparcido en la naturaleza. Casi todos los parásitos pertenecen solamente á una sola ó á pocas especies de animales que les sirven de huéspedes. Yo recuerdo á vdes. las teorías. Muchas especies de animales tienen su teoría propia, que solamente en esta especie y no en ninguna otra se puede desarrollar. Por esta razón, en gran parte de las enfermedades infec- ciosas, á las cuales pertenecen también las enfermedades ex- anthemáticas, debemos renunciar á esta parte de la prueba; y podemos hacer esto con tanta más razón, cuanto que ya conocemos una larga serie de otras enfermedades que tienen su causa en unos organismos patogénicos, en los cuales las condiciones de las demas son las mismas, y por las cuales sa- bemos con toda certidumbre que la enfermedad es causada por los microorganismos pertenecientes á ella. Pero nunca se ha visto que la enfermedad produzca un microorganismo específico. Oreo que aquí es muy razonable una conclusión por analogía, después de haber conocido una serie tan gran- de de enfermedades producidas por parásitos microbios. Pero sin embargo, nos faltan observaciones que semejen álos experimentos en el hombre vivo. Podemos considerar- los como experimentos que se ejecutan bajo condiciones na- turales. La observación más importante de éstas es la infec- ción de las personas que tienen que ocuparse con la ropa sucia 36 de los coléricos. He tenido muchas veces ocasión de exami- nar la lavadura de los enfermos de cólera, y siempre encon- tré una sustancia mucosa que está pegada á la superficie del lienzo ensuciado con la deyección, los bacilos de coma en can- tidades inmensas, y las más veces casi en cultivos especia- les, como vdes. también lo han visto en los preparados mi- croscópicos. Si se produce una infección por lavadura en el cólera, esta producción es originada por los bacilos de coma, porque son los únicos microorganismos que están aquí en cuestión. De todos modos las circunstancias son las mismas que en un experimento en que un hombre se alimentó con pequeñas cantidades de un cultivo especial de bacilos de coma. Lo mis- mo es admitir el trasporte de este modo, ó que la lavande- ra pusiera sus manos sucias en contacto con sus comidas ó directamente con su boca, ó que el agua que tenia bacilos fué derramada y que algunas gotas llegaron á los labios de la boca de la referida lavandera. Este es verdaderamente un experimento que un hombre hace en su propia persona, sin saberlo, y á la cual se debe atribuir la misma fuerza de ar- gumentación, como si se hubiera hecho intencionalmente. Estas observaciones tan frecuentes se han hecho por médi- cos tan diferentes, que de la autenticidad de ello no cabe nin- guna duda. Pero entretanto puedo apoyarme en una obser- vación hecha por mí mismo: Logré encontrar los bacilos de coma, con todas sus calidades características, en un estan- que que suministró el agua potable y el agua para los usos domésticos de todos los hombres vivientes en la vecindad. En la cercanía de este estanque hubo una cantidad de casos letales de cólera. Después se averiguó y se probó, que la la- vadura del primero que se habia muerto de cólera allí cerca, se habia lavado en este estanque. Fué la única vez que pu- de demostrar los bacilos de coma fuera del cuerpo humano. A inmediaciones de este estanque se encuentran treinta y 37 hasta cuarenta jacales, donde viven, poco más ó menos, dos- cientas ó trescientas gentes, y entre estas diez y siete se mu- rieron del colera. Cuántos hablan estado enfermos, no era posible fijarlo. Dicho estanque suministra á los vecinos el agua para beber y para otros usos, y al mismo tiempo recibe todos los desechos de los domicilios. Los indios se bañan dia- riamente en estos estanques, lavan allí su ropa, los excremen- tos humanos se depositan con predilección en los bordes de esos estanques, y si una cabaña tiene excepcionalmente un común, el desecho de este se evacúa por el estanque. Así su- cedió con el estanque susodicho. Cuando los bacilos de coma se encontraron por primera vez en cantidad bastante grande y en varios puntos del borde, la pequeña epidemia había lle- gado á su mayor altura. Poco tiempo después, cuando sola- mente unos casos aislados se desarrollaron, los bacilos de coma se encontraron solo en un lugar y en número pequeño. En el primer exámeu eran tan abundantes, que su número no pudo ser causado por las deyecciones, y el agua del lava- do de enfermos de colera, que se había tirado en el estanque; había que suponer una prolificacion. En el segundo exámen el pequeño número no correspondía á los antecedentes y nu- merosos casos de enfermedad. Si estos hubieran suministra- do los bacilos por el agua del estanque, entonces los bacilos deberían haber sido mucho más numerosos comparándolos con el resultado del primer exámen. Así es que en este caso no se puede decir que la presencia de los bacilos de coma en el estanque era solamente una consecuencia de la epidemia del cólera. Por el contrario, la relación era tal, que la epide- mia debía ser una consecuencia de los bacilos. A semejan- tes observaciones, especialmente en la infección por lavadu- ra de cólera, debemos atribuir tanto más valor, cuanto que probablemente las pruebas directas de infección con bacilos de coma serian frustradas para siempre. En mi opinión los bacilos de coma son la causa del có- 38 lera. Para apoyar mi parecer, encuentro que toda la etiolo- gía del cólera, en cuanto la conocemos, está enteramente en exacta conformidad con las calidades de los bacilos de coma. Hemos visto que estos crecen muy rápidamente, que su ve- getación llega pronto á un cierto máximum de donde baja y acaba, y que los bacilos al fin son desalojados por otras bac- terias. Esto corresponde exactamente álo que pasa en el in- testino en el cólera. Se puede suponer que lo mismo acontez- ca en otras bacterias, que muy pocos ejemplares, tal vez uno solo, baste para producir una infección. Según esto pode- mos pensar muy bien, que unos pocos bacilos de coma en- tran por el intestino y se aumentan allí muy rápidamente. Tan pronto que se aumentan hasta cierto grado, causan un estado de irritación de la mucosa y la diarrea, después, cuan- do el aumento se verifica en progresión geométrica, y cuando sube á su máximum, producen entonces este conjunto carac- terístico de síntomas, que llamamos el verdadero cólera. Hemos visto, que los bacilos de coma muy probablemen- te no pueden pasar del estómago, á menos en los animales, en circunstancias ordinarias. También esto es conforme con todas las experiencias sobre el cólera. Porque la predisposi- ción parece ser muy importante en la infección de cólera. Se puede suponer que de una cantidad de hombres que fueran expuestos á la infección del cólera, solamente una parte se enferma, y estos son casi siempre aquellos que ya antes ha- bían sufrido cualesquiera indigestiones, sea catarro gástrico ó intestinal, ó gente que haya cometido una falta en el régi- men dietético, llenando el estómago con cosas pesadas para digerir. Especialmente en el último caso, es fácil que masas indigestas, que no se desmenuzaron bastante en el estómago, pasen al intestino y arrastren consigo los bacilos de coma, que tal vez no perecieron en el jugo gástrico. Es bastante conocida á vdes. la observación que se hizo con repetición y en la que se demostró que los casos de cólera se manifiestan 39 el limes ó mártes, es decir, en los clias que antecedieron ex- cesos en la comida ó la bebida. En verdad, es algo singular que los bacilos de coma se detengan en el intestino. ISTo entran en la sangre ni á las glándulas disentéricas, ¿como puede explicarse que esta ve- getación de bacterias que existe solo en el intestino pueda matar á un individuo? Para explicar esto, debe recordarse que las bacterias cuando crecen no absorben solamente cier- tas sustancias, sino que producen también sustancias muy varias y heterogéneas. Tales productos de la trasformacion de materias en la vida de las bacterias, ya son conocidas en cantidad y son de género muy especial. Algunos son volá- tiles y de olor muy intenso, otros producen sustancias colo- rantes, otros dan sustancias venenosas. Cuando los líquidos albuminosos como la sangro se pudren, se forman venenos, que deben ser productos de la trasformacion de las materias de bacterias, porque la putridez es solamente una consecuen- cia de la vegetación de ellas. Algunos fenómenos revelan que esos venenos son produ- cidos solamente por ciertas clases de bacterias, porque ve- mos, que líquidos sépticos se pueden inyectar á un animal una vez, sin ningún efecto, y en otras ocasiones se muestran muy venenosos. De la misma manera me figuro también el efecto de los bacilos de coma en el intestino, que se produ- ce por productos venenosos de la trasformacion de materias. Para esta presunción, tengo ciertos fundamentos. En una prueba de cultivos sucedió, que la gelatina nutritiva conto- rna á la vez corpúsculos de sangre en bastante cantidad y butilos de coma. Después de echar esta gelatina en una pla- ca de vidrio, crecieron en cantidad las colonias de bacilos de coma. La placa tenia el aspecto, como si un polvo rojizo es- tuviera suspendido dentro, y aun con la luz trasparente to- davía se notaban los singulares glóbulos de sangre. En esta capa rojiza, fino-granulosa, las colonias de los bacilos de co- 40 ma aparecieron perceptibles al ojo desmido como pequeños agujeros sin color. Examinándolos con el microscopio, se no- tó el singular fenómeno de que las colonias de los bacilos de coma habian destruido en un ámbito muy grande todos los corpúsculos de la sangre, y en un circuito mucho mayor que el circuito en el cual liquidan la gelatina. De lo expuesto se ve que los bacilos de coma pueden producir un efecto des- tructor en los elementos formados de la sangre, y probable- mente también en otras celdillas. Se hizo, además, una ob- servación por un médico de India, Dr. Richards, en Gmalungo, que también prueba la presencia de una sustancia venenosa en el contenido del intestino de cólera. El Dr. Richards pri- mero alimentó perros con grandes cantidades de deyecciones de cólera, sin que esto produjera ningún efecto en los ani- males. Después hizo las mismas pruebas en puercos, que se mu- rieron bajo síntomas de convulsiones, según sus datos, en un tiempo muy corto, esto es, de quince minutos á dos y me- dia horas después de la ingestión de dichas sustancias. Se trataba aquí evidentemente de una intoxicación yno de una infección de cólera, como el Dr. Richards creia. Que esto era así, en verdad, lo demostró perfectamente por una prueba, donde se dió á comer á otro puerco el contenido del intestino de un puerco matado por la alimentación con la de- yección de cólera; este puerco, según la opinión del Dr. Ri- chards, estaba enfermo de cólera. El segundo animal quedó bueno y sano, y no era posible, que se hubiera establecido una reproducción de la sospechada sustancia infecciosa en el interior del puerco primeramente alimentado. Si fuese posi- ble producir un verdadero cólera en los puercos, entonces se podria trasferir por el contenido del intestino de dicho ani- mal á un segundo, y de este á un tercero, etc., etc. Aunque estas pruebas no demuestran esto que el Dr. Richards in- tentó, siempre son pruebas interesantes de que en las deyec- 41 dones de cólera, en determinadas circunstancias, pueden existir materias que son venenosas para los puercos. Asentado el principio de que los bacilos de coma produ- cen un veneno específico, se explican los síntomas y la mar- cha del cólera del modo siguiente. El efecto del veneno se manifiesta en parte de un modo inmediato, mortificando el epitelium, y en los casos más graves así como las capas su- perficiales de la mucosa del intestino,—en parte se reabsorbe y produce su efecto en el organismo en general, principal- mente en los órganos circulatorios que entran en un estado semejante á la parálisis. El conjunto de síntomas del verda- dero ataque de cólera que se mira generalmente como una consecuencia de la pérdida de agua y del estado espeso de la sangre, se debe ver en mi concepto en sus fases principa- les como una intoxicación. Porque en casos que no son ra- ros, también esto se observa cuando relativamente pocas cantidades se evacúan por vómito y diarrea durante la vida, y cuando después de la muerte el intestino contiene poco lí- quido.—Si la muerte entra en el estado de intoxicación, en- tonces los resultados de la autopsia corresponden á aquellos casos donde la mucosa del intestino.es poco alterada y don- de el contenido consiste en un cultivo especial de bacilos de coma. Pero si este estado se prolonga ó si se aguanta, entonces las consecuencias de la destrucción del epitelium y de la mu- cosa se manifiestan después: hemorragias de la mucosa co- mienzan y se mezclan sustancias de la sangre en cantidad, con el contenido del intestino. El líquido anti-albumiuoso en el intestino comienza á podrir y bajo la influencia de las bacterias sépticas se forman otros productos venenosos, que se reabsorben también. Pero esos obran de otro modo que el veneno del cólera; los síntomas provocados por ellos corres- ponden más bien á lo que se llama comunmente el tifo del cólera. Insistiendo en la idea de que los bacilos de coma es- 42 tán vegetando solamente en el intestino y que solo allí can- san su efecto, se debe buscar el asiento de la sustancia infec- ciosa únicamente en las deyecciones y excepcioualmente en el vómito. Creo, que esto también está conforme con las nue- vas ideas. Es verdad que esa opinión todavía encuentra ad- versarios entre los nuevos investigadores; pero poseemos unas pruebas tan indisputables en su favor, como son, en pri- mer lugar, la infección por la ropa, que ya no puede ser dudosa (dejando fuera de la cuestión los bacilos de coma) realmente las deyecciones contienen la sustancia infecciosa. Para la propagación de la sustancia infecciosa se necesita como primera condición, que las deyecciones queden en esta- do liúmedo. Inmediatamente que comienzan á secarse, pier- den su efecto. Uno de los caminos más vulgares donde la sustancia in- fecciosa llega á propagarse, y que ya hemos notado en la epidemia de los estanques, es el agua. ¿Con qué mayor fa- cilidad no llegarán dentro de los pozos, acueductos ó en otros lugares de agua potable y de agua que sirve para el uso do- méstico las deyecciones de cólera, ó del agua para lavar la ropa sucia de los coléricos? De esta suerte los bacilos de co- ma logran fácilmente llegar otra vez Inicia dentro del orga- nismo humano, sea con el agua potable, sea con el agua que se usa para adelgazar la leche, para cocer las comidas, para limpiar los trastos, las verduras y frutas, para lavarse, para bañarse, etc., etc. La sustancia infecciosa puede llegar en el trayecto intestinal del hombre de un modo mucho más cor- to. Los bacilos pueden mantener su vitalidad sobre elemen- tos que tienen una superficie húmeda, y se puede creer, que se llevan allí por el contacto de manos sucias ó de un modo parecido. Yo no creo imposible que la sustancia infecciosa sea tras- portada á las comidas por insectos, por ejemplo, por las mos- cas domésticas. En los más de los casos la sustancia infec- 43 ciosa llegará con las deyecciones al snelo y de allí, de cual- quier modo, tomará su camino á los receptáculos de agua. Por mi parte opino, que solamente las sustancias húme- das de todo género sin restringirme solo á la agua potable —que se ensucian de cualquier modo por deyecciones húme- das, pueden introducir la sustancia infecciosa en el cuerpo. Pero no creo que la sustancia infecciosa del cólera se puede conservar en un estado seco, ni que sea trasportable por el aire, que quiere decir lo mismo, porque la repartición de una sustancia infecciosa por el aire no se hace comunmente sino en un estado seco, polviforrae. La experiencia, además, nos enseña que la sustancia infecciosa no se puede trasladar en estado seco, porque sabemos, que hasta ahora el cólera jamas se trasmitió por mercancías del camino de India hasta nues- tros países. Ni las cartas, ni los mensajes postales—aunque no estén agujereados y ahumados, como se usa ahora muchas veces —han traído el cólera. Esta enfermedad en general cuando se examina el origen de cada epidemia, jamas se ha trasmi- tido más que por los hombres mismos, y aunque no se haya podido en epidemias notables averiguar el individuo que tra- jo la sustancia infecciosa del cólera, no se puede creer que aquí se presentaba una excepción de la regla. Debemos te- ner en cuenta, que no únicamente los individuos que se mue- ren del cólera ó que tienen un ataque evidente de cólera, son capaces de trasmitir la infección; sino que todas las formas posibles transitorias desde la más ligera, hasta la más terri- ble de la enfermedad y aun las más pasajeras diarreas, pue- den infeccionar del mismo modo que el más grave caso de cólera. Ciertamente no tendremos completa seguridad sobre este punto importantísimo, hasta que se diagnostiquen como verdadero cólera los casos más leves en los que se pruebe la existencia de los bacilos de coma. Queda todavía para resolver una cuestión de gran impor- 44 tanda, esto es, si la sustancia infecciosa se puede reprodu- cir y prolificar fuera del cuerpo humano. Yo creo, que sí. Como los bacilos de coma crecen en una placa de gelatina, como pueden crecer en un pedazo de lino ó en caldo ó en una papa, también es posible que se aumenten al aire libre, tanto más, cuanto que hemos visto que una temperatura re- lativamente baja les permite todavía el desarrollo. No pre- sumo, que el desarrollo de las bacilos de coma fuera del cuer- po humano se verifique en cualquier agua de fuente ó de rio; porque estos líquidos no poseen aquella concentración de la sustancia nutritiva, que es necesaria para el crecimiento de los bacilos. Pero puedo figurarme muy bien, que aunque la masa general del agua en un receptáculo, sea demasiado po- bre en sustancias nutritivas para el bienestar de. los bacilos, sin embargo, en ciertos lugares pueden tener la concentra- ción suficiente de sustancias nutritivas, por ejemplo, los lu- gares donde un desagüe ó el desecho de un común estén em- bocando en un estanque donde existen tiradas sustancias vegetales, ó desechos animales expuestos á la descomposi- ción, por bacterias. En semejantes lugares es posible que se desarrolle una vida muy activa de los bacilos. Anteriormen- te hice muchas veces semejantes exámenes y constantemente sucedió, que cierta clase de agua, que examiné, no tenia ca- si nada de bacterias, mientras que restos de plantas, princi- palmente raíces y frutos, que se encontraban en esta misma agua, enjambraron de bacterias y con preferencia de bacilos y espirilos. Hasta en el rededor el agua era turbia por los enjambres de bacterias que tomaron su alimento, se puede suponer que se habian extendido por difusión en las cerca- nías. Yo creo que de este modo nos podemos explicar fácil- mente la relación de las aguas subterráneas con la propaga- ción del cólera. En todos los lugares donde hay agua estancada en el sue- lo, en pantanos, en puntos que no tienen corriente, en luga- 45 res donde el suelo es de forma de hortera, cerca de ríos que fluyen muy espacio, y en otros lugares semejantes las rela- ciones descritas se pueden desarrollar. Es mucho más fácil en los alrededores de desechos vegetales ó animales, que se formen soluciones nutritivas concentradas, y ofrezcan á los micro-organismos la oportunidad para la colonización y pa- ra el aumento. Mientras en todos los otros puntos donde el agua, en la superficie como en el fondo, está corriendo bien y se cambia constantemente, allí las circunstancias favora- bles para el desarrollo de los bacilos se puede establecer me- nos fácilmente ó nunca. La corriente continua impide que se forme una concentración local de las sustancias nutritivas en el líquido que es necesario para las bacterias patogénicas. La relación entre el resumidero de la agua subterránea y el ascenso de ciertas enfermedades infecciosas se explica, por- que la corriente, cuando se resume el agua, se pone mucho más lenta. Mientras se disminuyen las cantidades de agua que abundaban en la superficie, deben de tal modo formarse las concentraciones indispensables para el crecimiento de las bacterias. Si suponemos que la causa del cólera se debe buscar en un cierto organismo específico, entonces no podemos pensar en un origen autóctono del cólera, como si pudiera nacer en cualquier lugar por sí mismo. Tal organismo específico, aunque sea nada más que un simple bacilo de coma, sigue del mismo modo las leyes de la vegetación como una planta de elevada formación. Siempre debe nacer de séres sui generis y no puede accidentalmente originarse de otras cosas ó de nada. Los bacilos de coma no pertenecen á los micro-organismos que se encuentran en to- dos los lugares. Por esto nos vemos forzados á buscar el origen de la enfermedad que depende de ellos, en localida- des fijas, en donde estos micro-organismos son conducidos hasta nosotros. No debemos afirmar que excepcionalmente 46 en el Delta del Nilo, porque aparece en algunos puntos al Delta del Ganges; el cólera puede nacer j)or sí mismo, como se afirmó muy seriamente hace un año. Tampoco nos debemos figurar, que aquí con nosotros, en Europa, el cólera pueda originarse sin que se introdujesen antes los bacilos de coma. Una vez ya se probó demostrati- vamente, el origen autóctono de una epidemia de cólera en Europa; pero más tarde se vió, que no era posible darle va- lor á esta clase de origen. El cólera se babia mantenido des- pués de una epidemia anterior, casi extinguida en Rusia y existia todavía bajo la forma de pequeñas epidemias poco no- tadas, y de aquí se babia propagado á Polonia por las fuer- zas militares traficantes. Hace poco que me sucedió algo muy parecido á esto. Ha- ce diez años que en la ciudad de Hama en Syria, el cólera apareció repentinamente y no se supo cómo babia llegado; muclios creen todavía abora que este cólera fue de origen au- tóctono. Ultimamente fui interpelado sobre esto en Francia por médicos franceses, y como no se encontró nada cierto en la literatura sobre el origen de esta epidemia, no pude con- testar otra cosa, que el modo de la invasión aun no se babia explicado en este caso; pero di á conocer mi convicción de que el origen del cólera en Syria también se debía reducir á la India. Al mismo tiempo mostré, cómo las epidemias au- tóctonas en Syria y en Egipto, siempre siguen el gran cami- no de tráfico de India á Europa, ó quedan cuando menos en las cercanías de él, pero nunca nacen en otros lagares que no tienen ningunas relaciones con la India. Muy poco después logré, por casualidad, recibir una ex- plicación satisfactoria sobre el origen de la epidemia en Sy- ria. El profesor Lortet en Lyon, que durante esta epidemia estuvo personalmente en Hama ó bizo investigaciones sobre el origen de esta epidemia, me comunicó que este cólera fué llevado de Djedab para Hama por soldados turcos. 47 Epidemias de cólera que hayan nacido fuera de la India hasta ahora no las conocemos; en este punto la experiencia está conforme con la presunción, es decir, que el cólera es causado por un organismo específico, que tiene su domicilio en la ludia. Las circunstancias respecto del cólera son muy particu- lares en India. Yo no creo que toda la India es la patria de los bacilos de coma. Hace tiempo que se afirmó que el cóle- ra era indígena en Ceylan, en Madras, en Bombay, y que de aquí se repartía casi sobre toda la India, pero por otro lado esto se combatió y con razón. Solamente sobre la provincia de Bengala no existe ninguna diferencia de opiniones. To- dos los autores están de acuerdo en que el Delta del Ganges es la verdadera patria del cólera. Me he persuadido de que esta es la realidad y que no existen otros Jugares de cólera en la India. Porque la única región en India, donde el cóle- ra está reinando de un modo uniforme año por año, es el Del- ta del Ganges: en todos los otros lugares tiene variaciones grandes, pues ó se extingue enteramente ó su aparición se prolonga por más ó menos tiempo en ciertos lugares, como por ejemplo en Bombay, donde nunca desaparece enteramen- te; es muy probable que por el gran tráfico con la otra ludia sea importado siempre de nuevo. En la carta geográfica de la provincia de Bengala vdes. ven el Delta del Ganges que se termina al Poniente por el rio de Hughli, un brazo del Ganges, y al Oriente por el Brah- maputra. En todo este terreno y subiendo el Ganges hasta Benares, el cólera continuamente está reinando. Estudiando la carta se nota que la parte superior del Delta es muy llena de poblaciones, mientras que la base de este triángulo está enteramente desierta. Esta zona desierta, que se llama Sun- darbans, tiene una área de 75G0 leguas cuadradas inglesas, y se separa de la parte septentrional que está despobla- da, por una línea fija. Allí los rios grandes, el Ganges y el 48 Brahmaputra se dividen en una red de embocaduras, en las cuales el agua del mar se mezcla con el agua de los rios, y por la marea siempre está subiendo y bajando, por lo que en tiempo de la marea largas regiones del Sundarbans están inundadas. En este terreno se ha desarrollado una fauna y una flora muy vigorosa. Para el hombre este terreno no es accesible, no solamente por las inundaciones y por los tigres numero- sos, sino principalmente se huye de ir allá, por las intermi- tentes perniciosas que atacan á todo aquel que permanece, aunque sea corto tiempo. Es fácil figurarse qué enormes cantidades de sustancias vegetales y animales existen en los pantanos del Sundaibans, que están expuestos á la descomposición pútrida y favore- cen extraordinariamente el desarrollo de micro-organismos, mejor que ningún orro lugar de la tierra. Muy favorable es á este respecto el terreno limítrofe que separa la parte poblada del Delta, de la parte desierta donde los desechos de un país muy poblado, son arrastrados por los rios, mezclándose con agua medio dulce, medio salada de los Sunbarbans, que ya está infeccionada con todas las sus- tancias sépticas y que siempre sube y baja. En estas circuns- tancias particulares se debe desarrollar aquí una fauna y flora de micro-organismos muy característica, á la cual pertene- ce según todas las probabilidades el bacilo del cólera. Todo revela que el cólera tiene su origen en este terreno limítrofe. Todas las epidemias más notables comienzan con un aumen- to del cólera en la parte meridional de Bengala. Jessore, de donde vinieron las primeras noticias sobre la epidemia del año de 1817, está situada en la frontera de los Sundarbans y Oalcutta, que es ahora el lugar constante del cólera, y está en conexión con los Sundarbans situados en sus inmediacio- nes, por un terreno palustre y poco poblado. Los coma-bacilos encuentran en el terreno vecino de su 49 patria probable, las más favorables condiciones para coloni- zar y para propagarse de nu hombre á otro. La Bengala baja, es nu país enteramente plano y su ele- vación es muy corta respecto del nivel del mar; está inun- dada durante el tiempo tropical de lluvia en casi toda su extensión. Cada hombre que construye allí su domicilió, pro- cura quedar protegido contra las inundaciones anuales, for- mando su cabaña en un terreno elevado. Este es elestilo de arquitectura en todos los ranchos del Delta, así como en Oal- cutta, principalmente en las cercanías y suburbios, que tienen poco más ó menos el aspecto de ranchos. Cada casa ó grupo de casas, se levanta encima de una alta llanura que se forma al quitar la tierra de un lugar cerca del terreno de la casa y trasladándola cerca del pavimento. El hoyo producido por esta maniobra, se llena con agua y forma el susodicho estan- que. Por lo mismo cada cabañaró cada grupo de cabañas, de- be tener su estanque mayor ó menor, y en consecuencia el número es considerable. La ciudad de Oalcutta misma tenia, hasta hace poco co- mo 800 estanques, no obstante de que se han llenado y tapa- do muchos por la policía de higiene pública. En los subur- bios de Oalcutta se encuentran todavía ahora, fuera de los estanques tapados y llenados, más de mil en uso. Ya descri- bí antes el papel que desempeñan esos estanques en el uso doméstico de la población india, y cómo están calificados pa- ra difundir el cólera. Notorio es que mejorado el sistema de la distribución de las aguas en aquellas regiones, debe ejer- cer una influencia definitiva sobre las condiciones del cólera. Esto se notó cu realidad, en Oalcutta, con toda evidencia. La ciudad, situada á los bordes del rio Hughli, tiene poco más ó menos 400,000 habitantes y los suburbios contienen igual cantidad de gentes. Hasta el año de 1870 Oalcutta— es decir, la parte céntrica,— ha tenido en el centro de 3,500 á 5,000 casos mortales de cólera cada año, y los suburbios su 50 correspondiente contingente. Desde 18G5 comenzaron á ca- nalizar la ciudad, primero la parte que está poblada por los europeos y que se construyó con más lentitud. Después se pusieron en el resto de la ciudad canales colectivos, pero has- ta 1874 las demas casas de la parte poblada por los indíge- nas, carecían todavía de la comunicación con el sistema de canalización. En unos cuantos distritos, la red de la canalización era completa, como se ve en este plano, y se ha seguido traba- jando continuamente para completar la canalización que has- ta hoy ha avanzado bastante. Hay una particularidad en Oalcutta, digna de mencionar- se. En el interior de la ciudad, en medio de casas macizas y de edificios que tienen el aspecto de palacios y calles, se ven grupos de cabañas ó rancherías donde viven solamente los indígenas. Estos ranchos situados dentro de la ciudad se lla- man “bustees.” Los jacales de un “bastee” no tienen común ni desaguadero. Toda la suciedad se acumula dentro de las casas y por su construcción demasiado estrecha, no se pres- tan á la limpieza completa, y la suciedad llega á los estan- ques directamente ó arrastrada por la lluvia. Los estanques son receptáculos improvisados para toda clase de suciedad líquida. ]STo se puede tratar de establecer la unión de estas cabañas con la canalización en general. Cuando se puso en obra la canalización, se comenzó la construcción de un acueducto para Oalcutta. El agua se con- dujo desde algunas leguas geográficas arriba de Oalcutta, el rio Hughli se filtra bien yse conduce á la ciudad. La inaugu- ración del acueducto completo se celebró en el año de 1870. Juntamente con la ciudad el fortín recibió una agua bue- na por el acueducto, y desde este tiempo el cólera desapare- ció completamente del fortín. Esta circunstancia comprueba de un modo absoluto que no obstante de que no se modifi- caron las condiciones anteriores, con excepción del agua po- 51 table, que si el cólera no ataca al fortin, esto se debe atri- buir únicamente al cambio de agua potable. Desde 1865 hasta 1870 no se notó ningún efecto favora- ble por la canalización sobre la mortalidad del cólera en Cal- cutta; sin embargo de que el acueducto se avanzaba en su construcción. Tan pronto como se abrió el acueducto, el có- lera disminuyó, y desde entonces se ha reducido á una ter- cera parte la mortalidad anterior. La canalización que des- pués de 1880 se ejecutó de un modo completo y eficaz, no pudo agregar nada á este efecto del acueducto sobre el es- tado sanitario de Calcutta. La mortalidad mejorada por di- cho acueducto mostró el mismo numero de afectados después de terminada la canalización. Este efecto favorable sóbrela mortalidad no se puede atribuir á ninguna otra causa que al acueducto. A pesar de que el cólera siempre sigue frecuen- tando en Calcutta, esto depende de la tenacidad de una gran parte de sus habitantes, que siguen con sus antiguas costum- bres proveyéndose de agua del Hughli ó de los estanques, en vez de tomarla del acueducto. En los suburbios que no disfrutan del acueducto, y que están en directa conexión y en tráfico muy activo con la ciudad, la mortalidad del cóle- ra ha quedado la misma. Más aun se notó la influencia del acueducto en el fortin “Guillermo,” que está situado casi en el centro de la ciudad, al lado del Huhgli. Este fortin no es- tá canalizado, y por la distancia de los inmediatos canales de la ciudad, no puede gozar de la canalización. Las condi- ciones de las aguas subterráneas deben ser las mismas que las que tenían cuando se comenzó la construcción del fortin. Antes la fuerza militar del fortin cada año era atacada gra- vemente del cólera. Hácia principios del año de 60 la aten- ción de los oficiales se fijó en que las aguas potables fueran tratadas de manera que se conservasen tan limpias como era posible, y desde entonces el cólera disminuyó de un modo muy visible. 52 Existen otros ejemplos que aunque no sean tan demos- trativos, sí confirman la influencia del agua potable sobre el cólera en otras ciudades de la India. Por ejemplo, en Ma- dras el cólera lia disminuido muy notablemente después del establecimiento de un acueducto. Lo mismo sucedió en Bom- bay. Muy interesante bajo este respecto es Pondicherry. An- teriormente el cólera invadía muy á menudo á esta ciudad, y hace algunos años se construyeron unos pozos artesianos, que tienen una profundidad de 300 ó 400 pies, y desde en- tonces el cólera desapareció en Pondicherry. Pero en la úl- tima primavera vino de repente la noticia de que la inmuni- dad de Pondicherry, que se habia ya aceptado como eviden- te, no era efectiva, porque el cólera habia aparecido una vez más. En consecuencia, interpeló al Dr. Turnell en Madras, que so habia ocupado principalmenle del cólera en Pondi- cherry y que con atención y constancia ha seguido sus va- riaciones y cifras, y me contestó, que en efecto varios casos de cólera se hablan presentado, pero únicamente en los dis- tritos de la ciudad en los que todavía no existían pozos arte- sianos. Si aquí he aducido algunos ejemplos que prueban la utilidad de un buen sistema de agua potable, después de mis anteriores explicaciones, creo no necesito insistir en manifes- tar á vdes. que no soy partidario de la teoría exclusiva de las aguas potables. Estoy en contra del método que excluye he- chos, despojándose de principios. Creo que los caminos por los cuales el cólera se puede desarrollar en un lugar son múl- tiples; que cada lugar tiene sus condiciones propias que de- bemos investigar con exactitud, y según esto deben tomarse las medidas indispensables para defenderse de la peste en determinados lugares. Hay más: en India la propagación del cólera depende del tráfico de la gente, y principalmente es favorecido por las peregrinaciones devotas, que son allí ex- traordinariamente frecuentes. Apenas podemos figurarnos la extensión que tiene todo lo concerniente á las peregrina- 53 clones en India. Para dar á vdes. una idea, quiero mencio- nar solamente los dos principales lugares de peregrinación: Hurdward y Parí. Estos son lugares por donde peregrinan cada año millares, algunas veces más de un millón de gen- tes de todas partes de la India. Las peregrinaciones quedan algunas semanas acorrala- das en un espacio demasiadamente estrecho y viven del mo- do más miserable. En estos sitios bay multiplicados estan- ques, en los cuales se bañan miles de hombres, que beben también aquella agua. Así es que no es extraño que la en- fermedad, cuando ataque á estas congregaciones de peregri- nos, se propague sobre toda la India muy rápidamente y lle- ga á todas partes. El camino que tomaba el cólera fuera de las fronteras de India, era primero el de las Indias septentrionales al interior de Asia, de allí á Persia y después más lejos por el Sur de Europa. Sin embargo, sufrió alteraciones tan luego como el comercio no se efectuó por la ruta de las caravanas para Per- sia, sino por los buques al mar Eojo yal canal de Suez. Oreo que ahora ha disminuido mucho el peligro de la propagación del cólera en el camino terrestre del Asia, hío es imposible, pero ya no es probable. El otro camino, por el contrario, la vía marítima de la India por el mar Eojo y especialmente por el puerto principal de salida de Bombay, en mi concep- to se vuelve más peligroso cada año. Se puede llegar de Bom- bay (que raras veces está libre del cólera), en once dias á Egipto, en diez y seis dias á Italia y en diez y ocho ó cuando más en veinte dias se puede llegar al Sur de Francia. Estos espacios de tiempo son muy cortos si se comparan con la du- ración del viaje anterior, y por lo mismo debe calcularse el peligro de una importación directa del cólera de India á Eu- ropa de un modo más inminente. Por estas circunstancias de bastante interes, debe admitirse la marcha del cólera por los buques; permitidme algunas palabras sobre esto. 54 Siempre he fijado mi atención en que las verdaderas epi- demias de cólera únicamente se manifiestan en buques que tienen un gran número de tripulantes, mientras en los que con- ducen poca tripulación, es decir, en los mercantes, aunque hay casos de cólera en los primeros dias, nunca se desarro- llan de una manera epidémica, nunca duran semanas. Como esta circunstancia es de suma importancia, no solamente pa- ra la etiología del cólera, sino también para el tráfico marí- timo, tomé informes hasta donde era posible, y encontré mis observaciones completamente comprobadas. Si se trata so- lamente del cólera que se desarrolla en los buques, debemos llamar nuestra atención sobre aquellos que sirven de tras- porte á multitud de gentes, como sucede en los buques de trasportes de tropas, peregrinos, kulis y emigrantes. Cuan- do salen de puertos que están infestados de la epidemia co- lérica, la enfermedad no es tan rara como generalmente se presume. Se ha reputado el tráfico náutico como enteramen- te inocente para la propagación del cólera, calculando que entre tantos y tantos buques exentos de la peste, puede ha- ber uno que venga de algún punto en donde el cólera ha he- cho su aparición. Contra esta clase de cálculos debemos decir, que si en efecto entre mil buques solamente uno porta el cólera, claro es que este pueda contagiar del mismo modo, como si todos los mil buques estuvieran infeccionados. Pero si concretamos nuestro cálcalo únicamente á los buques de trasporte de mu- chedumbre de gente, entonces, como dije antes, el resulta- do será mucho menos favorable de lo que se supone vulgar- mente. En los informes oficiales del *• Eeport of the Sanitary co- misioner to the Government of India,» del año 1881 se re- gistra una estadística muy interesante sobre el cólera, de los buques que trasportan los kulis y que salieron de Oalcutta. Estos buques no son muy grandes, pero conducen de 300 55 á 500 peones indios, llamados knlis principalmente por las colonias inglesas de América. De tales buques 222 hicieron el viaje durante 10 años y 33 de éstos fueron infestados del cólera, y la epidemia duró en 1G buques más de 20 dias. Se- gún esto, es fácil conjeturar qué grande debe ser el peligro de la propagación de cólera Inicia Europa, que está más cer- cana, si semejantes trasportes de trabajadores de la India se dirigieran por ejemplo á Egipto ó á cualquier puerto del mar mediterráneo. JSTo he tenido aún ocasión de dar mi opinión sobre la cuestión de la etiología del cólera que es de un Ín- teres más teórico, y por esto tengo que decir todavía cuatro palabras sobre este punto. Se trata, pues, de la explicación de un hecho notable, el de que el cólera fuera de la India, siempre que desaparezca después de una temporada relati- vamente corta. En mi opinión la extinción de la peste depende de varios factores. En primer lugar me consta que un individuo especial ad- quiere cierta inmunidad por haber sufrido una vez el cólera, como sucede en otras enfermedades infecciosas. Esta inmuni- dad no es de larga duración, porque hay bastantes ejemplos de que un hombre que ha sido atacado en una epidemia, se enferma del cólera por segunda vez en otra; muy raras ve- ces se oye que el mismo individuo, durante la misma epide- mia, sea atacado dos veces. Justamente en el cólera un ata- que repetido debia notarse frecuentemente, porque el hom- bre que ha sanado de un ataque vuelve en unos cuantos dias á las mismas condiciones y se expone á los mismos peligros y á la misma fuente de intoxicación. Algunas experiencias que se hicieron en la India, prueban que se gana cierta inmu- nidad después de soportar un ataque de cólera. En identi- dad de circunstancias, así como un individuo puede adquirir cierta inmunidad, también las poblaciones pueden volverse inmunes por cierto tiempo como se ha observado. Se ve á me- 56 nudo que cuando el cólera La invadido una población y la La epidemiado, este lugar después, cuando vuelve el cólera al año siguiente, queda casi intacto ó lo invade la peste muy ligeramente. Como segunda causa para la extinción de una epidemia de cólera, se debe apuntar la falta de un estado de duración, porque la sustancia infecciosa ayudada por ese estado de du- ración podria pasar bien la temporada de la imunidad que se opone á su desarrollo. Debe recordarse que las temperaturas bajo de 17° c. tie- nen un efecto tan desfavorable para el crecimiento de los ba- cilos fuera del cuerpo,’ que una prolificacion ya no se puede establecer. Cuando todos estos factores están obrando jun- tos, cuando comienza el invierno y cuando quedó una pobla- ción más ó menos inmune para la epidemia, entonces queda- rá extinguida, no existiendo un estado de duración. Antes de concluir tengo que decir algo sobre la aplica- ción práctica que puede sacarse del descubrimiento de los bacilos de coma. Comunmente se dice: Está bien, ¿pero para que sirve tal descubrimiento? Sabemos, es verdad, que el cólera es pro- ducido por los bacilos, y sin embargo todavía no podemos curar la enfermedad mucho mejor que antes. Recuerdo que de la misma manera se habló sobre el descubrimiento de la tuberculosis. Quien considera estas cuestiones solamente bajo el pun- to de vista del módico recetante, tiene razón en decir que to- davía no se siente ningún palpable provecho; pero hay que atender á que estos genios críticos deberían imaginar, que pa- ra las demas enfermedades y especialmente para las enferme- dades infecciosas, no se puede encontrar una terapéutica ra- cional, hasta que se diagnostican las causas y el verdadero carácter de ellas. Yo me prometo grandes ventajas del descubrimiento de 57 los bacilos de cólera. Primero me explico sn valor con rela- ción al diagnóstico. Es de extraordinaria importancia diag- nosticar bien y exactamente los primeros casos que aparez- can en un país ó una población. Para mí, demostrada la pre- sencia de los bacilos de cólera, se puede fijar ya con perfecta seguridad si hay cólera ó no. Esto me parece muy esencial y provechoso. Tengo la convicción de que después de haber conocido la verdadera causa de la enfermedad y sus calidades caracte- rísticas, se podrá formar la etiología del cólera con contornos exactos y fijos, y que al fin tendremos por este medio una sa- lida para resolver innumerables contradicciones. Gauarémos mucho si logramos establecer unas bases sólidas para un pro- ceder uniforme y que concentre el procedimiento. Un provecho muy especial me promete la observación de que se mueren los bacilos de coma cuando se ceban. Es ver- dad que este hecho se deberla haber encontrado más antes por medio de las experiencias; peio faltaban en su apoyo los materiales seguros aprovechados por la experimentación, y sin embargo, se pusieron de nuevo en duda. Ya podemos de- terminar la calidad de la sustancia infecciosa con toda cer- tidumbre como hecho probado, y en lo futuro podrémos cal- cular con este factor. De todo esto, podemos ante todo sacar este provecho, que se acabe de una vez con la horrible de- vastación de sustancias desinfectantes, y que ya no sé des- perdicien millones de pesos en los arroyos y en los comunes, como sucedió en las últimas epidemias, sin que se obtuviera la más mínima utilidad. Me siento además muy inclinado á entrever que por la terapéutica también se podrá sacar fruto del conocimiento de los bacilos de coma. En lo futuro en casos aun más sencillos, en los estados iniciales se podrá formar el diagnóstico. Consecutivamente ganarán en cuanto á seguridad los experimentos terapéu- 58 ticos, cuando se conozca que en efecto el enfermo tiene el cólera. ün temprano diagnóstico debe tener tanto más valor, cuanto que la acción de los efectos terapéuticos desde la apa- rición de los primeros síntomas iniciales de la enfermedad, tenga mayores probabilidades. Se. Viechow.—Estando muy avanzado el tiempo, debo concretarme dando en nombre de vdes. las gracias más ex- presivas por el discurso que nos hace saber las ideas del Sr. Dr. Kocb. Por las relaciones detalladas y lucidas que había mandado durante su viaje, pudimos estar al corriente y se- guirlo en el camino de sus investigaciones, y puedo decir con respecto á mí y aun con respecto á vdes., que la prolija y exac- ta exposición de hoy era muy esencial, para que pudiésemos formarnos un juicio en este asunto. Yo declaro que desde el principio he sospechado como más probable, que el bacilo sea en efecto el "Eus morbi;n pero después de lo que he escuchado mis ideas se han robusteci- do considerablemente. En cuanto á que si el bacilo se en- cuentra en cualquier otro punto fuera del cólera, nunca fal- tarán ellos para hacer el controle necesario. Así es que no hay necesidad de dar un nuevo impulso en este sentido. Me será permitido declarar en nombre de vdes., que en los puntos principales estamos inclinados á aceptar las ideas del señor orador. Tengo la mayor satisfacción en decir respecto de la dis- cusión propuesta, que con la simple ojeada que he dado al pro- grama, he creido que estamos en frente de una serie de cues- tiones, que en realidad nadie puede contestar más que el señor orador, y por consiguiente nos limitarémos á decir, si en lo que nos comunica encontramos contradicciones ó du- das. Contestar la mayoría de estas cuestiones me parece te- merario. Hay algunas en efecto que son de tal carácter, que 59 los señores que hicieron experiencias en epidemias anterio- res, pueden dar su opinión sobre’ellas, y seria evidentemen- te muy provechoso que nos ocupemos otra vez de este asunto en la próxima sesión. Por esto me permito proponer, que por hoy concluyamos nuestra conferencia y que nos juntemos otra vez en una no- che de la semana que entra para discutir al menos aquellos puntos hasta donde podamos. La discusión se citó en seguida para el martes á fas siete de la noche. Se levantó la sesión á las nueve y cuarto. CONFERENCIA SOBRE LA CUESTION DEL CÓLERA. (Ocmcluicla). Verificada en Berlín en el Consejo de Salubridad del Imperio ale- mán el martes 29 de Julio de 1884- á las siete de la noche. Presentes los señores Se. Yirchow.—En mi concepto los diferentes puntos en las tésis (*) presentados por el Sr. Koch para la discusión, se (*) Las tesis del Dr. Koch son las siguientes. 1. ¿Se produce el cólera por una sustancia infecciosa específica que viene solamente de la India ? 3. ¿Cuáles son los portadores de la sustancia infecciosa en el tráfico á distancia; bu- ques, mercancías, cartas, hombres sanos ó infectados? 2. ¿Se trasmite la sustancia infecciosa solamente por el tráfico de las gentes? 4. ¿Cuáles son los portadores de la sustancia infecciosa en el tráfico de cercanía: ca- dáveres de cólera, efectos de cólera, ropa, alimentos, agua potable, agua de uso, aire, in- sectos ? 5. ¿Es posible una trasmisión directa, ó necesita la sustancia infecciosa pasar un tiem- po bastante para su maduración ó cambio de generación en el mielo ó en oteo medio? 60 deben separar en dos clases, una en.donde seamos solamente capaces como colegio de jurados para decir al Sr. Dr. Koch si estamos satisfechos con sus comunicaciones ó no, aunque no podemos juzgar; y otra, donde la experiencia de epide- mias anteriores nos da la aptitud de dar nuestra propia opi- nión. Nos proponemos primero esta cuestión: ¿Se produce el có- lera por una sustancia infecciosa, específica, que solamente vie- ne de la India f Se. Koch.—Yo he considerado necesario proponer esta tésis, porque respecto de ésta, últimamente se han suscitado dudas, de si el cólera era sobre todo una enfermedad específica y si tendría su origen en India. Especialmente con relación á la epidemia egíptica en el último año se despertó esta duda. En cuanto á las tésis propuestas por mí, no soy de opinión que ellas contengan todo lo que se puede discutir, y lo dejo al juicio de vdes. el quitar ó añadir otras tésis. Intencionalmente hice siempre uso de la palabra “sus- tancia infecciosa.” La cuestión sobre la importancia de los bacilos de coma se puso al fin, porque no quiero prevenir a ninguno en su juicio sobre el carácter de la sustancia infec- ciosa. Se. Viechow.—Estoy inclinado a creer que en Alemania 6. %Se reproduce la sustancia infecciosa en el hombre, óes ésta independiente de él en el suelo y sirve entonces el hombre (ó el animal) solamente de portador ? 7. ¿Está, contenida la sustancia de infección en las deyecciones yen el vómito, ó se en- cuentra también en la sangre, en la orina, en el sudor y en el aire respiratorio ? 8. ¿Tiene la sustancia infecciosa gran resistencia y duración? 9. ¿Se destruye, cuando se seca, en poco tiempo ? 10. ¿Puede entrar en el cuerpo de otro modo que por el canal intestinal? 11. ¿Hay necesidad de especiales predisposiciones individuales para que sea eficaz? 12. ¿Cuánto tiempo dura el estado de incubación? 13. ¿Garantiza un ataque de cólera la inmunidad por cierto tiempo? 14. ¿Es idéntica con los bacilos de coma la sustancia infecciosa del cólera? 15. ¿Se puede explicar el efecto de los bacilos como una intoxicación? T’NO no la demostración de los bacilos de coma un valor diagnóstico? 61 en realidad no se necesita ninguna disensión sobre este pun- to. Al menos yo no sé que en el último decenio se hiciera ningún notable esfuerzo para poner en duda la verdad de esa sentencia. Kos distraeríamos demasiado si discutiésemos to- das estas diferentes posibilidades que en otro tiempo se pro- pusieron. Si esto fuera de cierta importancia para nosotros, se podría hacer desde luego. Creo que puedo manifestar que en este punto la diferen- cia de opiniones casi no es posible. Se. Hiesch.—Me permiten vdes. la observación, que en la conferencia sanitaria de 1874 en Viena, á la cual asistí co- mo comisionado del Imperio aleman, reinaba una completa conformidad sobre que el cólera en Europa aparece sola- mente á consecuencia de la importación del veneno específico del cólera de India. Esta conformidad es tanto más notable, cuanto que en muchas otras cuestiones sobre el cólera las ideas que se experimentaron en aquella conferencia eran muy divergentes. Sigue el punto núm. 7. ¿ Está contenida la sustancia infecciosa en la deyección, sea en el vómito, o se encuentra también en la sangre, en la orina, en el sudor ó en el aire respiratorio f Se. Yieohow.—Esta cuestión, como parece, se originó porque la Comisión francesa en Egipto creyó encontrar las sustancias infecciosas en otras partes del cuerpo, principal' mente en la sangre, lo que se niega por el Sr. Koch. Se. Koch.—Ko tengo nada que añadir á esta tésis. Me refiero solamente á lo que dije el otro dia. En mi concepto, la sustancia infecciosa se encuentra solamente en las deyec- ciones;-por excepción alguna vez, en el vómito; pero todas las otras causas que se podrían poner en duda antes, como la orina, el sudor, el aire respiratorio, no puedo acusarlas de ser portadores de la sustancia infecciosa. Igualmente, en la sangre, por este motivo-, no se puede encontrar la causa, po^ 62 que nunca hasta ahora una autopsia causó una infección, mientras en otras enfermedades donde la sustancia infecciosa se encuentra en la sangre, por ejemplo, en la carbuncal osis, en el recurren!. Ya se conoce una cantidad de semejantes in- fecciones. Se. Yiechow.—Yo puedo añadir solamente que todos los anteriores exámenes respecto de la sangre no han tenido por resultado una conclusión definitiva en mi concepto. Respec- to á las otras secreciones, nunca me vino la idea de una po- sibilidad, que por ellas se pudiera producir una infección. Para no faltará la exactitud, se enumeraron todas estas sus- tancias; pero no creo necesario extender la discusión sobre estos puntos. Llegamos al punto núm. 16. ¿ Tiene la demostración de los bacilos un valor diagnóstico f Esta pregunta implica la otra: ¿Se puede mirar el coma- dadlos como el elemento verdadero específico del diagnóstico f— y si vd. me permite agregar desde luego—¿es el verdadero agente? (14) Se. Kooh.—Entonces la pregunta 16 diria lo mismo que la 14, en que se pregunta: ¿Es la sustancia infecciosa del có- lera idéntica con él dadlo de coma f Se podrían combinar en- tonces estos dos puntos. (Conformidad). Cuando puse la pregunta número 16, pensé principal- mente si la ejecución práctica del método para la demostra- ción de bacilos de coma no excedia á lo que se puede exigir de cada médico ó al menos de cada empleado del Cuerpo sanitario. A éstos tocaría primero formar el diagnóstico en el caso que so ofreciera. Yo pensaba mucho menos en el la- do terapéutico de la cuestión, que en la aplicación en el sen- tido de la policía sanitaria, y que si posible fuera, se deberían diagnosticar los primeros casos de cólera desde luego. Se puede exigir de los empleados del Cuerpo sanitario, que sean tan versados con los métodos necesarios, para formar el diag- 63 nóstico de un modo seguro. Debo repetir que el microscopio basta solo eu pocos casos; ante todo es necesario conocer el método de cultivos. Se. Skezeczka.—Por el presente y también en el por- venir próximo, apenas es posible contar con los conocimien- tos de este método y con la aptitud en su ejecución, ni que éstos sean tan generales, que se les pueda esperar de cada empleado del Cuerpo médico. Si esto acaso se verifica en un tiempo futuro, esa es otra cuestión. Se. Yiechow.—Esta cuestión práctica siempre es de ór- den inferior. Creo que debemos anteponer el punto 14. Si me fuera permitido dar mi opinión en este respecto, es la si- guiente: Discutiendo con toda exactitud si la sustancia in- fecciosa del cólera es idéntica con los bacilos de coma, debo decir, que faltan todavía algunos datos de seguridad. Por un lado, basta abora todavía no se ba logrado produ- cir el cólera de cualquier modo, trasmitiendo los bacilos de coma en animales. Eeconozco completanente que esto no es una prueba absoluta en contra. En tiempos anteriores, es ver- dad, se hicieron muchos experimentos respecto á la trasmi- sibilidad del cólera por anímales. En parte se afirmó que se procreaba la enfermedad, en parte se negó. Una completa absolución de esta cuestión todavía no se ba verificado. Además, en cada epidemia hubo ejemplos donde se cre- yó ver animales enfermos de cólera; pero yo mismo nunca estuve en la situación de examinar dichos animales para per- suadirme de esto. Pues bien, yo reconozco que no hay necesidad de repro- ducir un experimento en animales con resultado positivo. Ahora la cosa se vuelve más difícil por la comunicación que hemos recibido del Sr. Kocb, que el Sr. Richards logró pro- vocar eu puercos por la alimentación con masas del conteni- do del intestino de cólera ataques graves y finalmente la muerte. 64 Se trata, como se ve, de saber si pueden considerarse se- mejantes ataques como idénticos con el cólera. El Sr. Koch ha dado la explicación, que se trata aquí pro- bablemente de una intoxicación provocada por sustancias que eran producidas por los bacilos. lío puedo negar que seria muy conveniente hacer expe- rimentos comparativos en este respecto, usando en parte cul- tivos especiales para infecciones de animales, en parte usan- do las deyecciones de cólera tal como están. Porque si la posibilidad se hubiera concedido de que al lado del bacilo existe además otra sustancia infecciosa, siem- pre por los experimentos comparativos se podría resolver si es posible producir algo en los animales que se pudiera lla- mar cólera. Esta posibilidad todavía no me parece entera- mente excluida. Por otro lado, ya desde el principio dije, que en mi opi- nión es muy probable que ya se logre verificar la solución definitiva de un problema que estaba pendiente hace dece- nios: el problema de la existencia de un micro-organismo es- pecífico del cólera. Primero debo fijar, que en todo el grupo de los numero- sos micro-organismos que están contenidos en las deyeccio- nes de coléricos, hasta ahora al menos ningún otro existe que se pudiera acusar con alguna probabilidad. Hace algunos de- cenios estuvimos en la espectacion segura de que se lograría encontrar un cierto organismo, y sin embargo, la historia del cólera, el modo de su propagación y trasmisión se vuelve in- definido, desde el momento en que no fuera permitido volver á la idea de un verdadero Eus vivens. Por otra parte, en epidemias anteriores este punto de vis- ta siempre se consideró como decisivo. He estado acostumbrado á decir, todo se debe manejar de este modo, se deben escoger log métodos así, como si se tra- tara de un Eus vivens. 65 Abora no puedo decir que creo probable que por la tras* portación de puras sustancias químicas se puede explicar la propagación de una epidemia de cólera. Reasumiendo esto, teniendo en cuenta por otra parte que en todo el numero de los organismos no existe ningún otro, que de igual modo ex- traño y característico, sea tan idéntico con las faces de la en- fermedad, la probabilidad crece, de que este organismo es el verdadero organismo específico del cólera. El Sr. Kocb nos ba comunicado que en ciertas deyecciones, también en cier- tos intestinos de enfermos de cólera, existen casi cultivos es- peciales de estos bacilos, principalmente en la ropa, que sa* bemos es un intermedio peligroso de la trasmisión y del des- arrollo de estos bacilos, que se verifica con una prontitud y un vigor extraordinarios. Con esto se acaban todas las otras explicaciones. Por mi parte no se cómo pudiéramos adelantar por otro camino, y no comprendo cómo se pueda dar lugar á la idea, de que el bacilo no fuera la causa esencial. La cuestión sobre si hay otra enfermedad ú otro estado donde se encuentra en el hombre el mismo bacilo, no queda- rá. contestada definitivamente por de pronto; probablemente quedará pendiente todavía por años, y siempre de cuando en cuando será necesario hacer investigaciones sobre una ú otra enfermedad, para ver cómo se encuentra bajo este respecto. Una solución definitiva, en sentido vigorosamente científico, apenas se puede esperar en este momento por la razón ex- puesta. Pero siempre soy de opinión que las medidas prácticas de la policía sanitaria deben fundarse en estos principios, como ya antes presumían el Eus vivens, ó al menos deben consi- derar provisoriamente el bacilo de coma como la causa con- tra la cual se deben dirigir principalmente sus medidas. Cualquier oposición que se levante, me parece bajo to- dos aspectos imprudente; resérvense los que quieran la po- 66 sibilidad de mía argumentación continuada ; pero deben pro- ceder por de pronto como si la cosa ya estuviera decidida en toda forma. Su. Koch.—Eespecto de los experimentos de Richards, desearía recordar queéstos en verdad no pueden explicarse de ningún otro modo, sino por una intoxicación. Los puercos se murieron en un tiempo increíblemente corto, cuando más en dos horas y media, y esto no se puede explicar como enferme- dad infecciosa. Especialmente la reproducción de las sustan- cias infecciosas se salvo bien en el experimento de Richards. Ro obstaiíte, no quiero pretender que no existe ningún ani- mal donde acaso podía salir bien al ultimo este experimento de infección. El otro dia varias veces repetí que en todos es- tos animales con los cuales se ha experimentado hasta ahora y que estaban en contacto con los hombres en regiones de cóle- ra, nunca se observó algo semejante al cólera. Se ve que tam- poco creo este asunto definitivamente concluido. Quiero so- lamente repetir que los experimentos de Richards, no prueban nada contra la importancia de los bacilos de coma; al con- trario, me parecieron más bien una confirmación de mi opi- nión en la etiología del cólera, porque de este modo se cono- ce que en el contenido del intestino se forma una sustancia tóxica bajo la influencia de los bacilos de coma. Sr. Hirsch.—Me permito llamar la atención sobre un punto, que por la demostración de lo específico de los bacilos de coma, no es en mi opinión sin importancia: son los exá- menes del contenido del intestino ó de las evacuaciones de cólera nostras. He visto casos de esta forma de enfermedad que á mí me hicieron creer con mucha probabilidad, que tam- bién esta forma se refiere á una infección, y esta idea encuen- tra su confirmación en las observaciones de otros examina- dores.—La presunción de que el cólera nostras debe su ori- gen únicamente á las altas temperaturas del estío, se combate por el hecho de que la enfermedad so nota también en el iu- 67 vierno.—Casos graves del colera riostras tienen enteramen- te carácter del cólera de India en todas sus faces, al grado de no poder formarse un diagnóstico seguro, y si tales casos se presentan en un lugar donde en el año anterior una epide- mia de cólera lia reinado--como yo observó esto en el año de 1852 en Dauzig—entonces si le preguntan á uno si tie- ne que tratar el cólera indio, no podrá contestar, y al fin solo el óxito de la curación será decisivo para el diagnóstico. Aquí la demostración del bacilo de coma se nos aparecería como un recurso muy apreciable para el diagnóstico, puesto que el bacilo de coma no se encuentra en el cólera nostras. El llamado cólera infantum no se menciona aquí, porque excepto las evacuaciones profusas per os et anum, no tienen nada común ni con el cólera nostras ni con el cólera de In- dia. Su. Koch.—lSTo hace mucho que he tenido ocasión por la última vez de examinar el material del cólera nostras. Te- níamos á la vista cortadas microscópicas do la membrana mucosa del intestino de un caso muy grave y muy rápido. No hubo bacilos de coma, pero sí multitud de otros bacilos en la superficie y en los glandulitos tubulares. Además, me mandaron de Viena preparados casos que se presentaron allá, de los cuales por cierto no se puede aún decir con segu- ridad si era cólera nostras ó si era insolación. Estaban prepa- radas en vidrios cubre-objetos, con el contenido del intestino en dos de estas preparaciones. No se pudieron demostrar nin- gunos bacilos de coma. Sr. de Bergmanx.—¿Se nota el cólera nostras siempre esporádico ó también epidémico? Según yo sé, solamente es- porádico. Sr. Hirsch.—Es verdad que se manifestaron pequeñas epidemias de cólera nostras. Sr. Virohow.—Esto es decir, algunos casos, uno después del otro sin conexión entre sí. 68 Su. Kirsch.—Creo que tales casos acumulados de cólera riostras puedeu llamarse epidemias. Su. VJECHOw.—Del mismo modo que en nuestro cólera infantunij que también en ciertos tiempos se manifiesta de una manera epidémica, no se conoce ninguna epidemia de có- lera nostras que se haya extendido sobre terrenos grandes. Siempre sucede que en un lugar se presenta una serie de ca- sos. Pero aun en Berlin el número es siempre relativamente pequeño, comparado con el de los habitantes y con los ata- ques fuertes, que éstos de vez en cuando hacen contra sus tubos digestivos. Se. Skrzeczka.—Aquí en cada estío se notan tres y has- ta cuatro casos, algunas veces con la forma letal, pero éstos por su carácter apenas se diferencian del cólera indio, así es que éstos se diagnostican de cólera nostras por la única ra- zón de que el cólera asiático no pudo ser importado de nin- gún lado por Europa y está libre de esta plaga. Se. Yirchow.—Me permito todavía una pregunta sobre el punto núm. 16. Según lo que hemos oido, el Sr. Koch todavía no está bas- tante seguro de que con la demostración microscópica sola de bacilos, el diagnóstico esté garantizado. Ahora me atrevo á decir: aun antes de la demostración de los bacilos, se puede decir que también hablamos podido salir regularmente. La única cuestión de importancia para el empleado práctico del Cuerpo sanitario es, si en el caso que se le presenta se trata de un hombre enfermo do epidemia ó de un ataque esporádico. Este empleado se pone en frente de una afección morbosa que debe ser cólera asiático ó cólera nostras. Ahora acabamos de oir que en un caso de cólera nos- tras que se examinó faltaron los bacilos de coma. En conse- cuencia me permito la siguiente pregunta: si tenemos ála vista un caso dudoso que en su sintomatología reúna los fenómenos del cólera asiático, y si por el exámeu Ejicroscó^ 69 pico, sin apoyarse en otras cosas, se prueba que innumera- bles bacilos de coma existen en las evacuaciones, ¿dudaría el Sr. Kocb, entonces, que este es un caso verdadero de có- lera asiático? Sr. Kocn.—En este caso yo no conservaría por un mo- mento la duda. Pero sucede muy frecuentemente que por el exámen microscópico se encuentran las cantidades de baci- los de coma que son suficientes para el diagnóstico. Otras veces el método de cultivo es necesario, y este nunca nos en- gaña. Por esto repito que si la demostración de los bacilos de coma se aplica á la práctica, bajo este respecto creo que no es enteramente indiferente, pues desde el primer caso que se importe por buques ó de otro modo, desde luego se puede diagnosticar con seguridad si es verdaderamente có- lera ó no. Como el Sr. Hirsch dijo en este momento se ayu- dará mucho el diagnóstico del cólera nostras, esperando sim- plemente á ver si los enfermos sanan ó no. M después de esto se puede saber la verdad, porque también gente con có- lera asiático puede sanar. Pues bien, so debe esperar más hasta que se acumulen los casos; pero entonces el más fa- vorable momento de hacer algo se escapa. Oreo, sin embar- go, que siempre es muy importante fijar bien el carácter, principalmente en los primeros casos, y declararlos inofensi- vos por medidas adecuadas. Aunque según el uso anterior siempre se puede diagnosticar con la misma seguridad si se trata de una epidemia de cólera asiático ó no, esta decisión vendrá muy tarde, precisamente cuando la mejor oportuni- dad para la curación se haya pasado. El diagnóstico de los primeros casos no es solamente de gran importancia para la iniciadora importación del cólera á Europa, sino que además cuando se presenta en un nuevo lugar, cambien allí los primeros casos se pueden hacer ino- fensivos por el aislamiento. Pero si se espera con el diagnóstico que ocurran media 70 docena de casos ó más, entonces ya se escapó la enferme- dad á nuestra vista y manejo. Respecto á la dificultad del método para demostrar los bacilos, creo que es más difícil teñir los bacilos de la tuber- culosis que estuvo en uso hace poco, que hacer un cultivo de bacilos de coma. Pienso que de la misma manera que los de- mas médicos se instruyeron en teñir los bacilos de tubercu- losis, se puede exigir igualmente de los empleados del Cuer- po sanitario, si no de todos, al menos de la mayoría de ellos, que puedan hacer semejante examen. Se. Schubert.— ¿Me será permitido la súplica de con- testarme en qué estado, es decir, á qué tiempo se pueden en- contrar los bacilos de coma? Se. Kocii.—He visto los bacilos en algunos casos que acabaron de llegar al hospital. Es verdad que éstos no son siempre los primeros estados de la enfermedad; pero en To- lón examiné á un hombre que se enfermó en el hospital y que se murió pocas horas después. En el contenido del intestino de este hombre los bacilos de coma se encontraron en canti- dad grande, ün preparado de este caso he enseñado á vdes. Por esto presumo que los bacilos ya se pueden demostrar muy temprano, y que las primeras evacuaciones pálidas y acuo- sas deben contener grandes masas de bacilos. Sl?. Schubert.—Mi pregunta implica saber, si en el prin- cipio de la enfermedad se encuentran bacilos de coma en las deyecciones. Se. Kocii.—Sí. Esto yo puedo afirmarlo. Se. Hiesch (al Sr. Koch).—¿Me permite vd. una pregun- ta respecto al valor práctico del examen para investigar la existencia del bacilo? Suponiendo que ahora llegase un ex- tranjero á Berlin, que estuviera enfermo de síntomas sospe- chosos de cólera, pero que en las deyecciones no se encon- trase el bacilo: ¿Le dejarla vd. andar libre, ó le pondría vd. bajo de observación? 71 Sr. Koch.—Yo pondría á tal hombre definitivamente ba- jo observación. Pero mis intenciones no se restringen, al con- trario van más lejos. Sr. Kirsch.—Quise solamente indicar con esta pregun- ta dónde se encuentra la importancia de todo este asunto. Un caso principiando y marchando bajo los síntomas del có- lera, que se presente en determinado tiempo en Europa y otras regiones fuera de India donde el cólera asiático no es- tá reinando como epidemia en ningún punto, siempre se de- be mirar como de ningún modo sospechoso este caso, incli- nándose á que tenga su origen de ludia; porque un caso semejante, presentándose al mismo tiempo que el cólera de India se manifiesta en cualquier lugar de Europa, siempre debe ser sospechoso—lo mismo si los bacilos se encuentran en las deyecciones ó no. Tales enfermos, de todos modos se deben poner bajo de observación, se deben aislar rigurosa- mente y tratarlos como sospechosos. Sr. Koch.—En la práctica creo que esto no sucede tan seguido, que uno que llegue de un lugar de cólera se enfer- me desde luego de un ataque de cólera verdadero. En este caso pudiéramos, si todo es muy claro y aparen- te, dejar al lado el microscopio y el método de cultivos. Tal hombre lo trataría desde luego como enfermo de có- lera y lo aislaría. Pero comunmente las cosas marchan de otro modo. Todavía el cólera está limitado al Sur de Fran- cia. Pero supongamos que un caso parecido al cólera se pre- sentara en una ciudad alemana y que se demostraran los bacilos de coma, entonces puede decirse que la sustancia in- fecciosa está ya en la ciudad. Deben aplicarse otras medidas que no se concreten solamente á enterrar al hombre y á des- infecciouar las cosas. Creo que de preferencia en estas cir- cunstancias será de mucha importancia formar el diagnóstico. Es verdad que no sucede muy á menudo que el cólera dé sal- tos tan grandes, pero los ha hecho varias veces y no seria 72 imposible que por el tráfico que existe en algún lugar de un país vecino á Francia, el cólera apareciera repentinamente. No seria imposible que por bastante tiempo la gente se opon- ga á la verdad y que se consuele con que sea cólera nostras, y entretanto se aumentan los casos y si al fin se resuelve pro- clamar por las defunciones que aumentan cada (lia, que es el cólera asiático, entonces ya es demasiado tarde para encer- rar la epidemia. Se ve que siempre debe mantenerse la ne- cesidad de demostrar los bacilos de coma para el diagnóstico. Su. B. Fiiankel.—En mi concepto siempre existe gran diferencia entre la teñidura de los bacilos de tuberculosis y el método de cultivo. Yo ejercité las dos cosas, y mientras que la una no exige un material grande, el cultivo no solo exige un laboratorio bien acomodado para hacer líquidos nu- tritivos estira!izados, sino también para construir la caja ca- lorificatoria, puesto que los bacilos de coma no crecen bajo de 17° c. No sé cuántas otras clases de bacilos existen en el intestino de los coléricos junto con el bacilo de coma, cuan- to más especies baya, tanto más difícil será la separación de los bacilos de coma. De todos modos creo que según las cir- cunstancias la necesidad exige más y más establecer labora- torios donde se puedan cultivar, es decir, estaciones higiénicas. Creo que lograríamos esto tanto más, cuanto que necesi- tarémos examinar continuamente el agua potable y las del acueducto cuando tengamos aquí el cólera. No creo que se pueden exigir semejantes establecimien- tos ni de un médico particular, ni de los empleados inferio- res del Cuerpo sanitario de los distritos; porque de todos mo- dos se necesita para esto, cuando se trata del cólera, de un lugar separado que se use únicamente para eso. Su. Pistor.—Oreo que fuera de las ciudades grandes ape- nas será posible aplicar el método de Koch. Yd., Br. Koch, sabe como yo, que en las poblaciones del campo hay dificul- tades extraordinarias para recibir las deyecciones de los en- 73 fermos y las autopsias son absolutamente imposibles. Por esto la cuestión respecto del campo me parece no debe acep- tarse. Pero en las ciudades grandes y medianas, creo que se realizará con el tiempo, cuando los empleados jóvenes co- nozcan el método, cuando los más jóvenes, que son ahora empleados, se acostumbren, entonces será posible aplicar el método del Sr. Koch. Se. Koch.—Siempre opino que vdes. se figuran dema- siado grandes las dificultades del método. Ydes. mismos lo han visto el otro dia. Creo que se vio que era muy simple. La gelatina nutritiva es vendible. Esta solamente se calien- ta y se mezcla con un copo de mucosidad de la deyección y se extiende en una lámina de vidrio. Esta lámina se pone bajo de una compaña de vidrio, ó si falta ésta se mete den- tro de dos platos puestos uno encima del otro, como lo hici- mos en nuestros experimentos en Oalcutta. En cuanto á la posibilidad de conseguirse las deyeccio- nes, creo que en el cólera las circunstancias son extraordina- riamente favorables. Ydes. saben que las deyecciones en la mayor parte ensucian la ropa. Se necesita solamente de pro- porcionarse una camisa sucia con las deyecciones, como lo hice varias veces, y examinar algunos de los copos mucosos que se adhieren al lienzo. Este es*el más favorable objeto de exáraen para formar el diagnóstico y se presta muy fácilmen- te. Para el método de cultivos no se necesita un aparato ca- lórico especial; la temperatura en el cuarto durante el estío siempre es suficiente para hacer crecer los bacilos de coma. Se. Feaítkel.—En mi cuarto la temperatura en los úl- timos dias no era más que 16° c. Se. Koch.—Entonces el cuarto se podría calentar con estufa si fuera necesario. Pero aparatos necesarios y compli- cados no se necesitan. En mi concepto el método se ejecuta tan fácilmente, como la teñidura de los bacilos de tubercu- losis. 74 Se. S. Neumanbt.—Señores: Nuestra discusión está fun- dándose en la base de que los bacilos de coma son la causa específica del cólera y de su propagación epidémica. Para esto las consecuencias prácticas ya no pueden ser dudosas. El Ministerio de Guerra manda sucesivamente al Estado Mayor los oficiales para que se instruyan en la metódica ope- ración militar contra el enemigo. La autoridad sanitaria de- bo hacer lo mismo en este caso y—sea fácil ó difícil—debe poner cuidado en que su personal se instruya bien. La de- claración que en esta ú otra provincia, éste ú otro lugar haya sido atacado por el cólera, porque allí se probó la existencia del bacilo del cólera, debe ser dada solamente por una per- sona bien instruida, y por lo mismo es auténtica. De cada provincia y de cada distrito un cierto número de médicos ó de empleados sanitarios deberá venir con el obje- to de adquirir la instrucción necesaria para el exámen, para la decisión sobre la existencia del bacilo del cólera en el ca- so que se ofrezca. Mientras que no haya otro lugar, el exá- men y la decisión se deberá hacer aquí. En cuanto al temor de que los casos de la provincia no se avisaran aquí y que el material para el exámen no se man- dara de allá, queda en olvido con solo la responsabilidad, que vendría junta con la ocultación de casos sospechosos. ¡ Cuán fácil y seguido, podrían tales casos, formar el principio de una epidemia! Oreo que si un tal descubrimiento se hizo y se reconoció, entonces en nuestros tiempos la posibilidad práctica debe ser admitida, para hacer uso de ello en el com- bate contra el enemigo, y no dudo que lograrémos esto, con relativamente insignificantes medidas. Se. Yiechow.—Señores: Aunque estoy deseoso de que el asunto se trate desde luego hasta sus últimas consecuen- cias, pienso que en la práctica y en la realidad marchará co- mo todas las cosas nuevas, es decir, poco á poco. Van á comenzar con la demostración microscópica de los 75 bacilos y después en buscar modo de seguir con otras inves- tigaciones y pruebas. Pero pienso que podemos declarar que seria muy ápropósito que se organicen ciertas estaciones cen- trales por donde se pueda mandar el material con prontitud, para seguir con las investigaciones. Para esto se pasarán algunos dias antes que la vegeta- ción baya avanzado bastante (Sr. Kocb, esto se puede hacer en 24 horas). De todos modos el examen microscópico daría las bases bajo las cuales se fundaría el primer juicio. Es posi- ble que más tarde se añada alguna corrección. Se. Kooh.—El despacho de sustancias coléricas siempre me parece crítico. Seria más correcto mandar la persona á quien se entregó la investigación al lugar de la infección cues- tionable. Oreo que se pueden hacer investigaciones adecua- das. Espero que después cada médico de distrito pueda hacer tal investigación. Una vez en uso el método de exámen, cuan- do cada uno lo haya visto, entonces ya no será cosa difícil, sino que con mucha rapidez llegarémos allá. Estoy conforme en este respecto con el señor presidente, que los médicos se van á instruir poco á poco más y más; pero no obstante, se podría encontrar uno ú otro en las ciudades más grandes, que fuese capaz para tal investigación y que pudiese ir des- de luego al lugar cuestionable. Se. de Beegmanns.—Para asegurar un resultado tera- péutico y práctico en esta discusión, quería manifestar el de- seo de que al menos en las ciudades grandes donde amenace el peligro, se designen ciertas localidades y médicos exami- nadores que deban hacer con regularidad y metódicamente esas investigaciones bacterioscópicas. Oreo posible por ejem- plo que por parte del Instituto módico-militar, se manden hacer en ciertas eventualidades exámenes bacterioscópicos en una de las casernas. Me parece que no hay ningún incon- veniente de que también la ciudad de Berlín tome semejan- tes medidas. 76 Sr. Ooler.—La Administración militar ya tiene en va- rias ciudades grandes laboratorios, en los cuales se pueden hacer esos exámenes con facilidad. Sr. S. Eeumanx.—Las más fuertes epidemias han apa- recido hasta ahora en ciudades pequeñas, á las que casi han diezmado. Signen los puntos 8 y 9. ¿Tiene la sustancia infecciosa una gran resistencia y du- ración ? ¿Se destruye en poco tiempo cuando se seca? Sr. Yirohow.—Me permito decir que una última discu- sión en que yo fui complicado con el Sr. Pctteukofer, se ma- nifestó como punto importante, con certidumbre, la esperan- za de que no el bacilo de coma, sino una forma duradera que se debería encontrar, formaba el elemento más peligroso. Sr. de Pettexkofer. —Ha ido tan lejos, que acepta la posibilidad que este estado de duración se pueda extender á muy largas temporadas, así como que en cualquier lugar el gérmen puede quedar latente durante muchos meses, para erupcionar después á tiempo fijo cuando se acaba este esta- do de duración. El ha declarado con exactitud, que cree po- sible que la importación á Tolon se hizo al principio de este año. Así es que este punto seria preferente y de mucho va- lor para el criterio de vdes. Según lo que hemes oido, el Sr. Koch no es de la opinión que se debería esperar una nueva forma duradera, y lo que él nos comunicó creo nos dió la prueba actual, de que por lo menos no existe ninguna base práctica para confirmar aquella presunción. Sr. Koch.—Otra vez quiero recordar que mi presunción de la ausencia de un estado de duración, es decir, de una re- sistencia notable, grande, de la sustancia infecciosa del có- lera, no se formó solamente de mis observaciones sobre el carácter de los bacilos de coma, sino que todas las experien- cias anteriores debian tener este resultado. En realidad no 77 tenemos ningún ejemplo, de lo cual se concluye con seguri- dad, que la sustancia infecciosa se puede conservar mucho tiempo; y quiero traer á la memoria de vdes. cómo se con- ducen las sustancias infecciosas, conocidas por nosotros, co- mo teniendo un estado de duración. La sustancia infecciosa del cólera debería mostrar los mismos caracteres de conduc- ta; pero esto no sucedo. He dado los ejemplos de carbuncu- losis y varióla, en los cuales la experiencia ha ensenado, que la sustancia infecciosa, especialmente en el estado seco, por ejemplo, en el polvo del aire, en trapos, en lana ó en objetos semejantes se ha conservado relativamente largo tiempo. Cosa análoga no se conoce en el cólera. Por esta razón desde antes se hubiera debido decir, que no existe un estado de duración. Es verdad que recibí ahora una noticia de periódicos, en que se dice que en Kriegstaten, en la Suiza, una epidemia de cólera se desarrolló á consecuencia de unos bultos de tra- pos despachados por Zürich. Pero tal cosa está descrita tan superficialmente, que no se conoce si todas las otras posibi- lidades de infección se excluyen, así es que no debe atribuir- se mucha importancia á esta noticia. Hasta ahora este seria el único caso donde un trasporte de cólera se verifique por trapos, mientras que infinitas cantidades de trapos circula- ban en el tráfico, que eran ensuciados con deyecciones de có- lera, no lo provocaron. Se. Leydex.—Se habla de un caso en que se dice que un baúl despachado de América ha sido el vehículo de la infec- ción. Se. Kooh.—En mi concepto no existen (como ya expuse varias veces) ningunos ejemplos incontestables de que la sustancia infecciosa del cólera se destruye en poco tiempo secándose. Se. Hiesch.—Sobre el caso mencionado por el Sr. Ley- den, puedo dar á vd. explicación, pero antes me permito no- 78 tar lo siguiente: Cuando pasé el ano de 1873 en mi viaje, por órden de la Cancillería imperial, á las regiones visitadas por el cólera en Prusia del Oeste y en Posen, me habia propues- to recoger hechos que permitiesen las mejores conclusiones para investigar hasta qué distancia el cólera podía ser lleva- do por trasportes, cuánto tiempo la ropa de vestir y la ropa de cama ensuciada con deyecciones de cólera quedaba infec- ciosa. Me fijó en tales casos, donde semejantes objetos fueron llevados de lugares infestados (en Jos demas casos poblacio- nes rancheras ó ciudades chicas) á otras regiones, distantes leguas remotas, que hasta entonces habían quedado intac- tas del cólera, y que aquí vinieron en posesión de individuos buenos y sanos. En muchos casos semejantes, los efectos ha- bían quedado algún tiempo sin uso, después se desempaca- ron, y si se trataba de ropa ó de vestidos sucios, se limpiaron y se lavaron. Las primeras infecciones de cólera tocaron á estos individuos, que se habían ocupado con las cosas infec- cionadas, especialmente las mujeres que las habian lavado, mientras otros miembros de la misma familia ó del mismo domicilio, y muchas veces la enfermedad se esparcía sobre toda la región. Tales hechos pude recoger en número rela- tivamente grande; más numerosas son las comunicaciones que encontré en las noticias de los empleados del Cuerpo sa- nitario de la epidemia de cólera del año de 1873 en varias regiones del Estado prusiano. Ko niego que aquí se haga la conclusión upost hoc ergo propter hoc;” pero, señores, no estamos en la situación feliz de poder dar siempre en asuntos médicos pruebas matemáti- cas, á lo menos en la etiología; aquí juzgamos sobre la rela- ción causal por el número de casos, en los cuales ciertos efec- tos siguieron á ciertas influencias, y mientras mayor es el número de estos casos, con tanta más razón podemos con- cluir según el método del upost hoc ergo propter hoc.” Sobre el caso citado del Sr. Leyden puedo comunicar á 79 vdes. lo siguiente: En la ciudad Mühlhausen (Turingia) se manifestaron en la epidemia de 1873 nueve casos de enfer- medad con cuatro casos letales, que afectaron á todos los in- quilinos de una casa, con excepción de uno solo. La casa estaba habitada por seis familias que formaban veintitrés personas; de éstas habitaban los bajos tres fami- lias con once miembros. Atras de la casa estaba un común que se usaba solamente por las personas que vivían en los bajos, mientras que las personas de las viviendas altas se ser- vian de otros comunes. El primer caso de cólera que ocurrió en 26 do Agosto, tocó á una mujer que habia llegado hacia unas semanas de S. Luis Misouri, vía N. York, Hamburgo, Bromen á Mühlhausen; pero no habia recibido sus bultos de América, hasta principios de Agosto. Entre éstos habia ropa sucia, que sujetó á una lavada, y dulces de los cuales ella misma comió y también participó á su hermana, con la cual habitaba. Pocos dias después se enfermó de cólera, primero la recien llegada, después la hermana; también un niño y la abuela fueron atacados de diarrea fuerte, y poco después ocurrieron casos de cólera entre las otras familias que vivían en los bajos, así es, que de las once personas vivientes en los bajos, solo dos quedaron intactas y otras se murieron ; mien- tras que entre los habitantes de los pisos superiores, que ha- bían socorrido á los enfermos y donde fueron recibidos la vieja y el niño, ningún caso de cólera se manifestó. (*) Está probado con toda seguridad que al tiempo en que los bultos salieron de S. Luis, en este lugar y especialmente en este rumbo de la ciudad, de donde salieron, el cólera rei- naba muy fuerte. La aparición del cólera en aquella casa en Mühlhausen, donde hasta entonces ningún caso se habia pre- (*) Yo inserto este caso que lie tomado de la comunicación oficial sanitaria del Sr. Consejero médico del Distrito Gubernamental, Erfurt, un poco más explícitamente de lo ue me fue posible en la sesión, porque las pequeñas particularidades entonces no las te- nia bien presentes. 80 sentado antes de la llegada de los bultos, hace suponer, se gun la opinión del señor que se refiere, que con los bultos el veneno específico de la enfermedad se importó, mientras que la propagación de la enfermedad entre los inquilinos de los bajos, que no estuvieron en contacto con los bultos, se ex- plica por la infección del común usado por ellos, y donde se depositaron las deyecciones de la mujer que se habia enfer- mado primero. Se. Koch.—Me será permitido preguntar cuál fué el tiem- po más largo, dentro del cual se verificó la infección por efec- tos en casos bien comprobados. Se. Hiesoh.—Con exactitud no se puede contestar á es- ta pregunta; cuando menos cinco ó seis dias, esto es, el tiem- po bastante para que los géneros se sacaran. Se. Koch.—Pensaba que se trataba de cuatro ó seis se- manas. SE. Hiesch.—De ningún modo tanto tiempo. ÜSTo doy mucho valor al caso de Mühlhausen, porque este asunto me parece muy oscuro. Lo comuniqué solamente porque el Sr. Leyden lo mencionó. Se. Koch.—El caso de Mühlhausen no se presta para la argumentación, porque se trata de un lugar donde poco tiem- po antes el cólera reinaba. Por lo mismo, en mi concepto, un tiempo intermedio de cuatro á seis semanas entre un caso de cólera y la erupción de una epidemia causada por efectos, está de conformidad con mis ideas sobre la infección. Aquí no se trata de un estado de duración. De la carbuuculosis poseo material en estado seco, que todavía está eficaz después de do- ce años. En la viruela tenemos ejemplos de que la infección se verifica después de un año y más. De la vacuna sabemos que se conserva algunos años en el estado seco. Eso se llama estado de duración. Ropa mojada puede estar húmeda aun después de algunas semanas, y por lo mismo puede contener vivos los bacilos de coma. 81 Como dije el otro di% liemos conservado los bacilos de coma en tubitos de prueba por seis semanas y más, aunque no formaron un estado de duración. Tan pronto como se se- caron se murieron inmediatamente. En favor de mi presun- ción recuerdo acerca de esto lo que be diclio antes sobre el colera en buques. Siempre es muy notable que en buques co- munes mercantes, que llevan consigo todas las cosas posibles que salen de regiones de cólera y que debian contener la sus- tancia infecciosa bajo una ú otra forma, nunca se desarrolla el cólera, excepto en los primeros dias, después de baber sa- lido del puerto. Pero en los grandes buques de trasporte, es enteramente otra cosa. La erupción de la enfermedad co- munmente comienza poco después de la salida del buque, y dura basta dos, tres, cuatro y más semanas. Es extraño que solamente en tales buques que tienen mucba gente, la sus- tancia infecciosa deba existir bajo la forma de un estado de duración que debia desarrollar sus efectos siempre sucesiva- mente. ¿Por que no sucede esto también en un buque mer- cante ó en buques que tienen poca gente, que no viven tan estrechamente? Es esta, en mi concepto, una de las pruebas más terminantes de que la sustancia infecciosa se destruye comunmente muy pronto, y que se conserva solamente en los hombres mismos por la continua infección que en esas cir- cunstancias extraordinarias se facilita por el contacto de la tripulación entre sí. En grandes epidemias que se importaron de largas dis- tancias sobre el mar, siempre á los hombres se pudieron acu- sar como causa única. Los indicios que se tuvieron de vez en cuando sobre la importación por mercancías ó efectos de los viajeros, no fueron seguros. Por esta razón, creo que la rectitud de estas tesis, principalmente, hace prueba en todos estos hechos que nos suministra la experiencia diaria. Se. Yieohow.—No me tomarán vdes. á mal si me per- mito repetir otra vez que, mirando la cosa bajo el punto de 82 vista botánico, se debería manifestar: si cuando se busca un estado duradero se puede desarrollar una forma de vegeta- ción, por la cual nazcan nuevos elementos que sean capaces de conservar su vitalidad durante largo tiempo. Hasta aho- ra todos esos casos citados, hasta donde vemos, se explican por la vida de estos elementos, que hasta ahora son conoci- dos. Se ve que no necesitamos otros. Pero si se pudiera pro- bar, que en efecto sustancias de cólera se conservan por años como en la carbunculosis, entonces esto se explicaría por una nueva forma de vegetación que hasta ahora todavía no se descubre, y que no se debe esperar, como el Sr. Koch nos ex- plica de un modo muy lucido, que merece toda confianza. Se. Hirsch.—Debo volver a un hecho comunicado por el Sr. Koch en la última sesión. Yd. (al Sr. Koch) cree la duración de la vida del bacilo infinita ó al menos de ilimitado espacio de tiempo. Por esto creo bien posible, que en un lugar donde el colera reinaba como epidemia, el bacilo puede conservarse determinado tiempo, donde otras circunstancias no sean favorables para la reproducción, en tierra húmeda ó en otro medio húmedo, y que se puede reproducir bajo otras circunstancias más fa- vorables, podiendo así provocar una nueva erupción de la enfermedad. Entonces aquí no se trataba de una metamor- fosis ó de la formación de esporos de duración, sino única- mente de un estado latente del veneno de la enfermedad. Oreo que esta presunción tiene tanto más derecho, como vd. mismo reconoció, cuanto que la tierra húmeda es muy favo- rable para la existencia y la vegetación del bacilo; y como por otra parte, experiencias, entre otras las hechas mías en los años 1848 y 49, en Danzig, hacen muy probable que el cólera en un lugar donde la epidemia se habia manifestado y se habia extinguido con la entrada del tiempo frió, apare- ciera de nuevo en el año siguiente, sin que ni remotamente se pudiera pensar en una importación del veneno enfermizo. 83 Se. Koch.—Este no seria rm estado duradero conocido en otras bacterias, y esta cuestión entonces no pertenecería á la discusión de esta tésis. En verdad se debería formar una cuestión enteramente nueva, y en esta nueva forma se debe- ría discutir, si debe hacerse una discusión con la palabra “es- tado duradero.” Pero debo confesar que esta cuestión es dig- na de una deliberación muy extensa. Cuando be visto que los bacilos de coma pueden aguantar una temperatura muy baja, y como sé que pueden existir separados del cuerpo hu- mano, por ejemplo, en papas, ó que pueden mantener su vi- da por una temporada en el tubito de prueba, eu gelatina o en la ropa, creo posible que semejantes cosas puedan suce- der, y que los bacilos de coma en circunstancias desfavora- bles, se pueden conservar con un crecimiento reducido por una temporada, en lugares calificados de tierra húmeda ó en cualquiera otro lugar, sin que encuentren oportunidad para la infección. Posible es esto de todos modos, pero me falta la experiencia sobre ese punto, y no me puedo explicar sobre él con certidumbre. Para este objeto seria necesario examinar bien por una temporada el suelo y el agua, y todo lo que pudiera tener de alguna manera sustancias infecciosas eu los lugares donde apareció el cólera. Esta es una cuestión cuya solución per- tenece al porvenir, pero que ella es en sí de mucha impor- tapcia. En Calcutta tales exámenes no se pudieron hacer, como se comprende fácilmente, porque el cólera allí no tiene intermitencias. Hasta que tengamos una epidemia eu Eu- ropa, esta cuestión podrá ser comprobada; creo, sin embargo, que es muy á propósito proponerla. En este sentido, varios de los hechos experimentados por Petteukofer se explicarán más fácilmente que antes. Se. Hiesch. ¿Se tomó en consideración entro las cues- tiones aquí propuestas la relucida del veneno enfermizo, es decir, del bacilo á distintas temperaturas? 84 Su. Kooh.—Esto se no se tomó en consideración aquí. Sr. Yirohow.—Pero liemos tenido comunicaciones sobre eso. Debe tomarse en consideración el punto relativo á ave- riguar cómo se propaga la infección entre los hombres por so- las diarreas de cólera; punto es este que hasta ahora no so ha podido investigar. La suposición de que la diarrea de có- lera sea hasta ahora solamente un requisito auxiliar, será desde boy un medio de verdaderos exámenes, para llegar á saber si sin una sintomatología completa, la diarrea de colé- rico puede mantener por largo tiempo el cólera. Oreo que por ahora no podemos decidir nada sobre esto. ¿Puedo la sustancia infecciosa llegar por otros caminos al cuerpo, que por el tubo digestivo f El punto 109 que tenemos que tratar ahora es: Se. Kooh.—Esencialmente he propuesto esta cuestión por esta razón, de que Petteukofer opina que la sustancia in- fecciosa puede entrar en el organismo también por la respi- ración y por los pulmones. Su. Yirohow.—Ko “también” sino “solamente;” él ex- cluye cualquier otro camino. Sr. Kooh.—Como esto se declaró do un modo tan auto- ritativo, siempre seria muy conveniente discutir, sobre este punto. Sr. B. Erarkel.—¿Me permitiré interrogar si la contes- tación afirmativa de la cuestión núm. 10 debe comprender la infección por el aire? Sr. Yirohow.—Ko la excluye absolutamente; se pudie- ra creer que siempre la sustancia infecciosa llega por la res- piración á la boca y de allí al estómago. Se. Kooh.—Oreo que en mis comunicaciones del otro dia habia indicado, que puedo imaginarme ciertas circunstancias bajo las cuales la sustancia infecciosa se trasmite por el aire* Pero esto sucede únicamente por excepción, y la propaga- ción puede verificarse tan solo á muy cortas distancias. Por 85 lo mismo puede fijarse como regla, que por el aire no hay pro- pagación. Una excepción de esta regla se puede verificar, por ejemplo, bajo las siguientes circunstancias; En Alejan- dría las cloacas están desembocando en el Puerto JSTuevo. El contenido do estas cloacas se mezcla con el agua del mar, que se ve en consecuencia sucia cerca de la playa. El que se queda un poco en esta playa, puede ver con mucha facilidad, que continuamente una parte de esta agua del mar ensucia- da, se esparce por la reventazón del mismo mar. Puede calcularse cuán abundante es el experimento, que después de cinco minutos me vi precisado á desempañar el vidrio de mis anteojos, porque la misma agua esparcida se habia depositado en ellos y no me dejaba ver bien. Enton- ces me pude figurar que si se introduce en la playa por cual- quiera de las cloacas la sustancia enfermiza, por ejemplo, de- yección de cólera, y se esparce en el aire continuamente, esta puede ser conducida hasta los habitantes por las corrientes atmosféricas. Si se deposita en los alimentos ó se aspira, pue- de llegar al tubo digestivo. Este, en verdad, es el único ca- so conocido por mí hasta ahora, que me persuada de que la sustancia infeCcciosa puede ser trasportada por el aire. Debo decir que precisamente en las casas, cerca del puer- to de Alejandría, que están tan inmediatas á las embocadu- ras de las cloacas, se notó gran número do casos de cólera. Se. Leydex.—Debo mencionar en qué circunstancias una infección puede trasmitirse por el aire, cuando existe una directa cercanía do un enfermo de cólera ; para probar esto, debo recordar que con relativa frecuencia—como yo he ob- servado,—se enferman los portadores de los muertos, en los funerales, y que he visto varias veces que inmediatamente después del funeral de un muerto de cólera algunos de los del séquito se enferman. Aunque sea posible que estas gen- tes se hayan infeccionado de otro modo, siempre me inclino á creer, que el gran número de estos hechos demuestra, que 86 la atmósfera cerca de los enfermos de cólera tiene en efecto sustancias enfermizas. Esto no quiere decir, que ellas obren por el camino respiratorio, pueden ser recibidas por la boca y llegar así al tubo digestivo. Su. Skezeska.—Del mismo modo se podría explicar que en tiempos secos la infección se verifique por el aire, es de- cir, por el polvo en el aire que llega á la boca de un modo igual, y que infecciona de esta manera el intestino; vinien- do, por ejemplo, el polvo de desechos de arroyos donde des- embocan comunes que tienen poca agua y que están secos de vez en cuando. Se puede calcular que después de poco tiempo se secan, y las sustancias pueden ser llevadas por el aire sin que los gérmenes encerrados en ellas se hayan muer- to. Entonces del mismo modo que en el agua del mar pul- verizada, se debe conceder la posibilidad de la infección por este camino. Se. Eülenbeeg.—Eespecto de la infección por hombres sanos, me permito mencionar un caso que observé en Brom- berg. El cura de allí había visitado, en el ejercicio de su ca- rácter, á muchos enfermos de cólera, y siempre se había con- servado sano. Su mujer se enfermó en el primer tiempo de la epidemia y se murió á consecuencia del cólera, aunque no había estado en contacto ni con los enfermos de esta peste, ni con ninguna cosa que hubiera pertenecido á alguno de ellos. Se. Kooh.—En cuanto á lo que dijo el Sr. Leyden debo manifestar que es extraño que solamente los portadores y el séquito se enfermasen, cuando sabemos que los enfermeros y médicos que tienen un contacto mucho más inmediato con el enfermo y con los desechos polviformes, no sufren de nin- gún modo tanto como los que participan del entierro. Se. Leyden.—Eespecto á Jos enfermeros, creo que esto no es enteramente exacto, porque en la epidemia de Danzig en 1866 se enfermó una gran cantidad de ellos y muchos se mu- 87 rieron. Los médicos no están tanto tiempo y tan seguido ocu- pados con los enfermos. Su. Koch.—También en los hospitales hay epidemias del personal que contienen, pero en general no puede decirse que los enfermeros y médicos no se enfermen más, que otras per- sonas. Están acostumbrados á limpiarse y lavarse, aunque contra el polvo no podrían protegerse; pero los portadores y el séquito están más expuestos á un peligro particular, por- que entran en la casa del difunto, y en los más de los casos, allí toman algún refresco. Así es que no solo se ponen en contacto con cosas polviformes para que la infección pueda hacerse de varios modos. Además, sabemos,—entiendo que el Sr. Hirsh lo refirió en su descripción de la epidemia del año de 1872 que los hombres que habían trasportado los cadáveres de los balse- ros, se enfermaron del cólera, y esto no pudo ser originado más que por sustancias polviformes. Probablemente estas gentes se ensuciaron las manos y después comieron sin lavárselas. Presumo que en los porta- dores de muertos, la explicación del trasporte directo por ali- mentos ó por manos sucias, es más natural que la explica- ción por el polvo. Si el polvo fuese infeccioso, entonces un número mucho mayor de infecciones directas debía ser co- nocido, como lo es en otra categoría de enfermedades infec- ciosas, como en el tifo exauthemático, el sarampión, la escar- latina, etc. Se. Leydex.—No quiero decir “por polvo,” aunque no veo gran dificultad en suponer, que gérmenes de la sustan- cia infecciosa puedan ser suspendidos en el aire, cuando hay grandes evaporaciones. Se. Koch.—Esto debo contradecirlo. Todas las experien- cias que tenemos sobre sustancias infecciosas y sobre micro- organismos están en contra de lo indicado. Sin que el líqui- do se esparza como polvo, ó sin que se formen burbujas, las 88 bacterias no se pueden levantar del líquido. Primero debe secarse el líquido, para que la masa seca se pueda pulverizar, y después pueda ser arrastrada por las corrientes de aire. Si la sustancia infecciosa se conservara en estado seco, entonces, por las grandes cantidades de deyecciones coléricas que se se- can en los vestidos, en las camas, etc., y que continuamente se levantan en el aire en forma de polvo, se debía trasmitir mucho más seguido la infección directa de los enfermos á las personas que se hallan en el mismo cuarto. Por último, res- pecto de la importación por gente sana, pocas veces hay noti- cia de ello. Es probable que se trate en estos casos de otras cosas inculpables, por ejemplo, que alguien traiga consigo comestibles ó cosas parecidas, y que los dio á los suyos, ó que la persona aparentemente buena y sana había tenido un li- gero ataque de cólera que no se había advertido. Su. Leydex.—Puedo referir un caso análogo, donde una joven se fue á otra casa para hacer una mortaja para una mu- jer que se había muerto de cólera ; ella quedó buena y sana, Itero su madre, que no había estado en contacto con enfer- mos de cólera, se enfermó y murió de cólera. Su. Koch.—Respecto del trasporte de la infección por sanos, quiero acentuar que se verifica de otro modo por gen- te sana que el presumido por Pettenkofer. Según Petten- kofer, la sustancia infecciosa tiene su origen en el suelo y está esparcida en el aire, so adhiere á un hombre, se pe- ga á él y á sus vestidos y se puede conducir así á largas dis- tancias. El ejemplo que pone el Sr. Leyden es muy diferente y muy conforme con lo que yo supongo. De ese modo una persona buena y sana puede volverse portadora de la sustan- cia infecciosa, pero esto sucede muy raras veces, y el tras- porte tiene lugar solamente en cortas distancias. Por esto no es posible aceptar que el cólera fácilmente se pueda impor- tar de esta manera á nosotros por el tráfico marítimo. Sigue el punto C. 89 ¿Se reproduce la sustancia infecciosa en el hombre 6 se ha- ce esto independiente del hombre en él suelo, y sirve entonces el hombre (ó el animal) solamen te de portador? Se. Hieschow.—Desde luego me permitiría una pregun- ta al señor orador, porque hay algo que me parece dudoso: ¿Si este organismo es esencialmente un aérobe, es decir, vi- viendo del aire, es entonces el intestino humano un lugar de- masiado favorable para su desarrollo! Se. Koch.—%í! Esta cuestión me propuse: Debe existir en el intestino suficiente oxígeno libre ó al menos tales com- binaciones químicas, que suministren el oxígeno para el ba- cilo. Yernos los bacilos viviendo en grandes masas en el in- testino, y vemos también que si les quitamos el aire fuera del cuerpo, que desde luego acaban de crecer. Yo concluyo de esto, que las bacterias en el intestino deben encontrar de cualquier modo el oxígeno. Llamo la atención de vdes. sobre esto, que mientras hay una cantidad de diferentes bacterias en el intestino, no crecen si se les quita el aire. También el “Oidium lactis,” que necesita oxígeno para su desarrollo, al- gunas ocasiones se encuentra en el intestino en gran número. Se. Letdee.— Quiero recordar, que de todos modos hay trasudaciones de la sangre por el intestino, que arrastran el oxígeno de la sangre. Se. Beegmaníí.—Para mí, hasta donde conozco, está pro- bado que también el oxígeno suspendido en el aire atmos- férico se encuentra en el lumen del intestino. Se. Yiechotv.—¿De dónde debería originarse esto! Aclamación: ¡ Tragando aire! Se. Yiechow.—Esto debe ser difícil. Se. Kooh.—Puede ser que los carbohydratos suministren una recompensa. Se. Baedeleben.—Quizá todavía no se han hecho sobre esto ningunos experimentos, de todos modos debe ser el oxí- geno. Puede ser que sea hidrógeno. 90 Se. Koch.— Hasta ahora sabemos solamente, que los ba- cilos cuando se les quita el oxígeno no crecen, ni tampoco en la atmósfera del ácido carbónico. Se. Yieohow.— Quise solamente promover esta cuestión, porque probablemente este punto no será sin importancia en la discusión siguiente. Más importante es la Stra cuestión que se refiere al suelo, refiriéndose á que las sustancias-in- fecciosas se reproducen en el suelo, y á que el hombre sirve de portador. Las contraposiciones me par Sen aquí demasia- do pronunciadas. Se podrá pensar acaso que las dos cosas existen juntas: la reproducción en el hombre y también en el suelo. En cuanto al suelo, ya se demostró por las ob- servaciones del Sr. Koch la posibilidad de un cultivo en tier- ra húmeda. Por tanto es factible que las dos posibilidades se admitan. Se. Hiesch.—Esta cuestión me parece sumamente im- portante por lo que se refiere á la contaminación del suelo. Se. Koch.—Esto no se podrá decidir, hasta que se pue- dan examinar las localidades infestadas por el cólera. Se. B. Feankel.—En mi concepto seria mucho mejor que se pudiera encontrar un modo, que formulara más bien nuestra opinión respecto de la teoría del suelo. Oreo que en este círculo no hay ninguno que sea estricto partidario de la teoría de Pettenkofer. Ko queremos excluir, que en ciertas condiciones el germen del cólera se pueda reproducir en el suelo, pero la regla es que esto suceda en el intestino. Se. Yieohow.—Eso se relaciona más con otro punto. Lle- garémos á esto cuando tratemos la cuestión del aire, núm. 4. Se. B. Feaekel.—Pero aquí mismo se habla de la repro- ducción en el suelo. Se. Yieohow.—Debo decir que Pettenkofer no solo se re- fiere al suelo, sino también al aire, cuando niega que del sue- lo pueden llegar gérmenes eficaces al agua potable. El insiste que ellos pasan siempre por el aire. Pero esto ya se discutió 91 y no necesita más investigación. En contra de esto existe la posibilidad de una reproducción y proliíicacion en el suelo, que será una consecuencia directa de lo que hemos oido. Su. Koch.—Resulta, pues, de lo que se ha expuesto que fácilmente pueden llegarse á uniformar al fin las varias opi- niones divergentes. Su. Hiesch.—No lo creo. El Sr. Pettenkofer no atribu- ye ningún papel al suelo cuando se trata de verdadero vene- no del cólera. Supone que se desarrolla en el suelo un algo, una “y” que junto con el veneno del cólera la “x” se combi- na dentro ó fuera del individuo, y que esta “x” después de la alianza se pone en estado eficaz. El desarrollo de la “y” se establece en un primer suelo humedecido, se seca y llega al aire atmosférico bajo la influencia de temperaturas altas. Su. Yieoho’vv.—Sin embargo, creo que ya se resolvió lo que única y solamente puede resolverse. ¿En qué extensión y cuándo el suelo se infecciona? no es posible por el momen- to decidirlo, es lo que se va á averiguar por la experimenta- ción. Así es que, por ahora, sobre esto no podemos formar juicio. Se. Woleehijgel.—Señores, por mi parte no veo la ne- cesidad de puntualizar esta cuestión. Algunos puntos que en la misma tésis núm. 6 se deben contener, me parecen to- davía poco ventilados para una decisión definitiva. Debemos al Sr. Koch nuestra gratitud por haber descubierto el nuevo camino de la investigación; él nos ha facilitado examinar por experimentos las varias hipótesis y los fundamentos de ellas. Eespecto á las cuestiones especiales de que la sustancia infecciosa se reproduzca en el suelo, cuáles sean las relacio- nes entre ella y el mismo suelo, si el suelo debe ser contami- nado por eso, ó qué clase y qué grado de contaminación ne- cesitarla, estas son cosas que para nosotros, por ahora, no se prestan á ser demostradas, tanto más cuanto que hemos oido 92 entre otras en el discurso del Sr. Koch, que el bacilo de có- lera es muy sensible respecto del substrato nutritivo, que exige cierta concentración de las sustancias alimenticias, y que opone muy poca resistencia en el combate, para la exis- tencia de otros micro-organismos. Hemos oido de la explicación del Sr. Kocb, que alguna vez se bailó la sustancia infecciosa del cólera en el agua pota- ble, y sabemos que en lo sucesivo debemos buscar ciertos mi- cro-organismos bien caracterizados en el análisis del agua, cuando se trate de fijar etiologías. En las discusiones sobre la influencia del agua potable, se cometieron ciertamente erro- res por ambas partes. Los unos declararon el agua potable infeccionada cuando está sucia, químicamente considerada, los otros la declaraban libre de sustancias infecciosas, cuan- do químicamente está limpia. En los últimos años, varias ocasiones be intentado explicar, que con esto no avanzamos en la etiología, si no se examina á la vez para encontrar cier- tas causas de la infección, y para fijar el carácter de éstas. Es verdad que en el primer caso, que es hasta ahora el único donde en Calcutta se encontró en el agua el micro-organis- mo específico, que tiene su efecto patogénico sobre el hom- bre, se dió la prueba segura de que la infección se reprodujo por la ingestión ó por el uso del agua del estanque, ó más tarde porque los micrófilos entraron en el agua. Sin embar- go, para mí, basta esto para declarar de que llegó el tiempo de hacer la prueba experimental de todas esas teorías, como existen: ya tenemos para esto el material suficiente en nues- tras manos. Eespecto de las ideas de Pettenkofer, tengo la absoluta convicción, de que todo lo que él ha encontrado por sus in- vestigaciones como bases fundamentales y reales para su teoría del suelo, tendrá tan solo el valor de los hechos para todos nosotros. La interpretación de éstos, quizá se cambie dentro de un tiempo más ó menos corto en uno ú otro pun- 93 to. Yo creo, en fin, qne después de las explicaciones que dió el Sr. Koch, es decir, según la posibilidad que concedió de qne la sustancia infecciosa siga desarrollándose en el suelo; pero ante todo, después de su comentario añadido á la té- sis 8, que se puede fijar el estado duradero, no según la de- finición limitada de formación de esporos duraderos, sino co- mo una especie de persistencia de la posibilidad del desar- rollo de los bacilos de coma, qne la propagación está reducida é impedida, creo que después de todo esto ya nos podemos determinar—ó mejor dicho, que ya debemos admitir,—que el suelo puede tener papel en el nacimiento y la propagación del cólera. De todas maneras, no obstante los resultados de las investigaciones de la expedición del cólera, hasta ahora no podemos desechar la idea de que la propagación del có- lera depende de ciertas circunstancias locales, y que existe cierta disposición local para la inmunidad también local. Se. B. Í'eaxkel.—Quise solamente evitar una falsa in- terpretación de esa redacción. Es claro que la tésis núm. 6 está propuesta por el Sr. Koch para formular con la precisión que sea posible la teoría del contagio, en contra de la teoría de la propagación local por el suelo. Ahora hemos dado una contestación en doble sentido. De un lado admitimos el con- tagio, y por admitimos la posibilidad de la infección del suelo. Quise evitar que se entienda mal la confirmación que damos nosotros á dos sentencias, que están separadas por un “0.” Oreo que todos nosotros admitimos el contagio de hombre á hombre, independiente del suelo. Esto es lo que quise fijar. Sigue el punto núm. 5. ¿ Hay una trasmisión directa posible, ó debe pasar en la sus- tancia infecciosa una especie de maduración ó cambio de gene- ración ? Se. Yiechow.—Creo que no podemos decir sobre esto nada más; después de lo que hemos oido, en realidad no 94 existe ninguna causa para admitir semejante hipótesis, es decir, para la presunción de que todavía se necesite una ma- durez ó un cambio de generación. La investigación sobre es- to, queda abierta; pero quizá me será permitido manifestar que después de lo que hemos experimentado tal presunción seria algo arbitraria. Su. Koch.—Esto no se refiere solamente al suelo, por- que también se dijo, que la sustancia infecciosa, aun en la ropa sncia del cólera, necesitarla de una cierta madurez, pues- to que la ropa en estado reciente de suciedad no seria capaz de infeccionar, según algunos. Esta presunción se funda prin- cipalmente en los experimentos de Thiersch, y hubiera de- seado oir sobre esto el juicio de su fundamento. Oreo que la ropa se infecciona inmediatamente después de haber sido ensuciada. ¿Es conocido algún ejemplo por el cual se pudie- ra concluir, que una especie de maduración ó metamórfosis sea necesaria? Para mí nada es conocido. Sr. Yiechow.—Después del resultado principal de los experimentos de Thiersch—desde que resultó falsamente pro- bado que los ratones blancos se enfermaran de cólera por una sustancia que se produjo de la descomposición de las deyec- ciones de cólera—esta presunción perdió su base. Conocemos ya, que no hay más que un solo estado del bacilo, que se pro- paga con regularidad, y no sufre ninguna otra metamórfosis que la de su mayor ó menor perfección de desarrollo; será enteramente arbitrario suponer un nuevo estado de meta- mórfosis, á lo cual deberíamos dar una posición dentro de las otras faces del desarrollo. Entremos á la sobre los puntos 2, 3 y 4: ellos son los siguientes:] 2. ¿Se trasporta la sustancia infecciosa solamente por el tráfico de las gentes? 3. ¿Cuáles son los portadores de la sustancia infecciosa 95 en el tráfico á distancia: buques, mercancías, cartas, hombres sanos, hombres infectados? 4. ¿Cuáles son los portadores de la sustancia infecciosa en el tráfico á cercanía: cadáveres de cólera, efectos de có- lera, ropa, alimentos, agua potable, agua de uso, aire, in- sectos? Se. Skrzeozka.—Estas tres cuestiones están relaciona- das con otra de un interes muy práctico, es decir, sobre la importancia del tráfico por trapos y vestidos usados; bajo es- te respecto debo hacer notar, que justamente bajo el punto de vista del Sr. Koch, no me parece imposible que por tra- pos y vestidos usados se pueda verificar un trasporte de la enfermedad. Verdad es que se probó que secándolos se im- pide el desarrollo y la propagación del bacilo en poco tiem- po. Pero en mi concepto, todavía no se fija bien qué se debe entender por estado seco; si un aire húmedo ó frió, por ejem- plo, es suficiente para producir de la misma manera esta se- quedad que origina la imposibilidad de propagación, como un aire caliente y seco; cómo se forman las condiciones para una suficiente sequedad, y por tanto, no me parece imposible que los vestidos usados y los trapos, conserven por mucho tiempo las condiciones que facilitan la existencia del bacilo en un estado capaz de propagarse; así es, que cuando ha pa- sado algún tiempo de uso, no se puede tener seguridad para apreciar el momento en que comienza aquel estado seco, y si dura bastante tiempo, para excluir la posibilidad de la pro- pagación. Volvemos con esto á un punto que ya habíamos tocado antes. Ya dijo el Sr. Koch mismo que lo creía posible, que cuando se empaquen cosas húmedas puedan contener por bastante tiempo el bacilo en el estado de propagación; por lo mismo, me parece de importancia práctica que se fije no so- lamente la posibilidad del trasporte del cólera por los vesti- dos usados y por la ropa, sino también el trasporte por los 96 trapos. Sé perfectamente que se trasportan grandes bultos de trapos en los ferrocariles y que sufren primero todas las faces posibles; pero á mí no me parece que den la garantía de que este procedimiento siempre sea tal, para afirmar que un estado seco ba durado bastante tiempo. Pienso que los trapos recogidos pueden ser alzados en estado húmedo has- ta que existen masas grandes en ventas al menudeo que se depositan en bodegas húmedas. Imagino que de este modo el substrato en que las deyecciones de cólera están pegadas, siempre permanece, de modo que ayuda al desarrollo y ála existencia del estado de propagación. Oreo posible que los trapos se empaquen dentro del menor tiempo posible en bul- tos grandes; que la humedad que acaso quedó en los trapos se conserve (porque principalmente en los empaques densos, cuando se excluye el aire, la humedad se conserva más tiem- po que de otro modo), entonces la posibilidad no me parece excluir, que la ropa y los vestidos usados, en <■ ertas circuns- tancias, así los trapos que llegan por el ferrocarril en bultos grandes, puedan importar el cólera. Se. Yirchow.—Puedo alegar en contra de esto, que la palabra “trapos” no pertenece á una clasificación técnica, ni tampoco la palabra “suciedad.” Partes muy grandes de los vestidos viejos pueden tras- formarse en trapos; y si por ejemplo, los pantalones inservi- bles ú otros vestidos de un pobre (pie se murió de cólera, se reúnen á los trapos, entonces la misma posibilidad de jun- tarlos bajo la misma calificación, es aparente, como cuando la ropa misma se tira á la basura junto con los trapos. Cuan- do se habla de trapos, la ropa sucia no está excluida; hay muchos trapos que consisten en ropa sucia. Pero creo que este asunto tiene una importancia grande bajo el respecto de que si de este modo hay posibilidad de trasporte, éste se hace en escala grande y con cierta concen- tración; mas como raras veces estamos en situación de ex- 97 cluir el comercio de trapos á un tiempo en todas las fronte- ras—aunque fuera posible en la frontera de uno ú otro lado —la industria del país por esto no se interrumpirla tanto, que no se pudiera ayudar por otro lado. Se. Kooh.—En contra puedo advertir solamente, que es- to todavía no lia sucedido en la práctica, excepto en el caso que yo cite boy, y que me parece muy dudoso. Anterior- mente no se dio tanto valor á la supresión del comercio en trapos, y sin embargo, la propagación no fue más seguida. La cuestión de la posibilidad de la infección por los trapos fuó impulsada en los Congresos de cólera en Yiena y en Constantinopla, y no hubo persona que pudiera citar un ejem- plo de que por los trapos, sea al prepararlos en las fábricas de papel, sea de otro modo, el cólera hubiera tomado de allí su origen. Por esto estoy inclinado á concluir, que el mane- jo y la elaboración de los trapos se haga de modo que perez- ca la sustancia infecciosa del cólera. Pero esta cuestión no merece tanto valor: ¿ que provecho puede tener para nosotros suprimir el comercio en trapos, si debemos dejar pasar por nuestras fronteras hombres enfermos de cólera? La posibili- dad de que por los trapos se trasmita la sustancia infeccio- sa, puede ser muy insignificante, según nuestras experiencias de hoy, mientras que la posibilidad de que hombres que pare- cen buenos y sanos nos importen el cólera, es mucho mayor, y esto no podemos impedirlo. Se. Yolffhugel.—Aquí en Berlín se tiran á los cajones’ de basura todas las cosas imaginables; también pedazos de la ropa que se desperdicia de los enfermos y de los muertos. Después vienen los basureros, sacan estas cosas con sus palos de fierro y las llevan á los lugares donde venden. Me parece muy probable, que de este modo so pueda propagar la sustancia infecciosa dentro de la ciudad. Es verdad que no puedo citar ningún caso en que el cólera se propagase en realidad por un procedimiento semejante. Sin embargo, en mi concepto, se debería fijar la atención en esa posibilidad de propagación. Se.Yirchow.—Ha habido varios casos en los cuales la causa se atribuyó á los trapos; aun en las epidemias en los buques, en el “Frauldin” se afirmó que los trapos que esta- ban arrumbados en el entrepuente, habían sido el origen, así como en otras ocasiones. Pero no se probó con evidencia, co- mo en la ropa sucia. Sr. Eulemberg.—Eespecto á los trapos que se usan pa- ra el comercio, no se debe olvidar, que los trapos pasan por muchas manos, que ellos estarían expuestos al aire muchas veces, y que estuvieron surtidos antes que se empacaran en bultos (Sr. Hirsch: No se surten hasta que llegan á ser usa- dos) trapos húmedos no llegan á ser empacados, porque la humedad es dañosa á la mercancía. Sr. Yolffhugel.— Sobre el modo yla extensión del co- mercio en trapos por mayor, oí algo al tiempo del peligro de la peste negra. Se j unta con el comercio, especialmente en la frontera alemana rusa, una industria muy activa que se diri- ge surtido, en grupos de trapos según su valor. Inglaterra sa- ca sus trapos con predilección de Koenigsberg, porque las ca- sas comerciales de allá son reputadas como suministradoras de los trapos surtidos con el mejor esmero. Én este ramo de industria algunos miles de trabajadores están ocupados. Sr. Yieohow.—Nosotros no podemos entrar tan pro- fundamente en los pormenores de estas cosas; al fin se de- be averiguar por las autoridades cómo está manejado el trá- fico de trapos. Pero es este un punto designado en el núm. 3, que acaso merece ser discutido, esto es, el manejo de las cartas postales. Es un manejo que en realidad ha ocasiona- do bastantes inconvenientes. El Consejo Médico Superior de Baviera se declaró en contra de este manejo de las cartas, y yo me adheriría completamente á esa declaración. Si permi- ten el tráfico de las gentes, entonces deberían permitir tam- 99 bien las cartas. ¿Hay una disposición en contra de esto? Parece que no. La cuestión de la trasmisión por hombres sanos, ya se discutió antes. Después de esto creo que existe todavía un punto que es de suma importancia para el público en gene- ral; este es la cuestión del agua potable y del agua de uso. Aquí me permito la pregunta, si no hay un cierto límite, don- de el bacilo ya no tenga vitalidad en el agua, ó si, según la idea del Sr. Koch, puede existir y mantener su infecciosidad en el agua por tiempo ilimitado. Se. Koch.—Según las experiencias que yo tengo hasta ahora, los bacilos de coma parecen morir muy pronto en agua limpia, no inmediatamente que se meten dentro, sino des- pués de algunos dias. Ko pueden aumentarse y perecen des- pués de tiempo. Se. Yiechotv.—Los otros puntos en parte ya están discu- tidos. Quedan ahora solamente unos cuantos, es decir, el 11, 12, 13 y 15, que son los siguientes: 11. ¿Se necesitan ciertas disposiciones individuales para que sea eficaz la sustancia infecciosa? 12. ¿Cuánto tiempo dura el estado de la incubación? 13. | Garantiza un ataque de cólera la inmunidad por cier- to tiempo? 15. ¿Se puede explicar el efecto de los bacilos como una intoxicación? Esos puntos creo que no es necesario sujetarlos a discu- sión. Son cuestiones de tal magnitud, que requieren tantos pormenores, y que al mismo tiempo no están tan intimamen- te ligados con las preguntas que nos ocapan ahora, y que tienen una inmediata importancia práctica. Si el Sr. Koch no les atribuye un valor muy grande, yo propondría que de- járamos por de pronto esta cuestión en suspenso. Acaso en tiempo más remoto tendremos ocasión de volver á ocupar- nos de ellos. 100 Se. Leydex.—Parece que se adquiere una cierta inmu- nidad contra un segundo ataque, cuando una vez se ha so- portado uno de cólera. Pero esta inmunidad no es absoluta. Kepetidas veces acontece que algunas personas, en varias epidemias, sean atacadas dos y aun tres veces por el cólera, y que el nuevo ataque sea letal. Se ve por esto que no ha- bían adquirido una menor susceptibilidad al cólera. Pero es muy raro que el mismo paciente sea atacado en la misma epidemia más de una vez. Tal cosa he observado en la epi- demia de cólera en Kónigsberg el año de 1886. Está descri- to en la disertación del Dr. Wiviorowski. El paciente fué tratado por mí en el hospital, así es que el diagnóstico no fué dudoso. La primera vez se enfermó el 13 de Agosto y fué dimitido al 20, y después de 16 dias, el 5 de Setiembre vol- vió y se murió del cólera. Se. Kooh.—De todos modos se ve por esto que tales ca- sos deben ser muy aislados. Se. Hiesoh.— (Al Sr. Koch). ¿Ha podido vd. fijar algo sobre el tiempo de incubación en el cólera? Se. Koch.—Por mi propia experiencia no me ha sido po- sible. Todo lo que conozco sobre este punto lo saqué de la literatura. Pero me agradaría mucho, si pudiera oir al menos sobre ello la opinión de la Asamblea. En mi concepto no existe un largo período de incubación. Todos los casos don- de se observa un estado largo de incubación, se dejan expli- car de otro modo. Sa. Hiesoh.—En mi expedición para estudiar el cólera el año de 1873 procuré recoger tales casos, que permiten una conclusión segura, hasta donde es posible, sobre el tiempo de incubación, es decir, casos donde un individuo quedó por poco tiempo (unas horas) en un lugar infectado de cólera, después se fué á su tierra, ó á otro lugar, donde hasta en- tonces no había ningún caso de cólera, y allí fué el que pri- mero se enfermó. De este modo pude fijar que la incubación 101 en los más de los casos dura tres hasta cuatro, nunca cinco dias. Aclamación: ¿Pero menos! Sr. Hiesch.—¡Sí! Se. Lbydex.—¿Se acuerda vd. de casos que hubo en al- gunos dias diarrea y después cólera! Se. Hiesch.—Es cierto, pero entonces esto que se llamó diarrea, no era sino cólera, es decir, diarrea colérica ó cole- rina. Se. Skezeozka.—La cuestión sobre la duración más cor- ta de la incubación, no parece por demas, con relación á la etiología. Se. Hiesch.—ísfo he conocido ningún caso con menos in- cubación de dos dias. Se. Eülexberg.— Hasta ahora se sujetó en la cuarente- na de los buques en el Oriente la duración de la incubación á catorce dias y nuevamente la redujeron á doce. Se. he Beegmakx.—Me parece que estamos muy cerca de terminar. Por esto me permito recordar á vdes. las pala- bras con las cuales el Sr. Yirchow abrió nuestra sesión, que así como antes se dictaron las medidas terapéuticas contra un agente desconocido, suponiendo siempre un ens vivum, deberíamos dar ahora el consejo á los médicos prácticos en las epidemias de cólera, que se fijen por de pronto en esta teoría de los bacilos que se ha delineado aquí. Esto me pa- rece importante, para poder utilizar entre las medidas profi- lácticas principalmente las experiencias que el Sr. Koch hizo sobre la propagación y la destrucción de la sustancia infec- ciosa, que está ya bien caracterizada y diagnosticada por el microscopio. Esto creo nos facilitaria poder examinar y úti- lizar estas experiencias. Se. Koch.—Yo por mi parte no aconsejaría este proce- dimiento, al fin llegaríamos á lo que queremos evitar: esto es, pronunciar un juicio definitivo sobre toda la etiología del 102 cólera. Yo creo mejor, que cada uno por sí se forme un juicio sobre todo esto, según lo que liemos tratado aquí. Se. de Beegmann.—Puede hacerlo cada uno; pero aquí se trata de la sociedad, del publico que se debe proteger. ]STo comprendo, supuesto que anteriormente las medidas también se fundaron en teorías, ¿por qué ahora no se deba pronun- ciar la súplica de que la Sociedad Médica haga caso de esa teoría? Oreo que esto no es una invasión en los derechos de la convicción personal de los demas. Se. B. Feankel.—Aquí tengo que añadir, que para el Sr. Virschow y para mí este punto de vista nos despertó el de- seo de una pronta publicación auténtica de los descubrimien- tos del Sr. Koch. Oreo, que producirá enteramente su efecto en el sentido del Sr. Bergmann, si por la publicación de es- tas conferencias, á todos los médicos se ofrece la ocasión de formar un juicio por sí mismos. Se. Viechow.—También, para minorar lo que dijo el Sr. Koch, quiero fijar la atención en lo siguiente: según mi convicción, no se podra decir desde luego á los médicos prác- ticos: “este es el verdadero ens, fíjense en este solo,” pero todos los médicos que por de pronto se dirigen al combate contra este ens, representarán el mínimo, y por lo mismo di- gan lo que es posible hacer. Esto no excluye que además se apliquen otras medidas de precaución, como puede hacerse fundándose en otras experiencias anteriores y aun ir más le- jos y exceder este límite, está en el derecho de cada pobla- ción que se quiera proteger justamente. Pero estas medidas que son provocadas directamente por el bacilo con su modo de vivir, por su vitalidad, por sus dis- posiciones, deben significar en mi concepto el límite mínimo de lo que generalmente se ordena. Se. de Beegmaníí.—Me parece que este modo de ver de- ja mayor libertad á los médicos. Si por ejemplo, pienso en las experiencias con el secamiento, y propondria aprovechar 103 ciertos remedios de desinfección de los muchos que se apli- can ahora. Se hace uso de infinidad de sustancias, la desin- fección se hace con los antisépticos más diversos en los luga- res mas distintos. Concretándose áun determinado modo de procedimiento, ninguno se podrá sentir ofendido, y siempre se obtendrá un resultado práctico. Esto no prejuzga de nin- gún modo la teoría. Su. Yikchow.—Oreo que ahora puedo ver concluida la tarea que nos hemos impuesto. Antes he apuntado la cues- tión; si vdes. desean que fijemos la posibilidad de juntarnos otra vez después de algún tiempo, para informarnos acaso con nuevas experiencias, y para discutir de nuevo uno ú otro asunto. Esto dependerá de la marcha de las cosas yde cier- tas circunstancias que el tiempo nos traiga. Parece que vdes. están conformes. Al fin, me permito repetir mis especiales gracias al Con- sejo Imperial de Salubridad, y ante todo al Sr. Koch que ha tenido la bondad no solamente de recibirnos aquí, sino de llenarnos abundantemente con nuevos conocimientos. (Se concluyó la sesión á las nueve y cuarto.) T.A.S. 'ágma 3 línea 21: En lugar de llama léase: lente de inmersión, ii* 4 ii 19: En lugar de conservar léase: conservarse. ■i 4 ii 26: Suprímanse las palabras por medio de su presidente d Sr. Koch. it 4 ii 30: En lugar de las palabras dicho señor léase: el Sr. Koch. ii 8 ii 3: En vez de discusiones léase: disecciones. • 9 ii 17: Después de la palabra otras se agrega: clases de yse suprimen las palabras: y dedicarles una atención especial. n 12 ii 33; En vez de comparar léase: compararse, ii 13 n 14: En vez de platino léase: platina, o 15 n 8: En vez de presentan léase: requieren, n 26 ii 33: Después de la palabra casos léase: no. ■i 31 n 1: En vez de cantidades léase: calidades, ii 35 ii 14: En vez de teorías léase: tenias, ii 35 o 15: En vez de teoría léase: tenia, n 35 ti 30: En vez de nos léase: no. ii 36 o 3: En vez de una léase: en la. n 38 o 34: Después de la palabra los léase: mas. ii 41 it 7: En vez de así como léase: hasta. ti 41 ii 27: En vez de él líquido anti-albuminoso léase: este líquido albuminoso, n 42 ii 9: Después de la palabra coma léase: que. n 44 ii 29 y 30: Suprímense las palabras se puede suponer, yen lugar de habían léase: había. ii 45 n 10: En vez de puede léase: pueden, ti 45 ii 34: En vez de en léase: de. ii 48 ii 10: Después de la palabra que léase: allí, n 50 ii 27: En vez de él rio llughli léase: del rio Hughli. o 53 ii 33: Después de la palabra circunstancias léase: es. 53 ii 34: En vez de las palabras debe admitirse léase; de fijarse en. 55 n 14: Suprímase la palabra que. 57 o 16: En vez de ceban léase: sevan. 106 Página 58 línea 17: En vez de Eus léase; Ens. (i 62 n 4: En vez de recui'reni léase: recurrens. ii 62 ii 4: En vez de Y léase; y. it 64 n 27: En vez de Eus léase: Ens. n 65 ii 6: En vez de faces léase: fases. n 65 ii 15: En vez de explicaciones léase: investigaciones. ii 66 ii 10: En vez de se salvó léase: no salvó. ■i 67 n 13: En vez de tienen léase: tiene. ii 67 ti 22: Después de la palabra preparados agrégase; de. ■i 68 ti 24: Después de la palabra bacilos agrégase: debíamos contentarnos sin ella y. ii 69 ii 6: Después de la palabra pero agréguese: no. ii 69 n 8: En vez de la palabra Otras léase: Las más. ti 69 ti 10: Después de la palabra repite agrégase: la cuestión y quítase el que. ii 69 ii 12: En vez de pues léase: si. ii 69 it 15: En vez de en léase: hasta. ii 69 ii 16: En vez de ayudará léase; ayudaron, ii 69 ii 16: En vez de mucho léase: en. n 69 ii 18: En vez de puede léase: pudo. ii 69 ii 23: En vez de declararlos Muse: convertirlos. ■i 71 n 2: Después de la palabra Pero agrégase: con esto, ii ,71 it 7: En vez de la palabra determinado léase: un. ■i 71 ii 7: Después de la palabra tiempo agrégase: donde. ii 71 n 8; Suprímase la palabra donde después de la palabra India. ■i 71 n 10 y 11: Suprímense las palabras este caso, atendiendo d que tenga su origen de India. ii 71 ti 11: En vez de porque léase: pero, ii 73 it 14: En vez de compana léase: campana. ■i 73 ii 31: En vez de necesarios léase: especiales. ■i 74 ii 22: En vez de queda en olvido léase: excluye. h 75 ti 14: En vez de las palabras hacer investigaciones léase: tomar medidas adecuadas. ii 75 n 18: Después de la palabra rapidez agrégase: no. ii 76 it 11: Después de la palabra que agrégase: en. ■i 76 ii 16: En lugar de Sr. de Pettenkofer.—Ha léase: Sr. de Pettenkofer ha. 0 76 n 29; En vez de la palabra presunción léase: persuasión, ti 77 ti 25: Después de la palabra cólera agrégase; y que. 1 77 ti 31: Después de la palabra cólera agrégase; se hubiera mantenido por algún tiempo en un estado eficaz, y por esta razón—dejando al lado enteramente mis observaciones sobre el bacilo de coma— debo mantener la tésis: que no existe ningún estado duradero y que la sustancia infecciosa del cólera se destruye en poco tiempo cuando se seca. 107 Página 79 línea 22: En vez de otras léase: cuatro, ii 80 ii 14: En vez de sacaron léase: secaron, ti 81 ti 31: Se suprime la palabra principalmente. n 81 ti 31: En vez de hace léase: ya se. ii 81 ii 31: En vez de en léase: por. ii 82 ii 28; Después de la palabra parte léase: hay. ii 82 o 29: Después de la palabra Banzig agrégase: que le. ii 83 ii 5; En vez de las palabras si debe hacerse una discusión léase: para evitar errores, ii 84 ii 1: Suprímase la palabra se. ■i 85 H 10: En vez de el experimento léase: la dispersión, ti 85 ii 25: Suprímase la palabra en. ti 85 ii 25: Después de la palabra que agrégase: en ciertas, ii 87 ii 3: Suprímase la palabra no, o 87 n 16 y 17: Suprímanse las palabras yno mas que, y después de la palabra originado agrégase: difícilmente, ii 89 ti 4: En vez de Hirschow léase: Virchow. ii 89 n 33: Después de la palabra experimentos léase: si, ii 92 ii 6: En vez de de léase: con los. n 93 ii 30: En vez de Hay léase: es, y suprímase la palabra en. ii 95 n 24: En vez de de léase: después del. n 95 H 26: En vez de dura léase: si duró. ii 96 ii 17: En vez de excluir léase: excluida. ■i 98 n 19: Después de la palabra que léase: se ocupa en surtir los trapos por grupos según su valor, n 101 H 15: Suprímase la palabra en. ii 101 ii 17: En vez de á léase: de. n 102 ii 22 y 23: En vez de las palabras y por lo mismo digan léase: de. Mucosa desnudada del Epitelio. Fio. 2. Una gota del contenido del intestino infestado de cólera, sobre del vidrio cubre-objetos. Gérmenes de Epitelio necrosados (a). Cóma-bacilos de la forma semicircular (b). Agrupamiento característico de bacilos de coma (c). Aumento 600. Fie. 1. Cara microscópica de la mcml¡rana mucosa do! Intestino infectado por el cólera. Una glándula tubular (a) cortada oblicuamente. En el interior de la glándula (b) y dentro del Epitelio y la membrana bacilar (c) hay numerosos bacilos do coma. Aumento 600. Las colonias más nuevas. Después de liquidarse la gelatina. i* / U\\ jjjl Fio. 3. Una gota del líquido de las deyecciones de cólera, que baldan quedado por dos dias en ropa mojada do un enfermo de cólera. Preparado microscópico encima de un vidrio cuore-objetos. Uran prolificacion de los bacilos de coma, entre ellos algunos de la forma do una S (a). Fio. 5. Cultivos de bacilos de coma en placas de gelatina Aumento 80. Algodón fenicado para'tapar el vidrio. Gelatina. En el lugar de la inoculación se ve á la vez la acción de la gelatina medio líquida en forma de embudo, Fio. 4. Preparado en el vidrio cubre-objetos. Aumento 600. Del borde de una gota de caldo con cultivo especial de bacilos do coma. Largos filamentos espirales. Aspecto del cultivo en una placa do gelatina. |j Tamaño natural