EXPOSICION HISTORICA DE ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE Sil COIiRRA-B&ORBO-ESPASBEORSCO, QUE HA REINADO - 22» 3ü32í2<3> 22 32323 S3&22& DESDE FINES DE FEBRERO HASTA PRINCIPIOS DE ABRIL DE 1833. RECOGIDAS POR EL DOCTOR D. DIEGO MANUEL (.OVANTES, Para servir á la historia de la epidemia de la Habana que ha de publicarse de órden del Reai Tribunal del Proto-medicato. HABANA. OFICINA DEL GOBIERNO Y CAPITANIA GENERAI. POR S. M. Í833. Mi BBÑDIB 9>£Q?0‘tilZ2ID]I88 DOCTOR ffj. Mmon efe ¿7f?ev¿a CyO-ma ana efe /a afe *f¿¿ cfcJclf¿¿¿fo Diego Manuel Govantes. i P,n oficio de V. S., de 14 de marzo, contes- t tando a otro mió en que participaba al Reajl Tri- bunal del Proto-medicato una observación clínica de un colérico llena de interes para la practica, se sirvió y'. S. decirme, entre otras cosas, lo siguien- te: „Espero de su eficacia y empeño por el adelanto de nuestro benéfico arte, que llevará una verdadera historia en sus observaciones, que pediremos opor- tunamente.” Y correspondiendo yo á una petición tan honrosa para mi, acompaño n V. S una espo- sicion de mis observaciones anotadas á la cabecera misma de los enfermos, y estendidas sin elegancia ni armonioso estilo; pero sí con verdad, y toda la concisión posible sin perjuicio á la importancia de la materia. Hubierame sido fácil incluirla clínica de cuarenta casos que abultaran el papel; mas, hu- yendo de una monotonía fastidiosa, que produjera indudablemente la repetición de hechos idénticos cuando no conduce á mi objeto, me he limitado á la manifestación de solo doce observaciones clínicas, que completan el cuadro de las diferencias que por razón de la localidad y otras causas, ha ofrecido el cólera-morbo en el barrio, ya con respecto á su forma y modo de invadir, ya con relación á los temperamentos é idiosincrasias de los individuos, y ya en fin, por sus distintas terminaciones. Por lo demas, como yo me he circunscripto éi referir hechos esclusivamente, no se encontrarán en la historia de mis observaciones, ni aun las conse- cuencias lógicas que de ellas pudieran sacarse para fundar una teoría, porque esto es correspondiente tan solo á las esclarecidas luces de los ilustres miembros del Real Tribunal del Protn-medicato, en razón á que he temido, por mi insuficiencia, que mis opiniones sean calificadas de atrevidas é indis- cretas, cuando la enfermedad sobre que versan, ha esquivado el conocimiento de sus secretos á las mas sabias y arrojadas investigaciones de los predilec- tos hijos de Hipócrates. Ofic¡o dirigido al Real Tribu- nal del Violo- medícalo. Esto, empero, no /¿a impedido el mí todo y la claridad que ha estado a mi alcance poner en la redacción de esos mismos hechos: asi, pues, he co- menzado mi relación por una ligera topografía m dica del barrio, que he creído oportuna y nece- saria, por el influjo de las circunstancias locales en la mayor ó menor intensidad de una epidemia; des- pués continúo refiriendo algunas generalidades so- bre la aparición y marcha del azote epidémico en este punto; y entrando en la sintornatología gene- ral, desciendo á la esposicion de las observaciones chuicas particulares, para señalar en seguida las causas predisponentes y determinantes mas act ivas y marcadas, que desarrollaron el cólera en los ha- bitantes de esta barriada, escusándome de mencio- nar todas aquellas que han tocado y repetido los autores de las monografías de esa dolencia, de cuya naturaleza ó esencia, as como de su propiedad con- tagiosa. manifiesto luego con la prudencia que el asunto requiere, lo que he observado, para esponer últimamente el método curativo de que me he vali- do en el tratamiento, no hablando ex profeso, ni del pronóstico, ni de la convalecencia de esa cruel enfermedad porque no he visto cosa alguna en este lugar, que añadir h lo que con tanto acierto han escrito sobre la misma materia muchos profesores célebres. En fin. verá V. S. que no me han impulsado á escribir esa verdadera historia de mis observacio- nes, los deseos de obtener públicos aplausos, sino los de ser útil á la humanidad, y los de cumplir con mis deberes. Tal vez se salvará mas de una vida de los rayos de la plaga cruel, si aplican, en aque- llos pueblos infelices sobre los cuales truene la tem- pestad. las conclusiones que de los hechos que pre- sento sacar en los sabios y esperimentados médicos que componen el Real Tribunal del Rrotonu dica- to: entonces, señor Froto-médico, serán mis votos cumplidos ij mis pretensiones satisfechas. Dios guarde a V. S. muchos años. Barrio de Jesús María estramuros 18 de junio de 1833.— Diego Manuel Gov rites—Sr I)r. i). José Anto- nio Bernal Muñoz, Proto-médido Regente. TCl barrio de Jesús María, situado al Oesté de la Plaza, empieza inmediato á la puerta de Tierra, sigue paralelo al camino cubierto hasta la efe rea del Arsenal, la que circuye hasta la Real Facto- ría terminando á su lado en la costa del puerto; esta le sirve de límite por el Sud; un canalizo por el Oeste hasta el puente de Chavez; y desde este, por el Norte, el camino 6 calzada del Monte hasta volver al mismo punto. Su figura es un polígono irregular, siendo lo mas alto de su suelo, el espacio paralelo al camino cubierto, y el que está al frente del campo de Marte, pues tiene veinte y dos varas sobre el nivel del mar, bajando desde estas dos líneas con pendientes suaves, de las cuales la una lo hace al Sud hasta la costa del puerto, y la otra al Oeste hasta el puente de Chavez. Inmediato á este mismo puente hay una es- tension que tendrá próximamente ! 205) varas cua- dradas; que fué manglar en otro tiempo, cuyo nom- bre conserva, habiendo sido rellenado y convertido en suelo medianamente sólido con toda especie de materias animales, vegetales y barreduras de Jas casas y calles de la ciudad; pero es cabalmente el punto mas bajo, y está tan poco elevado sobre la superficie del mar en la alta marea, que las aguas inmundas de las casas quedan estancadas en las acequias por la poquísima pendiente que tienen, y cuando pasa tiempo sin llover un fuerte aguacero que las limpie, se corrompen aquellos líquidos, y exalan malísimo olor, casi insoportable para los que no están habituados á él. Por la misma causa de la poca altura del sue- lo sobre la superficie del agua del puerto, y la ca- lidad esponjosa de Jos materiales con que se formó después de la destrucción de los manglares, tam- bién es húmedo el de las habitaciones, agregán- dose á esto la influencia que tiene en todo el bar- rio y con mas intensidad en aquel espacio, el re- lieve y esposicion de su superficie en un plano de Noticia topo- gráfico médi- ca del barrio de Jesús María inclinación compuesta al Sud y al Oeste; causas que le constituyi n mucho mas insalubre que otros. Igualmente es de observarse que el barrio tiene por el Este el recinto de la plaza, que es mucho mas, alto que las casas, y por el Norte las de Gua- dalupe que también lo son, lo que hace que las capas de aire saludable de las brisas del mar que pasan sobre el recinto y el caserío del ultimo bar- rio, resbalen sobre las bajas que están inferiores á la líneahorizontal de aquellas partes mas altas, im- primiéndoles un movimiento de rotación, que hace girar el aire en aquel punto formando un remoli- no, sin que el alto se mezcle sensiblemente con el bajo, y de consiguiente no se renueve. Así suce- de en las desigualdades de las margenes de los ríos, en las cuaíes el agua forma ó hace remolinos horizontales, viéndose flotaren ellas las maderas y otros cuerpos ligeros sin salir del corto espacio en que sobrenadan, porque aquella agua en que están no se mezcla y sigue el curso de la otra. Ese modo casi nulo de renovarse el aire don- de hay mucha humedad y materias corruptibles, al paso que es muy 1 uto, favorece la evaporación que resulta de la fermentación pútrida de acuellas materias, activada con el calor en todo el dia y parte de la noche, é inspirada y absorvida por los que viven en aquel sitio. Por otra parte, cuando se enfrian las capas bajas del aire, pierden la fuer- za de ascensión, no se renuevan porque no suben, y se forma una atmósfera estacionaria de muy mala calidad particular á aquella estension, cuya atmós- fera, ademas'de no tener la debida proporción de hidrógeno y oxígeno, abunda en azóe y gas pútri- do mefítico. Este aire corrompido que se respira, dismi- nuye directamente la vitalidad de todo el sistema sanguíneo, oxigenando de un modo imperfecto la sangre en los pulmones, y haciendo que las fun- ciones fisiológicas se ejecuten de un modo lento y anormal, que constituye á los individuos en un estado de anemia ó debilidad que los predispone á toda especie de enfermedades, y mucho mas cuando reina alguna epidemia. Así es que el có- 8 9 lera se ha cebado en aquella parte nías baja del barrio dé Jesús María, en la cual habitan para mayor abundamiento, gente muy pobre, y negros entregados al uso del aguardiente, sujetos á todas las necesidades, amontonados en habitaciones su- mamente reducidas, húmedas, asquerosas y mal ventiladas, en unas calles estrechas, tortuosas y llenas ue aguas corrompidas y de lodazales (pie constituyen la activa existencia de los mayores elementos de infección. Observaremos en el pár- rafo siguiente, aunque de una manera general, el infiujo que han podido tener todas estas circuns- tancias en la intensidad y marcha de la epidemia del barrio. PARRAPO II. El 25 de febrero empezó rumor en este bnr- rio sobre la aparición del cólera en el de S. Láza- ro: algunos vecinos se aterrorizaron y otros no die- ron crédito á una nueva tan desagradable; pero al siguiente dia, como á las 6 de la tarde, se presen- tó el primero acometido en este vecindario, en la última cuadra de la calle Ancha. Era precisamen- te una negra libre nombrada Cesárea Rodríguez, que en otras ocasiones había sido curada por mi de algunas indisposiciones de los órgano» digestivos, la cual ofrecia un cuadro completo de todos los síntomas de la terrible enfermedad epidémica, co- mo V. SS. lo observaron cuando en aquellos dias tuve el honor de leer en el Real Tribunal de! Proto- medicato, y ante un crecido número de compro- fesores, un borron de la observación clínica que habia hecho á la cabecera de la enferma. Apénas transcurrieron cuatro dias desde el de la invasión del mal á esa desgraciada, cuando la plaga asoladora saltó como una chispa eléctri- ca, sobre el otro estmno del barrio donde está el Manglar, y con la mayor velocidad sacrificó innu- merables victimas: de allí corrió, cebándose en los parages fangosos é inmundos, á la parle de la cal- zada del Monte junto al puente de Chavez, esten- Generalidades sobre la epide- mia de Jesns Maña. 10 diéndose á todos los cuartones, y ídlimamente al pupto por donde había comenzado. El terror se apoderó de la mayoría de los in- dividuos, que asustados y como huyendo para eva- dirse de aquel horrible azote, se escondían en sus casaos cerrando las puertas y las ventanas. Masen medio del conflicto, el juez pedáneo y sus tenien- tes, probaron su actividad y celo ejecutando en cuanto podían las órdenes dadas por el superior gobierno. Por lo que hace á los médicos, nunca dieron mas pruebas de la humanidad y filantropía de sus corazones, que en aquellos dias de tribula- ción y de calamidad: hubo algunos que pusieron en contribución su bolsillo, y comprometieron mas de una vez su propia existencia para socorrer y auxiliar á los infelices sobre cuyas cabezas caiaeí rayo de la tempestad. También tuvimos un sacer- dote de ánimo fuerte, el presbítero D Nicolás Ro- mán, que marchaba impávido por entre cadáveres administrando los santos Sacramentos de la últi- ma hora á los moribundos, entre los cuales habia un cierto número, que no tuvo la dicha de alcan- zarlos por la violencia con que el mal les daba la muerte en los primeros dias de la epidemia. Entonces era muy frecuente ver á los invadi- dos quejarse repentinamente de un dolor agudísi- mo en el estómago, con agitación estremada, po- nerse helados y cárdenos en pocos minutos, y en tres horas, en dos, y aun en una, dejar de existir. Mas habiendo aplacado su furia el azote á fines de marzo, ya no era la enfermedad tan aguda, ni tan cruel, que no diera algún tiempo á los facultativos para desplegar todos los recursos del arte y obte- ner numerosos triunfos. Por fin, á mediados de abril quiso la Divina Misericordia dirigirnos una mirada de piedad: de modo que desde los últimos dias de! primer tercio de ese propio mes, en que sopló un viento Nordeste ó briza alta después de un Sud pernicioso, y marcando el barómetro tiem- po seco, y el termómetro en las horas de mas calor 85 grados de Farhenehit, no encontrábamos en la práctica, sino irritaciones escretorias del canal di- gestivo, que no obstante un cierto aire de cólera- morbo, se curaban fácil y prontamente con los reí- medios apropiados. Vamos á esponer á continuación los síntomas mas comunes en los coléricos de este barrio; esto es, aquellos que á nuestro modo de ver constitui/an el cuadro nosológico de esa terrible enfermedad: asi, pues, haremos una descripción sucinta comen- zando por los signos precursores. 11 Pródromos.—Ha querido negarse por ciertos médicos la existencia de estos anuncios de la en- fermedad, ofrecidos á nuestra vista con tanta anti- cipación y tan generalmente repartidos, que po- demos asegurar sin temor de equivocarnos, que desde mediados de marzo se hallaba enferma por lo tnénos la mitad de esta población. Veíamos con frecuencia á los individuos con el semblante mar- chito, descolorido y ojeroso, quejarse de sed, amar- gor de boca al despertar por las mañanas, de bor- borigmos al rededor del ombligo y por el trayecto del colon, apareciendo la orina escasa y de color azafranado. A estos ligeros padecimientos se ana- dian luego con mayor ó menor prontitud, pesadez de cabeza, debilidad general, desfallecimientos, zumbido en los oidos, abatimiento de espíritu, y calambres fugaces, principalmente en los múscu- los de las pantorrillas; observábamos en los indi- viduos una desazón, una ineptitud para el trabajo, una causa interior de aturdimiento que nunca po- dían esplicar; el pulso en este estado casi siempre era vivo, pero concentrado. En algunos no se en- contraban estos sufrimientos, lo que sucedía al terminar la furia de la epidemia, sino una diarrea insidiosa que al parecer no producía ninguna al- teración en la economía; pero que descuidada, insensiblemente iba adquiriendo mayor fluidez el liquido eseretado, hasta que tomando el carácter colérico se reunía con los síntomas que completa- ban la esplosion. Invasión—Anunciada la enfermedad hasta el punto que hemos designado, esperimentabade re- PARRAFO III. Sintomatok) gia. pente el sugeto invadido, muchas veces en las ma- dru gadas, un dolor agudo en el epigastrio que se irradiaba hasta en lo interior del pecho, produ- ciendo cierto grado de sofocación, 6 una sensación de angustia indefinible que no siempre se ofrecía cotn una misma intensidad. Seguíanse las náuseas, los vómitos, las evacuaciones de materias escre- mentieias verdes ó prietuzcas al principio, y suce- sivamente biliosas y acuosas. Sentían los enfermos entonces dolorosos calambres en las estremidades, que en los sugetos nerviosos alcanzaban hasta á los músculos del tronco. El pulso constantemente era frecuente, dando hasta 115 pulsaciones por minuto. En este estado casi nunca se presentó el sudor, y la orina se acortaba ó se suprimía. Ha- bia una ansiedad espresadaen el rostro, el cual se ponia pálido ó encendido alternativamente, y los ©jos inquietos y brillantes empezaban á ser rodea- dos de unas ojeras mas ó menos oscuras. La len- gua se observaba la mayor parte de las ocasiones ancha, blanca y con una pasta como cremosa. Periodo álgido.—El grado descripto anterior- mente duraba algunas horas, ó un dia y mas, en cuyo estado si el enfermo á beneficio de los modi- ficadores convenientes no pasaba al de una mejo- ría completa, entonces se agolpaba otra serie de síntomas mas graves. Continuaban las náuseas, los vómitos y la diarrea, comunmente de un líquido semejante al agua turbia, en la cual nadaban al- gunos pequeños copos albuminosos, y tan fácil y abundante en su salida como si fuera de una vasija que se derramara. A estas estraordinarias escre- ciones succedia el desfiguro singular del rostro producido por el hundimiento de los ojos, que per- dían la luz y el brillo, con los párpados superiores caidos, y los inferiores metidos y como replegados sobre el borde inferior de la órbita; rodeábanse de un círculo ciánico, tanto mas pronunciado, cuanto son comunes en este pais las ojeras en la menor alteración de la salud; la nariz se ponia afilada, la boca entreabierta, y los labios retraídos, marchi- tos y pegados á los dientes; la barba se aguzaba, 12 pareciendo todo el rostro mas largo y menos an- cho; la piel al paso que se adhería á ios huesos de la cara señalándolos notablemente al esterior, ,se llenaba de mil arrugas, haciendo representar al paciente si tenia cuarenta años, la edad de un hombre de sesenta con la tristeza pintada en el semblante. La lengua continuaba como en la in- vasión, y ademas fria al tocarla; la voz era ronca, débil y sepulcral; la sed rabiosa; la respiración siempre corta, débil, esforzándose el enfermo de cuando en cuando en las inspiraciones para tomar mas aire del que entraba en su pecho; esperimen- taban ademas los pacientes, sensación de congoja ó de fatiga incomparable en el epigastrio; vientre indoloro, unas veces sumamente suave, otras fuer- temente contraido hacia la columna vertebral, y la orina suprimida. Los calambres en algunos des- aparecían; pero en otros llegaban á tal grado de intensidad, que arrancaban á los enfermos en los menores movimientos, ayes roncos y de agonizan- tes. La frialdad era siempre glacial en toda la piel, y con especialidad en la de las estremidades, fren- te y nariz. El color en los trigueños era morado casi lívido; en los muy blancos azul, y en los negros ceniciento claro sobre un fondo empañado. Los dedos de las manos y de los pies estaban doblados en forma de ganchos, las uñas moradas y la cutis coarrugada. La posición que guardaban los pa- cientes en muchas ocasiones, era sobre la espalda, y algunas veces estendian los brazos agarrando los largueros del catre como para soportar la ansiedad que los afligía, ó como en disposición de hacer es- fuerzos para levantar el tronco. La inteligencia se conservaba intacta, menos en ciertos casos que llamaron nuestra atención, porque ofrecían una complicación del cólera con la catalepsia de los autores* En estas circunstancias especiales el en- fermo se presentaba en un profundo aturdimiento, sin responder á las preguntas que se le hacían, sino al cabo de mucho tiempo de llamarlo, moverlo y escitarlo;se le observaba con los ojos como de vi- drio siempre fijos á un solo punto; se veian en a!gu- convulsivos en los párpados, en 13 ](Ds labios y en los dedos de las manos y de los pies, quedándose estos miembros en la misma posición que se les daba aunque fuera en el aire y sin apoyo. E! pulso, (pie siempre ha sido frecuente ó nulo, en este solo caso se ofrecía al tacto lleno, duro, y tan len¡to, que en uno de los pacientes solo latía 28 ve- ces por minuto, y en el que mas, no pasaba de 40. Si estos enfermos volvían en su acuerdo y desper- taban de aquel letargo, ponian la mano sobre la región precordial quejándose de un fuerte dolor en el corazón. En los dos estados que acaban de re- ferirse, un sudor frió y pegajoso cubría todo el cuerpo; y la piel, perdiendo su contractilidad, con- servaba los pliegues que se le hacían. En esta reunión de síntomas tan alarmantes, acudía la muerte á poner un término á este espantoso esta- do, y de una manera tan tranquila, que no se aper- cibía, en algunos moribundos, sino un ligero estre- mecimiento al dejar de existir. Periodo de reacción.—Cuando se aplicaban en estas terribles circunstancias los remedios apro- piados, no siempre sucumbían los pacientes, y cuando por la eficacia del plan curativo estable- cido con oportunidad y anticipación se lograba una mejoría de confianza, se notaban las señales que indicaban una reacción regular y muy mode- rada, volviendo el pulso poco á poco á la arteria radial, cubriéndose la piel de un suave calor y de un sudor agradable; cesaban los vómitos y la diar- rea, ó se convertía esta en biliosa; desaparecía gradualmente el desfiguro del rostro y las1 man- chas anormales de la piel, siendo la última en vol- ver la escrecion de la orina. Si la reacción no se presentaba en un orden regular y lento como se ha espuesto, entonces se veia por ciertos signos, la amenaza de una congestión siempre grave en uno ü otro de los órganos mas importantes á la vida, y teníamos que haberlas con una degeneración del cólera en una especie de demencia, en una fiebre adinámica, ó en una hepatitis, que ha sido constan- temente fuera de la convalecencia, la mejor de las terminaciones. 14 Pasaremos ahora á esponer algunos casos clí- nicos, en los cuales se advertirá la modificación que ha tenido el cólera-morbo en los individuos por razón del temperamento, edad, sexo y otras circunstancias particulares. 15 PARRAFO IV OBSERVACIONES Observación 1.a—El Sr. Secretario de S. M. y del gobierno de esta plaza D. Antonio María de la Torre y Cárdenas, de temperamento nervioso, idiosincrasia gastro-hepatica, y de 44 años de edad, hacia mas de veinte dias que se ocupaba, desempeñando su ministerio, en un trabajo men- tal asiduo, en cuyo tiempo se veia obligado á va- riar las horas de sus comidas, y por consecuencia de todo, se hallaba sin apetito y padeciendo des- arreglos en las funciones del estomago. A la me- dia noche del dia 18 de marzo fué acometido de un dolor agudo en el hipocondrio izquierdo, acom- pañado de náuseas y de ansiedad en el epigastrio, para lo cual tomó una taza de té y se alivió á po- cos minutos. El dia 19 por la mañana, después de haber hecho una deposición liquida, abundante y prietuzca, se hallaba en el estado siguiente: pul- so frecuente y contraido; ligeros y fugaces ca- lambres en las piernas; borborigmos; mucha sed, y la lengua muy encarnada y escoriada en sus bor- des.—Dieta absoluta; emulsión gomosa; agua de arroz; cataplasma de linazas al vientre y abrigo. El dia 20 en la mañana volvio á hacer otra deposición semejante á la del dia anterior sin otra novedad.—El mismo plan de curación. A las 10 de la noche vómitos mucosos abundantes, repitién- dose la diarrea de color blanquecino y con algu- nos copos albuminosos —Cocimiento blanco de Sydenam, gomoso, y levemente opiado; cataplas- masepispásticasá los brazos y pantorrillas; defensi- vos calientes sobre el vientre de aguardiente con aceite do almendras; una píldora de dos granos de estracto de ratania con cuatro de goma. Colera grave 1 terminado el) ; la curación» El dia 21 amaneció mejorado; pero í\ las tres de la tarde reaparecieron los vómitos y (adiarrea, con ansiedad, desazón, cara hipocrática, ojos hun- didlos y lánguidos, voz ronca y desmayada; frial- dad estremada en los brazos, las piernas, frente y nariz; sudor frió copioso; pulso muy escondido y frecuente; empezó la cianosis; hubo alguna coarru- gacion de la piel en tos dedos de las manos; su- presión de orina; vértigos al ejecutar el menor mo- vimiento, y aspecto notable de un cierto grado de consunción.—Copas de agua caliente en el mo- mento de las náuseas para disminuirlas facilitando el vómito, y en seguida cortas dosis de te con dos gotas de 1 uidano de media en media hora; cata- plasma crustae pañis laudanizada y caliente sobre el epigastrio; fricciones continuas con saquitos de polvos aromáticos bien calientes, sobre la piel de la cara, brazos y piernas; después de cada una de- posición, el uso de un cuarto de lavativa compues- ta de una decoccionde llantén, una cucharada de los polvos de goma arábiga, otra de almidón cru- do, y 20 gotas de láudano; aplicación de botellas ó canecos de barro conteniendo agua caliente en los alrededores de los pies; bastante abrigo. El dia 22, aunque no había orinado, se encon- traba con alivio.—Continuación de los remedios y leche humana por alimento. El día 23 seguía la mejoría sin haber vuelto la orina; repugnó el alimento prescripto.—Los mis- mos medicamentos, y por alimento crema de arroz. Dia 24: no hubo otra novedad que la espulsion dp una orina oscura, espesa y purulenta.— Supre- sión de las fricciones, de la cataplasma y del láu- dano; continuación del té y de la crema de arroz; por agua común la del tiempo un poco tibia, con polvos absorventes contra los ácidos del estómago que vienen á la garganta, y alcoholizada con unas gotas de aguardiente contra una especie de congo- ja que esperimenta en el epigastrio. El 25 salia la orina como en el estado de sa- lud, se hallaba el pulso normal, y entró el Sr. Se- cretario en convalecencia. 16 Observación 2.a—Don Pedro Serafín de Tor- res, teniente ayudante de campo del £s< mo. Sr. Ca- pitán general, de edad de 24 años, de temperamen- to sanguíneo y constitución robusta, habia sufrido tres cólicos en los quince primeros dias de la epi- demia, los cuales no fueron curados correspondien- temente, quedando por tanto el canal digestivo de tal modo ofendido, que se presentaba ya diarrea copiosa, ya constipación obstinada. Esperimt-n- taba de continuo, ruido molesto en el vientre con alguna inflación, y ligeros dolores en el trayecto del colon; digestiones tardías y penosas que le obli- gaban á observar una dieta tenue, desempeñando al propio tiempo las ocupaciones de su destino, y no reservándose del sereno frió de las noches. Cansado de sufrir sus indisposiciones, empezó á curarse tomando unos polvos semejantes á los de la raiz de hipecacuana, que le habia ordenado un médico, los cuales produjeron inmediatamente vó- mitos y deposiciones biliosas. Mas siendo estas evacuaciones demasiado abundantes y repetidas, el mismo médico, para contenerlas, le dispuso unas cucharadas de laemulsion de Van-Swieten, y una lavativa compuesta de la decocción de las semi- llas de linazas con oche» granos de opio puro. Ter- minó la diarrea, pero los vómitos persistieron á pesar de los diferentes medicamentos que se le ad- ministraron con el objeto de quitarlos. En estas circunstancias fui llamado el día 6 de abril en la mañana, y le encontré en el estado siguiente: sem- blante desfigurado, ojos lánguidos y ojerosos, co- lor marchito, megillas hundidas, pómulos salien- tes, lengua ancha con una crápula blanquecina* voz ronca ó debilitada, sed inestinguible, vientre inflado é insensible á la presión, estrenódades un poco frias, pulso contraido y frecuente, (98 pulsa- ciones por minuto), náuseas repetidas, ansiedad y sensación de plenitud molesta en el est mago, so- 'focacion de tiempo en tiempo alternando con los vómitos, que eran acuosos y con pequeños copos albuminosos; supresión de orina habia mas de vein- te horas, y dolof en la parte inferior del raquis.— Dos cucharadas de la infusión de té caliente cuft 17 Cólera casi ci orneo. 18 tres gotas de láudano cada media hora; cataplas- ma crustae pañis sobre el epigastrio; fricciones so- bre la piel de los brazos y las piernas con saqui- tos de los polvos aromatices calientes. Por la tar- de no había hecho mas que un vomito.—El mismo método. Dia 7. Continuaban las náuseas de tarde en tarde, pero no había vómitos; se disminuyó la frial- dad; la cataplasma alivió la congoja del estómago, causando su peso alguna meb stia al fin; el pulso estaba menos frecuente y mas desenvuelto; orinó á las tres de la mañana en cor?a cantidad.—La in- fusión de té laudanizada de hora en hora; le van- tar la cataplasma en el momento que empiece á molestar, y las mismas fricciones. Dia B. Habia pasado la noche desvelado y con desazón; el pulso estaba débil, la esclerótica se presentaba amarilla, no habia náuseas, y prosi- guió la ansiedad. Esperimentaba sofocación con- tinua, borborigmos, respiración acele rada y sensa- ción de peso é incomodidad en el epigastrio cuan- do se volvía del lado izquierdo: la boca estaba amarga y pastosa, y habia sed intensa.—Suspen- sión del té; agua de tamarindos por común en cor- tas dosis alternando con la de arroz; tentativas pa- ra conseguir una deposición con almendras con- fitadas puestas á manera de calas, y untura emo- liente sobre la región hepática Dia 9. Amaneció aliviado de la ansiedad del estómago y de la sofocación, pero con dolor en la columna vertebral; hizo una deposición corta de un liquido blanquecino, turbio y con un sedimen- to de color claro de cenizas; el pulso se manifes- tó contraido y frecuente, la cabeza adolorida, la piel un poco fria, y el enfermo inquieto y de mal humor.—-Se dispúsola continuación del agua de tamarindos, por alimento atole claro de ar- roz con goma, frotación con el bálsamo de Goa- temala en el espinazo, emplastos calidos en las pantorrillas, y las fricción s con los saquitos de los polvos aromáticos para calentar la piel. Dia 10. Habia dormido una buena parte de la noche; el pulso presentaba menos frecuencia; el calor era igual en todos los miembros, v el en- fermo se quejaba de plenitud é incomodidad en la parte inferior del vientre; la orina era en su sa- lida mas fácil y abundante; continuó la sed y el tormén o de la cabeza; se presentó un ojo medio cerrado, y hubo de parte del enfermo pereza y cierta inditerencia para todo lo que le rodeaba. —La misma medicación añadiendo ocho sangui- juelas en los alrededores de) ano, media lavativa emoliente, y cataplasmas epispásticas con cantári- das sobre las pantorrillas. Dia i»l. La noche fue regular; se mejoró la ca- beza; pero por lo demas se presentaba en el esta- do del dia anterior, porque no habia hecho efec- to la media lavativa, ni los epispasticos alteraron el color de la cíitis.—El mismo orden de la víspe- ra en ei uso de los remedios y del alimento; una lavativa de la decocción de malvas y sabuco con jarabe simple de rosas; las cataplasmas epispásti- cas renovadas, y una nueva aplicación de otras ocho sanguijuelas en las márgenes del ano. J) i a 12. Hizo dos deposiciones biliosas des- pués de la lavativa, y quedando el vientre con ruido e inflación, se figuró el enfermo haber perdido lo adelantado; enfádase y desespera de su situación, y se apodera de él la tristeza y el aba- timiento. No obstante el mal estado de su moral, el pulso se ofrecía lento y desenvuelto, la cutis ma- dorosa y agradable al tacto, y la pesadez de la ca- beza notablemente disminuida. Los ojos estaban abiertos de una manera igual.—Suspensión del agua de tamarindos, y en su lugar el ácido de la granada dulce; untura alcalina al vientre; sinapis- mos epispásticos continuados; agua de goma en- dulzada por común, y*seis sanguijuela¡*en Jas in- mediaciones del ano. Dia 13. Alivio notable, ánimo alegre, dispo- sición á conversar sobre materias agradables; los ep.spásticos habían rubificado la piel; no habia sed, y.el pulso estaba blando y débil, (51 pulsaciones poK minuto.)—Atole de pan por alimento; por agua yomun la de goma azucarada. Lo$dias 14, 15, lü y 17, tuvo alternativas de 19 20 indispliceneía y alientos; salia la orina en corta cantidad y azafranada; hubo borborigmos en las cercanías del ombligo; mas ó menos sed, y frial- dad en las piernas por las noches, cuyas indispo- siciones cedieron á beneficio de la continuación de ¡a untura alcalina, de las fricciones y de un pe- diluvio. Por último, el dia 18 tomó un caldo de pollo que repitió al siguiente con unas tostadas de pan, y entró en convalescencia. Reflexiones. Es de notarse en esta observación la lentitud que ha llevado en su marcha la enfermedad, que puede llamarse crónica si se atiende á la rapidez y agudeza con que siempre se ha presentado en otros enfermos. Ñútese igualmente como esa cir- cunstancia nos ha sido sumamente favorable para combatir con oportunidad y tiempo el sesgo peli- groso que iba tomando el mal en los movimientos de la reacción sobre ei cerebro, conocido por el estado de las funciones intelectuales del indivi- duo, por el aturdimiento casi continuo de la ca- beza, y por el abatimiento y desigualdad en el abrir de ios ojos. Nunca surtieron las sanguijue- las en las márgenes del ano, y los revulsivos en las extremidades, unos efectos mas señalados y favo- rables en el cólera morbo espasmódico. Cólera grave terminad» en !a muerte. Observación 3.a—Doña María de la Concep- ción Calatayud, de temperamento linfático, de 60 años de edad, filé acometida el 8 de abril después de seis dias de diarrea biliosa que no le impedia ocuparse en sus que-hareeeres ordinarios, de vómi- tos y evacuaciones abundantes, frialdad y sed, á consecuencia del uso de una limonada, y de los defensivos al vientre de musilago de malvas y quimbombó que le había ordenado otro facultati- vo. En este estado la vi y anoté ásu cabecera los síntomas siguientes: ojos hundidos en las órbitas; párpados caídos; ojeras azuladas; megillas contraí- das; voz sepulcral y á duras penas inteligible; len- gua pálida, fria y contraida; sed rabiosa; labios 21 descoloridos; respiración sublime; paredes del vientre sumamente laxas; frialdad marmórea; pufeo radial completamente nulo; dedos doblados en for- ma de ganchos; uñas encorvadas y oscuras; pelos erizados y piel, arrugada semejante al pellejo de las gallinas; los vómitos y las evacuaciones abun- dantes y verificadas sin interrupción; las formaban un liquido blanco como el agua, y se hacían tan espontáneamente, que no se observaba en la pa- ciente el menor esfuerzo para su espulsion; la ori- na estaba suprimida.—Cocimiento de manzanilla en cortas dosis, con cuatro gotas de láudano, re- petido cada cinco minutos; cataplasma crustae pañis caliente sobre el epigastrio; cuartos de la- vativa amilacea astringente y laudanizada; friccio- nes calientes con los saquitos de polvos aromáti- cos, linimento de Blmnenthal para frotar la co- lumna vertebral; cuatro vejigatorios de cantáridas á las estremidades; botellas de barro con agua hirviendo en los alrededores de los pies, y abrigo. El dia 9 en la mañana ya se habían contenido los vómitos y la diarrea; se acaloró un poco la piel; los vejigatorios no produjeron sensibilidad ni al- teraron el color de la cutis; los deinas síntomas si- guieron en el mismo estado.—Continuación de los remedios ordenados el dia anterior, á escepcion de los cuartos de lavativa y del láudano. A las dos de la tarde hubo mas caloren la piel; pero no se presentó el pulso, y en medio de algunas débi- les señales de reacción, después de un estremeci- miento general, cesó de existir. Este hecho comprueba los perjudiciales efec- tos de la intempestiva aplicación de los emolien- tes frios, y de los ácidos, á los coléricos que no ofrecen la menor señal de una franca irritación. No pudo ser mas rápido y funesto el resultado de semejante medicación, en una enferma de 60 años, y de un temperamento puramente linfático.—Los calambres, que no se observaron en esa señora, jamas he visto que han faltado en los enfermos que Reflexiones. 22 han estado sufriendo el cólera grave: circunstancia muy singular, y de cuya causa confieso que no puedo darme razón. Cólera grave terminado en la curación. Observación 4.a—Doña María Gregoria Ro- dríguez, de temperamento nervioso, y de 30 años de edad, tuvo á los siete dias de parida algunas evacuaciones biliosas y no muy líquidas, que no la intimidaron; pero cuando contaba tres de diar- rea y diez de parida, la acometieron repentina- mente vómitos acuosos, aumentándose la frecuen- cia y abundancia de las evacuaciones. Se aplicó algunos remedios insignificantes, y al otrodia, 23 de marzo, presentaba el estado que sigue: vómitos abundantes y líquidos, diarrea copiosa de un líqui- do turbio como si vaciaran un balde de agua; su- dor estremado, frió y pegajoso; rostro prolongado; ojos hundidos espresando ternura y rodeados de un círculo azul ; manchas violáceas esparcidas por las megillas; lengua ancha, pálida y mucosa; respiración sublime; palpitaciones d*d corazón ir- regulares; glándulas mamarias doloridas é hincha- das; vientre flaxido é insensible a la presión; estre- ñía congoja en el epigastrio que amenazaba sofo- cación; sed inestinguible; supresión de orina; pulso contraido y frecuente (116 pulsaciones por minu- to); suspensión de loquios.— Tres cucharadas de té caliente con seis gotas de láudano repetidas cada cinco minutos, aumentándose el intervalo á medida que se disminuyan los vómitos y la diarrea; cataplasma crustae pañis en el epigastrio; pedilu- vios calientes; botellas de barro con agua hirvien- do á los alrededores de los pies; vejigatorios á las pantorrillas; sinapismos en los mu«los; fricciones secas con los saquitos de polvos aromáticos; abrigo con frazadas. Dia 24. Habian cesado los vómitos y mino- rádose la diarrea; no habia amagos de sofocación, pero el estómago en su interior estaba urente; se habia disminuido considerablemente el sudor, y le el semblante algo esparcido; el corazón batia con alguna regularidad; la sed era insaciable, y empezó á sentir los vejigatorios.—Cocimiento 23 blanco gomoso levemente opiado'; cucharaditas de jarave de grosellas para engañar la sed; cata- plasma crustae pañis; fricciones secas aromáticas, y sinapismos en los muslos. Dia 25. La enferma me recibió con tanto agrado, cuanto era el disgusto é impaciencia que habia esperimentado por mi tardanza. Eran las nueve de la mañana, hora en que se cumplían 43 de puestos los vejigatorios que habían producido un efecto satisfactorio. El rostro estaba animado y alegre; un calor suave se habia esparcido por toda la cutis; volvieron los loquios; el pulso era normal y habia apetito.—Cocimiento blanco go- moso levemente opiado; agua de arroz, y curación de vejigatorios. Dia 26. Siguió la enferma con los alientos de la víspera; pero hizo dos deposiciones biliosas casi involuntarias.—Agua de arroz gomosa; lavativa amilacea astringente y opiada; curación de cáus- ticos. Dia 27. Durmió toda la noche pasada; calmó la sed; solo las úlceras de los cáusticos la moles- taron; tuvo apetito y suplicó la concedieran unas sopas.—Atoles de pan por alimento y agua de arroz por común. Cerrar los vejigatorios. Los dias 28 y 29, en los cuales empezó á comer, con- firmaron la convalescencia. Observación 5.k—El bachiller D. Jos¿ Anto- nio Muñoz, de temperamento sanguíneo, y como, de 32 años de edad, había sido invadido del cólera en la madrugada del dia 8 de marzo con calambres dolorosos y alguna frialdad en las piernas y en los brazos; conatos frecuentes al vómito; ansiedad epi- gástrica y precordial; respiración un poco anhe- losa; pulso duro, vivo (95 por minuto), y algo con- traido; megillas encendidas y ojos como espanta- dos. En este estado tomó media taza de té con diez gotas de láudano y veinte de éter; se le aplicó el calor á los pies por medio de las botellas de barro, conteniendo agua muy caliente, y se le hi- cieron fricciones secas con un cepillo. Se mejoró notablemente; pero como á las seis de la tarde se Cólera aborta» do con la san- gría. 24 renovaron todos los síntomas con la misma inten- sidad conque se presentaron en la invasión, y á las diez de la noche se le practicó en el brazo de- recho una sangría de doce onzas, que trajo la ce- sación completa de los calambres y de la ansiedad, produciendo el desarrollo y blandura del pulso, cuyo alivio continuó hasta el diu siguiente en que entró en convalescencia. CMera aborta* do f*n sus pró- dromos coü la i saogi la. Observación 6.a—T a Sra. D.p Isabel López, de 46 años de edad y de temperamento sanguíneo nervioso, hacia mas de 20 meses que su salud va- cilaba y se quebrantaba á consecuencia de la ce- sación critica de las reglas. Periódicamente sufría vértigos, entumecimiento en las estremidades, do- lores de cabeza, y aun amagos de congestión ce- rebral. Estas indisposiciones, luego que la enfer- ma se aplicaba una sangría, cedían con mucha fa- cilidad. Ella habia sido abundante en sus mens- truaciones, y esperimentado hemorragias uterinas en tiempos muy atrazados. El día 13 de marzo hacia tres meses que no se sangraba, y empezó á sentir en su constitución algunos movimientos in- cómodos, en cierto modo diferentes á sus padeci- mientos habituales. Tenia atorm ntada la cabeza, a'gunas convulsiones leves y parciales, sensación de congoja en el epigastrio, calor en la cara y amargor de boca. Pasó asi hasta el siguiente día en que tuvo vómitos, cuva ocurrencia la intimidó, y en el acto manifestó deseos de que yo la viese. Presentaba el estado siguiente: semblante pesa- roso; ojos inyectados, con ojeras, é inquietos ro- dando en las órbitas; megil las un poco encarnadas; lengua seca y roja en la punta; sed y sensación de mucho peso en la frente; voz natural; inapetencia; náuseas; diarrea biliosa; fatigas estremadas en el estómago; brazos algo frios y cubiertos de sudor viscoso; orina corta y azafranada: entumecimiento de los dedos de las manos y de los pies; pulso duro y frecuente.—Sangría de ocho onzas en el brazo; té gomoso levemente laudanizado; pediluvios y sinapismos; agua de arroz por común. Día 15. La sangría produjo el efecto que se deseaba; todo desapareció, y la enferma no espe- rimentaba mas que debilidad muscular.—Dieta ve- geta!, y al siguiente día caldo y sopas. 25 Observación 7.a—Dona María del Carmen < Cardoso, de temperamento linfático nervioso, yfde ! edad de 40 años, debilitada de mucho tiempo atras' por una gastro-hepatitis crónica que le obligaba á guardar una dieta tenue constantemente, fué aco- metida del cólera en la mañana del dia 9 de mar- zo, después de cuatro dias de diarrea biliosa. Le empezó con vómitos blanquecinos con algunos co- pos albuminosos, tomando la diarrea el mismo ca- rácter; tenia ansiedad y dolor en la región epigás- trica; calambres y frialdad en los dedos de los pies y de las manos; ojos hundidos y rodeados de un cerco lívido; pulso escondido, y voz ronca y apa- gada. En el acto se la aplicó una dosis de té con ocho gotas de láudano; una cataplasma emoliente sobre el epigastrio; fricciones secas y un pedilu- vio. A la hora y media de la aplicación de estos remedios que se repitieron dos veces, disminuye- ron todos los síntomas, quejándose la enferma so- lamente de una irritación viva en el estómago, que se aumentaba después de tomado el té con el láu- dano; entonces se hizo suspender este medica- mento, y en su lugar se le dieron algunas cucha- radas de una emulsión gomosa levemente opiada, repetida cada dos horas, continuando con la mis- ma cataplasma y las fricciones. En el término de veinte y cuatro horas consiguió con estos auxilios una grande mejoría, y empezó á tomar una corta cantidad de crema de arroz con goma y azúcar, que continuó y aumentó en el espacio de tres dias que tardó en principiar el restablecimiento. Cólera compli- cado con tina gastro hepati- tis crolüoa. Observación 8.a—Don Juan Mayor, europeo, de 37 años de edad y de temperamento nervioso, después de haber asistido dos dias consecutivos á una persona de su amistad, que habia sufrido el cólera, se sintió enfermo el dia diez y seis de marzo á las cuatro de la tarde. Estaba con los síntomas siguientes: rostro pálido; ojos hundidos y cercados Cólera inter- mitente cura- do cou ia qui- nina. de ojeras azules; lengua ancha, blanca y cremosa; voz baja y débil; sed insaciable; vientre flojo, y cuando se le comprimía, esperimentaba en el mis- mo instante calambres dolorosos en las piernas, que cesaban luego que se levantaba la mano que se l'e ponia sobre el abdomen; orina corta; náuseas frecuentes; evacuaciones acuosas abundantes; pul- so pequeño y vivo; frialdad y sudor viscoso, tan abundante, que empapaba las sábanas con que es- taba cubierto el enfermo, y su cabeza estaba tan húmeda como si se hubiese bañado.—Cuatro cu- charadas de té caliente con seis gotas de láudano repetidas cada cuarto de hora; untura alcalina al vientre; cuartos de lavativa amilacea laudanizada, administrados inmediatamente después de hacer una evacuación; botellas de barro con agua hir- viendo en los alrededores de los pies; sinapismos calientes; fricciones á menudo con los polvos aro- máticos y almidón tostado por el rostro, brazos y piernas; franelas sahumadas en las bayas de enebro quemadas para abrigar las estremidades. El dia 17 por la mañana no tenia otra cosa que una debilidad estremada; habian desaparecido las náuseas, las evacuaciones, el sudor v la frial- dad; el pulso radial se presentaba blando y débil (52 pulsaciones por minuto), y no tenia sed.—Me- dias tazas de té de tiempo en tiempo; dos caldos hechos con un pollo, y agua de arroz. A las cua- tro después del medio dia se renovaron todos los síntomas de la tarde anterior, y se agregaron vó- mitos acuosos, supresión de orina, y también la singular circunstanciare la aparición de los ca- lambres cuando se le tocaba el vientre. El mismo sudor abundante, la propia frialdad.—Nueva ad- ministración del té laudanizado; untura alcalina; cuartos de lavativa amilacea laudanizada; botellas de barro calientes en las inmediaciones de los pies; las fricciones secas aromáticas, y las franelas sahu- madas. Dia 18. Por la mañana estaba el enfermo dé- bil y con el espíritu abatido; parecía descansar después de un trabajo superior á sus fuerzas; de- seaba que le dejaran solo, y sin embargo suplica- 26 27 ba que le vigilaran porque femia volverse loco. A pesar de esas señales que manifestaban un to grado de innervacion, ó mejor dio lio, de una Opresión ú ofensa del centro del sistema nervioso, no había por otra parte ni uno siquiera de los sín- tomas que se habian observado la tarde preceden- te.—Cocimiento blanco hecho en el de melisa aromatizado con el jarave de cidra; paños calien- tes sobre el epigastrio; cataplasmas epispásticas paseadas por la piel de las estremiaades; aceite dulce con subnitrato de mercurio sobre la colum- na vertebral; croma de arroz y agua apañada. Palabras consolatorias asegurándole la pronta ve- nida de un completo -restablecimiento. A las cinco y media volvió con mayor intensidad todo el aparato de sintonías graves de la tarde an- tecedente, presentándose el pulso imperceptible, y algunas convulsiones en las piernas que desapa- recían tan apriesa como se le comprimía el vien- tre, sustituyéndolas los calambres mas dolorosos que nunca, y que obligaban al enfermo á quitar con viveza la mano que se los había causada.—Se aplicaron por tercera vez los propios medicamentos anti-espasmódicos de la víspera, y á las cuatro ho- ras surtieron su efectodejandoal paciente aliviado. l)ia 19. A las seis de la mañana se encontra- ba el pulso lento y blando; habia tristeza y presen- timientos funestos; calor moderado; semblante es- presando pesadumbre.—No quedando duda del carácter intermitente y peri dico de la enferme- dad, se ordenaron veinte y cuatro granos de sul- fate de quinina con un grano de alcanfor y medio de opio acuoso, confingidos con miga de pan, y di- vididos en ocho pildoras para tomar una cada me- dia hora con un poco de té; frotaciones de tintura alcohólica de corteza peruviana, y abrigo. Llegó la hora acostumbrada de la invasión del cólera in- termitente, estaban tomadas las ocho pildoras, y no esperimentó el enfermo la menor alteración en su economía. El dia 20 amaneció D. Juan Mayor con ape- tito y ánimo alegre; no sentía molestia alguna, y se le ordenó caldo de gallina, que también tomó ai 28 siguiente dia con tostadas de pan, y entró en con- valescencia. Observación. 9.a—La Sra. D.a Manuela Ze- loto, de 85 años de edad y temperamento linfáti- ca, sintió de repente en la mañana del dia 19 de marzo dolor en el epigastrio. En seguida tuvo vó- mitos, primero mucosos, después biliosos. Se pre- sentaba con los síntomas siguientes: senblante na- tural; lengua rosada y húmeda; respiración normal; habian cesado los vómitos, y la diarrea era de as- pecto bilioso. Había calor en el epigastrio, y el' de la pielera desagradable al tacto. El pulso era duro y algo frecuente, las fuerzas se hallaban co- mo de costumbre, y según lo permitía la edad; te- nia zumbidos en los oidos y desvanecimientos de cabeza.—Té gomoso laudanizado y etéreo de dos en dos horas; agua de arroz con goma, y cataplas- ma de linazas en el hueco del estómago. Dia 20. Habia dormido casi toda la noche y depuesto dos ocasiones un líquido espeso y ama- rillo. Tenia el vientre sensible á la presión en el trayecto del colon, y el pulso igual al déla víspe- ra; nada de dolor en el epigastrio ni de náuseas.— Emulsión gomosa levemente opiada; agua de arroz con goma; cataplasma de harina de linazas con la de cebada y láudano sobre el vientre. Dia 21. Encontré á la enferma fuera de la ca- ma, con apetito, sin diarrea, y todas sus funciones en un ejercicio libre; solo esperimentaba alguna frial- dad en las piernas.—Dos caldos y agua de arroz. El dia 22 no habia tenido la menor indispo- sición; pero el 23 volvió la diarrea de la misma na- turaleza que la de los dias anteriores, y sin embar- go fué mas abundante y repetida. No habia alte- ración en el pulso ni en las facciones; pero sentia fatiga en el estómago cuando hacia una evacúa- cion, y las estremidades mas frias que el resto del cuerpo, el cual no estaba desprovisto de un calor casi natural.—Té gomoso laudanizadorepetido ca- da media hora, cataplasma crustae pañis sobre el epigastrio; abrigo á los pies con frazadas. Dieta absoluta. Colerina Dia 24. Cesaron completamente las deposi- ciones liquidas; se concluyó la congoja del estó- mago; el semblante manifestaba una espresion de alegría, y todas las funciones vitales se hallaban en un estado fisiológico. A pesar de la dieta no estaban las fuerzas abatidas.—-Crema de arroz y agua de lo mismo por común. Al siguiente dia to- mó la misma crema, observando el propio régimen, y después entró en su método ordinario de vida. 29 Observación 10.n—Doña Petrona Betancour, t de 16 años de edad y de temperamento nervioso, ■ hacia cinco dias que sufría dolores reumáticos en las articulaciones, con fiebre vespertina, cuando al amanecer del dia 5 de abril sintió dolor agu- do en el estómago, haciendo al propio tiempo vó- mitos y evacuaciones abundantes. Esto había pro- venido de la mala noche que acababa de pasar, y mas principalmente de losafectos morales que pro- dujo en ella el inesperado y triste acontecimiento de la muerte de una hermana, á quien amaba con ternura, y que arrebató de su lado en dos horas el cólera mas agudo. Fui llamado para socorrer á la expresada D.-Petrona, y la encontré con los sínto- mas siguientes: manchasde color aplomado por el rostro; ojos hundidos en el fondo de las órbitas; pó- mulos salientes; nariz afilada; labios retraídos; bar- ba aguzada; lengua ancha, crapulosa-y tria; sed intensa; voz debilitada: frialdad en las estremida- des y en la nariz; piel de las manos coarrugada; dolores espasmódicos en las estremidades de dife- rente género á los reumáticos articulares anterio- res; paredes del vientre fuertemente contraídas hacia la columna vertebral; nada de fiebre, por el contrario, pulso escondido y casi vermicular; res- piración sublime; palpitaciones tumultuosas del corazón; supresión de orina hacia tres horas; vó- mitos abundantes y acuosos, y evacuaciones copio- sas, á menudo, y de una agua turbia —Tres cucha- radas de té caliente con seis gotas ríe láudano, y ocho de éter, repetidas cada cinco minutos, advir- tiéndose, que si a las tres dosis no minoraban los vómitos, las evacuaciones y el dolor epigástrico, Cólera grave terminado en una fiebre pú- trida. 30 se administraran, en lagar de esa medicina, dos cu- charadas de la infusión de manzanilla con cuatro gotas de láudano y seis de acetato de amoniaco; botellas de barro conteniendo agua caliente en los cataplasma crustae pañis sobre el estómago; fricciones con los s,aquitos de polvos aromáticos, y cuartos de lavativa ami lace-a astringente lau- danizada. „ En el siguiente dia no habia hecho mas que un vómito y dos deposiciones serosas; cesó el Uo- lor del estómago; el semblan té siguió desfigurado; habia alivio en los dolores espasmódicos porque no eran continuos; sed insaciable; lengua húmeda y encarnada en su punta; sequedad en el fondo de la garganta; sensación de ardor interior; voz mas animada; la piel algo acalorada; pulso menos fre- cuente y mas perceptible, y palpitaciones del co- razón mas regulares.— Emulsión gomosa levemente opiada coclhektin; agua de arroz; untura emolien- te ai vientre; fricciones con los polvos aromáticos; cuartos de lavativa amilácea laudanizada. El dia 7 amaneció vomitando todo lo qne to- maba; tuvo liebre; los ojos aunque hundidos esta- ban brillantes; el color de las megillas era anima- do, la sed rabiosa, la lengua estaba encogida y con una costra seca, gruesa, parda y llena de surcos; los dientes y labios cubiertos de sarro seco; vien- tre caliente'y meteorizado; ráfagas de delirio; postración muscular; dolor supra-oibitario y en la nuca.—Cocimiento blanco gomoso en corta can- dad; seis ventosas escarificadas sobre el epigastrio; untura emoliente, anodina y etérea sobre el abdo- men; dos pediluvios, sinapismos, y lavativa emo- liente. Día 8. Hizo la noche anterior dos deposicio- nes biliosas, fétidas y con tenesmo, á beneficio de Ja lavativa; cesaron los vómitos y el dolor supra- orbitario, y el de la nuca; durmió una hora segui- da; el vientre estaba suave, pero sensible á la pre- sión en el lugar del intestino yeyuno; habia orinado encendido y en pequeñas porciones; la lengua es- taba natural; sentía sed; ia piel se presentaba hu- medecida de un sudor caliente; habia debilidad 31 muscular, y el pulso estaba menos frecuente y mis blando.—Cocimiento blanco de Sydenam gomoso; cataplasma de linazas sobre la región umbilical; agua de arroz; por alimento una cucharadita de getatina de manos de térnera. Dia 9. Estaba aliviada y sin fiebre; solo hizo en (a madrugada una deposición biliosa, abun- dante y fétida con tenesmo y cólicos.—Cocimiento blanco levemente opiado; cataplasma de linazas con láudano sobre el vientre, y crema de arroz por alimento. Día 10. Sumo abatimiento de las fuerzas, pero habia cesado la diarrea; el pulso estaba un poco débil, el vientre suave, y habia calmado la sed. Se continuó el mismo plan curativo todo el dia 11 y aun el 12, entrando el 13 en convales- cencia, en la cual han reaparecido los didores reumáticos gradualmente y mas soportables. Observación 11.a—Cayetano, moreno esclavo c de D. Pi dro Betancour, de 30 años de edad y temperamento nervioso, se hallaba convaleciendo' del cólera que habia sufrido a principios de marzo* en el hospital de S. Juan de Dios, en donde le asistieron y curaron; y apenas contaba seis dias desde el de la salida de aquel establecimiento, cuando fue acometido de vómitos y diarrea con dolor agudo en el estómago el dia 17 del mismo mes de marzo. Le vi entonces y presentaba los sintomas siguientes: rostro desfigurado, ojos hun- didos y entre abiertos; pómulos salientes; color ceniciento diaro sobre un fondo empañado; lengua ancha con una crápula blanca y cremosa, voz ron- ca; frialdad y sequedad en la piel; orina muy corta; paredes del vientre contraidas; los vómitos y eva- cuaciones eran constituidas por un liquido turbio de color de agua de arroz; tema dolor fuerte en el epigastrio que se aliviaba con una presión mo- derada, y el pulso era vivo y contraido.— Le pres- cribí infusión de té en cortas dosis con seis gotas de láudano y veinte y cinco de éter, rep< tida cada cuarto de hora; linimento de Blumental sobre la piel dejas estreinidados y por todo el raquis; bo- Cólera en re- cidiva termina- do en una es- pecie de d¿- niencia ó deli- rio no febril 32 tejías de agua caliente cerca de los pies; sinapis- mo caliente de cebo con mostaza y láudano sobre el epigastrio. Dia 18. Se habia contenido la diarrea, pero siguieron los vómitos acuosos, aunque mas de tar- de ten tarde; tenia calambres, sed intensa y dolor suborbitario. La piel se habia acalorado un poco; el dolor del estómago desapareció, sintiendo en el epigastrio una congoja que se la disminuía com- primiéndose el vientre con la almohada; la orina corría con mas libertad, y el pulso era pequeño y frecuente.—Emulsión gomosa levemente opiada; cataplasma emoliente sobre el epigastrio; las bote- llas á los pies y nn poco de té caliente de tres en tres horas. Dia 19. Vomito todo lo que habia tomado me- nos el té; siguió la misma fatiga ó congoja en el estómago, y el pulso continuaba tirante y frecuen- te.—Anti-emétieo de Riverio á cucharadas; té ca- da tres horas; sinapismos epispásticos sobre los brazos y las piernas, y cataplasma cmstae pañis caliente sobre el estómago.—Por la tarde se ha- bían contenido los vómitos y la diarrea, el pulso siguió como en la mañana, y la piel estaba fria. Ter- minó el padecimiento del estómago, y salió la ori- na con facilidad y abundancia.—Continuación del té y sinapismos epispásticos sobre las estremida- des. Dia 20. Semblante menos descompuesto; ojos espantados; lengua húmeda, ancha y blanquiz- ca; piel fria y seca; pulso ménos frecuente, pero seguía tirante. Deliró con tranquilidad profiriendo palabras entre-cortadas é ininteligibles, manifes- tando en sus acciones queoia y contestaba á algu- no con quien creía hablar.—Atole de arroz por ali- mento; té de tiempo en tiempo; sinapismos epis- pásticos á los brazos y muslos, y vejigatorios á las pantorrillas. Dia 21. Pasó la noche desvelado y delirando, observándose que despms de tomar el atole queda- ba tranquilo algún rato; el pulso era deficiente; la piel seguía fria y seca; no habia sed, y el vien- tre se hallaba en buen estado.—Por alimento cal- 33 do sustancioso y á menudo; frotaciones aromáticas; curación de cáusticos. Dia 22. Habia diez y seis lloras que no deli- raba; el pulso estaba mas desenvuelto; la piel aca- lorada de un modo natural; el enfermo sintió ape- tito y ofreció todas las señales de un restableci- miento que después se consiguió. Observación 12.a—José, negro criollo calese- ro del Sr. coronel D. Félix Lemaur, de 26 años de edad y de buen temperamento, se hallaba acatar- rado el dia 6 de abril, cuando le acometió una lie- bre muy fuerte. Fué reconocido y presentaba los síntomas siguientes: pulso duro, lleno y frecuente; (98 pulsaciones) ojos inyectados; lengua seca, roja en su punta y con una costra blanqueeinasalpicada de puntos encarnados en su base; dolor gravativo de cabeza; calor urente en la piel; voz ronca de catarro traqueal; respiración estertorosa y preci- pitada; tos seca; palpitaciones del corazón regu- lares, pero muy vivas; vientre duro y caliente; ori- na corta causando ardor en el momento y después de su espulsion, aliento cálido, y soñolencia ó pro- pensión al sopor.—Diaforéticos emulsivos con la infusión de las flores de altea; pediluvios, sinapis- mos calientes y recogimiento. Dieta absoluta. Dia 7. No había cedido la fiebre, los ojos es- taban abotagados; habia la misma tos, el mismo dolor de cabeza, y seguía la soñolencia.—La pro- pia prescripción de la víspera. Dia 8. Habia señales manifiestas del saram- pión; el rostro estaba hinchado y sembrado de bo- toncitos duros y salientes. La cutis se ofrecía me- nos caliente y un poco húmeda; la fiebre érame- nos.—Continuación del plan curativo establecido. Dia 9. No presentó su estado la mas mínima diferencia. El 10 le acometieron vómitos biliosos continuados sin intervalo, y evacuaciones copiosas también de una bilis amarillenta. El pulso se ha- bia concentrado; bajó totalmente el calor de la piel; se- aplanaron los botoncitos del rostro como para desaparecer; se hundieron los ojos, presentá- ronse muy salientes los pómulos; se precipitaban Sarampión con un cierto aire de cólera terminado en la curación. los movimientos respiratorios; hubo dolor en ei epigastrio, y el pecho se puso igualmente dolorido en las sacudidas que causaba la tos.—Seis vento- sas escarificadas sobre el esternón y seis en el epi- gastrio. Opio acuoso confingido con goma en dosis de una octava parte de grano de cuarto en cuarto de hora; cuatro vejigatorios en las estremidades sinapismos á los pies. Dia 11. Habían cesado los vómitos y la diar- rea; volvió el calor á la piel, y el pulso se habia des- arrollado; se le hincharon de nuevo los botoncitos del sarampión que aparentaban borrarse; no habia dolor en el estómago, ni en el pecho; recobró la voz su natural sonido; la lengua se puso húmeda y rosada, los ojos un poco legañosos y la cabeza ali- viada.—Agua de arroz gomosa por alimento; emul- sión de almendras levemente opiada y curación de cáusticos. Dia 12. Se observó en el rostro la señal de la descamación por la existencia de algunas escami- tasque se levantaban de trecho en trecho. No ha- bia fiebre. La tos era blanda y no frecuente; la es- pectoracion mucosa, y el enfermo estaba comple- tamente aliviado. El dia 13 entró en convalescencia. 34 Procederemos ahora á manifestar nuestras ideas con la reserva y circunspección que merece la materia, sobre las causas del cólera, sobre su na- turaleza, y sobre los órganos que aparentan estar esencialmente afectados en esa cruel enfermedad. PA11RAFO V. La causa primitiva del cólera, según la opi- nión de prácticos eminentes, está cubierta por un velo al parecer impenetrablerenlre las determinan- tes, ha sido observada en este barrio como mas ac- tiva, el terror á la enfermedad colérica, cuya efica- cia para desarrollar el mal, es á todas luces, uno de los principales motivos de la muerte de dos ó mas individuos en una sola familia, habiendo entre mu- chos ejemplos, el que ofreció aquí la casa de D. Sobro la cau- sa primitiva del cólera, so- bre las pre- disponentes y determinantes mas activas en la epidemia del barrio, y sobre «1 contagio. J >sé de Mesa, en donde enfermo gravemente del mal epidémico uno de sus hijos varones, causando este accidente en dos hermanas del enfermo que se ha- llaban llenas de miedo, la misma enfermedad cpn tal violencia, que puede decirse no fueron acome- tidas del colera, sino de la muerte, porque lo mismo fue ser invadidas, que pasar rápidam rite al perio- do álgido, á la cadaverizacion, y á la misma muer- te. En el número de las causas predisponentes del morbo epidémico, debe cantarse com<» la princi- pal, según nuestras observaciones hechas en este punto, la inspiración continua de un aire mal sano é infecto por las emanaciones pút ridas de los líqui- dos y materias en corrupción. Por nuestros ojos he- mos visto en una casa, separada del lugar de la le- trina de otra contigua por un tabique de madera lle- no de aberturas, por donde entraba libremente un aire corrompido, morir en once dias, once individuos uno cada dia, y todos con los síntomas del cólera morbo-espasmódico. Estas muertes repetidas y su- cesivas acaecidas señaladamente en el rigor de la epidemia entre las familias que habitaban en las cercanías de los pantanos, lodazales y otros focos de infección, inspiraban ciertamente á las perso- nas irreflexivas, la idea de la propagación del cóle- ra asiático por medio del contagio; y aunque al- gunas veces hemos observado que esa funesta do- lencia afectaba comunicarse por el contacto y ro- ce de una persona sana con otra colérica, tenemos sin embargo multiplicados ejemplos que hicieran ver la no existí ocia de la propiedad contagiosa; de suerte que para nosotros el contagio del cólera debe quedar eu una duda filosófica. 35 PARRAFO VI. Si os necesario que tratemos dé fijar el ór- gano esencialmente afectado, solo diremos ha- ber visto en general, que las vias digestivas siem- pre cargaron con el peso de la enfermedad, y desempeñaron entre la multitud de síntomas ner- viosos el principal papel en toda la escena. Por lo que hace á la naturaleza 6 esencia del mor- Sobir el sitio y la naturalf - za ilel colera. 36 bo, constantemente hemos notado a la par del desorden del tubo digestivo, un predominio mar- cado de síntomas espasmódicos, precedentes á los signos que manifestaban la lesión del sistema san- guíneo y de todos los otros aparatos de la econo- mía, como se ve por los hechos que ya hemos refe- rido. Nos toca tratar ya del método curativo que es la parte mas importante de nuestra relación. PARRAFO VIL Método cur* tivo del co- lera, Cuando en el año pasado veíamos el cólera venir derechamente hacia nosotros en su marcha constante de oriente á occidente, sin respetar, pa- ra desscargur sus crueles golpes, ni los climas mas saludables y benéficos, ni la policía médica mas ventajosa de los pueblos, ni sus diferentes hábitos y costumbres, ni aun las leyes sanitarias mas sabias observadas con la mayor severidad y rigor; no pu- dimos menos que tratar de prepararnos para reci- birle, leyendo y meditando los escritos que llega- ban á nuestras manos, publicados en los lugares mis- mos en que hacia sus estragos; estudiando todas sus circunstancias, y particularmente cuanto de- cía relación con la terapéutica de tan caprichosa enfermedad. Buscábamos, si no un especifico, al menos un sistema racional y metódico de prescrip- ciones fijas, un plan de curación individualizado en lo posible, como fruto precioso de las esperien- cias del crecido número de profesores célebres en el arte de curar que la vieron y trataron; pero ese mal funesto, cuya causa primitiva se ignora y cuya naturaleza y asiento solo pueden conjeturarse, no era susceptible rlc combatirse con un remedio co- mo el de las calenturas intermitentes, ni de curar- se como las enfermedades leves y conocidas, pues- to que ademas de su agudeza y gravedad, la alte- ración vital que la constituye se halla envuelta en las tinieblas. Asi es que el método curativo indico, que es el mismo del Dr. Annesley y el usado en Inglaterra con algunas modificaciones, no es igual al de los rusos, ni el de estos a! de los polacos, ni al de éstos el de los alemanes, ni aun el de estos 37 últimos al de los franceses y anglo-americanos que tampoco son idénticos. Sin embargo, „en es- te cisma científico, ha escrito un autor español, y casi diria caos médico, no ha habido concordancia mas que en una sola indicación: todos los médicos de todos los países se han reunido unánimes en to- dos los m'"todos para reponer enérgicamente el calor vita! que desaparece en la superficie cutá- nea.” Nosotros igualmente hemos encontrado entre tan diversas, mal seguras é inciertas in- dicaciones, una casi uniformidad en la prescrip- ción del estrado tebaico bajo diferentes for- mas. De manera que todos los métodos solo tienen de común aquellos remedios apropiados para qui- tar el enfriamiento mortal de la piel, y la adminis- tración del opio para calmar los dolores epigástri- cos y el desorden estremado del tubo digestivo. Con tales antecedentes y frente á trente del enemigo, empezamos á combatirle con las armas que presta la medicina de observación; esto es, llenando las indicaciones tomadas de los síntomas graves y predominantes, sin anticipadas ideas de sistemáticos principios. Al propio tiempo procu- rábamos obtener de los remedios aplicados el efec- to de sus virtudes, evitando cuidadosamente, por todos los medios que estaban á nuestro alcance, aquellos inconvenientes qqe suelen traer en cir- cunstancias multiplicadas, Contrayéndonos ahora á la enfermedad misma según nuestras propias observaciones, siempre la hemos visto en este punto presentando tres sínto- mas principales yalarmantes: 1los dolores agudos epigástricos generalmente espasmódicos. ó una sen- sación de angustia ó de congoja inesplicable en el estómago; 2.° las escesivas evacuaciones per supe- riora et inferiora, y 3.° la frialdad glacial de la periferia como resultado de la convergencia de las fuerzas vitales hádalos órganos interiores. Los dolores espasmódicos del epigastrio, cons- tantemente peligrosos por sus malas consecuen- cias, y con particularidad porque concentrando las fuerzas y atrayendo la sangre toda al centro de las visceras, anticipan y reagraban el período 38 álgido, han sido combatidos por nosotros urgente- mente con el uso interno del opio como el mas poderoso anti-éspasrnódicd, unas veces puro, y las mas de las ocasiones en el láudano de Sydenam, graduando las dosis á la intensidad del dolor, á la edad, á los temperamentos, al hábito &c. y acom- pañándolo con el té 6 alguna infusión teiforme como la de la manzanilla &c. Simultáneamente lo hemos aplicado al exterior sobre el lugar del estómago en cantidad de una ó dos onzas de láu- dano con tres ó cuatro de cebo, y media de la se- milla molida de mostaza, en forma de cataplasma bastante caliente si la cutis en ese punto estaba firia; pero si estaba por el contrario llena de calor y sensible á la presión, entonces lo hemos empleado por medio de la cataplasma tibia de harina de linazas (V anse las observaciones.) En el caso de presentarse en vez del dolor la angustia ó con- goja epigástrica, nos hemos valido de los mismos medicamentos disminuyendo algún tanto las dosis del láudano, y sustituyen lo á la cataplasma dé cebo la de crustáe pañis * Las escesivas evacuaciones han sido de mu- cho peligro para los enfermos, y los han acercado á la muerte á proporción de la frecuencia y abun- dancia conque se han verificado. No parece sino que el sugetó ésprime todos mis por la boca y por el ano, no dando abasto á las exigencias continuas del canal intestinal los humores todos de la economía: la piel en pocos minutos queda enjuta v arrugada, los músculos se reducen á la mitad de su volumen, la grasa se funde, la orina se suprime, los órganos secretorios lo ceden todo á las vías digestivas, y hasta los ojos dejando ir de sus cámaras lo mas fluido de sus líquidos, sé reducen y pierdan una tercera parte de su grandor. Por decontado que el enfermo aparece en pocas horas maraxmódico, y en un estado de consunción y de desordenes vitales, que lo arrastran precipi- tadamente á la tumba, si con la mayor en rgía * Cataplasma crustae pañis acetosum. Farm. Ilisp. pag. 233. ’ '9 “ no se Retienen los vómitos y la diarrea. PüPa cotí- seguirlo nos hemos valido ante todas cosas del ag ja caliente, tomada con abundancia* en los momentos de las náuseas, que las disminuía faci- litando el vómito completo de aquel liquido órizi- forme escretado por la mucosa gástrica, por ctíyo medio quedaba el interior del estómago limpio y preparado á recibir la acción de los medicamentos, que obraban, sin obstáculo intermedio, inmediata- mente sobre las paredes internas de esa viscera. En seguida dábamos á los enfermos una ó dos cu- charadas de la infusión de té con seis ü ocho go- tas de láudano, repetida tres veces de cuarto en cuarto de hora, añadiendo un polvo de goma ará- biga, y aplicando esteriormente, sobre la región epigástrica, la cataplasma crustae pañis; se pro- hibía el alimento y aun el agua. Mas si á pesar de todo, continuaban las náuseas y los vómitos no presentando el enfermo señales de la existencia de una irritación sanguínea en el estómago, le orde- nábamos en la dosis proscripta de té laudanizado, por dos veces en un corto intervalo, seis ú ocho gotas de acetato de amoniaco, y una cataplasma epispástica para sustituir á la de crustae pañis. En ciertos caso había tanta rebeldía y pertinacia en los vómitos, que no cedían á estos recursos, y entonces nos sacaba con frecuencia del apuro el uso de algunas cuharadas de la poción anti-emé- tica de Riverio. (Observación 11.a) Pa»a corre- gir las evacuaciones ventrales copiosas, hemos he-‘ chado mano del mismo t gomoso laudanizado, de la cataplasma de linazas y de la crustae pañis, se- gún los casos; y con mi éxito casi seguro en la mayoría de los individuos, de cuartos de lavativa, compuestos de un cocimiento de llantén con una cucharada de los polvos de goma, otra de los de almidón, y veinte gotas de láudano, renovando la aplicación de este remedio después de cada una deposición: y si no cesaban á la acción de estos 39 * En Varsovia en el hospital de los judíos, según Brandin, se curaban los coléricos por el Dr. BersleiiiS con el uso abundante del agua caliente. medicamentos, entonces aplicábamos los astrin- gentes mas comunes por su eficacia como son la ratania y el wero en eslractos, las hojas de llantén, guayabo, rosas &c. La frialdad glacial de la periferia simultánea cop la convergencia de las fuerzas vitales hácia los órganos interiores, ha constituido el período álgido del cólera; periodo tan grave, que los en- fermos en este estado, mas muertos que vivos, se hallan cadaverizados, sin el calor que es el prin- cipio vivificante, v sin mas vida en los órganos internos que aquella que consiste en el movimiento vibratorio que ha dejado un desorden estremado ó una grande sacudida. No hay entraña, no hay fibra, no hay molécula en la economía que no su- fra alteración, y la sangre entorpecida en sus ca- nales, no ha ofrecido jamas á los químicos en nin- guna otra enfermedad, una mas profunda é insólita variación en sus principios constitutivos. Por con- siguiente no hemos perdonado medio alguno favo- rable que no hayamos puesto en actividad, para combatir ese estado gélido víspera de la muerte, haciendo volver la sangre y el calor del centro á la circunferencia. Entre los remedios que hemos podido aplicar, solo las infusiones aromáticas ca- lientes, con el láudano en cortas dosis, y en muy pocos casos con el acetato de amoniaco como se ha dicho para los vómitos, han sido las únicas y limitadas medicinas suceptibles, según nuestra observación, de dispertar la acción vascular y el pricipio regenerador del calor vital: porque el es- tómago en tan triste situación ha sido siempre re- fractario k todo remedio emoliente, y los tónicos difusivos y permanentes en altas dosis, no han hecho mas que sacar á los enfermos de un peligro para ponerlos en otro irremediable. Los remedios tópicos ó estemos de que hemos hecho uso, son menos escasos, y nos han servido en todas las oca- siones de armas poderosas; tales son las fricciones secas con cepillos ó balletas impregnadas del hu- mo caliente de las bayas de enebro, las hechas con saquitos de los polvos aromáticos rosados,* 40 * Pulvis aromáticus rosatus. Farmop. Matiit. pág. 243 y 44, la frotación con el linimento estimulante de Blu- rnenthal* los vejigatorios con cantáridas, las cataplasmas epispásticas, los pediluvios sinapiza- dos, las botellas de barro conteniendo agua ca- liente, las ventosas corridas, y en el abrigo el con- tacto de la lana con la piel. Las fricciones con cepillos ó balletas impregnadas de álcali volátil flúor ó de humo de las bayas de enebro, han sido aplicadas generalmente cuando se ha presentado la frialdad, y siempre con buen éxito, pues esci- tando el calor avivaban la sensibilidad del dermis; las hechas con saquitos de los polvos aromáticos calientes, han sido prescriptas constantemente en los casos de sudores frios viscosos; (Observa- ción 1. ) la frotación con el linimento de Blu- mental ha surtido los mejores efectos si no existían los sudores frios abundantes, porque nada habia que embotara la acción del ácido nítrico, que obra- ba prontamente produciendo un cierto grado de eritema y de calor en la cutis, no teniendo por otra parte el inconveniente de enfriarse como los otros líquidos de frotación incluyendo el linimento de Ungria, al paso que reúne la ventaja de calmar los calambres dolorosos por la trementina que en- tra en su composición. Los vejigatorios con can- táridas y las cataplasmas epispásticas se han usado desde la aparición del periodo álgido, cuando pre- dominaban los espasmos, las convulsiones y en los temperamentos nerviosos; los maniluvios y pedilu- vios sinapizados anticipaban el efecto de los otros tópicos, atrayendo con mayor fuerza la sangre á las últimas ramificaciones vasculares, cuyo movimien- to era continuado y sostenido por las botellas de barro conteniendo agua caliente puestas junto á las palmas de las manos y á las plantas de los pies. Por lo que toca á las ventosas corridas, sabida cosa es el resultado de su aplicación sobre la piel y principalmente sobre la región del corazón, donde las aplicábamos cuando las palpitaciones eran len- tas ó tumultuosas. De la misma manera nos apro- 41 * Dos memorias Alemanas sobre el cólera morbo espas* módico, truJucidas al español por D, José de la Luz Ca- ballero. Pag. 26. 42 vechábamos de lo favorable del contacto de la la- na sobre la cutis por la estimulación que provoca, y porque siendo mal conductor del calórico no lo deja escapar; de lo cual ha nacido la utilidad y provecho de las frazadas para el abrigo que noso- tros* constantemente hemos recomendado, Nunca pusimos como medio de calentar á los enfermos, los braceros llenos de carbón encendido, en las piezas y debajo de las canias, porque en nuestro sentir, lejos de producir utilidad, han servido para hacer mal, en razón á que enrarecían demasiado el aire y le consumían y gastaban el oxígeno en ios críti- cos momentos en que los enfermos no inspiraban ni la mitad del que les era necesario; y porque no es el calórico libre ó físico comunicado á la piel el que da la vida, sino el calor animal, aquel que se solicita en el mismo paciente escitanrío y po- niendo en acción el principio generador de esa luz de vida: véase en prueba de esta aserción que puede prestar interes para la curación del cólera, como las personas heladas en loS países en que nieva adquieren el calor que habían perdido en el yelo, frotándolas y estimulando el sistema capi- lar sanguíneo de la periferia con el propio yelo, como lo ha hecho en los mismos coléricos álgidos el célebre Brandin en Polonia y Francia. Bespecto del método curativo que adoptára- mos para detener el cólera en sus pródromos, no liemos tenido que hacer la mayor parte de las ve- ces, mas que ordenar el reposo y recogimiento, al- gunas dosis de té ligeramente laudanizado, dieta, pediluvios y abrigo: pero cuando el cólera se anunciaba por deposiciones líquidas verificadas sin dolores, y tanto mas aisladas y libres de incomo- didades, cuanto eran insidiosas, puesto que al cabo de dos ó tres 'dias de duración, repentinamente aparecían y las acompañaban los mas graves sín- tomas de la enfermedad epidémica, entonces las combatíamos victoriosamente con la dieta absolu- ta, el cocimiento blanco de Sydenarn levemente opiado, ó el opio gomoso, si el enfermo no sopor- taba la decocción, en forma de píldoras de una décima parte de grano, que hacíamos tomar á los enfermos en cortos iílervalos con un poco de agua de arroz con goma; disponíamos la aplicación de algunas ventosas escarificadas sobre el abdomen, si se presentaban én él puntos sensibles al tacto; las cataplasmas emolientes encima de las escari- ficaciones, y el uso de cuartos de lavativa amilácea con láudano. En la invasión de la enfermedad cuando ha estado indicada la sangría general en los indivi- duos pletóricos y robustos, nos ha obrado milagros en once enfermos (Observaciones 5.a y 6.a) en quienes hemos tenido ocasión de hacerla practicar, sujetándonos siempre á la oportunidad y circunstan- cias señaladas en el precepto siguiente: „Ea san- gría practicada al principio de lá enfermedad, en los individuos pletóricos, jóvenes y de cmnp’exion robusta, produce inmediatamente el regreso de las fuerzas, reanima la circulación en la periferia, llama la sangre y el calor á las superficies friasde la piel; y con este objeto y bajo las circunstancias expresadas, se aconsejó la sangría; pero siempre sera dañosa en los sugetos de complexión débil, ó accidentalmente debilitados y en una época avan- zada fie la enfermedad.”* Y en un caso en que el individuo no era naturalmente robusto, obtuvi- mos nosotros buen éxito de la sangña, porque la enferma estaba habituada á ella para curarse las indisposiciones que la producían los desórdenes fie la menstruación en la época crítica de la cesación de las reglas. (Observación 6.a) Las enfermedades secundarias del cólera y consecutivas al período de reacción, se presenta- ban siempre cuando este era desigual, violento, y tomaba una dirección viciosa sobre algunas entra- ñas principales, lo que regularmente dependia del estado de los órganos de los sugetos antes del aco- metimiento de la enfermedad, ó de las localidades y circunstancias que les rodeaban. La peor de esas enfermedades consecutivas ha sido una afee- 43 * informe sobre el cólera morbo leirlo en la Academia Real de medicina de París, por el l)r. Double, informante de la Comisión. Pac. 66. cion pútrida ó tifoidea marcada en medio de la reacción y de algunos fenómenos coléricos, por la postración estretnada de las fuerzas, el encendi- miento del rostro, la inyección de las conjuntivas, el mirar incierto, la costra sarrosa de la lengua y de los dientes, el peso y dolor obtuso de la parte anterior de la cabeza, la propensión al estupor, la frecuencia y convulsión del pulso, el calor árido y desagradable del tronco, y la tensión y sensibili- dad en el epigastrio. (Observación ¡0 a) Apéuas vislumbrábamos estos síntomas, cuando establecía- mos un plan curativo mas 6 m'nos anti-flogístico, graduado á la intensidad de la reacción en las visceras que encontrábamos mas ofendidas, y aun aplicábamos remedios tónicos sobre aquellos sis- temas ú órganos que señalaban un verdadero de- caimiento de las propiedades vitales. Ultimamente nos arreglábamos en el tratamiento á los conoci- mientos de nuestras espere ncias anteriores en ese género de males. Otra enfermedad secundaria que aquí veíamos á rn°nudo venir, uno, dos, ó tres dias después de la terminación del cólera, ha sido una especie de demencia, ó delirio no febril que ha lla- mado nuestra atención, porque fácilmente cesaba á consecuencia de una alimentación nutritiva, mas bien que á los vejigatorios V á todos los remedios revulsivos que so aplican en casos iguales. (Obser- vación 11.a) Se asemejaba en todo á aquel delirio que acomete sin fiebre á algunos convalecientes de ciertas enfermedades agudas y graves, y aun mi el curso de muchos males crónicos, el cual se disminuye y termina luego que se toman algunos caldos. Las demás afecciones consecutivas que hemos tratado, nos han parecido hijas de la pre- disposición de las mismasvisceras á esperimentar una irritacien desarrollada por la estimulación de las reacciones: tales han sido la encefalitis, la gas- tritis, la colitis, la inflamación del hígado, la de la pleura y otras que hemos atendido y curado cor* los remedios acreditados por la práctica diaria. Entre las enfermedades intercurrentes con algunos síntomas coléricos, hemos observado una graduación del cólera conocida por el nombre de 44 45 colerina, (Observac on $.a) que desde los princi- pios manifestaba un cierto aspecto de benignidad, muy diverso á aquel que ofrecía el verdadero có- lera, cuya enfermedad se ha asemejado en todo al cólera esporádico grave, por lo cual la curábamos con los remedios aplicables á esta última. Por lo demas no perdíamos nunca de vista el tipo que presentara la enfermedad, de modo que cuando se ofreció intermitente, fué desaparecida como por encanto á beneficio del sulfate de qui- nina. (Observación 8.a) Si guardaba una marcha lenta y casi crónica, como lo notamos al termi- nar la plaga epidémica, nos aprovechábamos del tiempo para triunfar de la amenaza que hacia la reacción sobre los órganos mas importantes, apli- cando sanguijuelas en las márgenes del ano, y otros apropiados medicamentos, con reposo y con- fianza, en las mas leves irritaciones del cerebro, hígado é intestinos. (Observación 2.a) También nos servían de brujida en las modificaciones que hacíamos en nuestras prescripciones, las inciden- cias inherentes y esclusivas del sexo femenino; muchas veces nos vimos en la necesidad de con- trariar la supresión dé la menstruación, en algunas coléricas, cuyo estado se agravaba á consecuen- cia de ese desorden; y mas de una recien-parida tuvo que correrse ventosas, y ponerse cataplasmas epispásticas en la parte interior de los muslos, para hacer volver los loquios suprimidos después de la enfermedad. En los enfermos acostumbrados a! opio porque lo habían requerido las enfermedades que antes padecieron, nos era necesario aumentar las dosis, y en aquellos cuya complexión indivi- dual les hacia que fueran muy sensibles á sus efec- tos, teníamos que disminuirlas: en uno de estos casos, solo dos gotas por dosis bastaron para pro- ducir el efecto que se buscaba. (Observación 1. ) Igualmente tuvimos que suspender en una enfer- ma, por razón de la sueeptibiiidad gástrica, el láu- dano, porque seisgotas tomadas, irritaban visible- mente el estómago, no habiendo por otro lado se- ñales perceptibles de una inflamación en esa vís- pera. De suerte que para la curación del cólera 46 nos ha sido indispensable atender, como hemos dicho, al tipo que presentará, á su marcha aguda ó lenta, al sexo, á los hábitos, y á las suceptibili- dacjes orgánicas. Hasta en el sarampión, que no tiene bajo cual- quier aspecto que se mire, la menor analogía con la plaga colérica, y que vino á mediados de marzo cuando estaba mas en su fuerza la epidemia á com- pletar la desolación y el infortunio, nos vimos obli- gados ha introducir algunas variaciones en el mé- todo curativo, por el indujo epidémico del cólera en los enfermos de esa fiebre eruptiva. Los vómitos y las evacuaciones biliosas que son comunes á ese morbo en todos los tiempos al brotar la erupción, eran tan escesivas y frecuentes, que el calor febril ardiente de los pacientes, lo sustituía un frió gla- cial; y el abotagamiento del rostro y de los ojos desaparecía repentinamente para dejarla espresion de una cara colérica. Los remedios conocidos y con- sagrados por el arte para la curación de esa enfer- medad fallaban todos, y nos era necesario ordenar el té laudanizado, ó el opio en sustancia; prohibir la leche, la decocción blanca, y las infusiones dia- ftréticas, aplicando esteriorme ite, al propio tiem- po, los tónicos á la piel, los pediluvios, los epispás- ticos y los vejigatorios, siendo de advertir que en estas circunstancias siempre estuvimos en la nece- sidad de prescribir emisiones sanguíneas locales sobre el pecho y abdomen por medio de ventosas escarificadas. En esta parte de mi relación se advertirán re- feridos muchos médicameirtos que se recomiendan por profesores diestros y acreditados en el trata- miento de ese morbo asolador; pero también se no- tarán que hay consignadosotros que he podidoapli- ear con buen éxito, por razón de una especie de analogía de ciertos síntomas del cólera con los de algunas enfermedades espasmódieas. Yo no me atreveré á hacer una recomendación de la eficacia siempre constante de los remedios que he usado; pero sí considero de mi obligación declarar que á pesar del tributo de 119G víctimas pagado á la epi- demia por este barrio de 15000 almas, se han sal- vado los enfermos del cólera sujetos á ese trata- miento, en razón de un 90 por 100; de suerte que el método curativo espuesto ha ofrecido á favor de la curación de los coléricos noventa grados de probabilidad contra diez. 47 CtT*Advertencia. En esta misma Esposicion histórica, página 8, línea 31, donde dice: cu- ya atmósfera , ademas de no tener la debida proporción de hidrógeno y oxigeno, abunda en ázoe &c; debe decir: cuya atmósfera, aun- que tenga la debida proporción de oxígeno y azoo abunda en hidrógeno &c.