APENDICE AL ANTIPJJ1LIATR0S SEÑOR Dr. D. PHÍLIAfROS. -• Descalzos y febrero G de 1826. IVFuY señor mío. Sin embargo de La incitación que, le hice en mi pajfel anterior dirijido- le en 2 4 del mes pasado, ofreciéndole una ecsacta relación de lo acaecido en París acerca del panqm.magogo, despreciando mi ofrecimiento, ha publicado hoy su folletillq, en que estam- pa el principio de la ^icha historia, como recien sucedido, por haberlo visto en la gaceta de 24 de se- tiembre del ano antepasado, que ha creído nuevo. Pero sepa U. que está muy engañado. Mr. Martin, ex-Pfarmacéutico, ayudante mayor, y medico de los ejércitos, Ex-medico agre- gado del tribunal de caridad del segundo departamento, Doctor en medicina de la facultad de París, escribió en dicha corte en 3o de diciembre de 187.5, una disertación, que intituló, Exa- men crítico del informe presentado d su Exea, el ministro secretario del interior por la aca- demia real de medicina, relativo d las composiciones medicinales, dichas recetasj especial- mente los evacuantes conocidos con el nombre de ¡fomi- purga, y purgantes de Le-Roy. Divide su disertación en dos capítulos y cada uno de estos en dos parágrafos, en los cuales trata la materia majístralmente, que podra' U. ver, si fuere servido, aceptar el ofreci- miento que le hice. Mas para satisfacción del público, y que este conozca la mala fe, con que U. procura ganar su opinión, me contentaré con transcribir sus conclusiones generales, como yacen en la pág, i5 del dicho escrito. Resulta, dice, de los hechos precedentemente citados. i.° Que los químicos encargados de analizar los evacuantes de Le--Roy, para presentar el resultado de ellos á la academia de medicina, han operado por error ó por consecuencia del desprecio, sobre el licor purgante del 4 o grado, y no sobre el 2, ® como dicen en su infor- me. Como también, por una ligereza inconcevible han cometido un error grave en la relación de la receta Vomi purgante. 2. 0 Que aun cuando la receta de los evacuantes, que Mr. Le-Roy ha dado al minis- tro del interior, al mismo tiempo que la publicada en sus obras (esto es en el año de 1820) no fuese en ledo conforme á aquella que Mr. Cotlin confecciona los evacuantes dichos de Le- Roy, po es menos verdaderamente demostrado, que en estos últimos evacuantes analizaos por los miembros de la comisión, las sustancias medicamentosas no se encuentran sino en dosis ar- regladas y tales, cuales todo medico las confiesa, y las emplea diariamente en su práctica. 3'. 0 Que el método purgante, ó la administfacion repetida de los evacuantes, según los procederes de Mr. Le-Roy, lejos de ser mortíferos, asi como se avanza a' expresar la academia por el organo de su comisión, que siempre se le ha visto obstinarse injustamente en considerar la acción de les evacuantes dra'slícos en el grado, que designa el emponzoñamiento/ lejos digo de ser peligroso este método, es al contrario, inconteslablamente superior á los tratamientos mas recomendadas por la medicina ordinaria. 4- 0 Que las experiencias que han prácticado sobre los animales vivos para apoyar su pretensión, lejos de ser concluyentes son al menos inútiles é ilusorias. 5. 0 Por último; que el iqfqrme de la academia habría debido limitarse a' examinar si el método de Mr, Le-Roy era bueno ó malo (esto habla directamente con Philíatros); pues toda la cuestión defía reducirse á esto, y sin ir mas lejos, sin personalidades; sin exagerar, ni desnaturalizar los hechos, esta asamblea, suponiendo este método peligroso, era de su deber (oy- ga U. bien señor Pbiliatr®s) provocar incesantemente la supresión absoluta; fuese con el auxilio de las leyes actualmente en vigor, ó suplicando a' la autoridad lanzase anatemas de proscripción.. En tal posición toda consideración, toda concesión, (como la cschjsiva á Cpttín para su elabo- ración) debía parecer tan condenable como extraordinaria. Mas nada nos sorprende y juzgamos que la academia real de medicina, que tiene en su seno hombres que reúnen á sus' grande^ talentos, una conciencia irreprochable no ha usado de reserva sino por poderosos motivos, y ¿ consecuencia de graves reflexiones. ¿No ha temido en efecto, que provocando medidas demasiado rigorosas, la autoridad que tiene tantos medios de verificar los hechos? despertada por numerosas y poderosas recla- maciones, no se apercibiese bien pronto, que se le impelía á cometer una injusticia? (Vea Pili- liatros cuan distinta es la cosa de lo que él la pinta en su apéndice.) Ademas, aunque la academia de medicina en cuerpo haya dado una sanción aparente al trabajo de sus comisionados, autores del informe ¿no es probable, que mayor, ó menor nú- mero de miembros de esta asamblea ha debido hacer las reflexiones siguientes? El informe reprocha casos de muerte (como Philíatros) al método de Mr. Le-Roy. ¿mas cual es el método de tratamiento, que cura siempre y no ve morir los emfermos? (Ya s® te ha probado á Philíatros, que el suyo mata cien tantos mas.) Los métodos 'en la medicina son tan variables como el tiempo y la moda. El informe reprocha á los purgantes de Mr: Le-Roy, causar accidentes y enfermeda- des consecutivas (pero nadie dijo cólera morbo, sino el insigne Philíatros;) pero este mismo traba- jo no hace ninguna mención de las curaciones, que se dicen haberse conseguido en todas par- tes, si hemos de juzgar de ellas por el número de atestaciones escritas,.y la propagación in- mensa de este modo de curar. (En esta parte Philíatros se ha adelantado a' todos los demas de su partido; pues ha calumniado las hechas a su vísta.) Éstas reflexiones que la equidad demandaba, no debieron ser omitidas por los infor- mantes; cada miembro de la academia podía tener á la vista el conocimiento'de uno ó de mu- chos de pstps hechos, y desde luego con este defecto, el trabajo debió parecer incompleto, ó inexacto, y consiguientemente nulo en su opinión personal, á causa de esta evidente parcialidad. Después de haber defendido el método evacuante consagraremos algunas líneas »en honor de su propagador, siempre en interés de la verdad, y para correjir los hechos. (Se ruega al señor Philiatros lé lea con atención, y compare con lo que se atrevió á escribir dp un hombre como Le-Roy.) El cirujano Le-Roy, es un hombre de una probidad segura, de costumbres austeras, ó irreprochables, y de pna beneficencia reconocida. Dotado de un cara'cter firme, persuadido que ha defendido una verdad, *ha soportado con la resignación de un sabio, vejaciones de todo genero, que le han suscitado sus antagonistas, el espera con la calma de un^ conciencia pura. 2 puevas invectivas qn,e le están quizas reservadas. Hombre honrado a tola prueba no merece, de pingan modo que se te confunda con viles empíricos (Vea el señor prole,medico su primer oficio, v confúndase) vergüenza de la sociedad; ni entre algunos miserables lindados. (tu es Ule vir) que se les ve, hace algún tiempo arrastrarse v$rgorzosamente sobre s,q? vestqms, a!, hu^ddos con el incentivo de la ganancia y do adquirir una asombrosa reputación; reputación sin mancha sera' siempre apreciada por la posteridad, , y .que miserables folletistas (lea cpn cm.lado- señor Philialros) no pueden ajar con sus insolentes provocaciones, que confundiendo el carácter del hombre y de sus obras, olvidan su verdadero y útil deslino por traficar con la calumnia., (One tal retrato. ¿Se conoce U. á si mismo señor Philíalros?) Este es señor mío, el monumento que ofrecí á U. en mi anterior, para que se desen- gañase (si fuese posible desengañar al que quiere vivir eqgañado) y Ü- fue q buscar un nuevo encapo en gacetas, que aunque impresas recientemente, refieren un articulo preexistente en su almacén cuatro años antes. Pero aun de ellas y su contexto alausa Q., Pl,es diciendo ellas mas que el Panquimagogo es peligroso, y que sería conveniente que la autonda i prqh.íbmse su venia se avanza U. á decir por vía de glosa. -¿te modo que el uso del panquimagogo. ^sld prohibido en lod > el orbe del viejo y nuevo continente. si por dar un nuevo consonante a su final le dice alguno que puente ¿cómo se defenderá' U-? ¡Pdbrp Phlliatrosl ya ü. tiene pleylo no solo conmigo, ma? también conloa amantes de la historia. Por lo que loca á mi pleyto, le añadiré unas reflesiqncitas que me parecen del caso. Que el remedio sea, ó no drástico ¿que nos importa? el asunto es decir si mala ó sana. Ü, dicq que mata y no lo prueba; jo digo que sana, y lo be probado concluyentcmente con mas de dos- cientos testigos, que después de haber sido desanclado por U. y sus compañeros, andan buenos y sanos por las calles á la vista de U., y de todos los médicos, que si la lubiesen c-modri- íluna no anduvieran. U. niega algunas de mis curaciones por np constarle sus circunstancias. Pues allá van dos, que no puede rechazar, U. ha carado inútilmente mucho tiempo á Ja mar dre Rosalía del monasterio de Jesús María, y al fin le dijo que se dispusiese para morí r por_ que no tenía remedio, De facto, los síntomas de su enfermedad eran funestos; pues tema el vientre como un tambor; á la parte del hígado una exuberancia como un queso de Mandes, pa- decía suspensión mas de dos años; continuos é insufribles dolores en el abdomen,.ardores en e| hígado; calentura continua, escabis en la cabeza, y por colmo de sus trabajos, poüpo en la5na. rizes; tpdos síntomas mortales, y capaces de espantar a! médico mas valiente. . Pues sepa U, señor mío, que lodo ha desaparecido en poco mas de un mes del uso del Panquimagogo, admi- nistrado por mi, con quien pleytea la dicha religiosa, porque c>tá empeñada en que decla- re que le obliga 1» observancia del ayuno en la próxima cuaresma. Yaya otra, que aunque no es curación de U. solo como la referida, ha sido desan- clada dos veces en junta de cuatro médicos. Esta os la mña doña Francisca Merino, que vjye pn la casa núm. 78 de la calle de las animitas, que de resultas de haber venido á pie del pd-L'0 se le in- flamaron los riñonesde tal modo, que su orina era un pus pestilencial, seguido de fiebre conti- nua. Con menos de una botella del celestial Panquimagogo, administrándole por mi, la tiene Ú. sana, robusta, rosaganlc, v andando libremente podas calles. lie aquí Jo que acabq de hacer su drástico venenoso, y morlíterq. Doctor mió, quítese U. de tonteras, y supercherías, no quiera U. engañar al mundo con ficciones. Está demasiado escarmentado para dejarse sedu- cir; los hechos no se contestan con argumentos, sino con hechos. U. desaucia d los enfer- mos, y yo los sano después de su fallo ¿quien es mejor médico? U. no puede negar mis in- finitas curaciones, como que de todas ellas me articuló solo siete, y aun estas por pura calum- nia, como lo probé en mi anterior ¿y todavía tiene U. valor para salir con apéndices? Ya tiene U contestado su apéndice ¿que dirá Lima de nuestra contienda? U. lo verá dentro de pocos días, si antes no nos componemos amistosamente. Yo no tengo interésen hacer ni adminis- trar el Panquimagogo; hagaío y adminístrelo quien quiera el protomedícato, como sea en tér- minos de que haya seguridad, de que el Panquimagogo sea Icjitímameute elaborado y adminis-s trado. De lo contrario yo lo he de hacer y administrar á todo pobre desanclado por jes mé? dicos, pues no es racional la pretensión contraria. 1 ' Ademas de esto advierto á U., que la coincidencia de opiniones, y oposiciones al Pan-1 quimagogo que sin comunicarse dice, haber tenido los médicos parisienses con los peruanos, no ha dimanado, como se figura, de identidad de razón, sino de identidad de interés; el cual es uniforme, é igualmente poderoso entre todos los médicos del mundo; los cuales siempre han obrado de este modo, cuando se ha tratado de remedios, que aunque útilísimos á La humanidad, han ocasionado menoscabo á sus intereses. Asi lo patentizaron en su terca oposición á la ino- culación, y a la vacunación cuyo fluido perdió Phiüatros de intento en esta ciudad el año de 1822. La última reflexión, que le presento, y la mas prercntpria de todas es, que el infor- me de la academia medica de París, publicado intempestivamente por U, es contra producen- tem-., porque, cuando allá se trató la materia fué con toda formalidad; con operaciones químicas; con conocimiento de causa; con intervención de partes, y manifestación de dos tomos de hechos calificados; yero aquí se quieren saltar murallas; obrará lo Sultán, y no guardar nps.regla, que síc volo-, sic jabeo, pro ratioite voluntas, - incompatible con nuestro actual gobierno. Finalmente, juzgando, que con lo espueslo en mis cuatro impresos, que reproduzco, tendrá U. á bien de dar por concluida nuestra disputa, 1c prevendré en este apéndice, que U. ha provocado con el suyo, que no de lugar á alguna tentación de vana complacencia, acerca de lo científico de su papelón, de que por moderación me desentendí, porque la disertación de IVJr. Martin le humilla, habiendo demostrado que cuanto U. ha dicho en él, no es mas que la repe- tición de los disparates, que en París dijeron médicos despreciables, indoctos, y viles sostenedores de un torpe lucro contra el bien de la humanidad; y por tanto le exortaré á emplear la próxima cuaresma en espiarlos yerres literarios, que en mi anterior le probé ha comctjdp para persua- dir una defensa, que le dicta la emulación, el zelo, y el interés-, pero ahora, si U. me lo permite, añadiré, que con la mayor superchería se pretende cohonestar la causa mas injusta, que han visto los siglos. Dios guarde á U. Fr. Juan Matraya. IMPRENTA REPUBLICANA ADMINISTRADA POR JOSE MARIA CONCHA