ANGINA EXANTEMATICA m Y DEMAS ENFERMEDADES ENDEMICAS Y EPIDEMICAS DEL PAIS. POR DON MANUEL CODORNIU Y PERRERAS, Primer médico de ejercito, socio de tas academias de medicina práctica de Barcelona, México y Puebla de los Angeles; de la sociedad de me- dicina y otras ciencias de Sevilla; de las eco- nómicas de la misma, de México y de Zacate- cas; fundador déla compañía lancasteriana de esta ciudad, etc. Obra interesante no solo á los profesores de salud, sino al gobierno, autoridades, habitantes todos de esta nación , y estrangeros que tengan que venir á ella. MÉXICO. IMPRENTA A CARGO DE MARTIN RIVERA. i825. Vocat in certamina divos. VIRG. A LA ACADEMIA DE MEDICINA PRACTICA DE MEXICO. ¿ Q ue mejor y mas poderoso Mecenas puedo elegir, que una corporación patriótica compues- ta de sabios é ilustrados profe- sores, que a pesar de la negra envidia y malhadada emulación, trabajan sin cesar en aliviar las dolencias de estos habitantes, y que me ha distinguido tanto nombrándome su primer pro- motor, que la academia de me- dicina práctica de México? Dignaos pues, ó mis queri- ¿ios consocios, ele admitir este pequeño obsequio de cariño, y giatitud a las luces que coritU puamente ine prestan vuestros sabios y elocuentes discursos, y tanto favor jamas se borrara de la memoria de vuestro consocio y amigo, México 18 de agosto de i825. Manuel Codomiui INTRODUCCION. T historia de las enfermedades endémi- cas y epidémicas, es decir, las que en una misma época atacan á muchos individuos con Semejanza de síntomas en uno ó muchos pueblos por causas existentes en ellos ó transeúntes, ha llamado con preferencia la atención de todos los gobiernos rollos y de los médicos filanti épicos de todas las edades. Asi vernos el genio filosófico de Hipócrates Cóo, ocupado con preferencia en la mayor parte de su vida en este intere- sante ramo de la medicina práctica, y se- guir su ejemplo sus ilustres discípulos has- ta el Hipócrates inglés Sydhenam, quien hi/.o llegar hasta esta época el fruto de sus interesantes fatigas, de modo que ya en ej día esta clase de enfermedades ocupa casj esclusivarnente á todas las academias mé- dicas, v á la mayor parte de loi profesores ■ilustrados. La necesidad de este trabajo se deduce de las muchas víctimas que son in- malacas todos los años en todos los pue- blos, porque en pocos de ellos se acuer- dan que las enfermedades populares que rei- nan endémica ó epidémicamente en un a ño, callan regularmente un cierto tiempo para repetir luego hospite insalutalo, hallandod es- prevenidos á los médicos y a los gobier nos, de cuyo descuido pende la mortandad que se espcrlmenla en los primeros enfermos de todas las epidemias, Estas ideas, y el deseo de llenar com- pletamente la obligación en favor de la hu- manidad doliente que me impone el sagra- do de la profesión a que me he dedicada desde ini cuna, me indujeron á pararmi aten- ción desde los principios que tuve el gusto de pisar este hermoso suelo, en una epi- demia que el \ulgo llamó escarlatina , y que hacia rápidos progresos sacri- ficando á infinitos de los habitantes de «sta gran capital. Inmediatamente si- guiendo los preceptos del padre de la me- dicina en su tratado de Aquis, aeribus et lo- éis, trate de investigar las causas topográfi- cas que hubiesen podido influir en la creaí non y propagación de dicha epidemia; y no solo creí haberlas encontrado, sino que pensé que estaban Inherentes al clima y á la posición de esta ciudad, y por consiguiente que iguales causas deherían producir repe- lidas, ¡guales efectos; este recelo me hizo Ir estendiendo mis observaciones prácticas, y habla formado el proyecto de publicarlas en el año de i8s3, cuando una desconfianza de la utilidad de mi trabajo me hizo desistir de mi empeño, y guardarlo inedito en mi gabi- nete. Posteriormente he visto en el año pa- sado y en el presente, reproducirse en al- gunas familias igual enfermedad, aunque con el carácter de esporádica, y lie oido eon dolor que en varios pueblos de la re- pública ha seguido y sigue haciendo funes- tos estragos. Esta consideración lia escitado vivamen- te mi sensibilidad y me ha hecho creer qnc seria ingrato á una patria que me ha abra- zado como á uno de sus hijos, y me ha da- do y esta dando pruebas de un singular aprecio, si no depusiese mi temor y no ron» tribuyese coa todo mi empeño a la salud de sus habitantes, y mis corlas luces 110 empleasen lodas en su obsequio; y rué lia animado por consiguiente á la impresión de esta obra. Mi escrito será limitado y sencillo, no tanto por la escasez de mis conocimientos, como por la ocupación continua á que me tiene obligado la confianza que está dispon» jándome el ¡lustrado público de esta capi- tal, y lo privado que me hallo de obras que puedan lucir mi erudición: sin embargo este lujo no lo creo interésame cuando trato de describir la historia de una epidemia ron hechos comunes y palpables, y que nadie podrá dudar, porque escribo ante los mis-? tnos que los han presenciado y sufrido. Como consiga con este ligero trabajo aunque robado á mi descanso, e.vtiinular á mis comprofesores sabios que abundan en «sta nación, á que no solo ilustren la ma- teria que dejo bosquejada, sino que imiten *ni ejemplo en todas las enfermedades po- pulares que reinen en adtlante, a fin de que dejemos á nuestros descendientes un rico caudal de observaciones que los libren V de un azote que se ha manyado en nues- tros antepasados y en nosotros mismos, <¡¡s- frutaic el singular placer que solo es dado á los que estiman a sus semejantes. Mis ¡deas sobre el diagnóstico y cura- ción de esta enfermedad, corno de las de- ltas que se entregan á mi cuidado, son hijas en gran parte de la revolución que causó á la medicina el incomparable In- dia! y sigue el sabio liroussais. Estos dos genios singulares que han sabido emanci- parnos de unas teorías absurdas y de inge- niosos sistemas fraguados en los gabinetes de varios profesores orgullosos, que se ar- rogaron el título de maestros, hu\ondo sus cuerpos de las incomodidades que causa la verdadera observación médica, buscaron 1 s causas próximas de las enfermedades cu el mismo lugar donde las palpamos y las ve- rnos, es decir, en los mismos cadáveres, y nos ensenaron el camino de no adherirnos servilmente a los escritos de los autores, si- no de indagar la verdad por nosotros mismos en las obras constantes de la naturaleza. Sin embargo los que hayan >i$to mis VI anteriores escritos, parí¡cularmcnte mis ideas sobre la fiebre amarilla en el ano de i8i9 (a) observarán en m¡ una no- iable diferencia de opinión medica entre entonces y abora porque dominado en aquella época por el sistema seductor de Broun arreglaba mis trabajos á su bella tcoria; pero ilustrado luego por las luces de la medicina fisiológica, y descubriendo con ellas un nuevo camino trillado por la naturaleza, he ido partipando succesiva— mente de las dulces satisfacciones que lian probado también todos los profesores que como yo han sabido olvidar lo que apren- dieron en las despóticas cátedras claus- trales. No se crea por esto que ingrato tra- to de deprimir la memoria del desgraciado medico escocez; este ingenio raro victima de su exaltación, creó un sistema fdo— (a) Historia de la salvación del ejer- cito espedicionario de ultramar Scc. impre- sa en el Puerto de Santa María sofico que no tuvo lugar de ver sus efec- tos, y si su premalura muerte le hubiera permitido aplicailo á ulteriores observa- ciones hubiera tal vez enmendado sus de- fectos; falleció Broun cuando iba traba- jando sobre las enfermedades locales, y recomendándonos la dedicación á la obra De sedibus el caush morburum de Mtrgagni% y ¿quien sabe si este precepto hizo abrir los ojos a Bichal? Esto supuesto apreciaré siem- pre la memoria del catedrático de Edimbur- go, no solo porque algunas de las ideas de su sistema no me son indiferentes, si- no porque su laudable audacia nos sacó del servilismo medico de las escuelas teó- ricas á que llevábamos laníos siglos de su- jeción sin lo que no hubieran tal vez apa- recido los Bicháis, los Kichcrands, los Sa— haliers, ni los Bronssais, y seria todavía la humanidad, victima de los ridiculos des- varios de los Galenos, de los Boerhaaves y de los Cullens, Tampoco se crea que me presento á la palestra siguiendo á ciegas al I)r. Bronssais, y despreciando absolutamente los trabajos VII (lo todos los que le han precedido como di lo hace. Sil medicina practica supone siem- pre a toda afección sostenida por un virio j >eal: que sea asi en la mayor parte de las enfermedades agudas y en todas las cróni- cas, no es difícil de concebir; pero, que eri todas aquellas que han cedido casi siem- pre con facilidad tratadas como afecciones generales con los estilantes graduados, de- ban sujetarse á las ideas de Broussais, y hacer un cambio therepcuticó precipitado, es cosa que necesita por ahora mayor dis- cusión y dejarla á ulteriores observaciones, I.as calenturas intermitentes y no pocas con- tinuas que ceden á un plan oscilante bien ordenado, son por ahora objeciones difíci- les de resolver á las proposiciones absolu- tas del I)r. Broussais, lo que me indure á concluir que la doctrina de este sabio abre un campo vasto á la medicina, para que sus profesores arranquen tal vez de la na- turaleza nuevos secretos interesantes que había tenido hasta el presente envueltos en la obscuridad de los siglos de preocupa- ción, y por consiguiente que no solo es dig- na eristafdi~ nos estemos y bajándose por los gloso- cstafilums y fatingo eslafiUnas, separa la faringe de la boca á modo de un tabique movible, y está unido á la bóveda del paladar por su borde superior, dando su borde inferior libre y cóncavo, origen en su parle media á la campanilla: termina por cada lado en dos pilares entre los cua- les está colocado un grupo de foliculos mocosos llamados glándula ainygúaía 6. Todas las espresadas parles, son los principales Organos de la deglución que en estado sano se verifica de este modo: la lengua rctrahida acia su raíz, y asi entumecida y 'casi rígida, recibe la bo-s la de los alimentos mascados en su dor- so acanalado: llevada esta de aqui al ist- mo de las fauces, la recibe con un es- fuerzo particular y violento el embudo de la faringe ensanchado que casi le sale al encuentro; y de este lugar es conducido por los muchos conatrictores de la fa- ringe al esófago rujo fenómeno es eje- cutado enn mucha rapidez y en poquísi- mos momentos. 7. La naturaleza se vale de diferentes tnedios para arbri dicho camino y dejar* 4 le asegurado. Los músculos que toman ori- gen en ei hueso hyoides moderan el mo— Vimienlo de la lengua que es idopor los alimentos, por el sol, alternativa de frió, trabajos y calor febril. Toda su cu- (3) De rnorbis lib, 11. num. g. 11. 37. a$. 3o. 8 rabión la fija en el plan antiflogístico, y establee so pronóstico del mis.no modo que los que le han seguido según las par- tes que ha afectado (4). 14 El Dr. Pinel en su tabla synóp— ti a (5) coloca la cinan'ke en la segunda clase, jlrcrmasias, orden cuarto de los mús- culos genero 33 angina, dividiéndola en las especies de laríngea tradica1, ó croup, fa- ringe n ton sillar r gangrenosa, imitando casi el ejemplo de Sanvagcs que U colora en la dase flegmasías orden parenijuimatosas, genero segundo cir.anke, dividida en las especies de verdadera, catarral? mercurial\ maligna, mecánica. (G), 15 El lujo nosológico no lia hecho mas que confundir la sencillez descriptiva que fu- el fundamento de la medicina traza- do por Hipócrates, pintándonos como va- rias enfermedades lo que en realidad no es mas que una sola en sus diversas mo- dificaciones y periodos. Sea el estimulo mecánico, de csceso de sangre, de recon- centración de calor, de declamación ó can- tos violentos, ó cualquier otro genero da excitantes ó irritantes, que ataque á Io« (4) Lib citat. ni/rn a-. (5) Nosrtffraphíe philnsnphtque Vol II. í6) Nosología metnodica. tom. 1, créanos ¿le la deglución, siendo leve ó ca t;l principio es una angina ó una flegma- sía ó inflamación local ligera, ó según el gusto del «lia en el primer periodo; ma- \or estimulo ó continuación de! primero por abandono ó impericia, causa la oslen — si'>i, de la flegmasía, ó sobreirritación en el resto de la faringe, y las amygdalas, ha- ciendo la deglución dolorosa difícil, y aun imposible, y a veces obligando al pacien- te á arrojar los alimentos y bebidas pe- las narices-, siendo otras veces algo anhc - losa la respiración, la escrerion mocosa de las agallas considerablemente aumenta- da, y el dolor agudo que se comunica hasta el oido, hacen considerar á la an- gina en el segundo periodo: crece la in- flamación por las sobredichas causas y se propaga á la traquea conociéndose por el ca- lor y dolor en esta parte, voz débil y con silbido, respiración acelerada &c. ó afecta con particularidad la laringe, y á mas de dichos síntomas causa dolor intenso al elevar la faringe, voz muy aguda, peligro inminente de soforacion &c. ó á los dichos fenómenos se acompaña la palidez ó amo- rotamiento de las partes que fueron in- flamadas, ó las ulceras se observan can- cerosas. ó se reúne una cantidad enorme de moco muy esptso que el enfermo no puede espeler ni trabar, entonces se lia- lía la enfermedad en el tercer periodo en el que es grande el peligro de la vida; y este estado es á quien sin duda los no- sologistas lian dado el nombre de angina maligna. iG, Yo sospecho con sobrado funda- mento que la epidemia de esta especie que arrebato á millares de niños en Es- paña por los años de i(io4 basta fue una angina verdadera ide Sanvages en los principios, que corria los tres pe- riodos con suma velocidad, tal vez por la poca energía en combatirla desde los pri- meros momentos de su ¡uvasion, con lo que en dos ó tres dias pasaban á una ter- minación funesta con1 los síntomas de ma- lignidad, después de haberse presentado eon los llamados benignos en el principio: para que no se crea arbitraria mi opinión lease al español Dr. Herrera, y se verá recomendada la circunspección en prescri- bir las sangrías, al paso que asegura los buenos efectos de los purgantes; prueba de que se usó con ventaja en dicha epidemia de un plan debilitante moderado, y por consiguiente que no fue asténica ó de de- bilidad como la supone el carácter de ma- ligna. 11 CAPITULO II. Sintomas con que se presenta la angina epi- démica de México» • T i 7. Ija descripción genérica esplica* da en el precedente capítulo, se manifies- ta con toda su eslension en la presente epidemia; pero como esta se ha caracteri- zado acompañada las mas veces con las erupciones de esrarlatina y sarampión, y con cierta complicación de síntomas que se lian separado bastante del orden genérico espresado, voy á describirlos del modo que se ofrecieron y se ofrecen á mis observa- ciones médicas. 18. Eli el principio escalofríos, dolores violentos en los músculos de las eslremida- des inferiores, particularmente en los mus- los y la cintura , dificultad en el movi- miento general, dolores vivos de cabeza en su partp anterior, y una ligera incomodi- dad en el tragar originada de una leve in- flamación qne sp observa en los bordes in- teriores del velo del paladar. 19. Si la enfermedad no íe corla en este caso, ó á beneficio de algunos medi- camentos, ó espontáneamente como ha su- cedido a muchos, se sienten los enfermos molestados en el segundo dia de ma\or dificultad de tragar, aumento de dolor de raheza, calor y ardor estraoidinarios en el interior , partirularmentc en el estomago, intestinos é hígado, nauseas y á veres vó- mitos de materiales mocosos, gástricos y biliares, y restricción do vientre, frío en los pies y piernas, y cu los sugetos irri— labres, particularmente algunas mugeres y niños, violentas convulsiones, temblores y sulxlelu ios; en unos el pulso contraido tar- do y desigual, con calor menor que el na- tural, y en otros el pulso fuerte lleno y frecuente con aumento considerable de ca- lor en la piel tan quemante que hiere al tacto, de modo que las yemas de los de* dos no pueden casi sufrirlo en el acto de pulsar: en estos se observan los ojos muy brillantes, lagrimosos y encarnados con ru- bicundez en la rara , y unos y otros ape- nas pueden sufrir la presencia de la luz: en unos se ven las glándulas au.idaglas muy hinchadas al csterior, y en otros apenas se perciben algo endurecidas al tacto; reco- nocida la boca y fauces se ve la lengua cubierta toda su membrana mocosa de una capa blanca algo parduzca en su centro y seca, y la inflamación ocupando todo el velo del paladar y las agallas, las que se hallan las mas vpces tan crecidas de vo¿ lumen que cubren toda la faringe; estas partes se hallan muy incomodadas por la reunión de un moco compacto que se halla pegado en ellas; motivo porque está á ve- ces en parte ó del todo impedida la de- glución, el habla, y aun molestada la res- piración; se observan también algún ts le- ves corrosiones de la membrana mocosa en las amígdalas y en la campanilla. 20. Persistiendo en el dia tercero I* enfermedad, con el crecimiento de los sín- tomas espresados en el párrafo anterior han solido presentarse varios exantemas que en los niños han sido sarampión, cu los adultos escarlatina , y en algunos pústulas miliares; pero en muchos de unos y otros ha seguido la carrera de la angi- na de los autores, sin el mas leve sínto- ma exantemático. En este estado ha si- do tanto el aumento de volumen de las agallas que uo han podido siquiera tragar una gola de líquido, reuniendo en la Loca y faringe una cantidad considerable de moco espeso, tan pegajoso que ni aun con la introducción de los dedos ó con instrumentos apropiados se ha podido des- pegar; se han presentado también en la mayor parte, unas aftas blancas en las amíg- dalas, unas veces con supuración sangui- iiolenta y otras sin ella, que en algunos se han estendido hasta la lengua, bóveda del paladar y encías, que en los mas no ha pasado de una simple corrosión de la mem- brana mocosa. 2i. Si no se ha esperimentado alivio en el dia cuarto, se acrecientan de un mo- do eslraordinario los síntomas acia el me- dio dia y noche, se perturban las funcio- nes animales con sopor y á veces delirio frenético; el pulso se pone contraido y des- igual, y el calor de la piel es urente en alto grado, la respiración anhelosa, la len- gua árida, oscura cu su centro, algo paji- za acia sus bordes y muy gruese; se pre*- senta disenteria con algunos dolores cóli- cos, y á veces restricción de vientre con elevación dolorosa de lodo el abdomen; la rubicundez de la faringe es aumentada con dolores fuertes y lancinantes que se es- iienden acia la raiz de la lengua y pare- ce que amenazan la sofocación; es tanto el calor de la piel y aun del estómago, que los enfermos no hallan postura en la cama,- y en las norhes la agitación y vi- gilias son estreñías ; están los mas insa- ciables y á veces sufren la sed por la di- ficultad y dolor en la deglución; suelen en algunos retroceder parle ó el todo de las bebidas, efecto del impedimento del traga- dero. 22. En el día quinto Je la enfermedad amanece el paciente muy cansado por las fuertes agitaciones de los dias anteriores y la noche última; siente algunos dolores en los músculos de todo el cuerpo y en las articulaciones, particularmente de las falan- ges de los dedos: sigue el dolor de cabe- za á veces mayor que el dia precedente, que suele aliviarse con epistases ó hemor- ragias de narices moderadas; el pulso es algo I ibre é igual, el calor un poco mas de lo natural; todas las evacuaciones se restablecen; el vientre se pone b.¡jo y blan- do; la orina que en los dias anteriores ha- bía sido escasa y tenue en los mas, se au- menta y fluye de un color de vino claro unas veces, con sedimento latericio y mo- coso, y otras sin el; en casi todas las mij- geres de edad correspondiente se mueve el flujo lunar, aunque sea fuera del pe- riodo, y a pesar de haber pocos dias que hubiese sucedido; en todos se facilita la escrccion mocosa por la boca, /tanto por espectoracion como por nausea ó con los líquidos ingeridos; la lengua se pone hú- meda y empieza á descubrir sus bordes eu su color natural; la faringe está ya al- go libre por la salida del moco y dismi- nución del volumen y rubicundez de las amígdalas y el velo del paladar; las aftas son mas; superficiales y limpias; la deglu- ción se faciliia y la respiración es libre; la noche sin embargo es desvelada por la comezón de la piel, que vuelta á su calor natural empieza á descamarse en forma de salvado, y por el resentimiento de los tra- bajos sufridos. a3. En el dia seslo el enfermo se baila va en estado de convalecencia ; la descamación de la piel es general, su ca- lor y color lo misino que el de salud; el pul- so libre, igual y algo pequeño, la vista lagrimosa y colorada, todas las es- creciones, naturales aunque escasas; algu- na sed, pero sin aridez en la boca; la len- gua libre de la capa saburrosa que la cubrió en los dias anteriores, húmeda y en su color propio; la faringe en buen estado, escepto una que otra amígdala algo entu- mecida y con ulceras de buena supura- ción; en muchos crecen los dolores de las articulaciones y de todos los músculos; y en algunos pocos se ha movido uri delirio mas ó menos fuerte que ha durado de dos á ocho dias lo mas. 24» Si la enfermedad fue tratada des- de sus principios con energía y decisión no deja mas incomodidad que una con- valecencia de cuatro á ocho dias, en los que se hallan los pacientes ligeramente molestados de una pequeña tos, alguna vi- gilia, unos poco apetito, y otros escesiva sed; los dolores de todos los músculos son á veces mas vivos, y aun suelen hinchar- se las articulaciones, particularmente las de las muñecas; un cansancio general; en unos ligeras nauseas con alguna fre- cuencia del pulso acia la noche; en oíros diarrea, disenteria y dolores en el higado, estómago e intestinos; y finalmente en un reducido número, cierta hinchazón de ca- ra, vientre y estreñios, dando como lige- ras señales de una hidropesia; pero estos Síntomas desaparecen con la convalecen- cia si es tratada con un método conforme y arreglado. 25. l’ero si el enfermo acudió tarde á los poderosos auxilios que puede prestar la medicina en esta afección, ó se descuidó cu los principios fiado en su benignidad, entre los dias quinto y sétimo se entor- pece de repente la sensibilidad del enfer- mo, siendo atacado de un delirio soporo- so, la aridez de la boca es estreñía la ca- pa saburrosa de la lengua muy seca y ne- grusca, las aftas y demás partes irríla— madas toman un color oscuro, la deglu- ción se facilita algún tanto por la cesación del dolor anginoso á causa de la insensi- bilidad de la parle afecta, los labios se no- uen amoratados, el pulso muy pequeño, desigual y fugaz; el calor menor que cu el estado de salud , desaparición de los exantemas repentina , ó amoratamiento de ellos; sudores frios,respira ion anhelosa^ca- ra hipocralica; viene luego « I estertor que va aumentándose por momentos hasta dar fin á la vida del enfermo en pocas ho- ras. 26. Algunas veces después de la ce¿a« cion de los síntomas de la angina queda una especie de lito que se manifiesta por la continuación de la calentura con violen- tos dolores de cabeza, nauseas, vómitos gastrico-biliares, calor y ardor ingratos eri lo interior del estómago y demás entrañas del vientre, torpeza en todos los miem- bros, eva: uaciones alvinas y de orina es- casas y con sensación de ardor, calor uren- te en li piel, subdelirio, convulsiones y debilidad en los estreñios. Este estado se llama por algunos prácticos una nueva enfermedad; que es clasificada por una fie- bre nerviosa, adainamica ó ata vien, y efecti- vamente sigue la carrera, curaciou y peli- gros de las enfermedades á quienes han dado este nombre los nosologistas. Otras veces á la terminación faliz de la angina suceden violentos dolores y ardores conti- nuos ó periódicos en la cabeza con de- lirio maniaco, en el pecho ó en el pulmón con tos ó dificultad de respirar; en el es- tómago, hígado, bazo c intestinos con las lla- madas obstrucciones en todas las visceras, é hidropesía en las cavidades y aun en los estreñios; ó lises de toda especie; ó bien suelen quedar estas entrañas atacadas de las afecciones crónicas que le son propias, cuales son las toses, vómitos, diairreas ó disenterias, inapetencias y todos los llama- dos síntomas nerviosos que dejan á los pa- cientes en una enfermedad continua y con una existencia la mas infeliz y desgra- ciada. 27. Todos los síntomas enunciados en los párrafos anteriores de este capítulo se suceden por lo regular en ci curso de los dias en que se espresan; pero algunas ve- ces por la violencia de la inflamación si- guen sus periodos ron mas rapidez, aun- que á corta diferencia con el mismo or- den y otras con mas lentitud, aunque la carrera aguda de la angina no escede ja- mas de los siete dias, pues pasado este término presenta ya los síntomas de otra enfermedad. 20 CAPITULO III. Causas de la epidemia. 28. X-ja mayor parte de los médicos ha convenido en la división general de las caucas de todas las enfermedades, en re- motas y próximas, entendiéndose por las pri- meras á mas de la predisposición individual, aquellos desórdenes higiénicos que destru- yen la salud; y por las segundas, aquellas que constituyen la enfermedad misma; pa- ra que se puedan encontrar unas y otras con la debida precisión, es menester aten- der á las siguientes observaciones topo- gráficas, aunque estendidas con alguna su- perficialidad. 29. Este estado se baila dentro de los j9 grados 26 minutos y 53 segundos de la- titud Norte; 274 minutos 10 segundos de longitud Oeste. Está esta hermosa ciudad capital de la república á ochenta y cua- tro leguas del mar del Sud que es la dis- tancia del puerto de Acapulco, y piras tantas de la de el Norte que es el de Ve- racruz: se halla sobre un gran lago del que salen siete anchas calzadas por las qi2 se entra en ella, y está situada den- tro del valle de Tenoxtitlan, de catorce leguas de largo, siete de ancho y cua- renta de circuito, rodeado de montanas siembre nevadas que ocupan noventa le- guas. La escesiva elevación de este suelo sobre el nivel del mar, que según el barón de Humboldt es de 2000 á 2.5oo metí os sobre t-1 nivel del mar, hace que el hygro- nietro esté generalmeie bajo, y si no es templada, la sequedad atmosférica con las abundantes lluvias con que el Supremo Hacedor nos suele favorecer en la esta- ción del calor, no estuviésemos cercados de tantas aguas, y no se hallara el agi,a subterránea á una vara de distancia de nuestros pies, seria sin duda inhabitable este pais: en el verano del afio de 1822, no llovieron mas de cuatro y media pulgadas de agua, de modo que el hygróinetro de Soissure se mantuvo constante en su mí- nimo entre 20 y 3o grados: el termóme- tro ccnligrado ascendió hasta 27 y 5 dérí- mos, habiendo hecho todos los días la grande variación de 9 á i5 grados de su- bida desde las siete de la mañana a las tres de la tarde, y descenso igual a las once de la noche; y el barómetro desde 58o milímetros que fue su punto mas ba- jo hasta 585 los mas de 1 >s dias, no ha- biéndose observado ningún fenómeno eiec- trico notable, y habiendo reinado con mu- cha constancia los vientos del Sud con al- gunos pocos del Norte y Oeste. 3o. Por otra parte los alimentos que usan estos habitantes son en una eanti- Üad estraordinaria, y de una calidad alta- mente estimulante por el mucho chile ó pimienta picante con que los condimentan y los acompañan con muchos licores fer- mentados; los hombres dominados por el temperamento sangúineo bilioso, duermen mas de lo regular, y las señoras de cla- se media y alta están sentadas siempre ó en sus casas ó en sus coches sin hacer ca-» si ningún ejercicio, el uso del humo del tabaco es continuo en uno y otro sexo. Las familias pobres que se abandonan de- masiado i la molicie y desnudez se alimentan solo por lo regular de tortillas de maíz mal cocidas, con el puro chile, alternados con hartas cantidades de licor del maguey, y aguardiente de caña, llamados en voca- blo nacional, pulque y chinguirito; á pe- sar de estar"asi estimulando continuamente al estomago lo acusan casi siempre de de- bilidad, y efectivamente el esterior de mu- chos de estos habitantes engaña á los que sin conocimientos fisiológicos juzgan de los efectos sin la menor atención á las cau- sas. 31. Los qué viven en una vida rega- lona, ociosa, llena de satisfacciones y con una mesa opipara son los mas enfermi- zos inas descoloridos y mas dehiles, mien- tras que la gente menesterosa y mal ali- mentada disfruta de buena robustez y ja- mas siente la debilidad sino cuando se so- breirrita con el abuso de licores fermen- tados; asi apenas se encuentra una seño- ra que tenga leche y fuerzas para ali- mentar con ella á sus hijos mientras que las miserables tienen este alimento sobran- te para dos ó mas criaturas, 32, Los estímulos continuados y amon- tonados en el estomago han de disponer- lo á una sobreirritación; este es uno de los principales motivos porque en este país están reinando las flegmasías agudas de la membrana mucosa de esta entraña y las que simpatizan con ella por contigüidad ó relación, y asi apenas se encuentra un hom- bre ó muger que desde la edad de siete años para arriba no se queje á menudo de vomiios dolores de estomago, obstrucciones en el higado y bazo, cólicos repelidos pa- siones celiacas &c. <$cc. que no son mas que inflamaciones crónicas de esas visce- ras con lo que se turban las digestiones y se verifican mal la quilificacion y la nu- trición, y mientras existe un volcan y un 24 esceso de vida en el centro, las partes dis- tantes carecen de ella y esperimentan la debilidad. 33. No concebirán estas ¡deas los que ciegos á la voz de la razón no quieran conocer mas que las dos dialcses con un reducido numero de enfermedades locales mal caracterizadas, y que quieran siempre encontrar á la incitabilidad una é indi- visible en toda la economia; estos efectiva- mente tienen poco que discurrir para cla- sificar una enfermedad; y para nada nece- sitan las ciencias auviliáres de la medi- cina, por ejemplo, se queja un ✓enfermo de algún dolor viólenlo en el interior, con lasitud en los estremos, palidez &c. al mo- mento fallan es debilidad, sin necesidad de buscar el lugar dél vicio, pues aunque los encuentren casualmente nada adelantan para el diagnóstico porque muy rara vez deja de ser por debilidad aunque una entraña se caiga á pedazos por inflama* eion, porque entonces es una flegmasía es- púrea ó una debilidad indirecta; asi se les presentan mil anomalías á cada paso que recurriendo á la astenia se salió de apu- ros, y el enfermo contento porque los me- dios curativos que se le proponen, ceban su apetito y pasiones; solo esperimentará tarde ó temprano los efectos cou una muer-* te que tal vez se hubiera podido evitar, 6 una vida valetudinaria para el misera* ble resto de sus dias. 34. Se me dirá que las afecciones es- ténicas ó de esceso de tono ocupan una gran parle de su sistema y que no han olvidado las locales; pero si aquellas las buscan sostenidas por algún vicio orgánico y no esperan á caracterizarlas á que la inflamación local haya hecho muy gran- des progresos que es solo cuando lo re- conocen por estenia general, entonces di- ré que llegamos al mismo estado de cono- cimientos, que vamos a convenir en ideas, y que no falla mas para los progresos de la ciencia que la uniformidad de nombres. 35. Los profesores que hayan fijado su atención en los efectos que dehe produ-r cir su dedicarion al estudio de la anato- mía, fisiología y patología, se convence- rán fácilmente con el sabio líichat de que cada Organo tiene su vida particular, y que por consigniente puede padecer uno cual- quier afección independiente de los de- más resintiéndose graduadamente los que tienen simpatia con aquel ó con los que posteriormente se vayan afectando por la misma causa; la inspección de los eadave- res les manifestará constantemente que exsistió un vicio orgánico ó local, y que una ó unas entrañas padecieron mientras las demás quedaron ¡lesas, lo que no debe- ría suceder en las afecciones dichas ge- nerales pues todas las entrañas deberían haber tenido lesión. 36. Toda la dificultad que se presentará particularmente á los preocupados que juraron en las palabras de sus maestros contra el precepto de Frank á sus discí- pulos (7) ó los temerosos por el escesi— \o respeto que les infunde la antiguedadT ó el orgullo de los que quieren erigirse en supremos árbitros de la profesión, sin mas mérito que una erudición vaga y mal es- plicada, consiste en reclamar de nuevo, que aun en los vicios orgánicos se presentaian la astenia ó estonia y por consiguiente vol- veremos á la misma dificultad de las afec- ciones generales; dificultad que no podrá subsistir porque ataca los cimientos de su propio sistema; porque la diminución men de las doctrinas médicas, traducido por G« Lanuza pag. i5i, fia hasta, este siglo, no creo necesario re* currir á ninguna de ellas; busquemos so- lo a la causa próxima de la enfermedad en el propio punto donde existe, conoz- camos su esencia, y dándole un nombre que reúna en sí toda su naturaleza, estará ca- racterizada la enfermedad sin poderla con- fundir con ninguna otra; y de este modo, los vicios generales de estenia ó astenia que los brounianos encuentran en todos los casos, á nosotros se nos presentarán co- mo efectos secundarios ó simpáticos, y los veremos desaparecer á poca costa siem- pre que el vicio orgánico ó local se halle en el caso de obedecer á la medicina. 43. En el capítulo de los síntomas he probado, en nú opinión hasta la eviden- cia, que la parte esencialmente atacada de inflamación en esta epidemia, es el apara- to de la deglución, es decir, que desde el dia de la invasión hasta el de la termi- nación sufren las fauces: que en el curso de-la enfermeded suceden varios síntomas de entre los cuales es el mas común la escarlatina, y algunas veces el sarampión; luego no puede ser ca racterizada y cono- cida con otro nombre que con el que han convenido todos los médicos, es decir, el de angina, ó cinanke; y con el fin de mani- festar la diferencia que hay de la angina de los antores á la que esta' persiguiéndonos en clase de epidemia, la añado el epíteto de exantemática, por el exantema escarlati- noso ó de sarampión que suelen acompa- ña) la* Por consiguiente la epidemia que hace tres años aflige a México y á varios pueblos de la república, es una angina exan- temática. CAPITULO V. Curadon de esta epidemia• 44* objeto principal de mi traba- jo es este capitulo, y por consiguiente creo necesario reconcentrar en el , todas las ideas producidas en los precedentes; por- que es propio del verdadero medico el cu- rar á los enfermos con el auxilio de las demás partes que forman la ciencia, asi como del empírico ó cbarlalan el aplicar los medicamentos sin mas conocimiento que una lectura superficial de alguna obra de las muchas inútiles cuando no perjudicia- les, llamadas de medicina práctica, ó tal vez solo por la costumbre de verlos usar á su maestro que no tiene para ello' otra autoridad que la de los déspotas que le mandaron ensenar bajo ciertos autores que se adquirieron el nombre de sabios poi el favor, ó por la habilidad de saber aprove- charse de fa ignorancia de los siglo9 pa» sados, para formar una ciencia oscura, ri- diculizada justamente por los críticos y poe- tas, é hijas solo de su capricho é ingenio- sa fantasía. 45. Si observamos á los antiguos autores de las, muchas é innumerables materias médicas que inundan el orbe médico, en- contraremos en ellas cierto prurito de amontonar varios medicamentos en una misma fórmula, de distintas virtudes, y de ridiculas combinaciones químicas, que los recetaron siempre nada inas que con una indicación superficial, y con los mas oscu- ros é inciertos resultados: sus observacio- nes por consiguiente no sirvieron mas que para animar á los modernos á trabajar in- cesantemente en buscar la certidumbre, ó á lo menos la mayor probabilidad, en la sencillez de la prescripción de medicinas; y asi todos han convenido en establecer que el buen médico dehe tener pocos medica- mentos en su uso práctico, con el fin de que conociéndolos bien en sus virtudes y efectos, poeda observarlos con mayor se- guridad; medicamento, punca tibí tenenda sunt quorum juramento saepius expertus con- fidere possis. (12) fia) lilasio en su materia medica. 4f>. Toda la dificultad está en la pres- cripción científica. Los que solo recetan un medicamento en cualquiera enfei inedad, porque se les presenta con igua es sínto- mas que otra ú otras que curaron con él, A cada paso verán lo poco que adelantan en la ciencia, y maldecirán su atraso si son hombres sensibles, á pesar de que re- doblen sus trabajos en la lectura de cuan- tas materias medicas, medicinas prácticas, y nosologías existen: los que por otra par- te en casi todos los casos no vean mas qne afecciones generales independientes de virio orgánico ó local, se hallarán conti- nuamente comprometidos con innumera- bles complicaciones que les privarán de poder usar con ninguna seguridad, tanto los medicamensos tónicos como los debi- litantes, y se verán en la precisión de fiar á la casualidad ó a lo que se llama natu- raleza, la curación de varias enfermeda- des, que conocidas y observadas en su ver- dadero diagnóstico, pocas veces resisten á un método apropiado: en este estado de fatalismo se hallan á rada pasado los slha- lianos, los boerhaavianos, los cullenistas y los pinelislas. Pero el médico que no aprecie los sintonías mas que para inda- gar el verdadero asiento y naturaleza del mal, conociendo las simpatías propias de ca- da entraña, y haga el deludo uso de la anatomía y fisiología, buscara solo el cum- plimiento de las indicaciones curativas en la verdadera naturaleza de las enfer- medades , la que resultará según Brous- sais: (i3) primero, del conocimiento de los modificadores que han exaltado, disminuido ó desnaturalizado de cualquier modo la acción del órgano primitivamente afec- to '• segundo, del de la influencia de este organo sobre los demás: tercero, en fin, del de los modificadores que pueden res- tablecer el equilibrio ó por lo menos disminuir la intensidad de la enfermedad. 47. En la actual epidemia pues, á casi todos los médicos les es bien patente que los modificadores obran y han obrado des- de sus principios exaltando la acción de las partes que concurren á la deglución; pero no todos se han hecho cargo del in- flujo de estos órganos sobre los que sim- patizan con ellos; y asi aunque al princi- pio hayan tratado á la enfermedad con el debido método anliílogisico tópica y al momento que han observado la lengua saburrosa con nauseas y vómitos bilioso— gástricos, se lian hecho humoristas con (i3) Corolarios, proposición CDLXII. Stolf, y h nn creído por causa de la contí* un ación de la enfermedad, lo que solo es efecto de la irritación que .se ha comuni- cado al estómago; y han recetado los emé- ticos que siempre debieron hacer un efec- to casual cuando no consiguieron inflamar esta entraña, ocasionando gastritis tas que se csplican luego con convulsiones de toda especie, postración del sistema lo- comotor, delirios, manchas gangrenosas ea la piel, retroceso de las erupciones, len- gua muy colorada, seca, ó negra pardusca, con sintornas que se llaman nerviosos, adi- námicos ó ataxicos por el vulgo médico, é inducen á perder de vista el mal de la entraña que los causa; se dice que la en- fermedad ha mudado de carácter ó de diá- tesis y se ha convertido en una fiebre pú- trida; y temerosos por consiguiente de la debilidad, se echa mano do los tónicos ó eseilantes de toda especie, particularmente la quina, el alcanfor, el eter sulfúrico, el opio, el vino, los caldos animales, etc.; y con tanta energia el estómago escitado 6 irritado mas y mas redobla su actividad y compromete sucesivamente á las demas en- trañas, causando las mas veces la muerte nías desgraciada, cuando no recae en una naturaleza que se hace superior á los me- dicamentos, abortando la inflamación pop metilo tle crises violentas por todos los cotf. duelos excretorios que dejan luego, no po- ta* veces en una convalecencia peligrosa y dilatada, ó varias afecciones crónicas que son luego llamadas resultas de la retropul— ¿ion de la escarlatina, sarampión, ele., cuan- do debieran llamarse de la falsa medicina» 4H. No es mi animo oponerme absolu- tamente al uso de los eméticos, sino á la ¿poca inoporturta; entre varios de los pro- fesores que hicieron y hacen de ellos un «so racional, debo hacer mención honorí- fica de n»is apreciahles amigos y sabios con- socios los ciudadanos Joaquín Villa y Ma- nuel Carpió, quienes en su espedicion mé- dica para la curación de esta epidemia en el pueblo de Améca, sacaron unas gran- des ventajas del uso de los eméticos en clase de revulsivos, y con el fin de estraer parte del producto morboso, que recela- ron era un veneno miasmático sui generrst pero con la precaución de que fuese en los primeros momentos de la enfermedad, y antes de que se hubiese desarrollado la inflamación en cuyo caso las combatieron felizmente con las luces de la medicina fi- siológica que poseen con la debida preci- sión; pero yo no me atrevo á aconsejar este medicamento, porque lo creo muy su? ficiente para aumentar la sobreirritaciua Je la morosa Je la faringe y gástrica, por la dificultad Je formar la linea Je dentar* ración Je la invasión á la graduación in- flamatoria, cu\o tino practico tan deli- cado no es dado á todos los profesores, y porque yo conseguí todas las ventajas que pueden apetecerse, sin haber recurrido ja- mas á este medio tan peligroso, (i 4) 49' Todos los que preocupados con las ideas mitológicas de los nosologistas, ó se- ducidos por la aparente sencillez brou— ni ana, no busquen mas que grupos de sin- tonías que nada significan sin conocimien- to de las simpatías para la caracteriza- ción y curación de las enfermedades, no bailando mas que una de las dos llama- das diateses esténica ó asténica, ó lo que es lo mismo, el exteso de tono ó debili- dad generales v muv rara vez locales, no comprehcnderan ó no querrán comprehen- der el motivo porque llamamos y trata- mos como inflamaciones v crdaderas loca— (i{) Consideraciones snbre fn escarlatina dt Amera presentadas al Kxmo. Se. gefe superior poUtico de México, en cumplimiento tic su orden de ti de octubre de i por los ciud-udcnot Joaquín Villa y Manuel Capio. OI»ra inédita que sus autores han tenido Ja bondad de franquearme. les á l«i mayor parte de las afecciones que son tratadas por ellos con un método dia— Wictralmente opuesto; pero si dejan á un lado el amor propio y el servil respeto á sus maestros y á los autores de su de- voción, ocupando su lugar la obligación san- grada de sacrificarse enteros al consuelo de la humanidad afligida, no fiándose de los aparentes resultados, estudiarán sus observaciones ulteriores en el legitimo li- tro que presenta la es decir en la fisiología; y en breve tiempo ve- rán con satisfacción, como me ha suce- dido á mi y á otros varios, que lo que se ha llamado incitabilidad por unos y vi- talidad ó principio vita!, contractilidad, sen- sibilidad, irritabilidad &c. por otros, no es una é indivisible en toda la economía sino que sufren varias irrilacionas, infla- maciones ó flegmasías las entrafías solas y acomoanadas, unas veces á costa de la vitalidad de las que tienen relación ó sim- patía con ellas, ó lo que es lo mismo debilitándolas, y otras, comunicándolas su excesivo estimulo; y por consiguiente que aplicados los excitantes en parages distan- tes de las partes inflamadas no obran como estimulantes generales sino revelien- «lo y estrayendo irritación de la parle enfer- mió, es decir llevando el estímulo del cen- tro á la periferic. 50. Por consiguiente, el método cura- tivo <]¡ie yo he usado en mi practica de la angina epidémica el que han usado feliz- mente conmigo varios comprofesores y el que juzgo interesante en esta enferme- dad aunque no revne epidémicamente, preséntese bajo la forma de sintonías que quiera, es el cumplimiento de las tres in- dicaciones siguientes: primera, moder ar las causas que hayan producido la flegmasía, y las que la sostengan. Segunda, destruir el excesivo estimulo de los órganos de la deglución y el que se haya comunicado ;i las demas visceras. Tercera, evitar las enfermedades crónicas que pueden quedar de resultas de esta inflamación; se cum- plen estas indicaciones del modo «¡gírente. 51, Al momento que el enfermo se siente con los sinlomas propios del dia primero (art. 18 ) debe ser trasladado si es posible del pueblo, barrio, casa ó apo- sento donde ecsistió hasta aquella época, á otro loral fresco y bien ventilado; se pondrá a dieta rigorosa es decir evitará el uso de todos los licores fer mentados y de las substancias animales inclusos los llamados caldos, usando solo cada tres ho- ras una taza de sustancia de maíz, de arroz, de pan d de almendra, es decir atoles d almendradas: usará en clase de garlaras ó geringatorio la receta (num. i.) rada me- dia hora; cada tres lim as interpoladas ton los atoles un pocilio de la pocion (nurn. 5) ó si fuere ingrata al enfermo, las de los números G ó 7, con el fin de moderar el excesivo calor del estomago, que no in- fluye poco en el crecimiento de la angi- na, y promover ligeras evacuaciones de vientre sin irritar, que casi siempre ali- vian: se darán al enfermo á pasto largas bebidas de agua clara, naranjadas y or- íllalas frescas; se le aplicará cada tres horas la cataplasma {nurn* i5.) tibia al es- terior de la garganta, y a la noche se le darau pediluvios y echarán sinapismo* si no ha subido mucho la calentura y el Calor general, en cuyo caso deben evitarse. 52. Creciendo á pesar de este méto- do los sintomas de la angina en el segun- do dia, sin dejar el método curativo an- terior debe procederse al momento á las evacuaciones de sangre; si el calor es ge-» reral y activo, el pulso lleno ó frecuente, muchas entrañas atacadas á la vez y el su- geto robusto, debe recetarse la sangria de brazo ó mano á la cantidad de cuatro á ocho onzas de sangre; pero si el calor es solo fuerte en el interior con calo» fríos ? 43 pulso' pequeño y cpntrahido y solo urge la inflamación ni las fauces, se usaran Jas sanguijuelas aplicadas al esterior de la gar- ganta hasta la estracciun de dos á seis onzas de sangre según la necesidad, la edad y fuerzas del enfermo (farinul 22 ): este remedio del que he esperimen lado me- jores y mas decididos efectos que de la sangría general la que he usado cu muy po- cos casos, no dehe esperarse a que sea muy crecido el mal, pues cuanto mas pronto se aplica, ó lo corla en sus principios ó abrevia el curso de la enfermedad; tam- poco he temido la debilidad por los sin- tomas que se llaman nerviosos: pues aque- lla siempre es secundaria, es decir efec» lo del desordenado equilibrio de la sen- sil ilidad <[ 11 e carga con exceso en las partos inflamadas, mientras falta en las es* tenores particularmente el sistema locomo- tor; y aquellos son efecto de las simpar* lias que desplegad sistema gástrico sobre- irritado: en este concepto, si las uauceas urgen, debe abstenerse de provocar el vomito que siempre agrava el mal, dando poco ó ningún alimento, y 01 chatas de arroz (formult num. 16) cada treshorasy si estas tío bastasen las lavativas excitantes (i3y 1 4) con fomentos ó defensivos templados de dos partes de agua y una de vinagre de España al estomago, pediluvios, sinapismos en el mismo y en los pies y piernas, y fi- nalmente un caustico de cantáridas en el mismo epigastrio y la cataplasma (forniul. mim. 24 ) al cuello; si las piernas están algo frías, pediluvios calientes v luego si- napismos en ellas y en los pies; la dieta ó alimentos ló mismo que el anterior. 53. En el dia tercero de la enfer-* xncdad se seguirán las mismas medicinas y dieta que los primeros, con la cscepcion rtue si se ven aftas ó escoriaciones en las fauces, los ácidos se hacen irritantes y entonces deben usarse las gargaras (for- mal. num. 2 ó 3) y la pooion (forniul. num. 8 ) ó si el vientre está corriente la de la (formu!. minié 9. ): si la angina crece, se repiten sin' temor las sanguijuelas á mayor 6 menor cantidad de sangre cstraida apli- cadas d la misma parle ó inmediatas á cualquiera entraña que se manifieste afecta- da sea en la cabeza, pedio ó vientre; fi- nalmente á proporción que se aumenten las sobre irritaciones internas deben vi- gorizarse los estímulos estemos propues- tos en el dia segundo basta llegar á las cantharidas volantes en piernas muslos y brazos y los niucilaginosos ó emolientes in- ternos, 54* Si los síntomas anginosos crecen tííi el día cuarto amenazando mucho los Organos de la deglución particularmente las agallas, se aplican á mas de las medici- nas y alimentos prevenidos en el preceden- te, synapismos en la misma garganta; y si estos no diesen señales de hacer ceder al mal, un corbatin de cantbaridas en la mis- ma parle que cubra bien ambas amígda- las, todos los intermedios y principio del pe- dio: los sintonías de irritación del vien— tre se socorren con la valivas emolientes re- pelidas según la necesidad; sobre todo en este estado son mas necesarios que nun- ca las gargaras ó geringatorios de las (for- mul. num. 2 y 3) y el remojar á mas muy amenudo la boca y garganta con las be- bidas mucilaginósas; si las úlceras de las fauces presentan una supuración profunda sin rubicundez, hace buenos efectos el ge- ringatorio (formul. num, 4 )i Si el mo- co reunido tía la faringe es en exceso y tan compacto que no se despegue con lo£ me licamenlos, hará buenos efectos la mis- tura escilitica (formul. num. 2o.) y si no pudiese tragarse, á geringatorios. 5j. Continuando la enfermedad en los dias quinto y sesto sin señales de ativio deben seguirse los mismos medicamentos y alimentos que en el cuarto, aumentan- do siempre los estimulantes estemos coa 46 la precaución siempre de observar todas las entrañas á fin (le atacar al momento cual- quiera irritación ó inílamacion de las lia- madas crises metastícas con nuevas san- guijuelas ó si huLiese mucha debilidad con synapismos ó canlharidas. 56. Pero si por descuido del enfermo en los primeros dias, mal método de cu- ración ó por algún vicio crónico va siem- pre en aumento la enfermedad creciendo en alto grado la irritación interior con Jos sintonías desesperados enunciados en el articulo 26 deben aumentarse los estímu- los estemos de synapismos y linimentos (for— xnul. rium. i9 y 24) cada tres horas, precedi- dos de friegas secas en toda la colum- na veterbral, y cáusticos aplicados en las partes mas inmediatas á las entrañas con preferencia atacadas. Jms medicamentos internos deben seguir de la naturaleza de -los mucilaginosos cuales son los pocilios (m//n. 9)cada dos horas ó los del(num. if>)ca— .da hora, 6 media según la necesidad; so- lo en el casi de que la mucha reunión de moco en las fauces ó en el pecho ame- nacen la sofocación, podrá usarse la mis- tura amoniacal escilitica.(ni/m ao)á cuchara- das cada cuarto de hora, ó en clase de jeringatorio, siempre con la precaución do ao aumentar la irritación de la membra- na morosa de la faringe. Si las agallas hubiesen crecido mucho en volumen por haber reunido mucha supuración, aconse- jan los aulores la puntura de ellas; pero yo jamas he necesitado dicha operación siempr.c temible por sus resultados, pues el método enérgico antiflogístico local en los principios, y el caustico con buena su- puración en los últimos han librado á to- dos mis enfermos, en quienes parecia in- dicada. 57. Uno de los sintomas que mas in- comodan á los enfermos y que por consi- guiente llaman mas la atención del profe- sor cauto aun en las anginas de medio carácter es el vomito de varios materia—, les biliosos, gástricos ó mocosos, y las nau- seas, vómitos secos ó bascas; como estos siempre suponen aumento de irritación en el estomago particularmente en los prime- ros dias, jamas debe tratarse de comba- tirlos con eméticos ni con ningún medica- mento excitante de los dichos antieméti- cos; solo si combatiendo la angina con los medios propuestos suele aliviarse por si solo este sintoma ; pero siempre es necesario acortar la dosis de los ali- mentos y que sean fríos aun los ato- les dados amenudo y en pequeñas dosis, orchata suero de leche, ó cocimiento de, ochada; si la irritación «leí estomago fuese violenta hacen huen efecto las sanguijue- las aplicadas al epigastrio eslrayendo la can- tidad de cuatro á ocho onzas de sangre. Si pasados los días de mayor irritación que suelen ser los cuatro ó cinco siguiesen mo- lestando todavía los vomiios ó nauseas, se aplicarán synapismos á la misma parte, si estos no fuesen suficientes un caust-ro, y finalmente si aun esto no bastase, la mistura (nurn. 10) tomada una cucharada ca- da cuarto de hora hasta el efecto con- cluirá la indicación; pero luego que se ha- ya conseguido la cesación de dicho sín- toma dehe evitarse el uso de dicha mis- tura, á fin de no volver á irritar el es- tomago y usar luego las medicinas y ali- mentos con mucha precaución. 5& Si a pesar de dichos métodos ó por descuido de ellos, después de terminada ó disminuida la angina se presentan los síntomas llamados tifoydcos, y adynanticos 6 ataxicos de Pinel ó lo que por el vulgo se llama fiebre, jamas lie recurrido á las supuestas putridez ó malignidad de los hu- moristas, ni á la debilidad general de los Lrounianos: siempre he encontrado una gas- iro-hc}>otitis, gaslro-esplenitis, ó gastro-cn- terrfis, es decir inflamación de estomago «omplicada con la del hígado, bazo, ó in- testino?, y asi me he mantenido conslan- 1e en el plan antiflogístico, repitiendo las sanguijuelas una ó dos vetes en las en- trañas atacadas si han silo necesarias, las Javalivas emolientes cada tres horas los fomentos de la misma naturaleza ea las mismas par'.es, los sinapismos y lini- m. nto volátil ó friegas seras en las par- tes distantes mas nerviosas, y los emo- lientes demulcentes y dieta rigorosa en el interior, y con este método he tenido la satisfacción de ver desvanecer á los doí ó tres dias, unos sinlomas que tratados con el inclodo ordinario, ó hubieran acabado con los mas de los enfermos que fueron condu- cidos á este caso fatal, ó se hubiese di- latado su terminación hasta los catorce ó veinte y uno ó mas dias con graves pe- ligros, ó bien hubieran pasado á una en- fermedad crónica para el resto de sus dias. 59. Después de terminada la angina y aun las llamadas fiebres sobrevenidas a ella, suelen quedar los convalecientes con un apetito excesivo y si su satisfacción no se gradúa con toda precaución, el esto- mago que se halla muy irritable se sobre-irrita de nuevo con una digestión larda y por este estimulo acude excesiva cantidad de bilis y licares gastriro y pan— freático, y de aquí una nueva calcnta- ra o fiebre que son Harpadas biliosas, y suelen complicarse con la repetición de la angina: según la practica ordinaria se rece- tan eméticos y purgantes que exasperan casi siempre la recaida en términos que es- ta las mas veces se dice mortal, ó por lo menos peligrosa desde la mas remota an- tigüedad, pero repetidas si es preciso las sanguijuelas en las parles inflamadas y el método curativo seguido en el principio (art. 5i) ceden cop facilidad las recidivas. 6o. Si después de la enfermedad se pre- senta algún daño en la cabeza, de los enu- merados en el (articulo 23 ) hay sobre- irritación en esta cavidad y se desvanece pronto con las sanguijuelas aplicadas en las sienes ó temporalea detras de las ore- jas y en la nuca ó lo que vulgarmente se llama cerebro, con ligeras doses de las sa- les neutras (nums. 5 6 y 7) y el suero de le- che en abundancia á toda bebida; si hay daño en la cavidad del pecho ó en el mis- mo pulmón, la sangría local inmediata á la parte que padece, repetida según la ne- cesidad y fuerzas del enfermo, acompaña- da con los demulcientes {nums. 8 ó 9) y si no cede con este método y da algunas amena- zas de crecer ó hacerse crónico, tanto en los síntomas pectorales espresados como en hidropesía, &c. entonces se hacen necesarios Jos cáusticos de canlháridas, y aun Tas rno*¿ xas con la mistura (jtúm, 20) y en las no-* ches el julepe (núm. 21) ó las pildoras de cynoglosa ó las de estoraque á la dosis de tres á cuatro granos cada hora hasta el electo; si finalmente las visceras abdomi- nales son las viciadas, el mismo orden que el del pecho, completará la curación si se recurrió á él con la prontitud y energía debidas, y antes de que se hubiese forma- do ninguna desorganización incurable. Gi. En cualquiera de los dias espresndos que se esperimente alivio en la9 irritacio- nes interiores, debe irse rebajando el me> todo curativo, no molestando al enfermo con mas estímulos estemos, ni debilitantes internos, concediéndole caldos animales, pri- mero de pollo y luego de gallina, solos ó en sopa de pan ó arroz bien cocido, sue- ro de leche ú orchatas ¿ pasto; y luego que la lengua esté limpia, se le empieza á conceder gallina y el uso de leche media- da con cocimiento de cebada, ensaladas cocidas, frutas mucilaginosas , cuales son granadiias de china, zapote blanco y negro, y todas las demas del pais que no tengan mucho acido y sean comidas con modera- ción; si el daño de la faringe y boca ha molestado mucho estas partes, dejándolas Menas de aftas ó ha quedado la membra-’ tía mocosa tan delicada qne al menor ro — ce de cualquiera cuerpo se escorian y ma- nan sangre, se halla el enfermo ó conva- leciente impedido de mascar; entonces se le da la leche mediada con el cocimiento de echada primero, y luego sola como me- dicina, alimento y bebida, hasta que sp ha- ya desvanecido aquella incomodidad que ce- de siguiendo con constancia el geringatorio (num» 2 ó 3)usandolo también como enjuagues ó buches sirve también este en ayeccion por las narices si su membrana mocosa se baila ulcerada. 6a. A la terminación de la enfermedad quedan los convalecientes molestados de Síntomas que se tienen por de- debilidad, cuales son dolores en los músculos de los estreñios, pai licularmenle en las muñecas, y dificultad en los movimientos etc.; efecti- vamente calcúlo que estas parles se han debilitado por el mal influjo de los órganos interiores que han recibido en el curso de Ja enfermedad; pero se socorre esta indi- cación con los alimentos graduados que se van proporcionando al convaleciente, evi- tando siempre el uso de todo irritante interno, á fin de guardarse de una nueva sobreirritación en las entrañas que sofrieron la inflamación; porque quedan mas > . dable* que las demás; si fuesen los dolored estera 53 nos muy molestos, sirve la unción (rním. i7) aplicada cada tres horas en las partes ado- loridas; si fuere estreñía la debilidad del convaleciente, con inapetencia tenaz y des- velos, podran usarse tres ó cuatro pocilios al dia de la infusión de quina 11.) y una cucharada cada media hora, hasta el efecto, de la mistura (núm. io,) siempre ron la precaución «le no irritar de nuevo el estómago y demas. La leche, sopa?, carnes tiernas y bien cocidas; el pulque, y el vino con agua ó solo con mucha precaución, la tranquilidad de ánimo, el ejercicio modera- do á unhuen temple, y evitando el relente completan en breves dias la convalecencia. G3. Aunque en la carrera de la enfer- medad epidémica se han propuesto los me- dicamentos arreglados á un determinado nú- mero de dias, como la sucesión de los sín- tomas á veces no sigúe el mismo orden, se debe establecer y seguir mas ó menos enér- gico el método curativo, según el modo co- mo se esplique» el mayor ó menor vigor de la inflamación. 64. El í)r. Jorge Frick médico de la le-* gacion de los Estados Unidos en su artículo comunicado (15) con relación á otro remitido (ti.) Aguila mexicana del domingo 3 de. julio de este o/io, nürn> tio, 54 «id periódico. titulado el Sol, que equivoca— ¿amonte establece que la epidemia actual es solo el saramjior, nos hace una descripción de esta enfermedad eruptiva deI modo que lá establecen generalmente los autores noso- fogislas, sin descuidar su división de benig- no y maligno, y los remedios que han sido usados generalmente en el primero; pero con la historia de nuestra epidemia se ve- rá que sus bellas ideas no son suficientes para el diagnóstico y'curación de la angina exantemática que hace tres anos nos está incomodando. Sin embargo no podemos me- nos do agradecerle la interesante noticia de los buenos efectos que el estrado de la belladona ha producido, según cartas re- cientes de Alemania , como un completo antidoto de la escarlatina; yo por mi parte fe conjuro en nombre,de la humanidad, a que se sirva comunicarnos si ha llegado á su conocimiento, el uso médico que se ha hecho «le dicho preservativo, y las obser- vaciones que hubiese reunidas, pues no se puede hacer un uso general rutinero de un medicamento de una naturaleza venenosa, «¡pie tomado en cierta cantidad y bajo cual- quier forma, según un ilustre autor, (i6) (i*>) Barbicr Traite elemrntairr de Dlaticre me- dícale tam. í ° , m su segunda edición cerificada en el ano dé i8a^. cansa congestiones de sangre violentas en el cerebro, y un trastorno general de sus funciones; en el aparato muscular una p rturbauon general del movimiento; en el dgeslivo una irritación de la membrana mo- cosa con una sequedad cstraordinaria; en el circulatorio un movimiento altamente au- mentado, con desigualdades en el systole y «bastóle; en el de la respiración si liav al- gún punto irritado , causa una tos rebel- de, ansia y mucho calor: en el urinario, c,iusa la retención de su liquido; los sínto- mas que ocasiona este veneno son los siguientes : sequedad de la boca y gargan- ta , mucha sed, nauseas, cardialgías, có- licos, congestiones sanguíneas en el cerebro, y por consiguiente inyectación en la cara y vista, dilataciones de la pupila, delirio, vér- tigos, d'firuttad ó imposibilidad de pararse, risa sardónica, trisrno, dificultad de tragar, agitación continua, convulsiones, -salto de ten- dones, rigidez de la espina dorsal, latidos Convulsivos del corazón, opresión, erupe on de manchas gangrenosas de ¡a piel, fufso pec/ue- 9to y contraído, sudores, lypothunias, frío de estremídeteles y la muerte. G5. El mismo Mr. Barbier en el capí- tulo de la belladona, hablando de su uso en la clase de preservativo de la escar- latina nos dice lo siguiente: »Que pensá- remos de la propiedad que los médicos ale- manes han creído recientemente encontrar en la beUadóna para oponerse al contagio de la fiebre escarlatina! "Necesitanse muchas y buenas observaciones para poder conce- der á esta noticia un carácter de verdad, para hacer creer que de tres á doce go- tas cada d>a de un licor que contiene muy corla cantidad de la bel/adóna puedan evi- tar el peligro de contagio con una persona atacada de la escarlatina, puedan infun- dir en los cuerpos una nueva disposición capaz de rechazar el germen de esta en- fermedad, y de anular su poder. ” 65. Sin embargo las cartas que hace pocos días habrá recibido el I)r. Frick serán sin duda posteriores á los fundados rece- los de Mr. Barbier, y si se sirve favore- cernos con la manifestación de las observa- ciones que las acompañen, podremos depo- ner tal,’vez nuestro fundado temor, no obs- tante qu? no dejaremos pasar por alto el que un veneno altamente cscitante no ha- rá sentir sus efectos con tanta prontitud en los cuerpos fríos de U>s alemanes en su país helado, como en los mexicanos en es- ta estación. 67. Tampoco se crea que trato de im- poner á los tímidos para que se proscriba absolutamente de la medicina á la bclludo* 57 ua\ sé y tengo bien csperiinenlado que I05 venenos uias violentos con un uso pruden- te y moderado son los medicamentos mas heroicas; pero también sé que su uso no puede ser rutinero, y que en manos de to- das deben producir funestos resultados, y asi diciendo solo :.l público en un articulo comunicado: la belladona es un preservati- vo tan seguro de la escarlatina corno la va- llina de las viruelas, es esponer á los mas cobardes á que sin temor entreguen su vi- da á la voracidad de este veneno. GS. IMcrece sin embargo la belladona que se la crea con fundados motivos niny útil para contener á la los convulsiva. El sabio Wclzler hace un uso largo de ella en la coqueluche ó tos convulsiva: da un cuarto de grano de los polvos déla raíz mezclados en azúcar por la mañana, y otro tanto por la larde á los niños de menos de un año; añade un cuarto de grano sobre el medio «Jia a los de menos de dos años; á los de dos ó tres años les da medio grano por la mañana y otro tanto por la tarde, llegan- do hasta un grano y medio por mañana y tarde á los de cuatr o á seis años;, aumen- tando sucesivamente las doses según la edad y el uso; pero esta interesante noticia se la debemos á Mr. Jíarbier, y á otros sa- bios comprofesores Dr. D, Juan Balencha- na, T)r. D. Joaquín Pina y I)* Francisco Montesdeoca, que nos la dieron en una me- moria que en comisión de la junta de sa- nidad hace mas de un ano publicaron pa- ra la curación de una epidemia catarral que nos oprimía. CAPITULO VI. ARTICULO 69. Fórmulas usadas en la curación de la angi- na epidémica. PESOS Y MEDIDAS MEDICINALES. La libra. . . • » . 12 onzas. La onza. ..... 8 dracmas. La dracrha .... 3 escrúpulos. El escrúpulo ... granos. El grano 1 grano de trigo regular. Una gota equivale á 1 grano. Una cucharada. . á media onza. Núm, i.° Tómese de cocimiento de malvas y ce- bada una libra; disuélvase en él, de' gomit prabiga media onza; anadase de jarabe de' moras dos onzas. Para gargaras, ó Inyección en la gar- ganta. Núin. 2. Tómese de cocimiento de cebada y vín-r capervlnca una libra; disuélvase en él de go- ma aralnga inedia onza; anadase de rbodo- ínlcl dos onzas. Para gargaras. JSúin. 3, Tómese de cocimiento de cebada y llantén una libra; de miel rosada tres on- zas, y mézclese para gargaras. j\úrn. 4* Tómese de cocimiento de cebada y llantén una libra; de tintura alcoolica de myrra dos dracmas; de miel rosada tres onzas Mézclese para geringatorio. Núm• 5. Tómese de sulfato de magnesia (sai catártica) una onza; disuélvase eu una li- bra íle agua común; «nadase de jarabe simple onza y media. ' Dése á pocilios. Núvu 6. I Tómese de tartráto de potasa (tarta- ro soluble) una onza; disuélvase en' una li- bra de agua común; y anadanscle dos on- zas y inedia de jarabe simple. Dese ¿ pozuelos. ÍVU77J. / . Tómese de sulfato de potasa (sal da frlauber) una onza; disuélvese como el pre- cedente. JVVm, 8. Tómese-de cocimiento de malvas una libra; disuélvanse en él l¡ cs onzas de maná escogido; y apiadase de jai abe de altea on- za y media. Dese á pocilios. Nüm. 9. Tómese de cocimiento de raíz de mal- vas una libra; disuélvanse de nitrato de po- tasa (nüro puro) dos escrúpulos; y añádan- se dos onzas de jarabe de goma arabiga* Dese á pocilios. i\iirn. 10. Tómense de estrado acuoso de opio tres granos; disuélvanse en dos onzas de agua destilada; y añadase onza y media do jarabe de goma arabiga. Dese Á cucharadas. 1\úm, rt. Tómese de Quina peruviana contusa lina onza; de cogollos de yerba buena un puñado ; melase en una botella de agua común, y guárdese bien tapada al sol y sereno; á las veinte y cuatro horas se cue« la, y conserva bien tapada para el uso. JVi/m. 12. Tómese de cocimiento de malvas una libra; disuélvanse de miel prieta seis cucha- radas; a ña flan se de aceite de olivo bueno, ó en su lugar de almendras dulces, tres cucharadas; de vinagre de Castilla superior, una cucharada. Para lavativa. Núm. 13. infusión caliente de manzanilla una libra; disuélvase en ella, de sal de cocina dos cucharadas. - Para lavativa. - Niim. 14. De Infusión caliente ele la Valeriana, una libra; disuélvase en ella media onza de asafe tida. Para lavativa. JXiím* 15. Tómese un puñado de malvas; cue- zase en suficiente cantidad de agua co- mún; y añádasele la correspondiente hari- na de linaza, para i|ue se haga una cata- plasma de una consistencia regular. Núm. 16. Emulsión dti arroz,. Tómese de arroz un puñado; ponga- se media hora en agua común; cuelese, y h igase con ella en el mortero y suficiente cantidad de agua y azúcar, una botella de orchata. Nrrtú. 17. Ungüento anodino• Tómese de opio puro media onza; di- suélvase tu suficiente cantidad de saliva sa- na, y mezclóse Lien cu una onza de un»- guetilo rosado. Nú m, 18, Mistura eterea anodina. Tómense de agua de ílor de naranja seis onzas; de cter sulfúrico una dracma; de tintura vinosa de opio (láudano lú/uido) dos escrúpulos; de jarabe de coileza ¡le ci- dra una onza; mézclese y dese a cucha- radas. Ntím. 19. Linimento volátil. Tórnense de aceite de almendras dul- ces cuatro onzas; de amoniaco líquido (a/- kah volátil) tres dracmas; mézclese para un- tura. Puede aííadirsele una dracma y media de tintura alcoolica de cantharidas. Nútn. ao. Tómense de goma amoniacal dos drac- mas; disuélvanse en suficiente cantidad de vinagre cscilitico; afiadansele seis onzas de agua destilada, de oxymiel escilitico, y ja- rabe de violetas, «le cada uno una onza. Dese a cucharadas. 64 J\úm> 21. Julepe pectoral anodino> Tómese de cocimiento de altea media libra; de jarabe balsámico y de meconio, de cada uno una onza; mézclese y dese á cucharadas. Num. 22. Aplicación de sanguijuelas. »La sanguijuela medicó.«al (i7) es un gusano acuático de sangre roja, de color moreno oscuro con lineas longitudinales de un amarillo verdoso en su lomo, y á los lados otras dos lineas amarillas; sus des estremidades se terminan por un disco car- noso, contráctil; con cuya ayuda se mueve formando el vacío sobre el cuerpo en que está colocada ” Esta descriprion comparada con las sanguijuelas que usamos acá casi todas oscuras, sin rnas que una que otra línea longitudinal parduzca, hará creer tal vez que en esto consiste la grande inflamación fi 7) Legouas, nuevos principios de Cirugía, 65 que ele jan en los piquetes que incomoda muflios dias, v á veces meses; pero mi Opinión está en que i a incomodidad seria menor, si la aplicación de ellas se hiciera según arte, de lo -rué se sigue que mu- chas de ellas se agarran en un mismo pun- to, y haciendo la herida desigual produ- cen Iss fuertes inflamaciones que esperi- ntentamos, y que causen un grande hor- ror á este remedio, por otra parte tan in- teresante en este pais; o he aplicado i varias paites de mi cuerpo algunas do estas sanguijuelas solas, y después de haber es- traido buena cantidad de sangre, unas ve- ces no me han dejado la menor sería! del piquete, y otras muy pequeííá; con este motivo voy a transcribir la aplicación de este remedio en los mismos términos que la propone el autor citado, para que no se crean ideas hijas de mi fantasía, y con el fin de que nuestros sangradores se dedi- quen al modo de hacer esta operación con las reglas mas recientes, evitando tanta in- comodidad á los enfermos, trabajo sujo in- útil, y desperdicio de unos gusanos por otra parte tan útiles á la salud pública, vSe sacan las sanguijuelas del agua una hora antes de emplearlas á lo menos, á fin de que estén hambrientas de sangre. Antes de ponerlas, se frota primero U 66 parle con un lienzo para que se ponga en- carnada; después se humedece con leche ó agua azucarada; se coge luego cada sangui- juela con un lienzo, y se présenla á la piel por su eslremidad bocal; otras veces se me- ten todas en un vaso pequeño que se vuel- ca sohrc la parle en que han de agarrarse. Cuando es muy limitada la superficie de la parte, como por ejemplo los parpados, los labios, las encías, etc. y principalmente si se teme que las sanguijuelas se escapen ó cstravien y vajan á herir los órganos inmediatos, se las pone con ayuda de un tubo de vidrio ó de hueso de calibre igual, cri el cual se introducen; después con un embolo adaptado al tubo se empuja la san- guijuela con suavidad hasta la eslremidad que está en contacto con la parte. Si el animal se vuelve, se vuelve el tubo y se mete el embolo por la otra eslremidad. Las sanguijuelas se desprenden por sí mismas luego que están llenas. Si se las quiere hacer caer antes, se las pone en la cabeza un poco de sal molida, ó de taba- co ó de piinienla. Arrancándolas se espon- drian á desgarrar las pequeñas heridas, y determinar una inflamación seguida de su- puración. Para conseguir una evacuación de san- gre muclio mayor, se lava ó baña, si es posible, la parte cu agua tibia; se espone al vapor de I agua caliente, ó en fin se ap'i- a en ella una ventosa, que se vaciará cada vez que se llene de sangro. Pocos instantes después qoc se han raido las sanguijuelas, la sangre se detiene fácilmente por sí misma; si sucede lo con- trario será necesario recurrir á la aplica- ción de algunos medios repercusivos, como los astringentes, el agua fría sola ó con di- solución de sulfato de alumina, compre- sión, etc. JV«/n. 2.3. y\pilcadon de cáusticos de i antfidridas. Como en esta enfermedad es necesa- rio algunas veces el caustico, tanto inme- diato á la paite afecta, como en paites distantes en clase de revulsivo, voy a pro- poner su uso para los que distantes de auxi* lio quirúrgico, tengan la precisión de usarlo. Si el emplastro de canlháridas produ- jese los efectos que acostumbra en otros paises, nada habria mas'cómodo que él; pe- ro siendo tardo en su operación, es preci- so usarlo con la fórmula siguiente; Tómese de levadura amasada con vi- nagre media libra; de polvos de canthári- das recientemente pulverizadas media onza; mézclese según arte, y cstiendase sobre una badana ó un lienzo crudo cortado se- gún la forma necesaria. Antes de ponerse el vejigatorio se afeita, y se baña luego la parle con vina- gre de Castilla tibio; y se sujeta luego la cataplasma ó el emplasto vejigatorios, ase- gurándolos con una compresa, y un venda- je circular. Si el caustico se aplica en clase de rubfífacientc ó v<¡Jante debe quitarse á las dos ó tres horas; pero si se quiere una bue- na supuración ó vexigacion hasta las ocho, diez, doce, veinte ó veinte y cuatro horas de su aplicación. Se levanta el aparato con suavidad , se corla la piel de las vesigas y se da salida al líquido que contienen j muchos quitan toda la epi- dermis en todo el circuito del caustico en la primera curación; pero siendo ntuy dura y' dolorosa su irritación, es muy grande la incomodidad que se cansa á los enfermos; y asi este género de curación de- be reservarse solo para los dolientes cuyas propiedades vitales estén muy embota- das; de lo contrario la piel se presentará fácilmente para ser separada en la segun- da ó tercera curación;, se hace la cura con una hoja de acelga marchita, ó con un lienzo fiuo usado? ó con dapel (le estraza cubierto ron manteca de vacas n con re* rato fresco. (18) Si se necesita la conti- nuación ) y por consi- guiente jamas recurrió á los contagios. Si- guió después la medicina en manos de los ¿Jósofos, y sufrió todas las vicisitudes «le la preocupación de los siglos, y tan pronto se recurrió á contagios contraidos en los mis— (19) síptiorism. H!p. Set III. num. .1 0 mos pueblo*, ó espartado? de oíros, como a efectos do la colera divina. 71. Siempre por contagio han entendí— d » un viras de naturaleza particular á ca- da género de las enfermedades llamadas contagiosas, que desprendido del cuerpo euterino y condolido a otro sano, ja por contacto, ya por el aire ó ambiento inme- diato, j finalmente ya anidarlo en varios efectos que se llaman conductores, es en- viado hasta las regiones mas distantes, des- arrollando siempre la enfermedad del mis- mo genio nosologiro: entre las primeras en clase ta siglo tomarse las pre— cauciones sanitarias mas rigorosas contra los enfermos y muebles de los heclicos, por 1 «das las especies de plhisis, y por los vicios crónicos del estómago, higado, bazo, intes- tinos y mesenterío, cuando en el presente se reconocen va por lodos los gobiernos y médicos ilustrados por enteramente escóli- tos de contagio. /3. A pesar de la ilustración en es- te ramo que ha reducido á muchos here- deros á una lamentable mendiguez en tiempos pasados , están devorándose mu- tuamente con precauciones sanitarias las naciones europeas, siempre que en algunas de ellas se presenta la llamada fiebre ama- rilla ó vómito prieto, por creerse contagio- sa, mientras en nuestra costa de Veraeruz está reinando endémicamente la mayor par- te del ano, y sin ninguna precaución ja- mas escede la linea que la tiene demar- cada el clima caliente en suelo bajo y pan- tanoso 7q. El Dr. Macléan decidido rontra los contagios se espresa en estos interesantes términos: (20) «Por último, ps fácil eom — 1j »tii* I.) doctrina de los contagistas con ar- gumentos ad absurdam. Enfermedades ca- pares de afectar el mismo individuo repe- tidas veres, y dotadas al misino tiempo de la facultad de cornuniearsc por el contacto, serian enteramente incompatibles con la existencia de los puelAos. El contagio to- maria nuevas fuerzas, aumentándolas en ra- zón geométrica, desde el centro de una masa de individuos hasta cada uno de los puntos de la circunferencia. En tanto que hubiera personas susceptibles de ser al ica- das, la enfermedad se mantendiia en vigor. Los convalecientes volverían <á sc”r invadi- dos. La enfermedad se comunicaría de na- ción á nación hasta los puntos mas remo- tos del globo. Pocos meses bastarían para convertir la Turquía en un desierto. Tal es el absurdo que resulta de la doctrina que combatimos. Si las viruelas pudieran atacar muchas veces a la misma persona ¿que limites tendrían sus progresos? ” 75. Pero, para que en mi juicio no quede á esta epidemia la mas leve sos- pecha de contagiosa, vamos a examinar- la desde principios del ano de 1823 que (ao) Museo universal de ciencias y arles n. ¿. ~ empezamos á observarla hasta el presente: en todas las familias numerosas que ha ata- cado, ha sido casi siempre á la vez, con diferencia de horas y rara vez de dins, á muchas personas en una misma casa; tan- to, (pie actualmente estoy asistiendo a al- gunas hasta el número de ocho que están sufriéndola hajo un mismo techo; y signe» sus periodos con tanta igualdad, que ca- yeron en un mismo dia con poca diferen- cia y están terminando con igual fecha; en otras familias no obstante, la han sufrido una ó dos personas, v las deinns sin ha- ber evitado el roce con las enfermas no la han contraido hasta pasados muchos dias, meses v anos; muchas la han sufrido dos y tres veces en distintos meses y años; y en pocas rasas se ha observado el orden sucesivo que vemos sin disputa en las en* fermedades verdaderamente contagiosas. 76. Aun los mayores contagistas reco- nocen por contagiosas sobre todas las de- mas enfermedades á las viruelas y á la sarna; esto supuesto, veamos el modo co- mo se propagan, y haciendo la debida com- paración con la marcha de nuestra epide- mia, á lo menos iremos buscando el cami- no de la realidad con mejores fundamen- tos. Las viruelas se manifiestan en una fa* n»iha eu un individuo, y solo desplegan su fuerza contagiosa cu el último periodo de su carrera; y va contagiando por un or- den progresivo muy lento; por el mismo orden se van propagando cu todos los in- dividuos de una población que no la han sufrido; son muy raros los rasos en que ataque mas de una vez á la vida; no so le ha observado basta el presente la pre- ferencia de ninguna estación m vicio at- mosférico; lo misino reina en unos barrios que en otros, lo mismo en los países pan- tanosos y bajos que en los secos y eleva- do s; lo mismo en los fríos que en los ca- lientes; lo misino en verano que en invier- no; y lo mismo en las poblaciones sanas que en las enfermizas; la sarna sigue á corta diferencia el mismo orden que las viruelas; y aun introducida en los ejércitos, en lus cuarteles y en los establecimientos de mu- chos habitantes, es tan lenta sil marcha, que al momento que se evita el contacto físico de los enfermos con los sanes, (Hie- dan contenidos sus progresos; una y otra enfermedad admiten inoculación, y ambas reconocen su especifico particular; la pri- mera, la vacuna como preservativo seguro, y la segunda, el azufre como remedio que raras veces falla. 77. Muy al reves se nos da á conocer la actual epidemia; pues a mas de los ca- sos presentados en el art. 75, ella no atara á los pueblos sino cuando hay muy notables vicios atmosféricos; i-lia aumenta y dismi- nuye conforme Varían el frió y el calor, la humedad y la sequedad; ella ataca con preferencia á las personas de todas las eda- des que se esponen a las vicisitudes gene- rales y se entregan á las faltas hygienicas; ella ataca primero á los barrios en que hay menos ventilación y menos policía, y perdona algo á los mas ventilados y mas frescos, como sucede actualmente en e! de San Cosme y Alameda, en el que hace mucho tiempo que no he tenido mas que un enfermo de esta afección, sin embargo c¡uc no son pocas en él las familias que me honrran con su confianza en sus dolencias; y me corista que no es por falta de co- municación ni roce con los epidemiados del interior de la ciudad. 73. Concluyo finalmente con asegurar, que la actual epidemia que he observa- do muy detenidamente desde que se nos presentó, no la lie visto jamas el mas leve paso semejante al que siguen las en- fermedades verdaderamente contagiosas, y por consiguiente mi opinión es que no exis- te en esta enfermedad la mas leve sos- pecha de contagio. CAPITULO VIH. Pronóstico de la epidemia. 79, Lja voz pronóstico es «¡riega, y traducida literalmente significa un conoci- miento de los sucesos futuros. El pronós- tico pues, en la medicina es una previ- si >n o un conocimiento anticipado de lo que lia de acontecer al enfermo, tanto en orden al curso de la enfermedad, como al del éxito ó terminación favorable ó contra- ria, es decir, de su duración, de su trán- sito á otra enfermedad, ó de muerte; Ma- níanse signos pronósticos todas las señales que nos indican dicho conocimiento ó pre- visión. Ho. Todos los hombres saben que ha de llegar el dia de su fin, y por consiguien- te que el médico no puede curar todas las enfermedades; pero aquel ó sus asistentes exigen continuamente que se les consuele con la esperanza, ó que se les adviertan los peligros para las disposiciones ulterio- res, y ej tanto mas interesante en los que tenemos la dicha de profesar la reír ion católica, ron el fin de no molestar ni alar- mar al enfermo sin necesidad, ni abusar de jps auxilios espirituales, rorro para que los que peligran se dispongan a morir cristia- namente. 81. Nada es pues inas interesante al médico que el arte de pronosticar; poro nada le compromete mas: sí el enfermo perece después de haber sido advertido con tiempo el peligro, nada pierde de su cré- dito; pero nada le pone mas en ridículo y le hace mas el objeto de los sarcasmos, y tal vez de que se le atribuya la causa de la muerte por descuido é ignorancia, co- mo el que se le muera un enfermo sin que lo hubiese antes prevenido. Finalmente, se- ria dilatar inucbo este capitulo si me dis- trajese en probar la necesidad que tiene el médico de dedicarse á la ciencia de pro- nosticar, tanto para su decoro como para el beneficio de sus enfermos; y por con- siguiente el'que quiera convencerse si no lo está puede leer a Hipócrates en su li- bro Vrocnotiones, y á Mr. Le Roy en su obra Du Pronozlrc dans Jes maladies aiguesj particularmente en su prefacio, y á otros Varios autores. 82. Sin embargo no es dado tampoco al médico mas sabio el pronosticar con cer- teza; el mismo Hipócrates que se puede decir que empleó la parte de su. faienio y de sus trabajos en esta parte d$ 79 la profesión, porgue es lo mejor de snjs obras, y lo que no, borraran jamas las vi- cisitudes de todos los siglos, confiesa inge- nuamente que en las enfermedades agu- das no se puedan dar señales pos/lio a me ri- te ciertas de curación ó de muerte (21): efec- tivamente á cada paso vemos en la prác- tica enfermos rodeados por todas partes de signos mortales, que a beneficio de no des- mayar el médico ni los asistentes, siguien- do la energía de la curación se han librado de la muerte que parecía inevitable; y otros que por el contrario, sin haber presenta- do jamas el menor signo de peligro en el decurso de la enfermedad, de los descri- tos por los autores, ex abrupto lian sido in- vadidos de la muerte mas inesperada. Es- tos chascos deben suceder con particula- ridad a los que no vean mas que afeccio- nes generales, pues se hallan continuamen- te cercados de mil anomalías que les ha- cen caminar en la ma\or oscuridad, cuan- do el médico fisiólogo conociendo la parte afecta que causa todo el desorden sabe mirar con la mayor calma los síntomas que á aquellos no pocas veces parecen mas alarmantes, mientras que conoce un peli-* (ai) Aforismo 19, sección segunda. gro inevitable en varios casos en que los ontologislas respiran tranquilos, creyendo equivocadamente haber ya vencido a una enfermedad que va á dar una prueba po- sitiva de la incertidumbre y oscuridad de la riencia del modo que la profesan. 83. En el principio de una enlerme- dad particularmente aguda, jamas debe el médico pronosticar con ninguna probabili- dad; pero pasado el primer dia ya podrá calcular su peí gro ó duración, según la ma- yor ó menor intensidad de la parte afecta, y el género y número de si npatias que desplegue; asi en la actual angina en el primer dia, a menos que manifieste los síntomas agigantados de una fuerte ¡n- fl 1 nación en la parte afecta, con violentas simpatías en otras entrañas, casi siempre es de un pronóstico indiferente, pues unas ve- ces se presenta con síntomas de grande irritación que cede en veinte y cuatro ho- ras, y otras con una muy leve inflama- ción; y el segundo y demas se pone de re- pente el enfermo mortal. 84.. Sin embargo, por ligera que sea la invaúon, siempre es rnas temible en los niños, en los temperamentos linfáticos, y en los que estaban habitualmente moles- tados de flegmasias crónicas v otros vicios orgánicos en el pecho, estómago, hígado y bazo; en los ñiños, por la dificultad de emprender el método enérgico que se ne- cesita en esta enfermedad; en los linfáticos, porque al momento se hacen unas enormes congestiones de linfa y de moco en la parle afecta que se burlan algunas veces de los medicamentos mas bien indicados; y en los crónicos, porque con el aumento de calor interno que sucede en esta enfermedad se complican y agraban los vicios locales, se desorganizan las entrañas, y acaban pronto ó tarde con el enfermo, apesar de haberse vencido la angina con el debido método curativo. 85. Si la inflamación de las fauces si- gue con aumento, ó sin diminución en el segundo dia, ya puede asegurarse que no terminará hasta el cuarto ó quinto a lo menos; y su peligro se graduará por el cuerpo de la angina, demás entrarías que se vean afectadas, y el número y calidad de las simpatías que se manifiesten: asi cuando se observen al mismo tiempo vó- mitos ó nauseas con dolor, ardor, ú opre- sión en el estómago, é h\pocondrios, con convulsiones, temblores, calor urente etc., la inflamación se ha comunicado á las vis- ceras del sistema gastro-liepatico, y es muy interesante para el pronóstico el observan la facilidad ó dificultad que presenten á la curación estas entrañas; cuando la inflama- ción anginosa es violenta, y el enfermo esta insensible é indiferente al mal, pade- ce subdelirio ó delirios, esta soporoso ele., se halla afectado idiopatica ó simpáticamen- te en el cerebro y partes de la misma ca- vidad, y por consiguiente aumenta el peli- gro que es mayor ó menor según la in- tensidad ó resistencia que manifieste: fi- nalmente, cuando solo se halla afectada la faringe sea en el grado que eslé por vio- lenta que sea la pirexia ó calentura, por mucho que se queje el enfermo de dolo- res eri todos los músculos de los estreñios superiores y de la parte enierma, mien- tras no se presenten síntomas peligrosos de afección en las espresadas.cntrañas, se pue- de pronosticar favorable, romo el enfermo sea obediente á los preceptos del médico. 8G. La lengua, ya por simpatía de re- lación, ya por la de contigüidad, es la que se resiente con preferencia del mal veci- no; por consiguiente sirve mucho su ob- servación para el pronóstico: en el primer dia se presenta casi en estado natural si la inflamación no es violenta; pero luego que esta va tomando cuerpo se cubre de una capa blanca, la que si se mantiene húme- da es de buen pronóstico, si se cubre de Una faja amarilla es petroso, si á mas de esto es seca, oscura y tre'ruula es muy te- mible la muerte del enfermo; pero siem- pre que empieza á descubrir alguna punta de sus bordes de un color natural aun- que quede aftosa puede pronosticarse que cede la indainacion anginosa; y electiva- mente por momentos se quila la capa lla- mada suburrnl , si no queda sobreir litada alguna entraña del sistema gástrico, lo q e se conocerá por la continuación de este y los demas síntomas propios después de ven- cido el vicio de la faringe; finalmente, si después de quitada la capa blanca queda la lengua con su membrana mocosa muy colorada y seca, con alivio de síntomas de la angina, peco con la continuación' de calentu- ra, delirio, vómito, convulsiones etc., dícese comunmente que la enfermedad pasa ;¡ una fiebre pútrida ó nerviosa general, y se pro- nostica mal; pero yo considerando la afec- ción como mía continuación de sobreirri- tación ó flegmasía cu el s stema gástrico, solo he formado un pronóstico peligroso; y bueno, luego que la lengua ha empezado á humedecerse ó blanquearse otra vez al- gún poco; y efectivamente hasta el pre- sente tengo la satisfacción de no haber perdido ningún enfermo de esas llamadas fiebres sobrevenidas á la angina. t S7. Como eu esta epidemia considero la cansa principal en la afección de las entrañas, jamas lie atendido para el pro- nóstico á las varias erupciones de escarla- tina, sarampión y demas, del modo tan misterioso como vulgarmente se hace; las he mirado solo como sintonías accidenta- les del aumento de sobreirritación gástri- ca, y asi con toda calma las he visto pre- sentarse á la piel, unas veces en el primer día, y otras en los «lemas sin órderi nin- guno, y en el mismo las he visto desapa- recer, mientras no haya sido con aumen- to de irritación interior, en cuyo caso so- lo atiendo á esta para el pronóstico ulte- rior; y es mayor ó menor el peligro se- gún el número y calidad de las entrañas irritadas, y la resistencia que presenten. 88. El calor urente en la piel, y el pulso, me han sido también indiferentes pa- ra el pronóstico, sino en cuanto me han esplicado la continuación ó resistencia de la enfermedad; el primero suele ser cons- tante en mas ó menos grado en toda ella, y aun á veces dos ó tres dias después de terminada la irritación interior, y el se- gundo se presenta con mucha variedad, sin cambiar el carácter de la enfermedad; pues unas veces se presenta lleno é igual y lar- do, en cuyo caso solo prueba que la irri- tación anginosa se ha comunicado al siste* ma vascular on general; y otras contraí- do y desigual, el que prueba que la irri- tación está aislada en el sistema gástrico— biliar; y efectivamente luego que esta ce- de , empieza á ponerse libre é igual el pulso. 89. En cualqu'er dia de la enferme- dad que el enfermo se queje de dolores y debilidad en los músculos y articulaciones de los estreñios, es serial de que cede la irritación y que va á terminar favorable- mente; pero en todos es temible la indi- ferencia en la percepción del mal, cuando por otra parte se ve en aumento la afec- ción anginosa ó de las demas entrañas. 90. Mientras está vigente la irritación interior siempre son inquietas y turbadas las noches, y aun á veces sigue esta in- quietud y desvelo dos ó rnas dias después de terminada la enfermedad, por el calor y comezón que suele quedar en la piel; por consiguiente este síntoma no es de mal pronóstico; al contrario, es malo cuando el enfermo está comatoso ó soporoso, ó tiene un sueno pesado, ó profundo con anxiedad; y bueno cuando es con alivio de síntomas y particularmente del delirio. 91. El aumento de evacuaciones bilia- res, de la orina y del sudor siena iré son de buen pronóstico, «i el enfermo los eu- fre sin incomodidad y vienen con alivio de síntomas ; pero muy temible, si con ella crecen estos y se redoblan los traba- jos de los pacientes, pues prueban creci- miento de irritación interior; en el mismo caso se halla la evacúa ion de sangre ute- rina, tanto si viene antes de su periodo como fuera de él. 9a. La reunión de trincho moco espe- sado en la faringe es siempre temible, y es mayor el peligro cuanta mas resistencia presente á la cspulsion, y mas impida la de- glución al enfermo, particularmente si es- te se halla con pocas fuerzas para arran- car y espeler. 93. Si después de terminada la cynan- ke se presenta delirio ó violentas cafalal- giasó hemiplegias, á saber, dolores de cabe- za ó inmovilidad de medio cuerpo, es prue- ba de que tienen alguna sobreirritación el cerebro, cerebelo ó sus membranas; pero cede con facilidad al método regular; en *1 misino estado de pronóstico se hallan las sobreirritaciones que quedan á veces en «el estómago é higado, omento, intestinos, Étero, etc. , si son bien tratadas y con oportunidad, esccptuandose las de la cavi- dad del pecho, porque estas entrañas re- sisten mas á los medicamentos y ron fa- cilidad sufren desorganizaciones incurable^ 9>. Kn cualquier estado de la enfer- medad que se halle afectada cualquiera de las entrarías de la cavidad dicha vital, lo que se conocerá por la incomodidad que sufre el enfermo en la respiración, de cual- quier modo que se presente trabajosa, ó bien los violenta, es siempre muy peligro- so el éxito; y es señal de una muerte pró- xima la respiración estertorosa por peque- ño que sea el estertor; pues este crece por momentos hasta dar fin con el paciente. 95. Finalmente he observado constan- temente en esta epidemia, que por violen- ta que haya sido la angina, y aunque ha- ya tenido á los enfermos tres días sin po- der tragar nada absolutamente, jamas ha sido peligrosa la afección, mientras no ha- ya habido sobre irritación en las demás entrañas, en caso be arreglado el pronóstico calculando el daño de estas y Ja resistencia que presentan á la curación. CAPITULO IX. Medios particulares de evitar esta enfer~ inedad. 96. hombre, este ser superior ¿ todos los de la naturaleza, es el ún¡ro que puede llamarse cosmopolita, ó habitante de todos los países; existe en las latitudes mas opuestas, y en todas las partes donde pue- den nacer, desarrollarse, y vivir los se- res organizados; sus caracteres nativos, independientes de los climas, se modi- fican sin embargo con las diferentes in- fluencias á que se espone Estas influen- cias son relativas á las zonas, á los climas, á las comarcas, y á los países cu que es- ta colocado. 9/. La naturuleza ha dado ciertas le- yes al hombre para la conservación de su existencia; y lo amenaza y castiga con- tinuamente con enfermedades, siempre que se atreve á faltar á cualquiera de ellas; estas son la materia de la cienria conser- vadora de la salud llamada Higiene, que los antiguos la redujeron á seis clases lla- madas impropiamente no naturales, y que yo con Mr. Hallé conozco con los siguien- tes nombres: i.* circumfusa, las cosas que rodean al hombre: a.* aplícala, las que se aplican a su eslenor: 3.* ingesta, las que entran en su interior por las vías alimen- ticias: 4*" excreta, las que espelen del cuer- po los materiales inútiles: 5.a gesta, las ac- ciones de los músculos y de los órganos dependientes de la voluntad; y 6.a percep- ta; Us percepciones y las funciones que dependen de la acción de los nervios de la vida animal; el uso arreglado y confor- me de los seis artículos espresados conser- va la salud, lo contrario la destruye; en ellos pues encontraremos los medios de li- brarnos de la epidemia anginosa, y tal vez de las demas enfermedades que suelen ata- car á los que habitan este suelo. 98. El ayre <¡uc rodea a/ hombre es el principal agente esterior de su conserva- ción; él le da el principio vital ú oxygeno en el grande fenómeno de la sanguifica- cion, y cuando se lo niega perece indis- pensablemente; él estando en una tempera- tura regular, ó en una presión conforme, mantiene el equilibrio de las funciones de la economia animal, y faltando este requi- sito como hace tres anos en este suelo, deben suceder las enfermedades propias de este desorden; y estas se evitaran ponién- dose á cubierto de las repentinas variacio- nes de la temperatura atmosférica. En es- ta época mas que en ninguna otra es ne- cesario no pasar repentinamente del calor al fresco sino graduadamente; por la ma- ñana se necesita un abrigo regular; al me- dio dia puede ser ligero; pero antes de la noche va es necesario abrigarse como por la mañana: siempre es peligrosa ahora la humedad, y por consiguiente debe evitar- le el vivir en parages húmedos, y el es- ponerse al agua de las escasas lluvias que tenemos; la salida de noche en tiempo bu— medo al ayre, dehe ser arropándose co- mo si estuviéramos en el invierno. Al que no conozca el grande influjo que tiene so- bre nuestra salud c! equilibrio de la tem- peratura, le parecerán tal vez ridiculas es- tas prevenciones; pero me atrevo a ase- gurar que son las mas interesantes, y que de la indiferencia con que se miran de- pende una de las principales causas de la actual apidemia. 99. Las cosas piens vitare carybdiin. La tranquilidad de ánimo es el nijídio mas eficaz de conser- var la salud, y su turbación es el agente principal de casi todas las enfermedades. 104. Estaba ya puesto en la caja este ca- pítulo, cuando he tenido el gusto da ver en el Aguila núta. io3 del miércoles 17 de julio de este año, un comunicad > de Mr. Fa ge.t I)r. en medicina y cirugía de i a, facultad de Paría, que con mucha oportu- nidad reproduce las ideas de Mr. Frick so- bre la belladona como preservativo de la escarlatina: como sus observaciones lle- nan el vacio de las de Mr. Frick, es de- cir, describen ,el uso médico de esta plan- ta, á fin de que tengan toda la publi- cidad posible, y los que quieran tantear sus efectos lo verifiquen con toda la ilus- tración necesaria, como para evitar el uso imprudente que podrian producir los funes- tos resultados descritos en el ari 64, voy á transcribir la parte de dicho comunicado que habla de este asunto. >.Entre los médicos alemanes que ha* calificado esta propiedad de la belladóna se cuenta el Dr. Bernadt de. Oustrin: este fa- cultativo durante las epidemias de escar- latina en los años de 1818 y 18 se sirvió - . - ' » « ui r. t S *. do aquella planta con lo* mejores respira- dos. Para llegar á los mas positivos, prime-» ro la empleó en individuos sometidos al influjo directo del contagio, y en particu- lar criaturas menores nes eri virtud de su edad están mas es- puestos á contraer estas enfermedades. A los niños de un año y mas , en los primeros dias les hizo administrar por tarde y mañana dos ó tres golas dq la siguiente composición : estrado de he- 11 aduna recientemente preparado, dos granos, agua vinosa de canda una onza. A los niños de dos años les aumenta- ba la doses una ó dos gotas mas, y asi las demas edades ; pero nunca cscediú la mayor cantidad de doce gotas para niños y grandes. Después de haber es- perimentado este remedio profiláctico por un mes ó mas , según la duración de la epidemia , tuvo la satisfacción de ver, que de ciento noventa y cinco niños es- puestos continuamente al contagio, y á los que había hecho administrar el estrado de belladona, tan solo catorce de ellos fue-, ron atacados de la fiebre escarlatina; y en estos los síntomas fueron mucho menos gra- res que en el curso ordinario de la enfer- medad; los ciento ochenta y uno restante» quedaron enteramente libres. 98 El l)r. Muchheck de fíertnln, Poniera- nia occidental, se ha servido de la bella- dona con muy felices resal ados. De siete años a esta parte que hace uso de ella, ha obtenido constantemente el mejor éxito. Se sirve de la fórmula siguiente: dos granos de belladona; agua de hinojo una onza. \ los niños de edad de uno á diez años les ha- ce administrar diariamente cuatro veces, de una á cinco gotas de esta solución; y á los niños de diez años arriba y á los adultos, de seis á diez gotas, igualmente cuatro ve- ces al dia. También se sirve de la fór- mula siguiente, indistintamente: dos granos de pobos de belladona, azúcar blanca dos dracmas', mezcladas y dvididas en sesenia porciones iguales: estas deben de darse en las mismas proporciones de edad, de una á cinco doses cada vez, lo que se repite cuatro veces al dia. El fír. Dusteroerg de iVarlourg, con tan feliz éxito, hace tomar á las criaturas con- fiadas á su cuidado, diez, quince ó veinte gotas, según la edad, de una solución he* cha con tres granos de belladóna y tres de agua de canela. Esta solución adniinisw trada dos veces al dia y por espacio de una semana, tiene la virtud de preservar deT contagio á los niños que hacen uso de pila, y aun á aquellos misinos que se ha* lian en contacto íntimo con las personas contagiadas de escarlatina. Un cuidado que es muy esencial tener en la administración de este remedio pre- cioso es continuarle hasta la completa esca- madura de los enfermos atacados de la lie- bre escarlatina: en ta es casos todo se pue- de esperar de su eficacia.’’ io5. Yo no obslante, suspendo mi jui- cio en orden al uso de la belladona, como preservativo de nucslra epidemia, porque no la creo contagiosa, y sin este requisi- to debe serle indiferente todo preservati- vo en clase de especifico: sin embargo, de- searía que observaciones imparciales y de- cisivas verificadas aca me convenciesen de lo contrario. CAPITULO X. Medios de hitar á Jos pueblos de Jos es— tragos de esta epidemia* toG. desempeño de este capítulo pertenece á todas las autoridades, y con particularidad á las llamadas municipales, y Bu objeto es la TIrgiene \pública, sin em- bargo no pnedo menos de lamentarme con todos ls pueblos generalmente descansan y si- ven tranquilos entre miliares de causas ma- tadoras, y estas por lo regular existen en el avre, en los alimentos y en /as costum- bres públicas. Los pueblos se componen de dos clases alta y baja: los de la primera se tendrán buen cuidado de conservar su Salud por los medios particulares propues- tos en el capitulo anterior; pero los de la segunda, es el articulo que por lo regu* lar tienen mas descuidado, y unos y otros se puede decir que viven á merced de las autoridades, en cuanto a las causas públi- cas de las enfermedades. No es mi ánimo suponer que la falta de algunos ramos de la policía de esta ciudad exista en nues- tras autoridades; hace dos anos que el exmo. ayuntamiento está trabajando acti- vamente en cubrir los muchos varios que antes existían, efecto sin duda de los tras- tornos consiguientes á la guerra de deso- lación que han tenido que sufrir estos pue- blos para establecer su libertad é inde- pendencia; pero restablecidos ahora en la calma política podrán llenar sin obstáculo* sus deberes, y oirán sin duda con placer las ¡deas de nvjora que voy á proponer- les, seguro de que su patriotismo les in- ducirá á no perdonar sacrificio ni fatiga para conservar la salud pública, como á el ramo de mas interés que les ha confiado la patria . 207. Las principales causas de las en- fermedades que afligen á los pueblos y á sus habitantes existen en el ayre, en los alimentos, en las bebidas, en las habita- ciones, en las pasiones de animo, y en las costumbres depravadas. ioK. El ayre daña á los pueblos por escesivamenle caliente, húmedo, frió, va- rio, y por contener principios inorbiferos, cuales son los gases hydrogeno-sulfurados ó carbonados. io9. Los medios de que el ayre ca- liente, húmedo, frió y vario no dañe á la salud pública, no están al alcance de las autoridades, están solo al de los indivi- duos en particular; y los que aprecien su salud y su existencia podrán consultar el capítulo anterior y seguir mis consejos; al cargo de las municipalidades está el cor- regir los vicios, que los antiguos llamaron de putrefacción ó mefitismo, porque ellos son el germen de la mayor parte de las enfermedades populares, y los medios son de la clase de los generales. s ío. El ay re se corrompe por el es- tiércol de toda clase que se pasea por den* tro de las poblaciones, por las aguas cor- rompidas de los caños de las calles, de los zahusnes, de los charcos y de los pan- tanos; por los muladares y cementerios; por los animales que se pudren en las ca- lles, y por la falta de aseo en lo interior de las casas y cu los habitantes. iii. Por desgracia, la falla de letrinas en muchas casas de esta ciudad obliga á usar los carros destinados á la estraccion de la inmundicia, lo que se verifica desde la oración da la noche, causando un he- dor insufrible: á este daño ocurrió el ayun- tamiento anterior mandando que todos los dueños de casas establecieran pozas y co- munes al efecto; pero no se le ha dado cumplimiento, y mientras esto no se veri— .fique bajo severas multas contra I09 infrac- tores, está altamente comprometida la sa- lud pública; y en el ínterin que se con- sigue remediar este inconveniente ¿por que esta clase de limpia no se ejecuta de las diez á las doce de la noche, que es cuan- do circula menos pueblo y los daños se- rán menores? 112. Las aguas encharcadas de los ca- Sfos de las calles y de los zabuánes están en ana fermentación continua particular* inente en el calor del Sol; no obstante be observado que su limpia no es desatendi- da; pero muchas calles están abandonadas, y esta limpieza se verifica de día, cosa que debe causar mayores daños á la sa- lud pública que si se dejaran quietas las aguas; creo que esta observación escitará al axino. ayuntamiento para que esta opera- ción se verifique también de noche, y no se deje secar en las calles como se acos- tumbra, sino que se recoja inmediatamen- te en carros y se mande fuera de la ciudad. ii3. La policía interior de los zahuá- ues y de las casas no debe dejarse á dis- creción de sus habitantes; unos desprecian su salud por ignorancia y otros por aban- dono, y no se les debe dejar en libertad de hacer este daño á sí y á sus vecinos; por consiguiente la limpieza interior de las casas es de mas trascendencia contra la hygienc pública, de lo que vulgarmente se cree, y debe ser celada en adelante con la mayor escrupulosidad: las persona* condenadas á vivir dentro de una especie de tanque, por llamarlo asi, de un ayre cargado de gases venenosos, no solo están ellas espuestas á sufrir toda clase de en- fermedades endémicas y esporádicas, sino también a estar continuamente kacicnda par- ticipar á sus vecinos de los funestos estra- gos de su abandono: severos castigos y mucho celo deben responder de este in- teresante ramo de policía. ii4. Los pantanos y lagunas al rede- dor de las poblaciones, es otra de las co- sas que mas dañan á la salud de sus ve- cinos, y que mas lia dado que discurrir á los médicos de todos los siglos; palpable- mente dan á conocer sus funestos efectos, particularmente cuando llegan a secarse por la escasez de lluvias, en cuno caso grandes cantidades de sustancias animales y vegetales se pudren en su fondo, lle- nando á la atmósfera de varios princi- pios heterogéneos y matadores; todos los autores, que de paso ó ex-profeso han tra- tado esta materia, mandan que á toda costa se den corriente á sus aguas; pero en México y sus inmediaciones no creo fácil este desagüe general por su posición topográfica en el centro del grande valle, y aun cuando fuese asequible, era preci- so antes consultar si es conveniente á la salud de estos habitantes el completo des- agüe; (ocase el arl. 29 cap. 3.° de esta obra). Sin embargo, los charcos pequeños y las acequias sin corriente que se hallan dentro de la ciudad y sus no están en este caso de dificultad, y exi- por consiguiente todos los sacrificio» posibles para que se les dé corriente; de lo contrario, tenemos en ellas un germen seguro de toda cl ise de enfermedades po- pulares. Ls verdad que estas aguas sin cor- riente son purgadas todos los años de los cuerpos estranM que se amontonan en ellas; pero también lo es que dejando po- d; ir y secar esos cuerpos en sus orillas, como se acostumbra, hacen niajores da- ños que si se abandonaran a su suerte; porque no secándose la laguna no se sen- tirían tanto sus nocivos efectos. 11 5. Nada diré de los muladares, por- que es ramo que veo atendido con bas- tante vigilancia; solo recomendaré su con- tinuación, porque no es menos interesan- te que los ramos precedentes; pero no de- jaré pasar por alto el articulo de los cemen- terios: los generales de esta ciudad lla- marlos de San Lázaro y Santa María, se hallan, el primero al N. K., y el segundo al N O. de ella, y tocando a las casas de sus barrios, cosa enteramente contraria á todas las leyes sanitarias de todos los paí- ses cultos, y aun á las vigentes acá en la materia: la distancia que menos puede Concederse á nuestros cementerios de la ciudad, es la de un cuarto de legua, y en parage que sus vientos no puedan cunda- cir á ella Tos gases resultantes de las fer- mentaciones pútridas que se verifican en dicho local; vense cuan distantes están los nuestros de cstoa indispensables requisitos. A mas de este detecto imperdonable, no puedo menos que lamentarme de que ni aun todos los cadáveres se entierren en dichos cementerios, pues varias clases pri- vilegiadas lo son dentro del sagrado recin- to de los templos; con lo cual al paso que son profanados, están presentando no po- cas veces á sus visitadores un gran pábu- lo á sus achaques..... ¡ó fanática preocu- pación! ¿hasta cuando cesaras de atormen- tar á la humanidad, y dejarás á la reli- gión santa en la pureza cu que la crió su Di vino fundador? 116. Los animales muertos tirados cu las calles hacen al ayre ¡guales danos que los referidos en el articulo precedente: la policía de esta ciudad tiene ya algún cui- dado en recogerlos, pero no todo el ne- cesario; operación que debía verificarse to- dos los dias al amanecer por no presentar á la espectacion pública un objeto á la vez tan nocivo y asqueroso Una de las me- jores medidas, finalmente, de aumentar el oxygeno en las poblaciones, y por consi- guiente de purgar el ayre de los gases lla- mados mefíticos que lo infestan, es la f#r- marión de abundantes ar boledas y jardines en lo csteiior é inter ior de ellas, pues que los vegetales se alimentan ahsorviendo los gases hydrogeno sulfurados y carbonados, y despidiendo el oxygeno que es el princi- pio vivificador de los animales. 117. El asco de estos habitantes no «s de menos Ínteres para U limpieza de nuestro ambiente que los anterioréi; las clases inedia y alta no necesitan de mi r e- comendación sobre el particular, porque desempeñan este ramo de policía tan bien como pueda desearse; pero la clase baja reclama todo el celo de la municipalidad; difícil cosa es mejorar de un gol.;}» los vi- cios de una mala educai ion; pero una obra que nunca se emprende jamas llega á concluirse: persígase á la holgazanería y a los hombres que so abandonan á la des- nudez y á la inmundicia: sean condena dos al desprecio de sus conciudadanos las obras públicas mas asquerosas; y el t. »- po desterrará paulatinamente de entre no- sotros esta única mancha, que al estran- gero poco reflexivo le daría siempre ideas nada favorables á la opulencia de este sue- lo privilegiado por la naturaleza. 118. La clase de los alimentos que se proporcionan á los pueblos exige la aten- ción de las autoridades municipales, en nada inferiores á las precedentes. Lis pla- zas, carnicerías, vinoterías, pulquerías, etc. deben ser visitadas con mucha escrupu- losidud, y castigados con lodo rigor los que se atrevan a atacar la salud pública, ven- diendo alimentos corrompidos ó de mala calidad. 11O. Llamaré en este asunto la aten- ción del exmo. ayuntamiento, en el ramo interesante del agua de las fuentes: los acueductos de algunas de las cañerías que conducen id agua á esta ciudad son de plomo, circunstancia muy digna de nota, y tal vez origen de muchos de los cóli- cos é insultos resultados de ellos, que se padecen ; se dirá tal vez que el plomo metálico se puede tragar sin inconvenien- te alguno; pero introducido este en el es- tómago, aunque sea en las partículas mas diminutas, es muy fácil que sea disuel- to por los ácidos, y por consiguiente que obre en él como uno de los mas activos venenos. Según las observaciones del grande Orfila, (23) se han visto funestos accidentes en personas que habian bebido agua de lluvia que habla corrido por acueductos de plomo, ó caido sobre techos cubiertos de (a 3) En su Toxico!ogiit. esle metal, guardándola después en vasi- jas Por consiguiente es mucho mas te- mible el agua que nos viene por conduc- tos de plomo que casi todos los dias se rompen, en cuyo caso deben llevar pre- cisamente alguna cantidad de dicho metal; este daño exige todos los sacrificios po- sibles para formar todos los acueductos de barro cocido; ó cuando no, asegurarse de que sean compuestos de una aligación rigorosa de partes iguales de plomo con el estaño, pues sin este requisito son casi seguros sus funestos resultados, 120. Las costumbres públicas es el ra- mo de policía regularmente mas abando- nado, y el que mas reclaman la religión y la sociedad: la piedra fundamental de este artículo es la educación de la niñez: los hijos de los pudientes ya reciben por el cuidado de sus propios padres toda la ins- trucción necesaria para ser buenos ciuda- danos; pero los de los pobres sdn aban- donados á su suerte, y á la voluntad ó dirección de los que los engendraron en- tre toda clase de vicios, único ejemplo que tienen que imitar, y única educación que reciben; de lo que resulta siempre la raza de hombres corrompidos que destruyen na solo las costumbres públicas, turbando al ciudadano pacifico é industrioso en la se» guridad que le dclie la sociedad, sino tam— bien son esos miserables lan enemigos de sí misinos, que destruyendo su salud con la holgazanería, ebriedad y demas vi- cios, son las primeras víctimas de todas las epidemias, y el germen de no pocas de las que infestan á los pueblos grandes. 121. El exmo. ayuntamiento de esta ca- pital no tiene del todo olvidado el artícu- lo de la primera instrucción; pero he de decir con la franqueza que debe un aman- te de la salud pública, que es el que tie- ne mas descuidado: un corto número de escuelas gratuitas confiadas á maestros que enseñan sin mas método que su arbitrio, y sin ser corregidos de sus mu- chos defectos, y la libertad en que se de- ja á los padres de mandar ó no á sus hi- jos á ellas, hacen casi inútiles estos mise- rables establecimientos. 122. La compañía lancasteriana de Mé- xico compuesta de un buen número de ciudadanos ilustrados y amantes de la sa- lud pública, ha hecho y está haciendo los mayores sacrificios para remediar tanto da- íío; pero siendo una corporación que no tiene mas fondos qne las pensiones que la dan sus patriotas individuos, son muy li- mitados los servicios que puede prestar á fcste interesante ramo; ¿por que los cao— Jales que con tan poco provecho pública se consumen en unas escuelas casi inúti- les, no se entregan á una sociedad bené- fica compuesta de intel gentes, y que sin cesar no se ocupan de otro objeto? En- tonces la autoridad municipal podría de- dicarse toda á los muchos é infinitos ar- tículos de policía que necesitan reforma y mejoras; y yo aseguro que la primera edu- cación seria desempeñada de un modo dig- no de México. ia3. Las costumbres de los adultos ne- cesitan la atención de las autoridades. To- dos los hombres que viven en la sociedad deben tener medios de vivir conocidos y aprobados; el que no los tenga, de preci- sión debe dedicarse á todos los escesos que incomoden á los demas, y comprometan la seguridad y salud públicas: esos indivi- duos, ó deben ser obligados á dedicarse a •ficios útiles que les proporcionen una sub* sistencia segura, ó de lo contrario espeli— dos de una soriedad, en la que son per- judiciales á ella y á sí mismos, 124» Eos muchos é interesantes ramos en que se halla ocupado este exmo. ayun- tamiento, le impiden el estenderse con la prolijidad necesaria en los de sanidad y se- gur dad: para remediar este inconveniente y facilitar sus trabajos, voy a proponerle en globo mis ideas, seguro de que no lle- vo en ello otro fin que el de ser útil con todos mis alcances al pueblo generoso que me proporciona los vínculos todos de la vi- da social. ia5. El ramo de sanidad no debe depen- der como hasta aquí de regidores inteligen- tes ó no inteligentes; este pertenece todo á los profesores del arle de curar, tractent fabrilia fabri: no se m* diga que las jun- tas de sanidad tienen ya sus profesores, porque estos suelen estar siempre en un número insignificante, y se puede decir que su voto no es mas que consultivo, cuando debería ser siempre decisivo. Este ramo po- día ser desempeñado en esta ciudad coa toda perfección por su academia de me- dicina prática; ella es compuesta de la ma- yor parte de sus profesores; les sobran co- nocimientos y patriotismo para dictar las medidas convenientes á lt salud pública; y descansando la autoridad municipal en su probidad, no tendría mas trabajo que dar- les cumplimiento. Este ejemplo sin duda produciría muy favorables resultados en to- dos los demas pueblos de la república. (26. La policia de seguridad está tan hermanada con la precedente, que unas mismas medidas sostienen á las dos: en «tan ciudad populosa coma esta, no puedes 113 ser desempeñadas bien por so’os los Indi-* viduos que componen el apuntamiento , aunque fnese compuesto de ándeles: en ella es interesante que cada manzana sea numerada, y tenga un comisario depen- diente del cuerpo municipal y elegido por él; éste sera el gefe de la policía de ella; se le dará un competente número de ar- mas y municiones para que pueda respon- der, de la seguridad de todos sus vecinos, y prestar auxilio á *sus compañeros in- mediatos: á su voz deberán lomar las ar- mas bajo su dirección todos los habitantes de la manzana que nterezcan su confianza; tendrá un libro que presentará siempre que se le pidiere, de todos los vecinos de ella, de todas las edades, y deberá responder de la admisión de todos los que puedan ser perniciosos al orden público: celará el cum- plimiento de las leyes sanitarias, tanto por lo tocante á lo eslerior, como al interior de las casas, y cuidará de que todos los ñiños pobres de la primera edad vayan i aprender en las escuelas gratuitas, y des- pués se apliquen á un oficio útil y cono-» cido, y que no se enseñen á la holgaza- nería; y aquellos que por incuria ó mal- dad de sus padres no se sujeten á esta ley de policía tan interesante al bien del pú- blico y de ello» Biisiuos, deberán ecr trufe lavarlos á la rasa hospicio, en donde exis- tirán que hayan aprendido a ser ciu- dadanos útiles: cada manzana tendrá bajo sn inspección un carro de limpieza que se deberá veiiíioar precisamente en las horas espresadas en el art. m: cada una deberá tener un profesor de medicina, otro de ci- rugía y otro de farmacia, que con cono- «imieuto del comisionado presten gratuita- mente todos los auxilios de salud á los pobres de ella, y este cuidará por su par- te de que los enfermos tengan toda la asis- tencia necesaria en sus propias casas, ó de que sean trasladados al hospital. Estas son las bases de un plan de policía de seguri- dad y sanidad; el objeto principal de esta obra no me permite estenderme mas so- bre este capítulo; el talento y patriotismo de los ciudadanos que componen el exmo. ayuntamiento penetrará toda la estension de mis ideas, seguro de que sus ventajas son bien conocidas en otros pueblos que hace tiempo las tienen adoptadas. ia7. Aioque parezca fuera de mi ob- jeto, haciéndome cargo de que la seguri- dad pública tiene un influjo directo sobre Ja salud, porque contribuye á evitar mu- chas pasiones de animo, que son una de las causas mas comunes de la mayor parte de las enfermedades que afligen al género hu« 115 mano, concluiré este capítulo, recordando que los llamado» guardas nocturnos ó se- renos, i pie y con su lanza, de nada sirven; pues cualquiera malvado los asalta y su- jeta cuando quiera impunemente: estos em- pleados deberían ir montados y bien ar- mados, llevando una corneta, con cuyo eco on cualquiera caso, se reuniría en un mo- mento una patrulla de á caballo respetable, y no les servirían las piernas á los ladrones nocturno», para evitar el castigo. CAPITULO XI. Medidas generales qnr deben adaptarse du- rante la epidemia• 128. i\ unque todas las medidas pro- puestas sean desempeñadas con toda la exactitud que se previene, y aunque todos los encargados de la policia de salud cum- plan con sus deberes, se evitarán muchas enfermedades populares, pero no todas; porque siempre se presentan de cuando en cuando algunas causas estraordinarias que están fuera de la esfera de actividad del dé- bil poder humano; por consiguiente, es ne- ocsar io estar siempre prevenidos para dis— minuir los estragos de cualquiera enferme- dad epidémica que se presente. 129. La clase del pueblo que suele ser la primera víctima de las enfermedades po- pulares es la necesitada, y esta merece to- da la atención de las autoridades, y la de las pudientes. Todos los pueblos cultos tie- nen al efecto hospitales de beneficencia ca- paces de remediar este daño, y en donde se reúnen la munificencia y la caridad en toda su estension; pero en esta ciudad no hay mas que uno general donde reinan la miseria y el abandono de los siglos bar- baros; la mayor parte del tiempo son re- chazados los enfermos porque no caben en é!; y casi siempre son solo admitidos cuan- do dan alguna pensión diaria; el infeliz «jue vive solo de su jornal ¿estando enfer- mo, de donde sacará para pagar esa cuota? no le queda otro recurso que abrigarse con su petate y entregarse á la muerte mas desesperada. Todas las autoridades de esta gran ciudad son responsables ante Dios y la humanidad, si inmediatamente no pro- curan evitar tantos daños, estableciendo £ toda costa un hospital capaz de remediar- los, no dentro de (a población como está el actual, con perjuicio de sus habifanles y de los enfermos, sino en flus inmedia» «iones* i3o. La hospitalidad domiciliaria de que tanto se ha hablado en estos últimos tiem- pos, y por la que se lian decidido la ma- yor parte de nuestros filósofos, es muy bella en su teoría; pero muy difícil en la práctica, particularmente en nuestro pue- blo bajo; sin embarco, en tiempo de epi- demia puede ser muy interesante singu- larmente con aquellas familias artesanas de regular educación; á estas pueden fa- cilitárseles los auxilios necesarios , bajo la inspección de sus respectivos comisa- rio, médico y cirujano, quienes en toda época compondrán en la manzana de su cargo, la junta de sanidad de ella, para ce- lar el cumplimiento de las leyes de este ramo, y dar parle á las respectivas auto- ridades de todas las ocurrencias propias de él. Durante toda epidemia, son necesarios siempre donativos voluntarios ó forjados de las clases pudientes, si los caudales pú- blicos no fuesen suficientes para ocurrir á los espresados gastos tan enormes, al paso que indispensables En tiempo de epidem a no deben descansar las autoridades; todo trabajo es pequeño, todo gasto es corlo, toda vigilancia es limitada, toda energía es escasa; el mas ligero descuido lia desola- do no pocas veces poblaciones enteras. i3i. Los autores que han tratado esta jn ajeria con mayor estension han llenado muchas paginas con la descripción de los llamados lazaretos, porque ha sido casi universal la Opinión de los contagios en todas las enfermedades populares: \o mismo he llevado larga época de mi car- rera medica seducido por estas ¡deas; pero la razón y la esperiencia n¡e han hecho entrar en el camino de la despreocupación. Yo no me opongo a que se establezcan lazaretos, es decir, grandes eslablecimicn- ins en las inmediaciones mas elevadas y rnas sanas de las poblaciones; pero no con la idea de molestar á los sanos á que sean encerrados violentamente en ellos como se lia hecho hasta aquí, con el fin de que sean purgados del supuesto contagio que lleven sobre sus cuerpos, ó sobre sus vestidos, por venir de paises epidemiados, ó haber- se rozado con algún enfermo; sino ron la idea de que sean hospitales para la gen- te necesitada. i32. Tampoco se crea que imagino que Jos que se rocen con los epidemiados no puedan contraer por este solo hecho una enfermedad semejante; las exhalaciones me- fíticas que continuamente despiden los en- fermos por todos sus órganos colatorios son causas muy sufinuntes para trastornar la yitalidad *le los cuerpos sanos y disponer- 119 los á sentir mas pronto los ef<*rtos de la causa general reinante en la atmosfera: no niego por consiguiente la fuerza de la ac- tividad «le infección; pero esta en mi sen- tir, no se aparta del estrecho ambiente en que respiran los enfermos, y aun en él no obra mas que drl modo indirecto arriba esplicado. Esecptúo sin embargo de esta regla las viruelas, la sarna y la lúe vene- rea, únicas que basta el presente bau admitido la verdadera inoculación , quienes n¡ siquiera sufren las rigorosas leves que les han prescrito los contngistas, de ser conducidas en fardos y ropas á países dis- tantes, sino que particularmente las dos primeras, para su formación necesitan los defectos higiénicos con los vicios de la at- mosfera, v para su propagación el contacto mecánico y físico de los sanos con los en- fermos. i33. Por consiguien'e, en las epidemias estacionales á que está sujeto este suelo no se necesitan ni los cordones sanitarios, ni la- zaretos de observación para los sospechosos, sino buenos hospitales, y mucho dinero pa- ra remediar la miseria de las clases pobres, con el fm de que puedan librarse de los ri- gores de una estación viciada: en la ac- tual epidemia seria muy útil el propor- cionar la abundancia de baños, y sopas económicas de buena calidad, ocupando al mismo tiempo á los que pudiesen trabajar, en un ejercicio moderado de obras pú- blicas, que al misnto tiempo no son poco necesarias. 134-• Luego qué se haya manifestado una enfermedad epidémica en cualquiera pue- blo, los profesoras del arle de curar que existan en él, deben ocuparse en cuerpo de inquirir sus cansas, v con este traba- jo útil á sus conciudadanos, podrán mani- festarles las ventajas que pueden resultar- 1 s de trasladarse á otro pais donde no exis- tan aquellas, y señalarles las circunstancias que deban tener, y aun fijar los puntos mas ventajosos para que puedan valerse del me- dio mas seguro de huir de los males que íes amenazan en el pueblo de su residen- cia. i35. Nada diré finalmente á mis con— profesores en orden a recomendarles el delirado desempeño de sus deberes; por- que todos son filantrópicos por principios y por convencimiento; todos dan exacto cumplimiento al sagrado juramento que prestamos en el acto de recibir la licen- cia para ejercer la mas interesante de las profesiones; y todos sacrifican sus comodi- dades v sus intereses ¿ las aras de la hu- manidad afligida..., ¡mis queridos compaue- ros! no os dejéis alucinar por la ingrati- tud de los hombres que estiman en poco los interesantes servicios que les prestáis s horas, sinapis- mos repetidos, y pediluvios á la noche¿ alóles claros fie alimento, y naranjada á pasto. La noche fue menos mala que el día; se consiguieron algunas evacucioues bi- liosas y algún sudor. Día a 7 y tercero de la enfermedad. Amaneció con acrecentamiento de los síntomas espresados, y con la deglución absolutamente impedida, la respiración al- go difícil. Se le aplicaron las sanguijuelas al re- dedor del cuello hasta la estraccion de seis onzas de sangre; siguieron los demas me- dicamentos del día anterior. , Fue general el alivio de los síntomas; las ainygdalas se volvieron casi á su esta- do natural con ligera rubicundez; la difi- cultad de tragar seguia disminuida: el pulso y calor casi naturales; evacuaciones regu- lares; la lengua en el mismo estado que el dia primero; las funciones animales y vi- tales buenas. Fn la noche, los sintomas generales Seguían bien; pero la deglución estaba in- comodada por un csceso de moco bastan- te consistente que estaba pegado en la fa- ringe; rubicundez ninguna; el p*?lso, aun- que aleo contraido, daba setenta pulsacio- nes por minuto; calor natural. 127 Se repitieron loa pediluvios y synap’s- mos en los estreñios y en el cuello, con lo que se alivió. ])ia 28 y cuarto. El pulan contraido y tardo; calor ger neral menos que el natural; el moco com- pacto cubría toda la faringe; á fuerza de jeringatorios tibios emolientes y alguna nausea se conseguía eslraer algo de el; pe- ro sin desocuparse el paso; la deglución absolutamente impedida; la respiración al- go difícil; las evacuaciones mocosas y bi- liares solo se conseguían á fuerza de la- vativas; inflamación en las fauces ninguna; sueño difícil. Se repitieron los pediluvios calientes, los synapismos en los estreñios altos y ba- jos, y le receté un corbalin de cantha— ridas. JJia 29 y quinto* E'pelió mas de dos libras de moco espeso, y parecía que se aliviaba; pero acia el medio dia se aumentó tanto la cantidad del moco, que alcanzaba hasta los labios; de modo que tanto el enfermo como los asistentes y yo} lo estraiamos a puiíadosj lo demás en el mismo estado- que el ante- rior: la deglución y voz impedidas. Repitiéronse los pediluvios y los svna- pismos en todas las partes mas nerviosas, y el linimento volátil con tintura de ran- tharidas en toda la columna vertebral. Día 3o y sestn. El caustico seguía operando bien ron buena ulcera y buena supuración: cada vez que se estraian grandes cantidades moco- sas, parecía aliviarse el enfermo; pero pron- to volvía á llenarse la cavidad de la bo- ca y seguian las mismas incomodidades; pulso algo contraido, pero igual, dando se- senta pulsaciones; el calor menos que en estado de salud. Los mismos medicamen- tos del día anterior, después de haberle da- do por la mañana un baño general tem- plado de media hora, que proporcinó un alivio general conocido. Dia i.a de mayo y sétimo. El moco mas compacto y mas abun- dante; la respiración algo mas difícil; el pulso algo mas tardo y mas contraido; to- das las demas funciones de la economía en buen estado; ¿ mas de los estimulantes ge- ncralos de la piel, se repitió el baño ge- neral templado que alivió lodos los sínto- mas, facilitando una extracción abundantí- sima de moco y sudor» I)la 2 y (>( favo. Amaneció con alivio de síntomas, y tan desocupada la faringe, que tragó con pora dificultad algunas cantidades de cal- do y orcliata; la respiración mas libre que el anterior; el enfermo alegre basta las ocho «lo la mañana que volvió ;t cubrirse la fa- ringe de moco, y á acrecentarse los sín- tomas anteriores. Repitióse el baño del día anterior 4 las diez de la mañana, y se alivió consi- derablemente con un sudor copioso gene- ral que vino después de él; tomó con bas- tante facilidad una taza de atole, y que- dó dormido tranquilamente. Sobre el medio dia dispertó con al- gún delirio y nuevo moco; la respiración difícil y estertorosa; los labios convul- sos; el pulso intermitente y pequeño; por momentos se puso apoplético y falleció á las cinco de la tarde. DEFLEXIONES. No me fue posible hacer la inspección cadavérica, que hubiera sido interesante, para indagar el origen de tantas libras de moco como se le estrajeron durante los cinco dias; pero la facilidad con que vol- vía á llenarse su faringe cuando quedaba casi limpia, y la apoplegia simpática con que acabó, me hacen creer que subía del estómago y esófago, cuyo sistema mocoso estaba sin duda afectado de una inflama- ción crónica, efecto de las violentas pasio- nes de ánimo, desarreglos de campaña, ó de las continuas indigestiones y cólicos re- petidos que le molestaron en su estado habitual. Este enfermo por consiguiente, no mu- rió directamente de la epidemia reinante; sino que esta afección removió sin duda un vicio mocoso crónico que le amenazaba ya desde mucho tiempo; y un defecto or- gánico dio fin á su existencia, después de haber cedido la angina el quinto día de su invasión. Observación tercera. Doña Dolores Ovando, de edad de n'ue- Sr« años, habitante en la casa de los do-s precedentes, temperamento nervioso; era atacada desde muy nina de pulmonías ca- tarrales bastante repetidas que baldan com- próme! ¡«lo varias veces su existencia; fue invadida de una andina el -il de abril de 182a, con bastante rubicundez de las aga- llas y campanilla, pero sin tumefacción; la deglución algo difícil, el calor de la piel urente, los ojos encarnados y lagrimosos, y el pulso frecuente y «algo duro. La recelé las gárgaras núm. 1, los po- zuelos Tiúm. 0, cocimiento de cebada ¿ pasto, dicta de atoles. Día 28 y segundo de la enfermedad. La angina seguía en alivio; la fre- cuencia del pulso y calor poco mas de lo natural; se pintó toda la piel de manchas pequeñas encarnadas, semejantes al saram- pion de los nosologistas; síntoma catarral ninguno; la lengua con una capa blanca; las evacuaciones alvinas algo tardas; la no- che inquieta. Los mismos remedios y dieta anteriores. Día 29 y tercero. La angina casi terminada; el pulso y calor en estado de salud; la erupción se- candóse; ligeras nauseas; la lengua limpia; la noche aun inquieta por la comezón de la piel. Grchala común á pasto y la misma dieta; las mismas gárgaras. l)¡a 2 o r cuarto. Cesación general de síntomas morbo- sos; convalecencia. Se la concedieron sopas de arroz bien cocido; Siguió la orchata, co i la cual y el aumento muy graduado de los alimentos se restableció completamente en ocho dias. Observación cuarta. En el dia 12 de diciembre del ano de 182ÍI, fui llamado en la noche para visi- tar á Dona Rafaela Dcrtiz, doncella de edad de veinte años: esta señora se ha- llaba en el dia cuarto de una angina que había sido tratada por otro profesor, con el plan debilitante, local y genera!, aunque no con' la energia correspondiente; habia aparecido en el dia segundo una erupción escarlatinosa que habia aliviado los sínto- mas; pero en este dia desapareció el exan- tema, y creció tanto la inflamación angi- nosa, que nada podía deglutir ni hablar, y respiraba con mucha dificultad; las aballas habían aumentado tanto en volumen que tapaban mecánicamente toda la faringe; una gran cantidad de moco ocupaba el resto de la cavidad; la enferma sufría unos dolo- res tan agudos en la raiz de la lengua, que parecía que se la cortaban ron cuchi- llo; los Libios amoratados; el pulso depri- mido, desigual é intermitente; frialdad de los estreñios y caía liypocratica amenaza- ban una muerte próxima. Se la aplicó un corbatín de cantha- ridas; emulsión arabiga en inyecciones; sy- napismos repelidos en los pies, pantorrilla*, muslos y brazos; linimento volátil en la co- lumna vertebral; lavativa eseilante núm. i3. El primer periodo del caustico pare- ció aumentar la (legmisia; pero á las doce horas empezó un alivio tan graduado, que luego tragó hien, y á los dos dias entró en la convalecencia, que duró de ocho á diez dias, sostenida por una dieta regular y el suero de leche á pasto alternado con los pozuelos núm. 5. Observación quinta. Dona Ana Mirla Vázquez de Peredaf balotante de la ralle de San Bernardo núm* 5, fué atacada de los mas violentos sinto* inas fíe la angina el día 17 del mes de diciembre del ano de 1822. Creyendo que sa enfermedad seria un simple resfriado la despreció hasta el dia siguiente en que fui llamado. Esta señora casada siu haber pari- do, de edad de veinte y cuatro años, bien arreglada y de un temperamento sanguí- neo linfático, era molestada habitualmen- te de unas convulsiones epilépticas que la atacaban siempre que sufría algo su deli- cada sensibilidad. Dia 18 y segundo de Ja enfermedad. Se quejaba la enferma de violentos do- lores en todos los órganos de la deglución, y efectivamente se observaban altamen- te inflamados y aumentados de volu- men; apenas podia tragar ni una gota de líquido; la respiración estaba algo amena- zada; la cabeza muy irritable y adolorida; el estómago nauseoso y sensible; todos los movimientos musculares perturbados; el ca- lor de toda la piel urente en alio grada, y el pulso lleno y tardo, que no daba mas que unas sesenta pulsaciones por minuto. Se le hizo una sangria de brazo de orho onzas; las gárgaras núm. 1; los po- zuelos núm. 6 cada dos hora*; naranjadas á pasto; lavativas emolientes núm. 12 repe*- lillas, cataplasma núrn. i5 á la garganta, y dieta de atole. El pulso se puso algo mas frecuente y blando acia el medio dia, y los síntomas anginosos se aliviaron considerablemente; el vientre se puso corriente, el estómago y cabeza menos incómodos; la piel seguia cu el calor anterior, y presentaba una rubi- cundez escarlatinosa muy luciente. Dia i9 j tercer o. La noche fue muy inquieta; tuvo la enferma unos subdelirios pacíficos; la de- glución era absolutamente impedida, las nauseas continuas, el pulso algo bajo, y da- ba ciento veinte pulsaciones por minuto; una convulsión periódica de los estreñios estaba amenazándola continuamente ; las manchas escarlatinosas habían desaparecido en parte, en los estreñios bajos. Se la aplicaron sanguijuelas en la gar- ganta á la estraccion de seis onzas de sangre; se repitieron las gárgaras, cata- plasmas y lavativas anteriores; y se le apli- caron pediluvios y synapismos en los pies, pantorrillas y muslos. Por la noche se facilitaron algo la de- glución y el habla, de modo que estuvo en disposición de recibir los sacramentos* yunque con alguna dificultad por partp de la deglución; los movimientos convulsivos de las estremidades eran menores; el ca- lor de la piel seguía en el mismo grado; la erupción era igual ya en lodo el cuer- po; y la rubicundez y tumefacción de las agallas, y velo del paladar eran todavía crecidas. En la misma noche se repitieron las sanguijuelas á la cantidad de cuatro on- zas; se repitieron los pediluvios y synapis- rn-'s; y se le dio á beber mucha cantidad de la emulsión común. Día 20 y cuarto• La noche fue inquieta por la fuerte comezón de la piel y subdelirio pacifiro, los movimientos convulsivos desaparecie- ron; el exantema siguió en el mismo es- tado; ninguna nausea; la vista ya podia sufrir la luz; el pulso daba ochenta pulsa- ciones por minuto; las evacuaciones de vien- tre y orina algo escasas; sed intensa, y la deglución medianamente libre; la rubicun* dez de la faringe habia ya casi desapare- en! >; el volumen de sus órganos conside- rablemente disminuido; solo su membrana mocosa estaba cubierta de unas aftas blan- cas que la'incomodaban el paso de los me- dicamcptos. Se la aplicaron las gárgara» mím. 2 en (lase de gcringatoi ¡o; los pozuelos nú ni. 8 cada dos horas; la emulsión núm. iG a pasto; algunos sinapismos en la parte. Dia 21 y quinto. La noche fue menos inquieta y sin suhdelirio, aunque 110 . pudo dormir la en- ferma; las aftas de las agallas eran algo limpias y menos sensibles por consiguien- te la deglución inas fácil; los (lernas sínto- mas á corta diferencia como el dia an- terior. Los mismos ramedios sobredichos y ali- mentos. Dia 22 y sesto. La capa blanco-amarillenta de la len- gua se presentó ja muy delgada y des- cubriendo sus bordes laterales y punta en su color natural; las aftas estaban ya mas reducidas; los demás síntomas muy dismi- unidos. Los mismos medicamentos y alimen- tos, menos los sinapismos. Dia 2 3 y sétimo. En la noche descansó algunos rato», aunque turbados por la comezón de la niel que empezó á descamarse; el pulso daba satenta pulsaciones con buena igualdad y fuerza; las aftas eran casi imperceptibles; el volumen de las agallas casi natural; po- ca dificultad de tragar; las evacuaciones todavía escasas. Los mismos alimentos v medicamen- tos con la adición de dos lavativas emo- lientes. Día 2 /. y ociado. La descamación de la piel era gene- ral; las evacuaciones en buen estado; la enferma apeteció algo; las aftas desapa- recidas; el volumen de las agallas natural; completa convalecencia. Se la concedieron sopas de arroz bien cocidas, y no se le dio inas medicamen- to que leche mediada con cocimiento de cebada á pasto. Fue restableciéndose con el mismo mé- todo y aumento graduado de alimentos con mucha precaución, hasta el 6 del inme- diato mes, que salió ¿ la calle en comple- ta salud. Observación sesta. Dona Mar ia Josefa Torres esposa de D. José James, fue atacada con todos los síntomas violentos de la angina en el dia ijj. de setiembre del ano de 1822, que cre- cieron hasta el dia 30 á las seis de la tar- de, hora en que fui llamado, tanto, que varios profcsoies que la observaron hasta esta fecha pronosticaron su fin seguro en la noche inmediata; y efectivamente, reunía cu sí todos los síntomas mortales siguientes: postración general; meteorismo en el abdomen; toda la piel fría y pá- lida: el pulso contraido y mu} desigual; la respiración altamente anhelosa y con peque- ño estertor; la deglución impedida absolu- tamente de cerca de dos dias; las funcio- nes animales' entorpecidas; los globos de los ojos sin brillo, con la lágrima involun- taria, y hundidos en sus órbitas; los labios amoratados; las glándulas amígdalas y la campanilla estaban muy crecidas en volu- men, y su inflamación que ocupaba tam- bién toda la bóveda del paladar, era bas- tante amoratada. Esta inflamación bahía sido clasificada de asle'níca desde el principio, por recaer en una seíi'ora de temperamento nervioso, y que presentaba por consiguiente un ha- bito débil; motivo porque habia sido ele- vada la inflamación basta el estado de gan- grena en que yo la observé, que amena- zaba por momentos la vida de la enferma. Mi pronóstico fue fatal; pero me daba al- gún rastro ; el pulso daba ciento veinte pulsaciones por minuto; el calor de la piel era moderadamente aumentado, la lengua roja y algo seca, los ojos encarnados y muy brillantes sin poder sufrir el esti- mulo de la luz; mucha sed, mucha difi- cultad de tragar, la membrana mocosa de la faringe bastante roja, sin tumefacción; nauseas y algunos vómitos de materiales verdiosos claros, y alguna tos; las fauces se veian muy inflamadas. Se le recetaron dos dracmas de cré- mor tártaro cada dos horas disueltas en me- dio cuartillo de suero de leche, y el mismo suero solo á pasto, pediluvios y sinapismos mañana y noche; dieta de atoles; estrac-i cion de seis onzas de sangre por sangui-3 judas, de la garganta. D;a 2 5 y segundo de la enfermedad. \ Algún alivio de síntomas, los materia- les biliosos que ayer espolia por vómito hoy son por diarrea; la lengua algo blan- quisca y húmeda, pequeña incomodidad al tragar, dolor general en los músculos; la erupción, parecida al sarampión de los au- tores, se vislumbraba en el pecho y cara. Los mismos medicamentos y alimentos es- coplo el crémor. Di a 26 y tercero. La erupción general y muy abundan- te en toda la piel, el pulso no llegaba á cien pulsaciones por minuto, y batia con igualdad; los demas síntomas iguales al dia anterior; tos violenta ó sea con bastante Opresión en el pecho. Dia 27 y cuarto. t n La erupción general considerablemen- te disminuida, la tos se aumentó demasia- do con violentos dolores en la parte su- perior del pecho, particularmente la tra- quea; el pulso pequeño y contraído, algu- na diarrea y subdelirio. Se le estrajeroo emtro onzas de sangre desde la traquea hasta medio pecho, suero á pasto, pe- diluvios en la noche y sinapismos. Día 2 8 y (juinio» La tos y el dolor del pecho se ha- bian desvanecido con la dificultad de tra- gar; la erupción sarampionosa del todo de— saparecida; la lengua húmeda y en su co- lor natural; el pulso batiendo setenta p-rl- sariones; todos los demas síntomas sin no- vedad; siguió el suero y la misma dicta. Dia 29 y sesto. Desvanecidos casi todos los síntomas morbosos, daba la enferma señales de en- trar en convalecencia, acusando solo la de- bilidad; se la coucedió alguna sopa de ar- roz bien cocida, y siguió el suero. Di a 3 o y sétimo» Sin novedad basta la tarde que siu causa conocida se la movió un dolor vio- lento en el estómago con vómitos biliosos y mocosos, de modo que á la enferma le parecía que iba a morirse; y efectivamente SO semblante kipocratico, pulso pequeño y contraído, y frialdad de la piel, me dieren tnucho que temer á las diez de la noche que la vi. Recelé á mas de los sinapis- mos y friegas en todos los estreñios \ co- lumna vertebral, infusión de tamarindos ne- vada á pequeñas y repetidas (loses; con lo que consiguió ya dormir gran parte de la noche, y amaneció en completa convale- cencia. Desvanecidos del todo los vómitos y demas síntomas gástricos, quedó solo una diarrea bastante molesta que cedió en dos 6 tres dias al uso continuado de la mis- ma infusión nevada de tamarindos; y des- pués con una dieta bien graduada y el uso de leche con cocimiento de cebada, se ha restablecido completamente á su antigua salud. Observación undécima» El ciudadano José María Jguirre, cur- sante de jurisprudencia, de edad de 23 años, temperamento bilioso sanguíneo, fue* atacado en el día 7 de agosto del presen- te año de los síntomas siguientes: dolorés violentos en la ciulura y muslos, quebran- tamiento aparente de huesos, alguna difi- cultad en el tragar, pequeñas nauseas, in- apetencia y escalofrió general; en este dia despreció los síntomas, hasta el siguiente en que por haberse aumentado los mismos fui Mamado para asistirle; a mas de los es- presados padecimientos, le observólos ór- ganos de la deglución con uria rubicundez bastante elevada, alguna dificultad, en el tragar, el pulso daba ciento veinte pulsa- ciones, el calor de la piel bastante aumen- tado, evacuaciones escasas, los ojos lucidos e irritables, la lengua casi en su color na- tural. Caracterizó la enfermedad de la ac- tual epidemia, y le recetó el método si- guiente: suero de leche á pasto, los po- zuelos núm> 5 cada tres horas interpola- dos con los atoles, pediluvios en la maña- na y noche, y synapismos repelidos. Día 9 y tercero de la enfermedad. La noche fue inquieta por el aumen- to de calor en la piel y dolores de cabe- za, siguiendo las incomodidades anteriores algo disminuidas; consiguió algunas evacua- ciones biliosas; el pediluvio de la noche le causó un pequeño vahído, de modo que duró pocos momentos su aplicación; la piel empezó á pintarse de unas pequeñas man- chas sarampionosas, disminuyendo algo su calor; el pulso daba noventa pulsaciones con bastante igualdad. i Simuló el método anterior esceplo los pediluvios por el marco que le causaban, Dia 10 y cuarto• Alivio general de síntomas; el pulso daba ochenta pulsaciones; la piel toda te- nida del exantema en toda su superficie; siguió el método del dia anterior. Al anochecer el exantema se disminuyó considerablemente; el pulso se puso con- traído, desigual y lardo; le sobrevinieron violentas nauseas con grande dolor de es- tómago, y algunos vómitos de unos líqui- dos acuosos muy verdes; lodo cuanto to- maba de alimento ó bebida le aumentaba estas incomodidades; diarrea de la misma naturaleza. Se le dio infusión de pifia ne- vada á pasto, sanguijuelas en el estómago á la cantidad de seis onzas de sangre, atoles frios, fomentos de cocimientos de malvas con vinagre bueno en el estómago, lava- tivas emolientes núm. 12 cada tres ó cua- tro horas, svnapismos fuertes repetidos en los muslos, pantorrillas y pies. Dia 11 y quiniú. Se desvanecieron completamente las nauseas y vómitos, de modo que el eníer— 155 irto durmió bien t es ó contro horas; el pulso se puso bástanle libre é igual, dando setenta y cinco pulsaciones, el calor de la piel natural, los demás sintonías cri alivio, de modo que el enfermo ya apetecía algo; una traspiración general, blanda y suave mantenía al enfermo en buena tranquili- dad y sosiego. Le receté un cocimiento de linaza con jarabe de goma arabiga á pasto, y los mis- mos atoles ya ralienles. El enfermo tuvo poca precaución en conservar el sudor; v acia el medio día, puesta árida y fria la piel, se renovaron las nauseas y vómitos del dia anterior ron las mismas incomodidades; mándele repe- tición de sanguijuelas, á las que el enfer- mo se resistió poderosamente, quejándose de debilidad, y solo se sujetó al uso de in- fusión de pifia nevada, a las friegas secas con cepillo en la columna vertebral y en las piernas y muslos, á los synapisinos muy repetidos en las mismas partes, y á las la- vativas núm» 12; lomó los atoles fríos. Dia 12 y sesto. Siguió la noche y el dia con notable alivio en todos los síntomas, hasta el ano- checer que fue molestado de un libero sub- delirio; el mismo método esterior y los pozuelos núrn» io. TV a i3 y sétimo. Soguia el enfermo á corla diferencia en el mismo estado que ci día anterior con el subdelirio. Los mismos medicamentos y dieta* Día 14 y octavo. En todo este día estuvo el enferma tan Indiscreto en su abrigo contra mis pre- venciones, que se levantó varias veces en camisa. Acia la noche fue atacado de un delirio frenético, un sudor frío de medio cuerpo arriba, frialdad de estreñios, pulso muy contraído y convulso; y algo trému- la la mandíbula inferior, la lengua casi natural. A la fuerza se le aplicaron sanguijue- las al pie de las orejas acia las carótidas, hasta la estraccion de ocho onzas de san- gre; el misino método esterior, orchata co- mún á pasto , y una lavativa emoliente mítn. ií* Día i5 y noveno. » El delirio siguió, aunque mas pacifico y triste; el sudor íri¿> calor natural é igual, el pulso algo libre dando ochenta pulsaciones con igualdad, ningún síntoma convulsivo. Le recete la mistura núm. io, una cucharada cada cuarto de ho- ra, suspendiéndola cuando consiguiese des- canso. Día iG y décimo» Durmió gran parte de la noche, y amaneció casi en su total acuerdo, y sin mas novedad en todo su cuerpo que un cansancio general; el pulso con alguna lige- ra desigualdad y frecuencia, la lengua un poco sahurral en su centro. Cocimiento de linaza a pasto endul- zado con jarabe de goma arabiga, la mis- ma dieta, dos lavativas núm. 12, y las cu- charadas núm. 10 á la noche, le propor- cionaron un descanso completo* Día 17 y undécimo• Amaneció sin la mas leve sombra de delirio , con un sudor general blando, con buen calor y ningún síntoma morbí- fico. Día 18 y duodécimo. Por haber amanecido en una Vi convalecencia) se le ha puesto al oso de leche mediada con cocimiento de echa- da á pasto, y se le han concedido sopas de arroz y pan, para ir aumentando muy graduadamente la dieta. Observación úllima. En principios del ano de 1822 fui lla- mado á visitar a Duna Francisca Aguirre: esta señora tres ó cuatro años atras, des- pués de haber tenido varios partos, tuc molestada de repetidos cólicos, nauseas, in- apetencia y convulsiones que repetían por lo regular cada medio año; hahian sido cla- sificados por de debilidad, y se le habían prescrito métodos Iónicos, y sobre todo la abundancia de alimentos bien nutritivos; de modo que no pasaba una hora sin tomar ó una taza de buen caldo con sopa, ó un par de huevos, medio pollo, inedia gallina, etc. y jamas le faltaba el apetito; pero á pesar de esto los síntomas crecían con la poli- sarcia general que se creyó hydropcsia, y $e entorpeció tanto la enferma, que apenas podía mover algún miembro de su cuerpo, hablar ni discurrir; quejándose de un cier- to latido, ardor y disgusto continuo en el r dgastrio y abdomen, que le harian te- na Jr una aplopegia originada de la lombriz solitaria, lo que se le habla difbo, por el mucho alimento que digería y apetecía. 159 Clasifiqué 1.1 enfermedad de ’ina £as«. tro-enteritis crónica incurable, por la difi- cultad de poner á la enferma á la dieta necesaria; sin embargo emprendió una dis- minución graduada de alimentos y el uso de cocimientos emolientes repetidos ;on la total abstinencia de vinos y demas esci— tintes fuertes; consiguió la enferma algu- nos alivios bastante notables, cuando a los dos meses fue atacada repentinamente de una angina, que aunque mediana la pro- nostiqué mortal al momento, por la inercia general que reinaba en todos los texidos de esa señora; inmediatamecte la apliqué las gárgaras num; i ° en clase de jeringato- rio, los pozuelos núm 8, cataplasmas emo- lientes mím. i5, una corta aplicación de sanguijuelas á la paite, lavativas emolien- tes, synapismos en los pies, piernas y mus- 1 os, y dieta de atoles. La inflamación parecía aliviada el dia siguiente; pero pronto se presentó una ex- traordinaria reunión de moco muy pareci- da á la segunda observación de esta obra, (vease pág. 12S) que sofocó á la enferma en el tercer dia de la invasiou. A las treinta horas de su muerte ve- rifiqué la inspección cadavérica en rompa- • ñ> » del sabio profesor D Virtor González, Se presentaba el cadáver en su esteriof con manchas lívidas ó equimoses que cu- brían toda la cara y pubis, y varias de pe- queño diámetro en la ternilla xifoydes, pier- nas y pies, efecto las primeras de la san- gre que quedó eslravaj-ada en la cabeza por la sofocación, y las demás de una caí- da que habia sufrido como unos ocho dias antes de su muerte; picadas estas manchas con el visturí salió la sangre estravasada líquida y negra, y se desvanecieron comple- tamente en el cadáver. Abiertos los tegumentos del abdomen, presentó la membrana adiposa de cuatro dedos de ancho, con una gordura de bue- na calidad y compacta, que despedia una enorme cantidad de aceite animal bien constituido, a la menor presión. E| estómago de una mole regular, hin- chado, con alguna cantidad de a\re mefíti- co, presentó en su mayor parte una es- pecie de equimoses y anastómoses ocupan- do principalmente toda su eurbadura supe- rior, y casi todo negro de ellas el fondo, el piloro y el duodeno; pero todo el car- dias libre. Separado y abierto el estómago, se en- contró en su fondo una pequeña cantidad /romo de media libra de un líquido que juzgamos seria alimenticio; todos los puntos «jue se vieron oscuros por el eslerior, se bailaron ‘altamente inflamados f» la mem- brana mocosa con una rubefacción cslraor- cJinarin. El intestino duodeno estaba en el mis- mo estado (}ue el estómago con aumento; el yeyuno y el ¡Icón sin la menor no- vedad. El colon estaba también con varios puntos inflamados, aunque no con tanta abundancia y aumento como el estomago y duodeno, pero toda su membrana mocosa estaba desorganizada y falta en varias partes. El ciego y el recto no presentaron el menor daño. El hígado, páncreas, bazo, riñones y demás entrarías, estaban sin lesión. El omento de una mole eslraordina- ria y de una gordura muy compacta y de buena calidad; pesó trece libras. El mesenterio tan abundante de pin- guedo y aceite, que con dificultad permi- tía el encuentro de los intestinos y demás visceras abdominales. La cabeza se presentó toda negra y anastomatizada y soltando sangre de todos sus conductos, efecto sin duda de la re- pentina sofocación que sufrió la enferma por la escesiva cantidad de moco que se reunió en la faringe; motivo porque no se pudo inspeccionar con perfección esta par- te, por el desorden en que estaba, veri- ficado sin duda en el acto de la muerte. Autopsia cadavérica* La feliz circunstancia ríe r:o haberse muerto hasta el presente, ninguno de los enfermos de esta epidemia que se han en- tregado á mi cuidado desde su invasión, escoplo los dos de las observaciones segun- da y última, y mis muchas ocupaciones, me han impedido de formar por mi mismo un cuerpo de inspecciones anatómicas; motivo porque llenaré este vacio, dando la publi- cación de la que presentaron mis aprecia- bles comprofesores, amigos y consocios los ciudadanos Villa y Carpió, en su citada memoria sobre la escarlatina de Ameca. »Cavidad del vientre: el epiploon presen- tó en un caso un aspecto marchito v re- cogido sobre sí mismo, y un color muy semejante al de liieina de huevo; el estó- mago en éste era de un pequeñísimo vo- lumen: los intestinos delgados presentaban esterinrmenle un color rojo oscuro, y los gruesos estaban distendidos por una gran cantidad de gas. Abierto el estómago é in- testinos delgados, mayormente acia su ter- minación, presentaron manchas enrojecidas v aun ulceras; alguna vez, la inflamación se extendía al colon ascendente, el hígado vi-» siblomente presentaba los signos de una so- breirritación, como lo manifestaba su vo- lumen, su coloración, y á trechos su falta de consistencia. Ni en el paoereas, ni en el bazo pudo advertirse variación sensible* Cavidad del pecho" en la cavidad del toraz nada se encontró de notable; solo en un individuo por circunstancias estra— fi is á la escarlatina, hubo grandes desór- denes en el pulmón y es que la enfer- medad en cuestión estalla complicada con la tisis; asi es que el lubulo izquierdo se presentó en gran parte supurado, y en la que no lo estaba se veían deseminado.; tu- bérculos ya duros, va inflamados. Antes de acabar este arlúulo es pre- ciso notar dos rosas importantes, y que por las circunstancias del lugar y de la igno- rancia de los naturales de Ameca, apenas pudieron practicarse cinco disecciones, y aun en estas faltó la de cabeza, la que no podría verificarse sin auxilio de ayudantes, los que hubieran hecho pública esta ope- ración, que á nuestro ver, por las preocu- paciones de los indios debía hacerse furli** ▼ámente; y lo segundo, que siendo tan po- cas las disecciones hechas, esperamos del celo de los comprofesores que hay en los países todavía epidemiados, que multiplica- ran las aberturas de cadáveres, para que de este modo se ponga en claro la caes- tion importante de si la escarlatina reco- noce por causa una inflamación visceral del abdomen.” Los justos deseos que manifiestan los espresados profesores en su apreciable me- moria, es regular que serán satisfechos por las academias médicas y demas facultati- vos nacionales interesados en disminuir los estragos de las enfermedades epidémicas que nos persiguen; pero en el Ínterin, como que sus observaciones son enteramente conformes á las sanas ideas de la medici- na fisiológica que me sirve de norte en mi práctica, y hasta tanto que se presenten datos y resultados contrarios á las ventajas que proporcionan á los enfermos que se fian a nuestro cuidado, lo que juzgo difí- cil cuando no imposible, creo que puedo concluir la cuestión afirmativamente, es , que en la actual epidemia , ya se presente cori la forma escarlatinosa, ya de sarampión, es sobreiri itada con preferencia la membrana mocosa que viste la superficie interna desde la boca hasta el ano, comunicándose sucesivamen- te á las entrañas vecinas, y demas que simpatizan con ellas. Finalmente debo advertir, que no se crea jamas que un efecto Je vanidad y orgullo lia dirigido mi pluma en la publi- cación de las observaciones prácticas que incluyo en este capitulo; mi único objeto lia sido el de animar con la presencia de las ventajas conseguidas, á los profesores que no se hubiesen dedicado aun á inves- tigar los sanos principios de la verdadera medicina, y á los enfermos seducidos re- gularmente por las ideas vagas de una fal- sa ó aparente debilidad, á que se entre- guen con una completa confianza tan inte- resante para la curación de las enferme- dades, á un método curativo capaz de com- batirlas de un modo enérgico, y decidido con tanta superioridad á todos los que le han precedido. Tampoco se crea que mi amor propio ha ascendido al estreirio de imaginar que he sido el único feliz en la curación de esta epid mia; es ya casi ge- neral entre los profesores mexicanos el co- nocimiento de la medicina fisiológica, y á esto se debe sin duda, el que apenas se pierda un enfermo entre un número tan escesivo de estos habitantes que actualmen- te sufren la enfermedad. Por consiguien- te son muchas las observaciones historia- das, tanto por varios comprofesores, como por mí, que podría presentar á mis lec- tores} pero he juzgado que seria molestar- los, haciendo demasiado voluminosa la obra; y creo que deberá satisfacerles el carác- ter de la verdad y franqueza con que es- tas van escritas, ante tantos testigos de es- periencia propia y agena, y mucho mas asegurando bajo mi palabra de honor, que en cada una de las referidas en clase de mas notables, puedo presentar muchísimas en parle ó en todo semejantes; y que no establezco en esta memoria ninguna pro- posición, tanto en orden al diagnóstico, co- mo al pronostico y al método curativo que no tenga muy esperimentada en varios y repetidos casos. CAPITULO XIII. Resumen. ARTICULO 1^7. Instaba ya muy adelantada la impresión de esta obra, cuando empezó á manifes- tarse esta epidemia con tanta generalidad que apenas hay en México y pueblos in- mediatos una casa que no baja tenido ó no tenga enfermos de ella. A los que no liayan fijado lien su atención á las ideas que be procurado aclarar, les parecerá que es de distinta naturaleza esta enfermedad de lasque se presentaron anteriormente, porque aquellas se manifestaron mas cons- tantemente con la dificultad de tragar, y el síntoma e«carlatinoso; y en la actual es menor la inflamación de las fauces, pero mayor la del estómago é hígado; hay tos laringea y traqueal, y el exantema es sa- rarnpionoso; pero esto que parece varie- dad, efecto sin duda de los trastornos at- mosféricos, no es mas que una prueba convincente de que en esta epidemia es mas ó menos atacada de sobreirritación la membrana gastro-pulmmiar, que es la mis- ma que se ha caracterizado, y el mismo el método curativo esencial, con la sola diferencia que el profesor debe dirigir sus miras enérgicas a combatir la inflamación en la entraña que se manifieste de pre- ferencia afectada. i38. En estos meses que son en los que regularmente debe haber mas Uuvhs, lian sido tan escasas que no lian llovido mas desde el i 0 de junio basta i5 de agosto, que 9 pulgadas i linea con largas intermisiones; el liYgometro ha estado par- ticularmente de un mes á esta parte con bastante constancia desde los 6o á 66 gra- dos, y sus variaciones en unos mismos dias han sido repetidas; mientras que el ter— motnotro lia existido constantemente desde los i5 á 22 y reinado con preferencia los vientos húmedos del Norte. Todas es- tas circunstancias atmosféricas han aumen- tado las causas estacionales morbíferas has- ta el estado de generalizar la epidemia que sufrimos. La nías leve supresión de transpiración, y cualquiera esceso en la co- mida y bebida, sobreirrita inmediatamente la membrana gastro—pulmonar y caracte- riza la epidema reinante; lie tenido en es- tos días un enfermo que vino de Cuerna- Vaca a curarse de una intermitente rebel- de de algunos meses de duración, y en tirio de sus primeros paroxismos mientras estaba disponiéndolo para combatirlos con el especifico, en uno de ellos se presentó el exantema epidémico y terminaron com- pletamente con él; varios han sido invadi- dos de la misma calentura intermitente en esta ciudad, y después de algunos paro- xismos han conseguido la salud por una especie de crisis sararnpionosa. i39. La actual epidemia empieza con los sintonías de contagio de los AA., descri- tos en el art. 18 pág. 11. Este suele durar en unos un dia y en otros mas, hasta ocho, engañando no pocas veces con alivios apa- rentes que hacen creer que se ha des- vanecido la enfermedad que amenazaba} los síntomas que mas clasifican la constancia tic este periodo son los ojos llorosos c irritables á la presencia de la luz, el dolor de cin- tura, cansancio, inapetencia y tristeza; el segundo periodo que es el desarrollo or del ar- te, se propaga precipitadamente á las de- más entran is que simpatizan con él, tanto por continuidad, ó por contigüidad como por relación; asi en el vómito se es- perimentan los mismos sintonías de predis- posición e inflamación une < n nuestra epi- demia, (párrafo ¿8, y s guientes) con la sola diferencia que se limitan mas á la's nausea» y vómitos con tanta violencia que desgarrados no poras veres los vasos san- guíneos del estómago derraman la sangre en su fundo, la que sale por vómito o por el ano cuando no encuentra otros humo- res en que mezclarse; pues unida a la bi- lis estravasada y corrompida forma el ro- tor oscuro ó negro que dio el nombre á esta enfermedad; la bilis estravasada ó absorvida acia la circulación de la sangre mando se lia propagado la enfci inedad al hígado, forma el color amando que dio tan- to que discurrir á los antiguos prácticos y que nos la hizo clasificar antes por un lif) ictérico de Sa ¡vagos. 147. Hallándome en el mes de agosto de 1821 en Veracrnz se me proporcionó el cadáver de un grumete del navio Asia que acababa de fallecer de resultas de es- ta enfermedad á las veinte horas de su invasión, en el hospital militar de S. Car- los; convidé para la inspección anatómica á todos los profesores de la ciudad, v me honraron ron su asistencia los mas apli- cados; y no encontramos otro virio orgá- nico que la corrosión completa de toda la membrana mocosa de la mit.id inferior del estómago que parecía disecado con bisturí, la que bahía causado el umni» 178 y demás deposiciones Je sangre; de modo que todas las demás parles se encontra- ron exangües menos el corazón, sin ha- ber todavía causado la menor lesión a! hí- gado y demás visceras del abdomen qne se hallaron enteramente sanas; las que hu- bieran probablemente sufrido la desorga- nización qne nos describen las autopsias an- tiguas y modernas, y palparnos en los ca- dáveres de esta enfermedad. (Tengo art nal- monte convalecientes bajo mi dirección mé- dica á un joven de 18 anos de edad, y á una señorita de i4, que en el estado del actual sarampión, a la violencia de la irritación gástrica sufrieron vómitos de san* gre muy copiosos, que cedieron felizmen- te á la cstraccion de ese líquido por san- guijuelas aplicadas en buena cantidad al epigastrio, y en dos ocasiones, y á el agua acidulada con pina, nevada y bebida á pasto.) i4&. Por consiguiente el método cura- tivo del llamado vómito prieto, es el mis- mo que he descrito para la curación de esta epidemia, con la sola diferencia que al pa- so que ha de ser mas activo el plan debi- litante general y local, es necesario fijar siempre toda la atención al estomago para librarlo desde sus principios y hasta la con- clusion de la enfei medad, de la inflama* ©ion qne lo devora y amenaza su ruina: lAs eméticos que se han propinado ron de- masiada profusión son siempre peligrosos, y si algunos enfermo* se lian librado con este medicamento, es por unas revulsio- nes verificadas por una casualidad que de- be evitar siempre el verdadero médico; en el mismo caso se hallan la quina y demas oscilantes; los oleosos que se usan por el vulgo con bastante generalidad, dt ben tam- bién evitarse por la nausea y vómito que suelen ocasionar siempre temibles en esta enfermedad; en Veracruz tienen fama de saber curar el vomitólas viejas y curanderos, y yo no dudo que consigan algunas venta- jas, sin duda superiores a las de los mé- dicos estimuladores, porque aunque al prin- cipio usan el aceite en abundancia, siguen la curación con las bebidas frescas del fía- lo mulato, limón, naranja, crémor tártaro etc.; por consiguiente los únicos remedios de la gastritis de tierra caliente son: las sangrías generales y locales usadas sin co- bardía, las sales neutras en pequeñas v re- petidas doses, las bebidas acidulas, las mu- cilaginosas, lavativas emolientes continuadas, y los synapismos en las estremidades; j con este método constante y enérgico ter- minan por lo común con mucha felicidad del tercero al quinto día, debiendo ser la convalecencia cuidada cori las rfusmas pre- cauciones prevenidas en el párrafo i 44* 14-). Los eslrangeros que de latitudes diversas pasen á hábilar nuestras rostas morbíferas, deben procurar la aclimatación con la diminución considerable de los ali- mentos, evitando el uso de toda clase de irritantes, guardándose «leí ayre noctur- no, comiendo vegetales/ \ bebiendo refres- cos con mucha moderación; pueden beber sin temor a pasto el agua ligeramente aci- dulada con naranja, limón, vinagre ó pina, aromatizada con aguardiente i lion», o vino. 15o. Casi todas las enfermedades en- démicas de los aclimatados en Veiacruz y demás países calientes, que se lian creído y se creen afecciones generales llamadas fiebres biliosas, son gastritis ó mílamano— nes del sistema gástrico, en menor grado qoc las de los que no están acostumbra- dos á sufrir el estimulo de tanto calor: los vómitos y deposiciones biliares, Son efecto de la irritación local, por el principio fí- sico de ubi stlmuliis ibi ajluxus; los sínto- mas llamados tifoideos ó nerviosos son sim- páticos, y unos y otros ceden en breve, con el mismo plan propuesto para 1