ESTUDIO SOBRE EL ABORTO EN MÉXICO. TESIS PARA EL CONCURSO A LA PLAZA DE ADJUNTO A LA CATEDRA DE CLINICA DE OBSTETRICIA DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO, St ancuco de cS. cílWu ocaf. MÉXICO. —IMP. DE J. M LARA.—1809. ESTUDIO SOBRE EL ABORTO EN MÉXICO. TESIS PARA EL CONCURSO A LA PLAZA DE ADJUNTO A LA CÁTEDRA DE CLÍNICA DE OBSTETRICIA DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO. /rntráíD be §>, JUmoral. MEXICO. Imprenta de José M. Lara, calle de la Palma, núm. 4. 1869. A LOS ALUMNOS DE LA <&&mh k IJJárriira k fttekai, AxJ INTRODUCCION. El ensayo sobre el estudio del aborto que tengo la honra de presentar ante el Jurado que calificará en este concurso, es solo un ligero bosquejo del cuadro de las modificaciones que nuestro país imprime al aborto en los diferentes puntos de su historia. Para hacer una obra acabada en este importan- te punto de obstetricia, seria necesario mas tiempo del que he podido disponer, y mayor número de observaciones de las que poseo. Desgraciadamente para mí, ni he tenido el tiem- po necesario, ni las fuentes á donde podia buscar los hechos han sido tan abundantes como seria de desear. Sin em- bargo, creo que hay alguna utilidad en señalar el camino de la verdad cuando no se puede llegar á ella, y bajo este punto de. vista mi imperfecto trabajo tiene al menos el mérito del buen deseo y no dudo que será visto con indulgencia por el jurado. Las dificultades que he tenido que vencer para procurarme , un número considerable de casos de aborto han sido grandes. No h'abiendo en México hospitales especiales á donde encon- trar una colección de hechos agrupados *én forma de estadís- VI tica, y siendo poco numerosas también las colecciones perió- dicas médicas publicadas hasta el dia, no me quedó otro ca- mino que el de dirigirme á los recuerdos profesionales de mis compañeros, para poder formar en vista de sus observaciones un juicio exacto sobre los diferentes puntos de este estudio. Mis esperanzas no fueron vanas, mis comprofesores de una manera generosa han puesto á mi disposición sesenta y ocho observaciones escritas y algunas otras verbales. A falta de hechos en algunas veces, he consultado también la opinión de mis colegas sobre varias cuestiones dudosas, y sus consejos y esperiencia me han sido de grande auxilio para la redacción de este ensayo. En algunos puntos, como el de la frecuencia del aborto, me era importante reunir un número considerable de casos. Para esto me he dirigido también á las familias, á fin de que rae informaran sobre el número de abortos que hubiesen vis- to. En cada una de ellas procuré saber el número de abor- tos y el de partos de la misma mujer, con la esperanza de po- der fijar la frecuencia relativa del aborto al parto; pero pronto tropecé con una dificultad invencible, y fué la de que siendo vagos por su naturaleza misma los informes dados por perso- nas estrañas al arta, y confiados ademas á la memoria siem- pre débil, tomados en épocas lejanas y en diversos años, no era posible llegar á las •consecuencias rigurosas, que la cien- cia necesita para fijar la solución de este problema que hu- biera necesitado ademas de los elementos del tiempo, el de las diversas estaciones del año, pesando á la vez otras circuns- tancias independientes y verdaderamente accidentales que han hecho el aborto frecuente en México, como sucedió en,rel úl- timo asedio de la Capital. VII Confieso que con semejantes datos, es imposible obtener conclusiones rigurosas, pero son los únicos de que puedo dis- poner, y en la alternativa de hacer una monografía del aborto que no fuese mas que la copia de las opiniones de autores franceses, ingleses y alemanes, ó presentar al menos la indi- cación de lo que es propio á nuestro país, y de vivo interés en él, he preferido esto último á reserva de que personas mas autorizadas y competentes que yo, puedan zanjar los ci- mientos de la medicina nacional, llenando los vacíos que tiene este trabajo. En el estudio de las causas del aborto, he seguido el or- den de frecuencia con que estas se encuentran mencionadas en las observaciones que tuve á la vista; un método semejan- te he seguido también en el encadenamiento de los síntomas y en el estudio del tratamiento, copiando íntegras las obser- vaciones, cuando me ha parecido oportuno, para dar mayor claridad y fuerza á mis ideas. En orden á la esposicion he seguido el método claro y pre- ciso de que se sirve Mr. Pajot, en sus brillantes lecciones orales en la facultad de Medicina de Paris; sin embargo, en algunos puntos me ha parecido conveniente apartarme de es- te método, para presentar los hechos, cual he podido apre- ciarlos en mi práctica particular. Si el cuadro no es exacto, esto dependerá de la mano del pintor, pero al menos es la es- presion de sus convicciones. Séame permitido en este lugar, aprovechar la ocasión que se me presenta, para dar un testimonio público de mi gratitud á los señores que me han auxiliado con sus observaciones é ilustrados consejos. DEL ABORTO. DEFINICION, El aborto ó nial parto es la espulsion del producto de la concepción y de sus anexos fuera de los órganos maternales antes del término de la viabilidad legal. La ley, hablando de los que son inhábiles para heredar ab intestato establece que “bastará para que la criatura herede, que viva un solo instante” menos cuando naciere antes de los 180 dias de la concepción, no sea vividera ó venga con le- siones ó defectos orgánicos que le impidan continuar viviendo. (L. de 10 de Agosto de 1857, art. 25.) DIVISION. En el estado actual de la ciencia se admiten dos clasifica- ciones en el estudio de los abortos: la una clásica, y la otra concebida bajo un punto de vista práctico. La división clásica está fondada sobre la evolución fetal y es debida á Guillemot, comprende: El aborto ovular. El aborto embrionario y El aborto fetal. El aborto ovular es el que sucede en los veinte prime- 2 ros dias de la preñez; el aborto embrionario acaece desde el vigésimo dia hasta el fin del tercer mes; finalmente, el aborto fetal es el que ocurre desde el cuarto hasta el fin del sesto mes de la gestación. La división práctica está fundada en el estudio de las cau- sas, y comprende dos clases El aborto espontáneo y * El aborto accidental. Se dá el nombre impropio de aborto espontáneo, á aquel en el cual se ignora la causa que le ha producido. Eí aborto accidental, es el ocasionado por causas esteriorcs ó por ma- niobras especiales, cuyo objeto puede ser medicinal ó terapéu- tico, ó bien pueden hacerse con una intención criminal. Con relación al pronóstico y al tratamiento el modo con que se termina el aborto, establece una gran diferencia por las consecuencias ulteriores para la salud de la enferma, se- gún que el aborto es completo ó incompleto. Se llama completo cuando se verifica al mismo tiempo la espulsion del feto y la de sus anexos, é incompleto, cuando las secundinas quedan retenidas en la cavidad uterina. FRECUENCIA DEL ABORTO. La cuestión de frecuencia en el aborto puede ser conside- rada de una manera absoluta ó relativa; vamos, pues, á estu- diarla bajo estos dos aspectos, sobre todo con relación á lo que pasa en México. l.°—iEl aborto es frecuente en México? Desde las primeras investigaciones que comenzamos á prac- ticar relativas á todos los puntos de este trabajo, llamó mucho nuestra atención el hecho de que es difícil encontrar una ma- dre de familia que haya tenido muchos hijos, que no haya tenido también uno ó muchos abortos. En comprobación de esto presentamos el cuadro siguiente: 3 De 8 mujeres que tuvieron 7 hijos: 1 sola no tuvo aborto. ,, 5 ,, ,, ,, 9 ,, 2 no abortaron; ,, 4 „ ,, ,, 11 ,, todas abortaron. ,, 4 ,, ,, ,, 12 ,, ninguna abortó. ,, 3 ,, „ ,, 14 ,, todas abortaron. ,, 1 ,, ,, tuvo 20 ,, abortó 7 veces. Uniendo á este dato el hecho incontestable de la fecundi- dad de las mexicanas la cuestión está resuelta: el aborto en México es un accidente muy frecuente. Pero una vez establecido el hecho de que el aborto es fre- cuente, seria muy interesante saber si esta frecuencia es ma- yor ó menor aquí que en Europa. Desgraciadamente care- cemos de los datos necesarios para resolver esta cuestión. Sería preciso para esto que en Europa se supiese de una manera cierta la proporción exacta en que está el aborto con relación al parto; pero en este punto hay una discordancia completa entre los autores. Madame Lachapelle cree que hay un aborto por ciento ochenta preñeces: Mi Deubel en una té- sis que sostuvo el 30 de Junio de 1844- en Strasburgo, se- ñala un aborto sobre doce preñeces. En fin, Velpeau cree que hay un aborto por cada tres preñeces. Es imposible ate- nerse á ninguno de estos resultados, y por nuestra parte ca- recemos también de un número considerable de hechos para resolver esta cuestión al menos de una manera probable. Sin embargo, hay algunas razones para sospechar que en México el aborto es mas frecuente que en Europa. En efecto, una de las causas mas comunes del aborto es cierto estado general que se manifiesta por la atonía de todas las funciones. Las mujeres de temperamento linfático, las cloróticas, aquellas en las cuales hay una especie de flojedad ó relajamiento de la fibra muscular abortan con mucha facili- dad. En México es evidente que la constitución general de nuestras mujeres participa mucho de esa atonía, al menos en los grandes centros de población; el temperamento sanguíneo y una constitución robusta son entre nosotros escepcionales en la mujer. 4 Los Sres. Barreda y Jiménez D. Miguel, creen que este estado débil de la organización de la mujer, es en México una de las causas mas comunes de aborto. 2°.—¿Cuáles son los meses en que el aborto es mas frecuente? Sobre ochenta observaciones en las cuales he podido saber el tiempo del aborto en cincuenta y una este se verificó en los cuatro primeros meses. Si se tiene presente la marcha de las modificaciones que sufre el huevo humano, desde su llegada á la cavidad del úte- ro hasta el dasarrollo completo del nuevo ser, se vé que las conexiones que existen entre la pared uterina y el producto de la concepción, son tanto mas sólidas cuanto que se consi- dera la preñez mas cerca de su término. Este solo hecho bastaría para esplicar porqué los abortos de los primeros me- ses son mas frecuentes que los de los últimos; pero a esta consideración debe agregarse: que la vascularidad del huevo es mucho mayor en las primeras semanas, y que entonces los vasos son también muy delgados y fáciles de desgarrar, de donde resulta que las hemorragias son mas fáciles y por secuencia hay mayor probabilidad de aborto. Si las estadís- ticas hechas en hospitales especiales, como la Maternidad y la clínica de partos de la Facultad de medicina de Paris, señalan mayor número de abortos en los últimos meses que en los primeros, esto resulta, dice Mr. Pajot, de que las mujeres que abortan en los primeros meses no van casi nunca á esta clase de hospitales. Hay que agregar que siendo estos abortos por su naturaleza poco graves, las mujeres los confunden en mu- chas ocasiones con la aparición del flujo menstrual en retardo. Por las razones espuestas, y por el resultado de nuestra pe- queña estadística, creemos que los abortos de los primeros meses son aquí los mas frecuentes como lo son también en Europa. 5 3.°—Hay una época en el mes en que el aborto sea mas frecuentet Bocrhaave decía que sobre diez mujeres que abortan, nue- ve lo hacen en la época correspondiente á sus reglas. Con- trayéndonos al resultado de nuestras observaciones, nada po- demos resolver sobre este punto, pues en ninguna de ellas se encuentra mencionada esta circunstancia; pero en dos casos en que hemos visto el aborto ocasionado por una metritis crónica, éste sobrevino en la época en que, el flujo menstrual debía de haber parecido, si el embarazó no hubiese venido á in- terrumpir la evolución periódica del huevo. Creemos que siempre que el aborto es ocasionado'por una causa lenta, co- mo sucede en las diátesis, la opinión dé Boerha'avó es exacta. Sabemos en efecto, que cuando las funciones del pVario isqn interrumpidas por una causa fisiológica ó patológica, el útero se congestiona ligeramente en las mismas épocas en qué ocurría antes la aparición del flujo menstrual. No es pues estraño que cuando existe una causa general de aborto, esta ligera congestión venga á determinar la espulsion prematura del huevo. CAUSAS. Conocer la causa del aborto es haiber vencido una parte considerable de la dificultad del tratamiento; el estudio de las causas es por lo mismo uno de los puntos mas interesantes en la historia de los abortos. Pajot y Dub.ois dividen las sas del aborto en las cuatro clases siguientes;, 1.a predispon nentes, 2.a accidentales, 3.a especiales, y 4.a eficientes. 1? CAUSAS PREDISPONENTES. Las causas predisponentes pueden encontrarse en la mar dre, en el huevo y en sus anexos, ó en el padre. 1,° Causas predisponentes que proceden de ¡a madre. Estas causas dependen ó de la constitución general de .ella* 6 ó de un estado morboso de sus órganos genitales; en otros términos, estas causas son generales ó locales. A.—CAUSAS GENERALES. a. Constitución.—La constitución de la mujer es sin du- da ninguna una de las causas predisponentes del aborto. Hemos dicho ya que los Sres. Jiménez D. Miguel y Barreda consideran el temperamento linfático y la atonía general del organismo como una de las causas mas frecuentes de aborto en nuestro país. En las observaciones de los Sres. Jiménez D. Lauro, Beyes D. José María, Cordero y Olvera, el tempe- ramento linfático se encuentra señalado con frecuencia. La constitución sanguínea figura en las observaciones de los Sres. Andrade, Boves, Reyes, Jiménez D. Lauro y Martinez del Villar. Mr. Pajot cree que los temperamentos fuertemente marcados como el linfático y pictórico predisponen igualmen- te al mal parto; en nuestro país es indudable que el tempe- ramento linfático y una constitución empobrecida son infini- tamente mas comunes y por lo mismo los que ocasionan ma- yor número de abortos. B.— ENFERMEDADES. En la íntima conexión que existe entre la madre y el hijo, el estado de salud ó de enfermedad de la primera influye ne- cesariamente sobre la vida del segundo. No es posible en un escrito de la naturaleza del presente, examinar la influencia que pueden ejercer las diversas enfermedades de la madre sobre la salud ó la vida del feto y por consecuencia sobre la marcha de la preñez; pero deseando en cuanto nos sea posible aprovechar los documentos de que podemos disponer, vamos á examinar por orden de frecuencia, las señaladas por nues- tros compañeros. a. Sífilis.—La sífilis se encuentra señalada en muchas de las observaciones que tengo á la vista. La influencia de esta terrible enfermedad sobre el producto de la concepción se ha- 7 ce sentir entre nosotros como por todas partes. El Sr. D. Mi- guel Jiménez está persuadido de que los abortos ocasionados por la sífilis no son entre nosotros nada raros.—Todos los médicos del mundo admiten hoy que el curso natural de la gestación es interrumpido frecuentemente por la diátesis sifi- lítica de los padres. Entre las observaciones encuentro una del Sr. Jiménez D. Miguel, que hace patente la fatal influen- cia del gálico sobre la preñez Observación. — El Sr. M. consultó con el Sr. Jiménez sobre si podia contraer matrimonio con la Srita. X. Persua- dido el Sr. Jiménez de que M. estaba sifilítico, contestó á su consultante que mientras no se curase no debia casarse, por- que ademas de esponer á su mujer á un contagio casi evi- dente, se vería privado de los placeres de la paternidad, pues sus hijos ó nacerían antes de tiempo, ó vendrían al mundo débiles y enfermizos. Los prudentes consejos del Sr. Jiménez no fueron escuchados; M. se casó y algunos meses mas tar- de su esposa tenia en el rostro los síntomas acusadores del contagio de que era víctima; tres embarazos sucesivos se ter- minaron por aborto al tercer mes de la preñez. M. y su mu- jer se pusieron en cura aleccionados por el pasado; pero es- taba escrito que las tristes predicciones del Sr. Jiménez debian cumplirse al pié de la letra; la Sra. X. pudo llegar á término en dos veces, pero sus hijos son débiles y escrofulosos. Pero si todos los médicos admiten la infección del feto por la sífilis de los autores de su existencia, la parte que toca al padre y á la madre en esta infección es apreciada de diverso modo, sobre todo, con relación al padre. Mr. Trousseau, Diday y Bourgeois admiten que el hombre puede trasmitir la sífilis al producto de la concepción aun en el caso en que la mujer esté perfectamente sana. Mr. Cullerie piensa al con- trario, que el padre no tiene ninguna influencia en la trasmi- sión hereditaria de Ja sífilis, y concede solo á la madre el triste privilegio de contagiar á su hijo. Todo el mundo sabe que Mr. Hicord cree que el padre sifilítico engendra hijos es- crofulosos cuando la mujer está sana. Yo confieso que acepto las ideas de Trousseau, Diday y 8 Bourgeois cotilo la espresion de la verdad. He aquí un hecho de mi práctica particular que viene en apoyo de la trasmisión directa del padre El Sr. T. llevaba ocho años de casado con la Sra. H. que podia presentarse como un tipo de salud. T. vino á México y contrajo una sífilis que fué combatida por uno de nuestros compañeros de la Capital; pero antes de su completa curación tuvo la imprudencia de Volver al lado de su familia. La Sra. H. se hizo embarazada, y á los cuatro meses abortó sin que nada pudiese esplicar la causa de aquel accidente. Tengo razones poderosas para creer que esta se- ñora está y estuvo sana, sin embargo confieso que no tengo de ello la persuasión que se necesita para presentar esta ob- servación como prueba irrecusable. Si como lo creo la mu-» jer de T. no estuvo sifilítica, la influencia esclusiva del padre es en este caso muy visible Pero si el hecho que acabamos de citar envuelve alguna duda, la observación siguiente del Sr. Jiménez D. Miguel, na- da deja que desear. Permítaseme llamar mucho la atención del jurado sobre el caso que voy á referir, no solo por el in- teresante hfecho clínica que contiene, sino por la autoridad que le dá ,el talento y filosófica observación del profesor de clínica interna de nuestra escuela de medicina. Observación.—La Sra. C. está casada con el Sr. M. y tuvo de él dos hijos perfectamente sanos. Una circunstancia, que no es del caso referir, obligó á M. á ausentarse del hogar doméstico por, mas de dos años. Durante la ausencia de su marido la señora tuvo relaciones con un joven evidentemente sifilítico. Tres veces durante este tiempo, la señora se hizo embarazada y otras tantas el aborto se verificó á los tres me-¡ ses de la preñez. El marido volvió y la señora ha vuelto á tener con él dos hijos perfectamente sanos y robustos. Los principios do Ricord encuentran en algunas de las ob- servaciones de mis compañeros una sanción completa. El Sr. Barreda me ha comunicado el hecho siguiente: el Sr. 0. sifilítico tuvo relaciones con la Sra. B. enteramente sana; de esta unión resultaron tres hijos escrofulosos que murieron todos de menengitis tuberculosa. El Sr. Andrade ha visto un caso semejante, en el cual hay siete niños todos escrofur losos. b. Tifo ó tabardillo.—El tifo figura en segunda línea entre las enfermedades que ocasionan el aborto. El Sr. I). Miguel Jiménez ha encontrado entre sus notas once casos, en los cuales el aborto ha ocurrido en el curso de esta terrible enfermedad. El Sr. Reyes D. José María la señala una vez. Entre los casos que he recogido en diferentes familias y en los hospitales, encuentro el aborto causado por el tabardillo seis veces. ' Yo no recuerdo haber visto abortar á la mujer en el curso del tifo mas que una sola vez; el aborto fué de cinco meses y la mujer se salvó. c. Fiebres intermitentes.—Los autores señalan la fiebre in- termitente como una de las causas de aborto. Yo he ejerci- do la medicina algún tiempo en Morelia, á donde las fiebres intermitentes reinan una gran parte del año y no he visto nun- ca el aborto determinado por ellas, d. Viruelas■—En una observación del Sr. Cordero D. Fran- cisco, el aborto se verificó en el curso de esta fiebre erupti- va. Yo he visto también este accidente en la misma enfer- medad en dos ocasiones: una de las enfermas sucumbió, y la otra vive todavía; en ambos casos las viruelas fueron confluen- tes y el aborto sobrevino en el segundo septenario. En los casos recogidos entre las familias, cuatro veces está señalada esta causa. e. Nevrosis. Eclamsia.—Tres veces la eclamsia ha sido causa del aborto, dos de las observaciones pertenecen al Sr. Jiménez D. Miguel y una al Sr. Martínez del Villar. La ob- servación del Sr. Jiménez dice así: Observación.—La Sra. A. se casó en Noviembre de 1854. Tuvo su última menstruación pocos dias después; de manera que en Febrero de 55 contaba cuatro meses de em- barazo. El 20 de este mes á consecuencia de un pesar grave, se desenvolvió una eclamsia violenta cuyos accesos repetidos me obligaron á provocar el aborto dilatando el cuello- uterino con esponja preparada y haciendo inyecciones abundantes en el interior de éste. El aborto se verificó diez y nueve horas 9 10 después de que comenzó la eclamsia, y seis después de las maniobras en medio de uno de los accesos. Estos cesaron en el acto. El feto, del sexo femenino, parecia de cuatro meses. La otra observación del Sr. Jiménez se refiere á una joven de veinticuatro años que tuvo su embarazo en 1862. Al quinto mes con motivo de una conmoción moral, aparecieron los accesos mas terribles de eclamsia que duraron por diez horas, repitiéndose á intervalos de pocos minutos y con fuer- te congestión á la cabeza; habia espuma en la boca. Repen- tinamente los accidentes cesaron, y al querer el Sr. Jiménez cerciorarse del estado en que se hallaba el útero, halló la va- gina ocupada por el feto y la placenta. Esta señora ha te- nido después otro embarazo y parto muy felices. En la observación del Sr. Martinez del Villar, la eclamsia se determinó en el trabajo de un parto prematuro acompaña- do de una fuerte hemorragia. f. Albuminuria.—En dos observaciones del Sr. Martinez del Villar, la albuminuria ocasionó el aborto. He aquí una de estas observaciones llena de interés. Observación.—La Sra. G. C., tres meses después de ca- sada comenzó á tener los síntomas de un embarazo, y dos meses después abortó por primera vez El aborto íué tan rápido que no hubo tiempo para contenerlo. Dos meses des- pués tuvo un segundo embarazo, y entonces se le puso en quietud durante los tres primeros meses al cabo de los cuales gozando de la mejor salud en la apariencia y sin causa cono- cida, se presentaron los síntomas de aborto y este se verificó con un ligero flujo de sangre. Mes y medio después nuevo embarazo, quietud durante seis meses, al cabo de los cuales sobrevinieron edemas que invadieron todo el cuerpo y subie- ron hasta la cara. Se reconoció entonces la orina en la cual se encontró albúmina; la albuminuria fué combatida con cré- mor y nitro, poco después se presentaron accidentes que anun- ciaban una congestión cerebral, los cuales no? obligaron á hacer una estraccion de sangre por cuyo influjo desaparecie- ron. La albúmina fué disminuyendo con rapidez en la orina hasta que desapareció completamente. Quince dias antes de 11 llegar á los siete meses, esta señora tuvo dos fuertes pesa- dumbres sin que ningún accidente se manifestara; pero á los siete meses la noticia de la muerte de una de sus amigas de- terminó el parto prematuro. El niño probablemente liabia muerto muchos dias antes de ser arrojado, pues la epidermis se veía desprendida en varios puntos, y en el vientre y en la espalda se encontraban manchas verdosas. Dos meses después se verificó el tercer embarazo, se le volvió á poner en quietud y la preñez marchó sin inconve- niente basta el tercer mes en que el aborto se repitió como antes, sin causa apreciable. Finalmente, un mes y medio después de este aborto hubo otro nuevo embarazo, y entre el cuarto y quinto mes se han vuelto á presentar los síntomas de la albuminuria que fueron combatidos por los mismos medios que se emplearon en la primera vez que la sufrió esta enferma, habiendo logrado que desaparecieran los edemas. El embarazo llegó al sétimo mes, y cuando todo hacia esperar que en esta vez pudiese llegar á su término natural, el parto prematuro, vino á destruir las ilusiones que se habian concebido, como en la vez anterior, el niño tenia señales de haber muerto muchos dias antes. En la actualidad la Sra. G. C. goza de una regular salud, aunque su orina presenta una pequeña cantidad de albúmina y hay ligeros edemas. En otra observación del mismo Sr. Martínez del Villar, ci- tada ya la albuminuria se terminó por eclamsia. g. Cólera.—El cólera ha causado aquí como en todas par- tes la muerte y espulsion prematura del feto; en mi estadística esta enfermedad figura nueve veces como causa. El Sr. Ji- ménez D. Lauro vió muchos casos de aborto en la epidemia de 1850; este señor notó que en tales ocasiones el feto tiene el aspecto de los enfermos que sucumben en el período álgi- do de esta enfermedad. h. Posición geográfica de México.—Es muy común en Eu- ropa la creencia de que en las poblaciones situadas en puntos muy elevados, las mujeres llegan difícilmente al fin de su pre- ñez. Se cita casi en todos los autores el hecho de que las 12 aldeanas de los Vosges se trasladan á los puntos mas bajos de las montañas para poder llegar al término natural. Si la ele- vación sobre el nivel de la mar fuese la única causa del abor- to, evidentemente que en México nuestras mujeres llegarían rara vez hasta el noveno mes. En Toluca que es un punto to- davía mas elevado que el Valle de México, los abortos no son ni mas ni menos frecuentes que en esta Capital; así lo asegu- ra el Sr. Cordero D. Miguel que ha ejercido la medicina mu- cho tiempo en aquella población. En las poblaciones situa- das en puntos mas bajos de la República, no se nota tampoco según los datos que he podido recoger, que el aborto sea me- nos frecuente. i. Clases de la sociedad.—En nuestra estadística figuran en mayor número los abortos en la clase acomodada que en la indigente; esto depende indudablemente de que la mayor par- te de nuestras observaciones tienen su origen en la primera de estas dos clases; pero me inclino á creer que la situación desgraciada en que vive nuestra clase pobre, la predispone mucho mas á todas las causas de aborto. j. Frecuencia de partos.—El hecho solo de haber parido mucho una mujer es una predisposición para el aborto como dijimos al principio. En la segunda observación del Sr. Jimé- nez D. Lauro, la Sra. Z. P. de M , de buena constitución, tuvo veinte hijos. Al cabo de estos veinte partos el útero de esta ve- nerable madre de familias, sintió al fin el cansancio y tuvo sie- te abortos consecutivos, con intervalo de siete á ocho y nueve meses. B.—CAUSAS LOCALES. Las causas locales se dividen en dos clases, unas que provie- nen de las partes duras, es decir, del esqueleto de la pelvis, y otras de las partes blandas ó tejidos que la visten» a.—PARTES DURAS DE LA PELVIS. Mi estimable compañero y amigo el Sr. Rodríguez consig- na en su escelente Tesis de concurso, el hecho, muy feliz para nosotros, de que las deformaciones de la pelvis son bien 13 raras entre nuestras mujeres. No es por lo mismo estraño que los abortos por esta causa sean desconocidos en México. b.—PARTES BLANDAS DE LA PELVIS. Las causas provenidas de las partes blandas deben ser nu- merosas pues las alteraciones patológicas de la matriz son en nuestro pais muy frecuentes, pero en las observaciones que estoy examinando solo encuentro mencionadas las siguientes: a. Granulaciones del cuello.—-El Sr. Galindo ha visto el aborto sobrevenir por esta alteración en veinticinco casos. En las once observaciones que sobre aborto me comunicó el Sr. Jiménez, solo una vez se hace mención de esta altera- ción del útero. Los Sres. Jiménez D. Lauro, Reyes D. José María, Andrade y Boves no hablan de este vicio patológico en las suyas. El Sr. Cordero le señala cuatro veces. Los Sres. Espejo, Torres y Jiménez D. Miguel á quienes he consultado sobre este punto, son de opinión de que los abortos ocasio- nados por esta causa son raros. Encontrando las granulacio- nes señaladas de un modo tan frecuente como causa de abor- to en las observaciones del Sr. Galindo, he querido saber al menos si esta alteración del cuello de la matriz es muy fre- cuente en México; he preguntado su opinión sobre este punto al Sr. D. Manuel Carmona, que ha estado encargado durante algún tiempo de una enfermería de mujeres en el hospital de San Andrés; este señor cree que las granulaciones del cuello no son muj frecuentes. Mi compañero y buen amigo el Sr. Andrade, ha puesto ó mi disposición la estadística que formó en el tiempo que estuvo encargado del servicio de otra sala de mujeres en el hospital antes mencionado. Resulta de las observaciones de este señor que de cuatrocientas veintisiete mujeres que fueron reconocidas con el espejo, solo ocho pre- sentaron la metritis granulosa. Teniendo en cuenta las opi- niones y datos anteriores y uniendo á ellos mi esperiencia personal, deduzco que los abortos producidos por granulacio- nes del cuello no son muy frecuentes. b. Tumor grasoso.—El Sr. Reyes D. José M. nos ha co- municado una observación muy curiosa, que vamos á referir* 14 Observación.—Una señora inglesa, de constitución muy delicada y de veintiocho años de edad, habia abortado cuatro veces al quinto mes de su preñado, a pesar de todas las pre- cauciones empleadas para impedir este accidente. Yo fui llamado para prevenir el quinto aborto y pude conseguir que la preñez llegase al sétimo mes, en el cual se verificó el par- to prematuro. Procuré investigar la causa de estos abortos después de pasado el parto, y examinando la pared abdomi- nal encontré un tumor grasoso que se estendia hasta tres de- dos abajo del ombligo. Vi á la enferma en consulta con el Sr. Carroñe, y ambos creimos que la resistencia mecánica de este tumor pudiera ser la causa de los abortos en esta seño- ra, porque el útero no nos presentó ninguna alteración que pudiese esplicarlos. He asistido en Morelia á una señora, que tiene un tumor fibroso muy desarrollado adherido probablemente al lado derecho de la matriz. Esta señora ha tenido un aborto de cuatro meses, y sospecho fundadamente que ha sido ocasio- nado por esta causa. 2.° Causas predisponentes que provienen del huevo.—Las causas de aborto provenidas del huevo son relativas á las alte- raciones del feto, á las de la placenta ó á las de las membra- nas. Examinemos cada una de ellas en particular. A. Del feto.—Hemos visto al pasar en revista las enfer- medades que pueden atacar á la madre durante la preñez, que en muchas ocasiones el producto de la concepción su cumbe en el seno maternal á consecuencia de la misma enfermedad. Desde que la vida se estingue, las conexio- nes entre el organismo fetal y maternal quedan interrum- pidas, y el feto no es ya mas que un cuerpo estraño del que la naturaleza acabará por desembarazarse tarde ó tem- prano. En este caso el feto es evidentemente el principal agente del aborto, provocando por su presencia las contrac- ciones uterinas. En otros casos el feto produce el aborto in- dependientemente de la salud de la madre, por una especie de falta de desarrollo lenta y oscura, cuya causa no puede ni aun sospecharse, atendida la buena salud de la mujer. Muchas 15 veces sucede en efecto que el aborto sin causa apreciable, sin fuertes dolores y casi sin hemorragia sobreviene. Si en tales casos se examina el huevo fetal, se nota que el feto no tiene el volumen ni el desarrollo que debia tener, atendiendo al tiempo á que ha llegado la preñez; indudablemente la muer- te ha sido muy anterior y el huevo ha permanecido largo tiempo en el útero sin provocar las contracciones espulsivas. El Sr. Lucio ha visto muchos casos de esta especie, y el Sr. Jiménez D. Miguel cree que este fenómeno es muy frecuente en los abortos causados por la diátesis sifilítica; en las obser- vaciones octava y undécima de este Sr., el aborto fué de tres meses en la primera, de cuatro en la segunda, y sin embargo en ambos casos el feto era rudimentario; el padre en las dos observaciones estaba sifilítico. He aquí una observación del Sr. Jiménez D. Lauro, que confirma nuestro aserto. Observación.—L. y J de R., de treinta y siete años, de México, casada, de temperamento sanguíneo, de buena sa- lud, tenia siete hijos y sus partos hahian sido siempre felices. Sin causa apreciable y sin otro prodromo que cierto malestar general de poca importancia, abortó en la mañana del 7 de Marzo de 1865. Al salir de una pieza á otra de su casa, sintió un ligero dolor en el bajo vientre, dió un grito por el susto que le causó la sensación de un cuerpo que se le escapaba por la vagina y arrojó el producto de la concepción. Ella misma lo levantó y lo colocó en una vasija de agua. Una hora después lo estaba yo examinando Tenia el tamaño de un tejocote común, estaba formado del corion, del amnios y del embrión en estado rudimentario; apenas se distinguía como en la épo- ca que comienza á dibujarse en la mancha germinativa; las membranas formaban una especie de quiste lleno de serosidad. La menstruación se había detenido un mes y medio antes. El Sr. Jiménez se pregunta, si en este caso la falta del desarrollo del huevo produjo el aborto. Yo creo poder con- testar por la afirmativa, pues otros muchos casos semejantes al de mi buen amigo el Sr. Jiménez me han convencido de esta verdad. Para concluir diré, que es muy común que los monstruos 16 y los fetos mal conformados lleguen rara vez al término de la preñez. B. De la placenta.—Las alteraciones de la placenta son entre las lesiones del huevo las que mas comunmente ocasionan el aborto. Las funciones importantes de este órgano que es á la vez el medio de nutrición y de respiración del feto en la vida intrauterina, esplican suficientemente como su cambio anató- mico ocasiona la muerte y la espulsion del huevo. Entre estas alteraciones debemos notar de una manera especial la dege- neración grasosa de las vellosidades del corion; esta alteración es muy visible en una de las piezas patológicas que posee el Sr. Rodríguez y de la cual hace mención en su Tésis. En otras dos piezas del mismo Sr., las vellosidades están sanas, y presentan al microscopio la estructura anatómica que les es normal. El Sr. Rodriguez supone que en estos dos últimos casos las vellosidades no se adhirieron á la mocosa uterina, y que el embrión sucumbió por falta de nutrición. En la observación 5.a del Sr. Jiménez D. Lauro, la Sra. G. M' de R. abortó dos gemelos perfectamente desarrollados; en una de las placentas se encontraban las alteraciones carac- terísticas de la apoplegía placentaria. Entre las observaciones del Sr. Galindo hay una en que este Sr. dice, que la placen- ta estaba carnificada. Por los trabajos de Mr. Robin sabe- mos, que la carnificación de la placenta no es otra cosa que la degeneración grasosa de este órgano, consecuencia, mu- chas veces, de derrames apopléticos verificados en ella. Yo me inclino á creer que en el caso del Sr. Galindo, la muerte del feto fué el resultado de la enfermedad de la placenta mas bien que ocasionada por la metritis granulosa, como lo cree este Sr. La hidropesía de las vellosidades coriales se encuentra mencionada en una observación muy curiosa, publicada en la “Union Médica” en 1856, por el Sr. Alvarado. La enfer- ma, objeto de esta observación, era una mujer, natural de México, de treinta y cinco años de edad y de constitución algo delicada. Esta enferma presentaba en el vientre bajo un tumor de forma oblonga, como de seis pulgadas en su diá- 17 metro mayor, el que estaba dirigido oblicuamente de arriba á abajo, y de derecha á izquierda: la consistencia de este tu- mor era dura en algunos puntos y se notaba en otros una fluctuación oscura. El cuello del útero estaba entreabierto. Esta mujer habia tenido metrorragia, sensación de peso en la cintura y dolores en la región hipogástrica. El dia 5 (¡Mayo de 1852) dice el Sr. Alvarado, hubo dolores muy fuertes en el vientre bajo y la enferma espulsó sucesivamente tres masas grandes de hidátedis, conteniendo cada una de aquellas mu- chas de estas y de diverso tamaño, pues algunas habia mas grandes que una uva, y otras del tamaño y aspecto de esta fruta, llenas de un líquido claro y trasparente como el agua, ó amarillento y espeso como una solución espesa de goma: al través de las paredes de las hidátides se vcia un punto blan- co mas ó menos pequeño. (Union Módica de México, Enero 27 de 1857, núm. 11, pág. 130.) Las masas grandes de hidátides que espulsó esta mujer no eran sino trasformaciones hidatiformes de las vellosidades có- rlales. La equivocación del Sr. Alvarado es muy perdonable, pues en la época en que escribió su interesante observación, no eran todavía conocidos los trabajos de Mr. Robin, que han dado a estos productos su verdadera significación histológica. Todavía en 1859 se veia en el Museo Dupuytren algunos frascos que contenían estas masas hidatiformes, y que los ca- tálogos de aquel Museo señalaban bajo el nombre de hiddti- dis del útero. En mi segundo viaje á Paris he visto que el nombre antiguo ha desaparecido sustituyéndolo con el de hi- dropesía de las vellosidades coriales. La inserción viciosa de la placenta ha sido observada como causa de aborto, y se encuentra largamente descrita en una observación del Sr. Boves, que se encuentra en el 2.° tomo de la Gaceta Médica, pág. 91. Conozco la pieza á que se refiere el Sr. Boves en su observación; presenta él estraño fenómeno de la perforación central de la placenta, perfora- ción que dió salida al feto y á las membranas. Este hecho, tratándose de abortos, es muy interesante, pues la perfora- ción central de la placenta no ha sido mencionada hasta aho- 18 ra, sino en los casos de partos prematuros ó á término na- tural. G. De las membranas.—Las afecciones propias de las membranas son sumamente raras y mal conocidas todavía. 3.° Causas 'predisponentes que provienen del padre.—He- mos dicho ya al tratar de la sífilis, que en ciertas ocasiones el padre puede engendrar un hijo condenado á muerte prematura en el vientre de la madre. Los autores dicen ademas que los padres muy jóvenes ó muy viejos engendran hijos raquíticos, que mueren antes de adquirir el,grado de organización nece- saria para la vida extra-uterina. No nos detendremos en exa- minar esta causa que nos conduciria á consideraciones agenas de este escrito; pero hay casos en que la influencia perniciosa del hombre es de tal manera manifiesta, que es de admirarse cómo los autores no fijan mas su atención sobre este punto. El uso del matrimonio durante el estado de preñez ha sido comprendido de diferentes maneras, en cuanto á’su influen- cia sobre el curso de la gestación. Para muchos autores las escitaciones de los órganos de la generación son inofensivas para el producto de la concepción. Dionis, combatiendo la opinión de Mauriceau, dice: “Pour moi, qui ai une femme qui a été grosse vingt fois, et qui m’a donné vingt enfants, dont elle est accouchée á terme et heureusement, je suis per- suadé que les caresses du mari ne gátent rien.” Otros auto- res exageran al contrario el peligro que corre el embarazo por el coito durante la preñez. Es posible que en una mujer sana la opinión de Dionis sea verdadera; pero cuando existe una causa de aborto, cuando la mujer ha sido víctima una ó mas veces de una espulsion pre- matura del huevo, el útero necesita una tranquilidad absolu- ta para llevar hasta el fin su depósito. En tales casos puede oponerse á la opinión de Dionis la de Tilloy, espresada en este verso. “Et ce qu’Amour a fait Amour peut le détruire.” En las observaciones que nos han servido para la redacción de este trabajo, la influencia de un coito imprudente es ma- nifiesta en muchas ocasiones. “Es de advertir, dice el Sr. Jiménez D. Lauro en la observación núm. 1, citada ya, que 19 esta Sra. no soporta un coito frecuente sin verse amenazada de aborto. ¡ Cuántos abortos atribuidos ácausas llamadas esencia- les no reconocen otro origen, sino la imprudencia del marido! Cuando el aborto ha sobrevenido una vez, el útero, dicen los autores, queda predispuesto á la repetición de este acci- dente en los embarazos sucesivos. En un hecho que me ha sido referido por mi amigo el Sr. Marroquí, la Sra. B. tuvo trece abortos sucesivos y jamas consiguió llegar al ñn de la preñez. En otro caso que me ha sido referido por el mis- mo Sr., la Sra. T. tuvo cinco abortos consecutivos, y curada después por el Sr. D. Francisco Montesdeoca, esta Sra., so- metida á un reposo absoluto, fué madre de una numerosa fa- milia. Es probable que el Sr. Montesdeoca, que tan buenas memorias ha dejado en los anales de la tocología de nuestro país, baya agregado al reposo absoluto algunos buenos con- sejos al marido de la Sra. T. 2? CAUSAS ACCIDENTALES. Cuando existe en los órganos de la mujer ó en el huevo una causa predisponente de aborlo, es natural que las perso- nas estrañas á nuestro arte atribuyan su producción á las cau- sas mas triviales. Así se esplican todos esos abortos ocasiona- dos por el uso de tal ó cual alimento, por un bostezo, por el olor de alguna sustancia, etc. etc. No puede darse otra es- plicacion de la creencia tan general en nuestro pueblo de que un antojo puede causar el aborto. En mi estadística esta cau- sa está señalada veintitrés veces; pero fuera de estos casos, que no son mas que verdaderas coincidencias, hay causas que originan el aborto independientemente de la predisposición de la mujer. Estas causas pueden ser físicas ó morales. 4.° Causas físicas.-—Estas causas obran de una manera mecánica, unas veces sobre el feto ocasionando su muerte, otras sobre la placenta causando su ruptura ó su desprendi- miento de la mucosa uterina, otras determinando un aflujo mayor de sangre á los senos venosos, dando lugar así á una apoplegía placentaria siempre mortal para la criatura. En es- 20 tas causas deben contarse todos los agentes tromáticos, como los golpes, las caídas, los sacudimientos violentos, los esfuer- zos inconsiderados, etc. etc. En una observación del Sr. So- riano, la mujer recibió una contusión muy fuerte en el vien- tre con una piedra, el aborto estuvo á punto de consumarse, pero las contracciones uterinas se calmaron bajo la influencia del opio. En otra observación del Sr. Boves, la Sra. N., de una muy buena salud, y que no habia abortado nunca, que- riendo demostrar su fuerza, intentó levantar con una sola mano un peso de 40 libras; el aborto sobrevino á conse- cuencia de este esfuerzo. Asisto en este momento á una jóven que abortó por un golpe recibido al bajar una escalera. Los ejemplos de estas causas son muy numerosos y figuran muy frecuentemente en nuestra estadística, sobre todo en la clase pobre. En este mismo orden de causas deben colocarse todas las tentativas hechas con objeto de provocar el aborto, como la introducción por el cuello del útero de un cuerpo que pueda desgarrar las membranas; la dilatación de la cavidad del mismo cuello por la esponja preparada, y las inyecciones forzadas he- chas en el interior de la matriz. El uso de pesarios durante el embarazo, lo mismo que las cauterizaciones del cuello pro- ducen algunas veces el aborto y deben ser señaladas en este lugar. 2.a Causas morales.—-Una emoción moral, violenta é inesperada, causa muchas veces las contracciones espulsivas de la matriz. Todos los afectos del alma como la alegría, el miedo, la cólera, la sorpresa, y la tristeza profunda son cau- sas que se encuentran mencionadas muy frecuentemente en los archivos de la ciencia; en nuestra estadística, estas cau- sas figuran también frecuentemente, A estas causas pudie- ra atribuirse el número considerable de abortos que se ve- rificaron en la triste época del último sitio que sufrió la Capital, según aparece en nuestra estadística; pero es mas que probable que ó las emociones morales se agregó entonces el hambre y la miseria que sufría entonces nuestro infeliz pueblo. 21 3?. CAUSAS ESPECIALES. Estas causas han sido indicadas ya, pues son aquellas des- tinadas á provocar el aborto. 4? CAUSAS EFICIENTES. Las causas eficientes son las que determinan inmediata- mente la espulsion del huevo: es decir, la contracción de las fibras uterinas ayudada de la de los músculos abdominales y del diafragma; su estudio pertenece á los fenómenos fisioló- gicos del parto, y por lo mismo no nos ocuparemos de él. SINTOMAS. La sintamatología del aborto se confunde casi siempre con la de la causa que lo produce; los fenómenos que pertenecen a las dos entidades morbosas, están confundidos algunas ve- ces de una manera tan íntima, que es casi imposible saber en el mayor número de veces cuál es la parte de síntomas que loca á la causa del aborto, y cuál la que toca al aborto mis- mo. Esta confusión de síntomas existe en la mayor parte de los autores, y de ella resulta una confusión deplorable en las ideas. Para demostrar esta verdad pondremos un ejemplo: supón- gase el aborto ocasionado por una dirección viciosa del útero: pues bien, en todos los autores se verá, que los síntomas pre- cursores del uborto son: un malestar general acompañado de sensación de peso en el vientre bajo: que la mujer tiene una constipación muy rebelde; que hay incontinencia ó retención de orina; que bay fenómenos simpáticos como vómitos ó ma- las digestiones, palpitaciones, vahidos, etc. ¿Quién no vé que tales síntomas no son mas que los de la causa del aborto y no los del aborto mismo? Al aborto no corresponden propia- mente hablando, mas que dos síntomas: la contracción uteri- na y la hemorragia. La contracción uterina con sus carao- 22 teres propios, es decir, involuntaria, dolorosa, é intermitente; la hemorragia con todas sus consecuencias desde la simple alteración del pulso hasta el síncope y la muerte. No estudiaremos, pues, el aborto sino de una manera es- clusiva, es decir, haciendo abstracción de las causas que pue- dan producirlo sea cual fuere su naturaleza; este método nos parece mas práctico y filosófico. Confundiremos en el mis- mo estudio los síntomas y el diagnóstico; creemos que bajo el.punto de vista práctico este método es muy útil, pues se conoce el síntoma al mismo tiempo que su significación. El aborto puede presentarse bajo dos aspectos distintos en cuanto á su diagnóstico. Puede suceder que al examinar á la enferma, el médico adquiera la convicción del estado de embarazo de la mujer; pero es posible también que no haya ningún signo cierto que revele este estado. En el primer caso el diagnóstico es fácil y puede establecerse de una ma- nera clara y evidente. En el segundo al contrario, el diag- nóstico es muy oscuro y muchas veces imposible. Los abor- tos de los tres primeros meses están comprendidos en esta última categoría, mientras que los del cuarto, quinto y sesfo mes son tanto mas claros en su diagnóstico, cuanto que se les considera en una época mas avanzada de la preñez. Estu- diaremos unos y otros separadamente. 1 -° ABORTO OVULO EMBRIONARIO. El diagnóstico del aborto óvulo embrionario es siempre os- curo, puesto que se parte de un principio desconocido que es la existencia ó no existencia del embarazo; pero esta oscuri- dad puede ser mayor ó menor según los casos, y vamos á procurar precisar estos en cuanto sea posible. l.° Supongamos una joven recien casada que después de su matrimonio ha tenido una vez su menstruación, y que mes y medio después de haber desaparecido el flujo catamenial tiene una pequeña hemorragia. ¿Cómo podrá interpretarse esta aparición de sangre? ¿Será sintomática de un aborto ó no será mas que la aparición de una menstruación retardada? 23 La dificultad como se vé es grande; pues las dos cosas pue- den suceder. Las reglas en efecto pueden retardarse bajo la influencia de las primeras escitaciones genitales. Pajot y Dubois, han visto muchas veces este retardo ocasionado por la misma causa. En una observación del Sr. Boves, el re- tardo de la regla tuvo el mismo origen, y una vez establecidas continuaron su aparición periódica normal. La dificultad es mucho mayor cuando se trata de una mujer que ha tenido siempre una menstruación irregular y dolorosa, y la disme- norrea es una enfermedad muy común sobre todo en México. He aquí una observación del Sr. Barreda, que pinta perfecta- mente lo que sucede en estos casos. Observación.—La Sra. N. tenia tres meses de casada, y habia visto aparecer sus reglas una sola vez quince dias después de su matrimonio. Esta señora eminentemente clorótica, ha tenido una menstruación muy irregular y dolo- rosa. Seis semanas, después de la última aparición del flujo menstrual, esta señora comenzó á tener una pequeña pérdida de sangre acompañada de algunos dolores El Sr. Barreda examina á esta joven, y comprendió toda la dificultad que existia para establecer el diagnóstico. El caso en efecto era bien difícil, y la Sra. M. podia muy bien estar amagada de aborto. ¿Qué debe hacer el médico en un caso semejante? Oiga- mos al Sr. Barreda. “En la duda, dice este señor, de si se trataba de un aborto ó simplemente de la aparición del flujo menstrual en retardo, prescribí á la enferma el reposo y mandé que se le administrasen algunas lavativas laudanizadas.” La conducta del Sr. Barreda no puede haber sido mas pru- dente. La dificultad de establecer el diagnóstico en este ca- so, es en efecto insuperable. Verdad es que Madame Laclia- pelle ha dado como un medio para distinguir los síntomas del aborto de los de la dismenorrea, el hecho que según ella exis- te de que los dolores disminuyen en la segunda de estas dos afecciones, desde el momento en que aparece la sangre, mien- tras que en el aborto la intensidad del dolor va en aumento 24 progresivo á pesar del flujo sanguíneo; pero esta observación de la célebre partera no se confirma en la práctica. Quien haya visto como nosotros los dolores que acompañan á la menstruación difícil y la persistencia de estos dolores, no obs- tante la aparición de la sangre, se convencerá de esta verdad. Si por otra parte se tiene presente que en el aborto los dolo- res se repiten algunas veces á intervalos demasiado largos, se comprenderá á que Funestos errores puede conducir la ilusión de Madame Lachapelle. La manera de obrar del Sr. Barre- da, es la única racional en mi concepto. En efecto, si el dolor y la pérdida de sangre son los anuncios de una espulsion pre- matura del huevo, el reposo seria de rigor y las aplicaciones opiadas calmarían las contracciones uterinas; si por el contra- rio estos síntomas no anunciasen sino el principio del flujo menstrual, el tratamiento prescrito no se opone en nada al curso natural de la Función fisiológica del ovario. Los abor- tos de las primeras semanas, se verifican en general sin mu- chos dolores y sin pérdidas muy abundantes de sangre. Desde la sesta semana en adelante, se cuenta con un ele- mento mas de diagnóstico; este elemento es el tiempo. Es infinitamente probable en efecto que una joven recien casada que lia visto desaparecer sus reglas durante dos ó tres meses, y que ha tenido al mismo tiempo todos los síntomas de pro- babilidad del embarazo se encuentre embarazada. A esta pro- babilidad debemos agregar que las modificaciones del cuello, son mas pronunciadas y fáciles de apreciar al tercer mes que en el primero. Los abortos óvulo embrionarios se terminan generalmente por la espulsion simultánea de todos los elementos del huevo. 2? ABORTO FETAL. Guando los latidos del corazón del feto lo mismo que sus movimientos activos y pasivos han podido ser apreciados por el médico, el diagnóstico del aborto es generalmente fácil de establecer; sin embargo, algunas veces estos signos de certi- dumbre son muy obscuros como sucede en algunas mujeres ovesas, cuyas paredes abdominales están cargadas de tejidos celuloadiposos; pero en estos casos, el mayor número de sig- nos de probabilidad dan al diagnóstico fundamento casi cierto. Para describir los síntomas y el diagnóstico de esta clase de abortos, nos fijaremos en un caso tipo. Supongamos, por ejemplo, el aborto provocado por una causa física en una mu- jer enteramente sana en el quinto mes de su preñez. Una mujer en estas circunstancias ha recibido un golpe: inmediatamente después déla contusión ó algo mas tardecien- te un dolor agudo en el vientre bajo que se estiende por la región inguinal hasta la parte posterior de la pelvis Al mismo tiempo la enferma siente un líquido caliente que baña las par- tes genitales y la parte interna de los muslos; se examina á la mujer y se encuentra que el líquido es serosanguineo y al- gunas veces sangre pura. El dolor que sintió al principio, aumenta de intensidad progresivamente, disminuye después poco á poco y se calma por algunos instantes para volver á aparecer de una manera intermitente. La hemorragia sigue en su aparición el mismo orden que los dolores ó contraccio- nes uterinas; á cada contracción una cantidad de sangre mas ó menos grande se escapa de la vulva, disminuye gradualmen- te para quedar reducida á una pérdida casi inapreciable en el intervalo de dos contracciones. Colocando entonces la mano en la región hipogástrica, se siente que el globo uterino se contrae, disminuye de volumen y se endurece á cada contrac- ción. Si se examina entonces el cuello, se encuentra su ori- ficio mas ó menos dilatado; pero los bordes están generalmen- te duros y poco dilatables. En algunos casos las membranas se encuentran rotas y al mismo tiempo que la sangre sale, sa- le con ella el líquido amniótico; en estos casos puede muchas veces apreciarse la parte fetal que se presenta. Si el aborto ha de verificarse, los dolores y la hemorragia aumentan de intensidad; los intérvalos que separaban al prin- cipio las contracciones, disminuyen cada vez mas, y el dolor es casi constante, la pérdida de sangre aumenta progresivamen- te hasta que un dolor mas agudo arroja al feto fuera de los órganos genitales. Si al contrario, la naturaleza ó el arte dis- 25 26 minuyen las contracciones uterinas, los dolores y la hemoria- gia disminuyen gradualmente y acaban por desaparecer del todo. Al mismo tiempo que aparecen los síntomas que acabamos de describir y que son los que pertenecen realmente al abor- to, se ven otros síntomas, consecuencia de la hemorragia. El pulso dismiuuye en proporción de la cantidad de sangre que se pierde, el rostro de la enferma palidece, el cuerpo se cu- bre de sudor que contrasta singularmente con la temperatura helada de la piel; la mujer tiene vómitos, ruido en los oidos y la vista comienza á ofuscársele. Si la hemorragia continúa su curso, los síncopes y la muerte vienen á terminar la es- cena. He aquí generalmente el encadenamiento de los síntomas del aborto ocasionado por una causa física. En los casos en que el aborto es provocado por una causa lenta, como una en- fermedad aguda ó crónica, sus síntomas se confunden como hemos dicho antes con los de esta enfermedad; sin embargo, cuando el aborto es el resultado de una causa lenta, el orden de los síntomas da á estos abortos una fisonomía particular. En estos casos la enferma revela casi siempre en su sem- blante el trabajo patológico de que es víctima; la clorosis ó la anemia son en ella muy pronunciadas. Su cara es pálida, algunas veces de color teroso. El menor ejercicio la molesta y fatiga; tiene palpitaciones desordenadas y ruidos de soplo mas ó menos intensos en las carótidas. Generalmente su digestión es lenta, acompañada de pirosis, de regurgitacio- nes y algunas veces de vómitos. Siente un dolor sordo en la *region hipogástrica. Mas tarde, sin causa apreciable ó por el motivo mas insignificante, una hemorragia aparece poco in- tensa y generalmente fácil de dominar; el cuello está enton- ces blando, ligeramente dilatado y casi siempre muy dilatable. La hemorragia desaparece y la preñez continúa su penosa marcha; pero las pérdidas se repiten de una manera desespe- rante, minando cada vez mas la organización de la enferma hasta que al fin algunos dolores revelan un trabajo un poco mas activo, la contracción es mas enérgica y la espulsion del huevo se hace casi sin hemorragia. 27 En el mayor número de veces en esta clase de abortos, el feto ha muerto con mucha anticipación y se encuentra mas ó menos alterado. Tal es en general y con muy pocas escep- ciones la marcha de los síntomas en los abortos de causa lenta. Pero una vez establecido el diagnóstico del aborto, es ne- nesario saber apreciar si es posible detener los progresos del mal ó si el aborto es irremediable. De la resolución de este problema depende las mas veces, tanto la conducta ulterior que deba tener el médico, como la existencia de la mujer. Hay mas todavía: suponiendo el aborto consumado, es indispensa- ble saber si éste ha sido completo ó incompleto. Como se vé, todos estos puntos son del mayor interés práctico y merecen un estudio especial. 1. EL ADORTO ES EVITABLE.—Si las membranas están enteras, y el cuello del útero no ha desaparecido ente- ramente; si las contracciones, aunque enérgicas, no hacen aso- mar mas que una parte pequeña del huevo fetal; si los dolores no se repiten sino á intervalos lejanos como á cada diez mi- nutos por ejemplo, y si finalmente, la hemorragia no es tan intensa que ponga en peligro la vida de la madre, hay en mi concepto una esperanza fundada de que el aborto se conten- ga. Esta esperenza será todavía mayor si la causa que pro- vocó el aborto ha cesado, y si la mujer no tiene un vicio or- gánico ó patológico que la predisponga al mal parto. 2. EL ABORTO ES INEVITABLE.—Cuando el cuello del útero se confunde con el segmento inferior de este órgano, de manera que es imposible reconocerlo por el tacto; cuando el orificio uterino está muy blando y dilatado de manera que el huevo á cada contracción asoma casi la mitad de su super- ficie, sobre todo, si esta contracción es acompañada de una hemorragia muy grave; cuando finalmente las membranas se rompen y el líquido amniótico ha sido espulsado de la cavidad uterina, el aborto es generalmente inevitable, y debe hacerse lo posible por terminarlo cuanto antes para sustraer á la mu- jer de los peligros y consecuencias de un trabajo prolongado. Dijimos antes que el aborto es generalmente inevitable por- 28 que en efecto, algunas veces la naturaleza parece burlarse de nuestros mejores cálculos y previsiones. El Sr. Espejo, cuyo saber y larga práctica en todos los pun- tos relativos á la obstetricia, nos son tan conocidos, me ha re- ferido el hecho siguiente: “Una Señora en el sesto mes de su embarazo tuvo una hemorragia muy fuerte acompañada de dolores muy intensos. En el momento de examinar á esta señora el Sr. Espejo vió salir una cantidad de líquido que hizo creer á este señor que las membranas estaban rotas. Sin em- bargo, la hemorragia cesó; todos los síntomas del aborto desapa- recieron y esta enferma pudo llegar hasta el fin de su preñez.” Pudiera hasta cierto punto esplicarse el hecho del Sr. Es- pejo por la coexistencia de una hydrorrea; pero se sabe que en la enfermedad que lleva este nombre, la salida de las aguas se repite con frecuencia, mientras que en el caso del Sr. Es- pejo el líquido no volvió á aparecer, ¿será que en este caso las membranas se rompieron en un punto muy elevado?. . . . Entre las observaciones del Sr. Jiménez D. Miguel, la mar- cada con el núm. 7, se refiere á una Señora que tuvo en su tercer embarazo al quinto mes una hemorragia muy copiosa acompañada de todos los síntomas de un aborto inevitable. En la persuasión, el Sr. Jiménez de que era imposible conte- ner el aborto y atendiendo solo á la salud de la madre, admi- nistró sucesivamente dos papeles conteniendo cada uno quin- ce granos de polvo de cuernecillo de centeno; pero esta me- dicina lejos de determinar el aborto, contuvo la hemorragia y con ella todos los síntomas de aborto; esta Señora llegó al tér- mino natural de su preñez sin accidente ninguno y el parto se verificó el 30 de Setiembre de 1857. 3.° EL ABORTO SE HA VERIFICADO: PERO SE IG- NORA SI LAS SECUNDINAS HAN SIDO ARROJADAS.— Cuando el cordon ó la placenta se encuentran en el orificio del cuello; nada mas fácil que resolver esta cuestión; pero si el cordon ha sido reventado y la placenta ha quedado adheri- da al fondo de la matriz, el diagnóstico es casi imposible y solo la marcha ulterior de la convalescencia puede revelar que es lo que ha pasado realmente. 29 PRONOSTICO. Si para resolver el grado de peligro que corre la enferma en la expulsión extemporánea del producto de la concepción no tuviésemos en cuenta sino el resultado de las observacio- nes que tan generosamente nos han sido confiadas por nues- tros compañeros, nuestra opinión sería muy favorable en cuan- to al pronóstico de los abortos, pero se comprende fácilmente que de un número tan pequeño de casos no es posible sacar consecuencias rigurosas. El Sr. D. José María Reyes, cuyos trabajos estadísticos son tan conocidos y justamente apreciados por todos los médicos de México, deduce de sus registros que mueren 11 mujeres de aborto en el año. Este número me parece muy insigni- ficante para la población de México, y creo que esto depende de las dificultades de todo género que encuentra nuestro com- pañero el Sr. Reyes para obtener datos exactos en sus labo- riosos cuanto inteligentes trabajos estadísticos. El aborto considerado de una manera general, y haciendo abstracción de las causas que lo producen, no es un acciden- te grave. Permítasenos exponer los fundamentos en que nos apoyamos para asentar esta proposición. Es evidente que los abortos de los tres primeros meses, y sobre todo, los de las seis primeras semanas son los mas fre- cuentes; pues bien, estos abortos son de tal modo inofensivos, que las mujeres en general los confunden con la aparición del flujo menstrual que se habia retardado. El aborto en el quin- to y sesto mes es como lo dice Mr. Pajot un parto en peque- ño que no tiene ni mas ni menos riesgos que el parto á tér- mino: Se vé, pues, que en el mayor número de casos el aborto en sí mismo es un accidente de poca gravedad. En cuanto á los abortos que ocurren entre el tercero y quin- to mes el peligro es mucho mayor para la madre, por las con- secuencias de la retención de las secundinas, complicación que es frecuente en el aborto de esta época de la preñez. En efecto, la proporción entre el volumen del feto y el de la pla- centa en este tiempo es muy desigual; el primero es muy pe- 30 queño con relación á la segunda. Resulta de esta disposi- ción anatómica que mientras en los otros abortos la placenta es espulsada casi al mismo tiempo que el feto ó después de él, esta espulsion encuentra serias dificultades en los abortos que estamos considerando, pues puede suceder muy bien que el orificio por donde ha podido pasar el feto sea insuficiente pa- ra dar salida á la placenta. Las causas que han determinado el aborto tienen necesa- riamente una influencia muy grande sobre la terminación de este accidente. Los abortos ocasionados por una causa cuya acción es lenta, sea que esta causa obre sobre el huevo ó so- bre la organización de la madre, se terminan en lo general de una manera mas feliz que cuando la causa obra de un modo violento. En los primeros en efecto las hemorragias, aunque frecuentes, son poco abundantes y la naturaleza vá reparando las pérdidas de sangre á medida que se repiten, en los segun- dos, al contrario, la mujer pierde en muy poco tiempo una gran cantidad de sangre, y el estímulo cerebral necesario pa- ra la vida puede faltar repentinamente ocasionando la muerte. No tocaremos sino muy ligeramente la cuestión tan deba- tida de si el aborto es mas ó menos grave comparado con el parto. Los argumentos en que se apovan los partidarios de una y de otra opinión son igualmente buenos y dignos de aten- ción; pero hasta hoy no hay hechos positivos ó estadísticos que resuelvan la cuestión en pro ó en contra de una manera defi- nitiva. Mr. Pajot, Dubois, Depaul y otros muchos parteros franceses creen, que el aborto es en general un accidente me- nos peligroso que el parto. En el paralelo que estos autores establecen entre el peligro del uno y del otro figuran mayo- res probabilidades de muerte del lado del parto que del abor- to. Nosotros creemos que en México la cuestión cambia en- enteramente de aspecto, y fundamos nuestra opinión en las razones que vamos á manifestar. 1. La fiebre puerperal que bajo la forma epidémica causa en Europa tantos millares de víctimas es casi descono- cida en México. 2. Los vicios de conformación de la pélvis que tan fa- 31 tales consecuencias tiene para la terminación del parte son muy frecuentes en Europa y muy raros en nuestro país. Creemos, por lo mismo, que el paralelo entre el aborto y el parto es diverso en nuestro país de lo que es en Europa; pero no teniendo hasta ahora los datos numéricos necesarios para la resolución de esta cuestión nos contentamos con ma- nifestar nuestras dudas. TRATAMIENTO. Al estudiar la sintomatología del aborto, liemos hecho lo posible por eliminar de su estudio todos los elementos que le son estrados y reducir á su significación precisa los síntomas propios de este accidente. Nuestro camino por consecuencia el estudiar el tratamien- to de esta enfermedad, está trazado de antemano, puesto que señalado el mal, podemos unir á su indicación, la indicación del remedio. Pero la misión del médico no es siempre atacar al enemi- go en el campo de batalla, muchas veces es necesario preve- nir el mal en lugar de combatirlo. De aquí resultan dos gé- neros de tratamiento diversos, uno destinado á remediar el accidente cuando se presenta y el otro enteramente preventi- vo. Vamos á ocuparnos de cada uno de ellos en particular. l.° TRATAMIENTO PROFILACTICO. Hay mujeres en las cuales el peligro de aborto comienza desde el momento en que el huevo ha sido fecundado por el líquido seminal; estas mujeres son aquellas que se encuentran bajo la influencia de las causas generales que hemos estudia- do ya. Si la atonía general de la organización, si la clorosis, la histeria ú otra causa general debilitante hiciese sospechar una espulsion extemporánea del producto de la concepción, la primera y principal indicación seria combatir por todos los medios apropiados ese estado general que es una amenaza constante para la vida de la criatura. El fierro, los amargos, 32 el aceite de bacalao y en general todos los tónicos; pero so- bre todo una higiene adecuada al estado de preñez, volverían á la enferma las fuerzas de que tanto necesita para llegar has- ta el fin de su preñado. El reposo absoluto tiene en algunos casos una utilidad ma- nifiesta; pero hay un error muy común en el modo con que se interpreta este consejo de los autores. Se vé con frecuen- cia, en efecto, que cuando una joven ha abortado por la pri- mera vez, es condenada sin piedad á prisión absoluta, ya por la familia ya por el médico que la asiste. Tal conducta es irracional; el precepto es relativo y no absoluto; que se con- dene al reposo á una mujer de constitución pletórica, de sa- lud robusta en la cual el flujo menstrual ha sido siempre muy abundante, y que ha abortado ya una ó mas veces sin que pueda encontrarse otra causa mas que su temperamento ple- tórico, el consejo nos parece justo; pero que se someta á la inacción á una mujer histérica ó clorótica, que revela en todo su ser la miseria fisiológica de su organización, esto nos pa- rece el colmo de la imprudencia, y sin embargo sucede muy á menudo. No es estraño pues que el aborto se repita en estas circunstancias á pesar del reposo, ó mas bien por el reposo mismo; el embarazo debe considerarse entonces como no ve- nido y el tratamiento de la clorosis ó de la histeria debe ser el mismo que antes de la preñez. El mismo consejo es aplicable en los casos de diátesis si- filítica, escrofulosa, reumatismal, etc.; es necesario atacar el mal sin ocuparse del estado de preñez; el mercurio mismo á pesar de sus propiedades alterantes debe ser administrado sin temor ninguno de provocar el aborto, el aborto en estas cir- cunstancias es consecuencia de la sífilis, y el mercurio lejos de obrar como un abortivo previene entonces el aborto com- batiendo la causa que lo produce. Lo mismo debe obrar el médico en el curso de todas las enfermedades agudas como las inflamaciones, las fiebres, etc., etc., porque atacar la cau- sa es prevenir el efecto. En las mujeres que han abortado muchas veces, debe el médico investigar con el mayor cuidado cuál es la causa de 33 la repetición de este accidente para combatirla. Todos los autores dicen que el hecho de haber abortado una mujer cons- tituye una predisposición para que el aborto se repita; esplican este fenómeno diciendo que el útero contrae una costumbre morbosa de espulsar el huevo antes de tiempo. Con esta fra- se magistral y digna de los médicos de Moliere, se asegura un hecho sin esplicar su causa. Creemos que las mas veces esos úteros mal acostumbrados no son mas que úteros enfermos; esto nos parece mas conforme á los principios de nuestras tradiciones clínicas. 2? TRATAMIENTO CURATIVO. INDICACIONES GENERALES. Hemos dejado establecido que los síntomas propios del aborto son: la contracción uterina y la hemorragia, y que es necesario investigar la causa que lo produce para atacarla; en consecuencia las indicaciones que se tienen que llenar pue- den reducirse á las siguientes: 1. a Combatir la causa del aborto. 2. a Contener la hemorragia. 3. a Calmar la contracción. 1.a Combatir la causa.—Esta indicación racional y urgen- te no puede siempre llenarse, pues á la dificultad clínica de conocerla se añade otras veces la circunstancia de que su ac- ción es pasajera y fugaz, como la de los golpes, las caidas, y otros sacudimientos fuertes que puede sufrir la matriz, así como las impresiones morales en cuyos casos es evidente que solo podrán atenuarse los efectos que estos accidentes han producido sobre la madre ó sobre el huevo, pero no puede ha- cerse que el hecho haya dejado de existir; pues otras veces las causas son manifiestas y pueden estar al alcance del médico. Tal es, por ejemplo, el uso de un pesario para remediar á una inclinación viciosa de la matriz; tal es también la aplicación de un tapón de hilas impregnado de líquidos mas ó menos cáusticos, aplicado con objeto de curar las granulaciones del cuello del útero; en estos casos es evidente que debe cornen- 34 zarse por sustraer á la matriz del agente, que lia producido sus contracciones antes de dirigirse á los otros síntomas. 2.a Contener la hemorragia.—-No es posible en un es- crito de la naturaleza del presente, hacer un estudio particu- lar de todos los medios hemostáticos usados en medicina, nos contentaremos solo con señalar los mas usuales y los que en nuestro concepto bastan en el mayor número de casos. Estos medios pueden ser generales ó locales: A. Medios generales.—Posición que debe guardar la en- ferma.—La mujer deberá estar acostada sobre el dorso, pues- ta la cabeza en una almohada baja, y en caso de sincope li- geramente colgando fuera del bordo de la cama. La pelvis debe estar un poco elevada sobre el nivel del colchón, es con- veniente que este sea duro y fresco. Pajot dá una importan- cia muy grande á todos estos detalles, y asegura que muchas veces la hemorragia desaparece solo con esta posición. Frió.—El aire de la pieza debe ser fresco, cosa muy fácil de conseguir en la dulzura de nuestro clima; basta para esto establecer una buena ventilación. Localmente el frió se aplica por medio de lienzos mojados en agua fria que se estienden alrededor de la cintura. Para mantener el mismo grado de temperatura, conviene renovar estos lienzos cada cinco minutos. En las hemorragias muy graves puede usarse la nieve; pero generalmente el agua fria es suficiente. Al interior el frió puede administrarse en li- monadas ú otras bebidas heladas; al mismo tiempo se pueden dar á la enferma pedacitos de nieve que deshace en su boca, lográndose á la vez con ellos que calme un poco la sed que es tan común en las grandes pérdidas de sangre. Medicamentos hemostáticos.—Todos los medicamentos as- tringentes pueden usarse en las hemorragias que preceden al aborto; pero como la mayor parle de ellos debe su acción as- tringente á la cantidad mayor ó menor de tanino que contie- nen, nosotros preferimos administrar el ácido tánico puro ó mezclado á una pequeña cantidad de opio. El percloruro de fierro que obra directamente sobre la sangre, es generalmen- te empleado mas bien como tópico que al interior. 35 ¿El estrado de cornelina podrá usarse con ventaja en estos casos? Aunque lo hemos usado algunas veces, no tenemos toda- vía la suficiente esperiencia para formular nuestra opinión so- bre la utilidad de este hemostático. El Sr. Espejo á quien hemos consultado sobre este punto, ciee que la Tradescantia atropurpúrea es un buen hemostático en las hemorragias que tienen su origen en una enfermedad de la matriz; pero que en las sintomáticas del aborto su eficacia es problemática. El cuernecillo de centeno es sin duda el mejor hemostáti- co de que puede hacerse uso para combatir la hemorragia; por desgracia su virtud hemostática es debida á la propiedad que tiene de continuar las contracciones uterinas, razón por la cual su uso debe reservarse para aquellos casos en que se desea terminar el aborto, ó para las hemorragias que sobre- vienen después de él y de la espulsion de las secundinas. Sangrías.—La sangría es un medio aconsejado para com- batir ¡a hemorragia. En los casos en que la mujer es mani- fiestamente pletórica y hay síntomas que indiquen una con- gestión uterina, la sangría puede dar muy buenos resultados. Sin embargo, es necesario convenir en que la estraccion de sangre puede tener fatales consecuencias, sobre todo, en Mé- xico, adonde el temperamento sanguíneo y la constitución pletórica son escepcionales. ¡Cuántas ocasiones el aborto se presenta con un aspecto muy benigno, y repentinamente la hemorragia crece con una rapidez tal que puede hacernos arrepentir de la sangre que hemos estraido antes! Pajot y Dubois establecen como pre- cepto, que no debe sangrarse, sino en las hemorragias lige- ras. En nuestra práctica particular vamos mas allá de los preceptos de nuestros maestros, y jamas hacemos uso de la lanceta cuando hay hemorragia que ésta sea ó no ligera. MEDIOS LOCALES. B. Compresión de la aorta.— La compresion.de la aorta de- be intentarse como uno de los medios que se tienen siempre 36 á la mano, y solo para dar tiempo á la aplicación de otros mas eficaces. Este medio es fácil y practicable en las mu- jeres cuyas paredes abdominales son laxas; pero en el mayor número de casos la compresión de la aorta es muy difícil, sobre todo, en las mujeres un poco robustas, en las que la pared abdominal se deja difícilmente comprimir. Taponamiento.—Puede suceder que á pesar de la aplica- ción de todos los medios que hemos mencionado basta aquí, la hemorragia continúe siempre su curso; el tapón, obrando de una manera mecánica, detiene siempre la sangre, y es por lo mismo el hemostático por escelencia. Desgraciadamente la acción de este agente no se limita solo á oponer un obstá- culo á la salida de la sangre, sino que irrita por su presencia el cuello uterino determinando su contracción y la espulsion del huevo fetal. Su uso no es por lo mismo general y debe ser reservado para casos especiales. La descripción del modo con que debe estar hecho el ta- pón y el manual operatorio de su aplicación, pertenecen á la medicina operatoria de la Obstetricia en general y no puede tener lugar aquí. Nos contentaremos solo con señalar mas adelante los casos en los cuales está indicado su uso. 3.a Calmar la contracción.—Los medios de obrar direc- tamente sobre la contracción de la fibra uterina son el repo- so, la sangría, y sobre todo el opio. Desde que los primeros accidentes del aborto se hacen sen- tir, es necesario obligar á la mujer á que guarde el reposo mas absoluto; es muy útil comenzar por vaciar la vejiga y el recto, practicando el cateterismo y haciendo administrar á la enferma una lavativa abundante. Si la mujer fuese manifies- tamente pictórica, los autores aconsejan que se le saque al- guna sangre, pero ya dijimos cuáles son nuestras ideas sobre este punto. El mejor calmante de la contracción uterina es sin duda alguna el opio. Las lavativas pequeñas, conteniendo de quin- ce á veinte gotas de laúdano, repetidas cada media hora, cal- man de una manera admirable la escitacion uterina. Se pue- den administrar ála enferma sin peligro ninguno, hasta ochenta 37 á cien gotas de laúdano en las veinticuatro horas; la toleran- cia del opio en el estado de preñez, es un hecho tan conoci- do ya, que Mr. Hyernaux lo cita como uno de los signos mas fieles de la preñez, y quiere que se recurra á él en los casos de duda, sobre la existencia de la gestación. (Hyernaux, traite des accouchements pág. 62.) Nosotros acostumbramos ha- cer al mismo tiempo algunas fricciones opiadas sobre el vien- tre; creemos que la opinión de Beau de que los dolores ute- rinos tienen su asiento en los nervios abdominales, es verda- dera, y en este caso el opio obra de una manera local. Hemos pasado revista á todos los medios que puedan em- plearse para combatir los síntomas del aborto, considerados de una manera esclusiva. Vamos á ocuparnos ahora de la combinación de estos diferentes medios en los diferentes ca- sos que hemos señalado ya al hablar del diagnóstico. 1? ABORTO OVULO FETAL Primer caso.—El diagnóstico es imposible, se vacila entre la existencia de un aborto, ó la aparición de un flujo retarda- do, ¿qué debe hacerse entonces? Hemos indicado ya cuál es la conducta que debe seguirse en este caso, y cuáles son las razones que justifican la manera de obrar que hemos propuesto. Pero puede suceder muy bien que sin tener la persuasión del aborto, la hemorragia aumente de una manera alarmante para la vida de la madre. En tal caso si después de usar de todos los medios generales indicados ya, la hemorragia no se contiene, debe hacerse la aplicación del tapón. Es evidente que en estas circunstancias debe atenderse ante todo á la salud de la madre, puesto que la existencia del hijo es problemática. 2.° caso.—El aborto está diagnosticado, el cuello del úte- ro está entreabierto, la hemorragia es ligera, ¿qué debe ha- cerse? En este caso deben aplicarse todos los medios generales que hemos señalado para contener la hemorragia' y ademas deben administrarse á la enferma una ó dos lavativas lauda- 38 nizadas hasta qué los dolores desaparezcan. Pero puede su- ceder que la hemorragia se agrave y que el cuello mas dila- tado deje asomar una parte considerable del huevo á cada contracción uterina. En este caso la mayor parte de los au- tores creen, que ademas de los medios generales y locales, debe aplicarse el tapón. La aplicación del tapón en estas cir- cunstancias remedia por lo pronto el mal mas urgente, es de- cir, la hemorragia; pero determina el aborto irritando el cuello del útero y despertando sus contracciones espulsivas. Es por lo mismo necesario no usar de este medio, sino cuando el peligro de la mujer es evidente. El Sr. Hidalgo Carpió obra en estas circunstancias de otra manera. Desde que este Sr. se persuade que el aborto es ir- remediable, introduce el dedo índice de la mano derecha en el cuello del útero, y colocándolo entre la pared uterina y el huevo, recorre con él toda la superficie tangible de éste, rom- piendo sus adherencias con la pared de la matriz; después, sirviéndose del dedo medio y del índice como de unas pinzas, toma entre ambos el huevo que se encuentra ya libre de toda adherencia y lo estrae. Esta práctica, dice el Sr. Hidalgo, le ha dado siempre los mejores resultados. ABORTO FETAL. En las indicaciones que hemos señalado ya, hablando del aborto ovuloembrionario, están comprendidas en gran parte las del aborto fetal. En estos abortos lo mismo que en aque- llos, el accidente puede ó no ser remediable y las indicacio- nes son las mismas; es decir, combatir por los medios ade- cuados la marcha creciente de los síntomas, ó terminar vio- lentamente el trabajo abortivo, según que el aborto es o no remediable. Para no esponernos á repeticiones inútiles, señalaremos solo las indicaciones especiales á esta clase de abortos. En el quinto y en el sesto mes del embarazo, el desarrollo del útero permite algunas veces ¡a introducción de la mano en 'su cavidad, de donde resulta que en losjca*os‘6n los cuales se 39 necesite terminar el parto de una manera violenta, es prefe- rible estraer la criatura á hacer la aplicación de un tapón, Corno en estos casos los signos de certidumbre pueden ser apreciados con facilidad, las indicaciones que se tienen que llenar deben estar hasta cierto punto subordinadas no solo á la vida de la madre, sino también al estado de sufrimiento de la criatura. De aquí resulta el deber que tiene el médico de consultar los ruidos del corazón del feto para cerciorarse del estado de su circulación, y contar con este elemento mas en el doble problema que tiene que resolver. La retención de la placenta en esta clase de abortos es mucho mas frecuente que en los primeros, pero dos casos pueden presentarse en este accidente. Puede suceder que se tenga la convicción de que la placenta existe en la cavidad uterina, y puede suceder también que se ignore esta circuns- tancia, sea porque el cordon se ha reventado, ó bien porque la familia ha hecho desaparecer las secundinas con los coágu- los de sangre y no se presenta al médico sino el feto. En estos casos, como ya dijimos antes, únicamente la marcha de los sintonías durante la convalecencia puede indicar si la pla- centa existe todavía en la cavidad uterina, ó si ha sido espul- sada ya. Guando la retención de la placenta es conocida, el tratamiento debe ser distinto, según que la retención haya sido ocasionada por la inercia de la matriz, ó que sea debida á la contracción espasmódica de las paredes uterinas. En el caso de inercia de la matriz sin hemorragia ninguna es necesario esperar, como lo dice Pajot en sus lecciones orales: en el lenguaje preciso y familiar de que se sirve nues- tro maestro, “lo que se debe hacer es no hacer nada.” Es- perar en efecto sin temor; vigilar á la enferma y prepararse para remediar á los accidentes que puedan presentarse, es en estos casos la conducta que aconseja la prudencia. Si la re- tención se prolongase por mucho tiempo, pueden hacerse al- gunas escitaciones en el cuello uterino, algunas fricciones so- bre el vientre y darle á la enferma una’ó dos cucharadas de vino. Muchas veces hasta ese tratamiento prudente y sen- cillo para despertar las contracciones de la matriz, y ver apa- 40 recer la placenta entre los labios del cuello. El cuernecillo de centeno debe reservarse solo para los casos de hemorragia: su uso seria imprudente sin esta circunstancia, pues podría suceder muy bien que este agente produjese una contracción violenta del cuello, aumentando las dificultades de la estrac- cion placentaria, si esta operación fuese reclamada por la si- tuación de la mujer. Pero si la hemorragia apareciese en estos casos, el cuernecillo de centeno debe administrarse en el acto á la dosis de uno ó dos gramos divididos en tres pa- peles, de los cuales la enferma debe tomar uno cada diez mi- nutos. Si la hemorragia fuese de alguna gravedad es con- veniente aplicar el tapón, tal ha sido la conducta de mi com- pañero y amigo el Sr. Andrade en el caso siguiente: Observación.—Madame B. de treinta años de edad y de constitución sanguínea, ha tenido ocho hijos. Estaba embara- za-da por última vez en Noviembre del año pasado, pero ni la supresión del período menstrual, ni el crecimiento del vien- tre, ni ningún trastorno digestivo se lo habían hecho sospe- char. El dia 15 de Noviembre notó que perdía una poca de sangre, que atribuyó á irregularidad de su período. El dia 18 á las siete de la tarde fue sobrecogida repentinamente de un calosfrió intenso, seguido inmediatamente de un fuerte dolor uterino, que apenas le dió tiempo de subirse á su cama donde abortó un feto muerto de tres meses y medio. Re- conocida pocos instantes después encontré el cuello tan con- traido que apenas permitia la introducción de un dedo dentro de la cavidad uterina, donde se siente perfectamente la pla- centa. Hay una hemorragia muy considerable y temiendo no poder estraer las secundinas por la contracción del cuello uterino, me decidí á poner el tapón después de ensayar sin resultado unas ligeras tracciones en el cordon. Administré á la vez media dracma de cuernecillo de centeno, con el ob- jeto de provocar algunas contracciones en el útero que estaba inerte. Al dia siguiente contenida la hemorragia, quité el tapón, encontré todo en el mismo estado, introduje una pinza para cojer la placenta, que se desgarraba y porque la sangre volvía 41 en abundancia puse dé nüévo el tápen. No hábiá calentura, tó'/ftnjgtíít WÓ’íáblBí^0 oJinmuiJani nu ob noio { ¡bien todó'%P3?ál!l$fetíféhWá,. Á?kak dos de la mañana de hoy, volvió á salir alguna sangre qüé alarmó á su fátlfifia,Hr)'íb,é á'lés seis'pbMíllefcó'rióbér- 1 cÓlléB&'üíél Mi á^étdfréiá?8 í; ‘ Nó1 í i á1 'I va- cuado desde antier y se siente muy molesta. Cucharadas con úna dVáétftá ‘¿Fé1 í¿tiWíéttYir»1; enema laxante', dieta.j:) 8 de 'Qfé&cÁÚ 8 bl^fó*bisis°tjilil¥I Si' pdá? lá^VatíVií'^^Sédti^sél^bi evké¿táíy4é9sill¡ó el ta- pón y con él unas ‘méthbrartas.'; Réeénocí éndhlá1 iéncuetitro él cuello muy dilatado y kt‘vagina qü'B'báfrBlijIó' kon el dedo, y que veo no es mas que la placenta. La sangre se m¿bi^3í(te ÜBlokék'césátWy'él Sbbíóridi.1) ,5ín^c0fobfe8' fetíH^H^pÓ^lékitB(W ltíádf f cídnlííiWhP1 $á lléMéWSa?99^6*89 98 0ÜP fljoneoeífivnoo el foJoom n3 .obsoíi 98 <Elí,ilbfeiídia^^f^üi¿í^eé',tdiló'':miáVbfhó bien sid íhiBs°kid^éIcl#8 qíid ürla¡Teteriéio¡n dé bbína, los primerds días, qué ’ibie obligó tf étéVárlii SéHPdfeSÍf&Ót lirñíá éálérltdrk dé9HpbiífttéWkffénlé;qiué uédicbhl siiTfáló dé habiéndose levantado'"á lbs1 seis 'diés dfel alWtfj, y Sigliitendo después un Ahitamiento por él flBHid'jpáBá ddMSá^rMld51111 nu 9*n9‘8 *I9íum í: Hasta hoy no lia vuelto á tener novedad ni á estar emba- fil9Boqe 88 hnonog noiomlaoq «nu ,9n9b¡J«q aspjín eJ Se ve frecuentemente que al quitar el tapón dos ó tres dias encuentfa/i 'éé’ er 6üiJlIB:i)1íitfei‘ino. Pero suceddikÍ|ii/fbsí,:Véhébí^tiel!étf1,-tídel!lW éWddbijíPa cercado dé"'sééiB,n'd¡nas córitinfuá1,-1 értí!éste éaso debe esperarse mientras no baya signos que indiquen la putre- facción de la placenta; percndesde “el momento en que los lo- quios toman el color y olor característicos de la putrefacción de este órgano, es neceSarió' estraccion por todos los medios posibles. Si el cuello permite la introducción de ltfe,flá!R5^0p0d;Í3,Jft?ííHoVrÜlfil¿,IlhiteéíJáÍ3 *18 á 1^>éíá^i(í^í,déll^9kátki¿'nÓVP:éífiafd9Sí40d mr¿aiV^ól9ll^tb‘ddflBé ld'pi4ud!¿HBih'!ló péfíhíta,'ÍaJré'sisféñ'cia' :del brtfíbtóí9(3é: éste Óé- 42 ganq; si estq no fuere posible, deberá ensayarse la introduc- ción de un instrumento dé presión como la pinza de Levret ó dq Pajot y si tampoco se pudiej’sej, deben hacerse inyecciones en la cavidad uterina con una solución clorurada,, procurando no forzar mucho el chorro de la inyección, para que el líquido rip penetre á la cavidad peritoneal por,ptiedio de las trompasi En los casos, en que la retene¡#fl^qjiql]placenta sea debida á la contracción e,spasmódica de la matriz, y que no haya he- morragia, es conveniente aconsejará la enferma un baño tibio y prolongado y algunas lavativas laudanizadas. Si la hemorragia aparece en este estado, lo que es infinitamente raro, el médi- co debe conducirse como .en el ..caso anterior. 7 uof{ Dijimos, antes que solo la, pmrcha de los fenómenos que si- guen á la espulsion del producto de la concepción, podia.po- ner aj médico sobre la vía de la verdad, en el caso de que se ignorase si la espulsion de las secundinas ,se había ó nó veri- ficado. En efecto, la convalecencia que se establece general- mente de upa manera franca después dpi aborto completo, se hace espprar. cuando los. anexos del. huevo quedan adheridos á las paredes uterinas. En lugar del bienestar que la enfer- ma esperimenta después de pasado el trabajo abortivo que ha espulsado al mismo tiempo todos los elementos del huevo fe- tal, la mujer siente un malestar ó lasitud general, los loquios adquieren un color negruzco y son de una fetidez horrible. La mujer palidece, una postración general se apodera de ella, el aliento es fétido, los vómitos y Ip .diaria son frecuentes, y si la. placenta no llega á ser espulsada, todos los accidentes de la infección pútrida vienen á terminar su vida. ,n ,«[ . Ya hemos indicado antes lo que debe hacerse en estos casos. CONVALECENCIA. La convalecencia en los abortos no presenta ninguna indi- cación particular y la enferma necesita de los mismos cuida- dos y atenciones que la mujer que ha parido á término natu- 43 ral. Solo agregaremos, que las grandes pérdidas de sangre que son tan comunes en esta clase de accidentes, ponen á la mujer en un estado especial que reclama toda la solicitud del médico que la asiste. Mr. Turnier ha señalado algunos ca- sos de muerte repentina, á consecuencia de las grandes he- morragias mucho tiempo después do haber cesado este ac- cidente. México, Febrero de 1869. ffiianciów de íf. odenocal.