UTILIDAD DE LAS INYECCIONES INTRAUTERINAS Y MODO DE PRACTICARLAS. TESIS PARA EL EXAMEN PROFESIONAL DE MEDICINA Y CIRUJIA, PRESENTADA Alumno de la Escuela de Medicina de México, miembro fundador de la Sociedad Filoiátrica, prosector interino • de la cátedra de Anatomía Descriptiva y practicante del Hospital de San Juan de Dios. MEXICO. Imprenta ele Félix Márquez, Primera de Plateros num, 1, 1872. A LA MEMORIA DE MI ADORADO PADRE. A mi sabio Maestro y Director de la Escuela de Medicina de México, el Sr. D. LEOPOLDO EIO DE LA LOZA. A los dignos Catedráticos y adjuntos de esta Escuela, A los ilustres Profesores del Hospital de San Juan de Dios. A la Sociedad Eiloiatrica de los alumnos de la Escuela de Medicina. Hablad siempre con hechos, y aquel que os argullere con teorías será vencido. Tal es, señores, en pocas palabras, la máxima que á cada paso nos recomiendan seguir los que, grandes en la ciencia y generosos padres en sus consejos, nos lian dado la mano para enseñarnos á andar por el difícil y escabroso camino que nos debe conducir á las puertas de la azarosa profesión á que aspiramos. No liace mu- cho que en la cátedra de Medicina legal, en la lección del dia 80 de Setiembre del presente año, tuvimos aún el placer de escuchar las palabras de nuestro eminente, práctico y digno maestro el Se- ñor Hidalgo y Carpió que nos decia: «Yo recomiendo á vdes. que «en el ejercicio de vuestra profesión prefiráis en todo el méto- «do esperimental; de esta manera obtendréis mas fruto en vuestros «trabajos, sereis mas útiles á la ciencia y á la humanidad, que si- «guiendo á aquellos que, simples teorizadores, solo se ocupan, por «ejemplo, en querer encontrar la causa del tifo en la electricidad.j> Con semejantes brújulas en la peregrinación de nuestra ense- ñanza no podíamos menos que gravar en nuestra mente algunas si- quiera de estas sabias reglas de conducta que solo ha podido ense- ñárselas el talento, la observación y el tiempo. Estudiante apenas de anatomía descriptiva, comencé á tener el gusto de escuchar las lecciones que los ilustres profesores dol de- partamento de mujeres sifilíticas, en el Hospital de San Andrés, daban á los alumnos practicantes de dichas salas en la cabecera de las enfermas. Desde entonces oia decir algo de inyecciones intrauterinas, ya recomendándolas como el mejor medio en las ulceraciones internas, ya confesando su utilidad, pero temiendo sus consecuencias (la pe- ritonitis.) Sin embargo de todo esto, y respetando el saber de mis maes- tros, cuando veia practicar las curaciones de dichas ulceraciones, concebia no se qué vaga esperanza cuando pensaba emplearlas el dia que estuviera en posesión de alguna plaza de practicante. No muy tarde, al siguiente año que estudiaba 2° de medicina, el- Señor Montano Ramiro me favoreció dándome en propiedad una de las plazas vacantes, y en la primera oportunidad puse en prác- tica lo que varios meses antes Labia deseado. Comencé, para adquirir algunos conocimientos prácticos, á tratar las ulceraciones del útero por los mismos medios que diariamente Labia visto emplear ó prescribir con muy buen éxito. Mas si bien es cierto que veia curaciones mas ó menos rápidas en todas aquellas ulceraciones que no se propagaban muy allá del orificio externo del cuello, no sucedía lo mismo con las que por tal ó cual dato se sospechaba que habían invadido toda la cavidad del cuello y parte de la del cuerpo. Estas por el contrario, y por for- tuna poco frecuentes, se habían perpetuado por seis, ocho meses, uno y aun mas años, originando varias complicaciones, como la ipertrofia del cuello, y dejando después de su aparente curación, un escurrimiento purulento mas ó menos abundante y á veces in- terminable. Desesperados entonces de haberse empleado hasta los tratamien. tos mas estravagantes, tanto internos como externos, y guiado po un impulso de afecto casi irresistible hácia las inyecciones intrau- terinas las quise poner en práctica; no obstante que por reproches quizá justos me Labia escusado de emplearlas por faltarme la prác- tica personal. Pero desde luego pensé en impedir de algún modo el mayor pe- ligro que se les atribuía, es decir el paso del líquido por las trom- pas á la cavidad del peritoneo. Meditando sobre esto me ocurrió resolver en gran parte la difi- cultad sirviéndome de una sonda delgada de goma elástica, del nú- mero 2 ó 3, y una geringuita de vidrio, cuyo pico se adaptara exac- tamente á la abertura de la sonda, con el objeto de inyectar y as- pirar el líquido á voluntad. 6 7 Procediendo así y con los pormenores que diré á su tiempo, me pareció evitar ¡a presión intrauterina y que no quedara alguna can- tidad de líquido que permaneciendo en el útero pudiera determinar célicos uterinos. Sin mas refleccioncs y con la confianza de que intuitivamente es- taba inspirado, hice la primera inyección por el mes de Agosto de 869, en una enferma de mi sección perteneciente al servicio del Sr. Montano Ramiro, y de que no conservo desgraciadamente mas re- cuerdos que el que esta enferma ocupaba la cama núm. 26 de la Sala de Guadalupe; que era de constitución regular, como de vein- tiséis años; llevaba de estar en el Hospital cerca de nueve meses, curándose de una ulceración que, si aun es fiel mi memoria, invadía en esos momentos el cuello del útero en su porción central, y se veia propagarse al interior de la cavidad del cuello; tenia una area como de un centímetro, con un color rojo en la mayor parte de su extensión; presentaba cerca del orificio unos puntos amari- llentos como seudo membranosos; el orificio entreabierto y dando salida á un moco espeso, purulento y adbercnte á su derredor. Pero como quiera que en el tiempo que llevaba de curarla no había logrado por ninguno de los tópicos que habia introducido á la cavidad del cuello modificar de algún modo notable la ulceración y el escurrimiento, lúcela inyección, que fué de tintura de iodo muy diluida, hasta la cavidad del cuerpo. Como el Sr. Montano no me manifesté ningún inconveniente en ello, continué haciéndole las inyecciones cada tres é cuatro dias, sin que hubiera visto venir mas accidentes notables que ligeros do- lores en el hipogastrio, inmediatamente después de la inyección. Ho fué poco el gusto que me dié ver que al cabo de seis ú ocho inyecciones la mujer no sentía ya estos dolores, y que á pesar de que el flujo casi era igual me decia sentirse muy expedita de su vientre. Esto reanimé mucho mi esperanza, y no vacilé en continuar con el tratamiento impuesto, consiguiendo así que á fines de Setiembre del mismo año, se lo pudiera dar su alta, sin que llevara otro pa- decimiento que una ligera secreción mucosa, de que la enferma no quiso esperar su curación. Esto dié motivo, como es frecuente en personas de ninguna prác- 8 tica, á que me olvidara do los reproches tan innumerables como se han dirigido contra esta especie do inyecciones y solo pensara en encontrar oportunidades para ensallarlas de nuevo. Poco tiempo después se me fueron presentando nuevos casos, se- mejantes al citado, y como quiera que contaba con la bondad y buen juicio de las personas que sucesivamente he tenido el honor de recibir como directores de mi sección, no he exigido mucho de los medios que se recomiendan para las ulceraciones de las cavida- des del útero, sino que bien pronto he recurrido á las inyecciones intrauterinas, como el remedio mas eficaz en estas circunstancias, por lo menos de los conocidos hasta hoy. Y si bien es cierto por fortuna que son contados los casos en que estén especialmente in- dicadas, como diré después, también es cierto que no he observa- do uno solo, en epue habiéndolas usado con la debida constancia y cuidado, haya tenido que deplorar algún grave accidente, 6 des- confiado de su utilidad. Dia llegará, cuando se penetren bien los prácticos de la impor- tancia de estas inyecciones; cuando rechacen esas preocupaciones que abrigan quizá sin motivos; cuando les dén el valor preciso y nada mas del que merecen; cuando mayor número de hechos ven- gan á contrariar todo lo que hay en esto de teorías; y por último, cuando estas palabras sean vertidas de un modo sabio y elocuen- te por personas que merezcan siquiera la atención del público mé- dico; dia llegará entonces, digo, en que si no se descubre otro mo- do de tratamiento para las ulceraciones de las cavidades del útero, las inyecciones intrauterinas prevalecerán entre todos los conoci- dos hasta ahora. De la misma 'manera las ulceraciones de la cavidad del cuerpo, (y debo advertir que no hablo de las cancerosas), serán mas raras de lo que sousi se atienden oportunamente por este medio, y antes que invadan por completo la cavidad del cuello. Estas y algunas otras conclusiones que añadiré después, me pa- recen deducirse de los hechos que tengo á la vista. A estos hechos de que me vby á ocupar, podría agregar muchos otros que lie observado durante los tres años pasados, pero como no me había decidido á escogerlos como objeto de mi tésis, no tuve, en verdad, cuidado en recogerlos. 9 Estas observaciones que reconocen el testimonio de la mayor parte de los dignos profesores que del año de 69 á la fecba lian dirijido las secciones del Hospital de San Juan de Dios, son las únicas que me servirán de base para este imperfecto trabajo. Habiendo oido decir en boca de algunas personas muy respeta- bles, que las inyecciones intrauterinas se habian proscrito entera- mente, be creido con esto darme por satisfecho y no esperar apren- der lo mismo, consultando mas autores. Así pues, repito, que los casos con que cuento y que en favor de lo que digo se hallan sellados por la autoridad de los Señores Ar- mijo, Lobato, Gazano, Andrade, Tamayo, Boves y Montano Rami- ro, serán en todo mi guía. Todo lo que encontráreis de falso en las conclusiones que crea conveniente deducir, culpa será únicamente de mi poca práctica y mi imperfecto modo de juzgar. Jamas he tenido por esto la pretensión de darles á las inyeccio- nes intrauterinas todo el valor que en su concepción parecen haber tenido; mi anhelo es tan solo que los médicos las experimenten con mas constancia y menos temores de los que se han tenido hasta aquí, antes de arrojarlas al cieno del olvido. Si logro esto se habrán satisfecho todos los deseos de quien res- petuoso implora vuestra indulgencia. El orden que me propongo observar es el siguiente: 1? Establecer los medios por los cuales se puede llegar á cono- cer que existe una ulceración en la cavidad del cuerpo del útero, pues para descubrirla en la del cuello, basta la simple vista. 2° El modo mas conveniente de practicar estas inyecciones in- trauterinas. 3? Observaciones, y 4” Conclusiones. 10 I. Para poder conocer mejor el estado anátomo patológico de las cavidades del útero, es preciso recordar primero su estado anátomo fisiológico. La cavidad uterina sabemos que fuera del estado de gestación es sumamente pequeña; y se le considera dividida en dos partes, una que correspondo al cuerpo y otra al cuello. La primera es de una forma triangular cuya base mira al fondo del útero; los dos ángu- los superiores corresponden á los orificios de las trompas, y el infe- rior al orificio cervical ú orificio interno del cuello. Los ángulos superiores tienen una forma infundibuliforme en las mugeres nulí- paras y arredondada en las multíparas. La pared anterior solo se baila separada de la posterior por una pequeña cantidad de moco. La cavidad del cuello es' aplastada de delante atras aunque me- nos que la cavidad del cuerpo; tanto la cara anterior como la pos- terior, presentan en su línea media un repliegue saliente del cual parten otros pequeños. Al conjunto de todos estos pliegues es á lo que se le ha dado el nombre de árbol de la vida, que desapare- ce casi por completo después del primer embarazo. El orificio que hace comunicar entre sí las dos cavidades es muy estrecho, pues apenas permite pasar una sonda de dos ó tres milímetros en las nu- líparas y cuatro en las que lian tenido uno ó mas niños; la altura de las dos cavidades, me lia dado por término medio sesenta y dos milímetros y la del cuello veinticinco. En cuanto á la comunicación amplia que se dice que existe en- tre la cavidad del cuerpo y la cavidad peritoneal por medio de las trompas, citaré dos experiencias que practiqué el mes de Agosto del presente año y que fueron las siguientes: Puse en una vasija un poco de engrudo de almidón bastante di- luido, sumergí allí un útero con sus ovarios y sus trompas intac- tas, dejando solamente descubierta la porción vaginal del cuello; introduje luego por su orificio una sonda metálica, á la que adap- te exactamente una geringa que contenia una disolución iodo iodu- rada diluida; puse después al nivel de la inserción de la vagina so- 11 brc el cuello una ligadura bien apretada, é inyecté con fuerza el líquido que contenia la geringa. En la primera experiencia no pu- de hacer pasar por las trompas una sola gota de la tintura de io- do, pues no noté la mas ligera coloración azul. En la segunda fué tal la fuerza con que inyecté el líquido, que volvió entre la sonda y las paredes del cuello del útero, se derra- mó sobre el engrudo, y habiendo dejado sucia la superficie exterior de aquel no me fué posible repetir la inyección. Estas experiencias he querido puramente citarlas reservándome para mas tarde, que pueda renovarlas, deducir las conclusiones que me parezcan convenientes. Habiendo dado una ojeada rápida sobre el estado anátomo fisio- lógico de las cavidades del útero, veamos ahora de qué manera podremos conocer cuando una ulceración que vemos invadir la ca- vidad del cuello, se ha propagado á la del cuerpo. Para esto me parece conveniente citar un párrafo perteneciente á una memoria que tuve el honor de presentar á la Sociedad Filoiátrica, y que se publicó en el número 19 del tomo 3? del Porvenir, titulada: Algo sobre el diagnóstico diferencial de las diversas especies de metritis y su tratamiento, sacado en parte de las observacio- nes estadísticas, seguidas en el Hospital de San Juan de Dios de esta capital, y que dice así: “En virtud de que la enfermedad de que me voy á ocupar, co- existe generalmente con una inflamación de la cavidad del cuello y aun del parenquima del órgano, los síntomas generales no tienen en la mayoría de los casos ningún valor, para que puedan por sí solos hacernos juzgar del sitio uterino de la enfermedad; de manera que el médico que solo á estos se atuviera, mas hien que hacer un diag- nóstico, adivinaría el padecimiento. Pero no sucede lo mismo con los que se obtienen por una exploración directa: estos, por el con- trario, pueden conducirnos á establecer un diagnóstico preciso: se refieren ;í la dilatación que se encuentra en el orificio interno del cuello del útero, llevada á tal grado á veces, que es muy fácil la entrada de la sonda en su cavidad, que también se halla considera- blemente dilatada y mucho mas sensible que al estado normal; así LA METRITIS INTERNA PROPIAMENTE DICHA. 12 como al escurrimiento serosanguinolento mas 6 menos abundante que se observa, acompañado de un dolor sordo y profundo en la re- gión del útero, es decir, un poco atras y arriba de la sínfisis pubia- na y que coincide con un movimiento febril bastante marcado. “Este escurrimiento serosanguinolento es el signo mas importan- te de todos; puede decirse que es tan característico de la metritis interna, como la expectoración rubiginosa lo es de la pulmonía. En uno y otro caso, la presencia de la sangre y su combinación con los productos de la secreción, dependen de la misma causa. “Pero tal escurrimiento con los caracteres dichos, solo se presen- ta cuando la inflamación es muy viva 6 cuando ha llegado á su ma- yor grado de intensidad. Cuando por el contrario está en su prin- cipio, d llegando á su fin, el escurrimiento es simplemente mucoso, mas o menos trasparente, 6 mucopuriforme; en cu}ro caso es difícil saber si dimana del cuerpo d del cuello, y por consiguiente, si se trata de un padecimiento inflamatorio de una ú otra de estas cavi- dades. Para resolver esta cuestión, es necesario atender á la abun- dancia del líquido, que es notablemente mas considerable en el pri- mer caso que en el segundo; al modo también con el cual se efec- túa, que parece tener algo de particular: es muy común ver el escurrimiento originado por una inflamación de la cavidad del cuer- po, salir babeando bajo la forma de un pequeño chorro aplastado, y despegado, por decirlo así, del orificio externo del cuello, que deja casi limpio á su paso, para seguir el labio posterior del hocico de tenca, si se examina á la enferma en el decúbito dorsal; en tanto que cuando depende de una inflamación en el cuello, es expulsado en pequeña cantidad y como divergiendo del orificio para ir á bar- nizar toda su superficie. “Este signo, en el que el Sr. Lobato me hizo fijar mucho la atención, creo, por lo que me dijo, que debe considerársele con mas valor del que á primera vista pudiera tener. “Ademas, he observado que determinando una presión modera- da por medio del espejo y cuando se han separado ya sus valvas, sobre los fondos sacovaginales y en dirección del cuerpo de la ma- triz, sin estrechar el euello, se ocasiona la salida del líquido scro- mucoso <5 mucopurulento si está en el cuerpo, en tanto que no se obtiene en caso contrario. Fenómeno que llama la atención cuan- do so toca previamente la cavidad del cuello por medio de un cáus- tico, tal como el sulfato de cobre; porque entonces difícilmente puede comprenderse como una superficie así modificada pueda dar un líquido con los caracteres que se le observan. “De lo que resulta, que si el tacto, ayudado de la exploración con la sonda uterina, permite llegar cá encontrar varios de los sig- nos que caracterizan la metritis interna, no se puede sin embargo externar un diagnostico preciso, sino cuando se ba examinado el segmento inferior del útero por medio del espejo. Se debe, pues, estudiar el cuello á toda luz, para ver no solamente cuál es el es- tado exterior, sino también el de su cavidad, y apreciar la abun- dancia, la naturaleza y demas caracteres del escurrimiento. “Las enfermedades que con la metritis interna pudieran confun- dirse son, la metritis de la cavidad del cuello y la que los autores designan con el nombre de catarro uterino propiamente dicho; por- que respecto de las fungosidades uterinas, no se han dado hasta ahora, según Grisolle, signos que puedan tener valor. “En cuanto al catarro de la cavidad del útero, que algunos au- tores consideran como simples alteraciones de su secreción, no son según otros modernos, sino inflamaciones en un estado latente 6 úl- timo grado del estado crónico. “Para completar el diagnóstico diferencial con la metritis de es- ta cavidad, solo me falta que añadir que no coincide con fenóme- nos generales; que su duración es mucho mas larga; que llega á ser hasta de uno ó muchos años; mientras que la otra puede curarse en poco tiempo siguiendo un buen tratamiento.» Aplicando esto á las ulceraciones de la cavidad del cuerpo del útero, tendré que añadir lo que la práctica de entonces acá me ha enseñado, y es que estas ulceraciones son raras, que se acompa- ñan constantemente de un dolor mas ó menos intenso en la región sacra, de un aumento de volúmen en la mayor parte ó en la totali- dad del órgano, de un aumento bien notable de su cavidad, y mas constantemente aún de un escurrimiento purulento mas ó menos abundante y mezclado con moco y sangre en diversas proporciones. De manera que reasumiendo pondría el cuadro de síntomas mas precisos de las ulceraciones de la cavidad del cuerpo del útero de esta manera: Dolor en el hipogastrio y en la región sacra, aumen- 13 14 to en el volumen del útero difícil de apreciarse bien, aumento de la cavidad del cuerpo y de su sensibilidad, dilatación anormal del ori- ficio cervical, escurrimiento muco puro sanguinolento mas d menos abundante, coincidiendo todo esto y casi siempre con una ulcera- ción en el orificio externo del cuello. De estos solo considero patognomdnicos de la ulceración interna, la dilatación de la cavidad del cuerpo y la del orificio cervical, pe- ro coincidiendo con la especie de escurrimiento que lie dicho, sobre todo cuando éste no se modifica por ninguno de los medios conve- nientemente aplicados en la cavidad del cuello; porque los demas síntomas se encuentran también en la ulceración de esta última. Si ú estos medios agregamos el de la exploración directa por el espejo intrauterino, la ulceración de la cavidad del cuerpo del úte- ro, para un médico atento, no puede pasar desapercibida. II. El modo con que yo lie practicado estas inyecciones es el si- guiente: usando de una sonda de goma y una geringa como lie di- cho antes; lleno la segunda del líquido que quiero inyectar, espul- so el aire que pueda haber quedado antes de acomodar la geringa en la extremidad de la sonda. Puesto ya el espejo y descubierto el cuello de la matriz, mantengo separadas las valvas de aquel por medio de la tuerquita de que están provistos, y si fuere necesario le encargo á la enferma lo sostenga de sus mangos. Entonces in- troduzco la sonda en la cavidad del cuello por su extremidad del- gada, ajusto después á la otra extremidad el pico de la geringa, comprimo sobre el pistón hasta que el líquido vuelva entre el ori- ficio externo del cuello y la sonda, mezclado á burbujas del aire que contenia la geringa; solo entonces es cuando empujando la sonda hago que pase el orificio cervical hasta tocar el fondo de la cavidad de la matriz, la retiro de allí un poco para evitar los do- lores que este contacto produce, é inyecto muy suavemente la can- tidad de líquido que juzgo necesaria para llenar la cavidad inter- na. Dejo permanecer un poco allí el líquido y luego lo extraigo aspirándolo con la geringa: repito esta operación una <5 mas veces sin mover de su lugar la sonda ni la geringa. Después separo ésta 15 y la vacío afuera; en este estado vuelvo á colocarla en la sonda y aspiro lentamente de nuevo, á la vez que poco á poco voy sacan- do ésta, consiguiendo así que se precipite en el vacio de la ge- ringa el líquido que viene encontrando, al salir, la extremidad ute- rina de la sonda. Sucede con frecuencia que el pico de la geringa no se adapta bien en la extremidad que le corresponde de la sonda y que el va- cío que se trata de formar no sea suficiente; pero se remedia este inconveniente enrollando en ese punto un pequeño lienzo delgado que se comprime con los dedos de la mano izquierda que ayudan á sostener la geringa. Como se ve todo mi empeño al obrar de esta manera consiste en no dejar un exceso de líquido en la cavidad interna. Y esto se con- sigue palpablemente, pues en el momento de la aspiración se ve precipitarse en la geringa el líquido que se inyecto mezclado con pus, moco y muchas veces también sangre. De esta manera se evitan muchísimo los cólicos uterinos que suelen presentarse inmediatamente después de hechas estas inyec- ciones. En resumen tenemos que lo que se ha logrado después de todo esto ha sido verdaderamente lavar, por decirlo así, con un líquido apropiado, la cavidad ulcerada; que es en lo que consiste para mí todo el*secreto de la utilidad y de la inocuidad de las inyecciones intrauterinas. Para obviar tiempo en esta operación y satisfacer mejor las con- diciones, he mandado construir un aparato tal como está represen- tado en la lámina adjunta. No es en pocas palabras otra cosa que una doble geringa impelente y aspirante á la vez que se adapta á una sonda de doble corriente, que se introduce en una ó las dos ca- vidades del útero. Para formarse una idea completa del mecanismo de este aparato, supónganse dos aspiradores de Dieulafoy modificados en sus llaves con el sistema que tuve el honor de proponer á la Sociedad Filoiá- trica en la sesión del dia 11 de Junio de 870, (véase el número 9, tomo 2? del Porvenir.) Pues bien, dentando uno de los bordes de la varilla de cada uno de los pistones no falta mas para formar el aparato, sino unir estas dos geringas de manera que los lados den- 16 tados queden uno frente al otro, y colocar entre las dos barras de los pistones una rueda dentada, que engranándose á la vez con los dientes de las varillas mueva á estas necesariamente en sentido opuesto cuando gire sobre su eje. Si unimos los tubos B B con una sonda C de doble corriente que se ajuste con exactitud, ten- dremos terminado el aparato. En lugar de que esta sonda sea me- tálica, bien podrán usarse dos sondas delgadas de goma elástica provistas en una de sus extremidades de una armadura metálica que se adaptarán en los tubos de la geringa. En cuanto al modo con que estas geringas están unidas entre sí y los demas pormenores acerca de la colocación de las diversas pie- zas, exige esto para hacerlo saber, una descripción muy minuciosa que la escasez de tiempo no me permite hacer: pero si alguna per- sona deseare ver el instrumento tendrá el mayor gusto en mostrar- le todos sus detalles. Veamos ahora cómo funciona el aparato: se llena primero una de sus geringas ya sea introduciendo su extremidad tubular en el líquido que se va á emplear, ya poniendo en comunicación la tu- buladura lateral h. con un tubo de goma que se sumerge en dicho líquido; de cualquiera manera que se obre se tienen los dos pisto- nes después de esto situados en las extremidades opuestas de las dos geringas; en este estado se le adapta la sonda de doble corrien- te de la que se introduce una parte en la cavidad del cuello 6 has- ta la cavidad del cuerpo según el sitio de la ulceración. Colocada en el lugar que se desee se comprime sobre el pistón de la geringa que se halla llena, hasta haber logrado hacer pasar en la otra quo hace la aspiración la cantidad de líquido que se juz- gue necesaria, y que por el movimiento que la rueda dentada co- munica á los pistones no puede ser sino la misma cantidad del lí- quido inyectado. Como se vé, este aparato presta dos ventajas, la primera, hacer la aspiración mas completa, y la segunda reducir á un solo tiempo lo que necesita dos en el método anterior: las llaves tienen como en el aparato de Dieulafoy modificado, esta ventaja, de que con un cuarto de vuelta se puede impedir la comunicación del interior de la capacidad de la geringa con la cavidad uterina y establecerla de aquella con el exterior por medio de la tubuladura lateral. Nicolás San Juan. GERINGA PARA LAS INYECCIONES INTRAUTERINAS . Lit.V. Debray. 17 Debo advertir que por falta de una persona que me construye- ra este aparato no me fuá posible ensayarlo con alguna anticipa- ción en todos los casos que se me han presentado, y que desde el tiempo que lo tengo en mi poder, por un defecto de construcción irremediable en el momento, solo pude usar de él diez ó doce ve- ces con buen éxito. OBSERVACIONES. Observación 1?—S. O. natural de Morelia, de edad de veinte anos, prostituta, de temperamento sanguíneo, comenzó su mes- truacion á los 11 años y dura tres dias; normal hasta hace ocho meses, ha experimentado después algunos fenómenos de dismenor- rea, y durante dos meses antes de entrar á este Hospital ha sufri- do un dolor en el vientre bajo, ingles y cadera acompañado de un flujo amarillo. Durante todo este tiempo se ha estado curando en la calle, según dice, de una úlcera en el útero, y no teniendo ali- vio fué remitida á este hospital el dia 10 de Mayo del presente año, y ocupó la cama número 5 (bis) de la sección del Sr. Lobato en la sala del Carmen. Interrogándola nos dijo que sus principales padecimientos con- sistían en un dolor constante que tenia en el vientre, irradiándose hácia las ingles, los lombos y la cadera que no le permitía dormir mas que tres ó cuatro horas diarias, y un flujo abundante con ras- gos de sangre que le habia debilitado notablemente: sentía ardo- res en la vulva y por último alguna inapetencia. Examinándola encontramos el útero con una latero versión de- recha, aumentado de volúmen y caliente. Su cuello abultado consi- derablemente con una ulceración glandular fungosa y sangrante al menor contacto, que invadía las tres cuartas partes centrales de la superficie del cuello, el orificio externo de este estaba muy dilata- do y se veia propagarse la ulceración á su cavidad, el orificio in- terno casi igualmente dilatado. Medidas las dos cavidades dieron 18 una extensión de 71 milímetros; escurría un moco sero purulento mezclado con muchas estrías sanguinolentas. El pulso y su tempe- ratura eran normales.—Se le ordenaron unas inyecciones calientes, baño de asiento emoliente y opiados al interior. A los ocho dias la enferma se habia mejorado mucho pero persistía algún dolor, y la ulceración como el escurrimiento no habían cambiado de aspecto. Se le comenzó á tratar por los medios locales recomendados sin des- atender el estado general; se continuó de esta manera hasta el dia 9 de Agosto, es decir, durante tres meses, cuando convencidos de que no se podía conseguir una mejora notable quisimos, antes de emplear el cauterio actual, ensayar las inyecciones intrauterinas; practicando la primera el dia 10 del mismo, con una solución tibia de tanino y cuatro gotas de ácido fónico en delicuescencia. Aunque conservo escritas todas las modificaciones que fué pre- sentando la ulceración con cada una de las inyecciones, citaré lo mas notable para hacer menos cansada la historia. Inmediatamente después de practicadas las tres primeras inyec- ciones, ha sentido un dolor arriba del pubis que ha cesado con la expulsión de un poco de líquido sanguinolento. Variando muy poco la sustancia de las inyecciones que en su mayor número han sido de solución de tanino y ácido fónico unas veces, y otras de una disolución de nitrato de plata ligeramente caterética, se han practicado cada tres ó cuatro dias sin que los dolores que han determinado hayan vuelto á ocupar la atención de la enferma. El dia 13 de Setiembre se hallaba el cuello muy reducido, la úl- cera convertida en una mancha roja, sangrante por el frotamiento y algo fungosa en el labio anterior; el orificio cervical casi en su es- tado normal, el externo con el aspecto de una abertura lineal for- mando un ángulo abierto hacia atras. El escurrimiento en su ma- yor parte mucoso, con algunas estrías gruesas de pus. El estado general de la enferma era muy favorable y del dolor que se queja- ba solo quedaban vestigios. Continuando sus inyecciones en el mismo orden, se le puso una de glicerina con ácido fónico; tuvo inmediatamente después un do- lor ligero que le duró hasta las tres de la tarde. El dia 5 de Octubre ya se sentía resistencia para pasar la sonda 19 á la cavidad del cuerpo, por lo que rae limite á hacer la inyección solo en la del cuello, y viendo que de la ulceración solo quedaba una especie de escoriación, en forma de areola, al derredor del ori- ficio se le cubrid con polvos de ealomel. Habiéndole quedado un escurrimiento mucoso abundante, se le hizo el dia 10 del mismo una inyección hasta la cavidad interna, con una solución concentrada de sulfato de cobre; le vino una his- teraigia intensa cpie cedió después de dos horas, con una inyección liipodérmica de 1 miligramo de sulfato de atropina y un baño de asiento tibio y prolongado. Finalmente, el dia 20 de Octubre se practico la última inyección en la cavidad del cuello, llamando mucho la atención que éste había vuelto á adquirir su color y volumen normales; esperando solo pa- ra darle su alta á la enferma, que desaparezca por completo la pe- queña cantidad de moco uterino que queda, así como una manchita rojiza que existe aisladamente sobre el labio anterior. Este es el estado que presentaba la enferma á los dos meses diez dias de tratamiento por las inyecciones intrauterinas. Y me parece no deber pasar en silencio que en la marcha de la curación la cica- trización de la úlcera del cuello se ha hecho del centro á la cir- cunferencia. Observación 2?. Soledad Millan, viuda, de treinta años, natu- ral de México, de temperamento linfático, apareció su mestruacion á los quince años y siempre ha sido normal. Cuenta entre sus en- fermedades anteriores, tifo, escarlatina y sarampión. Ha tenido seis partos, todos buenos, después del primero le quedo un flujo blanco. El mes de Junio del presente año, tuvo un parto á los sie- te meses, dando á luz un niño muerto: desde entonces le quedo un flujo purulento del que vino á curarse á este Hospital, ocupando la cama número 7 de la sección del Sr. Andrade en la sala de San Rafael; se le prescribió como tratamiento local cauterizaciones con nitrato de plata en la cavidad del cuello; se le practicaron también varias insuflaciones intrauterinas con diversos polvos astringentes sin conseguir modificar el escurrimiento purulento. El dia 21 de Setiembre obtuve de la bondad del Sr. Andrade el que me permi- tiera emplear las inyecciones intrauterinas. El mismo dia examiné 20 á la enferma y me acuso por todo padecimiento Un dolor en el hi- pogastrio y en la región sacra, que por lo que me dijo deduje que afectaba un tipo remitente; los momentos de exacervacion coinci- dían con un abundante escurrimiento del flujo. Examinándola con el tacto y el espejo me encontró el útero en anteversion, su cuello abultado, duro, escoriado al derredor del orificio y dejando esca- par por este un escurrimiento muco purulento muy abundante; el orificio interno muy amplio y el fondo de la cavidad como seis mi- límetros mas profundo délo normal. Diagnosticando por estos da- tos una ulceración do las cavidades, le practiqué la primera inyec- ción con una infusión ligera de quina mezclada con unas gotas de solución concentrada de ácido fénico. Dia 24 y segundo de observación: el flujo había disminuido dos terceras partes; la misma inyección. Dia 26: dice la enferma que le ha escurrido una que otra gota; apareció el cuello empapado de un moco purulento; inyección de solución débil de tanino con unas gotas de la solución de ácido fénico. En la tarde de este dia comen- zó su mestruacion que terminó el dia 30. Dia 4 de Octubre al abrir el espejo, después de introducido en la vagina, escurrió una gran cantidad de moco pus; la misma inyección. Dia T, el flujo ha disminuido muy poco, en el orificio solo se nota una ligera rubicun- dez; la misma inyección. Dia 8, el flujo ha disminuido considerable- mente y el que aparece en el cuello es en gran parte mucoso con es- trías purulentas; este dia me dice la enferma que el dolor que sen- tía en el vientre, ingles y cadera ha desaparecido con las inyec- ciones. Dia 11; inyección de glicerina con unas gotas de ácido féni- co. Dia 12 el mismo tratamiento. Dia 13 idem. Dia 14 ídem. Dia 15 las estrías de pus casi han desaparecido y la secreción mucosa ha disminuido notablemente; se ha continuado el mismo tratamien- to hasta el dia 22 que comenzó su período. Dia 26; la rubicundez del cuello ha desaparecido así como el escurrimiento; se le dió su alta el dia 28 de Octubre. Observación 3?. C. C., natural de Chilpancingo, de edad de 19 anos, de temperamento linfático y constitución regular, apare- ció su mestruacion á los 12 anos, siempre ha sido normal. De la edad de 10 anos sufrió un golpe cayendo de una altura de cinco varas, á consecuencia del cual le quedo un dolor en la cintura por mucho tiempo. Tuvo un parto bueno que no le dejo mas accidentes que un flujo blanco. Un mes antes de entrar á este hospital, fué reconocida por un médico, quien la dijo que estaba mala del útero? á los quince dias de esto el flujo tomo un color amarillo y le em- pezó á doler mucho la cintura. En este estado entro al hospital el dja 1G do Agosto del presente ano, y ocupó la cama núm. 19 de la sección del Sr. Lobato. Examinándola, encontramos el cuello del útero muy abultado y resistente, el derredor del orificio ulcerado, los bordes de la ulcera- ción sumamente levantados, su fondo fungoso y propagándose á la cavidad; el orificio interno permitía fácilmente la entrada de una sonda de 6 milímetros de diámetro, la cavidad interna mas amplia de lo normal. El escurrimiento era en su mayor parte sanguinolen- to, abundante y con algo de pus. Se le practicó inmediatamente una inyección con una solución concentrada de tanino que se lle- vó hasta la cavidad del cuerpo: la inyección escurría en la vagina sin necesidad de aspirarla. Se le prescribieron algunas inyeccio- nes vaginales hemostáticas y demas medios indicados: sin embar- go la metrorragia después de tres días aun no cedia.—Se le hizo una inyección intrauterina con partes iguales de agua y solución de percloruro de fierro de Pravaz.—-Inmediatamente hubo una his- teralgia poco intensa que cedió dos horas después, con un baño de asiento tibio y prolongado: este dia no hubo hemorragia. El dia 19 volvió en la noche.—Dia 20; inyección como la anterior, no hubo dolor. Dia 21 no ha habido hemorragia. Dia 22; toda la noche, se- gún dice, le ha bajado un flujo amarillo, con una que otra gota de sangre, pero muy abundante;—la misma inyección—-cada tercer dia hasta el 28 el mismo tratamiento. Dia 30: el cuello se halla muy reducido, así como su abertura, la ulceración casi plana y do un rojo escarlata, el escurrimiento mucoso, abundante, opaco en el centro y muy trasparente en sus bordes. El dolor que tenia es ahora muy ligero y solo le aumenta un poco después de las inyec- ciones. Al practicarle este dia una, con la solución de tanino, la sonda ha pasado ajustada al orificio interno. Dia 3 do Noviembre: habiéndose estrechado mas el orificio cervical, me he limitado pu- ramente á practicarle inyecciones en la cavidad del cuello y hemtfs 21 22 continuado de este modo hasta el 30 de Noviembre que me ha sido preciso cortar la observación para dar cuenta de ella. En este dia solo se notan sobre el cuello algunos puntos rojos y un escurri- miento mucoso completamente trasparente. La observación que sigue la debo á la bondad del Sr. Armijo, quien me ha hecho también el favor de comunicarme su opinión sobre la materia, y en los términos que copio textualmente. “Observación 4?. La señora M. nulípara de edad de veinticin- co años, de temperamento nervioso sanguíneo, casada con un hom- bre de edad avanzada, de vehementes pasiones. Hacia poco mas de dos años que sus mestruaciones habían comenzado á experimentar irregularidades en su aparición, consistiendo estas en su anticipa- ción á la época normal y conveniente en ella. Otras veces sufrien- do retardo de ocho y de quince dias. La cantidad de la sangre re- lativamente á las condiciones de esta señora unas ocasiones era mas de lo natural y otras por el contrario, siendo lo mas frecuente es- to último; y en cuanto á las cualidades físicas apreciables de ella por la simple inspección, experimentaba también cambios, notán- dose palidéz en las manchas. Es do advertir igualmente que esta función que se verificaba tan regularmente en ella antes de su ma- trimonio y poco tiempo después, era ya precedida de esa histerál- gia é dolor célico uterino que tan frecuente acompaña á las alte- raciones que se observan en el flujo catameinal. Este estado al ca- bo de cierto tiempo no quedé limitado solo á la región uterina si- no que determiné algunas otras alteraciones funcionales en el apa- rato digestivo, y en lo general en el sistema de su nutrición, que convirtié aquella constitución lozana y robusta en una deteriorada y valetudinaria. El útero entonces comenzé á experimentar un su- frimiento erénico, consistiendo éste en un abundante flujo leucor- reico que produjo un estado granuloso y escoracidnes del cuello uterino, que se extendían en el interior del ocico de tenca, que yo supuse que pasaban mas allá de la parte visible, y que la mem- brana interna de esta vicera sufría de igual suerte, porque los me- dios muy variados y acreditados en la práctica como mas eficaces, no modificaron en manera alguna el modo de ser de ese estado pa- •tolémco. O 23 “En vista de lo expuesto, á pesar del temor que abrigaba de hacer inyecciones en la cavidad misma, con alguna franqueza, por ser éste el sentir de algunos prácticos (como Vidal de Cassis que aun designa la cantidad proporcionada á la cavidad uterina para hacer la inyección, á fin de que no pase por las trompas á la ca- vidad peritoneal) y guiado solo por la prudencia, procedí á exten- derme mas allá de los límites prescritos por estas opiniones cuan- do los resultados prácticos me autorizaron para ello. “Confieso por mi parte que mis primeros ensayos fueron rodeados de precauciones, pero que no habiendo experimentado nada que la- mentar en ellos y alentado por esta misma causa, insistí en hacer inyecciones con nitrato de plata, con tintura de iodo, con sulfato de fierro, alumbre y otras sustancias, y una sola vez, minutos des- pués de la inyección, que fuá con la solución de nitrato de plata concentrada, sobrevino un dolor agudo en la región uterina acom- pañado de ansiedad y de exitacion en el pulso que alternaba con depresión y concentración de este. Temí, pues, ver sobrevenir la peritonitis, mas á las dos horas todo habia concluido y restablecí- dose aquel estado alarmante, con un linimento oleo narcótico al vientre, eneima laudanisada y algunas gotas de láudano al interior. Hasta aquí habia observado el hecho, pero no tenia una explica- ción de él, mas las observaciones subsecuentes á este caso, y las doctrinas de autores experimentados en la materia, como Arán, han venido á dármelo. Ella consiste en la detención de una mayor ó menor cantidad de líquido en la cavidad del útero, que para pasar á la del cuello determina contracciones dolorosas, cesando éstas co- mo por encanto tan luego como se ha logrado desembarazar esas cavidades del líquido contenido. “Persistiendo como he indicado en esta terapéutica local y ade- mas en el tratamiento general conveniente, mi enferma al cabo de algunos meses restableció su salud definitivamente. “He creido sin embargo que aunque en los diversos esperimen- tos que ha hecho el mismo Arán, y que yo he repetido en el cadá- ver, ligando fuertemente el cuello del útero al tubo de una geringa cargada de líquido y haciendo una inyección lo mas forzada posi- ble, no se ha podido introducir una sola gota de líquido por las trom- pas á la cavidad del peritoneo; creo no obstante que en ciertos es- 24 tados patológicos que no me será posible designar aún, pudiera te- ner verificativo el paso del líquido; lo mismo que en ciertos estados fisiológicos tales como la época de aproximación de las reglas, su terminación y el puerperio inmediato. Y aunque para mí no es mas que un temor, por no liaber tenido un solo lieclio en contrario, creo que será prudente y lo mas conveniente abstenerse en esas con- diciones.)) Observación 5? Esta, aunque se distingue de la anterior ba- jo el punto de vista patológico, no es lo mismo bajo el terapéu- tico. Seré breve en sus pormenores. M. L., soltera de veinticinco años, prostituta, apareció su mestruacion á los catorce años, y siempre ha sido normal. Tres meses antes de venir al hospital, sin saber por qué, le comenzó una metrorragia que sin suspendérsele por completo, ha sido muy variable en intensidad. Nunca ha, te- nido parto ni aborto. En este estado ha entrado la enferma el dia 29 de Abril. Lo primero que se conoció en ella fué un estado anémico notable, y acerca de sus antecedentes, mas relacionados con su en- fermedad actual, solo cuenta una úlcera superficial del cuello ute- rino de la que se estuvo otra vez curando en mi sección, por espa- cio de 45 dias. Hoy al examinarla solo encontramos una antefle- xion del útero, con una ligera escoriación en el orificio externo del cuello, el interno en su estado normal; presenta de muy notable el que la cavidad interna ha aumentado considerablemente, pues solo ella mide poco mas de 60 milímetros. En cuanto á la causa local que pueda mantener este estado, no se ha podido precisar por nin- guno de los medios de exploración recomendados. Habiendo resis- tido la hemorragia á los medios terapéuticos mas enérgicos, nos quedaban todavía por emplear, la dijital y las inyecciones hemos- táticas intrauterinas. La primera pudo contener la hemorragia por espacio de diez y ocho dias, pero habiendo vuelto al cabo de este tiempo, nos resolvimos á usar las inyecciones de solución con- centrada de pcrcloruro de fierro; con lo que logramos por fortuna mantener á la enferma en un estado aparente de curación durante veintidós dias, al término de los cuales no obstante nuestros esfuer- zos vimos reproducirse la hemorragia aunque nunca tan intensa como al principio. No habiéndose todavía curado por completo la 25 enferma, nos reservamos para mas tarde publicar toda su historia. De ulceraciones de la cavidad interna curadas con las inyeccio- nes intrauterinas podria citar siete casos mas que lie visto, duran- te los cuatro años que lie servido la plaza de practicante, como por ejemplo aquel de que hice mención en la memoria que se me permitió leer en la cátedra de patología interna, pero como dije al principio, no conservo pormenores detallados, y me reservo para mas tarde el publicar otros que merezcan mayor fe. Observación 6?. Esta, lo diré desde luego, so refiere á la cu- ración de una metritis catarral aguda de la cavidad del cuello. En efecto esta enferma P. It, de 23 años, de constitución regular, La- bia estado ya en nuestra sala á curarse de una blenorragia uretral y algunos chancros blandos en la vulva. El dia 28 de Agosto fué reconocida por uno de los médicos de la sección de policía sanita- ria y remitida á este hospital, en el que ocupó la cama número 7 de la sección del Sr. Lobato. Al dia siguiente interrogándola este señor le contestó que no sabia por qué la habrian mandado cuando ella no sentía nada. Pero pasando luego á examinarla encontrarnos el cuello del útero ligeramente rojo, su orificio externo dilatado así como su cavidad, del interior de la cual se vcia salir una cantidad considerable de moco trasparente y poco adherente. Investigando la causa de este catarro no hallamos otra que el que esta muger Labia abusado mucho del coito en los dias anteriores.—Se le pres- cribió un baño de asiento tibio, y le hicimos una inyección en la cavidad del cuello con una disolución concentrada de alumbre, y por alimento ración. Continuamos poco mas ó menos con el mismo tratamiento y el 21 de Setiembre, es decir, á los veintitrés dias de entrada, se le dio su alta en estado de sanidad. No diré del uso frecuente que hacemos de las inyecciones intrau- terinas en la ulceración de la cavidad del cuello, sino para mani- festar que les encuentro una ventaja sobre los demas medios reco- mendados en estas circunstancias y es, que desprendiéndose el mo- co de la cavidad por el líquido este se pone en mejor contacto con toda la superficie enferma. 26 ACCIDENTES. De los accidentes que se les atribuyen á las inyecciones intrau- terinas, solo uno me parece verdadero, la histeralgia; pues no se lia visto ningún otro ni en los casos que me han sido referidos por personas que las lian empleado, ni en aquellos de que lie podido ser testigo. Dos de ellos citaré como mas notables; el primero es- tá comprendido en el párrafo siguiente que el señor Gazano ha te- nido la bondad de comunicarme por escrito y que para mi mayor satisfacción copio á la letra. Dice así: “Mariana Martínez de diez y siete años, soltera, nacida en Méxi- co, de oficio lavandera, de temperamento sanguíneo linfático y de regular constitución, entro el 10 de Junio de 1871 y ocupo la ca- ma núm. 6 de la sección que está á mi cargo. “Sus enfermedades anteriores han sido únicamente las virue- las. Su mestruacion duraba cuatro dias, bien al principio é irregu- lar en su aparición en los últimos meses; no ha tenido ni parto ni aborto. “El conmemorativo de la enferma acerca del padecimiento que la trajo al hospital, era por sus síntomas el que corresponde á los pa- decimientos uterinos, el reconocimiento con el espejo hizo patente la enfermedad uterina que consistía en una metritis interna ca- tarral que llevaba meses de padecerla. “Se le prescribió por todo tratamiento inyecciones intrauterinas, después de haber sacado con las pinzas la mucosidad glutinosa que obstruía la cavidad del cuello; estas inyecciones se llevaban hasta la cavidad interna por una sonda de goma elástica y fueron he- chas con una solución concentrada de carbonato de potasa. La pri- mera inyección tuvo lugar el 19 del mismo mes en que entré, y poco tiempo después de aplicada la inyección vinieron síntomas que al principio fueron creídos de peritonitis y como tales fueron combatidos: el 21 estaba completamente sana de su complicación. Ocho dias después, teniendo ya la convicción que lo que me había parecido una peritonitis no Labia sido sino histeralgia, volví á re- petir la inyección con la misma solución y volvió el dolor desgar- rante en el vientre bajo, en los flancos, los vómitos que se liabian presentado en la primera ocasión; cediendo ambos síntomas á dos lavativas de medio posillo de agua simple con ocho gotas de láudano cada una, con una Lora de intervalo, y á fricciones narcó- ticas con una pomada de atropina. Odio dias después se repitió la inyección y vinieron los mismos síntomas aunque con menos inten- sidad, y fueron dominados de la misma manera; se Licicron toda- vía dos ó tres inyecciones y la enferma salió curada completamen- te el 15 de Enero de 1872, liabióndose detenido en el hospital has- ta esta fecha por enfermedades enteramente extrañas que compli- caron su padecimiento. “Como esta enferma, he tenido otras que han estado sujetas al mismo tratamiento de inyecciones intrauterinas, en que se han pre- sentado los mismos síntomas y han cedido al mismo tratamiento que en la observación anterior. Lío refiero aquí las otras observa- ciones por haberse perdido el libro en que constaban sus historias. “De lo dicho saco dos consecuencias; primera, que no tienen las inyecciones intrauterinas la gravedad que hasta el presente se les cree tener, y segunda, la utilidad de este tratamiento en los casos de metritis interna, pues todas las enfermas han mejorado notable- mente y la mayor parte se han curado. “Comunico á vd., señor San Juan, estos datos, por si en el tra- bajo que ha emprendido sobre esta materia, le fueren útiles. “Hospital de San Juan de Dios, Octubre 2£) de 1872.—A. G~a- zano.D El segundo se refiere á una enferma que ocupa últimamente la cama número 28 de la sección del señor Andrade, pero que entró á este hospital desde el dia 14 de Enero de 71. Se llama A. R. natural de Móxico, de edad de veinticuatro años, de constitución deteriorada: apareció su mestruacion á los catorce años, y siendo su duración de ocho dias antes de su primer embarazo, después de este ha sido solo de tres. Los primeros meses después de la apari- ción del flujo mestrual, fuó acompañado óste de dolores en el vientre. Ha tenido dos partos buenos. Después del primero le quedó un li- gero dolor en la cintura que conserva hasta la fecha. 27 28 Un mes antes de entrar aquí fué reconocida por un médico, quien le dijo que tenia una inflamación en el útero. Cuando entro á este hospital padecía un dolor algo intenso, en el vientre y cadera y un flujo amarillo. La persona que la recono- ció aquí, diagnosticó una metritis ulcerosa del cuello y anemia ge- neral. Se le trataron sus males por I03 medios convenientes y á los seis meses, su metritis parecía curada pues no había nada que llamara la atención. Así permaneció por algún tiempo de enfermera cuando volvién- dose á sentir mala por haberle aumentado el dolor de la cintura, se le dió la cama que ocupa actualmente. Se continuó con el tra- tamiento antianémico y como local se usaron pequeños tapones em- papados en tintura de iodo y colocados en la cavidad del cuello: cuyo medio modificó algo la ulceración que había vuelto á apa- recer. Sin embargo, el dolor no la abandonaba. Solicité entonces del Sr. Andrade me permitiera emplear las inyecciones intrauterinas como tratamiento local, para combatir las ulceraciones de las ca- vidades que parecían influir mucho sobre el estado general. Habiéndomelo concedido este señor, le hice la primera, que fué con tintura acuosa de iodo muy diluida, el dia 21 de Setiembre próximo pasado. El dia 23 repetí la misma inyección, que le oca- sionó un ligero dolor que terminó muy pronto. El dia 26, le prac- tiqué la 3? empleando para esta la tintura acohólica; poco después no sé por qué motivo salió á la calle volviendo al hospital á la una do la tarde. A las cuatro estando de guardia fui llamado violenta- mente para combatirle un dolor muy fuerte que se le había desar- rollado en el vientre. Al examinar ;x la enferma me dijo que ese do- lor le habia comenzado desde la noche del dia anterior, pero que no se había quejado de él porque no era tan intenso. Sin embargo el cua- dro de síntomas era tan alarmante y me preocupé tanto, que no le di ningún valor á la falta de calentura, sino que diagnostiqué una peritonitis y así la traté. Estuve viéndola repetidas veces en el resto del dia y en la noche hasta que logré encontrarla dormida á la una de la mañana. Al dia siguiente, en efecto, la enferma estaba un poco mejor, pero yo no estaba tranquilo, y todas mis esperanzas acorca de las inyecciones se iban desvaneciendo, cuando pedí al Sr. 29 Andrade su opinión sobre el estado de la enferma, y me dijo que no habia suficiente razón para suponer que fuera una peritonitis y sí una fuerte histeralgia. En efecto, grande fue mi placer al ver que la marcha de la enfermedad ha corroborado perfectamente es- te juicio. Sin embargo creo, en obsequio de la verdad, que para el estado en que so encontraba esta enferma, las inyecciones fueron la causa determinante de esta histeralgia. Como se vé, estos dos casos nos enseñan muy bien que muchas veces quizá pueden haberse tomado por peritonitis lo que no ha sido sino una simple nevralgia uterina. No me parece por demas decir que este accidente lo he visto «ceder muy pronto y en la generalidad de los casos, con un baño de asiento tibio y prolongado, friccionando el vientre inmediatamente después con un aceite narcótico, y administrando una lavativa con 10, 12 6 16 gotas de láudano según el caso. Pero no terminaré jamas mis mal trazadas líneas, sin decir an- tes, que uno de nuestros eminentes prácticos y querido maestro, el señor D. Aniceto Ortega, en una de sus lecciones dadas este año en el hospital de Maternidad, nos lia recomendado el uso de las inyecciones intrauterinas, tanto en el periodo de puerperio, cuando se nota mucha fetidez en los loquios y que se han retenido en la cavidad del útero, como en el estado de vacuidad, en los ca- sos de metritis internas; prefiriendo estos últimos la solucion de tanino. IV. CONCLUSIONES. En vista de lo expuesto y mientras la experiencia no me enseñe otra cosa, no puedo menos por ahora que deducir ciertas conclusio- nes; á mi pesar contra la opinión del mayor número de Médicos. 1? Las inyecciones intrauterinas como medio de curación en las ulceraciones de las cavidades del útero, son un recurso muy eficaz cuando se emplean con el debido cuidado. 30 2? Estas inyecciones están especialmente indicadas, en las ulceraciones de Ja cavidad interna, cuando no se acompañan de una inflamación aguda del parenquima. 8? El diagnóstico de estas tulceraciones es no solo posible sino- fácil, cuando se tienen presentes los signos de cyue se ha hablado mas arriba. 4? Los líquidos que deben preferirse para estas inyecciones, son los astringentes y los antipútridos, prefiriendo para formar estos últimos una poca de agua tibia con unas gotas de ácido fénico. 5? El mejor modo de practicarlas, me parece que seria poco mas 6 ñuños el que dije anteriormente, si no se quiere aceptar el aparato que he tenido el honor de proponer. 6? Entre los accidentes que las inyecciones pueden determi- nar, hay uno solo cierto, la histeralgia; que á menos de circuns- tancias especiales de la enferma, su intensidad y duración de- penden de la cantidad de líquido que se ha dejado en la cavidad uterina, ó de la acción caterética de la sustancia empleada. 7? Si alguna vez ha venido realmente una peritonitis á conse- cuencia de estas inyecciones, ha sido probablemente, ó porgue no se han apreciado bien las indicaciones, ó porque se ha usado de ellas sin la debida moderación. No encuentro mas mérito en mi trabajo para presentarlo ante mi sabio Jurado de cal ilición, que el haber tenido, por lo menos, la intención de exponer la verdad. No he conta- do para esto con mas elementos, que aquellos con que me han favorecido algunas de las personas que tienen experien- cia sobre la materia. Por mi parte, no he puesto mas que 31 el fruto de mis cuatro anos de práctica que llevo en el hos- pital.' Si esto no basta, tened siempre en consideración que habéis sido mis dignos Maestros y yo el último de vuestros discípulos. México, Noviembre 4 de 1872. (JTtcoicü ¿Tan íuan.