MÉTODO DIRECTIVO para la curación de la epidemia del SARAMPION, dictado por la junta municipal de sanidad, por disposición del Exmb. Ayuntamiento constitucional de México, con el objeto de repartirla gra- tis á los ciudadanos pobres que no puedan pagar un facultativo. DESCRIPCION DE LA ENFERMEDAD. Nada puede contribuir de un modo mas di- recto á los progresos del arte de curar, que la historia fiel de las epidemias, que invaden á los pueblos en sus diversos climas, y en diferentes estaciones; pues por ella se notan las modifica- ciones que aquellos y estas producen en el ca- rácter de una misma enfermedad, y se fija, por decirlo así, con mas exactitud la virtud y acción de los remedios que en ellas se han empleado. Además ninguna cosa puede ser mas útil á los mismos pueblos ya invadidos, que el manifestar- les el curso que la naturaleza sigue en el desar- rollo, progresos y terminación del mal, para que de este modo no se atrevan á perturbar su mar- cha, y el manifestarles al mismo tiempo los me- dios que la razón y la experiencia han encon- trado mas eficaces para combatirlo. Con este último objeto el Exmó. < Ayunta- 2 miento constitucional de esta Capital, resolvió en* cargar á los profesores que estamos en su junta de sanidad el difícil trabajo de describir la actual epidemia de sarampión, unido á un método cu- rativo fácil, seguro y adaptable á la clase menes- terosa del estado, que es á quien se dirije este es* crito, la que por lo común carece de facultativo que la asista en sus enfermedades. Estamos muy lejos de creer que nuestra imperfecta y desaliña- da relación contribuya á los adelantos de ¡a cien- cia que cultivamos; pues dudamos pueda llenar las benéficas miras que se ha propuesto la digna corporación á que tenemos el honor de pertenecer. Animados, no obstante, del deseo de ser útiles á nuestros infelices conciudadanos manifes- taremos la invasión, origen y progresos de la epi- demia, su carácter, síntomas y anomalías que en ella se han notado., el plan curativo que exije, y los cuidados que demanda su convalescencia apo- yándonos para esto así en propias observaciones* como en otras muchas que han hecho algunos de nuestros beneméritos comprofesores. INVASION, ORIGEN Y PROGRESOS DE LA EPIDEMIA. principios del pasado junio, y en los prime- ros dias del estío comenzaron á observarse algur ñas enfermedades de escarlatina; pero bajo una forma mas benigna y regular que la que tomó en el otoño de 822, pues en estos no se notaba la angina que á aquella se asoció, y únicamente se fefectaba lige ámente la garganta. A mediados del mismo mes se presentó ya 3 el tarampion en un estado de benignidad tal y solo atacando á uno ú otro niño, que no llamo la atención de esta municipalidad; mas á princi- pio de julio se desarrolló bajo la forma de una verdadera epidemia, según permanece hasta el pre- sente, invadiendo, como le es propio, á toda cla- se de personas, y presentando irregularidades que notaremos en lo de adelante. El origen del sarampión así como el de la viruela se pierde, como dice el célebre Pinel, en la noche de los tiempos; mas está fuera de duda que ambos han sido el resultado de las comunica- ciones de los pueblos de Europa con los del Africa. Sus causas materiales se escapan hasta el dia á nuestros medios de indagación; pues el arte no ha llegado á conocer la intima naturaleza de estos contagios. Bástanos saber que él se manifiesta en todos los climas bajo determinadas constituciones atmosféricas favorables á su desarrollo, si declara al principio del invierno, aumenta hasta el equi- noccio de primavera, y desaparece enteramente ácia el solsticio de estío: siendo digno de notarse que la presente epidemia ha conservando precisamente en la época en que acostumbra terminar. El se contrae en toda edad, pero especialmente en la infancia; mas en la adolescencia que en la vejez, según lo estamos observando; y no ataca por lo común mas de una vez en la vida. CARACTER, SÍNTOMAS T ANOMALÍAS. Ií/1 carácter del sarampión es ser una enferme- dad inflamatoria, que determina constantemente una erupción general sobre la piel de pequeñas 4 manchas rojas semejantes á las mordeduras de Tas pulgas, separadas por intersticios angulosos; con irritación de la mayor parte de las membranas mu- cosas, especialmente de la conjuntiva, de la pi- tuitaria, de la garganta, de las vías aereas y di- gestivas; y una calentura mas ó menos intensa. Hace su curso en tres periodos distintos, á saber: el de contagio, el de erupción, y el de descama* cion ó crisis. El primero comienza desde la invasión del escalofrío y calentura hasta el tiempo de la erup- ción, dura comunmente de tres á cuatro dias. El segundo se estiende hasta el dia sesto ó séptimo; al que se sigue el tercero de descamación. Los síntomas del primer periodo en la pre- sente ocasión, y en su estado regular y benigno, son.* ligera sensación de frió con alternativas de calor, á la que se sigue calentura mas ó menos viva, dolores de cintqra, brazos y piernas, de ca- beza en los adultos, y gravedad de la misma en los niños; tristeza, inapetencia, lengua de un blan- co ceniciento en los débiles, y en los robustos cu- bierta de una tela delgada como un encaje fino por donde se trasluce un rojo vivo, y en todos ellos húmeda; destilación de narices, estornudos, toz violenta y seca, sonnolencia, ojos encendidos y lagrimosos, é intumecencia de párpados. Aparecen acia el tercero ó cuarto dia pe- queñas manchas rojas de figura irregular, que se elevan sobre el nivel de la piel, y que se distri- buyen succesivamente sobre la cara, pecho, vien- tre, y extremidades Algunas veces estas manchas se elevan como pequeños botones que se terminan por asperezas mas perceptibles al tacto que á la vista. Este periodo se concluye el dia sesto ó sép* timo, mas no terminan con él todos los demás sín- tomas; pues se nota que la toz y la dificultad de respirar permanecen por algún tiempo, y en algu- nos se aumentan. La rubicundez de la piel des» aparece, y la descamación se verifica en el octa- vo ó noveno dia, separándose la epidermis por ca- pas anchas, ó por escamas, y en algunos casos cu- briéndose la superficie dei cuerpo de un polvo se- mejante al salvado. La marcha de esta enfermedad, según la acabamos de describir es la que ha seguido en aquellos que la han sufrido bajo su forma re- gular y constante; pero en la mayor parte de los que la han padecido se observan las siguien- tes anomalías ó irregularidades, á saber: al segun- do dia de la erupción, y en muy pocos á su ingreso ó en su terminación, aparecen el vómb to y diarrea viliosos con dolor en el estómago y vientre, accidentes que en algunos se e'evan al grado mas alto, causando suma postración de fuerzas en los enfermos, é impidiendo la termi- nación favorable del mal, especialmente cuando no se han combatido por un método racional. Se han presentado casos particularmente en los niños de pecho, en los que no se han ma- nifestado la toz ni la destilación de la nariz. Mu- chos conservan un apetito vivo en el primer pe- riodo. Algunos sufren un ligero flujo de san- gre por la nariz en los dias de la erupción ó an- tes de ella. Esta unas veces ha sido precipitada, otras lenta, apareciendo ya al segundo dia de la invasión del mal, ya al sesto; habiendo visto un caso en que vino hasta el undécimo; toman- do la calentura en estos de erupción lenta la for- ma de remitente, y de intermitente perfecta. Se 5 6 han afectado muchos de dolor de garganta y fau® ces con dificultad de tragar sin haberse notado en lo interior de estas partes tumefacción alguna, y solo una fuerte irritación. Todos estos fenómenos de irregularidad anexos á la presente epidemia, aunque no le in* dúcen carácter de malignidad, demuestran clara- mente el peligro en que se hallan los enfermos de una pronta y grave degeneración. De estas, las que se conocen y son pro- pias del sarampión, son la llamada retropulsion ó metástasis de la erupción; y las complicaciones que puede tener con la fiebre pútrida y con la ner* viosa Aquella puede verificarse aun en el saram- pión mas benigno, por esponerse el enfermo á la acción de una temperatura fría; por las pasiones vehementes de cólera, miedo, ó pesar; y por ali- mentos ó bebidas estimulantes tomados en la é^oca de la erupción. Las señales que indican este caso son: re- pentina desaparacion de las manchas, depresión de los granitos que cubrían la piel, sed intensa, len- gua árida y seca, delirio, inquietud, frialdad de extremidades, calor y ardoren el estómago y vien* tre, especialmente si se acompaña con el vomi- to y la diarrea. Las combinaciones del sarampión con la fie- bre pútrida y nerviosa, aunque suelen ser muy raras, y al presente no las hemos observado^ ellas no obstante dan la forma al sarampión que llaman maligno, y tienen tendencia á desarrollarse en sugétos valetudinarios, pálidos y flacos, ó en aque- llos que han estado sufriendo la diarrea que se ha hecho endémica en esta Capital. Podrán, pues, sospechar su existencia aun los menos versados en el arte, si advierten que el periodo de la calentura erúptico se abrevia ó prolonga demasiado; y verificada la erupción, las manchas se ponen lívidas ó amoratadas, hay do- lor y suma sensibilidad en la región del estoma* go, evacuaciones de vientre frecuentes y muy he- diondas, pulso débil y acelerado, lengua seca y cubierta de una costra blanquecina, sudores es* pontaneos y copiosos, dolor de cabeza, sed poca 6 ninguna, y abatimiento de fuerzas muy notable. Este caso complicado necesita ciertamente de la dirección de un facultativo instruido. 7 MÉTODO CURATIVO. ü/a curación del sarampión; se reduce á calmar las irritaciones que este contagio produce en los órganos internos, y á favorecer la salida de la erup- ción á la piel. Para lograr ambas cosas, con seguridad, en los casos del sarampión benigno, y regular ya des- crito, bastará poner á los enfermos á un abrigo moderado, aconsejándoles guardar cama por vivir en un clima tan vario en su temperatura atmos- férica, como lo es el de esta Ciudad. Se les mi- nistrarán bebidas diluentes, mucilaguinosas y azu- caradas, tales son los cocimientos de la cebada, de la raíz de malva ó el suero de leche endul- zados con azúcar ó con jarabe de goma arábiga. En los robustos se unirá á este régimen interno el uso de los baños de pies y brazos con agua tibia, aplicados en el primer periodo; la die- ta será tenue de caldos ligeros y desgrasados, y de atoles de nuestro maiz. 8 En los débiles se omitirán los baños, y aun se substituirán á los diluentes referidos las in- fusiones de plantas diaforéticas, como la amapo- la, borraja, violetas ó espinosilla simplemente en- dulzadas; mas si fueren de temperamento vilioso, y la toz no fuese violenta se les darán ligeramen- te aciduladas con el zumo de naranja. Si el vientre estuviese perezoso, se move- rá con labativas emolientes, compuestas de coci- miento de malvas ó gordolobo, manteca fresca, ó aceite de almendras, y miel. En el caso de que la lengua esté blanca con bordos rojos, hubiere amargor de boca, é inapetencia con disposición al vómito, y esto acon- teciese en un sugeto robusto y al principio de la calentura, se ministrará por una sola vez media onza de crémor á ¡os jóvenes y adultos, y una cuarta parte de onza á los niños desde edad de seis años hasta doce, y en seguida se continuarán los diluentes, siendo raro el que se_ necesite aun de este suave laxante. v En los niños de pecho, el tratamiento es mas sencillo; pues splo consta de que mamen con moderación, sin mesclar otro alimento, y de dar- les cucharaditas de cocimiento de raíz de malva con un poco del polvo de ojos de cangrejo en- dulzadas con jarabe de goma, aplicándoles cata^ plasmas de malvas cocidas en leche al vientre si hubiese diarrea, y teniéndolos en piezas abrigadas. Si efectuada la erupción se presenta á su ingreso al siguiente d¡s, p al fin de ella el vó- mito y la diarrea viliosa, tan frecuente en ¡a ac- tual epidemia, se pondrán Iqs pacientes á cortí- simas cantidades de atole frío por alimento, al» temando con otras iguales de orchau delgada y recien hecha, de semilla de melón. Mas si es- to no bastase, lo que sucede rara vez, se sim- plificará todavía mas el método, prescribiéndoles medios pocilios de dos en dos horas, del coci- miento suave de arroz, ó del de miga de pan frió y goma arábiga con poco dulce; por único ali- mento y medicina, se aplicarán fuertes sinapis- mos sobre todo el cuerpo, y especialmente sobre el estómago. Si á las cuarenta y ocho horas de este plan no calmase aquel síntoma, se ocurrirá á un fa- cultativo experto; y no habiéndolo, se pasará á ha- cer una aplicación de sanguijuelas sobre el estó- mago inclinándolas acia el hígado, hs que extrae- rán cuatro onzas de sangre en les jóvenes y adul- tos, y tres, ó poco menos, en los de menor edad. Resistiéndose á este auxilio, dentro de doce horas se aplicará un caustico sobre estas mismas partes, con- tinuándose en toda su esíension el método in- terno. En las grandes irritaciones de los ojos, ade- más de tener al enfermo en una perfecta obscuri- dad se les regarán estos órganos con un coci- miento de malvas y linazas frío, ó con la agua rosada. Para los dolores de garganta con dificultad de tragar, se aplicarán al exterior de ella cataplas- mas de malvas y leche, ó de esta y miga de pan frió, y les ingutará ¡o interior de la boca y fau- ces con el cocimiento de cebada, gordolobo, ó malvas, puro ó mediado con leche. En todos aquellos en quienes se retarda la erupción mas allá del dia cuarto, se les excitará con baños de brazos ó pies, coitos y calientes de plantas aromáticas como la manzanilla, el laurel^ 9 10 el saúco &c.; se les menudearán los sinapismos pof todo el cuerpo, y aun se les harán friegas calien* tes con el aceite de matiolo y tintura de mosta- za: tomando por bebida, cocimientos fuertes de sabu- co ó espinocilla sencillamente endulzados. Estos medios han sido suficientes para cu- rar con seguridad y eficacia nuestro actual saram- pión; mas sobreviniendo el caso de su retroceso de- signado ya con sus propios caracteres, se cuida- rá con empeño de aumentar la acción en la piel por el uso continuado de sinapismos, friegas es- timulantes y aun caústicos, aplicados primeramen- te en las piernas y después sobre el cerebro; pro- curando no irritar el estómago si hubiese vómi- to ó diarrea. Mas si faltare, ó la postración de fuerzas fuese grave, se ministrará el cocimiento de quina acciduíado con el zumo de naranja ó con el ácido sulfúrico, ó bien ligeramente opia- do con veinte gotas de láudano líquido á un cuar- tillo de cocimiento, y endulzado con jarabe de go- ma afábiga, dándolo en medios pocilios de hora en hora, alternado con caldos substanciosos y te- nuos, ó con el atola de arroz en el estado de diarrea* La complicación que hemos bosquejado del sarampión con la fiebre pútrida ó nerviosa, de- manda mas que otra caso cualquiera la asistencia de un profesor; mas en los lugares faltos de él se practicarán con buen éxito los auxilios que aca- bamos de indicar para la retropulsion. CONEALESCENCIA. ¡CZuantos y cuan exactos cuidados demanda la convalecencia de la epidema reinante/ Por su fal- ta muchos han sido y serán víctimas. La cólera* 11 morbo, la diarrea, la discuteria, que toman la for- ma aguda, y matan en poco tiempo, ó que pro- longándose producen daños clónicos é incurables deben su orijen á los desórdenes de aquella Importa, pues, mucho en la presente cons- titución epidémica, en que las variaciones atmos- féricas son tan frecuentes, y en que ¡as enferme- dades de estómago y vientre dominan universal- mente: importa, repetimos, conservar por espacio de un mes una dieta severa de solo caldos y car- nes fáciles de digerir, evitando el uso de las fru- tas, el de los licores espirituosos, y la acción de la temperatura Sin estas necesarias precauciones se- rá inevitable caer en males de difícil curación, es- pecialmente después de haber sufrido un nial, que deja lastimado todo el sistema periferial, y el gás- trico, y que sin estas particulares circunstancias del clima, predispone á las hidropesías, á las tisis, á Jas diarreas y disenterias. /Ojala y estos consejos curativos y dietéti- cos, que hemos espuesto, sirvan de librar á nues- tros conciudadanos del mal que actualmente los aflije, y de preservarse de contraer otros nuevos, que esta será nuestra mayor recompensa de este im- perfecto trabajo. México (4 de agosto de 1855 - José María Vara -Francisco Monte sdeoca.- Joa- quín Mamirano, MEJICO: 1825. En la oficina del ciudadano Alejandro Valdés.