FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO ALGO SOBRE LOS ESC11RR1MIENT0S DE LOS ORGAIOS GENITALES DE LA MUJER TESIS INAUCURAL que para el examen general de Medicina, Grujía y Obstetricia, presenta Joaquín S.^2)eíp3o ALUMNO DE LA ESCUELA NACIONAL DE MEDICINA, PRACTICANTE INTERNO DEL HOSPITAL GENERAL DE SAN ANDRÉS Y MIEMBRO DE NÚMERO DE LA SOCIEDAD FILOIÁTRICA. MEXICO tipografía de f. mata San Andrés y Betlemitas, Núms. 8 y 9 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO A L:G O SOBRE LOS Escomimos oí los oogaios chales DE LA MUJER TESIS INAUGURAL que para el examen general de Medicina, Cirujía y Obstetricia, presenta Joaquiit S. SmgaiSo ALUMNO DE DA ESCUELA ACIONAL DE MEDICINA, PRACTICANTE INTERNO DEL HOSPITAL GENERAL DE SAN ANDRKí Y MIEMBRO DE NUMERO DE LA SOCIEDAD FILOIÁTRICA. MEXICO TIPOGRAFÍA LITERARIA DE F. MATA San Andrés y Betlemitas, Núms. 8 y » 1883 Á MIS QUERIDOS PADRES Insignificante prueba de gratitud y cariño; únicos á quienes debo por sus inmensos sacrificios, haber llegado al fin de mi carrera. AL EMINENTE CIRUJANO A quien le soy deudor de inmerecidas cons 'deraciones. A MIS M^ESTm@S admiración, respeto y publica manifestación íie mi agradecimiento. INTRODUCCION. fgm NTRL las disertaciones inaugurales que han caído |pre& en nuestras manos, rarísima ha sido aquella que no prin- cipie por pedir una disculpa al respetable jurado que de h ella tenga que juzgar; y con razón, en mi concepto; hay in- finidad de motivos de suficiente peso para obrar de esa manera. Las ciencias médicas, á pesar del enorme paso que han dado, á pesar de la altura á que las han llegado á colocar tan- tos eminentes sabios, y de lo mucho que cada dia progresan, no obstante, el camino aún está sembrado de mil obstáculos, muchos insuperables, que ni la abnegación, ni el talento, ni la dedicación constante de esos ilustres hombres, han podido ven- cer; en tal virtud, disertar algo y sobre tales asuntos es dema- siado difícil: y si así pasa para esas notabilidades ¿qué será para el pobre estudiante queapénasal concluir su carrera ha ojeado los libros médicos, han pasado por su imaginación infinidad de 6 enfermedades, multitud de signos, gran número de muy buenas lecciones orales, pero todo esto de seguida, sin tregua ni descan- so, apénas deteniendo su mente un minuto en un objeto para fijarla en otro, si bien algo relacionado, pero también diferente, y esto con infinidad de detalles? Resulta de todo esto, que al terminar ha visto algo, ha oido mucho bueno, ha leido los libros de texto que no es mas que un resúmen, por decirlo así. de la ciencia á que se ha dedicado, y su cabeza es un dédalo de ideas que lo abruman. En estas circunstancias, se presenta el indis- pensable requisito de cumplir con una ley que exije emprender el más arriesgado trabajo, sopeña de no llegar al objeto que se ha propuesto; ¿qué hace entonces? su imaginación fluctúa sin poder elegir camino, hasta que, en fin, se resuelve por alguno, y aquí vá á acometer una empresa que tal vez muchas notabilida- des no se atreverían; pero tiene que cumplir y preciso es que así sea: entonces escribe, ó mas bien, repite lo que muchos han dicho, ó recopila opiniones, ó dice lo que no es cierto, ó se limita á, referir algunas observaciones sin agregar nada nuevo; esto lo confiesan, lo dicen, y concluyen por pedir á sus ilustres jueces que se les dispense, que su vasto talento no les juzgue con se- veridad. A mí en estas circunstancias, me ha sucedido lo mismo y de igual modo á mis sabios maestros suplico no vean en esto que titulo tésis, sino mi buena disposición de cumplir con un mandato; pero nunca algo notable, raro 6 nuevo sobre la mate- ria, y como tal digno de que mereciera la honra de ocupar su atención. Los escurrimientos de las vías genitales de la mujer, son unos de tantos padecimientos que más frecuentemente aquejan á esta parte de la humanidad, y admira ver el incremento que toman cada dia esta especie de males en todas las clases de la sociedad; en los servicios hospitalarios que llevan el nombre de ginecoló- gicos ó que tácitamente se han trasformado en tales, y á donde sólo concurre, lo mismo que á todos los establecimientos de be- neficencia publica, esa clase proletaria y menesterosa, sumerjida constantemente en la miseria y en los vicios; en estas pobres gentes, es en las queparticularmentenoshemosformadolaopinion ántes emitida. Bien sabido es, é inútil por lo mismo hacer men- ción de los factores que en ella concurren para que se desarro- lle toda esa clase de procesos que llevan el nombre de padeci- mientos de miseria; pero á los que nos referimos, si bien es cierto que son más frecuentes en dichas personas, no por eso ignora- mos que muy comunmente entre las demas clases, y aun las más elevadas de la sociedad, se encuentran muy á menudo. La circunstancia de estar como practicante durante más de un año en uno de los servicios dichos y de estar observando diariamente estos padecimientos, nos suscitó la idea de elegir como punto de tesis el que tratamos de desarrollar. 8 E1 programa que para nuestro estudio hemos adoptado es el siguiente: comenzaremos por hacer la clasificación de dichos es- currimientos con una ligera descripción de cada clase, en segui- da su diagnóstico, que pudiéramos llamar etiológico, y por últi- mo, la manera mejor de combatirlos, ó en otros términos, su tra- tamiento. Los escurrimientos de las vías genitales de la mujer, á nues- tro humilde modo de ver, pueden ser de seis maneras: Sanguí- neos, purulentos, mucosos, saniosos, serosos, y una sxeta clase que pudiéramos llamar mixtos, pues están constituidos por la mezcla más ó ménos íntima de dos ó más de los anteriores. Escurrimientos Sanguíneos. Los escurrimientos de esta clase son padecimientos que ya muchas veces por su frecuencia, ya muchas veces por su gra- vedad, dehe el médico conocer, pues ocasiones se presentan en que la vacilación de unos cuantos minutos cuesta la vida de la enferma. Pueden ser, como toda hemorragia, activos ó pasivos, idiopá- ticos ó sintomáticos, y estar ligados á una lesión traumática, inflamatoria 6 de nutrición, teniendo por manantial todos los órganos que componen el aparato genital. Muy raros ántes de la edad de la pubertad, comienzan á presentarse desde esta épo- ca hasta la menopausa, en que si bien no se ausentan de una manera completa, son ménos frecuentes; y con razón, en el período médio de la vida es cuando están en toda la actividad las funciones de dichos órganos: el temperamento no tiene ménos influencia, las personas sanguíneas, de una constitución pletórica, están más predispuestas á sufrirlos que aquellas dé- 9 biles y de un temperamento escrofuloso y linfático; el clima tiene gran partéenlas mujeres de países cálidos, de pasiones ar- dientes, sabido es que las funciones genésicas y todos los tras- tornos que más ó menos tienen relación con ellas, se despiertan más temprano, con mas frecuenciayconmayorjduracion é inten- sidad; el método de vida, la cla«e social de la persona, la alimen- tación, ponen también su contingente para el desarrollo de los padecimientos que nos ocupan; las mujeres de nuestros campos de una vida sobria aunque sujetas á trabajos más rudos, vivien- do casi á la intemperie, son más remotamente atacadas que aque- llas otras que rodeadas de todas las comodidades, viven en la molicie, ó que siendo de malas costumbres se entregan á la prostitución con todos sus eccesos; muchas veces también la vi- da precaria llena de fatigas y de privaciones, los sufrimientos morales, las malas condiciones higiénicas, son causa de provocar 6 mantener tales padecimientos. Una de las circunstancias que nos debe preocupar es la abundancia del escurrimiento y su du- ración; veces habrá en que sólo una que otra mancha de un co lor apénas ligeramente rojizo se encuentre en la ropa de la enferma, y esto casi pudiéramos decir por casualidad: mas qué diferencia; otras veces, la sangre pura enteramente escurre en gran cantidad; en unos minutos la ropa de la enferma, las sá- banas de la cama y aun el colchón mismo, están empapados, y todo esto, acompañado del terrible cuadro de una anémia instan- tánea, palidez de todo el cuerpo, sudor frío, enfriamiento de las extremidades, respiración débil, entrecortada, voz apagada, fac- ciones enteramente descompuestas, facies casi cadavérica, pulso pequeño, frecuente é irregular, y todos estos síntomas exage- rándose acaban en un pequeño espacio de tiempo con la vida de la paciente, en medio de convulsiones, lipotimias y síncopes; aun ántes de que el facultativo que á su lado se encuentre y por entendido que sea, aplique los medios de que su ciencia dispone. Entre tales accidentes podemos citar las hemorragias post- partum-, las metrorragias sintomáticas de la metritis exfoliativa 10 ó dismenorrea membranosa, en los casos de aborto accidental, y más comunmente en los de criminal, donde casi siempre ha habido un traumatismo de por medio, después de las operario- nes verificadas sobre la matriz, como extirpación de tumores, cáncer, cuerpos fibrosos, pólipos, etc.; algunas veces inmediata- mente escurre una pequeña cantidad de sangre que cede á un hemostático cualquiera, como un tapón embebido de una solu- ción astringente,y reposo; pero pasadas algunas horas vuélvela sangre, y entonces escurre en un cantidad verdaderamente alar- mante, que demanda una urgentísima atención, pues de lo con- trario, la enferma sucumbe violentamente. Entre estos dos gra- dos extremos de un ligero escurrimiento á uno abundantísimo, es fácil comprender hay muchos grados intermedios. La duración de estos escurrimientos tiene mucha importancia y esto lo deducimos de lo antes dicho; por ligero que sea si per- siste por muchos dias, si se repite con mucha frecuencia, al ca bo de poco tiempo pondrá á la enferma en un estado de anemia, de empobrecimiento vital semejante al de aquella otra que lo tu- bo súbito, instantáneo y abundante. Además délos síntomas antes mencionados, que son los que verdaderamente dependen de las pérdidas de sangre, encontraremos los que traducen el padeci- miento al cual se relaciona íntimamente el escurrimiento san- guíneo, el que también á su vez no es más que un síntoma; así en la metritis exfoliativa encontraremos los restos de membrana entre los coágulos sanguíneos ó entre los objetos manchados por la sangre, el dolor característico de los padecimientos ute- rinos, que partiendo de la región sacra se irrádia á los lombos, á las ingles, al hipogastro, á los muslos, á la bulba; otras veces encontraremos los signos traductores de la anemia, como soplo en los gruesos vasos, palidez de los tegumentos, decoloración de las mucosas, pulso pequeño, débil é irregular, palpitaciones, des- vanecimientos; otras tendremos una temperatura elevada, esca- lofríos, dolores intensos en el vientre, despertándose más á la presión; meteorismo, semblante alterado, facies Hipocrática, náuseas, vómitos, alternando con diarrea; la palpación, además 11 del dolor, nos revelará la tirantez y la sensación de un tumor arriba del púbis (el útero aumentado de volúmen) y en una palabra, el cuadro de las inflamaciones agudas de este órgano, participándole á sus vecinos ovarios, ligamentos que lo sostienen, [critonéo, etc. EscuiTimieníos Purulentos. Esta dase de escurrí miento1», si bien no ponen tan instantánea- mente en peligro la vida de las pacientes, no por eso tienen me'* ñor importancia bajo el punto de vista de las molestias que ori- ginan, del agotamiento que pronto 6 mas tarde, según su abun- dancia, producen, y de la lesión que los mantiene. Designados ba- jo el nombre común de Leucorrea ó flores blancas, principalmen- te cuando son crónicos, que es lo más común, comienzan á veces desde muy temprana edad, desde la infancia hasta una edad muy avanzada en los últimos períodos de la vida; son mas frecuentes y se tropieza más á menudo que con los anteriores, tanto más, cuanto que las lesiones que originan aquellos sostienen á éstos, de manera que casi siempre los veremos sucederse ó alternarse mu- tuamente; dependientes y ligados manifiestamente como vemos en el principio de la vida á la escrofulosis de que son una de sus manifestaciones más claras, más tarde, á una edad mayor, en la pubertad, son ocasionados por la infección venérea, ó sin ser es- específicos dependen únicamente de un trastorno en la impor- tante evolución y trasformacion que sufre el aparato genital en dicha época de la existencia; las malas condiciones higiénicas aquí mas que en los padecimientos anteriores dan origen á estos escurrimientos, la mala alimentación, la habitación en lugares 12 bajos, sin luz y húmedos, donde constantemente reina la acumu- lación, en medio de una atmósfera siempre cargada de produc- tos deletéreos, á lo que como causa determinante se agrega el poco aseo y excesos que cometen las personas colocadas en tales condiciones: otras, al contrario, mujeres que disfrutan de todas las comodidades, las encontramos afectadas, las jóvenes, ó de una edad media, que viven en la ociosidad, de pasiones vehementes, y que desde su infancia en los colegios ó comunidades donde han vivido adquirieron la nunca bien lamentable costumbre del onanismo; al lado de éstas pudiéramos colocar las mujeres pú- blicas que con-tantemente abusando del coito, por sólo esta cir cunstancia los padecen como producto de una simple inflama- ción, ó lo que es más común, engendrados por lesiones específi- cas de origen venéreo ó sifilítico: citaremos también los escurri- mientos propios del puerperio (loquios) cuando, ya han tomado el carácter franco purulento, así como los que subsisten por neo- plasmas desarrollados en la matriz; las inflamaciones agudas y crónicas de este órgano, muchas ocasiones dependen de una can sa traumática como en los atentados de violación seguidos ó nó de desfloracion, como consecuencia de maniobras ú operaciones sobre la matriz y órganos vecinos. Los caracteres de esta especie de escurrimientos son princi- palmente sacados de su coloración, de su abundancia, de su olor y de su especialidad, no solamente por participar de las propie- dades irritantes de todo líquido séptico, sino también por conte- ner en su composición los principios virulentos, capaces como sabemos, de producir lesiones iguales ó semejantes y de infectar la economía. En cuanto á la coloración, es variada, unas veces es un pus de buena natureleza, bien ligado, de aspecto cremoso, lo cual es muy raro encontrar en todos los padecimientos de es tos órganos que dan lugar á su formación; casi siempre es mal ligado, como lechoso, ligeramente verdoso, de olor nauseabundo, de una palidez especial, muy irritante, que escoria las partes que moja y por donde escurre, como la parte interna de los mus- los, y que fuera de participar de las propiedades específicas, mu 13 chos autores creen capaz de provocar la inflamación de las mu- cosas puestas en contacto por un pequeño espacio de tiempo, como la uretritis en la cohabitación; otras veces es de tal modo es- peso que forma grumos que se adhieren á las paredes vaginales y que se necesita barrer (si se nos permite el término) con algu- na fuerza para separarlos; el escurrimiento puerperal cuando ha tomado ya el carácter purulento, tiene un olor sui generis difí- cil de definir, pero fácil de reconocer, porque una vez percibido, siempre se recuerda á la vista de otro del mismo origen, man- chan los lienzos, como la ropa de la enferma ó de su cama, de cierta manera que pueden revelaré hacer sospechar su natura- leza sin recurrir á indagaciones microscópicas; son más oscuras al centro que á la periferie, de los colores ántes indicados, ama- rillentas 6 ligeramente verdosas, más ó menos en gran númeroy extensión, según la abundancia del escurrimiento, llevando cuan- do es en gran cantidad, rápidamente al marasmo, tanto más que el terreno en que se desarrollan son seres debilitados y destrui- dos, por lo regular, acabando por el ectisismo, por el envenena- miento lento, crónico, tenaz y persistente, que extingue la exis- tencia de esas pobres mujeres. No siempre, útil es decirlo, sucede tal cosa; cuando las buenas condiciones, los medios que rodean á los pacientes, son buenos, ni tratamiento perfectamente hecho y dirigido, cuando la enfer- ma es constante y cumple con lo prescrito, y más que todo esto, cuando la lesión que el escurrimiento mantiene es curable, tiene necesariamentequedesaparecer;pordesgraciaenlas personas que alguna ocasión han sufrido tales escurrimientos, que han sido crónicos y uterinos, parece que queda cierta predisposición á que reincidan; mucho más cuando hay cierta causa que los esté pro- vocando, como la aplicación de un aparato, un endereza-útero en los casos de desviaciones, un pesario en los casos de prolapsus, exploraciones con el espejo frecuentes ó mal hechas, el cateteris- mo del útero, todos los focos purulentos que toman por camino las vías genitales para vaciarse, etc. 14 Kscurriinieutos Mucosos. En esta clase, como en las anteriores, son muy de tenerse en cuenta también, las circunstancias diversas en que se presentan dichos escurrimientos, pues en toda enfermedad, cumpliendo con un gran principio, hay que atender al lugar en que se desarrolla, al terreno, pudiéramos llamar, en que vegeta la planta; hay que curar enfermos y no enfermedades. Como la mayor parte de las afecciones uterinas, son más frecuentes en aquella época de la vida en que todo el importante aparato genital de la mujer se en- cuentra en pleno desarrollo funcional y orgánico; no obstante, se ven escurrimientos mucosos en las niñas escrofulosas, en aque lias que al hablar de los escurrimientos purulentos, deciamos que- son por lo regular de temperamento linfático, ó que tienen los malos hábitos del onanismo, ó que han sufrido atentados á su vir- ginidad; los verémos también en las prostitutas, que sujetas casi constantemente á una excitación de los órganos sexuales los man- tiene en un estado de turgescen ia, muy fácil de explicar la abun • dante secresion vaginal que lubrifica y escurre en gran cantidad; el escurrimiento mucoso provocado por las aproximaciones fre cuentes llega entonces á constituir un verdadero estado patoló' gico; las mujeres que padecen metritis agudas ó crónicas, los su- fren también: repetidas veces se verá al observar el hocico de ten- ca escurrir el moco de la cavidad cervical de un aspecto opalino, ocaciones tan espeso y como gelatinoso, que sale conservando la forma de la cavidad que le contenia (la cavidad cervical), ad- hiere á las partes que toca, y es preciso frotar con alguna fuer- za para retirarlo; otras ocasiones las bal vas de los espejos salen de la cavidad vaginal con grumos y estrías mucosas que se pue. 15 den examinar perfectamente una vez sacado el instrumento; al- gunas veces aun ántes de introducirlo, la hendidura bulvar se ve lubrificada por dicha secreción y moja también los grandes labios: es raro que sean muy abundantes y más todavia que, como los escurrimientos anteriores, por su calidad producen ciertas es- coriaciones sobre la mucosa que sangra al menor contacto, ó en las partes vecinas, como'la parte interna de los muslos; cuando no hay el aseo necesariojproducen intertrigo y diversas erupciones cutáneas; ligados también á los diversos padecimientos que les dan origen, duran tanto como la enfermedad que los engendra; por lo regular principalmente las crónicas, la presen- cia de tumores, dejcuerpos extraños que irritan por sólo su pre- sencia la mucosa de dichos órganos, los pólipos y los cuerpos fi- brosos, las ulceraciones sobre el hocico de tenca ó en su vecin- dad, en los últimos restos del escurrimiento puerperal (loquios), y cuando el útero Jia sido el sitio de maniobras obstetricales ó que han definitivamente|constituido una metritis; en este estado especial de la matriz llamado engurgitamiento, se ve también esta especie de escurrimiento ligado al purulento con el cual se mezcla más ó menos íntimamente; pero de ól nos ocuparemos al hablar de nuestra sexta clase; el cateterismo uterino mal ó fre- cuentemente repetido ocasiona el escurrimiento mucoso. Escurrimientos saniosos. Son una especie de escurrimientos que por las propiedades sépticas é irritantes del líquido que los constituye, producen ade más de las grandes molestias, el envenenamiento de las personas que los padecen, que las agota, que las conduce al marasmo, á la decadencia vital, y por último, á la ruina y extinción absoluta 16 de los fenómenos vitales. Se ven comunmente en las personas de mayor edad, que padecen lesiones uterinas y principalmente el cáncer, desde que constituye una ulceración sobre el hocico de tenca muy frecuente en el labio posterior, hasta en esas enormes cavidades que han destruido gran parte del órgano y donde su exploración dá temor, por parecer que con un ligero esfuerzo se penetraría en la cavidad peritoneal. En esta especie de padeci- mientos tan frecuentes en la menopausa, es donde vemos estos escurrimientos que amargan la existencia de las que los padecen y que las vuelven intolerables para las personas que las rodean por la excesiva y desagradable fetidez del hicor canceroso, tan característico para el que alguna ocasión le ha percibido. Mas no solamente se observan en los mencionados casos, sino también en las mujeres debilitadas por otras causas, en que su sangre em- pobrecida, alterada é insuficiente para la nutrición, determina la muerte, la gangrena por inopexia de la bulva, de la vagina, y de todos los órganos genitales; trasformando toda esta región en una horrible cloaca; entonces observaremos este líquido sanioso escurrir constantemente de las partes caídas en exfacela en cier- tos productos que para su eliminación toman las vías genitales, como en los casos de preñez intrauterina, de tumores, de quistes que situados en la vecindad, y que cayendo su contenido ó su propia sustancia en putrefacción y descomponiéndose, se abre una vía por el canal vaginal y por ahí se elimina; constituye en- tónces un verdadero escurrimiento sanioso; en los casos de un es- currimiento purulento muchas veces el desaseo, el abandono, la acumulación y putrefacción del líquido, hacen que pierda el ca- rácter de pus de buena naturaleza, para tomar el de sanioso, de un color ligeramente lechoso: otras veces moreno, siempre fiúido é irritante que escoria, que destruye las mucosas, la epidermis hasta constituir ó dar lugar á verdaderas ulceraciones, y se com- prenden los sufrimientos que ocasionan tales escurrimientos; su gravedad se deduce, ligados como lo están á padecimientos su- mamente graves; por sí solos pueden llevar á todos los terribles y casi irremediables accidentes de la septisemia; su duración es- 17 tá íntimamente ligada á la lesión de que provienen, además á su abundancia y á sus propiedades sépticas, pues poseyéndolas en alto grado y siendo abundante, más pronto agota, más pronto envenena, y más pronto termina con la vida; algunas raras oca- siones los padecimientos que lo mantenían se curarán ó tenderán á la curación, y entonces se modificará perdiendo las propieda- des que los caracterizaban. Escm*rimientos',serosos. Los escurrimientos de esta naturaleza son bastante raros y sólo en circunstancias muy particulares tienen lugar; por otra parte, casi nunca están constituidos por un líquido enteramente seroso, siempre ó al menos frecuentemente están mezclados á se- rocidad sanguinolenta ó á moco. Las circunstancias donde ten- dremos ocasión de observarlos, es principalmente en el estado es- pecial de la matriz designada con el nombre de hidrometría en los casos de liidátides contenidos y desarrollados en este órgano, en los casos de quistes del ovario abierto por la vagina, en algu- nos raros casos de preñez; según la opinión de algunos autores, y entre ellos Neagele, admiten que ah i se verifica un despega- miento de las membranas en donde se acumula una cierta can- tidad de serosidad, que permaneciendo en aquel lugar más ó menos tiempo, concluye por despegarlas en dirección del cuello, del lugar más en declive, y sale al exterior por el canal servical y la vagina, pasando todo esto de una manera silenciosa, sin pro- vocar desórdenes ó trastornos en el curso regular de la preñez en la cual se observa; estos escurrimientos son de poca duración, por lo regular son súbitos, en unos cuantos minutos se escurre cierta cantidad de líquido y todo entra en reposo; en los casos de hidrometría, en donde el útero lleno más ó menos de líquido se encontraba aumentado de volúmen, vuelve poco á poco en ter- mino de siete ú ocho dias á su volúmen normal, á menos que 18 otros accidentes interrumpan ó compliquen la marcha regular; como todos estos escurrí mientos que son sintomáticos, su pronós- tico depende directamente del padecimiento que los origina; de una manera general podemos decir, que por sí solos no son ca- paces por su cantidad, abundancia ó duración de poner er. peli- gro la vida de las enfermas. Escurriiuientos Mixto». Son los cjue más comunmente se ven; muy raras veces las lesiones que originan todos los anteriores, dan un líquido tínico; las diversas afecciones del útero ó de sus anexos, los que pro- vienen únicamente del canal vaginal no son puros enteramente, casi siempre hay mezcla de dos ó más; en las metritis, el moco se encuentra mezclado con cierta cantidad de pus, como cuando se encuentran ulceraciones en su cavidad ó en los labios de su orificio; en los padecimientos vaginales, de igual modo, las glán- dulas que tapizan estas mucosas secretan abundantemente, y ma fiesta se vé la mezcla de pus, por ejemplo, en las vaginitis con el moco hilante y fluido de la vagina; otras ocasiones, cuando se ob- servan esos destrozos formidables que produce el cáncer uterino, donde la ulceración ha destruido los tabiques vesico y recto- vaginales y en donde lo que fue vagina queda trasformada en una cloaca, observamos perforaciones que comunicando con los órganos dichos, dan paso á los productos que contienen, y por ahí juntamente con la supuración y el hicor canceroso se escu- rre la orina y las materias fecales; en las metorragias de igual manera, si escrupulosamente se analizara el escurrimiento san- guíneo, se vería, que aunque la mayor parte es sangre, contiene, sin embargo, otros productos de secreción de los órganos por don- de pasa ó de donde toma origen; en las hemorragias post-partum se sabe con qué anticipación se encuentra lubrificado por moco en gran cantidad el canal vaginal; en las metorragias ocasionadas 19 por el cáncer, la sangre lo mismo contiene, además de supuración é hicor, detritus desprendidos de la superficie ulcerada; en las metorragias debidas á la dismenorrea encontrarémos más ó me- nos coágulos descompuestos y restos de falsas membranas arras- tradas por el escurrimiento. Por consiguiente, todas las propie- dades que sucintamente hemos mencionado en los anteriores, las encontrarémos en éstos más ó menos acentuadas según predomi- ne tal ó cual clase de líquido, y según la mayor ó menor intimi- dad de la mezcla: las ligeras consideraciones que en los otros nos han detenido con respecto á su duración y á su abundancia, aquí no hacemos más que recordarlas porque todo nos parece apli- cable. Diagnostico. U na de las partes más difíciles de la medicina á la vez que la más precisa é indispensable para establecer cualquier trata- miento racional y sabiamente dirigido, es el conocimiento exac- to de la enfermedad, del padecimiento, es decir, el diagnóstico. Se dice que no es médico el que sabe, sino el que cura; pero es muy irracional curar sin saber qué; sin embargo, muy á menudo verémos á ilustres médicos, no obstante su gran talento y su mucha práctica, llegar al conocimiento de una enfermedad en la mesa del anfiteatro, y esto absolutamente quiere decir que no sepan, que sea cuestión de impericia, de falta de dedicación, etc.; muy al contrario, verémos también empeñarse, agotar su ima- ginación, emplear cuanto medio está á su alcance para darse exacta cuenta de lo que pasa, y esto repetidas veces y pudiéra- mos decir de un modo maestro; y después de prolijos afanes, emi- tir una opinión en la que predomina la duda, en que se marca la vacilación, en que no hay seguridad; y entonces se establece una medicación enteramente sintomática lo mejor posible; mu- chas veces esto dura hasta que el enfermo sucumbe; otras ve* 20 ces no sucede así: síntomas, patognomónicos ó nó, aparecen; an- tecedentes que habían sido ocultados se revelan, y poco á poco el cuadro característico de una enfermedad se tiene, y entonces se conoce perfectamente. Si á esto agregamos que muchas ocasiones las enfermedades no se presentan nunca mientras duran, con los caracteres claros, francos, y que les son propios, ni en número, ni intensidad, ni la época y orden en que deben presentarse, sino que están bajo una forma larvada, latente, enmascarando sus manifestaciones; ¡qué diferencia, entonces, de lo que nos describen los libros, qué dis- tancia tan inmensa nos separa de lo que nos imaginábamos! Se comprende así la dificultad del diagnóstico, del elemento más indispensable para atenuar, aliviar ó curar los padecimientos. Pero una vez convencidos de esta real dificultad, debemos empe- ñarnos en destruir estos obstáculos, en elegir el camino que con más seguridad nos conduzca al fin propuesto; éste, á mi humilde modo de ver, es la apreciación racional, debida y justa de los sín- tomas; más para esto los medios y métodos explorativos nos son de inmensa ayuda, sabiéndolos aplicar y poner en ejecución. En las enfermedades que tratamos desempeñan tal vez el papel más importante; el conmemorativo nos servirá mucho, á no dudarlo; pero el exámen directo de los órganos genitales es indispensable, exámen que demanda muchas precauciones para verificarlo, no sólo concernientes, por decirlo a4, al manual operatorio, sino que lo exigen el honor, la decencia y la moral. Los escurrimientos que son objeto de nuestro estudio esta- blecen, por decirlo así, su diagnóstico por sí mismos: siendo uno de los síntomas que más preocupan ó molestan á las enfermas, al principiar el interrogatorio lo participan; otras veces, en aten- ción al conmemorativo, se les pregunta en este sentido y casi nun- ca lo ocultan; sin embargo, habrá veces en que tal suceda, como en los casos periciales cuando hay interés en ocultarlo; pero en- tonces el exámen directo nos disipará las dudas, á no ser que no se sometan las pacientes; en todos estos reconocimientos como entre paréntesis dirémos, es muy conveniente rodearse de algu- 21 nos testigos presenciales, escogiendo de preferencia á las per- sonas que tengan parentesco allegado con la enferma, porque ocasiones se presentan en que la dignidad y reputación del mé- dico se ven comprometidas por la maledicencia y la calumnia; otras veces es el punto sobre que consultan fijándose únicamen- te en el escurrimiento y dando poca ó ninguna importancia á la lesión que lo provoca ó que lo mantiene, siendo este precisamen- te el punto sobre el que más nos debemos fijar para formarnos juicio perfecto, y sobre todo, para su curación; esta es la razón por qué en nuestro programa hemos puesto el diagnóstico que pudiéramos llamar etiológico, porque no es tanto el escurrimien- to de tal ó cual clase que sea, sino su causa. Entre los primeros, es decir, los escurrimientos sanguíneos, tenemos todas las metrorragias ligadas estrechamente á lesiones uterinas: entre éstos las que más frecuentemente dan lugar, son los cánceres uterinos, á cuyo conocimiento llegamos fácilmente cuando el mal se encuentra en un grado bastante avanzado; mas no así en su principio, donde muy fácilmente se confunde con un cuerpo fibroso ó un mioma uterino, con una hipertrofia de las glándulas’que posee el cuello, ó con una ulceración de cual- quiera otra naturaleza; en este período de la enfermedad es mu- chas veces demasiado difícil emitir una opinión; pero de todas maneras, el conmemorativo, en el que se nos dice que la enfer- ma ha tenido pérdidas en rojo frecuentes; que ha tenido muchos hijos (causa que se cree como predisponente); que se ha estenua- do, que ha enflaquecido en el espacio de seis meses ó un año sin otro motivo; que el color de su cara presenta un tinte amarillen- to pajizo ó amarillo verdoso que se observa en las mujeres de nuestro país, probablemente por la coloración de su pigmento más oscuro; los dolores lancinantes que las atormentan, localiza- dos principalmente al hipogastro; la edad, que desempeña tan importante papel en la aparición de esta enfermedad; la meno- pausa, esta edad crítica que es la privilegiada, no queriendo de- cir que más temprano no se presenten casos, pues estadísticas referidas por A. Guerin muestran que sobre 400 mujeres afee- 22 tadas de cáncer, solamente 12 tenían 20 años ó edad próxima á ésta; todo esto, ayudado del examen cuidadoso y delicado por el tacto y el espejo que nos llevará á formar un juicio acertado. El tacto nos revelará ó bien un fondo de saco donde ni vestigios de cuello ó de hocico de tenca se encuentran, ó bien más tem- prano; éste más ó menos destruido por la ulceración, ó duro é hipertrofiado, y el útero enclavado é inmóbil, época donde es di- fícil el diagnóstico; nuestro dedo saldrá casi siempre ensangren- tado, porque sabido es con qué facilidad sangran estas ulcera- ciones al menor contacto; pero no será únicamente sangre, sino también será mojado por ese líquido infecto de color blanquizco sucio, ó detritus que llevará al salir; si luego aplicamos el espe- jo, verémos la ulceración unas veces con un aspecto fungoso co- mo vegetante, de color blanco, amarillento ó gris, á veces inva- diendo todo el cuello, otras solamente un lábio, el posterior muy frecuentemente; á veces también las paredes vaginales que se destruyen, que se roen, por decirlo así, los tabiques recto y vesico- vaginales, y entonces donde se introduce el espejo es una horri- ble cloaca; cuando todo esto se relaciona, el diagnóstico está he- cho y entonces, tanto el escurrimiento sanguíneo como el sanio- so y purulento á que este padecimiento dá lugar, sabemos de qué provienen, cuál es su origen. Otra vez no sucederá así sino, que tendremos una mujer de edad média ó bien en la pubertad que acaba de tener ó tiene los síntomas precursores ó que se mantienen durante cada menstruación, pero exagerados, á lo que se agrega la irregularidad tanto entre las épocas intermenstrua- les como en la cantidad y clase de líquido, acompañado todo esto frecuentemente con síntomas histéricos; podemos asegurar que se trata de una dismenorrea y el escurrimiento sanguíneo que á la vista tenemos ó que se nos ha comunicado, sabemos ya de qué proviene; mas preciso es fijarse sobre un padecimiento que pre- sentando semejanza con el dicho, pudiera inducirnos en error, y error de graves consecuencias; me refiero á la dismenorrea membranosa, ó por otros nombres á la metritis interna, mucosa ó esfoliativa, que se confunde también con el aborto, cuyo diag- 23 nóstico es muchas veces casi imposible, principalmente cuando el embarazo data de poco tiempo, un mes ó mes y medio, pues los mejores datos que para el caso nos pudieran servir, sería el encontrar un embrión ó sus restos; pero á esta época apenas hay una vesícula que desgarrada puede perfectamente confun- dirse con colgajos ó restos de mucosa como se ve en la dismeno- rrea, y entonces la vacilación sobre el origen del escurrimiento sanguíneo que presenciáramos sería posible; por otra parte, los signos de embarazo á esta época son todos inciertos y sí comu- nes con la dismenorrea, ya membranosa ó nó, y con otras afec- ciones uterinas, como la presencia de pólipos, tumores ó cuerpos extraños contenidos en su cavidad, que la exploración, por ejem- plo, con la sonda ú otro medio no dá la seguridad ni tampoco conviene insistir por no ser inocente, ya por agravar el estado actual ó por despertar ó suscitar una complicación. En los es- currimientos puerperales esta sola circunstancia nos pone en la vía del diagnóstico, aunque bueno es tener presente que ja- más se consulta al médico cuando normalmente se verifica el escurrimiento loquial, ó cuando todos los fenómenos del puerpe- rio caminan en perfecta armonía al restablecimiento ad inte- grum; sino que se consulta cuando pasa algo grave, y repetidas ocasiones de la mayor urgencia, como en las hemorragias post- partum, ó en los casos en donde se encuentran desórdenes atro- ces como desgarraduras del útero, rupturas de este órgano, de la vagina, debidas ó no á un parto distócico, maniobras impruden- tes, etc ; entonces tendremos, si es reciente, un escurrimiento san- guíneo que preciso es cerciorarnos de su origen para combatirlo con los medios adecuados. En otras circunstancias no será el caso referido; tendremos una mujer en el período del desarrollo de la vida, que de cuando en cuando tiene pérdidas sanguíneas coincidiendo con sensaciones dolorosas en el bajo vientre é irre- gularidad en sus menstruaciones, con sensación incómoda de al- go extraño dentro de la vagina; si exploramos entonces conve- nientemente por medio del tacto y de viste con el espejo, sentiremos: el cuello más ó menos dilatado, dejando ó no esca- 24 par un cuerpo que dá la sensación de un tumor como fungoso, vegetante, de superficie como de coliflor; otras veces no escapará de la cavidad cervical y el dedo podrá penetrar hasta este sitio lo que se puede para tocarlo; si colocamos el espejo sólo servirá para rectificar lo que el tacto nos hizo apreciar, y entonces ve remos que el escurrimiento sanguíneo toma de ahí su origen y podemos diagnosticar un pólipo, los que también se encuentran tomando inserción en las paredes vaginales y dando también lugar á escurrimientos sanguíneos graves, por la frecuencia con que vuelven, acabando por agotar el organismo de quien los lle- va; casi todas estas lesiones no se limitan á suscitar y producir escurrimientos sanguíneos cuando se encuentran ulcerados, sino que mezclándose con pus forman un escurrimiento mixto, de lo que también nos daremos cuenta al hacer el exámen con el es- pejo, encontrando que dichas ulceraciones supuran y este líquido entónces constituye una leucorrea. Las ulceraciones sobre el cuello algunos autores las toman como signo traductor seguro de una metritis interna ó parenguinatosa; en aquellas que sola- mente limitan su extensión al cuello es frecuente esto, así como el escurrimiento mucoso que se vé aparecer con su aspecto opa- lino y bastante adherente á las partes con quien se pone en contacto ó adhiere. En las leucorreas que f-ienen un origen es pecífico y que provienen del canal vaginal coinciden frecuen- temente con la uretritis; en este caso los antecedentes si son revelados nos ilustran bastante; por otra parte, el exámen nos sirve de mucho: al tacto ei canal vaginal se encuentra caliente, muy sensible y lubrificado abundantemente por el escurrimien- to purulento, que escoria los grandes labios que están tumifica- dos, rojos, participando de la inflamación como todo el canal btil- var, las partes internas de los muslos se encuentran también esco- riadas, la introducción del espejo es dolorosa, y algunas veces di fícil por la tumefacción de la bulva; una vez introducido, toda la mucosa dei canal se vó roja y bañada por pus; ocasiones encon- trarómos ulceraciones que presentan los caracteres de chancros coincidiendo con bubones próximos á abrirse ó abiertos ya; 25 cuando á la vez se encuentran uretritis, las molestias que el pa- so de la orina produce son características, para mayor seguridad aplicando el dedo en la pared anterior de la vagina y en el fon- do, buscando al través el relieve que hace el canal uretral, y comprimiendo hácia adelante después de haber limpiado la bul va se vé salir el pus por el meato. En otras afecciones uterinas co- mo la hidrometría que dá lugar á un escurrimiento seroso en algunos casos raros de preñez, y que ésta continúa su curso nor- mal sin ningún otro trastorno, debemos creer lo que ántes digo con respecto á estos escurrimientos; cuando el útero contiene el producto de la concepción y hay además expulsión de cierta can- tidad de líquido; debemos darnos cuenta perfecta por todos los medios que sesaben, si aquello no es un trabajo de parto, y aquel escurrimiento no es provenido de la ruptura de las membranas; pues aunque se admite la retención de cierta cantidad de serosi- dad entre las membranas y el útero y después inocentemente su espulsion, esto es demasiado raro, y siempre en el estado de preñez debe ser alarmante tal síntoma cuando inesperadamente y sin un verdadero trabajo á tiempo se presente: en los casos de hidrometría el punto principal es cerciorarse si dicho estado del órgano no es dependiente de una lesión orgánica, porque en tal caso es un pronóstico grave el escurrimiento seroso que tenemos á la vista. Los escurrimientos mixtos toman su manantial en multitud de efectos de los que hemos mencionado, y como diji- mos brevemente al describirlos, son sintomáticos de diferentes estados de los padecimientos, pudiéramos decir, por ejemplo, una endometritis puede dar lugar á una metrorragia que después se mezcla con cierta cantidad de pus, y entonces ya constituye un escurrimiento mixto, de igual modo que con moco, etc. Los padecimientos desarrollados en la vecindad de los órganos geni- tales que dan lugar á un escurrimiento como flegmon del liga- mento ancho, un adeno-flegmon peri-uterino que se ha trasfor- mado en un absceso y que se abre por esta vía, tenemos el conmemorativo en el que siempre encontrarémos los datos sufi- cientes para sospechar lo que mantiene aquel escurrimiento, fes- 26 como el exámen que nos revelará el lugar en que se ha verifica- do una operación, como una punción ó que espontáneamente se ha abierto. TRATAMIENTO, Es la parte en que el médico debe ser lo más juicioso y ra- cional, por tener muchas veces, no solamente que atender á combatir la enfermedad de una manera segura, cosa muy difícil, sino también hacerle á su enferma, lo más que se pueda, sopor- table el tratamiento empleado; por otra parte, nunca debe olvi- dar al instituirlo, las circunstancias que la rodean ó en que se encuentra, porque no siempre se tiene la posibilidad de llenar una indicación, con lo más eficaz y adecuado, sino algunas veces ni siquiera con lo más indispensable; al médico toca en tales circunstancias subsanar ó sustituir en cuanto le fuere dable su método curativo, á fin de que de la manera más módica ó eco- nómica produzca el resultado que se desea. En los padecimien tos que nos ocupan, donde tanta influencia tienen las malas condiciones higiénicas, es lo primero que se debe remediar, ha- ciéndolas lo más favorable posible, lo que entre las personas in- digentes es algunas veces indispensable, y en este caso lo más á propósito es enviarlas á un asilo hospitalario, donde al ménos tienen la facilidad de estar en reposo, y ya esto es mucho conse- guir, y más para dichas enfermedades que es uno de los princi- pales medios profilácticos para mejorarla*; además, se les evita sus fatigosos quehaceres, ó que continúen en los excesos de su vida desarreglada, agregando que se ven precisades á medici- cinarse con el método y eficacia que su padecimiento demanda. Circunstancias habrá donde no se pueda principiar por poner tales medios, y entonces la conciencia del médico, se compren- de, quedará satisfecha con hacer lo que se pueda. Cuando las afecciones morales, las pasiones, estén contribuyendo al mante- 27 nimiento de muchos padecimientos, se les advertirá lo útil que serían las distracciones y la vida ocupada, que hace que la men- te de las personas se desatienda del objeto que la perjudica; las veces que la aplicación de ciertos aparatos los mantiene, quitar- los inmediatamente es la indicación que de preferencia se llena- rá así como el uso y el abuso de ciertos ejercicios, como el baile, el andar á caballo, paseos frecuentes 6 largas caminatas en ca- rruajes, todo esto se les evitará; igualmente se les pintará con los colores más vivos los funestos resultados del onanismo, to- mando ó indicando las precauciones que tendrán que poner en severa práctica para conseguir ausentar tales costumbres. En los casos de escrofulismo y que el escurrimiento sea ó nó una de sus manifestaciones, se tratará convenientemente este estado ge- neral, seguro que si depende de él, mucho se mejorará, rápi- damente y en poco tiempo estará curado, y si no siempre se modifica en bien un organismo sobre el que se ha desarrollado un padecimiento que así tenderá á la curación; y en una pala- bra, se preocupará constantemente de tratar el estado general que mantiene, contribuye ó determina tal ó cual escurrimiento, pre viamente averiguado, que está manifestamente ligado á él. Los escurrimientos sanguíneos, que son los que más instantánea- mente ponen en peligro la vida, ó que por su repetida frecuen- cia conducen al mismo resultado, nos obliga á recordar los me- dios de que se dispone para combatirlos; se comenzará por instituir un reposo absoluto á la enferma en un lecho apropiado, prefiriendo los colchones de heno ó de crin á los mullidos de la na 6 de pluma, se acostará á la enferma de lado, y si es posible y soportable sin muchas molestias se le levantará un poco la pel- vis; se le ministrarán bebidas refrescantes, como temperante, ó li- monadas ligeramente astringentes. Se pondrán revulsivos á otras partes del cuerpo como sinapismos en los brazos, en el pe- cho, en el dorso, manilubios sinapismados, lavativas laudanizadas; todo esto en los casos de ligero escurrimiento da resultado y se contiene; pero cuando no cede á estos medios, y que persiste en el mismo grado ó aumenta, se recurrirá á inyecciones astrin- 28 gentes, de solución de alumbre, de tanino ó con percloruro de hierro bastante diluido, se ministrará la ergotina de Bonjeam á la dosis de cuatro gramos en cucharadas, dándose cada hora ó cada media hora según la abundancia del escurrimiento, siem- pre que su empleo no estuviere contraindicado, como en las he- morragias por implantación viciosa de la placenta en los casos de preñez, en el momento del parto, ántes que el producto ó sus dependencias sean expulsados; en estas se hará lo que el arte obstetricial ordena; en los escurrimientos sanguí- neos ligados ó dependiendo de un cáncer uterino, además de ministrar á la enferma la ergotina del modo ántes indicado, ó ya por la vía hipodérmica, usando de solución de Ivon á la do- sis de un gramo, se mandará también injmcciones astringentes que si quedan sin resultado, se colocará entonces un tapón sobre la superficie sangrante, empapado ó de percloruro de hierro 6 de lo que se sabe dá mejores resultados en este caso, de una solución de ácido acético cristalizable al veinticinco por ciento; cuando el escurrimiento no sea efecto de ninguna de las causas mencionadas, sino que sea dependiente de trastornos de la mens- truación, los medios que recomendamos para una hemorragia ligera surten y bastan; en los casos graves de dismenor rea mem- branosa, lo más útil es el taponamiento, vaginal verificado con todas las reglas que se prescriben para hacerlo, lo mismo que en las hemorragias consecutivas á los traumatismos ú operacio- nes verificadas sobre la matriz, teniendo cuidado que el tapón no permanezca más de un dia en el lugar sin hacer su extrac- ción, porque la sangre y coágulos que lo mojan, se descomponen rápidamente y pueden ser un foco de infección, producir tam- bién escoriaciones y ulceraciones en las paredes vaginales, y más todavia, por sola su presencia, provocar una peí vi-peritoni- tis; la extracción se hará con mucho cuidado, porque haciéndolo de una manera brusca se puede despertar la hemorragia que se habia contenido; si tal sucediere aun ántes de que la cavi- dad vaginal se encontrare vacía, siempre se renovará el ta- pón limpiando perfectamente y ordenando á la enferma un tra- 29 tamiento preventivo, de la peritonitis que pudiera desarrollarse; cuando ya hubiere algunos signos de ella, con mayor razón; como en toda pérdida de sangre, se mandará á la enferma una alimentación reparatriz, un régimen tónico y reconstituyente, cuando para ello no hubiere alguna contraindicación. Los escurrimientos purulentos que muchas veces alternan con los sanguíneos, exigen la mayor parte de las veces un tratamien- to general y un tratamiento local, en el que de preferencia nos fijaremos, por haber dicho anteriormente, que nunca se olvide tratar el estado patológico ó la causa del escurrimiento; los tó- picos astringentes, los resolutivos, son los más usados porque dan mejor resultado; entre éstos tenemos las inyecciones emo- lientes, las cataplasmas hechas en forma de saco cilindrico, de un volumen proporcionado al canal; las inyecciones astringen- tes y desinfectantes, como de solución de alumbre, de tanino, de subacetato de plomo, de cocimiento de crameria, alternando con inyecciones cloruradas ó fenicaclas: dichas soluciones deben estar bastante diluidas para que no obren como cateréticas; las fór- mulas que he visto usar con buen éxito, son: alumbre, una onza para una libra de agua para inyecciones vaginales, ó de ácido fénico un gramo, para la misma cantidad de agua, dos inyeccio- nes diarias según la abundancia del escurrimiento; cuando por estos medios no se consiguiere modificarlo, es conveniente obrar de una manera más enérgica y llevar sobre las superficies los tópicos en polvo, para lo que se han inventado ingeniosos ins- trumentos y de fácil manejo, aun para las mismas enfermas; tal es el porta-tópico de Delisle, el porta-polvo de Gariel, que permiten colocar los polvos sobre las ulceraciones; algunos, como el men- cionado de Gariel, exig-n la introducción del espejo, lo que no debe hacerse con frecuencia, porque siempre estas exploracio- nes irritan, exajeran la inflamación, y muchas veces son impo- sibles por la tumefacción y los dolores que provocan. Se usará en ciertos casos de leucorreas crónicas, rebeldes, cuando en la vagina ó en el cuello del útero existen ciertas ul- ceraciones atónicas, sin tendencia á la cicatrización, de solucio- 30 nes causticas para tocarlas, como líquido yodo-tánico de Bouchar- dax, la solución saturada de yodo en creosota, la de yodoformo en sulfuro de carbono, que volatizándose el sulfuro, deja depo- sitar el yodoformo; algunas veces el nitrato ácido de mercurio, principalmente en las ulceraciones de naturaleza específica; to- dos estos líquidos modifican rápidamente las superficies ulcera das y pronto se cicatrizan, con sólo dos ó tres cauterizaciones en el intervalo de quince dias ó tres semanas, ayudado diaria- mente de las inyecciones astringentes, bastan para la curación. Cuando el escurrimiento es sintomático de una metritis agu- da ó crónica, los cáusticos mencionados se harán obrar sobre la superficie del cuello, y algunas veces también en el interior del órgano, dilatado previamente éste con la esponja preparada ó con la laminaria, auque esta intervención es un poco temeraria porque muy frecuentemente desarrolla un trabajo flegmásico agudo del tejido celular peri-uterino y del peritoneo; de manera que se debe ser muy precavido para intervenir de la manera expresada; y es más racional acudir en los referidos casos á las cauterizaciones con el nitrato de plata, introduciéndolo en la ca- vidad del cuello; algunos autores quieren que se deje en el lugar basta su fundición; pero esto, si bien es cierto que obra más profundamente y que su acción es más segura, también es ver- dad que al fundirse escurre y toca superficies sanas que no ne- cesitan de su acción, lo que no es sin inconveniente; las inyec- ciones intrauterinas con soluciones más ó ménos diluidas de la sustancia dicha ú otras semejantes y seguidas de inyecciones cloruradas ó de simple agua, con objeto de atenuar su acción; estas inyecciones tienen por objeto modificarla superficie inter- na de la matriz y de este modo concluir con el escurrimiento; pero tiene el grave inconveniente de que algunas veces estos lí- quidos pueden ser introducidos hasta el peritoneo por las trom- pas, y provocar una peritonitis sobre-aguda mortal. Otro de los medios de que se dispone á menudo, y sobre to- do, cuando ya los anteriores se han usado sin conseguir resulta- do favorable es las cauterizaciones, con el fierro rojo, principal- 31 mente en los casos de metritis fungosa ó vegetante; algunos au- tores opinan que es mejor esto que hacer la raspa uterina. Al aplicar el fierro rojo se deben tomar algunas precauciones, entre otras, calmar á las enfermas, que les aterra la idea de aplicarles un fierro candente; se les convencerá de lo indoloro que es dicha operación; además, después de poner á descubierto por medio de los espejos especiales que hay (los de Ferguson) la parte del cue- llo que vá á ser cauterizada, se secará perfectamente el fondo, por medio de tapones de hilas y no de algodón, que puede dejar algunos restos adheridos y éstos á, la aproximación del fierro hecho ascua se incendian y cauterizan entonces en el lugar que están pegados, lo que no sucede con las hilas; deciamos que se debe secar bien, porque estando mojada la cavidad ó el fondo el líquido entra en ebullición al contacto del fierro, y escurre quemando: las cauterizaciones deben ser ligeras, d e poca dura- ción, de unos cinco ó seis segundos, y ser seguidas inmediata- mente de un lavatorio de agua fria sobre el lugar cauterizado; sirve también esto, para enfriar el éspejo que se calienta algo con la aproximación del cauterio, y pudiera quemar la vagina. Se aconseja á la enferma un reposo absoluto, por ser después de dicha operación, cuando ha habido algún ejercicio, frecuente «1 desarrollo de una flegmasía vecina. Algunos autores temen mucho este medio curativo, por pare- cerles provocar una atresía, ó una obliteración completa del cue- llo uterino, y tener por resultado la esterilidad; me parece que algunas veces pudiera suceder tal cosa; pero las más no pasa así, y teniendo en cuenta los buenos resultados que se obtienen, creo no se debe proscribir, menos tratándose de personas de ma- yor edad, en que las funciones del aparato genital han quedado terminadas; esto no quiere decir que se abuse de tal medio, que puede provocar accidentes inflamatorios que comprometen se- riamente la vida. En los casos de hidrometría, cuando cierta cantidad de líqui- dos ha escurrido, se debe ejercer una compresión moderada so- bre el vientre, por medio de un vendaje apropiado, tanto para 32 impedir que vuelva á llenarse, como para ver si se consigue que escurra el que aún queda; cuando por la gran cantidad del lí- quido y el inmenso desarrollo del útero (que algunas ocasiones se ha llegado á confundir con un derrame asítico) predujere sín- tomas de compresión graves sobre los órganos vecinos, se pum cionará por la vagina dando salida al líquido y usando de las precauciones que se toman al vaciar el derrame de una cavidad. También se deberá puncionar y evacuar el líquido en la hidro- metría durante la preñez, en las mismas circunstancias que en el caso anterior, cuando los síntomas compresivos hagan la vida imposible; pues aunque se pudiera objetar que entonces es casi seguro que se provoca el aborto, se puede decir que la hidro- metría se desarrolla en época avanzada de la preñez, del quinto mes en adelante, cuando la mayor parte de las veces el feto es viable y cuando esto no sea, porque frecuentemente está mal nutrido, débil, y en fin, en condiciones desfavorables para se- guir viviendo, creo no se debe vacilar en hacer lo posible por man te - nerla vida á aquel que tiene más probabilidades de conservarla. Para terminar, diré qne se tendrá un aseo lo mejor posible, ordenando á las enfermas lavarse una ó dos veces al dia, con agua fenicada ó clorurada; sobre todo cuando hay escoriaciones que el escurrimiento produce, poniendo en seguida las superfi- cies á cubierto con grasas, ó con ciertos polvos como los de li- copodio. Comprendo lo incompleto é incorrecto de mi trabajo; pero mis débiles esfuerzos no me alcanzan para más; por lo mismo, vuel- vo á suplicar á mi respetable jurado sea indulgente con el últi- mo de sus discípulos. Joaquín §. .TUi|u¡;o.