Facultad de Medicina de México TESIS Presentada ANDRÉS ALMARAZ ANTE EL JURADO DE CALIFICACION Concurso abierto para proveer la plaza de PROFESOR ADJUNTO Á LA CÁTEDRA DE ANÁLISIS QUÍMICO LA Escuela Nacional de Medicina México. MÉXKta IMPRENTA DE FRANCISCO DIAZ DE LEON, Calle de Lerdo número J 1887 Á LOS RESPETABLES MIEMBROS JURADO DE CALIFICACION AL SR. DR. D. JUAN M. RODRIGUEZ En Testimonio de Afecto, Consideración y Respeto. BREVES CONSIDERACIONES ACERCA ANÁLISIS QUIMICO Iplpli he elegido de entre los diferentes temas que puede suministrar la ciencia para es- cribir una tesis, el asunto que sirve de epígrafe á este pequeño trabajo, ha sido porque es el más adecuado al objeto de la Cátedra á que aspiro, y porque á mi juicio es también el más á propósito para exponer algunas ideas propias que me ha su- gerido el estudio del Análisis Químico. Siendo los métodos empleados en el Análisis perfectamente conocidos de este Respetable Ju- rado, y no queriendo, por lo mismo, cansar la 6 atención de los individuos que lo forman, no me ocuparé de los minuciosos detalles á que se presta materia tan extensa. La ciencia del mal, más que la del bien, hizo nacer y ha desarrollado el análisis; pues, en efec- to, el fraude es más antiguo que la ciencia mis- ma, y esto ha hecho que en todas las épocas de la Historia de la Química se hayan buscado con empeño los mejores medios de ponerse á cubierto del engaño. El primer reactivo empleado, de que nos habla la historia, es la infusión de nuez de agalla, utiliza- da para indicar la presencia de las sales de «Mar- te» en las de «Venus,» desde un principio tan em- pleadas en la tintorería, y cuya adulteración era desde entonces tan frecuente. De la adulteración de las sustancias usadas en las artes, se pasó á la falsificación del medio de cambio, y la moneda, cuya existencia es antiquí- sima (según nos lo prueba la Biblia en el Capítulo XXIII del Génesis, cuando refiere que el Patriar- ca Abraham, á su vuelta de Egipto, compró en 7 400 sidos de plata1 el sepulcro de su esposa), su- frió también, como es de entera notoriedad, los atentados de la mala fe. Y no sólo los particulares, sino también las au- toridades, desviándose de lo que les ordenan sus deberes, han falsificado el numerario, llegando al- gunas al más escandaloso abuso, como lo hizo el Emperador Galieno en Roma, cuando, en vez de poner en circulación monedas de plata, las man- dó acuñar de cobre estañado, no obstante la pro- hibición expresa de la Ley Cornelia. De aquí pasó la adulteración á las sustancias alimenticias, y sabido es que este último mal ha llegado á propagarse en nuestros días de una ma- nera lamentable y asombrosa. Si nuestros sentidos fueran bastante delicados para apreciar las pequeñísimas diferencias que existen entre los cuerpos que á primera vista se confunden, no habría sido necesario el uso de reactivos para poder distinguir unos de otros; i 158 pesos poco más ó menos de nuestra moneda. 8 pero desgraciadamente nuestros sentidos son in- suficientes para apreciar pequeñas diferencias, y de ahí proviene que se haya tenido que echar ma- no de agentes que determinen en los cuerpos pa- recidos, reacciones que, hiriendo nuestra vista de viva y diferente manera, hagan que con seguridad pueda establecerse su distinción. La vista es en el Análisis Químico el primer sen- tido que se pone en juego, y en muchos casos su solo testimonio basta para llegar á una conclusión, porque á la vez que hace apreciar las diferentes coloraciones, da también reseñas del estado físico, forma y textura de los cuerpos que se estudian. El olfato es el segundo sentido que se emplea, y con su ayuda se pueden reconocer y distinguir multitud de cuerpos que tienen la propiedad co- mún de ser olorosos. El sentido del tacto suele interrogarse antes que el del olfato, cuando se trata de sustancias só- lidas y poco volátiles, pues la suavidad y la dure- za son cualidades que se tienen en cuenta. El gusto es el último que interviene, y la razón es, porque siendo algunas sustancias extremada- mente venenosas, la prudencia exige que con pre- caución se haga uso de este sentido. 9 Muy pocas son las sustancias que para ser dis- tinguidas exijan el auxilio del oído; tales son el azufre y la creta: manteniendo al primero algún tiempo entre los dedos, y frotada la segunda, pro- ducen chasquidos que caracterizan á uno y otra. Pudiera citarse asimismo al estaño, que doble- gándole produce un ruido que se llama «grito del estaño.» Los agentes físicos, esto es, el calor, la luz, la electricidad y el magnetismo, obrando sobre las sustancias, producen acciones que son apreciadas por nuestros sentidos y nos hacen reconocerlas y distinguirlas. El reconocimiento por el soplete y por el análisis espectral, confirman mi aserción. Por último, las sustancias simples y compues- tas que han recibido el nombre de reactivos, son otros tantos medios que el químico emplea en el análisis. El analizador, erigiéndose en juez, inquiere por medio de sus sentidos, y los datos que las sus- tancias le suministran, ya sea con auxilio de los agentes físicos y químicos, ya sea sin él, sírvenle para pronunciar su fallo, atento siempre á los co- nocimientos previos de Química General; y le sir- ven igualmente para aplicar á las sustancias los nombres que les convienen. Los diferentes mé- todos de reconocimiento y separación no vienen á ser para él otra cosa que el Código de proce- dimientos; sus sentidos y los reactivos que em- plea, los testigos; y las leyes de la nomenclatura, las fundamentales que se han de aplicar en los diferentes casos. Por adelantado que estuviese el Análisis Quí- mico, habría permanecido estacionario é incom- pleto si á fines del siglo pasado un gran químico no le hubiera dado poderoso impulso introdu- ciendo el uso de la balanza. El empleo de este instrumento hizo cambiar, en efecto, la faz de la Ciencia, echando por tierra la teoría de Stahl, dotando á la química de un nuevo medio para valuar la materia en sus transformaciones y des- cubrir las leyes á que ellas están sometidas. Lavoisier, á quien se deben este y otros adelan- tos, tuvo necesidad de contradecir cada uno de los argumentos que se aducían en favor de la antigua teoría, probando que las observaciones que servían de base á la del Jlogisto eran quimé- ricas, y fundó la de la combustión. El Análisis Cuantitativo nació del empleo de la balanza en las transformaciones químicas, y 11 en la actualidad es el indispensable complemen- to del Cualitativo. ¿De cuántas partes se compone el Análisis Químico? Para contestar esta pregunta bastará recordar que la naturaleza presenta, tanto en el reino or- gánico, como en el anorgánico, conglomerados de especies químicas definidas, ó sean agrupacio- nes de cuerpos compuestos dotados de propie- dades físicas y químicas constantes, y que hay que separar del conjunto esas individualidades; ope- ración á la cual se ha dado el nombre de Análi- sis Inmediato. Una vez separadas las especies químicas, resta averiguar su composición elemental, determinan- do la clase de cuerpos que los forman y las pro- porciones en que están combinados. Los Análisis Cualitativo y Cuantitativo consti- tituyen el Análisis Mediato de los cuerpos. En el Análisis Cualitativo, se distribuyen en grupos todos los cuerpos conocidos, de manera que las sustancias comprendidas en cada uno de ellos den reacciones semejantes con unos mis- mos reactivos, á los cuales se da el calificativo de generales. 12 La elección de los reactivos generales ha sido uno de los grandes triunfos de la química. The- nard, primer autor de Análisis Químico, necesitó adquirir previamente un conocimiento profundo en Química General, para poder entresacar de en- tre todas las sustancias conocidas, con el objeto indicado, el ácido sulfídrico, el sulfidrato de amo- niaco, y los carbonatos de potasa y de amoniaco. Si el objeto del analizador fuera sólo conocer las sustancias que forman un compuesto, cualquier reactivo podría servir para agrupar las sustancias hasta hoy conocidas. La Potasa, la Sosa ó el Amoniaco, por ejemplo, podrían servir para el objeto, puesto que precipitan á unos cuerpos y á otros no, y que algunos de esos precipitados son solubles en un exceso de reactivo, y los restantes son diferentemente coloridos. Pero debe tenerse presente que el Análisis Cua- litativo tiene que servir de base al Cuantitativo; esta circunstancia limita el número de las sus- tancias de que se puede uno valer. Efectivamente: los reactivos generales deben llenar las condiciones siguientes: D Deben dar precipitados completamente insolubles en el ve- hículo en que se opere; 2* Deben ser anhidros; Deben ser poco alterables, y 4? El precipitado que produzcan debe contener la sustancia que va á determinarse, en la menor cantidad posible. Ahora bien; si sometemos á este cartabón las sustancias que hemos elegido para ejemplo, ve- remos que no satisfacen las condiciones enuncia- das, pues casi todos los óxidos que se obtienen con su empleo son hidratados, y el equivalente del oxígeno es inferior al del azufre. Habría ma- yor pérdida al determinar una sustancia en la for- ma de óxido que en la de sulfuro. Esta condición, que es indispensable en el Aná- lisis Cuantitativo, cuando se hace uso de la ba- lanza, pierde toda su importancia cuando se usan los procedimientos gradimétricos. En ellos se re- quieren dos clases de reactivos: unos que se com- binan con la sustancia cuya cantidad va á deter- minarse, llamados, por tal motivo, reactivos deter- minantes, y otros, que indican el momento preciso en que ha concluido la acción de los primeros, y se llaman indicadores. Estos últimos, por lo general, son materias co- lorantes, susceptibles de cambiar perceptiblemen- te de color bajo la acción de una mínima cantidad de reactivo determinante. Tales son, la tintura 14 de tornasol, en la alcalimetría y acidimetría; el ácido sulfindigótico en la clorometría; el croma- to de potasa en el procedimiento que sirve para valuar la riqueza de la sal común; y el sulfato de fierro al máximum en uno de los procedimientos argirométricos. El mismo reactivo determinante en ciertos ca- sos es el indicador, como sucede en la hidrotrime- tría y en el procedimiento ferrimétrico común, empleando el permanganato de potasa. Los procedimientos gradimétricos forman épo- ca en la Historia del Análisis Químico y nos per- miten indicar la manera de llevar los análisis has- ta un grado de aproximación extremado, cuando el reactivo determinante está suficientemente di- luido para que cada centímetro cúbico de él re- presente una fracción infinitesimal de la sustan- cia que se va á valuar. Este método, que Descroizille puso en práctica para la alcalimetría (1804), fué adecuado después por Gay-Lussac á la clorometría y argirometría (vía húmeda), y recientemente generalizado por Morh y Fleischer, á tal extremo, que no hay sus- tancia alguna que no pueda valorizarse numé- ricamente con su auxilio. La utilidad del Análisis Químico es indiscuti- ble. Bajo el punto de vista especulativo, ha des- cubierto las leyes que rigen las combinaciones de todos los cuerpos, proporciona los medios de observar las múltiples transformaciones de la ma- teria, y tiende á hacer deductivo el estudio de la Química. Bajo el punto de vista práctico, puede decirse que ha dotado á la Terapéutica, especialmente, de los principios medicamentosos que se extraen de los vegetales, y que en manos de personas doctas son tan útiles en el tratamiento de las en- fermedades. El es el guía del minero inteligente, y del beneficiador de metales, y, con su auxilio, el agricultor logra adecuar la tierra á las semi- llas ó plantas que en ella deposita. Por último: su estudio ha llegado á ser tan ne- cesario, que ni el médico, ni el ingeniero, ni el abogado, ni el agricultor, ni el industrial, pueden dispensarse de él, siquiera sea concretándolo á las aplicaciones que tiene en cada una de esas profesiones.