BREVES CDISIDEBACIOIES SOBRE LA HIGIENE 1 LE CIUDAD BE OAXACA Y DE SU HOSPITAL GENERAL. TESIS Presentada por el alumno del Instituto de Ciencias LUCIANO B0NAV1DES, 111.1(1. En su Mámen profesional de Medicina j Ciruja. QAXACA. IMPRENTA DE GABINO MARQTEZ." 8. 75 Calle de Hidalgo, núm. 49. 1886. BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LA HIGIENE DE LA CIUDAD OI OAXACA Y DE SU HOSPITAL GENERAL. TESIS Presentalla por el alumno del Instituto de Ciencias LUCIANO BONAVIDES, hijo, En su eximen profesional de Medicina y Cirnjía. OAXACA. IMPRENTA DE GABINO MARQUEZ. 8. ” Calle de Hidalgo, núm. Jfi. 1886. MEIS. Sin pretensiones de ninguna especie, y solo por cumplir con las prescripciones que la Ley señala á los que pretendan adquirir un título por medio de exámenes profesionales, es por lo que me atrevo á presentar esta tesis, en donde no encontrarán ni un estilo elegante, ni mas ideas que las ya conocidas. Esto no deberá llamar la atención, si se tiene en cuenta que esperando examinarme conforme á la antigua Ley, que no exijía estudios de este género, no pude disponer de un tiempo suficiente para po- der hacerlo con todo el detenimiento posible, unién- dose á todas estas dificultades la pobreza de mi in- teligencia. No presento, por consiguiente, un trabajo comple- to de Higiene, por causa de la brevedad del tiempo de que dispongo y de la falta tan notable de datos; pues antes de mí no habían escrito sobre el particu- lar, ni hecho análisis químicos sobre varios puntos importantes de Higiene. Por otra parte, el asunto sería demasiado lato para un escrito de la naturale- za del presente, por lo que me he concretado á tocar ligeramente algunos de los puntos más importantes de la Ciudad y del Hospital general. Por estas razones, suplico á mis ilustrados Jura- dos vean mi humilde estudio con la benevolencia é indulgencia que siempre han caracterizado á los hombres, que, como ellos, disponen de claros talen- tos y de profundos estudios. Oaxaca se encuentra colocada sobre la falda Norte del Cerro de la Soledad, y comprendida entre los 17° 3' de L. N. y 0o 9' 49" 44 L. E. clel Meridiano de México, teniendo una altura de 1529, m 2 sobre el nivel del mar. Su exten- sión superficial es 542,080 m cuadrados, siendo su ma- yor longitud de N. á S., desde la raya de Xochimilco calle rec- ta hasta Consolación, de 2,024 m, y su mayor latitud de O. á E., formando la “Avenida Independencia,” que comienza en la raya del Marquesado y concluye en el “Puente de Lara,” de 1,700. m Límites. Al N., Xochimilco, Hacienda de Aguilera y Ja- latlaco, separado este último por un arroyo que lleva su nom- bre. Al E., Jalatlaco, Hacienda de Cinco Señores, el mismo rio por medio y la Trinidad de las Huertas. Al S., la Trini- dad de las Huertas, Haciendas de la Noria y Candiani y el pueblo de Santa Anita, rio de Atoyac por medio. Al O., el Marquesado y S. Martin Mexicapam, rio de Atoyac por medio. Población. Número de habitantes 28,248. Comoquiera que los pueblos siguientes: el Marquesado, Xochimilco, Jalatla- co y la Trinidad ele las Huertas, forman ya cuerpo con Oaxaca, se deben unir también sus habitantes á los anteriores, y sien- do el número de estos de 3,877, el número total puede decir- se que es de 32,065 habitantes. Como se vé, Oaxaca es una Ciudad fluviátil, por hallarse rodeada al N. y al E. por el arroyo de Jalatlaco, y al S. y S—O. por el rio de Atoyac, teniendo por esto la ventaja de po- seer un recurso extremo para sus necesidades, con respecto al agua; pero que desde el momento en que se emplean para de- pósito de inmundicias de la población el Atoyac, y el arroyo de Jalatlaco para depósito de basura y productos de des- composición de las curtidurías, se han trasformado en focos de infección, determinando por consiguiente una endemia de toda clase de afecciones palustres. 8 Siguiendo las divisiones de M. Fonssagrives, bajo el pun- to de vista geológico, Oaxaca tiene un terreno mixto, pues en su parte alta está formada por pórfido, y en la baja por alu- vión moderno. Temperatura media máxima (á la sombra) 2G,C 7. Idem idem mínima (á la sombra) 13,° G. La media de estas temperaturas es de 20,° 1, siendo de advertir que los años en que se lian hecho estas observaciones, el mínimun (en la temperatura) ha sido en el mes de Enero, y el máximun en los meses de Abril y Mayo: como se vé, esta temperatura es propia de los climas calientes. Estado higrométrico del aire (media) 0,° G89. Se debe tener en cuenta, que estas observaciones se han comenzado á hacer en años bastante secos, como han sido los anteriores y el presente; aunque también es cierto que nun- ca se han practicado observaciones en años normales, por de- cirlo así. Presión atmosférica (media) ha sido de G34,n>m 24, es decir, 123, mm 7G menos de la presión normal. Está bien demostrado que una diminución notable y brusca en la pre- sión atmosférica, es muy nociva al organismo, pues se vé so- brevenir en los seres sometidos á esta baja de presión atmos- férica, lo que se llama el Mal de las montañas (fatiga extrema, cefalalgia, náuseas, vómitos), y en algunos casos, hemoptisis, epistaxis, etc., y ¡cosa rara! después de un corto reposo, se ve- rá que desaparecían estos síntomas alarmantes, por lo que no se podía explicar (en el caso de ascensión á una montaña) como resultado de una fatiga muscular considerable. Gava- rret, guiado por ideas puramente teóricas, aunque sí científi- cas, había calculado que desplegando mayores fuerzas al as- cender á una montaña los individuos, la producción de áci- do carbónico era mayor, y que no pudiendo exhalarse com- pletamente, debía sobrevenir como consecuencia natural, una acumulación de este gas en la sangre, determinando una ver- dadera intoxicación, y que por el reposo, desapareciendo la causa de esta producción anormal, sería este eliminado con ra- pidez, y por consiguiente, desaparecería este estado de into- xicación. Le Roy de Méricourt atribuye estos accidentes al frió tan intenso que se experimenta en las altas montañas; pero posteriormente Paul Bert en sus experiencias sobre la diminución de presión atmosférica, efectuadas en la Sorbo- na con los M. M. Sivel y Crocé-Spinelli, vió presentarse en estos los síntomas del mal de las montañas, exactamente igua- les á los que estos mismos experimentaron en una ascensión que efectuaron el 22 de Marzo de 1874, estando bajo la pro- 9 sioa de 39 milímetros, igual á la que tenían, bajo la campana de la máquina pneumática. Ahora bien, sin cambiar ninguna de las condiciones (de presión, temperatura y ácido carbóni- co exhalado) bajo las cuales estaban, observó este hábil expe- rimentador la desaparición de estos síntomas, con sólo sobre- oxigenar el aire; de donde concluyó, que la falta de oxígeno era la que causaba este mal de las montañas. Esta falta de oxígeno, que tan notable es para individuos acostumbrados á mayor cantidad de este gas, no se nota sino en muy pequeña escala en los habitantes de lugares altos, pues en su mayoría son sanos y robustos, y no presentándo- se la Anoxhemia que con tanta gravedad nos dice Jourdanet que está muy generalizada, aunque las experiencias de Paul Bert tientan á probarlo, yo más me inclino á creer que la miseria fisiológica, unida con la diminución de oxígeno, contribuye poderosamente á esta anemia, pues la vida es más cara en estas comarcas y el trabajo más fuerte. Nosotros, aunque nos hallamos á la altura de 1,529 mtr. 2 dm., y á la presión atmosférica arriba citada, no sentimos ningún trastorno en nuestro organismo, probablemente de- bido á que la diminución del oxígeno es apenas sensible, por encontrarse árboles en abundancia en los alrededores de Oa- xaca. Lluvias. La cantidad de agua caída en los años de 1883 y 84 y primer semestre de 1885, fue por término medio de 024 m‘n, 0, debiendo advertir, como dije anteriormente, que es- tos años han sido bastante secos, no pudiendo hacer compara- ción en cuanto á observaciones de este género con los años an- teriores, por no haberse hecho estas si no fue hasta el princi- pio del año de 1883. Dirección de vientos. Viento dominante por mañana y noche O, N-O, y S-O. Viento dominante al medio día de Mar- zo a Setiembre S., declinando al E. ó al O.; en el resto del año es variable. Viento precediendo inmediatamente á la lluvia E., declinando más ó menos al S. ó al N. Viento siguiendo luego á la lluvia, el mismo que por mañana y noche. (*) Por lo que respecta á velocidad media de estas corrientes de aire, no existen medidas de ningún género. (*) Estos datos y los demás relativos á estudios meteorológi- cos, los debo á la bondad del Sr. Doctor Agustín II. Domínguez, profesor de Física y Jefe del Observatorio meteorológico del Insti- tuto de Ciencias del Estado, á quien doy mis agradecimientos. El objeto de las corrientes de aire consiste en cambiar la naturaleza de una atmósfera de un lugar dado, ya sea elimi- nando los principios nocivos que tenga, tales como los pro- ductos de descomposición animal ó vegetal, de la respiración, combustión, etc., etc., ó ya infestándola, á la vez que por su temperatura favorezcan ó retarden el desarrollo de algunas enfermedades. Como se vé, este objeto no puede ser mejor unas veces y en otras nocivo, pues disminuyendo los principios nocivos al or- ganismo, el grupo de enfermedades endémicas ó epidémicas, tiende á disminuir en sus proporciones. Por el contrario, cuando estas corrientes antes de su llegada á una población, tienen que pasar por terrenos pantanosos ó por otros en don- de haya materias orgánicas en putrefacción, al saturarse por este simple paso, infectan la atmósfera y mantienen así la endemia de enfermedades que son el azote de muchas pobla- ciones. Este último inconveniente se presenta en Oaxaca, pues los vientos del O. y N-0, S. y E., teniendo que pasar por lu- gares pantanosos, mantienen en Oaxaca una endemia palus- tre de una manera casi constante, unido á esto las variacio- nes de temperatura que son muy frecuentes. Agua. Dos acueductos suministran agua á la población: el primero y mas antiguo es el que baja del pueblo de San Feli- pe del Agua, que es de manipostería: tiene una extensión de 4,574 m, produciendo por término medio la cantidad de 993,600 litros de agua en 24 horas, durante el tiempo de se- cas, pues en tiempo de lluvias aumenta en cantidad variable; siendo de notar que esta agua no sufre ninguna limpia ni desinfección, porque aunque ácerca de 1,000 A del pue- blo de Xochimilco, se encuentra un cilindro tosco de mani- postería de 3 mtr. de altura por 3 de diámetro, y dividido en dos partes, por una pared del mismo material, con dos abertu- ras, una en su parte inferior de 50 centímetros cuadrados y la otra á la izquierda de su parte superior, y á esto es á lo que se le llama la Media Naranja; no presta ningún servicio real, co- mo diré después. En este punto el acueducto se interrumpe, vierte el agua que trae consigo en la primera mitad que ve al E. y por las dos comunicaciones mencionadas sale por la que ve al O., continuando su paso por la otra porción del acueducto que va á terminar en la esquina que forman los muros del atrio del templo del Carmen alto, en donde se efectúa el reparto de aguas por medio de cañerías, que con excepción de cinco ó seis que llevan el agua á casas particulares, y que son de ñe- rro fundido, todas las demás están compuestas de tubos de plomo ó de manipostería, ó bien de tubos de arcilla cocida, unidos con una materia llamada “lamparilla,” que no es sino una mezcla grosera de pelo de chivo, sebo y cal extin- guida. El segundo acueducto baja del pueblo de San Andrés Huayapam, al N. de Oaxaca: su formación es mixta, pues es- tá formado de caños de madera.de manipostería en mayor cantidad y de dos sifones de fierro fundido, uno á su paso por la barranca del “Tecolote” y otro á su paso por el arroyo de Jalatlaco; es de advertir que en su mayor extensión, está al nivel del terreno que atraviesa, va á terminar en las rui- nas del ex-convento de Belem, en donde se hace el reparto de estas aguas por medio de cañerías iguales á las anteriores. Recorre este acueducto una extensión de 9,000 mtr. y vierte en su depósito la cantidad de 18,900 litros de agua en 24 horas. Estos acueductos debieran suministrar agua á 43 fuentes públicas, 28 particulares, 27 estanques y 7 casas de baños; pero desgraciadamente es insuficiente, porque siempre se encuentran sin ella varias fuentes públicas ó particu- lares, ó bien los estanques, ó las casas de baños; pues aun- que en tiempo de aguas, como dije antes, aumenta más la cantidad de este elemento, viene por lo común con muchas inmundicias, tales como restos vegetales, lodo y algunos ani- males acuáticos, que acumulándose en las cañerías, las obstru- yen é imposibilitan por consiguiente el paso del agua, ó bien rotas por el paso de los vehículos sobre ellas, por no encon- trarse á una profundidad notable; pues la mayor no pasa de un metro, dando lugar á que el agua se infiltre en el piso y por consiguiente ya no puede llenar su objeto. Como se ve, en Oaxaca no se guarda ninguna prescrip- ción higiénica con respecto del agua, y permítanseme algunas palabras sobre la higiene de esta. Para la limpia de aguas que deben servir para los usos domésticos, y sobre todo para la alimentación del individuo, se usan la Epuracion y la Filtración. La Epuracion (por el reposo) consiste en hacer pasar el agua en varios pozos, para que dejen depositar por el reposo las sustancias que arras- tran consigo, y salgan de estos desembarazadas de cuerpos que fueran nocivos á la economía por su descomposición pú- trida, dando lugar al desarrollo de enfermedades miasmáti- cas; pero por fatalidad no pueden llenar su objeto, pues en Marsella, donde se ha hecho su aplicación para las aguas del rio Durance, se emplean cuatro pozos grandes con una lige- rísima inclinación para llenar el objeto indicado, y no se ha obtenido éxito, pues los M. M. Maurin y Roussin en su estu- dio de las Aguas potables de Marsella, dicen que durante los dias de tempestad ó llúvia, momentos en que la decanta- ción es sobre todo útil, el agua no abandona en los pozos de Epuracion las sustancias que tienen en suspensión. No dando el resultado deseado, siempre se tendrá que usar de la íiltracion, sea natural ó artificial. La natural consiste en dirigir la corriente á través de un terreno arenoso, como pasa en Toulouse, Lion y Glasgow, y la que se dedica á particulares debe sufrir otra filtración por medio de filtros llamados de economía, que aunque son de diferentes especies, deben reposar sobre las bases siguientes: Compartimientos movibles de capas de lana, carbón y arena; otros tienen grandes esponjas que dejan filti’ar el agua gota á gota, y en Paris se emplea piedra pómez que deja pasar al- gunas veces, materias que están ensuciando el agua. Co- mo precepto indispensable, tanto en los medios de Epura- cion como de Filtración, se deberán limpiar con demasiada frecuencia, para evitar la putrefacción de las materias orgá- nicas allí depositadas. Por lo que respecta á la conducción de las aguas del sitio de donde sé toman hasta la población que deben surtir, se han usado acueductos de manipostería desde tiempos muy re- motos hasta hace algunos anos; pero hoy que se fabrican tu- bos de fierro fundido y en su interior vitrificados, se les ha dado la preferencia á los últimos. En cuanto á la altura de las aguas, estas deben estar á un nivel si nó mayor que la de los edificios más altos, por lo menos á igual altura, porque de este modo se simplifica mu- cho el servicio de este elemento tan necesario. El mejor material para cañerías es el de tubos de fierro fundido vitrificado en su interior, pues no se oxida y es á la vez más sólido. Anteriormente, cuando se usaban tubos de plomo, tenían el inconveniente de oxidarse con mas facilidad de lo que comunmente se cree y determinar accidentes con más frecuencia, pues Angus Smith refiere varios casos de pa- rálisis saturnina, por el uso de aguas que contenían un mili- gramo de plomo por litro, y en el célebre caso de la familia de Luis Felipe en Claremon, se encontró que el agua conte- nía tres centigramos de plomo por litro. Ahora bien: Wurtz cree que fuera del contacto del aire, estos tubos de plomo y bien filtrada el agua, no debe haber ningún temor; para ob- viar este inconveniente se recubre la cara interna de los tubos con estaño ó bien con barnices diversos; pero aun así no se es- tá al abrió-o de alguna intoxicación. Las cañerías de tubos de arcilla y manipostería tienen el inconveniente de absorber el agua que se filtra de la superficie de la tierra, ó bien permi- tir el paso de esta agua por las grietas que frecuentemente tienen, y necesitan hallarse á una profundidad considerable, porque de otro modo están expuestas á conmociones que las destruyen, hasta inutilizarlas completamente. Vamos ahora á establecer el paralelo con nuestro sistema actual de aguas. El acueducto de San Felipe del Agua está descubierto en todo el trayecto, á excepción de su paso por el pueblo de donde viene é inmediatamente después de su paso por el rio de Ja- latlaco, es decir, se encuentra descubierto en una extensión de tres kilómetros, y por consiguiente, expuesto á la acción del aire libre, que si bien se podrá el agua aerear mejor, en cambio se puede alterar, como sucede con frecuencia, por la introducción de materias extrañas á su composición y no- civas al organismo. Por lo que respecta á la Media Naranja, que pudiera des- empeñar el mismo papel que el que está destinado á los pozos que se emplean para la epuracion de las aguas del Rio Durance, en Marsella, no llena su objeto ni aún imperfecta- mente; veamos por qué: el agua trae consigo sustancias ya en disolución, ya en suspensión. Ahora bien: si es en disolu- ción, no sufre ningún cambio en su composición por el sim- ple paso por este sitio: en cuanto á los cuerpos insolubles, si son más densos que este líquido, van al fondo de la primera mi- tad del cilindro,podiendo pasará la segunda por la abertura in- ferior, á menos que sus dimensiones sean mayores que las de esta; pero en cambio pueden entrar en putrefacción como pa- sa, y dar por resultado una descomposición más ó menos notable en el agua que ya se cree limpia: si son menos den- sos, quedan en suspensión, podiendo pasar de la primera mi- tad á la segunda, por la abertura superior, á no ser que por sus grandes dimensiones permanezcan retenidas en la prime- ra mitad, dando productos de putrefacción que, arrastrados por las aguas que los bañan, aumentan por consiguiente el núme- ro de los agentes destructores de la salud. Como se vé, si algún objeto se propusieron los que cons- truyeron esta Media Naranja, no fue probablemente el de limpiar el agua, y dado caso que así fuese, es tan sumamen- te imperfecto el medio de que se valieron, que ni remotamen- te lo alcanzaron. Añádase á esto, que durante la época de 11 li- rias, el agua viene de un color café claro cuando llueve en el Cerro de San Felipe, y de color amarillo ocre, cuando llue- ve en las cercanías ele Xochimilco, sobre un cerro á cuyo pié pasa el acueducto, que por las muchas grietas que tiene, per- mite el paso de las aguas que bajan de este cerro, sobre sa- turadas de las sales que contienen, á mezclarse con las que pasan en el interior del acueducto. Por otra parte, la Media Naranja no se limpia sino dos veces al año, de modo que la putrefacción de las materias or- gánicas se hace con la rapidez que es propia á los cuerpos muertos, expuestos á la doble influencia del agua y del aire. Por lo que toca al segundo acueducto, me bastara con de- cir que hallándose descubierto y al nivel del suelo, constan- temente se ve expuesto á la introducción y mezcla en sus aguas de sustancias extrañas y nocivas al organismo (tales corno materias excrementiciales de animales, basura, etc., etc.), sin contar con los productos de descomposición de la madera que forma parte de este acueducto. El método de filtración nunca se ha puesto aquí en prác- tica, de modo que el agua que viene de los acueductos, pasa sin haber experimentado ninguna limpia ó desinfección. En lo tocante á las cañerías me bastará con lo que ya dije acer- ca de los cuidados y prescripciones higiénicas que se deben guardar para evitar intoxicaciones, sobre todo, la saturnina; pues las pocas cañerías con tubo de fierro fundido, nunca po- drán dar resultado, porque no recorren mas trayecto que el que hay de la alcantarilla á la casa de algún particular, y co- mo los tubos por donde viene el agua á la alcantarilla son de plomo, manipostería ó arcilla, las probabilidades de una in- toxicación no cambian, sin contar por otra parte las muchas inmundicias que por lo común obstruyen estas cañerías, pues hasta animales acuáticos se encuentran allí, tales como sapos y ranas, y, como es muy natural suponerse, mezclando sus se- creciones y excreciones con el agua, acaban de infectarla más y más, no debe extrañarnos que haya épocas en Oaxaca en que se utilice de mejor grado el agua de pozo que la mayo- ría de las casas posee uno de estos, presentando sí el inconve- niente de su mal sabor y de las dificultades en general que presenta esta agua para los usos domésticos. En los pueblos de los alrededores, tales como el Marque- sado, Jalatlaco y la Trinidad de las Huertas, los emplean so- bre todo para riego de sus campos. Siendo el agua uno de los elementos mas precisos y nece- sarios para la conservación del individuo, no solamente por razón de su estado líquido, sino por la facilidad con que di- suelve parte de los alimentos poniéndolos en aptitud de ser mas brevemente absorbidos, y por la cantidad de sales calcá- Teas ó ferruginosas que tiene su empleo tanto en el esque- leto como en todos nuestros tejidos blandos, pues aunque los alimentos llevan en sí la mayoría de estas sales, la parte que falta para contrabalancear la eliminación de estas por la ori- na y la defecación se encuentra en el agua. Por otra parte, nuestro organismo debe contenerla en proporción notable, porque la porción sólida propiamente dicha de nuestro cuer- po, se encuentra reducida á varias libras, según Chaussier, cuando este se deseca completamente. Por estas razones, dice Gautier, “que una buena agua po- table debe ser límpida, incolora, inodora, fresca, de un sabor ligero y agradable, aereada, y lo mas que se pueda exenta de materias orgánicas. Debe tener en disolución una pequeña cantidad de materias salinas, especialmente bicarbonato de cal, una poca de sílice y de sal marina; pero en tal proporción que no sea salobre, ni salada, ni dulzona, y que permita la cocción de los alimentos.” He aquí el único análisis de agua que poseo, gracias á la amabilidad de mi ilustrado maestro y Profesor de Química del Instituto de Ciencias del Estado, Farmacéutico 1). Ma- nuel Gómez Olavarri, refiriéndose al agua que mas usualmen- te empleamos, cual es la del manantial de S. Felipe. üii litro de esta agua contieno: PRODUCTOS GASEOSOS. Aire 10, 125 Oxígeno 2, 812 Acido cabónico 0, 754 Total 13, " 691 PRODUCTOS SÓLIDOS. Bicarbonato de cal 0,^0491 Carbonato de magnesia 0, 0185 Carbonato de fierro 0, 0054 Sulfato de sosa 0, 0166 Cloruro de sodio 0, 0235 Sílice 0, 0041 Total 0,gr 1172 Esta agua cuando es reciente, presenta los mismos carac- teres organolépticos que los de que habla Gautier. Es indudable que si se guardasen las prescripciones higié- nicas acerca del agua que nos viene por el acueducto de San Felipe, de que me he ocupado más arriba, se obtendría una agua tal como la exigen los higienistas; pero desgraciada- mente esta agua al tercer dia comienza 3*a á descomponerse, debido á la putrefacción de las materias orgánicas de que se carga, desde su manantial hasta las casas. De modo que es triste ver que á pesar de poseer una agua tipo, no la posea- mos sino ya en un estado de impureza bastante notable. En cuanto á algún análisis del agua que nos viene por el acueducto de Huayapam, no se ha hecho todavía; de modo que solo podré decir, que su sabor es asaz desagradable, no siempre disuelve el jabón, ni siempre es buena para la cocción de las legumbres; esto, á, mi juicio, no depende sino de los te- rrenos por donde pasa, y de la putrefacción de la madera que forma parte de este acueducto. Por consiguiente, es de lamentarse que esta agua no sea propia para los usos domésticos, y de ahí, que venga á ser casi completamente inútil; pues careciendo de las cualidades que debe tener una buena agua potable, no puede esta servir si no es para riego de plantas ó cualquiera otro empleo que no sea para uso doméstico. Mas abajo se verá, que uniendo las dos cantidades de agua á que dan paso estos acueductos, siempre llega á ser insufi- ciente. Por otra parte, tenemos casi que contar en poco el agua de Huayapam; de modo que si las dos aguas unidas llegan á ser insuficientes, con mucha mas razón viéndose obligado á no usar una de estas, como es la de Huayapam. Por lo que respecta á las aguas de los pozos, estas poseen todas las nulidades que las han caracterizado; de modo que juzgo inútil continuar ocupándome de ellas. De los dos sistemas que se emplean en las ciudades para las aguas, que son el de corriente continua y el de corriente interrumpida, la primera tiene la ventaja de que se tiene siempre á la mano agua nueva, por decirlo así, y en el segun- do el agua estancada se descompone ya al tercero dia. Aquí en Oaxaca no poseemos mas que de nombre el pri- mer sistema, pues la insuficiencia de la cantidad de las aguas, obliga á usar del segundo con todos los malísimos inconve- nientes que tiene. En virtud del papel tan importante que el agua desem- peña en la economía, se han emitido varias opiniones sobre la naturaleza y cantidad de esta, que pueda necesitar cada individuo para sí y para sus usos privados y públicos, y he aquí algunas de estas. Parkes cree que deben ser 157 lit. de agua por cabeza, descompuestos del modo siguiente: Servicio doméstico 55 lit. Baños 18 „ Inodores 27 „ Pérdidas 13 „ Servicio municipal 22 „ Suplemento en las ciudades manufactu- reras 22 „ Total 157 lit. Darcy opina porque sean 150 lit., cantidad casi igual á la de Parkes; pero según Proust, es insuficiente para las necesi- dades de las poblaciones europeas. Rankine disminuye mas la cantidad, pues cree que bas- tan para las necesidanes del individuo, las siguientes: Para usos personales 46 lit. Para iclem públicos é industriales 46 „ Total 92 lit. Para ciudades manufactureras... 45 „ Suma total 137 lit. Como se ve, Rankine disminuye en el individuo, para au- mentar en el doble la cantidad que Parkes pone para las ciu- dades manufactureras; pero en último resultado la cantidad es mucho menor, y si la de Darcy es insuficiente, la de Ran- kini es más aún. Bajo este punto de vista, de todas las ciudades europeas, Roma es la más favorecida, pues da 1,100 lit. diarios por ha- bitante, Marsella da 470 lit.; en las Islas Británicas, Edim- burgo da 157 lit., y Norwich, que es la menos favorecida, no produce sino sólo 54 lit. La cantidad media de agua que recibe Oaxaca por sus dos acueductos es 1.012,500 lit., y calculando aproximativamente en 30,000 el número de habitantes que se surtan de esta agua, pues á excepción de todos los habitantes del pueblo de Xochimileo que se surten de esta agua, de los otros pueblos adjuntos á la población sólo se surten los que están en con- tacto con ella. Por otra parte, no teniendo estos habitantes las mismas exijencias que los europeos, podemos tomar como término medio el de 100 lit. por individuo, pues el suplemen- to que dan los autores mencionados para las ciudades manu- factureras, no lo debemos tener en cuenta por no serlo esta. Ahora bien, á pesar de que poniendo 100 lit. por indivi- duo, se rebaja de este modo una tercera parte de las canti- dades de agua propuesta por M. M, Parkes y Darcy, y si au- mentamos solamente 8 lit. de la cantidad que da Rankine, vemos con bastante desaliento que la que le corresponde á cada individuo en Oaxaca, es de 33| lit., es decir, la tercera parte de la que les corresponde; de modo que, bajo este pun- to de vista, nos encontramos en condiciones inferiores á las de los habitantes de Norwich, que son los menos favorecidos según las estadísticas publicadas en la Gran Bretaña. Teniendo en cuenta esta falta tan notable de agua, unida á su mala calidad, Oaxaca se encuentra en malas condiciones para poder gozar de una salud que la colocara en el cuadro de las ciudades que por lo bien arreglado de su higiene, lle- gase á ser ya que no un modelo, sí á lo menos, tener una re- putación de sanidad bastante notable, pues continuando de este modo, el desarrollo de enfermedades continuará siendo cada dia mayor, y más tarde se tropezarán con mayores difi- cultades, en virtud del aumento de población, y se podría con pocos gastos relativamente, tener la cantidad de agua ne- cesaria y buenos medios de conducción, purificación y entu- bamiento, á la vez que á una altura suficiente, con lo que se llenarían las prescripciones higiénicas, y no se verían obliga- dos los habitantes de esta población, á hacer uso del agua de pozo, que si el agua de- cisterna es mala, la de pozo es peor, unido á que casi nunca se limpian estos pozos, de lo que re- sulta mayor deterioro de la buena constitución de los habi- tantes. Con sobrada razón dice M. de Fonssagrives: La higiene municipal, debe proponerse como objeto 'principal, el llevar en las ciudades una cantidad tal de agua,, q ue la d stribu- cion pueda hacerse en todas las casas. Los pozos tenderán á desaparecer por sí mismos. Hay también otra cosa demasiado interesante que aquí se ha olvidado completamente, y es la dirección que deben llevar las cañerías, porque muchas veces por economía se dis- minuye el trayecto de estas, haciéndolas pasar próximas á ino- dores, y como las materias fecales pueden filtrarse en las ca- ñerías, sobre todo, en las malísimas que nosotros poseemos en la actualidad, y por su mezcla en el agua al ser ingerida esta en el estómago, y absorberse, puede producir graves acciden- tes en los individuos, y con mucha frecuencia acarrear la muerte: por esto, pues, vuelvo á repetir, que deben fijarse ya de una manera bastante séria, los que tengan bajo su respon- sabilidad este asunto de interés público y privado, y procu-, rar por cuantos medios estén á su alcance, la introducción de cuidados higiénicos, que pongan á la población en aptitud de. poder mejorar su condición actual. En virtud de la posición topográfica de Oaxaca, se divi- de esta en general en dos partes, una al N. que forma la parte alta de ella, siendo su asiento de pórfido, y la baja, al 8. está sobre un terreno de aluvión moderno; de modo que la parte alta, teniendo mas corriente sus aguas, siendo estas mas abundantes relativamente á la baja, poseyendo un suelo impermeable, y las corrientes de aire cruzándola con mas fre- cuencia, llenan las cualidades higiénicas que se exigen; por el contrario la baja, su suelo es permeable, sirve ella de desa- güe para las inmundicias de la alta y las suyas, está menos aereada y posee menos agua. La Ciudad de Oaxaca se divide en 8 cuarteles, cada uno de estos se subdividen en 24 manzanas de forma cuadrada, cuyo número varía de 23 á 20 de estas, y dando un total de 18G manzanas, con excepción de algunas cuya longitud es un poco mayor que su latitud, siendo por consiguiente, de for- ma rectangular, variando la longitud entre 160 m que es el máximun, y 80 que es el mínimum la latitud es por término medio de 80.™ La altura de las casas varía entre 5m y 7 que es la que domina, pues es muy corto el número de las de dos pisos, no pasando su mayor altura de 10, m pues solamente los edificios religiosos son los únicos que tienen mayor altura. Estas manzanas están separadas las unas de las otras por calles tiradas á cordel, y teniendo una anchura de 11 m 50. Teniendo en cuenta los grandes servicios que presta al desarrollo del individuo, y al sostenimiento de su salud una buena aereacion y la entrada de la luz, nosotros nos encon- tramos en buena situación, pues la ventilación se efectúa con toda libertad, á causa de la poca altura de los edificios, por- que siendo estos de un sólo piso, no ponen un gran obstácu- lo á la libre circulación del aire, lo mismo que para la entra- da de la luz, tanto en las calles como en las casas. Estas últimas tienen por lo común una división que las separa en dos partes, la 1. es donde se encuentran las habi- taciones, y la segunda, destinada para habitaciones de los sirvientes, cocina, baños, inodores, etc. El piso es por lo común de ladrillo, y las paredes en su mayoría son de adobe recubiertas por una capa gruesa de uno á dos cent,, formada de una mezcla de arena, cal extingui- da y agua; otras son de ladrillo pero en pequeña proporción, lo mismo que las de piedra. Los techos están formados por vigas separadas entre sí, soportando una capa de ladrillo, otra de tierra fina, y sobre esta una capa gruesa de mezcla, de la que hablé anteriormente, y por último, otra de ladrillo. La dirección de los techos es un poco inclinada hacia la calle; su objeto consiste en que durante la época de lluvias pueda el agua dirijirse á unas aberturas de donde parten unos tubos largos dé hoja de lata que dan á la calle, y de ese modo evitar la acumulación de agua en las azoteas. Todas las casas, por lo menos en su primera parte, están provistas de corredores: todas las piezas tienen una puerta ó ventanas que por lo común son ámplias, que ya dan al patio que circunscriben los corredores, ó bien dan á la calle. En la primera parte de las casas se encuentran plantas en proporción más ó menos variada. En cuanto á las casas de dos pisos, solamente el segundo es el que se encuentra en buenas condiciones, porque el pri- mero es por lo común oscuro, húmedo y mal aereado, no de- biendo atribuir esto sino al poco local de que se dispuso, ó mas bien, á que habiendo sido primero de un piso, las trans- formaron aumentándole otro, sin tener en cuenta que cam- biaban completamente las buenas condiciones higiénicas (pie esta tenia, por satisfacer los deseos ó necesidades del propie- tario. Por lo que respecta á las casas algo separadas del centro, ó bien las de los barrios, son por lo común bajas, pequeñas las habitaciones, muy agrupadas estas y conteniendo cada una de estas piezas un número considerable de individuos, tenien- do en la mayoría de estas habitaciones la cocina en una par- te de estas; únase á esto que el piso es de tierra, que la hu- medad es frecuente, y se verá que no es nada de extraño ver desarrollarse el tifo, viruelas, sarampión, etc., siendo estos sé- res los que contribuyen en su mayor parte á la propagación de estas enfermedades, y formando la mayoría de la morta- lidad. A consecuencia de la gran insuficiencia del agua, casi en todas las casas se encuentran bastante sucios los caños, notándose el máximun de esta suciedad en las casas de ve- cindad, lo que unido á la aglomeración de gente y malas ha- bitaciones, y existencia de animales domésticos que hacen vi- da común con sus dueños, obligan á comparar la vida del hombre civilizado con la del hombre salvaje. Las calles en su mayoría no tienen un pavimento sólido, porque á excepción de la “Avenida Independencia” y algunas otras calles que tienen un pavimento regular, formado de una acera de 1 m. 30 de latitud, compuesto de losas de pórfido verde, y de un empedrado que tiene dos formas, la primera ligeramente convexa, y la segunda cóncava; la pri- mera clase de este empedrado se encuentra en la “Avenida Independencia” en sus dos primeras calles; y en la calle que separa el atrio de Catedral y Alameda de León, cuyo caño se encuentra cubierto, inmediatamente abajo del borde de las aceras de las dos primeras calles de la “Avenida Indepen- dencia,” se encuentran unas rejillas de fierro que debieran es- tar siempre desembarazadas de obstáculos, para hacer así fácil el paso de las aguas que se encuentran en la calle; pero ya sea por abandono de los vecinos ó de la policía, no pue- den llenar cumplidamente su objeto, por estar obstruidas por la bajura: estos caños cubiertos que reciben los residuos de las casas de estas calles nunca se limpian, no sé si porque no lo necesiten, que lo dudo completamente, ó bien porque las personas encargadas de la higiene pública lo han olvidado, pues yo no recuerdo ni tengo noticia de que se hayan lim- piado alguna vez, en el espacio de diez años que llevan de construidos; y de ahí que los vecinos se quejen de un mal olor durante algunas épocas del año. El segundo sistema de empedrado es el que se emplea en toda esta Avenida, y en las demás calles que se están cons- truyendo, tienen sus caños descubiertos, y sus dimensiones son variables; es cierto que son molestas para el tránsito, pe- ro al menos cada mes ó dos se limpian, eso sí, de una mane- ra muy imperfecta; porque consiste en sacar las inmundicias que estos tienen y depositarlas á su borde, para que los carre- tones que trasportan las inmundicias de la población, se las lleven, si es esto, en los tres dias de la semana designados á es- te objeto; y si no, se quedan expuestas estas inmundicias ya en fermentación pútrida, al aire libre, para terminar más brevemente su putrefacción completa, ó bien volviendo al caño otra vez, por el continuo paso de animales y vehículos: únase á todo esto la escasez de agua, pues sólo en la estación de las lluvias viene con alguna abundancia, y se verá que de las dos clases de caños no hay por cual decidirse. El piso en otras calles se encuentra en peores condiciones, pues las aceras son demasiado angostas y desiguales, los empedrados incompletos, los caños llenos de aguas estancadas de un color verde oscuro y despidiendo un mal olor. En los barrios no hay mas piso que el natural, con caños inmundos é infectos, y en algunas calles de estos barrios no hay ni caños. Com dije anteriormente, que la parte baja de la población servia para el desagüe suyo y el de la alta, los caños de las calles de San Francisco, el de las de “Amienta y López,” y su continuación que es el de la “Noria,” se hallan en un es- tado deplorable de suciedad: añádanse á estos dos últimos ca- ños las aguas sucias del Hospital general, y se verá que no debe extrañar que en esta parte de la población y en dicho Hospital, formen las enfermedades palustres el 30 ó 40 por 100 dp las enfermedades observadas. El aseo de la población está á cargo de los habitantes, y tienen obligación de barrer la parte de calle que les corres- ponde, tres veces á la semana, dejándolos en absoluta liber- tad para efectuarlo del modo que mejor les parezca, y de ahí que unos rieguen con las aguas sucias de los caños é infecten la atmósfera, y los otros que no lo hacen así, levantan nubes de polvo, que si no producen enfermedades de la vista ó del árbol aéreo, sí molestan demasiado; luego amontonan la ba- sura en un lugar de tantos de la calle, de preferencia al bor- de del caño; luego vienen los carretones á recogerla, pero con tanto abandono y grosería lo hacen los conductores, que rie- gan con basura las calles por donde pasan, sin perjuicio de la que los mismos carretones dejan caer, por lo pésimamente arreglados; de modo que lo que quedó en el suelo, allí perma- nece hasta el dia que les corresponde barrer á los vecinos, y recoger á los carretones de basura. De lo expuesto se verá que deja mucho que desear este medio de que se valen, para el aseo de la población. Otras de las causas que acaban de descomponer ó afear las calles, es el ver que depositan los productos fecales, y la orina especialmente, en las aceras, sobre todo, en la noche, de modo que además del mal olor, tienen otros muchísimos in- convenientes, y que han disminuido considerablemente de- bido á la policía. Todavía aún existe esta sucia costumbre, de modo que sería de desear que se establecieran mingitorios é inodores públicos, para que no tuvieran razón de ser, debien- do estar estos limpios diariamente y vigilarlos con bastante interés. Con respecto á jardines públicos y particulares, Oaxaca está abundante, á la vez que hay algunas calles con árboles, que, como se sabe, tienen la ventaja de purificar la atmósfera. Oaxaca se encuentra rodeada de muladares, que expues- tas al aire libre todas las materias animales y vegetales, en- tran en descomposición, extendiendo un hedor más ó menos insoportable, unido esto á los cadáveres de animales que se abandonan en las riberas del rio de Atoyac, y en las del rio de Jalatlaco, en donde entran en putrefacción, hasta que los zopilotes y el tiempo los reducen á esqueletos. Por otra par- te, el rio de Atoyac es, por decirlo así, una inmunda cloaca, por ser el sitio donde se arrojan los productos excrementiciales de la población humana, (pues los de los animales se emplean en abono por la agricultura) sin preceptos higiénicos; de mo- do que contribuyen á corromper más y más el aire, siendo de notar que no siempre el rio de Atoyac trae el agua suficien- te para arrastrar consigo estas inmundicias, y exponiendo á los pueblos que se encuentran en las riberas de este rio, á que al hacer uso del agua para su interior, se ingieran una canti- dad más ó menos notable de productos fecales, dando lugar, así á una intoxicación, que dado caso que no les produzca la muerte, sí por lo menos los exponga mucho á esta. Sería de desearse que las inmundicias vegetales y anima- les, ó se quemasen ó bien se depositasen estas materias en algún sitio á propósito para poder desinfectarlas, y luego arrojarlas á una poderosa corriente de agua, que los arrastraría consigo; este medio aunque no es de los mejores, sí es por lo menos de más fácil realización; de modo que se vería Oaxaca libre de to- dos estos productos de descomposición orgánica, quedando sí expuestos los pueblos queestuviesen rio abajo,á malísimas con- diciones higiénicas, y prohibiendo el uso de estas aguas, á me- nos que no fuesen pata riego de sembrados, y procurando em- plear arbolados, de preferencia el del Gomero azul de Tasma- nia (Eucaliptus glóbulus), siguiendo al hacer esta elección, la opinión autorizada de Ramel, pues considera el Gomero azid capaz de contrabalancear los efectos de los miasmas nocivos que se producen por la descomposición de las materias orgá- nicas, tanto más, cuanto es cosa fácil de establecer. Vamos á tratar de lo relativo á panteones. El panteón general de Oaxaca se encuentra situado en un terreno arenoso y calizo al E. de la población, separado de de ella por el arroyo de Jalatlaco: su extensión superficial es de 23,930 m. cuad., y está dividida del modo siguiente: 11,661 m. cuad. forman el primer cuadro ó patio, que está rodeado por muros de manipostería de 12 m. 5 dec. de espe- sor y 7 de altura, en donde se hallan 2,311 nichos comunes y 44 especiales, teniendo ambos 2 m. de longitud, 5 dec. de lati- tud y otros 5 dec. de altura, no estando separados de los otros nichos vecinos, sino por un espesor de manipostería de 20 cent. Estos muros forman cuerpo con cuatro corredores de 4 m. de latitud, circunscribiendo así el terreno donde se hacen las inhumaciones, cuyo centro se encuentra ocupado por las rui- nas de una capilla (que ni se concluye, ni se quitan estas rui- nas, que además de afear el local, quedan inutilizando este sitio para mas inhumaciones). Las sepulturas que se hacen en esta parte, tienen 2 m. de profundidad, 2 de longitud y 5 dec. de latitud y separadas las unas de las otras por un muro del mismo terreno de 3 dec. de espesor. A los cadáveres que se inhuman en nichos, se les ponen 4 decálitros de cal extingui- da, y la misma cantidad de polvo grosero de carbón vege- tal. cantidad que por lo reducido de los ataúdes, no siempre cabe, y últimamente se les ha mandado poner dos cajas, una de zinc al interior y otra de madera al exterior. Por lo que toca á las inhumaciones en tierra, no llevan mas que una ca- ja de madera, y no se les pone cal ni carbón y son para un solo cadáver. El segundo cuadro ó patio se encuentra á una altura de 2 m. sobre el nivel del primer patio, tiene 7,416 m. cuad., li- mitado por muros de manipostería al E. y al S. y de adobe al N. y al O., la profundidad de los sepulcros es de 1 m. 30 y la longitud y latitud es igual á las del primer patio, á excepción de las líneas para niños, cuya longitud es menor; advirtiendo que no es posible dar mayor profundidad que la indicada, pues se encuentra una base de pórfido, que es muy difícil vencer. Las inhumaciones están bajo la misma base que las correspondientes del primer patio. En el tercer patio cuya extensión es de 4,852 m. cuad., está rodeado por muros de manipostería, las sepulturas son del mismo tamaño que las del primer patio, sirven para dos cadáveres, que por lo común no llevan ataúd. El tiempo que se concede para poder efectuar las exhu- maciones, es el de 5 años. Paso á manifestar los inconvenientes ó desventajas que presenta para la salubridad pública este panteón y su regla- mentación. 1. ° Los cadáveres contenidos en los nichos al entrar en putrefacción despiden gases muy nocivos á la salud, que es- capándose por las numerosas grietas que tienen los muros, producen un hedor infecto, lo que ha obligado al Gobierno á no permitir mas estas inhumaciones, si no es en determinados casos, y empleando una caja de zinc, además de la de made- ra, que era la única que se usaba antes; pero que en lugar de producir el mejor resultado, se ha visto que estos cadáveres por lo común á los 5 años, aun no han terminado su putre- facción completa, no pudiéndose exhumarlos con seguridad si no es á los 10 años, es decir, el doble del tiempo fijado por la Ley; de modo que por ningún motivo debia permitir el Gobierno esta clase de inhumaciones. 2. ° No se debe emplear cal extinguida, sino viva y en proporción doble de la lijada hasta hoy, para que en el pe- ríodo de adipocira de los cadáveres, fuese saponificada toda la grasa que contienen, y momificar estos á la vez que vol- verlos completamente inofensivos. 3. ° Este panteón desde el año de 1828 se comenzó á em- plear, á consecuencia de una epidemia de viruelas, pero hasta 1840 no se usó con mas frecuencia, por haber la malísima costumbre de inhumar en las iglesias, pero que prohibiéndo- se esta, el panteón ha sido el lugar usual para estas inhuma- ciones, no pudiendo decir con certeza el número de cadáveres, si no es de 18G7 hasta 1885, siendo cada año por término me- dio de 1,300, dando un total de 23,400 en los 18 años tras- curridos, y suponiendo unos 25,000 desde el año de 1828 hasta el de 1807, nos dan un total de 48,400 cadáveres, número ya demasiado considerable, que si no fuera porque el terreno es calizo, ya se hubiera hecho imposible toda in- humación; pero que no tardará en saturarse este terreno, y en ser un foco de infección más poderoso de lo que es en la actualidad. En cuanto á su situación, me bastará con decir que en vista de la dirección de vientos citada más arriba, muy pocas veces tenemos corrientes del E. que sean bastante duraderas. Además, llena la condición que exigen los higienistas, como es la de estar separado por un rio ó arroyo, de la población. Sí sería de desearse, que se procurasen las personas que tienen á su cargo este ramo de higiene pública, un terreno al E. de la población, que pudiera sustituir al panteón antiguo. El medio más propio para suprimir las causas que vuel- ven nocivos á los panteones, se obvia empleando la crema- ción de los cadáveres, pues de las dos objeciones que se le han hecho, la primera más bien religiosa que científica, como es la de que los católicos tienen prohibida la cremación de sus cadáveres, por exigirlo así su religión, me bastará con re- cordar que en los primeros años del cristianismo, época en que las costumbres religiosas eran más rigorosas, se acos- tumbraba la cremación de los cadáveres, como lo confirman las cenizas encontradas en las Catacumbas, y la afirmación de esto por los historiadores de la religión cristiana. La se- gunda razón es, la de que se podrían así destruir los datos en cuestiones médico-legales relativas á envenenamientos, sí se deben tener en cuenta, sobre todo, si se tratan de venenos del reino vegetal ó animal, pues los del reino mineral siempre dan algunos indicios; ahora, como los envenenamientos no son tan frecuentes, no tiene toda la fuerza que debiera po- seer, de donde se deduce, que con excepciones muy ligeras, es bajo todas razones preferible la cremación á los otros medios. Ya de este modo no es necesaria la construcción de un pan- teón con las condiciones exigidas por los higienistas; pues ca- da familia guardaría las cenizas de sus deudos en el luo-ar que les pareciera más conveniente. Dos hospitales se encuentran en la población, el primero es el Hospital general, sostenido por el Gobierno del Estado, cuya descripción haré posteriormente, y el segundo, llamado Hospital de Caridad, sostenido por una junta de Beneficen- cia, y se encuentra este casi en el centro de la población: no tiene más que 24 camas, 12 para hombres y 12 para mujeres, y no hay por lo común ocupadas mas que de 16 á 18 camas; no está servido mas que por un médico y un practicante, un enfermero y una enfermera, un administrador y los sirvien- tes que son necesarios para esto: posee un botiquín, y como casi nunca se reciben á individuos atacados de enfermedades infecciosas, y de las contagiosas solamente los atacados de sí- filis, no creo que influya de una manera notable sobre la buena salud de los habitantes de Oaxaca. En cuanto á los edificios públicos del Gobierno, estos son amplios y bien ventilados. Por lo que respecta á edificios religiosos, estos se encuen- tran con muy raras excepciones, húmedos, oscuros y mal aereados. Por lo que respecta á nuestros alimentos usuales, no se guarda ningún cuidado por las personas que los tienen bajo su inspección inmediata; porque si bien es cierto que es per- mitido vender harinas averiadas, maíz picado, etc., etc., tam- bién las personas encargadas de la vigilancia de los alimentos deben, bajo su más estricta responsabilidad, evitar que estas sustancias nocivas á la salud, no sean empleadas para la ali- mentación de los individuos. Por otra parte, las carnes de res, de cerdo, de ganado la- nar, que son las que más frecuentemente empleamos para nuestra alimentación, con frecuencia son de mala calidad, por- que no solamente se expenden en el Mercado las carnes de animales perfectamente sanos, como lo exi jen las Ordenanzas municipales, sino también la de animales que han muerto de enfermedades más ó menos variadas, que, como se sabe, pue- den producir por su ingestión en el estómago, accidentes más ó menos graves. o } Como cada matador de animales de este género, se vé obligado á ejercer su oficio en su misma casa, y carece por . consiguiente de un lugar á propósito, los sitios que emplean son por lo común demasiado sucios y asquerosos, y de ahí la existencia de focos de infección, y por consiguiente, el origen de muchas enfermedades. Ya se hace de una manera indispensable la creación def un local á propósito, que reuniendo á la vez todas las condi- ciones higiénicas, propias á los rastros, sirva de garantía á los habitantes de esta población, y suprimir así de ese modo, los innumerables abusos á que da lugar el abandono con que se ha visto hasta hoy este ramo de higiene pública tan impor- tante. De todo lo expuesto se deduce, que la higiene en Oaxaca se encuentra en estado embrionario, y que no debe extra- ñarnos que cualesquiera epidemia tome grandes proporciones, en virtud de las pésimas condiciones en que nos encontramos; y que si las enfermedades y la mortalidad no son tan consi- derables en la actualidad, es debido á influencias que no sólo para nosotros sino aún para la ciencia, son un misterio; pues nadie hasta ahora ha podido explicar el por qué de una bue- na salud, en lugares donde no se guardan prescripciones hi- giénicas de ningún género. O o o He aquí las condiciones higiénicas que se exijen para pre- venir la funesta influencia de las complicaciones nosocomiales, propuesta por la Sociedad de Cirugía de París: I. Un hospital debe estar colocado en un lugar descu- bierto sobre un suelo seco y sobre un terreno inclinado; este terreno debe ser vasto. Un espacio superficial de 50 m. c. por enfermo representa un mínimun que deberá, en tanto que sea posible, ser pasado y que por otra parte debe aumen- tar progresivamente con el número de enfermos. II. La atmósfera de un hospital será tanto más pura cuanto más lejana esté de las aglomeraciones populosas. No se deberán conservar en el centro de las ciudades sino hos- pitales de urgencia necesariamente restringidos, y hospitales de enseñanza. Esta medida de salubridad sería al mismo tiempo una de economía y permitiría á las grandes ciudades como París, instalar sus hospitales sobre vastos terrenos po- co costosos. III. Buenas disposiciones higiénicas son fáciles de obte- ner en los hospitales de 200 á 250 enfermos. Estas llegan á ser casi imposibles de realizar en las grandes ciudades si se pasa el doble de esta cifra. En estos límites de número, los gastos de toda naturaleza no son mas elevados sino para los hospitales más populosos. IV. Los elementos de la atmósfera se mezclan sobre to- do en el sentido horizontal; es menester combatir con la am- plitud los efectos de contacto y de proximidad que constitu- yen la aglomeración y que se producen de enfermo á enfer- mo, de sala á sala y de edificio á edificio. V. No es solamente aumentando el espacio cúbico otor- gado á cada enfermo, sino también aumentando el espacio superficial hoy insuficiente en nuestros hospitales civiles, co- mo se luchará eficazmente contra las influencias contagiosas. Por motivos del mismo orden está indicado el no multiplicar los pisos, pues cada uno de estos engendran una capa atmosfé- rica más ó menos viciada. Bajo el punto de vista riguroso de la higiene, no se deberá jamás sobreponer más de dos filas de enfermos. VI. Sería una ilusión creer que un amplio cubo de aire en el interior de las salas, reemplaza á la falta de espacio y de aireación exteriores, y creer que una abundante ventilación puede ser suplida por una ú otra de las condiciones preceden- tes. Nada sustituye á la insuficiencia ó á la falta de aerea- eion natural. Vil. Los edificios completamente aislados, teniendo to- dos la misma orientación, expuestos sin ningún obstáculo á los royos del sol, á la acción de la lluvia y de los vientos, estarán dispuestos sobre una sola línea 6 en líneas paralelas con am- plios intervalos de 80 á 100 m., de manera de obtener una separación eficaz y una libre y fácil aereacion exterior. VIII. Las salas pequeñas de 15 á 20 lechos son fáciles de vigilar bajo el punto de vista de cuidados, la molestia re- cíproca de los enfermos es allí menos grande, las probabili- dades de contagio directo menores también, la expulsión de todas las impurezas más rápida. Ellas deben ser preferidas para los servicios ordinarios, sin perjuicio de adoptar dispo- siciones especiales para ciertas categorías de enfermos, que re- claman un espacio más amplio y el aislamiento en cámaras separadas. IX. El mobiliario de las salas no debe oponer ningún obstáculo á la circulación del aire. Es necesario que los Je- fes de servicio, tengan el derecho de hacer suprimir las corti- nas de los lechos cuando lo estimen conveniente. X. Las salas estarán separadas por las mesetas y las pie- zas de servicio común. Sería ventajoso que una de ellas pueda recibir, durante el dia y para las comidas, á todos los enfermos que puedan andar. Sería una evacuación incom- pleta pero cuotidiana de la sala. XI. La evacuación periódica y regular de las salas y su reposo durante un tiempo de varios meses, dan en los hospi- tales militares franceses y en los extranjeros, resultados que indican la adopción general de esta medida, particularmente imperiosa en tiempo de epidemia. XII. Todo estará dispuesto para que las materias odo- ríferas, infectantes, deyecciones, objetos de curación, aguas de lavado, etc., puedan ser rápidamente destruidas ó arrebata- das, de modo que no permanezcan jamás en el interior ó en la proximidad de las piezas ocupadas por los enfermos, y no den lugar á ninguna emanación apreciable. Como se vé, estas bases á pesar de ser numerosas, no son sin embargo de aquellas que al traducirse por hechos, se tro- piecen con dificultades invencibles. Por otra parte, una descripción suscinta y minuciosa del Hospital general de esta Ciudad, sería fastidiosa y cansada: me veo precisado á hacerla de una manera rápida en el curso de este capítulo. Mi objeto al poner las bases en que deben apoyarse los hospitales, ha sido la de ir glosando cada una de ellas, hacer ver sus ventajas, y establecer una comparación entre nues- tro Hospital y las medidas higiénicas que encierran dichas bases; así de este modo iré abrazando á la vez la posición to- pográfica del Hospital y sus inconvenientes, la disposición de sus salas ó enfermerías, baños, inodores, servicio, reglamento, alimentación, anfiteatro,etc.,y de este modo hacer el estudio si- multáneo de las malas condiciones de este Hospital y de las necesidades urgentes que reclaman un pronto y eficaz reme- dio, para lograr que sea útil á Oaxaca y deje de ser un pode- roso foco de infección. Voy, pues, á comenzar este estudio, bajo las condiciones expuestas arriba. I. “Un hospital debe estar colocado en un lugar descu- bierto sobre un suelo seco y sobre un terreno inclinado; este terreno debe ser amplio. Un espacio superficial de 50 m. c. por enfermo representa un mínimun que deberá, en tanto que sea posible, ser pasado y que por otra parte debe aumen- tar progresivamente con el número de enfermos.” El objeto de que el hospital se encuentre en un lugar des- cubierto, es el tener la grandísima ventaja de que las corrien- tes de aire no encontrando ningún obstáculo á su entrada en el edificio, puedan circular libremente y renovar constante- mente el aire viciado que se encuentra en las enfermerías sobre todo. Se exije que sea sobre un suelo seco é inclinado el terre- no, porque siendo la humedad uno de los elementos de la patogénia de las enfermedades, debe evitarse á toda costa, pues de otro modo estarían los enfermos expuestos á condi- ciones fatales. La inclinación del terreno es un elemento de aseo, porque teniendo las aguas una corriente fácil y rápi- da, serán arrastrados con la mayor brevedad posible, los resi- duos que dan todos los establecimientos de beneficencia de este género, que como nadie lo ignora, ejercen una acción de- masiado nociva para todos los que se encuentran en el inte- rior de este edificio, por un tiempo más ó menos largo, siem- pre que estos residuos permanecen también en el interior de este edificio ó en sus alrededores. Que el terreno sea amplio es una condición precisa é in- dispensable, pues disponiéndose de un local abundante, por decirlo así, se evitará la aglomeración que tan funestos resul- tados ha dado; de ahí por consiguiente que el espacio super- ficial de 50 rn. e. por enfermos sea tomado como el mínimun, porque esta cantidad no quiere decir que pura y exclusiva- mente han de ser empleados para un enfermo, sino que se debe tener en cuenta la habitación de cada enfermo, más el espa- cio que se necesita para llenar cumplidamente el servicio que este mismo exije, y por esa razón se indica que esta porción de terreno sea aumentada, para poder así disponer de mayor local, para que en un caso dado pueda echarse mano del ex- ceso y se mejore por consiguiente la situación del enfermo, ó que á lo menos permanezca bajo condiciones iguales. Por lo que hace al aumento progresivo de terreno, conforme mayor sea el número de enfermos, creo que su porque se desprende de lo anteriormente dicho, por lo que no entro en mas expli- caciones. Veamos ahora en qué condiciones se encuentra el Hospi- tal general. Este se encuentra en la parte S. de la Ciudad, estando li- mitado al E. por la 7.1:5 calle de “Armenta y López,” al N. por la calle del “Jardin de San Francisco,” al O. por la igle- sia de este nombre y sus dependencias y la 5. calle de “San Francisco,” y al S. con la 1. 03 de “Burgoa.” Tiene una ex- tensión superñcial de 5.196 m. c. Término medio de enfermos, 150. En la primera parte dije que la población S. de Oaxaca, se apoyaba sobre un terreno cíe aluvión moderno, que era la parte baja la menos aereada, húmeda y sirviendo de desagüe á las inmundicias de la población, particularmente los caños de las calles de “Armenta y López” y las de S. Francisco, y tengo que añadir que en la calle del Jardin de S. Francisco no se encuentra caño, si no es uno que parte del Hospital y cuyo cauce se lo ha ido formando él mismo. Bajo este punto de vista, el Hospital no se encuentra comprendido en ninguna de las condiciones que exije el pri- mer capítulo del reglamento citado, pues no solamente las co- rrientes de aire pueden circular en su interior, porque ade- más de formar cuerpo con la misma ciudad, lo forma también con el templo de S. Francisco y sus dependencias; de ahí por consiguiente, que teniendo en cuenta la dirección de vientos dominantes, indicada en la primera parte, se verá que el que viene del O., encuentra un obstáculo invencible para penetrar al Hospital en una proporción abundante por la altura de los muros de 8. Francisco y sus dependencias. El viento del S. declinando al E. ó al O. de Marzo á Setiembre, durante el 32 medio dia, es el único que puede penetrar, pero desgraciada- mente es corta su duración. El terreno es en parte húmedo, y el piso de las habitacio- nes del Hospital lo es también. Aun cuando en general sea inclinado, la mala construcción de los caños hace que el de- sagüe sea defectuoso y de nada sirva la inclinación natural que tiene. Como se vé, el Hospital no está bajo este punto de vista en las mejores condiciones, puesto que las aguas y deyecciones no teniendo fácil salida, se estancan y entrando en putrefacción, producen focos de infección que vician el aire con sus productos. Teniendo en cuenta que la cantidad mínima que se exije para cada enfermo es de 50 m. cc., vemos con sentimiento, que en este Hosj i tal no corresponde más que á 34| m. cc. y de es- to se debe tener en cuenta que una gran parte del Hospital en nada se utiliza, lo que hace disminuir mucho más la su- perficie de que realmente se puede disponer para cada enfer- mo; y si la cantidad de 50 in. cc. es el mínimun, es decir, la cantidad más pequeña de que puede disponer cada enfermo, sin temor de que se encuentre en malas condiciones, ¿en cuá- les se hallará si se le quita una tercera parte y de estas dos que le quedan á cada enfermo no se utilizan en su totalidad para él? pues hay dos ó tres patios que para nada se em- plean, lo mismo que algunas habitaciones. “II. La atmósfera de un hospital será tanto más pura cuanto más lejana esté de las aglomeraciones populosas. No se deberán conservar en el centro de las ciudades sino hos- pitales de urgencia necesariamente restringidos, y hospitales de enseñanza. Esta medida de salubridad sería al mismo tiempo una de economía y permitiría á las grandes ciudades como París, instalar sus hospitales sobre vastos terrenos po- co costosos.” “La composición del aire atmosférico se ha llegado á de- terminar por la química que ha logrado demostrar que está formado de 79 volúmenes de ázoe y 21 de oxígeno. Contie- ne de 5 á 6 milésimos de vapor de agua y de 3 á 6 diezmilé- sirnos de ácido carbónico: puede contener, además, amoniaco, ácido nítrico, nitritos, nitratos, polvos inorgánicos, sales, pe- queñísimas porciones de yodo, de ozono; en hn, de cuerpos or- gánicos y aún de séres organizados que juegan un papel muy grande bajo el punto de vista de la higiene y que son proba- blemente el manantial principal de hidrógeno carbonado que se encuentra en pequeñísima cantidad en la atmósfera.” Una de las cuestiones, y quizá la más importante que c >n más frecuencia se trata, es la de averiguar la cantidad de aire que necesite en 24 horas un individuo, para poder vivir en buena salud. Después de investigaciones fisiológicas bastante escrupu- losas, se ha llegado á aceptar que un hombre adulto absorbe por hora, de 19 á 25 lit. de oxígeno, y que exhala de 15 á 20 lit. de ácido carbónico, y de ahí por consiguiente que se nece- siten de 10,000 lit. de aire por dia ó sean 417 por hora; de donde resulta, que en toda habitación donde por la noche no pueda haber una renovación de aire, se necesiten 30 m. ce. de este elemento por individuo, pues una cantidad inferior es imposible, si se trata de vivir en buenas condiciones higié- nicas, á menos que una buena ventilación, aereacion, ó cua- lesquiera otro medio de renovarniento del aire, puedan suplir estas dificultades en departamentos estrechos. Por lo que respecta á la media fisiológica más grande que se conoce, ts la de 13 m. cc.; esta sería bastante suficiente, si como dice Bérard, se le fuese ministrando por porciones cortas y no se permitiesen mezclar los productos de la respi- ración, que vienen á viciar el aire que se encuentra en una habitación. El medio que indica Berad, colocaría al individuo en las mismas condiciones que si se hallase al aire libre; pero des- graciadamente no se puede hacer esto, sino de una manera imperfecta por medio de la ventilación, pues la insuficiencia de oxígeno es causa más que suficiente para hacer perder la salud y ocasionar la muerte. Por lo que hace al aire confinado, este con la mayor faci- lidad sufre cambios tales, que lo vuelve completamente im- propio parala respiración, bajo el supuesto de que ahí se en- cuentre un número más ó menos grande de individuos. El primer cambio que se nota es la diminución de la cantidad de oxígeno y el exceso de ácido carbónico, producido este últi- mo por las respiraciones cutánea y pulmonar, y de ahí el principio de asfixia sin contar con los otros productos respi- ratorios. Se pueden dividir en dos partes las consecuencias del aire confinado: en el primero, el aire puede ser rápida- mente viciado y sus resultados sobre el organismo serán su- mamente rápidos; ó bien el segundo donde la intoxicación p< r el ácido carbónico es crónica por decirlo así, y que en un es- pacio de tiempo más ó menos largo venga á determinar uni- do con otras causas una predisposición muy notable á las afecciones morbosas crónicas. Del primer caso tenemos los ejemplos del Agujerito negro en Calcuta, con 14G prisioneros ingleses que sucumbieron en su mayor parte, después de una corta permanencia en este local que tenía 20 pies cuadrados, después de haber sido presa estos prisioneros de una sed viva, sofocación y un deseo tan exagerado de respirar el aire, que se disputaban entre sí con gran ahinco, los pocos respiraderos que tenía este local, no pudiendo sobrevivir á esta intoxica- ción sino solamente 25; y el ocurrido en Oxford, donde Jue- ces, espectadores y acusados, murieron rápidamente por la asfixia. En cuanto al segundo caso los ejemplos son muy nu- merosos, puesto que en las grandes capitales las habitaciones se encuentran en muy malas condiciones, los pisos bajos se hallan sin ninguna ventilación, y de ahí una intoxicación por el ácido carbónico, ó bien una diminución de oxígeno. Está demostrado que la reunión de bastantes individuos, puede engendrar el miasma de la aglomeración, cuyo resulta- do es la producción y desarrollo de enfermedades bastante graves; una de las causas es el aire viciado por insuficiencia. Debemos hacer notar aquí que este viciamiento, es debido la mayor parte de las veces á la mayor cantidad de ácido car- bónico, y otras á la producción de miasmas: siendo de adver- tir que en la inmensa mayoría de los casos, estos dos factores se encuentran reunidos. Del primer factor, Lavoisier había indicado que el aire de las salas de los hospitales contenían de H á 3 por 100 de áci- do carbónico. Análisis más modernos, practicados en los hospi- tales de la Piedad y de la Salpétriére, dan para el primero 3 milésimos de ácido carbónico, y para el segundo de 6 á 8 milésimos, aunque se encuentran aquí en condiciones bastan- te malas, preciso es confesarlo, no pueden producir la asfixia. Si bien es cierto que un hombre ó varios pueden perma- necer sin inconveniente de ningún género, durante un cierto tiempo en un espacio limitado, se necesitan una de estas dos condiciones: ó bien hay un renovamiento constante de aire, ó bien este espacio tiene que ser bastante amplio. Guérard ha demostrado que en habitaciones cerradas para individuos sanos, se necesitan 6 m. cc. de aire por persona y por hora, no puede ser aplicable á individuos enfermos, que como se hallan reunidos en las salas de los hospitales, estos, además, de sus emanaciones propias, por decirlo así, más ó menos vi- ciadas, están más aptos para que estos mismos miasmas reac- cionen sobre ellos. Boudin, por medio del anemómetr o de Combes, ha llegado á cerciorarse, que una sala del hospital Beaujon, que recibe 47 m. cc. de aire por enfermo y por ho- ra, dejaba percibir aún un mal olor y que en cambio otras que recibían bajo las mismas condiciones que la anterior la canti- dad de 67 m. cc. de aire, se hallaban sin ningún olor. En cuanto al ozono, Scoutetten ha demostrado la ausen- cia de este en los hospitales, lo mismo que en los sitios reco- nocidos como perfectamente salubles, lo cual hace que no se le considere de ningún valor patogénico. Ahora bien, si la falta de renovación del aire en el hom- bre sano es nociva, figúrese lo que pasará con el hombre en- fermo que, además del abatimiento moral, se encuentra rodea- do de miasmas, ya sean eliminados de su organismo ó bien de los de los demas, con una constitución más ó menos debilita- da, tendiendo á absorber todo lo que en su alrededor se halla. Una vez que se ha hablado de los males que ocasiona la insuficiencia del aire, vamos á ver cuáles son los medios pa- ra poder ventilar bien un local. El que se debe colocar en primera línea por ser el mas sencillo, el más eficaz y el menos costoso, consiste en abrir ámplias puertas y ventanas, lo que produciría un renova- miento constante del aire, esto es, sobre todo aplicable en los países calientes ó templados, pues en los fríos es muy difícil su aplicación. Otro de los medios de que se puede echar mano, sobre todo en los países frios, consiste en el empleo de chimeneas, que, como se sabe, determinan una corriente de viento más 6 menos poderosa, ya sea de abajo hácia arriba, obligando así al enfermo á respirar aire frió, ó bien al con- trario, haciendo venir la corriente hácia abajo; ó por último, hacer entrar el aire del exterior por medio de tubos de fierro calentados, para que el aire á su paso por estos eleve su tem- peratura; pero tiene el inconveniente de que las materias or- gánicas encontrándose bajo una temperatura alta, no pudién- dola resistir se descomponen, y mezclándose los productos de su descomposición al aire, lo hacen adquirir un olor bastante desagradable. Otro de los métodos que hay, es el de van Hecke, y que pa- rece llenar casi todas las exigencias. Consiste en hacer atra- vesar todas las paredes por canales, una de sus extremidades desemboca en cada habitación, y la otra en corredores, en cruz colocados debajo del hospital: en cada punto de intersección de los corredores hay una especie de molino de viento movi- do por vapor, dando así lugar á la introducción de viento por los tubos y determinar así una corriente continua. Yeámos ahora las condiciones, aunque de una manera li- gera, la situación que guardan los enfermos en este Hospital y la posición topográfica de éste. Por la parte del N. se halla la entrada del Hospital, for- mada por una puerta de 1 m. 80 cent, de longitud y 2 m. 80 de altura. Se entra luego á nn callejón en donde se encuen- tra el cuerpo de guardia compuesto de 24 hombres ocupando un sitio de 3 m. 40 id. de longitud, 1 rn. 74 id. de latitud y 4 m. 66 id. de altura á la izquierda de la entrada, y á la de- recha en un espacio menor se halla el jefe de la guardia. A continuación se encuentra el zaguan que es de un tamaño regu- lar y que sirve de entrada al primer patio que tiene 32 m. de longitud, 21 de latitud y su altura varía por haber segun- do piso en la mitad de la parte S. y en las tres cuartas partes del lado del O., teniendo en esta porción una altura de 9 m. los muros, y en el resto una de 5. Este patio está ocupado en el centro por una fuente que por lo común no tiene agua y provista de un caño que se dirije al S-E. de dicho patio, y su objeto es que el agua que se derrame de ella, arrastre con- sigo los productos excrementiciales á su paso por los inodo- res de éste. Se vé limitado (el patio) por cuatro corredores, circunscribiendo un paralelógramo regular: los del N. y S. tienen de longitud 35 m., de latitud 3, y de altura 3 m. 40, los del E. y O. no se diferencian sino por su longitud que es menor, siendo esta de 30 m. Habitaciones del N.: á la derecha de la entrada al patio se encuentran las piezas siguientes: la Comisaría, sitio desti- nado á recibir y dar salida á los enfermos; luego otra pieza que comunica con la anterior por una pequeña puerta que da á la pieza del Administrador, conteniendo esta varias de las cosas relativas á la Administración; á continuación, la botica pro- vista de dos callejones, uno á su izquierda, chico, y otro en el fondo de ella que es más grande y hacen el papel de reboti- ca. A la izquierda de la entrada, se halla ocupando la pri- mera sala dedicada exclusivamente á los enfermos de lesio- nes traumáticas, tiene de longitud 10 m., de latitud 4 m. 50 y de altura, 4 m. 66; tiene dos puertas, una que sirve de entra- da á la sala y otra en la pared del fondo, enfrente de la pri- mera, teniendo 1 m. de latitud por 2 m. 40 de altura, y dos ventanas á cada lado de la primera puerta; en el techo y en su parte media, una abertura ó tragaluz de 1 m. 60 de longi- tud, por 50 cent, de latitud; en el fondo de la sala se encuen- tra la segunda puerta de que he hablado, que comunica con un callejón que tiene 12 ni. 63 de longitud, 1 m. 74 de lati- tud y 4 m. 56 de altura; dos ámplias aberturas con su reja do herró en su extremidad que vé al E. y una amplísima abertura en la que vé al O. El empleo que se le da á este callejón es el de depositar los servicios sucios, tener un bracero donde ca- lentav el agua, medicamentos, etc., y en casos de urgencia co- locar enfermos. Habitaciones del E.: segunda sala mide 14 m. 20 cent, de longitud, 4 m. 02 de latitud, y la altura igual á la de la primera sala. Por lo que respecta á puertas, ventanas y callejones, etc., se encuentran bajo las mismas condiciones que la anterior. A continuación, la tercera sala que no se diferencia de las ante- riores sino por tener una puerta de entrada de 1 m. 54 de la- titud, 2 ni. 60 de altura, una ventana hácia la derecha á 3 m. 40 de distancia y bajo las mismas dimensiones que las otras. Esta sala mide 13 m. 00 de longitud, 4 m. 35 de latitud: en todo lo demás está igual á las anteriores. A continuación se hallan los inodores dispuestos de la manera siguiente: una puerta de 1 m. 80 de latitud, y 2 m. 20 de altura que comu- nica con un callejón de 5 m. 10 de longitud, 2 m. 15 de lati- tud y 4 m. 56 de altura: en el techo se encuentra un traga-luz, en la extremidad opuesta del callejón se encuentra otra puer- ta de las mismas dimensiones que la anterior, que comunica con un segundo callejón que forma ángulo recto con el pri- mero, y tiene 9 m. 10 de longitud, 1 m. 50 de latitud, y altu- ra igual á la del primero. En la extremidad S. de este callejón se encuentran los inodores propiamente dichos, formando una ] ieza que tiene 0 m. 70 de longitud, 4 m. 10 de lat tu 1 y 4 m. 60 de altura: ocupa las dos terceras partes de su a:ea, un petril de ladrillo y cal de 80 cent, de altura, teniendo en su parte media una abertura bastante ámplia para evacuar ó bien arrojar los productos excrementiciales de las vasinicas á un caño que pasa debajo de esta abertura, y que trae con- sigo el agua de la fuente. En la pared E. de esta pieza, se en- cuentra una ventana á 2 m. 50 de altura sobre el nivel del piso y de 0 m. 80 de latitud y lo mismo de altura, provista de una reja de fierro. En el techo del segundo callejón se hallan dos traga-luces y uno en el de la pieza. Habitaciones del S.: la cuarta» sala se encuentra bajo las mismas condiciones que las de la primera, á excepción de su longitud que es de 19 m. 70 y 4 m. 38 de latitud, y posee tres amplios tragaduces y una ventana en la cabecera, que está al E. á 3 m. 50 de altura sobre el nivel del suelo de 0 m. 80 de latitud y 0 m. 90 de altura. A continuación la pieza del practicante de guardia, que es de un tamaño regular, luego una puerta de comunicación con los otros patios del interior, y la quinta sala que posee una puerta y una ventana iguales á las de la tercera sala, tiene de longitud 8 m. 61, de latitud 3 m. 45 y de altura 2 m. 80: para entrar a esta sala se tiene que bajar dos escalones de 12 cent, de altura. Habitaciones del O.: una pieza grande y baja que sirve para comunicar con otros patios y con el departamento de mujeres; á continuación la sexta sala formada de dos piezas, una grande que tiene una puerta de entrada y dos ventanas iguales á las de la primera sala, tiene 13 m. 10 de longitud, 5 m. 30 de latitud y 5 m. de altura: se encuentran apoyados so- bre la pared del fondo á 20 cent, abajo del techo, y á distan- cias desiguales, 4 tubos de hoja de lata de un decímetro de diámetro que atraviesan el techo, recorren á lo alto la pared O. de la primera sala de mujeres, atraviesan su techo y van á terminar en unos tubos de arcilla de forma acodada; cerca del ángulo formado por las paredes O. y N. en esta primera pieza, se encuentra una pequeña puerta de 0 m. 90 de lati- tud y 1 m. 80 de altura, que comunica con la segunda pieza que mide 5 m. 40 de longitud, ó m. de latitud y 5 m. de altura: se encuentran en esta sala, seis tubos de hoja de lata que más aproximados y á distancias variables recorren el techo; y co- mo en esta parte no hay segundo piso, terminan inmediata- mente á su salida de este en tubos de arcilla acodada; una ven- tana de las mismas dimensiones que las anteriores, se encuen- tra en esta segunda sala, y por último, la sala de la dirección que es de un tamaño regular y tiene dos ventanas que dan al atrio de San Francisco. Número de camas en la 1. 13 sala 12 Idem idem ídem en la 2. ídem 13 Idem idem idem en la 3. idem 12 Idem idem idem en la 4.03 idem 17 Idem idem idem en la 5. 03 idem 3 Idem de camas en la 0.03 sala. V pieza... 12 2? pieza... 5 TOTAL 79 Todas estas salas están dedicadas á los puros hombres: la 1.03, como dije antes, á lesiones traumáticas, la 2. a , 3. 03, 4 es y 5. «s, á soldados atacados de enfermedades que no sean traumáticas, infecciosas ó contagiosas (excepto la sífilis), pues en este caso se les coloca en piezas aisladas: la 6. 52 sala dedi- cada á presos, que por lo común son civiles. No solamente es este el número de lechos ocupados por igual número de enfermos, pues con muy varas excepciones basta el número de camas; advirtiendo que su separación 39 unas de las otras no es más que de 50 cent., lugar que sirve para la colocación de un buró. Dije que con raras excepciones bastaba el número de lechos para el número de enfermos que normalmente se hallan en estas enfermerías, pues por lo común se encuentran lechos formados por una estera, ocupando los intermedios que hay de cama á cama, y aun á veces, es tan crecido el número de enfermos, que se tiene que echar ma- no de los callejones, encontrándose allí un brasero destinado para el calentamiento del agua, medicinas, etc.: esto en una de sus extremidades, y el resto del callejón ocupado por ser- vicios sucios. Hay una mala costumbre en lo relativo al servicio de las salas, como es la de no limpiar las vasinicas, si- no dos veces ó tres al dia; y como se comprende, todas estas materias excrementiciales están extendiendo en la atmósfera gases demasiado nocivos al organismo, sin contar con los pro- ductos de la combustión del carbón. Ya hemos visto con anterioridad los efectos tan nocivos á la economía por los productos de las aglomeraciones de indivi- duos, de los productos de la combustión y exhalación de gases de materias excrementiciales ó en putrefacción; y ya dijimos que uno de los medios más á propósito para evitar toda clase de accidentes de este género, es, ó bien un local demasiado am- plio, ó una buena ventilación. En este hospital no contamos con lo primero, como lo vimos más arriba: hablando en general del local por lo que hace á las salas ó enfermerías, la cantidad de aire de que puede disponer cada enfermo, es la siguiente: En la 1. 17 ni. ec. 5 „ 2.« 23 „ „ 1 „ a*» 22 „ „ 97 „ 4. * 24 „ „ 22 8.* 10 „ „ 42 0. s 1? pieza.. 28 „ „ 03 2* 27 „ „ 00 Teniendo esto en cuenta, se verá que la más favorecida es la 1. 03 pieza de la 6. 53 sala, y la menos, la 5. 03 sala. Todas estas cantidades dan una media de 22 m. cc., cantidad casi doble de la media fisiológica más alta que han dado (13 m. cc. de aire); de modo que si estamos bien por esta parte, nos encontramos con otra clase de inconvenientes como es la des- composición de este aire por falta de renovamiento de él, pues las puertas y ventanas de que disponen las enfermerías, hacen que las corrientes de aire no puedan penetrar allí con toda la libertad posible, además del obstáculo que encuentra por la altura de los muros de S. Francisco, lo que hace que 40 todas estas enfermerías posean un olor bastante desagrada- ble, una temperatura que en invierno es bastante baja, y que en verano sea alta. Creo que de los medios de que se pueden echar mano pa- ra que haya una buena ventilación, consistiría en la destruc- ción de los callejones, con lo que se lograban dos cosas: la pri- mera, la mayor amplitud de cada sala, el poderse aumentar el tamaño de las puertas y ventanas que hoy existen, la aper- tura de otras que vieran á la calle, y colocadas á 1 m. 50 de altura, tanto porque las corrientes de aire se establecieran mejor, como para que fuese fácil cerrarlas, y los enfermos y el público no pudieran tener un acceso fácil á ellas, y para evitar la introducción de alimentos, frutas, bebidas, etc., se podría colocar detras de cada reja de fierro un enrejado de alambre que permita el paso del aire sin ningún obstáculo, causando la dificultad de verse mutuamente los de adentro con los de afuera, ó viceversa, pormitiese también el paso de la luz que tan necesaria es á la salud. Todo esto es relativo al número de enfermos que puedan ocupar los lechos de cada sala; pero como el número de enfer- mos siempre es mayor al de lechos, hace hoy más que nunca necesarias las medidas que he indicado. Ya se dijeron más arriba algunas ventajas que reportaría la supresión de los callejones; hay otras que son demasiado in- teresantes, como serían la supresión de los braseros, sustitu- yéndolos por tubos de cañería que partieran de un depósito de agua bastante caliente, permanente, y á una altura conve- niente y desembocasen á llaves que se hallarían en cada en- fermería, y lámparas de alcohol para calentar los medicamen- tos. Otra de las ventajas es la de evitar el que permanezcan los servicios sucios durante un tiempo más ó menos largo en contacto con la atmósfera de las salas. En cuanto á los inodores que se hallan entre la 3.55 y 4. sala, su aspecto no puede ser más repugnante á la vista y al olfato, pues se puede decir que desde la entrada hasta su ter- minación se encuentra sucio de materias excrementiciales, siendo éste uno de los focos de infección más poderoso con que cuenta el Hospital, pues tanto su situación como el nin- gún aseo, han contribuido en gran parte al mal olor que se nota al entrar al primer patio, pues no parece creíble que es- te sitio al establecerse el Hospital, se hubiera creído propio y sobre todo higiénico para el uso que se le dió; pero por for- tuna ya en estos dias se va á proceder á su supresión comple- ta y se le va á sustituir con otro que se encuentra en uno de los patios interiores y próximos al jardín, que si bien es cier- 41 to que no llena todas las exigencias porque está dispuesto pa- ra contener materias fecales durante un tiempo más ó menos largo, y hasta que llegue á llenarse, es cuando se vaciará, es sin embargo una buena mejora. Hubiera sido mejor el haber empleado un caño con una corriente de agua bastante rápida para que arrastrase consigo estas materias excremen- ticiales, y las llevase al exterior conduciéndolas hasta un si- tio á propósito por medio de un caño cubierto, y volverlas así inofensivas no solo al Hospital, sino á la población ente- ra. Posteriormente me ocuparé de los inodores anexos al de- partamento de mujeres y á otros que se encuentran en el jardin. El departamento de mujeres se encuentra ocupando parte del segundo piso: se entra á él por una pieza que está al O. del primer patio, se sube por una escalera que tiene tres tra- mos, el primero de cinco escalones, y los otros dos de seis, te- niendo cada escalón una altura de 13 cent. A la derecha se halla un arco de manipostería de 1 m. 70 de latitud por 2 m. 20 de altura; sirve de entrada á la primera sala de mujeres que mide de longitud 22 m. 15, de latitud 6 m. 32 y de al- tura 3 m. 13: tiene cuatro ventanas al E. de 95 cent, de latitud por 1 m. 57 de altura, teniendo una distancia media entre sí de 3 m. 50, y á 90 cent, sobre el nivel del piso: estas venta- nas dan al primer patio. Hay, además, dos alacenas en las ex- tremidades de esta pared: en la del frente de las ventanas ó sea la del O., se encuentra un arco en el primer tercio de di- cha pared, de las mismas dimensiones que el primero: en el tercer tercio de la misma pared otro igual; no tienen puertas los tres. A la derecha del primer arco á 1 m. 40 de distancia, se halla una puerta de 1 m. 10 de latitud y 2 m. 10 de altu- ra, tiene dos hojas de madera; tanto el tercer arco como esta puerta, sirven de comunicación para la 2. sala colocada perpendicularmente á la 1. 03, tiene de longitud 11 m., de la- titud 5 m. 45 y 4 m. 63 de altura; tiene dos ventanas distan- tes entre sí de 4 m. 30; sus dimensiones son 1 m. 10 de latitud y 1 m. 70 de altura; se hallan á 2 m. sobre el nivel del piso: estas ventanas miran al N. y dan al atrio del templo de San Francisco. Esta sala no es un paralelógramo regular, pues en el ángulo que forma la pared del S. con la del P., es bastante saliente. El segundo arco da entrada á un corredor que tie- ne 12 m. 73 de longitud, 3 m. 10 de latitud y 3 m. 25 de al- tura: este corredor da á un patio que después describiré. La 1. 53 tiene 18 camas y la segunda 11. A una distancia de 2 m. 50 frente al primer arco se en- cuentra otro que posee casi sus mismas dimensiones, y una puerta que sirve de entrada á la 3. 05 sala, que mide 19 m. 2G de longitud, 5 ni. 72 de latitud y 3 m. 13 de altura; tiene una ventana que queda enfrente del arco, de 95 cent, de latitud y 1 ni. 90 de altura; otras dos ventanas en la misma pared y hácia la derecha de la primera, y distantes entre sí 2 m. 40- tienen 80 cent, de latitud y 90 cent, de altura: estas mi- ran al S. y dan al patio de los baños. Hácia la izquierda de la primera ventana está una grande alacena y después otro arco de las mismas dimensiones que las segundas últimas, ocupa la pared del E. y da á un pequeño patio en donde es- tá la entrada á las otras piezas del piso superior: la primera ventana está á nivel del suelo y la otra á 80 cent, sobre este piso: tiene esta sala dos traga-luces de dimensiones medianas. Tiene 15 camas. El callejón cuya extremidad comienza en el arco anterior y concluye en la puerta que comunica con los inodores, mide una longitud de 14 m. 28, latitud 1 m. 00 y 2 m. 88 de altu- ra; tiene sobre la pared de la izquierda dos puertas que tie- nen 80 cent, de latitud por 1 m. 73 de altura: la primera á 3 m. 25 de distancia de la entrada, y la segunda, á 7 m. 20 de la primera; las dos se comunican con la 4. sala que tie- ne 13 m. 00 de longitud, 3 m. 50 de latitud y 3 m. 10 de altura: tiene tres ventanas que ven al E. y dan á un patio pequeño, anterior al jardin, separadas la primera de la segunda por un espacio de 2 ni. 50 y sus dimensiones son de 70 cent, de lati- tud y 90 cent, de altura; á la derecha de la segunda queda una alacena mediana y después una ventana, la tercera (lis- tante de la segunda 3 n>. 10, aunque su tamaño es de 90 cent, de latitud y 1 m. 90 de altura: sus tres cuartas partes inferio- res están tapiadas; tanto la primera ventana como la segun- da se encuentran enfrente de las dos puertas de entrada: es- tas ventanas están provistas de rejas de fierro y de dos hojas de madera que las cierran completamente: las ventanas pri- mera y segunda están á 80 cent, sobre el nivel del piso; la abertura de la tercera, á 1 m. 35. El número de camas es variable. La puerta que comunica á los corredores es de 70 cent, de latitud y 1 m. 73 de altura: para llegar á ella se suben dos escalones. La pieza de los inodores tiene una ventana enfren- te; la puerta de entrada que mira al S. y da al jardin, esta tenía 90 cent, de latitud y 2 m. de altura, y se hallaba á ni- vel del suelo; pero como se tapió en sus tres cuartas partes inferiores, tuvo que reducirse demasiado. Otra ventana que mira al E. y da á un traga luz de un inodor del piso bajo, tiene 1 m. de latitud y 1 m. 30 de altura á 05 cent, sobre el nivel del suelo: las dimensiones de esta pieza son 5 m. 70 de longitud, lo mismo de latitud, y 3 in. 40 de altura. Ya dije al hablar de las habitaciones del primer patio, (pie en la parte del O. había una que servia de comunicación para otro patio: las dimensiones de este son 8 m. 87 de longitud y lo mismo de latitud, y su altura de 9 ni. limitado al N., S. y O. por co- rredores tapiados, tanto en los altos como en los bajos, for- mando parte de las dependencias del templo, y solamente descubiertos estos en su parte superior, pero una pequeña par- te, y al E. por un corredor abierto de 12 m. 10 de1» longitud, 2 m. 90 de latitud y 3 m. 20 de altura. El centro de dicho pa- tio lo ocupa una gran fuente comunmente sucia y que sirve de alcantarilla para el reparto del agua á la fuente del pri- mer patio y á los estanquecitos de la cocina. El piso de es- te patio como el del primero, están enlosados, y la fuente es- tá rodeada de un cano á donde viene á afluir un pequeño que toma su origen del interior de las dependencias del templo, y pasando por la parte media del corredor del O. desemboca en el primer caño, y otro que baja del corredor del segundo piso, correspondiente á la 1. 03 sala de mujeres; pero como lleva al- gún tiempo de estar obstruido, el agua se ha ido infiltrando poco á poco en la pared correspondiente, y por otra parte, mucha agua e inmundicias arrojan de este departamento á este patio. En la extremidad S. del corredor del E. hay una puerta que comunica con una pieza que sirve de intermedio á este patio con el de los baños; las dimensiones de la puerta son: de longitud 1 m. 25, y de altura 2 m. 4: las de la pieza son de 7 ni. 80 de longitud, 4 m. 95 de latitud y 3 m. 10 de altura; tiene, además, otra puerta enfrente de la anterior, cu- yas dimensiones son de longitud 95 cent, y de altura 2. m. 10, y sirve de entrada al patio de los baños, y una ventana á la izquierda de esta puerta á distancia de 1 m. 58, cuyas di- mensiones son de 1 m. 10 de latitud y de altura 1 tn. 10: se halla á 70 c. sobre el nivel del suelo: está provista de dos ho- jas de madera que las cierran, lo mismo que las dos puertas: esta ventana mira al S. y da al patio de los baños. Este pa- tio tiene 13 m. 43 de longitud, 12 m. 75 de latitud y 16 m. de altura, (término medio): se halla limitado al E. por la co- cina que tiene dos ventanas que dan á este patio, de 80 cent, de latitud, y de altura 7 m. 20, sobre el nivel del suelo 80 cent., y el callejón que corresponde á la 4. sala de mujeres, al 8. por una pequeña pieza que no tiene uso determinado, el local de los baños y el callejón de la sala de epidemiados cuya entrada es por el jardín, al O. por el muro del templo de S. Francisco y al N. por la pieza antes descrita y la 3. sala de mujeres. Hacia el S. de él, hay un estanque peque- ño de ladrillo y mezcla, que su cavidad es de 1 m. 70 de lon- gitud, 1 ín. 50 de latitud y 60 cent, de profundidad: nunca ha tenido agua. La pieza de los baños tiene una longitud de 8 m. 89, su latitud 5 m. 85 y 3 m. 39 de altura: posee cinco tinas media- nas de barro para baño, ya sea de agua fria ó caliente, y es- tán separadas entre sí por pequeños tabiques de ladrillo: cua- tro de estas tinas se hallan del lado del E., y la quinta al S.; reposan sybre una construcción de ladrillo y mezcla, y están, además, provistas de un pequeño apastle: tienen su desagüe éstas en el caño que, partiendo de la fuente, atraviesa la pie- za intermediaria á los dos patios; cruza el de los baños de N. á S., y siguiendo esta dirección, pasa junto á las tinas y sale al jardín por la parte del N., yendo á terminar á otro caño del que hablaré después. Este caño se encuentra descubier- to al atravesar los dos patios, y al hacerlo en la pieza interme- dia, se encuentra descubierto en varios puntos; contiene cons- tantemente un lodo negruzco, fétido, que á consecuencia de la falta de agua y de su poca corriente, siempre se encuentra en este estado. La cantidad de aire correspondiente á las tres enfemer- rías de mujeres, por enferma es la siguiente: 1.63 sala 18 ni. cc. 7 33, m. ce. 7 í) c3 9-9 „ j> .> ¿ 3.53 „ 22 „ „ 5 4.83 sala, esta como no tiene número fijo de enfermos pues está dedicada á los atacados de enfermedades infeccio- sas, contagiosas, etc., no se puede fijar el número de enfermos. Contiene sí, 148 m. cc. 8 de aire. Nada tengo que decir de la 1. 83 sala, si no es que las dos cantidades que tiene puestas, dependen de que aun cuando hay diez y ocho lechos, no se ocupan por término medio al mes y de una manera constante, sino solo 10; tiene sí el in- conveniente de que su suelo se halla como el de todas las sa- las de este Hospital, sumamente deteriorado: no tiene todas las corrientes de viento que le correspondía, por la altura de los muros del templo ya citado; pero por las ventanas que dan al E., que por lo común se hallan constantemente abier- tas durante el dia, puede aerearse bien, y esto hace que el aire la conserve en buenas condiciones. Desgraciadamente no se puede decir lo mismo de la 2. 83 sala, que por su situación y falta de ventilación hace que esta se conserve oscura y con una atmósfera bastante pesada y dotada de un hedor bien desagradable; sobre todo, cuando el número de lechos se en- cuentra ocupado. Por lo que hace á la 3. sala, se encuen- tra en mejores condiciones que la anterior, pues su ventila- ción es menos mala; pero cuenta con un gravísimo inconve- niente, como es la de corriente de aire, que viniendo del patio del jardin, atraviesa los inodores de este departamento y vie- ne á infectar tanto á la 3. 53 como á la 4.03 sala; advirtiendo que cuando hay una acumulación de individuos, entonces se produce algún hedor. La 4. sala tiene buenas corrientes de aire que penetran con dificultad por las ventanas que dan al E., que también se encuentran constantemente abiertas. Por lo que respecta á los inodores, tienen el grave incon- veniente de que con el pretexto de que pasa una corriente de agua por debajo de ellos, arrastrando consigo las materias ex- crementiciales depositadas allí, jamás se limpian; pero ni la corriente de agua, dado caso que la hubiese, es causa podero- sa para evitar esta limpia, ni autoriza dejarlos abandonados como hasta hoy ha sucedido; además, tienen otro inconvenien- te muy notable y es, que en su parte inferior tienen una aber- tura que da al jardin á 80 cent, de altura sobre el piso de este patio, teniendo 80 cent, de latitud por 90 cent, de altura, que aunque permanece tapada durante el dia, en la noche se desta- pa, da lugar á la formación de corrientes ascendentes que car- gándose con los productos gaseosos, va á infectar las salas indi- cadas; por esta causa creo que una de las medidas que se debe- rían dictar de preferencia, sería la de suprimir completamen- te estos inodores, y colocar otros que con una buena corriente de agua, arrastrase estas materias excrementiciales y las lle- vase al exterior. Es de lamentarse el estado sucio en que se encuentra el patio de la fuente, correspondiente al departamento de muje- res, á la vez que los baños, que además de ese, tienen otro como es la de hallarse los enfermos expuestos á corrientes de aire al salir del baño, que por lo común es de agua tibia, dan- do así lugar al desarrollo de otras enfermedades que vendrían á complicar las que estos ya tienen. Permítaseme describir el patio del jardin con sus anexos, por hallarse actualmente en servicio dos salas que allí se en- cuentran. Este patio tiene 7G m. 23 de longitud, 53 m. de latitud y 10 m. por termino medio de altura. Se halla limitado al E. por dos piezas que sirven de depósito para cadáveres: la 1. 03 tiene una puerta de entrada de 1 m. 8 de latitud y 2 m. 8 de altura. Las dimensiones de la pieza son las si- guientes: 5 m. 15 de longitud, 4 m. 42 de latitud y 4 ni. 84 de altura. En la pared que está al N. hay una puerta que comunica con el patio de los lavaderos: el objeto de esta puerta es la de sacar los cadáveres del Hospital sin que los demas enfermos puedan verlos. La 2.83 pieza se encuentra bajo las mismas condiciones que la anterior, con la diferen- cia de que en lugar de tener dos puertas, tiene una y una ventana. A continuación una pared de adobe que forma las dos terceras partes de la 7. 83 calle de “Amienta y López:” al S. otra pared de adobe, que forma casi en su totalidad la 1. 03 de “Burgoa,” forman cuerpo con esta pared unos inodores, y á una distancia bastante regular se baila una pieza (pie sirve de habitación á los enfermos que tienen á su cargo las enfer- merías que luego describiré. Esta pieza tiene 5 m. de lon- gitud, 3 m. 46 de latitud y 3 m. 66 de altura. Tiene una ventana que mira al N. y da al jardín, y una puerta de en- trada al O. y da al corredor correspondiente de las enferme- rías 7.93 y 8.03 Al O., el corredor indicado que tiene 27 m. 60 de longitud, 3 m. de latitud y 3 m. 80 de altura. Es- te corredor está completamente abierto y dan á él las dos puertas que sirven de entrada á estas salas. La 1.03 puerta tiene 1 m. 80 de latitud y 3 m. 43 de altura, y sirve de entrada á la 7. 03 sala que tiene de longitud 14 m. 86, de latitud 12 m. 65 y de altura 6 m. 57. En la pared del E. se hallan dos ventanas á 4 m. de altura robre el nivel del suelo, distantes entre sí 8 m.: sus dimensiones son de 1 m. 30 de latitud y 2 m. de altura: ven al E. y dan al jardín, hallán- dose casi al nivel del piso de la azotea del corredor. En la pared del O. otras dos ventanas que ven al O. y dan á la 5. calle de S. Francisco: se encuentran bajo las mismas condi- ciones que las anteriores, no variando mas que en la altura sobre el nivel del piso que es de 6 m. 46: en la pared del S. se encuentra una puerta de las dimensiones de la anterior que pone en comunicación la 7. 03 sala con la 8. 80. Esta sa- la tiene su entrada principal por el corredor, como ya se dijo, y está formada por una puerta de 1 m. 66 de latitud y 3 m. 30 de altura. Las dimensiones de esta sala son las siguientes: 14 m. 16 de longitud, 10 m. 80 de latitud y 6 m. 57 de altu- ra: posee cuatro ventanas cuyas dimensiones y posición son iguales á las anteriores. Estas ocho ventanas están provistas de rejas de fierro, un marco de madera con un tejido de alam- bre y una cortina de manta: las puertas tienen dos hojas de madera que las cierran y cada sala tiene 20 lechos. A conti- nuación de estas enfermerías se encuentra la pared de una pieza cuyas ventanas dan al jardín; luego la de otros patios pequeños, y á 1 m. 30 idem id. aguado 230 Pan 32 Merienda. Como en el desayuno. * Desayuno. Gramos. Atole 400 é champurrado 400 ó leche 250 ó café con leche j ( caté... 12o Pan 64 Comida. Caldo 360 Sopa de arroz seco 150 é) idem id. aguado 230 ( carne j Puchero, arroz 170 ( garbanzo.. j Pan 64 Merienda. Arroz 150 Carne 45 Pan 64 Desayuno. Gramos, Pan 130 1 Chocolate 25 ( en leche 120 ó café con leche ( tí456 Idem de masas 240 10 016 0385 1 Frijoles 250 60 235 2580 ¡ . Guisado de lentejas Pan 130 130 140 3835 1 con carne 270 240 772 4560 Idem de alverjones l Pan 130 130 140 3835 con idem 415 240 7 f¡Q Aüon ) Carne 80 120 360 1320 f .... Tortillas 125 90 153 3860 1 Merienda. J Puré de halas 240 45 202 1890 ,•> ¿00 ) Frijoles 250 60 235 2580 j Carne asada 80 120 360 1320 [ 24C.9 1016 2200 27744 1016 1 Pk l fes?* ' - - " ' Creo que no habría inconveniente en que estas Tablas sirviesen de modelo para el Hospital, quedando á voluntad de los médicos el aumento ó diminución de las proporciones cuando así lo estimasen necesario, y para ello se haría cons- tar la cantidad en las ordenatas respectivas, cosa fácil de ha- cer en el momento de pasar la visita. Si á esto se une el que el practicante de guardia vigile los alimentos en cuanto á su buena condimentación, y por consiguiente á su sabor, porque el enfermo mas que ninguno necesita que los alimen- tos tengan un buen gusto. De este modo se logra que él en- fermo coma bien, y no dar lugar á la entrada clandestina de alimentos nocivos para él, á la vez que facilitarle la digestión buena de los que tiene asignados. Otra de las cosas más necesarias y más abandonada en el Hospital es el agua. Ya indiqué en la primera parte los males que origina la falta del agua y sus impurezas, y ya vi- mos también la notable diminución que hay de este elemento; pero al referirme al Hospital son de lamentarse más estos males, puesto que se trata de un establecimiento en que el agua, además de ser de buena calidad, debe ser abundante por tratarse no sólo de subvenir á las necesidades del orga- nismo, sino de que la limpieza sea la más completa posible. Pues bien, no sucede así, el agua participa de los defectos de la que se usa en la Ciudad y viene con demasiada irregula- ridad, pues con bastante frecuencia lus enfermos se ven obli- gados á dejar de bañarse porque no hay agua, y por esto mis- mo aun cuando se estableció la mejora de un buen baño de regadera, esta no puede dar los resultados que se esperaban, porque con frecuencia no tiene agua y deja de llenar el ob- jeto á que fué destinado. No obstante las malas condiciones higiénicas de este Hos- pital, es de notar que la mayoría de las operaciones practica- das en él son coronadas de éxito; esto me inclina á creer que el clima en conjunto ejerce una influencia muy notable, pues las operaciones practicadas en la Ciudad son felices también. Siento mucho no poder tocar las cuestiones relativas á la higiene municipal y asistencia pública, porque todo lo relati- vo á estos puntos están por completo olvidados é ignoro has- ta cuándo sea posible y conveniente iniciarlos. Enero de 188G. cS¿l/c¿ano jfv/o.