FACULTAD DE MEDICINA DE MÉXICO BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE LA INFLUENCIA YODOFORMO EN EL TRATAMIENTO DK LA TUBERCULOSIS PULMONAR. ESTDDIO QUE PARA EL EXAMEN GENERAL MEDICINA, CIBUJIA Y OBSTETRICIA PRESENTA AI» JURADO CALIFICADOR BERNARDO BRAVO. Alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México y Practicante del Hospital general de San Andrés. MÉXICO. IMPRENTA DE AGUILAR É HIJOS, Esquina de la Encarnación y Santa Catalina FACULTAD DE MEDICINA DE MÉXICO BREVES CONSIDERACIONES YODOFOUMO EN EL TRATAMIENTO ACERCA DE DA INFLUENCIA TUBERCULOSIS PULMONAR. ESTUDIO QUE PARA EL EXAMEN GENERAL MEDICINA, CIEUJIA Y OBSTETRICIA PRESENTA AL JURADO CALIFICADOR BERNARDO BRAVO, Alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México y Practicante Hospital general de San Andrés. MÉXICO. IMPRENTA DE AGUILAR É HIJOS, Esquina de la Encarnación y Santa Catalina 1889 Á li SAGRADA MEMORIA i II IMS, TRIBUTO DE AMOR FILIAL. A MIS QUERIDOS HERMANOS. AL DISTINGUIDO PROFESOR DE FISIOLOGIA DE. JOSE MARIA BANDERA. PEQUEÑA MAKIFESTACIOS BE GRATITUD Y RECONOCIMIENTO. AL SABIO PROFESOR l)E ANATOMIA TOPOGRAFICA i. MUSCO DE P, CHACON. TESTIMONIO DE SIMPATIA Y RESPETO. A MIS QUERIDOS MAESTROS LOS SEÑORES DOCTORES NICOLAS RAMIREZ i MIMO, 1S í. M vt ÍHamicl GRATITUD Y CARIÑO. «I en todas las épocas el tratamiento de la tu- berculosis ha sido uno de los puntos que lian impresionado más vivamente el espíritu de los Médicos observadores, en el orden de la importan- cia científica de los descubrimientos sucedidos, ninguno tiene el interés que presenta el de Yi- llemin. La inoculabilidad del tubérculo cambiaba del todo la faz de la enfermedad y le abría los amplios horizontes de la experimentación fisiológica y las comprobaciones de la observación clínica. Demostrados que fueron su virulencia é infec- ciosidad, el método Pastoriano, que tan brillantes resultados había dado en el estudio de otras enfer- medades de igual naturaleza, proyectó sus pode- rosas luces sobre los puntos que aun quedaban oscuros después del descubrimiento de Yillemin. La Memoria que este eminente experimentador presentó á la Academia de Medicina de París, lle- vó á los sabios á la investigación concienzuda de 12 la verdad de los hechos, y diez y siete años des- pués Roberto Koch coronaba la obra de Yillemin, de Chauveau, de Grancher, de Cohnhein y otros varios experimentadores, cultivando y aislando el esquizomiceto que hoy lleva su nombre. •La tuberculosis dejaba de ser estudiada desde el punto de vista exclusivo de sus formas anatómi- cas y la nueva manera de considerar la afección, entrañaba la risueña esperanza de la curabilidad del mal. Era éste de naturaleza parasitaria. ¿Pero la medicación antiparasitaria contaba entre sus re- cursos con alguno que pudiera destruir, ó por lo menos, detener la acción destructora del mi- crobio ? ¿ Sólo la ciencia y no la humanidad debian be- neficiarse con el nuevo descubrimiento ? Tal es el problema que nos proponemos estu- diar en nuestro trabajo inaugural; pero antes per- mítasenos recordar, aunque sea muy sucintamen- te, la demostración de la naturaleza parasitaria de la enfermedad. En 1737 Morton había presentido el origen de la tuberculosis, la consideraba como una «discra- cia sanguínea de donde emanaban las perturba- ciones subsecuentes en los órganos»; pero después de él nadie pensó en referir el mal á su causa verdadera, hasta que los trabajos de Yillemin vinieron á fijar, por decirlo así, las bases para el estudio de la naturaleza y origen de esta enfer- medad. ~ A las objeciones de A. Clark AVilson Fox, Bour- 13 don Sanderson, y otros, para quienes las conclu- siones de la Memoria de Yillemin no significaban una inoculación propiamente dicha, sino un pro- ceso local determinado por la irritación que pro- ducía en los tejidos la sustancia inyectada, ó por la obstrucción mecánica de los capilares; á tales objeciones, decíamos, contestaron: Chauveau, con el resultado de sus experimentos tan bellos como decisivos, usando exclusivamente para sus inocu- laciones, líquidos que no tuvieran en suspensión, sino únicamente partículas tuberculosas de ex- trema tenuidad; y Toussaint, con sus experimen- tos en serie; produciéndose constantemente, de ambas maneras, una tuberculosis bien caracteri- zada, á la observación autópsica. Por último, E. Koch llegó á aislar y cultivar el microbio, y el método de los cultivos decidió ca- tegóricamente la cuestión de la naturaleza infec- ciosa, virulenta y parasitaria de la tuberculosis. Y no solamente se demuestra su presencia en las partes en las que se sitúa el proceso, sino que también se le aísla, se le fotografía en el campo del microscopio y se encuentra en la sangre y en otros líquidos de los animales inoculados ó con- taminados. Todas las vías de absorción del organismo que sirven como puertas de entrada á otros microbios, exceptuando la vía dérmica, pueden serlo también para el de la tuberculosis; la inoculación sub- cutánea, la inhalación pulmonar, la vía vascular, y hasta la vía digestiva, sin que se modifique la virulencia del parásito, á no ser porque el orga- 14 nismo en el cual se procure su desarrollo, le ofrez- ca para esto condiciones poco favorables. La naturaleza del mal quedaba pues evidencia- da. ¿Pero cómo destruir el microbio? El grupo de medicamentos necrofíticos, como propuso llamarlo G. Sée, llenaba las condiciones terapéuticas que el mismo autor resume así: Io Impedir que los parásitos vivan yse multipli- quen ó franqueen los limites del territorio pulmonar, y esto con ayuda del tratamiento parasiticida. 2o Es necesario que los medios parasiticidas ade- más de ser destructores del parásito sean reconstitu- yentes de la economía. En otros términos, el antivi- rulento debe ser un medio trófico. 3o El agente antivirulento necrofitico debe obrar sobre los órganos respiratorios, es decir, que debe ser un medicamento respiratorio. 4o Todos los otros medicamentos no son más que auxiliares de la terapéutica, antibacilar. Tal es el ideal. Veamos como responde la clínica. Todas las sustancias antisépticas han sido suce- sivamente empleadas. El benzoato de sosa propuesto por Schuller falló muchas veces en manos de Senator Waldembourg, Eritsche, Wolíf, etc. Se emplearon las sales de mercurio en inhala- ciones ó llevadas á las cavernas pulmonares por medio de la jeringa de Pravás, usando principal- mente el licor de Yan-Swieten. Micquel ha usador 15 en pulverizaciones, una solución laudanizada de bi-yodu.ro de mercurio á poco menos de medio mi- lésimo. “Los mercuriales lian dado resultado en la tisis sifilítica; lian sido siempre nocivos en la tisis ba- cilar.” (Dujardin-Beaumetz). La creosota, se usó también con mejor éxito. Los experimentos del Doctor Pilatte habían estable- cido que en una solución de creosota al uno por ciento, no pueden desarrollarse los bacilus; admi- nistrada la sustancia por la vía digestiva á la dosis de ochenta centigramos por día, bajo la forma de vino, gliserina, rom ó aceite creosotado, por los Dres. Bouchard y Gimbert, producen fácilmen- te perturbaciones digestivas que se deben evitar á toda costa. Dujardin-Beaumetz la prescribe á la dosis de cuarenta centigramos por día bajo las mismas formas. Tiene, sin duda, una influencia favorable sobre la enfermedad; en los pacientes so- metidos á su acción, se ve que reaparece el apetito, que recobran sus fuerzas, y se modifica notable- mente su estado general. Este medicamento se elimina por el pulmón, mitiga la intensidad del padecimiento ahí situado, disminuye la tos y la cantidad y purulencia de la expectoración; pero es necesario tener presente que para obtener estos re- sultados, el medicamento debe aplicarse á grandes dosis y por mucho tiempo, y administrado en esta forma produce rápidamente gastralgia, náuseas, •vómitos, cólicos y diarrea, lo que obliga á suspen- der su administración. Las propiedades irritantes de la mayor parte de las sustancias antisépticas, hicieron preferir su uso bajo la forma de inhalaciones, y á su vez fueron preconizadas las de alquitrán, las de ácido fénico, las de ácido sulfuroso, las do ácido pícrico, las de ácido fluorhídrico y aun las de yodoformo. Se inventaron aparatos de una precisión casi matemática para apreciar con exactitud la dosis de vapores medicamentosos absorbidos por los en- fermos. Entre estos aparatos, el atmiósmetro de Jacobelli merece una mención especial. Bajo la influencia do este método es marcada la mejoría en la parte ulcerada del pulmón; pero su acción sobre el proceso, su acción parasiticida es muy pasajera. Las inyecciones subcutáneas fueron otro recur- so de introducción de los antivirulentos, y el Dr. Albino Meunier (de Lyon) prestó á este método un gran servicio usando la vaselina líquida como vehículo de las diversas sustancias antisépticas. La vaselina líquida suprime la acción irritante local de muchas de las sustancias que se inyectan hipodérmicamente y principalmente la del ácido fónico: éste, el yodoformo, y el eucaliptol, se incor- poran á la vaselina líquida medicinal, es decir, perfectamente purificada y decolorida, y se intro- ducen: el ácido fénico, ála dosis de cinco centíme- tros cúbicos de una mezcla al dos por ciento; estas inyecciones se repiten desde dos veces por semana hasta dos veces por día, vigilando su acción sobre el enfermo, porque el medicamento es algunas veces muy mal tolerado, y en todo caso, por el pe- ligro de una posible intoxicación. 17 El uso del encaliptol no dió al principio sino malos resultados; ensayado posteriormente por Mennier, por Ronssel y por Dujardin-Beaumetz, parece ser un medicamento útil para modificar el elemento brónquico y sólo en la forma crónica de la enfermedad. Se emplea inyectando á mañana y tarde un centímetro cúbico de una mezcla de 30 gramos de vaselina líquida medicinal y 5 gramos de encaliptol puro. Tanto el ácido fénico, como el encaliptol, limitan su acción antiséptica al pul- món, no la extienden hasta modificar el estado general de los tuberculosos. Los enfermos comen con apetito, duermen mejor, su tos disminuye y disminuye también la cantidad de pus en la ex- pectoración; pero la enfermedad sigue su marcha luego que la medicación se suspende, y desgra- ciadamente no es posible sostenerla por mucho tiempo. Llegamos al asunto principal de nuestro estu- dio: al yodoformo. YODOFORMO sustancia fuá descubierta en 1822 por Ce- rullas, y hasta cuarenta años después, en 1862, Righini la recomendó como antiséptica. Caracteres físicos.—El yodoformo, del grupo >de los medicamentos yodados, es un tri-yoduro de formila y tiene por fórmula química CHI8. Cris- taliza en pajitas de color amarillo, brillantes, cris- talinas, de un olor penetrante parecido al del ■azafrán, de un sabor azucarado; su densidad es de 2.50. Insoluble en el agua; pero soluble en el al- cohol, el éter, el cloroformo, los aceites fijos y vo- látiles. Se evapora á la temperatura ordinaria sin descomponerse. Moleschott había pasado por ser el primero que empleó el yodoformo en la tuberculosis; pero la ■escuela italiana reivindica la prioridad para uno de sus compatriotas, el Dr. Righini, que anuncia- ba en 1859 su eficacia en inhalaciones y por la vía digestiva, en el tratamiento de la tisis, cuyos pro- gresos podía, en su concepto, detener si se aplicaba al principio de la enfermedad. 20 En estos últimos tiempos, son también los mó- dicos de esa escuela los que han presentado obser- vaciones del más alto interés; citaremos entre los principales á Seminóla, á Chiamorelli y Rummo.. Estudio fisiológico.—Puede ser absorbido por la vía cutánea, á pesar de su insolubilidad en el agua, gracias á su volatilidad, lo que se comprue- ba haciendo fricciones en las ingles ó en las axi- las con una pomada yodoformada, en cuyo caso aparecen los mismos fenómenos que cuando se administra el medicamento por el estómago. Se elimina por la orina, en donde se denuncia su pre- sencia tratándola por el ácido nítrico-nitroso y x>or el agua de almidón. Se elimina también, como des- pués veremos, por la superficie mucosa del pul- món. Su actividad en el organismo es proporcional á la solubilidad del líquido en que se le suspende ó disuelve, ó á la de la sustancia que le sirve de excipiente. Sus efectos son también más ó menos rápidos ó intensos. A la dosis de 50 centigramos á 1 gramo produce en losxierros una especie de em- briaguez acompañada de abatimiento; se ponen torpes, quedan acostados, si se les levanta vuelven á caer, generalmente hacia un lado. Una dosis de 50 centigramos de yodoformo inge- rida en una vez, determina en el hombre vómitos,, disminución en el número de las pulsaciones car- diacas y aumento de la tensión arterial; estos fenó- menos, observados por Maítre, han sido ratificados por Rummo experimentando en los perros con 21 ■dosis menor. Cuando se eleva la dosis del medñ camento á 3 ó 4 gramos, á los fenómenos de em- briaguez y postración se sustituyen los síntomas de una excitación notablemente fuerte. El animal presenta contracturas convulsivas en los miem- bros, que vuelven por accesos, como las que se ob- servan bajo la influencia de la estricnina: aparecen albuminuria, hematuria, degeneración grasosa de los órganos, sobre todo, del hígado, del corazón y de los riñones. Produce cierto grado de insensibi- lidad mientras se encuentra al estado de vapor en la sangre; pero cuando su disolución no es com- pleta, obra como un excitante/ mecánico sobre el sistema nervioso. Es de observación el olor franco del yodoforino -que tiene el aliento exhalado por los enfermos sometidos al tratamiento por esta sustancia medi- camentosa, lo que demuestra que se elimina tam- bién en natura por la superficie pulmonar. Euyter demostró sus propiedades antisépticas en diferentes experimentos, que hizo cominos rato- nes que infectó y cuyas heridas curó con yodofor- ino; los animales morían, pero vivían más tiempo que aquellos en los que no se había empleado el yodoformo después de la inoculación: las heridas infectadas se secaron con el uso del yodoformo. Euyter se ha convencido por experimentos que hizo también sobre filamentos que contenían es- poros del bacilus del carbón, que el yodoformo desinfecta las heridas. Estos resultados han sido confirmados por Senger, que ha hecho 300 expe- rimentos usando el bacilus del carbón; éstos, bajo 22 la influencia del yodoformo, se modifican tratos-for- mándose en una degeneración protoplasmática.. Según Senger, es antiséptico el yodoformo, pero> obra lenta y localmente. Sus propiedades como antiséptico de los máss preciosos, agregadas á su acción especial sobre el pulmón, que le sirve de emontuorio, hacen de él el medicamento por excelencia en el tratamiento* de la tuberculosis pulmonar. Según Semmola, el yodoformo dado en píldoras, á dosis fraccionadas desde 5 centigramos hasta 50 por día, según la tolerancia de los órganos diges- tivos y del sistema nervioso, produce la disminu- ción rápida de la expectoración; la desinfección de ésta y de los productos acumulados en los bron- quios y en las cavernas; el descenso progresivo de1 la fiebre; la disminución de la tos, que deja de ser quintosa, tal vez por un efecto anestesiante sobre los filetes del nervio vago; modificaciones favora- bles en las lesiones del pulmón, y por último, me- joría en el estado general. Chiamorelli sometió al tratamiento yodofórmi- co á los tuberculosos del Hospital de Incurables; de Nápoles, y confirmó los resultados de su ante- cesor aun empleando dosis menores de cinco á diez centigramos. Ilumino y Sormani han llegado á idénticas con- clusiones haciendo inhalar á los enfermos el yodo- formo en lugar de prescribirlo por la vía digestiva*. Sormani ha notado además que el número de los bacilus disminuía y Rummo notó el aumento del peso del cuerpo. 23 En Inglaterra y en Alemania se ha insistido principalmente sobre su eficacia en la tuberculo- sis incipente. El Dr. Singleton Smith (de Brístol) lo recomienda especialmente en la tisis laríngea. Ha tratado 48 casos por el yodoformo á la dosis de 5 á 30 centigramos por dia, continuando su uso por varios meses. Obra favorablemente en las laringitis y las disfa- gias dolorosas que preceden ó acompañan comun- mente á la tuberculosis pulmonar. Davezac (de Bourdeaux) asocia para las inha- laciones, el yodoformo con el ácido túnico y lo emulsiona en el aceite de arácnides para dismi- nuir su volatilidad y atenuar la susceptibilidad de la mucosa á la acción irritante de los vapores de la esencia de trementina. La fórmula es la si- guiente: Yodoforino pulverizado 1gr.50 Esencia de trementina 80 „ 00 Aceite de arácnides, de 150 gr. á 200 „ 00 Esencia de bergamota y Acido tímico, cc 2 „ 50 Inhalaciones. El Sr. Profesor Dr. José M. Bandera, á cuyo la- do hemos tenido la honra de hacer nuestros pri- meros estudios en clínica, lo administra bajo la forma pilular á la dosis de 6 centigramos diarios,, asociado al bálsamo de tolú y á la codeina. Bajo la acción del medicamento hemos visto no sólo mejorarse el estado general, sino modificarse 24 de una manera indiscutible el padecimiento local, principalmente cuando comenzaba. En las observaciones que sirven de base á nues- tra tesis y en la mayor parte de las cuales el exa- men microscópico de los esputos lia comprobado siempre el diagnóstico del distinguido clínico, re- velando la presencia del bacilus, hemos podido asegurarnos de que el yodoformo es un agente terapéutico de innegables ventajas. Entres de es- tos enfermos había diarrea; todos tenían sudores abundantes y estaban muy demacrados; todos te- nían temperatura muy. elevada, tos que les im- pedía el sueño, y abundante expectoración; dos estaban en el primer período del mal; en los tres restantes se percibían claramente signos de exca- vación. Bajo la influencia del yodoformo desapa- recieron la diarrea y los sudores nocturnos; se mitigó la tos y disminuyó la cantidad y purulen- cia de la expectoración; los enfermos adquirieron tejido graso y aumentaron de peso; la calentura se retiró lentamente. De las observaciones de Bruns y Andrassy, de los experimentos de Gosselin, se desprende un he- cho que no podemos dejar pasar desapercibido. Los primeros trataron por medio de inyecciones de yodoformo, ocho casos de abscesos fríos, y habien- do extirpado las paredes del absceso, algunas se- manas después de la inyección encontraron que los bacilus habían desaparecido completamente y que la materia tuberculosa había sido sustituida por granulaciones cicatriciales de buena naturaleza. Gosselin inoculó los tubérculos á unos conejos so- 25 metidos por algún tiempo á inyecciones de tres gotas diarias de una solución etérea de yodoformo al 10 por ciento, y observó que la evolución de las lesiones tuberculosas se retardaba notablemente. En otra serie de experimentos en los que aplicó las mismas inyecciones inmediatamente después de verificada la inoculación, pero disminuyendo la dosis del éter yodoformado de modo que el or- ganismo se impregnara al máximum posible del principio ant i virulento, sacrificados los conejos inoculados 95 días después del tratamiento, no presentaban vestigios de tubérculos ni habían te- nido durante su vida accidente alguno que pudie- ra atribuirse á la afección tuberculosa. Estos hechos nos demuestran de una manera evidente que el yodoformo tiene una acción muy directa sobre el bacilus de Koch, pues bajo su in- fluencia el microbio no evoluciona. OBSERVACIONES. Simón Estrada, de 26 años, natural de México y de oficio pintor, de constitución débil. Ha sido sano. No conoció á sus padres. Entró al Hospital de S. Andrés el día 12 de Mayo de 1888, y ocupó la cama número 30 de la Sa- la que está á cargo del Sr. Dr. José M. Bandera. Eefiere que el mes de Noviembre del año ante- rior comenzó á toser y á tener calentura. Sintiendo antes mucha fatiga al menor esfuerzo, lo que le obligaba á permanecer algunos días en su casa. No recuerda haber tenido esputos con sangre, pe- ro sí purulentos, que fueron muy rápidamente aumentando en cantidad. Lo que más le molestaba era la calentura, la tos y la diarrea, y esto fue lo que le obligó á en- trar al Hospital. Los primeros días la temperatura oscilaba de 38° 2 á 38° 8. La transpiración era abundante en las noches, tosía con frecuencia y la expectoración era abundante y compuesta de grumos amarillo- verdosos de olor fétido. No había deformación torácica. El enfermo estaba demacrado. La ex- ploración reveló una cavernita en el vórtice del pulmón derecho; no podía acostarse sobre este la- 28 do sin que inmediatamente le acometieran los accesos de tos. Se diagnosticó: tuberculosis 'pulmonar, tercer pe- ríodo. El diagnóstico quedó confirmado por la presencia del bacilus de Koch en los esputos. Tratamiento: seis centigramos diarios de yodo- formo asociado á la codeina y al bálsamo de tolú. El día 3 de Junio, el síntoma de la tos era me- nos penoso y menos frecuente. La expectoración menos abundante y sin fetidez. La anorexia Labia desaparecido, y el enfermo pidió más alimento. Todos los síntomas mejoraban de día en día has- ta el ,21 de Octubre del mismo año, en que el en- fermo pidió su alta saliendo muy mejorado. Sebastián Noriega, de 33 años, natural de Mé- xico, de oficio carpintero; de regular constitución y temperamento linfático; tuvo una neumonía hace tres años. Entró al Hospital de San Andrés -el día 21 de Diciembre de 1887. Ocupó la cama número 24 de la misma sala. El día 10 de Setiem- bre del mismo año comenzó su enfermedad por tos y una notable alteración de su salud ; notó que perdía las fuerzas y se enflaquecía considerable- mente, y desde dos semanas antes de entrar al hospital ya se sentía con calentura. El 22 de Diciembre de 1887, día en que se le exa- minó, los síntomas dominantes eran: la tos, que le molestaba tanto en el día como en la noche, ex- pectoración abundante y sudores nocturnos. 29 A la percusión se encontró matitez en los dos vértices y á la auscultación los signos de las ca- vernas pulmonares en el vértice del pulmón de- recho. Diagnóstico: tuberculosis pulmonar, tercer pe- ríodo. Tratamiento: yodoformo, codeina y bálsamo de tolú, las mismas dosis que en la anterior. A las seis semanas siguientes, la tos que, según el enfermo, hacía tres meses le molestaba, desapa- reció y con ella la expectoración; la temperatura? que en las primeras semanas oscilaba entre 38° 2 y 39° 5, era casi la normal. Tres meses después, el en- fermo se sintió tan mejorado, que pidió su alta. Juan Maldonado, natural de México, de 27 años, de constitución débil y temperamento linfático,, entró al Hospital el día 14 de Enero de 1888 y ocu- pó la cama número 12 de la sala mencionada. Sólo recuerda haber padecido catarros y calenturas. Hace cuatro meses comenzó á toser y á enflaque- cerse; la tos le molestaba, sobre todo después de la comida. Hace mes y medio le comenzó la calentura, que él creía eran intermitentes; la tos no sólo le mo- lestaba después de comer, sino á todas horas del día y de la noche, al grado de no dejarle dormir. El 15 del mismo mes, día en que se le estudió, se encontró lo siguiente: Número de respiraciones por minuto, 32; 92 pul- 30 saciones. Conformación del tórax normal, dismi- nución de las excursiones costales en la parte superior del pecho; aumento de las vibraciones torácicas y matitez en los vórtices. A la ausculta- ción estertores cavernulosos en el vértice del pul- món izquierdo, y la respiración ruda con espiración prolongada y estertores mucosos en el vértice de- recho. Anorexia completa, diarrea y neuralgia in- tercostal del lado izquierdo. Se diagnosticó: tuberculosis pulmonar, segundo periodo. Tratamiento igual á los anteriores. Al mes siguiente, la diarrea había desapareci- do; sólo la tos persistía, pero con menos frecuencia y poca expectoración. A la auscultación se encontró la respiración dé- bil y la espiración prolongada; los sudores eran menos abundantes. El enfermo pidió más ali- mento. En los días siguientes el alivio fué muy notable, la temperatura era normal y la tos había desapa- recido completamente; ála exploración se encon- tró matitez en los vértices y respiración débil. Alta el día 23 muy mejorado. Petronilo Suárez, de 30 años, natural de Méxi- co, de oficio velero, ha sido sano,dice que con ex- cepción do algunas ligeras calenturas, no recuerda haber tenido ninguna otra enfermedad. Constitu- ción agotada por sus hábitos alcohólicos. 31 Entró al Hospital el 7 de Diciembre de 1888 y 'Ocupó la cama número 10 de la repetida sala. Su enfermedad actual comenzó hace dos meses por catarro, tos, dolores torácicos, sudores y can- sancio muscular. A la inspección, se observó la anemia del velo del paladar, signo que acompaña á la tuberculosis pulmonar en todos sus períodos, se le encuentra en la mayoría de los casos, y so- bre él ha llamado la atención repetidas veces el distinguido Profesor Sr. Dr. Bandera. La palpa- ción y percusión no revelaron nada digno de fijar la atención. A la auscultación, se percibió áspera la respiración en los dos vórtices y espiración pro- longada. Tenía además perturbaciones digestivas consis- tentes en diarrea ó inapetencia. Diagnóstico: Tuberculosis pulmonar, primer pe- ríodo. Tratamiento: El mismo que en los casos ante- riores y con igual éxito; pues el día 6 de Enero, en que el enfermo pidió su alta, se encontraba ya muy mejorado. Bernardino Jiménez, de 38 años, de oficio pin- tor. Entró al Hospital de San Andrés el 21 de Marzo de 1888; ha padecido catarros, calenturas intermitentes; hacía un mes que había comenza- do su enfermedad y no sabía si tuvo calentura durante este período, pero sí tos con expectoración abundante. Examinado minuciosamente se en- 32 contró que los síntomas correspondían al primer período de la tuberculosis pulmonar. Se prescribió el tratamiento del yodoformo, con el cual el enfermo se mejoró notablemente y pi- dió su alta el 12 de Abril del mismo año. En el libro particular de la Clínica existen otras observaciones que prueban la excelencia del me- dicamento que venimos recomendando; hemos, extractado las anteriores porque son las que más. concluyentes nos han parecido. Nuestro objeto principal en este humilde traba- jo, es llamar la atención de los prácticos hacia este medio terapéutico que, en nuestro concepto, merece ser empleado con más frecuencia en una enfermedad tan mortífera como lo es la tisis puE monar. Bernardo Bravo..