Facultad de Medicina de México. BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LAS PÉRDIDAS SEMINALES DISERTACIÓN QUE PARA EL EXAMEN GENERAL DE MEDICINA, CIRUGIA Y OBSTETRICIA PRESENTA AL JURADO DE CALIFICACION Gustavo Artigas PROFESOR DE FARMACIA Y ALUMNO DE LA ESCUELA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO. MÉXICO ~ Imprenta de Ignacio Escalante Bajos de San Agustín, num. i 1889 Facultad de Medicina de México. BREVES CONSIDERACIONES SOBRE LAS . PÉRDIDAS SEMINALES DISERTACIÓN QUE PARA EL EXAMEN GENERAL DE MEDICINA, CIRUGIA Y OBSTETRICIA PRESENTA AL JURADO DE CALIFICACION Gustavo Artigas PROFESOR DE FARMACIA Y ALUMNO DE LA ESCUELA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO. . MÉXICO Imprenta de Ignacio Escalante Bajos de San Agustín, num. i 1889 A LA VENERANDA MEMORIA DE MIS PADRES AL RESPETABLE DIRECTOR Y DISTINGUIDOS PROFESORES De la Escuela de Medicina de México: Su discípulo agradecido. AL DISTINGUIDO INGENIERO • Y CABALLEROSO SEÑOR DON FRANCISCO SOMERA EN TESTIMONIO DE GRATITUD Y CONSIDERACION HN la escabrosa senda que desde hace años vengo re- corriendo con la noble idea de llegar á la adquisición del honroso título de Médico, he tropezado infinidad de veces con obstáculos insuperables que agotaban mis ya cansadas fuerzas y que lograba vencer á costa de grandes sacrificios, de un constante estudio y de una continuada ab- negación. Pero al llegar á realizar mi soñado ideal, un nuevo tropiezo detuvo mi no interrumpida marcha, y me sentí casi desalentado para dar el último, pero tal vez el más temido paso. Me refiero á la formación de este mal perjeñado es- crito. La ley es severa é inexorable, y quiere, sin atender á las dotes para escritor que cada quien pueda tener, y sin fijarse en lo casi imposible que es decir algo nuevo é interesante; quiere, repito, que como primera prueba para el examen ge- neral se presente al Jurado una tesis escrita. Bien hubiera querido, para corresponder á esa exigencia, poseer los ta- maños necesarios para salvar airoso tal dificultad; pero mi completa insuficiencia y mi poco saber me presentaron como primer escollo la elección del punto que debiera escoger. Mu- cho batallé contra ese obstáculo, y al fin me decidí á vencerlo, tomando para estudio la espermatorrea, no porque crea decir algo nuevo contra tan funesto mal; sino simplemente porque á mi modo de ver, es una afección contra la cual el médico puede no tanto con sus medicinas, cuanto con sus prudentes indicaciones y sanos consejos, influir poderosamente ya para combatirla como también para prevenirla. En efecto, el papel que el médico representa en la socie- dad reviste un doble carácter; uno podemos llamarle físico, y otro moral. Con el primero, procura por medio de los agen- tes terapéuticos curar los sufrimientos de la humanidad; con el segundo, que es el más noble y envidiable, penetra al ho- gar como el consejero desinteresado, y entonces es cuando su palabra sincera y leal puede influir poderosamente para evitar al mísero mortal muchos de los males que lo afligen. Enton- ces es cuando pintando con vivos colores el sombrío cuadro del vicio, puede alejar de él á muchos de sus adoradores y entonces también cuando revistiéndose con la túnica del mo- ralista, puede con el prestigio de su elevado carácter apagar en el hombre e£e amor exagerado á los placeres que provoca esa bella mitad del género humano que llamamos la mujer; y apagando ese exceso de amor, evitar muchas de las enferme- dades que como consecuencia de los placeres venéreos, bajo sus múltiples formas, conducen á la humanidad á su degra- dación y envilecimiento. Entre los muchos males que ese exceso ó abuso puede acarrear, tenemos que contar la espermatorrea; y por eso es que, en estas cortas y mal escritas páginas, quiero llamar vi- vamente la atención de todos los hijos de la Medicina, para que penetrándose bien del interesante papel que en la so- ciedad y en el hogar representan, procuren por sus sanos y desapasionados consejos, hacer comprender á sus clientes á qué manantial de penas, congojas y enfermedades puede con- ducirles el asqueroso y repugnante vicio de los placeres so- litarios, ó el abuso de las relaciones sexuales; causas primor- diales de la rebelde enfermedad de que me ocupo. Válgame la pureza de mis intenciones para que el ilustre Jurado vea con benevolencia mi insignificante y humilde tesis. DEFINICIÓN. da el nombre de espermatorrea, á las evacuaciones seminales involuntarias, produciéndose, ya sea en el ó\ lecho, á la menor erección, ya por esfuerzos de cualquiera naturaleza, ó sin causa apreciable. En individuos que gozan de plena salud, estas pérdidas tienen lugar ó en la noche ó en los momentos de la defeca- ción, cuando han permanecido largo tiempo sin practicar el coito; son el resultado de la continencia, la cual produce la exagerada repleción de las vesículas seminales; no son fu- nestas en manera alguna. Pero cuando las poluciones se re- piten con cierta frecuencia, y el individuo no experimenta más que una sensación obtusa de placer, constituyen una afección seria capaz de llevar al enfermo al marasmo y á la locura. Sucede, aunque raras ocasiones, que el médico escuche la consulta de una persona que dice padecer derrames semina- les, haciendo datar su enfermedad de una época lejana, y sin embargo, el supuesto enfermo presenta una buena constitu- ción, come y duerme bien, su tez presenta cierto tinte de sa- lud y es su marcha airosa y arrogante: Nada le aqueja si no es la preocupación de su enfermedad; si se examina el líquido que el individuo cree ser esperma, se convence uno de que no es más que licor prostático. En este caso se trata de fal- sas pérdidas seminales. Es importante cerciorarse de la na- turaleza del escurrimiento; cosa fácil llevando una parte al campo del microscopio, pues la ausencia de zoospermas mo- dificará el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento. ETIOLOGÍA. OH AS causas capaces de engendrar la espermatorrea, % son patológicas, mecánicas y constitucionales. | Las lesiones anatomo-patológicas se resumen en los desórdenes de las vesículas seminales, de los conductos eyaculadores y de la región prostática de la uretra. La infla- mación, la supuración y la ulceración, la dilatación y la hiper- trofia de las vesículas, de los canales eyaculadores y de sus orificios de origen ó no específico, son hechos demostrados por Lallemand y Civiale. Con el transcurso del tiempo, la inflamación aguda ó cró- nica de la región prostática llega á desaparecer, pero dejan- do como reliquia la atonía de los canales eyaculadores y de las vesículas, ocasionando así la espermatorrea. La irritación ó la inflamación de la región prostática de la uretra, pueden ser la consecuencia de un gran número de afecciones del aparato génito-urinario, ó reconocer por causa un estado diatésico. La fimosis por el estado de irritación permanente en que mantiene la mucosa balano- prepucial, el herpes prepucial cró- nico y las escoriaciones y vegetaciones que se desarrollan sobre la mucosa del glande y del prepucio, provocando una inflamación sub-aguda que se propaga por el canal, así como la balano-postitis y los padecimientos de la uretra son indu- dablemente las causas más comunes de las-pérdidas semina- les, las antiguas blenorragias, los estrechamientos, los chan- cros, las prostatitis y las cistitis del cuello, etc. Las lesiones de ciertos órganos vecinos, como el recto y el ano, desarrollan, tal vez de una manera refleja, ó acaso simpática, las pérdidas seminales. En efecto, no es extraño ver á individuos con hemorroides, grietas del ano, eczema ó erupción eritematosa de esa región, presentar esas pérdidas; en otros la presencia de escárides y oxiuros, ó la inflamación del recto, producen el mismo efecto. A mi modo de ver, no puede invocarse otra explicación que el poder reflejo de la medula, determinando por su irritación el espasmo de las ve- sículas que se vacían. Las afecciones del eje cerebro-espinal y su excitación por el uso inmoderado del café y del tabaco, son indudablemente causas de la espermatorrea. Charcot recibió un día la con- sulta de un joven que hacía algún tiempo estaba afectado de poluciones insensibles, é interrogándole sobre sus anteceden- tes no pudo encontrar otra razón que el abuso de estas subs- tancias: en efecto, este individuo permanecía todo el día y gran parte de la noche en un café en donde estaba emplea- do, y bastó simplemente hacerlo salir de París, y que cam- biase de ocupación para obtener su alivio. El onanismo y el abuso de los placeres venéreos, produ- ciendo una frecuente congestión medular, y una irritación uretral, causan con demasiada frecuencia esta afección. Cier- tas diátesis y en particular el herpetismo, determinan entre sus manifestaciones, la espermatorrea. Se ha visto á la constipación rebelde y habitual, despertar en muchos individuos escurrimientos seminales: en estas cir- cunstancias, la emisión es solicitada mecánicamente por la compresión que ejerce sobre las vesículas seminales el bolo fecal. Por último, para señalar las causas constitucionales, diré con Trousseau, que las pérdidas seminales, como las emisio- nes involuntarias de la orina, reconocen por causa, ó el ere- tismo espasmódico de las vesículas, cuya contracción pode- rosa sobrepónese al obstáculo que le ofrecen los esfínteres, ó la debilidad de éstos que al menor impulso de aquellas ce- den, dejando correr libremente el líquido espermático. A continuación de ese brillante paralelo, entre la inconti- nencia de orina y las pérdidas seminales, y con motivo de la impotencia, dice el ilustre médico del Hótel-Dieu: “ Pero una circunstancia sobre la cual no se ha llamado suficientemente la atención, es la impotencia consecutiva á la espermatorrea. Muchas veces he sido consultado por individuos de los cuales, unos me confesaban ingenuamente su enfermedad, y otros lle- gaban á esta confesión aunque después de multiplicados cir- cunloquios. Pues bien, casi todos aquellos que no eran im- potentes por atrofia de los testículos ó por criptorquidia, ha- bían tenido en su infancia incontinencia nocturna de orina, en la pubertad poluciones involuntarias, y á la edad viril, ó no podían entraren erección al lado de una mujer, ó la introduc- ción del pene era apenas verificada cuando una eyaculación prematura terminaba este acto, que ninguna voluptuosidad había acompañado. ¿Quién no ve que estos fenómenos son del mismo orden y que la incontinencia de orina es á la in- fancia lo que la incontinencia de la esperma es á la pubertad, y la impotencia genésica á la virilidad? ¿Y quién no ve tam- bién que estas enfermedades sucesivas están bajo la depen- dencia de una imperfección del sistema nervioso de la vida or- gánica? Hay un cierto número de individuos que dicen ha- berse entregado á la masturbación de una manera feroz, y la impotencia, según ellos, habría sido consecutiva á estos tris- tes excesos. ¿Pero no hay en todo esto una prueba indirecta de lo que digo, á saber: un mal estado del sistema nervioso? ¿No es, en efecto, una aberración de la inteligencia quien lle- va á estos pobres insensatos á sus placeres solitarios?” SINTOMATOLOGÍA. síntomas de la espermatorréa varían según que i se les estudie al principio, ó en el período de estado, y tiene gran importancia esta noción porque el tra- tamiento es diverso en las distintas etapas de la enfermedad. En lo general hace su aparición de una manera insidiosa pero progresiva. El enfermo nota que cuando practica el coito, la eyaculación es prematura y seguida de una sensación de calor y escozor, con pesantez en el perineo. Más tarde, la precipi- tación con que viene la eyaculación es tan rápida, que el acto venéreo es instantáneo; y en un período más avanzado aún, la polución tiene lugar sin erección ni placer, y el coito es imposible. Un síntoma de alta significación en estos enfermos, es el agotamiento, la fatiga del cuerpo y del espíritu en que yacen, á la terminación del coito, mientras que ejecutado en condi- ciones normales es, por el contrario, acompañado y seguido de indefinible sensación de bienestar. Al paso que los signos prodrómicos de la espermatorrea, tales como eyaculación violenta, calor y tensión perineales, cansancio y postración después del coito, se hacen más sensi- bles, las poluciones se instalan para constituir el síntoma ca- racterístico de la afección. Nocturnas al principio, son evo- cadas por sueños eróticos y acompañadas de erección y sen- timiento voluptuoso. A un grado más avanzado, la emisión espermática se verifica sin eretismo nervioso y sin concien- cia para el individuo, quien al despertar se da cuenta del ac- cidente, experimentando entonces cierto vago malestar, pe- sadez de cabeza y torpeza intelectual. Las pérdidas llegan á ser habituales y aparecen después, durante el día, ocasionadas por fútiles motivos, como el mo- vimiento del caballo, la trepidación de un carruaje ó una in- apreciable excitación genésica. Recuerdo que el Sr. Z., de Colima, refiriéndome su enfer- medad, me decía: el simple roce del vestido de seda, el per- fume que exhalaba cierta dama, eran suficientes para provo- carme una polución insensible. Diré de paso, que el líquido prostático, y el secretado por las mismas vesículas, emitido por los esfuerzos de la defeca- ción, es muy comunmente considerado por los enfermos como espermático; pero en caso de duda, el mejor medio de resol- verla sería el microscopio. Una vez que las poluciones se reproducen con frecuencia, y no son acompañadas ya ni de voluptuosidad ni de erección, y cuando los síntomas precursores mencionados han desapa- recido, las pérdidas seminales, con las perturbaciones orgá- nicas profundas y la impotencia consecutiva, constituyen en- tonces las manifestaciones únicas de la espermatorrea. A la irritación del primer período ha sucedido la paresia de las vías seminales, que no pudiendo contener el líquido espermático, lo dejan escapar bajo la influencia de una causa insignificante. El esperma no presenta sus caracteres normales, disminu- ye su consistencia, su color blanquecino se vuelve opalescente y su olor característico desaparece. 20 Se observan en la práctica otras formas de esta afección, cuya marcha irregular y obscuridad de los síntomas hacen el diagnóstico difícil. Civiale habla de la espermatorrea sin po- luciones, en laque el semen cae en la vejiga. Kauladescribe otra con escurrimiento continuo, y por último, señala aquella en que el enfermo pierde con frecuencia pequeñas cantidades de licor seminal. Para este autor es la forma quizá más gra- ve, porque termina fatalmente por la esterilidad y la impo- tencia. COMPLICACIONES. ASPECTO GENERAL DEL ENFERMO. Off A pérdida anormal y reiterada de un líquido cuya "i composición es tan rica, y el agotamiento nervioso | que produce tal fenómeno patológico, no pueden menos que afectar al organismo, quien refleja á poco tiempo padecimientos de orden físico y moral. Los desgraciados víctimas de tan cruel enfermedad, llevan una existencia bien penosa; abandonan sus amistades, se vuel- ven irascibles, sombríos, y su desesperación aumenta de día en día al considerar que sus fuerzas viriles los abandonan. ¡Pobres! Yo conozco á uno que rogaba á un profesor de la Escuela le practicase la castración. La melancolía se apodera de su espíritu, y la imaginación es asaltada por siniestras ideas que los conducen al suicidio. Las facultades más nobles del hombre: la inteligencia, el sentimiento y la memoria, son pervertidos; apáticos para los trabajos mentales, pierden la memoria y con dificultad coor- dinan sus ideas; pusilánimes y egoístas, aborrecen á las mu- jeres. El insomnio es frecuente, los vértigos se apoderan del enfermo y hacen su marcha torpe y vacilante. Esta marcha es tanto más incierta cuanto que el aparato muscular, pro- fundamente alterado, acusa síntomas marcados de amioste- nia. Vogel cita á un maestro de esgrima que reconoció la enfermedad de uno de sus discípulos por el temblor de la pier- na izquierda cuando se ponía en guardia. La sensibilidad es perturbada, apareciendo anestesia fugaz que se presenta en las manos, el pecho ó la cabeza, sensacio- nes vaporosas de calor y de frío, y por último, dolores fulgu- rantes, que precedidos alguna vez de astenopía, señalan el principio de la enfermedad de Duchenne. Los órganos de los sentidos, influenciados por la astenia ge- neral, ensanchan el cuadro sintomático de las complicaciones; los enfermos sufren perturbaciones visuales, ambliopía, heme- ralopía, fosfenas, moscas volantes y escotoma cintilante. La percepción auditiva se debilita, y escuchan zumbidos y ruido de campanitas; el gusto y el olfato son pervertidos y embo- tados. A los desórdenes nerviosos se unen las perturbaciones gás- tricas: anorexia, pyrosis, eructaciones y flatulencias, confir- mándose al fin una dispepsia ácida, acompañada de calam- bres y puntos dolorosos, epigástrico y raquidiano. Señálanse fenómenos cardio-pulmonares: palpitaciones, aritmia cardíaca, ruidos de soplo en la base y respiración sus- pirosa, con sentimiento de angustia precordial. Las alteraciones nerviosas y digestivas, minando, por de- cirlo así, al organismo, le conducen bien pronto á la decaden- cia física y mental. ¿Quién no ha palpado esos desastres? ¿Quién no ha visto jóvenes en el esplendor de una salud en- vidiable marchitarse al soplo de ese invierno prematuro? El enflaquecimiento es excesivo, el cuerpo se doblega, las fuer- zas se agotan, los ojos se hunden circundados por sombrías ojeras, y la expresión del semblante retrata la inquietud y la melancolía. TRATAMIENTO. ■ERCED á los progresos de la experimentación fisio- lógica, la terapéutica actual cuenta con poderosos recursos que unidos al contingente valioso que le ofrece la cirugía, permiten al médico formular un buen pro- nóstico y curar, en la mayoría de los casos, esta rebelde en- fermedad. Establecido el diagnóstico etiológico, se procede al trata- miento de la causa generatriz, si aun persiste, al tratamiento del estado general y al del estado local. Por el primero se suprime la razón patogénica de la enfermedad, y por los otros se levantan las fuerzas del enfermo y se corrigen los defectos creados por la afección primitiva. No me ocuparé del tratamiento que reclaman las distintas afecciones que desarrollan la espermatorrea, porque no per- tenecen realmente á ella; pero sí indicaré los medios usados en el tratamiento del estado general y los recursos para com- batir el estado local, que son del resorte ya de la medicina, ya de la cirugía. TRATAMIENTO DEL ESTADO GENERAL. Los excitadores de la nutrición ó de la hematosis, el fierro y los hipofosfitos; los tónicos, como la cuasia, la genciana y la quina; y los analépticos y reconstituyentes, huevos, leche y carne, encontrarán aquí un lugar predilecto. Pero llamo la atención muy particularmente sobre dos agentes terapéuti- cos: la hidroterapia y el azufre intus et extra. La hidrotera- pia, en boga desde los tiempos más remotos, constituye ac- tualmente el tratamiento clásico de ciertos estados generales, y en particular de la astenia, consecutiva á la espermatorrea. Se ha aconsejado el uso de las duchas generales que deben ser revulsivas, es decir, deberán impresionar vivamente al cuerpo para provocar en seguida una reacción rápida. Se ob- tiene este resultado combinando la ducha en chorro con la de lluvia; el chorro se aplica sobre las regiones dorsal, lombar y perineal, sobre las ingles y los muslos, no debiendo pasar la duración total del baño de uno á dos minutos. El enfermo, inmediatamente después, se hará frotar todo el cuerpo con un cepillo ad hoc, ó bien con una toalla un po- co áspera, y una vez qne se haya vestido se pondrá en mar- cha ó hará algún otro ejercicio para facilitar la reacción. En la espermatorrea ligada á un estado herpético ó artrí- tico, debe administrarse el azufre en baños ó bien al interior, bajo la forma de poción, pastillas, etc. TRATAMIENTO DEL ESTADO LOCAL. Cuando la espermatorrea está en su primer período, que los signos de una flogosis más ó menos aguda de la región prostática son evidentes, se recurrirá al tratamiento antiflo- gístico. Uno de los medios que da mejor resultado es la apli- cación de cataplasmas en el perineo; y en efecto, el calor hú- medo continuo es muy favorable para la resolución del estado inflamatorio de la mucosa prostática y de las vesículas semi- nales. En los individuos pletóricos, yo no tendría inconve- niente en ordenar la aplicación de sanguijuelas. Los baños de asiento en cocimiento de plantas emolientes son también útiles en este período de la enfermedad. Cuando el período inflamatorio ha desaparecido, y queda como huella solamente la atonía de los conductos eyaculado- res, el tratamiento debe modificarse. Se comprende la impor- tancia de establecer un diagnóstico exacto del período actual de la espermatorrea, porque aquí se emplearán solamente los estimulantes: la electricidad, la cauterización y ciertos medi- camentos de acción casi específica. Lallemand pensaba que la excitación de los canales eyaculadores y sus orificios por una corriente eléctrica podría curar la espermatorrea, y así lo con- firmó el malogrado Duchenne, introduciendo hasta el veru- montanum un reóforo olivar, libre en su extremidad y aisla- do en el resto de su extensión, y colocando sobre el perineo un segundo reóforo húmedo, haciendo pasar después una co- rriente débil é intermitente. El orificio uretral de los cana- les eyaculadores se contraía y las pérdidas disminuían y aun llegaban á desaparecer por completo después de varias se- siones. En la generalidad de los casos basta la aplicación de dos placas excitadoras, una en el hipogastrio y otra en la región sacra. Un aparato de inducción con uno, dos ó tres carretes permite obrar sobre el sistema muscular ó nervioso, según las circunstancias, produciendo una corriente de intermiten- cias variadas, hasta llegar al tétanos fisiológico. La cauterización de la mucosa de la región prostática del verumontanum y de los orificios de los conductos eyacula- dores, propuesta para combatir la espermatorrea, ha sido pre- conizada é introducida en la práctica por Lallemand. Este autor se servía de un instrumento metálico acodado en án- gulo obtuso hacia su cuarto posterior; un mandril deslizando en la cavidad del instrumento, permitía hacer salir una pe- queña cubeta metálica de forma oblonga, en la cual se había vertido previamente nitrato de plata fundido en la flama de una lámpara de alcohol. Una vez conducido y detenido el por- ta-cáustico, en la región prostática, se hacía salir el cáustico, y durante dos ó tres segundos se imprimían al mandril movi- mientos de rotación para poner en contacto con el nitrato de plata, toda la superficie de la mucosa. Se hacía entrar el cáus- tico en la sonda y se sacaba el instrumento. La sonda de Lallemand, como todo instrumento rígido, pro- voca por su introducción molestias y dolores; puede asimismo ocasionar accidentes más ó menos graves, como cistitis del cuello, prostatitis, etc. Por tales motivos ha caído en olvido y es reemplazado en la actualidad por el aparato instilador del Dr. Guyon y el porta-cáustico de Mathieu. Los brillantes experimentos del inmortal Claudio Bernard, han dado á conocer la acción de dos medicamentos heroicos: la estricnina y el cuernecillo de centeno. La primera, multi- plicando el poder reflejo de la medula, lleva su acción sobre la fibra muscular en general; y el segundo, con cierto poder electivo, traduce su poderosa influencia haciendo contraer las fibras musculares lisas. Se comprende muy bien que en el período atónico de la espermatorrea, cuando no solo exis- te el cansancio de los conductos eyaculadores, sino el ago- tamiento nervioso, estos agentes posean una acción mara- villosa. He aquí algunas fórmulas cuya eficacia me consta: Rp. Claviceps purpurea 3,00 Ext. nucís vomicse 1,00 F. s. a. Pil. 20. Tomar una píldora en la tarde durante pcho días. Dos píl- doras, una en la mañana y otra en la tarde, en los ocho días siguientes, y seguir así hasta llegar á cinco. Rp. Ergotina ex Bonjean. ......... 4,00 Sulphas strichninse 0,06 F. s. a. Pil. 36 Una píldora al día los primeros seis días; dos, una en la ma- ñana y otra en la tarde, en los seis siguientes, y el resto dis- tribuido en el tercer período de seis días. Rp. Vinum malacitanum 200,00 Ext. cinchonae 4,00 Solution ex Ivon 15,00 S. Cucharadas. Tómense dos cucharadas al día, una en la mañana y otra en la tarde. En los casos graves se empleará al método hipodérmico, según las fórmulas siguientes: Rp. Ergotina ex Ivon 20,00 S. Inyecciones hipodérmicas. Dos inyecciones al día, conteniendo cada una un gramo. Rp. Aqua destillata . . 10,00 Sulphas strichninae 0,01 S. Inyecciones hipodérmicas. Una inyección al día. El uso vulgar é inveterado de ciertas plantas indígenas, como la Damiana y el Zihuapatl, excitando mi curiosidad, me hicieron emprender hace algún tiempo su análisis, y aunque sin fortuna con respecto de la primera, pues no pude llegar á definir la naturaleza del principio que creía activo; de la se- gunda extraje una resina amarga. Más tarde pude experi- mentar en una persona afectada de espermatorrea los efectos de un extracto preparado con ambas plantas; y como el re- sultado sobrepasara mis ilusiones, hice preparar después la fórmula siguiente: Ext. nucís vomicge. . , _ 30,0 ,, Erioconise floribundse 0,50 ,, Apoplapi discoidei 1,00 F. s. a. Pil. 10. A tomar dos al día, una en la mañana y otra en la tarde. Las generalidades en que he entrado respecto del trata- miento de la espermatorrea, se refieren más especialmente á aquella forma ligada á la atonía de los conductos eyaculado- res por causa local, é intencionalmente he callado la conducta que ha de observarse en la curación de los derrames semi- nales de exclusivo origen nervioso, porque la obscuridad de su patogenia es tan perfecta y el diagnóstico diferencial de las formas asténica y erética tan difícil, que algunos médicos, usando y aun abusando de los bromuros, la lupulina y demás antiespasmódicos, no tienen otro guía que el célebre aforis- mo “Natura morborum curationes ostendunt.” Una vez indicados los recursos con que cuenta la ciencia para curar la espermatorrea, me resta sólo decir algunas pa- labras acerca de los preceptos higiénicos y del tratamiento moral que debe poner en práctica el médico para desempe- ñar noblemente su misión. El enfermo evitará todo ejercicio violento, las marchas pro- longadas y fatigantes, la esgrima, la equitación y el baile. Pro- curará no ensayar sus fuerzas antes de tiempo para ver el efecto de los medicamentos. En cuanto al tratamiento moral, éste consiste en los sanos consejos que debe dar á su enfermo para hacerle comprender adonde puede conducirle, ya sea el odioso y repugnante vi- cio del onanismo ó ya sea el desenfrenado y libre uso de los placeres venéreos. No cabe duda que estas dos causas son las que producen mayor número de espermatorreicos, y que mientras que sub- sistan es imposible toda curación. Por lo mismo es deber im- perioso del médico hacer aborrecible el degradante y abyecto uso de la masturbación, y con su voz autorizada demostrar al vicioso cómo han sido castigados por el cielo, y desprecia- dos por todas las sociedades los desgraciados que, entregán- dose con ardor á tan degradante costumbre, reciben como justo patrimonio, entre otros muchos males el de la esper- matorrea: afección rebelde y depresiva que, atacando primero la constitución física del individuo, altera en seguida su sér moral, perturba sus facultades intelectuales y afectivas, y su- mergiéndole en el marasmo, en la degradación y en la des- esperación, le presenta al fin, como único remedio á su deplo- rable existencia, el negro y pavoroso fantasma del suicidio. Igualmente debe hacer comprender al que, loca y desenfre- nadamente se entrega al uso de la venus, que ese mismo fin puede ser el pago de su delirante amor, y que por lo mismo debe morigerar sus costumbres, moderar su lascivia y ver en la mujer al ángel bueno que puede ser el núcleo bendito de un hogar sagrado, donde disfrute lícitamente con moderación y con un fin santo de los dulces placeres del matrimonio, y no á la ramera impúdica que sacie con abuso sus torpes y bru- tales apetitos de la carne. ¡Feliz yo si algún día, siguiendo estas máximas, logro sal- var alguna víctima de las garras aceradas del vicio! México, Abril de 1889. Gustavo Artigas.