FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. BREVES CONSIDERACIONES ACERCA I)E LAS INDICACIONES QUE HACEN NECESARIA LA RESECCION EN LAS FRACTURAS COMPLICADAS DEL BRAZO. TESIS INAUGURAL PARA EL EXAMEN GENERAL de Medicina, Cirujía y Obstetricia. POR jSjaHtwl $sia¡n Alumno cíe la Escuela Nacional de Medicina de México. M E X I C O TIPOGRAFIA DE GUILLERMO VERAZA CALLE DE LA CANOA, NUM. í&adteÁ cu)otcu)óÁ: yac /an y¿íon/o /fd a-i-ie/Za/o e/'dedftno e/ mi ¿ao/o, 4eci//a da ¿myíetecec/eia memoita edfe irn^eeéy/cfo Zia/a/o como ana indeyenrjfican/e fiéeic/a o/e /i/iaffelá ala (yé mu queiit/oé- nel-manod. j|, la jimia. J|[aría .j'/e/i/?nacd/¿a (/yra/i/ao/ á /ayete en na ory/anr/ea//ai da/o me dyane/e mac/e. fuerzo para llegar al diagnóstico, ó ser muy reservado en el pronóstico que emita, si lo primero es imposible. Inútil me parece ocuparme de todas las particulari- dades del diagnóstico, pues sabido es por todos los ci- rujanos, que ninguna terapéutica será racional si no tiene por base un diagnóstico completo; por lo mismo, para llegar á nuestro fin, supongo que el que formulemos es exacto. II La resección, de la misma manera que la amputa- ción, puede practicarse en tres períodos de tiempo distin- tos: puede ser primitiva, intermediaria ó terciaria, según que sé hace en las primeras horas que siguen á la le- sión, cuando ya se han desarrollado los fenómenos infla- matorios, ó cuando éstos han desaparecido, conforme á la distinción establecida por Malgaigne. El tiempo que dura cada uno de estos períodos, es muy variable y difí- cil de preveér; pero de una manera general se sabe por la experiencia, que el primero termina á las cuarenta y ocho primeras horas, y el ultimo, á los veinticinco ó treinta dias, y muchas veces después. Esta distinción muy fecunda en resultados prácticos tratándose de las amputaciones, no lo es menos respec- to á las resecciones. Todos los autores están de acuer- do en que el peor es el intermediario, y las estadísticas de mortalidad, plenamente lo demuestran; motivo por el cual, no debe practicarse ninguna de las operaciones ántes dichas, mas que en aquellos casos extremadamen- te graves, en los cuales se crean mayores los peligros de la espectacion que los de la operación. Por regla general, la resección en el primer periodo debe ser evitada hasta donde sea posible, por las razo- nes siguientes: en primer lugar, no siempre es fácil de- terminar la porción del hueso que deba quitarse, aten- diendo á la poca extencion que presenta la solución de la piel, sobre todo, en las fracturas por armas de fuego; y el cirujano, se expone á sacrificar una parte sana del hueso, ó por el contrario, á dejar la que debiera ser ex- traída. Lo primero, ciertamente seria ménos malo; pero lo segundo, haría inútil la operación, supuesto que con el tiempo, la marcha de la lesión indicaría la necesidad de repetirla, para apresurar la salida del secuestro, y de esta manera, disminuir el tiempo que dure la curación. Para suprimir estos inconvenientes, seria necesario prac- ticar una incicion muy considerable, la cual tiene sus des- ventajas, y es una razón de más, para no intervenir des- de luego. En efecto, para hacer una resección, la inci- cion debe tener cuando ménos una longitud mual á la del O O hueso que se extraiga, y ésta, como debe suponerse, interesa tejidos relativamente sanos y dispuestos favo- rablemente para la absorción de los principios sépticos que se desarrollen. Además, aun cuando la incicion nos permita ver hasta donde llegan los desórdenes hue- sosos, repito, que se corre el peligro de quitar lo útil, ó dejar lo perjudicial, pues atendiendo al tiempo que la lesión lleva de producida, no es fácil preveér si cier- tas partes del hueso seguirán ó no viviendo. La operación practicada inmediatamente es mas di- fícil en su ejecución, y sus resultados, respecto á la re- generación, son inferiores á los que dá la resección re- tardada. Que es mas difícil la ejecución de la operación en el primer periodo, no tiene duda. Basta intentarla en el ca- dáver y sobre un hueso sano, para tener una idea de lo imposible que es despegar el periostio sin desgarrarlo, 20 por mucho empeño que para ello se ponga; y como ve- remos después, la integridad de la membrana perióstica, sin ser condición indispensable para la regeneración, contribuye sin embargo poderosamente, y por lo mismo debe ser cuidada. La mortalidad de la amputación en el tercer periodo es menor que en cualqniera de los otros dos, y es menor todavía la de la amputación llamada patológica por Mal- gaigne. Pues bien, por analogía debemos creer que lo mismo sucederá con la resección, supuesto que en igual- dad de circunstancias, es menos grave que la amputa- ción. Ahora, si consideramos que muchas de las lesiones traumáticas de los huesos, en vista del tiempo transcu- rrido, pueden ser colocadas en el grupo de las patológi- cas, debemos creer también, que la mortalidad en estas, cuando se traten por la resección, será muy semejente y quizá inferior á la que dé la amputación patológica. Otra desventaja tiene la resección inmediata, y es, la de privar al enfermo de la posibilidad de salvar su miem- bro, cosa que en verdad no tendría nada de extraño, su- puesto que, junto á hechos en los cuales con desórdenes de mediana consideración, y en los que inesperadamen- te han aparecido accidentes que reclaman la amputación, hay otros muy graves que el cirujano con gran sorpre- sa ve curar, siguiendo á su pesar el método especiante, porque el enfermo prefiere morir con su lesión, antes de consentir que se le opere. La verdad es que estos casos son raros; pero muy posibles é instructivos, y son preci- samente los que han enseñado á contemporizar, demos- 21 trando con ellos la naturaleza cuán grande es su poten- cia curativa. Nada extraño seria, repito, que aplazando la resección para mejor tiempo, y siguiendo mientras tanto un tratamiento adecuado, la naturaleza hiciera lo que nadie puede preveer y llegado el tiempo prefijado, el cirujano, conociendo por lo visto las fuerzas naturales renunciara á la operación, con lo cual el enfermo obten- dría ventajas incalculables. Todo lo contrario pasa cuando la Operación se retar- da; en efecto, en estas circunstancias, la marcha segui- da por la lesión, muy bien puede darnos á conocer la magnitud de los desórdenes; pero si ésto no es a*í, ha- ríamos la incicion que se creyera conveniente, y de esta manera tendríamos á la vista el hueso con los caracte- res propios para demostrarnos sus alteraciones y las pro- babilidades con que cuentan los fracmentos para seguir viviendo. La incicion no está aquí rodeada de los peli- gros ya citados, supuesto que el padecimiento se ha he- cho, por decirlo asi, crónico, y las vias de la absorción han sido obstruidas por los productos plásticos que ha engendrado la inflamación crónica de todos los tejidos. Por consiguiente, los fenómenos inflamatorios conse- cutivos á la operación, serán moderados y poco peli- grosos. La operación es facilísima para ejecutarse. Al estado normal, el periostio se encuentra muy adherido al hueso y poco á las partes blandas, sobre todo en el adulto; su espesor, variable según la edad, es poco considerable; pero en un hueso crónicamente inflamado, cambian to> 22 das sus propiedades, es muy grueso, mas adherido álas partes blandas que al hueso, y por lo mismo su despe- gamiento en el momento de la operación es tan senci- llo, que Malgaigne ha dicho, que esta se hace muchas veces subperióstica sin querer. Todo lo expuesto se com- prueba fácilmente operando en el cadáver sobre un hue- so crónicamente inflamado, notándose, además, que la continuidad de la membrana,perióstica no se interrum- pe en ninguno de sus puntos. Respecto á la mortalidad, ya hemos visto, que por analogía con lo que pasa en las amputaciones, debe ser menor la que den las resecciones hechas en el periodo terciario, y con mas razón, si las condiciones que guar- de la lesión son semejantes á las que se llaman patoló- gicas No tengo á mi disposición una estadística que nos dé á conocer la mortalidad de las resecciones inmediatas; pero en cambio, las observaciones del Dr. L. Moynac, nos demuestran los buenos resultados que le dió la re- sección retardada, las cuales sirven como una prueba indirecta en contra de las primeras. Este autor, al tra- tar de las fracturas complicadas, en una nota de la pági- na 149 del primer tomo de su obra de Patología Exter- na, edición, dice lo siguiente: “Encargado después de la batalla de Beaumont-en- “Argona del servicio quirúrgico de los heridos dejados “en esta villa, pude observar un gran número de frac- turas complicadas, de las cuales, muchas traté por la “resección (practicada veinte dias ó un mes después de 23 "la fractura); estas reseccionos me han dado muy bué* “nos resultados, para permitirme aconsejar la especia', “don en un gran número de casos de fracturas por ar- “mas de fuego, se entiende que hablo de las fracturas “sin grandes desórdenes. Coloqúese el miembro en un “Scultet; roseándolo con líquidos resolutivos, vigílesele, “y al cabo de veinte ó treinta dias, si la supuración que- “da abundante, reséquense los fracmentos y después “aproxímense. Creo que la resección practicada en es- “tos momentos, es menos grave que en las horas que “siguen á la lesión; pero no puedo dar aquí á este pun- “to el desarrollo que merece, u El mismo autor en su Patología General, á propósi- to de las heridas por armas de fuego, al fin de la 2 no- ta de la página 112 dice: “Las numerosas resecciones que tuve ocasión de “practicar en 1870 y 1871, sea en Beaumont-en-Argo- “na, sea en el castillo de Flavigny, sea durante la co- “muna en la Iglesia de Saint Jacques, me han dado “buenos resultados.!) En esta 2a nota como se vé, el autor no dice en que época fueron practicadas las resecciones; pero natural es creer que no fueron primitivas, supuesto que en la nota anterior recomienda la práctica opuesta. Lo dicho me parece suficiente para comprender las desventajas de la resección inmediata, la cual tiene sin embargo una indicación formal, y debe siempre practicarse sin pérdi- da de tiempo cuando ésta se presente. Éste caso es el siguiente: cuando la fractura está situada en la articula- 24 don del hombro, y una amplia herida la pone en comu- nicación directa con el aire exterior, (se deja entender que las partes blandas y el miembro en su totalidad, son susceptibles de seguir viviendo, pues de lo contrario, la fuente suprema seria la desarticulación y no la resec- ción) contemporizar en estas condiciones con la espe- ranza de salvar el miembro, seria ilusorio y muy peligro so para el enfermo, supuesto que sabemos por la expe- riencia de todos los dias, que accidentes muy graves se desarrollarán en la articulación, accidentes muchas ve- ces mortales y difíciles de combatir. Operando desde luego, ningún peligro se agrega á los ya existentes, y sí se pone al enfermo en mejores condiciones para curar, supuesto que se le priva de los órganos que con tanta frecuencia son el origen de su muerte por las flegmasías que en ellos se desarrollan. Seria imprudente dejar ex- puesto al enfermo á los inminentes peligros de la artri- tis, para exponerlo después á los de la operación, casi siempre necesaria en estos casos, perdiendo de esta ma- nera un tiempo precioso. Exceptuando el caso anterior, creo que el cirujano debe esperar si la naturaleza de la lesión se lo permite, y desechar las resecciones inme- diatas en la generalidad de los casos. Una espectacion minuciosa, y una terapéutica racio- nal, son los preliminares forzosos de la resección retar- dada; pero para resolverse á esperar, se necesita tener la convicción, de que la amputación ó la desarticulación in- mediatas, no están formalmente indicadas, convicción di- fícil de tener en ciertos casos, por desgracia no muy raros. Muchos prácticos recomendables, han tratado de re- solver la importante cuestión de las indicaciones de la amputación inmediata, formulando cada quien un cierto número de ellas; pero sin llegar, como ya lo he dicho, á sentar reglas invariables que sean universalmente acep- tadas. Todos nos dicen que en algunos casos no es po- sible dar reglas, y que al tacto del cirujano está enco- mendada la determinación que deba tomarse, es decir, que los casos en que mas necesaria es la experiencia de los demas, son precisamente los que el cirujano debe re- solver apelando á su propio criterio. Ahora bien: ¿ese tacto de que hablan los autores, ese buen criterio, esa facultad de apreciar y preveer, ó lo que vulgarmente se llama ojo médico, lo dá forzosamente la práctica, ó es cualidad que se encuentra en un corto y determinado número de individuos? Por desgracia la verdad está en lo último, como lo demuestra plenamente la existencia de grandes especialistas en todos los ramos del saber humano. En los casos extremos es fácil saber la conducta que debe de seguirse. ¿Quién no ha tenido oportunidad de ver una fractura ocasionada por los ferrocarriles, y en la cual el miembro es reducido á papilla, sostenido solo por una pequeña porción de partes blandas contundi- das, y privado por completo de toda comunicación vas- cular y nerviosa? ¿Habrá algún cirujano que de buena fé trate de conservar un miembro en semejante estado? Operar rápidamente es la regla, y sobre ésto, todos los cirujanos están de acuerdo. Por el contrario, todos los 26 dias se ven casos, con trastornos que manifiestamente contraindican la operación: en éstos el cirujano pronos- tica una terminación pronta y feliz, coloca un buen apa- la consolidación perfecta, obtenida en poco tiempo, viene ¿justificar su conducta. Todas las dificultades están en los casos intermedios, y en éstos es donde mas han variado las opiniones de los cirujanos. Malgaigne, en su tratado sobre fracturas y luxaciones, aconseja la amputación inmediata en los ca- sos siguientes: Cuando con la fractura hay división casi comple- ta de las partes blandas. 2°. Cuando los huesos están de tal manera divididos, que parece imposible reunirlos. 3? Cuando con una fractura simple por sí misma, las partes blandas están tan contundidas y machacadas, que la gangrena parece inevitable. 4