TRATAMIENTO DEL TIFO TESIS PRESENTADA AL JURADO DE CALIFICACION POK ISXfiüBL S4SS40B4H6 MÉXICO IMPRENTA POLIGLOTA DE CÁRL08 RAMIRO Calle de Santa Clara, esquina al callejón. 1878 TESIS INAUGURAL TRATAMIENTO DEL TIFO TESIS PRESENTADA AL JURADO DE CALIFICACION POR MIGUEL BARBACHANO MÉXICO IMPRENTA POLIGLOTA DE CÁELOS RAMIRO Cali» d« Santa Clara, esquina al callalon. 1878 AIA SAGRADA MEMORIA DE II PADRE A MI QUERIDO MAESTRO Y DISTINGUIDO AMIGO EL DR. MAXIMILIANO GALAN se ha escrito, mucho se ha dicho y mucho se ha hecho para atacar esta enfermedad, que como ji una plaga terrible se ha descargado en estos últimos tiempos sobre nuestra patria. Desde 1875, época en que yo, estudiante entonces de tercer año de medicina y practicante del Hospital Juárez en la sala de tifo, con mi muy querido maestro el Dr. Ga- lán, desde esa fecha, digo, hasta estos últimos meses, he seguido paso á paso esta enfermedad, he estudiado sus di- versas formas, he comparado sus diversos tratamientos, y he sacado conclusiones, que me voy á permitir exponer, no apoyadas en brillantes teorías, propias tan solo de los hom- bres de talento, pero sí puedo asegurar que tienen por ba- se, una muy sólida y ante la cual los mas grandes génios inclinan la cabeza: la experiencia. No voy á hacer la historia íntegra y completa de este 8 estado morboso; no encontrareis aquí un cuadro verdadera- mente clínico de esta enfermedad, pues apenas mencionaré sus principales síntomas prodrómicos y los que ya realmen- te la caracterizan, sin detenerme mucho en su oscura etio- logía y en su marcha, pasaré en seguida á recordar breve- mente, las complicaciones gástricas, torácicas y las cardia- cas, últimamente descubiertas, gracias á los trabajos del Dr. Galan, y que son notables por su frecuencia y sumamente útiles, pues á ejemplo del reumatismo articular agudo, pue- den servirnos de mucho para el diagnóstico de las afecciones orgánicas del corazón tan comunes entre nosotros. Repito que en todo esto seré tan breve como pueda, no porque desconozca su gran utilidad práctica, sino porque su estudio es quizá superior á mis fuerzas; procuraré no ol- vidar nada, indicarlo todo aunque muy superficialmente y tan solo sere largo en el tratamiento. ETIOLOGIA, SIiN’TOMATOLOGIA Y MARCHA DEL TIFO. \ erdaderamente el tifo es una fiebre eruptiva, que á la manera del sarampión, la escarlatina, etc., se desarrolla por contagio en organismos predispuestos ya por la causa mas insignificante. Como estas enfermedades, está caracterizado por una fiebre continua, acompañada de una erupción particular; como ellas, las diferentes fases de su evolución están encer- radas en un período de tiempo, siempre fijo y constante, y científicamente hablando, podemos colocarlo en aquel gru- po do afecciones que llamamos de período cíclico. Es quizá mas difícil clasificar una enfermedad que diag- nósticarla y combatirla; de aquí nace la multitud de distin- tas clasificaciones que hoy dia existen en la ciencia médica. Pero gracias á los adelantos colosales de esta ciencia, el médico puede hoy reunir las numerosas enfermedades que conoce, en determinados grupos de afecciones semejantes entre sí, por sus causas, sus síntomas y su marcha. Algu- nos de estos grupos han sido subdivididos á su vez; y así por ejemplo, las fiebres, ese grupo que abraza infinidad de afecciones, caracterizadas todas, por lo que llamamos esta- do febril, aumento de la temperatura y aceleración del pul- so, han sido subdivididas en varias especies y tenemos de 10 una manera general, fiebres continuas ó no continuas, agu- das y crónicas. ¿Entre cual de estos grupos, podremos colocar nuestro tifo? Creo que en esto no habrá vacilación, pues siendo el carácter esencial de la fiebre su continuidad, debemos colo- carlo entre las fiebres continuas. Pero debo advertir que estas á su vez han sido de nue- vo divididas en eruptivas y no eruptivas. El solo nombre indica cuál es el principal carácter que las distingue; ade- más, las eruptivas comprenden afecciones de tal naturaleza, que todas ellas recorren invariablemente un período cíclico muy bien determinado. ¿ Se me negará el gran valor que en lógica tiena la ana- logía? No. Pues bien, yo al observar la que existe entre esta afección y las otras fiebres eruptivas, que como ellas se caracteriza siempre por una fiebre continua, acompañada de una erupción particular que aparece en determinado dia; al ver que este estado morboso recorre siempre sus diferen- tes fases en un espacio de tiempo fijo y constante, dos sep- tenarios, no he dudado un solo instante en afirmar, como lo hice al principiar este artículo, que el tifo es una fiebre erup- tiva, por mas que autores distinguidos y personas cuyo sa- ber respeto, afirmen lo contrario. El tifo reconoce siempre como causa principal y única, el contagio. Y la insolación, la aglomeración y los bruscos resfriamientos que han sido invocados como tales, no son sino causas accesorias que vienen á determinar esta enfer- medad en organismos predispuestos de antemano. Durante la expedición de las fuerzas del gobierno a 11 interior de la República, cuántos desgraciados soldados fue- ron atacados después de haber pasado todo un dia expues- tos á los rayos del sol; y cuán terrible fué la epidemia que invadió al ejército después del baño que se le hizo tomar en el rio mas inmediato á Guadalajara. Pero estas causas obraron tan solo en individuos que llevaban consigo el ger- men de la enfermedad, pues por sí solas y aisladas jamás la hubieran producido. ¿ De dónde proviene este gérmen ? ¿ cuál es su natura- leza? Corpúsculos orgánicos probablemente, que despren- didos de los comunes ó del cuerpo mismo de otros indivi- duos enfermos, revolotean por la atmósfera hasta implantar- se en organismos sanos que desde este momento enferman. Esta es una teoría epidemiológica bastante aceptada hoy, pero que no pasa de ser una teoría. El individuo, una vez atacado, presenta desde luego una cefalalgia frontal bastante intensa, calosfrío, calentura, un catarro general en las mucosas y epistaxis en la gran mayoría de los casos. Estos son realmente los pródromos de la enfermedad. La temperatura aumenta, la postración y el estupor del individuo se manifiestan claramente, y si se lleva una ob- servación atenta y minuciosa en mas de la mitad de los ca- sos, se notará, principalmente en la parte anterior del tó- rax, una erupción roseólica perfectamente caracterizada. El estudio termométrico tiene aquí un gran valor, pues nos hace ver la marcha creciente de la enfermedad. Así, pues, podemos ver el aumento siempre constante de la tem- peratura durante la noche, llegar hasta 41°, y en los casos 12 graves, pasar este punto algunas fracciones mas, mientras que en las mañanas presenta casi siempre una pequeña remisión. El pulso, siempre dicroto, late aceleradamente. Al cuarto dia, y muy rara vez al quinto, es cuando uno puede estar ya seguro del diagnóstico, pues es cuando apa- rece la verdadera erupción que caracteriza el tifo, las man- chas petequiales, y estas son tan conocidas que no me de- tendré ni un instante en describirlas. Durante el fin del primer septenario, pero sobre todo en el segundo, el estado general del enfermo es bastante ma- lo, pues los síntomas ya enumerados aumentan, las facul- tades cerebrales se pierden por completo, la boca se cubre de fulginosidades y la columna termomótrica no presenta ningún descenso. Tales son, en resumen, los principales síntomas que pre- senta el tifo, los que varían algo según los individuos, y también según la forma atóxica, adinámica ó ataxo- adiná- mica que tome la enfermedad. Son tan fáciles de reconocer estos síntomas, y sobre to- do, cuando se ha visto ya algunos enfermos, estos presentan un tipo tan particular designado con el nombre de estado tifoideo, que es muy difícil equivocarse, y no creo necesa- rio entrar en los detalles de un diagnóstico diferencial. COMEEIC^CIOjSTES. Debemos señalar como tales las gastritis, las colitis y las entero-colitis, que se nos manifiestan con mucha fre- cuencia, pero con una benignidad tal, que no deben alar- marnos para nada, y usando de medios apropiados ceden fácilmente. No así las torácicas, pues entre ellas contamos la neu- monía, enfermedad grave por sí sola, pero mucho mas gra- ve aún en esta clase de enfermos, los que en razón del es- tado en que se encuentran sucumben casi siempre, que esta mencionada complicación viene á atacar su ya destruido organismo; y hasta las bronquitis, que en sí mismas son benignas, deben tenernos con algún cuidado, pues al mas ligero descuido podrían tras formarse en otras tantas neu- monías. Otra complicación, ó mas bien dicho, consecuencia del tifo, puesto que solo aparece cuando ya este estado morbo- so ha recorrido su período, es la gangrena de las extremi- dades, comprendida en el género de las gangrenas por ino- pexia de Jacoud. Pero afortunadamente esto es muy raro, y yo no he podido observar sino dos casos, uno en el Hos- pital Juárez y otro en el Militar; á este último fué nece» 14 sario resecarle los metatarsianos de ambos pies, á conse- cuencia de esta gangrena. Por último, hay una complicación muy frecuente y en la que desgraciadamente los médicos mexicanos han fijado muy poco su atención: quiero hablar de la afección orgáni- ca del corazón. Gracias á los asiduos trabajos del Dr. Galan, á su mi- nuciosa observación y su mucho estudio, esta nueva com- plicación ha podido descubrirse. Al fin de este escrito encontrareis algunas de las obser- vaciones que me han parecido mas completas; y el temor de hacerlo demasiado largo me impide el publicar una por una todas las que recogimos durante el tiempo que practi- camos en el Hospital Juárez, acompañadas de sus respec- tivos trazos esfimográficos. Además, este trabajo creo que está encomendado á un amigo y compañero mió, que ha elegido como punto de té- sis el tratar de esta sola complicación. Me contentaré con decir, y sin entrar en comentarios, que casi siempre hemos oido un soplo rudo en la base del corazón, en su segundo tiempo, dirigiéndose á la derecha, y que el esfimógrafo de Marey nos ha hecho ver un marca- do dicrotismo del pulso. De lo que hemos concluido, que se trataba en la mayor parte de los casos, pues en algunos otros el soplo variaba en el tiempo y en la dirección, de una insuficiencia aórtica, diagnóstico que fué realmente com- probado en las pocas autopsias que tuvimos oportunidad de hacer. ¿La albuminuria puede complicar el tifo? Creo que ha 15 habido bastante descuido en observar esto, y yo solo puedo decir que en las muy pocas orinas que examinamos, jamás pudimos hallar esta complicación. Esto tan solo prueba que nuestras observaciones fueron incompletas en este punto. Descuido perdonable hasta cierto grado, puesto que en afecciones de esta naturaleza, todo nuestro interés médico se fija tan solo en el pronóstico y en el tratamiento. Indicados así, aunque de una manera rápida y general los principales síntomas, que sin temor de equivocarnos nos permiten fundar un diagnóstico seguro del tifo, pasemos ahora á ocuparnos de su tratamiento, objeto principal de nuestra tésis. TRATAMIENTO. Al elegir como punto de tesis el tratamiento que debe usarse en el tifo, jamás tuve la atrevida idea de daros á co- nocer algo nuevo y hasta hoy desconocido; jamás pensé eso, y solo traté de demostraros, con muy pocas razones quizá, pero sí con algunos hechos, que el método espectante acom- pañado de la medicación tónica, es el mejor tratamiento, el cual hoy dia es el mas esparcido en México. Pero ya que mi escrito carece de novedad, válgale al menos el pequeño mérito de ser un trabajo enteramente na- cional. No encontrareis aquí citas de autores clásicos, pues estos comprenden el tifo de una manera muy distinta á nosotros. Una larga observación de tres años consecutivos, las brillantes lecciones del Dr. Gralan, y la opinión de otros muchos médicos mexicanos, que por sus vastos conocimien- tos científicos ocupan puestos muy elevados, son las fuen- tes de donde he tomado las ideas que he expresado, y las que voy en seguida á desarrollar. Para apoyar mejor el método que defendemos, tratare- mos de rechazar algunos otros que existen. Así, pues, eche- mos una rápida mirada sobre ellos. El método antiflojístico, que así en esta enfermedad co- 17 mo en otras muchas ha tenido una época de apogeo, como pocas medicaciones lo han tenido, es un método que afortu- nadamente ha caido en el olvido, vista su poca utilidad práctica, quizá su mucho daño para el enfermo. Debilitar á un enfermo que durante algunos dias ha sostenido una temperatura demasiado alta 40° ó 41°, en el que las combustiones orgánicas son mas activas, y por consiguiente las pérdidas mayores; á todo esto añadir un método debilitante, es cosa que rechaza el sentido común y que solo el empirismo de otras épocas ha podido preco- nizar. Los purgantes, los sudoríficos etc., solo deben usarse en los primeros dias, cuando no se está seguro del diagnóstico y cuando la calentura pueda ser tomada aún por una sim- ple fiebre catarral ó sinoca. Pero desde el momento en que estamos convencidos de que tratamos un tifo; es decir, des- de el cuarto ó quinto dia, que es cuando aparece la erup- ción característica, sabiendo como sabemos que esta es una enfermedad de período cíclico y durante el cual, por mas medicamentos que apliquemos, la temperatura es siempre excesiva, siempre consumidora y siempre en aumento, ex- cepto algunas remisiones matinales en que baja algunas fracciones de grado; desde ese momento, digo, los purgan- tes, los sudoríficos y en general todos los medicamentos que debiliten la economía, deben ser abolidos, y no debemos ocuparnos ya sino de los síntomas que presente el enfer* mo, de atacar éstos, y de ayudar á la naturaleza sostenien- do las fuerzas del individuo, para que éste pueda resistir mejor á las causas destructoras que lo rodean. 18 Esto constituye el método espectante, ó mejor dicho, sintomático, y cuyos resultados hemos palpado de tal ma- nera, que no vacilamos en asegurar que es el mejor método que hasta hoy se ha usado, y comparando las diversas es- tadísticas, veremos que de una mortalidad de 25 por 100 antes, tenemos hoy con el método que acabamos de indicar una de tres ó cuatro, convirtiendo así una enfermedad emi- nentemente grave, en un estado patológico bastante be- nigno. Durante la expedición á Guadal ajar a de que ya he he- cho mención, una fuerte epidemia de tifo invadió las fuer- zas expedicionarias, y allí en unión de otros muchos com- pañeros, fui testigo de las ventajas del método espectante, no dando la pequeña mortalidad que acabo de indicar, pues entonces la calculamos en un 10 por 100; pero esto debe ser mas bien atribuido á las circunstancias excepcionales en que se encontraban nuestros enfermos, los que coloca- dos en un mal hospital ambulante hacían las mismas jorna- das que el resto del ejército, expuestos por consiguiente á las intemperies de la estación. ¿Cuál era entonces nuestro método curativo? Alimen- tar bien á nuestros enfermos y atacar por medio de los ab- sorventes las diversas colitis, únicas complicaciones que tu- vimos. Durante el tiempo que practiqué en el Hospital Juá- rez, que fué donde tomé los datos estadísticos que antes he indicado, era idéntico el método que usaba el Dr. Galan, con la diferencia de que entonces podíamos disponer de sustancias tales como la quina y el alcohol, cuya acción tó- nica de la una y moderadura de la nutrición de la otra, nos produjeron brillantes resultados. Si pasáramos una rápida mirada sobre el papel fisioló- gico de estos medicamentos, encontrariamos, que no han po- dido producir sus efectos, sino moderando la nutrición, ha- ciendo menos rápidos los gastos orgánicos, y por consi- guiente equilibrando hasta cierto punto los movimientos de asimilación y desasimilacion, cuyo equilibrio perturbado la vida no puede mantenerse, el individuo perece. Fisiológicamente hablando ¿cómo se producen estos movimientos? ¿cuál es su punto de partida, ó mejor dicho, cuál es la causa que los hace nacer? ¿invocaremos el siste- ma nervioso? ó como muchos sonadores, invocaremos eso es- píritu particular, designado generalmente con el nombre de alma y cuyos atributos apenas suponemos, puesto que na- da podemos comprobar? No; no hay necesidad de soñar, no es necesario supo- ner nada, puesto que entre los agentes físicos, tenemos uno, el calor, cuyos efectos, perfectamente conocidos, nos expli- can cómo en el hombre, lo mismo que en cualquiera otra cosa del mundo material, se mantiene siempre constante y fija la inmutable ley de las trasformaciones. Esta se verifica por medios de dos movimientos, desig- nados por los fisiologistas con los nombres de asimilación y desasimilacion, y en virtud de los cuales los alimentos in- troducidos en nuestro organismo, sufren metamórfosis di- versas que los trasforman en elementos anatóicos, que vie- nen á sustituir á los ya gastados. Las constantes combinaciones y descomposiciones qui- 20 micas que se están efectuando en la economía, son las que dan lugar al calor, y por consiguiente á la fuerza y al mo- vimiento. Está perfectamente comprobado que sin el calor, los movimientos ya mencionados no existen, y que cuando el calor aumenta ó disminuye, estos movimientos aumentan ó disminuyen en razón directa de él. Así pues, podemos comparar al hombre á una locomo- tora, creada por un genio superior y dotada por consiguien- te de superiores cualidades, entre las cuales descuella co- mo principal y distintiva de él: la inteligencia. Bajo el punto de vista material, este símil no puede ser mas perfecto; por que así como una locomotora no pue- de moverse sino á impulsos del vapor, efecto del calórico, así el hombre privado de este agente, no podría ejercer nin- guna de sus grandes funciones; y así como un exceso de va- por hace estallar á una locomotora, así también un exceso de calor mata á un hombre. Se me perdonará esta larga digresión que no conduce mas que á este punto, capital en mi tésis: que en el tifo, siendo nuestro principal enemigo la excesiva calentura que consume al individuo, todas nuestras tendencias deben re- ducirse, no á disminuir rápidamente esta alta temperatura y de una manera brusca, porque esto tiene otros inconve- nientes que indicaré mas tarde, al hablar del método de los baños frios; pero sí, á disminuir sus efectos. Así, pues, me parece muy bien indicada una buena y fácil ali- mentación que de algún modo recompense los grandes gas- tos que se han hecho y se hacen en aquella economía; y 21 al mismo tiempo, sustancias que como las que he indicado retardan hásta cierto punto los movimientos nutritivos, y el enfermo, por consiguiente, tiene mas tiempo para poder asimilar sus productos. Hé aquí reasumido el papel del médico cuando se en- cuentre á la cabecera de un tifoideo. Mas este método, que por un lado nos lo apoya la ra- zón y por otro la experiencia, ha tenido, como todas las co- sas, grandes adversarios, entre los que figuran en un grado elevado las familias mismas de los enfermos, que acostum- bradas desde tiempos muy remotos al sistema dietético, sis- tema que se ha propagado entre nosotros por una no inter- rumpida tradición, desde Hipócrates y Galeno, miran como un absurdo el alimentar á su enfermo, y aun se asustan de que un médico pueda ordenar semejante cosa. Mas con la civilización moderna es de esperarse que muy pronto des- aparecerá esta preocupación. El alimentar bien á un enfermo de tifo, tendría, según otros, el inconveniente de producir en él continuas gastri- tis y colitis, en virtud de que no puede digerir bien sus ali- mentos por el estado que guardan sus órganos. Pero estos accidentes son de tal manera benignos y tan fáciles de curar con los medios que nos suministra la tera- péutica, que no deben preocuparnos, ni mucho menos ha- cernos desistir de un método cuyos resultados hemos pal- pado. Atendiendo únicamente á la temperatura, y con el ob- jeto de moderar ésta, ha nacido en estos últimos tiempos un nuevo método curativo del tifo, que á primera vista pa- 22 rece irracional y hasta bárbaro. Pero como no debemos sen- tar ningún juicio á priori, voy antes á ocuparme de él teóri- camente, pues ni lo he experimentado, ni visto experimen- tar; tan solo sé de un compañero mió á quien no respetó la epidemia del afio pasado, y que, según testimonio de él, fué curado por este método. Quiero hablar del método de los baños frios, ó método refrigerante, debido á Brand en 1873, cuando la epidemia de fiebre tifoidea invadió la Francia. Vista la grande analogía que existe entre esta afección y nuestro tifo mexicano, era de esperarse que este trata- miento se hiciera extensivo á él, así como se ha hecho á al- gunas otras enfermedades de alta temperatura, tales como la neumonía, en que Niejneyer aconseja la aplicación con- tinua de lienzos frios en toda la extensión de la inflamación neumónica. Advertiré de paso que en el Hospital Militar tuve opor- tunidad de ver aplicado este tratamiento en un individuo que presentaba una neumonía doble y de gran extensión: el resultado fué la muerte. ¿ Seria esto debido al tratamiento, ó mas bien, a que la afección en sí era sumamente grave ? Yo no lo sé, ni me atrevo á afirmar nada, pues ambas cosas son posibles. El método refrigerante en la fiebre tifoidea, ha dado, según estadísticas que publica la Gaceta de los Hospitales, una mortalidad de veinte por ciento. Comparada con la que dió nuestro tifo tratado por el método tónico, se ve que hay una diferencia bastante considerable. Sin embargo, Raynaud, que es hoy dia en Francia, quien sostiene con mas ardor y entusiasmo este método, di- ce, como para disculpar de algún modo esta mortalidad, que ni á él le pareció consoladora, que la mayor parte de los muertos, sucumbieron mas bien á las complicaciones, entre las que ocupan un rango elevado las torácicas. Aunque la aritmética médica no sea siempre de lo mas exacto, nadie puede negar la fé que tenemos siempre en las estadísticas, sobre todo, cuando éstas provienen de personas dedicadas al estudio y observación de los hechos, é incapa- ces por tanto, de engaño, puesto quo no solo anhelan el bien futuro de la humanidad, sino también su gloria médica y la perpetuación de su nombre científico. A pesar de esto, el médico no debe obrar siempre guia- do, tan solo por los resultados que compañeros suyos, mas ó menos respetables hayan obtenido en la curación de tal ó cual enfermedad; debemos, es cierto, tomar esto en muy sé» ria consideración, pero no adherirnos á ello de una manera ciega y sin consultar antes nuestra propia conciencia, sin apelar antes á nuestros propios conocimientos. Así pues, antes de tratar a un enfermo, según tal ó cual método que haya llegado á nuestras noticias, como habien- do producido maravillosos y casi inverosímiles resultados, antes de usar este método, digo, apelemos á nosotros mis- mos, hagamos experimentos si es posible, estudiemos el pa- pel fisiológico y terapéutico del medicamento en cuestión, y así, conociendo su manera de obrar en el organismo, po- dremos apreciar si es bueno ó malo, y como tal, usarlo ó no usarlo. De este modo obraremos mas en conciencia, cualquiera 23 24 que sea su resultado, quedaremos, si no satisfechos, al me- nos tranquilos y nos alejaremos mucho de esa multitud de fórmulas rutinales que pululan en nuestra ciencia, que hoy dia en virtud de los gigantescos adelantos de ésta, están casi olvidadas, pero que en otros tiempos eran muy usadas tan solo por aquello de Magister dixit. Hecha esta pequeña advertencia y procurando no apar- tarme de ella en lo mas mínimo, voy á ocuparme del méto- do refrigerante de Brand, aplicado á nuestro tabardillo, nom- bre con que designaba al tifo nuestro ilustre y uunca olvi- dado clínico, el Sr. D. Miguel Jiménez. Este método consiste en la aplicación del agua fria, ya en baños ó en lociones repetidas, con el solo objeto de dis- minuir la alta temperatura del individuo. No es su principal indicación el que la temperatura lle- gue á un grado excesivo, sino mas bien el que esta calentu- ra sea continua. Es así, qne en el tifo la continuidad es el carácter predominante de la fiebre, luego tendríamos una indicación general para todos los casos, y únicamente haría- mos excepción de los individuos que presentaran alguna complicación torácica y no todas ellas, pues con una sim- ple bronquitis no dudan los defensores de este método en aplicar el agua fria, sin considerar que este brusco resfria- miento conduciría casi infaliblemente al individuo á una neumonía, de la que diñcilmente escapará, en virtud de las muy malas circunstancias en que se encuentra. ¿ Cómo obra el agua fria en el tifo ? Obra tan solo dis- minuyendo la temperatura, ó tiene alguna otra acción es- pecial ? 25 Esto último nadie lo ha dicho, y respecto de lo primero todos lo han asegurado. Y al aplicar el agua fria á un indi- viduo que lo consume un exceso de calor, los partidarios del método probablemente han pretendido producir en el exte- rior de este individuo un resfriamiento enteramente super- ficial, y luego en virtud del equilibrio que debe guardar el calor exterior con el interior, este último al ceder al otro lo que ha perdido por la acción del agua fria, disminuya al mismo tiempo de intensidad. Esto á primera vista deslumbra, desde luego el método parece racional. ¿Pero se me negará que esta mejoría es tan rápida como lo es el baño y que tan pronto como el indivi- duo vuelve á sus condiciones anteriores, la temperatura vuelve á subir, quizá con mas fuerza que antes ? Así pues, el método refrigerante aplicado en baños re- petidos, pero no continuos, debemos rechazarlo, porque sin ocuparme por el momento de las afecciones á que podria dar origen, así como sabemos que las producen todos los brus- cos resfriamientos, es en sí mismo completamente inútil. Para conseguir, á no dudarlo, disminuir, ó mas bien di- cho, apagar de una vez la fiebre, seria necesario aplicar al enfermo un baño continuo; ¿pero cómo podria resistir un desgraciado enfermo tratamiento tan bárbaro ? Y ademas, suprimiríamos en él la transpiración cutánea, y nadie igno- ra lo muy importante de este acto del organismo, en un in- dividuo sano, cuanto mas, cuando se encuentra en un esta- do patológico. Esto es tan irracional y tan absurdo que na- die hasta hoy lo ha intentado, y si desgraciadamente esto hubiera sucedido, creo que ninguno permitirla aplicárselo* 26 Dejando pues, esto á un lado, y no ocupándonos sino del método de los baños repetidos, ó de la aplicación de lienzos fríos en toda la superficie cutánea, que es el método que hoy dia se defiende, como produciendo brillantes resul- tados, sobre todo en los casos muy graves, ya he dicho que no llena de una manera completa su objeto, que me parece, pues, inútil; y si á esto se añade, el que estos desgraciados enfermos, mas que otros muchos, están expuestos y por las causas mas ligeras á complicaciones que los hacen sucum- bir, que en ellos cualquiera otra afección aumenta de inten- sidad, ¿no seria muy peligros© exponerlos á un resfriamien- to que es causa de tantas enfermedades, hasta el grado de atribuirle muchas de origen oscuro y al cual no podemos remontar? No creo, pues necesario, acudir á este método, que aun- que parezca racional no presenta mucho atractivo; que ni aun sus estadísticas en otras enfermedades son consolado- ras y que nuestra conciencia nos hace rechazar por peligro- so para nuestro enfermo. Multitud de plantas, cuyos principios activos aun no conocemos, han sido indicadas como especialidades para es- ta enfermedad; pero administradas casi siempre en infusión ó cocimiento vienen á obrar sobre el organismo como otros tantos sudoríficos y debe aplicárseles lo que de éstos he di- cho ya. Voy ahora á extractar algunas de las observaciones que me han parecido mejores, para que sirvan de apoyo á lo que llevo dicho y á las conclusiones que he sacado, con lo que quedará terminado este trabajo. OBSERVACIONES. 1? Sala de tifo del Hospital Juárez. 1875.— Agustín Ramírez, de 20 años de edad, temperamento linfático y constitución regular, entró á este Hospital el 19 de Junio del presente ano y ocupó la cama número 12 de la Sala de Tifo. Hace cinco dias se bañó en agua tibia, y al otro dia tu- vo mucho dolor de cabeza y calosfrío, como esto seguía en aumento, pasó al Hospital, habiendo tenido otro al dia una hemorragia por las narices. Hasta entonces no había padecido ninguna enfermedad grave, sino un dolor de costado acompañado de calentura, y de sangre por la boca mezclada con la saliva; hubo necesi- dad de aplicarle un vejigatorio. Aspecto general del enfermo bastante bueno, conjunti- vas inyectadas, boca entre abierta, lengua muy seca, y ás- pera al tacto. En la parte anterior del tórax y en los bra- zos se veian diseminadas algunas pequeñas manchas, rosa- das lenticulares y que desaparecían por la presión del dedo. Pulso, 104 por minuto. Temperatura, 39 tres quintos. ( Tomada en la mañana siguiente al dia de la entrada.) Tratamiento. — Vino de quina 125.00 gramos. Elixir de coca, una cucharada. Alimentos: leche y una parrilla. Dia 21.— Lo mismo que el anterior. Examinado el pe- cho, se veian mas claras las manchas. Auscultando al en- fermo se percibía un soplo rudo en base del corazón, en el segundo tiempo, con dirección a la derecha. Trazo esfimo- gráfico, característico de la la insuficiencia aórtica. Pulso, 104. Temperatura, 39 cuatro quintos. Dia 22.— Lo mismo. Pulso, 100. Temperatura, 40.00. Dia 23.— Ha perdido las facultades intelectuales, toda la noche ha delirado, la lengua está mucho mas seca. Pul- so, 120. Temperatura, 40 cuatro quintos. Dia 24.— Lo mismo; fulginosidades en la boca. Pulso, 120. Temperatura, 40 cuatro quintos. Dia 25. — Gran postración del enfermo; ha delirado mucho, las manchas presentan un color mas oscuro, persiste el soplo cardiaco. Pulso, 112. Temperatura, 40 dos quintos, Dia 26. — Lo mismo. Meteorismo en el vientre. Pulso, 100. Temperatura, 40 tres quintos. Dia 27. — Pulso, 108. Temperatura, 40 un quinto. Dia 20.— El enfermo duerme profundamente, el dia an- terior ha tenido algunas deposiciones y se le ha prescrito 1 gramo de polvos de Dower, las manchas están muy oscu- ras y presentan como una pequeña cicatriz en su centro. Dia 29.— Pulso, 80. Temperatura, 39 un quinto. Dia 30.— El enfermo entra en convalescencia. Comien- za la descamación en los puntos que ocupaban las manchas. Dia 12 de Julio. — El enfermo completamente curado, conservando tan solo su soplo en el corazón es dado de alta. 28 29 Hospital de San Gerónimo. 1877.—Pedro Rivera, 35 años de edad, temperamento sanguíneo, constitución re- gular, entró el día 15 de Marzo y ocupó la cama número 2 de la 1? sección. Hace ocho dias que está enfermo en su cuartel, á con- secuencia de un baño, ha tenido dolor de cabeza, calosfrío y sangre por las narices. Su estado general es malo; hay mucha postración, el pulso pequeño y miserable, láte 80 veces por minuto. Tem- peratura, 40 cuatro quintos. Estado adinámico muy mar- cado. Tratamiento.— Cognac en infusión de hojas de naran- jo. Alimentos: leche y parrilla. Dia 30.—Hasta hoy no se había observado al enfermo; ha seguido su mismo régimen y el estado adinámico persis- te. Manchas ya muy oscuras én la parte anterior del tórax. A la auscultación, soplo en el segundo tiempo y en la base del corazón con dirección á la derecha. No se le puede apli- car el esfimógrafo. Pulso, 100. Temperatura, 41. Dia 21.— Pulso, 100. Temperatura, 41 un quinto. Dia 22. — Sueño profundo, comienza la descamación. Se ha presentado una colitis que es atacada con el subni- trato de bismuto. Pulso, 92. Temperatura, 39 tres quintos. Dia 31.— El enfermo es dado de alta ya bueno. (Otras muchas observaciones poseo semejantes á éstas y que no me es posible publicar). CONCLUSIONES. 1? Que siendo el tifo una fiebre eruptiva, debemos dejar que recorra su período. Que no debemos usar sino el método expectante, acompañado de la medicación tónica, pues nos lo apoya la razón, no ofrece ningún peligro para el enfermo, y las esta- dísticas que con él se han obtenido son de tal manera hala- gadoras, que nos obligan á continuar su uso. Que el método refrigerante debe ser rechazado, por- que aunque racional, es inútil y no carece de peligros para el enfermo, Que estos mal trazados renglones, puedan ser de alguna utilidad para los médicos futuros; que merezcan al mismo tiempo la aprobación de mi jurado, y con esto quedarán colmadas todas mis aspiraciones. Miguel Barbachano.