UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES LA EBRIEDAD COMO FACTOR DE LOS DELITOS DE SANGRE EN LA REPÚBLICA ARGENTINA SUS SUSTITUTIVOS TESIS INAUGURAL JUAN CÁELOS PITT. CORDOBA ¡M RECENTA DE ft B PyA S DE jj . J7 . y E L E 2 CALLE CONSTITUCION, ESQUINA ALVKAR. 18 9 1 FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DECANO Dr. D. DÁMASO E. PALACIO ACADEMICOS. Dr. D. José Figueroa Alcorta « « Pedro Vázquez de Novoa « « Justino César < « Ramón T. Figueroa « « G. Moyano Gacitúa « « Pristan Bustos < « Ponciano Vivanco « « P. Julio Rodríguez « « Pedro N. Garzón < « Félix T. Garzón « « Benjamín Barros « « Samuel Silva < « José I. del Prado « « Alejandro Vieyra (Suplente.) Secretario de la Facultad. Señor Guillermo Reyna. Delegados al C. Superior. Decano: Dr. Dámaso E. Palacio Académicos: lí Pedro Vasquez de Novoa « Pedro N. Garzón. CATEDRÁTICOS DE LA FACULTAD TITULARES De Derecho Internacional Privado Dr. José Figueroa Alcorta. « « Romano « Pedro Vázquez de Novoa. « « Civil « 'Pristan Bustos. « « Civil a J. Rodríguez de la Torre. « " Penal « C. Moyano Gacitúa. « » Constitucional.... « Ramón T. Figueroa. » a Procedimientos « Jástino César. » » Internacional Público.... « Alejandro Vieyra. « ■ Comercial o Roque C. Fúnez. « « Administrativo « C. Soria. > « Economía política « Juan M. Garro. " « Canónico a Pedro N. Garzón. « « Finanzas « Féliz T. Garzón. « Introducción al Derecho « Gaspar Ferrer. « Filosofía del Derecho » Telasco Castellanos. SUPLENTES De Derecho Romano Dr. José R. Ibaíiez. « « Internacional Privado. » M. R. Flores. " « Civil « R. García Montano. a « Civil « José I. del Prado. > « Penal « Benjamín Barros. « « Constitucional « F. Alfonso. « Procedimientos « Mardoqueo Molina. » « Internacional Público.. « Tristan M Almada. « Comercial > Dámaso E. Palacio. " « Administrativo « R. Flores Vera. ■ « Economía Política.... « Exquiel Morcillo. " > Canónico > Samuel Silva. < > binanzas.' « Ponciano Vivanco. « Introducción al Derecho • Emilio S. Achaval. « Filosofía del Derecho » P. J. Rodríguez. Comisión rio pernio Y MSI EXAMINADORA PRESIDENTE cc¡ , VOCALES <ZLcj.,óc2_'l.<J-o- ¿cu, kK-CH> " c-cK. PADRINO DE TESIS ©r. Fernando Sélix de Sllende REPLICANTES 7)t. Jlt. JUmada. " c%. z/ltftá. Síiudiarilt: él. ÓldaJies. " Jítbñh cfíalfatóito, DISPOSICIÓN REGLAMENTARIA (Art. 140 del Reglamento de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.) "La responsabilidad de las doctrinas sostenidas en esta Tesis, corresponde exclusivamente á su autor." Señores Académicos: Se trata de la sociología y de la ciencia penal. Hay, en verdad, problemas científicos que se impo- nen con fuerza extraña y á cuya solución tienden todos los recursos del ingénio, toda la fuerza de la inventiva, todo el acopio de la experiencia. La ebriedad, como factor en los delitos de san- gre en la República Argentina,» es uno de ellos, por la importancia teórica que inviste, por las cuestiones de orden público que entraña y por el gran vacío que al respecto se observa en las legis- laciones y en las estadísticas. Y digo la importancia teórica, porque en el nuevo giro que ha tomado la ciencia penal moderna, la ebriedad, con sus atributos propios y con las deducciones de la es- cuela clásica, ha cesado de ser el antiguo factor de la criminalidad, para dar paso al factor nuevo, la ebriedad, considerado en el concepto positivista. Hay efectivamente diferencias radicales entre la escuela clásica y la escuela positivista, respecto de la ebriedad, en tanto una mira, según los casos, la complicacion.de un delito ó su exención de pe- na; y la otra un estado patológico, en el cual las facultades se desequilibran, el sistema nervioso se altera y la voluntad cesa de presidir las acciones del sujeto Estas diferencias se acentúan, sutilizan- do, por decirlo así, la teoría de la escuela positi- vista-y considerando el nuevo criterio científico con que previene en todas sus investigaciones, la 12 acepción restrictiva que dá á la palabra delito y la acción limitada que concede al delincuente. La ciencia penal moderna considera al autor de un hecho delictuoso de muy diversa manera que la escuela clásica-para ésta, el delito es el todo, salvo las condiciones que lo modifiquen ó afecten á los objetos de la penalidad-para aquella, antes que el delito está el delincuente, y antes que el hecho, investiga el móvil, la causa determinante, el por qué de su consumación. Comete delito quien viola la ley penal, dice la escuela clásica, fundándose en la autoridad de los escritores; y á su vez la escuela positivista dice: no hay delitos en abstracto; los hechos que se repu- tan tales, son ocasionados por móviles determina- dos, un producto, por decirlo así, de circunstancias independientes de la voluntad;-hay que buscar pues, la causa, para poder apreciar el efecto. Las causas eficientes de los delitos han sufrido una modificación tan radical como la nocion del mismo,-y así donde para los códigos y para los lejistas, habría un crimen con circunstancias agra- vantes, y una penalidad proporcionada, la escuela positivista se empeña en encontrar un inocente, impulsado al crimen por el atavismo de la raza,-• por su constitución psíquica ó por sus defectos orgánicos. Tratándose de delitos cometidos en estado de embriaguez, la cuestión se complica tanto mas cuanto mas numerosas y diverjentes son las opi- niones de los autores clásicos que no han podido llegar á un acuerdo. La escuela positivista ha zanjado parte de estas dificultades, por el estudio del delincuente en su organización física y psicoló- jica, en las funciones de la vida, en sus relaciones 13 de familia, en el desarrollo de sus facultades y en el temperamento de su constitución. Ellas no han desaparecido,sin embargo, totalmen- te; las diversas influencias que obran sobre el sujeto en el momento de delinquir, las infinitas variantes que ofrece el tipo criminal, según el tiempo, lugar y circunstancias en que se cometió el delito y las condiciones personales del delincuente-las múlti- ples maneras de obrar el alcohol, &, son otras tan- tas causas que varían la esencia del juicio y cuya apreciación debe quedar librada al estudio antro- pológico y al exámen médico legal. Los individuos son mas ó menos propensos á la embriaguez-y ésta se manifiesta en unos con ca- ractéres totalmente diferentes de lo que se manifiesta en otros-el clima, la clase de bebida, el sexo, la edad, &., son otras tantas causas que contribuyen á modificar sus efectos generales-las razas se su- ceden igualmente-con frecuencia el vicio enjendra el vicio, y éste se perpetúa por la reproducción. En tales casos, es imprescindible ocurrir á la fuente originaria del mal é investigar las circuns- tancias concurrentes para hacer una justa aprecia- ción del fenómeno- el criminal no debe ser juzgado siempre de la misma manera, toda vez que las causas eficientes del delito varían, ni la ley debe tener la misma amplitud para todos los casos de apli- cación. En todas las épocas y cualquiera que haya sido el grado de adelanto de la ciencia jurídica, se han admitido diferencias esenciales en la embriaguez- el derecho antiguo no establecía sino una distin- ción entre los delitos cometidos en este estado- cuando él era voluntario ó involuntario-esta dis- tinción ha sido también señalada en nuestro Código 14 (art. 81, inc. 1*) y en la mayor parte de los Códigos modernos. Las escuelas francesa é inglesa, no admitían la embriaguez como una escusa. Francisco I en sus ordenanzas, siguió el principio sentado por Pittaco en la legislación ateniense, según el cual «la em- briaguez seria una circunstancia agravante del delito.» «Pero á medida que en la ciencia del derecho «penal, dice Mancini, se viene eliminando el prin- *cipio moral como criterio de imputabilidad y pre- «valece el principio se reconoció y admi- «tió como justo que también la embriaguez fuese «causa de exención ó atenuación de la imputabili- «dad, toda vez que por causa de ella se paraliza «ó disminuye la inteligencia del agente, que en «estado de embriaguez viola la ley penal.» (1) Pero la ciencia no podia contentarse con una adquisición tan limitada, que, á pesar de mejorar la condición del delincuente, sometía á éste al arbitrio de los funcionarios judiciales; las escuelas filosóficas fueron poco á poco calmando las intemperancias de la legislación, por la discusión de los principios fundamentales que dan el límite de separación en- tre la moral y el derecho y por el verdadero fun- damento que asignan á este último. Tanto la escuela alemana, como la italiana y la francesa, bajo la in- fluencia de los escritores del siglo próximo pasado, no tardaron en reaccionar contra el espíritu rehacio de la legislación medioeval-César, Marquis de Be- ccaria, empapa en nuevas ideasá los juristas de la época, con su tratado«De los delitos y de las penas,» (i) Vease Mancini. «Proyecto de Código Penal italiano.» Capítulo 16 de la embriaguez. 15 obra inapreciable, que levantó tempestades en aquel siglo rutinario y avasallador-y que fué inspirada, según Haus, en la defensa de un mártir de las li- bertades-de Juan Calas. Pero la embriaguez aún no era mirada bajo un punto de vista mas conciliador; según Tissot, que divide la historia del derecho penal en cinco gran- des períodos, la ebriedad no se considera con un criterio verdaderamente científico, hasta el quinto período, en que la justicia, templada por la piedad y por la fé, mejora la situación del delincuente por la admisión de ciertos principios favorables. Sea ello de cualquier manera, debemos felicitar- nos que la ciencia penal haya admitido, á través de los tiempos y de las legislaciones, los princi- pios que dominan actualmente la materia; la hu- manidad no podía seguir proclamando, según los casos, la irresponsabilidad ó la múltiple responsa- bilidad del beodo; las adquisiciones de la ciencia penal, desde fines del siglo diez y ocho hasta la fecha, las conquistas que son del dominio del de- recho, el horizonte ámplio, desenvuelto é inmenso que se ofrecía al hombre, por el reconocimiento de sus derechos y la proclamación de sus liberta- des, y desde luego, la propagación de las ciencias liberales, la educación del pueblo, los estudios pe- nales, sociales, antropolójicos y médico legales, son otras tantas causas que han contribuido eficazmente á la eliminación de las absurdas teorías sobre pe- nalidad y delincuencia, y á la admisión de verdades fundamentales, que la ciencia moderna ha procla- mado, para destronar al coloso de diez y siete si- glos de ignorancia y diez y siete siglos de escla- vitud. . Todas las cuestiones accesorias han sufrido la 16 influencia benéfica de esta reforma; el hombre en su vida de relación, en la reciprocidad de servicios que se establece por el hecho de vivir en sociedad, necesita garantías que aseguren su inviolabilidad como hombre y como componente social.-Lo pri- mero se asegura por el hecho mismo de la refor- ma y lo segundo fue su consecuencia; la ciencia moderna, estableciendo el nuevo concepto de la moral y del derecho según la escuela escolás- tica-proclamando los derechos del hombre des- pués de la convención francesa del 89-y deter- minando las razones fundamentales del derecho de castigar, como los factores que concurren al deli- to, y el rol que se asigna al delicuente, solo era una ciencia á medias; aun faltaba asignar al hom- bre el papel á desempeñar en la asociación, regu- lar sus actos, sancionarlos y garantirlos-se com- pleta la ciencia moderna con las inducciones de la filosofía escolástica, y se destaca la. ley, rijida, severa, pero amorosa, templada por la piedad y el cariño, pero inflexible y dura para los malvados. Tal es la síntesis del movimiento; el hombre iué siempre tal hombre, pero lo íué esclavo-libres se le reconocieron sus derechos en el orden abso- luto-pero una vez emancipado, con conciencia de su entidad y con los derechos que le dá la natura- leza, solicitó los que la sociedad aún no le había acordado; en este terreno, el delincuente fue prime- ro delincuente sometido á la ámplia potestad de los reyes-después hizo valer su calidad de hom- bre-hoy la ley le ampara y solo ella le castiga.- Aún faltaba que agregar algo-el derecho era el campo de acción en el cual íiabia operado la cien- cia moderna, y en este terreno la reforma era ra- dical-se sustituyó el esclavo por el hombre, el 17 despotismo por el gobierno limitado y el capricho por la ley; pero la vida de relación crea vincula- ciones, produce fenómenos, orijina evoluciones que es menester apreciar, y de allí surje la sociolojía, con su criterio analítico y con su fundamento expe- rimental. Lo que puede ser una consecuencia mediata ó inmediata de la vida de relación; lo que no cae bajo el dominio del derecho ó de la filosofía, lo que real y efectivamente constituye un fenómeno social, es materia de su estudio; el funcionamiento de las sociedades, las maneras como se han cons- tituido, su marcha progresiva, el rol que el hom- bre desempeña en ellas, las influencias que la do- minan, los elementos que concurren, dejando á la apreciación de la filosofía y del derecho, discernir el grado de bondad de sus instituciones. Y aquí volvemos á nuestro punto de partida; la ebriedad no es otra cosa que un mal social, oriji- nado por infinitas circunstancias que no es posible estudiar aquí, y es un mal social que orijina males aún mayores que el mal en sí mismo; señalaré los dos capitales; el delito y la dcjeneracion de la raza. Dice un distinguido médico francés: > Los males «que encierra el abuso de las bebidas alcohólicas «son incalculables; no solo afectan al individuo, á «la familia, á la sociedad; ellos la desmoralizan y «la historia nos demuestra que los excesos de este «género se multiplican tanto mas en los pueblos, «cuanto mas cerca se hallan de la época de deca- «dencia. «Durante 30 años que ejerzo la medicina en los «tribunales he podido sondar toda la profundidad, «medir en toda su extensión esta plaga física y .«moral, que la borrachera enjendra en nuestras 18 > poblaciones. Los ejemplos del mal que orijina «se presentan continuamente á mi observación. No «he podido ver, sin conmoverme con la piedad «mas viva, la borrachera llevar la ruina á las fa- cundias, y entregar á los horrores de la miseria, las «mujeres y los hijos del pueblo. He AÍsto ese "vicio horroroso, agostar la juventud en flor, arro- bar la senectud en la demencia mas estúpida, «secar las fuentes de las vidas de los niños y pre- «cipitar hombres vigorosos en la tumba, mucho «tiempo antes del señalado por la naturaleza «No conozco nada mas deplorable, que el espec- táculo de la razón humana, descendiendo hasta el ¿último grado del embrutecimiento y de la degrada- rcion.« (1) Este mal social, cuya importancia no se puede discutir y cuya desaparición se consideraría como la prueba mas completa del progreso absoluto de los pueblos, no tiene con la ciencia penal sino relaciones incidentales-y solo respecto de ciertos actos cometidos en ese estado. La ebriedad, he- mos dicho, es un mal social cuyo remedio no con- siste en las legislaciones, ni ménos en la legisla- ción criminal que es de suyo restrictiva y suma- mente limitada; hay algo mas poderoso paríi conte- nerla y hay remedios mas eficaces para curarla; el levantamiento del espíritu público por el espíritu mismo y la sobreelevacion de su nivel moral por el estímulo. La legislación no puede ser en ningún caso la llamada á intervenir en estos fenómenos, cuyas (1) Dr. E. Bergpret L,alcoolisme-Prefacr. 19 causas son completamente abstractas; desvirtuaría su misión y se convirtiría en propagandista de prin- cipios morales y máximas éticas que no son de su dominio. El legislador, con sus sanciones penales, no opo- ne una barrera á la embriaguez, toda vez que los instintos populares, poco dóciles siempre, no se dominan con penas-habría bastado entonces la sanción de un código penal para que desapareciesen los criminales. Las causas que concurren para que la ebriedad esté tan arraigada en el bajo pueblo, los medios de dominarla, las circunstancias que prodrían in- fluir en su disminución, no puede apreciarlas el legislador, por que no puede apreciar sino lo que es material de un derecho. Pero desde que en la ebriedad existen razones de otra índole, desde que no se trata de un de- recho, sino de un hecho que se realiza á pesar de los infinitos inconvenientes que se le oponen, no es el legislador sino el sociolojista, el que ha de estudiarla. Con abstracción de las violaciones de la ley y de los actos prohibidos que el ebrio pueda cometer, no se perjudica á tercero, ni tiene mayor impor- tancia sino por los perjuicios que orijinariamente le resultan al mismo ébrio, á sus descendientes, y en consecuencia, á una parte de la sociedad. La cuestión pues, es eminentemente social, y si bien las leyes pueden, con sus restricciones y sus medidas tener alguna influencia, toda vez que siempre trascienden en mayor ó menor grado, en las cuestiones de interés público, no son bastantes, y es por el contrario, una tarea extraña é impro- cedente en un legislador; queda, pues, así emin- 20 ciada la cuestión: la ebriedad es un fenómeno so- cial, en el cual deben intervenir muy limitadamen- te las leyes, dejando mas bien á la sociolojía el cuidado de estirparesos males-sin que este supon- ga decir que la ley deba ser en absoluto extraña á ello. En apoyo de esta teoría, producto de largas horas de meditación y estudios, que expondré en el curso de la presente obra, tiascribo el siguiente párrafo de uno de los mas ilustres sociolojistas, Mr. Spencer. Habla de las culpas de los legis- ladores y del encadenamiento entre la causa y el efecto de los fenómenos sociales, y dice: «Lo que «realmente se necesita es el estudio sistemático «del encadenamiento entre la causa y el efecto tal «como se manifiesta en los seres humanos reunidos «en sociedad. Aunque la conciencia distinta de «este encadenamiento sea uno de los resultados del «progreso intelectual; aunque el salvaje carezca de «toda concepción de una causa mecánica; aunque «los griegos mismos pensaron que las hechas eran «dirijidas por los Dioses; aunque se haya señalado «á las epidemias en nuestra época misma un origen «sobrenatural-y aunque la relación entre la causa «y el efecto tarde mas tiempo en ser conocida «cuando se trata de fenómenos sociales, los mas com- «piejos de todos, sin embargo la existencia de esa «relación ha llegado á ser bastante evidente para «infundir en el ánimo de todos los hombres pen- «sadores el convencimiento de que antes de inter- «venir en ella, hay que estudiarla con cuidado. Los «simples hechos generales conocidos hoy, á saber: «que hay cierta conexión entre el número de naci- mientos, defunciones, matrimonios y el precio del «trigo; que en la misma sociedad, [durante la misma 21 «generación, la proporción entre el número de cri- «inenes y la población varía, entre límites estrechos, «deben bastar para hacer ver á todo el mundo que «los deseos humanos, guiados por la inteligencia, «obran casi siempre uniformemente. Deberla dedu- cirse de esto, que entre las causas sociales, las < nacidas de la legislación, actuando paralelamente «y con gran regularidad y constancia, han de cam- «biar no solo las acciones de los hombres sino has- tía su misma naturaleza, y esto, de distinto modo «como se había previsto. Debería reconocerse que «en la sociedad, con mayor motivo aun que en otras «esferas, las causas son fecundas en efectos, y «comprender que las consecuencias remotas é indi- erectas, no son menos inevitables que las directas «c inmediatas. No pretendo que se nieguen estas «premisas y sus conclusiones. Pero hay mucha «distancia de unas creencias á otras; algunas son «profesadas nominalmente: otras influyen muy poco «en nuestra conducta; otras, en fin, ejercen en ella «un influjo irresistible en todas las circunstancias: y «por desgracia, la creencia de los legisladores en el < encadenamiento de las causas y efectos en las cuestio- *nes sociales pertenece á la primera categoría.* (1) il) Herbert Spencer-El indivi luo contra el Estado-edición de Soviíla I885, pag. CAPÍTULO 1. El DELITO Y LA PENA SUMARIO-Orijen del derecho penal.- El delito ante la escuela po- sitivista.-Su fundamento.- Su eficacia.-La reacción de- fensiva como orijen del de- recho de castigar.-Opinio- nes.- La ebriedad ante la es- cuela positivista.-Necesidad de un criterio antropolójico. Desde que el hombre nace hasta el momento en que fenece, la ley acompaña, dirije y regula todos sus actos; es ella quien determina su bondad es ella quien los acepta, quien los sanciona, quien autoriza á obrar ó quien restrinje su libertad. El derecho es uno en el orden absoluto, pero la le- gislación positiva, que no es otra cosa que la san- ción y garantía del derecho absoluto, es quien la reglamenta. Las acciones humanas están someti- das á esas leyes, emanadas de una autoridad su- perior y constituida, y no hay una, la mas insig- nificante, que escape á su apreciación-¿porqué?- el hecho de la asociación no significa declinar de- rechos, ni el hombre los declina al constituir agrupaciones, á las cuales lleva la suma de los de- rechos que en ella pueda tener cada una de la- partes componentes; lejos de eso, la sociedad, coms puesto conexo de moléculas separadas, debe reu- nir en su totalidad, cuanto reune cada uno de los miembros que la forman. 24 El hombre'es tal hombre en cualquier estado que se encuentre, y el mas propio, el estado de naturaleza, es el aislamiento, la concentración en si mismo, el trabajo y la vida por su propia volun- tad; en este estado el hombre posee y goza to- dos sus derechos; ¿por qué, pues, al constituirse en sociedad, se han de limitar esos derechos y se ha de dejar á la-ley la determinación de la bondad de nuestras acciones? Lo hemos dicho ya y lo repetimos aquí; la ley no es otra cosa que la sanción del derecho absolu- to; es la consignación; de él en forma de códigos y de leyes; no es en manera alguna ni su limita- ción, ni su destrucción, por otra parte el hecho primitivo de la asociación origina derechos que es menester no descuidar; el hombre entra en rela- ciones ccn el hombre, y de este acto, que no per- tenece ya al orden absoluto, y que es producto de una mera continjencia, surge un derecho para las partes contratantes-los infinitos lazos que se crean las obligaciones que recíprocamente se contraen, las múltiples y complejas vinculaciones á que dá orijen el trato social, la vida de relación la aso- ciación, .en una palabra, requieren como indispen- sables la coexistencia de principies y reglas fijas que determinen el alcance, la importancia de tales relaciones-que garantan el cumplimiento de las obligaciones y que aseguren un principio de vita- lidad al derecho, contra el fraude, la astucia ó la fuerza-aparecen entonces las leyes civiles y co- merciales, el derecho administrativo, el derecho internacional, fundados en la moral y en el orden absoluto, para mantener y fijar las relaciones hu- manas bajo un pié de estricta igualdad y de equi- dad perfecta. 25 Estos derechos son, sin embargo, derivados de un hecho-de la asociación; sin este hecho ellos no existirían, porque su fundamento, su razón de ser está en ese hecho que. les dá vida y que es el principio de la comunidad humana, y solo se estiende á las relaciones privadas, en las que obran como factores, el trabajo los intereses y la propie- dad-pero la personalidad humana, el respeto por el yó propie y exclusivo, la garantía de los dere- chos contra el abuso y la maldad, la seguridad para la vida, para la familia, para el hogar, para la pro- piedad ¿dónde se encuentran? La ciencia penal se encarga de ello, preca- viendo al hombre del hombre mismo, limitando la acción de éste, determinando lo licito y lo ilícito. La sociedad por su parte, necesita como condi- ción de existencia, la determinación de esos prin- cipios que rijiendo las acciones humanas, maten los gérmenes de disolución y conserven el orden social, base principal de su funcionamiento. Tan poderosas razones, la necesidad de conser- var los miembros que la componen, la necesidad de conservarse á sí misma, impulsan ¿í la sociedad ¿í castigar; pero ¿qué castiga?-¿porqué castiga?-Pre- guntas son estas que no siempre han recibido una satisfactoria respuesta; se castiga el delito porque es menester conservar el orden social-pero ¿qué es entonces el delito? y ¿qué razones tan influyen- tes pueden concurrir en nombre del orden social para requerir la eliminación de una vida ó la cesa- ción de la libertad? El delito, según nuestro Código, es toda acción ú omisión penada por la ley; esta definición, mas que teórica, es práctica y no basta para satisfacer nuestro objeto; hemos preguntado que es el delito 26 ante la ciencia y no puede respondernos un códi- go, que no es un libro de teoría y en el que solo se expresan sus conclusiones. La escuela clásica, fundándose en la tradición inmemorial, en Jas opiniones de sus jurisconsultos y tratadistas y en las prácticas y costumbres de la humanidad, determinó lo que constituía un delito. Cualquiera que haya sido el móvil determinante de la acción delictuosa, el delito no deja de subsistir y Ja pena no deja de aplicarse; del hecho principal, del delito mismo, de sus maneras de ejecución, etc. habrán de deducirse las circunstancias que afecten al mismo y según las cuales varía la esencia del hecho, como varía la fuerza de la pena. El delin- cuente, consumado el hecho y sujeto á la ley penal, es un ente pasivo, destinado á sufrir el castigo que la sociedad le asigne, sin mas recursos de defensa que los que suministra la ley misma, el procedi- miento, y las circunstancias que atenúan ó eximen de responsabilidad; constatado el hecho, sin causa que lo justifique, la represión es su consecuencia. Pero la escuela positivista, fundándose en razo- nes mas científicas, mas profundas, mas elevadas; fundándose en el estudio de la naturaleza humana, en la constitución física y psíquica, en el carácter, en las tendencias, en la organización del individuo, de la familia, de la sociedad, ha dicho: no es justa la pena en tanto no se determine Ja causa eficiente del delito; es menester estudiar el delito, primero en su génesis natural y después en sus efectos jurídicos «para adoptar jurídicamente á las varias causas que lo producen, los diversos remedios que se consideren mas eficaces.-> (1) (1) Ferry. Contestación á la cibica del criminalista 'español Aram- burú y ZoFaga. 27 La escuela positivista no es otra cosa que la con- tinuación de la Escuela Antropológica y médico- legal del Dr. Gall, según la cual el criminal es un enfermo y la ciencia penal el arte de curarlo, teoria que fué aceptada por Acollas en las siguientes pa- labras; «El derecho Penal es una teoria de educa- ción y curación puesta en obra por la sociedad. Sin esto, el derecho penal no es mas que un con- cepto de fantasía ó de fúnebre imaginación. Un ignorante ó un enfermo, tal es el delincuente. No hay lugar alguno para un tercer término.» A priorí.) esta teoría aparecería, como dice un joven criminalista, una promesa de impunidad para el crimen, perniciosa por lo tanto; pero es eviden- te que, en medio de sus errores filosóficos, con- tiene verdades científicas de indiscutible importan- cia que conviene no descuidar. ¿Qué es el delito para la escuela positivista? El delito no es otra cosa que un acto ejercido merced á ciertas influencias mórbidas, ó en virtud de una predestinación manifiesta que impulsa fatalmente al crimen, ó por causa de algunos defec- tos de organización física ó por detalles de carácter, de espíritu ó de temperamento. El delincuente, lo es nato, de ocasión, de pasión, de costumbre ó de enajenación-y según la cate- goría en que se coloque al sujeto activo del delito, la imputabilidad no tiene lugar de la misma manera por tratarse de causas extrañas que obran sobre el sujeto, impulsándole al crimen. El hábito de la delincuencia forma una momomanía ó una neurosis que el poder social no puede subsanar con penas, desde que se trata de un estado patológico ó psi- colójico que ha menester atención; y el hábito de la criminalidad, que se halla en la naturaleza del 28 individuo, que forma parte de su ser, que es el producto de su espíritu, como en otros dominan los instintos generosos, la caridad, el bien, no se des- truye con la sanción penal. Gall encuentra todo el fundamento, la base de la ciencia en el cerebro-la escuela positivista lo en- cuentra en todo el organismo, en las células de los tejidos, en el aparato vaso-motor, y capitalmente, en el sistema nervioso. Las localizaciones cerebra- les determinan la predestinación del sujeto; el sis- tema nervioso, la acción del mismo: he aquí al delincuente convertido en un enfermo, por el ca- pricho de la naturaleza ó por los vicios y defectos de su organización. Pero hay mas aun; según Lombroso, el crimen está en la naturaleza y no es solo el hombre quien lo ejecuta-el animal salvaje, el bruto, obedeciendo instintivamente á las necesidades del ser, las plantas, la cepJialotusfolicularis, todos los seres de la na- turaleza, todos los que, animados por un soplo de vitalidad, se encuentran sobre la tierra, todos con- curren á él. ¿Qué misteriosa influencia, qué pre- destinación fatal hay en la naturaleza por la ejecu- ción de esos actos que la moral y la conciencia rechazan? Nadie lo explica-nadie lo sabe-pero es un hecho, que en una ciencia eminentemente experimental, como la positivista, estos actos y antecedentes no pueden ponerse en duda, toda vez que son el resultado de una observación mi- nuciosa, constante y exactísima. El delincuente que comete un crimen, obedece á la ley natural que le impulsa á ello-el homi- cida tendrá el cráneo deprimido, abultado en su parte baja, localizado en la protuberancia de los instintos perversos; (porción ántero-posterior de la 29 parte escamosa del temporal); el violador presenta- rá otros signos, tan manifiestos como aquellos, pero que determinan una diversa tendencia; tendrá los labios gruesos, los ojos grandes y brillantes, y las localizaciones cerebrales se manifestarán ha- cia atrás, casi por sobre el cerebelo, en la protu- berancia de la lascivia y de la carencia de senti- mientos religiosos; ambos habrán ejecutado un crimen; pero será un crimen que estaban llamados á ejecutar, por la naturaleza, por la tendencia propia de su organismo, de su cerebro, de su siste- ma nervioso y de su constitución. No es necesario ser fatalista para creer esto; basta tener confianza en los principios de la ciencia y en las infinitas causas determinantes del crimen que conocemos, y las que aun faltan por conocer; basta, sobre todo, considerar que la naturaleza, pródiga en sus manifestaciones, no puede obrar lo mismo en todos los individuos, y si á este dá la conciencia y la razón por guía de tales actos, impulsa fatalmente á aquel á la ejecución de tales otros. Así la nocion del delito varia esencialmente. No pueden éstos clasificarse en abstracto, porque no es posible preveer las causas ocasionales del mismo en caso ocurrente-pero puede adelantarse el siguiente principio que podría considerarse como el postulado de la ciencia penal-el delito es, en un 40 0/°, el resultado de fuerzas naturales, de im- pulsiones incontrastables, que impelen irremisible- mente al sujeto hácia el crimen. En cada caso delictuoso no es posible, desde luego y á prior i, aplicar la teoría jurídica que corresponda, respecto de la penalidad apropiada al heého-hay que hacer la etiolojía del delito, ó, 30 para valernos de la frase positivista, su génesis natural, y entonces, en posesión de causas y efec- tos, acumular la teoría jurídica que se conceptúe mas aceptable y mas eficaz en razón de la indivi- dualidad del delincuente. Esta es una cuestión que no admite duda, dados los antecedentes y los datos que suministra la an- tropolojía criminal y el espíritu de observación en que funda todas sus conclusiones; porque, como dice Ferry, «una teoría positivista no es sino la «suma de los resultados que se han deducido de «la observación de los hechos, y por lo tanto, no «es un edificio hecho en un solo momento-nó- «es un organismo que nace y se desarrolla poco á «poco y en el cual se puede correjir, y es mas, se «puede abandonar una parte, sin que por esto su- «iran en lo mas mínimo las demás; porque cada «parte tiene sus fundamento en los hechos deque «se deriva y no se trata única y exclusivamente «del primer principio ápriori, como en el sistema «heterodoxo.» (1) Este párrafo, que transcribo para demostrar la autoridad de la ciencia positivista, apoya cuanto anteriormente decia sobre la causalidad del delito; la observación ha demostrado que el origen de él es infinito; que en el mismo sujeto, las varias in- fluencias pueden producir resultados totalmente diferentes-que el mismo delito varia en su esencia según el individuo que lo ejecuta, y todo esto de- muestra evidentemente la necesidad de aceptar las conclusiones de la escuela positivista, á saber: que existen ciertos factores antropolójicos, físicos y sociales del delito y que no puede aventurarse una (i) Ferry -Nuevos horizontes ¿el Derecho Penal 31 teoría jurídica aceptable sobre represión, sin la previa anuencia de la antiopolojía, sin el previo examen del delincuente y sin hacer previa y de- tenidamente la etiolojía del acto mismo. Así pues, la escuela positivista, consecuente con los princi- pios qne sienta sobre las causas determinantes de la criminalidad, sobre las impulsiones del sistema nervioso, del cerebro ó de la fuerza instintiva ante la cual desaparece toda idea de razón, de conciencia y de moral, principia negando la existencia del libre albedrío, y proclamando el embargo de la inte- ligencia ante las sugestiones del yó subjetivo y el dominio del psico-motor, de los centros nerviosos, de las tendencias individuales, ante los sentimien- tos, el corazón ó la piedad. El criminal no está comprendido en una fórmula legal invariable, ' ni el delito es en abstracto y en todos los casos, la violación voluntaria de ley pe- nal; éste existe evidentemente, desde el momento en que puede legalmente constatarse, pero, siendo él una resultante de la fuerza activa del delincuen- te, la causa primera, eficiente del hecho, se en- cuentra en éste que lo cometió. Tales conclusiones no son sin embargo fatales; he dicho que de los datos que suministra la antro- polojia criminal, solo ha podido constatarse un 40 °/o de tipos criminales que presenten los verdaderos caracteres típicos y por los cuales pueda llegarse á la constancia de su existencia-y aun en este 40 °/o hay variedades y anomalías que, si no destruyen, confunden las nociones suministradas por la escuela positivista; el atavismo y la herencia son para ésta, otras tantas causas productivas del delito-y hay casos en los que el criminal, impulsado al delito en virtud' de una ley fisiológica ó de un rasgo de suce- 32 siori, no presenta la misma conformación, los mis- mos caracteres somáticos ni la misma constitución morfolójica. Esto puede obedecer á varias causas; como dice Lombroso, el pasaje de un carácter á otro se manifiesta en todos los seres orgánicos in- sensiblemente-y ademas, es sabido que el hijo no reproduce en general el tipo total del padre ó de la madre, siendo mas bien una mezcla de ambos. Esto sería, para la escuela positivista, el caso de escepcion; la teoría en general no se habría alterado por cuanto siempre, bajo el punto de vista de la raza, de la constitución morfolójica y psicolójica, subsistirían los rasgos preeminentes del atavismo, que solo diferia en cuanto á los caracteres somáti- cos y en cuanto á la conformación física -Para la escuela positivista no tendríamos aquí un tipo crimi- nal, aunque el criminal existiese ó vice-versa, lo cual no es otra cosa que una anomalía ante los dictadas de la antropolojía criminal, como lo es por ejem- plo; el derivado del consorcio de una normal y un criminal típico. Cuestión tan obvia no puede ser materia de observaciones para la nueve teoría, desde que las condenaciones no se pronuncian por el solo hecho de que el criminal presente irregularidades somáticas ó psíquicas apreciables; ellas servirían solo para apreciar el tipo, para analizar el individuo y para ayudar en el estudio del hecho punible-pero es indudable, observa un antropolojista argentino, que por el momento, «las anomalías psíquicas de los delincuentes ofrecen una garantía mayor de ver- dad y constituyen, por consiguiente, un elemento mas completo de convicción para llegar al averi- guamiento de la constitución criminal.» (1) 1) Dr. Luis M. Drago-Los hombres de presa. 33 Con lo dicho queda suficientemente explicada la consistencia de la escuela positivista-Pero esta escuela, que deriva el delito de causas tan comple- jas y tan variadas, que hacen casi ineficaces las disposiciones legales é inutilizan la discusión y las opiniones agrupadas durante tantos anos-¿no ase- gura la corrupción del individuo y la multiplicación de la delincuencia por la impunidad? ¿Tiene esta escuela una base sólida en que fun- dar sus conclusiones, y están ellas de acuerdo con las que la ciencia lleva admitidas? Sobre el primer punto creemos que nó; la teoría positivista no extiende su acción sino al tipo cri- minal que resulte tal por algunas de las causas que dejamos enunciadas, ó sea al 40 °/o que Lombroso ha constatado existir, y esto, cuando del génesis del delito resulte el delincuente impulsado al crimen en virtud de cualquier factor extraño que embargue su libre albedrio-cayendo los demas delincuentes bajo la acción de las leyes y de los principios co- munes. ¿No se vé por otra parte, como dice Lombroso que «si se disminuye la responsabilidad del indivi- duo se deja subsistente la de la sociedad que es mas exijente y mas severa? ¿que si se reduce la respon- sabilidad de un grupo de criminales, lejos de pre- tender aducir su condición, se reclama para ellos una detención perpetua? Esta detención perpetua la sociedad moderna la rechaza por rendir homenaje á principios teóricos; pero no sin exponerse á gran- des peligros. Y desde luego ¿no se la ve adoptar, con infinitas incertidumbres, irregularidades é injus- ticias una semi continuidad de la pena, bajo la for- ma de colonias penales, de vigilancia, de residen- cia forzada, etc, medidas incompletas, de una efica- 34 cia dudosa, pero en medio de las cuales se vana- gloria de obtener la seguridad que las leyes no pueden acordarle?» (1) La cifra del 40 °/° que Lombroso nos dá como constatada del tipo criminal, y los factores que la es- cuela positivista hace intervenir en la ejecución del delito, no son para asegurar la impunidad del delin- cuente ni para demandar su exención de pena, sino para requerir la modificación de la teoría jurídica aplicable-la detención es de todos modos la consecuencia del delito, pero esta detención no se aplica á título de pena, sino á título de curación -la represión cede el paso á la prevención. • No hay en este concepto, nada de pernicioso; la ley no pierde su eficacia porque el tipo criminal presente variantes y ofrezca anomalías que eludan su jurisdición; su imperio subsiste para el 60 por 0/° restante, sin que la fracción de criminales típi- cos escape á su acción. Sobre el segundo punto, reiteraríamos lo dicho respecto de los fundamentos de la escuela positivis- ta-en una ciencia eminentemente esperimental y analítica, no hay lugar á términos medios: la obser- vación y la experiencia priman sobre las induccio- nes y deduciones de la razón. «La cifra de 40 °/o es ya importante, dice Lombroso y ademas el pasaje insensible de un carácter á otro se mani- fiesta en todos los seres orgánicos»-no hay in- conveniente, dada la latitud de los estudios an- tropológicos, en aceptar la existencia de un tipo criminal, sin que esto quiera decir que todo delin- cuente ofrezca ese tipo-se trata de cálculos es- (1) Lombroso El hombre criminal pág. XI I. 35 tadísticos probables, como los sobre duración de la vida media de los individuos y sobre épocas del año peores para su convervacion. ¿En virtud de que principios castiga esta escuela? Si las causas orijinarias del delito no están defi- nidas, si el criminal, no es otra cosa que un ente, pasivo en si mismo, al ejecutar el delito; si éste no es otra cosa que la resultante de ciertas fuerzas incontrastables, de ciertas predestinaciones fatales, de ciertas influencias mórbidas que yacen en el espí- ritu ó en el organismo, ¿como pueden reprimirse tales hechos, que son productos monstruosos de cerebros enfermisos, ó de constituciones irregula- res? ¿Como puede, sobre todo, castigarse si se obra sin discernimiento, sin voluntad, sin ánimo de de- linquir? Ño se ha encontrado otra razón que la reacción defensiva, ámplia, ilimitada, dentro de su concepto natural. Oigamos á Ferry: «Todo ser viviente lucha por «su propia existencia, y por consiguiente todo acto «que ofende las condiciones naturales del individuo, «de la existencia en el aspecto individual ó social, «determina por parte del ser una reacción directa «ó indirectamente defensiva, según que pueda ser- «vir para evitar las consecuencias dañosas del ata- «que, ó bien, castigando al autor, sirva para evitar «repeticiones futuras; así aconte- «ce que este hecho punitivo de la reacción defen- «siva á los ataques externos asume, desde los «primeros momentos de la vida animal, un doble «orden de manifestaciones individuales y de ma- «nifestaciones sociales, y esto es solamente porque 36 «prevalece la forma individual de reacción defen- «siva en los animales y en las razas humanas pri- '-mitivas, y porque prevalece, al contrario, la forma «social en las razas humanas superiores; como «nosotros mismos otra vez hemos indicado, la evo- «lucion natural del magisterio punitivo, es una «función que, de individual en sus principios, se «hace poco á poco, eminentemente social «Aun en los animales inferiores se encuentra la (•reacción defensiva bajo las formas de simple irri- tabilidad, ó poco mas, como se observa en los «individuos tomados aisladamente, como se obser- «va en las colonias animales, las cuales raccionan «solo en los casos de peligro colectivo y en for- «ma de defensa social. Esto se presenta mucho «mas claro cuando elevándonos en la escala zooló- gica, encontramos la vida social con formas mas < semejantes á la humana, y la asociación de indi- «viduos mejor desarrollada en sus manifestaciones «orgánicas y psíquicas. Así por ejemplo, si una «abeja ladrona, pretende entrar en una colmena «que no es la suya, para robar la miel, las abejas «que defienden la entrada la rechazan juntas y «juntas tratan de morderla ó perseguirla; si por «casualidad llega á entrar, encontraria una muerte «cierta apenas sea reconocida como intrusa en la «sociedad «Con perfecta analojía se repite entre los hom- «bres esta evolución defensiva. Existen tribus «salvajes, que viven completamente separadas «y en las cuales todo ataque á las condiciones «de existencia, no determina sino una reacción «puramente personal del ofendido* La escuela positivista, siempre consecuente con su sistema experimental, encuentra la reacción 37 defensiva como oríjen del derecho de castigar, en el hombre, en los animales, en las plantas, en toda la naturaleza. Esta reacción defensiva no es otra cosa que el antiguo sistema de la lejítima defensa, con las modificaciones propias de la es cuela y de la época y sabemos que la defensa lejítima no dá bases sólidas á la represión como derecho y como función social. Lejos de eso, la lejítima defensa, como la reacción defensiva, des- virtúan la misión del poder público y .controvierten la nocion de la justicia, que no puede ser en nin- gún caso la encargada de ejercer una venganza, más ó menos inmediata, más ó menos cruel sobre el delincuente. Puglia, uno de los apóstoles del positivismo, en su notable obra «Evolución histórica y científica del derecho y procedimiento penal», observa que la reacción defensiva puede orijinarse en dos épo- cas, una inmediata y otra mediata al hecho; las que corresponderían á la reacción directa ó indi- recta de Lombroso y Ferry, y que éste no admite porque, á su juicio, estas dos reacciones «no pueden admitirse como carácter diferencial de «dos épocas sucesivas; más que nada, porque no «hay pruebas positivas de que en un primer pe- «ríodo existiese la sola reacción instantánea y que «más tarde, prevaleciendo tarazón sobre el instinto, «se verificase la reacción vindicativa que se había «dejado para tiempo más oportuno. En segundo «lugar, porque es fácil convencerse que la so- «la oportunidad de las circunstancias especiales «habrá determinado, tanto en los hombres primi- «tivos como en los animales superiores, la instan- «taneidad ó el aplazamiento de la reacción!» (Fer- ry-lug. cit.) 38 Tenemos, pues, una diferencia sustancial entre los positivistas, sobre la época de la reacción-y si ésta tiene lugar á título de pena, si es en vir- tud de un derecho que ella se ejercita, este dere- cho no sería para los positivistas sino una conse- cuencia lógica del hecho, de la agresión: vim vi repeliere licet. En este orden de ideas iremos muy léjos; llegaremos á justificar el mal por el mal mismo; consagraremos el talion, como la más justa, como la más equitativa, como ]a más digna de las penas. Si precisamente de las circunstancias especiales que hayan influido en la voluntad del autor para reaccionar ó aplazar su defensa, es de donde ha de deducirse su carácter y discernir su legitimidad, según pretende Ferry, tendremos que convenir en que la reacción defensiva no origina el derecho de castigar, toda vez que el autor no tiene derecho para aplazarla sin que lleguemos al siguiente ab- surdo jurídico: todo individuo tiene derecho, en cualquier época, á inflinjir un mal por otro que haya sufrido-de acuerdo con la máxima moral de Ferry, «el mal merece el mal.» La reacción defensi- va destruye totalmente su carácter con el aplaza- miento; deja de ser defensiva para convertirse en un nuevo mal que á su vez podrá ser legalmente rechazado. Esto no es otra cosa que la legítima defensa encarada bajo una nueva faz. Este mismo autor quiere hacer valer el argumen- to de la defensa jurídica, aplicable al caso de la delincuencia; la pena es la resultante de ella, de la defensa social, análoga, según Spencer, á la de- fensa colectiva contra un agresor externo. No com- prendemos tan extraña confusión de las ideas, ni vérnosla similitud que haya entre uno y otro caso; 39 defensa social no es defensa jurídica, ni la sociedad se defiende cuando castiga; esto lo reconoce Fer- ry y se adelanta á prevenirlo estableciendo el concepto de la justicia como una nocion puramente relativa y humana. Hay incuestionablemente algo de extravío en el criterio clásico, y mucho de exagerado, cuando se asigna á las funciones represivas un carácter ético- extravio, porque el magisterio punitivo no es una delegación de la divinidad-exagerado, porque su naturaleza es esencialmente humana-la represión no pierde su índole primitiva pasando á manos del hombre, como pretende Carrara, porque su índole primitiva, como su origen, como su naturaleza, es esencialmente del hombre-y si es verdad que los dictados de la justicia son eternos, absolutos é in- mutables, no lo es menos que el criterio de apli- cabilidad es esencialmente terrestre, finito y limitado. Hay aquí una trasgresion á los sistemas absolutos, á la delegación divina, á la expiación-y sabemos que el derecho de punir se funda en razones de conservación social. Pero los errores de la escuela-ó mejor de los autores clásicos-no justificarían las aventuradas deducciones de los autores positivistas-asignando la reacción defensiva como el fundamento de este derecho, se confunde lo esencial, lo atributivo de la naturaleza humana-los animales reaccionan, no en virtud de un principio que los induzca á castigar sino en virtud de una fuerza instintiva, la propia conservación, que se extiende al individuo, á la familia, á la especie y á la propiedad-Hay que dis- tinguir en el concepto de la pena tres caracteres que Carrara le asigna-la de simple dolor-la de dolor ocasionado por un hecho propio-y la del 40 mal que el poder civil inflinje; y á este tercer ca- rácter es al que hay que buscar un fundamento.- La reacción defensiva, cuando mas, sabria explicar- nos la segunda acepción de la palabra pena, pero no la acepción legal de lo que consideramos como una función esencialmente institutoria.--Nosotros que estamos tan lejos de aceptar el dominio de la ética en materia penal-nosotros, para quienes el derecho de castigar tiene su base sólida en la na- turaleza de nuestras sociedades y en la necesi- dad de garantir su existencia-que tan lejos esta- mos de Carrara en cuanto al carácter que asigna á las funciones del majisterio judicial-estamos también bastante lejos de los positivistas en cuan- to á los fundamentos de la represión-la reacción defensiva, á lo sumo, podria tomarse como la ex- presión de una regla dirijente de conducta que obra en el individuo y en los animales para repe- ler las agresiones extrañas-y nó como el funda- mento y razón de ser de funciones eminentemente sociales-No es que nosotros aceptemos el domi- nio de la ética y nos abroquelemos en la consti- tución espiritual del individuo, sino que es menes- ter no confundir lo que es meramente una impul- sión de la naturaleza y lo que es producto de las instituciones humanas. Por otra parte, yá sea que se acepte la influen- cia de principios enteramente ideales, ya sea que se proceda á mérito de una institución social ó ya que se obedezca á fuerzas naturales, como en la reacción defensiva, no se puede, en los actos pu- nitivos, prescindir de la idea de la justicia. Y ésta, en manos de un criterio puramente individual y de una ciencia á no seria otra cosa que la expresión genuina de un capricho ó de una vo- 41 luntad-nunca el resultado de una regla moral. Tampoco es esto aceptar el dominio de la ética- pero hay casos en los que no puede prescindirse de acudir á la moral, toda vez que es ella quien dirije las acciones humanas y quien dá una base estable al derecho En materia penal, en la que se hiere en lo mas sagrado á la naturaleza del hom- bre, no se puede prescindir de la idea de la justi- cia, sea cualquiera el fundamento que se asigne al derecho de castigar-y si ésta no es otra cosa que una virtud relativa-si el jus suum caique tribucndí de los Romanos, no es mas que una regla para buscar y aplicar «una relación de conveniencia y utilidad social*, hagamos de modo que se dé á esa virtud la base mas segura que se encuentre. Se ha- brán conseguido asi dos cosas-dar á esa virtud relativa mayor consistencia y evitar en lo posible las variaciones en el carácter de las acciones hu- manas, merced al principio que Spencer denomina la correlatividad de las cosas. Conocidos los fundamentos de la escuela positi- vista y la forma como previene en todas sus inves- tigaciones, no será necesario andar mucho para darnos cuenta de la modificación sufrida en la parte referente á la embriaguez. Los factores que intervienen en la ejecución de los delitos pueden ser muy diversamente conside- rados-y especialmente cuando se trata de fenó- menos como la embriaguez, que ofrece modalidades totalmente distintas y sufre variaciones tan consi- derables. 42 Para la escuela positivista, el ebrio es un enfer- mo-y lo que es mas aún, es un enfermo perfecta- mente caracterizado, con todos los atributos del mal, y que presenta los rasgos típicos del criminal sin responsabilidad, sin conciencia de sus actos, sin voluntad de delinquir. Hay en su cerebro deprimido y pesado, en sus ojos dormidos ó somnolientos, en la excitación de su espíritu, en la constante tensión de sus nervios, la demostración palpitante de su enfermedad; como hay en sus facultades adormecidas, en la inteligen- cia embotada, en su pensamiento suspendido, la prue- ba evidentemente de su degradación moral. Pero donde mas se nota la influencia del alcohol sobre el individuo, y la transformación que paula- tinamente puede ejercer sobre éste, es estudiándole en su sensibilidad afectiva, y en el rumbo que im- prime á su conciencia y á sus sentimientos. No hay nombre, no hay reputación, no hay intereses; no hay consideraciones sociales, no hay afectos bastantes poderosos para estimular al borracho al abandono del vicio cuando se le ha inveterado- el padre desconoce al hijo, el esposo á la esposa-no hay mas Dios, no hay mas amor, no hay mas pla- cer, no hay mas deseo que uno-beber. La transformación se efectúa lentamente al prin- cipio, pero se efectúa en su totalidad; el hombre deja de ser tal hombre para convertirse en bruto- declina sus mas sagrados derechos, olvida sus mas imperiosos deberes para satisfacer su sed inmode- rada; descuida su cuerpo, al cual afectan numerosas enfermedades, como descuida su espíiitu que poco á poco vá perdiendo la conciencia del ser, y que paso á paso vá dejando en la senda del vicio, giro- nes de su antigua hidalguía-las facultades se eli- 43 minan lentamente y al fin de la jornada el hombre se ha sustituido por un mico. Ya la sensibilidad afectiva ha desaparecido-ya no hay resto alguno de su antigua honradez, de sus antiguas virtudes; inútilmente haría un llama- do á la mas noble, á la mas arraigada de todas; -ellas han desaparecido, arrastradas por ese cau- dal de vino y de bebidas alcohólicas, y el hombre, sin dignidad, sin pundonor, sin lazos que le reten- gan á la vida, se lanza al crimen, desesperado, salvaje, como medio de lucro, como modas viven- (li-para beber. Hé aquí el tipo criminal de la escuela positi- vista, hé aquí al alcoholista en su mas ámplia manifestación - tipo dejenerado de la raza hu- mana, cuyas anomalías somáticas, morfolójicas y psíquicas se pueden fácilmente apreciar-Esta de- jeneracion se ha operado en el individuo merced á un lento y laborioso trabajo transformativo de parte de la naturaleza--y el crimen, que es una de sus consecuencias, resulta de las impulsiones propias de su estado, de la aniquilac'on completa de su voluntad y de la esterilidad de las fuentes produc- toras del sentimiento. El hombre, que en su primitivo orijen presen- taba la mas completa de las formas; que, con todos sus atributos, con todas sus facultades, con todos sus medios de acción, en plena posesión de su libro albedrío, llamado á desarollarse y vivir en un medio ambiente propio para la prosecución de sus fines sobre la tierra, debió dedicar toda su fuerza activa á la prosecución de ese fin, se ha transfor- mado por la influencia de las bebidas alcohólicas, en un ente pasivo, sin inteligencia, sin voluntad- y lo que es aún más-en un criminal, impulsado 44 fatalmente á ello, por su estado patólojico y por la carencia absoluta de facultades sensitivas. En tal extremo la embriaguez ha dejado ya de ser una manía ó un vicio para convertirse en una enfermedad, que lentamente va minando la salud y la vida del paciente é intoxicando en su orga- nismo gérmenes de destrucción. El crimen se pro- duce como una consecuencia lójica de ese estado -y el criminal no es el sujeto activo del delito en la forma aceptada por la escuela clásica, sino el individuo encaminado á él en virtud de factores antropolójicos, psíquicos y orgánicos. La escuela positivista reclama para él, como pa- ra todos los delincuentes que ofrecen el verdadero tipo criminal, la exención de imputabilidad, requi- riendo á la vez el ejercicio de ciertas medidas cu- yo carácter será meramente preventivo y que en manera alguna se reputarán como penalidad-El verdadero tipo criminal de la escuela positivista se constata en el ébrio, cuando éste ha llegado al pun- to que dejamos enunciado-y se le denomina al- coholistci-estado que tiene muchos puntos de con- tacto con el loco moral y con el alienado, de los cuales sin embargo ha conseguido Lombroso dis- tinguirle merced á sérias y minuciosas investiga- ciones. Esta no es, sin embargo, la única de las formas en que la ebriedad interviene como factor en los delitos-el alcoholista no solo es tal por el hecho suyo y por el mayor ó menor abuso que haga de las bebidas alcohólicas-otra de las causas que la observación nos demuestra como causa productora de este mal es la herencia. Hemos dicho en otro lugar de este mismo capí- tulo, que el producto de un consorcio es, por regla 45 general, una mezcla de los caracteres del padre y de la madre. Los rasgos somáticos, fisiognómicos, psíquicos, los defectos orgánicos, y los vicios de constitución, se trasmiten generalmente á los suce- sores; el alcoholista enjendra generalmente alcoho. listas. Nos reservamos para el capitulo siguiente, dar mayores explicaciones y entrar en mayores detalles al respecto; pero conste, sin embargo, que el ata- vismo es un hecho señalado por la experiencia de muchos observadores - y la herencia un fenó- meno real, positivo, que tiene su razón de ser en la naturaleza misma y en la intervención de cada una de las partes en las funciones de la procrea- ción. Asi la ebriedad, ó mejor dicho aún, el alcoholis- mo, se trasmite á los sucesores, con toda la pre- disposición al mal propia del autor de la sucesión, y el producto en este caso sería un criminal, nato para la escuela positivista, el cual desde su naci- miento llevaría impreso el sello de su predisposi- ción anti-social. Como se vé, el -concepto de la ebriedad se ha modificado radicalmente, como se han modificado sus causas productoras-como se ha modificado también la apreciación de sus efectos generales. Al tratar de sus caracteres entraremos en la inves- tigación de todos estos detalles, que no carecen de importancia cuando se trata de resolver un proble- ma de capital interés para la ciencia. La ebriedad, por otra parte, no solamente orijina males sociales infinitos, no solo dá lugar al hábito de la delincuencia, sino que trae también apareja- dos multitud de males físicos, la epilepsia, la cata- lepsia, el delirium-tremens, los trastornos del sis- 46 tema nervioso, la locura, etc. Trae un mal aún mu- cho mayor, la dejeneracion de la raza, que se pro- duce endeble, raquítica, deforme en cuanto á su conformación orgánica-é instintivamente mala en cuanto á su constitución moral. Tales conclusiones han llevado á la escuela po- sitivista á aceptar la esistencia de un tipo criminal alcoholista-susceptible de ser tal por oríjen ó por transformación, nato en el primer caso, gradual- mente convertido en el segundo, por la influencia de las bebidas alcohólicas sobre el cerebro y siste- ma nervioso, y por la destrucción que se opera en su facultad afecto-sensitiva. En este caso, la ebriedad tiene que presentar variantes y ofrecer fenómenos cuya apreciación no debe quedar librada al criterio jurídico-los delitos en los cuales haya intervenido la embriaguez como factor, han de ofrecer dificultades al jurista que las mas veces no podrá resolver sin el auxilio de las ciencias médicas.-No estando por otra parte bien constatada la especie del delincuente-y de acuer- do con las prescripciones de la escuela positivista-■ será siempre menester hacer el génesis del delito, en el delito mismo y en el delincuente-para que el derecho pueda en seguida justi-apreciar su va- lor, y en todos estos casos, la introducción de un criterio antropolójico y médico legal seria de in- discutible importancia, para la resolución de todas las causas, que, por sus antecedentes, hagan pre- sumir en el delincuente la existencia de uno de los factores que la escuela positivista lleva enuncia- dos-ó cuando se venga en conocimiento de que éste se ha encontrado en un estado patolójico ó morboso susceptible de producir una modificación en las facultades afectivas de su espíritu, 47 Desde luego, puedo adelantar la siguiente con- clusión; que todos los delitos cometidos en estado de embriaguez no deben ser juzgados por las re- glas ordinarias ni por los principios comunes, sino por un tribunal ad hoc, que haga un exámen dete- nido del delincuente y una historia de su vida y de sus afecciones-ó por lo menos, que no debe dictarse una resolución, sin escuchar ó pedir infor- mes á un jurado antropolojista, sobre las condicio- nes personales del procesado. (1) (1) Puede consultarse con provecho este punto en Garófalo, Cri- ininalojia pag. 227 y sig. ed. 1885.-Los anales del «Congreso antro- po'ójico de Roma» traen también una discusión muy interesante al respecto y las conclusiones de los Prof. Virjilio Róssi, Taverni etc. Véase, A Corral-Les criminéis. Lombroso ha publicado también una importante monografía sobre «El alcoholista» que no nos ha sido posible conseguir. CAPITULO II. la embriaguez en general SUMARIO-De la embriaguez como mal social.-Sus consecuencias en la sociedad, la familia y el individuo.-La embriaguez como mal físico-Caracte- res generales.-Sintomato- logia de la embriaguez-Di- versos grados-Alcoholismo -Herencia alcohólica-Id como factor de criminalidad -Una página de Buchner. La ebriedad, hemos dicho en otro lugar y repe- timos aquí, es un mal social que apareja como con- secuencia muchos otros de capital importancia y entre los cuales señalamos yá los dos principales- el delito y la degeneración de la raza-Cualquiera que sea la forma que presente la embriaguez, cual- quiera que sea la naturaleza del individuo, cualquie- ra que sea la clase de bebida espirituosa de que se abuse, los efectos generales no dejan de manifes- tarse, concluyendo siempre por producir los resul- tados antedichos. Como una consecuencia y á medida que el vicio de la embriaguez se esparce y hace mas general, los lesultados en el orden social se dejan sentir, tanto por una relajación en las costumbres, como por un enervamiento en el espíritu público, y una descomposición en el seno de la familia, primero y mas importante de los componentes sociales. No es posible determinar con precisión el limitQ 49 que podría señalarse á tales resultados, pero no se puede tampoco dudar que ellos serian infinitos y propios de la naturaleza de su orijen, con todas las singularidades y extrañezas consiguientes á cada uno de sus individuos, en el doble concepto de su dualidad física y psíquica. Este trasciende á la familia, como ésta á su vez trasciende á la sociedad y de esta doble operación, surge el fenómeno horroroso, de una agrupación lacerada, de una colectividad sin vida, sin aspira- ciones, sin horizontes, sin porvenir. La asociación, carcomida por el vicio y pronta á derrumbarse por el peso de sus propias culpas, no haya en si misma un soplo de vitalidad; nada que la aliente, nada que la impulse, nada que la justifique; la ebriedad, corrompiendo totalmente á cada uno de sus miem- bros, ha sembrado los gérmenes de disolución; ella muere ahogada por sus propios hijos, ella muere corrompida, envenenada, como murió Roma con Nerón y Calígula, ella muere porque lentamente se van arrancando, uno por uno, los componentes de su organismo, y la vid¿i sin organismo no es posible, como no es posible el organismo sin nérvios, sin entrañas, sin corazón. La ebriedad no comprendería cuestiones tan tras- cendentales si afectase pura y esclusivamente al individuo-si fuese éste quien recibiese el castigo de su propia culpa; pero lo repetimos, la ebriedad ataca las condiciones de la existencia social, mata las vinculaciones, imposibilita la vida de relación; el ébrio en la colectividad es la nota discordante de la armonía, es el elemento principal de su des- trucción. La estadística ha demostrado que los atentados al pudor, y la relajación de las costumbres aumenta 50 ó disminuye con el uso de bebidas alcohólicas y que el número de delitos contra la honestidad y buenas costumbres está en razón directa del nú- mero de bebedores. La familia, que es también una sociedad en me- nor escala y á la que mas de cerca hieren estos fenómenos, vé desaparecer paulatinamente cada uno de sus miembros; azotados por las enfermedades, devorados por el vicio, la muerte es su consecuen- cia, la separación ó el divorcio. Cualquier otro temperamento, un momento de exitacion, la comu- nión de las cónyuges, daría lugar á un feto mons- truoso que desde su nacimiento llevaría innato el vicio que sus padres le legaron. Es la ley justa, la ley natural; en la posteridad reflejan la gloria y las virtudes, que reflejan también la infamia y el vi- cio. Asi la familia se disgrega y descompone, ú ori- jina séres anómalos, perversos y enviciados: en cualquiera de ambos casos los resultados son siem- pre perniciosos. Por lo demas, la ebriedad, en sus relaciones con el orden social, no solo ofrece el espectáculo re- pugnante de la degradación humana en su mas impúdica desnudés; no solo es un elemento de desorden y de disolución, sino que conspira contra el desarrollo progresivo de la humanidad disminu- yendo la vida media de los individuos y deteniendo el movimiento de la población. Procuraremos apuntar algunos de sus efectos sociales. Paralización del movimiento de la pobla- ción. Hay ciertos actos cuyo resultado inmediato es la paralización del movimiento de la población, por la desorganización que produce en los proge- nitores y por la impotencia y la esterilidad que 51 son su consecuencia. La ebriedad exactamente co- mo la prostitución, interviene eficazmente para de- terminar ese fenómeno: en 1720 se observó en Londres una disminución notable en el número de nacimientos. El gobierno practicó averiguaciones de las que resultó que la embriaguez era la causa principal de ella. 1 Degeneración de la raza. Es otro de los males que se producen con mucha generalidad; el alco- holista, engendra otro alcoholista que hereda todos sus caracteres y todas sus modalidades. Cuando es- tudiemos la trasmisión de este vicio por herencia no nos daremos mejor cuenta de la forma en que este fe- nómeno se opera; bástenos por hoy saber que la degeneración de la raza, orijinada por las bebidas al- cohólicas, es un hecho constatado por numerosas y sagaces observaciones. «El alcoholismo, dice M. Du- meaux no es solamente una enfermedad del individuo, sino también una enfermedad de la familia que pro- yecta su influencia perniciosa hasta su descendencia; la pasión de las bebidas alcohólicas, la tendencia á la inmoralidad, á la depravación, al cinismo, tal es su suma la triste herencia que dejan á sus descen- dientes un número por desgracia demasiado grande de individuos aficionados á las bebidas alcohó- licas. No faltan ejemplos que lo demuestran; Velpeau, en el boletín de la Academia Francesa, ha hecho conocer el caso de un niño nacido sin cabeza, y cuya concepción había tenido lugar en un acceso de embriaguez. Los pueblos del norte, Suecia y Noruega, que abusan demasiado del alcohol y del tabaco, dejeneran sensiblemente y ofrecen ejemplos frecuentes de monstruosidades de nacimiento (ob- servaciones del Dr. Bergeret). D'Amiot ha con- 52 densado en una concisa y expresiva fórmula esta triste verdad: Vivrogne ne sémc ríen qui vaille. Los antiguos parecen que tuvieron conocimien- to de este hecho por cuanto en una ley de Licurgo, que se observó también en Cartago, se prohibió á los jóvenes esposos beber en el día de su matrimonio. <E1 alcoholismo es hereditario, dice el Dr. Ber- geret, y entre los hijos de los alcoholistas, no hay necesidad de excesos graves ni prolongados para conducirlos á consecuencias deplorables. La depra- vación de sus instintos se manifiesta en todo mo- mento: tienen la tendencia de llegar á todos los crímenes.» (1) En una población en la que el vicio de la em- briaguez estuviese muy arraigado, en la que, por ejemplo, la cuarta parte de ella fuera alcoholista, el mal iría en progresión ascendente y en poco tiempo los locos, epilépticos, imbéciles, ó idiotas constituirían la mayoría. Disminución de la vida media. Transcribo ín- tegro el párrafo del Dr. Bergeret en que enuncia este hecho como uno de los efectos de la em- briaguez.-'«En las ciudades industriales, donde influencias múltiples contribuyen, por lo demas, á minar la salud del hombre, se ha observado el hecho de que, mientras mas aumenta el consumo simultáneo de las bebidas espirituosas y del taba- co, mas desciende la vida média de los individuos, por debajo de la cifra que se considera como nor- mal en condiciones mas favorables.» Este hecho tendría su esplicacion, verdadera- mente científica, en la influencia del alcohol sobre (1) Bejeret lug cit.-Moret-Traité de dejenerescenses phisiques, inte!lec!uelles et morales de Kespece humane. 53 el organismo, en la destrucción de este último y en las numerosas enfermedades que son su con- secuencia. Miseria. En el estado de civilización ha que han llegado los pueblos-cuando los recursos del trabajo y sus fuentes productoras se han multi- plicado indefinidamente-cuando las empresas in- dustriales requieren la cooperación de todos los brazos.-cuando las vias de comunicación son nu merosas-y cuando la libertad de trabajo, ampa- rando á todos los hombres y marcando nuevos rumbos á su actividad, ha venido á ampliar los medios de vida por el aumento creciente de los labores, por las facilidades de las transaciones y por el estímulo á la producción y al ahorro, sorpren- de hallar en el seno de las ciudades populosas, masas inmensas de habitantes miserables, harapien- tos, indijentes, en la mas amplia acepción de esta palabra, cuya única fuente de recursos es la mendi- cidad, y cuyo alimento diario deben á la caridad de los unos, y á la compasión ó la lástima de los otros. Y este es, sin embargo, un hecho evidente. No es yá la mendicidad, bajo la forma de un mal social más ó menos arraigado y más ó menos numeroso; es un verdadero flajelo que. lentamente vá minando nuestras instituciones y corrompiendo á cada uno de sus miembros por la ineptitud. El pauperismo es una plaga social importantí- sima, que producirá perturbaciones profundas, si prolijamente y con tiempo no se oponen los me- dios adecuados para evitarlos.-En Alemania no es ya una casta social desposeída-no son los ciuda- danos que c.arecen de recursos y que en tal con- cepto constituyen un peligro para la propiedad, 54 para la vida y para la seguridad individual; allí asume ya las proporciones de una verdadera es- cuela filosófica, que designa la suma de los esfuer- zos particulares como base principal del funciona- miento del estado-y que en oposición á la fór- mula the strugle for-life de la filosofía escolástica, ha lanzado la no menos concisa y expresiva the asociation for life, fórmula en la que á su juicio se incluyen y deslindan todos los derechos, todos los deberes, todas las libertades, prerogativas, car- gas y limitaciones del individuo. Este mal social, como dejamos dicho, es de tan- ta mas importancia cuanto mayor es el número de individuos á que afecta-y nó puede citarse punto alguno de la tierra, donde la miseria-la mendici- dad-el pauperismo en una palabra, no ofrezca caracteres alarmantes. ¿Qué causas lo orijinan, cuales contribuyen á mantenerlo y á desarrollarlo á pesar de los obs- táculos que se le oponen y de las facilidades y multiplicidad del trabajo? Hay muchas, induda- blemente, que la sociolojia ha señalado y que la estadística ha comprobado como fuentes productora de este mal-y entre estas, la embriaguez desem- peña un rol importantísimo. Bastaría, para demostrarlo, presentar el cuadro que ofrece cada familia de borrachos, miserables, harapientos, sin hábitos de trabajo, sin recursos de ninguna especie; bastarla observar esa inmensa masa de individuos, ebrios consuetudinarios, que se revuelve impotente contra sus propias necesi- dades, aguijoneada por el Hambre, por el frió, diezmada por enfermedades de todas clases, y en las cuales el vicio es superior á toda idea de con- servación, y á todo sentimiento de humanidad; bas- 55 taria transcribir algunas estadísticas de Francia, de Suecia, de Noruega é Inglaterra, para convencerse de que la gran mayoría de las familias indijentes, una de las causas de la miseria es la embriaguez. Mr Everett, Enbajador de los Estados-Unidos en la Corte de Inglaterra, Ministro de Neo-ocios Extrangeros en Washigton, escribía en un docu- mento oficial: «Durante los diez últimos años, el espíritu de vino-1-° ha impuesto á la nación un gasto directo de 6.000,000 de dollars (3 milliards.) 2. ha causado un gasto indirecto de 6.000,000.- 3. ha destruido 300,000 vidas.-4.° ha enviado 100,000 niños á los asilos de pobres.- 5." ha man- dado 150,000 personas á las prisiones y peniten- ciarias-6 . ha hecho por lo menos 1.000 locos- 7J ha impulsado á la perpetración, por lo menos de 1500 asesinatos-8" ha determinado por lo me- nos, 2.000 suicidios-9o ha incendiado ó destruido por violencia 10 000.000 de dollars-10° ha hecho 200 000 viudas y 1.000.000 de huérfanos » Tales resultados son lógicos dados los efectos inapreciablemente perniciosos del alcohol; el be- bedor que llega ¿í un estado tal de enviciamiento, que no concurre al cumplimiento de sus. deberes, y descuide el trabajo, condición primera de bie- nestar, solo puede esperar, para un porvenir cer- cano, la miseria con todos, sus horrores, la degra- dación y la muerte física y moral. «Los hábitos de embriaguez son tales en mu- chas ciudades fabriles, dice Julio Simón-y encier- ran tal miseria, que el obrero está absolutamente impedido de pensar en el porvenir.» (1) Si, añade otro autor, tengo necesidad de repe- (i) Julio Simón, L'ouvrier-París 1861. 56 tirio: de las noticias de los filósofos, de los médi- cos, de todos los observadores, la ebriedad halle- gado á ser en nuestra Europa la mas grande cau- sa de la miseria-y la miseria es la primera cau- sa de una muerte repmatura. (2) El Dr. Bergeret observa, que cálculos riguro- sos hechos en ciertas poblaciones francesas, como Rouen, Amiens, Roubarx, Lille, Lion, Saint Quen- tin, Moulhouse, Reims, Saint Etienne, y otras, de- muestran que la cifra que representa en dinero los gastos hechos en bebidas espirituosas es tan ele- vada, que excede, por cabeza, al doble de la su- ma suficiente para asegurar el pan á toda una fa milia. Asi, la embriaquez no solo compromete el por- venir del individuo. de la familia, de la sociedad, no solo arroja generaciones enteras en el vicio mas despravante y en la mas espantosa miseria, sino que los lleva á la tumba en medio de priva- ciones y sin poder satisfacer la mas pequeña, la mas imperiosa de sus necesidades-la de la con- servación. Delitos.-Es otro de los resultados que origina la embriaguez y por desgracia de los mas fre- cuentes. Hemos esplicado antes-y especialmente al tra- tar de la escuela positivista-lo que es el delito -que es el delicuente y cuales son los factores que intervienen en su ejecución.-Hemos hablado también de la sobreexcitación producida por las bebidas alcohólicas y de la transformación que se produce en el individuo por su acción. Hemos dicho que sus facultades se paralizan, que (2) Bouchardat et Junod -L'e.'ui de vie et sesdangers. 57 su sensibilidad desaparece-que las afecciones se destruyen á medida que la intoxicación se realiza- y hemos, por fin expresado la predisposición del sujeto hacia crimen, sea para satisfacer sus nece- sidades-sea porque la enfermedad suscite en él una manía, ó sea porque, en fin, la transformación física y psíquica que produce el alcohol, determi- ne localizaciones cerebrales ó violentas pasiones que le impulsen irremisiblemente á ello. En cualquiera de estos casos, el mal no deja de ser menos grave; los delitos se cometen y la so- ciedad, reprimiendo con penas su ejecución, no pue- de evitar que sus resultados se produzcan. Enunciamos este mal social-y como habremos de estudiar, mas adelante, sus causas y sus efec- tos, nos reservamos para hacerlo entonces con mas Latitud. Suicidios.-Los casos prácticos que demuestren la proporción en que la embriaguez interviene co- mo causa determinante de suicidios, no faltan, y ellos han comprobado que mas de un 50 °/„ de sui- cidas son alcoholistas-Porqué la embriaguez va en sus resultados hasta impeler al individuo á la violación de la ley natural y del instinto de la pro- pia conservación, es cosa que no podría determi- narse á priori; pero, así como ella interviene efi- cazmente en la ejecución de delitos contra las per- sonas, asi como es un factor importantísimo en la criminalidad, asi también puede intervenir para de- terminar este acto, tan impropio del yó objetivo y tan en contradicción con la armonía universal, con el instinto de La vida animal y con los principios que rijen la conservación de la especie. Sea que las localizaciones cerebrales, ó las alteraciones ner- viosas despierten en él una manía ó una pasión, sea 58 que durante su vida, la embriaguez, en sus diversos grados, haya ido borrando hasta las últimas nocio- nes de moral, sea en fin que las consecuencias hor- rorosas del vicio (entre las cuales la miseria es una de las principales) hayan determinado en él esa resolución-el suicidio es siempre una consecuen- cia tan fatal, que debe colocarse á la par de los efectos mas importantes producidos por la em- briaguez-tanto más, cuanto menos directamen- te ha preocupado la atención pública y menos ha sido objeto de estudio y observación de parte de los moralistas,jurisconsultos, y médicos.-«La so- ciedad, dice el Dr. Isartier, se envenena bebiendo licores perniciosos que enjendran un gran número de males.-El alcohol es la causa de ello y es esto lo que justifica la frase de Flourens: L'hominc no meurt plus, mciis il se tue. Qué un individuo se suicide, es un hecho vitu- perable que á todos conmueve-que inmensas ma- sas se destruyan por el alcoholismo es aún mucho peor y nadie se ocupa de ello.-Sin embargo, mue- ren en Francia mil veces mas alcoholistas que sui- cidas. » Prostitución.-7Quién haya alguna vez, siquiera á título de curiosidad, traspasado los umbrales de un prostíbulo; quien haya fijado por pocos se- gundos, una mirada investigadora sobre la faz páli- da, demacrada y ojerosa de una prostituta - quién haya hecho un exámen de los hábitos y modalidades de esas Bacantes de las sociedades modernas-podrá en pocos momentos convencerse de la profunda depravación moral de esos séres desgraciados-sín- tesis de todos los vicios, encarnación de todas la pasiones groseras. La embriaguez no puede serles extraña-por el 59 contrario, es uno de los medios más adecuados para fomentarla. La ebriedad, decíamos en otro lugar, corrompe totalmente nuestra facultad sensitiva, destruye por completo nuestra constitución moral: el vicio se arraiga y es el punto de partida en la escala des- cendente que vá á recorrerse, para llegar al cam- po donde todas las maldades se agrupan, donde: todas las bajezas tienen su razón -La Venus im- púdica, laVénus Callipiga, tiene afición por todo lo malo y hace gala de su perversión; ha perdido el sentimiento-ha desgastado las libras sensibles del cerebelo y de la médula espinal y bebe para exi- tarse-bebe para consolarse-bebe porque es el último placer que la naturaleza le acuerda ¡pobre placer que solo sirve para enervar su espíritu y para marchitar su cuerpo! La ebria se transforma en prostituta-y cuando los años han pasado, cuando su cuerpo seco, arru- gado, macilento, no ofrece yá encantos para atraer al libertino, cuando el comercio carnal cesa-la ebria, entre cuyas costumbres el vicio es la nota dominante-se dedica á otro trabajo no menos vil, no menos horrible que el primero-se hace ter- cera. La sabia disposición de la naturaleza ha hecho que tales mujeres no procreen, á lo menos mien- tras subsiste el género de vida y el comercio carnal. De otro modo nos lamentaríamos de tener genera- ciones enteras de seres corrompidos, sin padres, sin familia, sin hogar, sin mas afección qne el vi- cio y sin más instintos que la inmoralidad. Seducción-Este hecho se produce merced á la embriaguez, exactamente como las uniones ilícitas, como la prostitución. 60 Hemos dicho que este vicio enjendra una cor- rupción de las costumbres, que se manifiesta en todos estos males de inmediato y fatal resultado para la sociedad. En muchos otros males, de tanta importancia como los enunciados, concurre la embriaguez como factor principalísimo; en orden á la familia, la es- tadística francesa, que es la mas adelantada y la que mas datos arroja sobre tales fenómenos, nos demuestra cuantos procesos de divorcios, cuantas causas de nulidad de matrimonios se siguen por consecuencia de ebriedad (ivrognerie) de uno délos cónyuges. Así mismo, nos dála cifra del númerode matrimonios ilegales, de hijos naturales, de con- cubinatos, de incestos, sodomías, pederastías, y tan- tos otros vicios que repercuten en el seno del hogar. Bajo el especioso epígrafe de «Inconvenientes de "ivrognerie,» el Dr. Bergeret hace resaltar, en su obra ya citada, todos los males que se pro- ducen por causa de la borrachera; ellos son los que, á grandes rasgos dejo trazados, como una demos- tración evidente de la horrible fealdad de este vicio grosero, tan pernicioso para la sociedad como para la familia y el individuo. 2.° En lo que se refiere á este último, las con- secuencias son también deplorables. Extraño á nuestra materia, sería impertinente abundar en de- talles sobre las infinitas enfermedades que el abuso del alcohol lleva consigo; no podemos, sin embar- go, prescindir de ellas, en cuanto se refieren á la antropología y á la medicina legal, y en cuanto se 61 relacionan, algunas veces íntimamente, á muchas cuestiones de derecho. Locura-Al tratar de la escuela positivista, decía mos; las localizaciones cerebrales determinan la predisposición del sujeto -el sistema nervioso, la acción del mismo; pero como en la locura por causa de la embriaguez, los caracteres somáticos y mor- fológicos no existen, puesto que se trata de un normal dejenerado, fuerza será buscar la razón de tales alteraciones en el sistema nervioso. «Estepreside todas las grandes operaciones déla «vida-el cerebro es su centro y la residencia del «pensamiento; allí reside también la voluntad que «imprime el movimiento á todas las partes del «cuerpo por intermedio de los cordones nerviosos, «y es á él que se trasmiten, por los mismos hilos «conductores, todas las sensaciones percibidas en «las extremidades nerviosas » Como el abuso del alcohol determina una relajación en el sistema ner- vioso, ineludiblemente ella vá á repercutir en el centro principal de sus movimientos, foco de sus grandes operaciones-en el cerebro. «No hay evi- «dentemente sino un paso del semi-delirio en que «habitnalmente vive el borracho, á la locura y á «la demencia.» Esquirol, en su tratado de las enfermedades men- tales, dice que los borrachos son monomaniacos; «se observa en ellos, síseles estudia con cuidado, «todos los rasgos que caracterizan la locura par- «cial.» Bergeret hace observar que, «según datos es- tadísticos de hombres competentísimos, la influen- «cia del alcoholismo sobre la enagenacion mental «sigue una marcha siempre ascendente. En Francia «en 'os establecimientos de alienados, para la clase 62 «media de la sociedad, es considerable el número «de enfermos atacados de enagenacion por causa <de bebidas alcohólicas De 1828 á 1835 se reci- «bieron en Charenton 1557 alienados-134 debían «su enfermedad al abuso de los espíritus. La es- tadística de 1853 indica que sobre 32.876 aliena- ' dos asistidos en los asilos públicos y privados de «Francia, 1502 debían su enfermedad á la borra- «chera. Esta proporción aumenta en las ciudades «populosas. En las casas destinadas á la clase «indijente, la influencia de la misma causa es aun «mas marcada. Sobre 1079 alienados, atendidos en «Bicetre de 1808 á 1813, se contaban 156 enfermos «por causa de exeso en la bebida. Mareé ha en- «contrado en un período de seis años, 1856 á 1851, «915 alcoholizados sobre 4 770 alienados. Sepmn O «William, en Inglaterra, la mitad de los casos de «locura son debidos á la embriaguez.» (Dr. Berge- ret art «Folie»). Idiotismo, estupidez imbecilidad.-Son consecuen- cias, casi irremisibles, del abuso de las bebidas alcohólicas.-El vicio que tiene suficiente poder para transformar al individuo en una bestia-el vi- cio cuya influencia es bastante pesada para llevar- le hasta el crimen, la locura,. la muerte ó la de- pravación, debe serlo también para marcar un pe- riodo de la vida, para señalar una época en la que éste, en un término medio desconsolador, ha deje- nerado en sus facultades, sin llegar aun al límite que la naturaleza ha señalado para esta clase de fenómenos. Y este es el mas frecuente; el aban- dono humano no siempre llega á su colmo; los poderes públicos, la familia-y en defectos de ám- bos, la caridad, se preocupan de los seres que se encuentran en tal estado, y antes que el esceso 63 determine una resolución final ó antes que el vi- cio precipite á sus últimos extremos, se toman me- didas salvadoras-se somete al paciente á un ré- jimen preventivo ó curativo, en los establecimien- tos especiales instituidos al efecto. La dejenera- cion se ha operado sin embargo;-y el bebedor que no ha llegado á ser todavia el loco moral ó el alcoholista de Lombroso, se ha transformado en un idiota, en un imbécil ó en un estúpido. Dipsomanías.-Dice Bouchardat: Hay una forma especial de alcoholismo que conduce inevitable- mente, á ciertas personas, á los lamentables fines que acabo de indicar.-Es la que se designa con la palabra dipsomanía.-Cuando los desgraciados que tienen esta organización se dejan ir hasta un exceso alcohólico, la embriaguez es en ellos mucho mas persistente que en los otros individuos. Se despiertan del sueño que tales abusos les produ- cen, aturdidos aun, con una tendencia invencible á beber de nuevo; si tienen algunos recursos vuel- ven á la taberna, (cabaret.) Es un círculo vicio- so en el cual jiran constantemente, hasta que so- breviene alguna catástrofe, sea de salud, sea crimi- nal, sea financiera.» La dipsomanía, puede ser efecto, ó de una cos- tumbres, no combatida, ó de una herencia que, co- mo la herencia alcohólica, continúe en el sujeto el vicio arraigado en sus projenitores, Monomanías-Lo mismo que la locura, la mo- nomanía puede ser un efento mas ó menos inme- diato, de la embriaguez. La pseudo-parálisis, las meningites, determinada por los excesos báquicos, las muertes repentinas, que ocurren por causa de las hemorrajias cerebra- les-las alucinaciones, muy comunes á los borra- 64 chos-y en fin el delirium-tremens, especie de locura muy expandida,- son otros tantos males que afectan al bebedor, y que destruyen ó aminoran la mas elevadas de sus facultades-la inteligencia La epilepsia, catalépsia, oftalmías, temblores, &, son también enfermedades de este vicio; como hay asi mismo, muchas otras, nerviosas unas, del siste- ma sanguíneo las demas, tales como la hidropesía del pecho-los coágulos-las enfermedades al co- razón, hipertrofia-atrofia-aneurismas-y en fin las restantes de los sistemas linfático y articular, tales como la escrófula-la gota, el reumatismo. &. (1) Así la embriaguez, no solo ataca al hombre en su parte moral, aniquilando sus facultades y trans- formando su constitución psíquica, sino que tam- bién destruye su cuerpo, acarreando enfermeda- des al individuo y sembrando los gérmenes que producirán su efecto disolutor en las generacio- nes futuras. 3 La ciencia del derecho penal no vá en sus inducciones hasta hacer la apreciación de los fe- nómenos producidos por la embriaguez-ella toma al delincuente en el estade en que se encuentra en el momento de cometerse el delito-y la ebrie- dad, que ha sido una circunstancia independiente del hecho mismo, solo lo afecta en cuanto atenúa ó exime de responsabilidad. El estudio de las cau- (1) Fucile consultarse todo esto en Bouchardat L'can de vie et ses dangers y Dr. Goenaga. «Herencia y Alcoholismo» tesis B. A. 1889. Asi mismo la obra del Dr. Bergeret, que por su consicion y la va- riedad de las materins que ahora, he preferido en el estudio de todas estas materias. 65 sas ocasionales de la embriaguez-el análisis, tan- to de la vida física corno moral del delincuente; - la determinación del mayor é menor grado de discernimiento que el criminal debió tener en el momento de violar la ley penal-la mayor ó me- nor influencia que el vicio pudo ejercer en el he- cho delictuoso, y las demas circunstancias que modifiquen el criterio á priorista con que se juz- gan tales actos-es materia de la antropolojía y de la medicina legal. Para la ciencia penal, hay ante todo, un delincuente y un ebrio-éste puede variar en sus graduaciones hasta convertirse en actor principal-causa primera del crimen co- metido, ó dejenerar sensiblemente hasta un ente secundario, en el que el vicio represente un pa- pel accesorio; en cualquiera de ambos casos, la ciencia penal pide se constate la existencia del vi- cio, si la embriaguez fue completa ó incompleta- si fue ó nó voluntaria-si es ó nó habitual-para aplicar en seguida las disposiciones de la ley vio- lada. Pero el ciiterio introducido por la escuela positivista requiere mayores condiciones y rodea de mayores garantías la penalidad-no basta para él la constancia de la embriaguez; es menester también estudiar sus causas, en el hecho y en el sujeto, para apreciar en seguida sus efectos. La embriaguez no es ig-ual en todos los individuos; la cía- se de bebida, la persona, la edad, el sexo-son otras tantas circunstancias que la modifican y que no de- ben descuidarse so pena de incurrir en los mas gra- ves errores y en las mas flagrantes injusticias. El crimen, por otra parte, puede ser un resultado pro- pio del estado patolójico en que se encuentra el sujeto-ó por el contrario, una fuerza natural que le impela á ello; en ambas faces hay que estudiarlo. 66 La ebriedad no es oti\a cosa que un estado mor- boso, durante el cual el cerebro se haya embarga- do por los vapores alcohólicos; el juicio y la ra- zón no asisten al individuo durante ese intervalo, en el que solo se producen los actos instintivos y las funciones de la vida animal. Esta situación no presenta tantas dificultades, pues para la ley bastaría la constancia de su esta- do y de las causas que lo motivaron, á los efectos de la penalidad. No asi cuando el vicio, traspasando los límites de la temperancia y de la moderación, se convierte en una manía-y el vicioso en un en- fermo, ebrio habitual, dipsómano ó alcoholista. Sus caracteres generales son, pues, bien deter- minables. Prescindiendo de la constitución moral, en lo que, como hemos dicho, es fácil constatar la influencia del vicio-el organismo ofrece la siguien- te sintomatologia. 1J El aspecto general del borracho-rudo y tor- pe-en el rostro esparcidas algunas vegetaciones -ojos lánguidos y marchitos-piel descolorida - músculos atrofiados-movimientos inciertos. «In- diferente á todo lo que no es bebida, come poco, descuida el aseo en el vestir ó bien se cubre de sucios y asquerosos harapos y entonces se puede aplicar á tan innoble estado, la enérgica voz de los latinos: crápula (1) 2o La embriaguez, en los diversos grados, sigue una marcha regular y pausada bien fácil de apre- ciar; en el primer grado, los efectos fisiológicos no se manifiestan aun; la embriaguez asume la forma de un desorden mas ó menos grave, pero sin consecuencias-la bebida evita las pasiones- (1) Descuret-Medicina de las pasiones, 67 altera momentáneamente el organismo, determina una actividad agradable en el sistema nervioso: el individuo se transforma, el hosco se torna amable, el avaro, pródigo, el buen humor no falta, y el in- dividuo en estas condiciones, dista poco de ser el fénix de la gracia que Edmundo D'Amicis n s ha pintado en su opúsculo sobre el vino. En el segundo grado, el ejercicio regular de las funciones de la vida está ya pervertido-el hom- bre borracho cae en una somnolencia profunda, es- pecie de sueño letárjico-la respiración cortada y estertórea, la traspiración muy abundante-la arti- culación de las palabras, difícil-ha descendido ya un escalón en el camino de la ignominia-y ha consumido la cuarta parte de su vida en los ca- fé es y en las tabernas. Pero «bajo la influencia de una fuerte dosis de alcohol, la exitacion de los órganos es tan fuerte que los resortes de la vida, tendidos desmesura- damente, funcionan con gran dificultad ó lo hacen con una violencia y rapidez que demuestra la energía del veneno introducido en sus venas»- El borracho, en el tercer grado, se encuentra al bor- de de la tumba. La embriaguez se ha convertido en alcoholismo-la intoxicación aguda cede el paso al alcoholismo crónico. «Los beodos, dice un distinguido médico-lejis- ta, prescindiendo de toda manifestación delirante, sufren alteraciones mas ó menos rápidas de las facultades intelectuales y afectivas; caen en un estado de enbrutecimiento profundo; se vuelven indiferentes, apáticos, su sentido moral se oscure- ce, sus sentimientos afectivos se pervierten, su voluntad se debilitaEn este periodo el alcoholizado no es todavía un loco, pero yá lleva 68 el sello de una degracion física é intelectual avan- zada. Su mirada apagada su fisonomía abotagada, su mano temblorosa, su mirada entorpecida le dan un aspecto caraterístico. No piensa ó piensa len- tamente; responde con trabajo á las preguntas que se le hacen; ha perdido el sentimiento de su dig- nidad y de su distinción natural - «Los alcoholizados pueden cometer en este esta- do de profundo embrutecimiento, actos delictuosos ó criminales, sin haber sido impulsados por fenó- meno alguno alucinatorio ó impulsivo, y el médico lejista es el llamado para dar á veces su opinión, acerca del grado de imputabilidad que le es apli- cable. Es imposible establecer en esta materia re- glas generales y absolutas. Cada caso particular suscita dificultades especiales. El alcoholizado, tal como acabamos de describirle, no es un hombre verdaderamente sano de espíritu, no está comple- tamente desprovisto de libertad moral, y será con mucha frecuencia tan difícil afirmar que es plena- mente responsable de sus actos, como pedir para él el beneficio de irresponsabilidad.* (1) Pero este estado, es todavia un estado transito- rio, que puede desaparecer, ó por lo menos, no ade- lantar; el alcoholista de Lombroso no existe todavía. Es menester que la intoxicación lenta y progresi- va, se haga crónica por naturaleza. «Esta intoxica- ción se traduce, desde su orijcn, por una caducidad física, intelectual y moral, cuyos caracteres hemos indicado. El alcoholizado empieza por embrutecerse; no es todavía un enajenado, pero se halla en el camino que conduce fatalmente á la locura. Al cabo de cierto tiempo, variable según la naturaleza y (1) Legrand-du Saulle-tratado de medicina legal, '1'. 2 pág. I42. 69 cantidad de líquidos injeridos y también según la resistencia del sujeto, los desórdenes se acentúan cada dia más y el alcoholismo reviste los caracteres de la demencia ó de la parálisis general.» «Apartir de este momento, el enfermo, bajo el punto de vista médico-legal y también bajo el punto de vista clínico, es un enajenado verdadero, al cual deben aplicarse todas las consideraciones que hemos expuesto precedentemente.» (1) Y aquí tenemos ya el tipo dejenerado de la raza humana, al alcohohsta sin voluntad-sin libertad- sin intelijencia, cuyos actos no le son imputables, y que si por una fatalidad se sintiese encaminado al crimen, encontraría bastantes causas para eludir la represión, en su organización física-en su de- gradación moral-y en la fuerza psíquica que in- terviene como factor principal para la determina- ción de tales hechos. La herencia es una ley biolójica en virtud de la cual los descendientes tienden á reproducir los mismos caracteres y anomalias de sus ascendien- tes-Esta ley no estiende su acción solamente al campo de la fisiología, presentando la especie re- producida con la misma confomacion somática y morfolójica; la doble faz en que la individualidad humana puede presentarse, se siente afectada por la ley de la herencia, y como dice el Dr. Gocnaga, «la trasmisión hereditaria no se detiene solo en las disposiciones morfolójicas del organismo, ella se extiende á los instintos, á las facultades percepti- vas, á la memoria, á los hábitos, á la inteligencia. (1) Legrand du Saulle-Medicina legal 1. c. 70 La herencia, como fenómeno natural y como un resultado propio de las funciones de procreación, habia sido indicada yá por Darwin, en su célebre teoría déla selección sobre el «Orijen de las espe- cies;» pero si éste pudo extralimitarse llevando sus conclusiones hasta el extremo de aceptar un gorila como padre y enjendrador de la especie humana- no se puede desconocer que hay un fondo de ver- dad en sus teorías-y que han sido amplia y minu- ciosamente estudiados todos los fenómenos natura- les, especialmente en cuanto se refieren á leyes biolójicas en orden á la reproducción. (1) La herencia como agente trasmisor del alcoho- lismo, y concretando enteramente la prolija clasi- ficación de los tratadistas, se divide en similar, y en desemejante-la primera, que trasmite el vicio á los descendientes en la propia forma que lo poseen sus projenitores-la segunda, que lo trasmite con alguna modificación. Sin necesidad de entrar en la comprobación de este hecho, que las ciencias naturales han admitido, y sin sernos de utilidad alguna estudiar la forma en que se opera y las causas que le dan lugar, vea- mos como el alcoholismo hereditario origina cri- minales, tipos para la escuela positivista, cuya (1) Es curioso observar como dos sociolojistas, filósofos y natu- ralistas distinguidos, Buchner y Spencer, se han asociado á Darwin en este orden de ideas, para buscar la solución de toda clase de fenó- menos en el seno de la naturaleza. Spencer, consecuente con su teo- ría sobre la evolución, ha estudiado en su obra «La especie humana,» los orijenes del atavismo, la ley fisiolójica que preside al mismo, y las causas de la fecundidad humana, relacionando todo con la teoría de la evolución y haciendo déla biolojia una ciencia especial, com- puesta, á la cual sirve el hombre como de tipo y de punto de obser- vación. 71 predisposición se manifiesta desde sus primeras manifestaciones en la vida de relación. Hemos dicho que la herencia no solo afecta el organismo en su parte endémica sino también en su constitución moral. El alcoholista trasmite el vi- cio con todcs sus atributos propios, con todas las circunstancias que han caracterizado su espíritu en el momento en que la enfermedad fué un hecho constante y apreciable-la psicomaquia del descen- diente, para valernos de esta expresión, se sucede en el hijo con igual vehemencia-con igualdureza - hereda su organismo como hereda su carácter. «Los herederos dejenerados son poseedores de un estado mental nuevo, en apariencia tan poco se- mejante al de sus antecesores, que no se hesitaría en negar el lazo de parentesco que existe entre las turbaciones intelectuales de uno y otro.» «Pero esto es solo aparente, y es sobretodo cuan- do los dejenerados deliran que se reencuentra la pista perdida por un observador superficial. Sus pensamientos delirantes, sus concepciones anor- males no tienen frecuentemente nada de orijinal; no es raro encontrar la traza de ellas en uno de los ascendientes. El dejenerado aparece entonces como una vasta síntesis, como una conglomeración de estados mórbidos diferentes, en medio de los cuales está obligado á abrirse camino conservando difícilmente su equilibrio.» (1) El alcoholista criminal, enjendrará posible, y aun probablemente, un alcoholista con la misma tendencia al crimen; será talvez el alcoholista que Lombroso ha conseguido distinguir del loco moral y del alienado; pero será también un tipo crimi- (1) M. T.egrain Hrredité et alcoolisme. 72 nal nato, que concurrirá al delito en virtud de fac- tores antropolójicos cuya influencia no se puede desconocer. Para los que rendimos un culto ardiente á la antropolojía jurídica, para los que estamos confor- mes en aceptar la existencia de un tipo criminal, existente en virtud de factores psíquicos, para los que creemos que las tendencias morales se here- dan en toda su plenitud, tales conclusiones no ca- recen de importancia, porque modifican totalmente la nocion del delito, como desvirtúan el carácter de la pena. El alcoholista descendiente, podrá ha- llarse enviciado desde su nacimiento, puesto que su oríjen le es fatal-podrá tener la predisposición al crimen, si es que sus padres la tuvieron-pero no será responsable, ante la sociedad y ante las leyes, de los actos que su estado le sujiera. Esta tendrá el derecho de prevenirse de sus ataques, de guardarse, y de esquivar en lo posible el con- tacto de un hombre que puede serle fatal-y lo hará por medio de sus hospitales, casas de asilo, casas de alienados ó establecimientos ad Jioc; pero no tendrá el derecho de encerrarle en penitenciarías y prisiones en que se guardan á los criminales responsables y en las que se purgan los delitos cometidos con discernimiento, intención y libertad. La herencia alcohólica es, pues, un factor de cri- minalidad,-y á este respecto podría citar infi- nitos casos prácticos y observaciones que lo com- probasen-entre otros, el tan conocido de la fami- lia Yuke, que descendiendo del alcoholista Max, produjo 200 ladrones y asesinos, 288 valetudinarios y 90 prostitutas durante lio años. Dejemos á la antropolojia y á la medicina le- gal determinar los casos de herencia alcohólica en 73 tipos criminales, en los que no haya lugar á la imputabilidad y prosigamos nuestro estudio social sobre la embriaguez á no sin transcribir antes un párrafo del distinguido naturalista Buchner. «El «resultado general de lo qne llevamos dicho sobre «la herencia, está por ahora, según la expresión de «Weizz, en la demostración de que en circunstan- «cias favorables, se verifica una trasmisión regular < de particularidades que orijinalmente eran solo in- «divíduales, y de que esta herencia tiene lugar con «los caracteres adquiridos después del nacimiento «no menos que con los adquiridos ántes. Al pro- «pio tiempo, los hechos que hablan en pró de la «trasmisión de ciertos caracteres intelectuales y cor- «porales adquiridos, y mas bien en pró de una in- «fiuencia que ejerce la instrucción adquirida, sobre «las cualidades de la descendencia, nos abren una «perspectiva de sumo interés para la psicología y «la historia de la civilización, que puede servir de «punto de partida de un método particular, para ex- «plicar las transformaciones y el desarrollo progre- «sivo de un pueblo, tanto en lo físico como en lo «intelectual. De todos modos, ya se comprende, «hasta cierto grado, como es posible, conforme co.i «el orden de la naturaleza, una transformación pro- agresiva, no solo en los individuos sino en los pue- «blos, en lo tísico é intelectual, con ayuda del tiem- «poy de circunstancias favorables y ya tenemos «una antorcha para aclarar una cantidad considera- «ble de problemas difíciles en la antropolojia, psi- cología y la historia de los pueblos.» «Para deducir las conclusiones que, enlazando en- «tre sí los hechos, enriquecen positivamente la cien- acia, debemos aguardar hasta poseer mas observa- 74 «ciones, que nos instruyan mejor sobre las propie- «dades y los límites del campo en que aquella ley «ejerce su acción», (i) (1) Luis Buchner, Ciencia y Naturaleza-Cap. I4. Herencias fisiolójicas. Esta obra, como las de Spencer que he citado, ofrecen detalles é ideas de mucha utilidad para la resolución de gran nú- mero de problemas socia'es. CAPÍTULO III. La embriaguez como factor de la criminalidad en la República Argentina. SUMARIO-El tipo argentino - la esta- dística - La ebriedad - su desarrollo en relación con los paiseseuropeos-Buenos Aires y Córdoba, Criminali- dad - Especialidades. Las lesiones corporales - Esta- dística de los delitos-Rosa- rio de Santa Eé - Relaciones entre la ebriedad y la de- lincuencia-Curvas de. una y otra-Deficiencias de obser- vación. De cuanto dejamos dicho en los capítulos ante- riores, se infiere el papel de la embriaguez en los delitos de sangre; el vicio cuya influencia es bas- tante poderosa para dominar la voluntad y ahogar la voz del instinto, preside, en unamavoria abso- luta de los casos observados, á la ejecución de los delitos de sangre. La República Argentina, con una población hete- reojénea, en la que las ideas de sociabilidad no están aún bien arraigadas, en la que el vicio, si bien superfi- cial y sin consecuencias importantes por ahora, se halla bastante propagado-nos ofrece, por desgracia, ejemplos bastante frecuentes de los extremos á que conduce la embriaguez. El paisano-tipo altivo y generoso-valiente hasta el heroísmo, compasivo hasta la caridad- 76 presenta diariamente la demostración palpable de que la ebriedad es la causa principal de los delitos de sangre; su vida semi bohemia, su extremada susceptibilidad, el choque continuo que, sin otra ra- zón que el valor personal, se produce entre los asiduos concurrentes de nuestras pintorescas pul- perías, ofrecen á cada momento la ocasión de en- sayar sus puñales, sin otro objeto que dominar al adversario, y mostrar ante la concurrencia impro- visada, el espectáculo de su superioridad física y de su incontrastable fuerza moral. El bajo pueblo-el mulato, fornido de músculos y perverso de espíritu, se complace en la lucha- cuando su cerebro está exitado, cuando sus nervios tendidos reclaman mayores emociones, provoca y lucha, sin odio, sin rencor alguno, para deleitarse, para satisfacer las impropias exijencias de su espí- ritu y de su valor. Nuestros cafées ó mejor nues- tros cabarets y tabernas, están siempre concurridos; en ese mostrador, húmedo y súcio de la bebida, al compás de una murga atronadora, se vacían sen- dos vasos de bebidas-y cuando ellos han produ- cido su efecto-cuando las cabezas bambolean y las piernas se doblan, la menor insinuación, la mi- rada menos insolente basta para producir un con- flicto-los cuchillos relucen y raro será no quede en el sitio alguno de los combatientes. En la República Argentina la mayor parte de los delitos de sangre se cometen en estas condi- ciones; no se mata, no se hiere por interés; aquí no hay asaltos á mano armada; aquí se lucha por vencer y se derrama la sangre de un hermano solo por acreditar el valor, ó por obedecer á las su- jestiones de un estado anormal-y no puede ser de otro modo, dada la índole caballerezca, el es- 77 píritu franco y el noble desprendimiento de nuestros paisanos-las riquezas no le seducen; acostumbrado á su vida bohemia, encuentra su ídolo en la liber- tad, su riqueza en su trabajo-su porvenir en su valor. Cuando está ebrio lucha-pero nunca mata- siente la dignidad en sus menores pasiones y obe- dece á un fatalismo ciego y enervador. Para poder, sin embargo, determinar con certeza lo que es la ebriedad en la R. A y la intervención que ella toma en los delitos de sangre, será me- nester referirnos á la estadística y compulsar las cifras; desgraciadamente, nuestra estadística es en extremo deficiente y los datos y observaciones que podemos suministrar solo alcanzan á una parte mínima de su territorio-á la capital federal, pro- vincia de Buenos Aires y provincia de Córdoba. Santa-Fé, que por su población industrial, por su riqueza, por su comercio, está íntimamente ligada á la solución de todos nuestros problemas sociales, no ofrece sino escasos é insignificantes datos al respecto-pero es sabido, sin embargo, que si en algún punto de la República la criminalidad se acentúa y llega á preocupar sériamente la atención de los poderes públicos, es en el Rosario, donde diariamente encontramos delitos de sangre, cuyas causas ocasionales y cuyos factores sería fácil de- terminar, sí en cada caso la autoridad hiciese una requisición minuciosa y estableciese un sistema de estadística criminal. Las provincias andinas, San Juan y Mendoza- en las que, por razón del clima y de la clase de trabajo á que una gran parte de la población se dedica, debería ofrecer datos interesantísimos en esta cuestión, no nos ha suministrado ninguno- inútilmente los he solicitado de infinitas personas, 78 creyendo que allí, donde la producción de vinos y bebidas se hace en grande escala, podría encon- trar antecedentes de importancia para la solución de este problema-no mehasidoposible conseguirlos, á pesar del empeño con que los he solicitado y de la buena voluntad con que me fueron ofrecidos. Igual cosa me sucede con las provincias de San- tiago del Estero, Catamarca, Rioja, San Luís, Salta, Jujuy, y Corrientes. En la Provincia de Tucuman no hay propiamen- te una Oficina de Estadística criminal, ni tampoco estadística policial; los delitos y contravenciones son materia de rejistros, en la misma forma que los rejistros comunes en la oficina de estadística-sin especificación de la clase, causas, estado del crimi- nal y demas circunstancias que pudieran servirnos en este estudio; y Tucuman, por suposición geo- gráfica y por su producción alcohólica, se halla tam- bién en condiciones de suministrar muchos y pre- ciosos datos sóbre la ebriedad-El alcohol absoluto, el aguardiente y varias clases de bebidas fermenta- das, constituyen una fuente de producción para esa Provincia, y es casi seguro que intervienen muy eficazmente en la realización de muchos fenómenos sociales, á los cuales, con sentimiento, no podemos referirnos por los múltiples inconvenientes que de- jamos consignados. El crimen, en la R. A., y especialmente los crí- menes de sangre, se caracterizan por ciertos y de- terminados hechos; ellos no constituyen una serie de violaciones á la ley; el crimen tiene sus inter- mitencias y solo después de ciertos periodos, le vemos aparecer. Tales crímenes, cometidos con todo el aparato y sijilo necesarios, y con un lujo de precauciones digno de admirarse, cuya ejecución 79 se ha llevado á cabo con una habilidad y destreza insuperables, escapa, sin embargo, raras veces á la acción de la justicia; parece que hubiera mas em- peño en descubrir los hilos de la trama, mientras mas hábilmente han sido tejidos; y si el crimen se descubre, si sus autores comparecen ante la justi- cia, raras veces se puede determinar los móviles, su causa eficiente y el estado patolójico de cada uno de los actores. En esta clase de crímenes, la embriaguez no interviene-pero en seguida encon- tramos un segundo orden de delitos mas comunes y en los que la embriaguez se manifiesta en toda su fuerza-Nos referimos á los delitos de sangre que casi diariamente se ocasionan con motivos de riñ is, altercados, disgustos, etc, y en los que regu- larmente, una de las partes, sino ámbas, se encuen- tran en estado de ebriedad. A pesar de esto, y de- bido sin duda á las condiciones especialisimas en que se encuentran los belijerantes, esta clase de delitos están también caracterizados y constituyen un orden particular-las lesiones corporales. Es muy raro que el homicidio se produzca; será me- nester hallarse sumamente enconado-tener ins- tintos verdaderamente perversos, para extralimi- tarse é ir basta la consumación del mas grave de los crímenes-y la estadística nos demuestra, que la tres cuartas partes de los delitos cometidos en es- tado de embriaguez corresponden á esta categoría- Tomamos, para deducir estas conclusiones, la ca- pital federal y Provincia de Buenos Aires, como punto de observación, por encontrarse allí la mayor suma de datos, y ser la fracción mas importante de la República por su población, medios de vida, cultura social, etc. En Buenos Aires, pueblo esencialmente cosmo- 80 polita, en el cual encontramos agrupados todos los inconvenientes, ventajas, virtudes y vicios de los pueblos europeos; donde el injenio y la habilidad hallan un extenso campo para operar-donde la astucia se desenvuelve con facilidad asombrosa- donde todas las pasiones fermentan y donde la acti- vidad y la vida se manifiestan con amplitud, es donde debemos estudiar la ebriedad, primero en si misma y luego en sus relaciones con la crimina- lid id-La ebriedad ha sido colocada en el número de las contravenciones y sujeta á una pena pura- mente policial, que más que pena es prevención, y que puede aumentar ó disminuir, según la gra- vedad del caso y según las circunstancias que con- tribuyan para caracterizarla. Tales hechos, que son puramente del dominio interno y materia de regla- mentación y disposiciones especiales, están sujetos á la lejislacion policiál y municipál, cuyas autori- dades son las llamadas á juzgar en los casos de violaciones á las ordenanzas emanadas de una ú otra. Pero, á pesar de las ordenanzas explícitas y ter- minantes sobre este punto, no puede evitarse que la embriaguez se produzca y con ella, el cortejo de males é inconvenientes que le son anexos; pero lejos de asumir una forma esencialmente corruptora y profundamente arraigada como en Europa, ella se nos presenta templada por la moderación y con un cierto carácter de benignidad, que aminora la fealdad del vicio y atenúa sus consecuencias pro- bables. Es en efecto, un caso especialisimo y digno de estudio, el de un individuo que pasando sensi- blemente por todos los periodos del vicio, llegue hasta sus últimos extremos-aquí el vicio no se in- vetera v es solo en ciertos dias, como los domin- 81 gos v dias festivos, en los que nuestro Bajo pueblo se emborracha-como una expansión de espíritu v como un placer del que solo goza periódicamente.- Por otra parte, la ebriedad no está tampoco tan difundida-los ebrios pertenecen á una casta esclu- siva, en la que las ideas rejeneradoras de la época van penetrando paulatinamente v depositando los gérmenes de la cultura social mas elevada; en Euro- pa, en algunos pueblos del Norte especialmente, el desarrollo de la embriaguez es alarmante-en Suecia y Noruega, el bajo pueblo está compuesto por ébrios, y en Inglaterra, la nación que más se vanagloria de su cultura, se cometieron de 1867 á 1868, según estadísticas de Ferry, 111.468 delitos en estado de embriaguez-Nuestras estadísticas arrojan cifras relativamente menores en compara- ción con las que arrojan las estadísticas europeas; durante el año 1889, los registros policiales solo consignan 31.08 entradas al Departamento Central por ebriedad, y 46462 á las comisarias, una mien- tras que en Inglaterra, por ejemplo, la propor- ción de la embriaguez oscila diariamente entre 1 por cada 57 habitantes en el país de Gales-1 por 59 en Inglaterra y I por 94 en Londres-esta cifra se eleva considerablemente los domingos y dias festivos, en los cuales asciende en cada loca- lidad respectivamente, á 1 por 9, 1 por 11 y 1 por 16 habitantes. Así pues, vemos por las cifras, que ni en sn desarrollo, ni en sus manifestaciones culminantes, ofrece la ebriedad caracteres que- deban alarmar- nos; á partir sin embargo de esta fecha se ha no- tado un extraordinario crecimiento en las cifras que representan las contravenciones por ebriedad, y en el año siguiente (1888) la gefatura de Policia de Buenos Aires, preocupándose de ese aumento, cu ya tendencia progresiva era evidente, dió el edicto de Julio 10 del 89, elevando la multa, alargando el arresto, y de acuerdo con las facultades que le conferia el Cgo. de Proc. Crim. reagravando la fal- ta con la reincidencia, acumulando las penas y graduándolas. El aumento de la ebriedad, en 1888, podria atribuirse á otras causas que á una mera ca- sualidad, y entre ellas á la masa inmigratoria que diariamente nos llegaba del viejo mundo, si ese au- mento hubiera sido consecuente y se hubiera ma- nifestado en lo sucesivo con igual intensidad-las alternativas tan bruscas que presenta la ebriedad no están acordes con la progresión que seguirla sino militaran otras causas que el aumento de la población-Así, la cifra que representa en 1887, es una cifra relativamente insignificante, pues solo se eleva á 0.62 ojo como dijimos anteriormente, mientras en 1888 alcanza á 10 ojo, disminuyendo en 1889 á 8 y 1¡2 ojo, habiéndose producido en este año 15000 y tantos casos menos de embria- guez que durante el año anterior. (1) En cifras, las entradas al Departamento de Po- licía, durante los años 1889 á 1889, representan las siguientes. O Año 1885 entrados 28.252 Año 1888 entrados 55.599 > 1886 » 40 960 > 1889 » 40.593 > 1887 » * 49.570 Las diferencias, pues, que la estadística nos presenta entre un año y otro, en la producción de (1) Este cálculo no es rigurosamente exacto, pero si bastante aproximativo. En la estadística de 1888 están comprendidos tam- bién los reincidentes, cuyo número es bastante crecido. 83 la embriaguez, son bastante considerables, pero de todas maneras, se puede consignar como un hecho evidente, que ella ofrece un carácter de benignidad desconocido por completo en los paí- ses europeos. CfCreo no estar fuera de la verdad "anticipando una idea que el análisis y la observa- -cion estadística me presentan. Buenos Aires «no ha Iletrado á una degradación alarmante en «sus bajas clases sociales que reclame medidas «represivas enérjicas. Las costumbres pueden ha- «berse resentido algún tanto al empuje de esas de vicio que nos,vienen de Europa, con- «fundidas con gérmenes sanos y de prosperidad, «pero conservan aun la suficiente enerjía moral, «para sustraer á la corriente muchos elementos «que serian perdidos en una sociedad menos pura «ó menos nueva.» (1) Y esta opinión es tanto mas fundada, cuanto mas se manifiesta el carácter de un pueblo en una infinidad de curiosos detalles. La criminalidad por ejemplo es, sino menor, igual en la República Ar- gentina que en los países europeos, no obstante la fisonomía enteramente cosmopolita de nuestras po- blaciones y las insuperables desventajas de ¡a ig- norada; hasta el sentimiento de la nacionalidad contribuye por su parte para provocar el aumen- to de la criminalidad, no obstante lo cual, estamos aun muy lejos de superar las cifras que arrojan las estadísticas europeas. Asi tenemos. (i) Méndez Casariego La criminíjlidad en B. A 1889. 84 Ciudad de v Cifras efectivas 32 1S87 Proporción para 100.000 ha- Buenos Aires1 hitantes 7.11 r iqq/iÍCifras efectivas . . . .2.445 Italia- iyM^prOporcion p.a 100.000 hab. 8 59 l\i • a qq9 1 Cifras efectivas 599 emanl" (Proporción p.a 100.000 hab. 1.32 |„ . . A Cifras efectivas 726 | rancia <_ (Proporción p.a 100 000 hab. 193 ir . ~ Cifras efectivas 1148 spana- (Proporción p.a 100.000 hab. 6.89 p . -(Cifras efectivas .... 177 ariS ' ' °(Proporción p.a 100.000 hab. 7.86 HOMICIDIOS DIVERSOS De donde resulta que en nuestras poblaciones, que no son otra cosa que compuestos conexos de elementos enteramente heterojéneos-mezcla des- proporcionada de individuos de todas las naciona- lidades y de todos los climas, y que por sus con- diciones biolóo-icas deberían ser mas criminales, se colocan á la par de las naciones de Europa que, por su cultura social y por la instrucción y edu- cación de las masas populares, se encuentran en condiciones mucho mas favorables, como veremos en el próximo capítulo. Así, pues, capitulando, tenemos que si bien la ebriedad en cuanto á su estension, está más ó mé- r»' m la misma relación que las naciones euro- está, sin embargo, en cuanto á su intensidad efectos, caracterizada por una laudable ad que atenúa sus consecuencias probables »s desastrosos efectos de que son un ejem- e las poblaciones fabriles c industriales obreras de Alemania. 85 Los datos que la estadística arroja sobre la ebrie- dad y á contar desde el año I '87 hasta la fecha, son los siguientes: Remitidos a! Departam -n'i> lía las comisarias 1887; Hombres Mujeres 2771 337 45435 1027 ¡ 49570 1888 ¡ Hombres Mujeres 4456 674 48722 ( (747 i 55599 i 1889' / Hombres Mujeres 8242 902 29937 i 1512 i 40593 La línea, pues, que representa la ebriedad, se eleva á su máximun en el año 1888, describiendo después una curva bastante sensible en el año 89, en el año 1890 no se conocen aun los resultados por no estar computada la estadística, pero según un cálculo que he hecho, fundándome en los datos del boletín mensual de estadística de Buenos Ai- res, que conceptúo rigurosamente exacto, encuen- tro que las entradas al Departamento Central de Policía, por cau-a de ebriedad, ascienden á la cifra asombrosa de 16011 que representa aproximativa- mente el doble de la cifra que arrojan los años en los que la ebriedad asumió proporciones mayo- res. Y vemos que á pesar de esto, no se ha notado en la criminalidad un aumento sensible, lo que vie- ne á corroborar la opinión ya emitida de que, si bien la embriaguez es un factor importante en la ejecución de los delitos de sangre, ella se carac- teriza entre nosotros por su relativa bondad. «La «observación de varios años, dice Mendez Casarie- "go, en la fuente misma de los datos, me ha se- «ñalado este hecho-que la criminalidad de Buenos «Aires, en general, no tiene por actores á esa 86 «clase abyecta que vive del vicio. Salen sí de allí <una clase de delincuentes que alimentan una clase <de delitos-las lesiones corporales.* Esto, que puede considerarse como algo raro, pues es un hecho evidente é incuestionable que la ebriedad y la criminalidad están en una relación íntima, se manifiesta entre nosotros con un carácter sumamente bondadoso; como dice Mehdez Casa- riego, nuestros borrachos á penas si son algo mas que borrachos inofensivos, que en sus momentos de mayor obsecacion, nunca llegan sino hasta las lesiones corporales. Por lo demás, la ebriedad, ni en cuanto á su forma ni en cuanto á sus atributos, sigue aquí la misma trayectoria que en los países europeos; en cuanto á su forma y extensión, como hemos repetido, está reducida á la espresion mínima, y en cuanto á sus atributos, estamos aun muy lejos de experimentar los efectos desastrosos que el vicio arraigado produce en las poblaciones europeas; la prueba está en que no tenemos aquí esa cantidad inmensa de enfermos que pululan en los hospitales del viejo mundo, y cuyas dolencias son producto del abuso de los espíritus y de la intoxicación; las casas adhoc existentes en la capital federal, acusan, re- lativamente, una cifra muy inferior de casos de al- coholismo, ú otras enfermades, ocasionadas por el alcohol. De todo lo dicho se infiere que, si bien el vicio de la ebriedad está muy difundido en nuestros bajos fondos sociales, no se presenta con ese sello de malignidad que la hace tan terrible en las ciudades europeas-y que en sus relacio- nes con la criminalidad, con raras escepciones ocasiona otra clase de delitos que los comprendi- dos bajo la denominación general de «lesiones cor- porales. 87 Hace á nuestro objeto transcribir aquí los cua- dros de la ebriedad en la Capital Federal, para po- der en seguida relacionarlos con la criminalidad, como así mismo, para hacer más fácil el estudio de sus causas y las maneras de prevenirla: Año 1887 Cuadro número 2.° Mendez Casariego pájina 30. Año 1888 Cuadro número 3.° Memoria de la Policía de la Capital pájina 326 y número 4 allí. Año 1889 Cuadro número 5.° Memoria de la Policía de la Capital, 1889 y 1890, pájina 428 y número 6 pájina 431. Todos los cuales se verán al final de este capí- tulo. Provincia de Buenos Aires.- Los antecedentes necesarios para poder relacionar las curvas refe- rentes á la ebriedad en la Provincia de Buenos Aires, nos son desconocidos.-A costa de grandes esfuerzos nos ha sido posible conseguir los datos que solicitábamos, respecto del año 1889, cuyos cuadros y datos nos limitaremos solo á exponer, por no sernos posible ampliarlos, dada la carencia de otros con los cuales relacionarlos y hacer un estudio comparativo del movimiento de la ebriedad en diferentes años. Habla el informe:-«Una de las causas princi- pales de los delitos contra las personas es el ahu- eso de las bebidas espirituosas; de los 192 homi- «cidios perpetrados en la provincia, tenemos que «el 20.83°/o han sido cometidos bajo su influencia «y si comparamos también las tentativas de homi- «cidio y las lesiones, vemos quede los 145 hechos «producidos por la primera causa, y de los 1,628 88 «que corresponden á la segunda, tenemos 13.72 «y 26.36 /0 respectivamente, de hechos cuyo on- »jen responde al abuso del alcohol. ' «Los 1979 hechos tienen la siguiente descompo- «sicion según causa: Homicidios 192 Tentativas de homicidio 145 I ¡979 Infanticidios 14 1 Lesiones ' 1628 Casi el total de los delitos cometidos en la ciudad de la Plata, en estado de embriaguez, son lesiones corporales, lo que viene á comprobar la verdad de los que anteriomente deciamos, al tratar de sus caracteres generales en la República Argentina. El número total de ébrios, entrados en los De- partamentos de Policía de las diversas localidades de la Provincia de Rueños Aires, durante el ano 1889, es de 9445, que se reparten como sigue: CIUDAD CAMPAÑA Remitidos al Depar- ) varones 8 tamento • í> \ mujeres Puestos en libertad en las comisarias o ) varones 3396 * mujeres Puestos á disposición de los Intendentes Municipales 123 5840 ] varones * mujeres 75 --- : T otal 3530 5915 89 Esta cifra, que relativamente á las demas pobla- ciones, y sobretodo ala Capital Federal, es suma- mente baja, no debe tomarse como absoluta; ella se refiere solo á los ebrios que han tenido entra- da á los departamentos de policía y no al total de ebrios existentes.-Es sabido que en la campaña, donde las ordenanzas no tienen casi fuerza com- pulsiva, donde la ebriedad no se considera como un delito y donde las policías son en extremo de- ficientes, la ebriedad no se castiga como es debi- do-y podría asegurarse que el total de 5915 en- tradas que la estadística porteña nos señala, no son puramente por ebriedad, sino que habrán sido acompañados de desorden, lesiones ú otro delito mas o-rave. O Córdoba.-En la Provincia de Córdoba la ebrie- dad no difiere en sus caracteres generales; los fac- tores físicos, antropolójicos y sociales del delito podrán influir, é influirán indudablemente, en la pro- ducción del crimen - la ebriedad misma, como fe- nómeno abstracto, se sentirá resentida del cambio de medio-ambiente; pero debido quizá á la insig- ficancia en las variaciones de los factores del de- lito en general y del medio ambiente en que se efectúa, no se manifiesta una desviación aparente, y sensible en las curvas de la ebriedad y crimi- nalidad en esta Provincia. Aquí, como allí, y como en toda la República presenta la misma forma, ofrece las mismas ano- malías, determina los mismos fenómenos; la ebrie- dad está sometida á una regla invariable en cuan- to á sus caracteres y á sus efectos, aun cuando en extremo variable respecto de su extensión. Pero como esa extencion, ni como fenómeno social, ni aún en el orden doméstico ó puramente 90 individual, dá lugar á otras consecuencias que las que dejamos enunciadas, no insistiremos en ellas, limitándonos á consignar las variaciones que sufre la ebriedad en cuanto á su desarrollo y en cuanto á la mayor extensión y profundidad que la vin- cula con las costumbres y modalidades de nuestro bajo pueblo. Representando en cifras el movimiento de la ebriedad, tenemos que, á contar desde 1887, ha seguido el siguiente curso: O O 1887-Ebriedad y otros excesos I 188g « y pelea « y desorden Hay aproximativamente un 20 °/o menos en las entradas al Departamento de Policía durante el año 1887 relativamente á 1886; el promedio men- sual de ese año ascendió 260.1, lo que hace un total de arrestados igual á 3122-en tanto que en 1887 estas cantidades solo alcanzan á 2465, igual al promedio mensual de 205.4, resultando en el año un decrecimiento absoluto en la criminalidad, igual á 657 cuya cifra responde á la proporción de 26.66 °/„ (Mem. de Est.) Como en años anteriores, las contravenciones constituyen la nota dominante en la criminalidad, y entre estas, la ebriedad sobresale por el núme- ro considerable de entradas coa que contribuye; en general, las contravenciones, comprendida la ebriedad, desorden, uso de armas, vagancia, rate- rías etc. asume la elevada proporción de 80.65 o[o sobre el total de entradas al Departamento, y la ebriedad próximamente representa el 60 ojo so- bre e] mism total. 91 Durante el año 1888, la linea de la ebriedad es- tá representada por las siguientes cantidades. Ebriedad 1244 id y desacato á la autoridad 87 id y estropear á la mujer 89 ¡ id y desorden 135/ 1791 id y pelea 112 id y heridas 114 id y robo 4 i id y estropear á la madre 1' id y » » un extraño 3 l id y » » un hijo 2 1889 Ebriedad 578 id y desorden 465 , id y resistenciaá la autoridad 58/ id y pelea 129' id y robo 1. 1338 id y escándalo 1021 id y usurpación de autoridad 1 id y desacato 4 1890 Ebriedad 820 id y otros excesos 13691 97J- id y pelea 179i ° id y desorden 377 En el año 1890 la cifra se ha elevado, y las en- tradas al Departamento de Policía por embriaguez representan la cifra de 65.21 °/0 del total de entra- 92 dos por diversas causas: (1) Como se vé pues, y de conformidad á cuanto dejamos dicho-la ebrie- dad, en cuanto á su extensión, no deja de manifes- tarse sériamente, toda vez que del total general de las entradas al Departamento de Policía, tanto aquí como en el resto de la República, la ebrie- dad siempre representa una cifra superior al 60 0/0; pero en cuanto á sus efectos, nó; si ella intervie- ne evidentemente en la criminalidad, solo lo hace, con pocas escepciones, para determinar un solo orden de delito, las lesiones corporales-y en cuanto á sus relaciones con las leyes sociales, re- pito, estamos aun lejos de llegar al límite que la naturaleza señala para esta clase de fenómenos, y no podemos resentirnos de tener una sociedad es- clavizada por sus propias culpas y una raza dejene- rada y raquítica como producto de sus propios excesos. Al norte, á medida que se avanza por re- giones mas tropicales y por países mas y mas cá- (1) Las entradas á que se refiere esta estadística, cuya cifra re- lativamente baja podría hacer dudar de su exactitud, es tomada del resúmen anual de los cuadros de la Oficina de Estadística de esta capital; hav una diferencia entre ios datos de esta Oficina y la es- tadística policial la cual consiste en que. aquella solo se refiere á las entradas al Departamento Central, y la segunda tanto á esta como á lar, comisarias de las diversas secciones del municipio-El total de entradas correspondiente á I889 según la memoria de Policía es de 10.527 de los cuales son Por ebriedad y escándalo 4.709 < « « « y uso de armas 910 « y pendencias 864 6.483 Com > no teníamos mayores datos, no he querido referirme á ella prefiriendo hacerlo a los cuadros de la oficina de Estadística corres- pondientes á varios años; por otra paite, si bien entre una y otra hay la diferencia consiguiente al valor de las ciftas, no la hay en cuanto á la propor ción que arrojan entre el total de preses entrados y los presos por ebriedad. 93 lidos, todos estos fenómenos experimentan mayores variaciones; al tratar de los factores físicos del de- lito veremos como esta operación se efectúa y cual es la intensidad que en distintas localidades asume la embriaguez, sin poder referirnos á datos estadís- ticos, en razón de su escasez; veremos no obstante como por razón del clima, es diferente en Tucu- man, Mendoza y San Juan; en razón de sus con- diciones sociales, se gradúa en Buenos Aires, Cór- doba, y demas provincias del litoral, comparativa- mente coa Santiago del Estero, por ejemplo, y finalmente como se acentúa en aquellos puntos de la República que, por circunstancias especiales, le ofrecen un medio ambiente propio para su desar- rollo. Todo esto no obstaculizará la bondad de las con- clusiones que tanto de las estadísticas como de la exposición anterior, hemos deducido; íí saber que la ebriedad, en cuanto á su extensión, es igual en la R. A. á los países europeos; siendo sumamente inferior en cuanto á sus efectos físicos y caracteri- zándose, en sus relaciones con los delitos, por la intervención que toma en las lesiones corporales. Criminalidad-La fisonomía moral del pueblo ar- gentino se presenta en su más ámplia desenvoltura y en sus verdaderos rasgos típicos, cuando se echa una ojeada sobre el movimiento de la criminalidad. Puede constatarse, con muy pocas excepciones, cuales han sido los móviles y cual la causa deter- minante en los delitos consumados-y es agradable decirlo, raras veces hay determinaciones precisas, causas anteriores á las que él obedezca. Quien haya alguna vez mirado, aunque superficialmente, lo que representa y significa la criminalidad en Europa y cu seguida relacionadola con la nuestra, podrá apre- 94 ciar la importancia de la una y de la otra. Allí, en las ciudades populosas, donde se revuelven y ají- tan entremezclados en el más impuro consorcio, las escorias de la humanidad y las dejeneraciones del vicio-donde las pasiones groseras dominan sobre la bondad de la naturaleza-donde el instinto no es muchas veces más que una fuerza bruta, sin razón, sin explicación y sin sentido; donde el individuo no es otra cosa que una entidad pasiva, sin conciencia de sus deberes, sin conocimiento de sus derechos; donde cada uno busca para si, obedeciendo á las sujestiones de la necesidad física; donde la máxima felicitas y el interés individual es la norma dirijen- te de conducta; en esos focos de la corrupción y del desorden, es donde debemos buscar al criminal en sus más repugnante investidura, y al crimen en su mas baja manifestación. Este no es otra cosa que un producto natural y lójico de ese estado de degradación, en el que se desconocen todas las nociones morales, en el que la individualidad es an- terior y superior á toda ley, en el que el mal pierde sus atributos en razón directa del bienestar que retribuye. En la R. A., decimos en otro lugar, el vicio no se invetera-la criminalidad es aquí la resultante de fuerzas extrañas y opuestas que se chocan é im- pelen al sujeto á la ejecución-es obra extraña en la que la razón no interviene y en la que el cál- culo ó el interés no dominan-El crimen, con sus condiciones necesarias, el crimen generado, pasando gradualmente por todas las alternativas que ofrece la posibilidad de su realización-el crimen precon- cebido, con un plan, con una tendencia y un pro- pósito deliberado, con un objeto que constituirla su fin, no lo encontramos aquí; eso es patrimonio es- 95 elusivo de las sociedades viejas y corrompidas, en las cuales el vicio v el mal son una escuela-las sociedades jóvenes y puras le desechan, porque ne- cesitan asegurar las condiciones de su existencia, y ella no es posible sin orden, sin armonía y sin con- cierto-Las sociedades jóvenes y sanas, matan todo elemento de destrucción, con el exceso de fuerza, de actividad y de vida-combaten el mal por lo que éste representa en si mismo, nó por lo que daña á tercero. - En la R. A. el crimen preconcebido y realizado merced ¿'i un plan en el que intervienen múltiples factores, es desconocido-el crimen por interés es raro-el crimen por maldad es mas raro aún-los delitos no son otra cosa que una resul- tante de ciertos estados patolójicos que obran so- bre ciertas naturalezas desgraciadas-aquí se hiere pero no se mata-el ébrio es un ser inofensivo-el mulato y el paisano, dos caracteres irrascibles que nunca llegan al homicidio y siempre se detienen en el dintél donde principian los atentados contra las personas - el interés es una palabra vacía y la mal- dad, como causa generadora de delitos, es algo que repugna al sentido moral y cab llerezco de es- te pueblo. Castruccio y Castro Rodríguez son dos anomalías llamadas á despertar de su prolongado letargo la atención pública-Galeote fué algo me- nos que un loco pero algo mas que un malvado. El crimen, con todos sus atributos, es demasiado raro para que se le pueda tomar en consideración; tanto, que podría hacerse una historia suscinta de de ellos sin necesidad de consultar los archivos y rebuscar las causas criminales; los años trascurren sin que la tranquilidad pública se altere por tales hechos, que parecen obedecer á una ley invariable, y que se producen aisladamente, después de largos 96 periodos de tiempo. El segundo orden de delitos de sangre, es muy común-las lesiones se producen entre nosotros con tanta frecuencia cuanta es posible á un pueblo entregado incesantemente á la labor y á la contracción; diariamente se ejecutan actos de igual naturaleza, que si bien no son de conse- cuencias en absoluto fatales, sientan un precedente indigno en la historia de nuestra civilización. Que causas concurren para fomentar la existencia de esa clase de delitos, y porqué se manifiestan con tanta liberalidad, es cosa que queda librada al criterio del sociólogo-nosotros repetiríamos aquí lo que hemos dicho al tratar de la ebriedad-el pueblo argentino se caracteriza por la bondad que preside á todas sus acciones; el mal, el crimen mismo, está templado por la piedad, y solo el vicio muy arraigado, el instinto verdaderamente perverso pueden determinar cierta clase de hechos. La ex- plicación de la generalidad de las lesiones debe buscarse á la par que en el carácter, en las con- diciones particulares, físicas y sociales de este pueblo. El secreto de la moralidad popular es algo que está al alcance de todos y que no requiere ni ob- servación ni estudio. «Los crímenes, en general, dice «Mendez Casariego, son crímenes aislados, que no «tienen ramificaciones y que generalmente se co- «meten sin idea mercantil-son mas bien el resul- «tado de la explosión de tendencias mórbidas- «apareciendo en los delitos menores los delincuen- «tes de ocasión y por costumbre adquirida. La «idea del robo, como necesidad, desaparece por «completo en presencia de la riqueza del país y de «sus abundantes medios de vida. La miseria solo «existe entre la gente viciosa » Así, las causas de 97 la criminalidad y en especial de la clase particular de delitos que forman su mayoría, está limitada aun cierto orden de fenómenos que constituyen las con- diciones biolójicas de la sociedad. En punto á su extensión y á la mayor ó menor intensidad con que se presenta al observador, es doloroso decirlo, ella se acentúa año por año, pero á la vez que aumenta en cuanto al número total de casos, no se eleva en cuanto á la significación; «el estado actual de la criminalidad si bien par- ticipa del acrecentamiento que impone el desar- rollo de población de la capital y el empeora- «miento de sus condiciones morales, consecuencia «de la diversidad de razas y caracteres que son «propios de una ciudad tan cosmopolita-es alta- emente satisfactorio en cuanto á su expresión nu- «mérica, y lo es mas aún, si se considera que los «hechos en que mas se manifiesta la perversidad «de los hombres se encuentran casi eliminados de «los cuadros!!» Comparativamente con Europa, ni en cuanto á la moral-ni tampoco en cuanto á la extensión de la criminalidad podemos compararnos. Eos años en los que el movimiento de la crimina- lidad se ha acentuado, arrojando cifras que des- truye todo cálculo de probabilidad, no hemos llegado á la cifra ordinaria que representa la cri- minalidad en el viejo mundo, (véase el cuadro l.°); esta es también la opinión del gefe de la Oficina de Estadística de Policía en Buenos Aires, quien para evidenciar este hecho compara las cifras, de donde resulta, que habiéndose cometido en la ca- pital federal cuatro asesinatos durante el año, se han aprehendido 46 criminales por igual causa en Paris, lo que no dá tampoco el número exacto de delincuentes, sino solo el de los delincuentes apre- 98 hendidos-siendo esta cifra en 1885 de 30 indivi- duos y de 198 y 216 respectivamente en los dos años subsiguientes-mientras en Córcega se han cometido 130 asesinatos en dos años. Esto habla mucho en favor nuestro; esto demuestra que el pueblo argentino tiene condiciones excelentes y que á pesar de nuestro atrazo y del estado rutinario que en punto á cultura social nos hallamos respec- to de Europa, podemos darla provechosas lecciones sobre moralidad. Los delitos de sangre, al rededor de los cuales estamos agrupando datos-y los que mas contri- buyen aquí en la escala de la criminalidad, presen- tan pues un coeficiente bastante bajo: ellos han contribuido en la estadística en la siguiente pro- porción durante los años 1885, 86 y 87-para el l.° con 576 casos, para el 2.° con 727 y para el 3.° con 664. En el año 1886 se pronunció un lijero aumento en los crímenes, cuyas causas no se han llegado ¿t averiguar, atribuyéndolo algunos á deficiencias en el servicio de policía-para nosotros ese aumento no sería extraño á las leyes de saturación criminal, que corresponden, en la República Argentina, á los periodos de lucha electoral. La progresión ha con- tinuado sin embargo, de una manera regular-el año 1888 dá un total de 1033 atentados contra las personas, ó sea delitos de sangre, cuya cifra se descompone en las iguiente forma: Homicidios 39 | Imprudencia 31 Tentativa de homicidio 54 | Infanticidio 3 Lesiones 906 1033 Durante el año 1889, esta clase de delitos apa- rece aumentado en 97 hechos; siendo su número total de 1130; el número regular de delitos apa- rece como aumentado anualmente, siguiendo una 99 marcha progresiva bastante regular, de conformi- dad con el aumento que requieren los nuevos fac- tores que se aportan y el crecimiento diario de la población-pero esta regularidad es solo aparente, y ella resulta ilusoria si se compara el movimiento de la criminalidad y el de la población, como lo demuestra el hecho de que la proporción de los delitos por cada 100,000 habitantes, en vez de au- mentar ha disminuido En el año próximo pasado, el número total de los delitos contra las personas se ha elevado hasta la cantidad do 1447, lo que dá una diferencia de 317 hechos más en el último año, correspondiendo de esta cantidad, 1209 á las lesio- nes, lo que dá una proporción de 85 °/„ sobre el número total de atentados contra las personas El movimiento de la criminalidad, en cuanto al número total de hechos que se han verificado du- rante los seis últimos años, está representado co- mo sigue: Año 1885 delitos 576 1 Año 1888 delitos 1033 « 1886 727 > 1889 « 1130 « 1887 < 634 « 1890 < 1447 Las variaciones mas bruscas que la marcha de la criminalidad ha experimentado, ha sido pues en- tre los años 1887-88 y 1889-90, entre los cuales hay respectivamente un aumento de 369 y 317 casos. Conviene observar que de estas cantidades, la mayoría de los casos (siempre mas de un 70 °/o) corresponde á las lesiones; así para el año 1887, en que el número total de delitos fue de 664, cor- responden á las lesiones 59o; para 1888, que lo fue de 1033, hay 906 para este delito; en 1889, para 100 1130, hay 1000 lesiones'y en fin en 1890, la pro- porción es de 85 °/°, correspondientes á 1209 le- siones sobre un total de 1447 atentados. Otro de los rasgos prominentes de la criminalidad en la Re- pública Argentina es la precocidad con que se ma- nifiesta la delincuencia; según observa Mendez Ca- sariego, los menores de edad concurren en los de- litos de sangre en una proporción de 20.25 °/0- en los delitos contra la propiedad particular en un 28.16 c/0-en los contra la honestidad en un 25 °/„ y en fin contra las garantias individuales en un 18. 23 *'/<,-de donde resulta que en tésis general, mas de un 22 °/„ de menores de 20 años concurren á la delincuencia (veáse Mendez Casariego). En Italia, en el quinquenio del 1871-76 los menores solo concurren con un 15.60 °/0 á la delincuencia -en Francia (72-75) con un 17.60 °/0 - en Suiza (70-74) con un 65.50 °/0-y en fin en París los me- nores concurren en una proporción de 25.79 °/0 (obra citada). En la criminalidad argentina, el gru- po con que concurren los menores no es de los mas elevados, pero tampoco es de los menos im- portantes, lo que merece tenerse en cuenta para cuando se trate de estudiar y prevenir este hecho, orijinado esclusivamente por causas puramentes so- ciales. En 1888 el 13.77 °/ eran menores de 20 años y en 1889, sobre el total de 3152 hechos el 14.81 c7„ están en las mismas condiciones-en este último año, los menores aprehendidos por delitos contra la propiedad hacen la proporción de 28.11 °/0-No es extraño á esta cuestión todo lo refe- rente á la lejislacion y á los principios admitidos por nuestro Código Penal, en materia de delin- cuencia; ésta no se halla sometida á reglas inva- riables ni limitada á una cierta edad, y las disposi- 101 ciones de nuestro Código Penal no debieran an- mitir la minoria de los 18 años como atenuado, sino en ciertos casos que no pueden determinarse en abstracto. La complicación de los menores en la delicuencia tiene, ademas, por factores, muchas otras causas de orden social que no es del caso enunciar aquí. Las cifras apuntadas representan el movimiento de la criminalidad en la Capital Federal, que es el punto más importante de la República y al cual hemos debido referirnos por ser el único donde ella se manifieste de una manera mas precisa. En Córdoba, ellas están represetadas por las cantida- des siguientes: Delitos de sangre 1887 Homicidio 5 Id frustrado 4 i Complicidad en homicidio 7' Muertes por imprudencia 6. 90 de los cuales 68 Heridas 45' son del grupo de las Contusionos 23 lesiones. 1888 Homicidios 2j 96 de los cuales el total, con Heridas 801 excepción de dos casos, en- Ebriedad y herí- i tran en el número de las das 14 lesiones. En el año 1889 la estadística provincial no ar- roja cifras exactas sobre los delitos de sangre co- metidos; solo determina tres casos de delincuencia por sospechas cíe homicidio, sin registrar los casos de heridas ni contusiones-bajo la denominación general de peleas, engloba la cifra de 206, á los cuales evidentemente corresponderán muchos ca- sos de heridas, pero cuyo cifra no es posible determinar sin incurrir en errores, La estadística 102 policial, sin embargo, nos ofrece datos sobre la criminalidad de ese año; según ella ha habido. Heridas leves 207 / 337 de los cuales 293 se cern- id graves 86 i prenden bajo la denominación Homicidios 44 j general de lesiones. (1) Y finalmente en el año 1890, en que la crimi" nalidad es como sigue: Homicidios 2 Id frustrado 1 i Muertes por imprudencia 3 156 de los mides eor- Heridas responde al grupo de Contusiones 34 las lesiones, 150. Observamos aquí lo mismo que hemos observa- do en otra parte al tratar de la criminalidad; ella sigue una marcha regular ascendente, elevando gradualmente el número de casos constatados, á medida que se desarrolla la población y que ad- quieren mas incremento todos los factores del delito; no se entienda, por esto, decir que él está comprendido dentro de una escala progresiva in- variable, sino que hasta la fecha ha ofrecido una (1) Vease la revista de Policía de Córdoba n° I5. Conviene observar nuevamente que los datos estadísticos que con- signamos pertenecen á la oficina Pro. de Estadística, la cual solo toma las que se refieren al Dcp. Central, a diferencia de la Esta- dística Policial que es también estensiva á las Comisarías. Como las autoridades de campaña son escasas y deficientes, la Policía de la ciudad es la encargada siempre de aprehender á ios delincuentes, razón por la que todos los que no escapan a su acción, converjen al Departamento y son anota los en la Estadística de Policía-de tal manera, que ella no es solo de los crímenes y delitos cometidos en la ciudad sino aun de los que se cometen en la campaña. Esto explica las diferencias que hay entre uno y otro y lo elevado de la cifra que ella arroja para el año I889. 103 regularidad apreciable en su marcha, por mas que sea susceptible de aumentar ó disminuir. Y obsér- vese aquí también, en comprobación de cuanto dejamos dicho, que la proporción en que intervie- nen las lesiones varía, según los años hasta forma en una de ellos el 97-99 ,/°, casi el total de los hechos producidos, sin descender nunca debajo del 75 0/° en la suma definitiva de los hechos pro- ducidos. Verdad es que el grueso de la criminalidad de la República no se manifiesta en Córdoba, ni en Buenos Aires, ni aun en la misma capital federal; el crimen con todos sus atributos y caracteres propios parece que fuera patrimonio esclusivo de una ciudad á la que por la frecuencia con que ellos se producen, se ha denominado en la prensa la ciu- dad de los crímenes] el Rosario de Santa Fé, Desgraciadamente, no hemos podido conseguir sus estadísticas, ni en la parte referente á -la ebrie- dad ni en cuanto á la criminalidad misma; pero es evidente que esta se manifiesta allí con muchísima intensidad, como lo comprueba el movimiento po- licial que diariamente rejistran las publicaciones allí existentes y el hecho incuestionable de la fre- cuencia con que se producen los crímenes; no nos referimos á las lesiones que forman una variedad de los delitos de sangre-nos referimos á algo mas grave,mas trascendental, que hiere mas directamen- te la atención pública y afee! i mas profundamente los intereses sociales: nos referimos al crimen san- guinario y bárbaro, al crimen generado, con todas sus circunstancias y accidentes; al que obede- ciendo á un plan y en persecución de determinados fines, no vacila en aceptar todos los medios y obe- decer á todas las sujestiones; al crimen, en una pa- 104 labra, para el que no hay consideraciones éticas ni principios de moral universal. ¿Porqué en el Ro- sario, que ni por su población, ni por su riqueza, ni por ningún otro concepto, es una población sobresaliente, se manifiesta la criminalidad con tanta amplitud? Esta es una cuestión que debería preo- cupar á los poderes públicos y determinar la creación de una oficina de estadística prolijamente llevada-á prlori podría creerse que se trata es- clusivamente de causas sociales, como las que se derivan de la hetereogeneidad de la población y del mercantilismo, pero estas dos causas obrarían tam- bién sobre la capital federal, donde relativamente y según acabamos de ver, la criminalidad, actuando regularmente, nos ofrece un tipo de comparación absolutamente bajo. En Entre-Rios, exactamente como en todos los pueblos de la República Argentina y como los que quedan detallados, el movimiento de la crimi- nalidad esta encuadrado dentro de límites propor- cionadamente estrechos; si bien no podemos aquí agrupar números para comprobar esta verdad, y determinar con exactitud el coeficiente de la cri- minalidad, podemos remitirnos á lo que al respecto leemos en la Revista de Policía del Paraná y á los datos que ella suministra, que, aunque pertene- cientes á un periodo de tiempo demasiado corto, nos comprueban como ni la ebriedad ni la crimina- lidad varían sensiblemente en relación con otros pueblos de la República, que por su población, y demas condiciones sociales, se encuentran bajo el mismo pié. En Corrientes tanto la ebriedad como la crimina- lidad, sino actúan entre límites estrechos,-no ofre- cen tampoco variaciones sensibles y que puedan 105 apreciarse sin una previa observación; tal vez por razón del clima, por los rezagos que aún se con- servan de la raza guaraní, los que forman la mayo- ría de la población, la provincia de Corrientes po- see un espíritu eminentemente pasionista, en ex- tremo belicoso y en la que las impulsiones de un carácter aun no bien definido, predisponen el de- sarrollo de la embriaguez-pero, sea por carencia de medios ó por otras causas independientes, ella no se ha manifestado hasta hoy de una manera seria y que afecte gravemente los intereses ó las con- veniencias sociales. L. mismo en cuanto á la cri- minalidad; solo en las épocas de agitación política, que como hemos dicho en otro lugar, son para noso- tros épocas de saturación criminal, vemos al delito mostrarse con mas frecuencia y en toda la ampli- tud de su desarrollo-pero estas situacioneSj pro- picias al aumento de la criminalidad, deben consi- derarse como situaciones anormales y no pueden servir de tipo de comparación cuando se trata de establecer las leyes á que obedece el crimen y la proporción sucesiva de la criminalidad. No hay en el resto de la República puesto algu- no al que podamos referirnos mas especialmente- en la Provincia de Buenos Aires, Bahia Blanca ha presentado varias veces fenómenos horrorosos en materia de criminalidad, pero ellos son casos con- cretos que en manera alguna pueden servir para establecer principios generales y determinar leyes de aplicación universal. Asi pues, la criminalidad en la República Argen- tina se caracteriza, en primer lugar, por el orden particular de delitos que casi en su totalidad la constituyen; en cuanto á su extensión, por la rela- tiva minoría que presenta sobre los países euro- 106 peos, observándose en ella una graduación progre- siva anual, aunque no tan sensible como pudiera ser proporcionalmente al aumento de la población -y en fin, en cuanto á los delincuentes, la esta- dística comprueba asi mismo que ellos forman una clase social deteminada, nuestro bajo pueblo, en la cual el espíritu de la discordia se manifiesta fá- cilmente-y que de estos, poco mas de la quinta parte (22.90 °l0 son menores de veinte años; siendo uno de los rasgos prominentes de ella, la propor- ción con que los menores concurren al crimen. Ebriedad y crímenes-Pero prescindiendo de to- dos los datos apuntados, que no determinan, al me- nos positivamente, las relaciones entre la ebriedad y la criminalidad, hagamos la filosofía de la esta- dística y veamos en que proporción es la primera causa eficiente de la segunda.-La entrada anual de contraventores al Departamento de Policía de la Capital federal y las conclusiones de los estadígra- fos, nos demuestran que la ebriedad forma, por tér- mino medio, las tres cuartas partes del total de di- chas entradas; que la criminalidad, siguiendo una marcha progresiva y regular, no presenta por aho- ra caracteres alarmantes y que si bien las relaciones de una y otra son tan evidentes que no admiten duda alguna-la ebriedad, como factor principal de los delitos, raras veces determina la ejecución de otra clase de ellos que los que denominamos le- siones corporales Estos delitos son yá en si mismos bastante im- portantes para que no merezcan una especial de- tención-y afectan demasiado directamente los in- tereses del individuo para que no sea menester ocuparse de las maneras de prevenirlo. Varias causas actúan paralelamente para hacer 107 que la ebriedad, como factor de los crímenes de sangre, se manifieste con mas intensidad en unos puntos que en otros-la geografía criminal y el es- tudio de las causas de la ebriedad en la República, nos convencerán de que efectivamente no pueden sentarse reglas abstractas y conclusiones terminantes al respecto, dadas las infinitas variaciones que se producen según las diversas localidades y el medio ambiente en que se desarrolla-pero en tesis ge- neral, la ebriedad como causa productora de los delitos, está sometida á los principios generales que quedan enunciados. Así y según los puntos cuyo movimiento en su criminalidad y contravenciones hemos estudiado, se ha visto que ellas varían de una manera consi- derable; estas variaciones, que aparecen insensibles para un criterio á son sin embargo de mucha importancia-y si nosotros en mas de un lu- gar decimos que ellas no afectan gravemente los intereses de la comunidad, es porque efectivamen- te, los efectos de una y otra en sus relaciones con el orden social, no presenta caracteres alarmantes en su limitado desarrollo-y porque ademas, noso- tros apreciamos estos hechos con un criterio áprio- rista, lo que no puede ser de otro modo, por la exigüidad de los datos que tenemos á la vista-Así decimos que no hay variaciones sensibles entre un punto y otro pero no debe tomarse esta opi- nión de una manera absoluta, sino en relación con los datos á que nos referimos y mientras ellas sean materia de apreciación; habrá diferencias entre la Capital, Santiago, Corrientes y Santa Fé, pero ellas no serán apreciables mientras no se constaten y mientras no lleguen á conocimiento del observa- dor. De todas maneras y como tanto el movi- 108 miento de la criminalidad como el de la ebriedad, está sujeto exactamente - á las mismas reglas que en todas partes, las deduciones de los tratadistas les son aplicables; asi concluiríamos con Poletti, que referente al desarrollo de la delincuencia tiene ideas completísimas, concluiríamos digo en afirmar el paulatino adelantamiento de ella, en tanto que Tarde pretenderla explicar este fenómeno por la influencia de factores sociales, que marchando en un sentido determinado, transforman la faz moral de los pueblos; como Ivernés, relacionando la cri- minalidad con el consumo de bebidas espirituosas, diria refiriéndose á la estadística del último medio siglo, que si hay algún vicio en la vida del hom- bre que determine una propensión á la delincuen- cia, él no es otro que la embriaguez-y esto es incuestionable-la República Argentina no puede pretender escepcionarse de las reglas generales, ni aspirar á una moralidad que estamos muy lejos de. poseer; si en la escala de la degradación huma- na no hemos llegado aún al último límite, hace mucho tiempo que traspusimos sus umbrales-para bien nuestio y merced á nuestro propio carácter, no nos es permitido ir más allá. La embriaguez no es aquí una fuente produc- tora de todos esos males que aquejan á las ciu- dades del viejo continente-el individuo no ha des- cendidoatal nivel de degradación que haya olvidado sus deberes y desconocido el influjo de su propia con- ciencia; pero es sin embargo, lo bastante podero- sa para proyectar su influencia maléfica sobre to- do ese cúmulo de delitos que englobamos bajo una sola denominación. ¿Dónde iremos á buscar la razón de ellos, sino en el entorpecimiento de las facultades, en la do- 109 minacion del instinto perverso, en el aniquilamien- to de la voluntad? Y si esto no bastase ¿qué mas elocuencia que las de las cifras que hablan, y que proclaman á todo el que quiere oírlo, que la ebriedades la causa ocasional de la mayoría délas lesiones? Tampoco podemos despojar á esta afirmación de ciertos atributos que sirven para completarla. Obsérvese que nos estamos refiriendo á la R. A. donde el carácter, la falta de la educación y otras muchas causas concurren de consuno con la em- briaguez- pero obsérvese también que las primeras, en tanto no son movidas por las segunda perma- necen en estado latente y es muy raro que ellas solas determinen la ejecución de delitos.-Todo esto son verdades inconcusas; la ebriedad al par que las lesiones, aumenta ó disminuye-y si es verdad que por razón de la forma en que la esta- dística se lleva, no puede darse una proporción exacta del número de casos delictuosos que cor- responden á la embriaguez y del de esta última que han sido puramente contravensiones, no puede ne- garse que á la elevación de la una corresponde una elevación proporcionada de la otra, lo que indi- ca que ambas marchan de acuerdo y que la una de- termina muy principalmente la ejecución de lasotras. -La discrepancia de las opiniones no puede ver- sar sobre este punto-se podrá discutir la cifra que se arroje y la proporción que se establezca, pero la intervención de la embriaguez en nuestra crimi- nalidad, su forma y sus efectos, es cosa que no ad- mite discusión. Y esto no es solo en lo que se refie- re á la R. A. Ferry observa que la criminalidad francesa se acentúa con la mayor producción de vi- nos, y Mendez Casaingo señala el mismo fenóme- 110 no entre nosotros aunque desespera de establecer la relación que hay entré la embriaguez y los de- litos de sangre; no es sin embargo imposible hacerlo; sentado yá como un hecho incontrovertible que la ebriedad es la causa productora de un gran número de delitos-ó siquiera meramente admitido que la ebriedad es un factor de criminalidad, solo nos res- ta establecer la proporción en que ella interviene. Recurramos á la estadística y hagamos su filo- sofía.-Observemos como sensiblemente aumenta en una proporción regular la ebriedad, y como al mismo tiempo los delitos de sangre se multiplican; -observemos en la capital federal, como á partir desde 1887, en el cual el número total de ebrios entrados al Departamento Central de Policía es de 3108, sobre un total de 660 delitos, las lesiones ar- rojan una contribución de 595 - en 1888, á un total de casos de ebriedad igual á 3130, corresponden 1033 atentados de los cuales 906 son lesiones-á 1889, sobre 9144 ebrios, hay 1130 criminales de los cua- les 1000 han sido puramente lesiones-y finalmen- te en 1890, año en el que como dijimos, la esta- dística no está aún computada, pero en el que las cifras, según nuestros cálculos, son infinitamente mas elevadas, tenemos sobre 1447 atentados, 1209 le- siones. ¿Qué indica todo esto, sino que la ebriedad al paso que aumenta y se propaga, aumenta y pro- paga igualmente la criminalidad? ¿qué indica si- no que la ebriedad es un ájente fecundo y una causa productora de la delincuencia? ¿qué nos in- dica sino que al desarrollo de la una corresponde el desarrollo de la otra y que launa sigue tan in- mediatamente á la otra que podría asignárseles res- pectivamente la denominación de can a y efecto?- 111 Y esto no solo sucede allí; aquí en Córdoba, en menor escala, se observa idénticamente el mismo fenómeno-calcúlese, por los datos que hemos su- ministrado, el coeficiente de ebriedad y de crimina- lidad perteneciente á cada año, y digase después sino hay una correlación íntima, un aumento gra- dual entre la primera y la segunda-y todo esto, ¿no será bastante para indicarnos que la ebriedad es un continjente poderosísimo en orden á la crimi- nalidad, exactamente, como las deformaciones so- máticas lo son en cuanto á la locura? La dife- rencia de 5.42 entre los coeficientes que represen- tan la ebriedad entre los años 1885-86 y la diferen- cia de 6.38 entre los que durante los mismo años representan la criminalidad ¿no será un dato bas- tante fundado para hacernos suponer que hay una íntima ligazón entre ambos órdenes de fenómenos, y que los unos son sinplemente el resultado de la acción refleja de los otros?-Yá en 1887 el distin- guido gefe de la oficina de Estadistic¿i de Córdoba escribia en el informe anual de la repartición á su cargo, que para rendir culto á la verdad, necesita- ba consignar el siguiente hecho: que no es nece- «sario un gran esfuerzo para convencerse de que «la criminalidad entre nosotros, afortunadamente, «no asume las proporciones que en otros países > relativamente hablando, yá sea respecto al núme- < ro de culpables, yá con relación á la extensa «escala de la delicuencia misma. - Empero, es- «cepcion sea hecha de un punto negro que se «destaca vigorosamente entre los demas y que me- «rece, á nuestro juicio, especialísima atención; la «embriaguez.-Los delitos policiales, suministran, «por lo general, el mayor continjente á la crimi- «nalídad, resultando siempre bastante alta la cifra 112 ♦ de ellos, proporcionalmente hablando, y asi apa- «rece de varios estadísticas que hemos consultado. «Pero la proporción de 79.98 ojo sobre el total «promedio de entradas á nuestra Policía y casa de «correcci n, es yá muy elevada; ella equivale, «anualmente, durante un quinquenio, á las cuatro «quintas partes de la entrada total, mas ¿porqué ♦ sucede esto? Porque resulta que si de esa mis- «ma agrupación de delitos policiales, tomamos se- «paradamente la ebriedad, tendremos que ella ha «contribuido á las entradas, en cinco años, con la «cifra de 6878 individuos ó sea con el prome- -dis anual de 1375.6, equivalente á la proporción -media anual de 60.52 ' ¡o sobre el promedio total -de entradas.- Y estas cifras que horrorizun, pe- ro de cuya exactitud no podemos dudar, son sin embargo benévolas; y si durante esos mismos cin- co años, relacionamos la criminalidad, veremos co- mo ella dá sucesivamente proporciones mas y mas elevadas, y compensando el exeso de unos años con la disminución de los otros, de manera que se establesca mayor regularidad en las oscilaciones, nos convenceremos de que la ebriedad y la crimi- minalidad son tan inseperables como el cuerpo y el alma-que el aumento de la una ileva consigo el aumento de la otra, y que al promedio de 60,52 que el calculo quinquenial arroja de de la ebriedad, correspondería una cifra proporcionada, para el mismo tiempo, lugar, y población. Si al par que estas cilras, se consulta la Revista de Polícia del Paraná, en la que mensualmente aparece la estadística de las entradas al Departamento, se obser- vará como incuestionablemente hay una graduación entre la producción de los delitos, especialmente de las heridas, y el consumo de las bebidas alcohólicas. 113 Se observará también que aun cuando en una proporción limitadísima-efecto quizá de la inter- pretación que damos noso,ros á esa estadística, dada su insuficiencia y los infinitos inconvenientes de que adolece su forma-la ebriedad es la causa principal de los delitos de sangre-arrojando en- tre un mes y otro, un promedio mensual de 2 °/0 sobre el total de los ebrios arrestados. Esta pro- porción se puede aceptar como constante pues sus variaciones no son tan bruscas que merezcan, al- gunas de ellas, especial mención-de tal manera que se puede comprobar la relación de los delitos de sangre con el mayor ó menor desarrollo de la embriaguez-La proporción de 2 "/0, repito, me parece tan escesivamente baja, que no vacilo en declarar la conceptúo equivocada-pero ella pue- de servirnos, cuando menos, para marcar el punto de partida y señalar la relación que hay entre el consumo del alcohol y la producción del delito. - Todos estos, que no son otras cosas que deriva- ciones mas ó menos aceptables de una regla gene- ral, ¿no serian una demostración evidentísima de la influencia de la ebriedad, sobre la delincuencia? ¿No basta esto para comprobarnos que es un fac- tor muy principal de los delitos de sangra? Y si es verdad que no se puede precisar en un guarismo la proporción constante para toda la República, ¿acaso se podría negar, en abstracto, la verdad del principio que se desprende de todo lo que deja- mos dicho?-Si la ebriedad, tanto en su forma cuan- to en sus manifestaciones, difiere tan radicalmen- te según las localidades-si ella se eleva según el clima y según los meses del año que se consul- ten para el cómputo-¿podría negarse que es un factor de criminalidad, y que ésta aumenta ó dis - 114 minuye según aumenta ó disminuye aquella? Ele- varse hasta el 99 o/o, ó descender hasta el 1, son anomalías de las que con mucha frecuencia se en- cuentran en el seno de la naturaleza, y por esto mismo es que deben despreciarse-no se podría sacar una ley fija é ineludible sino basándose en lo que constituye el orden común y regular'de las cosas; en manera alguna fundándose en casos ais- lados ó en circunstancias escepcionales.-Por es- to mismo es que deben desairarse las dos cifras que apuntamos arriba y apreciar solo aquellas que ofreciendo un tipo de comparación común, no pre- senten variaciones tan bruscas que hagan presu- mir nos encontramos en presencia de un fenómeno extraordinario que escapa á nuestra penetración.- Y bien-de. todas esas cifras, de todo eso cúmu- lo de guarismos y de números que hablan ince- santemente al oido del observador-de todo loque forma realmente el cuerpo de la estadística ad- misible y computable, ¿que se desprende sino una verdad inconcusa, una verdad incontrovertible, cual es que la ebriedad, como factor del crimen, inter- viene muy eficazmente en su perpetración? ¿qué se desprende de las relaciones que hemos estable- cido y de la graduación señalada entre el abuso de las bebidas y la producción de la criminalidad? Y esto no es moderno, esto no es obra de pocos años-la República ha ofrecido desde mucho tiem- po atrás este mismo fenómeno-en una memoria del Ministerio de Gobierno déla Provincia de Bue- nos Aires, fechada en 1872, encontramos las si- guientes palabras que transcribimos para dar mas eficacia á las nuestras: Los hechos criminales aumentan de dia en dia «en Buenos Aires, aun cuando ellos no pueden 115 «ni deben atribuirse única y esclusivamente ¿i la «de una penalidad mas severa que la que tene- «mos; sinembargo, no podria sostenerse que «ella no concurre juntamente con el aumento de «población, con la facilálad que dejamos para que «vengan á nosotros los criminales de otros países, «y con las demas causas que en una gran capital, «como es ya la nuestra, favorecen la perpetración «de nuevos delitos. El Jefe de Polici i comunica «en la memoria del Departamento á su cargo, que "los crímenes contra la seguridad individual han «aumentado en los diez meses corridos desde Abril «de 1871 á Enero del presente año-que lo mis- «mo ha sucedido respecto de los delitos contra la «propiedad, y por fin que llama la atención la cifra «enorme de arrestados por embriaguez y desorden > en los mismos diez meses indicados. El Jefe de "Policía atribuye con razón el aumento de los cri- «menes contra la seguridad- individual, al uso de «las armas que exije sin demora una ley que lo «reprima severamente, y al abuso de las bebidas «espirituosas, cuya venta debe ser también regla- «mentada por la municipalidad ó directamente por la ley «La embriaguez habitual de tantas personas no «reconoce por causas, á juicio de la Policía, ni esas «afecciones morales que inducen á los hombres á «neutralizar por medio de los licores las amargu- eas de profundas penas, ni la necesidad de insen-, «sibilizarse contra el asedio de grandes miserias; «atribuye aquel abuso á la plenitud de satisfacción «con que viven en el país las masas populares, ha- «liando fácilmente, no solo los medios de llenar las «necesidades mas indispensables de la vida, sino 116 «también lo bastante para costear los vicios intem- «perantes en la escala cíe inmoderación á que su «falta de cultura los induce.» ¿Qué estraño pues que aceptemos como un he- cho indudable la influencia de la embriaguez en la producción de la delincuencia? ¿Qué mas que las observaciones practicadas, no solo durante los últimos años, sino durante un período de tiempo bastante largo para que se pueda dudar de su constancia? Y esto es solo en lo que se refie- re á los crímenes y contravenciones, rejistradas pe- ro, ¿quien podría determinar, en el cúmulo de deli- tos que se engloba bajo la denominación de deli- tos diversos, sin especificación, &, quien podría de- terminar, digo, cuales han sido cometidos en tal ó cual estado ó bajo la presión de tales ó cuales in- fluencias? Si caprichoso y arbitrario sería hacer intervenir eficazmente á la embriaguez en punto á su ejecución, no menos arbitrario y caprichoso se- ría suponerlo del todo extraño; sobre un total de delitos que formen un grupo atendible por el valor de sus cifras, no puede suponerse que la embria- guez no interviene en una proporción ú en otra. Por otra parte, si el estudio de la criminalidad no se refiere solo al estudio de los hechos con- signados, sino también al estudio de las causas, de las semi-causas, y aun á las relaciones meramente incidentales ¿cómo podría determinarse exactamente la intervención de la embriaguez, cuando se trata de hechos no constatados, pero á los cuales debe trascender la observación del hombre de estudio? ¿Cómo podría determinarse cuando se refiere á hechos que obran puramente en la esfera de la ac- tividad individual? Sería menester, como dice Tarde, para apreciar 117 verdaderamente la influencia de tales fenómenos y la verdadera importancia de la criminalidad, entre- ver, adivinar los semi-crímenes, los semi-delitos, las infracciones en uso, las violaciones impunes de la ley que pululan en las naciones en fermentación. «La embriolojia del delito, del que la escuela po- «sitivista se preocupa con razón, debe ser estudia- oda de este modo, según mi opinión, es decir, á «partir de las primeras y mas leves disidencias in- «dividuales, en un medio estrictamente conformista «hasta entonces. (1) Pero nó desde luego para un criterio á priorista\ nó desde luego para quien tengéi una base delez- nable y un fundamento poco sólido como orijen de sus deducciones-nó para quien no domine las relaciones de causa y efecto entre la producción de los fenómenos sociales y la producción de la criminalidad-nó para quien, con estadísticas im- completas, solo se encuentra en aptitud de apreciar ciertos y determinados hechos como principios de delicuencia -y en este orden de raciocinios, anula- remos nuestra tarea, é inutilizaremos todo nuestro trabajo. Si la ebriedad, como factor del crimen, ofrece otras variantes y está sujeto á otras reglas que las que dejamos enunciadas, ello sería materia de ma- yores observaciones y de mayores estudios; noso- tros debemos limitarnos á lo expuesto y á consignar el hecho evidentísimo, el principio innegable, de la poderosa intervención de la ebriedad en los delitos de sangre en la República Arjentina. 11) l arde - Porvenir del Crimen. 118 Cuadro N.* 2. 1887 Ebriedad 1 SOLTEROS CASADOS VIUDOS TOTAL GE N E R A L VARONES MUJERES VARONES MUJERES VARONES MUJERES 2226 148 445 99 100 90 3108 'i Cuadro N.° 3. 1888 Individuos que han tenido entrada al Departa mentó, por ebriedad, según sexo y edad. De 15 Á 20 AÑOS De 26 Á 35 AÑOS De 36 Á 50 AÑOS De 51 años ADELANTE TOTAL VARONES MUERES VARONES MUERES VAHONES MUERES VARONES MUERES 1165 65 1462 190 1395 -- 283 434 136 5130 119 Cuadro N.° 4. 1888 Ebriedad. De 15 Á 25 AÑOS De 26 Á 35 AÑOS De 36 Á 50 AÑOS Dé 51 años ADELANTE H O 1 VARONES MUERES VARONES ¡MUERES VARONES MUERES VARONES MUERES 13704 421 15715¡ 506 13541 652 5762 168*50469 Cuadro N.° 5. 1889 Según sexo y profesión. VARONES MUJERES J" OTAL Comerciantes • . 82 1 Industriales , 1696 8 Jornaleros . , 2774 32 Liberales .2478 117 varones Prostitutas 41 Rentistas' 9 8242 Sirvientes .... 377 323 Sin oticio y sin especifica- mujeres cion 826 380 962 120 CUADÉO N.° 6. 1889 Ebriedad. De 15 Á 25 AÑOS De 26 Á 35 AÑOS ' De 36 Á 50 AÑOS De 51 años ADELANTE H g VARONES MUERES i VARONES [MUERES VARONES MUERES, vuiones'mui res 7520 367 10321 507 , 8851 -n 504 3170 II 21131451 N. 13.-El Cuadro N.° 2 apunta solo las entradas ;d Depárta- mete) Central de Policía durante I887; e¡ N.° 3 igualmente al Depar- tamento Central en 1888; el N.° 4 á las Gomis'arias ' Sección du- rante el mismo año; el N.° 5 al Departamento Central durante I889: el N." 6 las entradas durante el mismo año :t las Comisarias. CAPITULO IV. L.\ EMBRIAGUEZ EX LA REPÚBLICA SUMARIO - Geografía Criminal - La lev térmica de la historia-La em- briaguez enla República Argen- tina-haz moral del pueblo ar- gentino - Causas de la embria- guez- Leves de saturación cri- minosa-Sustitutivi penali-Pre- vención - Diversos medios - Conclusión. La ebriedad, en sus múltiples manifestaciones y en los diversos conceptos en que puede considerar- se, varía según los climas, la edad, ei sexo, la tem- peratura, como varían todos los fenómenos socia- les en razón de las diversas localidades en que ellos se producen.-La ciencia positivista, que ha llega- do á formular una teoría tan adelantada sobre cri- minalidad, no ha descuidado en sus observaciones estos hechos-■ y no ha podido ser de otro modo desde que sus fundamentos se encuentran en laso- ciolojía y en la antropolojía jurídica. Para el crimen, pues, como para los factores que intervienen en él--como para los fenómenos rela- cionados con el orden social-hay una proporción determinable según las regiones y el medio am- biente en el que ellos se efectúan.-Garófalo no ha hesitado en admitir, como complemento de- la ciencia positivista, una Geografía Criminal y una preponderancia á la ejecución de tales y cuales de- litos en el Norte-tales otros en el mediodía-lo que se explica, no en virtud de caus is físicas sino 122 de causas sociales que hacen marchar la civiliza- ción de Sud á Norte y de Este á Oeste en los tiempos modernos. «Quetelet, dice Garófalo, ha sido el primero en <■ demostrar por estadísticas, que los crímenes de «sangre aumentan en los climas cálidos y decre- cen en los climas fríos. Ha limitado sus obser- vaciones á la Francia pero la estadística de otros «paises de Europa ha demostrado la universalidad «de esta ley. Aún en los Estados Unidos de Amé- erica se ha observado que en el Norte prevalecen «los robos y en el mediodía los homicidios.» Es- te* fenómeno no tiene para Garófalo, su esplicacion en las causas físicas-ni esclusivamente en la in- fluencia del clima y de la temperatura, toda vez que «en un mismo clima, en manera alguna modi- «ficado, un pueblo en vía de civilizarse presenta «un acrecentamiento proporcional de la criminali- «dad astuta y voluptuosa y una disminución rela- «tiva de la criminalidad violenta.» Por otra parte, las relaciones entre el crimen, la temperatura y la civilización, son casi idénticas; la marcha progre- siva de ésta parece tener, á juicio de los positivis- tas, la misma influencia que tendría un enfriamien- to en el clima, sobre la dirección dada á las ten- dencias criminales de un pueblo. -Pero la civili- «zacion, observa Tarde, sobrexita el sistema ner- vioso, tanto como la vida rural apacigua y nutre «el músculo á expensas del nérvio. Ella obra en «este sentido, nó como un enfriamiento sino como «un calentamiento del clima.» (1) Las causas fí- sicas, que tales anomalías ofrecen y que tanto des- virtúan las observaciones practicadas-no pueden i i i I a.- r * i itninali a I i orn¡ia- a<!a 123 ser únicamente las causas productoras de las va- riaciones de la criminalidad. Será menester investigar, analizar, inquirir - La historia de las civilizaciones, el progreso ascenden- te de los pueblos-los rumbos marcados á la acti- vidad humana-y la marcha de la humanidad en direcciones y bajo variaciones tropicales aprecia- bles-¿podrían explicarnos este hecho? Así lo creo Garóla lo. Por razón del progreso, los pueblos conquista- dos modifican sus instintos naturales, lo mismo que los pueblos conquistadores los modifican por razón del clima; la civilización, marchando de Sud á Nor- te y de Este á Oeste, ha determinado una modifi- cación y una disminución en la criminalidad de los pueblos en vias de civilizarse-modificación debi- da puramente á la influencia de los factores socia- les que los pueblos civilizados les aportan, y estos á su vez, homicidas en el Sud, son ladrones en el Norte, nó en virtud de una civilización que yá po- seían y que han podido transportar, sino en virtud del nuevo clima y de la influencia que este ejerce sobre todos los componentes del organismo. Esto, que los positivistas llaman la ley térmica de la historia, no basta á nuestro juicio para deter- minar las variaciones de la criminalidad No es ra- ro encontrar á los fenómenos sociales intervinien- do mas ó menos directamente en la ejecución de tales ó cuales crímenes-y no es tampoco raro, que por razón de las diversas localidades, las va- riaciones en la criminalidad se produzcan en mayor ó menor escala; pero esto no puede en manera alguna constituir una ley térmica, toda vez que obe- dece á otro orden de causas. Laurent nos demuestra la marcha que ha seguido 124 la humanidad-y las faces en que el espíritu se ha presentado sucesivamente en el curso de los siglos; la ruta trazada por los pueblos conquistadores, el camino demarcado por la civilización, en una pala- bra, la série encadenada de hechos y de fenómenos que constituyen la historia de la humanidad. El nos revela también la tendencia antigua y ki insta- bilidad de los principios sobre que reposaban las instituciones humanas; y si bien podemos convenir con los positivistas, en que por razones fáciles de apreciar, la civilización ha seguido un camino bien marcable, ella no seria una causa bastante pani una modificación tan radical como pretende Garófalo. Por otra parte, en el estado actual'del mundo, las cosas suceden de diferente manera; la civiliza- ción no marcha yá en una dirección determinada- el mundo es su dominio y ella tiende á irradiar igualmente en todo sentido-esto nos lo demuestra Tarde con sus exactas observaciones sobre todos los pueblos aún no regularmente constituidos ni definitivamente civilizados-esto nos lo demuestra con un lijero análisis de la India Inglesa, Java, Aus- tralia y Egipto. Pero si no podemos admitir la hipótesis de las causas sociales en la forma que pretende Garófa- lo- si conceptuamos sus opiniones sobre la mar- cha de la civilización como una utopía ó una ex- presión aventurada de su espíritu reformador, te- nemos que convenir en que hay, sin embargo, una geografía criminal-en que los delitos y las penas no son los mismos en todas partes-y en que las proporciones de la criminalidad varian según los países, climas, temperaturas y latitudes. Asi, y para no salir del orden de fenómenos so- ciales en que nos liemos colocado, entre Inglaterra, 125 Francia é Italia, las proporciones de la criminalidad varían de una manera asombrosa; para una cifra igual de población, hay diez y seis veces mas ho- micidios en Italia que en Inglaterra y cinco mas que en Francia-por el contrario, hay en Inglater- ra infinitamente mas contravenciones que en Fran- cia é Italia. Y esto se esplica bien, tanto por el dominio de la raza cuanto por la influencia del clima; las bru- mas de Albion y el espíritu un tantó apático de sus habitantes, predisponen á las pequeñas faltas, á las contravenciones, entre las cuales la embria- guez desempeña un imp rtantísimo rol-por el con- trario, el clima templado y la sangre ardiente im- pulsan á la ejecución de muchos crímenes. Ahora, por que siendo el inglés mas bebedor que el italiano, es sin embargo diez y seis veces menos homicida, corresponde decirlo á la sociolo- gía, y es evidente que la cultura social, la educa- ción popular y demas causas puramente sociales intervienen en ello de una manera eficaz. No se puede desconocer que los factores sociales, obran directamente sobre la producción de la delin- cuencia y hasta conceptúo con Tarde que la influen- cia de los factores físicos es meramente secundaria, supletoria, podría decirse de los factores sociales, Que provocan variaciones en la criminalidad-como provocan variaciones en el terreno puramente in- dividual, sería fácil comprobar-pero si esas varia- ciones son debidas puramente á causas físicas ó si ellas obran de consuno con causas sociales no podría en absoluto asegurarse-La ley térmica, como tal ley, no es otra cosa que la consignación de un hecho simple, innegable, cual es que los fenómenos sociales se resienten según las diversas 126 localidades en que ellos se afectúan; respecto de los fundamentos y de la base que la ha originado, di- disienten los tratadistas suponiéndola debida á dis- tintas causas. Tarde llega á suponer qu3 la climatolojía, la raza, edad, sexo &, no intervienen en este caso sino en la medida que« permite el desarrollo de la civilización, y que elevándose ésta á su apogeo, la influencia de las estaciones y de los climas sobre la criminalidad, sería un factor de mínima impor- tancia y que solo las influencias sociales merece- rían examen. A pesar del respecto que nos me- rece la opinión del ilustre tratadista, es evidente que hay un error en esto-•sin quitar nada de peso á su argumentación, y sin desconocer la trascen- dencia que tienen los factores sociales, no se puede negar tampoco la de los factores físicos. ¿Cual es sino la razón de la existencia de diversas razas, de diversos tipos que ejecutan cada uno ciertas y determinadas funciones, bajo la influencia de tales ó cuales elementos ó en concurrencia con tales y cuales otros? Y porque en materia de criminalidad, sería una escepcion lo que es regla general para todo orden de fenómenos sociales? Tarde hace va- ler el argumento de la ingerencia de los factores sociales en la producción de la locura ó del génio, -¿quien lo duda? pero ¿quien negaría tampoco que ellos por si solos no bastan para determinar esos seres, y que antes que el medio ambiente social contribuya, el genio y el loco poseen cada uno sus caracteres somáticos propios-]a deformación craneana el uno-la sustancia cerebral el otro? Y si esto es así ¿porque no hemos de dar á los facto- res físicos la intervención que legítimamente deben tener en los fenómenos sociales? S_bre un mis- 127 mo individuo, en identidad de circunstancias, bajo un pié de estricta igualdad, los fenómenos varían con el cambio de clima? ¿á que atribuirlo entonces sino á la influencia de la naturaleza? lo que vul- garmente denominamos cambio de aires, ¿qué es sino la consagración del principio sentado, que nuestro organismo varía en sus funciones, estimu- lando la producción de las unas y disminuyendo la producción de las otras? y todo esto, ¿á que puede obedecer sino á las sugestiones de los factores fí- sicos, del clima, de la temperatura, de la higrome- tría, en una palabra, de la naturaleza? Y si esto es asi, la ebriedad está comprendida dentro de estos principios de aplicación general; claro está que el alcohol no debe producir los mis- mos efectos en un clima frió que en uno templa- do-ni ha de manifestarse igualmente en verano que en invierno-Fácil seria constatar que entre noso- tros, la ebriedad varía según los meses del año, y que en el periodo de tiempo comprendido entre Noviembre y Febrero, ella aumenta llegando á ser hasta un lo y 20 o/' mas que durante el resto del año, lo que no se explicaria de otro modo que por la influencia de la estación, toda vez que la época de las cosechas de vino, es alrededor del mes de Abril en el que las condiciones de baratura y abun- dancia facilitarían su consumo. En una carta del Dr. Adan Quiroga, leía á este propósito la observación del Dr. Justus Wilmes, ex- director del «Diario de la Plata» quien afirmaba que en la República Argentina se embriagaba con muchisima menos cerveza de la que bebia en su país (Alemania) donde jamas le hizo nada-Las va- riaciones que la ebriedad experimenta han sido admitidas por todos los positivistas; Lombroso que 128 clasifica entre los crímenes, los cometidos por embria- guez, haciendo resaltar sus variaciones-Garófalo que demuestra que la embriaguez, según los c'imas, orijina diferentes clases de delitos. Ferry que estu- dia el tipo de 1' uvriaco bajo su fciz moral y Tar- de que asigna al alcohol la misma influencia que ejercería un clima ardiente ó una estación cálida. A este respecto dice el último: «Pero precisamente esta vergonzosa costumbre de la ebriedad, causa exclusivamente social á buen seguro, por las in- venciones primitivas que la han hecho posible v por la difusión de los ejemplos que la han estable- cido, se extiende como para contrabalancear mas bien que para reforzar la acción térmica. En efec- to, es durante la estación fría (pie las jentes se embriagan más y también en los climas fríos. La carta de Ivernés sobre la ebriedad es muy clara á este respecto. Las tintas se sombrean por grados á medida que se eleva á los Departamentos del Norte, salvo escepciones que confirman la regla, p. e. el Puy dome, el Cantal, la Lozere, los Al- pes marítimos etc. y otros paises trios monta- ñozos, aunque meridionales. Tiende pues á esta- blecerse, merced al alcoholismo siempre creciente en el Norte, una nivelación de la criminalidad vio- lenta, favorecida en tal latitud por el clima, en tal otra por el vino, el alcohol, ó la cerveza. Se puede creer que las poblaciones setentrionales son tam- bién fuertemente impulsadas hacia el crimen de sangre por su ebriedad endémica y tradicional, co- mo las poblaciones meridionales por su sol.» Montesquieú en su obra « El espíritu de las leyes > ha hecho notar con suma sagacidad, que las lati- tudes, los climas y las variaciones tropicales ó at- moféricas, influyen considerablemente en el desar- 129 rollo de la embriaguez. «La borrachera dice, se halla extendida sobre la tierra á proporción de la frialdad y humedad del clima.» (1). El doctor Descu- ret, tratando de las modificaciones que los factores tísicos determinan en la producción de estos fenó- menos, observa que, en general, los pueblos del norte son los que mejor soportan los excesos de las bebidas, á tal punto que pudiera creerse que los habitantes de aquellas regiones, á fin de resis- tir el frió y salir de la especie de torpeza resultan- te del mismo, necesitan beber cierta cantidad de li- cor espirituoso ó fermentado. Asi vemos que el tumis ¡ el fragua y el quas, de los indígenas de la Si- beria, licores que en corta dosis producen en noso- tros una embriaguez completa, no determinan en los rusos mas que una leve exitacion alcohólica. En Francia, la embriaguez es mucho menor que en Inglaterra, y se observa allí también que á medida que se avanza hacia el Norte se acentúa el consu- mo de las bebidas alcohólicas. Todo esto demuestra que la ebriedad varia sor- prendentemente según las latitudes, y para colocar- nos en el terreno de la verdad, debemos aceptar co- mo un hecho indubitable la intervención de los fac- tores físicos en la producción de este fenómeno so- cial. La República Argentina, en sus centros civili- zados, ofrece variaciones tropicales tan considera- bles,que podrían determinar oscilaciones enlascifras de la ebriedad, si no hubiera establecida una cier- ta compensación entre los factores físicos y los fac- tores sociales, de tal manera que los unos suplen ó completan á los otios. Tomando como punto de ob- (1 I Ucsprit <ies lois.-Libro 14, Cap. Lo. 130 servacion Buenos Aires, donde el clima húmedo y la vida esencialmente activa requerirían la acción de ciertos estimulantes, y Tucuman, donde el clima tropical y mas ardiente baria innecesario el uso de bebidas alcohólicas, tenemos que las curvas de la embriaguez no señalan, relativamente hablando, grandes variaciones. Porque en Buenos Aires la influencia de los factores físicos se compensa, con la de los factores sociales que, como la cultura social y otros seme- jantes, tienden á destruir las exigencias que el cli- ma pudiera hacer eficaces en favor del desarrollo df 1 vicio. En Tucumán, por el contrario, donde tales factores sociales escasean, el clima es bas- tante apacible para no requerir ningunas de esas exitaciones. En Mendoza, tenemos entendido, se produce la ebriedad con mucho mas expansión, lo que podria atribuirse tanto al clima sobradamente frió de esa provincia andina, como á la producción alcohólica que favorece poderosamente su desar- rollo. San Juan y San Luis presentan un tipo de confrontación muy semejante, y totalmente distinto del de Santiago del Estero,Monde, si bien la em- briaguez ofrece caracteres enteramente diferentes, se halla bastante expandida á pesar de la calidéz habitual de su clima; lo que se explicaría bien por la carencia absolucta de ideas de sociabilidad y por la ignorancia en que viven las masas popula- res. Catamarca ofrece el mismo punto de vista, y la producción de la embriaguez se verifica de la misma manera y sujetándose á las mismas reglas: verdad es que allí la aloja, como en Santiago la chicha, ofrecen un poderoso estímulo á la embria- guez, y dada la carencia de medios sociales para combatirla, tanto su desarrollo como sus efectos 131 generales, tienen que ser mucho mayores -En 13 A. los hábitos de la población marinera, lo mismo que en el Rosario, Entre Rios, Corrientes y de- más pueblos de las costas de los rios, cuya po- blación hetereogénea y cuyos hábitos mercantiles forman un medio ambiente propi io para la pro pagación del vicio, no se observan elevaciones considerables en las curvas de la embriaguez; y ya síi p ir la infliMJÍidj fiítore; físicos, ó por la debilidad de los factores sociales, es un hecho innegable que á medida que se avanza hacia el N y O., se manifiesta un notable crecimiento en el consumo de los espíritus Esta observación es de tanta mayor importancia cuanto que ha de ser- virnos para establecer los medios adecuados de combatir el vicio y para graduar la fuerza de las medidas preventivas según las diversas localidades. Antes de entrar en el análisis de las cuestio- nes que entraña el sistema preventivo de la em- briaguez, conviene, para llegar á conclusiones mas mas prácticas, precisar las causas que la originan. Estudiando la constitución de nuestra sociedad, las diversas influencias que obran en ella, las diferen- tes categorias de miembros que la componen, y observando la predisposición de cada una de ellas, las tendencias que las caracteriza, encontraremos el punto de partida, y si se quiere, hasta el orijen y la razón de ser de la embriaguez entre noso- tros. La República Argentina está formada por dos clases sociales mas numerosas-una, que compren- de la categoría mas elevada y que la forman las gentes de las ciudades, que viven y se desarrollan 132 en los centros civilizados y que poseen todos los hábitos y cultura de la ' burgeoise: y otra, la gente proletaria, cuyos medios de vida escasos, y cuyas in- clinaciones poco dóciles, predisponen á la existencia vagabunda y azarosa de la campaña. El trabajo á que la segunda se dedica es en general el trabajo de campo, en el cual los instin- tos naturales no marchan siempre de acuerdo con las indicaciones de la moral, en el que la sensa- bilidad afectiva se debilita, en el que el músculo, nutriéndose á expensas del nervio, domina y diri- ge fatalmente la razón humana por la senda ex- traviada de una Filosofía primitiva y acomodati- cia.-El paisano, el tipo que hemos burilado al tra- tar de la criminalidad, cuyo retrato, magistralmente estereotipado por Sarmiento en sus cuadros sobre la vida argentina, se presenta como la síntesis de todo lo bueno y de todo lo malo, como la virtud y el vicio, con la debilidad de los caracteres pusiláni- mes ó con la fortaleza de los varones legendarios, es la demostración feaciente de la segunda categoría. La vida rural en la R. A. ofrece singularidades y puntos de vistas majestuosos para el que quiera contemplarlos. La monotonía no existe, todo es aquí variado, poético, risueño; la vida es siempre activa y no hay mas que replegarse dentro de la propia conciencia y entregarse á la contemplación del inundo físico, para hallarse en el seno de una naturaleza amplia, ilimitada y desenvuelta. Sus exi- gencias son pequeñas y el carácter de nuestro pai- sano demasiado generoso para que no pueda distraer á las necesidades diarias de la vida, algo con que acarrearse las satisfacciones del placer.--- De aquí que beba, de aquí que juege, de aquí que, sin preocu- parse del porvenir mas que para acariciar el pre- 133 sente, se entregue á todos esos actos que su con- ciencia no desaprueba y que su voluntad no re- chaza. Su trabajo activo, sin ocuparle todas las horas, permite, ademas, tales desahogos; quien haya leído Martin Fierro, el poema mas eminentemente nacio- nal, quien haya alguna vez hojeado las obras de Sarmiento, de Gutiérrez, de del Campo, conocerá la razón de la existencia de ese vicio entre nosotros -está en nuestro modo de ser, forma parte de nuestras costumbres y se ha unido de tal manera á nuestra vida de campaña que no acertaríamos á describir el tipo del paisano separándole de la pul- pería, como no acertaríamos con el tipo del mulato, sino lo presentáramos actuando en esa esfera donde las pasiones bullen, y donde los caracteres, en fer- mentación constante, no atinan á desechar lo malo para aceptar las influencias de lo bueno. Nuestra gente proletaria se embriaga por placer- los domingos y dias festivos, cuando el cumpli- miento del deber no es una ley rigurosa, los pun- tos donde se expenden bebidas están concurridísi- mos; no van con intención de departir y de hacer vida social, ni menos es una regla de cultura la que les impele-nó, es el atractivo de la bebida-es la perspectiva de las grandes expansiones-es el al- hago de un placer que representa para ellos la única distracción, el único pasatiempo, después de las fatigosas horas de trabajo La embriaguez está genuinamente incluida entre nuestras costumbres nacionales-y obsérvese que nos referimos aquí á la gente sin cultura, á los que viven en el campo y á los que habitando las ciu- dades, constituyen esa capa social que se deno- mina nuestro bajo-fondo. 134 Todo esto sin embargo, no es mas que la con- signación de un hecho que en manera alguna nos explica su razón de'ser--¿por qué, pues, la embria- guez asume esta forma en la R. A? Lo hemos di- cho yá en el curso de esta disertación y lo repeti- mos aquí-concurren factores físicos, antropológicos y sociales que analisaremos separadamente. Factores antropolójico: El trabajo-La gen- te proletario de la República se dedica en general á trabajos duros, fatigosos, queorijinan mucho gas- to orgánico-las faenas del campo, son las mas propias para estimular el consumo de las bebidas alcohólicas, por el efuerzo que ellas requieren pa- ra su cumplimiento, y lo mismo el trabajo ordina- rio del bajo pueblo que pulula en las ciudades.- Obsérvese, sino, como en los centros civilizados, el vulgo que se dedica á trabajos menos penosos bebe ménos-los gremios industriales consumen mucho menos alcohol que los mozos de cordel y que todos los que se dedican á un trabajo mas ac- tivo-y por regla general, nunca beben durante las horas de trabajo, al paso que los otros usan el al- cohol como estimulante y como confortante ála vez. Es de notar aquí, que á la vez que el trabajo, la ociosidad y la vagancia son otras causas produc- toras de este vicio; en nuestra campaña, donde las costumbres sea patriarcalmente sencillas, no falta quien aproveche tan buenas disposiciones-y asi te- nemos verdaderos heinailosat áeX trabajo, que re- corren las diversas localidades ,sin dedicarse á nin- guna obra útil, cobijándose al calor de un hogar ajeno-y provocando reuniones en cada almacén de bebidas donde concurre á exhibir sus resaltan- tes habilidades.-Tanto uno como otro, obedecen al mismo orden de impulsos; la vida de campaña 135 no descuella por la vinculaciones que crea ni por el trato social que se establece-lejos de eso, he- mos dicho-es una vida semi-bohemia que favore- cí desarrollo de la embriaguez. Costumbre-Es uno de los factores que intervie- ne con mayor fuerza para imprimir á la embriaguez un desarrollo creciente. Lo que no es muchas ve- ces determinado por necesidades de carácter im- perioso, lo que es casi siempre obra de la casua- lidad ó de una mera contingencia, se convierte poco á poco en una regla invariable de conducta. En la R. A. donde la vida social no es lo bastan- te activa y atrayente para dominar el influjo del vicio, la costumbre es un factor decisivo en la pro- ducción de la embriaguez-especialmente en la campaña, donde el hábito de asistir á las ventas de bebidas se impone como medio de distracción. Producción--A medida que los medios de vida aumentan ó disminuyen, aumenta ó disminuye tam- bién el abuso de las bebidas alcohólicas-y esto tiene su esplicacion en la mayor facilidad que se presenta de ocurrir á todas las necesidades de la vida, á la vez que de llenar cumplidamente las exi- jencias del vicio-En la R. A. el problema de la producción no está tan íntimamente ligado á la re- solución de las cuestiones referentes á la ebriedad, si se esceptúa las Provincias Andinas, que dedi- cándose al cultivo de alcoholes, ofrecen, natural- mente, un aliciente mas á la contravención. Ella sin embargo refleja indirectamente por cuanto, de acuerdo con las leyes económicas, una mayor pro- ducción determinaría un abaratamiento en los ar- tículos necesarios-quedando en consecuencia dis- ponible una cantidad mayor para dedicarla al vicio, aun suponiendo que el trabajo á jornal que se usa 136 en nuestras faenas, no determinase una mayor ga- nancia en la gente trabajadora. Estas variaciones serían, sin embargo, tan insignificantes, que la in- fluencia que ella pudiera tener en el desarrollo de la embriaguez no liarían elevarse sensiblemente las curvas de la misma. Y como por otra parte, con escepcion de los artículos de primera c imprescin- dible necesidad, la mayoría son artículos de impor- tación, el abaratamiento no sería tan considerable; de aquí, pues, que la mayor ó menor producción solo redunde en beneficio de los propiet irios. Pe- ro en las Provincias Andinas las cosas suceden de diferente modo-allí la producción de bebidas alcohólicas es una fuente de riqueza á la que se dedican capitales y brazos-y la mayor ó menor escala en que ella se efectúe tiene que influir de- cisivamente en la producción de la embriaguez, toda vez que facilita ó restrinje el expendio de bebidas por La disminución ó encarecimiento de los precios. Se observa sin embargo, que siendo la producción próximamente en el mes de Abril, el grueso de las contravenciones por ebriedad se manifi- esta entre los meses de Noviembre y Febrero -lo que según nuestra opinión, hemos resuelto en otro lugar de este capítulo, no obedece ú un menor consumo de alcohol, sino á un mayor efecto de éste sobre el organismo, por razón de la estación y de la influencia que proyectan el clima y la temperatura. Factores sociales-Ignorancia-Este es á nues- tro juicio uno de los factores mas importantes-si hay algo que modifique las inclinaciones del hom- bres-si hay algo que contribuya á elevarlo en la escala ascendente de los seres, que la haga apto para el desempeño de su misión sobre la tierra y 137 que imprima á todos sus actos un sello de bon- dad, es la educación, barrera insalvable para todas las bajas pasiones, fuente inexpugnable en la cual se estrellan, el vicio, la corrupción, la delin- cuencia. Muy pobre idea tenemos de la instrucción de nuestra gente proletaria y mucho es lo que en este sentido podría hacerse para mejorar su con- dición-nada de extraño encontramos en que per- sonas sin nociones de sociabilidad, sin hábitos de vida, desconociendo por completo lo que es un deber, ignorando lo que es un derecho; nada de extraño decimos, en que esa gente sin cultura, de creencias dudosas, y de una moralidad mas dudo- sa aun, se entreguen al vicio En nuestras pobla- ciones de campaña, á pesar del empeño con que durante los últimos años se ha reforzado la acción de los gobiernos y de las comunidades privadas para propender al desarrollo de la instrucción, se encuentran ejemplares numerosos de personas cu- ya ignorancia llega á los últimos extremos ¿Qué consideraciones pueden hacerse valer contra ellas, que desconocen por completo todo principio mo- ral, con quienes no hay vínculos de familia, corre- lación de afectos, y que todo lo libran al capri- cho de una existencia aventurada é incierta? Obsérvese, sino, como la mayoría de los con- traventores pertenecen á esa categoría social en quienes la educación no ha hecho progresos-ob- sérvese como ellos son obreros, sin mas aprendi- zaje que el de su oficio-compútense las cifras y dígase cuantas personas educadas, cuántas que por sus conocimientos, sus ideas ó sus medios, ocupen nivel dominante, se presentan en el cómputo como afectadas por este horroroso vicio Muy raro 138 será el ejemplar que se. presente-y aún ese se verá que ha descendido hasta tal límite en virtud de otras causas que la carencia de sentido práctico y el desconocimiento de su entidad moral. Al tratar de la educación como medio de combatir este vicio, haremos observaciones mas profundas y detalladas al respecto. Inmigración y Población-L.i diversidad de los componentes que actúan en un organismo so- cial, es también un factor para favorecer el de- sarrollo de las contravenciones. La ebriedad no deja de sentir su influencia. toda vez que entre la diversidad de caracteres y de razas que se ajitan en un mismo centro, la disparidad tiene que ser una consecuencia - Nuestras poblaciones son centros esencialmente cosmopolitas, donde se reunen como agrupados en torno ¿i un foco común, habitantes de todas las nacionalidades y de todos los puntos de la tierra-y si bien en las oleadas de inmigra- ción que diariamente afluyen á nuestras playas, debemos mirar una esperanza salvadora para el porvenir de nuestra pátria, es forzoso también que la miremos como el nuncio de las grandes desven- turas y como la portadoni de males sociales in- finitos. La casta obrera, que es la que viene á nuestro suelo, como la casta trabajadora, no se ha- ce notable en Europa por la pureza de sus cos- tumbres y por el culto que rinde al cumplimiento de sus deberes; allí precisamente es donde mas se resiente la industria de los frecuentes abandonos de la jente de trabajo y de la asiduidad con que se dedica á la práctica de los vicios-aquí donde recibimos con los brazos abiertos á todo el conti- jente que nos envían del viejo mundo, recibimos al par, sin poder distinguir unos de otros, á los 139 que formarán el pedestal de nuestra riqueza y á los que echarán las raíces de nuestra decadencki fu- tura. La Colonia extranjera contribuye mas que la ar- gentina en la escala de la ebriedad, especialmente la italiana que por su mayor número, ofrece un poderoso continjente en las contravenciones-esto puede constatarse recorriendo el Boletin Mensual de Estadística de la Provincia de Buenos Aires- lo mismo que la criminalidad del Sr. Mendez Ca- sariego (1887) y las memorias de Policía de la Pro- vincia de los arios 1888-1889-Esto puede com- probarse, recorriendo las entradas diarias al Depar- tamento de Policía de esta ciudad; y si no temié- semos extender demasiado los límites de este tra- bajo, los incluiríamos aquí para evidenciar que entre las causas que favorecen el desarrollo de la embriaguez, no es la inmigración la menos impor- tante. Otras causas:-A nuestro juicio los factores que acabamos de señalar influyen decisivamenre en la producción de la embriaguez-hay ademas muchos otros que actúan paralelamente, pero cuya influen- cia se deja sentir con menos intensidad; son como si dijéramos complementarios de estas principies. La carencia de un sistema preventivo adecuado, y las deficiencias como se hace el servicio de po- licía, son causas que, si no contribuyen-facilitan la propagación del vicio-Los precedentes que existen en esta materia, permiten creer que nuestras policías, que son esencialmente preventivas en sus funciones, no llenan debidamente su misión. Y no debemos achacar esto á defectos en su organiza- ción ó en su servicio puesto que las policias me- jor organizadas no han salido aun de la fórmula 140 ordinaria en cuanto á su constitución; sino mas bien á la falta de medios apropiados á su objeto, como ser una legislación policial completa, que deslindando las facultades del ájente, haga eficaces las medidas tomadas por este. No hay, por otra parte institución que no se resienta del medio ambiente propio en que ella actúa, y asi las policias de la República, que tienen que luchar con todos los inconvenientes anexos á un estado rutinario y una moralidad popular poco plausible, están distantes de prestar los servicios que de ellas pudiera es- perarse. Es esta una de las reformas que se im- ponen, y que requeriremos al tratar de la preven- ción de la ebriedad-La gran difusión de casas donde se expenden bebidas y la falta de un regla- mento que limite tales abusos, es también una causa de la embriaguez Tanto en las ciudades como en la campaña, las tabernas, pulperías y almacenes de bebidas se encuentran á cada paso y el expen- dio de ellas se hace con entera libertad.-Luego, tenemos la facilidad con que se obtiene en este país todo lo necesario para ocurrir á las necesida- des diarias de la vida-sin que haya lugar á preo- cuparse por lo que se malgasta en bebidas-En el capítulo anterior transcribíamos una pajina del mi- nisterio de gobierno de Buenos Aires, 1872, en la cual se lée, que la embriaguez habitual de tantas personas, no reconoce por causas ni esas afecciones morales que inducen á los hombres á neutralizar por medio de los licores las amarguras de profundas penas, ni la necesidad de insensibilizarse contra el asedio de grandes miserias. Atribuye aquel mal á la plenitud de satisfacción con que viven en este país las masas populares, hallando fácilmente, no los medios de llenar las necesidades mas in- 141 dispensables de la vida, sino también lo bastante para costear los vicios intemperantes en la escala de inmoderación á que su falta de cultura los in- du *e.» Todas estas causas, á Jas cuales aun podrían agregarse muchas otras, concurren para facilitar el desenvolvimiento de la embriaguez, que encuentra un vasto campo donde arraigar y echar sus frutos; y por desgracia nuestra está aun bastante lejano el dia en que tocando al límite de nuestra rege- neración moral, veamos por su propio impulso levantarse nuestras capas sociales menos elevadas. El estudio de todas estas causas es lo que cons- tituye para el sabio profesor de Sienza las leyes de saturación criminal, que por el conocimiento de las condiciones biolójicas sociales, nos darán la razón de la producción de la delincuencia. Se- gún Ferry, cada situación de las sociedades presen- ta caracteres y ofrece tipos de comparación espe- ciales-y asi como cada una determina una diver- sa tendencia y presenta al snjeto un diferente cam- po de evolución-asi la delincuencia, que no es otra cosa que el producto de una combinación entre las condiciones sociales y los caracteres individua- les, aumenta ó disminuye según las facilidades que ofrecen tales condiciones-La delicuencia es, pues un hecho fatal, incontrovertible, especie de resul- tante de los factores que concurren en ella en com- binación con el estado particular de cada delincuen- te y es un hecho que se realiza con una preci- sión matemática, de tal manera que dado el número de factores y las condiciones sociales del medio en que actúan, se podría, por un simple cálculo de aritmética, conocer la cifra exacta de los casos probables de delincuencia, «Del mismo modo que 142 en un volúmen dado de agua á cierta temperatura, se debe disolver una determinada cantidad de sus- tancia química, ni una molécula menos, asi en un ambiente social con determinadas condiciones físi cas ó individuales, se debe cometer un determi- nado nümero de delitos, ni uno mas ni uno menos. > porque según él, «el nivel de la delincuencia se de- duce año por año de las diversas condiciones del ambiente físico y social combinadas con las tenden- cias congénitas y con los impulsos ocasionales de los individuos.»-Para ser consecuentes con cuanto de- jamos expuesto y con la influencia de las causas so- ciales, que liemos aceptado en la producción de la delíctuosidad, no podemos negar en verdad que la delincuencia sea la resultante de una combinación entre las tendencias individuales y el medio social en que actúa- el criminal nato, cuya predisposición se manifiesta en los menores actos, no concurre al crimen sino cuando encuentra un medio ambien- te propio para ello-y eso, que su tendencia ingé- nita tiende á revelarse en todas y cada una de las circunstancias de su vida. ¿Cómo pues descono- cer entonces la fuerza de las condiciones sociales? ¿Cómo no admitir su influencia, cuando, para noso- tros, son ellas las que determinan el aumento ó disminución de la criminalidad. Según los factores que intervienen en cada cen- tro, ella se manifiesta con mas ó menos intensi- dad y un mismo individuo cuya templanza y mo- deración fuesen proverbiales, se desconocería en otro centro en que la falta de cultura ú otras cir- cunstancias igualmente influyentes, determinasen una reacción Así pues, el total de la delincuencia está subordinado á la influencia que ejercen los factores del delito operando sobre cada uno de 143 los individuos aisladamente. Escepcion hay que hacer, sin embargo, de los criminales de ocasión, que no caen bajo el imperio de esta regla por tratarse de cuestiones accidentales que originan un hecho delictuoso. Las leyes de saturación cri- minal son aplicables al hecho de la producción de la embriaguez-cuyas causas como acabamos de ver, están intimamente ligados á la solución de nuestros problemas sociales mas importantes - y cuya fuerza impulsiva se halla en razón directa del medio ambiente en que se ejerce. El estudio de esas causas, ó sean las leyes de saturación ebriosa, para valernos de esta expresión, nos in- dican que, á medida que se vayan adoptando me- didas eficaces y disminuyendo en consecuencia los factores de la ebriedad por el mejoramiento de las condiciones sociales, se esperimentará una reforma saludable por la disminución de las con- travenciones, toda vez que ésta es resultado de una combinación de fuei'Aas, que son los factores, que obran paralela y directamente sobre cada uno de los individuos. Esto parecería hallarse en contradicción con lo que hemos expuesto en el capítulo anterior so- bre el aumento anual de la embriaguez-pero esta contradicciones son solo aparentoes y basta para des- truirlas considerar que durante los años cuyas ci- fras comparamos, no se han ensayado los medios de disminuir la saturación ebr¡ >sa, y que por otra parte, al par que la saturación ha subsistido la misma, la densidad de la población ha aumentado considerablemente, lo que sería bastante para jus- tificar un aumento cualquiera en ese sentido. 144 Como contrabalanceando á estas leyes de sa- turación, la misma escuela positivista se encarga de darnos los medios para hacer descender la es- cala de la delincuencia, por la disminución de los ajentes saturadores; los sustitutivi penalino es otra cosa que los diversos remedios que puedan adop- tarse, para establecer un mayor equilibrio entre los factores de la delincuencia y las condiciones personales del individuo, ó sea los medios para hacer desaparecer la influencki de tales factores sobre las tendencias congéni as del delincuente. -Ya sabemos que estas tendencias congénitas permanecen en estado latente mientras no coexis- tan con ciertas situaciones especiales, ó mientras no sean provocadas por determinadas condiciones sociales; y los suslítuvi penali tiene por objeto evitar que tal situación se produzca y que el cri- minal, sin dejar de ser tal por contextura ó predis- posición, no dé la demostración práctica de sus tendencias La pena, por otra parte, es un ájente preventivo de relativa importancia y no siempre eficaz paia contener los desbordes de la delincuencia-toda su importancia estriba en la base de la represión- pero aquí se trata precisamente de prevenir y en manera alguna de castigar.-Los sustitutivi pena i tienen pues una función tanto mas seria que de- sempeñar, mientras mas eminentemente sociales sean los fenómenos á que hayan de aplicarse- - Hemos estudiado las leyes de saturación ebriosa y las causas que á nuestro juicio la orijinan; tene- mos pues que tratar de sus sustituvi, ó sea de los medios de prevenirla,evitando que una combinación de circustancias influyan sobre la masa de los in- dividuos y les impelan en el camino del vicio. Es- 145 tos sustituvi han de tener por fin primordial pro- vocar una reacción individual contra la influencia que proyectan los factores-ó debilitar la acción de estos, imposibilitándolos para ejercer presión sobre los individuos-Nos encontramos pues en presencia de dos clases de sustitutivi-unos aplica- bles á los individuos y tendentes á elevar el criterio moral de los mismos y otros aplicables al medio ambiente en que aquellos actúan, destinado á de- primir su fuerza impulsiva-Como por otra parte la ebriedad no es un hecho delictuoso, al que pueda aplicarse una pena, las disposiciones lejisla- tivas son ineficaces-y como el resulta siempre de una combinación entre las condiciones sociales y las tendencias individuales, lo que dá el coeficiente de saturación, es menester reducir esa cifra y pro- vocar una disminución de la embriaguez, todo lo cual es trabajo de los sustitutivos. El carácter de éstos es, pues, aquí, como en todos los casos en que ellos intervienen, prevenir el delito: de otro modo seaían innecesarios puesto que los efectos de la pena se dejan sentir inme- diatamente sobre el que voluntajiamente viola la ley penal, y la detención perpetua á título de cu- ración, sobre quien involuntariamente ataca las condiciones de la existencia social. Como su nom- bre lo indica, su misión es sustituir, cambiar, mo- dificar, dar remedios para evitar que los males se produzcan y no enmendarlos después de produci- dos-evitar que la embriaguez se propague, no buscarla en sus fuentes productoras para reprimirla. El estudio de los sustitutivos de la embriao-uez será, pues, el estudio de la manera de prevenirla. Nos encontramos, en primer lugar, para seguir el mismo orden de enumeración que anteriormente, 146 con los sustítuti vos de los factores antropológicos; siendo éstos eminentemente personales, los sustitu- tivos deben por objeto provocar una reforma saludable en el individuo, apartándole de la senda peligrosa del vicio poc el rumbo que impriman a sus tendencias ingénitas y por las nociones que le suministren, de moralidad social. La primera y mas eficaz de las maneras que en- contramos para llegar á este objetivo es la educa- ción popular. Al tratar de la ignorancia como causa productora de la embriaguez, decíamos que nada podría esperarse de los pueblos sin nocio- nes ni aún elementales, de sociabilidad: donde la cultura social es desconocida, donde no hay mas principios que aseguren la existencia de la asocia- ción que la comunidad de los esfuerzos en orden a la prosecución del trabajo- cada individuo obra, políticamente, por sí y ante si, las sociedades no son otra cosa que agrupaciones laceradas, sin vida, sin unidad; es menester que concurran a ellas ciertos agentes de coherencia que establezcan en- tre los componentes una mayor suma de relación- que los vincule-que orijine el trato social, para que despertando ideas de sociabilidad, se considere en la agrupación algo mas que una colectividad destinada á desempeñar ciertas funciones en orden a la pro- ducccion. Aquí ejerce su influencia la escuela- aquí el maestro domina las impulsiones naturales por la inoculación de los principios morales-la educación encuentra un vasto campo donde operar, hasta transformar por completo la faz espiritual del individuo. No se puede desconocer que la educación ejerce una fuerza incontrastable y que para destruir los efectos fatales de las pasiones inmoderadas, es el único expediente salvadora que puede recurrirse. 147 La superioridad moral de los países europeas no estriba en otra causa que en el desarrollo de la instrucción y en la mayor suma de conocimien- tos que poseen allí hasta las personas mas despreo- cupadas-Inglaterra, que como hemos visto ante- riormente, por su clima por sus condiciones físicas y por el carácter particular de los habitantes, ofre- ce una esfera de acción enteramente propicia para el aumento de la embriaguez, no presenta relati- vamente, sino una criminalidad mínima Por que la educación, que, repetimos es á nuestro juicio un sustitutivo de máxima importancia, contraba- lancea la influencia de los factores antropolójicos y físicos-Observa Tarde que siendo el Inglés mu- cho mas bebedor que el Italiano, es sin embargo diez y seis veces menos homicida, lo que no pue- de atribuir á otra causa que á la superioridad de cultura social que se presenta en el Norte.-Fran- cia, que es otra de las naciones envidiables en pun- to á instrucción y educación popular, hemos visto que no presenta cifras tan elevadas como para atri- buirle un rol resaltante por la consistencia que en ella tomen el vicio y la criminalidad.-Y eso que Fran- cia. y especialmente París, han llevado su espíritu mercantilista á los últimos extremos-lo que es un aliciente poderoso para la delincuencia y el vicio y un estímulo para la criminalidad; (contra la propie- dad) á tales observaciones no se pueden, en rigor, asignar otra causa que el desarrollo de la educa- ción popular y el rápido elevamiento del nivel moral de las masas.-En la R. A., hemos visto, la educación está muy incompleta, tanto por la cali- dad como por la cantidad, para que surta los efectos que de ella pueden esperarse, es menester que se amplíe, tanto efi el régimen educativo cuanto en la 148 forma en que la instrucción se dá actualmente-se precisa especialmente fomentar la instalación de las escuelas y ensanchar la esfera donde los niños pue- dan adquirir todas las nociones morales. En el número 193 del Monitor de la Educación Común, correspondiente'al 31 de Enero del corrien- te año, encontramos una revista general de la ins- trucción en todas las Provincias, y todas, sin escep- cion, son deficientes tanto por la insuficiencia de los conocimientos que en las escuelas se adquiere, como por la limitación que forzosamente se esta- blece para la masa de niños susceptibles de edu- carse. La Provincia de Buenos Aires que es laque en mejores condiciones se encuentra á este respecto, solo cuenta con 185 escuelas elementales y 575 infantiles para atender á la educación de 150,000 niños. Estas escuelas son rudimentarias, y si se esceptúa las escuelas graduadas, en las cuales se recibe una instrucción mas sólida, las nociones que ellas suministran son en general incompletas y poco hábiles para orijinar una reforma radical en los hábitos de nuestra plebe. Bien entendido que no hablo aquí de las escuelas particulares, porque re- firiéndome á la gente menesterosa, no puedo tener en cuenta esos establecimientos que requieren ero- gaciones.-Los cuadros de asistencia de los alum- nos han demostrado que del total de niños existen- tes en la Provincia de Buenos Aires, solo unos 60,000 concurren á las escuelas, quedando en con- secuencia un exceso de 80 á 90.000 privados por completo de los beneficios de la instrucción. No se argumente que la población de las escuelas se re- nueva constantemente, porque eso solo serviría pa- ra hacer resaltar la insuficiencia del método educativo, toda vez que no es posible á un niño adquirir los 149 conocimientos necesarios en La vida, en uno, dos ni tres años; la población infantil, aumenta ademas en la misma proporción que la totalidad de la po- blación y á medida que unos van abandonando su sitio de las aulas, van encontrándose otros en es- tado de ocuparlos-de manera que siempre ten- dríamos un 133 °/0 de niños que no recibirían ins- trucción ninguna. Esta proporción es inaudita si se tiene en cuenta que la educación es por ahora uno de los pocos medios con que contamos para contrarrestar la influencia de los factores de la delictuosidad-y que en el estudio de los sustitutivos, ésta ocupa un lugar muy preferente para determinar una reacción favorable en pró de los intereses bien entendidos de la comunidad. Se hace, pues, necesario dotar de mayores elementos á esta rama del orden so- cial y dar mas amplitud ú la por hoy limitada es- fera en que evoluciona el magisterio educacionista. Aparece de los mismos datos que nos suminis- tra «El Monitor», que la provincia de Corrientes es la que se encuentra en condiciones mas favo- rables respecto del grado de instrucción-sin haber llegado, no obstante, al grado de perfección que las instituciones de esta naturaleza pueden alcanzar eníre nosotros. La provincia de Córdoba ha mejorado en esta materia mucho durante los últimos años-pero es todavía desconsolador el cuadro que la instrucción presenta en nuestra provincia. La vigorosa iniciati- va de los poderes públicos ha contribuido á subsa- nar infinitos defectos apartando inconvenientes sérios que se oponían á su desarrollo-y si bien la ins- trucción está aún en un estado primitivo, es de esperarse que en el camino de adelantamiento en 150 que se la lia colocado, ella no tardará en prestar importantes servicios á la causa de nuestra socia- bilidad Las Provincias Andinas y del Norte, adolecen mus ó menos de los mismos defectos-pocas escue- las y escasos conocimientos. Con estos antecedentes es bien fácil determinar lo que es necesario hacer para la educación común no se esterilice en vanas tentativas-y para que sea un verdadero sustitutivo. En primer lugar fomentar la instalación de es- cuelas, tanto en los centros civilizados como en la campaña, de tal manera que haya el mayor nú- mero posible de establecimientos en servicio, al cual concurran los niños de todas las categorías sociales. Estas escuelas, sean elementales ó infan- tiles, no solo deberán tener por objeto dar al niño la mayor suma de conocimientos necesarios ó úti- les, sino también imprimir en su espíritu un sello de bondad que le haga apto para la prosecución de sus fines sobre la tierra. En tal concepto, se debe dar una preferente atención al estudio de la moral pública y privada-excitante los sentimien- tos generosos de los niños y tratando de reprimir cualquier tendencia ó pasión inmoderada. Se pro- curará que estas nociones morales se graven pro- fundamente y echen raices en su corazón, para que puedan, cuando sea hombre, enfrenar los instintos desordenados de una naturaleza desgraciada Es- tas lecciones de moralidad, al par que los demás conocimientos útiles, son tanto mas importantes, cuanto son ellas las que verdaderamente orijinan una transformación en la faz moral del individuo. 2.° Se fomentará la creación de asilos bajo el re- jimende las comunidades privadas los cuales tendrán 151 el mismo objeto y llenarán las mismas funciones que las escuelas de que acabamos de hablar. Estos ademas cumplirán otra misión cual es la de recojer y' amparar á los niños desvalidos, huérfanos ó va- gos, evitando asi que las pasiones mundanas de- praven su espíritu y hagan de él un ser peligroso para la sociedad. Es sabido que la vagancia-co- mo el pauperismo-engendra males sociales infini- tos, entre los cuales la ebriedad y la delincuencia son los principales-y en tal caso la institución de. asilos, prevendría tales hechos, y daría á la socie- dad, individuos hábiles para el trabajo y obreros cons- tantes de su engrandecimiento.-Tenemos entendí- do que la única forma de hacer practica esta idea es colocar tales asilos bajo el patrocinio de las co- munidades privadas-por ser tarea extraña é im- procedente de parte del poder adminitrador. No hay hasta hoy ejemplo de que tales empresas ha- yan dado buenos resultados en manos de los go- biernos-como se comprueba en España donde los asilos de menores y de infantes tuvieron que ser abandonados, por la imposibilidad del gobierno de ocurrir á todas sus necesidades.-Estos pueden ademas tropezar con ciertas 'dificultades de carác- ter financiero que la piedad y la filantropía salva- rán fácilmente. La misión del poder público se reduce, en este caso á fomentar la creación de tales establecimien- tos, por la concesión de privMejios, donación de inmuebles pani sus edificios, y aun acordándole sub- venciones para atender á sus gastos ó para am- pliar los servicios que ella presta.-Es cnestion también corriente que en este último caso, el go- bierno que haga tales concesiones tendrá el dere- cho de intervenir en la administración de la socie- 152 pad-ó de fiscalizarla, nombrando administradores, fiscales ó representantes según los casos. Como una prueba fehaciente de la utilidad que tales instituciones prestan á la sociedad, bastará referirnos á Buenos Aires donde existe el asilo del «Buen Pastor» al que si bien ingresan solo muje- res, esto basta para arrebatar al vicio ó á la prosti- tución todas esas desgraciadas, víctimas de sus propios errores ó de la ignorancia é incuria de sus descuidados padres. 3 '. Se dotará á todos los establecimientos de edu- cación (escuelas, asilos etc.) de un personal com- petente y de moralidad reconocida-La influencia del ejemplo, especialmente sobre los niños puede llevarlos hasta la ejecución de muchos actos que la moral y la conciencia rechazan. El maestro en- cargado de encaminar al discípulo por la senda del bien, hasta convertirle en un buen padre-en un honrado ciudadano-no debe estar desprovisto de todas esas condiciones que aseguran el cumplimien- to de las obligaciones que su apostolado le impone. 4'. Se pondrá en vijencia en toda su fuerza la ley de Educación Común y se harán efectivas las disposiciones penales comprendidas en el capitulo de la Educación obligatoria. Las escuelas de Artes y Oficios son otros tan- tos medios que, dando al niño las facilidades de atender á su subsistencia y deparándole una vida tranquila y civilizada, contribuye á eliminar muchas víctimas que la ignorancia, la miseria, ó la maldad habrían irremisiblemente arrojado en la senda de- sastrosa del vicio. Fomentar las industrias, y establecer cajas d<' ahorros-El trabajo es un medio de llevar la mo- ralización á las clases bajas de nuestra sociedad 153 La ley del deber se impone con frecuencia aún en los ánimos menos dispuestos á cumplirlo, y en tal concepto, obligar al trabajo es sujetar á los individuos y encadenar en cierto modo su actividad perniciosa, en bien de la sociedad, disminuyendo el número de ocasiones en que puede concurrir al delito. El trabajo es, cuando la naturaleza se acostumbra á él, una ley imperiosa que modifica benéficamente las costumbres del individuo. Si á esto se agrega el estímulo, por medio de premios, recompensas,men- ciones honoríficas-y la institución de cajas de ahorros en las que el obrero deposite el escedente de sus ganancias que pudiera destinar al consumo de bebidas alcohólicas-los efectos de este sustitu- tivo se traducirán en un mejoramiento en las con- diciones sociales y una disminución en la producción del vicio. Su acción no es, sin embargo, ni inmediata ni decisiva. Reglamentación de la vagancia-El tipo que el Dr. López denominaba atorrante, tiene ya curso legal entre nosotros; en los centros civilizados, sobre todo en Beenos Aires, se le encuentra rodeado de todos sus atributos; uno de les continjentes mas elevados del vicio en general y de la delincuencia, es suministrado por esta casta, desposeída é igno- rante, que acude á todos los medios para atenderá las necesidades de su vida. Es menester, pues, propen- der á su desaparición-prohibiendo la vagancia y reprimiéndola con penas. Medidas administrativas-Entre las medidas "de orden administrativo que deben tomarse para evi- tar el mayor desarrollo de la embriaguez-la que se impone por la fuerza de los acontecimientos y por la insuficiencia y esterilidad de sus trabajos hasta la fecha, es la reforma del sistema de po- 154 licías. Nuestras policías son, en sus funciones, esencialmente preventivas y destinadas á evitar la produccioa de todos los fenómenos que no estén de acuerdo con el estado de civilización y con el grado de cultura social que hemos alcanzado-y en orden á la embriaguez, su misión se reduce á la aprehensión del ebrio que se conduce al De- partamento respectivo donde permanece mientras subsista su estado Tal forma de hacer el servicio es pura y sencillamente absurdo-ni se toman medidas para evitar la repetición del hecho ni se previene la ejecución de otros nuevos. No puede haber por otra parte, trabajo eficaz de parte del agente sino se le dan los medios adecuados á tal objeto, y la tarea de conservar el orden público es imposible sino se principia por acordar á este ciertas facultades, ciertas atribuciones en virtud del carácter que inviste El defecto no consiste ni en la organización de las Policías, ni en la forma como se hace el servicio de seguridad entre no • sotros. Consiste solo en el extravío de las fun- ciones asignadas á cada repartición del poder pú- blico y en la carencia de medios preventivos al alcance de la policía. La policía es la encargada de prevenir y para esto deben dársele los medios propios á tal fin, y deslindar con exactitud el cam- po hasta donde ella extiende su acción. La cos- tumbre inveterada en nuestras policías ha sido dictar ordenanzas estableciendo los actos que caían bajo su jurisdicción y determinando las pe- nas de que eran pasibles los contraventores. Este procedimiento, á mas de adolecer del incon- veniente muy sério, que tales ordenanzas no cons- tituyen un cuerpo de jurisprudencia, toda vez que la voluntad de los Sud-Intendentes de Policía es 155 la regla lejislativa imperante, modificables tam- bién á voluntad de los sucesores-tiene un otro capital y es que no forman un todo homojéneo -un cuerpo de lejislacion completa que dete- mine los puntos á que se aplica la acción po- licial. Tratándose de funciones tan importantes, esta sola consideración bastaría para requerir la modificación de nuestro sistema preventivo, sino hubiera aún otras de tanto peso como las prime- ras. Se ha negado la facultad punitiva de nuestras policias y el carácter represivo de sus ordenanzas, y se ha mirado como una arbitrariedad que, á mé- rito de ellas, se infligiesen penas que en manera alguna está la policía autorizada á imponer-si su carácter es meramente preventivo-si su misión se reduce á evitar en lo posible la producción de la delincuencia pá título de qué castigan las policias? Es menester convenir en que se tiene razón al ale- gar todo esto-la policía, castigando, desvirtúa su misión-se extralimita en sus facultades-ella pre- viene pero no reprime. Por otra parte, estas penas ¿son emanadas de autoridad competente-del poder que según la Constitución, es el encargado de discernir los gra- dos de delincuencia y proveer á la penalidad? Son emanadas de las ordenanzas, pero estas ordenanzas ¿qué son sin la aceptación del principio absurdo, que un individuo en virtud del carácter público que inviste, asume facultades lejislativas y judiciales siendo lejislador y juez de motu propio? ¿Y de don- de derivan esas facultades lejislativas y judiciales? De una practica viciosa, de una costumbre de lar- gos años, cuya modificación se impone. Según nuestra Constitución, nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley existente antes 156 de la ejecución del hecho delictuoso y las orde- nanzas que castigan, ¿son por ventura leyes? Nó: ellas emanan de la Gefatura y no de las Cámaras Legislativas. La práctica de las ordenanzas es,pues, contra todo derecho, contra el texto explícito de nuestra Constitución y de nuestras leyes-la po- licía no puede funcionar sin que una ley en forma determíne sus atribuciones. Durante el año pasado se ha visto en Córdoba discutirse estos mismos principios y negarse toda eficacia á las ordenanzas-■ la resolución judicial ha confirmado la teoría que sostenemos, negando á las ordenanzas la facultad de prohibir ó castigar algo-en mérito de lo cual la Legislatura de la Provincia dictó con fecha 24 de Noviembre de 1890 una ley declarando leyes de la Provincia á las ordenanzas actualmente en vigencia. Esto es, sin embargo, demasiado poco-las fun- ciones de la policía son múltiples y difícilmente podría abarcarse en algunas ordenanzas todo lo que es materia de su acción-ellas no determina- rían, por otra parte, sus atribuciones, sus deberes, ni los medios de que se valdría para obligar al cumplimiento de sus disposiciones. Es menester entonces ampliar esa legislación, dictar un Código de Policio, en el que, al par que se consulten las exigencias sociales y se dé cumplimiento á nues- tra Constitución y leyes, se provee de una manera eficaz al bienestar y seguridad común, dando á la policía los medios de hacer valer su influencia preventiva en todos los órdenes á que su actividad puede aplicarse. Las facultades y atribuciones inherentes á tales instituciones tienen que ser tanto mas vastas cuan- tos mas variados son los servicios que de ella se 157 exijen; la prevención de los hechos es algo muy ambiguo que no puede haeerse limitándose la ac- ción policial-y por todas estas razones, la sanción de un Código de Policía, seria un gran paso que daríamos en el sentido de prevenir la delincuen- cia.-Estas diferencias que hemos hecho resaltar tanto en las funciones de Policía, como en el ser- vicio que debe prestar y las disposiciones perti- nentes en que debe apoyarse-contribuyen para facilitar el desarrollo de la embriaguez, dada la insig- nificancia de las barreras que se le oponen. Las policías de la R. A. no previenen actualmente la embriaguez-producido el hecho, se toman las me- didas para evitar que resulten consecuencias mas desastrosas-algunas veces se castiga y en la ma- yoría de los casos queda impune.-La institución policial puede prestar servicios poderosísimos á la causa de la prevención de la ebriedad, con unbuen réjimen, que deslindando sus atribuciones, determi- nando las cuestiones que son de su competencia, sus derechos, deberes, prerogativas, &, facilite el cumplimiento de tal misión. - En este sentido las medidas que se imponen y que, desde luego se me ocurren, serian las siguientes: Sanción de un Código de Policía, donde se de- termine con precisión las funciones que esta deba desempeñar-en el cual se establezcan las penas á que se hará acréedor el borracho-facultando á la misma policía para agravar esa pena en los con- tumaces y aun imponiendo una pena de arresto inconmutable en dinero á los contraventores rein- cidentes. 2o Vijilancia estricta sobre las casas donde se expenden bebidas-como sobre las casas de juego, prostitución &• 158 3* Formación de un cuerpo especial de guar- dianes destinado á prevenir el abuso de las be- bidas y ejercer la vigilancia á que nos referimos anteriormente Estos guardianes deberán ser per- sonas de moralidad reconocida, que intervendrán amistosamente en todos los casos y denunciarán á ]a policía los focos donde se fomente el vicio. Constituirán pues una rama especial de policía que el Dr. Quiroga denomina de moralidad social así como hay policías de seguridad, municipal, ejecutivas &. 4o Se llevará un registro especial de las casas donde se expenden bebidas, con especificación del nombre de los propietarios, agentes, representan- tes ó personas responsables en su caso. 5o Se impondrán penas severas á los agentes que descuiden el cumplimiento de sus obligacio- nes y se embriaguen. Creemos que por lo que respecta á la policía no tiene mas funciones que desempeñar-y que un completo régimen policial y la adopción de las medidas que quedan enunciadas provocarían una reacción favorable en el desarrollo de la em- briaguez. Reglamentación del espendio de bebidas-Como complemento á la acción preventiva de la policía que puede intervenir en el dominio puramente privado, convendría que una reglamentación del expendio de bebidas, hiciera mas eficaces las dis- posiciones tomadas por aquella. Actualmente los propietarios de las casas donde ellas se consu- men, hacen su comercio con entera libertad y con una franquicia tal que no se teme abusar de ella -y sería menester restrinjirlos, limitando los abu- sos de la licencia en lo que sea compatible con la 159 libertad. Es esta una de las causas que concurren con mas fuerza para hacer que la ebriedad asuma proporciones tan enormes entre nosotros-el ebrio que no se vé incomodado-y el comerciante á quien reportan provecho tales inclinaciones, fo- mentan cada uno por su parte, el desarrollo de la embriaguez. Es menester que la acción pública vaya hasta allí-y sin herir los derechos que nuestra Cons- titución consagra, sin restrinjir la libertad de Co- mercio, prevenir el abuso que de ella se haga-re- glamentar el expendio de bebidas Este sustitutivo es de una importancia capital, es- pecialmente entre nosotros donde tales franquicias son en extremo peligrosas--hay un hecho muy significativo que asi lo demuestra y que cita el Dr. Coronado en su tésis-durante la última epi- demia de cólera en la capital federal, por razones de salud pública y prescripciones hijiénicas la Mu- nicipalidad dictó una ordenanza mandando cerrar todos los almacenes donde se expendían bebidas al toque de oración-los efectos de esta disposición no se hicieron esperar, pues inmediatamente se notó un descenso en la criminalidad, el que llegó á ser tan importante que disminuyó hasta el 50 l,/0 de las cifrag de delitos que regularmente se cometían.-De manera entonces que reglamentar el expendio de bebidas es oponer una barrera só- lida al desarrollo del vicio. En este sentido, seria menester primeramente dejen amplia libertad al comerciante para efectuar sus ventas de manera que el consumo de las bebidas no se haga directa é inmediatamente en el establecimiento: esto es lo qúe á nuestro juicio se debe limitar primeramente porque lo que facilita el desarrollo de la embria- 160 guez es el abuso que se produce una vez desper- tado el deseo de beber. ' Se prohibiría pues la ven- ta de bebidas en los almacenes, fondos etc. para ser consumidas en el mostrador, y en los cafees, tabernas, pulperías, cabaretes etc. se limitará el ex- pendio á un número de copas suficientes para no producir la borrachera y calmar la intemperancia del deseo. 2. Se hará responsable y se impondrán multas, arrestos ó penas proporcionadas á la magnitud de la contravención, á los propietarios ó encargados de casas de esta naturaleza que se escediera en lo dis- puesto por los reglamentos respectivos y se impon- drá á estos la obligación de comunicar por teléfo- no con las comisarias ó departamento de policía para prevenir cualquier incidente á este respecto. En los casos de reincidencia, las penas á que me refiero podrán ser agravadas con la de clausura temporal del establecimiento. 3. Se impondrá asimismo á los dueños la prohi- bición de admitir ebrios en su casa. 4. Para prevenir exijencias impertinentes se mandará lijar en cada casa donde se expendan li- cores, un ejemplar de los reglamentos, ó disposi- ciones, municipales, policiales, lejislativos, &, y se llamará la atención del público scjbre ellas. 5. Hacer en cuanto sea posible que el expendio de bebidas sea lo mas moderado por las obligacio- nes que se impongan á los propietarios, pero de tal manera que no se hieran los derechos y garan- tías que la constitución consagra. Disminución de las casas donde se expenden be- bidas-Como el anterior, es un sustitutivo de im- portancia-mientras menos sean los focos donde se fomente el vicio menos se desarrollará éste. Sin 161 embargo, no puede apelarse á este recurso sino por medies indirectos No pueden establecerse prohi- biciones que estarían en pugna con la libertad de comercio que la Constitución establece, ni se po- dría fijar el número de casas donde se expendan bebidas-pero los poderes públicos tienen á su alcance otros expedientes de que valerse y en este sentido creemos que una elevación en el importe de las patentes y la determinación de los precios á cobrar por las bebidas, según el valor corriente de las mercaderías en la plaza, podían producir sus resultados. Igualmente, un recargo de impues- tos municipales sobre las casas de esta naturaleza y en general todos los recargos que graven directa- mente al propietario y no indirectamente al con- sumidor. Impuestos á la fabricación de alcoholes-Los im- puestos á la fabricación de los alcoholes tendrían por objeto hacer disminuir la producción de ellos - mientras menor sea ésta será menor el número de ebrios en razón de la menor cantidad de bebida para embriagarse. Los impuestos, por otra parte, determinarían una suba en el valor de las bebidas, lo que haría moderar el abuso, y como las fábricas y establecimientos donde se hacen bebidas, las ex- penden en grandes cantidades el peso del impuesto se dejaría sentir, obligando á las empresas á una disminución en la producción. El distinguido estadista Julio Simón, hacia ob- servar en uno de los discursos en el Cuerpo Le- jislativo que los impuestos es uno de los medios mas adecuados para prevenir el desarrollo de cier- tas industrias; en Francia y Alemania aunque en pequeña escala, se ha ensayado el sistema de los impuestos, con benéficos resultados. Este sistema 162 no tiene mas inconveniente que oponerse al de- sarrollo material de las naciones, obstaculizando la producción de su riqueza nacional, lo que hasta cierto punto podría obviarse limitando el cultivo de la viña y bebidas alcohólicas aciertas rejiones. Entre nosotros podríamos limitar la producción á las provincias de San Juan y Mendoza que son las mas apropiadas para ello y cuya producción no ha de ser tan extraordinaria como para fomentar la embriaguez en toda la República. Pero para esto seria menester, recargar con fuer- tes derechos aduaneros las 'bebidas que se impor- tan. Este es otro sustitutivo que obligaría á dis- minuir la introducción, beneficiando á la industria nacional que, con este no habría necesidad de re- cargar con impuestos y seria á la vez una fuente de recursos para los gobiernos. Es preferible es te último medio tanto por las razones enunciadas como por ser las bebidas de laRepública mucho me- nos dañosas á la salud que las que se reciben del extrangero. La introducción de alcoholes se hace en fuerte escala en la R. A.-ascienden ¿i millones los litros de bebidas que anualmente se introducen y habria gran conveniencia en grabarlas fuertemente con de- rechos aduaneros-se obtendría asi una disminu- ción en la introducción-un mejoramiento en las condiciones sanitarias generales-un beneficio para la industria nacional-una fuente de recursos para el gobierno y un menor aliciente para el vi- cio-Esto haría, por otra parte, innecesarios los impuestos á la fabricación de alcoholes-toda vez que por hoy, la producción en la República no es tanto para que fomente el desarrollo del vicio en todo su territorio. 163 Impuestos al consumo.-Entre las diversas ma- neras de obligar al menor consumo de bebidas al- coholicas, encuentro que un impuesto que gravase al consumidor podría producir excelentes resultados. Esto seria mucho mas preferible que un impuesto á la fabricación de alcoholes porque afectarla prin- cipalmente á los que se dedican al vicio ó hacen un uso inmoderado de las bebidas. Siendo, mi im- puesto sobre el consumo seria el bebedor quien lo pagase-y esto, no en otra forma que por una ele- vación en el precio del artículo, elevación que, in- sensible en una, dos p tres copas, seria pesada cuando se trata de diez quince ó veinte. Como me- dida moralizadora, el impuesto se impone sobre todos esos artículos superfinos, ni necesarios ni útiles en el seno de una sociedad-él tiene la vir- tud de obligar la disminución del consumo por el encarecimiento que determina en el artículo y por el gravamen que impone en el consumidor, siendo por otra parte, tanto mas eficaz, cuanto también hace disminuir la introducción ó fabricación de se- mejantes mercaderias. Hay especialmente algunas bebidas que debe- rían gravarse con fuertes impuestos tales como el haschish, el cognac, la ginebra, el rhum, y en gene- ral todas aquellas cuya base es el alcohol absolu- to ó el aguardiente-ellas son casi siempre artícu- los de importancion á los que el Gobierno podría imponer derechos aduaneros elevados-nó á los vi- nos, nó á las cervezas cuya acción fisiolójica es insignificante. - Son estas bebidas fuertes de las que se valen los que se dedican al vicio-son ellas las que alteran la salud pública y las que provocan un relajamiento en las costumbres populares-es á ellas á las que hay que gravar entonces para 164 impedir sn difusión y para hacer mas difícil su con- sumo.--Estos impuestos en general, producirían una elevación en los precios, en detrimento de los intereses de los introductores, fabricantes ó expen- dedores que verían reducirse el consumo, lo que podría traer aun otro inconveniente-la compensa- ción entre el gravamen del impuesto y la calidad de los artículos que se suministran.-Para no afectuar una suba en el precio de la bebida, empeorarla su clase de modo que los gastos de fabricación serian menores-Esto también podría obviarse con la ins- titución de una Oficina Química, en la que se hi- ciera el análisis de todas las bebidas que se ofres- can al público, lo que redundarla en beneficio de los consumidores que garantirían de este modo la bon- dad de todas esas materias en general nocivas á la salud.-Repito que como un medio de oponer bar- reras al vicio de la embriaguez, conceptúo los im- puestos bastante eficaz con la ayuda de disposi- ciones legales y de la acción policial y solo podría ser su inconveniente las dificultades que traen los infinitos detalles de su aplicación práctica. Esto puede también afectar intereses y lastimar dere- chos tanto mas estimables cuanto son consagrados por nuestra carta fundamental y la cuestión se re- duciría entonces á buscar una fórmula salvadora que concillase los derechos del comercio y del particular con las sanciones lejislativas no sería di- fícil hallarla, evitando por ejemplo, el remate de semejantes impuestos, grabando solo los artículos que no sean necesarios ó útiles, estableciendo una perfecta igualdad como base de él, &, y procuran- do en todos los detalles mas insignificantes no las- timar derechos ni afectar intereses como los que pro- teje la Constitución. 165 Si mal no recordamos, la demanda iniciada ante la S. C. Nacional, por varios Comerciantes contra la Provincia de Córdoba, no se fundaba en la in- constitucionalidad de la ley sobre consumo de be- bidas-ni una disparidad existente entre las dispo- siciones lejislativas y constitucionales-sino en la inconstitucionalidad de la reglamentación de esa ley. No era inconstitucional en sí mismo, pero llegaba á serlo en los detalles de su aplicación. Este jui- cio quedó sin solución por haberse revocado la ley que era su objeto-Durante el año ppdo, el Con* greso Nacional ha sancionado varias leyes de im- puestos sobre la fabricación é introducción de alco- holes; mucho habria podido esperarse de ellas si su objeto hubiera sido prevenir los desbordes del vicio-pero ni han tenido por fin primordial, dar medios al Gobierno para que se haga de recursos y asi se ha visto gravar con impuestos la fabrica- ción de cerveza que se hace en las Provincias de Buenos Aires y Córdoba-igualmente que los vinos de San Juan y Mendoza-fabricaciones todas que, á mas del beneficio que reportan á la riqueza na- cional, son una garantía para la salud pública por su superioridad sobre las bebidas extranjeras. Todas estas medidas administrativas, obrando cada una en la esfera de acción propia-con la coopera- ción de los poderes públicos y de la buena vo- luntad individual, podrían marcar un periodo de. amplio desenvolvimiento y de completa transfor- mación en la faz moral de la República. Otros sustituimos-Todo loque tan rápidamente queda bosquejado en el curso de la presente di- sertación, solo se refiere á las maneras como pue- den intervenir los poderes públicos para prevenir 166 el desarrollo de la embriaguez. Estos sustitutivos son los de mayor importancia porque son los que han de influir decisivamente en su disminución - pero no son esclusivos. Hay otros que obran en la esfera puramente individual que deben también tenerse en cuenta. Si fuese posible inculcar máximas morales en el ánimo de cada borracho! Si fuese posible despertar en él el estímulo y la dignidad olvidados! Sise pu- diese animar en él la fuerza del carácter, la voluntad, para obligarle á rechazar las atracciones funestas del vicio! Pero no todos tienen la firmeza y él áni- mo decisivo del general francés: no todos son Cambrones para evitar, á través de una vida ajita- da y azarosa la tentación peligrosa del licor. (1) Por esto los ingleses que son gentes esencialmente prácticas y que desconfían mucho de su propia voluntad; han acudido á remedios heroicos para contrarrestar la influencia de la pasión-han for- mado sociedades de templanza y sociedades de thé á las cuales ingresan todos los que teniendo el hábito de la bebida quieren, voluntariamente, so- meterse al sacrificio de dejarla-en las primeras se estimula la moderación, la templaza, virtudes tanto mas laudables cuanto distantes están de guardar armonía con el carácter inglés-en las segundas, se consiguen los mismos fines por distintos medios. En estas se bebe the y mas thé-y cuando los deseos de beber se hacen mas imperiosos, se con- tinúa absorbiendo thé hasta ahogar en un mar de ese líquido las sujestiones de la grosera pasión. (i) Es conocido el ejemplo del general Cambrone que después de una condenación de la que se le indultó no volvió) á beber sinó agua durante su vida 167 Así los ingleses reaccionan contra sus propios de- fectos; elevan su nivel moral por la iniciativa pu- ramente privada y por la acción puramente indivi- dual. Esto es propio de pueblos que han llegado á una cierta altura en su sociabilidad; esto es propio de los ingleses cuya cultura1 social y cuyo estado de civilización explica muchos fenómenos que la inducción no habría bastado á precisar-pero difí- cilmente tendría su aplicación entre nosotros donde el hábito de las contravenciones está tan arraigado y donde la ignorancia de ciertas castas conspira de consuno con la costumbre; con el trabajo y hasta con las instituciones sociales para fomentar el de- sarrollo de la embriaguez. Difícilmente tendría aplicación en un pueblo que no se maneja con caricias y en un populacho acostumbrado á dormir. Nosotros lo hemos expre- sado ya varias veces en el curso de esta exposi- ción-aquí la embriaguez es patrimonio esclusivo de ciertas categorías sociales menos elevadas-la gente culta no se embriaga - solo lo hacen los ignorantes, la clase baja-el gremio obrero. No se sabría enfrenar los instinto de la plebe con sociedades de templanza -para ellos la mode- ración es desconocida-el respeto de su palabra ó de su promesa serían vanas inflexiones de la voz-el juramento mismo no sería para ellos una fórmula sagrada-las sociedades de templanza no obligarías mas que la voluntad ó el capricho. No es esto desconocer la influencia de la acción indi- vidual-pero creemos que en razón de nuestro es- tado de cultura ella no sería decisiva. La profilaxia de la embriaguez está principal- mente á cargo de la iniciativa privada cuando se tiene los medios de hacer eficaces las disposicio- 168 nes de la mayoría-cuando la voluntad popular puede dirijirse, encaminarse por senderos conoci- dos-cuando el pueblo se presta dócil á ser sujes- tionado. Por esto deciamos al principio-hay me- dios mas eficaces para contenerla-la educación del pueblo y la sobreelevacion de su nivel moral por el estímulo. Inculqúense nociones morales, llágase de cada individuo un redentor, cuya vo- luntad sea bastante para contenerle en la pendien- te del vicio y nada tendrán que hacer los poderes públicos-podrán echarse á dormir sobre sus lau- reles esperando el resultado de su obra. Ella no se hará esperar-la faz moral de los pueblos se habrá transformado y el mayor enemigo del vicio será el pueblo mismo. No será necesario ocurrir á impuestos para contener la embriaguez-ella se contendrá dentro de límites precisos por una mo- deración y una prudencia que son la nota resal- tante de los pueblos definitivamente civilizados. Pero donde tales condiciones faltan, donde la educación es aún un problema y las múltiples fa- cilidades de la vida ofrecen un vasto campo de evolución al vicio, acudamos á medios administra- tivos, y hagamos lo posible por contener con ta- les medidas la corriente desbordada de la inclina- ción popular que amenaza ahogarlo todo, indivi- duo, familia sociedad. Entre tanto, eduquemos, protejamos al niño desvalido, demos sólida instruc- ción á nuestras masas populares y después aban- donémosla á su propio instinto -ellas conservarán siempre su equilibrio, sin inclinarse ante las atrac- ciones de lo malo sin desfallecer ante los deslum- bramientos de lo bueno. CAPÍTULO V Legislación SUMARIO - Penas de la embriaguez Or- denanzas-Su examen- Opinio- nes- El Código Penal - Sus Arts. 81 y 83- Conclusión. En el capítulo anterior se ha dicho que las po- licías de la República, por una práctica viciosa é inveterada, se abrogan ciertas facultades punitivas que no son de su incumbencia, como ser la repre- sión de las contravenciones por medio de arrestos. Existiendo una l.ejislacion policial, en la que se la autorise para imponer penas, no habría dificultad alguna, desde que la facultad represiva derivaría en- tonces de las disposiciones de una ley- -aún el mismo arresto tendría yá una base mas sólida y un fun- damento mas estable como pena policial. Pero entre las policias de la República, no ha existido hasta hoy un Código de Policía ni una le- jislacion completa al respecto, lo que ha puesto muchas veces en serios compromisos los intereses públicos, inutilizando la acción de la autoridad-co- mo dijimos, sus funciones represivas derivan de las ordenanzas, que no pueden ser un fundamento sólido por carecer ellas mismas de existencia legal-En la forma en que se ha hecho el servició de policía hasta hoy, los ébios eran conducidos al Departa- mento ó Comisarios, donde procedía una multa, dis- cutida con suma razón algunas veces, abonada otras é ineficaz siempre-ó donde se aplicaba al ebrio la pena de arresto. Esta última solia traer 170 como consecuencia la interposición de un interdicto, el habeas-corpus-á mérito del cual generalmente se ordenaba la libertad del reo-y aun se declaraba ilegal, atentatorio y arbitrario el arresto impuesto por la Policia. Fácil es ver que con tantos obstá- culos, las policias no podían prestar un servicio importante á la prevención de la embriaguez, como no pueden prestarlo hoy mismo, por no haberse aun dictado los Códigos, con tanta ánsia esperados y con tanta urjencia requeridos. Antes de 1886 los edictos de Policia eran ya bas- tante incompletos respecto de la ebriedad-el re- glamento de Policia de ki Capital limitaba el má- ximun de la condena á ocho dia< de arresto ó qui- nientos pesos moneda de Buenos Aires, como multa, multa y arresto que derivando solo de un regla- mento sin sanción lejislativa carecía de eficacia y de fuerza compulsiva-Posteriormente y por una ley, se incorporó ese reglamento á la lejislacion de la Capital, habiendo continuado en uso hasta el 22 de Julio de 1889-pero él no satisfacía las exijen- cias de su misión-las penas de detención momen- tánea y multa de o ho pesos nacionales con que se purgaban las contravenciones, son irrisorias á jui- cio de la gefatura de policia de la Capital, y lejos de prevenir, fomentan el vicio por la impunidad que se obtiene mediante el pago de una cantidad tan insignificante. La sanción del Código de Procedimientos Crimi- nales vino á dar mayor amplitud á las facultades de la policia, autorizándola, en su art 27, para im- poner penas que no excedieren de un mes de a- ret- ío ó cíen petos de multa. En vista de esta autori- zación que la ley le concedía-la gefatura dictó las ordenanzas que rijen actualmente la materia, pc- 171 nando las diversas contravenciones en la escala de sus atribuciones, y estableciendo las circunstancias que atenúan ó agravan el hecho punible.-Según el informe que la gefatura elevó al Ministerio del Interior, en Abril de Í890, todas estas medidas han dado resultados prácticos escelentes, pues el núme- ro de contravenciones ha disminuido considerable- mente-y bien pudiera ser que en un principio fuese así, toda vez que cualquier clase de medidas habrían influido en la paralización del movimiento de las contravenciones.-Pero, á juicio nuestro, ta- les ordenanzas no solo carecen de eficacia, sino que están muy lejos de guardar armonía con las necesidades y con el carácter de'la. institución po- licial.-Tanto las medidas de ésta, como los ar- restos impuestos por la Municipalidad, han sido ta- chados de inconstitucionales y así lo han declarado los tribunales federales en repetidas ocasiones.- Estos han resuelto también que las ordenanzas mu- nicipales solo tienen la via de apremio para hacer efectivas sus disposiciones-que tales arrestos eran ilegales-y de conformidad al art. 20 de la Ley de Setiembre 14 de 1864, se ordenó la soltura de to- dos los presos que se hallaban en el Departamen- to ó Comisarios á disposición de la Municipalidad. Las ordenanzas no hacen pues camino-ellas han continuado á pesar de todo poniéndose en prác- tica en Buenos Aires y en todas las Provincias donde no hay una lejislacion policial-á pesar de los inconvenientes con que se ha tocado y de la insuficiencia que han demostrado en todos los de- talles de su aplicación. En una nota del Sr. Gefe de Policía de la Capital fechada en 22 de Se- tiembre de 1888, leemos lo si<ruiente: <>Es en esta penalidad reducida que la Policía ejercita su esfera 172 de acción, imponiendo á los habitantes reglas de conducta á fin de mantener el orden, seguridad y decencia pública, sea como un medio de control, sea para prevenir los accidentes, sea para garan- tir los derechos generales, siendo por lo tanto de estricta aplicación, en todos estos casos, para fun- dar la represión, los dos grandes principios de justicia y utilidad, sobre los que reposa todo sis- tema penal.» Y es incuestionable que no habría otra forma de hacerlo cuando no existe la lejisla- cion á que nos venimos refiriendo, y cuando las contravenciones de Policía por su naturaleza, por el lugar en que se cometen, casi siempre la vía pública, y demás circunstancias que las rodean, harían casi imposible otro procedimiento--i se pu- diera, como en las ordenanzas municipales, hacer responsable al propietario, al locatario, representan- te, &, no seria necesario ocurrir al arresto en de- fecto de la multa inmediata, pues habría siempre la via de apremio como último recurso-pero don- de éste falta es imprescindible suplirlo, y aquí en- tran las ordenanzas policiales á imponer la pena de arresto.-Para nosotros, repetimos, tales disposicio- nes carecen de eficacia y de razón-lo primero, porque no es del resorte de la Policía castigar, sino prevenir y porque no aseguran la no ejecución de idénticos hechos-lo segundo, porque fundado en las disposiciones de nuestra Constitución y en los principios generales que rijen la materia, tales- or- denanzas no pueden obligar válidamente, no siendo dictadas por autoridad competente y no habiéndose llenado en su formación todas las prescripciones legales. El establecer la jurisdicción de los tribunales de Provincia, en materia criminal, el art 37 del 173 Cod de Proc. concordante con el citado de la capital federal, establece la jurisdicción de las po- licías y municipalidades para juzgar con arreglo á sus propias ordenanzas de las faltas ó contra- venciones que tuvieren lugar, facultándolas para castigar cuando la multa no esceda de cincuenta pesos, impuesta por las ordenanzas municipales, ó de cien por las policiales, conmutables á razón de un dia de arresto por cada cuatro pesos. Esta úl- tima claúsula ha dado origen á críticas muy duras contra la disposición del Cod de Proc. críticas á nuestro juicio, bastante fundadas-y así lo han es- tablecido varias resoluciones judiciales, en las que se declara la inconstitucionalidad del artículo, á mérito de interdictos entablados para obtener la soltura de presos detenidos por la autoridad poli- cial. Así las ordenanzas policiales, no solo son ineficaces, sino también ilegales para castigar con arresto las contravenciones, pudiendo hacerlo con multas solo cuando una ley anterior le haya dado semejante facultad-y en este caso, es irrisorio el medio que se emplea para combatir los extremos de la embriaguez. Para salvar tales inconvenientes, la legislatura de la Prov. al dictar la ley de 29 de Febrero de-1890, (1) incorporando á la legis- lación las ordenanzas de Policía vigentes, esta- bleció en su art. 20 que «las autoridades policia- les, el Sud Intendente y Gefes Políticos de Cam- paña quedan encargados del cumplimiento de la presente ley-debiendo en los casos que se im- pongan muitas que hayan de traducirse en arresto por mas de veinte y cuatro horas, poner al delin- (1)-Ninguna de esas ordenanzas se refiere á la embriaguez.- 174 cuente dentro de las mismas á disposición de los Jueces de Paz con los antecedentes del caso». La disposición constitucional queda salvada y se da á las ordenanzas, toda la fuerza de una ley Pe- ro esto no basta sin embargo;-es limitar dema- siado la acción policial obligarla á prevenir las contravenciones por medio de arresto y multa, medios ineficaces como hemos dicho repetidas veces-es menester determinar con claridad la órbita de sus atribuciones para que ella pueda, según los casos, apelar á los recursos que con- ceptúe mas benéficos; es menester, sobre todo, asignar á esa instit tcion su verdadero carácter y darle las atribuciones que le correspondan según las funciones que trate de desempeñar. Todo esto es materia de un Codigo de Policía que, como hemos dicho al tratar de los sustituti- vos, se impone como una medida útil é indispen- sablemente necesaria. El contingente que la ebriedad suministra á la criminalidad, dijimos en otro lugar, es bien impor- tante-ella interviene de diversas maneras en la producción del crimen-sus grados varían - su in- fluencia misma pueden no ser mas que un simple efecto de la decisión criminal, como puede ser la causa productora de ella. Todo esto tiene que ser diversamente considerado y ni el legislador ni el juez pueden olvidarlo. A los efectos de la pena- lidad, ¿que importancia tiene la embriaguez ante nuestra legislación? El art 81 del Código Penal dice «Están exentos de pena. 1" el que ha come- tido el hecho en estado de locura, sonambulismo, imbecilidad absoluta ó boedez completa c involun- taria; y generalmente, siempre que el acto haya sido resuelto y consumado en una perturbación cual- 175 quiera de los sentidos ó de la inteligencia, no im- putable al agente y durante el cual éste no ha tenido conciencia de dicho acto ó de su criminali- dad». Y mas adelante, art 83, «son circunstancias atenuantes; 1' las expresadas en el título anterior cuando no concurren todos los requisitos necesa- rios para eximir de responsabilidad criminal». De dos maneras, pues, considera la embriaguez nuestro Código-una por la que se exime completamente de responsabilidad al beodo-y otra por la que simplemente se atenúan los rigores de la pena Bajo la denominación general de perturbacio • nes de la inteligencia ó de los sentidos podría colocarse la embriaguez, sino estuviera espresa y especialmente comprendida entre las causas enu- meradas por el Código-porque como hemos visto en el curso de esta disertación, los efectos de la embriaguez se manifiestan principalmente sobre la inteh'jcncia, á la cual trastorna tanto como exita al sistema nervioso-pero el Código estatuye es- pecialmente que la embriaguez será causa de ex- ención de imputabilidad, cuando fuese completa c involuntaria. Esta es una cuestión puramente práctica que no se presta al debate doctrinario; ¿cuando la embria- guez es completa c involuntaria? Será menester precisar diversos grados en general para luego ha- cer la aplicación de los principios á cada caso particular, y, por regla, observar las diversas faces que presenta el consumo de bebidas alcohólicas sobre cada individuo. Esto último queda librado al criterio judicial, como la apreciación de los efectos probables del alcohol sobre el delincuente, -como queda también librado al trabajo de los defensores y á la laboriosidad de la prueba, jus- 176 titicar los extremos legales del artículo. Pero lo primero puede ser materia de un debate mas ó menos fundado, en el cual se han empeñado los tratadistas, ansiosos de marcar un límite de resis- tencia á la naturaleza humana contra las sujestio- nes del alcohol La embriaguez completa, para nosotros, se ca- racteriza por varios signos, y en cuanto á sus efec- tos en el orden psíquico, por el dominio absoluto de los espíritus sobre las facultades y los senti- dos. Cuando la inteligencia ofuscada por el exceso de bebida, presenta el espectáculo triste de un individuo sin conciencia-cuando la sensibilidad embotada dá los signos evidentes de una depre- sión moral exajeradísima-cuando la voluntad se ha convertido en una potencia in nomine, sujes- tionable y sujestionada por el alcohol, entonces se puede decir que hay beodez completa-enton- ces concurren los requisitos para eximir de respon- sabilidad. Pero esto sería todavía demasiado abstrac- to y difícil de fijar-porque una cuestión puramente de hecho y tan variable como ésta, no admite un límite preciso.-Entonces es menester teorizar; y desde luego distinguir en el espíritu de la ley, lo que ella castiga:-esto no ofrece dificultad alguna, porque no es posible admitir que la ley, al hablar de excencion ó atenuación de la imputabilidad, se refiera á la embriaguez misma y no al hecho de- lictuoso, como han pretendido algunos comentaris- tas; menos en laRep. Arg. donde, cómo hemos vis- to, la ebriedad está sujeta á una penalidad espe- cial. Las causas de exención ó atenuación se re- fieren al hecho principal punible y en general, á los crimines y delitos, para reprimir los cuales se ha dictado el Código Penal; nó á las contravencio- 177 nes, nó á lo que no está expresa y explícitamente comprendido entre sus disposiciones, porque esto no es delito según determina el mismo código, des- de que no hay acciones ú omisiones prohibidas por la ley. Otro orden de razonamientos, para demostrar la inconvenencia de admitir la embriaguez como cau- sa de escusa, emplean los tratadistas y dicen que, salvo raras escepciones, ella no es mas que un medio del que el delincuente hace uso para ad- quirir el valor de la delincuencia, ó para eludir las responsabilidades sobrevinientes con motivo de su falta. Lejos de admitir la embriaguez como una escusa, es para ellos una causa de agravación que debe cartigarse propter ebrietatem et propter delic- tnin. Y no se puede desconocer que esta reflec- cíon es de mucho peso, pues vendría á quedar ilu- soria la disposición legal y la discusión hecha du- rante tantos años; pero este sería el caso de escep- cion al cual el mismo Código se encarga de pre- venir cuando dice que «siempre que el hecho sea resuelto y consumado, durante una perturbacioa de los sentidos ó de la intelijencia.* Es difícil, sino imposible determinar donde principia la resolución de cometer un delito, y desde luego sería otra cues- tión de hecho, que se dejaría librada á la proliji- dad de la prueba; se podría, cuando hay actos pre- paratorios externos, venir en conocimienro de la intención criminal por la huella que dejen en pos de sí, los actos generadores del mismo-y cuando ellos no existen, cuando la prueba de la intención criminal no puede producirse por no haber actos anteriores al hecho mismo cometido en estado de embriaguez, la ley supone qea ha sido resuelto y consumado sin premeditación, sin intervalo detiem- 178 po, sin que la razón y el juicio hayan podido do- minar la influencia del alcohol. Talvez para llegar á,todos los casos, el criminal habrá sido bastante hábil para ocultar sus malas inclinaciones y no de- jar entrever en lo mas mínimo su intención; tal vez el acto, resuelto desde mucho tiempo, aparez- ca como resuelto y consumado en el mismo ins- tante; en tal caso, es verdad, quedaría burlada la justicia; pero no puede ser de otro modo, desde que no es posible penetrar en el santuario de la conciencia para averiguar las intenciones dolo- sas de cada uno. Antes que exponerse á castigar al inocente la ley quiere dejar en libertad á los malvados. Pero este, repetimos, seria el caso de escepcion que no puede dar base á una regla de aplicación uni- versal.-Nuestro Código se ha colocado en el ver- dadero terreno al admitir la embriaguez como una causa de atenuación ó excusa, siempre que no haya premeditación y que el hecho criminoso haya sido resuelto y consumado bajo la impresión del alco- hol. Requiere sin embargo dos condiciones, que sea completa é involuntaria. Respecto de la primera, seria aún una cuestión de hecho, porque no es po- sible determinar, en cada individuo, el grado de resistencia contra el alcohol-tantas causas pueden concurrir para hacerlos variar, la naturaleza del bebedor, la clase de bebida, la estación, etc, que en cada juicio criminal en que la embriaguez inter- venga como factor, será menester dejar al delin- cuente justificar los extremos legales. Pero, por regla, hay un limite, que no traspasan ni las natu- ralezas mejor constituidas, sin sentirse dominadas por la influencia del alcohol. Los penalistas, lo mis- mo que los médicos legistas, aceptan, en general, 179 tres grados en la producción de la embriaguez-el primero, la lijera escitacion alcohólica que produce la bebida, cuyos efectos leves y cuya influencia, leve también, no basta para despertar las malas inclinaciones-Ella se manifiesta siempre por una mayor alegría, por una suma de bienestar, obra de la mayor actividad orgánica que el alcohol deter- mina, sin proyectar su influencia sobre la razón humana, sin embargar los sentidos ni la intelijencia. En el segundo grado, estos razgos típicos desapa- recen, sustituyéndose por una especie de letarjia; el cerebro está yá semi embargado por el alcohol, las tendencias criminales van apareciendo, el mal sigue en progresión ascendente. Pero en el tercer grado, la explosión de las pasiones se manifiesta con toda intensidad, el cerebro está completamente conjes- tionado, la inteligencia y la voluntad han desapa- recido--no hay mas que un ente obrando á impul- sos del alcohol, al cual ninguna acción le es im- putable-En algunas naturalezas, el segundo grado determina yá la explosión de sus tendencias mór- bidas, sin que sea posible precisar donde termina el uno y dá principio el otro-al paso que otras, mejor constituidas, sufren con mayor fortaleza, la influencia del alcohol, y se precisan muchas y rei- teradas libaciones para que la perturbación intelec- tual se complete. Entonces concurre ya uno de los requisitos que exige el Código, entonces la em- briaguez es completa; esto solo puede constatarse en cada caso particular, sin que sea posible dar otras reglas generales que las yá enunciadas.-Asi lo han entendido también la mayor parte de los comentaristas y de los Códigos modernos, admitien- do diversos grados en la embriaguez, pero dejando no obstante á la apreciación del criterio judicial 180 determinar, en cada hecho delictuoso, la concur- rencia de las condiciones que la ley requiere pera la exención de imputabilidad. Hofauer, ha distinguido también tres grados en la embriaguez, y sin precisar cuando ella es com- pleta, ha admitido que ningún hombre, por fuerte que sea y por mucho que soporte la sujestion de las bebidas, puede llegar al último sin sentirse dominado por una fuerte embriaguez. Los trata- distas italianos admiten igualmente estos tres gra- dos señalados, siendo para ellos el signo eviden- tísimo de una profunda embriaguez, el dominio absoluto del alcohol sobre la intelijencia, y la irreflexión y lijereza con que comunmente proceden los borrachos. Respecto de la embriaguez volun- taria, nuestro Código ha querido, con esa claúsula, no incluir entre los exentos de imputabilidad á los ebrios habituales, aquellos que hacen del vicio una especie de culto diario, al cual se entregan con los ardores propios del mas acendrado fanatismo. La ebriedad habitual no puede ser una causa de exención toda vez que el ebrio no es irresponsable -él ha podido preveer las consecuencias de su estado-el ha podido apreciar que el hábito' de la bebida trae el hábito de la delincuencia-y él acep- ta implícitamente la responsabilidad de todos los resultados probables cuando continúa bebiendo. Debemos entender por ebriedad involuntaria, la que se produce aisladamente, que no forma parte del grupo de costumbres del individuo, y entonces procedería la irresponsabilidad; en este caso es lo que se denomina embriaguez accidental completa, que los tratadistas, por mas de un con- cepto, asimilan á la locura. Hay, aun, otra clase de embriaguez voluntaria, que no es habitual, pero 181 á cuyo estado se llega voluntariamente; los deli- tos que en tal caso se cometen ¿serán pasibles de pena. Asi lo creen algunos, en tanto que otros piden para ellos el beneficio de irresponsabilidad. Esta- mos con los segundos; la embriaguez en si misma es un hecho completamente distinto del hecho de- lictuoso; el que se embriaga voluntariamente y por placer, pero sin tener el hábito de hacerlo, sin que esto forme parte de las costumbres del indivi- duo, no puede preveer todas las consecuencias ocasionales del mismo, no puede ser castigado por lo que no entra en el cálculo de sus previsiones- hay aquí que distinguir dos cosas-lo que es ma- teria de un acto de la voluntad, la embriaguez, y lo que solo es una consecuencia de ese acto. -En el primero interviene la voluntad y es pu- nible-la embriaguez voluntaria no habitual puede castigarse con las penas propias para ella, pero el delito que se ha producido en ese estado, sin vo- luntad, sin ánimo de delinquir, no es pasible de pena. Hay pues excencion de pena para el delito, é imputabilidad para la embriaguez. Una otra cuestión se presentarla, la de saber si los dipsómanos, aquellos que tienen el hábito fa- tal de la bebida, son responsables de sus actos. Es que los dipsómanos, como los criminales natos, como los locos, se sienten impelidos irremi- siblemente ¿i la ejecución de ciertos actos; aquellos lo son á beber, sin que haya fuerza de voluntad bastante poderosa para contrariar esa tendencia-y el que tiene el hábito de la bebida, el que se embria- ga diaria y continuamente, no es otra cosa que un ebrio habitual, al cual no se extiende el beneficio de irresponsabilidad. Sin embargo, el dipsómano, como el criminal 182 nato, obran en virtud de fuerzas extrañas y mas poderosas que su libre albedrío Como dijimos al tratar de la escuela positivista, no procede aquí una pena, sin que esto signifique decir que deba dejarse á tales seres plena libertad; lejos de eso, una detención mas ó menos larga, perpetua algu- nas veces, seria su consecuencia, pero no á título de pena, sino á título de prevención. La dipsoma- nía es una enfermedad que requiere curación, no penas, y que si embarga la voluntad y dá orijen á la delincuencia, esta no es otra cosa que un re- sultado lójico de ese estado de desequilibrio mental en que se coloca el que abusa de los espíritus, pero que no le es imputable toda vez que proce- de sin disernimiento, sin intención, sin libertad. En vez de castigar hay pues que curar-en lugar de reprimir, prevenir, y en vez de aplicar penas á los desgraciados que proceden sin voluntad, ha- cer por que la voluntad se recobre y el dipsómano adquiera nuevamente todos sus atributos de hombre. La lejislacion arjentina no ha establecido distin- ciones enfre todos estos estados, y si bien las cláusulas de completa é involuntaria, bastarían para garantir los intereses comunes, asegurando la aplicación de las penas en los casos imputables que dejamos enunciados, ella no deja bastante am- plitud para determinar los casos no imputables. En ausencia de disposiciones positivas, en materia penal, no queda á los jueces y tribunales mas re- curso de procedimiento que la absolución, y esta es peligrosa para los que no siendo pasibles de pena, ofrecen peligros á la sociedad; tal seria el caso del dipsómano y del criminal nato. Debe dejarse al criterio judicial, establecer los casos de penalidad ó de simple prevención y aplicar una ú 183 otra; actualmente solo les está encomendado el réjimen represivo, no siempre eficaz y no siempre aplicable. En este sentido sería de indiscutible importancia la introducion en los Códigos de Pro- cedimientos, de un criterio antropolójico para dis- cernir en todos estos casos, dejándose siempre á los tribunales aplicar las penas y asignarles su verdadero carácter, debiendo en este concepto, concedérsele facultades reprensivas ó meramente preventivas. Llegamos al límite de nuestro trabajo. • «La ebriedad como factor de los delitos de san- gre en la República Argentina.» se presta para un trabajo mas vasto y mas erudito, mas comple- to que el que presentamos; habríamos deseado tratar mas á fondo este asunto y analizar las opi- niones vertidas en el Congreso Antropolójico de Roma, las conclusiones de sus congresales y los sustitutivos que presentan; hubiéramos querido es- tudiar la lejislacion de los países extranjeros con- juntamente con la nuestra, para establecer sus pun- tos de contacto, sus diverjencias y las reformas que se imponen. Hubiéramos querido exponer nuestro sistema represivo, para hacer resaltar las deficiencias de una lejislacion basada sobre la mentira, sentando los prolegómenos de un nuevo réjimen represivo, complementado con otro preventivo; los reforma- torios comunes y losreformatorios ingleses y ale- manes; pero el tiempo avanza-el jurado espera este trabajo para pronunciar su .veredicto y la época se vence. 184 Remitimos á la rectitud de juicio del jurado estas pajinas., que no son otra cosa que la expresión genuina de una convicción jurídica. fuan Carlos Pili. Córdoba, Agosto 29 de 1891. PROPOSICIONES ACCESORIAS 1. Todo acreedor quirografario puede demandar la revocación de los actos practicados por el deudor en perjuicio ó en fraude de sus derechos, (con el art. 961 C. C.) II. El Código Civil es deficiente al no lejislar so- bre concubinato. 111. La delincuencia es, en abstracto, el producto de una combinación entre el medio-ambiente físico- social y las tendencias conjénitas ó los impulsos ocasionales de los individuos. IV. Los Gobiernos de Provincia ejercen el Vice Pa- tronato de la iglesia. V. La soberanía es limitada. 186 VI. El interdicto de habeas corpus tiene por único objeto obtener la libertad del detenido. Córdoba, Agosto 27 de 1891. Aprobada.- D. E. Palacio Guillermo Reyna. Decano Secertario.