FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. “DE LAS CAUSAS MORBIFICAS SECUNDARIAS.” BREVISIMAS CONSIDERACIONES GENERALES Presentadas al Jurado de Calificación para el examen profesional de Medicina, Cirugía y Obstetricia POR Carlos Manuel García Alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México, ex - practicante dél Hospital Juárez. MÉXICO Imprknta del Gobierno Federal, en el Ex-Arzobispado ( Avenida 2 Oriente mSru. 720.) 1894 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. “DE LAS CAUSAS MORBIFICAS SECÍIIAIM” BREVISIMAS CONSIDERACIONES GENERALES Presentadas al Jurado de Calificación para el examen profesional de Medicina. Cirugía y Obstetricia 0A1JLQS MANUEL GAECIA Alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México, ex-practicante del Hospital Juárez. MEXICO IMPRENTA DEL GOBIERNO EN EL EX-ARZOBISPADO. ( Avenida 2 Oriente número 726). 1894 á la memoria de mi faite. A, MI UABB3. mtA dtynoA y deniadoA ei/ntyoA de dzA a??2a.lA (ddeñoleA ¿Éd. ©tito a tí a ¿óa mutilo, cFtcutei.tco ífB ci- ta ífaitdieE ij/ @5. ©íípujtteC £Ftutcftez a cuya- do?idad, ezdzieyaciózt y yeneboAcdad Ac/i dmi¿eA de dededo de trica eA¿udíoA de Qddedectna. dddzíddcco ¿eA¿emonto de íeconoceniteu lo. A mis sabios y venerados Maestros del Instituto Veracruzano los fe D. Esteban Morales, D, José Miguel Maclas j Di'. Joan Francisco (Id lio. Homenaje de gratitud y cariño imperecederos. A mis respetables y distinguidos Maestros de la Escuela Nacional de Medicina de México m Señores Doctores Luis E. Ruiz, Maximiliano Galán, José María Bandera y José Tcrrés, Gratitud, admiración y simpatía. Señores Jurados J., . o pudierais vosotros, que ano tras ano os apresuráis 'r/J I á acoger con júbilo las noveles producciones de los (p|l|, alumnos de nuestra Escuela,'contemplar con cen- surable impavidez — por mucho que los apremios de vuestra laboriosa vida á ello os obligaran, sir- viendo á maravilla de fundamento racional de justificación a vuestra conducta—la primera labor científica y esfuerzo escolar postrero á un tiempo mismo, de los fervientes dis- cípulos, de los hijos legítimos de vuestras enseñanzas, pues- tas pasivamente en nuestros humildes esfuerzos y labores vuestras miradas, y sordos vuestros oídos á nuestro balbu- ciente lenguaje, nacido y preparado con lentitud en las ig- notas intimidades del espíritu, sin sentir con ansias de arre- pentimiento que se os anudaba el pesaren la garganta, al ver amontonarse sobre vuestros rostros los rayos encendi- dos en reproche de nuestros ojos, y que cada una de nues- tras lenguas murmuraba y cada uno de nuestros varoniles pechos repercutía con honda y doliente contrariedad, una sola, pero significativa palabra: ¡Maestros! Ni pudiéramos, en verdad, tampoco nosotros, al inten- tar acercarnos en calidad de tímidos comensales á vuestro intelectual banquete, sellar nuestros labios siempre dispues- 14 tos al elogio merecido y á la alabanza justiciera, ni escati- mar nuestra leal admiración ante vuestra saludable obra de sabiduría, en el luminoso festival de las inteligencias. ¡No! Injustoé imperdonable por todos conceptos resultaría nues- tro silencio, aun alegando la extraña perplejidad por la que nos sentimos embargados, al ver cerrarse impasiblemente tras nuestras espaldas, las puertas del último año de nues- tros estudios profesionales. Diríase, sin embargo, que en ella se resumen y com- penetran por modos bien singulares, en efecto, una fría at- mósfera de abandono que oprime, un negro abismo de so- ledad que aterra, una inmensa mole de pesadumbre que aniquila. Y es, porque tarde se llega á comprender, que víc- timas de la fantasía, esclavos del deseo, juguetes, en suma, de ardientes y caprichosos mirajes, al franquear con vigo- rosas pisadas los recintos de ese suspirado último año, no se coloca la planta sobre una cumbre. ¡Cuáles engañosísi- mas ilusiones las de los que sueñan con la felicidad, al creer dar orgullosos el imborrable paso último! ¡Como si en el mercado del mundo no se compraran gotas de ficticio bien- estar con torrentes de reales amarguras!.... ¡Y luego, lu- char con el desaliento irremediable que nos acomete, al ten- der la mirada, casi reveladora de mortales tristezas y de tempranas decepciones fatales, sobre los campos cultiva- dos de la Ciencia! ¿Adonde dirigir los incipientes pasos su- plicantes? ¿Cuál rincón inexplorado buscar de la Natura- leza, si doquiera nos persigue el dicho desolador del emi- nente químico Dumas: "Hay un límite en que la Natura- leza no responded nuestras preguntasn? ¿En dónde escu- char la cariñosa voz alentadora que nos diga, como Booz dijera á Ruth: “No vayas á espigar á otro campo, ni pa- ses de aquíii?.... ¡Y después, pensar en las necesarias de- ficiencias de que debe adolecer un trabajo, hecho sin gra- ves detenimientos, por mera fórmula, en cumplimiento de un estricto deber reglamentario!.... 15 Pues bien, Señores Jurados, yo me he encontrado su- mido en esa perplejidad, lie sido presa de ese abandono, me he visto hundido en ese vacío, me he sentido doblega- do bajo esa pesadumbre, he bregado sin treguas contra ese desaliento y me he creído sofocado bajo ese cúmulo de me- ditaciones; por eso, al atreverme á presentar á vuestro rec- to criterio, como acto de prueba ineludible, en espera de vuestra sanción indeleble é irrevocable, las subsecuentes “Brevísimas consideraciones generales acerca de las cau- sas morbíficas secundarias, n no puedo aducir en pro de ellas el mérito de la originalidad, ni siquiera el de la novedad, me apresuraré con llaneza á confesarlo, por mucho que huelgue esta confesión. Síntesis bien pobre, compendiosa y rapsódica son dichas consideraciones, de mis estériles lec- turas y groseras traducciones de verdaderos trabajos fecun- dos sobre la materia; y si con gusto y franqueza proclamo, que en las obras de los grandes Maestros Bouchard, Cha- rrin, Bouchut, Hallopeau, etc., han bebido alientos é ins- piración mis débiles fuerzas, seguramente es porque tengo la certidumbre absoluta — abstracción hecha délas obliga- ciones imperiosas dictadas por una conciencia honrada- de que á no ser por vuestro reconocido fondo inagotable de indulgencia, cada uno de vosotros pudiera en justicia arro- jarme severa y desdeñosamente al rostro, la frase del per- sonaje de Daudet: “J ai encore vu fa, ?noi!w Consideraciones isagógicas «e ha dicho no ha mucho, procurando entronizar el Método en los estudios nosológicos, que las causas de segundo orden, capaces de representar un papel en Patología, diversas é incontables como son, pue- den en rigor ser reducidas á tres categorías: causas físicas, causas químicas y causas nerviosas. Aunque por hoy sea útil conservar esta clasificación, quizás no sea impertinen- te hacer de paso observar, que día llegará indudablemen- te, en el cual, sin necesidad de que sean sorprendidos ó vio- lados en sus misteriosos senos los secretos de la vida; sin necesidad de que las ciencias biológicas lleguen á un grado de perfeccionamiento rayano en lo absoluto, ni de que el ce- rebro sea mirado como un laboratorio, como una hornilla los pulmones, el estómago como una retorta: día llegará, re- pito, cuando el Universo en su conjunto no ofrezca desde el punto de vista estático, sino fenómenos geométricos y desde el punto de vista dinámico, sino fenómenos mecáni- cos, como dice con acabada precisión De Blainville; cuando se hayan estatuido con certeza esas profundas concordan- cias que existen ab eterno entre la materia y las fuerzas que 18 la rigen, será reemplazada dicha clasificación por otra más en consonancia con tan remotos y apetecibles avances. No seguiremos, sin embargo,en esta vía, ni pagaremos inconsi- derado tributo á vanas imaginaciones; antes por el contra- rio, ciñéndonos á los puntos que someramente nos hemos propuesto desarrollar, diremos, para posesionarnos desde luego de nuestro cometido, que mientras tanto, es proce- der con cordura atenernosá esta clasificación, reservándo- nos ciertamente el derecho de aceptarla á título provisio- nal. No demos fe ciega, por tanto, á ésta, ni á ninguna otra y menos en las ciencias médicas, recordando antes que nada, el clásico decir de Bernard: “En materia de ciencia la fe es un error, la duda un progreso, n Cada una de las referidas categorías puede obrar sobre el origen, la marcha, la terminación de los diversos órde- nes de afecciones y hay que recordar á este respecto, la frase del ilustre profesor Bouchard: “Hay muchas mane- ras de estar enfermo, pero pocos procedimientos existen para enfermar, m Casi excusado es decir, que la herencia, ese “atributo esencial de la vida,n descuella en la historia de las pertur- baciones que estudiamos. De importancia cardinal cuan- do se trata de las funciones de nutrición, de cierto género de neurosis, tiene uila parte más ó menos principal en las fiebres; representa también interesantísimo papel en las le- siones elementales de los tejidos. Imposible sería compren- der todo el alcance de sus efectos, sin exponer portneno- rizadamente su naturaleza, la extensión de sus dominios, las oscilaciones de sus inmanentes fuerzas, las condiciones de su producción. Ella y el innatísmo son las bases déla etiología, etiología espléndidamente enriquecida, digámos- lo así, por el microscopio, de ese órgano nuevo que nos ha dotado, de un sentido más, según el conciso sentir de Pel- letan. El estudio minucioso de los gérmenes, en efecto, 19 ha hecho ver, que cuando éstos poseen la cantidad y la cualidad (el color, la línea y el perfume, que diría un este- ta). cuando tienen la virulencia requerida, se convierten en causas de primer orden; en causas de segundo orden en el caso contrario. Bien conocido se tiene el variable poder de los microbios, por cuanto se encuentran sometidos á cir- cunstancias de terreno, de puertas de entrada, etc., que con lastimosa y extrema frecuencia escapan á la penetración del observador. De aquí que no baste el aislamiento y cul- tivo de los gérmenes, y de aquí también, la singular im- portancia adquirida por los datos etiológicos auxiliares, cuando se trata, sobre todo, de apreciar en su complexidad los elementos disímbolos de un caso clínico. Nada tan común como la herencia en lo relativo á los temperamentos, á las diátesis, etc. Nada puede seguirse con mayor claridad que la transmisión directa de un virus determinado. Por otra parte, los espermatozoides pueden propagar á las celdillas embrionarias femeninas, los esta- dos particulares porque ellos mismos se encuentran afec- tados y que son propios del macho de quien provienen. Compréndese fácilmente de esta suerte, que si las aptitu des pueden así transmitirse, con más poderosas razones obrarán de idéntica manera, las afecciones patológicas so- bre los componentes del organismo. La herencia funcional será tanto más pronunciada, cuanto que se refiera á un sis- tema orgánico más inmediatamente derivado del vitellus fecundado. El sistema nervioso central, derivado primero de la ectodermis, sacará consigo las cualidades que tenía este sistema en los generadores, y de un modo más acen- tuado que los sistemas que nacerán más tarde. ¡Cuánta perpetuidad no presentan los ejemplos de las semejanzas de los productos con los productores, tanto en la confor- mación física como en las disposiciones morales! Y no só- lo son propagadas hereditariamente las particularidades 20 innatas, sino que las particularidades adquiridas lo son en el mismo grado. He aquí los fundamentos de la creación de razas domésticas dotadas de cualidades especiales, que no constituyen por cierto una característica despreciable entre losraudes empujes de nuestro siglo. Obsérvase igual- mente la transmisión al niño, del estado refractario; sin embargo, no puede decirse que tal hecho sea constante, como parecen demostrarlo perentoriamente las experien- cias de Charrin y de Gley. Nos ha enseñado la teratolo- gía, gracias á la observación, y merced, ante todo, en nues- tros días á la experimentación, ¿conocer con pocas imper- fecciones el papel predominante que representan el frío, el calor, los choques, la luz, la posición, los gérmenes inocu- lados, los tóxicos inyectados, las emociones, etc., en las anomalías, en las singularidades, en las aberraciones que acompañan el desarrollo del feto. Desde este período de la vida hacen sentir los circumfusa sus ineludibles efectos, y sabido es que la mayor parte de las adquisiciones hechas recientemente en este terreno, se deben á los juiciosos es- tudios del profesor Dareste. Los efectos de los agentes esparcidos en torno nues- tro, presentes en el agua, en el aire, en el suelo, en los ali- mentos, en una palabra, en el medio exterior y aun en el medio interior, nos persiguen y atenacean toda la vida. A ellos vamos á dedicar rápidamente las consideraciones que siguen, pasando por alto las causas primeras, con el pe- ríodo embrionario, ya que no es posible condensar en po- cas líneas, la enorme agrupación que forman tan diversos factores etiológicos. 21 CAUSAS FISICAS. Es muy probable, que cuando un individuo predis- puesto á la gota experimente una entorsis, la articulación contundida se convierta en el foco de un acceso urático agudo ; que cuando un diabético reciba un golpe en la re- gión cérvico-medular, aumente inmediatamente la canti- dad ele azúcar en sus orinas. Conocidos son de todos los resultados fecundos obtenidos en esta senda, y seguramen- te no son uno de los títulos menos honoríficos del profe- sor Verneuil, los trabajos que con dichos resultados se re- lacionan, sus trabajos sobre el despertar de las diátesis adormecidas. A consecuencia de accidentes ferroviarios, nada tiene de asombroso observar glicosurias dependien- tes de este género de conmociones, y no sólo glicosurias, sino múltiples perturbaciones capaces de extraviar el cri- terio de un médico-legista solicitado para semejantes pe- ritajes. Ya en la historia de estos hechos clínicos se ob- servan precedentes análogos experimentales; ya han sido reproducidas estas glicosurias por la sección, la ablación, la cauterización, la irritación de los hemisferios, de los pe- dúnculos, del bulbo, de la médula, de los nervios periféri- cos, etc., según claramente lo han demostrado las expe- riencias de Bernard, Schiff y otros conspicuos fisiologistas. Si la gota y la diabetes no son en último análisis sino desórdenes de nutrición, no debe producir extrañeza al- guna, que los agentes físicos obren vigorosamente sobre esta nutrición. La inhibición y la dinamogenia, fenóme- nos son indiscutibles demostrados por el talento de Brown- Séquard, al que la ciencia es deudora de los hechos fisio- patológicos por él denominados inhibición de las mutacio- nes. Se ha dicho que el estado higrométrico del aire es 22 factor importantísimo en la patogenia de alguna de las formas del reumatismo. Y en efecto: sábese perfectamen- te la íntima solidaridad que existe entre el funcionamiento del revestimiento cutáneo y la retención ó eliminación de ciertos tóxicos fisiológicos que provocan, ó alejan las le- siones, los dolores en los tejidos fibrosos, articulares, mus- culares, serosos, etc. El frío ocasiona la leucocitosis del dermis, el empequeñecimiento de los glóbulos rojos, la va- cuolización de las celdillas del stratum granulo sum, según lo piden las necesidades de los procesos kariokinéticos. Todo se encadena en los actos biológicos: el hambre, la inanición, motivan toda una serie de perturbaciones ana- tómicas y más propiamente humorales; y es porque el po- der trófico del eje cerebro-espinal, impulsado á los extre- mos de sus energías, exánime se queda para llevar á sus términos últimos, las metamorfosis postreras de la mate- ria en agua y cuerpos volátiles. La electricidad, bajo sus apariencias sordas y silencio- sas, penetra profundamente en los tejidos, se difunde po- tentemente en sus complicadas mallas y deja, después de su paso, una modificación persistente del organismo. Su acción en las funciones de la economía es de las más enér- gicas y puede decirse sin exageración, que es el medio más poderoso, por más que no se haya sacado todo el partido deseable de sus efectos, y por más que se haya achacado algunas veces su acción terapéutica á la sugestión, de mo- dificar la nutrición en general. La influencia de la luz en el desarrollo de las enferme- dades es de las más notables. Diríamos, si nos atreviéra- mos á bosquejar una comparación, que si la obscuridad intelectual está empedrada de maldad, la obscuridad física se empiedra á la larga de taras orgánicas. Truécase la vi- da en la obscuridad, en semillero de enfermedades y muy en lo particular de la tisis, puesto que la obscuridad favo- 23 rece el retardo de los cambios nutritivos. “Donde no en- tra la luz entra el médico,a dice un proverbio que no re- cordamos si es arábigo, ó italiano, pero que encierra un gran acopio de sentido común. Se ha visto la obesidad desarrollarse en conejos completamente ciegos por la apa- rición de una catarata doble, causada por la ingestión de la naftalina, fenómeno singular descubierto por el profesor Bouchard. Hagamos también hincapié en el tratamiento de los variolosos por la obscuridad, preconizado por mé- dicos ingleses y daneses, aunque según atestigua Juhel- Renoy, el hecho de la substracción de tales enfermos á la acción de los rayos químicos del espectro solar, no puede prevenir la supuración de la erupción. La obscuridad, por último, es el reactivo de los dolores físicos y morales; y cuando á ella se une en callado maridaje la soledad, tan pródigas ambas en estímulos capaces de exasperar los im- pulsos anímicos del yo, hay por qué valorizar concienzu- damente las razones que asisten á Charrin, para hablarnos de la especial Patología de la noche. No importa que cientí- ficamente y desde un punto de vista elevadísimo, se niegue la autonomía pura del dolor, como lo hace con muy buenos fundamentos á mi parecer, el profesor Dana. Jamás es- cucharemos en ningún organismo angustiado, la sombría exclamación del filósofo estoico: “¡Dolor, tú no eres un mal! ii En las enfermedades infecciosas, el papel de los agen- tes físicos es de los más manifiestos. Enseña la clínica, que el frío, el traumatismo, los polvos minerales, vegetales y animales, son generadores de pneumokoniosis, de gan- grenas pulmonares y de hepatizaciones lobulares. En una experiencia muchísimas veces citada, se transforma en tu- mor blanco una simple entorsis de la rodilla, en individuos afectados de bacilosis pulmonar. ¿Y qué diremos de las afecciones de que pueden ser pasto—personalizando inco- 24 neciamente la afección—las serosas y el músculo cardía- cos? Positivamente pueden ser originadas per la sola in- fluencia de los virus; y, sin embargo, el cansancio parala miocarditis y la desgarradura de las válvulas para la en- docarditis, circunstancias son que favorecen singularmente la evolución de las bacterias. La ley de Pasteur, que quie- re que la sangre que circula sea estéril, frecuentemente se ve derogada por heridas arteriales, que haciendo irregular la superficie endotelial, causan primitivamente depósitos de fibrina, que muy luego se convierten en centro de atracción para los gérmenes transeúntes. No surgen he- chos nuevos cuando se estudian parásitos mejor organiza- dos que los bacilos en la escala biológica. ¡Cuántos quistes hidáticos debidos á una simple contusión del hígado! ¡Cuán- tas infecciones palustres, cuántas fiebres eruptivas dima- nadas de una caída sobre la región esplénica! ¡Cuántos flujos intestinales solicitados por el frío, flujos que consti- tuyendo después un caldo á propósito de pululación, se transfiguran en océano donde navega imponente el infini- tamente pequeño! Si fijándonos ahora en el reverso de la medalla, estu- diamos las influencias recíprocas de los estados diatésicos é infecciosos sobre los diversos géneros de traumatismo, seremos también testigos de hechos de culminante impor- tancia. Vimos ya que los choques gozaban de acción in- discutible frente á las taras orgánicas adormidas; pues bien, las lesiones distróficas elementales tienen también papel señaladísimo ante los efectos de los traumatismos. El artritismo, el reumatismo crónico, la sífilis, las osteopo- rosis, las neuritis, ciertas afecciones cerebrales, las secre- ciones microbióticas, las perturbaciones tróficas de los cen- tros, las modificaciones anatómicas de las visceras elimi- nadoras, entran en fatal y desastrosa concurrencia, para acentuar los efectos de los traumatismos y las dosis de los principios nocivos. 25 Y esto lo palpamos aún en los actos fisiológicos más ordinarios de la vida, y cierta curiosidad real, no despro- vista de verdadero interés científico, habría en determinar la ecuación hereditaria, dado un antecedente morboso dia- tésico, por ejemplo, en función del trauma genital. Distintos estados morales reobran diversa y ruidosa- mente bajo choques de la misma naturaleza; y, así, es muy probable que en la posible igualdad de las condiciones fí- sicas, el soldado herido y hundido en los abismos de la derrota, no presente en sus heridas las mismas benéficas reacciones, que el soldado también herido, pero arrebata- do en alas de la victoria. CAUSAS QUIMICAS, Sobresalen en este orden, también numerosísimo de causas, las secreciones microorgánicas, las intoxicaciones por principios anormales, ó por principios normales en cantidad anormal y las auto-intoxicaciones. Ora proce- dan los venenos enunciados del mundo exterior, ora de- riven de nuestros elementos anatómicos, ó se desprendan del funcionamiento de las bacterias en general, la conse- cuencia de su penetración es favorecer las pirexias. No eliminando los riñones ni la piel, los principios peligrosos, ni destruyéndolos el hígado ni los pulmones, estallan las perturbaciones humorales con todo su cortejo de síntomas acostumbrado; y los bronquios y el intestino y las serosas se transforman en focos flogósicos derivativos, y sobrevie- nen el delirio, el coma, las convulsiones, etc. Los accidentes causados por venenos cuya absorción se hace en cortas cantidades diarias, son generalmente ac- cidentes neuropáticos; y á continuación de las histerias 26 clásicas de este orden, de las coreas y de la afasia tabáci ca, tenemos el capítulo de las locuras tóxicas, entre las que figuran en primera línea, las locuras etílica y satur- nina. Los derivados de nuestras celdillas, cometen una serie de desafueros idénticos á los causados por las secrecio- nes de los organitos infecciosos, que directamente, ó por sus productos, determinan innumerables desórdenes pul- monares, intestinales, articulares, etc. ¿No lo vemos sin ventura á cada paso, en individuos cuyos riñones por cual- quiera circunstancia son impermeables á los múltiples ex- creta del organismo? ¿Ignoramos acaso que las nefritis agudas, ó crónicas, que cierran más ó menos las puertas renales, entorpecen la eliminación indispensable délos pro- ductos tóxicos fabricados en la intimidad de los tejidos? ¿Y qué deberá pasar cuando estos productos encuentren cerradas sus naturales salidas? ¿Cuáles resultados deberá precipitar la acumulación inusitada de dichas toxinas? La rebelión, el envenenamiento, la muerte. Ni es necesario tampoco que los gérmenes penetren en los vasos, invadan los sistemas y se posesionen de los aparatos: los alcaloides, las albúminas, las diastasas por ellos procreadas, al adulterar los humores haciéndolos in- tolerables á los endotelios y al influir por los canales san- guíneos sobre los centros vaso-motores, someten las tú- nicas de las paredes á una multitud de oscilaciones, de espasmos y de crispamientos tan sucesivos como irresis- tibles. CAUSAS NERVIOSAS. Si el hombre, mediante un esfuerzo volitivo sobrehu- súbito lograra pulverizar todas las rebuscadas y no- civas exquisiteces que esconden sus procedimientos las 27 más veces injuriosos cíe civilización, de fijo que desemba- razaría cumplidamente el cuadro nosológico que le abru- ma y que á la postre le roe y desbarata las entrañas, de muchas especies por razón etiológica neuropáticas. Nues- tras delicadezas no son con frecuencia dependientes, sino del estado reaccional de nuestros nervios periféricos, co- mo procuraré con un ejemplo ilustrarlo. Entre el salvaje, que huella con desnuda y callosa plan- ta pavimentos de montañas; que aspira á torrentes por sus pulmones el aire embriagador de sus nativas selvas virgi- nales; que libre y altivo se extasía frente á las regiones anchurosas del viento, y el lechuguino desventuradoquede- forma y aprisiona entre ballenas y férulas torturadoras las carnes y osamenta de su cuerpo; que calienta y refocila entre mullidos almohadones sus miembros lasos, sin ca- lor, amortecidos; que suda penosamente su ración de oxí- geno en la atmósfera empobrecida de la ciudad, hay un cúmulo de contrastes irrisorios é insultantes para el segun- do; hay un triple abismo moral, intelectual y físico, que no siempre logran salvar la Caridad ni la Filosofía. Viriles y majestuosas, fogosas y arrolladoras se ostentarán en la plenitud de su evolución las poderosas funciones fisiológi- cas del primero: mezquinos y desmayados, miserables y ridículos rastrearán apesaradamente los débiles impulsos orgánicos del postrero. Aquel, paseará sin notarlo, la piel endurecida de sus pies sobre punzantes guijarros, y fuerte en su coraza cutánea, desafiará con los honores del triun- fo, todas las intemperies del cielo y todos los ultrajes de la tierra. Este, llorará lágrimas de sangre y proferirá que- jas de fuego, cuando un grano de arena azote con desacor- dada violencia la tela de araña de su epidermis, ó se inter- ponga atrevido entre su planta y su bota! ¡Y cuánto no habría que hablar en ese sentido, sin ladear los obscuros precipicios de un anarquismo, de un nihilismo social!.. .. 28 Reconozcámoslo: los nervios sensitivos y motores, por sus diversas propiedades y por sus reacciones naturales, gozan de imprescindible influencia en los actos más sen- cillos, como en los más complicados de la vida. La inter- vención de las causas nerviosas es noción que se impone con incontrastable fuerza, cuando se piensa no más en la autoridad del eje cerebro-espinal sobre la circulación y la respiración. ¿Y qué decir de los vaso-motores? ¿No son ellos los que á las órdenes de sus respectivos centros y con el auxilio de los canales donde se ramifican, cierran, ó por el contrario abren las puertas de la absorción, ace- lerando ó retardando, según las volubles demandas vita- les, los movimientos de la materia, haciendo arrebatar con presteza, ó acarrear con lentitud los residuos de las cel- dillas? Convencidos ya del poder incalculable de esta tiránica regencia, pasemos á ver algunos ejemplos en que queden patentizadas las modalidades singulares de las mutaciones nutritivas debidas á las reacciones nerviosas. Se han vis- to ataques de asma curados á la presencia de hechos te- rroríficos y ataques de gota aguda desaparecer bajóla in- fluencia de accesos de cólera. Las emociones rápidas pro- vocan las hemicranias y cuando son intensas y repetidas, cólicos hepáticos, etc. Los placeres, los excesos, el can- sancio intelectual, la tristeza, engendran la glicosuria ó exa- cerban la ya existente. Hansemann ha presentado en la Sociedad de Medicina berlinense, una pieza anatómica perteneciente á un hombre de setenta años que había muerto de bronquitis capilar. La pieza á que hacía referen- cia, era la pierna derecha de dicho individuo, que parecía haber estado afectada durante la vida, de lepra mutilante; y, sin embargo, se trataba verosímilmente, según el men- cionado autor, de procesos neuropáticos oue habían deter- minado los desórdenes nutritivos observados en aquel miembro. 29 Obsérvanse consecuencias análogas, bien sea el agen- te moral ó traumático; y así, ha podido decirse, que el pe- sar es un mal físico y la melancolía la convalecencia del dolor. En el interesante libro de Féré intitulado “Pato- logía de las emociones, estudios fisiológicos y clínicos, “ pueden leerse multitud de ejemplos encaminados á probar la veracidad de estos asertos. No permanecen tampoco extraños á estos preceptos los impulsos pasionales, ni desafinan en el nervioso con- cento; y el conocido aforismo latino, “mens sana in cor- pore sano," no es quizá tan antiguo, como tan provechoso y exacto. Digamos para concluir, que las leyes que gobiernan el ayuntamiento carnal en la especie humana, ni pueden subs- traerse por manera alguna á los principios generales ex- puestos, ni pueden ser burladas á mansalva. La nutrición de la especie, sabiamente encerrada en la gula de fruición que aqueja al sentido genésico, no consiente el impune quebrantamiento de sus naturales reglas. Tal vez aquí es donde pesan más intensamente las soberanas exigen- cias del sistema nervioso, y nada tendría de sorprendente en verdad, para las facultades investigadoras del médico psicólogo, la discreta contemplación de nerviosas afeccio- nes incurables, de malhadados desquiciamientos constitu- cionales, debidos á una sola sensación displicente, á una simple infracción del silencio, á una intempestiva interrup ción de las tinieblas, cuando se pierde la noción de la vida en la hora de los sexos. Resumamos: “En lo infinito que circunda la frente del hombre y en lo finito que sustenta sus pies," se ciernen, ó se arrastran, amenazando de continuo su vida y ponien- do en vilo su existencia, causas morbíficas sutiles, varia- 30 dísimas, inacabables. Podría decirse, sin temor de incurrir en paradoja alguna, que si quisiera emprenderse con buen éxito el estudio de esos agentes fuertes é intangibles, cie- gos é implacables, sacándolos de sus ignoradas sombras y profundizando con exactitud cumplida los dificilísimos pro- blemas etiológicos que con ellos se relacionan, sería pre- ciso contar con un manantial de tenacidad, en el cual la hu- mana inteligencia no puede ni racionalmente pensar; se- ría necesario reconcentraren un solo cerebro los dones de una potencia infinita y de la ubicuidad suprema; sería in- dispensable, para decirlo de una vez, que la mente que en tales estudios fructíferos, aunque ultrahumanos se empe- ñase, saludara, contemplando la Naturaleza con facultades de observación extraordinarias, los soles sucesivos de mu- chas eternidades. Y ni así: creciendo para el Rey de la Creación, en la consecución de los tiempos y en progre- siones indescriptibles y monstruosas, los peligros perma- nentes porque se ven sin descanso amagadas sus delezna- bles resistencias orgánicas, esa misma inteligencia omni- potente, armada de órganos omnipresentes, nunca pudiera justipreciar la suma de elementos perdurablemente desen- cadenados contra tan frágiles vestiduras de un día! México, Enero 28 de 1894. Qaiícs c)1íamuí (¿jaicía.