LA SIFILIS SIN MERCURIO. OPÚSCULO Escrito por JOSÉ B- HERNANDEZ, Médico de la Facultad de México, quien lo dedica á los Srs. Drs. JUAN MARIA RODRIGUEZ Y JOSÉ MARIA BANDERA Profesores de la misma Facultad. MÉ.XIGO Estereotipia de P. Munguía é Hijos Sucs. Merced Número 8 1890. LA SIFILIS SIN MERCURIO. OPÚSCULO Escrito por el DR. JOSE B. HERNANDEZ, Médico de la Facultad de México, quien lo dedica á los Señores JUAN MARIA RODRIGUEZ Y JOSÉ MARIA BANDERA Profesores de la misma Facultad. MÉXIGO Estereotipía de P. Munguía é Hijos Sucs. Merced Número 8. 1890. II fifi! Illflll Sil Hlfll» (i) IMPORTANCIA DEL ASUNTO. »o hay en la Patología cuestión más interesante que la de que voy á ocuparme. Es la sífilis una enfermedad grave, y tan extendida, que Libermann afirma que ataca á la cuarta parte de los pobladores de México, lo que da más de 100,000 enfermos sólo para la capital. Admitiendo que este dato es exagerado, nadie puede negar que la sífilis es una enfermedad mucho muy común: ¿quién no ha oido ha- blar de ella? ¿quién no la conoce? ¿quién no sabe de algu- nas ó muchas de sus manifestaciones? ¿qué Médico no ha te- nido que curarla? ¿qué Gobierno medianamente ilustrado no ha procurado que se extermine ó que al ménos no se difun- da? Como la sífilis es asquerosa y contagiosa, las personas que la padecen se ven en la necesidad de abandonar sus ocupa- ciones y aislarse de la sociedad y de la familia. Por ésto, por los dolores que produce, por lo vergonzoso de la enfer- medad, por la larga duración de ella y por las huellas in- delebles que frecuentemente deja, se comprende su gravedad. (1) Lo que digo de este metal debe aplicarse también á sus combinaciones. 3 La Sífilis Pero aún hay más: cuando la sífilis ataca á los casados causa la desdicha de los matrimonios y produce la muerte de la prole, ó cuando ménos, el que esta sea enfermiza y arrastre una existencia lánguida y penosa. Sabido esto se comprende que cualquier progreso obtenido en el tratamiento de la sífilis es de extraordinaria trascendencia. Como se verá en el presente trabajo, la experiencia y la ob- servación de casos comparados han llegado á demostrar que el mercurio es peligroso siempre, que frecuentemente es no- civo, que siempre daña en la sífilis. Hay más: se atribuyen á él las lesiones graves que se observan en las sífilis tratadas con mercurio. Merecen formal estudio tales ideas cencebidas, pro- paladas y sostenidas por hombres tan respetables como Bae- rensprung, Bennett, Brou, Broussais, Diday, Fricke, Fergus- son, Hennen, etc., etc. Si se extendiera la creencia de que los granos y úlceras (1) profundas de la piel y tejidos subya- centes, así como las inflamaciones de los huesos, las parálisis y tumores profundos (2) no se observan nunca ó casi nunca si- no cuando se ha ministrado mercurio; si se extendiera, repi- to, esa creencia, todo el mundo se juzgaría obligado á difun- dir las ideas contenidas en este opúsculo. Hace cuatro siglos que se usa el mercurio como específico en la sífilis; se creerá con justicia que un medicamento usa- do en todo el mundo, por todos los Médicos y durante tantos años, es por fuerza útil. ¡Ciertísimo, so soy el primero en con- fesarlo! tan es esto así que á sus virtudes curativas y á la ra- pidez con que se manifiesta el alivio, debe el mercurio su in- mensa reputación. Referiremos una historia de todos los días y todos los lugares: Viene una persona mala de la garganta y con erupciones; se le ministra mercurio y á los veintidós ó veinticinco días, la piel está limpia y la garganta sana ó casi sana. ¿Qué paciente ó qué Médico no ha de quedar satisfecho? Pero pasan dos, tres ó cuatro meses, y otra vez brota la enferme- dad, y aparece el mal de la garganta; de nuevo se da mercu- rio; la enfermedad resiste más tiempo pero cede. Esperemos: pocos días pasarán para que reaparezcan las erupciones, (pous- sées) comiencen los dolores huesosos, los hormigueos, las pa- rálisis, los tumores etc., etc. Entonces ¡ya no se dá mercurio,! (1) Producidas por la rupia, el pénfigo y el lupus. (2) Sifilomas. 4 Tratada sin Mercurio se ocurre á la higiene y al yoduro. Y entretanto el tiem- po ha pasado, y la curación se hace esperar meses y hasta vein- te años (Ricord) y hasta treinta (Langlebert). ¿Por qué Médicos como Bennett, Brou, etc., han abando- nado y detestado el mercurio sabiendo sus virtudes curati- vas? ¿por qué cuatro siglos de usarlo han servido para hacer- lo sospechoso y desprestigiarlo, en lugar de afirmar más y más su reputación adquirida? La respuesta es llana: la expe- riencia ha enseñado que sin mercurio, la sífilis no produce lesio- nes graves; la comparación de los casos tratados con y sin mercu- rio, ha demostrado que sin el, la sífilis dura menos tiempo, que las reincidencias son menos frecuentes, que la convalescencia es más cor- ta, que la mortalidad es mucho menor. En la sífilis y en otras muchas enfermedades se usa mucho y con extraordinaria confianza el mercurio; este metal, cir- culando en la sangre,¡ofrece peligros y hace daños que es ne- cesario buscarlos, no sólo en la sangre y en la boca, sino en otros órganos, y largo tiempo después de usado el medicamen- to. Llamar la atención médica sobre asunto tan trascendental; dar el grito de alerta al usar el mercurio; no usar este en la sífilis; he aquí el objeto del presente trabajo que dividiré en tres partes: 1 P el mercurio es peligroso; 2 P el mercurio es nocivo; 3 P no debe usarse en la sífilis. EL MERCURIO ES PELIGROSO. “Vox populi vox Dei” dice un proverbio muy conocido. No sostendremos que esto es verdad siempre; sólo pregunta- rémos: ¿de qué le viene á todo el mundo el horror por el mer- curio? La respuesta es clara: de que se sabe por la cruel ex- periencia que hace daño, que es peligroso. He aquí una gran prueba que juzgará trivial solamente el que no la valorice en lo justo. La Física demuestra que á la temperatura ordinaria los átomos del mercurio están dotados de una velocidad que pa- rece fabulosa ¡180 metros por segundo! La misma ciencia prueba que en un espacio libre esos átomos se difunden hasta á 1,700 metros de distancia. ¿Con qué velocidad irán esos 5 La Sífilis átomos á 37 ó 39 grados, la temperatura de la sangre? ¿qué efectos producirán sobre los microscópicos glóbulos rojos, so- bre las delicadas celdillas y fibras nerviosas? Muy poco se sa- be de esto, pero todo Médico juicioso debe creer en peligros todavía ignorados, aunque no del todo. Dice el Dr. Grisolle: “todos los medicamentos producen signes que marcan el hasta-aquí de su uso; el mercurio liace escepción á esto, lo que lo hace peligroso.” En efecto: el hasta- aquí del uso del mercurio lo halla el Médico en la inflama- ción de la boca; pues bien: este carácter no se presenta en al- gunas personas aunque tomen mercurio suficiente para en- fermarse ó matarse. Fuerza es no fiarse completamente de es- te signo, porque, si él no aparece, puede producir el Médico las enfermedades graves y hasta mortales de que hablaremos después. Muchos enfermos dirán: yo he tomado mercurio y nada me ha sucedido;miles de médicos exclamarán, ¡preocupación: yo he recetado la plata viva y nada ha sobrevenido. ¡Muy ver- dad y muy bien dicho! pero no confiemos: á la hora ménos pensada puede presentarse algo como lo siguiente; Brescliet vió la necrosis de los alveolos dentarios después de tocar Con nitrato ácido de mercurio, y por una sola vez, el cuello del úte- ro, y en otra ocasión por una inyección de sublimado; Ilon- tañón, mercurista cabal, da fé de haber visto la misma lesión después de haber puesto tantito calomelen los ojos; Recamier afirma que una solución de sublimado ha causado á veces convulsiones, delirio y muerte, y que en una señora producía la erisipela de la cara; nótese de paso que Recamier no era ningún atolondrado para usar dosis inconvenientes; una se- ñora contrajo viva y prolongada inflamación de la boca, por untar su dedo índice dos veces al día con el ungüento mer- • . . O curial necesario para curar una perrilla (blefaritis ciliar) de que padecía su marido; nos consta que una señora se curó dos días con inyecciones de bicloruro de mercurio al cinco mi- lésimo y que lleva dos años de padecer de su dentadura, mo- lido entre las buenas; otra tomo un día dos centigramos de ca- lóme!, y le sobrevino viva inflamación de las encías que persis- tió por meses. Y basta, ¿quién no ha experimentado los perniciosos efectos del mercurio? daremos mil pruebas de que este metal produce á veces terribles efectos aun A dosis 6 Tratada sin Mercurio pequeñísimas. Apenas llamada la atención sobre esto los ejem- plos se hallarán á millares. A los Médicos que usan mucho el mercurio y que no le tie- nen miedo, les recordaremos que es cuerpo extraño al orga- nismo, que obra como tal, y que se deposita en los tejidos mu- chos años por ser de muy difícil eliminación.—Lo primero les consta: el mercurio no es necesario para completar la compo- sición química del cuerpo humano. Eespecto á lo segundo ahí tenemos las lesiones huesosas y las parálisis que lo de- muestran; además se han visto abscesos cerebrales en cuyo foco había mercurio. Cuando vemos á un paralítico ó trému- lo de las piernas, ó con dificultad para pensar ó hablar, siem- pre nos ocurre esta idea: ¿será ésto producido por depósitos de mercurio en los centros nerviosos? ¿por qué no suponer- lo así cuando sabemos que ese metal se aloja en ellos y la ob- servación constante enseña que los sifilíticos que no han to- mado mercurio jamás están con esas parálisis, temblores, di- ficultad en el pensar y en el hablar? Bennett, Hermann, Thomp- son y otros, creen que estas lesiones son siempre mercuriales y no sifilíticas como se supone. Dijimos que el mercurio se deposita en el organismo y que es de difícil eliminación. En personas que años hacía no tomaban mercurio, se ha hallado en los huesos; en la base del cerebro (Castellas) en la laringe, hueso hioides y cartílago tiroides (Breschet), en el humor ví- tres (Sibbel) y bajo forma de gotitas en úlceras que padecía un soldado alemán. Los libros que tratan de la materia nos darían ejemplos á centenares; basta lo dicho para que los Mé- dicos no demos sin cesar mercurio porque no viene la infla- mación de las encías. ¿ Quién va á meter á tontas y á locas en el organismo un cuerpo extraño, sin saber dónde va á alojar- se, ni qué daño va á hacer, ni cuánto tiempo tardará en eli- minarse ? Lo escrito basta para probar que el mercurio es peligroso; pero aplicado á la curación de la sífilis ofrece algo gravísimo sobre lo cual deseamos llamar toda la atención de nuestros lectores: “el mercurio produce todas las lesiones que la sífi- lis ofrece, y en el mismo órden que ella.” Como esto se halla demostrado en las obras que tratan de la materia, pasaremos á ocuparnos de lo que puede suceder en determinado caso práctico. Está una persona gálica, se le ha dado mercurio; 7 La Sífilis aparecen en ella manchas, vesículas, pústulas, inflamación de la garganta, de las huesos, de los centros nerviosos, etc. ¿ Son producidas estas por el mercurio ó por la enfermedad que se cura ? He aquí una duda que generalmente no se puede resol- ver sino dando más mercurio y observando la marcha de la enfermedad; pero lo que es más nocivo: si el enfermo empeo- ra, un liidrargirista creerá que se trata de una sífilis grave que resiste hasta las altas dosis de mercurio, y le prescribirá más. Los resultados desastrosos pueden preverse. Quizá pertene- cen á esta clase los numerosos hechos que Ricord, Grisolle y Niemeyer refieren, y en los que han aconsejado á sus enfer- mos abandonar el mercurio. ¡Cosa notable! han sanado muchos de esos enfermos cuando sus Médicos los creían condenados á muerte, (Langlebert). Por honra de nuestra justamente afa- mada Escuela de Medicina, deseariamos que se discutiera siempre este problema: dada determinada enfermedad en un sifilítico, precisar cuál es la causa,la sífilis, el mercurio ú otra. Sabemos que NUNCA se hace esta clase de diagnóstico dife- rencial. Con lo expuesto creemos dejar suficientemente probado lo que nos proponíamos: el mercurio es peligroso. Pasemos al segundo punto. EL MERCURIO ES NOCIVO. Errado, y mucho, irá el que crea que yo juzgo inútil el mercurio y que no lo uso; tiene preciocísimas virtudes cu- rativas que confieso y aprovecho: purgante pequeño é insípi- do; vermicida de primera calidad; antiséptico supremo; uti- tilísimo en la tuberculosis (1) etc., etc.; pero esto no impide creer que es á la vez nocivo; la cuestión se reduce, pues, á números; si aprovecha como 2 ó como 1,000 y daña como 1 debe usarse; si daña como 2 ó como 1,000 y aprovecha como 1 ó como cero debe prohibirse. Hecha esta aclaración pase- mos á probar lo del epígrafe. Quien ha usado el mercurio hasta que le hace efecto ha sen- (1) Este invento es mexicano, se debe al Sr. Dr. Eduardo Licéaga. 8 Tratada sin Mercurio tidopor de pronto debilidad, languidéz, pereza, la anemia con todos sus síntomas, dolor é hinchazón en las encías que se ponen amoratadas ó pálidas, dolorosas, sangrientas, ulcera- das; sabor metálico en la boca; salivación, flojedad y caída de los dientes; caries y necrosis de las mandíbulas, inapetencia, indigestiones, cólicos, diarreas etc. etc, después...poca fuer- za ó temblor en tal brazo ó pierna, necesidad de arrastrar los miembros enfermos, parálisis, adormecimientos, hormi- gueos, pérdida de la memoria, de la palabra, de la inteligen- cia, etc. He aquí lo que produce inmediata ó tardíamente el mercurio. ¿He de dar pruebas de ésto? De ninguna manera: pongo como testigos de mi aserto á las víctimas, á los den- tistas, á los Médicos y á todos los libros que tratan la mate- ria, Como todos ellos están de acuerdo en que el cuadro an- terior es rigurosamente apegado á la verdad, queda proba- do que el mercurio es nocivo. Pasemos al tercer punto. EL MERCURIO ES NOCIVO EN LA SIFILIS. Mucho de lo que antes hemos dicho, apoya nuestra propo- sición; no lo repetiremos, pero sí lo recordaremos. Si el mercurio es nocivo, al usarlo se falta al principio fun- damental de Terapéutica: primüm non nocere, primero no hacer daño. Uno de sus primeros efectos es la anemia; ésta agravará, pues, la específica (llamada sifilítica por los autores) y que aparece al hacerse las erupciones; está por lo mismo contra- indicado. La Fisiología enseña que cuando hay mal sabor en la bo- ca y mucha saliva en el estómago, se pierde el hambre y la digestión se hace penosamente. Tener hambre, comer bien y digerir completamente, son cosas muy de desearse en un sifilítico; el mercurio estorba esto, luego no debe usarse. La sífilis engendra inflamaciones y tumores que para lle- gar á feliz término necesitan una sangre rica y una vida acti- va; el mercurio empobrece la sangre y hace languidecer la vitalidad, luego está contraindicado. 9 La Sífilis Langlebert el primero, y después otros muchos, por medio de inyecciones hechas á perros y monos, han demostrado que el microbio de la sífilis se elimina por la piel; está pro- bado que el mercurio cura las erupciones, es decir, cierra la puerta al microbio, luego está claramente contraindicado. En las fiebres eruptivas como la viruela, el sarampión y la escarlatina, procuramos los Médicos que la erupción se haga bien, y nos alarmamos si la vemos palidecer ó atrofiarse an- tes de tiempo (sabemos que ciertamente aparecerá una com- plicación en los intestinos, los riñones, los pulmones, el ce- rebro etc.;) por inexplicable inconsecuencia, cuando se tra- ta de la sífilis se le cierra la puerta al microbio. ¿Es ésto ló- gico? Las pústulas de la viruela no se desarrollan ni supu- ran cuando en estado de pápulas se aplica en ellas la solu- ción de Pravaz; ¿no se llamaría homicida al Médico que hi- ciera por este medio abortar todos los granos de la viruela? ¿y Por qué? porque inutilizaba el esfuerzo que la naturaleza, siempre sábia, hace para eliminar por el mejor emuntorio lo que le hace daño. Si en lugar de obrar lentamente el mi- crobio de la sífilis, fuera tan activo como los microbios de la escarlatina y la viruela, pronto veríamos abandonar el uso del mercurio. La gran razón de los hidrargiristas de q e el mercurio cura las erupciones y las lesiones superficiales, es, nó favorable, sino adversa á ellos. Véamos que enseña la Clínica. La sífilis se cura sin mercurio. Esto lo dicen hasta los hi- drargiristas, lo saben hasta nuestros indios que la hacen des- aparecer con baños de temascal. Sin dañar, como sucede con la plata viva, puede obtenerse el fin deseado. En los hospitales de Suecia se curaron más de 40,000 enfer- mos de sífilis, comparando los resultados del tratamiento mer- curial con el simple; se vió que este era muy superior á aquel. De igual manera curó elDr. Fricke en el hospital de Hambur- go á 1,609 enfermos; refiriéndose sólo á la duración, se notó que esta estaba en la proporción de 51 á 85, siendo la primera cantidad referente al tratamiento sin mercurio. El mismo Dr. especialista, dice haber curado más de 5,000 enfermos y “que está aún por hallar un solo caso en que el mercurio pueda usarse con ventaja” Hiinter y Fricke asociados estu- diaron los tratamientos mercurial y simple, hallando este 10 Tratada sin Mercurio muy superior á aquel por ser más eficaz, más rápido y nadape- ligroso. En Strasburgo se curaron sin mercurio 5,271 soldados; ISTo hubo hi un solo caso de caries ni necrosis, y las re- incidencias fueron en muy pequeño número, es decir, que las manifestaciones de la sífilis se presentaban una sola vez. Nótese por ser muy importante que estos ejércitos estuvie- ron en observación de cinco á seis años. Según las grandes estadísticas formadas, (hasta 1873 as- cendían á más de 80000 casos) las reincidencias son de 2 á 3 pg sin mercurio, de 10, 20 y hasta 30 con él. Los cirujanos militares de Francia, mercuristas, cuando la guerra peninsular, declararon que la convalescencia de la sífilis es una tercera parte menor sin mercurio que con él. Thompson imputa al mercurio casi todas las úlceras pro- fundas de la piel, de la garganta y de la nariz, pues en 154 enfermos tratados por él sin mercurio, sólo en uno de ellos ob- tuvo estas complicaciones. Hermann vá más léjos pues atribuye al mercurio todas las lesiones graves ó profundas que hoy se dicen sifilíticas. Hen- nen, Green y otros especialistas han abandonado el mercurio. En el hospital de Wieden donde no se usa mercurio la mor- talidad es de uno por mil; en el de Yiena que se prescribe el metal, es de uno por ochenta y nueve. Pudiéramos aún aumentar datos estadísticos y nombres respetables de Médicos antimercuristas, pero creemos sufi- ciente lo escrito para apoyar nuestro aserto: no debe usarse el mercurio en la sífilis. Tres son las razones en que se apoyan los hidrargiristas para emplear el mercurio: 1 3 la práctica de Médicos eminentes que han usado y preconizado dicho metal; 2 que con él se cura generalmente la sífilis; 3 que cura infaliblemente las erupciones y manifestaciones superficiales retardando su rea- parición. Mucho vale lo primero, pero desde el momento en que hay algo mejor esto es lo preferible. A lo segnndo diré que no es lo más curar, sino obtener este resultado sin hacer daño, evitando complicaciones, en poco tiempo y de un modo radical; á la tercera razón hay que llamarla sinrazón, pues ya hemos visto que es ilógico estorbar ó curar las erupciones. 11 La Sífilis Tratada sin Mercurio RESUMEN. Es de la más alta importancia la cuestión del tratamiento de la sífilis; se lia usado mucho en él el mercurio como espe- cífico; muchas autoridades médicas lo han abandonado. El mercurio es peligroso; á veces produce terribles efectos aun á dosis pequeñísimas-, son de temerse sus efectos ignorados, aten- ta la gran velocidad de que están dotados sus átomos; no se sabe cuánto mercurio puede darse ni cuándo debe dejar de usarse; obra en el organismo como cuerpo extraño; se depo- sita en los tejidos por muchos años; las enfermedades que pro- duce simulan exactamente las de la sífilis; al usarlo deben recor- darse los daños que puede producir; sus efectos deben bus- carse inmediatamente y mucho tiempo después de haberlo usado. Como hace daño debe preferirse otro tratamiento que no dé ese resultado; causa anemia y aumenta la de la sífilis; produ- ce pérdida del hambre, indigestiones, cólicos, diarreas etc; se opone á la reabsorción de los exudados y tumores sifilíticos; impide ó cura las erupciones que son providenciales. En más de 80,000 casos, comparando los resultados del tratamiento sim- ple y el mercurial, se ha visto que con el primero no vienen úl- ceras profundas, caries, necrosis ni lo que se llama sífilis visceral; que las reincidencias son mucho ménos frecuentes, que la duración de la enfermedad es más corta, y que la mortalidad es mucho menor. Estos son los puntos que, con la brevedad posible, he tra- tado en el presente trabajo; ¡ojalá y sean tomados en con- sideración por nuestro ilustrado Cuerpo Médico y que de aquí resulten bienes á la humanidad! México, Junio 11 de 1890. José B. Hernández. 12