“FACULTAD DE MEDICÜMr DE MEXICO TRATAMIENTO 1>E LA ALBUMINURIA POR LA ESTRICNINA 1*0 R MEXICO TIPOG RAFIA LITERARIA Calle i>k la Canoa Nóm. 5 1873 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO TRATAMIENTO l)E LA ALBUMINURIA POR LA ESTRICNINA POR ijiept? <|an2al*z MEXICO TIPOGEAFIA LITEEAEXA Calle de la Canoa Nfhr. 5 1373 f¡t. Ifpwbiff jjfwtttt (fe ijht, bb. bel último be sus blscípulos, la manifestación mas sincera be gratitub u carina. |ÜÍ>A regularizaron en los fenómenos que constituyen la vida, fe- nómenos físico-químicos, de composición, descomposición y recom- posición continuas determina la salud. Cuando alguno de los eslabones que forman la cadena se rompe ó se afloja sobrevienen perturbaciones de diversos órdenes, que si no se atienden, que si persisten pueden originar enfermedades crónicas y con ellas per- turbaciones incurables. Estados hay que por el momento parecen ligeros, pero que si se abandonan ó descuidan degeneran en males de grande trascenden- cia y de conseduencias fatales. Las perturbaciones de nutrición es- tán en este caso. Hay, pues, una multitud de padecimientos que al principio insignificantes y de poca consideración, con el tiempo y el abandono causan grandes trastornos; padecimientos que en di- versas circunstancias toman distinto valor, y por lo mismo se de- ben considerar de diferente modo. El signo albuminuria se presta á consideraciones de esta natu- raleza, consideraciones que no podré desarrollar en su totalidad y con la claridad y la extensión deseables, pero que me propongo es- tudiar aunque sea ligeramente, por haber encontrado casos parti- culares sobre los que quiero llamar la atención de los prácticos, y tle los experimentadores, por ser hechos no muy comunes. Qué significado tan diferente tiene, pues, el signo albuminuria 6 cuando sobreviene al fin de una escarlatina, ó cuando la encontra- ~ mos acompañada de derrame en algunas cavidades ó en otro punto del cuerpo! En el primero nos indica un estado pasajero de la glán- dula dependiente de una congestión mas ó ménos intensa, pero que con muchas probabilidades desaparecerá si la atendemos pronto, puesto que la observación así lo demuestra, y en el segundo caso expresa alteraciones probablem ente incurables deltegido glan dular tal vez (con pocas excepciones) no podremos remediar ni con los medios mas útiles y mejor indicados. Como éstas, otras muchas consideraciones se prestan sobre et signo albuminuria pero voy á estudiarlo principalmente en el tra- tamiento que he visto usado y seguido de éxito, en casos, en los que como los que referiré, no se ha fijado plenamente la atención > de los médicos. La presencia de la albúmina en la orina, es un signo valioso,- , puesto que indica, que hay una alteración en la salud 6 por lome- nos una alteración en alguna función importante de la economía, de la cual tarde ó temprano tendrá que resentirse el organismo. Como todas las funciones de la economía están tan íntimamente enlazadas entre sí, cuando una padece no tardan las demas en par- ticipar de la alteración; pero hay algunas de ellas cuyo lazo de unión es mas estrecho y que se solidarizan mutuamente; varias de ellas al trastornarse en su curso natural pueden dar lugar al mis- mo fenómeno y por lo tanto, un fenómeno vital y anormal puede ser resultado de una ó mas causas, de solo una causa y siempre la misma ó de varias que obran por separado. Tal sucede con la albuminuria. Yoy, pues, á estudiar algunos puntos referentes á la albuminu- ria y serán los siguientes: 1° La albuminuria es un signo de padeciminto renal. 2o La albuminuria puedo ser ocasionada por enfermedades de di- versa naturaleza, pero que no tienen su asiento en el riñon. 7 o° Como consecuencia de lo anterior: la albuminuria no siempre índica una alteración en la glándula renal. 4o Puede depender de una lesión del simpático. En este caso surte muy bien la aplicación intus de la extricnina. Esto último es el objeto principal de mi escrito, pues quiero Ha- cinar la atención sobre este método curativo. I. La aUmniiniii'ia es un signo tic padecimiento renal. La degeneración amiloide, cuyo sitio primitivo es la túnica me- dia de las arterias, como sucede en el hígado, da nacimiento con mucha frecuencia al signo albuminuria; esta degeneración tiene por efecto engruesar la pared del vaso, disminuir su calibre é isquemiar el tejido correspondiente cuya nutrición por lo mismo es imperfec- ta é insuficiente. Cuando esta alteración está muy avanzada, ter- ritorios completos pueden ser impermeables á la inyección, las cel- dillas epiteliales, la membrana propia de los canalillos rectos pueden estar atacados por la misma degeneración; el riñon en este estado presenta un corte relumbroso y sobre el fondo amarillo aparecen gotas brillantes de rocío y los glomérulos infiltrados de sustancia amiloide, la reacción yodo-sulfúrica da el carácter de esta degene- ración. En esta grave alteración se presenta la albuminuria. La esclorosis cuando es idiopática es muy limitada y no da signos que la hagan conocer clínicamente, puesto que ni la albuminuria aparece en estos casos; pero si es consecutiva á otro padecimiento ; y se ha generalizado, entonces da origen á la aparición de la albu- ;• minuria; tal sucede en la nefritis difusa. La nefritis catarral puede por la alteración del epitelio dejar pa- sarla albúmina de la sangre y de aquí su presencia en la orina por loque la albuminuria se los signos de este cuadro pa- 8 tológico designado portal nombre. Jaccond expresa esto del modo siguiente: “El paso anormal de la albúmina á través del filtro renal resulta de la alteración del epitelio y no de la fluxión arterial, por- que la experimentación ha establecido que el aumento de presión en las arterias renales, aumenta la cantidad de secreción pero es impotente para hacer trasudar la albúmina en la orina.” 1 Esta es también la opinión que admiten y sostienen los Srcs. Goll y Ludwig. II. La albuminuria puede ser ocasionada por enfermedades de diversa naturaleza, pero que no tienen su asiento en el riñon. Una de las enfermedades mas comunes y que con muclia fre- cuencia se acompaña de es la escarlatina, que se pre- senta al fin de diclia fiebre. Trouseau al hablar de la viruela, dice: “La albuminuria es otra complicación de la enfermedad cuya historia trazamos y es tan co- mún en la viruela confluente, como en la fiebre roja (escarlatina) con esta diferencia, que la albuminuria aparece en la escarlatina en su fin, mientras que en el período agudo de la viruela es cuando se presenta. Observaciones hechas en grande escala por Abeille de- muestran que en la viruela confluente se presenta en el tercio de los casos.”2 Esta albuminuria puede persistir y ser la causa de un padecimiento renal consecutivo, alteración que consiste en la in- filtración de elementos fibroplásticos y por los progresos de la cual sucumbirán los enfermos. En las fiebres graves, coma la tifoidea, puede presentarse la al- buminuria y su existencia parece variar con los individuos y las constituciones médicas, pues mientras algunos doctores, como Leu- det, no han encontrado ni un solo caso en diez años de práctica, otros la han observado con alguna frecuencia. Depende,según Trous- seau de una alteración profunda del líquido sanguíneo.3 En la difteria puede presentarse la albuminuria, cuyo descubrí- 1 Jaccond (trat,. pat. int. tomo II). 2 Trousseau (Clin. méd. tom. I.) 3 Trousseau loe. cit. 9 miento se debe á Wede. El Dr. Lee, en las observaciones que ha hecho en el Hospital de niños ha encontrado albúmina en el líquido urinario en cantidad variable y en un tercio de los casos, Unas ve- ces aparece desde el principio de la enfermedad, otras ocasiones es intermitente, así que unos dias se encuentra y otros no, tanto en casos lijeros y benignos como en casos mortales, pero en todos es dependiente lo mismo que en la fiebre tifoidea de la alteración de la sangre aunque no han faltado autores que quieran explicarla por el desarrollo de congestiones pasivas en la glándula. Otro grupo no menos importante de padecimientos, quiero hablar de las lesiones del corazón, presentan el signo albuminuria cuando están avanzadas y no tienen compensación y en estos casos depende de la dificultad, de la circulación de vuelta. La eclampsia puerperal cuenta también, como las lesiones ante- riores, entre sus signos, el que venimos estudiando, es decir la al- buminuria y en este caso parece que existe una relación de causa- lidad encontrada por autores competentes en la materia, aunque otros la consideran como lesiones simplemente coexitentes. Por fortuna la eclampsia según Cazeanx se presenta rara vez, uno entre doscientos casos. Estos son los principales estados morbosos que cuentan entre sus signos la albuminuria, que se desarrolla en ellos por diversa causa según vemos, puesto que unas veces depende de alteración de la sangre, otras de trastornos en los diversos conductos por donde circula el líquido nutritivo ó bien de cambios en la hidrodinámia sanguínea. III. El Dr. Graves fué uno de los primeros que refutó la opinión se- gún la cual se consideraba la albuminuria como signo propio de padecimiento renal; cita en apoyo de esto el siguiente caso, entre otros muchos: “Un individuo se presenta á la clínica con bronqui- tis y anasarea, tosía desde hacia mucho tiempo y tenia ortopnea, espectoracion abundante y sin ningún síntoma de afección del co- razón, el pulso regular y un poco lento, la orina rara y albuminosa la albuminuria no indica siempre una alteración cu la glándula renal. 10 no tenia calentura ni náuseas, ni sed anormal, su orina calentada á7G° antígrados se coagulaba rápidamente y con facilidad se re- conocia la presencia de gran cantidad de albúmina. Bajo la influen- cia de un tratamiento antiflogístico y pequeñas dosis de opio, la albúmina desapareció por completo al cabo de tres dias. Este hecho, dice el autor citado refuta victoriosamente la opinión de los que consideran la orina albuminosa como síntoma patognomónico de la lesión de Bright.1 El mismo autor cita como contraprueba del hecho anterior, el guiente caso: “Un hombre de 50 años cometia excesos alcohólicos de tiempo atrás y muere de consunción é hidropesía. Se hace la autopsia y se encuentra lo que sigue: el riñon derecho tiene su volúmen normal, al corte es pálido y granuloso; el izquierdo es uno de los mejores ejemplos que puedan encontrarse de lo que se llama riñon de Bright, era duro y muy pequeño; la membrana de envol- tura se desprendia con facilidad y aparecia entonces la superficie del órgano rugosa y nudosa, la lesión habia llegado á su último pe- ríodo de evolución; durante la vida de este individuo, su orina ha- bia sido examinada cinco veces diferentes y siempre se habia pre- sentado con sus caracteres normales y sin la menor huella de albú- mina en ninguna de las veces que se examinó.” Con esto queda suficientemente probada la tercera cuestión. IV. De qué manera se explica la aparición de la albúmina en el lí- quido urinario en afecciones tan diferentes? cómo cada una de ellas obra sobre la glándula para determinar la extravasación de la albúmina y su aparición en la orina y aun en otros productos de secreción ó de excreción? Qué significado tiene en cada uno de estos casos? Esto es lo que vamos á ver. Para resolver estas cuestiones vamos á recorrer de una manera rápida la historia de las diversas teorías que se han dado sobre el fenómeno. Puede depender de una lesión del simpático. 1 Graves (clin, méd; tomo I.) 11 En 1830 Elliotson dice que lo que debe llamar la atención del médico cuando un enfermo presenta orina albuminosa no es la abundancia variable del coágulo albuminoso, ni el estado del riñon, cualquiera que se suponga, es únicamente el estado general de la economía del cual son manifestación exterior los otros fenómenos. En 1831, William Prout establece este principio general: cuando á consecuencia de una fiebre, de una inflamación ó de cualquiera otra causa las materias albuminosas s >n impropias á la asimilación son eliminadas por el riñon; demuestra ademas la influencia que tiene la digestión sobre la albuminuria, cuya cantidad es mas con- siderable dos ó tres horas después de las comidas. Este mismo estudio ha sido seguido por otros muchos autores, sobre todo por Rayer, quien ha referido la observación de un dia- bético cuya orina llegaba á ser coagulable cuando se sustituía un régimen azoado á la dieta vegetal y láctea á que estaba sometido. Prout establece en su tratado que la albúmina de la orina no es constantemente idéntica consigo misma, que unas veces es seme- jante á la albúmina del suero, otras es modificada y no pasa de sus primeros periodos de organización. En apoyo de este modo de considerar la albúmina y para con- firmación de esta idea, el profesor Seminóla ha instituido varias se- ries de experiencias'de las cuales deduce que en estos casos la albú- mina no es asimilable. 1 Referiré sencillamente la que sigue que tomo de la obra de Jaccond. Un hombre robusto es atacado de mal de Bright agudo á frigore, se le hace una sangiía de tres onzas, se recoje el suero de esta sangre y se inyectan doce gramos de este en la yugular de un perro, al cual previamente se ha prac- ticado una sangría de doce gramos; la orina de este perro llega á ser albuminosa durante dos horas: de esto concluye el autor que la albúmina contenida en el suero de este enfermo, está en un estado molecular que la hace impropia para la asimilación. Treinta y cin- co dias mas tarde el enfermo está completamente curado, Semmola repite exactamente la misma experiencia que antes y no encuen- tra huella ninguna de albúmina en la orina de este animal. La con- clusión del autor es que por efecto de la curación esta albúmina ha llegado á ser completamente asimilable. 1 Jaccond (Pat. int. tom. II.) 12 Citaré estos otros ejemplos tomados también del mismo autor. 1 Se cubre la superficie cutánea de varios perros con un barniz im- permeable y llegan á ser albuminúricos; ahora, el suero de estos animales inyectado en las yugulares de otros perros que no pueden asimilarlo llegan á ser temporalmente albuminúricos; ahora, el sue- ro de perros bien constituidos, inyectado á otros perros nunca pro- duce albuminuria. Estas experiencias, dice Jaccond son una prue- ba perentoria de las modificaciones moleculares de la albúmina de la sangre y de la influencia que estas modificaciones tienen sobre la filtrabilidad de la sustancia á través de las membranas renales y su paso á la orina. Yalentin, quien el primero examina el riñon con el micorscopio termina la exposición de sus investigaciones por esta declaración significativa: los riñones simplemente son el receptáculo de la ori- na normal lo que les hace parecer á la simple vista como sienda principalmente enfermos, mientras que al contrario la causa de la- secreción pervertida debe buscarse en la sangre. Termina dicien- do: la pretendida enfermedad de Bright pertenece á esas enfermeda- des generales en las cuales una cantidad anómala de albúmina es separada de la sangre, la vía de separación es en este caso la orina., una parte de la albúmina quedaMisuelta y sale así del cuerpo, otra por el contrario es precipitada inmediatamente, permanece en los canalillos y es expulsada por la orina sucesivamente y por porcio- nes como es fácil convencerse por las preparaciones frescas en cual- quier estado de la lesión; el tratamiento debe ser ante todo gene- ral, dede ser instituido en vista de la sangre, de la nutrición y la consideración de los órganos [ocalmente afectados vendrá en se- gundo lugar. Fourcault, colocándose bajo un punto de vista muy restringido,.. estudia uno de los resultados últimos de la función de nutrición y refiere la albuminuria á la supresión de la excresion cutánea. Ed. Robin, busca igualmente en las perturbaciones de la evolu- ción de las materias albuminoides la causa de la albuminuria, y re - fiere á la insuficiencia de las combustiones respiratorias el paso de1 la albúmina en las orinas. Simpson invoca á su vez las modificaciones de la nutrición para, 1 Jaccond (Evo cit.) 13 ciarse cuenta de la albuminuria que aparece en las mujeres emba- razadas. En 1854, Gubler somete á la experimentación la orina de cierto número de albuminúricos, y nota lo que ántes de él habian obser- vado Prout y Letmann respecto á las diferencias que presentan la albúmina de la digestión y la albúmina de la sangre; demuestra ademas por experiencia, la influencia precisa del régimen, compro- bando así que en los albuminúricos, un régimen puramente vege- tal hace descender á su mínimum la proporción de albúmina con- tenida en la orina, mientras que una alimentación exclusivamente albuminosa da la proporción máximum y un régimen azoado y compuesto únicamente de carnes fritas 6 asadas, dá una cifra in- termedia á las dos anteriores. Notó ademas en estos casos, que la cantidad de albúmina no era proporcional á la cantidad de orina excretada. Después de estas experiencias y varias lecciones que el mismo profesor Glubert dá, "asienta que nunca se formaria una doctrina satisfactoria para explicar la albuminuria, mientras se limite uno á poner en causa uno de los elementos de la función de nutrición con exclusión de los demas. Siguiendo á la molécula albuminoide en su evolución, demues- tra que no hay ni un solo acto del proceso nutritivo, que no pue- da llegar á ser á su vez manantial de albuminuria. Refiere las di- versas causas de este desorden funcional á cuatro llaves, que com- prenden todo el conjunto de la función de nutrición, á saber: 1? Naturaleza de los alimentos. 2n Perturbaciones de la digestión de las primeras vías y del hí- gado. 3* Idem de la respiración. 4? Idem de la nutrición, asimilación y desasimilacion. Al terminar sus lecciones este experimentador, reasume sus es- tudios en esta proposición fundamental: el fenómeno albuminuria indica siempre un exceso absoluto ó relativo de la albúmina de la sangre. Habiendo pasado rápidamente en revista las diversas opiniones y el modo según el cual, los autores que se han ocupado de esto, explican la albuminuria, indicaré la que mas racional me parece y 14 ía que creo está inas conforme con los hechos. Esta opinión es la de Graves, quien en 1831 rechazando la idea de una relación necesa- ria entre el estado albuminoso de la orina y una modificación apre- ciable del riñon señala la analogía que para él existe, entre la albu- minuria y la glicosuria. En efecto, parece que en la albuminuria hay una tendencia en to- do el organismo á la producción exagerada del líquido albuminoso, opinión que sostiene Gubler y de la que puede uno cerciorarse por los medios siguientes: sabido es que la orina de estos individuos contiene una gran cantidad de albúmina, que el líquido de los der- rames cuando estos existen, contienen el principio en cantidad con- siderable, que el análisis de su sangre demuestra una cantidad exa- gerada de ella y que en los líquidos, que en el estado normal la contienen en pequeñísima cantidad, cuando se examinan en el es- tado morboso que estudiamos so le encuentra en cantidad exorbi- tante. Citaré dos observaciones referida* por Jaccond que ha hecho un excelente trabajo sobre esta materia tan discutida. Se trata de dos individuos en los cuales ha encontrado una gran cantidad de albú- mina en las materias fecales, uno de ellos ha sucumbido después de que el autor liabia ya hecho cinco experiencias, y á la autopsia ha demostrado con las lecciones do small contracted Ridney, la inte- gridad perfecta de la mucosa intestinal; el otro enfermo, no que- riendo seguir en el hospital y siguiendo mas y mas débil, salió y no se le ha vuelto á ver después, de manera que esta observación es incompleta. Pero en la semana anterior á su salida, se examinaron dos veces sus materias fecal es y en las dos se encontró albúmina en ellas. No necesito, añade el ilustre profesor de París, recordar que Berzelius, Yanquelin, Ihin y Marcet han señalado la falta de albú- mina enlas secreciones alvinas normales. En fin, en el primer enfer- mo no existia derrame ceroso en la cavidad craneana, y sin*embar- go, ha encontrado una cantidad notable de albúmina en el líquido cerebroespinal, que en el estado normal solo contiene huellas 0. 088 por 1,000 partes según Lassaigne. Este es un punto importante que si se encuentro verificado en lo sucesivo facilitará la explicación de los accidentes cerebrales, escapando así al reproche de ser una hi- pótesis. En todo caso, la existencia de la albúmina en las materias 15 fecales en un período avanzado de albuminuria, es un hecho nuevo de un valor considerable y del que importa tener cuenta, puesto que por él llegamos á demostrar que las lesiones renales no tienen en la evolución de los fenómenos morbosos, sino un valor secunda- rio, y según esto, es claro que Ja albuminuria no está bajo su de- pendencia inmediata, y que esta perturbación funcional reconoce ante todo por causas, las condiciones generales cuya influencia pa- togénica hemos demostrado, puesto que la albúmina so pierde, no solo por la vía renal cuando los riñones están alterados, sino por una vasta superficie mucosa perfectamente sana, como hemos visto se encontraba en el caso referido la mucosa intestinal. Las causas que producen estas dos afecciones, glicosuria y albu- minuria, son muy semejantes, sino idénticas; como por ejemplo, cor- rientes de aire húmedo, habitación en ciertas localidades, excesos de naturaleza variable, y estas son las que con mas frecuencia las desarrollan; el trabajo intelectual exagerado, es sabido que cuando se prolonga puede originar una glicosuria pasagera que se acompa- ña de albuminuria. Desde los experimentos del célebre fisiólogo, Claudio Bernard, sabemos que picando diversos puntos del piso del cuarto ventrícu- lo, se puede producir glicosuria, poliuria, albuminuria; aisladas cada una ó acompañadas. Así, picando en la mitad del espacio que hay entre el nacimiento del pneu mogas trico y el auditivo se determina al mismo tiempo un aumento en la cantidad de la orina y aparición de azúcar en ella; si se pica abajo del origen de los nervios auditi- vos, hay exageración en la cantidad de la orina excretada, pero no se acompaña ni de albúmina, ni de azúcar, es decir, hay simplemen- te poliuria, y por último, picando aun mas corea de los auditivos, la orina es menos abundante, apenas contiene azúcar, pero si encierra bastante albúmina. 1 El paso de la azúcar y de la albúmina en el líquido urinario, no puede explicarse como antes se creia por una combustión incomple- ta de estas materias en la sangre venosa, pues se decia que lo que se picaba del piso del cuarto ventrículo era el centro respiratorio de donde se seguía en el pulmón una combustión incompleta. Está com- probado por la experiencia que no hay falta de combustión; puesto 1 Cl. Bernard. 16