. E AC-ütTAD DE MEDICINA DE MEXICO. ALGUNAS PALABRAS RELATIVAS Alas * «IIAI11S Dl¡ LA BLENORRAGIA K v Kl. Kl'M l'.lí K TRA.BA.JO INAUGURAL Ql'E PARA El, EXAMEN GENERAL DE MEDICINA, ( iru 1 fa v Obstetricia, presenta (C defino éoiualc* Alumno tío la. Escuela de Medicina, ex-praet ¡cunte del serviola de Climoa. Exterim en el Hospital .1 uaro/., MÉXICO Imprenta de I. Cumplido, capee: del Hospital Reai. nijm. 3. 11886. FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. ALGUNAS PALABRAS RELATIVAS A LAS COMPLICACIONES DE LA BLENORRAGIA TRABAJO INAUGURAL QUE PARA EL EXAMEN GENERAL DE MEDICINA, Cirujía y Obstetricia, presenta Al u mno de la Escuela de Medicina, ex-practicante del servicio de Clínica Externa en el Hospital Juarez, MÉXICO. Imprenta de I. Cumplido, calle del Hospital Real núm. 3. 1888. A MIS V irtuosos | qurcidos fairts o DÉBIL TESTIMONIO DE MI INMENSO CARIÑO. A LA MEMORIA mm ms ssmsMsm Humilde prueba de respeto y cariño AL SR. LIC. xy IBIiüíli® illüi 8IN CUYA PROTECCION, NO HABRIA TERMINADO MIS ESTUDIOS AL SR. LIC. FEUCHOS VILLAREAL Respeto y cariño. A MI MAESTRO EL DOCTOR MANUEL GUTIERREZ Admiración, respeto y eterna gratitud. Á LOS SMBWSB&&BM »a as mmwmas DE MEDICINA ADMIRACION Y RESPETO. Á MIS INOLVIDABLES AMIGOS IMS. JOAQUIN B11TIZ í LUIS GARZA CARDENAS Débil muestra de cariño. 1 X Suplico reciba esta insignificante prueba de cariño de su compañero y amigo, como un recuerdo de nuestros trabajos de estudiantes. £s indudable que en la práctica nos es más útil el de las enfermedades que con mucha 2 frecuencia se desarrollan en el individuo, que el de las que tan solo de un modo excepcional se presentan. La blenorragia es de las más frecuentes, esto es bien sabi- do, y las complicaciones de ella están léjos de ser raras, aunque muchas veces sean mal conocidas. Y como quie- ra que esta ignorancia sea bastante perjudicial para los en- fermos, hemos creído, que es un imperioso deber del mé- dico tratar de disiparla lo mejor que pueda, y no conten- tarse con lo que los manuales dicen sobre la materia, sino por el contrario, procurar estar al corriente de los trabajos efectuados por los especialistas. Las complicaciones de la blenorragia, son por lo genera], mal conocidas y peor tratadas; tal vez porque su patogenia ha estado rodeada por densas sombras, tal vez por otra cau- sa; pero el hecho es, que generalmente su estudio es desde- ñado y este desden suele traer funestos resultados. Hoy que la patogenia de la gonorrea es mejor conocida, 10 así como la de algunas de sus complicaciones, merced sobre todo á los trabajos de Xeisser, y que gracias á un trata- miento racional, fundado no en el empirismo ciego, sino en una concepción bien apoyada, podemos esperar evitar las consecuencias algunas veces terribles de la blenorragia, es más indispensable que nunca el estudio de esta enfermedad. He escogido el de sus complicaciones como objeto de mi trabajo inaugural, esperando que sea acogido con benevo- lencia. JH¡OS accidentes que pueden complicar la blenorragia, son y diversos. Se dividen muy naturalmente en * dos grupos desde el punto de vista patogénico. Primero. Los unos mucho más frecuentes, son accidentes puramente locales, y debidos á una irradiación ó á una in- tensidad anormal de los fenómenos inflamatorios. En este primer grupo se colocan: la retención de orina, la hemorra- gia uretral, la inflamación y apoplegía de los cuerpos caver- nosos, la foliculitis, la cowperitis, la prostatitis, la cistitis, los flegmones peri-uretrales, la linfangitis, la adenitis, etc. Puede colocarse también en este grupo la epididimitis. Segundo. Los otros, de un carácter completamente dife- rente, se producen á distancia de la uretra, y no pueden ser considerados como simples fenómenos de irradiación infla- matoria. Se desarrollan, cosa singular, sobre órganos, á los que ninguna relación anatómica, ninguna dependencia fun- cional, los liga á la uretra. Se les tomaría fácilmente por las manifestaciones de un estado general, de una infección general. Son, primero: el reumatismo blenorrágico en sus formas variadas, fluxiones articulares, inflamación de las 12 vainas tendinosas ó de las bolsas mucosas, ciáticas, etc. Se- gundo, la oftalmía llamada metastática ó reumatismal. En fin, hay un accidente más grave por sí solo, que todos los precedentes reunidos, es: la oftalmía de contagio, la oftal- mía purulenta blenorrágica. Esta no entra ni en uno ni en otro de los grupos anteriores; es una complicación de un órden especial. RETENCION DE ORINA. Con frecuencia se presenta en la blenorragia la disuria, pero la retención completa de orina es rara. Las causas que pueden determinar la retención son muy variadas. Las más frecuentes, son las congestiones ó las in- 7 O flamaciones de la próstata, las flegmasías peri-uretrales, los abcesos en diversos sitios, que haciendo una saliente en el canal, oponen un obstáculo mecánico á la emisión de la orina. Se dice que algunas veces este accidente es debido á una tumefacción considerable de la mucosa, produciendo una especie de estrechamiento inflamatorio y borrando el cali- bre de la uretra. Se dice también que, algunas veces pare- ce depender de una contracción espasmódica de la uretra, contracción bastante común, cuando la uretritis tiene su asiento en las porciones membranosa ó prostática. Esta úl- tima causa no debe ser admitida, sino en los casos en que un exámen muy minucioso, demuestre la ausencia de toda lesión. En igualdad de circunstancias, la retención de orina, se produce de preferencia, en los individuos anteriormente afec- tados de blenorragias múltiples ó de estrechamientos. 13 Desde que hay dificultad en la emisión de la orina, es ne- cesario insistir enérgicamente sobre la medicación antifloma-» tica: emisiones sanguíneas locales, abundantes y frecuentes, baños repetidos, fricciones belladonadas sobre la región pe- rineal, lavativas laudanizadas, etc. Además, mientras el enfermo puede orinar, es mejor re-, tardar el empleo del cateterismo, porque la introducción de un cuerpo extraño, aun cuando sea ejucutada con toda la habilidad posible, no puede dejar de producir, en las condi- ciones en que se encuentran las partes enfermas, una recru- descencia de la inflamación. Pero si la retención es comple- ta, el cateterismo es de rigor. No se olvidará al practicarlo, que los tejidos que se necesita atravesar, están inflamados, fáciles de desgarrar, y que una falsa ruta podría ser la con- secuencia, de una dirección viciosa de la sonda Se usará de preferencia, una sonda de goma elástica y de calibre mediano, pues se ha notado que un instrumento mediano penetra mejor que uno pequeño. La sonda in- troducida en el canal, debe ser conducida lo más lenta- mente posible. Si se presenta un obstáculo á su marcha, le- jos de tratar de vencerle por un esfuerzo brusco, es necesa-. rio oponerle una presión lenta y suave, que desinfartando los tejidos sin dolor, abra poco á poco un paso suficiente para la entrada del instrumento. Se llega así, con el tiempo y paciencia, á la vejiga, sin determinar muy grandes dolores ' y conservando la integridad de las paredes uretrales. (Ri- cord.) Al practicar el cateterismo, pueden presentarse dos casos muy distintos. Si se ha efectuado con facilidad, indica por solo este hecho, la falta de un obstáculo para una segunda operación, y debe sacarse la sonda después de evacuada la orina; pero si por el contrario, se ha penetrado con dificul- tad suma á la vejiga, es evidente que el canal está estrecha- 14 do, y sin vacilación debe dejarse la sonda, á pesar de los in- convenientes que esto produce, por la sola consideración, de que quizá no sea posible penetrar una segunda vez con ella. En fin, si por ninguno de los medios precedentes, se lle- ga á evacuar la orina, no quedan mas que dos recursos: el cateterismo forzado, ó la punción de la vejiga. Este caso na se presenta, sino en los individuos afectados anteriormente de estrechamientos, ó de lesiones del canal; es infinitamente raro. HEMORRAGIA URETRAL. Es muy frecuente, que en el estado sobreagudo de la blenorragia, y en la cistitis del cuello, una cierta cantidad de sangre trasude de la mucosa y se mezcle al escurrimien- to. que toma un tinte rosado y aun rojo. Esto no se puede tomar como un accidente. Pero otras veces, aunque rara- mente, escurre sangre pura por la uretra, en muy gran can- tidad, para constituir una verdadera complicación. Estaure- trorragia, reconoce por origen una desgarradura del canal, producida por la simple erección, por el coito, ó por la brutal práctica, que consiste en hromper la cuerda, » Jaccoud cita el caso de un joven, que en el curso de una blenorragia de mediana intensidad, se había excitado viva- mente con una mujer sin efectuar el coito. Fue atacado repentinamente, de una hemorragia uretral muy abundante, que duró más de una hora. Cuatro dias después, una nueva hemorragia fue determinada por una erección nocturna; fue también muy abundante, se contuvo y reapareció varias 15 veces. Encontró al enfermo literalmente bañado en un mar de sangre, desde la pelvis, hasta las rodillas; el asiento esta- ba rodeado de un enorme coágulo de 0,M-03 á 0,M04 de es- pesor, el pulso se sentía apénas, la cara estaba tan pálida como la de una mujer á consecuencia de una hemorragia puerperal. Cuando la pérdida de sangre es ligera ó mediana, los au- tores aconsejan no intervenir y la dejan terminarse por sí misma, pero vigilándola. Se dice que tiene alguna utilidad, que hace el oficio de una aplicación de sanguijuelas, desin- farta el canal y determina un alivio notable de los fenóme- nos inflamatorios. Si no fuese la causa que la ha producido, sería un accidente feliz para la resolución de la inflamación. Está indicado, por el contrario, obrar enérgicamente, por los medios hemostáticos, desde que la pérdida sanguínea se prolonga, sobre todo en los casos, en que el enfermo es débil y anémico. Por otra parte, no siempre es fácil detener una hemorragia de la uretra; hay casos en que á pesar de todo lo que se haga, la efusión de sangre continúa ó reincide, con una obstinación desesperante. Lo que se aconseja en semejantes circunstancias es: poner al enfermo en su lecho, la pélvis elevada, aplicar sobre el bajo vientre, el pene y el perineo, toallas empapadas de agua fria; practicar repetidas ocasiones, inyecciones de agua fria, teniendo cuidado de mantenerlas el mayor tiempo posible en el canal. Cuando la hemorragia persiste, algunos em- plean inyecciones de agua con percloruro de fierro al -L, y al mismo tiempo prescriben los hemostáticos internos. Se han empleado también otros medios; aplicación de hielo so- bre el perineo, sobre las bolsas y al derredor del pene; com- presión de éste por medio de muletas, bastón, etc., apoyados sobre el respaldo del lecho; introducción de sondas volumi- nosas en la uretra, con ó sin compresión exterior del pene, etc. 16 •iCualquiera que sea, dice Ricord, el inconveniente que haya en colocar un cuerpo extraño en la uretra inflamada, fuerza es algunas veces recurrir á la introducción de una sonda, que, por la compresión que ejerce de dentro á fuera, pone un término á la efusión de sangre; en algunos casos aún, es necesario como complemento, ejercer sobre el pene una compresión exterior circular, que debe hacerse siempre con moderación. Las más veces se puede quitar esta sonda al cabo de veinticuatro horas; pero cuando la hemorragia ha si- do grave, y que además el instrumento no provoca dolor vivo, es prudente dejarlo en su lugar un dia ó dos más. En todos casos, si se hubiese quitado la sonda demasiado pronto, y la hemorragia reapareciera, sería necesario reaplicarla, á ménos que no se tratase sino de un débil escurrimiento sanguino- lento. n Se dice también, que la sonda no es inofensiva siempre, sino que algunas ocasiones produce un resultado contrario al que se espera, dilatando la desgarradura que suministra sangre. La inyección de percloruro de fierro nos parece de- ber ser preferida. INFLAMACION Y APOPLEGIA DE LOS CUERPOS CAVERNOSOS. Estos accidentes son excepcionales, pues apenas son men- cionados por algunos autores. Cuando la inflamación se propaga á uno de los cuerpos cavernosos, la porción correspondiente del pene se hincha más ó menos, y se hace el sitio de un abultamiento fusifor- me, con dolor profundo á la presión. 17 Se efectúa en las areolas del tejido cavernoso un derrame plástico, que se revela bajo la forma de un núcleo duro, do- loroso al principio, y más tarde indolente. "Las partes que han sufrido esta trasformacion, no reci- ben la cantidad de sangre indispensable para el fenómeno de la erección; conservan su volúmen, en tanto que las otras se desarrollan. Resulta de aquí, que el pene toma diferen- tes curvaturas (concavidad superior, inferior ó lateral) que pueden impedir ó ai menos molestar el acto de la copula- ción. El mismo fenómeno puede resultar de pequeños focos apo pléticos, teniendo su sitio en el espesor de los cuerpos ca- vernosos. Después del estado agudo, esta afección no es dolorosa, pero los inconvenientes que presenta, son para los enfermos una causa de tristeza que puede terminar en la hipocondría. Esta rara afección es las más veces incurable.n (Ricord.) FOLICULITIS URETRAL, QUISTE SUPURADO DE MORGAGNI. Es frecuente en el estado agudo de la blenorragia, sentir bajo la uretra, particularmente al nivel de la fosa navicu- lar, pequeños tumores granulosos, del volumen de una ca- beza de alfiler ó de un agarbanzo, ligeramente sensibles á la presión. Estos tumores son probablemente producidos por la inflamación de los folículos uretrales. En el estado crónico, la blenorragia determina lesiones di- versas de los folículos uretrales que hemos ya mencionado; los dilata, los hipertrofia, los oblitera. Ahora, todo folículo 18 cuyo conducto excretor es obliterado por la inflamación, se encuentra trasforrnado en un verdadero quiste purulento. Resulta de esto una lesión curiosa, que muy poco conocida hasta estos últimos tiempos, acaba de ser bien estudiada por Ch. Hardy, que le ha dado el nombre de abceso folicu- lar, ó de quiste supurado de Morgagni. " Cuando la inflama- ción ha hipertrofiado la mucosa del folículo, y obliterado su conducto excretor, se encuentra, dice este autor, encerrada por decirlo así en la envoltura de la glándula. El pus y el producto de la secreción normal, no pudiendo escurrirse fue- ra, se acumulan en el interior de la membrana fibrosa, la dila- tan y acaban por formar un tumorcito, que no es otra cosa que el abceso que describimos. En los primeros dias de su formación este abceso, ó más bien este quiste, es frecuente- mente desconocido. No es sino cuando tiene ya el volúmen de un garbanzo, que el enfermo se apercibe de él por casua- lidad. Se presenta entonces bajo la forma de un tumorcito, redondeado ú ovoide, algunas veces bilobado, que ocupa la cara inferior de la uretra, á la cual está unido por un corto pedículo, que no es otra cosa que el conducto excretor obli- terado y alargado. Este tumor es duro, movible bajo la piel, que ha conservado su coloración normal, es poco ó nada sen- sible al tacto. Cuando es antiguo y que ha llegado al volú- men de una avellana, se reblandece y se puede algunas ve- ces por la palpación reconocer que está lleno de líquido. Raras veces la fluctuación es bien manifiesta. Estos abcesos son frecuentemente múltiples. Se han ob- servado hasta tres en un enfermo, que los tenía hacía más de cuatro meses. Los abcesos foliculosos tienen una marcha esencialmente crónica y se aproximan mucho por sus síntomas y su modo de terminación á los esteatomas del cuero cabelludo. Después de haber quedado mucho tiempo estacionarios, 19 se hacen repentinamente dolorosos al tacto, aumentan rá- pidamente de volúmen, contraen adherencias con la piel, que los cubre, y si no se les abre, la perforan y se vacían por un orificio muy estrecho, que queda fistuloso. No ofre- cen los mismos peligros que los abcesos del tejido celular peri-uretral, no tienen ninguna tendencia á hacerse paso en el canal. Basta para obtener la curación de estos abcesos, dividir la piel hasta el quiste, y enuclearlo todo entero, como se ha- ce para los esteatoñias de la piel del cráneo, ó cortar sim- plemente una porción de la envoltura fibrosa, teniendo cui- dado de no reunir la herida. COWPERITIS, PERI-COWPERITIS. Se da el nombre de cowperitis á la inflamación de las glándulas de Cowper ó de Mery, situadas, como se sabe, in- mediatamente atrás del bulbo de la uretra, debajo de la por- ción membranosa del canal, de cada lado de la línea media del perineo. Estas glándulas tienen un volúmen tan peque- ño, que su inflamación no tendría gran importancia, si no afectase una tendencia marcada á propagarse al tejido ce- lular ambiente, de manera de hacerse el origen de verdade- ros flegmones perineales. En realidad, la complicación que estudiamos en este mo- mento, se efectúa, no tanto sobre la flegmasía glandular, como sobre los accidentes de vecindad que son la conse- cuencia habitual. Por este motivo, la denominación de pe- ri-cowperitis, le es más justamente aplicable. Ocupa, sea lina glándula y en este caso es la izquierda la que parece 20 más sujeta á enfermarse, sea á las dos á la vez, lo cual es más raro. La tendencia de la enfermedad á propagarse á los tejidos de vecindad, y la gravedad de los desórdenes que pueden resultar de esta extensión, indican la necesidad de una in- tervención pronta y enérgica. El tratamiento, será antiflogístico por excelencia, aplica- ción de quince á veinte sanguijuelas al nivel del dolor; ba- ños tibios prolongados y repetidos; cataplasmas emolientes; unciones con pomada mercurial belladonada; bebidas dilu- yentes; reposo, dieta, etc. Si estos medios, sobre los cuales conviene insistir con perseverancia, no dan resultado sino muy raramente, para prevenir la supuración, al menos la li- mitan y concentran la inflamación al derredor de su foco primitivo. Desde que la formación del pus es manifiesta ó aun pro- bable, hay indicación urgente de abrir el tumor sin retardo. Una incisión prematura, carece de inconvenientes, puede aún ser favorable como medio de desinfarto y de resolución. Diferir, es, al contrario, una imprudencia grave, es exponer al enfermo á los peligros de los derrames purulentos y á la perforación de la uretra. El abceso, siendo evacuado con oportunidad, la cicatriza- ción se opera en general muy fácilmente. Se han aconsejado un cierto número de medicaciones (du- chas, aplicaciones frías, pomadas, vejigatorios, etc.), contra el infarto consecutivo de los tejidos. Se dme, que el tiempo, la higiene y los baños repetidos, bastan las más veces para completar la curación. 21 PROSTATITIS. Nos ocuparémos únicamente de la forma aguda. Habla- rémos al principio de la prostatitis no supurada. Las indicaciones terapéuticas están trazadas por las ma- nifestaciones sintomáticas. Lo que se necesita ante todo, es combatir el trabajo in- flamatorio en vía de evolución. Se deberá, pues, recurrir desde el principio á un tratamien- to antiflogístico, tanto más activo, cuanto los fenómenos morbosos sean más acentuados. Las emisiones sanguíneas locales ocupan el lugar prefe- rente, son la base del tratamiento. Se deberá recurrir á una aplicación de sanguijuelas en el perineo, inmediatamente delante del ano. En los casos relativamente lijeros (congestión prostética de Alfredo Furnier) bastará una sola aplicación de diez á quince sanguijuelas; pero en presencia de una prostatitis francamente aguda, no se vacilará en llevar el número has- ta veinte y treinta (Furnier) y en repetirla muchas veces. Sir Henry Thompson hace notar, que ventosas hábil- mente aplicadas, pueden reemplazar á las sanguijuelas. En cuanto al consejo dado por algunos autores de llevar directamente las sanguijuelas sobre la cara posterior de la próstata, auxiliándose para esto con un espejo, diremos que es necesario no haber experimentado jamás, el dolor atroz provocado por el tacto rectal más bien hecho, para preco- nizar semejante procedimiento. A la sangría se añadirá el uso de los baños. Existe alguna diferencia sobre su modo de administración. En tanto que la 22 mayor parte de los autores recomiendan los baños tibios ge- nerales, repetidos y prolongados, Thompson aconseja baños muy calientes, de corta duración. Trata de esta manera de provocar la llegada de la sangre hácia la periferia del cuer- po. Esta manera de obrar puede producir excelentes resul- tados, pero es necesario no olvidar, que tales baños pueden provocar el síncope, no se dejará por lo tanto de vigilar al enfermo. Respecto de los baños de asiento, que han tenido boga entre el público, no los aconsejamos; porque á menos de ser muy calientes y muy cortos, á menos de obrar como re- vulsivos cutáneos, no tendrán otra consecuencia que aumen- tar el aflujo de sangre hácia el sistema venoso hemorroidal é intra-pelviano. A estos medios de primer orden, se añadirá la aplicación sobre el perineo, de tópicos resolutivos, asociados á prepa- raciones calmantes. Importa en efecto combatir los fenómenos dolorosos. Tres vías tenemos para llegar á este objeto: vía cutánea, vía rec- tal y vía gástrica. Las unciones belladonadas opiadas ó mor- finadas, las inyecciones subcutáneas de morfina ó de doral, pueden prestar servicios. Sin embargo, no se deberán em- plear solas, será conveniente siempre añadir el uso de la- vativas, de supositorios ó de pociones apropiadas. Los supositorios serán de base de opio, de morfina, de belladona ó de doral. Deberán ser de pequeño volumen, para que su introducción no sea el punto de partida de una crisis dolorosa. Las lavativas serán con láudano, morfina ó doral (Félix Guyon). No se elejirá indiferentemente entre las diversas sustan- cias medicamentosas que acabamos de enumerar. El opio y sus derivados, tienen en efecto el inconveniente de obrar sobre el tubo digestivo, de provocar y aumentar la consti- 23 pación, que es muy frecuente en el curso de la prostatitis. La misma observación se aplica á las pociones calmantes que se podrían prescribir. Se deberá dar la preferencia á las solaneas. Es necesario mantener la libertad del vientre, se conse- guirá con lavativas simples, ó mejor aún con ligeros purgan- tes salinos. Thompson aconseja el tártaro emético á dosis fraccionadas; tendría el doble objeto, de obrar sobre el in- testino y sobre el estado febril general. Los trastornos de disuria, no necesitan mas que de el tratamiento antiflogístico y antiespasmódico, y se deberá abstener tanto como sea posible de maniobras instrumenta- les que tendrían por resultado inmediato provocar un dolor vivo, y por consecuencia ulterior, una exajeracion de los fenómenos inflamatorios. El cateterismo solo se empleará cuando se trate de una retención de orina. La elección de la sonda tiene su importancia. Se ensaya- rá al principio franquear el obstáculo con una sonda de mu- letilla núm. 15 ó 16. Si se fracasa, se podrá recurrir á la sonda de doble curvatura, ó mejor aún, á una sonda blanda, montada sobre un mandón de gran curvatura. (Gely de Nantes.) Cualquiera que sea el instrumento empleado, es imposible dejarlo á permanencia; los sufrimientos provocados por su presencia no lo permiten. Se deberá, pues, practicar el cate- terismo repetido, pero los dolores que provoca, las dificulta- des que presenta, deben hacer alejar las sesiones tanto co- mo sea posible. Se sondeará, dos, tres ó cuatro veces á lo más en las 24 horas. Cuando la vía uretral no puede ser franqueada, es necesa- rio recurrir á la punción de la vejiga con un aparato aspi- rador. La medicación interna se reducirá en la mayoría de los 24 casos á muy poca cosa. Se prescribirá la dieta, las bebidas emolientes; en ciertos casos y según las indicaciones, los an- tiespasmódicos, ó al contrario, si existe adinamia, algunos tónicos, entre los cuales citaremos particularmente, el ex- tracto blando de quina y el sulfato de quinina. Cuando se es bastante feliz para obtener la resolución, es necesario, durante muchas semanas, algunas veces duran- te muchos meses, mantener el enfermo en una higiene se- vera, hacerle evitar todas las causas de congestión de la re- gión y vigilar en particular el funcionamiento del intestino. Estas precauciones son de toda necesidad, si no se quiere exponer á una recaida ó á una prostatitis crónica. Diremos para terminar estas consideraciones terapéuti- cas, que sábias reflexiones hechas á los atacados de bleno- rragia, de hipertrofia prostática, de prostatitis crónica, que una gran moderación en las maniobras instrumentales, ya se trate del cateterismo, ó de una operación verdadera, tal como la litotricia; deben ser consideradas como un verdade- ro tratamiento profiláctico de la prostatitis aguda. En el tratamiento de la prostatitis supurada, se puede asentar como regla absoluta, que todo abceso prostático de- be ser abierto, desde que su presencia es manifiesta. La intervención precoz es el solo medio de prevenir las vastas supuraciones, los derrames extensos, y las fístulas re- beldes que se ha visto producir la muerte de los enfermos. Tres vías conducen á la próstata: la uretra, el recto y el perineo. Los autores hacen mención de numerosos abcesos prostá- ticos abiertos durante las maniobras del cateterismo. Pero es necesario reconocer, que en el mayor número de casos, esta abertura ha sido puramente accidental; se trataba de remediar la retención de orina, se queria explorar la uretra; repentinamente la sonda daba salida al pus, cuya existencia no se sospechaba todavía. 25 No se ha tenido, sino raras veces, la ocasión de abrir vo- luntariamente un abceso por la vía uretral; se comprende, en efecto, cuan difícil será apreciar claramente, con la extre- midad de la sonda, el relieve de un abceso. No obstante, si se tenia certeza de la existencia del abceso, se debería, con el índice izquierdo, aplicado en el recto y empujando la próstata delante del instrumento (Le Dentu) tratar de des- garrar con el extremo de la sonda, la pared de la bolsa puru- lenta. Una sonda ordinaria un poco firme, bastará para esta ma- niobra; sería peligroso recurrir á la sonda cónica de metal aconsejada por Yelpeau, se expondría á hacer una desgarra- dura. Cuando se encuentra en el perineo, un punto doloroso preciso, cuando la región está tensa y elevada, cuando en una palabra existen signos ciertos de supuración profunda; es necesario no vacilar, é ir directamente, por el camino más corto en busca del pus. Se procederá, además, exacta- mente como si se tratase de practicar el primer tiempo de la talla pre-rectal. Según el consejo de Thompson y de Demarquay, la inci- sión debe ser ámplia. Rechazamos las punciones con el bís- turi ó con el trocar recomendadas por Oteo Stoll; pues lo que se necesita ante todo, es asegurar el escurrimiento fácil del pus, so pena de ver, como en dos operados de este ciru- jano, estallar accidentes graves de septicemia. La vía rectal es la más frecuentemente seguida, es la que recomienda especialmente el profesor Guyon. Se puede in- tervenir inmediatamente, porque los signos suministrados por el tacto rectal son precoces; se obra á la vez sobre la próstata y sobre el tejido retro-prostático; la incisión se ha- ce sobre un punto muy declive. El manual operatorio es sim- 26 pie; vamos á describirle tal como lo practica M. Guyon: el enfermo y el cirujano, estando en la posición llamada de la ta- lla, el índice izquierdo suficientemente engrasado, se introdu- ce en el recto y reconoce el punto reblandecido y depresible. Sobre este dedo cuidadosamente mantenido en su lugar, se hace deslizar de plano un bísturi recto, cuya punta está oculta en una pelota de cera, y el resto de la lámina, en- vuelta con una tira de tela emplástica; basta entonces abatir el mango del bísturi, é imprimirle un pequeño movimiento brusco, para que 1a. punta, guiada y sostenida por la yema del dedo, corte el abceso en la extensión que se juzgue con- veniente. Una vez el abceso abierto, expontánea ó artificialmente es necesario seguir paso á paso su evolución. En los casos felices que se han observado, la bolsa se re- trae rápidamente y la curación no se hace esperar más de dos ó tres semanas. En un caso, en que había hecho la in- cisión en el perineo, Demarquay la ha visto efectuarse en ocho dias. El papel del cirujano se reduce entonces al de simple es- pectador, pero no es siempre así, sea que se necesite luchar contra una evacuación incompleta del pus, sea que se tenga que combatir fístulas que amenazan perpetuarse. La persistencia de la calentura, la aparición de un em- pastamiento peri-prostático, la cantidad de pus que se hace salir por la presión directa de la bolsa, son otros tantos sig- nos que permitirán reconocer la insuficiencia de la abertura. Será necesario entonces, según los casos, ampliar la abertu- ra ó crear una nueva. Convendrá al mismo tiempo obrar sobre la bolsa (casi siempre entonces de aspecto cavernoso), por inyecciones á la vez antisépticas y modificatrices. Los trayectos fistulosos demandarán cuidados diferentes 27 según su estado de organización más ó ménos perfecto y también según su sitio. Si la fístula rectal ó perineal es reciente, si no comunica con la uretra, basta en general de inyecciones ligeramente irritantes, tales como con tintura de iodo, por ejemplo (Fé- lix Guyon). Serán indicadas aún, pero como adyuvantes solamente, si se trata de una fístula uretro-rectal ó uretro- perineal. Lo que se debe hacer entonces, es asegurar el cur- so regular de las orinas, sea por la sonda permanente (Ci- viale, Dolbeau, Voillemier, etc.), sea por un cateterismo re- petido cada vez que la necesidad se hace sentir (Mercier, Reliquet, Thompson). Sin embargo, es bueno recordar, que ciertos artificios pue- den algunas veces suplir el uso de la sonda. Thompson ob- tuvo la curación de una fístula uretro-rectal, recomendan- do á su enfermo, no orinar sino acostado sobre el vientre. La compresión sobre el perineo durante la micción, dió una curación á Diday. Cuando los trayectos fistulosos son antiguos y están or- ganizados, los medios terapéuticos deben ser más enérgicos. Al empleo de la sonda, se añadirá la debridacion, las inci- siones regulatrices, las exciciones y sobre todo la cauteriza- ción (Thompson). El termo y el galvanocauterio hacen aquí verdaderos servicios. Aplicables sobre todo á las fístulas perineales, pueden igualmente ser puestos en uso para las fís- tulas uretro-rectales, como lo prueba un caso de F. Guyon referido por Segond: tres cauterizaciones con el termo-cau- terio, con ocho dias de intervalo, produjeron la curación. A pesar de este resultado, es necesario saber que las fístulas uretro-rectales, por poco que tengan un cierto calibre, per- sisten de una manera desesperante. Entonces puede uno ser inducido, si el estado general del enfermo lo permite, á se- gún el ejemplo de A. Cooper, que supo hábilmente trasfor- 28 mar, una fístula rectal rebelde, en una fístula perineal, que curó rápidamente. “Después de haber colocado, dice este autor, un catéter en la vejiga, introduje el dedo en el recto y corté como para la operación de la piedra, hasta que sen- tí la sonda á través del bulbo. Sumergí entonces un cuchi- llo de dos filos en el perineo, entre la glándula prostática y el recto, con la intención de dividir así la comunicación fis- tulosa establecida entre la uretra y el intestino. Una me- cha de hilas fué introducida en la herida. Cuando las hilas fueron sacadas, se apercibió que la orina escurría por la in- cisión perineal. La abertura rectal se cerró gradualmente y la del perineo se cicatrizó en seguida prontamente.” La cu- ración fué completa. Es necesario recordar, sin embargo, que hay casos desgra- ciados, que resisten á todo tratamiento y escapan á toda ten- tativa terapéutica. CISTITIS. La inflamación de la vejiga puede ocupar el cuello (for- ma frecuente) ó el cuerpo (forma rara), así, nos ocuparemos solamente de la primera. Su tratamiento es de los más simples: reposo, régimen li- gero, bebidas frescas y poco abundantes; unciones bellado- nadas en la región perineal y en la parte superior de los muslos, cataplasmas sobre el hipogastrio, baños tibios pro- longados (preferibles á los baños de asiento, cuya acción da- ñosa ha sido manifiesta en ciertos casos), y sobre todo pe- queñas lavativas frias con alcanfor y láudano de Sydenham (16 á 20 gotas). 29 Cuando la enfermedad es más intensa, se hace una apli- cación de sanguijuelas en el perineo. Se debe evitar sobre todo introducir instrumentos en el canal, poner inyecciones, etc. Hay una medicación muy diferente, que algunas veces surte de una manera maravillosa, para calmar el eretismo del cuello vesical, es el empleo de los balsámicos y especial- mente de la copaiba. No es raro que este tratamiento ali- vie á los enfermos en algunas horas. Desgraciadamente, no es de efecto constante, se le ha visto fracasar muchas veces de una manera completa. Cuando la enfermedad tiende á pasar al estado sub-agu- do, y queda estacionaria, se administra con éxito, sea la tre- mentina, sea la cubeba ó la copaiba. Estos dos últimos me- dicamentos, deben ser dados á pequeñas dosis fraccionadas, y el uso debe ser prolongado mucho tiempo. Solamente en los casos rebeldes y crónicos se debe recu- rrir, sea á los revulsivos locales (vejigatorios, emplasto esti- biado, cauterio en la región perineal), ó á las aguas minera- les, alcalinas, sulfurosas ú otras, según las condiciones que parezcan mantener la enfermedad. FLEGMONES PEEI-UEETRALES. Estos flegmones tienen por sitio el tejido celular peri- uretral. Pueden producirse en todo el espacio comprendido entre el glande y la porción membranosa; pero según la opi- nión general, son mucho más frecuentes en dos puntos: 1° al nivel de la fosa navicular, sobre las dos fosetas laterales del frenillo; 2°, al nivel del bulbo. 30 Esta predilección de sitio, puede explicarse, ó por la abundancia y laxitud del tejido celular que cubre estas par- tes; ó por una mayor riqueza de la mucosa en folículos glan- dulares, de donde parte frecuentemente la inflamación; ó en fin, por este hecho de observación, que la blenorragia se acantona, por decirlo así, de preferencia sobre estos dos pun- tos. (Ricord.) Al principio de la enfermedad, se pueden emplear los anti- flogísticos (sanguijuelas, baños, cataplasmas, etc.), menos aún con la esperanza de prevenir una supuración casi fatal, que con el objeto de moderar y limitar la inflamación. Más tarde, una indicación de mayor importancia se pre- senta, es, la de abrir una vía al pus lo más pronto posible. Las incisiones prematuras, son las únicas que pueden prevenir la perforación de la uretra, y las complicaciones di- versas que son la consecuencia. (Ricord.) ¿Qué hacer si el pus se ha abierto paso en el canal? ¿es ne- cesario apresurarse á practicar una abertura para evitar las infiltraciones de orina? Creemos que no. Según la opinión de Jaccoud, hé aquí la conducta que se tiene que observar: esperar al principio, pero esperar vigilando. Si no hay ra- zón para suponer que la orina penetre en el foco, toda in- tervención quirúrgica es fuera de propósito. Al menor signo que dé la presunción de este peligro, evacuar la orina con la sonda. Si el acceso de la orina en el foco se hace eviden- te, practicar inmediatamente una contra-abertura en la piel para evitar las probabilidades de infiltración, é instituir en seguida el tratamiento de la fístula. 31 LINFANGITIS. Cuando la inflamación es muy intensa, se usan las emi- siones sanguíneas en las ingles, fomentos emolientes ó nar- cóticos; cuando hay balano-postitis, se emplean las inyec- ciones de nitrato de plata entre el glande y el prepucio. Importa, en los casos de supuraciones difusas, prevenir las infiltraciones y los despegamientos, por incisiones tempranas, sin esperar que la fluctuación se haga manifiesta. Como consecuencia de la linfangitis debemos señalar: l.°, el estado varicoso de los troncos linfáticos, observado por Ricord; 2.°, las fístulas linfáticas del prepucio y de la piel del pene, siempre muy rebeldes, y no cediendo en general sino á la extirpación. ADENITIS. Se emplea contra esta complicación, nna medicación an- tiflogística: baños, reposo, sanguijuelas, etc. En los individuos linfáticos ó escrofulosos, las inflamacio- nes uretrales, sobre todo las que se prolongan mucho tiempo, son causa frecuentemente de adenitis estrumosas. Algunos autores han dado á este estado, el nombre de bleno-estru- mosis. EPIDIDIMITIS. Según algunos médicos, y el Dr. Puche en particular, la espectacion ayudada de algunos cuidados de higiene, daría 32 resultados tan seguros y tan rápidos como las medicaciones diversas, de que se ha sobrecargado el tratamiento de esta enfermedad. En la mayor parte de los casos, basta oponer á la enfer- medad la muy simple medicación siguiente: reposo en el lecho, con la precaución de mantener las bolsas inmóviles y elevadas lo más alto posible sobre el abdomen, aplicación continua de cataplasmas emolientes, rociadas, si es necesa- rio, de láudano; baños repetidos, tisanas diluyentes, lavati- vas ó laxantes ligeros para mantener la libertad del vientre, régimen ligero, sobre todo los primeros dias. Cuando el enfermo comienza á levantarse, recomendar el uso de un suspensorio guarnecido de ouate. No permitir la marcha, sino en la época en que el tumor epididimario se ha hecho casi indolente á la presión. Algunos síntomas, sin embargo, por su exajeracion ó su predominancia, dan frecuentemente origen á indicaciones especiales. Así, la intensidad de los fenómenos inflamato- rios, particularmente el dolor, exige en ciertos casos el em- pleo de una medicación antiflogística más activa. Se ha re- currido entonces, con gran ventaja, al tratamiento siguiente: emisiones sanguíneas locales, que se repiten si es necesario, 15 á 20 sanguijuelas sobre el trayecto inguinal, al nivel del cordon, baños cuotidianos prolongados por una ó dos horas, unciones belladonadas, lavativas laudanizadas, etc. Esta me- dicación produce en general una sedación rápida y algunas veces inmediata. Otras veces, es la dilatación excesiva de la túnica vagi- nal la que desarrolla fenómenos dolorosos de una gran in- tensidad. Una simple punción evacuatriz, practicada con la lanceta, basta casi siempre para producir una remisión ins- tantánea de los dolores y una mejoría notable de los sínto- mas inflamatorios. 33 Algunos médicos aconsejan esta pequeña operación en los casos de derrame, aun cuando no sea excesivo; según su di- cho, la evacuación de la vaginal, se acompañaría muy ge- neralmente de una sedación marcada del dolor y abreviaría la duración total de la enfermedad. Cuando los fenómenos agudos se han disipado, y solo el infarto epididimario persiste, se acostumbra prescribir como resolutivos, ya pomadas llamadas fundentes (ioduro de po- tasio, ungüento mercurial), ya emplastos diversos (emplasto de Vigo, de jabón, de cicuta, etc.), ya embrocaciones con tintura de iodo; ya, en fin, al interior, el ioduro de potasio, el extracto de cicuta, el calomel, etc. Algunos emplean simplemente los baños continuados, ca- taplasmas aplicadas durante la noche, y el suspensorio oua- tado durante el dia. Según otros, el tiempo ayudado de la higiene, basta para la resolución de los núcleos epididimarios. HIDARTROSIS. Contra esta complicación, se emplea una medicación que da casi siempre resultados magníficos, es: el vejigatorio se- guido de la compresión. El enfermo será puesto en reposo, la articulación afecta- da será cubierta de un gran vejigatorio, que se hará secar pronto; después, un segundo y un tercero, si es necesario. Desde que el estado de las partes lo permita, se practica- rá una compresión metódica sobre la articulación. Embrocaciones cuotidianas de tintura de iodo podrán ser útiles en esta época para'activar la resolución. Es muy raro 34 que la hidartrósis resista al empleo de estos simples me- dios. OFTALMIA BLENORRAGIC A. Lo primero que se debe hacer, es emplear un tratamiento rápido y enérgico. iiLa vacilación y la incertidumbre, son seguidas las más veces de la pérdida de los ojos.n (Récord.) La medicación es la de las oftalmías purulentas graves: cauterizaciones repetidas de la conjuntiva oculo-palpebral con el lápiz de nitrato de plata, es el remedio por excelencia, y es necesario recurrir á el wjpresque avec para salvar el ojo enfermo; lavatorios é inyecciones renovadas tan- to como sea posible, y mejor aún duchas oculares según el método de Chassaignac; fomentos emolientes; unciones be- lladonadas al derredor de la órbita, emisiones sanguíneas lo- cales abundantes y repetidas, debridacion ó extirpación de las quemósis, revulcion intestinal por los purgantes, etc., y sobre todo preservar el ojo sano de los líquidos que se escu- rren en abundancia del ojo enfermo. México, Mayo de 1886.