FACULTAD D1T%FDTCIXA DE MEXICO. LIGEROS APUNTES SOBRE LA PlMfll ||[ U M EN GENERAL Y TRATAMIENTO EN LA DE LOS TUBERCULOSOS FERNANDO GAYOL Y SOTO Alumno he la Escuela de Medicina, miembro de la Sociedad Filoiatbica Y DE LA DE TERAPEUTICA “RlO DE LA LOZA.” ' MISXICO—1878 Imprenta de Jens y Zapiain, calle íje San José el Real N° 22 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. LIGEROS APUNTES SOBRE LA PATOGENIA DE LA DIAFORESIS EN GENERAL Y TRATAMIENTO EN LA DE LOS TUBERCULOSOS FERNANDO GAYOL Y SOTO Alumno de la Escuela de Medicina, miembro de la Sociedad Filoiatrica y de la de Terapéutica “Rio de la Loza.” MEXICO—1878 Imprenta de Jens y Zapiain, cáele de San José el Real N° 22 |i mis perillos flatos. gxtsfa tvibnto üc nmov fUaní, A mi apreciable maestro el hábil cirujano |pr. 2^x-;mcisco de ©c;v. Respeto y gratitud. Al sabio clínico •Di'- Ildefonso ílclnsco. Admiración y cariño. Al distinguido cirujano 3v. gdnavdcr f^icjéaga. Agradecimiento y afecto. Al ilustrado toeologista ¿0r. Jfuau Rodrigue?. Manifestación de verdadero aprecio. INTRODUCCION, La vida considerada solamente bajo el punto de vista de lá fisiología, se nos presenta desde el hombre hasta el último séf de la escala, como la función de una máquina, descubierta en unos puntos y oculta en otros: conocemos algunas ruedas, al- gunos resortes, y hasta podemos apreciar su potencia; pero faltándonos el Conocimiento de todas sus relaciones, se nos es- capan aquellas que dependen del conjunto por ser el resulta- do de la más asombrosa solidaridad. Que se trate de estudiar un aparato, un órgano ó un elemen- to histológico, y por mucho que se avance* no se llega á cono- cer el lazo misterioso que tiñe la celdilla al resto de la organi- zación que la hace funcionar. La glándula sudorípara, siendo un órgano tan sencillo, tan conocido, me parecía á primera vista muy accesible para pre- sentar un trabajo que, relativamente á mis fuerzas, fuera no de la ilustración de mi Jurado. Siendo la hipercririia una perturbación funcional “Ferrand” que no siempre se liga á una alteración orgánica definitiva, si- no que depende muchas veces de condiciones transitorias, co- mo son la hiperemia y despasmo, quise tomar para mi estudio la hipercrinia, que siendo mas común en la clínica, me debe- ría suministrar bastantes datos para comprender su patogenia 10 y tratamiento; pero convencido de que si conocemos la estruc- tura de las glándulas sudoríparas y algo de sus conexiones con Jos sistemas circulatorio y nervioso, que son los reguladores de las secreciones, no nos es posible abarcar todas las condicio- nes que pueden influir para hacer variar el fenómeno, puesto que no conocemos todas las influencias recíprocas entre los va- sos y los nervios. Por esto he querido limitarme á estudiar un caso particular de hiperemia en circunstancias particulares; quiero, pues, tratar solamente de la diaforesis en los tuberculosos. "Orí voit que la machifte anímale est principa* lement gouvernée par trois regnlatéurs princi- paux: la respiration qui consommé del’hidrogéne et du carbone et qui foarnit le calorique; latrans- piration qni augmente ou deminue stiiVant qu’il est necessaire d’apporter plus ou moins de calori- que; en fin, la digestión, qui rend au sang ce qu’il perd par la respiration et la transpiraron.” LavoIsier. Para hacer este estudio me he propuesto recordar, aunque muy lijeramente, el mecanismo de la producción de los sudo- res fisiológicos; cuáles son las causas que los aumentan y cuá- les las que los disminuyen; después de lo cual, veremos qué es lo que obra en la producción de los sudores patológicos en ge- neral y de los tuberculosos en particular, y ver si podemos sa- car de esto alguna indicación racional para su tratamiento. La secreción del sudor es producida por glándulas ulifor- ines contorneadas que están situadas en el tejido celular sub- cutáneo, y desembocan en la piel por un canal escretor en for- ma de tirabuzón; estas glándulas están rodeadas de una red capilar abundante. De estas glándulas se desprende constantemente agua al es- tado de vapor, y algunas veces al estado líquido, y ácido car- bónico. La composición del sudor es, según Beclard, agua, cloruros y fosfatos alcalinos, urea y un ácido particular que llama ácido sudórico. Su reacción es ácida en el estado normal, tie- ne un olor particular, variable según los individuos y la parte 12 de donde proviene. Su cantidad, según Babuteau y Beclard, es de 1,000 gramos por dia. La piel tiene la función de mantenerla temperatura del hom* bre á un grado normal, por medio de la evaporación cutánea, y así varía éste, según que la temperatura interior ó exterior se eleva ó baja; ademas, tiene también la de la exhalación de áci- do carbónico, que no puede ser puesta en duda desde el ex- perimento de Beclard, que hizo sumergiendo el antebrazo y la mano en una campana conteniendo aire atmosférico, é in- vertida sobre una cuba de agua destilada: al cabo de media hora, el aire de la campana precipitaba el agua de cal; pero la cantidad exhalada por la pie], según Scharlin y Hannover, ci- tados por Beclard, es treinta y ocho veces menor que la exha- lada por el pulmón. 1 El oxígeno también es absorvido en la misma cantidad que la exhalada, como lo demuestra la experiencia de la extirpa- ción de los pulmones de las ranas verificada por el ya citado Beclard. Aumenta también la cantidad de sudor cuando alguno de los otros órganos encargados de la eliminación del agua, dis- minuyen su acción; como el pulmón y el riñon, y viceversa. Podemos ademas explicar aquí los principios generales que sabemos acerca de las secreciones. En las glándulas cuando están en estado de reposo se observa que la sangre circula en ellas con lentitud, siendo el color de la sangre venosa, negro. Ahora, cuando estas glándulas fun- cionan, se ve que los vasos se dilatan; la sangre escurre con más velocidad; la sangre venosa es casi roja y más caliente que cuando la glándula está en estado de reposo. El fenómeno predominante, como se ve, es la dilatación de | Beclard.—Fisiología. 13 los vasos; pero éstos están influenciados por los nervios vaso- motores que se distribuyen á ellos; así, su excitación, produ- ciendo una disminución de calibre, disminuye la secreción, y se aumenta cuando los dilata. Respecto á este punto no están de acuerdo los fisiologistas: pues unos admiten que hay dos clases de nervios vaso-moto- res; unos que dilatan y otros que contraen los vasos; y algu- nos otros fisiologistas solo admiten estos últimos. Para los que solo admiten que únicamente tienen la propie- dad de contraer las fibras lisas de los vasos, algunos como Budge, solo mencionan el hecho, pero no lo explican y dice: “La excitación nos muestra una doble influencia. Es en efec- “to seguida de un estrechamiento ó de una dilatación de los “vasos. La explicación de este último fenómeno no se ha encon- “trado. ” 1 Beclard niega absolutamente los nervios paralisan- tes, y da por razón que cuando se coloca, por ejemplo, una sustancia sápida en la lengua, se nota el aumento en la secre- ción salivar, y por consiguiente la dilatación de los vasos; y esto no podia explicarse según él, sino por una parálisis re- fleja, y cree que el gran simpático deja de obrar sobre las pa- redes de los vasos para ir sobre el elemento glandular, obran- do sobre él por una acción electrolítica. Cl. Bernard dice que si se irrita el gran simpático, del cue- llo, la secreción salivar se suspende, y hace observar que en- tonces los vasos están muy contraidos: pero después ha nota- do que esta suspensión no es sino aparente, y que únicamen- te cambia de aspecto el producto de la secreción, que en lugar de ser fluida es espesa. Entonces dividió el proceso glandular en dos actos; uno lento y continuo que se efectúa por un tra- bajo de generación anatómica suministrando un producto es- peso y viscoso que se escurre con dificultad; el segundo es un trabajo de simple escrecion, que depende del estado de la cir- culación. Si los vasos-motores dejan dilatar los vasos, se ve 1 Fisiología, Budge, P. 461. 14 afluir un líquido muy fluido que disuelve y arrastra el verda- dero producto de la secreción. Este segundo acto seria el úni co sometido á la influencia nerviosa; pero su influencia seria mediata, es decir, por intermedio de los vasos sanguíneos. Esto también se puede demostrar por las experiencias de Bernard y Ludwig: cuando cortan los nervios que van á la glándula sublingual, se observa aumento del producto secre- tado, secreción continua, alterada en su composición, que se acerca más á la del suero de la sangre, pues contiene albú- mina. Colin, cuando practicó la sección del gran simpático del ‘cuello, en el caballo, observó un aumento en todas las secre- ciones de las glándulas á las que se distribuyen sus ramas; - como sudor, salivación, lagrimea, etc. Aquí tenemos la segunda parte del proceso señalada por Bernard, aumento en la secreción por dilatación de los vasos; en segundo lugar su alteración por falta de influencia nervio- : sa sobre la celdilla glandular. Otra causa que también influye, es la composición de la san- gre; así el aumento de los líquidos ingeridos, liace aumentar también las secreciones. La presencia de mayor cantidad de ácido carbónico, como en la asfixia, aumenta también la tras- piración cutánea. Esto último pudiera explicarse por la ac- ción que tiene el ácido carbónico sobre las fibras lisas parali. zándolas, y sobre el sistema nervioso abatiendo sus funciones; y por otra parte, como compensadora de las funciones del pul- món que se encuentran perturbadas. La compensación existe entre varios órganos encargados de nna misma función; así en el estado fisiológico vemos que la piel y los riñones están encargados de eliminar el agua de la economía y mantener la temperatura á su estado normal; así 15 vemos en la estación de calor que el cuerpo necesita menos ca- lórico de sus combustiones para mantener su equilibrio de tem- peratura; aumenta la secreción del sudor y disminuye la de la orina; en la estación de frió, tenemos, al contrario, que la pér- dida por irradiación aumenta, y si la secreción del sudor fuese tan abundante como en la otra estación, perdería mucho calor el cuerpo, y entonces tenemos que la orina aumenta y el sudor disminuye. Según estos datos, podremos dividir en cuatro las causas de los sudores patológicos, tomando como punto de partida los fisiológicos. Io Sudores por excitación refleja del sistema nervioso. 2o Sudores por parálisis. 3° Sudores por alteración de la sangre. 4o Sudores por compensación. I Por excitación refleja podemos explicar los sudores que vie- nen en el catarro agudo del estómago y en las dispepsias, en donde vienen generalmente después de la digestión de los ali- mentos; los que acompañan á las perturbaciones de la mens- truación, y en la preñez; pero sobre todo, en la menopausis, donde son profusos y generales, unidos también á otras per- turbaciones neuropáticas; 1 en el delirium tremens; en las su- puraciones internas ó externas al principio; en las excitaciones del cerebro, las neuralgias del quinto par; en el reumatismo articular agudo. 1 Srpryng. Semeiótica. 16 II Por parálisis. Eckhard cita el caso de un hombre que, á consecuencia de una contusión en el plexus axilar, sudaba continuamente.1 Sudores fríos del cólera morbus se explican en parte por la parálisis y en parte por la asfixia. En las lesiones traumáticas del cerebro, en los ataques re- cientes de apoplegía y en la hidrocefalia, se citan casos de su- dores abundantes. En la tuberculosis en el período de reblandecimiento, y en general, en las afecciones que lian producido un abatimiento considerable del organismo, sobrevienen sudores durante el sueño (donde tenemos otra causa mas de atonía del sistema nervioso.) Este sudor es frió y contiene albúmina. En las intermitentes. En la mielites aguda, Jaccoud dice que Mannkopff ha se- ñalado entre los síntomas los sudores profusos de la mitad superior del cuerpo, independientemente de alteración urina- ria ó de alguna otra apreciable.2 III Por alteración de la sangre. Asfixia en todas sus formas por la presencia del ácido car - bónico en la sangre. Sudor miliar, fiebre tifoidea y tifo, y en este último tiene urt olor particular, comparado por el Dr. M. Jiménez, al orín del ratón. “La diátesis reumatismal predispone mucho al sudor; Wolf “ y Añselmio dicen, que el sudor de los gotosos contiene ácido “úrico. Garrod, que atribuye un papel importante al ácido “úrico en los fenómenos artríticos, duda que sea eliminado' 1 Srpryng. 2 Jaccoud,. 4* edic. Patologíiv, pág. 333. 17 “por la piel, y ha encontrado oxalato de cal en estos sudo- “res.”< IY Sudores compensadores. En el primer período de la tuberculosis; la angina gutural iiegmonosa, la bronquitis, edema del pulmón y de la glotis; tuberculosis aguda, derrame pleurítico abundante, enfisema. “Se lian atribuido estos sudores á los violentos esfuerzos respiratorios, así lo afirma Moneret; pero las turbaciones de la calorificación y de la hematosis, tienen la mayor parte.” 2 Consecuente con el plan que me lie propuesto, de tratar ex- clusivamente de los sudores de los tuberculosos, necesito, an- te todo, ocuparme de algunas consideraciones que se deben hacer con respecto al límite que es necesario fijar entre la dia- foresis fisiológica y patológica. En los tuberculosos, poruña parte tenemos que la infiltración del pulmón disminuye el campo de la hematosis, se acumula el ácido carbónico; la evaporación pulmonar disminuye, pro- gresa la enfermedad; las fuerzas se agotan; viene el reblandeci- miento, que aumenta el agotamiento por el trabajo de supura- ción; el sistema nervioso participa de esta atonía general, y cuando estos enfermos duermen, se agrega otra causa mas de atonía del sistema nervioso: por otra parte, la piel está encar- gada de la eliminación del ácido carbónico.y del agua; habrá, pues, dos condiciones que favorecen los sudores en estos en- fermos: primara, compensadora; segunda, el agotamiento. Estos sudores, cuando son compensadores, tienen por carac- teres ser poco abundantes, no deprimir las fuerzas ni abatir mucho la temperatura. Cuando son colicuativos, que general- mente se presentan al tercer período de la tuberculosis, son muy abundantes, frios, abaten mucho la temperatura del en- fermo, lo agotan, y generalmente contienen albúmina. 1 Srpryng. 2 Brpryng. 18 Contra la primera nada debemos hacer, porque son estos su dores la expresión de una compensación necesaria entre dos ecmotorios; y debemos mantener las funciones de la piel por la hidroterapia. Sobre la segunda sí debemos obrar, y podemos hacerlo de dos maneras: modificando la constitución ó excitando el siste- ma nervioso ó las fibras lisas. i Para modificar la constitución tenemos, ademas de las bue- nas condiciones higiénicas: Entre los excitadores de la hematosis, el cloruro de sodio usado por Latour, que obra ademas aumentando la acidez del jugo gástrico, y favoreciendo, por consiguiente, la asimilación. El alcohol á pequeñas dosis, excitando las funciones diges- tivas y disminuyendo la desasimilacion; y con esta última in- dicación el iodo y el arsénico, entre los moderadores de la nu- trición. El café con estas mismas propiedades y la de la excitación de las fibras lisas, que Pidoux lo recomienda en infusión poco cargada. Los analépticos, y entre éstos el fosfato de cal, que, según Rabuteau, favorece la trasfonnacion cretácea de los tubércu- los y repara las pérdidas de esta sal que tienen estos enfermos por la orina: ha sido empleado con éxito por Stone y Potain. Ferrandlo considera como anexosmótico de la piel y del intes- tino. Este medicamento es necesario emplearlo á las dosis de cuatro, seis y doce gramos en el dia, según lo recomienda Ra- buteau por las experiencias hechas en el hospital Necker por Potain. El aceite de hígado de bacalao en la tuberculosis de marcha tórpida. 19 II. Sobre el sistema nervioso excitándolo: Podríamos usar la estricnina como excitador reflejo. Las preparaciones de quina, que excitan las fibras lisas, dis- minuyen la fuerza de las contracciones cardiacas y es, ademas, eupéptica y tónica. “Ha sido usada por Fouquier y Louis en infusión fria; por Delieux el tanato de quinina á la dosis de cincuenta centigramos á un gramo.” 1 Las solaneas virosas son recomendadas también por Rabu- teau, y citaáThoinpsom, que empleó el beleño; á Sydney Rin- ger, Johnston y Curtís, que usaron la atropina en inyecciones á la dosis de seis décimos de miligramo á un miligramo, con buen éxito en dos casos; á Dautricourt en algunos casos reco- gidos en el servicio de Yulpian. Ferrand cita un caso de disminución de los sudores en un tuberculoso por medio del acetato de amoniaco, cuya acción podría explicarse por la descomposición de esta sal en el tor- rente circulatorio, dejando libre el amoniaco, que obraría so- bre el sistema nervioso excitándolo. Los astringentes han sido empleados con buen éxito algu- nas veces, por la propiedad de contraer los tejidos. El agárico blanco ha sido muy usado también, y Ferrand cree que obra por la excitación que producen las sustancias resinosas que contiene, al eliminarse por las glándulas sudo- ríporas. México, Mayo de 1878. Fernando Gayol y Soto. 1 Rabuteau.