ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO. HIGIENE PUBLICA. BREVES CONSIDERACIONES SÓBRE * LA INFLUENCIA QUE EL SUELO EJERCE EN li SALUD DEL HOMBRE. TRABAJO INAUGURAL Presentado al Jurado Calificador por ANTONIO B. GUERRA Alumno «le la Escuela N\ «le Medicina «le México, Profesor de Farmacia «le la misma Escuela y miembro «le la Socie«la«I Filoiátrica. MÉXICO Jmprknta orl GobiernI) Fisf>ER£i, em bj. Ex-AftzumsrAnt>, ( Avenido 2 Oriente nóm. 720.) v 1893 ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO. HIGIENE PUBLICA. BREVES CONSIDERACIONES SOBKE LA INFLUENCIA QUE EL SUELO EJERCE EN LA SALUD DEL (UBRE. TRABAJO INAUGURAL Presentado ni Jurado Calificador por Antonio H. G-uerra. Alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México, Profesor de Farmacia de la misma Escuela y miembro de la Sociedad Fiioiátrica. MEXICO IMPRENTA DEL GOBIERNO FEDERAL, EN EL EX-ARZOBISPADO. (Avenida 2 Oriente, núm. 726.) 1893 A la memoria de 4ms Padres. A MIS PADRES ADOPTIVOS JUAN ABC! y LUZ fABIAS En testimonio de gratitud por los solícitos cuidados que en mi infancia me prodigaron. Al insigne y modesto Profesor de Higiene y Meteorología Médica Bt® 1PIS 1® SUS Bajo cuya dirección he podido llevar á término el presente trabajo. AL HONORABLE CUERPO DE PROFESORES DE LA ESCUELA NACIONAL BE MEDICINA BE MÉXICO Bajo cuyo cuidado y sabia dirección he recorrido la difícil senda del saber. A MIS QUERIDOS COMPAÑEROS Salvador Michaus, Ranióo Agoa, Porfirio Main, Federico Carranza j Juan Velázquez. A MIS HERMANOS DE CORAZON José León Martínez, Joaquín Rodríguez j Salvador Atoé. Señores Jurados: cíe cinco años de estudio, vengo delante de II vosotros á solicitar el título que ha de abrirme nue- vos campos de actividad ; cortos, muy cortos son los v¡C conocimientos que en tal lapso de tiempo he podido ® acaparar, y grandes por lo tanto las dificultades con que he tropezado para escribir este trabajo; en él no voy á deciros nada nuevo; no pretendo haber arrancado á la ciencia alguno de sus misterios, ni creo haber reformado alguna de las verdades admitidas; vengo sólo á presenta- ros hechos ya conocidos, verdades palmarias, asentadas por hombres envejecidos en el estudio. La forma y tal cual apreciación, he aquí todo lo que me pertenece y para ello demando vuestra benevolencia. Breves consideraciones geológicas. Mp egún hipótesis generalmente admitidas, en épocas remotas el Sol, centro actual de nuestro sistema pla- notario, formaba una inmensa nebulosa constituida porelementos heterogéneos en estado incandescen- te, causas que no nos es dado alcanzar arrancaron de ella una porción, que comenzó á vagar por el espacio obede- ciendo á las inmutables leyes de la atracción ; este fragmen- to constituido, como el núcleo de donde se derivaba, de elementos incandescentes, rodó por muchos siglos en esta- do tal, tomando en virtud del movimiento rotatorio de que estaba animado una forma esférica, y enfriándose en vir- tud de la irradiación constante; como los elementos de que estaba formado tenían distinto punto de fusión, llegó un momento en que hubo algunos que no pudiendo perma- necer en el estado gaseoso, pasaron al estado líquido y en seguida al sólido, precipitándose á través de la masa toda, hasta encontrar medios de su propia ó mayor densidad ; si- ito en el que formaron una costra sólida que envolvía una masa incandescente, siendo á su vez envuelta por una por- ción gaseosa aún. 12 En esa porción gaseosa se encontraba al estado de va- por una inmensa masa de agua, la que en un momento da- do se precipitó bajo la forma de lluvias torrenciales sobre la costra sólida, á la que inundó aquí y allá, dejando só- lo descubiertas algunas pequeñas porciones. Entonces apa- recieron en la superficie de este globo, nuestra tierra ac- tual, los primeros representantes de la vida, los organis- mos vegetales. Según algunos, las primeras plantas debie- ron haber sido organismos unicelulares, según otros, los primeros tipos vegetales que poblaron la tierra, poseían ya un grado de perfección mayor, los partidarios de esta úl- tima hipótesis queson bien numerosos hacen observar ade- más que estos tipos vegetales debían ser idénticos sobre toda la superficie de la tierra, lo que se explicaría porque estando el Sol en estado nebuloso y sumamente dilatado, producía sobre toda la superficie del planeta un estado idén- tico de calor y luz, ó en otros términos, porque la diferen- cia de climas aún no existía. Después de los vegetales surgieron los animales, y á juzgar por las condiciones que entonces deben de haber reinado; temperatura tropical en todas partes, atmósfera húmeda y cargada de nubes que dejaba llegar á la tierra sólo rayos difusos; hay lugar á creer que estos primeros representantes del reino animal, deben haber sido análo- gos á aquellos que actualmente buscan la sombra, y que la variedad de colores que forma hoy el encanto de la natu- raleza, no debe haber existido en aquella época nebulosa. En una edad más avanzada el reino animal estaba repre- sentado por los reptiles y luego por una serie de perfeccio- namientos llegó hasta el rey de la creación; bien es cier- to que entre el hombre primitivo, germen animal de todas las grandezas humanas, fiera cubierta de pelo y provista de cerebro aún rudimentario, y el hombre actual hay una laguna inmensa. 13 Al mismo tiempo que estos diversos seres se desarro- llaban en la superficie del planeta, producíanse en él cam- bios profundos que modificaban su superficie y su estruc- tura ; la nebulosa solar se reducía de volumen y sus ra- yos no caían ya perpendiculares sobre toda la superficie del globo; mientras que unas partes eran heridas normal- mente por los destellos luminosos y caloríficos, recibían otras los mismos en dirección oblicua; dando nacimiento esta disposición á la producción de diversos climas; por otra parte, las aguas depositadas sobre la película sólida, sufrieron bajo la acción de*, la evaporación cambios de sitio y dejaron en su antiguo lecho las materias en ellas conte- nidas. Por lo expuesto se comprende, que en la costra terres- tre existen capas de dos especies diferentes: las unas de formación ígnea ó plutónica resultan de la solidificación de las materias que primitivamente estaban incandescentes; estas capas están dispuestas sin ninguna regularidad, y su masa presenta ordinariamente un aspecto cristalino que re- cuerda su origen; las otras de formación acuosa ó neptu- niana, se han formado por los sedimentos que tenían en suspensión las aguas y por las sustancias en ellas disueltas; están dispuestas en series regulares y contienen en su se- no despojos llamados fósiles que provienen de los anima- les y vegetales que aquellas aguas habitaban. Las rocas ígneas están constituidas en general, por si. licatos dobles principalmente por feldespato ; distinguién- dose en dos grupos: el granito compuesto de feldespato de cuarzo y de mica; y el pórfiro compuesto de feldespato so lamente, ó mezclado algunas veces con pequeñas cantida- des de mica. Las rocas sedimentarias tienen una composición varia- ble con la naturaleza de los sedimentos que las han forma- do; pero en general pueden referirse á tres grupos: rocas arcillosas, rocas calcáreas, y rocas arenosas. 14 Además de los terrenos ígneos que he mencionado y que son de formación antiquísima, existen otros deforma- ción reciente, que se debe á irrupciones que hace de tiem- po en tiempo la masa incandescente central: como ejemplo podemos mostrar las lavas volcánicas que en algunos pun- tos de la tierra cubren vastas extensiones. Sobre las capas de formación acuosa, se han deposita- do con el trascurso de los siglos, otras formadas por la mez- cla de los elementos de aquellas, con materias orgánicas y salinas que provienen de la destrucción de organismos ve- getales ó animales; á estas capas se les da el nombre de humus ó tierra arable y son eminentemente propias pa- ra la vegetación; según su composición se les divide en tie- rras arables arenosas, arcillosas y calcáreas. En resumen la costra sólida de la tierra está constitui- da de la profundidad á la superficie, por las tres capas si- guientes: ígnea sedimentaria y humus ó tierra arable; es- to en regla general; pero hay lugares en los que faltan ya la sedimentaria, ya el humus ó ya ambas. El Profesor Ruiz en sus brillantes lecciones, describe una cuarta clase de terreno que designa con el nombre de metamórfico, y que está constituido por restos de organis- mos animales ó vegetales, que permanecieron encerrados entre las capas aluvionarias y sufrieron allí la mineraliza- ción; cita como ejemplo los bancos de mármol formados por las conchas de antiguos moluscos; y los yacimientos de carbón, restos minerales de plantas que vivieron en épo- cas geológicas anteriores á la nuestra. Me permitiría agre- gar una quinta clase de terrenos, á los que llamaría terre- nos artificiales, y son aquellos que han sido hechos por la mano del hombre empleando diversos mecanismos; á es- te grupo referiría el suelo de la ciudad de México, obra de los hijos de Huitziloposchtli, los que, según lo atestiguan historiadores dignos de nota, edificaron la Perla del Aná- 15 huac, sobre terrenos robados al lago, criando un suelo por medio de empalizadas. Desde el punto de vista geológico tal vez no haya lu- gar á la distinción de este suelo artificial; pero desde el punto de Hsta higiénico creo justificada la creación de es- te nuevo grupo, toda vez que constituye en algunos pun- tos del globo el asiento de ciudades, siendo por tanto dig- no de particular estudio. Propiedades del suelo. Termalidad. — En Higiene se define el suelo dicien- do: que es la parte de la costra terrestre capaz de influir sobre la salud del hombre (Sr. Ruíz). Esta porción está calentada por dos focos á saber: el Sol centro del sistema planetario y el calor central; el primero envía sus rayos durante el día y calienta principalmente las capas más su- perficiales; el segundo obra de una manera continua, y su acción se hace sentir sobre las capas profundas. La temperatura de las capas superficiales varía como se comprende, con cada lugar; siendo más calientes en los puntos más cercanos al Ecuador, que reciben los rayos so- lares, normal ó casi normalmente; y más fríos en los luga- res circumpolares, en donde las irradiaciones caloríficas lle- gan muy oblicuas; además de esta variación de lugares, en cada lugar la temperatura de las capas superficiales varía de una estación á otra, y aun en una misma estación de un día para otro; la razón es obvia, la cantidad de calor que almacena la costra terrestre está representada por la dife- rencia entre la cantidad que recibe del Sol, y la que pier- de por irradiación; ahora bien, estos dos factores varían constantemente, el primero, con la longitud de los días y 16 el mayor ó menor ángulo de incidencia de los rayos sola- res; y el segundo, con la longitud de las noches y el esta- do despejado y nebuloso de la atmósfera, y aún con la al- tura del lugar á que se refiere la observación. La acción de los rayos solares no se hace sentir ya á cierta profundidad, y las capas en este punto situadas, es- tán exclusivamente calentadas por la acción del foco cen- tral; de aquí este curioso fenómeno que á cierta profundi- dad, las variaciones de temperatura que se observan en las capas superficiales, no sean notadas ya; y que haya en ca- da lugar, una profundidad en que existe una temperatura constante; habiendo la particularidad de que esta tempe- ratura invariable, representa sensiblemente la media at- mosférica del lugar. Otro resultado se deriva de lo que hemos enunciado: mientras más se acerque uno á un foco de calor, mayor se- rá la temperatura que de él se reciba, y de aquí, que la temperatura de las capas profundas, aumente á medida que se desciende; este aumento ha sido valuado aproximada- mente en un grado de temperatura por cada 30 ó 33 me- tros de profundidad; pero hay que hacer la reserva de que este crecimiento gradual de temperatura, debe tener, co- mo lo asientan geólogos de nombre, un límite más allá del cual, la temperatura bien que muy elevada, debe ser uni- forme. Los habitantes ele las regiones polares explotan este calor terrestre en sus largas noches, enhuecando silos en la tierra, en los que gozan de una temperatura estival, que les permite resistir á los helados inviernos de aquellas in- hospitalarias regiones; esta conducta que ha sido imitada algunas veces por los viajeros perdidos, ó por los ejérci- tos, tiene, como veremos más tarde, serios inconvenientes. A propósito de la termalidad, y tratando de valuar la ca- pacidad calorífica del suelo, se han hecho tablas compara- 17 tivas en las que se toma la capacidad calorífica del agua como unidad, en ellas se ve que la capacidad calorífica del suelo, varía con la naturaleza del terreno, con su mayar ó menor riqueza en aire y agua; y la media puede ser valua- da sin gran error en un 0,267; es además conveniente dis- tinguir, la capacidad calorífica del suelo mismo y la de sus elementos. Porosidad y permeabilidad, — La Física define la po- rosidad, como la propiedad que tienen los cuerpos de te- ner poros, y distingue estos últimos en poros sensibles y en poros racionales; según esta definición no hay cuerpos absolutamente imporosos. La Higiene considerando solamente los poros sensi- bles, admite la existencia de cuerpos imporosos, y para ella la porosidad es: la propiedad que tienen los sólidos de re- tener á los fluidos. Según esta definición un suelo será po- roso cuando retenga á los líquidos y á los gases, y será im- poroso en el caso contrario. La porosidad de un suelo depende de dos elementos: primero, de la naturaleza misma del suelo; y segundo, de su estructura; un suelo granítico y cristalino, si forma ma- sa compacta, será completamente imporoso, y otro suelo de la misma naturaleza, pero formado de pequeños frag- mentos unidos entre sí, será poroso por su estructura; en cambio un suelo humífero será poroso por su estructura y por su naturaleza. En todo suelo, sea cual fuere su naturaleza y su estruc- tura, hay lugar á distinguir los poros ó lagunas que forman la yuxtaposición de los granos que le constituyen, y los po- ros que cada grano pueda tener. La permeabilidad es la propiedad que tienen los cuer- pos de dejarse atravesar por los fluidos. Es de suma importancia estudiar esta propiedad en el suelo, porque ella nos explica la penetración á las capas 18 profundas de los dos elementos vitales de todos los seres: el aire y el agua; nos explica igualmente la repartición de estos dos agentes, y la formación de las capas de agua sub- terránea. Insistamos un poco sobre estas cuestiones. La atmósfera que envuelve á la tierra penetra, en virtud de la propiedad que en este momento estudiamos, á las capas profundas, y tanto más fácilmente, cuanto que la permea- bilidad es mayor; pero el aire que se encuentra en el inte- rior de la tierra, no tiene ya la misma composición que el que la envuelve; desde luego en el seno del suelo, se es- tán produciendo constantemente combustiones múltiples, y estas combustiones determinan la diminución del oxíge- no y el aumento del ácido carbónico; así mientras que el aire atmosférico está compuesto de: ázoe 79.20, oxígeno 20.80 y ácido carbónico 4 á 6 diezmilésimos; el aire terres- tre está formado según Michel Levy y Boussingault de la manera siguiente: ázoe 79.91, oxígeno 10.35, ácido car- bónico 9.74; estas proporciones que pueden servir para for- marse una idea general, no son sin embargo exactas, y se comprende fácilmente que sea así, si las combustiones or- gánicas que se producen en el seno de la tierra tuviesen siempre y en todas partes la propia intensidad, estas cifras pudieran ser la expresión germina de la verdad, mas como no es así, como la intensidad de las combustiones varía en cada lugar con la temperatura y con la riqueza del suelo en materias orgánicas combustibles, resulta que habrá luga- res donde la proporción de oxígeno sea mayor, y la del ácido carbónico menor, y otros en los que suceda lo con- trario; así refiriéndonos exclusivamente á la proporción de ácido carbónico, vemos en el cuadro siguiente que per- tenece á Arnould, el ácido carbónico del suelo variar en grandes proporciones. Patio de la Universidad de Klausen- bourg ... 107,5 por ciento. 19 Suelo del Hospital de Klausenbourg. 107,5 P01’ cient0- Cuartel de Karl 36,5 ,, ,, Cuartel Nuevo 20,1 ,, ,, Todos estos datos están tomados á la profundidad de cuatro metros. Pero aún hay más, por las mismas razones enunciadas, las proporciones de oxígeno y de ácido carbónico no solo varían de un lugar á otro, sino que aún en un mismo lu- gar, varían con la profundidad ; en regla general y hasta cierto límite, CO2 es más abundante en la profundidad que en la superficie, lo que no solo depende de las causas ya di- chas antes, sino también de que el aire de las capas super- ficiales, es más fácilmente renovado que el de las profun- das. Como conclusión de lo expuesto, se deduce: que la riqueza del suelo en C O2 puede ser un guía fiel que nos enseñe el grado de suciedad del suelo, supuesto que mien- tras más suciedades haya, mayor será la proporción de C O2, y recíprocamente. El aire terrestre, como el atmosférico no está inmóvil, está sujeto á tres movimientos principales: movimiento ascensional de abajo arriba, movimiento de arriba abajo, y movimientos laterales en una misma capa ; la condición de estos movimientos es la permeabilidad del suelo, y la razón, los cambios de presión, así por ejemplo; cuando la presión atmosférica disminuye, se producirá un movi- miento ascensional, cuando aumente, resultará el mo- vimiento contrario, y cuando entre dos lugares de una mis- ma capa exista una diferencia de temperatura, se producirá un movimiento lateral. El conocimiento de estos movi- mientos, tiene la mayor importancia, sobre todo por loque se refiere al movimiento ascensional; este, al decir de al- gunos higienistas, podría determinar la salida de los mi- croorganismos del seno del suelo y su difusión al exterior, otros rearguyen que este hecho es imposible, porque el 20 suelo tiene un gran poder de filtración y retendría por con- secuencia los gérmenes; aún cuando esto es una gran ver- dad, lo probable es que el movimiento ascensional sea ca- paz de determinar la salida y difusión de los microorga- nismos cuando menos de los que se encuentran en la capa más superficial. El agua que bajo la forma de lluvia se precipita sobre la superficie de la tierra, se divide en tres porciones: una vuelve á evaporarse, otra va á formar las corrientes, y la tercera se infiltra en el suelo; esta última se divide á su vez en dos porciones, una que permanece retenida por los elementos del suelo, y otra que se acumula formando la capa subterránea; de esta última nos ocuparemos adelante con más extensión, consagrando por el momento nuestra atención al estudio del agua retenida. No todos los suelos retienen la misma cantidad de agua, las rocas muy duras retienen muy poca, cuando se encuen- tran en el estado compacto; mientras que pueden retener una cantidad notable si están al estado pulverulento. Otras muchas circunstancias además de la estructura, influyen en la cantidad de agua retenida por el suelo, en primer lugar, los caracteres mineralógicos y químicos; así para no citar más que un ejemplo, diré que la arcilla contiene dos veces más agua que la arena, y que además, la presencia de ma- teria orgánica, aumenta Incapacidad del suelo para el agua. La cantidad de agua que contiene un terreno, varía de una estación á otra, y en los diversos días de una misma esta- ción. El agua que embebe el suelo, está sometida á los mis- mos movimientos que animan al aire, ó sea á un movi- miento de abajo arriba, á otro de arriba abajo y á un ter- cero lateral; el primero se hace en virtud de la capilaridad, el segundo es el resultado de la capilaridad y de la pesan- tez, y el tercero resulta de la capilaridad y los cambios de presión. 21 El agua no solo se encuentra en la tierra en el estado líquido, existe también en el estado de vapor, y este va- por de agua tiene dos orígenes; una parte la más peque- ña proviene del aire atmosférico, y otra la mayor, es el re- sultado de la evaporación incesante del agua terrestre; esta evaporación si bien es cierto, que se verifica á todas tem- peraturas y en cualquiera clase de terreno, es sin embargo, más activa á medida que la temperatura se eleva (capas superficiales) y varia en su actividad con la naturaleza y estructura del suelo: la turba y todos los suelos ricos en materias orgánicas, son los más propicios para la evapo- ración, al paso que la arena es la menos propicia; los gra- nos de un décimo de milímetro de diámetro, son más ven- tajosos, desde el punto de vista de la evaporación, que los más finos ó más gruesos. La evaporación aumenta la permeabilidad del suelo y le deseca, tanto más rápidamente, cuanto más activa es, y al mismo tiempo produce como resultado necesario la retracción del suelo y la formación de grietas por las cuales, las suciedades exteriores pueden ganar fácilmente la pro- fundidad. Capa 4 en el trayecto de los cua- les se encuentran dos capas de agua. Corte geológico del pozo artesiano abierto por los Sres. Pane y Molteni en el núm. 2 de la calle de Santa Catarina. i? Tierra común. 2? Marga poco tenaz con restos de fósiles grandes. 3? Marga como la anterior sin fósiles. 4? Marga como la anterior menos compacta. 5? Marga bastante tenaz aspecto arcilloso. 6? Marga aluminosa con mucho peróxido de fierro. 7? Marga aluminosa, en la que el fierro está al estado de óxido negro. 8? Marga caliza. 46 9? Marga aluminosa con mucho peróxido ele fierro. 10. Especie de hainsa de montaña formada de cipris infusorio fósil. 11. Capa como la anterior más oscura y compacta. 12. Marga con coprolitos y otros infusorios fósiles. 13. Casi arena, algunos cipris. 14. Marga con coprolitos y muchos cipris. 15. Marga caliza y sus especies de infusorios. 16. Marga silícica con infusorios. 1 7. Marga aluminosa. 18. Marga silícica. o 19. Marga aluminosa. 20. Roca kaolínica feldespática. 21. Marga arcillosa pocos restos de infusorios. 22. Marga como la anterior con restos de grandes in- fusorios. 23. Marga ligera. 24. Marga aluminosa. 25. Marga caliza. 26. Mezcla de marga aluminosa y otra más negra y compacta. 27. Casi arena muy fina, pocos infusorios. 28. Casi .arena de grano más grueso, cipris de la gran- de especie. 29. Marga con pocos infusorios. 30. Marga más ligera que la anterior. 31. Roca kaolínica feldespática. 32. Marga aluminosa. 33. Marga con muchos infusorios. 34. Capa formada de restos de infusorios. 35. Arena porfírica. Profundidad total 52m6i, dos capas de agua. 47 Corte geológico del pozo artesiano de la Casa de Moneda de México. i? Tierra vegetal arcillo humífera. 2? Limo arcillo margoso. 3? Limo arenoso con fragmentos de conchas. 4? Arcilla margosa con fragmentos de trastos de barro. 5? Arcilla margosa con Conchitas de cipris. 6V Arena de olivino y marmaja negra con Conchitas. 7? Arcilla gris compacta con fragmentos de traquita. 8? Arcilla blanca margosa con arena. 9? Arenas de pórfido con Conchitas, io. Arcilla compacta de color gris claro, ir. Arcilla arenosa con caliza estiliticia. 12. Arcilla gris compacta con Conchitas. 13. Arcilla de color claro con Conchitas. 14. Arcilla arenosa. 15. Arena con matatenas de traquita. 16. Turba. 17. Arena con matatenas de pórfido. 18. Arcilla gris con tallitos silososos. 19. Arcilla de color gris claro. 20. Arcilla con trípoli. 21. Arcilla de color gris con tallitos silososos. 22. Arcilla color gris claro con tallitos. 23. Trípoli. 24. Arcilla con trípoli. 25. Matatena con pórfido y pómez. 26. Arcilla con trípoli y cristales de horn blenda. 27. Matatena con pórfido y pómez. 28. Roca kaolínica y calcárea. 29. Arcilla con arena gruesa. 30. Arcilla compacta rojiza. 31. Arcilla con trípoli. 48 32. Arena con ohirin, toba y basalto. 33. Arena con arcilla y trípoli. 34. Arena con trípoli y matatenas de pórfido. 35. Arcilla con arena traquítica. 36. Matatena de pórfido y traquita. 37. Limo arcilloso. 38. Matatena de pórfido y pómez. 39. Arena de pórfido y pómez. Profundidad I49mió, tres capas de agua. Dice el Profesor Ruiz: “Próximamente la superposi- ción de las capas del suelo es de la superficie al fondo la "siguiente: capa vegetal, capa constituida por depósito la- custre (donde hay conchas del lago) capas de arenas po- "mosas, capas de cascajo y detritos volcánicos, capas de "tizas (que tienen infusorios) y por último capas y corrien- "tes subterráneas de aguas que son parciales y tienen dé- "bil presión hidrostática. "A los ojos de la higiene el suelo de la ciudad está for- "mado de dos capas, la superficial arcillo-humífera muy "poco permeable y la profunda arcillo-margosa imper- "meable y de grande espesor.n Propiedades del suelo de la ciudad de México. Como se acaba de ver las capas superficiales del suelo de la ciudad, arcillo-humíferas, son en virtud de su com- posición muy permeables y muy porosas, el agua arras- trando las materias orgánicas y el aire la penetran fácil- mente. A estas propiedades, juntas con dos circunstancias que voy á mencionar debe su insalubridad nuestro suelo, las dos circunstancias á que me refiero son: la disposición de- fectuosísima de su canalización eferente, y la gran hume- dad del suelo debida á los lagos que rodean á la ciudad, y que en otro tiempo llegaban hasta el interior de ella» 49 Hemos sentado ya que para que el escurrimiento de las materias fecales y de las aguas de desecho sea perfecto, es necesario que las atarjeas obedezcan á un plan general de inclinación, que en cada una de ellas la pendiente sea de 5 milímetros por metro, y que tengan la forma ovoide; en nuestra ciudad desgraciadamente ninguna de estas condi- ciones se realiza; las atarjeas tienen cada* una, una incli- nación propia, que en unos lugares es mayor de cinco mi- límetros y en otros es notoriamente menor; tienen una forma prismática: resulta de esto que la corriente es en ellas imperfecta y que las materias excrementicias y las aguas de desecho, permanecen mucho tiempo dentro del perímetro de la ciudad; al propio tiempo, y para colmo de nuestras desdichas, las paredes de las atarjeas son per- meables, y dejan fácilmente difundir las materias conteni- das dentro de ellas; para aumentar el contingente de ma- terias orgánicas dado el suelo, hay aún un factor más, por motivos que no son del caso referir, nuestra ciudad es des- graciadamente una de las más sucias; gran cantidad de orina y de materias fecales son diariamente depositadas directamente en la superficie de las calles. Por otra parte se sabe que la ciudad está edificada sobre un terreno cons- truido artificialmente sobre el lago, y que es por lo tanto muy húmedo, se encuentran pues reunidas todas las con- diciones (suelo rico en materia orgánica, muy húmedo, permeable al aire, etc.), para que los microorganismos pue- dan vivir y multiplicarse rápidamente, como lo prueba la gran cantidad de ácido carbónico que de él se desprende. Es de todos sabido que en la ciudad de México, hay un período lluvioso y otro seco, teniendo en cuenta este dato, y no perdiendo de vista que abajo de las capas ar- cillo -humíferas permeables, hay en el suelo de la ciudad una capa arcillo-margosa impermeable; se podrá compren- der fácilmente que exista constantemente una capa de agua 50 subterránea sujeta á oscilaciones, y cuyo nivel ascenderá en los períodos lluviosos, y bajará en los meses secos. La profundidad de la capa de agua en un mismo día, varía de un lugar á otro, lo que se explica por la configu- ración exterior del suelo; lugares hay en los que el agua se encuentra casi en la superficie, mientras que en otros está á dos metros de profundidad. Esta agua no es pota- ble porque está sumamente cargada de materia orgánica que toma del suelo en el cual se encuentra. Influencia del suelo sobre la nosología de la ciudad de México. La gran cantidad de materias orgánicas que contiene el suelo de la capital, produce una gran cantidad de ácido carbónico, éste se difunde con mucha facilidad en las ha- bitaciones, principalmente en las de nuestra clase baja, que tienen un suelo permeable; de aquí resulta que nuestros proletarios respiran durante las noches una atmósfera vi- ciada; y la respiración en estas condiciones debilita pro- fundamente al organismo, le hace anémico y le predispo- ne á contraer las enfermedades infecciosas. En el año próximo pasado la Academia de Medicina de México, ha tratado de averiguar si las recrudescencias del tifo, coinciden con la época en que el nivel del agua subterránea está más baja. Los Profesores Ruiz y Zárraga, en una Memoria que hará época en los fastos de nuestra literatura médica, han resuelto la cuestión por la afirmativa. El procedimiento que han seguido es tan ingenioso co- mo sencillo, consistió en abrir en la casa habitación del Sr. Ruiz (San Pedro y San Pablo 14), un pozo situado á bastante distancia del albañal; en el interior de este pozo había una regla metálica, en la que corría un anillo alado 51 á un flotador, se medía diariamente con sumo cuidado la distancia que había entre la superficie del agua y el bro- cal del pozo; con las cifras obtenidas se construían curvas; al mismo tiempo el Sr. Ruiz tomaba las estadísticas del Hospital Juárez, y hacía una segunda curva; comparando entre sí las dos, observaba que á medida que la capa de agua descendía, el número de enfermos atacados de tifo aumentaba. Se podría objetar, y de hecho se ha objetado por algu- nos miembros de la Academia de Medicina, que ni un so- lo pozo podría dar idea del nivel de la capa de agua sub- terránea, ni los enfermos ingresados al “Hospital Juárez” representan el total de atacados de tifo en la ciudad de México; pero se ha reargüido victoriosamente, que en pri- mer lugar, si bien es cierto que el nivel déla capa de agua subterránea es variable, y que un solo pozo es incapaz de dar idea sobre el estado de su superficie, no lo es menos que en la presente ocasión, solo se trata de averiguar las oscilaciones de la capa, y este dato sí lo puede dar un solo pozo; á la segunda objeción se ha contestado diciendo que: si el número de enfermos asilados en el “Hospital Juá- rez” no representa el total de tifosos de la ciudad de Mé- xico, en cambio es indudable que mientras mayor sea el número de enfermos atacados de tifo en México, mayor será el número de los que ingresen al hospital. Creo pues como la Academia de Medicina de Méxi- co, que la Memoria de los Profesores Ruiz y Zárraga re- suelve la cuestión, y prueba que en México hay concor- dancia entre el descenso de la capa de agua y la recrudes- cencia del tifo. Es indudable que en México y para el tifo, subsiste la reserva que hemos hecho á la teoría de Pettenkofer; el descenso de la capa de agua es una de las causas, y tal vez la más importante de la exacerbación de la fatal en- 52 demia que nos asóla, pero no es la única, hay otros mu- chos factores que se reúnen y conspiran para determinar tan terrible resultado. De hace tiempo se viene notando que el número de in- dividuos atacados por el tifo, aumenta de año en año; es- to se podría explicar por el hecho de que á medida que trascurre el tiempo se satura más y más nuestro suelo de materia orgánica; pero hay además otras causas que paso á señalar: un gran número de patologistas y Jaccoud en- tre ellos señalan como causas del tifo la miseria, la sucie- dad, el hambre y la aglomeración. “El tifo exantemático, dice el Profesor Jaccoud, es la expresión morbosa más di- recta y más terrible de la aglomeración, y de las influen- cias nocivas que acarrea fatalmente cuando es prolongada, á saber: la falta de aire y la suciedad. Que los individuos así acumulados estén además debilitados por el hambre, agobiados por la fatiga, deprimidos por las emociones tris- tes, y estas condiciones decuplicando las potencias de las causas primeras, harán estallar espontáneamente el tifo.” Cada día gana más y más terreno la hipótesis que su- pone que el tifo es una enfermedad infecciosa, y por tan- to hay lugar á dudar que el tifo pueda estallar espontá- neamente en estas ó aquellas circunstancias; pero en cam- bio no repugna nada á tal teoría aceptar que el hambre, la suciedad, la aglomeración, etc., puedan influir como cau- sas predisponentes poderosísimas; sentado esto diré qne en mi humilde concepto, el aumento gradual del tifo está li- gado á una cuestión económica, y esto vendría á probar una vez más, la verdad tantas veces repetida por el Pro- fesor Ruiz de que todos los asuntos sanitarios tienen una doble fase perteneciendo por una parte á la higiene y en- trando por otra en el dominio de la economía. Actualmen- te nuestras clases pobres llevan una vida precaria; por con- diciones que no me pertenece tratar ha habido una dimi- 53 uución notable en el salario de nuestros artesanos, al pa- so que las sustancias alimenticias han subido de precio y bajado en calidad; por otra parte los arrendamientos son cada vez más subidos, y las habitaciones se encuentran en pésimas condiciones higiénicas; de todo esto resulta: que nuestras clases bajas ya bastante deprimidas por el alco- holismo, su vicio dominante, acaban de caer en la miseria fisiológica, bajo la acción de una alimentación insuficiente y de mala calidad, su cuerpo y su ropa no son un modelo de aseo, finalmente, se ven obligados á aglomerarse du- rante la noche, en número de diez, doce y aún más, en ha- bitaciones pequeñas, sucias, mal ventiladas, y que tienen por único pavimento la tierra sucia y desnuda. ¿Qué de ex- traño tiene que individuos que viven en estas circunstan- cias, ofrezcan al germen generador del tifo un alojamiento adecuado? ¿Cómo no explicarse que cuando la capa de agua subterránea baje, y deje á descubierto los microor- ganismos, ofreciéndoles condiciones favorables para su des- arrollo, no vayan éstos á hacer presa de seres tan debilita- dos? Mucha reserva hubiera tenido para exponer esta opi- nión si no la hubiese visto indirectamente apoyada por va- rios de nuestros más famosos médicos. Mientras que en las clases acomodadas los casos de tifo eran raros, las salas del “Hospital Juárez” días ha habido en que contuvieran trescientos veinte enfermos. Esto venía á darme un nuevo argumento en favor de mi opinión, los potentados, los mimados de la fortuna, los que pueden nutrirse bien, y vivir en habitaciones amplias y sanas, han sido respetados por el fatal azote; pero los des- graciados, los que se ven obligados á acumularse en habi- taciones sucias y pequeñas, los huéspedes infortunados de nuestras prisiones y de nuestras casas de corrección, esos han sido víctimas numerosas del tifo. 54 Antes de terminar lo relativo á la influencia etiológica del suelo en ciertas afecciones, quiero llamar la atención sobre un hecho digno de ser conocido. Sería de creerse que dadas las condiciones en que nos encontramos, la abundan- cia de nuestro suelo en materia orgánica, el hecho de que la capa de agua subterránea se encuentra en algunos pun- tos casi al nivel del suelo formando pantanos subterráneos; tomando además en consideración que los pantanos no son raros en los alrededores de nuestra ciudad, sería de creer- se digo, que el paludismo habría de ser sumamente fre- cuente en nuestra capital; pero el Dr. José Terrés, jefe de Clínica Interna de nuestra Escuela, en un trabajo presen- tado á la Academia de Medicina de México hace constar que en 97 observaciones de paludismo que posee, hay só- lo tres enfermos que hayan contraído la enfermedad en México, y los restantes han sido atacados unos en la Cos- ta, otros en el Estado de Guerrero, ó en otras localidades eminentemente palúdicas, y dice que como él ha buscado cuidadosamente los enfermos de paludismo, y sólo ha po- dido encontrar tres que hayan sido atacados en la capital, se cree autorizado para afirmar que el paludismo es raro en ella. Snneamiento