ESTUDIO FISIOLÓGICO Y TERAPÉUTICO DEL ACÓNITO T Si ALCALOIDE TESIS DE PRUEBA PARA EL EXAMEN PROFESIONAL EN MEDICINA, ( Iiíl .llA Y OBSTETRICIA QUE PRESENTA AL .TURADO I)E rALIFICACION BERNARDO MARTINEZ Y BACA ALUMNO DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO MIEMBRO TITULAR DE LA SOCIEDAD FILOIATRTCA Y PRACTICANTE DE LOS IIOSriTALES JUAREZ Y SAN LUCAS. MEXICO — Líbreria e Imprenta de Jens y Zaptain CALLE T)E SAN JOSE EL REAL NUMERO 3-2. 1875 ESTUDIO FISIOLÓGICO Y TERAPÉUTICO DEL ACÓNITO T SI ALCALOIDE TESIS DE PRUEBA PARA EL EXAMEN PROFESIONAL BN MEDICINA, CIEUJTA Y OBSTETRICIA QUE PRESENTA AL JURADO DE CALIFICACION BERNARDO MARTINEZ Y BACA ALUMNO DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO MIEMBRO TITULAR DE LA SOCIEDAD FILOIATRICA Y PRACTICANTE DE LOS HOSPITALES JUAREZ Y SAN LUCAS. m i:\ico Librería e Imprenta pe| Jens y Zapiain CALLE DE SAN JOSE EL REAL NUMERO 22. 1875 Os debo cuanto soy: recibid este pequeño tributo de amor filial. Jt ?»is qtttftifas Humanas. Testimonio de intenso cariño. Jlt. |3. JUauucl ¿Oomtnguc*. Grande lia sido vuestro empeño por ilustrarme en este trabajo: aceptad este débil testimonio de reconocimiento y respeto. gil jir. Hv. £1. Blaimcto Flores. Me habéis ilustrado con vuestros sabios consejos médicos, y distinguido con vuestra amistad: recibid mi respeto y gratitud. A LOS SRES. PROFESORES DE LA ESCUELA DE MED1CI8A BE MEXICO. Homenaje á sn sabiduría: gratitud y respeto. 1 LOS SRES. DOCTORES DEL HOSPITAL JUAREZ. Reconocimiento y respeto. fA ciencia moderna ha tomado nn carácter de precisión necesario para afirmar sus progresos. Las personas de- seosas de obtener resultados positivos preconizan dia- riamente la observación y la experimentación como las bases de la Fisiología, la Patología, y la Terapéutica; y si en las dos primeras de estas ciencias son necesarias aquellas, cuan- do solo se trata de investigar la naturaleza de los fenómenos, ¿cuánto mas no lo serán en la ciencia que nos enseña á interve- nir activamente y modificar los fenómenos patológicos? Tiempo es ya de que la práctica rutinera caiga anonadada ante el racionalismo terapéutico fundado en la experimenta- ción y de que el empirismo ciego, que usa de los agentes sin darse cuenta de su modo de acción, sea sustituido, en el mun- do verdaderamente médico, por el conocimiento perfecto de la acción de los agentes terapéuticos; distinguiendo así al hom- bre científico de la turba de charlatanes que abusan de la ere-- 10 dulidad del público para engañarle, con vituperable descrédito de las autoridades. La experimentación es el único medio de conocer por com- pleto los efectos sobre el organismo, sano ó enfermo, de algu- na sustancia que la casualidad muchas veces, como en todos los grandes descubrimientos, revela como útil en algún estado patológico. Es necesario observar la procedencia del medicamento, su modo de preparación, el de administración, la dosis empleada, para deducir consecuencias verdaderamente prácticas y prove- chosas para la humanidad. Así, estoy porque cuando la voz del vulgo recomiende una sustancia contra cierta enfermedad, léjos de acoger sus ideas con una sonrisa desdeñosa, se observe, se estudie, se experi- mente para saber el valor real del medicamento y poder em- plearlo convenientemente, no dejándolo en manos de charla- tanes que, como he indicado, se valen de todos los medios para obtener un resultado pecuniario, teniendo á menudo fu- nestas consecuencias y desprestigiando ademas un medio tal vez útil. El estudio experimental de un medicamento se compone de dos partes: administrarle primeramente en personas ó anima- les sanos para obtener el conocimiento de lo que se llama su acción fisiológica; 2a, hacer su aplicación contra estados mor- bosos cuya naturaleza indique la conveniencia de agentes aná- logos al que se tiene en cuestión: esto es lo que se llama ac- ción terapéutica. Sin embargo, esta duplicidad en la denomina- ción no implica diversidad en los efectos mismos de la sustancia, sino únicamente hace relación á las circunstancias de su apli- cación. Así, no es que haya dos acciones, fisiológica y terapéu- tica, como parecían indicarlo los nombres, solamente que los efectos de la sustancia comparados en individuo al estado fisio- 11 lógico, se utilizan en estados patológicos adecuados, es decir, con objeto tarajpeutico. Los agentes terapéuticos, divididos en imponderables y pon- derables, prestan, entre estos últimos, dos grupos principales al estudio moderno: las sales y los alcaloides vegetales. Es so- bre todo de estos últimos que tenemos mucho que esperar, por- que son ellos también los que constituyen medios poderosos y muy usados; tan usados que son el recurso cuotidiano en mu- chas enfermedades: así los alcaloides de las papaveracéas y los de las solanéas son poderosos modificadores de la inervación y de la miotilidad; los de las loganiacéas son enérgicos excitado- res reflejos; los de las rubiacéas y escrofularinéas nebro-mus- culares, ya moderadores, ya excitadores. Toca ahora llamar la atención sobre la influencia paráliso- motriz que tienen sobre el sistema nervioso dos alcaloides: el de una ombelífera, laconicina; el de una renunculacéa, laaco- nitina. Esta última será solamente el objeto de la presente tésis, en la que me propongo demostrar los verdaderos efectos fisiológi- cos de la aconitina, según las experiencias que he emprendido bajo la dirección del instruido profesor el Sr. D. Manuel Do- mínguez, á quien doy por lo tanto un público testimonio de reconocimiento, pues, á mas de haber sido mi maestro en la cátedra de Terapéutica, se ha constituido mi guia en este estu- dio experimental, por tener el mayor empeño en formar una Te- rapéutica Nacional, por decirlo así, ayudando á muchos de los jóvenes cursantes en los experimentos de sustancias impor- tantes, para la formación de sus tésis inaugurales. Las dificultades con que se tropieza en esta clase de estu- dios son tales, que se necesita haberlas pulsado para compren- der su gravedad. La disposición de los animales, sugetos de la experimentación, la de los diferentes accesorios de esta, la pu 12 reza y reparación de las sustancias, hace que se difieran mas ó menos las sesiones experimentales y requieran así mucho tiempo y mucha paciencia. Por lo tanto espero que el jurado que me va á calificar, ten- drá en cuenta esto para perdonar los defectos é inexactitudes que se encuentren en mi pobre trabajo. AOÓNITO. rí lanta éxotica colocada en la familia de las Renuncu- lacéas, y de la cual se enumeran varias especies. Sus caracteres generales son los siguientes: cáliz de cinco sépalos petaloides, de los cuales el superior es ámplio, cóncavo y en forma de cono; corola formada por cin- co pétalos, de los cuales dos son superiores, erguidos en el interior del casco, largamente onguiculados y en forma de cor- neta ó capuchón; los otros tres pétalos son muy pequeños, re- ducidos á uñicelas ó convertidos en estambres. Estambres nu- merosos; tres ó cinco pistilos, tres ó cinco cápsulas de una so- la valva y polispermas. Por la belleza de sus flores se le cultiva en los jardines de Europa, aun cuando se les considera muy venenosas. Sus especies son: El “Acónitum anthora.” 14 “Acónitum ferox.” ‘ ‘Acónitum lycoctonum, ’ ’ “Acónitum napellus.” y sus variedades: “Acónitum tauricum, ,, spicatum, ,, macrostacliyum, ,, neubergense.” El “Acónitum cammarum,” y sus variedades: “Acónitum variegatum, ,, rostratum, ,, paniculatum, ,, stoerckianum, ,, intermedium.” El “acónito napellus” que ha sido la especie mas estudiada es muy variable en su forma, de 65 á 100 cent, de altura, de tallo recto terminado en una espiga mas ó menos larga, ó en una panículo de flores azules. Sus hojas son verdes, lustro- sas, casi enteramente divididas en lóbulos palmados, pinatifi- dos. El casco es semi-circular, comprimido, terminado por una punta corta. El saco es formado por el cornete de los pétalos, sub-cónico, y termina en un espolón corto, grueso é inclinado. Los ovarios y las cápsulas son tres. La raíz, que es la veneno- sa, tiene la forma de un nabo pequeño, leñosa, provista de mu- chas radículas y formada ordinariamente por la reunión de dos ó tres tubérculos fusiformes, desarrollados horizontalmen- te y que se pierden de un modo sucesivo á los dos ó tres años. Es mas precisa y mas clara la descripción que hace de la planta el Dr. Rabuteau. Dice así: “El acónito napelo es una planta vivaz, que crece principal- “mente en los bosques y en los prados. Sus hojas son alter- cas, palmatisectas y desprovistas de estípulas. Las flores, 15 “que son azules, nacen en la áxila de una bráctea y están “dispuestas en racimos. El cáliz está formado de cinco có- “palos coloridos, desiguales, de los cuales el superior tiene la “forma de un capuchón. Falta la corola. Las raíces de esta “planta se parecen á las del nabo, de donde le viene su nom- “bre específico, ó álas del rábano silvestre.” ACONITO NAPELLUS. 1, tallo y flores; 2, hojas; 3, raiz tuberifonne. Según el Sr. Oliva, Berton encontró esta planta en la sierra que liay entre Mazatlan y Durango. Tal vez sea la variedad délpliinoide, que De Candolle describe como peculiar de la América meridional. La “Nueva Farmacopéa Mexicana” dice que el Acónito con- 16 tiene los principios siguientes: resina, cera, goma, albúmina, extractivo, leñoso, malato y citrato de cal; que Geiger y Hes- se han encontrado ademas dos principios activos, uno muy al- terable y al que la planta debe su acritud, y otro alcalino lla- mado acoxitina; que Hubsschmam encontró otro alcaloide al que ha dado el nombre de napelina; que los Sres. Smith han descubierto últimamente en las raíces un alcaloide que nom- braron aconitina; y que, según Peschier, existe en el acónito un ácido particular llamado aconítico. Está universalmente reconocido que la aconitina es el prin- cipio activo de los acónitos. Este alcaloide, señalado por Bran- des en 1819, y después estudiado por Geiger y Hesse, Berthe- mort, Stahlschmidt, Morton Scliroff, Hottot, Liégeois, Duques- nel y Gréhant, existe en todas las partes del acónito, pero sobre todo en la raíz. Se le encuentra en estado amorfo (Hottot) ó cristalizado (Du- quesnel). En su estado fresco la planta tiene un olor especial, debido á un principio acre y volátil, admitido por inducción. La aconitina cristalizada, se presenta bajo dos formas, rom- boidal ó prismática. Tiene por fórmula CM H46 AzO20. El ácido aconítico hidratado, es inodoro, de sabor ácido, so- luble en el agua, en el alcohol y el éter. Su símbolo químico es, C12 H6 O12. En todos los autores que se ocupan de la materia, se regis- tran hechos de envenenamientos causados por esta planta. Gui- bourt dice, refiriéndose al Journal de chinde medícale, t. 3o, p. 344, que de cuatro personas que bebieron aguardiente en el que se había hecho hervir, por equiv Dcacion, raíz de acónito en vez de apio silvestre, (livéche) murieron tres. En la antigüe- dad era, como la cicuta, un instrumento de castigo. Los poe- tas griegos lo suponian brotado de la baba del Cervero; y en 17 Ovidio se lee que fué conocido de Medéa. Todo esto hace su- poner que desde los tiempos mas remotos hasta los presentes, el acónito ha venido figurando entre los tósigos. Sin embargo, Linéo dice que los lapones hacen un alimento de los vastagos del acónito; y hay divergencia entre los auto- res, respecto de la actividad de la planta. Esto depende de que no todas sus especies son igualmente venenosas, de que la actividad cambia según es la preparación farmacéutica que se empléa, de que una misma preparación se debilita con el trans- curso del tiempo, y por último del suelo donde ha nacido y desarrollado la planta, pues se ha observado que la silvestre es mas activa que la cultivada en los jardines. “ Según esto—dice Dorvault—es permitido creer que el prin- 44 cipio activo del acónito, como el de los renúnculos y otras 44 muchas plantas de la misma familia, es extremadamente fu- “gaz. En nuestro concepto, las mejores preparaciones farma- “ céuticas del acónito deben ser las que, como el extracto no 44 depurado y sobre todo la alcoholatura y el sacaruro, repre- 4 4 sentan al acónito en su estado fresco, pero con una condición 4 4 á mas, la de que sean preparados con una planta cosechada 44 en tiempo y lugar conveniente.” Yo solo agregaré que, supuesta esa infidelidad de acción y supuesto también que es conocido el principio activo de la plan- ta, principio cuya acción es siempre la misma, parece racional no emplear aquellos preparados, sino únicamente la aconitix a, á fin de que el médico sepa siempre, en un caso dado, que á tal dosis corresponde tal efecto. La acoxitina, entrevista por Brandes en 1833, ó en 1819 se- gún otros suponen, no fué obtenida en estado puro sino hasta 1870 por Duquesnel. Para obtenerla, prescribía la farmacopéa de Londres, fuese tratada la raíz de acónito tres veces repetidas por alcohol ca- 18 liente, exprimir en seguida la raíz, filtrar los licores reunidos, destilarlos, concentrar el residuo, disolverlo en agua y evapo- rar hasta la consistencia de extracto; tratar después éste por el ácido sulfúrico diluido en agua destilada que se apodera de la aconitina; precipitarla por el amoniaco, redisolver el preci- pitado en ácido sulfúrico diluido, agitar la disolución durante 15 minutos con carbón animal lavado, filtrar, precipitar de nuevo por el amoniaco, lavar y secar la aconitina obtenida. El código francés prescribe: Hacer digerir la raíz de acónito napelo [1000 partes dividi- das en trozos], durante ocho dias en cerca de 3000 de alcohol, ligeramente acidulado con ácido sulfúrico, exprimir, filtrar y destilar el alcohol al B. M., dejar que se enfrie el residuo acuo- so de la cucúrbita, quitando el aceite verde en que sobrenada; evaporar hasta la consistencia siruposa y agitar el residuo con éter, para despojarlo del resto de aceite; volver á tratarlo por la agua y neutralizar el ácido por magnesia disuelta en una poca de agua; agitar esta mezcla repetidas veces con su peso de éter á 65° y abandonarlo á la evaporación espontánea. La aconitina que se obtiene, es vuelta á disolver en ácido sulfúrico débil, se le decolora por el carbón, se precipita el licor filtrado por el amoniaco, se le sujeta á la ebullición, se recoje la aconitina en un filtro, se le seca, se le disuelve en éter, se evapora á seque- dad y se trata el residuo por una pequeña cantidad de ácido sulfúrico diluido; se añade gota por gota á esta solución de sulfato de aconitina, amoniaco líquido, se filtra y se vuelve á tratar por el amoniaco el licor filtrado hasta que desprenda un ligero olor amoniacal; se recoje en un filtro la aconitina y se le seca á una baja temperatura. Uno y otro procedimiento dan la aconitina amorfa. Hay sin embargo en el comercio una aconitina cristalizada impura, lo 19 cual lia lieclio suponer en el acónito dos sustancias distintas: la aconitina [amorfa] y la Capelina. Hübsclimann dice que hay dos especies de aconitinas: la ale- mana, obtenida por el método de G-eiger del Acónito napelo, blanca, pulverulenta, soluble en alcohol, éter y cloroformo; y la aconitina inglesa ó pseudo-aconitina extraida del “Acóni- tum ferox” pulverulenta, de color blanco sucio, muy poco soluble en el éter y el cloroformo, y soluble en 20 p. de al- cohol hirviendo donde cristaliza por enfriamiento. La nueva Farmacopéa mexicana, trae el procedimiento si- guiente para la preparación de la aconitina cristalizada: 4 ‘ Pul- “ verizada la raíz del acónito, agótese por alcohol concentrado “ adicionado de uno por ciento de ácido tártrico; destílense “ los licores para extraer la mayor parte del alcohol, á una “ temperatura que no pase de 60°, y el residuo trátese por el “ agua, que deja sin disolver las materias grasas resinosas. La “ solución acuosa que contiene la aconitina al estado de tar- “ trato ácido, agítese con éter, que disolverá las materias co- lorantes, y trátese después con el bicarbonato de sosa, que “ pondrá el alcaloide en libertad. Un nuevo tratamiento de es- “ ta solución alcalina por el éter, separará el alcaloide, el cual “ cristalizará por la concentración de los licores etéreos, á los “ que se ha añadido antes esencia ligera de petróleo.” La aconitina cristalizada [Aconitina de Duquesnel] se pre- senta bajo el aspecto de una sustancia incolora, cristalizada en prismas, casi completamente insoluble en el agua, soluble en el alcohol, el éter, el cloroformo, la glicerina y diversos carbu- ros de hidrógeno, tales como la benzina. Se disuelve rápida- mente en los ácidos con los que forma sales que por lo común cristalizan fácilmente. No es esta la aconitina que tenemos en México. Desgracia- damente no se la prepara aquí, ni se la ha hecho venir del ex- 20 tranjero. La aconitina de que yo me he servido en mis expe- rimentos, es ese polvo blanco, amorfo, que se obtiene por el procedimiento del código francés, y el cual es á la aconitina de Duquesnel, lo que la digitalina amorfa es á la de Nativelle. Efectos fisiológicos de la Aconitina, Sin dar gran importancia á la observación que sigue, la co- pio á fin de que los signos de que liabla sirvan como de intro- ducción á esta parte de mi trabajo. El Dr. A. Pauclion creyendo tomar una preparación que te- nia por base la alcohol atura de acónito al décimo, dice: Tomó la preparación á las ocho de la noche; sentí al momento de la in- gestión del líquido en la boca, el fondo de la garganta, á lo largo del esófago y hasta en el estómago, un sabor acre un poco quemante que no desapareció sino en el segundo dia. Dos ó tres minutos después de la ingestión, algunas repeti- ciones se producian análogas á las que se producen con el aceite de hígado de bacalao, y me parecían ser atribuidas al princi- pio volátil del acónito. Un cuarto de hora después sentí malestar y sensación de frió que aumentaba rápidamente. Después de las ocho y media ca- losfríos violentos análogos á los de las intermitentes, pero sin chasquidos de dientes. Me acosté, y no obstante los muchos abrigos, los calosfríos permanecían aunque disminuyendo de intensidad, pero siendo mas frecuentes y continuos; al mismo tiempo las extremidades se me enfriaron. Los calosfríos se transí orinaron en hormigueos generalizados 21 como si' sintiera débiles descargas eléctricas, principalmente en las manos y en los piés así como en las articulaciones. La acritud persistía y estaba acompañada de sequedad análoga á la que producen las solanéas virosas; el pulso, que en el estado sano latía 80 por minuto, se Labia abatido basta 65; la respira- ción era normal; tenia cefalalgia, desvanecimientos y sensibili- dad exagerada del oido; la inteligencia era perfecta pues pude leer con atención y examinar mis sensaciones; no Labia tenido vértigos. A las núeve y media, sorprendido de los síntomas, me levanté y me vi en el espejo: estaba pálido, la lengua limpia y húmeda no obstante la sequedad de la boca; las pupilas esta- ban normales; el pulso osciló entre 60 y 65 con algunas inter- mitencias que desaparecian el siguiente dia. Los hormiguéos se acompañaron bien pronto de insensibili- dad táctil que noté principalmente á la una de la mañana en las extremidades inferiores, en donde era tan obtusa que ape- nas sentía los abrigos que me cubrían no obstante su peso; no tuve náuseas, ni vómitos; tampoco diarréa ni diurésis. A las dos de la mañana los fenómenos se moderaron, y que- dó en un insomnio absoluto que duró hasta las cuatro, Lora en que tuve un sueño tranquilo que duró tres horas. Al despertar me sentí con una fatiga general, pesantez de cabeza y sequedad en la boca y en la garganta que duró hasta en la tarde. Tales fenómenos, dice el misno autor, no podian ser atribui- dos á 1,50 de alcoholatura que yo calculaba haber tomado en dos cucharadas y media estando la preparación al décimo; en efec- to, en lugar de dicha preparación tomó alcoholatura pura y la cantidad equivalia á 11 ó 12 gramos, con las exigencias de la ciencia de hoy. Entre los varios autores que he consultado para formar este imperfecto trabajo, ninguno como Rabuteau en su última edi- 22 clon liace de los efectos de la sustancia que me ocupa un estu- dio mas prolijo y mas conforme. Por liaberme servido ese libro de guia en mis experimentos, me tomo la libertad de concretar el artículo relativo. Tomando Rabuteau por punto de partida los experimentos de Duquesnel y Gfréhant, los cuales calcaron los que con ante- rioridad liabia lieclio Cl. Bernard en sus estudios sobre el Cu- rara, inyectó bajo la piel del lomo de un perro de talla peque- ña y en ayunas, un miligramo de aconitina pura disuelta en 5 cent. cub. de agua lijeramente acidulada con ácido nítrico. Los síntomas fueron: una depresibilidad muscular considera- ble, cierta especie de ebriedad, lentitud progresiva de la res- piración á tal grado que á cada momento se temía la afíxia del animal, tanto por la dificultad con que inspiraba cuanto por la espuma que le llenaba el hocico; y por parte de la circula- ción, laditual primero y después aceleración, siendo tan nota- ble uno y otro efecto que el corazón que latía 136 veces por minuto, descendió á 108 poco después de la inyección y duran- te tres cuartos de hora, al cabo de los cuales se aceleraron tan- to las pulsaciones y se hicieron tan débiles que no pudieron ser contadas. A estos signos capitales añade el observador que la sensibilidad disminuyó sin ser completamente abolida, que las pupilas se dilataron, que hubo vómitos excesivamente penosos de materias espumosas y sudores bastante abundantes para humedecer el pelo del animal; que por último murió este á los diez minutos de inyectado el veneno. Hizo el experimen- tador la autopsia del cadáver y no encontró lesión apreciable. De este hecho en el que Ilabuteau encuentra los signos que descubren la acción de los venenos paráliso-motores, como la extremada dificultad de los movimientos respiratorios, la dila- tación de la pupila, la lentitud y mas tarde la aceleración del centro circulatorio, los sudores, ]a ipersecrecion salivar, etc.; 23 de este hecho, repito, y los experimentos seguidos por los ya citados fisiologistas, infiere Rabuteau que los efectos fármaco - dinámicos de la aconüina son semejantes á los que ocasionan el Curara y la haba del Calabar. Para no debilitar en nada los fundamentos en que apoya su parecer el distinguido autor del libro que sirve de texto en la cátedra de terapéutica de nuestra Escuela, apuntare los experi- mentos de Duquesnel y G-réhant. He dicho ya que estos observadores repitieron con la aconi- tina los experimentos que Cl. Bernard habia hecho con el Cu- rara. Sirviéndose de una solución acuosa ligeramente acidu- lada que contenia 1 milígr. de aconüina por cent. cub. de lí- quido, inyectaron bajo la piel de una rana de milígr. y no- taron que el animal se agitaba. Media hora después de esta pequeña dosis descubrieron los nervios sciáticos y observaron que habian perdido su excitabilidad fisiológica, conservándo- la los músculos de la pata. En otro experimento desprendieron los músculos gastrocne- mianos dejándoles adherentes los nérvios sciáticos y los su- merjieron en una disolución que contenía \ de milígr. de aco- nitina, cuidando unas veces de que el nérvio quedara fuera del baño, y otras en que por el contrario solo el nérvio estu- viera en contacto con el líquido y el músculo á salvo de su ac- ción. Obrando así vieron que en el primer caso, es decir, cuando la disolución tóxica no tocaba al nérvio, este perdia su excita- bilidad; y en el segundo, es decir, cuando el nérvio era bañado por el líquido, la excitación eléctrica hacia contraer el músculo, de donde concluyeron que la acoxitina destruye la facultad motriz del nérvio obrando sobre sus expansiones periféricas. Cuando, antes de inyectar la solución de acoxitina bajo la piel de las ranas interrumpían la circulación en un miembro posterior, observaban que los nérvios que no recibían sangre 24 envenenada estaban perfectamente excitables. Manifestaron también qne el animal conservaba su sensibilidad mientras los nervios motores permitian los movimientos reflejos. Sigue diciendo Rabuteau en su obra de toxicología (artículo reproducido en su tratado de terapéutica) que Duquesnel y Gré- hant han observado que la administración de altas dosis de acoxitixa pura, con 1 milígr. por ejemplo, pueden suspender parcialmente los movimientos del corazón en las ranas, y re- tardar el envenenamiento periférico por la lentitud de la cir- culación en los mamíferos. Esto último explica por qué en los mamíferos no es fácil el estudio de las perturbaciones funcio- nales de los nérvios. Sin embargo, en un conejo envenenado con un milígr. de acoxitina, yen el cual prolongaron la vida por la respiración artificial, pudieron manifestar al cabo de media hora que el nérvio sciático excitado no determinaba contraccio- nes en los músculos, que habian conservado*sin embargo su contractilidad. Hasta aquí los trabajos emprendidos sobre esta sustancia por los observadores de mas allá del Océano, y de los cuales tengo noticia. Paso ahora á la descripción de los que yo he se- guido bajo la dirección de mi maestro el Sr. Domínguez; y pa- ra concluir expondré mis ideas sobre los efectos farmacodiná- mieos del tósigo que estudio. Antes de entrar en materia, recordaré que no he trabajado con la acoxitusta de Duquesnel, sino con la acoxitina amorfa, advertencia que me parece importante, pues álguien pudiera atribuir no sin razón las diferencias anotadas en algunos de los efectos á la impureza de la sustancia. A las 4 h. 36 m. de la tarde del 3 de Julio del año próximo an- terior, inyecté 15 cent, de aconitina pedida á la casa del Sr. Rio de la Loza, y disuelta en 5 gram. de agua destilada y acidulada la inyecté á un perro de talla pequeña por uno de sus muslos. 25 Antes de que recibiese la inyección observé al animal, y lo encontré sano al parecer, con el pulso á 30 por j- de minuto y la temperatura á 41°. Permanecí en observación constante hasta las cinco de la tar- de, hora en que di por concluido el experimento en virtud de no haberse presentado ningún fenómeno patológico aparente. Este hecho hizo nacer en mi espíritu la duda de si el princi- pio activo del acónito no será tan venenoso como asientan los autores europeos, ó el producto químico facilitado por la bo- tica Rio de la Loza es impuro ó alterado. El 27 de Julio del mismo año repetí el experimento. Hé aquí la observación: Perro pequeño; pulso 20 por respiración 22 por minuto; tem. 20° C. A las 5 de la tarde inyecté 15 cent, de aconitina disueltos en 2 gram. de alcohol. A los 7 m. comenzaron náu- seas con expulsión de una corta cantidad de mucosidades, y á poco se presentó un fenómeno del cual nos habia hablado ya en cátedra el Sr. Dominguez, llamándonos sobre él la atención por su singularidad y su constancia, no obstante el silencio que guardan á su respecto los observadores europeos, y es que el animal intoxicado por este alcaloide abre exageradamente el hocico y se llera hacia el las patas delanteras como para desembarazarse de un cuerpo extraño. En el animal que es ob- jeto de este experimento el fenómeno se presentó con la misma expresión que todos los intoxicados por el Sr. Dominguez; conviene aquí decir desde luego que este signo es inequívoco y hasta cierto punto patognomónico, pues ni falta, ni pudiera explicarse por un esfuerzo supremo de basca en razón de que la expresión de angustia faringéa es vivísima y de lo mas expre- siva. Llama la atención que no lo apunten los experimenta- dores europeos siendo como es un fenómeno constante, que aparece de los primeros en este envenenamiento, y que se sos- 26 tiene por largo tiempo. ¿Será debido á algún principio desco- nocido y eminentemente tóxico que contenga la aconitina que me ha servido?.... Siento no haber tenido á mi disposición un producto irreprochable para resolver la duda. Como quiera que sea, el animal de que hablo, á las 5 £ de la tarde expulsó en virtud de sus esfuerzos algo de las materias contenidas en el estómago, quedando después en quietud y con lo que llamo angustia faríngea, es decir, con tendencia á ex- traerse algo de la garganta por medio de esfuerzos desespera- dos. En estos momentos el pulso estaba á 28 por cuarto de mi- nuto, y se notaba debilidad en el tren posterior cuando el per- ro andaba. La basca se hizo mas y mas persistente y mas y mas penosa, y era acompañada de gritos semisofocados que inspiraban lástima. Hubo un momento en que mi víctima ca- yó al suelo como agotada por sus esfuerzos; pero á poco se pu- so en pió, dio algunos pasos temblando como un ébrio, y vol- vió á caer sobre su lado izquierdo exhalando quejidos débiles y prolongados que expresaban bien lo que padecí a. A las 6 y T se levantó después de algunos momentos de calma casi com- pleta, y volvió á manifestar su angustia levantando la cabeza cuanto le era posible y abriendo al mismo tiempo el hocico como pretendiendo alcanzar aire que le faltaba. Cayó de nue- vo quedando en calma y dando de tiempo en tiempo algunos ronquidos como si durmiera. A las 6 y 10’ se incorporó sobre sus patas posteriores con la misma ansiedad de antes y luego volvió á caer dando con intervalos mas y mas largos gritos dé- biles y cortos. Se prolongó esta lucha hasta las 8 de la noche, hora en que lo abandoné por no serme posible permanecer mas tiempo á su lado, dejándolo con la respiración y la circulación bastante aceleradas, con algo de sufrimiento, y con ciertos mo- vimientos de deglusion forzada que ejecutaba de tarde en tarde. A las 11 de la mañana del dia siguiente le encontré muerto en el mismo sitió en que lo liabia dejado, y procedí á la ins- pección del cadáver, en el que encontré lo siguiente: La laringe y el esófago en estado normal; la tráquea llena de espuma blanca y fina; pulmones con equimosis subpleu- rales desde un centímetro de diámetro hasta el tamaño de la cabeza de un alfiler, crepitantes en la base y duros, impermea- bles en el vértice; los gruesos bronquios obstruidos por mu- cosidades espesas y de color amarillento oscuro, y los bron- quios pequeños llenos de la misma espuma de la tráquea; las cavidades del corazón llenas de sangre coagulada y negra, sien- do esta mas abundante en la aurícula y el ventrículo iz- quierdo, y en todo el órgano pequeñas equimosis subpericár- dicas, mas notables en la cara anterior de los ventrículos. Es- tómago vacío, y el fin de los intestinos lleno de materias excre- menticias. Esta observación nos demuestra que la aconitina es tóxica á la dosis de 15 centíg. disuelta en un vehículo conveniente; y podemos concluir que si en el primer experimento no reveló su acción, fué sin duda por alguna causa agena de ella misma, como por ejemplo, el que por defecto de la geringa é inadver- cia mia no hubiera penetrado toda la inyección. Anotada esta reflexión que no debí dejar pasara por alto, en- traré en consideraciones que conduzcan á mi objeto. ¿Por medio de qué mecanismo se ha verificado la muerte de este animal? Atendiendo á los signos que dió en vida y á los ministrados pór el cadáver, puede inferirse que la muerte se hizo por asfixia. Yo así lo creo; pero creo también que en esta asfixia hay algo de especial, que no es la asfixia común, que los signos que la revelan durante la vida de quien por ella sucum- be, indican un mecanismo misterioso en cuyo descubrimiento están igualmente interesadas la toxicología y la terapéutica, 28 Insisto en decir que me lia llamado mucho la atención lo que llamo constricción faringéa en el envenenamiento por la aconi- tina, y que consiste en un estado de angustia de los mas ex- presivos que obliga al animal á abrir exageradamente el hoci- co, á la vez que se lleva las manos hácia él con la violencia, con la energía, con la desesperación que se advierte en una per- sona que se sofoca, ora por la introducción de un cuerpo ex- traño, ora por el desarrollo de falsas membranas en el árbol aéreo. ¿Será que la aconitina tiene alguna acción directa espe- cial sobre los nérvios sensibles de esa región? Así me lo pre- sumo; pero no podré asegurarlo por no haberme sido fácil em- prender los delicados experimentos que demanda la solución de tan difícil problema. Veo por ahora en el éxito de mis experimentos, los efectos mas toscos, los que son mas claramente perceptibles; y por ellos solo puedo asentar como infinitamente probable, que la muerte se hace por asfixia. Veremos lo que nos vaya indican- do la secuela de los experimentos. Experiencia del 3 de Agosto de 1874. Perro pequeño. Temp. 40°. Pulso, 25 por Respiración, 60 por minuto. A las 4 y 30’ de la tarde se le inyectan 0,15 cent, de aconitina disueltos en 2 grms. de alcohol. A las 4 y 55’ co- menzó el animal á abrir el hocico como saboreándose, y á lle- varse las manos á él, como para limpiarlo. [Por causa impres- cindible se suspendió la observación por una hora.] Alas 6le encontré sumamente inquieto, con náusea constante, bañado el hocico por una gran cantidad de espuma blanca, y dando 29 gritos desesperados. A ratos se dejaba caer al suelo, y á ratos se levantaba impulsado por su propia angustia, daba algunos pasos vacilando como si estuviese ébrio y casi arrastrando el tren posterior. Era muy notable la constricción faringéa: abría el perro el hocico basta donde le era posible é introduciéndose las manos, extraia con ellas algo de la baba espumosa. ISTo ha- bia vomitado las materias contenidas en el estómago, pues bus- cando cuidadosamente por el laboratorio, solo se encontraron porciones de espuma esparcidas en diversos puntos. A las 7 y 20’ su debilidad era tanta, que á pesar de grandes esfuerzos no conseguia pararse sobre sus patas, y solo se arrastraba sin cam- biar casi de lugar. Su respiración era ansiosa, fatigada, y en cada espiración se oia una especie de estertor ó ruido de gár- gara determinado sin duda por el fluido espeso que obstruía los bronquios y tráquea. A las 7 'y 30’ apenas podia levantar la cabeza, sus gritos eran débiles, y no respiraba sino 20 ve- ces por minuto. A las 7f, su postración era absoluta; quedó acostado sobre su lado izquierdo, dando cierta especie de ron- quidos prolongados, y de cuando en cuando abría el hocico para dar salida á las mucosidades, que ya no eran expulsadas sino que escurrían por su propio peso. A las 8| exhalaba gri- tos muy débiles, y le observé una frialdad cadavérica. Aunque la escena tocaba á su fin, suspendí la observación por lo avanzado de la hora, y al dia siguiente encontré muer- to al animal en el mismo lugar donde le habia dejado. Por la inspección encontré lo siguiente: Laringe y esófago en estado normal; la tráquea y los bron- quios llenos de espuma blanca y fina; pulmones duros, no cre- pitantes, he]?atizados, presentando en su superficie grandes manchas equimóticas muy especialmente en la base; al corte y oprimiéndolo daba espuma y sangre negra; las cavidades del corazón llenas de coágulos sanguíneos; el estómago vacío de ali- 30 mentos, pero ocupado por una gran cantidad de espuma; el in- testino delgado, teñido en su extremidad duodenal por una materia amarillo-morena semejante á la bilis descompuesta, y el resto ocupado por materias blancas como alimentos en qui- mificacion. Es aquí notable sobre todo la liipersecrecion de las mucosas brónquica y gástrica. ¿Será debida la asfixia á esta perturba- ción funcional? Experiencia del 12 de Agosto de 1874. Perro pequeño: pulso á 20 por temperatura 39°41. A las 4 12’ se le inyectaron 10 cent, de aconitina disueltos en 2 gram. de agua acidulada con ácido clorohídrico. A las 4 £ comenzó el perro como á limpiarse el hocico con las manos, abrién- dolo anchamente como si bostezara. A las 5 vomitó algo de las materias que contenia el estómago y una poca de mucosidad espumosa. Esto pareció proporcionarle algún alivio, pues ce- saron por un rato los esfuerzos que hacia como para extraerse algo de la garganta, y anduvo por el laboratorio con bastante desembarazo; pero á poco volvieron los vómitos, siendo esta vez solo de espuma, y apareciendo un abundante sudor que ocupaba todo su cuerpo. La respiración es fatigosa; la mar- cha se hace vacilante; hay notable inquietud y malestar. Se interrumpió la observación. A las 6 lo encontré echado en un rincón como si durmiera ó por mejor decir, en una especie de estupor del que no se le sacaba hablándole ó haciendo ruido cerca de él; tenia el hocico lleno de baba espumosa y el suelo estaba humedecido por la misma. 31 Por el laboratorio no encontré materias estercolares. Conseguí que se parase, y noté gran rigidez en sus cuatro patas é irre- sistible tendencia al reposo. Las pupilas me parecieron algo dilatadas y la conjuntiva sensible. Noté también una analgésia general completa, pues pisándole las patas, ó punzándole por diversas partes con un escalpelo, no daba indicios de sensibili- dad. En estos momentos le conté 40 respiraciones por minuto y 22 pulsaciones por cuarto. El enfriamiento de su cuerpo era notable. Al dia siguiente se le encontró muerto. No hice la autopsia. Como se vé, el cuadro sintomatológico es el mismo, solo que en este animal se acentuaron los sudores generales, signo en- contrado por casi todos los fisiologistas que se han ocupado de la aconitina; y hubo algo de dilatación de las pupilas, aun cuan- do respecto de esto último no estoy enteramente persuadido. De estos dos signos, el primero pudiera tanto significar una acción especial del alcaloide sobre el sistema nervioso de la vida orgánica, como una consecuencia indeclinable de los gran- des y persistentes esfuerzos ocasionados por la basca. En cuan- to al segundo, me importaba rectificarlo por ser un punto en cuestión entre Gubler y Rabuteau. Dice el primero: “ introducida entre los párpados, causa ‘ £una viva irritación con rubicundez, lagrimeo, y contracción “de las pupilas.” Añade al hablar de los efectos tóxicos cau- sados por la difusión de la aconitina en el organismo: “la ‘ ‘postración se hace extrema, la anestesia y la ambliopía seha- “cen mas pronunciadas, las pupilas se dilatan, etc.” Dice Rabuteau: “Diversos autores, Grubler entre otros, siil “invocar algún experimento directo, suponen que la aconitina “puesta sobre el ojo hace contraer la pupila. Esto no es cierto, ‘ ‘y es increible que se continúen propagando asi ideas cuya “falsedad es fácil demostrar. Yo he vertido dos gotas de una 32 “solución de nitrato de aconitina al centésimo en el ojo de un “perro, y la pupila de este ojo quedó dilatada durante muchas “horas.” Era preciso llevar la cuestión al terreno experimental para resolver entre tan opuestos pareceres. Yo he colocado el pol- vo de la aconitina en el ojo de un perro, y solo me pareció no- tar alguna pereza en el iris para contraerse bajo la influencia de la luz. El Sr. Domínguez, por su parte, ha instilado varias veces en los ojos de diversos animales una solución neutra de acetato de aconitina, y dice no haber observado dilatación ni contracción pupilar claramente perceptible. Desatendiéndome de este signo que condeso no carece de im- portancia en investigaciones de tal naturaleza, pero en el cual no puedo fijarme con toda la atención que demanda, porque me veria obligado á salir de los límites que me he impuesto, creo bastantes los signos patológicos dados por mis animales envenenados y el resultado de las inspecciones cadavéricas, pa- ra suponer que la aconitina mata por asfixia. Partiendo de este supuesto, me queda por resolver cuál sea el mecanismo de esta asfixia. La asfixia, es decir, la falta de oxigenación de la sangre en el caso dado, puede, en mi concepto, depender de una de tres causas: ♦ 1. De que el veneno ataque el glóbulo sanguíneo paralizán- dolo, ó en otros términos, dejándolo inhábil para combinarse con el oxígeno. 2. De una acción especial del tósigo sobre las fibras muscu- lares lisas, en virtud de la cual las de los bronquios entran en contracción, é impiden el paso al aire por obturación de los tu- bos mas finos. 3. Por acción directa sobre los nervios que animan el órga- no de la respiración. 33 Para resolver estas cuestiones hasta donde me fuera dable, emprendí algunos otros experimentos en ranas, que como 09 sabido, se prestan mejor á esta especie de investigaciones. ISTo una, sino varias veces, he llevado al campo del micros- copio la sangre de diversos animales, poniéndola en contacto con la aconitina con objeto de ver lo que pasa en los glóbulos, y jamas he podido percibir en ellos la mas leve alteración. Otras veces, y tampoco han sido pocas, he colocado en el campo de observación microscópica la membrana interdigital de las ra* ñas que he envenenado por inyección subcutánea de la aconi- tina, y solo he observado los trastornos de la circulación, con- siguientes á la penetración del tósigo, es decir, una aceleración fugaz de las corrientes y á poco la lentitud progresiva de éstas hasta el estancamiento completo que coincide con la muerte del reptil; pero en ios glóbulos que por su tamaño son perfec- tamente visibles al través de las paredes de los vasos y mem- branas de cubierta, no he percibido el menor signo que me los hiciese sospechar enfermos. Asiento pues, como muy probable, que la supuesta asfixia causada por la sustancia que estudio, no es efecto de una alte- ración de la sangre. Elimino por tanto esta primera causa, y paso á la segunda, es decir, á la supuesta acción tóxica de la aconitina, sobre las fibras musculares de los bronquios. El 13 de Enero del presente año, inyecté bajo 3a piel del dor- so de una rana, 20 gotas de una disolución de 5 cent, de aco- nitina, en 2 grms. de agua. Libre el reptil, saltaba con ener- gía por el pavimento; pero á los 5 minutos quedó en reposo, permitió que me le acercara, lo tomé y quedó muerto en mis manos. Disequé en el acto el nervio sciático, y lo encontré in- sensible á una corriente eléctrica, en tanto que los músculos eran perfectamente excitables. La observación revela que el tósigo dirije su acción hácia 34 el elemento nervioso, respetando la fibra muscular estriada. Es infinitamente probable que pase lo mismo con las fibras lisas. En apoyo de la observación diré que varias veces he descu- bierto el corazón en las ranas, ora dejando la entraña defen- dida por el pericardio, ora descubriendo su tejido propio, y en una y en otra circunstancia lo he bañado con aconitina disuel- ta, y siempre el órgano continuaba pulsando de un modo re- gular y por tiempo indefinido. He hecho mas: he introducido la ahuja de la geringa de Pravaz cuidadosamente en la pared del ventrículo, de modo á no penetrar en éste, y he inyectado una ó dos gotas de la disolución de aconitina, y aun en este caso he visto que el corazón continúa latiendo uniforme y re- gularmente por un tiempo bastante largo para poder asegurar que sus fibras propias resisten bien á la acción de este tósigo. En otro experimento, coloqué en un vidrio de reloj una po- ca de la disolución de aconitina, y dentro de ella la extremi- dad del nérvio sciático de una rana, del que pendia el múscu- lo gastro-cnemiano que no era tocado por el líquido. En otro vidrio, lleno también de la disolución, invertí el experimento sumerjiendo en el líquido el músculo, y dejando á salvo el nér- vio. Dispuestas así las cosas, apliqué los réoforos de una pila de corriente continua al nérvio envenenado, y lo encontré in- sensible; los llevé al músculo que se bañaba en la disolución, y sobre su superficie se levantaban pequeñas eminencias for- madas por las fibras que se contraían. ¿No dice todo esto bien claro que la fibra muscular es de los tejidos orgánicos el que padece menos bajo la acción de la aco- nitina? Por otra parte, siendo la fibra muscular cardiaca un término transitorio entre la estriada y la lisa, ¿no corrobora lo observado en el corazón la idea de que los músculos lisos re- sisten como los del sistema de relación al veneno que vengo estudiando? 35 Para mí, esto es claro; y de ello infiero que la asfixia en que muere el animal envenenado por la aconitina no es causada por contracción tetánica de las fibras musculares brónquicas. ¿Será efecto de una acción directa sobre los nérvios que pre| siden á la función respiratoria? En los diversos experimentos que emprendí y he relatado, buscando la acción del tósigo sobre el tejido muscular, indi- rec ¡.mente he resuelto la cuestión de que me ocupo ahora. Ya hemos visto, en efecto, que en un reptil recientemente muerto por la aconitina administrada en dosis alta, los nérvios sciáti- cos no contestaban á la incitación eléctrica; vimos también que introduciendo un nérvio sano en una disolución del veneno, perdia sus propiedades fisiológicas, quedaba muerto al cabo de muy poco tiempo; sabemos, por otra parte, que los fisiolo- gistas extranjeros que se han ocupado de la materia (Duques- nel, Gréhant, Rabuteau), han observado la depresibilidad mus- cular llevada hasta la parálisis, y todas las perturbaciones fi- siológicas que ponen de manifiesto las que sufre el sistema nervioso en sus centros, ó en sus hilos de comunicación; pues bien, todo esto nos basta para asegurar sin temor de equivo- cación alguna, que el sistema nervioso es el principalmente interesado en el terrible envenenamiento que causa el acónito, y que si en el cadáver de sugeto muerto por este tósigo se en- cuentran signos de asfixia, esta debe ser causada por una ac- ción electiva del veneno, sobre los nérvios que animan á los órganos de la respiración. Pudiéramos explicar la asfixia por otro mecanismo que no quiero pasar en silencio, por ser este el punto que debo apo- yar supuesto que él me aparta del parecer de los autores que he consultado. Pudiéramos decir, que en virtud de una pertur- bación funcional de la mucosa del árbol respiratorio debida á la eliminación del veneno por ese tegido, se produce una diacri- 36 8ie catarral, una de esas hipercrinias que según Yulpian pue- den realizarse sin interrupción del sistema nervioso y aun sin la del aparato vascular. Admitido esto, la asfixia nos seria fá- cilmente explicable por leyes puramente mecánicas, pues es claro que el producto de la liipersecrecion brónquica basta pa- ra obstruir esos conductos y oponerse á la penetración del ai-. re, ó lo que es lo mismo, á la liematósis. Pero si reflexionamos en que, aun aceptando la para mí hipo- tética independencia de funciones que supone Yulpian entre los órganos secretores y los aparatos nervioso y vascular, la simple hipercrinia debiera dejar turgesente la membrana secre- toria y las glándulas conmovidas por su proliferación celular, cosa que no se observa en el envenenamiento por la aconitina; si traemos también á la memoria algunos de los signos de ese envenenamiento, como la dilatación de las pupilas, los sudo- res, las convulsiones, etc.; si no olvidamos, por último, lo que la experimentación nos ha dicho respecto de la innegable ener- gía con que la aconitina mata los nervios, ¿á qué buscar entre las tinieblas de teorías hipotéticas la conclusión que solicita- mos y sobre la cual se refleja la luz de la razón y de la ciencia! Es, para mí, claro como la luz del dia, que la aconitina ma- ta sustrayendo á los órganos de la indispensable influencia ner- viosa para el cumplimiento de sus respectivas funciones; pero yo no creo, como Rabuteau, que esta acción sea en nada compa- rable ála del Curara. La localización del Curara, perfectamente establecida por Cl. Bernard en las placas terminales de los ner- vios motores, no es ni puede ser nunca la de la aconitina, ve- neno que según hemos visto, tanto ataca los nervios de movi- miento, como á los que presiden á la sensibilidad, y tanto á aus últimas expansiones como á sus puntos de origen. Por otra parte, si fuesen idénticas la acción de la aconitina y la del Curara, la primera como el segundo debiera oponerse 37 á las manifestaciones del envenenamiento estrícnico, y no es es- to lo que pasa. El Sr. Domínguez noshafleehoveren sus leccio- nes experimentales que un animal envenenado con estricnina y acónito, muere bajo la influencia del doble tósigo con los sig- nos propios á cada uno de ellos. Este flecho fué publicado por el Dr. Elias en su Tésis inaugural. Mi experimento del 13 de Enero referido en la foja 33 demues- tra por su resultado cuán rápida puede ser la muerte de un su- geto envenenado por dosis brutal de aconitina; y significa á la vez que esa muerte es debida á la interrupción del influjo ner- vioso en un momento dado, interrupción que tanto se manifies- ta en los nervios eisódicos como en los exódicos, supuesto que inmediatamente después de muerto el reptil encontré sus pie xus sciáticos (nervios mixtos) perfectamente insensibles á la in- citación eléctrica. ¿Nos contentaremos pues con decir de un modo vago que la aconitina es un agente neuro-paralizador? Yo quisiera ser mas preciso; yo lie deseado levantar un poco mas el velo que cubre estos misterios para llegar, si es posible, á verlos en su esencia fundamental. No cabe duda en que los nérvios sucumben bajo la acción de la aconitina; pero si todos ellos fuesen igualmente sensibles, claro es que la muerte ocasionada por este veneno seria siem- pre tan rápida como la del batracio sacrificado el 13 de Enero, reptil que murió por una especie de sideración. No es esto lo que se observa administrando el veneno en dosis que no sea brutal, luego para explicar la muerte debemos investigar cuál, entre todos los nérvios, es el que mas sufre por la acción del tósigo que estudiamos. En el cuadro sintomatológico flay signos sumamente expre- sivos, como la diacrisis del árbol aéreo, el sentimiento de an- gustia faringéa, la dispnéa, las perturbaciones de la circula- cion etc. que hacen enponer fundadamente que la principal escena del drama pasa en los órganos que inerva el pneumo- gástrico. Esta suposición es corroborada por el resultado de las autopsias: la dureza de los pulmones, sus manchas equi- móticas, el corazón en diástole ocupado por coágulos de san- gre no oxigenada, la espuma del estómago, son otros tantos signos que mortem á revelarnos claramente que ahí luchó la vida y ahí sucumbió á la muerte. Tal es mi modo de pensar respecto del envenenamiento que causa la aconitina. Yo localizo su acción en las expansiones terminales del pneumo-gástrico, y muy especialmente en sus ramos faringianos y laríngeos. ¿Tomarán parte el hipogloso y el accesorio de Willis? Es probable, supuesta su proximidad de origen, y supuesto también que ya hemos convenido en que el tejido nervioso, sea cual fuere su destino fisiológico, es el afectado por la aconitina; pero hasta qué punto lo sean los nér- vios enunciados, toca á otros experimentadores resolverlo. USOS TERAPEUTICOS ACONITO Y LA ACONITINA. * ululan por desgracia en la ciencia médica hechos de aplicaciones de medicamentos de los que no se cono- cen científicamente ni sus propiedades terapéuticas, ni y su acción sobre el organismo, dejándose arrastrar tan solo por una costumbre inveterada ó por el uso que el vulgo les ha concedido. Tal sistema, que constituye el empirismo verdadero, no pue- de conducir á ningún adelanto científico, puesto que si se ob- tiene un éxito feliz es debido á la casualidad, sin poderse dar la explicación de los fenómenos que se presenten, y por lo mis- mo, sin poder deducir consecuencias para hacer su aplicación en casos análogos, estando ademas, en el riesgo de ser condu- cido á resultados fatales que ni pueden preverse, y quizá ni remediarse. Si hay algún medio que conduzca en Terapéutica á la aplica- ción racional de los medicamentos, es el de la experimentación, ante cuyos hechos quedan por tierra las mas ingeniosas teo- rías, haciendo palpitante cuanto han adquirido de ilusorio en el silencio del gabinete del sábio. La ciencia moderna nos enseña á conocer primero la acción de los medicamentos en el estado fisiológico, para hacer des- pués sus aplicaciones en el estado patológico. Así, pues, ha- biendo estudiado la acción fis iológica del acónito y su alcaloi- de, pasemos á sus aplicaciones terapéuticas. ISTatural es utilizar ciertas propiedades fisiológicas de los me- dicamentos para combatir algunos estados morbosos; es por esta razón que Stórck, Murray y mas tarde Royer y Collard, fundándose en la diaforesis y en el aumento de la escrecion urinaria que había observado el primero de estos autores en experiencias hechas con el acónito, creyeron deber prescribir esta sustancia en la gota y en el reumatismo. Rabuteau cree que la mejora de los síntomas de estas afec- ciones es debida no solo á los efectos diurético y sudorífico del acónito, sino también á una acción purgante que esta sustan- cia determina, y utiliza ademas estos efectos en las hidropesías, que según De Candolle se curan por medio de esta planta, y en cuya afección Fauquier ha obtenido los mejores éxitos. Jaccaud empleó la aconitina en las neuralgias, particularmen- te en las del trijémino, dando la preferencia á las fórmulas de Turnbull; y varios autores la usan también en algunas afeccio- nes dolorosas, atribuyéndole la propiedad de calmar el dolor aunque un poco menos que el opio; pero Rabuteau ha esclare- cido su verdadera acción haciendo notar que no obra directa- mente sobre el elemento dolor como parece á primera vista y como algunos autores aseguran, sino activando ciertas escre- ciones que son útiles en algunas enfermedades dolorosas. 40 41 Tiene también sobre la piel una propiedad eliminatriz espe- cial, qne la vuelve útil en todas las enfermedades donde las perturbaciones de la actividad cutánea goza un gran papel; así es empleada con éxito en el sarampión, la viruela, la es- carlatina, la urticaria y la erisipela. Listón parece ser el primero según Imbert-G-ourbeyri, que ha empleado el acónito en la erisipela sea expontánea ó traumáti- ca; según sus observaciones, el uso de esta sustancia es segui- do de una notable disminución de la excitación de los vasos, que vuelve inútil la aplicación de las emisiones sanguíneas. Fleminge, por su parte, ha citado también muchos ejemplos de erisipelas causa interna acompañadas de una inflamación muy viva que han sido curadas por el acónito. Pero es sobre todo Tessier de Lyon que ha insistido muy particularmente so- bre la utilidad de este medicamento en la erisipela, y no puedo menos que trascribir lo que dice este sábio observador: “He visto muchas veces erisipelas sobrevenidas al derredor <£de heridas ó de úlceras y acompañadas de fenómenos genera- dles, tales como reacción alta, calosfríos, náuseas, delirio fu- “gaz, etc., aminorarse con una prontitud notable á consecuen- cia de la administración de 10 á 20 gotas de tintura de acóni- “to por dia. Recuerdo sobre todo, haber visto dos enfermos “que tenian erisipelas traumáticas extremamente dolorosas y “que se acompañaban de síntomas febriles muy marcados que “me causaron inquietud, aliviarse de nna mgnera verdadera - “mente notable en el término de veinticuatro horas.” * Posteriormente Lecoeur, de Caen, ha referido cierto número de hechos que tienden á demostrar los buenos efectos de este medicamento, no solamente en la erisipela espontánea, sino aun * Extracto de tina memoria sobre los efectos del Acónitum napellus> citado en la Union médica, Setiembre de 1861. 42 en la de cansa externa. En este último caso, se encuentra en presencia de sintomas inflamatorios muy intensos, y recomien- da administrar el acónito en alta dosis. Hace preparar una tin- tura con partes iguales de raiz fresca de acónito y alcohol á 32°. Dá esta tintura por medias cucharadas de café ó por cu- charadas en un cuarto de vaso ó e agua fresca, cada hora al principio, y después cada dos horas, teniendo cuidado de sus- pender ó solamente de retardar su administración cuando apa- recen los primeros fenómenos de intoxicación, como náuseas ó vómitos. Dice Mr. Lecceur: “He visto constantemente el pulso abatirse en pocas horas; “algunas veces expulsar excrementos, y, sea coincidencia, sea “efecto del medicamento, poco tiempo después la erisipela de* “tiene sus progresos ó al menos se modifica notablemente en “su intensidad.” * Ayuda este tratamiento con la aplicación de compresas em- bebidas de agua fría simple, ó ligeramente vinagrada ó satur- nada. La aeonitina no solamente tiene la propiedad de activar las funciones de escrecion limitando aquí sus efectos, sino que obra ademas sobre la circulación deprimiendo la actividad cardiaca, y es por esto que ha sido utilizada en la hipertrofia del cora- zón y en las aneurismas de la aorta. El Dr. West de Slauz recomienda el acónito en los casos de amenorrea dependiente de un estado espasmódico del útero, ó en el engurgitamiento crónico de este órgano. Considera este medicamento como un excelente emenagogo; y cita en su apo- yo muchas observaciones. Los dolores que acompañan la sífilis constitucional han si- do combatidos por el acónito, y se ha extendido su uso hasta * Ünion médica. Julio de 1861. 43 las siftlides cutáneas. Los profesores Bréra y Biett dicen ha- ber asociado ventajosamente el acónito á las preparaciones mercuriales en afecciones sifilíticas. El entusiasmo de algunos experimentadores, y el deseo de enriquecer la terapéutica de medicamentos, han hecho á algu- nos considerar las virtudes del acónito como útiles en las en- fermedades reputadas incurables. Es sin duda por esto que Storck creía dominar las afecciones cancerosas con el uso del acónito, y que Busch y Harel pretenden haber obtenido los me- jores éxitos en la tisis pulmonar con la aplicación de este mis- mo medicamento. Quizá estos autores no disten mucho de la verdad, y nuevas experiencias vengan á confirmar que existen en terapéutica medios disponibles para salvar los escollos con que no es raro tropezar en medicina. En México, donde el acónito había sido por lo general des- preciado y casi relegado al olvido, li; litando á muy poco sus virtudes terapéuticas, empieza en nuestros dias á tomar fuerza figurando como medicamento activo y eficaz, á juzgar por los resultados de los casos en que con frecuencia va siendo em- pleado. Me limitaré á mencionar las aplicaciones que ha tenido, y que bondadosamente me han sido comunicadas por algunos de los señores doctores que han hecho uso de él. Mas desgracia- damente, las observaciones detalladas no han sido recogidas, y solo presentaré el resultado de los hechos. Tos ferina.—En esta afección, en donde la multiplicidad de los medios terapéuticos de que se ha hecho uso, atestigua su poca eficacia, me asegura el Sr. Dr. D. Gustavo Ruiz Sando- val, que ha usado con el Sr. Dr. D. Luis Hidalgo Carpió la fórmula siguiente: solución de goma 200 grms., extracto de acónito0,05 cent., agua de laurel cerezo 4 grms. y jarabe de ipe- cacuana 30 grms. para tomar por cucharaditas una cada hora, 44 y ambos señores han obtenido resultados felices siempre que han hecho uso de su fórmula, mientras que han visto lo incier- to de los otros medicamentos cuando han ocurrido á ellos y abandonado el acónito. Tifo.—En este terrible azote de la humanidad que hace uno de los insuperables escollos de la medicina, y acerca del cual reina el empirismo mas absoluto, el Sr. Dr. D. Adrián Segu- ra ha obtenido los mas felices éxitos haciendo uso de la tintu- ra de acónito. Este señor empieza por diez gotas de tintura en el dia; observa cuidadosamente la tolerancia y la marcha de la enfermedad; si esta no se detiene y aquella lo permite, eleva gradualmente la dosis, habiendo llegado á dar en algunos ca- sos hasta diez gotas de la tintura cada hora. Jamas.el Sr. Dr. Segura ha tenido que lamentarse de esta práctica y muy par- ticularmente en esta última epidemia de tifo, en que el hos- pital de San Pablo se ha visto tan poblado de estos enfermos; en esta vez, dicho señor ha empleado en todos sus enfermos atacados de tifo, el acónito según su método, y han salvado: uno solo á quien trató por los otros medios, sucumbió. Erisipela traumática y espontánea.—Los Sres. Dres. D. Mau- ricio Flores, D. Marino Zúñiga y D. Gustavo Ruiz Sandoval, hacen un frecuente uso de la tintura de acónito en esta afec- ción, graduando la dosis desde un gramo hasta cuatro, y em- pleándola sola ó ya en algún vehículo. Durante el tiempo que he estado en el hospital de San Pablo en el servicio del Sr. Flores, he tenido ocasión de ver que la erisipela se modifica en su marcha ó se detiene con el uso del acónito. Enfermedades febriles.—Es quizá aquí en donde particular- mente encuentra su aplicación este medicamento, puesto que con él se consigue abatir notablemente la temperatura de los enfermos. El Sr. Dr. D. Maximiliano Galan me asegura que en el uso frecuente que hace del acónito en estas enfermeda- 45 des, lia visto siempre modificarse en mucho el estado de los enfermos. Otalgias.—El Sr. Dr. D. Juan Collantes me comunica haber dominado otalgias verdaderamente rebeldes con la fórmula si- guiente: glicerina 2 gnus., tintura de acónito 50 cent.; lo juzga un medio eficaz, y es al que da la preferencia en casos seme- jantes. Yo he tenido ocasión de aplicar el acónito en un caso de reu- matismo articular agudo, y en otro de dermalgia de las extre- midades inferiores; en ambos me ha sido muy notable la abun- dancia de los sudores, la escasez de la orina, la tendencia al sueño y la disminución de la temperatura; ambos enfermos han curado en muy pocos dias, sin haberme sido necesario recur- rir á otros medios. Es de práctica antigua emplear el acónito en diversas enfer- medades, tales como la infección purulenta, la infección pú- trida; mas ignoro si hay algún caso en que se haya obtenido un éxito verdaderamente feliz. México, Agosto de 1875. Bernardo Martínez y Baca.