Facultad de Medicina de México APUNTE S SOBRE LA INFLUENCIA HE LA SIFILIS ES I,i NUTRICION TÉSIS INAUGURAL PRESENTADA ANTE EL JURADO DE CALIFICACION POR MARCELO MUCEL ALUMNO DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MÉXICO, MEXICO IMPRENTA DE FRANCISCO DIAZ DE LEON Calle de Lerdo numero 3 1883 TESIS PARA EL EXAMEN PROFESIONAL DE MEDICINA, CIRUGÍA Y OBSTETRICIA Facultad de Medicina de México APUNTES SOBRE LA INFLUENCIA i U SÍFILIS ES Li NÜTltlClON TÉSIS INAUGURAL PRESENTADA ANTE EL JURADO DE CALIFICACION MARCELO MÜCEL POR ALUMNO DE LA ESCUELA DE MEDICINA DE MÉXICO. MÉXICO IMPRENTA DE FRANCISCO DIAZ DE LEON Calle de Lerdo número 3 1883 A MI HERMANO JOAQUIN Testimonio de eterna gratitud por el sincero cariño y solícita protección que siempre me ha impartido. Al Dr. Nicolás San Juan TRIBUTO DE RESPETO AL MAESTRO Y DE RECONOCIMIENTO AL AMIGO. Á LOS PROFESORES DE LA ESCUELA DE MEDICINA HOMENAJE DE RESPETO. I esde que se revelaron por lesiones más ó ménos terribles las manifestaciones de la sífilis, la inter- (t g£A pretacion y juicio acerca de ella no ha cesado de variar en ninguna época; de tal manera que á pe- sar del trascurso de los siglos, aún se encuentra muy lejos, ac- tualmente, la unión y conformidad en sus doctrinas. El debate abierto entre los primerosobservadores dista mucho de cerrarse, pues la dificultad misma del asunto mantiene en pro y en con- tra á sostenedores de lodo género. Y es que en el tratado de esta afección se ha tenido que lu- char, para aclararla, no solo con las dificultades por las que ha atravesado la Patología entera, sino también con otras muy es- peciales, resultado según las distintas épocas, del misterio, la superstición, el charlatanismo, etc. En efecto, ¿puede darse una cuestión más disoluble que la de averiguar el primitivo origen de la sífilis? ¿Será fácil conocer la esencia del medio ó virus que la trasmite¿Podrá haber sencillez en analizar una sus- tancia cuyo único reactivo es el efecto que produce sobre el organismo? ¿Habrá claridad en interpretar esos aparentes in- termedios que en algunos de sus períodos guarda al evolucionar tan cronológicamente? ¿Y qué decir de sus efectos en la inti- midad de los tejidos, de sus revelaciones asombrosamente pro- teiformes, desús múltiples terminaciones, de su oscurísimo modo de eliminación y de otros tantos problemas que su considera- ción y estudio pone á la inteligencia? En medio de caos tan espantoso, todos los errores han sido afortunados; la imaginación, volando siempre por regiones des- conocidas, ha desplegado el lujo de sus múltiples concepciones; el 10 charlatanismo ha dado rienda suelta á especulaciones desenfre- nadas; lodo, en fin, se ha acumulado para entorpecer la marcha hácia la conquista de lo positivo y científico; porque hasta las Escuelas mismas, en su laudable fin de investigar la verdad, han sido una rémora penosa con sus doctrinas exclusivistas ó prematuras. La respetable autoridad de muchos de los que á su estudio se han dedicado, cuando han asentado axiomas después desmentidos, algo también se ba opuesto á la pronta solución del problema; pues dejando dormir-en erróneas creencias á otros observadores, han impedido que aguijoneados éstos por la du- da, se entregasen á nuevas investigaciones. La medicina reli- giosa, practicada por los antiguos Padres, más por interes del culto que de la humanidad, así como el injustificado pudor y la repug- nancia de los primeros escritores, han sido tan nocivos al adelan- to en cuestión, como algunos de los aforismos de Ricord ó de los principios de Hunler, El sifdólogo Garmichaéel, queriendo acomodar y subyugar ciertos accidentes secundarios á determi- nados grupos de síntomas primitivos, ba intentado desviar á la ciencia tanto como la escuela de Broussais, sosteniendo sistemá- ticamente que la sífilis no era otra cosa más que un conjunto artificial deenfermedadesdiferentes inventadasenelsigloXV, etc. A lo expuesto anteriormente y á la insuficiencia de nuestros medios, puede agregarse el defecto en la observación, fuente inmejorable é inagotable, pues además de falsearla á veces de un modo involuntario, en otras, aun cuando ha sido rigurosa y atenta, se han apresurado las hipótesis y teorías á avanzar más allá del límite que lo observado permitía. Tan temerario es que en cuestiones científicas la inteligencia se entregue á sueños imaginarios, á deducciones sin base alguna de donde derivarlas, como estéril y absurdo es contentarse con la simple adquisición del hecho, sin procurarle una explicación razonable cualquiera: «vale más marchar en las tinieblas que detenerse, dice Trous- seau, si se entiende por tinieblas los hechos primordiales y los actos intelectuales que presiden á los hechos secundarios.» * Se ve, pues, que á pesar de recorrer tan escabrosa senda, ilustrada ya con volúmenes, imposible de ser consultados todos, todavía no se sabe quién posee la verdad ó de parle de quién se encuentra el error. Abordar con buen éxito uno cualquiera * A. Trousseau. Clinique médicale de l'hotel-Dieu de París. 11 de los controvertidos puntos que ofrece el estudio á que veni- mos refiriéndonos, es cuestión ardua y delicada, porque para bosquejarlos apenas, necesario es tocar multitud de problemas, cuestiones y doctrinas envueltas hasta hoy entre densas sombras; pero nosotros no vamos ahora á adoptar ó defender algunos de los sistemas ó partidos en cuestión; no vamos tampoco á engol- farnos en discusiones de doctrina ó en la interpretación de he- chos ajenos observados, porque ni gozamos de autoridad ninguna, ni podemos traer en favor de lo discutido gran cúmulo de prue- bas ó razones; únicamente vamos á relatar observaciones pro- pias, recogidas con toda conciencia é imparcialidad, buscando luego en la interpretación de ellas algún fruto ó enseñanza, ó el fundamento de algunas de nuestras opiniones Mas antes de en- trar en dicho relato y abriendo un paréntesis, digamos qué nos inspiró este estudio y de qué manera lo hemos seguido. Poco después de cerrado el interesante curso que el estudio- so é inteligente profesor Nicolás San Juan dedicó en lecciones hebdomadarias al «Tratado de la sífilis», la ocasión nos con- dujo, en Enero de 1881, á ingresar en calidad de practicante al servicio especial que en el hospital «Morelos» dirige desde hace muchos años el citado profesor, y allí, ratificando su anti- gua enseñanza, emprendimos el presente trabajo. Tiempo hacia que el estado general que de visa notaba el Dr. San Juan en los enfermos invadidos por la sífilis, lo impresionaba de una ma- nera igual, presentándole siempre un cuadro de aniquilamiento y destrucción, no debido á la casualidad ó á circunstancias que fuera de la sífilis pudieran explicarlo; y queriendo tener más pruebas que las que podia dar la simple inspección, nos instó, haciéndonos partícipes de sus impresiones, á buscarlas en otros medios y con mejores elementos. Lo que desde luego nos pa- reció más asequible fué la balanza, medio que dando resultados fructuosos, podia hacerlos palpables y susceptibles de comproba- ción. «La pesada de los enfermos, convalecientes y niños recien nacidos, dice un autor, suministra dalos preciosos, tanto desde el punto de vista fisiológico como desde el punto de vista del diag- nóstico y pronóstico de las enfermedades. Sustituye á la eva- luación siempre aproximativa suministrada por la inspección, la medidaexactadel síntoma enflaquecimiento... »* Estas palabras * M. Jeannel. Arsenal da diagnostic médical. con toda justicia pueden aplicarse á la sífilis, sobre todo si el observador no se contenta con el poco más ó menos, sino que procura cifrar el síntoma, ordenarlo, darle, por decirlo así, una verdadera importancia semeiótica. En cierto período del mal, es decir, cuando el paciente con- taminado, poseyendo ya la enfermedad, pero sin ninguna clase de manifestaciones aparentes, sin ninguna perturbación ni signos ó síntomas que las revelen; cuando ni los medios prácticos de exploración suministran datos que permitan seguir el mal, en- tonces la balanza muestra lodo lo útil que puede ser, entonces es cuando ilustra suficientemente. En otros periodos, sigue con el detalle que uno quiere la marcha del padecimiento, se hace la constante é indicadora brújula del estado que guarda la nu- trición. Así es que, penetrados de su utilidad, pusimos el me- dio en práctica, pesando por lo general una vez por semana, á los enfermos, anotando el período de la enfermedad, la clase, grado y marcha de las manifestaciones existentes ó el estado silencioso que guardaban, procurando siempre ponernos al abri- go de las causas de error que en el curso de una observación pueden surgir; en una palabra, pesábamos, veíamos y anotá- bamos, dejando en último término el estudio ó interpretación de lo recogido para cuando el paciente se hubiese aliviado, cu- rado ó sucumbido. No pueden apreciarse las dificultades de que se baila rodeada una observación precisa, por simple é insignificante que parez- ca, si prácticamente no se lian pulsado; y nos vamos á permitir señalar algunas que á este estudio se refieren, no para justificar los vacíos que en él puedan encontrarse, sino para disculpar- los. Un primer obstáculo es la rareza de enfermos que ingre- sen á los servicios hospitalarios sólo con el accidente primitivo, debido esto, entre otros motivos, á la poca importancia que á él dan los enfermos ó á la fácil curación que cou cualquier re- medio obtienen; por lo regular ingresan ó son enviados á tratar- se de los llamados secundarios, y tan rara vez de los terciarios, que de ellos no damos observación alguna. Otro inconveniente, relativo á la observación de la marcha del mal, es que, siguien- do la sífilis un curso interrumpido en la manifestación de los accidentes visibles, los pacientes, con razón, al verse aliviados de dichos accidentes, reclaman su salida, que no es posible negarles, para volver más ó ménos tarde con nuevas manifes- 13 lociones, quedando en el intervalo supendido el estudio. Si á esto se agrega los trastornos intercurrentes debidos á causas distintas de la sífilis, los que puede traer la necesidad de va- riar radicalmente la alimentación, los que origina la desobedien- cia de los mismos enfermos, etc., se comprenderá la justicia de nuestra aserción. Pero lodos estos escollos hemos procurado evi- tarlos ó combatirlos, sacrificando cuando han sido insuficientes nuestros propósitos, el número á la exactitud en las observa- ciones. Para juzgar de éstas, una vez concluidas, no encontramos mejor procedimiento que el gráfico, el cual, dando una clara idea del conjunto y poniendo á la vista los detalles, permite analizar, comparar y concluir; y aunque tal proceder hemos se- guido para estudiar todas las observaciones, solamente damos publicidad, por razones inútiles de exponer aquí, á tres lámi- nas que abrazan cada una de ellas cuatro trazos distintos cor- respondientes á diversos grupos y periodos del mal. En dichas láminas, las lineas horizontales gruesas señalan la medida (li- bras), hallándose subdividida cada división principal en cuatro partes, que á su vez representan cuartas de libra; las líneas verticales indican las épocas en que se ha lomado el peso, en- contrándose, por último, algunas aclaraciones importantes mar- cadas por medio de signos convencionales. En fin, al compaginar las observaciones, se han dividido en tres grupos distintos, adoptando la división conocida de acci- dentes primitivo, secundario, etc., sin más razón que por ser muy general y adoptada: el primer grupo (de la Ia á la 6a observación) comprende al período primitivo; el segundo gru- po se refiere (de la 7a á la 10a) al período de accidentes se- cundarios en mujeres embarazadas; y el tercero y último (de la 11a á la 25a) se refiere al mismo período en mujeres exen- tas del embarazo. Siendo muy insuficientes las que poseemos relativas á la sí- filis en los recien nacidos y en el período terciario, no hacemos ni mención de ellas. Hechas las explicaciones precedentes, pasemos al relato de las mencionadas observaciones. II Número 1.— Enrique N de 25 años, soltero, de ejercicio es- tudiante, temperamento linfático, nos comunica á principios de Abril de 1881, que era portador de una ulceración sospechosa en el prepu- cio, la cual ulceración le había sobrevenido después de coitos tenidos en dias de la semana anterior á la fecha. La ulceración, ocupando el límite del prepucio y el glande, era única, redondeada, y de unos 5 milímetros de diámetro; supuraba ligeramente, y el fondo y bordes se encontraban rojos y granulosos; circunscrita por un ligero borde endurecido que daba una sensación apergaminada, habia traído un li- gero infarto de los ganglios inguinales, duro é indolente espontánea- mente y á la presión. Anteriormente á esta afección, sólo habia padecido el enfermo, en los órganos genitales, una blenorragia que se habia complicado de or- quitis, y de todo lo cual no quedaban ni huellas. En vista de los caractéres de la ulceración actual, comunicamos al enfermo los temores que abrigábamos acerca del carácter maligno (chancro infectante) del padecimiento; suplicándole, á la vez, nos per- mitiese seguir á nuestro deseo la marcha de su mal, como objeto de estudio. Accedió á ello, le prescribimos una curación tópica adecua- da, y esperamos los acontecimientos. El 17 del mismo mes, el chancro estaba curado, registramos todas las partes exteriores, no encontrando más que el infarto inguinal ano- tado; no se quejaba el enfermo de ningún trastorno. El 27 tomamos por primera vez su peso (véase el trazo núm. I, lámina Ia); el chan- cro habia dejado en el lugar de la cicatriz un ligero endurecimiento que permitía apreciar muy bien el sitio de ella; interrogamos al enfer- mo acerca de sus funciones, registrando someramente los distintos apa- ratos sin encontrar nada patológico. Hasta el 28 de Mayo inmediato, no hubo ningún accidente local ni general, según pudo revelarlo el nú- mero de exámenes que en distintos dias hicimos al enfermo; aún du- daba de que en tales condiciones de salud debiese esperar la serie de accidentes que con fundamento le auguramos; pero al siguiente dia, un quebranto y malestar general, acompañado de ligera calentura, le obli- gó á tomar cama durante tres dias, en la larde de los cuales la tempe- 15 ratina osciló entre. 39° y 39°5. Al 4o dia, contado desde la primera calentura, apareció en el cuerpo una erupción con el siguiente aspec- to: extendida ala cara, cabeza y miembros superiores é inferiores, era en su mayor parle exantematosa; las placas, en algunos puntos bien marcadas, se mezclaban á pápulas y vesículas, estas últimas en distin- tos periodos de su evolución, y dando al conjunto de la erupción un tipo especial. La calentura apareció en las lardes, ese dia y el siguien- te, durante los cuales la erupción, á la vez que se hizo más patente, apareció en la mucosa de la boca y garganta. El dia 4 de Junio, la erupción se hizo ulcerosa en las mucosas invadidas, ocasionando mo- lestias en la deglución; se prescribió ungüento doble á las ingles, ba- ños tibios con ácido clorhídrico cada 3o dia, y pequeñas dosis de ioduro de potasio, unido á tintura de guayacan, al interior. Seis dias duró el uso del mercurio al exterior, pues en razón de una fuerte estomatitis que produjo, los accidentes de la boca se empeoraron. Se insistió en el ioduro potásico unido al jaborandi. Junio 10. El enfermo traspira abundantemente ; la erupción se ha apagado ligeramente en todas partes, secándose en algunas las vesícu- las; la de la garganta, aunque indolente ya, persiste de un modo mar- cado; no ha aparecido en otros puntos. Se suspende por ocho dias la medicación interna, se insiste en el tratamiento local y se procura arreglar la alimentación. Jimio 20. La erupción casi ha desaparecido por completo, sin que se haya revelado otro accidente; los ganglios del cuello se han infar- tado desde dias anteriores; se continúa el tratamiento primitivo, orde- nando dos dias después un purgante para combatir el mal estado de las vías digestivas, y durante 5 dias, inyecciones hipodérmicas depilo- carpina. Junio 26. La erupción exantematosa ya no existe; la vesiculosa per- siste, supurando en los pies. En la garganta la erupción (vesiculosa) ha cicatrizado; queda un enrojecimiento, y las encías inflamadas y muy dolorosas. El dia 28, quebranto general, falta de apetito, pero ninguna modificación en lo demás; esto dura hasta el dia 30, señalándose los sucesivos por un bienestar creciente. Julio JO. Toda la erupción ha cicatrizado, dejando en los lugares en que supuró, manchas más ó menos grandes que revelan las huellas de ella. Ligera caída del cabello. Se prescribe ioduro de potasio á pe- queñas dosis crecientes. Julio 20. No hay ningún accidente, sólo persiste el infarto de los ganglios inguinales y cervicales. Agosto 10. A consecuencia del uso del cigarro han aparecido en la mucosa de los carrillos y labios, pequeñas exulceraciones que se tratan con ligeros cateréticos. El apetito es bueno y se aprovecha esto para dar una alimentación sustancial y sana. Aífosto 15. Una ligera indigestión fué provocada por desarreglos en la alimentación. Ningún trastorno relativo á la sífilis. En el resto del mes de Agosto no hubo ningún incidente que anotar. Setiembre 4. Ayer, movimiento febril en la tarde; desde el dia Io el enfermo se entregó á trabajos intelectuales excesivos, que tuvo que suspender hoy, porque hasta el sueño le quitaban. Hoy, erupción pá- pulo-vesiculosa en algunos puntos de la piel de la cabeza. Setiembre 14. Desde el dia siguiente á la aparición de la erupción, no hubo nada; ésta siguió su evolución, estando á la lecha cayendo las pequeñas costras que su desecación produjo. Hicimos un cuidadoso interrogatorio y examen al enfermo, sin encontrar nada anormal. El mismo tratamiento, suspendiendo á intervalos de tiempo cortos, el uso del ioduro de potasio. Setiembre 24. Todo es satisfactorio, á pesar de los excesos vené- reos á que en dias pasados se entregó el enfermo. Seguimos viendo á éste cada 6, 8 ó 10 dias, y hasta el mes de Diciembre no hubo nin- guna manifestación referente á la diátesis. A fines de este mes, re- sintió dolores vagos (osleócopos) é intermitentes en las articulaciones del miembro inferior izquierdo. Las funciones digestivas hasta hoy no se han desarreglado y las otras permanecen sin demostrar algo anor- mal ó patológico. En Enero de 1882 se siguió el mismo tratamiento, cuidando que el paciente omitiese lodo exceso; los dolores de los miembros inferio- res desaparecieron. A fines del mismo mes, y no temiendo ya que la excitación de la piel provocase nuevos accidentes en ella, se aconsejó la hidroterapia, unida al uso del ioduro mezclado al jaborandi y á una alimentación reparadora y tan abundante como lo permitiesen las vías digestivas. Se siguió el consejo durante tres meses consecutivos; pero en Mayo de 1882 el enfermo, juzgándose ya libre de todo, se entregó á excesos venéreos, descuidando toda recomendación. Quince ó veinte dias duraría el desarreglo, tiempo suficiente para que reapareciesen las exulceraciones en la boca, se trastornasen las funciones digestivas, apareciese un insomnio tenaz; corrigiéndose todo esto oportunamente, para que en el mes de Julio inmediato el restablecimiento fuese com- pleto, no quedando de los padecimientos más que el recuerdo. Alar- mado el paciente con tan triste experiencia, desde entonces evita las causas que lo dañan, y temiéndolas, vive, puede decirse, esclavo de su salud, pero conservándola. Casi dia á dia hemos venido observando hasta la fecha el presente caso; y hoy que extractamos esta observación, vemos al paciente sin más huellas de sus padecimientos antiguos, que el ligero infarto gan- glionar en las ingles y cuello, y leves cicatrices que la erupción dejó en algunas partes de la piel. Sus funciones todas marchan admirable- mente, podiendo aseverarse que seria muy difícil averiguar, por me- dio de un examen atento, que aquel organismo ha sido trabajado por el penoso mal de la sífilis. Número 2.— El 17 de Noviembre de 1881, vimos por primera vez en la « Sala Ortega » del hospital « Morolos » , ocupando la cama núm. 23, á Petra N.... Habia ingresado con el siguiente diagnóstico; « ul- ceración sospechosa en la horquilla; » y en realidad, la ulceración era de aquellas que, por su aspecto y demas caractéres, no se prestaba fá- cilmente para formular un diagnóstico preciso. De unos 6 milímetros en su mayor diámetro, de figura irregular, de color rosado, velado apénas por una escasa secreción purulenta existente en su superficie, 17 y sin que hubiese en su consistencia, aspecto de los ganglios circunve- cinos, etc., datos definidos que ayudasen á especificar la clase y el ca- rácter de ella; tal era el conjunto que se presentaba. Siguióse el tratamiento tópico generalmente empleado, y á causa de lo dudoso del caso, pesamos á la enferma periódicamente (véase el tra- zo núm. II, lámina Ia) durante el corto tiempo que permaneció en el servicio. A los ocho ó diez dias desapareció la ulceración, pero habiendo apa- recido á la enferma un abceso flegmonoso en la región zigomática, de- túvose en la sala cerca de un mes más, hasta la curación completa del abceso, pasado el cual, y sin que hubiese sido acompañado de nin- gún otro incidente, se dió su alta á la enferma, recomendándole ob- servase bien lo que pudiera acaecer á su salud, y ocurriese al hospital dado caso de enfermarse nuevamente. Durante lodo el tiempo que permaneció en observación, no se quejó la enferma de ningún acci- dente que á la sífilis pudiera referirse, y examinábamos cuanto á nues- tro alcance se encontraba, sin que la más escrupulosa atención nos re- velase nada.* En el mes de Junio inmediato, la enferma era enviada de la Inspec- ción sanitaria á curarse de «sífilis secundaria:» interrogada, nos refirió que dos ó tres semanas después de su salida del hospital, le apa- reció casi por todo el cuerpo una erupción de ronchas y pequeños gra- nos que algo la molestó en los primeros dias; mas después fué disi- pándose por sí sola, y tan rápidamente, que eso, unido á otros motivos impropios de exponer aquí, la eximieron de acudir al hospital. Cre- yendo su curación completa no se cuidó en lo sucesivo, y hubiérase mantenido en esa creencia, si un agente de la policía sanitaria no la hubiese detenido y llevado á la Inspección, quien ordenó pasase á la mencionada sala. Portaba lo siguiente: sifilides vesículo - ulcerosas cu- briendo las amígdalas y pilares izquierdos del velo del paladar, con in- farto notable de los ganglios anteriores del cuello; exulceraciones di- seminadas en la mucosa bucal; sifilides pápulo-ulcerosas en el gran labio izquierdo; ulceración en el cuello del útero, ligero escurrimiento urelro-vaginal y huellas en el cuerpo de la erupción que habia prece- dido á los actuales padecimientos; en fin, ligera alopecia, infarto gan- glionar en ambas ingles con el carácter típico de la pléyade y signos negativos de otras manifestaciones ó síntomas que pudieran juzgarse específicos. Se impuso el tratamiento local conveniente y se arregló la alimen- tación al gusto de la enferma hasta donde permiten los recursos hos- pitalarios. Baños tibios cuando lo solicitase. El dia 30 del mismo mes, mucho habia avanzado la cicatrización de las sifilides; pero aparecían nuevas en el vestíbulo y carúnculas, revis- tiendo el carácter de vesículo-ulcerosas. El 5 de Julio, todo marcha- ba bien hácia la curación, presentándose entonces una bronquitis in- tensa que postró á la enferma dos dias en cama. Pasada ésta, se ad- * La línea de puntos indica, tanto en el trazo relativo á esta observación como en los otros en que se encuentre, que la observación fué suspendida. 18 ministró el ioduro de potasio unido al jarabe de corteza de naranja á dosis creciente, continuando siempre las curaciones tópicas apropiadas. En los dias subsecuentes no hubo ningún trastorno; todas las funcio- nes marcharon en perfecta normalidad en lo sucesivo, y la cicatrización de los padecimientos locales avanzó progresivamente hasta principios de Agosto, en cuya época fué dada de alta la enferma, curada de sus accidentes, aunque llevando los vestigios marcados de la diátesis, próxi- ma á estallar con la menor causa ocasional. Número 3. — En el mes de Mayo de 1881, entró tí la «Sala Orte- ga » María G .... á curarse de una ulceración de la cara externa del pequeño labio derecho, que no pudo apreciarse cuánto tiempo llevaba de existencia, porque la enferma en su ignorancia no daba dato algu- no. Si notamos que los ganglios crurales inmediatos, y los más infe- riores inguinales, estaban infartados indolentemente, motivo que guió nuestra atención á examinar más de cerca dicha ulceración, aunque sin poder encontrar en sus caracléres macroscópicos algo que definie- se evidentemente el diagnóstico. El Sr. San Juan la reputó como un chancro mixto, variedad que con frecuencia ha encontrado, y que po- seyendo los atributos físicos de los conocidos con los nombres de blan- do y duro, se asemeja en consecuencias á este último. A la verdad, nada pudo ilustrarnos la marcha de la ulceración mis- ma; cicatrizó en pocos dias y observamos á la enferma en los subse- cuentes, empleando la balanza una vez por semana (trazo III, lámina Ia.): 36 dias permaneció á nuestra vista, obligada por una uretritis que en dicho tiempo se le trató. Hasta la fecha de su salida, efectua- da á mediados de Junio del mismo año, no hubo accidentes que ano- tar, á pesar de largos y nimios exámenes; y el diagnóstico nos habria parecido dudoso basta la fecha, si en el mes de Setiembre inmediato no hubiésemos encontrado de nuevo á la enferma en otra de las salas del mismo establecimiento, adonde era enviada con este diagnóstico: « impétigo en la piel de la cabeza y sifilides vulvares. » Ligeramente la vimos, lo suficiente para disipar nuestras primitivas dudas, confir- mándonos en que la ulceración que babia sido tratada en el servicio de la «Sala Ortega,» no podia dejar de calificarse de infecíanle. Número 4.—En el mes de Febrero de 1882, la casualidad nos per- mite encontrar en una consulta particular, á un niño como de 9 á 10 años de edad, á quien llevaba su madre, alarmada deque le hubiesen salido unas bolas al rededor del cuello, pues aunque el muchacho no se quejaba de molestias, dolor, etc., temía dicha señora que tal apari- ción fuese algo de grave trascendencia. En realidad existían infartados los ganglios submaxilares y cervicales posteriores, todos ellos de una manera indolente, y sin que el exámen de la boca, garganta y piel de la cabeza, diesen la explicación de este infarto, pues nada absolutamente existía visible en dichas regiones. El joven no acusaba otro padecimiento, de nada se quejaba; y continuan- do el exámen de todo el cuerpo, sólo pudo apreciarse infarto igual en ambas ingles, pero en éstas tenia el aspecto del descrito como tipo en la sífilis. Y no encontrando manera de explicarnos lo que veíamos, in- sistimos en averiguar los antecedentes del joven, quien por su edad, 19 estado de los órganos genitales, etc., aun no podía saber lo que eran relaciones sexuales: supimos entonces que vivia al lado de una lia suya, la cual entregada á la prostitución hacia algún tiempo, habia sobrelle- vado más de una vez las consecuencias casi inevitables de su ejercicio; que de dos ó tres meses atrás á la lecha, la referida tia padecía unas llagas en varias partes del cuerpo y en la garganta; pero que suponien- do (la madre del niño) que esos males no eran contagiosos, permitía, como hasta la fecha, que el niño siguiera durmiendo y llevando al lado de su tia la vida íntima que el cariño de familia exigía. Sospechamos que bien podía tratarse en el presente caso de una infección sifilítica, y manifestando á la señora nuestras sospechas, le suplicamos volviese á la consuba para observar la marcha que siguiesen los padecimientos. Ese mismo (lia pesamos al niño (trazo IV, lámina Ia), procurando hacer igual cosa en lo sucesivo cada ocho dias, y aconsejando á la ma- dre que alejase al enfermo de su tia. Durante cinco semanas vimos al joven sin ningún otro accidente; pero á principios de la 5a sobrevinieron fuertes calenturas, que después de -i ó 5 dias terminaron con la aparición de una erupción característica; extendida á varios puntos del cuerpo, polimorfa en su conjunto y pre- dominando la forma vesiculosa en los miembros y la biliosa en la cabe- za, el infarto ganglionar se hizo más evidente y característico. Pudimos pesar al enfermo quince dias después de la aparición de la primera ca- lentura ; en unión de uno de los médicos de la consulta, se le instituyó un tratamiento adecuado, y no pudimos después continuar la observa- ción, porque la madre del niño resolvió enviarlo á un hospital, buscando allí una curación completa que por falta de recursos no podía procu- rarle en otra parte. Número 5.— En el mes de Diciembre de 1881, la benevolencia de un compañero nuestro nos proporcionó un caso de los que pueden lla- marse tipo de chancro duro. Se trataba de una mujer inscrita para ejercer la prostitución y que era reconocida una vez por semana por nuestro compañero ántes de pasar la visita que la Inspección sanitaria exige á ese gremio de mujeres. De 23 años de edad, linfática, com- pletamente sana en su aspecto general y sin tener en la historia de sus antecedentes más que accidentes venéreos (uretritis y un bubón supu- rado en la ingle izquierda) curados hacia mucho tiempo. El 23 del citado mes fué cuando nosotros vimos á la enferma, y en- tonces presentaba su lesión sifilítica el siguiente aspecto; en la parle derecha de la entrada de la vagina, más cerca de la parte posterior que de la anterior, una ulceración de 6 á 8 milímetros de extensión, redon- deada, muy roja, ulcerada en profundidad notablemente, ydejando apre- ciar, con alguna dificultad en razón de su sitio, una sensación de callosi- dad; en contorno de la ulceración se veiauna zona más enrojecida que el resto de la mucosa, inflamada y levemente dolorosa; los ganglios in- guinales ilesos, y ninguna otra cosa notable ó visible digna de llamar la atención. No pudimos averiguar con precisión la época que llevaba de existencia la ulceración, pues la enferma no habia tenido conocimiento de ella sino cuando se lo manifestaron. Invitamos á la enferma á que consintiese en que la pesásemos una 20 vez por semana, lo cual verificamos desde el dia siguiente que la vimos, no sin haber observado desde el examen anterior, que en el resto del cuerpo, así como en lo que se referia á accidentes generales ó funcio- nales, nada existia. Diciembre 31. Se empleó una curación local de iodoformo del 15 al 25 del mismo mes, suspendiéndose en este último dia la curación y durante los seis siguientes, por no permitirlo el movimiento menstrual que sobrevino. EneroS. Curada en el intervalo del dia Io á la fecha, la ulcera- ción se ba seguido reduciendo de tamaño notablemente; hoy quedará apenas una solución de continuidad de 3 milímetros. De nada se queja la enferma; nótase un infarto duro 6 indolente en los ganglios circun- vecinos; no se ba administrado ningún medicamento interno. Enero 13. La cicatrización es completa y no hay ningún accidente local que llame la atención; quéjase la enferma, desde hace tres dias, de bochornos que le vienen al anochecer y se le disipan dos ó tres ho- ras después, terminando con un sudor más ó ménos copioso. Enero 20. El infarto ganglionar señalado es más aparente; un quebranto pasajero invade á veces á la enferma. Las funciones perma- necen normales. El 29 del mismo mes aparece calentura en la tarde ; se disipa pronto, quedando la enferma el resto del dia (en los siguien- tes) sin trastornos apreciables; la repetición de esta escena es conse- cutiva durante cinco dias, al cabo de los cuales, después de una reacción más fuerte y una intensa cefalalgia, aparece una erupción indefinida en los dos primeros dias. El dia 5 de Febrero puede caracterizarse: es ve- siculosa en su mayor parte, afectando los grupos de vesículas una dis- posición figurada, aunque irregularmente; es más marcada en la parte superior y anterior del tronco; en los intervalos de esta erupción se per- ciben pápulas en pequeño número, mezcladas en algunos lugares con pústulas muy pequeñas. No se encuentra nada en la garganta y demas mucosas visibles. El dia 7 de Febrero pesamos por última vez á la enferma, pues la extensión y visibilidad de sus accidentes locales motivaron que se ne- gase á continuar saliendo fuera de su casa, cosa indispensable para po- der pesarla. Hé aquí las que de Diciembre á Febrero recogimos: FECHAS. Libras. Onzas. 1881. Diciembre 24 108 12 ,, 31 107 15 1882. Enero 8 107 1 ,, 13 106 12 ,, 20 106 3 Febrero 7 103 5 Lamla ícfirdm /as/ardes O a/paricicn de les accidentes secundarios %Parpa ntesi/ sudoríficas. Número 6.—Dolores G.... de 30 años de edad, soltera, entró á la «Sala Ortega» el 13 de Enero de 1881. Era enviada de la Inspección sanitaria para ser tratada de una ulceración sospechosa. Reconocida ésta en dicho servicio, se vió que ocupaba el pliegue génito-crural dere- cho, teniendo una extensión como de 4 á 5 milímetros aproximadamen- te y una figura ovalar; el fondo de la pequeña solución de continui- dad, rojo poco subido, no supuraba visiblemente, y aunque pal pandóla delicadamente no se apreciaba endurecimiento de ningún género, sin embargo, los gang ios inmediatos estaban infartados, endurecidos é in- dolentes. Se juzgó que era de naturaleza infectante, se aplicó el trata- miento local ad hoc, y nosotros pesamos desde el siguiente dia de su entrada, á la enferma, después de haber inquirido sus antecedentes, que en lo relativo á accidentes sifilíticos eran nulos, y de haber regis- trado con minuciosidad los aparatos más importantes, sin encontrar en ninguno de ellos padecimiento marcado actual. Enero 23. La ulcerita apénas es visible en un punto limitadísimo; se ha continuado en todos los anteriores dias el mismo tratamiento lo- cal, sin usar nada al interior. No hay otro accidente local ni general. Enero 31. Cicatrizada la ulceración, sólo queda en el sitio que ocu- paba una pequeña mancha cicalricial. No ha habido ningún desarreglo funcional, y la enferma de nadase ha quejado. Con el fin de observar un poco más á la enferma, procuramos que fuese retenida en el hospital por espacio de una semana, sin que en ese tiempo hubiese incidente alguno que llamase nuestra atención ó la de la repetida enferma No habiendo motivos que hiciesen retardar su salida, que por parte de la enferma era solicitada con suma insistencia, se le concedió el dia 7 de Febrero de 1881. Al irse, la examinamos de nuevo, no observando más novedad que la mayor claridad en el infarto ganglionar (región crural), y espe- rando que bien pronto la autoridad respectiva volviese á enviarla con nuevos padecimientos. Ignoramos si volvió á ingresar á otro servicio del mismo hospital especial; pero nosotros conservamos las notas anteriores, que hoy pu- blicamos, con la omisión de no haber seguido la marcha de sus pade- cimientos durante un tiempo suficiente para disipar toda clase de dudas. El peso, durante la permanencia de la enferma en la sala, osciló del modo siguiente: FBOH-A.S Libras Onzas 1881. Enero 13 115 8 23 115 2 >) 31 114 6 Febrero 1 113 14 22 Número 7.—VenanciaC natural de México, soltera, de 19 años, entró á la «SalaOrtega» á ocupar la cama núm. 11 el dia 10 de Setiembre de 1881. En el mes de Julio próximo pasado, le habían aparecido pústulas de ectima en la parte interna de los muslos, y en algunas partes de la cara, y sifilides pápulo-crustáceas en los grandes la- bios y entrada de la vagina, lesiones que persisten basta la fecha. An- teriormente á estos accidentes, no recuerda la enferma haber padecido otros, á pesar de nuestra insistencia en averiguarlo; en efecto, no hay vestigios de ningún género; sólo presenta boy las lesiones menciona- das, acompañadas de notable infarto de los ganglios inguinales, caida del cabello en alguna abundancia, y acompañado todo esto de una pre- ñez que llega al 0° mes. Fué sometida al tratamiento mercurial (proloioduro bajo forma pi- lular) aumentando las dosis progresivamente; curación local á las si- fílides. (Trazo núm. V, lámina 2a.) Setiembre 18. Una intensa gingivitis ha obligado, después de una semana, á suspender el tratamiento interno, sustituyéndolo con el uso del clorato de potasa; ningún accidente relativo á la sífilis ó á la preñez. Setiembre 25. Igual silencio en las manifestaciones diatésicas; las existentes marchan bien á la curación. Se vuelve á insistir durante ocho dias en la administración del protoioduro de mercurio, sin sus- pender el clorato de potasa, con el fin de hacer más soportable la to- lerancia. Octubre . Ninguna novedad en la enfermedad; trastornos gástricos obligan de nuevo á suspender el tratamiento mercurial. Octubre 9. Las sifilides de la cara han desaparecido, secándose com- pletamente; el embarazo sigue su curso normal; desde hoy se vuelve al tratamiento primitivo. No han aparecido otros accidentes exteriores. Octubre 16. Se han cicatrizado algunas de las sitílides vulvares; en el embarazo no se ha notado nada anormal; sigue aumentándose la do- sis del mercurio. En el estado general no encontramos trastornos apreciables. Octubre 23. Desde el dia 21 anterior se queja la enferma de fuer- tes dolores en la región epigástrica y en la cintura, acompañados estos últimos de constantes y bruscos movimientos del producto de la con- cepción; boy el dolor de cintura aumentó; se suspendió el tratamiento interno. Lavativas de hidrato de doral y reposo completo en la cama. Los dolores cedieron á los dos dias; la sífilis no se ha revelado de otra manera, y el dia 30 las pocas sifilides que habían persistido, estaban ya curadas. Noviembre 6. Algo repuesta la enferma, se ha ordenado nuevamen- te el uso del mercurio unido á extracto de opio y polvos de guayacan, continuando con la misma terapéutica basta el dia 13 del mismo mes; desde este dia permaneció todo normal basta el 13 del mes de Diciem- bre inmediato, en que vino á la enferma un abundante escurrirniento mucoso vaginal, al cual siguió la manifestación de los dolores del parlo verificado al siguiente dia. Habiendo venido el producto de término por la extremidad pelviana, el trabajo fué muy laborioso, y por falta de asistencia oportuna se asfixió el niño sin que los recursos tardíos 23 que se le prodigaron consiguiesen salvarlo, según nos refirió el prac- ticante que asistió el parto. Al siguiente dia vimos al niño, el cual sólo presentaba unabalano-poslitis; su tamaño y diámetros de la extremidad cefálica eran normales. La madre permaneció bien después del parto, no sobreviniendo en el puerperio más incidente que una calentura el dia 25 del mismo mes, ocasionada por la imprudencia que cometió una enfermera de administrarle unas lavativas frías. El dia Io de Enero de 1882 pesamos á la enferma, quien en lo su- cesivo permaneció muy bien curándose en la sala una vulvo-vaginitis, consecutiva al parto. Se procuró nutrirla bien en todo el curso del raes de Enero, y á su salida del hospital, verificada el dia 29 del mis- mo, la enferma se encontraba muy repuesta, no conservando de la sífilis más que las cicatrices de las pústulas que había llevado al ingre- sar al establecimiento. Número 8.—Margarita A.... ele 16 anos de edad, de constitución débil y temperamento linfático, entró á la « Sala Ortega » en el mes de Mayo de 1881, á curarse de lo siguiente: blenorragia uretral, vegeta- ciones en el meato urinario y vaginilis crónica. Curada de las dos úl- timas afecciones, y sólo persistiendo la primera, le vinieron en el mes de Junio del mismo año, unas calenturas que duraron quince dias con- tinuados, no apareciendo en lo sucesivo sino de una manera muy irre- gular, y repitiéndose muy pocas veces; terminado este período febril, le apareció en la cabeza una erupción impetiginoide, acompañada de caida abundante del cabello é infarto ganglionar del cuello; unas sifili- des pustulosas valvares, de dimensiones muy pequeñas, y una dacrio- cistilis supurada; tal fué el conjunto de todas las manifestaciones sifilí- ticas entonces aparecidas. En el mismo mes de Junio se reconoció una preñez que apénas alcanzaba al 3o mes de existencia, cuya preñez desde el mes de Julio inmediato, amenazó, por medio de hemorragias más ó ménos abun- dantes, concluir con la provocación del aborto. En los meses de Julio y Agosto no hubo otro incidente; la sifilis no se manifestó por otros trastornos que los indicados, y en el mes de Setiembre, en atención á lo importante del caso, resolvimos pesar á la enferma, agregando su observación á las otras que seguíamos. Ante todo hacemos notar que esta enferma había sido conducida al hospital simplemente por accidentes venéreos, y que si no hubiese si- do demorada por la uretritis que hemos mencionado, seguramente hu- biésemos ignorado que llevaba el gérmen de la sífilis. El silencio que guardó la sífilis durante algún tiempo es conjeturable; pero sea lo que fuere, no hacemos valer de nuestra observación más que lo anotado desde principios de Setiembre, época en que la enferma, al 5o ó 6o mes de la preñez, se hallaba á la sazón en pleno periodo secundario. El dia 12 de Setiembre en que la pesamos por primera vez (trazo núm. VI, lámina 2a) existía el siguiente cuadro: además de los acci denles valvares, consistentes en siiílides diseminadas en los grandes y pequeños labios, la enferma se queja de bascas, vómitos poco repeti- dos, dolores en el bajo vientre, todo causado por la preñez; algunos dolores osleócopos nocturnos, y la existencia de una fístula lagrimal, así como la de ulceraciones ligeras en la mucosa de la garganta; hé allí el conjunto délos padecimientos actuales. Tratamiento; al interior pequeñas dosis de ioduro (solución de Magendie), alternando con elí- xir de coca; curación tópica á los accidentes exteriores, y alimenta- ción sustancial y regular, evitando las causas que puedan provocar el aborto. Setiembre 13. No ha habido trastornos en el embarazo; la enferma sube á la cama de curación cada tercer dia, con el fin de que se le tra- ten localmante las sifilides valvares; un escurrimiento leucorréico abun- dante se nota en la vagina, secreción que, visto el estado no ¡coroso de ella, no se intenta modificar ó suprimir, temiéndose que los contactos del espejo sean nocivos. Aparición en la mejilla de una bula impetigi- noide. El mismo tratamiento continúa. Setiembre 25. Ninguna novedad en el embarazo; las sitilides val- vares cicatrizadas; á consecuencia de un baño tibio se hicieron los do- lores reumatoides muy intensos, pero se disiparon bien pronto. Los otros accidentes algo mejorados. Octubre 2. La existencia de una ténia lia provocado en estos dias vértigos epilépticos, en uno de los cuales, habiendo caido la eníerma, provocó la caída una ligera metrorragia que no se hizo alarmante, por haberse combatido enérgica y oportunamente. Bebida de bromuro de sodio al interior, suspendiéndose el antiguo tratamiento interno. Octubre 9. Cicatrizados los accidentes de la mucosa de la garganta, no han aparecido otros; expulsión de una pequeña porción de la ténia. Se insiste en el bromuro de sodio cada tercer dia. Octubre 23. La enferma de nada se queja; ninguna novedad que anotar. Octubre 30. La enferma ha perdido el apetito, y la helmintiasis le produce dolores intestinales que á veces la privan del sueño Al rede- dor de la fístula lagrimal ha aparecido una extensa placa herpética, complicada de ligera conjuntivitis. No podiendo obrar enérgicamente contra la ténia, sólo se procura aliviar los síntomas penosos que pro- duce. Se insiste desde hoy en el ioduro po ásico, sin abandonar el bro- muro de sodio. Noviembre 0 Continúan las perturbaciones gastrointestinales in- dicadas. Aparición de exulceraciones en la mucosa bucal, con infarto marcado de los ganglios submaxilares; esto último, ocasionado por el mal estado que guarda la ulceración herpética del ángulo interno del ojo y contorno de la fístula. Noviembre 13. Mejorada la ulceración de la fístula, hace dos dias sobrevino un intenso dolor en el vientre, acompañado de ligera metror- ragia que se detuvo con el tratamiento local, ayudado del reposo en cama de la enferma. Hasta el dia 19 del mismo mes se calmó por completo el dolor del vientre; la sífilis no lia aparecido en la piel ó mucosas; de éstas desaparecieron las exulceraciones, y la enferma hoy se levanta. Noviembre 27 La mejoría fué progresiva; ningún trastorno en el embarazo; el apetito lia vuelto, y los fenómenos intestinales silenciosos. 25 Diciembre 4. Muy reducida la erupción herpética de la cara, des- aparición del impétigo, y lo demás sin alteración. El mismo trata- miento. Diciembre 13. En igual estado los accidentes de la sífilis y nada anormal manifiesto en la preñez. Diciembre 18. La necesidad de reconocer la presentación y posición del producto, á pesar de haberse hecho el reconocimiento con delica- deza, produjo dolores en el vientre que obligaron á tener ála enferma en quietud dos dias. Aparición de prurito en la vulva; nada nuevo en los accidentes diatésicos. Diciembre 25. Aparición do placas de impétigo en la cabeza. Des- aparición de la erupción herpética de la cara. Ningún trastorno en el embarazo. El dia 30 dio á luz la enferma una niña bien conformada* pero excesivamente demacrada y con su piel como macerada; ninguna manifestación aparente de la sífilis. En el parto no acaeció nada anor- mal en el momento de verificarse; sólo quedó retenida una pequeñísi- ma porción de la placenta, (pie fue extraida seis horas después. Dos semanas después del parto, empezaron á aparecer á la niña algunos accidentes: erupción vesiculosa á la entrada de las fosas nasales, lige- ras ulceraciones á la entrada de la vulva, y supuración delcordon um- bilical. Se le ordenó un tratamiento local adecuado. La madre pasó bien su puerperio, y los ligeros accidentes vulvo-vaginales posl-par- tmn se trataron y curaron bien pronto. No habiendo ya temor ninguno, se provocó y consiguióse la expulsión del helminto; y en lo sucesivo, á la par que las funciones digestivas se normalizaron, el estado gene- ral de la paciente mejoró más y más hasta la fecha de su salida, verifi- cada en el mes de Marzo de 1882. Aconsejada acerca de la manera cómo debía practicar la lactancia, y de las causas nocivas que debia evitar, salió en unión de su hijo conservando un estado de salud rela- tivamente halagador. Número 9.-- El 12 de Octubre de 1881 era enviada de la consulta particular de Maternidad, la mujer llamada Modesta C. .. . casada, de 23 años de edad y en un estado de anemia marcadísimo. Embarazada desde hacia cinco meses, era además portadora de la sífilis á la cual daba ella la secuela siguiente: En el mes de Marzo próximo pasado contrajo relaciones con un hombre atacado de ulceraciones en la gar- ganta, granos extendidos á todo el cuerpo, etc., males lodos que eran muy evidentes y que habían sido el origen de los que ella lleva en la actualidad, puesto que ántes de dichas relaciones, su estado célibe y costumbres arregladas la habían resguardado de toda esta clase de pa- decimientos. En el mes de Junio por primera vez notó que se le caia el cabello abundantemente y que esto coincidía con la aparición de pe- queñas vejigas en los órganos genitales, vejigas que al reventar deja- ban escurrir un liquido que formaba costras bajo de las cuales se hallaba después una ulceración. A la par que su embarazo avanzaba, las ulce- raciones vulvares progresaban, y su enfermedad, lejos de aliviarse, se mantenía cuando menos en el estado que actualmente presenta; hoy existen silílides hulosas en toda la parle externa de los grandes labios y pliegues génito-crurales; otras vesículo-ulcerosas en la parte pos- 26 terior de las orejas y pliegue naso - geniano izquierdo; las primeras provocan un ardor y comezón que originan la mayor desesperación de la enferma, miéntras que las otras son indolentes y apruriginosas; en la garganta, igual accidente (sifílides ulceradas ya) que mantiene un dolor incómodo para la enferma y un infarto ganglionar evidente á la más breve palpación; y en el ano una placa mucosa complicada de pe- queñas grietas que en el acto de la defecación hacen sufrir mucho á la enferma por los dolores que provocan; por último, ligeros desvaneci- mientos, algo perdido el apetito y algún insomnio, completan el conjun- to de la enfermedad. Se impuso el método local y general adecuado, y se siguió la marcha de la afección. El dia 18 de Octubre la pesamos por primera vez (trazo núm. Vil, lámina 2a) sin que basta esa fecha hubiese alguna variación en lo que anteriormente anotamos. El prurito vulvar no se calmó, y para conse- guirlo, se hizo uso de distintos tópicos usados bajo la forma de lava- torios. Octubre 23. Las sifílides secándose en casi todas las partes en don- de se encuentran diseminadas; el prurito ménos intenso, pero persiste; amigdalitis consecutiva á las ulceraciones de la garganta. El mismo tratamiento externo y al interior licor de Van Swielen desde el dia 26. Hasta el dia 30 no babia ninguna novedad. Noviembre 6. Desaparición de las manifestaciones de la garganta y de varias sifílides vulvares; aparición en la parle internade los muslos de hidrargiria por el uso de lavatorios de bicloruro de mercurio; ma- lestar en el vientre y dolores en la cintura. Se continúa alternativa- mente el uso de los iódicos y mercuriales; se suspenden los lavatorios, curándose lo demas localmente. Noviembre 13. El prurito de la vulva se hizo intensísimo, provocan- do, por contracciones reflejas, dolores de cintura no menores; se puso en reposo á la enferma y se ordenaron lavativas laudanizadas; á pesar de todo, el dia 14. el aborto se hizo inevitable, sin que la administra- ción del doral, láudano, inhalaciones de cloroformo, etc., pudiesen nada; desde ánles del parlo, los latidos del feto no se percibían, atri- buyéndolo nosotros á la falta de práctica en ese género de exploraciones. A las cuatro de la tarde el aborto fué completo sin ningún accidente de parte de la madre. El feto de 7 meses de edad poco más ó ménos, ma- cerado y presentando el cordon casi desprendido de la placenta. El puerperio fué fisiológico, permaneciendo la enferma en cama el tiempo necesario en tales casos. El día 27 de Noviembre examinamos las partes genitales, no encon- trando sino un estado muy satisfactorio; todos los accidentes cicatriza- dos, ninguna molestia ni nueva manifestación; la vaginitis que se mostró fue tratada desde ese dia localmente, sin insistir ya en lo sucesivo en ningún tratamiento interno. Diciembre 4. Ninguna novedad; la debilidad de la enferma exigió vigilar con especial cuidado la alimentación, ordenándose á la vez el uso del fierro y vino de Carpió, al interior. Diciembre 13. Se descubren pequeñas vegetaciones en el interior de la vagina y se extirpan poco á poco; aparición de las reglas, revelada 27 por un ligero escurrimiento sanguíneo que duró dos dias. El mismo tratamiento y doral al interior para procurar el sueño que á veces falta á la enferma. Diciembre 25. Se continúan curando las vegetaciones, sin que lo- calmente, ni en las funciones, se encuentre algo anormal. 1882.—Enero i° El uso de los ferruginosos provocó una constipa- ción que cedió bien pronto al uso de un purgante. No hay ninguna ma- nifestación específica. La anemia es muy marcada y provoca trastornos que abaten á la enferma En el curso del mes de Enero siguió con el mismo método reconsti- tuyente la paciente, y viendo que la sífilis babia dejado de manifestarse y que la enferma fuera del hospital podia tal vez repararse mejor, se le concedió su salida el dia 21 de Enero del mismo año, dándole un mé- todo terapéutico adecuado y conveniente. Número 10.— La cama número 14 de la « Sala Ortega » era ocupa- da el 4 de Setiembre de 1881, por Margarita J. . . . quien con una preñez que se hallaba entre el 4o y 5o mes de existencia, llevaba á la vez las manifestaciones llamadas secundarias déla sífilis. De 20 años de edad, muy agotada por los sufrimientos y en un estado de enflaqueci- miento muy marcado, la enferma nos referia que desde el mes de Junio anterior databan sus padecimientos; entonces tuvo unas calenturas in- termitentes que cesaron en poco tiempo; al mes de Agosto siguiente correspondió la aparición de una ulceración al rededor de un antiguo trayecto fistuloso inmediato á la vagina; esto, unido á la manifestación de una ictericia, es lodo lo que refiere la enferma. Del examen que se hizo resultó lo siguiente: comprobación de la ulceración, referida por la enferma, en contorno de un orificio fistuloso que hace comunicar el recto y la vagina, ulceración que se prolonga basta la parle posterior del orificio externo de la vagina, confundiéndose allí con otras sif¡lides más pequeñas repartidas en la parte más externa délos grandes labios; todas las sif i lides valvares son pápulo-ulcerosas. Escurrimiento uretro- vaginal abundante é ¡coroso, signo de la inflamación de los conductos correspondientes; dolor sensible á la presión en la región hepática, acompañado de un tinte ictérico muy evidente en todo el tegumento ex- terno; caula del pelo; algunas pequeñas pápulas en los miembros in feriores ; dolores huesosos más marcados y constantes en las noches, y ligero movimiento febril en las tardes. Desde el siguiente dia de la en- trada de la enferma, se quejó de una intensa comezón de los órganos genitales y región anal, incidente que procuró combatirse con energía, previendo las consecuencias que podia tener, de manera que se atendió preferentemente el tratamiento local, sin dejar por ello el general, tam- bién muy importante. Setiembre 12. lian cesado las calenturas vespertinas que eran poco fuertes (38°5); pero el prurito señalado persiste con desesperante te- nacidad á pesar de cuanto se le opone; á esto se ha añadido un insom- nio rebelde y trastornos gastro-intestinales. Agregóse al tratamiento interno, hidrato de doral. Setiembre ÍH. El mal estado general de la enferma, lejos de modi- ficarse favorablemente, siguió agravándose; el prurito de los órganos 28 génito-urinarios se hizo cada vez más intenso, hasta el grado que en la madrugada del dia 17 empezó á manifestarse el aborto, el cual se verificó de un modo definitivo á las 24 horas de su manifestación, no bastando cuanto recurso racional se puso en práctica para contenerlo (Trazo número VIII, lámina 2a). En el resto del mes de Setiembre y principios de Octubre, la enfer- ma permaneció en cama, primero, cuidándose del aborto, y después de una ovaritis que sobrevino, consecutiva al parto. El dia 9 de dicho mes de Octubre, aprovechando el alivio de la enferma tomamos su peso y examinamos sus lesiones vulvares; éstas en gran parte habían cicatri- zado, quedando solamente una reducida ulceración de dos centímetros de diámetro al rededor del trayecto fistuloso recto-vaginal y otras pe- queñas á la entrada de la vagina, ocasionadas por el escurrimiento va- ginal que no había perdido por completo sus propiedades icorosas. Se le trataron ese dia y los sucesivos localmente; se ordenó al interior el uso de aperitivos y ferruginosos, procurando cuidar de las funciones di- gestivas. Octubre 16. Se suspendieron los ferruginosos por la constipación que mantenían; siguióse el tratamiento local que iba produciendo admi- rables resultados. Octubre 23. Sólo quedan las ulceraciones causadas por el escurri- miento vaginal; ha aparecido una adenitis aguda en la ingle derecha. En el resto de la piel del cuerpo y mucosas accesibles á la vista, no hay ninguna manifestación. Octubre 30. Cierta dificultad en sus reglas y dolores en la región ovárica derecha, han obligado á la enferma á guardar cama unos dos ó tres dias, hasta que cesaron dichos trastornos. Se continuó el trata- miento tópico de las manifestaciones sifilíticas de la piel. Noviembre 6. Cicatrizadas todas las sifilides valvares y las ulcera- ciones que hemos señalado; mucho se ha modificado el escurrimiento vaginal, siendo hoy casi leucorréico; la enferma se siente bien y con- tinúa aumentando v mejorando su alimentación. Ningún tratamiento interno. Noviembre 20. Hasta la fecha lodo marchaba bien; únicamente se curaba á la enferma la adenitis supurada de la región inguinal derecha; pero hoy se ha quejado de dolores en la del lado izquierdo, y reconocien- do el origen de tales dolores, se apreció el principio de una nueva ade- nitis profunda. Tintura de iodo y vendaje compresivo. Noviembre 27. La última inflamación ganglionar terminó por supu- ración, después de manifestaciones febriles poco intensas; el abceso formado se abrió por medio del bisturí y se hizo la curación tópica ade- cuada. Diciembre 4. Muy reducidas las heridas de ambas ingles y escasa la supuración que suministran; su aspecto es bueno y tienden rápida- mente á la cicatrización. Se insiste en el vino de Carpió al interior. En el resto de la primera quincena de Diciembre cicatrizaron las heridas inguinales y mejoró palpablemente el estado general de la enferma, la cual deseando ya su salida pudo concedérsele, recomendándole el ma- yor cuidado en su convalecencia. Lara.2a í Thdmienle moraría?. \> Suspensión de/tm/a/nte/do. -fy-Deserntamoamento. S-Trastorno en e¿aparate, diñes tire, o Jdendts supurada. 29 Como huella de los accidentes diatésicos, lleva el infarto de los gan- glios cervicales posteriores é inguinales. Además, le ha quedado la fís- tula recto-vaginal, contra la cual nada se intentó esta vez, porque el mal estado de la enferma no lo permitía. Sale el dia 17 de Diciembre de 1882. Número TI.—El 21 de Febrero de 1881 entró la enferma Rosa E...., de 16 años, natural de México, de constitución robusta, á ocu- par la camanúm. 11 de la «Sala Ortega.» Entregada á la prostitución clandestina desde la edad de trece años, lia sufrido accidentes venéreos (urelritis, bubones supurados, vegetaciones, etc.) en los dos añosan • tenores. Enviada por su madre al Hospicio el mes de Diciembre del año próximo pasado, allí le aparecieron las manifestaciones actuales que fueron aumentándose y desarrollándose más y más cada dia. Recono- cida en la consulta de Maternidad por el Dr. San Juan, fué enviada al hospital especial de «Morelos» á la sala mencionada. Tiene lo siguiente: erupción de ectirna impetiginoide en todo el cuerpo, excepto en gran parte del tronco; la erupción es más confluen- te en las regiones glúteas y partes pudendas, acompañándose en estas últimas de sil'ilides pápulo- ulcerosas diseminadas y de infarto ganglio- nar en ambas ingles; vegetaciones en el surco que separa los grandes de los pequeños labios del lado derecho; vaginitis aguda que impide, por los dolores, la exploración conveniente con el espejo; sifílides ul- ceradas en la amígdala izquierda y pilares del velo del paladar del mis- mo lado y exulceraciones de la mucosa que reviste los carrillos; infarto de los ganglios cervicales posteriores y anteriores (submaxilares), y ninguna perturbación general acusada por la enferma ó revelada por la exploración. Tratamiento: al interior, protoioduro de mercurio unido al extracto de opio; al exterior, curación tópica á todas las manifesta- ciones locales, arreglando la forma de administrarla, á las regiones ocupadas y al estado y naturaleza de dichas manifestaciones. Tomamos desde esta época su peso (trazo número IX, lámina número 3). Siguióse aumentando en los dias subsecuentes las dosis del mercurio durante ocho dias, suspendiéndose después por espacio de dos semanas para volver nuevamente durante ocho dias, al cabo de los cuales se sus- pendió definitivamente; durante ese tiempo, pudo disiparse el estado agudo de la vaginitis, lo que permitió explorar el útero, en el cual na- da anormal se encontró; se cicatrizaron algunas de las pústulas de di- versas partes del cuerpo, y se corlaron muchas vegetaciones; desapa- recieron las exulceraciones bucales, pero persistían aún las sil’ilides de la garganta, aunque algo modificadas favorablemente; en fin, durante los últimos cinco dias se usaron inyecciones hipodérmicas de pilocarpina. Abril 3. No han aparecido nuevos accidentes, y se han curado los de los miembros inferiores; no se ha ordenado nada al interior. Abril 10. Muy aliviada la enferma de la vaginitis, ha sido posible registrar bien su sitio, no hallando más que vegetaciones pequeñas há- 30 cia la parle más interna; las pústulas de la cara se han secado, dejando solamente el indicio de su existencia; cicatrización de las sifílides de la garganta; se queja la enferma de dolores en las articulaciones de los miembros inferiores. Se continuó el tratamiento local y se prescribe al interior pequeñas cantidades de ioduro de potasio. Abril 17. Aparición de una sinovitis en la articulación del hombro izquierdo; se ordena el tratamiento conveniente. Lo demas continúa sin variación señalada. Abril 27. Sólo quedan cuatro ó seis pequeñas pústulas en la parte supero-posterior de! muslo derecho; la sinovitis del hombro, asi como las vegetaciones de los pequeños labios, curadas ; exacerbación de la va- ginitis. El mismo método terapéutico. Mayo 4. Hoy se quejó la enferma de trastornos relativos á la mens- truación, verificada con cierta dificultad; después de esto, la enferma continuó en todo el presente mes sin que aparecieran nuevos sufrimien- tos ; y curándose de la vaginilis y vegetaciones inira - vaginales. Tomaba y suspendía alternativamente el ioduro de potasio. Su aparato digesti- vo en nada se alteró, con lo cual la enferma pudo reparar rápidamente sus pérdidas. A principios del mes de Junio (del 8 al 10), la vaginitis estaba cu- rada ya; pero apareció una corea, padecimiento que decia la enferma haber tenido en épocas anteriores; se le trató por la belladona unida al bromuro de potasio al interior, y pulverizaciones de éter en la colum- na vertebral. Este incidente hizo olvidar á la enferma, durante un raes, los padecimientos de la vagina que se le estaban tratando, y cuando se alivió de la corea, tuvo necesidad de ser detenida para completar la ex- tirpación de las vegetaciones y curación de una ligera recaída de la va- ginilis. A mediados de Junio no apareció más trastorno que una diarrea abundante, originada por faltas de régimen en la alimentación. La corea en el mes de Junio y las vegetaciones y vaginitis en los dos siguientes, nos permitieron seguir en todo ese tiempo el estado de sa- lud que guardaba la enferma que nos ocupa, sin que durante él la sífilis se manifestase nuevamente por algún accidente, ni de importancia ni insignificante No existiendo el 21 de Agosto motivo para detener á la enferma, fué enviada de nuevo al Hospicio, sin más lesiones aparentes de la sífilis que las cicatrices que en varias partes de la piel babia dejado la extensa erupción pustulosa que hemos referido. Número 12.— El 15 de Agosto de 1881 era remitida déla Inspec- ción sanitaria Abundia R. . . , natural de San Juan del Rio, de35á 40 años de edad, soltera y escrofulosa. Ocupó la cama número 21, y cuenta de seis años atrás multitud de padecimientos, venéreos ó no, que poco importan á la observación que deseamos; pero los actuales tienen, se- gún ella, un año de existencia, y en razón á que la enferma ignora la marcha que desde entonces han seguido, la pasamos por alto, limitán- donos á comprobar lo que boy existe; pústulas pequeñas de ectima en los miembros inferiores; sif¡lides pápulo-ulcerosas en la parte interna de los grandes labios y otras mucho más pequeñas en la parte externa, en la horquilla y entrada de la vagina; grandes condilomas en la región anal y ulceraciones á la entrada del recto; entre los condilomas y como 31 mezclándose á ellos, se hallan sifílides en un período diverso de ulcera- ción, pero afectando la mayor parte de ellas una forma infundibulilbr- me, y haciéndose tan numerosas en el perineo, que del ano á la vulva no hay más que una hilera de manifestaciones locales. No hemos exa- minado la vagina, uretra y útero. Los ganglios inguinales notablemente infartados; en la garganta huellas de antiguas ulceraciones cuyo carác- ter ó tipo es difícil precisar; tanto en la mucosa bucal como en algu- nas partes de la piel del tronco, se encuentran manchas muy pequeñas, equimóticas, semejantes á las de púrpura; por último, la enferma se queja de dolores osteócopos, sudores copiosos nocturnos, ligeros ca- losfríos y quebranto general en las noches. Pesamos desde luego á la enferma (véase el trazo número X, lámi- na 3a), y después de haber sido aseada convenientemente, se empezó la curación local de lodos los accidentes referidos. Al quinto dia de su entrada, se le ordenó el mercurio unido al extracto de guayaran al in- terior. El termómetro no acusaba á ninguna hora la existencia de reac- ción febril. Ac/osto 28. Después de ocho dias de tratamiento mercurial, se sus- pendió desde hoy dicho medicamento, con el fin de que la enferma pueda tolerarlo mejor ; los accidentes locales poco ó nada se han modificado ; hay una estomatitis acompañada de catarro nasal y ocular. Setiembre 4. Se vuelve al tratamiento interior del principio; han desaparecido, secándose, las pústulas de los miembros inferiores y cal- mádose un tanto los dolores de la región anal. Registrados los otros órganos, hay en la uretra señales de una inflamación crónica; nada en la vagina y útero, con excepción de las sifílides anotadas ya y que se encuentran á la entrada del primero de los mencionados conductos. Setiembre 18. Se suspende nuevamente el mercurio y se combate con el uso interno y externo del clorato de potasa la estomatitis que se ha manifestado. La curación tópica de iodoformo ha modificado ligera- mente los accidentes de la vulva y el ano; no han aparecido otros tras- tornos. Setiembre 25. Otra vez el protoioduro de mercurio al interior para continuar con el uso de él miéntras la enferma pueda tolerarlo, pres- cribiéndolo de un modo alternativo con el clorato de potasa. Ningún alivio en las lesiones ano-vulvares; el apetito de la enferma ha desa- parecido y las dificultades en la alimentación empiezan. Octubre 9. Se varía el tratamiento local, porque los practicados an- teriormente han sido infructuosos; se ordenan baños de asiento para calmar las excitaciones y dolores que producen las ulceraciones del rec- to, que privan de reposo á la enferma. Octubre 16. Ninguna novedad en los accidentes mencionados; no han aparecido otros, y se suspende el tratamiento interno por los desórde- nes que en la boca ha producido. Clorato de potasa al interior y toques á la encía con un colutorio especial. El dia 19 del mismo mes, la enferma se queja de fuertes dolores en el recto, agravados después de la expulsión de una cantidad de sangre, cuya abundancia no nos fué permitido apreciar En los siguientes dias la enferma tuvo que tomar cama, porque la colitis se hizo aguda, acom- 32 pañándose de reacción febril ligera y de multitud de deposiciones con el carácter muco-sanguinolento. En los últimos dias de Octubre, la colitis abandonó su estado agudo, pasando al sub-agudo, y mejorando en consecuencia á la enferma. Esta, á pesar de toda clase de recomen- daciones, olvidábalos consejos y desarreglaba su alimentación, lo cual fué causa de que el 13 de Noviembre hubiese nueva exacerbación del mal y aparición del mismo estado anterior. Se combatió la inflamación intestinal racionalmente, y á fines de Noviembre, la enferma entraba en una franca convalecencia; las reacciones febriles, la dieta, las pérdidas de sangre, etc., dejaron á la enferma en un estado de enflaquecimiento notable que procuróse combatir, atendiendo mucho al régimen alimen- ticio, y medicación tónica interior En todo ese tiempo se abandonó la curación diaria, que en regla general se hace á las enfermas; y cuando á principios de Diciembre se vieron nuevamente los accidentes sifilíticos de la vulva y el ano, se encontraron en el siguiente estado: las sifilides vulvo-vaginales muy sucias y atónicas, cubiertas en casi toda su exten- sión de un tejido fungoso y sin vitalidad, del cual era imposible esperar la cicatrización; las del ano algo reducidas en sus dimensiones, pero también con el carácter torpe y sucio de las anteriores; cicatrizadas las pequeñas que cubrían el perineo y cara externa de los grandes labios. Tratamiento iodurado y tónicos aí interior. Diciembre 14. No encontrando en los medicamentos tópicos resulta- dos que hicieran abrigar la esperanza de una curación, ni aun siquiera lenta, el Dr. San Juan juzgó necesario modificar los accidentes en cues- tión por medio del termo-cauterio de Daquelin, con cuyo uso se consi- guió, destruyendo los tejidos fungosos y medio gangrenados que existían, una modificación favorable al principio. Coinciden con este tratamiento trastornos gástricos que marcadamente ponen en mal camino el estado general de la enferma. Se combate todo ello y se consigue un resultado muy favorable. Diciembre 25. Renace el apetito en la enferma, se corrige comple- tamente el mal estado de las vías digestivas, y las ulceraciones del ano, recto y entrada de la vagina presentan un aspecto satisfactorio, que continúa el resto del presente mes. 1882.—Enero 8. Vuélvense á locar con el termo-cauterio las ul- ceraciones, destruyéndose algunos condilomas que impedían una cura- ción fácil y completa; la enferma se queja de fuertes dolores al evacuar y de deposiciones sanguinolentas, y hecho el reconocimiento del recto, se nota que las ulceraciones eran bastante extensas, subiendo hasta una extensión como de 6 á 8 cenlimetros, siendo ellas seguramente la causa de las hemorragias y dolores acusados por la enferma. En lodo el curso del mes de Enero no hubo trastornos que lamen- tar ; sólo la persistencia de las lesiones valvares y anales y la gravedad creciente de las ulceraciones del recto hacían desesperar de una pronta y feliz curación. Febrero. A principios de este mes nuevas cauterizaciones con el termo- cauterio; suspensión de todo tratamiento interno específico y adminis- tración de absorbentes para combatir una tenaz diarrea que se presentó. A fines de dicho mes cayó de nuevo en cama la enferma á conse- 33 cuencia de sus padecimientos intestinales; desde entonces suspendimos la regularidad de la observación del peso, porque, sea por los trastornos intestinales ó gástricos, sea por la calentura, etc., nos pareció muy di- fícil sacar para nuestro objeto, algún provecho de observación tan com- plicada. En el mes de Mayo los accidentes intestinales acusados por la enferma, hicieron sospechar al principio y confirmar después, que en el resto del intestino grueso existían nuevas ulceraciones, las cuales daban al cuadro que presentaba la enferma un carácter de gravedad cada dia más creciente y funesto. Desde el mencionado mes de Marzo la paciente cayó en cama, su si- tuación se empeoró dia á dia, á pesar del cuidado que se tenia en no abandonar la práctica de cuanto se juzgaba conveniente, y á fines del año de 1882, la enferma sucumbió á consecuencia de las manifestaciones intestinales y en un estado de agotamiento excesivo. No habiéndonos sido permitido hacer la autopsia, nos contentamos con el diagnóstico hecho en vida, sin poder precisar con más detalles las lesiones. Número 13.— El Io de Mayo de 1881 entraba voluntariamente á curarse de padecimientos sifilíticos, la enferma Brígida C. .. ., de 18 años de edad y natural de México. Ocupó la cama número 35 de la «Sala Ortega» del hospital Morelos, y nos hizo la relación que sigue: enferma en años anteriores de pulmonías, tifo, etc,, jamas habia tenido enfermedades análogas á la actual: en Junio del año próximo pasado se entregó á la prostitución clandestina, y durante seis meses no tuvo ac- cidente de que quejarse. A principios del presente año por primera vez le apareció, á la entrada de la vagina, una pequeña úlcera de la que curó muy pronto con el auxilio de recursos médicos; á de Marzo empezó la aparición de lo actual, que empezando por granos peque- ños y pruriginosos en la vulva, fué extendiéndose y complicando el mal hasta el estado en que hoy se encuentra y que es el siguiente: en toda la parte de piel correspondiente al perineo, una vasta ulceración que, á juzgar por su aspecto y contornos, es el resultado de multitud de sifí- lides confluentes y ulceradas; cubierta de pus y sucia, es muy dolorosa, y examinándola por su parte más anterior, se aprecia bien que se pro- longa hasta la parte posterior del grande y pequeño labios izquierdos; en contorno de la entrada de la vagina, sifílides análogas que mantie- nen un escurrimiento purulento, y tan dolorosas que no permiten la ex- ploración de los otros órganos (vagina, uretra, útero, etc.). En el resto del cuerpo cicatrices muy escasas y diseminadas, pero notables á la sim- ple vista; caída poco abundante del cabello; ciertos trastornos gástricos periódicos y de poca intensidad ; y por último, con exclusión del infarto de los ganglios inguinales y cervicales (sub-maxilares), signos nega- tivos de otras lesiones locales ó de manifestaciones generales que á buen derecho puedan atribuirse á la sífilis. Se le ordena un lavatorio clorurado mezclado al agua de Goulard y toques con una solución débil de nitrato de plata: nada al interior. To- mamos desde ese mismo dia su peso, según puede verse en el trazo nú- mero XI, lámina 3a. Muyo S. Se ha limpiado la ulceración del perineo, pero sin dejar de ser dolorosa. Desde hace tres dias la enferma se queja de trastornos 34 intestinales que amenazan hacerse muy serios si no se les ataca enérgica- mente; hoy hubo calentura durante todo el dia (38°3 en la mañana y 39°2 en la tarde); se ordenó un purgante para continuar mañana con pociones emolientes. Mayo 16. Se disipó la entero-colitis provocada por excesos en la alimentación; no pudimos tomar hoy el peso de la enferma ; poco á po- co se ha ido volviendo á la alimentación normal, cuidando una recaída. Los accidentes específicos en buena vía curativa; no hay aparición de otros. Mayo 26. Se mantuvo la completa curación de los trastornos diges- tivos, estando hoy la enferma repuesta y en perfecto estado de salud por ese lado; los accidentes locales del perineo reducidos en una tercera parle de su primitiva extensión; igual mejoría en los de la entrada de la vagina; se continúa el mismo tratamiento y se ordena al interior io- duro de potasio (solución de Magendie). Jimio 5. Continúa la rápida cicatrización de los accidentes referi- dos; no han aparecido otros. Junio 12. El mismo estado en las manifestaciones existentes; apa- rición en el velo del paladar de sifílides vesículo-ulcerosas; se sus- pende el ioduro y se insiste en el tratamiento local. Junio 19. Aparición de vitÍligo específico contra el cual nada se in- tenta ; el mismo estado en las últimas manifestaciones del velo del pa- ladar y notable mejoría en las vulvares; la ausencia de dolor ha permitido explorar los otros conductos: en la vagina se encuentran multitud de pequeñas vegetaciones; en la uretra nada, y en el útero, una ligera exulceracion en el cuello. Junio 26. De las sifílides de la garganta apenas queda una pequeña ulceración á los lados de la úvula; las de la piel del perineo cicatriza- das, y próximas á estarlo completamente las de la entrada de la vagina; se han extirpado con las tijeras muchas de las vegetaciones y curado tópicamente la exulceracion del cuello del útero. Aparición de zumbido de oídos, bochornos, etc., y otros accidentes relativos al estado de ane- mia que guarda la enferma. Se prescribe al interior jarabe de Dupas- quier y cocimiento de hojas de nogal. Julio 3. Curados los accidentes sifilíticos del velo del paladar y ór- ganos genitales; se siguen cortando las vegetaciones vaginales y vul- vares. Julio 10. Después de una constipación de 3 dias sobrevino una diarrea que duró igual tiempo y que se cortó con el uso de los absorbentes. La vaginitis crónica se trata con toques de ligeros cateréticos, los cuales modificando el carácter y grado del escurrimiento, impiden que éste ul- cere las partes recien trabajadas por la sífilis. Julio 17. Sin aparecer nuevos accidentes, se ha mantenido la cura- ción de los antiguos, lia desaparecido la exulceracion del cuello del útero. En el curso del mes se extirparon todas las vegetaciones, tanto externas como internas; las funciones digestivas permanecían sin desar- reglarse, y sólo quedaba como accidente específico el vitÍligo, contra el cual, como dijimos, nada se hizo, porque pareció ocioso ó inútil. En la primera semana de Agosto, la enferma siguió curándose del 35 escurrimiento vaginal, el cual, merced á la constancia de las curacio- nes, se modificó de tal modo, que juzgóse poco nocivo, puesto que lo escaso de él y la falta de propiedades icorosas, no hacían temer ningún accidente de su parte. No existiendo ninguna manifestación específica y hallándose la enferma aun sin las molestias que en cierta época trajo la anemia, íué dada de alta, no sin recomendarla siguiese con el uso del tratamiento interno último que habia tenido, y que dado caso de que recayese de su enfermedad, volviese al servicio inmediatamente. Número 14.— Entraba el 6 de Febrero de 1881 á ocupar la cama número G de la « Sala Ortega, » Paula C. . . . de unos 40 años de edad, linfática y llevando en su aspecto el [ocies de la clorosis. Al siguiente dia era reconocida é interrogada, y referia que aunque obligada por su miseria á vivir en lugares bajos y húmedos y á entregarse con alguna frecuencia al uso y abuso de los alcohólicos, jamas habia ejercido la prostitución pública ó clandestinamente. Aparte de algunas enferme- dades no diatésicas, habia padecido y curádose un año ántes en la «Sala Robredo » del mismo hospital ¡Morelos, de unas ulceraciones vulvares, que según las ordenatas del servicio aquel, llevaban el siguiente diag- nóstico: «placas mucosas vulvares ulceradas: » entonces fué también so- metida á un enérgico tratamiento mercurial que produjo serios accidentes en la boca. (Este relato fué confirmado por nosotros con las menciona- das ordenatas.) En fin, á principios de 1880 salía curada, y no volvió á resentir ningún padecimiento hasta seis meses después de su salida, época en que empezó la aparición de lo actual que ha venido agraván- dose de cuatro meses atrás á la fecha presente. El resultado del reconocimiento fué el siguiente: pústulas de ectima en el surco mentó-labial y labio superior derecho, en pleno período de supuración; manchas de efélide en la cara y ligera conjuntivitis en el ojo derecho; trayecto fistuloso, ulcerado á su entrada, en taparte médiay anterior de la bóveda palatina, conduciendo profundamente á un lugar en donde se siente, á la parque rugosidades necróticas, una movilidad manifiesta; exulceraciones en la parte superior de la laringe; periostó- sis en los dos últimos metartasianos del pié izquierdo, y metritis cró- nica. Existia, además, en ambas ingles, un cordon duro en la dirección del pliegue inguinal, sin que pudiese comprobarse la existencia de una verdadera pléyade especifica. El mismo dia extirpóse el secuestro del maxilar superior, cuyo ta- maño podrá apreciarse, considerando que en él estaban implantados los únicos tres incisivos que quedaban. Se le ordenó el uso del ioduro de potasio bajo forma de jarabe, alternando con los ferruginosos y gencia- na al interior; curación tópica y alimentación la más sustancial. Fijado por el Dr. San Juan el diagnóstico, « sífilis y mercurialismo,» se prosi- guió el tratamiento interior referido y curación local á los accidentes descritos. Febrero 13. Curada de la fístula de la boca, y los otros accidentes mejorados. Continúa la misma medicación. Febrero Í7. Aparición de una inflamación en el ojo derecho, que se- gún el diagnóstico hecho en el hospital « Valdivieso », era una querato- iritis sifilítica y conjuntivitis análoga; de la misma consulta se aconsejaba 36 dilatar y contraer sucesivamente el iris para impedir las adherencias y usar un lavatorio fenicado al milésimo, y ioduro de potasio al interior. Acceso nuevo de erupción pustulosa igual á la existente en varios lugares de la cara. Febrero 27. Casi curada de la inflamación ocular; las pústulas han secado en su mayor parte; desaparición completa de los accidentes la- ríngeos. Síguese el mismo tratamiento general y local. Marzo 13. Han quedado ligeras adherencias del iris é inyección de la conjuntiva; los otros accidentes curados. Se suspende temporalmen- te el ioduro de potasio, porque los trastornos gástricos indican que hay alguna intolerancia; se continúa con el resto del mismo tratamiento. Marzo 20. Aparición en la región malar derecha de una placa her- pática que causa algunas molestias á la enferma; se le aplica una pomada secante ; se insiste en dilatar y contraer la pupila, porque las adheren- cias se han hecho tenaces. Marzo 27. Se ha secado la erupción herpélica de la cara, y las pe- queñas y escasas pústulas que quedaban. No hay nuevas manifestaciones y se renueva el primitivo tratamiento iodurado. Abril 13. Modificado muy favorablemente el estado general de la en- ferma, se aprovecha el buen estado de las vias digestivas para seguirla reparando. El mismo tratamiento. Abril 20. No existiendo á la fecha ningún accidente general ó local que retuviese en el servicio á la enferma, se le concedió su salida des- pués de examinarla con nimiedad. Al irse, lleva las huellas que han dejado las erupciones distintas que habían sobrevenido: una línea oscura en el ojo en la unión de la cornea á la esclerótica, pero sin anomalía ningu- na en la visión, y el estado de sus ganglios inguinales exactamente igual al que encontramos al hacer el primer reconocimiento. (Las oscilacio- nes de su peso, se encuentran figuradas en el trazo número XII, lámi- na 3a.) Número 15.— María Jesús R , casada, de 30 años de edad, escrofulosa, entró á curarse de accidentes sifilíticos á la «Sala Ortega» el 15 de Mayo de 1881, ocupando la cama número 30 de dicha sala. De antecedentes exclusivamente venéreos, sólo acusa un bubón supu- rado de la ingle izquierda; y el origen de los actuales específicos no lo recuerda absolutamente. Sólo refiere que dos meses atrás á la fecha, le aparecieron en la vulva unas pequeñas bolitas, semejantes á cabezas de alfiler, las cuales reventándose de un modo espontáneo ó con rao tivo de rascaduras repetidas, fuéronse ulcerando progresivamente. Una sordera parcial consecutiva á la supuración de uno de los conductos au- ditivos, padecimientos intestinales frecuentes, una gran debilidad y datos, negativos de cuanto se ha inquirido, es el complemento de la relación que hace. El 26 del mes de Mayo la reconocimos encontrando lo siguiente: tres sifílides de dos y medio centímetros de extensión, púslulo-ulcerosas, en el gran labio derecho, sucias y ulceradas profundamente; otras peque- ñas y acumuladas en la superficie délos pequeños labios; una extensa placa mucosa en contorno del orificio anal, muy dolorosa sobre todo al reconocimiento; infarto típico de los ganglios inguinales; pequeñas ve- 37 getaciones en el vestíbulo y pared anterior de la vagina, de la cual sale un escurrimiento leucorréico abundante. Por último, hay perturbacio- nes en la menstruación (dismenorrea) y soplos anémicos en el corazón y vasos del cuello. Se ordenó el tratamiento local ad hoc; al interior, pe- queñas dosis de ioduro en una decocción de hojas de nogal y vino de quina en las comidas. Siguiendo la línea de conducta indicada, marchaba bien la curación local de los accidentes, mejorándose á la vez el mal estado general favo- rablemente, hasta el día 14 del siguiente mes de Junio, en cuya época, por desarreglos de alimentación, sobrevino una entero -colitisque pos- tró en cama á la enferma durante cuatro dias; suspendióse todo trata- miento entonces para atender á esta complicación que cedió en pocos dias Nada anormal en las manifestaciones existentes; pero desde el dia anterior se queja la enferma de dolor y zumbido de oídos. Junio 26. Continúan las molestias del oído; la inflamación intesti- nal curada, estando la enferma aún en convalecencia; notable adelanto en la cicatrización de las sifilides vulvares; las vegetaciones se han es- tado extirpando poco á poco; no bay aparición de nuevos accidentes. Se vuelve al tratamiento interno primitivo. Julio 3. Cicatrizadas las sifilides vulvares, extirpadas las vegetacio- nes y corregido el escurrimiento vaginal, no queda ya qué hacer en los órganos genitales; pero en la región anal los dolores producidos por pequeñas grietas ó ulceraciones desesperan á la enferma, quien huye hasta de las curaciones locales que se intentan; la otitis ha supurado abundantemente. Julio 10. Movimiento febril por las tardes en los dias anteriores á la fecha, lo cual mucho impresiona la salud de la enferma, quien pre- senta marcada anemia; la otitis continúa supurando en igual grado, y las lesiones anales poco avanzan en su mejoría, debido entre otros mo- tivos al desaseo de la paciente Se insiste en el mismo tratamiento. Julio 17. Unicamente ha habido alivio en el padecimiento anal; pér- dida casi completa del apetito y dolores en las regiones ováricas sin que las reglas aparezcan. Julio 24. Se han modificado favorablemente la otitis y lesiones del ano; aparición en la mucosa bucal de exulceraciones pequeñas y dise- minadas; buen estado de las otras funciones principales. A (/oslo Io Reconocida con el otoscopio la lesión de la oreja, se apre- ció una perforación de la membrana del tímpano; el conducto auditivo muy enrojecido y ligeramente ulcerado. Las grietas del ano y exulce- raciones de la boca, cicatrizadas, quedando solamente al nivel de los últimos molares del lado derecho una ulceración sucia, de 5 á 8 milí- metros de extensión. Se continuó en el presente mes la curación de la otitis, ulceraciones de la boca, etc., y hasta el dia 10 no hubo na- da que entorpeciese la marcha hacia la cicatrización, la cual entóneos era casi completa en todas las lesiones; mas en dicho dia volvieron los trastornos intestinales, y con medicaciones especiales, dieta, etc., pu- dieron corregirse prontamente. De nuevo la convalecencia de la enferma se hizo con alguna lenti- tud, y no encontrándose el dia ü20 de Agosto motivos para retenerla 38 más tiempo en el hospital, diósele su alta, esperando que fuera de allí y con mejores elementos, pudiera repararse y marchar por mejor ca- mino. Al salir llevaba lo siguiente: sordera completa del oido enfer- mo; escurrimiento leucorréico vaginal y los trastornos que la anemia provocaba; la debilidad de su constitución hacia temer, con fundamento, que ese organismo tan debilitado, difícilmente podría encontrar una re- paración y normalidad completa en poco tiempo y fácilmente. La oscilación del peso de esta enferma queda anotada en el siguiente cuadro: FECHAS Libras Onzas i881. Mayo “26 98 6 Junio 5 99 yy 12 100 ,, 19 99 5 r, 26 98 6 Julio 3 98 15 ,, 10 98 4 ,, 17 97 5 ,, 24 98 Agosto 1 98 4 ,, 7 99 6 ,, 14 97 ” 20 97 3 Número 16.—Rafaela P , natural de México, de 49 años de edad, casada, entró libremente el 16 de Agosto de 1881, á ocupar la cama número 16 de la «Sala Ortega». Nos cuenta que hace diez me- ses se unió cá su actual marido, no habiendo tenido hasta entonces nin- gún padecimiento de la clase de los que hoy lleva; tres meses después de su matrimonio empezaron á aparecer en el seno izquierdo, miem- bros inferiores y vulva, granos de distintas dimensiones, los cuales se ulceraban profundamente y tardaban más ó ménos tiempo en cicatrizar; y en fin, hace tres y medio meses le apareció una úlcera en el dedo gordo del pié izquierdo, úlcera que motivó la extirpación de la uña, practicada por un cirujano de esta capital, quien estuvo tratando á la enferma de sus padecimientos, empleando para ello principalmente preparaciones mercuriales; á lo anterior agrega algo vago acerca de padecimientos en la garganta, una antigua leucorrea y caída poco abundante del ca- bello. Hoy se comprueba la existencia de lo siguiente: en las mejillas pequeñas costras de impétigo, más grandes en la cabeza, en donde re- visten la forma de ectima impctiginoide, las cuales costras en su caida arrastran mechones de cabello; pústulas de impétigo en las regiones 39 glúteas y piernas; en el brazo izquierdo una gran pústula de ectima de 4 centímetros de extensión aproximadamente y con una coloración cobriza; infarto de los ganglios ínguino-crurales, cervicales y el gan- glio epitrocleano correspondiente al accidente del brazo; el dedo gordo izquierdo ulcerado en toda la extensión de la uña, que había sido ex- tirpada, viéndose un ligero indicio de uña nueva al rededor de la ma- triz ungueal; es un verdadero peri-onixis; igual ulceración, aunque menor en extensión y profundidad, en contorno de las otras uñas del mismo pié, uñas que afectan una disposición enrollada en el sentido del eje de los dedos del pié. A lo anterior se agrega una uretriiis sub-aguda y vaginitis aguda. No bay trastornos generales actualmente. Se impuso el siguiente tratamiento: curación tópica á los accidentes locales, va- riada según convenia; protoioduro de fierro al interior y buena alimen- tación ; inyecciones á la uretra y vagina; se cortó á raiz el cabello de la enferma, curándose los accidentes de la cabeza con la pomada de bi- óxido amarillo de mercurio. Afioslo 21. Apénas se nota una modificación favorable en los acci- dentes ; las reglas han aparecido con cierta dificultad y el apetito ha disminuido. Agosto 28. Se suspendió la curación con el espejo porque estaba muy dolorosa la vagina; no ha aparecido otro accidente, y los antiguos se han mejorado, cicatrizando las pústulas de la cara y región glútea. Con- tinúa el mismo tratamiento señalado. Setiembre 4. Cicatrizada la úlcera del brazo izquierdo, pero la peri- onixis muy sucia y de mal aspecto; se cambió la curación tópica. Amig- dalitis y sifilides vesículo-ulcerosas en la pared posterior de la laringe. Setiembre II. Se ha limpiado la ulceración del dedo gordo del pié, cicatrizándose las pequeñas de los otros dedos; los accidentes de la ca- beza, merced al escrupuloso aseo que se ha observado, mejoran y des- aparecen dia á dia. Cedió la amigdalitis; los demas accidentes en el mismo estado. Setiembre 18. Presentóse un insomnio que con el doral procuró com- batirse. Curados los otros accidentes, con exclusión de los de la cabeza, dedo gordo del pié y la uretro-vaginitis. Al interior se ordenó, desde principios de la presente semana, ioduro de potasio en un cocimiento de zarza Setiembre 25. El uso del ioduro de potasio provocó erupción de acnéa en algunos puntos del cuerpo; curadas completamente las sifili- des de la cabeza, y reducida á la mitad de su extensión primitiva la peri- onixis. El estado general muy satisfactorio. La vaginitis ha pasado de su periodo de agudez. Octubre 9. Curadas completamente todas las manifestaciones que existían, sólo persiste la uretro-vaginitis; no ha habido otra manifes- tación. Se continuó el tratamiento general, combatiendo á la vez local- mente la inflamación de los conductos mencionados. Octubre 18. No habiendo aparecido nada nuevo y encontrándose la enferma en perfecto estado aparente de salud, se le permitió la salida del hospital, recomendándole que tan luego sufriese de alguna otra cosa, ocurriese nuevamente al mismo servicio hospitalario. 40 El 26 de Abril de 1882 volvíamos á encontrar de nuevo á la enfer- ma en la «Sala Ortega»; nos refirió que durante tres ó cuatro meses después de su salida del hospital conservó su salud inalterable; mas después, á consecuencia de trabajos penosos, le apareció una úlcera en la garganta. Dicha úlcera era corno de 3 centímetros de extensión, cu- briendo la mitad izquierda del velo del paladar, sucia y acompañada de una adenitis submaxilar dolorosa y muy marcada. En dos semanas curó de la mencionada ulceración, y tan corto tiem- po no nos permitió seguir nuevamente la observación. Salió la enferma del servicio en Noviembre de 1882, no habiendo tenido después ocasión de saber de ella. Hé aquí el cuadro de sus pesos: FECHAS Libras Onzas 1881. Agosto 16 85 8 » 21 85 12 ,, 28. . . . 86 Setiembre 4 86 8 ,, 10 87 ,, 18. . . . 87 6 > > 25. . . . 89 10 Octubre 2. . . . 91 9 92 6 >» 18 93 1 Número 17.—Matilde M. . . de 20 años de edad, soltera y natu- ral de Yeracruz, entra el 21 de Febrero de 1881 á ocupar la cama nú- mero 7 de la «Sala Ortega». Inscrita hace varios años para ejercer la prostitución, su ejercicio la lia conducido boy por cuarta vez al hospi- tal. En las tres primeras ocasiones los accidentes que ha traído, según relatos de la enferma y las comprobaciones que hemos "hecho con las antiguas ordenatas, han sido simplemente venéreos (uretritis, vegeta- ciones y chancros blandos.) Hoy presenta lo siguiente, sin que hayamos podido averiguar con exactitud la fecha en que aparecieron los acciden- tes en cuestión: silílides hulosas en los brazos y piernas, en distintos periodos de desarrollo; silílides vesículo-ulcerosas en las carúnculas mirtiformes; chancro blando en la fosa navicular, blenorragia uretral, y falta de otras manifestaciones en la garganta y demas regiones ac- cesibles al examen directo. Tratamiento: baños con cloruro de sodio cada tercer dia; curación local á los accidentes de los órganos génito- 41 urinarios y ioduro de potasio unido á jarabe de corteza de naranjas al interior En el curso del mes de Febrero cicatrizó el chancro blando, que se habia curado con iodoíbrmo; pero han aparecido nuevas bulas de rupia en los pliegues génito - crurales; los otros accidentes ligeramente me- jorados. Marzo 6. Secadas en gran número las bulas de los miembros; hoy llama nuestra atención la enferma acerca de la alopécia que nota hace varios dias, manifestándonos á la vez que sus reglas no marchan con regularidad. Siguese el mismo tratamiento. Marzo 13. Habiéndose secado los accidentes cutáneos, se suspenden los baños medicinales; no lian aparecido otros nuevos; suspéndese des- de hoy el uso del ¡oduro de potasio á causa de algunos trastornos gás- tricos, siguiéndose la curación local de las sifílides de los órganos ge- nitales. Marzo 20. Aparición de sifílides análogas á las primeras, en las re- giones glúteas, acompañada de algún malestar general. Vuélvese á los baños con cloruro de sodio, tocando con pomadas secantes las más im- portantes en tamaño. Marzo 27. Han curado los accidentes de las carúnculas y la blenor- ragia uretral; sólo quedan las últimas sifílides que aparecieron hace po- cos dias. No ha habido otra manifestación, y el método terapéutico es el mismo: curación local y baños; nada al interior. Abril 3. Las bulas de rupia que quedan van cicatrizando rápida- mente bajo la espesa costra que las cubre. Abril JO. Se mantiene la completa curación de los primeros acci- dentes, y se encuentran ya cicatrizados los últimos que se manifestaron. Al siguiente dia, solicitando la enferma su salida, después de examina- da escrupulosamente, no se encontró ningún motivo para negársela, yéndose con los vestigios de sus sifílides y el infarto ganglionar de las ingles que desde el principio de la observación existia. La oscilación de sus pesos es corno sigue; DPBOM AS Libras Onzas 1881. Febrero 21 101 „ 27 102 2 Marzo 6 102 4 ,, 13 104 6 „ 20 103 5 27 103 8 Abril 3 103 15 „ io 104 3 42 Número 18.— Angela S. . . ., natural de Pacbuca, de 22 años de edad, casada, y de buena constitución, entró el 24 de Abril de 1881, á ocupar en la «Sala Ortega » la cama número 21. Dos veces, con ex- clusión de la presente, ba estado en este hospital cc Morelos»: la pri- mera el año antepasado, á curarse de un bubón supurado de la ingle izquierda; y la segunda el año próximo pasado, á tratarse de blenorra- gia uretral. Refiere que en el mes de Enero del presente año padeció de una rozadura que cicatrizó bien pronto con el uso de los remedios que entonces le aconsejaron. A principios de Marzo, después de haber estado en cama algunos dias, se cubrió lodo su cuerpo de una erupción especial, de la cual hoy quedan vestigios cicatriciales. Cuidábase en su casa de estos últimos padecimientos, cuando obligada por la Inspección sanitaria, pasó al servicio, en donde la encontramos con lo siguiente: señales de la erupción á que hacia referencia, y que por su número, coloración especial, etc., parecen de origen sifilítico; sifílides pápulo- ulcerosas en el vestíbulo y contorno del ano, de distintas dimensiones, y todas en pleno período de ulceración; alopecia específica; trayecto fis- tuloso en la región axilar, consecutivo á una adenitis que terminó por supuración; quéjase además la enferma de dolores reumatoides y al- gunos trastornos menstruales. Sin usar tratamiento interno de ningún género, y cuidando solamente de las curaciones locales, empezóse á tratar á esta enferma, normando el arreglo de dichas curaciones al es- tado de las ulceraciones. Muyo Io No lian aparecido otros accidentes sifilíticos, ni no sifilíti- cos ; los existentes guardan casi el mismo estado; de nada se queja la enferma. Mayo 8. Han cicatrizado las sifílides del contorno del ano, con ex- clusión de una pequeña que subsiste. Las valvares, muy mejoradas, así como el trayecto fistuloso, que ha ido cerrándose poco á poco de la pro- fundidad hácia la superficie. Mayo 15.— De las sifílides anales ninguna queda, y de las del vestí- bulo sólo persiste una, resultado de la confluencia de otras pequeñas, y que por su extensión ba tardado más en cicatrizar; ulceración de la parte posterior de ¡a mucosa faríngea. Mayo 25.—Cicatrizados completamente los accidentes de los órga- nos génito-urinarios. Habiéndosele descubierto un quiste mucoso pe- queño en la pared lateral derecha de la vagina, se le puncionó dando salida á un líquido baboso, espeso y trasparente. Junio 3. A la fecha no conserva esta persona ningún padecimiento aparente sifilítico; sin embargo permaneció cuatro dias más en la sala, dándole su alta al cabo de ellos. Lleva los vestigios cicatriciales de las sifílides de la piel y de la entrada de la vagina, notándose que las de este último sitio dan una sensación de dureza muy especial. El cuadro de sus pesos es el siguiente: 43 FECHAS Libras Onzas 1881. Abril 24 O O * Mayo 1 100 3 „ 8 100 9 „ 15 101 „ 25 o o 14 Junio 3 101 4 Numero 19.—Jesús R. . . ., de *23 años, soltera, natural de Gua- najuato y de constitución robusta, entró el 15 de Febrero de 1881. Es tan vago lo que nos refiere de sus antecedentes, que omitimos anotarlos. Hoy tiene lo siguiente; ulceración cubriendo toda la parte de mucosa visi- ble del labio inferior, cubierta por una costra que aparece y cae sucesiva- mente y provoca ardores y molestias que desesperan á la enferma; en la fosa navicular, sifilides vesiculo- ulcerosas, que reunidas en una sola ulceración como de 8 á 12 milímetros de extensión, presenta un aspecto sucio y análogo al de un chancro blando; leucorrea antigua; infarto de los ganglios inguinales; ligera alopécia y ningún trastorno ó perturba- ción general. Tratamiento; curación local, buena alimentación y baños tibios cuando los solicite la enferma. Marzo 6. La ulceración de la fosa navicular se ha cubierto de boto- nes rojos, limpiándose completamente y está en buena via de cicatriza- ción. La del labio inferior en el mismo estado, así como la leucorrea. Marzo 20. Mejorado el accidente de la boca; continúa normalmente la buena marcha del de la fosa navicular; aparición en el pliegue génito- crural de una pequeña exulceracion que produce mucho ardor. Los otros accidentes (caída del pelo y leucorrea) en el mismo estado. Marzo 21. Con el uso de pomadas secantes va muy bien la curación de la ulceración del labio ; curada la exulceracion que apareció en dias pasados; la úlcera de la fosa navicular, reducida á ménos de la mitad de su extensión primitiva. Ningún tratamiento interno. Abril 3. Ningún fenómeno anormal; todas las funciones en perfec- to orden sin que la enferma se queje de nada. Abril 15. liará ocho ó diez dias se notó un escurrimiento uretral que desde entonces se combate con inyecciones adecuadas; el accidente de la boca disipado ya á la fecha, y del vulvar apenas queda un punto como de 3 milímetros de diámetro. El dia 20 del mismo mes todo es- taba curado, no había aparecido otra manifestación, y en presencia de tan buen estado, no hubo inconveniente en conceder á la enferma sn salida, después de examinarla escrupulosamente. Al irse conserva to- davía la ligera caída del cabello y el infarto ganglionar tan común en esta clase de enfermas. 44 Las oscilaciones de su peso fueron las siguientes IFEOIEI AS Libras Onzas 1881. Febrero 27 120 8 Marzo 6 120 U 13 121 3 „ 20 121 6 „ 27...... 122 Abril 3 122 13 „ 12 123 4 „ 20 123 15 Número 20.— Angela H... ., de 20 años, soltera, entró á la « Sa- la Ortega» el 3 de Febrero de 1882, ocupando la cama núm. 37. Ha- ce dos meses que padeció en las partes genitales una ulceración, que ella califica de rozadura, único accidente que babia tenido basta esa fecha; después permaneció inalterada su salud, y en dias de la sema- na antepasada observó la aparición de los actuales accidentes: erupción exanternatosa (roséola) mezclada con pápulas por todo el cuerpo; sifí- lides vesiculo-ulcerosas en la garganta; en la vulva, igual accidente, simulando en algunos puntos chancros blandos; pléyade inguinal é in- farto de los ganglios cervicales posteriores. Febrero /4. Apenas apagada la erupción exantemática en algunos puntos, aparece ó se manifiesta una nueva del mismo carácter, siendo precedida durante dos dias de ligero movimiento febril, no precisado con el termómetro. Tratamienlo local, baños medicinales y ioduro potásico al interior. Febrero 21. No continuó aumentando la erupción, sino que por el contrario, la existente apagóse ligeramente; las sifílides valvares han disminuido en extensión, y en un grado mayor las pocas que existían en la mucosa de la garganta. El mismo tratamiento. Febrero 28. Continúa la franca marcha á la curación de las sifíli- des; no han aparecido otras; nótase ligera alopécia. Procúrase mejo- rar hasta donde es posible la alimentación de la enferma. Marzo II. Hasta el dia 9 la enfermafué mejorando, llegando á apa- garse completamente la erupción de la piel, y cicatrizando completa- mente las sifílides guturales; los dias 10 y 11, fuerte reacción febril, apareciendo al siguiente dialas manifestaciones francas de un reuma- tismo poli -articular agudo; inflamadas notablemente algunas articula- ciones (las del puño y rodillas) con derrame perceptible á la explora- 45 cion física; ordenóse la aplicación local de tintura de iodo, y al interior, salícilalo de soda; la enferma se encuentra en un estado marcado de postración. Marzo 20. Continúan las manifestaciones del reumatismo, que por su marcha hasta el dia 28 del mismo mes, parecía una mezcla del reu- matismo franco y del específico. No pudiendo levantarse la enferma, suspendimos con cierta contrariedad las pesadas, hasta que el alivio del mal nos permitiese continuarlas. Habiéndose declarado en los primeros dias de Abril una pericardi- tis con derrame abundante, la enferma empeoró de situación, y desespe- ramos de seguir con toda exactitud la observación, la cual fué al fin definitivamente supendida, porque á la pericarditis se agregó una en- docarditis; la calentura se hizo constante, revistiendo el tipo intermi- tente; la enferma agolóse más y más, y tan luego obtuvo un alivio su- ficiente (en Junio del mismo año), procuróse darla de alta, esperando que fuera del hospital obtuviese una curación más completa ó una re- paración general, que el aire y vida de hospital difícilmente podrían concederle. Salió curada de las primeras manifestaciones especificas, llevando como signo de su afección cardiaca los soplos que desde el principio se observaron. He aquí sus pesos: Libras Onzas 1882. Febrero 9 94 8 „ 14 93 10 „ 21 94 15 28 • 95 14 Marzo 11 95 7 Número 21. — Adelaida P. . ., de 33 años, soltera, fué enviada por la Inspección sanitaria, el 2 de Febrero de 1882, á tratarse de accidentes secundarios sifilíticos. Acostada en el núm. 11 de la «Sala Ortega, » nos refirió únicamente, que cinco meses anteriores al pre- sente, se encontró en el hospital «San Pablo» con motivo de unas ve- getaciones vulvares; averiguar la antigua existencia de algún accidente primitivo infectante, la marcha que habían seguido los actuales, etc., fué imposible, dada la ignorancia de la enferma. Tenia lo siguiente: laringitis especifica, caracterizada por un enrojecimiento sui generis, un engrosamiento de la mucosa respectiva, cosquilleo y ronquera; no ha- bía ulceraciones de ningún género; sifilides pápulo-ulcerosas en la par- te externa de los grandes labios, acompañadas del infarto ganglionar correspondiente; urelritis crónica y escaso escurrimiento leucorréico. Tratamiento local á los accidentes; inyecciones uretrales adecuadas y ioduro de potasio al interior á dosis creciente. 46 Febrero 7. Aliviados los accidentes locales; la ronquera más pro- nunciada; ningún otro accidente manifiesto. Febrero H. Exacerbación de la laringitis; aparición de una amigda- litis febril. Las lesiones vulvares y uretritis mejoradas. El mismo tratamiento, variando los tópicos aplicados á la laringe. Febrero 21. Curadas completamente la amigdalitis y las sifílides vulvares; persiste el escurriraento uretral; y la laringitis modificada fa- vorablemente. Febrero 28. Ya no causa molestias la laringitis, pero persiste la ron- quera; ningún nuevo accidente, y curados ya los otros que existían. Hasta el 11 de Marzo del mismo año continuó esta enferma en la sala, buscando la curación de los accidentes laríngeos, los cuales eran tratados con fumigaciones y toques constantes y enérgicos. Consiguió- se disipar las molestias que ocasionaban; masía ronquera, aunque mo- derada, persistió hasta la fecha de su salida. El tratamiento iodurado no se abandonó en todo ese tiempo; y después de hacer algunas reco- mendaciones necesarias á la enferma, se le otorgó su salida el dia 11 del mes indicado. Sus pesos son estos: Libras Onzas 1882. Febrero 2 124 4 „ 1 124 10 „ 14 122 12 „ 21 CO 8 „ 28 123 15 Marzo 11. 124 8 Numero 22.—Martina H. . . . de México, 30 anos de edad, ocupó el número 30 de la «Sala Ortega» el 10 de Enero de 1882. No re- cuerda la enferma que haya existido algún accidente que precediese á los actuales, y sólo manifiesta que hace un año, después de una serie de calenturas que la postraron en cama, apareció una erupción por to- do el cuerpo, la cual erupción desapareció en poco tiempo con el uso de baños medicinales propinados empíricamente; pasado esto, permaneció su salud inalterada hasta el mes de Julio del año próximo pasado, en el cual mes se manifestó una pequeña vejiga al lado del ano, que ulcerán- dose y extendiéndose, llegó al estado en que hoy se encuentra. En rea- lidad se halla todo el contorno del ano cubierto de placas ulceradas que parecen sifílides vesículo-ulcerosas, extendiéndose en una área de 5 á 6 centímetros; iguales accidentes en los pequeños labios, pero aquí más claros y diseminados; urelro-vaginitis subaguda; señales de antiguas 47 manifestaciones ulceradas de la piel, sobre todo en los miembros infe- riores : la enferma acusa, además, dolores en la articulación del hom- bro izquierdo y signos negativos de otros accidentes. Sometida al tratamiento iodurado desde el dia de su entrada, se puso en práctica cuotidiana la curación tópica necesaria y conveniente. Fuero 29. Mejorados todos los accidentes, sin que hayan aparecido más que pustulitas de acnea debidas al uso del iodo ; las grietas del ano muy dolorosas, sobre lodo en el acto de defecar. Se insiste en el mismo tratamiento. Febrero 5. Ha desaparecido el dolor del hombro y las sifílides de los pequeños labios; las del ano casi en igual estado, asi como la uretritis; no hay nuevas manifestaciones. Febrero 13. Nada nuevo que notar, porque no hay diferencia entre el estado del dia 5 y el de la fecha. El mismo método terapéutico. Febrero 26. Indolente la manifestación anal y muy reducida la parte más extensa ulcerada, única que persiste en esta época. Marzo 3. Cicatrizados lodos los accidentes específicos y curada la vaginilis; se suspende todo tratamiento interno indicado por la diátesis, y se administra copaiba y cubeba bajo forma pilular para combatir la uretritis, á la par que se insiste en inyecciones uretrales. Hasta el 22 de Marzo siguió la enferma en el mismo pié de curación, y en dicha fecha, encontrándose la uretritís curada, ó por lo ménos, sin que se manifestase por el escurrimiento especial, la enferma fue re- tirada del servicio saliendo completamente buena. Al irse lleva como signos de la sífilis, un infarto gangtionar en las ingles, infarto que re- viste el carácter especial del sifilítico, y las señales dejadas por las dis- tintas úlceras que ha padecido la enferma en diversas épocas. Su estado general muy satisfactorio. Oscilaciones de su peso: FECHAS I 1BHAS Onzas 1882. Enero 15 106 8 „ 29 106 2 Febrero 5 106 11 „ 13 107 „ 23 107 3 Marzo 3 107 10 „ 10 107 15 20 108 6 Número 23.— Solera L. . . . entró á la «Sala Ortega» el dia 3 de Enero de 1882, á curarse de la sífilis manifestada en dicha enferma 48 hacia gran tiempo. Había sido remitida en otras épocas de la Inspec- ción sanitaria, y curada en distintas salas de este hospital; sólo había padecido entonces accidentes venéreos, á juzgar por los relatos de la enferma, pues no nos fué posible comprobarlo en los archivos del hos- pital. En la época presente es enviada con el diagnóstico «sífilissecun- daria », la cual en su marcha lia quedado de nosotros ignorada, porque la enferma no nos suministra explicaciones de ningún género, circuns- tancia muy común en cierta clase de enfermos de nuestros hospitales. Resulta del examen que se ha practicado lo siguiente : ulceraciones en la mucosa bucal (carrillos y bóveda palatina); sifílides pápulo-ulcero- sas en la superficie de la lengua y comisuras de los labios; sifílides vesículo - ulcerosas á la entrada de la vagina, pequeños labios y con- torno del meato urinario; uretritis y varias pústulas de impétigo en los pies. Coincide con dichos accidentes alopécia, infarto ganglionar en las ingles y cuello: en esta última parte, tanto anterior como posterior- mente. Sometida al tratamiento local conveniente y uso del ioduro de potasio unido al jaborandi, queda en observación desde la fecha de su entrada. Enero 12. Ha disminuido el número de las ulceraciones de la boca, y aún los demas accidentes no están curados, pero si en via de estarlo. Continúa igual tratamiento. Enero 20. Las sifílides de las comisuras de la boca y de los piés han cicatrizado bajo las costras que las cubrían; las de la lengua poco se modifican ; las valvares muy reducidas en extensión y con un buen as- pecto en su superficie ; no han aparecido otros accidentes. La enferma hoy se quejó de falta de sueño, ordenándose agregar al tratamiento, ja- rabe de doral en la noche. Enero 30. Curadas las sifílides de la mucosa bucal, quedan las de la lengua y órganos genitales, estas últimas muy pequeñas. Nada anor- mal en las otras, ni en lo relativo á otras manifestaciones. Se suspende el ioduro de potasio porque la enferma se queja de la garganta y estó- mago. Febrero 10. Cicatrizadas las manifestaciones de los pequeños labios y entrada de la vagina; las de la lengua han disminuido en espesor y extensión. La uretritis da todavía un escurrimiento de color pálido y poco abundante. Febrero SO. Aliviadas las manifestaciones de la lengua; la uretritis casi en el mismo estado. Marzo 2. Sólo quedan en la superficie lingual, hacia la parte mé- dia, dos pequeñas pápulas levantadas, rojas y como exulceradas; sí- guese tratándolas con toques de bi-ioduro de mercurio. Marzo 12. Curadas las sifílides de la lengua y sin que haya apare- cido otro accidente funcional ó local, permanece la enferma en la sala á causa de su uretritis. Este incidente la detuvo diez dias más, hasta el 22 de Marzo, fecha en que pudo contenérsele. En el poco tiempo que permaneció curándo- se de la repetida uretritis, seguimos tomando su peso, el cual aumentó progresivamente, como desde la época de su entrada, sin que además de los accidentes que trajo á su llegada, apareciesen algunos nuevos ó lama. 3a 49 reincidiesen aquellos. Fué devuelta á la Oficina que la envió para ser curada, yéndose con las señales que en regla general deja la sífilis en los tegumentos externos. Este es el cuadro de su peso: FEOHAS Libras Onzas 1882. Enero 4 lll 4 12 til 13 5» 20 112 3 ,, 30 112 10 Febrero 10 112 8 >> 20 112 15 Marzo 2 113 3 ,, 12 113 8 ” 22 . 113 15 Número 24.—Refiérese esta observación á lo anotado en la prime- ra de las que preceden, en lo que se relaciona al periodo secundario. La oscilación del peso de este enfermo, de Enero á Octubre de 1882, época que no consta en el trazo (núrn. I) publicado, fué la siguiente : FEOHAS Libras Onzas Libras Onzas 1882. Enero 9 . . 118 6 1882. Junio 2 119 4 19. . 118 4 13 . . 119 13 Febrero 29 . . 118 15 51 Julio 26 . . 119 8 10. . 118 10 5 . . 119 10 1) Marzo 21 . . 119 f 9 17 . . 119 6 2 . . 118 8 27 . . 119 6 13. . 118 14 Agosto 7. . 119 13 23. 118 10 20. . 120 Abril 30 .. 119 Setiembre 29. . 119 14 12 . . 118 12 10. . 120 2 23. . 119 24. . 119 11 Mayo 11 1°.. 119 4 Octubre 31. . 120 3 11 .. 23. 119 118 0 15 15. . 120 7 Número 25.— Puede verse lo relativo áesta observación, en el final de la que lleva el núm. 3, y cuya curva de pesadas se ha anotado en el trazo respectivo (lámina Ia, trazo núm. III). III El primero y más notable resultado que se comprueba al examinar las oscilaciones en el peso de las enfermas ó el trazo que las representa, en el intervalo comprendido entre el acci- dente primitivo ó infectante y los llamados secundarios, es la di- minución creciente y progresiva del peso del individuo contami- nado, resultado constante hasta hoy en las observaciones que hemos recogido, y que por su constancia misma tiene á nues- tros ojos un gran valor. En nuestro concepto tiene dos significaciones bien claras: pri- mero, que la sífilis desnutre (permítasenos la expresión) ó des- asimila; y segundo, que es una afección general casi desde su principio, observándose que ambos efectos se hacen más mar- cados y evidentes, cuando llega la invasión de lo que se denomi- na fiebre sifilítica. Si sólo en esta última faz se manifestase el descenso indicado, bien pociria atribuirse éste á la calentura que como cualquier otro movimiento febril, hace sufrir á la eco- nomía una pérdida muy marcada; pero en las observaciones tal fenómeno aparece desde el principio, esto es, desde el período completamente apirético, comprobado por los medios termomé- tricos. Tampoco puede decirse que influencias terapéuticas ó de alimentación sean la causa ó contribuyan cuando ménos á ha- cer más marcado el fenómeno, pues las primeras en nada han intervenido, y la segunda no se lia modificado ó suprimido, toda vez que las funciones digestivas han permanecido inalterables. Con especial cuidado é intención hemos anotado el resultado del exámen que de las distintas funciones y aparatos hacíamos en esta época, para que dado caso de hallar cualquiera altera- ción, pudiésemos dar á ella la importancia ó influencia que tuvie- 51 se; y nunca, ánles de la fiebre precusora de los accidentes se* condados, liemos encontrado alterada ó manifiestamente enferma á alguna de ellas. Difícil seria referir á otra causa, que á la sí- filis misma, la desnutrición observada; y si instónos en este pun- to es, entre otras razones, porque la generalidad de los autores da el nombre de faz silenciosa ó muda á ésta que hoy nos ocu- pa, y á la que si bien puede aplicársele el primer calificativo en atención á que no hay sintomes ó trastornos que la revelen al mé- dico ó al enfermo, no así el segundo de ellos, porque con el efec- to que hemos señalado habla, y muy elocuentemente. Suponer que es mudo el intermedio de dos actos originados ambos por una misma causa obrando sin intermitencia, equival- dría á suponer que sólo son ciertos los efectos cuyas causas están bajo el dominio de nuestros sentidos, y que son falsos ó carecen de existencia aquellos que no podemos apreciar. Si al inocular- se el virus lo vemos en actividad é hiriendo, y al salir por los tegumentos externos é internos lo vemos con una potencia mucho mayor, es justo inferir que atravesando tejidos análogos, organi- zados y destructibles, no los lia de respetar en su invasora mar- cha. Asimismo es erróneo llamar al período en cuestión, de in- cubación: por incubación se entiende «el periodo que trascurre entre la acción de una causa morbífica sobre la economía y la in- vasión de la enfermedad ó sea el efecto » (Liltré el Robin); y en el presente caso la causa (sífilis), se manifiesta casi á la par que el efecto (desnutrición). Como para insistir en la inexactitud, al- gunos dan el nombre de entreactos ó intermedios á esos perío- dos llamados silenciosos; pero si analizando un poco mejor la marcha de las lesiones matcrialesyde los trastornos funcionales, como hacemos con el fenómeno diminución del yeso, se com- prueba siempre igual sucesión y progresión, entonces no es di- fícil demostrar ó repugnará ménos admitir que no hay tales en- treactos, sino que toda la escena es una misma; y parodiando ese lenguaje figurado, diríase con más verdad, que todo es un gran acto, sembrado unas veces de grandes y notorias peripecias y otras «te fríos ó simples detalles; pero siempre viéndose en el fondo continuado y uno mismo. Hagamos, aunque sea someramente, ese análisis tanto más provechoso, cuanto que de su resultado esperamos una compro- bación de la segunda significación que hemos dado á la diminu- ción del peso, es decir, que la sífilis es afección general casi 52 desde su principio. Estando todavía vedado á la ciencia ¡lustrar- se y avanzar con el estudio de la esencia misma del virus, si- gamos solamente sus efectos. El virus sifilítico, penetrando por cualquier punto de la econo- mía sin respetar sexo, edad, condiciones especiales, etc., produ- ce su manifestación local (chancro infectante), que tiene en lo general una evolución regular y un carácter de afección inflama- toria; á poco tiempo se nota una lesión de los linfáticos, vasos y ganglios correspondientes, lesión que pasa por igual trayecto á los otros linfáticos inmediatos, siguiendo así sucesivamente has- ta donde se les ha podido seguir por la disección. ¿Estas pri- meras lesiones locales son obra propia del virus? Indudablemen- te; pues los caracteres que revisten son análogos en cuanta ex- perimentación ó hechos patológicos han podido verificarse. Hé aquí cómo las describen los autores modernos: «El primer fenómeno que se revela es la aparición en el punto ino- culado, de una pequeña salida rojiza, que ha sido calificada por los diversos observadores, de «pápula, mancha, pápula cobri- elevación tuberculosa,etc.» Después esta pápula se cubre de escamas, se hace costrosa, se exfolia en una palabra, y ter- mina en una erosión superficial, erosión que ó bien queda des- cubierta como una simple herida dando un ligero escurrimiento, ó bien se cubre de costras más ó menos persistentes al mismo tiempo que esta pápula se desarrolla, su base se ex tiende en superficie á la vez que se engruesa y endurece;en es- ta época la lesión es calificada de « condilorna duro, tubérculo, placa nudosa ó pápula endurecida». Tal es el estado inicial de la lesión El segundo estado (madurez del chancro) no se caracteriza más que por dos fenómenos: ampliación de la pápula primitiva y desarrollo centrifugo de la erosión después los bordes de la solución no lardan en ser invadidos por un trabajo cicatricial, la herida se cierra poco á poco, y final- mente bien pronto sólo queda una placa rojo-parda cubriendo tejidos todavía engrosados y resistentes la induración siempre se produce, pues si á veces no se le aprecia es porque tiene su sitio el chancro en un lugar de difícil ó inadecuada ex- ploración, pudiendo decirse en todo caso, que falta clínica pero no anatómicamente. Tras el chancro viene la linfangitis, ina- preciable muchas veces á la simple vista; pero cuando es muy intensa se manifiesta dibujándose bajo la piel y haciendo un li- 53 gero relieve perceptible además por la palpación delicada reviste también el carácter de endurecimiento y sigue la direc- ción de los ganglios adonde van á terminar los linfáticos corres- pondientes; dichos ganglios constituyen el bubón específico que, según la expresión de Uicord, sigue al chancro como la sombra al cuerpo, haciéndose su compañero fatal y cuyos caracteres pueden resumirse de la manera siguiente; intumescencia ganglio- nar, mínima ó média como desarrollo, indolente y aílegmásica, dura, poliganglionar, con la particularidad de encontrarse uno de los ganglios (el directo) más voluminoso que los otros, no por eso ilesos, evolucionando con lentitud y terminando en regla ge- neral por resolución espontánea; aun cuando supure no deja de presentar caracteres especiales se ve, en suma, que no es una adenitis en el verdadero sentido de la palabra.» «En las piezas anatómicas conservadas se ve que los vasos y ganglios que siguen inmediatamente á esa primera pléyade,es- tán análogamente infectados; y hasta hoy al ménos, estas lesio- nes siempre análogas, se han visto hasta donde la disección las ha seguido, por ejemplo, desde el pene (lugar del chancro) has- ta los ganglios lombares, no negando los observadores que más allá dejasen de existir». * El hecho importante que nos permite apreciar el estudio an- terior por medio de los caractéres, endurecimiento, forma espe- cial y marcha de las lesiones, etc., es que el virus sifilítico, sea cual fuere su ignorada naturaleza, va produciendo lesiones loca- les y especiales por la via que recorre, y que esta via es la lin- fática; y como en la estructura, funciones, etc., de este sistema no se halla razón alguna científica que demuestre que en el res- to de esa oculta emigración el virus debe quedar inactivo ó inab- sorbible, es lógico suponer que igual trayecto é iguales lesiones seguirá recorriendo y produciendo. El trayecto de esta penetración y emigración bastaría ápriori para inferir cuál será el efecto ulterior del virus, y qué será lo que la economía entera espera sufrir, siendo como es, el sistema linfático la boca más grande de absorción, la más activa y en comunicación con los otros sistemas circulatorios en los cuales derrama cuanto su corriente absorbe y arrastra, llevando así has- * Alfred Fournier. Leijons cliniques sur la Siphilis, étudiée plus particuliéreraent chezlafemme. Deuxiérae édition. 1881. 54 la la intimidad de los órganos y tejidos la terrible ponzoña que nada respeta, según nos enseñan las lesiones cuya huella po- demos palpar toda vez que nos es permitido hacerlo. Doctrinal- mente estos primordiales hechos demostrarían que tal era el rá- pido camino siempre seguido por el virus; pero por una parle la demostración no seria más que doctrinal, y por otra, tropezába- se al momento con la irresuelta cuestión del origen ó nacimien- to del sistema linfático, y consiguientemente, con otros difíciles y controvertidos problemas que nos desorientarían de nuestro ob- jeto conduciéndonos por inseguro terreno. Asi es que aleján- donos de él, busquemos en otra parte el fundamento de nuestras aserciones. Un distinguido especialista francés, de quien lomamos una de nuestras anteriores citas, ha descrito, aunque de un modo vago y sin dar gran importancia á ello, ciertas perturbaciones funciona- les en este período de la sífilis, perturbaciones que para nosotros tienen interesante significación. Dice así: «Casi siempre es pre- cedida (primée) (la erupción que con evidencia señala al perío- do secundario) por otros accidentes múltiples y variados que fijan mucho masía atención de la enferma,que á menudo son los úni- cos que acusa y para los cuales reclama la asistencia del médico.» «¿Cuáles son estos accidentes? Délos aquí: «4° Muya menudo una cefalalgia bastante viva quemóse ob- serva por lo general en el hombre » « 2o Muy á menudo también un malestar grandemente mar- cado: quebranto, lasitud, cansancio de los miembros, aptitud menor para el trabajo, inapetencia, languidez vaga que no pue- den definir las pacientes este estado de malestar, éste sentimiento íntimo de inminencia morbosa, no existe ó no se en- cuentra ciertamente en el mismo grado en el hombre.» « 3° Frecuentemente dolores localizados, variables en sitio é intensidad.» «4-o A veces estado nervioso ■—aceleración insólita de los latidos cardiacos,— ó bien vértigos, aturdimientos.» « 5° Otras veces calosfríos fugaces repitiéndose de cuando en cuando, ó sensaciones pasajeras de calentura.» «6° Otras veces también, aunque excepcionalmente, fenó- menos nerviosos extraños (cardialgía, limpanismo, excitación morbosa del apetito, etc.)» « De suerte que en definitiva, y sin hablar de otros síntomas 55 más raros, que la impresionabilidad femenina añade á veces al cuadro, la explosión de la sitilis secundaria se hace generalmen- te en la mujer, por manifestaciones más múltiples, variadas é intensas que en el hombre. » 1 A primera vista y sin reflexión ninguna, podría parecer el sig- nificado de los renglones precedentes en conlradicion con lo que asentábamos al principio, esto es, con la aseveración de que no hay perturbaciones a preciables en este periodo y de que sólo la balanza demostraba que la economía sin sentirlo llevaba ya un gérmen que silenciosamente la minaba; pero por una parte, el cuadro'que traza Fournier se refiere á la mujer, agregando ex- plícitamente, en su obra citada, que nada hay más variable é in- constante que dichas manifestaciones, y por otro lado, esta su inconstancia misma, esa poca energía con que se señalan ó el disfraz que á veces les encubre, motivos muy suficientes son pa- ra que por regla general pasen inadvertidas del observador. Si la sensibilidad del organismo siempre fuera tan exquisita ó los sen- tidos del observador tan perspicaces y sutiles que sintiesen ó apreciasen las más delicadas é insignificantes alteraciones, en- tonces tiempo há que el cuadro hubiese sido delineado y que la atención de los observadores hubiese sido llamada hácia él. Como decíamos, Fournier no da á esas perturbaciones pasaje- ras gran importancia; mas bien parece que se inclina á creer, que la impresionabilidad femenil es causa de ellas; pero á nues- tro juicio significan que la sitilis no limita su acción sobre los ór- ganos de una manera tan local, sino que la generaliza más ó ménos marcadamente, según multitud de circunstancias hasta hoy no consideradas. Claudio Bernard dice, que cuando las afecciones locales se generalizan, el impulso morboso se ha comunicado á la econo- mía, por uno de los dos grandes sistemas vascular ó nervioso que en toda su extensión la recorren, y que los vasos y nervios son invariablemente el camino por el cual, afecciones engendra- das sobre un solo punto, llegan á apoderarse del organismo en- tero . .. y más adelante agrega; «Pero las enfermedades, por ge- neral que sea su naturaleza, deben siempre referirse á alteracio- nes materiales que se producen en nuestros órganos.»2 Y esta idea \ A. Fournier. Op. cit. 2 Cl. Bernard. Legons de pathologie experiméntale. 56 de reconocer siempre efectos materiales en las enfermedades, es aceptada hoy por la generalidad de los patologistas, quienes al no apreciarlas, no por eso las niegan, sino que confiesan, ó que están muy ocultas, ó que los medios de que disponemos para observarlas son insuficientes. En el caso actual nos fallan esos medios,tanto para los efectos materiales como funcionales; pero por uno indirecto (la balanza) podemos darnos cuenta del efecto (desnutrición), el cual no reconociendo, repetimos, en su cons- tancia otra causa, forzoso es referirlo á la sífilis en cuestión. Se ve, pues, en suma á la balanza demostrando que la sífi- lis obra sobre la importante función de la nutrición, haciendo predominar á la desasimilacion, destruyendo palmariamente á la economia; y que ese mismo medio unido al estudio y consi- deraciones anatómicas, fisiológicas y aun patológicas, demuestra también que la pronta generalización del mal es evidente en un período descuidado generalmente y que por lo poco obser- vado no ha preocupado mucho á pacientes y médicos. Hasta aquí hemos procurado traducir las indicaciones de la balanza, buscándoles una explicación que hemos dado, persua- didos de que es la justa. Pasando ahora á la utilidad que para la diagnosis puede darnos en el mismo período de la sífilis, halla- remos un significado diagnóstico de gran interes, sobre todo en aquellos casos oscuros, no poco comunes, que para aclarar y resolver nos obligan á echar mano de cuanto medio está á nuestro alcance. Cuando caso semejante se presenta, dos ca- minos existen para resolverlo, ambos muy seguros ciertamente, pero ambos también no exentos de defectos: ó la inoculación en el mismo enfermo de los productos de la ulceración sospe- chosa que lleva, ó la expectación hasta la aparición de los ac- cidentes generales de la piel y mucosas. El primero no es acep- tado por la mayoria de los médicos, porque verdaderamente re- pugna inferir sin ningún derecho á un infeliz paciente, nueva lesión, que por benigna que sea, es siempre un padecimiento más, agregado á los que ya sobrelleva: y el segundo, inofen- sivo y de expectación, es sobrado largo, y en suma no funda más que un diagnóstico a posteriori, los cuales deben tender á desaparecer de la ciencia. La balanza inconcusamente no adolece de los defectos del primero, y si bien participa algo de los del segundo, porque como él necesita de algún tiempo para ser utilizado, éste liem- 57 po siempre es mucho más corto, se antepone cuando menos al que necesita la sífilis para hacerse palpable; bastan tres ó cuatro semanas de observación para decidir en un caso dado. Un ejem- plo reciente nos lo ha demostrado: «El 9 de Setiembre de 1882, entraba á la «Sala Ortega» Juana C.... llevando una ulceración entre el grande y pequeño labio del lado derecho. De medio centímetro de diámetro aproxi- madamente, sangrando con facilidad, algo sucia en los bordes y dando una sensación apergaminada, dicha ulceración se cali- ficó, como acontece muchas veces, con el dudoso calificativo de sospechosa. Los antecedentes de la enferma, el estado de los ganglios inmediatos, etc., nada ilustraban; la pusimos en obser- vación y notamos que su peso aumentaba á la par que la ulce- ración se cicatrizaba; con tal motivo, y fundándonos en este dato, participamos al Dr. San Juan nuestra creencia acerca del carácter no infectante de la lesión. El Dr. San Juan, á la vez que nos llamó la atención sobre el corto tiempo que tenia de existencia la ulceración, tuvo á bien dejar en observación á la enferma, aprovechando el tiempo en tratarle una uretritis cró- nica que también llevaba. Los resultados negativos siguieron confirmándose en conso- nancia con el aumento progresivo del peso de la enferma, hasta mediados del mes de Enero de 1883, época en la cual, curada la enferma de su uretritis, fue dada de alta, sin que ninguna clase de manifestaciones hasta entonces viniesen á traer sos- pechas en favor del carácter virulento de la lesión referida.» Lo anterior no supone que toda vez que coincida la dimi- nución del peso con la existencia de una ulceración, ésta tenga por lo mismo el carácter de infectante; no, porque en realidad pueden existir otras causas que produzcan dicha diminución; pero en el caso contrario sí puede tener su utilidad, como, por ejemplo, en el de un paciente que lleva un chancro ó cicatriz reciente, sospechosa, y que juzgándose específico el accidente, no se vea que coincida con la diminución de peso indicada; entonces hay motivo para decidirse en sentido negativo, seguro uno de que inútilmente esperará la aparición de nuevas y peores manifestaciones. De manera que la significación diagnóstica de- ducida de las indicaciones de la balanza en el período que nos ocupa, aunque careciendo de un valor absoluto, conserva uno relativo; ó en otros términos, si bien no puede dar una indica- 58 cion positiva, puede darla negativa en la generalidad de los casos. No pretendemos conferirles un valor patognomónico, lo cual seria temerario; pero sí insistir en el que tienen para los casos du- dosos, en los cuales, haciéndose complemento importante, puede inclinar definitivamente al juicio en un sentido francamente de- terminado. Inútil es detallar su significación pronostica, toda vez que hemos asentado el valor que tiene en el diagnóstico, dicho lo cual, se desprende por sí mismo cuanto á este respecto puede referirse; y en cuanto á la enseñanza que trae para la tera- péutica, reservamos las apreciaciones para cuando hayamos con- cluido de considerar los otros periodos. En las pocas observaciones en que nos ha sido permitido seguir las modificaciones del peso, al estallar el conjunto lla- mado generalmente accidentes secundarios, muy fácil es apre- ciar cuán notablemente marcada es la diminución (véanse los trazos de la lámina Ia); puede decirse que es una de las épo- cas en que con mayor evidencia aparece el máximum de desnu- trición, casi comparable en magnitud al producido después del desembarazamiento uterino, según puede verse en la 2a lámi- mina. Precedido este incidente de un período febril más ó mé- nos marcado en que la calentura, sin ser constante, existe sin embargo y reviste de ordinario el tipo intermitente vespertino, no es fácil juzgar con exactitud cuál parte ó elemento (sífilis ó fiebre) influye más en la desnutrición, ó mejor dicho, cuál es la intensidad con que obra cada uno de dichos elementos. Tal limi- tación no tiene nada de sencillo, porque faltan los elementos, ó con más propiedad, se entrelazan y confunden éstos de tal ma- nera, que para hacerla con toda justicia se necesitaría un es- tudio muy difícil y especial; mas como quiera que ambos al manifestarse, son siempre inseparables, siendo, puede decirse, una la causa común, causa que es la que tenemos por objeto observar, bien pueden ponerse de su lado todos los resultados que hemos señalado. Presumimos que atendiendo á la sola con- sideración de ser acompañado este incidente de manifestaciones 59 febriles, no repugne á nadie vacilar acerca de la constancia del resultado que anotamos; para nosotros tiene la fuerza de la evidencia y no admite duda alguna. De manera que en esta faz, febril por razones que no tenemos necesidad de analizar en este lugar, la economía resiente uno de los más rudos golpes que pueda darle la sífilis, sin que el auxilio de medicamentos, cuidados higiénicos, etc. pueda evitarlo; tal parere entonces que la economía, luchando con el mal, procura ahogarlo haciendo inú- tiles esfuerzos para conseguirlo, hasta que éste, venciendo esos obstáculos, rompiendo los lazos que lo oprimen, estalla derra- mando por los tegumentos la venenosa lava, fuente de mayores y más crueles sufrimientos. La suerte del organismo aun aqui, no puede augurarse con pre- cisión inequívoca: nada es tan variable como la clase y magnitud de estas manifestaciones, que aunque felizmente entre nosotros lo ordinario es que tiendan á la benignidad, en cambio ó compen- sación se desarrollan en naturalezas de suyo débiles y pobres. Bien conocida es la variedad frecuente en nuestros hospitales, susceptible de ser justamente comprendida en la significativa y familiar frase de Ricord «escrofulalo de sífilis,» variedad las- timosa en la que se ve á ambas diátesis rivalizar en lujo de manifestaciones, disputándose y consumiendo al infeliz paciente. Esta triste mezcla siempre ha preocupado con sobrada razón al Dr. San Juan, en el método de tratamiento empleado con sus enfermos, por lo cual atiende, como dirémos al hacer nuestras apreciaciones terapéuticas, á la nutrición en general como cosa muy importante y preferente. Pasado el anterior escollo, la economía entra en una apa- rente tregua durante la cual puede repararse ó agotarse más, según sean los nuevos factores que intervengan y según sea el camino que se adopte en el tratamiento. Esto nos conduce á la consideración de las observaciones en el pleno periodo se- cundario,* empezando por el grupo que abraza á las embara- zadas. * El número de las observaciones en este período se ha reducido á pesar nuestro, porque en muchas de las enfermas á que se ref'erian, enfermedades intercurrentes (pa- ludismo, pulmonía, etc.) entorpecían las pesadas y se anteponían á la sífilis; así es que sólo tomamos por base de nuestros juicios las relatadas que se han visto en la parte respectiva, á las cuales pueden agregarse cinco más que no publicamos por brevedad y porque en lo fundamental son enteramente análogas á las que llevan del número 11 al número 25. 60 «Las modificaciones fundamentales que se producen con mo- tivo de la concepción en las parles sexuafes, no se limitan á estas últimas y órganos vecinos situados en las cavidades ab- dominal y pelviana, sino que bien pronto provocan en el resto del cuerpo y en el estado general de la mujer una serie de fe- nómenos y cambios importantes. Así es que el peso del cuerpo aumenta, y á un grado tal que no puede explicarse el hecho por el solo desarrollo del huevo, sino que es necesario admitir un aumento en los elementos del organismo materno.» «Pesadas exactas, practicadas por Gassner, bajo la dirección de Hecker, en la Escuela de Partos de Munich, han hecho com- probar un aumento medio de peso de 2400 gramos durante el primer mes, de 1690 gramos durante el 9o mes y de 1540 durante el 10° mes. El aumento total equivale á la 13a parte del peso del cuerpo.»* La cita que precede puede servir de término de compara- ción en nuestros resultados. En las embarazadas que pudimos observar, la preñez se hallaba en un término más ó ménos avan- zado, y aunque falten los datos relativos al peso ánles y al prin- cipio del embarazo, no por eso creemos sean inútiles los de los períodos subsecuentes. Puede decirse que en ninguno de esos periodos el aumento del peso ha marchado en el orden normal y fisiológico que á la evolución de la preñez correspondía; más aún, en algunos no sólo no se mantenía á un mismo nivel á pesar del distinto período del preñado, sino que disminuía con- siderablemente, según puede verse en los trazos figurados en la lámina 2a. Si las preparaciones mercuriales intervenían en el tratamiento interno, el peso, á pesar del mayor desarrollo del producto, descendía constantemente, aunque no nos sea por hoy posible asegurar si la intensidad del descenso es proporcional á la dosis mercurial; pero de todos modos existia, resultado también observado en las enfermas no embarazadas sometidas á igual tratamiento. Otro hecho, admitido y comprobado ya por otros, y que aun- * Noegele el Grenser. Traité pratique de l’art d’accouchements. 61 que no se refiera de un modo directo á nuestro objeto, seña- lamos por su importancia, es que las manifestaciones sifilíticas vulvares, en razón del estado permanente de congestión que la preñez mantiene bácia los órganos genitales, se hacen muy in- tensas y rebeldes en la generalidad de los casos, á los trata- mientos tópicos más enérgicos empleados en contra de ellas: entre los accidentes figura un prurito tan intenso, tenaz y per- judicial, que en dos de los casos que observamos fué la causa principal de la determinación del aborto en uno,y del parto pre- maturo en otro. Una vez desembarazado el útero, ceden bien pronto las ma- nifestaciones existentes, se disipan casi espontáneamente, y des- de entonces, á pesar de la lactancia y con mayor razón cuando ésta no se efectúa por cualquier motivo, el peso aumenta de una manera tan rápida, verificándose en tan corto tiempo la res- tauración de aquello que durante la preñez se babia perdido, que liemos visto llegar el peso, poco ántes de la salida de las en- fermas, á una cifra igual ó superior á la que existia durante el mayor término del embarazo. Juzgar que la sífilis misma es la causa única productora de los desórdenes de nutrición que acabamos de indicar, tal vez no seria muy exacto y fundado; distintos factores, como tras- tornos gastrointestinales, el reposo á que obliga la inminencia casi constante del aborto en estas mujeres diatésicas, etc,, en- tran muy probablemente en juego; pero aun separándolos ó to- mándolos en cuenta, no deja de borrarse del ánimo del obser- vador la impresión de que la sífilis toma una gran parte en las pérdidas referidas, siendo ella en regla general, el factor más principal que interviene de un modo funesto directa ó indirec- tamente en los desórdenes en cuestión. Si descendemos ahora á la apreciación de los resultados ob- tenidos, durante el mismo período de la sífilis (el secundario) en personas del mismo sexo no embarazadas, encontramos algo más consolador relativamente. Aquí ya podemos decir, que en manos del médico está el poder de conducir á la afección por 62 tal ó cual camino; en muchos casos, él es el regulador de la nutrición, aunque á veces necesita del importante concurso del paciente, quien con su obediencia, orden y cordura, puede bastante en favor de un fin satisfactorio. En las observaciones respectivas puede verse que las causas interventoras en la di- minución del peso son: trastornos más ó ménos serios de las vías digestivas, afecciones febriles intercurentes,aunque sean li- geras, y el tratamiento mercurial; y del señalamiento de estas causas, se obtiene el conocimiento de lo que debe temerse ó evitarse. Cuando no han intervenido esos agentes, ó cuando después de intervenir se han suprimido, la balanza indica que la asimi- lación se apodera de la supremacía, llevándose á cabo, á medida que subsiste el indicado predominio, la curación completa de las manifestaciones locales que babian aparecido. Admira á veces eon cuán pasmosa velocidad cicatrizan y desaparecen lesiones tan vastas y avanzadas, como las que se observan en enfermas descuidadas, y que no están bajo la inmediata vigilancia de la Inspección Sanitaria; es cierto que á veces algunos accidentes se hacen desesperantes, y que se agotan lodos los medios más recomendados sin bailar á íin de cuentas un resultado plausi- ble, quedando uno limitado á esperar pacientemente del tiempo, lo que nuestro decidido empeño no puede facilitarnos; pero ta- les casos, por fortuna muy raros, reconocen por causa de su difícil curación, mo'.ivos muy especiales, como sucede con las ulceraciones del recto, en cuyo interior no es posible mantener constantemente tópicos apropiados, ó evitar el escurrimiento de cuerpos irritantes y nocivos, etc., como sucede también en cier- tos accidentes inveterados, que han gangrenado los tejidos en- fermos y dejado los contiguos en tan malas condiciones de nu- trición, que no existe en ellos la fuerza y vitalidad que el trabajo cicatricial exige, etc.; mas, repelimos, estos tristes cuadros son la excepción; en regla general, la marcha de los accidentes se- cundarios es muy opuesta; un tratamiento local racional, basta para hacerlos desaparecer, notándose entonces que el organis- mo entero sigue á su vez la misma feliz marcha, reparando sus pérdidas, aumentando sus recursos y fortificándose para sopor- tar ó combatir lo venidero. Algunos autores, en escasa minoría, creen, siguiendo en eso las ideas de Hunter, que en el período secundario, cuando la 63 revelación de la sífilis sólo es palpable en los tegumentos, que el mal aun no es general: por nuestra parte, seguimos el par- tido opuesto, el que sostiene la generalización del mal en dicho periodo. Fournier lo manifiesta en breves y explícitas palabras: «Actualmente, dice, parece cosa juzgada que la sífilis, aún joven, puede hacer sentir sus manifestaciones sobre los sistemas inte- riores Y á la verdad, ¿cómo podría ser de otro modo? ¿Os representáis bien á un sifilítico que fuese sifilítico por su piel y mucosas, sin serlo por todo su cuerpo y en toda su sus- tancia? ..» «El sifilítico es sifilítico desde luego por todos sus órganos, por todas las partes de su individualidad; y tanto en profundi- dad, como en superficie la sífilis secundaria es tan visceral, en realidad, como la sífilis terciaria.»* Se describe también, como compañero que sigue más ó me- nos pronto al mismo periodo secundario, un estado de cloro- anemia y astenia sitilíticas, que se encuentra principalmente en el sexofemenino. Seria necesario de nuestra parte un estudio que actualmente nos falta sobre la sangre, tensión de la fuerza muscular de las enfermas, etc., para asegurar que es real esa descripción, pues con sinceridad confesamos, que el conjunto clínico correspondiente al estado mencionado, no nos ha sido permitido apreciarlo, á pesar de que nuestro estudio lo hemos hecho en pacientes del sexo femenino. Es cierto que en enfer- mas como en las que constan en los números 9 y 15, hemos encontrado una situación del estado general que podía adunarse con el repelido estado asténico; más de una vez estas enfer- mas nos manifestaron sentir algo patológico, vago é indefinido, sin que pudiera dársele otra explicación que esa debilidad ge- neral mejor manifestada otras veces, y que se significa con los nombres de astenia ó cloro-anemia; pero, repetimos, sin dudar de su existencia, sin decir que los observadores que lo descri- ben se encuentren fuera de la verdad, y sin tener razones ó da- tos para oponernos á aceptar tal estado morboso, confesamos que no hemos podido apreciarlo clínicamente. Se ve, pues, con cuánto lucha el organismo en el período sifilítico que nos ocupa; se aprecia, sin más trabajo que refle- xionar sobre lo que hay acumulado en tal situación, de cuánto * A. Fournier, Op. cit. 64 nocivo elemento está rodeado el paciente, y de cuánto debe cui- dársele y alejarlo; y sin embargo, observamos, en las enfermas que hemos seguido en sus padecimientos, hemos encontrado al estudiar las oscilaciones de sus pérdidas ó ganancias nutritivas, un resultado en favor de las segundas, el cual procuraremos ex- plicar más adelante. IV Corolario casi obligado de cualquier estudio que en las cien- cias médicas se emprende, es buscar directa ó indirectamente algo que redunde en bien de la práctica, ó sea en utilidad de los pacientes; y esta consideración nos lleva, como de la mano, al encuentro de las indicaciones terapéuticas, que naturalmente se desprenden de lo acumulado y relatado anteriormente. La te- rapéutica de la sífilis ha sido y es una de aquellas cuestiones en que con más ardor y exageración han debatido los partida- rios de los diversos sistemas; todavía se palpan las exageracio- nes de los distintos extremos, sin que tan estéril lucha nos haga esperar un desenlace provechoso; pero los dos principales cam- pos, considerando la parle fundamental, corresponden á estas ideas generales de Bernard: «dos métodos diferentes parecen existir para curar las enfermedades: cl primero consistiría en neutralizar químicamente los principios nocivos; el segundo, en eliminarlos. En el actual estado de nuestros conocimientos, parece todavía muy problemática la neutralización química, que- dando como más seguro el segundo. Hácia ese resultado con- vergen lodoslos esfuerzos de la naturaleza, y al mismo ñu deben tender lodos los esfuerzos del médico.» * * Cl. Bernard. Phisiologie expérimentale. 65 Estos dos métodos en el tratamiento de la sífilis, pueden re- ferirse al tratamiento específico el primero, y al tratamiento sin- tomático el otro: el uno, empírico desde su origen hasta hoy, es ménos seductor que el otro, racional y de más porvenir. En- contrándose en tela de juicio tan importante cuestión, no vamos á pretender resolverla, ni entrar en la discusión de puntos pa- ra cuya resolución definitiva faltan todavía multitud de elemen- tos que apoyen irrefutablemente una ú otra opinión. Midiendo, pues, las dificultades y suma extensión del asunto, vamos á ha- cer algunas apreciaciones, concretándonos á nuestro objeto, y li- mitándonos á lo que nos es permitido. Hemos notado en el curso de este trabajo, cuán grande y manifiesta es la influencia que la sífilis ejerce sobre la nutrición, influencia muy variable en sus grados, según condiciones espe- ciales muy diversas, pero que por distintas que sean, no dejan perder de vista el resultado más general y fundamental, que en el fondo siempre se advierte más ó ménos claramente. Sabido, y mucho, es que la nutrición no es más que una renovación molecular continua, un cambio nutritivo incesante, que se opera en todas las épocas de la vida, con mayor prontitud y aceleración en aquellas en que los fenómenos de crecimiento ó desarrollo exigen una actividad mayor. Cuando uno de los dos elementos que sintetizan esa función, la asimilación y la desasimilacion, es ayudado por un medio cualquiera, el resultado es la ruptura del equilibrio y el predominio del uno sobre el otro: de la asimi- lación, si el medio es fortificante; de la desasimilacion, si es por el contrario debilitante. Presumimos que á nadie se le ocurrirá combatir un mal con medios que contribuyan á hacerlo mayor ó á agravarlo; la sífilis aféela siempre á la nutrición, haciendo predominar la desasimi- lacion; y este efecto, hemos visto que es mayor, cuando com- plicaciones ó accidentes que debilitan se interponen. Puede de- cirse también que la perversión de la nutrición en una enfermedad, está en razón directa de las neo-formaciones morbosas que pro- duce, esto es, que á medida que éstas aparecen en mayor nú- mero, mayor es el trastorno nutritivo; y pocas afecciones hay tan ricas en variedad de neo-formaciones como la sífilis. Este atributo perturbador, unido á la tendencia agotadora de la sífilis, hace que ésta, al llegar á cierto período, tome rango naturalmente entre las diátesis, adquiriendo los caractéres de és- 66 tas, que, como dice el Sr. Segura, son * estados morbosos, que vienen á ser parte de nuestro organismo, de nuestra constitu- ción, se constituyen en nuestro modo de ser, vienen á ser nues- tra propiedad, de la que desgraciadamente disfrutamos hasta la muerte, y aun más allá, puesto que los trasmitimos á nuestros descendientes, como un verdadero pecado original.» * La indicación que surge de estas consideraciones, que im- pone los resultados que en los cambios de nutrición se advier- ten, es que ante todo, y en cualquier período de la sífilis, debe procurarse ayudar á la asimilación, lo cual se consigue, hablan- do en términos generales, cuidando y dirigiendo el buen funcio- namiento nutritivo y evitando todas las causas que de cualquiera manera debiliten ó aniquilen el organismo; así se conseguirá, que lo que una causa destruye, otra lo repare; que si la una gasta, enferma, inutiliza á un elemento, la otra lo mantiene, vigoriza ó renueva. Esta indicación surge con más evidencia, se impone con mayor energía, cuando la diátesis se desenvuelve en natu- ralezas ya diatésicas de antiguo, en aquellas á que hacíamos alusión en otro lugar, y á quienes más aniquilan las diátesis, puesto que éstas entonces adunan y completan sus estragos. «La sífilis, decia Ricord, es en la economía un toque de alar- ma (branle-bas) susceptible de excitar todos los vicios orgá- nicos, de despertar todas las diátesis latentes. A menudo tam- bién llega á ser el punto de partida de fenómenos que, como naturaleza, le son absolutamente extraños. » Ahora bien, ¿cuál es la mejor manera de llenar prácticamen- te la indicación que señalamos? Pues, manifestamos que en pri- mer lugar reglamentando la alimentación, la cual á la vez que sea ordenada, sana y sustancial, no sirva de elemento nocivo, trayendo desarreglos ó complicaciones en el aparato y funciones digestivas; y en segundo lugar, evitando todas las causas debi- litantes, precepto en que entran muchos consejos secundarios pero no menos importantes: los excesos venéreos, alcohólicos ú otros; la privación del sueño, las medicaciones expoliado- ras, etc., son otras tantas cosas que absolutamente deben es- tar borradas del genero de vida de un sifilítico. La última de las mencionadas nos obliga á llamar la atención acerca de algo que se refiere al tratamiento mercurial: que el * A. Segura. Lecciones de Patología general. 1880. 67 uso del mercurio al interior expolia á la economía, es un hecho comprobable tan luego se quiera, y que no es un medicamento infalible é inofensivo en sus efectos es también cosa sabida y aun confesada por sus más decididos admiradores; si no adole- ciese de estos últimos defectos, aunque conservase el primero, sin más análisis lo aceptaríamos de buen grado, porque si bien entonces provocaría un mal temporal, en cambio procuraría una curación completa, un bien que los pacientes siempre desean ardientemente. El uso del mercurio, se dice, tiene sus indica- ciones, combate con buen éxito algunos accidentes (iritis, cier- tas variedades de sifilides cutáneas, etc.) de consecuencias pe- ligrosas, etc.; pero ¿esas indicaciones han sido puestas hasta la fecha con toda precisión? ¿Existen acaso estudiados y bien apreciados los elementos que deben servir de base á sus fun- damentos? Indudablemente no; en general, unos se guian por su se?itido práctico, otros por el ajeno ó por la rutina, etc.; con frecuencia se olvida el medio en que se obra y practica, lo cual da por resultado, como nos ha hecho observar el Dr. San Juan, que un medicamento útil por más de un motivo y en más de un caso, se extralimite de su esfera de acción, dándole un poder mayor del que racionalmente tiene, y pierda los justos fueros que con mejor criterio debía conservar. Reflexiones son estas que indican un estudio hasta hoy no hecho por la senda que señalamos, y que con la ayuda eficaz de inteligentes y auto- rizados colaboradores nos proponemos abordar más larde. Mién- tras tanto, nos concretamos á decir por hoy, respecto á lo que se relaciona con el presente trabajo, que el hecho que queda en pié, sea cual fuere la interpretación que quiera dársele, es que la administración interna del mercurio disminuye el peso total de la economía. Reanudando nuestra exposición, interrumpida por esa peque- ña anterior digresión, preguntémonos; cuando se llenan las indi- caciones mencionadas y se cumple el programa que para ello se- ñalamos, ¿puede evitarse en lo sucesivo la aparición de nuevos accidentes? Hacer aqui una afirmación equivaldría á decir tácita- mente que habíase hallado ya la manera de curar con certeza la sífilis, y por desgracia, emitir tal afirmación seria muy aventura- do ó falso; la aparición de nuevos trastornos no podemos pre- verla ni evitarla, y nuestros pronósticos en este particular toda- vía distan mucho de lo infalible; no es uno de los actos ménos 68 misteriosos hasta hoy de la sífilis, la múltiple variedad que revela en la clase, sitio é intensidad, etc., de sus manifestaciones; pero en medio de sus incógnitas suele encontrarse alguna luz. Si á un sifilítico se le enseña cuál es su verdadera situación, se le describe qué tiene en su favor y qué en su contra, y una vez en posesión de su estado, se le inculcan los consejos referi- dos, es casi seguro ó muy probable que olvide la existencia de su mal, que procure á éste una modificación tal que lo haga dor- mir por muchos años ó eternamente. Los enfermos que en la sala en donde hemos practicado han seguido la línea de conducta trazada, no han tenido más que congratularse de los resultados, pues como anteriormente deciamos, sus lesiones locales han cu- rado con rapidez, su organismo ha ganado progresivamente, sus funciones no se han desarreglado; en una palabra, lodo ha mar- chado armónicamente hácia un laudable resultado digno de ser- vir de norma en los casos análogos. « Sólo con el estudio profundo en la materia de la higiene, han dicho los autores del Campendium, puede buscarse y hallarse las causas mismas de las diátesis ya adquiridas; y este estudio es tanto más importante, cuanto que es fecundo en aplicaciones de todo género para el médico práctico. » Sigamos la via indica- da por autoridad tan respetable, confiando en que al término de la carrera encontrarémos complacientes frutos. Si echando ahora una ojeada retrospectiva sobre este cansa- do trabajo, queremos concretar las ideas en él emitidas, dirémos, resumiendo, que la sífilis obra siempre sobre la nutrición modi- ficándola notablemente, según puede comprobarse con la balanza, la cual aplicada al estudio de la marcha de la afección, procura re- sultados palmarios y constantes, que, en nuestro concepto, al ser interpretados, suministran indicaciones, no sólo útiles al diagnós- tico y pronóstico de la enfermedad, sino también á la terapéu- tica que deba oponérsele. Al concluir nuestro estudio nos apena la vacilación de saber si hemos sido ó no los intérpretes fieles de lo observado; pero en medio de nuestras dudas nos alienta la consideración de ha- ber contribuido á la recolección de materiales que, acumulados más lardeen mayor número y puestos en mejores manos,tengan la utilidad de ser fuente de nuevas y provechosas enseñanzas ó base de interesantes adquisiciones científicas. Enero de 1883.