Wf RESUMEN DE LOS M ' J > SOBRÉ LA H H YACUIC HUMANA Y DE LAS OBSERVACIONES RECOGIDAS DURANTE EL AIÑrO EE 1870. PRESENTADO A LA SOCIEDAD MEDICA DE MEXICO EN LA SESION DEL DIA 4 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO, POB £m& iltimoj, LA ESCUELA DE MEDICINA Y ANTIGUO DIRECTOR DE LA CATEDRATICO DE PATOLOGIA EXTERNA VACUNA MUNICIPAL. MEXlGÓ.—imprentare Tara.—Í^TT RESUMEN DE LOS TRiBAJOS SOBRE LA VACUNA HUMANA Y DE LAS OBSERVACIONES RECOGIDAS X3XJE,A3STTB EL AlsTO X)E 1870, PRESENTADO A LA SOCIEDAD MEDICA DE MEXICO EN LA SESION DEL DIA 4 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO, roa €ui& Muño?, CATEDRATICO DE PATOLOGIA EXTERNA DE LA ESCUELA DE MEDICINA Y ANTIGUO DIRECTOR DE LA VACUNA MUNICIPAL. IMPRENTA DE JOSÉ MARIANO FERNANBE2r6&4sAftA-r CALLE DE LA PALMA NUMERO 4. avrs^cxcc. 1871. AJL. LECTOE. Añadir nuevas pruebas á las ya acumuladas, para seguir demos- trando la verdad de lo que hemos venido siempre defendiendo; reco- jer los hechos que por su poca frecuencia, acaso, pasan desapercibi- dos entre los que no hacen un estudio especial de la vacuna; hacer la debida crítica de todos ellos; tal ha continuado siendo nuestra ta- rea. Como en los años anteriores, en este no nos hemos contentado tampoco con que esos hechos nos constasen á nosotros solos; sagra- dos intereses nos han estado obligando á establecer sólidamente su autenticidad, haciendo que al mismo tiempo los observasen otros profesores de reconocida honrabilidad y ciencia. Si este estudio, cuyos resultados consignamos aquí, puede contri- buir á disipar los errores que muchas personas abrigan todavia res- pecto de este admirable preservativo, errores que hace poco toma- ron proporciones tan colosales, habremos conseguido nuestro objeto: servir los intereses de la humanidad sosteniendo la fé del público res- pecto de la eficacia é inocencia de un antídoto que le es tan nece- sario. México, 31 de Diciembre de 1870. O?- r de los trabajos y observaciones hechas en este Establecimiento de Vacuna, durante el corriente año de 1870, seguido de algunas consideraciones sobre este importante ramo. Individuos vacunados . 2.037 Vacunados por segunda vez 42 Idem por tercera 1 Encontramos evidentemente sifilíticos al vacunarlos 4 Con erupciones ú otros síntomas sospechosos 133 Con erupciones simples como eczema, impétigo, liquen, sarna, pru- rigo, ecthyma simple, etc., etc 211 Los granos para vacunar han sido tomados generalmente el dia, algunas veces el sétimo, pocas veces el noveno, rara vez el décimo. La edad de los vacunados ha variado desde ocho dias hasta veinte años, habien- do habido muchos de las edades intermedias. La vacuna ha prendido con la mis- ma facilidad en todos los que no habían sido vacunados antes. En este año, como en los anteriores, hemos visto confirmada por nuevas obser- vaciones la opinión que hemos emitido de que puede añadirse nueva fuerza á la acción de la vacuna en un vacunado, siempre que la revacunación sea hecha á tiempo oportuno; es decir, cuando la vacuna está haciendo su evolución. La cons- tancia con que hemos visto reproducirse estos hechos en nuestras manos, nos ha- ce considerarla como una verdad establecida. En algunos niños hemos podido observar diversas vacunas modificadas, como resultado de una 'primera vacunación. Estas existían solas en algunos niños d bien acompañaban en el mismo individuo á otras pústulas vacunales perfectas. Hemos podido observar dos casos en los que la vacuna comenzó á aparecer al dia siguiente de la vacunación, que es uno de los caracteres de la vacuna falsa; sin embargo, las pústulas eran umbilicadas y muy parecidas á las verdaderas. No hemos visto que ningún autor haya consignado un hecho semejante. La preci- pitación de estas vacunas nos hizo desconfiar de su virtud preservativa, por lo que tuvimos cuidado de aconsejar á los padres de esos niños que debían volverlos á vacunar después de cierto tiempo. Todos los profesores de la Capital habrán podido observar con alguna frecuen- cia los mas hermosos tipos de vacuna Jenneriana, ya por el tamaño de las pústu- las, como por la extensión de las areolas y de los tumores vacunales; no solo, sino que habrán podido ver producirse dos 6 tres pústulas juntas sobre una sola pica- dura, y aun supernumerarias sobre la areola: en una palabra, habrán podido ha- llar en la apariencia exterior de la vacuna Jenneriana las exterioridades halagüe- ñas y seductoras que Mr. Depaul tanto hacia valer en la Academia de Medicina de París, con el objeto de inclinar la opinión de aquella Asamblea en favor de la vacuna de terneras. 6 Con esto creemos haber probado que la vacuna Jenneriana bien cultivada pue- de conservar la mas bella apariencia, y que, por lo mismo, las razones que respec- to de esto se dijeron en su contra no tienen valor alguno. La virulencia de la vacuna Jenneriana se puede probar por el cortísimo núme- ro de vacunados en quienes no prende hoy la vacuna la primera vez que se les aplica. Bajo este punto de vista, es un hecho bien averiguado hoy que la vacuna ani- mal en realidad es muy inferior. Para convencerse de ello, basta ver el gran número de comunicaciones que con- firmando esto han sido dirigidas á la Conferencia Médica de Patas, y fueron pu- blicadas en la Gaceta de los Hospitales del comente año. En una de ellas (Sábado 23 de Julio), por ejemplo, Mr. Bouchut, director del hospital de niños, se expresa en estos significativos términos: «Acogí, dice, con entusiasmo la vacuna animal, y la he tenido que abandonar «por su constante ineficacia.» La inferioridad de la virulencia de la vacuna animal se ha hecho notar mas con- siderablemente desde que se ha visto la frecuencia con que falla cuando ha sido puesta en tubos o en placas, y esto aun poco tiempo después de haber sido reco- gida. El mismo Mr. Warlomont, que no puede ser sospechoso en esta materia, confe- so recientemente, en una nota que envió á Mr. Guérin y que este profesor leyó en la Academia de París, que la vacuna animal es de muy difícil conservación y trasporte, porque guardada en tubos ó en placas pierde frecuentemente su viru- lencia en ALGUNOS minutos. («Gaceta de los Hospitales» del Juéves 16 de Ju- nio de 1870.) Por el contrario, varios vacunadores dignos de fé aseguran haber empleado con un resultado completo la vacuna Jenneriana, conservada por ellos durante siete años. Así habrán podido convencerse ya muchas personas de que las razones con que se quería probar la mayor energía de la vacuna animal eran puramente espe- ciosas, mientras que los resultados observados con la vacuna Jenneriana, compa- rados con los producidos por la animal, demuestran que aquella no lia degenerado. El efecto preservativo permanente de la vacuna Jenneriana se sigue observando en México como anteriormente. Esperamos que la misma garantía seguirían go- zando nuestros vacunados aun cuando sobreviniera una epidemia de viruelas. Permítasenos expresar aquí nuestros temores de que ésta pueda sobrevenir al- gún dia, no muy lejano tal vez, puesto que hace tres años se están vacunando en la Capital muy pocas personas con respecto al número de los nacidos. De este modo se irá acumulando un gran número de habitantes no vacunados, en los que pueda desarrollarse una epidemia grave. Nos apresuramos á expresar públicamente nuestro temor, para que si por des- gracia se realiza esa eventualidad no redunde en descrédito de la vacuna, sino que sea atribuida á su verdadera causa. Hemos dado cuenta á la Academia de un hecho muy notable, relativo á una niña á quien aplicamos con un éxito completo la vacuna Jenneriana un año des- pués de que había sido vacunada con el mismo buen resultado con la vacuna ani- mal, de la cual conserva aún cinco cicatrices características. Como lo hicimos observar, este hecho no es muy lisonjero en cuanto al efecto preservativo de la vacuna de las terneras, y comprueba que no podría ser racionalmente preferida por aquellos á quienes conste, como á nosotros, el efecto preservativo permanente de la vacuna Jenneriana. Hemos citado dos casos muy dignos de llamar la atención: uno es el del niño M. Y., de cuatro meses, vacunado el 14 de Octubre, el cual nos fué presentado veintidós dias después con una erupción en la cara, cuello y espalda; esta erupción era extensa, de apariencia eczematosa en la cara, y papulosa en el cuello y en la espalda. El aspecto de esta erupción era sospechoso. Las pústulas vacunales recorrieron su marcha con regularidad, y cuando vimos al niño, veintidós dias des- pués de la vacunación, hacia poco que habian caído las costras y no existia ulce- ración alguna: ademas, la erupción llevaba ya algunos dias de existir. En este caso hemos visto una erupción, específica 6 no, que indebidamente pudiera ser atribuida á la vacuna. El segundo caso es el del niño A. R., de dos meses, que se vacuno el 1° de No- viembre: á los siete dias de la vacunación nos le enseñaron cubierto en toda la ex- tensión de la mitad inferior del vientre y muslos, de una erupción eczematosa que por su color y aspecto podía juzgarse específica: las pústulas vacunales, que se hallaban en el sétimo dia, eran hermosas y bien caracterizadas. Este niño, según nos informaron, ha tenido diez nodrizas. En ambos casos no debemos ver mas que una simple coincidencia de estas erup- ciones con la vacuna, aun cuando pudiera ser cierto también que el efecto general de ésta haya favorecido aquella manifestación, cuya causa, sea cual fuere, existia ya en los niños. 8 Obsérvese, en efecto, que en el primer niño las pústulas vacunales no se ulce- raron; que en el segundo aun estaban desarrollándose; y, por último, que los va- cuníferos y los demas vacunados están enteramrnte sanos. Hechos todavía mas notables han sido observados en París después de la aplica- ción de la vacuna animal. Dos o tres observaciones fueron presentadas á la Acade- mia como de sífilis vacunal, ocasionados por la vacuna de las terneras. Mr. Depaul dio por única respuesta, que siendo eso imposible, eran casos mal observados. Nosotros creemos que se hizo mal en desdeñar este estudio, y que si se hubie- ra hecho se habría encontrado que los síntomas que se denunciaban como sifilíti- cos lo eran solo en apariencia, ó que con motivo de la vacuna se había hecho una manifestación sifilítica en uno que ya tenia en sí la sífilis. Estos yno otros han sido, en todos tiempos, los fundamentos de esos rumores con que se ha desacredi- tado á la vacuna humana; y lo único que hay que admirar es, que haya habido personas que colocadas ventajosamente para poder apreciar su falsedad, los hayan acogido, queriendo derribar por su medio un monumento mas solido que aquel con el que pretendían sustituirle. Ya lo hemos dicho: todo lo que ha sido atri- buido á la vacuna Jenneriana seria igualmente observado si se empleara solo la vacuna animal, porque depende de causas accidentales o de la predisposición indi- vidual de los vacunados. Parece que en Inglaterra, como en México, no se ha podido comprobar la exis- tencia de la sífilis vacunal y por lo mismo ni se ha pensado en la vacuna animal, conforme aparece en lo siguiente que nos permitimos copiar: (1) «La Inglaterra no ha tenido que volver sobre sus pasos respecto de esos temo- «res quiméricos de que parece jamas participo; sea una especie de gratitud na- « cional hácia un descubrimiento que es uno de sus mas hermosos títulos de gloria; «sea una confianza mas profunda en el procedimiento Jenneriano, el hecho es, que « á pesar de la escentricidad del espíritu inglés apenas se ha hablado allí de la « vacuna animal. Ni aun siquiera se hace mención de ella en la ley recientemen- «te expedida para extender las vacunaciones gratuitas hasta los mas pequeños lu- «gares o aldeas. «En cuanto á la frecuencia de la sífilis vacunal, una discusión habida en la So- ft ciudad Médica de Londres, suscitada por una memoria de Mr. H. Lee, sobre es- «te asunto, en la sesión de 27 de Abril, ha demostrado que ella era casi entera- «mente desconocida entre sus miembros. Muchos aun han negado su realidad... « « Sobre sesenta mil vacunaciones, Mr. Marson no ha observado un solo caso; y « sobre mas de mil de sífilis infantil, observados por Mr. Hunt, ni uno solo prove- « nia de la vacunación: se emitieron dudas sobre la veracidad de los hechos fran- (1) Diccionario anual de los progresos de las ciencias é instituciones médicas. Tomo 5?, publicado en 1869, pág. 449, artículo Vacuna sifilítica. 9 «ceses; pero Mr. de Merie hizo expresas reservas respecto de esto: él cree que la «inmunidad inglesa no autoriza para negar que estos hechos se presenten en Fran- « cia, Italia y Alemania. (1) « Ninguno de los miembros dio fé á los dos hechos que les fueron presentados «y que dieron origen á esta discusión: uno era comunicado por el Dr. Sansón, y « otro por Mr. Drysdale.» Después de exponer los detalles relativos á estos hechos, el autor del artículo que hemos copiado concluye así: « ¿Es acaso con pruebas semejantes con las que puede acusarse á la vacuna « Jenneriana de ocasionar la sífilis? Ala verdad, seria mostrarse muy fácil y dar « á conocer que se tiene interes de extender y propagar la vacuna animal con ex- k clusion de la otra. Sin embargo, así es como se ha hecho una historia sinies- «trámente espantosa de este accidente que se quiere hacer aparecer como muy re- ce petido. «No han sido detenidos por el temor de ultrajar la observación de sus predecc- « sores, de sus contemporáneos, ni la suya propia, para darse el mérito de la inno- « vacion. Felizmente la verdad prevalece siempre, y respecto de esto no es ya ne- «cosario ir al extranjero para convencerse de ello: se le ve bastante en París.» En el resúmen del mes de Noviembre próximo pasado comunicamos á la Aca- demia un hecho que creemos conveniente consignar en el presente resúmen ge- neral. La niña Brígida Castellanos, de cinco meses, se vacunó el 11 de Noviembre. A los siete dias nos la presentaron con cinco buenas pústulas vacunales que se desarrollaron en el lugar mismo de las picaduras; pero lo notable era, que por to- das las regiones del cuerpo presentaba pústulas enteramente iguales á las que fue- ron resultado de la inoculación de la vacuna: aunque discretas, existían por todas partes; en lo general, si bien eran mas pequeñas, estaban umbilicadas. Había al- gunas, sobre todo en la espalda, que se podrían haber tomado por pústulas debi- das á la inoculación directa si se hubieran hallado en la parte externa del brazo. No puede ser atribuida esta erupción general á una inoculación que se hubiera hecho la niña después de haberse rascado los granos, porque estaban íntegros, y, por otra parte, la erupción existia en lugares donde la niña no hubiera podido to- carse: su edad no permite creerlo. Ademas, la misma madre nos aseguró, en pre- sencia del Sr. D. Eduardo Liceaga (á quien suplicamos viese el caso con nosotros), que todas las pústulas que tenia diseminadas por el cuerpo aparecieron al mismo tiempo que las de los brazos; es decir, al cuarto dia, y siguieron desarrollándose al mismo tiempo que aquellas. El exámen de unas y otras nos hizo ver que en efecto debió haber sucedido así. Ningún enfermo de viruelas habia en la casa adonde habitaba esta niña. Los síntomas generales han sido en este caso muy benignos y enteramente iguales á los que presentan los demas vacunados. (2) Entendemos que este modo de hablar de Mr. Merie no ha sido mas que una mera cortesía hácia los que en esas naciones han admitido tales hechos; pero obsérvese que sos- tiene al mismo tiempo que no se presentan en la Gran Bretaña. Alguna que otra vez hemos podido observar casos semejantes. Estos serian los únicos en los que, como dice Mr. Husson, podría decirse con propiedad que había habido una erupción vacunal. El 23 de Noviembre vacunamos al niño P. G., de cuatro meses, sano y de cons- titución muy robusta: á los nueve dias nos le presentaron para que examinásemos sus granos: habían prendido dos en un brazo y uno solo en el otro; tenían una for- ma regular y eran umbilicados; pero lo que nos llamo la atención fue que tuvie- sen ya un color moreno y que estuviesen casi secos, con el aspecto que presentan generalmente las pústulas vacúnales del décimosegundo al decimotercero dia. Pre- guntando á que época habian aparecido, nos contesto la madre que habían comen- zado á aparecer al fin del tercero. Casualmente habian concurrido al establecimiento otros dos niños que había- mos vacunado el mismo dia, y con la misma vacuna: tenían hermosas pústulas, en términos que aun tomamos su linfa para propagarla. Tuvimos entonces la opor- tunidad de establecer una comparación, y nos persuadimos de que si bien la vacu- na del niño G. apareció al mismo tiempo que la verdadera, y aun tuvo su aspec- to, no siguió su marcha debidamente, sino que se precipito: esta marcha violenta en la vacuna la hace análoga á la varioloides y no puede dar una completa segu- ridad respecto del efecto preservativo permanente. Hemos observado varios de estos casos, y por lo mismo llamamos hoy la aten- ción de los prácticos sobre ellos, para que siempre que acontezca cosa igual acon- sejen á los interesados vuelvan á hacer vacunar á los niños después de algún tiempo. Para fijar mas la atención sobre estos hechos, creemos conveniente consignar que han sido observados también por todos los vacunadores, de cuyas obras po- dríamos trascribir muchos textos; pero para no ser difusos, nos limitamos á citar el siguiente caso que encontramos bastante detallado en una obra reciente: (1) ce Un niño de ocho meses, de constitución débil, fue vacunado el mes de Abril «do 1847. Observé, dice el autor, la marcha de la vacuna: del tercero al cuarto ((dia, aparición de las pústulas; el sesto dia estaban de una apariencia bastante her- eemosa, relativamente ála constitución del niño. No habría vuelto á verlo si dos « 6 tres dias después no hubiera tenido la necesidad de ir á tomar de él la vacuna «para vacunar otro. Cuando le volví á ver se hallaba en el noveno dia de la va- te cunacion: los botones estaban enteramente secos, aun parecía que una de las cos- te tras se quería desprender ya: haciendo una ligera tracción pude desprenderla, « aunque salieron algunas gotitas de sangre. Es verdad que la caída de esta cos- te tra era prematura, pero uno o dos dias mas habrían bastado para que hubiera