T RESUMEN DE LOS TRABAJOS SOBRE LA M CA- 10 VACUNA HUMANA LAS OBSERVACIONES RECOGIDAS DURANTE EL AÑO DE 1871, PRESENTADO A LA ACADEMIA DE MEDICINA DE MEXICO SESION DEL DIA 3 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO, EN LA ¡POB CATEDRATICO DE PATOLOGIA EXTERNA DE LA ESCUELA DE MEDICINA, ANTIGUO DIRECTOR DE LA VACUNA MUNICIPAL, Y 6Ü ACTUAL INSPECTOR GENERAL. MEXICO.—Imprenta jíe..Laua.—18 7 2-, RESUMEN DE LOS TRABAJOS SOBRE LA VACUNA HUMANA Y DE LAS OBSERVACIONES RECOGIDAS DORANTE EL AÑO DE 1871, PRESENTADO A LA ACADEMIA DE MEDICINA DE MEXICO EN LA SESION DEL DIA 3 DE ENERO DEL PRESENTE AÑO, ÍOK 3Tuis ?Huño¿, CATEDRATICO DE PATOLOGIA EXTERNA DE LA ESCUELA DE MEDICINA, ANTIGUO DIRECTOR DE LA VACUNA MUNICIPAL, Y SU ACTUAL INSPECTOR GENERAL. IMPRENTA DE JOSÉ MARIANO FERNANDEZ DE LARA, MEXICO. CALLE DE LA PALMA NUMERO 4, 1872. A.L LEOTOE. Cuando se pretendía que aceptásemos en México, sin exámen, las opiniones erróneas que sobre la vacuna corren hoy cual verdades en varias Naciones de Europa, les opusimos con la energía que dá el con- vencimiento lo que habíamos observado durante muchos años en nues- tra propia práctica. Se nos contestó que habíamos observado mal; res- puesta tanto mas extraña, cuanto que los hechos sobre que versaba la disputa, si hubieran existido, no solo los habríamos visto los que nos ocupábamos de la vacuna, sino que por su naturaleza misma habrían llamado por todas partes la atención. Sin embargo, la gravedad de estas cuestiones nos imponía el deber de resignarnos á hacer de nuevo un estudio experimental de todos los puntos en litigio. Mas de cuatro años hemos dedicado á estos trabajos, en los que he- mos empleado la mas escrupulosa atención: vacunar tcdos los dias, y consignar todo lo notable que hemos observado, tal ha sido durante es- te tiempo nuestra ocupación preferente. Y ¿ qué otra cosa hemos encontrado sino lo mismo que habíamos vis- to siempre? Este estudio, pues, confirma las opiniones que habíamos emitido des- de el principio, y está de acuerdo con los escritos de Jenner, quien, co- mo se sabe, no publicó sus trabajos sino hasta después de haberse ase- gurado de su exactitud por una observación escrupulosa y dilatada. Por consiguiente, hoy como antes creemos defender la verdad, y per- sistiremos en nuestras opiniones mientras no haya alguno que pueda mostrarnos experimentalmente lo contrario. México, Enero 3 de 1872. RESUMEN de í«s trabajos hechos en este Establecimiento de Vacuna durante el año de 1871, seguido de algunas reflexiones sobre varios puntos que se refieren á este ramo. Individuos vacunados en este Establecimiento durante el año de 1871 8,894 Vacunados por segunda vez 57 Se encontraron evidentemente sifilíticos antes de vacu- narlos 2 Con erupciones ú otros síntomas sospechosos 109 Con erupciones simples (eczema, sarna, liquen, impétigo, prúrrigo, ectima simple, etc.) 289 Los granos para vacunar han sido tomados generalmente el octavo dia, pocas veces el, noveno, mas rara vez el sétimo, y una que otra vez el décimo, habiéndo- nos constado que la vacuna se habia retardado en su marcha y asegurándonos que el fluido vacuno estaba limpio y trasparente antes de emplearlo. La edad de los vacunados ha variado desde ocho dias hasta veintinueve años, hallándose muchos de todas las edades intermedias: la vacuna ha prendido gene- ralmente bien en todos. En el gran número de niños que se han vacunado este año hemos visto confir- mado cuanto hemos dicho en nuestras publicaciones anteriores sobre la vacuna. Las observaciones recogidas se elevan ya á un número tal, que merecen toda con- fianza y nada hay en ellas que no sea exacto. Seria cansado y molesto exponer- las aquí con todos sus detalles, por lo que solo hablaremos de un modo general de los principales puntos á que se refieren. 6 No podemos poner la menor duda en que siempre que un vacunado no tenga á los ocho dias de la primera vacunación mas que un grano pequeño se le debe vol- ver á vacunar ese mismo dia: varios son los casos de este género que se nos han presentado, y contamos entre ellos algunos en quienes ese único grano era real- mente microscópico: tres dias después hemos visto constantemente ese grano pe- queño convertido en una grande y hermosa pústula y bien desarrolladas la areola y el tumor vacunal correspondientes. Respecto de las otras picaduras hemos po- dido notar lo siguiente: d todo se limita al desarrollo rápido y considerable de ese solo grano, d algunas de las primeras picaduras producen también pústulas vacci- nales, aunque medianas, d bien al mismo tiempo las nuevas dan lugar á algunas de ellas. Es evidente que estos resultados se deben á la nueva cantidad de va- cuna que se añadid en tiempo útil. Decimos en tiempo útil, porque si esto se hiciera pasada ya enteramente la evolución de la vacuna (como lo hemos experi- mentado muchas veces), nada se llegaría á conseguir aunque se repitieran mucho las vacunaciones. Es notable el número de niños que cuando vienen á vacunarse traen ya erup- ciones de diversas especies, unas evidentemente simples, otras mas d menos sospe- chosas. Se las ven también aparecer después de la vacunación en algunos niños en quienes nada se observo en ese momento, podrá ser esto simple coincidencia, podrá ser el resultado del movimiento general que imprime al organismo el efecto general provocado en él por la vacuna. En algunos, ciertas erupciones, como el impétigo y el eczema, aparecen primero alrededor de las pústulas vacunales, acaso porque se rascan los niños d por el roce de los vestidos; de allí se extienden á di- versas partes del cuerpo; en otros, diversas erupciones aparecen á la vez en diver- sas partes, y muchas veces sin que exista nada alrededor de las pústulas de la va- cuna. Estas erupciones son generalmente simples, pero pueden ser mas d menos sospechosas, y algunas veces evidentemente específicas puesto que no ceden sino al tratamiento especial. Dos curiosos casos de este género hemos observado en el corriente de este año: cuando todavia estaba desarrollándose la vacuna en dos niños, les apareció una erup- ción específica en la cabeza y en el tronco siguiendo á pesar do eso su marcha con toda regularidad unas hermosas pústulas vacunales. En verdad que no pue- den darse ejemplos mas notables de que estas erupciones no fueron debidas á una inoculación sifilítica, pues seria preciso no creer ya nada de lo que se sabe hoy sobre la sífilis. Esos casos son sin embargo los que sirven de fundamento á las familias para desacreditar indebidamente la vacuna. Cansados estamos ya de observar con escrupulosidad todos esos casos, de exa- minar los vacuníferos que sirvieron para esas vacunaciones así como á los demas niños vacunados en esos dias, investigación que nos es muy fácil por la exactitud con que llevamos nuestros registros; siempre hemos encontrado que esos acciden- tes eran individuales, pues los vacuníferos y los demas niños se encontraban sanos; muchas veces hemos suplicado al Sr. Licéaga, encargado por la Academia de Me- dicina de vigilar nuestros trabajos, viniera á verificar con nosotros esos hechos. Estamos como siempre persuadidos de que ellos son los que han dado lugar á que se crea que la vacuna puede comunicar varias enfermedades, como por ejem- plo la sífilis; pero hace mas de cuatro años que vacunamos diariamente y que no encontramos los hechos admitidos por los autores referentes á esto, y tales como los describen. Por eso nos causa admiración ver que tan ligeramente se haya ad- mitido como una cosa probada la sífilis vacunal en el sentido en que lo ha sido. Ho nos cabe duda, y el tiempo vendrá á demostrarlo, que lo que se observa con la vacuna humanizada se verá también con la vacuna de las terneras, pues todo ello depende de ks causas accidentales ó de la predisposición individual de los va- cunados. Mas las discusiones que este asunto ha promovido hacen por lo menos ver que no deben vacunar mas que los médicos, y que éstos están obligados á poner la atención debida respecto de todos los puntos que requiere esta operación que an- tes había sido considerada como de muy poca importancia. Alguna erisipela grave y que se va extendiendo á todo el cuerpo suele también sobrevenir después de la vacunación cuando se inflaman mucho los brazos, pero es cosa bastante rara. lín hefcho muy-curioso tuvimos en una niña de siete meses que se vacunó el 16 de Marzo: la erisipela vino como nunca habiamos visto, al dia siguiente de la va- cunación, y las pústulas no se desarrollaron; la vacuna que pusimos fué la misma que empleamos en otros niños, y éstos no tuvieron ningún accidente; por lo que mas bienio atribuimos á que esa niña acababa de llegar de Tierra caliente y en ese momento reinaban las erisipelas: fundamos este juicio en que dos hermanitas su- yas fueron también atacadas de un sarampión grave que las hizo sucumbir en la misma semana. El Sr. Hidalgo Carpió, médico de esa familia, vió todos esos he- chos y él mismo juzgó que allí nada había que imputarle á la vacuna. Otro hecho que observamos en el siguiente mes (Abril) confirmo plenamente el juicio que formamos de atribuir aquel accidente á la influencia de la constitución médica que reinaba entonces. Se trata de otra niña de cuatro meses que se vacu- no el 19 de Abril; la vacuna se desarrollo muy bien en ambos brazos: después de la desecación de las pústulas le salieron en algunas partes del cuerpo varias pús- tulas variolosas, pero una que le salió en la espalda era algo mas considerable que las otras; pues bien sea por el roce de los vestidos o por otro motivo comenzó al- rededor de ella una erisipela grave que fué extendiéndose considerablemente: co- 8 mo se vé, no fuó aquí la vacuna ni la picadura que para ponerla se hizo la que promovió la erisipela, sino una pústula sobrevenida accidentalmente. Es de ad- vertir que seguían reinando entonces las erisipelas. Algunos niños hemos vacunado, aunque en muy corto número, que lo habían sido antes por el Sr. Iglesias con la vacuna de terneras; en es'a primera vacuna prendieron perfectamente las pústulas y aun fuó propagada su vacuna: pues bien, la humana prendió también en ellos dos años después. Estos hechos nos demues- tran que debe desconfiarse de la duración de la virtud preservativa de la vacuna animal y ademas que el organismo humano es mas adecuado para conservarla y propagarla, pues jamas hemos podido conseguir aquí reproducir la vacuna legíti- ma dos veces en un mismo individuo, cualquiera que sea el tiempo que haya pa- sado de la primera vacunación. Un hecho curiosísimo pudimos ver en una niña de diez y ocho meses que se vacunó el 11 de Agosto. Al dia siguiente de la vacunación nos la presentaron y observamos que en todas las picaduras se habían desarrollado pústulas de vacuna perfectamente falsa. Averiguamos que había en su familia á la sazón un enfer- mo grave de viruelas y creimos que tal vez esta circunstancia habría influido pa- ra modificar la especificidad del buen virus vacuno que habíamos aplicado, pues en todos los demas vacunados se reprodujo con perfección. Pusimos nueva vacu- na ese mismo dia y en las nuevas picaduras se desarrollaron entonces unas pús- tulas de vacuna legítima: esta niña so libertó de este modo de las viruelas. Ultimamente hemos vacunado algunos jovenes de ambos sexos señalados en la cara por viruelas que habían padecido anos antes, pero cuyas señales aun- que algo numerosas en algunos no eran profundas; de manera que por su aspecto juzgamos habían tenido una varioloides mas <5 menos séria. En estos individuos á que nos referimos prendió la vacuna siguiendo una marcha regularizada, hecho que hace contraste con los bien vacunados en quienes hasta hoy no hemos podida reproducir la vacuna verdadera. Inútil me parece llamar la atención sobre las ventajas de las vacunaciones dia- rias para el buen servicio de la vacuna: ellas constan ya hoy á todo el mundo. Solo diremos que encargados de nuevo hace poco del servicio de la vacuna muni- cipal por el gobierno del Distrito, hemos podido dar inmediatamente á este servi- cio una extensión que de otro modo no nos hubiera sido fácil. Cuatro vacunacio- nes se practican hoy en los barrios de la ciudad, cada semana, en dias fijos y á horas fijas también, para que el público no pueda olvidarlo, y asimismo diariamen- te se vacuna gratis á hora fija en un punto central á todo el que se presenta soli- citando este beneficio. Arreglado este trabajo así hemos logrado ver que el número de vacunados en la capital se eleva ya á setecientos, ochocientos y mas mensualmente. 9 Una pequeña epidemia de viruelas que ha reinado en los últimos meses del aiid ha venido providencialmente á recordar al público los estragos que pueden ocasio- nar éstas, y á ponerle de manifiesto que la buena vacuna continúa siendo su pre- servativo eficaz. En efecto, esta pequeña epidemia reconoce solamente por causa que en estos últimos años so ha vacunado muy poco relativamente al número do los nacidos; es decir, que se ha acumulado el combustible; pero la vacuna ha con- tinuado preservando al inmenso número de personas vacunadas hace mas de diez, veinte, treinta d cuarenta años. Esta pequeña epidemia nos ha convencido de que cuando reinan las viruelas ejercen una verdadera influencia sobre los resultados de la vacunación. En pri- mer lugar, en algunos vacunados puede producir una vacuna perfectamente falsa como sucedid en el caso antes citado: en otros se prodiicen con mas frecuencia que en los tiempos comunes vacunas modificadas (vaccinoides), como lo hemos estado observando en estos dias, quedando la duda de si algunos vacunados no han teni- do mas que una afección local y por lo mismo de si quedarán d no libres de las viruelas reinantes. Aun tratándose de las vacunas legítimas se notan en estas circunstancias ciertas irregularidades en su marcha. Creemos que esos hechos mal interpretados pueden servir para desacreditar á la vacuna como sucedid en la epi- demia que hubo en Paris el año de 1870, durante la cual llegó á preguntarse si la vacuna era impotente en presencia de una epidemia de viruelas f No haremos nosotros semejante pregunta, á la que por otra parte es muy fácil responder contestando negativamente. La vacuna no es impotente ante una epi- demia de viruelas, aunque esa epidemia pueda influir sobre la vacuna del modo que dejamos ya señalado; es decir, haciendo que en algunos vacunados no produz- ca sus efectos, que se convierta á veces en falsa, d lo que sucede mas generalmen- te, que se produzcan en muchos simples vaccinoides de donde deben provenir mu- chas preservaciones aparentes, nulas d muy cortas. Mas no se vaya á entender que es en nuestros dias cuando se ha notado esa influencia de las epidemias variolosas sobre la vacuna. Tenemos libros impresos el año de 1808 que podemos mostrar, y en donde vemos consignado lo mismo que se observa hoy; así es que ningún argumento puede sacarse de ahí para pro- bar que esto sea debido á que la vacuna se haya ido debilitando. ¿ Cuál será el modo de remediar los males que pueden sobrevenir en las circuns- tancias que dejamos señaladas? Este no es otro que inculcar á los padres de fa- milia la necesidad absoluta de que esas vacunas sean examinadas cuidadosamente para que si no fueren perfectas sus hijos sean inmediatamente vacunados de nuevo. En el caso que hemos citado antes una vacuna legítima fue conseguida de este modo después de una vacuna perfectamente falsa. Tal es en nuestro concepto el modo do disminuir los estragos que ocasiona una epidemia variolosa, y si en algu- nos esta influencia apoderada ya de ellos hace inútil la aplicación de la vacuna y perecen sin remedio, ¿cuántos no hay, y es el mayor número, que logrando tener á tiempo una vacuna perfecta escapan milagrosamente de esa enfermedad tan terri- ble? Diariamente lo vemos: los que logran quedar bien vacunados pueden con toda impunidad vivir desde luego entre los virulentos. También es precisa una precaución por parte de los vacunadorés. Si en todo tiempo debe evitarse propagar el virus de las vaccinoides esto es mas necesario todavía cuando estén reinando las viruelas, porque tales vacunaciones no solo no 1 ibertan á los interesados, sino que tal vez pueden provocar sobre aquellos indi- viduos los efectos de la influencia variolosa. Hace ya mas de cuatro años que conservamos la vacuna que actualmente se propaga en México, y, lo decimos sin temor de ser contradichos, el tamaño real- mente extraordinario que alcanzan con frecuencia las pústulas en muchos de nues- tros vacunados, el hermoso color y la extensión de las areolas, así como la de los tumores vacunales que las acompañan eran antes desconocidos entre nosotros. Para que nada falte haremos notar que so observa hoy en la vacuna que con- servamos un fenómeno que ha sido señalado como carácter de la vacuna que pro- viene del cow—pox recientemente tomado de la vaca: éste consiste en que las pús- tulas vacunales excavan la piel mas ó menos profundamente, cuyo fenómeno va disminuyendo y aun desaparece á medida que se aleja el momento de la primera aplicación del cow-pox, y lo que se ha atribuido á que el virus vacuno va debili- tándose paulatinamente. Para apoyar lo que decimos sobre esto nos permitimos copiar aquí textualmen- te el siguiente pasaje que se encuentra en el Diccionario de Medicina en treinta volúmenes (tom. 30, pág. 405), hablando de los accidentes de la vacuna: « Se suele ver, dice, que las pústulas se excaven y que aun se conviertan en ul- ceraciones molestas y rebeldes para curarse. Hemos podido observar esto en algu- nos niños de una constitución linfática, y hemos notado que estos fenómenos eran tanto mas f recuentes cuanto mas activa era la vacuna que se empleaba; así es que se han manifestado en mayor número después de que se tomó para la inocula- ción el virus del eow—pox presentado en 1836 á la Academia de Medicina por el Dr. Perdreau. Experimentos comparativos han sido hechos sobre la diferencia de las dos vacunas en el hospital de niños por Mr. Bousquet y por Mr. Taupin. Han inoculado sobre el mismo individuo la antigua vacuna en un brazo y la nueva en el otro; el trabajo inflamatorio exagerado, las ulceraciones consecutivas, se han ma- nifestado generalmente en el brazo inoculado con la vacuna nueva.» Con la que nosotros propagamos hoy aquí pocas veces vemos ulceraciones, pe- ro muy frecuentemente observamos verdaderas excavaciones que nos eran desco- nocidas y que por lo mismo presentamos como carácter que ha sido observado después de la inoculación del cow-pox recientemente tomado en la vaca. Aunque opinamos porque la intensidad de la manifestación local en la vacuna es indepen- diente de su efecto preservativo, creemos haber hecho un buen servicio logrando conservar en la nuestra caracteres capaces de satisfacer aun á las personas mas exigentes. Si se pusiera en duda la importancia de lo que venimos diciendo la haríamos desaparecer con solo recordar que la Academia de Ciencias de París estableció va- rios premios (distribuidos en 1845) para las mejores memorias sobre vacuna que tuvieran por objeto hacer investigaciones históricas y críticas acerca de los resul- tados obtenidos por las vacunaciones y las revacunaciones desde que se comenzó á usar la vacuna hasta aquel dia, así como también de los medios propuestos para hacer de ella un preservativo tan eficaz como fuera posible contra la viruela. Entre las conclusiones que aceptó aquella Academia, en virtud de los trabajos que con aquel motivo le fueron presentados, encontramos las siguientes: <( 4? El cow-pox dá á los fenómenos locales de la vacuna una intensidad muy pronunciada: su efecto es mas cierto que el de la antigua vacuna, pero algún tiem- po después de su trasmisión en el hombre esa intensidad local desaparece. « 5? La virtud preservativa de la vacuna no parece íntimamente unida á la intensidad de los síntomas locales; sin embargo, para conservar sus propiedades es prudente renovarla lo mas frecuentemente que sea posible. « 6? Entre los medios propuestos para la renovación, el único en el cual pue- da hasta hoy confiar la ciencia es el que consiste en tomar el virus vacuno en su origen,» ¿ Es acaso cosa fácil hallar el cow-pox con la frecuencia que seria precisa, pa- ra que esa cualidad de ser reciente dejara satisfechos al vacunador y á los vacu- nados? Los largos intervalos de tiempo que pasan para que vuelva á encontrar- se, durante los cuales se vacuna el mayor número de individuos, no vendrían á ser mas que épocas prolongadas de dudas y vacilaciones. Debe pues reputarse como un verdadero adelanto la energía que hemos logrado alcanzar y mantener en la manifestación local de la vacuna humanizada. Pero ¿á qué es debido esto? Creemos que no puede ponerse en duda que es- te resultado se debe á que observamos extrictamente las reglas debidas, reglas que no están fundadas en ideas teóricas, sino en lo que enseñan la observación y la experiencia. A tal punto consideramos excelente el resultado que liemos obtenido que nos atrevemos á asegurar que si para hacer una comparación hiciéramos venir vacuna inglesa, sacaríamos de ella resultados inferiores á los que se nos presentan hoy aquí frecuentemente con la vacuna que hace cuatro años conservamos. Nuestros hechos prácticos quitan, pues, todo su valor á esa Opinión que blece la necesidad absoluta de una frecuente renovación para contrariar el debili- tamiento de la vacuna por su paso á través del organismo humano. Ellos prueban también que no es su paso á través del organismo humano la verdadera causa de lo que se ha llamado debilitamiento de la vacuna. Debe bus- carse aquella únicamente en esa multitud de errores que se han ido gradualmente estableciendo en la práctica de 1a- vacunación, y que muchos europeos principal- mente miran hoy como verdades conquistadas por el estudio y la experimentación; porque no se podría admitir que en lo relativo á la vacuna México fuese la única excepción en el mundo: para convenir en ello era antes preciso que esta práctica se hiciera en los demas países bajo las mismas ideas y exactamente tal cual la practicamos aquí. Ideas muy diversas de las nuestras dirigen á los vacunadores en aquellos países. Deseosos de poner un ejemplo de lo que afirmamos investiguemos qué dicen en Francia con respecto al tiempo en que debe tomarse la vacuna para propagar- la, y leemos lo siguiente, inserto en el Diccionario de Medicina en treinta volú- menes, tom. 30, art. vacuna, pág. 412; « El virus vacuno es tanto mas enérgico cuanto mm tiempo haya pasado su for- mación al recogerlo. Así, cuando la erupción ha marchado con regularidad se puede tomar el virus desde el cuarto ó quinto dia, y si el líquido no es muy abundante se le añadirá un poco de agua, como lo aconseja Mr. Bousquet: la ex- periencia ha probado que el resultado no es por eso menos seguro, solo que cuan- do se divide una pústula que acaba apenas de nacer debe uno evitar llevar la lan- ceta muy profundamente ó muy cerca de la base del boton, por temor do no obtener mas que una vacuna mezclada de sangre.» En vano preguntaríamos por qué algunas personas afirman que es mas enérgica la vacuna tomada el cuarto o quinto dia que el octavo por ejemplo. Mucho teme- mos que la energía de que se habla no sea mas que un efecto local, fenómeno que por sí solo nada vale, pues lo encontramos también en la vacuna falsa. Eos afir- ma en esa creencia la observación que hicimos hace tiempo y que comunicamos á la Academia de Medicina. Al virus sacado de una pústula pequeña de vacuna verdadera añadimos (apoyados en la autoridad do Mr. Bousquet) una pequeña cantidad de agua limpia: con la inoculación de esta mezcla vimos producirse unas pústulas grandes de falsa vacuna que se acompañaron de síntomas locales y gene- rales bastante intensos. Pero ademas de que la experiencia nos ha probado aquí lo contrario, ¿qué se puede sacar de una pústula vacunal al cuarto dia? El buen sentido dice que sign- do el virus vacuno secretado por un árgano especial (1), manifestación localizada de una enfermedad general artificialmente adquirida, no puede encontrarse en un estado perfecto cuando se halle apenas en estado rudimentario. Nos serviremos igualmente de la analogía para hacer ver lo poco fundado de la opinión que combatimos. Admiten los prácticos que aun cuando no pueda asegurarse cual es el momento preciso en que se perfecciona el virus varioloso y en que se desarrolla el principio contagioso que la hace trasmisible, se supone con mucha probabilidad que no es sino cuando se acerca el momento en que el pus comienza á formarse en las pús- tulas. Esto nos conduce á creer que para los que, como nosotros, no solo buscan el efecto local, sino la infección general, que es en la que consiste la preservación com- pleta y absoluta de las viruelas, los individuos vacunados de ese modo quedan imperfectamente preservados porque el virus vacuno que se les aplico estaba mal elaborado todavía. ¿Hablaremos de los malos resultados que debe dar la práctica de muchos va- cunadores que creen que el virus de las vacunas modificadas puede perfeccionarse pasándole á otros individuos, que en este sentido puede propagarse la vacuna se- cundaria (de revacunado), o de los que han escrito que la misma vacuna falsa puede convertirse de este modo en verdadera? Estos malos resultados no son realmente los que nos sorprenden puesto que eran de proveerse: lo que sí nos admira es ver que varias sociedades sábias se ocupen, sin interrupción casi, en discusiones estériles, por cuanto á que por una lamentable ceguedad no vemos que se encaminen á encontrar la verdadera causa de los males que deploran y que con un estéril empeño tratan hace mucho tiempo de corregir. Los resultados constantemente buenos de nuestra práctica prueban suficiente- mente que nos hallamos en el verdadero camino, y el que medite sobre lo que en la actualidad se sabe acerca de ios virus se convencerá fácilmente de que está fundada en ideas perfectamente racionales. Algunas palabras respecto de esto bastarán para hacernos comprender. Un autor recomendable que tenemos á la vista hablando de los virus dice lo si- guiente: « Comencemos primero por establecer que ciertos virus provocan hoy efectos tan terribles cual el dia en que se manifestaron por primera vez, como la rabia, la pústula maligna, etc.: que otros se debilitan y que su intensidad tiende á dismi- nuir todos los dias, como la sífilis, la vacuna, la viruela. Los primeros tienen su (1) Heteroplasia. origen en los animales; los segundos no son trasmitidos hoy ya sino de hombre á hombre. Estos hechos notables prueban que los virus se van deteriorando á me- dida que pasan por los organismos humanos y que son mas frecuentemente elabo- rados por él. Si los primeros conservan toda su energía es porque se renuevan sin cesar por generación espontánea en los animales (rabia, muermo, pústula ma- ligna); por esta consideración es por lo que se ha procurado volver á la vacuna su eficacia primitiva volviéndola á tomar en su origen: todo conduce á creer que se logrará de este modo. « Así los virus tienden á debilitarse á medida que pasa el tiempo. La ineficacia de la vacuna en algunos casos, la preservación incompleta que ella procura en otros, no dejan duda sobre la deterioración lenta pero positiva que ha sufrido.» Las palabras que preceden representan perfectamente las creencias mas acredi- tadas hoy sobre la permanencia de la energía de los virus. ¿ Pero debemos admi- tirlas sin exámen ? La cuestión es demasiado importante para que se nos permita exponer nuestro modo de pensar á este respecto. Admitimos con muchos patologistas que los efectos producidos por los virus de- penden: 1° de su energía; 2” de la aptitud del individuo á quien se le aplican. Lo primero no ofrece duda: solo tendremos que estudiar si esa energía puede variar, y si está en nuestras manos impedirlo. Refiriéndonos á la vacuna Jenneriana (objeto principal de este trabajo), como ésta se conserva sobre el hombre, debemos ver si aplicándole á éste un virus va- cuno enérgico se reproduce 6 no en él constantemente con los mismos caracteres. Todo el mundo sabe que existen personas enteramente refractarias al virus va- cuno y al virus sifilítico, y que hay otras en las que sin que esos virus dejen de producir sus efectos éstos sin embargo se modifican mas o menos. Tal es el fun- damento de la proposición siguiente: «Algunos organismos que experimentan la acción de un virus imprimen á los síntomas y á las lesiones que resultan en su consecuencia modificaciones algunas veces muy considerables.» Este es, pues, un hecho, y lo es también que si para la propagación de la va- cuna no se tiene esto en cuenta, se la verá sin duda perder mucho de su energía. Por eso los que propagan inconsideradamente toda clase de vacunas han acredita- do la proposición que sigue, la cual se asienta como una verdad en las obras de patología: « El organismo humano operando un gran número de veces sobre los virus de origen humano <5 animal puede sin duda alguna alterarlos de tal modo que los pon- ga inconocibles.» En comprobación de este aserto se cita lo que pasa con la sífilis, la viruela y la vacuna. La sífilis, dicen, es hoy mucho mas benigna que antiguamente* Esto merece detenernos. La sífilis que Astruc creía había sido introducida en Europa hácia fines del si- glo XY por los soldados de Cristóbal Colon que desembarcaron en Nápoles y pro- pagaron allí esta enfermedad después de haber hecho igual cosa en Barcelona y en Sevilla, la sífilis, decimos, parece haber existido desde tiempo inmemorial y por consiguiente mucho antes de esa época. Los autores que sostienen esta última opinión citan en su apoyo diversos pasa- jes de Moisés tomados del Lcvítico, de las obras de Hipócrates, de Herodoto el historiador, de Celso que describe ocho especies de úlceras do las partes sexuales, y de otros muchos autores que seria largo enumerar, así como de diversos docu- mentos históricos, tales como varios reglamentos para casas de prostitución, todo esto de fecha muy anterior á la del descubrimiento de las Américas. Todos sí convienen en que hácia fines del siglo XY se extendió esa enfermedad considera- blemente, y lo que mas alarmó fué que atacase también aun á las familias mas respetables y mas altamente colocadas en la jerarquía social. Pero reflexionase que puede haber mucha inexactitud en todo lo que se ha es- crito de esa enfermedad en aquellos tiempos en que aun no había sido debidamen- te estudiada por los médicos. Tan cierto es esto, que en esa época era un prin- cipio establecido que los accidentes de la sífilis constitucional eran mas frecuentes y mas fatalmente contagiosos que los primitivos. Que esa enfermedad se agravara entonces y se extendiera considerablemente tampoco debe admirarnos, porque entonces no era racionalmente combatida. Las preparaciones mercuriales aun no eran empleadas mas que por los médicos árabes; así es que no se le oponía el verdadero correctivo. Las preparaciones iodadas, y sobre todo el ioduro de potasio, aun no eran co- nocidas, y se sabe el inmenso bien que han hecho en el tratamiento de los acciden- tes terciarios, evitándose por su medio el abuso de los mercuriales, cuyo empleo indefinido y prolongado fue fatal á muchos desgraciados haciendo aparecer á la vez aun mas espantosa á esa enfermedad. No debemos tampoco admitir como una razón científica que fuera mas grave la sífilis en aquella época porque se extendió entonces hasta á las familias mas alta- mente colocadas en la sociedad, pues siendo una enfermedad que se trasmite por contagio directo, los ricos y los magnates que ocurriesen á la fuente del mal no tenían razón para quedar exceptuados de ella, y la prueba es que hoy como siem- pre nos es dado ver con frecuencia que la sífilis desplega toda su enérgica grave- dad entre los pobres y ricos; que no perdona mas que á aquellos que nunca van en su busca, sea cual fuere la categoría social á que pertenezcan. Hay muchos fundamentos para creer que la sífilis subsiste tal como era antes: nos persuadimos de esto cuando vemos á personas sábias y experimentadas expre- sar la misma opinión. Un sifildgrafo respetable escribió lo siguiente el año de 1844: