FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO EL ALCOHOLISMO Y LAS INYECCIONES Oli ESTRICNINA TESIS Que para el examen general de Medicina, Cirugía y Obstetricia presenta á su Jurado Calificador COEXEL IO RAMOS, Alumno de la Escuela Nacional de Medicina, cx-practicante de la Segunda inspección de Policía, interno y practicante de número en el Hospital de Hombres Dementes. MEXICO OFICINA TIP. DE LA SECRETARÍA DE FOMENTO Calle de San Andrés núm. 15. (Avenida Oriente 51.) 1896 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO EL ALCOHOLISMO Y TESIS Que para el examen general de Medicina, Cirugía y Obstetricia presenta á su Jurado Calificador COE/NELIO RAMOS, Alumno de la Escuela Nacional de Medicina, ex-practicaute de la Segunda Inspección de Policía, interno y practicante de número en el Hospital de Hombres Dementes. MÉXICO OFICINA TIP. DE LA SECRETARÍA DE FOMENTO Calle de San Andrés núm. 15. (Avenida Oriente 51.) 1896 91Í adtc mia: Sin tí hubiera sido imposible llegar al término de mi carrera, por- que muchas veces me sentí flaquear bajo el peso abrumador de nues- tras desdichas y dificultades; pero tu ejemplo, tus sacrificios y tus amo- rosos consejos hacían en mí renacer las fuerzas y continuar el camino que me hablas trazado, enseñándome el amor al trabajo y el respeto y veneración á mis maestros. Creo firmemente que á ellos, á tí y á mi querido padre les debo cuanto soy. Sé que has llorado mi prolongada ausencia; pero quiera el Cielo que cuando vuelva pueda poner en tus manos mi titulo de médico. A EA MEMORIA DEL I)R. HST 3ÑT . GOYA1TTES, Recuerdo de imperecedera gratitud. INTRODUCCION. EN el mes de Agosto del año de 1894 llegó á mis manos un periódico que se publica en Morelia, y que es el órgano oficial de aquel Gobierno; en el núme- ro sesenta y uno, correspondiente al día 2 de Agosto de 1894, se publicó un suelto de gacetilla que á la le- tra copio. “ Modo de curar la embriaguez.—De un periódico científico tomamos lo siguiente, que es interesante si los resultados corresponden exactamente: « El siguiente remedio se usa en Rusia contra la « borrachera y se dice que en efecto es infalible. «Se lleva un borracho á presencia de un médico y és- «te le hace una inyección en seguida. Ayer ese hom- « bre era un borracho embrutecido, enfermo, incapaz de «reunir fuerza de voluntad suficiente para romper «con ese horrible hábito, hoy está bueno y apenas se « conoce á sí mismo. Ha bastado un tratamiento para «curarlo. La aplicación es sencillísima. Se disuelve « un gramo de estricnina en doscientas seis gotas de 8 « agua, y una vez al día se inyectan hipodérmicamen- «te, cinco gotas de esta solución. Esto se repite por « ocho ó doce días y su efecto es sorprendente. Des- ee pués de dos ó tres inyecciones, el borracho come y ee duerme bien. Y si después de algunos meses volvie- ee se á empezar á beber, experimenta tales síntomas ee (palpitaciones de corazón, náuseas, dolores dé cabe- ee za y vómitos) que no vuelve jamás á tomar una go- ee ta de licor. ee Es muy conveniente aplicar estas inyecciones hipo- ee dérmicas durante el sueño. El borracho se levanta ee vigorizado y pide una segunda y tercera inyección.” Yo decía más el citado periódico, y el suelto de que acabamos de hablar no podía ser más halagador, tra- tándose de un vicio tan extendido entre nosotros y cu- yas consecuencias, tristes por cierto, venía mirando en mi práctica hospitalaria, desde hacía cuatro años en el manicomio de San Hipólito, del cual he sido inter- no desde el año de 1890. Mas como el susodicho párrafo no estaba calzado por una firma que fuera de alguna autoridad en la materia, y como por otra parte se trataba de un alca- loide cuyas propiedades tóxicas son bastante conoci- das para aceptar las doctrinas en él vertidas, necesi- taba algo más que el dicho de un periódico, es decir: la experimentación, ó la autoridad de personas com- petentes. En el margen del periódico, que aún conservo, exis- ten unas líneas manuscritas y firmadas por el Dr. Jo- sé de la Cueva; dicen así: “La dosis marcada en esta receta, es el máximum de la marcada por Ferrand, 9 autoridad en la materia; y que no creo peligrosa por otras varias razones.” Semejante aseveración, la opinión favorable del Dr. Vicente Morales y la bondadosa oferta de los Dres. Antonio Romero y Manuel Alfaro, el prime- ro Director del Hospital de San Hipólito y el segun- do, Subdirector, oferta que me prometía toda su ayuda y hábil dirección, me impulsaron á empren- der el estudio de las inyecciones de estricnina en el tratamiento del alcoholismo, estudio que por fuerza debe resultar imperfecto, debido á mis escasos conoci- mientos; pero que como está basado en la observación, pudiera ser que sus resultados fueran útiles en algún tanto, siquier sea por tratarse de un vicio que ha lle- gado á tomar proporciones tales que hoy por hoy preo- cupa y con razón á todos los hombres de saber y á los gobiernos del mundo civilizado. Réstame dar las más expresivas gracias al Dr. An- tonio Romero por sus sabios consejos y el empeño que tomó para que se llevara á cabo este trabajo, por la protección que siempre me ha impartido y por las distinciones de que he sido objeto por su parte. Por lo que al Dr. Alfaro toca, no tengo palabras con que expresarle mi reconocimiento y gratitud; ha sido para mí más que un amigo, un compañero que ha procurado imbuirme todos sus conocimientos y ayu- darme de cuantas maneras ha podido. Le debo mu- cho, y en lo íntimo de mi corazón guardaré siempre tan sagrada deuda. EL ALCOHOLISMO Y LAS INYECCIONES l)E ESTRICNINA. SE da el nombre de alcoholismo á la intoxicación aguda ó crónica que comprende los diversos estados morbosos pro- ducidos por el abuso de las bebidas alcohólicas. Los accidentes que el alcohol produce son agudos ó cróni- cos. Entre los primeros se encuentra la embriaguez, algunas veces un delirio agudo que le sigue, semejante á la manía; es- tos accidentes vienen después de haber ingerido el alcohol, ya sea en pequeñas cantidades repetidas, ó ya en cantidades más ó menos considerables, pero que sea en un tiempo determina- do, lo cual da lugar á un envenenamiento que bien pudiéra- mos llamar alcoholismo agudo ó envenenamiento alcohólico. Al contrario, el alcoholismo crónico lo debiéramos llamar con propiedad intoxicación alcohólica y definirlo diciendo que es: Un conjunto de fenómenos morbosos más ó menos durables que dependen de la alteración de los diferentes elementos or- gánicos, especialmente el nervioso, que da lugar á perturba- ciones funcionales de la economía por el uso prolongado del alcohol, hasta llegar á una verdadera intoxicación. En una pa- labra, hay envenenamiento en el alcoholismo agudo, intoxica- ción en el alcoholismo crónico. Si en la definición del alcoho- lismo en general, empleamos la palabra intoxicación, fué tan sólo para mayor claridad y comodidad en el lenguaje. 12 Desde tiempo inmemorial el alcohol se ha considerado co- mo un veneno y últimamente Bardet lo clasifica entre los ve- nenos que él llama cerebrales, en éstos ocupan el lugar principal el alcohol, el opio y sus alcaloides, etc., etc. Y no podía ser de otra manera desde el momento en que todos sa- bemos que una vez ingerido el alcohol, es el sistema nervioso y muy especialmente el encéfalo, el lugar de elección para sus efectos, cualquiera que sea el mecanismo patogénico que, di- cho sea de paso, ha dado lugar á serias é interminables discu- siones. Desgraciadamente, en México el envenenamiento al- cohólico es el factor principal en la etiología de las enfermeda- des mentales, como se puede ver con sólo dar una rápida ojeada al Cuadro Estadístico que acompaña este trabajo, el cual demuestra que desde hace treinta años el alcoholismo va en aumento y que la desconsoladora cifra que arroja cada año, de locos y epilépticos es casi de 50 por ciento sobre el núme- ro total de entradas al manicomio de San Hipólito. Mucho se ha hablado del tratamiento moral para corregir el abuso de las bebidas alcohólicas; pero si bien es cierto que presta una valiosa ayuda, también lo es que esas facultades morales que pretendemos utilizar, están enfermas y, de consi- guiente, primero es curarlas para que después podamos diri- girlas. El alcohólico ó el borracho, en razón de sus excesos, se ha creado una verdadera é imperiosa necesidad de ingerir alcohol para sentir sus efectos, ó como dice Magnan: el latigazo del or- ganismo, ó bien para moderar ese estado indefinible de su eco- nomía que se lo pide. En estas circunstancias, suspender el alcohol sería para el borracho suspender su vida, por decirlo así, ó cuando menos hacer de su existencia una carga insopor- table, como desgraciadamente lo prueban tantos casos de sui- cidio que no tienen otra causa. Son innumerables las manifestaciones de origen alcohólico, pues podemos decir, sin temor de equivocarnos, que no hay un solo órgano que no sufra bajo su influencia; pero entre to- 13 das hay una que por su frecuencia, por la trascendencia que encierra, acarreando gravísimos males á la sociedad, y por el incremento que ha tomado en estos últimos tiempos es digna de llamar la atención: ¡La locura de origen alcohólico! Estu- diar sus causas, su patogenia, sus diferentes formas y muy es- pecialmente su tratamiento, será á lo que quede limitado este humilde trabajo. CAUSAS. A primera vista parece que el alcoholismo ó intoxicación al- cohólica se debiera tan sólo á la ingestión de bebidas en ma- yor ó menor cantidad y por un tiempo prolongado; pero muy á menudo vemos individuos que no obstante abusar de las be- bidas alcohólicas día con día, no llegan á volverse alcohólicos, lo cual quiere decir que además del abuso del alcohol debe ha- ber otras circunstancias para explicar no sólo esos casos de que acabamos de hablar, sino también algunos otros, como aquellos en que individuos que no son borrachos se llegan á convertir en alcohólicos, muchas veces sin darse cuenta de ello. Tenemos que recurrir á la predisposición hereditaria, da- to etiológico de grandísima importancia; la cantidad y calidad de las bebidas; la frecuencia de los excesos; la clase social y profesión individual, etc., etc. Que nacen individuos predispuestos por la herencia, no se puede negar desde el momento en que los hechos se imponen. Basta abrir los libros en que se encuentran consignadas las historias de los enfermos que han ingresado al hospital de San Hipólito desde Julio de 1894, para convencerse de esta verdad: que muchos epilépticos, muchos enajenados no han cometido otro delito (?) que haber nacido de padres alcohólicos. Pudie- ra citar muchos ejemplos; pero tan sólo me limitaré á dos, pa- ra no hacer cansado el presente estudio, tanto más, cuanto que al final van consignadas casi todas las observaciones que me han parecido dé algún interés. N. N., soltero, de 26 años, ingresó al Hospital de Hombres Dementes en el mes de Mayo de 1894, de buena constitu- ción y sin haber padecido anteriormente ninguna enfermedad grave, ni que pudiera relacionarse con su padecimiento actual. Desde niño manifestó una inteligencia bastante elevada, reci- bió una educación esmerada, alcanzando ser sacerdote cuando contaba 21 años. Se hacía querer de cuantos le trataban por su carácter bueno y amable. Cumplía muy bien con su minis- terio; siendo muy del agrado de sus superiores sus vastos co- nocimientos, que utilizaron en bien de la humanidad durante cinco años. De pronto y sin causa aparente se le ve triste, ta- citurno, abandona las4 labores de su ministerio, se arrepiente de haberse ordenado y se entrega á excesos alcohólicos; dice él que sólo tomaba algunas copas de cognac en las noches; pe- ro algunas personas de su familia aseguran que tomaba hasta procurarse el sueño; poco tiempo después estalla un verdade- ro delirio: cree ser muy rico, que pronto llegará á ser obispo, que dispone de un cnpital de $66,000, que es un enviado de Dios para componer el mundo, que después de Dios, él es el más grande de los seres creados; desprecia y huye el trato con la gente pobre. En estas circunstancias fue recibido en el hos- pital. Han pasado dos años y aunque sus facultades no se han perdido, sí han disminuido de una manera muy notable; su memoria está casi abolida, sus concepciones son tardías, en una palabra, se ve que marcha á la demencia. ¿Cómo explicar de una manera satisfactoria la causa de su locura? Los excesos alcohólicos no eran suficientes por sí solos para explicarla, pues nunca llegó á la intoxicación, ni apareció en él el Deli- rium tremenni un delirio claramente alcohólico; pero veamos los antecedentes de familia; el padre y la madre han abusado del alcohol hasta llegar á la intoxicación; el padre ha sufrido varias veces de Delirium tremens; la madre murió de un absce- so hepático de origen alcohólico; un hermano mayor se suici- dó sin que se haya descubierto la verdadera causa; pero sí se sabe que fue después de una borrachera. Con estos antece- dentes sí se puede explicar fácilmente que los excesos alcoho- licos en un terreno apropiado (la predisposición hereditaria) dieran por resultado la locura. A. C., soltero, de 27 años, de oficio zapatero, perfectamente constituido, fue recibido por primera vez en el Hospital de San Hipólito el día 14 de Agosto de 1892. Lo traían en camilla consignado por una Inspección de Policía; el estado de sus fa- cultades intelectuales era tal que no se daba cuenta de nada absolutamente; apenas si cuando se le interrogaba, sólo en- treabría los párpados; en consecuencia, no pudo dar su nom- bre, y si contestaba á las preguntas que se le hacían, las res- puestas eran ininteligibles, porque sólo se oía un murmullo entre dientes y una que otra palabra sin relación alguna. Su cara estaba abotagada, pálida y cubierta de sudor, sus conjun- tivas enrojecidas, la respiración era difícil y entrecortada, el pulso débil, pequeño y depresible; de vez en cuando se le veían aparecer convulsiones tónicas y clónicas, se mordía la lengua, sus labios arrojaban espuma sanguinolenta, llevaba el pulgar hacia la palma de la mano, y poco después caía en el co- ma. Todo semejaba un ataque epiléptico. De pronto se intentó hacerlo vomitar, se le pusieron algu- nos sinapismos y se le aplicó una lavativa purgante. Dos ho- ras después, el efecto de la lavativa y la revulsión que había sufrido en los brazos y en las piernas hicieron que preguntara algo relativo á su situación. Los ataques continuaron; pero ya no con la frecuencia de antes. Al día siguiente su estado era verdaderamente lamen- table; sin embargo, pudo contestar algunas de las preguntas que se le hicieron y dijo padecer ataques cuando abusaba del refi- no y sobre todo del pulque; pero que no recordaba el porqué de hallarse en el hospital. La supresión del alcohol y un tratamiento bromurado fue- ron suficientes para que en pocos días aquel hombre estuviese regenerado y nos pudiera dar los informes necesarios referen- tes á su enfermedad. 16 Nos dijo que era de buena familia, que sus padres le habían procurado una educación buena, que solamente hacía dos años que abusaba del alcohol y del pulque; pero que esto no lo ha- cía todos los días, sino por temporadas; que los ataques data- ban de la época de su intemperancia, antes no había sufrido ninguno; que cuando dejaba de tomar eran muy raros. Todos estos datos los pudimos confirmar después con el testimonio de la madre. Esta señora nos dijo que antes de que su hijo so entregara á los excesos alcohólicos era trabajador, sumiso, obediente, fino en su trato; pero que cuando comenzó á tomar se tornó en ingrato, iracundo, grosero, etc., etc., y que poco después de este cambio comenzaron los ataques, que se hacían más y más repetidos, á la medida de sus excesos. Entre los antecedentes de familia, nos dijo la misma seño- ra que su esposo era un alcohólico consumado, que muchas veces sufrió su delirio agudo y que, por úllinio, murió loco y con enfermedad del hígado acompañada de fiebre. Posteriormente A. C. ha tenido varias entradas al hospital, siempre en las mismas condiciones. Basta que se embriague una sola vez para que los ataques vuelvan en número de tres ó cuatro y que lo pongan en un estado tal de pobreza inte- lectual y falta de aptitud para el trabajo, que es necesario deje pasar diez ó doce días para que vuelva á su estado normal. Notemos que si bien es cierto que siempre que se embo- rracha presenta síntomas del alcoholismo agudo, debido quizá á las grandes cantidades de pulque que ingiere; nunca se le han visto síntomas de intoxicación alcohólica. No obstante, desde sus primeros abusos aparecen los ataques epileptiformos, y des- pués, basta solamente una borrachera para que éstos aparez- can. (¡Cómo explicar estos fenómenos propios del alcoholismo crónico, si no es porque hubo un terreno enteramente á pro- pósito para depositar la semilla? Así como estos dos casos pudiera citar otros muchos que demuestran el papel importantísimo que representa la heren- 17 cia en la etiología del alcoholismo. En cuanto á la predisposi- ción individual, otro factor tan importante como la herencia, podemos decir que se manifiesta en muchos individuos de diferentes maneras; así, los hay que pueden ingerir grandes cantidades de alcohol sin que se les vea sufrir ninguna pertur- bación funcional en su organismo; simplemente se embriagan, pero sin menoscabo en su salud, no obstante que cuentan por años la multiplicidad de sus excesos. Otros hay, que ingieren el alcohol en cantidades más que regulares y sin embargo ja- más llegan á sentirse ebrios; pero al lado de éstos se encuen- tran otros muchos en quienes bastan dos ó tres copas de li- cor para que se sientan trastornados y si por casualidad in- gieren mayor cantidad, entonces son presa de un verdadero delirio que acompaña á la ebriedad, de perturbaciones orgá- nicas como son la dispepsia, la fatiga muscular y nerviosa, el cansancio, por decirlo así, en todas sus facultades intelectua- les y morales; todo esto hace que muchas veces estas perso- nas se vean obligadas á guardar cama cuatro ó cinco días. Si á esto agregamos las múltiples y diferentes manifestaciones de la ebriedad, que bien pudiéramos decir, cambia con cada in- dividuo, puesto que vemos todos los días, que mientras en unos se excitan los sentimientos del amor propio, de la ale- gría, y les da por ser tinos y atentos con todo el mundo, otros por el contrario son impertinentes, iracundos, pen- dencieros; otros hablan mucho, riñen ó bien cuentan episodios tristes y lloran por todo. ¿No será esto suficiente para pensar que cada individuo lle- va en lo íntimo de su ser algo que lo aleja ó que lo precipita en la pendiente del vicio para llegar fácilmente á la intoxica- ción? No se diga que la educación entra aquí como factor prin- cipal, porque sin negar de una manera absoluta la influencia que pueda tener, creo que apenas habrá persona alguna, que no haya visto que individuos finamente educados son verdade- ramente insoportables cuando se encuentran en estado de ebriedad y que dan lugar á las escenas más repugnantes. 18 Esos cambios en que de una manera radical se transforma el hombre puesto que todos sus pensamientos, todos sus ac- tos, sus sentimientos todos son enteramente contrarios á los que ejecuta en su estado normal, ¿cómo explicarlos si no es por una conformación especial de su cerebro ó, en otros tér- minos, por una predisposición innata ó adquirida? Si siempre sucediera lo mismo no llamaría la atención; pero siendo como es, que cada individuo tiene manifestaciones diferentes, aque- llas que más se asemejen á la locura, serán las que con toda probabilidad lo conducirán á la pérdida de la razón: á esta clase de personas, que no teniendo predisposición hereditaria se en- cuentran en condiciones semejantes á las de los que la poseen, á éstas digo, es á las que se les debe llamar predispuestas. Verdad es que muchas de las manifestaciones de que acaba- mos de hablar, son debidas en parte á la clase de alcohol in- gerido, no sólo en atención á su escala atómica, sino también á las substancias múltiples y diferentes que entran en la com- posición de algunas bebidas alcohólicas. Esto contribuye mu- cho; pero no nos autoriza á negar que hay muchas personas en quienes cualquiera que sea la bebirla alcohólica que ingie- ran, siempre el delirio, aunque pasajero, es el mismo: unos llegan á la manía aguda, otros son melancólicos, en aquéllos dominan las alucinaciones de lu vista y del oido y tienen ten- dencia al suicidio, se creen perseguidos, riñen con todos, en tanto que otros no pasan de tener una excitación que los vuelve alegres, habladores y nada más. Es claro y no necesita comentarios, que á medida que una de estas perso- nas se acerca más á la locura, está más próxima á perder la razón si continúa en el vicio y llega á intoxicarse. PATOGENIA. ¿Cuáles son los fenómenos íntimos que se efectúan en el cerebro una vez que ha sido ingerido el alcohol? Este es el gran problema que la Ciencia aún no ha podido resolver, por- que si bien es cierto que el alcohol ejerce su principal acción 19 sobre los centros nerviosos; que la inteligencia es la primera que se resiente de sus efectos, y después las funciones de la locomoción, esto lo único que quiere decir es que la alteración funcional del sistema nervioso cerebro-espinal domina la se- rie progresiva de los fenómenos patológicos. A medida que el alcohol se acumula en el cerebro, las funciones cerebro-espi- nales se pervierten, se debilitan y por fin se agotan. ¿Cómo explicar esta acción? Dagonet, A. Fournier, Marvaud y otras eminencias científicas dicen que dados nuestros conocimien- tos en la actualidad, es muy difícil responder á esta cuestión, y como en este sentido todos los que han escrito sobre este asunto han emitido hipótesis más ó menos ingeniosas, aventu- ramos la nuestra, exponiéndola sin pretensión alguna y con- stándola nada más que como una de tantas. “La embriaguez, dice Claude Berna], no puedo considerarse únicamente como consecuencia de las modificaciones en la circulación, sino que además debemos tener en cuenta la pre- sencia del alcohol en la sangre, y la acción directa de éste so- bre los elementos nerviosos.” Nosotros tomamos los accidentes circulatorios como base principal de todas las modificaciones que sufre el cerebro en el alcoholismo crónico agudo; pero creemos que estos acciden- tes están íntimamente ligados con los fenómenos de las com- bustiones orgánicas, en otros términos, con los cambios nutri- tivos, de los cuales el agente esencial es la celdilla nerviosa. Si en el alcoholismo crónico vemos fenómenos de tanta con- sideración, se deben tan sólo á las modificaciones que ha su- frido la circulación por intermedio del sistema nervioso vaso- motriz. ¿No podrían explicarse todos estos fenómenos por los cam- bios nutritivos, que en esencia no son otra cosa que la oxige- nación, y con ella las combustiones que se suceden en lo ínti- mo de los elementos orgánicos? A medida que un órgano trabaja más ó que sus funciones son más complicadas, sa- bemos, y está fuera de duda, que los cambios nutritivos que 20 en él se verifican, son en mayor encala, de manera que no creo ilógico decir que siendo la celdilla nerviosa la que presenta mayor actividad, puesto que no hay uno solo de los fenóme- nos vitales en el cual ella no desempeñe el principal papel, es la que más cambios nutritivos deb*> ofrecer y de consiguiente la que más combustiones produce; pero como para que éstas se verifiquen, se necesita lo principal, que es el combustible, y éste es llevado hasta lo íntimo de nuestros tejidos por la res- piración y la circulación, se infiere que es imposible separar los fenómenos circulatorios de los cambios nutritivos verifica- dos en la celdilla nerviosa. Supongamos á un individuo en el primer período de la ebrie- dad alcohólica ó solamente cuando ha ingerido las bebidas en pequeña cantidad. Después de una serie complicada de fenó- menos que nos son bien conocidos; el alcohol in natura ó des- pués de haber sufrido algunas transformaciones, penetra al to- rrente circulatorio para ponerse en contacto con todos los elementos orgánicos, y que se verifiquen las combustiones, que serán mayores á medida que la circulación se haga en ma- yor escala y con verdadera profusión, como sucede especialmen- te en el encéfalo. La presencia del alcohol en los capilares y su contacto, por decirlo así, con la celdilla nerviosa hace que ésta se vuelva eminentemente apta para las combustiones, es decir, para los cambios nutritivos que, según Onimus, se ha- rán más bien y más rápidamente á medida que el oxígeno lle- gue con más facilidad, y que dicha celdilla lo absorba con ver- dadera avidez; entonces será cuando el organismo entero pre- sente mayor vitalidad en su complicada manera de funcio- nar. La experiencia nos demuestra que cuando se ha ingerido el alcohol en pequeña cantidad, las funciones todas del organis- mo se hacen con mayor actividad; las concepciones son claras, la palabra es fácil, los movimientos cardíacos son en mayor nú- mero y aumentan en intensidad; el estómago secreta abundan- tes jugos, el riñón funciona á la par que los demás órganos, 21 en una palabra, el movimiento en general es mayor. Enton- ces ¡cuántos y qué grandes servicios nos puede prestar el al- cohol sea como agente terapéutico, sea que forme parte de nuestro régimen alimenticio! Pero supongamos que las canti- dades ingeridas han sido mayores, hasta llegar á la ebriedad completa ó á lo que debiéramos llamar envenenamiento alco- hólico, entonces la escena cambia por completo: las concep- ciones son tardías, las ideas incoherentes, hay dificultad en la palabra, perversión en las sensaciones, trastornos en la lo- comoción y en todos los movimientos, etc., etc. No parece >ino que en la economía todo es movimiento y que la voluntad, el pensamiento, los sentimienlos y las sensa- ciones no son otra cosa que sus manifestaciones más compli- cadas y obscuras en su desarrollo, en tanto que la contracción muscular, la manifestación más grosera, es la única que puede apreciar la inteligencia humana. Desde este punto de vista, pu- diéramos juzgar el envenenamiento alcohólico como la pertur- bación motriz en la celdilla nerviosa de;de su funcionamiento más íntimo hasta el más grosero. Pero ¿qué es lo que ha sucedido en el envenenamiento al- cohólico? Que el prolongado contacto del alcohol ó sus deriva- dos con la celdilla nerviosa, la ha hecho inhábil para que los cambios nutiitivos, ó sean las combustiones orgánicas, se verifi- quen en ella de una manera fisiológica; y como ya dijimos que el sistema nervioso es el que más trabaja y cuyas funciones son las más complicadas, natural es que esas perturbaciones de nutrición se hagan más ostensibles en él y que el encéfalo sea el primero que las manifieste. Pero esa perturbación ner- viosa se extiende también á los vaso-motores, lo cual traerá modificaciones en la circulación: en efecto, los capilares se de- jan dilatar y hay acumulación de sangre porque perdiendo en parte la elasticidad de sus fibras musculares, se dejan disten- der dando lugar á una congestión, que bien puede terminar en hemorragia por la ruptura de los vasos que ya no resisten ma- yor dilatación. 22 Además de cuanto hemos dicho, hay otra serie de fenóme- no-!, los que produce la compresión, puesto que ese aumento en la capacidad de los vasos no puede hacerse si no es á ex- pensas de la masa encefálica. En resumen, hay perturbaciones en los cambios nutritivos de la celdilla nerviosa quedan lugar á la dilatación en los vasos, que traen como consecuencia la compresión de la masa encefálica, y congestiones más ó me- nos intensas que pueden terminar por la hemorragia. Ahora bien, si la cantidad de alcohol ingerida no ha sido su- ficiente para llevar las cosas más allá de una congestión, todo volverá á su estado normal, tardando esto el tiempo necesario para la eliminación del alcohol ingerido. Para la intoxicación alcohólica ó alcoholismo crónico, no se necesita otra cosa sino que los excesos alcohólicos se repitan con frecuencia durante algún tiempo, que el individuo esté predispuesto, ó en fin, que las causas de que hemos hablado agraven la situación de cada individuo. Repitiéndose los acce- sos de alcoholismo agudo, traen consigo la pérdida casi com- pleta de la elasticidad en los capilares encefálicos, de tal suer- te que las dilataciones que al principio er.in pasajeras se con- vierten en pequeños aneurismas, á los cuales Charcot dió el nombre de aneurismas miliares, que una vez formados deben por fuerza producir fenómenos de compresión; al mismo tiem- po sucede otro fenómeno de tanta importancia como el pri- mero y es la degeneración y acumulación grasosas, que se ve- rifican en el nacimiento de los capilares, en sus mismas pare- des, en las meninges, ó ya por fin, entie las celdillas cerebra- les; pero dejemos completar el cuadro á personas tan autori- zadas como Dagonet y Lancereaux. “La dura-madre, dicen, es algunas veces el sitio de un traba- jo flegmásico que ha sido descrito con el nombre de paquime- ningitis. La aracnoides y la pia-madre, comunmente adheren- tes á la dura-madre craneana, presentan frecuentemente en los antiguos bebedores, los vasos dilatados y repletos de san- gre, pudiéndose notar que estos últimos presentan pequeñas manchas blanquizcas á lo largo de sus paredes que se encuen- tran más ó menos alteradas. Estas lesiones de las meninges, son muy marcadas en la parte superior de los hemisferios cerebrales. “A consecuencia de alteraciones vasculares se ha visto en el espesor de las membranas manchas equimóticas de pequeña extensión ó placas amarillas de color de ocre constituidas por la materia colorante de la sangre. “Las lesiones cerebrales se presentan con grados de inten- sidad muy variables. Al principio, el micro-copio nos hace ver la alteración de algunos de los elementos anatómicos del ce- rebro. “Los capilares están sinuosos y dilatados, presentan de tre- cho en trecho en el espesor de las paredes, y muy particular- mente al nivel de los puntos de bifurcación, granulaciones amurillas que parecen ser el resultado de un principio de des- organización del elemento contráctil de la pared vascular. Es- ta alteración grasosa es una causa de perturbaciones en la cir- culación capilar, al mismo tiempo que de la acumulación de la sangre, éxtasis sanguíneo. “Los elementos celulares de la substancia gris que están en contacto con los capilares enfermos contienen granulaciones brillantes con la apariencia de pequeños glóbulos grasosos. “En un período más avanzado las lesiones se hacen más y más manifiestas, llegando á apreciarlas aun á la simple vista, ya sea circunscritas, ya difusas; pero que tienen por sitio de pre- dilección la periferia del cerebro, del cerebelo, del cuerpo es- triado y aun de los tálamos ópticos.” La induración y el reblandecimiento, no son otra cosa que grados diversos de un mismo proceso patológico: la degenera- ción grasosa de los vasos. El alcoholismo crónico presenta en resumen las perturbaciones más variadas en el sistema ner- vioso, de aquí que la sintomatología sea muy diversa según la intensidad de los síntomas y según la relación que tengan unos con otros; algunos pueden faltar; pero en cambio otros apare- 23 24 cen con preponderancia marcada, de lo cual resulta un con- junto patológico variable; pero que no por esto deja de ser ca- racterístico. “El a’coholismo crónico, ha dicho el Dr. Lancereaux, se acompaña de la degeneración grasosa ó de una inflamación especial no supurativa, resultando de esto diversos síntomas que dependen de estas alteraciones.” De aquí las gastritis simples, ulcerosas, perturbaciones di- gestivas, afecciones hepáticas, como la cirrosis, esteatosis, icte- ria, etc., etc., pero que no están comprendidas en este-tra- bajo. DESCRIPCION. Ya hemos visto la acción íntima que ejerce el alcohol sobre la celdilla nerviosa, según que haya dado lugar á un envene- namiento, á una intoxicación ó á una borrachera. Veamos ahora la descripción de las diferentes manifestacio- nes que presenta, ya en el delirio agudo (alcoholismo agudo), ya en el alcoholismo crónico. Para esto me propongo seguir, hasta donde me sea posiole, las observaciones que he hecho en el Hospital, por lo que con mucha frecuencia las citaré en el curso de este trabajo. El delirio agudo de origen alcohólico (Deliriuni tremens) pue- de presentarse en ei borracho después de repetidos excesos, ó bien en el curso de una intoxicación, ya sea inmediatamen- te después de una borrachera ó ya sin causa aparente; siendo de advertir que en los alcohólicos es muy frecuente que apa- rezca acompañando cualquiera enfermedad, con especialidad los traumatismos y todas aquellas en que hay calentura. Dicho delirio es precedido generalmente de algunos sínto- mas que indican su pronta aparición, son éstos: perturbacio- nes gastro-intestinales, embarazo gástrico, constipación, etc.; la lengua está seca y saburral, el pulso acelerado, la cara in- yectada, lo mismo que las conjuntivas y el borde libre de los párpados; el sueño es intranquilo, interrumpido á cada paso 25 por pesadillas, que consisten casi siempre en visiones terrorí- ficas que atormentan al individuo de una manera indecible, á tal grado que ven con verdadero horror la llegada de la no- che; pero otras muchas veces no existen estos pródromos y el delirio estalla con toda su intensidad. El enfermo llega rápidamente á un grado inaudito de sobre- excitación y todos sus actos, sus movimientos todos, lo de- muestran, pues rasga sus vestidos, golpea los muebles y aco- mete á cualquiera persona que se le presente; su fisonomía está en relación con sus sensaciones, con sus ideas, con las alucinaciones que lo dominan: sus ojos expresan el terror, con- tribuyendo las conjuntivas inyectadas y el movimiento trému- lo y constante de los párpados á aumentar la tremenda expre- sión de sus miradas; los músculos de la cara, así como los la- bios, presentan el temblor vermicular, y en las comisuras la- biales hay una especie de barniz blanquizco y pegajoso. La agitación convulsiva de que acabo de hablar se extiende á los brazos, á las piernas, cuyos movimientos son indecisos, vaci- lantes; en una palabra, la contracción muscular está perverti- da pues ha perdido su precisión y coordinación; pero no está disminuida. Este delirio es característico, presenta, por decirlo así, el mismo aspecto en todos los enfermos, dominando el cuadro las alucinaciones de la vista y del oído y, por ende, el terror y los actos violentos que ellas determinan, agregando á esto las perturbaciones en la sensibilidad y en la motilidad, que son inseparables del trastorno que han sufrido las facultades intelectuales. Si, pues, las alucinaciones de la vista y del oído son, como ya dije, las que dan el colorido á este cuadro, para poner de relieve hasta donde llegan estas perturbaciones me valdré de una observación que las pinta mejor que yo pudiera descri- birlas. Al. P., natural de Aléxico, soltero, de 29 años, escribiente, fué recibido en el Hospital de Hombres Dementes el día 19 de 26 Septiembre de 1895. Hacía solamente un año que por la falta de trabajo y por la situación más ó menos aflictiva por que atravesaba, dice él que había comenzado á hacer uso de las bebidas alcohólicas para minorar sus penas; bien pronto el uso se convirtió en verdadero abuso, á la aproximación délas fies- tas de la Patria (16 de Septiembre), fue nombrado en comi- sión para hacer una colecta en las pulquerías, y esto dió lugar á que tomara con exageración; si á esto agregamos lo que tomó en los días 15 y 16 del referido Septiembre, no es na- da difícil explicarse que el 19 del mismo mes ingresara al ma- nicomio, presa de un delirio agudo de origen alcohólico. Creía que lo perseguían los masones porque había revelado secretos de importancia, por lo cual querían sacarle los ojos y castrarlo; que había matado á un niño de dos años y que se había ba- ñado con su sangre, veía que debajo del pavimento de la en- fermería y precisamente bajo su lecho, estaba el cadáver de su madre encerrado en un cajón; no quería comer porque de- cía que en cada platillo le ponían veneno; oía voces que cons- tantemente le hacían las más grandes injurias y que le mani- festaban que lo habían de quemar vivo y parte por parte; sen- tía temblar la tierra de manera lal que los techos se le figura- ban una alfombra cuando tomada de sus extremidades entre dos personas la sacuden para quitarle el polvo; en cada enfer- mo veía un perseguidor que, puñal en mano, quería asesi- narlo. En estas circunstancias se le sujetó al tratamiento ponién- dole el día 20 una inyección hipodérmica de 0.02 (dos cen- tigramos) de nitrato de estricnina; lo mismo hicimos en los días 21, 22 y 23, el 24 ya habían desaparecido todos los sínto- mas y por esto en los días subsecuentes nada más se le puso un centigramo en una sola inyección hasta el día 29 en que fué dado de alta por haberlo solicitado así. No supe más has- ta el día 4 de Enero de 1896, es decir, tres meses después, que ingresó de nuevo al establecimiento en un estado semejante al primero; sólo que entonces, al decir de su familia, habían 27 sido muy pocos los excesos alcohólicos que había cometido, pues no pasaban de tres ó cuatro. En esta vez creía que la po- licía lo perseguía por crímenes imaginarios, que penetraría al Hospital, poique así se lo decía una voz desde la azotea y que lo sacaría de allí para matarlo; todo ese día estuvo en una constante agitación, huía á los lugares más solos; pero hasta allí lo perseguían las voces que lo acusaban y que le decían que lo habían de matar. A las siete de la noche, hora en que la servidumbre se ocupa en dar la cena á los enfermos, aprove- chó la falta de vigilancia, y huyendo de las voces y de los po- licías que creía se le acercaban para aprehenderlo, se subió á las azoteas del Establecimiento. Notado esto por los afanado- res de la enfermería salieron luego en su busca y entonces las cosas se agravaron para el infeliz enfermo, pues sus alucina- ciones se convirtieron en realidad y huyó despavorido; cuando lograron acercársele y uno de ellos quiso sujetarlo del saco, él procuró evitarlo y se arrojó al patio. Después ¡un golpe y un ay desgarrador! Inmediatamente fui á prestarle auxilio, porque yo estaba de guardia en el Hospital. Se le trasladó á la enfermería y examinándolo con cuidado, encontré que se había fracturado el brazo, el codo y el antebrazo izquierdos, dos costillas y el muslo en su tercio medio, todo del mismo lado; la cabeza estaba ilesa; no había perdido el conocimiento ni había signos de conmoción cerebral la más ligera. El infeliz continuaba en su delirio pues veía unas mujeres que le ha- cían muecas, que se burlaban de él y que le decían que le ha- bían de romper todos los huesos; oía las mismas voces que le acusaban, y todo esto en medio de los más acerbos dolores, en tanto que se le ponían sus aparatos provisionales y se coaptaban los fragmentos. A las nueve de la noche terminó esta operación y se le ministró doral y bromuro de potasio en altas dosis; pero á pesar de esto el sueño no venía, se le apli- có luego una inyección de morfina de á dos centigramos, y lo mismo; no pudo dormir y sentía á cada instante que las mu- jeres aquellas tiraban de sus miembros para producirle dolo- res terribles, y le gritaban y se reían de sus sufrimientos. En los días en que estas líneas escribo el enfermo continúa con su aparato definitivo, su delirio es casi nulo; sin embargo, algunas veces se queja de alucinaciones del oído. Por lo que acabo de referir es fácil formarse un juicio aproxi- mado del papel que las alucinaciones representan en el deli- rio alcohólico, tanto más, cuanto que nunca faltan, y en el fon- do, cualesquiera que ellas sean, siempre influyen de la misma manera en el conjunto armónico de todas las facultades. Es un delirio verdaderamente sensorial y, como dicen los au- tores alemanes, perfectamente sistematizado, puesto que las ideas se relacionan unas con otras siempre de una manera se- mejante y á pesar de la rapidez con que se suceden en el en- fermo. Existen algunos ligeros cambios en cuanto á lo esen- cial de las alucinaciones; pero no en cuanto á la forma. Unos ven animales pequeños, como arañas, alacranes, ratones, etc., etc., que se les acercan y suben á su cuerpo: en estos indivi- duos se puede notar que constantemente hacen movimientos tales, que parece que toman los animales con los dedos y los arrojan al suelo; cuando estos enfermos están ya aliviados quieren ocultar su delirio y de una manera disimulada hacen que toman al animal y como no lo pueden arrojar al suelo, se lo pasan de una mano á otra y lo aprietan entre sus dedos. Otros hay que ven perros, lobos, panteras, etc., ele., que los acometen, y como estas alucinaciones están acompañadas de las del oído, oyen sus gritos enfurecidos y que raspan las uñas contra el suelo, que se les acercan; un instante más y caerán entre sus garras. Otras veces son soldados armados, grupos de asesinos que, puñal en mano, van por el desgraciado alu- cinado, ó bien son apariciones de espectros, fantasmas, cabe- zas separadas de sus cuerpos: cuadros sangrientos de los que en vano quiere apartar sus miradas. Se observa también una hiperestesia del aparato de la vi- sión y entonces ven luces, chispas, todos los objetos de un 28 mismo color, por ejemplo, rojos, amarillos, verdes, etc. Algu- nas veces se ve aparecer la diplopía, la ambliopía ó la amauro- sis, aunque momentáneas, ó bien no pueden distinguir los ob- jetos sino como á través de una nube. Las alucinaciones del oído son igualmente frecuentes y ca- racterísticas en el delirio agudo: los enfermos se quejan de ruidos insoportables, de zumbidos, silbidos, tiros de fusil, rui- dos de trompetas, de campanitas, etc., ó bien oyen voces que los amenazan, que los injurian, como acabamos de ver. Es de advertir que estas alucinaciones tienen la particularidad de presentarse muy al principio; aún antes de que aparezca el delirio, los enfermos se sientan molestados por el zumbido de oídos, y según lo que he podido observar en el Hospital de San Hipólito en los múltiples casos que se lian presentado, las alucinaciones del oído son las que más tardan en desaparecer, pues cuando ha cesado el temblor de las manos y de la len- gua, cuando ya no hay alucinaciones de la vista, ni pesadillas, ni insomnios, todavía tú enfermo oye ruidos extraños, muchas veces con la conciencia de que son alucinaciones. Bueno es recordar que esta clase de enfermos ocultan sus alucinaciones y es preciso vigilarlos de lejos para poderlas apreciar; enton- ces se ve que sin causa justificada vuelven la cara como si al- guien les hablase, ó se llevan la mano al oído como si espan- taran una mosca ú otro animal que les produjese ruidos mo- lestos. Recuerdo que hace cudro años hubo un enfermo, Da- niel N., que tres meses después que había curado de su deli- rio alcohólico, quedó con alucinaciones del oído, las cuales consistían en creer que un muchacho le soplaba de continuo las orejas con un alcatraz; otro, y este es reciente, pues aún está en el Hospital, ya está curado de su delirio y sin embar- go, oye la voz de su madre que lo increpa por su mala vida. Muy común es encontrar individuos alcohólicos que, ya sea durante sus excesos ó después, oyen una voz que'constante- mente les dice: “Mátate, no sirves para nada, el único reme- dio para tus penas es el suicidio; deshonras á tu familia, eres un criminal.” ¡Cuántas veces este es el origen del suicidio, y cuántas tam- bién de crímenes que á primera vista parece que tienen otra causa! En Francia los suicidios por costumbres alcohólicas, que en el año de 1848 llegaron á 142, en 1868 alcanzaron la cifra des- consoladora, por lo enorme, de 471. Es necesario ser muy desconfiado de los alcohólicos, que aunque nieguen todo padecimiento, acusan, sin embargo, alu- cinaciones del oído; son temibles y muchas veces son presa de sufrimientos verdaderamente horroroos. En el Hospital he visto suicidarse un individuo, N. N.: en los momentos en que el Médico pasaba su visita, vimos á un alucinado caminar para atrás algunos pasos y cuando estaba á una distancia de cuatro ó cinco metros, arrojarse contra la pared y allí estrellarse el cráneo; este hombre era un alcohó- lico, bastante ilustrado y de una buena familia; padecía terri- bles alucinaciones. Otro individuo llamado H., muy ilustrado, periodista, cuya historia está consignada con el número 51, joven de 26 años, fué recibido en el Hospital el día 9 de Febrero del año próxi- mo pasado. Cuatro horas después de su entrada se arrojó del segundo piso; sufrió por eso una conmoción cerebral y se frac- turó los huesos propios de la nariz, acompañado todo esto de diferentes heridas en la cara, frente y cabeza. Se le trató con las inyecciones de estricnina y tres días después había desapa- recido su delirio, persistiendo las alucinaciones del oído, de las cuales tenía conciencia. Entonces me contó que al arro- jarse al suelo lo había hecho tan sólo obedeciendo una voz que le decía: ‘'Mátate, no tienes otro remedio.” Cuando salió del Hospital sus alucinaciones eran casi nulas; pero cualquier abuso de los alcoholes hacía que volvieran. Encontróle algu- nos meses después y me refirió que persistían y que le eran insoportables cuando cometía excesos alcohólicos. 30 ¡VIe he detenido más de lo que debiera, dadas las dimensio- nes de este trabajo, al tratar de las alucinaciones de la vista y del oído, porque éstas son la base, por decirlo así, en que des- cansa el delirio alcohólico, cualquiera que sea su forma y su intensidad. Antes de pasar adelante quiero consignar un hecho terrible: en 1883, el 25 de Enero fué recibido en el Hospital de San Hipólito el enfermo Crescendo Vázquez; tenía un delirio agu- do basado en alucinaciones del oído, especialmente en las no- ches, lo cual hacía que lo separaran de los demás enfermos para que los dejara dormir. En la noche del ocho de Febrero, 14 días después de su en- trada al Establecimiento, sus alucinaciones consistían en oir voces de bandidos que le pedían algún miembro de su cuerpo, so pena de que lo matarían si no se los daba, entonces este infe- liz obedeciendo una voz que le gritaba en el oído, se sacó los ojos con los dedos, presentando al día siguiente el cuadro más horroroso que imaginarse pueda. Está por demás decir que aquel individuo murió á las pocas horas. Este hecho, lo presenció el Dr. A. Romero y está consigna- da la entrada en el libro 6?, página 90 del H. S. Hipólito. El diagnóstico que allí tiene es el de alcoholismo. Pueden también presentarse alucinaciones del gusto y del olfato, los enfermos perciben olores desagradables y al comer creen que el mal sabor es debido á algún veneno; pero como estas falsas sensaciones no son muy frecuentes, me conforma- ré con enunciarlas, sin entrar en detalles. Hasta aquí me he ocupado del delirio agudo, describiéndolo tal como se presenta entre nosotros, en los individuos de cos- tumbres alcohólicas, quiero decir, en los bebedores; pero que todavía no han llegado á la intoxicación, ó cuando se presenta como fenómeno extraordinario en el curso de ésta. Aunque sea de una manera rápida describiré el alcoholismo crónico, con el objeto de poder á tiempo llenar ciertas indicaciones en el tra- tamiento. d(,l cual me ocuparé después. 31 La alteración de la motilidad en la intoxicación alcohólica es el síntoma más aparente, el que mejor se manifiesta y muchas veces el que nos indica si el individuo á quien hemos sujetado á un tratamiento cumple con él, y si este último da resultados ó no. “Al principio, dice el Dr. A. Fournier, sólo hay temblor; pero más tarde la potencia muscular está disminuida y algunas ve- ces se ven aparecer desórdenes más graves, como son los es- pasmos, los saltos tendinosos, accesos convulsivos y los ataques epileptiformes. Las manos son las primeras que sufren trastor- nos de motilidad, después los brazos, las piernas, la lengua, los labios, etc.” Comunmente el temblor alcohólico consiste en una sucesión de pequeñas sacudidas rítmicas, en algunos casos las contrac- ciones son más extensas y simulan los espasmos de la corea, de ahí el nombre de Corea de los bebedores dado á esta forma por algunos autores. A medida que el temblor aumenta se complica de otro desorden funcional más importante: la debi- lidad en la fibra muscular. Esta parálisis alcohólica que puede invadir progresivamen- te los músculos de los miembros superiores, los de los inferio- res y los del tronco, no llega jamás á ser completa, es una pa- resia más bien que una parálisis, porque si bien es cierto que el enfermo es impotente para verificar algunos movimientos que requieren mucha precisión, como escribir, llevar á sus la- bios un vaso lleno de agua sin derramarlo, etc., etc., también lo es que nunca llega á verse imposibilitado de mover sus miem- bros, por ejemplo, en la flexión, pronación, supinación, etc. Lo que sí es muy de notar es que estas perturbaciones motri- ces tienen una marcha centrípeta, es decir, que van de la ex- tremidad de los miembros al tronco; para mayor claridad véase lo consignado en las historias ú observaciones que van consig- nadas al final. Las perturbaciones de la sensibilidad son menos constantes que las de la motilidad; sin embargo, en un período avanzado del alcoholismo sienten los individuos calambres, dolores ful- minantes, dolores más ó menos intensos á la presión, y entre nosotros son más frecuentes de lo que á primer.i vista parece. El Dr. Aifaro nunca completa su interrogatorio á los enfermos de San Hipólito si no ha preguntado al individuo si padece ca- lambres en las pantorrillas; y por la exploración siempre bus- ca el dolor, sea comprimiendo los brazos al nivel del biceps, sea comprimiendo las pantorrillas, y casi siempre lo despierta en las regiones indicadas. En cuanto á las perturbaciones intelectuales, son poco apa- rentes en el alcoholismo crónico, sólo se manifiestan en los períodos de exacerbación á que da lugar el alcoholismo agudo; esto no obstante, existe una disposición en el alcohólico para que aparezca el delirio bajo la influencia de causas muy lige- % ras, como son: contrariedades de poca importancia, traumatis- mos y enfermedades las más insignificantes. La voluntad y la fuerza de carácter están debilitadas á tal punto, que el individuo no es capaz de oponer la menor resis- tencia á las influencias que tienden á nulificar sus facultades; no parece sino que lia sufrido tal perversión en sus sentimien- tos que le es indiferente todo cuanto le rodea, si se exceptúa la satisfacción de su vicio, no importándole los medios por más inmorales que sean. La modificación del cdrácter es una de las primeras conse- cuencias del alcoholismo crónico: el individuo se vuelve vio- lento, irritable, y por motivos baludíes riñe con las personas con quienes trata. La fisonomía presenta un aspecto que manifiesta el embru- tecimiento y el estado de degradación á que ha llegado. La necesidad de beber es en él imperiosa y, como ya vimos, para satisfacerla no se para en elegir los medios; en una palabra, ha perdido todo sentimiento de honor y de dignidad. Entre nosotros, y especialmente en México, la clase pobre hace un uso inmoderado del pulque, que la mayor parte de las veces degenera en verdadero abuso, y siendo una bebida fer- 33 34 mentada que no contiene gran cantidad de alcohol, necesario es que se ingiera en grandes cantidades para«que produzca la embriaguez; de aquí que lo más común sea ver aparecer el de- lirio agudo en el curso de la intoxicación alcohólica. No obs- tante, muchas veces se le ve en individuos que si bien es cier- to que tienen por bebida favorita el pulque, también lo es que toman alcohol, el cual casi nunca es puro, sino una tintura al- cohólica en que el aceite esencial forma parte integrante. Estos licores, conocidos vulgarmente con el nombre genérico de Amargos, son, como ya dije, tinturas ó alcoholaturas de corteza de naranja, canela, limn, limón, té-limón, guayaba, etc., etc.; en fin, todas son plantas aromáticas cuyas esencias van mez- cladas con el alcohol. Casi todo nueslro pueblo ingiere estos Amargos en ayunas mezclados á una infusión ó cocimiento de hojas de naranjo, caliente, lo cual hace que sea absorbido con toda rapidez y que sus efectos tóxicos no se hagan esperar, tanto más, cuanto que es costumbre entre ellos almorzar co- midas más ó menos excitantes, con mucho chile y después in- gerir el pulque en cantidades verdaderamente escandalosas, pues parece imposible que lleguen á tomarse, como algunos lo hacen, hasta diez y quince litros. Muy conocido es el tipo del pulquero: su cara está abotaga- da, rojiza, hay una gordura aparente y que más se manifiesta en lo abultado del vientre; casi en todos ellos-el estómago está dilatado y así es como se explica que puedan tomar las canti- dades que dejo apuntadas, y que casi todos sean dispépticos, porque dicha viscera no funciona como en su estado normal á causa de la debilidad que han sufrido sus paredes al dilatarse. Si á todo esto agregamos su mala alimentación, las pésimas condiciones higiénicas en que viven, hacinados ocho ó diez en un cuarto que cuando más medirá ocho metros cúbicos, y que allí nacen, allí viven y allí mueren, creo que es más que sufi- ciente para explicarnos el gran número de alcohólicos que lle- nan las salas de nuestros hospitales y que forman el mayor número de los enajenados, como lo manifiesta la estadística, 35 llamándome la atención que á pesar de ser un número muy considerable, no lo sea todavía más, en vista de las circunstan- cias de que acabamos de hablar. Bueno es hacer notar la diferencia que hay entre el alcohóli- co de nuestra clase baja, que, dada su ilustración casi nula, no puede compararse desde el punto de vista de la enajenación mental, con la descripción que hacen los libros europeos de esta clase de enfermos; así pues, es raro que en el hospital con- tinúen con verdaderos accesos maniáticos, no obstante que la mayor parte de veces esta es la causa de que sean llevados al Manicomio, pues comunmente entre los antecedentes se regis- tra el mal trato que dan á la familia, las riñas constantes con la esposa, el terror que en ellos se despierta por las alucinacio- nes del oído y de la vista; por ejemplo, es muy frecuente que esta clase de enfermos oiga la voz de la madre que murió des- de hace muchos años, y no sólo oye la voz, sino que siente que un cuerpo se le acerca y que ese cuerpo está frío como el de un cadáver, esto durante el sueño; en la vigilia, á las altas horas de la noche, ven al diablo en forma de perro, de chivo, de co- chino, que les imposibilita el paso y no los deja llegar á su casa, ó bien ven que al llegar á su casa sale de allí algún hombre que se confunde con la sombra y que poco después desapare- ce, lo cual da lugar á grandes y continuadas reyertas matrimo- niales y á no pocos crímenes que allí se efectúan. Ese cambio de carácter, del cual todos los autores nos hablan, es muy mar- cado entre nuestra clase baja: especialmente en los bebedores de pulque, bebida á la que el Dr. Lucio atribuía tantas riñas como se suscitan por motivos baladíes entre la gente de nuestro pueblo. Apenas si se registra uno que otro homicidio cuya ri- no haya comenzado en la pulquería; lo mismo pudiéramos decir de las lesiones que son tan frecuentes entre nosotros y de tanlos crímenes como se registran en las Comisarías. ¡Casi siempre se han fraguado ó han empezado en la pulquería! Si el número de enajenados de origen alcohólico no es todavía mayor, es porque la pneumonía, las afecciones gastro hepáticas, 36 etc., se encargan de llevárselos antes de llegar á la locura; pe- ro, como veremos después en las observaciones, es la forma melancólica con alucinaciones la que domina entre nosotros, para lo cual creo que contribuye mucho la educación é ilustra- tración de nuestro pueblo; sin embargo, se presentan otras for- mas como lo podemos ver en los párrafos siguiente2. FORMAS. Desde el principio de este trabajo dijimos que preferente- mente nos ocuparíamos del alcoholismo desde el punto de vis- ta de las enfermedades mentales, dejando á un lado un gran número de procesos morbosos que reconocen por origen el abu- so de las bebidas alcohólicas, y de las cuales se ocupa la Pato- logía Interna, no por dejar de ser interesantes, sino porque el capital objeto de mi estudio se refiere exclusivamente á las perturbaciones cerebrales, que son las que casi en su totalidad se observan en el Manicomio de San Hipólito, donde he prac- 4 ticado hasta la presente; por eso es que como complemento á lo que llevo dicho, estudiaremos las diferentes formas de locu- ra á que puede dar lugar el alcoholismo. En esta parte de mi trabajo he consultado diferentes autores, pareciéndome conve- niente mar de la clasificación que Dagonat acepta en su última edición sobre enfermedades mentales, cuando en vista de los trabajos de Lanceroux, Magnan, A. Fournier, Morel, etc., se atreve á formularla de la manera que á continuación se expre- sa. Antes es necesario advertir que para que se vea de una ma- nera palmaria la razón por la cual acepté sus teorías, procuraré intercalar entre sus doctrinas los casos prácticos que yo he vis- to en el hospital, ya sea en el servicio del Dr. Alfaro, ya en del Dr. Romero; pero que se relacionan muy íntimamente con el objeto que me propongo. “Hemos dicho que la enajenación mental podía manifestarse después de un acceso de alcoholismo agudo; pero á menudo también se desarrolla independientemente de este acceso y co- mo una consecuencia de la excitación sostenida por las costum- bres de intemperancia. Es necesario no olvidar que las causas de sobreexcitación son numerosas y que su acción es complexa, por lo cual debe tenerse en cuenta la parte común que tienen en el desarrollo de la enfermedad.” Las personas débiles, como dijimos al principio, soportnn muy mal los excesos alcohólicos, tanto que éstos nos pudieran servir como de clave para juzgar de la potencia cerebral en muchos individuos. Lo mismo pudiéramos decir de los demás datos etiológicos porque el sistema nervioso obra en estos in- dividuos, como en los débiles, presentando menos fuerza de resistencia y de consiguiente es más fácilmente atacado; esto da lugar á que las más diferentes formas sean la consecuencia de los excesos de bebidas alcohólicas, presentando muchas ve- ces, pero no siempre, caracteres que les son propio-; sin em- bargo, muehas veces sucede, como acabamos de decir, que á pesar de todo no es fácil determinar su origen. “Morel ha querido asignar á las locuras alcohólicas, como las ha llamado, un carácter especial, cosa que no aparece justifi- cada por la observación clínica. En su ensaye de clasificación etiológica de las enfermedades mentales, este autor ha admi- tido un grupo que ha intitulado Enajenación Mental por Intoxi- cación. Según él, en los trastornos intelectuales ocasionados por las diversas substancias embriagantes ó tóxicas, se nota, más que en cualquiera otra variedad de locura, la manifesta- ción de las relaciones íntimas que existen entre la naturaleza de la causa y el trastorno funcional ó del órgano. Resultan de allí síntomas propios; y se producen invariablemente en la es- fera de las funciones fisiológicas é intelectuales, desórdenes y trastornos que son idénticamente los mismos en todos los in- dividuos sometidos á estas causas. Agrega: “La ingestión de “los licores alcohólicos suscita en los individuos perturbacio- “ nes idénticas del sistema nervioso: tales son el delirio con “ alucinaciones especiales, trastornos del sistema digestivo, tem- 38 “ blor de los miembros, anestesias parciales, convulsiones, con- “ tracciones y finalmente la muerte.” Morel se ha limitado, como se ve, á describir en este grupo de las locuras por intoxicación alcohólica, los signos mismos de esta intoxicación; pero no ha procurado demostrar lo que po- dían tener de particular, bajo esta relación, las diversas espe- cies de enajenación causadas por los excesos de bebida. No ha examinado, para establecer firmemente su sistema de clasifica- ción, si, aparte de los accidentes que se refieren al alcoholismo agudo ó crónico (que deben entonces considerarse como una complicación, y que pueden faltar), existían en las locuras de origen alcohólico, sobre todo bajo el punto de vista del delirio, signos particulares bastante bien caracterizados para acusar en todos casos el origen alcohólico. “Las costumbres de intemperancia y los excesos más ó me- nos repetidos de alcoholismo agudo, tienen, como hemos di- cho, una parte muy importante en el desarrollo de la locura; es este un hecho incontestable, que numerosas estadísticas han puesto fuera de duda. Un gran número de individuos atacados de melancolía, de estupor, de manía, de parálisis general, no deben su enfermedad á otra cosa que á estos deplorables ex- cesos; pero las diferentes formas de enajenación mental de que están atacados ¿han presentado siempre una fisonomía espe- cial, un carácter particular? Esto es precisamente lo que he- mos procurado examinar y con este fin hemos consultado las observaciones de más de trescientos enajenados que habían cometido excesos alcohólicos antes del desarrollo de su enfer- medad; reasumiremos adelante el resultado de nuestras obser- vaciones. “Si es posible seguir, en la generalidad de los casos, á través de las manifestaciones delirantes que presentan los enajenados, las huellas de la intoxicación de que pueden estar afectados, no se debe menos reconocer que, fuera de estos signos, la locura no presenta fisonomía caracteríslica. Esta, como lo he- mos hecho notar ya, puede comenzar después de un acceso de 39 alcoholismo agudo ó bajo la influencia de la intoxicación cró- nica, y entonces los síntomas que la caracterizan se mezclan á los que se refieren al alcoholismo; otras veces, por el contra- rio, se desarrolla consecutivamente á excesos de bebida, que no han determinado una verdadera intoxicación, y en estos casos se pueden observar algunas particularidades que indica- remos sucintamente. “Debemos agregar que los individuos atacados de enajena- ción mental pueden cometer también bajo la influencia de su excitación, excesos de bebida, y ser entonces presa de un ataque de alcoholismo agudo más ó menos caracterizado. En estos casos se ve que la enajenación se manifiesta con los signos que le son propios, tales como el insomnio, las aluci- naciones, el terror, el temblor especial, etc., y una vez pasa- do el acceso de alcoholismo, el individuo presenta de nuevo las ideas fijas, las aberraciones de la locura momentáneamente interrumpida, ó más bien, encubierta por el nuevo trastorno mental que había venido á interponerse en ella (Véanse las ob- servaciones nums. 26 y 50). “Para Baillarger existen locuras congestivas que no son el el primer período de la parálisis general; menos aún, dice, son locuras simples. “Manía congestiva.—Ha propuesto dar el nombre de manía congestiva á accesos de enajenación mental caracterizados por excitación maniaca, con predominancia de un delirio de las grandezas difusas, contradictorio, incoherente, que presenta po- co ó ningún embarazo de la palabra y que puede terminar con la curación. “Esta manía congestiva diferiría de la parálisis general por la ausencia ó la poca intensidad de los trastornos de la motili- dad y por la terminación menos constantemente funesta; dife- riría de la manía simple por su gravedad, porque al lado de algunos casos de curación habría un gran número que termi- narían en la demencia paralítica, diferiría también, porque aun el cerebro presentaría un estado especial de congestión. 40 “Mareé ha hecho igualmente la observación de que el al- coholismo da lugar, en algunos casos, á formas de delirio grave que simulan la parálisis general, y que el módico debe obrar con prudencia y precaución cuando se trata de fijar el pronós- tico; porque, dice él, fuera del alcoholismo, cuando existe un delirio ambicioso, bien manifiesto, la curación no debe consi- derarse como formal sino después de una larga prueba; es, en suma, una rara excepción. “Baillarger cita, á propósito de la parálisis general, observa- ciones de manía congestiva que había sido confundida con la parálisis general, y cuya curación se había mantenido perfecta- mente. “Aun creyendo que la m inia congestiva constituye una en- fermedad aparte, que no debe confundirse con la parálisis ge- neral, Baillarger reconocía, sin embargo, que predispone y conduce á ella lo más comunmente. “Hemos visto esta afección manifestarse en algunos casos de alcoholismo, á continuación, por ejemplo, de ataques epi- leptiformes; los síntomas simulan entonces los de la parálisis general con la cual se la confunde enteramente, sobre todo, si no se puede tener noticia de los antecedentes y el principio de los accidentes, de los ataques epileptiformes, de las costumbres del enfermo, etc. “La manía congestiva, consecuencia del alcoholismo, puede presentarse con las manifestaciones delirantes más variables; el delitio ambicioso no es su carácter inseparable, así como tampoco lo es de la parálisis general misnvi. Algunas veces se observan las alternativas de ideas ambiciosas y de preocupa- ciones hipocondriacas, de depresión moral y de estupor pano- fóbico, que manifiestan á la vez la fisonomía del acceso del al- coholismo agudo y de la parálisis general. “El diagnóstico de la manía congestiva da lugar ciertamente á serias dificultades, y el médico debe tener muy presentes, para fijar su opinión, los síntomas que se refieren particular- mente al alcoholismo: tales son los trastornos de la motilidad y de la sensibilidad, los calambres en las pantorrillas, las alu- cinaciones especiales, las cuales son raras en la parálisis gene- ral, sobre todo cuando ésta no reconoce un origen alcohólico; en fin, imporla investigar cuidadosamente los conmemorativos. “Sin insistir más tiempo sobre esta materia, reasumiremos rápidamente las consideraciones que se refieren á la parálisis general en sus relaciones con el alcoholismo. “Parálisis general.—Esta temible afección puede ciertamen- te ser una consecuencia de los excesos alcohólicos, pues los hechos observados no dejan ninguna duda á este respecto. ¿En qué proporción obra esta causa? Esto es lo que nos ha sido imposible investigar; de todos modos esta proporción nos pa- rece ser menos importante que para las otras formas de ena- jenación. Creemos en efecto que existen para la parálisis ge- neral, en la gran mayoría de los casos, otras muchas causas y una predisposición particular, en virtud de la cual, dicha pará- lisis puede desarrollarse independientemente de cualquiera otra causa. Debemos también convenir en que los excesos al- cohólicos pueden acarrear esta predisposición, provocando ac- cesos repetidos de congestión cerebral. “La parálisis general de origen alcohólico presenta, con los síntomas que le son propios, ya el delirio ambicioso y expan- sivo tan característico, ya la forma hipocondriaca de la demen- cia paralítica. “Mareé cree haber notado que en la parálisis general origi- nada por alcoholismo se observaba al principio una intensidad mayor de las ondulaciones fibrilares de los músculos vocales; agrega, además, que en muchos individuos existen una especie de rezagos ó resonancia de la intoxicación primitiva, y aluci- naciones muy intensas. Pero para este autor estos diferentes matices son insuficientes para constituir una especie aparte, y bien pronto la enfermedad recobra sus síntomas habituales. “Con efecto, no es raro observar, sobre todo al principio, el temblor más marcado de los músculos de la cara y de las ma- nos, las hiperestesias que recuerdan de una manera más ó me- 41 nos acentuada los accesos del alcoholismo agudo. La parálisis general alcohólica parece tener en general una marcha más rápidamente progresiva y determinar un trastorno más pro- fundo en las facultades. “A menudo se encuentra en tales enfermos una forma com- plexa que presenta á la vez los síntomas del alcoholismo, los del estupor panofóbico y los de la parálisis general. “La actitud es entonces característica, el individuo perma- nece inmóvil, la fisonomía reviste una expresión de asombro y de terror, y cuando se penetra al fondo de sus pensamientos, se encuentran, en medio de la confusión de las ideas, los sig- nos del alcoholismo y las preocupaciones ambiciosas y pueri- les que caracterizan la parálisis general. “Ya hemos hecho notar que esta afección puede ofrecer en ciertos momentos, como las otras formas de enajenación que dependen de la misma causa, verdaderos ataques de alcoholis- mo agudo. Nada más curioso entonces que ver estos nuevos accesos manifestándose con su fisonomía habitual y encubrien- do momentáneamente los síntomas particulares de la parálisis general, la cual vuelve en seguida á tomar su marcha y sinto- matología ordinarias. “Se sabe que la parálisis general cuando ha llegado á su úl- timo período determina en la mayoría de los casos ataques epileptiformes que ponen fin á la existencia del enfermo, y al- gunas veces se producen éstos sin pérdida del conocimiento. “Estas convulsiones pueden también manifestarse al princi- pio de la parálisis general y no es raro encontrarlas en los ca- sos complicados de intoxicación alcohólica. “La predisposición hereditaria es la que desempeña un gran papel en el desarrollo de esta enfermedad y le da una grave- dad particular.” Hasta aquí lo que nos dicen los autores extranjeros; empe- ro, veamos lo que sucede entre nosotros, especialmente en nuestro pueblo, hablo de la clase pobre en la cual la educación é ilustración, la clase de trabajo á que se dedica y las bebidas 42 43 que le son favoritas, influyen muchísimo en la sintomatología de la parálisis de origen alcohólico. De intento quiero detenerme á este respecto porque me pa- rece de suma importancia, tanto para trabajos ulteriores que se hagan en este sentido, como para el pronóstico y el trata- miento de lo que con mucha razón debemos llamar Pseudo parálisis de origen alcohólico, porque en efecto, no es una pa- rálisis verdadera, y sin embargo, tiene muchos de los síntomas y algunas veces la terminación fatal de ésta; pero, otras se le ve detenerse en su marcha mediante un tratamiento apropia- do y si el individuo no queda enteramente sano, sí se consigue una remisión duradera y no aparente. En mi humilde opinión, entre nosotros se debe dividir la pa- rálisis, atendiendo á lo observado en el hospital respectivo: 1? en parálisis general progresiva que no tiene ninguna complica- ción, que la mayor parte de las veces es hereditaria y en la cual el alcoholismo no es más que un factor muy secundario; ésta sigue una marcha casi siempre fatal. 2? La parálisis que es con- siguiente á los abusos alcohólicos y que viene precedida de accesos de alcoholismo agudo (delirium iremens) y por tanto acompañada de todo el cuadro sintomatológico que caracteri- za el alcoholismo; en ésta la marcha no es precisamente falal, pues yo he visto que hay algunos casos en que los síntomas se detienen y si el individuo modera sus excesos, no llega á la terminación desgraciada que las otras. 3? Aquellas parálisis en que el alcoholismo es una complicación añadida á una en- fermedad de las más graves: el resultado debe ser lógico y de consiguiente casi siempre mortal. Afortunadamente la 'paráli- sis general es una enfermedad poco común entre nosotros y podemos decir que es excepcional entre la gente de nuestro pueblo. Si registramos los libros de entradas y salidas notaremos que el primer lugar lo ocupan los europeos é hijos de éstos, el segundo las clases acomodadas y el tercero la clase humilde de nuestro pueblo, que es la que sufre la mayoría de veces del alcoholismo que la conduce á la parálisis. Pero, como vimos al principio, muchas veces está acompa- ñada del alcoholismo; así, bueno será tenerlo muy en conside- ración por la grandísima importancia que tiene en lo que toca al pronóstico y al tratamiento. Para formarnos una idea de cómo influye el alcoholismo en la parálisis me concretaré á dos casos cuya observación he se- guido día por día, absteniéndome de transcribir otros muchos para no hacer difuso este trabajo. E. Z. era un hombre robusto y lleno de vida, contaría unos cuarenta años de edad, de ocupación pulquero. Empezó siendo jicarero, luego conductor de carros, hasta llegar á ser dueño de pulquerías. Yo lo conocí seis años antes de que se enfermara y era de un carácter alegre, jovial; su educación era bien poca, pues él solo se la había proporcionado. Contaba que á fuerza de traba- jo y economía, llegó á ser poseedor de un fuerte capital y de varias pulquerías bastante buenas, lo cual era exacto. Desde un principio tomaba pulque en abundancia, pues se puede asegurar que en aquel entonces su ocupación se lo exigía así, es decir, mientras no fué propietario; pero una vez cam- biada su posición, se procuró amistades más ó menos buenas, y me sospecho que entonces se entregó al uso inmoderado de los alcohólicos, especialmente el cognac. • Aun cuando presentaba un aspecto de bebedor, jamás supe yo que sufriera de delirio alcohólico agudo, ni de ninguna enfer- dad que yo recuerde. Dejé de verlo como un año, cuando el 22 de Diciembre de 1891, al pasar visita con el Médico encargado del Departamen- to de Distinguidos, lo vi con la camisa de fuerza, presa de un delirio verdaderamente maniaco y caminando sin cesar por to- do el Hospital. Fui encargado de recoger todos sus antecedentes ó cuando menos aquellos que sus parientes más cercanos pudiesen dar- 44 nos relativos á su enfermedad, y por aseveración de su investigué que no era hereditario, que en cuanto al uso inmo- derado de las bebidas alcohólicas era cierto desgraciadamente, habiendo además la circunstancia de que un día había tenido una gran fiesta de familia, en la cual después de una comida variada y abundante había tomado mucho cognac y algunos otros licores. En la madrugada del día siguiente despertó de improviso sobresaltado y ya presa de su delirio, creía que mu- cha gente le acometía, que todos eran asesinos que querían ma- tarlo; rompió los muebles de su habitación; su agitación era constante, desconocía á todas las personas de su familia, etc., etc.; en fin, todo esto dió lugar á que desde ese díale pusieran la camisa de fuerza. En este estado fué asistido por los Doctores J. A. Gamboa y me parece que Silva, los dos bastante competentes; pero de- lante de aquel caso nada pudieron hacer, y sí se agravó la si- tuación del enfermo, porque el insomnio y las alucinaciones de la vista y del oído acabaron por completar aquel cuadro de sín- tomas que comenzaba á dibujarse para terminar quizá de una manera fatal. Viendo los citados señores que las cosas se po- nían cada vez en peor estado, optaron por secuestrarlo y man- darlo al Manicomio de San Hipólito. En efecto, así se hizo y fué recibido en el Hospital el día 22 de Diciembre de 1891, co- mo ya dije1 más arriba. Entonces hablaba de diferentes cosas, comunfnente de almuerzos de cien cubiertos que nos daría á todos los empleados: no exageraba cuando nos decía que tenía lo suficiente para eso y mucho más; pero sí eran ideas deli- rantes el creer que llegaría á monopolizar el pulque y que to- dos los expendios de dicho licor serían suyos; oía que le ha- blaban un compadre y un hermano suyo desde las azoteas del establecimiento; veía un pescado de colores saltar de rama en rama en uno de los árboles que componían el jardín del mis- mo, y se resistía á comer porque creía que le ministraban ve- nenos en los alimentos, por esta razón hubo necesidad, duran- 45 46 te varios días, de alimentarlo de una manera artificial por medio de la sonda esofagiana. Por lo que toca á su aspecto, ya antes dije que era robusto; pero la enfermedad había disminuido esta robustez, los surcos naso-labiales se le pronunciaban muy bien y se advertía en ellos un temblor fibrilar muy marcado, lo mismo que en la lengua y en las manos; las pupilas eran desiguales; había difi- cultad en la palabra, manifestación que se hacía muy de notar al pronunciar ciertas consonantes, como la S, la T, la R. Al pronunciarlas, dice Vorssen, parece como si arrastraran la len- gua en el piso inferior de la boca. Recuerdo qm1 cuando tuvo lugar su juicio de interdicción se hizo el examen del olfato dándole á oler diferentes cosas que no pudo conocer; después se le puso en la lengua sal, lue- go azúcar y tampoco pudo contestar con acierto qué era lo que se le daba á saborear. Pasados unos días, su estado general fué mejorándose me- diante el tratamiento instituido por el Dr. Govantes: purgantes drásticos, emético, hipnóticos; de estos últimos, ninguno daba resultado hasta que se asoció el doral, la antipirina, la morfi- na y el cannabis indica. Esta mejoría se siguió acentuando más y más hasta que en Junio del año siguiente, es decir, seis me- ses después de su entrada, fué dado de alta á petición de la fa- milia, por creerlo ésta ya curado. Guando esto sucedía se pue- de decir que la mayor parte de síntomas había desaparecido; algunos, como sus alucinaciones, aunque se presentaban una que otra vez, sin embargo parece que existían de una manera encubierta ó disimulada por el enfermo; la desigualdad pupi- lar y el temblor lingual no habían desaparecido, arrastraba la palabra de cuando en cuando; en fin, los Médicos del Hospital se vieron casi obligados por la familia á permitir su salida. Posteriormente supe que estaba bien, que de nuevo se ha- bía entregado á todos los negocios que antes de su enfermedad constituían sus ocupaciones. Ocho meses después, el 31 de Marzo de 1893, ingresó por segunda vez al mismo Hospital; pero ¡en qué estado tan lasti- moso! no conoció á nadie, no sabía el lugar en que se encon- traba, y era presa de ataques epileptiformes tan repetidos, que contados desde la hora en que ingresó al Establecimiento hasta las diez de la mañana del día 1? de Abril, habían alcan- zado la enorme cifra de ¡184! Recuerdo todavía que los primeros ataques siempre comen- zaban por el miembro inferior derecho, luego el superior, des- pués todo el cuerpo, inclusos los músculos de la cara. Una vez generalizadas las convulsiones tónicas y clónicas, duraban unos 5 ó 10 minutos, para producirse de nuevo después de cada me- dia hora, tiempo que se fué acortando cada vez más, hasta que el dia 4 de Abril murió agotado por sus ataques y sin que fue- ra posible alimentarlo, ni aun artificialmente por medio de la sonda, puesto que en medio de sus convulsiones y de sus es- pasmos era de todo punto impracticable. No nos fué posible hacer la autopsia porque la familia con- siguió sacar inmediatemente el cadáver. El presente caso nos manifiesta, que muy bien puede ser que el alcoholismo haya despertado una parálisis ó que ésta apa- reciera en el curso del alcoholismo agudo. De cualquiera ma- nera que sea, esta observación nos demuestra que la parálisis general complicada de alcoholismo afecta determinada forma, y que aún su marcha especial es rápidamente funesta. Yo he visto, pero como quiera que mi palabra no tiene nin- guna autoridad, recurro á la de los Doctores Antonio Romero y Manuel Alfaro, que no algunos, sino muchos alcohólicos mue- ren en medio de repetidos ataques epileptiformes y que en el hospital sólo duran algunos días. De manera que se puede afir- mar, fundándose en la observación, que: si bien es cierto que uno de los térmim s filiales de la parálisis lo constituyen las convulsiones epileptiformes repetidas, en forma de accesos, también lo es que el alcoholismo termina así muchas veces. Recordemos las alucinaciones de la vista y del oído que siem- pre acompañaron su delirio; recordemos por fin, que cuando 47 este individuo fue dado de alta, á petición de la familia, toda- vía persistían dichas alucinaciones aun cuando fuera una que otra vez. Probablemente nuevos excesos alcohólicos hicieron que la terminación fuera tan rápida como funesta. En esta vez la fa- milia se negó á proporcionarnos datos; pero yo recuerdo ha- berlo visto varias veces entregado á las mismas ocupaciones que cuando lo conocí, es decir, vigilando sus pulquerías y tra- tando con toda la gente que se dedica á este ramo. Veamos ahora el segundo. N. L. C., casado, como de 48 años, agente comisionista, fue recibido en el Manicomio de San Hipólito el día 1? de Junio de 1894. Encontrábase en un estado deplorable, un acceso de de- lirio alcohólico agudo, hizo que su misma esposa lo condujera á dicho manicomio en vista de la imposibilidad de sujetarlo, pues rompió los muebles de su casa, golpeó á su referida es- posa y á sus hijos; tenía alucinaciones terroríficas, creía que lo querían sacar de la pieza en que estaba para matarlo; en fin, presentaba el cuadro completo del Delirium tremens. Su fami- lia pudo darnos algunos antecedentes: Nos dijo que desde ha- cía 12 años cometía excesos alcohólicos, que sus bebidas favo- ritas eran el tequila y el whiskey, después tomaba cuanto le daban; que ya otras veces había sufrido del delirio agudo de ori- gen alcohólico; que por el abuso de estas bebidas se había visto obligado á dejar el empleo de agente, y que en esta últi- ma vez se había vuelto insoportable, por cuya razón se le ha- bía llevado al Hospital. El aislamiento, la supresión del alcohol, una poción bromu- rada y las inyecciones de estricnina fueron medios suficientes para que se calmara su delirio agudo; pero entonces presenta- ba otra faz: temblor en los labios y en la lengua, perturbacio- nes en la palabra, tales que apenas si se le entendía una que otra; su escritura nadie la podía entender, pues suprimía pri- mero letras, después sílabas, luego palabras enteras y ni si- quiera se acordaba de la fecha; su mano temblorosa no podía 48 trazar una sola letra sin hacer zig-zags más ó menos repetidos y deformes y, por fin, á pesar de que el papel era rayado no seguía la línea marcada sino diversas direcciones; tenía aluci- naciones del oído, concepciones delirantes; creía haber come- tido grandes crímenes y que en el Hospital estaba preso y á disposición déla Autoridad Judicial. Los afectos se habían per- dido en él, al grado de aborrecer á todos los miembros de su familia; y sin embargo, decía que en su casa tenía una caja llena de dinero del cual podía disponer para dar á su esposa lo suficiente á fin de que se fuese á California, su país natal (de ella), llevándose á sus hijos; pero que antes pediría el di- vorcio para quedar enteramente libre y encargarse de nueva cuenta de sus negocios. Contaba las vueltas que daba á los cuatro corredores del Hospital hasta llegar á 500. (Cada la- do del cuadrilátero que forman dichos corredores medirá 30 metros.) Su cara estaba abotagada y de un color pálido terroso. Bus- cando la sensibilidad especial de la lengua hice lo siguiente: le vendé los ojos y luego puse en la mitad izquierda de la len- gua polvos de sal; después de reflexionar un rato me dijo que era mantequilla; hice lo mismo en la otra mitad, pero con pol- vos de azúcar, y me dijo lo que era. Su delirio principal consistía en la satisfacción de sí mismo; bastaba conversar con él un rato para que á pesar de la difi- cultad que había para entenderle se notara claramente la in- coherencia de sus ideas. Desde el día siguiente á su entrada se le instituyó el trata- miento por la estricnina, la cual se le ministró en inyecciones hipodérmicas, poniéndole al principio una inyección bis de cinco miligramos y ascendiendo gradualmente hasta llegar á veinticinco miligramos repartidos en el día. Es de advertir que ya comenzaban á notarse las perturbaciones motrices en los miembros inferiores, sobre todo, cuando tenía que dar una vuelta. Gomo ya dije antes, se curó del delirio claramente alcohó- 49 lico; pero quedaron los síntomas de una parálisis, en todo se- mejantes á los del caso anterior. Se continuó el tratamiento por la estricnina inyectando dos centigramos diarios por espacio de dos meses. Esto produjo la detención de la marcha de la enfermedad, y si bien es cier- to que persistió algún fenómeno, como el de la palabra que apenas si ligeramente se compuso, también lo es que todos los demás síntomas casi desaparecieron; así continuó hasta el día 23 de Marzo de 1895 en que fue dado de alta por haberlo so- licitado. Pero bien pudiera creerse que tan sólo había sufrido una remisión y que pronto volvería al Hospital en circunstancias peores á las en que se encontraba cuando ingresó por prime- ra vez. No sucedió así. Este enfermo volvió, pero á solicitar que se le regalaran de vez en cuando gránulos de estricnina, lo cual le fue concedido por el señor Director. Esto dió lugar á que una vez separado del Hospital este individuo, pudiera yo continuar la observación hasta principios de Marzo de 1896 en que se conservaba bien, es decir, en el estado que guarda- ba al salir del Establecimiento. Todavía más, el señor Director ha tenido la oportunidad de verlo fuera muchas veces, y siem- pre lo ha encontrado bien y nunca ebrio. Fácil me sería transcribir aquí un autógrafo en que se ofre- ce á dar clases de inglés á domicilio; pero como esto pudiera perjudicarlo ó por lo menos molestarlo, me abstengo de ha- cerlo. Ahora bien ¿qué fué lo que sucedió en este caso? Mi humil- de opinión es que los fenómenos paralíticos no eran aquí la enfermedad principal, sino la consecuencia de su intoxicación alcohólica; precisamente lo contrario de lo que sucedió en la observación antes citada. También creo que mucho contribu- yó el tratamiento, que no pudimos emplear en el caso anterior por haber sido N. L. G. uno de los primeros que sujetamos al tratamiento ya dicho. A la consideración de mi honorable como distinguido Jura- 50 51 do dejo la comparación que puede hacerse entre estas dos ob- setvaciones, para afirmar ó negarla división que en mi hu- milde concepto debe hacerse de la parálisis general progresiva (opinión que emití al empezar á ocuparme de ésta), ya sea co- mo consecuencia, ó como complicación en el curso del alcoho- lismo. Pero dejemos continuar á Dagonet hablando de las diferen- tes formas de la locura que reconocen como origen el alco- holismo. Inmediatamente después de la parálisis general se ocupa de la Estupidez. “El estupor, dice, está ligado comunmente con un acceso de alcoholismo agudo, en estos casos está acompañado de un de- lirio intenso y de alucinaciones violentas. Los enfermos, su- mergidos en una especie de postración sombría, permanecen horas enteras en la más completa inmovilidad y se muestran incapaces de todo acto de voluntad; frecuentemente este esta- do alterna con períodos de agitación y de delirio furioso, bajo cuya influencia puede el individuo cometer actos muy peli- grosos. “Fuera del acceso de alcoholismo agudo, el estupor origina- do por excesos de bebida puede manifestarse como una forma definitiva de enajenación mental y en este caso presenta algunas particularidades interesantes. “Comunmente el estupor alcohólico es de más fácil curación que el que se debe á otras causas. “Se encuentran las alucinaciones especiales, las interpreta- ciones delirantes y los síntomas que dependen del alcoholis- mo, la cefalalgia, el temblor y los movimientos convulsivos de los músculos de la cara y de las diversas partes del cuerpo. A menudo se acompaña también, como lo hace notar Magnus Huss, de un tinte ictérico de la piel y de una coloración violá- cea de las mucosas; en fin, pueden observarse impulsiones al suicidio, motivadas ó no y más ó menos independientes de ma- nifestaciones delirantes; además se encuentran como elemen- 52 to de diagnóstico diferencial los traslornos de la sensibilidad general. “No es raro observar en esta forma particular de estupidez ideas ambiciosas mezcladas á ideas contrarias de terror y á una depresión moral evidente. “Manía.—La manía, como la melancolía, cualquiera que sea la causa que la produzca, presenta necesariamente los carac- teres que le son propios; los síntomas no difieren esencialmen- te de aquellos que de ordinario se encuentran en ella. “No demuestra el origen alcohólico más que por la persis- tencia misma de los signos particulares que ha podido desarro- llar la intoxicación. “La manía consecutiva al alcoholismo se acompañad menu- do de ideas predominantes de grandezas. Los enfermos, in- coherentes, irritables, manifiestan preocupaciones ambiciosas; se creen ricos, condecorados, y manifiestan, sin cesar, los sín- tomas de la mayor satisfacción. “De tiempo en tiempo sufren alucinaciones especiales; ven hombres armados, oyen amenazas que los sumergen en el más vivo terror; en fin, experimentan en diferentes partes del cuerpo las sensaciones dolorosas características del alcoholis- mo, tales como piquetes de alfileres en las piernas, sacudidas eléctricas, etc. En general, la manía originada por alcoholis- mo, sobre todo cuando reviste un carácter netamente ambicio- so, presenta, bajo el punto de vista de la duración, un pronós- tico poco favorable. “Melancolía.—La melancolía, fuera de los síntomas parti- culares del alcoholismo, no presenta signos distintivos que me- rezcan señalarse. “En general, bajo la influencia de la intoxicación alcohólica las manifestaciones delirantes son más acentuadas; el temor, el terror, la angustia, síntomas predominantes del acceso de alcoholismo agudo, pueden persistir después de la desapari- ción de este acceso; vienen entonces á agregarse como un nue- vo fenómeno á los otros elementos que constituyen el delirio melancólico. “Este puede manifestarse en algunas circunstancias como la prolongación y el reflejo del acceso de alcoholismo. El enfer- mo continúa oyendo las mismas amenazas, las mismas inju- rias, tiene las mismas alucinaciones especiales de la vista, ve animales que quieren devorarlo; acusa á las personas que se encuentran á su alrededor de ser la causa de las sensaciones extraordinarias que experimenta. “Algunos enfermos conservan la conciencia del debilita- miento de su voluntad, de esta especie de impotencia en que tienen que obrar enérgicamente contra las impulsiones que los dominan y alejar las ideas fijas y los pensamientos peligrosos que sin cesar vienen á asentarse en su espíritu; se quejan amargamente de esta especie de automatismo á que están re- ducidos; al mismo tiempo se observa en ellos cefalalgia, ca- lambres, adormecimiento y algunos otros accidentes, sobre los que nos parece inútil detenernos más. “Existe en todos estos enfermos un cambio profundo de ca- rácter y, como liemos dicho, esta modificación es una de las consecuencias más frecuentes de las costumbres de intempe- rancia. “En resumen, la melancolía de causa alcohólica no presen- ta caracteres que le sean propios; pero ofrece particularidades y una fisonomía que permiten sospechar su origen; por lo de- más. sería difícil reconocerla sin ayuda de las reseñas conme- morativas y de la presencia netamente acentuada de los sínto- mas característicos de la intoxicación alcohólica. “Delirio de persecución.—Esta forma es muy frecuente y de un pronóstico poco favorable. Se reconoce el origen alcohóli- co en la presencia de los síntomas sobre los cuales hemos in- sistido, y por la anamesia. Las ideas de persecución, más ó me- nos bien sistematizadas vienen acompañadas de alucinaciones múltiples y de trastornos de la sensibilidad general; están mezcladas con ideas ambiciosas. Entre las ideas delirantes ca- 53 54 racterísticas los autores lian llamado la atención sobre las ideas de celos; los perseguidos alcohólicos acusan á sus esposas de infidelidad, en este sentido delirante interpretan los menores hechos y frecuentemente se dejan arrastrar á los actos más peligrosos. “Demencia.—La demencia es una de las consecuencias fre- cuentes del alcoholismo crónico y de los accesos de alcoholis- mo agudo; naturalmente ofrece síntomas variables, que están en relación con las diferentes lesiones que pueden afectar el cerebro. “Cualquiera que sea la naturaleza de la lesión orgánica del cerebro, con la demencia se ve sobrevenir y aumentarse to- dos los signos del debilitamiento intelectual: la diminución y la pérdida de la memoria, la confusión, después la incoheren- cia de las ideas, la vacilación y el entorpecimiento de la pala- bra, el temblor á menudo considerable de los dedos, al grado de que los enfermos no pueden ya trazar ni la letra más sen- cilla, la imbecilidad, la ausencia de toda conciencia, sobre to- do del estado de degradación intelectual, moral y física, una sensiblería pueril que induce al individuo á llorar cuando sólo intenta tartamudear algunas palabras, una debilidad muscular más marcada de un lado ú otro; en fin, este estado se compli- ca muchas veces con ataques de congestión cerebral ó bien con ataques epileptiformes; en un gran número de casos toma la marcha de una parálisis progresiva. “A través de este debilitamiento de todas las facultades se observa que persisten algunos accidentes que se refieren á la intoxicación alcohólica; aparecen de tiempo en tiempo trastor- nos especiales de la sensibilidad general y especial y se mani- fiestan con mayor ó menor intensidad. Pero las explicaciones ininteligibles ministradas por los enfermos,hacen entonces muy difícil la apreciación exacta de semejantes síntomas. Estas for- mas de demencia complicadas de parálisis no pueden ya dis- tinguirse de la parálisis general que ha llegado á un período avanzado.” 55 Réstame tan sólo decir siquier sea algunas palabras en lo relativo á una forma que, aunque poco estudiada entre noso- tros, es, sin embargo, una enfermedad bien definida y cuyos síntomas, descripción, etc., han sido ya estudiados en el ex- tranjero. Hablo de la Dipsomanía, y aunque en otra parte de mi trabajo haré mención de algunas observaciones, éstas no han sido hechas por mí, puesto que hasta hoy no he podido encontrar en el Hospital de San Hipólito ni un solo caso bien definido, cuya observación hubiera podido seguir y formarme una opinión más ó menos aproximada de lo que entre nos- otros son los dipsómanos. (Véanse las observaciones núme- ros 53 y 54.) No obstante, como ya dije, citaré dos ó tres observaciones que leí en un trabajo francés cescrito por el Sr. Bauzan y que se publicó el año pasado: Du Traitement de L’algoolisme et de LA DlPSOMANIE PAR LES INYEGTIONS DE SULFATE DF, STRYGHNINE PAR le Docteur Uldaric Bauzan.—París.—1895. Hemos llegado á la parte de mi trabajo, que no es otra cosa que el resultado de observaciones comenzadas desde Julio de 1894, es decir, del tratamiento del alcoholismo por medio de las inyecciones de estricnina. Es cierto que este tratamiento no es nuevo, pues ya ha sido estudiado en Rusia y en Alema- nia. No ha sido lo mismo en Francia que, exceptuando los trabajos de Ainagat en 1876, Luton en 1880, Dujardin Beau- metz en 1884, Fournet y Bonnaud en 1885 y últimamente Ul- daric Bauzan en 1895, no hay más bibliografía, al decir de és- te señor, el cual manifiesta que sus observaciones son: seis inéditas, dos francesas y veintiuna extranjeras, reasumidas y traducidas. Entre nosotros no sé si se hayan ocupado de este asunto; si algo se ha escrito, no lo conozco; los médicos á quienes he con- 56 sultado me han dicho que no ha llegado á sus noticias que ha- ya algún trabajo á este respecto. Además, debo hacer constar que el del Sr. Bauzan, llegó á mis manos un año después que había comenzado á hacer mis observaciones, como muy bien puede justificarlo elSr. Dr. Al- faro, persona muy recomendable, que fué quien tuvo la bon- dad de regalarme el cuaderno citado. Ya he manifestado al principio por qué me propuse obser- var y estudiar el efecto de la estricnina en los alcohólicos. Ha- blé ya también sobre las modificaciones que, en mi humilde opinión, sufre la celdilla nerviosa en los cambios íntimos de la nutrición y de las combustiones orgánicas. Antes de pasar ade- lante me parece conveniente advertir que no me propongo es- tudiar la estricnina en todas sus propiedades terapéuticas sino solamente en sus relaciones con el alcoholismo, para comba- tir el cual, como pronto veremos, es de excelentes resultados, siempre que se emplee en tiempo oportuno y en la dosis con- veniente; sin embargo, para ajustar mis ideas á un orden lógi- co, dividiré esta parte de mi trabajo en cuatro: 1? ¿Cómo obra la estricnina en los alcohólicos? 2? ¿Cuándo está indicada y en qué casos llena perfectamente su cometido? 3? ¿Cuáles son las dosis que entre nosotros se necesitan para que los resultados sean manifiestos, cuál es la mejor manera de administrar el medicamento y qué sales son las preferibles? 4? y esto es con- secuencia de lo anterior: La estricnina no se acumula cuando las vías de eliminación, especialmente el riñón, se encuentran en condiciones que permiten que dicha función se verifique normalmente; ¿cómo se conjuran los accidentes dado el caso remoto de que se presenten? I ¿Cómo obra la estricnina en los alcohólicos? La acción de este medicamento ha sido diversamente inter- pretada, no por otra cosa sino por las distintas maneras de interpretar los fenómenos patogénicos del alcoholismo; pero si convenimos en que éstos se suceden como queda ya dicho, veremos que los síntomas que produce el alcoholismo, ya sea en el envenenamiento, ya en el delirio agudo, ó bien en la in- toxicación, todos y cada uno de ellos pueden ser combatidos por la estricnina, en tanto que no haya habido desorganiza- ción de los tejidos, en cuyo caso todo es insuficiente. En muy pocas palabras diré las cuestiones principales que á este respecto dejé pendientes. El alcohol obra particularmen- te sobre la celdilla nerviosa porque es la que más trabaja en los fenómenos íntimos de las combustiones orgánicas para que se verifiquen los cambios nutritivos, haciéndola poco apta ó inhábil para que dichos fenómenos se efectúen. Las perturbacio- nes nutritivas, consecuencia de la falta de combustiones, traen la acumulación de grasa y la degeneración grasosa de los dife- rentes tejidos: los vasos se dilatan, pierden su elasticidad; las congestiones son fáciles y repetidas, y las hemorragias, en fin, no dejan de presentarse un gran número de veces; en una pa- labra, los fenómenos íntimos de los cambios nutritivos se ve- rifican en estas circunstancias, produciendo perturbaciones cir- culatorias y éstas á su vez trastornos en las combustiones y de consiguiente en la nutrición. ¿Qué hace la estricnina? En mi humilde opinión obra de dos maneras: sobre la cel- dilla nerviosa, haciendo que las combustiones íntimas y de con- siguiente los fenómenos nutritivos se produzcan de manera tal que contrarreste ese estado de atonía general que es con- siguiente al alcoholismo, y segundo, aumentando la tensión sanguínea, que devuelve á los vasos sus contracciones y la elasticidad que habían perdido. “La estricnina determina una elevación muy considerable de la presión que puede llegar hasta el doble de la normal (Richter, San Mayer, Vulpian), y más adelante añade Manquat (tomo II, pág. 353)1 que los autores citados y además Nothna- gel y Rossbach creen que ese aumento en la tensión arterial 57 1 En su tratado de Terapéutica, Edición de 182. 58 no es debido al corazón, puesto que si se cortan los pneumo- gástricos ella continúa; pero que si se hace una sección de la médula cervical entonces se la ve desaparecer, lo cual demues- tra que resulta de una constricción de todos los vasos en que hay fibrillas contráctiles, determinada por la acción de la es- tricnina sobre los centros vaso-motores.” Si, como ya dije, consideramos las combustiones, la nutri- ción, los fenómenos íntimos de la circulación y en general to- dos los actos vitales como fenómenos del movimiento, unas veces complicadísimos y obscuros, otras al alcance nuestro por medio del microscopio, otras en que de una manera grosera se nos presentan, creo que en vista de esto pudiéramos consi- derar esta substancia como una de las que llevan el movi- miento á lo íntimo de todos los elementos que constituyen los tejidos de nuestro ser; pero este movimiento será graduado según las dosis, hasta llegar al sumum que es la tetanizacum y con ella el envenenamiento. Hasta aquí lo puramente teórico, que sin embargo se en- cuentra de acuerdo con la experimentación, la cual nos de- muestra esa especie de antagonismo existente entre el alcohol y la estricnina. Pasadas las tres primeras observaciones que hicimos en el Hospital de San Hipólito, me llamó mucho la atención que to- dos los accidentes del alcoholismo se disiparan tan rápida- mente. Esto me sugirió la idea de hacer una experiencia so- bre conejos que voy á transcribir tal como la verifiqué. Tomé dos de estos animales de peso y tamaño sensiblemente iguales y comencé por inyectarles alcohol del comercio, en can- tidad que fué creciendo desde veinte gotas hasta ochenta; al principio no manifestaron otra cosa que mucho sueño y falta de apetito, el octavo día agregué al alcohol que se le ponía á uno de ellos cinco gotas de una solución titulada así: Agua, 10 gramos; Nitrato de Estricnina, 0.01 centígramo; desde el se- gundo día, en que aumenté á diez el número de gotas, pude notar que el olro conejo seguía triste, con marcada falta de 59 apetito, pues apenas comía algunas hojas de lechuga, en lanto que el que recibía la estricnina, si bien es cierto que inmedia- tamente después se dormía, pasadas dos horas corría por toda la pieza, parecía contento y comía mejor, aunque no tan bien como antes. Aumenté el alcohol en el duodécimo día y tam- bién aumenté á 12 el número de gotas; el décimo quinto día murió el que sólo recibía alcohol, se había puesto muy flaco, no comía nada, gustaba de estar en un rincón, huía de la luz, mientras que el otro seguía comiendo, corría de aquí para allá y no se le notaba que estuviera enfermo. Amagat refiere en el Boletín general de Terapéutica de 1876 (pág. 378) que tomó dos conejos que poco variaban de peso; que inyectó al número 1 ú las 6 h. 10 m. do la tarde, diez gra- mos de alcohol rectificado: á las 7 la parálisis del movimiento era pronunciada, la sensibilidad muy débil; “entonces, dice, le inyecté medio miligramo de sulfato de estricnina en diez gotas de agua. “Al conejo número 2 inyecté un medio miligramo de sulfa- to de estricnina. “Uno y otro son tenidos al abrigo de toda excitación y ob- servados á distancia. “A las siete y veinte minutos de la noche es presa de una violenta convulsión tetánica, luego convulsiones tónicas y cló- nicas; después no ha sufrido ni convulsiones ni sacudidas ni rigidez, y quedó restablecido; esto sucedía con el núm. 2. “El conejo núm. 1, hasta las diez de la noche, no ha sufri- do ninguna convulsión, ni siquiera el más ligero signo de exci- tación, y sin embargo, quedó enteramente restablecido.” Al lado de esta experiencia citaré la de Jaroschewski, que á su vez yo la encuentro en el trabajo de Bauzan. El notable médico ruso tomó el perro como tipo de su experimentación. Formó dos grupos compuestos cada uno de ocho perros jóve- nes y bien nutridos. El primer grupo era alimentado con 65 por ciento de alcohol, el segundo lo era de la misma manera, sólo que se le hacía ingerir además la estricnina á dosis ere- 60 cientes. En el primer grupo se presentó desde luego el cua- dro de la embriaguez completa, con pérdida de los movimien- tos voluntarios y desaparición de los reflejos; en el segundo, Jaroschewski aumentó poco á poco las dosis de alcohol y de estricnina sin que apreciara ninguna manifestación de intoxi- cación alcohólica. Después de mi primera observación y luego que leí las dos anteriores, tuve vehementes deseos de repetir la de Jaros- chewski y ensayar otras en los gallos, poique son animales que manifiestan sus instintos de una manera ostensible, para poder juzgar después en algún tanto de los efectos del alcohol; me parece que los fenómenos congestivos y anémicos se marcarán muy bien en la cresta y en las barbas, y las demás perturba- ciones en los instintos de pelear que les son característicos; pe- ro la falta de recursos me hizo abandonar mi propósito; sin embargo, voy á citar otra, verdaderamente trascendental por- que fué hecha en el hombre, y que de una manera casual, pu- diéramos decir, vino en apoyo de la opinión que yo me había formado y que ahora pretendo demostrar. N. N., natural de , soltero, de 31 años de edad; des- de los 20 entró al servicio de una botica; dos años después co- menzó por tomar los licores propios de las farmacias, como son el garuz, las carmelitanas, etc.; bien pronto hizo un ver- dadero abuso de esta clase de bebidas, que en su mayor parte están compuestas de jarabe, alcohol del comercio, y aceites esenciales; regularmente durante el día no tomaba nada, sólo en la noche, cuando concluía su trabajo, se entregaba á sus excesos hasta las dos ó tres de la mañana, hora en que se me- tía á la cama. Al día siguiente, por regla general, no tomaba sino una taza de té con cognac, rara vez se desayunaba, y á la hora de comer abusaba de los excitantes, como la mostaza, el chile, la pimienta, etc., etc.; sólo así comía con regular apetito. Esta era la vida que venía observando desde hacía nueve años, según él me dijo; sin embargo, no tenía los caracteres físicos del alcohólico, pues no había temblor en los dedos de la nía- no ni tenía terigiones, etc., etc., pero en cambio sufría mucho por la falta de memoria; de noche lo atormentaban sueños si- niestros, porque siempre ó casi siempre soñaba que lo iban á matar 6 que su situación era muy difícil, desesperante, por cu- ya razón despertaba asustadísimo. Otra cosa que contribuía mucho á su malestar era el zumbido constante de los oídos, es- pecialmente del derecho; y que muchas veces andando en la ca- lle creía que alguien lo perseguía, y volvía la cara con verda- dero pavor. Algunas veces tomó inhalaciones de éter, y entonces de una manera muy marcada se hacían manifiestas las alucinaciones del oído, á grado tal, que se levantaba de la cama, abría las puertas y salía á buscar á las personas que decía le hablaban, ya fuese en el patío ó bien en las piezas contiguas á la suya. Sin embargo de conocer los efectos del éter, no era suficiente su razonamiento para despojarse de la impresión que en él causaban sus alucinaciones. Al oir todas sus quejas le platiqué las experiencias que se habían hecho en los animales (y de las cuales acabo de ha- blar), le conté las observaciones hechas en San Hipólito, los éxitos que habíamos alcanzado, la resistencia del organismo para soportar la estricnina en los alcohólicos; por fin, lo llevé al Hospital y le enseñé en los libros de historias, algunas pa- recidas á la que él me había referido. Me dijo que él deseaba curarse; pero que le tenía mucho miedo á los piquetes de la aguja para las inyecciones, que si me parecía bien que tomara píldoras ó solución de estricnina en gotas, convenimos en lo segundo, y al efecto se preparó una solución titulada así: Agua y Alcohol aa 25.00 gramos. Nitrato de Estricnina 1.00 gramo; de esta manera cada gramo de agua contenía dos centigramos de estricnina. Comenzó por tomar 10 gotas antes de comer y otras tantas al acostarse, pues me decía que cuando las tomaba en la noche le producían un sueño tranquilo y reparador, que no tenía pesadillas y que las alucinaciones del oído que tanto le molestaban antes, no le 61 perturbaban ya el sueño; tomaba también un papel de Trional de á un gramo al acostarse. Pasados unos 12 días nuestro en- fermo seguía perfectamente, tomaba licor, pero en muy pe- queñas cantidades, y casi siempre porque sus amigos se lo exi- gían, no porque sintiera imperiosa necesidad de tomar, según confesión de é! mismo; pero un sábado en la noche salió de la farmacia con permiso de no volver sino hasta el lunes; tomó tanto como estaba acostumbrado, y sin embargo no sentía em- briagarse, lo procuró, y tomó más y más hasta conseguirlo; en esa noche tuvo algunas pesadillas, sentía que le silbaban en el oído izquierdo y esto hizo que la pasara muy mala; al día siguiente se dió un baño de vapor bastante prolongado, luego se dirigió á la farmacia y como allí sus compañeros de oficina veían que todos los días tomaba sus gotas, lióles llamó la atención que en un poco de jarabe de cidra se sirviera 50 gotas de la solución, es decir: ¡5 centigramos de nitrato de es- tricnina! Debemos tener en cuenta que el día anterior había ingerido sus dos centigramos. Sin haber tomado ningún ali- mento se dirigió á su casa; pero no había transcurrido media hora cuando comenzó á sentir rigidez en las piernas y dificul- tad para andar, de manera que tenía que hacer un gran es- fuerzo para poder asegurar los pasos; al mismo tiempo sentía que la luz le molestaba y que un ruido un poco fuerte le ha- cía estremecerse y sentir miedo; las mandíbulas se le con- traían y los músculos de la nuca también; sin embargo, su in- teligencia, memoria y demás facultades funcionaban perfecta- mente. En ese estado se dirigió á la primera cantina que encontió y se tomó dos copas de ajenjo con agua, una á conti- nuación de otra; como después de un poco de tiempo se sin- tiera menos mal de como estaba, tomó otra copa de la misma bebida y luego otras varias de diferentes licores. Tres horas después de la ingestión de la estricnina se sentía li- geramente borracho; por lo demás, se encontraba casi en su estado normal, sólo en la región de la nuca sentía un dolor no fuerte, pero que le causaba alguna molestia. Llegado á 62 su casa me mandó llamar porque tenía miedo de morirse y me contó lo que llevo referido. En mi presencia le sir- vieron la comida, la cual hizo con algún apetito, dejamos pa- sar unas dos horas y aunque sentía un sueño muy profundo, no quiso acostarse por temor de que no volviera á despertar; sin embargo, lo convencí y durmió perfectamente durante 4 ó 5 horas; cuando despertó se le ministraron 3 gramos de hidra- to de doral, lo cual fue suficiente para que durmiera toda la noche. Al día siguiente despertó y no sentía nada que fuera anormal, con excepción de las molestias propias del doral y algo de dolor en la región de la nuca; un baño frío de regade- ra fué lo suficiente para que ya no sintiera ningún malestar. En los días subsecuentes siguió tomando un centigramo de es- tricnina y pasados los tres primeros volvió á la dosis de 2 cen- tigramos. Después se moderó mucho en sus excesos, dormía y comía bien, y los zumbidos de oídos ya no le molestaban. Esta era su situación hará unos ocho meses; no he vuelto á saber de él porque lo solicitaron para que se hiciera cargo de una botica fuera de la Capital. Por último, hay una experiencia muy fácil de hacer: cuando por cualquier circunstancia se vea uno en la necesidad de in- gerir tres ó cuatro copas de licor, cantidad suficiente en cual- quiera persona morigerada para comenzar á sentir los prime- ros efectos de la embriaguez, tómense antes cuatro ó cinco mi- ligramos de estricnina y se podrá notar que los efectos del alcohol se neutralizan. No conozco el trabajo de Luton sobre este asunto, pero supongo que fundado en lo anterior propo- nía hace algunos años que en las cantinas se le mezclaran á todos los licores pequeñas cantidades de estricnina para que sus efectos no se hicieran sentir. Yo no soy partidario de esta teoría, porque aparte de que se prestaría á muchos abusos, creo que era perder un medio precioso, porque entonces todos los borrachos se volverían estrienómanos, y cuando se quisie- ra hacer uso de la repetida substancia, seguramente que no daría ningún resultado, ó cuando menos no se obtendrían los 63 64 efectos deseados; además, no sé hasta qué punto sería confor- me con la libertad individual obligar á los vendedores ó fabri- cantes de licores á hacer la mezcla que quería Luton; pero es- to no quiere decir que el pensamiento del citado médico no encierre en sí las convicciones que tenía del antagonismo que existe entre el alcohol y la estricnina, antagonismo que he pro- curado demostrar. II ¿Cuándo está indicada la estricnina y en qué casos llena perfectamente su cometido? Si recordamos que el alcoholismo, desde el punto de vista de sus diferentes manifestaciones, se puede dividir en Agudo ó Envenenamiento alcohólico, Delirio agudo de origen alcohóli- co ó Delirium tremens, y Alcoholismo crónico ó Intoxicación alcohólica, podemos decir en tesis general que la estricnina es- tá indicada en todas las manifestaciones del alcoholismo, sea cual fuere, en tanto que no haya desorganización de las celdillas cerebrales; pero como la mayor parte de veces esto no es po- sible saberlo, creo que siempre es bueno intentar la curación por su medio; tanto más, cuanto que, como veremos en las ob- servaciones, hay muchos casos en que si bien es cierto que no se alcanza el éxito que se desea, sin embargo, se modifica bas- tante la enfermedad, lo suficiente para evitar á estos desgra- ciados mayor número de sufrimientos; me refiero á aquellos individuos que á primera vista parecen paralíticos, semejantes al individuo cuya historia cité á propósito de la parálisis. Re- cordemos el estado en que fué recibido en el Hospital y cómo después de algún tiempo de tratamiento fué dado de alta, que- dándole tan sólo alguna perturbación en la palabra y debilidad en su memoria. Dujardin-Beaumetz cree que la estricnina está indicada en la embriaguez y en el delirium tremens; pero que no sirve para nada en el alcoholismo crónico (Boletín General de Terapéu- tica Médica y Quirúrgica, 1884, torqo I, págs. 1 y siguientes.) 65 Voy á permitirme hacer algunas observaciones en lo relativo al alcoholismo en sus manifestaciones cerebrales, puesto que este es el asunto de mi trabajo. Al mismo tiempo creo de mi deber no dejar pasar la doctrina que acabo de exponer, porque se trata de un gran sabio que por desgracia de la humanidad acaba de bajar al sepulcro. 1? Es una verdad reconocida por todo el mundo que en el alcoholismo crónico pueden aparecer accesos de delirium tre- mens aun cuando el individuo no se haya entregado á los exce- sos alcohólicos: basta una contrariedad, un desagrado, una im- presión moral bastante viva, para que aparezca el delirio. Ese delirio agudo que aparece en los alcohólicos cuando han sufri- do un ligero traumatismo ó cuando en cualquiera enfermedad hay un movimiento febril, por más ligero que éste sea, ¿no es por ventura lo que se ha llamado delirium tremensf ¿No es verdad también que en los grandes traumatismos, ya sean accidentales, ya producidos por el cirujano, siempre se de- be tener en cuenta que si el individuo es alcohólico, lo más fácil es que estalle su delirio? 2? ¿Qué es el Alcoholismo crónico sino un conjunto de per- turbaciones patológicas que se han venido preparando desde la primera borrachera y que están tan íntimamente ligadas unas con otras, que es imposible separarlas? ¿No es verdad que si esas perturbaciones nutritivas y circulatorias, de lasque ya he hablado repetidas veces, producidas durante la ebrie- dad alcohólica, se repiten y se continúan por mucho tiempo, darán lugar á un proceso patológico en todo semejante al pri- mero, puesto que no es otra cosa que el resultado de éste? 3? ¿El Delirium tremens es una entidad patológica perfecta- mente definida y separada de ese conjunto que se llama al- coholismo, y cuyas manifeslaciones son tan diferentes como complicadas? ¿No podríamos decir y con sobrada razón, puesto que todo así nos lo demuestra, que es una complicación en el curso de la intoxicación por el alcohol? 66 Y si esta complicación aparece en todo tiempo siempre que se ha hecho un abuso de las bebidas alcohólicas, ¿no es de creer- se que en todo tiempo se puede combatir de la misma mane- ra, digo, por medio de la estricnina? Ese delirio agudo, al que desde largo tiempo se le ha llama- do delirio trémulo, no siempre se manifiesta de la misma ma- nera, porque si la generalidad de veces es un delirio furioso, verdaderamente maniaco y en el que dominan las alucinacio- nes, esto sucede en individuos que, por la clase social á que pertenecen ó por cualquiera otra circunstancia, ingieren bebi- das que, como el Anís, el Ginebra, el Ajenjo, el YVhiskey, dan al delirio un carácter especial, y como en el extranjero son las bebidas que más se consumen, por eso es que casi siempre al hablar del delirio hablan de esa forma aguda que es tan co- mún entre ellos. No sucede lo mismo entre nosotros y especialmente en Mé- xico (hablo del Distrito Federal). Aquí la gente pobre no abu- sa de los licores mencionados porque ni siquiera los conoce. Sus bebidas favoritas son el pulque y esas bebidas especiales que ellos intitulan amargos y que no son otra cosa que alcoho- laturas de aguardiente de caña y manzana, perón, canela, etc. Si pues el pulque es una bebida fermentada, pobre en alcohol, y las alcoholaturas son bastante débiles y el aguardiente de caña es de los menos malos, resulta que la forma del delirio alcohólico entre las gentes de nuestro pueblo es muy diferen- te de la de aquel que viene descrito en los libros extranjeros. La mayor parte de veces no es agudo ni maniaco, solamente sí, predominando las alucinaciones y sistematizándose el deli- rio, aparece, por ejemplo, el más común, el delirio de las per- secuciones, acompañado muchas veces de una melancolía más ó menos intensa, con estupor ó sin él. Voy á describir hasta donde me sea posible la forma típica á que me refiero. Supongamos un individuo cualquiera, de tantos como son consignados por las Inspecciones de Policía. Llega acompañado 67 de un gendarme, pocas, muy pocas veces es necesario usar de la camisa de fuerza; se le preguntan sus generales, y muchas veces no puede ni aun siquiera dar su nombre; el examen físi- co nos suministra los datos siguientes: ese individuo está flaco, demacrado, tiene las conjuntivas inyectadas y con terigiones; los miembros superiores tiemblan, especialmente las manos; sus movimientos son inciertos, parece que el suelo en que se apoyan no es demasiado resistente; sus manos ejecutan un movimiento muy parecido á lo que se ha llamado carfología, y es que se quitan del cuerpo animales imaginarios que arrojan lejos de sí; ya dije que no hablan, que temblando se quedan en el lugar en que se les pone, no quieren comer nada, absoluta- mente nada y sólo se consigue que tomen algún alimento mi- nistrándoselos por la fuerza ó con la sonda; su semblante es del de un idiota, pero en el que está pintado el miedo; vuelven la cara hacia diferentes lados como si álguien los persiguiera; pa- decen insomnios y en la noche se excitan, gritan, se levantan, piden auxilio ó hablan de cosas que no tienen relación alguna; en estas condiciones, permanecen seis ú ocho horas hasta que conciban el sueño gracias al doral que se les ministra en can- tidad de dos ó tres gramos, pudiéramos decir que por cos- tumbre. En estas circunstancias el empleo de la estricnina es de un efecto verdaderamente maravilloso, siempre que las dosis sean altas, como después veremos. En pocos días ese hombre em- brutecido por el alcohol vuelve al uso de sus facultades y está completamente regenerado. Si tenemos en cuenta que las manifestaciones del alcoholis- mo que acabo de referir son las más frecuentes entre nosotros y que por el hecho de ser poco ricas en alcohol las bebidas favoritas de nuestro pueblo, el delirio aparece casi siempre en cierto período de cronicidad, resulta que no sólo en ese deli- rio que pudiéramos llamar sub-agudo, ni solamente durante la embriaguez es cuando está indicada la estricnina, sino también en todas las manifestaciones cerebrales que aunque no revis- 68 tan un carácter grave, sin embargo, dan á conocer algún des- equilibrio en las facultades, como son las concepciones deli- rantes que en algunos individuos aparecen de cuando en cuan- do, las alucinaciones más ó menos limitadas, la falta de sueño por pesadillas, etc., etc. También sucede, y esto no es raro, que los síntomas que acabamos de describir se acompañen de calentura; entonces la adinamia es completa, el delirio constante, la mayor parle de veces se cambia en subdelirio, presentando el enfermo mucha semejanza con los de fiebre tifoidea. Este estado es de un pro- nóstico casi siempre fatal y se le ha llamado desde hace mu- cho tiempo Delirio Alcohólico Febril. En la embriaguez la estricnina llena un doble objeto: prime- ro, hacer que el individuo supla la necesidad de su organismo que le pide el alcohol que lo destruye y, segundo, evitar que el borracho se llegue á convertir en un alcohólico, puesto que ya queda demostrado que entre el alcohol y la estricnina exis- te un verdadero antagonismo. El borracho en sus primeros excesos será un vicioso y por ende, enteramente responsable de lo mal que hace; pero des- pués, cuando su organismo, para poder funcionar exige alcohol, cuando todas sus facultades, especialmente la voluntad, están embotadas, adormecidas por la falta de dicho excitante, ese hombre, más que un vicioso es un enfermo á quien debemos curar. En este individuo la corrección por medio del castigo no dará, como en efecto no da, resultado alguno; necesita cu- rarse porque su voluntad está enferma, lo mismo que su orga- nismo todo. Necesitamos robustecer sus facultades para que después la corrección sea fructífera; es decir, necesitamos crear hospitales para curar el alcoholismo, como se cura la morfino- manía, como se cura la cocainomanía, la eteromanía, etc., etc., y después junto al hospital las casas de corrección, el tratamiento moral, el trabajo. Sólo así creo que podremos conseguir algo contra ese mal que mina las sociedades, destruye la inteligencia y tiende á 69 destruir por sus cimientos el hogar, la familia y todo cuanto de más sagrado liene la humanidad. Reasumiendo lo expuesto, diré que la estricnina está indica- da y sus resultados son satisfactorios en los casos siguientes: 1? En el delirio agudo de origen alcohólico, Delirium Tremens. 2? En el delirio sub-agudo, ó sea el que ya dejo descrito y que, como dije, es el más común entre nosotros. 3? En las manifestaciones cerebrales limitadas á insomnios, alucinaciones, especialmente las del oído que son muy frecuen- tes y que, como manifesté desde un principio, están represen- tadas por zumbidos, silbidos, voces, etc., etc. 4(? En los borrachos para que no se vuelvan alcohólicos yen los alcohólicos para que no lleguen al delirio. III ¿Cuáles son las dosis que entre nosotros se necesitan para que los resultados sean manifiestos, cuál es la mejor manera de administrar el medicamento y qué sales son las preferibles? En cuanto á las dosis que hemos empleado en más de dos- cientos casos de alcohólicos tratados por el nitrato ó por el sulfato de estricnina, debo manifestar que han sido las más al- tas que yo he podido encontrar tanto en la Farmacopea Mexi- cana como en la Francesa, la Alemana y la Austríaca, y todavía más, hemos llegado á doblar las dosis que se registran en las farmacopeas citadas, pues en algunos casos, y no pocos, llega- mos á inyectar 3 centigramos de sulfato de estr icnina, dos en la mañana y uno en la tarde. Ahora bien, la dosis que generalmente se ha empleado cuan- do el delirio es agudo ó cuando se presenta como el que ya tengo descrito como el más común en México, es de ¡dos cen- tigramos! en una sola inyección hipodérmica, dosis que repe- timos cada día en tanto que dura el delirio ó alguna otra ma- nifestación cerebral, por ejemplo, alucinaciones, falta de sueño, etc. En estas circunstancias se sostiene el tratamiento hasta treinta días consecutivos, sin que aparezca ningún síntoma de intolerancia. Alguna vez, por un verdadero accidente, pusimos al mismo individuo tres inyecciones de á dos centigramos, una á continuación de otra !6 centígramos de nitrato de estricnina! Pero creo muy oportuno intercalar aquí la historia de este in- dividuo para que pueda juzgarse hasta dónde es posible que un alcohólico resista la estricnina, y se vea cómo sí es posible que el organismo se acostumbre á este medicamento. Lucio Rayón, natural de México, soltero, de 25 años, de ofi- cio encuadernador, no tiene antecedentes hereditarios paternos ni maternos. Comenzó á abusar del pulque desde la edad de 16 años, algunas veces abusaba de las bebidas alcohólicas; sus °xcesos eran bastante frecuentes. Con motivo de una borrachera entró al Hospital de San Hi- pólito el día 21 de Julio de 1895; bastante joven aún, no se ha- bía deteriorado su constitución, ni presentaba signos exterio- res del alcoholismo crónico, si no era el temblor de las manos y de la lengua. Los insomnios, las alucinaciones terroríficas y agresivas de la vista y del oído obligaron á sus padres á secues- trarlo. El aislamiento y la supresión del alcohol fueron sufi- cientes para que en cinco días desaparecieran los fenómenos agudos de su delirio; pero entonces fué acometido de melanco- lía profunda, tendiendo al estupor, y persistían aún sus aluci- naciones, particularmente las del oído. Él procuraba ocultar estas últimas; pero cuando estaba solo y se le observaba de lejos, podía notarse que existían, pues sin ningún motivo apa- rente volvía la cara á diferentes lados, giraba sobre los talones, dando una vuelta entera, como si buscara á la persona que le hablaba, después fijaba su mirada casi siempre en las azoteas, quizá buscando lo mismo. En estas circunstancias comenzamos el tratamiento por la estricnina inyectándole cinco miligramos (bis) desde el dia 25 de Julio hasta el 1? de Agosto; pero como en su estado mental no se obtuviera ninguna mejoría, resolvimos aumentar la do- sis á quince miligramos, también en dos inyecciones. Terminó 70 71 el mes de Agosto sin ningún resultado y entonces aumenta- mos la dosis á dos centigramos, como tampoco se consiguie- se nada, se le cambió el tratamiento, dejándolo descansar todo el mes de Septiembre, en que sólo se le daban baños fríos. Continuaba en su mismo estado y además muy pálido y ané- mico, agregando á todo esto un llanto constante, cualesquiera que fuesen las preguntas que se le hicieran; entonces el Doc- tor Alfaro ordenó se le pusieran inyecciones de jugo testicular; esto pasaba á mediados del mes de Octubre, es decir, un mes y medio después que se le habían suspendido las inyecciones de estricnina. Después de ocho ó diez días de tratamiento ha- bíamos llegado á ponerle tres centímetros cúbicos de dicho ju- go, entonces fué cuando sucedió el accidente que paso á rela- tar y que se grabó en mi memoria de una manera indeleble. Como las diferentes inyecciones que se les ponen á los en- fermos se hacen á la misma hora y en presencia del Médico, para facilitar el trabajo se ponen las distintas soluciones en probetas pequeñas para de allí ir tomando con la jeringa las cantidades indicadas; esto dió lugar á que yo tomara tres je- ringas de la solución de estricnina en vez del jugo testicular y que las pusiera una tras otra á Lucio Rayón que era el últi- mo de los enfermos áquienes seles debían poner. La solución de estricnina que usé y que es la que aún se usa para los al- cohólicos en el Hospital, estaba titulada así: Agua destilada 40,00 Alcohol 10,00 Sulfato ó nitrato de estricnina 1,00 Sig: S. N. y Cada inyección de á un gramo contiene dos centígramos de ESTRICNINA. Después de puestas las tres inyecciones en el mismo lugar, sólo tardé el tiempo necesario para despedirme del Médico y hacer el recetario, cuando recibí la noticia de que Lucio Ra- yón había caído, que no podía levantarse y que decía que se 72 moría; inmediatamente fui en su busca y lo encontré tirado en el suelo con el terror pintado en el semblante; los ojos pare- cían saltarse de sus órbitas; los miembros superiores é infeilo- res en la flexión, y de vez en cuando saltaban y se contraían; no quería que nadie se le acercara, mucho menos que lo toca- ran; no parecía sino que hasta el contacto del aire lo lastima- ba, más aún, cuando había ligeras corrientes; su respiración no era normal sino que se hacía de una manera difícil y tenía que ayudarse con todos los músculos que concurren á esta función, haciéndola más frecuente. En estas condiciones fué llevado á la enfermería; no quería acostarse, sentía miedo, terror por todo; sin embargo, sujeta- do entre varios enfermeros, lograron acostarlo é inmediata- mente le puse inhalaciones de cloroformo; cuando esto suce- día serían las diez de la mañana, continué las inhalaciones hasta las once, hora en que ya todos sus accidentes se habían calmado, entonces le puse una inyección de morfina de á tres centigramos. Gomo á las doce volvieron sus contracciones aunque ya muy disminuidas; de nuevo se le hicieron inhala- ciones de cloroformo hasta las doce y media, hora en que se durmió. A la una lo despertaron para darle de comer; pero todo lo vomitaba; en esos momentos ya no tenía contraccio- nes, no sentía miedo, solamente se quejaba de dolor de cabe- za. Le puse una poción con doral y bromuro de potasio para que tomara cucharadas. Ya no volvió á tener accidente algu- no, es decir, todo había desaparecido cinco horas después de la inyección de seis centigramos de estricnina, mientras que mis congojas duraron todo el día, y repito, nunca se me olvi- dará aquel grave acontecimiento. Todavía duró en el hospital como seis ó siete meses, sin que su padecimiento cerebral se mejorara, hasta el día 5 de Marzo del siguiente año, en que se le dió su alta por haberlo solicita- do así su familia. Creo que la observación anterior se presta á varias interpre- taciones: pero en lo que respecta al objeto de este estudio, só- lo diré, (jue si este individuo no sucumbió, fué debido: primero á que siendo alcohólico podía resistir relativamente grandes dosis de estricnina y, segundo, que probablemente su organis- mo se había acostumbrado ya al uso de esta substancia, por el tratamiento á que se le había sujetado dos meses antes. En el tratamiento seguido en el hospital, como base nos sir- ve el delirio: á medida que es más agudo, y persistente, se au- menta la dosi', que por regla general al comenzar es un centi- gramo; si no da el resultado que se desea, se oplican quince miligramos al día siguiente, y si continúa el delirio, dos centi- gramos; así hemos llegado á tres, dos en la mañana y uno en la tarde. El efecto es muy marcado; una hora después el deli- rio se calma, viene un sueño profundo y reparador, gran ape- tito; el enfermo se da cuenta de su situación y él pide las in- yecciones, que lo calman y lo hacen dormir. La estricnina pura es insoluble en el agua, poco soluble en el alcohol y de consiguiente, difícil de manejar en las cantida- des que son necesarias en los alcólicos; no sucede lo mismo cuando se hace uso del sulfato ó del nitrato que, por su solu- bilidad en el agua adicionada de alcohol, se prestan muy bien para las inyecciones hipodérmicas, que en mi concepto es el mejor modo de aplicar la estricnina: en primer lugar, porque se tiene la seguridad de su dosificación y principalmente de su absorción, y en segundo, porque en la clase de enfermos en que se usa, casi siempre las vías digestivas se encuentran en mal estado y la absorción sería tan difícil, como difícil es mi- nistrar cualquier medicamento por la boca á un loco, muchas veces con delirio agudo. En la práctica que hemos seguido en el Hospital, usamos in- diferentemente del sulfato ó del nitrato, siempre con los mis- mos resultados, siendo de advertir que la segunda de las sa- les mencionadas es más soluble que la primera. En las personas que abusan del alcohol, pero cuyas vías di- gestivas se encuentran en buen estado, creo que se podrá em- plear la estricnina en píldoras, ó mejor en una solución titula- 73 74 da para tener mayor número de probabilidades de su absor- ción. Hay que tener en cuenta que cuando la solución es pura- mente acuosa y se hace en caliente, es natural que al en- friarse se cristalice; para evitar esto, es conveniente adicionar al agua un poco de alcohol, porque así la solución se hace en frío, no se enturbia el líquido y menos aún se cristaliza. So- bre todo, la evaporación consiguiente al enfriamiento tiene for- zosamente que cambiar el título de concentración, y esto es al- tamente importante y delicado por tratarse de una substancia muy venenosa y que, por ende, debe usarse con prudencia. IV La estricnina no se acumula mientras las vías de elimina- ción, especialmente el riñón, se encuentran en su estado nor- mal; si algún accidente se presenta, diré la manera de conju- rarlo. De lo que hemos visto en las tres cuestiones anteriores se deduce que la estricnina no se acumula; en efecto, á los en- fermos sujetos al tratamiento, se les inyecta diariamente hasta dos centigramos por espacio de 20, 30 ó más días y sin embar- go, no aparece ningún signo de envenenamiento, lo cual quie- re decir que fácilmente se elimina, y esto es tan cierto que si se examina la orina de dichos individuos se encuentra en ella la estricnina. Para llegar á determinar la presencia de la estricnina en la orina es necesario aislar el alcaloide, porque las reacciones de la estricnina no se producen ó por lo menos quedan encubier- tas por los diferentes cuerpos que se encuentran en dicho lí- quido, muy particularmente por los reductores. Se han propuesto muchos procedimientos para separar la estricnina, y el mejor en el presente caso es el de Dragendorff: Acidulada la orina á favor del ácido sulfúrico, se pone á dige- rir á la temperatura de 40° á 50°, se filtra y el líquido obteni- do se somete á la evaporación hasta una consistencia ligera- mente siruposa; el residuo de esta evaporación se mezcla con tres ó cuatro veces su volumen de alcohol y se deja macerar por espacio de veinticuatro horas á una temperatura de 25°. Después del enfriamiento completo, se filtra para separar las materias que se encuentren en suspensión; este líquido filtra- do y destilado para retirar el alcohol y el residuo acuoso que resulta de la destilación, se diluye con agua y se vuelve á fil- trar si es necesario; se neutraliza con amoniaco y se agita la solución acuosa amoniacal con éter de petróleo; evaporado és- te, deja un residuo que puede someterse á la acción de los reactivos especiales de la estricnina. Hay que observar que como el éter de petróleo no disuelve muy bien el alcaloide, aún después de una larga digestión á una temperatura supe- rior á la normal, es preferible emplear la benzina, que disuel- ve perfectamente la estricnina, abandonarla á la evaporación y hacer obrar los diferentes reactivos sobre este residuo. El bicloruro de platino da con las soluciones de estricnina un precipitado blanco amarillento, muy ligeramente soluble en el agua y en el éter y poco soluble en el alcohol hirviente; es- ta última solución deposita un compuesto en forma de bellas agujas cristalinas de un color amarillo de oro. El ácido pícrico da un precipitado cristalino verde-amari- llento. La reacción más sensible de la estricnina es la siguiente: El bicromato de potasa en solución diluida colora en amarillo las soluciones de estricnina acidificadas por el ácido sulfúrico y da un precipitado de cristales en forma de hebra, de color ama- rillo de oro. La reacción es muy precisa cuando se opera so- bre el residuo de la evaporación puro: en este caso se agrega ácido sulfúrico puro á la estricnina y luego el bicromato de po- tasa; se forma una bella coloración azul, que pasa al violeta, después al rojo guinda y desaparece muy fácilmente. El óxido de cerio da, en presencia de una solución de estricnina en el ácido sulfúrico, la misma reacción que el bricomato de potasa; pero la coloración azul persiste más tiempo, no pasa sino muy lentamente al rojo. En resumen, cuando se quiera buscar la estricnina en una orina, debe aislarse el alcaloide en el mayor estado de pureza posible y someterlo á la acción del ácido sulfúrico y del bicro- mato de potasa, que constituye con mucho el procedimiento más sensible y que es superior al procedimiento por el ácido pícrico, el cual descubre la estricnina en una solución aun de 1 por 20,000. Para evitar una manipulación tan larga, se puede suprimir la evaporación y el tratamiento por el alcohol, sin que el pro- cedimiento pierda por esto su valor. Parece fabuloso el caso que voy á citar; pero como el enfer- mo vive aún y es muy conocido por los Dres. Homero y Alfa- ro, creo que la autoridad de estos señores es bastante para que no haya lugar á la duda. N. N., individuo de buena constitución, de inteligencia po- co común, educado en Alemania, en donde hizo una carrera literaria cual correspondía á sus facultades y que le permitió desde muy temprano recibirse de Abogado y ocupar elevados puestos en la Política, soltero, como de 40 años, de carácter un poco violento y de muy buenas costumbres, jamás ha he- cho del alcohol sino un uso muy moderado. Decepciones po- líticas, la pérdida de su fortuna, etc., hicieron que en este in- dividuo se trastornaran las facultades mentales, sistematizán- dose un delirio, perfectamente definido, de persecución. Cree que todo el mundo está pagado para hacerle mal, y por donde quiera ve lazos que se le tienden para perderlo y convertirlo en asesino; que en la comida se le ministran venenos que le producen diferentes enfermedades, con el solo objeto de mar- tirizarlo, sin dejarlo morir, para gozarse en sus sufrimientos; que la política actual está basada en el asesinato; que los dife- rentes personajes que mueren son en/enenados con substan- cias que no les son conocidas ni á los médicos ni á nadie que no sean las personas encargadas del Gobierno; que lo mismo 76 sucede en todos los países, y que con este objeto están en re- lación unos con otros para acabar con todos los hombres que son buenos y virtuosos; de la misma manera interpreta con bastante talento los hechos más culminantes de la Historia, especialmente en lo que á México se refiere. Al principio de su trastorno pensaba que en la comida se le ministraba un ve- neno tal, que iba acabando con sus fuerzas tanto físicas como morales, porque él se sentía agotado, sin tener en cuenta que no comía lo suficiente por miedo de ingerir mayor cantidad de veneno. Algún médico le indicó que tomase gránulos de estricnina de á un miligramo (dosiméti icos del Dr. Bourggraeve), comen- zó por tomar tres ó cuatro al día, y como sintiera mejorarse, porque su ánimo y sus fuerzas se levantaban, él solo y por su cuenta comenzó á aumentar la cantidad hasta llegará la enor- me suma de 140 gránulos, es decir ¡14 centigramos de sulfato de estricnina! Yo no vi cuando se tomaba los 140; pero sí nos dijo él á su entrada al Hospital, que hacía algunos días venía disminuyendo la cantidad de estricnina y que sólo tomaba (en- tonces) lOOgránulos. Allí se le siguieron dando los mismos 100, para después ir disminuyendo la dosis, con objeto de no pro- ducirle ningún trastorno que empeorara su situación. Por su- puesto que él creyó que esto era una manera nueva de hacer- lo sufrir. Aunque él dice, que no tuvo accidente alguno, yo recuerdo que en un momento dado en que se creyó insultado por uno de los enfermeros, quiso girar violentamente sobre sus talones y arrojarse sobre él; entonces, probablemente debido á las con- tracciones y sacudimiento de sus músculos, no pudo medir el paso y cayó como si hubiera sido herido por un rayo, rebotan- do su cabeza sobre el pavimento, inmediatamente se le aten- dió, no tuvo más accidentes; al día siguiente bajamos la dosis á 80 gránulos y sucesivamente de diez en diez hasta veinte, en que se le dejó por algún tiempo. Son muchos los individuos en quienes hemos usado la es- 77 tricnina en inyecciones hipodérmicas de á dos centigramos ca- da día, continuando así hasta un mes sin que aparezca ningún accidente. Esto es muy cierto en lo general; pero ¿cómo ex- plicar algunos casos en que se lian presentado los síntomas de envenenamiento por el solo hecho de haber ministrado cin- co miligramos más que el día anterior, ó sin aumento nin- guno? • Yo creo que esto se explica porque las vías de eliminación no están sanas, en cuyo caso sí creo que haya acumulación del veneno; pero aquí se presenta una nueva dificultad ¿cómo sa- ber cuándo estas vías se encuentran enfermas? Muchas veces un estudio cuidadoso nos lo dirá; pero otras no, y en este ca- so, creo que lo mejor es la prudencia, é ir usando del medica- mento con mucha precaución para ir tanteando la susceptibi- lidad de cada individuo, para lo cual, bueno será en los casos dudosos comenzar por una dosis de cuatro á cinco miligramos é ir aumentando á medida que sea necesario, teniendo siem- pre presentes, ó el análisis de la orina ó la intolerancia indivi- dual, que casi siempre avisa cuando se ha llegado á la cantidad (jue ya no puede soportar, es decir: cuando un individuo se queja de dolor en la nuca, de pequeñas contracciones, de tem- blor en las manos, horror á la luz, demasiada sensibilidad en los oídos, á tal grado que ruidos que antes le eran indiferentes, lo molesten, rigidez en las piernas, ligera ataxia ó irregularidad al medir el paso; cuando su orina no sea abundante, cuando su respiración se haga difícil, entonces hay que suspender el tratamiento, y ministrar un poco de doral ó bromuro de pota- sio. En los casos ligeros esto será suficiente. En los casos gra- ves, inhalaciones de cloroformo, doral en lavativas, jarabe de doral en cucharadas, en último caso, doral en solución para hacer una inyección intravenosa. En todos los casos en que hemos empleado la estricnina, con excepción del accidente que ya relaté, nunca hemos teni- do uno solo que pudiésemos llamar grave; ha habido sus lige- ros accidentes en muy corto número, creo que no pasan de 78 79 cinco; pero en todos ha sido suficiente suspender el trata- miento por seis ú ocho días y ministrar el doral y el bromu- ro, como ya dije. Nunca han revestido caracteres alarman- tes. 80 ESTADO que manifiesta el número de enfermos, especialmen- te alcohólicos, que entraron al Hospital de Hombres De- mentes en el periodo de treinta años transcurrido del 1 ? de Enero de 1865 (d 31 de Diciembre de 1894. 00 00 00 00 ODQOOCQOOOQOOOOOCO CO 00 00 00 GO 00 OO GC 00 00 CO OC CO GO 00 CC 00 — Oe0»'l0S0\^05t0>-‘O®CD'Ja'«l ::::::::::::::: i ::! i !:: i :: i * : : :::::::::::::::::::::::::::::: i Años en que entraron los enfermos. 1,897 í C* 00 00 00 •— 00 — 00 -.J -1 o V1 C~< en C* 00 'O» CO ** O* CC X CO CO CO to co en oí «o cu oo m o^icooioooooüM^w^ccoooao^oocoostOíc^i Enajenados de origen alcohólico. 00 Cn Ife M Ib. Cl M CO CO M Ci W GO 00 t' O O en tí ü. Iti IC v> 3 05 OMO C< O -1 #- Enajenados que no fueron alcohólicos. 00 C5 5 *-^MO;03M«**CHMC3«)®5rf>.M-‘ kfc. tsS — t-w t® — — 1C h‘ t® — — — ®Ci0)M^OWín.00^05!O[vM'103Ot0!0C OM0l«M-'It0O*>'J--Jte-®-l^'t0iOO^«-*.t0KO5i Ingreso total de enfermos en los años; correspondientes. 40.4 1 oocooocococjtt*'>í^ooc>oterfí-ieteco>^.coit»^co4iicoií».*.rf-.coco4^^to» t0pt¡l|k®fflMM