Facultad de Medicina de México. LIGERO ESTUDIO .SOBRE LOS PAPILOMAS CUTANEOS 0 VERRUGAS SU TRATAMIENTO POR EL JUGO OE LA EUPHORBIA SPLENDENS, TS5IS INAUGURAL POB MARIANO RAMIREZ DEL PRADO ALUMNO DE LA KSCÜPI.A N ACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO. MÉXICO; J LIBRERIA DEC JTETCÜ STAMBORREL CM.LI.fi LUISAS ILDK.FONB) BAJOS BKL NÚM. 1. 1887 Facultad de Medicina de México. LIGERO ESTUDIO SOBRE LOS PAPILOMAS CUTANEOS 0 YUGAS SU TRATAMIENTO POR EL JUGO DE LA EUPHORBIA SPLENDENS, TESIS INAUGURAL POB MARIANO RAMIREZ OEL PRADO ALUMNO DE LA ESCUELA NACIONAL DE MPDICINAf'DEíMEXICO. ‘ ' MEXICO, LIBRERIA DE CARLOS TAMBORREL CALL5 D3 SAN ILDEFONSO BAJOS DEL NÚM. 1. 1887 A MIS AMADOS PADRES TRIBUTO DR A.MOB FILIAL. A MI DISTINGUIDO AMIGO E<1 Grki'ibi (l\ijo). Al Sr. Lie. Manuel Leal AL SR. DR. JOSÉ OLVERA. AL SE. DE. ALFEEDO DUGES. 4 üj§A Y en la patología de la piel una afección que apenas puede llamarse así, considerándola, como algunos autores, sola- mente bajo el punto de vista del ¡Dronóstico, pues que sin poner en peligro la vida, constituye simplemente una deformidad más ó menos desagradable ó molesta. Yo quiero hablar de la hiper- trofia epidermo-papilar (kcratosis de Lebert) designada común mente con el nombre de verruga, y que se desarrolla en sitios muy diversos de la envoltura cutánea, pero muy especialmente en la cara dorsal de la mano y sobre todo de los dedos, en indi- viduos generalmente jóvenes, y al parecer, bien constituidos. Afección tan ligera, lia merecido, sin embargo, consideraciones más importantes por parte de dermatologistas distinguidos, como Hebra, Bazin, Alibert, y haciendo abstracción, hasta cierto punto, de su mayor ó menor gravedad local, señalan la posibili- dad de accidentes que pueden ser de funestas consecuencias ge- nerales. En efecto, si en la mayor parte de los casos, las verru- gas no causan ningún dolor, ningún obstáculo, ninguna pertur baoión funcional, en cambio, por razón de su sitio en una región ordinariamente descubierta, y por adquirir á veces un cierto vo- lumen, están expuestas á frecuentes irritaciones que no sola- mente producen excoriaciones dolorosas, de donde pueden ori- ginarse úlceras epidérmicas, sino que en algunos casos suelen dar lugar á verdaderas degeneraciones malignas. Ciertamente que no se puede decir que una verruga sea siempre el origen ni mu- cho menos la causa de un cáncer epitelial, por ejemplo, pues que en ningún tiempo se ha conocido la etiología del cáncer, ni en general, de ninguna de las neoplasias que los patologistas dis- tinguen bajo la denominación de tumores; pero si, como dicen Wirchow y Weber, una irritación local repetida, procedente del 2 exterior, hace en general, un papel importante en el desarrollo de los tumores primitivos, como lo prueba el hecho de observa- ción de que dichos tumores se muestran más frecuentemente en los puntos que están más expuestos á dichas irritaciones, no se ría extraño que si esta misma irritación se verificase sobre un sistema ya enfermo, tuviese mayor influencia, no solo para pre cipitar la marcha de una producción maligna que revistiera la forma papilar en su principio, sino áun para producir, en ciertos casos, la degeneración de una neoplasia benigna, que entonces vendría á ser, por decirlo así, el simiente ó la base de su desa rrollo ulterior. No entraré en detalles respecto de las razones que Billroth ex- pone para sostener que si en semejantes casos, se desarrollan tumores y no inflamaciones crónicas, es debido á la predisposi ción específica de ciertas individualidades, dependiendo de con (liciones generales; ni tampoco en las que Wirchowse apoya pa ra admitir la teoría contraria, esto es, que en lugar de constitu- cional, esta predisposición debe considerarse como puramente local. Supuesta ó no dicha predisposición, solamente me concre taré á mencionar los casos en que se ha visto que estos pequeños tumores se han hecho el punto de partida, no solo del epitelio- nia, sino áun del sarcoma y del carcinoma mismo (*). Sin em- bargo, para no hacer tan sombrío el cuadro que presentan las verrugas, es necesario añadir que las más veces, estas produc- ciones son inofensivas, y no debe creerse que sea demasiado fre- cuente esta peligrosa eventualidad. Fuera de los casos en que una degeneración es posible, las verrugas no tienen mas inconvenientes que los relativos á su mul- tiplicidad, á su volumen, á veces considerable, ó á estas dos cir cunstancias á la vez: cuando están agrupadas en gran número, y bastante aproximadas para confundirse en una placa indurada de algunos centímetros de extensión, teniendo además un cierto vo lumen, constituyen, en efecto, no solamente una deformidad exesivamente desagradable, sino que pueden también estorbar algunas funciones, como los movimientos de flexión y de exten- sión de los dedos, por ejemplo. Se podrían referir á las verrugas producciones muy análogas que se observan con frecuencia en ciertas mucosas, como la del orificio anal ó de los órganos genitales externos, y llamadas co munmente vegetaciones ó condilomas; pero estas excrecencias de origen generalmente venéreo ó sifilítico, tienen propiedades y (*) Nouvoau Dictionnaire de Méd. e< Chir. prediques. (Jaéceme!.)—T. 39.—Alt. Verrues. 3 caracteres muy particulares para ser separadas de las verrugas. Los cuernos cutáneos son descritos por Billruth y Winiwarter entre las verrugas, y por consistir esencialmente en una hiper- trofia de las papilas con engrosamiento de la epidermis corres- pondiente, Bazin los coloca en el mismo grupo; pero para otros autores esta aproximación sería forzada, porque al menos, bajo el punto de vista clínico, no es posible confundir producciones tan desemejantes. Otro tanto se puede decir de la verruga ca daca admitida por Alibert, porque según Jaccoud, aquí se trata evidentemente de la acusa varioliforme de Bazin, enfermedad perfectamente diferente, y que tiene sus caracteres propios. Fi nalmente, hay ciertas formas de ncevus que ofrecen grande ana logia de textura con las verrugas verdaderas; pero estos papilo- mas congénitos, frecuentemente pigmentados, son, como lo hace observar Hebra, relativamente muy raros, y se distinguen, ade- más de su fuerte pigmentación por la finura de la capa epidér- mica que les cubre, á la vez que por su extensión y difusión. En el presente estudio yo me refiero exclusivamente á las ex crecencias verrucosas propiamente dichas, y con especialidad, á Lis que se desarrollan sobre el dorso de la mano, principalmente de los dedos, después de recordar someramente la anatomía y las funciones de la piel al estado fisiológico. En seguida me ocupo de su tratamiento por medio del jugo de una Euforbiácea muy común on el país, que ha dado exelentes resultados, como lo prueban los casos de observación que le constan al Sr. Dr. J. Olvera, quien bondadosamente me los ha proporcionado, y por lo cual le estoy profundamente agradecido. Un medio de tratamiento que no produce molestias, y exento de los inconvenientes que traen consigo la ligadura ó las caute rizaciones, á veces enérgicas, que en estos casos se emplean, tie- ne ciertamente sus ventajas: siendo muy probable que ofrezca el mismo éxito para combatir las otras variedades de papilomas cutáneos, que bien merecen la atención por las consideraciones que preceden. Consignar los hechos útiles, sin pretención alguna, y cumplir con un deber que la ley me impone, me compelen á emprender este pequeño trabajo, que solamente demanda del honorable Jo rado, indulgencia, no justicia. I. Antes de estudiar en qué consisten las alteraciones anatómicas de los tejidos en esta clase de afecciones, y para comprender me- jor su naturaleza, procuraré bosquejar brevemente la estructura y las funciones normales del tegumento externo. La piel es un órgano membranoso, denso, resistente, flexible y que se extiende sin interrupción sobre toda la superficie del cuerpo. Bien conocidos son sus elementos constitutivos, y se sabe que se compone de dos partes distintas: l.°, la epidermis, muy del goda en general, adquiere un espesor considerable en algunas regiones sometidas á fuertes presiones, como por ejemplo, elta lón ó la cara palmar de las manos en los individuos que tienen profesiones penosas. Bajo el punto de vista histológico, se la considera dividida en varias capas: una capa córnea ó epidérmica propiamente dicha, formada de elementos epiteliales estratificados, cuya renova cion es incesante; sus celdillas son lamelosas, delgadas, general mente sin núcleo y adheridas entre sí; una segunda capa de celdillas epiteliales esferoidales, formada de muchos planos de celdillas confusamente agrupadas; es blanda y corresponde á lo que se llama capa ó red mucosa de Malpighi; finalmente, y reposando inmediatamente sobre la superficie de la dermis, se en cuentra una capa única de celdillas epiteliales que subiendo so bre las papilas, desciende en sus intersticios y se detiene circu lamiente en el orificio de las glándulas y de los folículos de la piel; está coloreada por la melanina en algunas partes, y sobre todo en los negros. lista capa corresponde á lo que se llamaba el pigmento, ó la capa pigmentaria de la piel. 2.°, La dermis, que está constituida, en primer lugar, y lien do siempre de l t superficie á la profundidad, por las pupilas ó ca pa papilar, que no es realmente una capa distinta, como no loes la red de Malpighi de la capa córnea de la epidermis. Las papilas son pequeñas eminencias más ó menos salientes, regularmente cónicas, que se elevan de la superficie ó cara exter- na de la dermis; están formadas de una sustancia amorfa finamen te granulosa, encerrando algunas veces núcleos libres, ovoides ó esféricos; su centro está recorrido, cuando son voluminosas, por fibras laminosas y por algunas fibras elásticas esparcidas en di versos sentidos, dándoles un aspecto estriado. En cuanto á su estructura se dividen en: papilas nerviosas ó corpúsculos del tacto, las cuales no se ven mas que en la piel de la cara palmar de las manos, de la planta del pié, de la cara an- terior y lateral (rara vez dorsal) de los dedos, en los laidos y la punta de la lengua: estas son papilas simples ó compuestas; al nivel del corpúsculo del tacto que está en su vértice, el tubo ó los tubos nerviosos que se terminan allí por una estremidad li bre y nunca en asa, pierden su cavidad v constituyen en una pequeña longitud, un filamento lleno. Papilas vasculares, que son las más numerosas, viéndose mezcladas á las precedentes, pero aislándose en los puntos donde las otras no existen; encie rran generalmente de una á tres y áun más asas vasculares, so bre todo en las grandes papilas, como son las de la matriz de la uña, y están desprovistas de corpúsculos del tacto. Con frecuen cia se observa que una saliente papilar nerviosa está soldada en una parte ó en la totalidad de su longitud (excepto el vértice) á una papila vascular, lo cual puede hacer creer en la vascularidad de las papilas nerviosas; pero abajo del corpúsculo del tacto no hay vasos ó á lo más, una asa se adelanta un poco hacia la base de la papila. Teichmann, citado por Frey en su tratado de His tología é Histoquimia, ha encontrado en las papilas anormal- mente desarrolladas por una influencia patológica, un canal cen tral muy semejante al vaso quilífero central de las vellosidades intestinales. Mas profundamente se encuentra el tejido de la dermis pro píamente dicha, compuesto de haces voluminosos y tupidos de fibras del tejido laminoso, acompañados de numerosos capilares y de fibras nerviosas que van á las papilas sensitivas; está for- mado casi en su mayor parte de gran cantidad de fibras elásticas anchas y delgadas, no dispuestas en haces, sino ramificadas y anastomosadas un gran número de veces, formando mallas muy regulares; estas fibras son las que daña la piel su elasticidad. Se encuentran además, en la cara profunda de la dermis, haces de fibro-cel lillas, constituyendo una especie de red de mallas la xas, debido á sus anastomosis y subdiviciones y á las cuales de- be su contractilidad; una multitud de tabiques limitan cavidades que encierran glóbulos adiposos y forman una capa llamada aren lar, debajo de la cual estos tabiques disminuyendo de espesor, llegan á confundirse para constituir otra capa /amelosa ó fasna superficiulis que facilita el deslizamiento de la piel. La dermis no tiene el mismo espesor en todas las regiones del cuerpo: más considerable en el hombre que en la mujer, es más gruesa en la planta de los pies y en la palma de las manos; muy fina en los párpados, y generalmente más fuerte en la región dorsal que en la parte anterior del tronco. En ciertos lugares determinados don de se forman los pliegues principales, la dermis envía prolonga ciones fibrosas sobre las aponeurosis ó sobre los huesos, haciendo estos pliegues permanentes. Finalmente, la dermis está provista de numerosos vasos linfá- ticos; se distinguen en ella, según las últimas investigaciones de Teichmann, dos redes linfáticas: launa superficial, compuesta de canales muy estrechos, y la otra profunda, formada por cana les amplios y anastomosados en distintas direcciones. Aunque anatómicamente, los diferentes órganos que cooperan al funcionamiento normal de la piel, no le pertenezcan por ser todos sub-cutáneos, están sin embargo, de tal manera en i-elación con esta última, que no es posible pasarlos desapercibidos si se quiere comprender en una descripción, áun sucinta, todo lo que se refiere á la envoltura cutánea bajo el punto de vista anatomo- fisiológico. Así es (pie como anexos á la piel se consideran, l.°: los folículos 6 aparatos pilosos, cuya parte esencial, el bulbo, y frecuentemente las glándulas pilosas, están en el tejido adiposo sub—cutáneo. El folículo tiene una pared propia, en forma de fon do de saco, abierto hacia la superficie de la piel, é introduciendo se de uno á cinco milímetros en el tejido adiposo; esta pared está formada de una sustancia llamada fanerófora, elemento ana tómico especial diferente de la dermis, de la cual el folículo no puede considerarse como una depresión. Una multitud de va sos muy finos se encuentran en su superficie, formando mallas cua- driláteras sin penetrar en su espesor; está rodeado de tejido la- minoso, conteniendo haces de fibro-celdillas, de los cuales uno cisi paralelo al pelo, es un verdadero músculo piloso que se extiende del fondo del folículo á la cara profunda de la dermis y levanta el aparato en el fenómeno del erizamiento del pelo. El bulbo es un ensanchamiento colocado en el fondo del folículo; hace una saliente en su cavidad, bajo la forma de cono ó de he misterio, terminando á veces en punta su parte libre y estrangula da por la raíz del pelo que le abraza hacia el nivel de su conti- nuidad con el folículo mismo; de aquí resulta que al arrancar el uno, puede arrancarse también el otro; está formado de la mis ma sustancia amorfa provista de núcleos; los vasos penetran profundamente en su espesor, formando asas numerosas y ele gantes, sobre todo en el de los grandes pelos, corno los de la bar ba y los cabellos; una capa de celdillas epiteliales mas pequeñas que las de la epidermis, pero pavimentosas y de núcleo, tapiza el folículo, formando muchas capas estratificadas, una serie de las cuales se adhiere con fuerza al folículo y torna el nombre de vaina radicular externa; entre esta y el pelo, hay una capa bastante gruesa de una sustancia diáfana que refracta muy fuer tómente la luz, y va desde el bulbo hasta el punto donde desembo- can las glándulas pilosas, y se le llama vaina radicular interna; entre la sustancia de la raíz del pelo y la del bulbo, pasa una se rie de celdillas prismáticas, pálidas y regulares. Cada folículo lleva, en general, dos glándulas pilosas; algunas veces, una, tres ó más: estas son glándulas en racimo simple, redu- cidas á veces á uno ó dos fondos de saco, pero ofreciendo ordinaria mente muchos de estos últimos, según el volúmen y la natura leza del pelo; están provistas de un canal excretor que vierte una materia grasa y que se abre en el punto de unión del folículo piloso con la dermis; el epitelio de estas glándulas es pavimen toso, de celdillas llenas de gotitas aceitosas que hacen su colora ción muy pronunciada y opaca. 2. Las glándulas sebáceas propiamente dichas, que son tam bien glándulas en racimo simple; muy desarrolladas en la areola del pesón, sobre todo durante el embarazo, (tubérculos de Mont o-omcry) pero que existen también en otras partes de la piel sin ser anexas al pelo, y cuya distribución topográfica no es todavía bien conocida. Están situadas en el tejido adiposo sub-cutáneo; son ovoides, anchas, ligeramente amarillentas ó blanquecinas, casi opacas y compuestas de uno ó varios fondos de saco que desembocan en un canal excretor; tienen una pared propia, amorfa, apenas granulosa, en la superficie de la cual se encuen- tran fibras elásticas delgadas y fibras laminosas; están tapizadas de grandes celdillas epiteliales poliédricas ó esferoidales, sin nú cleo, teniendo una pared incolora, trasparente, bastante gruesa y una cavidad llena de gotitas aceitosas, que escurriéndose por rup tura de las celdillas, constituyen el humor graso que humedece la piel de las regiones en que se encuentran. 3. Las glándulas ó folículos enrollados sudoríparos, ya sea de 9 la piel en general, ó de la axila; están alojados también en el tejido adiposo sub-cutáneo á una profundidad variable, casi igual al espesor de la dermis de la región, estando algunos aplicados á la cara profunda de esta última; la pared propia del tubo es ho- mogénea, aislable, resistente; su epitelio es nuclear, ovoide, con materia amorfa interpuesta y pavimentoso en la porción dérmi- ca excretora; el conducto esfiexuoso en la dermis y espiral en la epidermis. Las glándulas ó folículos axilares sudoríparos, están aplicados contra la dermis; su volumen es el doble del de los pre- cedentes; su epitelio es pavimentoso; su contenido es amarillen- to, granuloso y alcalino. Una palabra aún sobre las principales funciones cutáneas. La piel constituye una de las principales superficies por las que el organismo se pone en relación con los medios exteriores: fue- ra de sus usos como órgano de tacto y de protección, el tegumen to externo tiene relaciones importantes con el centro respirato rio y por consiguiente con el estado de la nutrición. De la mis ma manera que el pulmón, la piel respira absorviendo agua y exhalando una cierta cantidad de ácido carbónico; según Sellar litig, la exhalación por la piel sería treinta y ocho veces menor que laque se efectúa por la superficie pulmonar. Esta respira eión cutánea varía con las regiones, pero para que se verifique es’ indispensable la integridad de la piel: en las quemaduras exten- sas, en la escarlatina, cuando la piel se descama, en los animales cuyo tegumento ha sido cubierto de un barniz impermeable, &c\, se observan frecuentemente perturbaciones graves: la endósmo- sis gaseosa se debilita, la respiración disminuye, sobreviene en friamiento y hay albuminuria. Por su sensibilidad, la piel nos dá nociones especiales de pre sión, tacto propiamente dicho, forma, volúmen, consistencia y temperatura de lus cuerpos: el dorso de la mano es más apto pa- ra apreciar las diferencias de temperatura; la palma de la mano y pulpa de los dedos para juzgar de la forma y relieve de los oh jetos; el tacto desarrollado sobre toda la superficie de la piel, pe ro muy especialmente en la pulpa de los dedos, labios y lengua, tiene por órganos las papilas dérmicas nerviosas, que contienen los corpúsculos táctiles de Meissner. Las funciones de los corpús culos de Pacini, situados sobre los nervios colaterales de los de dos, son poco conocidas. Se pueden reducirá tres las sensaciones sea generales, sea especiales, que la piel nos hace percibir: con tacto ó presión, temperatura y dolor; respecto de la naturaleza y modo de producción de estas tres especies de sensaciones, los autores no están de acuerdo aún: como se pueden observar anes tesias de cada una de éllas en particular, con conservación de las otras dos, parece que á cada una debe corresponder un orden di- ferente de fibras nerviosas, y que por ejemplo, el dolor no tiene la misma vía de conducción que las sensaciones de tacto, las cuales seguirían conductores distintos de los de las sensaciones térmicas. Brown-Séquard admite la existencia en la médula de estos conductores aislados, y enumera cuatro de estos últimos: para la temperatura, dolor, tacto y cosquilleo. Según otra opi nión, las fibras nerviosas representarían todas conductores ana logos: en este caso un exitante particular no fiaría nacer la sen- sación especial correspondiente, sino cuando fuese aplicado hacia las terminaciones nerviosas, y no cuando afectase el tronco del nervio; habría por consiguiente, energías específicas en los órga nos nerviosos terminales, de los cuales unos, como los corpúscu los de Pacini, presidirían á las sensaciones de presión: otros, cor púsculos de Meissner, al tacto ó á lo que se llama sensación de lugar de la piel; otros en fin, más difícil de precisar, presidirían á la temperatura y al dolor. La piel poseé además, funciones muy diversas en virtud de los numerosos nervios que se distribuyen en élla: nervios centrífu- gos que vienen á inervar sus músculos lis» s y á producir su con tracción bajo una influencia refleja, ó que terminándose en las glándulas, intervienen en mi secreción, como se ve con eviden cia en las glándulas sudoríparas; pero la piel es sobre todo rica en nervios centrípetos ó sensitivos, los cuales pueden tener fun ciones generales y muy difícil de especificar en sus sitios anató- micos; como por ejemplo, su influencia como vía centrípeta y punto de partida del reflejo respiratorio. Otra de las funciones de la piel, muy importante bajo el punto de vista fisiológico, y que desde hace muchos años á dado lugar á numerosas controversias entre los fisiologistas antiguos y mo demos, es la absorción cutánea. Desde HaIler hasta la época ac tual, esta cuestión ha tenido sus partidarios y sus detractores; sin embargo, como esta absorción varía según las regiones, según el estado físico y las propiedades de los cuerpos que se ponen en contacto con la piel, no en todos los casos hay esta divergencia de opiniones: tratándose de la absorción de las sustancias gaseo sas ó volátiles, todos están de acuerdo, pues que la piel respira y necesariamente debe ser permeable á los gases; pero no sucede lo mismo con la cuestión de la absorción de las sustancias sólidas disueltas en el agua, incorporadas á los cuerpos grasos ó simple mente reducidas á polvo, depositadas sobre la superficie tegu mentaría: en este respecto, los experimentos se han multiplicado; las conclusiones han diferido más ó menos, quizá porque los ex perimentadores no se han colocado en igualdad de circunstancias. Sin detenerme en enumerar las diversas opiniones que se han emitido sobre el particular, me limitaré á reasumir el resultado de las investigaciones de Rabotean que ha estudiado detenida mente esta cuestión. Según este autor, la piel absorve, pero en cantidad muy pequeña, las sustancias sólidas disueltas en el agua; solamente que esta absorción es demasiado lenta, puesto que es necesario que haya imbibición previa del epitelio; la absorción de estos mismos cuerpos, pero mezclados á una materia grasa, es nula ó inapreciable, si se exceptúan sin embargo, las pomadas que encierran principios volátiles, ó que sean puestos en libertad por los ácidos del sudor y los que provienen de la oxidación de la grasa, pues que en este caso deben ser absorvidos, según queda dicho precedentemente. En cuanto á las sustancias pulverulen- tas, si son naturalmente solubles, ó suceptibies de disolverse ba- jo la influencia de los ácidos del sudor, pueden llegará penetrar en cantidad considerable, puesto que su absorción es progresiva. Comprendiendo todos los*casos, fundándose en experimentos personales y comparando los resultados de autores eminentes, Rabuteau ha podido establecer como regla general que: “la ab- sorción cutánea de las sustancias gaseosas ó volátiles, es notable; la de las sustancias sólidas y jijas disueltas en el agua, ó incorpo- radas á los cuerpos grasos, es nula ó injinitesimaV\ Si los fenómenos de absorción son casi nulos, excepto para los cuerpos al estado gaseoso, la piel es en cambio el sitio de secre- ciones muy activas: por las glándulas sebáceas, en general anexas á los folículos pilosos y representando el tipo más simple de las glándulas en racimo, secreta una materia grasa destinada á acei tar el sistema piloso y la superficie de la epidermis, de manera de aumentar su impermeabilidad; cualquiera que sea su forma y su disposición, estas glándulas tienen siempre los mismos usos: así es que el borde libre de los párpados se encuentra engrasado por el producto délas glándulas de Meibomius, que son también glándulas sebáceas muy alargadas; de este modo impiden que al estado normal, el producto de la glándula lacrimal vierta su con tenido sobre la mejilla. Por las glándulas sudoríparas, que son muy numerosas y que están irregularmente diseminadas, faltando absolutamente en la ctra interna del pavellón de la oreja, pero constituyendo un ani 1 o de glándulas voluminosas en el conducto auditivo externo y llamadas glándulas ceruminosas, secreta el sudor, producto líqui do, generalmente ácido, ó espeso y grasoso {cerumen): esta se creción ó fundición molecular, se hace bajo la influencia del sis- tema nervioso que obra no solamente sobre los vasos de la piel, sino también directamente sobre los elementos glandulares: ade- más de que la hiperemia de la piel, en caso de uu fuerte calor, ó la gran tensión de la sangre por ingestión de una considerable cuntida 1 de agua, pueden exagerar la producción del sudor, el sistema nervioso puede igualmente producir sudaciones reflejas tan enérgicas así. y sin tener relación con la invección sanguínea de la piel; así sucede, por ejemplo, en los sudores profusos de la agonía, sobre una piel pálida y fría; el s-udor frío delvulgo, bajo la influencia le ciertas emociones, ócc. El sudor una vez formado, sigue el trayecto del canal excretor v llega hasta el nivel de la epidermis, atravesando sus diferentes capas: la capa de Malpighi siendo muy rica en líquido, y la capa córnea propiamente dicha, siendo muy coherente, dejan pasar todo el sudor; pero la capa más superficial, la capa córnea pul- verulenta, furfurácea, porosa, absorve una gran cantidad en sus intersticios; al llegar á este nivel el sudor, según la expresión de algún fisiologista, es comparable á un río que se desborda; así es que cuando se toca la piel de un hombre en buen estado de sa- lud, se la encuentra ligeramente húmeda y dando una sensación indefinible, muy distinta de laque produce la piel al estado pa- tológico en que se suprime totalmente el sudor. Cuando la secreción no es muy abundante, como en las condi cienes ordinarias, el sudor se detiene en la capa furfurácea, pro- duce la humedad de la piel y escapándose al estado de vapor, constituye lo que se llama exhalación ó traspiración cutánea in- sensible. Este estado de humedad de una capa porosa superfi- cial, pone la piel y el organismo entero en condiciones muy par- ticulares: se verifica allí una evaporación continua; por consi- guiente, una pérdida de calor que está en razón directa de la abundancia del sudor; en este sentido, el cuerpo humano es com- parable á esas vasijas porosas que sirven para refrescar el agua por la evaporación producida en su superficie; por otra parte, como la sudación es aumentada, en general, por la elevación de la temperatura exterior, ó por cualquiera acción (trabajo muscu- lar) que tienda á producir calor, tenemos en esta misma secreción un medio de defendernos de una acumulación muy considerable de calórico. II. He creído conveniente hacer esta digresión, antes de entrar en materia, por ser la piel el sitio de las producciones morbosas que me propongo estudiar, y por haberme parecido más lógico comen- zar por describir la papila fisiológica, para tratar en seguida de las modificaciones de que es suceptible bajo la influencia de un estado patológico. El proceso hiperplásico que constituye las verrugas, tiene lu gar únicamente en las papilas que están provistas de vasos san guineos, esto es, en las papilas vasculares: un cierto número de estos órganos adquiere un desarrollo exagerado, tanto en longi- tud como en latitud, basta hacer una saliente muy pronunciada sobre el nivel de la piel; la epidermis que cubre este grupo de papilas anormalmente aumentadas, se cornifica, hipertrofiándose á su vez, v les forma un revestimiento epitelial. Las papilas hi pertrofiadas no siempre son simples: pueden dar origen á papilas secundarias, y toman entonces una apariencia ramificada; hay igualmente una proliferación vascular que nutre estos tumores, y que explica su duración, á veces, de muchos años. Estos son, en general, los caracteres anatomo-patológicos de los papilomas cutáneos; pero la diferente combinación de los ele- mentos que los constituyen, su mayor ó menor grado de desarro lio, así como el sitio en que se muestran con más frecuencia, cambian de tal manera su aspecto exterior, que esto ha condu cido á algunos autores á distinguir muchas variedades de verru- gas, pero que clínicamente pueden reducirse á las tres siguientes: l.° Verruga ordinaria ó verruga dura, (vulgarmente, mez quino.)—Esta variedad es la más común de todas: la epidermis engrosada, comprende en una misma envoltura á todas las papi las hipertrofiadas, de manera de constituir una masa única; más ó menos aplastada, hemisférica ó conoide; indolente, como todas las verrugas; ordinariamente sésil; de consistencia córnea, y cuya altura, lo mismo que el diámetro de su base, varían de uno á diez milímetros, por término medio. Su superficie puede ser lisa y de un color semejante al de la epidermis normal,, pero á causa de los frotamientos á que está expuesta por su relieve, á veces muy pronunciado, sobre la cara dorsal de la mano, que es su si tio habitual, se descama con frecuencia y toma un aspecto rugo- so, áspero y nudoso, ó bien puede hendirse más ó menos profun- (lamente, pero sin que esta disociación dé las papilas se extienda nunca hasta la base; por la misma razón suele encontrársela tam bien excoriada y sangrante; por otra parte, los polvos incrustados en estas desigualdades, cambian sil coloración exterior, hacién dola gris ó negruzca. Es raro que sea solitaria, y generalmente existen muchas en el mismo individuo; llegando á confundirse, cuando están muy aproximadas, para formar una placa dura de cierta extensión. Algunas veces estas verrugas son sub-unguiales: Raver cita el caso de un joven de veinte años, que tenía en el índice izquierdo una multitud de verrugas confluentes, formando un tumor volu- minoso bajo la uña, cuyo borde libre estaba levantado casi ver ticalmente. 2° Verruga ex forma de coliflor, puerro, según Plenk; verruga plana de Asciierson.—Ha sido llamada así porque es t.á formada de un cierto número de filamentos paralelos, tenien- do la apariencia de un pincel, muy semejante á la raíz cabelluda de la planta de donde los puerros toman su nombre. Cada uno de estos filamentos, libre desde su base hasta su vértice, repre- senta una papila provista de su vaina epidérmica particular; no hay pues, como en la especie precedente, un revestimiento epi dérmico común que envuelva el conjunto de las papilas. También se la ha llamado plana, porque no se eleva mucho sobre el nivel de la piel, haciéndose su desarrollo más bien en superficie que en altura; presenta una coloración gris pronunciado y áun ne- gruzca. Esta verruga tiene como la anterior, una consistencia du- ra, pero se manifiesta, sobre todo, en el cuello, en la cara y muy particularmente en el borde libre de los párpados, en los jóve- nes. Según Hebra, esta variedad de verruga es también mu frecuente en los individuos avanzados en edad, y constituye á veces el punto de partida ulterior de un epitelioma. 3.° Verruga carnosa ó dérmica.—Difiere absolutamente de las precedentes: en élla los elementos papilar y epitelial son po- co ó nada exagerados en su desarrollo; la hipertrofia se produce en un punto circunscrito de la dermis misma, ya sea en sus ca- pas superficiales solamente ó en todo su espesor. Esta variedad se observa especialmente en la cara y en el cuello; pudiendo en contrarse también en otras partes del cuerpo. Yo conozco á un individuo que lleva una de estas verrugas en la región lombar: teniendo como dos centímetros de longitud, por otros dos de an- chura, y suspendida de los tegumentos por un pedículo muy es trecho. En la nariz ó en las mejillas, esta producción es generalmente sésil, de furnia hemisférica, y hace intimamente cuerpo con la piel; pero en el cuello es, al contrario, pediculada, saliente y flo- ja. En todos los casos su superficie es lisa ó apenas rugosa; su color es casi igual al de la piel, y su consistencia es bastante blanda ó firme, pero nunca córnea como en las dos primeras es- pecies. Consideraciones etiológicas.—Muy comunes en la infancia y poco tiempo antes de la pubertad, las verrugas son raras en la segunda mitad de la vida, época en que se ven, al contrario, de- sarrollar de preferencia las producciones papilares que represen- tan la faz inicial de ciertos epiteliomas. Además de la influencia que la edad puede tener en el desarrollo de estas neoplasias, las irritaciones de cualquier género que sean, no parecen del todo extrañas á su producción: en apoyo de esta manera de ver, como dicen Billroth y otros autores, está el hecho de observación dia- ria, de que dichas excrecencias se muestran sobre todo en las regiones descubiertas, más expuestas, por lo mismo, á los agen- tes exteriores. El contacto repetido de sustancias irritantes ó la falta de lim- pieza, han sido señalados como teniendo algún valor etiológico: de aquí resultaría, sin duda, la mayor frecuencia de éllas en los labradores, los caballerizos, &c. Según Turner, las verrugas son muy comunes en Inglaterra, en las personas encargadas de cui- dar y ordeñar las vacas; para Bazin, los escrofulosos estarían predispuestos á contraer esta enfermedad: así como para la es crofulosis pues, la herencia no sería del todo indiferente á la predisposición verrucosa, como se han encontrado algunos ejem píos. Finalmente, hay casos en que se ha observado una produc ción muy rápida de verrugas, que desaparecen relativamente pronto ó