ffl» A, TABALAmA ESTUDIO PARA ti FORMACION 1 HOSPITALES GIMES EN X>& COTBA© DSG MEXICO TESIS ESCRITA PARA SERVIR EN LA PRUEBA CORRESPONDIENTE PARA EL CONCURSO ABIERTO EN LA ESCUELA DE MEDICINA DE MEXICO, PARA PROVEER ELAS PLAZAS DE PROFESORES DE LA CATEORA DE HICIENE Y METEGROLQGLA M.EC1CA. MEXICO — IMPRENTA DEL COMERCIO, DE NABOR CIIAVEZ, Cálle de Cordobanes núm. 8. 1874. M. A. PASALAGUA ESTUDIO PARA LA FORMACION 1 HOSPITALES GENERALES EN LA CIUDAD DE MEXICO TESIS escrita para servir en la prueba correspondiente para el concurso abierto en la Escuela de Medicina de México para proveer laB plazas de profesores de la cátedra de Hygiene y Meteorología Médica MEJICO IMPRENTA DEL COMERCIO, DE NABOR CHAVÉZ Calle de Cordobanes número 8 1874 AL SB. D. MANUEL PASALAGUA Y DOSA JUANA BERRUECOS DE PASALAGUA MIS PADRES & ítáow en el alma A ÍIIS HERMANOS EN LA CIENCIA LOS MIEMBROS DE LA SOCIEDAD YATROADELPHICA AMISTAD Y APRECIO Los establecimientos de beneficen- cia, son cual un termómetro para me- dir la civilización de los pueblos. fAY multitud de cuestiones que se presentan al hy- gienista en las tres divisiones que se deben hacer en esta ciencia, que tienen grande y noble interes bajo un doble punto de vista, el de la fdantropía y el de la ciencia; si se vé bajo el primero, se admira en el hom- bre su grandeza de espíritu, se advierte bien, que sa- be ocupar su papel distinguido en la naturaleza, que está al principio de los seres de la creación; en una pa- labra, que es bien el Homo Sapiens de Lineo, que com- prende la necesidad de tender la mano á sus semejan- tes; obligación innata en él y que su cumplimiento pro- duce sensaciones tan agradables, que bien pocas po- drían semejárseles. La hygiene es, de los ramos de la 6 medicina, á la que conviene mejor la palabra filantropía en su definición significativa: Amor á la humanidad; es un ramo en el que generalmente no se tienen hono- rarios: los hombres en este estudio tratan de buscar el modo de conservar ese gran don, que se llama salud, cuyo precio no se conoce hasta que se pierde; tratan de que se encuentren lo mejor posible los asilos, para curar las enfermedades físicas, los hospitales; como, de las enfermedades morales, las cárceles; los hombres en este estudio, después de encanecerse, no aspiran en lo general, sino á la mejora de la humanidad y al bien de sus hermanos. El segundo punto de vista, que es el científico, enaltece también de una manera grata al hombre; por su estudio conoce hechos desconocidos pa- ra él, hasta esa época; tiene satisfacción al poder dar- se cuenta de fenómenos de distintas clases, que benefi- ciaban ó perjudicaban á la humanidad; tan pronto tie- ne que buscar la microzoarios que pueden existir en la atmósfera de una ciudad diezmada por una epide- mia, como observa los males que hay que corregir en el desempeño de las distintas profesiones. Se necesi- tan hombres estudiosos y observadores para establecer las reglas hygiénicas convenientes, particularmente en la hygiene de la segunda división, 1 es decir: la hygiene local. 1 La mayoría de les hygienistas, dividen el importante ramo de la ciencia llamado Hygiene, en dos partes. Una que trata de la con- servación y perfeccionamiento de la salud, en sus relaciones con multitud de hombres reunidos para vivir en sociedad, esta parte la llaman Hygiene'Pública. La segunda parte, trata de la conservación 7 sin la pretensión de tener ninguna de las cuali- dades necesarias, he dedicado mi tiempo á este estudio, y hoy escribo las siguientes líneas, deseando cumplir con uno de los requisitos exigidos para el concurso, á que he tenido el atrevimiento de inscribirme, no obs- tante que conozco mi pequenez, al admirar esa inmen- sidad de ideas y conocimientos que se llaman ciencia; pero válgame siquiera como dispensa, la aspiración á obtener un honor, cuyo deseo existia ya en mis ensue- ños infantiles. ó perfección amiento de la salud individual, y la llaman Hygiene Pri- vada; para mí se debe comprender najo el nombre de Hygiene: La ciencia que trata de la conservación ó mejoramiento de la salud, se- gún reglas sacadas poi lá observación de las acciones de los ajenies naturales ó artificiales, sobre el hombre. Aunque laliygiene puede estudiarse bajo el punto de vista de todos los séres de la creación, es con relación al hombre que me propongo estudiarla y la llamaré Humana, proponiendo que se divida en tres partes, de la siguiente manera: 1? El estudio de ciertos principios generales en el hombre, cualquiera que sea su raza, su situación en el globo, etc., por ejem- plo, siempre tendrá que alimentarse con cuerpos que tengan los principios elementales que él contiene; siempre tendrá que respirar un aire puro, etc., esta parte la llamar é Hygiene general. 2? El estu- dio de las reglas hygiénicas de una masa de hombres, tal cual una ciudad, por ejemplo, México, esta parte la llamaré Hygiene local; este es us-cstudio muy necesario para México, en virtud de sus cir- cunstancias particulares, de elevación barométrica y de topografía del valle que nos rodea, etc., que por no entrar en estas consideracio- nes, es la razón porque la aplicación de los principios escritos en multitud de libros europeos, no dan buenos resultados cuando se aplican en esta ciudad, no dando buen resultado, mas que aquellos que perteneciendo á todo el orbe he llamado á su conjunto hygiene general. 3? Por último, al estudio délas reglas hygiénicas, para un individuo en particular,«como por ejemplo, para un escrofuloso, un tísico, la llamaremos con todos los autores, Hygiene privada. 6 par- tí cul ai . 8 Para hacer el estudio hygiénico de la formación de hospitales generales en la ciudad de México, antes hay que analizar si con las costumbres y en las circustancias de nuestro pueblo, convendría mejor que hospitales, la asistencia de los enfermos en sus propias casas. Este punto, aunque parece muy fácil para su resolución, pre- senta consideraciones de gran importancia a que aten- derse. Hoy mismo que los Hospitales generales se en- cuentran en un estado verdaderamente deplorable, que la hygiene ha sido casi olvidada en ellos, no se puede tan fácilmente decidirse por la asistencia á domicilio. Yo creo, según lo que he observado, que la solución de esta cuestión tendría que ser la siguiente. La necesi- dad de Hospitales con las condiciones hygiénieas apro- piadas á nuestra localidad, es afirmativa; pero teniendo en consideración las circunstancias individuales de los enfermos y la constitución médica reinante. Voy á manifestar las razones que me han hecho sacar esta con- clusión. Las principales ventajas para los enfermos, con la asistencia á domicilio, es el preservarlos de los mias- mos morbosos que se producen en las enfermedades; si el enfermo tiene una habitación como se debe de procu. rar, se esparcen y no se acumulan en depósitos infeccio- sos, en tan gran cantidad, como en los hospitales. En sus casas por el cariño natural de la familia, como por no haber la misma cantidad de enfermos que en el hospi- tal, la asistencia entre personas prudentes tiene que ser mas solícita; el médico como va á ver un solo enfermo concentra mas su atención y el tratamiento es mas pen- sado, pues que tiene en la mayoría de casos, que dar 9 su diagnóstico y pronóstico, no solamente con responsa- bilidad de su conciencia como en el hospital, sino tam- bién con mengua ó mejora de su crédito profesional; por último, el sistema nervioso y las facultades psichicas pue- den estar complacidas en cuanto es posible en una en- fermedad. Todas estas ventajas son dignas de tenerse en cuenta al estudiar la cuestión de repartir los fondos gastados en los hospitales para la asistencia á domici- lio. Las ventajas de la asistencia á domicilio, son las desventajas para la formación de hospitales; pero no son de tanta fuerza como parece á primera vista; com- parándolas punto por punto, se vé, en primer lugar, que la producción de miasmas en el caso que esa sea la causa de la enfermedad, en los hospitales bien arregla- dos hygiénicam ente, no se debe dejar que existan mucho tiempo en la atmósfera de las salas, y en muchas cir- cunstancias, algunas de las enfermedades, como en nuestra ciudad el tifo llamado tabardillo, su mortali- dad es mayor en la ciudad y en las personas acomoda- das que en la gente pobre, y en el hospital de San An- drés, por ejemplo, esta circunstancia debe de tenerse muy en cuenta en la asistencia de esta enfermedad, como desventaja para la asistencia á domicilio; la re- lación de mortalidad del tifo ó tabardillo mexicano, me parece tener por causa la mayor ventilación nosoco- mial: la ventilación en el hospital antes dicho, no se advierte que se halla establecido según algún princi- pio hygiénico conocido; sin embargo, aquella série de corrientes aéreas, son siempre mayores que las de las casas particulares, donde aun al contrario se tratan de 10 evitar, y el tifo se ha visto que su mortalidad vá dis- minuyendo con la aereacion, al grado de ser á menudo asistidos los enfermos en otros países bajo tiendas de campaña. La asistencia en los hospitales, siendo por personas prudentes y de buen corazón, no deja nada que desear, y tal vez sea mas conveniente alguna du" reza que una complacencia exajerada é imprudente, como las hay á menudo en las familias; con respecto á los médicos de hospitales, si puede haber alguna negli- gencia, sin duda alguna en México será muy rara, pues en nuestro país, contrariamente á otros, no está por fortuna la ciencia tan adherida al dinero; además, si es verdad que en una casa el médico tiene que pensar en poner medicinas nuevas con mas frecuencia por complacencia, en el hospital no se hará; pero en cam- bio se pone el interes científico puro, y por consiguien- te se presta bastante atención, aun á cada síntoma en particular, para poder sacar mayor ventaja en caso de autopsia, etc. La que en realidad es grave desventa- ja en el hospital, es la parte moral, puesto que la se- paración de la familia es un sacrificio, y aunque se per- mitan visitas, es costumbre en nuestro país que estas solo sean del mismo sexo del enfermo, y eso no todos los dias; así un padre cuya hija muere dos meses des- pués de entrar al hospital, sin duda para él existió esos dos meses menos; lo mismo puede decirse en muchas circunstancias análogas: por otro lado, la parte moral en las enfermedades, es una circunstancia que sin con- testación tiene gran influencia en los resultados felices <5 desgraciados, y un enfermo en el hospital tiene que 11 impresionarse desfavorablemente con los resultados de los enfermos que están á su lado, y como hace observar perfectamente Levy, las cortinas son bien poco para el objeto, y la separación en cuartos de madera son un dique para la vista; pero es peor el resultado, por de- jar oir los estertores y los quejidos, que hacen que se produzcan pensamientos bien tristes en imaginacio- nes verdaderamente calenturientas. Es verdad que esta circunstancia es un inconveniente que difícilmen- te se corrije; pero también debe de pensarse que tal vez sea un mal muy pequeño, comparando en el caso de socorros á domicilio á la indolencia, y por consi- guiente, á la inexactitud de la prescripción ordenada por el médico, hecho bastante común por desgracia en- tre la gente del pueblo. Con respecto á la constitu- ción médica, hay multitud de enfermedades, particular- mente epidémicas, que han hecho tantas víctimas en los hospitales, que ha sido preciso vaciarlos; en estos casos indudablemente hay contraindicación formal y absoluta para recibir enfermos en los hospitales. Creo que teniendo en consideración las razones en pro y en contra que tiene la cuestión, como lo he hecho, se pue- de resolver de la manera que he dicho. En México se socorren los enfermos de las dos ma- neras, aunque bastante imperfectamente; desde luego, la mayor cantidad de enfermos que de camas en la ma- yoría de hospitales generales, manifiesta claramente que los hospitales son insuficientes para nuestra po- blación; ademas hay una gran falta de recursos que se hace notar de algún tiempo á esta parte: la cari- 12 dad pública mas bien reparte sus socorros á domicilio, procurando sabiamente, como en las asociaciones llama- das conferencias, que los desgraciados enfermos que se acojen á ellas reciban todos los auxilios que necesiten, en los objetos correspondientes, para que no puedan malversar el dinero. Habiendo como hay, según lo expuesto, necesidad de hospitales generales, voy á tratar de las reglas hygié- nicas para su situación y construcion en nuestra ca- pital. La situación de un hospital en una ciudad debe de ser en un punto lateral á la dirección de las vientos predominantes; pues si se pone en el sentido de dichos vientos, ya sea antes ó después de la ciudad, en el pri- mer caso, recibe la ciudad los miasmas y productos morbosos que salgan del hospital, sucediendo lo con- trario con el hospital si se coloca después dela’ciudad. En México, exceptuado la primavera, en que dominan los vientos del S. E., los vientos predominantes son los del N y N. E sobre todo; por consiguiente, el punto la- teral mas á proposito es el O. S., O., allí los vien- tos del N. E. bien poco irian á pasar, y los del S. E. casi no tocarían ese lugar al atravesar la ciudad. Además, como un hospital no debe de estar ni á gran distancia del centro de la población, pues no seria tan fácil su asistencia y los enfermos llegarían con di- ficultad hasta él; ni tampoco cerca del centro, pues en ese caso seria fácil en alguna ocasión dar origen á alguna epidemia contagiosa, teniendo en cuenta las consideraciones precedentes y la topografía de la ciu- dad; el sitio que parece mas á proposito, es la plazue- 13 la conocida con el nombre de El Salto de la Agua, la cual está en las condiciones que he dicho anteriormente: fuera de desearse un sitio un poco mas al O; pero en esa dirección se producen pantanos todos los anos por la época de las lluvias, no sin influencia bien marcada sobre la patología de los sitios que los rodean. La pla- zuela antes dicha, está casi en los suburbios de la ciu- dad y tiene además algunas ventajas geológicas que entre nosotros deben de tenerse muy en consideración; la ciudad está en un lugar que después de dos metros á lo mas de tierra común y ordinaria, casi toda de ori- gen vegetal mas ó menos buena para la vejetacion, se encuentran margas de distintas clases; en algunas se encuentran fóciles correspondientes á vegetales dicoti- ledóneos; después á mas ó menos distancia, rocas kaoli- nicas, y por fin se ha llegado en los taladros para pozos artesianos hasta una capa de arena porfirica. Todas es- tas capas representan edades distintas de lo que hoy es el asiento de nuestra ciudad; no es en esta clase de trabajos el punto en donde deben de tratarse estas cuestiones, sino simplemente tenerlas en considera- ción. He dicho que á lo mas son dos metros de tier- ra en profundidad, que se encuentran sin agua, pues tan pronto como se llega á la primera marga fosilífera, se encuentra la agua que contiene y que llena la multi- tud de zanjas que tenemos, haciendo además esta cir- cunstancia geológica, que sejproduzcan hundimientos en multitud de nuestros edificios. La capa superior de tier- ra que he dicho, es bastante desigual, resultando que hay puntos bajos que en tiempos lluviosos se inundan, 14 y permanecen así algún tiempo; pues es muy pequeña la corriente de la ciudad sobre el lago de Texcoco, que es el receptáculo de sus desechos; solo los lugares un poco mas altos tienen la ventaja de permanecer secos, y esta ventaja la tiene la plazuela antes dicha. Las dimensiones de nuestros hospitales generales? deben de ser como en todas las ciudades de importan- cia por su población, no muy extensas, sino varios y no con muchas camas; pongo como suficientes el núme- ro de doscientas, porque en primer lugar es el número puesto por los autores que se han ocupado de la mate- ria, y después porque he observado en nuestros hospi- tales, que el pasar de ese número trae graves inconve- nientes en su asistencia; por consiguiente, creo que en un hospital general no debe de pasar el número de camas de cien y cien para mujeres, la mitad para enfermedades médicas y la mitad para qui- rúrjicas. Entre los materiales que tenemos para cons- trucción, creo que debe preferirse la piedra llamada ehiluca/jque es traida de las canteras de Echagaray; he elegido esta clase de piedra por varias circunstancias. He dicho anteriormente, que la composición geológica de nuestro suelo, hace que se encuentre la agua á cor- ta distancia de la superficie, y por consiguiente se debe evitar lo mas posible que suba por las pare- des como tiende naturalmente; pues 'que bien visto, unos cimientos y la pared que descansa sobre ellos, son con el tiempo un aparato capilar que hace subir la agua y produce humedad; esto creo que se evitaría por dos medios reunidos: el primero consiste en interponer 15 á cierta distancia del suelo, entre los cimientos y sus amarres, una capa de una mezcla á propósito para im- pedir la subida de la agua y las eflorescencias salinas ó los vegetales, que tapizan tan á menudo los pisos ba- jos de nuestras habitaciones, la mezcla siguiente pare- ce dar algún buen resultado.—Asfalto 5, arena 2, cal 1, mézclese; he oido decir que una análoga era usada por el arquitecto Mendez. Otros usan la sangre de to- ro, etc., aunque estas pruebas no son muy concluyen- tes, porque son muy modernas relativamente á la du- ración de los edificios; creo con respecto á la primera, que debe dar buen resultado, porque en una pared de un piso bajo de mi propia habitación, que tenia que aplanarse año por año al concluir la estación lluviosa, hace cinco años se le puso una capa de esta mezcla y se aplanó sobre ella y desde entonces ha disminuido de una manera notable la aparición de la humedad, y si esto ha sido en una pared ya vieja y penetrada por la agua, que hará que la mejora sea no mas temporal, creo que los resultados serán mucho mejores y dura- deros sobre todo, si se usa este procedimiento en unos cimientos nuevos, mas si se prolonga la capa de la mez- cla hácia los lados de la pared en una altura cuando menos de dos metros. El segundo medio para evitar este mal, es construir con el material que he indicado, que es de los que tenemos el menos hygrometico, como lo prueban las observaciones siguientes: Los materiales de construcción con que contamos, son de dos clases, unos artificiales y otros naturales: los artificiales son, el adobe y el ladrillo de las varias clases que hay; los 16 naturales son el tepetate, el recinto y la chiluca, que nececitan para usarse de un labrado particular; hay otras varias piedras que llevan los nombres de los pun- tos donde están sus canteras. El adobe es un material verdaderamente nacional, lo hacm con tierra arsillosa y estiércol, (mezcla de escrementoy paja sacada de las caballerizas) estos cuerpos bien mezclados por medio de la agua, los adaptan en unas hormas á la forma que le quieren dar, los dejan secar y después en la construc- ción los unen con lodo; este material es sumamente hy- gromético, y delesnable al grado de deshacerse; su so- lidez es tan poca, que la duración de esta clase de edifi- cios es á menudo menor que la vida del hombre; el la- drillo en el principio de su hechura es casi lo mismo que el adobe, se diferencia, en que después de darle la forma es puesto en un horno á una temperatura mas ó menos fuerte, para que se deshydrate mas ó menos según la clase de ladrillo que se quiere obtener, ayu- dándose para esto de un lado mas ó menos compacto; hoy se usa mucho para construir, y tanto ahora como antes, se ha usado para los pisos; tiene el inconvenien- te de ser arsilloso y anhydro, se liydrata con tal facili- dad que colocando un pedazo del llamado tabicón, que pesaba quinientos granos, á la intemperie en una no- che lluviosa durante ocho horas, aumenta su peso ochen- ta granos: ya se puede considerar lo antihygiénico que será este material para edificar, y sobre todo para ha- cer pisos, particularmente en las salas de un hospital, en donde continuamente están cayendo liquidos de dis- tintas clases, que primero absorvidos son después eva- 17 porados. Entre los materiales naturales, se encuen- tran: el tepetate, que es ó una toba caliza ó una toba pomacea, la primera es bastante hygromética menos que el ladrillo, pero mas que la p omacea; el recinto, es una lava porosa mas hygromética aún que el ladrillo, pues colocado en las mismas circunstancias que dije, quinientos granos de recinto aumentaron en peso cien- to treinta y cinco granos; la piedra del pedregal de S. Angel, es otra lava menos hygromética, pero tan pesa- da como dura, difícil en su explotación; la chiluca, es un nombre dado á varias piedras, las mas comunes son la trachyta horonoblendica y la toba trachytica, am- bas de origen volcánico; la primera es tan poco hygro- mética que casi no ha cambiado de su peso en las cir- cunstancias antes dichas, y no solo, sino que pulida en la superficie que daría al interior de las salas, tendría un lustre que parecería un bonito tecali, remplazando al mas fino estuco; pues se limpiaría la pared con una esponja húmeda y quedaría casi como un espejo; pero tiene el defecto de que su poder de absorción del caló- rico es casi nulo, y sería muy fría en perjuicio de los enfermos, tanto en la sombra como en la noche; no siendo así, con otros materiales que se pueden poner en las superficies de las paredes, que tienen algún poder de absorción de calórico en el dia, que lo pierden en la noche en beneficio de los enfermos; la toba trachytica llamada chiluca de Echagaray, no se pule fácilmente, su propiedad hygromética es tan ligera, que colocada en las circunstancias que he dicho de las otras piedras, no aumenta en su peso mas de dos por ciento: por te- 18 ner esas propiedades, me parece ser la piedra que de- be elegirse mas higiénicamente como material para la construcción de un hospital ó de cualquier otro edi- ficio en nuestro suelo. Con respecto á la madera, lo principal es que esté bien seca; la de los distintos ce- dros que tenemos me parece que es bastante hygiéni- ca, pues además de ser bastante duradera, tiene sobre muchas otras la ventaja como los pinos en general, de tener en su composición alguna reciña, que tal vez ha- ga que perezcan los séres microscópicos que intenten alojarse en ella. La disposición interior de un hospital es la parte mas importante a estudiar, pues que de ella depende mas especialmente su hygiene. Desde luego nuestros pi- sos bajos son inútiles para la colocación de enfer- mos; pues su humedad aun en tiempo de secas, me- dida con detención por el Div Yourdanet, marca por término medio en el hygrómetro de Saussure, en los pi- sos altos, 40° y en los pisos bajos hasta 60°, lo que con la corrección respectiva, tomada de las tablas de Gay Lussac, corresponden á un quinto y á un tercio de sa- turación, humedad que produce muy malos efectos en muchas enfermedades. Antes he dicho que el número mayor de enfermos que debe haber en un hospital ge- neral era el de doscientos: cien de cada sexo, una mi- tad de ellos de cirujía y la otra mitad de medicina; estos tienen que subdividirse en salas. El suntuoso palacio nosocomial de Paris, que concluyó la marquesa de Lariboissiere, cuyo nombre lleva y que está cons- truido según todas las reglas hygiénicas francesas, con- 19 tiene seis pabellones con treinta y dos camas cada uno; aquí que las dimensiones de las salas tienen que ser mayores como después diré, las salas deben de contener menos camas, y el número de veinticinco me parece muy conveniente, tanto mas que creo que un médico ó ciru- jano ilustrado en una posición regularmente acomoda- da, difícilmente podrá dedicarse al estudio y observación de un número mayor de enfermos nosocomiales. Supues- to que las salas sean para veinticinco enfermos, las di- mensiones que deben de tener serán las necesarias para que estos veinticinco individuos enfermos puedan obte- ner el oxígeno suficiente, para que su respiración sea perfecta; para resolver esta cuestión en los hospitales se ha trabajado mucho, particularmente en los países septentrionales. Nuestra ciudad corresponde, aunque esté á 19° lat. N. á 40° de la misma latitud, por su al- tura sobre el nivel del mar, como expliqué en el traba- jo que tuve el honor de leer en la Academia de Medi- cina y que está publicado en la «Gaceta Médica,» Tom, VIH, pág. 45 y siguientes; para la latitud de 40°, se diría que para nuestro país extremadamente templado, podían hacerse en los hospitales grandes ventanas y ser su ventilación muy fácil, y así seria, si la comparación en grados fuera posible, sin la Tarificación del aire. La cantidad de metros cúbicos de aire que debe de tener cada enfermo en nuestros hospitales, es de cincuenta por veinticuatro horas; resultando la capacidad de cada sala para veinticinco enfermos, de mil doscientos cin- cuenta metros, cantidad que se obtiene dando á las salas las siguientes dimensiones: veinticinco metros de longi- 20 tud, diez de latitud y cinco de altura; aunque estas salas parecen muy anchas y difícil de techar, en primer lu- gar se pueden poner columnas enmedio, y dividir el techo, quedando bastante sólido; en segundo lugar, se pueden poner amarres, ya de fierro ó tle madera, se- gún lo hacen hoy los ingenieros; hay una clase bastan- te fácil, que está compuesta simplemente de dos vigue- tas un poco mayores que la mitad de la viga principal; se fija una de sus extremidades á la extremidad de la viga dicha, entre las dos extremidades libres de las viguetas, que se reúnen en un áugulo muy obtuso, se coloca una cuña y entonces la presión de la viga principal se convierte en lateral quedando bastante só- lida; sobre las viguetas se pone el techo, que sirve de ayuda por su peso; cito estos detalles de construcción en razón de que como se comprenderá, las azoteas para ser hygiénicas deben tener una buena corriente, que haga que escurriendo con facilidad el agua de las llu- vias, sean bastante secas, y creo que con el sistema de amarres que he descrito es como se les puede dar la forma mas á propósito. La razón porque fijo cincuen- ta metros cúbicos de aire por dia y por enfermo, es la siguiente: el hombre sano y adulto al nivel del mar, hace por término medio diez y ocho respiraciones por minuto, según la mayoría de los fisiologistas, particu- larmente Quetelet, (Essais sur la Physique socíale, iom. Il,pág. 8), quien ha encontrado desde un máximo de setenta respiraciones por minuto, hasta un mínimo de once, según las constituciones, edades, etc.; en cada inspiración penetran casi quinientos gramos de aire: 21 como es natural, la expiración no están completa, pues no pudiéndose hacer el vacío, penetra el aire otra vez antes que halla salido por completo todo el aire vicia- do, aunque queda en el pulmón, no influye en nada la respiración, en razón de que pronto mezclado con aire puro pierde su composición química, y siendo su volumen siempre el mismo y bastante pequeño, tampo- co altera la cantidad de aire inspirado; esta cantidad es de nueve litros cúbicos por minuto, quinientos cuaren- ta por hora y trece metros cúbicos por dia. (Loncjet Trait de Physiologíe, tom. I, pdg. 615). Esto pasa al ni- vel del mar, ó á doce metros sobre dicho nivel como está la ciudad de Paris; aquí á la altura de 2,217 me- tros sobre el nivel del mar, las cosas varían un poco; hablando en volúmen, la cantidad de gases que contie- ne un metro cúbico de aire, con respecto á los que con- tiene al nivel del mar, es de 3 litros, 180 gramos menos, de lo que corresponde al oxígeno 0,636 gramos, y ad- mitiendo por carecer de las experiencias suficientes, que se necesitan 13 metros cúbicos de aire al nivel del mar por hombre y por veinticuatro horas, para ob- tener aquí la misma cantidad de oxígeno seria nece- sario multiplicar 13 por 0,636, lo que daría por aumen- to en el total, 8 litros, 288 gramos por persona, dando por aumento en una sala para veinticinco individuos, 20 litros, 629 gramos, cantidad corta relativamente, pe- ro que sin embargo le han dado mucha importancia personas que se han ocupado de la materia; dicen que en las alturas habia una desoxigenación de la sangre; el Dr. Yourdanet, dice: que para subsanar esta falta de 22 oxígeno, el individuo hace inspiraciones mas amplias, y que el tórax de los habitantes de las cordilleras ele- vadas es mas amplio. Coindet dice, que el número de respiraciones aumenta; yo creo que se pueden producir los dos fenómenos según en quien se observe, pues, el Dr. Yourdanet, hacia sus observaciones con personas in- dígenas de México, en su altiplanicie del Anáhuac, y Coindet observaba en soldados recien llegados á las al- turas, cuyo tórax tal vez aun no dilatado, tenia que suplir una falta de oxígeno con un aumento en los mo- vimientos respiratorios; no hago caso de lo que cuenta Coindet sobre sus observaciones sobre indígenas, por- que como tenia un modo tan brutal para traer á los individuos que observaba, era natural que estos estu- vieran bajo la impresión moral del que los tomaba como presos; me he detenido un poco en este punto, por ser de bastante importancia nacional, para decidir la capacidad de las salas de un hospital y de las habita- ciones en general; ademas, me he fijado particularmen- te en el volumen, porque de esa manera hay que con- siderar el aire, en contacto con la superficie pulmonar, sobre su peso hay que tenerlo en consideración; en pa- tología es donde tiene mas aplicaciones. Los 13 me- tros, 8 litros, 288 gramos cúbicos de aire, son térmi- no medio, los necesarios para una persona sana; pe- ro hay que considerar en un hospital á muchas cau- sas, que hacen que aumente la cantidad, por parte del individuo en lo general; el número mayor de respira- ciones por minuto, algunas veces es menor dependien- do de la clase de enfermedad de que se trata, lo mismo 23 que la exhalación de ácido carbónico, que no es igual siendo mayor en el dia y disminuyendo en la noche; hay que tener también en consideración, la excre- ción de la piel, de la orina, las materias vomitadas, las cajas para el desahogo natural del vientre, los muebles que ocupan algún espacio, algunas medicinas que se evaporen, el oxígeno consumido por las luces, que ob- teniéndolas con lámparas de aceite cubiertas con bom- bas de cristal apagado, para que produzcan una luz suave y difusa, como debe ser en un hospital, necesita por kilógramo de aceite 11 litros, 215 gramos de oxí- geno; el alumbrado, por medio del gas elaborado con ese objeto, produce mas calor, necesitando en cambio mas oxígeno para su combustión: tiene ademas mucho peligro, si por cualquiera causa se queda una llave abierta y deja salir alguna cantidad, pues es muy de- létereo, por lo que creo que dicho gas de alumbrado no debe introducirse en las salas de hospital. Todas estas circunstancias hacen que aunque Tenon señale 40 me- tros cúbicos en su país, se debe de señalar 50 en el nuestro y en nuestra capital; cantidad muy acomoda- da para hacer salas para veinticinco enfermos, que de- ben de tener 1,250 metros cúbicos de aire, teniendo las dimensiones antes dichas, entendiéndose que hablo de un hospital general. Naturalmente el aire que existe en una sala de hospital, de cualquiera especie que sea, necesita renovarse con continuidad, es lo que se llama ventilación; la hay de varias clases, según las condicio- nes de hygiene local en cada ciudad, para ver la que conviene en nuestros hospitales; se necesita estudiar 24 tanto las corrientes que se pueden establecer en la at- mósfera, como los cuerpos que pue da contener; desde luego hay una corriente muy fácil de demostrar, y que es análoga á la que pasa en cualquiera habitación: si se coloca una vela encendida en una puerta <5 ventana, se observa que cuando se sube la vela casi hasta la parte suferior, la flama se dirije hácia fuera, sucedien- do lo contrario cuando la vela se acerca á la parte in- ferior; esto prueba, como se advierte desde luego, que aunque casi insensible, á consecuencia de la menor densidad del aire por la temperatura mas caliente de la habitación, con respecto á la del aire esterior, se establecen dos corientes una hácia abajo para adentro de aire puro y frió, y otra hácia arriba para afuera de aire viciado ó no, pero caliente: en el interior de la pie- za sigue el aire frió su corriente; para abajo al lado de las paredes, y el aire interior caliente sube por el cen- tro hasta tocar con el techo y salir por la parte supe- rior de la ventana. En un sala de hospital la atmós- fera es muy complexa, contiene mas particularmente una cantidad de acido carbónico que en México, según el cálculo, debe de ser de ochocientos diez y seis gra- mos por individuo en veinticuatro horas, cantidad exha- lada 1 al pasar la sangre por la superficie pulmonar, áci- 1 Uso de la palabra exhalar fundado en las observaciones de Ktis [Cours de Physiologie, 1873, pág. 74, 75 y 70] el que ya prueba de una manera evidente, que la superficie pulmonar rica en vasos capilares, es como cualquiera otra membrana que los contenga en igual cantidad, para la exhalación de ácido carbónico ya formado, que es producto de la sórie de fenómenos producidos en todo el or- ganismo, que es en donde verifica Verdademente la respiración; no 25 do sulfúrico solo ó formando sulfidrato de amoniaco, protooxido de ázoe, amenudo carburos de hidrógeno, procedentes del alumbrado, y por fin la materia orgáni- ca exhalada por el individuo tan fácil de putrificarse, y una serie de microzoarios microphytos algunos nacidos de semejantes suyos bien conocidos como el fabus, el oidiun, etc., y otros algas ó infusorios como bacte- rias etc., en alguna de sus transformaciones; puesto que estos seres como está bien probado, sufren trasforma- ciones, como los insectos; por consiguiente, para regula- rizar la ventilación de una sala de hospital, suponién- dola en quietud se tiene que tener en consideración todos estos gases ó cuerpos, que revolotean en su at- mósfera, suponiendo que no se produzcan mas que las corrientes que he descrito en el interior de las habita- ciones, que son, por decir asi, las naturales; las corrien- tes de una sala de hospital serian la central de aire ca- liente con la que subirian los gases mas ligeros que el aire, como son el amoniaco, el ázoe, oxido de carbono, pero siempre ocuparian una capa inferior de la sala, el cree que hay una combustian pulmonar propiamente, porque se- gún lo analizó Ludwig y sus discípulos, (Archiv de Pfliiger, 1872). La sangre del ventrículo derecho de un perro, analizado inmedia- tamente, contiene en volíimen por ciento: Oxígeno 12, ácido car- bónico 47, mientras que la arterial tomada y analizada del mismo modo contiene por ciento: oxígeno 20, ácido carbónico 34, 8: dife- rencias que no son tan sensibles en las dos sangres. Además hace notar, que el color azulado de la sangre, es debido á una reflexión de los rayos luminosos, de los glóbulos de la sangre venosa, obser- vándolos inmediatamente que han sido sacados del animal, antes (pie se oxigenen tienen una forma globulosa, advirtióndose apenas su depresión central que se les produce, lo mismo que la forma dls* eoide cuando los glóbulos están cargados de oxígeno. 26 ácido carbónico, el suliídrico, el sulñdrato de amoniaco, la sustancia orgánica sin que hallan entrado en putre- facción, los séres microscópicos que indudablemente son perniciosos á la salud. Los procedimientos para hacer que salgan estos cuerpos y gases y que se renue- ve el aire, han sido muy variados; en el norte y en los países de invierno exagerado de Europa, han apro- vechado los caloríferos para establecer un desequili- brio entre la temperatura exterior y la interior, y pro- ducir así corrientes que mejoren el aire viciado de las habitaciones. El general Morin ha estudiado mucho el punto, yo creo que se pueden hacer dos divisiones, la ventilación natural ó espontánea que se hace por ventanas ó tubos colocados en la pared y la artificial, que se hace por medio de cliimineas, y por ventiladores con aspas que con su moviemiento producen corrientes hácia afuera; por corrientes de aire ó agua caliente, que se hacen pasar por tubos de fierro que sirven de calo- ríferos á la vez, en los países frios; en el hospital mili- tar de S. Lúeas, hay un sistema de ventilación que es bastante ingenioso; puesto allí por la eficacia del há- bil Sr. Dr. Montes de Oca e imaginado por el modesto médico el Dr. Olvera; consiste en un tubo en medio del cual está colocado un farol que á la vez que ilumina la sala, produce un tiro por una abentura que tiene el tubo interior, haciendo que salga el aire viciado por el tubo superior como por un tubo de chiminea, estos apa- ratos muy útiles en el hospital de San Lúeas, tienen el defecto de que siendo una especie de sopletes con res- pecto á la fiama la hacen muy viva, que es antihygiéni- 27 eo en la sala de un hospital; además, entre nosotros con que las salas tengan las dimensiones necesarias, me parece no necesitan ventiladores artificiales. En nues- tra ciudad la temperatura media es de 16° 1 centí- grados, la velocidad media del viento es de 2 8 metros por segundo, de manera que por una abertura que cor- respondiera á einco centímetros cuadrados, para entrada y otra de las mismas dimensiones para la salida, con gran facilidad en cinco minutos se renovarian cincuenta metros cúbicos de aire, sin necesidad de ningún aparato que ayude y menos calorífico: nuestra temperatura es bastante benigna y el calentamiento por medio del fue- go es perjudicial, en razón de que un individuo al es- tarse allí se desabriga y al separarse del foco fácilmen- te recibe un aire enrarecido y frió, que es difícil evitar su penetración entre las aberturas del vestido; produ- ciendo catarros ó inflamación de las vias respirato- rias, no sin gran peligro para los pacientes. Entre nos- 1 Debo decir que por uu caso verdaderamente excepcional, en la noche del veinticinco al veintiséis de Diciembre del año próximo pasado de 1873, el termómetro centígrado bajó hasta 6 sobre 0, sin- tiéndose un gran frió, mayor al que correspondería á esa temperatu- ra, lo que me hace recordar al Dr. Yourdanet, que ya lo habia ob- servado, y yo creo que depende, de que estando el aire enrarecido pe- netra muy fácilmente entre las aberturas de los vestidos y así enfria mucho mas. S El término medio de velocidad de los vientos alicios en el ni- vel del mar, siendo de seis metros, quitando la resistencia á nuestra presión barométrica, que casi es de una tercera parte menos, ten- dremos que unir á la velocidad del viento esa tercera parte mas; por consiguiente, al nivel del mar siendo seis metros por segundo, en nuestra altiplanicie del Anáhuae, será su velacidad de ocho me- tros por segundo. 28 otros es mucho mejor un buen abrigo por el trage para guardar de esa manera un calor mas constante, y so- bre todo tener una defensa mayor al enrarecimiento at- mosférico. Por todas estas razones, me parece deber desecharse en nuestras circunstancias meteorológicas, el sistema de ventilación artificial, unido a la calefac- ción, quedándonos el natural, que sin duda alguna es el mejor, siempre que sea en salas arregladas para la can- tidad de enfermos; y con las dimensiones que he dicho. La ventilación puede hacerse de la siguiente manera: poniendo tubos, ya de barro, ya de fierro, que atravie- sen la pared al nivel del suelo, é inmediatamente abajo del cielo raso ó estuco, que cubra las vigas; estos tubos deben de tener una dirección recta, sobre todo los in- feriores, pues oblicuas con relación á la sala tendrían la imperfección de que si se dirijen hácia arriba, pue- den llegar fácilmente las corrientes de aire frió hasta los enfermos y si se dirijen hácia abajo, con dificultad saldrán los elementos del aire vaciado, que sean mas pesados que él. Las dimensiones son muy suficientes, con que tenga cada abertura veinticinco centímetros de diámetro siendo circulares y que sean en número de dos por enfermo, en la parte inferior tocando el suelo, y el mismo número en la parte superior inmediatamen- te abajo del techo; simplemente estos agujeros basta- rían para que los cincuenta metros cúbicos de aire, que debe de tener cada enfermo, se cambiaran en pocos mi- nutos con un céfiro ligero cuya velocidad fuera de un metro por segundo; supongamos que por estar en un espacio cerrado, y que hay mayor presión se verifique 29 en cinco, diez, hasta sesenta veces menos pronto; siem- pre tendríamos que en una hora puede renovarse el ai- re de la sala, pudiendo cerrar las ventanas y cubrirlas con una cortina oscura apropiada para impedir la en- trada de la luz al amanecer, que incomode tal vez á al- gún enfermo, que no ha podido conciliar el sueno en to- da la noche. La manera como se haga la ventilación, es decir, las corrientes de aire dentro'de la pieza, es cuestión digna de tenerse en consideración, pues según la situación de los elementos que contenga la atmósfe- ra ni seria necesario sacar el aire de la parte superior ó inferior: la descripción de las corrientes atmosféricas de una sala de hospital, es un punto difícil de resolver; pero me parece que se puede decir aproximativamente que, durante el dia, el continuo paso de la gente está formando remolinos y mezclando la atmósfera como es fácil advertir por el revoloteo de los polvos, que se ob- serva cuando penetran los rayos solares en una pieza á media luz; y la ventilación se verifica casi del mismo modo que la respiración, como antes dije en el pulmón: se queda cierta cantidad de aire viciado que se ha lla- mado coeficiente de ventilación pulmonar, cuando el aire penetra por la respiración siguiente, se mezcla y no queda enteramente puro, sino ligeramente viciado; lo mismo digo que se puede decir con el aire de la sa- la de un hospital, particularmente en el dia, pues siem- pre tiene que quedar algún coeficiente de aire viciado, no fácil de hacer salir, pues difícilmente se pueden do- minar la serie de corrientes que se verifican, produ- ciendo una mezcla de todos los distintos elementos con- 30 tenidos en la atmósfera nosocomial. Durante la noche las cosas cambian, el aire mas viciado pesa mas que el aire puro, y se encuentra en la parte inferior de la sa- la; solamente el amoniaco, el protooxido de ázoe, el va- por de agua, suben con el aire caliente á salir por las aberturas superiores; pero como dichas aberturas son en igual número y de las mismas dimensiones que las inferiores, y el volumen del aire frió es menos que el del caliente, resulta que los gases inferiores reciben una ligera presión al mezclarse, que ayuda á su salida pol- las ventilaciones inferiores; para perfeccionamiento de la ventilación, y sobre todo, para dar luz, se pondrán á una altura regular como de dos metros, ventanas de un metro de ancho, por dos de alto, que se abran por medio de un cordon solamente la parte media superior, giran- do sobre un eje horizontal: el número de ventanas pa- ra una sala, de las dimensiones antes dichas y para nuestra localidad, es suficiente de cinco en la pared que vea en [una curva que formara el perímetro de esta ciudad, desde el S. hasta un cuarto N. NO., y tres en las paredes que tengan otra dirección, estas tres, cor- respondiendo á los macizos que dejan entre sí las cinco de la pared de enfrente; se lia tratado de mejorar la ventilación en el hospital King's College de Lóndres, poniendo en las ventilaciones tubulares inferiores unas aspas en forma de un principio de espiral, que dan vueltas sobre un eje colocado en el centro del tubo ven- tilador; en invierno las tienen tapadas y en verano las abren; las aspas tienen por objeto á la vez de elevar al- go la temperatura, estando hoy admitida como esta, la 31 teoría dinámica de los ajenies físicos, al tener ei movi- miento, producir electricidad, lo que hace mas saluda- ble el aire; sin duda alguna ese resultado es muy favo- rable; pero me parece que al mismo tiempo que ponen algún obstáculo á la ventilación, forman algunas cor- rientes no muy favorables, por estar en la parte infe- rior los elementos mas perjudiciales de la atmósfera no- socomial; yo prefiero la entrada libre del aire y la elec- tricidad obtenerla de una manera mas segura, por el frote del aire; sobre las hojas y tallo del Eucaliptus Glóbulos, que probablemente es á causa del principio recinoso que contiene, que electriza la atmósfera que lo rodea. Como es necesario que las salas estén separadas unas de otras por jardines cuando menos tan anchos como ellas, creo que al rededor del hospital se debe ha- cer una doble plantación de Eucaliptus; son árboles que aunque muy altos, por su forma no quitan tanto la luz, no son muy húmedos y principalmente por esa propiedad de electricidad la atmósfera qne los rodea, harían que un hospital estuviera rodeado de una faja eléctrica, que descomponiendo los miasmas y quitando la vida á los seres microscópicos que revolotean en la atmósfera, ambos elementos productores de enfermeda- dades, aislaría el hospital en sus relaciones morbosas con la ciudad y viceversa. Las salas de un hospital no deben de tener desigual- dades en las paredes, lo mejor es estucarlas lo que per- mite el limpiarlas bien con esponjas húmedas, siendo preferible á la pintura aun al óleo; el color debe ser claro; por lo general, pintan las paredes de un color os- 32 curo hasta una altura superior á las camas, dicien- do que es por aseo, lo que es un absurdo, pues mas bien es por ocnltar lo sucio que se notaría desde lue- go en un color claro y que debería limpiarse los co- lores al óleo blancos, se hacen con carbonato de plo- mo ú oxido de zinc, y aunque yo lo dudo, no faltaría quien dijera que siendo una gran superficie la pintada, podrían producirse algunos de los síntomas de los en- venenamientos saturninos; el techo debe de tener un buen cielo raso ó mejor estucarlo, de esta manera se evitarían esa multitud de rendijas ó hendiduras, don- de pueden alojarse tantos insectos ú otros seres mi- croscópicos mas perjudiciales para la salud. El piso mas generalmente usado entre nosotros es el enladrilla- do, ya he hablado sobre este material y he manifesta- do su gran higrometría, solamente con esto es suficien- te para desecharlo, tanto mas que en el caso de que cai- ga sobre ól algún producto morboso ó fisiológico líquido (vómitos, orina, etc.,) lo absorveria ó iría después poco á poco evaporándolo produciendo gases perjudiciales, el piso de madera encerada es bueno; pero ademas de ser muy resbaloso siempre pueden quedar algunas hendi- ras entre las tablas que lo componen y servir, como he dicho, de alojamiento á insectos, etc.; el piso llamado entre nosotros maque, es el mas á propósito, pues sien- do impermeable todos los cuerpos sólidos ó líquidos que caigan sobre el pueden fácilmente quitarse. Los mue- bles deben ser de madera cual el encino, bien sólidos y además bien barnizados, para que sus superficies tersas sean fáciles de limpiar; las camas son preferibles de 33 fierro, pues aunque mas frías que las de madera, tienen sin duda la ventaja de poderse asear mejor, y aun su misma frialdad es un obstáculo para el desarrollo de insectos, sus dimensiones suficientes son un metro de ancho por dos de largo, y su separación debe ser de un metro sententa y cinco centímetros á dos metros. Una cuestión de mucho interes, son los receptáculos de materias fecales, que tienen que estar bien cerca de los enfermos y que producen gran cantidad de gases, tales como el ácido sulfídrico, sulfuroso, amoniaco, ga- ses de atargea, etc., bastante irritantes y perniciosos para la respiración. Yo creo que se deben evitar lo mas posible las cajas junto á las camas, dejándolas sim- plemente á los enfermos imposibilitados y las demas, habilitados de pantuflas, pueden dirigirse á una extre- midad de la sala donde esté situado un común que puede ser inocente, si se construye de la manera si- guiente: se coloca un tubo de cualquier material que sea; pero prefiriendo el plomo por tener el barro la pi o- piedad de embeberse fácilmente de los líquidos que es- tén en contacto con él; este tubo hará comunicar la ex- tremidad del caño de una casa, hospital, etc., con la azotea á donde se abrirá como una chimenea; á este tubo vendrá á unirse, formando un ángulo agudo, otro tubo, que irá á dar á la taza del común la que tendrá una válvula que se abrirá en sentido del tubo; el común recibirá un chorro de agua, que caerá fácilmente, por un ligero detalle de mecánica, por la presión del cuerpo sobre la tabla superior de la caja; además, tendrá una tapa bien adaptada y bien barnizadas, de esta manera; 34 son un mueble casi inocente, por las razones siguientes: La perniciosidad de un común mexicano depende de que siendo un conducto que comunica con las atargeas, en las distintas corrientes ó alturas del líquido que tienen estas, hacen que los gases que ocupan el resto de su capacidad, á lo menos de aquellas que están casi her- méticamente cerradas por el empedrado colocado sobre las tapas que las cubren, penetren por los caños de las habitaciones y suben hasta los comunes, produciendo ese olor tan desagradable, particularmente en las no- ches, donde sube mas el nivel del líquido produciendo mayor presión en los gases que contiene; este aumento de líquido, depende de que teniendo nuestras atargeas una corriente tan ligera como es de cuatro piés desde el puente de la Viga, al S. de la ciudad, hasta la garita de S. Lázaro, E. de la misma ciudad, es decir, en una exten- sión de seis mil metros poco mas ó menos, para aumentar su corriente es costumbre durante la noche cerrar la compuerta de S. Lázaro, la que impide que la agua y des- echos de la ciudad sigan su curso hácia el lago de Tex- coco. Este aumento de líquido, aumentando la presión de los gases, los hace penetrar por los caños que des- embocan en la atargea, y estos, no teniendo por donde salir, salen por los comunes, como he dicho. Creo que con las modificaciones que propongo para remediar ese mal, se puede tener un buen resultado. Además, se pue- den poner meaderos, que consistan en tazas de porcela- na con su válvula respectiva, y abajo una tabla que al comprimirse con el peso del cuerpo dé salida á una cor- riente de agua por su relación con una llave á propósito. 35 Los baños deben de estar colocados de una manera conveniente para que no estén lejos de las salas, ni tan cerca, que sus emanaciones perjudiquen la atmós- fera; deben tener un receptáculo para la agua, á una altura de diez y seis á veinte metros, para obtener to- das las distintas clases de baños, que hoy tan ventajo- samente se usan para asistir á los enfermos por el sis- tema hydroterápico. El plano que adjunto á esta memoria, á mi parecer puede tomarse por modelo para la construcción de un hospital general, ó para que se semejen á él en sus principios fundamentales, los hospitales que traten de reformarse. Dicho plano es el resultado de las apre- ciaciones que están consignadas en este imperfecto tra- bajo; su situación, según he dicho, seria en la plazuela del Salto del Agua: aunque las dimensiones de dicha plazuela son insuficientes en latitud, hay unas casas bajas, hácia el Poniente, que no tienen.gran valor y que fácilmente se podrían adquirir; su presupuesto seria trabajo de un arquitecto; pero esto no pasaría de doscien- tos mil pesos, que aunque para un particular es cantidad fuerte, no me parece tanto para un gobierno cual el mexi- cano, que trata de prestar su protección á la desgracia. He concluido la exposición de estas incompletas ideas, que si no tienen la exactitud matemática, sí son la ex- presión de un estudio concienzudo y que si algún dia, aunque sea parte de ellas, se llevan al cabo, tendré una gran satisfacción de haber siquiera sido algo útil á la humanidad y á mi patria. ERRATAS. Pág. Lía. Dice. Debe decir. 16 24 granos gramos 16 26 granos gramos 21 13 2,217 2,277 22 23 13 17 22 24 8 414 22 24 288 400 25 1 sulfúrico sulfydrico 25 7 baeterías bacterias 26 25 abentura abertura 29 11 atmósfera ni seria atmósfera seria 30 8 menos menor 31 19 electricidad electrizar EXPLICACION DE LA PLANTA BAJA. a, Cuarto del portero.—b, Comisaría de entradas.— c, Gimnasio higiénico.—d, Sala de espera para consul- tas.—e, Sala de consultas.—f, Almacén para conservar los trajes propios de los enfermos.—g, Almacenes para otros usos.—h, Habitación de las enfermeras.—i, Habi- tación de los practicantes de servicio.—j, Habitación de los enfermeros.—1, Habitación del administrador.— m, Excusados.—n, Anfiteatro.—o, Lavaderos.—p, Plan- chador.—q, Ropería.—r, Pasillo para la puerta segun- da.—s, Depósito de cadáveres.—t, Cuarto para el ob- servador de cadáveres.—u, Bodega.—v, Tanque de agua fria.—x, Pararayos.—y, Fuentes con pulverizadores para humedecer la atmósfera, todas rodeadas de Euca- liptos.—z, Pequeño obrador para composturas de los útiles del hospital. PLANTA BAJA. L!T De H IRIARTE MfX/CO EXPLICACION DE LA PLANTA ALTA. A, Salas para enfermos.—B, Comunes.—C, Baños.— D, Cuarto para tener las medicinas, calentar las cata- plasmas, etc.—E, Corredores de comunicación.— F, Azotehuela.—G, Cuarto para operados.—II, Museo Anatomo-Patológico.—Y, Sala de operaciones.—J y K, Botica.—L y M, Coeina.—X, Escalera MODELO DE 1 HOSPITAL GI}AL PARA LA CIUDAD DE MEXICO. 18 74 PLANTA ALTA Esca/a er/, Jfe/ros. 1 1000