fASUlsTAD DE JVIEDI6INA DE JVIEXISO. OETADÍDODOGIA LIGERO ESTUDIO SOBRE EL Cisticerco del Cuerpo Vitreo TESIS QUE PARA EL EXAMEN GENERAL DE MEDICINA. CIRUGIA V OBSTETRICIA. PRESENTA AL JURADO CAL1EICADOR, ¿José- be- ía Se-T-Tta, alumno déla Escuela Nacional de Medicina, ex-practicante supernumerario del Hospital de Maternidad é Infancia, interno del Hospital Morolos. MEXICO. TIPi «EL LIBRO DIARIO» CINCO DE MAYO NÚM. 10. 1893 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO OFTALMOLOGIA LIGERO ESTUDIO SOBRE EL Cisticereo del Cuerpo Vitreo Tesis que para el examen general de Medicina, Cirugía y Obstetricia presenta al Jurado Calificador TOSE IDE LJL SEZR,1T.A., alumno de la Escuela Nacional de Medicina, ex-practicante supernumerario del Hospital de Maternidad é Infancia, ex-practicante interno del Hospital Morelos. IMIEZHIICO. TIP; «EL LIBRO DIARIO» CINCO DE MAYO NÚM. 19; 1893 A MIS AMADOS PADRES Por el anhelo que han tenido en educarme» dedico este trabajo como justo tributo de amor filial. A MIS QUERIDOS HERMANOS. Al distinguido oftalmologista SR. DOCTOR JOSE RAMOS, corno una prueba de gratitud por las consideraciones que me ha dispensado. Al eminente tocologista y químico SR. DOCTOR JUAN MARIA RODRIGUEZ como testimonio de mi consideración y aprecio. Al Sr. Dr. Fernando López- Débil muestra de simpatía. AL SR. 1)R. JOSE I €A PITILLO manifestación de respeto y afecto. AL SR. DR. MAXIMILIANO GALAN. A los Sres. Doctores JOSEMARIA BANDERA Y DEMETRIO MEJIA. AL HONORABLE CUERPO DE PROFESORES DE LA Eseaefta i, de fliedlefina su discípulo agradecido. Al distinguido naturalista SR. DR. MANUEL M. VILLADA. A mis cipreciables é íntimos amigos Juan Mansilla Río, Manuel Ramírez y Ramón López de Lara. ALSR. MIGUEL GROSO Al.Sr. Dr. Amado Gazano. Honorable Jurado: La situación del alumno al llegar al término de su carrera, es bien difícil; tiene que cumplir con la prescrip- ción reglamentaria que impone á todo aspirante al hon- roso título de Medico, el deber de presentar en su examen general, una prueba escrita sobre la tésis que él mismo elije; al escoger este punto he vacilado mucho, tanto por lo arduo que es tratar asuntos nuevos, como por la falta de novedad al tratar asuntos conocidos. En la clínica oftalmológica de la Facultad se pre- sentó el mes de Febrero una enferma con un cisticerco en un ojo; siendo esta afección poco común entre nosotros, me decidí á someter á vuestro juicio este humilde trabajo, el cual por la insuficiencia de mis conocimientos y el esta- do de preocupación que produce la proximidad del exa- men profesional, adolece de múltiples defectos. Señores Jurados, ved con indulgencia este trabajo, confirmando una vez más, que la benevolencia es compa- ñera inseparable del verdadero saber. LIGKBIR/O ESTUDIO SOBRE EL CIST1CERC0 DEL CUERPO VITREO RESEÑA HISTORICA. La existencia de parásitos oculares es conocida des- de hace mucho tiempo, fue.señalada en el interior del ojo, primero en los animales. Spigel en 1622 notó una filaría en el ojo de un caba- llo. En 1782 un caso de este género excitó la curiosidad en los Estados Unidos; se decía en los periódicos, que un caballo tenía una serpiente en un ojo: fue visto publica- mente en Filadelfia y descrito por John Morgan y Hop- kinson. En 1804 se observó en Viena otro caso, y varias memorias publicadas sóbrela frecuencia de estos casos en las Indias, establecieron la realidad de estos hechos. Hasta entonces se trataba de una filaría en la cáma- ra anterior del ojo de los mamíferos. Nordmam y Krohn de Berlín, haciendo estudios anatómicos del ojo de algu- 12 nos peces notaron en el humor vitreo corpúsculos que pa- recían moverse; reconocieron que eran helmintos. Un oculista de Dresde, Gescheidt refirió algunos casos nuevos. Stellwag von Carion en 1853 decía, que hasta enton- ces no se había notado ningún entozoario en el cuerpo vitreo del hombre, aunque se había encontrado en los animales; sin embargo, parece que la primera extracción fue practicada por Schott, de Francfort, en 1830. Por esta misma época" (1853) Coccius describía una ámpula que había encontrado en el cuerpo vitreo de una mujer, pero sobre la naturaleza de la cual no se decidió. Fue de Graefe, quien un año después señaló la exis- tencia de un cisticerco en el cuerpo vitreo, el cual fué descrito por Liebrich. Estaba enquistado en una mem- brana de envoltura que le tenía suspendido sobre el polo posterior del cristalino. Poco tiempo después publicó una segunda observación análoga á la precedente, pero en ésta, la membrana de envoltura se insertaba sobre el ori- gen ocular del nervio óptico. Dos años después señaló el caso de un entozoario libre en el cuerpo vitreo. En México, no obstante que había notables oculistas como los Sres. Doctores Carmona y Valle, Vertiz (J. M.), Andrade y Bandera, no se había observado ningún caso. Quien observó primero en México un caso de cisti- cerco en el cuerpo vitreo, fué el distinguido oculista Doc- tor Ricardo Vertiz, en el Hospital Valdivielso de esta ca- pital; fué descubierto después de hecha la enucleación del 13 ojo; en otro caso del mismo Señor, la enferma no volvió á la consulta y no pudo saberse el resultado que tuvo. En seguida el Sr. Doctor Carmona y Valle encon- tró otro caso, no volviendo á saber del paciente. Lo mismo pasó en un caso observado por el Doctor Peñafiel en el Hospital Militar. En realidad, el primero, quien hizo el diagnóstico de cisticerco en el cuerpo vitreo, fue mi distinguido y queri- do maestro, Sr. Doctor José Ramos, el día 2 de Julio de 1888, en un enfermo cuya historia describiré después. En Enero de 1892 se presentó otro caso en la consul- ta particular de nn apreciable maestro, Doctor Fernando López. El mes de Febrero del presente año, se observó otro caso en la Clínica oftalmológica, el cual fue visto por los Señores Doctores Lavista, Ramos, Cordero, Villagrán y los alumnos de la Clínica. ETIOLOGÍA. Es muy común en Alemania clel Norte, probablemen- te en razón ele que los habitantes comen mucha carne cruda ó más ó menos cocida; casi todos los casos han sido observados en Berlín, después en Sajonia; en Wurtemberg en donde no se hace uso de la carne de puerco, la enfer- medad es desconocida. 14 De Graefe en 80,000 enfermos de afecciones oculares, encontró 80 veces el cisticerco. Hirschberg, de Berlín, en 60,000 enfermos de los ojos, observados de 1869 á 1885 encontró 70 casos; de 1886 á 1889 en 30,000 enfermos sólo un caso; atribuye esta dimi- nución, á que la inspección de las carnes se hace con mu- cho más cuidado que antes; de la misma opinión son Schweigger y Virehow. En Francia es menos frecuente, no se conocen hasta hoy sino 10 observaciones debidas á Desmarres, Sichel, Poncet y otros. Wecker en 100,000 enfermos encontró ■únicamente 2 casos. En Rusia, según Natanson, son también raros; no se han encontrado sino 12 casos. Mauthner, en Austria, no ha visto ningún caso en 30,000 enfermos. En los Estados Unidos del Norte, Noyes dice que son verdaderamente raros estos casos. En Suiza y Bélgica es igualmente raro; lo mismo su- cede en Inglaterra. En cuanto á las otras naciones, no tengo ningunos datos sobre su frecuencia. En México, aunque no es común, no puede decirse que sea excesivamente raro; teniéndose tan poco cuidado tanto en la capital como fuera de ella de la inspección de las carnes y su preparación y siendo la tenia armada tan 15 común, sería muy extraño que no se hubieran observado cisticercos en el cuerpo vitreo. La causa es la ingestión del cysticercus cellulpsceó bo- b¿s del puerco ó buey; se ha notado la frecuencia en las poblaciones que hacen uso de la carne cruda ó incomple- tamente cocida; el uso de las carnes poco asadas y la intro- ducción de la carne cruda y jugo de carne en terapéutica ha hecho más frecuente la existencia de la tenia. Fortassin en 1804 demostró la relación que existe en- tre la frecuencia de las tenias y la alimentación del indi- viduo: en uno de los casos del Sr. Doctor Ramos, el enfer- mo había hecho uso frecuente de la carne de puerco y en el otro caso, hacía dos años que la enfermita tomaba dia- riamente jugo de carne no hervido. El huevo desprendido del cuerpo de una tenia, es in- troducido con los alimentos y bebidas al estómago, en este lugar, por la acción del jugo gástrico, su envoltura se rompe y el embrión exacanto es puesto en libertad, recogido en el intestino por las venas mesaraicas, es lle- vado por el sistema capilar y por sus movimientos de progresión, al tejido celular en donde se desarrolla com- pletamente. El cisticerco puede llegar directamente al cuerpo vi- treo por la arteria central de la retina, ó se desarrolla primero en un vaso coroideo ó retiniano y llega secunda- riamente al cuerpo vitreo; á veces es primero subretinia* no y en seguida despega y perfora esta membrana: no se 16 explica por qué sea más frecuente en el cuerpo vitreo que en las otras partes del ojo. Se ha notado siempre uno sólo; en los casos de Otto Becker y de Graefe había dos; en el del Doctor Vertiz ha- bía igualmente dos; en Italia se ha citado la historia de un enfermo que llevaba un cisticerco en cada uno de sus ojos, y en un caso citado por Graefe en los «Annales d' Oculistique» de Noviembre de 1892, había dos en el mismo ojo. En el ojo del hombre se han encontrado cestoides, trernatoides y nematoides. A los cestoides pertenecen el echinococcus, el cysti- cercus cellulosce. A los trernatoides el monostomum lentas, el distom um ophtálmóbiwm. A los nematoides la filaría lentis, la filaría oculi hu- mani. Todas estas especies, menos el cisticerco, se han ob- servado pocas veces; se encuentran en todas las regiones del ojo; el cisticerco se ha encontrado en todo el ojo, me- nos en el cristalino. SÍNTOMAS. El principio de la enfermedad puede ser brusco, co- mo en un caso de de Graefe; hay fenómenos inflamatorios, 17 dolores intensos, se han señalado accidentes glaucoma- tosos; pero habitualmente principia de una manera lenta y gradual, sin dolores; hay dificultad en los movimientos del ojo, sensación de pesadez ó tensión ocular, moscas vo- lantes ó una nube más ó menos intensa que aparece en el campo visual, en un enfermo de mi querido maestro, el Sr. Ramos, era muy notable un temblor (nistagmus) en el ojo izquierdo; el enturbiamiento de la visión avanza rápidamente hasta llegar á producir la pérdida completa; la pérdida de la visión al principio es parcial, el iris cam- bia su color normal cuando se presenta una iritis conse- cutiva; frecuentemente el ojo no presenta alteración apa- rente, los síntomas son los de la ambliopía ó ceguera completa, según el caso, y sin el examen oftalmoscópico es imposible hacer el diagnóstico; en la segunda enferma del Sr. Ramos, el ojo presentaba el aspecto que los fran- ceses describen con el nombre de chatoyant (ojo de gato amaurótico de Beer, la pupila tiene un color gris con re- flejos verdiosos). Algunas veces hay inyección conjuntival, dolores, fotofobia, cefalalgia, dolores en las ramas del 5o par, la tensión ocular puede estar ligeramente disminuida, lo cual permite distinguir los fenómenos inflamatorios de- terminados por el cisticerco de los determinados por el glaucoma, en el cual la tensión está aumentada. Algunos autores han citado como fenómeno frecuente el estrabismo interno entre las perturbaciones originadas 18 por el cistieerco del cuerpo vitreo. Algunas veces existe al mismo tiempo despegamiento de la retina y enturbiamiento del cuerpo vitreo; en estos casos el principio es casi siem- pre repentino; si la mácula está comprometida, el enfer- mo ve una mancha gris ó negra más ó menos grande colocada constantemente sobre el punto en el cual se tija, algunos ven una ondulación pasajera de la imagen de los objetos, les parece que una capa de agua pasa delante del ojo; los objetos les parecen rotos, las líneas rectas tor- cidas (metamorfosia). Otras veces ven los objetos más pequeños de lo que son en realidad (micropía). Estos sín- tomas aparecen cuando el cistieerco se lia desarrollado primero bajo la retina. Antes de entrar al cuerpo vitreo aparece bajo la forma de una opacidad gris azulosa que tiene su sitio entre la coroides y la retina; esta opacidad aumenta en extensión y espesor, y los vasos de la retina desaparecen progresivamente hasta llegar á ser imper- ceptibles; la opacidad avanza hasta la hialoides y se des- prende una pequeña vesícula del cistieerco que penetra en el cuerpo vitreo. Otras veces se desaloja bajo la retina y produce un despegamiento, la perfora y pasa al cuerpo vitreo. Si los medios del ojo son transparentes, haciendo el examen oftalmoscópieo se encuentra una vesícula azulo- sa, verdosa ó gris, semi-transparente de doble contorno y á veces irisada, muy móvil, que se desaloja con los mo- vimientos del ojo ó expontáneamente; afecta relaciones 19 diversas con los vasos retiñía fYos según el lugar que ocu- pa; si está situada adelante de. la retina, los vasos retiñía- nos’ no pasan sobre la vesícula, se detienen en la circun- ferencia ó son invisibles; si está en el espesor de la retina, los vasos se ven ramificados y cruzados sobre el cisticerco. Examinando con atención se llega á percibir el cue- llo y cabeza, formado de una corona de ganchos y cuatro ventosas; presenta movimientos propios de retracción y alargamiento. DIAGNÓSTICO. Estos caracteres son tan claros que el diagnóstico es fácil, es difícil cuando hay simultáneamente despega- miento de la retina, ó que los medios del ojo están de tal manera turbios que la exploración es imposible. Podría confundirse con la luxación del cristalino, pe- ro en este último caso el campo pupilar es libre, las imá- genes de Purkinge están abolidas, el cuerpo flotante pre- senta una forma lenticular y está situado en la parte más declive del ojo; estos caracteres y la ausencia completa de movimientos expontáneos evitarán el error. La coloración azulosa de la vesícula tiene alguna se- mejanza, con la del despegamiento de la retina, pero se diferencian por los caracteres siguientes; 20 El despegamiento de la retina es más frecuente en el ojo miope. El principio de la afección es brusco, repentino, sin dolor ni cambio del aspecto exterior del ojo. La visión central es inmediatamente debilitada á tal grado, que el enfermo no puede leer sino los grandes ca- racteres; la visión periférica es abolida en la parte opues- ta al despegamiento, es decir hacia arriba, puesto que habitualmente tiene su sitio hacia abajo. Hay metamorfosía, los objetos parecen encorvados, torcidos; si la mácula está comprometida los objetos finos parecen cortados; puede haber fenómenos de irisación, se ven los objetos azules ó violetas (cromatopía). La fosfena inferior está abolida, los fotópsias son fre- cuentes. Con el espejo del oftalmoscopio y la lente, se ve que la retina lia perdido su transparencia y que una capa de líquido impide ver la coroides; la retina forma pliegues que se modifican á cada momento por los movimientos del ojo, presenta ondulaciones; los vasos retinianos son flexuo- sos, temblorosos, casi negros; al llegar á la parte despe- gada de la retina se encorvan y forman un gancho; algu- nas veces desaparecen detrás de uno de los pliegues para reaparecer en diferente dirección. La papila está roja congestionada, frecuentemente acompañada de un estafiloma posterior, señal de la mio- pía que lia producido el despegamiento. 21 Si el cisticerco ha producido un despegamiento de la retina, el diagnóstico causal puede ser muy difícil, puesto que el velo membranoso desprendido presenta en sí mis- mo caracteres semejantes, ora se trate de un despega- miento originado por la miopía ó del causado por un cis- ticerco ó por un neoplosma, mientras estos no llegan á ser apreciables. La forma de la vesícula que es perfectamente esféri- ca no da lugar á duda; haciendo ver al enfermo hacia abajo la vesícula obedeciendo á la acción de la pesantez, se coloca en la parte declive y una parte aparece clara- mente en el campo pupilar, observando este cuerpo azu- loso se pueden ver sus movimientos vermiculares, la ca- beza y cuerpo, el cuello estrangulado en su parte media; además es fácil por los movimientos del ojo iluminar la parte sobre la cual estaba situado anteriormente. Uno de los síntomas más preciosos para el diagnós- tico, es la movilidad del cuerpo vesicular, síntoma que es sobre todo importante, cuando por la posición del en- tozoario la observación en lo referente á la cabeza y cuello es imposible. MARCHA. La marcha de la enfermedad es variable, en el caso del Doctor López, la enferma perdió completamente la 22 visión á los tres meses, y en el del Doctor Ramos el en- turbiamiento avanzó rápidamente, hasta llegar á produ- cir la pérdida completa de la visión. PRONÓSTICO. El pronóstico es grave, la presencia del cisticerco trae como consecuencia, la pérdida completa de la visión en el ojo atacado; abandonado así mismo, produce una irido coroiditis con exacerbaciones periódicas y finalmen- te la atrofia del ojo; el cisticerco puede morir expontá- neamente, pero la irritación que provoca es la causa de accidentes simpáticos que obligan á intervenir. TRATAMIENTO. El tratamiento profiláctico consiste en no hacer nso de la carne cruda y mal cocida; una temperatura supe- rior á 50° es bastante para que mueran los cisticercos Los diversos tratamientos, consistiendo en el empleo de los vermífugos al interior lian dado mal resultado, y el único tratamiento racional, es la extracción; ésta se hará siempre que el cuerpo vitreo no presente alteraciones no- tables, que no haya despegamiento de la retina, ni sín- tomas de irritación intensa; pero en el caso de que haya 23 fenómenos sospechosos, como lagrimeo, inyección perike- rática, dolores, fotofobia, qne exista un vasto despega- miento de la retina, principio de atrofia del nervio ópti- co, que existan fenómenos simpáticos, es inútil y peligroso intentar la extracción y es mas conveniente hacer la enu- cleación. La perforación de la vesícula con una aguja introdu- cida á través de las membranas del ojo, puede producir la muerte del cisticerco; pero deja subsistir los peligros á los cuales expone la presencia de un cuerpo extraño en el interior del ojo. Si el cisticerco ocupa la parte anterior del cuerpo vitreo, se debe hacer la operación de de Graefe, que Me- yer describe de la manera siguiente: «El enfermo estando sentado: se practica en la parte inferior de la cornea la extracción lineal periférica (inci- sión, iridectomía, cistitomía, expulsión del cristalino) se- gún las reglas de este procedimiento. En seguida se pe- netra con el gancho romo de Graefe en el cuerpo vitreo, dirigiéndose hacia el cisticerco, Movimientos apropiados, ejecutados con la extremidad del gancho de atrás á ade- lante, aproximan más y más hacia la herida la parte del cuerpo vitreo que encierra el cisticerco. A medida qne este efecto se prodúcelo cual se reconoce por la aparición de opacidades amarillentas, filamentosas y membranosas, los movimientos rotatorios del gancho deben ejecutarse más superficialmente y con más prudencia, si no se quie- 24 re herir al entozoario. Cuando este último se encuentra cerca de la herida, es mejor retirar enteramente el gancho y provocar la expulsión del cisticerco por maniobras pa- recidas á las que sirven para hacer salir la catarata, es decir, entreabrir por una ligera presión los labios de la herida y aplicar la cucharilla en el borde superior de la cornea.» Si ocupa la parte posterior se hará la oftalmotomía posterior. La enucleación se hará siguiendo los procedimientos de Bonnet ó deTillaux que dan los mejores resultados. En las dos observaciones que cito, el estado del ojo era tal, que el único tratamiento era la enucleación, la cual fuá practicada por mis apreciables maestros, Doctores Ramos y López, con muy buen éxito. Al terminar mi trabajo, es de mi deber hacer público mi agradecimiento á los Sres. Doctores José Ramos y Fernando López, por haber contribuido á La finalización de él, y haberme facilitado bondadosamente sus ol>ser- vaciones. I.*1 OBSERVACION.—(DR. JOSÉ RAMOS.) El día 2 de Julio del corriente afio (1888) se presentó en mi consulta particular, solicitando mis servicios médi- cos, el enfermo cuya historia voy á relatar brevemente, por tratarse de una afección ocular que no se observa con mucha frecuencia. El paciente me dijo llamarse Ildefonso Huitrón, ser natural de Temascal tzingo, Estado de México, de donde vino con el exclusivo objeto de curarse; me refirió que es casado, que tiene 30 años de edad y que sin padecimien- tos prévios, comenzó á sufrir del ojo izquierdo, hace al- gunos meses, sin que le fuera posible fijar con precisión la época en que notó los primeros trastornos visuales; in- sistió mucho en cierto temblor que apareció en el ojo en- fermo, y que era muy molesto; me aseguró que no se ha- bía presentado hasta ahora desviación sensible del globo ocular y yo puedo afirmar por mi parte, que cuando prac- tiqué el examen no había ni vestigios de estrabismo. En la época en que apareció el temblor del globo ocular, la vista comenzó á enturbiarse, y al decir del enfermo, dicho enturbiamiento avanzó con rapidez, pues muy pronto ya no podía servirse para nada del ojo afectado y hacía ex- clusivamente uso clel derecho al trabajar en los quehace- 26 res propios de su oficio, que es la sastrería. No había hasta hoy dolores, enrojecimiento ni lagrimeo; los únicos síntomas han consistido en el movimiento involuntario de que he hecho mención v en la pérdida progresiva de la vista, en el ojo izquierdo, manteniéndose en perfecto es- tado el derecho. Con estos datofe procedí al examen funcional y luego al físico y pude cerciorarme de lo siguiente: hay percep- ción luminosa, así para luz natural como para la artificial de una bujía; la agudez visual es casi nula, pues coloca- do el paciente á cinco metros de distancia, no distingue ni los caracteres más grandes de la escala mural de Mo- noyer, cuya percepción indica una agudez central de un décimo; percibe los dedos solo cuando están á corta dis- tancia del ojo y en ciertas posiciones; esta ambliopía tan marcada hace que el paciente no pueda distinguir ningu- no de los colores de las madejas de Holmgreen ni de la escala portátil de Galezowski. El examen déla visión periférica demuestra que hay un vasto escotoma que comenzando en la parte central, ocupa una gran parte del campo superior; si se le hace fijar directamente hacia adelante, sólo percibe el movi- miento de la mano hacia abajo; muy imperfectamente hacia los lados y nada absolutamente hacia arriba, como si hubiese un amplio despegamiento inferior de la retina. Un examen con el campímetro de Wecker demuestra que la parte libre del campo visual está situada hacia abajo, 27 que tiene una forma muy irregular y que representa á lo sumo una tercera parte del campo normal; así la mayor parte de la visión periférica está abolida. El examen funcional del ojo derecho, da á conocer que este órgano es enteramente normal; la agudez visual igual á la unidad; no hay discromatopsía, ni alteración en el campo periférico, siendo además dicho ojo perfecta- mente emétrope; el paciente se queja, no obstante, de moscas volantes que le molestan y le asustan bastante. Los datos suministrados por el examen físico, á la simple vista son nulos; no hay inyección conjuntiva] ni eselerotical, no existe secreción morbosa de ninguna es- pecie y la pupila, cuyo diámetro es igual al de la pupila derecha, es contráctil bajo la influencia de las impresio- nes luminosas. Habiendo recogido los datos de que* he hecho men- ción, procedí al examen oftalmoscópico sin previa dilata- ción de la pupila; el alumbrado oblicuo no me dió á co- nocer nada de particular, dirigiendo un hacecillo lumi- noso con el reflector cóncavo del oftalmoscopio de Follin y haciendo ver al paciente en distintas direcciones, en- contré que hacia la parte superior, el campo pupilar presentaba el color rojo que es tan característico; en un ojo normal, mientras que en la parte inferior, la colora- ción de dicho campo era de color gris sucio, semejante al de la piedra de chispa, como se observa en los casos.do despegamiento de la retina; en la parte roja eía-iposb 28 ble distinguir algunas capas que se desalojaban con los movimientos del ojo. Coincidiendo el resultado de este examen con los da- tos que me hab'a suministrado el estudio del campo pe- riférico, no puse ya en duda que mi observado presenta- ba un despegamiento de la retina; como no había miopía causa tan común de desprendimiento de dicha membra- na, era indispensable averiguar la patogenia de dicho accidente, que debe considerarse como un síntoma y no como una entidad nosológica Interponiendo la lente convergente común del oftal- moscopio, para examinar el fondo del ojo, su imagen in- vertida pudo darme cuenta, desde luego de la causa del padecimiento; en efecto, además del despegamiento de la retina que se presentaba con sus caracteres ordinarios, y en una grande extensión, observándose los vasos ondulo- sos como sucede en tales casos, se notaba hacia la parte inferior, y al parecer bastante lejos del cristalino, un cuerpo que por su aspecto y movimientos llamaba en al- to grado la atención. Era una masa globulosa, de color verde mar muy bello, de contornos perfectamente defini- dos y presentando los matices del iris, de un volumen muy considerable y dotado de movimientos propios é in- dependientes de los del ojo; estos movimientos eran de dos clases: de traslación, en virtud del cual, el cuerpo su- bía y bajaba lentamente á la vista del observador, sin pasar de ciertos límites, pues me fue imposible reconocer, 29 así en este examen como en los siguientes, la parte infe- rior del cuerpo que vengo describiendo; tal parecía que algún obstáculo le impedía desprenderse por completo, por lo cual nunca pude verle completamente aislado. El segundo género de movimiento, no era de desalojamiento como el anterior y tenía por único resultado el cambio de forma del cuerpo globular que se alargaba más ó menos hasta hacerse periforme. Se encontraba situado en la parte del campo papilar ocupado por el despegamiento y aún cuando mirase el ojo müy oblicuamente, no llegué á ver la extremidad in- ferior de su diámetro vertical. En algunos momentos as- cendía el cuerpo descrito hasta la parte no despegada de la retina y entonces parecía de un verde más intenso, probablemente por el contraste que hacía con el color rojo del fondo ocular. Las dos figuras del fondo del ojo que acompaño representan esta última posición; en la primera se ve el cuerpo globular, en forma de un eclip- soide incomplto, de eje mayor casi horizontal; en la se- gunda que representa el fondo ocular visto muy oblicua- mente, el cuerpo se ha alargado de tal modo, que su eje mayor ha llegado á ser casi vertical, tomando en su con- junto una figura perifonee y se ha elevado al mismo tiem- po aproximándose á la papila. En esta última posición, era fácil distinguir que la masa se componía de un continente y de un contenido, que aparecía en la parte más baja bajo la forma de un 30 cuerpecillo blanquecino, visible sólo en su porción supe- rior. Debo advertir que además de esto, la papila se veía turbia, difusa, alargada verticalmente y atrofiada de una manera muy sensible. En vista de todo lo observado, no puse ya en du- da que se trataba de un cisticerco del cuerpo vitreo; que había determinado el despegamiento de la retina y que co- menzaba á producir otras alteraciones, tales como la atro- fia de la papila, 1 q aparición de capas flotantes y aun ciertos accidentes simpáticos en el ojo derecho, que estos momentos sólo se traducían por la presencia de moscos volantes. Dos días después, tuve el gusto de presentar mi en- fermo á los distinguidos miembros de la Academia de Me- dicina: después de dilatarle la pupila por medio de la atropina, el examen fue muy fácil y todos mis honorables consocios pudieron ver el fondo del ojo, reconociendo la existencia del parásito y haciendo constar los caracteres que dejo indicados. Como el ojo afectado comenzaba á presentar cier- tos fenómenos sospechosos, tales como dolores, enrojeci- miento perikerático, lagrimeo, síntomas que parecían in- dicar un principio de intolerancia para el parásito, y como por otra parte, las moscas volantes continuasen en el ojo derecho, creí que era indispensable intervenir lo mas pronto posible; esto era además necesario, vistas las cir- cunstancias del enfermo, que había abandonado su fami- 31 lia y sus negocios, sin más objeto que el de curarse; sus escasos recursos no le permitían permanecer mucho tiem- po en México, y si se le dejaba partir en el mismo estado, era de temerse que los accidentes simpáticos pudieran comprometer seriamente el ojo no afectado, en una po- blación desprovista de elementos médicos. Habiendo expuesto estas consideraciones ante los ho- norables miembros de la Academia, les consulté su ilus- trada opinión sobre la regla de conducta que debiera se- guirse, y les manifesté al mismo tiempo con lealtad mi modo de ver. Yo creí que las tentativas de extracción del cisticerco serían inútiles, á causa de su situación bastante profunda;, creí además, que aún cuando se lograra conse- guir el objeto, no se beneficiaría gran cosa la visión del ojo izquierdo, puesto .que según.dejo dicho, se habían producido ya en dicho ojo, lesiones tan graves como el vasto despegamiento de la retina y la atrofia incipiente de la papila del nervio Óptico. Creí que mi opinión era fundada por lo que tuve oportunidad de ver en el año de 1880 en París, en la Clí- nica de mi distinguido maestro el Doctor Galezowski; ha- biéndose presentado en dicha clínica una enferma que llevaba un cisticerco en el ojo izquierdo, se trató de ex- traer el párasito, y no obstante la notoria habilidad del operador, las tentativas fueron infructuosas; no se pudo extraer el cisticerco y sobrevino una violenta panoftalmía que determinó la pérdida completa del ojo, haciendo su- 32 frir demasiado á la paciente. En vista de tales razones, yo creí que lo más acertado era proceder á la enucleación del ojo izquierdo de mi enfermo, pues este ojo no sólo era inútil, sino nocivo; podía considerarse como una amena- za continua para su congénere que de un día á otro, po- día presentar terribles accidentes simpáticos; si el pacien- te hubiera podido permanecer bajo mi vigilancia, hubiera preferido observar algún tiempo é intervenir tan pronto como las circunstancias lo exigieran; pero las condicio- nes especiales en que mi cliente estaba colocado, no me daba tiempo para esto. Después de un examen detenido del caso y de una concienzuda discusión, se determinó que mi opinión era acertada y que debía procederse á la enucleación del ojo afectado. Cuatro días después, practiqué la operación siguien- do el proceder de Bonnet; me acompañó mi distinguido maestro el Sr. Doctor Bandera y varios estudiantes de Medicina, que en esos momentos se encontraban en el Hospital de San Andrés, en donde operé al paciente. La operación tuvo los mejores resultados; no se pre- sentó el más ligero accidente y unos cuantos días después, el enfermo dejaba el hospital, habiéndole adaptado yo mismo su ojo artificial. Hace tres días el enfermo vino de su pueblo y estuvo en mi consulta á saludarme; las mos- cas volantes han desaparecido por completo y la agudez visual se conserva igual á la unidad. 33 El examen anatómico del ojo enucleado demostró la exactitud de nuestro diagnóstico. El cisticerco encerrado en su bolsa, se encontraba situado en el segmento poste- rior del globo ocular y había determinado un amplio des- pegamiento de la retina. El Sr. Doctor M. Cordero, tan bien conocido por su laboriosidad y competencia, se en- cargó del examen del parásito, y tuvo la bondad de remi- tirme la descripción que voy á transcribir textualmente: Caracteres principales del tumor quistico contenido en el cuerpo vitreo del enfermo. l.° Examen anatómico. Forma ovoidea. Diámetro mayor 7 milímetros. „ menor 5 „ Volumen Color El del tumor en conjunto blanco azuloso: en su interior hay un cuer- pecito blanco mate Consistencia quistica. Mayor que la del agua; puesto en este líquido, el tumor presenta siem- pre hacia abajo la parte correspon- piente al pequeño cuerpo incluido. Densidad Sólo és perfecto en el conjunto, el cuerpecito incluido es opaco. Transparencia 34 Hecha que fue una incisión con unas tijeras finas, dejó escurrir la mayor parte de su contenido que era líquido, de aspecto albuminoso y una corta cantidad de un sedi- mento blanco. El tumor quedó reducido á una bolsa finí- sima que tenía adherida á una de sus paredes, por la par- te interior un pequeño cuerpo ovoide, blanco mate, blando, de 2 milímetros por ll/2 milímetro de diámetro. Examen histológico. La bolsa presentó los caracteres del tejido conjunti- vo laxo, pero desarrollado, y estaba sembrado en toda su extensión de infinidad de granulaciones moleculares con el aspecto y las reacciones de las formadas por sales cal- cáreas. El cuerpecito contenido en la bolsa observado con el auxilio de una lente de corto aumento, presentaba en una parte de su superficie, cerca de la extremidad más agu- zada, una pequeña saliente, periforme, sin otra particu- laridad; heclio el examen con mayor poder amplificante en un medio adecuado (Suero de Kroneker) y sujeto á una gradual presión entre dos cristales, se hizo salir más la pequeña eminencia que parecía piramidal, con cuatro caras, su base hacia la parte adherente y su cúspide ha- cia al punto opuesto. Tanto esta como el total del cuer- 35 po en observación, parecían estar infiltradas de granula- ciones calcáreas que desaparecieron en su mayor parte después de un tratamiento por el ácido acético, permi- tiendo notar con mayor claridad los siguientes detalles: cerca de la cúspide de la pirámide existían unas eminen- cias redondas (véase la figura núm. 4) colocadas simé- tricamente en número de cuatro, de las cuales, dos se veían perfectamente por estar hacia la superficie, en for- ma de rodete, presentando en su centro una abertura circular desde donde parten en todas direcciones una por- ción de estrías que recorren del centro á la periferia los bordes de estas eminencias; tienen todo el ‘aspecto de ven- tosas. Entre ella y la cúspides de la pirámide, se vie- ron claramente varios ganchos dispuestos la mayor par- te con regularidad en doble série paralela á las tuberosi- dades. Cada uno de estos ganchos, estudiados con un aumento más considerable, tenía (fig. 5) una forma de hoz con mango muy ancho, longitud de 150 á 200 milési- mos de milímetro, y aspecto muy semejante al de los que existen en el scolex del tenia solium. El resto del ovoide, además de las muchas granulaciones de sales de cal, pre- sentaban dos partes: una central que forma la mayor parte y una periférica con numerosos pliegues, teniendo el aspecto de una bolsa que envolvía casi por completo á la primera. Por el conjunto de los detalles observados me permi- te creer que el cuerpecito ovoide incluido en el quiste, no 36 era otra cosa que el embrión del Tenia Solium conser vando aún el estado cístico.» Debo advertir que el ilustrado naturalista, Sr. Doctor Manuel Villada, que vió al parásito con el microscopio es- tuvo completamente de acuerdo con la clasificación. 2.a OBSERVACIÓN.—(DR. FERNANDO LOPEZ. En los primeros días del mes de Enero de 1892 se presentó en mi consulta particular la Señora solici- tando mi opinión sobre una enfermedad que la había he- cho perder completamente las funciones visuales de su ojo izquierdo. Dicha señora de 85 á 40 años de edad, de buena constitución y avecindada desde hacía mucho tiem- po en un pueblo del Estado de Jalisco, no tenía entre sus antecedentes cosa alguna digna de llamar la atención, pues lo único que recordaba haber padecido, eran ciertas perturbaciones digestivas acompañadas de dolores gas- trálgicos. Según recuerda, su afección ocular comenzó á desa- rrollarse sin causa conocida hacía cerca de seis meses, no- tando por esa época que su ojo izquierdo, sapo hasta 37 entonces, se inyectó repentinamente, sintiendo además dolores agudos y gran molestia por la luz. Desde entonces no ha dejado de sufrir con intervalos más ó menos largos los mismos síntomas, acabando por perder completamente la vista del ojo izquierdo á los dos ó tres meses del principio de la afección. Grandemente preocupada ya con este resultado, em- pezó á sentir algunas molestias en el ojo derecho que la resolvieron á venir violentamente á México con el propó- sito de curarse. Procediendo á la exploración de su ojo enfermo que no distinguía ya la luz de la oscuridad, encontré su con- sistencia ligeramente disminuida y la pupila muy dilata- da é inmóvil, á consecuencia, según me refirió la enferma, de algunas gotas de atropina que se había aplicado pre- viamente con el objeto de facilitarme el examen. El ojo estaba ligeramente doloroso á la presión y no se encon- traba á la simple vista ninguna huella de otra enfermedad. Pasando en seguida á la exploración con el oftalmos- copio, se veía el fondo del ojo de un color blanquizco, irregular con las ondulaciones características del despren- dimiento de la retina, llamando sin embargo la atención, la falta absoluta de vasos retiiiianos. Además de este desprendimiento que era total, se veía desde luego algu- na otra cosa en la parte inferior del cuerpo vitreo de que no era fácil darse cuenta con toda claridad. Destacándo- se sobre el fondo blanquizco del desprendimiento, apa- 38 recía un punto brillante y nacarado, rodeado de una zona azulosa que cambiaba ligeramente de lugar con los mo- vimientos del ojo, pareciendo flotar en el humor vitreo reblandecido. Aunque con estos signos no era fácil llegar á un diagnóstico seguro respeto á la naturaleza de la afección, pues no se notaban movimientos expontáneos ni cambio de forma en la vesícula flotante, si venía des- de luego á la imaginación que podía tratarse de un cisti- cerco del cuerpo vitreo acompañado de desprendimiento completo de la retina, cuyos caracteres se encontraban por esta circunstancia algo ofuscados y difíciles de apre- ciar con claridad. Cuando el fondo del ojo conserva aun- que sea una parte en estado normal, la vesícula del cisti- cerco y aún la cabeza misma se destacan claramente por contraste con el fondo rojizo de la retina y puede estu- diarse detalladamente con el oftalmoscopio; pero cuando como en el caso que vengo refiriendo, la vesícula se con- funde casi completamente con el fondo, el diagnóstico es algo incierto y dificultoso, no podiendo notarse ciertos de- talles, como los movimientos espontáneos y los cambios de forma, que pueden faltar por otra con la muerte del cist icerco. ; . El ojo derecho emétrope y con su agudez visual nor- mal, no presentaba de extraordinario más que cierta sen- sibilidad á la luz, algo de fatiga de la acomodación y al- gunos dolores ciliares ligeros cuando la enferma trataba de fijarse en algo con persistencia. Partiendo de la idea que me había formado de sus padecimientos y que según supe después, era la misma á que llegaron los sabios oftalmologistas mi maestro y. ami- go el Sr. Doctor Carmona y Valle y mi amigo el Sr. Doc- tor Ramos, no vacilé en proponer á la enferma la enuclea- ción de su ojo, pues además de estar completamente perdido amenazaba ya á su congénere con la terrible oftalmía simpática. La enferma que era muy nerviosa y que tenía un miedo extraordinario á la operación, tardó algunos días en resolverse, cediendo por fin ante el peligro de ver com- prometido su otro ojo. A fines de Enero, acompañado de mi buen amigo el Sr. Doctor Caraza, procedí á practicar la enucleación del ojo, siguiendo el procedimiento clásico de Bonnet, de Lyon, habiendo notado al cortar el nervio óptico, la falta completa de hemorragia por los vasos centrales, cuya obliteración habíamos notado ya con el oftalmoscopio. Unos cuantos días después la señora estaba enteramente sana marchándose á su tierra con un buen ojo artificial; y sobre todo, tranquila por el porvenir de su otro ojo. El mismo día de la operación, deseando practicar del mejor modo posible el estudio de la pieza patológica, la llevé al Instituto Médico Nacional, recomendándola á mi excelente amigo el Sr. Doctor Toussaint, cuya autoridad en asuntos histológicos es de todos bien conocida. Desde luego practicamos con mucho cuidado dos incisiones cru- 40 zadas sobre el nervio óptico y que avanzaban hasta la región ciliar, con el objeto de poner á la vista el lóculo posterior del ojo. Al invertir los cuatro colgajos, se notó qne el humor vitreo se escurría completamente reblande- cido, dejando aparecer sobre el fondo oscuro del iris y los procesos ciliares una magnífica vesícula del cisticer- co que fué dibujada inmediatamente con una exactitud notable de detalles y colorido por el Sr. Tenorio (1). 3.a OBSERVACIÓN. La ñifla Luz Montes de Oca fue presentada por el Sr. Doctor Ramos, el mes de Enero de 1893, en la Clínica Of- talmológica llevando una lesión ocular poco común entre nosotros. Esta niña, natural de México, de 14 años de edad, de temperamento linfático, constitución débil, ha padeci- do sarampión, tifo y anemia, durante la cual, en el trata- miento tónico á que estuvo sometida, hizo uso frecuente de j ugo de carne y de ésta poco cocida. El mes de Octubre del año pasado, sin haber estado anteriormente enferma de la vista, comenzó á notar que 1 No figura la lamina que publicó el Sr. López, por haber tenido alguuas dificultades para imprimirla. 41 con el ojo derecho no veía bien, que la visión se entur- biaba más y más hasta llegar á desaparecer completa- mente, no había dolores, lagrimeo ni inyección en el ojo; poco tiempo después notó que el ojo parecía más grande y estaba desviado hacia adentro, no había ningún cam- bio en el aspecto exterior del ojo: el mes de Diciembre comenzó á sentir dolores intensos en el ojo enfermo, y al mismo tiempo la familia vió que el ojo había cambia- do de color, era ya de un color verdioso, estos eran los únicos síntomas de que se quejaba. Haciendo el examen del ojo, se vió que presentaba el aspecto especial llamado chatoycmt (ojo de gato amauro- tico de Beer), ligera exoftalmía, estrabismo interno, in- yección perikerátic-a, pupila dilatada, la tensión ocular disminuida, ligero dolor á la presión; no había percepción luminosa, la visión, tanto central como periférica, estaba completamente perdida; en el ojo izquierdo existía lagri- meo, fotofobia y sensibilidad á la presión. Con el oftalmoscopio el campo pupilar presentaba en toda su extensión un color gris sucio, no se veía la papila ni ningún vaso, la retina estaba completamente despren- dida. En la parte infero-interna se encontraba un cuerpo flotante, libre en el cuerpo vitreo reblandecido; este cuer- po estaba dotado de movimientos propios; unas veces se alargaba y se distinguía una parte extrangulada, otra parte superior en la cual con atención se veía una corona de ganchos, y otra parte inferior más voluminosa; en se- 42 o'u id a cambiaba de forma hasta reducirse casi á la mitad de la longitud que antes tenía. Por el conjunto de estos caracteres se diagnosticó un cisticerco en el cuerpo vitreo que había producido el des- pegamiento de la retina y la pérdida completa del ojo; el cisticerco estaba vivo y no encerrado en una vesícula co- mo en las observaciones anteriores. Como ese ojo estaba completamente perdido y en el izquierdo existían síntomas de oftalmía simpática, era in- dispensable intervenir pronto y el único tratamiento con- sistía en la enucleación del ojo, la cual fue practicada por el Sr Doctor Ramos con muy buen éxito. Actualmente la enferma está perfectamente, no ha- biendo ningún fenómeno sospechoso en el ojo izquierdo. TESIS INAUGURAL DEJOSE DE LA SERNA. Fia. 1. Pig. . 'i. Aspecto de la vesícula y de su contenido, amplificado Fio,. 4. Aspecto del fondo del ojo, visto de frente. Se nota háeia abajo un amplio despegamiento de la retina y una parte de cistjcerco. La papila en via de atrofia Fúj 2. Equinococus con aumento de 166 diámetro. Se ve há- cia arriba la corona de gan- chos y las ventosas. Fiy.5. Ún gancho del cquinoco- cus. aumentado 430 diáme- tro, Parte inferior del fondo del ojo. La vesícula del Gisticerco se ve alargada, y la parte inferior, adonde estaba contenido el parásito, con una co- loración blanca. UT. DE DJA7 GOHZAiEZ.