FACULTAOOEDÍCÍÑA DE MEXICO. Ensayo de Topografía Cráneo-Cerebral (Surcos de Rolando y de Silvio) Y TREPANO 08TE0PLASTIC0. TESIS USTAUGFURAE DE J. VILLARREAL Ex-preparador de la clase de Física y Ex-encargado del Observatorio Meteorológico del Colegio Civil de Monterrey.-Alumno de la Escuela Nacional de Medicina y Preparador Ayudante de Anatomía Topográfica en el mismo plantel. Interno del Hospital "Béistegui" y segundo Secretario de la Filoiátrica. MEXICO. Imp. de J. F. Jens. San José el Real Num. 22. Calle Sur 3, Números 41 y 43. 1893 FACULTAD DE MEDICINA DE MEXICO. insayo ih Tf grafía ta-Wra (Surcos de Rolaijdo y de Silvio) Y TREPANO 0STE0PLA8T1C0. TESIS INAUGURAL DE J. VILLARREAL Ex-preparador de la clase de Física y Ex-encargado del Observatorio Meteorológico del Colegio Civil de Monterrey.-Alumno de la Escuela Nacional de Medicina y Preparador Ayudante de Anatomía Topográfica en el misino plantel. Interno del Hospital "Béistegui" y segundo Secretario de la Filoiátrica. MEXICO Imp. de J. F. Jens. San José el Real Num. 22. Calle Sur 3, Números 41 y 43. 1893 A KA w rezaba memoria be mi Cabree A MI SANTA yVlADRE. Insigniñcante manifestación de mi eterna adoración y de mi infinita gratitud. EJ^EILTO, mi hermano mayor, tutor de mi infancia, émulo de mi juventud, á cuyos trabajos y abnegación debo el poderle ofrecer hoy mi primicia intelectual. A MIS HERMANOS MENORES LUCAS ARTURO Amor fraternal. AL PROFESOS DE CLINICA INTERNA SUPERIOR pK. Manuel Parlona y J/alle. HOMENAJE Y RECONOCIMIENTO. Profesor pr\, |caza Prosector de Anatomía Topográfica. Su discípulo agradecido, Al Cuerpo Médico del "hospital Béistegui." A MIS MAESTROS. SEÑORES JURADOS: El cirujano armado de la antisepsia rompe las paredes de los antros viscerales, las serosas node infunden pavor y hasta en las visceras mismas lleva su intrépida y saludable acción. Pero para aventurarse á tanto no lo hace á ciegas y desconociendo el camino, el derrotero que en persecución de la enfermedad ha de se- guir se lo enseña la topografía de la reglón. Puede decirse que de todos L>s órganos del cuerpo no había mío como el cerebro que antes de 1a. era antiséptica más se sustrajera á la ac- ción quirúrgica. Hoy por el contrario, se abre el cráneo con la misma impunidad que la pleura, una serosa articular ó el peritoneo; pero por lo delicado de la viscera que resguarda es necesa- rio ahorrar el traumatismo y abrirlo en el sitio mismo de ¡a lesión: lo que indican las localiza- ciones cerebrales y la correspondencia de ellas con el exterior del cráneo. Así, por su importancia y novedad, la Topo- grafía Cráneo-Cerebral, es una materia actual- mente en estudio en todas las naciones del mun- do civilizado, y yo he querido llevar también humilde contingente al edificio de la ciencia. Si tuviérais que juzgar de la cantidad y no de la calidad del trabajo, mi espíritu estaría tran- quilo é impasible esperando vuestro fallo; mas no siendo así, en esta postrera prueba más que en ninguna de mis cinco anteriores, necesita de toda vuestra indulgencia El Autor. FL-A-TT. Introducción histórica. Investigación.-Capítulo Io: Método. Capítulo 2o: Experiencias. Capítulo 3o: Cálculos. Deducción. - Capítulo 1": Topografía de la cara exter- na del cráneo. Capítulo 2o: Topografía Cráneo-Cerebral. Trépano osteoplástico. Resumen. Explicación de las láminas y fotografías. INTRODUCCION HISTORICA. Desde que el hombre fué capaz de estudiar, el pen- samiento, reconcentrándose en su interior, trató de darle un nombre y un sitio: cuáles fueron ellos, lo di- cen las Obras de Psicología. La primera noticia de una localización fundada en la observación, pertenece á Plinio el naturalista, quien cuenta en sus obras que, alguien se volvió mudo por lesiones de la cabeza. Siguen en orden Nemesio, obis- po de Emese, Aviseno y Averrhoes entre los Arabes; Filosoesco, Huges de San Víctor, Alberto el Grande, Santo Tomás, Duns Scott, Berenger de Capri, Vieus- sens, Colombo y Willis. El inmortal Goethe, describe elocuentemente un ca- so de afasia en Wilhelm Meister. Jastrorwitz, publicó una curiosa enseñanza: "Mi pa- dre fué de improviso atacado de una apoplegía que le paralizó el lado derecho y le quitó el libre uso de la palabra. Era necesario adivinar todo lo que quería, porque jamás se sirvió de la palabra que tenía en el pensamiento." (Gratiolet). 2 En 1808, un célebre médico-filósofo alemán, Gall, expuso los principios de una teoría, que acogida con furor, no tardó en ser olvida y áun sin razón despre- ciada, desechando el caudal de ideas nuevas que, en valioso contingente, aportaba á la ciencia. La doctrina de Gall, la Frenología, pretendía dar á conocer las facultades del espíritu, por el conocimien- to de los órganos, de que estás facultades eran el si- tio. En el encéfalo, ponía Gall los órganos del pensa- miento; la voluntad, el lenguaje (lóbulos anteriores), las facultades afectivas, etc., en total: veintisiete órga- nos, que Spurzheim, su discípulo y colaborador y otros frenologistas después, han llevado á más; y así, hay un órgano de la causalidad ó de la penetración metafísica; otro para la observación inductiva; y otros para la perseverancia, la memoria de las cosas, perso- nas y nombres; para la filogenitura, pafa la genera- ción y para la glosomatía ó espíritu de las lenguas, etc. Auxiliando la frenología estaba la craneoscopía ó exámen sobre el cráneo del exuberante desarrollo ó atrofia de tal ó cual órgano encefálico, traducido por una eminencia ó una depresión. Careciendo de bases sólidas, de la verificación ex- perimental y de la sanción de la experiencia, fracasó, no sin haber llamado antes la atención de espíritus concienzudos y observadores. En 1825, Bouillaud, fundándose en hechos clínicos, daba la más brillante confirmación á las concepciones de Gall, localizando en los lóbulos frontales la facul- tad del lenguaje, localización sospechada por Gall, sin probarla. El impulso de las investigaciones clínicas impreso por Bouillaud, en materia tan importante, no tardó en dejar sentir sus efectos. 3 Dax de Somnieres, en 1836, restringe la localiza- ción del lenguaje, al lóbulo frontal izquierdo. Broca, en 1861, sospecha la localización de la mis- ma facultad en la tercera circunvolución frontal iz- quierda; y que, Max Dax, hijo, demuestra perentoria- mente en 1863; una semana más tarde, Broca, sin co- nocer la memoria de Dax, dá como sitio del lenguaje articulado la circunvolución designada por Dax, y coarta la localización, al sitio, que casi invariable ha permanecido hasta hoy; en el pié de la tercera circun- volución frontal izquierda. (Gratiolet). Ya desde 1823 habían empezado los preludios de los trabajos que más tarde habían de realizar los pro- hombres de la Salpetriere. Delaye, Foville y Pinnel Grandchamp interno del profesor Postan; y en 1826, Galmeil, describen lesiones del encéfalo coincidiendo con diferentes perturbaciones de la motilidad. Vienen en seguida los estudios experimentales; Fe- rriere, Fritschs é Hitzig, fueron los primeros campeo- nes, determinando la excitabilidad de la corteza cere- bral y que la excitación de diversos puntos de ella co- rrespondían á movimientos de determinados grupos musculares. En esta vía siguen Carville y Duret. Se determinan y circunscriben territorios de movi- mientos en la corteza cerebral del perro y del animal que más se parece al hombre: el mono. La clínica no se descuida, dando la sanción á los resultados de la experimentación; de rechazo destruye los argumentos de los sabios que, como Brown-Sequard y SchiíF, niegan la limitación, siquiera sea del movi- miento, á determinados puntos del cerebro. Charcot, al frente de la escuela de la Salpetriere, y como él, Pitres, Wernicke, Turck, Kussmaul, North- nagel, con los estudios anatomo-clínicos, han, no sola- 4 mente determinado con precisión el sitio de la afasia motriz y ensanchado el campo de la localización de Bouillaud, Broca y Dax, sino que también han fijado la zona psico-motriz de los músculos de los miem- bros de la cabeza, cuello, cara, lengua, etc. En resumen, la cuestión tan debatida de las localiza- ciones cerebrales no lo es más, y todos los autores es- tán contestes en que hay ciertos sitios de la corteza ce- rebral en que residen determinadas funciones; y en que, la alteración, de cualquiera naturaleza que sea, infla- matoria, neoplásica ú otra, que tome asiento en dichos lugares, determina perturbaciones funcionales corres- pondientes á los territorios interesados; teniendo sin embargo en cuenta la tolerancia, la suplencia funcio- nal y las irradiaciones, cada vez que con tales datos se quiere sentar un diagnóstico topográfico más ó me- nos probable. Como corolario de las localizaciones cerebrales se emprendió el estudio, hasta entonces despreciado, aunque algunos sabios empíricamente lo habían inten- tado, de las relaciones del manto cerebral, núcleos grises centrales, cerebelo y bulbo, con el exocráneo, sucesivamente y á medida que se conocían las funcio- nes á que preceden estos órganos. Quien primero hizo investigaciones sérias en este sentido, fué Gratiolet en el año de 1857. (1) Su pro- cedimiento, por demás defectuoso, no lo dió á conocer hasta 1862 que lo comunicó á Broca. Gratiolet, que dividía las razas humanas en frontales, parietales y occipitales, por error á que le llevó tal procedimien- (1) El procedimiento de Gratiolet consiste en escurrir yeso en el cráneo de que se ha sacado el cerebro; trazar, si no lo quedan, las suturas sobre el mol- de, y tomar luego medidas que, en este, se trasporta del cerebro aplastado y deformado. 5 to, creía que la sutura frontal coincidía con el surco de Eolando y que, la lambdoide, quedaba muy enci- ma del surco perpendicular externo. Broca, en 1861, emprende los mismos estudios, va- liéndose del procedimiento de clavijas que inventó con este objeto: En el cráneo, desprovisto de sus partes blandas, se hacen tres perforaciones sobre la sutura coronal, con barrena ó punzón, correspondiendo al bregma, al este- fanión y al pterión; en cada una se ponen clavijas de tres centímetros; de igual manera se disponen clavijas en el lambda, parte media de la distancia del asterión al lambda, sobre la sutura lambdoide, en la obela, parte culminante de la escama, gibas frontal y parietal. Siguiendo el plano glabelo-bregmático se secciona el cráneo, se saca el cerebro con el casco, se coloca apoyándose sobre la base, se quitan las meninges y se miden los surcos y circunvoluciones, teniendo en cuenta la deformación y cambio de relaciones. Los cortes homalográficos, habían servido anterior- mente á Broca, en sus investigaciones, (Bischoff, 1868; de la Foulhouze, 1876; y Poirier, 1890; han emplea- do después el procedimiento de las clavijas). Los procedimientos se multiplican y á porfía los au- tores tratan de dar mayor seguridad al método y exac- titud á las medidas. Los cortes en cráneos congelados, (Feré, 1875); los cortes zonales, (Turner, 1873); las coronas de trépano de (Miiller, 1889), y Zernow, medidas en arcos de lon- gitud y latitud, son excelentes; aunque tienen sus con- tras; los unos necesitan muchos cadáveres, otros de- forman el cerebro, y los últimos, requieren una pa- ciencia y trabajo excesivos, no superando por esto en exactitud, á los de normas craneanas de Heftler, 6 (1873), al de Ariderson y Makins, (1889), y de auto- grabado cerebral de Debierre y Le-Fort, (1890). Gráficos se llaman estos procedimientos, como tam- bién los de Turner, Müller y Zernow y Seeligmuller, porque se dibujan losj surcos y circunvoluciones en el endo-cráneo. Debierre y Le-Fort, llaman á su pro- cedimiento gráfico, autograbado cerebral, porque es al cerebro mismo al que se obliga á dejar en el endo-crá- neo, la impresión de sus surcos y sisuras que, luego se diseñan en la cara externa del cráneo, por medio de perforaciones hechas de dentro á fuera, en las líneas representantes de las anfractuosidades cerebrales. El método gráfico de autograbado, lo emplearon W. Anderson y Makins, en 1889: después, Debierre y Le-Fort, en 1890, con ligeras variantes, y es el que hemos seguido; modificando del todo la sección del Cráneo. BenéLeon Le-Fort, describe en su importante traba- jo de topografía cráneo-cerebral, publicado en 1890, el procedimiento por él empleado en sus investigacio- nes, de la manera siguiente: Procedimiento de autograbado cerebral, (Debierre y Le-Fort). Este procedimiento consiste en hacer imprimir al cerebro mismo sus surcos y circunvoluciones en el endo-cráneo. Hé aquí los diversos tiempos de la ope- ración: Se hace, en una cabeza fresca, una incisión yendo de una oreja á la otra; los dos colgajos son arrojados, el uno adelante, el otro atrás. Se quita can la sierra la mitad izquierda del casco cra- neano, teniendo cuidado de no interesar la duramáter y sobre todo el cerebro. La sección horizontal del cráneo se hace siguiendo 7 el plano glabelo iniaco; la sección vertical, á un centí- metro de la línea media. La duramáter es descubierta, después cortada sobre su borde sagital á 0.m01| ó 0.m02 de la línea media y dos hendiduras, perpendiculares á esta primera inci- sión, son practicadas, la una en la parte anterior, la otra en la posterior de la membrana fibrosa, de mane- ra de poder así separarse un colgajo. El cerebro es examinado con cuidado, se reconocen todos los surcos y sisuras después de haber desprendido delicadamen- te la piamáter y reaplicando sobre el cerebro la dura- máter bien enjugada; se dibuja con tinta su superficie, á medida que se cubre el cerebro, los surcos y circun- voluciones con que está en relación. La duramáter de- be ser reaplicada muy exactamente en la posición que ocupaba al principio; operación que requiere el mayor cuidado. Para impedir que el cerebro se deforme, se deja lo más posible de duramáter adelante y atrás; és- ta lo sostiene. Cuando todos los surcos y todas las circunvolucio- nes son dibujadas sobre la duramáter, se sutura esta membrana y se repasan los primeros rasgos con un co- lor graso. La bóveda del cráneo, bien seca, es puesta en su lugar, y volteando la cabeza se obtiene en el en- do-cráneo el trazo de los surcos y circunvoluciones. Las líneas que representan los surcos se las hace más marcadas con tinta; y se practican perforaciones á lo largo de los surcos que se quieren estudiar, se obtiene así, sobre la superficie externa del cráneo el trazo de los surcos y de las circunvoluciones; pero, para evitar todo error, nos hemos servido siempre del procedi- miento de contraprueba siguiente: El cráneo es puesto en su lugar; se clavan, por ca- da una de sus perforaciones, pequeñas puntas de fierro 8 ó de madera, en la sustancia cerebral; y el cráneo de nuevo quitado, se examina el lugar en que las puntas han caído. Si las puntas han caído exactamente en el surco, se le dibuja sobre el exocráneo guiándose por la línea ge- neral de las perforaciones. Si las puntas han caído á algunos milímetros del surco, se lleva sobre el cráneo la distancia aumentada proporcionalmente á la rela- ción de los diámetros craneanos con los diámetros ce- rebrales. El método que he seguido es éste, como también lo es el de Anderson y Makins; sólo he introducido mo- dificaciones en el manual operatorio y en algunos otros puntos como se verá luego en la descripción de la téc- nica seguida por mí, como también las condiciones de exactitud que, grandes en los procedimientos dichos, me parece son mayores en el que practico. IKVESTIGACIOK. CAPITULO PRIMERO- Método de topografía cráneo-cerebral seguido en este estudio. No tengo más parte en el método que voy á expo- ner, que haber tomado de los autores que han tratado el asunto, lo que á mi juicio pareció mejor y haber un tanto modificado el acto operatorio. Describiré: primero, los instrumentos de que me he servido; y segundo, la manera de operar. INSTRUMENTOS. 19 Escalpelos y legras de diversas formas y tama- ños. 2o Dos taladros. 3? Varias brocas. 4o Un desatornillador. 5? Una aguja de "Cooper." 69 Varias sierras de alambre. 10 7o Tijeras. 8o Varias pinzas de disección. 9? Agujas de sutura. 10° Una sierra de arco, cinceles, un martillo, hilos, pinceles, tintas, lápices, láminas de plomo, clavijas y alfileres. 1*? Un escalpelo fuerte, de lámina cóncava, en poda- dera, para hacer incisiones comprendiendo el perios- tio; y legras de diversas formas y tamaños para des- prender las partes blandas. 2o Dos taladros: Uno de 0m30 de longitnd y el otro de 0m22, los dos tienen la misma forma y están com- puestos de una barra prismática de acero, delgada, tor- cida en espiral llevando en su extremidad inferior un ajuste para las brocas; formado de un tallito cilin- drico de acero, de 0in01 de diámetro por 0m04 á 0m06 de longitud, en el que penetra por arriba y se fija con un tornillo la barrilla helicoidal; abajo, por dos per- pendiculares que se cruzan, queda dividido el cilindro en cuatro gajos, en medio de los que se ponen las bro- cas y se sujetan con una tuerca, y al efecto estando provista la superficie exterior de esta parte de una ros- ca; y en el cuarto inferior, un volante, constituido por una barrita, también de acero, perpendicular á la pri- mera y que lleva en sus terminaciones dos esferitas de bronce. En la extremidad superior, un mango hueco, en el cual gira y la parte libre de la barilla pasa por el centro de una manija, cuyo interior está provisto de un resorte que se sujeta á las caras opuestas del pris- ma espiral. 3o Las brocas, son también de dos clases, unas pa- ra perforaciones hasta de 0,m003 de diámetro; tienen 0,m04 de longitud, 0,m01 de la extremidad superior pa- ra la espiga afecta la forma de pirámide cuadrangu- 11 lar truncada y entra en el ajuste del taladro; los 0,m025 inferiores, forman la parte principal cortante de la broca: su figura es la de un cilindro ahuecado en toda su longitud de dos canales diametralmente opues- tas, el resto intermedio de las otras dos es cilindrico. Penetran las brocas en una roldanita de latón de 0,m005 de diámetro, que lleva en el centro una perforación igual á la sección transversa de las brocas y se sujeta por un tornillo á pequeñas hoquedades practicadas en la parte lateral llena de la broca. Las otras brocas, tienen la forma de una pequeña lanza de 0,m001 y menos de diámetro y las uso sin roldana. 4? Un desatornillador para fijar la roldana de las brocas. 5° Una j^guja de "Cooper," delgada, larga y flexi- ble, aunque suficientemente dura, para no deformarse con débiles presiones y poderse con facilidad condu- cir al deseo su curva. 6o Varias sierras de alambre de acero, (el mejor es el que se utiliza en las encordaduras de los pianos), de J á ¿ de milímetro de diámetro por 0,m25 ó 0,m30 de longitud, dos ó tres término medio para cada cráneo; su extremada delgadez y el sobre temple que sufren por el frotamiento, hace que se rompan con facilidad, pero no tanto que más de una vez no haya acabado la sección de un cráneo y seguido la de otro sin cam- biar de sierra. Uno mismo puede fabricarlas y para ello basta proveerse de unas cizallas para cortar el alambre, de dos pinzas para hacer la asa de las extre- midades, de una navaja de afeitar bien templada, de un torno y de un pedazo de madera tallado en bisel por uno de sus lados. Se fija la madera en el torno, se coloca el alambre en la madera restirándolo entre el 12 pulgar y el índice izquierdo y con la mano derecha, empuñando la navaja, se le imprimen rápidos movi- mientos sin ser fuertes, de manera de picar ó hacer pequeñitas escamas sin cortar el alambre. El plano de la navaja ha de ser oblicuo al eje del alambre para levantar las escamas. La misma operación se hace por todos los lados del alambre y en la longitud de 0,m20 á 0,m25. La mejor sierra de cadena no podía servir para mi objeto ó satisfacer mi idea, y la primera vez que in- tenté hacer con tal instrumento un simulacro de tré- pano osteoplástico, conseguí, después de ímprobo tra- bajo, levantar una tapa del cráneo y Otra de membranas y cerebro. La sierra construida por Collin según la idea de Toisson, y que éste en 1891 presentó en el Congreso Francés de Cirugía como destinada á sustituir la de cadena, siendo en aseo y uso más cómoda, habiéndole servido para la ejecución del trépano osteoplástico en los perros, (no refiere ni un caso de haber llevado á efecto la operación en el cadáver), no podía servirme por su espesor y poca flexibilidad; aunque él diga ha- ber obtenido excelentes resultados, pero téngase pre- sente que ha operado en perros cuyo cráneo aplasta- do y plano en la bóveda difiere mucho del aboveda- miento y convexidad del de el hombre. En Europa se üsa, paralas resecciones articulares y diafisiarias, de sierras formadas por la torción de va- rios alambres y que pudiera haber utilizado; mas aquí no hay fabricantes que se quieran tomar el trabajo de hacer lo que se les pide. Intenté servirme de las sierras que en el comercio se conocen con el nombre de sierras de calar, finas y muy buenas las hay; pero el tener dientes solo en un 13 lado, dificulta la «ección de dentro á fuera; sería una bagatela el tiempo y trabajo que se empleara en diri- jir la parte cortante de la manera debida, si por su excesivo temple y poca flexibilidad no se rompieran con extraordinaria facilidad. Cuando las ensayé, des- pués de romper una docena, no había conseguido en cuatro horas seccionar 0,m08 del parietal izquierdo 0,m02 fuera de la línea media. La idea de la sierra de alambre que dejo descrita y á la que debo el poder presentar veinte cráneos en que he practicado la sección en cada uno de ellos de más de 120 cc. sin haber una sola vez escoriado siquiera la duramáter, se me ocurrió, leyendo el procedimiento de embriotomia de Pajot, y la modificación llevada en él por Pedro Thomas. El hueso del cráneo, representaría el cuello del feto; y las meninges y el cerebro, la matriz que se trata de protejer; pero ni el cordel de Pajot, ni el alambre de Thomas, pueden cortar los huesos del cráneo. ¿Mi concepción era una utopía, supuesto que pare- cía irrealizable, dado los muchos instrumentos que inútilmente había ensayado con éxito deplorable? No: y voy á probarlo: fanático por poner en práctica mi ideal, informándome aquí y allá, me invitaron á un taller en que trabajan el hueso; allí vi que para la confección de manecillas de reloj, cachas de pistola y adornos mil, se utilizaban pequeñas sierras de alam- bre aplastado, y admirando los prodigios de instru- mento tan sencillo, solicité algunos que empleé desde luego en hacer cortes de los huesos más duros; y más tarde pude hacer los cortes de la roca que requieren la preparación de la membrana del tímpano, la pared laberíntica, la cadena de los huesecillos y la trompa de Eustaquio, para la clase de Anatomía Topográfica, 14 y que por la tenacidad y fineza del instrumento no dejaron que desear, según el Dr. Icaza, profesor de di- cha clase. Cuando ensayé la sierra de alambre sin aplastar, tal cual la presento hoy, por los resultados obtenidos quedé satisfecho, y hoy no tengo más que recomendarla, no únicamente para el trépano osteo- plástico que es donde ciertamente dá mejores y satis- factorios resultados por la poca cantidad de líquidos que tienen los huesos del cráneo, sino en toda resec- ción de sustancia compacta en que no se quiera per- der hueso y hacer la sección como si se hiciera según la gráfica expresión que indica la fineza, con un pelo. Las resecciones de las costillas y los maxilares se operan rápidamente, la de la cabeza del fémur, se ha- ce bien aunque menos rápida. La sangre ó los líquidos en abundancia haciendo con el serrín del hueso una ma- cilla tapa los pequeños dientes de las sierra é impide que corte con rapidez. 7o Dos tijeras: unas pequeñas, curvas en el plano del filo, terminadas en punta, para la sección de la du- ramáter sin tocar las circunvoluciones; las otras gran- des y rectas para usos diferentes: cortar las partes blandas, hilos de sutura etc. 8o Varias pinzas de disección, de las que dos, de finos dientes de ratón para facilitar el corte y sutura de la duramáter. 9o Agujas de sutura: de las que, algunas pequeñas de curva pronunciada para la sutura de la meninge dura; otras más grandes, de diferentes curvas, para fa- cilitar la sutura del epicránceo, y también agujas de costura para pasarlas por las perforaciones, ad-hoc, y hacer la sutura de la piel con el hueso. 10. Una sierra de arco, de medio milímetro de espesor 15 la lámina, para hacer la sección del cráneo siguiendo aproximadamente el plano glabelo-lambdaico. Cinceles y martillo con el mismo objeto. De los demás útiles se verá su empleo en el curso de la descripción. TECNICA OPERATORIA. Aseada y rasurada la cabeza del cadáver del hom- breó la mujer que escojía para el estudio,empezaba por fijar los puntos singulares por la inspección y palpa- ción, y después de estar seguro de encontrarme en el si- tio deseado, una incisión longitudinal que comprendía el periostio me mostraba con toda exactitud el punto de encuentro de las suturas si buscaba el nasión, el bregma, el lambda ó asterión; y un rasgo, si la obela. En estos puntos, como en el inión, clavaba pequeñas puntas de fierro para tener en las medidas un punto de partida fijo. Las incisiones eran cuidadosamente sutu- radas. Con láminas de plomo, delgadas, 0.m01 de an- cho por menos de 0.m001 de espesor tomaba el per- fil de los arcos sagital, bi-zigomático, bi-auricular, bi- mastoideo y la circunferencia del plano glabelo-iniaco para poder tener un dibujo en proyección de los sur- cos cerebrales de todas las cabezas, como veremos des- pués, y además poder trazaraproximadamente las cuer- das intracraneanas, para que la sierra, de que luego hablaré, no fuera á cortar las membranas ó el cerebro. En seguida, con un lápiz de anilina trazaba una lí- nea que partiendo hacia adelante, 0?015 detrás de.l tu- bérculo malar, se dirijía directamente hacia atrás, pa- ralelamente al arco zigomático, por encima de la in- serción de la oreja hasta el frente del borde posterior 16 de la apófisis mastoides, donde se redondeaba dirigién- dose hacia arriba al encuentro del arco sagital un po- co adelante de la obela. Tomando la línea en su origen, la redondeaba siguiendo concéntricamente el contor- no de la cresta temporal, la que pasaba luego dirigien- do la línea arriba y atrás, hasta el arco sagital de 0.01 á 0.015 detrás del bregma. La figura que limita la línea es la de un trapecio, cuyas bases paralelas, la mayor es inferior, la superior que corresponde al arco sagi- tal, la menor, vértices inferiores redondeados y lados laterales convergiendo hacia arriba. Siguiendo esta línea conducía un escalpelo fuerte de lámina cóncava, como el escalpelo lámina de podade- ra de Farabeuf, para las resecciones, con el fin de in- teresar todas las partes blandas y rayar el hueso, de- jando un fino rasgo que correspondía á la línea exte- rior. Luego con una legra ó con el mango del escalpelo rechazaba eTperiostio haciéndole fuera de la raya hue- sosa en la extensión de 0.m003 y con un lápiz de ani- lina colorido trazaba una línea sobrepuesta á la del hueso; con el periostio situado, adentro de ella, hacia la misma operación que con el situado fuera, esto es, lo desprendía 0m003, quedando una zona trapezoidal de 0m006 de ancho, dividida en dos por una línea de color. En la línea así trazada, empezando por la extremi- dad anterior y superior de 0 á 4 milímetros fuera de la sutura sagital,aplicaba el primer taladro superficial- mente, los siguientes los seguía poniendo en el cen- tro de la misma línea y á distancias que variaban según la curva cefálica y espesor de los huesos del cráneo. La curva cefálica me era conocida por los trazos sacados con las láminas de plomo; y el primer taladro, puesto con sumo cuidado y de la manera que después 17 indicaré, enseñaba el espesor aproximativo de los dos tercios superiores del parietal. El poco espesor de la escama del temporal, parte anterior y superior, es bien conocido. Porción superior y posterior de la escama y ángulos inferior y posterior del parietal,'con poca dife- rencia tienen el mismo grueso que los dos tercios su- periores del parietal. Para determinar las distancias á que se tienen que colocar los taladros, no había más que trazar una cur- va paralela al arco bizigomático ó bimastoideo, según el lugar; siendo la altura de la corona formada por estos arcos, igual á la suma de los espesores del epi- cráneo y cráneo; dar una inclinación de 50° al primer taladro é igual inclinación al segundo que vendrá en sentido opuesto, de tal manera que, los orificios inter- nos se acerquen, mientras los externos están separa- dos. Ahora bien: esta distancia interior ha de ser tal, que la linea recta ó cuerda que une los orificios se confunda con el arco endo-cránico que los separa. Esto en la figura construida como dejamos dicho, nos daba la separación exterior de los orificios. El por qué de esta manera de hacer se verá mas adelante: La lá- mina primera explica mejor lo anterior. (Fig. A.) Determinada la distancia exterior del punto de apli- cación del 2o taladro, las distancias á que se han de co- locar los siguientes, con poca diferencia, son las mis- mas para el mismo espesor, siendo conveniente tomar- las un poco más cortas por la diferencia de curva. En la escama no obstante su delgadez y curva poco pro- nunciada, deben tomarse las mismas distancias que en el parietal ó frontal para mayor comodidad del paso de la sierra y por la presión que el cerebro ejerce en este lugar, exponiéndose, si no se procede así, á la rup- 18 tura de las membranas cerebrales y del cerebro mis- mo en los movimientos de excursión de la sierra. Una vez conocida la distancia exterior, y siendo, su- pongamos, de 0m025, no basta ir trazando medidas igua- les ó con ligeras variantes sobre la línea colorida y aplicar luego los taladros dándoles la inclinación de 5°0, porque, una de dos, ó los agujeros están dirijidos en el mismo sentido ó alternativamente en el mismo sentido y en sentido contrario, de ninguna de las dos maneras se realiza el objeto de pasar la sierra y hacer completa la sección del cráneo, objetivo de todas estas precauciones. En el segundo caso, como se puede ver en la figura (A.) hay un espacio (b) que quedaría sin cortar é impediría levantar el opérculo huesoso cir- cunscrito por la incisión; á no ser que, del primer taladro al cuarto se pasara la sierra con grave des- trucción de los órganos intocraneanos, lo que sería detestable. En el primer caso, ni un solo puente huesoso se lo- graría seccionar, así pues, es necesario combinar los taladros de tal manera que sea fácil el paso de la sie- rra y su movimiento de vaivén y que no quede ni un sólo puente huesoso. Para esto se harán los casos como lo muestra la figura C. Un primer taladro dirigido ha- cia abajo afuera y al endoeráneo; un segundo, dirigi- do arriba adentro y al endoeráneo, y un tercero, si- tuado entre el primero y el segundo, paralelo al pri- mero y que corta al segundo en su orificio interior; un cuarto, paralelo al segundo; un quinto al tercero, que corta al cuarto en su orificio interior y así sucesi- vamente, al llegar á los ángulos se avanza hacia abajo de la línea un centímetro para llevar la sección hasta este punto, comprendiendo en ella el primer taladro de la serie horizontal. En la parte superior, donde prin- 19 cipian las series verticales, el orificio exterior del pri- mero y del último taladros, sirven para hacer otros dirijidos, uno directamente hacia atrás y al endocráneo y el segundo directamente hacia adelante y al endo- cráneo. Para hacer estas perforaciones rápidamente, se ope- ra así: se determinan los puntos de la línea colori- da en que deben colocarse los taladros que, aproxi- mativamente, excepto las extremidades de la serie, se encuentran á 0^014 unos de otros; estando los de la extremidad de serie del que le sigue á 0m025. Los pun- tos de la fig. D representan la serie frontal y sus dis- tancias relativas y la dirección é inclinación que deben tener los taladros. Con una broca en forma de lanza armada en uno de los taladros, se hacen perforaciones pasando solo la lámina externa del cráneo sobre estos puntos, para facilitar la acción de las brocas gruesas impidiendo que deslicen. Concluidas estas pequeñas perforaciones que se ha- cen en menos que lo refiero, se dispone el taladro grande con una broca gruesa, acanalada. Un ayudan- te fija la cabeza. Sobre cada una de las perforaciones primeras se pone la broca gruesa, perpendicular á la superficie curva del lugar en que se opera y apoyán- dose en el mango é imprimiendo un rápido movimien- to de descenso á la manija, lo que de ordinario basta, se trasforman los primeros orificios en otros de 0,m0035 de diámetro que comprenden también nada más la lá- mina externa hasta el diploe. En seguida se procede á determinar el espesor del cráneo para facilitar el resto de la operación, aplicando el primer taladro en el sitio y con la dirección arriba indicada. Para esto 20 se fija la roldana en la broca como á un centímetro de su extremidad, se coloca la broca sobre la perforación hecha antes, que por ser perpendicular, impide que deslice el taladro al darle la inclinación de 50° ó más según se quiera; se comunica, apoyando primero con fuerza, en seguida suavemente, movimientos de des- censo y elevación rápidos á la manija, y antes de que la roldana llegue á la superficie del cráneo, se saca la broca y se explora el trayecto con un tallo delgado de acero, embotado, dispuesto en un mango; se ve si está para ceder la lámina interna ó si falta mucho, en el primer caso, se levanta un milímetro la roldana y en el segundo dos ó tres; en seguida, introduciendo de nuevo la broca se procede con suavidad y precau- ción. Se siente cuando se perfora la lámina vitrea, se dan una ó dos vueltas apoyando la mano en el volan- te para redondear el orificio interno. Trazado el pri- mero, para no cambiar de posición, se trazan de la misma manera el tercero, quinto, y en general los nú- meros impares ó taladros que se dirijan hacia abajo, afuera y al endocráneo y que se encuentran en la mi- tad superior del parietal. Cambiando de posición y siempre fijando la cabeza, se hace lo mismo con los pa- res ó taladros que se dirijan hacia arriba, adentro y al endocráneo al encuentro de los primeros. Cuando tra- zando los taladros, por un error en la distancia de la separación ó la inclinación, no encuentran los prime- ros en su orificio interno sino encima de él, si es po- co, no hay inconveniente mayor, basta no detenerse cuando se siente vencida la resistencia y tratar de es- cotar en su parte inferior la pared interna del taladro impar dando cuatro ó cinco vueltas apoyando sobre el volante; mas, si el punto de encuentro se hace muy arriba, aun cuando se ejecute la operación dicha, que- da un puente huesoso que es necesario destruir des- pués con un cincel delgado. Bajando un poco, 0,ra002 ó 0,m003 milímetros la rol- dana, se opera lo mismo con los taladros parietales inferiores. Para los de la escama se bajará hasta que solo que- de saliente de broca de 0,003 á 0,005. Se asea la región, se quita el serrín, se humedece el campo operatorio con una esponja mojada. Se procede en seguida al paso de la sierra. La agu- ja flexible nos sirve para ello. Dibujados en un papel los arcos interno y externo, y la dirección de los tala- dros, se le da la forma conveniente, que es la de la curva exterior comprendida entre un taladro par y otro impar ó más pronunciada. Se introduce la aguja con precaución, apoyando sobre el mango sin doblarlo, procurando el despren- der la duramáter, no separarse de la cara interna del cráneo, siguiendo sin desviarse la línea de los orificios externos que es paralela á los internos. Al desprender con la aguja la meninge dura, se oye un pequeño rui- do hasta que la aguja acaba de funcionar. Hay algunas veces dificultades en el ángulo ántero- inferior de la zona trapezoidal en introducir la agu- ja, por la presencia en este punto de las apófisis de Ingrassias, se les contornea dirigiendo la extremidad de la aguja al taladro inmediatamente superior, ó se hace la sección con cincel, ó lo que es mejor, al dibu- jar la línea colorida, se le hace pasar inmediatamente encima á la sutura pter-parietal. Arriba, en el arco sagital, aunque el punto de sepa- ración de los orificios externos de los taladros que se dirijen uno directamente atrás y ^al endocráneo y el otro adelante y al endocráneo sea considerable, 0,06 21 22 ó 0,07, la de los internos, por la oblicuidad del trayec- to, es mucho menor, y como la cuerda se confunde con este gran arco, no hay miedo de lastimar las menin- ges. La aguja, para pasar con facilidad, ha de estar casi recta, ligeramente doblada en su extremidad. En la escama, por su poco espesor, la dirección de los taladros es casi perpendicular, y con la aguja cur- va se desprendería mucho la duramáter; por otra par- te, siendo aquí donde se adhiere más débilmente, aun- que el cerebro haga más presión que en cualquier otro lugar, para evitar el desprendimiento y que pase de lo necesario, que por lo demás no tiene graves inconve- nientes, he encontrado muy bueno dar á la aguja la for- ma de una £ alargada, á fin de que la segunda curva se adapte á la convexidad de la pared lateral del cráneo y facilite el paso de la curva anterior que es poco pro- nunciada. Para no perder tiempo, como con los taladros, se pa- sa la aguja primero, por la porción superparietal de uno y otro lado con una misma curva; luego, con una ligera variación en la forma por la porción infraparie- tal; después, como se indicó, se sigue con la escama, y por último, con los paralelos al arco sagital. Puesta la aguja se ensarta un hilo fuerte en su ojo; se retira con las mismas precauciones que al meterla, procurando rozar la superficie interna del cráneo con su extremidad. El hilo ha sido arrastrado con la aguja; en cualquie- ra de sus puntas si se trata del primer trayecto, en la más retirada de la línea media si se ha hecho algún corte, lleva sólidamente sujeta la pequeña asa de la sie- rra de alambre; pues no es indiferente pasar el hilo, y por tanto, la sierra, por arriba ó por abajo del trayec- to (en las series longitudinales) cuando se ha hecho una 23 sección, porque quedando la sierra del lado de ésta, puede atorarse en la hendidura de la sección del puen- te huesoso comprendido entre el taladro par y el im- par inmediatamente superior. Por ejemplo, se hace la sección del primer trayecto limitado por el primero y segundo taladros, quedando entre ellos el tercero, al que forzosamente, para que el corte sea regular, com- prende la sección. El segundo trayecto se encuentra entre el tercero y cuarto taladros, habiendo entre ellos el segundo y quinto, más la hendidura hecha entre el tercero y segundo por formar también parte del pri- mer trayecto seccionado antes. Es en esta hendidura donde puede detenerse el hilo ó la sierra si se pasa de arriba á abajo. Si se hubieran hecho las cosas así y para no volver á empezar perdiendo trabajo y tiempo y pudiendo des- prender más las meninges, se puede en rigor pasar la sierra dando á la extremidad sujeta al hilo, la curva de la aguja, y guiada por aquel, se introduce como la aguja; ó de otra manera, en la punta libre del hilo se anuda la de otro, que lleva en su opuesta una sierra, y tirando del primero, se hace todo como en un prin- cipio. Colocada la sierra, para hacer la sección de los tra- yectos y puentes huesosos deben tenerse presentes las propiedades de la sierra y el objeto de la operación. La sierra representa la cuerda de un arco: de donde el precepto de cuidar de tener la tensa; se rompe, se do- bla ó tuerce; de donde, tirar en el sentido del eje; de ace- ro, adquiere un temple excesivo por el caldeo y el en- friamiento rápido; de donde, operar con lentitud, evi- tando el calor que el frotamiento produce; el objeto es obtener el corte sin lesión de las membranas meninges ni conmoción para el cerebro: de donde, todo género 24 de precauciones son pocas para conseguir lo que se desea. Para verificar las condiciones de tensión, tracción en el sentido del eje, etc, se procede así: En las asas de la sierra se pasan dos manguitos co- mo los de la sierra de cadena. Se fija la cabeza del ca- dáver acercándola á la orilla de la plancha. Se empu- ñan los mangos, los codos pegados al cuerpo, se ejerce la tracción en el sentido del eje como si fuera sierra de cadena, procurando seguir la línea que pasa por la par- te media de los orificios externos. Con las manos á igual distancia y formando con los antebrazos las ra- mas de un arco de sierra, se emprenden movimientos de vaivén haciendo girar la cabeza humeral sin mover los codos de su lugar. Como al tercio de la sección huesosa, se inclina la dirección de la sierra echando el cuerpo hacia atrás, procurando venga á terminar el corte, teniéndola siem- pre tensa cuanto más se aproxime de la recta mejor, á la línea que une el borde externo de los orificios, de manera de tallar un bisel á expensas de la cara exter- na y á favor de la interna. Practicada la sección en la base mayor y los lados laterales del trapecio, no es necesario hacerla comple- ta en la base menor ó sagital, basta que comprenda la mitad del espesor sin cuidarse del resto ni de los pe- dículos que quedan en los ángulos, al levantar el cas- co se rompe sin dificultad. Completando el corte con la sierra en la base supe- rior, la piel se arruga un poco por la acción del calor desarrollado por el frotamiento; y cuando más se cor- ta en sus ángulos, lo que en el cadáver no tiene ningu- na importancia. Terminada la sección del hueso, se procede á levan- 25 tar la tapa craneana, para lo que se introduce una pa- lanca cualquiera, primero abajo, y después en los la- dos, y se hacen con las tijeras tres ó cuatro perfora- ciones pequeñas á la duramáter; en seguida se apoya sobre las palancas hasta que estallan los delgados puentes sagitales. El casco, estando tallado á bisel, no hay miedo de que se hunda por ninguno de sus lados y maltrate el cerebro. La duramáter se desprende con facilidad. El opérculo levantado se invierte sobre el pedículo sagital. La duramáter, es en seguida cortada con las tijeras pequeñas, curvas sobre el filo. Con las pinzas, dientes de ratón, se toma donde es mas fácil, en la parte me- dia, un pliegue de la duramáter, y se hace con las ti- jeras una pequeña perforación. Se corta luego con las mismas directamente hacia arriba hasta el encuentro del hueso, igualmente hacia abajo, pero solamente dos centímetros de la sección de la escama. Paralelamente al corte huesoso inferior, y rosando el superior, se ter- mina la sección formándose dos colgajos, que se aba- ten respectivamente adelante y atrás. La superficie del cerebro, cubierta por la aracnoides y la piamáter queda á la vista. El surco de Silvio se reconoce fácilmente, al menos en sus dos tercios ante- riores. El valle de Silvio ó confluente lateral de Bichat es muy marcado, lo mismo pasa con el rio Silviano, y con las venas de dirección horizontal que casi cons- tantemente ocupan este surco. El surco de Rolando, se ve por transparencia, aun- que no siempre, oculto por venas de dirección vertical que se arrojan en el valle de Silvio, anastomosándose con las del surco de Silvio para formar un tronco que 26 desemboca en los senos de la base y en el seno esfeno parietal de Breschet. Estas venas fueron la causa del error, en los cráneos números I. III. y IV.: tomando como constante su re- lación, y queriendo dar maryor precisión á la expe- riencia, descuidé levantar la aracnoides y piamáter y tomé la sisura frontal ascendente por el surco de Rolan- do, practicaba entonces como Seegmuller, muy ade- lante la sección huesosa. Después no se volvió á repe- tir tal accidente, quitando las meninges en la extensión extrictamente necesaria, pero suficiente para recono- cer el surco de Rolando, el de Silvio, y la rama ante- rior de éste. La extremidad superior del surco de Rolando, avan- zando las más de las veces hasta la línea media, y mis cortes no llegando, los primeros, á ella, levantaba con precaución las meninges que en este punto tiene entre sí y con el borde superior del cerebro una gran adhe- rencia y seguía el surco hasta su terminación, hacien- do por encima del cráneo una perforación que le co- rrespondía. Reconocidos los surcos, se seca la superficie cere- bral suavemente con un lienzo fino; se pone un co- lor graso, al morado doy la preferencia, en los surcos y en la rama anterior del de Silvio. Se reaplican los colgajos de la meninge dura con mucho cuidado para que el color de los surcos, no los pinte antes de estar en su lugar; se suturan primero en los ángulos, después en el resto de su extensión con sutura entrecortada y no en hilván, porque de esta ma- nera, que es más difícil, es casi imposible el evitar el encimamiento de la duramáter, mientras con la de puntos separados el afrontamiento es perfecto, más fá- cil y rápido. 27 A través de la duramáter, se ve el color de los sur- cos y no hay más que trazarlos en su superficie. He- cho lo cual, se abate el opérculo huesoso. El corte en bisel y lo delgado del instrumento que sirvió para su sección, hacen que no se aplaste y vaya al encuentro del cerebro como sucede en algunos procedimientos; ni que el cerebro lo alcance, después de desprendida la cabeza y volteada del lado de la sección. Los sur- cos, por lo tanto, dejan de imprimirse en la cara in- terna del cráneo, lo que indica la exactitud misma del procedimiento. Pero por exacto que sea, permane- cería inútil si no se verificaba la impresión de los sur- cos. ¿Qué hacer?; algo muy sencillo y que es el objeto del método: hacer que el cerebro mismo imprima sus surcos y circunvoluciones no volteando el cráneo como lo hacía Auderson y Makins, Debierre y Le Eort, que no es necesario, é indica desde luego el vicio del pro- cedimiento, manifestando que el cerebro está móvil, flojo y probablemente deformado, porque tales no son sus condiciones normales. ¿Cuáles son las razones pa- ra que no se graven los surcos, cuando no se voltea el cráneo y en mi procedimiento, aún cuando se voltee? Creo son los siguientes: La duramáter, órgano de contención y protección del eje cerebro-espinal, sirve también para sostenerlo por medio de tractus fibrosos y vasculares: ligamen- tos dentados de la médula, repliegues cerebrales de la duramáter craneana, vainas de los nervios, arterias y senos venosos, etc. A su vez la duramáter se une á los órganos vecinos, á los huesos del cráneo la que en- vuelve al encéfalo; á la perimeninge y agujeros de conjugación, la que á la médula. En el cadáver, las venas y senos cerebrales están lle- nos de sangre, el líquido céfalo raquídeo se encuen- 28 tra en el espacio subaracnoideo y en las cavidades del eje encefálico medular, que si no turgente, está cuan- do menos lleno. Por otra parte, es indudable que la consistencia del cerebro se altera con la muerte y cuan- do ésta no es el resultado de afecciones de aquel ór- gano siempre disminuye. En los procedimientos que quitan todo ó la mitad del casco, dejan sin sostener á la duramáter y por lo tanto al cerebro, el que se aplasta por su propio pe- so y si está disminuida su consistencia, lo que es fre- cuente, no solo se deprime sino que se deforma; y si á esto añadimos el vaciamiento de los vasos, arterias y venas, y ventrículos cerebrales y espacio subarac- noideo por separación de la cabeza del tronco y la conmoción causada por la sierra, cincel y martillo, y la no menor al levantar el casco que, aunque no sóli- damente unido á la duramáter, sí lo está y mucho cuando la duramáter intacta impide la penetración del aire (1), para que con el despegamiento de la bóveda (1) He practicado en el cadáver las siguientes experiencias: Io Serré el cráneo con todo y cerebro siguiendo el plano glabelo iniaco, y comprobé que, la duramáter está muy poco adherente á la bóveda, despren- diéndose con facilidad, basta tirar un poco de ella para que se quede en la mano. 2° Seccioné el cráneo siguiendo el mismo plano sin cuidar de la duramáter, aunque sí el cerebro, y observé que el casco se desprende también con facili- dad; y por último, hecha la sección del cráneo, primero con la sierra y des- pués con el martillo y el cincel, para cuidar de las meninges y el cerebro ne- cesité desplegar mucha fuerza y ejercer tracciones repetidas para conseguir desprender el casco, levantando al mismo tiempo el cerebro de su base hasta la adherencia de la duramáter á las alas del esfenoides. No sé cuál sea la ex- plicación, pero creo no es indiferente la penetración del aire en la serosa aracnoidea que facilita el despegamiento del casco, y así practico pequeñas incisiones con esta mira y siempre me he encontrado bien con ellas. ¿Contri- buirá á sostener el casco cuando la aracnoides está intacta, la misma causa que hace que la hoja viceral de la pleura esté en contacto con la parietal, y que impide la salida de la cabeza del fémur aunque la cápsula esté desgarra- da? Todo pasa como si así fuera. 29 se produzca el de la base, levantando el cerebro de su asiento en la bolsa constituida por la meninge dura; reposa luego que desprendido el casco, donde antes, se dice muy gallardamente; pero ya se comprenderá lo que llega á ser de las conexiones vasculares y fi- brosas, y qué, de las relaciones de las circunvolucio- nes de suyo blandas y fácilmente deformables, y re- flexiónese que nos hemos puesto en el caso más favo- rable en que, una mano tan segura como hábil y ex- perimentada, conduce la sierra sin tocar el cerebro, ni áun la duramáter, lo que no siempre es fácil ni su- cede, y en que el corte se hace con sierras, suponga- mos de medio milímetro ó sea un milímetro para los cortes sagital y glabelo-uniaco (medio casco), ó cir- cunferencia glabelo-uniaca (casco entero), lo que faci- lita, no habiendo bisel, el deslizamiento de las piezas huesosas y la compresión ó desgarradura del cerebro. Ahora, hé aquí explicado por qué con facilidad se graban los surcos en estos procedimientos. Por dimi- nución de altura el casco se aproxima, y si el cerebro no estuviera retraído, aplastado y deformado, esto so- lo bastaría para la impresión; mas, no se logra, y se voltea la cabeza, y el cerebro, semejante á una masilla toma la forma del molde en que se le coloca y los surcos se pintan en la cara interna del cráneo con pasmosa facilidad. ¿Quiere decir que el método no es exacto?; así ejecutado, evidentemente; pero procedien- do en cadáveres frescos ó congelados puede tener me- nores causas de error, sobre todo, sujetándolo á la comprobación y rectificación de errores, lo que mul- tiplica el trabajo y los cadáveres sin avanzar mucho en el resultado. En mi procedimiento también se desprende la du- ramáter, se aplasta el cerebro, se amputa la cabeza, 30 se salen los líquidos intracraneanos: ¿es asequible de los mismos reproches?, creo que no, y las razones son éstas: se desprende la meninge dura, es cierto, pero solamente en la extensión de 100 á 130 cc. y no de 500 cc., cuando no más; y queda el hemisferio izquier- do sostenido por 340 cc. de duramáter y por toda la extensión del seno longitudinal, y lo sostiene el hemis- ferio derecho. El aplastamiento es insignificante y la tinta de los surcos pasara á la cara interna del casco levantado si la sección fuera de 0,m001 y no de 0,m0003, perpendicular y no en bisel. Volteando la cabeza no se imprimen tampoco, porque el cerebro, aunque per- didos sus líquidos y deprimido, guarda sus relaciones sostenido que es por la meninge dura y no se escurre como gelatina fundida. Lo que acaba de confirmar lo que asiento es, que si antes de separar la cabeza del tronco, el encéfalo conteniendo la sangre y el líquido céfalo raquídeo, las líneas trazadas en la dura no pa- san á la lámina vitrea no obstante que con todo y el resto del cuerpo la cabeza se voltée de este lado, lo que indica que la depresión por despegamiento de la dura subsiste, y que el cerebro no se desaloja más que antes de la operación. Pero si se levanta el cadáver por los piés, cualquiera que sea la posición que tenga la cabeza, cuidando de que el casco permanezca apli- cado, no pasa mucho tiempo sin que la impresión se haga á maravilla. (¿Es que el cerebro se afloja y pase lo que en los otros procedimientos?: nó, porque ponien- do el cadáver de pie, después de un rato, se levanta la escama y se borran las líneas pasadas al cráneo, se vuelve á aplicar con cuidado, se pone el cadáver en la posición horizontal, y aunque se voltée la cabeza del lado de la resección, no kse verifica el paso de los surcos. ¿Qué pasó pues? que los líquidos, sangre ó lo 31 que la representa y líquido céfalo raquídeo, del orga- nismo, refluyeron al encéfalo distendiéndolo y vol- viéndolo turgente, haciendo que desaparezca la pe- queña deformidad por falta de sostén de la dura des- prendida, llevándola al encuentro del plano oseo con la dura que lo cubre y grabándose con toda exactitud las líneas trazadas sobre ella. Pero tal maniobra, que en rigor pudiera llevarse á cabo, es difícil y engorrosa; necesita de tiempo y el concurso de ayudantes, de lo que no siempre se dis- pone. El resultado de la inversión del cadáver es el paso de los líquidos orgánicos al encéfalo, paso que tiene lugar por las venas, canal ependimario y espa- cio subaracnoideo. Pues bien, el mismo resultado se obtiene sin operación tan complicada; no dejando sa- lir ni la sangre ni el líquido céfalo raquídeo, por la ligadura de las venas yugulares y de la médula con sus meninges é introduciendo por las arterias un lí- quido que reemplaza al que antes por ellas pasaba y corrige el ligero aplastamiento del cerebro. Para conseguir tal resultado, procedí así: Incisión para la ligadura de la carótida externa izquierda; se busca el tronco tiro-linguo-facial, debajo de él se liga la yugular interna, se pone una cánula en la carótida interna y se liga la externa. En el lado derecho liga- dura en masa de la arteria carótida primitiva y vena yugular interna. Amputando la cabeza se liga la mé- dula con sus meninges y las arterias vertebrales en la base de la sección. Se tiene la precaución de no inver- tir la cabeza, siendo las granulaciones de Pechioni puerta por donde se escapa el líquido céfalo raquídeo, yendo á las venas meníngeas y diploicas, ordinaria- mente, y en el caso, al exterior. Puesta la mano de un ayudante sobre el opérculo 32 resecado y aplicado, se hace una inyección de sustan- cia solidiñcable (yeso) por la carótida interna, y no por la primitiva, porque la meníngea media rama de la externa, siempre se rompe en la resección al salir del canal que la forman las grandes y pequeñas alas del esfenoides. La ligadura de la externa, impide la vuel- ta de la inyección por la facial, anastomosis en pleno canal con la oftálmica; y la de la primitiva derecha, la del heptágono de Willis. La cantidad de inyección es de 30 á 40 gramos y se norma por el levantamien- to de la superficie cerebral en el sitio de la resección. La inyección se hace con suavidad, poco á poco, te- niendo el opórculo fuertemente aplicado por el ayu- dante, como antes dije, cuidando de no inyectar mu- cha materia y sobre todo, de no levantar ó aflojar la mano mientras se inyecta, pudiendo, en caso contra- rio, hacer hernia y hasta romperse el cerebro en este lugar y perder lo que en tanto tiempo y á costa de paciencia y trabajo se había hecho. Las venitas rotas en la piamáter durante la busca de los surcos, dan sangre, las arteriolas desgarradas materia de inyec- ción; todo sin inconveniente haciéndose estos derrames entre la dura y el cerebro; y si la sutura de la dura ha sido bien hecha, no se notan al exterior, obténién- dose entre tanto el dibujo perfecto de los surcos. Pero es mejor inyectar antes, y después hacer la busca de los surcos. Tomando las precauciones dichas, el cerebro toma su turgencia normal y áun algunas veces se torna pic- tórico; pero sus relaciones no cambian, que es de lo que se trata. Pasadas las líneas coloridas que representan los surcos, de la superficie de la dura á la cara interna del opérenlo, se pasan de aquí al exterior por medio 33 de taladros. Antes, se fija con precisión la extremidad superior del surco de Rolando con un taladro puesto en la cara externa del cráneo en el punto que le co- rresponde, ordinariamente encima ó cerca de la línea media. Los taladros se hacen por la cara interna con las brocas chicas, siguiendo la dirección de los surcos, de 0,01 en 0,01 aproximadamente y perpendiculares á la superficie cóncava en que se aplican. Lo mismo se ha- ce para los surcos arborescentes de los meníngeas. Levantando la piel que cubre el opérenlo al princi- pio y fin de la curva temporal, se ponen por la cara externa, conservándolo levantado, taladros que corres- ponden al pterión; al principio, punto más elevado y fin de la sutura temporo-parietal; al estefanión y al punto donde en la porción móvil, termina la línea cur- va temporal superior. Se hacen por la cara interna, recorriendo la perife- rie del opérculo, como á 0,m004 de su borde, taladros pequeños de 0,m015 en 0,m0l5. Por estas perforacio- nes se pasa con una aguja, comprendiendo la piel, un hilo fuerte ó un alambre delgado, de cobre, se cose en surjete, se procura afrontar el borde de la piel con la sección huesosa á fin de que ésta tenga las relacio- nes que ántes de la sección, para lo que se hizo la del hueso siguiendo la misma línea de la incisión de la piel. Restirada y apretada la sutura, afrontados, ó más bien dicho, sobrepuestos los bordes epicraneano y craneano cortados, se pasan por la cara interna grue- sos alfileres, pero que caben en los taladros con que se trazó los surcos y arborizaciones meníngeas; su intro- ducción se hace perpendicular á la superficie curva correspondiente y siguiendo el trayecto del taladro. Quedan así sobre la piel dibujadas las líneas endocra- 34 neanas. Con tintas de anilina del color correspondien- te á las internas, se pintan las trazadas por los alfile- res. En el pterión, estefanión, asterión, bregma, lamb- da, suturas escamosa, frontal y lambdoide, además de un color especial se ponen pequeñas clavijas, que no pasen el espesor del diploe y que con exactitud indi- can sobre la piel los puntos singulares, líneas y sutu- ras del cráneo. Se quitan los alfileres. El opérculo suturado con los tegumentos ó desecha la sutura, (su- puesto que el objeto de que guardara la misma rela- ción que antes de la sección, y que no fuera desarre- glada por el paso de los alfileres y trazar con exacti- tud los surcos sobre la piel está conseguido; mejor es dejarla para evitar restiramiento), se afronta por otra sutura en surjete, con los bordes tegumentarios peri- féricos de la area trapezoidal. En la fosa temporal se hace sutura profunda comprendiendo el músculo cro- táfito. Terminada la operación se procede á tomar las medidas. Por último y como comprobación, se introducen agujas por cada uno de los puntos dejados en la piel por el paso de los alfileres, se hunden hasta que la ex- tremidad superior rasa el epicráneo; se corta la segun- da sutura y el puente de piel que cubre la base supe- rior del opérculo y se levanta con precaución siguien- do la dirección del radio que pasa por su centro, esto es, excéntricamente en todos sentidos; la mayor parte de las agujas, quedan in situ, haciendo ver en las me- ninges y cerebro el dibujo que se hizo en la superficie de la piel y si coincide ó no con el de los surcos ce- rebrales; si lo primero, indica que la operación ha si- do bien ejecutada y la exactitud del procedimiento; si lo segundo, incorrección en la ejecución ó falta de pre- cisión en el método y hay que hacer las correcciones, 35 que son, las que definitivamente se trazarán al exte- rior. Diré en alabanza del procedimiento, que ta- les correcciones no han sido jamás necesarias, habien- do encontrado la coincidencia perfecta de las líneas cutáneas con los surcos de Dolando y de Silvio y las arborizaciones meníngeas. Este manual operatorio es el que he seguido en diez cabezas. En las diez restantes, difiere, porque me ahorré las suturas y las medidas dobles; haciendo al principio lo que al fin de la operación precedente; una incisión que comprendiendo el periostio iba del nasión al inión si- guiendo la línea media; abatía los colgajos derecho é izquierdo sobre las orejas, seccionando el músculo tem- poral y limpiando la parte superior de la fosa tem- poral. Por lo demás se sigue el mismo procedimiento. Hechas las medidas con el mayor cuidado, proce- día á la extracción del cerebro; aquel que me parecía tener la consistencia y frescura para ser conservado, lo hacía seccionando el cráneo con una sierra de 0m001 de espesor, siguiendo una línea que pasa ade- lante encima de la glabela, atrás, debajo del lambda, y debajo de la escama, en los lados; respetando el opérculo y completando la sección con el cincel para dejar trabéculos y puntas huesosas y al sobreponer el casco no se aplastara y siempre las medidas sean las mismas. Si por el contrario, el cerebro no estaba en condi- ciones de poderse conservar, hacía su extracción por la abertura del parietal, el hemisferio izquierdo pri- mero, el derecho después, en todo caso reconocía es- crupulosamente los surcos que había tomado por los de Rolando y Silvio y así pude rectificaré ratificar el 36 resultado de cada operación y encontrar los errores que después señalo. Las medidas de veinte cráneos secos se encuentran en el siguiente capítulo. Las ventajas del procedimiento, á paso y medida y cuando me pareció oportuno en el curso de la descrip- ción, los lie ido mencionando. Los inconvenientes, si asi se pueden llamar, la la- boriosidad y el tiempo que se necesita para llegar al resultado, los he dejado adivinar. Doy fin con tan larga y detallada exposición, pero era necesario que intentara dar á comprender la posi- bilidad de mi aserto y la exactitud del procedimiento, que hasta hoy, no he visto en ningún tratado de los que he habido á las manos. Ojalá y lo haya conseguido. Veinte cráneos y doce cerebros quedan depositados en el museo de esta Escuela, ellos son la base de lo con- tenido en este desaliñado opúsculo. CAPITULO SEGUNDO. Experiencias. A continuación del método coloco las experiencias, por seguir el orden de la progresión ascendente de mi estudio. Dispuesta la cabeza de la manera que dejo dicho, suturadas las partes blandas ó desprovista de ellas, establecidos los puntos singulares y lineas de la bó- veda: trazo lo que llamo la cuadrícula cefálica. La cabeza, tiene la forma de un ovoide de gruesa ex- tremidad posterior y superior; ésta, está constituida por el cráneo, la extremidad pequeña, por la cara, cu- ya forma es más aproximada de la pirámide cuadran- gular truncada. En la construcción del ovoide geomé- trico entra como elemento un hemisferio y es precisa- mente la extremidad gruesa del ovoide, que aquí lo representa la bóveda del cráneo; la forma hemisférica es sobre todo marcada en los braquicéfalos, pero si- guiendo solo el plano antero posterior, porque en el transverso, pierde la forma ovoide para asemejarse á la de un arco de puente; y en el plano transverso antero posterior con su gran curva occipito parietal y peque- ña frontal, representa bastante exactamente un óvalo. 38 En los perfiles que he sacado de todos los cráneos va- liéndome de las láminas de plomo y de los que dos, un braquicéfalo y un dolicocéfalo, pueden verse en la Lám. 2?; comprueban el hecho que asiento. La forma del arco es algunas veces típica, otras ojival; la de se- micírculo en el perfil antero posterior es modificada casi siempre por la adición de curvas de diversos ra- dios correspondientes al frontal, parietal y escama del occipital. El plano naso-iniaco transverso separa la bóveda ó gran segmento del ovoide, del resto. En la bóveda es donde he practicado las más de las operaciones de medida longitudinal y angular, y como en toda superficie plana ó curva en que se practican tales operaciones, tuve que determinar líneas de refe- rencia sobre las que se pueden transportar las longi- tudes y latitudes: supuesto que la concurrencia angu- lar de dos líneas fijan la situación de un punto. He visto en algún autor que dice: la extremidad in- ferior del surco de Eolando se encuentra á tantos cen- tímetros de la apófisis orbitaria externa; y á tantos centímetros de la apófisis orbitaria externa están todos los puntos de la circunferencia descrita con tal radio, por allí podrá apreciarse la exactitud del resultado aun cuando el sentido común circunscriba la medida detrás de dicha apófisis. Como representante de los círculos máximos y me- nores de la esfera ó de los meridianos y paralelos de un mapa, he trazado ocho líneas sobre la bóveda del crá- neo y que ya sobre ellas, ya por su reunión angular, ya tomando una como tipo, y á ésta reduciendo las demás, me han servido para fijar los puntos cefálicos y cere- brales con la mayor exactitud. Estas líneas son; Io del lambda como centro, parten tres, (lado izquierdo) (a) arco naso-lambdaico, (b) lí- 39 nea, lambdo-apofisiaria ó simplemente apofisiaria y (c) lambdo mastoidea; 2o arco nasoiniaco ó sagital; 3? lí- neas, zigomáticas superior é inferior; éstas para lo que podríamos llamar medidas de longitud, para las de la- titud tomé los arcos, 4Q tubérculo sagital y 5? áster sagital. Solo insistiré sobre las líneas apofisiaria, tubérculo sagital y zigomáticas; las otras con su nombre indican su dirección y terminación. La línea lámbdo-apofisiaria, parte adelante de un punto llamado apofisiario, cuya situación es: encima de la apófisis orbitaria externa, sobre el principio de la cresta temporal del frontal, en la prolongación de la línea que pasa sobre el borde superior de la órbita; termina en el lambda. El arco tubérculo sagital, principia en el tubérculo zigomático adelante de la articulación temporal ma- xilar, en el punto en que se inserta el ligamento prin- cipal de la articulación; se levanta de aquí perpendi- cularmente á las líneas zigomáticas y termina en el arco sagital. Lalínea zigomática inferior,pasaporelbordeinferior del arco zigomático, parte media de la articulación tem- poro-maxilar, el contorno superior del meato auditi- vo, debajo de la raíz antero-posterior del arco zigo- mático, por el asterión y termina atrás encima del inión; adelante pasa por el agujero sub-orbitario sien- do paralela al plano espino-iniaco y al horizonte, en la posición de la mirada horizontal. La línea zigomática superior, se traza más fácil- mente y sigue el borde superior del arco zigomático, la raíz antero posterior del mismo, terminando encima del inión, y adelante, en el borde orbitario inferior 40 paralela á la primera y separada por el espesor del arco. Como líneas accesorias tenemos: una horizontal, línea malar ó malo sagital, paralela á la apofisiaria y zigomáticas y que en algunos casos puede reemplazar- las; parte adelante de una pequeña eminencia huesosa, casi constante, 18 sobre 20, que no he visto descrita y á la que doy el nombre de tubérculo malar superior, por oposición á la más pequeña é inferior, situada en la parte anterior del borde inferior y posterior del ma- lar. Termina atrás sobre la línea media en el tercio superior del arco lambdo-iniaco. 2o Paralelas al arco tubérculo sagital y áster sagi- tal y que pasan por el pterión, extremidad anterior del surco de Silvio, origen de la rama anterior del mismo, por el punto en que las arterias y venas meníngeas cru- zan el surco de Silvio, extremidad anterior del surco de Rolando, extremidad superior del mismo y extre- midad posterior y superior del surco de Silvio. A continuación doy las medidas tomadas sobre el cráneo así dispuesto, siendo el milímetro la unidad de medida. Tengo que hacer antes algunas observaciones: I. De los veinte cráneos que estudio, doce son de hombres y ocho de mujeres. II. De los doce primeros, siete son braquicéfalos, cuatro dolicocéfalos y un mesaticéfalo, el I, que bien puede, como lo he hecho, ser colocado entre los braquicéfalos, faltando solo un centésimo á su índice cefálico para ser braquicéfalo. III. De los ocho segundos, mujeres, tres son braqui- céfalos,cuatro dolicocéfalos y uno mesaticéfalo,el XIII, que aproximándose su índice de los dolicocéfalos á ellos lo he relacionado. 41 IV. En los cráneos que no están expresadas ciertas medidas, es por que faltan ó no se perciben los puntos de referencia, como en el XII y XIII en que faltó el tubérculo malar y en el II y IX que por la sinosto- sis sagital no me fué posible ver la obela. V. En los cráneos I y II, faltan las medidas de la rama anterior del surco de Silvio; el corte fué hecho atrás de su nacimiento. VI. En los cráneos III, IV y VI, habiendo tomado la sisura frontal ascendente por el surco de Rolando, lo que reconocí después de extraído el cerebro y aun- que tomando las medidas de la circunvolución cuarta frontal, pude haber hecho la corrección, careciendo de rigor, quise mejor pasarme sin ellas y por lo tanto fal- tan las correspondientes á dicho surco. VII. En el cráneo V, hay una doble serie paralela de puntos sobre la región rolándica, es que tratando de evitar lo que anteriormente me había pasado por no poder decidir cual de dos surcos profundos, perfecta- mente limitados, separando dos circunvoluciones uni- das hácia arriba, era el de Rolando; opté por hacer el trazo de los dos, dejando para después de extraído el cerebro el determinar cual de ellos era el buscado y encontré: que el anterior. VIII. Cosa parecida me acaeció con la extremidad posterior y superior del surco de Silvio en el cráneo XIX, dos trazos para las curvas que se me presentaban como terminando el surco, el primero fué el verdade- ro, el otro siendo la terminación déla paralela tempo- ral, habiéndose adelgazado y como ocultado en el sur- co de Silvio la primera circunvolución temporal. IX. No pongo el resultado de las medidas obtenidas en los cráneos provistos de las partes blandas, por creerlo innecesario al hacerlo con las más exactas y 42 precisas del cráneo seco y haber encontrado un cálculo tan simple como fácil para corregir la diferencia que el espesor del epicráneo entraña. X. Expongo simplemente las medidas que me lian servido para la investigación sin que ninguno de los cálculos de ella entren aquí. MEDIDAS EN EL CRÁNEO SECO. Craneometría-Arcos, cuerdas, distancias de los pun- tos singulares y líneas del cráneo. Craneometrla cerebral.-Arcos, cuerdas y distancias á los puntos singulares y líneas del cráneo. 43 CBANEOMETR I A. d Arcos. Distancias. Cuerdas. tí 1 3 'erencia (P elo iuiaco Ó ó Q d d i a O O o 'a - tí 8 d o ñón á la abela. obela al bda. ¿4 •S stión al isión. iniaca ó ro antero terior. d o d *0 s a 0) j iniaca * abelo ibdaica. Glabelo breg- mática. Numere Edad. ó X o «2 Circunf no glab a o i naso la s o § tí o he N bl-auri 1 A •d d 3 d o •O del al oj del opi b 8? 2 d a & Naso la o CQ d & Glabel I 35 H. 491 300 235 123 300 295 355 16 33 39 40 165 160 108 168 158 95 TI 28 M. 480 326 260 130 300 306 361 16 45 34 160 170 112 167 170 102 III 36 M. 473 292 233 112 276 282 345 16 37 55 28 164 163 100 166 160 86 IV 40 H. 512 322 247 128 307 313 380 18 28 52 37 171 171 111 180 172 101 V 58 H. 491 315 255 130 315 312 368 20 35 44 30 160 163 119 169 164 100 VI 45 H. 500 320 258 125 296 299 370 20 38 43 38 165 171 111 172 169 98 VII 32 M. 480 295 246 112 290 300 355 19 47 61 36 158 166 100 160 167 89 VIII 47 M. 475 305 240 127 290 287 358 17 29 63 29 160 163 107 165 100 IX 26 M. 480 306 245 121 284 290 358 20 41 47 34 162 165 104 168 166 93 X 49 H. 616 324 259 137 310 311 380 21 58 37 178 174 118 184 174 103 XI 45 II. 529 342 262 130 311 326 398 20 35 48 38 179 179 115 185 176 100 XII 40 M. 471 290 230 110 272 277 340 18 35 55 35 165 165 100 167 163 86 XIII 50 M. 481 297 242 116 291 295 345 19 31 47 37 167 166 102 169 163 89 XIV 53 H. 493 323 263 122 294 304 382 21 40 35 165 173 113 171 171 99 XV 30 11. 492 315 250 121 292 294 373 20 42 53 31 161 161 108 166 165 93 XVI 46 H. 483 320 246 122 294 310 380 20 32 38 40 159 168 111 162 163 93 XVII 60 H. 496 302 251 121 292 301 347 19 33 54 33 172 171 107 173 170 94 XVIII 24 H. 493 313 250 125 296 295 355 18 41 52 33 171 173 110 174 172 100 XIX 56 H. 495 320 266 133 322 325 392 21 42 51 35 169 173 119 171 171 101 XX 48 M. 485 302 241 113 285 290 357 20 34 64 34 166 166 102 170 161 87 44 CRAN-EOMETRIA. O Cuerdas. Diámetros. Arcos. Cuerdas- Número del crán 1 Lámbelo iniaca. Obelo iniaca. Bregmo lamb. daica. Espino iniaco. Bi-zigomático. i Bi-auricular. Bi-mastoideo. Transverso má- ximo Vertical máximo. Altura de la cara Indice-cefálico. Bregmo estefanico. Tubérculo sagital. Ságito astérico, Tubérculo sagital. Ságito a stérica I. 63 91 102 173 131 120 100 132 131 64 80.00 50 148 123 130 104 II. 63 116165 116 108 99 129 129 64 80.62 70 151 142 133 117 III. 57 90 109 168 119 113 96 124 122 63 75.60 63 140 133 121 108 IV. 70 96 107 179 135 130 110 140 133 79 81.87 56 149 150 130 118 V. 60 90 110 164 125 118 100 134 130 66 83.75 75 154 145 135 115 VI. 59 94 113 174 130 125 103 134 133 66 81.21 63 146 140 126 112 VII. 48 90 120 169 119 114 100 130 130 65 82.27 62 147 138 127 114 VIII. 62 90 102 165 113 108 103 130 121 64 81.25 73 - 145 140 118 113 IX. 59 92 113 163 114 112 92 124 129 63 76.54 60 138 137 121 115 X. 63 111 182 127 118 96 135 137 64 75.84 63 153 152 133 123 XI. 83 102 117 182 136 125 119 138 147 70 77.09 57 154 159 137 123 XII. 58 88 108 172 120 116 94 125 125 63 75.75 60 130 136 114 108 XIII. 53 82 110 174 127 114 107 130 131 56 77.84 68 145 131 123 108 XIV. 59 118 163 129 125 96 140 127 76 84.84 70 144 158 127 123 XV. 59 97 116 168 133 122 102 134 134 73 83.24 68 140 152 123 122 XVI. 70 98 107 154 124 114 91 140 132 70 88.05 60 142 160 125 123 XVII. 50 81 118 178 129 120 104 131 131 58 76.16 50 146 135 128 111 XVIII. 61 98 113 174 123 116 96 130 130 64 76.02 74 144 145 124 117 XIX. 53 92 117 168 132 122 94 136 136 65 80.47 72 158 142 139 114 XX. 58 90 110 173 126 116 101 127 130 60 76.50 63 140 144 123 114 45 w h t kj r> < XII. XIII. XIV. XV. XVI. ■> 1-1 < áx< Número dal cráneo- Ci o h* oüio ^eacweO'O o o c o o te el punto apofisiario- Distanci hnrizo m te te te m te te CiWWO'XO- te m i-i ha m te te h- h- Xi-'C!®'® HXH*4! Oí el tubércu- lo malar-su- perior. a perpendic ntal nue nat XíbíbrbXib^XWXíXXXíbXhbíbXibib >q -H'XXKX tv»{* vlOXfbCSOr-i ©t 4n O el arco zigomático PTE1 llar á la 1 wxxx wxxxiexxxeiexxxxax x owxoí<;xm'_!x^ xoxo «tí x t'íhUti al punto apofisiario. ilON. del pie Q H te te te cc te co te WXWOOO ® te te te O ¿ te te m te te cc te í O'XO^O. H-) al tubércu- lo malar su- perior. le la perpen ÍQ l> ha te te h ■AíoSccooosocDteíecctetete^ al tubércu- lo zigomá- tico. dicular. 1 T O SE 4^4^4^4^4a-4^COCO4^ ~ie-x teteoo-o XOibbnb-bhXbb ©OCOÜltóOMXCl® al tubércu- lo zigomá- tico. ZEET i 4^ 4n 4^ 4-^ i'C 4* 4^ 02 :LC 4^- 4^ :X 4- 4-* 4^ 4a* sH 4^- kE 4- tenioo^^aci^üoowHikooiMOiSH al punto pre-auri- cular. XjÜVAXU.O.1 Distancias. V J/U V M0O. ■VIH Ci tb >h Ci 4a'Jt Ci »b >h C> C> tb tb 4- Ci s» o 4-& otexoo^oitc^-^ 4-xx x o wtíio» al meato auditivo. s x ^1 O X X ^í O O O X X Q O Q X o o ©t olwh te©x©©w<ecjw<eooxiO'Q Curva temp: sup. a tuber. zig. i OX'OXO'OOXXOC'O^XXX'O' HOOiOÜttóOXeXHWXO^ibO' *> X 05 al lambda. Oí Oií **5 Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí Oí OT Oí a o o a o ci w go ci w q o ci w w ci - go w al inión, ©OlOOW®OXMOl<(OOl^^OÜ!®Í!0<i á la apófisi mastoides Dista n *1 H O Cl o X Cí C> A o tv O >4 X & X O O hb al tubércu lo zigo- mático. acias. s OHOtóHH^Sc tóSoH- -«S x^octocotí x^-xtexoxo 120 110 110 al pto apoí siario del p de sección arco áster sagi y Une lambdoide 1 a. 46 Mujeres DALICOCÉFALOS BRAQUICEFALOS. Hombres. Mujeres. Homb res. 1 ' XX. 1 XII. XI IIIAX IIAX IX X IIIA VIL XIV. XV. XVI. XIX. II. 4-1 Q tí Ot ©l ©l 44 O W©M ©I Oí 44 44 00 4^4- O ©I £ ¡£ O 05 44 00 00 03 44 bPCtQ O ©I 44 0 ©I De la extremidad superior al b regina. > 44 4a. 03 44 44 03 l-i O 44 4x 4n bP 03 44 03 44 ©t 44 -1 ©44© bP O O O 03 03 ©l O X superior. del trayecto del su 03 b3 bí 03 ©t 03 bP b3> bP bO 00 bP 00 GO 44 bP bP 44 bP 03 bP H-i ©I O -1 4-1 -14- 03 bP 03 bP 03 bP ©I -1 4-1 OI ¡O O! bP 03 44 bP 44 bp 44 4- 44 ©I <1 O 44 0 bp bp bp bp 44 bp ©T ©tóO© 0 parte media. extremidad inferior. surco de Ro- lando á la sutu- ra coronal,de su RCO D tí 0 44 03 44 Q bP 00 C0 44 O ©i -3 O - HA M 4-1 bP 4-1 00-10 O 4- 03 00030 03 bP 03 03 03 03 ©1 03 bP 03 OlO O O! 00 O 4iOOl«l ©T 44 ©i Qi 044-0 05 ©1 44 05 ©t O O O O-14-i 000-10 22 23 0 23 42 punto apoflsiario. tubérculo malar superior. borde superior del arco zigomático. perpendicular- mente á la ho- rizontal que pa- sa por el de la extremidad infe del surco de Rolan DE ROLANDO. [STANCIAS. tí H tí ©I O O ©1 00 44 44 Qs ©I 44 bP -í Oí Oí) Oí) Oí) OODOOl 05 44 05 ©I ©I 4-i 4- O ©I OO Oí) Oí) Oí) Oí) co O O O Oí 0 44 ©1 ©i 00 44 -1 ©i co 0 6237 50 37 punto apoflsiario. tubérculo malar. del pie de la perpendicular respectiva al n 44 1 i o 1 1 1 44 WH 44 o o II III. । । 1 bP bP tó 41 4* bP bP 4-1 -1 O 44 O O 4141-41 tubérculo zigomático. tí tí O ©l O ©I 44 w o w ©t ©1 44 O 03 44 O OO O O O 44 44 ©!©!©! OO ©I ©T 44 44 0 ©l 44 0 00 con el arco sagital, al bregma. de la prolongación ¿j tí o o o o C0 00 ©1 OO bp oo oo o O 41 Otó O 00 0 0 44 0 4-1 0 03 0 4-1 44444-1 0 bP O O OOO-l OOO ©1-10-1 -1 03 44 bP 03 44 bP CO ©1 bP ©1 108 62 116 75 por la perpendicular que pasa por la extre- midad sup. del surco de R.con la linca lamb- do apoflsiaria, al punto apoflsiario con la línea zigomática, al tubérculo zigo- mático rolándica superior del punto de sección. SABE DIB DIS tí tí !► ©1 OS ©I bP o o 44 aoiaa 0 4-©! ©i 2? O 03 00 -1 O O 00 bP O 00 -1 ©1 ©i 03 03 la línea lamb apoflsiaria, al punto apoflsia- rio. de la prolongación rolándica inferior > s tí too^ -1 O <1 0 44 000 0 44 ©r 10 12 el arco zigomático, al tubérculo zigomático del punto de sec- ción con ON] CIA? o O O O o M o o oo OíOCtib OO ©1 bp O -} 100 O O 44 O O -1 00 O 0 44 0 00 ©l 0 Longitud del surco de Rolando a o ci q -50-10 o ci o csoo-i bp o OO 00 COt^tó 00 ©i-1 <C!OC! 4 o o o o o o o o O o o o o o o 0 0 03 -1 0 0 Angulo Rolando sagital. ÍDICA- - 47 DOLICOCEFALOS. -BRAQUICEFALOS. Muieres. Hombres. Mujeres Hombres. CRANEOMETRIA CEREBRAL. SURCO DE SILVIO. I. IV. V. VI. XIV. XV. XVI. XIX. II. VII. VIII. X. XI. XVII. XVIII. III. IX. XII. XIII. XX. 05 C3 05 HA ©3 OtOOTOt O O O MOlWOlOOOO h-t <© ha l© H1 i-1 H h H WHHtOMtOKÍM ©T HO5 -5 0-3 00 ©T 05 -3 WClO' O punto apoflsiario. tubérculo malar. perpendicu- larmente á la horizontal que pasa por el del pie de la perpendicu- lar respectiva al de la extremidpd ant. DISTANCIAS. 1 03 03 <23 03 03 <23 43 03 43 03 43 43 4^-03 03 03 03 ^4^^ O ¡O 00 O ©I 00 -3 CO 05 O Ol H1 00 02 O OH O ©I 03 arco zigomático. 02 02 02 03 03 03 03 02 03 02 03 03 03 02 03 03 03 03 03 03 ©05 00 W O 05003 punto apflsiario. <23 02 02 02 02 M 02 ^ 02 02 02 02 02 02 02 02 02 02 00 00 ©T 1-1 O 00 02 O O -í 0304^-05 03 03 ^4^ tubérculo malar. -3 00 CO 05 03 O 00 05 ha ©T S CO ©I O 03 03 ©T C0 CO -3 tubérculo zigomático. 020000 O 02 43-O 0300 0200050^00 á la escama. el tubérculo zig- tom las 43 03 43- 43- 03 4i-4i.4i.C3T 43 43 43 4^.4^4343434^434^. 03 O O O CO H&WO 03 ©l ©T 43 <© t© ©I t© 43 -3 03 | al tubérculo zigomático. perpenan pasar idas del t O ©T CO 03 43 0 03 03 03 03 HA 03 03 03 02 O 02 M O O á la escama. el punto pre- auricular. 43 43 43 00'03 ^43. 43'43 43. 43-43.43 4343434343434343 02 M 02 O 00 O 03 ©T 05 43 ©l ©T 43 O 02 05 02 02 43 M al punto preauricular. rayecto por Bulares que 1 por | I 1 1 O HA CO 05 ©T O 03 03 ©T 03 03 43 ©r 02 O ©T 02 O O á la escama el meato au- ditivo. ©T43©T©T©T 43 ©t ©t ©t ©t ©t ©t 43 ©i ©t ©t ©t ©t ©t Ot O © <O O O 00 03 43 02 hh© -3 03 i© ©T 03 03 ©l ©T al meato auditivo. <(©HC0 O U O 02 C0 05 -3 CDOOtóOCOCOH ©I-3 t©-a ©103043 GO-3-3 ©i 43 02 ha 00 O ha 05 05 ©T ©T 05 ©T ©T ©T 05-105 05 ©I 05 -3 03 03 00300-1 CO 05 C0 05 00©T©T -100 05©T -1 03 punto en que deja de ser horizontal. - Angulo Silvio Rolándico, (grados) O 00 -1 ©T ©T ©T-3 00 C0 -3 -3 CO 00 00 00 -1 00 00 -1 05 OOOlW-1 O ©T ©T 00 00 43 O O ©I O ©T 05 -3 -3 O á la sutura sagital. D de i poste 05 43 ©T 05 43 -1 ©T 05 05 03 ©T 43 ©I ©I 05 ©I 43 43 00 ©I ©T HA OT HA 00 JO00H© 00 03 -1 03 03 i© -1 (© 03 1© 03 al bregma. el arco sag perpendicular que por ella pa sa con del punto de sección de la CV CALI dllltlextl I jrior y superior ISTANCIAS. OOOtOO 00 ha i© l© OOO OHHiOOOoS C0 O ©T t© 03 ' ©Wt©-1 43-1 HA HA t© 00 03 ©T-1 <© 0 **3 O») O C0 O G0 O») Oí) to O 00 00 CT _Q COPO C0 O to al punto apofl. al tubérculo zig. la línea apofl- siaria, |a línea zig 48 - CR. AJSTJ SOJ^ IET ±rC±A u -bLí JbC SURCO DE SILVIO. Arterias y venas meníngeas al cruzar el surco de Silvio. DISTANCIAS de la rama anterior DISTANCIAS. perpendicu- del p¡e jg ¡a pgr larmente á pendicular la horizontal, respectiva al quepasaporell perpendicularmente á la horizontal que pasa por el del pie de la perpen- dicular respectiva al § de Silvio Ó S O ó -É O P. igomático apoflsiario :ulo zig- c o o o g 0 g < Q U2 O apoflsiario ulo malar gomático apoflsiario- ulo malar. 'd 8 O - N O O tí N O O c 3 2 CQ c3 'Sj c i O c •O N O O ü Sl> 3 s 5 a g <3 5 1 s 2 s. 2 s 90. 0 17 42 41 29 3 0 41 33 6 4 30 90 0 20 44 36 30 3 0 40 24 19 0 28 91 0 23 40 32 15 11 m - <x> ce 0 35 32 15 3 28 91 0 11 35 32 23 15 tía 0 45 50 -16 19 23 97 2 22 44 40 6 3 33 42 -1 5 30 94 3 14 30 36 7 5 5 36 40 -4 30 93 5 18 38 32 38 4 o> <i tí Ó 41 33 6 26 86 0 23 41 33 33 6 n 78 0 16 43 41 37 1 £ 0 40 30 12 27 90 0 16 40 30 20 12 s 3 39 36 5 7 27 83 3 20 43 45 33 4 3 50 39 6 27 95 3 20 44 48 39 -3 10 43 39 4 9 30 102 10 8 35 37 27 6 9-° á° 0 44 40 2 7 21 82 0 20 43 39 39 3 8a o 3 38 33 7 23 114 1 17 36 39 29 1 o tí o 3 35 35 2 20 92 3 5 29 30 22 7 u w 0 33 29 10 11 26 96 0 23 38 45 37 6 Q 6 34 28 9 0 24 86 6 34 34 28 3 s 4 32 35 9 0 26 74 4 32 35 35 9 6 37 29 7 4 25 86 6 15 37 35 29 1 CAPITULO TERCERO. Cálculos para la Topografía Cráneo Cerebral GENERALIDADES. Una de las más, si no la más importante vicera de la economía, está encerrada en el cráneo, recinto osteo- membranoso que la protege, la resguarda y á su forma se amolda sin que por esto la suya en todo le corres- ponda como quieren los Frenólogos; es el encéfalo, sitio de las facultades superiores, la voluntad y los ins- tintos afectivos. Buscar la correspondencia entre estos dos órganos; el uno hueco, duro, fácilmente accesible (bóveda); el otro lleno, blando, delicado y oculto; es el objeto de este ensayo; no á la manera de los Frenologistas, bus- cando protuberancias y depresiones correspondientes al desigual desarrollo de porciones del encéfalo por predominancia ó defecto de función, sino topografian- do la corteza cerebral en el exterior é interpretando el elocuente lenguaje algebráico que con sus signos nu- méricos ú otros nos dará á conocer la conformación exterior del cráneo y pondrá en relieve las relaciones respectivas de lo profundo con lo superficial. 50 Si este opúsculo no fuera una prueba, me callaría la mayor parte de este capítulo; pero no siendo así, me es necesario exponer los cálculos derivados de las expe- riencias y que me lian llevado á encontrar relaciones tan simples como constantes entre ciertos puntos del cráneo y los dos principales surcos lobares del cere- bro; cierto que no lo liaré sino parcialmente, dando las medias, máxima y mínima para cada punto ó línea, en función ó relación con otras, en las diferentes varieda- des de cráneos é indicando la manera de obtenerlas. CRÁNEO. El cráneo, continente osteo-membranoso del encé- falo, es variable en figura y dimensiones con las razas y los individuos. Es más grande en el hombre que en la mujer. La capacidad es igualmente mayor en el pri- mero. Manouvrier dice: que la capacidad relativa del cráneo femenino es mayor que en el hombre; estando en la mujer postergado el desarrollo huesoso y mus- cular al nervioso é intelectual; tal vez sea así, sola- mente diré que los cráneos más gruesos los he encon- trado en mujeres. Los diámetros principales de los cráneos europeos, son: (Parchappe) (Merkel); D. antero posterior máximo 190 D. transverso máximo 156 D. bi-zigomático 140 Circunferencia horizontal máxima. 560 En veinte cráneos secos, de individuos de nuestro pueblo, he encontrado las siguientes medidas; 51 D. antero-posterior máx. 179 mín. 158. D. transverso máximo máx. 140 mín. 124. D. bi-zigomático «j máx. 136 mín. 114. D. basio-bregmático -{ máx. 147 mín. 121. Circunfer. plano gabelo iniaco...^ máx. 529 mín. 471. Según la predominancia de los diámetros, se dividen los cráneos en variedades antropológicas que llevan los nombres de microsemas, mesasemas ó megasemas, de signo. Cuando se aplican á la relación entre el antero posterior y el transverso se dice que el crá- neo es braquicéfalo, dolicocéfalo, mesaticéfalo, si el transverso se aproxima ó se aleja del antero posterior. A esta relación de los diámetros se llama índice. Uni- camente el cefálico considero aquí, y es: la expresión del diámetro transverso máximo, en centésimos del an- tero posterior, y cuando este valor pasa de 80'01 se dice que el cráneo es braquicéfalo; si está comprendi- do entre 77'78, y 80, mesaticéfalo, y menos de 77'77, dolicocéfalo. Se encuentran en la tabla de las experiencias los ele- mentos para encontrar el índice vertical, que es la ex- presión del vertical máximo ó basio-bregmático, en centésimos del transverso máximo; los índices com- prendidos entre 72'00 y 74'99, se llaman mesasemas; los que pasan de 75'00, megasemas; y los que menores de 71'99 microsemas. Hacia adelante y abajo el cráneo se une con la cara. Esta parte de la base está inclinada de arriba á abajo y de adelante á atrás de manera de formar un ángulo agudo abierto adelante, con la prolongación horizontal de la parte posterior, condiliana del occipital, en cuyo ángulo se encaja la cara. 52 Por los cóndilos del occipital situados directamente abajo se articula el cráneo con la columna vertebral. La línea de inserción de la cara adelante y el cue- llo atrás y á los lados, señala los límites de la base y la bóveda. Esta línea que, partiendo de la articulación naso-frontal, sigue el arco de la ceja, la apófosis orbi- taria externa, el borde posterior y superior del malar, el arco zigomático, el borde superior del conducto au- ditivo externo, la raíz antero-posterior del arco zi- gomático, la sutura parieto-mastoidea, pasa por el as- terión, sigue la curva occipital superior y termina en el inión, marca también con bastante precisión el bor- de inferior y externo de los hemisferios cerebrales. La apófosis mastoides pertenece más bien á la base (Poi- rier). La bóveda del antro encefálico está constituida por partes blandas, epicráneo; y huesosas, cráneo propia- mente tal. Del epicráneo, no teniendo que considerarlo sino des- de el punto de vista de la Anatomía de las formas, en la 4* parte encontrará su lugar; solo diré que, su tex- tura esencialmente laminosa, ha llamado siempre la atención y puede quirúrgicamente ser considerado co- mo constituido por dos planos entre los que existe una cavidad virtual, la serosa ó tejido celular sub-aponeu- rótico. El primer plano ó capa, que pudiera llamarse piel de la cabellera, lo forman: la piel, el tejido celu- ler subcutáneo denso y apretado y la aponeurosis epi- craneana adherida al tejido celular y á la piel; y al segundo: el periostio laxamente unido al hueso excep- to al nivel de las suturas en que la adherencia es ínti- ma. Estos planos ó capas, están irrigados en su mayor parte por las arterias temporal superficial, auricular posterior y occipital ramas de la carótida externa, y 53 por la supra orbitaria y frontal interna ramas de la oftálmica, hácia adelante y cerca de la línea media. Las múltiples anastomósis de estas arterias y por ra- mas de calibre considerable son bastante conocidas pa- ra que tenga necesidad de hacer notar que, si se opera en la parte superior, trépano osteoplástico ó cualquiera otra operación en que se desprenda un colgajo, es in- diferente que la base quede en cualquier sentido, por- que es ilusorio en esta parte de la región querer seguir el trayecto de las arterias. Cuando se opera en los lí- mites inferiores y laterales, es precepto que la base del colgajo sea inferior para conservar los troncos arte- riales. Ramas del oftálmico de Willis, del maxilar inferior y del segundo par cervical le dan la sensibilidad ge- neral, y las ramas del facial movimiento á los múscu- los de la región. Hacia los lados, el músculo temporal con sus apo- neurosis se interpone entre el tejido celular sub-apo- neurótico y el priostio aumentando el espesor de las partes que, en la región occípito frontal, varían de 4 á 7 milímetros. CÁLCULOS DE CEANEOMETEÍA. Puntos singularesf líneas y suturas del cráneo. La porción huesosa del cráneo ó cráneo propiamen- te tal, en la porción que estudiamos, bóveda, está cons- tituido por los dos parietales, la escama del temporal y la del occipital (mitad superior), la porción frontal del frontal y la extremidad superior de las grandes alas del esfenoides. Estos huesos están unidos entre sí por una membra- 54 na fibrosa, que no merece el nombre de cartílago que se le ha dado, y por el periostio que después de to- mar adherencias con ella se continúa de un hueso al otro. La mayor parte de las articulaciones de los hue- sos del cráneo llamadas suturas, pertenecen á las de engrane; el bisel se encuentra en los lados laterales de la bóveda; la yustaposición ó sutura armónica solo en la base. El frontal, primitivamente formado de dos huesos, suele presentar este estado en el adulto; el cráneo IX ofrece un ejemplo, pero esto no es lo común y la su- tura metópica ó medio frontal desaparece por la sol- dadura de los huesos frontales. La unión del frontal con los parietales, forma la sutura fronto-parietal ó coronal. La de los parietales entre si, la interparietal ó sagital; y la unión de éstos con la escama del occipital, la lambdoide. El punto de encuentro de la sutura coronal y sagi- tal se denomina, bregma; al de la sagital y lambdoide, lambda. La sutura escamosa, la forma el borde inferior del parietal articulado con la escama del temporal. El ángulo 'antero inferior del parietal se articula con las grandes alas del esfenoides y éstas á su vez con el frontal y la escama; la parte media de la arti- culación pter-parietal, se llama pterion; como, asterión, el punto de concurrencia de las suturas lambdoide, parieto-temporal y occípito-temporal. Estudiemos sucesivamente cada una de estas sutu- ras y puntos. La sutura frontal, tipo de las articulaciones sutura- les por engrane encima de la línea curva temporal, es casi lineal debajo de ella. Partida del Bregma, se 55 dirije primero transversalmente, y al encontrar la cur- va temporal superior, estefanión, á 0,m063 del bregma, cambia de dirección, formando un ángulo redondeado, obtuso, abierto hacia adelante y prolongando su di- rección encontraría la articulación zigomato-malar en la parte anterior del bisel zigomático, pero llegan- do á las grandes alas del esfenoides á 0,m040 del arco zigomático, á los f del arco tubérculo sagital, redon- deándose bruscamente toma la dirección horizontal paralela y debajo de la línea lambdo apofisiaria. La línea curva temporal, que al cruzar la sutura coronal forma el estefanión, limita superior y profun- damente la región temporal y á ella se inserta la apo- neurosis temporal. Toma su origen en el frontal, del borde posterior de la apófisis orbitaria externa, se dirije arriba y li- geramente adelante, cambia casi inmediatamente de dirección hacia atrás; en el frontal forma una cresta saliente, cresta frontal, límite anterior de la fosa tem- poral; luego sobre el parietal apenas se marca por un cambio de aspecto de la superficie huesosa, para lle- gar á ser otra vez saliente sobre el temporal, raíz antero posterior del arco zigomático. Debajo de esta línea hay una serie de paralelas concéntricas que se extienden en una zona de dos á tres centímetros; la más inferior de estas líneas es marcada y se distingue con facilidad; cuando existe desde la porción frontal y cruza la sutura coronal, Le Fort, denomina á la in- tersección, estefanión inferior. Estas líneas paralelas que, Poirier, dice encontrarse muy extendidas hacia arriba cerca de la línea media en las razas inferiores, disposición constante en algunos animales (monos), le parecen señalar en el hombre: "las etapas sucesivas 56 de la retracción del músculo temporal en la especie humana." La línea curva temporal superior está á 0,m08 del arco zigomático, (Tillaux, le da de 6 á 7 centímetros), á || del arco tubérculo sagital. La sutura sagital ó interparietal, dentada, une el pa- rietal de un lado al del otro; se extiende del bregma al lambda casi siempre situada en la línea media; sus desviaciones insignificantes son más bien á la izquier- da. En la parte posterior, cerca del lambda, los dien- tes de los bordes de los parietales desaparecen y la sutura queda reducida á un rasgo, es la obela, de o fie Xa, rasgo. Al nivel de la obela y de 8 á 16 milí- metros de la línea media están los agujeros parietales cuyas dimensiones son algunas veces considerables constituyendo verdaderas perforaciones. La longitud de la sutura sagital ó arco bregmo- lambdaico, varía de 0,m112 á 0,m141, siendo la media general O,m125; tal variación que es la misma en los braquicéfalos hombres, es notable también en los bra- quicéfalos femeninos, 0,m130 máxima, 0,m113 mínima. En los dolicocéfalos es menos acentuada la variación notándose para los hombres una diferencia de un cen- tímetro entre la máxima 0,m132 y la mínima 0,m122, y en las'mujeres de 8 milímetros solamente: máxima O,m128, mínima 0,m120. Expresando las longitudes en 10,000 del arco sagi- tal, la diferencia es menos marcada y tienden á unifi- carse las longitudes. Para encontrar estas medidas me valgo de la siguiente proporción: arco naso-iniaco : 10,000 :: arco bregmo-lambdaico : x; de donde: 57 , arco bregmo-lambdaico X 10,000 arco naso-iniaco sustituyendo los valores de los arcos en cada uno de los cráneos, se tiene, verificando las medias, en los máxima mínima media í TT braquicéfalos.. . ■' ( TT clolicéfalos - en todos los cráneos... 4365 4542 4285 4243 4542 3696 3771 3766 4050 3696 4006 4102 3976 4165 4053 Y si en lugar del arco naso-iniaco se calcula con el arco naso-lambdaico, tendremos: arco bregmo-lambdaico X 10,000 x= 5 fx-2 ; v como arco naso-lambdaico valores en los braquicéfalos h m 5362 5448 máxima 4766 4709 mínima 5030 5052 media y en los dolicocéfalos h m 5180 5312 máxima 4709 5062 mínima ' 4982 5198 media Al hablar del bregma lo haremos también de la distancia bregmo-lambdaica en función de los arcos y cuerdas naso-lambdaicos. La situación de la obela la fijarémos (A): 1?, por su distancia al lambda, punto el más cercano; 2o, al inión, longitud del arco y de la cuerda, siendo todas estas medidas expresadas en milímetros; (B), á estos mismos puntos en 10,000 del 3?, arco sagital y arco naso- lambdaico; (C), y por último, 4°, el arco obelo-lamb- 58 daico y obelo iniaco en función del arco y cuerda naso-lambdaicos. El cuadro siguiente resume las medidas de la OBELA. Cuer- Arcos. En función del arco y das cuerda nasolambdáicos mm mm A G Obela Obela Obela Obela Obela Obela Obela Obela iniaca lambd. iniaca lambd • iniaco- lambd- iniaca lambd. Máx. 98 42 107 1680 4169 1333 3394 2731 w Mín. 90 28 96 1300 3440 869 3000 2246 P Med. 94 35 100 1418 3977 1120 3177 2418 p Máx. 90 47 96 1910 4095(d 1593 3255 3171 o I-» Mín. 90 29 94 1208 3901 950 3081 1969 p. Med. 90 36 95 1559 3971 1271 3168 2570 o CO Máx. 102 41 115 1640 4392 1309 3363 2845 ü Mín. 81 33 84 1314 3346 1023 2781 2248 p. Med. 93 36 101 1431 3959 1141 3155 2494 o" O Máx. 92 41 102 1673 4171 1339 3335 2679 Os S Mín, 82 31 86 1281 4046 1040 2893 2126 o Med. 88 35 95 1495 4081 1195 3187 2363 CO W Máx. 102 47 115 1910 4392 1593 3394 2845 o P Mín. 81 28 84 1281 3971 950 2781 1969 P' p Ó p 1 Med. 86 36 99 1457 3995 1163 3173 2432 CD O ce o ce O ce (1) La sinostosis de la sutura sagital siendo completa en la parte poste- rior, en el cráneo número II, no pude determinar la obela á la simple vista; el cálculo siguiente me dió el número indicado: a+b+x=zx3, a=arco obelo iniaco del número III, b=arco obelo iniaco del número VIII, x=arco obelo del número II y z=media del arco obelo lambdaico + media del arco lambdo- iniaco de los braquicéfalos mujeres. Todos en 10,000 del arco naso-lambdaico. Despejando x=zx3-(a+b) 59 BREGMA. Punto de encuentro de las suturas coronal y sagital y metópica cuando existe, es el punto que desde los primeros tiempos en que se empezó á hacer la topo- grafía cerebral, se toma como referencia principal, tal vez porque se creía (Gratiolet) que coincidía con la ex- tremidad superior del surco de Rolando como en los animales inferiores: surco crucial del perro, por ejem- pío. ( Este punto tan importante por ser sobre el que se aprecia en longitudes rolando-bregmáticas y ángulos rolando-sagitales la inclinación del esferoide cerebral sobre el hueco craneano, no es menos mal precisado; y la clásica situación de á tantos centímetros del na- sión no es más que pobre recurso, variando la distan- cia no solamente en las diferentes variedades de crá- neos, sino también en los de una misma especie por más que se den medias como lo demuestro luego; y por esto me he esforzado por precisar el bregma como los demás puntos singulares y líneas del cráneo, tomando medidas, líneas y relaciones que, si variables en los di- versos individuos, guardan entre sí una relación si no constante sí muy aproximada para que puedan des- preciarse algunos 10,000as de arco ó cuerda. Considero la situación del bregma con relación: (A,) l9 al nasión, al lambda y al inión medias de veinte cráneos medidos en milímetros, cuerdas y arcos; 2? es- tos arcos expresados en 10,000a8 del arco naso lamb- daico y arco nasoiniaco; (B) y en función, Io del arco y cuerda naso-lambdaicos y 2o arco y cuerdas naso inia- cos. (A), Io (a) al nasión, (b) al lambda y (c) al inión y 2o estas medias en y 60 arco naso-lambdaico . arco naso-iniaco 10,000 ' 10,000 ' arco naso-bregmático = arco nas°-lambdaicox X 10,000 arco naso-bregmático= 10,000 X=N, diezmilésimas de h. arco naso-iniaco : 10,000 : : arco naso-bregmático : Y. Y expresa fracciones del arco sagital , 10,000 ° 61 Máx. Mín. Media © SO' c- = m Máx. Mín. Media HOMBRES. MUJERES. BREGMA- 1-• >-' r- O O H* OO O O r-1 r- r- x-x O 1-1 70 -7 00 tí o tí 70 OO CO Naso bregmática mm. CUERDAS. X- t-1 t-' l-x O 70 *-> 70 O r- r- tí tí 00 H-x H-x H- M O H-x x-x 70 OO Bregmo lambdaica t-1 i- 1- to x-* w JoS w 00 t-> -7 70 70 03 ex t-x 03 Naso bregmátlco •rain ARCOS f-L f-l iOHÍ». Ot K» H 1-' t-' 70 70 03 ►7 70 70 70 tí tí -7 70 I-* Bregmo lambdaico f-x l-x 70 OWH CO -7 70 1-* 1- 70 OCOH 70 l-i 70 201 177 191 Bregmo iniaco 4- 4- Ot 4- ex 70 4^ ex O ►7 70 t-x Cx 4 C( O CO 70 t-x 70 O COOH 4- 4^ ex co ce 70 ce 03 03 4- CC 4- Naso bregmático ex 4^ o» O ~7 >4 G O 4- Ox O 00 4- 4^ Ox CO -7 t-' CO O CO 70 CO O Ox 43. Ox C -7 03 03 ce ce ex G 70 Bregmo lambdaieo G ~7 co Ox o o cc w o t-> o 70 -7 -7 00 Ox 70 O O O CO CO 70 70 oí 0 00 CO 03 Ox Ox O O> Bregmo iniaco W O (4 o -7 70 4- >4 70 70 1-* -7 4- 03 4- O 00 70 £ O 70 1156 3777 3961 Naso bregmático Cl 4^ 03 >4 O G Ox Ox O 4 W (O N 03 03 4^ ©►7 70 ►70 00 a o ex 4'3j 4 O G 03 O CO G G G ex Bregmo lambdaico O Ox G O -7 70 Ox ~7 Ox ►7 03 CO ex ex g CO -7 1- OO -7 CO 00 03 CO G ex G O OO 70 03 4^ 70 OO 4^ 03 Bregmo iniaco O O O I-1 O 4- OO t G O 70 Naso bregmática mm. CUERDAS. tí O tí O OO 03 tí O 70 70 70 O Bregmo lambdaica tí O 70 tí 03 03 70 O Naso bregmática mm. ARCOS. 70 70 70 4-0 06 •-' x- 1-' 70 t-x 103 ex «4 Bregmo lambdaico I-1 t-1 4^ OO OO 00 w o co 00 Í7 co O < CO G Bregmo iniaco 4- t4- 4- OO es CO O OO 03 1-1 00 co 4- 4- Ox CO Ox 70 4CxQ -7 70 x-' Naso bregmático ex ex ex HOOO ©G H CO 70 70 ex (4- g 0-74 Ox O 4 70 CO CO Bregmo lambdaico O 4 00 OO 00 4- OO OO 03 7538 7417 7464 Bregmo iniaco 03 03 03 00 -7 CO 4 4 ex ex h- >4 G 03 4^ 0-7 0 G CO CO O G CO Naso bregmático c* 4^ t4 4- HOTO a ex 4 ex o 03 4- 03 4^ x-* -7 ex ©►74 70 I-* 70 Bregmo lambdaico G G G -' O 70 ex co o» 4- ex co G ex G O co 70 03 O O CO 70 x4 Bregmo iniaco 'SOQUEO S0{ sopoí ug 'SOTO -OOOOHOd •SOI«J 62 (B). I9 en función del arco y cuerda naso lambdaicos y 2o cuerda y arco naso iniacos. Pasando la vista por la tabla de mis experiencias se ve que cuerdas iguales subtienden arcos desiguales, por ejemplo: los cráneos II y XII, los dos pertene- cientes á mujeres, el primero es braquicéfalo, mien- tras el segundo lo es dolicocéfalo, tienen la cuerda naso bregmática iguales, 0,m100; los arcos respectivos son de 0,m130 y 0,m110; lo que indica una curva más pronunciada de más corto radio para el primero y que la flecha, línea que une el centro del arco con el de la cuerda, es asimismo mayor. Si conociéramos el radio con que las curvas cefáli- cas son descritas nos sería fácil dada la longitud de la cuerda determinar la del arco; pero, no pudiendo determinar tal radio nos limitaremos á lo que es más accesible y fácil, encontrar una relación que corrija en lo posible el error que resulta de que á arcos iguales correspondan cuerdas desiguales y recíproca- mente; así, en el ejemplo anterior vemos suceder una correspondencia entre los arcos y cuerdas naso lamb- daicos, que son: para el cráneo II, cuerda 0,m170, arco 0,m260; para el XII cuerda 0,m165, arco 0,m230. Esta di- ferencia de 30 en los arcos se explica por la de 5 en las cuerdas, porque en arcos de un mismo círculo, los ar- cos son proporcionales á las cuerdas que los subtienden y á arcos iguales corresponden cuerdas iguales. Pero que raro sería encontrar dos curvas descritas con el mismo radio en cráneos diferentes y por lo mismo la proporcionalidad anterior desaparece; y siendo arcos de círculos diferentes, no solo las curvas de los dife- rentes cráneos sino las que forman la bóveda de uno mismo, para encontrar dicha proporcionalidad nece- sitamos poseer los diversos radios de las curvas ce- 63 fálicas lo que no es fácil determinar. Verdad es, que por un método gráfico se llegaría aproximadamente á conseguirlo sobre todo cuando se conoced espesor de los huesos, pero esta tarea no la he emprendido, limi- tándome sólo á corregir en lo posible los errores por la congruencia en una fórmula del arco que se ha de de- terminar, los arcos y cuerdas principales y que tomo como referencia, arcos naso lambdaico y naso iniaco, cuerdas naso iniaco y naso lambdaico y una incógnita que encontrando su valor nos servirá como tercer ele- mento para encontrar cualquiera de los anteriores que falte y en todos casos expresa la relación de los arcos y cuerdas que entran en la constitución de la fórmula. La fórmula toma su origen para el bregma en las siguien- tes proporciones: arco naso-lambdaico : cuerda naso lambdaica :: arco naso bremático : ¿r; de donde, ejecu- tando las operaciones resulta: _ Arco naso-bregmático x cuerda naso-lambdaica arco-naso lambdaico. (1) Por lo tanto x es, un valor variable con la distan- cia del nasión al bregma y con la longitud del arco y cuerda naso lambdaicos. Se comprende que si estas cantidades fueran infinitamente variables la relación aunque una y constantante para un mismo cráneo, sería del todo diferente para otro; pero los valores son limitados y están en una proporción poco variable los arcos entre sí y la cuerda,luego lo llegará á ser menos si se restringe ó hasta cierto punto se da á conocer el grado de la curva de un arco por la limitación que le impone la cuerda. 2o Igual razonamiento puede hacerse con los arcos naso bregmático y naso iniaco y la cuerda naso inia- 64 ca. Arco naso-iniaco : cuerda naso iniaca : : arco naso- bregmático : z\ Arco naso bregmático x cuerda naso iniaca z- - (2^) arco naso nnaco. v 7 Tanto en la primera como en la 2^ fórmula puede sustituirse el arco naso bregmático por el arco breg- mo lambdaico, entonces la Arco-bregmo lambdaicoXcnerda naso-lambdaica . í 1a = ~ (3) y I a v ' arco-naso lambdaico •qax Arco-bregmo lambdaicoXcuerda naso-iniaca ' ' arco naso-iniaco ' ' Los valores de z (P) (3) y a (2?) (4) constan en el cuadro siguiente, primero medias en todos los cráneos y segundo, en las diferentes variedades. Arcos en función del arco y cuerda sagital: Máxima. Mínima. Media. En todos los cráneos o or co ? Naso-breigmático. W C^-J O Bregmo-lambdaico. oo es w Naso-bregmático. co to ° Braquicéfalos H M Breg-lambd. o-qo ° COW *3 0100 Naso-breg. OOW ° Ct OS -J 2 Breg-lambd. O -i o ® Naso-breg. o o so ca Dolicocéfalos H M 'S Breg-lambd. f-ifO o ° o ow aero ^2 Naso-breg. -Q CO K> ° CCMW í5 í Breg-lambd. oo es co ° -í hU Cr Encontrados los valores de a y z tenemos hacien- do los arcos naso-lambdaico y naso-iniaco=p.; las 65 cuerdas de estos arcos = o.; y los arcos naso-breg- mático y bregmo-lambdaico = 1; x y z = y, que, p : o :: 1 : y; de donde: 1 = -EX- (5) Esto es, el valor o numérico de los arcos naso-bregmático y bregmo-lamb- daico pueden determinarse, como veremos más ade- lante, por medio de esta fórmula. Arcos en función del arco y cuerda naso-lambdaicos Máxima. Mínima. Media. o ex o -Q O O oo o co O Naso-breg. o w o p» 3 oo o o ¿t- o <o O r ?O -í O» Breg-lamb. o o <n -1QO co o co o-í O (O Q Naso-breg. w 92'74 69'23 82,88 Breg-lamb. w p ►o a 86'25 75'57 82'27 Naso-breg. a Q a- o QD 00 o o o 2 ofe Breg-lamb 00 00 o o 4^ C0 C0 Naso-breg. 00 00 o O H-* o 00 o O O 00 Breg-lamb. m O O o o 81'49 77,91 79,24 Naso-breg. K Mí p o en 00 00 00 OT 00 00 -4 oí hI Ci H CJ Breg-lamb. Lambda. No menos importante es conocer con exactitud la situación del lambda punto de convergencia de la sutu- ra sagital y lambdoide. Si el bregma señala un punto de referencia precioso para las medidas rolándicas su- periores, en nada supera al lambda que exactamente determinado serviría para el mismo objeto, teniendo por su coincidencia con el surco perpendicular exter- no, la ventaja que al mismo tiempo que fijaría la si- tuación de la extremidad de la prolongación rolándi- ca superior, de dar á conocer la extensión del lóbulo parietal. 66 Del lambda parten tres de las principales líneas que tomo como escala ó unidad en las medidas craneo- métricas, no considero más que el lado izquierdo y son: naso-lambdaica, lambdo apofisiaria y lambdo mastoidea. He dicho que la línea lambdo - apofisiaria tiene la propiedad de ser horizontal y paralela á las líneas zigomáticas que pasan por encima y debajo del arco, propiedad preciosa á más de las muchas que tiene y que haré valer á su tiempo. La situación sobre la lí- nea media queda fijada ya por la distancia ó arco bregmo-lambdaico de que se habla en la sutura sagi- tal y en el bregma. Nos queda por determinar su situación por la ex- presión en milímetros: A.-1°, de los arcos y cuerdas naso-lambdaicos y lambdo-iniacos; 2?, estos mismos en diez-milésimas del arco sagital; 3o, el arco lambdo-iniaco en diez-milési- mas del arco naso-lambdaico, el arco naso-lambdaico mismo siendo igual á 10,000. B.-4o, los arcos naso-lambdaico y lambdo-iniaco en función del arco y cuerda naso-iniacos. De los dos cuadros siguientes, el primero expresa las medidas en milímetros y 10,000 de los arcos naso- iniaco y naso-lambdaico, la fórmula, siendo para el arco naso-iniaco: arco naso-lamb. ó lamb.-iniaco X 10,000 -- arco naso-miaco y para el arco naso-lambdaico: arco lambda-iniaco X 10,000 arco naso-lambdaico aquí como para el bregma, A representa 10,000as del arco naso-lambdaico y o- 10,000as del naso-iniaco. 67 máxima mínima media máxima mínima media máxima mínima media - " i O«> co o o kHC g Naso-lamb. CUEJ os bk co o 00 w O ©t CO bk O co 05 ©Y <? b-b co O B Lamb.-iniaca. IDAS. t© t© i© •q O 05 i© t© t© ©T ©T 05 ©T O i© t© i© <© ©Y co es i© ©T O B Naso-lamb. O bk CO bk CO o 05 ©Y co ©r o O ©t <í b4- bk ©I B Lamb. -iniaco. 0 K tí i© M CO ©T CO O CO CO ©T CO 1-1 co «© i© co ©TOO l© CO ©r CO i© co t© i© CO ©TOO ©T co co CO o o >» Lamb.-iniaco. ARCC |H LJ -q <j co co 05 co CO 05 co CiOCO <? <? CO co 05 co C0C5H •q O b-1 <1 co co o co O <í b-b -q i-11© Naso-lamb. MHK) oo> w O 05 bk co i© o l© M l© o os co I-1 CO bk i© co o i© i-b t© O 05 C0 CO CO i© i© co co Lamb.-iniaco. £ tí Oi 07 o¿ C5 05 "Q 05 CO O g Naso-lamb. I CUES tí k ©T ©T ©Y •Q CO CO ©T hk 05 -q co co B Lamb.-iniaca. IDAS. l> i i© t© i© CO CO bk CO O ©T í© t© ¡© kk© CO O O B Naso-lamb. ©Y ©Y O CO ©Y H-b 05 bk 05 O co 05 B Lamb.-iniaco. JXZETTJERES i© í© t© ©Y bk M 00 CO 05 ©COCI 2708 1991 2412 >* Lamb.-iniaco. ARCOS. co -q co O CO b-b O CO bk co <© co co <? co o co co 05 05 CO <© co co Naso-lamb. l-1 M l© co co o CO ©T 05 b-b CO 00 b-b b-b i© CO 05 l-b CO 05 CO -q i© i-b Lamb. -iniaco. •sopo} ua WJ -9900H0(J •so^jao -mima 68 En el segundo, B, constan los valores de los arcos naso-lambdaico y lambdo-iniaco en función del arco y cuerdas naso-iniacos, que se deducen de la fórmula: _ arco naso-lamb. ó lamb.-iniacoXcuerda naso-iniaca arco naso-iniaco. en todos los cráneos. te é Naso-lamb. o -í co CO te 4^ 2 Lamb.-iniaco. O K/ i-¿ 4^ [-X o o Naso-lamb. 4^-5 4^ en los braquicéfalos. CO CO 4^ 4^ o o T , . . .q Lamb.-iniaco. te te te te co „ , . co ci h- Naso-lamb. co co -5 S co te ce CC1 Oj -w- i • • o te o Lamb. -imaco. O 4^ CO (X W ,T - . «o Naso-lamb. F-J « en los dolicocéfalos. co te 4^ Oz CO H-F T , . . te o oo Lamb.-iniaco. Qr 4^ M co te ¿o „ . , i-^ co o Naso-lamb. co <? o S co oo co to o -q Lamb.-iniaco. d te co ARCOS La sutura lambdoide ó parieto-occipital, constitui- da por la unión de los bordes posteriores de Jos pa- rietales con los laterales superiores de la escama del occipital, que á veces como en el cráneo IV forma un solo hueso, epactal ó del Inca, tiene como es sabido la forma de la letra griega A. Partidas del encuentro con la sutura sagital las dos ramas de la lambdoide, se dirigen hacia abajo y adelante en la dirección del vérti- ce de la apófisis mastoides presentando una ligera con- vexidad anterior hasta el encuentro de la porción mas- toidea, asteria n, donde cambian de dirección siguiendo el borde posterior de esta parte del temporal. Esta su- tura, dentada, muy irregular, presenta ordinariamente huesos wormianos de forma y tamaños infinitamente variables. En el vértice, es común encontrar uno que 69 hace avanzar el lambda hacia el bregma, equívoco que debe evitarse colocando el lambda en el punto del wormiano en que se encuentran las líneas media, de dirección lambdoide, y horizontal lambdo-apofisiaria cuyo uno de sus caracteres es ser paralela á la zigo- mática y encontrar al lambda en el entrecruzamiento con la línea media. La sutura coronal hasta el pterión, y la lambdoide hasta el asterión, son sensiblemente paralelas, en se- guida divergen la primera directamente hacia adelan- te, la segunda hacia abajo y adentro. La dirección general de la lambdoide que por más de un motivo importa conocer, es la de la línea lamb- do-mastoidea (vértice). Esta línea encuentra en su trayecto al asterión. La sutura lambdoide y la línea lambdo-mastoidea, son al surco perpendicular externo y al lóbulo occipital, lo que la sutura escamosa y la línea lambdo-apofisiaria al surco de Silvio y al lóbulo temporo-esfenoidal. Ellas dan á co- nocer, como verémos después, en el exterior del crá- neo, la separación de la mayor parte de la región sensitiva, de la intelectual y motriz del cerebro. La longitud de la línea lambdo mastoidea es: O En todos los En los En los cráneos. braqnicéfalos. dolicocéfalos. h. m. h. m. máxima: 158 158 134 158 143 mínima: 126 133 130 139 126 media: 140'8 142'7 132'2 148'7 138'2 Partiendo del lambda como la línea lambdo-apofi- siaria y creyendo encontrar alguna relación entre ellas y el arco naso-lambdaico, verifiqué sus valores en 70 10,000as del último, y la razón que guardan es 5, en una progresión aritmética ascendente. La sutura escamosa ó parieto-temporal, formada por la articulación del borde inferior del parietal y la es- cama del temporal, es un tipo de las articulaciones en bisel. La superficie interna de la escama se continúa con la externa del parietal y la externa de éste con la externa de aquella. El bisel se forma en el parietal á expensas de la cara externa y en la escama á expen- sas de la interna. Disposición importante que dá cuen- ta de la resistencia del cráneo en las fracturas. Empezando adelante en el ángulo anterior de la ar- ticulación pter-parietal, la sutura escamosa, sigue una dirección horizontal hasta el nivel de la perpendicu- lar que pasa por el meato auditivo, en seguida se en- corva bruscamente para formar con el borde superior de la porción mastoidea la escotadura parietal, donde se encaja el ángulo ptero-inferior del hueso del mis- mo nombre. . Las cifras siguientes manifiestan mejor que ningu- na descripción la dirección general de la escama. Son distancias tomadas sobre las perpendiculares que pa- san por el tubérculo zigomático, el punto preauricular y el centro del meato auditivo, teniendo presente que el punto preauricular está á 2 mm. encima, y el centro del meato á 7 mm. debajo del tubérculo zigomático. Medidas expresadas en milímetros y en 10,000 del ar- co tubérculo-sagital. la distancia de la escama X 10,000 arco tubérculo-sagital «. tubérculo-sagital T = 1OÓ0 ■ 71 Distancias de la escama tomadas sobre las perpen diculares que pasan por En todos los cráneos. Braquicéfalos. Dolicocéfalos. m m t H. M, H. M. m m T ni m T mm r mm T El 50 3267 47 3154 45 3061 50 3267 41 3076 máxima. tubérculo 38 2532 39 2708 40 2758 39 2532 38 2714 mínima. zigomático 42 2881 42 2879 43 2911 43 2953 39 2857 media. Distancias de la escama tomadas sobre las perpen- diculares que pasan por En toáoslos cráneos. Braquicéfalos. Dolicocéfalos. m m T H. M. H. M. m m T m ni t m m T m ni t El punto 49 3194 46 3194 442993 49 3163 42 3000 máxima. preauricu- 33 2391 34 2394 41 2827 40 2739 33 2391 mínima. lar. 40 2793 41 2777 422845 42 2865 37 2698 media. El meato auditivo. 57 3928 55 3819 493310 57 3725 55 3928 máxima. 4:2 2658 42 2658 483245 48 3333 42 2896 mínima. 49 3396 50 3428 483252 51 3456 47 3391 media. Adelante, al articularse con el borde posterior de las grandes alas del esfenoides, articulación esfeno es- camosa ó pter-temporal, se encorva hacia abajo y ha- cia adentro alejándose del arco zigomático y al encon- trar la raíz transversa de este arco se dirige brusca- mente atrás y acercándose al borde anterior de la roca con el cual se une y forma con él, el ángulo entrante en que es recibida la extremidad posterior de las gran- 72 des alas del esfenoides. La raíz transversa del arco zi- gomático se continúa con una cresta situada en la cara externa del pter, cresta temporo-esfenoidal, límite supe- rior de la fosa zigomática é inferior del lóbulo tempero- esfenoidal del cerebro. Siendo la sutura escamosa horizontal en la mayor parte de su trayecto retro pter-temporal, es paralela á las líneas lambdo-apofisiaria, malo-sagital y zigo- máticas superior é inferior; situada debajo de la pri- mera, encima de la segunda. Veremos después con el conocimiento de estos datos, las referencias pre- cisas superficiales y profundas que podemos tomar pa- ra la resolución de los problemas de cráneo-topogra- fía cerebral. PTERION. Cuatro huesos convergen para formar la pared in- terna ó huesosa de la región temporal y son; frontal, parietal y pter; pero la escama y el frontal ordinaria- mente no se alcanzan por la interposición de la extre- midad superior de las grandes alas del esfenoides ó pter y del ángulo truncado antero-inferior del parie- tal. Estas extremidades huesosas se articulan forman- do la sutura pter-parietal. Su articulación es una lí- nea y su longitud es la medida de separación del fron- tal y la escama en la fosa temporal. Se comprende que cuando esta línea falte, lo que es raro, el frontal y el temporal se encuentran. A la parte media de la sutura pter-parietal, cuando existe, ó á la unión en un punto de los huesos que for- man la pared interna de la fosa temporal, se designa con el nombre depterión. Las grandes alas del esfenoi- 73 des al unirse con las apófisis de Ingrassias para for- mar la hendedura esfenoidal, forman un canal óseo por el que pasa casi constantemente el ramo anterior déla meníngea media. (Lám. 2a fig. 3). El borde posterior de la apófisis ensiforme, separa en el interior del cráneo el piso superior del medio; yen sus relaciones con el cere- bro, se aloja en la porción horizontal y transversa del surco de Silvio que corresponde á la base del cerebro y marca la separación del lóbulo frontal y del esfenoidal. La extremidad externa de esta misma apófisis corres- ponde exactamente al origen del surco de Silvio; ahora bien, al soldarse la apófisis de Ingrassias con la extre- midad superior de la grande ala del esfenoides, lo hace al mismo tiempo que esta se articula con el ángulo antero-inferior del parietal, de tal manera que el pte- rión, parte media de esta articulación, corresponde ca- si exactamente á la extremidad externa de las peque- ñas alas, como lo prueban las medidas de la extremi- dad anterior del surco de Silvio que más adelante se- ñalo, cotejándolas con los siguientes del PTERION Alas horizontales que pasan por el punto apofisiario tubérculo ma- lar superior. mm y á la línea zigomática superior. mm mm T Máxima -10 23 44 2986 w o P & o Mínima 0 8 32 2206 Media -2'3 17 38 2608 o 74 H. mm. M. m m H. m m M. m m H. M. m m r m m T Máxima. -5 0 23 16 43 2986 44 2937 Braqu Mínima. 0 0 IJ 16 35 2397 34 2344 icéfa p o w Media. -1'5 0 19 16 40 2710 39 2642 O «2 Máxima. -10 -6 23 15 43 2945 37 2642 Dolic Mínima. 0 0 8 15 35 2272 32 2206 o o so* p o Media. -3'5 - 4 18 15 39 2651 34 2453 o r» El signo - significa debajo. Del pié de estas perpendiculares Max. Mín. Med. mm 39 28 32 n mm q) Al punto o <7* 1930 1437 1689 A <> poflsiario A 1553 1163 1214 ■ mm cp G 1291 918 1053 VI. A G i-1 CO Al tubérculo OS Ui malar sup. 1 Al tubércnlo 4* r- tO zigomático. ; | cráneos. 1 lEntodoslos Máx. Mín. Med. 38 31 33 1909 1542 1692 1520 1178 1306 1206 959 1041 34 28 30 1930 1609 1763 1219 1166 1206 1016 918 972 30 15 23 34 19 24 12 1 4'3 >4 iO o -Q a S* si? o oa En los bra- Máx. Mín. Med. 39 33 35 1841 1437 1639 1553 1274 1369 1291 1018 1093 35 28 31 1882 1505 1656 1501 1183 1301 1198 947 1042 27 20 22 26 21 23 8 1 4 12 1 4'8 cocéfalos. | 1 EnlosDoli-ll 75 en el primer cuadro representa 10,000a8 de arco tu- bérculo sagital y en el segundo, 10,000as de la línea lambdo apofisiaria; La importancia del pter, se deja comprender; como la escama, constituye un excelente punto de referen- cia. La articulación pter-parietal, se encuentra comun- mente como se ve comparando las alturas del pter con las déla escama, sobre la misma horizontal y siempre debajo de la línea lambdo-apofisiaria y encima de la malo sagital. La comparación que se hace de la forma de las su- turas fronto-parietal, fronto-esfenoidal, temporo-pa- rietal, temporo-esfenoidal y pter-parietal con una H no es muy exacta; porque las suturas fronto-esfenoi- dal, parieto-esfenoidal (rama transversa de la H), y pa- rieto temporal están sensiblemente sobre una misma línea horizontal y cuando no, las dos primeras, aun- que poco inferiores, son paralelas á la escama. ASTERION. En el ángulo formado por el borde superior de la porción mastoidea del temporal al articularse con la escama del occipital, se encaja el ángulo postero in- ferior del parietal, y el punto en que la primera sutura, occipito-mastoidea, encuentra á las otras dos, parie- to-mastoidea y parieto-occipital, se le da el nombre de asterión, por su semejanza con una estrella de tres ramas. Hemos visto al tratar de las líneas zigomáticas, que, la inferior pasa por el asterión y la superior muy po- co encima de él. Así mismo que, la línea lambdo- mastoidea, lo encuentra en su trayecto. 76 El asterión está rodeado de salientes, son los ángu- los de los huesos que concurren á su formación; de manera que queda en una depresión no raras veces reemplazada por una saliente por la interposición de un huesecillo wormiano. El asterión corresponde á la terminación superior del borde posterior de la apófisis mastoidea. A este borde, que es saliente y cortante, sigue hácia arriba una impresión huesosa poco saliente, de forma curva, que se acentúa más á medida que se acerca de la pro- tuberancia occipital externa, línea curva occipital supe- rior que corresponde interiormente á la inserción poste- rior de la tienda del cerebelo, á la parte posterior del bor- de inferior del cerebro, al límite inferior del lóbulo oc- cipital del mismo y á la parte posterior del seno lateral. Trataré de fijar la situación del asterión, primero: en el lugar que ocupa en la linea lambdo-mastoidea; 2° con relación al tubérculo zigomático y 3o los puntos en que el arco sagito-astérico corta á las líneas lamb- do-apofisiaria y sagital. Io Distancias del asterión al lambda y al vértice de la apófisis mastoides. en todos los cráneos. min. en los bra- quicéfalos. en los dolico- céfalos. en todos los cráneos. mm. en los bra- quicéfalos. en los dolico- céfalos H. mm. M. mm. H. mm. M. mm. H. mm. M. mm. H. mm. M. mm. máxima 105 105 80 101 93 57 57 55 57 57 mínima 76 76 77 89 77 48 50 62 50 48 media. 88 88 78 95 87 52 52 53 63 50 2o Distancias del asterión al tubérculo zigomático y al inión. máxima 80 78 74 80 75 76 65 65 76 70 mínima 69 72 69 70 69 58 60 58 63 61 media. 73 75 72 75 71 64 62 61 68 66 77 3° a. Distancias del punto de sección del arco sa- gito-astérico con las líneas apofisiaria y sagital, en todos los crá- neos. al punto apofisiario en los braquicéfalos. en los dolicocéfalos. H. M. H. M. mín. V * mm V A mm 9 A mm A mm A máx. 126 69895106 120(6989 5106 113 6174 4593 126 6237 5019 122 6320 5041 mín. 108 5472 4181 110'5472 4181 110 5894 4230 109 5532 4656 108 5684 4408 media. (i 114 ')• 5912 4634 115 5696 4435 m 5967 al 4489 breé 119 jma 5995 4677 111 5904 4659 mm. A G mm A 6 mm A 6 mm A 6 mm A 6 máx. 75 2975 2424 75 2819 2343 68 2764 2305 68 2709 2214 72 2975 2424 mín. 43 1665 1362 44 1665 1362 55 1916 1508 49 1891 1512 43 1755 1405 media. 57 2303 1830 56 2274 1783 56 2252 1814 57 2258 1803 58 2435 1952 En el 39, a y b, los valores A, <7 y cp nos son ya co- nocidos expresando respectivamente 10,000as de los arcos naso-lambdaico, sagital y lambdo-aposíario, se deducen de fórmulas análogas á las que sirvieron pa- ra determinar el bregma. Prolongando el surco perpendicular externo, su ter- minación en el borde inferior del cerebro, correspon- den en el exterior al asterión. CONTENIDO DE LA CAVIDAD CRANEANA. Las meninges y el cerebro los estudio, y eso tan su- mariamente como es posible, por las partes allí con- tenidas, arterias y venas meníngeas, surcos y circun- voluciones principales que son el objeto de esta Tésis, y sobre los que insisto un poco por hacer resaltar al- gunas particularidades que he creído observar; des- cribo luego las localizaciones corticales generalmente 78 admitidas, y exponiendo los cálculos de craneometría cerebral y de epicraneometría, termino la INVESTI- GACION. ARTERIAS Y VENAS MENINGEAS. La meninge dura debe ser considerada como com- puesta de dos membranas íntimamente unidas, pero que es posible separarlas por la disección como lo he hecho más de una vez imitando á Trolard. Estas ca- pas son el periostio interno de los huesos del cráneo y la hoja parietal de la serosa-aracnoidea; ésta, del- gada, transparente, resistente y desprovista de elasti- cidad, es sin embargo más gruesa que la pleura pa- rietal. Me he ocupado, aunque en general, de la ma- nera como las meninges sostienen, protejen y resguar- dan el encéfalo, y no lo haré más sino para hablar de su irrigación sanguínea, arterial y venosa. Las arterias meníngeas, según la parte á que se dis- tribuyen, se dividen en anteriores, posteriores y me- dias. Las meníngeas anteriores, vienen de la etmoidal, rama de la oftálmica; los posteriores, de la vertebral, faríngea inferior, y ramitos de la auricular posterior y de la occipital que penetran por los agujeros mas- toideo y parietal; y las medias, son ramas de la ma- xilar interna que es una de las dos terminales de la carótida externa. Dos son las meníngeas medias: la pequeña meníngea ó de Lauth, que penetran al cráneo por el agujero oval con el nervio maxilar inferior y la meníngea media que verifica su intromisión por el agujero pequeño redon- do ó esfeno espinoso. La primera, sin importancia; la segunda fijará mi atención. 79 Luego que la meníngea media penetra en el cráneo, se coloca entre las dos hojas de la duramáter, más cer- ca de la superficie exterior de la hoja externa; se dirije hacia adelante en una canaladura que le ofrecen las grandes alas del esfenoides y el temporal sigiendo la sutura esfeno temporal en el interior, (lám. 2^ fig. 3), correspondiendo exteriormente á 4 ó 6 milímetros de- trás de la misma sutura; se divide en dos ramas, ante- rior y posterior; ésta, pasa por la parte anterior de la escama y se dirije hacia arriba y atrás, dividiéndose en varias ramas que se alojan en las canaladuras ar- boriformes posteriores de las nervaduras de hoja de higuera; algunas de ellas siguen la direción de la es- cama y del surco de Silvio, pero es variable el sitio en que las cruzan (lám. 4^ figs. 1 y 2). La rama anterior es mas fija y es la que se toma en cuenta, además de las extra-craneanas que están en la región, y son: la temporal superficial, la temporal me- dia que ahueca un surco en la cara externa de la es- cama (Le Fort), la temporal profunda anterior y la temporal profunda posterior, al hacer la sección de las partes blandas para aplicar una corona de trépano. La rama anterior( de la meníngea media siguiendo su direción primera, tuerce en seguida hacia el pterión y se aloja en un canal huesoso que le ofrece el ángulo infero anterior del parietal, ó penetra, lo que me ha parecido frecuente, en el canal ahuecado entre las gran- des y pequeñas alas del esfenoides (lám. 2^ figs. 3 y 4) y que se continúa con otro que el parietal ofrece á es- te nivel. Antes de penetrar al canal huesoso, frecuen- temente después, la rama anterior se divide en dos; cuando la división es ántes, no es raro encontrar otro canal huesoso; aunque menor que el primero, el que mide de 0,m005 á 0,m020, y menos completo, siendo 80 posterior á la primera rama que sigue siendo ante- rior. La arteria meningea, al penetrar en el canal óseo, pierde toda conección inmediata con la duramáter, quedando circunscrita en el canal; cuando de él sa- le, se aloja en la canaladura que sigue á éste y vuelve á recobrar sus conecciones, á paso y medida que avan- za, con la meninge dura. La dirección de la arteria, hablo de la rama anterior, porque el ramo que de ella se desprende y que le iguala en volúmen, sigue ya una dirección paralela, ya se aleja hacia atrás y arri- ba, ya la cruza raramente, (dos veces he observado esta disposición); es paralela á la sutura coronal con la que á veces se confunde, alejándose cuando más 0,008 ó 0,016 detrás. Donde sobre todo debe fijarse la situación de la meningea media, es al nivel del pterión, en el punto en que cruza el surco de Silvio. La altura á que se encuentra este punto sobre el arco zigomático, el tubérculo malar y debajo de la lí- nea apofisiaria, es igual á la del surco de Silvio en su origen. Hé aquí las medidas que he encontrado en mm. y reducidas á 10,000as de los arcos lambdo-apofisiario V naso-lambdaico: 81 AL PUNTO APOFISIARIO en todos los cráneos. en los braquicéfalos. en los dolicocéfalos. H. M. H. M. mm G cp A mm & <P A mm G <p A mm $ (p A mm g <p A máxima.... 48 148123681875 41136€ >22041744 45147523681875 48148123411853 45147023681836 mínima .... 30 100015841240 32100( 115841240 30101616391219 37108118401412 30102716121287 media 37 118719271497 351104 117801386 3812182032 1528 40125019901566 3511761861 1469 Del punto de encuentro de la perpendicular que pasa por el entrecruzamiento de las arterias y venas meníngeas y el surco de Silvio, con las líneas malo-sagital y zigomática superior, al tubérculo malar y al tubérculo zigomático en todos braquicéfalos dolicocéfalos en todos braquicéfalos dolicocéfalos H M H M H M H M mávirna 39 38 37 39 35 15 15 12 6 9 mínima 15 15 20 27 22 -3 3 1 -3 1 media 30 29 30 33 30 5 6'8 5 2 5 82 VENAS MENINGEAS. Siguen el trayecto de las arterias en número de dos para cada una y desembocan en el seno longitudinal superior, en el esfeno parietal de Breschet y en el plexo pterigoides. Más superficiales que las arterias, tienen paredes delgadas é íntimamente unidas con el fondo de las canaladuras huesosas en que están alo- jadas; así se desgarran con la mayor facilidad al le- vantar el casco del cráneo. Como los senos craneanos, tienen sus lagos de derivación, lo que explica como al nivel de los del seno longitudinal superior la reabsor- ción considerable de sustancia huesosa en las canala- duras meníngeas; por todo lo que, Trolard, insiste con razón en el estudio de estas venas que llevan á conside- raciones quirúrgicas tan importantes, que hoy apenas se bosquejan, y de que la mayor parte de los autores de patología no tratan, considerando las venas menín- geas sin importancia. Mas, ¡cuántos casos de muerte por su ruptura! Hecha la autopsia, se ha encontrado que el derrame sanguíneo extrameningeo y sub-hueso- so de la región temporal, que se suponía de origen arterial, provenía de una vena abierta, estando la me- níngea media sin lesión alguna. Acompañando á las arterias meníngeas, el punto en que encuentran el surco de Silvio, es el señalado en los dos cuadros anteriores. CEREBRO. Debajo de la hoja viceral de la aracnoides, está la meninge blanda ó pia de ella separada al nivel de los 83 surcos y cisuras, por espacios triangulares en que cir- cula el líquido céfalo raquídeo. La pia-madre, membrana vascular por excelencia, se une á la primera capa de la corteza cerebral, dán- dole los vasos reducidos á capilares. Un repliegue de la duramáter, tienda del cerebelo, divide el antro cefálico, primero, en dos comparti- mientos, uno inferior para el cerebelo y el meso-céfa- lo, otro superior para el cerebro; los que á su vez son divididos en dos lóbulos por las hoces cerebelosa y cerebral que separan respectivamente los lóbulos del cerebelo y los hemisferios del cerebro. El hemisferio cerebral de un lado se une al del opuesto por las comisuras superior, blanca ó cuerpo calloso; é inferior, blanca y gris ú órganos de la base: rodilla del cuerpo calloso, espacio perforado ante- rior, etc. Cada hemisferio está compuesto de cuatro lóbulos, de los que solo estudio la parte que de ellos corres- ponde á la superficie y cara externa de aquellos. Al- gunos autores añaden dos lóbulos más, el lóbulo de la ínsula y el calloso. Los surcos que separan los lóbulos frontal, parietal, occipital y temporal ó temporo esfenoidal, se llaman lobares, fundamentales ó principales; los que separan las partes de un lóbulo, surcos secundarios ó cisuras; y los que dividen una circunvolución, incisos, y pliegues de complicación, las partes que separan. Los surcos lobares ó fundamentales son tres: (Véa- se la lámina 3^ figuras 1?- y 2^), 1°., el surco de Ro- lando separa el lóbulo frontal del parietal, principia como á la mitad del borde superior del hemis- ferio y se dirije hacia adelante y abajo, antes de llegar al surco de Silvio se termina. No es rectilíneo 84 y ofrece curvas en su trayecto de las que, más cons- tante es una superior de convexidad anterior que se- ñala Poirier y frecuentemente he encontrado. Contra- riamente á lo que se dice, el surco las más de las veces avanza sóbrela cara interna del hemisferio pro- longando la curva superior, y es allí donde lo limitan el pliegue de comunicación superior de las circunvo- luciones frontal y parietal ascendentes. En su trayecto describe curvas: á la superior convexa, sigue otra cóncava hacia adelante, correspondiendo al pie de la segunda frontal que lo rechaza atrás; volviendo á su dirección primitiva, describe una segunda convexi- dad, para ser por último rectilíneo y terminarse enci- ma del surco de Silvio, atrás de la rama vertical de éste, limitado abajo por el pliegue de comunicación in- ferior de los lóbulos frontal y parietal formado por la unión de las extremidades inferiores de las cir- cunvoluciones frontal y parietal ascendente.-Una vez he encontrado la disposición que señala Turner, la co- municación del surco de Rolando con el de Silvio. En otros dos casos la comunicación era imcompleta, oculto que estaba el pliegue comisural en el surco de Silvio. El surco de Rolando limita dos circunvolucio- nes, las principales desde el punto de vista topográfi- co por estar localizado en ellas el centro del movi- miento de los miembros: son la cuarta frontal ó fron- tal ascendente y la parietal ascendente, llamadas tam- bién circunvoluciones rolándicas ó psicomotrices, li- mitan con sus pliegues de unión superior un óvalo alargado que puede servir para reconocer tanto á ellas como al surco de Rolando.' Una particularidad digna de observarse es, que la circunvolución parietal ascendente suele estar dividi- da por un inciso tan profundo, verdadero surco se- 85 cundario, que puede con facilidad conducir á error tomándolo por el surco de Rolando, mucho más cuan- do no comunica con el surco de Silvio; entonces se ven cuatro surcos paralelos de los que, dos incomple- tos, interrumpidos por pliegues anastomóticos, surcos pre y post rolándicos, el más anterior y el más poste- rior; de los otros dos, el anterior es el de Rolando y el posterior es el inciso á que me refiero. Las circunvoluciones frontal ascendente, y parietal ascendente dividida, forman una serie de tres parale- las limitadas por los cuatro surcos dichos, las dos úl- timas, divisiones de la parietal ascendente, son muy delgadas y como la mitad de la anterior, frontal as- cendente. El inciso de la segunda circunvolución frontal ó la primera cisura frontal,dividen algunas veces la mayor parte del espesor de la frontal ascendente y arroján- dose en el surco de Rolando interrumpen la conti- nuidad de la elipse que las circunvoluciones rolándi- cas forman al rededor de dicho surco; aunque profun- damente queda un pliegue de la cuarta frontal que re- constituye la elipse. El pliegue de comunicación superior de las circunvoluciones rolándicas, forma en la cara interna del hemisferio el lóbulo paracentral de Betz ú oval de P. Broca, y limita adelante el lóbu- lo cuadrilátero. 2o. El surco de Silvio en la cara inferior del hemis- ferio, donde principia, señala la separación de los ló- bulos frontal y temporo esfenoidal y en la cara exter- na la de este último y la del lóbulo parietal. El surco de Silvio principia en la base del cerebro cerca de la línea media, hacia afuera del espacio perforado ante- rior, sigue una dirección transversal hacia afuera, co- rrespondiendo á las pequeñas alas del esfenoides. Lie- 86 gado á los límites de las caras externas é inferior del hemisferio cerebral, su dirección de transversal que era se vuelve antero posterior; pero continua siendo, di- rigiéndose hacia atras, sensiblemente horizontal; luego encorvándose hacia arriba y atrás, se termina en el lóbulo parietal inferior. Cuando de transverso se vuelve horizontal, el surco de Silvio, emite dos ramas anteriores, pequeñas; una, la primera, que también es horizontal, y la segunda, ver- tical, rama vertical del surco de Silvio, que es la que he tomado para determinar sus relaciones en el exte- lior y que estudiaré con más detalle al ocuparme de la circunvolución de Dax-Broca. En el surco de Silvio, aunque rara vez, ya comple- ta ó incompletamente desemboca el surco de Rolando ó el inciso de la parietal ascendente, con más frecuen- cia lo hace el surco secundario, sinuoso, interparietal. La extremidad posterior se termina en el lóbulo pa- rietal inferior; en la parte de este lóbulo conocida con el nombre de lóbulo del pliegue curvo, formado por los repliegues de la segunda circunvolución pa- rietal al encontrar dicha extremidad posterior, que es paralela á la terminación de la cisura paralela tempo- ral, sobre la que describe también sinuosidades la se- gunda parietal, á las que se ha denominado pliegue curvo. La primera circunvolución temporal adelgazándo- se, se oculta debajo del labio superior del surco de Silvio; y simula la paralela temporal, que la limita ha- cia abajo, ser en su extremidad posterior la continua- ción del surco de Silvio. La distancia considerable al surco de Rolando, la altura que alcanza en el lóbulo parietal, la existencia de otra curva anterior, harían sospechar la anomalía. 87 Hablo, no solamente desde el punto de vista des- criptivo, sino que procuro dar datos que pueden uti- lizarse cuando se intente hacer por el procedimiento que indico ó por cualquiera otro, el estudio de cra- neo-topografía, á fin de no destruir del todo las me- ninges y cambien las relaciones, datos que no dudo, alguna vez podrían servir en las aplicaciones quirúr- gicas. Levantando los labios del surco de Silvio (lám. 3^ figs. 1? y 2?) se descubre el lóbulo de la ínsula ú opto-es- triado y la porción retro-insular anastomosis profunda de las primeras circunvoluciones temporales con el ló- bulo parietal. Es en el surco de Silvio donde se aloja la arteria cerebral media ó Silviana y el origen de las cinco ra- mas que da para la región externa de los hemisferios en que parece estar la localización de los centros psi- co-motores y sensitivos. Las arterias no están del todo ocultas en el fondo de los surcos, sino que algunas saliendo de un surco serpentean sobre tal ó cual circunvolución y se arrojan en el surco próximo ó en el mismo. (Fot. 2^). Poirier señala como constante un ramo que de la silviana se dirige al surco de Solando pasando sobre el pliegue de comunicación que lo limita inferior- mente. (Fot. 2$). La aracnoides viceral al pasar como un puente de un labio al otro del surco de Silvio, forma el confluente lateral de Bichat ó valle de Silvio, donde desembocan los ríos silviano y de Solando y los riachuelos secun- darios de las cisuras cerebrales de la cara externa lle- vando á él el líquido céfalo-raquideo. 3° El surco perpendicular externo ú occipital, es ape- nas marcado en la cara externa, continuándose en la 88 interna con el perpendicular interno, que limita atrás, el lóbulo cuadrilátero, adelante, el cúneus. El surco occipital que en los cuadrumanos es muy marcado, separa el lóbulo occipital del parietal. Los surcos secundarios, de los que algunos me han ocupado ya, son: tres para el lóbulo frontal, Io y 2° frontal y paralelo frontal ó pre-rolándico; dos para el parietal, paralelo parietal ó post-rolándico y el inter- parietal; dos para el occipital, Io y 2*?; y dos para el temporo-esfenoidal, Io ó paralelo temporal y 2o tem- poral. CIRCUNVOLUCIONES. Cada lóbulo tiene una circunvolución más que sur- cos y llevan el número de orden que ellas, procedien- do de arriba á abajo y así son: para el lóbulo frontal: I?, 2?-, 3? frontal y 4? frontal ó frontal ascendente. Para el lóbulo parietal: 1? y 2^ parietales ó lóbulos parietales superior é in- ferior, y parietal ascendente. Para el lóbulo occipital: 1^, 2^ y 3* occipitales, que se continúan con la H pa- rietal y la 2^ y 3^ temporales. Para el lóbulo temporal: 1?, 2a y una pequeña parte de la 3a, temporales. LOCALIZACIONES. Uno de los medios de que el hombre se vale para exteriorizar su pensamiento, es la expresión fonética ó 89 palabra hablada, es decir, la traducción y representa- ción de la idea por medio de ciertos sonidos emitidos por la vibración de las cuerdas vocales y articulados por la lengua, el paladar, los labios y porción nasal de la faringe. El hombre se enseña á hablar por educación; y por ella la expresión fonética llega á adquirir un desarro- llo maravilloso de facilidad, entonación, elegancia y persuación. Demóstenes es el mejor ejemplo que pue- do citar como prueba de lo anterior. El órgano de esta transmisión motriz del pensamiento ó lenguaje hablado es, la tercera circunvolución fron- tal izquierda, llamada de Dax-Broca y más comun- mente de Broca. En su porción posterior parece con especialidad radicar la función. La circunvolución de Broca situada en los límites de las caras interna y externa del lóbulo frontal, tie- ne la apariencia de una M. Los dos ramos anteriores del surco de Silvio, son los meatos de la M; quedando la pierna posterior á horcajadas sobre la rama verti- cal y comunicando por un pliegue de anastomosis con la frontal ascendente y el pliegue de comunicación fronto-parietal inferior. La tercera frontal se divide en tres partes, anterior, media y posterior; ó cabeza, istmo y pie, unido éste al segundo, por el pliegue sur- ciliar. La cabeza es la parte más gruesa de la circunvolu- ción y se extiende debajo formando la parte externa del lóbulo orbitario hacia afuera y adelante del surco cruciforme. Por el istmo, parte delegada de la circun- volución, se continúa la cabeza con el pliegue surci- liar y el pie, que es una porción gruesa casi vertical, paralela á la porción inferior de la frontal ascendente con la que dije que comunica por un pliegue anasto- mótico. He encontrado seis veces en veinte, un inciso más ó menos profundo que divide el pie de la circunvolu- ción de Broca en dos pliegues de complicación, (lám. 5?, fig. H X.), pareciendo que el surco de Silvio da tres ramas anteriores, siéndola más posterior el inciso que se prolonga á veces hasta el borde superior de la ínsu- la. Por su cara profunda la tercera frontal está en re- lación con este lóbulo, lo que explica ciertos hechos patológicos de que luego hablaré. La rama vertical del surco de Silvio nace en el ori- gen del surco (sobre la cara externa) y corresponde al pterión ó más atrás, alejándose de él; rara vez ade- lante del origen del surco de Silvio, teniendo entonces la pierna posterior de la M una anchura inusitada. El órgano de la trasmisión motriz de la palabra ó circunvolución de Dax-Broca, tan complicada que es en el hombre, falta del todo en el segundo orden la cohorte de los primatos. Las lesiones cerebrales que se sitúan en el pie de la tercera frontal izquierda determinan la pérdida más ó menos completa de la expresión motriz oral del pen- samiento, síntoma conocido con el nombre de afasia, tipo Bouillaud-Broca. El individuo que tiene tal lesión, ha perdido la me- moria de la coordinación de los movimientos muscu- lares que entran en la emisión de los sonidos y la ar- ticulación de las palabras, sin tener por otra parte pa- ralizado ninguno de los órganos necesarios para la for- mación de los sonidos articulados; pudiendo cuando más emitir un nombre, fracción de nombre ó sílaba que indistintamente lo aplica á todo. Entre los muchos enfermos que el año próximo pasado se estudiaron con 90 91 el profesor Carmona y Valle en su clínica interna su- perior, hubo dos afásicos, tipo Bouillaud-Broca; que dieron asunto á una de las doctas lecciones del sabio maestro. El afásico que ocupaba la cama número 2, presentaba además hemiplegia y hemianestesia dere- chas, se le diagnosticó hemorragia de la arteria lenti- culo-óptica en la cápsula externa, que comprimiendo el segmento posterior de la cápsula interna y la ter- cera frontal, ó más bien dicho, el haz de comunicación entre el centro de la ideación y el psico-motríz, por intermedio del antemuro, el facículus uncinatus y el lóbulo da la ínsula, explicaba las perturbaciones fun- cionales actuales como la marcha anterior y subse- cuente de la enfermedad. El otro, con afasia y mono- plegia braquial derecha, era un sifilítico, de que el tra- tamiento específico dió bien pronto razón de su estado. Ambos entendían cuanto se les decía, ejecutaban los actos que se les mandaba y el primero, repetía aun las palabras que se le dictaban; pero haciéndolos res- ponder á las preguntas, invariablemente el primero contestaba sí, y el segundo aun para repetir lo que oía pronunciaba estentóreamente la palabra colchón. Pueden presentarse otras perturbaciones de la pala- bra conocidas con el nombre de parafrasia, agramatis- mo ó akatafrasia. El hombre tiene otros medios como la escritura, la pintura, la música y la mímica, para expresar su pen- samiento. Por variada, múltiple y complicada que sea la ma- nifestación del pensamiento, por la educación, el hom- bre llega al conocimiento de los medios que los demás usan para comunicarse, los elabora y los exterioriza. Un centro para la memoria de las sensaciones, otro para la ideación y un tercero para la manifestación de 92 los conocimientos adquiridos, es el esquema de la obs- cura función del lenguaje. Una vía centrípeta, la de los órganos de los sen- tidos, sigue las impresiones sensitivas para llegar al centro de recepción, donde se acumulan ya produ- ciendo modificaciones moleculares como las vibracio- nes vocales en el cilindro del fonógrafo, ya depositán- dose como el potencial eléctrico, pero allí se retiene in memoria sensitiva. El pensamiento las combina y la voluntad y la en- señanza les dan una disposición particular, memoria motriz, para llevarlas al exterior por una vía centrí- fuga, palabra, escritura, mímica, etc. Las memorias sensitivas son dos principales, la pri- mera, memoria auditiva de las palabras ó más general- mente de los sonidos y la memoria visual de las pala- bras ó simplemente visual. La memoria auditiva de las palabras, tiene su sitio en la parte posterior de la primera circunvolución temporal. El individuo que tiene una lesión de este centro ha perdido la memoria de lo que los sonidos sig- nifican, sordera auditiva, (Kusmaul), no son más para él, aunque los oye perfectamente, representativos de ideas, es como si se encontrara en un país de que desconoce el idioma, si responde á las preguntas que se le hacen, es al acaso y por decir algo; puede por otra parte ha- blar, escribir, dibujar y entender la melodía de una pieza de música, etc. La memoria visual de las palabras, tiene por órgano la parte de la circunvolución del pliegue curvo que rodea la extremidad posterior y superior del surco de Silvio y avanza sobre el pliegue curvo, donde está el sitio de la hemianopsia ó centro de la visión. 93 Una lesión de tal órgano, pone al paciente en la in- capacidad de leer, ceguera visual, aunque oye y habla correctamente, puede aun escribir como si estuviera á obscuras y leer como los ciegos. Si sabe leer en varios idiomas, uno puede olvidar y conservar los otros. De las dos variedades que hay en la memoria mo- triz de las palabras, de una,la memoria motriz de la pa- labra hablada, ya hablé de ella. La segunda, memoria de los movimientos de la escritura, ocupa la extremidad, posterior de la segunda frontal. La destrucción por una afección cualquiera, de este centro psicomotor, produce la incapacidad de escribir, afasia de la mano, (Charcot), se le llama más comunmente, agrafia. Quien tiene semejante lesión se le han olvidado los movimien- tos coordinados necesarios para escribir, está en el ca- so del que no sabe escribir; por lo demás oye, lee, ha- bla y aun puede escribir música ó dibujar si la pará- lisis del brazo no se lo impide. CENTROS PSICO-MOTORES DE LOS MIEMBROS. Los estudios experimentales de Ferrier, Fritchs y Hitzig, Carville y Duret, Albertoni y Mickieli, Lu- ciani y Tamburini, Francois-Franck y Pitres, y otros muchos; las observaciones de epilepsia parcial ó epi- lepsia jacksoniana, por Huglings Jackson; y sobre todo las investigaciones anatomo-clínicas de la escuela de la Salpetriére bajo el impulso de Charcot, han realiza- do en el hombre la localización de los centros del mo- vimiento que la experimentación había dado á cono- cer en el mono. Charcot y Pitres, sentaron esta verdad de observa- ción: "Las lesiones de las circunvoluciones cerebrales 94 producen en el hombre perturbaciones del movimiento; y existe una relación constante entre el sitio de las le- siones corticales y la distribución de los fenómenos pa- ralíticos que son la consecuencia." Del notable trabajo de Charcot y Pitres extracto lo siguiente: En la corteza cerebral hay una porción motriz y otra que no lo es. La parte no motriz ó tolerante del cerebro, está cons- tituida por la primera, segunda y tercera circunvolu- ciones frontales, por la primera y segunda parietales, el lóbulo occipital y el lóbulo temporo-esfenoidal. La porción motriz se limita á las circunvoluciones rolándicas, parietal y frontal ascendentes y lóbulo pa- racentral de Betz. Según el sitio y extensión en que las circunvolucio- nes de la porción motriz son interesadas, varían tam- bién el sitio y la extensión de la parálisis que la lesión produce. Lesiones limitadas á una pequeña parte del lóbulo oval, producen la monoplegia crural; á la parte media de las circunvoluciones psico-motrices, la monople- giá braquial; ó á la extremidad inferior de la zona psico-motríz y especialmente de la cuarta frontal, las monoplegias faciales y linguales. Lesiones extensas de la mitad superior de las circun- voluciones rolándicas, dan origen á monoplegias bra- quio-crurales; de la mitad inferior, ó monoplegias braquio-faciales. . . , Cuando las lesiones se extienden á toda la zona psico-motríz del lado izquierdo comprendiendo la ter- cera frontal, se produce hemiplegia total vulgar del lado derecho y afasia Buillaud-Broca. 95 CRANEOMETRIA CEREBRAL. Determinar sin comentarios, tal como lo lie hecho para los puntos singulares del cráneo, la correspon- dencia exterior de los surcos de Dolando y de Silvio, será el objeto de esta parte de la investigación. SURCO DE ROLANDO. A la línea que pasando por los dos puntos extremos del surco de Dolando fija su dirección, la llamo línea de dirección Dolándicaó simplemente línea rolándica, á su extremidad superior en el punto que corta el arco sagital, prolongación rolándica superior, á su extre- midad inferior que corta las líneas apofisiaria y zigo- máticas, prolongación rolándica inferior. Hago esta advertencia para no confundir la extremidad superior del surco de Dolando que, aunque no siempre, algunas veces está distante de la línea media y para tomar so- bre ésta la distancia al bregma ó á cualquiera otro punto, hay que hacer pasar una perpendicular por di- cha extremidad superior y esta distancia, la expreso diciendo simplemente: de la extremidad superior del surco de Dolando al bregma, ó al nasión, etc. Lo mis- mo hago para la extremidad inferior, diciendo: de la extremidad inferior del surco de Dolando al punto apofisiario, ó al tubérculo zigomático; que equivale á distancia, del punto en que la perpendicular que pasa por la extremidad inferior cruza las líneas lambdo- apofisiaria y zigomáticas, á los puntos dichos. Procedo al estudio del surco de Dolando en su co- rrespondencia con la superficie externa del cráneo en el orden siguiente: 96 1? Extremidad superior y prolongación superior. 2°. Trayecto. 3o. Extremidad inferior y prolongación inferior. Extremidad superior del surco de Balando. (A), Io., en relación con el bregma; 2?, en relación con el na- sión, la glabela, el lambda y el inión; 3o., su distancia al punto medio sagital y 4o., al bregma en diezmilési- mas del arco sagital. El año de 1861, P. Broca, demostró que contraria- mente á la opinión generalmente por aquel entonces admitida, por haberlo asentado un sabio de los tama- ños de Gratiolet, el surco de Rolando no coincidía con la sutura coronal y su extremidad superior estaba atrás del bregma como se lo hizo ver al mismo Gra- tiolet, quien reconoció su error. La distancia atrás del bregma que Broca asignaba á la extremidad superior del surco de Rolando era de 40 mm. Diez años después (1871), modificó su opinión, habiendo hecho sus observaciones en once hombres adultos, y dió como media 47 mm., tomando siempre como punto de partida el bregma. Turner en Escocia y Heftler en Rusia encuentran en sus investigaciones que la distancia Rolando-bregmá- tica es: según el primero, de 51 mm., la menor que en- contró siendo de 38 mm.; y según el segundo, 48 mm. distancia media. Muchos autores han estudiado después la cuestión y el acuerdo aún no se establece, aunque la diferencia solo es de milímetros, y así sucederá mientras la uni- dad de medida sean las divisiones del metro, porque difícilmente se encontrarán dos cabezas iguales y las medidas Rolando superiores siendo variables en cada individuo, las medias también lo son. 97 Así lo demuestra el siguiente cuadro tomado de la obra ya citada de E. L. Le-Fort. Distancia del bregma á la extremidad superior del surco de Eolando según los siguientes autores: Féré (1875) 45 mm. en la mujer Ecker (1876) 38 mm. Féré y Broca (1876) 47 á 48 mm. en el hombre Féré (1877) 47'3 mm. L. Championniére (1878).. 55 mm. De la Foulhouze (1877)... 38 á 63 mm. mínima y máxi- ma de las medidas hechas en nueve cabezas, cuatro ancianos y cinco adultos. En sus experiencias emprendidas en once cráneos en 1884, A. W. Haré, encontró como media 47'6 mm.; mínima 35 mm. y máxima 57 mm. Las medidas dadas por Charugi en 1886, recogidas de doce cráneos, son las siguientes: Braquicéfalos. Dolicocéfalos. Máx. 63'5 Máx. 62'5 Min. 47. Mín. 44'5 Med. 53'5 Med. 52'2 Y según Paseet, son: Braquicéfalos. Dolicocéfalos. H. M. H. M. Media 56'6 mm. 50'8 mm. Media 48'3 mm. 51'3 mm. Le Fort, (1890), encuentra como media, máxima y mínima 49'5,40 y 62 milímetros. Hé aquí el resultado que he obtenido en diez y siete cráneos, habiendo sido desechados el III, IV y VI por haber tomado á ejemplo de Bischoff, mas sin ser tal mi propósito, la cisura paralela frontal por el surco de Dolando. 98 Io Distancias Rolando bregmáticas En 17 Cráneos. En 9 Braquicéfalos. En 8 Dolicocéfalos. mm. II. mm. M. mm. H. mm. M. mm. Máxima 56 55 43 56 56 Mínima. 38 45 38 44 47 Media 48'5 49 40'6 49'5 52'7 Distancia de la extremidad superior del surco de Rolando. al nasión. 185 155 174 185 167 174 171 155 363 185 174 177 169 165 167'7 Máxima. Mínima. Media. 03 164 164 155 164 150 Máxima. '53 136 147 136 154 147 Mínima. 152'5 154'5 146 158 148'5 Media. c3 T3 95 95 91 88 77 Máxima. r- 3= C3 g 64 62 75 74 71 Mínima. 76 74 85 2'^/,'2* 73 Media. 'O 168 155 155 168 138 Máxima. 73 125 132 140 125 125 Mínima. 73 139 141 145 142 131 Media. °_» 26 25 13 26 21 Máxima. a C3 M M 3 7 8 3 15 Mínima. 03 He, 16 16 9 18 18 Media. 99 Anderson y Makins en sus determinaciones de cra- neometría cerebral han encontrado la extremidad su- perior del surco de Eolando coincidiendo en el punto medio sagital y alejándose de él hasta 19 mm. Poirier, tomando el nasión como punto de partida del arco sagital, en lo que le he imitado, ha encontra- do el punto medio sagital un poco más adelante de la extremidad rolándica superior que lo que dicen An- derson y Makins. Eené León Le-Fort encuentra que la distancia me- dia glabelo rolándica superior es, de 173 mm., 7 á 8 mm. más grande en los braquicéfalos que en los doli- cocéfalos. Debo advertir que el punto glabela que to- ma Le Fort, es la giba nasal media, estando el que yo tomo un poco más arriba. Para obtener la distancia de Le Fort, basta quitar á la naso-rolándicá del cua- dro anterior, la cuarta parte de la distancia naso-gla- bélica que consta en las experiencias ó sea de 4 á 5 mmJ En estos últimos tiempos se ha tratado de expresar la relación que existe entre los arcos glabelo-rolándi- co, naso-rolándico y el sagital. A. W. liare en 1854 encontró ser esta relación igual á two- Le-Fort en 1890 obtenía resultados menores representando la re- lación dicha tVA media, siendo menor en los braqui- céfalos A2A media, y mayor en los dolicocéfalos AW• El valor de la relación de los arcos naso-rolándico y sagital que he encontrado y expresado en 10,000as- del segundo es: 100 En todos los cráneos En los braquicéfalos En los dolicocéfalos H M H M Máxima 5781 5781 5409 5709 5690 Mínima 5087 5301 5245 5087 5490 Media 5523 5492 5281 5503 5545 PROLONGACION ROLANDICA SUPERIOR. Por ser la línea de dirección rolándica la que se to- ma para las determinaciones de cráneo topografía, dándole por origen ó principio la intersección con la línea media, es de una importancia capital el fijarla con la mayor exactitud. Porque si las determinacio- nes de la extremidad superior del surco de Solando sirven para indicarnos la relación precisa del límite superior de los lóbulos frontal y parietal, no es me- nos cierto, que no terminando siempre en la línea me- dia, hay que recurrir á hacer pasar una perpendicu- lar por su extremidad superior y el punto en que dicha perpendicular toca el arco sagital, unido al de la extremidad inferior por una recta, no fija la di- rección del surco y queda muy anterior, siendo impo- sible señalar las curvas que más comunmente pre- senta éste con aproximaciones cálculos y correcciones se llegaría á una posible determinación, pero no harían más que complicar el problema que ya de suyo lo está. Mientras que conocida y fijada la línea dé direc- ción por el conocimiento de los puntos extremos, los cálculos se simplifican, las relaciones son más fijas y simples, y las curvas del surco teniendo un eje, sobre él describen sus vueltas. 101 Procederé con la prolongación superior del surco de Rolando señalando sus distancias: A. Io al brega, al al nasión, al lambda y al inión y las tres primeras en 10,000as- del arco naso-lambdaico, y todas en 10,000 del naso iniaco. 2° su distancia al punto medio sagital. B. 3o los arcos rolando bregmático, naso rolándico y rolando lambdaico en función de los arcos y cuerdas naso iniacos. A. Distancia de la extremidad superior de la prolon- gación del surco de Rolando 102 --V -M-JX- - - - - Eu todos los cráneos. En los braquicéfalos. En los dolicocéfalos. mm. A g H M mm. A. G mm. A. g H M mm. A, g mm. A. g Máxima. 3 Mínima. I Media. - Máxima. | Mínima, í Media. a Máxima. f Mínima, f Media. a Máxima, g Mínima. ? Media. mb> Máxima. gsS Mínima. I? Media. 61 39 51'7 2316 1625 2077 2069 1278 1660 55 46 50 2235 1749 2011 1718 1424 1603 48 39 43'6 1788 1625 1753 1491 1278 1412 60 49 54 2316 2024 2113 1851 1432 1687 61 53 56 2608 2163 2380 2069 1732 1905 197 156 174 7617 6340 7020 5927 5201 5602 188 168 176 7194 6387 6975 5874 5201 5574 178 156 167 6916 6340 6700 5460 5287 5372 197 175 182 7617 6985 7131 5927 5652 5701 174 169 171 7390 7101 7181 5862 5686 5750 95 62 74 3660 2392 2988 3051 2008 2393 95 64 74 3613 2806 3024 2941 2133 2403 90 74 82 3660 3084 3299 3051 2493 2690 83 62 73 3015 2393 2869 2334 2008 2289 73 66 69 2899 2610 2818 2318 2071 2260 163 120 136 4799 4072 4396 155 129 138 4799 4126 4435 148 139 142 4713 4624 4627 163 123 137 4408 4072 4301 132 120 127 4314 4139 4251 28 7 18 16 9 13 35 8 22 25 21 22 103 B. Para representar los arcos rolando bregmático, naso rolándico y rolando lambdaico en función del arco y cuerda naso iniacos, se procede lo mismo que con el bregma,y así tenemos: arco rolando bregmático, ó naso rolándico, ó rolando lambdaico X cuerda naso iniaca tí ZZZ • --- ■ * arco naso iniaco. AECOS en función del arco y cuerda naso iniacos. Rolando-breg- mático. Naso rolándico. Rolando lambdaico. En todos los cráneos. 34-13 20'49 27'39 108'22 83'55 89'30 48'52 32'14 39'21 Máxima. Mínima. Media. quicéfalos. H. 29'04 24'09 25'88 105'22 85'82 91'11 48'52 35'20 38'30 Máxima. Mínima. Media. En los bra M. 23'86 20'49 22'46 87'08 83'55 86'04 48'20 38'81 44'10 Máxima. Mínima. Media. 02 £ <3 Q O O 32'96 25'70 29'53 108'22 93'68 99'53 43'44 32'14 39'92 Máxima. Mínima. Media. En los dol M. 34'13 28'03 31'25 95'64 92'09 94'26 • 41'04 37'55 38'03 Máxima. Mínima. Media. 104 TRAYECTO DEL SURCO DE ROLANDO. Las curvas que he descrito en el cerebro como per- tenecientes al surco, se encuentran traducidas al exte- rior en los cráneos que he preparado. Nada hay más variable que estas curvas en la extensión y radio de círculo á que pertenecen, he hecho notar sin embargo, como más constantes, tres curvas: una pequeña de con- vexidad anterior, otra media cóncava hacia adelante y que se extiende hasta la parte media y una tercera, última por la posición, intermedia por el tamaño, de convexidad anterior con que el surco se termina. El eje de estas curvas no es vertical sino inclinado hacia adelante y abajo. Dada esta dirección general se comprende que tan- to el eje de las curvas rolándicas como ellas mismas, siendo la sutura coronal casi transversa en su mitad superior, inclinada un poco hácia adelante la inferior, se aproximen de ella en la parte superior, distancia, salvo rara excepción que tienen lugar cuando la curva superior falta, menor que la rolando-bregmática. La menor distancia rolando coronal está en la parte me- dia del surco correspondiendo á la convexidad de la segunda curva. Por último, divergiendo, hacia adelante la sutura coronal, y el surco de Solando por su curva inferior hacia atrás, la distancia rolando-coronal in- ferior es mayor que la media y menor que la superior. Así lo demuestran los siguientes números represen- tativos de las distancias rolando-coronales. 105 En el cuarto superior. En el medio. En la extremidad infr. B.yD. B. D. B.yD. B. H. M. D. H. M. B.yD. B. D. H. M. H. M. H. M H. M Máx. 50 50 45 47 47 40 40 27 3135 45 45 32 35 31 Mín. 24 35 24 39 39 14 15 14 19 28 22 22 25 25 22 Med. 41 40 36 42 43 25 25 20 25 22 28 27 27 29 29 No pasaron desapercibidas por Broca estas curvas que describe con bastante exactitud en 1876. Dana, Hersley y otros, las estudiaron después. Pero con mayor precisión lo hicieron los americanos An- derson y Makins señalando como constantes una curva superior de concavidad anterior y otra inferior más pequeña. La línea de dirección rolándica forma con el arco sagital un ángulo agudo abierto hácia adelante, cuyo grado de abertura es variable. Para medir el ángulo rolando sagital se sirven los que lo han estudiado Haré, Dana, Giacomini, Poirier, Anderson y Makins, de goniómetros cefálicos que no son más exactos que el trasportador ordinario de que me he servido ó que el procedimiento gráfico que tam- bién he usado. Haré, encontró (en 1882), la abertura del ángulo rolando-sagital variando de 60° á 70° grados en nueve cráneos que midió. Giacomini, observa una variación menor. Anderson y Makins dan como máximo (estudio en 8 cabezas) 70° y mínimo 55°. Los mismos en doce cabezas que después estudia- ron encuentran variaciones de 60° á 65° 106 Las medias del ángulo rolando-sagital obtenidas por Le-Fort son: Media general Braquicéfalos Dolicocéfalos 68° 1 68° 1 68° 1 Máxima 74° Mínima 64° El resumen de las medidas que he encontrado, es el siguiente: ANGULO ROLANDO-SAGITAL. En todos los cráneos. En los braquicéfalos. H. M. En los dolicocéfalos. H. M. Máxima 75° 75° 68° 74° 69° Mínima 62° 65° 65° 62° 62° Media 67° 68° 66° 68° 65° EXTREMIDAD INFERIOR DEL SURCO DE ROLANDO. Lucas Championniére, fué el primero que tratando de guiar la trepanación por las localizaciones cerebra- les, determinó la extremidad inferior del surco de Ro- lando en relación con un punto de la apófisis orbitaria externa situada en el borde posterior de dicha apófi- sis, un poco debajo del que he llamado punto apofi- siario, hacía pasar por él, en la situación de la mirada horizontal, una horizontal sobre la que medía 70 mm. y levantaba luego una perpendicular de 30 mm. La determinación de Championniére es para el vivo. Más antes, Broca, en 1871; Turner, en 1873; Féré, en 1882; habían determinado la extremidad inferior 107 del surco de Rolando en relación con la sutura coro- nal, siendo las distancias encontradas poi' cada uno de ellos, respectivamente: 15 nim., 38 mm. y de 28 mm. á 38 mm. De la Foulhouze en nueve observaciones encuentra distancias que varían de 23 mm. á 44 mm. Le-Fort, en 1890, midiendo también de la sutura coronal, da como media de 29 á 30 mm., siendo más grande en los dolicocéfalos que en los braquicéfalos de 1 á 2 mm. Le-Fort, sin precisar la altura, da como distancia media de la apófisis orbitaria externa á la extremidad inferior del surco de Rolando de 60 á 61 mm., siendo siempre más distante en los dolicocéfalos. Yo he tratado de fijar, A, la situación de la extre- midad inferior del surco de Rolando, y B, el punto en que la prolongación inferior corta á la línea lambdo- apofisiaria y la zigomática superior. A. Consideraré primero la altura de la extremidad superior del surco de Rolando sobre las horizontales lambdo-apofisiaria, malo sagital y zigomática supe- rior expresada en milímetros y la última en 10,000a3 del arco tubérculo sagital. El cuadro siguiente da razón de dichas medidas. Altura de la extremidad inferior del surco de Ro- lando sobre las horizontales 108 Lambdo -Apofisiaria. En todos los cráneos. En los braquicéfalos. En los dolicocéfalos. H. mi M. n. H. mi M. n. mm. Máxima 26 26 13 10 13 Mínima o 0 4 0 4 Media 9 11 9 7 7 Malo sagital. Máxima 5 1 51 30 35 34 Mínima 20 23 28 20 28 Media 3 1 31 34 30 31 Zigomática superior. mm T mm T mm T mm T mm T Máxima 68 4303 68 4303 6Í 4039 60 3921 55 3793 Mínima 42 2727 42 2727 47 3197 46 3150 47 3615 Media 53'9 3699 54'6 3699 56 3779 55 3691 50'5 3665 Segundo: de la extremidad inferior del surco de Ro- lando (a) á la sutura coronal y del punto de sección de la perpendicular que pasa por esta extremidad con las horizontales lambdo-apoíisiaria, malo-sagital y zigo- mática superior en mm. para todos y en 10,000a3 de las líneas lambdo-apoíisiaria, naso-lambdaica y sagi- tal para los de la segunda. esta extremidad con las 109 A LA SUTURA CORONAL. (II): En todos los cráneos. En los Braqnicéfalos. En los Dolicocéfalos.' H. M. H. M. Máxima. 45 45 32 35 31 Mínima. 22 22 25 25 22 Media. 28 27 27 29 29 al punto apofisiario. (Veáseel cuadro III). AL TUBÉRCULO MALAR. Máxima. 80 80 64 61 52 Mínima. 37 37 58 44 47 Media. 55 55 61 55 49 AL TUBÉRCULO ZIGOMÁTICO. Máxima. -30 -24 -24 -30 -14 Mínima. - 7 - 7 -19 -16 -10 Media. -18'6 -17 -20 -24 -14 110 (III). Distancias del punto de sección de las perpendiculares que pasan por las extremidades inferior y superior del surco de Rolan- do y por la prolongación inferior del mismo, con la línea lambdo-apofisiaria, y punto en que el surco de Silvio deja de ser horizontal, al punto apofisiario, en 10,000a3 de las líneas lambdo-apofisiaria, naso-lambdaica y sagital. EXTREMIDAD INFERIOR DEL SURCO DE ROLANDO. En todos los cráneos. En los Braquicéfalos. En los Dolicocéfalos. H. M. H. M. mm. tp A, 0 rnm, (p A G mm. <p X G mm. A G mm. cp X G Máxima. 86 427832792662 8642783269 2662 65342127082065 70 355828002236 61327926522103 Mínima. 50 260419311541 5026041960 1587 61322723461871 58 287623101920 56294719311541 Media. 62'5 324724881978 6332852495 1988| 62331524932000 65'7 326825712053 59313823501882 EXTREMIDAD SUPERIOR DEL SURCO DE ROLANDO. Máxima. 121604146713733 11660414595 3600104534343333409 121520246713733 108580644813576 Mínima. 84459034143093 9952103721 3093 84459034143097 106527340453099 97507741633321 Media. 105545342743397 10754174257 3393| 96513338613208 111552244613562 103547843403465 PROLONGACION ROLANDICA INFERIOR. Máxima. 67333325572087 5828762317 1812 60315725001967 67333325571959 62321225202087 Mínima. 48208718451472 5026841875 1562 48262219511627 58208723101930 49257818451472 Media. 56291222461785 5427462138 1704| 53283421311717 62308424261937 56287122671815 PUNTO EN QUE EL SURCO DE SILVIO DEJA DE SER HORIZONTAL. Máxima. 124604847873827 12259674723 3666 88463136662885 124604847873827 112589445713660 Mínima. 67366129612361 8039803263 2484 67366129612361 100497538162923 75388630572523 Media. 96494738783082 98 50103900 3109 77411730972495 110547243043437| 914840]3820¡3062 111 Distancias del punto de sección de la prolongación rolándica inferior con la línea zigomática superior, al tubérculo zigomático: En todos los cráneos. En los braquicéfalos. En los dolicocéfalos. H. M. H. M. máxima 24 24 19 24 23 mínima 6 9 6 15 10 media 15'5 13 11 19 17 SUECO DE SILVIO. Por la constancia y fijeza de su dirección, por la correspondencia en el exterior del cráneo con una de las suturas más marcadas y persistentes, es fácil de determinar sus relaciones en los | de su longitud, el | posterior ó extremidad posterior y superior solo presenta algunas dificultades. Serán objeto de mi estudio, como lo he hecho para el surco de Rolando, la extremidad anterior, el tra- yecto, la extremidad posterior y superior y la rama anterior del surco de Silvio. EXTREMIDAD ANTERIOR DEL SURCO DE SILVIO. Sola la parte externa ú horizontal, antero posterior ó gran rama del surco de /Silvio, es accesible á la in- tervención quirúrgica é importante de señalar sus re- laciones; la otra porción transversa y horizontal, co- rresponde á la base del cerebro, y ya he dicho al tra- tar del pterión como las apófisis ensiformes se alojan 112 en este surco que en la base separa el lóbulo frontal del temporo-esfenoidal. La extremidad anterior del surco de Silvio princi- pia pues donde termina la extremidad externa de la apófisis de Ingrassias. La relación con el exterior de la terminación de las pequeñas alas y por consiguiente la de la extremidad anterior del surco de Silvio, es aproximadamente el pterión; al hablar de éste último punto me he extendido suficientemente sobre el asun- to, la proyección excéntrica ó el desarrollo exuberante de la grande ala es lo único que puede cambiar la rela- ción elevando el pterión. No insistiré más, y las medi- das que doy al fin de este párrafo, comparándolas con las del pterión son más elocuentes que todo lo que se diga. Broca, en 1876, tomando como punto de referencia el ángulo ptero-frontal ó ángulo anterior de la sutu- ra pter-parietal, encontraba que la extremidad ante- rior del surco de Silvio se alejaba de 4 á 5 mm. ó 15 mm. máximo. De la Foulhouze, afirma lo mismo, explicando cómo el lóbulo temporo-esfenoidal está en relación con el piso medio del cráneo. Posteriormente no se ha hecho más que confirmar y aceptar lo anterior. La extremidad anterior del surco de Silvio según Le-Fort, está á 27 mm. atrás de la apófisis orbitaria externa. Según mis experiencias: Io. Extremidad anterior del surco de Silvio, á las horizontales que pasan por 113 la apófisis orbitaria externa el tubérculo malar en todos los cráneos. en los bra- quicéfalos. en los dolico- céfalos. en todos los cráneos. en los bra- quicéfalos. en los dolico- céfalos H. M, H. M. H. M. H. M. máxima 15 5 0 15 6 25 25 17 20 21 mínima 0 0 0 0 1 6 11 15 7 6 media. 3 2 0 6 4 16 18 16 15 14 y línea zigomática superior En todos los cráneos. Braquicéfalos. Dolicocéfalos. m m T H, M. H. M. m ni T m m T mm T m m 7 máxima. 45 3020 45 3020 45 2980 43 2945 38 2753 mínima. 30 2068 32 2 285 36 2482 35 2430 30 2068 media. 38 2608 39 2624 40 2710 39 2650 33 2445 2o. Distancias del punto de sección de la perpendi- cular que pasa por la extremidad anterior del surco de Silvio con las horizontales lambdo-apofisiaria, ma- lo-sagital y zigomática superior: 114 Al punto apofisiario, en milímetros y diezmilésimas de las líneas lambdo-apoflsiaria, naso-lambdaica y sagital. máxima.... mínima .... media en todos los cráneos. en los braquicéfalos. en los dolicocéfalos. IB IB 39 26 31 G 1989 1287 1597 V 1574 1030 1255 A 1291 789 995 mm 37 26 31 G 198Í 128" 157( H. 115741 11056 51227 X L233 812 978 mm 33 26: 29' G 1746 1368 1604 M. 1269 1083 1206 A 1016 852 972 IB IB 39 •27 32 G 1930 1343 1592 H. V 1200 1030 1252 A 1291 789 1000 mm 34 26 30 G 1827 1347 1595 M. 1459 1074 1259 A 1164 875 1008 máxima mínima media al tubérculo malar y al tubérculo zigomático en todos braquicéfalos dolicocéfalos en todos braquicéfalos dolicocéfalos H M H M H M H M 33 18 23 26 20 23 27 19 22 22 18 20 33 23 27 18 3 9'5 15 3 8'8 15 9 12 16 3 10 18 3 8 115 TRAYECTO DEL SURCO DE SILVIO. En la mayor parte de su extensión es horizontal: empieza en el pterión y termina su porción horizontal y antero-posterior en un punto que luego precisaré. La escama y la sutura pter-parietal dije que se en- contraban á un mismo nivel y paralelas á la línea lambdo-apofisiaria; que algunas veces la primera de estas suturas no alcanzaba la horizontal representada por la porción superior del borde de la escama, pero que guardando la misma dirección antero-posterior, eran paralelas. Ahora bien, el surco de Silvio tiene también una dirección horizontal, empezando en el pterión, cuando éste está encima de la escama, pasa como de tres á cinco milímetros encima de ella; cuan- do está debajo, la cruza; y cuando coinciden, coinci- de, y con ella se confunde, siéndole profundamente paralelo; y como una de dos paralelas que es paralela á una tercera situada en el mismo plano ó en planos paralelos, son paralelas las otras dos, tenemos pues una serie de cuatro paralelas en una zona muy estre- cha de la cara lateral del cráneo, y son: de arriba á abajo, del límite superior al límite inferior, la línea lambdo-apofisiaria, la rama principal del surco de Silvio, las suturas pter y temporo-parietal y la lí- nea malo-sagital, (lám. 4? figs. 1* y 2?); y si á es- tas añadimos la correspondencia casi exacta con esta última línea de la cisura paralela temporal, y la pri- mera circunvolución temporal que también es paralela y limitada hácia arriba por el surco de Silvio y hacia abajo por la línea malo sagital, y por último, la rama posterior de la meníngea media, las arterias, venas, rio y valle silvianos y el centro de la memoria audi- 116 tiva de las palabras, órganos que siguen todos la di- rección general de la zona, tenemos que: bien podría apellidarse zona paralela á esta porción de la región temporal, que tendría la ventaja de designar no solo la dirección de los principales órganos contenidos en ella, sino también el lugar de elección de la aplica- ción del trépano, ya por derrame sanguíneo, (arterias y venas meníngeas, límite anterior de la zona); ya por lesiones del centro de la memoria auditiva de las pa- labras. Antes de exponer las medidas que comprueban lo anterior, rápidamente haré ver cómo ha sido descrita la rama principal del surco de Silvio por los autores extranjeros. Según Ecker, el surco y la sutura se corresponden. Pozzi, encuentra siempre la sutura debajo del surco de Silvio. Poirier, dice que el surco pasa un poco encima de la sutura, (1890). De la Poulhouse, (1870) y Le Fort, (1890), encuen- tran el surco siempre encima, en una cantidad que no pasa según el primero, de 0 á 10 mm.; y según el se- gundo, de 4 á 5 mm. [ Ya he dicho que unas veces coinciden, las más; otras encima, menos; otros debajo, raras; es la disposición que he encontrado, lo que por otra parte demuestran las experiencias. Véase la tabla de ellas y el siguien- te cuadro. Distancias á la escama de la porción horizontal del surco de Silvio, tomadas sobre las perpendiculares que pasan por 117 el tubér- culo zigomático B. D. BD. H. M. H. M. el punto pre-auricular B. D. BD. H. M. H. M. el meato auditivo. B. D. |BD. EL. M. H. M. Máxima. 6 6 3 4 2 8 6 3 3 8 8 7 4 3 8 Mínima. 0 0 0 0 0 -4 -2 1 -3 -4 -5 -2 3 -5 -5 Media. 1 1 1 1'5 0'4 2 1 2 1'5 3 1'7 2 3 0'3 1'6 Distancias á la línea zigomática superior, del tra- yecto del Surco de Silvio, tomadas sobre las perpen- diculares que pasan por En todos los cráneos. En los Braquicéfalos. En los Dolicocéfalos. H. M. H. M. O . Máx. mm. 50 mm. 47 mm. 45 mm. 50 mm. 43 3 § o .2 '© Íí £ 3 Mín. 38 42 43 41 38 E p . to ® 'Ñ Med. 43 44 44 44 40 Máx. 46 46 45 46 42 $5 5 P 'S Mín. 38 40 44 40 38 -■ sS ® © A Med. 42 42 44 43 40 Máx. 55 55 53 54 52 5 ó O -□ Mín. 47 47 51 48 49 El © c3 Med. 51 53 51 51 50 La escama suele cambiar de dirección antes de lle- gar á la perpendicular que pasa por el meato auditi- vo y es el motivo de que la separación en este punto del surco y la escama son sensibles, aunque aquel to- davía siga siendo horizontal. 118 El punto en que el surco se desvía arriba y atrás, es variable; el resultado de las observaciones por mí recogidas consta en el cuadro III (pág. 111). La línea lambdo-apofisiaria, viene á ser respecto al surco de Silvio lo que éste á la escama; coinciden las más veces, la línea encima, caso frecuente; la línea debajo del surco, excepcional; hablo, se entiende, an- tes que el surco cambie de dirección. La prolongación rolándica inferior encuentra al sur- co de Silvio ó más bien su línea de dirección, que es la lambdo-apofisiaria, y como cae oblicuamente, for- ma con la horizontal dicha un ángulo obtuso, abierto hacia adelante y un agudo vuelto hacia atrás. El último, ángulo silvio-rolándico, es el que he de- terminado Angulo máximo. Mínimo. Medio. TJ (H 75° 58° 65° B- ( M. 75° 65° 69° (H 69° 56° 69° D- )M 63° 57° 59° Media general zz 63° Otro ángulo se forma entre la escama que cambia de dirección y el surco de Silvio, mira su abertura abajo y atrás; ángulo silvio escamoso, es más varia- ble. EXTREMIDAD POSTERIOR Y SUPERIOR DEL SURCO DE SILVIO. En un punto que varía, pero que se aproxima del tercio posterior de la base de la apófisis mastoides y 119 del asterión, el surco de Silvio deja de ser horizontal, y corta si debajo, se separa más, si encima de la línea lambdo-apofisiaria en una extensión de esta línea que consta en el cuadro III ya citado; dirigiéndose arriba y atrás describiendo una curva de concavidad ante- rior y terminando en la giba parietal, encima de la línea lambdo-apofisiaria, muy debajo del arco sagital. Féré, liare, Horsley y Foirier no fijan con exacti- tud la terminación posterior del surco de Silvio, es que varía en proporciones tan fuertes que difícilmente puede darse una media general. Le'Fort, dice: que la extremidad posterior del sur- co de Silvio termina en la giba parietal, en un punto de la línea que une el asterión á la extremidad supe- rior del surco de Rolando. Anderson y Makins dan un punto situado más adelante. Yo, haciendo pasar una perpendicular por la extre- midad posterior y superior del surco de Silvio, he tra- tado de determinar su situación: Io midiendo las dis- tancias que la separan ARCO SAGITAL. En todos los cráneos. En los Braquicéfalos. En los Dolicocéfalos. mm mm H V mm M mu H V mm M Máxima... 90 6250 87 6142 80 5633 88 5789 90 6250 Mínima ... 50 3448 60 4786 74 5362 50 3448 63 3868 Media ¡ 75 5256 78 5264 77 5555 74 5004 71 5220 Máxima... 30 2255 30 1800 30 2173 24 1655 30 2255 Mínima ... 0 0000 0 0000 20 1360 4 263 3 208 Media 18 1250 17 1137 25 1785 16 1084 17 1294 Y DE LA LINEA APOFISIARIA. La distancia que del punto de sección de la perpen dicular con las lineas sagital, lambdo opofísiaria y zi gomática superior, hay 120 A L BREGMA En todos los cráneos. En los Braquicéfalos. En los Dolicocéfalos. mm A g H M mm A g mm A g H M mm A g mm A g Máxima Mínima Media 72 32 53 2880 1295 2141 2384 993 1701 62 32 50 2480 1295 2041 1968 993 1919 56 38 47 2276 1583 1890 1898 1245 L523 72 58 62 2880 2310 2450 2384 1695 1959 65 1 41 54 2695 1694 2267 2152 1380 1818 AL PUNTO APOFISIARIO mm. cp II M mm. cp mm. cp II M mm. cp mm. cp Máxim a Mínima Media 130 90 110 6598 4663 5691 123 101 111 6451 5198 5645 104 97 100 5473 5300 5379 130 113 123 6598 5594 6119 122 90 105 6421 4663 5617 AL TUBERCULO ZIGOMATICO Máxima Mínima Media 90 46 70 87 60 72 63 60 61 90 63 78 78 46 65 121 RAMA ANTERIOR O VERTICAL DEL SURCO DE SILVIO. Es sobre todo en determinar el origen y trayecto de la rama anterior que la atención de las anatómicos se ha ejercitado, y no podía ser menos, dado que ella li- mita adelante el centro de la palabra hablada, primero que se descubrió; y desde que esto fué, cada uno á por- fía empezando por Broca, trató de buscar la relación precisa para dar una vía segura á las aplicaciones qui- rúrgicas. Pero aquí, como en todo, se observan diferencias, porque los autores señalan lo que más frecuentemente encuentran ó más les ha impresionado. Verdad es que tales discordancias solo son de algunos milímetros; del ángulo anterior del pterión á la sutura escamosa, en la vecindad de la sutura pter-escamosa, lo que tie- ne poca importancia en la práctica. Así, Broca coloca el origen de la rama vertical del surco de Silvio á 6 ó 7 mm. atrás del ángulo ante- rior del pterión. Horsley, 1 ó 2 mm. adelante del ángu- lo posterior del mismo. Heder, Turner y Poirier están de acuerdo asignándole 13 mm. atrás de la sutura co- ronal. Thane, (1885), tomando la apófisis orbitaria externa como punto de partida, encuentra el origen de la rama vertical á 31mm7 atrás y 6mm3 encima, (Le-Port). El cuadro siguiente expresa el resultado de los cálcu- los y medias que he hecho sobre el origen de la rama vertical. 122 Origen de la rama anterior del Surco de Silvio. 1° Distancias perpendiculares á las horizontales lambdo-apofisiaria y zigomática superior en todos los cráneos. Braquicéfalos Dolicocéfalos en todos los cráneos Braquicéfalos. Dolicocéfalos. H. M. H. M. H. M. H. M. máxima -10 -5 -3 -10 -6 50 41 40 50 37 mínima 0 0 0 0 0 32 33 39 38 32 media -2 -1 -1 -4 38 38 39*5 43 34 2o Del pie de las perpendiculares respectivas al punto apofisiario. en todos los cráneos. en los braquicéfalos en los dolicocéfalos. ii. M. H. M. <P A. G mm cp A G (p A G <P A G cp A G máxima.... 50 248719011547 502481 H9011547361894150( 11180 401980 159313243518811502 1198 mínima . .. 241250 941 761 24125Í 941 761301639121* 11016 331675 132010542815051183 947 media 34175213761091 361831 14251136331764132' 71069 371840 144811563116841301 1042 al tubérculo zigomatico y por último a la sutura coronal en todos braquicéfalos dolicocéfalos en todo s braquicéfalos dolicocéfalos H M H M II M H M máxima 19 19 12 7 10 19 19 7 9 11 mínima -16 -16 5 2 2 0 0 7 7 0 media 5 4 8 4 7 5'7 6 7 8 4 123 El trayecto de la rama vertical del surco de Silvio para Broca, se confunde con la sutura coronal; para Heftler, se separa arriba dirijiéndose á la curva tem- poral; para Horsley, sigue la dirección de la sutura pter-escamosa, se inclina adelante y llega á la coronal encurvándose atrás; las demás descripciones difieren poco de las precedentes. Yo lie encontrado como lo manifiestan los cuadros anteriores y los de la escama y el pterión, el origen de la rama vertical coincidiendo con el pterión; pocas veces se adelanta hasta el ángulo anterior y rarísimas principia antes que la extremidad anterior del surco de Silvio. De su origen Ja rama vertical se dirije hacia adelan- te de la sutura frontal y con ella coincide ó avanza muy poco adelante, rara vez queda uno ó dos milíme- tros detrás. Dije al tratar del trayeto del surco de Silvio que la porción de la región temporal que pudiera llamarse paralela por la agrupación, dirección é importancia de los órganos y líneas en ella contenidos, estaba limitada arriba por la línea lambdo-apofisiaria, abajo por la malo-sagital. Pues bien, en el límite anterior de la zo- na que está representado por una perpendicular que pasa por el ángulo anterior del pterión, se encuentran órganos, líneas y puntos que no les exceden en impor- tancia los del resto de la zona y son: Pterión, sutura pter-parietal, ángulo anterior y posterior del pterión, extremidad externa de las peque- ñas alas del esfenoides, canal huesoso para las arterias y venas meníngeas, seno esfeno-parietal de Breschet, extremidad anterior del surco de Silvio, origen de las ramas anteriores vertical y horizontal del mismo, ex- tremidad inferior del pié de la circunvolución de Dax- 124 Broca, tronco de confluencia de la gran vena cerebral anterior de Crhuvelhier (yo he encontrado varias for- mando grupo,) y de las venas silvianas, el confluente cefalo-raquideo lateral de Bichat, el límite anterior del lóbulo esfeno temporal y profundamente el tronco de la arteria silviana, el lóbulo de la ínsula y el límite anterior de los núcleos grises centrales, y si á esto aña- dimos: Que siempre la extremidad anterior, el origen de la rama anterior y la primera parte del trayecto del sur- co de Silvio, el pterión y la sutura pter-parietal, el punto en que las arterias y venas meníngeas cortan el surco de Silvio están muy poco debajo ó coinciden con la línea lambdo-apofisiaria y como medio nemo- técnico que el ramo anterior de las arterias y venas meníngeas al cruzarse con el surco de Silvio forma con este y su rama anterior una estrella de cinco ra- mas, tenemos: que bien merece en las descripciones de cráneo-topografía considerarse este punto, que en me- dio centímetro cuadrado de superficie y esta Zona de 25 milímetros de ancho, en que están contenidos los principales órganos profundos de la región. Hasta aquí llega la investigación que he emprendi- do, lo que sigue no merece el nombre de tal: porque las medidas practicadas sobre el lóbulo occipital del cerebro después de quitado el casco craneano carecen del rigor que he querido dar á las anteriores expe- riencias, y aunque dichas medidas no han señalado di- ferencia notable con lo que dicen los autores extran- jeros, no asentaré nada propio y extractaré lo que eu- ropeos y americanos dicen sobre el surco perpendicu- lar externo. Es apenas notado en la cara externa del cerebro, se- gún dije al tratar de este surco, por consiguiente solo 125 su extremidad superior y la primera porción de su di- rección pueden determinarse. Gratiolet encontró que la extremidad del surco que- daba muy abajo del lambda. Broca por el contrario lo encontró siempre adelante 4 á 5 mm. Con pocas variantes son las conclusiones deHeftler, de la Foulhouze, Ecker y Pozzi que encuen- tran el surco ya adelante, ya coincidiendo con la su- tura. Anderson y Makins aprecian la distancia del surco con relación al punto medio sagital y lo encuentran un poco adelante de la sutura. Para Le-Fort, el surco occipital se encuentra de la sutura lambdoide, en los dolicocéfalos, 0. mm. 6 ade- lante y en los braquicéfalos 1 mm. 6. CÁLCULOS DE EPICRANEOMETRÍA. Aquí me ocupo de la manera fácil y sencilla de trans- portar, por decirlo así, las líneas y puntos craneanos y los surcos cerebrales trazados en la superficie exterior del cráneo á la superficie del mismo nombre del epi- cráneo. No se necesita solo tener una concepción más ornó- nos lógica y acorde con lo que se conoce, es necesario comprobarla experimentalmente. Así lo he hecho yo, y en la primera parte de la investigación lo expuse: quiero hablar de las medidas tomadas sobre el cráneo cubierto de sus partes blandas. Al emprenderlas me llevaba esta idea: ¿son en ver- dad exactamente concéntricos al estado normal los planos curvos membranoso ó epicraneano y huesoso en la región occipito-frontal lo que por el espesor me- dio podemos juzgar á priori? 126 En diez cabezas medidas, he encontrado siempre que he operado con la rigurosidad requerida, la com- probación de este aserto. El espesor de las partes blan- das lo he tomado con escrupulosidad y las partes an- terior y posterior á que corresponden los músculos frontal y occipital, el espesor de la primera no ha pa- sado de 7 mm., en la segunda de 8 mm., en la parte media de 6 mm., término medio: 5 mm. En la región temporal, los planos aponeurótico y cutáneo forman un puente de la curva temporal al ar- co zigomático, convirtiendo en superficie plana la fosa de la región. Con estos datos, fácil nos es restituir á los cráneos que poseemos, las partes blandas que la maceración y la legra han destruido, dando las medidas corres- pondientes para cada uno de ellos. La manera de proceder es la siguiente: Un teorema de geometría asienta que: arcos de un mismo circulo ó de círculos concéntricos, son entre sí como las cuerdas que los subtienden. La línea media ó arco naso-iniaco de los cráneos I y IX, por ejemplo, manifiesta que puede considerarse como perteneciendo á media circunferencia y poco más; de radios res- pectivos 80 mm. y 84 mm., asombra la regularidad de estas líneas; igual cosa ó con poca diferencia se observa en las demás; por otra parte, poco im- portan las desigualdades cuando siendo en el sentido de la longitud y no pasando de un centímetro, el error se traduce en los dos arcos que veremos luego y es- tando en el mismo sentido queda corregido. Así, aprovechándonos del teorema citado podemos decir: arco a : es arco a' :: como cuerda c : es cuer- da c', siendo a y c un arco y una cuerda cualquiera de la línea media en el cráneo seco y cuyos radios co- 127 nocemos, y a' y c' los mismos arco y cuerda en el crá- neo cubierto de las partes blandas, por ejemplo: tene- mos el arco y cuerda naso-iniacos del cráneo núm. IX que son: 306 mm. para el arco y 162 mm. para la cuer- da y tratamos de determinarlos en el cráneo revestido del epicráneo. Para esto nos figuramos el cráneo cu- bierto por una capa de 5 mm. de espesor lo que equi- vale á decir que el diámetro antero-posterior aumenta 10 mm. y es igual á 172; en la proporción citada despe- jando á a' y sustituyendo los radios, tenemos a.=.306X172 ;=324|8^y asi para cualquier otro arco sea que se tomen las cuer- das correspondientes ó que se establezca la relación con los arcos y la antero-posterior puesto que ella no se altera. Si se quiere más prácticamente transformar las me- didas de los arcos del cráneo en correspondientes del epicráneo, basta multiplicar por 0.06 de milímetro la longitud del arco, y el producto añadido á la longi- tud, para tener el buscado en el epicráneo. Ejemplo: arco breg.-rolándico (prolongación) en el cráneo nú- mero II = 48. En el mismo cubierto de las partes blandas: 48X0.06+48zz50,88. Los valores que en la parte siguiente consten sin previa advertencia, son valores que indican cuerdas ó arcos sobre el epicráneo. En las partes laterales, sobre la región temporal, como no hay curva, propiamente hablando, supuesto que en las medidas tomadas en la fosa temporal se pro- curaba que fueran á la perpendicular levantada de di- cho punto y no yéndolo á buscar en el fondo, no hay necesidad de corrección y los puntos epicraneanos 128 huesosos y cerebrales se corresponden con tal que los puntos de referencia se determinen con exactitud. Lu- cas Championniére, el gran vulgarizador de la trepa- nación guiada por las localizaciones cerebrales, co- metió, á nuestro humilde entender, un error, llevando la corrección extra-craneana de la extremidad ro- lándica superior sobre la parte inferior, por lo que ésta, en su procedimiento, queda adelante. Pero cuando hay que tomar medidas que pasan el borde posterior de la hélice, es conveniente hacer la reducción estableciendo las relaciones con la línea lambdo-apofisiaria, y empezando á contar del lambda, ó más prácticamente, multiplicando la longitud del arco por 0.04 de milímetro y añadiendo el producto. Para las alturas en tanto que no pasan la línea tem- poral, no necesitan corrección, pasada la curva, se añaden 0.05 de milímetro por centímetro de arco. Se deja entender que ninguna de estas correcciones tiene lugar cuando las relaciones se expresan en frac- ciones de arco ó en función de un arco y cuerda y las mismas son en el cráneo cubierto de partes blandas, que en el seco. Ejemplo: la extremidad superior de la prolongación rolándica en 10,000a8, del arco sagital lo mismo es nw en una que en otro; y tal la relación 66'40 porque se multiplican arco naso-iniaco cuerda naso-iniaca para encontrar el arco naso-bregmático. Con esta serie de correcciones y reducciones se pue- de llegar á encontrar la cuadrícula de la superficie del cráneo en la cara externa del epicráneo y la topo- grafía del cerebro, pero no repetiré lo que largamen- te he descrito en la craneometría y craneometría ce- rebral. DEDUCCION. Entre tanto siendo el cálculo un poderoso medio de deducción, puedo aventurarme á bosquejar siquiera un ensayo práctico de topografía cráneo-cerebral. Por evitar repeticiones, y ser más provechoso desde el punto de vista quirúrgico, doy la forma de proble- mas á las cuestiones de topografía que estudio en dos capítulos: Io. Topografía de la cara exterior del crá- neo; 2o. Topografía de la corteza cerebral. CAPITULO PRIMERO. Topografía y determinación de los puntos singulares, líneas y suturas del cráneo. Mi objeto al escribir este capítulo, es dar á conocer los puntos de referencia para el trazo de las líneas que sirven en las determinaciones de la Topografía Cere- bral, es decir: los paralelos y meridianos trazados en el epicráneo para levantar el plano de la corteza ce- rebral. Los puntos por donde pasan estas líneas, son fáciles de determinar, los que se encuentran en la periferia, siendo más dificultosos los de la línea media, de aquí dos problemas: 1°, manera de determinar los puntos singulares periféricos; 2?, determinación de los de la línea media y parte lateral; á los que añadiremos 3°, determinación y trazo de las líneas y suturas del cráneo. 130 Problema l9. Manera de determinar los puntos singu- lares de la periferia. La piel de la cabellera y capas subyacentes cual es- peso y denso velo cubren y ocultan los relieves cranea- nos al grado de que algunos es imposible encontrarlos por la simple inspección y palpación: puntos de la lí- nea media; mientras que otros más salientes, puntos periféricos, con estos medios de'exploraciónbasta para su determinación. Al estado normal la mayor parte de la piel del crá- neo está cubierta por el cabello, natural adorno de la especie humana y de que se aprovechan los Etnógrafos como de un signo de raza. En una misma raza las va- riedades de color, fineza y suavidad, longitud, etc., son infinitas. El nacimiento del pelo, en la región epicraneana, principia sobre el frontal, á una distancia variable de la ceja, formando el espacio intermedio la frente, lisa en el niño y en el joven, es atravesada por pliegues lon- gitudinales, entrecejo, y transversales, en el anciano, por la prolongada acción de los músculos piramidal y frontal. Una frente grande, abovedada y saliente da un cierto grado de dignidad, nobleza é inteligencia á la fisonomía. Sobre la línea media y debajo de la cabeza de las cejas se nota una depresión transversal: surco naso- frontal; en el fondo del surco y en el punto en que en- cuentra la línea media está el nasión, que corresponde á la articulación fronto-nasal que es fácil de percibir con el dedo; por su facilidad de determinación, á ejem- plo de Poirier, es uno de los puntos á que doy mayor importancia. Siguiendo la línea media é inmediatamente encima del nasión se ve y se siente una eminencia: la giba nasal 131 ó frontal media, el centro de la eminencia, la designa Le Fort convencionalmente con el nombre de glabela y es el punto que toma para sus investigaciones de cráneo-topografía: está situada de 4 á 5 mm. enci- ma del nasión y le sobresale de uno á siete milímetros. El ipunto glabda que he tomado, es como su nom- bre lo indica, el punto medio de la parte lisa y sin pelo que se encuentra sobre la giba frontal entre el arco de las cejas. La determina una línea que pasa por el borde superior de las cejas al encontrar la línea media: corresponde á la parte media é inferior del es- pacio plano del frontal limitado abajo por la giba na- sal á los lados y abajo por los arcos huesosos surci- liares y hacia arriba y afuera por las gibas frontales. Se dice que la sutura metópica cuando persiste pue- de notarse por la palpación. Cuando á la sutura^reem- plaza un borde saliente ó una línea hundida como en las deformaciones en quilla ó matiforme, la inspección y la palpación pueden dar cuenta de ella. Hacia afuera y abajo la frente ofrece los arcos de las cejas y el borde superior de la órbita cubiertos por las capas de la región más el orbicular y el surciliar, la piel revestida de pelos forma la ceja. En el tercio interno, el borde superior de la órbita presenta una escotadura ó agujero por donde pasa la arteria y el nervio supra-orbitarios ó frontales exter- nos, y que se siente con el dedo explorando esta parte del arco orbitario. Es á la cola de la ceja á que corresponde la apófi- sis orbitaria externa en el punto en que se articula con la apófisis orbitaria del malar. Conduciendo el dedo sobre la cara externa de las apófisis, donde termina la ceja, se siente la sutura. Detrás y un poco debajo, casi al mismo nivel de la 132 sutura fronto-malar y sobre el principio del borde posterior y superior del mismo, un poco encima de la prolongación horizontal del ángulo externo de los párpados, se siente el tubérculo que he llamado malar superior y por abreviación, simplemente malar. En él se inserta la aponeurosis temporal reforzándose consi- derablemente, desde ese nivel no estando dividida hacia adelante en dos hojas. Las contracciones del músculo temporal levantan con energía al dedo que las busca encima del tubérculo, siendo menos percep- tibles debajo. Es sobre el borde posterior de la apófisis orbitaria externa que principia la línea temporal y he dicho que es sumamente saliente en el frontal, limitan- do hacia adelante la fosa temporal, recibe el nombre de cresta temporal del frontal á la que se insertan la aponeurosis temporal y las fibras excéntricas del mús- culo crotáfito. El punto apofisiario sobre el que he insistido en la craneometría, está un poco encima del tomado por Lucas Championniere, Le Fort y otros; queda un poco debajo de la intersección del plano glabelo-lambdoi- deo de Hamly y la cresta temporal, plano que princi- pia adelante, en la glabela y pasando encima del agu- jero supra-orbitario, termina en el lambda. Terminando en el lambda y principiando en el pun- to apofisiario, la línea lambdo-apofisiaria prolon- gada hacia adelante, pasaría por el agujero supra- orbitario y el punto medio de la giba nasal. Co- rresponde á la extremidad externa de la ceja, enci- ma de ella, en la unión de su quinto externo con los cuatro quintos internos de la longitud de la misma. Haciendo contraer el temporal, los movimientos de vaivén de la contracción y de la relajación del múscu- 133 lo, se comunican con toda claridad al dedo que se apoya en este sitio. La piel de la región temporal está cubierta por el pelo solo en su porción posterior, lisa y plana se con- tinúa adelante con la de la frente, abajo con la del ca- rrillo. Una faja de pelo describiendo una curva se une por transición insensible adelante del tragus con las pati- llas; encima de la inserción de la oreja, una línea curva brusca, marca el límite de la piel provista de abun- dantes glándudas pilíferas y la de la porción mastoi- dea que carece de ellas. Es en la sien donde salen las primeras canas y don- de la acción del tiempo y las enfermedades marcan con profunda huella su paso, deprimiéndose la piel por atrofia de la capa de grasa tanto Ínter como sub-aponeurótica. En los obesos la región es saliente por una razón contraria. El arco zigomático limita hacia abajo la región, y en todos casos es fácil de sentir, tanto su borde supe- rior como inferior. En el borde inferior, avanzando sobre la cara ex- terna del arco está el tubérculo zigomático donde se inserta el ligamento principal de la articulación tem- poro-maxilar, ligamento lateral externo. Fácil es encontrar el tubérculo zigomático obser- vando el siguiente procedimiento: póngase el dedo delante del tragus y hágase mover lateralmente la mandíbula inferior, se siente el cóndilo que entra y sale, y se percibe con toda claridad el borde inferior de la raíz antero- posterior del arco zigomático; ha- ciendo abrir la boca, el cóndilo se dirije adelante po- niéndose en contacto por intermedio del cartílago in- ter-articular con el borde inferior de la raíz trans- 134 versa, y se separa del tubérculo en una cantidad apreciable, quedando entre ellos una depresión; hacia arriba siente el dedo el tubérculo zigomático salien- te, abajo el cóndilo y una pequeña cuerda que se ex- tiende de uno al otro: es el ligamento de la articula- ción. Sobre la cara externa del tubérculo se señala con el lápiz dermo-gráfico el punto que á él corres- ponde. El punto pre-auricular está situado en la intersec- ción de la línea que pasa entre el tragus y el cóndilo del maxilar inferior, y el borde inferior de la raíz antero-posterior del arco zigomático. Nada tengo que decir del centro del meato auditi- vo si nó es la dificultad de tomar con exactitud las medidas por la presencia de la oreja. En cuanto á la determinación del asterión por la inspección y la palpación solas, es difícil y no muy exacto, pero para las aplicaciones quirúrgicas pudie- ra bastar. Hacia atrás de la oreja sobre la porción mastoidea, hay una superficie rugosa (Le Fort) que corresponde al asterión; la tal superficie ó no se encuentra, ó son tantas y numerosas las rugosidades que, excepto raras veces, sin el concurso del borde posterior de la apófisis mastoides no podría determinarse; para hacerlo: sígase el borde posterior de la apófisis mastoides que no es di- fícil de apreciar por encima de las inserciones supe- riores del externo-cleido-mastoideo, cuando se perci- be que el borde termina, sígase un poco hacia arriba y se encuentra una depresión, y atrás eminencias más ó menos marcadas, y en fin, una rugosidad que es la más posterior de las que el dedo siente á poco andar de la inserción posterior de la oreja sobre el borde superior de la apófisis mastoides y que corresponden 135 á la sutura parieto-mastoidea. Mejor y más exacto es aprovechar la concurrencia en el asterión de las lineas zi- gomáticas inferior y lambda-mast oidea. O sobre la línea última, medir 0,m09 á partir del lambda ó 0,m05 á partir del vértice de la apófisis ó to- mar f de su longitud, contando del lambda, y lo que falta para cinco si del vértice mastoideo ó el punto en que una perpendicular que pasa por los || de la línea lambdo apofisiaria corta la zigomática superior. El inión ó protuberancia occipital externa es uno de los puntos más fáciles de encontrar, así como uno también de los más constantes. Eminencia volumino- sa que aun á través del cabello se siente, da inserción al ligamento de la nuca, dato que se utiliza haciendo inclinar la cabeza y poniendo tenso el ligamento, lo mismo que la terminación en este punto de las líneas curvas occipitales superiores, para cuando es poco perceptible, lo que acontece rara vez. 2*? Problema: <• Topografía y determinación de los puntos singidares de la línea media y caras laterales del cráneo. A partir de la frente la región occípito-frontal es- tando cubierta por el pelo no se la puede explorar si éste no se corta y es lo que se debe hacer, antes de to- da operación que se practique en el epicráneo, en una extensión más ó ménos grande pecando por carta de- más, y en las operaciones del trépano, rasurando toda la cabeza teniendo cuidado de seguir la dirección de la inserción del pelo que naciendo dos ó tres de un solo punto, si se tratara de hacer lo que en la barba ó en otra región pilosa del cuerpo á fin de hacerlo me- jor, destroncar, se conseguiría solo lastimar el dermis. 136 En los calvos, atrofiados los folículos pilosos que no se implantan únicamente en el dermis sino que atra- vesándole van algunos hasta el tejido celular, dismi- nuye el espesor de las capas de la región y pueden sen- tirse el punto de encuentro de las suturas y aun éstas; pero ni la determinación es exacta, ni siempre puede hacerse, cuando hay verbi gracia: sinostosis prematura ó senil, por lo que se han ideado procedimientos diver- sos para encontrar el bregma y los otros puntos. Bregma: para determinar el bregma, punto sobre el que se mide ordinariamente la distancia rolándica su- perior, Broca dió un instrumento: la escuadra céfalo- métrica, compuesta de dos tallos de metal, flexibles, que se unen en ángulo recto, ó más bien, el uno verti- cal es perpendicular á el otro que es horizontal y que encuentra en la parte media, en este punto hay un pi- vote recto de más de un centímetro, de forma prismá- tica, la sección siendo la de un elipse, para ajustarse á la forma del conducto auditivo externo. La escuadra céfalo-métrica se aplica poniendo el pi- vote en el conducto auditivo externo, profundamente introducido para enderezarlo, se hace pasar la rama horizontal por debajo de la espina nasal y del sub- tabique de manera que sea paralela y coincida con el plano espino-auricular de Camper. La rama vertical se inclina sobre la bóveda aplicándola sobre ella hasta que alcanza el conducto auditivo del lado opuesto. El plano que pasa por la rama vertical de la escua- dra no es el de Broca-Busk ó aurículo-bregmático del cráneo como creía el primero de estos autores, y el bregma céfalo-métrico no coincide con el céfalo- craneométrico, yendo las diferencias hasta tres centí- metros. Levantando perpendiculares á la línea zigomática 137 superior y pasando por el conducto auditivo, lie en- contrado que el punto en que tocan la línea media es algunas veces el bregma, otras es uno que queda ade- lante ó atrás, pero nunca variaciones de más de 11 mi- límetros. Bien es cierto que las perpendiculares á la línea zigomática superior no lo son al plano espino- auricular y sí al espino-iniaco. El procedimiento de Lucas Cliampionniére, fundado en el de Broca, como él mismo lo dice, para las deter- minaciones groseras de cráneo-topografía y topogra- fía cerebral, es plausible de los reproches de la escua- dra céfalo-métrica más las dificultades para colocar el cartón perforado, de una manera conveniente. Siendo difícil é inexacta la manera de encontrar el bregma, no sé por qué esa insistencia de los anatómi- cos y cirujanos de referir á este punto, vago é incierto del epicráneo así determinado, las medidas casi fijas é inmutables para las diferentes variedades, encontradas en la superficie huesosa exterior, teniendo otros pun- tos fáciles de hallar como el nasión, el inión, el punto medio-sagital y el lambda que se dice difícil de encontrar y que yo digo ser fácil. Pero si tanta im- portancia se da á la exacta determinación del bregma en las cuestiones de cráneo-topografía cerebral ¿por- qué no determinarlo con precisión haciendo sobre la línea media una pequeña incisión hasta encontrar el punto de convergencia de las suturas coronal y sagi- tal? ¿qué importancia tiene una incisión pequeña y aséptica en los tiempos que corren? ¿no se hacen lapa- rotomías exploradoras y la craneotomía como medio de diagnóstico topográfico no intenta hacerse y tal vez se hará? Si no dispusiéramos de otros medios tan útiles ó más, que la incisión, que en caso de sinostosis no da- ría ningún resultado, indudablemente que la aconse- jaríamos en vista de llegar con certidumbre al punto buscado. El objeto de la determinación del bregma es llegar á hacer después la de la extremidad superior del surco de Eolando como después veremos, y lo he dejado en- tender así en la investigación; y aunque tomando uno cualquiera de los puntos del cráneo (línea media) ó en fracciones del arco sagital y sin recurrir al bregma, puede resolverse el problema de la situación de la extremidad rolándica superior, como una concesión al pasado y por ser verdaderamente útil cuando está bien determinado, resolveremosel problema topográfico del bregma, de la manera siguiente: 1® Tómese un arco de O.m13J á partir del nasión, ¿ centímetro menos en las mujeres dolicocéfalas. 29 Cuéntese adelante del lambda 0.m13| en cual- quiera cabeza. 3o 0.m20^ encima del inión en los hombres y 0.m19^ en las mujeres. El error puede llegar hasta 8 milímetros. Mejor es el siguiente: 4° El bregma está á la mitad del arco naso-lambdaico. 5o A los f del naso-iniaco, siempre un poco más ade- lante | centímetro en las mujeres dolicocéfalas. 6o Multipliqúese por 7 en los braquicéfalos femeni- nos y en los dolicocéfalos masculinos; y en los demás por 6| el arco naso-iniaco, divídase por la cuerda del mismo nombre y se tendrá el arco naso-bregmático. El lambda se percibe por la palpación y puede así determinarse en el centro del hundimiento que forman los parietales y la escama del occipital al encontrarse, sin haber exactitud en la resolución del problema. 138 139 Más preciso es lo siguiente: Poirier señala 7 centímetros encima del inión, es la misma distancia que he encontrado para los hom- bres y 6 para las mujeres. 29 El arco naso-lambdaico mide 0.m27 centímetros en el hombre y 0.m26 en la mujer. 3o Se encuentra, á contar del nasión, á los f del arco naso-iniaco y d de esta línea, del inión. 4o Multipliqúese por 3 en las mujeres y por 3J en los hombres el arco naso-iniaco y divídase por la cuer- da antero-posterior y se tendrá el arco lambdo-iniaco; ejecútense las mismas operaciones con 13 para toda cabeza excepto los dolicocéfalos hombres que necesi- tan 14 y se obtendrá el arco naso-lambdaico. 5o Por último, el más fácil y sencillo, como exacto procedimiento, consiste en trazar la línea lambdo- apofisiaria fundados en que es paralela á las zigomá- ticas y que uno de sus puntos es fácil de encontrar y determinar con toda precisión, el punto apofisiario, y el problema se reduce á la construcción gráfica: dado un punto sobre una línea trácese una paralela á ella, y como uno de los puntos de la paralela superior es el lambda por propiedad misma de la línea, forzosa- mente pasará por él y lo señala al encontrar la línea media; los errores sonde 3 á 4 mm., por defectos de cons- trucción ó la presencia de un hueso wormiano, seña- lando en el último caso el lugar donde debía estar el lambda. Para trazar la paralela basta servirse de esa pequeña regla doble que se usa para tirar paralelas ó de dos tarjetas de visita de las que una puesta perpen- dicularmente sobre la línea zigomática superior, la otra sigue uno de sus bordes hasta que nivele el pun- to apofisiario y se construye la paralela. 140 La obela se encuentra Io, de 3| á 4 centímetros ade- lante del lambda y de 10 á 10| centímetros encima del inión. 2o De 1 á de la línea naso-lambdaica contando del lambda; y á los l de la misma línea encima del inión. De los puntos laterales dejamos el pterión para cuan- do nos ocupemos del surco de Silvio y el estefanión se encuentra próximamente á la misma distancia que la línea curva temporal al pasar por el arco tubércu- lo sagital. 3er Problema: Determinación de las sutras, líneas naturales y conven- cionales del cráneo. La sutura sagital que forma algunas veces en la li- nea media una cresta saliente, fácil de sentir sobre todo en las personas de piel delgada, puede deter- minarse tomando la mitad del arco bi-auricular ó inclinándose un poco, 3 á 5 mm. á la izquierda, mu- chas veces coincide con la línea media. La sutura coronal hasta el estefanión sigue una di- rección transversal, en seguida se dirije un poco ade- lante, 0m0|, del pterión. La sutura lambdoide queda determinada por una línea que une el asterión al lambda y por último las suturas escamosa y pter-parietal por la línea lambdo-apofisia- ria coincidiendo con ella, ó quedando debajo, de dos á cinco milímetros; encima de la línea malo-sagital, en la parte superior de la zona paralela, á 0.042 milí- metros del tubérculo zigomático, á 0.50 milímetros del centro del meato auditivo ó midiendo de este punto á la tercera parte del arco tubérculo sagital y sobre el tu- bérculo zigomático, la tercera parte menos 6 milímetros. 141 La línea curva temporal superior, límite de la re- gión temporal, se encuentra sobre el tubérculo zigo- mático,á 0m08 centímetros ó H de la línea tubérculo sa- gital. La línea curva temporal inferior, se separa poco adelante de la superior, cruzando la sutura coronal, forma el estefanión inferior (Le Fort) designado por Broca en sus obras, se separan más las curvas hacia arriba, de dos á tres centímetros. La línea curva occipital superior, se siente bajo los tegumentos y sigue una curva de convexidad superior que va de la apófisis mastoides al inión. En cuanto á la manera de trazar las líneas conven- cionales lambdo-apofisiaria, malo-sagital zigomáti- cas etc., ya queda dicho en otra parte. CAPITULO SEGUNDO. Topografía craneo-cercbral. Resolución de los problemas á que dan lugar la zona psico- motriz ó rolándica y la zona paralela ó silviana. ZONA PSICO-MOTRIZ. Dos centímetros adelante y dos centímetros atrás del trayecto rolándico y la longitud de éste, son los límites de los centros psico-motores. esto es: com- prenden desde un poco atrás de la parte media del pa- rietal hasta dos centímetros atrás del bregma, ó más bien: el límite anterior lo forman, arriba, el punto me- dio sagital; unos cuantos milímetros 8 á 10 atrás de la sutura coronal, abajo. (Lám. 4?) El centro de figura de la región está representado por el surco de Rolando, los otros órganos se agrupan á su rededor afectando la misma dirección y son: sur- cos paralelos frontal y parietal ascendentes, la vena cerebral anterior de Cruvelhiere ó grupo de venas que la representan, y siguen el surco pre-rolándico en la meninge blanda; un poco más adelante y sobre la me- ninge dura, la terminación de la rama anterior de la arteria meníngea media, esta rama queda en verdad 143 normalmente fuera de la zona psico-motriz á mitad del camino del límite anterior de la zona y la sutura coronal. En rigor, con estos datos bastaría en la práctica pa- ra hacer la operación del trépano guiando por las lo- calizaciones tal cual lo proponía Championniére en 1878, le daba la misma extensión á la zona rolándica, pero lajavanzaba solamente hasta el tercio anterior del parietal; sin embargo es necesario mayor precisión; co- nocemos los límites de laregión,yasí como en cualquie- ra otra, la del brazo ó la del muslo, después de que se conocen los elementos de ella, se determina la direc- ción de los principales órganos arterias y nervios se- ñalando una línea exterior que les corresponda: igual- mente trataré con datos simples, de determinar la di- rección del elemento principal de la región, el surco de Eolando. No me ocuparé aquí más que de la línea de direc- ción del surco, los cálculos y correcciones de las me- didas correspondientes al surco mismo y su extremi- dad superior, constando sus elementos en las págs. 46, 47 y 48, siendo semejantes á las que expongo sobre la lí- nea de dirección y si se quiere pueden con facilidad hacerse. Resolveré la situación: A. de la prolongación superior de la línea rolándica. B. de la extremidad inferior del surco de Eolando, y prolongación inferior. C. trayecto de la línea de dirección del mismo. Determinación de la extremidad superior de la prolongación Rolándica. (lám. 5a fig. 2.) Io Diez y ocho centímetros encima del nasión es una medida dada por Poirier y que es bastante exacta igual 144 á la que he encontrado para todos los cráneos, excep- to los dolicocéfalos hombres en los que es de 0.18,5 á 0.19. 2* A partir del bregma las distancias varían de 48 mm. mujeres broquicéfalas, á 58 mm. hombres y mu- jeres dolicocéfalos, siendo de 53 mm. para los hombres braquicéfalos. 3^ W. Anderson y Makins señalan como media de la distancia Rolando medio-sagital 0.009 milímetros, habiendo encontrado algunas veces la coincidencia del punto medio sagital y la extremidad superior y otras 0.035 atrás de la última (1). Las variaciones que he observado no son tan gran- des, siendo, siempre detrás del punto medio-sagital, 8mm. la mínima y 35 mm. la máxima y puede darse co- mo regla: 20 milímetros atrás del punto medio sagital excepto para las mujeres braquicéfalas que es á 0.m014, que se encuentra la extremidad superior de prolongación rolándica. Poirier llega á una conclusión semejante señalando como media 2 centímetros atrás del punto medio-sa- gital. 4a Expresando en fracciones del arco sagital la si- tuación de la extremidad superior de la prolongación rolándica, tenemos: braquicéfalos femeninos, braquicéfalos masculinos y los dolicocéfalos mas- culinos y femeninos, contando del nasión. 5a Una relación más sencilla y fácil de retener y que cada vez que la he puesto en práctica he encon- trado verificada su exactitud viendo en el centro de la corona de trépano el surco de Rolando, es: A del arco (1) Anderson y Makins consideran la extremidad superior del surco de Rolando y no la prolongación. 145 naso-lamdaico, encima del lambda y para las muje- res braquicéfalas} ó expresando la distancia á partir del nasión, tenemos: en el primer caso y en el segundo 6a y última. Se obtendrá el arco Rolando-bregmá- tico, si se multiplica el arco naso-lambdaico por 22, si se trata de una mujer braquicéfala, por 25 si de un hombre de la misma variedad y por 28 si de un doli- cocéfalo cualquiera y el producto se divide por la cuerda naso-lambdaica. Para la resolución de los problemas de la extremi- dad superior de la prolongación rolándica se necesi- ta determinar previamente el nasión, el inión y el lambda, aunque con solo uno basta; pero su asociación da mayor rigor al resultado; el punto medio-sagital, los arcos sagital y naso-lambdaico se obtienen to- mando las medidas correspondientes lo mismo que la cuerda naso-lambdaica. Determinación de la extremidad y prolongación inferiores del surco de Rolando. Si trato aquí de la extremidad inferior del surco y de su prolongación inferior es por ser igualmente im- portantes sus distancias, las primeras siendo sobre to- do las que los autores citan. Así me ocuparé de la ex- tremidad inferior y en seguida de la prolongación del mismo nombre. EXTREMIDAD INFERIOR. 1? 7 centímetros atrás y 3 encima de la apófisis or- bitaria externa, inspirándose en el lenguaje de Broca, había Lucas Championniére dado como situación de la extremidad inferior del surco de Rolando; más exacta que la medida de la extremidad superior dada por el mismo autor (1) no lo es sin embargo bastante para que falte algunas veces (Poirier). Yo he encontrado con poca diferencia la distancia de Championniére en lo que se refiere al punto apofi- siario, de 6 á 6| centímetros, como la línea lambdo- apofisiaria que señalo es más elevada que la horizon- tal de Championniére, se encuentra diferencia en la altura, pero no tanta como si no se tuviera en cuenta la manera de medir, así la media es de un centímetro encima. El Profesor Lavista ha encontrado en sus operacio- nes el surco de Rolando valiéndose de los datos su- ministrados por Championniére, también es verdad que nuestro notable cirujano ha aplicado coronas de trépano desde 25 hasta 50 milímetros de diámetro, y descubierto la capa cortical en una extensión de 74 milímetros de longitud y para honor de la cirugía pa- tria diremos que se ha obtenido la curación. 2a De 5 á 6 centímetros atrás del tubérculo malar superior y 28 milímetros encima de la línea malo-sa- gital se encuentra la extremidad inferior. 3* Más exacto es lo siguiente: Tómese á partir del punto apofisiario (lám. 2* fig. 5?-), un tercio de la linea lambdo-apofisiaria, adelántese 0,005 milímetros en las mujeres dolicocéfalas, y un centímetro en- cima, señala con toda precisión la extremidad inferior del surco. 4* O bien recordando que la extremidad superior 146 (1) La distancia señalada por Championniére para la extremidad superior del surco de Rolando atrás del bregma es buena, pero el bregma cefálico tra- zado con su cartón no corresponde ni con mucho al craneano y así se han nota- do en la práctica, en manos de Verneuil, errores hasta de tres centímetros. 147 está á los del arco naso-lambdaico contando del lambda, y haciéndolo del punto apofisiario la extre- midad inferior está á los ~ del mismo arco, 5 milíme- tros adelante en las mujeres dolicocéfalas en las que la extremidad superior se encuentra del arco naso- lambdaico, siempre un centímetro encima de la línea lambdo-apofisiaria. 5^ Levantando una perpendicular 18 milímetros atrás del tubérculo zigomático sobre la línea zigomá- tica superior, del punto pre-auricular al centro del meato auditivo, de 50 ó á 55 milímetros encima está la extremidad inferior. Esta conclusión no está del todo conforme con la de Poirier que señala 70 milímetros á partir de la arti- culación y más se aproximaría de la de Merkel y Berg- man que dan 50 milímetros, si estos autores no hicie- ran partir su línea muy adelante, de la articulación témporo-maxilar, y empezando á contar desde ella. 6a Tómese sobre la perpendicular que pasa entre el punto pre-auricular y el centro del meato auditivo, - de la linea tubérculo-zigomática. Poirier, encuentra ~ de la aurículo-sagital que tam- bién es buena aunque un poco exagerada. 7a 28 milímetros atrás de la sutura coronal y un cen- tímetro encima de la línea lambdo-apofisiaria. PROLONGACIÓN ROLÁNDICA INFERIOR. P El punto en que la línea de dirección rolándica encuentra la lambdo-apofisiaria, es, á los 55 milímetros del punto apofisiario excepto en los hombres dolicocé- falos que es á los 60 mm. Muy aproximadas las distancias de la extremidad 148 inferior y prolongación inferior por la poca altura de aquella sobre la línea lambdo-apofisiaria que aun sue- len confundirse, el cateto lambdaico es menor que el que va de la extremidad inferior á la línea lambdo- apofisiaria, que es término medio de un centímetro, y el primero, tiene la longitud de 6 á 8 mm. por lo que se puede decir: 2^ La prolongación rolándica inferior (lám. 2* fig. 5^) corta la línea lambdo-apofisiaria de 6 á 8 mm. adelante de la unión de su tercio anterior con el tercio medio. Anderson y Makins en 1889, para determinar la pro- longación rolándica inferior hasta el encuentro de la cisura de Silvio, determinaban una línea frontal que iba del punto medio sagital al punto antitraguiano. De la apófisis orbitaria externa á la unión del tercio inferior y medio de la línea frontal trazaban otra, lí- nea y punto escamosos. Un centímetro adelante del punto escamoso colo- caban el cruzamiento de la prolongación rolándica inferior y el surco de Silvio. Este procedimiento es más exacto que el de los mismos autores para la ex- tremidad superior. La diferencia que he encontrado con el mío es insignificante, de 2 á 4 milímetros, pa- sando la línea frontal de Anderson y Makins, precisa- mente en la unión del tercio anterior y medio de la línea lambdo-apofisiaria. Si la línea frontal partiera no adelante del tragus sino de su parte media ó del centro del meato auditivo y fuera perpendicular, en- contraría la 'extremidad inferior del surco de Rolan- do y no el trayecto. 2o A diez milímetros del tubérculo zigomático cor- ta la prolongación rolándica inferior la línea zigo- mática superior. 3o Es bastante exacto el dato de Le Fort: parte me- dia del arco zigomático. Para la resolución de los problemas rolándicos in- feriores, trácese préviamente la línea lambdo-apofi- siaria. LÍNEA DE DIRECCIÓN DEL SURCO DE ROLANDO. Este problema se resuelve; Io Por el conocimiento de sus dos extremidades su- perior é inferior, que se unen por una línea, y que consta en los párrafos anteriores. 2o Por el conocimiento de los ángulos que forma con la línea sagital y lambdo-apofisiaria y la situa- ción de una de las extremidades. (a). El ángulo Rolando-sagital es de 67°. Constru- yendo un ángulo de esa abertura sobre la extremidad superior como centro, se tiene la dirección del surco; y la extremidad inferior si se conoce la longitud de éste. Muchos aparatos se han imaginado con este objeto, como el cirtómetro de Dana, el aparato de Horsley, el goniómetro de Debierre, todos pueden esquemati- zarse así: una lámina angosta de metal que represen- ta el arco sagital se une adelante y atrás á un círculo ó semi-círculo que abraza la cabeza. Otra lámina que desliza sobre la sagital con la cual forma un ángulo de 67® puede avanzarse adelante y atrás conservando siempre la misma inclinación. Colocando la lámina móvil en la extremidad supe- rior de la prolongación rolándica se abate hacia el círculo periférico y se traza una línea que representa el surco. 149 150 (ó). La misma operación puede hacerse con el án- gulo Kolando-Silviano, dando la inclinación debida (63°) á la lámina móvil que en el caso lo es sobre el círculo periférico. Si el ángulo fuera invariable, el procedimiento se- ría excelente, teniendo el inconveniente de necesitar instrumentos especiales. Resolución de los problemas á que da lugar la zona paralela ó silviana. Los órganos de la zona son numerosos y se agrupan en su parte anterior y en su trayecto, así resolveremos la situación de los órganos de estas partes y por últi- mo la de la extremidad posterior y superior del surco de Silvio. Situación de los órganos del límite anterior de la zona paralela. Io El pterión y la extremidad anterior del surco de Silvio se corresponden y lo que se diga del uno se entien- de del otro y vicersa. (a). Horsley determinaba el pterión buscando el este- fanión con el dedo y tomando la mitad de la línea que une este punto á la parte media del arco zigomático. Está sujeto al error de no encontrar el estefanión. (&). Anderson y Makins señalan los de la línea órbito-escamosa ó 28'5 á 38 mm. (c). Igual distancia he encontrado, 28 á 30 mm. de- trás del punto apofisiario y lo expreso así: (d\ | de la linea lambdo-apofisiaria, (lám. 2a fig. 5a). 151 (e). El pterión y por lo tanto la extremidad ante- rior del surco de Silvio se encuentran debajo 0,003 mm. término medio, (ó 0,015 mm. máximo), ó coinci- den con la linea lambdo-apofisiaria. (/). Levántese una perpendicular un centímetro adelante del tubérculo zigomático y el punto en que encuentra la horizontal lambdo-apofisiaria ó un poco debajo estará el pterión. Las alturas sobre el arco zigomático y la línea ma- lo-sagital son con poca diferencia las mismas que las del trayecto del surco. 2o Rama vertical del surco de Silvio: (a). Es á los de la línea órbito-escamosa ó de 0,038 mm. á 0,050 mm. del punto orbitario que se en- cuentra la bifurcación del surco de Silvio, dicen An- derson y Makins. Yo he encontrado 0,034 la media, 0,050 la máxima y lo expreso así: (5). De | á | de la linea lanMo-apofisiaria (lám. 2a fig. 5?) La rama vertical del surco de Silvio es el límite an- terior del pié, el posterior del itsmo de la 3? frontal (izquierda). (c). Estos límites están representados exactamente en el exterior, por la parte inferior de la sutura co- ronal adelante, la parte anterior del surco de Silvio hacia abajo y posteriormente por la mitad de la dis- tancia comprendida entre la sutura coronal y la ex- tremidad inferior del surco de Eolando ó sea el ¿ an- terior de la linea lambdo-apofisiaria. [df Para caer en el centro del lenguaje articulado debe aplicarse el trépano común ó el osteoplástico 0,m01 encima de la terminación del | anterior de la linea lambdo-apofisiaria (lám. 2a fig. 5a). 152 (e). Broca fué el que primero dió una medida para la determinación del sitio del lenguaje articulado: 5 centímetros atrás, y 2 centímetros encima de la apó- fisis orbitaria externa. (/). El punto de unión del tercio inferior con el medio de la linea tubérculo-sagital, señala con bastante precisión el centro del lenguaje articulado ó de la afasia (tipo Bouillaud-Broca). 3$ Las arterias y venas meníngeas (rama anterior), al cruzar el surco de Silvio coinciden con el pterión y la extremidad anterior del surco de Silvio, nn poco adelante de la rama vertical del mismo surco, pasan- do por el canal óseo pteriano: así, el problema de situa- ción de las meníngeas, rama anterior de las arterias y ve- nas, queda resuelto con la aplicación de los datos adqui- ridos sobre el pterión y el origen del surco de Silvio, (lám. 2a fig. 5a). (a). Pero tales distancias, que enrigor pueden bastar, no comprenden todos los casos; ya lie dicho que las arterias y venas meníngeas suelen pasar en un canal del ángulo antero-inferior del parietal atrás del pte- rión y asi de l á i (dolicocéfalos) de la línea lambdo-apo- fisiaria, comprende todas las variedades, y cada vez que he aplicado una corona de trépano, he encontrado la rama meníngea anterior en el centro de la rolda- na huesosa. La arteria meníngea al pasar en el canal huesoso pteriano ó parietal, se aísla de la dura-máter y queda comprendida en el hueso, luego, excepto los casos en que falta el canal, la arteria y las venas se romperán con la sección del hueso, sea que se aplique el trépa- no común ó el osteoplástico que en este punto ofrece dificultades particulares por la presencia de las apófi- sis de Ingrassias. La arteria después de la sección se 153 retrae y no es siempre fácil y algunas veces imposi- ble alcanzarla y poderla ligar, cuando esto sucede, el mejor medio hemostático y que con seguridad sur- tirá aquí, porque todas las condiciones para el éxito se encuentran reunidas, es, el taponamiento con cat- gut, seda ó gaza esterilizadas, tal como Lister, Cham- pionniére, Porgue y Reclus, hacen con las hemorra- gias de los senos. El nacimiento del seno esfeno-parietal de Breschet (que no es más que la continuación de la vena meníngea anterior ó gran anastomática de Trolard), toma su na- cimiento en el canal del pter y sigue una canal hueso- sa de las pequeñas alas hasta el seno cavernoso; su na- cimiento por lo tanto corresponde al pterión. (ó). Para descubrir las ramas meníngeas anteriores (arterias y venas) en su trayecto, recuérdese que están de 0.004 á 0.007 detrás de la sutura esfeno-temporal, y de 0.08 á 0.015 de la coronal. (c). La razón para que los procedimientos de Jacob- son y Vogt sean exactos con diferentes medidas, es que descubren la arteria á desigual altura. Jacobson 12 mm. encima de la apófisis orbitaria externa y 0m.05 atrás; y Vogt, dos dedos encima del arco zigomático y el grueso del pulgar detrás del borde posterior y superior del malar. (d\ Poirier, sobre la perpendicular levantada por la parte media del arco zigomático ,cuenta 0.05 centíme- tros para descubrir la arteria; distancia conforme con lo que he encontrado. (e). Sobre la bisectriz de la parte de la línea zigomáti- co superior, comprendida entre la rama ascendente del malar y la parte media del conducto auditivo, tómese la tercera parte del arco tubérculo-sagital. O bien el punto de intersección de la bisectriz del ar- 154 co zigomático ó de una perpendicular levantada 5 milí- metros adelante del tubérculo zigomático con la línea lamb- do-apofisiaria. Resolución del problema de situación de los órganos comprendidos en el resto de la zona paralela. Io (a) El trayecto del surco de Silvio conserva las mismas relaciones trazado sobre la piel que en el crá- neo, con las líneas apofisiaria, y malo-sagital. (ó). Empieza adelanteen elpterión, se dirije un poco arri- ba, alcanza ó un poco debajo de la línea lambdo-apofisiaria, sigue confundido ó paralelo á su dirección (lám. 2^, fig. 6*), y como á la mitad de dicha línea, en las muje- res braquicéfalas, || en los hombres dolicocéfalos se desvía hacia la giba parietal, arriba y atrás. (c). Así como la línea lambdo apofisiaria marca su- perficialmente la dirección de la rama posterior del surco de Silvio, la sutura escamosa es profundamente un excelente punto de referencia indicando con toda claridad donde debe aplicarse la corona de trépano para descubrir el surco de Silvio. (Lám. 4?-, figs. Py 2?). (d). Anderson y Makins señalan con la línea orbito- escamosa, la dirección general del surco; Poirier con el plano naso-lambdaico; Le Fort con el orbito-lamb- daico, y Dana con una línea que partiendo de la apó- fisis orbitaria externa, es bisectriz de la línea que va del estefanión á la parte media del arco zigomático, se prolonga horizontalmente y encurvándose se termina en la giba parietal: más órnenos exactos son estos pro- cedimientos y son buenos para determinar la porción horizontal del surco y todos en fin, tienen como co- 155 rrección la referencia profunda de la escama; pero necesitan antes otras determinaciones y no sirven, puede decirse, más que para el surco de Silvio. Mientras que la línea lambdo-apofisiaria por su propiedad de ser paralela á las zigomáticas y ser su principio el punto apofisiario y su terminación el lana- da, determina este punto cuando se conoce el primero y sigue con precisión la dirección del surco, con solo esto bastaba para preferirla á cualquiera otra; pero si se recuerda que es el límite superior de una zona im- portante, lo fácil que es de trazar, y que es como la naso-lambdaica y sagital la unidad de medida de las longitudes laterales y que se obtienen con ella rela- ciones tan simples como fáciles de retener, para que se le dé la primacía en los problemas cráneo-topográfi- cos de la zona paralela. (0). El punto en que el surco de Silvio deja de ser horizontal, contando del lambda, en fracciones del ar- co naso-lambdiaco, es: en los hombres dolicocéfa- los, H en las mujeres braquicéfalas, y en los otros; -K (/). El ángulo Eolando-Silviano que es de 63° pue- de servir para determinar el surco de Silvio, conoci- do el de Eolando. (^). El surco de Silvio pasa 0.05 mm. debajo de la unión del tercio inferior con el medio del arco tubérculo- sagital. La 'parte posterior de la primera circunvolución temporal ó centro de la memoria auditiva de las pa- labras, tiene como centro el punto en que el surco de Silvio deja de ser horizontal y se extiende de la por- ción posterior de la zona paralela, contorneando la extremidad posterior del surco de Silvio encima dé la línea lambdo-apofisiaria hasta antes de que dicho sur- co termine. 156 EXTREMIDAD POSTERIOR Y SUPERIOR DEL SURCO DE SILVIO. (a). Anderson y Makins dicen: un centímetro detrás de la línea frontal y uno encima de la prolongación de la línea orbito-escamosa, se encuentra la terminación del surco de Silvio. Es el único punto en que mis ob- servaciones discrepan de una manera notable de las de los ilustres norte-americanos tantas veces citados. (ó). Así encuentro que la extremidad posterior y supe- rior del surco de Silvio se encuentra á los (1) ó H en los hombres dolicocéfalos, de la linea lambdo-apofisiaria, 0.015 mm: encima, excepto en las mujeres braquicéfalas que es: Om.O2. Uniendo por una curva de concavidad ante- rior el punto en que deja de ser horizonlal con éste en que termina, se tiene la forma que afecta en esta parte. (Lám. 2*, fig. 5?). Dana, Horsley y Poirier mismo, no señalan cifras para la terminación del surco. (c). Le Fort da como sitio de la extremidad superior y posterior, un centímetro encima de la intersección de las líneas orbito-lambdaica y aster-rolándica; no es del todo exacta porque en las mujeres la extremi- dad posterior y superior queda adelante de esta línea y en los hombres dolicocéfalos, detrás. Es más exacta la determinación (ó). Conocidas las líneas de dirección rolándica, lambdo- apofisiaria y lambdo-mastoidea, y por tanto los tres surcos lobares del cerebro: surcos de Rolando, de Sil- vio y perpendicular externo, se tienen trazados en el epicráneo los límites de los lóbulos frontal, parietal, (1) Es la misma distancia del asterión. 157 temporo-esfenoidal y occipital y es fácil trazar en el espacio de cada uno de ellos, los surcos y circunvo- luciones que les corresponden, para tener en definitiva el plano de la corteza cerebral en el epicráneo. TREPANO OSTEOPLASTICA. Julio Wolfí en 1865 publicó un procedimiento de resección osteoplástica del cráneo é hizo experiencias en animales; su iniciativa no tubo eco. En 1889, Wagner propone la craneotomía explo- radora en ciertos casos de diagnóstico dudoso y da á conocer una operación destinada á reemplazar el an- tiguo trépano y por la que el cráneo queda casi lo mismo que antes de que se abriera. La operación consiste, después de tomadas todas las precauciones preliminares de antisepsia, en dibujar en la piel rasurada, y en el sitio de la operación, una seccionar del epicráneo siguiendo el contorno de la letra griega respetando el pericráneo y cortar éste al nivel de la retracción de los tegumentos. Con el cincel y el martillo se ahueca un surco que llega hasta la durama- dre siguiendo la línea de sección del periostio. En las ramas de la omega, el surco es superficial en la perife- ria, profundo hacia el centro, avanzando al encuentro uno del otro. Basta en seguida para levantar la tapa osteo-perios- tio-cutánea introducir un cincel por la parte superior haciendo el oficio de palanca. Cabe á Wagner la gloria de haber sido el primero en aplicar en el hombre un procedimiento meditado y 158 experimentado de resección temporal de un fragmento del cráneo. El Dr. J. Toison (de Douai) presentó en 1891 en el Congreso Francés de Cirugía, un notable trabajo sobre el mismo asunto modificando el procedimiento de. Wagner. Las modificaciones se refieren al tratamiento de la porción huesosa y á la base del pedículo. Corta el hueso con una sierra que no tiene dientes más que en un lado; una de las extremidades es roma y sirve para conducirla; el corte de la sierra es tra- pezoidal, la base más ancha dentada para evitar que se atore durante el corte. La sección huesosa se hace de dentro para fuera in- troduciendo la sierra por perforaciones en declive, si- tuadas en la prolongación de los lados de un cuadri- longo, practicadas con un cincel delgado y reunién- dose dos á dos en los ángulos de dicho cuadrilongo. "La base del pedículo es tan ancha como se quiera." Las modificaciones que he introducido en el trata- miento de la sección huesosa y la crítica del procedi- miento anterior constan en el capítulo I de la investi- gación, Técnica operatoria. Toison ha operado muchos perros; y concienzudo experimentador y perspicáz observador hace resaltar las ventajas del trépano osteoplástico por su procedi- miento, sobre el de Wagner, por el estudio clínico é histológico de la soldadura del hueso por uno y otro procedimiento; pero se expresa de una manera tal de la operación ejecutada en el cadáver que no se puede menos de exclamar "no parece sino que nunca la ha practicado." En efecto, decir que se puede dar la base que se quiera al pedículo con solas dos perforaciones practi- 159 cadas en sus extremos, es más que considerar que el cráneo es plano, sino que aun no hay órganos en su in- terior; y en vano se hará alarde de que es una parte roma lo que toca la meninge dura, porque en arcos que pasan exteriormente de 5 centímetros (excepto so- bre la línea media) la cuerda se separa del arco inter- no en más de 3 mm. y por tanto la sierra que la re- presenta deprime, frota, maltrata, calienta y aun corta las meninges y el cerebro, porque recuérdese como el cordel de Pajot sin dientes ni filo rebana el cuello del feto. Yo creo después del estudio que he hecho de las curvas del cráneo, que nunca la base externa del pedí- culo huesoso praticado por solas dos perforaciones de- be pasar de 4 centímetros. Con tal base puede hacerse la sección de 19 c. cd. de bóveda, comprendidos en un exágono que corresponde á una roldana de trépano clásico de 53 mm. de diámetro, lo que de ordinario basta para cualquiera operación. Mas si hubiera nece- sidad, puede hacerse tan grande como se quiera; pero haciendo la sección huesosa en varios tiempos, lo que se realizaría de la manera siguiente: A 0.04 contando de una de las extremidades del pedículo epicraneano, se haría una incisión longitu- dinal de 3 centímetros, siguiendo en lo posible la direc- ción de las arterias y sin comprender el periostio. Este, separados los bordes de la incisión con gan- chos ó erinas, se corta transversalmente y se descubre el hueso en lo necesario para hacer una perforación á 10 milímetros de un lado y otro de la incisión longi- tudinal, la dirección de las perforaciones es en sentido contrario, separadas en el exterior tienden á encon- trarse hacia el interior. Esto es en un pedículo huesoso de 0.m06 ó cutáneo de O.mO8, base mayor que puede 160 darse en el vivo, siendo suficiente para hacer la sección en exágono de 93 c. cd. de hueso de la bóveda, haciendo 24 perforaciones, otros tantos cortes y pasadas de agu- ja, lo que multiplica el traumatismo. Equivale esta resección á una corona de O.mll de diámetro ó á 5 de O.mO5 de diámetro. Una base mayor es impracticable en el vivo, pero si por indicación especial se quisiera hacer mayor, se co- nocen los elementos y fácil es hacer la combinación para conseguirlo. Aunque los golpes del cincel y el martillo dados sobre el cráneo, como lo demuestran hechos clínicos, parecen no producir desórdenes de parte de los órga- nos intracraneanos, sin embargo, cada vez que se pueda es preferible operar con instrumentos que los conmue- van menos, aparte de que el cincel y el martillo son difíciles de manejar con destreza. El uso del taladro (1) es tan simple, que todos lo pueden emplear con facilidad, teniendo cuidado de afianzar la roldana para evitar todo accidente. Las perforaciones se hacen con la inclinación que se quie- ra pronto y bien sin dejar esquirlas. Tenemos pues, que como Toison, he modificado el procedimiento de Wagner en solo lo que se refiere á la sección huesosa y á la confección del pedículo del colgajo osteo-periostio-cutáneo. Toison, emplea el cincel como Wagner, instrumen- (1) Taladro ó berbiquí pueden y deben modificarse: haciendo que la roldana, más pequeña que la que dejo descrita, vaya en la extremidad inferior de un ta- llo hueco por el que pasa la broca como en la cánula de un trocar, y que se su- jeta por su extremidad superior, en el ajuste del taladro ó berbiquí; disposi- ción análoga á la de ciertas trefinas; lo que da comodidad para subir y bajar la roldana y poder emplear la mayor parte de la broca que queda debajo de ella, cuando, como siempre debe hacerse para perforaciones profundas, se opera con alguna inclinación. 161 to de cirujanos consumados, yo más humildemente el taladro que también se encuentra en manos del profe- sor como del alumno. Toison, usa una sierra dentada en la base mayor de su sección trapezoidal, que tiene un milímetro de es- pesor. Yo me sirvo de un alambre cilindrico de á | mi- límetro de espesor, dentado en todos sus lados, lo que en nada perjudica cuando arco y cuerda endocranea- nos de los trayectos huesosos se confunden; para ma- yor seguridad puede hacerse con dientes en tres lados, el correspondiente á las meninges desprovisto de ellos. Toison conduce la sierra sin necesidad de otro ins- trumento, valiéndose de la extremidad roma de la sierra; no es una gran ventaja sobre que yo la con- duzca por el camino dejado por la aguja, teniendo por el contrario grandes inconvenientes cuales tener cier- ta rigidez, no adaptarse con facilidad á las curvas craneanas y romperse si se trata de conseguirlo; se ne- cesita de mangos especiales para su funcionamiento y es costosa. Mi sierra es flexible, puede con facilidad adap- tarse á cualquiera curva y si no la paso sin la aguja, lo que en rigor pudiera hacerse, es por su extrema delgadez; con mangos de sierra de cadena ó ganchos que los sustituyan basta, su precio es ínfimo, poco im- porta si se rompe. La aguja al desprender la duramáter deja, sea por la presión atmosférica y el vacío aracnoideo, sea por- que no estando sostenido el cerebro en esta pequeña porción se retrae y la dura le sigue arrastrada por él, una canal por la que después pasa la sierra y funcio- na sin interesar los órganos intra-craneanos. Conocido lo que pertenece á Wolf, Wagner y Toison y lo poco con que he contribuido para modificar el 162 procedimiento de trépano osteo-plástico, haré ver có- mo creo se debe operar en el vivo, cómo opero en el cadáver y cómo he operado en los perros para el es- tudio experimental del resultado de la operación. La operación en el vivo cloroformado es igual, ex- ceptuando los cuidados preliminares de asepsia y an- tisepsia y sucesivos de hemostasia, á la que se prac- tica en el cadáver. No me detendré en la manera de hacer la antisepsia y la hemostasia, y sí en el manual operatorio y sola- mente en lo que se refiere á forma del colgajo y colo- cación de los taladros enviando á la página 15 y si- guientes para lo que se refiere á la manera de funcio- nar los instrumentos. Hecho el diagnóstico topográfico y nosológico de la lesión cerebral, formado el plan de intervención qui- rúrgica, es conveniente trazar en un papel la exten- sión probable de la lesión y la forma que se ha de dar al corte huesoso para conseguir mejor el objeto de la intervención. Así, si la lesión se extiende en longitud, abarcando toda ó parte de la zona rolándica, es apropiada la for- ma cuadrangular. Si se extiende tanto en longitud como en latitud, la forma de polígono de 5 ó de 6 lados es adecuada. El cirujano puede trazar la forma cuanto más apro- piada le parezca, teniendo como mira ahorrar trauma- tismo y descubrir lo necesario, pudiendo, si sabe com- binar las líneas y taladros, efectuar la sección por irregular que sea. Se circunscribirá la primera forma por un contor- no que le es paralelo á 0,m01 ó poco más, redondeán- dose en los ángulos y que representará la línea en que 163 se ha de hacer la sección del epicráneo exclusive el periostio. Sobre la figura que representa la sección y que su- pondremos es la de un exágono regular de 0,m03 por lado, se trazan puntos en el lugar en que se han de situar los taladros, para ello se prolongan los lados y cuatro milímetros fuera del ángulo exterior y sobre la prolongación correspondiente, se pone un punto, excepto hacia la base, que para dar más anchura al pedículo, se pone un solo punto hacia afuera de los ángulos de la base. La dirección de los taladros es tal que se cruzan y se cortan al nivel de los ángulos del exágono. En la base, como hay un solo orificio en cada án- gulo, parten de cada uno de ellos, dos taladros, uno que sigue la dirección de la base y el otro la del lado correspondiente que de allí sale. Hay que llevar á efecto el programa sobre la cabe- za humana. Se corta la piel exclusive el periostio, siguiendo los f de una circunferencia de 0.04 de diámetro, se conti- núa luego de uno y otro lado rectamente hasta encon- trar la tangente del segmento inferior. Retiradas las capas superficiales, se hace la sec- ción del periostio rasándolas, cosa de 0.01 de la inci- sión cutánea, se corta en línea recta separándose 0.015 de uno y otro lado del diámetro vertical, las termina- ciones de esta línea se señalan con puntos, partiendo de ellos se sigue rectamente la sección del periostio hasta encontrar el diámetro horizontal á 3 centímetros del centro, y de aquí oblicuamente hacia abajo hasta encontrar á 2 centímetros del diámetro vertical la se- cante que pasa á un poco menos de 3 centímetros y corta perpendicularmente el diámetro vertical. 164 No se necesita de tanto rigor en la práctica, y bas- ta tener la idea de lo que se va á hacer, para de una manera rápida y sin medidas, señalar los puntos co- rrespondientes á los ángulos del polígono, prolongar las líneas é indicar el sitio de los taladros. El periostio en el lugar de aplicación de las brocas se rechaza con la legra descubriendo el hueso, lo mis- mo que en el lugar por donde ha de pasar la sierra después de la sección del hueso. Practicados los taladros (pág. 19), pasadas la agu- ja y la sierra (pág. 21), y hecha la sección (pág. 24) del hueso se asea la región. Un chorro suave de solu- ción antiséptica tibia quita el serrín; se busca por la inspección y la palpación sobre la dura madre los sig- nos conocidos délas lesiones encefálicas, como el signo de Roser Brown, la falta de pulsaciones cerebrales, &. Se secciona la dura madre y se lleva á término la operación, extirpación de un neoplasma ó evacuación de una colección sanguínea ó purulenta, se lava, se ca- naliza si es necesario [tubos descalcificados de New- bauer], se aplica el opérenlo con ó sin sutura huesosa y se termina con la sutura de puntos separados de la piel y un apósito compresivo, el bisel del hueso im- pide su hundimiento. En otra parte dije que el pedículo es inferior en la parte lateral é inferior del epicráneo, é indiferente su situación en la superior. Me cabe el pesar de no poder, como Wagner, pre- sentar el resultado de la operación en el hombre vi- vo; pero si la experimentación tiene valor, ella nos dice todo lo quej podemos esperar de; tal operación. En los días 4 y 7 de Julio del presente año, practi- qué el trépano osteo-plástico en dos perros. Por la pequenez de la bóveda, di la forma de cuadra- 165 do al colgajo osteo-periostio-cutáneo. No teniendo un hilo suficientemente fuerte y duro para con facilidad ensartar la aguja y conducir la sierra, me serví de un alambre delgado de plata, lo demás lo hice como de- jo dicho. La antisepsia rigurosa, con mayor razón cuan- do los taladros que empleé fueron los mismos que ha- bía usado en el anfiteatro por no haber podido conse- guir iguales en ninguna parte. Rasurada la cabeza del perro en la parte que corres- ponde á la bóveda y avanzando hasta las orejas, jabo- nada y cepillada, lavada con alcohol y solución de bi- cloruro de mercurio ácido al nn, rodeada con una tira de lienzo de Om.2O de ancha por l,m00 de largo, dan- do varias vueltas y perfectamente cosida, resecando un pedazo de lienzo de forma ovalar al nivel del campo de la operación que se aislaba del resto del cuerpo evitando que broca, taladro, ajuga, hilo, sierra ó ma- nos, tocaran una parte no aseada. El calor como agente físico, el cianuro de mercurio y el timol como agentes químicos para la esteriliza- ción de los instrumentos. Soluciones de bi-cloruro de mercurio para las manos. Yodoformo, gasa yodoformada, algodón salicilado y vendas que habían permanecido en el bicloruro de mercurio para el apósito. Procedía á la operación. Pasado el efecto del cloro- formo los perros comían y no parecían estar tristes. No tuvieron calentura. Doce días (en el primero, 9 en el segundo), después de la operación, les cambié la curación; en el primero la cicatrización no era completa, faltando en toda la parte anterior del colgajo, pero no había ni una sola gota de pus. En el segundo la reunión se hizo por pri- mera intención, excepto en un pequeño punto corres- 166 pondiendo á la parte anterior del colgajo y á la aber- tura del seno frontal. Les quité las suturas. Con las mismas precauciones que el primero, apli- qué él segundo apósito. Diez días después por un descuido del guardián se escapó el perro que operé primero, su estado hasta entonces, siendo satisfactorio; no he vuelto á saber de él. En el segundo, encontrando cicatrizada la herida y cubierta por el pelo, y el hueso pareciendo haberse fijado (no hice sutura huesosa), lo di de alta. No lo he sacrificado esperando que transcurra más tiempo y que la soldadura huesosa se afirme y hacer después el estudio macróscopico y microscópico de la pieza, lo que me impide presentarlo en unión de las otras preparaciones testigos de la buena fé que me ha animado en la ejecución de este modesto estudio. RESUMEN. I. Las localizaciones cerebrales son un hecho admi- tido por todos. II. Como consecuencia de ellas se emprendió el es- tudio de la Topografía cráneo-cerebral. III. De los métodos empleados con esta mira, los gráficos reunen condiciones prácticas y de exactitud de que carecen los otros. IV. Y entre los gráficos por la exactitud de los re- sultados, su aplicación relativamente fácil y el ahorrar cadáveres, el de Anderson y Makins, Debierre y Le Fort, tienen la primacía. V. Este procedimiento modificado en la sección huesosa y en las condiciones del cerebro que perma- nece fijo y en su situación primera lleva al sumo la 167 exactitud, reuniendo á la no difícil ejecución, el no necesitar la comprobación de las clavijas, ahorrar ca- dáveres y ser de importantes aplicaciones prácticas: es el que lie seguido en mis experiencias en veinte ca- dáveres VI. Trazando la cuadrícula cefálica se fijan con pre- cisión los puntos craneanos y cerebrales; supuesto que la reunión angular de dos líneas determinan la situa- ción de un punto. VII. Siendo el cálculo un poderoso medio de de- ducción, de él me valí estableciendo ecuaciones pre- vias con los arcos, líneas y cuerdas del cráneo y pun- tos y líneas del mismo y del cerebro, estudiándolos con cuidado y representadas numéricamente sus dis- tancias relativas para llegar á las siguientes CONCLUSIONES. I. Encima del nasión y en fracciones del arco sagi- tal está: Io El bregma á | (1) y 2? El lambda á 4 = á X encima del inión, ó en la 0 3 y intersección de las líneas lambdo-apofisiaria y sagital. 3o A la mitad del (2) arco naso-lambdaico está el bregma. II. El pterión en el | anterior de la línea apofisiaria. III. El asteriónen la intersección de las líneas lamb- do-mastoidea y zigomática inferior. IV. Io La prolongación rolándica superior corta el arco naso-lambdaico á los A encima del lambda = (1) y (2). Medio centímetro menos en las mujeres dolieocéfalas. 168 del nasión; en las mujeres braquicéfalas siendo á AV encima del lambda = AV del nasión. 2o A dos centímetros atrás del punto | sagital, 8 mi- límetros menos en las mujeres braquicéfalas. V. Lo mismo que el pterión la extremidad anterior del surco de Silvio está 2 ó 3 mm. debajo del | ante- rior de la línea lambdo-apofisiaria y á las siguientes fracciones de la misma línea se encuentran: VI. Las arterias y venas meníngeas al cruzar el sur- co de Silvio entre el | y VII. La rama anterior del surco de Silvio en el i. VIII. El centro del lenguaje articulado 0.01 encima del |. o IX. La extremidad inferior del surco de Rolando 0.01 encima del J. (1) X. La prolongación rolándica inferior 0.07 adelante del L o XI. Io El trayecto del surco de Silvio queda debajo ó coincide con la línea lambdo-apofisiaria y 2o profun- damente corresponde á la escama, como el origen del surco al pterión. XII. El surco deja de ser horizontal á en las mu- jeres braquicéfalas á los || en los hombres dolicocé- falos y á los || = | en los demás; y termina 0.015 en- cima de los || excepto en los dolicocéfalos masculi- nos que es á los H = J. XIII. El pie de la tercera circunvolución frontal se encuentra en el tercio inferior del arco tubérculo sa- gital, XV. La escama y el surco de Silvio pasan respecti- vamente á 0m009 y á 0m007 debajo de esta distancia. (1) 5 milímetros adelante en las mujeres dolicocéfalas. 169 XV. Las arterias y venas meníngeas en la fosa tem- poral quedan de 4 á 7 milímetros detrás de la sutura pter-escamosa, que corresponde superficialmente á la perpendicular bajada entre el 1 y | de la línea lamb- do-apofisiaria; y por último: XVI. El trépano osteoplástico está destinado á reem- plazar al clásico sobre el que tiene incontestables ven- tajas no estando contra indicado sino cuando aquel no es aplicable ó en perforaciones de menos de un cen- tímetro. EXPLICACION DE LAS LAMINAS I FOTOGRAFIAS. LAMINAS. Excepto las figuras 1? y 2? de la lámina 2?-, que re- presentan perfiles craneanos que tracé con láminas de plomo, y las figuras de la lámina que son medio- esquemáticas, las demás las tomé del natural con la cámara clara. Lámina 1* Señala el punto de aplicación y direc- ción de los taladros (figs. C y F, números 1, 3, 2 5) y paso de la sierra (fig. C) é inconvenientes que de no ha- cerlo así resultarían, lesionando las meninges y el ce- rebro, (fig. A), en el caso que siendo alternos los tala- dros para seccionar el puente huesoso, 2 5, se pasara la sierra por los taladros 1 y 4; y en la fig. B, tenien- do los taladros una misma dirección no se consegui- ría pasar la sierra y por lo tanto tampoco la sección de los trayectos huesosos. La figura D representa un corte entre dos taladros y la aguja que desprendiendo la duramater deja una canal para la sierra. Un corte transverso que pasa por el orificio interno de un taladro, es lo que representa la fig. E, y la posi- ción de la sierra á este nivel. 172 lamina 2^. Las figs. y 2* Perfiles de los cráneos IX y XIV. 1 nasión.-2 bregma.-3 lambda.-3' inión. En la fig. 2* se ven: 1 y 2 cuerda y arco naso-bre- mático; 2 y 3 cuerda y arco breg-lambdaicos; 3 y 3' cuerda y arco lambdaicos. C. es el centro del círculo á que aproximadamente pertenece el arco naso-iniaco (1, 2, 3, 3'), c, el centro del arco naso-lambdaico y c' el centro del arco inio-bregmático. Los arcos dibuja- dos con puntos son los arcos trazados con el compás fijando una de sus puntas en los centros dichos. Las figs. 3* y 4*, señalan las canaladuras d, c, b., que las arterias y venas meníngeas ahuecan en el interior del cráneo; d. canal para el tronco de las arteria me- níngea; b, para la rama anterior; c, para la rama pos- terior; a, canal circunscrito por la extremidad exter- na de las pequeñas y superior de las grandes alas del esfenoides y por el que pasa la rama anterior de la ar- teria meníngea media, y donde principia el seno esfe- no parietal de Breschet; a, b, (fig. 4a) el mismo canal continuándose con otro del ángulo anterior inferior del parietal que le corresponde; e, sutura esfeno-tem- poral. Fig. 3a. 1, agujero esfeno-espinoso.-2, agujero gran oval.-3, agujero gran redondo.-4,hendidura esfenci- dal.-5, canaladura del seno cavernoso.-6, apófisis de Ingrassias.-7, agujero occipital.-8, apófisis crista- gali. Fig. 5\ A, A'línea de dirección rolándica- a, a' f in- feriores del surco de Rolando (0,m01 encima del tercio anterior de la línea lamb. apofisiaria)-3,8 línea lamb- do-apofisiaria.-b, b' surco de Silvio.-b, extremidad anterior del surco de Silvio (| anterior de la línea 173 lambdo-apofisiaria);-14 punto en que el surco deja de ser horizontal Q de la línea lamb. apoí. braquicéfalos); -15 de la línea lamb. apof. O.m15 encima b' ex- tremidad posterior y superior del surco de Silvio (me- nos H dolicocéfalos la misma altura sobre los f de la línea lamb. apof.);-5 pterión (| ant. lamb. apof.);- c, rama anterior del surco del Silvio y d, rama ante- rior de las arterias y venas meníngeas (del | al | an- terior de la línea lamb. apof.);-8 punto apofisiario. -3 lambda.-6 tubérculo zigomático. lamina 3a. Fig. Ia. Manifiesta todo el surco de Rolando y el de Silvio. La fig. 2a. parte del de Rolando y todo el de Silvio. En una y en otra como en la fig. Ia de la lám. 5a que representa en primer término, la tercera fron- tal y el inciso x, las mismas letras indican los mis- mos surcos y circunvoluciones. A, A' surco de Rolando.-b, b' surco de Silvio.- b, b' rama horizontal y c, rama vertical del mismo.- v, 1* cisura frontal.-g, cisura frontal ascendente.- u, inciso de la porción inferior de la 4a frontal.-h, inciso de la 2a circunvolución frontal.-j, k, q, q, q. tercera circunvolución frontal.--j, pie.-k, pliegue surciliar.-c, istmo.-q q q, cabeza de la tercera fron- tal.-o, lóbulo de la ínsula-i i' cisura parietal ascen- dente-i i' cisura intero parietal.-m, lóbulo del plie- gue curvo.-m' pliegue curvo.-t, t, primera circun- volución temporal.-t' t' segunda circunvolución tem- poral.-n, m' cisura paralela temporal. 174 lamina 4? (Figs. F y 2^) 1, nasión.-2, bregma.-3, lambda.-4, asterión.- 5, pterión.-6, tubérculo zigomático.-7, tubérculo malar.-8, punto apofisiario.-9, punto preauricular. -10, sutura coronal.-11, sutura escamosa.-12, su- tura lambdoide. A, A línea de dirección rolándica.- a, a, surco de Rolando.-Las líneas puntuadas que quedan adelante y atrás, paralelas á la línea de dirección, señalan los límites anterior y posterior de la zona rolándica.-b, b, surco de Silvio.-c, rama anterior ó vertical del mismo.-e, tronco de las arterias meníngeas.-d, bi- furcación.-e rama anterior.-f, rama posterior. 8, 3 línea lambdo-apofisiaria límite superior, y 7, 7' línea malo sagital límite inferior, de la zona silvia- na.-5, 5' límite anterior de la misma. lamina 5^. (Fig. 2^). Como la fig. 5?, de la lámina 2*. las líneas están trazadas sobre el cráneo cubierto de las partes blan- das.-2, bregma (| anteriores del arco naso iniaco; J del arco naso lambdaico);-3, lambda, (| del ar- co sagital contando del nasión=|- del mismo, á par- tir del inión.-2, A, 3 línea media.-14 punto | sa- gital.-15 distancia de la extremidad superior del surco de Rolando, según Anderson y Makins.-A, prolongación rolándica superior (0,m020 del punto | sagital; 0.m008 menos en las mujeres braquicéfalas; ó bien A del arco naso lamb. contando del lambda excepto en las mujeres braquicéfalas; que es -);- 175 A' línea de dirección rolándica.-2 A, A' ángulo ro- lando sagital (67°).-a, a' surco de Rolando.-3, 16, parte posterior de la línea lambdo-apofisiaria. FOTOGRAFIAS. La primera fotografía representa la cuadricula cefá- lica, se ve el opérculo, los orificios externos de los ta- ladros y el corte de los trayectos huesosos, 1,1 línea media-2,2 línea lambdo-apofisiaria- -2,2' línea lambdo-matoidea-9,9 arco tubérculo sagital- 6,6 arco sagito astérico-4,4 línea zigomática supe- rior-5,5 línea zigomática inferior-8,8 línea malo sa- gital-3,9 línea de dirección rolándica-3,3' perpen- dicular que pasa por la extremidad inferior de la pro- longación rolándica-3, Ex. inf. s. R. perpendicular por la extremidad inferior del surco de Rolando y el punto pre-auricular.-7,7 perpendicular que pasa por la extremidad superior y posterior del surco de Sil- vio.-Ex. sup. s. R. extremidad superior del surco de Rolando.-Ex. inf. s. R. extremidad inferior del surco de Rolando.-Ex. ant. s. S., extremidad anterior del surco de Silvio.-Ram. ant. s. 8., rama anterior del surco de Silvio.-Ex. sup. y post. s. S., extremidad superior y posterior del surco de Silvio.-Art. y V. mening., arterias y venas meníngeas. En el punto de intersección de las líneas 5,5 y 2,2' queda el asterión. Fotografía segunda: representa el estado que guarda el cerebro después de levantado el opérculo huesoso, seccionada y abatida adelante y atrás la meninge dura, y buscados los surcos cuyas extremidades y dirección señalan las mismas abreviaciones que en la primera fotografía. LÁ mina 1 a ¿/t. ouz Mr*. LÁMINA 2 ? F^. /" Fiy. 2? Fuj. 3^ FL^. 5 a Í/T. D/'XZ 60MZ/IIZZ, MÉX. LAMINA 5? /'¿y. 22 UT. DIAZ GONZA LEZ MEX . LA IV1 | IN A a Fiff. í/r. OÍA? Mfx Román! sS íx- ants S t Ex. inf- S fí. ñ. ants. S _ Zx anf. s