TESIS SOSTENIDA / POR JOSE FRANCISCO CAPELO EN LA UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN MARCOS DE LIMA AL OPTAR A EL GRABG GE BACHILLER EN LA FACULTAD DE MEDICINA, LIMA IMPRENTA DE J. F. SOLIS plazuela de santo tomas numero 255. 1872. Señor: Entre las causas qus se oponen al progreso do los estu- dios anatómicos, como al de todos los que participan de su carácter descriptivo, merece especial mención la dificultad de retener los caracteres propios délas diversas c importantes regiones, que ofrece á nuestra consideración, la complicada máquina designada con el nombre de cuerpo humano. Si al estudiarlo tuviésemos siempre presentes las semejanzas, si empleásemos sistemas mnemónicos, el trabajo seria mas útil y menos penoso. Asilo ha comprendido el profesor de Anatomía Descrip- tiva de la Facultad de Medicina; sus lecciones dirijidas á facilitar el estudio, están llenas de comparaciones de los órganos y aparatos por sus semejanzas anatómicas y fisioló- jicas. Basándome en ellas y en los importantes trabajos de Cruveilhwr, Nelaton y Giraud-Teulon trataré de desarro- llar la homología del esqueleto do la mano y pié. El tarJFcomo el carpo, ofrece, á la consideración del anatómico, dos hileras de huesos, cuya distinción no nace arbitrariamente, como pudiera creerse á primera vista, do la facilidad numérica de la descripción, sino que depende del papel funcional ó fisiolójico de los huesos que las cons- tituyen. Para comprender esta analojía no supongamos, como so hace siempre, el miembro toráxico en supinación, pues sien- do las circunstancias desiguales jamás llegaremos á una 4 conclusión satisfactoria; siendo fija, y hasta podría decir invariable la posición del pié, refiramos la colocación del pulgar á la del dedo gordo, dirijiéndolo á la línea interna-- es decir, la mano, en adduccion. Ya Vicq-d'Azyr había tratado de establecer esta ana- logía, y si sus estudios no fueron satisfactorios, necesario es confesar que el poco éxito de sus trabajos dependió de que por conservar el método de la supinación, hacia en cruz la comparación de los miembros torácicos con los abdomi- nales. / Si admitimos pues, los homólogos de Cruveilhir "la es- tremidad superior de la tibia estará representada por la mi- tad superior del cúbito y la mitad inferior de la tibia pol- la mitad inferior del rádio, en tanto que el peroné estará representado por la mitad superior del radio y la mitad in- ferior del cúbito, entonces llegaremos al resultado que se propuso Vicq-d'Azyr, el pulgar y su homólogo el dedo gor- do, estarán referidos á la línea interna; como comproba- ción podremos entonces darnos cuenta de la situación y fun- ción de las hendeduras articulares. Examinando en pronacion, un carpo articulado, encon- traremos (en un plano vertical y en el sentido trasversal) un arco de círculo hueso, constituido de dentro á afuera por el trapecio, el escafoides, el semi-lunar, el piramidal y el pisiforme, y haciendo abstracción de los demas huesos constituyentes del esqueleto de la mano podremos, como Giraud-Teulon, compararlo á una bóveda en arco de cír- culo compuesta de cuatro claves; representadas sus juntu- ras hácia adentro por la cara articular del trapesio y hácia afuera por la cara inferior del piramidal. La superficie superior, estrados ó exterior de esta bóve- da penetra en la hendedura radio-cubital proporcionándole su convexidad trasversal la notable movilidad de que goza en el sentido lateral y la que ofrece en el sentido antero- posterior, los movimientos que ejerce de delante á atras; movilidad favorecida por la disposición plana de las super- ficies articulares de los huesos que la constituyen. 5 El primer metacarpiano y las falanjes del pulgar forman en el carpo y la mano la prolongación linear del arco de círculo constituido por esa série de huesos; ó en otros tér- minos, constituyen el pilar de la bóveda tanto por su posi- ción anatómica [homologa á la del tarso] como por su papel fisiolójico, independiente de los otros elementos de la mano. La 2^ hilera, formada por el trapezoides, el hueso ma- yor y el ganchoso, representa por su conjunto un prisma triangular aplanado en el sentido de los aristas, interponién- dose á manera de cuña á los cuatro metacarpianos que sos- tienen los dedos. Continuando la comparación con una bóveda, ella pene- tra en los intradós que forman la primera hilera desempe- ñando el mismo papel que la primera serie llena en la hen- dedura anti-bráquial; ejecuta como ella movimientos estensos en el sentido antero-posterior, aunque carece de los de la- teralidad. Las caritas articulares de los huesos que consti- tuyen esta hilera son planos, encontrándose justapuestas las dos caras laterales del hueso mayor, sucediendo casi otro tanto en las caras articulares estremas de la misma hilera con las caras interiores de los dos huesos estremos de la primera. Esta disposición establece entre los elementos de la sé- rie, tal solidaridad que por si por otra parte se nota la mis- ma justaposicion artrodial de las cabezas de los cuatro úl- timos metacarpianos entre sí, y con estos tres huesos, llega- remos á admitir esta 2^ serie como el vértice articular de una pirámide perfectamente definida y formada por la unión de los cuatro últimos metacarpianos y las falanjes que son su continuación, pirámide que penetra como una cuña en la bóveda que ofrece la primera hilera, moviéndose como una pieza en su cavidad. Este movimiento realizable solo de delante á tras tiene lugar casi esclusivamente sobre la ^abeza del hueso medio de esta hilera, es decir del hueso 6 mayor, que sobresale á los otros, lo que comprueba la se- mejanza establecida, con una pirámide ó mejor con una cuña. Para completar el estudio del esqueleto del carpo haga- mos el examen de su cara palmar: los huesos ^numerados presentan en ella muchas apófisis destinadas al sosteni- miento de los numerosos tendones de los flexores y á la in- serción de los músculos intrínsecos de la mano. El hueso pisiforme, no jugando papel alguno en la solidez de la pri- mera hilera, debe ser considerado como epífisis del pirami- dal; su vestijio se observa en el pié. llesumiré por último, la fisiolojia dol carpo, tanto por que es la mejor justificación de la descomposicon hecha, cuanto porque su conocimiento auxilia la memoria. Las apófisis de la cara palmar del carpo esplican ana- tómicamente la trasmisión de los diversos movimientos de flexión y extensión que deben ejecutar los dedos, estando el punto de apoyo en el ante-brazo; esplican además la flexión de la mano sobre si misma, los fenómenos diversos de la prehensión y la descomposición de los choques. El modo de terminación de la pirámide metacarpiana, permite en el interior de la bóveda formada por la prime- ra hilera, una rotación mas pronunciada en el sentido dor- sal que en el palmar; por el centrario la rotación de la hile- ra, en la bóveda anti-braquial es mas pronunciada en el sentido de la flexión. Si en la mano observamos, que en el pulgar las resisten- cias huesosas son mas fuertes, que la estremidad superior y posterior del trapezoides es truncada y ofrece una pe- queña cavidad sobre la que rota, en ciertas circuns- tancias, una convexidad correspondiente del escafoides ten- dremos que reconocer, como papel funcional de la segunda hilera, el de destruir ó moderar los choques. Fuera de la estension de la mano sobre el ante-brazo, los ligamentos verticales del carpo no siempre oponen re- sistencia á los choques; cuando la muñeca, en el máximun de extencion, soporta un peso considerable de que debo, 7 preservar al tronco ó que de este debe trasmitir á un apo- yo sólido, sucede que el borde posterior é inferior del ra- dio se apoya por el intermedio del escafoides ó directamen- te sobre el tropezoides. En este encuentro se observa ge- neralmente la fractura de la estremidad inferior del radio porque el esfuerzo es soportado por el hueso y no por los lio-amentos. La convexidad trasversal de la hilera superior espli- ca satisfactoriamente la facilidad que ofrece la muñeca para ejecutar los movimientos de lateralidad. Por último, la situación del primei' metacarpiano, está en relación con el papel de independencia y oposición del pul- gar á los demás dedos, puesto que él está ligado al carpo por una superficie articular de doble curvadura, enteramen- te libre, por cuya razón debe ser considerado como prolon- gaeion de la primera hilera del carpo y fuera, de las leyes que rijen la segunda que á su voz debe considerarse unida solidariamente á los cuatro últimos metacarpianos. Las consideraciones precedentes, justifican la división establecida en el carpo y manifiestan que está en perfecta armonía con las funciones de la mano. Pasemos á la estremidad abdominal; el estudio del pié, es mucho mas fácil, pues bastará referirlo á la mano. Considerando un pié articulado encontraremos en el tar- so, dos hileras homologas á la que hemos visto en el carpo: la 1? vista de delante á tras, está constituida por el primer cuneiforme, el escafoides, el astragalo, y el calcáneo, hile- ra huesosa continuada por el primer metacarpiano y el dedo gordo que como su homologa en el carpo forma un arco de círculo ó una bóveda, que se estiende de atras á adelante presentando dos puntos de apoyo, el calcáneo posteriormen- 8 te y el primer metatarsiano hácia la parte anterior. Cons- tituida por un plano vertical de convexidad superior y cón- cavo hácia abajo al principio y después hácia afuera: su cara superior terminada por el astrágalo penetra en la hen- dedura tibio-peronea. Esta primera hilera puede representar el origen ó la modificación de la carpiana si recordamos los diferentes pa- peles que tienen que llenar: las condiciones de solidez de ella, han sido reemplazadas en la carpina por las de mo- vilidad. Asi con Cruveilhier, los cuatros huesos tarsianos deben ser considerados como la exajeracion de los que cons- tituyen los carpianos de la hilera superior ó reciprocamen- te estos como la atrofia ó elementos osteogenicos de aque- llos. La 2^ hilera ofrece con la correspondiente del carpo una semejanza incontestable. Formada como ella por tres hue- sos, penetra en la cavidad que le ofrece la hilera superior no solo de arriba á abajo sino que en razón de sus usos, penetra también de delante á atras y de afuera á adentro. Estos tres huesos como los correspondientes del carpo es- tán unidos entra si por artrodias. La unión pues del se- gundo y tercer cuneiformes y el cuboides, por conexiones planas invariables, con los cuatro últimos metatarsinos, constituye la pirámide que he hecho notar en la mano. Podemos pues, por el exámen precedente aislar estos conjuntos huesosos semejantes y designalos con los nom- bres de pirámides huesas metacarpina y metatarsiana; la I? penetra en la hilera superior de abajo á arriba y la 2? de fuera á adentro, ofreciendo asi al miembro inferior un obstáculo á la caida lateral. Para comprender esta acción examinemos los dos piés si- multáneamente, en la estación vertical y veremos qne ca- da concavidad ofrece en la cara plantar del pié. considera- da aisladamente, la mitad de una bóveda semi esférica en 9 cuyo centro caería la vertical que pasase por el centro de graveded dal cuerpo: los puntos de apoyo ó declive de la bóveda sobre el suelo, serian de atras adelante los es- treñios de la primera hilera y á los dos lados hácia afuera las estremidades externas de la pirámide metatarsiana, Las superficies articulares recíprocas de los huesos que constituyen la 1? hilera, en el sentido antero-posterior, son lijeramente curvas, aunque son planas las superficies de contacto y sus planos perpendiculares á la bóveda; esta va- riada disposición facilita Inaplicación del pié álas desigual- dades del terreno. Destinada la pirámide metatarsiana á servir de soporto en el sentido trasversal está tan desarrollada, en este sen- tido, como sus elementos: las cabezas de los últimos meta- tarsianos, especialmente del tercer hueso y quinto que ter- minan la pirámide se desarrollan notablemente de dentro afuera. Establecidas estas ideas, el primer resultado que debemos obtener es la simplificación déla nomenclatura délos huesos del carpo y del tarso, conduciéndonos á dar el mismo nom- bre á huesos homólogos por su situación. Así, principiando por la segunda hilera y aceptando ^no- menclatura propuesta por Giraud-Teulon podemos, al se- gundo y tercer cuneiformes y al cuboides de los autores,de- signarlos con los nombres de primero, segundo y tercer cuneiformes que en la mano corresponden al trapezoides, hueso mayor y ganchoso. Si bien en la primera hilera los huesos que componen la del carpo, son mas satisfactoriamente para el espíritu que para los sentidos, los rudimentos de sus homólogos en el tarso, con Cruveilhier, podremos considerar el calcáneo re- presentado por el piramidal y elpisiforme; el astrágalo por el semilunar ; el escafoides por bu homonimo: y el primer cuneiforme por el trapecio. Las investigaciones sobre los órganos análogos confirma 10 la homología desarrollada, puesto que el esqueleto del pié en los cuadrumanos es el verdadero intermedio del carpo al tarso; es el tipo de transición. Casi sin alteración se encuentra en el pié de los cuadru- manos el trapecio, el hueso mayor, [aunque falta su cabeza redondeada] y el ganchoso. En la hilera superior ó sea la mas próxima al tronco, ve- mos en el primer cuneiforme de los autores, el trapecio; un escafoides de semejanza incontestable aunque no idéntico al escafoides. En el escafoides comienza á manifestarse de una manera sensible la evolución modificante de esta hilera por su di- ferencia de fin; la epífisis superior que ofrece en el carpo, aquí está desprendida y va á confundirse con él semilunar. en el astrágalo en el que forma la epífisis anterior. La epí- fisis lateral del escafoides, en el pié, presenta hácia el lado interno un acrecentamiento notable, verdadera tuberosidad que con otras dos análogas forma las superficies destinadas al contacto del pié con el suelo, es decir la tuberosidad in- ferior del trapecio ó primer cuneiforme y la posterior del calcáneo. La bóveda antero-posterior' del pié humano aquí ha de- $ aparecido casi por completo, quizá para dejar libre juego á los dedos, y ofrecer un sólido apoyo á los músculos que sostienen el tronco. Si proseguimos nuestras investigaciones, en las vias de las analogías, el piramidal y éXpisiformc corresponderían al calcáneo, analogía que debemos admitir aun en el caso de que los diferentes órdenes do cuadrumanos no ofreciesen esta sucesión de desarrollo; felizmente la graduación es fácil comprobarla pasando de los que, como el chimpanzé, tienen una marcha vertical á aquellos que mas frecuente- mente, como los semnopitecos,los cinocéfalos etc. toman la actitud de los cuadrúpedos. 11 Si el estudio del pié basado en el de la mano ó al con- trario recibe una verdadera simplificación, estendiendo este método á todos los órganos que se encuentren en las mismas condiciones se conseguirá facilitar la retención en la me- moria de descripciones que hechas aisladamente podrían ser fácilmente olvidadas, se comprenderán mejor las rela- ciones, el estudio quedará reducido á caracteres diferencia- les de los órganos homológos y podrán hacerse á todo el organismo aplicaciones quirúrjicas tan importantes como las que á Giraud-Teulon y Nelaton debemos respecto á las que he examinado. Lima, Setiembre 17 de 187^5 granito pápela. Vo. B°,-(Echo jambaren.