UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN MARCOS 1_ A VERRUGA ANDINA Ó mrmii iie wmoN "FIEBRE DE LA OROYA" TESIS SOSTENIDA ANTE LA FACULTAD DE MEDICINA DE LIMA, PARA OPTAR EL GRADO DE DOCTOR EN ELLA, POR EL FACULTATIVO JULIAN ARCE LIMA benitogil.-editor IMPRENTA y librerías, banco del herrador 11®. Sucursal: Carabaya (Bodegones) 42. 1889^ FACULTAD DE MEDICINA Decano Dr. D. Leonardo Villar Sub Decano.......................... ,, ,, Armando Velez Secretario ,, ,, J. C. Ulloa Pro Secretarlo ,, ,, M, C. Barrios Catedrático titular de Anatomía Dr. D, C. Bambaren ,, ,, de Física Medica é Hi- giene.......................... ,, ,, M. Dulanto ,, ,, de Historia Natural Médica .. ,, ,, M. F, Colunga ,, de Química Médica... ,, ,, T- A. (le los Ríos ,, ,, de Fisiología „ ,, F. Rosas . „ ,, de Farmacia ,, ,, M. R. Altóla ,, ,, de Farmacología ,, ,, J. C, Ulloa ,, ,, de Nosografía Médica ,, ,, J. C. Castillo ,, ,, de Nosografía Quirúr- gica ,, ,, Belisario Sosa ,, ,, de Anatomía topográfi- ca y M edicma Operatoria ,, ,, J. M. Romero ,, ,, de Obstetricia,'Enfer- medades puerperales y de Niños.. ,, ,, R. Morales ,, ,, de Medicina Legal y Toxicología ,, ,, M, C. Barrios „ „ de Oftalmología ,, ,, Aurelio Alare» ,, ,, de Clínica interna.. ,, ,, L. Villar ,. n n n ii ,1 ii A. Velez ,, i, ,, ,, externa.. ,, ,, J. Sandoval „ a ¡i a a a a J- L. Alarco „ interino de Auatómia gene- ral y Patológica................ ,, ,, J. Becerra ,, ,, de Patología general y Terapéutica.................. ,, ,, J. M. Quiroga A MI MAESTRO Decano de la Facultad de Medicina de Lima, Catedrático principal de Clínica Médica, A ntiguo Presidente de la Academia Nacional de Medicina etc. etc. etc. Testimonio de gratitud y respeto. FIEBRE DE LA OROYA ó Forma aguda de la "enfermedad de Camón." DEFINICIÓN. S UNA pirexia infecciosa, que expresa el más alto grado de ia intoxicación verrucosa, en- démica de algunas de nuestras quebradas, y caracterizada principalmente por los tres sin- drómas clínicos siguientes: i? fiebre de tipo comple- tamente irregular, acompañada, en la generalidad de los casos, de dolores óseos, articulares y muscula- res; 2? anemia aguda ó perniciosa, ó sea destrucción rápida y progresiva de los elementos globulares ro- jos de la sangre, y 3? trastornos más ó menos acen- tuados de los órganos hemopoyéticos.-Por incom- pleta que parezca esta definición, me parece la mas en armonía con el estado actual de nuestros conocimien- tos al respecto.-Por otra parte, más tarde veremos que la mayoría, si nó todos los síntomas, de esta for- ma de la Enfermedad de Carrión, pueden referirse á las tres agrupaciones clínicas que llevo indicadas. 4 ETIOLOGÍA. La causa determinante por exelencia, é indispen- sable para la pioducción de la Fiebre de la Oroya, es hoy sin duda alguna la absorción del agente ó veneno verrucoso. La memorable inoculación de Carrión lo prueba de la manera mas evidente.-r Existen, sin embargo, causas predisponentes, que juegan, á mi modo de ver, un importantísimo papel en la producción de esta enfermedad.-Tales son principalmente: O el estado del organismo, en el mo- mento en que éste se pone en contacto con el veneno de la verruga, y 2? el tiempo de aclimatación en los lugares de endemia.-En efecto, sabido de todos és, que la receptividad del organismo para las enfer- medades infecciosas, se encuentra siempre en razón directa con la deficiencia de la nutrición general, la disminución de las fuerzas, la miseria, las fatigas, la depresión moral, etc., y en razón inversa con el tiempo total de aclimatación en el lugar infectado. Pero, no solo se limitan á esto las causas predis- ponentes que acabamos de citar, sino que intervienen de una manerá más directa, mas inmediata, en la eclosión de la Fiebre de la Oroya, como vamos á probarlo. Existe un algo, indudablemente, que es la causa eficiente de la verruga eruptiva y por consiguiente de la Fiebre de la Oroya.-Este algo ó agente, como lo llamaremos por ahora, encuentra los elementos indispensables para su desarrollo y propagación, en los terrenos, atmósfera y agua de los lugares donde son endémicas dichas afecciones y nada más que en ellas. Que esta proposición es verdadera, lo prueba el hecho por todos reconocido, de que sólo existe, por lo menos hasta hoy, la Enfermedad de Carrión y como consecuencia ese agente, en ciertas y determi- nadas localidades (la quebrada de Huarochirí en el 5 Departamento de Lima, las quebradas de Llautan y Pariaccoto en el Departamento de Ancachs, por ejemplo), sin que jamás se la haya observado en ningún otro punto, tomado indistintamente.-Esto no quiere decir, desde luego, que la "verruga or- dinaria" ó propiamente dicha, como llamaremos des- de ahora á la forma eruptiva, y la "Liebre de la Oroya," no podrán presentarse nunca en otros luga- res que aquellos, ó lo que es lo mismo: que su cau- sa generadora no podrá desarrollarse jamás en otra patria, que la que hoy tiene. Nó absolutamente. Lo único que queremos decir és, que mientras no se encuentren reunidas, en un lugar dado, todas las condiciones requeridas para su existencia, no se las observará. Ahora bien, el veneno verrucógeno parece que existe y vive principalmente, como se verá rxás adelante, en el torrente sanguíneo y quizá también en el linfático de los individuos atacados por cual- quiera de las dos formas de la Enfermedad de Car- rión. Pues bien, para que esto suceda, es necesario que dicho tóxico sea, ó elemento figurado de mi- croscópicas dimensiones, en suspensión en dichos lí- quidos, ó un principio químico, soluble, disuelt^ en ellos. Aceptada esta deducción, como no puede me- nos de aceptarse, tenemos que convenir, en que es muy posible que ese principio infeccioso ó tóxico se encuentre á la vez en la tierra, aire y agua de las localidades donde habita ó se forma. En tal virtud, el hombre que en ellas se encuentre, estará cons- tantemente bajo la acción de ese agente, tanto por su piel, como por sus mucosas. Y no puede, para librar- se de su influencia, sino alejarse de él, ó esperar de la fuerza de su organización, ¿el estado regular de sus funciones y órganos, y de la observancia de los preceptos higiénicos, el rechazo de tan temible ene- migo. Reasumiendo, se puede decir, pues: que para que un individuo pueda contraer la Enfermedad de 6 Carrión en general, es necesario i? que se encuen- tre expuesto á la acción de un medio verrucógeno y 2o que su organismo experimente algún desequi- librio funcional ú orgánico. Pero ¿por qué circuns- tancias ó qué condiciones se realizan, para que en unos individuos se desarrolle la fiebre verrucosa be- nigna (relativamente) ó con erupción y en otros la maligna, de difícil erupción ó de la Oroya^-Y por otra parte, ¿es preciso que tomados dos individuos, en igualdad de medio y condiciones de organiza- ción, pueda ser atacado el uno de verruga ordinaria y el otro de Fiebre de la Oroya?-Y si esto sucede ¿cual es la causa? i Vamos á tratar de responden á estas cuestiones que nos hemos propuesto, por relacionarse íntima- mente con las causas predisponentes de que nos ocupamos y cuya importancia tratamos de probar. Háse dicho, por algunos, que la menor ó mayor cantidad de agente patógeno absorvido, era la que determinaba, en el primer caso, verruga ordinaria, y en el segundo "fiebre de la Oroya." - No participa- mos de esta manera de ver y concedemos el primer rol al estado especial del organismo en el momen- to de la absorción, á la menor ó mayor fertilidad del terreno en que vá á germinar la semilla. En efecto, sabemos perfectamente que el organismo, en el esta- do de salud, reacciona vivamente contra los agentes nocivos que le atacan, ya sea destruyéndolos con sus jugos naturales, ó no absorviéndolos absolutamen- te, en virtud de la resistencia de sus sanos epitelium á su penetración. No así el organismo enfermo, que habiendo perdido su potencia de reacción normal ó la integridad de sus epitelium protectores, ofrece una ancha puerta de entrada á los elementos deleté- reos.-Ahora bien, si aplicamos estas nociones al ca- so particular de que hablamos, tendremos: á mayor deterioro ó desequilibrio del organismo, menor resis- tencia del medio interno á la pululación y multipli- 7 cación de la causa mórbigena; que encontrando un terreno abonado, un caldo nutritivo apropiado, por decirlo así, se desarrollará con extraordinaria rapi- dez, á costa de los elementos orgánicos mas esencia- les (glóbulos rojos); de donde: producción de una especie de intoxicación aguda- la fiebre déla Oroya. Por el contrario, á menor deterioro mayor resisten- cia, fertilidad menor del terreno, menor agudeza de la intoxicación-verruga propiamente dicha ó erupti- va. La forma que revestirá la enfermedad está, pues, bajo la dependencia del estado particular del organis- mo, que desempeña siempre el primer papel. Hay, sin embargo, otracircunstancia, tan importan- te por lo menos como la precedente y digna de te- nerse siempre en cuenta cuando se trata de esta cuestión. Me refiero á la via por donde penetra el veneno.-En efecto, el agente verrucógeno, así como la mayoría de los organismos patógenos, actúa con mas intensidad, produce mayores trastornos, sobre todo en un organismo en receptividad, á medida que la vía por donde penetra lo pone mas prontamente en contacto con la sangre, que es, por decirlo así, su alimento; de aquí, la gravedad de la vía hipodérmi- ca. Al hablar de la patogenia, volveremos sobre este punto. Contestemos ahora á la segunda pregunta.-Creo muy posible y realizable, que á semejanza de lo que pasa en otras fiebres infecciosas, de dos individuos colocados en igualdad de medio, receptividad, etc. uno puede ser atacado de la forma benigna y el otro de la forma grave, y explicar esto, como en aquellas enfermedades, por la desigual aclimatación de ambos. En efecto, es indudable que en caso de absorción, el organismo del menos aclimatado ofrecerá menor re- sistencia que el del más aclimatado, que está ya acostumbrado, por decirlo así, á luchar y vencer el elemento nocivo.-He aquí, pues, la importancia que tiene para mí la segunda causa predisponente que 8 hemos señalado y que á mi modo de ver ha de- sempeñado un interesante papel en el desarrollo de la fiebre de la Oroya, en los individuos de las obser- vaciones Nos. i y 4 á que voy á dar lectura, así co- mo á la N° 3, por juzgarlo indispensable para la me- jor inteligencia de esta disertación. No hago lo mismo con la N° 2, por ser bastante conocida de vosotros: es la historia clínica de la enfermedad que victimó á nuestro heroico compañero y amigo Carrión. DESCRIPCIÓN Síntomas.-Los síntomas de la F. de la O., pode- mos dividirlos, para su mejor estudio, en dos perío- dos: i.° Periodo de incubación ó de latencia, y 2o Período de invasión ó de evolución.-Esta división me parece desde luego bastante natural, tratándose de enfermedades de carácter infeccioso, como la presente. Quizá mas tarde, con mayores datos y me- jores estudios, se podrá sub-dividir el segundo pe- ríodo; pero en la actualidad, cualquiera tentativa en este sentido, sería prematura por lo menos. Primer periodo. - Comprende el lapso de tiem- po trascurrido, desde el momento en que la causa ó agente infeccioso, encontrando al organismo en esta- do de receptividad, es absorvido, hasta aquel en que traduce su presencia por la i?" manifestación ó trastorno sintomático.-Por lo tanto, se comprende que este periodo, pasará completamente desaper- cibido para el enfermo, que no experimentará, du- rante él, alteración alguna apreciable.-La duración, me es muy difícil determinar, aun aproximativamen- te, en razón de la escasez, ó mejor dicho, carencia de datos, que existe al respecto. Me limitaré, pues, á decir, que en tres de los enfermos fOrihuela, Carrión y BarreraJ, cuyas historias hacen parte del presente trabajo, este período ha tenido una duración de tres á cuatro setenarios. 9 Segundo periodo.-La invasión de la F. de la O. se anuncia, en ciertos casos, por fenómenos prodró- micos tales por ejm. como el que aconteció en Carrión y que consisten principalmente, en malestar general, sensación de cansancio, descomposición de cuerpo. Estos síntomas precursores pueden durar algunos dias, con mayor ó menor intensidad, hasta que se manifiestan bruscamente los que caracterizan la in- vasión propiamente dicha ó sea el segundo sub-perio- do en que podrá descomponerse el periodo que es- tudiamos, si como creo, la observación llega ¿ demos- trar la frecuencia de dichos pródromos.-Con pró- dromos ó sin ellos, la F. de la O. se inicia violenta- mente por uno ó varios escalofríos, mas ó menos in- tensos, seguidos de fiebre, sudores óseos, articulares y musculares, y más tarde, anemia rápida y pernicio- sa.-Para mayor claridad y precisión, nos ocupare- mos sucesivamente de cada uno de estos síntomas. Fiebre. - Precedida, como acabamos de decirlo, de uno ó varios escalofríos, es acompañada á mas de los síntomas dolorosos y anemia que estudiaremos mas adelante, por todos aquellos fenómenos que son su cortejo obligado, donde quiera que se la consi- dere: quebrantamiento, cefalálgia, anoréxia, nauseas, sed ardiente etc.-Por lo que respecta á la forma ó tipo que reviste en la enfermedad que venimos tra- tando, me parece, á juzgar por los tres casos que de ella he observado, que es muy irregular, pudien- do afectar ya el tipo francamente intermitente (caso de Orihuela), ya el remitente (Carrión al principio- Barrera y el enfermo del Dr. Salazar, casi hasta el fin) Y esta observación adquiere mas valor y certeza, si recordamos, la forma que afecta la fiebre [en la ve- rruga ordinaria ó eruptiva donde, como se sabe, tam- poco sigue nunca un tipo determinado y general.- El grado máximo que ha alcanzado, según las his- torias adjuntas, ha sido 39o 8 (Obs N?2). Sin embar- 10 go, no sería extraño fuese más elevado, sobre todo al principio, cosa que es muy posible haya sucedido en Carrión, si nos fijamos en lo que nos dice en su diario de observación, cuya parte concerniente al 19 de Setiembre, dice: "Se despertó en seguida una fiebre elevadísima, que me fue imposible marcar por medio del termómetro, porque no podía ni moverme en la cama"; no habiendo sucedido esto en la noche del 20, en que pudo tomarse la temperatura 39o 8, no obstante la persistencia y exacerbación de los otros síntomas. Las remisiones, cuando existen, oscilan entre un grado y grado y medio.-La marcha de la fiebre, en los casos que estudiamos, ha presentado de notable la circunstancia de desaparecer por comple- to, descendiendo la temperatura hasta por debajo de la normal (Obs. Nos. 1.2.3.) aproximarse la termi- nación fatal.-Circunstancia es esta, que no debemos olvidar, cuando tengamos ocasión de observar algún enfermo de Fiebre de la Oroya, á fin de compro- barla. La orina, durante la fiebre, es de color subido y bastante concentrada.-Desgraciadamente, no he po- dido hacer análisis alguno de este líquido (cosa que conceptúo de mucha importancia, sobre todo hoy, que los trabajos del eminente profesor Bouchard, sobre la eliminación por la orina de diversas sustan- cias tóxicas de origen microbiano, han abierto una nueva vía de investigación acerca de la patogenia de las enfermedades infecciosas) tanto por la carencia de medios, como por mi incompetencia para el asunto sobre todo. Es aquí el lugar de manifestar, sin embargo, que si no hicimos (los condiscípulos de Carrión) el análisis de su orina, durante el curso de su enfermedad, fué porque habiéndola entregado á manos competentes (Dr Barranca), juzgamos completamente inaccesa rio cualquier exámen que al respecto pudiéramos practicar. Pero fatalmente este profesor no ha hecho el 11 análisis, ó no ha querido participarnos el resultado de sus investigaciones. Hasta hoy no ha contestado sino con evasivas. Anemia.-Uno de los síntomas más notables y característicos de la Enfermedad de Carrión en sus dos taimas y principalmente en la que estudiamos, síntoma que domina y resalta en primera línea en el cuadro mórbido, sobre todo en las épocas más avan- zadas del mal, es la anemia. Pero la anemia en su forma más grave, verdadera carencia por destrución de glóbulos rojos, anemia globular pura.-Para daros una idea aproximada de la intensidad y pernicio- sidad sorprendentes de este sintoma, me bastará re- cordaros lo que al respecto se observó en Carrión. El 3 de Octubre (1885) 17? día del período de inva- sión de su enfermedad, la sangre de nuestro malogra- do amigo, examinada al microscopio por el Dr. Flo- res, presentó los glóbulos rojos deformados é hincha- dos, llegando apenas su número á 1.080,000 por m.m. c., y la cifra normal es, como se sabe, de 5 mi- llones por m.m. c. según Vierordt) Por lo demás, se puede casi seguir, por la inspec- ción del hábito exterior del enfermo, los progresos de la anemia. Bastan, en efecto, pocos días para transformar por completo al individuo: Sumamente pálidas y exán- gües la piel y mucosas; desfiguranda la fisonomía en su conjunto; la mirada triste, los ojos hundidos y rodeados de ojeras; la nariz afilada; los pómulos salien- tes; los pabellones auriculares casi transparentes; la voz débil; la marcha vacilante; movimientos pesados, lentos; tendencia á la posición decúbito; postración. La respiración acelerada, el pulso blando depresi- ble y frecuente; soplo intenso en la base del cora- zón, primer tiempo, foco aórtico; soplo que se con- tinúa en los grüesos vasos del cuello; estremecimien- to catario, más ó menos acentuado, en el corazón y 12 en los vasos arteriales voluminosos.-Y si á estas ma- nifestaciones objetivas, se agregan las subjetivas: mareos de cabeza, desvanecimientos, vértigos acom- pañados de náuseas, siempre que se conserva la posición vertical de la cabeza por algún tiempo, ó cuando sé la torna bruscamente, estando en decúbi- to ó agachado, por ejemplo; llegando este síntoma á tal grado, que á fin de que el enfermo aproveche los alimentos no vomitándolos, se hace necesario ad- ministrárselos, con sumo cuidado, levantándole ape- nas la cabeza.-Debilidad general; pérdida de fuer- zas, en extremo rápida y considerable, al punto de sorprender á los enfermos que juzgando por el po- co tiempo de enfermedad, no creen encontrarse en ese estado (Obs. N? 2); zumbido intenso y por demás penoso en los oídos (soplo de las carótidas;) sueño muy difícil de conciliar, agitado é interrumpido por pesadillas ó ensueños, que le despiertan fatigado y profiriendo palabras incoherentes: tal es, á grandes rasgos, el conjunto de trastornos provocados por la alteración que estudiamos. Por lo expuesto, se ve que son los fenómenos de la amenia cerebral, los que más resaltan en el cua- dro descrito, cosa que no debe extrañarnos, si tene- mos en cuenta el principio de Fisiología general: que el órgano, de protoplasma más delicado, es de- cir, más irritable, es también, el que primero y más vivamente reacciona, ó sufre la acción del agente que viene á modificar, cualitativa ó cuantitativamente, el medio interior del organismo á que pertenece. Dolores articulares. - Comienzan generalmente, como en la verruga ordinaria, por una de las articu- laciones de los miembros; siendo al principio poco intensos, para atacar rápida y progresivamente otras, exacervándose luego. Esas articulaciones ofrecen al mismo tiempo, un lijero infarto, sobre todo cuando los músculos adyacentes son también dolorosos. Es- 13 tos dolores se continúan, además, á lo largo de los huesos que forman la ó las articulaciones ataca- das. Dolores musculares.-Aparecen, simultáneamente con los anteriores, expontáneos, aumentados por la presión y el ejercicio, ya concentrados en un solo músculo ó extendidos á un grupo muscular comple- to. Se observa, además, en estos órganos, calambres repetidos y fatiga rápida, por el menor trabajo. Estas manifestaciones dolorosas disminuyen pri- mero, para desaparecer, en seguida, hacia la ter- minación de la enfermedad. Sin embargo de esto, la presencia de los síntomas que nos ocupan, no es absoluta en la F. de la O., como no lo es tampoco en la verruga ordinaria ó eruptiva, donde se ha obser- vado casos con falta completa de dolores, ó con do- lores muy limitados. Como se ve, hay una similitud completa entre estos síntomas y los que se observan en el período análogo de la otra forma de la Enfermedad de Ca- rrión-período de invasión propiamente dicho de Ca- rrión. Tanto en una como en otra, se presentan dichos síntomas dolorosos con los mismos carac- teres, desapareciendo en épocas determinadas (en la verruga principalmente,) que guardan relación con la marcha de los demás síntomas. En efecto, sa- béis perfectamente que en la verruga, las manifes- taciones dolorosas se observan de preferencia con su máximum de intensidad y generalización, durante el período de invasión, acompañando*á la fiebre y ane- mia. Que, así mismo, comienzan á decrecer, á me- dida que la erupción se verifica. Ahora bien, en tres de las observaciones que adjunto esos dolores no han existido, sino al principio del período de inva- sión, habiendo desaparecido poco después y por completo. En la N? 4 no se espresa si persistieron ó no hasta el fin. 14 Además délos síntomas, que dejo apuntados, hay otros bastante importantes y que parecen acusar cierta predilección de parte del veneno verrucógeno por determinados órganos. Me refiero al infarto, do- lor hepático é ictericia concomitantes que han pre- sentado los enfermos, cuyas historias nos sirven de estudio y que persistieron con pocas variantes, hasta el fin de la enfermedad. Si al lado de estos síntomas, que por su constancia en los casos aludidos, debe asignárseles un gran valor, colocamos las manifes- taciones dolorosas de parte del sistema óseo, la atrofia y reblandecimiento del bazo fob<. 2, 3,4. -autopsia), el aumento de volumen del hígado, (obs. 2, 3. - autopsia. En la N? 4110 se dice nada al respec- to) y el infarto de los ganglios mesentéricos (obs. 2 y 4) y tratamos de darles una explicación satisfac- toria, veremos que nos basta para ello recordar tan solo los datos fisiológicos y anatómicos que poseemos al respecto, y que al mismo tiempo vienen á justifi- car la concepción que propusimos en nuestra defini- ción, acerca de la "Fiebre de la Oroya". En efec- to, en primer lugar la fisiología nos enseña que la formación de los glóbulos sanguíneos ó hemopoyésis, está bajo la inmediata dependencia de ciertos órga- nos, llamados por esta circunstancia: hemopoyéti- cos y que estos órganos son: 1? las glándulas vas- culares sanguíneas (bazo, médula ósea, glándulas linfáticas, etc.) y 2? el hígado. Por otra parte, la ana- tomía nos manifiesta también, que á esta igualdad en los resultados de la actividad vital de dichas glándulas vascufares sanguíneas, corresponde, asi mismo, una igualdad en la estructura anatómica de ellas, á tal punto que forman una serie no in- terrumpida, cuyo grado más simple es la infiltración linfoide difusa y cuyo grado mas complejo es el bazo. Tenemos, pues, que existe entre los elementos celu- lares del tejido que se llama sangre y los órganos que acabamos de indicar, una relación de lo mas 15 íntima, de lo más solidaria, y que nos autoriza á sos- tener con fundamento, que todo aquello que ataque, más ó menos profundamente los primeros, conmo- verá, más ó menos violentamente los segundos. Ahora bien, teniendo en cuenta estas considera- ciones, ¿no sería admisible suponer que los sínto- mas, sobre los que he llamado últimamente la aten- ción, (trastornos hepáticos, espíemeos, dolores óseos, etc.) sean debidos á la acción del veneno verrucógeno sobre la sangre y órganos hemopoyéticos (hígado, ba- zo, médula ósea, etc.)? ¿No es una confirmación de nuestra opinión la existencia constante de trastornos, más ó menos acentuados del lado del bazo y de los ganglios linfáticos, en los individuos atacados de verruga eruptiva y que han dado lugar á que se la diagnostique por algunos maestros;-leucocitcmia es pleno-g a nglionari Marcha.-La marcha de la "Fiebre de la Oroya" es sumamente rápida y fatal, no obstante el trata- miento. Tal sucedió, al menos, en nuestro malogrado compañero Carrión, que sucumbió, como sabéis, al 19? día del período de invasión de la enfermedad. Anatomía patológica.-Las lesiones más constan- tes, observadas en las historias que tenemos á la vis- ta, son las siguientes: Decoloración completa y aspec- to terroso del tegumento externo; anemia general de tejidos y órganos; hígado, aumentado de volu- men; bazo, atrofiado y reblandecido; ganglios linfá- ticos, infartados (obs. 2 y 4); sangre, formada por serum, con granulaciones ó partículas de un rojo os- curo en suspensión Como se ve (aunque el número de observaciones, es tan diminuto) son las lesiones de la sangre y de los órganos hemopoyéticos las que primero saltan á la vista, probando de esta manera, hasta cierto punto, la verdad de nuestra concepción teórica sobre la "Enfermedad de Carrión". Para 16 terminar con este punto, diremos que es pues en el tejido y órganos mencionados y valiéndose del mi- croscopio, que se llegará á dilucidar, estoy seguro, la anatomía patológica y patogenia de dicha morbó- sis en sus dos formas, (i) Obs. N® i.-En los primeros días de Abril de 1885, el estudiante de medicina, Sr. Abel Orihuela, (de constitución fuerte, temperamento linfático y sin an- tecedente morboso alguno), se dirigió, antes de co- menzar los trabajos del nuevo año escolar y por vía de recreo, al pueblo de Surco (situado entre San Bartoloméy Matucana-camino de Lima á la Sierra). - En dicho lugar existía, como existe hoy mismo, la verruga-Tres semanas, poco más ó me- nos, llevaba de tranquila permanencia en aquel pun- to, cuando fue acometido de una fuerte fiebre inter- mitente diaria, precedida de violento escalofrío y acompañada de quebrantamiento, dolores articulares y cefalálgia. El acceso de intermitente tenía lugar durante el día, [doce á dos de la tarde] y se prolon- gaba hasta las primeras horas del siguiente. Creyendo que se trataba de alguna manifestación palúdica, tomó fuertes dosis de sulfato de quinina que no produjeron resultado alguno favorable. No obstante encontrarse en ese estado, permaneció aún veinte días más, próximamente, en el citado pueblo de Surco-Al cabo de ese tiempo, notando que la fiebre no declinaba, que sus fuerzas habían dismi- nuido, hasta el punto de hacer vacilante su marcha, regresó á Lima, donde tuvimos ocasión de asistirle (i) Se nos ha informado por algunos profesores, que han observado numerosos casos de "Fiebre de la Oroya", que la diarrea es muy frecuente en esta enfermedad, y uno de ellos el Sr Dr. J. M. Rome- ro, nos dice: que habiéndose practicado una autopsia en uno de di- chos enfermos, se encontraron tumefactos los folículos del intestino delgado,y las placas de Payer. Este dato es, como se ve, un argu- mento más en favor de nuestra hipótesis. 17 [como compañero y amigo que era,] hasta el día de su fallecimiento. Orihuela estaba desfigurado á tal punto, que difí- cilmente podía reconocérsele á su vuelta de Surco; tal era, el cambio tan completo que se había opera- do en todo su ser-Su piel y mucosas, completa- mente pálidas y exangües, tenían el color de la ce- ra -su fisonomía, con los pómulos salientes, los ojos excavados y rodeados de un círculo oscuro, la nariz afilada, los pabellones auriculares casi transparentes y la mirada triste y sin brillo, le daban el aspecto de aquellos individuos enfermos desde largo tiempo- Y si á esto se agrega el aspecto árido y seco de su tegumento externo, la opacidad de su voz y la difi- cultad de la estación de pié y por consiguiente de la marcha [por vértigos que le sobrevenían], se verá que no ha sido exajerado decir, que era casi imposi- ble reconocer, en ese organismo profundamente des- truido, al joven vigoroso de un mes atrás. Interrogad.) por nosotros acerca de lo que sentía, contestó después de referirnos el principio de su en- fermedad, tal como lo dejamos apuntado, que desde algunos días experimentaba vértigos seguidos de náuseas, cuando tenía la cabeza en la posición verti- cal y sobre todo cuando del decúbito pasaba veloz- mente á la posición vertical (sentado ó parado); que sentía un soplo suave y continuo en sus oídos, loque le atormentaba demasiado; -que tenía anorexia y constipación, (razón por la cual había tomado ese día un purgante de citrato de magnesia,) y finalmente que ya no eran tan intensos los dolores articulares del principio de su enfermedad, pero que en cambio, sufría de una sensación de tensión en el hipocondrio derecho. En esos momentos (2 h. p. m.) estaba apirético (37°2), el pulso era medianamente amplio, blando y frecuente; había un soplo muy intenso en la base del corazón y en el primer tiempo, y un ruido de 18 trompo en los gruesos vasos arteriales del cuello, que ofrecían además á la palpación, estremecimiento ca- tario bastante manifiesto.-La respiración era acele- rada-El hígado, un tanto doloroso á la presión, des- bordaba el reborde de las falsas costillas.-El bazo no acusaba modificación alguna.-La orina presenta- ba los caracteres de una orina febril.-Hasta ese mismo instante se habían verificado tres cámaras, consecuencia de la acción del purgante deque hemos hablado antes. A las 5 de la tarde poco más ó menos, comenzó á quejarse de malestar, que fué seguido poco después de un violento escalofrío y de fiebre, que se prolongó hasta la madrugada del día siguiente. (La tempera- tura fué: 39°2 á las 6 p. m. y 37o 5 á las 7 a. m.) Durante el trascurso de aquella noche, su sueño fué sumamente agitado é interrumpido por pesadillas frecuentes que le hacían despertar fatigado y profi- riendo palabras incoherentes. Al aproximarse la mañana, comenzó á recuperar alguna tranquilidad, aunque quedando más postrado que en días anteriores. Justamente alarmado con el cuadro sintomático que observaba en mi amigo, y que me traía á la me- moria el de la anemia perniciosa [hasta entonces no había tenido ocasión de ver un solo caso de Liebre déla Oroya], puse en conocimiento de mi maestro de práctica, el Dr. Villar, el conjunto de síntomas que dejo apuntado-No siéndole posible al expresa- do profesor observar ese día al enfermo, me reco- mendó por el momento, le propinara sulfato de quini- na, á dosis masivas, asociado áun réjimentónico y re- constituyente. En la tarde de este día, así como en la del siguien- te, se inició y desarrolló nuevamente el cuadro mor- boso del día anterior, probando de esta manera la ninguna influencia del tratamiento empleado. Muy al contrario, la intensidad y gravedad de los sínto- 19 mas se hicieron mas notables, á tal punto que, á nuestro enfermo, le era ya casi imposible levantar si- quiera la cabeza de la almohada, sin que inmediata- mente le sobrevinieran vértigos, seguidos de vómi- tos. Fue entonces que se hizo necesario, á fin de que no expulsara los alimentos, administrárselos en de- cúbito.-La piel y mucosas se colorearon con un li- jero tinte sub-ictérico, que persistió hasta el fin; rea- pareció, al mismo tiempo, la constipación intestinal del principio.-El soplo cardiaco adquiría cada vez mayor intensidad; el pulso se hacía mas blando, depresible y frecuente, y la respiración continuaba siempre acelerada.-La anorexia era extrema; la so- la vista de los alimentos le provocaba náuseas.-En fin, se manifestó por primera vez sobresalto de ten- dones. Examinado el siguiente día (4? de su regreso), por el Dr. Villar, emitió este experimentado clínico, des- pués de minuciosa investigatión, el diagnóstico de "Fiebre de la Oroya", de pronóstico fatal. El tratamiento á que se le sometió fue el siguiente: inhalaciones de oxígeno (30 á 60 litros por día); in- yecciones hipodérmicas de citrato de hierro (5 á 10 centigramos); limonada rusa (1) [una copita cada dos horas,] alternando con una poción de quina ó con una tisana, agua vinosa ó gaseosa ó con cognac, se- gún la tolerancia. Como alimento, caldos, jugo de carne, vino de peptona, etc. No obstante esta enérgica terapéutica, la enferme- dad, aparte del descenso de temperaturaquese mantu- vo hasta el fin [36o 5 á 37o/ no declinó un solo ins- tante, avanzando rápidamente hácia una terminación desgraciada-En efecto, en la tarde del día posterior al de la iniciación dd tratamiento enunciado, apare- cieron los síntomas siguientes: embarazo de la pala- (i) Clorato de potasa 4 grm. Tnt. perclor, hierro 8 grm. Agua 500 grm. Acido clorhídrico 10 a 15 gotas. 20 bra, sub-delirio y carpología, remplazados poco des- pués por: delirio completo, crocidismo y coma, que se prolongaron hasta las 7 h. a. m. del siguiente día (21 de Mayo) en que sucumbió nuestro malogrado condiscípulo, en medio de una violenta agitación - No se hizo la autopsia. Antes de terminar, haré presente una circunstan- cia importante, que posteriormente vino á confirmar el diagnóstico de nuestro maestro en el caso que acabo de referiros. La familia que hospedó á Ori- huela en el pueblo de Surco, relacionada suya, ha- cía también muy poco tiempo que se había traslada- do á ese lugar y contaba entre sus miembros dos ni- ños, de 7 á 8 años uno y de 8 á 9 otro. El l.° enfer- mó poco después que nuestro amigo, presentando, se- gún nos refirió el padre, los mismos síntomas graves, la misma marcha y perniciosidad de la enfermedad que victimó á Orihuela, sucumbiendo, así mismo, al- gunos días más tarde que éste-El segundo, después de sufrir por un tiempo más ó menos largo, fiebre irregular y de apariencia poco grave, dolores articu- lares y musculares &.-todos los síntomas de la en- fermedad de Carrión, de forma benigna, presentó una erupción franca de verruga poco después de la muerte de su hermano. Obs. N? 3.-El Dr. Valentín Barrera y Bustos (de temperamento linfático, constitución regular y sin antecedente morboso notable) fué nombrado Médico titular de la provincia Huarochirí y se trasladó á Matucana en cumplimiento de su deber, á principios de Febrero de 1886. Pero ántes de su partida había sido atacado de fie- bre intermitente terciana, que desapareció fácilmente con el uso del sulfato de quinina. En los primeros días de su permanencia en el citado punto, donde existía, como existe hoy mismo, la Verruga, sufrió algunos escalofríos, seguidos de fiebre lijera, que des- pués desaparecieron expontáneamente. 21 Se hallaba muy bien, cuando en la primera sema- na de marzo fue sorprendido por una fiebre de tipo remitente, acompañada de quebrantamientos, dolo- res musculares y articulares de mediana intensidad y considerables pérdidas de fuerzas. Esta circunstan- cia, unida á la falta de recursos de todo género en el lugar de su residencia, le obligaron á regresar pre- cipitadamente á e-ta capital el 6 de dicho mes, des- de cuya fecha tuve ocasión de observarle muy de cerca hasta su fatal terminación. El cuadro de síntomas que ofrecía el Dr. Bustos era el siguiente: anemia general muy pronunciada (palidez extrema de la piel y mucosas); lijero tinte ictérico de las escleróticas y tegumento externo; lengua saburrosa; anoréxia; pulso blando y frecuente; soplo bastante notable en la base del corazón y en el primer tiempo; respiración acelerada; fiebre de ti- po remitente [38o en la mañana, 38o 5 á 39o en la noche según referencia del enfermo, que desde el principio se había observado con un buen temióme tro); infarto del hígado que desbordibaen uno á dos traveses de dedo, el resborde ce las falsas costi- llas, y lijero dolor á la presión del mismo; bazo nor- mal, á juzgar por la palpación y percusión; consti- pación intestinal, y finalmente orina febril. Durante los tres ó cuatro primeros días de su re- greso, tomó [por consejo de un compañero suyo que, como él mismo, creyó que se trataba de un simple envenenamiento palúdico,] fuerte dosis de sulfato de quinina, que no enmendaron absolutamente ninguno de los síntomas que acabamos de indicar. Fué entonces que reclamó los servicios del ilus- trado Dr. Moloche, que le asistió hasta el fin.-Este facultativo, teniendo en consideración la resistencia de la fiebre al antiperiódico, la saburra de la lengua, el dolor é infarto hepático y la lijera icteria que ofre- cía el enfermo, juzgó que se trataba de una fiebre remitente gástrico-biliosa, y le administró, en coase- 22 cuencia un purgante de calomel, ruibarbo y escamo- nea, seguido al otro día de nuevas dosis de sulfato de quinina. No estuvo solo el Dr. Moloche en esta opinión acerca déla enfermedad de Barrera. El Dr. Huapa- lla (Genaro) que al propio tiempo le asistía, partici- pó también de la misma creencia. El purgante que dejamos apuntado produjo algu- nas cámaras, é hizo desaparecer en parte la saburra de la lengua, modificando apenas el dolor é infarto del hígado.-Pero si bajo este punto de vista produ- jo algún buen resultado, no sucedió lo mismo sobre el estado general del paciente. En efecto, la prime- ra deposición producida por el drástico fué acompa- ñada de un fuerte vértigo, que hizo caer al enfermo del vaso en que se hallaba sentado.-Desde este momento comenzó á hacerse penosa para él la po- sición vertical y sostenida de la cabeza, pues á los po- cos instantes que permanecía en ella, sobrevenían li- jeros vértigos seguidos de náuceas. Como á pesar del tratamiento empleado, no se ob- tuviera mejoría alguna, se hizo necesario reunir una junta, que fué formada por los facultativos menciona- dos y mi respetable maestro.-El diagnóstico á que se arribó después de detenida discusión, fué el si- guiente: fiebre remitente palúdica. Se administró en consecuencia al enfermo nuevas cantidades de pre- parados de quinina asociados á un régimen tónico y reparador. Después de dos días de seguida esta medicación, el estado del enfermo, léjos de modificarse, continuó haciéndose cada vez más alarmante.-Se hizo, pues, necesario reunir por segunda vez una junta, que fué formada como la primera y como las que se hicieron más tarde, por los doctores Moloche y Huapaya, en su carácter de encargados de la asistencia inmediata de Barrera y además un nuevo comprofesor que, dife- riendo de la opinión formulada en la anterior con- 23 sulta y defendida aun por los facultativos que he nombrado, manifestó que su diagnóstico era el si- guiente: HEPATITIS CIRCUNSCRITA ANÓMALA. Co- mo consecuencia de esto, el tratamiento fue modifi- cado, quedando prescrito de esta manera: Poción de quina y canela etc. y ioduro de potasio al interior; vejigatorio sobre la región hepática. No seguiré detalladamente las pe'ipecias que su- frieron el diagnóstico y el tratamiento de la enferme- dad que llevó á la tumba á nuestro malogrado amigo, hasta que se formuló el de fiebre de la Oroya (dos últimas juntas), que fue confirmado como lo veremos más tarde, por la marcha de los síntomas y por la autopsia. Básteme decir que la divergencia de opiniones se debió sin duda al predominio, hasta cierto punto relativo, de los trastornos hepáticos, que ha- cían que la atención yjuicio de los médicos se diri- jiera de preferencia hacia la idea de una lesión del hígado; de allí los diagnósticos hepatitis circunscrita anómala, ^hepatitis difusa, &. sostenidos por algu- nos de ellos. Como ya he dicho antes, los síntomas, no obstan- te los diversos tratamientos empleados, continuaron su marcha progresiva, destruyendo rápidamente las fuerzas de que aún disponía el enfermo.-En efecto, la fiebre continuaba con su tipo remitente más órne- nos regular; la anemia era cada vez más intensa, lle- gando hasta el punto de obligar al enfermo á per- manecer forzosamente en el decúbito dorsal y provo- cándole un insomnio de lo más penoso [anemia ce- rebral]; el soplo de la base del corazón se prolonga- ba hasta los gruesos vasos del cuello, habiendo ad- quirido los caracteres del que se designa por los au- tores con el nombre de ruido de trompo; se notaba además, á la palpación de dichos vasos, estremeci- miento catario. El pulso era cada vez más blando y 24 depresible, conservándose siempre frecuente, así co- mo la respiración. Pocos días antes de su fallecimiento, se observó en la piel de la frente, hacia su parte media y en la del vientre á inmediaciones del ombligo, un punto rojo prominente, en todo semejante á los que presentó Carrión en la cara, y cuya analogía con los tumores verrucosos, en los primeros días de su aparición, no ofrecíala menor duda. - Desde este momento, e4 diagnóstico de b'iebre de la Oroya, puesto en evi- dencia por la naturaleza del exantema, si se me per- mite la frase, fué completamente aceptado por todos los facultativos, que posteriormente examinaron al paciente.-En consecuencia, se desechó del trata- tamiento todo aquello que no fuera tónico ó recons- tituyente y se instituyó la siguiente medicación: In- halaciones diarias de 30 litros de oxígeno; poción de quina, canela, vino, extracto de carne; un baño clorhídrico á 39o centígrados. Finalmente se resolvió la transfusión sanguínea, que desgraciadamente no tuvo lugar por diversas circunstancias que no es del caso enumerar. No obstante estos últimos esfuerzos, el infortunado Barrera sucumbió en la mañana del 16 de Abril, ha- biendo sido precedida la muerte de un descenso de temperatura (36o 5 á 37o, desde dos días antes), sobresalto de tendones, carpología y coma. Autopsia.-(1) No fué posible examinar sino los órganos de las cavidades toráxica y abdominal, ha- biéndose encontrado en estas las siguientes lesiones: anemia general de tejidos y visceras; el bazo dismi- nuido de volumen y reblandecido; el hígado, que fué objeto de una investigación más prolija, ofrecía, apar- (i) Fué practicada por los Drs. Mol oche y Huapalla y los estu- diantes de medicina E. Solari, y el que habla. 25 te de la anemia que hemos indicado y de un aumen- to de volumen algo considerable, un quiste sobre la cara convexa del lóbulo derecho y hacia su borde posterior, del tamaño de un huevo de paloma, poco más ó menos, perfectamente limitado, recubierto en su parte superior ó libre por la cápsula de Glísson y rodeado en el resto de su superficie por el tejido he- pático, que no ofreció, al menos á la simple vista, señal alguna de inflamación reciente ó de cirrosis. El contenido del tumor era de aspecto caseoso y te- ñido por la bilis ffué separado, para estudiarlo al microscopio; pero desgraciadamente se extravió an- tes de que se hubiera hecho el examen respectivo). La membrana quistica era sumamente grüesa y de consistencia casi cartilaginosa.-Como se ve, nada hay entre las alteraciones expuestas, que pueda ha- cer suponer siquiera que la enfermedad que victimó á Barrera fuese debida á la presencia del quiste, que por los caracteres que acabo de indicar, debió ser de data bastante atrasada. Queda sí explicado por él, el predominio relativo de los síntomas hepáticos du- rante la vida: icteria, dolor, etc. á que en otro lu- gar hicimos referencia. Para terminar diremos: que la sangre, de un rojo pálido, contenía en suspensión partículas rojo-oscu- ras. (i) Obs. 4--Hospital de San Bartolomé.-Servicio del Dr. Sala zar-Un caso de Fiebre de la Choya -ó de Verruga. (Historia recogida por el alumno Enrique Mestanza.) El 3 de Noviembre próximo pasado, ocupó la cama N° 14 de este servicio, el enfermo J. M. L. natural (i) No es de extrañar los pocos datos suministrados por la au- topsia, si se tiene en cuenta, lo difícil que es en la práctica civil llevarla á cabo. 26 de Tarma, de 25 años, de constitución mediana, temperamento linfático y de profesión labrador. Antecedentes.-Ha gozado siempre de buena sa- lud y no tiene herencia morbosa de ninguna clase, pues sus padres han sido también muy sanos. Re- fiere que á principios del mes de Octubre, encontrán- dose de tránsito en Cocachacra, fue acometido de fie- bres que lo obligaron á quedarse en ese pueblo du- rante algunos días. Sintiéndose algo mejor continuó su viaje á esta Capital, y tres días después de su lle- gada, fué enrolado en uno de los cuerpos del ejérci- to; pero como continuase enfermo, vino al Hospital el 27 del mismo mes, asistiéndose en otro servicio por tres ó cuatro días. De allí fué sacado para seguir á su batallón que se dirijía á los Departamentos del Interior, teniendo que regresar del pueblo de San Mateo porque la fiebre no lo abandonaba, y ocupó, con este motivo, la cama mencionada en el servicio del Dr. Salazar. Día 4 de Noviembre.- El enfermo presentaba el siguiente cuadro sintomatológ^co: Palidez notable, piel ardiente, temperatura axilar de 39°2; pulso regular, pero frecuente-126 por minuto; lengua li- geramente húmeda, saburrosa. El exámen físico de sus visceras no ofrecía nada notable, á excepción de un ruido de soplo anémico, bastante marcado en la región precordial. Se quejaba de cefalálgia y dolor en el epigastrio. Tratamiento'. 1 gramo 20 centigra- mos de polvos de ipecacuana, para tomar inmedia- tamente, y 60 centigramos de sulfato de quinina en la noche. En ésta, la temperatura fué de 38^9 y el pulso de 124. Día 5.-En la m mana: Temperatura 39?, pulso 124. El mismo estado que el día anterior. Trata- miento: sulfovinato de quinina 1 gramo y agua des- 27 tilada 80 gotas, para inyección hipodérmica. Sulfato de quinina 30 centigramos, mañana y noche. En la tarde: Temperatura 38o!; pulso 120. Día 6.-Continúa febril. En la mañana: Tempe- ratura 39o, pulso 120. Tiene algún apetito y se que- ja de sudores fríos abundantes, limitados á la cara. En vista de los síntomas observados y de la mar- cha de la enfermedad, dados los antecedentes refe- ridos por el enfermo, se diagnostica la pirexia cono- cida con los nombres de fiebre de la Oroya ó fiebre de Verrugas, quedando sometido al siguiente trata- miento: Acido fénico 0.50 gramos. Agua destilada 120 ,, Jarabe c. s. Una cucharada cada 2 horas. En la tarde, la temperatura fue 38o 8 y el pulso 12O. Este día tomó por alimento caldos y leche. Día y.-El mismo estado. En la mañana: Tem- peratura 38°2; pulso 106; respiración frecuente-32 veces por minuto; la palidez se acentúa más; las mu- cosas se presentan sumamente descoloridas, casi blancas, sobre todo la palpebral y labial; el sudor localizado es abundante y frío; se queja de pesadez en la cabeza y tendencia al sueño; éste es intranqui- lo, con halucinaciones; no puede sentarse, porque se siente acometido de vértigos; la epigastralgia conti- núa propagándose hacia el hipocondrio izquierdo; se queja también de dolores en las extremidades de los dedos de la mano; el soplo anémico es más pro- nunciado y se extiende hácia los vasos; la tendencia al vómito es constante. Tratamiento'. Inyecciones in- travenosas de un gramo de acido fénico, disuelto en 80 gotas de agua destilada. De esta solución se le 28 inyectaron las dos terceras partes en las venas me- dianas cefálicas. Se le prescribió la siguiente bebida: Infusión de serpentaria*. 120 grm Tintura de quina, Id. de valeriana Id. de almizcle aa. 4 „ Mistura alcanforada 15 ,, Para tomar una cucharada cada dos horas. Leche por alimento. En la tarde: Temperatura 37^9; pulso 100. En la noche, que fyé muy intranquila, hizo tres deposiciones. Día 8.-Fin la mañana: Temperatura 3799; pulso 106. Apesar de su estado de somnolencia, está muy inquieto; la disnea es marcada: 36 respiraciones por minuto; tendencia al vómito que apenas puede do- minar. Tratamiento', inyección intravenosa de ácido fénico, en la misma dosis que el día anterior y esco- giéndose esta vez las venas saLnas internas. Polvos de paulinia 2 gramos y sub nitrato de bismuto un gramo, tres veces. La misma alimentación. En la tarde: Temperatura 37°9, pulso 96. Durante el día y en la noche, ha habido cu itro cá naras. Día 9.-En la mañana: Temperatura 37^4; puLo '03; respiración 45 Continua eFestado de intranqui- lidad; ha vomitado una vez materias de color amari- llo verdoso; persiste el soplo anémico, que se hace cada vez más pronunciado y continúan los sudores localizados. Tratamiento'. Poción de Riviére. En la tarde: Temperatura 37oi; pulso 96. Comienza á pre- sentarse el estado semi-comatoso, cubriéndose labo- ca de una salival espumosa; y continuando ese estado, sucumbe el enfermo á la 1 de la mañana. 29 Necropsia.-Hígado ligeramente congestionado y aumentado de volúmen; pulmones exsangües; abun- dancia de líquido en el pericardio; los ganglios mesentéricos ligeramente infartados. Lo más nota- ble Je lo observado es la atrofia del bazo, cuyo peso sólo alcanza á 120 gramos. i_No podría referirse á esta atrofia, la anemia pro- funda y característica que se presenta en esta enfer- medad? Patogenia.-¿Cuál es la naturaleza de la causa geneiadori de la fiebre de la Oroya? ¿Cómo obra para provocarla? ¿En qué grupo nosológico se debe colocar la enfermedad de Carrión?-Hé aquí, seño- res, tres puntos sumamente importantes y al mismo tiempo sumamente difíciles de resolver con los esca- sos datos que poseemos al respecto. Ensayaremos, sin embargo, aunque faltos de autoridad, el emitir nuestra humilde opinión sobre el asunto. Desde luego, podemos avanzar desde este momen- to, que el agente que en ciertas condiciones motiva esta fiebre, es el mismo que provoca en otras la verruga ordinaria, es decir, el veneno de la Enfer- medad de Carrión, hablando en un sentido más ge- neral. Esto, que no era sino una simple hipótesis, muy fundada por lo demás, antes que tuviera lugar la inoculación de Carrión, encontró en tan decisivo experimento, su comprobación más completa, de- jando de esta manera fuera de duda la unidad etio- lógica y patogénica de la verruga eruptiva y de la fiebre de la Oroya. Pero, subsiste siempre la pregunta ¿en qué con1 siste, qué cosa es ese agente? La manera más na- tural de resolver el problema, sería indudablemente buscarlo y caracterizarlo; pero como esto parece un poco dificil, por lo ménos por ahora, busquemos en otras fuentes los datos que puedan ilustrarnos, que 30 puedan hacernos vislumbrar siquiera su verdadera naturaleza. Tomemos para esto, como punto de partida, la clasificación tan sencilla como exacta que hace de los procesos patógenos el Prof. Bonchard de París, (i) clasificación que no obstante el número de años tras- currido desde que fue propuesta por primera vez, en- cuentra cada día en los nuevos descubrimientos ma- yor apoyo y solidez. Según ese eminente discípulo del ilustre Charcot el estudio de la patogenia puede reducirse á los cua- tro tipos siguientes: i? las distrofias elementales pri- mitivas; 2? los reflejos nerviosos patológicos; 30 los trastornos generales de la nutrición, y 4? las infecio- nes.-Las primeras no son otra cosa que los efectos de las causas aplicados directamente sobre las célu- las del organismo, sin ningún intermediario. Com- prenden todas aquellas circunstancias en las que el organismo es impresionado por un agente físico, quí- mico ó mecánico, desde la caida del rayo hasta las intoxicaciones.-Los segundos, perfectamente cono- cidos, no contribuyen sino creando la predisposición ú oportunidad morbosa. Pueden engendrar espas- mos, estados paralíticos pasageros; pero no produ- ducen el verdadero estado morboso.-Los trastornos nutritivos explican la aparición de muchas enferme- dades agudas y la existencia de todas las enferme- dades crónicas. Son ellos los que constituyen las diátesis perfectamente definidas por aquel autor, di- ciendo: que son las modificaciones de la nutrición que preparan, provocan y mantienen las enfermedades. Finalmente, el cuarto proceso patógeno, es el de la infección ó contagium vivum, y comprende el tan importante grupo de las enfermedades ó afecciones contagiosas,infecciones virulentas trasmisibles.-An- (i) "Los grandes procesos patógenos"-Apertura del curso de Pa- tología y de Terapéutica generales .Por el Profesor Ch. Bouchard.- Crónica Médica de Lima, tomo 2,"-Traducción de L. Avendaño. 31 tes de seguir observaremos, de acuerdo con M. Bou- chard, que los pioccsos patógenos, rara vez están ais- lados y que son necesarios muchos para constituir la enfermedad. Así, por ejemplo, si tomamos las en- fermedades microbianas, veremos que en ellas la génesis no está constituida por el microbio solo; que no resultan únicamente del encuentro fortuito del hombre con el microbio, que incesantemente se acercan. Sucediendo con la patogenia lo mismo que con la fecundación: la materia fecundante está ex- tensamente repartida por la superficie del globo y sin embargo la fecundación no se realiza sino en ciertas condiciones especiales. Los agentes pa- tógenos que asaltan al hombre sano, rara vez en cuentran realizadas las condiciones favorables para su desarrollo. El hombre sano no es hospitalario con el /microbio: reacciona contra el intruso y las mas ve- ces lo domina en la lucha. Pero del mismo modo, continúa ese Profesor, que en la naturaleza los juncos vejetan á veces en terre- nos hasta entonces estériles, cuya composición qui- mica ha modificado la irrigación,-igualmente las modificaciones realizadas en los medios químicos del hombre, cuando las células de su cuerpo elaboran anormalmente algo, hacen posible el desarrollo de los parásitos. Estos no pueden, pues, ejercer sobre el hombre su acción patógena sino á favor de una mo' dificación prévia de la nutrición. Aquí, como se vé, nos encontramos en presencia de otro proceso patógeno: el de los trastornos nutrí, tivos. Ahora bien: en posesión de estos datos, razone- mos un poco y veamos si podemos llegar por ex- clusión, á clasificar la Enfermedad de Carrión en uno de los cuatro grandes procesos patógenos del Prof. Bouchard. - Desde luego, no nos detendre- mos mucho en los dos primeros, porque la inocu- labilidad, caracteres clínicos, marcha, neoplasmas, 32 etc., que caracterizan la Enfermedad de Carrión, no podrían encontrar nunca explicación ni cabida en ellos. Pasemos pues al tercero. Sin negar el importan- tísimo papel que, sobre todo en el desarrollo de la forma aguda de esa enfermedad, juegan los trastornos nutritivos (papel del que nos hemos ocupado, al tra- tar de la etiología), no creemos sin embargo que con fundamento pudiera considerarse entre ellos, la en- fermedad que estudiamos, y no entre otras, por las dos poderosas razones siguientes: i? por ser ino- culable (la Enfermedad de Carrión) y 2?- por la cir- cunstancia, muy especial, de no presentarse sino en ciertas y determinadas localidades-en el Perú y solo en algunas quebradas, sin que jamás se la haya observado en ningún otro punto del globo. Si no es un trastorno nutritivo, ¿cómo es que no se la ha visto en alguna época en otros países distintos del nuestro? ¿Qué razón habría para que así no sucediese?- No es posible pues, sin forzar los hechos, hacer entrar la Enfermedad de Carrión en la categoría del tercer tipo patogénico del profesor Bouchard.-Llegamos al cuarto grupo: el de la infección. Analizémoslo un poco, ántes de continuar. En primer lugar, veamos qué debe entenderse en la actualidad por infección, agen- te infeccioso y enfermedad infecciosa. Para nosotros la infección es el acto en virtud del cual se produce una determinada enfermedad bajo la influencia de un veneno particular, diferente de los venenos ordinarios, y que puede multiplicarse indefinidamente, colocado en condiciones favorables. Agente infeccioso, es el ve- neno particular reproductible, que interviene en la infección. Como se comprende, este agente es un ser vivo, de lo contrario no sería reproductible. Enfer- medad infecciosa, es aquella que, según se sabe ó al ménos se presume, es debida á un veneno parti- cular, diferente de los venenos ordinarios, en la que puede éste multiplicarse indefinidamente, una vez co- locado en condiciones favorables (definición dada por 33 los Prof. Bernheim y Liebermeister). Definamos ahora los términos-contagio, agente contagioso y virus. Según el Profesor Bernheim, el contagio es el acto por medio del cual, una enfermedad determinada se comunica de un individuo que la padece, á otro sano, por contacto mediato ó inmediato, á expensas de un principio material que emana del cuerpo del primero, cualquiera que sea su origen primitivo, y que se multiplica en el sujeto al que se ha trasmitido. Seda el nombre de contagio, dice el Profesar Schmitt de Nancy, (i) (agente contagioso decimos nosotros, para expresar mejor la idea y diferenciar clara- mente, contagio-acto, de contagio-agente) al prin- cipio por cuyo medio se trasmiten las enferme- dades contagiosas. En ciertos casos, continua dicho Profesor, puede ser recojido directamente este princi- pio en el enfermo, incorporado al pus, á la serosidad, á la sangre y ser trasplantado sobre otro organismo; el contagio (agente contagioso para nosotros,) se lla- ma entonces virus, y la enfermedad que se reproduce se denomina inoculable. "No todos los contagios son virulentos y el térmi- no "contagiosidad" no es sinónimo de "inoculabili- dad"; para que un contagio sea virus, es necesario que sea fijo, es decir, que emane del organismo, incor- parado á un vehículo sólido ó líquido inoculable; pero el contagio puede ser volátil, es decir, encontrarse sus partículas muy ténues en suspensión en el aire expira- do, ó bien en los productos de la evaporación cutá- nea, flotando en la atmósfera más ó ménos concentra- do, á fin de permanecer eficaz á una distancia á veces considerable". Digamos, por último señores, cuales son los carac- teres principales comunes á la mayoría de las enfer- medades infecciosas. En primer lugar, tenemos el (i) - "Microbios y enfermedades" por el Dr. J. Schmitt - Versión española. 34 ser inoculable. En efecto, en la actualidad se puede establecer, sin temor de equivocarse, el siguiente prin- cipio: toda enfermedad inoculable es infecciosa. No así la contraria, por ahora, porque existen ciertas mor- bosis infecciosas, el sarampión, por ejemplo, que hasta el día no ha sido posible inocularla con éxito; pero, en rigor, esto no demuestra sino que los experimen- tadores no se han colocado, ó mejor dicho, no cono- cen aún perfectamente las condiciones determinadas, que son necesarias, para que los agentes de aquellas enfermedades puedan vivir y desarrollarse. La vida, en cualquier organismo que se la considere, no pue- de manifestarse, según nos lo enseña la Fisiología, sino en ciertas y determinadas condiciones, distintas para cada grupo de seres organizados. Mientras no se conozcan estas condiciones, no se puede, pues, ob- tener resultado. En segudo lugar, el ser específicas; es decir, que el agente que las enjendra es especial para cada una de ellas y distinto de los demás. Nin- guna influencia física, mecánica ó técnica, dice Sch- mitt, será suficiente para producir una enfermedad infecciosa; jamás se determinará la sífilis, sino por la introducción del agente sifilítico en la economía; si se inocula á un individuo virus variólico ó vacuno, y al- gún resultado se obtiene, será siempre la viruela ó la vacuna. Esto, sin embargo, c( mo lo veremos mas adelante, no es tan absoluto. En seguida tenemos, que su agente es rcproducti- ble. Este carácter, que les es común con las enferme- dades parasitarias, las distingue, en lo absoluto, de las demás especies morbosas. Dna cantidad imper- ceptible de vacuna, dice el Profesor Liebermeister, basta para producir en un niño la erupción de pús- tulas vaccinales; cada una de éstas puede servir á su vez para inoculará otros io y así sucesivamente: loo, i.ooo, 10.000 niños, pueden ser inoculados de este modo; la multiplicación del agente infeccioso no ten- drá límite, sino el día en que no exista yá un indiví- 35 dúo capaz de adquirir la enfermedad.-Y el estudio de la fiebre intermitente, agrega Schmitt, nos presen- ta también un agente, que si nó se trasporta de un sujeto á otro, se multiplica, sin embargo, en ciertas condiciones técnicas. Por último y para.no extendernos demasiado, las distingue especialmente el presentar en su evolución un período de incubación más ó menos largo. Examinemos ahora los caracteres principales de la enfermedad de Carrión, considerado en sus dos formas. - Pero, veamos antes qué consideraciones se desprenden del atrevido experimento que tan heroi- camente llevara á cabo el inmortal Carrión. Tomada en la punta de una lanceta una pequeñí- sima cantidad de sangre de un verrucoso en vía de curación, é inoculada en Carrión por cuatropicaduras, se desarralló en él, después de veinte días de silencio sintomático, la enfermedad conocida hasta entonces simplemente con el nombre déla Fiebre de Oroya. De aquíconcluyentodos, sin más raciocinio, que la Verru- ga y la Fiebre de la Oroya, no son sino manifestaciones de una misma enfermedad. Pero, podemos pregun- tar: ¿la enfermedad que victimó á Carrión, diagnosti- cada Fiebre de la Oroya, fué realmente una forma grave ó agud i de la Verruga peruana, ó fué una in- fección distinta, una afección de otra naturaleza, de- bida á un germen diverso del de aquella, que pene- tró accidentalmente en su organismo durante la ino- culación? ¿Existe algo en la historia de esa memo- rable experiencia y de sus consecuencias, que pueda desvanecer la duda?-Además, aún aceptando que solo el agente verrucógeno hubiese sido el único en penetrar durante dicha inoculación, no se podía con- cluir de esto, sin otra razón, que la enfermedad que se desarrolló en el experimentador debió ser también de naturaleza verrucosa. En efecto, bastará para convenceros de mi aserto, trascribir los términos con que el sabio Profesor 36 Duclaux se expresaba (en sn curso de la Sorbona- 1885 á 1886), respecto del rol patogénico de los mi- crobios (1) He aquí un microbio patógeno que ha pene- trado en un organismo vivo, ha pauladoen él, y pro- ducido trastornos masó menos graves. ¿Quiere esto de- cir, que hay una relación necesaria entre la presen- cia de este microbio particular y la producción de esta enfermedad especial? ¿Cada enfermedad tiene su microbio? ¿Cada microbio produce su enfermedad específica? No, responde atrevidamente M. Duclaux á esta pregunta; un mismo microbio no dará siempre la misma enfermedad. La vía de penetración tiene desde luego gran influencia. De ella depende la na- turaleza y el lugar de las primeras células atacadas y por consiguiente las repercusiones diversas de que se hace asiento el organismo y cuyo conjunto da á la enfermedad su facies patológica particular. Así, la inoculación sub-epidérmica del virus vacuno en el caballo, produce la erupción cutánea vaccinal or- dinaria. La inyección intra-vascular del mismo virus, no produce siempre un exantema; frecuentemente no se manifiesta ningún signo local ó especial de la enfermedad, salvo una mínima y pasajera elevaron de la temperatura; y sin embargo, la inyección ha trasformado el organismo y le ha comunicado inn.u- nidad respecto de una nueva inoculación en la piel. NI. Duclaux ha visto á un micrococcus encontrado en un clavo de Biskra, poder producir, según el modo de penetración, tres enfermedades diversas: una afeción en la piel, una pericarditis y una purulencia de las vértebras. Contrariamente á una opinión que se ha esparcido con demasiadít rapidez, concluye M. Duclaux :el (i) Dictionnaire Encyclopedique des Sciences médicales- - lie. serie, vol. 36, art. Etiologie médicale.-Brochan. 37 mismo microbio no produce, pues, siempre la misma enfermedad. " Pues bien, señores, no obstante lo dicho, creo que la enfermedad que llevó á la tumba á nuestro malo- grado compatriota, fue la forma aguda más grave de la verruga peruana, y que esta misma forma no es otra cosa que la piréxa conocida desde tiempo atrás con el nombre deFlEBRÉDELA Oroya.-Las razones en qué me apoyo para opinar de este modo, son las siguientes:-Enler. lugar, los síntomas que se obser- varon en Carrión y que todos conocéis, son precisa- mente los que se observan de ordinario en la verruga eruptiva: fiebre, dolores, anemia etc.; con la única di- ferencia de haberse presentado en él exesivamente agravados é intensos. Por otra parte, estos mismos trastornos son los que constituyen y caracterizan la enfermedad que se ha llamado fiebre de la Oroya. -Pero, si esto fuera lo único que pudicrámos adu- cir en apoyo de nuestras ideas, creo que no hubiéra- mos adelantado gran cosa:-¡cuantas enfermedades, anemias graves especialmente, no presentan estos mismos síntomas, ú otros más ó menos idénticos! Lo único que á nuestro modo de ver viene á dilu- cidar completamente el punto en cuestión, es el ha- berse presentado en Carrión, al 6? día del período de invasión de su enfermedad, una erupción de ve- rruga en la cara, bajo la forma de manchitas sanguí- neas como picaduras de pulga [i].-Igual cosa su- cedió en Barrera [Obs. N? 3], aunque algo más tar- de.- Para el que haya observado alguna vez, desde el principio, la marcha de los tumores verrucosos cutáneos, no le será difícil reconocerlos y distinguir- los de las petéquias con que podría confundírseles, en los primeros días de su aparición, donde quiera que se presenten. Actualmente existe en la cama N? (i) Diario de observación de Carrión, publicado en un folleto titu- lado: La Verruga peruana y Daniel A. Carrión. 38 10 de la sala de la Virgen [hospital de Sta. Ana], servicio de Clínica quirúrgica, una enferma de verru- ga eruptiva, en laque hemos podido estudiar perfec- tamente esa faz del neoplasma verrucoso. Pre- cisamente existen hoy en la piel de la parte interna del pié derecho de dicha enferma, algunos puntitos rojos, como picaduras de pulga, lijeramente promi- nentes (carácter solo apreciable á la vista, pues al tacto no se le percibe) que me han ofrecido la mayor semejanza con los que tuve ocasión de observar en Carrión y Barrera. Los alumnos que frecuentan aquella clínica, á los que llamé la atención sobre el asunto, han podido apreciar los caracteres que acabo de señalar. Ahora bien, ninguna enfermedad infecciosa que no sea la verruga puede provocar semejante erup- ción, luego la conclusión se impone: lo morbósis que victimó á Carrión fué de naturaleza verrucosa; y como dicha morbosis presentó todos los caracteres que han servido para diferenciar y constituir lo que se ha llamado fiebre de la Oroya, claro es que ésta y la verruga ordinaria ó eruptiva, no son sino dos formas de una sola entidad mórbida: la Enfermedad de Ca- món. Reasumiendo, resulta de todo lo expuesto: que la enfermedad de Carrión es inoculable [aunque no existe hasta el presente, sino un solo caso de inocu- lación, lo creo bastante para dará la enfermedad ese carácter], es decir, virulenta, trasmisible; que ade- más presenta los caracteres principales que hemos señalado á las enfermedades infecciosas: especifidad fsolo puede ser provocada por el virus verrucoso), multiplicidad de su agente productor (puesto que es inoculable), incubación en su marcha, etc.; luego pertenece forzosamente al cuarto tipo patogénico del Profesor Bouchard: el de las infecciones. ¿Como obra el virus verrucógeno, para provocar la enfermedad? Lo verifica, produciendo modificacio- 39 nes químicas en la sangre y los tejidos, ó elaborando un fermento soluble, un veneno especial?-Lo único que podemos decir á este respecto, es que ese agen- te dirije de preferencia sus ataques al elemento glo- bular rojo de la sangre. Como quiera que, á pesar de lo dicho, falta aún muchísimo para establecer definitivamente y sobre bases sólidas la anatomía patológica y la patogenia de la Lnfermedad de Carrión, y como solo se puede llegar á ese resultado mediante nuevas inoculaciones (en animales), nuevas y numerosas experiencias, he emprendido, aunque falto de competencia, lo confieso, tan provechoso y útil camino, inoculando en algunos animales sangre verrucosa recientemente extraída (3 cobayas-1 pollo), que suelen contraer la enfermedad en los lugares de endemia. Antes de pasar al estudio del diagnóstico, voy á permitirme decir dos palabras acerca de una opinión emitida por algunos facultativos, respecto de la ver- ruga eruptiva y de la Fiebre de la Oroya. -Se cree que estas dos afecciones no son sino dos períodos de una sola enfermedad; es decir, que la Fiebre de la Oroya no es sino el período de invasión, el período de fiebre anemizante de la verruga eruptiva.-Esta apreciación de los hechos nos parece completamente equivocada.-En efecto, las historias clínicas que nos sirven de estudio, nos manifiestan claramente que en los cuatro individuos á quienes se refieren, la Fiebre de la Oroya ha sido Fiebre de la Oroya desde el principio; que en su sintomatología y marcha han presentado, desde el primer momento de la invasión, un carácter de gravedad y acuidad tales, como no se encuentran nunca, que yo sepa, en la verruga erupti- va. Pasa aquí, entre la Fiebre de la Oroya y la Verruga, lo que, tratándose de le malaria, entre la perniciosa y la intermitente terciana. Ambas son expresiones de una sola entidad morbosa: la infec- ción palúdica; pero al mismo tiempo son también 40 dos formas diferentes. A nadie se le habrá ocurrido decir que la perniciosa es el período de invasión de la intermitente, ni vice-versa. Y si alguna vez la perniciosa, mediante el tratamiento, en lugar de cu- rarse por completo se transforma en terciana', ó si al contrario una intermitente, por falta de tratamiento etc, se transforma en perniciosa, esto no quiere decir absolutamente que ellas sean dos períodos de una morbósis: de ninguna manera.-Lo mismo sucede en el caso de que tratamos.-Si alguna vez la Verruga se transforma en Fiebre de la Oroya, ó ésta en aque- lla, esto jamás podrá demostrar ó indicar, que ellas son dos períodos de la enfermedad de Carrión: la una es intoxicación lenta, crónica, atenuada si se quiere; la otra es intoxicación rápida, intensa, agu- da.- Hay pues, como se ve, una gran diferencia. Diagnóstico.-Como primero y más esencial ele- mento de diagnóstico, en el caso presnte, debemos señalar la procedencia del enfermo.-La anamnesia tiene pues aquí una inmensa importancia práctica.- Y no podía ser de otro modo, toda vez que la fiebre de la Oroya es endémica, como la verruga eruptiva, de ciertas y determinadas localidades. Un individuo que jamás ha estado en ellas, no podrá por lo tanto presentarla. Descartando las enfermedades que no tienen se- mejanza alguna con la Fiebre de la Oroya y aproxi- mándola á las anemias febriles graves, que guardan con ella cierta analogía y algunas de las cuales son relativamente frecuentes en los lugares de endemia verrucosa, tratemos de hacer el diagnóstico diferen- cial. En primer lugar, tenemos: la anemia epidémica de los mineros (anemasa, enfermedad de los mineros). Basta describirla para apreciar las diferencias que la separan ne la Fiebre de la Oroya. Oigamos al res- pecto la autorizada palabra del Profesor Littré de 41 París: (i) «Enfermedad que ha reinado, dice, epE démicamente entre los obreros de las minas Invasión marcada por cólicos violentos, dificultad de la respiración, palpitaciones, postración de fuerzas, meteorismo del vientre, deyecciones verdes y negras. Este estado dura 10, ó 12 días y más.-Se calman entonces los dolores abdominales, el pulso queda dé- bil, concentrado acelerado; la piel se descolora y to- ma un tinte amarillento; la marcha es penosa, la ca- ra abotagada; hay sudores habituales; deterioro lento y progresivo, emaciación; en fin, los primeros sínto- mas se renuevan con dolores de cabeza, desfalleci- mientos frecuentes, intolerancia de la luz y del soni- do, diarrea y muerte. La piel queda descolorida. Esta enfermedad es crónica, y dura á menudo, un gran vú nieto de vieses. Los marciales son los que obran mejor.» La anemia febril de los ferrocarriles ó fiebre de los ferrocarriles, es otra especie morbosa que tiene mu- chos puntos de contacto con la Liebre de la Oroya, sobre todo la llamada de Panamá. - A no ser por la procedencia del enfermo, creo que difícilmente pue- de hacerse el diagnóstico diferencial entre la Liebre de la Oroya y la de Panamá. En efecto, en los muy pocos casos verdaderos que de esta última pirexia he observado, se han presentado síntomas completamen- te semejantes á los que caracterizan la Liebre de la Oroya, sin que fuera posible establecer diferencia al- guna. Sin los antecedentes, la duda no habría sido resuelta. Esta misma observación ha podido hacer el Dr. Ríos, en los 15 días que permaneció en Panamá [Marzo de 1885] y en los que visitó algunos atacados de la fiebre de la línea, tan mortífera en el Itsmo. La anemia perniciosa progresiva, que podría en (i) Dictionnaire de Médecine. 42 algunos casos confundirse con la Fiebre de la Oroya, se distingue sin embargo por numerosos caracteres. -Para mayor claridad, trascibiré la descripción de su sintomatología, hecha por el Profesor Jaccoud, (i) dice así: "esta afección está caracterizada por los sín- tomas nerviosos de la anemia, por el aspecto hidro- anémico de la cara, por una pérdida absoluta y te- náz del apetito, con todo el conjunto de accidentes dispépticos; hay ruidos de soplo en el corazón y los vasos cervicales; he observado dos veces soplo en cada uno de los focos de auscultación del corazón. Hay además, numerosas hemorragias capilares, que tienen lugár frecuentemente en la retina (con ó sin trastornos visuales notables) en las capas retinianas más internas, en la circunferencia de la papila y á lo largo de los vasos; las otras hemorragias más comu- nes son la epistaxis, metrorragia y petequias', vienen en último lugar las que se realizan en las meninges ó en el cerebro mismo. En casi todos los casos hay fiebre; que es más ó menos precoz, pero nunca inicial', es irregularen su aparición, parece una fiebre conti- nua moderada, pero presenta á menudo grandes os- cilaciones y es entrecortada por largos períodos api- réticos. En los días que preceden á la muerte, cesa la fiebre, y en la agonía, cae la temperatura á 35o y aún 34° centígrados. Es de regla observar cierta gordura en los enfermos. La diarrea es tan frecuen- te como rara en la clorosis simple; sucede lo mismo con el edema caquéctico; también se observa á veces vómito tenáz.-La orina no contiene albúmina.- La muerte es la terminación ordinaria, pero no constan- te de la enfermedad. . .-Agregaremos á esto, que su duración es por regla general muy larga. Hay finalmente otra anemia grave, provocada por la presencia en el tubo digestivo del ankilostoma duo- denalis, y que se distingue fácilmente de la Liebre (i) Pathologie interne. 43 de la Oroya, por las hemorragias intestinales á que dá lugar. Además se puede encontrar dicho pará- sito en las deposiciones. Por último, la diátesis linfógena (Jaccoud), puede presentarse revistiendo los caracteres de la Fiebre de la Oroya, pero su diagnóstico es fácil y sencillo: bas- ta examinar la sangre, con el auxilio del microscopio; en la primera, hay un aumento permanente y cons- tante de glóbulos blancos sobre glóbulos rojos, por nueva formación de aquellos; en la segunda, hay destrucción de estos últimos y como consecuencia predominio del número de los primeros relativa- mente á su proporción normal (en la sangre). Pronóstico.-En mi humilde concepto y á juzgar por las observaciones que me sirven de base, el pro- nóstico es fatal. Tratamiento.-"Hace algunos años, dice el prof. Bouchard en una de sus últimas lecciones, que esta- blecer la naturaleza infecciosa de una enfermedad ó de un accidente morboso, parecía que era suficiente para la interpretación patogénic¿< y para la aplicación terapéutica; se pensaba que así se había explicado la enfermedad y se había indicado el tratamiento que le convenía. No tendríamos hoy esta seguridad, por- que se ha penetrado más profundamente en el co- nocimiento de la infección y de la virulencia. Com- prendemos que el agente infeccioso, emplea proce- dimientos diversos; que la enfermedad virulenta no es, como se creía, una lucha cuerpo á cuerpo entre los microbios y las células animales, ó al menos que este conflicto no es más que una circunstancia acci- dental ó accesoria en la lucha, y que la acción di- recta, ofensiva se dirige tal vez con mayor frecuencia por las células contra los microbios, que por los mi- crobios contra las células: que es más bien un pro- cedimiento de defensa del organismo, que un medio de ataque del elemento patógeno. Hemos conocido que el mayor número de veces los microbios son 44 nocivos, no por sí mismos, sino por los venenos que segregan;"-Teniendo en cuenta estas nociones, veamos ahora cuál es el tratamiento más racional, que ofrezca mayores probabilidades de éxito en la enfermedad que nos ocupa.-Desde luego, no ha- biéndose hasta hoy aislado, ni caracterizado el agen- te productor de esta pirexia, no conociéndose abso- lutamente las condiciones favorables ó desfavorables ásu desarrollo y pululación, ni mucho ménos, las sustancias que ejerzan sobre él una acción tóxica de- cisiva, creemos que el tratamiento más inaceptable y más peligroso que puede oponerse á la fiebre de la Oroya en la actualidad, es el de los antisépticos y sobre todo el de las inyecciones intravenosas de so- luciones de ácido fénico, usados por algunos de nues- tros prácticos. ¿Saben acaso ó tienen seguridad nues- tros ilustrados colegas, de que el ácido fénico, en la proporción en que lo colocan en la sangre, impe- dirá el desarrollo ó matará el micro-organismo pa- tógeno? ¿Están seguros, de que en el caso muy pro- bable por cierto (á juzgar por lo que hoy se sabe acerca de la fisiología patológica de los microbios) el microbio que produce la pirexia en cuestión, obre, no directamente por sí mismo, sino por los productos tóxicos que segregue, fruto de su actividad vital, ó en el de que actúe de los dos modos, como me in- clino á creer, están seguros, repito, de que él ácido fénico que introducen en el enfermo por la vía intra- venosa (i) neutralizará, ó precipitará, ó quemará, ó hará eliminar del organismo dicho veneno? No creo pues, que por ahora debamos dar la preferencia á ese tratamiento; no veo la razón para tal preferencia. Pasemos á otro que ha sido también empleado y que al ménos es más lógico y más clínico, que el an- terior. Este es el que tiene por base los preparados (i) Sobre todo en las épocas más avanzadas del mal como lo han hecho hasta ahora. 45 de fierro, asociados á los de quina, canela, valeriana etc., inhalaciones de oxígeno, vino etc. No entraré á estudiar la acción fisiológica del fierro, al que se dá la preferencia en este segundo tratamiento, acción fi- siológica que al presente creo no está aun definitiva- mente resuelta, y me declaro abiertamente en con- trade la administración de los marciales desde el principio de la enfermedad, opinando porque sean re- servados para el periodo de declinación, en el que aún los reemplazaría, ^con la hemoglobina á alta do- sis.- He aquí mis razones: Las únicas lesiones, que no admiten duda y que está demostrado que exis- ten constantemente en la Enfermedad de Carrión,son las que tienen su asiento en la sangre: destrucción rápida de los glóbulos rojos, cuyo número desciende hasta el punto de hacerse incompatible con la vida. Pues bien, di:en probablemente los partidarios de los ferruginosos, demos fierro al organismo, para que éste pueda formar glóbulos rojos y reemplazar los destruidos. - Pero, pregunto yó, ¿qué consiguire- mos introduciendo en la sangre el máximum de fie- rro posible, dado el caso improbable de que la absor- ción no estuviese entrabada, si no se trata únicamen- te de una modificación simplemente química de ese humor, sino también y principalmente de una lesión vital profunda, localizada de preferencia en el gló- bulo rojo, lesión vital que modificando asi mismo muy probablemente los órganos hematopoyéticos, se opone á que el fierro sea utilizado porellos?-Oeo pues, por lo tanto, que debemos dirijirnos de pre- ferencia(i) á estimular la actividad vital del orga- nismo, á procurar por todos los medios, volver ó lla- mar al tipo normal la funcionalidad de elementos y órganos; solo de esta manera lograremos que reac- cionando contra el elemento nocivo el organismo en [i] Por ahora y mientras se conoce perfectamente el agente pa- tógeno. 46 totalidad, pueda vencerlo ó destruirlo. Entonces y solo entonces podemos y debemos, administrando fierro, ayudar á la economía á reparar sus pérdidas.- Hé aquí señores, puesto en evidencia la utilidad de guiarse siempre por una doctrina, al emprender el tratamiento de ,una enfermedad. No olvidar nunca que al lado de las modificaciones químicas, hay tam- bién en el ser organizado modificaciones vitales. En conclusión opino (declarando, desde hugo, que no cuento en mi apoyo ningún^ observación, como no la cuentan tampoco favorable, que yo sepa, los partidarios de los otros tratamientos pues, á juzgar por las historias que tenemos á la vista, no han con- seguido éxito alguno) opino, repito, porque durante el periodo de invasión y mientras no se consiga cambio alguno favorable, se debe administrar con la mayor constancia posible y como base del tratamiento, el alcohol á dosis moderadas, bajo la forma de vino ó poción de Todd, asociado al extracto de quina. Apar- te del buen resultado que siempre se obtiene del uso del alcohol en la mayoría de las enfermedades infec- ciosas febriles, resultado por nadie contradicho, tene- mos en el caso presente la ventaja de que, congestio- nando algo el cerebro, se modificarían los síntomas vómito é insomnio, tan penosos como perjudiciales para el enfermo, debidos como sabemos á la anemia del encéfalo. Se podría entonces administrar al en- fermo, como alimento, leche, caldos con vino, extrac- to de carne, por pequeñas cantidades, ó preparados de peptona, á fin de que sean soportados y dijeridos sin gran trabajo por ese estómago anemiado. Se aso- ciarían así mismo á este tratamiento inhalaciones diarias de 30 á 60 litros de oxígeno (poderoso he- matósico). Si mediante este régimen se consigue me- jorar notablemente al enfermo, se liara uso entonces sin cambiar por eso absolutamente el régimen pres- crito, de la hemoglobina, comenzando por tres gra- mos diarios, para ascender sucesivamente hasta doce. 47 Poco importa para el tratamiento, que aparezca ó nó la erupción verrucosa, se le debe continuar sin tre- gua.-Quedan por lo tanto absolutamente contra in • dicadas todas aquellas medicaciones ó agentes que de algún modo pudieran hacer perder fuerzas al pacien- te, tales como purgantes, vomitivos, sudoríficos po- derosos, &. Finalmente, si lejos de mejorarse agrava el estado del enfermo, debe sin demora practicarse la transfu- sión sanguínea y no esperar tímidamente el último momento, para que el fracaso que entonces se ob- tenga, desacredite injustamente esta salvadora ope- ración. Obs. N? 2.- Historia de la enfermedad de Carrión (i)-El 27 de Agosto de 1885, á las 10 h. a. m. ob- tuve (no sin dificultad] de mi amigo el Dr. Evaristo M. Chavez, que me practicára cuatro inoculaciones, dos en cada brazo, cerca del sitio en que se hace la vacunación. Dichas inoculaciones se hicieron con la sangre inmediatamente extraída por rasgaduras de un tumor verrucoso de color rojo, situado en la región su- perciliar derecha, del enfermo Cármcn Paredes, acos- tado en la cama N9 5 de la sala de Nuestra Señora de las Mercedes, perteneciente al servicio del Sr. Dr Villar. A los 20 minutos comenzaron á manifestarse algu- nos síntomas locales, tales como una comezón bas- tante notable, seguida después de dolores pasajeros que desaparecieron á las 2 horas siguientes. No han habido síntomas de inflamación, todo ha desapare- cido sin dejar vestigio alguno. Hasta el 7 de Setiembre en la mañana, no he teni- do absolutamente nada: en la tarde de este día he sentido un lijero malestar y dolor en la articulación (i) Llevada por él mismo y publicada en un folleto titulado: La Verruga Peruana y Daniel A. Carrión.-Lima, 1886 48 tibio-tarsiana izquierda, que me molestaba para la marcha. Durante la noche he dormido perfectamente bien. El 18 en la mañana, me hallaba bastante bien, en la tarde ligera descomposición de cuerpo, y la noche en estado normal. El 19 por la mañana, como en el día anterior; en la tarde el malestar se marco bastante, como nunca; en la noche á las 8 he tenido un calambre fuerte en la extremidad abdominal derecha. A las 1 1 y 30 gran decaimiento y postración, media hora después fortí- simos escalofríos, cortos y repetidos, que me hacían castañetear involuntariamente los dientes; habiendo desaparecido el escalofrío, algún tiempo después me quedó una postración suma y una sensación gene- ral de calor quemante; se despertó en seguida una fiebre elevadísima, que me fue imposible marcar por medio del termómetro, por que no podía ni mover- me en la cama. Los dolores se habían generalizado en todo el cuerpo; así sentía, cefalálgia gravativa, do- lor constrictivo en el tórax y paredes abdominales, dolores óseos, articulares y musculares en los miem- bros; dolores momentáneos que seguían el trayecto de ciertos nervios, otros que se manifestaban en el curso ó dirección de algunos músculos tales comó el bíceps braquial y los de la región externa de los an- tebrazos y piernas. Estos dolores se aumentaban por la presión ó el trabajo á que sometía voluntariamen- te dichos músculos. No me mantenía mucho tiempo en una misma po- sición, que muy pronto se hacía insoportable; á cada instante la cambiaba sin poder hallar comodidad ó descanso alguno. Tuve insomnio producido tanto por la fiebre como pot los dolores. Se verificaron algunas cámaras. En fin, como á las 5 h. a. m. dormí un poco y sudé bas- tante, despertando á las 8 h. a. m. bastante regular. Me levanté, pero viendo que la temperatura se elevaba á 49 39°4 y que el decaimiento se pronunciaba instante por instante, me recosté en un sofá en donde quedé postrado todo el día, sin darme cuenta de lo que pa- saba por mí, y esto por el espacio de siete horas próximamente. Me hallaba en un sopor que se ase- mejaba al coma. A las 5 de la tarde de dicho día veinte, como no había almorzado por encontrarme en ese estado, quise comer; pero tenía una anorexia tal, que solo la vista de los alimentos me provocaba náuseas; no pude pues pasar alimento alguno. La sed que tenía era devoradora. En la noche la tem- peratura subió á 39°S. Los dolores seguían lo mismo, despertándose á más de los que he mencionado, uno fijo en la articu- lación de la falange con la falangita del dedo meñi ■ que de la mano izquierda, con un poco de infarto, y otro muy fuerte en la articulación radio-carpiana de la mano derecha. La orina era escasa, de color rojo, oscuro y muy sedimentosa. Día 21.-T. 39°2..-En la mañana, dolores bastan- te disminuidos; pero aparición de uno nuevo en la articulación del empeine del pie izquierdo. En la noche, la T. 39°6. - Todo en las mismas condiciones. Día 22.-T. en la mañana 38°8.- Los mismos do- lores, más el de la rodilla izquierda. Se manifestó un tinte ictérico. Aparecen manchitas sanguíneas co- mo picaduras de pulga, unas en la nariz hácia su lado externo, sobre el hueso propio derecho, y otras entre las cejas. Día 23.-T. en la mañana, 37°9-Tengo tanta sed como en los días anteriores, hay apetencia. Dolor so- poatable en el hombro, brazo y codo del miembro to ráxico derecho. Los calambres, siempre de vez en cuando. En la noche, la T. es de 38o!.-Todo lo demás en el mismo estado. 50 Día 24.-T. 37o en la mañana.-Me siento algo mejor. Los dolores del miembro toráxico derecho no me dejan servirme mucho de él. La orina sigue roja, aunque más abundante. Otra manchita en la sien derecha. Desde las cuatro de la tarde han co- menzado á manifestarse dolores en el miembro ab- dominal derecho, que aumentan con los movimientos y dificultan la marcha. El miembro toráxico derecho al escribir ó ejecutar cualquier movimiento, se fatiga pronto y despierta dolor; además se suceden en él muchos calambres. En la noche, la T. es de 3/°3--Tengo cefalalgia occipital, dolor en los ojos, con sensación de aumento de volumen del globo ocular. Sudo todavía un poco, como en las noches antei lores. Hay insomnio y poliuria. Día 25.-La T. en la mañana es de 37°2.-Un poco de cefalálgia aun, y continúa la poliuria. Los dolores están distribuidos como sigue: articulación radio-carpiana, codo, brazo y hombro derechos. He tenido varios calambres, que por algunos instantes obligaban á los dedos índices de ambas manos á permanecer en flexión forzada contra los metacar- pianos. Igualmente siento calambres en algunos músculos de la región externa de la pierna derecha, así como también en los músculos del lado derecho de la nuca. En la noche, la T. es de 37O4--Un poco de in- somnio y de sudor. Los demás síntomas, poco más ó menos en el mismo estado. Día 26 (A partir de hoy me observarán mis com- pañeros. pues por mi parte confieso que me seria difícil hacerlo). T. á las 8 A. M. 37°3--Palidez considerable en la piel y mucosas; sentimiento de debilidad general, quebrantamiento, inapetencia, facultades intelectua- les en perfecto estado. Pulso blando y frecuente [loop] Respiración normal. Soplo suave y ligero 51 en la base del corazón y en el primer tiempo; no lo hay en las arterias; se queja siempre de sus dolores, que sin embargo asegura no son muy fuertes. Los calambres se manifiestan una que otra vez; ha toma- do muy poco alimento y una pequeña cantidad de vino. T. 9. P. M.-37°5;-P. 100-Hasta las 11 h.p. m. en que nos retiramos no ha podido conciliar el sueño á pesar de haber permanecido solo y sin motivo ma- nifiesto que lo distraiga. Hay un poco de agitación. Día. 27. T. en la mañana, 37o; P. 100-Sequejadel poco sueño de que ha disfrutado durante la noche. Continúanse acentuando los síntomas del día anterior, á excepción de los dolores y calambres. Las manchi- tas que se presentaron los días 22 y 24, desaparecen poco á poco. La piel toma nuevamente un tinte sub-ictérico y un aspecto terroso. En la noche, T. 37o; P. 106-Agitación é intran- quilidad, la luz y el ruido le molestan. Día 28, en la mañana, T. 37o; P. 100.-Ha pa- sado en vela casi toda la noche; se encuentra todavía algo agitado. Admirable es, en verdad, la marcha tan rápida que en él ha seguido la anemia, que á partir de este día domina por completo el cuadro sintomático. Aumenta de intensidad el soplo cardiaco, percíbe- se ya el soplo de las arterias y el mismo enfermo se encuentra mortificado por el de la carótida interna, que caracterizó desde el primer momento. La debilidad era extrema, al punto que le fué muy difícil poder abandonar la cama. Acusa ya mareos de cabeza y gran abatimiento. Las deposiciones que hasta hoy han sido norma- les y una por día, se han duplicado, siendo bastan- te líquidas y verdosas. En la noche, T. 37°i, y P. 105.-A las 12 p. m. ha conciliado el sueño, no sin gran dificultad. Día 29, M? T. 37o y P. 100-Le encontramos le- 52 yantado, no obstante las reflexiones que días anterio- res le habíamos hecho en contrario. Nos manifestó que solo había podido dormir escasamente cuatro horas, habiéndole molestado los dolores y calambres mucho menos que en días anteriores, pues estos iban desapareciendo insensiblemente; sentía si, un poco de náuseas y una anorexia completa. Dos deposiciones son las que ha tenido durante el día, permaneciendo por lo demás, en el mismo es- tado que el anterior. En la noche, T. 37°2 y P. 106.-Son las dos de la mañana y no puede dormir tranquilo, despierta agita- do á cada instante, revuélvese en su cama, mudando con frecuencia de posición; acomoda sus frazadas que con sus movimientos desarregla, hace apagar y encenderla luz alternativamente y murmura palabras que no alcanzamos á distinguir; en fin, después de tan ta agitación, logra dormir de diez á quince minutos para volver muy pronto á su intranquilidad. Día 30, T. en la mañana, 37o 1 y P. ico- El resto de la noche lo ha pasado en el mismo estado que he- mos descrito. A los síntomas observados en los días anteriores, vienen á agregarse hoy dos nuevos fenómenos, que doblegan la resolución que Carrión tenia de no per- manecer en cama. Uno de ellos es el vómito que lo ha mortificado continuamente y que según su expre- sión ha sido provocado por la ingestión del medica- mento, cuyo olor penetrante y desagradable le causa repugnancia; el otro, es el vértigo que se manifiesta, sobre todo, cuando permanece sentado por algún tiempo. Un dolor profundo é intermitente en el hipocon- drio derecho, que coincide con un ligero aumento de volumen del hígado, es lo que también acusa y he- mos podido comprobar. La anoréxia hoy más que nunca es completa. La presencia sola de los alimentos le provoca náuseas. 53 Dos deposiciones líquidas y muy fétidas son el re- sultado de los movimientos del tubo intestinal en este día, siendo precedidas de fuertes retortijones que después hacen lugar á un bienestar pasagero, segui- do de una postración notable. La T. es 37o 3. durante la noche, y tan solo ha podido dormir dos horas; la agitación y ansiedad son extremas. El vómito se ha presentado, aunque no con la fre- cuencia del día, y con algunos esfuerzos para sentar- se, ha podido hacer una deposición. Día 1? T. en la M? 37o 2. y P. 106 Durante el día solo ha tenido un vómito, y encuéntrase relativamen- te mas tranquilo que ayer; se ha hecho aplicar tin- tura de yodo en el hipocondrio derecho, por haberse exajerado el dolor. El decaimiento y la postración han tenido una marcha tan rápida, que el enfermo no ha podido si- quiera sospechar la disminución tan enorme de sus fuerzas en estos últimos días: hasta ayer no mas po- día descender de su cama, aunque con algún traba- jo, para satisfacer sus necesidades corporales; pero hoy al hacerlo, después de haberse incorporado con gran dificultad, deslizaba ya los piés fuera de su le- cho, cuando cae pesadamente sobre él, á consecuen- cia de un fuerte vértigo precedido de náuseas, según después nos manifestó. Engañado de su propio esta- do, crée que una vez pasado el vértigo, podrá conse- guir su objeto; nuevamente se incorpora, rehúsa nuestro auxilio, diciendo que: "en tan poco tiempo creo imposible hayan disminuido mis fuerzas, hasta el punto de no poder sostenerme". Dos deposiciones líquidas y fétidas fueron el re- sultado del día. Un nuevo síntoma, tan alarmante como de mal augurio, hace presagiar el fin que aguarda á nuestro compañero. Hácia el medio día aparece por primera vez el sobresalto de tendones que se manifiesta en las 54 manos y antebrazos, que poco sensible al principio, vá acentuándose más y más. La ingestión de los medicamentos, lo mismo que la vista de la comida le provocan como siempre náu- seas. Desea permanecer solo, suplica á las personas que lo rodean no le dirijan la palabra y que hagan pre- sente á las que vengan á visitarle, "que se halla dur- miendo," aun cuando estuviere despierto. En la noche, T. 37o 4-P. 110-La ha pasado re- gularmente, durmiendo algo mas que en las noches anteriores y con un sueño relativamente más tran- quilo. A la i h. a. m. una cámara. No han habido ni náuseas, ni vómitos. Día 2. T. en la M* 37o y P. 115. Continúan acen- tuándose los síntomas anteriores, la posición vertical de la cabeza es ya insostenible, pues inmediatamen- te sobreviene un fuerte vértigo que le hace abando- narla. Durante el día ha tenido dos deposiciones copio- sas y negruscas; por la tarde un vómito. La lengua está seca y áspera, acusa una sed devo- radora. En la noche, manifiesta dolores en el hígado, riño- nes y región precodial. Pulso frecuente, pequeño, blando y depresible. Le molesta grandemente el soplo carotideo que percibe con mucha claridad. El aspecto de la piel, así como la fisonomía parti- cular que ofrece nuestro enfermo, es notable. Ade- más de la sequedad y palidez extrema de la prime- ra, se observa un tinte sub-ictérico,que unido á su as- pecto árido y terroso, le imprimen una gran seme- janza con el que frecuentemente se observa en los enfermos atacados de pirexias infecciosas. Las mu- cosas y especialmente la gingivo-labial, completa- 55 mente descoloridas, asemejándose en mucho al color de la cera. El rostro desencajado, los ojos hundidos y rodea- dos de un círculo negruzco, las mejillas y sienes, completamente deprimidas, la nariz afilada y los pa- bellones auriculares cási transparentes; ya en su mi- rada no se nota la penetración y vivacidad que án- tes le distinguían, manifestándose ahora sombría y como velada; su voz, aún cuando animada todavía por momentos, y sobre todo cada vez que se trata de su enfermedad, ha perdido también la animo- sidad y entusiasmo de antes. Se ha presentado una tos ligera; la voz un poco mas apagada que antes, lo que atribuye él á un poco de helados que tomó hace un instante. La secreción de la orina, que hasta hoy no ha presentado nada de notable, se verifica en pequeñas cantidades, no existiendo ni dolor, ni retención; pues la sonda, queá exigencia suya hubo de pasársele, dió apénas salida á 4 ó 5 gramos de líquido. Lo nota- ble de todo esto es, que el enfermo acusa necesidades frecuentes de orinar, molestándose bastante cuando ve que arroja tan corta cantidad, lo que atribuye á una parálisis principiante y solicita con insistencia nuez vómica. Durante ¡a noche hemos podido observar una am- nesia verbal de la siguiente forma: cuando á conse- cuencia de alguna necesidad nos llama, trata como es natural, de explicarnos lo que desea y otras veces loque siente; pero después de algunas palabras se detiene, por no recordar, según dice,'la palabra ó pa- labras que corresponden á la idea. Ha tenido un vómito y dos deposiciones. El sueño ha sido por demás intranquilo y agitado: no ha podido conciliario en el trascurso de esta no- che, por mas de media hora seguida. Día 3, T. 36° 7 y P. 120 en la mañana. Agrava- ción considerable de todos los síntomas que mar- 56 chan acentuándose de la manera mas rápida La repugnancia por el medicamento ha hecho necesa- ria su suspensión. Han habido tres evacuaciones, seguidas de una postración tan considerable, que se parece al colap- sos. En la mañana de hoy se presentó á verle el Dr. Flores, quien examinó la sangre del enfermo al mi- croscopio, notando que los glóbulos rojos se encon- traban deformados é hinchados; su número, contado y rectificado, era de un millón, ochenta y cinco mil por milímetro cúbico; los leucocitos aumentados re- lativamente á las hematías. En la noche, T 37.° y P. 130. Agitación extre- ma: cambia casi continuamente de posición; pulso blando é irregular, pequeño extremecimiento vibra- torio de las arterias del cuello. La lengua está pe- gajosa y seca. Es inestinguible la sed, solícita bebidas ácidas. La ingestión de sustancias que contienen alcohol aumenta considerablemente su excitación,y manifies ta entonces deseos de conversar. Dolor ligero en el hipogastrio y en las regiones precordial y sacra. Se queja del insomnio por las molestias que le pro- duce, pareciéndole por esta causa la noche demasia- do larga, y busca en la luz y en la conversación medios de distraerse. La inteligencia conservada, la voz un tanto difícil, lenta y á veces muy apagada. La respiración muy irregular: después de tres ó cuatro inspiraciones ámplias y ruidosas, vienen al- gunas cortas y débiles. La piel seca y fría. Las deposiciones han sido en número de ocho. Hay incontinencia de orina, que es abundante. La ingestión de leche con agua de cal es muy pronto seguida de una deposición espumosa, fétida, 57 compuesta de un líquido mucoso y de fragmentos de color negro adherentes al depósito. Cada defecación es precedida de un fuerte dolor de vientre, que desaparece una vez que se ha efec- tuado. Día 4. T. en la M? 36o-P. 100 El pulso se ha modificado notablemente; se presenta hoy regular y duro. Piel ligeramente caliente. El sobresalto de tendones se ha extendido á las extremidades inferiores. Es acosado por necesidades frecuentes de orinar, siendo la orina clara. -A las 11. A. M. se le traslada á la Maison de Sanie (hospital francés). La voz se ha hecho más apagada y las palabras muchas veces no se entienden. La inteligencia vá apagándose progresivamente. Los movimientos algo extensos, así como los más ligeros, le son imposibles de practicar. Su impoten- cia para poder cambiar de posición en el lecho, le ha obligado, muy á su pesar, á hacjr uso de soleras. Ha hecho dos deposiciones precedidas de retortijones y borborigmos. En la noche, T. 36o 6-P. 100 Se inicia una gran agitación y ansiedad. Balbucea palabras incoherentes. A la una de la mañana presenta carfologia. A las dos, un delirio completo y divaga sobre la Anatomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que hay á este respecto. Presenta aquel fenómeno, designado con la ex- presión de liar el petate', sin embargo, obedece á la indicación que se le hace de no fatigarse hablando demasiado; se pasa frecuentemente la mano por los ojos, como quien procura quitarse algo para ver mejor. La piel está casi fria y el pulso se pone más pe- queño y depresible 58 A las 3 a. m. continúa la exitación. La respiración es difícil y á veces quejumbrosa. Media hora después concilia el sueño, hasta las 4 a. m. en que ha hecho una deposición líquida y verdo- sa. A las 5 h. a. m. se ha levantado un poco el pulso. Dia 5. en la M? (7 h. 15) T. 36o 8-P. 118 y R. 24 La inteligencia se ha perdido cási completamente; de vez en cuando llama á alguno de los amigos que lo rodean, y una vez cerca de él, nos mira indiferente como si no nos conociese. La palabra es mas y mas ininteligible; continúan la carfología y el crocidismo. A las 10 a. m. una deposición. Otra á las 11. h. A las T. 35o 9. P. 115 y R. 26-El resto del día lo ha pasado en el mismo estado. A las 9 y 20-T. 37o 1-P. 12 o y R. 26. Desde hace algunos instantes ha entrado en coma, interrumpido de rato en rato por quejidos entremez- clados con palabras incomprensibles. Las pupilas están dilatadas, el pulso filiforme y ape- nas perceptible; poco á poco aparece el extertor tra- queal; después de tres ó cuatro inspiraciones lentas y superficiales, se sigue una pausa expiratoria, cada vez mas prolongada. A las lanzó su último suspiro. Tratamiento.-El 18 en la mañana tratando Car- rión de combatir el embarazo gástrico que á su juicio tenía, se administró un purgante de Citrato de Mag- nesia; permaneció en descanso el día 19, y desde el 20 hasta el 24 inclusive, se sometió á la acción del sulfato de quinina, á la dosis de un gramo diario, di- vidido en varias partes. Este tratamiento tuvo su causa en la fiebre que lo acometió desde la noche del 19. A consecuencia de los dolores que ya sentía y que se exajeraron en los días 24 y 25, se propinó una cantidad diaria de 3 gramos de salicilato de soda (1 grm. en alterna). 59 Durante los días 26 y 27, acosado especialmente por la sed, solo tomó limonadas, preparadas con jugo de limón. Cediendo á las reiteradas instancias que le había- mos hecho acerca de la conveniencia y necesidad de ser asistido por un facultativo, solicitó los auxilios del Dr. J. M. Romero, el día 28. El tratamiento á que fué sometido por este profesor, fué el siguiente: Híposulfito de soda 4 gramos. Agua destilada 120 ,, Jarabe simple 30 ,, Una cucharada grande, noche y mañana. Tintura Quina Id. Valeriana Id. Almizcle Mistura alcanforada aa 4 gramos. M. para tomar 20 gotas cada 2 horas. Por alimentos, caldos, churrascos y vino, Los días 29 y 30 de Setiembre y el 1? de Octu- bre, estuvo sometido al mismo régimen, á excepción de la primera fórmula, que fué reemplazada por el ja- rabe de yoduro de fierro, á la dosis de una cuchara- da, en el almuerzo y en la comida. Además se le ad- ministró Vino de Peptona. El día 2 en la mañana tuvo lugar una junta, com- puesta de los DD. Villar, Macedo y Chavez, que dió por resultado el tratamiento siguiente: Clorato potasa 4 gramos. Agua 500 ,, Tint. percl. fierro 8 „ Acido clorhídrico 10 gotas. Una copita cada dos horas. 60 Inhalaciones de oxígeno (30 litros diarios). Pulverizaciones de ácido fénico en la habitación. Régimen alimenticio, el mismo que en el día ante- rior, y además jugo de carne y leche. El día 3, los vómitos que provocaba la ingestión de la Limonada Rusa, así como las diarreas que al mismo tiempo aparecieron, motivaron el cambio de medicación, que quedó reducida á lo siguiente: Salicilato de bismuto, 2 gramos, divididos en 6 pa- peles, uno cada dos horas. Albuminato de fierro, un gramo, en 5 papeles, 1 cuatro veces al día. Como tisana, agua gaseosa, nieve, helados, agua albuminosa y en fin agua con vino, que fué la mejor soportada. Continuó este tratamiento hasta las 12 a. m. en que fué instalado en la Maison de Santé, donde se reunió á los pocos momentos de su llegada, una Jun- ta, formada por los DD. Villar, Romero, Flores y Chavez. No obstante la opinión de la mayoría de la Junta en favor de la transfusión sanguínea, fué apla- zada la operación para el día siguiente, quedando so- metido el enfermo al tratamiento siguiente: Inyec- ciones intravenosas de ácido fénico y 20 centigramos de albuminato de fierro cada 2 horas; se continuaron ademas las inhalaciones de oxígeno y las pulveriza- ciones de ácido fénico; como bebida, agua gaseosa y como alimentación, caldos y polvos de carne. Tal fué la última medicación que se opuso á la enferme- dad de Carrión, cuya historia acabamos de describir á grandes rasgos. Autopsia.-A las 9 a. m. del día 7, es decir, 34 ho- ras poco más ó menos después del fallecimiento de Carrión, se constituyeron los médicos de Policía á practicar la apertura del cadáver. Puesto el cuerpo á descubierto, se notó la piel ex- tremadamente pálida, presentando algo de aquel 61 tinte sub-ictérico y aspecto terroso, que tuvo duran- te los últimos días de su vida. Notóse además algunas equimosis, que llamaron la atención por presentarse en regiones no declives. Es esto tanto más notable, cuanto que tan sólo se presentan en los individuos que sucumben á la acción de enfermedades infeccio- sas, que imprimen al tegumento ese aspecto especial. Abiertas las cavidades se observó lo siguiente: Pulmones', completamente anémicos, casi blancos, con algunos puntos antracósicos, crepitantes á la presión. Hechas algunas incisiones, salió un poco de líquidoespumoso, ligeramente sucio, yal que los mé- dicos de Policía en el informe que á este respecto emitieron, calificaron sin razón de sanies purulenta, estableciendo una notable analogía con el caso de una muger muerta en el Hospital de Santa Ana, á consecuencia de una tuberculosis pulmonar y cuyas lesiones atribuyeron á una erupción de verruga en dichos órganos. Es de advertir que Carrión, que había examinado repetidas veces y detenidamente á dicha enferma, creyó desde el principio que aún cuando se encontraba en presencia de una erupción externa de verrugi, los síntomas que del lado de los órganos respiratorios presentaba la paciente, no po- dían ser atribuidos sino á la evolución de una tuber- culosis pulmonar avanzada, de antigua data. Corazón. - Muy pálido, conteniendo coágulos de color amarillo rojizo, formados indudablemente post mortem\ el líquido pericardiaco aumentado de canti- dad; una parte de él mezclada con el que dió la abertura del corazón y los pulmones, fué reservada por los Médicos de Policía para someterla más tarde á un análisis microscópico. Sangre. - Constituida por Serum pálido, conte- niendo en suspensión granulaciones rojo-oscuras, 62 parecidas al concho del café; se reservó también una cantidad de este líquido, con el mismo objeto que el anterioi. Aunque muy á la ligera, diremos algunas palabras acerca de la investigación micrográfica ya indicada, y de los pretendidos é ilusorios bacilas, encontrados tan fácilmente por los médicos informantes. Ante todo harémos presente, que tan delicada co- mo difícil operación, aún para los mejores micro- biologistas, iba á ser practicada en este caso sobre un líquido sumamente complejo y alterado, si se tie- ne en cuenta la época en que se recojió y las pocas ó ningunas precauciones que se tomaron para obte- nerlo. Colocado dicho líquido en el objetivo del micros- copio, sin preparación prévia alguna (puesto que á este respecto nada dicen en su informe), les bastó pocos momentos de observación para encontrar un gran número de microorganismos y entre ellos sus pretendidos "bacilas específicos." Nótese aquí, en primer lugar, que esta investigación se hacía por individuos que quizá por primera vez emprendían un estudio de esta naturaleza, y en se- gundo, la asombrosa facilidad con que perciben y diferencian tan variados organismos. Circunstancias son estas que deben tenerse en cuenta, para apreciar en lo que vale la opinión que á este respecto emitie- ron los entonces Médicos de Policía. Hígado.-Pálido, muy aumentado de volumen, presenta en su cara cóncava un tinte apizarrado ó azulado, debido indudablemente á su contacto con el colon, que como se sabe determina en dicha su- perficie lo que en Anatomía se designa con el nom- bre Je "impresión cólica" y que sin razón alguna 63 llamó tanto la atención de los ya citados Médicos, que lo elevaron á la categoría de "alteración caracte- rística". Bazo. - Disminuido de volumen, exangüe y re- blandecido, presentando en ciertos puntos de su ca- ra anterior, la misma coloración señalada en la cara inferior del hígado. Riñones'.- nada de notable. Mesenterio - considerable infarto de los gánglios O o mesentéricos. Meninges y cciebro'. en estado anémico He terminado, Sres. catedráticos, la ingrata y difícil tarea que me había impuesto: tratar un punto nuevo, un punto importante de nuestra patología especial. Ignoro si mi modesto trabajo estará á la altura de vuestra ilustración y sano criterio, pero abrigo al menos la confianza, de que lo habréis escuchado con indulgencia, y de que, si los conceptos qn-ren^éL se emiten no son todos exactos, servirán siquiera co- mo punto de partida para estudios más serios y profundos. Réstame tan solo manifestaros que es en la Clínica de nuestro sabio maestro, Decano hoy de esta ilustre Facultad, que he aprendido y adquirido los principios que me han servido de base para sustentar la pre- sente disertación. Reciba, pues, mi querido maestro, el fruto, por desgracia raquítico, de sus magistrales lecciones. 64 Es de mi deber, así mismo, agradecer en esta so- lemne ocasión á mi antiguo maestro el Dr. J. A. de los Ríos, el cariñoso empeño, con que ha procurado llevar á mejor término este trabajo, mediante sus prudentes consejos y experiencia. Lima, Noviembre 30 de 1889. Julián Arce R. P. - Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de S. Marcos - Lima, Diciembre 13 de 1889. Imprímase, con el Cuestionario adjunto. Filiar CUESTIONARIO Anatomía descriptiva.-De la Cápsula Interna. Física Médica é Higiene - Influencia del calor so- bre la Salud y la Vida. Historia Natural Medica.- Hongos. Z " ' -'-t' , . * . Química Médica.-Leucomainas: caracteres químicos y papel fisiológico. Fisiología.-Funciones del gran simpático. Farmacia.-Incompatibilidad Farmacéutica. Farmacología,-Acción terapéutica del Hipnotismo. Nosografía Médica- Cirrosis hipertrófica: su géne- sis, sus síntomas, diagnóstico diferencial y tra- tamiento. Nosografía Quirúrgica.-Tratamiento de la Coxalgia. Anatomía Topográfica y Medicina Operatoria.-Pun- ción de la Vejiga: procederes operatorios; cual es el de elección. Obstetricia, Enfermedades puerperales y de niños. - Patogenia de la Septicemia puerperal. Medicina Legal y Lexicología.-¿Puede confundirse, en una investigación toxicológica, un alcaloide vejetal con una tomaina? Oftalmología. - Glauccma: formas, sintomatología, causas, diagnóstico diferencial, pronóstico y tratamiento. Naturaleza de esta afección. 66 Clínica Interna - [hombres]. - Diagnóstico de la Tifo-malaria en todas sus formas. Clínica Interna.-(mujeres). - Diagnóstico diferen- cial entre la Cirrosis atrófica y la hipertrófica. Clínica Externa.-(mujeres). - ¿Cómo se consigue la Antisepsis y cual es su técnica? Clínica Externa.-(hombres).-Diagnóstico diferen- cial de los Tumores del Seno. Anatomía General y Patológica.-Estructura y tex- tura del tejido muscular-Mioma. Patología y Terapéutica Generales.-Acción patogé- nica de los microbios. Lima, Diciembre 13 de 1889. 3. e. aiioa Secretario V.° B.° Filiar