¡Jm>4a^.aáx~ ^. -> ^ V-, \ ^ K / -\ PRESENTADA Y SOSTEHIDA aitce it mmmmmm DELl REPÚBLICA DE GUATEMALA, POR EL BR. ETCERIO DEL HOSPITAL &RAL- DE sV JUAI DE DIOS PARA OPTAR A LA LICENCIATURA En Medicina y Cirujía Ad extremos morbos, extrema remedia exquisito óptima. Aforismo 6.« de Hipócrates* IMPRENTA DE LA PAZ; C. DE GUADALUPE, v \.-.. QUE COMPONEN EL PROTOMEDICATO DE LA REPÚBLICA. {De. D. José Luna, Catedrático de Clínica interna, de Obstetricia y jubilado de Medicina. {Lie. D. Manuel Sara vía, Catedrá- tico de Terapéutica. Lie. D. Felipe Barraza, Cirujano del Ejército. Censor............-j Lie. D. José González Mora. o .. . ( — D. Agustín Pacheco. Catedrá- Secretam..........j tico de Cirujía. EXAMINADORES ESPECÍFICOS. gmm: Dr. D. Eligió Baca. Lie. D. Miguel Rodríguez. Por acuerdo del Protomedicato, solo los candidatos so» responsables de las doctrinas consignadas en la tesis. DE MI QUERIDO PADRE. Á MI QUERIDA MADRE, \ts¡m |omíMje k rar filial. gil Sft. §t. §♦ §m ¡§nmf PROTOMÉDICO DE LA REPÚBLICA. Grato recuerdo por los importantes servicios que prestó á la Patria en la epidemia del Cólera. Testimonio de gratitud por las buenas lecciones une de ellos be recibido. <*, INTRODUCCIÓN. mutis: NTítE las grandes epidemias, que han diezma- do al género humano en estos últimos tiempos, existe una, que por su carácter mortífero; por los pocos co- nocimientos que los sabios médicos han adquirido acerca de su naturaleza; y en fin por el solo horror que su presencia inspira á los pueblos, merece ocupar nuestra atención, esta es el Cólera asiático: enfermedad que por ignorarse su tra- tamiento racional, los medios propios para precaver su de- sarrollo en formal epidemia, y para suspender su curso de- vastador, nos coloca en la precisión de inquirir el como re- mediar ese verdadero flagelum Dei. He aquí la causa que me determinó á elegir por te- sis de mi primer trabajo una materia tan ardua y esca- brosa; y la que ha servido de tema á plumas eminentes en épocas diversas. Nada nuevo diré de la enfermedad, por- —6— que ni el estado rudimentario de mis conocimientos, ni la poca esperiencia que poseo, me lo permiten: enunciaré sí, las cuestiones que ha^ta el dia se han presentado, con el objeto de ver si surje del paralelo de ellas alguna conse- cuencia, capaz de resolver los problemas pendientes, tales como los medios para suspender el curso de las grandes e- pidemias que han diezmado á casi todos los pueblos de la tierra, en el último medio siglo; y si es ó nó contagiosa la enfermedad, para propalarlo, en caso de negativa, á la faz: del mundo entero y arrancar asi á los pueblos el pánico que inspira el solo nombre de Cólera. Una vez que está probada la influencia que el temor ejerce en el desarrollo ae la enfermedad, hasta el grado de creerse muchos infes- tados por hallarse en el foco de la epidemia, cuando go- zan de una salud cumplida, ó á lo mas levemente alterada, por la indisposición producida con el exceso en la comida o con lo insueto de ella. Si pluguiese á Dios que consiguiera mi objeto, habría cumplido con el deber que me impone la ley; y con el df seo de ser útil á mi Patria. El cólera, aunque es cierto que nunca había hecho tantos extragos; ni estendidose como en nuestros días; cons- ta empero que ha sido frecuente entre los indios del Asia, desde tiempos muy remotos, y que ha reinado como epidé- mico en Europa. En efecto Bontius en una obra que con el título de Me- dicina Indorum vio la luz pública en 1642, habla de la fre- cuencia con que esta enfermedad invadía á los naturales. Bonnet en el tomo 2.° de su Thesaurus medicus se esplica refiriéndose á Bontius en los términos siguientes: "Fami- liariter Indos infestat causa pracipua est procter calidam ac hu- midam aeris temperaturam, est nimia fructum edendi licentia, plerumque horariorum putredini obnoxiorum ac bilem derugino- sam gignentum: tanta est saevitia ut intra 24 horas inopanti- ores enecet quod spatium si protrahatur magna de cura spes est frc." (a) (a)—Con frecuencia invade á los Indios siendo la causa principal la tem- peratura humedo-cálida del aire y la demasiada licencia en comer frutos al- gunas veces podridos y que engendran una bilis corrosiva: es tanta la fuerza de la enfermedad, que dentro de 24 horas mata á los atacados, cuyo espacio si se alarga hay grande esperanza de curación. —7— Delion publicó en Amsterdam hacia el año de 16S3 su Viaje á las Indias Orientales, y en él hace mención del Có- lera Indico, describiendo en detalle los síntomas de la en- fermedad y el método curativo que se empleaba en aquellos tiempos; lo que se encuentra también citado en el tomo 8.° de la Nosología metódica de Souvages. Sydenham describe con su acostumbrada exactitud las epidemias de Cólera que invadieron á Londres en los años de 1669 y 1676. Roche y Sansón decían en 1628 que dicha flecmasia aparecía raras veces en Europa; pero era con fre- cuencia epidémica en los climas muy cálidos durante el es- tío, como en la India Oriental. Good en sus estudios médicos, tomo 1.° página 172 se esplica asi: "No diré que es una epidemia de origen moder- no, pues ha sido descrita por Bontius y por otros, é indica- da por algunos escritores griegos entre ellos Celso; pero puedo afirmar que en estos últimos años ha adquirido tal actividad, estension y violencia, cual no se habia sabido tu- viese antes." Ciertamente las historias cronológicas contemporáneas que han sido escritas por diferentes médicos europeos y ame- ricanos, y la dolorosa experiencia adquirida por los habitan- tes del antiguo y nuevo mundo, prueban que la violencia y progreso de la enfermedad han sido mayores en los últimos cuarenta años del siglo presente, saliendo de los limites en que antes era conocida y y estendiéndose no solamente por todos los países del Asia, África y Europa, sino también a- travesando la vasta estension del Atlántico é invadiendo muehas rejiones y ciudades del mundo de Colom. Sonmerat y Bartolomey son unos do los primeros que han hablado del Cólera Asiático aunque con demasiada concisión, refiriendo el primero que la enfermedad se conoce con el nombre de mordeyen entre los habitantes de las cos- tas de Malabar y Coromandel, cuyo nombre ha degenera- do en el de mort dechien: pero me inclino á creer que es una corrupción de la voz árabe mordekk, que según Delton sig- nifica golpe mortal, con cuya denominación le conocen los naturales. Según Curtís, se conoce hoy con el mismo nombre de mort de Chkn en aquellos países, principalmente en Madraz. A ese escritor le debemos una de las mas tempranas des- cripciones del Cólera y cuya historia hizo llamar la aten- ción de los prácticos ingleses acerca del carácter de una en- fermedad tan formidable. —8— Desde entonces, apuntes, informes, monografías, bosque- jos y documentos de todas clases, se han multiplicado hasta el infinito. La descripción de Curtís se publicó en 1807, y él apellidó al Cólera con el nombre de espasmódico. Good, en bus estudios médicos, la describe también refiriéndose á in- formes de las sociedades de Asia. Moreau de Jonnes de- talla minuciosamente las ciudades y naciones que ha ido in- vadiendo sucesivamente desde el Indostan, su cuna, en 1814, al Asia Oriental, á las costas del mar Rojo y al África, in- troduciéndose en seguida en Europa y recorriendo la Ru- sia, la Polonia, la Prusia, la Alemania, la Francia y la In- glaterra, hasta llegar á América en 1832, donde se propa- gó comenzando por las partes mas septentrionales hasta llegar á la América Central. Entre los escritores modernos que han hablado del Có- lera debemos citar á los Señores Gerardin, Gaimard, Magen- die, Rayer, Bouillaud, Gendrin, Briquet, Mingot, Dubreuú y Rech. Muchas opiniones hay acerca de la denominación de esta enfermedad: el nombre de Cólera trae su origen desde Hipócrates: Celso dice que la palabra Cólera se deriva de dos voces griegas kole y reo, que literalmente traducidas significan flujo de bilis. Alejandro Tralles juzga que el verdadero nombre grie- go de dicha enlermedad es el de kolás y reo que quieren decir flujo intestinal, porque según él, asegura que la ma- teria del vómito y de las evacuaciones no viene del hígado sino del canal intestinal. Galeno admite la misma denomi- nación que Celso y la mayor parte de los escritores del siglo pasado adoptaron el nombre de Cólera morbus de o- rígen greco-latino. Hunter le dio el de diarrea colérica y Sydenham. el de passio Cholérica. Moreau de Jonnes en la obra titulada "informe dado á la Junta de sanidad de Paris", tuvo la prolijidad de con- signar los diferentes nombres dados en el Asia á esta en- fermedad: dan al Cólera el nombre de sitanga en lengua sanscrit y también el de vishuchi; en la costa de Malabar le llaman mort de chien, que en francés quiere decir muerte de perro; los chinos le denominan senky, los árabes mordeani y los indios modernos shani 6 nicomber. -9 — Entre los escritores modernos de Europa y América se le han dado los nombres de Cólera asfixia, Cólera álgida, enfermedad azul y Cólera espasmódica. Por tanto la sinonimia de la enfermedad de que tratamos y que pare- ce tan complicada, se reduce á las denominaciones siguientes: Nombres griegos—Xolypa xolas reo. Nombres latinos—Passio cholenca, cholera morbus, cholera spasmodica, cholera asfixia, cholera álgida, diarrea cholenca. NOMBRES MODERNOS. Españoles—Cólera morbo asiático, enfermedad azul. Franceses—Mort de chien Trousse galant. Ingles —Spasmodic cholera. Chino —Senki. Sanscrit indio—Sitanga, vishuchi, nicomber, shani. África ■—Mordexin. Alemán —Cholera morbus. Escuela fisiológica— Gastro-duodenitis serosa. §d\\úw\x. Toda esa variedad de nombres arriba mencionados sir- ve para designar una sola enfermedad, cuya esencia ó ver- dadera naturaleza ha permanecido hasta hoy enigmática para todos los patólogos, y que en su forma grave, está caracterizada por vómitos y evacuaciones frecuentes de un líquido sanguíneo ó seroso, blanco ó blanquecino semejante al agua de arroz; por la supresión de la secreción urina- ria; por la frecuencia, pequenez y aun ausencia del pulso; por el enfriamiento casi glacial de todo el cuerpo; por el color violáceo de los tegumentos que se laxan y arrugan; por el enflaquecimiento rápido; por calambres muy doloro- sos en los miembros; por la afonía mas órnenos completa y por un sentimiento de opresión algunas veces extremo. Estos caracteres se presentan casi siempre, pero se ma- nifiestan con mas ó menos intensidad, en razón del tempe- ramento, constitución, edad y género de vida de los enfer- mos: por esta constancia se han tenido dichos síntomas por característicos. gjttfjtfM, Para facilitar el estudio de la enfermedad, la dividí- .!<>•. ré como la mayor parte de Ipa autores en tres periodos, de- signados bajo los nombres de primer periodo ó periodo pro- drómico, segundo periodo ó de cianocis y tercer periodo ó de reacción. El paso del primero al segundo periodo se confunde muchas veces hasta el punto de no poderse marcar la di- ferencia, lo que sucede cuando los pródromos toman un de- sarrollo é intensidad considerables al grado que algunos in- dividuos sucumben en este primer periodo, en cuyo caso la enfermedad recibe el nombre de colerina. El Colera tiene la particularidad de mostrarse bajo for- mas muy diversas desde el estado inflamatorio mas violen- to hasta la parálisis mas completa, caracterizada por la as- fixia total y súbita. ÜMatmwa patología. Una de las graneles ventajas que la escuela fisiológica tiene sobre los sistemas médicos que le han precedido, es la de caminar con la luz de la observación y de la Anatomía patológica, sin cuyos auxilios los razonamientos no son sino abstracciones metafísicas y entes imaginarios. Para asegurar que una enfermedad se presenta siempre acompañada de tales ó cuales síntomas, es necesario haber presenciado los particulares de un número suficiente de en- fermos, que hayan padecido la misma dolencia, y para de- cidir cual es el órgano afectado no basta determinar las fun- ciones alteradas, es menester procurarse la ocasión de in- quirir en los órganos del cadáver los vestijios de las alte- raciones orgánicas, que acompañaron á la enfermedad y pre- cedieron á la muerte. Entonces y solo entonces, se puede concluir con el mayor grado de certeza, cuales son los ca- racteres de las enfermedades, cual el asiento de ellas; y es- establecer sólidos principios de terapéutica, formando al propio tiempo raciocinios filosóficos sobre el carácter con- tajioso ó epidémico de las enfermedades generales sin es- ponerse á entrar en el mare magnum de las suposiciones. Por estas razones ios escritores modernos y especial- mente los de la escuela fisiológica, comienzan la descripción de la enfermedad, por los síntomas que presentan los en- fermos y por los fenómenos observados en las autopsias de sus cadáveres. Las lesiones materiales de los cadáveres coléricos va- rían según el periodo en que la muerte ha tenido lugar. —11— En el segundo periodo ó fcea el de cianocis. los enfer- mos tan luego como se apaga en ellos la vida, se ponen ca- lientes y relajados aunque en la enfermedad hubiesen te- nido frió glacial; pero poco á poco pierden aquel calor, la superficie exterior del cuerpo conserva el color ciánico mas pronunciado sí, en la cara y en las extremidades, el cuer- po enflaquecido, los ojos hundidos, marchitos y entreabier- tos los parpados, los músculos poco consistentes y mas ó menos violáceos, coloración que se encuentra también en la mayor parte de los huesos esponjosos y aun en la raiz y parte de la corona de los dientes: la masa intestinal lije- ramente dilatada por los gaces, ofrece por lo regular al ex- terior la misma coloración violácea; sin embargo esta colo- ración es mas marcada en las asas que se sumerjen en la escavacion pelbiana. Abierto el tubo dijestivo se encuentra en el estómago y en los intestinos una gran cantidad de líquido blanco, fétido floconoso que se ha comparado á la pequeña leche (suero) mal clarificado, ó á una decocción de arroz, este lí- quido se encuentra con mayor abundancia en los sujetos en que el vómito y las evacuaciones no se han manifestado, ó si se manifestaron fué ligeramente como sucede en los casos del Cólera llamado seco; también se encuentra una gran cantidad de bilis verde ó amarillenta ó bien un líquido san- guinolento ó rojizo, este es al que se ha denominado líquido colérico y cuyos componentes son los mismos que los de la serosidad de la sangre. La membrana mucosa del tubo digestivo está tapizada de costras que presentan el aspecto de crema de un blanco gris, levantada esta costra, la superficie interior de la mu- cosa se encuentra pálida ofreciendo en algunos puntos co- loraciones que varían desde el rojo color de las heces del vino hasta el violado, y algunas veces el negro, su consis- tencia es normal pero presenta en toda su estension desde el esófago hasta el recto y especialmente en el ilion, ciego, y colon una erupción de pequeños cuerpos duros, opacos y resistentes cuya magnitud recorre la escala desde el tama- ño de una cabeza de alfiler hasta el de un grano de mijo, estos cuerpos no son otra cosa que folículos tumefactos. No por esto se crea que lo que acabamos de referir sea la le- sión característica, pues se encuentra en otros muchos esta- dos morbosos y especialmente en aquellas en que la exala- ckm intestinal predomina. Según MM. Serres y Nonat que han presentado una descripción minuciosa y suscinta lu- de esta lesión, no siempre se'encuentra en los cadáveres de los que han muerto de Cólera, por lo que no debe consi- derarse como su carácter anatómico. Las otras túnicas del intestino aparecen mas espesas que en su estado normal; y sus vasos correspondientes en- gurjitados de sangre negra coagulada, lo que produce el cambio de color en la mucosa que no debe atribuirse á un estado inflamatorio, sino al estancamiento de la sangre. En efecto Mr. Magendie inyecta agua en las arterias mesenté- ricas y extrae toda la sangre que engurjita los vasos, lo- grando con este procedimiento restablecer el color blanco gris que es el natural de los intestinos. Los vasos linfáticos y biliosos permanecen en su estado normal. El hígado en cuanto á su volumen y estructura, no ex- perimenta ninguna mutación; aunque si engurjitado de san- gre negra y difluente: la vecicula de la hiél contiene una gran cantidad de bilis verde-amarillenta. El bazo se pre- senta duro y como atrofiado, pudiéndose asegurar como re- gla general que todos los tejidos parenquimatosos están conjestionados. El aparato urinatorio presenta lesiones dignas de exa- minarse: los ríñones engurjitados de sangre también negra especialmente en su capa cortical: al esprimirseles despiden un liquido blanquizco espeso y floconoso: las caupsulas su- prarenales aparecen voluminosas conteniendo en su interior una materia blanquizca y que puede fácilmente desgarrar- se; otras veces se conservan en su estado normal: la vejiga contiene algunas veces una pequeña cantidad de orina en la que puede percibirse sin trabajo una porción considerable de albúmina; otras veces está completamente vacia pero ad- heridos á sus paredes, copos albuminosos semejantes á los que se observan en el líquido colérico que contienen los intestinos. Los pulmones están laxos y apenas engurjitados en al- gunos casos; pero en la generalidad la engurjitacion san- guínea es tan considerable que se hallan numerosos nú- cleos apopléticos: en los bronquios se encuentran también los corpúsculos blancos análogos á los de los intestinos y de la vejiga. El corazón es pequeño, relajado y desmoronable, lleno de sangre negra y coagulada: MM. Michel, Levi y. Tholo- zan observaron durante la epidemia de 1849, equimosis en su superficie externa y en la interna del ventrículo izquier- do. El sistema venoso y particularmente los gruesos troncos — 13— e^tán llenos de coágulos sanguíneos, negros y pegajosos: en las arterias se encuentran también de trecho en trecho pe- queños coágulos; la cantidad de sangre es tan poca, que según las experiencias de Mr. Rayer en la epidemia de 1832 apenas se recojian de ocho a diez onzas, esta sangre tiene la especialidad de que no se oxijena al con- tacto del aire libre, sino con mucho trabajo. La composición de la sangre varia en sentir de la mayor parte de las micografos, pues según unos, los gló- bulos se conservan en su estado normal ó á lo menos sin experimentar alteración apreciable, encontrándose sí dismi- nuidas la fibrina, albúmina y sales, mientras que la mate- ria colorante es casi cien veces mayor que en el estado nor- mal: según otros, los glóbulos disminuyen en cantidad per- maneciendo la albúmina en su porción normal, aunque di- suelta en el suero, debiéndose á ella la mayor consisten- cia de la sangre. Todas las membranas serosas y especialmente el peri- toneo y el pericardio, presentan su superficie interior mas ó menos seca y arrugada debido al aumento de la secre- ción intestinal, conforme al principio de Fisiología que di- ce: siempre que se aumenta una secreción, disminuyen las otras, y si el aumento es considerable, desaparecen del todo; pero siem- pre tratando de conservar el equilibrio normal en dichas fun- ciones. El aparato encéfalo-raquidiano, como el motor de to- da la economía y el que preside á todas las funciones tan- to de la vida orgánica como de las de relación; y siendo por otra parte uno de los sistemas en que han fijado la mayor parte de los autores el asiento de dicha enfermedad, me parece muy debido examinar con mas detenimiento las le- siones que presenta. He aquí las que mas comunmente se han observado: inyección tanto en las meninjias como en la masa encefálica, esta última conserva siempre su consis- tencia normal; los ventrículos contienen mayor porción de serosidad; los nervios que parten del cerebro casi siempre en su estadp normal ó mas ó menos inyectados; en el ca- nal medular se encuentra mayor cantidad de fluido encé- falo raquidiano pero con su trasparencia normal solamen- te con un lijero color citrino; la sustancia medular lijera- mente inyectada en toda su estension y un poco mas con- sistente que en el estado normal; la cola de caballo pre- senta una coloración violácea, el nervio neumo-gástrico permanece inalterable; ej, gangíeo semilunar ofrece un co- — 14— lor gris ú de violeta en su-superficie y en su interior c-1 color de lila, .pero siempre con su consistencia acostum- brada lo mismo que los nervios que se irradian de él. Cuando los enfermos mueren en el tercer periodo llamado de reacción, se observa en sus cadáveres lo si- guiente: color ciánico, mas ó menos pronunciado en las es- tremidades, pero siempre en relación con el tiempo que llevaba de iniciado aquel periodo; el cuerpo poco enfla- quecido y la piel menos laxa y arrugada: las vi ceras to- das, no presentan las congestiones pasivas ó venosas que se observan en los que mueren en el segundo periodo sino que se manifiestan las congestiones activas ó inflamatorias. El líquido colérico desaparece del todo, lo mismo que los corpúsculos intestinales; sin embargo, los folículos aglome- rados están enteramente tumefactos pero sin presentar nin- guna de las lesiones características de la fiebre tifoidea; los pulmones aparecen conjestionados y en algunos puntos hepatizados. Los ríñones cuando se les esprime ya no arrojan aquel líquido de aspecto purulento; sino una pequeña cantidad de orina y la vejiga aparece espancida por la orina. Las membranas serosas aparecen ya con superficies li- sas y humedecidas por pequeñas cantidades de serosidad. Las meninjias inyectadas, el cerebro y la médula pre- sentan la inyección que los autores llaman puntiada. La sangre contenida en las arterias es roja y contiene tanta mayor cantidad de suero cuanto mas lejos del principio de la reacción ha sobrevenido la muerte. Los demás órganos se presentan en su estado normal ó en algunos casos lijeramente conjestionados. Es muy raro que el Cólera principie bruscamente, sor- prendiendo, por decirlo así, á los individuos en medio de sus trabajos y en completa salud, pues por lo regular los individuos que van á ser atacados del mal, comienzan por ponerse tristes, abatidos y con presentimientos siniestros, experimentan un mal estar indefinible, se quejan de fati- ga, laxitud en los miembros, vértigos, presión. en el epi- gastrio, sed, vorvorismos, pérdida del apetito y diarrea a- marillenta, mucosa y fétida, que poco á poco se hace blan- quizca ó gris, semejante á el agua de arroz .y mezclada de —15— copos blancos albuminosos, en este estado es inodora: hay insomnio, sudores abundantes y calofrios vagos é irregu- lares, el pulso está un poco acelerado ó bien en su estado normal. En este estado las fuerzas del individuo dismi- nuyen rápidamente, sobrevienen sensaciones tractivasmuy dolorosas en las pantorrillas. los ojos pierden su brillo, la sed se aumenta, los dedos son el asiento de un ormigueo particular y la secreción urinaria disminuye ó cesa del todo. El conjunto de estos síntomas prodrómicos, consti- tuye el primer periodo de la enfermedad declarada y se denomina Colerina: la duración de los síntomas prodrómicos es mayor ó menor, pero por lo regular es de un dia; sin embargo puede no persistir mas que algunas horas, ó bien prolongarse hasta un setenario, en este caso se terminan casi siempre por la curación ó bien son prontamente se- guidos y reemplazados por los síntomas que caracterizan el segundo periodo. Muchas veces sucede que los individuos se ven sor- prendidos por los síntomas, que caracterizan el primer pe- riodo de la enfermedad declarada, ó mejor dicho, el segun- do periodo si se admiten como primero los síntomas pio- drómicos arriba enumerados, pues aunque muchos digan que esta enfermedad puede presentarse sin pródromos, es muy difícil persuadirse de ello una vez que en estos casos acae- ce una de dos cosas, ó bien los pródromos han tenido una gran intensidad siendo de tan corta duración que no se pueda marcar el límite preciso entre dichos periodos; ó bien han tenido una duración mas ó menos larga, pero con un carácter benigno y en individuos tal vez muy robustos tal que no les hace impresión, la que pasa desapercibida si no existe alguna epidemia: entonces los enfermos no se que- jan de haber sido atacados, sino hasta el momento que ven aparecer los síntomas mas ó menos graves de la enfer- medad declarada, como son dolor urente en el epigastreo, que se aumenta frecuentemente con la presión, retracción de las paredes abdominales, meteorismo, vértigos que se re- producen con grande angustia y opresión, inquietud y aji- tacion, pulso frecuente y filiforme, disminución del calor natural, frialdad de la cara y estremidades; la piel toma un color azulejo, la pulpa de los dedos y de los artejos se po- ne violácea principalmente al derredor de las uñas, en cu- yos puntos la piel se presenta arrugada como si hubiese estado largo tiempo sujeta á la maceracion del agua tibia y en el resto del cuerpo es laxa* tal que, si se le hacen —1G-- pliegues los conserva por mucho tiempo. Los vómitos y evacuaciones albinas se aumentan, re- produciéndose á cortos intervalos, la materia de los vómitos es un líquido claro ó amarillento mezclado de copos al- buminosos. Las evacuaciones que en el principio eran amari- llentas y fétidas, toman pronto el mismo carácter que los vómitos, se vuelven inodoras y se ejecutan sin esfuerzo ni tenesmo. En este estado el pulso se acelera y se eleva rá- pidamente á ciento veinte ó á ciento treinta pulsaciones por minuto, pero su fuerza está en razón inversa de su frecuen- cia, los latidos del corazón son débiles y acompañados de un ruido de fuelle, debido á no dudarlo, á la obstrucción de sus orificios por la sangre ó por la serosidad coaguladas, la respiración se acelera con mas ó menos anciedad; en o- tros casos el enfermo acusa un sentimiento de opresión ó constricción subesternal, siendo"regulares los ruidos respi- ratorios, la voz es débil y casi imperceptible hasta llegar á extinguirse. Cuando la enfermedad en su marcha ha llegado á es- te punto se sienten calambres muy dolorosos en los bra- zos, en las pantorrillas que se ponen duras como piedras y en todas las demás partes del cuerpo donde hay fibra muscular: á consecuencia de esto el enfermo pierde com- pletamente las fuerzas y entra en una gran postración; los ojos se hunden, pierden su brillo y se contornan de negro, la cara se desfigura y expresa el sufrimiento, tanto esta, como el resto del cuerpo experimentan un rápido en- flaquecimiento á consecuencia de la absorción del fluido seroso que humedece el tejido celular subcutáneo: las se- creciones normales desaparecen especialmente la urinaria, que sin embargo permanece en pequeña cantidad cuando la enfermedad no es tan grave; pero en este último caso siempre contiene el líquido una gran cantidad de albúmi- na; este hecho ha sido bastantemente estudiado por Rostan Bouchut y Michel Levi, que aseguran haberla encontrado en un noventa por ciento de los casos observados por él. Un sudor frió y vizcoso cubre la piel que se pone ás- pera: el enfermo á pesar de todos estos síntomas tan alar- mantes conserva íntegras sus facultades intelectuales, solo en una variedad del Cólera llamado tifoidea sobreviene un. estado de sopor con delirio. En un grado mas avanzado el enfermo presenta un aspecto siniestro, la cara se descompone de la manera mas terrible: los cartílagos del pabellón ue la oreja y del ate —17— de la nariz aparecen relajados, los ojos profundamente hun- didas y rodeados de anchos circuios negros, la cornea lus- trosa, las pupilas muy dilatadas é inmóviles, la esclerótica sucia, azuleja y cubierta de manchas lunulares y puntos ne- gros, los labios de un azul negruzco, toda la capa tegu- mentaria está laxa y como aceitosa, las extremidades cár- denas, los dedos encojidos, las uñas violáceas, y por lo regular toda la piel se colora de índigo ó gris color de ceniza: en una palabra, el enfermo presenta un aspecto par- ticular que aun á primera vista el que no ha tenido oca- sión de examinar muchos colerientos, puede diagnosticar la afección que nos ocupa. En este estado el enfermo se encuentra en estupor continuo, los ojos á medio cerrar y volteados hacia arriba, su postura es sobre el dorzo. Al mismo tiempo es martiri- zado poruña ardiente sed, suspira, gime, se queja de dolores insoportables en todo el cuerpo. Cuando el enfermo ha pasado por todas esas peripe- cias, los vómitos y las evacuaciones cesan del todo; pero el abdomen se abulta y se vuelve renitente; y si alguna vez exis- ten evacuaciones, son de un líquido semejante á la orina mezclado de copos albuminosos ó grises color de ceniza. Espasmos violentos en las pantorrillas y en los lomos inter- rumpen con frecuencia el estado de estupor en que se ha- lla el enfermo; de instante en instante se aumenta la an- gustia, la respiración se torna cada vez mas dificü: el pacien- te tiene entonces la mirada fija, los ojos muy dilatados, pierde el conocimiento, se suspende la respiración, algunas pulsaciones espasmodícas ajitan el corazón, se perciben le- vemente los esfuerzos para inspirar y el enfermo.. muere. Este periodo de la enfermedad se conoce con los nom- bres de álgido y de ciánico. Cuando el enfermo no muere en el periodo álgido se ven desaparecer con rapidez todos los síntomas principa- les, para dar lugar á otros .que caracterizan el tercer pe- riodo llamado de reacción: en efecto, cuando la enferme- dad va á terminarse felizmente se ve al enfermo cambiar repentinamente de aspecto; se pone rojo, se hincha, el pul- so toma al principio fuerza y luego se acelera y se llena, el cuerpo todo se pone caliente, las secreciones se resta- blecen, la voz toma su fuerza y timbre acostumbrado, la respiración se ejecuta con mas libertad, la sangre .cobra sus propiedades primitivas y según el análisis cuantitati- vo,: contiene tanto inas suero cuanto mayor sea el tiempo —18- que ha transcurrido desde el principio de la reacción, ea una palabra, se ve entrar al enfermo en la convalescen-- cia. Sin embargo, pocas veces este periodo es tan franco como acabamos de decir, pues en él se observan mas com- plicaciones que en los otros: unas veces desaparecen los síntomas de la reacción para dar lugar á los álgidos esta- bleciéndose una intermitencia en que alternan los síntomas del segundo con los del tercer periodo: esta intermitencia Íuiede durar mas ó menos tiempo ó no' terminarse sino con a vida del enfermo; otras veces la reacción es tan inten- sa que toma el carácter tifoideo y entonces hay postra- ción y delirio, la lengua se pone roja, seca y áspera, los dientes se cubren de fulíjinosidades, sobreviene sed viva con- tractura y sobresalto de tendones y en fin, el enfermo pue- de caer en el eoma, en cuyo caso generalmente se extingue la vida. También pueden presentarse conjestiones y flecmacias de los principales órganos de la economía, tales como el cerebro, pulmones, hígado, corazón &c: diversas erupcio- nes cutáneas, parótidas, hipo y aun hasta la hictericia; pe- ro en todos estos casos la enfermedad tiene una feliz ter- minación como lo veremos adelante al hablar de las com- plicaciones. La marcha de esta enfermedad es muy rápida, pues le bastan algunas horas para matar, por lo que en estos ca- sos se le dá el nombre de fulminante, es decir, cuando co- mienza bruscamente con los síntomas álgidos, otras veces los pródromos de la enfermedad duran mas ó menos tiem- po, por lo regular un septenario. El orden en que se suceden los síntomas es muy irregular y hay casos en que faltan los principales, como las evacuaciones y los vómitos aun- que el líquido colérico haya sido exudado en gran canti- dad dentro de los intestinos, en este caso recibe el nombre de cólera seco: la edad, constitución, temperamento y gé- nero de vida de los enfermos, hacen cambiar también la marcha de la enfermedad. La duración de la enfermedad está en razón directa —19— de las fuerzas del individuo y cuanta mayor sea su dura- ción presenta un campo mas extenso para combatirla y ma- yor probabilidad de que el enfermo se cure. Pero por re- gla general se puede decir que su duración media es se- senta horas; á pesar de que puede prolongarse hasta un septenario, ó no durar sino muy pocas horas, según el gra- do de fuerza ó benignidad con que son atacados lor. indi- viduos. Estas son ó la muerte ó el restablecimiento de la sa- lud, puede también cambiarse en otra enfermedad, como su- cede en el periodo de reacción que suele convertirse en afección tifoidea, ó cuando las complicaciones presentan una malignidad tal que ellas solas constituyen una enfermedad, vervi-gratia en las inflamaciones de las viceras que desem- p3ñan un papel interesante en la economía, en la hicteri- cia, &c: pero en todos estos casos siempre la vida ó la muer- te es el término. Existen muchos individuos que después de haber pa- decido el Cólera, se quedan sufriendo males de estómago y principalmente de diarrea crónica ocasionada, sin duda, por pequeñas úlceras que se forman en la mucosa intestinal por el numento de volumen de los folículos y por el fro- te que sufren al paso de las materias alimenticias, resis- tiendo por lo mismo á todo tratamiento, la terminación entonces es la muerte del individuo que no se anticipa á pesar de semejantes padecimientos. La convalescencia del Cólera unas veces es pronta, y otras muy lenta; necesitando en ambos casos mucho cuida- do para evitar las recaídas que son comunes y mas graves que el primer ataque de la enfermedad: los individuos cu- ya convalescencia es muy prolongada, se quedan padecien- do trastornos dijestivos continuos ó intermitentes, pero cu- ya duración como antes dije, no acelera la muerte del in- dividuo. Hay una cosa digna de notarse en los convales- cientes del Cólera, y es el color rojo que cubre todo el cuer- po y especialmente la cara, color que está en razón directa de-la intensidad de la cianosis y que persiste algunas ve- -20— cea indefinidamente, lo mismo que el placer que se esperí- menta de haber triunfado de semejante enfermedad, este es mas considerable al principio de la convalescencia, y aun en el periodo de reacción cuando es moderada, €m$\km0M$. El Cólera puede desarrollarse en el curso de las en- fermedades crónicas y agudas: en el primer caso las cura ó no ejerce influencia alguna en ellas, siguiendo ambas de consuno su curso regular, en el segundo caso suspende la marcha de las enfermedades agudas que se quedan esta- cionadas para reaparecer tan pronto como cese el Cólera: es- to puede observarse mej'or en aquellas enfermedades que tie- nen periodos regulares y conocidos tales como las fiebres eruptivas. Mas arriba dije que las afecciones que complicaban mas á menudo el Cólera eran las conjestiones é inflamacio- nes de las meníngeas, del cerebro, de los pulmones, del hí- gado y del corazón; como todas estas enfermedades por su naturaleza y por la importancia del órgano en que tienen asiento, reclaman atención exclusiva y tratamiento adecua- do, no nos ocuparemos de ellas pues puede decirse que han sustituido al Cólera. Este puede complicarse también con enfermedades menos graves, tales como el sarampión, la escarlatina, la roseóla, el eritema, la urticaria y según al- gunas observaciones, las parótidas. Durante la epidemia de 1849 afirma M. Levi, haber encontrado la hictericia como complicación del Cólera. En todos estos casos por la benignidad de las afecciones complicantes se puede asegu- rar de una manera general que el Cólera termina siempre felizmente. No carece de utilidad ocuparse de la influencia que el Cólera ejerce sobre la gestación y de la que esta puede ejercer sobre la enfermedad: el Dr. Bouchut, hablando so- bre el particular concluye: que la gestación no tiene in- fluencia sobre el Cólera; pero sí este sobre aquella, pues la mayor parte de las mugeres atacadas por la enfermedad, abortan; lo que es mas frecuente de los cinco meses en ade- lante, no bastando para establecer una regla en contra- rio los casos en que se refiere no haber sobrevenido el a- borto, porque esto es debido á la agudez de la enferme- dad, que mata á las mugeres antes de que haya tenido lu- —21— gar, de aqui puede deducirse una regla; el aborto es infa- lible cuando el Cólera dura mas de 24 horas. Mr. Devilliers, hijo, en una memoria leída en la Aca- demia de Medicina de Paris, asegura la influencia que el aborto ejerce sobre el feliz pronóstico del Cólera, de don- de concluye que siempre que una muger en cinta es ataca- da, debe procurarse el aborto para salvarla: á pesar de la respetable opinión del médico citado, me parece prudente sugetarla á nuevas observaciones antes de llevarla al ter- reno de la práctica. §mx&u jj xtá&im. Las primeras son muy comunes, por lo que deben te- nerse prolijos cuidados principalmente en el régimen ali- menticio, con los enfermos que entran en convalescencia. Las segundas son raras, pero existen, aunque algunos es- critores hayan creido que esta enfermedad, como las fie- bres eruptivas y otras muchas, no dan sino una vez en la vida. Después de haber visto el cuadro de síntomas arriba enunciados, es fácil convencerse que el Cólera no se con- funde con otra enfermedad y de que se le puede recono- cer bajo cualquiera forma que se presente; no obstante al- gunos casos de envenenamiento, tales como los producidos por el arsénico, el verde gris, el centeno cornezuelo, y el tártaro estiviado, que presentan síntomas análogos al del Cólera. Ademas, cuando existe una epidemia es decir que por consecuencia de un miasma se afectan simultáneamente y durante cierto periodo un gran número de individuos, hay un dato bastante cierto para aclarar el diagnóstico, y que sirve á la vez para reconocer el Cólera llamado esporá- dico, enfermedad que en su esencia es la misma que el Có- lera epidémico; pero que por no reinar epidémicamente es menos temible y mortífero. Como se ha confundido con fre- cuencia uno y otro hasta el extremo de creer en la exis- tencia de una epidemia cuando no hay sino casod aislados, me ha parecido oportuno examinar los puntos de contac- to que tienen entre sí ¿1 Cólera esporádico con el epidé- —22— mico lo mismo que la diferencia que los distingue ya por que el tratamiento es igual en ambos, ya porque los daños que causa el primero no son menos graves. El Cólera riostras es una especie de gastro-enteritis vi- liosa que se manifiesta por lo regular en la fuerza del estío, á consecuencia de un enfriamiento ocasionado por el uso ira- prudente de helados ó por el fresco de la noche. En la mayor parte de los casos la invasión de la en- fermedad es repentina y por lo regular de noche y sin nin- gún signo precursor. El individuo comienza á sentir un gran abatimiento |con laxitud y presión en el hueco del estómago, luego el mal estalla en fuertes naúceas seguidas de vómitos que hacen arrojar el contenido del estómago y que presto se vuelve de un color amarillo citrino ó ver- de amarillento, estas deyecciones tienen por lo regular un gusto amargo y rara vez ácido; al propio tiempo sobrevie- nen evacuaciones albinas, éstas son simultáneas con los vó- mitos ó alternadas á cortos intervalos; el número de las e- vacuaciones varia desde diez hasta doscientas en veinte y cuatro horas, de suerte que en el máximum el enfermo no cesa de estar atormentado por los vómitos y evacuacio- nes que son entonces simultáneos. Las evacuaciones toman casi siempre el color de agua de arroz que antes se tenia como característico de solo el Cólera asiático epidémico. En este estado las paredes abdo- minales se encuentran deprimidas, el enfermo acusa una sensación contractiva en la región gástrica así como dolo- res urentes insicivos y pungentes en diversas regiones del abdomen, pero sobre todo en el contorno de la depresión umbilical aumentándose hasta su mas alto grado durante las evacuaciones albinas. Al mismo tiempo el pulso y las fuerzas decaen súbita- mente, la sed se vuelve inestinguible, la orina se suspende, ó solamente disminuye, en cuyo caso la emisión se hace con mucha dificultad, sobrevienen tenesmo, hipo, sobresaltos, dolores convulsivos, sobre todo en las estremidades infe- riores; frió glacial de los miembros; sudores frios, pérdida del conocimiento y en fin la muerte. Esta enfermedad tiene también por lo regular un cur- so muy rápido, y los enfermos mueren al primero ó se- gundo dia; rara vez la enfermedad se prolonga hasta un septenario. En nuestros climas en donde no existen estaciones marcadas, el Cólera esporádico no es sino una enfermedad —23— de poca importancia, solamente los niños y los viejos que son los mas comunmente espuestos tienen peligro. Pero por lo regular es la frecuencia y naturaleza de los vómitos y de las evacuaciones, la que determina el pronóstico de la enfermedad, así cuando estos persisten verdosos hay po- co que temer, pero todo lo contrario suscede cuando se vuelven grises. Los signos mas terribles son colapsus súbitos, ojos tier- nos con mirada fija, síntomas tetánicos, rigidez de las ex- tremidades, pulso débil, pequeño y concentrado. Hay casos sin embargo en los cuales la enfermedad con los síntomas que la hemos descrito, se termina por el. restablecimiento de lá salud, ó bien el enfermo sufre du- rante largo tiempo trastornos en las funciones digestivas tales como plenitud y meteorismo del estómago después de las comidas, constipación tenaz ó bien alternando con una especie de diarrea serosa: otras veces estae nfermedad se cambia en otra, tales como fiebre intermitente, reumatismo de las extremidades inferiores ó gastritis, y si después de algún tiempo la enfermedad se termina por la muerte, esta es debida á la parálisis délos nervios del plexus solar, se- gún M. Jahr ó bien por los simples progresos de la gas- tritis. Los pródromos de la muerte en estos casos son: cara hipocrática, ojos apagados, estado soporoso, rigidez tetá- nica de los músculos del dorso, frió glacial, hipo, meteo- rismo, evacuaciones involuntarias y frecuentes, á las cua- les el enfermo sucumbe. Lo contrario sucede, como hemos visto en el Cólera epidémica, pues la muerte aquí es producida ordinariamen- te por la inflamación de la membrana del cerebro, por la hepatitis, por la enteritis, por la parálisis del corazón, por la fiebre hectica y auu por las hidropesías del tejido celular subcutáneo, del pericardio, de la pleura, ó del pe- ritoneo. La curación completa, si tiene lugar, se hace de una manera rápida, otras veces la enfermedad cambia sola- mente en su forma, produce también la parálisis de los, nervios abdominales, ó trastornos mas ó menos graves en las funciones del cerebro. El pronóstico del Cólera asiático epidémico es en ge- —di- neral poco favorable; abandonada á sí misma esta enfer- medad, mata un ochenta por ciento de los atacados, so- bre todo, están mas espuestas al peligro las personas leuco- flegmásicas, obesas, caquécticas, ó que se hayan entrega- do á toda clase de excesos. También debe temerse una fatal terminación con el progreso de la enfermedad, cuando tiene una larga du- ración. Los signos mas seguros para el mal pronóstico de la enfermedad son: descomposición rápida de la cara, caída súbita de fuerzas y de la vitalidad, encojimiento de la piel en las manos y en los pies, ausencia del pulso, frió de las extremidades del vértice de la nariz y de la lengua, pér- dida repentina del conocimiento, estado letárjico, hipo, es- pasmos violentos en los órganos respiratorios, diarrea de olor fétido y como sanguinolenta, y vómitos de color gris de ceniza. Cuando existen desde el principio estos sín- tomas, se puede decir que la muerte tiene lugar dentro de las seis ó doce primeras horas, y algunas veces se pro- longa hasta las veinticuatro ó cuarenta y ocho horas; pero nunca mas alia. Se pueden mirar como signos favorables los siguien- tes: voz natural ó poco alterada, pulso lleno y elevado; {>iel poco arrugada, cesación pronta de los vómitos y de a diarrea, restablecimiento de la secreción urinaria, res- piración mas libre, debilidad tolerable. El pronóstico varia también según la forma en que se manifiesta la enfermedad, pues ya hemos visto mas ar- riba que no tiene en todos los individuos las mismas ma- nifestaciones, pues unas veces se muestra casi sin pródro- mos y repentinamente en su segundo periodo, y con la for- ma espasmódica, con calambres y convulsiones: otras ve- ces aparece repentinamente con síntomas muy terribles en su forma cerebral ó apoplética, con fiebre, frió y sed ardien- te, dolores tractivos en los brazos y las piernas, pero que se adormecen fácilmente; espasmos abdominales y torácicos, opresión y conjestion cerebral. Todo esto no es precedi- do comunmente por ningún síntoma alarmante y otras ve- ces se anuncia por presión y pesadez de la cabeza que pro- duce sueño, entorpecimiento de las piernas, gran laxitud, pe- reza, melancolía, tristeza é indiferencia, en todos estos casos la enfermedad tiene una fatal terminación. La forma mas benigna del Cólera es á la que han lla- mado Colerina, que no es mas que el primer periodo de —25 - la enfermedad, como ya lo tengo dicho al esponer su sin- tomatologia: sin embargo, cuando esta se descuida, puede pasar al segundo periodo, ó bien cambiarse en fiebre tifoi- dea soporosa ó en fiebre cerebral con delirio. En fin diremos que el pronóstico del Cólera asiático epidémico, es siempre mas fatal en el principio de las epi- demias, que en su declinación, pues se observa que cuan- do ia epidemia declina, los atacados ya no padecen el ver- dadero Cólera, sino que se parece mas bien á su primer periodo, es decir á la Colerina. etiología. Una cuestión de gran interés y de las mis debatidas hoy, es la de saber que causas han producido esta enfer-,' medad y cuales pueden producirla aun. Esta cuestión presenta tanto interés al médico como, á la sociedad. Al médico, porque tm pronto como pue- da determinar de una manera definitiva las verdaderas causas del Cólera, investigará fácilmente los medios pro- pios para combatirlo, sino con un tratamiento específico que j íma^ existirá, á lo menos de una manera racional y científica cuales la de combatirlas causas que la produ- cen y aun por este medio podrá precaver ó suspender el curso de las epidemias, y he aquí la gran utilidad que le reporta á la sociedad. Esta enfermedad tomó oríjen en las grandes Indias á los bordes del rio Ganges, y muchos escritores han a- tribuido su nacimiento á los vapores pestilenciales que producen las aguas estancadas á consecuencia de la inun- dación que produce la salida del rio y que cubre por un tiempo bastante largo una gran parle del terreno de es- tos países; otros han buscado las causas en una nutrición corrompida p rticularmente por el centeno cornezuelo, ó el arroz gangrenado ó bien el uso imprudente de frutas frescas (melones, s indias), bebidas frias ó helados en los calores dal estio; pero todo esto no podrá producir sino afecciones semejantes al Cólera ó aun el Cólera mismo, pero esporádico, y no bastaría esto solo para poder pro- ducir epidemias que atacaran á muchos individuos á la vez, que no estuviesen sometidos á las mismas causas que ¿abrían producido en otros la misma enfermedad. Una cosa cierta es que esta enfermedad ha tenido ■w~ orijen en un pais caliente y que no se muestra ni se pro- Í>aga en ninguna parte sino durante las estaciones de ca- or, disminuyendo ó suspendiendo su curso la epidemia, tan pronto como aparece la estación del frió, pero esto solo no puede justificar ninguna conclusión que no tubiera otras bases; y sobre todo, con este solo hecho no se puede ex- plicar de ninguna manera la marcha tan singular que si- gue esta enfermedad. En efecto se ha visto que hace co- mo un viajero inteligente, jornadas muy regulares de tal manera, que puede atacar ó sentarse en dos puntos extre- mos dejando un intermedio tal vez de alguna gran ciudad ó muchos pueblos en los cuales no se ha manifestado sino por muy raros casos, debido quizá, á que los miasmas no han permanecido allí bastante ó el tiempo necesario para poder infestar la admosfera, ó bien sea porque estos lu- gares intermedios están mas bajos que los otros, ó bien. están rodeados por grandes montañas, en cuyo caso, supo- niendo que la propagación de la enfermedad sea producida por miasmas que envenenan, si puedo decir así, la admos- fera, hasta el grado de que el que la respira sea atacado de la enfermedad, en cuyo caso digo: estas grandes mon- tañas servirían de dique al desarrollo y viopagacion de la enfermedad; pero como e¿to no puede ser cierto bajo ningún concepto, porque entonces resultarla que todos los individuos ó habitantes de una ciudad, serian atacados y tal vez simultáneamente, pues todos ellos respiran el mis- mo aire. Sin embargo el Cólera presenta tales particula- ridades en su marcha y propagación, que muchos escrito- res antiguos y aun modernos han querido esplicarselas su- poniendo como causa de la enfermedad, la presencia de insectos en el aire, ó bien de corrientes telúricas bajo el suelo. Estas dos opiniones son inverosímiles y hasta cier- to punto ridiculas; pues dicen los primeros que los insec- tos en la admosfera son mas pequeños que los microscó- picos, lo que prueba que ellos mismos no han podido de- mostrar la presencia de dichos insectos. Por lo que toca á lo de las corrientes telúricas, Mr. Jahr, presenta un hecho muy interesante y que merece que nos detengamos un momento á pesar de lo inverosí- mil que parece: dice este autor que cuando se compara una carta mostrando las diferentes declinaciones ordinarias de la aguja imantada, con otra que muestre la marcha del Có- lera, se sorprende uno de la coincidencia de las principales lineas de estas- dos carta.% es decir, que d punto en que la aguja imantada es cero se encuentra el lugar del nacimien- to del Cólera, y el lugar en que la declinación toca á su máximum, es decir 25° es porque el Cólera no se ha pre- sentado todavía. Si todo esto no es un juego de la casua- lidad, se podría concluir que las causas del Cólera son en efecto telúricas, debidas sin duda á corrientes electro-mag- néticas ó á vapores metálicos subterráneos que envenenan poco á poco la admosfera. (Tratamiento homeopático del Cólera.) Para explicar la marcha de la enfermedad, tanto los antiguos como los mordenos, hau recurrido á todas las cau- sas conocidas y á otras que les han dado el nombre de ocultas. De estas últimas no me ocuparé por parecerme de-. masiado pueril llamaros la atención sobre entes puramen- te imaginarios y que no conducen á nada. De las otras «í enumeraré algunas de las mas conocidas y que se pueden aplicar mejor á nuestro pais, á pesar de que no pueden mirarse como causas inmediatas en la producción de las; epidemias: pero que sí concurren notablemente á la pro- ducción y desarrollo de la enfermedad; tales son: la falta de aseo, inmundicia délas poblaciones, de las casas y aun de las personas mismas: el abuso de los licores alcohó- licos y de los placeres venéreos: el uso de alimentos mal sanos de difícil dijestion ó demasiado condimentados: el enfriamiento repentino ó sea el paso de un lugar calien- te á otro frió, la inclemencia en general; las reuniones nu- merosas aun en lugares sagrados, y principalmente si no' están bien ventilados, los lugares donde hay desprendi- miento de gaces deletéreos, tales como las Cárceles, los Hospitales, la existencia de Cementerios entre la población: la habitación de lugares bajos, húmedos y cerrados á las corrientes del aire &c. En fin, un gran número de escritores no satisfechos" con las causas ya enumeradas, (como que en efecto no son suficientes para poder explicar la aparición repentina de la epidemia) han recurrido al principio contajioso: esta doc- trina no encontró sino muy pocos defensores durante la primera epidemia de Europa, pero en la que tuvo lugar el año de 1849 se produjeron un gran número de hechos? muy favorables á la doctrina del contajio y que fueron ob- servados por varios médicos célebres. Antes de pasar á la discusión de esta doctrina, como uno de los puntos mas importantes de la historia de la enfermedad, seria bueno enumerar alguno de estos hechos -.-.¿g,. - para ver si se puede explicar sin necesidad de recurrir «1 principio contajioso, pues hoy dia es generalmente negado por todos. En efecto Señores, cuando se trata de una enferme- dad que reina epidémicamente, como es la que nos ocupa hoy, se necesita mucha reserva en el modo de juzgar las causas que la producen, porque es muy fácil atribuirla des- de luego al principio contajioso y principalmente cuando esta aparece repentinamente después de haber recorrido las mayores distancias y de haber superado todos los obs- táculos que encuentra en su camino, tales como la vasta estension del océano. He aquí pues una razón bastan- te suficiente para no creer en el principio contajioso de la enfermedad. ¿Qué viajero ha podido ni podría recorrer en un corto espacio de tiempo, las grandes distancias que existen, por ejemplo, entre el punto en que aparece hoy el Cólera y en el que aparecerá mañana existiendo tal vez entre ambos puntos una inmensidad y separados muchas veces por montñis intransitables? O si nó, ¿digan los que apoyan la doctrina del contajio cual es el medio por el que este virus se trasmite de un lugar á otro? si no es por medio de los viajeros ó los diferentes medios de co- municación entre una y otra nación: por otra parte los hechos observados ó recojidos en los focos de epidemia no tienen siempre en su apoyo, sino cierto grado de inexac- titud, tanto por lo difícil que es esplicar el punto de don- de pioviene el contajio como por la influencia que ejerce la constitución médica reinante. Ahora pasaré á referir algunos de los hechos recojidos con tnnto esmero por al- gunos médicos para probar el contajio de esta enferme- dad. Uno de los mas marcados es el referido por los MM. Briquet y Mignote, en el Hospital de la Caridad, en el Qual según estos profesores, no se había manifestado ni un Solo caso de Cólera hasta que entraron á él los primeros atacados. A primera vista este hecho parece de mucho valor; pero examinándolo detenidamente se verá que esto no prueba nada en favor del contajio, pues observando las circunstancias en que estos enfermos se hallaban, se verá que estaban rodeados de una multitud de causas de las mas comunes y de las mas propias para el desarrollo de la^ enfermedad; tales son por ejemplo el estar en el foco de la infección y ademas el estar reunidos en un lugar en donde siempTe hay emanaciones ó desprendimientos de ga- ees que vuelven impuro el aire que se respira, como euc*« -29— de en loa Hospitales, y que es una causa muy común y cierta para el desarrollo de las epidemias; por esto mis- mo pues, no : e debe creer que estos enfermos fueron con- tajiados, sino que ya existia en ellos un germen que de- bía desarrollarse a la primera ocasión que provocase es- te desarrollo. Los hechos que podrian ser capaces únicamente de re- solver el difícil problema del contajio en el Cólera, serian aquellos que se observaran cuando la enfermedad fuese trasmitida de un foco epidémico á otro punto muy distan- te; que el individuo ó individuos que fuesen los conduc- tores del virus, hubiesen estado asistiendo á los atacados, y que tan pronto como llegaran á su pais. ellos fuesen á su vez atacados esparciéndose inmediatamente la epidemia por toda la ciudad. Es cierto que hechos idénticos han sido observados, según lo prueba el referido por Brochard, que tuvo lutrar en el departamento d'Eure-et Loir (omito el referirle por no ser demasiado largo, y para esto véase á Grisolle en el tomo 1. ° de la patología interna, pág. 771). Los que apoyan la doctrina del contajio, dicen que, ¿cómo se podría explicar que los individuos que estuvie- ron en contacto nns inmediato con los colerientos, fuesen los primeros atacados de la enfermedad, si no tubieran el gran recurso de invocar en su auxilio el principio con- tajioso? Es cierto que sería difícil explicarlo de otra manera; pero profundizando la materia se verá que estas perso- nas que fueron atacadas venían igualmente del foco epi- démico y que muy natural es creer que las otras, asi co- mo la primera que fué atacada estuviesen infestadas, pues es constante que en Jas enfermedades epidémicas así co- mo en las virulentas ó contajiosas, existe ese intermedio mas ó menos largro, según los individuos desde el momen- to en que el virus es puesto en contacto con nuestra eco- nomia, hasta el en que la eufermedad aparece, y este tiem- po del cual los patólogos hacen un periodo distinto de la enfermedad, le llaman periodo de incubación. Puede también haber sucedido que los individuos es- tubiesen ya predispuestos para adquirir el mal, y en es- te caso cualquiera causa ocasional, por insignificante q#ie parezca, es suficiente para que el mal se desarrolle. En estos, últimos tiempos las observaciones de.un gran Húniero de hombres eminentes, han probado todo lo con- o -30- trario de lo referido anteriormente, y que aquellos indi- viduos que están siempre en mas inmediato contacto con los atacados del Cólera, son los que mas raramente pade- cen de la enfermedad; tales son los médicos y los enfer- meros de los Hospitales y Lazaretos; pues en las estadís- ticas se nota que, es muy remoto ver á un médico ó enfer- mero atacado de tal enfermedad. Existen otros muchos casos referidos por los Ciruja- nos del ejército francés durante la campaña de Oriente, y con ellos tratan de probar el principio contajioso del Co- lera; pero su valor es casi nulo en presencia de las razo- nes ya indicadas. Por tanto es imposible asegurar con certeza la exis- tencia del principio contajioso del Cólera, lo que es necesa- rio propalar para disminuir el horror que inspira á los hom- bres el solo nombre de la enfermedad, disminuyendo así co- mo una consecuencia indispensable la grande influencia que el miedo ejerce durante las epidemias. En fin. Señores, es necesario decir que la doctrina del contajio en el Cólera, está impugnada por una mayoría res- petabilísima de médicos tanto antiguos como modernos, mientras que es una cifra insignificante la de sus defensores. Desde la reforma de Hamemann el ejercicio de la Fa- cultad de Medicina se ha dividido en dos grandes escue- las: la Aleopata y Homeópata, que son hoy dia casi las únicas existentes, esto supuesto debe considerarse que el método curativo del Cólera debe variar según la escuela á que pertenece el médico que la trata: como la gran mi- sión del médico á la cabecera del enfermo es hacer todo el bien que pueda cualesquiera que sean los medios de que se valga para conseguirlo, me ha parecido oportuno hablar aquí de los diferentes medios de que se vale tanto la una escuela como la otra para combatir tan terrible enferme- dad, y poner dique por decir así á las grandes epidemias. Al intentar ese objeto no se crea que pretendo ha- cer la critica ó combatir una de las dos escuelas, no: le- joe de mí tal intención, lo único que me guia es el bien de los enfermos, presentando al médico todos los agentes que han sido preconizados por ambas escuelas, para el tra- tamiento de esta enfermedad y poniendo de manifiesto los -31 — hechos y los casos en los cuales se ha hecho con buen éxito su aplicación, para que se pueda escojer; establecido un punto de comparar los medios mas apropiados, ó que me- jores efectos hayan producido, y deducir conclusiones po- sitivas acerca de la Terapéutica de esta enfermedad. Antes de entrar á la enumeración de los diferentes medios de que los médicos de todos tiempos se han vali- do para tratar el Cólera, diré dos palabras acerca de las circunstancias que hacen variar las indicaciones y por consiguiente los indicados. Por una dilatada y triste experiencia los médicos han llegado á convencerse de que no solamente no se podrá encontrar jamás un remedio específico, sino de que este mal tiene la particularidad de ser inerte á los medios con que en otras epidemias se le habia combatido con buen éxito. Esta especialidad es debida á una multitud de cir- cunstancias, entre las cuales encontramos en primera lí- nea el estado en que se halla la hijiéne pública, el de salubridad en que se hallan las poblaciones y á la cons- titución médica que reina; también es modificada por cier- tas causas individuales, tales como la constitución, el tem- peramento, la idiosincracia y el género de vida de los en- fermos: la mayor ó menor fuerza con que se hacen sentir las epidemias, el mayor número de síntomas alarmantes que se declaran en los atacados, en una palabra, en todo el cuadro sintomático con que se presenta la enfermedad, por lo que el médico debe tener mucha reserva y pruden- cia en el modo de combatir la enfermedad, cuidando siem- pre de obrar según las indicaciones que se presenten. Entre los medicamentos preconizados por la escuela aleópata, para combatir el Cólera, casi no hay uno solo de los que prescríbela Terapéutica,que no haya sido en- sayado contra esta enfermedad. Revisando diferentes monografías, métodos curativos y preservativos, y otros documentos que han visto la luz pública, tanto en Europa como en la América Central, con este objeto; se vé la gran difereneia que existe entre los medios empleados durante la primera epidemia que atacó en el año de 1837 y la que tuvo lugar en 1857; es- ta diferencia en los métodos curativos es debidp al poco conocimiento que entonces se tenia de la enfermedad 9y también á las causas enumeradas anteriormente. Varia también el tratamiento de la enfermedad, según «1 periodo de ella y al cual es llamado el médico. -32..... Me ocuparé primeramente de los medios propios para .combatir los pródromos, ó sea el primer periodo de la en- ■femiedad. En este caso cuando los síntomas que se ma- nifiestan -presentan una gran benignidad, existiendo tan so- lo diarrea estercoral amarillenta, fétida, presión en el hue- co del estómago, laxitud en las extremidades, vértigos, cefalalgia