„.-«*.y*sj * ■'■■■ Si£* í^\. «R ■*ÍEP i ■.-. re* ' '"*^R- f¿ A- fe- ■1. ■• NATIONAL LffiRARY OF MEDICINE Bethesda, Maryland LA MEDICINA CURATIVA, O LA PURGA DIRIGIDA CONTRA LA CAUSA DE LAS ENFERMEDADES PROBADA Y ANALIZADA. EN ESTA OBRA. POR Mnf LEROY, CIRUJANO DE CONSULTAS EN PARÍS. DECIMA EDICIÓN: m REVISTADA, CORREGIDA Y AUMKNT VDA CON MUCHOS CASOS PRÁCTICOS, Llova el Medico consigo QuL'n me lleva en el bolsillo. BUENOS AIRES: IMPRENTA DE LOS EXPÓSITOS, 182-J «• @> PROLOGO. El Arte de Curar se reduce en este método á un solo y único principio que la naturaleza misma parece haber revelado, pero que era preciso conocer y examinar á fondo. Pelgas, antiguo Profesoride Cirujia, y que por mas de cuarenta anos practicó su arte, puede ser mirado sin disputa como el Autoir de este útil descubrimiento. A el es á quien se le debe la solución de los mas importantes y complicados problemas sobre el objeto y los efectos de la purga. Esta aserción parecerá atrevida á primera vista ; pero la lectura atenta y reflexiva de esta obra, fijando ideas que hace vacilantes lo vago de su incertidumbre, convencerá á todo hombre impárcial que no es sino la expresión franca y sencilla de la verdad. Se le debe no solo el descubrimiento de la causa de las enferme- dades con los medios mas prontos y mas eficaces para destruirlas, sean cuales fueren su denominación y su carácter ; sino también el de prevenirlas, primera atención del médico que reúne la probidad con la ciencia de sil arte. Yerno de este practico, y habiendo adoptado las verdades que dio á luz, he creído deber dar á su descubrimiento toda la claridad de que es susceptible, y al componer un método sobre estos principios he querido ponerle al alcanze de todos los «nfermos, haciéndole tan simple que cualquiera que sepa leer, lo comprenda, y pueda esten- der á Otros su uso y beneficios. Creo haber logrado hacer este método tanfacil como es necesario para que pueda ser útil á los enfermos que sigan el método curativo y 'por este medio, no me veré como hasta aquí obligado á mantener una correspondencia, que mi edad y el cansancio de una practica penosa me hacen demasiado difícil. Sin embargo, me he reunido á mi compañero cuyo título zelo y principios puestos en paralelo con los mios, no dejarán ciertamente nada que desear. La experiencia que yo he adquirido es el mejor garante de todo lo que contiene esta obra : cerca de treinta años de propia practica unida á la de mi predecesor, podran confirmar lo que ya no tiene necesidad de confirmación, pues que todos los dias la abonan hechos incontestables capaces de convencer á los mas incrédulos. ! Cuanta compasión no me inspiran las muchas victimas que pe- recen á la flor de su edad, ó que pasan el resto de sus dias ator- mentados con diferentes males ! Si pues nuestra sensibilidad cede entonces á la impresión que producen tales sucesos, ¿ porque la razón cediendo también á las demostraciones de una verdad de hecho se ha de resistir á reconocerla ? No hay duda que los medios de curar han hecho de algunos años á esta parte grandes conquistas sobre el error ó el conocimiento de la causa de las enfermedades indicados en esta obra. El rápido consumo de las precedentes impresiones que algunas han constado de seis mil y hasta de diez mil ejemplares, prueban lo que afirmo, y parece dar á esta una recomendación que lison- jearía el amor propio de mas de un autor. Esta satisfacción puede ser alterada por aquellos que nunca me perdonarán el haber puesto entre las manos del pueblo un medio eficaz de curar sus males, medio que les pone en estado de sacudir el yugo de esos hombres, que e peculan sobre la prolongación de las dolencias que afligen á la triste humanidad ; mas ni estos ni aquellos á quienes hayan en- gañado ó alucinado, podrán privarme de la dulce satisfacción de haber hecho algún bien; y aun menos, sino me engaño, con la espe- ranza que tengo de hacer mucho masen lo sucesivo, ámedida que la verdad que proclamo, vaya triunfando del error y la mala fé. LEROY, Cirujano Consultor. AVISO IMPORTANTE. Nadie debe usar de mis evacuantes, sin haber leido y comprehendído bien esta obra. Los cuatro capítulos primeros no hacen mas que fijar la opinión. El vigésimo es el que determina el régimen que debe seguirie, adoptado mi método. ÍNDICE BE LOS CAPÍTULOS DE ESTA OBRA Y DE LAS MATERIAS EN ELLOS CONTENIDAS. CAPITULO I. Explicación de la causa de las enfermedades y de la causa de Ta muerte prematura............................................ 1 • De la causa de las enfermedades....... ................... id. Causa de la muerte prematura............................. 6. CAPITULO II. Causas de la corrupción de los humores...................... 7. CAPITULO III. Causas ocasionales de las enfermedades...................... 10. Enfermedades internas.................................... id. Enfermedades externas.................................. 11. CAPITULO IV. Errores sobre la causa de las enfermedades................... 13. CAPITULO V. Remedios comunmente usados.............................. 17. De la sangria......• •.................................... 18. De las sanguijuelas...................................... 19. Derrame de sangre en caso de heridas....................... 21. Kl mercurio y la quina.................................... 23. Baños en general......................................... id. Baños calientes...............%......................... 24. Baños frios............................................. 25. Baños sulfúreos......................................... id. Aguas minerales......................................... 2§. Específicos,.,,,......... •,.. • • •......• • •................ Los absorbentes, los calmantes.......................... La dieta . ,...............,............................. Electricidad, Mesmerismo, Galvanismo..................... Tópicos, DeSiecautes,,........* —...................... CAPITULO VI. De los temperamentos........• • • , •........................ Origen de ios temperamentos..........,................... División de los temperamentos..................•......... CAPITULO VIL Examen rápido de las funciones del cuerpo humano............ Funciones naturales..................................... Píiso di 1 quilo, á la s&ngre---...................•"........ Circulación de la sangre......................••••...... Vias excretorias......................................... CAPITULO VIII. De la medicina paliativa y curativa comparada* entre si.. ..--- Medicina paliativa..............................■....... Medicina curativa..................................., . . . . CAPITULO IX. Razones y casos prácticos eu favor de la medicina curativa...... Caso de enfermo que se ba purgaíLo. sesenta veces en dos meses... Caso práctico mas asombroso aun que el que precede........... Sobre purga.....................................*....... Volumen enorme de los humores.'.......................... Debilidad de los enfermos equivocadamente alegada couio razón para no purgarlos..................................... Purga insuficiente..............................•........ Purgantes que la práctica acredita como preferibles........... SoLiv el descrédito de los galenistas y la purga............... De los humores flemosos.................................. Coreo obran los purgant< s.................................. Los purgantes mirados como nocivos por ardientes........... . . Repugnancia y aversión • ■ • "¿' Sincope, desmayo...................r:..........• •....... ........ ia ipo................ -............■................... . . Iwdigestion...........................................■ • • • " Ahilos de estómago......._¡..........■.............•....... ." Hambre canina.......................................... *r Hemorragia. . . . T........................................ . f-<' i •, .■. . .............. **" Cólico de M;serere, ó cólico volvo..............•.......... 9" Diarrea, Lientera, Cursos....................•........... ] ^0 Disenteria........ ...............----.................. J0! Tenesmo, Pujos......................................... 10/j Obstrucciones, estreñimiento.............................. ™ Flatos, timpanitis........................................ |0J A lííiorranas............................................. Nefritis verdadera------.........................•....... . Nefritis aparente...................................... '*• Armas, piedra..,................................------ ■ * lscur¡a...............................•••.............. .: Derrame de la orina ..............^....................... " Esíran^urria, disuria.................................... * .• DialMiiv............................................... " ll.r.,5» ________........................................t 1U Icteric Robustez......,.....................t.................. j U, Plétora....................... ......... \\1. Consunción, marasmo..................................... id. CAPITULO XIII. Enfermedades llamadas de la cabeza.............................. 113. Cefalagia............................................... id. Jaqueca.................................. jd. Locura................................ 114. Apoplegía............................................. 1J 5. Letargo.............................................. 116. Perlesía.............................................. id. Epilepsia........................................... 117. Movimientos convulsivos, temblores......................... 11 9. Males de oidos.........,.............................. 120. Males de ojos....................................... id. Males de boca........*.............................. .. 121. Dolor de muelas...........................".............¿ . id. Pólipo............................................... 123. Rostro barroso...................................e . .. . id. Esquinencia ó angina.................................... id. CAPITULO XIV. Enfermedades llamadas de las extremidades.................. 124. Dolores reumáticos.................................... id. Ciática.............................................. 128. Calambves............»............................... id. Cota................................................ 129. XV. Enfermedades de las mugeres............................ 130. Pubertad de las doncellas................................ id. Mudanza de edad.................................... 132. Retención de la regla............................¿..... J 34. Regla inmoderada, derrames.............................. 135. Mugeres embarazadas.................................... 1 36. Finios difíciles........................................ 138. Leche extravasada................................ 1 39. La purga en bis mugeres que crian........................ 140. De la purga durante la menstruación........................ 141. CAPITULO XVÍ. Enfermedades de niños y adolescentes...................... 141 Ciisis ó evacuaciones naturales............................ id. Dentición............................................ 143. Leche mala,........................................ id. Glándulas llamadas de crecer............................ 144. JViños que se orinan en la cama............................ 145. Sangre por las narices.................................. id. Vicio pedicular..................................... 147. Tina -.............................................. ¡d. Viruelas........,.................................... 148. Sarampión............................................ 151. Toz violenta y tenaz en los niños.......................... id. Angina en la laringe .... -,:................................ ] 52. Repugnancia que los uiños tienen á los medicamentos......... 154. CAPITULO XVII. Enfermedades del cutis................................ . ] 55. Sudor ordinario.............................,.......... 156. Sudor continuo........................................ id. Sarna ............................................... 157. Empeines............................................ id. Manchas eo el cutis................................... 158. Erisipela.............................,.............., ¡d. CAPITULO XVIII. Tumores depósitos y ulceras..........................,. ,. 1 59. Humores frios........................................ 162. Panadizo............................................ id. Llagas degeneradas en ulceras............................ ] 63. Gangrena, amputación.................................. 164. CAPITULO XIX. Virus en general....................................... 165. CAPITULO XX. Resumen y uso del método curativo....................... 168. División del cuerpo humano y de los evacuantes............. 169. Aplicación de los medios curativos acomodada á las dos divisiones precedentes..........,,.........,........................ 172. Signos de perfecta sanidad............... ¿ .............. 175. Régimen curativo dividido en cuatro artículos.......¿...... 177. ARTICULO PRIMERO. Eufermedades recientes y ligeras... i ». w. ........ t i ........ \77¿ ARTICULO SEGUNDO. Enfermedades recientes y graves.........................¿ 178. ARTICULO TERCERO. Enfermedades gravísimas............................;... 179. ARTICULO CUARTO. Enfermedades crónicas .i ......;....................... 180. Obstáculos á la curación de los enfermos.................... 185. Reflexiones previas y comunes á los cuatro artículos.......¿.. .. 186. Reglas que deben seguirse en el uso de los evacuautes relativamen- te á horas, intervalos, etc.................. ¡.... . . .... 188. Uso de los evacuantes en sus diferentes grados de actividad.. 4 . .. 190. Rezetas y composición de los evacuantes... ¿ ................ 192. Dosis de los evacuantes.................................. 19-1. Dosis thel vomitivo purgante...........¿ ¿............« .... 1 95. Dosis del purgante...................................... 197. Observaciones comunes á los dos evacuantes................ 198. Color de los humores durante la purga...................... 201. Uso de los líquidos con el vomitivo purgante................ 203. Uso de los líquidos con el purgante........................ 204. Régimen en cnanto al alimento y bebida .................... 205. Régimen de alimentos aplicado ai articuló cuarto......« ».. . .. 207. Régimen de alimentos aplicado al artículo tercero ........... id. Reglas generales para el cuidado y asistencia de los enfermos id. Observación final..................................... 208. Mal venéreo.......................................... 211. FIN DE LA TABLA. LA MEDICINA CURATIVA. CAPITULO PRIMERO. EXPLICACIÓN DE LA CAUSA DE LAS ENFERMEDADES, Y DE LA CAUSA DE LA MUERTE FUI.!MATURA (1). DE LA CAUSA DE LAS ENFERMEDADES. X_Jr. principio de la animación es sin disputa uno de los secretos mas impenetrables del Criador. Pero, por su inefable bondad, parece ha permitido al hombre que conozca el principio motor de la vida, y lo ha conducido como por la mano para manifestarle el medio con que puede lograr el conocimiento de la causa de sus enfermedades; y por una consecuencia necesaria el de la muerte que es Su resulta inevitable (2) Por esta razón ¡cuan grande no debe ser reconocimiento al ser que se ha dignado formarle á su semejanza! El autor de la naturaleza ha dado á los seres vivientes que ha criadci la facultad de reproducirse. ¿Sería indiscreción, sería fuera de propósito decir, que de esta facultad hubiera resultado un exceso de población, si no hubiera limitado la duración de la vida de cada individuo? El criador con su divina sabiduría señaló la cantidad del contenido (3) según la dimensión del continente (4) y aun hizo palpables los medios (1) Es menester entender por causa, la materia que produce próxima ó inmediata-. tóente e! dolor, ó incomodidad qje caracteriza la enfermedad, y que acaba líos dias del enfermo poniendo fin mas ó menos pronto á sil existencia. (£) Una vé2 conocida la causa, es mUy fácil destruirla. (3) El de los seres criados. (4) El del globo terrestre, ( 2 ) que empleó para evitar este exceso de población como es fácil probar. Ningún ser criado es eterno, porque recibió en su formación, cuando salió de las manos de aquel, un germen de corrupción ó de corruptibi- lidad transmisible como el principio de su vida (1). ¿Era aquel el primitivo fin á que el hombre había sido criado? una autoridad incontestable no nos permite creerlo. Pero ¿quien podrá negar el segundo? El niño recibe de sus padres el principio de vida y de muerte, y luego que llega á la edad viril, los transmite como los recibió. Nada existe con dos caracteres opuestos. De consiguiente lo bueno, y lo malo andan con la separación que exige su diferente naturaleza. El principio pues de la vida no contiene dentro de sí, el principio de su propia destrucción, pero concentrándoles en el mismo cuerpo, estableció Dios entre ellos un punto de contacto, para que el uno influyese sobre el otro haciendo asi que el agente de la destrucción gastase ó rompiese los resortes de la vida, que escomo los seres vivientes dejan de existir. Para que el hombre llegue con el beneficio de la salud al periodo de la vi- da llamado vejez (2), es menester que su ser físico conserve un perfecto y durable equilibrio, situación dichosa que no puede ser sino el.resultado de un estado permanente, fijo, y por decirlo así invariable de la corrupción innata (3), Pero esta corrupción, germen natural de la destrucción de la vida, es mas ó menos susceptible de la influencia de las causas corruptoras ú ocasionales, de que hablaremos en el capítulo siguiente. Si por efecto de esta misma iuflu' ncia, aquel germen toma incremento, como esta expuesto á ello en tales casos; si su curso se agita, si Ja fermenta» cion pútrida empieza, la enfermedad se declara con mas ó menos malig- nidad ; y por consecuencia de sus progresos, la muerte sucede antes del término á que el iudividuo que fallece hubiera podido llegar, seguu el principio de vida que poseía. De esto resulta Ja distinción entre la muerte natural consecuencia de la vejez, ó de una suficiente duración de vida, es decir, relativa ó este mismo principio, y la muerte prematura ó contra naturaleza, que en cual- quiera época del curso de la vida la destruye, por el efecto progresiva de la enfermedad._____________ (1) Que la corrupción termina la existencia de todos los seres ó de todo lo que ha recibido vida es una verdad incontestable. (2) La determinación de la vejez nos parece, en algún modo, arbjlrararia; nosotros la fijamos desde la edad de setenta años. (3) Es decir, la corrupción sia aumento, ó tal cual el primer hombre la recibió con la facultad de transmitirla. ( 3 ) Todos los seres vivientes tienen pues en si mismos una porc'on de este agente destructor, supuesto que la muerte no perdona á ninguno. El hombre que es uno de aquellos que goza de una vida mas dilatada, lleva igualmente consigo la causa de su fin, cuya malígniuad no conoce sino lue¡;o que se manifiesta la enfermedad, á que está generalmente mas ex- puesto que las otras criaturas. Es de advertir, y el común de los hombres vé con asombro, que jóve- nes en la fuerza y vigor de la edad, cuyo color anuncia el temperamento mes robusto, estáu á menudo mss expuestos á los ataques de la corrup- ción y de la enfermedad, que muchas personas de mal color y de una comple- xión conocidamente endeble. Ciertos iudividuos nacen con mayor cantidad de corrupción que otros. Estos están siempre enfermos, y es raro que vivan hasta una edad avanzada á menos que su constitución ó temperamento no se mejore en el curso de su vida. Otros nacen al contrario con un estado de excepción que podría llamarse privilegio. La causa de la destrucción emplea en ellos mas de cien años para producir su efecto. Pero sobre el mayor número obra por el contrario con rapidez, y no pocas veces produce todo su efecto aun antes que los individuos nazcan y aun que tan variada en su acción no muda de naturaleza, es siempre la misma y tal cu:;l el criador ha querido que fuese Nadie puede negar que las partes carnosas, tendinosas, cartilaginosas, ner- viosas, y huesosas de los cuerpos que se llaman sólidos no están subordinadas á la otra parte llamada los fluidos, á los que deben su formación, su substan- cia, y su acrecentamiento (1) y todos saben que estas dos partes constituyen nuestro ser material. Distingamos entre estos fluidos la especie que está destinada para la con- servación de la vida, y la especie, que puede ser el instrumento de su destruc- ción, siendo la mas corruptible por su esencia. El ser de los seres al dar la vida á sus criaturas las sometió á la necesi- dad de alimentarse para mantener su conservación. Examinemos el uso que la naturaleza hace de los alimentos, y como estos se separan por el trabajo de la digestión. La primera parte de los alimentos ó lo que es lo mismo, su aceite ó quinta esencia sirve para formar lo que se llama quiio. El quilo se filtra, co- mo se dirá en el capítulo "Vil, en la circulación para mantener la cantidpd (1) Todo procede de un fluido como único principio. M) de sangre necesaria á la substancia de todas las partes sólidas del indi- viduo, y para reparar las pérdidas que hace continuamente este fluido mo- tor de la vida. La segunda parte demasiado grosera para convertirse en quilo forma de su primera porción la bilis la flema, el fluido humoral; resultando de la segunda una materia viscosa ó mucosa. Esta queda pegada á las ter- nillas interiores del tubo intestinal, comunmente llamado estómago é intes- tinos, mientras que la primera pon ion puede filtrarse en la circulación. La tercera parte, que no es buena para nada, se expele y produce la materia fecal, ó deposiciones diarias. En el cuerpo humano los humores no son menos naturales que la san- gre. No estamos malos precisamente por tener humores, como cree el vulgo, sino porque estos se corrompen ; ó en otros términos, porque la fermen- tación asida ó pútrida se introJuce en ellos; y se corrompen primero que cualquiera otra parte, porque en ellos es donde existe el germen de corrupción, que el autor de la naturaleza puso por su mano para poner un término á la existencia de todo ser criado. Cuando este germen de destrucción recibe cierta extensión ó adquiere cierta fuerza por las causas cor- ruptas, de que ya se ha hablado, y que van á indicarse, según la mayor ó menor influencia de estas se acorta ó prolonga la vida del hombre. La experiencia demuestra esta verdad, que confirman las observaciones que se pueden hacer -durante el estado de la enfermedad, y mas todavía las que se h*cen después de la muerte del enfermo. (1) La prueba de que los humores son, como se acaba de decirlas partes mas corruptibles del cuerpo, es que son excrementicio»:, y si no lo fueran uo se evacuarían por la via ordinaria, sea naturalmente, ó bien por consecuencia de »n estímulo. ¿ Su corruptibilidad, y su corrupción no son la causa de la in- fección que se halla en ellos y que es siempre relativa á los progresos de su degeneración ? Esta es la razón porque la materia fecal despide como obser- vamos con frecuencia un olor mas ó menos hediondo y por esto en el estado de enfermedad las deposiciones por las grande vias, el sudor y aun la simple trans- piración llevan materias cargadas de exhalacionesfétidas,queincomodan al enfer- mo y mucho mas á las personas que le asisten. Estas verdades que se enlazan con (1) El mal olor señal indubitable de la alteración de las materias corruptibles, no aguarda que la muerte se verifique para exbalarse. La precede siempre, y casi siempre la infección es un presagio de elia, que nos vemos ademas precisados á reconocer come su eausa, sobre todo si se inspecciona .anatómicamente el cadáver. C é) otras no menos importantes, no pueden ser desconocidas sino por Un mentecato ó un hombre que por obstinado quiera lüih-r contra la evidencia. (1) Admitamos en buen hora que no hay vicio en los humores mientras, qiie el individuo que los contiene en sus visceras está en estado de salud. (2) Pero no es posible negar ni debemos olvidar nunca que sí bien al princip'o, aunque ya adulterados üo incomodan, desde el momento en que se experimenta el dolor, ó que no nos hallamos en una situación en todo conforme á este mismo estado de salud, es claro que están mas ó menos adelantados en corrupción pues es indubitable, que la causa precede siempre el efecto. Esta verdad es una ley fundamental de la uaturaleza. Si algunas de las funciones naturales se interrumpen ó se suprimen; si del estado de salud se pasa al de dolor ó de verdadera enfermedad, es porque cor- rompiéndose los humores pierden, por la depravación que han experimentado, todo óvparte de su bondad, causa principal ó única de la Salud, que no se puede recobrar si esta misma especie de humores no se restablece perfectamente. Estas materias ó en el acto de corromperse ó ya corrompidas toman un carácter de acrimonia, de calor ardiente y hasta corrosivo, que las hace mor- dicantes, y ocasionan á la parte carnosa que las contiene una sensación mas ó inenos dolorosa y difícil de tolerar, y que llega á ser hasta insoportable. Mu- chas veces degeneran en putrefacción, otras no pero rara Vez dejan de ir acom* panadas de excesivo calor ó acrimonia sensible en la parte que atacan, y de^ pravadas en uno y otro caso son susceptibles de adquirir el mas alto grado de malignidad. En este estado de degeneración, y por esta misma acción corrosiva, cau- san los humores todos los males, todos los dolores, todas las iucomodidades, ó todas las enfermedades sea cual fuere su especie y carácter. En este estado v por causa de él estas materias resisten á los esfuerzos de la naturaleza, que por su parte no puede resistirlas á ellas, por la tenacidad que han recibido de la corrupción en cuyo caso la enfermedad se declara. Esto es lo que nosotros llamamos ;;quí el origen de las enfermedades. Nos resta señalar sus emanaciones para completar la descripción de la única causa de las enfermedades del cuerpo humano. Esta acrimonia, este calor ardiente ó corrosivo, este instrumento en fin3 que se forma de si mismo en la corrupción, para producir todas las incomo- (1) La demostración de estas verdades se hallará en diferentes artículos de esta obra. (2) Se hallará en el capítulo XX de esta obra una indicación de las señales violencia de cualquiera ciisií, con tal que sea aciuiíiistrada ni pequeña!; o del tópico, con arreglo á lo prescrito en el capítulo XX en los 4 artículos del ph-.n curativo. Es un error poner los vejigatorios'en el sitio del dolor ó á su inme- diación, pues supuesto que atraen la fluxión, es evidente que el hacerlo así es sobrecargar con nuevos humores la parte ofendida en lugar de descargarla de los que tiene. Se engañan también los que en un afecto de pecho ponen el vejigatorio entre las dos espaldillas ó sobre las vértebras ó sobre el es- ternón, según donde se ha fijado el dolor, con la mira de llamar el humor afuera. Debería saberse que la interposición de la piel que cubre el cuerpo humano, impide toda comunicación con las parvs contenidas en sus cavidades. Lo mismo digo con relación al mal de ojos, de oidos y otras partes de la cabeza; en el brazo es donde deben ser aplicados estos emplastos y no en la nuca, ó detras de las orejas como se practica comunmente. En las enfermedades graves que interesan todo el cuerpo, las piernas y aun algunas veces los muslos son los sitios mas á propósito para esta aplicación. La violencia de los dolores locales ó los peligros que corre el órgano ofendido, ó el riesgo que amenaza al enfermo deben servir de regla, en Cuanto á saber, si se deberán poner en los dos brazos ó solo en uno, en las dos piernas ó solo en una, así como en otra cualquiera parte del cuerpo contando con que siempre hay lugar para aplicar el segundo y que ó no hay caso, ó son muy raros, aquellos en que se deban aplicar á los dos extremos superior é inferior á un mismo tiempo. Cuanto mas se deje puesto el vejigatorio tanto es mayor el efecto que produce, la fluxion que atrae, y por esta razón no se le debe tocar hasta que el dolor que causa, no se haga irresistible. Llega á hacerse tal, cuan- do se aumenta la serosidad asi atraida y con ella el calor y la acrimonia de los humores, y por esta se puede juzgar de la malignidad de esta m\t.ria y de consiguiente reconocer, con la necesidad de libertar de ella al enfermo el peligro en que su vida ha estado hasta el momento, en que esta porción tan dímosa de los humores ha podido ser retirada de las partes ©r 'ánicaí y motrices de su vida amenazada. No solo es imprudente al*ar el vejigatorio ó cantárida antes que haya ( 35 ) obrado, sino que en ciertos casos podria perjudicar á los enfermos. Eq. alguno que le ha conservado diez dias sin haberle sentido, á vuelta de este tiempo empezó á obrar y habiendo desalogado los humores que se opo- nían á todo desaogo sobrevino una crisis, esto es, evacuaciones considerables que salvaron al enfermo de un estado casi desesperado. En semejante caso y visto que el vejigatorio no obra en el tiempo ordinario, puede~~ser útil auxiliar los de las piernas con otros en los muslos. Sucede, que las cantáridas no producen siempre el efecto que se desea. Esta es una prueba nada equívoca de una gran corrupción ó putrefacción interna, y el peligro es inminente, si en el término de diez y seis horas el enfermo no las siente. Cuando se levanta el vejigatorio, después de haber hecho extraer el agua que las vejigas contienen, se debe volver á aplicar de nuevo, á fin de atraer mas, y cuando se quitan enteramente, no queda mas que hacer sino curar por el método Ordinario la llaga que causa- La continuación de «ste método curativo abrevia mucho ía dilación ordinaria de estas curas. Cuando la necesidad exige nue se conserve largo tiempo el vejiga- torio contra males tenaces en los ojos, ó en otras partes de la cabeza, males que el uso d~ los purgantes no ha podido destruir, se debe cuidar que la permanencia de él no dañe el brazo, sea quitándole su substancia, ó desecándole con la ilusión que rija en esta parte. Luego que se note este efecto, deberá aplicarse otro parche en el brazo opuesto, suprimiendo el pri- mero. Mas de una vea se ha observado que la acrimonia de los vejigatorios se ha dirigido al cuello de la vejiga, y de tal modo que ha detenido el curso de la orina. En este caso es forzoso levantar el emplasto, para vol- verlo á aplicar luego que el enfermo ha orinado. Infinitas veces he observado que los vejigatorios comunican esta mis- ma acrimonia á la masa de los fluidos, y que el uso continuado de este tópico podría causar graves perjuicios á los enfermos; en este caso debe suspenderse. Si nuestro método se siguiera exactamente, no se necesitaría muchas veces recurrir á los vejigatorios. Por ningún título se deben aplicar bin poderoso* motivos, pues este remedio que no es verdaderamente cura- tivo, mas ó menos es siempre doloroso, y tiene el peligro de poder agangre- nar la parte donde se apüca. (1)________________________*_„______. (i) Juste, accidente puede sneeUer á les e»formos etiyes htmwrus s«m «U muy ma.~ C 36 ) Se emplean otros muchos remedios exteriores como cauterio, sedal, sina- pismo, ventosa, botón de fuego por hacer que hacemos, pero es como si para arrancar un árbol que tiene profundas raices se tirase de sus ramas. Es tiempo perdido mientras no se obra sobre el tronco. Asi es que tales medie* convienen solo á la medicina paliativa de que hablaremos mas adelante. Las personas que usan de algún desecante (como el emplasto vejigatorio^ sedal y cauterio) no deberán suspender su uso, sino después de haber des- truido con arreglo á mi método la causa de la enfermedad que ha mo- tivado el uso de estos tópicos, á menos que no esperimenten un alivio muy notable en su salud y en caso de supresfon siempre es menester que continúen purgándose hasta su total restablecimiento según lo indicado en el articulo 4 del régimen curativo. En cuanto á los ancianos veletudina- ríos de quienes no puede esperarse una cura radical, será prudente que ¿continúen usando del desecante, tanto mas que si con posterioridad á esta supresión les sobreviniese cualquier accidente, la preocupación recobraría y con mayor fuerza su imperio. CAPITULO VI. DE LOS TEMPERAMENTOS. Origen de ios Temperamentos. Según la voluutad del Criador la madre transmite á su hijo formad© •de sus fluidos su constitución física y la causa que le hace mortal. Si Ja madre está enferma sea que la impureza de los humores de su marido haya dañado los suyos, sea que esta corrupción provenga de otra causa el niño puede adquirir un temperamento poco robusto, y aun tal vez la enfermedad misma con su causa susceptible acaso de las consecuencias mas la naturaleza, y á los que se le hubieren aplicado antes de tiempo los vejigatorios, esto es antes de haber arrojado una cantidad suficiente de la corrupción que sus cuerpos contienen. Cuando llegue este caso se deberá promover la evacuación con purgas activas 4 fin de expeler con prontitud la materia gangrenosa. f #) funestas, y he aquí el origen de las enfermedades á que muchos individuos están sujetos, siéndolo también de las constituciones físicas llamadas tem- peramentos, y aun la causa de las variaciones que estos experimentan durante el curso de la vida. Por esta razón nada estará de mas de cuanto se diga para recomen- dar á los hombres y mugeres que no se casen sino en estado de buena salud, cosa que se descuida generalmente, tratando asi mismo de conser- varla y por los mismos motivos durante su unión, tanto que deben asbstenerse del uso del matrimonio, cuando cualquiera de los dos consortes está enfermo, y mucho mas aun cnando lo estén entrambos. Los que no lo hacen asi ceden sin reflexión á un apetito brutal; olvidan ó no escuchan la razón para abandonarse á su pasión como los brutas, sin meditar cuan funestas pueden ser las consecuencias para sus hijos, y aun tal vez para ellos mismos por las razones que hemos dado en el capitulo dos. División de los Temperamentos. La división de los temperamentos en bilioso, sanguíneo, ú otro de diverso modo llamados por diferentes autores, ha dado lugar á un error en el que han incurrido muchos prácticos. Pretenden que el sanguíneo está particu- larmente expuesto á tener demasiada sangre. Cada individuo tiene una constitución que le es propia y un hombre puede tener mas sangre que otro, aunque sea de un tamaño y peso igual á este. Otro puede tener mas bilis, mas flema, mas humores, pero también es verdad que aquel que se llama sanguíneo, no tiene sino la sangre suficiente para la conservación de su constitución, pues que es indudable que cualquiera, que padece una perdida de este fluido, experimenta una deterioración ó debilidad en su salud y por consecuencia en la duración de su vida, y negar esta verdad seria decir que la naturaleza es incierta en su obra y no querer confesar que. es mas sabia que el hombre. Se atribuye una superabundancia de sangre á los individuos cuya cara es de un color demasiado encendido, y que se enciende mas por consecuen- cia de cualquier exercicio violento en el orden físico ó de cualquiera im- presión fuerte en el orden moral, y se confirma e:i esta opinión cuando en la persona de que se trata se observa cierta dificultad en la circulación de los fluidos, alguna obstrucion, dolores de cabez:>, vaidos, fluxos de sau- gre por la> narices, ó cuando por ejemplo una muger tiene una mestruacion ( 3S ) escesiva, ó pérdida considerable de sangre. El que quiera estar de acuerdo fon la naturaleza, necesita confesar que si la sangre en los vasos de esta «lase de personas no estuviera mesclada con partes heterogéneas, no espe- rimentaria la menor dificultad en su circulación, y que la causa de esta dificultad y de ios males que á ella se siguen, es una substancia aquosa o sea llamando Ja cosa por su verdadero nombre, una agua semejante á ía que se mezcla con el vino tinto y que no llc^a á alterar visiblemente ni su color, ni su substancia. Esta agua es la mas cristalina de la parte fluida Ge los humores. La serosidad humoral es la que obra cuando hay dema- siado calor, ó cuando sobrevienen derrames, dolores, obstrucciones, hincha so- nes, y oíros accidentes de cualquiera naturaleza que sean. Esta clase de temperamentos no son tan buenos como se cree sobre todo si estos individuos ceden á la fuerza de la opinión, y consienten en perder mucha sangre, supuesto que se cree tienen demasiada, pues por consecuencia de este error se hacen enfermizos, asmáticos, hidrópicos, apoplé- ticos, etc., etc. Sí al contrarío tienen el buen sentido de despreciar la* preocupaciones villares, que deberían llamarse mas bien errores fatales «onservajan el principio motor de la vida y purificándole, la conservarán preca., viéndose de los accidentes, que anticipadamente se la arrebatan. El menos favorecido, con respecto á temperamento es aquel en quien los humores dominan, ó que recibió con esta constitución humoral los vicio», ion que su padre ó. madre, ó su nodriza estaban contaminados, sino ha sido perfectamente purificado por alguna enfermedad que haya padecido. Existe entonces en el an germen de corruptibilidad que le amenaza con las mas funesta* tronsecuencias, por su disposición á recibir la impresión de las causas corrupto- ras. De consiguiente está mas expuesto que otros á frecuentes enferme- dades ó á una muerte prematura, CAPITULO VIL examen iiapido de í as funcione* del cuerpo humano. ELtoncciiiiitut* «I« la* funciones del cuerpo humano, no puede weae.s ( 39 ) de contribuir á poner en claro la causa de las enfermedades, siendo de Fuma utilidad para la inteligencia de todo lo que se dirá en este método relativamente al régimen curativo de elbs. Se distinguen estas funciones en vitales, animales, y naturales. La circulación de la sangre, la del espíritu, ó la acción del cerebro y la respiración se cuentan en las primeiv.s. Los movimientos del cuerpo, y el exercicio de los sentidos se atribuyen á las segundas, la digestión, la nutrición, la filtración, el crecer, la generación, y las deposiciones pertenecen á la terreras. Las dos primeras especies están subordinadas á las funciones naturales, pues luego que estas se interrumpen, las vitales y animales están muy amena- zadas. Voy á ocuparme de las funciones naturales pero con brevedad y consi- dteradas únicamente, en la relación que tienen con nuestro asunto- l't NCIONES NATURALES. Se sabe y hemos dicho qu^ el Criador sometió á todos los seres vivientes á la necesidad de alimentarse para conservar su existencia, condenándoles á falta de esto á perecer de hambre ó desfallecimiento. La boca y los dientes hacen el trabajo de la masticación ó la acción de mascar. La lengu:i, la faringe y el esófago (conducto de la boca al estomago) operan la de glucion ó la acción de tragar. Estómago recibe los alimen- tos por el esófago, para hacer la digestión. Luego que están preparados asi por este ventrículo, para servir á la nutrición ó acción de alimentar, los alimentos bajan á los intestinos, por su orificio inferior llamado piloro. Los intestinos, en número de seis, llamados también tripas, están inme- diatos á este orificio. Los tres primeros son los mas delgados. De estos el primero, inmediato al píloro se llama duodeno: el segundo yeyuno, y el tercero ilion. El primero de los mas gruesos se llama el cu>go, el se- gundo colon, y el tercero intestino recto. Con este se junta un músculo lla- mado esfínter, destinado á cerrar y abrir el ano á fin de retener ó dejar salir por su dilatación las deposiciones diarias. Los intestinos forman entre si en el abdomen ó bajo vientre, que los contiene, diferentes roscas y están contenidas por los ligamentos de las menhranas y de las visaras. El nombre de tubo ó canal intestinal se da también á ios intestinos Muchos autores han comprendido bajo t ste nombre toda la parte de Ls C 40 ) entrañas que se extiende de la boca al ano. Sean cuales fueren sus divi- siones y denominaciones, sus funciones no pueden experimentar variación. Hablaiémos d<>él en breve. Compararemos aquí el canal intestinal á un rio cuyo riego benéfico por los conductos, que la naturaleza y el arte han practicado, lleva la abun- dancia á las regiones que baña con sus aguas. Del mismo modo el canal in- testinal, provisto de materias alimenticias, las distribuye por toda la eco- nomía animal, reponiendo las partes perdidas, y siendo el reparador de las fuerzas. En fin es un proveedor atento y vigilante, que distribuye, del modo que diremos, la *vida á todas las partes, que sin su previsión perecerían de estenuacion y desfallecimiento. PASO DEL' QUILO A LA SANGRE. Las venas lácteas son pequeños vasos ó filamentos huecos, que salen de la túnica interna de los primeros intestinos. Chupan continuamente el fluido contenido en esta parte del canal, pero particularmente y conforme al destino que !.' naturaleza les ha dado, extraen el aceite de los alimentos á medida que la digestión se va haciendo. Estos pequeños vasos muchos en su origen, se reúnen repetidas veces, y succesivamente en uno solo llamado canal torazico. Este es el que evacúa en la vena suclavia izquierda, el quilo que las venas lácteas han sacado del jugo de los alimentos. Por las venas pues recibe la sangre lo que repara sus pérdidas, y por ellas des- pués mantiene el juego de todas las funciones en general y la armonía de todos las partecillas que componen el individuo haciendo otras tantas distribuciones alimenticias, cuantas son las que se conocen con el nombre de secreciones. CIRCULACIÓN DE LA SANGRE. Los vasos venosos que son muchos y que se conocen bajo una in- finidad de nombres, después de haberse reunido muchas veces forman en fin las dos venas principales conocidas bajo los nombres de vena-cava v vena-pulmonaria; y estos dos vasos evacúan la sangre en las aurículas del corazón. Este músculo concavo, principal órgano de la circulación, por su contracción y por el movimiento accesorio de sus dos ventrículos, echa la ( 41 ) «angre en lo9 dos troncos arteriales llamados arteria aorta, y arteria pul* monar. Estos troncos principales distribuyen la sangre á todas las purte* del cuerpo por las numerosas subdivisiones arteriales hasta las venas con que se unen, y estos últimos vasos la vuelven al corazón, cerno se acaba de decir. VIAS EXCRETORIAS* En las vias de la circulación hay humores que circulan con la sangre, «upuesto que muchas visceras están destinadas para separar estas dos especies de fluidos. Las substancias alimenticias experimentan por consiguiente una Hueva purificación que es también necesaria y voy á decir como se verifica. Los ríñones hacen la separación del fluido humoral que pasa por I09 uréteres á la vejiga, y de aqui por medio de la dilatación del esí;nter al canal de la uretra por donde salé bajo el nombre de orina. El hígado separa la bilis de la sangre por la acción que ejerce. Los canales cístico, epático, pancreático, coledoquio y demás canales y excretorios que según se ha visto, vienen de las vias de la cir -ulacion, y tienen su abertura en el canal intestinal, conducen á él una porción de la bilis y de humores qne la sangre separa por ser de una naturaleza hetereogenea y no poder unirse á ella. Es evidente que el canal intestinal es susceptible en su parte infe- rior ó las tripas, de un movimiento que se llama peristáltico para denotar que se efectúa de arriba abajo. A favor de este movimiento se expelen las materias fecales y demás deposiciones que vienen á él por los canales excretorios que acabamos de indicar, sea que estas evacuaciones se hagan natu- ralmente ó que hayan sido excitadas por un purgante. Se observa igualmente que la parte del canal que se conoce bajo el nombre de estómago es no solo susceptible del movimiento peristáltico, sino también de otro movimiento contrario como se vé por el vómito ó natural ó promovido. Sin embarga no se puede calificar de anti-peristáltica esta contracción del estómago ; pues esta última denominación no se dá sino á un estado de enfermedad peligroso, en que el enfermo vomita hasta las ma- terias fecales. Se conoce otro vomito que proviene de una obstrucción en el pílorq que no es ciertamente menos peligroso que el precedente, supuesto que j? ( 42 ) funndala obstrucciones completa no hay comunicación entre el estómag» y los intestinos. En consecuencia de lo que acabamos de decir el canal intestinal puede también compararse por su i;»;ura, su organización, y sus funciones, á un rio que recibe infinitos riachuelos, arroyos, y albañales. Dicho se esta que la ÜLre corrh-nte de este rio favorece la de los arroyos, y que no puede 6er interrumpida sin que obre de rechazo sobre estos. Se ve con frecuencia que cuando el rio está superabundantemente lleno, se inunda el terreno por donde corren estos mismos arroyos ó ríos, que encuentran un obstáculo en su desagüe. La recta razón, aquella que no está dominada por sistemas, nos hace ver que lo que pasa en el cuerpo humano, en ej canal intestinal y los canales arteriales y venosos es la imagen sencilla y natural del rio y de los arroyos que en él desaguan. La ley de la circulación es la misma en toda la naturaleza. ¿ No es en cierto modo palpable que la plenitud del canal intestinal re- fluye en los vasos sanguinos y que causa en ellos toda la dificultad que exp< rimentan por la obstrucción de los canales excretorios de que acabamos de hablar ? ¿Es menos patente que si los socorros del arte se dirigen di- rectamente sobre este canal, con medios análogos al estado de plenitud hu- moral en que se halla, las vias de Ja circulación se libertarán de las ma- terias que perjudican á la salud ? ¿ Quien negará que cuando el agua del r'o corre, también corre la de los riachuelos? CAPITULO VIII. J.A MEDICINA PALIATIVA Y CURATIVA COMPARADAS ENTRE SI. MEDICINA PALIATIVA. La medicina paliativa no puede fundarse en los medios que como peli- grosos hemos indicado en el capítulo quinto. No puede establecerse sino en el sistema general de los diluyentes, absorventes, calmantes, ú otros dife- ( 43 ) rentes medios de que hemos hablado en el mismo capítulo, ó sobre un régimen y modo de vivir, tanto físico como moral, arreglado en lo posible al estado del enfermo. Es aplicable sin duda á todos aquellos cuyos males están ya decla- rados como incurables sea por la edad demasiado avanzada del paciente, por lo inveterado del achaque, }os vicios de su constitución humoral, ó á los de su conformación, sea en fin por accidentes interiores que han sobre- venido, cuya naturaleza se opone al método propiamente llamado curativo, sean cuales fueren las causas que les han producido. El hombre no en todas las épocas de su vida puede ser curado de sus males, sino fuera así, sería eterno. Sin embargo no por esto se diga que no se hubieran curado por este método muchos de los que padecen do- lencias inveteradas, si se hubiese empleado desde el principio de la alte- ración de su salud, en lugar de los remedios nopiyos ó ineficaces que quedan indicados, y ni aun esto debe ser uua razón para desesperar enteramente de la vida de tales enfermos. Aunque los humores de un enfermo estén viciados, no están siempre en un estado de putrefacción. La degeneración de estas materias no obra siempre con la misma prontitud en todos los in- dividuos. Vemos morirá muchos después de una corta enfermedad, mientras que otros resisten muchos años en estado de languidez habitual. Con arreglo á estos principios y consideraciones, el arte se dividirá siempre en medicina paliativa, de que acabo de hablar, y en medicina curativa, de que particu- larmente me ocupa, como que es el fin que rae propongo eq esta obra y el de mi método. Nada prueba mejor que una enfermedad es incurable, que el verla resistir á todos los esfuerzos de un plan verdaderamente curativo. Es me- nester sin embargo no hacer probaturas, ó tentativas cuyo éxito pueda ser desgraciado, porque no faltan gentes que no perdonan lo bueno de la in- tención, y condenan hasta los principios de este método; tan grunde es su ignorancia, á pesar de que han visto curar enfermos repurados por tan in- curables como otros que se han muerto. Ademas la malignidad, el espí- ritu de partido están en continuo acecho dispuestos siempre á lanzar sus en- venenadas flechas (1). (1) Si la prudencia del práctico toca en pusilanimidad, ¿ cuantos enfermos cuya cu- ración nerá dudosa, pero no imposible perecerán victimas de esta misma pusilanimi- ( 44 > MEDICINA CUnATIVA. Será pues que el Autor de la naturaleza haya sin esperanza y sin consoe« lo abandonado el hombre, la obra mas perfecta de stís manos á todo el horro* de las enfermedades que atacan su mísera existencia : No habrá algún medio para dilatarla y conducirla hasta el término que sé acerca mas á los límites que él ha preScripto á la duración de la vida humana ? Si Se reconoce por la evidencia de las pruebas que existen, que la enfermedad, ó enfermedades del cuerpo humano, tienen por única causa íuterna o efi- ciente la que hemos analizado en el primer capítulo, se reconocerá tam- bién que el arte de curar debe conformarse al principio de la naturaleza, y de consiguiente reducirse al único plan que ella prescribe (1). La medicina curativa siendo la causa de las enfermedades la que queda reconocida y demostrada con hechos incontestables, á pesar de lo que digan sus difamadores, y de todos aquellos á quienes ciegan funestas preocupaciones no tiene ni puede tener otro medio que los purgantes bajo las reglas que sé fijarán para su uso, según la necesidad del caso, como se dirá en los Cuatro artículos del método curativo tal cual se prescribe é indica en esta obra. Pircar: Esta palabra en toda la extensión de sn acepción significa: disolver, dividir, enrrarecer, expeler, limpiar, purificar, hacer salir visiblemente las materias que incomodan. Pero purgar un enfermo hasta su curación radical, sea en el caso de una enfermedad grave, ó indiferente, en el de una antigua ó inveterada ó reciente es una práctica tan nueva para muchos, como desconocido el principio en qtrt se funda nuestro método. Esta práctica es sin embargo la mas útil de todas. Es indispensa- ble no solo para curar pronto y eficazmente todas las enfermedades qu* dad ó de su debilidad, ó de tos temores quiméricos que les hayan inspirado contra el método evacuante ? (1) lector de buena fé, no deis á esta aserción mas extensión que la que debe tener. Y vosotros que preferís vanos sistemas á las sencillas ideas de la natura- leza que creéis haber triunfado del que manifiesta una Verdad ¿til, y echado por tierra este método, con solo decir con un aire burlón que con él pretende curar todas la* 'enfermedades, ó lo que es lo mismo destruirlas, hallareis tal vez algunos incautas qu« ot crean, pero no impediréis con vuestros sarciwtttto* qu* los fce«hos notorios dejen de ' U-ikt infinito» apreciadores. ( 45 ) pueden sobrevenir, sino para evitar los males y achaques de toda especie cuya larga duración viene á clasificarles al fin en el número de las enfer- medades crónicas. Este método que la sirve de base y que regla su por menor d.í, por una parte socorro directo á la naturaleza en sus necesidades, y por otra reprueba la sangría, la dieta y los baños, &c. como otras tantas prácticas peligrosas que caus.ui un daño considerable á la conserva- ción de la vida. Ofrece ademas grandes recursos curativos contra mucha8 enfermedades crónicas miradas como incurables, y cuya consecuencia es una muerte inevitable, sino se opone este medio á sus progresos. Sin esta práctica, el arte es insuficiente, supuesto que deja á la natura- leza scla el cuidado de curarse, como se observa todos los dias. Hay muy pocos casos en que este método no cure en ocho ó diez días las enfermedades no inveteradas. ! Cuantas victimas que mueren en menos de cinco dias de enfermedad hubiera podido salvar el uso de este método....! Ni se admitirían, bien conocida la verdad de los principios, enferme- dades incurables por naturaleza, pues ninguna enfermedad tiene este carác- ter en su origen, y seguramente en todos tiempos se han padecido las mismas de que hoy nuestro método triunfa completamente. La antigüedad de las enfermedades y. su imposible curación no tiene pues otra causa, que la negligencia del enfermo en acudir al remedio en tiempo oportuno (1) ó }a insuficiencia de aquellos que le han sido adminis- trados (2). ¡ Cuantos desaciertos gumamente perjudiciales se cometen todos los dias, empezando las curaciones con inútiles paliativos! Quien no ha obser- vado cuanto tiempo se pierde, según las reglas que comunmente se siguen, solo para fijar la clase á que la enfermedad pertenece ? ¿ Quien no ha sido testigo ó no ha oido hablar de esas miserables altercaciones que ha habido ó hay todos los dias sobre el nombre que se la debe dar ? Cuantos uo hemos visto morir víctimas del tiempo perdido en estas discusiones! Estas desgracias no podrán suceder nunca adoptado nuestro método (1) ¡Cuantas personas ó indolentes, ó poco instruidas en el particular reclaman los socorros del arte cuando sus cuerpos contienen ya la indestructible causa de la muerte ! (2) i Cuantos enfermos vemos cuyas enfermedades se hacen mortales durante el curso de ellas por no emplear medios enérgicos ó suficientes para expeler la causa que la produce ? (46 ) f]U3 prescribe y da los medios de atacar la causa de la enfermedad, luego que esta se manifiesta; entendemos por enfermedad todo estado de iuco- moílidad, lo mismo que toda total ó particular interrupción de las fun- ciones naturales, cuyo ejercicio debe ser libre y natural, como lo explicaremos en el capítulo destinado á_ describir los caracteres y señales de una buena salud. CAPITULO IX. RAZONES Y CASOS PRÁCTICOS (1) EN FAVOR DE LA MEDICINA CCiTATIVA. Los médicos que han vivido en los diferentes siglos antes y después de Hipócrates, han sido siempre de opiniones contrarias. La purga tuvo muchos partidarios, pero el número de sus antagonistas fué muy supe- rior (2). Los modernos (hablo de los del siglo diez y nueve) lanr.arian excomunión y anatemas contra el atrevido que se declarase en favor de la purga administrada y reiterada en proporción de la necesidad. I Los que se esfuerzan en hacer una pintura espantosa de los efectos de los purgantes hablan de buena fé? Muchos han probado lo contrario por motivos que no solo ellos conocen y que mas de un observador ha conocido fácilmente. Los otros, y este es el mayor número manteniéndose en su error siguen buenamente el método usual. Sin otra guia que la prác- tica de sus abuelos quieren mas ser sus esclavos que innovarla. En vez de obsarvar la naturaleza perpetúan errados sistemas, que sean cuales fueren sus malas consecuencias, el uso, las preocupaciones recibidas, la ceguedad general continuarán justificando como hasta aquí. !Me creia culpable á los ojos de la humanidad, sino empleara todos mis (1) Véase el capitulo XXI. (2) Habiéndose aumentarlo el número de los médicos ha sido preciso compli- car, embrollar la medicina para que todos tubiesen ocupación. Mientras mas abstrusa ú obscuro sea tantos mas médicos se necesitan. Hoy vemos cinco donde hace treinja aiíos no liabia masque uno. ¿ Habia entonces manos enfermos que en nuestros dias? ¿ Mo rian los hombres mas jóvenes ó mas viejos? Estas cuestiones no están resueltas. (4? ) medios, sino hiciera cu«.nto depende de mi pira publicar todo ló que me sugiere el sentimiento de la verdad, por la certidumbre que rae dan los infinitos succesos de una práctica constante y sostenida; Aun diré mas; creería te- ner una <. specie de complicidad, y me remordería la conciencia. La purga y los purgantes tienen sin duda qUe luchar vigorosamente par.v triunfar de las preocupaciones. El error ejerce tal imperio sobre los espíritus, que hay muchos enfermos que ven no solo con indiferencia, sino con gusto, salir su singre de sus vasos ; tan persuadidos están de que esta pérdida les es necesaria y útil, y aun hay muchos que creen que nunca se les saca bastante. Tales hombres lejos de tornar las precauciones necesarias para contener los progresos de la corrupción que los destruye, coatribuyen á aument r sus estragos. Parece que se creen eternos, y como ignoran la causa de las enfermedades, creen que lo primero que hay que hacer es aflojarlos vasos: disminu'r por la sangría el licor precioso que es el motor de la vida nunca derramado sin grave daño de la salud. ¿De donde provie- ne semejante ceguedad? Ni tienen, ni según parece, quieren jamás tener ningún conocimiento del cúmulo de corrupción que contienen las entrañas de los muertos, y por consiguiente de los enfermos, supuesto que lo que va al sepulcro discreto y que nada revela, no es mas que el contenido, es decir los humores en manifiesta putrefacción con el continente, es decir el cadáver cuya infección es muchas veces tal que incomoda á los que le acompañan, aunque no se hayan olvidado las precauciones recomendadas en semejantes casos. Y al meditar sobre eSíe error, no podría sernos permitido decir que parece, que las terribles parcas mirando como insuficiente la causa de las enfermedades para matar á los hombres, les sugieren la idea de recurrir á este medio para conseguir su intento? ¡Que desgraciados son los que par- ticipan de semejente error! No sería una inhumanidad dejar de instruirlos sobre lo que tanto importa á la conservación de sus dias ? CASOS DE EVFERM03 QUE SE II IX rUROADO SESENTA VECES EN DOS MESES. La verdad tardará mucho tiempo en prevalecer contra el error. La inex- periencia y la mordacidad apuran todos los medios de una sátira maligna para dar en tierra con la verdad, por fortuna inútilmente, por que es indestructible. Esos embotados ingenios que piensan que la purga desgasta ( 43 ) el cuerpo, son- dignos de lastima, pues sin duda creen que la corrupción U conserva. La impericia delarte cree oponer á la verdad que la ofusca é in- comoda un argumento irresistible, cuando, sirviéndose con los enfermos de una comparación que se mira como feliz, dice que purgar mucho es gas- tar el caldero á fuerza de limpiarle. Los autores de esta aserción piensan sin duda que el orín conserva los metales que ataca; pues deberían saber bastando para ello la luz natural, que el mismo raciocinio debemos hacer para evitar la corrosión y efectos destructores de aquel, que para librarnos de la putrefacción, que mati á los hombres por el daño que causa en sus visceras la falta de limpiarlas, como el orin corroe los meta- les cuando asi que aparece no se crida de limpiarlos; qne dirián estos discursistas y disputadores sí se les monstrase número considerable de enfermos purgados durante veinte y treinta dias consecutivos sin interrup- ción? ¿Si entre estos se les hiciese ver uno que purgado durante cuarenta dias también sin descanso, y después de haber hecho en este periodo cuatro- cientas deposiciones sin haber arrojado una sola lombr.z, empezó á arrojarla en gran cantidad y de un tamaño extraordinario y aun continuó, dándolas durante las purgas sucesivas que se le administraron? ¿Se atreverán á soste- ner aun que un enfermo está bastante purgado con tres ó cuatro purgas y que no hay casos en que se deban continuar hasta perfecta curación? ¿lo>) enemigos del principio en que se funda este método dirán acaso, que esíe individuo estaba sin duda dotado de entra cías mas robustas que las de los hombres en general y que estos son fenómenos que se exceptúan de las reglas generales de la naturaleza. Mas que dirían si se les presentase otro enfer- mo, cuya enfermedad, reputada por incurable, presentaba una complicación tan desesperada que la epilepsia era entre sus caracteres el que daba menos cuidado, y que se purgó durante sesenta dias sin interrupcion.por que él misino conoció que mientras mas repetía las purgas mejor se hallaba? No contento con esto para obtener su curación perfecta se purgó después doble número de veces, si bien entonces lo verificó en diferentes intervalos coa arreglo i lo prevenido en el artículo cuarto del régimen curativo de este método (1). (1) ¡Y bien! el caldero no se ha gastado por limpiarle. Dosde la impresión de pi quinta edición uM.e enfermo ha tenido muchos imitadores con ol muaio éxito, y el numera se aumenta tudws los dias. ( 4D ) CASO PRACTICO MAS ASOMBROSO AUN QUE EL QUE rRECEDE¿ ? Que dirán estos enemigos poco escrupulosos en la elección de las armas con que ofenden un método que combaten sin conocerle y sin mas razón que la que sus multiplicadas curas humillan su amor propio y perjudican á sus intereses ¿que respouderán repito á este nuevo caso prác- tico que se va á referir? Un hombre acometido de una disenteria contra la cual se emplea- ron los medios ordinarios, vino de resultas á quedarse padeciendo una tenaz y violenta cólica. Recurrió á mi método y se le prescribí según el artículo dos del régimen curativo. Apenas la primera dós;s de purgante que calmó bastante la cólica, terminó su acción, cuando el dolor repitió con nueva vehemencia. Enton- ces se le prescibió el método según el artículo 3. El enfermo evacuaba materias tan ardientes que temia el momento de la deposición por tener el ano excoriado con la acrimonia de aqualias. La cólica no dejaba de repet;r sus ataques en cuanto la dosis purgativa acababa sus efectos. El enfermo que sufría muy poco ó á veces nada cuando la purs;a estaba en lo mas fuerte de su acción, preguntó el mo- tivo. Se le respondió poco mas ó menos en estos términos. Los efectos de los purgantes sobre la causa de los dolores en general son los mismos que sobre la cólica; como tienen la virtud de expeler la serosidad humoral única causa del dolor ó la dolencia cada yna de las dosis, saca de su sitio y remueve esta especie de humor, atrayéndolo asi, y cuando la dosis no es suficiente para evacuarlo enteramente, es menester que el pur- gante se repita con mas ó menos rapidez, pues es claro que el humor volverá k su sitio, luego que haya concluido la acción que le removía y desalojaba, y entonces no es extraño que el dolor se reproduzca y con mas fuerza que antes por la novedad y revolución misma causada por el remedio, que ha puesto el humor en movimiento. El enfermo, como se verá se aprovechó de esta explicación. Era un hombre de ingenio natural de juicio recto, y de un carácter decidido y resuelto. Asi que, en lo sucesivo la violtncia de los dolores fué la regla que consultó en el uso del purgante y luego que aquel se hacía irresistible, acudia á este y tomaba una cierta dosis que bebia en la misma botella y sin medida fija unas veces mas y otras menos. Si la cólica le ( 50 ) dejaba tranquilo algún tiempo se aprovechaba de él para tomar un caldo. Si no le daba tiempo para digestión sin mas esperar, tomaba otra dósi3 de purgante. No obstante las materias que arrojaba continuaban siendo ardientes: la cólica no cedia, aunque las evacuaciones eran frecuentes, y la situación del enfermo era de cuidado. A pesar de haber arrojado mucho, se le aplicaron dos parches de cantáridas á las piernas para atraer el humor y descargar un tanto los intestinos cuyo estado, de resultas de tantas evacuaciones, exigía miraini. enfos. Las cantáridas aunque muy cargadas y de una dimensión que co- gía toda la parte posterior de la pierna desde la corva hasta el zancajo no surtieron el efecto tan pronto (1). Al fin. atrajeron una cantidad consi- derable de un liquido ó humor corrosivo. Cumulóse con las cantáridas la purga y con actividad: pero luego que la cólica se calmó, se redujo aquella á una sola dosis cada veinte y cuatro horas, y se quitaron los vejigatorios por inútiles. ¿ Podrá creerse que este plan duró lo menos ocho dias sin cesarse de purgar el enfermo? ¿Y quien diria que luego que la cólica desapareció, las llagas de las piernas se cicatrizaron, el apetito volvió y se sostuvo, todas las fun- ciones naturales se restablecieron como por encanto y en todas sus fuer- zas en términos que á los tres dias de convalecencia este desgraciado jardinero de oficio, volvió á su trabajo....! Si hubiera dado oi:io alas hablillas de esos hombres que se contentan con decir en tales casos ¿quiere vmd. matarse? se hubiera muerto indudablemente (2). Enfermo muy atolondrado como prueba el suceso yá quien se le había prescrito un cierto plan de curación á causa de un afecto reumático que le incomoda hacia algunos años, tomó en cuarenta y ocho horas una botella de purgante que contenia como doce tomas ; que según se le habia claro y terminantemente mandado debia tomarlas en quiuze ó diez y ocho (1) Esta especie de vejigatorio no debe tener menos tamaño, si se ha de sacar de ¿I todo el partido posible. (2) Otro caso semejante acaba de suceder con uus muger de Iludan, atacada de de un movimiento convulsivo en el canal intestinal en la dirección de abajo arriba y con dolores insoportables. Los accesos se repetían infinitas veces en el espacio de veinte y cuatro horas. El dolor cesaba luego que la enferma tomaba una dosis de purgante, y llegó á repetir hasta tres y cuatro por dia. Se la administraron ciea {jtMUis para libertarla de esta cruel enfermedad. ( 51 ) dias. Repitió la dosis á muy pocos intervalos unas de otras, aunque las evacuaciones fueron abundantes durante dos dias y dos noches. ¿ \ bien ? nada resultó sino una postración, que desapareció al dia siguiente y el enfermo se curó. SOBRE 1HRGA. La sobre purga ó recargo de purga despreciada por infinitos prácti- cos y por los enfermos á quienes estos hacen adoptar sus ideas, haga da- do motivo á temores no solo ilusorios sino perjudiciales, pues no es po- sible purgarse demasiado, mientras se sufre, siendo por otra parte cierto que la enfermedad que no se ha destruido por un gran número de dosis de purgante, cede al doble ó quadruplo de estas dosis, como la experi- encia lo ha manifestado. El solo exceso con respecto á esto seria dar á los enfermos dosis evidentemente fuertes, esto es que produxesen muchas mas evacuaciones que las que el enfermo prodría soportar en el término de veinte y cuatro horas. Siguiendo exactamente las reglas establecidas en este método se evita todo exceso pero si saliéndose de ellas, le hubiese, el mal no pasará de sentirse el enfermo fatigado por el sacudimiento de la masa de los humores, menos siempre de lo que vendría á estarlo por la acción de estas materias viciadas y ardientes, y siendo aquel mal fácil- mente remediable, los enfermos se restablecen pronto, como acabamos de probar con el ejemplo antecedente. VOLUMEN ENORME DE EOS HUMORES. No se puede dudar de la exactitud de un cálculo fisiológico, en virtud del cual los autores afirman que casi las cuatro quintas partes del cuerpo humano se componen de fluidos. Tomando pues por término de comparación un hombre de peso de ciento veinte y cinco libras resulta que, se le atribuyen cien libras de peso en fluidos. Sobre este peso se suponen veinte y cinco libras tanto de sangre como de líquidos que de ella proceden y que sirven á dar substancia, y juego y á conservar la armonía de las diferentes parte- cillas y órganos de que se compone un individuo. Descontadas pues estas veinte y cinco libras de ciento, quedan setenta y cinco libras de humores. La otra quinta parte se compone de las partes sólidas que son los huesos, las ternillas, las membranas, la carne y el cutis. ( bl ) La mayor parte de los hombres se admiran de la gran cantidad de hu- mores, y de lo poco que pesan los sólidos. Les causa admiración, porque no reflexionan, que esta masa que les parece enorme no es mas que una reunión de conductos ajustados los unos á los otros, y que contienen un (luido. Ksto es tan cierto que picándose con la punta mas aguda en cualquiera punto de la superficie, saldrá bastante sangre para tener la prueba aun por escrito. Que se calcule ahora, sabido el volumen de los humores que entran en la composición del cuerpo humano, la insuficiencia de las purgas de los modernos, sobre todo cuando la totalidad de estas materias está corrompida. ¿Por qué pues se temerá reiterar las purgas hasta perfecta curación, supuesto que esta práctica se funda sobre las necesidades de la naturaleza que deben estar en proporción con la enorme maza de los humores, causa de las enfermedades cuando por otra parte experiencias á millares han probado hasta la evidencia que las curas, aun mas inesperadas han sido el resultado de tal método? Queso nos permita hacer una comparación : pongamos en balanza á nn lado las ventajas de la purga, y coloquemos en el otro las su- puestas ó verdaderas que resultan de la sangría. ¿ No se ha repetido la sangría hasta veinte veces consecutivas ? En infinitos casos, en una enfer- medad grave inflamatoria (por ejemplo la verdadera pleuresía) sin repug- nancia se mandan cuatro ó cinco sangrías en poco tiempo y algunas veces mas: ¿cómo no serán atentatorias á la vida del enfermo y casi siempre seguidas de la muerte? Cuando la sangre no fuese el solo motor de la vida, su volumen comparado sobre todo con el de los humores, no es inagotable, y no se aumenta sino con mucha lentitud, aun supuesto un buen apetito, de que carecen los enfermos. ¿ Porque no se prefiere en todos estos casos usar de cuatro ó cinco purgas administradas con actividad, como lo prescribi- mos en el artículo tres del régimen de nuestro método? seguro es que mu- chos enfermos que perecen por las sangrías, serían indudablemente cura- dos por este medio protector de la existencia y seguro garante del pron- to restablecimiento de la salud como lo prueban infinitos ejemplos, Para juzgar sanamente de la diferencia de estos dos métodos bastará dis- poner aquella prevención y espíritu del partido que no nos deja conocer la averdad. Lo importante en el arte de curar, que efectivamente cura, no con- siste en pomposos discursos fundados en análisis profundos. Quiere mas bien un justo discernimiento en el que lo ejerce, y exige una actitud aná-< ( 53 ) loga á las necesidades de la naturaleza. Esta nos revela una miíx:ma in- mutable; cualquiera que se separa de ella es su enemigo, y las conse- cuencias serán siempre fatales. Los sistemas se destruyen entre sí con la rapidez misma con que se suceden porque no están fundados sino sobre conjeturas. El hombre sen- cillo como la naturaleza no sigue estas novedades; y desecha tocias estas modas que la medicina acoje diariamente, sabe que la obstentacion de palabras retumbantes y el falso brillo de los sistemas no imponen res- peto ni á la enfermedad ni á la muerte. El hombre reflexivo no se deja seducir por las apariencias : sabe que una luz que por débil no alumbra, puede conducirlo al precipicio como la que por excesivamente refulgente le deja deslumhrado, sino sabe evitar los dos extremos. DEBILrDAD DE EOS E.VFF.RMOS E JIVOCADAMENTE ALEGADA COMO RAZÓN PARA NO PURGARLOS. Es muy común hallar prácticos dispuestos á juzgar que los enfermos están demasiado débiles para ser purgados. No se les podría decir, sin pretender injuriarlos, que la sana razón basta para disipar este error. ¿La causa de la debilidad no es la misma que la de la enfermedad ? Puede dudarse que la muerte ts la consecuencia y el efecto de la diminución de fuerzas de los enfermos, asi como el resultado de la le-sion producida por la misma causa en las diferentes partes de que se compone el cuer- po humano? Como admitir que la salida de la putrefacción que destru- ye todos los cuerpos, debilita los enfermos una vez expelida de sus entrañas, siet-do indud. ble que su expulsión es el único medio para libertar las fuerzas y la vida de la acción de esta misma corrupción? La debilidad que puede experimentar un enfermo al principio de la cu- ración dirigida según las reglas de este método, ó durante el uso del pur- gante, es efecto del vacío que resulta y que por de pronto produce en las visceras y vasos una lasitud que acerca sus paredes hasta t; uto que estas partes libres por la evacuación vuelven á tomar su tono n ítural. Con esta causa de debilidad se reúne el calor mas ó menos ardiente de la serosidad agitada y puesta en movimiento por la purga. La evacuación pronta de estas materias contribuye poderosamente al restablecimiento de las fuerzas, supuesto que las liberta de la acción es la materia que las ( 54 ) aniquila. Es claro que lo que sucede cuando la purga empieza á obrar difiere poco de lo que experimenta un hidrópico de resultas de la operación de la paracentesis. La relajaciou de las partes acostumbradas desde mu- cho tiempo á estar tirantes y separadas las unas de las otras es lo que hace que el enfermo parezca muy débil, y tanto que á las veces es preciso suspender la evacuación del agua para dar tiempo á que las partes orga* nicas vuelvan á tomar un poco de tono. Lo mismo sucede en el régimen del método indicado en esta obra: hay tietipos fijos para suspender laj evacuaciones ó el uso do los evacuantes. Del mismo molo que la evacuación del agua del cuerpo de un hh. drópico, á quien se ha hecho la operación de la paracentesis, no es la causa de la debilidad que experimenta, lo mismo la evacuación de las ma- terias dañadas, corrompidas, ó podridas, no puede considerarse como cau- sa de la debilidad que se siente en el momento de la purga. En este último caso hay flojedad pero no verdadera debilidad, pues que no hay pérdida de substancia. Los antagonistas de esta opinión se atreverán á sostener que no debi- litan á sus enfermos con las sanguijuelas, la sangría, y la dieta, rehusán- doles alimento aun cuando la naturaleza lo pide; por los refrescos tan ene- migos del calor natural, por los baños y por todos los debilitantes que ordinariamente se emplean; .... ¡Que contradicción y que error! Negar que la evacuación de la masa de los humores, es indispensable, cuando es- tan en estado de putrefacción es la mayor ceguedad, y no la hay menor en oponerse á la expulsión de aquella parte de ellos que puede estar adul- terada ó corrompida, y creer que este método pueda ser de malas con- secuencias, es querer desmentir una feliz experiencia, ó manifestar que no se tiene ninguna. Decir que los purgantes son mortíferos en las enfer- medades ligeras ó agudas, inveteradas ó no inveteradas es desconocer la causa de las enfermedades y la de la muerte; es manifestar que nada se 6abe y nada se quiere saber de lo que puede efectivamente curar, de los verdaderos auxilios del arte. PURGA INSUFICIENTE. No hay duda que si no se administra á un enfermo mas que alm- ilas dosis de purgante, cuando es necesario hacerle tomar mayor número, ( 55 ) no se logrará el fin que se desea, esto es, la curación. Si estas dosis por ejemplo no se repiten, sino á tercero dia ó de dos en dos dias, cuan- do la urgencia del caso exigiría que se le administrasen hasta dos tomas de purgante en las veinte y cuatro horas, se aumentará la violencia de los dolores, se irritará la causa de la enfermedad, haciéndola mas mortal de lo que antes fuese. Muchos enfermos creen haber hecho bastante cuando, según su opinión ó la de los que los asisten, han tornado cierto número de dosis de pur- gante. Temen el exceso. El miedo no los deja raciocinar ; interrumpen el plan curativo, precisamente en el tiempo en que sería preciso activarlo para restablecer las funciones naturales en su libre ejercicio, protejer las vitales é impedir la muerte, y por un falso raciocinio, ó cediendo á fu- nestas sugestiones, por olvidar, ó desconocer la causa de las enfermedades, como existe en la naturaleza, los enfermos vienen á ser sus propios ho- micidas. Si el enfermo que uua vez empezó este método, le abandona por desconfianza, el facultativo que le asiste, no hace en verdad un hallazgo mui feliz para adquirir reputación, pero por mucho que este pierda, á mu- cho mas se aventura aquel que puede venir á ser víctima de su propia versatilidad. PURGANTES QUE LA PRACTICA ACREDITA COMO PREFERIBLES. Ni con el emético en polvo, ni con los purgantes crasos ú opacos se libertará la economía animal de las materias corrompidas, que existen en las entrañas, y mucho menos de la serosidad acre ó corrosiva que produce todos los males y desordenes que son consecuencia dé las enfermedades. Es preciso emplearlos purgantes atenuantes, los resinosos hidragogos por las vias inferiores. Los eméticos provocan la contracción del estómago ó el vómito y deben ser moderados por un vehículo purgante á fin de. que la plenitud se evacué por la vía mas favorable á la constitución del en- fermo y para evitar los esfuerzos que se notan diariamente en el uso del emético propiamente tal. No proclamamos un nuevo descubrimiento en farmacia. Estos medios son conocidos. El código no nos deja nada que desear en este punto. Si están descuidados ó por mejor decir ignorados es solo porque no se conoce la causa de las enfermedades, que parece que hay un empeño en desconocerla contra toda razón y porque la prác- tica benéfica de los antiguos está enteramente abandonada. ( 56 ) Los antiguos prácticos que conocian m^jor que los modernos la nece- sidad de la purga, se ocuparon mucho de los purgantes. A ellos es quie- nes debemos el descubrimiento y la indicación de diferentes especies de remedios aun de aquellos á que se atribuye mas virtud. ¡ Con cuan justa razón han merecido estos hombres benéficos el reco- nocimiento de los que han sabido apreciarlos! Hubo un tiempo en que se dedicarou á distinguir las diferentes es- pecies de humores para oponer á cada uno el purgante que se creyese ser- le mas propio. Dieron á estos purgantes el nombre del humor Cuya eva- cuación se proponian. Llamaron meianagogo al purgante contra la melancolía. Elemagogo al que tenía por objeto limpiar la pituita ó la fiema. El colagogo era el purgante de la bilis, y llamaban hidragogo al pur- gante propio para evacuar las aguas. En fin para hacerlo todo de un golpe, cuando los progresos de la Ciencia, llegaron á cierto punto de perfección, compusieron un panquimagogo, esto es, un purgante para todas las especies de humores. Esta última composición parecía y fué la mas propia para el fin que se propusieron, supuesto que atacaba la superabundancia de humores en ge- neral. Los antiguos vieron en lo sucesivo esta superabundancia en la masa de las materias á donde era mas natural sospecharla y aun suponerla. Cono- cieron pues la necesidad de atacar todas las partes humorales, que ocasionan la plenitud para evacuarla, y su método sobre este punto es m-'-or que el de los modernos. Reconocían en la superabundancia de los humores una super- fluidad que estos últimos atribuyen por el contrario á la sangre. ¡ Cuan grande y perjudicial es su error! Sinembargo no se puede decir que los primeros conocieron la causa de las enfermedades. Si bien no se puede negar que han hecho servicios impor- tantes á la causa de la humanidad doliente y enferma. En su tiempo los hom- bres llegaban á viejos; los niños bien formados llegaban á ser hombres fuertes y robu-tos y Ía salud era por decirlo asi el tesoro de todos. La nomenclatura de las enfermedades no era ni tan dilatada ni tan pomposa como en nuestros dias, pero en recompensa se consultaba mas á la recta razón. Si los purgantes de los antiguos han sido ineficaces para curar cierta» enfermedades, ha sido porque estos prácticos no conocieron la existencia de esta serosidad humoral, cuyo origen y definición damos, y porque no sabían ( 57 ) servirse de su panquimagogo para la evacuación de ésta fluxion, y de aquí el que los ingenios empezasen poco á poco á crear diferentes sistemas, que á fuerza de multiplicarse acabaron por obscurecer la Verdad, ó mas bien por sepultarnos en un abismo dé confusiones. Sobre el descrédito de los cAlenisTAs y lá purga. Los prácticos cuyo método tanto en los tiempos antiguos como en los modernos se ha reducido á hacer un uso frecuenté de los purgantes; han hecho casi todos curas que parecen milagrosas. Pero los enemigos de esta medi- cina no gustan de prodigios, y gritan contra ella. El facultativo que en Una enfermedad, (cualquiera que fuese sú duración) administrase mas de seis purgas, podría prepararse á verse desacreditado por ellos, y á oír de su boca los dictados mas odiosos (1). ¡ Que rto d:rán de mí! La sola idea de un purgante los pone en convulsión y les hace hacer contorciones espantosas; Votan, maldicen, gritan, amehazah; son como los marineros de Cristóbal Colon que no querían creer la existencia de un nuevo mundo. No obstante concluyen por callar porque ¿qué fuerza deben tener sus inútiles gritos contra curas numerosas y notorias ? ¿ Contra el testimonio de hombres que dicen en alta voz á cuantos quieren escucharlos ,,yo estaba enfermo, muy enfermó^ „ á dos dedos de la muerte, y hoy gozo de una buena salud, gracias al ,, descubrimiento dé la causa de las enfermedades, gracias á los purgantes „ dirigidos contra ella ?" Una de las causas dé la insuficiencia de los purgantes délos antiguos y de los modernos provenía también mucho de qué la mayor parte de estas composiciones no eran materias desleídas y liquidadas, sino polvos, píU'cras, etc. Y estas preparaciones no podian producir el efecto del líquido qué yo administro. Se puede, no obstante en algunos Casos admitir el uso ele aque- llos purgantes, pero no se debe confiar mucho en ellos : por lo general es mejor usarlos ó alternativa simultáneamente con los purgantes líquidos qué emplearlos solos. (1) Diez aíios lia, aun se hubieran encontrado alguno, prácticos dispuestos á admi- nistrar este número de purgas, pero en nuestros dias la proscripción do los purgantes es absoluta. Sanguijuelas, y mas sanguijuelas, y aunque el enfermo esté rebosando en corrupc ion. H ( 58 ) DE LOS HUMORES FLEMOSOS. tTn médico de nuestros dias quiso imitar á los antiguos por un purgante! particularmente dirigido contra la flema. Ha dado á luz una obra en la que explica su sistema, pero su método se funda en un falso principio, supuesto que es tan natural al cuerpo humano tener flema como otros hnmores y sangre- Todo cuerpo es flemoso y humoral tanto en estado de salud como en estado de enfermedad. Los humores como ya lo hemos dicho no son por su esencia la causa de las enfermedades ; es menester para que las produzcan, que estén adulterados. Hemos explicado en el capítulo primero como y porque están sugetos á corrupción. Hemos dicho, que para que estas materias produzcan enfermedad ó causen muerte prematura deben estar en efecto mas ó menos viciadas ó corrompidas. De esta condición, sin la cual no habría nunca superabundancia, no se trata mas en dicha obra sobre las flemas que en las de los otros autores que han hecho uso de los purgantes : en ninguna de ellas se explica la formación de esta viscosidad, ni se dice tampoco de doud« proviene esta superabundancia cuya evacuación quiere provocarse. La fiema se forma por el calor natural del cuerpo, calor que recociendo una cierta parte de los alimentos, produce este humor, cuya justa proporción constituye la salud. La superabundancia de flema no puede existir sino en una persona enferma, cuyos humores están corrompidos, y que en conse- cuencia han producido un calor extraño es decir la serosidad humoral que hemos analizado. Este calor extraño puede recocer mayor cantidad de hu- mores que el calor natural y formar mas cantidad de flemas en el tubo in- testinal (1) Siendo pues cierto que la superabundancia de flema proviene de su cor- rupción, como de la degeneración de los demás humores, ¿ contra la enferme- dad que de esto resulta, de que utilidad puede ser el pretendido anti-flemoso? El panquimagogo de los antiguos es sin duda preferible, pues que en cierto modo puede atacar la masa entera de los humores. (1) Resulta también de la acción que este calor extru?, > ha ejercido en la fiema y m la circularion que la sangra adquiera cierta viscosidad, que se pi-esvnta. muchas > eces en lu. orina. ( 59 ) COMO OBRAN LOS PURGANTES. Pocos son los que llegan á entender el modo con que los purgante* producen la evacuación de los humores en general. Se ha dicho que obra- ban por indigestión, y que de esta resultaba una evacuación, sea cual fuere su naturaleza. Esta proposición es insostenible. Para poder cono- cer bien el modo que los purgantes tienen de obrar, es preciso ó haber hecho de ellos mucho uso ó haber sido testigo de las infinitas curaciones que han hecho en enfermos de todas especies y calidades. Los purgantes sacados del reino vegetal, como los que nosotros he- mos indicado, son comparables á las producciones del mismo reino, que sirven de alimento al hombre, con la diferencia que no sustentan porque no tienen la parte nutritiva, y que evacúan porque esta es su virtud. Por lo demás están sujetos á digestión y pasan del estomago á los intesti- nos. Se distribuyen en toda la economía animal, filtrándose en parte por las venas lácteas, como el aceite de los alimentos. Dan acción al canal intestinal, aceleran su movimiento peristáltico por cuyo medio evacúan la corrupción: comunican á la circulación el impulso qne estimula las excre- ciones por las vias y conductos mencionados en el capítulo VII ; obran sobre los fluidos excitando también su excreción por la yia de la orina (1); obran sobre la expectoración y la transpiración, facilitándola y poniendo ep ejercicio todos los emuntorips; en fin los purgantes obran sobre todos los órganos excretorios de la economía animal tiue por resulta de su acción se limpia y purifica. Si hubiese alguno que pusiese en duda los efectos de los purgantes ó no admitiese su infiltración en las vias de la circulación ¿no seria posi- ble desengañarlo por la narración»del siguente hecho? Un hombre fué aco- metido de una enfermedad tap aguda que al fin murió. El enfermo co- nocía su situación y quiso hacer el último esfuerzo; era un acto de humanidad auxiliarle en su proposito, empezando por ver si la naturaleza ofrecía aun algunos recursos. Ningunos podía ofrecer, porque el enfermo carecía de (1) Esto es lo que se llama la orina turbia. Se le observa de este modo, mientras la purga óflujo de vientre, ó en toda otra circunstancia en que los humnres se ovacuan por asta, yia. ( 6Q ) sensibilidad que necesitan los purgantes para obrar, asi es que tomo un gran número de tomas en el mismo dia sin haber hecho ni una sola evacuación. ¿Pero que sucedió? el enfermo trasudó uua buena parte de la dosis que había tomado; su piel y su camisa w pusieron como en el caso de un sudor extraordinariamente copioso, y por todos estes carac- eres se conoció, el purgante. Es una verdad incontestable que el cuerpo humano no se puede li- brar de las materias viciadas que contieue, sin purgas sostenidas y con- tinuadaSj como está explicado en los cuatro artículos del régimen curativo de este método, y es otra verdad no menos cierta qne el cuerpo huma- no no. puede, sustentarse sin una sucesión de comidas proporcionales á las necesidades de cada individuo, y asi como todas las partes del cuerpo, humano se sustentan de los productos de los alimentos, del mismo. modo pueden ser lirapjadas y purificadas por el uso bien administrado de los purgantes suficientemente repetidos. LOS, PURGANTES MIRADOS COMO NOCIVOS POR ARDIENTES. No es raro encontrar entre los prácticos algunos, que atribuyen á los purgantes indicados en este método, las incomodidades y accidentes que el enfermo experimenta durante su acción que aquellos consideran como dañosa. En este número se encontrarán todos los que no han administrado nunca mas que dos purgas continuadas, porque en esta materia sus cono- cimientos son muy limitados. Hay otros de mala fé que ponen en duda la verdad de un principio confirmado por curas notorias, cuyo régimen curativo han observado ellos mismos. Si el enfermo presta oido á la voz de la inexperiencia y á la de los hombres de que acabamos de hablar, no dejará de oir que los purgan- tes enardecen, acaloran, corroen, &c---- La mayor parte de los enfermos experimentan efectivamente una sensación que parece justificar esta aser- ción ; pero este error se rectifica por el uso de los purgantes convenien- temente repetidos. El calor excesivo que experimenta el enfermo no es otra cosa sino el efecto del movimiento de la serosidad; sumamente acre movimiento estimulado por los mismos evacuantes. Pero si los purgantes hidragogos se repiten (como lo exige la evacuación de la causa de. todas las enfermedades) sutilizan la fluxión, libran la naturaleza del calor ar-. ( 61 ) diente, de la sequedad, de la sed vehemente, de la inflamación, de la consunción y de todos, los accidentes de que un enfermo puede sera come- tido. En fin los purgantes producen los efectos que se acaban de explicar y son por consecuencia los únicos medios de refrescar verdaderamente, por mas que digan todos los, que por falta de la experiencia conveniente no han conocido todavía que para refrescar es menester destruir el principio del calor estrano, que en este caso proviene menos del movímento de los fluidos que de la presencia de un cuerpo ardiente, y por consiguiente de los mas dañosos. Los purgantes expelen esta materia ardiente como el mismo fuego, mientras que los refrigerantes que cuando mas pueden embotarla,, dejan en pie la causa del mal y á la naturaleza sola el trabajo- de descargarse del peso que la agovia. La purga no siempre puede usarse sin que se experimenten alguno9 dolores cólicos momentáneos ú otra iucosnodidad en el arca del cuerpo. Muchas personas inducidas, en error atribuyen estos cólicos ú incomodi- dades al purgante ele que hacen uso. No. es difteil, disipar sus preocupa- ciones y hacerles conocer la verdad sobre- este importante asunto. La se- rosidad calurosa ó ardiente es-un.fluido-esparcida en la masa de los humores, los purgantes atraen este finido de los puntos, mas distantes al canal intestinal^ es decir que obran de la circunferencia al centro del" cuerpo, adonde reúne aquel fluido para expelerlo por las vias ordinarias. Asi es que, acumuladas estas materias en un punto, aumenta la intensidad de su< acción y de los do- lores mas ó menos violentos-según que aquellas .son mas ói menos corrosivas (1). Lo que prueba evidentemente la-acrimonia, ó la.acción corrosiva de esta-ma- teria,, es el dolor, que se sufre ordinariamente.en.el ano-, cuando-la evacuación est-abundante. Este dolor, as algunas, veces- tan violento;, como pudiera serlo el usq ó,el tr&nsitO'por el orificio-de una lavativa, de agua, hirviendo. Dicho se' estaque lo que es ardiente á su salida no lo era.menos mientras-estaba-dentro, y el que haga esta observación no puede menos de tener por cierto^, que los dolores-experimentados al; principio, dé la curación, disminuirán.pronto y ce- sarán en, fin por la-evacuación .completa, de 1* causa que los producia(,2). (1) Si unos carbones, ardienda separados, se- reunieran formarían al instante1 un -fuiego- ardjfftte", Esta co«ipafa|CJo« es esácía, (2) Si Ja^erpsidad está.esparcida.-fuera de lascavidades,,si,acupp. solamente las demas< partes del,cuerpo., en, ellas será donde produzca sus . efectos la calentura, ,los dolores, y g/neralmente todas las incomodidades que un enfermo puede experimentar. ( 62 ) Infinitas observaciones prueban que esta materia ardiente que puede re- unirse en las entrañas y en cualquiera otra parte, puede también fijarse en las visceras de las primeras vias, y enardecerlas y causar una violenta sed, mas toda alteración desaparece arrojadas estas materias por las purgas repetidas, y administradas con la actividad que exije el caso. La misma causa es la que produce la sed, el escozor en el ano, el dolor, los diferentes síntomas, de mas ó menos cuidado en toda clase de enfermedad, y últimamente la muerte cuando no se expele, lo que puede ocasionarla. Permítaseme citar un caso práctico que añadirá aun algunos conoci- mientos á los que acabamos de dar sobre los efectosy objeto de la purga. Un hombre fue acometido cíe una fluxión á la mejilla, que contrayendole los músculos le torció la boca, resultandole de aquí una gran dificultad para hablar, con las incomodidades que á esto debían seguirse. Este hom- bre no sentía ningún dolor en esta parte, ni habia en ella ni hinchazón ni inflamación. Mas de seis meses hacia ya que se medicinaba inútilmente, cuando me fué dirigido por varios amigos suyos. Durante la curación y siempre que tomaba el purgante, sentía en el estómago inmediatamente un efecto, decia el, parecido al de un corrosivo penetrante. Era preciso di- suadirle de su aprensión y convencerle de que el medicamento no era sino la causa ocasional, y ademas era preciso demostrarle la necesidad de conti- nuar: hizolo así con efecto por largo tiempo, y la boca volvió á su sitio. ¿ Por que á la cuarta purga que obró esta dichosa mudanza, desapareció aquel calor ardiente del estómago? Existia pues en este ventrículo una materia muy acre, ó sumamente ardiente, cuya acción se aumentaba por la del pur- gante dirigido contra ella. Era una serosidad igualmente acre que fijándose en los músculos de la boca, y encogiéndolos, la habia torcido, y no hay duda en que habia correspondencia entre estas dos partes afectadas, ni en que eran análogas las materias que las producían. Los músculos no pu- dieron dilatarse sin que las membranas del estómago estubieran libres y asi reciprocamente. Los enemigos de este método no deberán ser desagradeci- dos con aquel que les prueba de que modo los purgantes operan y producen ese efecto que ellos han querido llamar corrosión. ¿Cuantas personas que padecen de acedías, esto es cuyo estómago con- tiene materias mas ó menos corrosivas ó dañosas no se han visto forza- das, por falta de datos exactos á privarse del uso de la leche, de que gustaban mucho porque los ácidos superabundantes de su estómago, ( 63 ) se la hacían vomitar cuajada ? cuantas otras no han tenido que renunciar al íno del vino, y de todas las bebidas espirituosas, porque exitaban este humor viciado, que la razón aconseja expeler para prevenir todos los fu- nestos accidentes que de no hacerlo así pueden resultar, á pesar de toda la magnesia y todos los absorventes? !Y cuantos de estos no han sido curados sin mas que purgarse; Es de desear que estas verdades se es- tablezcan sobre las ruinas de la opinión contraria, adoptada por todos aquellos á quienes la razón y la experiencia no han instruido bastante. REPUGNANCIA Y AVERSIÓN A LOS EVACUANTES En una enfermedad larga en que se necesita repetir muchas veces el purgante, es muy común que los enfermos acaben por experimentar una gran repugnancia en tomarle, aunque al principio no solo no se repúgnaseles, sino que les hubiese parecido grato al paladar. No se trata aquí de ana- lizar la causa de la repugnancia, sino de afirmar lo que la experiencia prueba todos las dias, esto es, que esta repugnancia se desvanece visible- mente á proporción que disminuye la masa de los humores de maligna naturaleza. ¿Cuantos enfermos afirman que la purga repetida ha producido cuellos una mejoría que estaban muy distantes de esperar ? Alguno acaso que necesitó emplear toda la fuerza de su razón para vencer esta repug- nancia, acabó por no sentir la mas pequeña después que hubo evacuado una gran porción de humores nauseabundos. Muchas veces esta causa mate- rial obra, reproduciendo por el recuerdo la sensación otras veces experí- mentada al tomar la medicina, y de aquí proviene la repugnancia caracte- rizada. Lo moral obra sobre el físico, y el físico sobre lo moral. La repugnancia puede tener ademas otra causa probable en el efecto de ana- logía entre los evacuantes y los humores, pero por grande que aquella sea i o se deberá olvidar que los purgantes no pueden ser reemplazados por ninguna otra medicina, porque no hay dos medios de curar, y no hay mas cjue uno, porque una es la causa de las enfermedades. El enfermo que por falta de ánimo y energía, abandonase la purga, dejará corromper en sus entrañas materias que lo precipitarán en el sepulcro, lo cual vale tanto como renunciar espontáneamente á la vida, faltando á la obligación que tenemos de conservarnos á costa de todo esfuerzo y sacrificio. La razón ( 64 ) rti este caso como en tantos otros debe dirigir la voluntad, que en que- riendo eficazmente, la dificultad está casi Vencida. A esta firme voluntad es, á la que tantos enfermos reputados por in- curables, ó afligidos de enfermedades crónicas han debido y deben dia- riamente su curación: á, este plan conservador deben muchas p?rsonas de achacosa salud el prolongar y hacer soportable su existencia porque se purgan á épocas determinadas y con arreglo á los conocimientos qtíe tienen de los principios de mi método. Para ser menos desgraciado en esta vida debemos comparar nuestra situación presente con otras peo- res en que pudiéramos hallarnos. Que aquél que repugna usar de los re- medios evacuantes, ó continuarlos tanto tiempo cuanto la necesidad lo exiga, tenga la bondad de reflexionar. ¿ Acaso las composiciones que se usan son mas gratas al paladar que los purgantes ? ¿ Tales brevages y en grandes dosis no son mas difíciles de tomar que algunas cucharadas de purgante repetidas en las veinte y cuatro horas ? ¿ No es esto mas fácil que repetir infi- nitas veces al dia las diferentes pociones de jugos de yervas, tisanas y tantas otras que pródigamente se administran ? ¿ No es evidentemente menos 'sen- sible pasar Ja incomodidad casi instantánea de tomar dos ó tres cucharadas de mi purgante (cantidad generalmente suficiente) que estar atormentado á eada momento, y tener que luchar á toda hora con el asco que causan se- mejantes bebidas? ¿Y por que luego que sentimos novedad sensible en ntíestra salad, no acudimos con la purga á, sofocar ei mal en el principio? Evacuando desde luego la corrupción reciente de los humores por algunos purgantes adminis- trados en tiempo oportuno, no hay que temer hallarse después en situa- ción que exiga una fuerte dosis;, ni tener por consecuencia que batallar con la repugnancia y el ascoj resultando así de menos este enemigo no indiferente. Mi práctica me ha hecho ver que la precaución de limpiar el estómago por,el uso del Vomitivo purgante1 repetido cuantas veces lo pida la necesidad, disminuye esta repugnancia. Me ha hecho también observar qué infinitas personas que la tienen grande en tomar los medicamentos por la mañana al dispertarse, tenian muy poca ó ninguna, cuando le tomaban en el discur- so del dia ó por la noche como se dirá en el capítulo XX, artículo sobre el modo de administrar las dosis. No obstante siempre es bueno enjuagarse la boca muchas veces con agua sin tragarla, ó hacer uso de cualquiera fruta ó (65 ) ríe un terrón de azúcar, ó cosa semejante. La saliva impregnada de esta especie de gargarismo quita el mal sabor, que ha dejado la medicina. En los grandes calores ó en los países cálidos es bueno enfriai el pnrgante aun con nieve. OPOSICIÓN DE LOS HUMORES A LA ACCIÓN DE LOS EVACUANTES. Los efectos de lbs purgantes son en general tan ignorados como desco- nocida la causa de las enfermedades, y de aquí es que muchos tomando ocasión de los diversos incident'S qu» pueden bcurrir durante la curación, crean dificultades y objecciones, donde no ks hay. La menor cosa es una gran novedad, y un motivo de admiración. Para disipar estas vanas inquie- tudes no es necesario mas que desprenderse de toda pr o upacion, ó lo que es lo mismo atenerse como ancora de saluJ á lo que ya qu inte y cinco años ya padecía dolores reumáticos que atacaban todas las partes de mi cuerpo, y que asaltándome cuando menos pensaba no me permitían moverme. Tales fueron el motivo, la causa, el origen y los progresos de la enfermedad con cuya ocasión empezé á adquirir ¡deas sobre los principios del difunto Pelgas que son los de la me- dicina curativa ; de aquella que se acerca mas á la naturaleza y que está mas en nrmon'a con sus necesidades. La opinión de un médico enferm'zo, corvo yo he sido siempre: debe ser de algún peso en la balanza de los sistemas. ¿ No podrá contribuir en aigo psra confirmar la de aquellos que están con- formes con la suya, y convencer á los que tienen otra diferente ? Rasgando el velo del error cualquiera podrá ver lo que yo he visto, mas no por una experiencia como la mia, pues que r.adie ha padecido tanto como yo. Mi esposa á quien pronosticaron una próxima viudez, lueoo que se supo nuestro casamiento, no nació con mejor constitución que yo. Nació contra- hecha y vomitando atrabilis. Su padre á favor de su método curativo y auxi- liando los recursos de la naturaleza hizo desaparecer el vicio de su conforma- ción. Siguiendo con constancia este método ha vivido, y vivirá aun mucho tiempo para felicidad mia y consuelo de algunos des^raciatlos. El Lucn Pelgas fue acometido de asma y de hidropesía á la edad de cua-? renta años. ¿ De qué n:o;!o triunfó de estos dos enemigos ? Hizo consigo lo que aconsejaba á los demás. Jamas se separó de los principios que había establecido sobre sus descubrimientos, y prolongó su vida hasta la edad de setenta y dos años, y luchó cinco contra el estado de decrepitud, siguhndo Jas reglas que prescribía á sus enfermos. Se debe advertir que la naturaleza le habia privado de un desaojo sumamente necesario, pues nunca pudo ex- pectorar4 esto es, ni gargajear ni vomitar, ni aun sonarse las narices por mas t-ntativas que hizo á este efecto, y asi fué que la imposibilidad de descargar su pecho, no le permitió prolongar sus dias mas tiempo (1). Citaré también á mi h'ja (2) que nació con una supuración 1 ja en un o]0, (.1) Sentiré toda mi vida haber ea.acio lejos de el á su muerte Ul vez hubiera podi !• socorrerle___ (2) Erposa hoy del Sr. Cpttin, boticaria en París, calle del Sena, arrabal Sa» per man. ( 70 ) amenazada de sufocación, con dolores cólicos, y en un estado qu<* no daba esperanza de vida, á ninguno de los que la veian, y que fué asaltada a los diez y seis meses de viruelas, acompañadas de una calentura pútrida que dejaba pocas esperanzas. En lo sucesivo ha padecido con fr(cu Micia males de ojos, inflamatorios y de otras especies ; cataratas y convulsiones que la producían vahídos, seguidos de estremecienío, en toda la cabeza. Padeció tumores ó infartaciones en las glándulas, una fluxión escorbútica en la boca, en las encías y en los labios; en fin experimentó tal conjunto de enferme- dades, que se sucedian rápidamente las unas á las otras, ó mas bien era un estado permanente de enfermedad, que sin mi firme resolución de comba- tirlas hasta estermhtarias, habrian sin duda acabado con la enferma. Empleé los medios de mi método con tanta actividad como perseverancia, según mi propia convicción, las luces de mi práctica, y todo, lo que el amor paternal me inspiraba. Convencido de que todo enfermo perece por la acción de la enfermedad de que es acometido, y seguro de que no puede ni morir ni experimentar el mer.or daño por la acción de un evacuante análogo á la causa del mal, tuve la dicha de triunfar. La enferma empezó á purgarse al dia siguiente de haber nacido, y si digo, cuantas veces repetí el uso del purgante, teño que no se me crea bajq mi palabra; sin embargo no dudaré afirmar que hasta laedcdde cerca de diez años, la niña vino á estarse purgando como una cuarta parte del tiempo que habia vivido ; en términos que vino á tomar cerca de mil tomas, ya elel vomitivo purgante, ya del purgante solo. Su constitución se mejoró en lo sucesivo de tal modo, que de diez á doce ya no fué necesario purgarla sino como una sexta parte del año; desde doce hasta catorce siguiendo la misma proporción una décima parte, y en lo sucesivo fué siempre disminuyendo hasta la edad de cerca de diez y siete años en que la enferma empezó á gozar de buena salud. - Debemos advertir que una causa accidental aumentó el número de las purgas, y que esta fué la insensibilidad del cuerpo de la enferma. La dosis que hubiera producido sobre todo otro individvo de la misma edad, ocho, ó diez evacuaciones, no la hacia experimentar á veces mas que dos, y estas poco abundantes, de lo que provenia su lentitud en limpiarse. La naturaleza en ella no se ayudaba á sí misma, lo que probaba su estado de decadencia y que sin un socorro tan eficaz la enferma hubiera perecido. Añadiremos ade- mae, que las dosis que s» la administraron fueron mas abundantes ó mas C 71 ) fuertes que las que convienen por lo común á los niños de su edad, pues en general los niños son fáciles de mover. Las dosis que sé la dieron hubieran sido snlieientes para purgar abundantemente hombres fuertes y robustos, y sin embargo no producían en ella sino poco ó ningún efecto. Se engañaría el que creyese qu^ las dosis deben ser proporcionales únicamente á la edad y la fuerza de los individuos, pues que es evidente que deben ser arregladas en cuanto á su actividad á la sensibilidad interior del cuerpo, si han de producir el número de evacuaciones que exige la curación perfecta del enfermo insensible muchas veces á la acción de un purgante poco activo. tOS MEDIOS BE CUIIAR OESCOXOClDOS. Hombres que han reconocido la verdad del principio sobre que este mé- todo se funda, han negado que contiene ua descubrimiento. Alegan que es imposible que todas las gentes del arte y particularmente los célebres anato- mistas no hayan visto la causa de las enfermedades como existe y como noso- tros la explicamos. También pretenden que el método ordinario no difiere de este sino en el modo de evacuar esta causa de h s enfermedades. Hay, dicen, facultativos que le atribuyen á la sangre, y por esto es por lo que hacen eva- cuar este fluido, otros esperan conseguirlo por la transpiración ó los sudores y proceden según esta opinión, otros por las orinas, por medio de los diuré- ticos y aperitivos, muchos fundan su esperanza en los emplastos vegigatorios, cáusticos, ventosas, sedales y otros medios externos. Esta contradicción de los autores ¿ no es la prueba evidente de que el descubrimiento de la causa de las enfermedades se le debe al cirujano Pelgas, y al autor de este método que lo ha extendido y puesto mas claro por casos prácticos ? Y á vista de ella no parece .que aun los facultativos mas metó- dicos están diciendo á gritos que abandonan á la naturaleza el cuidado de cu- rarse á sí misma. ¿ No se le debe agradecer algo á aquel que lia hallado, para conducir á un país ya conocido, un camino mas seguro y mas corto qua el que existia antes ? No se puede negar á este método el mérito de indicar el país y,el verdadero camino que puede conducir á él mas directamente, y los medios con que lo realiza son la claridad, la experiencia consultada en hechos que están al akanze y á la vista de todos. Innumerables aciertos bien acreditados en uno y otro hemisferio, y que llegarán tarde ó temprano ( 72) al conocimiento de todas las personas que aun lo ignoran, prueban suficien- temente que los métodos anteriores no eran análogos á las necesidades de la naturaleza, tanto mas, que las curas han recaído particularmente sobre enfer- medades declaradas por incurables. Demuestran también hasta la evidencia que los facultativos que hasta entonces habían asistido á los enfermos, no co- nocían bien el camino mas corto, esto es que no habían conocido la causa de las enfermedades ni los efectos de la purga que se les da á conocer en este método. ¿ Y en efecto como se conducen los hombre* en general? obran por datos inciertos ; hacen lo que en semejantes casos han hecho sus predecesores. ¿ Y que l.ai que admirar que se extravien tomando por guia á quien no conoce el camino ? quien conoce la causa de las enfermedades y su principio, ve donde está el mal : no camina á tientas, ni prueba de todo cómo se acostumbra, sino que desde el principio y sin andar por rodeos emplea los medios únicos que Verdaderamente curan y son los que en esta obra se indican. Hacerlo asi seria mas laudable y probaria mas buena fé que suscitar discusiones sobre la realidad ó no de un descubrimiento. ¿ Qué es lo que pide un enfermo que llama á un médico? la salud. ¿Y por que no complacerle adoptando un método acreditado por tan numerosos é inesperados triunfos? El cirujano Pelgas no pudo tratar de* su asunto sin acusar de insufla cientes muchos remedios que se usan ordinariamente en la cura de las en- fermedades. Firme en los conocimientos que su práctica y experiencia le habían dado creyó debía publicar la inutilidad de los medios adoptados por la ruti a. Hizo mas: distinguió entre estos, los que son inútiles ó insuficientes de los que positivamente dañan ó perjudican á la salud y á la vida de los enfermos. Pero al publicar estos conocimientos nuevos en el arte, ó que habían sido olvidados ó poco apreciados, no honró por eso menos la memoria de los grandes hombres á quienes este debe tantas cosa9 útiles (1), (í) Me glorio de haber adoptado sus principios y extendido su método, y como él y á su ejemplo seré siempre el primero en respetar el ilustrado zelo^ sagacidad, y calidades eminentes de que están adornados muchos facultativos contemporáneos mios. Desapruebo toda consecuencia que á esto se oponga declarando, que contra semejante inju6Üda3 opondré constantemente la sinceridad de m'f. piotasta. ( 73 ) ¡Pero que de obstáculos que vencer! ¡ que de preocupaciones que destruir ! ¡ cuantos perjudicados en intereses cuyo sacrificio es sensible! Todo método que echa por tierra el aparato grandioso de vanos sistemas, debe contar con hallar durante largo tiempo infinitos impugnadores. Si el mió no está ya mas extendido, y es por consecuencia mas útil á los enfermos, es porque L ignorancia y la malignidad le oponen tantos obstáculos como pu- dieran las mismas enfermedades por inveteradas é incurables. Desde el prin- cipio túbe que combatir los esfuerzos reunidos de un prodigioso número de personas de opinión contraria. Hasta mis aciertos, si bien me han va- lido muchos amigos y prosélitos, también me han suscitado en todas puntos del globo enemigos crueles, cuyo amor propio humillado ó vencido no quiere rendirse. Los mas débiles emplean un arma digna de ellos, y á falta de ra- zón recurren á medios bajos que la delicadeza resiste y que ni aun mi plnma sabría describir sin un esfuerzo violento. ¡ Cuantas injusticias se cometerán todavia contra la medicina curativa, mientras que los principios en que se funda no sean generalmente conoci- dos! ¡ Que de males no atormentarán á la esp-cíe humana mientras que las prácticas absurdas existan ! Cuando con franqueza se habla de, la posibili- dad de hacer prontas curaciones, ¡ cuantas personas la disputan, porque les cuesta trabajo acostumbrarse á este lenguage por inusitado y opuesto á las peocupaciones' recibidas l Se resisten á creer que siguiendo este método, se puedan precaver ó evitar graves enfermedades^ ni el pueblo concibe como en pocos dias se pueda lograr la curación de enfermedades que según lo que constantemente ha visto, exigen meses y años enteros, y aun al travez de tanto tiempo suele no conseguirse sino ur.a Iijera mejoría. Si siguiendo este método se obtiene una pronta curación, improbable acaso empleados los me- dios ordinarios, el error empieza al instante á hacer dudoso el mérito de ella. La impostura alega, que estas enfermedades destruidas tan pronto no eran graves, sino pequeñas indisposiciones, y la infame envidia se esfuerza en per- suadirlo diciendo.que la prueba es que pocas tomas de purgante han sido suficientes para conseguirlo. No dudaré responder á tales antagonistas que si ha sucedido así y así sucederá siempre, es porque la purga prescrita por este método se dirige contra la causa, contra la verdadera causa de toda* las enfermedades. La verdad no triunfará, si los hombres, testigos de los hechos y de consiguiente convencidos, faltan por pusilanimidad á los debe- res que aquella impon» y si el temor de disgustar á algunos ¡es hace cuJUr. K ( 74 ) (como sucede frecuentemente) en vez de publicar los hechos que conocen, cual exige el bien de sus semejantes. Tal es ía prevención general, que la capacidad del facultativo se mide por la duración de la enfermedad, y cuando ésta ha durado mucho, y que el enfermo ha estado en gran peligro, entonces se cree que el médico ha triun- fado de los mayores obstáculos, y este es las mas veces el fundamento de las grandes reputaciones. Treinta ó cuarenta visitas á dos y á tres per dia dan mucho realce é importancia; ni ven, ni quieren ver, que si la enfermedad S« ha prolongado es porque el plan curativo no la ha combatido en su causa luego que ésta se ha manifestado. Sí preguntáramos á las personas que se dicen curadas, como se hallan en el dia, tal vez nos responderían que acosadas por las reliquias de su an- tigua enfermedad su triunfo se ha reducido únicamente á haber conserva- do la vida, que estubieron en peligro de perder, pero que les ha sido restituida en un estado imperfecto de salud, bien distante de aquel de que anteriormente gozaban. Eácil es indicarles a éstos la causa de que su mal proviene. Por no haber evacuado suficientemente sus humores la que lo ha sido de su enfermedad, existe aun en sus entrañas, en términos que su pre- tendida Ó imperfecta curación se redujo á la dispersión ó neutralización momentánea de las materias á que aquella debia su origen, origen que con sus derivaciones constituye, como lo hemos dicho en el capítulo IV, la única causa de las enfermedades. Y no prevalecerá esta verdad sobre el dictamen de aquellos hombres que aunque de buena fé, á pesar de los hechos constantes y verídicos, continúan gobernándose por máximas y opiniones contrarias (1)? ESTE MÉTODO ES EA VERDADERA MEDICINA POPULAR (2). "Hay una clase de hombres á quienes no les falta mas que el conoci- (1) Si de estas observaciones se agraviare alguno (cosa que no espero) sírvame de justificación la utilidad general que es mi único móvil y el objeto que me propongo. Es posible ser mui sabio en una ciencia y no ser capaz de hacer en ella ¡novaciones útiles. Se pueden tener muchos conocimientos y bellas prendas, sin tener el talento de curar. Los descubrimientos no se deben por lo común sino á la casualidad. Nadie está obligado á inventar, y ninguno pierde su mérito porque no se le hayan presentado ocasiones favorables para aumentar los conocimientos adquiridos en los diferentes cur- sos que componen la enseñanza. (2) Esta verdad está demostrada por el uso que se tac» da este .régimen «urati- ( 75 ) miento del principio sobre que se funda éste método para ser sais propior médicos, y esta clase es la mas numerosa y la mas útil de los estados. ¡ Cuautos millares de individuos de ella por haber admitido el principio han experimentado sus buenos efectos! Sostenidos por su razón han reconocido la causa de las enfermedades, como existe en la naturaleza y la memoria da este descubrimiento quedará gravada eternamente en su corazou. Convencidos de da certeza de la doctrina se han desengañado que no hay mas que un modo y un medio para evitar las enfermedades graves y para destruirlas cuando exis- ten. La descripción de la salud, como se define en el capítulo XX les ha servido de norte, y hau arreglado ellos mismps su plan curativo conforme á lo prescr pto en el mismo capitulo» Hay otra clase que probablemente ni aun se dignará leer esta obra, cuyo autor no se propuso tampoco elevarla á la altura de sus sublimes ideas. Esta clase se compone de aquellas personas enemigas de la simplicidad, y que ne- cesitan según la etiqueta y estilo establecido, médicos que les libren entera- mente de la molestia de pensar ni ocuparse del estado de su salud, j Poeten* pión risible ! Con algunas frases brillantes se deslumhra fácilmente á los que componen las clases elevadas : las preocupacionus de la educación y de la sociedad ha- cen el resto. Una vez alucinados ¿ como persuadirles que cada uno pued« ser su propio médico con la ayuda de un sencillo método, que hasta el aldeano menos despierto puede comprender, como que no se necesita para ello mas que comparar el principio con hechos notorios é indisputables ? ¿ Como concebir que los ignorantes puedan curarse á sí mismos mientras que los sabios se de- jan arrastrar al sepulcro ? Estopara muchos es ininteligible. Funesta pre-? vención es aquella que nos hace desconfiar, sospechar de todo Ip que parece sen- cillo y fácil y no lo es menos el empeño de crear dificultades donde no las hay. En medicina una y otra son de grave perjuicio para los enfermos. ¿No se podrá decir que en general los médicos son muy reservados cuando se trata de hablar con los enfermos de la causa de las enfermedades ó de lo que les hace padecer los dolores que sufren ? Como la urbanidad y refinada cortesía debe hallarse en los labios de los consoladores de Ja paciente huma- vo en toda la Francia, sus colonias, y en las colonias extrangeras; y todo anuncia su mayor extensión á pesar de las intrigas y gritería de sus infinitos antagonistas. En las populosas habitaciones del cultivo de las Antillas, es donde- particularmente ha bido apreciada. La prueba de ello se vé en el capitulo XXI al fío de este volumen, ( 76 y nidad, creerían estos faltar á las debidas atenciones ó si tubleran la osadía de decir á un enfermo de distinción, que su cuerpo contiene una masa de corrup- ción que es indispensable evacuar, si quiere lograr su curación, y que á no ha- cerlo así su muerte es inevitable. (1) Este lenguage que ofende el oido y mucho mas el amor propio de los gran-i des señores no es el menor obstáculo para el triunfo de la verdad ó para que sea generalmente conocida. Del mismo modo que es muy común hallar personas que prefieren lo gus- toso á lo bueno, y lo agradable á lo útil, del mismo modo es de temer que los paliativos se adopten aun durante mucho tiempo con preferencia á los reme* dios curativos, y querrán mejor morir conforme á los usos recibidos que pro- longar su existencia por medios sencillos naturales, y que en el fondo no tie- nen en su favor otra autoridad que la del raciocinio comprobado con hechos palpables, evidentes. Ser enterrado como se dice comunmente con todos los honores de la guerra es mas brillante que serlo obscuramente. Estos mismos enfermos querrían mas morir que tomar cierto número de pociones purgantes que podrían curarlos en un corto espacio de tiempo. Esta clase de gentes en todo quiere pompa y ostentación. Gustan mas de un régimen recetado con mucho aparato y que parece anuncia combinaciones dificiles, ciencia y meditar clones profu.idas y que regla los alimentos, ejercicio y demás, que no del me* dio sencillo que no hace mas que curar, y que es el único que verdaderamente cura. Es mas noble dejar á la naturaleza el cuidado de curarse á sí misma que descomponer su gravedad, teniendo que ir y venir á cada instante á la secn ta á evacuar la putridez que nos mata. Así es como tantas victimas de la ia.nor rancia y del error pasan el resto de su vida afligidos con males que se podrían destruir fácilmente. Se contentan con calmarlos, se engaña la parte} moral á fuerza de variar las situaciones, se dan vueltas alrededor del punto esencial sin reparar eu el, la enfermedad sigue su curso, hace progresos y el enfermo al fin perece. ... ¡ Reflexionad lectores ! (1) ¡Un enfermo de alta categoria tener humores ? Rodeado está de gentes que unánimes le dicen que no, y estos hombres á su parecer son unos sabios, (77) CAPITULO XI. DENOMINACIÓN DE LAS ENFERMEDADES. (1) Era útil dar á cada uno de los modos con que la misma causa ataca la salud y la vida del hombre un nombre particular, pero se ha supuesto que po- dían existir enfermedades diferentes en su causa interna, y se les hadado nombres propios. De este modo se ha abierto un basto campo al mundo ideal de las conjeturas por donde las gentes de ardiente imaginación han podido va- gar á discreción sin guía y sin límites. Lo primero de que todos hablan es del punto ó sitio residencia del dolor, y á nadie le ocurre el explicar la naturaleza de la cosa, que allí se fija. El que haya comprendido la causa de las enfermedades, cual yo la he explicado' én el capítulo primero, tiene sobre este punta conocimientos exactos, y sabe que los humores deteriorados, viciados, corrompidos ó podridos (todas palabras sinónimas) producen una serosidad, que se mezcla con la sanare, eomo se ha dicho en el mismo cap.tulo. Sabido es que la sangre circula por todas las partes del cuerpo, y de con- siguiente es claro, que ninguna de ellas está libre de ser el sitio ó residencia. donde se fixe el mal, donde la sangre en fin venga á depositar esta parte fluida de los humores, que no puede unirse con ella por las razones que hemos dado en el capítulo IV. Por una continuación de este sistema de nomenclatura de enfermedades, ya demasiado complicado, se hubiera podido ésta multiplicar sin fin, pues se puede hacer del cuerpo humano un número incalculable cié partes mil y mil subdivisiones, y la materia se hubiera embrollado mas de lo que está, y en verdad que no lo está poco. ¡ Pero que importa para la curación del enfermo que la residencia del mal su declare en la primera ó segunda falange de su dedo ? ¿ Se curará mas pronto del dolor que padece en la cabeza y que por esto se llama jaqueca, que de otro que pueda tener en otros diferentes miembros y que se llamara tal (1) Seria difícil denominarlas todas, porque el ingenio inventor descubre todos los dias otras nuevas. ( 78 ) vez reumatismo, gota ó ciática ? ¿ Para su curación que importa que lá ínfartá- cion sea en una glándula parotid ", ó in.-u;uaria? ¿L)e uia glándula co iadobada ó conglomerada, del hígado ó del baso ? ¿Se curará mas pronto si son tecla- ñas qu? si son cuartanas ? Todas 'a- diferencias de las enfermedades que es- tan indicadas en los métodos médi. os no sirven ciertamente para curar a los enfermos. La experiencia, repite demasiadas pruebas para que se pueda tener ninguna confianza en este sistema, cuya teoría es tanto mas perjudicial, cuanto mas nos aleja de la verdadera, y compromete la salud y la vida de los enfermos, mas que nunca, cuando los medos empleados, sin tener la menor relación can, la causa material de las enfermedades, atacan el principio motor de la vida} tales por ejemplo como, las sangrías, sanguijuelas, dieta, &c. &"• Lo que importa para el restablecimiento de la salud, como para la pro- longación de la existencia, es conocer la materia detenida, el origen de don- de proviene, su malignidad, cual se ha explicado en el capítulo I, adop- tando sin modilicacion los medios seguros que hemos indicado de librar dei ella al enfermo sin atentar al principio de la vida/ Se debe saber conforme á lo dicho en el capitulo I, que el orden de la naturaleza con respecto á los seres creados, su muerte y la reproducción organizada de cada especie, es que la parte sana, causa motriz de la vida, y el agente corruptor, causa de la muerte, estén siempre á la vista, tocándose tan de cerca que con frecuencia y de un modo ostensible les vemos lu^ har el uno contra el otro, si bien la victoria de la muerte mas ó menos resistida ó re- tardada por el motor de la vida no es meaos cierta; supuesto que nin-i gun ser creado es eterno. Pero el instinto natural impone al hombre la obligación de defender su existencia, y debe trabajar por evitar una muerte prematura. Tal es la voluntad de la naturaleza y parece que su autor se ha complacido en mul- tiplicar los medios para lograr este fin. El hambre no necesita sino de una firme resolución. Hallará en las diferentes producciones de la natu- raleza,, que pisa á cada paso, todo lo que es necesario para satisfacer á este deseo de prolongar sus dias. Mas por primera condición quiere que cepa, servirse de su razón. ENFERMEDADES ESTÉNICAS Y ASTÉNICAS. - Escucharán alguna vez la voz de la naturaleza esos hombres que ( 79 ) parece se han empeñado en engañarse á sí mismos sobre la verdadera causa de sus enfermedades y en oponerse á la propagación de la verdad ? Es me- nester señalar para tales hombres de que acabamos de hablar, causas que nada tenjan de repugnante. Por ejemplo no les repugnará oír decir " su ,,enfe rmedad de V. es esténica ó lo que es lo mismo proviene de demasia- ,,da robustez: su enfermedad de V. es asténica ó lo que es lo mismo pro- aviene de debilidad." En uno y otro caso este lenguage es consolador. En el primero fiquel que muera de una enfermedad esténica, debe es- perar ser un muerto robusto ó ño es cierto que la muerte es la conse- cuencia ó el resultado de los progresos de la enfermedad, ni resultas de la debilidad que causa en los enfermos; y en cuanto al secundo aquel cuya enfermedad proviene según se dice de debilidad puede esperar una revolu- ción feliz que en el momento de mas peligro mude su enfermedad en esténica. . . . Asi pues esperarán uno y otro enfermo el último momento de su vida con tanto mas tranquilidad, cuanto es mas de moda el no parar la atención en la causa material de los males de donde proviene la debilidad, causa que por no evacuada les quita al fin la vida como por no expelida al principio de la enfermedad les debilita. Pero estos enfermos en vez de convencerse se irritarían verosímilmente contra aquel que se atreviese á demostrarles la verdad. No creerían tampoco que la enfermedad asténica no tiene otra causa que aquella de que acabamos de hablar, esto es. la masa de sus humores corrompidos que seria preciso eva- cuar. Ni admitirían que la enfermedad esténica tiene por causa interna^esos mismos humores viciados ó corrompidos, que han producido una serosidad su- mamente acre y ardiente, cuya fluxion puede producir los dolores mas vio- lentos, la calentura mas terrible, la inflamación mas caracterizada, la mas fuerte irritación, y todos los demás estragos, que los sabios atribuyen á un exceso de robustez del individuo atacado de la enfermedad que á ellos les plugo llamar esténica. No se puede lograr tan pronto la conversión de tales enfermos, sin embargo de que para dar crédito á las paradojas de tales auto- res parece necesario tener, como ellos un espíritu esténico y dispuestoá acor ger semejantes novedades. C 80 ) CAPITULO XIL ENFERMEDADES EN LAS VISCERAS Y ARCA DEE CL'ERPO.. ENFERMEDADES VERMINOSAS. Las lombrices se forman en la masa de los humores que existen en el e$j tómago ó intestinos, porque estas materias han adquirido por su degenera- ción una naturaleza cenagosa propia para la concreción de estos insectos. Piénsese lo que se quiera de sú origen y formación, estas materias son siem- pre la causa de la existencia de las lombrices y de la enfermedad que las acompaña, y no son ellas lasque la producen como se cree comunmente. Se dá á las lombrices diferentes nombres como culebrillas, tenía ó solitaria &c. Las hai de diferentes figuras. Algunas veces salen juntas y en pelotón, pero por lo Coinurt están separadas y salen unas después de otras. Cuando suben por el canal, pueden salir por la boca y aun por las narices. Los que ías arrojan por las vías superiores son los mas expuestos, porque esto es una prueba de que la naturaleza está sumamente cargada de corrupción y gusa- nos, males que pueden ocasionar la muerte repentina, ó cortas enfermeda- des seguidas de una muerte inevitable. Se habla mucho de la lombriz solitaria. Se la dá este nombre verosímil- mente, porque se halla por lo común sola. Iíaí quien dice haberla visto de sesenta y aun de ochenta pies: es aplastada y dentada de una á otra extremi- dad. Este animal no ha salido acaso nunca entero y se expele ordinariamente á pedazos. Aquellos, cuyas entrañas Contienen lombrices, tienen por lo común un colorido empañado, la circunferencia de los ojos negra, son pálidos, enfer- mizos, experimentan á menudo dolores de cabeza, pesadez, sopores, palpi- taciones, c'ongojas y otras incomodidades. Los niños son los mas propen-j sos á las pequeñas y medianas lombrices^ las personas mayores lo son tam- bién pero con particularidad á la solitaria. Dejan pues mucho que desear, los que por el uso de los vermífugos se (-81 ) contentan con hacer evacuar las lombrices, tanto mas que este medio es á veces peligroso, porque rompiendo el vermífugo la masa que las contiene, y en la que se han formado, pueden esparcirse en los pliegues de los intestinos, romper sus membranas y producir efectos mui Líales. No es menester ser un pozo de ciencia para conocer la causa de la for- mación de las lombrices : uaa comparación natural y sencilla nos está indi- cando su primer origen. Todo el inundo sabe que no >e crian gusanos en un pedazo de carne fresca y buena, y'nadie ignora que se engendran en ellaj cuando se corrompe, infiriéndose de aquí que las lombrices no existan en el cuerpo de un hombre cuyos humores no están adulterados, que se forman de los que lo están y en cualquiera parte en que éstos están. Aquellos pues que reconozcan que los humores viciados que acompañan siempre á las lom- brices, debilitan la salud, dañan al acrecentamiento del individuo, deterio- ran su constitución, y se oponen al desarrollo ele sus facultades, no pue- den menos de apresurarse á administrar los purgantes de un modo proporcio- nado á la necesidad, sobre todo en los niños á quienes por este medio se hace en la infancia el mas importante servicio, ó bien sea con respecto al desarrollo de sus fuerzas que tales evacuaciones favorecen, ó bien limitándose solo á conservar la vida del que se halla acosado de esta enfermedad. El artículo primero del método curativo es el que se debe seguir en este caso; excepto aquellos en quesea necesario acudir al artículo IV, conside, rando este mal, como lo es casi siempre, efecto de una corrupción crónica de los humores. El vomitivo purgante está indicado contra la plenitud de estómago y en particular si el enfermo ha arrojado lombrices por esta vía. El purgante expele no tan solo las lombrices, sino también las materias que han servido para su formación, y las que sirven para su conservación, y aun regenerando la masa de los humores tiene la propiedad de evacuar todo lo que podría ser- vir para una nueva cría de ellas. (1) CONVULSIONES, ATAQUES DE NERVIOS. Si la causa de las enfermedades estuviese mejor conocida no se oiría decir á (1) Este método ha hecho evacuar infinitas veces la lombriz solitaria, en diferen- tes países, como en París, Orleans, Nevers, San Quintín, la Martinica, entre otros una de treinta piel. ■L ( 82 ) toda clase de gentes que las convulsionesá que los niños particularmente están expuestos son ocasionadas por las lombrices. La paite del cuerpo donde pueden existir estos insectos está seguramente muy remota del origen de los nervios para causar tales efectos. La inspección anatómica lo ha probado siempre así, y muy rara vez se han encontrado lombrices en el cuerpo de los enfermos muertos de convulsiones. Los niños de poca edad, los adultos y aun los viejos están expuestos á las convulsiones y otros afectos nerviosos, y esta es una clase de enfermedad como las demás. La fluxión que eni:iiia de los humores corrompidos, sea que estas materias hayan formado lombri- ces ó no, es por su naturaleza y sitio que ocupa lasóla y verdadera causa de las convulsiones. Sean cuales fueren sus denominaciones y caracteres, existen siempre que la sangre ha reunido aquella fluxión sobre el cerebro, y que esta se derrama sobre los nervios, contrayendólos por su fuerte acri- monia. Si esta serosidad ha llegado al mayor grado ele corrupción, puede interrumpir el curso de los espíritus y causar la muerte pronta ó súbitamen- te como efectivamente ha sucedido á aquellos que han n.uerto de ésto. ¿ Qué cosa mas infundada y risible que ese tono de aseveración con que se pretende hacer creer, á los enfermos , que son los nervios los que les ocasionan los dolores que padecem ? ¿ No es esto negar que los ner- vios son partes carnosas ? ¿ Se dirá que un brazo ó una pierna afectados de un dolor son la causa del mismo dolor? Sin duda es la misma razón la que hace que los dientes nos duelan y que sea menester arrancarlos. Si los nervios continúan largo tiempo en posesión de esta nueva atribución, que se les ha conferido, será difícil preveer el número de desgracias, á que tal error podrá conducirnos. La purga no reconoce excepciones ; cura los nervios como todas las demás partes del cuerpo sino se administra muy tarde. La aplicación del art culo clos del régimen de este método bastará si el mal no es invete- rado ; pero si es crónico es preciso seguir el del artículo cuarto, indispen- sable en este caso. Es mas seguro y mas expedito empezar la curación por una dosis de. vomitivo purgante por la man ana y una del purgante diez ó doce horas después,' siendo esta enfermedad como es muy semejante á las previstas ea el artículo tercero. Esta explicación basta para aprender el modo de curar todas las enfer- medades nerviosas ó ataques de nervios propiamente tales. Cederán á las purgas reiteradas si la enfermedad no» es muy inveterada ó antigua ó ri C 83 ) los enfermos no son muy viejos, y en caso de imposibilidad de curación todo se hahria reducido á excitar la irritación nerviosa, y entonces quiere decir que el mal no admite sino un régimen paliativo. Pero si el enfermo tiene fuerzas y da esperanzas debe intentarse la curación, conduciéndose con arreglo al artículo cuarto del método curativo. Si durante la curación se presentare una violenta conmoción nerviosa que haga dudosa la utilidad de la continuación del método, se suspenderán las purgas por algunos días, para continuarlas en lo sucesivo, pues des- pués de este descanso se encuentra regularmente mas disposición á la eva- cuación de los humores. Si estas enfermedades llegan á hacerse incura- bles, es por haber coaíiaelo demasiado en los calmantes y por haber des- cuidado Ja evacuación de su causa material. CALENTURAS. La Calentura, sea que exista como enfermedad principal cual sucede en las intermitentes, sea que venga á complicarse con cualquiera otra enfer- medad, es siempre el movimiento desarreglado de la sangre, producido por la serosidad humoral, que endureciendo las válvulas de los vasos, y com- primiendo sus paredes, disminuye el curso de los fluidos y acaba por obstruirle enteramente causando frió, temblor y dolores. Exceptuase de esta nomenclatura aquel estado febril, que se llama calentura sintomática porque es síntoma de enfermedad orgánica, signo de una lesión cualquiera en el individuo y que como tal no puede cesar sino con el afecto principal. De un desorden nace muchas veces otro que reemplaza al primero. Es natural en la sangre hacer esfuerzos contra todo obstáculo que se opone á su circulación, y esto es tan cierto, que cuando su curso se ha visto interrumpido, lo vuelve á seguir con mas celeridad, y circula entonces con una rapidez y un ímpetuo relativos á el impulso que la serosidad, mez- clada con ella la da, y proporcional á su acrimonia y su ardiente calor, aumentado por el frotamiento de Jos glóbulos ó partículas que componen la masa de los fluidos. Asi es como esta fluxión humoral causa un calor extraordinario por todo el cuerpo, una sed vehemente, dolores de cabeza, de riñones y otros. En fin cesando en la calentura intermitente la fermentación, y estos des movimientos extraordinarios, se restablece el movimiento natural, los ( 84 ) dolores se calman, el calor excesivo desaparece, la calentura se termina, y los enfermos creen frecuentemente" que aquella es la última, á menos que no le siga una subintrante, como sucede en las tercianas y cuartanas dobles. Cuanto mas maligna es la fluxion humoral, tanto mas fuertes, largas, r- y frecuentes son las accesiones. Si la sangre lleva ó reúne la serosidad en el cerebro, puede causar el delirio ó la calentura inflamatoria. Si los humores están ya en putrefacción, resulta la calentura pútrida, que se llama tabardillo, si aparecen sobre el cutis pintas morabas ó ne- gras. En uno y otro caso el peligro es inminente. Se llama calentura interm tente, aquella que deja intervalos entre sus accesiones, y la que no los deja calentura continua. Las calenturas cuyas accesiones se repiten todos los dias se llaman quotidianas; cuando dichas accesiones no se verifican sino á tercer dia se llama terciana, y si se repite con el intervalo de dos dias se llama quartana. Se llama terciana y quartana doble cuando dos distintas accesiones se repiten en los dias de la terciana y quartana. Hay calenturas particulares y muy comunes en ciertos países que se llaman endémicas. Las hay epidémicas y contagiosas, como la calentura amarilla, la fiebre escarlatina, y otras que aunque no las nombremos no dejan por esto de estar comprehendidas en el método común de que vamoS á hablar por mortíferas que sean.. Los febrífugos en general, la quina por ejemplo mirada como un especi- fico, que tiene aun tantos partidarios, no obstante que se observan frecuen- temente sus malos efectos, puede disolver los humores corrompidos, y si se quiere dar libre curso á su circulación y aun dar tono á los órganos. Esta disolución seguida á veces de resolución hace con frecuencia desa- parecer la calentura, que es lo que se llama cortarla. Mas la sangre que queda siempre cargada de aquellas materias, y ademas del remedio que es un Cuerpo extraño y de consiguiente dañoso, viene á reunirías y deposi- tarlos en alguna cavidad, y he aqui la causa mas general de los afectos de pecho, de las obstrucciones en las visceras, de la hidropesía y de todas las demás enfermedades por debilidad, que ocasionan al enfermo el marasmo y la consunción para conducirlo al sepulcro después de largas y penosas dolencias. Este acaecimiento es muy común para disputar la causa que le ocasiona y que nosotros hacemos conocer. ( 85 ) Toda caleutnra intermitente, cuya cura empíeze á la primera o segunda accesión, si el enfermo gozaba antes de buena salud, puede destruirse, evacuándole según el artículo primero del régimen curativo, ó según el secundo si el enfermo ha pasado ya por cierto número de accesiones. Si el paciente no gozaba antes de buena salud, el régimen debe ser el pres- crito por el artículo cuarto, asimilándole á aquellos, cuyas accesiones se han repetido por espacio de cuarenta ó mas dias. El vomitivo purgante es casi siempre necesario indispensable en toda fiebre : asi que por el debe empezarse casi siempre y después de haber administrado algunas dosis del purgante, se debe repetir si aun hay im- pedimento en las primeras vas ó dolores en alguna parte superior ; sino, la cura deberá hacerse solo por el uso del purgante repetido suficiente- mente. •Generalmente hablando es indiferente que el vomitivo purgante se tome al principio de la accesión ó durante ella. Por lo que hace al pur- gante la observación ha demostrado que en la calentura intermitente vale mas tomarlo algunas horas antes de la accesión ó en su declinación. Con esta precaución se consigue que los efectos de aquel no se cumulen con los de la accesión en su mayor fuerza y se evita al enfermo este aumen- to de incomodidad. Mas cuando la calentura es continua, no es posible evitar este incon- veniente, y es preciso administrar el renjedio durante la accesión : esperar á Ja cesación de la calentura seria exponerse á que el enfermo muriese víctima de ella. Siempre que la fiebre en su principio, sea la que fuere, manifieste malig- nidad, como cuando hay inflamación, delirio, y otras señales características de enfermedad grave, ó que se padezca en el país que el enfermo habite con señales de epidemia ó de contagio, deberá conformarse desde luego al articulo tercero del régimen curativo. El uso del vomitivo purgante alternando con el purgante conviene en este caso hasta que el cerebro quede descargado. Después se deberá usar hasta perfecta curación del purgante solamente, con arreglo al artículo que se haya creído aplicable al caso. Si se adoptasen los medios que acabamos de indicar contra la fiebre en general, el hombre sensible no se vería tan frecuentemente contristado por el espectáculo de tantos millares de desgraciadas victimas de fiebres tenaces y obstinadas durante meses y años enteros y que la mayor parte C 86 ) de las veces acaban con su misera existencia. Cuantos males, dolencias, y muertes prematuras se evit.uian ademas fácilmente, porque no hay por lo común enfermedad mas fácil de destruir, adoptado este método, que la calentura cuando no es inveterada. HiniiorEsÍA. La enfermedael que haCe tantas víctimas como individuos acomete e« la hidropesía sea cual fuere su género, especie ó denominación y el sitio que ocupe. Frecuentemente se declara por la hinchazón periódica ó conti- nua de las piernas, ú otras partes del cuerpo. Esta enfermedad que se reduce á un derrame de agua, en cualquiera parte que se verifique, es por lo común la resulta de una enfermedad primitiva que *e ha curado Según costumbre sin haber evacuado la causa. Tales son las calenturas cuando la accesión ha desaparecido por el uso de algún febrífugo ; la sarna ú otra! erupciones cuando no se han curado sino superficialmente, una úlcera cica- trizada sin que su origen Se haya extinguido, últimamente cualquiera otra enfermedad Cuya causa humoral no se haya destruido. La pérdida de sangre, sobre todo si ha sido abundante y frecuente ja por la sangría, sanguijuelas, ú otros medios, ya por hemorragias, íluxos de sangre por las narices, abundantes ó frecuentes, ó bien en las mugeres por el desarreglo de su menstruación, .de cualquiera modo que se verifique puede ser causa de la hidropesía, porque la diminución del volumen de la sangre destruye la acción tónica de los vasos, y el vacio que resulta de esto favo- rece la infiltración del fluido humoral que viene á ocupar el lugar de aquella y causa asi la enfermedad de que hablamos. Los medios que se emplean por lo común son las tisanas aperitivas' diuréticas, sudoríficas con la intención de hacer orinar extraordinariamente al enfermo (que bebe media azumbre de tisana y orina un cuartillo) y cuando ha bebido una gran cantidad y que ha aumentado considerablemente su volumen, se le hace la operación, y si al dia siguiente está aun mas hinchado, se vuelve á repetir aquella, y demasiado sabido es ya el resul- tado y el término de esta triste situación. Se evitaría casi siempre esta enfermedad y sería muy rara si se empleasen medios verdaderamente curativos contra la causa que la produce, y se la destruiría casi siempre si en vez de contiuuar llenando el cuerpo de lo* ( 87 ) enfermos de todas esas bebidas que no salen, se usara de los purgantes para evacuar en abundancia el agua que domina, como la masa entera de los humores corrompidos. Hay muchos enfermos curables entre aquellos que hasta aqui han con- fiado eu los frivolos medios que impugnamos. El buen éxito depende de; Su edad, de los progresos de la enfermedad como también de su energía en combatirla. El régimen que se deberá seguir en este caso es el del artículo cuar- to. Si la hidropesía está en el pecho ó en un punto de las primeras vias, el vomitivo purgante deberá alternar frecuentemente con el purgante. Si no hay sino plenitud momentánea en el estómago, vomitivo purgante no es necesario sino de cuando en cuando. Si la hidropesía está en el bajo vientre, los pies, las piernas, los muslos, ú otras partes bajas, el purgante solo bastará, pero se deberá administrar en lo posible en grandes dosis, á fin de lograr un gran número de evacuaciones abundantes, como lo exige esta clase de enfermedad, si se quiere destruir su causa y curar el en- fermo. ENFERMEDAD DEL FECHO LLAMADA PULMONIIA. Las enfermedades de pecho son todos aquellos afectos que se sienten en la cavidad del tórax. La mayor parte de ellas son tan temibles que se reputan por mortales. El error y la preocupación son los mayores ene- migos de las personas que padecen enfermedades de pecho. Según la teo- ría estas enfermedades tienen eliferentes nombres, pero como la nomenclatura no tiene nada que ver con la curación de ninguna de ellas, y es de ninguna importancia, supuesto que se pueden destruir todas del mismo modo, siguien- do el mismo sistema, y acudiendo en tiempo útil, citaré solo una parte de los síntomas que las presagian. •> Eu los caracteres siguientes se conocen sus síntomas comunes ú ordi- narios ; plenitud de las primeras vias, opresión, ronquera, nauseas, vómitos, calor ardiente en todo el cuerpo, sed vehemente ó frecuente y grande alteración, tos, esputos de sangre, de materia, dolores de cabeza, de hombros, eu el espinazo, en el esternón, en ios costados, en la región lumbal, calofríos, al güiras veces fiebre mas ó menos fuerte, que se hace en lo sucecsivo lenta v ejecutiva, estreñimiento, ó flujo de vientre, etc. El enfermo en estas ( 88 ) dolencias se ve obligado, estando en la cama, á tener la cabeza y el p"cha mas levantados que lo que acostumbra sobre la almohada. La necesidad de estar en esta posición anuncia que el pecho se llena. Cuando hay derramamiento en uno de los costados del tórax, el enfermo no se puede acostar sobre el que está opuesto al del derramamiento á causa del dolor que la pesadez de la materia depositada produce sobre el mediastino. Si el derramamiento existe en los dos lados, el enfermo no puede acortarse sobre ninguno, y se ve obligado á estar de espaldas con la cabeza y el pecho muy altos. Estas enfermedades deben ser frecuentes; lo son en efecto y el modo de curarlas es poco á proposito para obtener el fin. La parte fluida de los humores corrompidos pasa con el tiempo á la circulación por no hnber purga- do el cuerpo de la causa de las enfermedades que pueden at carie en toda edad y época de la vida, y entonces la sangre se vé forzada á depositar aque- llos humores para conservar su movimiento. Esta materia con la parte fle- mosa recogida, y pegada á las paredes de las visceras, y la que se estan- ca en las entrañas, forman el conjunto de la causa de todos los síntomas, como de todos los accidentes que ocurren de resultas de las enfermedades llamadas del pecho. Este derrame debe también su origen á la estructura hueca del pecho por que las leyes de la circulación de los humores siguen en esto las leyes generales de la naturaleza. ¿ No se observa en el agua cor- riente que arrastra en su curso tierras movedizas, arenas, é inmundicias de- positarlas en las partes huecas y en los recodos de las margenes por donde corre? Descargándose pues la sangre de la superabundancia de los fluidos en la capacidad del pecho, la enfermedad debe tomar su nombre de él, sin perjuicio de las subdivisiones á que puede dar* lugar la diferencia del der- rame ó fijación del depósito sobre tal ó cual viscera ó membrana determi- nada.. Mas désela el nombre que se quiera, lo que nos importa es curarla, supuesto que se puede hacer sin detenernos en denominaciones y aun sin conocer todas las partes afectadas. Con razón se dice que el error y la preocupación son los mayores ene- migos de los enfermos. ¿Que de virtudes no se atribuyen á los caldos de nabo, de pollo y de azadura de ternera? Se han compuesto voluminosos libros, y escrito largas y brillantes disertaciones sobre las propiedades de los polvos hidr'agogos, de los jarabes de la calabaza y demás, los expectorati- vos, y la leche de baca; de burra, de cabra, los emplastos, los cáusticos, ( 80 ) íin olvidar los sedales. ¿ Pero que hombre de razón no conoce que todoi y cada uno de estos medios son físicamente insuficientes para obrar la ex- pulsión de las materias corrompidas que la sangre ha depositado en la ca- pacidad del pecho que no pueden clasificarse si no en el número de loa paliativos ? No tienen otra virtud que la de dejar morir los enfermos mas despacio. Las materias corrompidas que llenan el cuerpo acaban (y mu- chas veces este efecto es pronto) por podrir las entrañas, dañarlas, consu- mir las membranas, encoger los vasos, y destruir todo principio constitutivo de vida. Se ha dividido la pulmonia en diferentes grados pero sin ningnna uti- lidad de los enfermos. Lo que únicamente puede; producir buen efecto, sobre todo en el primer grado de la enfermedad, es el buen uso de la razón que consiste en preferir á los paliativos de que acabamos de hablar, los me- dios verdaderamente curativos, el único remedio que existe. Las enfermedades del pecho .no inveteradas están en el caso del método curativo del artículo dos excepto aquellos en que se exija la aplicación del artículo tercero ; y si son crónicas ó consecuencias de una enfermedad precedente, cuya causa no se ha evacuado pertenecen al artículo IV. Son todas recientes ó crónicas en el caso de las enfermedades de las primeras vias de que se habla eu el ca- pítulo XX. que contiene un resumen de este método. DOLOR DE COSTADO. La pleuresía ó dolor de costado es otra de las enfermedades de pecho ó de primeras vias que hace muchos estragos, y que acabará generalmente con la mayor parte de los enfermos á quien acometa mientras se crea que la sangre puede causar la inflamación y dolores de costado, y que se continué derramándola. La pleuresia se distingue en verdadera y falsa. Es verda- dera cuando la pleura esta inflamada, que hay toz, esputos de sangre, calen- tura ardiente, dolor al costado. Es falsa cuando la inflamación y los dolores existen solo en los músculos intercostales del pecho, y cuando los síntomas uo son tan graves como en el primer caso. VA método ordinario en estas do9 enfermedades consiste en mas ó-menos1 san-rías reiteradas ó en la aplicación de sanguijuelas por variar la efusión de sanare como si en todos casos su extracción no fuera mortifera. Se aplican también dit\ ívutes fomentos en los costados, emplastos de diferentes calida- Ai ( 90 ) des y los vegigatorios mas propios para fijar la causa del dolor que para evacuarla, y que aun cuando la desalojasen del sitio en que se ha fijado, no la expelen en su origen, lo cual es incontestable. También se hace tomar a los enfermos una cantidad de substancias emolientes y diuréticas ; se usan los expectorantes, los sudoríficos, y si después de todo esto el enfermo resiste al estrago que ha causado en él la efusión de su sangre no es comunmente si no para existir, sufriendo mucho tiempo, y tal vez hasta el fin de sus dias. Mientras que no se persuadan los facultativos que la causa de esta enfer- medad es el calor ardiente de la serosidad, jamas la combatirán con buen exíto. Es de desear que se convenzan de que una parte de esta fluxion derramada en los vasos es la causa de la calentura sintomática, que acompaña á esta enferme- dad, y que el deposito de otra parte de esta misma fiuxion sobre la membrana lla- mada pleura es el que produce el dolor de costado. Mientras que no se quie- ran convencer de que esta serosidad que corroe la pleura, poniéndola en ad- herencia con el pulmón, es la que produce la rotura ó rasgadura de los va- sos sanguinos, de donde provienen los esputos de sangre y los vómitos, nunca se explicará, y mucho menos se evitará la causa de la ulceración, ó la de la gangrena, ni la putrefacción de las visceras, que causan inevitablemente la muerte del enfermo. Es pues indispensable procurar la evacuación de las materias corrompidas, única causa de esta enfermedad. La verdadera pleuresía exíje obrar al principio según el método curati- vo del artículo tercero, y en lo sucesivo según el artículo segundo. La fal- sa se cura las mas veces observando este mismo artículo. El vomito purgante siempre que con arreglo al resumen de este método, tiene un objeto, se debe administrar, alternando con el purgante, como se ha dicho para todas las en. fennedades de primeras vias. FLEXIÓN DE FECHO. Si á los síntomas de la falsa pleuresía se reúnen una fuerte opresión ó di- ficultad de respirar y la toz con calentura ó sin ella se puede dar á la enfer- medad el nombre de fluxión de pecho ; toda la diferencia entre esta enfer- medad, y la otra se reduce al diferente modo con que la sangre deposita los humores. Los mismos medios que se emplean en la pleuresía falsa son bue- nos para la. curación de e.rta efermeelad, cuyo régimen curativo está determi- nado en el articulo segundo, mas por si este no fuere suficiente se deberán ( Al ) administrar al enfermo el primer dia dos dosis. Se empitzapof el Vomitiva purgante sin perjuicio de repetirle en caso de necesidad, y después se sigue «on el purgante hasta perfecta curación. ASMA. La dificultad de respirar, periódica ó continuada, Caracteriza el asma* Esta enfermedad resulta de la Serosidad que la sangre ha depositado en los pulmones, ella endurece y contrae los bronquios, lo qUe les impide tomar el aire necesario para la respiración (1). Se llama asma húmeda cuando el enfermo tiene una plenitud de pecho que le hace toser y escupir mucho, sino es un asma seca. El asma sean cuales fueren sus caracteres, si es reciente es fácil de destruir; no es incu> rabie sino cuando es muy inveterada, ó cuando el enfermo es muy viejo. El asma reciente y continua se debe curar según el artículo dos del método curativo con el vomitivo purgante, y con el purgante alternativa- mente, sin perjuicio de seguir el artículo tercero en caso de una grave accesión, según las observaciones consignadas en el capítulo XX con respecto al vomitivo pur6ante. El asma periódica ó crónica reclama la aplicación del artículo cuarto con arreglo á lo prevenido en el mismo capítulo. Entre los enfermos que no pueden curarse muchos logran alivio, evacuándose según el artículo cuarto. ROMADIZO, RONQUERA, TOS. Estos afectos resultan de una reunión de materias mas ó menos aeree contenidas en las primeras vias. La repentina mudanza de calor ó frío, ó el frió sufrido durante mucho tiempo pueden ser su causa ocasional y darlas los caracteres que en ellas se observan. Hay muchas personas pro- pensas á resfriarse, sea del pecho, sea del cerebro, y esta disposición procede siempre de plenitud humoral, y aun es tal en ciertos individuos que la transpiración insensible se corta á la menor Variación de temperatura, y entonces la plenitud de los vasos causada por la repercusión que el frió (1) Es como un fuell» que «stand» comprimido no puede dar ánaa ajre que «1 que ha aspirado. ( 02 ) ba prodru'oido refluye ea las cavidades. Estas" personas- tienen necesidad de purgarse cosí mucha frecuencia y por mucho tiempo. Situándose la acrimonia de estas materias, sobre los bronquios de lo» pulmones excita la tos : sobre la traquiarteria produce la ronquera que hace algunas veces perder la voz, porque la fluxion carga sobre los nervios recurrentes que son los órganos de ella, quitándoles el canal y la vibración que producen en estado de salud. Fluyendo la plenitud al cerebro causa el romadizo; el cual nasal se hace su emunctorio; á veces ataca la división de las narices y la mem- brana pituitosa y de aqui el reuma que fluye y los estornudos mas ó menos uepetidos. Algunas veces la materia que sale por ellas es tan acre que produce una especie de escoriación tanto en las narices como en el labio superior. El calor de la serosidad recuece una parte de la fiema que el pecho expectora por los esputos mas ó menos espesos ó viscosos. Es induda- dable que cuando la evacuación de esta superabundancia se hace bien, y que el pecho y cerebro pueden despajarse, este afecto desaparece como vino,. á; menos que la causa ó las disposiciones humorales que pueden favorecer s.u frecuente reproducción no sean de naturaleza que le den un carácter mas serio. Según lo que enseña la observación y la experiencia no hay duda que para destruir estos diferentes males con inclusión del de la pérdida de la voz, es siempre útil evacuar los humores con el vomitivo purgante, y con el purgante alternativamente, como afecto de primeras vias, cual se explicará en los cuatro artículos del método curativo. Esta práctica es mejor que los medios ordinarios que tiran á calmar la acrimonia de estas materias. Este sistema hace que un resfriado mal curado degenere frecuen- temente en una enfermedad de pecho capaz de conducir los enfermos al sepulcro. Se debería hacer caso de este aviso, pues el ejemplo citado tiene muchos semejantes. CATARROS. Catarro : esta palabra significa- una fluxión de humores en cualquiera parte del. cuerpo. El pecho es una de las mas expuestas á este afecto. Es mas útil evacuar lasmaterias y la fluxión que ocasionan esta enfermedad, «pje emplear: los- calmantes que nunca- la curan. Cuando hay sufocación ( 93 y se deberá curar según el artículo tercero, sino bastará guiarse por el artículo dos, y en los dos casos el vomitivo purgante y el purgante deberán emplearse alternativamente, hasta tanto que fa tos sea destruida ó considerablemente disminuida, concluyéndose solo con el purgante, si basta, hasta total curación. VOMITO, ACEDÍA. Los humores en su degeneración mudan de naturaleza, y son eméticos* euando ocasionan vómitos continuos. Haciendo funciones de tales es como contraen el estómago, y le dan un movimiento repulsivo. Se; oponen1 por lo común los artt-i-einéticos, pero suponiendo que estos neutralizen aquel movimiento, la naturaleza no queda por esto menos cargada con estas materias, y el enfermo se ve acometido muy luego de otra especie de' incomodidad ó dolencia. Las materias viciadas adquieren en el estómago una acrimonia que conviene evacuar, pues de otro modo viene á ser la causa de todos los males, extendiéndose por toda la economía animal. La existencia de este principio no es dudosa en las personas que vomitan el alimento descom- puesto, ó que no pueden soportar el vino ó su bebida acostumbrada, aun mezclada con agua, ó que habiendo bebido leche la vomitan cuajada (1). Por estas razones en tal caso no hay mas recurso que evacuar con ei vomitivo purgante, y con el purgante alternativamente hasta obtener alivio, y después con solo el purgante hasta perfecta curación, eligiendo el-artículo del método curativo, que convenga al estado reciente ó inveterado del mal. FLEMA Ó PECHO CARGADO. Hablamos de aquella plenitud humoral que tienen muchas personas y que ellas mismas designan por el nombre que nosotros la damos. Esta incomodidad se presenta ordinariamente al despertar, causando una expec- toración mas ó menos penosa, y es raro si este achaque no tiene conse- cuencias serias y aun funestas, que se evitarán indudablemente, evacuando la plenitud de humores degenerados , usando al efecto del. artículo de (1) En este solo caso es, en- el' que la leche no eS útil á las personas qu« la toman por alimento, • ' guste, sea en estado de salud ó de enfermedad. (94 ) este método que sea aplicable según la mayor ó menor antigüedad ó tena- cidad del mal, sobre todo, empleando el vomitivo purgante y el purgante después según se dice en el capítulo XX. VOMITO CAUSADO POR LA RUPTURA DE LA MEMBRANA KISTO. La Vómica es un depósito de materias que Bexrecogen en dicha mem- brana, que forma una especie de vejiga. Cuando esta está llena se rompe y el enfermo vomita. Este afecto es siempre resultas de la degeneración crónica de los humores. El vomito purgante y el purgante se deben ad- ministrar alternativamente según el artículo IV del método curativo, y la curación es segura en este caso, como en todos aquellos en que la causa que prodúcela enfermedad del cuerpo humano, puede ser evacuada. EMPIEMA. Esta enfermedad es un depósito purulento en el pecho que sobreviene por consecuencia de otros síntomas de las enfermedades de esta parte del cuerpo humano, y que resulta siempre de una enfermedad que hizo crónica, el no haber evacuado los humores corrompidos, y que antes de caracterizar- se como tal ha hecho padecer mucho tiempo al enfermo, ^so hay duda que el efecto cesará, si la causa atacada en tiempo oportuno cede, pero el buen éxito es incierto. El vomitivo purgante y el purgante alternativamente, indi- cados en el artículo IV del método curativo, son aplicables á este caso; si bien al principio podrá hacerse uso del artículo III. PALPITACIÓN. La palpitación es un movimiento extraordinario é irregular del cora- zón, ó de las principales vias de la circulación : participa del afecto ner- vioso y debe considerarse como tal á menos que no haya en el órgano lesión ó aneurismo. La serosidad esparcida sobre este órgano enaguazando su ven- trículo ó tcxido desarregla su ordinaria y regular contracción. Se destru- ye este afecto como todos los nerviosos, de que en nada absolutamente di- fiere, cuando no es ni muy anti-uo ni inveterado, purificando la sangre por C 95 ) !a purga suficientemente repetida y según-el artículo IV sí el II no al- canza. El vomitivo purgante no es necesario sino cuando la plenitud de estómago está evidentemente declarada. SINCOPE, DESMAYO. Estos males á los que muchas personas son propensas manifiestan siem- pre la salud delicada del que los padece y las mas veces un afecto crónico complicado mas ó menos con los síntomas caracteristicos de otra enfermedad, cuya causa no puede ser diferente de esta. Purgándose sefcun el artículo IV del método curativo lograrán éstos enfermos evacuar la fluxión que interrum- pe la circulación de la sangre, y les hace perder el conocimiento por la pre- sión que ejerce sobre ella, viniendo así á restablecer completamente su salud. HIPO. El hipo es un movimiento convulsivo de la faringe que se extiende sobre el esófago y hacia el estómago. Puede éste provenir como sucede con frecuencia de la acción de la deglución en cuyo caso cesa inmediatamente. Mas las perso- nas que son propensas á tenerlo deben tratar de mejorar su salud, pues rara vez dejan de experimentar otras incomodidades. En este caso y el del hipe periódico se puede contar con el triunfo, atacándoles con evacuaciones rei- teradas hasta perfecta curación, según el artículo IV, si el segundo no bas- tase. Cuando el hipo es sintomático de una enfermedad grave no puede ce- sar sino con ella. INDIGESTIÓN'. La indigestión en aquellos que no han salido de. alimentos ordinarios tiene siempre por causa alguna porción de flemas ú otros humores corrom- pidos que pegados á las parecbs del estómago impiden que los jugos diges- tivos se mezclen con los alimentos para hacer la dig» st:on. Las perdonas propensas á esta indisposición están seguramente enfermas. Deben ocupar- se seriamente de su salud según el artículo IV del método curativo hasta el total restablecimiento de Ls funciones del estómago. Por otra parte sea cual fuere la causa de la indigestión, es indudable que loque la caracteriza es un ( W ) Cuerpo indigesto y dañoso. Cuanto mas incomoda ó amenaza tanto menos bu debe andar en contemplaciones. Para evitar toda mala resulta es mejor pro- vocar la salida de aquel que andarse con ninguna de las bebidas dilu- yentes que comunmente se usan. Es preciso empezar por una dosis de vo- mitivo purgante y continuar, después con las purgas necesarias hasta el to- tal restablecimiento de esta parte importantísima de las funciones naturales. Ahilos de estomago. Hay rauchají personas que experimentan ahilos de estqmago ó desfalle- cimiento, de modo que lo que sienten en su interior les hace creer que tienen necesidad de alimentarse, pero esta idea Se desvanece cuando se observa que después de haber comido lo. bastante para sustentarse, se produce la misma Sensación. Este afecto se calma frecuentemente tomando algunos alimen- tos porque estos embotan la parte accida ó corrosiva de la serosidad asi como de las materias corrompidas que el estómago contiene, y que ejercen una acción dañosa sobre esta viscera. Este achaque es indudablemente re- sulta de la depravación casi siempre crónica de los humores; es una enfer- medad que cederá al método evacuante del artículo II ó IV del régimen curativo,, si se emplea como en cualquiera otro caso antes que el mal se haga incurable (!). HAMBRE CANINA. Este afecto puede proceder ó ser consecuencia del anterior. Tiene la misma causa y su acción, es mas veces periódica que continua, y en este como en aquel, la fluxión que obra sobre el estómago, puede dirigirse á las venas lácteas y desorganizarlas de modo que filtren sin término. Hay en este caso mas derrames y pérdidas que en el de la mejor salud y el enfermo come extraordinariamente. Hay enfermedades que excitan un apetito de- sordenado, como hay otras que impiden comer lo suficiente. Este afecto (1) líe curado muchos individuos atacados de esta enfermedad que se veian obli- gados á tener la precaución antes de acostarse de dejar cerca de su cama un pedazo de pan y un vaso de bebida para servirse en la noche cuando se dispertaban p:;r la necesidad de alimentarse. Una vez curados ctsaron de Uner necesidad de (sita ure- uaucioii. f o? y pertenece á la clase de enfermedades crónicas y Consiguiente á esto es me- nester dirigir la curación. Evacuando las'materias que desarreglan ésta par- te de las funciones naturales se restablecerá esta infaliblemente. El buen éxito dependerá de atacar la causa en tiempo oportuno, y de que no sea muy inveterada cuando se emplee este medio. HfiMOKRAfíIA. La hemorragia no sucede sino por la ruptura ó erosión dé algún vaso' ó de las túnicas de muchos á lá vez. Esta ruptura ó erosión es causada por la' serosidad que circularon la sangre, y que en este caso es muy corrosiva* Este terrible mal debe ser siempre considerado como una enfermedad an- tigua, aun en su principio, porque es siempre el resultado de una depra- vación crónica de humores. Sino fuera así, lafluxíon en este caso no se- ría tan maligna y no sería tan voluminosa l"omo debe de ser en un gran' flujo de sangre. Es evidente que para destruir esta enfermedad y salvar: la vida del enfermo es menester apartar déla circulación la serosidad que otasiona este flujo de sangre, haciéndola salir con las materias que la hau formado* Como este caso es- siempre de los mas peligrosos es menester obrar con energía. Sea que la hemorragia se declare por las narices, por la boca o demás vias, la vida del enfermo está siempre en gran riesgo, par- ticularmente si el flujo de sangre es copioso. Pero jamas se debe aumen- tar la pérdida de este fluido ni por la sangría ni con las sanguijuelas^ Si la sangre fuera un ser animado no hay duda diría á los que la derraman en este caso como en los demás: "No es á; mi á quien se debe tratar de destruir, puesto que evacuándome acortáis la vida del individuo que queréis conservar. Es menester por el contrario desembarazarme de lo que- impide mi movimiento, comprime mis vasos, y que por esto ha roto sus túnicas, que es lo que ha ocasionado mi salida. La causa de la enferme- dad es la que se debe evacuar ; á mi es á quien ella perjudica; á mi es á quien se dIARR£A, LI ENTERA, CURSOS. Si estos afectos ó alguno de ellos proviniese del ur>o de Ciertos ali- mentos extraños á ía naturaleza ,ó costumbres de la persona, seria sin dis- puta preciso que Jos abandonase, si fuera posible, ó por lo menos que .disminuyese su uso. Raras veces esta misma causa de>ja de estar compli- cada con la causa humoral ó agravada por ella, y en cualquiera de los ¡tres casos no son menos raras aquellas en que las purgas dejen de ser ne- eesarias para expeler el principio de degeneración que se ha fijado en las entrañas. Hablando de la causa del vomito, dijimos que los humores adquieren á veces la propiedad de los eméticos. Debimos añadir que toman también la de purgantes, pero nos reservamos decirlo para cuando tratemos de loS afectos del canal intestinal, y de las evacuaciones que experimenta por la acción de estos mismos humores, que su estado de corrupción convierte en evacuantes. La diarrea proviene de las materias depravadas, que ace- lerando el movimiento peristáltico del conducto intestinal , causan eva- cuaciones extraordinarias y mas ó menos ¡repetida». La lienterna difiere de la diarrea por evacuarse en la primera los alimentos en otro estado que en la última esto es, sin que hayan experimentado la menor variación. No hay duda que el caual intestinal y el estómago deben hallarse on este caso embarazados cotí materias flemosas capaces de paralizar toda acción diges- tiva ó cocción, y es también evidente que los alimentos diarios no pue- den menos- de contribuir á sostener este estado de desorganización y de* enfermedad que acabará por ser fatal, sino se tiene cuidado de expeler sin pérdida de tiempo esta masa de humores. El uso de los astringentes en tal caso debe su origen k un sistema er- róneo que no puede tener otro efecto que el de concentrar la causa que produce el desate de vientre con mucho peligro de peores resultas. Las personas que üo conocen la de las enfermedades cr«en fácilmente que es x íth 1 inútil emplearla purga cuando, como ellos dicen, el enfermo evacúa de- masiado. Es sin embargo muy cierto, que cuanto mas se purga uno eli este caso, mas se disminuye el flujo de vientre (1). La evacuación en las enfermedades de que hablamos deberá practi- carse según el artículo dos del régimen curativo, por medio de algunas do- sis del vomitivo purgante, cuando lo exija la necesidad, continuando con el purgante hasta restablecer las funciones naturales y la salud (2)* DISENTERÍA. Esta enfermedad se conoce en los síntomas siguientes: evacuaciones humorales acompañadas de calentura, de dolores de tripas, de deposicio- nes sanguinolentas y algunas veces de sangre pura. La serosidad es la que provoca las evacuaciones del canal intestinal, y la que por su grande acrí- mouia rompe y desgarra los vasos sanguíneos. La evacuación de esta materia deberá Verificarse siguiendo el régimen del artículo III hasta que cese el peligró, en cuyo casó se empezará á observar el artículo II. En este mal el uso del vomitivo purgante es en genernl útil, y no hay tal vez un solo caso en que no sea indispensable. Cuando se habita ton país en que hay muchas personas acometidas de esta enfermedad, es menester mucho cuidado, como en el caso de las enferme- dades epidémicas; observarse mucho y consultar el capítulo en que se se- ñalan los caracteres de una buen» salud, y si se anuncia la enfermedad no (1) Me acuer.lo de un hombre que fue asaltado por un flujo de vientre tan vio-* lento, que en el espacio de veinticuatro horas hizo sesenta deposiones. Hacia mu- cho tiempo que tenia esta enfermedad; el enfermo no Se alimentaba, y con harta ra- zón se le consideraba como desahuciado. Apliquéle mi método; se le administró una ligera dosis del purgante y sus evacuaciones disminuyeron dos terceras partes de l« acostumbrado; la dosis del dia siguiente obró el mismo efecto^ y sucesivamente se disminuyeron las evacuaciones de tal modo que. fue preciso para «btener-el número de las que como indispensables determina mi método, aumentar la acción y volumen de las dosis. Entonces el pobre enfermo algo aliviado recuperó él apetito, y se curó. (2) La prudencia exige que en todos los casos de flujo de vientre se empieze la cura por dósís mas ligeras que en todos los demás. Se observa frecuontelnente en varias enfermos, que una purga íes ocaciona t ursos ó despeño, y que continúan evacuando al dia siguiente como el mismo en que la tomaron, lo que hace creer que esta dosis tenia la fuerza para purgarte* do» dt*s ( IOS ) hay que diferir el purgarse con actividad. Es mal sistema querer rcalmar el humor disentérico, oponiéndole astringentes que lo concentran en las entrañas- Si la disenteria produce ordinariamente daños tan espantosos y terri- bles no es mas sino porque este error ha logrado una acogida que nunca debió hallar (1). TENESMO, TEJOS. / ■ La serosidad acre reunida á la extremidad del conducto intestinal, lla- mado colon recto, es la que pone esta parte en acción casi continua, ex- citando de este modo frecuentes ganas de ir al vaso, con dolor y sin que resulte por decirlo asi ninguna evacuación. Este afecto puede sobrevenir como síntoma de cualquiera enfermedad, ó proceder de una causa parti- cular que le sea propia. El purgante reiterado bastará para curar esta en- fermedad que descuidada acabaría por tomar un carácter mas serio. OBSTRUCCIONES, ESTREnlMI E.MTO. La causa de esta indisposición es el calor de los humores, y la flu- xión reunida sobre el canal intestinal hacia su parte superior le endure- ce v hace imposible á la expulsión de las deposiciones ordinarias. Este mismo calor produce otro efecto que es el de secar las materias escremen- ticias y de recocerlas y convertirlas en una masa dura; este efecto se hace una secunda causa, y de la reunión de esta con la primera proviene k constipación ó supresión de una parte tan importante: de las funciones na- .turales. Estas funciones deben hacerse, como indicaremos en el capítulo en que se fijan los caracteres que anuncian una buena salud, ó en otro caso r 1 individuo est£ enfermo ó cerca de estarlo. seo-uidos. A este accidente estarán expuestos aquellos cuyos humores contengan en si un principio purgativo^'coino ya hemos indicado anteriormente, y cuyas resultas estaban próximos á experimentar. Cuando llegue este caso, se debe uno conducir como hemos dicho, esto es, continuar la purga, disminuyendo poco á poco la dosis. ni Se observa algunas veces y en particular en las enfermedades crónicas, que la» evacuaciones son sanguinolentas ó acompañadas de sangre. En este caso aquellos, que no conocen la causa de las enfermedades, se inquietan. Que se tranquilizen y conozcan en este efecto la naturaleza acrimoniaca ó corrosiva de sus humim», .que produce una erosión en los vasos, convenciéndose de que en este caso, como eu el de la iiseüturiu* us menester espelcr prontamente semejantes materias. ( 103 ) No se deberá dilatar el evacuar la causa de las obstrucciones, ni per- mitirla que se fije, porque las consecuencias pudieran ser fatales, siendo sabii.o que las excreciones retenidas adquieren un grado de corrupción capaz de todo. Las observaciones prácticas nos demuestran que la mitad de las en- fermedades crónicas de las mugeres, las jóvenes sobre todo, dimanan d<* obstrucciones, y obra de ellas son sus colores encendidos y amoratados eu Ls mejillas, sus frecuentes dolores de cabeza, de estómago, las flores blan- cas tantas veces seguidas de otros males en las partes sexuales, &c. &c ¡ Cuan funesta es la preocupación de los que pretenden persuadimos que Jas obstrucciones son una señal de vigor y de salud ! ¿ No conciben estas victimas del error, que la salud que creen gozar, no es sino un simulacro de «alud, y que su aparente bondad se debe al sitio que este humor ardiente ha tomado mas bien sobre esta parte del cuerpo que sobre otra, y que si esta fluxión se fija en otro punto podrá declararse una enferme- dad mas ó menos peligrosa ? Mirando como nada este mal se echan á dormir sobre un volcan cuya erupción, casi inevitable, es siempre temible (1). La pur^a reiterada según el artículo II, si las obstrucciones no son inveteradas y según el artículo IV si son crónicas, restablecen esta importante función de la naturaleza. FLATOS, TIMPANITIS. La plenitud humoral es la que intercepta el libre curso del aire aspirado, 4 ella es la que le impide enrarecerse y salir por el movimiento de la res- piración en cantidad igual á la que entró por la aspiración. Los flatos' ó la ventosidad no pueden dejar de reproducirse mientras, que los humores no se evacúen suficientemente, y el hacerlo así es preferible al uso de los remedios carminativos, supuesto que la plenitud no puede existir sin mas ó menos corrupción en estas materias, y que el modo de preservarse de sus efectos ulteriores, es expelerlas antes que tengan mas malignidad. Ademas por lo regular el flato no anda solo, y se complica con otras dolencias (1)/ Reconozcan aquellos que están atacados de esta enfermedad, que las fuerzas que se les atribuyen no son sino el efecto de la tensión de la fibra, y de la irritación del sistema nervioso por la acción de la causa que se acaba de explicar. Que se desenconen y crean, que las obstrucciones producen el mismo efecto que produciría una violencia exterior que nos cerrase la salida por donde la naturaleza ba dispuesto que el cuerpo se desahogue La comparación es exacta. ( 104 ) que dan á la purga un doble objeto. La necesidad de purgarse es-bastante clara cuando la ventosidad tiene un olor que no deja duda de la existencia de un germen ó foco de corrupción en las entrañas. La timpanitis, que es una porción de aire reunida en una do las dife- rentes partes del cuerpo, que produce una hinchazón, cederá como el flato á las reiteradas evacuaciones : el artículo dos para los casos recientes, y el artículo cuarto si estos afectos son crónicos. Almorranas. La almorrana es una varice ó vena dilatada semejante á las que muchos tienen en las piernas. Debe su origen á una porción de agua que después de haber producido hinchazón ó infartacion, acaba por dilatar los vasos sanguíneos. Los que están próximos al ano se llaman hemorroidales, y por esto la varice se llama hemorroida ó almorrana, sea externa ó interna, sea que fluya ó no. La serosidad que situándose en este sitio ha producido 1* almorrana ú obstrucción hemorroidal, es casi siempre muy acre, y cuando loes bastante para rasgar los vasos, hay pérdida de sangre que no es muy pura. Está impregnada de esta misma fluxion y algunas veces de materias purulentas. Por lo común no se oponen á -esta dolencia mas que algunos tópicos emolientes é insuficientes, sinembargo de ser una enfermedad curable como las otras. Tan importante es destruir las almorranas como cualquiera otro achaque, supuesto que proviene de la misma causa, y que la mudanza de esta serosidad del sitio donde se halla pudiera causar, en otro donde se fijase una nueva enfermedad ó grave accidente. Poco ha faltado para que se asegure que es menester tener almorranas para estar bueno. ¡ Que extraño modo de raciocinar sobre la causa de las enfermedades! ¡Y que! ¿por qué por el orificio fluya una parte de esta serosidad podremos creemos segu- ros teniendo tanto que temer del origen de esta fluxión que puede mudar de lurar y situándose sobre alguna válvula de los vasos detener súbitamente la circulación?, .. .Reflexionemos pues y sin incensar por mas tiempo al error cedamos á la ciencia de los hechos bien observados. Contra las almorranas de poco tiempo se debe usar de la puría con arreglo á lo prescrito en el artículo dos, y si es achaque antiguo y crónico según el artículo cuarto. C 105 ) NEFRITIS VERDADERA. VA dolor nefrítico, ó la inflamación de los riñóles merece particular cuidado. El que conozca bien sü causa y medios de destruirla, evitará seguramente los malos efectos ele esta enfermedad. Por ñuia consecuencia de su duración produce el cálculo ó la formación de la piedra, y el que siguiendo los principios que se desenvolverán mas adelante trabaja y se ocupa de prevenir este ge'ñero de enfermedad, ; no tendrá den cho al reco- nocimiento de todos los que resulten preservados de tan grave incomo- didad? El dolor nefrítico proviene como los demás de la serosidad que la sanare ha depositado sobre -las membranas nerviosas adherentes á las paredes de una gran cavidad que hay en la parte baja del abdomen formada por la reunión de muchos hu- sos y destinada á sostener la vejiga y los órganos ¡¡ítenios de la generación : llamase algunas veces esta dolencia cólico nefrítico, que pudo ser periódico antes que la serosidad que lo produce se fijase definitivamente iobre esta parte. Es dolor vivo y agudo, como lo son lodos, siempre que la fluxión es muy maligna, y según que es mas ó menos corrosiva. Si eu lugar de sangrar, aplicar sanguijuelas, refrescar los enfermos, y todos esos tópicos insuficientes comunmente empleados se usase de la purga se; ua el artículo dos del método curativo, y en caso necesario del tercero, §e curaría esta enfermedad combatida con tiempo como todos las demás, cuyas causas son igualmente internas. El vomitivo purgante no es útil sino contra la plenitud de estómago. El purgante es el que dt be emplearse hasta perfecta curación, y según el artículo cuarto, si el mal es inveterado. NEFRITIS APARENTE. Esta enfermedad se reduce á un dolor frecuentemente reumatismal originado por la fluxión raunida en los músculos de los lomos y algunas veces en la cavidad que hemos indicado en el artículo precedente, con la diferencia de que esta serosidad no tiene la malignidad que se observa en Ja verdadera nefritis. S¿ designa íauct-iS veces esta enfermedad con o!o o ( 106 ) ef nombre de mal de ríñones, y combatida en el principio cederá ncas» al uso del artículo primero del régimen curativo, sin perjuicio de emplear el segundo s* fuese necesario. Si la dolencia fuese crónica habrá lugar á la aplicación del artículo cu rto. El vomitivo purgante no deberá em- plearse, si no hubics" plenitud de estómago, y generalmente hablando, esta especie de enfermedad se curará con solo el purgante. ARENAS, P1LDRA. Por no evacuar la causa de la aparente nefritis esta puede tomar el carácter de ia verdadera, lo mismo que si no se evacúa la causa de esta última podrán resultar nielas consecuencias cuyos tristes pormenores vamos á describir. Por principio general, como ya lo hemos dicho infinitas veces, cuando la serosidad es el producto de materias sumamente corrompidas es siempre ardiente y como tal ejerce su acción en la formación de la piedra ó de las arenas. Como aquellas materias en muchos iudividuos se componen* de partes susceptibles de concreción petrifica que se reúnen en la substancia de los ríñones, la serosidad cuece una porción salina de la flema que en ellos se halla, convirtiéndola en una substancia semipurulenta. Después por una acción semejante á la del sol sobre las aguas del mar para la formación de la sal, el calor de la serosidad recuece la misma materia hasta darla la consistencia del tártaro, y progresivamente hasta formar las arenas. Una parte de ellas queda algunas veces en los riñones, pero es mas común que bajen por los uréteres á la vejiga. Allí se reúnen y forman la piedra propiamente llamada que es susceptible de tomar con el tiempo un tamaño mas ó menos grande. Algunas veces se forman diferentes piedras de varias dimensiones, y si no hay mas que una. está acompañada de granos de arena muy semejantes á los de sal ó de azúcar candi. La piedra nada en la orina y se presenta al cuello de la vejiga. Esta viscera se pone en acción para expeler el fluido excrementicio siempre que está llena de el; mas su curso es interrumpido por la presencia de este cuerpo extraño al cuello de la vejiga, y de esto provienen los dolores que el enfermo padece, y aw se aumentan ya por los golpes reiterados que la piedra da, ó debe dar contra la membrana narviosa, ya por la acrimonia ó extremo calor de ( 107 ) este fluido, y por la plenitud que resulta de la supresión parcial ó total del curso de la orina. La operación de la liotomia sale bien para extraer la p'edra de la vejiga pero sucede fercuentemente que al cabo de dos años se forma otra piedra y es preciso reiterar la operación. Han sido algunas veces indispensables has* ta tres, y no es extraño, no habiendo empleado los medios propios para des- truir las causas qne forman este cuerpo. Mientras que no se haga esto, las mismas causas reproducirán el mismo resultado, y el paciente habrá de pasar por el peligro de la operación y de sus consecuencias. Opino pues que antes de hacer la operación de la extracción de la p:edra convendría purgar al enfermo según el artícnlo cuarto del método curativo hasta tanto que su salud se mejore en términos-que pueda decirse que sin tal achaque estaría perfectamente bueno (1). Si la llaga que resulte de la operación no camina á su curación, siguien- do la marcha de las que son leves, no inveteradas y recaen en un individuo que gozc de buena salud, si hay inflamación, si supura mucho durante largo tiempo, si amenaza de degenerar en ulcera, si la salud del enfermo se altera, si las funciones naturales se derreglan, si últimamente su estado no es el qaé está descrito en el capitulo en que se fijan los caracteres de una buena salud se deberá volver á la purga según el artícnlo cuarto, y aun después que se cicatrice la llaga deberá el enfermo, cuidar de repetirla de tiempo en tiempo á fin de im- pedir la reproducción de esta enfermedad, y solo siguiendo exactamente las re- glas que acabamos de prescribirle podrá estar al abrigo de nuevos ataques (2). (1) No hace mucho tuve la ocasión de comprobar las ventajas de mi método. Hizose á un hombre la extracción de la piedra, habiéndole preparado para ello según él, y como acabo de explicar. Logró en primer lugar no tener calentura, y en segundo su llaga no supuró casi nada, cicatrizándose prontamente. Dicho hombre dé edad de se- senta años goza hoy de una salud, según dice el mismo, como nunca. Ha recobrado fuerzas y vigor poco comunes en los hombres de su edad, aun aquellos que no han es- tado nunca enfermos. Ahora bien preguntamos á los hombres imparciales, ¡ á qué de- be este enfermo lis ventajas qne goza sino á la purificación de este fluido por el uso do la purga suficientemente reiterada ? (2) He dicho anteriormente que la purga obra sobre las vias de la orina. Cualquiera puede verificar este hecho. Eiercé una acción tan poderosa que infinitas veces ha hecho arrojar piedrecitas, particularmente en Wvers, la fr\ i-té-Sous-Joiiare, Etampas, Orléans, Verdun, la Martinica y otras partes, y me atrevo á asegurar qu* baria salir las grandes piedras, sin la estrechez del pasaje que á ello so opone. ( IOS > I serení a. La retención de orina Mamada iscuria proviene de la fiuvion reunida sobre el cuello de la vejiga y sobre su esfínter, fluxion que los contrae íai.to por su acrimonia, que sus membranas no pueden al fin dilatarse para dar paso á la ovina. Los medios que se emplean en tal caso son la introducción de la algalia á fin de dilatar el canal de la uretra como tamhic :i la entrada de la v« jiga ; se emplea también la tienta hueca con el mismo objeto esto es para extraer la orina reunida y que asi. estancada rs una materia dañosa y cuya larga permanencia puede originar los mayores perjuicios. Y ; qué aun no se ha conocido que esto-s medios no son ni aun paliativos supuesto que la tienta y la algalia son cuerpos extraños que obran de viva fuer/1 contra una causa que les-res¡3te ? Estos medios son tanto mas peligrosos, cuanto que de la violencia que- se hace al esfínter y al cuello de la vejiga para abrirlos, resulta una destrucción total de su elasticidad, y de aquí que la enfermedad se haga incurable, y la necesidad de acudirá la ¡untura en el torillo, cuyas resultas son casi siempre seguidas de consecuencias y accidentes funestos. Esta enfermedad caracterizada por la total supresión de orina exijo que la purga se practique según el artículo tercero del método curativo, á fin de mudar la fluxión que se ha situado sobre las vias expulsivas de esta parte excremental de los fluidos. Para ayudar á la purga se deberán aplicar las cantáridas, que podrán algunas veces ser útiles. En este caso *e deberán aplicar á las piernas con preferencia á toda otra parto del cuerpo. Habiéndose restablecido el curso de la ori'-a, se seguirá el método pres- crito en el artículo cuarto hasta perfecta curación (1). DERRAME DE LA ORINA. El derrame involuntario de la orina no- puede existir sin la presencia (1) Suponiendo que en un ca6o urgente fuese preciso recurrir á loque nosotros lla- mamos últimos recursos, esto es á ia introducción de las íicnlas ó algalias, no p:>r esto de- berá dejar de emplearse la purga según el mismo articulo, á fin de quitar la causa de la supresión, y con la esperanza de-evacuarla y de curar el enfermo. ( 109 } de la fluxión sobre el cuello de la vejiga que contrayéndole de dentro á fuera le tiene siempre abierto, impidiéndole se cierre. En este caso el vicio puede ceder á la aplicación de los purgantes usados según que sea ó reciente ó antiguo, como hemos explicado en el régimen curativo que le ) pero lo que importa es reconocer la causa y curar los enfermos; no alimentar la imaginación con vanas quimeras. La purga según el artículo cuarto del método curativo puede restablecer la salud de los que no dejan de haberla asi perdido, porque su orina ofrezca cosas curiosas ó susceptibles de sabios análisis. HERNIA. Como es fácil concebir la causa de la mudanza de las partes contenidas en las cavidades, asi lo es explicar con claridad la de las hernias ó quebra- duras. Esta especie de enfermedad, aunque no lo crea asi el común de las gentes, es efecto de una causa anterior, ó por lo menos de una mala dis- posición de los fluidos. Se atribuye por lo común la causa de las hernias o quebraduras á un ejercicio violento, á esfuerzos, ó gritos, sin advertir que la hernia aparece en muchos sin ninguna de tales causas. La cura se reduce ordinariamente a la operación de la mano para disminuirla y contenerla, medio que conocidamen'te no puede curarla. Casi siempre las hernias son precedidas de un cólico, y algunas veces !"e muestran en el acto de un dolor de esta especie en el canal intestinal. No daré ni nomenclatura ni descripción de las hernias 3 basta saber que todas tienen- la misma causa interna y que se curan por los mismos medios. La hernia es efecto del relajamiento de las membranas que envuelven las visceras contenidas y de los ligamentos que las sugetan : es la parte continente que ensanchada ó relajada deja salir la parte contenida. Hemos dicho en el capítulo primero que los sólidos están sometidos a los fluidos, y por ser esto cierto existen las hernias, y los demás desordenes en los sólidos. En el estado de salud que supone sanidad t> los fluidos, los jugos nutritivos alimentan y fortalecen todas las parteciílas que componen cualquie- ra cuerpo. Cuando al contrario los humores están corrompidos, cuando Ja sangre está cargada de ellos como también de la fluxión que producen, las carnes, los tegumentos, las partes continentes en fln no son alimentadas (1) ¿Quien sabe, me dijo un dia con esta ocasión un hombre de genio festivo, si por tste descubrimiento se hallará «1 medio de reemplazarla falta de azúcar de caüa dulce * én rinialacha? C ni ) sino por un (luido debilitante y emoliente. El equilibrio entre ellas y la'a partes contenidas se destruye, la fuerza que retiene no es suficiente y la hernia se declara. Si en este caso el enfermo ha hecho algún movimiento extraordinario, si ha sufrido por la acción de alguna causa externa, la hernia se atribuye á esta exclusivamente, sin reparar que este misino enfermo ha hecho otras veces esfuerzos mas violentos sin tales resultas, ni saber por consi- guiente que la acción de la causa externa ó occidental no hubiera tenido ninguna consecuencia fatal sin la reunión de la causa humoral. Luego que la hernia se declare, sea total, ó solo imperfecta se deberá reducir y contener por los medios usados, y si se difieren estas precauciones •e hace la curación dudosa sobre todo en las personas de edad. Si el pacien- te está por sus humores ó su salud en u.i estado de antigua corrupción curará difícilmente. Una vez reducida la hernia, y bien sugeta se tratará de evacuar los. humores según el artículo cuarto del método curativo, solo con el purgante si este bastare, y si fuese indispensable emplear el vomi- tiyo purgante se deberá emplear en pequeñas dosis para que obre con suavidad (1). ICTERICIA. Esta enfermedad cede evacuando la bilis que llena las cavidades é inunda la circulación. La purga es sin duda preferible á todos los brebages, que se administran y que no pueden expelerla dej cuerpo. Se debe usar contra ella del artículo segundo del método curativo y en caso de necesidad el cunto ; el vomitivo purgante es absolutamente indispensable, como se ha dicho para las enfermedades de las primeras vias. robustez. ' ~ Se confunde este estado con el que no es verdaderamente mas que (1) En las hernias están comprendidas las relajaciones de la matriz y descenso de la vagina. El presario es como el braguero un paliativo que debe ser auxiliadp por la purga. El descenso del ano ó del intestino recto no proceda de otra causa que de la corrupción de los humores. Estos tres vicios son como las hernias efecto de Ja relajación de los ligamentos procedente de la musma causa, y en general son difíciles de curar: hay binembargo algunas excepciones. ( 152 ) una plenitud humoral. La robustez es una cosa natural y no hace sufrir» La plenitud al contrario incómoda, y suele acabar por la cacoquimia. Con- tra estos dos males es preciso usar de la purga, cnanto fuere preciso para evitar sus incomodidades : el artículo cuarto del método curativo deberá seguirse, pues este afecto es siempre el resultado de la corrupción de los humores, que deberán renovarse, cuanto lo permita la constitución del in- dividuo. plétora. El estado pletorico se atribuye siempre á una superabundancia de san- are, v es un error. Si se ha incurrido en erte y en muchos otros de sil especie es porque no se ha conocido la existencia de la serosidad humoral que superabunda en los vasos, y ya es tiempo de conocer, que la evacua- ción de esta serosidad es el único medio que hay para curar esta enfer- medad. Se deberá verificar con el purgante según el artículo cuarto del i método curativo. CONSUNCIÓN, MARASMO. La atrofia, él marasmo, la consunción, la tisis son otras tantas deiio- inínar.iones de un estado de flaqueza que proviene siempre de la corrupciem crónica de los humores á que han podido agregarse los dañosos efectos tle la dieta, de las evacuaciones de sangre, de los baños, y los que resultan de las preparaciones mercuriales, de la quina ¡*c. &c. Los humores cor- rompidos con su calor ardiente consumen, arruinan, extenúan el individuo, haciéndole padecer las incomodidades que sufr« en esta situación. Cuan- do no hay motivo de recelar daño alguno interior, y cuando el enfermo no es de mucha edad se puede esperar aun una mudanza favorable, purgándole se- gún el artículo IV del método curativo, y alimentándole de cosas capaces de fortificarle. Se han visto infinitos enfermos en este estado recobrar una perfecta salud. ( 113 ) CAFITULO XílL ENFERMEDADES LLAMADAS DE LA CABEZA. La cabeza es la parte principal del cuerpo por contener el cerebro y muchas partes orgánicas destinadas á ejecutar diferentes funciones vitales y animahs, y por ser á ella á donde se refieren todas las. afecciones mo- rales. La cabeza tiene también sus males físicos de diferentes clases tanto exterior como interiormente. La causa de estas enfermedades es la fluxión humoral traída á ella por las' arterias carótidas, que igualmente transmi- ten la substancia. CEFALALGIA. Cuando la serosidad llega al cráneo, y se deposita ó fija en él pro- duce un dolor muy agudo al que se ha dado el nombre de cefalalgia, do- lor que ocasiona calentura y algunas veces una postración general. Su mé- todo de curación será el del artículo III, si la violencia del dolor lo exi- ge; sino el del artículo II. El vomitivo purgante y el purgante son ne- cesarios alternativamente al principio de la curación, y á su fin el pur- gante solo bastará. JAQUECA. Cuando la fluxión no ocupa mas que una parte de la cabeza, la enfer- medad se llama jaqueca. Este dolor es por lo común periódico, como tam- bién crónico en muchos enfermos. No difiere de los otros dolores llama- dos reumatismales sino por el nombre y sitio que ocupa. Si es reciente se destruirá siguiendo el art culo íl del método curativo, si es crónico se deberá observar el artícnlo l V, y en los dos caso* el vomitivo purgan- te, y el purgante son necesarios alternativamente por lo menos al princi- pio de la curación que se concluirá como se practica comunmente con solo el purgante. p ( H4 ) LOCURA. La locura es un movimiento desarreglado de los espíritus como la calen- tura lo es de la sangre. La cansa de la locura es la misma que la de las demás enfermedades; proviene igualmente de la corrupción de los humores encerrados en las cavidades. La serosidad que emana de estas materias, y que es siempre, sumamente acre en esta enfermedad , se mezcla con los espíritus, como con la sangre cuando ocasiona la calentura, y turba su cur- so regular, como para producir la calentura, descompone el movimh nto na- tural de la sangre. Obra sobre el cerebro y los órganos de la circulación de los espíritus, como endurece las válvulas, las membranas y las paredes de los vasos sanguíneos para producir su infartacion. Como la calentura, la locura tienen sus accesiones, sus intermitencias, continuación, sus perio- dos, y es mas ó menos caracterizada según la malignidad de la serosidad que la ha ocasionado. Hay infinitas situaciones que participan del estado de la enagenacion mental y que unas veces preceden y otras siguen á la locura. El vérti- go, la hipocondría, el frenesí, la manía, las aberraciones de la razón en general son de este número. Estos males tienen el mismo origen que la locura, pero fijándose la misma causa de otro modo, las enfermedades que resultan tienen diferentes caracteres. Todas ellas, empezada la cura en el momento de su aparición, en un individuo de buena complexión, se des- truirán como cualquiera otra enfermedad por la evacuación de la causa material, obtenida con el vomitivo purgante, y el purgante alternativamen- te clesde el principio de la curación y hasta que el mal comienze á ceder. En general es mas seguro empezar por el artículo III, que por el II, so- bre, todo para curar la verdadera locura, debiendo en lo sucesivo seguirse el artículo IV, porque vstos desórdenes resultan siempre de la corrupción mas ó menos crónica de los humores. Las cantáridas producirán un buen efecto en este caso para llamar la fluxion que ha hecho tiro al cerebro (1). (1) Un individuo que lia perdido la razón no es fácil de curar: muchas veces es pre- ciso emplear la fuerza y la violencia para contenerlo y no pocas cuesta trabajo Jo-- gr: rio. Una afección moral como aquellas de que se trata en el capítulo III seria un grande obstáculo para la curación ; en tal ceso, tales tRfermos deben ser manejados coq f H5 ) Los medios generalmente empleados son los Sangrías, las sanguijuelas, las aguas minerales, los baños, los tópicos, y las demás cosas que cual se sabe desgraciadamente son ó perjudiciales ó insuficientes. La evacuación de sangre y el uso continuado de los baños ho son en esta clase de en- fermedades una de las cosas menos nocivas. Las hacen incurables ó muy dilicii de curar en los enfermos á quienes se quisiese aplicar nuestro méto- do, porque estos remedios lijan irremisiblemente ía serosidad sobre los ói- ganos de la circulación de los espíritus, sobre el cerebro y sus meinbrs.* has, desorganizándoles á veces para siempre. Si se cree que la sangría puede calmar las accesiones de locura es por nn efecto semejante al que puede producir la efusión de sangre en todos los casos en qUe se psacti- ca, y porque se evacúa cotí ella Una porción de la serosidad, pero este medio destructor de la cauía motriz de la Vida, no alcanza á expeler las materias que han producido la serosidad, ni á agotar el origen de esta flu- xión desorganizadora, ApopleoíA. El carácter de la apoplegía es la privación de los sentidos y de lol movimientos Voluntarios. Se divide en serosa y sanguinea ó ataque de sangre* La primera ge reconoce por humoral : la segunda se atribuye, se^ün dicen á la sangre. Es un error creer que la sangre entorpece sü propio movimiento* ¿ La regla de la circulación no es siempre la misma é invariable ? » El aerua del rio impide acaso su propio curso ? ¿ No se conoce perfectamente Ja causa particular de este efecto ? ¿ No son cuerpos extraños, como tierras Arenas, algunas inmundicias, ó bien la mano de los hombres la que varía el curso de las ?.guas cuando no siguen sü curso ordinario ? Nd qüedav.l la menor duda si se reflexiona que por no conocer la naturaleza de la serosi- dad humoral y §a existencia en los vasos es por'lo que se admite la po- sibilidad de que la sangre pueda perjudicarse á sí misma como también la supuesta plétora. No se puede persistir en tal t-rror, á no obstinarse, con- tra toda razón sostener que hay efectos sin causas que lo produzcan. Estas dos clases de enfermedades se podrán curar por la evacuación de la causo, evacuación que se deberá Obtener con el vomitivo purgante y el afabilidad benevolencia y en fin con t«da aquella delicadeza, que ]a humanidad inspira á Jas almas ¡s ii*ibí así succesivamente durante ranchos meses, si cabo ds los cuales conven» ido de la inutilidad de los medio* Ordinarios que habia empleado, recurrió á mi método. IV-bo citarle como un modelo de valor y resolución, tan necesarios á cualquiera que emprenda curarse de una en- fermedad grnv • é iuveterada, El segundo era un hombre de una edad madurn. Eos asuntos de su comercio ís Condujeron á una ci.sa pp.ra hacer una compra. El objeto,que estaba de venta le fue ensenado por una criada que sin que él lo supiese padecía de epilepsia y estando con ella la dio el accidente. H-.lHándose solo, hizo lo que pudo por socorrerla. Cau- sóle tal impresión la situación de esta desgraciada que en la misma semana se vio asaltado del mismo mal que se caracterizó puv ataques repetidos. Uno de sus ami«-oi (ti*) coral. En este caso la fluxión emana de la atrabilis ó por lo menos de nía* terias muy corrompidas. La sangre la hace subir al cerebro por las arte- rias carótidas, y la reúne gota á gota en utia bolsa membranosa llamada kisto que se forma encima de la dura mater (1). Luego que este kisto que no puede contener mas que cierta cantidad se llena, el movimiento de las arterias y la acción de la membrana nerviosa, irritada sin duda por la acrimonia de la materia le fuerzan á vaciarse, de consiguiente se ha- ce un derramamiento de esta fluxión sobre los meninges, la medula espi- nal y los nervios que contrae con su corrosión. Esta serosidad en estado de parasismo ó de accesión, descompone el curso de lds espíritus, en tér-» minos de hacerle perder el conocimiento al enfermo y caer accidentado, y que habia debido el restablecimiento de su salud á mi método en una enfermedad gra- ve y crónica* lo convenció de la necesidad urgente en que se hallaba de abandonarlos re- medios inútiles de que se habia servido tanto tiempo infructuosamente, y de preferir los «le la medicina curativa antes que la enfermedad fuese mas inveterada. El enfermo ac- cedió á los consejos de su amigo y no habiendo pasado por los métodos que he designa- do por nocivos se curó en poco tiempo; y no pasó como el primero por ol sentimiento ¿e verse desahuciado, ni ttivo necesidad de aquel esfuerzo heroico distintivo de los valientes, que toman por divisa ó vencer la enfermedad ó morir combatiéndola. j Cual será el resultado de los remedios que no tienen ninguna relación Con la can- ta de las enfermedades ? Serán inútiles si rto son perjudiciales, y para que tubiesen relación con ella seria preciso que estubiese conocida, y no lo está al menos general- mente, i Y que significan las pretendidas causas que no son sino circunstancias ó efectos de las circunstancias de la vida ? El arte tío puede nada contra ellas pues ftadie puede impedir que no haya sido ó existido, lo que fué ó existió. Cuando se convencerán los hombres deque el mejor de los remedios es un raciocinio exacto ? (1) Se forma pues en el cuerpo humano y en sus diferentes partas membranas mas ó menos densas ó sólidas que pueden contener un cuerpo voluminoso, tal por ejemplo como una cantidad de agua con la hidropesía anquistal. Uno de nuestros enfermos expelió durante la curación una membrana de tros á cinco pulgadas; tenia mas densidad que la película que envuelve la circunferencia interna de ua huevo. Algunos tóas antes de evacuar esta membrana el enfermo sintió en su vientre un movimiento y oyó un ruido á manera de estallido, y bastante fuerte sin duda pues fue oido de la per- sona que le asistía. Creemos que este ruido provino de la ruptura de esta membrana. • No es probable que en lo sucesivo se hubiese formado un kisto, y de consiguiente un tumor anquistal efi el cuerpo de este enfermo, y esto suponiendo que hubiera so- brevivido á la gravedad de la enfermedad que le hizo adoptar mi método ? Este úiismo enfermo me aseguró haber expelido insectos que le parecieran semejantes á las tilinches, y entre ellos alguuus vivos. ( 119 ) sus nervios están tan irritados y comunican una acción tal á los músculos, qUe el paciente tuerze la vista y mueve sus miembros con la mayor violencia. Echa espuma por la boca, cierra los dientes tanto que algunas veces se corta la lengua por el movimiento convulsivo de las quijadas. La fluxión Huye del cerebro al estómago: algunas veces se la oye bajar: casi siempre el enfermo hace como que traga y al verle se diría que traga agua en gran cantidad, ('orno su volumen pesa sobre esta viscera y sobre las arterias prin- cipales que comprime, disminuye el movimiento de los fluidos, y por esto es por lo que el enfermo acaba por dormirse. Cuando despierta no se acuerda de lo que le ha sucedido, no sabe lo que dice ni lo que hace al menos asi resulta de la observación general. En esta enfermedad como en las demás hay sus diferencias. Hay enfermos cuyos ataques son mas largos que los de otros que padecen la misma enfermedad. Algunos dan un grito cuando caen, otros conocen el principio del ataque y se acuestan; muchos se acuerdan de todo y Oyen, ■y los demás no oyen ni conservan idea de nada. Los ataques son mas ó menos largos según la malignidad de la fluxión y el grado de la corrupción que la ha formado, y según la antigüedad de la enfermedad. Se han visto enfermos que tienen varios ataques en un dia. Esto no es buena señal, sinembargo hemos visto algunos que se han curado. Esta enfermedad debe curarse según el artículo cuarto del método curativo, aunque sea recient", porque es siempre resultas de la corrupción crónica de los humores. El vomitivo purgante porque se debe empezar la curación, se repetirá una vez entre cuatro ó cinco del purgante, y en muchos casos y cuando obra bien por las vias inferiores deberá alternar mucho tiempo eon este. Esta en- fermedad una de las mas tenaces no se deberá creer radicalmente destruida porque sus ataques no se reiteren según costumbre ó que cesen del todo. El enfermo deberá cuidarse, descontándose de esto y reiterar de tiempo en tiempo las purgas, aun cuando se crea cjel todo sano. MOVIMIENTOS CONVULSIVOS, TEMBLORES. La fluxión derramada sobre los nervios ó sobre las membranas nerviosas produce temblores, movimientos involuntarios periódicos, ó continuados y en todas las partes del cuerpo según la distribución de esta materia y su ( 120 ) acción sobre el órgano del sentimiento, ó sobre los diferentes miembros, inclusa la cabeza. Siendo estos afectos resultas de la corrupción crónica de los humores, su curación no podrá atribuirse sino á la evacuación de las materias que los forman, la que se deberá verificar siguiendo el artículo cuarto del mélodo curativo. Lo que se ha dicho de las enfermedades nerviosas y de las con- vulsiones, como también de la epilepsia en mas ó en menos es incontes- tablemente aplicable á esta especie de males, MALES DE OÍDOS. La serosidad introducida en los oidos distribuida en sus difereiit^s órganos puede producir ruido, silvidos zumbidos y últimamente la sordera. Estos diferentes vicios de este órgano y la sordera no completa, cuan- do el nervio acústico no se halla enteramente paralizado, se, destruyen como la supuración, cuando existe en estas partes, por el uso de los dos eva- cuantes tomados alternativamente en el principio de la curación, según el artículo segundo si el vicio es reciente; y según el artículo cuarto si es ció. nicoj y si hay dolor agudo según el artículo tercero. MALES DE OJOS. Reunida sobre el órgano de la vista la serosidad produce las diferente» enfermedades de los ojos como la inflamación, las lagañas, la sarcoma, la destilación al lagrimal , la oftalmía húmeda y seca , las manchas quo obscurecen Ja cornea, la catarata ó la opacidad de la membrana cristalina y todos los accidentes que sobrevienen á estas partes asi como los que pueden privar de la vista. Todos estos males, y la gota serena que es la pérdida de la vista sin defecto visible en el ojo, exigen por su violencia y la delicadeza de la parte afectada el -método prescrito en el artículo tres del régimen curati- vo y administrado con actividad. Eos dosis del vomitivo purgante alter- nadas con una del purgante son necesarias en este caso. Este régimen de evacuaciones no puede interrumpirse sin peligro de hacer incurables estas enfermedades. ( 121 ) La sangría y las sanguijuelas se usan ordinariamente sin que sean rgas saludables, y sin que fijen menos ía materia sobre la parte afectada que en los otros casos en los que se aplican. Los tópicos y las operaciones comunmente empleadas contra los males de ojos son inútiles sin la aplicación de los 6olos msdios capaces de evacuar la causa material que produce el dolor ó el aceielente. Es pues indispensable purgar al enfermo con arreglo á mi método, consultando sus artículos y usando del que exiga la necesidad de la situación en que se halle el paciente. Si se emplean las cantáridas indicadas á veces en esta especie de males, no se deberá por esto descuidar la purga ni ei vomitivo purgante que no se debe suspender sino por poco tiempo. MALES DE BOCA. . La serosidad derramada en la boca puede ocasionar con su corrosión las aftas, la ulceración en las encias, asi como produce el carácter ó lo? síntomas del escorbuto. Ella es la que causa la turgencia de la lengua, el desprendimiento de la epiglotis, á que vulgarmente llaman caerse la campanilla, las varias hinchazones que se observan, etc. Todos estos afectos de la boca y de las partes que la componen se curarán por la purga suficientemente repetida según el artículo dos del método curativo para los casos recientes, y según el artículo cuarto para los cró- nicos ó si su origen proviene de un vicio de corrupción muy antiguo. El nao del vomitivo purgante es muy útil. JJOLOR DE MUELAS. Una gota de serosidad ó de agua ardiente que la sangre deposita sobre la membrana llamada periostico es la que produce el mal de muelas. Esta membrana envuelve interiormente el alvocolo asi como también la raiz de la muela. Lo sensible que es esta membrana y la corrupción que la serosi- dad exerce en ella hacen que los dolores sean á veces insoportables. La causa del mal de muelas es la misma que la de todas las dolencias y por lo común este mal anuncia una enfermedad mas peligrosa. Evacuando el humor que atormenta esta parte, se precaverán los enfer- 0, ( 122 ) mos de otros accidentes mas peligrosos, supuesto que aquel puede cargar en otra, sea que simplemente mude "de sitio, sea que se divida. Es imposible que los dientes ni las muelas hagan mal porque no son capaces de ello ; asi es que cuando la fluxión se reúne en su parte espon- josa, los carcome, los pudre, y los hace caer á pedazos sin que se experi- mente el menor dolor. Si la fluxion se derrama en la mexilla se hincha esta y el dolor no es entonces tan violento, cesando algunas veces porque la fluxion ha mudado de sitio. Se usan diferentes tópicos que alivian, si hacen mudar de sitio la fluxion ó si la amortiguan. Es delirio no menor arrancarse una muela porque duele, cuando esta buena, que lo sería cortarse un brazo ó una pierna, porque haya sobre- venido en ella un dolor. Todos tenemos necesidad de los dientes para triturar los alimentos; su falta nos da una pronunciación torpe y viciosa y nos desfigura privando á la boca de su mejor adorno. La pérdida de los dientes no destruye el origen de la fluxion ; la sangre continua depositán- dola en los puntos que ellos ocupaban y en los dientes inmediatos. A Veces la fluxion se derrama sobre toda la quijada de modo que no se puede distinguir cual de los dientes es el que está dañado. La violencia del dolor es la que debe decidir cual de los artículos de nuestro método se deberá seguir para evacuar los humores, y se deberá seguir aquel que parezca el mejor para conseguir un pronto alivio. Se distinguirá para hficer esta elección la persona que sufre desde mucho tiem- po el mal de muelas de la que no lo padece sino recientemente : el artículo segundo para esta y el cuarto para la otra están indicados. El artículo tercero se deberá seguir cuando el enfermo no logre alivio, habiendo empleado los otros. El vomitivo purgante es necesario y se deberá repetir mas frecuen- temente, si el purgante no alivia con la prontitud deseada. Solo los dientes dañados son los que se deberán arrancar. Hay per- sonas que por tener cuidado de purgarse de tiempo en tiempo conservan algunos dientes cariados de muchos años sin que la caries haya cundido mas y estos dientes íes son tan útiles como los buenos.. ( 123 ) PÓLIPO. El pólipo es un afecto que puede padecerse en diferentes partes del cuerpo pero por lo común se manifiesta en las narices. Es una excrecencia carnosa que en el pólipo de las narices, se manifiesta en la membrana pituitosa, y varia en su carácter según la malignidad del humor. La ope- ración del pólipo es el remedio que se usa, pero es insuficiente si el origen de la materia que lo ha formado no se destruye, porque sobrevendrá otro ó bien la llaga cjue resulta de la operación no se curará. Se deberá purgar el enfermo algunas semanas antes de la operación según el artículo cuarto, no debiendo efectuarse esta sino cuando el paciente esté arreglado en sus funciones naturales. Luego que se haga la operación el enfermo continuará la purgación según el mismo artículo hasta la cica- trización de la llaga ó total restablecimiento de su salud. El vomitivo purgante deberá emplearse algunss veces, es decir cuando las indicaciones anuncien su necesidad. ROSTRO BARROSO. La serosidad derramada ep los vasos de la cara, porque la sangre carece de la libertad necesaria para su circulación, es la causa de la rubicundez que acompañada de granos, y pupas caracteriza el rostro que llamamos barroso. El vomitivo purgante es útil algunas veces ; el purgante se deberá emplear según el artículo cuarto del método curativo en atención á que esta enfermedad resulta siempre de una corrupción crónica de los humores. ESQUINENCIA, Ó ANGINA. La fluxion reunida en la garganta puede con su calor ardiente, inflamar la faringe, la laringe, el esófago, la traquiarteria y todas sus partes adheren- tes, y de este modo caracteriza la angina é esquinencia. A esta enfer- medad curada por los medios comunes puede seguirse la gangrena según la corrupción mas ó menos viciada de los humores. Si á esta enfermedad se la ha dado tiempo para tomar un carácter serio, se deberá curar por el artículo tercero del método curativo hasta ( 121 j que pierda dicho carácter. Se continuará después la curación por el articula dos, que bastará si el mal no es grave, ó por haber cedido ha dejad» de serlo* En todos los casos se deberá empezar por el vomitivo purgante, y j.epet¡rle hasta desembarazar enteramente la garganta : después se continuará el purgante solo, si el sitio primitivo que ocupaba la enfermedad está deí *odo libre. > CAPITULO XIV. ENFERMEDADES LLAMADAS DE LAS EXTREMIDADES. DOLORES REUMÁTICOS. Cuando padecemos una sensación dolorosa sin calentura ni desgana »i desarreglo de las funciones naturales, designamos este estado bajo el nombre genérico de dolores. Estos afectos son muy comunes y generales, Hay climas y lugares que los ocasionan mas qute otros : pero en ninguna ■parte difieren de causa eficiente ó interna. Se diferencian los dolores por su carácter : son ó periódicos, ó fijos, ó errantes, y se les distingue, por los nombres que se ha convenido en darles. El carácter del dolor errante consiste en que muda con frecuencia de sitio, quiere decir que la serosidad sin fijarse no hace mas que pasar ligera- mente. Ya carga en una pierna, ya en un muslo, en una espaldilla, ún brazo, en el pescuezo y succesivamente en todas las partes carnosas del cuer- po, y se ha convenido' en dar «á este dolor el nombre de reumatismo-. El dolor periódico es el que se renueva por épocas indeterminadas y que cuando se repite, es ó en la pafte que se manifestó ó en otra. El dolor fijo ó continuado proviene indudablemente de que la materia que ocasionó el ligero errante ó periódico no se evacuó en tiempo oportuno. Por los efectos progresivos de la corrupción de los humores se forman mayor ( 125 ) cantidad de serosidad, y la fluxión aumenta en principios acres ó corrosivoSj de modo que la saugre se ve forzada á depositarlos y á fijarlos. Los facultativos que aun no admiten esta causa general de las enfer- medades, consultados sobre estas dolencias creen cumplir con sus enfermos respondiéndoles que no hay nadaque hacer. Esta respuesta les es sugerida por el estado exterior de la parte dolorida que r.o manifiesta ni hinchazón, ni tumo'-, ni inflamación. Esta falta de experiencia compromete la salud de los enfermos, y no los alivia de sus incomodidades. Creen sinembargo haber salido de la dificultad diciendo que es frialdad, voz que ó nada dice, ó que expresa solamente la causa ocasional. Que serie de errores por no conocer la causa verdadera de los dolores y de las enfermedades en gene- ral, y sean cuales fueren sus denominaciones ! A falta de buenas razones ge dan por tales las que no lo son. Asi es que no hay cosa mas común que oir decir que las variaciones del tiempo producen los dolores, remi- tiendo á los pobres enfermos al verano, al buen tiempo que las mas veces ninguna influencia tiene sobre sus males. Hácense las observaciones mes prolijas sobre la calidad y cantidad de los alimentos, y se las da una grande importancia. Hasta de los cuartos de luna se saca partido para alucinar á los crédulos y dóciles enfermos. Todas son causas, según se dice, excepto la verdadera en que el doliente está muy lejos de pensar, y asi es como parecen complacerse en confundir las causas ocasionales con la eficiente y la única verdadera. Nadie ignora las variaciones que hay en el tubo ó canon del barómetro en las mudanzas de lluvia ó buen tiempo. Estas diferentes mutaciones son una semejanza de lo que sucede á las personas que atribuyen sus dolores á las variaciones atmosféricas. Es evidente que si sus cuerpos no contubiesen las materias que cau.-an sus males, no padece- rían nada con ocasión de la mudanza de tiempo. La prueba es clara. Si las variaciones de este, como todo lo que tiene relación con las cos- tumbres y el modo de vivir de cada individuo pudiese citarse como causa eficiente, es físicamente demostrado que todos sufrirían los efectos de la misma causa de que experimentan el inevitable influjo. Es asi que la ex- periencia prueba todos los dias lo contrario. Luego hay en los cuerpos que sufren materias susceptibles de variación de dilatación, ó de conden* sacion y he aquí la verdadera causa eficiente sujeta á la acción ó á la killuencia de las causas ocasionales. La razón natural indica que es pie- ( 126 ) ciso evacuar la primera y no dar á la segunda sino la parte que le per- tenece. Lue^o que la mntria que puede producir el dolor en general se for- ma, son estos por lo común errantes ó periódicos, y es raro que empiezan fijándose, pues esto no sucede sino con el tiempo. Si se evacuase desde lue:o la causa á su primera manifestación, se evitarían grandes males en lo veiddero. Si se pusiese en práctica la evacuación de la causa de loi dolores desde su primer atftque, bastaría para libertarse de ellos hacer uso del artículo dos del método curativo, y aun el artículo primero alcanzaría por lo coiiiun. Si el dolor es muy violento, se aliviará y curará mas pronto si„ui iu'.o el artículo tres. Si se trata de dolores crónicos se debe hacer uso del artículo cuarto. Y si el dolor es en un brazo, en una mano, en los dedos ó otras partes dependientes de la circunscripción de las primeras vias, el vomitivo purgante puede ser necesario, y á vec--s es indispensable en el principio de la curación si bien alternado con el purgante. Se sabe por una antigua práctica que todo dolor que muda frecuen- temente de sitio no es peligroso, este donde estuviere. Muda de sitio por que la materia que lo produce es ambulante. No es peligroso porque no hace mas, por decirlo asi, que pasar, liste dolor es por lo común fácil de curar porque hall.mdose la materia que lo produce en movimiento, se rvacua sin trabajo. Pero el que no varia y que por esto se llama dolor fijo puede ser peligroso, y lo es particularmente si la parte afecta es muy delicada, porque la permanencia de la serosidad en ella puede dañarla y destruirla. Este mismo dolor puede ser muy dilicil de curar en atención á que la fluxion asi reunida y depositada por la sangre, no sin mucho tra- bajo volverá á entrar en la circulación, y por esto es mas fácil desalojarla que si el dolor fuera errante. En el intervalo de tiempo en que el dolor cesa, la serosidad, su única causa entra en las vias generales de la circulación, y se meicla con la masa de los fluidos hasta que fijándose de nuevo en otra parte se separa de ellos. líe rqui lo que produce la cesación de los dolores periódicos, sin que por esto la causa eficiente deje de existir en el individuo que padece este mal. La misma práctica nos ha demostrado que si durante la acción de los pur- gantes el dolor cesa, ó es menos agudo, es porque su cansa se ha evacuado en todo ó en parte ó que á lo menos ha mudado de sitio. Cuando los C 127 ) evacuantes hacen cesar los dolores en el momento mismo en que operan, es porque desalojan la causa y la atraen á si, lo cual es una señal fija de curación, y hasta próxima, pues que la causa anuncia prestarse también á la expulsión. Si el dolor se renueva cuando el purgante ha dejado de obrar, es señal de que la fluxion no dominada por la acción del purgante carga según costumbre á la parte afecta. Esta observación dice explíci- tamente que se debe continuar las evacuaciones, esto es, reiterar la purga tantas veces cuantas fuese menester para expeler la causa del dolor, y esta observación es general para todas las enfermedades en cuya curación haya de seguirse este método. Claro es que si sucediese lo contrario, y si el dolor se hiciese mas agudo, ó la enfermedad mas grave durante la acción del purgante ó después, habremos de confesar que este es el que ha puesto en movimiento la causa, cosa mui natural puesto que debe evacuarla : en este caso se deber.i con- tinuar con perseverancia la purga sin suspenderla mientras sea posible, y en Caso de hacerlo, continuarla después de algunos dias de descanso para destruir y expeler esta causa de los dolores. No se puede negar que todas las enfermedades son dolores de alguna de las especies que acabamos de referir, y cuya causa material es siempre la misma, sea que se experimenten en las extremidades, ó en las cavidades, pues todo lo que es padecer es dolor y toda enfermedad produce este efecto. El -Origen del mal sea cual fuere su carácter sea dolor, tumor, úlcera ó un depósito cualquiera no está donde se experimenta el dolor ; lo que atormenta no es mas que una emanación de aquel origen, y uno y otro queda indicado en el capítulo primero de este método. Según esta ver- dad, las reglas de nuestro idioma deberían permitir que se pudiera decir los seres animados mueren por dentro y no por fuera, y ninguno está en- fermo, ni muere por el exterior, supuesto que la causa de las enferme- dades es siempre interna. Es pues siempre inútil obrar solo exterior- mente. Es menester tener mucho cuidado de que los tópicos no produzcan un mal efecto haciendo extender el humor tanto que no se pueda curar en lo luccesivo. Las cataplasmas emolientes son por lo común perjudiciales, por que ablandan demasiado, provocan la extensión de la materia y pueden ( 128 ) ocasionar la mortificación de la parte afecta. Los paños ó cabezales moja- dos en un liquido indicado por el caricter ó Índole del tumor no tienen los mismos inconvenientes. Pero es indudable que los purgantes son los solos medios que existen contra las enfermedades internas y los dolores. CIÁTICA, El dolor de ciática es un dolor fijo. Casi siempre es precedido de los dolores periódicos ó errantes de que acabamos de hablar. Proviene de la fluxion que circula en los vasos sin fijarse, y que la sangre deposita -en fin en los músculos de una de las extremidades inferiores. Este dolor se extiende comunmente desde la cadera hasta la punta del pie, donde se hace mas insoportable, y por el sitio que ataca se le ha dado este nombre. Las sangrías, las sanguijuelas, los baños ordinarios ó espirituosos, como los tópicos, no son buenos suio para hacer esta enfermedad incurable. Si la ciática es muy aguda exige la purga según el artículo dos. Sí es crónica ó si preeede á otros dolores se curará según el artículo cuarto. El vomitivo purgante no se deberá usar sino cuando haya plenitud de estómago. CALAMBRES. Obrando la serosidad sobre los músculos ó membranas, contrae estas partes, produciendo la tirantez que caracteriza los calambres, cuyos dolores son algunas veces insoportables. No son peligrosos mientras no se expe- rimentan sino en las extremidades, pero pueden ocasionar graves acciden- tes, cuando obran sobre las vias principales de la circulación, pues la cir- -culacion de la sangre puede detenerse. Es raro si el calambre no es seguido • de curiosidad para los sabios que útiles para los enfermos ? Se ha estable- cido por principio que las enfermedades debián curarse por cosas contrarias á ellas. Por abreviar, no citaremos sino itn casó en que este principio tiene aplicación. Por ejemplo, sí él enfermo tierte un calor excesivo ó ardiente, que produce una grande inflamación, se debe, según dicen, refrescarle mucho', enfriarle y aun helarle, si es posible. Este principio es enteramente 'falso; pues este calor excesivo es una materia, y son los humores mas ó menos corrompidos los que la producen. La serosidad misma es el calor y en vano se emplearían contra ella todos los refrigerantes del mundo, que no harán que salga del cuerpo el humor que le cónsuñié, le abrasa, y le destruya, robándole el calor natural y privándole así de la vida. Si se tratase de un calor procedente de la circulación acelerada de los fluidos, ó del roze, de los glóbulos de que se componen, como sucede después de un grande ejer- cicio, ó cuando se respira un aire cálido, ó cuando se ha hecho un uso excesivo de alimentos salinos y acrimoníacOS, este principio podría tener una justa aplicación : pero es un abuso confundir causas tan diferentes entre sí y en sus efectos. Ni esté error ni sus funestas consecuencias existirían, si la causa de las enfermedades no se ignorase ó no se desconociese tan generalmente. Para curar es menester preferir á las frivolidades de la moda, los"medios que la misma naturaleza indica. Se debe tratar de evacuar los humores, que no producen virus ui serosidad virulenta sino porque éstím', y séguo qué están mas ó menos corrompidos. Se deben preferir éstos medios á todos los demás, supuesto que la corrupción que sfe burla de todas las combinaciones de la química, no se contiene en sus progresos, sino cuando la: parte sana ó menos corruptible se libra de ella por medio de la purga. Los purgantes de que hemos hablado Sutilizan todos los1 géneros de sero- sidad y libran de ella á los enfermos, cuando estos acuden en tiempo que' los humores y la fluxion no han adquirido aun urt carácter de tenacidad ' tal, que se resista á la evacuación. Ifáy humores tan inveterados, tan profun- damente arraigados que resisten con una tenacidad difícil de vencer. En este caso la cura se dilata sin que por esto se pierda la esperanza de una curación cierta. Una práctica continuada y acreditatla por innumerables ^ciertos no deja la menor dúdá de ello; Lo repito; y rió me cansaré dé'repetirlo : no sé piiede curar sino sepa- rando la parte corrompida dé la qué' no ló está, y expeliendo la primera ( 168 ) a fuerza de purgas, y no haciéndolo así, una y otra tendrán igual suerte y ,el enfermo perderá la vida prematuramente. Lo mismo sucederá siempre que se acuda tarde á este método, y no estará demás el recomendará los enfermos que le sigan en enfermedades virulentas, antiguas, ó generalmente reputadas pqr incurables, ó que han resistido á otros métodos ; que des- confíen aun cuando se crean curados, no sea que conservándose algún resto del antiguo germen se reproduzca el mal en lo sucesivo. Se precaverá» y lo evitarán purgándose de cuando en cuando aunque no sientan indispo- sición alguna, pues aun suponiendo que no lo necesiten, el hacerlo asi no puede causarles el menor perjuicio. CAPITULO XX. RESUMEN Y USO DEL MÉTODO CURATIVO. Al resumir cuanto he dicho en el conjunto de esta obra, ya con respecte á la causa de las enfermedades en general, ya relativamente, la denomina- ción que cada una tiene ó puede tener, me he propuesto la mayor utilidad de los enfermos, y como única medio de conseguirla, todo mi esfuerzo se ha dirijido á convencerlos de la necesidad de purgarse de esta causa de las enfermedades que es el modo seguro de destruirlas todas según aquel axioma conocido, destruida la causa se destruyen sus efectos. Reuniendo en un solo punto de vista la división que vamos á hacer del cuerpo humano en dos partes, y el grado de incomodidad que earacteriza la enfermedad que se trate de curar, es como se podrá fijar seguramente el régi- men, orden y graduación de los medios evacuantes que se deberán admi- nistrar para librar á los enfermos de las materias que les afligen en diferente grado y con mas ó menos violencia. Para conocer que este método es tan seguro en su principio, no se nece- sita mas sino reconocer lo que es indisputable, es decir la causa de las enfer- medades tal como el Autor de la naturaleza la ha fijado en todos los seres, vivientes, y como se manifiesta en el cuerpo humano, y convenir en fin, e* ( 169 ) que sea cual fuere el género ó especie de enfermedad, el enfermo es el que padece y su vida la que está mas ó menos en peligro. Teniendo pues todas las enfermedades internas del cuerpo humano, tanto aquellas de que hemos hablado, como las otras de que no he hecho mención, el mismo origen y procediendo de Ja misma causa, resulta, que todas ellas se reducen á la única y sola enfermedad que puede padecer el cuerpo humano, puesto que todos sus males no son otra cosa sino una situación opuesta al estado de salud. Asi pues para curarle con seguridad en todos Jos casos posibles, v hacer desaparecer los efectos, es menester desembarazarle de la causa, ex- tinguir el origen, atemperándose siempre á los recursos que ofrece la natu- raleza del paciente. DIVISIÓN DEL CUERTO HUMANO Y DE LOS EVACUANTES. Para hacer mas fácil el régim?n y mas segura la cura de todo enfermo, rs menester no ocuparse sino de su verdadero mal, no tener presente sino la caiisa que le produce, no ver sino los humores corrompidos que le oca- sionan y perseguirlos, si se puede decir asi, impíamente, en el principio hasta un alivio conocido, y después hasta total curación, y sean cuales fueren las dificultades, y obstáculos que se presenten, no hay que perder de vista el fin; es menester purgarse. Para poner al alcance de todo hom- bre dotado aun de mediana inteligencia la curación de cualquier enfermo que ofrezca recursos, dividimos el cuerpo humano en dos partes; en pri- meras vias y vias inferiores, y los evacuantes en vomitivo purgante y pur- gante. Esta división es indispensable para atacar con buen éxito la causa del dolor ó de la enfermedad, sea que exista en la parte superior ó pri- meras vias, ó que se fixe en las partes inferiores ó segundas. En seguida voy á describir unas y otras. Las primeras vias ó partes superiores del cuerpo humano empiezan desde la base' del estómago, porque este ventrículo es suceptible de evacuar, por su boca superior (en el vomito) y subiendo, comprenden todo el peche, el cuello, la garganta, la cabeza, el rostro, la boca, los dientes, las narices, los oíos, los oidos, las glándulas del cuello, las de los sobacos, extendién- dose á los brazos y las manos hasta las puntas de los dedos. Las segundas vias ó partes inferiores se componen de consiguiente de Y ( 170 ) todas lasque no están comprendidas en la enumeración de las primeras, esto es, desde la parte inferior del estómago bajando hasta las puntas de los pies. El vomitivo purgante debe su denominación á la propieded que tiene de purgar por las dos vias (1). Tiene una eficacia conocida contra los afectos de las partes superiores. Desembaraza el estómago y facilita el paso al purgante, que puede hallar un obstáculo en la plenitud de este ventrículo, descarga el pecho y las demás visceras contenidas en su cavidad, atrae á sí la serosidad de cualquiera punto de las primeras vias adonde se haya fixado, divide la fluxion reunida, la mueve y la hace mudar de sitio, y si por sí solo no expele totalmente la materia que la compone, hace su evacuación mas fácil y favorece asi la acción de! purgante de que en seguida se ha de hacer uso, como vamos á decir en los cuatro artículos del método curativo. El purgante evacúa solo por abajo, y debe ser tal cual le hemos indi- cado para que pueda hacer salir del cuerpo la totalidad de la masa de los humores corrompidos, conforme á las observaciones hechas en el capí- tulo IX. La lavativa no puede menos de ser admitida en un método que se funda, en la evacuación humoral, puesto que con esta idea coinciden sus efectos. Entre los medios que están al alcance de las personas no inteligentes, la lavatrVa es uno de los que produce mas bien, y que menos males puede causar (2). Sin embargo, aun es posible abusar de ella. Es útilísima con- tra las obstrucciones y resecación del intestino, como se ha indicado, pero si se usase de ella todos los dias sin causa ni motivo, como lo hacen mu- chos, sucedería que no dejando obrar á la naturaleza en sus deposiciones diarias, no se sabría cuando está en estado de ejercer libremente sus fun- ciones. Sin esta consideración podría decirse que la lavativa no hace nunca mal. No hay duda que es ineficaz para curar, pero alivia , y en verdad que porque alivia, produce como los demás paliativos usados por las gentes que no tienen una ilustrada experiencia el mal efecto de hacer perder un (1) Hemos explicado en el capítulo IX la diferencia que hay entre este evacuante y el emético ordinario. (2) No se puede decir lo mismo de otra medicina que anda igualmente en las manos del pueblo; de las nocivas sanguijuelas con que tantos individuos se asesinan, creyendo aliyiarse, v 1*Í ) tiempo precioso, porque mientras se entretienen con lavativas, la enfermedad ó la indisposición contra que las aplican hace progresos que prueban que hubiera silo mejor acudir desde luego á los medios verdaderamente cura- tivos. Nunca se conoce mejor esta verdaei que cuando estos medios se aplican demasiado tarde para salvar la vida del enfermo ó curarlo. Si la lavativa alivia en el estreñimiento, no puede destruir su causa como ya hemos dicho. No es pues mas que un paliativo, que debe ser seguido y favo* retido por la purga, único medio capaz de curar. Pero puede Ser em* pleado útilmente en muchos casos (1). Por ejemplo, la víspera ó algunos dias antes de empezar la curación según este método, el que padece de obstrucciones, aquel cuyo sistema nervioso está afectado, el achacoso y débil por enfermedad, ó por los años, y cualquiera otro valetudinario ator- mentado por la plenitud dn humores antiguos y viciados, harán bien en echarse algunas lavativas para limpiarse; es una buena preparación para la purga, á veces h:;sta indispensable. Estos mhmos enfermos* podrán servirse de ellas en los dias de descanso de purga indicados en el método cu- rativo. Hay muchas personas entre las que no tienen bastante instrucción ó que no se forman una idea exacta de lo que es una purga adaptada á la causa de las enfermedades, que no extrañan que no se evacué natural ó libre- mente durante algunos y aun muchos dias después de la purga. Esta falsa opinión que los dirige, me induce á pensar que miran en este caso la lava- tiva como su único recurso. No será pues inútil hacerles ver que el error en que estln puede tener malas consecuencias, puesto que conduciendo á la obstrucción conspira á hacer nula entre las naturales la función mas ne- cesaria después de la de comer, cosa muy perjudicial, como ya se ha dicho hablando de la constipación ó estreñimiento ele vientre. Deben pues saber los que viven en este errado juicio que la naturaleza ¡10 hace bien todas sus funciones, sino cuando ha desaparecido toda causa de enfermedad, y que solo la constipación de vientre es un motivo suficiente para que repita la purga después de haber seguido cualquiera de los artículos del régimen (1) La composición de la lavativa varía como se ha dicho. No nos detendremos en estos detalles porque son bien conocidos. Solo advertiremos que las lavativas de cocimientos de la simiente ¿q lino y raiz de malvavisco, un poco cargadas .jn las mejores. ( 172 ) curativo, aunque les parezca que están buenos, pues esta disposición del vientre bastaría para hacerles recaer y perder todo el fruto su primera cura. Lna lav; tiva es á veces útil á muchos eu el mismo dia de purga, parti- cularmente, cuando ésta ha obrado bien, porque, refrescando las entrañas hume- dece y ablanda la materia ardiente y acrimouíaca que queda aun por evacuar. También será útil en el caso que el vomitivo purgante ó el purgante tarden en producir sus efectos por la via inferior mas de cinco ó seis horas. Este caso urgente en los males graves puede exigir á veces una lavativa la- xante (1). APLICACIÓN DE LOS MEDIOS CURATIVOS ACOMODADA A LAS DOS DIVISIONES PRECEDENTES. Supuesta la división que acaba de hacerse del cuerpo humano, y de los evacuantes, es preciso conducirse del modo siguiente según la diferente residencia de la enfermedad. Si esta existe ó si el dolor se experimenta en el interior en alguna de las partes comprendidas en la circunscripción de las primeras vias, ó si hay plenitud de estómago bien pronunciada, se empezará la curación por una toma del vomitivo purgante, y conformándose después al artículo que entre los cuatro se juzgue aplicable al enfermo, se le administrará el pin- gante. Uno ) otro de estos dos evacuantes son necesarios alternativamente (2) por lo menos en los primeros dias de la curación, mientras que están afectas las primeras vias. Si la enfermedad ó dolor de las primeras vias combatidas por el artí- culo tercero, por ser el segundo violento ó la primera peligrosa, no cediere á la primera toma de vomitivo purgante, aunque este no haya producido ninguna evacuación por la via inferior, es menester emplear dos dosis de tste evacuante contra una del purgante. Si el afecto de las primeras vias por menos peligroso ó menos vio- (1) Se componen de muchos modos por ejemplo; en el agua necesaria para una lavativa se echan algunas cucharadas de vomitivo purgante, media onza de sen ó una onza de la pulpa de la cañafistola. (2) Un dia uno y al siguiente el otro según los artículos primero, segundo y cuarto, y Begun el e.rticulo tercero el uno después del otro guardando las distancias que se prescriben. ( 173 ) lento que el precedente no exige sino el artículo segundo, no habiéndose evacuado bien aquellas por una sola dosis del vomitivo purgante, pero ha- biendo este producido buen efecto por la via inferior, deberán adminis- trarse dos tomas de vomitivo purgante por una de purgante, para acabar de limpiar las primeras vias. Sin embargo si fuese urgente desembarazar las vias inferiores, como en un caso de inflamación, de gran calentura, ó de fuertes dolores en las extremidades, ú otras partes del cuerpo, es prefe- rible el uso del purgante, después de una sola toma del vomitivo pur- gante (1). Si por el contrario las primeras vias no estubieren atacadas y no hu- biere tal plenitud de estómago que puede sospecharse que el enfermo vuelva el purgante, con este solo deberá curarse. Podrá suceder también que una enfermedad de las que se cree qu*> pueden curarse sin el vomitivo purgante exija alguna vez el uso de este evacuante. Hé aquí los casos mas comunes en que esta observación es apli- cable; cuando las materias pegadas á la parte superior del estómago re- movidas por las que han sido evacuadas y las sostenían, se desprenden y oponen al paso del purgante, provocando al vómito en vez de evacuarse ron él. Esta observación será también aplicable al caso en que la flux;í>n desalojada del sitio que ocupfba, venga por casualidad á reunirse en ks primeras vias ó parte que dependa de ellas y cause un dolor mas ó menos vio- lento. Estos casos exigen que se observe lo que hemos prescripío para Ion afectos de primeras vias; esto es que se deberá empezar por una toma del vomitivo púnante y continuar después con el purgante mientras no se indique nueva necesidad de volver al primero. Es de advertir que muchos individuos se podrán curar de enfermedades de primeras vías ó dolores en ellas sin usar del vomitivo purgante. Aveces bast.rá solo el purgante, sobre todo sise combate la enfermedad en su principio. Iíai también casos en que está indicada la necesidad del vomitivo purgante y en que sin embargo será prudente diferir su uso. Cuando el paciente es una persona débil, delicada ó de mucha edad y en todos aquellos cuyos humores están en un estado de corrupción crónica, como que es de (1) No se deberá olvidar que p::r las vi«>s inferiores es por donde se hacen !ss deposiciones mas abundantes y mas saludables, y que las primeras no son sino e¡ recep- táculo de las materias que provienen de la masa entera contemida en todo el cu^rps. C 174 ) temer que el vomitivo purgante ocasione una conmoción demasiado violenta atendida la abundancia y malignidad de sus humores, se deberá preferir la evacuación por las segundas .vias á fin de disminuir la masa de estas ma- terias. Cuando se haya logrado esto se podrá usar del vomitivo purgante si continúa indicada su necesidad. Ademas para quitar toda duda respecto de esto y como sena de de- sear que todas las enfermedades se pudiesen curar sin provocar al vómito, y que por otra parte hay personas que le temen mucho aunqne sin motivo, se podrá emprender la curación de toda enfermedad sin hacer uso de él siempre que la necesidad no lo exija imperiosamente, pues que á toda hora se estará á tiempo de emplearle, una vez reconocida la imposibilidad de pasar por otro camino. Habrá esta imposibilidad cuando el estómago por muy cargado resista el purgante, y que este no produzca ninguno ó poco efecto por las vias inferiores. Será asi mismo rara vez posible dejar de emplearle en la curación de las enfermedades que resultan de una depra- vación crónica de los humores, porque en estos casos se deberá atacar seria- mente el origen de éstos, cuya residencia es siempre el estómago. Pero hay personas, á quienes no solo los vómitos, sino los vomitivos incomodan y empeo- ran. No les queda otro arbitrio sino servirse solo de los purgantes, pues lo esen- cial es evacuar la causa que produce las enfermedades é importa poco como ó por donde con tal que se consiga. Debe haberse notado ya que si hay casos en que se puede usar del purgante sin que le haya precedido el vomitivo purgante, no hay ninguno en que se deba usar de este sin que aquel se administre después, y lo mas tarde al dia siguiente de la toma del vomitivo purgante (l) puesto que- este no se administra sino para facilitar el paso y los efectos del purgante. Ni podrá suspenderse el régimen, que vamos á prescribir en los cuatro artí- culos siguientes, sino después de una toma de purgante; á menos que el vomitivo purgante no haya producido muchas evacuaciones por las vias infe- riores, reemplazando de este modo el purgante. (1) Esta es una táctica muy contraria á la délos facultativos del dia, que á veces dan á sus enfermos una de emético, y sin mas les dejan en el cuerpo la ponzoña que les mata, siendo asi que hubieran podido evitar sus funestos efectos si hubiesen con- tinuado evacuándoles. C 175 ) SIGNOS DE PERFECTA SANIDAD. Antes de prescribir el régimen curativo que deberá observar todo en- fermo ó que deberá emplearse para curar toda enfermedad, es útil hacer una descripción de la buena salud, que sirva para que los enfermos comparen y vean el punto de donde parten y el fin que deberán proponerse. Los medicamentos son sin duda necesarios hasta sanar, pero una vez conseguido un estado de sanidad, como el que vamos á describir debe cesar su uso porque no tienen objeto. La buena salud consiste en la carencia de todo dolor, incomodidad ó afecto, en cualquiera parte del cuerpo que fuere, en el ejercicio libre y regular de todas y cada una de las funciones naturales sin exceptuar nin- guna, y los signos que la caracterizan son: Buen apetito á las horas regulares: Una fácil digestión; Evacuaciones libres sin estreñimiento ni fiuxo de vientre por lo menos una vez cada veinticuatro horas, sin que se experimente calor ni comezón en el ano; La libre evacuación de la orina sin acrimonia, ó escozor y sin que deposite ningún sedimento encarnado ó encendido que es un síntoma de indis- posición presente ó futura. Un sueno tranquilo, sin inquietud, ni muy largo ni muy corto según la edad, y sin sueños incómodos; Ningún gusto á bilis, ni otro mal gusto en la boca ni eructos desa- gradables procedentes de las cavidades; la lengua limpia, el aliento sin ningún mal olor; Ninguna acrimonia, picazón, manchas, granos en el cutis • Nada de almorranas; Nada de calor ardiente en ninguna parte del cuerpo; No tener sed extraordinaria sin haber hecho un ejercicio ó trabajo vio- lento ú otra cosa conocida. Uniformidad de color en la tez del rostro sin ninguna de aquellas varia. ciones que la buena salud no conoce. En las mugeres nada de esas evacuaciones conocidas bajo el nombre d C 176 ) flores blancas; ninguna interrupción en sus menstruos, ni incomodidad al tenerle. Aquel que quiera conservar su salud, precaverse de las enfermedades á que todos los' hombres están propensos, y por una consecuencia natural prolongar su existencia, deberá consultar á menudo la precedente descrip- ción, y que no tema recurrirá la purga en todos los casos en que el estado de su salud no sea, cual le acabo de describir, y si por la edad, lo in- veterado de los achaques ú otras causas no pudiese obtenerle enteramente conforme, deberá tratar de acercarse á él lo mas posible. Cada cual debe observarse á sí mismo con frecuencia y sobre todo no descuidarse, si hubiese enfermedades contagiosas, epidémicas, ó endé- micas, ó si se hallase uno en el caso de tener que temer la iufluencia de las causas corruptoras de los humores, de que se ha hablado en el capítulo segundo. La precaución supone talento, los temores quiméricos probarían otra cosa. C 177 ) RÉGIMEN CURATIVO. &IVIMDO EN CUATRO ARTÍCULOS. ARTICULO PRIMERO. ENFERMEDADES RECIENTES Y LIGERAS. No hay mas que un paso de la salud á la enfermedad y muy córtd muchas veces. La enfermedad no puede empezar sino debilitando la salud ni adquirir intensidad y fuerza sino cuando ya la tiene debilitada hasta cierto punto. En este artículo están comprendidos todos aquellos que go- zando de una salud caracterizada por todos los signos contenidos en la des» cripcion que hemos hecho, la perdiesen de repente ó experimentasen en ella una sensible alteración (1). Cuando la salud no es conforme á la descripción hecha, los humores están corrompidos por lo menos superficialmente. Es verdad que el dolor no empieza en el momento que estas materias se adulteran, porque todas las causas necesitan un cierto tiempo para formarse y producir sus efectos; pero lo que no admite la menor duda es que toda incomodidad prueba que los humores están mas ó menos alterados. Una sola toma de purgante produce en ocasiones efectos maravillosos, pero rara vez bastará una sola. En lo general es preciso repetir á razón de una toma cada veinticuatro horas poco mas ó menos, durante dos ó tres dias seguidos hasta perfecta curación, no olvidándose de la parte ó sitio en que se ha fijado el mal por si es necesario apelar al vomitivo purgante. Empleadp el articulo primero luego que las indicaciones de perfecta (l) No deben creerse como enfermos de poco tiempo los achacosos, ni los que han Tiacido con una mala constitución. Muchos miran como una enfermedad reciente le que no es masque una íecaida, una continuación de su enfermodad primitiva, por no haberse curado radicalmente: estos enfermos están ea el caso del artículo cuarta. Z ( 178 ) sanidad se observen alteradas, se corta la enfermedad destruyendo la causa reciente y se evitan asi graves accidentes. Asi es como el arte y la previ- sión unidos evitan los males. En el caso de que lo preScripto en el artículo primero no bastare, se ob- servará el artículo segundo. ARTICULO SEGUNDO. ENFERMEDADES RECIENTES Y GRAVES. La enfermedad e¡5 mas intensa que en el primer caso del artículo pri- mero si los humores se corrompen de repente mas allá de su superficie. Si estas materias tienen ün grado de putrefacción, sea porque laí cansas cor- ruptoras hayan ejercido mayor influencia que aquella que determina el uso del artículo primero, sea porque haya habido descuido en evacuar los hu- mores, cuando se estaba eu el caso de este, entonces los dolores son mas fuertes, y pueden ser mucho mas peligrosos y la enfermedad en fin se hace grave, tanto por la malignidad de la corrupción como por lo sensible de las partes que se hallan atacadas por inflamación, dolor violento, obstruc- ción, depósito, calentura, inapetencia, ú otra causa. Entonces es indispen- sable tomar mayor número de dosis que en el caso precedente. Sin embargo es constante que las enfermedades recientes que están cla- sificadas en este artículo segundo se destruyen generalmente en ocho ó diez dias de régimen, cosa que no se verifica siguiendo los otros métodos. Pero es de rigor que los enfermos tomen todos los dias ó cada veinticuatro horas hasta un alivio notable una toma de evacuante, sea del vomitivo purgante, sea del purgante, según la residencia de la enfermedad, hasta que los do- lores sean á lo menos moderados, que la sed no sea grande, que la calen- tura haya cedido ó desaparecido, que hayan recobrado el apetito ó el sueño, bases principales de la salud. El buen éxito será aun mas seguro, si en el caso de calentura ardiente, de an violento dolor en la cabeza ú otra parte se hace uso el primer dia del artículo tercero. Logrado el alivio de que acabamos de hablar, los enfermos pueden suspender la purga durante uno ó dos dias según su situación. La reiterarán después durante muchos dias, hasta que se hallen mejor, y qne recobrad» f irt ) y satisfecho su apetito, vayan poco á poco recuperando sus fuerzas, repitiendo finalmente la purga hasta perfecta curación. AftTXULO TERCERO. ENFERMEDADES GRAVÍSIMAS. • Hay muchos casos y grados de enfermedades, á que no alcanza el artículo 2. y que causarían graves accidentes y aun pronta muerte, si los enfermos no repitieran las dosis tan inmediatas como varaos á decir en este. La corrupción de los humores, como ya se ha dicho en e\ cursa de esta obra, no se verifica con la misma prontitud, mas algunas vecei se la ve tomar incremento con tal rapidez, que causa la muerte en pocoi dias y aun en pocos momentos. Consultando pues á esta observación, es menester que el método curativo ó la evacuación de la corrupción sea pro- porcionada á la violencia del mal ó del peligro, y que la acción del remedio sea mas eficaz en sus efectos que lá corrupción activa y maligna en sus terribles estragos. En las enfermedades agudas inflamatorias, apopléticas, epidémicas, endé- micas, contagiosas, pestilenciales y mortíferas en el mas alto grado, en todos los casos en que el dolor llega á ser insoportable, en aquellos en que un órgano sensible está amenazado de destrucción pronta por la malignidad del humor que le acosa, en las enfermedades crónicas, cuando una recaída, ó una crisis ponen la vida del enfermo en peligro, ó las penalidades de Su situación han llegado á hacerse intolerables, en todos estos casos las dosis se repetirán de quince en quince horas, de doce en doce y aun con menos intervalo, si tan ejecutiva fuese la violencia del mal, ó si algunas de estas dosis ó por devuedtas ó por demasiado débiles no han obrad» abundantemente. Siempre que la enfermedad exija repetir asi las dosis no hay que descuidarse : es menester que la porción sea considerable, y de un grado de energía capaz de producir abundantes y numerosas eva- cuaciones, porque en los casos de apuro y dolores insoportables, para mo- derarlos y alejar el peligro es preciso provocar una serie no interrumpida de ellas. Caso de que una dosis prolongue sus efectos mas de quince ( 180 ) horas^ si el peligro aumenta ó si no disminuye, será bueno repetir otra á fin de activar la evacuación demasiado lenta entonces para producir la mejoría que el enfermo necesita. Si el ataque es tan violento que se calcule que no da tiempo al remedio, es preciso apelar á todos los recursos de la naturaleza, y juntamente con el purgante se deberá administrar una lavativa laxante, y aun repetirla si fuese necesario. Pasado el peligro, el enfermo vuelve de nuevo al artículo segundo ó al cuarto, si había empezado con estos ante? de verse forzado á usar del tercero (l). ARTICULO CUARTO, ENFERMEDADES CRÓNICAS, Está probado por una práctica de mas de sesenta años, uniendo la de mi predecesor á la mia, que si este método, cuyo principio me enseñó, estubiera generalmente adoptado, y observado según los tres artículos prece- dentes, las enfermedades crónicas cuya curación vamos á describir en lugar de ser tan comunes como son, serian muy raras. Los jóvenes particularmente á quienes la naturaleza da mas recursos, se verían exentos de ellas siendo asi que son los mas expuestos, ó porque las crisis naturales no han pro- ducido bien sus efectos, ó porque los facultativos como sucede frecuentemente, no han sabido favorecer su acción. Bajo la denominación de enfermedades, crónicas están comprendidas todas las enfermedades, dolores, obstrucciones, depósitos,, ulceras, todos los acha-. ques, y generalmente todos los afectos ó incomodidades que parecen haberse apoderado total ó parcialmente del paciente, constituyéndole en un estado habitual de mala salud, y cuya duración excede de c uarenta dias. Estas enfermedades serían muy raras observadas todas las condiciones á que arriba he vinculado la probabilidad de evitarlas, y cualquiera podrá convencerse de esta verdad por su propia reflexión; porque si un individuo existe mucho tiempo enfermo, es evidentemente porque los humores que causan ó sostienen esta situación no son, y no han sido nunca de una malignidad mortífera, y semejante á la que se presenta en las enfermedades epidémicas ú otras no menos graves y que causan la muerte en pocos dias, (1) Véase mas adelante el párrafo sobre el régimen que debe ebsi-r>ar el cn^ ferino en el uso de la medicina y de los alimentos, ( 181 ) En tales casos pu"de suceder, que por mucha diligencia, que se ponga, la corrupción mas activa que eficaz y pronto el remedio, cause lesión en las visceras, y detenga la circulación, resultando la muerte por no haber tenido tiempo para expeler ia causa. Pero en las enfermedades verdaderamente crónicas la cosa es diferente. La corrupción de las materias qua son su íausa, no era en el princip'o tan maligna que no se hubiera podido evacuar del modo que se ha dicho en los tres artículos precedentes, y la prueba es que los enfermos no sucumben á los esfuerzos del mal, y que aun pro- longan su existencia á veces durante muchos años en un estado de penalidad y dolor mas ó menos agudo. En general, para destruir las enfermedades crónicas aun las reputadas como incurables ó mortales, los enfermos, consultada la residencia del mal, para saber si ha ó no lugar al uso del vomitivo purgante por lo eomun necesario, deberán seguir la curación del modo que vamos á explicar. El artículo dos mas ó menos continuado, es el que se deberá seguir al principio de la curación de estas enfermedades, supuesto que los enfermos deben tomar las dosis durante muchos dias antes de suspenderlas ó de descansar. Se ha demostrado en varias partes de esta obra, que no tan solo no se debe temer la frecuencia de la purga, sino que los enfermos no podrán con- seguir su curación sin reiterar las evacuaciones según la necesidad. Los enfermos que por la violencia de sus enfermedades, y para obtener algún alivio en ellas, se vean precisados á repetir las dosis con toda la celeridad de que la práctica les presenta ejemplos ; y los que sin tanto padecer quieran observar la misma actividad, abreviarán el régimen curativo y conseguirán mas pronto su curación. Cuanto mayores sean los intervalos en tomar los remedios, tanto mas se dilatará esta y aquel inconveniente, que se evita tomadas las dosis convenientes con la menor interrupción posible. Esta actividad que recomiendo, hace también mas segura la curación por que sin ella ia corrupción podría entre tanto dañar alguna entraña y ocasionar la muerte (1). (1) Pueden sucedrr al enfermo que sigue el artículo cunrto accidentes de los que el arliculo tercero ha previsto. Entonces no deberá diferir el repetir las dósn como se dice en este articulo, sin perjuicio de volver pasados aquellos á continuar el mismo articulo cuarto, eu los términos que antes hasta curación perfecta, esto es, hrtsta que esté en un «S|ado ee sun'u!-id conforme á la descripción quw hemos dado, «i ( 182 ) SK el régimen de la purga, tal como el enfermo le ha empezado y ' seguido en un principio, no produce una mudanza ventajosa en la naturaleza de sus humores ni en su estado de sanidad es menester activarle prolongándole sin descanso, ó descansando solo durante muy pocos dins (1). Las purgas deberán repetirse muchas veces, y tomarse seguidas de manera que puedan triunfar de la corrupción restante, que es la que vicia los nuevos humores. Es menester agotar el origen del mal para favorecer asi la regeneración de la masa humoral, pues sin esto no jpuede haber cura radical. Lo menos que los enfermos clasificados en este artículo deben tomar, es cuatro ó cinco dosis evacuantes por semana, de modo que dos de ellas á lo menos se sigan consecutivamente, ya que no puedan tomarlas sin interrupción, que sería lo mejor. Deberán continuar asi muchas semanas^ si es posible hasta tanto que se alivien y sobre todo hasta tanto que recobren el apetito y el sueño, si los habían perdido. Entonces suspenderán la evacuación durante ocho días mas ó menos según sn situación. Pero si el alivio conseguido empezase á disminuir, en cuanto lo noten deberán tratar de provocar nuevas evacuaciones, tomando las dosis como al principio hasta que se consiga nuevo alivio. Entonces cesarán, como hemos dicho por mas tiempo aun, debiendo ser los intervalos mas largos á medida que su situación mejorada se vaya acercando al estado de sanidad perfecta cuya descripción queda hecha. La diferencia que hay entre la enfermedad reciente, y la crónica, es. que contra la primera es menester repetir los evacuantes sin descanso ni interrupción por decirlo asi, hasta perfecta curación, y que contra la segunda se deberá observar esto solo al principio de la curación para disminuir el volumen de la corrupción y mitigar la dolencia, suspendiéndose y vol- viéndose á continuar alternativamente como hemos dicho, y la suspensión algunas tveces podrá ser de una semana, un mes entero y mas aun, consultando que al menos se aproxime lo mas posible, pues hay individuos entre los que padecen enfermedades crónicas, á quienes no les es dado el llegar á a quel punto, pero que sin embarco favorecidos por otra parte por ¡a naturaleza, pueden llegar á una edad muy avanzada. (I) El número de sesenta dosis tomadas en el espacio de cuatro meses podrá muy bien en muchos no procurar el alivio deseado, siendo indudable que cuarenta de estas mismas dosis empleadas en la mitad del tiempo hubieran podido terminar la curaeion. C 183 ) en ello la naturaleza del paciente, con sus disposiciones mas ó menote favorables, para que la regeneración de los humores pueda efectuarse del modo que vamos ú explicar. Durante el descanso de la purga, el enfermo con su alimento diario recupera humores que reemplazan los corrompidos que ha evacuado. Pero mientras no expela la totalidad de los malos, estos vician á los nuevos. Por esto es por lo que se deben repetir los evacuantes, suspenderlos, como se ha dicho, y repetirlos y volver á cesar cuantas veces fuese necesario para renovar enteramente la masa de humores, en que consiste la curación. Podrá tardarse en conseguir este resultado, si la totalidad de estas materias está viciada con la corrupción, sobre todo si la enfermedad es antigua, ó si proviene de un virus comunicado, siendo como es tan considerable en la organización del cuerpo humano la parte humoral, cual lo hemos explicado en el capítulo nueve tratando del volumen de los humores. No obstante el buen éxito se logrará, siempre que el enfermo continué durante mucho tiempo del modo que hemos dicho en este artículo. Para que el enfermo se cure no deberá quedar en su cuerpo nada dé los humores viciados que existian durante su enfermedad, ó á la época en que emprendió su curación. Es indispensable renovar totalmente estas mate- rias es decir substituir con humores sanos los corrompidos y evacuados. Esta renovación, que se reduce á reemplazar los segundos con los primeros, ó los viciados con los sanos, no se termina hasta que en la constitución humoral del individuo se ha extinguido todo germen corruptor. Hay enfermedades crónicas tan inveteradas, tan tenaces, tan difíciles de destruir y tan propensas á reproducirse que á veces es preciso muchos años para obtener su curación radical, y de consiguiente un gran número de dosis evacuantes. No es preciso en este caso que el régimen curativo lea continuo en lo succesivo como debe serlo en el principio ; pero si se suspendiere momentáneamente, se deberá continuar en diferentes épocas que serán indicadas por la reproducción de los dolores ó penalidades propias del mal como lo hemos ya observado. La juventud tiene grandes recursos. Si el enfermo está en la edad de crecer, ó por lo menos no es de mucha edad y si el uso de los evacuantes administrado con fruto es reglado y conforme al es- tado de la dolencia y á lo que puede exijir el esfuerzo de la regeneración de los humoies se puede concebir esperanza fundada de obtener la curación. ( 181 ) Aun entre la generalidad de lo.s enfermos que no son susceptibles de Una curación completa y radical, porque su naturaleza no permite su total purificación, hay un gran número que con el uso variado de la purga podrá prolongar su existencia, disin'nuir sus males ó retardar sus progresos (1). (1) Hagamos una comparación que aunque parecerá extraña á cii-rt-s personas, á mi me parece muy justa y muy conveniente para cierta clase de lectores que escu. chan mejor que otros la voz do la razón. Servirá para hacer concebir á los enfermos como las evacuaciones reiteradas producen la regeneración de que resulta el resta- blecimiento de los humores sanos y por una consecuencia evidente la salud. El cuerpo de todo enfermo reciente ó antiguamente atormentado por la acción de las materias corrompidas que contiene, puede compararse á una barrica en que se ha dejado un resto de liquido, y que p„r haberse corrompido ha echado á perder la madera ó á lo menos !- "m dado un mal olor. Para quitárselo y dejarla en estado de poder recibir otro liquido sin peligro de alteración el tonelero emplea los medios que su razón le sugiere : imitémosle. Hecha agua en su barrica ; la remueve y la vacia después, y el agua al salir se lleva consigo las partes mas groaras de la porquería que contenia. Lo mismo sucede al enfermo al principio d:? la curación ; evacúa las materias groseras y la superficie de los humores que eVisten en sus entrarías. El tonelero continua volviendo á echar agua-, agitándola de r.r.cvo y vaeiandola por su agujero, y á poco parece tan limpia, cuando sale, como cuando entra, pero por esta el tonel no está limpia; lo mismo es el enfermo, ha continuado la purga, no evacúa materias tan malignas, puede estar mas aliviado, pero no curado porque su cuerpo no está mas limpio que la barrica. El tonelero deja el tonel Heno de agua uno ó dos dias y síí reblandecen las partes que estaban pegadas á las duelas de la barrica. Del mismo modo el enfermo suspende- la purga algunos dias ó semanas; los nuevos humores provinientes de sus alimentos diarios, humedecen los antiguos, esta mezcla los suaviza y hace mas fáciles de evacuar. Durante esta suspensión la sangre á favor y en razón del vacio resultante de las precedentes evacuaciones, enrareciendo la fluxión que está en los vasos, la conduce al canal intestinal per los emunctorios de que hemos hablado anteriormente. El enfermo continua la purga suspendida y evacúa con l:>s antiguos los nuevoá humores qae aquellos h.n corrompido ya. Hice como el tonelero que vacia con su agua corrompida las partes infectas, que esta ha desprendido de las duelas. R-pite la misma operación y deja el agua mas tbmp» en el tonel. El enfermo deberá hacer lo mismo; deberá suspender la purga durante mas tiempo, pues que experimenta mas alivio y qué tion*' apetito, y asi alimentándolo mas, va aumentando la masa de humores que reemplazan á los antiguos, produciendo la rege- neración de que hemos hablado. Últimamente el tonelero para conseguir su intento continua el mismo método, hasta que reconoce que la barrica está limpia y que se puede envasar en ella otro liquido sin peligro de que le eche á perder. Que el enfermo haga lo mi;mo hasta tanto que esté cierto que su cuerpo no contiene mas gi'VBUH corruptor que pueda dañar los nuevos humores y cansar una recaída. Cuando ( 1c:;ma. (190) buena noche, se le administrará la medicina de cua-rcnta y ocho eu cuarenta y ocho horas. Pero hay pocas enfermedades que admitan esta curación, tan lenta. De consiguiente si la enfermedad exije mas proutas evacuaciones para el alivio del enfermo, no deberá haber sino el intervalo de treinta y seis horas entre cada dosis hasta tanto que sü situación mejore. Según lo que acabamos de decir, la persona que tubiere ocupaciones^. por ejemplo desde la mañana hasta el medio dia, deberá comer á la hora necesaria para que la digestión esté hecha á dicha hora, en que deberá tomar la dosis, y asi de cualquiera otra, que le convenga adoptar, consultando siempre á que la digestión esté terminada. Si un individuo se pone de repente malo, se le deberán administrar los evacuantes, cuanto antes sea posible, conformándose con lo dicho acerca de la digestión. No obstante, si inmediatamente después de la comida le sobreviniese cualquiera accidente, tal que diese que temer por su vida, no hay que reparar en digestiones : hágasele desde luego evacuar el alimento convertido en cuerpo extraño y perjudicial, administrándole inmediatamente una dosis de vomitivo purgante, que dispondrá las segunda» vias á la pur^a, que se deberá administrar para restablecer su salud conforme al artículo que le convenga de los cuatro que componen el régimen curativo. ¥TSO DE LOS EVACUANTES EN SLS DIFERENTES GRADOS DE ACTIVIDAD. Los evacuantes en general tanto los eméticos como los purgantes, sean de la clase que fueren, aunque todos participan de la misma naturaleza, no pueden tener intrínsecamente el mismo grado de actividad, por la diferencia de edades y sensibilidad interior de los "enfermos ; de consiguiente la variedad ó la diferencia de las dosis no bastaría, y por esta razón he creído nece- sario dar al purgante diferentes grados de actividad, y para conocerlos he puesto en los rótulos de las botellas rayitas ó líneas horizontales cuyo número indica el grado, y semejantes á las que preceden al párrafo en que mas abajo hablo de cada uno de ellos. El vomitivo purgante se puede reducir á uno solo y único grado de acción, porque mezclando la dosis de este evacuante con el té, como diremos mas adelante, viene á hacérsele tan ligero como se quiere. Siendo el primer grado de los pur¿autes el mas benigno, conviene á ( Í91 ) los niños desde seis á siete años ó de menor edad hasta la de un año (1). Conviene también á las personas cuyo sistema nervioso es muy sensible, á las de mucha edad ó debilitadas por la larga duración de sus enfermedades, cuya cura es dudosa, ó cuando no se piensa sino en aliviar un tanto el paciente, y generalmente es aplicable á toda persona de excesiva movilidad. Siendo el segundo grado mas activo que el primero, es bueno para casi todos los enfermos de uno y otro sexo y aun para los niños de sietí años. Por este grado se deberá empezar siempre la curación de los adultos y de todas las personas mayores, sin perjuicio de emplear en lo sucesivo el tercer grado como se va á explicar. El segundo deberá reemplazar al primero en todos los casos en que éste administrado gradualmente hasta euatro cucharadas no produzca el número de evacuaciones que se dirá mas adelante, bien entendido que no hay inconveniente en que se aumente el número de cucharadas, si lo exije la necesidad. El tercer grado no se deberá administrar sino á los enfermos muy dificiles de mover ó á los que no experimenten muchas evacuaciones con el segundo grado, á pesar que sh dosis haya sido aumentada succesivamente hasta cuatro cucharadas, ó mas; reservándose el prescribirles este tercer grado aun mas allá del número de cuatro cucharadas, si esta dosis fuere insuficiente para producir las evacuaciones exijidas. En el caso en que el tercer grado reiterado muchas veces con el mismo suceso se muestre poco activo llevado á la dosis de cuatro cucharadas, el cuarto grado se hace indispensable en la misma dosis, sin perjuicio de aumentarla en caso necesario. Se podrán mezclar estos cuatro grados' para formar otros intermedios. Por ejemplo sin aumentar las dosis del primero, segundo y tercer grado á mas de cuatro cucharadas se podrá aumentar su actividad, mezclando las del primer grado con las del segundo, las de este con las del tercero y este con el cuarto por partes iguales. También se podrá echar en esta mezcla mas de un grado que de otro psra dar mas ó menos fuerza, de 6uerte que si se hecha una cucharada del segundy grr.da ea el primero. (1) Para esta última edad ó menor se aligerará con el jarabe de sen, por partes iguales, ó algo menos de jarabe, si es poco el efecto producido, tirando á raducir fa'dpsis si se pu»de á tina cucharada, ( 193 ) el primero e* el que será mas fuerte, si por el contrario en la dosis del segundo se echase una cucharada del primero, el segundo es el que será mas suave, y lo mismo sucederá cqh el tercero y cuarto que son superiores en fuerza y actividad- Pero es de rigor y los órganos estimulados por la acción del purgante exijen que las dosis se reduzcan, cuanto sea posible, á cuatro cucharadas (1) jle modo que el grado superior no se deberá tomar, en esta dosis, sino cuando el inferior se deba tomar á la de cinco. Estos mismos órganos no permiten que se use de un grado activo en lugar de otro inferior sitio cuando la necesidad lo exija, como se ha dicho, aunque la dosis del mas activo se tome en menos cantidad que la del mas fuerte, porque se requiere sobre todo al fin de la curación que las dosis sean de un volumen y cantidad conveniente para que puedan extenderse por todas las cavidades del cuerpo. RECETAS y COMPOSICIÓN DE LOS EVACUANTES, VOMITIVO PURGANTE. Recipe. Vino blanco de buena calidad cuatro libras. Sen de la palta seis onzas. Póngase en infusión fria, durante tres dias, teniendo cuidado de menearlo de cuando en cuando, colándolo y exprimiéndolo de manera que cuanta sea posible, quede la cantidad de vino empleada. A cada libra de vino a->i preparada agregúese : Tartrito antimonial de potasa una dracma - cuélese, TURGANTES, Primer grado, líaí-ipé. Onza y medía de escamonea de Alepo, Seis dracmas de raiz de turbit Jalapa, seis onzas. (1) Excepto para ¡os niños á los cuales se les deberá administrar, en lo posible, en d»s eccharadas para que Iva sea mas fácil tomarla, pero á vece» no se puede. ( 193 ) Todo en polvo. Aguardiente de veinte grados, doce libras. Mézclese y póngase en infusión en el baño de Maria durante doce horas á una temperatura de veinte grados, pásese por el tamiz y añádase el jarabe preparado como sigue. Sí n de la palta seis onzas. Agua hirviendo veinte y cimtro onzas. Póngase en infusión durante cinco horas, cuélese exprimiéndolo bien y añádanse después : tres libras de azúcar moreno, haciendo según arte un jarabe tal que cocido y añadido á ía tintura no la enturbie. Segundo grado. Recipe. Escamonea de Alepo dos onzas. 11.iz de turbit una onza. Jalapa ocho onzas. Todo en polvo. Aguardiente de veinte grados doce libras. llagase lo mismo que se ha dicho para el primer grado añadiendo á esta tintura el siguiente jarabe. Sen de la palta ocho onzas : agua hirviendo dos libras. Póngase en infusión como se ha dicho y añádanse dos libras y media' de azúcar moreno, haciendo el jarabe como va indicado. Tercer grado. Recipe. Escamonea de Alepo tres onzas ; raiz de turbit onza v media. Jalapa doce onzas. Todo en polvo. Aguardiente de veinte y un grados doce libras. Lo mismo que se'ha dicho para la infusión, y añádase el siguiente jarabe. Sen de la palta doce onzas; agua hirviendo libra y media, póngase ca iufubion como se ha dicho y añádase dos libras de azúcar moreno. bu ( 194 ) Hágase un jarabe como los precedentes. Cuarto grado. Recipe. Cuatro onzas de escamonea de Alepo. Raiz de turbit dos onzas. Jalapa una libra. Todo en polvo. Aguardiente de veinte y dos grados doce libras. Póngase en infusión como se ha dicho, cuélese; y añádase el jarabe siguiente. Sen de la palta una libra, agua hirviendo dos libras. Póngase en infusión, cuélese, y añádase : Azúcar morena libra y media, haciendo el jarabe con el cuidado que se ha encargado. DOSIS DE LOS EVACUANTES (1). Los evacuantes en general, como capaces de producir un efecto osten- sible exigen la circunspección debida á los órganos sobre que obran. Los que provocan el vomito piden mas cuidado que los que no operan sino por las vias inferiores. Cuando se empiéze la curación de un enfermo, las dosis se deberán determinar según su sensibilidad presunta como se dirá mas adelante, bien entendido que tan imposible es conocer la sensibilidad respectiva de cada uno con respecto á la acción de los catárticos en general antes de haberla experimentado, como adivinar entre muchos hombres cual podrá beber mas vino sin embriagarse. La incertidumbre es igual en los dos casos. Es me- (1) La cuchara de comer la sopa es la que deberá servir de medida para fijar las dosis, sea que se compongan de una cucharada ó de muchas, en cuyo casóse reunirán todas en una taza bien enjuta, agitando antes fuertemente la botella, sobre todo la que contiene el purgante paja que todas las partes que le componen, se mezclen. Estos medicamentos son inalterables, solo deberá resguardarse de la helada el vomitivo purgante, que si su enturbia, s? podrá filtrar por medio de cualquier paño ó lienzo, ( 195 ) nester estudiar á tientas la sensibilidad de los enfermos, que aun no haa usado de estos evacuantes, hasta que la experiencia fije el volumen que les puede convenir. El que está familiarizado con el uso de este método, tiene una ventaja sobre el que no lo está. El primero teme poco las enfer- medades agudas, porque conociendo las dosis que le convienen, no puede equivocarse tomando menos de lo que su situación puede exijir. DOSIS DEL VOMITIVO PURGANTE (1). Para las personas mayores de uno y otro sexo regularmente constituidas, y sin vicio de conformación la dosis será de una cucharada. A las personas endebles, delicadas, ó que llaman nerviosas, á las que están mal conformadas ó enfermas de mucho tiempo, á las que sienten mu- cho el vomito, ó le temen, se les administrará la cucharada como á los adcíecentes, ó como á los niños. A los adolecentes de uno y otro sexo no Valetudinarios ni débiles se les dará una pequeña cucharada, mas pequeña cuanto mas débiles. A los niños de seis ó-siete años media cucharada, mas ligera para los que aun no tengan esta edad. A los niños de dos ó un año una cuarta parte de una cucharada mas ó menos ligera. A los niños de menos de un año, se les disminuirá esta última dosis, reduciéndola á algunas gotas para el que acaba de nacer. Se debilita la acción vómica ó nauseativa, y se la determina ciertamente 4 obrar por las vias inferiores mas que por el vómito, mezclando la dosis que ha de administrarse con té hecho con agua, ligero, caliente ó frió, con azúcar si se quiere, en cantidad ele dos cucharadas para las personas ma- yores y de una para los niños. Sucede con frecuencia que en lo sucesivo se viene á conocer la necesidad de usar del vomitivo purgante puro y sin mezcla, sobre todo en las personas mayores y en las que padecen afectos que necesitan un sacudimiento vómico para atacar el sitio ó residencia de\ dolor. Esta especie de amalgama es por lo común un aumento de precau- (1) Su deberá decidir autos si se tomará puro ó mezclado con el té de que so kablará' ( 196 ) Clon que puede Ser inútil, pero la prudencia la exije en las personas débiles y delicadas, en las que temen vomitar, y en los niños. Para los mas chi- quitos una ligera cucharada de jarabe de azúcar ó ele té bien azucarado son excelentes para esta mezcla. Si en el término de siete cuartos de hora la dosis administrada no obrare ni por arriba ni por abajo, es seguro que es muy débil y se deberá repcrir otra en los mismos términos. Hay individuos que son mas difíciles de mover de lo que se creía, y á veces para obtener los efectos de este evacuante hay precisiou de repetir hasla cuatro ó cinco tlósis^ según la mayor ó menor actividad de aquellas porque se ha empezadc, observando el intervalo de hora y media entre cada una. Esta observación fija la regla que han de seguir todos aquellos que en ej transcurso de la curación, ó en el principio no obtengan la evacuación' de la dosis ó las dosis que hayan tomado. Es decir que deberán aumen- tarlas. El que tomando por primera vez el vomitivo purgante, se haya visto obligado á repetir segunda toma al cabo de siete cuartos de hora, cuando en lo sucesivo hubiere de hacer nuevamente uso de él, deberá tomar en una sola vez, porción equivalente á las dos que fueron necesarias, y el que haya tomado tres ó mas sin que le hayan producido efecto, deberá tomar en una sola vez un poco menos de aquella cantidad, una que antes tomó en veces repetidas. La acción de una dosis tiene por regla el número de evacuaciones que deberá producir. Este número deberá ser en las personas mayores de siete á ocho evacuaciones, sea por vómito, sea por las vias inferiores, y contando unas y otras. Pero la dosis que produjere hasta doce por estas últimas vias no se deberá disminuir porque es ventajoso evacuar por ellas como se dirá en el artículo del purgante. Los mas favorecidos son aquellos que con una misma dosis vomitan tres ó cuatro veces bien y evacúan seis ú ocho por abajo. Entiéndase esto mismo con los adolecentes y niños en proporción de su temperamento y edad; aunque las evacuaciones no sean tan numerosas, deberán siempre ser bastante copiosas para que produzcan un vacio re- gular. No hay que admirarse si el vomitivo purgante no obra del mismo modo en el mismo individuo todas las veces que le tome] habrá dias en que obra ( 197 ) por arriba y por abajo, otros solo por arriba ó solo por «bajo. Estos.efectos proceden de la situación de las materias ó de la disposición del cuerpo, para expeler mas bien por una via que por otra. No obra tampoco de mismo modo en todos los individuos. Hay personas qne vomitan mucho y con facilidad, hay otns á quienes nada les hace vomitar. Esta poderosa razón es la que prueba que el emético, propiamente tal debe ser desterrado de la práctica, pues no puede menos de ser perjudi- cial y excitar el vomito en un individuo, cuyo estómago se resiste abso- lutamente á esta especie de evacuación. Por esta misma consideración la parte vómica deberá ser contrabalanceada y aun dominada por la parte pur- gativa, como se ha dicho. Con esta composición y por consecuencia de esta mezcla las personas qire no pueden vomitar lograr"! por las vias infe- riores evacuaciones abundantes, numerosas y proporcionadas al volumen de las dosis, sin que este evacuante deje de obrar en las primeras vias, aunque no con tanta prontitud como si produjese el vómito. Los que á la primera toma observasen, que han vomitado tan pronto, que el remedio no ha tenido tiempo de per.cír;>r hasta las vias inferiores' no por eso deberán tomar }a siguiente mas fuerte, como lo podrán hacer los que solamente evacúan por las vias inferiores; se expondrian verosí- milmente á experimentar una gran fatiga procedente de los repetidos vó- mitos. DOSIS DEL PURGANTE. L;'S personas mayores de ambos sexos empezarán el uso del purgante por la dosis de dos cucharadas llanas. Les personas débiles ó ancianas," no deberán empezar sino por una dosis mas ligera, como una cucharada ó cucharada y media. Los adolecentes empezarán por una cucharada mas ó menos ligera. Los niños de uno á dos años, y mas chicos, por la tercera parte de una cu- charada, poco mas ó menos. Los de dos á cuatro años por media cucharada. Los de cuatro á seis años por dos terceras partes de una cucharada. No hay enfermo entre las personas mayores- y que están en la flor de la edad que deje de experimentar con cada dosis- á lómenos doce evacúa- ( 198 ) «iones,- es decir que no evacué doce veces, durante el efecto de esta misma dosis. Hay otras que experimentan diez y ocho y hasta veinte, y por conse- cuencia se alivian mas pronto. No menor efecto deberá proporcional mente producir la medicina en los ancianos, ó valetudinarios y cacoquimicos, cuya* evacuaciones, por lo común no pueden pasar de ocho á nueve. Eu los niños de una tierna edad estas evacuaciones deberán ser de cuatro á cinco, y en los de dos á seis años de seis á ocho. Sin embargo se deberá advertir que si el enfermo, sea de la edad que fuere, evacúa tantas veces como las per- sonas mayores y robustas, no se deberá extrañar ni disminuir la d.ósis si le resulta alivio, si no, se deberá disminuir. No será inutíl advertir, que siendo el objeto de este método provocar la evacuación de los humores viciados, no tanto deberá calcularse por el número de cursos, como por la abundancia de las materias expelidas. Esta observación se extiende á todos los casos y á todos los enfermos de cual- quiera sexo y edad. Una azumbre de humores ó de corrupción evacuados valen ciertamente mas que doce á quince evacuaciones insignificantes por su escasó volumen. OBSERVACIONES COMUNES A LOS DOS EVACUANTES. La acción del purgante y aun del vomitivo purgante es á ve;es tardía, mas casi siempre en el curso de la curación que en el principio, y mas en unas personas que en otras. En unos, los evacuantes producen efecto al cabo de una hora, y aun en menos, en otros no empiezan á obrar hasta pasadas tres, cuatro y aun cinco horas. Hay algunos en quienes son tardías las evacuaciones por abajo aun después de haber repetido muchas veces la dosis correspondiente del vomitivo purgante. En unos el remedio produce todo su efecto con rapidez en seis ú ocho horas, en otros obra lentamente y necesita quince y aun mas. Esta diferencia en la acción de los evacuantes proviene de la diferencia respectiva de la sensibilidad de los enfermos, ó de la diferente índole de los humores que contienen. Hay también otras anomalías y varieelades. Algunos adquieren sensibilidad, otros pierden la que tenian, pero á todos se aplica el mismo plan de curación que no se podrá variar ni suspender, sino del modo, que vá dicho tn los cuatro artí- culos del régimen curativo. ( 199 ) Todo enfermo, que se esté curando, si por otra parte su enfermedad se lo permite, podrá ocupar su tiempo en hacer algo, mientras el remedio está obrando, pero bajo la rigorosa condición de que su trabajo no sea de nínguri modo penoso, ni física, ni moralmente, y que no se ocupará sino por gusto ó distracción. Ni habrá necesidad de hacer cama, sino hubiese otro motivo para ello, ni de cerrarse en casa, ni aun por mal tiempo: nada hay que temer de la atmosfera ni de intemperie de la estación. Nada de excesos, pero una prudente libertad, un ejercicio moderado conviene á todos, es indispensable en muchos y por lo común facilita los efectos de los medicamentos. Nadie debe contentarse con menos evacuaciones que las que hemos dicho, y el que asi no lo haga, se verá precisado á repetir las dosis, prolongará su curación y sus incomodidades, retardará su restablecimiento y en-muchos casos no se evitarán graves accidentes, pudiendo tal vez aumentar su mal, por- que el remedio entonces pone sus humores en movimiento sin expelerlos. Del mismo modo no se deberá continuar con las dosis, cuando es excesiva su actividad. Asi pues, las personas mayores que no hayau obtenido de la dosis que han tomado el número indicado de evacuaciones; y los que; hayan experimentado mayor número y por consecuencia excesiva incomodidad de- berán aumentar ó disminuir ségun la necesidad la dosis siguiente; á saber: dei purgante una cucharada ó á lo menos media, aumentando ó disminuyendo de este modo las dosis siguientes hasta lograr el número de evacuaciones que he- mos dicho (1). En los niños se aumentarán ó disminuirán las dosis siguientes, como la necesidad lo exija, sea por terceras partes ó por mitad de su pri- mitiva cantidad, según lo dictare la prudencia y los efectos que las anteriores hayan producido. En el transcurso de cualquiera enfermedad y particularmente de ks crónicas, ya en el principio ya en el curso de ella podrá suceder que los evacuantes cesen de obrar; esto proviene de que la plenitud del canal intes- tinal no puede ser siempre la misma. No obstante no por eso deberá dejarse de aumentar la dosis, hasta obtener por abajo poco mas ó menos el nú- mero de evacuaciones que queda dicho. No haciéndolo así la circulación no se verá desembarazada de los humores que la retardan ó estorban, pon (1) Sin perjuicio de emplear succesivamente los grados superiores tales corcovan indicados. ( 200 ) fue los purgantes, por falta de bastante acción, ó de dosis suficiente, no podrán filtrarse en los vasos, ni al travez del tejido de la parte carnosa, y los enfermos no se curan sino destruyendo la causa de las enfermedades. Claro es que durante la suspensión de las evacuaciones prevenida en el régimen curativo el canal intestinal adquiere una nueva plenitud. Por esta razón cuando se emprenda una nueva serie de purgas, la primera dosis deberá ser menor que la última tomada en la anterior, y aun algunas veces es in- dispensable usar del purgante en un grado menos activo del que antes se tomaba. Esta precaución es indispensable, cuando se vé que Se restablece la sensibilidad interna destruida la malignidad de los humores, como se ha dicho en el capítulo nueve, sin perjuicio no obstante de dar á las dosis Siguientes la actividad necesaria para conseguir el número de evacuaciones indicado y que es menester tratar de obtener á costa de cualquiera es- fuerzo. Ninguna dosis, sea del vomitivo purgante; sea del purgante podrá considerarse como demasiado fuerte, sea cual fuere la porción que se admi- nistre, cuando no produzca mas número de evacuaciones que las que se han fijado. Si el enfermo experimentase, mientras la purga obra sus efectos ó cuando su acción ha terminado, cualquiera novedad, sea dolores mas inten- sos ó frecuentes, sea una desazón hasta entonces no sentida y aun cualquier accidente grave, que se persuada bien de que la mala índole de sus humores puestos *n movimiento es la única causa de ello, y que el medicamento que ha obrado tantas curas no puede dañar ui una sola vez á aadie. Estos casos obligan itiucuas veces á continuar la curación según el artículo tercero hasta tanto que el enfermo se alivie. Se debe advertir que acaso nunca se ha repetido esto segunda vez en el mismo enfermo, cuando continúa su curación. En este punto la ignorancia en que están infinitas personas pro- duce males incalculables. Traten pues de instruirse, y no de hollar ha verdad, pereciendo víctimas de sofisticas aserciones ó de inconsideradas preo- cupaciones. Suponiendo que las dosis hayan sido demasiado activas, porque el grado haya sido demasiado fuerte ó la porción excesiva, la causa de la enferme- dad no se tleberá por esto dejar de evacuar. Disminuyanse pues en buena hora las siguientes dosis, si fuese necesario, como se ha dicho, pero con- tinuando siempre el régimen de curación proscripto, sopeña de exponer^ i 201 ) á graves y malas consecuencias. Si por el contrario la dosis no tiene la actividad conveniente para expeler la plenitud humoral que existe en el momento que se experimenta el accidente, el enfermo estará mas incomo- dado que si esta dosis hubiera sido demasiado fuerte. Observado esto en lo sucesivo se deberá administrar otra que sea mas activa ó en mayor cantidad. COLOR DE LOS HUMORES DURANTE LA FURGA. Todo efecto tiene una causa : permítaseme repetirlo una y muchas veces fon el fin de llamar la ateiteion á una verdad útil no bien apreciada en medicina al menos en su aplicación á las enfermedades. Asi como los hu- mores corrompiéndose adquieren por su índole maligna que se ha explicado en el capitulo primero, el calor ardiente ó corrosivo, y el olor fétido que se les advierte en todos los periodos de la enfermedad, del mismo modo y *egu;i que se van ídulteraudo toman un color particular sigua el diferente grado de su degeneración. La bilis es la parte colorante de los humores y ella misma es también un humor. Su color natural, en estado de salud, es un amarillo claro. Considero aqui los humores en masa : á su evacuación se observan los colores siguientes : En el primer grado de corrupción tiene "un amarillo obscuro que tira á el verde; En el segundo grado son de un verde obscuro ; En el tercer grado tienen un color verdi-negro; En el cuarto grado aun son mas obscuros ; Y en el quinto grado son enteramente negros. En mis primeras ediciones he omitido hablar de la bilis azul. Este eolor se observa rara vez, pero puede, como los demás, mirarse como u . efecto de la corrupción. Muchos de mis enfermos la han visto salir de sus cuerpos y yo mismo la he arrojado. Se parece mucho á la infusión de añil que las lavanderas hacen para azular la ropa. Los enfermos que la han vomitado ha sido en ataques violentos, y yo sé por experiencia cuanto padecí (n la enfermedad en que me sucedió, lo que prueba que ella es da natu- raleza muy maiigna. Hasta entonces dudé de la existencia de este color qus puede pertenecer al tercero ó cuarto grado de corrupción. ( 202 ) Aunque los dos plimeros colores no son señales de peligro, no se puede decir otro tanto de los otros. Los últimos son muy temibles, pues son el color de la putrefacción. Por lo común, estos colores salen mezclados del cuerpo del enfermo que los evacúa. Cuando las materias fecales presentan en su color estos últimos grados, cuando exhalan una fetidez" irresistible (1) {i) En el capítulo primero r)r.;mati demostrar lo que he dicho con respecto á bis exhalaciones que emanan de los cuerpos de los enfermos, i Cuantos de los asistentes de muchos de los míos se han visto forzados á abrir con precipitación puertas y ventanas temiendo ser sofocados por la fetidez de las emanaciones de las materias evacuadas? Cuanto trabajo no ha costado desinficionar el cuarto de estos enfermos? Algunos de ellos al leer esta n¡tía verán que no exagero. Cuan/lo yo crcia conocer toda la fuerza y todos los grados de la putrefacción, vi en uno de mis enfermos lo que no podía imaginarme, y que me parece en esta línea de lo mas asombroso. Evacuó materias tan corrompidas que comunicaron su corupcion á las viandas de un fondista vecino suyo. Aun hicieron mas. Corrompieron el agua de su tinaja y sin haberse apercibido de ello, pusieron la olla: pues el caldo resultó negro y no se vio en su superficie como sucede comunmente ni una sola pinta de grasa? ¿ Caá! fué la causa? como esto enfermo pudo sobrevivir? A la verdad su constitución daba pocas esperanzas de curación, y cualquiera otro de menos resolución no se habría determinado á someterse á mi método. Lo que no es menos extraño que la corrupción del agua de su tinaja, rs rué se haya curado, conteniendo su cuerpo semejante putrefacción. Aviso á los sabios disertadores, y á todos aquollos que ignoran ó no quieren Conocer que la única causa de las enfermedades no es otra sino los humores mas ó menos corrompidos que necesita evacuar, el que quiera curarse ó conservar su existencia amenazada. i Se creerá que un hombre que tiene el título de- médico, ha dicho en una casa á .a que fue llamado en calidad de tal, que yo por una astucia, y por medio de partes colorantes, hacia que los enfermos que se le citaban evacuasen las materias fecales del color que asombraba á tantas gentes? ¿ Se creerá que aun añadió, hablando de los oloi-.-s fétidos que mis evacuantes eran la causa, pero que corrompíanlos alimentos? Pues todas estas necedades dijo el buen doctor delante de infinitas personns que con la boca abierta lo escucharon creyéndole bajo su palabra. No obstante entre los circunstantes hubo uno que si bien tuvo la paciencia de escucharle hasta el fin, no dejó de decirle cuando acabó: ,,Señor doctor, yo he tomado el remedio de la medicina curativa después de haber agotado todos los recursos del nrte que profesan muchos hombres que como V. tienen el don de la palabra. Evacué en el principio de la curación materias de todos los colores y mas ó menos fétidas. Mi situación me impedía tomar alimento alguno de modo que los evacuantes de que V. htbla no podían corromperlos. Después de baber arrojado la parte mas corrompida de mis humores, los evacué del color amarillo de la bilis y de un olor natural. Suspendí las evacuaciones para nutrirme, pirque Labia recobrado el apetito. Para terminar mi curación, me vulví á purgar cou los ( 203 ) J aun mas cuando los síntomas de la enfermedad son graves, no hay que suspender el uso de los evacuantes, porque está indicada la necesidad de pro.nover y activar las evacuaciones siguiendo rigorosamente el artículo ter- cero del régimen curativo. En todo caso y cualquiera que sea el artículo aplicado, la prudencia aconseja no suspender las evacuaciones, mientras que las materias no se acercan bastante á su estado natural para no exponerse a reeaidas, ó recargos. Este es el termómetro que se debe consultar, y es infalible, pues por las materias que se arrojan se ha de juzgar de las que restan á expeler, y puede decirse usando de una comparación bien exacta, que las primeras son como la muestra del paño. USO DE LOS LÍQUIDOS CON EL VOMITIVO PUIIGA.NTE. No hay necesidad de beber al instante que se ha empezado á vomitar, pero suponiendo que el vomitivo produzca esfuerzos penosos y que el en- fermo esté muy fatigado, entonces deberá beber cada cuarto de hora ó mas á menudo una taza de té hecho con agua, ligero, ó ep defecto de este agua pura, uno y otro tibios y azucarados si se quiere. El té se debe preferir, porque es un precipitante que ayuda á las evacuaciones de las vias inferiores, y descargadas estas, se alivian las primeras, como lo hemos dicho antericrmeutejg Si alguno tomase por error ó equivocación, una dosis de vomitivo pur- gante excesivamente fuerte y que cause calambres ó vómitos abundantes, se detendrán sus efectos por medio de caldos muy cargados de grasa ó gordo, ó en defecto de estos con algunas cucharadas de manteca de vaca liquidada, tomadas á cortos intervalos hasta corregir el exceso de irrita- ción (1). mismos evacuantes y nunca expelí en lo succesivo nuiunus cjiuo ia^s primeras. Luego estas causaban mi enfermedad puesto que desde que purgué de ellas mi cuerpo, gozó de buena salud. Le hago á V. esta declaración para que no me cuente V. en el número do los engañados, y para que sepa el juicio que he formado de sus discursos. Si este médico hablaba de buena fé carecía de la experiencia necesaria. Juzguenlo los lectores. (1) Convendrá decir aquí para que todos lo sepan que ningún emético y nin- guna preparación del antimonio son ni pueden ser veneno por su naturaleza, porque no tienen ningún carácter de causticidad. No pueden dañar sino por el esceso en la dosis acción que es coman a muchas substancias particularmente ras espirituosas en general. ( 2Ó4 ) Se ven á veces enfermos cuyos humores tienen una naturaleza seme- jante á la de los eméticos, como antes se ha dicho. En este caso aunque parezca estrano el vomitivo purgante no ocasiona los vómitos que pueden sobrevenir después que se hayan terminado sus efectos, y es menester fácil litar la evacuación de estas materias con la continuación del método cu- rativo. No siendo el té necesario sino para disminuir la acción vómica, como se ha dicho, no se deberá tomar cuando la dosis obre lentamente y despacio^ pues no siendo muy activa, no se debe tratar de debilitarla. SiP hubiere sed durante los vómitos, se tomará de este mismo té de cuando en cuando, y otro tanto se podrá hacer para enjuagarse la boca y quitarse el mal gusto. Si luego que el vomitivo purgante cesa de obrar por las primeras vias¿ y durante las evacuaciones por abajo hubiese sed, se podrá beber para hume- decerse siempre tibio como con el purgante. USO DE LOS LÍQUIDOS CON EL F-URGAXTE. El purgante no tan solo no necesita de líquido alguno que le ayude, sino que no se debe usar de ninguno antes que haya producido muchas evacuaciones, sopeña de exponerse al vómito por sobre cargar así el estó- mago, y aun en este caso basta con menos de un cuartillo, que se deberá tornar en muchas veces y solo para humedecer cuando el enfermo experi- mente sed, alteración ó sequedad en la boca. El líquido administrado podrá ser ó té muy ligero, ó caldo de yerbas, ó suero, agua con azúcar, agua panada, ó tinturada con un poco de vino, ú otros líquidos de que ej enfermo tenga costumbre, con tal que todo sea tibio. Por lo común, cuando la dosis purgante ha dejado de obrar, es cuando Jos enfermos tienen sed, y cuando deben tenerla, y entonces pueden beber á discreción, observando lo que vamos á decir en el párrafo siguiente (l). (1) Toda purga que deje mucha sed después de sus efectos, indica con esto la necesidad de tomar por lo menos otra al dia siguiente, supuesto que esta excesiva alteración proviene del calor ardiente de los humores cansa de la enfermedad, como la hemos manifestado en el discurso de esta obra. ( 205 ) REGT.Y1EN EN CUANTO AL ALIMENTO Y BIMlU. El régimen que según mi método deberá seguir el enfermo puesto en fcúra es muy simple, y su sencillez perfectamente combinada y conforme con la naturaleza, por mas que digan los ardientes partidarios de la dicta. Si el enfermo que se purga, tomase alimentos antes que su estomago estubiese dispuesto á recibirlos, podría vomitarlos, no pudielido aún sopor- tarlos sus visceras, mas luego que la toma, Sea del vomitivo purgante, sea del purgante, ha producido como las dos terceras partes de evacuaciones que debe producir, según el número que hemos indicado, cuando ha obrado con prontitud, si pasadas cinco ó seis horas no se experimentan eructos a ella, y aun mas que todo si el enfermo siente que el estómago pide ali- mento, podrá tomar un caldo del puchero. Si lo exijiese su estado, en lugar de caldo podrá tomar una sopa de lo que mas le agradare, mas pudiendo esperar, sería mejor que tomase primero el caldo y dejase después pasar algún tiempo entre este y la sopa. Como una hora después del caldo y la sopa, y aun en seguida de esta, si el enfermo se siente bien dispuesto, podrá tomar el alimento qne quiera, pero de aquellos que comunmente usa. Si tubiere apetito, podrá satisfacerle, usando de todo con discreción y pruden- cia y haciendo mas bien muchas comidas que no comiendo mucho de una sola vez; pero es indispensable que el alimento sea sano. Son preferible» entre estos, los de buena nutrición á los que tienen pocas partes nutritivas, como las legumbres, frutas, ensaladas, y las comidas de vigilia en general. No obstante no impedimos al enfermo su uso, si los apetece de preferencia, ó no tiene otros. Los alimentos agrios, demasiado salados ó picantes, los que son ardientes, irritantes é indigestos le están prohibidos. En suma este método no pide sino el puchero, pero le exije de necesidad. El uso moderado del buen vino no puede hacer daño, á menos que un humor acido en el estómago excitado por su parte espirituosa no incomode al enfermo; por lo demás, el vino se recomienda para todos ellos. Sin embargo no se debe olvidar el efecto que produce el vino sobre el sistema general. Se sabe, y es evidente que . los vinos y licores obran sobre los fluidos y los dan fuerza, arrecian la fibra y dan tono. Está pues en el orden y es prudente usar de ellos con moderación mientras que los fluidos son de mala calidad, sin perjuicio de usar da ellos con menos re- ( 206 ) serva luego que hayan perdido el vicio que tenian. Todo hombre de jircie concebirá fácilmente que los fluidos corrompidos, causa de los dolores, deben aumentarlos, cuando hay algún agente que los estimula. Hablando en ge- neral, los licores fuertes, todos los estimulantes, como el café, y demás, no conviene á las personas de salud delicada, ni á los Üacos ó á los que no gozan de bastante robustez, y aun convienen menos á los que padecen per- vigilios ú otra incomodidad sea cual fuere. Cuando hay una causa interna capaz de producir una sed ardiente, esta se experimenta por lo común á la hora de comer, como al fin de la purga ó cuando esta cesa de producir sus efectos y esta sed es tan fuerte como es ardiente la causa indicada que la produce, mas después de comer el enfermo no tendrá precisión de entibiar lo que beba, si bien podrán hacerlo á aquellos á quien este les diga bien. Podrá beber agua y vino, ó en de- fecto de esto lo que acostumbre á beber; también podrá usar del agua panada mezclada, sea convino ú otra bebida; en fin podrá usar prudentemente de cual- quiera líquido capaz de apagar la sed. Después de haberse alimentado el enfermo que se halle en estado de ocuparse de sus asuntos, podrá hacerlo, podrá salir de su casa, tomando'las precauciones necesarias contra los dos extremos de la temperatura. Deberá ser en todo prudente y circunspecto. Después de la comida podrá á veces hacer una evacuación consecuencia todavía de la dosis tomada. Si no le gustan los alimentos sólidos ó está inapetente, como sucede en todas las enfermedades graves sobre todo al principio de la curación, luego que la purga haya producido un número de evacuaciones tal que el estómago dé á conocer que aquella se ha filtrado ya en las vias inferiores, el enfermo deberá tomar para sostenerse un caldo del puchero bien sustancioso sin miedo de que le perjudique aunque tome bastante, pues ademas de forta- lecer dulcifica la acrimonia de los humores que aun no se han evacuado. En el caso de que vuelva los alimentos sólidos ó líquidos acaso por haberlos tomado demasiado pronto, deberá reiterarlos alguu tiempo después con la esperanza de que no tendrán la misma suerte. Si el enfermo tu- biese una sed ardiente, lo que es muy común, un caldito ligero ó el agua panada de que hemos hablado, es preferible á todas esas tisanas debilitanitcs demasiado usadas en todas las enfermedades. ( 207 ) kiGIMKN DE ALIMENTOS APLICADO AL ARTICULO CUARTO. El enfermo en quien ?a medicina produce prontamente sus efectos en el espacio de seis á ocho horas por ejemplo, y que por consecuencia puede hacer dos buenas comidas al dia, está por lo común mas en estado de reiterar las dosis muchos dias siu interrupción. No gozan de esta ven- taja aquellos en quienes obra lentamente. ílay algunos que necesitan doble tiempo; es muy poco el que les queda para alimentarse, y por consiguiente no pueden tomar otra dosis al dia inmediato. Los primeros se curan mas pronto por ser en ellos mas acelerada la marcha de la curación. Los segundos van con mas lentitud, precisados á tomar las dosis mas de tarde en tarde, sin que por eso tengan menos necesidad de alimentarse que los que son de mas mobilidad, mas fáciles en evacuar. Sin embargo, no se deberá con- fundir la frtlta de apetito que proviene del movimiento de los humores y del hastío que estas materias corrompidas ocasionan, con la inapetencia que puede resultar de la larga duración de la enfermedad. En el primer caso ehapetito se recobrará expeliendo prontamente la causa que le ha destruido, pero en el segundo no se recobrará sino con el tiempo necesario para el restablecimiento de la salud. RÉGIMEN DE ALIMENTOS APLICADO AL ARTICULO TERCERO. Cuando un enfermo se vea obligado á repetir las dosis evacuantes, como se ha dicho en el artículo tercero del método curativo, deberá apro- vechar cuanto pueda todos los momentos para alimentarse, pero sin derogar en nada ni alterar el orden prescripío en el uso de los evacuantes. Mientras mas ligera es la comida, menos tiempo se necesita para la digestión y mejor podrán repetirse las dosis evacuantes. Cuando un enfermo no ha tomado mas que un caldo ligero dos horas bastan para poder repetir las tlósis. Si no ha comido sino una sopa también ligera bastarán tres horas para tomar la dosis. Si la comida hubiere sido mas abundante, deberá conducirse como se ha dicha eu la página 188 y 189. REGLAS GENERALES PARA EL CUIDADO Y ASISTENCIA DE LOS ENFERMOS. En cuanto á la limpieza es necesario tener con ello3 el mayor esmero. C 208 ) Es preciso guardarles el sueño cuando es natural y evitar cuanto pueda inter- rumpírsele, asi recobran el que la enfermeded ó lo ejecutivo de la curación les haya hecho perder. Es menester sustraerles á las fuertes impresiones morales, animarles, consolarles, y procurarles la posible distracción, con útiles diversiones, pero sin fatigarlos. El aire de su habitación se reno- vará á menudo, tomando todas las precauciones convenientes para no cau- sarles con esto la menor incomodidad. Se les mudará de ropa, tomando para ello todas las precauciones acostumbradas. No se tb jará en su cuarto el vaso de sus deposiciones, ni en general nada que huela mal, y pueda inficionar el aire. Esta disposición se recomienda tanto en favor de los enfermos como en favor de los que les asisten, recordando la coincidencia que tiene eon lo que hemos dicho en el capitulo segundo hablando de las causas cor* ruptoras de los humores, y por las mismas razones que allí dimos, deberán siempre estar solos en su cama. OBSERVACIÓN FINAL. Aqui concluye el resumen y aplicación práctica del método curativo, en que he puesto el mayor cuidado posible, pudiendo decir con una per- suasión íntima y equivalente á la certidumbre que comparado con el prin- cipio en que se funda la medicina curativa, y con el régimen curativo, cual queda explicado y que no es mas que una consecuencia de aquella, es t;:l que ofrece toda la facilidad que se puede desear, en términos que no habrá necesidad, sino de volverle á leer para salir de cualquiera duda que haya poelido dejar la primera lectura. Otro tanto me atreveré á decir de toda la obra. Su distribución, narra- ción sencilla, la precisión y claridad de mis disertaciones, están al alcanze de todos los lectores. Todos los dias recibo cartas en las que se me pro- ponen cuestiones y dificultades que no tienen respuestas según dicen sus auto- res, y que sin embargo se hallan resueltas en esta obra, lo que me ha forzado á repetir mas de una vez que hay muchas personas que no reflexionan que el tiem- po que emplean en escribir una cártamas ó menos insignificante, seria mejor em- plearlo en leer una obra que por los pormenores, á que desciende, puede sntis- f jeer la inteligencia mas limitada. Verdad es que luego que pareció mi sexta edición, empezó á verme algq mas descargado de este enorme peso que me abr*- (*200 ) ínaba. Iíize en ella adiciones importantes á la mayor claridad del método curativo; he añadido otras á la séptima, á la octava, á la novena, y á esta que es la décima, y en la que los enfermos hallarán cuanto yo puedo ofrecerles. El público y las gentes del arte están acostumbrados á un lenguage tan diferente del que yo uso en esta obra, que podrá acaso chocar en los unos con las preocupaciones recibidas y causar en los otros un efecto extraor- dinario. Mas no será preferible en medicina como en todo una multitud de hechos ciertos, incontestables á esas teorías abstractas que se fundan en meras conjeturas ? ¿ Será nunca tarde para llevar la luz á las tinieblas, subs- tituir la verdad al error, la instrucción á la ignorancia, y la práctica á la inexperiencia ? Los sanos consejos no están sugetos á prescripción, igual- mente que la verdad. Si algunos hombres viven de tenerla esclava todos los demás ganan en conocerla. Yo me propongo el bien general; y si para obtenerle es preciso pasar por nuevos disgustos, me esforzaré á llevarlos en paciencia, tomando por modelo á tantos otros que han padecido persecuciones por haber proclamado verdades útiles. i* ( 211 ) MAL VENÉREO. De todas las enfermedades que afligen la especie humana, las que con- viene mas destruir, son las virulentas y contagiosas. Las dennas no ata- can sino una sola persona, pero las que proceden del acto venéreo, amenazan á la especie entera. El mal venéreo procede, como las demás enfermedades de la corrup- ción de los humores. Viniendo á derramarse estas materias depravadas y viciadas en las partes sexuales y en las visceras de la generación, pueden producir el virus venéreo, asi como por tener las suyas impregnadas de aquellas padecen varias mugeres derrames y flujos de naturaleza maligna. Puede sobre todo contribuir á producirle la repetida comunicación de los dos sexos, asi como puede particularmente tener lugar entre dos en quienes la satisfacción del deseo actual, no tanto produce la hartura, como enciende un nuevo deseo. Con este motivo observaré que el calor extraño que so- advierte en los enfermos, cuyos humores no son sanos, puede dirigirse á los órganos de la generación, excitándolos á la cópula mas que lo que per- miten las fuerzas naturales del individuo, como también producir polu- ciones ó derrames seminales en sueños agitados, como sucede á muchas per- sonas enfermas sin duda. ¿ El primero que comunicó esta enfermedad donde la adquirió sino en el origen que acabamos de indicar ? Esta enfermedad se comunica de machos modos, y hasta por la res- piración. La cópula es el medio mas ordinario y seguro para contraerla con los síntomas que se manifiestan en el miembro viril, mas no dudaré decir porque tengo la experiencia de ello, que una sencilla tentativa de cópula, el acercarse inadvertidamente sin contacto sensible equivale á veces á una cópula consumada. Lo que se llama virus, es una serosidad tan sutil que penetra y se transmite por el mas leve contacto, y tiene tanta acrimonia, que produce (1) t-a descripción de est.t enfermedad no ocupa el mismo sitio de las precedentes ediciones, y la he puesto al fin para que cualquiera que quiera impedir su lectura ¿alguno, pueda arrancarla fácilmente, sin echar úpcrdar la obra, ( 212 ) los dolores mas violentos, no menos que los demás afectos que provienen del contagio venéreo, cual se presenta. Es en unos purgación, irritación, inflamación; produce en otros úlceras, excrecencias, incordios, depósitos ¿¿c. La malignidad de los síntomas característicos, es proporcional á la malignidad del virus comunicado; pero también puede aquella proceder en parte de la corrupoion ó disposición en que se hallaban los humores del individuo, cuando adquirió el vicio. Los que gozaban antes de mala salud, ó padecían cualquiera enfermedad, son los mas expuestos á malas resultas y las mas difíciles de curar: tienen necesidad urgente de un plan que no tan solo los cure del mal venéreo, sino también de la causa de sus antiguas incomodidades, y tal es precisamente este que ofrezco. Si el mal venéreo, que proviene de la cópula, no procediera de la corrupciou de los humores fluidos, corrupción que se transmite después por el virus comunicado, al virus solo deberían su origen los dolores y demás accidentes que les acompañan; quiere decir que el virus obraría entonces como cuerpo extraño, y su presencia se haría sentir una vez introducido, y aun al introducirse en las partes de la generación, en cuyo caso es ¡negable que produciría los dolores en el momento mismo en que se insinúa en las vias que lo reciben, y por donde pasan. Lejos de suceder asi es sabido que por el contrario pasan muchos dias y aun semanas entre la cópula vda manifestación del primer síntoma ó del primer dolor, prueba irresistible de que el virus tiene necesidad de tiempo para corromper los humores, y que también es necesario alguno para que la serosidad que se convierte en virus en la persona que ha adquirido el vicio y en quien aparecen sus síntomas característicos, se forme de la corrupción con la homogeneidad del vicio adquirido. Antes de hablar de los medios curativos observemos de paso los que se usan comunmente. La curación de esta enfermedad es ó paliativa ó cura- tiva, analizamos una y otra para examinar sus resultas. Se ha conocido que era paliar la enfermedad curarla con sangrías, tisanas diuréticas, baños y algunos astringentes para detener la purgación. Estos medios, cuando mas propios para disminuir la acrimonia del virus, han sido abandonados como insuficientes. Se han adoptado después los sudoríficos con la esperanza de expeler el virus por la transpiración. Se ha debido haber observado que lo mas cierto es que aquellos le hacen filtrar en el tejido de la parte car- ( 213 ) Rosa, y que pueden llamarle á la piel, ó introducirle en los huesos, donde produce exóstosis, erupciones, infartaciones, depósitos, bubones, &c. Eu fin se ha adoptado lo que se llama el gran remedio y se cree haber ha- llado el remedio curativo. Este consiste en fricciones con el mercurio sin ninguna preparación ó sea con el azogue mezclado ó fijado con grasa. Se empieza por una de las extremidades, continuando sobre las demás partes del cuerpo hasta que el enfermo puesto en una verdadera tortura saliva ó babea en abundancia. Una ciega confianza le hace creer que ha logrado una curación radical, pero el tiempo le dá muchas veces la certeza de lo contrario. Parece que á los antagonistas de las unciones es á quienes se debe el uso interior del mercurio preparado y dulcificado de varios modos. Es posible que estos remedios causen menos mal que las unciones, sin embargo provocan la salivación, hacen menear y algunas veces caer los dientes, pro- ducen males de cabeza, de estómago y diferentes accidentes que no dejan duda de que el mercurio, de cualquier modo que esté preparado y conbi- nado no es el amigo del hombre ni medio de su curación, ni menos dañoso que cuandp se administra por fricciones. Según las observaciones de los partidarios del mercurio por fricción y á juzgar por lo que dicen, estos medios no corrigen el virus como aquel, pero sus adversarios como alentados por la contradicción han pasado del sublimado dulce al sublimado corrosivo, sin temer administrar interiormente un caustico tal, que en cirujía se emplea .para quemar Ja carne fungosa de las úlceras. Se ha administrado con leche, ó haciendo que los enfermos la beban inmediata- mente después de haberle tomado. En seguida se han compuesto licores como los del barón de Wan Svvieten á quien según la tradición se debe el uso interno del mas violento de todos los venenos químicos. Algunos Taños del sublimado disueltos en media azumbre de agua asi descompuesta hacen un específico que se deberá llamar licor vegetal, porque es preciso un nom- bre ; el jarabe se deberá llamar jarabe anfi-venereo; con el jugo clarificado de alguna planta se llamará rob anti-süilítico. Es un error creer que el mercurio y sus preparaciones puedan curar los males venéreos. Los humores viciados por el virus no serán ni menos ardientes, ni menos corrompidos luego que estén convinados con el mercurio, ni aun con cualquier otro absorvente que no fuese dañoso, y es por el contrario bien seguro que los estragos que pueden producir estas materias asi viciadas, ( 214 ) se aumentan aun por^stas preparaciones, insuficientes sin duda y peligrosas por su índole caástica ó por lo menPs muy acre como se ha visto en dife- rentes casos. El mercurio es un miueral sumamente frío; es el mayor ene- migo del calor natural, de consiguiente sobo por esto es muy perjudicial. Insinuado por los poros penetra en la circulación; con su frialdad templa el ardiente calor del virus, pero no le evacúa, y de aqui su insuficiencia. Susceptible de reunirse en los vasos, como se dividió para entrar por ellos, ¿ no puede con su reunión en glóbulos mas ó menos gruesos detener repen- tinamente la circulación de la sangre y causar la muerte ? Su frialdad ene- miga del calor natural dispone más á este accidente, cuyos ejemplos son mas frecuentes de lo que se cree. Si por otra parte se sublima en los vasos ¿ no podrá resultar una acrimonia capaz de comprimirlos y detener del mismo modo el curso de los Cuidos ? Si no se temen estos accidentes posibles, es probablemente, porque no suceden sino muchos meses y aun años después de la curación, y cuando se verifican se atribuyen á otra causa que no es la verdadera. Las diferentes preparaciones de mercurio tienen, y no se lo disputamos á sus autores, la virtud que desean: detienen, como las unciones, la pur- gación ó gonorrea, la supuración de los cánceres, y úlceras; hacen desa- parecer igualmente los bubones, berrugas y erupciones; en fin curan en ge- neral las enfermedades venéreas, pero del mismo modo que el mercurio, embotando; lo que se llama acido venéreo ó la" acrimonia de la serosidad virulenta, y poniendo á esta fluxión, que causa los diferentes síutomas de la enfermedad, en estado de volver á entrar en la circulación. He aquí el resultado do estas curas, y lo que hace creer que los enfermos están curados. No están sino envenenados y la mayor parte hasta los huesos. Hay mu- chos que luego tienen pruebas de ello por los dolores que experimentan á poco de su pretendida curación, y á las veces estos dolores son tan violentos que ponen al paciente en uiip situación horrible. Unos quedan tullidos, y la mayor parte de los demás, sugetos á mil achaques de toda especie; estó- mago perdido, digestión difícil, purgaciones que llegan á inveterarse y que pon ó continuas ó periódicas, mas ó menos contagiosas. Ademas resultan con frecuencia la iscuria, la cstrangurria, la disuria, enfermedades que oca- sionan en lo sucesivo majes gravísimos en la via de la orina. Ultimumente Jos enfermos rara vez se libertan de estos residuos y males, que bien conocidos Jes alejarían del matrirapn¡0. ( 215 ) La práctica me presenta todos los dias numerosas víctimas de estos sistemas, y cada dia me confirma mas y mas en la opinión en que estoy, de que todos los accidentes que se observan, provienen tanto de la acción corrosiva de los venenos transformados en remedios como del virus. Lo que üo tiene duda es, qué después de la pretendida curación, el enfermo abriga en si la enfermedad y el remedio, y que su sangre se halla sobrecargada con el mal y el medicamento mercurial que unidos entorpecen su movimiento y ame- nazan detenerle. Se observa con frecuencia que la sangre, como para con- servar por algún tiempo mas la vida del enfermo, reüne estos cuerpos ex- traños y los deposita en el pecho para desembarazarse, pero es raro si el paciente no muere pronto, pues el mercurio y el virus reunidos ulceran ó gangrenan las visceras de esta parte y causan la muerte. La enfermedad venérea no se acomoda mejor con el veneno que otra cualquiera, y no hay mas que un medio para destruirla, y esta es la purga, pues su causa, como la de las demás enfermedades, procede del principio único á que la naturaleza las vinculó todas. Los purgantes hidragogos no exceptúan lasvisceras déla generación : penetran las glándulas próstatas, las vesículas semi- nales, como las demás partes de la generación, lo limpian y purifican todo, disol- viendo las materias por ellas derramadas, enrareciéndolas y conduciéndolas al Canal intestinal por los emuntorios ordinarios á fin de poder verificar la expul- sión por las vias naturales de las excreciones. Este medio de curación es tan seguro que los enfermos recuperan su primitivo estado, de modo que no ks queda ningún resto de enfermedad que pueda ni perjudicar á su constitu- ción individual, ni transmitirse á sus mugeres ni á sus hijos. También la experiencia ha manifestado que muchos enfermos, siguiendo nuestro método, han evacuado las partes mercuriales Contenidas en sus fluidos: los que se hallaren en igual caso pueden con él ponerse al abrigo de todo riesgo. Sean cuales fueren los síntomas del mal venéreo, reciente ó inveterado, si- guiendo el artículo cuarto de mi régimen curativo, ó el tercero en caso de nece- sidad, podrá obtenerse la evacuación del virus. El vomitivo purgante es necesa- rio siempre que la plenitud de estómago impide que los purgantes pasen á las vias inferiores, y es absolutamente indispensable y se deberá usar de él con frecuencia cuando algún síntoma de la enfermedad se manifiesta en una parte dependiente de la circunscripción de las primeras vias. Cuanto mas inmediatas se tomen las dosis evacuantes, mas pronto se logrará la curación. El régimen ( 216 ) es muy sencillo, y tal cual vá descripto en esta obra, debiendo abstenerse el enfermo de demasiado trabajo, de todo exceso en su alimento, de laS bebidas espirituosas en general, de las que sin embargo podrá no privarse enteramente, con tal que las temple y que de ellas use con moderación. Entre los medios externos hay muchos que son peligrosos. Les inyec- ciones y la introducción de cualquiera cuerpo extraño en la uretra no pro- ducen mas que irritación é inflamación, y pueden dar ocasión á graves ac- cidentes en esta parte. Para abstenerse de tales remedios siempre perjudi- ciales, y nunca útiles, penetrarse bien de esta verdad, que solo medicinán- dose interiormente y purgándose es como se cura. Si hubiese llagas, de- pósitos, úlceras, excrecencias, &c. se deberán tratar y curar quirúrgica- mente, pero siempre se deberá proceder contra el origen que las produce sin perder nunca de vista su total destrucción, que no se podrá lograr de otro modo sino como se ha dicho por la purga reiterada hasta su curación completa