ACADEMIA NACIOHAL DE MEDICINA DE LIMA LA GRIPPE Y EL DENGUE DEL PERU. La atencion del mundo medico esta fija en este momento en la epidemia que, desde principles de Diciembre, reina en toda la Europa, habiendo comenza do en Rusia y atravezado ya el Atlantico, cirniendose sobre ambas Americas, revelandose su presencia en New York, Montevideo, Buenos Ayres y Santiago. Clasificada al principle come una nueva manifestacion pandemica de la Grip- pe, que desde 1570 aparece de tiempo en tiempo en Europa, como aparece tam- bien el Dengue, que igualmente desde //80 salvo las frontera de las zonas inter- tropicales, donde parecia conf, nado, su mejor observacion y estudio ha dado origen a las mas serias dudas sobre su verdadera naturaleza, dividiendose las opiniones de las corporaciones y eminencias medicas entre la Grippe y el Den- gue:; tales son los caracteres 6 sintomas que le son comunes a la actual epidemia con las de dichas enfermedades observadas anteriormente. En las sabias discusiones sobre tan importante cuestion se ha hecho refe- vencia a las epidemias del Peru, calificandose como Dengue la que se experimen- to entre nosotros en 1851, que fue entonces calificada de Grippe por los medicos peruanos y senalandose esa fecha como la de la primera aparicion en nuestro pais de la fiebre raja. Se ha pasado en silencio la que reino aqui tambien en 1875, que fue carac- terizada de Dengue por nuestros colegas todos y la que el Profesor Villar com- pare, dandole el mismo nombre, a la de 1851, precursora de la primera epidemia peruana de fiebre amarilla. Esta confusion dejuicios, especialmente los de los medicos franceses, res- pecto a la naturaleza de la actual pandemia europea y a la comunidad 6 analo- gia de los sintomas de la Grippe y del Dengue, nos ha sugerido la idea de com- parar nuestras epidemias de 1818 de Dengue, de 1851 de Grippe y de 1875 del mismo Dengue. a fin de buscar en esa comparacion elementos que puedan ilus- trar el diagnostico diferencial de ambas enfermedades y facilitar el reconocimien- to de la verdadera especie nosologica de la epidemia actual. Para el mejor acierto de nuestro trabajo creernos conveniente recordar di- cho diagnostico diferencial, tal como acaban de establecerlo en la Facultad de Me- dicina de Paris y en la Academia las mas empinadas competencias medicas. Uesde luego, el profesor Potain, en una leccion sobre el Grippe actual de Francia, dada en la Clinica de la Caridad, definiendo la enfermedad, le sehala los siguientes caracteres: «Si nos remitimos a las definiciones generalmente acepta- das, la Grippe es una enfermedad febril, epidemica, caracterizada por un catarro de las vias respiratorias, accesoriamente por un catarro de las vias digestivas y presentando fenomenos generales y desordenes nerviosos, que no estan en pro- porcion con la gravedad real de la afeccion.» Ed profesor Jaccoud, a quien se han referido muchos de los que de palabra 6 por escrito se han ocupado de la Grippe actual de Francia, la define igualmente, 2 diciendo: «Por el conjunto de sus caracteres, que son tanto mas marcados cuan- to mas grave es la enfermedad, la influenza se afirma, pues, como una enferme- dad general, cuyas determinaciones locales ocupan el aparato respiratorio, en el cual pueden quedar limitadas, mientras que, en otros casos, ellas pueden afectar, en una intensidad variable, el sistema cerebro espinal y el aparato digestive.» Brochin, en su Monografia de la Grippe del Diccionario de Dechambre, ha- blando de la Grippe, dice; «Aunque la Grihpe no sea en realidad mas que una especie en la gran clase de las enfermedades catarrales, el la se distingue de la fiebre catarral vulgar, no solo por su mayor intensidad, sino por caracteres que le son propios y que la constituyen en estado de verdadera entidad morbosos. In- dependientemente, en efecto, de la fenomenalidad comun, que recuerda en sus caracteres principales las flegmasias superficiales de los organos de las vias res- piratorias, la Grippe, que sea esporadica 6 que reine epide nicamente, presenta siempre un conjunto de elemencos morbosos muchos mas cornplejos, en el pri- mer range de los cuales es preciso colocar el ataque profundo del estado gene- ral de las fuerzas, el estado nervioso rnuy acentuado y, esto es imiy hipotetico, una alteracion de la sangre que le ban hecho senalar su lugar entre las enferme- dades zimoticas.» Gintrac, en el Diccionario de Jaccoud, la define: «Una afeccion catarral epi- demica, caracferizada por una congestion 6 flegmasia de las mucosas faringodarin- go-bronquial, con movimiento febril, mas 6 menos pronunciado, cefalalgia grava- tiva, dolor continuo de los miembros y debilidad general.» Comparemos ahora estas definiciones con las que los autores, que podemos llamar clasicos, dan del Dengue. Roux, en su «Tratado de las enfermedades de los paises calidos» define el Dengue: «Fiehre eruptiva, que se observa en los paises calidos y que esta caracterizada por un exantema de forma variable y por dolo- res articulares y musculares.» El profesor Rochard, en su articulo del Diccionario de Jaccoud, lo caracte- riza en los siguientes terminos, copiados literalmente por Roux: «Se designa con el nombre de Dengue una fiebre epidemica, particular a los paises calidos, ca- racterizada por dolores articulares y musculares y por un exantema especial. Rochard sehala tambien su segunda aparicion en el Peru en 1852, presen- tandola como una invasion de la epidemia, que desde 1826 se extendio desde las Antillas a toda la America del Norte hasta 1844, renaciendo en 1848. Mahe, en el Diccionario de Dechambre, dice: «el Dengue es una enfermedad febril, epidemica, contagiosa 6 trasmisible, caracterizada por una erupcion cuta- nea poliforma y comunmente dicrasica, por dolores articulares y musculares muy intensos, reumatoides y curbaturales, por una evolucion ciclica, en cuatro perio- dos, cuyo ultimo 6 convalescencia es bastante comunmente larga y dificil.» Aha- de que el Dengue es una enfermedad epidemica y de los paises intertropicales 6 sub tropicales (nunca ha pasado del paralelo 30 Norte y el 21 Sud) y que ella ha sido poco sehalada y jamas completamente descrita antes de principle del si- glo 19.0 En su Geografia del Dengue, la fecha de su segunda aparicion en el Peru la sehala de 1850 a 1852. Mahe, hablando de la epidemia nacida en Zanzibar en 1871, describe su marcha hasta la China, donde llego en 1873 y de donde presumimos nosotros se extendio en I'S'/S Peru, haciendo su aparicion. En cuanto a su con la Grippe, dice, que esta no tiene mas que una lejana semejanza con el Den- gue, a pesar de la poderosa epidemicidad, el quebrantamiento y la corbadura, so bre todo la adinamia y la languidez consecutivas, que les son fenomenos casi co- in Lines. De estas simples definiciones pueden deducirse los sintomas comunes de la Grippe y del Dengue y de los que sirven de base a los autores para establecer la separacion nosologica de ambas enfermedades y formular el diagnostic© dife- rencial entre ellas. "> o Rochard, dice Roux, hizo notar con razon quc la marcha del Dengue, su benignidad, contrastando con la grave apariencia de los s'mtomas y el gran nuincro de personas atacadas simultaneamente lo acercan a la Grippe. Martialis, ahade, se amparo de esta idea, pero sin quedarse en los Halites trazados por Rochard. Sin embargo, concluye, estas dos afecciones, fuera de los pantos de sernejanza fijados por este ultimo, son absolutarnente diferentes y la cosa es de tal modo evidente, que creo es inutil insistir en ello. Las solas erupciones observadas en la Grippe son erupciones vesiculares 6 miliares de sudanima, 6 de herpes y en ca- ses may graves de manchas lividas 6 petequiales de los tegumentos En su mforme 6 relacibn sob re la Memoria del Dr. Brua (de Beyrouth,) concerniente a la fiebre Dengue en 1889 y sobre la epidemia actual de Grippe en Europa, el Profesor Brouardel, estableciendo la comparacioa entre la Grippe y el Dengue, dice: «que las relaciones entre ellas son tan pronunciadas que para ciertos epidemologistas, cuya opinion, es cierto, el no participa, de acuerdo con su sabio colega el Dr. Collin, el Dengue seria la influenza de los parses calidos, teniendo su foco de origen y de irradiacion en la zona intertropical, como la Grippe tendria el suyo en las regiones interpolares.» El mismo Dr. Bran, formulando el diagnostic© diferencial del Dengue, ob- servado por el en la Siria y comparand© sus sintomas con los de las diversas en- fermedades con que se lepuede confundir, segun el predominiode dicho.s sintomas que lo constituyen, dice: la corbadura, la debilidad, el estado catarral de las vias respiratorias pueden hacer pensar en la Grippe, pero la ausencia de dcsordenes del lado del aparato respiratorio y la marcha de la temperatura distinguen clara y precisamente la fiebre, agregando que jamas el aparato respiratorio le ha ofreci- do el menor sintoma que pudiese Ilamarle la atencion y que valiese la pena de ser notado. Las epidemias de Lima desde 1818 han comprobado todo lo contra- rio, hasta el punto de dar lugar a haber establecido en ellas una forma catarral, que constituyo la epidemia a que se le dio el nombre de Grippe y precedio a la primera aparicion de la fiebre amarilla, de la que nos ocuparemos en este traba- jo, en 1851. Y que esta epidemia fue de verdadero Dengue lo demuestra la unanimidad de los autores en reconocerla como tal y cuya opinion ha aceptado el mismo Dr. Brun, al ocuparse en su Memoria de la Distribucion Geografica del Dengue, en cuyo capitulo cita, hablando de la presencia del Dengue en la America del Sur, su aparicion, en 1852, en el Peru, incurriendo en el error de fecha de todos los autores, pues lo fue en 1851. Oigamos, finalmente, las opiniones de los ultimos autores de obras so- bre enfermedades de los paises calidos y los ultimos debates sobre la epidemia actual. Corre, medico de la marina francesa, que ha estudiado dichas enfermedades en el Senegal, el Golfo de las Antillas, Mejico, la India y la ludo China, es uno de los que mas han insistido en sehalar los puntos de sernejanza de la Grippe y el Dengue. Despues de hacer notar, en la distribucion geografica de su historia del Dengue, la opinion de Hirsch, que considera a la epidemia del Peru en 1851, como otra aparicion del Dengue, precursora de la fiebre amarilla, dice que su in fectividad tiene muchas afinidades con la del Tifus y de la Grippe. El Dengue, agrega, tiene conexiones especiales con estas enfermedades: reviste sus modali- dades, hasta el punto que es desconocido yabajosus rasgos aparentes, ya bajo los suyos’, muy analogos, (los medicos lo han considerado como una fiebre amarilla abortada, confundiendola tal vez con una fiebre inflamatoria;) reina simultdneaT mente con la Grippe, como en las Islas Canarias, 6 con la fiebre amarilla como en el litoral del Golfo Mejicano, preparando la invasion de esta ultima, como en Nueva Orleans en 1848, el Peru en 1852 y 1853 6 las del colera, como en la In- dia 6 la region Indo maiayaen 1872. Asi como los tifus y aim la Grippe, el Dengue se mezcla a los estados rnalaricos, que forman junto con el y reciben de estos mismos una susceptibilidad particular, sea que las infecciones se refieran a una ■ 4 elaboration telurica, apta para engendrar alternativamente cada uno de estos in- fecciosos especificos, segun ciertas condiciones, sea que ellos disminuyan reci- procamente las resistencias de los organismos llamados a sufrirlas. Ocupandose, en fin, del diagnostic© diferencial entre el Dengue y la Grippe, dice: es incontestable que existe una notable afinidad entre la Grippe y el Den- gue: un mismo modo de desarrollo epidemico y un mismo poder de expansion; el mismo aparato sintomatico al principle y durante el primer periodo, corbadu- ra, acabamiento, postracion extrema, dolores en los miembros, fiebre &. La se- paran; EN ET. DENGUE. Manifestaciones del lado del aparato respiratorio excepcionales. Erupcion habitual; dolores franca- mente articulares 6 localizados en cier- tos grupos de musculos. EN LA GRIPPE. Manifestaciones del lado del aparato respiratorio,patonogmbnicos.—(No exis- ten en la epidemia actual.) No hay erupciones. (Existen en la actual.) Dolores articulares, no localizados. (Lo estan en la actual.) Como toque final del cuadro, que mas prueba la identidad que la diversi- dad, anade Cone; que una y otra enfermedad ayudan el desarrollo de las fiebres malarias en los organismos que ellas hieren y que gozan de la triste propiedad de agravar el estado de los tisicos sujetos a sus ataques. Las discusiones ultimas de las Sociedades y Academicas medicas de otros Estados de Europa, como las de Viena y San Petersburgo, revelan las mismas dudas e incertidumbres, en las que se conhesan sinembargo las afinidades entre la Grippe y el Dengue, sin atreverse a establecer su identidad. Lo que hay de mas extraho en estas dudas es que, mientras una minoria pretende que la Grippe actual se asemeja a todas las anteriores, la mayoria esta- blece, por el contrario, su mas completa diferencia. Otro hecho mas inexplicable todavia es que algunos senalan como caracteres propios de la Grippe los que se han considerado generalmente como caracteristicos del Dengue; tales son las erupciones y los dolores articulares, especialmente de las rodillas. El profesor Leyden, medico del Hospital de la Caridad de Viena, confir- mando las opiniones y observaciones del profesor Ravers y principalmente las tres formas, gastrica, respiratoria y nerviosa, despues de sehalar la postracion de fuerzas y la lentitud del restablecimiento como caracteristicos, y de atribuir las compHcaciones pulmonares a la presencia de un microbio que no esta todavia bien estudiado, habiendo encontrado el, ademas, asociados a dicho miembro, diplococos, estafilococos y aun estreptococos, abordando la cuestion de la seme- janza de la epidemia al Dengue, dice: «Como la influenza, el Dengue comienza bruscamente, la fiebre intensa dura de 3 a 4 dias, la convalescencia es lenta. Ademas, la enfermedad es por otra parte, benigna, la curacion es la regia. La diferencia principal esta en las localizaciones. El Dengue se manifiestan, en efecto, por sintomas tales, del lado de los miembros inferiores, que el los dan al enfermo marcha tiesa. En la Grippe no se ve nada semejante, El Dengue se caracteriza, ademas, por erupciones escarlatiniformes, en la actual epidemia tan raras. Sin embargo, siendo cierto que el Dengue reino epidemicamente en Constantinopla y en el Asia menor, poco tiempo antes de la aparicion de la influenza en Rusia y que los dos han presentado algunos puntos com unes, creo en una relacibn entre las dos epidemias; pero nada me autorizn d adniitir una identidad absoluta. Al contrario, la analogia es absoluta con las epi- demias de Grippe anterior. Pero preguntamos nosotros, si existen esas analogias ,Jcual es la significacion que tienen? flay unidad de sintomas, hasta el punto de dudar a que enfermedad referirlos; luego hay unidad de causa 6 naturaleza, causa-causata. 5 En cuanto a la analogiesabsoluta entre la Grippe actual y las anteriores, si ha podido haberla en Viena, no la habido en otras partes. Desde iuego, el Frofesor Ligven de San Petesburgo duda de que la epide- mia reinante haya sido alii identica a la Grippe. Dice que esta aparece ea los tiernpos trios y cuando reina el viento noreste. Cree que mas semejanza tiene con la malaria. Establece que la evolucion de la enfermedad, su principio brusco, su falta de fenomenos criticos, la carencia frecuente de todo siatoma calarral, deben alejar la idea de que se trate de una verdadera influenza. En las discusiones posteriores a estas de la Academia da Medicina de Paris aunque en la sesion del 17 de Diciembre el Profesor Rochard, de acuerdo con Mr. Proust, hubiese afirmado que la epidemia que reinaba hacia un mes en Paris era exactamente semejante a las precedentes, el Profesor Dujardin Baumetz, en la misma sesion, mani esto que la epidemia que se observaba se alejaba del conjunto morboso al que desde muchos anos se leatribuia el nombre de Grippe, fundan- dose en que el elemento catarral faltaba casi completamente, y lo que dominnba eran los sintomas nerviosos, los desordenes digestives y la aparicion de las exan temas y aim enantemas, porque el creia que en muchos casos se producian en la mucosa intestinal erupciones analogas a las de la piel. De alii lo que le sujirio la idea, en presencia del Dengue en el Medio dia y la'influenza en el Norte, de preguntarse, como ya lo homos dicho, que relaciones existen entre esas enferme- dades, y si no deberia atribuir.se un origen comun a las dos epidemias. Pm la misma sesion, lo h?mos dicho tambien, el profesor Bucqoy, confirmando las dudas del eminente clinico Dujardin Baumetz, y rerritiendose a hechos observa* dos junto con el mismo Profesor Rochard, afirmo, a su vez, que la observacion de esos sintomas no le permiten establecer que esta epidemia sea identica a la do 1837 y a todas las anteriores. Ahadio, nadie conoce aqui (en la Academia) el Dengue, y repitio la misma pregunta que se habia hecho Dujardin Baumetz; y para acentuar mas esa diferencia, concluyo diciendo: estamos en presencia de una enfermedad enteramente especial, tal vez la Grippe y aim probablemento; pero que tiene una forma y una marcha que no se encuentran en las epidemias de Grippe vulgar. Ahora bien, la aparicion de la Grippe en Europa y del Dengue, casi al mismo tiempo, en las riberas del Mediterraneo, faoilitando la comparacion entre unay otra enfermedad, habria contribuido a confirmar su diferencia nosologica tan general- mente aceptada, si la forma anomala de la primera y sus rnayores similitudes con la ultima, en la epidemia actual, no hubiese v.enido a sembrar dudas, qie han ori- ginado la diversidad de juicios sobre su natur deza y justificar mas la presuncion de que ambas enfermedades constituyen una misma entidad nosologica, cuyas for mas varian segun los clirnas, las estacionesy otras circunstancias atmosfericas de las localidades en donde se presenta. He alii el origen del nuevo diagnostico diferencial en que se pretende, por muchas eminencias medicas, continuar la distincion entre la Grippe del Dengue. El informe presentado a la Academia de Medicina de Paris, en su sesion de 17 de Diciembre ultimo, por sus miembros Proust (relator) y Le Roi de Mori- court, sobre dos memorias del Dr. Brun del Dengue de 1889, han dado origen a la discusion mas importante a este respecto de dichas opiniones. Proust, comparando dicho Dengue con la Grip be de Paris, presenta como ra- zones en favor de la opinion de la identidad de la Grippe y del Dengue: la pos- tracion del principio, el aspecto del rostro, color de purpura, casi edemasiado y presentando algunas veces una eritema difuso, la erupcion escarlatiniforme, el rash, erupciones que ha tenido ocasion de observar con su distinguido colega el Dr. Bucqoy; el aspecto de la garganta, el tinte rosado de los pilares, yendo hasta perderse algunas veces en una rubicundez difusa del velo del paladar. P21 carac- ter reumatico de la afeccion. 1 Se puede ahadir, agrega, que el Dengue es una enfermedad proteiforme y que los aspectos que el/a presenta en este momento, pueden ser distintos de las 6 formas que ella ha revestido bajo los tropicos y aun sobre las riberas del Medi- terraneo. Se podria decir, concluye, si esta fnterpretacion fuese exacta, que e! clima templado y frio imprime al Dengue una modalidad diferente y atenua sus mani- festaciones y su duracion. Proust rechaza sin embargo la identidad, fundandose en que hasta hoy, cuando una epidemia invade por la primera vez a un pais, ella es notable por su severidad, citando como ejemplo el colera. Que en la epidemia actual no se notael dolor especial y tan caractei istico de las rodillas, que da un aspecto particular a la marcha de los individuos ataca- dos del Dengue y que le ban merecido su nombre arabe padre de las rodillas, el dolor de los rinones tan vivo, que el individuo retarda cuanto puede el momento de la defecacion. Que jamas se ha notado en el Dengue la determinacion del aparato respira- torio, que se ha observado en cierto numero de enfermos en la epidemia actual, determinacion cjue ha ido hasta la neumonia. En fin, que no se han senalado los dolores, las descamaciones y las comezo- nes intolerables, observadas hasta aqui. Que en el Dengue igualmente la convalescencia no es rapida, el enfermo queda en un estado de debilidad durante un tiempo muy largo. De estos hechos, concluye Proust, que la Influenza, que reina en estos mo- mentos en Paris, no presenta los caracteres clasicos y ordinaries de la Grippe, tal como esta la Europa habituada a observarla Es sobre todo, en este momento, la Grippe con una forma predominante nerviosa. Pero la epidemia no ofrece tam- poco el conjunto de los fenomenos del Dengue, senalados por los medicos que la han visto en los paises donde reina. Proust ha hecho sin embargo la reserva de que, para estar autorizado a for- mular el diagnostic© del Dengue, es preciso haber asistido a la evolucion com- pleta de la epidemia. Collin, que ha escrito sobre las enfermedades de los paises calidos, invocado por Proust, aunque sin participar de su opinion, piensaque el Dengue es la Grippe de los paises calidos, teniendo su foco de origen y de irradiacion en la zona inter- tropical, como la Grippe tiene el suyo en las regiones circumpolarcs. Muy lejos estuvo la Academia en esa sesion de asentir tan abiertamentc a las afirmaciones de Proust, de las cuales solo la benignidad de la Grippe parecio reu nir la uniformidad de los sufragios, Los acontecimientos han justificado esta pru- dencia, asi como han condenado la premura/especto a la lenidad de*su pronostico. El primer academic© que no vacilo en exponer sus dudas fue el Decano de la Facultad de Medicina, Brouardel, quien sin embargo notitubeo en declarar dcs- de luego que los sintomas de la actual epidemia son los de la Grippe, tal como desde hace tres siglos la han descrito los mas antiguos epidemologistas, invocan do en su apoyo la monografia do Raige Delorme, en el Diccionario en 30 volu- menes, P21 se apresura, sin embargo, a agregar que en la epidemia de 1 580, decrita por Henisk, no se hace mencion de accidentes catarrales, y que en la de 1775, que lo fue por Heberden, se citaron cases de botones rojos y circulares de la pie/, y aun dc erupciones analogas a la escarlatina. Mr. Rochard en la misma sesion, sostuvo no obstante la opinion de su co- lega Proust, declarando que no podia poderse temer un cquivoco al pensar que el Dengue quedaria rezagado en el Levante, y que la Francia continuaria sufrien- do su epidemia del Grippe, que pasarian como las precedentes y como la de San Petesburgo. Mr. Collin, que antes habia avanzado la probabilidad dc que la Grippe y el Dengue fueran una misma enfermedad, fue todavia mas lejos que Rochard, afirmando cpie la naturaleza de la enfermedad que reina en Paris, es bien la Grippe 6 Influenza, siendo identica a las ciento 6 ciento cincuenta epidemias se- naladas desde el siglo 13. 7 Entrando, en seguida, en sus diferencias con el Dengue, recuerda que el mi»- mo la asemejo en su «Tratado de Enfermedades Epidemicas» al Dengue; pero que esta enfermedad es de los paises intertropicales, y se ha extinguido siempre en sus manifestaciones epidemicas, sin salvarlas en las latitudes mediterraneas; que subordina su marcha a la rapidez de los medios de transporte, deteniendose ante el mar y los desiertos; que aunque haya Grippes con sintomas 6 accidentes ab- dominales, tambien hay tifoideas con accidentes pulmonares, lo que no rompe la unidad de la fiebre tifoidea. Confundiendo la Grippe con el Dengue, cree que se comete el mismo error de los antiguos, confundiendo el tifus con la fiebre tifoidea. Pero un observador de alta escala de la epidemia, Mr. Bucqoy, exhibiendo el no pequeho contingente de sus observaciones, en las que domina la ausencia de sintomas catarrales y la presencia de las corbaduras y dolores articulares hasta en las rodillas, asi como las erupciones, no temiendo discrepar de los juicios de Proust y de Rochard, que habian visto sus enfermos, dijo que nadie conocia en la Academia el Dengue y que el no podia irnpedirse, en presencia de dos epide- mias, una que viene del Norte y otra del Medio dia, de preguntarse, si no habia relaciones entre ellas, si la Grippe actual 6 influenza no era el Dengue modificado por el climaf Termino diciendo, que dejaba asi planteada la cuestion, sin prejuzgar la res- puesta. La epidemia misma parece haberse encargado de hacerlo; pues desde enton- ces aca su marcha, pronunciando mas el caracter de los accidentes, tanto de la Grippe de Paris como del Dengue de Constantinopla, ha venido hacer mas paten tes las relaciones entre ambas y a aumentar mas las dudas e incertidumbres de las opiniones, poniendo a prueba los fundamentos del criterio medico. Efectivamente, desde fines de Diciembre comenzaron a hacerse mas detalla- das y numerosas las descripciones llegadas a Paris, de los mas 6 menos ilustra- dos medicos de las otras capitales de Europa, sobre la forma y la marcha de la epidemia observada por ellos en dichas localidades. Asi, en la sesion celebrada por la Academia el 24 de Diciembre, el profesor German See dio a saber a la sabia corporacion los informes al respecto que habia recibido sobre la Grippe, que el llamo catarral, de Berlin y de San Petesburgo. Segun See, todos los oradores de ambas sociedades, estaban de acuerdo en estos dos puntos: I? que no se trata de un Dengue, aunque, en ciertos casos, se hayan observado, como en Paris, erupciones especiales; que no tenian relacion con la erupcion caracteristica de la fiebre roja, y que la enfermedad en Berlin como en San Petesburgo era realmente la Grippe, que ha podidotomar diferentes nombres, pero que, poco mas 6 menos, es siempre semejante a si misma; 2? que en San Petersburg© y Berlin, como en Paris, la enfermedad revestia las tres formas principals: nerviosa, catarraly gdstrica. En todos esos lugares el mal era seguido de complicaciones graves y morta- les, en las personas enfermas del corazdn y de los bronquios; por lo que estimaba le profesor See, que la Academia haria bien en modificar su opinion respecto a la benignidad de la epidemia. P2n esta misma sesion se hizo notar la presencia de los infartos del bazo, me- didos por el profesor Potain, que tendian a probar su naturaleza infecciosa. El profesor Dujardin Baumetz no podia dejar pasar sin anotar estos he- chos comprobantes de sus dudas y de ratificar su opinion, de que si el mal epide- mic© fuese realmente la Grippe, el dificre considerablemente de la Grippe, tal como se le observa en Francia hace treinta ahos. Para el la enfermedad presentaba dos periodos: el primero de tres a cuatro dias de duracion, con sintomas muy andlogos al Dengue, seguido del segundo period©, mucho mas largo, en el que aparecian los sintomas del catarro. Si se anade, agrego Mr. Dujardin, que en uno y otro period© se han observado erup- ciones, que se refieren a las descritas por Mr. Mahe que presenta el Dengue, se comprendera cuan comunes son los puntos de contacto entre las dos afecciones. 8 Concluyo, por fin, manteniendo mas que antes sus reservas, y declarando que la Academia, antes de pronunciarse definitivamente sobre la epidemia, era necesario quetuviese todos los elementos propios para conocer bien sus caracteres. Le Roi de Mericourt, sostenedor tenaz de la opinion que reconoce a la Grippe en la actual epidemia de Europa, creyo oportuno apoyar mas su juicio en la afir- macion de Petit, que en su articulo Grippe del Diccionario de Ciencias Me die as, volumen 29, establece que no hay dos epidemias de la enfermedad absolutamente semejantes, variando los sintomas segun los anos, los climas, las estaciones y los individuos; protestando en consecuencia contra la analogia que se pretendia esta- blecer entre la epidemia actual y el Dengue, fundandose en que las crupciones observadas son fugaces, sin el caracter morbilioso y escarlatinoso del Dengue y sin la descamacion considerable, que dice ser la regia en el Dengue. Mr. Rochard, apoyandolo, anadio que las erupciones esporadicas, a su juicio, eran efecto de laabsorcibn de la antipirina, conjetura que el profesor See desvirtuo, refiriendo casos de erupcion, sin que se hubiese administrado el antitermico y agregando que en Berlin todos los medicos, con excepcion de uno, habian admi- nistrado la antipirina sin haber observado ninguno la erupcion. No ban faltado en Francia profesores que participacen y aun fuesen mas lejos de las opiniones de M. Dujardin Baumetz. El Profesor de Clinica medica de la Facultad de Montpellier, Mr. Genet, ha sido uno de ellos. Despues de describir la epidemia en una carta a la Semana Medica de Paris, concluye diciendo: « en lo que concierne a la naturaleza de la en fermedad, pienso que se trata de una Grippe de forma especial, que la aproxima al Dengue. » De todos estos hechos y opiniones, que comprueban, de una parte, las resis- tencias a no reconocer en la epidemia europea actual otra enfermedad que la Grippe, y de otra, su modalidad tan especial y diferente de todas las epidemias anteriores, que la asemejan mas que ninguna otra al Dengue, hay que deducir que se pronuncia cada mas la tendencia a la probabilidad, de que hechos poste- riores 6 el estudio de los observados anteriormente en otros lugares, vengan a justificar, cuando menos, la presuncion de la indentidad de naturaleza entre la Grippe y el Dengue, que revisten formas distintas, en una localidad misma, segun las estaciones, las constituciones atmosfericas y otras circunstancias especiales. Las epidemias, como vamos a verlo, observadas en Lima, de ambas enferme- dades, parecen comprobarlo. EL DENGUE DE 1818. Varias historias existen en la Medicina Nacional de la epidemia del estio de 1818 en el Peru, que los dos medicos mas eminentes de esa epoca, Pezet y Pare dcs, refirieron implicita 6 explicitamente al Dengue, aunque otros, no menos nota- bles, como Valdez, la bautizaron con el de fiebre biliosa y algunos con el de remi- tente biliosa yaun fiebre arnarilla. No faltaron en la sindrosis de la enfermedad motives para estas confusiones. Los epidemologistas europeos, que se ban ocupado de dicha epidemia, se ban remitido a la monografia de Pezet; pero nuestros maestros, que alcanzaron noti- cias e informes de ella, por la mayoria del cuerpo medico del Peru, atribuyen gran valor cientifico a la Memoria del medico, cosmografo del Peru entonces, doctor don Jose Gregorio Paredes. He aqul su descripcion: « A una horripilacion 6 mera destemplanza seguia una fiebre aguda, en que el pulso ofrecla un grado moderado en velocidad y fuerza, y casi nunca fue duro, ni vibratorio, con cutis caliente y seco, dolor de cabeza principalmente en la frente, ojos cargados y lagrimosos, dolores en las articulaciones, y mas redos en la region lumbar, orina natural, amargor de boca, lengua humeda y limpia, 6 cubierta leve- raente dc un sarro bianco, y una general displicencia de alimentos y bebidas, Este 9 aparato por lo regular no se sostema mas que nno b dos dias, y al segundo 6 ter- cero se sentia el enfermo aliviado de la fiebre, luego que le sobrevenia un blando sudor, que en muchos era fetido y de olor acido, experimentando todavia de cuan- do en cuando calores pasageros que subian a la cara, y continuandole el dolor de cabeza, la repugnancia al alimento y los dolores hasta que se sobrevenia una diar- rea de dos 6 tres dias y al cuarto 6 quinto se hallaba el individuo en estado de salir, permaneciendole por muchos la inapetencia, falta de fuerza y laxitud del cuerpo. « Esta era la forma mas benlgna del mal, porque en muchos duraba la fiebre cuatro 6 seis dias: el dolor de cabeza era acompahado de delirio 6 soholencia, vahidos e intolerancia de luz, zumbidos de oidos y sordera que quedo a alguno por mucho tiempo despues; el amargor de boca, en lugar del cual se sentia a ve- ces un gusto salado lo era de ardor, 6 una ansiedad inexplicable en la boca del estomago, y aun de una verdadera cardialgia y le seguian nauseas y vomitos de materias glerosas 6 biliosas amarillas, 6 serosas amarillentas, que eran las mas co- munes, se extendian hasta una semana 6 mas, 6 degeneraban a poco en una disen- teria, principalmente de los intestinos gruesos con frecuentes pujidos y mucosida- des sanguinolentas sin materias fecales, ni retortijones altos, 6 tambien de los del- gados: las orinas se vieron en algunos de color de cafe subido; y los dolotcs de cuerpo traian una sensacion en las carnes como precedida de agujas punzantes 6 ardorosa que se aumentaba al contacto de los objetos mas blandos. Tarnpoco eran raros los calambres fujitivos en las extremidades, en el tronco, y aun en la cara antes de la diclinacion del mal; los cclicos, los colicos morbos, la erupcibn de una eflorescencia cutanea, con picazbn en el pecho, brazos y cara 6 permanente 6 alterna- da, ya en forma de ramales eucendidos, ya en la de granos menudos b sarpullido, que se veia principalmente en las personas de cutis delicada: y la expulsion de sangre por narices, por la orina, del estomago, del pulmon, hemorroidal y uteri- na; ciertamente, todas las mugeres que se hallaban en las proximidades de su pe- riodo menstrual al tiempo que estuvieron comprendidas en la epidemia, padecie- ron esta evacuacion abundante y denegrida. La fl.ojcdad que quedaba a todos en la convalescencia era en muchos una verdadera debilidad, que no les permiiia an- dar sino apoyados de un palo, presentandose con un semblante tan macilento y descolorido, tal melancolia y abatimiento de espiritu, que no decian proporcion con el periodo agudo de la enfermedad, y correspondian solo a una muy grave. « En las convalescencias y pasado lo ejecutivo del mal. ademas de la debilidad e inapetencia mencionadas, quedaron varies padectendo de fluxiones en la garganta, cara y gland ulas maxilares, inflamacion de almorranas y de utero con descenso arnarillento: de toses, fiebres lentas, tercianas y disenteria, de apostemas, diviesos, pustlilias en la cabeza, erisipelas y sarpullidos pertinaces, de dolores reumaticos vagantes 6 concentrados en un miembro: zumbido de oidos, sordera, perturbacion y extravio en las ideas, con emociones de ira, tristeza y llanto. A otros les sobre- venian piojos 6 se les caia el pelo: a las mugeres se les solia secar la leche. Y el fluido vacuno perdio tanto de su actividad, 6 era tal la indisposicion del recipien- te, que segun noscomunico un atento observador, de diez individuos opjrados, solo era uno el que contraia e! grano, cuando por lo regular prende en la mi- tad. Muchos experimentaron dos b tres veces la epidemia b se les cxacerbb olras tantas. « No se exajera diciendo, que solo el decimo de la poblacion quedo salvo: en cierta comunidad religiosa hubo como cien personas enfermas a un mismo tiempo; en otras fue menester que viniesen gentes de fuera en su socorro, sucediendo esto a cada paso en las casas particulares. Las oficinas, las concurrencias publicas se veian notoriamente desmembradas, y varios actos de eatable se suspendieron. En medio de tan gran generalidad, y de los sintomas alarmantes referidos se veia, no sin admiracion, que lejos de tomar estos el auge que parecia consiguiente, ni de fijarse con terquedad, cedian expontaneamente 6 con los ordinaries auxilios, de manera de que ninguno de que supiesemos perecio en la urgencia del mal, sino IO de los resultados que constituian ya enfermedad separada, y esto al cabo de varios dias 6 de meses, siendo los mas, aunque no todos, personas habitualmente enfer- mizas. Se formara idea de la rnortandad, que directa 6 indirectamente acarreo la epidemia, al considerar que en el primer semestre de 1818 se sepultaron 2,344 ca- daveres, esto es, 544 mas que la mitad de los muertos en iSiy, y 391 mas de lo que corresponde al promedio en nueveanos siete meses. « En los principles se present© el mal mas benigno, y en los primeros quince dias se equivocaba con una efenter a catarral; pero despues fueron apareclendo sin- tomas que hicieron caracterizar la enfermedad por una fiebre catarral biliosa. En consecuencia, el metodo curativo que se empleo, consistio por la mayor parte en el uso de diluentes y subacidos. El agua de cebada con escorzonera 6 sin ella, y una dosis regular del cremor de tartaro, repetida dos 6 tres veces al dia era el primer remedio. A este se seguia un pediluvio, cuando se sentia lacabe- za muy adolorida y los ojos cargados. Las limonadas, los tamarindos y la pina (bromelia), limon merecian la preferencia si era mucho el calor y amargor de boca, y el agua de polio, si prevalecia el ardor de estomago. Los vomitos inmode- rados se corregian con la granada, el agraz y las vinagradas, si eran de color os- curo, A la sensacion de desfallecimiento hacia la boca del estomago y movimien- tos cardialgicos se oponia inmediatamente la nieve; si la diarrea continuaba dema- siado se daba un absorvente y acaso un paregorico. Y si la debilidad que se expe- rimentaba en la convalescencia era mucha y prolongada, se administraba la quina con buen efecto. Los sintomas de mayor cuidado y las degeneraciones particula- res se socorrian con sus apropiados auxilios. « De las diversas cuestiones a que dio lugar la enfermedad que viene descrita la primera y principal fue el nombre que se le debio poner; porqueel nombre dice relacion al concepto formado acerca de su naturaleza, y este es rnodulador del regimen curativo. Mirese la medicina como objeto racional 6 de observacion, la reduccion a un genero es siempre necesaria, sea para derivar las preciosas conse- cuencias, sea para hallar en la analogia las reglas que dirijan las resoluciones practicas; con este fin se ha trabajado en aquella parte de la medicina que se llama nosoldgica, y se propone la clasificacion metodica de todas las enfermedades cono- cidas. Las fiebres, que constituyen el orden mas importante, son las que Ijan pre- sentado las mayores dificultades, porque acompahadas de muy varios aspectos, sus generos ya se ban multiplicado, ya se ban restringido al extremo, segun que los sintomas se ban considerado como esenciales 6 accidentales, como cons- titutivos de enfermedades realmente distintas, 6 vcomo determinantes de los dis- tintos grades y complicaciones de una misma enfermedad. De los que mas ban reducido al numero de las fiebres es Tissot, que autorizado con su manejo practice y vasta lectura, establece que todas sin excepcion son intcstinales infla- matorias, putridas 6 compuestas de ellas, Bajo de cualquier division qen sea, al presentarse una fiebre, es muy raro encontrar otra que se halle escrita, que se identifique con ella, y solo suelen ballarse ejemplos aproximados, aunque utiles para el gobierno del Profesor. Los sintomas de la nuestra, segun las formas que fue tomando, la bicieron calificar de una Efemera catarral, de una Efemera extensa 6 plurium dierum, y finalmente, de una catarral biliosa, que alguien no dudo llamar maligna, y que si no merecio completamente este nombre, seria por el grade, no por la indole Pudo muy bien haberse comparado con el tierno cachoro de una fiera capaz de producir los mayores destrozos en la edad adulta. Perte- necian d lo catarral la fiebre de uno 6 dos dias con dolor a la parte anterior de la cabeza, lagrimeo, estornudos y tos que con una diarrea forman la carrera final en los primeros diez y quince dias. A lo biliosa, el amargor de boca, vomitos y ar- dor de estomago, la propension a las cardialgias y coleras y las eflorescencias cu- tancas con la carencia de los signos de verdadera inflamacion. A lo maligno, la lesion de las fnncioncs cerebralcs, la tendencia a las hemorragias, la terminacion por abcesos, la postracion de fuerzas y aquellas convalescencias tan penosas y tardias respecto de lo agudo del mal. Moderaban este caracter la facil mitigacion 11 de los sintomas, espontanea 6 ayudada por el arte, y la poca mortalidad, conside- rado el gran numero de los individuos acometidos. Se quiso saludar la enferme- dad de vbrnito prieto y de fiebre amarilla sin fundamento; pues los que vomitaron oscuro, fueron los menos; a nadie quedaba el tinte amarillo, tan esencial de dicha fiebre, y algunos que habian padecido de ella antes, no dejaron de contraer aqui la epidemia contra otra de las propiedades conocidas de la fiebre amarilla, que es lo no experimentarse dos veces. La epidemia que ofrece mas pantos de contacto con la presente, bien que mas benigna aquella, es la que encontro uno de nuestros medicos en la Epiderniologia Espanola, que no sera fuera de proposito el que tras- cribamos aqui, siendo honor de la Facultad de Lima, que anteriormente a este hallazgo, y sin tentativas perniciosas, se hubiese dado desde luego con el metodo de que nadie tuvo que arrepentirse. « Don Cristobal Cubillas, medico y vecino de la ciudad de Cadiz, dio a luz en este aho la obra siguiente: Discurso de la epidemia Gaditana, nombrada la pia- dosa, aparecida en el aho pasado de ij8p. Lo singular de esta enfermedad merece un analisis algo extenso. Empezaba esta epidemia, con una calentura mas 6 me- nos alta: duraba un dia natural poco mas 6 menos; en algunos se extendia a dos; y en muy pocos llegaba hasta el tercero, pero siempre se conocia en la malicia del pulso, en las producciones del paciente y disposicion natural, que no era de aquellas calenturas ardientes inflamatorias 6 putridas; antes bien, 6 terminando un sudor, 6 sin el insensiblemente, pasando el segundo, tercero 6 cuarto dia, de- seaban los enfermos dejar la carna; lo uno porque les parecia quedaban ya fibres del mal, lo otro, porque los dolores generales dorsales y articulares los ponian en terminos de fatigarse, al calor de la cama, y no a la naturaleza del mal, siendo el principal sintoma de la calentura el dolor grande de cabeza, « Terminaba regularmente la caluntura por sudor, y si despues de pasada» continuaban los sudores, era el mejor exito, y la mas facil terminacion del mail algunos eran atacados principalmente de vomitos y demas fatigas indicantes de una cdlica, hasta que tomaba cuerpo la calentura; en otros daba principio por una diarrea linfatica, serosa y copiosa, indicando casi una especie de colicuativa: y en otros, una flojedad de estomago que les causaba una desazon notable, con inape- tencia a todo genero de alimentos y en especial fastidio al beber. . « Pasada la calentura de uno, dos 6 tres dias, cuando los enfermos juzgaban estar ya fibres de su mal, se hallaban en peor situacion; pues a este tiempo se se- guian unas indisposiciones tan poco perceptibles, que les incomodaban, sin poder explicar su padecer. En muchos se experimentb una hemorragia de narices; y en algunos muy copiosa, con inflamacion a los ojos; a otros les solia sobrevenir pasa dos algunos dias de calentura, una erupcion cutanea y rosacea, que casi merecia el nombre de escarlatina. Y por mas diligencias que se hacian sobre la observa- cion de estos s'mtomas, ninguno de ellos guardaba orden regular, como ni tampoco la diarrea espontanea, que solia acaecer en algunos al diez, doce 6 catorce mas 6 menos dias, en que se hallaban con el mayor alivio; siendo bien de notar que aunque la duracion de la calentura era tan corta, y el mal legitimo, lo que se lle- gaba mas a padecer en dicha enfermedad era la duracion de aquella cierta indis- posicion ya referida, a que acompahaba en muchos una fetidez notable en su trans- piracion, y tal que fastidiaba al mismo individuo, como asi mismo en la deposi- ciones fecales. Einalmente, se veian en las personas atacadas de esta especie de mal, algunos fenomenos tan raros que (aunque ridiculos) molestaban los enfermos, sin merecer la mayor atencion.» Este paralelo del Dengue de Lima de 1818 y el de Cadiz, descrito por Cubi- llas, cuya autoridad se ha reconocido e invocado como uno de los historiadores del Dengue clasico, por decirlo asi, revela, como, a pesar de la comunidad de mu - chos sintomas entre ambas epidemias, una y otra ofrecieron a la observacion fe- nomenos muy diferentes; revistiendo la epidemia de Lima esas tres formas: cata- rral b bronqu:al, biliosay ncrviosa, conforme al predominio de uno de los tres orde- I 2 nes de determinaciones locales de la enfermedad, como hoy sucede con la llamada Grippe de Europa. Limitemonos, por ahora, al concluir este resumen, de su historia, a sehalar el hecho de que estan con formes todos los autores en reconocer como Dengue a la epidemia que reino en Lima el estio de 1818. LA GRIPPE DE LIMA DE I 85 I. Acaecida esta epidemia en una epoca de renovacidn medica, en la que toda la atencidn se encontraba concentrada en la reforma do la ensenanza, no habien- dose establecido la verdadera prensa medica, lo que solo tuvo cfecto cinco anos despues, no se ha hecho hasta hoy una verdadera historia cientifica de la enferme- dad, de la que solo existen apuntes 6 anotaciones publicadas por los facultativos que la observaron, y como documentos las actas de la Junta Suprema de Sanidad. Fue la prlmera epidemia de Grippe a que asistid la generacidn medica a que pertenecemos, que conserva los recuerdos de ella, a que han tenido ocasion de hacer referencia algunos de nuestros contemporaneos, al ocuparse de describir el Dengue de Lima de 1871. Un notable medico escoces, establecido en Lima desde 1830, corresponsal del «Medical and Surgical Journal# de Edimburgo, (N? de Abril de 1855), en donde se ocupd de las epidemias del Per u, ha consagrado tambien algunas consideracio- nes relativas a la epidemia de que nos ocuparemos en seguida. Fue en Julio de 1851, en la fuerza del Invierno, de dicho aho, en el que son tan comunes los constipados 6 catarros bronquialesN asi como las intermitentes, cuando comenzaron a presentarse los primeros casos de la epidemia, que se ge- neralize en Lima y el Callao, atacando centenares de personas al mismo tiempo, pudiendo afirmarse que padecieron el mal las cuatro quintas partes de la po- blacidn. ■ Coincididcon su aparicion la llegada de una corbeta, la «Ferrolana,» de la ma- rina espahola, que desde la Independencia del Peru, fue la primera que visitd nuestros puertos, procedente de Sidney, en su viaje de circunnavegacidn. De all! el nombre de ferrolana dado a la epidemia; por su forma esencialmente catarral, no tenia complicaciones ni consecuencias graves sino en raros casos y de exesiva benignidad; no distinguiendose de los catarros comunes, sino por la excesiva debi- lidad desde su invasion y durante la convalescencia. Los estornudos y la tos, la cefalalgia lijera, dolores musculares y articulares lijeros tambien, eran los sintomas predominantes, que duraban generalmente cua- tro 6 seis dias y muy rara vez mas de ocho. Se notaron tambien lijeros desdrde- nes de las vias digestivas y un lijero estado bilioso. No hubo durante la epidemia accidente bastante pronunciado, como en la epidemia de 1818, por lo que los mas viejos practices, como Rios, Heredia que, si no presenciaron, conservaban mas fiascos los recuerdos que de ella les habian comunicado sus maestros, no lajuzgaron semejante; pero si al verdadeio Grippe de Europa. Nosotros tuvimos ocasion de observarla en el Callao, tanto en la poblacidn como a bordo de los buques nacionales, en uno de los cuales acababamos de ser llamados a prestar nuestros servicios profesionales. Ni alii, ni en Lima, se did gran importancia a la epidemia, a causa de su leni- dad; y no habria tenido mayor significacidn, si un aho despues no hubiese apare- cido la primera epidemia de fiebre amarilla del Peru, de la que desde entonces se le juzgd precusora, idea que ratified la segunda epidemia del tifus icterodes de 1867, que siguid a otro pretendido Grippe en 1863, de fugaz duracidn y genera- Hzacidn, que cundid igualmente con la llegada de una escuadrilla espahola, man- dada por el almirante Pinzdn, lo que le valid el nombre de abrazo de Pinzdn. Esta segunda aparicion de la denominada Grippe, coincidente con la llegada do buques de guerra espaholes, procedentes de los lugares donde reina endemica- 13 mente la fiebre amarilla,