CONCURSO I)K LA OFTALMOLOGIA A LA CLINICA LA (LLNEIiAL. MEMORIA leída ei| la sesioij solemne de la “Sociedad de Estudios Clínicos", el 11 de Octubre de 1888 POR El SOCIO FUNDADOR DR. D. JUAN SANTOS FERNANDEZ, H¡einbro honorario de la Real Academia de Ciencia». IMPRENTA I)E SOLER, ALVARKZ Y COMPAÑIA calle de Riela número 40. IS88 CONCURSO DE LA OFTALMOLOGIA A LA CLINICA EX GENERAL. CONCURSO DE LA OFTALMOLOGIA A LA CLINICA EN GENERAL. MEMORIA leida ej| la sesiorj solemne de la “Sociedad de Estudios Clínicos", el 11 de Octubre de 1888 POR EL SOCIO FUNDADOR • DE, D. JUAN SANTOS FEENANDEZ, Miembro honorario de la Real Aeademia de Ciencias, IMPRENTA DE SOLER, ALVAREZ Y COMPAÑIA calle de Riela númei’o 40. 1888 I. No hace más de dos lustros, que obedeciendo á una necesidad imperiosa del espíritu científico surgió esta Sociedad, como manifes- tación de la práctica de la medicina, para demostrar que en el ejerci- cio diario de la profesión médica, entre nosotros, hay algo más que la rutina ó el escolasticismo tradicional, y que la ciencia actual basa- da en la observación tiene uno de sus más sólidos pedestales en el dato recogido á la cabecera del enfermo; y he aquí por qué esta ins- titución fué designada con el significativo nombre de Sociedad de Estudios Clínicos. En el seno de esta Corporación, se han ventilado los más intrin- cados problemas que emanan de las múltiples manifestaciones nosoló- gicas; de ahí, que el caudal de los conocimientos acumulados haga imperecedera la memoria de los que contribuyeron á su fundación, inspirados en los más altos deberes de patriotismo y amor al progreso. La oftalmología, que no ha sido extraña al concierto de todas las ciencias en el desenvolvimiento de los estudios clínicos, viene en es- tos momentos á patentizar, sirviéndose de la palabra del más desau- torizado de sus adeptos, que el concurso prestado á la Clínica en general, es, si no superior, igual por lo ménos á la parte que toman en su desarrollo el conjunto armónico de las Ciencias biológicas. Dotado el órgano de la visión, de dos modalidades íntimamente unidas, pero esencialmente diferentes, la una que la coloca en las con- diciones de un admirable aparato de óptica, la otra que le adapta para sufrir todas las enfermedades del cuerpo humano, ofrece ancho campo para las investigaciones que en uno ú otro sentido se empren- dan; éstas pueden ostentar siempre el sello de la observación y el carácter de la Clínica, con que deben revestirse todos los trabajos que se acometan en el seno de esta benemérita institución. No os sorprenderá, pues, que al distraer vuestra atención en estos momentos, intentemos ocuparnos de las más importantes alteraciones oculares, en relación con las otras regiones del cuerpo, y en tal con- cepto, que para estudiarlas con más claridad, tratemos, como es cos- tumbre, primero, de las perturbaciones oculares, que son expresión 6 de una enfermedad general, después de las que son sintomáticas de una región ó de un órgano más ó ménos distante del ojo, y por últi- mo, de las que son debidas á un proceso puramente local que afecta á las partes vecinas. Esclavo desde luego de la división adoptada, cúmplenos empezar por el reumatismo, distrofia constitucional, como todos sabemos, pri- mitiva y expontánea, caracterizada anatómicamente por la fluxión ó inflamación de los diversos tejidos que entran en la composición del aparato locomotor (Jaccoud), ó si se admite la teoría de Múller: una enfermedad infecciosa; opinión justificada para el grupo de las artritis secundarias, por la presencia frecuente de elementos parasi- tarios. Y áun cuando los clásicos no admitan las artritis secundarias como reumatismo, tratándose de esta enfermedad, y las afecciones de los ojos, no podemos dispensarnos de señalar esta analogía ó dispari- dad, pues se comporta de una manera idéntica, cuando invade el apa- rato de la visión. Barlow, ha observado en más de una ocasión, en el reumatismo agudo, una congestión ocular bien marcada con fotofobia, pero sin iritis ni otras alteraciones inflamatorias. El reumatismo crónico, por el contrario, provoca una iritis con tendencia á la recidiva. Esta, con- cuerda con antecedentes de reumatismo articular agudo unas veces, otras de subagudo más prolongado y también con predisposición á reumatismos facíales y musculares, ó neuralgias intercurrentes, debidos á la acción del frió ó de la humedad. También otras veces es el ojo la primera parte del cuerpo donde se fija una inflamación, que síntomas posteriores hacen claramente ver que es reumática ó gotosa. El reumatismo blenorrágico lo mismo que el crónico, suele ser el punto de partida de una iritis crónica recidivante. La iritis reumáti- ca que sobreviene después de un primer ataque de reumatismo gono- rréico, es á menudo más simétrica que las otras formas de iritis y puede confundirse con la sifilítica. En nuestra práctica, hemos visto pocas veces la iritis acompañada de manifestaciones reumáticas ostensibles poli-articulares, y nuestra opinión en oftalmología, concuerda con la de algunos prácticos de esta Isla, quienes aseguran ser poco frecuente el reumatismo poli-ar- ticular agudo de los climas fríos ó templados. Se ha observado después de una uretritis, sobrevenir una oftalmía purulenta, y tras ésta el reumatismo de la rodilla, así como también á la oftalmía purulenta del recien nacido ha seguido el reumatismo de lá muñeca. Se ha señalado igualmente una forma de conjuntivitis purulenta o catarral que se desenvuelve sin contagio, y sólo por la acción del reumatismo. Esta forma de conjuntivitis se presenta antes, ó durante las mani- festaciones reumatismales, ó poco tiempo después. Se parecen á la oftalmia blenorrágica en la violencia del ataque y en sus efectos de- sastrosos, si bien no es siempre purulenta, sino que adopta algunas veces la forma catarral. 7 El reumatismo es la causa de parálisis de los músculos motores del ojo, de epiescleritis y de tenonitis como hemos tenido ocasión de demostrar recientemente. (1) Otras veces va de tal manera unido á la gota, que no siempre es posible designar á cada uno de ellos su parte en la produceion de la iritis; la que determina la gota es, por lo general, de forma insidiosa; aquella predispone alglaucoma á la irido ciclitis y á la retinitis hemorrágica. La sífilis, señores, es directa ó indirectamente la causa de un gran número de afecciones graves. La adquirida, en su primer período in- vade los párpados y la conjuntiva, que puede ser el asiento de chan- cros infectantes. En el segundo período, cuando se advierten las afecciones laríngeas, la alopecia, las erupciones y los condilomas, apa- rece la iritis entre el octavo ó noveno mes, casi nunca después del décimo octavo del contagio: es binocular, acompañada de exudación y nodulos linfáticos sobre el iris, queratitis punteada, á veces ciclitis intensa, y hasta el desprendimiento retiniano; la iritis sifilítica aun- que de curso largo, rara vez recidiva. La coroditis y retinitis suelen presentarse en un período de tiem- po comprendido entre los siete meses y cuatro años, después de apa- recer el chancro infectante. El aspecto característico de ambas, las delata al clínico observador y da la voz de alerta para un tratamiento general que pueda evitar la explosión de otras manifestaciones, que atacando órganos importan- tes, comprometa la vida del paciente. En los últimos períodos de la sífilis adquirida cuando se presentan ulceraciones en la piel, obsérvanse también en la conjuntiva parpe- bral: entonces aparecen las infiltraciones gomosas de los párpados y esclerótica y los nodulos en la órbita, si bien pocas veces éstos. Las parálisis óculo-motoras son frecuentes y pueden depender de un neu- roma sifilítico de los nervios orbitarios ó craneanos, un goma de la dura madre en la base del cráneo ó una lesión de los centros nervio- sos; el goma de los nervios rara vez se observa en los últimos perío- dos de la sífilis terciaria. El disco óptico suele inflamarse ó atrofiarse como consecuencia indirecta de la afección sifilítica del ojo ó del sistema nervioso, y la atrofia coroidiana diseminada, también se observa sola ó acompañada de atrofia de la pápila. En las sífilis hereditaria, se observa la iritis entre los dos y quince meses de edad, la coroiditis y retinitis de los seis meses á los trece años, por regla general. En los últimos períodos la queratitis, que es la lesión ocular más común en la sífilis hereditaria, de los seis á los quince años, así como es rara la presencia de las parálisis oculo mo- toras. En los individuos escrofulosos pueden presentarse gran numero de afecciones oculares, aun cuando se han descartado muchas que los an- tiguos reconocían como tales, debido al progreso de la Bacteriología: (1) Crónica Mkdicc-Quirúrgica, núm. 7, año 1888, pág. 38?. 8 ésta ha puesto de manifiesto que muchas escrofulidcs no son más que lesiones localizadas de la tuberculosis; la mayor parte de aquellas son muy insidiosas y suelen ir acompañadas de síntomas irritativos agudos, por más que casi nunca den lugar á lesiones graves. La tuberculosis, hoy reconocida como enfermedad infecciosa para- sitaria, por revelar el exámen bacteriológico un micro organismo es- pecífico (bacillus de Kóch) se acompaña de tubérculos en la coroides; sobre todo en la tuberculosis miliar aguda. La viruela es causa de muchas cegueras, sobre todo en los paises en que su profilaxis no es perfecta; la queratitis supurativa es frecuen- te, y por lo general termina por la destrucción de la cornea ó su per- foración: puede presentarse la iritis, y en los muy raros, aparecen pústulas variolosas en la conjuntiva, nunca en la cornea. Nuestra última epidemia de viruela nos ha permitido ratificar lo expuesto. En todas las fiebres con localizaciones renales y tendencia á la albuminuria, de las cuales son tipo la escarlatina y el tifus exantemá- tico, se observa la pérdida repentina y completa de la vista. En la fiebre amarilla en que la albuminuria y la uremia son fre- cuentes, hemos sido los primeros en comprobar lo antes expuesto y así lo hemos consignado en un trabajo presentado á la Academia de Ciencias de la Habana en 1881. Las fiebres palüdeas, tan frecuentes entre nosotros, determinan hemorragias retinianas y neuro-retinitis, como tuvimos ocasión de demostrarlo en 1877 cuando, como en el dia, no se habia vulgarizado el conocimiento de este género de trastornos oculares. Algunos auto- res han observado que siempre que la malaria ocasiona albuminuria puede producirse una retinitis albuminúrica. La fiebre intermitente puede acompañarse ó ser seguida de sínto- mas inflamatorios y opacidad del cuerpo vitreo, con ó sin iritis que ceden á un tratamiento apropiado. Las perturbaciones del aparato de la visión en la difteria, no apa- recen sino después de cuatro á seis semanas de haberse presentado la afección general; consisten en la parálisis de los músculos ciliares, acompañada generalmente de parálisis del gusto; aquella se hace más ostencible, como es fácil comprender en los hipermetropes; algunos han señalado extrabismos internos y externos. Las oftalmías diftéricos ó membranosas, rara vez son la expresión de una alteración específica de la sangre, sino el resultado de una manifestación local producida por la inoculación directa de la conjun- tiva del enfermo con las materias diftéricas de la garganta de otro enfermo ó bien propagándose la difteria por el conducto nasal á la conjuntiva. Se necesita, sin embargo, algo particular en la salud del que contrae una oftalmia diftérica y así se explica su frecuencia en los niños. El sarampión, como la tos ferina ó coqueluche, es la causa de of- talmías y úlceras de la córnea, las primeras descuidadas pueden agra- varse convirtiéndose por cultivo y trasmisión en purulenta, membranosa ó diftérica. En la coqueluche se ha observado una isquemia retiniana repentina y temporal; también la hemorragia de la conjuntiva bulbar. La meningitis cerebro espinal, llevando el proceso inflamatorio a lo largo del nervio óptico, como algunos creen, ocasiona coroiditis que pueden determinar la desorganización del ojo; si bien la lesión del oido interno es más frecuente aún. De una manera análoga se perturba el órgano de la visión á con- secuencia delapiohemia por la obstrucción que en los vasos retinianos ó coroideos pueda producir un émbolo séptico, determinando una panoftalmitis supurativa. En los casos de septicemia, pueden sobrevenir intensas y abundan- tes hemorragias en ambos ojos; por lo general poco antes de la muerte, y como no se observan en la fiebre tifoidea ni otras igualmente graves su presencia facilita el diagnóstico diferencial. La pérdida de la visión causada por la retinitis dlbuminúrica, escla- rece el diagnóstico de casos en que se sospechaban males de muy dis- tinta naturaleza. Estas perturbaciones de la visión son más comunes en las nefritis granulosas crónicas y en la lesión renal producida por el embarazo; se observa rara vez en los niños. El estado de la sangre, la lesión de los pequeños vasos sanguíneos y la hipertrofia cardiaca ex- plican suficientemente el edema y las exhudaciones de la retina. Siempre que en un sujeto joven se observe una catarata que se forma rápidamente y es, por consiguiente, blanda, no dejeis de practicar el exámen de las orinas, porque no es raro encontrar la diabetes. En los viejos el progreso de la catarata diabética es más lenta y como no ofrece particularidad alguna, puede en su dia comprometerla operación. Las retinitis acompañadas ó nó de hemorragias y las neuri- tis, pueden servir también algunas veces de grito de alarma para el pronóstico y tratamiento de la diabetes. Las hemorragias de la retina, acompañadas de manchas grasosas y brillantes como los de la retinitis albuminúricas, y coincidiendo con el examen histológico de la sangre del paciente cargada exagerada- mente de glóbulos blancos, demostrará en unión de la hipertrofia del bazo y del hígado, de tumores ganglionares, de notable palidez y de una debilidad general extrema, la presencia invariable de la leucemia. Estas mismas hemorragias retinianas una veces perivasculares y otras lineales ó en forma de grandes manchas, se han observado tam- bién en la púrpura hemorrdgica y en el escorbuto. Obsérvanse igualmente hemorragias intraoculares en las lesiones cardiacas por la gran tensión arterial que determina y la alteración patológica de los pequeños vasos. Las lesiones valvulares cardiacas provocan, ceguera repentina y más ó ménos persistentes á causa del embolismo que con frecuencia se fragua y de que son un anuncio las pulsaciones de la arteria central de la retina. Causa sorpresa, y sin embargo, la práctica lo atestigua, que en la anemia progresiva perniciosa se observan hemorragias retinianas y aún neuritis bien marcadas; nosotros hemos comprobado unas y otras, 10 átínqué no de una manera exagerada en un caso dé anemia simplón No haremos más que señalar las perturbaciones oculares produci- das por la acción tóxica del plomo desconocidas entre nosotros, del alcohol y del tabaco objeto de diferentes trabajos por nuestra parte y de la quinina de que nos ocupamos extensamente hace más de 13 años, cuando apénas se había iniciado en Europa su estudio. No terminaremos la primera parte de este trabajo sin indicar, si- quiera sea someramente, la influencia que ejercen los entozoarios en los trastornos de la visión: el cisticerco celuloso en la retina, el vitreo ó el iris; el hiddtide equinococcus en la órbita, la filiarla de Medina en la conjuntiva y otras en el cristalino y el vitreo, no olvidando las ascárides lumbricoides que también producen perturbaciones oculares reflejas en los niños. II. liemos dado cuenta de las perturbaciones oculares que dependen de una alteración general del organismo y pasaremos á ocuparnos ahora de las producidas por una afección local, más ó menos distante del ojo. Detengámonos, pues, en el cerebro, cuya funciones son en extre- mo complejas; en sus hemisferios se elaboran y coordinan las ideas y ellos son el sitio de la memoria, de la voluntad, de la imaginación y de los sentimientos afectivos; de ellos parten los movimientos para las diferentes regiones del cuerpo y en ellos las impresiones de la sen- sibilidad se transforman en sensaciones. El estudio de la capa cortical del cerebro ha demostrado que las lesiones que tienen asiento en la parte posterior del lóbulo parietal en la proximidad del pliegue curvo (Landuzy) pueden determinar la cuida del párpado superior del lado opuesto, esta blefaroptosis de origen cortical no se acompaña de pará- lisis de los otros ramos del tercer par y tiende á demostrar que el motor ocular común tiene múltiples focos de origen. Ahora bien, si nos trasladamos al campo de la patología, vemos que la neuritis óptica y los trastornos musculares que se traducen por estrabismos ó diplopias, son por lo general el resultado de tumores intracraneanos, neoformaciones sifilíticas ó la meningitis. Pocas veces se le asigna como etiología el reblandecimiento y los abcesos cerebra- les debidos al embolismo y casi nunca la hemorragia central. La neuritis se ha encontrado en algunos casos de mielitis aguda, pero ni una sola vez en la meningitis espinal. Puede asegurarse que en las cuatro quintas partes de tumores cerebrales se encuentra la neu- ritis; ésta se presenta igualmente en la sífilis intracraneana debida á una neoformacion gomosa del cerebro por un principio de engrosa- miento de la dura madre ó por una meningitis basilar. La inflamación del disco papilar se observa con frecuencia en la meningitis de la base; en cambio, cuando ocupa la convexidad, cual- quiera que sea su causa, no existe la neuritis. La meningitis tuberculosa es causa frecuente de inflamación del nervio óptico que parece relacionarse con alteraciones en el quiasma. En algunas meningitis de los recien nacidos no se presenta la neuritis, pero pasado cierto tiempo se observa la amaurosis por atrofia de la papila. El hidrocéfalo, que muy pocas veces provoca papilitis, puede pro- ducir la atrofia de los nervios ópticos después de algún tiempo por la presión que ejerce sobre el quiasma el tercer ventrículo distendido. En la ataxia locomotriz, que inmortalizó á Duschenne, después de los dolores fulgurantes, la atrofia de los nervios ópticos es uno de los síntomas más característicos antes de que aparezca la incordinacion de los movimientos que constituye el período de estado de la enfer- medad. El estrabismo, la diplopia, la acromatopsia y el nistagmus se ob- servan indistintamente al principio del mal ó en el curso de su des- envolvimiento, pero el síntoma primordial que suministra el aparato ocular para el diagnóstico de la ataxia y que es de todos conocido se refiere á la imposibilidad de la marcha con los ojos cerrados ó venda- dos, marcha que es firme y segura en enfermedades capaces de con- fundirse con la ataxia locomotriz progresiva. Para la mayoría de los autores, las afecciones que con más frecuen- cia determinan la atrofia de la pápila sin ir precedidas de neuritis son las crónicas progresivas de la médula, especialmente la ataxia loco- motriz. La degeneración de la pápila se distingue en primer término por su lentitud progresiva y, aunque es doble, muy pocas veces empieza al mismo tiempo en ámbos ojos, pero termina siempre por la amauro- sis si bien en algunos casos ésta se hace esperar muchos años. En la parálisis general de los vesánicos complicada con síntomas atáxicos se observa la atrofia de la pápila y, aunque rara vez, tam- bién en la esclerosis lateral y en la aislada. En la hemiopía homónima lateral, la mitad no percibida del campo visual está separada algunas veces por una línea recta que pasa por el punto de fijación, en tanto que por lo general esta línea divisoria se desvía en la parte central del campo hácia la mitad no percibida, de- jando un área central pequeña de visión perfecta. Según Ferrier, en el primer caso la lesión puede estar situada en la trama del tejido y en el último en alguna parte,del centro cortical visual. Donde se vé aún más patente la relación de las funciones del apa- rato de la visión con la del centro espinal, es en la explicación de los desórdenes óculo motores: así vemos que la meningitis de la base, es causa de parálisis de uno ó más nervios oculares afectando estrabismo y diplopia. Lo mismo ocurre en la parálisis general de los vesánicos y en la ataxia locomotriz. La variedad más frecuente es la pérdida de la acción refleja de las pupilas á la luz y al estímulo sensorial de la piel, miéntras que su acción asociada queda intacta; en presencia de la luz ó en la oscuridad permanecen insensibles, pero se dilatan cuando la acomodación se re- laja y se contraen cuando está en acción; este fenómeno algunas ve- ces no va acompañado de contracción pupilar y se le designa con el nombre de miosis espinal. Esta parálisis refleja del iris, es uno de los mejores signos al principio de la ataxia locomotriz. Aún se ignora hasta qué punto es frecuente en personas sanas ó sin ninguna lesión medular eventual y se sabe que en los viejos tiene, comparativamente, poca importancia. En las parálisis generales de los vesánicos se ha demostrado re- cientemente que la falta de dilatación refleja al estímulo sensorial de la piel, parece ser la primera alteración pupilar. El síntoma complementario de falta de la acción asociada, sin cambio en la acción refleja pupilar, aún no ha sido bien estudiado. La oftalinoplegia externa doble, es el tipo más grave de una clase numerosa é importante de parálisis oculares, se caracteriza por pará- lisis de ciertos movimientos y no de los músculos movidos por nervio determinado. Puede haber, v. g., pérdida de la facultad de mirar hácia arriba en ámbos ojos, ó pérdida del poder para mirar á la derecha; y áun en el último caso el recto interno izquierdo si está asociado con el inter- no derecho durante la convergencia, puede actuar perfectamente bien. Estas parálisis asociadas se explican por lesiones que afectan los centros, alterando ciertos movimientos combinados, los cuales son más centrales anatómicamente y más altos, fisiológicamente, que los de origen de los centros nerviosos. Las parálisis dobles del tercero y sexto par ó la oftalmoplegia com- pleta, son debidas algunas veces, á una lesión simétrica de los troncos nerviosos afectados. Los síntomas en todos estos casos pueden ser permanentes ó temporales, agudos ó crónicos y causados por diversas alteraciones anatómicas, estando con frecuencia asociados á otros sín- tomas nerviosos más graves. En los casos de parálisis oculares múltiples y asociadas, es importante saber si los síntomas provienen de una afec- ción de los núcleos de origen, de los nervios ó de los centros nerviosos para ciertos movimientos. La esclerosis diseminada, suele ir acompañada de nistagmus, ca- racterizado por irregularidad en la amplitud y rapidez de los movi- mientos. « Se ha señalado una notable relación entre las convulsiones y la formación de la catarata laminar; ésta se observa en las personas que han padecido aquellas en la niñez, y que ofrecen cierta deformidad en los dientes, cuyo esmalte falta ó escasea en la parte más distante de la encía. Todos los elementos constitutivos del ojo (Mooren) son accesibles á la influencia fisiológica y patológica del sistema uterino; el influjo de las afecciones de la matriz sobre los trastornos visuales, repe- timos, es indiscutible, está basado en notables experiencias (Rohring), que ponen de manifiesto cómo la irritación eléctrica del ovario 13 eleva la presión de la columna sanguínea general, y cada nuevo au- mento de presión se acompaña de un correspondiente aumento de excitación del nervio vago. De aquí, que los nervios centrípetos del ovario, conductos de la sensibilidad, actuando sobre el vago determi- nan una disminución de las contracciones cardiacas, dándonos eso la clave del por qué las operaciones de ovariotomía, aún las ejecutadas con mayor brillantez, terminan, no pocas veces, funestamente por ines- perada parálisis del corazón. Las innumerables comunicaciones de los nervios sensitivos de los órganos sexuales con el sensorio central, con los centros vaso-motores y con las diferentes vías motoras, hace comprensible á priori, que la cava subperitoneal sea en cierto modo, el núclep central de las exci- taciones, pues todo lo que pueda aumentar la replesion de los vasos anastomósicos adyacentes, debe obrar de un modo muy particular so- bre las ramificaciones nerviosas correspondientes; asíes que cuanto produzca inflamación, distensión ó variaciones de sitio en el aparato genital, puede originar hiperestesia de la retina ó cualquier otra per- turbación ocular. El histerismo, cuya naturaleza se ignora aún, si no depende por completo del aparato genital, puesto que hay hombres que lo padecen, no puede decirse con Briquet, que no intervenga pa- ra nada en él; las perturbaciones oculares que determina, tales como la amaurosis, los espasmos del orbicular y parálisis del elevador y músculos motores se observan sólo en la mujer; el pronóstico es favo- rable y en la terapéutica figura ventajosamente el hipnotismo como hemos tenido ocasión de comprobarlo no hace mucho. El tétanos, que los autores consideran una enfermedad frecuente en los países cálidos y en los negros, y que ha merecido una informa- ción de esta docta Sociedad, con objeto de establecer su etiología in- fecciosa, es provocado, como todos sabemos, por heridas insignifican- tes, y nosotros hemos añadido una observación á las tres únicas que contenía la literatura oftalmológica, acerca del télanos provocado por heridas del órgano de la visión. III. Vamos á terminar dando cuenta de las perturbaciones del órgano de la visión, en que éste participa de un proceso local que afecta á las partes vecinas, v. g., en la parálisis del nervio facial que no permite el cierre de los párpados y queda la córnea más ó ménos expuesta á las influencias exteriores, y por consiguiente á ulcerarse, y áun á per- forarse. En idénticas circunstancias se coloca cuando el herpes soster invade las ramas de la primera división del 5? par, y extiende sus extragos hasta el nervio óptico. El bocio exoftálmico es la consecuencia de una parálisis vaso- motora que determina una congestión ó replesion sanguínea en la órbita, porque el sistema vascular de la órbita se halla bajo el influjo regulador de un centro vaso-motor, y se cree que también de los ner- vios pertenecientes al gran simpático cervical. 14 Los síntomas principales de la enfermedad de Basedow, tales co- mo las palpitaciones, el aumento de pulsación de las grandes arterias cervicales, y la tumefacción de la glándula tiroides, pueden desarro- llarse sucesivamente uno tras otro, y el exoftalmo puede presentarse gradualmente ó de repente, y persistir por algún tiempo: después de la muerte suele desaparecer, y en algunos casos se ha encontrado hi- pertrofia del tejido adiposo. El bocio exoftálmico es raro en la Isla de Cuba. El enoftolmo, ó hundimiento del globo del ojo, se observa rara vez, y es consecuencia de afecciones del simpático cervical ó de trau- matismos de la cabeza. Así como en el exoftalmo se trata de una paralización, en el enoftalmo, de un estímulo ó excitación del simpáti- co cervical ó de un centro vaso-motor. En la trofoneurosis unilateral con desaparición del tejido adiposo y á consecuencia de enfermedades estenuantes se suele presentar la depresión del ojo: en cambio las al- teraciones de la circulación general que se acompañan de hidrohemia así como los estados caquécticos con anasarca producen un ligero grado de exoftalmia á consecuencia de una infiltración serosa del te- jido celular de la órbita. Señores: la medicina, como sabéis, es una ciencia de observación, que se enriquece y transforma sin cesar; nunca probablemente llegará á obtener el dictado de ciencia exacta y completa, cual acontece con la química; porque el organismo humano, reactivo infinitamente más complejo y variado que los cuerpos sobre los que el químico fija su atención, se modifica sin cesar al compás del medio en que el hombre está destinado á vivir. De los cambios de hábitos, de climas, de régimen, de las influen- cias hereditarias, etc., se originan constantemente nuevas predisposi- ciones para enfermar, y hé aquí por qué algunos males frecuentes en otras épocas, han llegado á ser raros y aún á desaparecer por completo, mientras que van apareciendo nuevos estados morbosos, y estos últi- mos años gran número de nuevas enfermedades se han añadido á la ya larga série de las mismas que la ciencia conocia. El número de las enfermedades del sistema nervioso, v. g., ha ad- quirido un notable incremento aún en capitales de tercer orden como la Habana; pues es axiomático, y vosotros lo sabéis, que el número de aquellas está en razón directa del grado de civilización de un pueblo: todos los viajeros están contestes al indicar su ausencia en los pueblos apenas civilizados, y nosotros hemos tenido una buena prueba en los ominosos tiempos de la servidumbre africana. A la par que los progresos de la civilización, han surgido los peli- gros del alcoholismo, y del tabaco, el afan especulativo, la sed de ri- quezas, la ambición sobreexcitada por las agitaciones políticas que trae como secuela la falta de reposo y de sueño, y por último el temprano trabajo de la inteligencia que se impone á la niñez. Ahora bien: si es cierto que los progresos de la civilización y los vuelos de la industria son fuentes de nuevas enfermedades, también lo es que la ciencia parece reyivir y ofrece nuevos horizontes á las in- Vestigaciones: ¿qué otra cosa es el estudio de la Bacteriología después que el génio portentoso de Pasteur obtuvo culturas sucesivas y abso- lutamente puras de micro-organismos que reproducían tal ó cual en- fermedad? ¿Qué otra cosa, la erección de esos templos que con el nombre de Laboratorio se levantan, y en cuyos altares flamean los ci- rios que alumbran el más positivo de los progresos? Brillen en buen hora las ciencias todas, que de todas unidas nece- sita la clínica cuando lucha el médico ála cabecera del moribundo que parece exhalar el postrimer aliento, y esta Sociedad que más que nin- guna otra representa la ciencia depurada de las teorías y reducida á su único factor, la medicina práctica, sinónimo de los estudios clínicos; debe conservarse y prosperar como eslabón necesario é indispensable de nuestra cadena social. Cada esfuerzo de esta digna Corporación es un reto vigoroso á la muerte, y cada verdad que se esclarece un triunfo de la ciencia y una vida más conquistada para el progreso, en un país, como el nuestro, cuyo sol ardiente y cuya exuberante naturaleza amenaza de muerte al hijo de los hielos que viene á compartir con nosotros el impulso de la civilización.