CONTRA LA WÁflffSf Jllilfil POR ESTEBAN WÓNNER DOCTOR EN MEDICINA Y CIRIO ¡A Fiat lux.. . . Et lux facía est. MONTEVIDEO Imprenta á vapor de El Siglo, calle 25 de Mayo número 58 JISBMÜIS» POR ESTEBAN WÓNNER YVoeVov ew 'YYeVVeYwa \\ C>vvvv\ía Ve Va \1 WYV-evsVVaV Ve CaaVvav’v (YVaVYa)*, wvéVVe© asVsAewVe VeV VvowAeo\\aVVeo YoVoVew- «oro ew Y wyyw \ s>oeYo Ve Viví, \v o va e o \v a\V tas Ve YYv- Vevwvo ( A Y© \) vy YwvYw ( YYYd)\> wvéVVeo «Ve- \u\a Ve Vas s,aVa% VeV Wos>Y>vVaV Veowveo\vaVVco Ve eoVévVeos, ew Yavwva (\YVyV) % «.oáo covyes,\e© ws>aY Ve Va Cowo;Ye©aeYow Wé VVeo YVvwwY- uc\\%c (VSvasVV, YYoYO s,o©Vo Ve Va s»oe\©VaV WaVvwe- wvawVawa WaV vYVews,e (V^YA) *, s, o©Yo eovy©s>\yows»aV es»VvawíY©Y© «Ve-Va s>o©V©VaV WaVvwewvawYawa •KvívewVvwa (YY'XV) \N VeVV ws>V v\ wVo Wa\\- wewvawYawo VeV YWasÁV ©owVe©ova Vo ©ow Va wveVaVVa Ve \\Va\a VeV Wevy V.1 CeVov 'WawvieV \vov Voe s,eY\w©Vos, ©w fY w- vVw ewVa e\\YVew\Ya VeV eóVeva wyoyVwys, (YV oY) vy ©ow o\va Y©waV c\w© Ve Va VKw\aes>a ©wVów©es, YVeYwawV© ew 'Vavwva \\ov v©waV aeva©VaV© \yoy eV YYcvy V© YVaVYa WwwvVvev- \o \ ©ow Va ©yws. 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En los años 1865, 1866 y después de 16 continuos de ejercer pura y únicamente la medicina homeopática, ya en Turin (1850 á 1856), ya en el Paraná (1856 á 1857), ya en esta ciudad desde 1857 hasta la fecha, y después de haber visto las funestas y numerosas consecuencias de la vacu- nación de brazo á brazo y su relación con el croup, empecé á publicar al- gunos artículos contra ella, apoyando mi opinión en la de otros autores. Poco tiempo después viendo evidentemente, por un sin-número de ejem- plos, que si es verdad que por la vacuna traida directamente de la vaca el hombre, sea niño o de mayor edad, no corre el peligro de contraer la sífilis ú otras enfermedades peculiares de este, como harto frecuentemente su- cede por la vacunación de brazo á brazo, por lo contrario contrae dispo- siciones á la locura, al suicidio y á la difteritis (vulgarmente llagas), las que se observan en las epizootias del animal vacuno, sobre todo en este- país, escribí contra la vacunación en general. Debiendo ahora discutirse por los señores Representantes de la Asam- blea Legislativa de esta República, la ley de vacunación obligatoria pro- puesta por el Superior Gobierno á instancia de la Junta de Higiene, me decidí á publicar todos esos artículos reunidos en un folleto. Era mi intención ofrecer gratuitamente á los asociados de la Revista Ho- meopática, órgano oficial de la sociedad Halinemaniana Uruguaya, estas páginas como haciendo parte de la misma Revista y llevando el número de orden 9.° y 10.°. Sin embargo, habiéndose opuesto algunos socios que son vacunistas, so pretesto de que mi opinión no era la de la Sociedad, me decidí á publi- carlo sin esa calidad, ofreciéndolo del mismo modo á ellos. CONTRA LA VACUNACION POR ESTEBAN WÓNNER I—Algunas observaciones RELATIVAS AL CROUP Y SU TRATAMIENTO, ACOMPAÑADAS . DE UNA ESTADÍSTICA DE MORTALIDAD (1) Desde algunas semanas el croup hace más estra- gos que de ordinario en esta ciudad. Como se verá mas adelante, si en todo el mes de Agosto ha habi- do cuatro casos solamente mortales de esta enfer- medad, en Setiembre hubo nueve, y en lo que va de Octubre alcanzan ya á catorce, sin contar los que no están certificados por los hombres de la ciencia. Decimos mortales, porque no conocemos todos los que no lo han sido. A pesar de haberse publicado varios artículos so- bra esta temible y terrible dolencia, sobresaliendo entre ellos los que dió á luz, dos años hace,nuestro colega el Dr. D. Adolfo Brunel, nos decidimos, sin embargo, a publicar hoy las siguientes observacio- nes que venimos recogiendo desde mucho tiempo atrás sobre este flagelo. El croup ó angina membranosa, según varios au- tores, llamado también por Guersant Angine couen- neuse, es una variedad de la Diphtherie, del renom- brado Bretonneau, y su nombre más propio y adecuado es Difteritis de la laringe. Muchos lo confunden con la angina gangrenosa. Así en el Diccionario de Nysten (edición de 1855, pág. 77), hablando de las anginas, se observa esta confusión, lo que es un gran error. Bastan para distinguir la gangrenosa, las manchas negras de la garganta y déla laringe, el olor fétido que despídela boca del enfermo que las tiene,(color negro y olor fétido que jamás tienen los enfermos del croup,) y la rá- pida marcha déla enfermedad, que ordinariamente en menos de dos dias puede matar al enfermo. La hemos visto pocas veces, poro una sobre todo, que observamos en 1856, en Turin, tenía dichos carac- teres tan marcados, que podía distinguirlos aún la persona más profana á la ciencia. El croup, ó difteritis de la laringe, es una enfer- medad bastante Común conocida entre nosotros, para que sus síntomas puedan S9r olvidados ó confundidos con los de otra. La tos particular que la acompaña, además de la fiebre continua, las manchas blancas en la boca y en la garganta (vulgo llagas), y la afo- DÍa ó falta de voz que se presentan en ella, consti- tuyen sus síntomas propios, sobre todo los últimos, que la diferencian del falso croup ó angina estridu- losa. El croup, conocido desde mucho tiempo en todas las partes del mundo, so ha presentado en estos paí- ses desde pocos años acá con una fuerza extraordi- naria.Verdad es que cuando el croup es epidémico es mucho mas temible, pero la difteritis tan fatal, sin síntomas de croup como ahora se vó, pocas veces se ha conocido. Diremos entre tanto que la difteritis es una afección esencialmente general, cuyo carácter es formar falsas membranas en las varias partes del cuerpo. Si ataca la garganta sola y la faringe, llá- mase difteritis de la faringe; si la laringe, toma el nombre de difteritis de la laringe, ó croup, etc» Puede también atacar las partes exteriores y presen- tarse en un intertrigo ó en una llaga do un cáusti- co, y también en los intestinos (2). Es revistiendo todas estas formas, que ha aparecido en estos últi- mos años entre nosotros. Así lo hemos visto, por desgracia, en uno de nuestros hijos, que, atacado de la difteritis ea las partes exteriores, falleció sin pre- sentar el mas pequeño síntoma de croup. Tanto aquí como en la Colonia, Concordia y Bue- nos Aires, la difteritis presentó esas variedades; pero las manchas difteríticas en el centro de la lla- ga de un cáustico, del intertrigo, etc., ó en la boca y garganta mostraban bien cuál era su naturaleza. A nuestro parecer, en estas regiones la difteritis afecta de un modo mas violento que en otras par- tes, contribuyendo quizas á esto condiciones loca- les, (3) que la hacen por eso mas grave. El croup es: l.° una afección general, como diji- mos; 2.° suele ser epidémico; 3." es contagioso; 4.° á veces es hereditario; 5.° no respeta edades. 1. El croup ( y las otras variedades de difteritis) es una afección general con manifestaciones loca- les (4). Tenemos á la vista una obra que creemos de las mejores publicadas á este respecto. Quizá po- cos la conozcan. Traite de la diphtherie de la larynx par le Dr. Millet. París 1863, ouvrage couronné par la Société des Sciences Medicales de Bruxelles. Véase lo que ese autor dice en la página 237, como también la observación contenida en la página 35 sobre un niño que murió de resultas de la afección difterítica general, á pesar de no presentar mas sín- tomas de croup y después de quince dias que se je creía sano. Este carácter es de suma importancia para su tratamiento, como lo veremos más ade- lante 2. El croup es epidémico. El mismo autor habla de varias epidemias de croup que cundieron en To- losa en el año 1859, y en varias otras partes de la Francia en el año 1858; pero la fuerza con que se [ 1) Este artículo fué publicado en los diarios siguientes : El Siglo de Montevideo número 334 fecha 30 de Octubre de 1863. El Pueblo deidem número 884 y 883 id. id. id. El Criterio Medico de Madrid, Ns. 20 y 2t págs. 473, 497 (1867). (2) Véase obra citada mas adelante, pág. 131. (3) El abuso de la carne. (4) Véase obra citada, páginas 13 y 237. 6 ha desarrollado epidémicamente, tanto en la Co- lonia, Concordia y Buenos Aires, como en esta ciu- dad, on el año 62 63, deja quizás atrás aquellas «epidemias. Más adelante se verá la prueba. 3. El croup es contagioso. Dicho autor (1 ) ad- mite el contagio, y dice que es tan contagioso como la viriuela, la escarlatina y el sarampión, propa- gándose del mismo modo. No son las teorías las |tie en medicina pueden decidir un juicio, sino los ¡hechos observados por los médicos, y todos saben que la medicina es la ciencia de la observación. Véase dicha obra, páginas 49 y 52. y en la 16, don- vio refiere que el año 1858 fueron destruidas por el ■qrou? fatndias enteras, compuestas do cinco y seis personas, on dos departamentos do la Francia. Ea otra obrita alemana leemos que en Berlín, ol año 1854, un la! Hurrel, profresorde música, perdió sus •cinco lujos en pocos dias, y un empleado público también cinco en quince dias. Nosotros sabemos •que en la Concordia, entro otras familias la de D. J. Megget, inglés, perdió, en 1863, ocho hijos ea pocas -semanas. En tal Gómez, da la Union, perdió siete .niños en dos ó tres dias, siendo tres do ellos enter- rados en el mismo dia. Nosotros, que escribimos estas observaciones, tuvimos la desgracia de perder dos robustas criaturas en un mismo dia, uno de croup y el otro de difteritis exterior. Al señor don J. M. Bar boza le aconteció eso mismo; y en 'este año al Sr. Blaizac calle 25 de Mayo, al Sr. Ba- glietto calle Cerrito, y á la familia Anavitarte calle Reconquista. Ea la Colonia el señor Quintana perdió ¿res niñas de regular edad en poco tiempo. Así en Rueños Aires y otras partes repitiéronse iguales desgracias. Además de esto, como prueba convin- cente del contagio, lóase la obra de que hemos ha- blado mas arriba, página 31, y las observaciones, Setiembre . 2> » » » Octubre . . 1 1 2 » Noviembre. 1 3 4 Diciombre . 3 1 4 1865 Enero . . . 1 1 2 Febrero . . 1 2 3 Marzo . . . 3 » 3 » Abril. . . . 1 X> 1 2> Mayo. . . . 1 7 8 2 hermanos » Junio. . . . 3 6 9 » Julio . . . . 4 3 7 » Agosto. . . » 4 4 2 hermanos » Setiembre . 4 5 9 2> Octubre . . 5 9 14 71 87 158 Se puede observar en esta tabla que si en el mes de Setiembre de los años 1863 y 1861 no ha habido un sólo caso de croup mortal, en este año, al con- trario, hubo 9. RELACION de algunos casos de croup que han sido curados por los varios homeópatas de esta ciu- dad, como también de todos los que han sido Ira lados 1) por el abajo firmado. verdadero cow-pox, tomado de la vaca ó de la ter- nera. « Hay que observar que esta vez también la Francia que so cree siempre la primera en la vía del progreso se ha dejado sobrepasar por otras na- ciones y sobretodo por la Alemania y la Italia (Ña- póles ). « ¡ Hace más de SO años el Archiduque de Austria Juan, había multiplicado en la Esiiria el Cow-pox y ¡o celia con placer á los médicos que se lo pedían y hasta t¡9ce poco podía obtenerle del Dr. Víctor An- drae en Francfort.Gallen Gasee núra. 10. Estos datos los tengo del Dr. Gallardin de León, quien los reco- jió en su viaje médico quo hizo por Alemania en 1819. Pero mucho antes y desde 1802, se había in- troducido en Ñápelos esta práctica por el Dr. Galbia- ti. Este inoculaba por primera vez una ternera con vacuna humana y la multiplicaba después de tal modo quo pudiese dar abasto á la vacunación de aquella gran capital. « Hace como seis meses que el Dr. Palasciana, dio una lección sobre >a vacuna animal pero veinte y dos años hace, el Dr. Negri había tenido, por tres veces, la suerte de hallar el cow pox natural en unas vacas de los cerros de la Calabria, cow-pox totalmente puro, y sin ninguna coincidencia con el horse pox. Vacunó entonces varios terneros y por medio de ellos vacunaba constantemente á los niño3 de la ciudad. « Y es de Nápoles que el Dr. Lannoix, testigo de la premura con que aquella población había acep- tado la vacunación animal, trajo á Paris esta salu- dable costumbre. La primera ternera vacunaia en Nápoles y conducida á Paris vivo todavía y presen- temente él vacuna dos veces por semana tres ter- neras haciendo á cada una de ellas 60 punturas obteniendo así 360 botones que le sirven para dis- tribuir el precioso antídoto á todos los que lo de- seen. « Este joven y sabio médico ha llegado á conclu- siones particulares, y ha adoptado de esto modo la costumbre ten necesaria y reclamada desde tanto tiempo, de no mezclar las sangres. Cada pústula está destinada á un individuo ó á una familia y bajo este punto da vista te do cuidado y advertencia será siempre poca. Porque si algunos ejemplos fe- lizmente raros han venido ú probar que la sífilis podía trasmitirse con la vacuna tomada de un niño atacado de ella y desarrollarse en personas sanas (3) éstos no prueban que la misma infección no pueda desarrollarse procediendo en modo contrario del que ¡o pide al que lo dá. « Y por cierto que observando bien el proceder en este antiguo método de vacunar eso se puode esplicar. Supongamos diez ó veinte personas que desean ser vacunadas. Ellas se quitan los vestidos, levantan la manga de la camisa y so acercan at Administrador de la vacuna. Este pica con su lan- ceta la pústula de la vacuna y con eiia comunica el virus á un niño ó á un estudiante ó á un militar ó á un obrero. Pero ¿quién nos garante que estén li- bres de ciertas enfermedades? No se les ha exami- nado, ni se les ha preguntado cosa alguna. Coa mucha precipitación se hacen las punturas desea- Anavitarte Ricardo. . . 9 meses. W 1865 muerto » Manuela . . 8 años. 1865 » Artau Julia 7 « 1865 sano Blanco María 3 « W 1865 muerta Blaizac Virginia .... 18 meses. 1865 « Baeza Adolfo 6 años. 1865 « Brander Francisco ... 3 « W 1862 sano D’ Alhenas María. ... 3 « W 1863 muerta Lapuente Mercedes. . . 5 « 1863 « Lerena Gilberto 4 « W 1858 sano Maeso 5 « 1863 « Márquez Carlos. . . . . 4 « W 1858 muerto Nuñez Enriqueta. ... 3 « 1865 muerta Peñalva David 9 « 1865 sano Perrone Juan 12 « W 1865 « Palacios Josefina. ... 4 « W 1863 sana Sienra Juanita 9 « 1865 « Sienra Dorotea 3 « W 1857 « Wónner Juan 4 « 1863 muerto II—Vacuna y método de vacunar (2) Apreciado señor : Me permito pedir á V. conceda un espacio en las columnas de su popular diario, á una publicación de suma importancia para el pueblo, y en particu- lar para los padres de familia. Quiero habiar de la vacuna y del método de pro- pagarla. Si bien es cierto que ella preserva temporá- neamente do la viruela, no es menos cierto quo muchos niños, y algunos de familias respetables de esta ciudad, que podria citar, han quedado afectos de enfermedades desconocidas en su familias, des- pués de haber sido vacunados. A pesar de las observaciones modernas conocidas de todos, entre nosotros está en uso todavía la an- tigua práctica de vacunar de brazo á brazo. Este método es malísimo y lo criticamos francamente esternando el desee de que sea sustituido por el método adoptado en Nápoles hace ya tiempo y en Paris en estos últimos años, que consiste en tomar la vacuna natural de la vaca ó de la ternera, y una de sus pústulas para cada individuo por separado, método muy fácil de practicarse en este país. Es realmento sensible que se permita á algunas parteras el vacunar, porque siendo ellas en general poco observadoras, transmiten do ese modo dispo- siciones á graves enfermedades cuando no trans- miten la enfermedad misma. A este propósito y como prueba de estas opinio- nes someramente emitidas, me es grato traducir para el popular diario de Usted un artículo in- serto en el periódico Les Mondes en la página 344 del tomo I de la 2.a serie, y es el siguiente : « La práctica de vacunar experimenta en este momento en Paris un cambio decisivo. Se renuncia cada vez más á la vacuna humana para volver al (3) Véase al final de este folleto (a nota de la Comisión Muni- cipal de Buenos iVires. Véase también el periódico francés Les Mondes, 1866, yol. MI, pág. 506, ambos relativos al caso de sí- filis trasmitidos por la vacunación. (1) Están señalados con una W. (2) Este articulo fue publicado en el número 933, fecha 26 de -Noviembre de 1867, del diario T.l Siglo de Montevideo. 10 ¿las y la lanceta ó aguja aún llenas de la sangre de ellos y nunca limpiada se vuelve á poner en la pústula del niño que cede su vacuna. « Por varias experiencias modernas, so ha proba- do que la sangre puede en ciertas circunstancias, propagar la sífilis: por consiguiente si el militar que ha sido vacunado tiene esa enfermedad, su saDgre puede inocularla á la pústula del niño, y al- gunos dias más tarde a! fin del período de la vacu- na, cuando su virus habrá cesado de existir el principio sifilítico apoderándose de esta lesión ya hecha, se transformará y le comunicará todos los caractóres de una úlcera. « Pero esto no es todo: con esta lanceta cargada de humores do la vacuna del niño y de la sífilis del militar, se vacunan después mujeres, jóvenes y ni- ños: calculad si os es posible, á dónde pueden con- ducir tales inoculaciones. « Una sola cosa me maravilla, y es que no se produzcan mas accidentes, desgracias y complica- ciones con tal método; pero do seguro que pueden suceder y á mas de eso ¿de qué está cargada la lanceta que pica la pústula de la vacuna? ¿Será so- lamente de virus vaccínico? Por cierto que nó. Bas- ta examinar con el microscopio un átomo de ese virus para reconocer en él además de serum, vehí- culo posible do muchos humores, muchos glóbulos sanguíneos, glóbulos de pus, células epiteliares, y muchas otras cosas. Guantas disposiciones pueden así comunicarse sin que uno lo sospecho. Un nue- vo campo al estudio se ofrece después de las obser- vaciones hechas por el Sr. Viliemain, quien cree haber demostrado que el tubérculo, engendra el tubérculo. Y la historia de Leannec parece apoyar esta grave proposición. Habiéndose Leannec pincha- do un dedo durante la autopsia de un tuberculoso, él vió desarrollarse en el lugar picado un verdade- ro tubérculo con sus períodos característicos, y to- dos saben que mas tarde Laennec murió tísico. «Se ha supuesto por mucho tiempo que la vacuna mo podia trasmitir nada mas que la vacuna. Esto es verdad en la mayor parte de los casos, pero no es absoluto. Aunque se ha podido vacunar en Milán en 1810 con vacuna tomada de niños que también íenian la escarlatina ó el sarampión ó la sarna, sin haberse conocido resultado de estos virus, esta ob- servación que parece concluyente se halla debilita da por otras contrarias. Así s.e puede leer en las actas de la Academia de Londres la historia do dos niños á quienes se inoculó al mismo tiempo la va cuna y el sarampión, y Girtaner en su tratado de las enfermedades de los niños, cuenta de una señora vacunada que padecía al mismo tiempo de aftas y de anginas, y que comunicó estas distintas afeccio- nes al niño que fue vacunado con el virus de ella. « Por consiguiente, doben suprimirse estas re- glas ; no comuniquemos con la vacuaa y la saliva del módico (1), la serosidad dol linfático ó el epi- telium del herpético, ó la sangre envenenada del canceroso ó del sifilítico. Porque si por la ioíluencia de tales mezclas constantemente renovadas, un virus tan poderoso como lo es el de la vacuaa, ha podido degenerar tanto hasta el punto de perder su poder do preservar ¿ por qué es que la vida normal y re- gular de los individuos no ha degenerado también, dando causas para constituciones tanto más débi- les cuanto mas veces la vacuna ha sido repetida? « Ua nuevo camino se nos abre el mismo que ha dado tan felices resultados á Jenner. Empleemos el cow-poíc natural. Se nos observará que es muy ra- ro obtenerlo natural, pero si se consigue vacunemos la ternera, y sirvámonos de este medio multiplica- dor para conservar la fuerza ó integridad de nues- tras familias. No es bastante que Ñapóles y París den el ejemplo, es preciso que él sea adoptado por todas las grandes ciudades y que la campaña pue- da venir á ellas para obtener este precioso remedio cuyo primer ejemplo ella nos ha procurado. Y es inútil que se diga que este nuevo método ha pro- ducido accidentes inflamatorios violentos, ó que no ha dado resultados. Notamos desde ya que estas dos acusaciones son contradictorias y se escluyen recíprocamente. « Si la vacuna de Jenner ha poseído verdadera- mente las propiedades que se le han atribuido, cuanto más nos acercáremos á las condiciones pri- mitivas, más el virus debe guardar su pureza y su eficacia. Asi pues, la vacuna animal debe preferirse á la vacuna humana. « Respecto á los accidentes inflamatorios, estos se ven producidos también violentos por la vacuna humana. Hace como cinco años he visto en una niña la vacuna del tamaño de una avellana, acom- pañada de fiebre violenta. El año pasado, (1865), he asistido á un niño de ocho meses, muy robusto, en el cual una sola vacuna fue acompañada de eri- sipela (2) tan violenta, que saliendo del brazo inva- dió todo el pecho, el cuello, la cara y la misma ca- beza causando la muerte á los nueve dias, en medio do las convulsiones y de la meningitis. « Así, pues, la vacuna humana nada tiene que la haga preferible á la vacuna animal y si ella es algo menos fuerte, es también monos preservadora. « Sin embargo es necesario tanto para la una co- mo para la otra dejar bastante espacio entre las punturas, á fin de aislar este punto inflamatorio ó impedir por la reunión de ellos, la erisipela y el flegmon. « En cuanto al modo de conservar la vacuna el medio mejor es el de emplear los tubos capilares llenos y sellados por medio de las llamas. Si se quiere guardar entre dos vidrios se debe emplear la glicerina y jamás la saliva. Hablamos de la gli- cerina perfectamente pura como la prepara el far- macéutico Cullier. Esto proceder ha sido empleado en Norte-América por el Dr. Cufien quien disuelvo con este vehículo las costras de la vacuna. De 24 niños así vacunados, en 22 se desarrolló perfecta- mente. » Nada puedo agregar á ese artículo publicado por el Dr. Ozacam, una do las más notables autorida- des de la ciencia médica de Francia. Divido com- pletamente las ideas emitidas por este ilustre hom- bre de la ciencia por ser conformes con la razón y la experiencia me lo comprueba cada dia con ma- yor claridad. (!) «La mayor parte de las obras de medicina recomiendan di- solver !a vacuna con la saliva, método pésimo, pues la saliva es un liquido de una composición tan complicada que no puede prever- se su influencia sobre la vacuna. Hay en ella alliumina, ptialina, mucus, osmazono, sales fosfóricos, cloruros, fosfatos, carbonatos y lactatos alcalinos y hasta el sulfo-cianuro de potasa; señales de silícea, óxido de fierro, á veces glóbulos purulentos y sanguíneos; los productos amoniacales de los dientes picados y ademas la nico- tina los que fuman, células epiteliales de la lengua, residuos de ali- mentos o pedazos del tártaro de los dientes y también vibriones y bacterias que se desarrollan en este último. Tal es el líquido en él -cual se va sin escrúpulo á derretir la vacuna. ¿Se puede imaginar mas incuria? (2) Véase la nota del Ministro Argentino, pág. 21. 11 III—De la gripe epidémica (I) liantes repitiré mi opinión (3) y ha de venir tiempo que será generalmente admitida, que los niños no vacunados no pueden sino rarísimamente tener el croop, mientras los vacunados lo tienen con mas* facilidad y en ellos es la mas de las veces fatal. Bastará, pues, saber que un niño no está vacuna» do, para no tener miedo del croup y suponer que tiene la gripe. Esto en la presente ocasión. Los niños vacunados de brazo á brazo, sin sor la vacuna tomada directamente de la vaca son muy dispuestos al croup. No se debe vacunar á los ni- ños sino de tres años en adolante. Y ya he espuesto las bases de esta opinión (4) que son las siguientes: 1. Casi todos los niños que mueren del croup* son vacunados en edad muy tierna. 2. Algunos de los niños que he salvado del croup» ó no estaban vacunados ó tuvieron después la vi- ruela. 3. Desde que la viruela abunda tanto entre nos- otros,el croup se presenta con menor frecuencia y en- asto apelo á la estadística de mortalidad conservada en la Oficina de Cementerios (J. E. A). 4. En los muchos virolentos que asistí, he obser- vado siempre difteritis en la boca ó en la farige. 5:° En las familias en que ha habido algún viru- lento, cuyas otras personas he podido preservar de la viruela, be visto frecuentemente á varias de ellas enfermarse de difteritis faríngea. 6. El Dr. Millet en su obra Traite de la diphterie de la larynx (obra premiada por la sociedad de ciencias médicas de Bruxelles), Parisl863, en la pá- gina 50, dice que habiéndose picado el brazo con una lanceta mojada en una falsa membrana, vi6 aparecer en este lugar una pústula semejante á la de la vacuna. 7. Cuando no se vacunaba no se cooocia el croup. Para que pierda esta opinioD, se me podrán dar otros hechos contra los que yo he citado. Desearía, á mas de estos hechos, que se me indi- case á un niño que habiendo tenido la viruela, haya padecido después el verdadero croup. Hecha esta digresión y enunciados ios caracteres especiales de las dos enfermedades, que sobresalen á la vista del mas ignorante en medicina, voy á de- cir algo de las causas que hacen desarrollar la gripe y son el esponer los niños al aire frío, á las corrien- tes de aire, el demasiado abrigo cuando de dia se ponen á dormir, ó sacarlos de un cuarto con estufa á otro que no tenga ó los baños y semejantes. Su pronóstico es la mayor parte de las veces fa- vorable si se atiende la gripe con los medios con- venientes desde su desarrollo. Pero si se descuida, entonces ella pasa, como ya he dicho, en pulmonía gripal (que es la mayor parte de las veces fatal en los niños chicos) en bronquitis capilar también gra- vísima y mueren los pobres seres en pocas horas 6 á los cuatro ó cinco días. Su curación es muy fácil y cierta si se siguen los consejos de la ciencia homeopática. La Pulsatilla es el remedio que he observado útil para preservar á muchos niños y curarles en esta epidemia. Basta- rá ver mi nombro para comprender que no puedo aconsejar otro tratamiento. Cuiden,pues,las madresy los padres de sus niños; evítenles los resfriados, no se alarmen por la tos ronca, atiéndanlos bien y no perderán sus niños. Agosto 19 de 1869. Hacen cuatro semanas que reiua en esta ciudad epidémicamente la gripe. Es de lamentar que el invierno de 1869 no haya continuado como empezó; pues en los meses de Junio y principios de Julio, la mortalidad mínima de esta ciudad atestaba la falta de enfermedades endémicas y epidémicas. Pero á fines de Julio, hacen como 28 dias que se desarro- lló dicha enfermedad, gripe ó resfriado, como se dice vulgarmente, y muchos niños y personas ma- yores fueron víctimas de ella. Se habla de pulmonías en los niños. Es cierto. La pulmonía gripal en ellos, si es epidémica, es casi tan fatal como el croup. Como empieza por un res- friado, de ordinario se descuida ó se cura con reme dios caseros poco útiles en ese caso. Siguen la fatiga y la tos afectándose el pulmón, y la bronquitis capilar á otras una grave pulmonía, son el resul- tado de tal descuido, ni dan tiempo entonces al módico para recurrir á todos los medios que al prin- cipio hubieran podido usarse para salvarlos. La muerte es la consecuencia de tal descuido. En estas cuatro semanas la mortalidad do Monte- video, Cordou y Aguada, está dividida como si- gilo (2) (23 de Julio al 19 de Agosto): De 1 dia á 5 años 117 » 6 años á 10 » 6 123 » 11 » 20 » 10 » 21 » 30 » 15 » 31 » 40 » 18 » 41 » 50 » 9 » 51 » 60 » 10 » 61 » 70 » 12 » 71 » 80 » 4 » 81 » 90 » 5 » 91 » 100 » 2 » 101 » 110 • 1 209 Como se vó, y como siempre ha sucedido, y como lo hice notar desde la primera estadística que publi- qué el año 1859 eu la Guía, la mortalidad mayor es en los niños y aprovecho la ocasión para lamen- tar, corno todos ío harán,que la Junta de Higiene no haya todavía contestado á la nota que la J. E. A. le pasó hace ya meses haciéndole notar este hecho para que indicase (es de suponer) los meiios adecuados para disminuir tal muerte demasiado frecuento. Al escribir estos renglones, mi objeto fué de emi- tir mis creencias sobre dicha enfermedad, hacerla conocer y distinguir del croup, que felizmente no reina en esto año como en los años anteriores y calmar á muchas madres justamente alarmadas por estas muertes tan numerosas. La gripe, como el croup, so desarrollan del mis- mo modo: es decir, empiezan por un resfriado. Pero á las pocas horas y en algunos niños á los dos ó tres dias, aquella se distingue fácilmente del croup por los siguientes síntomas: En la gripe hay fiebre aguda y tos ordinariamen te; puede haber tos ronca, jamás hay afonía ó pér- dida de voz, jamás manchas blancas en la garganta (Difteria). En el croup hay fiebre aguda, debe haber tos ron- ca, hay afonía y las manchas blancas ya citadas. Además de estos caracteres visibles y sebresa- (1) Publicado en El Siglo S.° <463 (Agosto 25 de 1869) y repro- ducido en los periódicos El Criterio Medico, de Madrid, A’.“ 19, p. 444, del año 1869 y Annali Med. Orneo., Palermo 1869, p. 226. [2] Estos datos son sacados de la Oficina de Cementerios. (3) Véase el diario El Siglo mím. 334, año 1863, (4J Véase el art*. sobre la vacuna publicado en El Siglo n. 933. IV—Vacunación cunar de brazo á brazo, como mas adelante voy á manifestar. Yo, señores redactores, he laido el artículo del Criterio Médico que ustedes han reproducido en el ya citado número 10 y en la página 218 del periódi- co de ustedes, leo: « Si es cierto y positivo que la vacuna no es un « preservativo directo de la viruela, es también « claro y evidente para nosotros, que la vacunación « especialmente de brazo á brazo trastorna pr )fun- « da mente la fuerza vital en la inmensa mayoría « de los casos y lleva envueltos en el pus de la vi- « rucia los miasmas hereditarios del individuo de « quien se ha tomado. » « Nuestra esperiencia nos hace conocer frecuen- « temente esta triste verdad y hemos visto suceder « á la vacunación las escrófulas, el raquitismo, la « tisis, la sífiiis y otras enfermedades, á pesar de « haberse fiado en la aparente robustez y buena « constitución del niño de cuyo brazo se ha tomado « la vacuna. Por eso hemos aconsejado á todos « nuestros clientes, con el valor que produce la con- « viccion, que no vacunen á sus hijos, y no hemos « tenido ocasión de arrepentimos de este saludable « consejo, y tanto menos cuanto que lo hemos acom- « pañado con los medicamentos preservativos que « han demostrado mas eficacia en el tratamiento de « esta enfermedad. » Pues bien : me bastaría esta opinión del Marqués de Nuñez, primer médico homeópata de la España, del observador concienzudo, del secuaz verdadero delinmortal Ilahnemann.paranocambiar de opinión. Supongo á ustedes enterados de la opinión mia, corroborada de hechos y estadística sobre la relación del croup con la vacuna. Esta opinión, si ustedes la ignoran, es la siguiente: Los niños vacunados de brazo á brazo, en edad muy tierna, sin ser la vacuna tomada directamente de la vaca, están muy dispuestos al croup, casi siempre fatal en estos. No se debe vacunar á los ni- ños sino de tres á cuatro años en adelante y siem- pre con vacuna directa. Yo ya expuse desde el año 1865, en un artículo publicado en El Siglo de esta ciudad (número 354), artículo que fuá reproducido por el periódico ho- meopático español El Criterio Médico (año 1867, página 475) y repetidamente en otro número (pági- na 444 del año 1869) las bases de este parecer mió, que creo ser una observación que me pertenece. 1. Casi todos los niños que mueren del croup (difteritis) fueron vacunados de brazo á brazo y en edad tierna. 2. Algunos de los niños que he salvado del croup ó no estaban vacunados ó tuvieron después la viruola. 3. Desde que la viruela abunda tanto entre nos- otros, el croup se presenta con menos frecuencia (y en esto apelo á la estadística de mortalidad conservada en la oficina del Cementerio do la J. E. A.) (2) 4. En los muchos variolosos que he asistido he observado siempre difteritis en la boca ó en la faringe. o.® En las familias en que ha habido algún vario- loso, cuyas otras personas he podido preservar de las viruelas, he visto frecuentemente á va- rias de ellas padecer de difteritis faríngea. 6.® El Dr. Millet en su obra «frailé de la Diphterie A la Redacción del Boletín de la Sociedad Hahne- manniana Argentina (1) dirijo la presente rectifica- ción, á propósito de lo que acabo de leer en la pagi- na 207 de ese periódico (número 10). Y si siento decirles que esa redacción no es la primera que ha levantado su voz contra la vacuna- ción y ei método con que esta se práctica, tentó en esa como en esta ciudad, tengo mucho placer en ver que en el terreno de la observación, todos los homeópatas estamos unidos, como mas adelante de- mostraré, teniendo como fin el beneficio de nuestros semejantes. En el año de 1867 y en El Siglo, diario de esta ciudad, en su número 955, publiqué un largo artí- culo del que copio algunas líneas. « Si bien es cierto que la vacuna preserva, tem « porariamente, de la viruela, no es menos cier- « to que muchos niños y algunos de familias respo- « tables de esta ciudad, cuyos nombres podría citar, « han quedado afectos de enfermedades desconoci- « das en sus familias, después de haber sido vacu- « nados. « A pesar de las observaciones modernas, cono- ■« cidas de todos (los que están al corriente de los « descubrimientos) entre nosotros está en uso toda- « via, la antigua práctica do vacunar de brazo á bra- « zo. Este método es pésimo y lo criticamos franca - « mente, manifestando el deseo deque sea sustitui- « do por el que se adoptó en Nápoles hace ya tiempo « y en Paris en estos últimos años, que consiste en « tomar la vacuna de la vaca ó ternera y UDa de « sus pústulas para cada individuo por separado, « método muy fácil para practicarse en esto país. « Además, es"realmente sensiblo que se permita á « las parteras el vacunar, porque siendo ellas, en « general, poco observadoras, trasmiten, por ese « medio, disposiciones á graves enfermedades, cuan- « do no trasmiten la enfermedad misma.» Como prueba deesa opinión mia, publicaba una traducción de un artículo del doctor Ozanam que babia leido en el periódico El Cosmos y concluía con las siguientes líneas : « Nada puedo agregar á ese artículo del doctor ■« Ozanam, una de las mas notables autoridades de « la ciencia módica en Francia Abrazo completa- •« meóte las opiniones emitidas por esto ilustro hom- « bro de la ciencia, por ser conformes con la razón; « y porque la esperiencia me lo prueba cada dia con « mayor claridad. » Después del año 1867 han venido otras opiniones 4 confirmar más mis creencias. En el periódico Les Mondes (página 506, vol. XII, Paris) so refieren varios casos do sífilis secundaria, •comunicada á niños por medio de la vacuna. Estos hechos confirmados, son el resultado do ob- servaciones practicadas por los doctores Depaul y Roger, alópatas comisionados oficialmente á eso ob jeto. A ustedes no les faltarán casos prácticos, casi co- tidianos para el apoyo de esta opinión. Pero no es esto solo lo que puede resultar de va- (♦>• Este artículo fue publicado en el diario La Tribuna de Montevideo número 1512 perteneciente al 21 de Mayo de 1870 y -en los*periódicos: Criterio Medico de Madrid (10 de Julio de 187<ó, Annali di Medicina Omeopat., Palermo, pág. 117, vo! 111, serie 2.«,1870, y en el núm. 24 del Boletín de la Sociedad Hahnemaniana Argentina, fecha 10 de Mayo de 1870. Buenos Aires. (2) Véase tabla relativa en la página 29. du larynx» (obra premiada por la Sociedad de Ciencias médicas de Bruselas), París 1863, pá- gina 50 dice: «que habiéndose él picado el brazo con una lanceta mojada en una falsa membra- na, vió aparecer en este lugar una pústula se- mejante á la de la vacuna.» 7.° Cuando no se vacunaba no se conocía el croup. 8.1 Deseo que se me haga conocer el hecho de un niño que habiendo tenido la viruela, haya des- pués fallecido de croup verdadero. 9.° Contagiosa la vacuna como es contagiosa la difteritis por contacto inmediato, (y sea entre otras una prueba lo acontecido al Dr.Gillete, mó- dico do París, que murió de resultas del conta- gio recibido por una parte de saliva del enfer- mo de croup. que, operándolo, recibió en la bo- ca (véase dicha obra), el modo de desarrollo y proceder en los dos, és muy semejante. Creo estos hechos y estas consideraciones bastan- tes seguras para establecer mi creencia, esperando nuevos Léfchos que vengan á destruir ó fortalecer mi opinión. Concluyo pues, como sigue, empleando el órden cronológico. l.° En el año 1865, yo publico que el croup es causado por la vacunación de brazo á brazo y en edad muy tierna. 2.8 El año 1866 el Dr. Zoilo Perez, en la sesión de la academia homeopática matritense tenida en Abril del mismo año, lee un discurso que con- cluye como sigue: « i. Que la viruela es una crisis orgánica, al- ce gunas veces terrible, violenta y necesaria, pero « saludable constantemente. « ir. Que la vacuna, no impidiendo en mu- « chos casos la manifestación de la viruela, in- « troduce con ella una enfermedad en el indivi- « dúo, bajo la problemática probabilidad de « preservarlo de otra menos dañosa que el me- ce dio profiláctico indicado. ■ iv. Que cuando se vacuna de brazo á brazo « se introduce en la economía de los individuos, « todos los miasmas crónicos, todos los virus « de que está saturado el organismo del que se « extrae la vacuna. .« vn. Que oponiéndose la vacuna al desar- « rollo de la viruela cuando nuestro cuerpo « tiene necesidad de esta crisis, abre paso á « enfermedades tan terribles como la tisis pul- « monary mesentérica, el croup, la fiebre ti- « foidea y muchas otras. » 3. 1867. Los doctores Depaul y Royer, comisio- nados oficialmente á ese objeto, declaran que varios casos de sífilis secundaria fueron comu- nicados por la vacunación de brazo á brazo. 4. El año 1867, el doctor Ozanam publica un ar- tículo en el periódico Les Mondes, criticando la vacunación do brazo á brazo. 5. E! año 1869 el señor Marqués de Nuñez no solamente declara la vacunación de brazo á brazo dañosa, sino dice que on todas las fa- milias de su relación ha prohibido vacunar. 6. En los distritos de Francia y de Inglaterra, en los que está mas propagada, y es obligatoria la vacunación, existen mas locos, tontos ó idiotas; así es que el señor J. Denizet que ha hecho esta observación, dice lo siguiente: « Que casi todas las naciones Europeas, ago- « tadas y diezmadas por esta infección animal, « no se regeneraran hasta partir del dia en que «■' se haya decretado su proscripción. » fEl Si- glo núm. 1630, 23 Marzo 1870). Todas estas opiniones vertidas por hombres observadores y de toda conciencia, no pueden ser efecto de alucinación ni de ideas preconce- bidas. Es preciso admitirlas y en consecuencia todos los módicos homeópatas debemos reunir nuestros esfuerzos para obtener de los gobier- nos se impida la vacunaciou de brazo á brazo y solamente se saque el virus directamente de la vaca, ó¿se aplique pasada la edad de 5 años, á fin de evitar tantas dolencias, la degenera- ción de nuestros hijos y de la especie humana. Abril 28 de 1870. V- La viruela (I) No es esta la primera vez que la Redacción de es- te diario acepta algunos de mis artículos relativos á cuestiones de medicina. Espero que ahora también aceptará este que es relativo á la viruela, cuestión al presente de palpitante actualidad. Ni voy á tratar aquí de un tratamiento ó sistema módico especial sino de un hecho positivo que hiero los sentidos de todos, y que notablemente aumentado, y desfigu- rado en un suelto de este mismo diario, me deter- mina á rectificarlo en las mismas columnas del dia- rio en que vió la luz pública. El hecho, pues, á que me refiero, si no me atañe particularmente, es demasiado grave y afecta al cré- dito de un país, en que he fijado mi residencia ha- ce años, que es además patria de mis hijos y al que deseo dias mas venturosos que los presentes. Aun sin esto no lo dejaría pasar sin rectificarlo, pues contiene hechos que conviene refutar cuando la conciencia los juzga nocivos á la salud pública, y de pernicioso efecto bajo otras faces. En la Gacetilla de EL Siglo fecha 15 del corriente, y bajo el título «Mirémonos en ese espejo», hay una estadística comparada de la viruela y vivas oscita- ciones de su autor, para vacunarse y revacunarse. Dos errores muy graves descubro en ese suelto. El primero está en la misma comparación, no siempre fuente de juicios exactos ni medio de raciocinio de que todos puedan hacer uso prudente: el segundo error consiste en la deducción que de aquella se hace, es decir, en el consejo que so dá. Por hoy me limitaré á demostrar el error del primer punto, de- jando para otro artículo demostrar también las pe- ligrosas consecuencias que acarrearía á la salud pú- blica la vacunación y revacunación de brazo á bra- zo como ahora se hace, sin garantirse por eso de la viruela, siempre que se me faciliten como ahora las columnas de este tan popular diario. Dice el autor del suelto ya citado, que: fallecien- do de viruela en Londres 838 personas anualmen- te entre 3.215,000 de habitantes, resulta una pro- porción de 1 por 6,978 habitantes, que es 23 veces inferior respecto á Montevideo, donde este año van ya fallecidos 600 individuos de viruela en el perío- do de cinco meses y medio, lo que equivale á 1 por Sr. Redactor de El Siglo. (O Publicado en elnútn. 2022 (Agosto 2 de 1871,1 y reproducido en el periódico español El Criterio Médico, pág. 343 año 1871 y m íos Debates núm. 29, 4 de Agosto de 1871, Montevideo. cada 166 habitantes, suponiendo que la población de esta ciudad no baje de 100,000. En verdad que si el juicio comparativo del autor del suelto, hubiera de admitirse literalmente, el pri- mer efecto que causaria en el exterior, seria consi- derar al país, como un país apestado, del que seria preciso huir como se huye de las terribles regio- nes que baña el Ganges. ¿ Qué medio habria bas- tante eficaz en tal caso para atraer á estos países la población que necesitan para fecundarlos y hacer- los florecer, como reclaman la feracidad de sus campos, la benignidad de su privilegiado clima y el carácter hospitalario y atrayente de sus habitan- tes ? Bajo este aspecto no puede darse nada mas in- exacto y de aspecto mas dañoso para el país, que la falsa'apreciacion á que ha conducido el autor del suelto á que me refiero, la estadística comparativa de la mortandad causada por la viruela en este país en el presente año, que fuó de verdadera epi- demia como nunca se ha esperimentado hasta aho- ra, y la mortandad de viruela en la ciudad de Lon- dres acaecida en épocas normales. Difiriendo pues entre sí los términos de la com- paración, fácil es conocer hasta qué punto es erró- neo y falso el juicio que de ellos se ha sacado. La buena lógica aconsejaba comparar períodos de epidemia, con iguales períodos entre los países comparados para sacar consecuencias legítimas de la comparación. Y no me observe el autor del suelto que la vi- ruela es de suyo una enfermedad epidémica, porque no se lo he de conceder jamás. La viruela es siem- pre enfermedad contagiosa: mas no siempre epi- démica. Sin faltarme otras pruebas, está en su abo- no la experiencia mia de muchos años. Establecido en esta ciudad desde el año 1857, he visto reinar la viruela en todos los años sucesivos, causando en cada uno de ellos mayor ó menor nú- mero da víctimas, entro los cuales algunos han he- rido intensamente mi corazón. Y sin embargo, ja- más se desarrollaron esos casos para constituir una verdadera epidemia en esta ciudad. Vecinos hay en Montevideo, quo en 30 años que llevan de residencia en ella, no recuerdan que la viruela haya hecho tantas víctimas como en el pre- sente año. Y sin ir mas lejos, ahí está el de 1865 que viene á demostrar, en apoyo de mi tesis, que habiéndose importado la viruela en ese año en el hospital brasilero, y tomado la violencia de matar cuarenta individuos por mes, se quedó estacionada en aquel loca!, sin estenderse, con carácter epidé- mico, á la ciudad. Para colmo de demostración, ofrezco á mis lec- tores la siguiente estadística de la mortalidad que la viruela ha causado en esta ciudad en los años de 1865, 66, 67, 68, 69 y 70. Y si es cierto, como Caste- lar lo afirma en su correspondencia do 6 de Junio, que los hechos son silogismos vivientes que llevan a! alma convicciones más profundas ó incontrasta- bles que las de los otros raciocinios, fuerza será ver que los que ofrezco al público en la estadística siguiente, nada dejan que desear á este respecto. Y doy á la población de esta ciudad en aquellos años la cifra de cien mil almas, cosa que no puede hacerse en el presente año, por causas que están al alcance de todos, y que abona con su autoridad en materia de estadística un hombre tan competente como Mr. Vaillant. ESTADÍSTICA DE MORTALIDAD 1)E VIRUELA ACAECIDA EN LA CIUDAD DE MONTEVIDEO Y SUBURBIOS, SEGUN CONSTA DE LOS LIBROS DE LA JUNTA E. ADMINISTRATIVA AÑOS Enero 1 Febrero O N « Abril O Junio Julio tic Setiembre Oetubre Noviembre Diciembre TOTAL 1865 ñ 0 4 13 76 64 43 21 7 15 18 30 297 1866 27 20 30 19 12 13 8 4 3 3 3 4 146 1867 11 4 8 9 7 0 7 3 13 4 5 7 78 1868 12 10 9 16 6 6 7 8 7 5 7 6 99 1869 6 8 3 4 3 2 5 3 2 1 1 3 41 1870 1 0 0 2 15 6 8 3 i. 2 0 3 5 45 EPIDEMIA DE 1871 1871 || 15 39 67 157 1 225 1 217 | 155 1 .. 1 •• 1 .. 1 •• 1 .. II .. Debo dar aquí públicameute las gracias al jefe de la Oficina del ramo en la J. E. A. que, como otras veces y para trabajos del mismo género, me ha fa- cilitado, previa autorización, y con la mejor volun- tad, los libros de los que he tomado los apuntes y datos que tan útiles me han sido para la formación del cuadro de mortalidad que precede. Esos libros están llevados con la mayor perfección. Debo hacer también algunas aclaraciones acerca de la abultada cifra de la mortalidad causada por la viruela en el año 1865. Siendo público y notorio que el hospital brasilero en ese año admitió á cu- ración á todos los atacados de esa enfermedad que con procedencia del Paraguay llegaron á este puerto y siendo igualmente cierto que la totalidad de los muertos subió en ese año á 177 individuos distribuidos del modo siguiente: En Enero 2, Abril 11, Mayo 55, Junio 40, Julio 25, Agosto 5, Octubre 6, Noviembre 12 y Diciembre 21; justo y racional seriailiminar dichaeifra delamorta- idad de 1865 y otros 64 casos en el año 1866; como importada del exterior. Haciéndolo así tendremos: Que la mortalidad del año 1865 fue de 120, la del 186», 82; 1867, 78; 1868, 99; 1869, 41; 1870, 45; tér- mino medio 77: relación entre los virulentos y la población. 1 por cada 1300, y no 1 por cada 166 co- mo aseguraba el autor del suelto. De le demostración que precede salta á la vista el error en que ha incurrido el autor del suelto que ha dado ocasión á las presentes líneas, al presentar al público la aterrante desproporción de las vícti- mas do U viruela en esta capital, con la de una ciu- dad tan populosa como la ciudad de Londres, á la cual y sea dicho de paso, estoy muy lejos de consi- derar en ccndiciones menos favorables que esta ciu- dad para e, desarrollo de la viruela. Siendo en este punto tan arraigada mi convicción, que no trepido en dudar del carácter de auténtica á la diminuta ci- fra que en dicha estadística se dá á la mortalidad anual de virulentos en la capital de Inglaterra. Aunque no he dicho todo lo que tenia quo decir acerca del primer error que combatí, creo haber di cho lo bastante para neutralizar su asustador efecto, no solo en esta capital, sino en el exterior. Para mí es una verdad indiscutible, que esta capital bajo el punto de la salubridad, no tiene nada que envidiar al pueblo mas favorecido de la tierra. Y á propósito de esto, voy á dedicar algunas líneas al segundo error que como emanación del primero, puso al au- tor del suelto en el caso da aconsejar como preser- vativo supremo contra la viruela, la vacunación y revacunación, de brazo á brazo, tal cual se está practicando entre nosotros. Si no estoy equivocado, no es la primera vez quo el autor del suelto se lanza á dar consejos de esa es- pecie, cosa que de cierto es tanto de estrañar, cuan to que no es facultativo, ni basa su consejo en ob- servaciones prácticas que pudieran hacerlo valede- ro. Si lo fuera, otras serian las deducciones que hu- biera hecho de las tablas de mortalidad, y de los apuntes que las acompañan. Porque habría visto que habiéndose cebado la viruela en el presente año mas en los vacunados que en los no vacunados, no puede tener ¡a vacunación de brazo á brazo el po- der de preservar que el articulista le atribuye. Sobro esto tengo muchos datos que verán la luz pública en otro artículo que seguirá al presente, si vd. Sr. Redactor, sigue favoreciéndome con su be- nevolencia y uno su autorizada voz á la mia, para que se adopten por la autoridad que corresponde, las medidas adecuadas para que sean provechosas á la humanidad doliente, y á la ciencia misma que me honro de profesar. Entre esas medidas, considero de la mayor impor- tancia, la de no dar sepultura á los cadáveres sin acreditarse préviamente ante la autoridad compe- tente y con certificado de facultativo, la enfermedad, bien caracterizada de los que mueran. Dos mil cuatrocientos cuarenta y siete individuos han fallecido en el primer semestre del corriente año, de los cuales, solamente 1,618 se han justifi- cado convenientemente las causas ó enfermedades deque sucumbieron; los demás, vergüenza causa el decirlo, nos dejan en la mas completa ignoran- cia respecto á las causas de su muerto. Algunos de ios fallecimientos constan justificados; pero con do- cumentos en que se dice haber ocurrido, ya de enfer- medad de pecho, ya de estómago, ya de enfermedad naturall! desconocida! 1... Tal desorden, ¿no está reclamando, á voz en grito, de la Junta de Higiene ó de la Comisión de Salubridad pública, medidas prontas y eficaces que, por el bien do todos, lo ha- gan desaparecer? ¿No seria pues útil que se nombrara un facultati- vo municipal con el encargo de expedir todos los certificados de las defunciones que acaezcan, bajo la precisa condición de no permitirse la inhumación de los cadáveres sin exhibir á la oficina del ramo el correspondiente certificado? Si así se hace en Italia, en España, Francia y demás países cultos de Euro- pa y América, ¿ por qué no se ha de hacer entre nosotros ? Repetimos pues, aquí, lo que hemos dicho y pu- blicado varias veces en este mismo diario, especial- mente en los años 1868 y 1869. El nombramiento de un médico municipal, es más que útil, necesa- rio y urjentísimo. El trabajo le seria llevadero por no tener que dar mas do 6 a 10 certificados diarios, que es la cifra máxima de las defunciones ordinarias en esta ca- pital y sus suburbios. A este respecto diré con mi franqueza habitual, que soy de distinta opinión de la emitida por el se- cretario de la Receptoría de la Junta E. Administra- tiva y publicada en su nota fecha 20 del corriente, en la que aconseja el nombramiento de médicos de sección, cou residencia fija en ellas, como medio de salvar á muchos de los atacados (de viruela ú otra enfermedad) que perecen por carecer de re- cursos ó por su misma incuria. Este nombramiento lo tengo por inútil, abrigan- do como abrigo la convicción hija de la experiencia diaria, que si mueren algunos individuos sin asis- tencia módica, no es tanto por falta de recursos ó incuria, como por defecto de confianza en los fa- cultativos, prefiriendo emplear mas bien remedios caseros ó de curanderos, que los de la ciencia. Des - graciadamente para olios, llevan la penitencia en el pecado, pues jamás la ignorancia iguala al saber y los consejos del médico son siempre superiores á los de los ignorantes. En fin, Sr. Redactor, tengo la persuacion de quo remediado el mal del modo que propongo, se ten- drá una estadística perfecta y capaz de servir de base á muchas apreciaciones científicas útiles para todos; deberíamos á ella el conocimiento exacto de las enfermedades que causan mas víctimas, y ia adopción de medios adecuados para impedir el desarrollo ó propagación de ellas. Mas de esto me reservo hablar con mas extensión en otro artículo que seguirá al presente. Soy de Vd., señor Redactor. Casa de Vrd., Julio 31 de 187!. VI—Higiene — Vacunación Señor Redactor de El Siglo. (1J Muy señor mío: Ruego á Vd. se sirva publicar en ose tan impor- tante diario el siguiente artículo copiado literalmen- te del periódico español Los archivos de la medici- (I) Este artículo fui: publicado en el número 4862 de El Siglo fe- cha de 4 de Mayo de \ 881. na homeopática, año V, N.° 82, Marzo 30 de 1881, página 1.a de la cubierta. No refiriéndose este artículo á sistemas de medi- cina, espero que Vd. no tendrá inconveniente en publicarlo, sobre todo considerando que ese mismo diario El Siglo en el número correspondiente al 23 de Enero de 1880 publicó un suelto en la gacetilla con el encabezamiento creer ó reventar, en el cual refiriéndose á una estadística del diario inglés The Times cree demostrarse que la vacunación es un seguro preservativo contra la viruela. El artículo á que me refiero es el siguiente: glíiterra 26,000 niños que hubieran vivido si la va- cunación hubiese estado menos en boga, como el 1817 ! » « Do 80,000 casos de viruela que hay en la citaia relación, 43,000 fueron niños de menos de 5 aios de edad, cuando la vacunación (obligatoria por la ley) se cree que protejo completamente. Y debí te- nerse también en cuenta que este formidabl» au- mento de mortalidad coincide con las habitaciones mejoradas, mejores aguas potables, establec'mien- tos de baños y casas de Ídem, aperturas de parques y jardines, en todos los grandes centros de pobla- ción, y el gasto (desde que es obligatoria a vacu- nación) do 120 millones de libras esterlinas en obras sanitarias! « Ed mi reciente viaje á los Estados Unidos pro- curó obtener datos estadísticos sobre los resultados de la vacunación, pero se me dijo que no había ninguno. Un miembro de la Sociedad Móuica de Nue- va-York me dijo que se hablaba de malas conse- cuencias producidas por la vacunación j que mas ó menos tarde habria que averiguarlo. Que la vacu- nación tanto en Nueva-York como en Filadelfia, no ha logrado detener ni atenuar los resultados del mal, se conoce bien por cuanto las últimas epide- mias, después de medio siglo de constante vacuna- ción, han sido las mas fatales y mortíferas que han conocido estas ciudades. » Después de estas cifras, que puedo yo agregar? Poco, si no es que la inoculación de la sífilis en mas da 100 niños, fué un hecho constatado por una Co- misión ad hoc nombrada en París en 1866. Véase Les mondes, Vol. XII, 1866, pág. 506: que el mismo hecho ha sido reconocido en Buenos Aires por la Comisión Municipal—{Véase este mismo diario 23 de Mayo de 1815). Que lo mismo se averiguó en Génova. fResoconto quinquennale del Dre. Dome- nico Bomba, médico del Comitato Ligare per la vaccinazione, Génova 1875). Este facultativo dice: « La trasmisión de enfermedades de infección y en especial manera de la sífilis por la vacunación, es para nosotros un hecho fuera de toda duda. » La opinión del Dr. Marqués de Nuñez, eminentí- simo médico español, fue contra la vacunación, agregando « que es un paliativo de forma y no de fondo, y por esta razón queda el vacunado espues- to á repetidas invasiones de viruelas. » Criterio Médico, 1869, pág. 323. Diré también que el doctor Verdé Delisle, médico alópata, publicó un librito cuyo título es: De la degenerescence physique et mo- rale de l’espéce humaine detbrminée par le vaccin. París, 1855, en el cual prueba con hechos y esta- dísticas esta degeneración constatada en Francia y otras partes de Europa. Además, el Dr. Saverio Friscia presentó al parla- mento italiano, del cual es diputado, un proyecto de ley contra la vacunación. El Dr. C. li. Pearce apoyó en el parlamento inglés una petición contra la vacunación. El Dr. Haez Koswky, en un discurso al Congreso de Dresde (10 Agosto 1869) se declaró contra tal preservativo. El Dr. Boehr en la Science Therapeutique, vol. II, pág. 53S, dijo lo mismo. Pel- linzoni: Dubbi sulla vaccinazione anímale, Manto- va, 1865, el Dr. E. Hiller y muchísimos otros facul- tativos y escritores que nó nombro por no ser de- masiado largo, son también contrarios á ella. En conclusión, miles de voces se levantan contra la vacunación: si ella parece que preserva, dispone positivamente á otras enfermedades mas graves. VACUNACION « Ahora que en la vecina nación (Francia) y tam bien en la nuestra (España) se trata de hacer oblí gatoria la vacunación, creemos, sin emitir nues- tro juicio por ahora, que serán leidos con gusto les siguientes datos estadísticos que copiamos del American Homeopalh Journal (Estados Unidos) » «La estadística siguiente está tomada del Regis- tro General Ioglés, y fue recojida por el Dr. Pear- ce. La vacunación se hizo obligatoria por un de- creto del Parlamento Inglés en 1853; fue repetido dicho decreto en 1867, y con mayor rigor todavía en 1871. Desde 1853 han habido tres epidemias de viruela, siendo cada una de ellas más mortífera que la precedente. La primera epidemia abrazó los años 1857-58-59, y las defunciones fueron 14,244. La segunda en 1863-64-65. con 20,059 fallecimien- tos. La tercera en 1870-71-72, ascendiendo los muertos á 44,840. El aumento de ¡a población, desde la primera á la segunda epidemia fue de 7/100 y el aumento do la viruela en el mismo período fué próximamente de 38/ioo* » « De la segunda á la tercera el aumento de pobla- ción fué 18/io0 y el de viruela, en igual período, fué cosa de 12ü/ioo* La mortalidad por viruela en los primeros diez años en que fue obligatoria la vacuna, de 1854 á 1863, fue 33,515. En los segun- dos diez años, de 1864 á 1873, fue 70,458. Tan im- portantes cifras no necesitan comentarios. La últi- ma relación del parlamento, titulada, «Vacunación, Mortalidad », N.° 433, sesión 1,877, publicada en el registro general, manifiesta el número proporcio- nal anual de niños de menos de un año, de quince enfermedades distintas, que son inoculables ó agra vadas del modo siguiente: Antes del decreto de la vacunación murieron en el año 1847, 62,619 niños de una población de 17.927,609 almas. En 1854 murieron 73,000 niños. En 1867 murieron 92.827 siendo la población de 20.066.224 almas. En 1868 murieron 96,282 niños. En 1875, 106,107, siendo entonces la población de 22.712,266 habitantes.» (1) «Así pues, mientras la población inglesa habia aumentado de 18 á 23 millones, las defunciones de niños por quince enfermedades, aumentaron en el mismo período de 63,000 á 106,000! Si la mortali- dad hubiese seguido la proporción relativa á la po- blación, las defunciones en 1875 hubieran solo sido 80,000, lo cual indica que en 1875 murieron en In- (1) Si la mortalidad hubiese ido aumentando en relación á la población, hubiera dado las siguientes cifras: Años Población Mortalidad 1847 1867 187o 17.927,6C9 20.066,224 22.712,266 62,619 92,829 106.107 dcbia haber sido 70,088 « « « 79,331 ff Este es un hecho innegable y fuera de cualquier duda para mí y los nombrados facultativos. Los propagadores y defensores de la vacunación aun no están de acuerdo sobre el límite y duración del poder do la vacuna. Algunos quieren que se vacune cada 8 años, otros cada 10, otros en fin que se revacune á la sociedad entera cada 5 años!! Jamás ha sido la humanidad tan diezmada como ahora por tanta tisis, croup, fiebres tifoideas, etc. Denizet asegura que solamente en los países donde es obligatoria la vacunación, solamente allí se nota un progreso muy regular de la enagenacion mental y de los idiotas. — (Véase El Siglo, 23 de Marzo de 1870). Cuando esas voces sean mas numerosas, cuando esas observaciones aumenten mas espantosamente, entonces los gobiernos dejarán á los pueblos com- pleta libertad, como ahora se deja á los individuos, purgarse, sangrarse, ser anfibios con tantos baños ó morir sin medicamentos. Todos los que nos hemos declarado enemigos de la vacuuacion, lo hemos sido casi obligados á ello por nuestra conciencia, después de un sinnúmero de observaciones y hechos indudables. No es ¡a .gue- rra de boutique que hacemos, sino Ja guerra á las enfermedades sublevadas y aumentadas por la va- cunación. Esperando de su cortesía la acogida favorable á estas palabras y al artículo remitido, la doy mil gra- cias anticipadas y me suscribo, do Vd. A. y S. S. Montevideo, Mayo 2 de 1881. siendo los purgantes los mejores preservativos de la fiebre amarilla, ú otra epidemia, todos los habi- tantes son obligados á tomar un purgante diario! » Por cierto que todos nos reiríamos de tan absur- da ley, y aunque la establecieran todos los gobier- nos del mundo, no per eso seria justa y sin em- bargo tal es la ley de la vacunación obligatoria. Concluye Y. el artículo á que me refiero con las si- guientos palabras: «Abrimos nuestras columnas ai debate». Bien ve V. que a provecho ol ofrecimiento, y le envió este artículo que divido en dos partes, limitándolas lo mas que me sea posible: 1. Peligros y enfermedades que ongondra la va- cunación. 2. Pruebas científicas y morales, y estadística centra de ella. Peligros y enfermedades que engéndrala vacuna- ción— Cuando Jenner en 1798 introdujo la vacuna- ción en Europa, lo hizo por recien conocer entonces este modo de preservarse importado do la China por losjesuitas. (2) Comousted sabe, antes se inoculaba por ios módicos el mismo pus de la viruela ¡o que daba por resultado la propagación déla enfermedad y el aumento de !a mortalidad. Jenner después in- gerto en el brazo de un niño la vacuna de la vaca que produjo una pústula y leve enfermedad; le inoculó después el pus de un virulento, y viendo que la viruela no se desarrollaba, declaró y proclamó que la vacunación preservaba do la viruela. La obser- vación fue demasiado superficial y todavía así con- tinúa, sin fijarse en las consecuencias que de tal operación resultan. Estas, por la observación cau- telosa de sumos estadistas y facultativos vinieron á dar en tierra toda la falsa teoría do Jenner. En efecto, oiga usted las siguientos opiniones: l.o La vacuna es un preservativo de forma, pero no ataca ¡a causa eficiente de la enfermedad, y por esto el vacunado queda expuesto á repetidas inva- siones de viruela. (Nuñez-Criterio-Módico, 1869, pág. 325). 2. El tubérculo (es decir la tisis) en la mayoría de los casos es segundaria, por la degeneración caseo- sa do simples productos inflamatorios ó do glándu- las escrofulosas. Esto puedo también sobrevenir de la vacunación ó resultar desús consecuencias. (Hu- ghes Manual pág. 157 Barcelona 1878). (3) 3. Regnoli en la reunión de la Academia de Luc- ca, en 16 de Setiembre de 1843 sostuvo con abun- dancia de hechos y razonamientos, la trasmisión de la escrófula por medio de la vacunación. (Revista Italiana, págiDa 180, cúm. 6, año 1877 ) 4. El doctor Orlandini, Vico Conservatore del Circondario de Milán (Italia) en la relación que hizo en el año 1867 relativa á la conveniencia de la va- cunación animal, no niega que, por medio de la va- cuna de brazoá brazo, sea posiblequo seintroduzcan en el vacunado e'ementi ostici generadores y actores de enfermedades diatésicas. (Pág. 181, núm. 6, 1877. Revista citada.) 5. El doctor Domingo Bomba en su apreciado trabajo Resoconto quinqnenale del Comitato Ligure di vaccinazione anímale, publicado en Génova en 1875, dice : « La trasmisión de enfermedades infectivas y es- pecialmente da la sífilis, por la inoculación de la VII—Contra la vacunación Señor Colaborador do La Razón: (1) Con placer y suma satisfacción para mí, ha leído en el número 1182, pág. 2.a columna 2.’ de su ilus- trado diario, fecha 19 del corriente, el artículo rela- tivo á la vacunación y revacunación. Partidario conocido, y único facultativo en esta ciudad, que se ha declarado contrario á la vacuna- ción, y á las leyes que la rindon obligatoria en va- rias naciones, ó la rendirán en esta, bien se explica mi placer y satisfacción viéndome ahora ayudado por la importante pluma de ustod en esta materia, y siéndome abiertas las columnas de ose diario pa- ra defender mi propaganda, basada en hechos muy claros, en estadísticas y en opiniones de otros facul- tativos, todas las cuales reunidas importan que so- lamente la obcecación puedo negarla. Ni podría esperarse menos de usted. Verdadero apóstol do la libertad, defensor justo y brillante de ella en todo, así como proclamó la libertad mora! y de la conciencia humana, debe del mismo modo defender las libertades materiales, entre ellas espe- cialmente la de curarse y precaverse de las enfer- medades como á cada uno le dicte su razón. En efecto, debe en esto, ser completamente libro el sér humano y no obligársele por leyes á tratarse ó preservarse según le parezca á tal ó cual gobierno. Que diría V. si mañana se publicara una ley que estableciese más ó menos lo siguiente: « En vista de la declaración de tal ó cual sociedad científica (basada en la estadística, en la suposición ó en el resultado de la observación de tal epidemia) (I) Publicado en el NT.°1I83 del diario La Razón, fecha 22 de Octubre de 1882. [2] Como prueba, véase el periódico Le Petit Journal Sume- N.° 61—Abril \ de 1875. f3] Léase en la página 10 línea 38 lo concedido á Laennec, y la> opinión de Villemain. vacuna humanizada, es para nosotros un hecho fuera de toda duda.» Esta triste realidad está com- probada evidentemente por la larga série de ca- sos que en sus escritos han contado Orsi, dell’Ac- qua, Grancini, Berna. Ricista di 1871. A este he- cho gravísimo relativo á la trasmisión do la sífilis, agregaremos otros, entro ellos el que fué constatado en más de 100 niños por una comisión ad hoc nom- brada en 1866 en París: (véase periódico «Les Mondes» vol. Xll 1866 pág. 606J. Igual hecho y trasmisión reconocida en 1874 en Buonos Aires por la Comisión Municipal: (véase «El Siglo* N.° 628, Mayo de 187í J. 6.° El Dr. Verde Delisle prueba la degeneración física y moral del hombre, determinada por la va- cunación basada en estadísticas sin fin, constatada en Europa y en otras partes del globo. ( Véase su obra: De la degenerescencc, Varis. 1886 J. Danizet asegura que «solamente en los países don de la vacunación es obligatoria solamente allí se nota un progreso regular do la onagenacion mental y de los idiotas.» (Véase El Siglo de 28 Marzo 1870.) A esto se contestó propagando la vacuna directa- mente de la vaca. Desde entóneos el suicidio aumentó en los mis- mos países en modo extraordinario. Conclusión: La vacunación parece producir una preservación momentánea pero, realmente, dispone á enfermedades peores como el croup, el tifus ó in- curables como la meningitis tuberculosa, ia tisis y otras. Pero hallo mas justo traducir do la revista Biblio- ihéque homeopalique número 7, París, Abril 1882, las siguientes conclusiones „• « L\ CONDENA DE JtNNER COTlSisle 60 6St6 hecho! que casi todos los que caen enfermos de viruela, (sobretodo en tiempo de epidemia) casi todos han sido vacunados, no habiendo impedido la vacuna- ción, el desarrollo de la enfermedad. « La condena de Jenner consiste también en lo si guíente: que en ios hospitales ahora tenemos la misma proporción do muertos por la viruela, como antes do la vacunación, lo que demuestra material - mente que eu los hospitales la vacunación no ha salvado una sola vida. » « La condena de Jenner se halla en esta hecho: que después do la vacunación y revacunación, cada epidemia de viruela es más grave, más estensa, y más mortal que la que le precedió (hecho este que fatalmente he constatado en esta ciudad en la epi- demia de 1871 y 1881-82). Véase estadística eu la parto 2a. « Finalmente la Condena de Jenner se halla en este hecho, que sin producir algún bien, la vacunación ha sembrado largamente muchas enfermedades, y tiene tendencia á corromper y envenenar la sangre de la familia humana. » Que contestan los propagandistas déla vacuna- ción á estos hechos? Nada mas que con las estadís- ticas. Pues bien, de ellas vamos ú ocuparnos en ¡a segunda parlo. Vlíl-Segauda parte ESTADÍSTICAS—PRUEBAS Y RAZONBS CIENTIFICAS Y MO- RALES CONTRA LA VACUNACION—INJUSTICIA DE LOS PROPAGANDISTAS DE LA VACUNA CONTRA LOS HOMBRES Y SOBRE TODO CONTRA DIOS. (1) L* Estadística—Leo en el diccionario do Salválo siguiente: « La estadística es ia ciencia que exami- na el provecho que saca un estado de su pobla- ción, etc. » En cuanto al provecho ya hemos visto y veremos claramente el que se saca de la vacunación. Epidemias de viruela mas largas, mas graves y mas duraderas; (2) degeneración de la especie hu- mana; enfermedades incurables; aumento del sui- cidio y de la locura, y por fin el envenamiento de la sangre humana. Pero me dicen los vacunistas: Vd. no conoce cier- tas estadísticas. Ellas prueban... pregunto, qué? Lo voy á decir: las estadísticas do los vacunistas son pruebas superficiales de un hecho mal aplicado y de cuyos resultados no se tomó cuenta. Muchas se publicaron favorables á la vacunación, siempre superficiales. Conozco sobre todo dos ó tros de las cuales se ha querido hacer una especie de bombe écrasante, ó mejor dicho un fallo inapela- ble contra los aniivacunistas y favorable al « virus sagrado. » Voy á referirlas: A. —Fue publicada una (núm. 116, de Abril 21 de 1871J en La Gaceta de Colonia (Alemania) resul- tado de un informe sobre la epidemia de viruela.— Hay que notar que por la ley del 4 de Mayo de 1874 la vacunación es obligatoria en todo el imperio aleman. De 1567 enfermos vacunados murieron 339=21 % % « 89 revacunados murieron . . . 5= 5 « « « 23 no vacunados murieron. . . 16=70 « « B. —La que sigue fué publicada en El Siglo (nú- mero del 28 de Enero de 1880) encabezada por las palabras Creer ó recentar. «En la epidemia que reinó en Londres de 1877 á 1879 fueron asistidos en el Metropolitan Asylum 15,186 enfermos, de los cuales 11,417 estabau vacunados, y 3,769 carecían del pre- servativo. Del primer grupo fallecieron 1008 y del segundo 1,669, de manera que resulta para los va- cunados el 8,58 p.% y la enorme proporción de 44,4 p. % , respecto de los no vacunados»; y continúa el apologista: « El hecho mas curioso verificado du- rante la epidemia es que no puede asegurarse que una sola persona entrase en los hospitales inmedia- tamente después do haber sido vacunada ó revacu- nada con éxito. » Ya se vé bien claro, inmediatamente: poco im- porta que los vacunados y revacunados que no han enfermado de viruela hayan muerto después de po- cos años do tisis, locura ó suicidio. Esto no hace al caso!! C. Otra estadística fué también publicada en El Siglo hace pocos meses en la cual so cuenta que de 10 y mas mil empleados vacunados en la adminis- tración inglesa de correos, solo 10 ó 12 murieron de viruela, lo que nada prueba porque, y lo repe- timos hasta la saciedad (como se ha dicho en la es- tadística B) no se observaron ni el aumento poste- rior de las enfermedades ni el de la mortalidad en N. B.—Para evitar objeciones, los números 1, 2 y 7 pertenecen á homeópatas y los otros á alópatas y estadistas. (1) Pub'icado en el núm. 1189 del diario La Razón, fecha 2" d Octubre 1882. (2) Véase párrafo A° Montevideo, Octubre 21 de 1832. vacunados, aumento que no está en relación con la población, etc. ESTADÍSTICA CONTRA LA VACUNACION. 2. a Si tomamos en cuenta y observamos con la atención necesaria lo que sucede en esta ciudad, donde la constatación de los hechos es fácil, nota- remos un hecho asombroso y gravísimo. En efecto, en el número 5160 del diario El Siglo (correspondiente al 11 de Mayo de 1881) leo una relación publicada por la oficina de la mesa de Es tadística de la cual resulta que en todo el año de 1881 murieron de viruela 296, y de tisis tuberculo- sa y laríngea 713. Razonemos ahora y profundicemos el resultado que se desprende de estas cifras. D. —Pocas son las familias que no vacunan á sus hijos desde muchos años acá, y sin embargo hemos tenido la epidemia de 1881-1882 mas larga, mas estensa, mas duradera y haciendo muchísimas mas víctimas que la del 1871 (1) precisamente en los vacunados, mientras yo que he proclamado el pe- ligro y he prohibido la vacunación, he perdido so- lamente dos individuos, entre mas de 200 que no eran vacunados. E. En el número 2,066 del diario La Tribuna ffecha $8 de Abril de 1872J probó con datos irre- cusables y fidedignos y por la estadística, que la mortalidad de tisis en Montevideo era ordinaria- mente de un 10 p. %, observando que esta ciudad, á pesar de su temperatura tan variable, se acerca por su clima á los países mas privilegiados del globo, y es por eso mejor que tantos otros puntos de Amóri ca, Africa y Europa, donde la tisis hace mayores estragos de los producidos en esta. Pues bien, la población do Montevideo que, desde 1871 al 1881, ha disminuido notablemente, debia la estadística de mortalidad mostrar también la disminución de ¡a tisis y sin embargo sucedió todo lo contrario. En el 1871, siendo ia población de esta ciudad mayor de 120 mil habitante?,las defunciones de tisis fueron 251. En 1881 siendo la población de 111,500 habitan - tes, las defunciones de tisis debian ser aproxima - tivamente 233, y sin embargo, ya lo hemos notado, que alcanzaron á la enorme cifra de 713, lo que claramente indica e' aumento de la mortalidad pro- ducida por la tisis sin relación á la población, vién dose en esta enfermedad un aumento progresivo nada halagüeño, ó digámoslo claramente, espantoso en sus efectos. F. Otro cálculo: la mortalidad en 1871 fue de 2,738; de ellos 251 de tisis; en 1881 la mortalidad fué de 2,826 y de ellos 713 de tisis constatadas por certificado médico. Proporción en la primera de .... 9 p%. Id. en la segunda 25,22 » A estos números no hay nada que agregar! 3. Abro mi libro de curiosidades y hallo en el Journal des Debáis (París 8 de Abril de 1875) en la página primera, lo siguiente: « En las epidemias de Filadelfia (1823-24), de Sue cia (1823-25), de Vicencia (1825) la viruela atacó principalmente á los vacunados, y durante la epi- demia de New York en 1824, la mayor parte délos casos de viruela se mostró en los vacunados: lo mismo aconteció en Marsella.» A estas cifras y hechos se contesta por algunos vacunados pidiendo la vacunación y revacunación á paso redoblado, y como hemos probado ya los innumerables males que acarrea una sola vacuna- ción y el ningún bien que produce, y como los va- cunistas no están de acuerdo ellos mismos relativa- mente al tiempo que dura la preservación, así po- dría proponerse que se vacune á las personas cada mes ó cada estación; vamos al abrir las flores, al secarse las hojas de las plantas!... Pobre humani- dad!.... y siga la danza; entretanto la tisis como ya lo hemos demostrado aumenta espantosamente en esta bella y antes muy sana ciudad: la viruela hace mas estragos en 1881 y 82 que en 1871: la locura y el suicidio aumentan también estraordinariamen- te como todos vemos y lo que sucede aqui se repite en otras partes del globo, así por ejemplo en Cer- deña, mi patria, donde antes era casi desconocido el croup, ahora y después que la vacunación es obligatoria, rara es la familia que no cuenta entre sus hijos á una ó mas víctimas. Por el contrario yo no ha visto mas esa enfermedad en mi clientela de esta ciudad, después que he aconsejado á ella que no vacunase á ningún niño. 4. a Voy á repetir aquí lo que publiqué en el nú- mero 2022 (3 de Agosto de 1871) de El Siglo y en Los Debates (A de Agosto de 1871J. hay en Montevideo que en 30 años que llevan de residen- cia en ella, no han visto que la viruela haya hecho tantas victimas como en el presente año de 1871.»- Esa epidemia duró aproximativamente 13 meses, como publiqué en el mismo diario, ó hizo.... vícti- mas. (2) La epidemia de 1881 y 82 duró 19 meses ó hizo, ya 741 víctimas eso á pesar do la vacunación y re- vacunación aconsejada, mandada y ordenada por todos los facultativos, por las parteras y por los maestros de las escuelas de esta ciudad. (3) 5. Vamos á publicar una Estadística concluyente contra la vacunación y la copio do la entrega 7.a (perteneciente al mes de Abril de 1883J del pe- riódico Bibliolhéque Ilomeopathiquerepitiendo aquí cuanto dije en el diario Los Debates del 4 de Agos- to de 187Í: «¿qué tiene que ver la homeopatía con las estadísticas publicadas? por ser yo homeópata ¿los números serán mayores ó menores y las de- ducciones mas ó menos justas? Hasta en esta ciudad y en muchas otras. ¿No hay homeópatas que son pro- pagandistas de la vacuna? Dice el doctor J. J. Garfil Wilkinson: «la vacuna fue declarada obligatoria per una acta del parla- mento inglés en 1853; do nuevo en 1867 y mas obli- gatoria aun en 1871. Desde 1853 hemos tenido tres epidemias de vi- ruela. Fectias Muertos 1. a (1857-58 59) 14,244 2. a (1863 64 65) 20,059 3. a (1870-71-72) 44 840 Aumento de la población, de ta 1.* á la 2.a epidemia 7 % Aumento de la viruela id id 58 » (2) Véanse los diarios La Tribuna del 26 de Enero de 1872 y Los Debales del ?5 del mismo mes y año. (3) Esta cifra la lie sacado de las notas de la Mesa de Estadís- tica. Hubo en 1881, 296 muertos de viruela, desde Enero á Diciem- bre y 469 desde Enero á Setiembre de 1882. Total, 74!. (1) Véase el párrafo 4.° Aumento de la población de la 2.* á la 3.* epidemia 18 % Idem de la viruela 120 » Muertos de viruela en el primer decenio des- pués de la aplicación de la ley sobre va- cunación obligatoria (1854-1863) . . . 33,515 En el segundo período (1864-1873) . . . 70,458 « Tal estadística os sacada de una carta al dipu- tado inglés TheRight Hon. G. Sclater Booth, módico (Febrero 1877) por C. F. Pearce, M. R. C. S. 6 « Este mismo doctor Pearce, en una carta que dirigió al citado Sclater Booth, ha demostrado, por la estadística, el grande aumento de la mortalidad infantil por la sífilis, juntamente á la estension de la vacunación. Este hecho horroroso, siendo bien establecido y comprobado, y que la sífilis es muchas veces trasmitida por la linfa de la vacuna, una ojea- da á las tablas de estadísticas nos mostrará que esta calamidad es un hecho frecuente. » « Se verá que murieron de sífilis: 8. En 1871 la viruela fué precedida en este Es- tado por la epizootia. En Chile sucedió lo mismo: el diario La República de aquel Estado (2) dice: «La epizootia quese desarrolló en la República Argentina hace poco mas de un año fué trasmitida á este país con la llegada de animales enfermos. Todos palpa- mos las proporciones que tomó ese mal hasta en- tóneos desconocido para nosotros. Y quien podrá asegurar que esa epizootia no fuó en parte el origen de la terrible epidemia de viruela que acabamos de pasar.» En Noviembre de 1871 el Boletín Oficial del Go- bierno General de la Provincia Portuguesa de Cabo Verde, refiere lo siguiente: «Reunidos varios-docto- res en comisión por orden del Gobernador, el doc- tor D Francisco Fed. Ilopffer, dijo hablando de la viruela: «porque tenho reconocido que a epizootia precede muitas veces a doentia para ó homen.» El siguiente hecho es algo mas grave (3) «El ve- terinario Federico Vitarelli habia practicado la va- cunación en una ternera de un año de edad; y de ella recogió 40 tubos de linfa, para el servicio pú- blico déla vacunación: el dia después (27 de Se- tiembre de 1877) la ternera murió de carbunclo maligno. Apenas so supo en Nápoles este hecho la población fuó profundamente conmovida y con ra zon. Pero el Municipio y su Comisión de Vacuna se apresuraron á anunciar inmediatamente que la linfa de los 40 tubos y la ternera habían sido quemados por orden de ellos.» Ahora preguntamos á los vacunistas ¿qué hubiera sucedido si con esa linfa se hubiese vacunado á séres humanos? 9. Resumiendo to lo lo dicho hasta aquí y con las razones, las opiniones, los hechos y las estadís- ticas, puedo establecer sin temor de ser contradicho la siguiente conclusión: En los países donde la vacunación es obligatoria las epidemias de viruela parecen disminuir; pero si antes de la vacunación la viruela era solamente epidémica y se presentaba cada 40 ó mas años, des- apareciendo después totalmente,en seguida de la va- cunación, es casi permanente y endémica. Además, la vacunación hizo aumentar extraordinariamente, como ya lo hemos probado, la mortalidad por otras enfermedades, en una proporción que no es relativa al número do los años precedentes ni al aumento de la población, y eso á pesar de las mejoras que se lian introducido en las naciones por la higiene, etc. 10. Los hechos, dijo Castelar, « son silogismos vivientes que llevan al alma convicciones mas pro- fundas ó incontrastables, que las de los otros racio- cinios. » Pues bien, á pesar de esta opinión del gran escri- tor español, si ellos faltasen y me faltase también el apoyo de los números, me bastaría otro racipci- nio moral mas grande que todos los números y citas posibles. Nace el hombre, sér superior al bruto, puro y sa- no, aunque algunas veces algo enfermizo y débil; pues bien para precaverlo y rendirlo inmune de UNA ENFERMEDAD FUTURA É INCIERTA, SE LE INGERTA EL VIRUS Ó PUS, Ó SEA EL PRODUCTO DE LA ENFERMEDAD de un bruto enfermo! ... Este es un absurdo tal para mí, que no sé de qué manera patentizarlo mejor y ridiculizarlo, si no me viniese á la memoria que el En los 5 años De mas de 1 año En todas edades 1860-á 1864 4504 6425 1870—á 1874 7009 9271 « En el primer período, por consiguiente, casi las dos terceras partes del número total, eran niños menores de un año, es decir, en el 1er. año de la vacunación, mientras en el 2.° período y cuando el número habia aumentado considerablemente no menos de la 17.a paite del número total de muertos, era de niños menores de un año. » « Una relación hecha a! parlamento inglés (núme ro 392, sección 2.a, 1880) demuestra que en 1847 y cuando, relativamente, pocas personas eran vacu- nadas, la proporción de los muertos por sífilis, en los niños menores de un año, ora de 472 por un millón de nacimientos. En 1878, después de 25 años de vacunación obligatoria, los muertos de sífilis en los niños menores do un año, aumentó á 1851 por un millón, es decir, CUADRUPLICÓ. « Las estadísticas de Suecia prueban los mismos hechos.» (1) Clarísimo, pues, y bien patentizado está el ningún beneficio que saca la humanidad por la vacunación y al contrario, los innumerables males que á ella acarrea. 7.” Voy ahora á dar contra la vacunación otra ra- zón deducida de la injusticia humana. ¿Cuál es de las señoras de la buena sociedad y raza blanca de esta ciudad que al presente permi- tiera que uno de sus hijos fuese vacunado con el pus ó materia sacada del brazo de una morena? Por cierto que no encontraré una sola. Y con esto vemos que se pone á la raza negra debajo de los brutos y se cree la vaca superior á una morenal Mas injusticia no se puede hacer! Ya la vaca no puedo tener nada de malo en su ser, ni ella está enferma cuando se le saca directa- mente la vacuna, ni ocasionarnos gravísimos daños. Oigamos á propósito algunos hechos. (I) Véase en la 1.a parte lo que hemos referido y sucedió cnGé- ■ nova, en Rueños Aires y Francia. En el afio 1866, habiendo sido reconocidos por la Asamblea Mé- ■ dica de París los numerosos hechos incontrastables de trasmisión sifilítica, por medio de la vacunación de brazo á brazo, la vacuna- ción animal directa de la vaca, fue legalmcnte sancionada por el • Gobierno y adoptada por la Academia. (2) Número del 3 de Noviembre de 1872. (3) Véase Revista Italiana núm. 9, Marz »1879. Roma. hombre, con su soberbia, ha tenido el atrevimiento de enmendar las obras de Dios. ¿No nos ha puesto El y á nuestro alcance, reme- dios indudablemente poderosos, sacados do plantas ó minerales y poseídos de virtudes curativas ó pre- servativas? Busquómoslos, aconsejémoslos á nues- tros semejantes, solamente en el caso de epidemias y demos gracias al Todopoderoso que de cuando en cuando permite que sin estudio alguno ni prolija observación, se conozcan esas virtudes. Es esto lo que hice, haré, probé y aconsejó con óptimos resul- tados y sostengo desde 1866 y muchos homeópatas conmigo, aunque otros crean todavía en el poder preservativo de la vacunación. 11. Por fin, en un artículo que he leído en La De- mocracia del 21, (1) se patentiza claramente la mala fó de Jenner, el introductor de la vacuna, pues vien- do las malas consecuencias inmediantas de la va- cunación, sin embargo la aconspja. Hó aquí el ar tículo: «Muchas de sus vacunaciones fueron seguidas de erupciones, las que naturalmente molestaron mucho á sus inventores. El biógrafo del Dr. Jenoer, atri- buye estos desastres á la linfa impura, y dice « ya es imposible negar el hecho que esta materia impu- ra fuó diseminada por muchas partes de Inglaterra y del continente. » «Refiriéndose á algunos de osos casos, el doctor Jenner observa: «cuando encontré al doctor Wood- wille dispuesto á publicar su folleto sobre casos de erupción observados en el hospital, me dirijí á él en los términos mas enérgicos, verbalmente y por escrito, para que nada hiciera que pudiera entor- pecer los progresos de la vacunación. » (Vida de Jenner pág. 374). «El mismo Dr.Woodwille dice en carta fechada en 1799, « no podemos jactarnos do que nuestra inno- culacion no haya sido acompañada de erupciones. » Y en Febrero 15 de aquel año, el Dr. Pearson habia escrito ya privadamente á su amigo y asociado el Dr. Jenner, del siguiente modo: « al decir al doctor Woodwille que usted me habia tenido muy ansioso con motivo de recomendar el uso del cáustico, él replicó «eso habia condenado toda la operación.» El Dr. Pearson añade: «puede estarseguro quo si la prác- tica del cowpox no puede serintroducida sin el cáus- tico,nunca tendrá éxito ante el público», Baron’s lije of Jenner, volumen I, pág 313. Sir Ilenry Holland, dá su testimonio en favor de la autoridad de la obra, de la cual hemos sacado estos importantes y pocos conocidos incidentes. Dice él en su Medical Notes «la mejor fuente de información sobre estos tópicos es la Vida del Dr. Jenner, por el Dr. Barón, complemento de mucho precio para la «literatura módica ». Concluyo pidiendo sea libre la vacunación y no obligatoria por las leyes. Mil medios hay para evitar el progreso déla viruela, cuando viene epidémica. El aire libre, el aislamiento, los preservativos: tam- bién la oscuridad, los medicamentos y ciertas apli- caciones esteriores para evitar las horrorosas cica- trices que suelen dejar y de las cuales no hemos visto ninguno en nuestra clientela. Desaparecerá el gran miedo y el horror que se tiene á estar desfigu- rados por ella y á los que dudan del beneficio re- portado no vacunando, mostraremos muchas perso- nas ó niños en varias fami ias do¡ esta ciudad, en los que se veiá individuos no vacunados, robustos y sanos, y á los vacunados raquíticos y débiles. Quedaré satisfecho del resultado si obtengo la ilustración de los autores del proyecto do la vacu- nación obligatoria, ni desmayaré por cierto si ape- sar de estos apuntes la ley so viniese á establecer. En 1866 era solo en esta ciudad para combatir la vacuna. Han pasado 16 años y ya brotan los anli vacu- nistas en Inglaterra, en Bélgica, en Suiza (3) en Italia y en todas partes, en fiu, donde hay médicos cautelosos: algunos años mas y la vacunación saca- da de la vaca caerá en desuso y relegada al olvido, maldecida por aquellos quo sufrieron por olla, y por los mismos que antes tanto la proclama- ban; bendiciendo todos á Dios por haber permitido que se descubriese el error, quo felizmente ha du- rado menos do un siglo. Montevideo, Octubre 21 de 1882. « La Linfa impura en 1799 » sobre vacunación—El Ministro Argentino en Lon- dres, en nota dirigida á su gobierno, suministra in- formes que son oportunos entro nosotros. Hace algún tiempo que los diarios ingleses vienen publicando cartas de módicos notables, sobro la importante cuestión de la vacuna, siempre á la ór- deQ del dia. Como, sin duda alguna, estas publica- ciones tienen que interesar también en sumo grado á nuestros médicos de Buenos Aires, me propongo tener al corriente á V. E. de todas las faces que tome el debate de ese punto científico, y por ahora me limito á adjuntar la traducción de una carta que hallo en El Times, la cual contiene datos de indis- putable valor. Ellos son ofrecidos ála prensa por el Dr. Dudgeon, á propósito de haberse presentado en los hospitales, casos de erisipela, (2) en niños sobre los cuales se habia operado la vacunación. —El artículo del Dr. Henry D. Dudgeon, á que hace mención la nota anterior, se titula, «La linfa impura en 1799,» ha sido publicado en la siguiente forma: Sr. Director de The Times: «Sorprenderá probablemente á muchos desuslec- iores, el saber que la vacunación fuó seguida algu- nas veces de Erythema, en los primeros tiempos de su historia. En Febrero 15 do 1799, el doctor Pearson escribió al Dr. Jenner lo siguiente: « la in- flamación en las partes iooculadas de mis pacientes ha sido meramente lo quo llamaría Erithematosa ó sea el mismo género do afección quo se observa en la escarlatina. «Los tros promotores primitivos del Cow-pox, fue- ron los doctores Jenner, Pearson y Woodwille, y el método fuó presentado al público en el invierno do 1798 99. Es interesante leer en la vida de Jenner las amistosas cartas que estos caballeros se cambiaban y especialmente sus privadas y confidenciales notas sobre las numerosas ó imprevistas equivocaciones, sobre las cuales seria actualmente de desear que se arrojase el velo del secreto. (1) Reproducido del diario La Nación de Buenos Aires, núme- ro . . - , fecha 19 de Octubre de 1882. (2) Véase pág. 10 lo sucedí :o al Dr. Ozanan. {3J Véase diario La Razón núm. 1182 del 19 Octubre 1882. IX—Contra la vacunación « La proporción de 17,72 sobre la totalidad « de los muertos diagnosticados parece hala- « güeña á primera vista; pero si examinamos « por edad, tendremos otra impresión: por « ejemplo de 20 á 30 años la proporción de tísi- « eos es de cerca un 30 p. %. Casi la tercera « parte en esa edad mueren tísicos. « ¿De dónde proviene eso? ¿qué causas hay? » Esas causas que ignora el Dr. Rappaz son la vacunación y revacunación, sea directamente de la vaca, sea de brazo á brazo y las razones las he dado, refiriendo las opiniones de varios autores sobre el tubérculo que « en la mayoría de los casos es segundario por la degeneración caseosa de simples productos inflamatorios ó de glándulas escrofulosas, » lo que a puede también sobrevenir de la vacunación ó resultar de sus consecuencias. » ( 2) El Dr. Verdé Delisle en un librito publicado por él (3) en la página 115 (después de referir una multitud de hechos) concluye diciendo* « Esta prueba la hemos conquistado después de 20 años de experiencia. La naturaleza muestra á los vacunístas la tuberculización por la va- cuna y enseña la destuberculizacion por la vi- ruela.'» Voy ahora á publicar por primera vez una estadística de la mortalidad de la tisis en esta ciudad y su departamento, en el periodo de 11 años. Nadie la publicó hasta ahora, porque na- die se tomó el trabajo de hacerla. Nos cabe la satisfacción de decir, que como la primera estadística de mortalidad se debe al inierés que nos tomamos siempre por la salud pública, á nosotros también se deberá este y el otro que se refiere á la viruela. Señor Redactor de El Siglo. (1) No es esta la primera vez que remito á usted artículos que se refieren al título que encabeza el presente. Desde el año 1865 hago uso de las columnas de ese tan importante diario para publicar algunas observaciones y las opiniones particulares mias, como también las que me producían la lectura de los estudios de autores distinguidos en ambos mundos y que hablaban contra la vacunación. Me decidí de nuevo, ahora que se va á esta- blecer en las Cámaras la discusión de la ley sobre vacunación obligatoria, á escribir y ya publiqué, como es probable lo haya visto V., la primera parte de un trabajo contra ella en el N.° 1185 del diario La Razón (22 del corrien- te mes) y la segunda parte en el N.° de hoy. Establecí en ellos, entre otros hechos innega- bles, el aumento asombroso de la tisis pul- monar y otras tuberculosis en esta ciudad, sin relación ni á la mortalidad, ni á la población. Establecí también que la epidemia de viruela en 1881-82 ha sido mas extensa, mas duradera y más mortífera sobre todo en los vacunados, que la del 1871 y esto á pesar de tanta vacuna- ción y revacunación que se promulgó y aconse- jó por todos los medios posibles y hasta se hizo obligatoria para las escuelas de la Junta, sin que se tuviese derecho legal para eso. De ambos de estos hechos me voy á ocupar en este artículo limitándome no á teorías mas ó menos brillantes ó á hechos superficiales, sino á cifras relativas al Departamento de la Capi- tal de esta República. Para obtener tales cifras he tenido que recu- rrir á las fuentes principales que son la Comi- sión de Cementerios y la Dirección de Estadís- tica. Doy gracias por eso á los Sres. D. Cor- nelio Cantera, jefe de la primera y al señor don Agustin Piera (hijo) oficial l.° de la segunda, por haber puesto á mi disposición todos los datos que he pedido y me eran necesarios para esta publicación. AÑOS MORTALIDAD GENERAL ESPECIAL TISIS DE 1871 4,380 251 (4) 1872 3,642 286 1873 3,669 280 1874 3,299 288 1875 3,293 293 (5) 1876 3,063 248 (5) 1877 3,477 369 (5) 1878 2,937 284 (5) 1879 3,275 470 1880 3,123 645 1881 3,693 713 Desde el año 1877 el mismo Sr. Vaillant, al cual no se le podrá tachar de partidario homeó- pata ó negarle autoridad en materia de núme- ros, publicó lo siguiente: «Solo en 5 años la proporción de tisis en Montevideo ha duplica- do«. (Apuntes de la Dirección General, 1877. Cuaderno núm. 7—Montevideo). Posteriormente el Dr. Rappaz en un artículo relativo ála mortalidad del año 1876y publica- do en un folleto (Memoria de las reparticiones municipales. Montevideo 1879, páj. 15) dijo: Io—tisis: Varias son las deducciones que se pueden sacar de esta tabla: una es muy fácil y tangi- ble : la tisis aumenta extraordinariamente, y ese aumento no está en relación con la mortalidad general. Mucho menos está en re- lación con la población, como lo dijimos en la (2) Hughes, Manual pág. 157—Barcelona 1878. (3J De la degenerescence physique et morale causee par le vacc in—París 1855. (4) Véase cuaderno núm. 10, datos estadísticos por Vaillant, 1880. (3) Váase Memoria de las reparticiones municipales 1879 pá- gina 24. (1) Este artículo fue publicado en el N.» 5296, fecha 28 de Oc- de 1882 del diario El Siglo. segunda parte de nuestro articulo «Contra la vacunación,» publicado en La Razón (l).Aquí lo repetimos: « En el año 1881, siendo la población de esta ciudad mayor de 127,000 habitantes, las defun- ciones de tisis fueron 251. En 1881 siendo la población de 111,500 ha- bitantes, las defunciones de tisis debían ser aproximativamente 233 y sin embargo alcanza- ron á la enorme cifra de713, lo que claramen- te indica el aumento de la mortalidad produci- da por la tisis, sin relación á la población, viéndose en esta enfermedad un aumento pro- gresivo nada halagüeño, ó digámoslo clara- mente, espantoso en sus efectos». Para mayor claridad del hecho estableceré la siguiente tabla: el número de defunciones de tisis será de 81.47 p.% del total general de la mortalidad y que antes del 1894 el número de defunciones de tisis será igual al de la mortalidad general, fu- turo halagüeño y muy agradable para los ha- bitantes de esta ciudad y para los preconiza- dores,defensores,protectores y eneomiadores del «virus sagrado» como ellos llaman la vacuna. Alguno me observará que esa enorme des- proporción depende de los números de los cer- tificados de defunciones, obligatorios aquellos desde el primero de Julio de 1879 (ley del Re- gistro cívico), Tal observación es inútil como vamos á cons- tatarlo por la tabla siguiente: Año Defunc. certificadas Defunc. p. tisis Mortalidad general Defunc. de tisis prob. Proporción 1871 2738 251 4380 = 401 9,16 % 1872 1972 286 3642 = 528 14,50 % 1873 2596 280 3669 = 396 10,79 % 1874 1771 288 3229 = 525 16,26 % 1875 2728 293 3293 = 354 10,75 % 1876 1686 248 3063 = 451 14,72 % 1877 2967 369 3477 = 432 12,42 % 1878 2487 284 2937 = 335 11 41 % 1879 2333 470 3275 = 660 20,15 % 1880 2359 645 3123 = 854 27,34 % 1881 2826 713 3692 = 931 25,22 % Años Población Defunciones por tisis 1871 127,704 (2) 251 1872 ? 286 1873 ? 280 1874 90,000 (3) 288 1875 ? 293 1876 ? 248 1877 ? 369 1878 ? 284 1879 111,500 324 1880 ? 645 1881 f 713 TABLA PROPORCIONAL DE POBLACION Y TÍSIS 2.°—viruela: Hemos dicho y establecido que la epidemia de viruela en 1881 y 1882 fué mas extensa, y mas duradera que la precedente de 1871. Fué mas extensa porqué se propagó é hizo víctimas en todos los ámbitos déla República. Mas duradera porque permaneció por 19 me- ses mientras la de 1871 duró aproximativa- mente 13 meses y mas mortífera, sobre todo en los vacunados (4) «á pesar de la vacunación y revacunación aconsejada, mandada y ordenada por todos los facultativos, por las parteras y los maestros de las escuelas de esta ciudad». Veamos ahora los números que se refieren á la epidemia de 1881 y 82: Todos conocemos y sabemos ciertamente que la población de esta ciudad y su pequeño de- partamento, así como la de toda la República ha disminuido notablemente desde el año de 1874 á la fecha. La estadística no lo niega, sin embargo la tisis aumenta horriblemente y ella sigue progresando y casi triplicándose ca- da 10 años en razón inversa de su población. Si ademas tenemos presente el abuso que se hace del alimento mas general y común, la carne que comemos muchísimas veces de ani- males enfermos y epizoóticos tendremos otra horrorosa deducción. En el año 1871 murieron de tisis un 9, 16 p.% sobre el total de defunciones habidas en todo el año. En 1881 murieron un 27.34 p.% idem idem. Es decir que el número de defunciones de ti- sis habidas en 1881 con relación al número de defunciones de 1871 ha sido casi tres veces ma- yor (2.98) que en 1871. Ahora bien, si suponemos que el número de defunciones de tisis en los próximos 10 años aumente en la misma proporción que en los últimos 10, tendremos que en el año 1891 Meses Muertos de vi- ruela 1881 Id. id. id. 1882 Enero . 2 68 Febrero. 3 69 Marzo . 9 70 Abril 2 72 Mayo . 9 81 Junio . 13 47 Julio. . £6 26 Agosto . 43 6 Setiembre . 31 6 Octubre. . 40 — Noviembre. 53 — Diciembre . 61 — (1) Véase núm. 1,169 fecha 27 de Octubre de 1882. (2) Véase Estadística por Vaillant, en El Siglo del 14 de No- viembre de 1874 y el libro para la Exposición de Viena. (3) Véase El Siglo del 9 de Julio de 1874.—Cuadro demostra- tivo. Como se vé claramente por esta tabla la vi- (4) Podríamos citar un sinnúmero de hechos pero no lo hace- mos por brevedad. 24 ruela recorrió las fases de una verdadera epide- mia, como una curva cuya mayor altura fué en Mayo de 1882, siendo los extremos Enero 1881 y Setiembre 1882. En el párrafo 9o del artículo publicado en el diario ¿a Razón de hoy, esta- blecí también lo siguiente: «Resumiendo todo lo dicho hasta aquí y con las razones, las opiniones, los hechos y las es- tadísticas, puedo establecer sin temor de ser contradicho la siguiente conclusión: En los países donde la vacunación es obliga- toi ia las epidemias de viruela parecen dismi- nuir: pero si antes de la vacunación la viruela era solamente epidémica y se presentaba cada 40 ó mas años, desapareciendo después total- mente, después de la vacunación es casi perma- nente y endémica. Además la vacunación hizo aumentar extraordinariamente, como ya lo he- mos probado, la mortalidad por otras enferme- dades, en una proporción que no es relativa al número de los años precedentes ni al aumento de la población, y eso á pesar délas mejoras que se han introducido en las naciones por la higiene etc. » Publico ahora como prueba de lo ante dicho la siguiente tabla que demuestra cómo la virue- la es permanente en esta ciudad, desde el año 1865: media mortalidad en los últimos 5 años y esto á pesar de las vacunaciones practicada úl- timamente. Si la misma proporción continúa, entre po- cos años tendremos 1 sobre 32, ó menos. Por todo lo espuesto concluyo pidiendo sea libre la vacunación, y no obligatoria por medio* de una Ley sancionada por la Asamblea ú otra autoridad. He demostrado acabadamente en el terreno- de la Estadística medica que la vacunación ha producido y produce males inmensos á la saluda pública, pues es indudable que la vacuna no so- lamente ha engendrado enfermedades en per- sonas sanas, sino que ha hecho muchas incu- rables, aumentando las defunciones de tisis y produciendo la viruela endémica ó permanente. Pero sobretodo, basta el hecho de haber anar- quía y divergencia de opiniones en el terreno de la ciencia médica sobre la bondad ó no bon- dad de la vacuna, para que no se haga obliga- toria, por medio de una Ley, la vacunación y revacunación de los individuos. Esto solo bas- taría para dar poco ó ningún prestigio á la Ley en cuestión. Pero no es esto lo único. Hago por el mo- mento caso omiso de todo lo demostrado y de todo lo dicho, para hacer la siguiente pregunta, que quisiera me la contestasen los partidarios de la \mcunacion obligatoria: ¿Tiene el Estado ó el Gobierno la facultad de imponer á los indi- viduos, so pretesto del bien social, un sistema dado de curación? Dados los principios del derecho político mo- derno, por los cuales se proclama como única misión del Estado garantir la libertad indivi- dual ¿pueden los gobiernos obligar á los indi- viduos á que se vacunen contra sus propias convicciones en el caso que tengan dudas sobre la bondad ó no bondad de ese medio preservativo?' Indudablemente, no. Arriba de todas las argucias de la escuela de los Gobiernos paternales, están los principios de justicia invariables, que en el caso que tra- tamos, no prescribe que los individuos se vacu- nen quieran ó no quieran, como tampoco pue- de obligarlos á que se curen por un sistema dado. Con la teoría contraria tendríamos que el mejor diase le antojaria á los Gobiernos ó Legisladores hacer una Ley, en nombre de la salud pública,prohibiendo á los ciudadanos y á los extranjeros también, Io no tomar alimentos indisgestos; 2o no curarse por la alopatía sino por la hidropatía ó viceversa, etc. etc. En fin, por fortuna ya se acabaron los tiem- pos en que florecían estas teorías de interven- ción del Estado. Hoy, dados los principios del derecho político, no se pone ya en duda el de- recho que tiene cada individuo de curarse co- mo quiera ó con el sistema que quiera, ó no cu- Año Muertos de viruela [1] Año Muertos de viruela 1865 297 1874 16 1866 146 1875 (2) 21 1867 78 1876 » 182 1868 99 1877 »> 444 1869 41 1878 » 34 1870 45 1879 5 1871 1087 1880 4 1872 255 1881 296 1873 134 1882 (3) 445 «Actualmente, dijoVaillant, la estadística no se limita á presentar guarismos exactos sobre una cuestión dada, sino que se impone otra ta- rea mas aun, cual es la de dar á conocer la re- lación de las causas que existen en todos los fe- nómenos mas notables de la vida pública y so- cial.» (4) No han faltado vacunistas que han atribuido á la vacunación hasta el poder de prolongarla vida humana! A esto podemos contestar que siendo la media de la mortalidad, en las princi- pales ciudades del mundo, la de un habitante sobre 40, deberíamos tener aquí aproximativa- mente la misma proporción, mientras que se vé por la mortalidad de los últimos años ser de i por cada 35 habitantes, tomando por base la (1) Véase el artículo publicado en El Siglo del 2 de Agosto de 1871. (2) Véase la Memoria de las reparticiones Municipales Mon- tevideo 1879—Pág. 19 y 31. (3) Hasta todo el mes de Setiembre. '4) Véase el articulo de estadística publicado en el número 2978 del diario El Siglo. rarse, si también tiene la peregrina idea de mo- rirse. como no se pone en duda tampoco, tra- tándose de religión, que cada uno tiene el de- recho de profesar cualquiera de las infinitas que existen en el mundo. Hay muchos médicos y estadistas que con- sideran á la vacuna como un mal de funestas consecuencias para el individuo. Yo soy de esa opinión. Para concluir ¿puede nadie obli- garme á que me vacune y vacune á mis hijos? ¿Puede hacerse una Ley en ese sentido? No. Eso seria todo menos una Ley, seria una monstruosidad, que no porque se haya cometido en otras partes, deja de ser tal mons- truosidad. Montevideo 27 de Octubre de 1882. Dr. Wónner. ciudad? c'est trop fort. Debia haberlas rectifi- cado antes de negarlas. Pero hay algo mas, y aquí repito á Vd. cuan- to publiqué en el número 1189 de La Razón (Octubre27 de 1882): disculpe la trascripción. «Los hechos, dijo Castelar, son silogismos vivientes que llevan al alma convicciones mas profundas é incontrastables que las de otros raciocinios. Pues bien á pesar de esta opinión del gran escritor español, si ellos faltasen y me faltase también el apoyo de los números, me bastaría otro raciocinio moral mas grande que todos los números y citas posibles.» ¿Sabe Vd. Dr. Leopold cuál es este racioci- nio? Es el siguiente: «Nace el hombre, ser superior al bruto, puro y sano aunque algunas veces algo en- fermo y débil; pues bien para precaverlo v DEJARLO INMUNE DE UNA ENFERMEDAD FUTU- RA É INCIERTA, SE LE INOCULA EL VIRUS, PUS, ES DECIR EL PRODUCTO DE LA ENFERMEDAD DE UN bruto enfermo! Este es un absurdo tal pa- ra mi que no se de que manera patentizarlo mejor y ridiculizarlo, si no me viniese á la .me- moria, que el hombre con su soberbia, ha te- nido el atrevimiento de enmendar las obras de Dios!» Este razonamiento mió está apoyado por la ciencia, como Vd. verá. Abordemos pueslacuestion científica, y des- de ahora declaro que será este mi último artí- culo contra la vacunación, pues ya he cansado al público con este tópico. Ahora pertenece á los Representantes y á la Asamblea de esta Nación decidir aprobando ó desechando la ab- surda ley de la vacunación obligatoria. Saluda á Vd. atentamente. X—Las palabras necesarias contra la vacunación Señor Gerente de El Siglo. Agradézcole de antemano la publicación de este articulo, como le doy las gracias por haber dado lugar en las columnas de este tan impor- tante diario, á mi primer artículo sobre vacu- nación. Neutral ha sido siempre este periódico en las varias discusiones científicas entabladas en varias épocas: yo espero que lo será también ahora y nada opondrá á la publicación de este trabajo hecho por S. S. S. Dr. Wónner. C/Vd., 2 de Noviembre de 1882. Su colega. Sr. Dr. Leopold. Haleido Vd. mi trabajo de estadística en con- tra de la vacunación, pero paréceme que no ha leído los otros que publiqué en los números del 22 y 27 del mes pasado en el diario La Razón, En ellos jamas he citado á Vd.: me cita Vd. ahora en el suyo, publicado en el número 5299 de este mismo diario; debo pues contestarle en el número 5300, para ser ordenado. Ante todo doy las mas espresivas gracias á Vd. por su artículo, pues precisa y ansiosa- mente lo esperaba á Vd. ó á otro en el terreno científico. Me trata Vd. de inexacto en todo (1) hasta en las cifras referentes á la mortalidad de esta Dr. H ónner. Fecha ut supra. CONTRA LA VACUNACION En los tres artículos publicados en dos dia- rios de esta capital (2), abordó la cuestión va- cunación bajo el punto de vista de los peligros y enfermedades engendradas por la vacuna- ción, y de las razones, hechos y estadísticas contra de ella. Pero en este que llamaré artí- culo 4.° me voy á limitar únicamente á la faz científica. Con razones claras é innegables probaré que, siendo el método homeopático el único científi- co y lógico, mientras que el método llamado alopático es pura rutina y empirismo, capricho faz científica (1) La viruela no es endémica y permanente! Lea las noticias recibidas el 31 del pasado por la mala del Equateur: «i.a vihuela ESTA CAUSANDO GRAN NÚMERO DE VÍCTIMAS EN LÓNDRES.» el Centro Ur- bano mas clásico de la vacuna obligatoria en todo el mundo.» Véase Ferro-Carril noticias por la mala. N.® 3982 (31 de Octu- bre,) pág. 1.» columna 3.« y linea 83. (2) Números de La Razón del 22 y 27 de Octubre del 82, y del Siglo 28 del mismo mes. ó moda (1), ningún homeópata puede científica y lógicamente admitir la vacunación para pre- servar al hombre de la viruela. Dividiré este trabajo en tres partes: 1. a Pasteur y sus experiencias: 2. a Teoría de los Bacterios. 3. a Preventivos y preservativos , como con- clusión. reduce á lo siguiente: Que los carneros inocu- lados con el antracoide diluido y después con el antracoide el mas dañino y virulento no mueren por esta última operación. Ellos están protegidos contra de ello. Al contrario, los car- neros que no han sido ingertados con el antra- coide diluido y solamente con el antracoide vi- rulento, mueren sin excepción.» « Pero esta esperiencia no demuestra que los carneros, después de algunas semanas, meses ó años, espuestos á la influencia natural del antracoide ó de la fiebre esplénica, queden pro- tegidos contra ella y por consiguiente no es de una demostración irrecusable.» Dar este hecho como una prueba favorable á la vacunación es una ofuscación de los vacunis- tas: pero hay otra razón importante. En esta experiencia se trata del ídem in ídem, es decir, la enfermedad de un bruto enfermo en otro bru- to, del cual ignoramos el estado de salud. No es la enfermedad de un bruto enfermo trasmitida al hombre sano y ser muy superior á aquel y dotado de razón para que sepa preservarse de los peligros, nacido sin abrigo para que lo sepa buscar y sin medios de defensa para que se los procure. Esos razonamientos derivados del bruto al hombre, son poco favorables á los que los es- tablecen. En verdad que aquel nos da varias enseñanzas en la vida material, en el cariño á los hijos etc., pero en asuntos científicos ¿ellos qué nos podrán enseñar? Non bis in idem, decian los romanos y este refrán cae perfectamente al caso de las espe- riencias de Pasteur: La naturaleza enseña que, los niños en parti- cular (4) suelen tener una sola vez ciertas en- fermedades, quizás necesarias en ellos, para precaverlos de otras mas graves en la edad mayor. Tales son el sarampión, la escarla- tina, la tos convulsa y otras; pero el vacunis- ta, vacunando y revacunando, duplicando así y triplicando otras veces las inoculaciones de distintos virus por medio de la vacunación, corrige la ley de la creación y es por eso que las consecuencias son, en esos pobres niños, gravísimas y probadas por la estadística. Repetiré, entre tanto, lo que dice el citado Dr. Garth Wilkinson: (5) I Pasteur y sus experiencias—En un artículo publicado en la Revue Cientifique del Dr. Paul Bert, «discípulo de Claudio Bernard, profesor del Colegio de Francia, ex-Ministro de Instruc- ción Pública» (2) y con todos los mas grandes títulos que se le puedan conceder, los que no servirían por cierto á dilucidar, mas ó menos, la cuestión porque seria la opinión única de un número uno y nadie es infalible, se dice lo si- guiente: « Los bellos descubrimientos del Sr. Pasteur dan la esplicacion científica de la ac- ción preservadora de la vacuna. Se sabe que el eminente experimentador ha producido artifi- cialmente la vacuna del carbunclo y del cólera, de las gallinas. » Esplicaremos mejor este último período que es algo confuso. El Sr. Pasteur ha ingertado el pus diluido de un carbunclo maligno á un carnero para pre- caverlo de esa enfermedad y de la fiebre espié- nica ó del bazo, á veces epizoótica en Francia: los resultados fueron los siguientes: habiendo á los pocos dias observado que en este carnero, al que inoculó un microbo antracoide (infuso- rio) de los mas virulentos, no se desarrollaba el carbunclo, concluyó como Jenner que, la inoculación del antracoide diluido preservaba los carneros de la enfermedad susodicha. En vista de este descubrimiento dió á su procedi- miento el nombre de vacunación como home- nage á Jenner. Referiré otra esperiencia del mismo autor para mejor establecer el hecho. «Cincuenta carneros fueron puestos á mi disposición de los cuales veinticinco fueron inoculados y los otros veinticinco no lo fueron. Quince dias mas tarde el mas virulento microbo antracoide fue inger- tado á los cincuenta carneros.» « Los veinte y cinco ingertados precedente- mente resistieron á la infección, y los otros veinte y cinco murieron de la fiebre esplénica en el espacio de cincuenta horas.» « Veamos ahora, dice el Dr. Garth Wilkin- son (3) el valor de esta esperiencia, la que se (4) Esta opinión que someramente hemos apuntado aquí, re- lativa á ciertas enfermedades propias de la infancia, y que los niños suelen naturalmente tener una sola vez en la vida, para preservarlos en la edad mayor de otras mas 'graves, es la misma de un eminente alópata el Dr. Bouehardat, Profesor de Higiene en la Facultid de Medicina de Paris. En efecto, leyendo su Trai- te d'Higiéne edición 1881, pág. 952, hemos hallado lo siguiente : « Ceux qui ont eu la varióle sont beaucoup moins exposes que les indemnes ou non vaccinés II en est de mémepourla rougeole, scarlatine, etc. Ces individus sont muñís, par l’effet d'une premiére atteinte. d’une cuirasse pathologique » Esto es exactamente la opinión del Dr. Marqués de Nuñez homeópata, quien en 18G9 dijo : « la vacuna es un paliativo pero no atac» la causa eficiente de la enfermedad y por esta razón EL VACUNA- DO QUEDA EXPUESTO A REPETIDAS invasiones de viruela.» —Criterio Medico, 18G9, pág. 325. (5) Véase Biblioth. Homeop. Abril 7 de 1882 Paris. (1) La rutina y el empirismo se patentizan claramente en el tra tamiento alopático de la viruela. El Dr. B.... asiste á sus enfermos con el agua fria. Los dóctores G y R.... con los baños calien- tes. Otro los coloca en un cuarto con las ventanas y puertas abiertas; esto otro con mucho abrigo y puertas cerradas. Pur- gantes, sulfato de quina, para la fiebre y otros remedios enérgicos son empleados según la simpatía de tal ó cuil facultativo: y el resultado ordinario es ¿ ? (2) Véase el numero 5271 de El Siglo—Sección Científica (22 Octubre 1882). (3) Biblotheqne Homeopathique—Abril 1882—Paris. « Desde ahora podemos profetizar, por lo sucedido á Jenner, que las enfermedades antracoideas aumentarán en las epizootias fu- turas y los antracoides serán parte integrante y constitucional de los ganados lanar, vacu- no y caballar de la Francia. Esta es la verda- dera deducción racional é histórica de las es- periencias del Sr. Pasteur. » Cabe aquí, al propósito, referir un hecho su- cedido en Turin en los años 1853 ó 1854. Ejer- ciendo yo la profesión médica en aquella ciudad, se propagó la noticia de un importante descu- brimiento, decían, hecho por el Dr. Sperino, quien aseguraba que sifilisando al hombre sa- nóle le preservaba de la enfermedad sifilítica. Era siempre la misma teoria del idem in ídem. Disparate mayor no podía concebirse y sin embargo, se estableció en aquella ciudad un si- filicomio y se sifilisó en grande escala. Poco duró en descubrirse esa falsa teoria viéndose, á los cinco ó seis años, los terribles é innume- rables resultados que producía, y ahora ella -está relegada al olvido sino al desprecio. No dejaremos este párrafo sin hacer la si- guiente consideración : ¿ Quién podrá dudar de la bondad y superioridad de la carne de esos animales así ingertados? Será por cierto sa- brosísima y los que la coman? El tiempo lo dirá: no esperaremos mucho. Ya podemos esperar, (repite el Times) que en breve, diferentes formas de inoculación nos li- braran de la peste, de los furúnculos, de la fie- bre escarlatina, del sarampión, de la difteri- tis, del cólera y de otras enfermedades terri- bles. Y observad bien la espresion, podemos esperar y en breve. «Figuraos ahora la medicina moderna inocu- lando al hombre los Bacterios y Bacilus de to- das las enfermedades contagiosas que existen en el mundo, sin excluirla sífilis. Representaos á vuestros hijos ingertados con los parásitos del Sr. Pasteur y convirtiéndose en otros tan- tos albañales ó depósitos infecciosos de todas las enfermedades!!...» « Y sin embargo, esta locura, este sueño de ingertos está puesto á la orden del dia, ahora que la fé en la eficacia de la vacunación, contra la viruela, disminuye cada dia mas y, en mu- chas poblaciones los individuos prefieren incu- rrir en la penalidad legal, mas bien que expo- nerse y exponer á sus hijos al peligro de infec- ciones por la lanceta del doctor. » Y yaque hablamos de ingertos de Bacterios es aquí el momento de preguntar á los aluci- nados con la moderna teoria, sino seria conve- niente, útil y hasta provechoso, especialmente á los golosos, que se le ingertara al hombre al- gunas Trichinas (3)puras ó rebajadas (diluidas) «au gout des acheteurs» para que se puedan comer con toda seguridad buenos ja- mones y morcillas sin temor de tener la Trichi- nosisi 2.®—TEORÍA DE LOS BACTERIOS. Esta teoría muy moderna, basada en la ob- servación y deducida con el apoyo del micros- copio tiene por fundamento que, en muchas en- fermedades como la tisis, (1) la fiebre tifoidea, el carbunclo maligno, y muchas otras, se des- cubren infusorios ó sean pequeñísimos insectos especiales del género de los Nibronianos fa- milia de los Bacterides. Es probable que se descubran también en la escarlatina, en la fie- bre amarilla, (2), así como se vé el Aearus en las pústulas de un sarnoso. Bajo esta faz es todavía mas grave el resul- tado de la vacunación. El hombre está sano y no tiene Bacterios traídos de la enfermedad de la vaca; se le in- troduce por la vacunación una cantidad de -ellos que..... le van á modificar la sangre pro- pia que está sana. ¿Qué sucedería al hombre si se le ingertara un Aearus diluido de la sarna, para precaverlo de ella? Quedaría alterada, seguramente, su sangre, ó mejor dicho, quedaría mas ó menos sarnosa. A este propósito traducimos del ya citado número de la Biblioth. Homeop., página 310, lo siguiente; « Mr. George B. Jesse dice en el Morning Post del 17 de Octubre d3 1881 lo que sigue:— 3.°—CONCLUSION, Preventivos y preservativos: Todos los homeópatas admitimos los preser- vativos para ciertas enfermedades, las epidé- micas sobre todo y únicamente usados eu el tiempo que ellas dominan. En efecto ellos existen hasta en el estado na- tural del hombre, Yo cubriéndome con la ropa necesaria me preservo delirio ym q preservo también del hambre comiendo los necesarios alimentos: me preservo del sol con la sombra de los árboles que la Naturaleza ha puesto en toda la superficie de la Tierra, etc. Y aquí se vé muy patente y clara como la luz del dia, la ley de los contrarios, ley ó principio que rige al hombre y su vida material en el es- tado de salud. Aplicar ese principio al hombre enfermo (alopatía), es un grandísimo error, así como aplicar el principio de los semejantes al hombre en estado de salud. Pero no sucede lo mismo con los preventivos. Preventivo es aquel medicamento ó método por el cual uno se prepara ó dispone su cuer- '1) Tiene el infusorio Bacillus. ¿2) En la fiebre intermitente se descubrió el Bacilus malariae. (3) Animalito microscópico que se halla en los cerdos enfermos y que tomado por el hombre sano se propaga con una asombrosa rapidez produciendo la muerte en poco tiempo. po, con anticipación, contra una enfermedad fu- tura, supuesta é incierta. Tales son los purgantes que los alópatas suelen ordenar á sus clientes ántes de empezar los baños en la estación de verano, purgantes que nada de bien suelen producir, pero sí un mal seguro cual es la irritación intestinal; tal fué la sifilisacion, sueño de Sperino, y tal es, cierta é indudablemente la vacunación para preservar al hombre sano de la viruela futura é incierta; introduciendo entre tanto segura- mente en el hombre sano la materia virulenta y los Bacterios de la vaca. Y para hacer mas tangible la esplicacion, el preventivo se asemeja exactamente á lo que haría un viajero, quien debiendo atravesar el desierto de Africa y sabiendo que por muc ios dias no encontrará allá agua, y que por esa fal- ta perecería de sed, ántes de emprender su via- je, se tomase un balde de agua podrida. Las consecuencias de esta supuesta preven- ción, saltan á los ojos del mas ignorante. Tal es la vacunación y los preventivos todos, nin- guno esceptuado. Los preservativos, al contrario, son aquellos que tienen la facultad de preservar al hombre de una enfermedad especial, la cual conocemos ciertamente como los homeópatas conocemos, del mismo modo, la acción del preservativo por las esperiencias en personas sanas; verdadera base científica esta, de la homeopatía y los to- mamos mientras ya estamos espuestos á ella ó sentimos algunos síntomas, sea de escarla- tina, cólera, fiebre amarilla, viruela, etc. por- que en tiempo de epidemia, todos estamos bajo la influencia de ella, esplicándose esto por los Bacterios que absorbemos por el aire ó bebe- mos con las aguas. Los preservativos son en relación á la epide- su especialidad (l)y al individuo que los toma, no habiendo por consiguiente preserva- tivos absolutos; por el contrario, la vacuna- ción decantada por los alópatas seria un pre- servativo absoluto (2) para todas las epide- mias de viruela y para todos los individuos. Ahora, pues, siendo innnegable que nada hay de absoluto en la naturaleza, y sobre todo en las enfermedades, que en relación á los indi- viduos son todas, diremos, algo distintas ¿in- dividuales, se vé claramente que la vacuna- ción, bajo este aspecto, es un preventivo absur- do y quimérico y no preservativo verdadero tal como está establecido por el sistema curati- vo Iiahnemaniano. Fundado en los cuatro puntos principales que son: l.°, la experiencia de los medicamen- tos ánticipadamente en el hombre sano, para conocer los efectos que producen en él; 2.°, aplicación de ellos en el hombre enfermo, por el principio de los semejantes, que es el que rige al hombre enfermo; 3.°, unidad de remedio y no mezclas y brevajes; 4.°, pequenez de dosis, el sistema homeopático es el mas lógico (3) y el único científico que desde Adan ha existido hasta la fecha. Todos los demás pasados y presentes, son 6 fueron utopías, sueños, visiones con el resulta- do desgraciado que «mas fueron los que murie- ron por culpa de los médicos que por las enfer- medades.» Hemos visto, según las teorías mas moder- nas, que los Bacterios y Microbos (animalitos del tamaño de un doce milésimo de milímetro de diámetro) son les productores, «las causas eficientes de las enfermedades infecciosas y con- tagiosas (4) y sin embargo el médico alópata las quiere destruir con dosis enorme de medi- camentos ¡Qué lógica! Tanto vale decir ó razo- nar del siguiente modo: En mi jardín hay mu- chas hormigas; las voy á destruir echándoles toda la Europa encima!! ¡Qué locura, qué de- vaneo! En conclusión y bajo cualquier aspecto que se considere la vacunación, ella es un absurdo, pura alopatia y contraria á todo raciocinio; de- biendo todos los homeópatas rechazarla, sien- do ella, como dice el ya citado Dr. Garth Will- kinson, «la incoronacion de todas las violacio- nes de las leyes de Dios y de la naturaleza.» (1) La especialidad de los preservativos en relación á las epi- demias fue proclamada ya por Hahnemann—En efecto, en el ar- tículo Bellad. pág. 492, edic. París 1834, dice: «la propiedad de la Belladona de preservar de Ja Escarlatina:«pero el Acónito es mejor cuando la escarlatina está reunida á la miliar pourprée.» De este modo se esplica que para la viruela el Dr. Teste preconice el Zincum como preservativo: (pág. 193)—Clematis por Nuñez (Cri- terio Médico, 1869, pág. 223); Thuya por Beninghausen: Hidras- tis por Wilkinson. Vease Hughes, pág. 70, edición Barcelona, 1878), Dulongia acuminata por otros médicos y hasta Saracena por algunos alópatas. (2) En apoyo de esta doctrina notamos lo siguiente: En el diario La Razón del 28 de Octubre de 1882 se cita la opi- nión del profesor Bouchardat. Hemos buscado la página á que se refiere el autor del artículo La linfa pura y hemos encontrado que es exacta la cita. En efecto Bouchardat, Profesor de higiene en la facultad de medicina de París, Miembro de la academia de medicina, Presidente honorario de la sociedad de medicina públi- ca y de higiene, Miembro del consejo de higiene pública y de sa- lubridad del Departamento del ¡Sena, etc. etc. etc, dice: On sait aujourd’hui que la preservation n’est pas absolue, et que elle varíe suivant les hidiosyncrasies, suivant les attenuations du virus et suivant d'autrés conditions difficiles d demeler.» Traite d'Higiene 1881. Dr. Wónner. (3) En el terreno de la lógica y en el de la caridad á sus colé - gas, el Dr. Leopold ha sido poco feliz. En efecto, leo en el número 5,188 del diario El Siglo un articulo de este facultativo que dice: «es hecho indisputable de que la mayor parte de las enfermeda- des agudas como la neumonía crupal, erisipela, viruela, etc., etc., terminan de un modo cíclico sin intervención terapéutica de nin- guna especie.» Establézcole pues, al Dr. Leopold el siguiente dilema; O casi todos los módicos alópatas sabiendo que la mayor parte de las enfermedades son cíclicas, dando remedios sin necesidad, son unos farsantes, ó todos esos médicos viendo la necesidad de dar remedios reconocen la conveniencia y utilidad de ellos, des- mienten con los hechos toda la aseveración [falsa] del Dr. Leopold. (4) Véase El Siglo del 2 de Diciembre 1878, artículo Bacte- rides. ANEXOS Suicidios Croup En varias partes hemos dicho que, desde que se estableció la vacunación, se notó un aumento de suicidios y que este aumento es progresivo, solamen- te en los países, donde ella es obligatoria.Como una prueba reproducimos aquí una estadística que he- mos hallado en la página 127 de la obra ya citada del Dr. Verde Delisle. Adjuntamos á este trabajo una estadística qne hi- cimos años atrás y ahora hemos completado por medio de los libros de la Junta y los apuntes de la Mesa de Estadística. estadística comparativa De los fallecidos de la viruela y del croup, y otras difteritis en el período de 2í años, en el departa- mento de Montevideo según los libros y docu- mentos municipales. AÑOS PiÚM. DE SUICIDAS AÑOS NÚM. DE SUICIDAS 1827 1.542 1839 2.747 1828 1.754 1840 2.752 1829 1.904 1841 2.814 1830 1.754 1842 2.866 1831 2.084 1843 3.020 1832 2.156 1844 2.973 1833 1.973 1845 3.084 1834 2.078 1846 3.102 1835 2.305 1847 3.647 1836 2.340 1848 3.306 1837 2.443 1849 3.583 1838 2.586 AÑOS MUERTOS DE ' AÑOS 1 ! MUERTOS DE VIHUELA ClíOUP viruela CR0I.P 1859 9 22 1871 1087 103 1860 ! 107 9 1872 255 86 1861 27 22 1873 ! 134 63 ] 862 27 33 1874 16 66 1863 191 58 1875 21 26 1864 137 39 1876 182 24 1865 ! 297 74 1877 1 444 61 1866 146 85 1878 34 60 1867 78 40 1879 5 (1) 25 1868 99 43 1880 4 1869 41 70 1881 r 296 — 1870 l 45 61 1882 ! (2) 445 — Si se comparan las cifras de suicidios con la po- blación de Francia se verá lo siguiente: AÑOS POBT ACION 1827.. 31:913.393 1.542= =1 en 20.696 habitantes 1831.. 32-566.934 2.084= =1 » 15.624 1836.. 33:540.910 2.340= =1 14.333 » 1841.. 34:236.178 2.814= =1 » 12.164 1846.. 35:406.486 3.102= =1 11.412 Lo que se observa en esta ciudad, se observa del mismo modo en Inglaterra.—Véase la tabla si- guiente (3). AÑOS VIHUELA CROW 1860 2,749 8,555 1861 1,320 12,309 1862 1,628 12,272 1863 5,964 11,275 1864 7,684 8,520 1865 6,411 8,647 Sífilis (5) La ciencia ha constatado que un descuido ó ne- gligencia por parte de los encargados de inocular la vacuna, suele acarrear funestos é irremediables males. Un nuevo ejemplo de ese peligro lo tenemos en la siguiente nota que publican los diarios bonae- renses y cuya lectura recomendamos á las personas encargadas entre nosotros de la administración de la vacuna. El hecho á que se refiere, no reconoce otra causa que el haberse procedido al examen de las pústulas que daban el virus para reconocer su carácter be- Ambas estadísticas prueban que mientras au- menta la mortalidad de viruela, disminuye la del croup y vice-yersa. (4) (t) Desde l.° de Enero á 30 de Junio. (2) Hasta el 30 de Setiembre. Era nuestra intención dar comple- ta esta tabla relativa, pero hemos tropezado en un error ó descui- do lamentable, existente en los estados de mortalidad establecido desde t.° de Julio (le 1879 por el tinado Sr. Vaillant. El error ó deseuido es que se englobaron el croup y varias otras distintas enfermedades con otras, haciéndose una confusión, de cuyas resultas se tendrá que renovar toda la estadística desde t.° de Julio 1879 hasta la fecha. (3) Revista Homeopática Italiana, 1877, pág. 43. Ella está to- mada del Register General lieport. (4) Esta suba y baja relativas de croup y viruela suceden idénti camente en Francia. Así leo en el diario Le Siecie, número de fecha 3 de Abril 1873, que «en los primeros dias de ese mes hubo en Paris 7 muertos de viruela mientras que el crovp y la angina gangrenosa (diftérica) hacían estragos en forma epidémica». Pero si esta cita no basta, agregaremos la siguienie: En los estados de mortalidadad de la ciudad de Paris, publica- número l.° de Enero hasta el 30 de Setiembre de es- te año 1882, en el periódico francés Les Mondes, que, como cientí- tico, es el mas importante y de fama universal, observamos las ci- fras siguientes: MESES VIRUELA GROUP Enero 59 232 Febrero 57 241 Marzo 56 249 Abril 96 214 Mavo 82 223 Junio 67 206 Julio 78 204 Agosto 29 134 Setiembre 36 143 560 2888 [3) Véanse las citas de este hecho en las páginas 11 y 16» nigno ó maligno, antes de proceder á la vacuna- ción. Hó aquí esa nota: Buenos Aires, Mayo 15 do 1874. Al señor Presidente de la Comisión Municipal. El Consejo de Higiene tuvo conocimiento que en la calle de Azcuónaga, núm. 52, casa de D. Lisan- dro Luzuriaga, existía un niño de tres años y una joven de diez y seis, vacunados hace treinta y siete dias, y cuya vacuna presentaba caractéres anóma- los, por lo que resolvió trasladarse en cuerpo á la mencionada casa y encontró que el informe era fundado, pues las dos personas presentaban una erupción y síntomas que revelan una infección sifi- lítica, causada ciertamente por la linfa empleada en la vacunación. El Consejo ha sabido al mismo tiempo que con la misma linfa han sido vacunadas diez ó quince per- sonas más y que es esta la que se emplea en la ad- ministración de vacuna humana y cree de su deber ponerlo en conocimiento de la Municipalidad, para que se sirva disponer quo suspenda toda vacuna- ción, hasta que el Consejo provea de una fuente más pura que no produzca los terribles males que se denuncian. Dios guarde al señor Presidente, cultiva con éxito además do la medicina, la filosofía do los hechos que se producen en los momentos so- lemnes de la historia, y apreciando como un acon- tecimiento científico, como una manifestaccion del genio del progreso la aparición de Hanhemann en la hora suprema en que la sociedad antigua se des- pojaba del secular sudario de la autoridad, en el crítico instante en que la humanidad regenerada por la conciencia de su inmortal derecho, se apres- taba á romper toda la tradición de errores quo la oprimía, presta un tributo de admiración y respeto á esos héroes sublimes de la ciencia, ardientes ado- radores de la verdad, que aparecen en el mundo cuando son oportunas las grandes trasformaciones, y que muchas veces sucumben en la gigantesca lucha contra la preocupación, calumniados casi siempre por sus contemporáneos. Plácenos sobre manera, é infunde en nuestra al- ma inmenso consuelo, oir en el austero recinto de las ciencias la apoteosis del progreso, la consagra- ción do este dogma en cuya infalibilidad nada más creemos, porque basta para inspirarse en él para adquirir íntegra, perfecta ó inquebrantable la no- ción del derecho y de la justicia, la idea absoluta de la libertad, principio orgánico, esencial y genera- dor de todas las verdades de cuya aplicación depen- de la solución de esos pavorosos problemas que la escuela estética prosenta como términos de la cues- tión por eselencia « la cuestión de órden ». Respecto á la esencia del discuso leído por el £r. Perez, ajenos nosotros al conocimiento de la ciencia módica, nos limitaremos á enunciar quo juzgamos de vital interés para la humanidad resolver la tesis propuesta por el autor; que los facultativos deben fijar su consideración especialísimamente en ese punto capital, que tanto afecta á la salud pública, y quo el gobierno mismo, puesto que en España to - davía el gobierno lo es todo, tiene el altísimo deber de invitar á todas las corporaciones científicas á ocuparse de una tan grave cuestión para los aman- tes del bienestar de su especio. Grave y delicado es el asunto que sirvió de toma al Sr. Perez, y se presta á serias preocupaciones por la influencia que debe ejercer sobre los padres de familias la idea sostenida por un profesor de medicina estudioso, idea que ya hace años sostuvo en la Academia de Medicina de Paris un sabio ilustre, acerca «de los funestos cuanto perniciosos resultados que la vacu- na está produciendo en el mundo.» Sin prejuzgar nosotros, ni siquiera emitir un jui- cio concreto sobre tan delicada cuestión, afirmamos sin embargo, que las conclusiones del S. Perez nos impresionaron vivamente, llenándonos do terror la sospecha,de que por medio de la vacuna se inocule un virus mortal en la sangre de nuestros hijos, en la descendencia toda de esta generación, ya por tan- tos títulos infeliz, y doble infortunada si hallándo- se en la hora crepuscular de un dia de completa verdad, hubiese visto lucir su espléndida magnifi- cencia cuando ya habió dejado en aquella el germen de la muerte. No pudiendo estendernos, por la índole de este trabajo, en la serie de consideraciones á que se presta el discurso del Sr. Perez, á quien por él en- viamos la mas cordial enhorabuena, invitando así mismo áque lo amplié y en oportuna forma lo pu- blique y propague, creemos que agradecerán nues- tros lectores, y quo prestamos un servicio á lacien- LUIS M. DRAGO. J. Dillon. ,'El Siglo, Mayo 23, 1874). Academia Homeopática Española (I) Hace poco tuvo lugar la sesión inaugural do la Academia homeopática española, celebrada para so- lemnizar el 111.° aniversario del natalicio de Hanhe- mann, á cuyo acto asistió numerosa concurrencia, entre la cual brillaban importantes hombres políti- cos y algunos literatos. El Sr. Zoilo Perez estaba encargado de leer un dicurso sobre este interesantí- simo tema: «¿Es de verdadera ó incontestable utili- dad la vacunación ?». Antes de leer nuestro amigo el Sr. Perez su dis- curso, había leído otro muy bien escrito el secreta- rio general de la Academia Sr. Urdapilleta, relativo á los trabajos y propósito de la corporación en el año anterior, y en él hizo mérito, entre otras cosas, del eminente servicio que prestó á Madrid durante la última invasión del cólera, la asociación de Ami- gos de los Pobres, cuya sociedad cada dia adquiere mayor prestigio, á pasar do la apasionada opinión que acerca de su filantrópico objeto y su sublime abnegación se haya permitido emitir en pleno Par- lamento un ministro de la corona, que por lo visto no conoce tan elevados sentimientos. El discurso del Sr. Perez, cuya lectura fuá el gran acontecimiento de la sesión, y respecto del cual pensamos que, por el trascendental asunto á que lo consagra, merece llamar mucho la atención de los hombres de ciencia y de los hombres de Es- tado, nos pareció no solo notable b3jo el aspecto de obra facultativa, nutrida de datos dignos de medita- ción y exámen, sino también en el concopto litera- rio. Descubre en él desde luego el señor Perez, quo (I) Este articulo fue reproducido en e! número 328 de El Siglo, fecha Junio 9 de (866. cia compendiando las proposiciones que se propu- so demostrar. «l.° Que la viruela es una crisis orgánica,algunas veces terrible y violenta, y necesaria pero saludable constantemente; 2. Que está vedado por todas las leyes fisiológico- patológicas oponerse á esa elocuente manifestación de la naturaleza ; 3. Que la vacuna no es aún conocida como enti- dad patológica, siendo muy peligroso introducirla en el organismo humano; 4. Que no impidiendo la vacuna, en muchos ca- sos, la manifestación de la viruela.se introduce con ella una enfermedad en el individuo, bajo la pro- blemática probabilidad de preservarle de otra menos dañosa que el medio profiláctico empleado ; 5. Que cuando se vacuna de brazo á brazo, se introducen en la economía del individuo todos los miasmas crónicos, todos los virus de que está sa turado el organismo del que se estrae la vacuna; 6. Que por confesión de sus partidarios la vacu- na solo preserva temporariamente; 7. Que oponiéndose la vacuna al desarrollo de la viruela,cuando la naturaleza tiene necesidad de esta crisis, abre paso á enfermedades tan terribles, co- mo la tisis pulmonar y mesentórica, el croup, la fiebre tifoidea y otras muchas.» De lo expuesto deduce el Sr. Perez, y con la ener- gía de su carácter, con la firme lealtad de una con- vicción sincera, afirma, «que la vacuna es verdade- ramente perjudicial á la especie humana, y que es un deber de ciencia y de conciencia el combatirla á todo trance.» Felicitamos á nuestro amigo por el celo humanitario que ha mostrado en este último trabajo, dando una nueva prueba de lo que vale como médico estudioso y pensador. fia Iberia, do Madrid/. 32 VICTORIA RECHAZO, EN LA CÁMARA I)E REPRESENTANTES, DEL PROYECTO DE LEY DE VACUNACION OBLIGATORIA, SEGUN CONSTA DEL SIGUIENTE EXTRACTO QUE COPIAMOS DEL NÚMERO 1 195, FECHA 4 DE NOVIEMLRE DE 1882, DEL DIARIO «LA RAZON», PÁG. 2a, COLUMNA 2a. Cámara de Representantes SESION DE AYER Presentes veinte y nueve Diputados y bajo la presidencia dol Sr. Bustamante, se abre la sesión á las 2 de la tarde. Por indicación de la mesa, pasa la Cámara á cuarto intermedio. Vueltos á la sala, éntrase á la discusión del proyecto de Ley presentado por la Comisión de Legisla- ción, declarando obligatorias en toda la República la vacunación y la revacunación. Hacen uso do la palabra los señores Mayo!, Freire, Arostogui, Idiarte Borda, González Rodriguez y Fernandez (V). Dado el punto por discutido, se vota el artículo primero del proyecto de la Comisión y es rechazado, lo mismo que una modificación propuesta por el señor Mayol. Es sancionado el siguiente proyecto sustitutivo, propuesto por el Sr. Fernandez (V.J: Articulo l.° El P. E. invertirá de las rentas generales la suma de 10,000 $ anuales con el esclusivo objeto de propagar la vacuna. Art. 2.° El P. E. reglamentará la presente Ley. Pásase nuevamente á cuarto intermedio. Señor Gerente do El Siglo. Presente. Estimado señor: Suplico á Vd. se sirva insertar en el primor número de ese tan importante diario las siguientes lí- neas, favor que espera de Vd. su atento y S. S. Dr. Wónner. S/c., 6 do Noviembre de 1882. Sr. Colaborador de La Razón: Vd. no es módico y menos homeópata. Pero los dos unidos nos hemos hallado en el terreno de la verdad y hemos ganado una descomunal batalla, contra la falange de los vacu- nistas á la fuerza. La ley de vacunación obligatoria ha sido rechazada por la Cámara de Representantes. Hurrah, pues y tres veces Iíurrah! Uno á la libertad y á la verdad que no pueden siempre comprimirlas las influencias de círculo ó do personas; otro á los Sres. Representantes que justamente rechazaron el proyecto de esa absurda ley, y por último á las familias y á todos los que no son vacunistas. Permítame Vd., señor, que publique de nuevo todos juntos los brillantes artículos que Vd. ha es- crito en ese periódico y los agregue al folleto que voy á imprimir contra la vacunación. De Vd. atento y S. S. Dr. Wónner. C/de Vd., Noviembre 5 de 1882. Esta carta ha sido publicada en los siguientes diarios, con focha 7 de Noviembre de 1882: núm. 5303 de El Siglo, núm. 1489 de La Colonia Española, núm. 247 de L'ltalia, núm. 1197 de La Razón, núm. 564 de La Democracia y con fecha 8 de Noviembre en el núm.“ 3988 do El Ferro-Carril. A esto contestó el colaborador de La Razón con las siguientes líneas, que vieron la luz en el núm. 1198 del referido diario : Concedido Sr. Dr. D. Estóban Wónner. Mi estimado señor : Agradezco sus benévolos conceptos y aunque creo que no merecen ser reproducidos los artículos á •que Vd. alude, queda autorizado para reimprimirlos. Su atento S. S. El Colaborador de «La Razón». S/C., Noviembre 7 de 1882. Aunque sepamos de lastimar la modestia de ese colaborador, no podemos menos de hacer público su nombre, que es: Carlos M. de Pexa, uno de los jóvenes abogados mas ilustrados del foro Uruguayo. Artículos acerca de la vacunación obligatoria, publicados por el Dr. D. Carlos M. de Pena, uno de los mas ilustrados Redac- tores de «La Razón». La vacuna (1) libros, folíelos y panfletos en pró y en contra, pu- blicados con motivo de la ley sanitaria. Añádase la prensa diaria y periódica y las conferencias públi- cas que han contribuido á formar opinión, y nótese que lo resuelto es simplemente: que no debe ser obligatoria la vacuna. Las preocupaciones contra la propagación de la vacuna son numerosas. Constituyen una barrera que no ha podido suprimirse, ni aun mediante leyes coercitivas. Las preocupaciones no están solas en el campo del debate. Se discuto acerca de la eficacia de la va- cuna y de las consecuencias de su inoculación. Son muchos y muy respetables los sábios que no creen en la eficacia de la vacuna, no ya como inmunidad, ni siquiera como preservativo que atenúa el mal, y son muchos también los que apuntan peligros va- rios en la inoculación del virus de brazo á brazo. Una ley inglesa fDr. Cameron’s BillJ confirmando la ley de vacuna obligatoria sancionada en 1867, deja al padre de familia la libre elección entre la vacuna animal y la vacuna de brazo. Los módicos y los higienistas, los naturalistas y químicos más eminentes que han abordado el pro- blema en estos últimos tiempos,— podríamos decir en estos últimos dias, — están divididos en dos ban- dos : vacunistas y anti-vacunistas: jennerianos y anti-jennerianos. Estamos en vísperas de conocer el resultado de las discusiones acerca de esta cues- tión en el Congreso de Higiene reunido en Ginebra recientemente. Se dirá que la cuestión está sin embargo resuelta por una experiencia constante, fundada en las esta- dísticas mejor llevadas, y favorable á la vacuna obligatoria. Se han constituido congresos de anti-vacunistas, y funciona permanentemente una asociación titula- da «Liga internacional de anti vacunistas», que ha recibido adhesiones muy importantes de módicos, estaditas y sábios de todo el mundo. El primer Congreso de la Liga tuvo lugar en Paris en 1880; el segundo en Colonia, en Octubre del 81. Existe en Londres una sociedad consagrada á obtener la abo- lición de la vacuna obligatoria; figuran en esa so- ciedad notabilidades médicas, miembros del Parla- mento y personas do reputación en las ciencias bio- lógicas. Son muchos los profesores alemanes que trabajan para abolir la vacuna obligatoria, que exis- te desde 1807 en algunos estados y que después de decretarse en otros, se convirtió en 1874 en ley pa- ra toda la Alemania. Estos antecedentes bastan para que se reconozca la trascendencia de la cuestión que tiene entre ma- nos la Cámara. ESTADO ACTUAL DE LA CUESTION Se ha iniciado en la Cámara de Representantes la discusión general del proyecto de ley que hace obligatoria la vacuna y la revacuna de una mane- ra permanente y para todo el territorio de la Repú- blica. La Comisión de Legislación creyó prudente oir la opinión de algunos médicos distinguidos, y confor- mándose con ese dictámen profesional aconseja en mayoría la sanción del proyecto que establece la vacuna y revacuna obligatorias. El estracto, que se ha publicado, de la discusión general del proyecto, denuncia la disconformidad de opiniones de los que legislan, y tratándose de cuestiones que afectan á todo el mundo, que intere- san directa y profundamente la salud pública y la higiene general, no os posible dejar de interve- nir en el debate que bajo auspicios nada lisongeros se inicia en los altos del Cabildo. — Viva la Suizal esclamaba lleno de júbilo el eminente profesor A. Vogt, de la Universidad de Berna, al conocer el resultado del plebiscito que re- chazó la ley de la vacuna obligatoria. Las Camaras legislativas habiau votado en Enero del 82 una ley sobre epidemias. En esa ley se decla- raba que la vacuna era obligatoria. La Constitución Suiza del 71 dispone que las leyes federales deben ser sometidas á la aceptación ó rechazo del pueblo, si la petición se formula por 30,000 ciudadanos en los 90 dias después de la promulgación. Pusiéronse en campaña los anti vacunistas á cu- ya cabeza se encuentran Vogt y el elocuente con- sejero nacional Schrenchrer, y se formuló la peti- ción, siendo tan numerosas las adhesiones que el 31 de Mayo, dos dias ántes de concluir el término legal, 78,938 ciudadanos reclamaban la apelación al pueblo. Se hizo el llamado al pueblo y el resul- tado fuó el siguiente: En favor de la ley que establecía la vacu- na obligatoria 62,554 Contra la ley 225,730 Se dirá que este resultado numérico no responde á un exámen científico, y que no es el voto popular el más habilitado para desmentir las experiencias de casi un siglo. Se equivocan los que piensan que una gran parte del pueblo Suizo ha votado á ciegas en esta cuestión. Estensa es la bibliografía de los 0) Artículo publicado en La Razón, ¡N'.° 1182, fecha <9 de Octu- bre de 1882. Todo lo que se relaciona con la salud pública, en- cierra un problema social á que deben consagrarse con preferencia todos los esfuerzos de los hombres de buen8 voluntad. * Si el hado, la astucia, la fuerza, el dinero, ó el voto público os han llevado á las cimas del gobierno, decía Disraeli, rescatareis la mancha del pecado ori ginal de vuestro empleo, sirviéndolo con toda de- voción, independencia y energía. Y si ni la suerte, ni la fortuna, ni la abyección os llevaran jamás á abriros con ganzúas las puertas del parlamento, soportad la desgracia con elevaciou de ánimo y fiando todo á la autoridad de vuestra convicción y de vuestra palabra, lanzadlas al mercado para que se abra paso en el veredicto de la opinión. » La prensa debe suministrar con toda independen- cia y con rigorosa imparcialidad los datos necesa- rios, para que la conciencia pública pueda dicernir el pró y el contra en esta grave ó importante cues- tión de la vacuna y revacuna obligatorias. Montevideo y algunas otras ciudades del interior sufrieron en ol año pasado y á principios del presente una epidemia de viruela con caracteres alarmantes. Algunas corporaciones oficiales y algunos particu- lares se ocuparon activamente de propagar, como preservativo, la vacuna y de inocularla. Pero nada se hizo para averiguar las causas probables del ex- traordinario desarrollo de tan horrible contagio. La mortalidad de virulentos fuó enorme, pero ninguna corporación ni autoridad pública se proocupó de investigar las circunstancias que mas contribuían á la recrudescencia en determinados barrios, y na- die se ocupó de constatar los caractóres mas co- munes de esa epidemia que enlutó á numerosas familias. La apatía y la torpeza de nuestra burocracia ha- ragana nos privarán en este debate de los datos mi- nuciosos y bien comprobados con que pudieron ilustrarlo corporaciones, que no tienen otro come- tido que la salubridad y la higiene pública. No basta invocar la existencia de leyes que impo- nen la vacuna ni citar en globo las estadísticas. A eso llama el presidente de la Liga internacional anti-vacunicia «la rutina clásica ó jenneriana». Es necesario suministrar ante el público todos los elementos que constituyen hoy el debate. Nuestros antepasados á principios de este siglo (1807), fueron, según es fama, librados del horrible flagelo quo do años atrás diezmaba la población de Montevideo y su campaña, debido á la introduc- ción en esta plaza del virus jenneriano. Hasta en- tonces era desconocido el preservativo de la vacu- na. D. Antonio Machado, un armador, trajo la va- cuna á Montevideo. Propagóla el Cabildo inmedia- tamente y con el mejor éxito. Las crónicas refieren que jamás se presenció después una epidemia tan horrorosa como las que antes de la vacunación de 1807 so habían sufrido en la plaza. El Cabildo acordó un premio á Machado, y como una esclava habia puesto su brazo al servicio de Buenos Aires, ofreciendo á los porteños buen nú- mero de pústulas, el Cabildo acordó también la li- bertad de esa esclava. Queríamos dejar al lector bajo esta buena impre- sión, preparando el camino para entrar á la exposi- ción de argumentos y cifras y á la cita de alguna ley que pueda estar a nuestro alcance y sirva para ilustrar la cuestión. Abrimos nuestras columnas al debate, mante- niendo la neutralidad de nuestras opiniones, y concretándonos á trasmitir al pueblo los anteceden- tes ó datos de que hemos podido hacer caudal. Faz « Lírica » en la cuestión de la vacuna obligatoria (1) En los tratados más comunes de higiene (habla- mos de trataditos de 1,350, ó de 2,096 páginas en 8.° mayor J cuando se llega á la vacuna y re- vacuna, después de largas disertaciones sobre la teoría de los gérmenes, se encuentran frases im- pregnadas de lirismo que sirven admirablemente para ilustrar y deslumbrar á los lectores médicos y á los profanos. Hó aquí una muestra: «No es este el momento de rehacer la historia de la vacuna y describir los pro cedimientos de inoculación, conservación, etc., mu- cho menos nos detendremos en demostrar la efica- cia de la vacuna ó en defenderla contra las imputa- ciones fantásticas de que ha sido objeto de parte de algunos espíritus, aficionados á la hipótesis, á la contradicción y á la paradoja.» Y para rematar el tra- bajo ilustrativo se agrega: «la Academia de Paris se ha declarado unánimemente partidaria de la vacuna obligatoria, y el congreso internacional de higiene celebrado en Turin en 1880 ha emitido, casi por una- nimidad, un voto favorable á la vacuna y revacuna obligatorias. Además la estadística de todas las naciones europeas, ántes y después de la vacuna jenneriana es decisiva.» A todo eso llama el doctor Boóns, (uno de los leaders mas entusiastas de la liga anti-vacunista de Colonia) la rutina clásica, ó sea la música jenneriana, ó como dicen otros fu- riosos anti-vacunistas «música celestial de la va- cuna». Parece que el Dr. Jenner murió creyendo que el cow-pox, ó sea viruela de vaca, de cuyas pústulas se extrajo el pus llamado vacuna, provenía de una enfermedad peculiar al caballo (horse poxJ tras- mitida á la ubre de las vacas por los mozos que las ordeñaban, sin lavarse las manos que habían tocado ántes el pus que padecían algunos caballos en los asientos de manos y pies y fue en las manos y bra- zos de algunos de esos mocetones de cuadra y de algunos vaqueros ó tamberos, que se hizo el ha- llazgo de la vacuna, encontrando pústulas seme- jantes á los granos de la viruela y advirtiendo que, en medio da las horribles epidemias que diezmaban á los inglesos, las personas consagradas á aquellas tareas y afectadas de aquellas pústulas no eran ata- cadas generalmente. Después de numerosas experiencias y laboriosos estudios acerca de la inoculación del mismo pus de la viruela, siguiendo el principio homeopático de que Similia similibus curantur, que en lengua vulgar quiere decir que, un clavo saca otro clavo... si no quedan los dos adentro, se dió por fio, con la vacuna en 1798, y honores, dinero, estátuas, diplo- mas fueron la recompensa inmediata de Jenner, proclamado como el bienhechor de la especio hu- mana. No hay lengua capaz de describir el júbilo inmen- (\) Artículo publicado en La Razón Ndm. 1186, fecha Octubre 24 de 4882. so, las dádivas magníficas, los munificientes favo- res otorgados al inventor. Un vacunófilo ha dicho que hasta ahora no vió el mundo una ovación mas unánime y estrepitosa, mas universal y mas rum - bosa. Ningún invento cundió mas pronto por el mundo. La célebre czarina Catalina II, que por puro amor á la humanidad ó por preservar su hermosu ra de los estragos del flagelo, consintió en inocular se la viruela, fué de los primeros soberanos en dar el ejemplo á sus vasallos, aplicándose la vacuna y obsequiando á Jenner con un magnífico diamante. El Parlamento inglés, amen de un voto de gracias, le mandó resalar 10,000 libras esterlinas y todavía suplicó á la corona que añadiese 500 libras mas. ¿Y quién hay que no recuerde el entusiasmo con que acogieron el descubrimiento de la vacuna algu- nos módicos filántropos, españoles, llegando hasta organizar una espedicion marítima dirigida por don Francisco Javier de Balmis, módico de la Cámara de su Magostad? En una mañana de Noviembre de 1803 un el puer- to de la Coruña, á bordo de la corbeta Ataría Pita, eran colocados 22 niños de pecho, robustos, con sus rollizas amas de cria, á los cuales se les fué inocu- lando, durante el viaje, el fluido vacuno. Esa espe- dicion venia destinada á América... y costó ia vida á casi todos los médicos espedicionarios, que según parece, ostaban revacunados! Fue con motivo de esta heroica espedicion que el gran poeta Quintana, compuso aquella célebre oda que comienza así: ¡Virgen del mundo, América inocente! Tras los fanáticos vacunistas vinieron los fanáti- cos anti-vacunistas ó los vacunófobos, y se dijo des- de el pulpito que,al patriarca Job le habia inoculado el demonio la viruela, y se armaron contra la vacu- na varios procesos en que figuran declaraciones como aquellas de las brujas que subían por el aire á la carrera á ensartarse en la flecha del Espíritu Santo colocada en la cúpula de una iglesia espa- ñola, donde se daban citas con el mismo Satanás. Tambiense dijo, desde los primeros dias del famo- so hallazgo de la vacuna, que el mismo glorioso in- ventor dudaba de su bondad, habiendo llegado á reconocer que la inoculación del virus vacuno oca- sionaba enfermedades mas ó menos peligrosas. Preservaba de la viruela, pero producia fiebres, erisipelas, escrófulas, y podía inocular gérmenes de alguna enfermedad peculiar á la res vacunífera, como el carbunclo, etc. Acabamos de leer que se han hecho en la prensa de Londres revelaciones muy importantes acerca de las esperiencias que realizaba el mismo Jenner y del empeño que ponía para impedir que se publicaran estudios que hacían dudoso el éxito proclamado por los primeros observadores del virus vacuno. Ahora so discute con mas libertad en estas maíe- rias y se publican cifras de la estadística oficial con comentarios en sumo grado desfavorables á la va- cuna y revacuna obligatorias, y se vá hasta la fuente misma, del virus, sometiendo la vacuna al micros- copio y encuadrando el estudio del cow-pox en la teoría de los gérmenes, tan socorrida con los pas- mosos descubrimientos de Pasteur y otros sábios. Pero puedo bien suceder, dice un higienista, que esta cuestión de la vacuna siga la misma evolución que la de la gelatina, preconizada por años y años como sustancia nutritiva de primer orden, llegando á producir el fanatismo gelatinoso, víctimas del cual perecieron de consunción, muertos de hambre, muchos pobres enfermos en hospitales afamados!... concluyendo por persuadirse los mas, que un poco de estopa podia reemplazar la gelatina en el estó- mago de los pacientes, sin que eso alterase la nutrición que recibían. No incurriremos en la temeridad de prestar nues- tro asentimiento al dictámen del higienista mencio- nado. En nuestro papel de narradores nos concreta- mos á trasmitir esa duda, dando con ella punto á la faz lírica do la vacuna. oda que durará tanto como la viruela, ó como la vacuna. España nos había traído entre otras cosas, la vi- ruela. El poeta español se hacia eco de ladesolacioD que el contagio había producido en América, y des- pués de espresar sus lamentos, esciama: « Con tales quejas el Olimpo hería, Cuando en los campos de Albion, natura De la viruela hidrópica al estrago El venturoso antidoto oponía. La esposa dócil del celoso toro De este precioso don fué enriquecida, Y en las copiosas fuentes le guardaba, Donde su lecho cándida á raudales Dispensa á tantos alimento y vida. Jenner lo revelaba á los mortales: Las madres desde entonces Sus hijos á su seno Sin susto de perderlos estrecharon, Y desde entonces la doncella hermosa No tembló que estragase este veneno Su tez d8 nieve y su color de rosa. A tan inmenso don agradecida La Europa toda en ecos de alabanza Con el nombre de Jenner se recrea; Y ya en su exaltación le eleva altaros, Donde á par de sus genios tutelares Siglos y siglos adorar le vea. » La linfa pura (1) Somos narradores, nada mas. Lo digimos al empezar y lo repetimos ahora. Hay personas que prestan á los números una autoridad desmedida. Para ellas una estadística, bien ó mal llevada, lo de- cide todo. Yen números en columnitas y casillas y esclaman: « esto es irrefutable; las cifras han ha- blado con una elocuencia brutal; nada hay mas elo- cuente que las cifras; creed ó reventad. » Oh! pero se ha visto machas veces y en asuntos tan delicados como el de la vacuna, que las cifras no son otra cosa que manequíes, pudiendo mane- jarlas á su arbitrio cualquier sofista, cuando se obtienen por imperfectos procedimientos, ó se les atribuye una significación que no tienen, ó se les separa de otras cifras complementarias: ó se des- Tal es la apología de la vacuna. El entusiasmo vacunífero llegó á tal punto, que hasta los caprichos de la moda tuvieron que ajustarse á la acogida va- vorable quo encontró en todas partes el virus rege- nerador. Así se veiaa en las ciudades principales, hombres, mujeros y niños vistiendo trajes á lata- cuna, sombreros y zapatos á la vacuna, según re- fiere la crónica andariega. (1) Publicado en La Razón, ntím 1190, 28 de Octubre de 1882. 36 cuida la enumeración de hechos simultáneos ó pos- teriores, ó la de causas eficientes ó secundarias. En la cuestión de la vacuna hay cifras en pró y cifras en contra. Hay mas: hay examen de las cifras. ¿Para que ocultarlo? y el examen arroja conclusio- nes dudosas, que requieren una estadística comple- mentaria. El ejemplo de los módicos de Londres debe tener imitadores aquí. Es por la observación escrupulosa, metódica y cada dia mas ilustrada por la crítica cien- tífica, que se ha llegado allá á constatar, en la clíni- ca de virulententos y vacunados, la persistencia de la erisipela, ya observada en los albores de la va- cuna por su propio descubridor, y que negaban por preocupación, por rutina, ó por sistema algunos vacunistas. No comprendemos como sedá en Mon- tevideo por resuelto sin apelación, un problema que en sus elementos principales está á la orden del dia entre las notabilidades médicas del mundo científico y en el centro urbano mas clásico de la vacuna obligatoria. No se comprende que haya anti-vacunistas por el puro gusto de serlo. No se concibe que haya quien se esponga á morirle, quedándose premeditada mente sin vacuna. ¿Por qué se han constituido en Alemania, Bélgica ó Inglaterra ligas anti-vacunis- tas?—¿Por qué son muy bárbaros por allá?—En In- glaterra se ha tomado con tanta abnegación la abo- lición de la vacuna obligatoria, que el Comité de investigación constata, que en 1876 tuvo lugar un ruidoso proceso ante la Corte de su Magostad, pro- vocado por las resistencias de un consejo parroquial ó de distrito quo se había rehusado á proceder con- tra los refractarios de la ley de la vacuna. La liga inglesa anti-vacunista paga las multas de las per sonas que desobedecen la ley de la vacuna, y no faltó en 1877, en la Cámara de los Comunes, quien sostuviera que no debían multiplicarse las multas infligidas á los infractores, temiendo convertir en mártires á los que son víctimas de una preocupa- ción!... Exentricidades inglesas, se dirá, y con repe- tirlo cundirá la opinión de que, realmente, no son sino exentricidades. Por otra parte, se ignora que si bien muchos son los sábios que se inclinan á las conclusiones deri- vadas de los últimos esperimentos de Mr. Pasteur, en lo tocante á la atenuación de algunos virus, hay otros sábios, como el Dr. Koch de Berlín, á la ca- beza de sus discípulos, que, según el mismo Pas- teur, atacan sus trabajos con una estraña vivacidad. Las esperiencias son de tal importancia y se proce- de con tanta prudencia y escrupulosidad, que un físico eminente, Tyndall, deseoso de contribuir á la revelación de la verdad se hizo construir una cáma- ra especial para sus esperimentos, relativos á la teoría de los gérmenes, publicando no hace mucho, sus ensayos particulares con toda minuciosidad. El mismo Pasteur, tan feliz en algunos de sus ma- ravillosos esperimentos que han venido á confirmar sus profecías, por hechos accesibles á muchas gen tes, se ha visto obligado, después de todo eso á con- testar algunas diatribas alemanasl dando sus prue- bas por medio de inoculaciones en animales bovinos y ovinos en presencia de una comisión especial- mente nombrada por el Ministro de Agricultura de Prusia. Ese informe ha sido presentado al Ministro en este año. No se conoce todavía (5 Setiembre 82) la opinión de la Comisión, en la que figuran nota bilidades como Virchow, Müller y otros. Se crée que el dictámen es favorable al sabio francés. No basta ya presentar las cifras en toda su brutal desnudez para dar el problema por resuelto. Se dice con razón que los esperimentos de Pas- teur han de traer una revolución en la higiene, en la medicina y la cirugía. El microscópio ha sido aplicado á la viruela humana, y de ella se han he- cho inoculaciones en vacas y caballos, observando detenidamente los resultados y llegando hasta de- mostrar que esos animales no sufren ningún daño y pueden servir como fuente de vacuna. Es de notar que la vacuna ha degenerado desde su descubrimiento. En los primeros años las erupciones eran mas considerables y la preservación mas duradera; (Perdreau y Bousquet citados por Bouchardat). Y se agrega: «es sabido boy que la preservación no es absoluta y que varía según las idiosincracias, las atenuaciones del virus, y según otras condiciones difíciles de desentrañar.» Los lecheros por bu ignorancia en estas cosas, tienen la culpa de que no topemos con la vacuna verdadera, con el verdadero y genuino cow-pox. El sábio Pasteurno ha ensayado todavía el cultivo del cow-pox, en toda su prístina originalidad. Y tendrá sus dificultades el dia que lo emprenda, pues el eminente Paul Bert no ha de encontrar fá- cilmente vaquero ó lechero que se presente á re- clamar el premio Jenner, adjudicable, según desea Bert, á los que presenten vacas con la viruela na- tural. Seguimos de tiempo atrás el procedimiento ensa- yado por un módico de Ñapóles, inoculando á las vacas el virus sacado de los brazos de los niños va- cunados, y á esto llamamos vacuna animal artificial, que se ingerta nuevamente en los brazos. Y un cuarto de mundo lleva esa vacuna, y otro cuarto la vacuna humana que se trasmite de brazo á brazo. Así pasan las cosas hace muchos años. El invento de Jenner ha sufrido metamórfosis radicales, con que no soñó el humanitario doctor, á quien, si hoy apareciera por el mundo á presenciar su apoteosis, le seria muy difícil encontrar la maravillosa linfa pura. Son muchas las estadísticas favorables á la vacu- na y la mayoría de los higienistas y los médicos las invocan como pruebas concluyentes. Pretendióse primero que la vacuna era una inmu- nidad : los vacunados jamás se enfermarían de vi- ruela. La esperiencia de todos los dias daba un des- mentido constante Hoy no se encuentra uno, entre los módicos ó higienistas que algo valen, que con- sidere la vacana como inmunidad contra la viruela. Se reconoce que es un preservativo, con lo que se admite que los vacunados pueden morir y mueren de viruela, y con lo que se establece que los no va- cunados están mas espuestos á perecer quo los va- cunados. Este hecho tiene los caractóres de incontroverti- ble, según las estadísticas mas dignas de aprecio, que han servido en estos últimos tiempos para ilus- trar el debate. Y aquí comienza la estadística de la linfa pura, cuya estension obliga á echar un párrafo aparte, con comentarios. Como este asunto de la vacuna y revacuna obli- gatorias sigue una tramitación lenta en la Cámara de Diputados, no nos apuramos mucho en nuestra tarea narrativa, dando así tiempo para que se ilus- tren y comparen todas las opiniones. Los derechos de la familia y la salud de la huma- nidad doliente imponen en el problema de la vacuna prudentes apreciaciones ó independencia de criterio desligándose da toda rutina, con sincera devoción á la verdad aunque sea contraria á preocupaciones áulicas ó de secta, aunque lastime ridiculas pre- tensiones do innovación ó de novelería. No puede mezclarse en el debato la idolatría por la autoridad de un sábio ó módico, por mas fama que goce, ni la idolatría de las cifras, tan ocasionadas á estravíos cuando se concretan á hechos incompletamente observados, con prescindencia de otros concomi- tantes, anteriores ó posteriores, cuya relación ó ligámen, se omite ó desestima, sea por ignorancia, Estadística de la linfa pura (1) olvido, preocupación ó rutina. Si alguna idolatría fuese permitida seria la de la verdad, que siempre aparece incompleta ante la conciencia de los sábios, servidores ó intérpretes de la naturaleza, que solo permite alzar una punta del velo con que encubre sus misterios. Entremos por fin, á la estadística de la linfa pura. Se sabe que el Parlamento inglés decretó en 1848 la formación de una oficina general de higiene que funcionó por 6 años, siendo prorogada hasta 1858, en que fue abolida. El Parlamento nombró después, sucesivamente, comisiones especiales para el estu- dio esmerado de varias cuestiones sanitarias. Esas distintas comisiones han acumulado datos para la estadística de la vacuna, que ha sido llevada con mas esmero después de la ley ds 1872 que or- ganizó en aquel país la higiene pública. El gran arsenal de los vacunistas e9tá en esta es- tadística, puesta bajo el patrocinio del Parlamento británico. Hé aquí el cuadro ó resúmen que se en- cuentra en casi todas las publicaciones recientes: PERÍODOS ANTES V DESPUES DE LA INTRODUCCION DE LA VACUNA, Á LOS CUALES SE REFIEREN LOS DATOS ACERCA DE LA MORTALI- DAD DE LA VIRUELA PAISES MORTALIDAD A MILLON DE ANTES DE LA INTRO- DUCCION DE LA VACUNA \UAL SOBRE UN HABITANTES DESPUES DE LA IN- TRODUCCION DE LA VACUNA 1777-1806 y 1807-1850 Austria inferior 2484 380 1777 1806 y 1807 1850 Austria Superior Salsbourg 1421 501 1777-1806 y 1807 1850 Estíria 1052 446 1777 1806 y 1807-1850 Iliria 518 244 1777-1806 y 1838 1850 Trieste 14046 182 1777-1803 y 1807-1850 Tirol y Voralberg 911 170 1777-1806 y 1807 1850 Bohemia 2174 215 1777-1806 y 1807 1850 Moravia < 5402 225 1777 1806 v 1807 1850 Silesia Austríaca 5812 198 1777-1806 y 1807 1850 Galitzia 1194 696 1787 1806 y 1807 1850 Bukowina 3527 516 1781-1805 y 1810 1850 Berlín 3422 176 1774 1801 y 1810 1850 Suecia 2050 286 1751 1800 y 1801 1850 Coponhaguen 3128 158 La mayor parte de los países que figuran en ese cuadro, esceptuando muy especialmente á Suecia y la ciudad de Berlin, ofrecían en el período de 1777 á 1850 una estadística deficiente, confusa y poco decisiva. Antes de 1806, año en que empezó á di- vulgarse asombrosamente la vacuna, se usaba co- mo preservativo contra la viruela la inoculación de la misma viruela humana. Cuando se presenta la estadística anterior á ese año, no se hace otra cosa que probar que era muy contagiosa y mortal la inoculación de la viruela, propagándose activamen- te las epidemias variólicas que diezmaron á los pueblos. Qué mortalidad es, pues, la que se compara con esa tabla clásica de la estadística? La mayor parte de las defunciones de virulentos no vacunados son debidas á la inoculación de la viruela, que se prac- ticaba hasta fines del siglo pasado con el mismo entusiasmo que hoy se practica la vacuna. Desde 1713 se practicaba la inoculación en Inglaterra. La terrible epidemia de 1727, dice un higienista, sacrificó á los niños por millaradas: los inoculado* morian en igual proporción que los no inoculados y en su consecuencia cayó en descrédito la inocu- lación, mandando el Parlamento inglés que no pu- diera inocular quien no estuviera especialmente autorizado para ello por el Colegio Módico de Lon- dres. En París y Boston se dieron decretos seme- jantes Estas restricciones dieron resultados satisfacto- rios, según parece, pues á partir de 1746 la inocu- lación de la viruela cundió rápidamente en Europa y se practicó en América. La Sociedad Médica de Lóndres con los auxilios espirituales de cuatro obis- pos, declaró un buen dia que nada era mas útil y lícito que la inoculación de la viruela. Francia con- vocó una asamblea especial de médicos y teólogos! y 52 votos contra 26 declararon que la viruela de- bía inocularse. Y siguió la inoculación dejando tras sí gran número de ciegos, mutilados, ó picoteados, y ofreciendo una enorme cifra de defunciones. En el cuadro estadístico que precede, ha debido indicarse el número de inoculados de viruela y el de no inoculados, hasta 1800; proporción de la mor- talidad de unos y otros hasta 1880. De ahí, hasta (1) Publicado en La Razón, núm. 1193, fecha I.» de Noviembre de 1882. 1815, proporción de inoculados de viruela, de no inoculados de viruela, ni de vacuna, y proporción de vacunados, debiendo añadirse la proporción de los inoculados de viruela que después se inocularon la vacuna. ¿Por qué medios se constató la vacuna- ción? ¿Por cuáles otros se constató que no existia? Los países que figuran en la estadística citada no eran de los mas adelantados en la época á que so refiere, salvo la mención especial antes indicada. Es después de 1820 que la demografía ha empezado á organizarse en los países mas adelantados de Euro- pa en materia de estadísticas. La Suecia y la Dina- marca, la Baviera y Ginebra ofrecen sus anales con datos interesantísimos, pero aun así mismo incom pletos, bajo el punto de vista de la vacuna y reva- cuna obligatorias. Si esa estadística patrocinada por el Parlamento inglés no sirviese para maldita la cosa, no será posi- ble que se niegue exactitud y autoridad completas á los datos suministrados por el Dr. Lotz de Bále, y especialmente á los suministrados por el Dr. Han, de Lóndres, en obras que datan apenas del año 80 y que condensan nuevos datos para dilucidar el problema. La estadística gráfica, que va á continuación, in- dica la proporción (por millón de habitantes) de la mortalidad por viruela, en 5 años, de 1868 á 1873, en varios países, teniendo unos la vacuna obligato- ria y otros nó. rarse impoleDte para constatar su exactitud y su alcance decisivo. » Sabemos también que en el Con- greso anti-vacunista de Colonia el Dr. Oidtmann, de Linnich (Prusia) se encargó de revelar la mane- ra increíble como se formaron las estadísticas, en cuya virtud se impuso á toda la Alemania la vacuna obligatoria. La estadística transcripta es irrefutable, según los vacunistan que la citan. La Baviera es el país en que se aplica con ma- yor vigor la vacuna obligatoria. La ley del 64 hizo obligatoria la vacunación de todos los niños nacidos en e! año, debiendo ejecutarse antes del primero de Abril del año siguiente. Los recalcitrantes son muy raros. Del 67 al 70 figuran por 0’7 p. % del número total de niños vacunados. La Baviera presenta, en el cuadro anterior, por millón de habitantes, un número mayor de defunciones de viruela, que ¡a Suecia y la Escocia, donde la ley no ha sido aplicada con tanta exactitud. La estadística del Dr. Lolz ofrece una particulari- dad que dá que pensar. lia comparado la estadística de la ciudad de Ginebra antes de la vacuna de 1580 á 1760, con la estadística de la vacuna obligatoria de la Baviera desde 1857 á 1875, calculando por edades sobre mil muertos de viruela. EDAI) En Ginebra <380-1760 En Baviera Octubre 1837 á tiñes de 1873 0 á 1 año. . . 202 50. . . 227 1 á 5 » . 602 50. . . 36 5 á 10 » . 155.75. . . 10 10 á 20 » . . 26 50. . . 23 20 á 30 '> . . 10 25. . . 91 Do mas de 30 » . 2.50. . . 613 En primer lugar los dos períodos comparados son desiguales. Uno es de 180 años, y el otro, el de la vacunación obligatoria, es de 18 años solamente. En 180 años, no existiendo la vacuna, hubo en cada mil defunciones de viruela 202 niños de 0 á 1 año, y en 18 años de vacuna obligatoria hubo en cada mil defunciones de viruela una mortalidad de 227 niños de 0 á 1 año ¡Curiosa estadística en favor de !a vacuna obligatoria! Serviría para probar qne nada es tan peligroso como inocular la vacuna á los niños menores de un año, y probaria además que mejor están esos niños sin vacuna que con ella. En 180 años, en cada mil muertos de viruela, cuando no existia la vacuna, solo aparecen 26 per- sonas de 10 á 20 años; y en 18 años de vacuna obli- gatoria, en cada mil muertos de viruela, aparecen 23 personas de 10 á 20 años. En la mortalidad anterior á la vacuna, en cada mil defunciones de viruela, durante 180 años, había 10 personas de 20 á 30 años. En la mortalidad pro- ducida bajo el régimen de la vacuna obligatoria, en cada mil defunciones de viruela durante 48 años, se encuentran 91 personas de 20 á 30 años. Y lo mas curioso es este último dato: en un pe- riodo de 180 años antes del descubrimiento de la vacuna, en cada mil defunciones de viruela se en- cuentran apenas 2 ó 3 personas de mas de 30 años; y en un período de 18 años bajo el régimen de la vacuna obligatoria, en cada mil defunciones de vi- ruela hay 613 personas de mas do 30 años. Soberbia estadística! sirve para probar que la vacuna obligatoria protege especialmente la injan- Proporcion (por millones de habitantes) de muer- tos por la viruela en cinco años, de 1868 á 1863. ¿Cómo se ha llegado á estos resultados estadísti- cos? no lo sabemos, ni lo dice La Revista, de donde los tomamos. Sabemos, porque otra Revista lo con- signa, que eu punto á estadísticas vacunistas de Alemania y de Inglaterra, * la Academia de Medi- na de Bélgica no ha podido conocerlas sin decla- cia y ha dado por resultado modificar la reparti- ción de las defunciones variólicas... Es decir, que en cada mil muertos de viruela en un país de vacu- na obligatoria, haya 512 personas de mas de 30 años, y tan solo 227 niños de menos de un año. Quiere decir: vale mas que se mueran los grandes que los chiquititos. Y esa estadística está reproducida en varios tra- tados, revistas, informes y periódicos vacunistas, sin comentarios y como muy concluyente y deci- siva!.... Uno de esos estadistas hace notar, sin embargo, que esa estadísiica prueba especialmente que la in- munidad vacunal es limitada y que la revacunación es necesaria cada cinco años, ó cada diez cuando menos. Lo cierto es que cuando no existia la vacu- na, ni la revacuna, las personas de 0 á 10 años eran las que mayor tributo mortuorio pagaban á la vi- ruela; y que después de la vacuna y revacuna obli- gatorias, las personas que mayor tributo pagan son las de 10 á 30 años, y mayor todavía las que pasan de los 30 años. Es lo que dice Paul Pert en el ar- tículo traducido para El Siglo, por el Dr. Heguy: « la va.uoa obligatoria protegiendo especialmente la infancia ha tenido por efecto el modificar la re- partición de las defunciones variólicas, como lo comprueba la estadística del Dr. Lotz, de Bale... » Dios nos libre de estadísticas como la del doctor Lotz, aparentes como para creer ó reventar! Felizmente hay otras estadísticas, muy sórias y favorables á la vacuna de queso instruirá el curioso lector que haya formado el propósito de acompar- nos hasta la conclusión de nuestras narraciones acerca de la vacuna. Posterior á las nuevas prescripciones 1876—1879 Virulentos. 1,9 por 1.000 hombres Muertos 8,5 » 100 virulentos Resulta que el número de virulentos es tres ve- ces mayor cu el segundo período, y en este la mor- talidad ha disminuido apenas en un tercio. No parece que los resultados hayan sido tan favorables como se vaticinaba. Se debe, en opinión de algu- nos, á que después de la gran epidemia de 1869 al 71 la receptividad variólica, ó sea la predisposición para tener la viruela, se había casi agotado en Francia, en tanto que parecía reaparecer en 1876. La esplicacion no es satisfactoria porque en nin- guno de los dos períodos se tratado la Francia, sino del ejército para el cual la vacuna era obliga- toria, siéndolo aún más rigorosamente desde 1875. Do modo que el número de virulentos debió dismi- nuir, y aparece triplicado ! Y véase ahora cómo engañan las estadísticas, y cómo las más luminosas pueden servir para intrin- car un poco el problema. Comparando las cifras del cuadro A con las del cuadro B, segunda parte (1876 á 1879), resulta que después de la mejora en el servicio de vacuna- ción se nota en los virulentos apenas una disminu- ción de 0,57 en cada mil hombres de efectivo; de manera que en cada mil no ha podido arrebatarse un solo hombre al contagio, á pesar de las refor- mas sanitarias de 1875. Y si de esa misma estadís- tica se toma un período do 4 años, 1866 á 1869, se encuentra que la cifra de militares virulentos fue de 3,32 ! por cada mil hombres de efectivo. ¿A qué atribuir estas cifras tan desfavorables? ¿A la manera de inocular? ¿A la mala calidad del virus ó de la linfa?... Se ha recorrido á la demografía de algunas ciu- dades principales de Escocia, y de uno de los infor- mes anuales de estadística especial resulta: Suma y sigue (I) Quedamos en que la estadística del doctor Lotz, presentada al Consejo Federal de Suiza, ofrécelos mismos caracteres desfavorables ó dudosos de la clásica estadística de 1777 á 1850 presentada al par- lamento inglés. No puede decirse lo mismo de la estadística gráfica que imperfestamente reproduji- mos en nuestro último número, ni de otras cifras que presentamos en seguida. Desde Octubre de 1867 es obligatoria la vacuna en el ejército francés. La estadística médica se ha lle- vado con bastante prolijidad en las casermas. El doctor Legouest ha conoensado los datos más inte- resantes : á-pbríodode1857á!875(sin incluirlos años 1870-71) Virulentos 2,ól por cada 1.000 hombres de efectivo Muertos.. 7,02 » » 100 virulentos A partir de 1875 estableciéronse en el ejército francés prescripciones más rígidas y eficaces, para impedir que se viólasela ordenanza relativa á la vacuna, y se organizó el servicio completo para la vacunación. Hé aquí, según el doctor Legouest, el resúmen estadístico: SOBRE CIEN MIL HABITANTES Antes de la vacuna obligatoria 1856 á 1864 0 á 6 meses 6 á 12 meses Mortalidad general 17.254 9.769 Idem por la viruela 810 341 1865 á 1873 DESPUES DE LA VACUNA OBLIGATORIA 0 á 6 meses 6 á 12 meses Mortalidad general 18.546 9.958 Idem por la viruela 174 49 En Escocia la vacuna es obligatoria en los seis primeros meses y se practica con notable regulari- dad. La disminución de la mortalidad de la viruela en los niños, bajo el régimen de la vacuna obliga- toria, es de 56,12 p. % en los niños menores de seis meses, y la de los niños de 6 á 12 meses alcanza apénas á un sétimo de la mortalidad anterior á la vacuna obligatoria. Según esta estadística, bien comprobada, á estar á la autenticidad que se le re- conoce, la vacuna obligatoria disminuye notable- mente la cifra mortuoria de los virulentos de 6 á 12 B—PERÍODOS DE CUATRO AÑOS 1872—1875 Anterior á las nuevas prescripciones Virulentos 0,651 por 1.000 hombres Muertos 12,47 » 100 virulentos (t) Publicado en La Razón, núm. 1194, fecha 3 de Noviembre de 1882. meses, no siendo tan notable la disminución en los niños menores de seis meses. Esta circunstancias ha sido invocada para no hacer obligatoria la vacu- na hasta la edad de un año. Se ha observado que á los 3 y 6 meses del nacimiento presenta inconve- nientes graves para los niños. El término más ge- neral es el de seis meses, y una de las estadísticas en que se ha apoyado esa amplitud de plazo es la de Escocia, que acabamos de mencionar. Otra estadística que tiene caracteres de exactitud es la que se refiere al ejército prusiano. Desde 1834 se introdujo la vacuna. Antes de la vacunación solo salvaban de la viruela un 40 p. %; después de esta - blecida salváse un 70 p. % ; de 1835 á 1874 el ejército prusiano aparece perdiendo tan solo 449 hombres por la viruela. En un período de 9 años, de 1825 á 1834, perdió 496, número superior á la pérdida durante 39 años de vacuna obligatoria. Una estadística llevada por el doctor Bertillon, en Paris, desde el 1.® de Eoero al l.° de Julio de 1880 dá los siguientes resultados: En el ejército En la guarnición francesa de Lan- prusiano gres. Muertos por viruela 5.8 222.6 Id. id. disentería. . 32.3 19.3 Muertos por fiebre tifóidea 118.8 80.6 SOBRE 10.000 HOMBRES Parece que la batalla está ganada por los vacu- nistas. Agrégase como refuerzo que en algunas ciudades como Chicago y Venecia se ha inoculado la vacuna y se ha hecho la revacuna en el período álgido de la epidemia de viruela; que igual cosa se hizo en París durante el sitio y que los resultados no contradichos hasta ahora, que nosotros lo sepa- ramos al menos, han sido favorables á la vacuna y revacuna. Puede haber exageraciones vacunistas y estadís- ticas preconcebidas en favor del virus jenneriano, pero esa estadística bastardeada no es la que aca- bamos de trasmitir al lector. Suponemos que las diversas fuentes de donde la entresacamos no son tan turbias como la linfa impura que ha metido en Lóndres tanto barullo en estos últimos tiempos. Vendrá en seguida la estadística y comentarios desfavorables para que el lector, teniendo delante el pró y el contra, pronuncie su veredicto inape- lable. SOBRE 10.000 VIVOS Fiebre tifoidea Viruela Población civil masculina, de 15 á 35 años 14.7 9.50 Población militar 85.5 1.25 En el ejército francés la vacuna y revacuna son obligatorias, y desde el 8 de Marzo de 1875, raro, muy raro os el soldado que escapa á la inoculación. La guarnición militar de Paris no sufrió casi nada durante la epidemia de viruela, mientras que la po- blados civil, mónos resguardada por la vacuna y revacuna, ofreció numerosas víctimas La epidemia de 1869-71 en Francia fue tan hor- rible y desastrosas como las grandes epidemias que tenían lugar ántes de la inoculación de la vacuna. Noventa mil personas, según el cálculo deChauf- fard y Vernois, fueron víctimas de la viruela. Va- cher constata las cifras correspondientes al año 1871: La estadística en contra (1) Anuncian las crónicas parlamentarias que la Cá- mara de Representantes rechazó ajer el proyecto de vacuna y revacuna obligatorias, sancionando una sustitutivoque se limita a establecer una «au- torización al Poder Ejecutivo para que invierta diez mil pesos anualmente en la propagación de la va- cuna. » Damos el pósame á los vacunistas, y vacunófobos. El Proyecto sancionado pasará en breve al Senado y es para nosotros indudable que ha de tener allí im- pugnadores. No esperábamos tan pronto la solución do la Cá- mara de Diputados; pero ya que queda un último baluarte continuaremos nuestros estudios, ofrecien- do terminarlos en el número próximo, pues abriga- mos el justo temor de que nuestros lectores escla- men: «¡Qué solo de vacuna! ostamos vacunados y revacunados por La Razón.» Aparte del interés del momento, debido á la san- ción de una ley acerca de la vacuna, tiene esta cues- tión una importancia y utilidad permanentes, por- que afecta directamente á la salud individual y pú- blica, á la familia y á la sociedad. Ofrecimos la estadística desfavorable, y la dare- mos, aunque el lector ha de haberse apercibido de que las estadísticas favorables á la vacuna y reva- cuna obligatorias son también favorables á la fiebre tifoidea. Carnot y otros módicos notables han afir- mado que si bien la vacuna preserva de la viruela, ésta es reemplazada por la fiebre tifoidea. Se ha ob- servado que desde principios del siglo, á medida que se ha ido propagando la vacuna, la fiebre tifoidea ha ido aumentando. Sean cuales fueren las impug- Nacimientos 821.129 Virulentos 226.417 Muertos por la viruela 58 236 Desfigurados 24.004 La proporción de la mortalidad es de 1 muerto en cada 5 ó 7 enfermos. Hemos visto que en el ejército francés, la proporción de la mortalidad fue, del 72 al 75, de 12 muertos en cada 109 enfermos, y de 8 ó 9 muertos en cada 100 enfermos, desde 1876 á 1879. El lector se dirá : « basta con estas estadísticas. Debemos estar satisfechos. La vacuna es un pre- servativo, aunque no sea una inmunidad contra la viruela. La revacuna es necesaria; el preservativo dura poco. » Los estudios á que dió motivo la gran epidemia de 1870 suministran datos importantes, comparando las cifras relativas al ejército prusiano con las que se ordenaron regularmente y correspondían á la guarnición francesa de Langres, « una de las pocas guarniciones que estuvieron en condiciones relati- vamente buenas, bajo el punto de vista de la higie- ne y de la vacuna »; sin haber pasado, en su gran mayoría, por la revacuna. (I) Publicado en el núm. 11!)6 de La Razón, fecha 5 de Noviem- bre de 1882. naciones que á esa observación se hagan, es lo cier- to que los estadísticas mejor llevadas en favor de la vacuna autorizan para decir que no era tan locoCar- not cuando opinaba: que mediante la vacuna la fie- bre tifoidea reemplazaría á la viruela. Es el caso de preguntar: ¿Cuál de las dos es peor? En el ejército prusiauo, sometido rigorosamente á la vacuna y revacuna, se observó este fenómeno durante la guerra última con la Francia. En 10,000 hombres, seis, apenas, morían de vi- ruela; 119 morian de tifóidea. En la guarnición fran- cesa de Langres que no habia recibido con tanta ri gorosidad el virus sagrado y que en su mayor par- te no estaba revacunada, morian de viruela 223 hombres por grupo de 10,000; y 81 morian de tifo- idóa. La estadística del doctor Bertillon, ya citada, dá un resultado semejante. En París desde 1/ Enero á l.° Julio de 1880 obser vó el benemérito doctor este fenómeno: que en 10,000 personas de la población civil, masculina, de 15 á 35 años, se producían 10 casos de viruela y 15 de tifoidéa y en la población militar, en 10,000 in- dividuos dos casos apenas de viruela y 86 casos de tifoidea. Recuérdese que desde 1875 se practica en el ejército francés con toda severidad la vacuna y revacuna, y que la vacuna y revacuna en la ciudad de París han sido muy descuidadas á pesar de las horribles epidémias porque ha pasado aquella gran capital. Abramos la estadística módica del ejército fran- cés y encontraremos en el año 75 la estadística me- dia de entradas á los hospitales: se reputan hoy en su estado de virulencia como promotores ó engendradores de las enfermedades contagiosas mas comunes. No pasará mucho tiem- po sin que nos ingertemos la rábia atenuada, para estar precavidos contra algún mordisco de los ra- biosos. Lástima grande que no se haya encontrado el medio de concluir con los vibriones (no vayan á poner bribones los cajistas), bacterios ó microbios absorventes y devastadores de que están plagadas la política y las finanzas! Si se pudiese encontrar el microbio atenuado de las ambiciones mengua- das, podría inocularse á algunos para curarles radi- calmente de insensatez. Decididamente: lo semejan- te se cura con lo semejante. Sigamos con la estadística desfavorable á la vacu- na y revacuna La que sigue ha sido tomada del Registro Gene- ral Inglés, y fué recojida por el Dr. Pearce. En 1853 fue declarada obligatoria la vacuna en Ioglaterra; se repitió ó confirmó la ley en 1867 y fue estableci- da con mayor rigor en 1871. Desde el 53 ha habido tres epidemias de viruela, siendo cada una de ellas mas mortífera que la precedente. La primera abra- zó los años 1857 58-59, y las defunciones fueron 14,244. La segunda, en 1863-64-65, con 20,059 falle- cimientos. La tercera, en 1870-71 72, ascendiendo los muertos á 44,840. El aumento de población des- de la primera á la segunda epidemia fue de 7 % y el aumento de la viruela en el mismo período fue próximamente de 58 %. De la segunda á la tercera, el aumento de población fué de 18 % y el de la vi- ruela en igual período de 120 %. La mortalidad por viruela en los primeros diez años en que fué obligatoria la vacuna, de 1854 á 1863, fué 33,515. En los segundos diez años, 1864 á 1873, fué 70.458. La última relación al parlamento, titulada: «vacunación, mortalidad», número 433, sesión 1877, publicada en el registro general, pone de manifiesto el número proporcional anual de ni- ños de monos do un año, de quince enfermedades, que son incamables ó agravadas , del mo- do siguiente: Antes de la ley de vacunación obligatoria, mu- rieron : FIEBRE TIFOIDEA Entradas 4637- Proporción en 1000 entradas 39 ! VIRUELA Y VARIOLOIDE Entradas 613—Proporción en 1000 entradas 5 ! L. Colín, notabilidad módica vacunista, condensa en un cuadro las causas de muerte durante el año 75, en el ejército francés. En 4725 defunciones, la cifra mas notable de todas es la ocasionada por la fiebre tifoidea; escede á la cuarta parte del total de las defunciones, y es veinte veces mayor que la mortalidad de virulentos. De 4725 defunciones, 1553 son de tifoidéa, y solo 77 de viruela. El Dr. Arnold hace notar que esto cuadro del año 75 puodo tomarse como general, pues no hay grandes oscilaciones en la morbosidad mi- litar. Arnold escribe en el 81. Bouchardat observa que los que sufren una vez la viruela, la escarlatina, el sarampión, gozan por ese hecho de una especie de inmunidad, ó coraza patológica. Es muy raro que vuelvan á ser ataca- dos. Con la fiebre tifoidea pasa lo mismo. «Es, en mi opinión, un argumento de gran fuerza para reunir estas en el mismo grupo bajo el punto de vista de la etiologia.» «Tengo una fé profunda, agrega el ilustre profesor, en la inoculación pre- ventiva de la fiebre tifoidea en el porvenir.» Concluiremos, según vaticinan los sábios del dia, por inocularnos todas las enfermedades para no te- ner ninguna. Será el mejor estado de salud aquel en que haya mos llegado á ingertarnos el máximum de micro bios atenuados; ó sea, cuando nos hayamos inocu- lado los górmenos microscópicos, debilitados, que 1847-62,619 niños en una población de 17.927,609 almas. Después: 1854 73,000 id id id 1867- id id id 1868- id id id 20.066,224 1875-106,107 id id id 22.712,266 Mientras la población inglesa habia aumentado de 18 á 23 millones de defunciones de niños por quin- ce enfermedades, aumentaron en el mismo período de 63,000 4 106,000! Si la mortalidad hubiera segui- do á la población, la mortalidad do 1875 hubiera si- do de80,000; lo cual parece indicar que si la vacu- nación hubiese estado menos en boga, pudieran ha- ber vivido en Inglaterra 26,000 niños mas. De 80.000 casos de viruela que hay en la citada rolacion, 43 mil fueron niños de menos de cinco años de edad; se cree que la vacunación obligato- ria proteje especialmente á la infancia. Y fíese uno de las cifras!.... Debe tenerse tenerse también en cuenta que este formidable aumento de la mortalidad coincide en Inglaterra con las habitaciodes mejoradas, mejores aguas postables, establecimientos de baños y casas de ídem, aberturas de parques y jardines en todos los grandes centros de población; y el gasto (desde que es obligatoria la vacuna) de 120 millones de li- bras esterlinas en obras sanitarias! En el artículp de Paul Bort que tradujo para El Siglo el señor doctor Heguy, se presenta la estadís- tica del doctor Marson, módico de uno de los hospi- tales de virulentos de Lóndres. En la Revista Cien- tífica de Enero del 81 encontramos esa estadística, con proporciones que difieren notablemente de las que Paul Bert le dá. Para que se puedan apreciar las diferencias, hó aquí las dos estadísticas atribui- das al doctor Marson: En 6,000 casos do viruela tratados en el estable- cimiento: comendar el uso del cáustico, él replicó: teso habría condenado la operación». El doctor Pearson añade: «Puede estar seguro de que si la práctica del cow- pox no puede ser introducida sin el cáustico, nunca tendrá éxito ante el público.» La epidemia de viruela del año pasado despertó el entusiasmo por la vacuna. Sabemos que hubo muchos casos de erisipela, pero no tenemos medios, ni autoridad profesional, para constatar que sucedió aquí lo que el dector Dudgeon habia observado en los niños en los hospitales de Londres. Se ha notado también que después de la vacuna obligatoria mueren mas niños que antes, de escar- latina, sarampión, garrotillo, etc., aunque muera mucho menor número de viruela. Hó aquí un pensamiento diabólico que asoma la cabeza en medio de un abismo de conjeturas: ¡Dios sabe si no resulta, que la atenuación del microbio de la viruela ó sea la inoculación del virus jenne- riano, si bien preserva de la viruela, provoca por su atenuación otras entermedades! Que la vacuna, cuidosamente inoculada es un preservativo contra la viruela, en el sentido de que están mucho mas espuestos á sufrir el mal y á pe- recer los no vacnnados que los vacunados, y reva- cunados, parece ser un hecho generalmente acep- tado. Que ese hecho traiga aparejadas tales ó cuales consecuencias mas ó menos desastrosas, es lo que no ha sido suficientemente estudiado hasta ahora. Y es forzoso confesar que en ese terreno tiene gran horizonte la investigación, y que de ella puede re- sultar una solución que, reconociendo una vez mas la virtud preservativa do los virus atenuados de- nuncie y prevenga las consecuencias mediatas ó in- mediatas de la inoculación, pero al fin y al cabo los microbios se inoculan porque algún papel desem- peñan en la economia del organismo. Quedan algunas consideraciones generales para el próximo número. Nos parece que la solución dada por la Cámara es de las menos inconvenientes en el estado actual de la cuestión. Según Paul Bert Según Rev. Científica Número de muertes por cien Individuos no vacuna- dos 25.50 % 35.50 % Id vacunados pero sin cicatrices 21.75 » 51.75 Id presentando una ci- triz bien marcada .. 4.25 > 4.25 Id id id mal id 12.00 » 12. (X) » Id dos cicatrices bien marcadas ... 2.75 » 2.75 » Id id id mal marcadas. 7.25 » 7.25 » Id tres cicatrices 1.75 1.75 » Id cuatro cicatrices ó mas 0.75 0.75 X* Qué prueba esta estadística? Que el número de inoculaciones ejerce una influencia segura como preservativo? Y que del número y persistencia de las cicatrices depende el valor y eficacia de la vacuna y revacuna? Pero de esta estadística resulta también que los no vacunados solo murieron en la propor- ción de un 35.50 % y los vacunados que na conser- vaban cicatriz, en la proporción de un 51.75 %. Con mas esta particularidad: reuniendo el tanto por ciento do los individuos fallecidos que tenían ci- catrices, mal ó bien marcadas, resulta que perecie- ron en la proporción de un 28.75 % en los 6,000 ca- sos observados por el doctor Marson. Paul Bert dá el 25.50 % do muertos en los no vacunados. Mr. A. J. Martin en La Revista Científica dá el 35.5C en los no vacunados, y 51.75 % en los fallecidos que estaban vacunados y no tenían cicatriz. Ya puede el lector lanzarse á conjeturar si esa es tadística es favorable ó desfavorable á la vacuna y revacuna obligatorias. Se ha dicho en la prensa de Lóndres que la vacu- na en los niños ocasionaba la meningitis, la erisi- pela, escrófulas, etc. Se habían observado casos de erisipela provocada indudablemente por la vacuna. Los vacunistas ro- sistieron y negaron. Fuó preciso desenterrar la bio- grafía de Jeunery decir á los vacunófobos que no se empeñaran en desconocer lo que había sido constatado inequívocamente desdo 1799. El doctor Pearson escribía á Jenner. su amigo y asociado en el descubrimiento: «Al decir al Dr. Woodvillo que Yd. me habia tenido muy ansioso con motivo de re- Y aquí dá fin la linfa pura (I) Al empozar estos estudios acerca de la vacuna y revacuna echábamos de menos los datos locales. Las corporaciones públicas no han podido suminis- trar datos estadísticos para ilustrar el problema. Si se votan definitivamente los diez mil pesos para la propagación de la vacuna, y no se van á malgastar como tantas otras partidas del presupuesto, puede esperarse que la Administración de vacuna hará lo necesario para que con el mayor esmero y escrupu - losidad! se distribuya la vacuna, se inocule, y se anoten sus resultados, recojiendo constantemente los datos de la estadística mortuoria, y obligando á los médicos á pasar parte de los virulentos que en- tren á su clínica. Algunas de estas medidas pueden adoptarse desde luego. En la libre Inglaterra la ley ha impuesto multa á los médicos que no comuni- can, á la autoridad sanitaria, el parte de enferme- dades contagiosas, y ha hecho responsables á los particulares de los accidentes provenientes de con- tagio por falta do aviso á la autoridad ó á los voci- fl) Publicado en La Razón, mím. M97, fecha 7 de Noviembre de 1889 nos, autorizando para reclamar contra los omisos ó encubridores de daños y perjuicios. En algunas ciudades de Alemania el dueño de casa esta obligado á poner en la puerta un lazo de género amarillo, para anunciar que hay peste. Algo parecido al lazo de merino negro que en el llama- dor de nuestras puertas denuncia el duelo en el hogar. Estas precauciones obedecen á la necesidad de aislar los virulentos, impidiendo en cuanto es po- sible la difusión del flagelo. Muchos son los casos en que una epidemia de viruela ha sido disminuida y estínguida por el aislamiento de los virulentos impidiendo su contacto con los sanos, y reuniendo en un solo barrio, ó en un hospital de virulentos, dispersos ó desparramados, como otros tantos focos de infección, en los diferentes barrios de una ciu- dad. Los salvajes han enseñado el procedimiento á los hombres civilizados. Huyen aterrorizados, para li- brarse del flagelo, y de paso diremos, que el pro- fesor Vogt se lanzó á un viaje con el solo propósito de averiguar si eran ciertos los horrores atribuidos á la viruela en medio de los pueblos semi salvajes del Oriente; y volvió persuadido, según lo asevera, de que la viruela es menos mortífera en las comar- cas donde la vacuna no ha sido practicada Pero á parte de los diversos medios preventivos y medidas de higiene particular y general que pue- den aconsejarse, y son mas ó menos conocidas de las familias, debe notarse que la eficacia profilác- tica de la vacuna no ha llegado hasta impedir que se reproduzcan epidemias de viruela en el seno de poblaciones sometidas al régimen déla vacuna y revacuna obligatoria. Los estadistas y los módicos comienzan á afirmar categóricamente que la virue- la es una epidemia cíclica, que tiene su evolución trazada en períodos que varían de 5, 7 á 10 años, según las condicione* de las localidades en que se estaciona. Ernesto Besnier se ha consagrado especialmente á reunir datos que confirman plenamente la reapa- rición de las epidemias de viruela en períodos de quinquenios, setenios ó decenios. Se ha observado que la viruela, una vez que ha prendido con fuer- za en una localidad, vuelve á reproducirse, «co- menzando por un período de gestación ó incuba- ción durante dos ó tres años hasta que so produce el año epidémico, después del cual hay un período de reposo, casi absoluto, durante otro número de años, como si los gérmenes hubieran agotado su poder de destrucción y se propusieran roadquirirlo en el silencio y el misterio, provechando de la de- sidia y la imprevisión que se apoderan do los hom- bres así que ha cesado el período álgido de la epi - demia.» También se ha obeervado que los microbios do la viruela y del sarampión suelen andar acompa- ñados y producen simultánoamento sus estragos. El sarampión precede muy á menudo á la viruela Willerain afirma que sus observaciones le llevan á establecer que si la viruela estalla primero que el sarampión, suspende su marcha y el sarampión progresa, como si fuese un terrible escudero que reclama el derecho de ir adelante allanando los ca- minos de la muerte. Laverao y Bouchardat han constatado también que el órden de la evolución para los no aclimata- dos y recion llegados á los barrios infestados de las ciudades populosas, es el siguiente: en los prime- ros meses el sarampión y la escarlatina, después la viruela, y por últim la fiebre tifóidea. Los micróbios, engendradores de la escarlatina, el sarampión, la viruela, la tifóidea, la difteria, pu- lulan en los grandes centros urbanos. ¡Cuidado, pues, con los microbios! Tyndall dice: «así como una semilla puede en- jendrar un bosque entero, así las enfermedades epidémicas plantarían literalmente su germen, cre- cerían, y exparcerian á su rededor nuevos gérme- nes, que, á condición de encontrar en el cuerpo humano la temperatura y el alimento convenientes, concluirán por invadir finalmente toda una pobla- ción. Nada hay en la química pura que semeje el poder de propagación y el modo de multiplicación de que está dotada la materia que sirve de fuente á esta clase de enfermedades. La materia de cada enfermedad contagiosa se produce tan regularmen- te como reproducen los perros y los gatos. > Si la materia contagiosa surge de las impurezas de nuestro suelo y está difundida en la atmósfera urbana, la salubrificacion del suelo y del aire deben ser la preocupación do todo momento. El aseo, la limpieza, en el hogar de cada uno; la inmediata desinfección de todo lo que pueda considerarse co- mo foco do gérmenes malignos. Aseo y limpieza en las calles, los mercados y las cloacas. Todas es- tas medidas bien ejecutadas y rigorosamente ins- peccionadas contribuirán á disminuir ó amortiguar los gérmenes do las enfermedades contagiosas é impedirán su reproducción periódica, con tanta mayor eficacia que la vacuna y revacuna obligato- rias. La buena higiene, convertida en régimen cuotidiano, si no estirpa completamente las enfer- medades contagiosas, las aminora ó las hace menos temibles, y ménos mortíferas. En estas indicaciones finales tenemos de nuestra parte la opinión de un notable higienista: « La me- jor profiláxis de las enfermedades contagiosas, así como do las esporádicas, endémicas y epidémicas, se hallará en la fiel observancia de los preceptos higiénicos. Poro, no obstante lo sencillos que éstos son, y la facilidad conque pueden cumplimentarse, no se aviene todavía el hombre á sujetarse á su blando yugo; y de ahí el que desde tiempo inme- morial haya soñado en el hallazgo de preservativos que le permitan entregarse sin recelo á todo linaje do transgresiones. Preservativos seguros, infali- bles, no hay ninguno Y aquí dá fin el solo de vacuna á que hemos so- metido al lector, tratando de inocularle, en cuanto ha estado á nuestro alcance, todos los elementos que constituyen hoy el problema de la vacuna y re- vacuna obligatorias. Ya sabe el lector á qué ate- nerse, y con cuánta diligencia debe proceder, si es padre de familia y se propone inocular á sus hijos el virus sagrado, la maravillosa linfa vacuna. «Debe llamar muy sériamente su atención la vacuna que se emplee/» En cuanto ú los legisladores, opinamos que no podrán monos de titubear ántes de imponer el uso de la lanceta, para preservar de la viruela. No bas- ta que la ciencia haya constatado la eficacia de la buena vacuna para preservar ó atenuar en general la viruela. Las consecuencias de esa inoculación están en li- tigio; y los nuevos descubrimientos y ensayos, así como el análisis esmerado de la estadística mortuo- ria, el estudio clínico de los inoculados, contribui- rán, con la ayuda poderosa, del microscópio, á completar la teoría moderna de los gérmenes en las enfermedades contagiosas, y la de la atenuación de los virus como preservativo ó coraza contra esas mismas enfermedades. Darwin, padre ó hijo. Lubbock, Siemens, Huxley, Tyndall, por no citar franceses y alemanes, se han consagrado á estudiar por medio de esperimentos diversos y con ayuda del microscópio la desigual distribución de los gérmenes malignos en el aire ambiente. Los esperimentos van tomando un ca- rácter localista muy interesante bajo el punto de vista científico. Los resaltados obtenidos se com- prueban ó rectifican constantemente. El estadio de los microbios es á la orden del dia en casi todas las Sociedades y Academias científicas, y comienzan recien á difundirse las aplicaciones novísimas de algunos procedimientos terapéuticos, debidos á la teoría de los gérmenes. Pocos años bastarán para que los sabios nos trasmitan la última palabra acerca de las inocula- ciones de virus atenuados y sus consecuencias en la economía animal. Ellos pronunciarán el fallo en la cuestión de la vacuna y revacuna obligatoria. Ai posteri l’ardua sentenzil