EL ALCOHOLISMO. jSlJS pAUSAS.-jSuS pDNSECU ENCIAS. - J)ISPOS1CIONES ALES. -JAODO DE jZoM B ATI F\LO. i:\TI llil) .11 líllllíO-SOIlOLOCICO POR R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. Abogado de los Tribunales Mexicanos, Miembro «le varias sociedades científicas v literarias. VERACRUZ Tip. de R. de Zayas.—Zaragoza, núm. 1 7. 1884. EL ALCOHOLISMO. Sus pDNSECUENCI AS.- POSPOSICIONES DE £oMBATIPvLO KSTIDIO JllllDKO-SOCIOLOMfO POR R. DE ZAYAS ENR1QUEZ. Al Matulo de los Tribunales Mexicanos, Miembro de val ias sociedades científicas y literarias. VERACRUZ. Tip. de R. de Zayas.—Zaragoza, núm. 1 7. 1884. INTRODUCCION. Entre los arduos problemas cuya solución preocupa más profundamente á la sociedad moderna, debe conside- rarse el del Alcoholismo en primer término, no habiendo quizás ninguno otro (pie haya despertado en tan alto gra- do la atención de los hombres que se dedican á la socio- logía, la estadística, la patalogía y la jurisprudencia. Verdad es (pie el alcoholismo ha alcanzado proporcio- nes alarmantes; que no solo es una plaga para lo presente, atacando á las generaciones actuales; sino que es una te- rrible amenaza para lo futuro, comprometiendo la salud y vitalidad de las generaciones que están por venir. El in- dividuo, la familia, la sociedad, el Estado, la humanidad entera están interesados en la estirpación de una epidemia (¡ue causa infinitamente más víctimas que la peste cuando adquiere todo su desarrollo, no siendo aventurado asegu- rar que fallecen en el mundo más de seiscientas mil per- sonas al año á causa del alcoholismo y de las enfermeda- des que reconocen la pasión ebriosa como origen; y ni el cólera, ni la fiebre amarilla, ni el tifo, ni las viruelas, sie- gan un número semejante de vidas en igual tiempo. 4 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. La ciencia médica parece haber pronunciado ya su últi- ma palabra respecto al alcoholismo; lo ha analizado, lo ha estudiado minuciosamente, lo ha visto nacer y desarro- llarse; ha sorprendido el efecto de la intoxicación en el paciente, cuando se halla en el período agudo; lo ha estu- diado en el dipsómano, en el lipémano, en el delirante, en el demente, en el epiléptico y en el paralítico. Des- pués ha arrancado su terrible secreto al cadáver del con- gestionado, del tísico, del escrofuloso, del hepático; ha se- guido la trasmisión del germen en el niño escrofuloso, ra- quítico, idiota; y ha revelado por fin todos los misterios, todas las combinaciones, todas las complicaciones de la pasión ebriosa. f Para el cirujano, lo mismo que para el médico, el ébrio es un sujeto aparte: siente, sufre y reacciona de un modo distinto al de los demás enfermos. Bien han patentizado esta verdad los distinguidos profesores Béhier y Chau- ffard, ante la Academia de Medicina de París, demostran- do el decaimiento físico é intelectual que se preparan los individuos entregados á las bebidas alcohólicas; decai- miento tal que todos los actos patológicos, expontáneos y traumáticos, se presentan en ellos bajo un aspecto par- ticular y con un carácter de insigne gravedad. Para el moralista, para el sociólogo y para el filósofo no hay vacilación alguna. Todos condenan la embriaguez, y todos se esfuerzan en combatirla. Por desgracia ha- cen aisladamente esos esfuerzos, siguiendo sistemas dema- siado empíricos, si se me permite la expresión. Los legisladores también quieren combatir la terrible epidemia; pero reina entre ellos una divergencia tal de EL ALCOHOLISMO. 5 opiniones, unos principios tan opuestos, un modo de considerar al ebrio, tan contrario á la ciencia, que hasta ahora no se ha obtenido ningún resultado plausible. Muy lejos de ello, la ley, en algunas partes, parece alentar la embriaguez, en otras reviste un rigor tan desmedido que se hace ilusoria é imposible su aplicación, y en ninguna parte, en ninguna, vemos que el legislador se haya puesto á la altura de su misión, inspirándose en los principios verdaderos, en aquellos establecidos por la ciencia.—Tal parece que entre el abogado y el médico hay marcado an- tagonismo; que aquel no quiere ponerse de acuerdo con éste, y legisla sobre lo que no sabe, sobre lo que no estu- dia ni puede estudiar; viendo un reo donde hay un enfer- mo; tomando como un caso criminal lo que no es más que un caso patológico.—Otras veces el legislador quiere resolver ciertas cuestiones científicas merced á la autori- dad de los doctores de siglos pasados, cometiendo así un anacronismo que llamaría yo ridículo, si no fuese porque más bien merece el epíteto de criminal. No está lejano el día en que ha de operarse una gran revolución en la jurisprudencia, en la jurisprudencia pe- nal principalmente, y entonces se abandonará la rutina es- tablecida y seguida por más de veinte siglos; esa rutina que obliga á castigar el hecho, sin que se hayan dictado providencias encaminadas á prevenirlo; por la que se pena ciegamente al que delinque, atendiendo á la acción come- tida, y desestimando los móviles, las causas eficientes. En- tonces se dejará á un lado la metafísica, para atender á la fisiología. Entonces el hombre será para el legislador, co- mo lo es hoy para el médico, un agregado de elementos his- 6 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. tológicos, fibras ó células, formando un conjunto regido, sobre todo en lo que concierne á la vida de relación, por u.i poder unitario é inteligente: el sistema nervioso. En- tonces se tendrá presente que cada acto, cada deseo, cada pensamiento de ese mamífero bimano, el hombre, el pri- mero de los seres organizados del pequeño mundo terrá- queo, corresponde, como dice Letourneau, á una modifi- cación orgánica, á un uso de los materiales constituyentes del ser; uso incesante, pero cada vez peor reparado por la nutrición, desde el nacimiento hasta la muerte.—Enton- ces se verá cuanta razón tuvo Gall al estampar las si- guientes profundas reflexiones: “Para cambiar la voluntad de los malhechores, se ha creído durante largo tiempo que bastaba la inflicción de penas. De allí resultaron por todas partes leves crimina- les, que no tienden sino á determinar cuales son los actos culpables, y á fijar, para cada uno de esos actos materia- les, un castigo proporcionado, pero siempre el mismo, cualquiera que sea la diferencia del individuo actuante. “Sin embargo, todo hombre, cuando- se trata de culpa- bilidad interior, no es culpable en el mismo grado, aun- que el acto material y la culpabilidad exterior sean los mismos. “Los delitos y los crímenes son los productos de los individuos actuantes; reciben pues su carácter de la natu- raleza y de la situación de esos individuos, y no sabrían ser estimados, determinados, sino según la naturaleza y la situación de esos mismos individuos.—Esos hombres jus- tamente, (los criminales) me decía el generoso monarca KL ALCOHOLISMO. 7 de Baviera, son los que más necesitan socorros de este género (educación é instrucción.)” * Cuando se opere esa revolución, que tardará tal vez en llegar, pero que llegará; cuando caiga hasta la última pie- dra de ese torreón gótico del lihre arbitrio; cuando muera la metafísica; cuando el u priori no sea considerado más que como una sonda lanzada al abismo de lo desconocido, un punto de partida, entonces el legislador, antes de pro- mulgar una ley penal, tomará en considei ación todos los* antecedentes, todas las circunstancias de la sociedad para la que legisla, sus tradiciones, sus costumbres, el clima* la constitución general de los individuos, su temperamento, los principios médico-legales, y otras muchas circunstan- cias que juzgo ocioso enumerar en estos momentos. Cierto es que mientras sea más frecuente la comisión del mismo delito en una localidad, mas empeño debe po- nerse en evitarlo y corregirlo. Pero no es menos cierto que también la autoridad está en el impresindible deber de remover las causas impulsivas de ese delito, de la mis- ma manera que cuando se trata de una enfermedad que reviste el carácter de epidemia, queda obligada á buscar la causa, á combatirla, á evitar su propagación, por meaio de medidas preventivas. Desgraciadamente entre nos- otros no se observa costumbre tan cuerda, tan filosófica, tan humanitaria, y nada se hace en el orden sociológico- jurídico para prevenir y evitar la criminalidad, como tam- poco en el orden sociológico-sanitario para prevenir y evi- tar las epidemias. Por eso el tifo diezma constantemen- te la población de la Capital de la República, y la fiebre amarilla las poblaciones del litoral del Golfo de México; 8 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. por eso la embriaguez se ceba en todo el país, así como el robo y el asesinato. No pretendo negar á la sociedad el santo derecho de defensa; pero la sociedad no puede tampoco eximirse del sagrado deber de trabajar por la educación y el bienestar de la colectividad; porque sería una anomalía odiosa la existencia de un derecho tan terrible, sin que estuviese contrabalanceado por deberes tan graves. Lo contrario constituiría un desequilibrio irritante, que traería un con- flicto, mas tarde ó mas temprano. La educación y la instrucción profusamente otorgadas, la facilidad para ga- nar la subsistencia, es decir: trabajo bien retribuido, y fa- cilidad de encontrarlo; artículos de primera necesidad ba- ratos y de buena calidad, é higiene bien atendida son los principales elementos de orden y de moralidad; y se logra infinitamente más con ellos que con leyes draconianas v tribunales severos que castiguen ciegamente, viendo los efectos sin atender á las causas, y siguiendo al pié de la letra las prescripciones de un código. Ya hoy no está representada la justicia por la Themis inexorable y absurda de los antiguos, en una de cuyas manos lleva una balanza, mientras que en la otra sustenta una espada; que tiene los ojos vendados, de manera que es incapaz de juzgar de la exactitud del peso y se expone á poner en un platillo mayor mal de pasión que el que corresponde al mal de acción, ó vice-versa, y también á herir con su formidable acero al inocente, dejando impu- ne al criminal. Esa virago odiosa no tiene cabida en la filosofía moderna, y la justicia, si no es el hombre robus- to y sano de cuerpo y de espíritu, por lo menos debe ser EL ALCOHOLISMO. 9 la matrona que está llamada á juzgar las diferencias que existen entre sus hijos, las faltas que éstos cometan, obrando con perfecto conocimiento de causa, con una equidad absoluta y una justificación plena. Ha dejado el símbolo aterrador de la espada, para tornar el símbolo redentor del libro; ha arrojado lejos de sí esa funesta ven- da que la hacía aparecer mas bien como la personifica- ción de la fatalidad ó de la venganza, que como la encar- nación de la verdad y de la justicia.—Si la justicia es mu- jer, debe tener sentimientos de madre. Estamos en una época de indagación y de discusión: todo se analiza y todo se presta á la controversia, y por consecuencia todo se modifica á nuestro rededor; y en medio de ese progreso constante é indefinido á que obe- dece cuanto en la sociedad existe, la jurisprudencia no puede mantenerse estacionaria, so pena de ser sorprendi- da en flagrante delito de retroceso y, por lo tanto, de injusticia hacia la sociedad moderna. Estas consideraciones que dejo lijeramente apuntadas, los obstáculos que he encontrado en la práctica, como abogado; la doctrina absurda seguida de buena fé por el laborioso autor del Código Penal vcracruzano; el deseo del bien, del progreso, que es el sumo bien para los pue- blos, son los móviles que me han guiado para acometer la ardua empresa de un estudio sobre el alcoholismo, con- siderándolo principalmente en lo que se relaciona con la legislación y la criminalidad. Al emprender esta tarea, quizás superior á mis fuerzas, no pretendo dar una solu- ción al problema; sino mas bien plantearlo, definirlo, pro- 10 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. vocar su estudio, dejando á espíritus mas privilegiados la gloria de despejar las incógnitas que contiene. Si com- bato algunas teorías, si contradigo doctrinas asentadas por hombres que, á justo título, forman el orgullo de nuestro foro, no es mi ánimo empañar su brillante fama, ni ha- cerles cargo de ninguna especie. Los combato; pero los aprecio y respeto; creo que han caído en el error, buscan- do la verdad, y solo lamento que pertenezcan de tai ma- nera al pasado que no hayan podido corresponder á las aspiraciones del presente, ni adivinar el porvenir. No faltará quien diga que en esta monografía la parte dedicada á la fisiología y patología es mucho ma- yor que la consagrada á la jurisprudencia; pero á los que tal digan, les haré notar que como todas las pruebas que aduzco son tomadas de las ciencias médicas, á ellas tengo que referirme principalmente; que de ellas saco las premi- sas de que ha de salir la consecuencia que me propongo, y, por lo tanto, no debe arredrarme la idea de que mi es- tudio aparezca como un megacéfalo de cuerpo raquítico. Por otro lado, lo que pierde en extensión material la par- te dedicada á la jurisprudencia y sociología, lo gana en importancia, tanto más cuanto que, lo repito, la primera parte está completamente subalternada á la última. Al fin de la obra publico la lista de autores que he con- sultado, y cuya reconocida autoridad da peso escepcional á mis conclusiones. Entremos en materia. EL ALCOHOLISMO. 11 CAPITULO PRIMERO. KI. A. LCOIIOLI S M O A G U 1> O . I. LA KM BKIAGUKZ SIMPLE. Para proceder con método, empezare por estudiar la embriaguez á la luz de la ciencia, y, considerando la cuestión de una manera más amplia, estableceré lo que es el alco- holismo, en todos sus grados, para que tengamos un cono- cimiento tan perfecto como posible, sobre la materia. Entiendo por embriaguez (alcoholismo agudo) el con- junto de fenómenos que determina por lo general un ex- ceso de bebida alcohólica, turbando las facultades intelec- tuales y aún las físicas, y llegando ú provocar el delirio, el coma y hasta la muerte. El alcoholismo crónico es una en- fermedad caracterizada por una deterioración gradual de la constitución y por accidentes nerviosos, provocada por el abuso constante de los licores alcohólicos. El alcoholismo, como se ve. se divide en agudo y cróni- co, comprendiéndose en el primero la embriaguez simple ú ordinaria y la inania ebriorum; y en el segundo la ebriosidad ó estado habitual de los que acostumbran á abusar de los alcohólicos; el delirium tremens, la locura alcohólica y la de- mencia que resulta del alcoholismo y queda permanente. 12 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. En la embriaguez simple se distinguen tres períodos per- fectamente marcados: el primero de excitación; el segundo de exaltación, y el tercero de estupor. Al bienestar general determinado al principio por una pequeña cantidad de licor espirituoso, sucede, bajo la in- fluencia de una ingestión más abundante, una excitación más general. Esas primeras libaciones traen la animación del semblante, hacen que las ideas se produzcan con más facilidad y que se asocien mejor; el juicio es más breve, los movimientos son más ágiles, hay tendencia á la ale- gría y á la expansión, y se siente satisfacciótr.—En seguida viene la locuacidad, se habla á tuertas y derechas, per- diéndose la moderación y las maneras que distinguen al hombre bien educado; se debilita la circunspección, se re- velan los secretos, se jacta uno de hechos que tal vez nrt ha cometido; se externan ideas y pensamientos que debie- ran ocultarse; se adula sin retentiva ó se reprocha sin jui- cio á las personas; se habla en voz alta; se despierta una susceptibilidad sumamente irritable; se disputa con calor sobre frivolidades y el ánimo se exaspera con prontitud. Pero la fuerza que impulsa al individuo, no lo domina aún por completo; todavía la conciencia no está dormida, la voluntad lucha y suele imponerse; queda la memoria de los actos, se sabe que se está obrando mal y á veces hasta se quiere recoger la frase dicha.—Se experimenta una sensación de vértigo agradable; la vista se oscurece ligeramente, los oídos zumban, y el paso se va hacien- do vacilante á medida que se avanza en el segundo pe- ríodo. EL ALCOHOLISMO. 13 En este segundo período se tiene el rostro encendido, los ojos inyectados, la pronunciación difícil, la palabra tar- día, la idea confusa; viene el vértigo, crécela irritabilidad, aumenta la lijereza en los juicios y la suspicacia, interpre- tándose en mal sentido cuanto dicen otras personas; ya no hay conciencia, la voluntad está encadenada por el agente tóxico. Cada uno descubre con candor y sinceri- dad sus costumbres, su carácter, sus vicios, sus aspiracio- nes, y de allí ha tomado origen el adagio: in vino veritas. El hombre colérico se arrebata y riñe; el apasionado sus- pira y acaricia; el necio ríe y fatiga á los que le rodean; el generoso llega á la prodigalidad; el taciturno llora, ha- bla de religión y piensa en la muerte. Sin embargo, su- cede con frecuencia que la concepción delirante no está en relación con el estado moral del individuo, y de allí que muchas personas de carácter tímido, al hallarse en es- te período, se vuelvan atrevidas y lleguen á convertirse en batalladoras peligrosas. — En este período no se puede es- tar en pié, se anda con paso inseguro, no hay idea de dis- tancias ni de espacio; los movimientos pierden su preci- sión, son bruscos y desordenados. El oído y la vista ofre- cen, con la obtusión, numerosas alucinaciones; se pervier- ten la sensibilidad general y la sensibilidad especial; viene la propensión á la riña, el desprecio del peligro; se pierde el respeto humano y, por un fenómeno, que parece un contrasentido, reviven en la imaginación recuerdos que estaban apagados ó que se creían muertos, contra las per- sonas á quienes se ha guardado algún resentimiento por ofensas á veces insignificantes. Este es el período más pe- ligroso, en el que se cometen los mayores atentados. 14 K. DE ZAYAS ENkIQUEZ. Bien porque continúen las libaciones, bien por el pro- pio efecto de lo que ya se ha bebido, se llega al tercer período, caracterizado por la falta de fuerzas para tenerse en pié ó para andar, por la balbución torpe de las pala- bras, la falta de sentido y de hilaeión en el discurso. La sensibilidad está embotada, la percepción perdida. Va no se vé, no se oye, no se huele, no se gusta, no se toca, en- trando en suspensión todas las facultades mentales. El rostro crftpalidece, se enfría el cuerpo, el pulso se vuelve pequeño y algunas veces concentrado; la respiración se hace estertorosa; vienen vómitos y deposiciones involun- tarias, pues los esfínfcersr sb< relajan, la temperatura des- ciende y el individuo các en un sueño comatoso, privado de todo sentimiento, reducido á la vida vegetativa.♦-Al cabo de cierto tiempo la sed es viva, la saliva espesa, se siente la boca pastosa; hay una sensación incómoda en el epigastro; los movimientos de la respiración, al principio acelerados, se pervierten; se exhala el ácido carbónico en menor cantidad; los bronquios se llenan de mucosidades y se produce una'Verdadera asfixia. El corazón precipita sus latidos, las venas yugulares se hinchan, el corazón y las arterias del cuello laten con energía.—Excitación, per versión y anonadamiento, tales son las fases, sucesivas que presentan las funciones nerviosas en el alcoholismo agudo. En este período la embriaguez no es peligrosa más que para el ébrió, pues que se halla indefenso é incapaz de ofender; en cambio está expuesto á una apoplegía pulmo- nar ó cerebral y á morir de la misma intoxicación alcohó- EL ALCOHOLISMO. 15 lica, ó á causa de la asfixia determinada por la introduc- ción de las materias de los vómitos en el canal respira- torio. Como consecuencia final inmediata de esta intoxica- ción progresiva, se observan algunas veces dos formas, llamada la una convulsiva y la otra apoplética. La forma convulsiva, que es preciso atribuir, sin duda alguna, á la mala calidad de las bebidas, ha sido descrita por Percy, y se distingue por convulsiones clónicas y una excitación maniaca.—Cuando se manifiesta, los ojos de la víctima se vuelven brillantes, la mirada es vaga, los músculos se agitan con sacudid :s convulsivas v movi- mientos desordenados; después aparece un delirio furioso, el paciente no puede ser contenido por las personas que le rodean, sino con mucha dificultad; rechina los dientes, escupe A los que se hallan cerca, de él, trata de morder, araña, se desgarra a sí mismo si, sus manos están libres, rasca la tierra y lanza alaridos espantosos. En dos pala- bras: está rabioso. . r> ■ • La forma apoplética de la embriaguez se caracteriza por el estado comatoso en que cae rápidamente el enfeimo. Lamereaux la describe así: “el cuerpo se enfría y vuél- vese insensible, la respiración estertorosa, el ojo vidrioso y atónito; el pulso poco marcado; faltan la inteligencia y el movimiento de tal manera q'ue, sin el olor alcohólico que exhala el paciente, se .creería en una hemorragia ex- tendida al encéfalo.” 16 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. II. MANIA EBRIORUM ACUTISSIMA. La Manía ebriorum acutí anima, como la llama Krafft- Ebing, se manifiesta por un conjunto de síntomas de ma- nía aguda; que puede llegar hasta el furor mas violento, y la impulsión á destruir. Tiene de particular el ser produci- da por una cantidad relativamente corta de bebidas alcohóli- cas, en personas predispuestas, ó en aquellas en quienes coinciden otras circunstancias capaces de aumentar la hi- peremia cerebral y de producir por esto un acceso de manía. La predisposición es congénita ó proviene de enfer- medades desarrolladas en los primeros años de !a vida, como la meningitis y el hidrocéfalo. Esta susceptibilidad á cantidades de alcohol relativamente cortas, con frecuen- cia es hereditaria, sea que el ascendiente haya padecido de locura, epilepsia, histeria etc., ó que se haya entre- gado al abuso de los alcohólicos, particularmente si te- nía igual susceptibilidad. Otras veces la predisposición viene de alguna enfermedad cerebral que en el curso de su vida hubiere padecido el sujeto, como una apoplegía, la meningitis, la epilepsia, un ataque de locura, un esta- do neuropático en general, ó que haya sido propenso á congestiones cerebrales por la acción del calor, por la in- solación, por las fuertes emociones, como la cólera, por ejemplo. EL ALCOHOLISMO. 17 Pero aún sin necesidad de alguna predisposición, hay sujetos en quienes el concurso de la excitación producida por cierta cantidad de alcohol, con una súbita y violenta emoción, con la fatiga corporal ocasionada por el exceso de bailar, por una fuerte excitación sexual, por permane- cer en algún local donde hubiese mucho calor, por la in- solación 6 porque las bebidas alcohólicas contengan sus- tancias narcóticas, aceites esenciales, ajenjo etc., son ata- cadas de un acceso de manía la más violenta é instantá- nea. Mas entre todas estas causas, las fuertes emociones del ánimo son las que tienen una acción más eficaz para producirla, lo cual deberá tenerse presente, para no hacer cargar con la responsabilidad de los actos delincuentes á los que se encontraren bajo la acción de esta violenta per- turbación mental. Hé aquí los síntomas de la muñía ebriorum acutíssima: se produce un verdadero delirio sistematizado, la percep- ción se extingue completamente ó da lugar á falsas ideas por las alucinaciones y las ilusiones que se padecen; la conciencia de sí mismo ha desaparecido y el individuo es juguete de verdaderos accesos maniacos, los que, por falta de la voluntad y del razonamiento, toman el carácter instin- tivo é impulsivo, y pueden degenerar en verdaderos ac- cesos de furor, con la necesidad irresistible de destruir. A estos síntomas del orden psíquico, se agregan los de una violenta congestión cefalálgica, que consiste en la tensión de las carótidas, pulso lleno y rápido, rostro rojo y calien- te, ojos brillantes ó inyectados, y algunas veces rechinido de dientes. La sensibilidad se encuentra extinguida, pe- ro los movimientos no están embarazados ni vacilantes. 18 R. I)E ZAYAS ENRIQUEZ. como en la embriaguez simple, sino que, bajo la influen- cia de la irritación cerebral, se ejecutan, al contrario, con fuerza y energía, siendo los músculos capaces de esfuer- zos extraordinarios. Cuando el acceso ha pasado, viene un olvido completo de todos los actos ejecutados, cuyo carácter es importan- te, porque sirve para distinguir la manía ebriorum de la embriaguez ordinaria, en la que el individuo recuerda» aunque sea someramente, lo ocurrido durante ella, con tal de que la conciencia no se haya perdido completa- mente. En ciertos casos parece que el individuo razona justa- mente, lo cual puede suceder en el momento en que se le arresta ó cuando le da el aire fresco de la calle. Pero es necesario no tomar esta apariencia de razón por la ra- zón completa, supuesto que también se olvidan ciertos discursos, á semejanza de lo que pasa en los epilépticos, quienes no pueden recordar lo que hacen ó dicen, momen- tos después de sus ataques convulsivos, aunque parezca que obraron con pleno conocimiento, EL ALCOHOLISMO. 19 CAPITULO SEGUNDO. KI. AI.OOIIOL1SMO CKONICO I. OK1.IRIUM IKKM1ÍNS V LIPEMANIA. Hn el alcoholismo crónico tenemos la ebriusidad ó sea la enfermedad crónica del cerebro que padecen los bebe- dores de profesión y que les da el aspecto que tienen los enajenados; cuya enfermedad puede acabar por la locura y la demencia completa. Los que acostumbran á tomar alcohólicos con algún exceso, manifiestan gran obtusión de sentimientos, de manera que las nociones del deber y de la dignidad se encuentran completamente debilitadas: la conciencia está obtusa; la memoria considerablemen- te disminuida; la inteligencia rebajada; hay alucinaciones más ó menos claras; la mano y la lengua están temblo- rosas, y torpe el tacto; las funciones genitales no tie- nen energía, y caen en desuso las pasiones sexuales. En los miembros inferiores hay propensión á calambres; se siente hormigueos, y la marcha es incierta y vacilante; se padece vértigos y algunas veces ataques epilépticos, cuya etiología es aquí diferente de la de la epilepsia común. 20 R. I)E ZAYAS ENKIQUEZ. En el curso de la ebriosidad, los individuos, por el sólo hecho de entregarse habitual mente á los excesos alcohó- licos, están predispuestos á padecer el ddirium tremens. En algunas personas es ocasionado por un exceso mayor, y entonces se da á su afección el nombre de ddirium fre- mens a potu usu, y en otras viene por la razón contraria, es decir por la interrupción del hábito, y lleva entonces el nombre de delirium tremáis a potu intermiso. El segundo depende únicamente de que la persona, por razón de alguna enfermedad, se vea privada de los al- cohólicos, ó que siendo herida,, ó habiendo cometido al- gún delito, pase á la cárcel ó al hospital donde no se le permita beber; no faltando autores que crean que la úni- ca causa de este delirio es la interrupción de la costumbre de los alcohólicos, y que todas las demás causas de que queda hecho mérito, no obran sino en esta circunstancia. Este delirio está sujeto á frecuentes recaídas si el indi- viduo continúa en los excesos, hasta que, haciéndose más persistente, reviste el carácter de lipemanía alcohólica. La lipemanía alcohólica es una forma de locura en la que el enfermo se encuentra constantemente bajo la influen- cia de alucinaciones del oído y particularmente de la vis- ta, que producen, como consecuencia lógica, ideas extra- viadas y delirantes en relación con aquellas. La repetición de ataques semejantes, ó la continuación de los excesos, son causa de la demencia, cuyo estado se considera de todo punto incurable. KL ALCOHOLISMO. 21 1!. DIPSOMANIA. Hay una locura parcial que se caracteriza por la impul- sión irresistible al abuso de las bebidas alcohólicas, y á la que se ha dado el nombre de Dipsomanía, distinguiéndola hoy todos los autores, del alcoholismo propiamente dicho, pues la consideran generalmente como una forma parti- cular de monomanía instintiva. M. Fiel at establece de una manera perfecta la diferen- cia que existe entre los ebrios y los dipsómanos: los pri- meros, dice, son personas que se embriagan cuando en- cuentran ocasión de beber; los dipsómanos son enfermos que se embriagan cada vez que son víctimas de sus ac- cesos. Según Mareé, los accesos de dipsomanía se inician con tristeza, morosidad, cefalalgia, ansiedad precordial; des- pués viene la necesidad de beber, poderosa é irresisti- ble. .. . Los dipsómanos sienten venir el acceso, deploran su propia impotencia para dominar esa necesidad; no ce- san de beber sino cuando ha pasado el acceso, ó cuando la intervención de las personas que rodean al paciente po- ne fin fi los excesos por un aislamiento forzado. Caracteriza á esta enfermedad una tendencia incontras- table al abuso de los licores, constituyendo una perturba- ción mental que reaparece bajo la forma de accesos ó pa- 22 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. roxismos en que los enfermos no dejan de beber, separa- dos por intervalos de sobriedad absoluta ó relativa. Según algunos autores, en dichos intervalos tienen los dipsómanos la conciencia de su enfermedad, deploran sus efectos y hacen los mayores esfuerzos para resistir, pro- metiendo solemnemente no volver á tomar licor, y algu- nos hasta lo repugnan; mas pasado cierto tiempo, y á pe- sar de cuanto han prometido y de cuantos esfuerzos ha- cen en contra, son víctimas del acceso y sucumben á la irresistible necesidad de embriagarse. Hidalgo y Carpió, distinguido médico-legista mexi- cano, dice que el paroxismo de esta enfermedad se anun- cia durante más ó menos tiempo por los pódromos si- guientes: “El carácter se modifica, se hace versátil é inquieto: viene tristeza y disgusto acompañado de ansiedad epigás- trica, de agrios y algunas veces de vómitos; el enfermo se queja de una sensación de debilidad general y se siente desmayar; entonces le viene la idea de los espirituosos, co- mo un remedio á su enfermedad; las primeras libaciones calman su ansiedad y lo consuelan; pero esta mejoría no es más que pasajera: la necesidad de beber se renueva sin cesar, y, en lugar de calmarse, la inquietud se vuelve más exigente. Llegando á este estado, los enfermos frecuen- tan los cafés ó las tabernas, se alejan de su casa para be- ber con más libertad, ó bien se encierran en ella para no ser vistos de las gentes y poder beber á sus anchas; á to- do precio necesitan saciar esa sed de bebidas alcohólicas; El. ALCOHOLISMO. 23 si va no tienen dinero, lo piden prestado ó empeñan lo que poseen, aunque sea su propia ropa, y cuando ya no en- cuentran de donde adquirir para beber, recurren al robo ú á otro crimen.” Es en estremo variable la duración de los accesos. Se- gón Salvatori no pasan por lo regular de dos semanas; Esquirol afirma que los ha visto en ocasiones durar mu- chos meses; y los intervalos de la sobriedad son también variables, excediendo de ordinario á los de los accesos. Los fisiólogos aseguran que es raro que esta afección se presente con el carácter de aislamiento, pues por lo regular aparece en individuos que por herencia, pol- la influencia de afecciones morales, ó por una predis- posición constitucional, están sujetos á diversas perturba- ciones nerviosas, convulsivas ó dolororas, ó tienen un ca- rácter habitualmente raro y extravagante y poca inteligen- cia, ó están privados de las facultades afectivas y del sen- tido moral. CAPITULO TERCERO. FINIOLO C¿ I A V 1».V TOLOGI A. El análisis de la pasión alcohólica es muy sencillo hoy, pues, gracias á los progresos de la fisiología, se puede pre- cisar con exactitud el estado orgánico coexistente con la pasión. 24 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. La lesión producida por el abuso puede reasumirse en esta frase: “es una vejez anticipada,” pues los elementos anatómicos sufren, antes de la edad, la trasformación la regresión grasosa. Glándulas, músculos, huesos, celdi- llas nerviosas, todo se infiltra de grasa. Algunas veces, el tejido cerebral se funde en una verdadera emulsión. A este período anatómico corresponde el dclirium tremáis, el temblor de los miembros, la convulsión, la imbecilidad, la abolición de las facultades genésicas, y todo lo demás que hemos visto ya. El alcohol pasa de los órganos digestivos, por endos- mósis, al sistema circulatorio, y de allí á la trama del te- jido, donde baña los elementos anatómicos. Se puede seguir paso á paso la evolución de la pasión bestial. El primer efecto de la embriaguez es una corta excitación de la circulación general y una congestión ce- rebral, que puede verse, practicando en el cráneo una co- rona de trépano. El hemdynamómetro acusa desde lue- go, bajo su influencia, un aumento de la tensión arterial. A esta exitación corresponde, sin duda, el sentimiento de bienestar facticio que caracteriza el primer período de la embriaguez simple, esa impresión nutritiva agradable que, aboliendo la memoria, hace olvidar los pesares, y los males de la existencia. Pero después esa misma existencia, he- rida en su esencia, decae. A la excitación normal, sucede una depresión correspondiente; la anemia cerebral llega tras la congestión; el movimiento nutritivo íntimo, se mode- ra. Los elementos anatómicos viven débilmente, tienen necesidad de un excitante: el traidor brevaje se hace más EL ALCOHOLISMO. 25 necesario cada vez y se recurre á él de continuo. Poco á poco se exajeraja depresión vital, que, de intermitente, se vuelve, crónica y el alcoholismo va eliminando todo aque- llo que constituye al hombre inteligente y social. Las oxidaciones que constituyen el acto primario de la nutrición, se operan débil é imperfectamente; también dis- minuye la exhalación del ácido carbónico por los pulmo- nes, cayendo algunas veces de 24 á 51 por ciento. La respiración no destruye la grasa, que sigue, por lo tanto persistiendo en la sangre. Hs probable que la oxidación imperfecta de las materias albuminóides produzca también cierta cantidad de grasa. A la larga la orina se carga le ácido úrico; merma de materias protéicas menos oxi- dadas que la úrea normal. Gradualmente se desciende hacia el embrutecimiento completo: ni voluntad razonada, ni prevención. Enton- ces el hombre, “intelectualmente decapitado,” según la feliz expresión de Letourneau, no es más que un bruto repleto de alcohol, una máquina abyecta que bebe, duer- me y despierta para beber de nuevo, h ista el momento en que una apoplcgía, una manía ebriosa, una parálisis cual- quiera lo borra definitivamente del catálogo de los vivos. Las lesiones que acompañan á la embriaguez, en el hombre lo mismo que en los animales, se manifiestan par- ticularmente en los centros nerviosos, el hígado, los riño- nes y los pulmones, y consisten por lo común en turba- ciones circulatorias que, de la hiperemia lijera, se elevan 26 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. á la congestión intensa para concluir, en algunos casos, en la hemorragia, Mr. Tardieu ha encontrado á menudo hemorragias meníngicas en los individuos que han muer- to en estado de embriaguez. Las indagaciones de Lallemand, Perrin y Durcy han patentizado la presencia del alcohol en toda la economía y su acumulación más especial en los centros nerviosos y el hígado. El hígado se convierte en el sitio de una degeneración grasosa ya muy pronunciada al cabo de dos meses de en- venenamiento alcohólico; se vuelve amarillento, sembra- do de puntos más oscuros. M. Pupier dice, hablando de una gallina, á la que durante diez meses dió á tomar ajen- jo, que tenia el hígado duro, resistente, cuyo volumen pa- recía disminuido; que había desigualdad en las dos faces, numerosas depresiones blancuzcas, las partes interme- diarias de un rojo oscuro (rouge brun.) El microsco- pio descubría dilatación considerable de los vasos llenos de granulaciones extendidas á la periferia de los lóbu- los; compresión y degeneración extrema de las celdillas hepáticas. En una gallina sometida durante el mismo tiempo al vino tinto, halló el hígado de un color amari- llo claro; blando, pastoso, que aceitaba la hoja del escal- pelo. Al microscopio, las celdillas hepáticas aparecieron considerablemente crecidas, más redondas que en el esta- do normal, llenas de granulaciones análogas á las que se observan al principio de la inflamación parenquimatosa, y de trecho en trecho gotas grasosas. En una gallina so- metida al vino blanco: el hígado bastante coloreado y ru- EL \ LCOHOl.ISMO. 27 poso en su face inferior y al nivel de los bordes; en dos cortes histológicos, lo que más admiró fué la dilatación vas- cular, que ofrecía tres ó cuatro veces las dimensiones or- dinarias respecto á l. s celdillas que han sufrido una dege- neración atrófica. “Para reasumir, lice \1. Pupier, nos ha parecido que el ajenjo hería primitivamente el estroma, sin producir nuevo tegido conectivo ni la esclerósis de las paredes vas- culares; esta neoplasia extrema no ha sido confirmada. En cuanto al vino tinto y al blanco y al alcohol, produ- cen sus lesiones más bien en el plasma y en el paronqui- mo hepático.” En el alcoholismo crónico se altera profundamente la mayor parte de las funciones, tanto las del sistema cere- bro-espinal como las que sirven para la absorción y ali- mentación de los líquidos alcohólicos. El estómago su- fre las primeras consecuencias; el bebedor no tarda en hallarse afectado de una dispepsia que se traduce por la disminución ó irregularidad del apetito, y principalmente poruña pituita particular (vomitas matutinas.) El híga- do. destinado á recibir la sangre que viene del estómago y de los intestinos, siente perturbadas sus funciones, y es el lugar, como se ha visto ya, de lesiones materiales de grandes trascendencias. Los pulmones, órganos de eli- minación para las sustancias volátiles, sienten también sus funciones más ó menos alteradas; sus vasos están conges- tionados. Li irritación incesante del parenquimo del pulmón es, por otro lado, ocasión frecuente de lesiones materiales de este órgano, y en particular de la tubercu- 28 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. losis. El corazón, órgano tan profundamente subordina- do á la acción del sistema nervioso, está también lesiona- do. Sus latidos se modifican en el numero y á veces tam- bién en el ritmo, al menos en los primeros tiempos; más tarde, á causa de las lesiones materiales que sufre la fibra muscular, el corazón se dilata y la circulación se trastor- na de un modo permanente La función urinaria se mo- difica, en el sentido de que la cantidad de úrea excretada en veinticuatro horas es menor en el bebedor que en las demás personas. Teniendo en cuenta la disminución de la exhalación del ácido carbónico, este hecho nos indica una disminución en la oxidación de los tejidos v permite comprender el modo con que se forma una de las lesio- nes más comunes en el alcoholismo: la esteatosis de los elementos anatómicos. La función generatriz se modifica más ó menos en el bebedor: si las libaciones momentáneas despiertan el de- seo amoroso en ambos sexos, los excesos prolongados disminuyen los apetitos venéreos, y concluyen por pro- ducir la impotencia en el hombre. • El parecido anátómico entre el ébrio v el decrépito son notables. En el uno como en el otro se encuentra la atro fía del encéfalo, el aumento del líquido céfalo-raquidiano, la alteración grasosa de los pequeños vasos, de las fibras musculares del corazón y de la mayor parte de los ele- mentos anatómicos; la dilatación de las vesículas pulmo- nares, la osificación de los cartílagos costales y laríngeos, la rarefacción de las sustancias óseas, á las que sustituyen materias grasas.—Lo que es un hecho en el orden anató- EL ALCOHOLISMO. 29 mico, lo es también en el orden fisiológico: el ébrio, aun- que sea joven, tiene poca fuerza muscular; tiembla, sus facultades intelectuales y genésicas están debilitadas, y ex- creta, en fin, poca úrea v poco ácido carbónico. — Desde el punto de vista p itológico, la semejanza no es menor: las enfermedades agudas que sobrevienen en los ébrios tienen, no sólo la marcha, sino la gravedad de esas mis- mas enfermedades entre los ancianos. CAPITULO CUARTO. ALCOIIOLISMO IIEREDITA 1ÍIO. Ya he dicho que el alcoholismo no afecta solamente al bebedor, sino que es un mal que se trasmite á las genera- ciones que descienden de éste. I.os efectos que resiente su prole, son de diversos órdenes: los unos, funcionales pu- ramente, revelándose por una susceptibilidad nerviosa ex- cesiva, una excitabilidad refleja anormal y, en cierta edad, por una necesidad imperiosa de beber licores fermenta- dos; los otros se traducen por lesiones materiales que afectan especialmente el sistema nervioso central, y cuyas consecuencias varían según el período de la existencia en que se producen. Los desórdenes puramente funcionales constituyen el grado más débil del alcoholismo hereditario, y son fre- 30 R. I)E ZAYAS ENRIQUEZ. cuentes, si no constantes, en los descendientes del indivi- duo alcoholizado.—El sistema nervioso funciona rara vez de una manera regular y normal en la raza del bebedor; presenta en general, sobre todo en la juventud, perturba- ciones cuyo origen puede parecer oscuro; pero que un ojo perspicaz llega á descubrir. —“Desde hace algunos años, dice Lancereaux, no dejo de interrogar sobre sus antece- dentes de familia á los jóvenes atacados de histeria, que se presentan á mi observación. Casi siempre descubro excesos alcohólicos en alguno de sus padres, por lo que estoy inclinado á pensar que esos excesos pueden contri- buir al génesis de algunas de las formas de la histeria.” Lo peor que hay para los descendientes de los ébrios, es el apetito que tienen de bebidas alcohólicas, y la impe- riosa necesidad de usar de ellas.—La edad en que se hace sentir esta necesidad, es muy variable; pero por lo general se revela en la época de los grandes movimientos fisioló- gicos, como en el momento de la pubertad, ó con motivo de una enfermedad; en la mujer, en el curso de un emba- razo, ó en la época de la menopausa. Asi se ve multitud de jóvenes que en cuanto salen del colegio se entregan á la bebida, manifestando desde ese momento una apetencia especial de ella, que no es obra del ejemplo, como se ha demostrado en infinidad de casos en que el paciente ha vivido separado de sus padres, desde edad muy temprana., ó ha quedado huérfano desde la infancia. Los desórdenes materiales ocasionados por la herencia alcohólica, consisten en lesiones inflamatorias de los cen- tros nerviosos, que varían según la edad en que se produ- El. ALCOHOLISMO. 31 cen. Lanccrcaux los ha estudiado en el feto, en el infante r en el adulto; y diee que en el período embrionario, esos desórdenes modifican los elementos llamados ¡i constituir más tarde una de las partes importantes del centro cerc- bro-i spinal; que se oponen al desarrollo de esa parte del organismo y pueden ser el punto de partida de una mala form ición del encéfalo, y en particular de la que se desig- na con el nombre de ancnccfalia. El I)r. Demeaux y al- gunos otros observadores han señalado ejemplos de este género de mala formación, la que han creído deber atri- buir ú excesos alcohólicos de los generadores. Bien sobrevengan en el feto ó en el joven, los desórde- nes h reditarios del alcoholismo se traducen además por lesiones que se oponen al completo desarrollo de los ór- gano-,; así es como deben ser explicadas algunas atrofias parciales, y á menudo unilaterales, de los hemisferios cere- brales, designadas por Brcschet con el nombre de aS «l«‘l SllOOllolÍNlTlO. ¿Porqué esa tendencia á la embriaguez en los salvajes? —Fácil es explicarse el fenómeno, atendiendo á que el hombre en ese estado vive sujeto á las pasiones nu- tritivas, desconociendo casi por completo las sensitivas y las cerebrales. El alcohol apacigua el hambre, y, para los salvajes, comer es el gran problema, el gran deseo, la gran pasión; no para complacer el sentido del gusto, sino para llenar una necesidad brutal. La inteligencia de esas tribus es rudimentaria, y por lo tanto la enérgica necesi- dad nutritiva no tiene el contrapeso intelectual. El indio y los hombres de la clase baja de Europa se encuentran á la misma altura moral, y de allí que tengan los mismos vicios. Cuando el hombre ha llegado á cierto estado de miseria, cesa de pronto de luchar contra la des- gracia; su voluntad, fatigada ó extinguida, no es capaz de hacer nuevo esfuerzo, y el individuo se deja arrastrar sin oposición alguna hasta el fondo del pauperismo. Pierde todo sentimiento de respeto hacia la sociedad y hacia sí mismo; no quiere sino conservar su existencia animal, y en consecuencia, se procura el alimento indispensable pa- ra no morir de hambre, y algo con que comprar el licor EL ALCOHOLISMO. 47 que le hace olvidar sus penas, si las tiene, ó que le pro- porcione un placer fugitivo. La degradación lenta, pero constante, en el indio de América y en el irlandés, á causa de la manera con que han sido tratatados por sus dominadores; el estado en que uno y otro se encuentran en la actualidad y el desarrollo progresivo de la embriaguez en ambas razas, confirman la exactitud de esta teoría. Hasta hojear la historia para saber que la Irlanda no ha sido siempre lo que es hoy; que no ha figurado en épocas pasadas como el país del hambre, del desaseo y de la in- diferente resignación á la más espantosa miseria. Nó, muy lejos de eso: antes de pertenecer á Inglaterra, la Ir- landa figuraba gloriosa entre las naciones; era célebre por la nobleza y la vivacidad de su pueblo inteligente, afecto al chiste, chispeante, con grandes aptitudes para la poesía, para las ciencias y las letras. Después, á causa de la do- minación, enmudeció la Irlanda, vió su arpa histórica ro- ta, su nombre envilecido, su cerebro atrofiado y su cora- zón yerto. — Pero en cuanto el irlandés sale de la atmósfe- ra mefítica de su país; en cuanto llega á los Estados l ”nidos, por ejemplo, se regenera; parece que su alma des- pierta; su hijo nace con facultades mayores que las que habtla tenido naciendo en Irlanda, y hay una selección favorable en las generaciones que le siguen. El indio de México no era antiguamente lo que es hoy. Había en el más virilidad, más gallardía, más inteligencia. Tenía anhelos, amaba la grandeza, ambicionaba las como- 48 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. didades, cultivaba las ciencias. Hoy, por el contrario, se encuentra embrutecido, como el irlandés; miserable, como el irlandés, y como el irlandés tiene la afección ebriosa. Los miserables, cualquiera quesea la nación en que ha- yan nacido, parecen pertenecer á la misma raza; y para to- dos ellos la embriaguez es una necesidad, una pasión irre- sistible. Si se estudia á fondo los fenómenos de la embriaguez, se encuentra que eS una especie de poesía grosera y bru- tal, que proporciona al ébrio un instante de bienestar es- pecial, de felicidad convulsiva, que llega á cautivarlo de tal modo, á tener tantos encantos para él, que no vacila en comprarla á costa de su salud y aún de su existencia. En el período de la embriaguez se olvida del amo, so ol- vida de la injusticia, se olvida del hambre, se olvida de la enfermedad. Esas gentes que no tienen teatros á su disposición; que no encuentran recreo honesto y agradable, como lo tiene la sociedad culta y rica; que no tienen aspiraciones ni religión, hacen de la cantina su templo, su teatro, su paseo, su paraíso.—Es tan cierto lo que digo, que los dueños de establecimientos donde se expenden bebidas á la clase miserable, hacen constantes esfuerzos porque sus salones tengan un vistoso aparato; decorándolos brillante- mente, para atraer la clientela, para halagarla. Véase ei gin’s shop en Londres; vease la pulquería en México. En el gin’s shop se encuentra muchas veces el retrato del mi- nistro que está en el poder, el de la reina Victoria y el EL ALCOHOLISMO. 49 cuadro que representa la yegua que acaba de obtener el premio en el turf. En la pulquería, entre cuadros más ó menos dudosos, está el pabellón nacional y el retrato de algún héroe, el del mismo Hidalgo, adornando el repug- nante local.—Esos adornos, ese lujo vano y ostentoso ha- lagan al bebedor, lo estimulan, lo seducen y lo acaban de perder. No puede dudarse que la embriaguez va retroce- diendo progresivamente ante el aumento de comodidad en el individuo que participa de ese progreso, siendo el hombre más sobrio á medida que se civiliza, y esto lo prueba el hecho de ser la embriaguez una enfermedad in- di vid wil en las clases media y acomodada, mientras que es general en las clases inferiores. ¿A qué se debe este fenó- meno? Ese cambio, ¿es la obra de la propaganda de los filántropos? ¿Es la obra de la ley? ¿Es la obra de la autoridad?—Nó, ese cambio se debe al progreso moral del individuo; cuyo progreso es hi jo á su vez del progreso material. Con la desaparición de la miseria moral, con- secuencia de la física, desaparece la pasión ebriosa. ¡A cuántas consideraciones se presta este hecho tan elo- cuente! La regla general de que el alcoholismo está en razón in- versa de la inteligencia, de que aún en los países en que más predomina se ceba principalmente en el hombre del pueblo, sin educación, sin instrucción, á quien le son des- conocidos los placeres intelectuales; esta regla, repito, puede tener escepción, pues es notorio que en Rusia, por ejemplo, muchos hombres distinguidos, personajes emi- 50 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. nentes, son víctimas de la pasión ebriosa. Pero este he- cho anormal puede esplicarse por el medio social y polí- tico en que viven allí aún las clases más privilegiadas, y por un atavismo moral; por antiguo instinto hereditario, que rebaja al individuo al nivel de sus antepasados, cuando con el aumento de los años se debilitan las altas faculta- des cerebrales de adquisición más reciente. La miseria, la abyección moral v material son las cau- sas eficientes de la embriaguez, causas fatales, que arras- tran al individuo, á pesar suyo; cuya fuerza és súperior á la energía del proletario, que sucumbe lentamente á ve- ces, luchando, resistiéndose, sin que pueda en su aisla- miento salvarse de la catástrofe que lo amenaza; Por lo que respecta á los Estados Unidos, donde el hombre se encuentra en una situación escepcionalmente favorable, no me puedo esplicar la preponderancia de la pa- sión ebriosa, sino tomando en consideración las siguientes circunstancias: — i.a el clima, cuva influencia he demos- trado ya;—2.a la herencia, pues no admite duda que el alcoholismo es hereditario:—3.a que llegan allí millares de aventureros procedentes de Alemania, Irlanda, Holanda y Bélgica principalmente, que son los países donde la pa- sión ebriosa está más desarrollada;—4.a el aumento asom- broso de la producción de alcohólicos (cerveza y whis- key sobre todo.) Esos elementos poderosos, que ol aca- so se ha complacido en amontonar sobre la gran Repú- blica del Norte, son los que han producido resultados tan desesperantes, que, aunque combatidos por las socieda- des de temperancia, por algunos decretos y otros medios, parecen aumentar de día en día. EL ALCOHOLISMO. 51 Si se tomara en cuenta el número de americanos que sucumben al alcoholismo, excluyendo á los extranjeros, la proporción sería insignificante, y nula por lo que res- pecta á los Estados de Maine, New Ilampshirc, Ver- mont, Rhode-Tsland, Massachussets v algunos otros. En los campos del Norte es raro encontrar un ébrio; hay po- blaciones donde no se vende licores; y puede decirse que el campesino yankee es un modelo de sobriedad, lo que confirma plenamente la teoría que he asentado un poco más arriba. Para que se tenga idea de lo que es la inmigración en los Estados l uidos, véanse los siguientes datos que tomo de una estadística reciente: Kn .1800 inmigraron 117.230 .. 1*01 *1.724 1*62 *9.007 ,, 1*03 174.524 .. 1864 .. 1*05 247.453 1*00 / .. 1*67 * .. 1*0* 2*2.1*9 1«00 1S70 1*71 *321.350 1*72 401.800 .. 1*73 459.809 , 1*74 .. 1*7.1 227,498 1*7(1 109.9*0 ,, 1*77 141.*57 .. 1*7* 138.499 .. 1*7» 177.826 . 1**0 .. 1**1 009.431 ,, 1**2 7*8.992 „ 1*83 003.322 52 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. Una nación que recibe en 24 años, más de siete mi- llones de inmigrantes; que en algunos años ha recibido de seiscientos mil á setecientos ochenta y nueve mil, tie- ne una población muy mezclada, de fisonomía abigarra- da, que no presenta homogeneidad para poder definirla y sacar datos exactos que sirvan de base á estudios de la naturaleza de este. Por lo mismo, insisto en sostener que el pueblo americano propiamente dicho, es el más sobrio de todos los que se encuentran en un paralelo geo- gráfico igual ó equivalente; por no decir que es el que nos presenta ejemplo de la mayor sobriedad. No está de más advertir que entre esos inmigrantes figuran en numero crecido (el mayor,) los súbditos de la Gran Bretaña, y que esa inmigración se compone de la gente pobre, desprovista de todo, perteneciente á la cla- se más baja de la sociedad, cuya salida protege el Gobier- no Británico. Esa gente va á trabajar á las minas y á cierta clase de fábricas, por un salario insignificante relati- vamente, pero siempre mayor que el que alcanza en el Rei- no Unido. Entre esos inmigrantes la embriaguez es endé- mica, ellos son los que producen principalmente ese nú- mero fabuloso de casos de alcoholismo que registra la es- tadística y que hace figurar á los Estados Unidos en pri- mera línea. Ninguna nación en el mundo cuenta con inmigración semejante, por lo que respecta á la cantidad y por lo que respecta á la calidad; pues si es cierto que ese éxodo lle- va á los Estados Unidos muchas familias honradas, mu- chos ciudadanos útiles, no lo es ménos que entre los EL ALCOHOLISMO. 53 300,000 individuos que por término medio ha recibido cada afío, debe haber muchos, muchísimos de pésimas costumbres, en quienes la embriaguez, como he dicho antes, tiene el carácter de endemia. CAPITULO OCTAVO. CODIFICACION. Es tiempo ya de que entremos al examen de la em- briaguez bajo el punto de vista legal, y empezaremos por estudiar las disposiciones contenidas en diferentes códigos penales cpic tengo á la mano, dando la preferencia al del Estado de Veraeruz, tanto porque es el que más me inte- resa, cuanto porque es el que más enérgicamente tengo que combatir. El Código Penal de Veraeruz dedica el Título Segundo del Libro Primero, á considerar las Circunstancias de los Delitos. El Capítulo i? trata de las Circunstancias Agra- vantes. y en ninguno de los artículos que lo componen se hace mención de la embriaguez, ni siquiera incidental ó accidentalmente. Tampoco encuentro nada sobre este particular al tratarse de las Circunstancias Atenuantes, y sólo en el Capítulo IV, dedicado alas Circunstancias que eximen de pena, veo que el legislador se refiere á la embriaguez; 54 R. PE ZAYAS ENRIQUEZ. pero no para ponerla entre las circunstancias que relevan de pena, como pudiera creerse, á juzgar por el lugar en que se encuentra la prevención; no para decir que deba tenerse siquiera como atenuante del delito, sino para de- cir lo contrario.—He aquí como está redactado el ar- tículo: “Art. 32. “No se tendrá por delincuente al que co- meta la acción estando1 dormido ó en estado de demencia ó de cualquiera otra manera sin propia y deliberada vo- luntad, justificándose plenamente esta excepción. La cm- briagnez voluntaria y expovtánea y cualquiera otra privación o trastorno de la razón de la misma clase, no serán disculpa del delito que se cometa en este estado, ni por ellas se dismi- nuirá la pena respectiva, antes bien se tendrá como circuns- tancia agravante del delito." 1 *' ’ ' ' ' ‘ • < * • ■ Prescindamos del lugar en que tan mal traído está el anterior artículo, lo que en todo caso no arguye1 más que falta de método‘v de orden, para fijarnos en la redacción del párrafo.—Empieza tratando de aquellos á quienes no se tendrá por delincuentes, y en el mismo renglón, sin po- ne’ siquiera párrafo aparte, se establece que la embriaguez debe tenerse como circunstancia agravante, cuya última parte debió formar uno de los artículos del Capítulo Pri- mero. No sólo dícese, allí, que la embriaguez es circuns- tancia agravante del delito, cuando es voluntaria y expontá- ne 1, sino que también lo es cualquiera otra privación ó trastorno de la razón de la misma clase; lo que me pare- ce demasiado lato y, por ló tanto, poco precisó, y de- fecto muv grapde en una ley penal. Además, las palabras EL ALCOHOLISMO. 55 voluntaria y expontánea son en este caso de una sinonimia perfecta, de lo que se sigue que una de las dos es redun- dante.— La primera significa, lo mismo que la segunda: lo que no es forzoso no es obligatorio, nacido y emanado de la propia voluntad, en la plenitud de su derecho ó en el pleno uso de sus atribuciones. Se aplica á todo lo que se determina por propia voluntad, sin otra razón ni obligación motivadora, determinante, influyente. Los diccionarios definen una voz por la otra y vice-versa. — Voluntad viene del latín vola; quiero, y expontáneo, también del latín, spoHi- te, voluntad, deseo. No puede ser más completa la sino- nimia. Tal vez el legislador no quiso decir lo que dijo; quizás intentó establecer que la embriaguez voluntaria ó incomple- ta era circunstancia agravante, siguiendo así una doctrina muy generalizada. Pero de todos modos, el artículo está mal redactado; lo juzgo malo por la forma, por el fondo, por sus tendencias, como quedará provado con las razo- nes que iré aduciendo, sin ocuparme por más tiempo en demostrar que está mal redactado y mal colocado donde se encuentra. Hay notable divergencia entre los legisladores con res- peto á la embriague/, como vamos íi verlo, revisando al- gunos códigos. El Código Penal del Distrito Federal enumera, al ha- blar de las circunstancias que excluyen la responsabilidad criminal por infracción de leyes penales, “la embriague/ R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. completa que priva enteramente de la razón, si no es ha- bitual ni el acusado ha cometido antes una infracción pu- nible estando ebrio; pero ni aún entonces queda libre de la pena señalada á la embriaguez, ni de la responsabilidad civil. El código de Guanajuato hace punto omiso de la em- briaguez. El Código del Estado de México considera la embria- guez como excluyente de responsabilidad criminal siem pre que “sea completa y prive enteramente de la razón, si no es habitual, ni ha sido procurada por el reo con el objeto de cometer un delito, ni el acusado ha cometido antes una infracción punible estando ébrio; pero ni aún entonces queda libre de la pena señalada á la embriaguez, ni de la responsabilidad civil.” El Código del Estado de Hidalgo trae la misma pre- vención en semejantes términos que el anterior. Ni el Código Español ni el Francés mencionan la em- briaguez, entre las circunstancias excluyentes. El Código de Portugal establece en su artículo 69 que no tienen imputabilidad por falta completa de inteligen- cia “ios individuos que á consecuencia de una afección mental, congénita ó adquirida estuvieren completamente privados del libre ejercicio de sus facultades intelectuales, en el momento de cometer la infracción.” El Código de Baviera asienta en el Art. 121 que una acción no será punible:—“Cuando el acto haya sido re- EL ALCOHOLISMO. 57 suelto y ejecutado en una perturbación cualquiera de los sentidos ó de la inteligencia, no imputable al agente, y durante la que éste no haya tenido conciencia de dicho acto ó de su criminalidad.” Por las citas que acabo de hacer se ve: I. —Que el Código de Ycracruz considera la embria- guez voluntaria y expontánea, como circunstancia agra- vante. II. Que el Código del Distrito Federal la considera como exeluyente de pena, en ciertos casos, y otro tanto sucede con los Códigos de Hidalgo y del Estado de México. III. —Que el Código de Portugal no menciona expre- samente la embriaguez entre las circunstancias excluyen- tes de responsabilidad criminal; pero la comprende en términos generales en la fracción 2.‘ del art.° 69. y que lo mismo puede decirse del Código de Baviera, ateniéndose á la fracción 9.* del art.° 121. IV. —Que el Código de Francia y el de Guanajuato no consideran la embriaguez como circunstancia exeluyente. Y.—Que el Español tampoco la considera exeluyente, aunque sí atenuante, como se ve en la fracción 6.a del art.* 9.0 del Código de 1870 (misma fracción del propio art.° del Código de 1850.) No hay, pues, uniformidad de juicio; mas desde luego resalta la manera de juzgar del Código Yeracruzano, por 58 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. ser el único que considera la embriaguez como circuns- tancia agravante, lo que merece la aprobación del distin- guido jurisconsulto Sr. D. José María Lozano, quien di- ce en su notable obra sobre Derecho Penal Comparado: “Acaso este último, (el Código Penal de Veracruz) teniendo en cuenta que la ebridad es un vicio muy gene- ralizado, principalmente en nuestra clase pr 'letaria, que la mayor parte de los delitos que se cometen reconocen como origen los extravíos á que arrastra á nuestro pue- blo el uso de las bebidas embriagantes, y que importa á la moralidad de las costumbres y á las nececidades de núes tra industria combatir esa funesta inclinación, se ha se- parado del común de los Códigos, estableciendo en la embriaguez una circuntancia que lejos de servir de fun- damento á la atenuación de la pena, agrava la responsa- bilidad criminal del culpable. Por nuestra parte, damos un voto de aprobación á las miras elevadas y moralizado- ras del legislador veracruzano.” Me parece que el Sr. Lie. Lozano no ha meditado su- ficientemente ese voto de gracia, dado con tanta galante- ría; y así lo comprenderá cualquiera que haya leido de- tenidamenta cuanto he asentado sobre este particular, y cuantos lean lo que me falta aún que exponer, y que ven- drá á su tiempo. El Código Penal francés dice:—“No hay crimen ni delito si el acusado se hallaba en estado de demencia en el momento de cometer la acción.” Los estatutos revisados del Estado de Nueva York El, ALCOHOLISMO. 59 declaran:—"Ningún acto ejecutado por un individuo en estado de locura (insam'ty) puede ser castigado como cri- men ó delito.” Según el nuevo Código Penal Alemán:—"Un acto no es punible cuando, en el tiempo de la acción, se hallaba su autor en estado de inconsciencia ó de enfermedad del espíritu que excluyera la libre determinación de la vo- luntad.” Estas disposiciones se encuentran repetidas de un mo- do más ó menos explícito, en casi todos los Códigos del mundo, y vienen á establecer de una manera incontrover- tible que la idea del crimen implica dos elementos: i.° Ea conciencia de que el acto que lo constituye es contrario á la ley. 2° La voluntid de hacer ó de no hacer. Los legisladores no han querido referirse en este pun- jo más que á los dementes, y conceden que hay locos que á pesar de tener la conciencia de que cometen un acto pu- nible, están privados de la voluntad, por su propia enfer- medad; locos que pueden saber que un acto es contrario á la ley; pero que son arrastrados á ese acto por una con- vicción ó una impulsión contra la que no tienen ni la voluntad ni el poder de resistir. He probado con datos que no admiten réplica, que la embriaguez constituye una locura pasagera; y de allí >e desprende que los actos cometidos en ese estado, de- 60 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. ben ser considerados como casos médico-legales. Solo un médico conoce y puede establecer la diferencia que existe entre no querer y no poder obedecer ¿'i las exigencias de la lev, y entre sus funciones se halla precisamente la de indi- car las condiciones de la enfermedad que constituye la incapacidad. Téngase presente que la ley no puede reconocer como un hecho, lo que no es un hecho para la ciencia. No puede haber legalmente salud allí donde la ciencia marca una enfermedad; así, pues, es un absurdo deplorable que los tribunales persistan en provocar un conflicto con la ciencia y las leyes de la naturaleza, sobre hechos que son del dominio de la ciencia y no del resorte de la ley. CAPITULO NOVENO. Opinión errónea <1<*1 Sr. Lozano.-R«*í*«taeión. El Sr. Lie. D. J osé María Lozano dice en su ya citada obra de Derecho Penal Comparado: . !“La embriaguez con relación á los delitos ejecutados en ese estado, ha sido considerada de diferentes maneras en las leyes penales; algunas la han considerado como cir- cunstancia excluyeme, otras como circunstancia atenuan- te, y no sería difícil señalar algunos que la han considera- do como circunstancia agravante.—Nuestro Código (el EL ALCOHOLISMO. 61 del Distrito Federal) —art. 34. frac. 3.*—la considera en la categoría de las circunstancias que excluyen la respon- sabilidad, con tal «pie sea completa, no habitual y que el acusado no haya cometido antes una infracción punible estando ébrio. Si la errtbriagucz es completa, accidental é involuntaria, v el delito de aquellos á que ella provoca, se estima como circunstancia atenuante de 3“ clase, confor- me al art. 41. t “Así, combinando esta; diferentes disposiciones, tene- mos: i.°, que la embriaguez por sí misma constituye un delito, cuando es habitual y causa grave escándalo, en cu o caso se castiga con la pena de arresto de dos á seis meses y multa de diez á cien pesos;—Art. 923;—2.0, que siendo completa, no habitual, ) si el acusado no ha come- tido antes una infracción punible estando ebrio, constitu- ye una circunstancia excluyente de responsabilidad crimi- nal, si bien deja lugar á la responsabilidad civil; 3.0, que siendo incompleta, accidental é involuntaria, y el delito de aquellos á que provoca, constituye una circunstancia atenuante de 3.* clase; 4.", que siendo completa, si fuere habitual ó el acusado hubiere cometido antes algún deli- to hallándose ebrio, el perpetrado en ese estado constitu- ye un delito de culpa, un cuasi-delito, como lo llama nuestra antigua jurisprudencia. Trataremos esta materia, aunque sea anticipando algunas ideas cuyo lugar oportu- no sería el comentario del art. 34, en el que se considera la embriaguez como circunstancia excluyente de toda res- ponsabilidad criminal, cuando reúne las condiciones que dejamos indicadas en el número 2. 62 R. DE ZAYAS F.NRIQUEZ. “Nuestro Código llama completa á la embriaguez — art. 34“cuando priva enteramente de la razón. En esa situación el hombre deja de tener conocimiento y volun- tad, elementos esencialmente constitutivos de la libertad; deja de tener conciencia del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y en consecuencia, no puede imputársele la intención dolosa, el ánimo deliberado de infringir la ley, que hemos dicho que caracteriza y constituye el delito intencional; falta, parlo mismo, la base de la imputabilidad, y la infracción cometida se coloca fuera del alcance y de la competencia de la ley penal. “Se ha supuesto que el hombre completamente ébrio se coloca en la misma situación moral que el demente, y que por lo mismo, así como sería injusto y absurdo apli- car á este ultimo la pena de la ley, por las infracciones cometidas en el estado de demencia, sería igualmente in- justo y absurdo castigar al ébrio por los delitos perpetra- dos en el estado de embriaguez. Pero nos ocurre que la comparación entre el ébrio y el demente no puede soste- nerse: el segundo, por completo que sea el trastorno de su razón, conserva expeditas sus facultades físicas; el pri- mero, cuando la embriaguez es completa, cuando á con- secuencia de ella pierde también por completo el uso de la razón, eS verdad que deja de tener la conciencia del bien y del mal, que no puede raciocinar acerca de la mo- ralidad de las acciones, que no siente ni puede sentir el freno de la ley; pero también lo es que en semejante si- tuación deja de tener expeditas sus facultades físicas, deja de. tener imperio su voluntad sobre el movimiento de sus miembros; es impotente su pensamiento aletargado entre EL ALCOHOLISMO. 63 los vapores del vino; pero su cuerpo es también impoten- te para toda acción, es una masa inerte, insensible á toda impresión exterior, sus piiembros apenas tienen el movi- miento convulsivo que les imprime el veneno que violen- tamente circula por sus venas, y su cuerpo todo reposa en el suefio profundo de la insensibilidad ó de la Ln semejante situación, el hombre es incapaz de comete*- un delito que consista en hacer; podrá incurrir en todo género de omisiones, que no le serán imputables; pero será incapaz de ejecutar acción alguna; si la ejecuta es porque la ebriedad no ha sido completa; si ha conservado el uso de sus movimientos naturales, es porque su razón no se ha extraviado como la razón de un demente; es que conserva la noción del bien y del mal; aun permanece un ser libre y que piensa y que por lo mismo debe ser res- ponsable de sus actos. “Lo que el ébrio pierde, mientras conserva el uso de sus movimientos naturales, no es la razón, no es la con- ciencia del bien y del mal, es simplemente la reflexión, la prwlene.ia, el respeto á los demás, el sentimiento delicado del lien parecer. A proporción que los vapores del vino ofus- can su cerebro y enardecen su sangre, van desaparecien- do los respetos sociales, se avivan sus instintos, se au- menta su audacia, hace lo que no se atrevería á hacer en su estado normal sin dejar de comprender que obra mal; v cuando huye su conciencia, cuando se aleja todo cono- cimiento del bien y del mal, es también porque el cuerpo incapaz de obrar cae por el suelo como una masa inerte é insensible. 64 R. DE ZAYAS ENRIQUEZ. “Creemos, pues, que la ebridad siendo incompleta, ac- cidental é involuntaria, si el delito es de aquellos á que ordinariamente provoca, debe estimarse como circunstan- cia atenuante para el efecto de disminuir la pena, co- mo lo previene nuestro Código en su art.° 41, siguiendo en esto los preceptos de nuestra antigua legislación. La ley romana—6? § 7.0 D. De re militnos dice: Per vi- numlapsis capitalis peen a remittenda est, et militice irrnijanda, y la 11." § 2.0 D. de pwnis, nos enseña que se delinque por intención deliberada, por ímpetu ó por casualidad, “impeta, cuín per ebrietatem