IDOCTTIlVLEIÑrTOS QUE ACREDITAN EL FELIZ RESULTADO QUE OBTÜVO EL ESPECIFICO DHL SR* DR* PEDRERA EN LAS DIVERSAS PRUEBAS 1 QUE LO SOMETIÓ EN LA TERRIBLE INVASION DE LA FIEBRE AMARILLA EN EN LITORAL DEL PACÍFICO. MERIDA DE YUCATAN. IMPRENTA DE «LA REVISTA DE MÉRIDA. CALLE 2* DE LOS ROSADOS, NUMERO 10. 1884. ID O CTX JVHIEIISrTOS glü ACREDITAN ÍL FELIZ RESULTADO RUE OBTUVO EL ESPECIFICO DEL SR. DR. PEDRERA EN LAS DIVERSAS PRUEBAS Á QUE LO SOMETIÓ EN LA TERRIBLE INVASION DE LA FIEBRE AMARILLA EN EN LITORAL DEL PACÍFICO. MERIDA OE YUCATAN. IMPREKTA DE «LA REVISTA DE MÉRIDA.» CALLE 2* DE LOS ROSADOS, NUMERO 10. 1884. DOCUMENTOS QUE ACREDITAN EL FELIZ RESULTADO QUE OBTUVO EL ESPECÍFICO DEL SIL DR. PEDRERA EN LAS DIVERSAS PRUEBAS Á QUE LO SOMETIÓ EN LA TERRIBLE INVASION DE LA FIEBRE AMARILLA, EN EL LITORAL DEL PACÍFICO. Certificados que las poblaciones de San Blas y Ácaponcta dieron al Sr. Dr. Pedrera. En el puerto de San Blas, á primero de N ovieinbre de mil ocho- cientos ochenta y tres, los que suscribimos deseamos cumplir con un deber sagrado, cual es la gratitud á que estamos obligados para con el Sr. Dr. Pedrera, quien de una manera voluntaria y por una pequeña retribución se prestó deferente en bien de la humanidad y en particular de esta población, á venir á curar la terrible enfer- medad de fiebre amarilla, que de una manera fulminante se des- arrolló en esta población desde fines del mes de Setiembre; mas por nuestra fortuna llegó á tiempo el referido Sr. Dr. Federico Pe- drera, quien con su maravilloso Especifico, el que unido á su parti- cular atención y esmero en asistir los enfermos, logró que en un mes desapareciera la epidemia, salvando de una muerte casi segu- ra á ios suscritos y á la población entera casi en su totalidad, no siendo pocos los casos que curó en el último período y después de haber arrojado la sangre; por lo que no dudamos hacer especial re- comendación de su Específico como el único remedio conocido contra dicha enfermedad, habiendo prestado con este descubrimiento un señalado servicio á la humanidad; dándole por tal motivo un voto de gracias.—J. E. Pérez.—Carlos M. Arana.—Pedro A. Avaios. —Agustín Rivas.—Espiridion C. López.—Carlos S. Sánchez.—Pbro. Hermenegildo Velazco.—Joaquín Pérez.—S. A. Sánchez.—Eligió Huppertz.—Pbro. Narciso Elizondo.—Carlos Martínez Pérez.— Amador Reza.—R. Incapie.—Angel C. Araujo.—Zacarías García. —Félix M. Provincia,—0. C. Buentiempo.—Andrés Mwrray.—P. Lombardini.—II. Yaldcs.—Francisco Bush.—F. 1’. Ramírez.—L. 2 Lucido.—Braulio Parías.—R. García.—Antonio Reina.—Ignacio F. de Lope.—S. Huppertz.—A. Montenegro.—Liborio Garrido.— Gabriel Camalichi.—Antonio Martínez.—Por la cuadrilla de carga- dores, Esteban Moreno.—Fernando R. Cabanillas.—G. G. Caba- nillas.—Ausencio Navarro.—El Teniente comandante del desta- camento, Juan Escarcho.—Matilde Medina.—Joaquin L. Vergara. —J uan Carbajal.—1). Morellon.—Jesús Ayala.—Miguel Roldan.— Clemente Murillo.—Manuel M. Palafox.—Aurelio Diaz. En la villa do Acaponeta, á los veintidós dias del mes de No- viembre de mil ochocientos ochenta y tres, reunidos los infrascritos vecinos de este lugar, con el objeto de deliberar sobre los efectos del Específico preparado por el Sr. Dr. Federico Pedrera, para curar la fiebre amarilla, se puso á discusión el punto indicado, y después de que cada uno de los presentes emitió su opinión, resultó que el citado Específico ha curado con éxito maravilloso á todos los enfermos que se han puesto bajo su influencia en un término menor de doce horas, sin que se haya dado un solo caso de mortalidad en ninguna de las personas que lo han usado. En consecuencia, los que suscriben acordaron por unanimidad dar un voto de gracias al mencionado Sr. Dr. Pedrera por sus im- portantes servicios prestados á este vecindario, y hacerlo extensivo á los Sres. Ministro de Fomento y Jefe político del Distrito, porque con tanto acierto y oportunidad acordaron la traslación del mismo Sr. Pedrera hasta esta villa. Así terminó esta acta, que para constancia firmamos.—P. Soler- si.—Hilarión Aguiar.—Catarino Aguiar.—Jesús Quintero.—Luis Lora.—Lie. Basilio Aguiar.—Mateo Kunegel.—José M. Cobieya. —Valeriano Ledon.—Patricio Ledon.—Joaquin Navarro.—David Ledon.—Román Sánchez.—Mariano F. Robles.—Luis Peregrina. —Francisco Almiar Domínguez.—Luis Gallardo.—Lorenzo Osuna. —Buenaventura O’Conor.—Cura de esta Parroquia, Pbro. Juan González.—Ministro de esta Parroquia, Miguel A. Choza. San Blas, Noviembre 2 ele 1883.—Sr. Dr. Federico Pedrera. —Presente.—Mi apreciable, querido y fino señor:—Lleno mi cora- zón de gratitud por la eficacia con que me atendió U. en mi enfer- medad y para satisfacer un poco los sentimientos de mi alma que me hacen tomar la pluma para ocuparme de U.; voy á continuación 3 á poner un certificado de la curación que l:. hizo no sólo en mí sino también en los otros señores eclesiásticos que se enfermaron en este puerto. Sin más quedo de U. A. S. S. y Capellán.—Narciso Eli sondo. Certifico: que el domingo veintiocho de Octubre de mil ocho- cientos ochenta y tres, viéndome fuertemente atacado de la fiebre amarilla ó vómito prieto, solicité al Sr. Dr. D. Federico Pedrera para que me curara, con la firme convicción de que sanaría, pues innumerables casos había visto ya en que el Sr. Pedrera combatía la fiebre y siempre salía triunfante, debido á la eficaz virtud que el Específico de este señor usa, tiene para destruir el mal que la dicha fiebre ocasiona en el individuo que ataca. Efectivamente su- cedió como esperaba, y ántes de veinticuatro horas yo estaba en- teramente bueno. Esto que pasó conmigo, pasó también primero con el señor Cura de este puerto D. Ramón Yélez, y después con el Presbítero Hermenegildo Velasco, que vino á éste á socorrer y auxiliar á los enfernos. Los casos de que hablo y especialmente el mió, por la particular y extraordinaria fuerza con que se presentó la enfermedad, fueron muy públicos, por lo que muchas personas pueden dar testimonio de ellos. Para los fines que al interesado convengan doy el presente en San Blas, á los dos dias del mes de Noviembre de 1883.—Pres- bítero, Narciso Elizondo. San Blas, Diciembre 2 de 1883.—Sr. Dr. Federico Pedrera.— Tepic.—Estimado y fino amigo:—Acuso á U. recibo de sus apre- ciables 13 y 25 de Noviembre próximo pasado, lo mismo que de sus telegramas del mismo mes que me ha dirigido tanto de Acapo- neta como de esa ciudad, suplicándole me disimule que ántes no le haya dirigido mis letras, por no habérmelo permitido mis multipli- cadas ocupaciones. Por este correo recibirá U. el acta, es decir, la parte del acta de la sesión en que se le acordó un voto de gracias y algnnas men- ciones honoríficas por la Junta municipal que presido y cuyo tes- timonio de gratitud es algo ménos de lo que en mi concepto merece U. por lo bien que cumplió con sus deberes en este puerto y por los beneficios que hizo á la población, salvándola casi en su totalidad de una muerte segura, como era la que les habría producido á lo* 4 epidemiados sin su ciencia v abnegación. No teniendo tienmpo para más y deseándole toda clase de felicidades, me repito, etc.—Petro- nilo Zaragozai (1). P. S. Por no haberse aún mandado hacer lame- dalla y que se le acordó, no se la mando, pero la recibirá U. en M érala lo más pronto posible. Tepic, Octubre 31 de 1883.—Sr. Dr. D. Federico Pedrera.— San Blas.—Estimado señor Doctor: He sabido con mucho gusto que los buenos servicios de (J. han contribuido muy poderosamente á que disminuya la mortalidad en ese puerto. Me es grato dar á U. por ello mis plácemes y manifestarle que sus filantrópicos esfuerzos no quedarán sin la debida recompensa, pues sé que los que tanto deben á U. tienen empeño en darle públicas muestras de su grati- tud. Deseando á U. felicidades me repito atento S. S.—Leopoldo Romano (a). MUNICIPIO DE SAN BLAS En el acta de la sesión celebrada el 2 del actual, por la Junta municipal que presido en este puerto, hay una proposición que á la letra dice: «10? Finalmente dijo el Sr. Presidente: que en consi- deración á los servicios prestados con tanto acierto y abnegación durante la epidemia por el Sr. Dr. D. Federico Pedrera, á los ata- cados de fiebre amarilla en este puerto, proponía á la Junta acor- dara á dicho facultativo una mención honorífica y una medalla de oro, dándole un voto de gracias la Junta municipal é inscribiendo su nombre en el salón de sesiones de este H. Ayuntamiento, cuyas proposiciones sin discusión y con entusiasmo fueron aprobadas por unanimidad, concluyendo con esto la sesión, á la que concurrieron los ciudadanos que componen la Junta.» Lo que comunico á U. para su conocimiento y satisfacción, ma- nifestándole á la vez que tan luego como sea construida y entrega- da á esta Junta la medalla acordada, cuidaré de remitirla al lugar de su residencia, la que se servirá indicarme al separarse de esa ciudad, si durante su permanencia allí ñola hubiese recibido.» Libertad en la Constitución. San Blas, Noviembre 30 de 1883. —Petronilo Zaragoza.—Manuel M. Palafox, Secretario.—Sr. Dr. Federico Pedrera.—Tepic.» (a) El Sr. General Romano es Jefe político y Comandante militar de Tepic. (1) Este caballero ejerce la autoridad principal en el puerto de San Blas. 5 Jefatura política y Comandancia del Distrito militar de Tepic. •—El Presidente de la Junta municipal de San Blas, me dice con fecha 30 del mes pasado, lo que copio: «Tengo el honor de adjuntar con la presente y en tres fojas útiles, para su superior conocimiento, una copia del acta de los prin- cipales puntos acordados en la sesión celebrada el dia 2 del que fina por la Junta municipal que presido, permitiéndome esperar dará el Gobierno, que es al merecido cargo de U., la aprobación corres- pondiente á los acuerdos que comprende. Al comunicar á IT. lo ex- puesto, me permito igualmente suplicarle á nombre de la propia Junta se digne mandar construir la medalla de que trata la 1CD proposición acordada y cuya medalla debe ser de cuatro centíme- tros y medio de diámetro por dos milímetros de espesor y las ins- cripciones que debe llevar son las siguientes: En el anverso: “El Municipio del puerto de San Blas, al Dr. Federico Pedrera,” y en el reverso: “Salvó á los atacados de fiebre amarilla. Octubre, 1883.” Y lo trascribo á U. para su satisfacción, manifestándole que ya se mandó construir dicha medalla á Guadalajara, y le será remitida á O. oportunamente. Libertad en la Constitución. Tepic, Diciembre 4 de 1883.—L. Romano.—Antonio Zaragoza, Secretario.—Sr. Dr. Federico Pe- drera.—Presente.” Nombrado por ese Ministerio en oficio de 18 de Setiembre, para combatir la epidemia de la fiebre amarilla en la costa del Pacífico y terminada mi misión, acompaño á esta comunicación el informe que extendí sobre el estudio y tratamiento de dicha fiebre con mi Específico, así como algunos documentos oficiales y certifi- caciones de particulares que manifiestan los resultados obtenidos con mi especial tratamiento. Aprovecho esta oportunidad para ofrecer mis servicios profe- sionales á esa Secretaría de su digno cargo, en el desgraciado caso de que vuelva á presentarse dicha epidemia en cualquier punto de la República. Con tal motivo reitero mi consideración y respeto. México, Diciembre 14 de 1883.—Dr. Federico Pedrera.—Sr. Ministro de Fomento.—Presente. 6 INFORME que presenta el que suscribe al Ministerio de Fomento, sobre el estudio y tratamiento de la fiebre amarilla que invadió el puerto de San Fias, el 25 de Setiembre del presente año.. El origen del contagio al cual deben estas poblaciones de la costa de esta parte del Pacífico su infección, fue el vapor San Juan, que con su patente limpia, no obstante tener á bordo veinte enfer- mos de vómito prieto, salió de Panamá, donde reinaba la epidemia, con dirección á este puerto. La misma noche que zarpó para Ma- zatlan murió uno de sus empleados, el cual fue sepultado al dia si- guiente en el Cementerio de dicha ciudad. Esta es la causa y el origen de la invasión de la fiebre amarilla en la costa de Sinaloa, que fácilmente se propagó á este puerto por haber permitido entrar en él al pailebot “Náufrago,” procedente de Mazatlan, pues si bien es cierto que se impusieron ocho dias de cuarentena á los diez y seis pasajeros que trajo á su bordo, no es menos cierto que fué que- brantada por el contacto que tuvieron con algunas personas de esta población que, so pretexto de abastecerlos de víveres, fueron mu- chas veces al lugar de la cuarentena, dando por resultado que dos de las personas que conducían aquellos víveres quedaran incubadas de la enfermedad y una de ellas fué la primera víctima de esta epi- demia que principió el 25 de Setiembre y concluyó el 2 de Noviem- bre, después de diezmar esta población. Por su posición topográfica, este puerto es malsano, pues está situado en un lugar bajo y arenoso, al pié de unas montañas que interceptan las corrientes de los vientos del Norte y del Oriente que son los dominantes en esta costa y los únicos que refrescan algo su atrasada admósfera. Está, además, rodeado de unos pantanos que el calor excesivo de estos parajes mantiene en constante eva- poración, de donde toman origen la Malaria y las fiebres palúdicas biliosas que son peculiares de esta localidad. Mas por lo que res- pecta á la fiebre amarilla, ni sucede, ni puede suceder lo mismo, pues no existiendo los hongos marinos que son la causa del micro- bio que enjendra dicha fiebre, es evidente que es exótica en estos lugares. Estas causas de insalubridad unidas á la alta temperatura de 34 grados que marcó el termómerro centígrado hasta los últimos dias del mes de Octubre y al carácter epidémico de esta fiebre, hi- cieron que en breve tiempo tomase grandes proporciones, invadien- do casi instáneamente toda la población, por cuyo motivo se creyó necesario llamar en su auxilio dos médicos de Tepic que fueron los Doctores Eodriguez y Caravantes, para poder atender á la multi- tud de enfermos que había en ella. 7 Desde el 25 de Setiembre hasta el 4 de Octubre, que llegué á este puerto, habían muerto 72 personas. Desde esta última fecha hasta la terminación de la epidemia, fallecieron 148. Perecieron, pues, en una población de 2000 habitantes, 218 individuos. Se vé por estas cifras que este puerto fue diezmado por la fiebre amarilla y á esto contribuyeron varias causas que apuntaré ligeramente. La primera consiste en la falta de limpieza tanto en las calles como en los patios de las casas, que son unos verdaderos depósitos de ba- suras é inmundicias. La segunda en los pantanos y charquetales que hay en la misma población, en los cuales fermentan multitud de materias orgánicas en descomposición. En tercer lugar, por la in- curia y miseria de la clase pobre que aquí, como en todas partes, forma la mayoría de la población, la cual vive en miserables tugu- rios cubiertos de palmas, sin paredes las casas, y sin camas, ten- didos en un suelo húmedo y casi desnudos sus habitantes. Los más carecían de alimentos y de asistencia. Sentados estos antecedentes, nada tiene de extraño que la fiebre' se hubiese cebado tan cruel- mente en la clase proletaria. Pero si á todas estas causas añadimos la circunstancia de que la mayor parte de estos infelices no llama- ban al médico, ú ocurrían á él en el último período del mal, cuando estaban fuera del alcance de los recursos de la ciencia ó se ponían en manos de curanderos imperitos, menos extrañarémos los tristes re- sultados que necesariamente debían porducir tanto abandono por una parte y tanta imprudencia por otra. Las formas que en su manifestación revistió esta epidemia, fue- ron varias, pero muy contados los casos de forma gástrica y adyuamica. La generalidad presentó la forma común y la hemorrá- jica. Los casos fulminates fueron frecuentes al principio y durante la fuerza de la epidemia, pero fueron disminuyendo á medida que ésta fué decreciendo. La generalidad de los casos que fueron tratados con mi método especial se curaron en la forma siguiente: los que ocurrían en las primeras doce horas de la invasión de la fiebre, quedaron libres de ella cuando más tarde á las 24 horas; los que eran asistidos al se- gundo di a de atacados necesitaban tres ó cuatro dias de tratamiento para su curación; pero era muy dudoso el éxito de los que se medi- caban después de tres dias de atacados, siendo proporcionada la mortalidad á la mayor ó menor alteración que había producido el mal en la sangre. Esta observación de una práctica constante y no interrumpida, viene confirmando una vez más, «QUE EL tiempo EN QUE PUEDE CURARSE EL VOMITO PRIETO, ES TODO AQURL EN QUE LA sangre no SE hubiese alterado.» La razón es muy clara, por- que una vez que la sangre ha entrado en un estado de descompo- 8 sion, tal como se observa al fin del primero y en todo el segundo pe- riodo de esta fiebre, por más enérgica y eficaz que quiera suponerse la medicación es inconcuso que no podría restaurarla ásu primitivo estado y la naturaleza tendría qué eliminarla como un cuerpo ex- traño incompatible con la misma vida. Pista es una verdad tan obvia y tan tangible, que para conocerla no es necesario ser médico, (a) Sería sospechoso y no tendría valor lo que pudiese decir en favor de los resultados obtenidos con mi tratamiento especial, por cuyo motivo me limito á adjuntar á este ligero informe dos actas, una de ellas firmada por las personas más caracterizadas de esta población y la otra de la Junta municipal de este puerto. A estos documentos me ha parecido conveniente acompañar las certificacio- nes que voluntariamente quisieron extenderme algunos señores, co- mo un testimonio de su gratitud por los pequeños servicios que en mi calidad de médico tuve la fortuna de prestar á esta población en la actual epidemia. San Blas, Noviembre 2 de 1883.—Federico Pedrera. Escrito lo que antecede, recibí el telegrama que con fecha 6 del mes que va cursando me dirigió esa Secretaría en que expresa el Sr. Ministro sus deseos de que fuese jo á asistir como médico á los enfermos de Acaponeta, si para el efecto no pulsaba ningún incon- veniente. Los mismos deseos me manifestó el Sr. Jefe político de Tepic, y queriendo complacer á personas tan dignas de todo res- peto y atención, y hacer cnanto de mí dependa para aliviar los su- frimientos de los desgraciados expuestos á los estragos de tan pe- nosa enfermedad, hoy mismo salgo para aquel punto. Tepic, Noviembre 9 de 1883.—Pedrera. (a) Sin embargo, dos facultativos de Veracruz tuvieron la singular pre- tensión de exigir de mi específico, como condición sitie qua non para merecer este nombre, que curase á 'os enfermos cuya sangre estuviese totalmente descom- puesta. Si á semejante necedad hubiese contestado que no era yo taumaturgo sino médico, me parece que no hubiera dicho un despropósito. 9 JUICIO DE LA PIENSA DE MÉXICO. Importante descubrimiento.—Acostumbrados á investigar cuanto hallarse pueda de útil y de inreresante para el publico, pro- curamos, durante nuestra corta permanencia en Yeracruz con motivo de la festividad con que se solemnizó la inauguración de la línea de vapores de la Compañía Trasatlántica, inquirir lo que hubiese de nuevo y provechoso para el país, ó luando menos de agradable. Pronto hallamos objeto digno de ocupar la atención, al sernos presentado el Sr. Dr. Pedrera, de quien ya el público tiene noticia, pero no conocimiento completo de las notables circunstancias que hacen interesante tan modesta como digna personalidad. Este há- bil facultativo ha podido, en fuerza de constante investigación y de emplear largo tiempo en experimentaciones y combinaciones científicas, descubrir un específico para atacar la fiebre amarilla, ó sea el vómito, espantoso fantasma y plaga terrible de nuestras cos- tas en ambos mares. Suponiendo que el descubrimiento hecho por el Sr. Pedrera no fuese remedio infalible, como se cree que lo es siempre que se aplica en el primer período de la enfermedad, bastarían los resul- tados obtenidos para darle toda la importancia que merece. Hizo el Dr. los primeros ensayos de su Específico en la penín- sula de Yucatán, y después de obtener los más satisfactorios resul- tados, pasó á Yeracruz, donde logró ratificarla bondad de su des- cubrimientos y llamar así la atención de las autoridades locales y de muchas personas ilustradas, razón por la cual el Sr. Secretario de Fomento que tuvo noticia del caso, dio al Sr. Pedrera la honro- sa comisión de marchar violentamente liácia los puntos de la costa del Pacífico, invadidos por el vómito, que estaba causando estragos espantosos, y en ellos ensayar su curación en ámplia escala. Cuando el Doctor llegó á Mazatlan, la epidemia había des- aparecido; pero á la sazón invadía las localidades de San Blas, de Santiago y de Acaponeta. Dirigióse á ellas el facultativo, en mo- mentos en que la espantosa enfermedad comenzaba á causar sus destructores efectos: comenzó el combate y de nuevo el campeón de ciencia alcanzó los más venturosos resultados. En vista de ellos, de múltiples y favorables informes, de actas levantadas por numerosas personas de Tepic y de San Blas, y de las ratificaciones hechas por .facultativos imparciales é inteligentes, como son los Sres. Bodriguez y Caravantes, el Ayuntamiento de San Bas acordó se diese al Dr. Pedrera una significativa demostra- ción de gratitud de parte de la misma Corporación, en una meda- lla de oro que el Gobierno de Jalisco ha mandado construir con los 10 motes siguientes: En el anverso: El municipio del puerto de San Blas, al Dr. Federico Pedrera; y en el reverso: Saleó á los ataca- dos de fiebre amarilla. Octubre de 1883. Estos hechos que descansan en pruebas fehacientes, como lo son la multitud de certificados de personas las más caracterizadas de aquellas localidades, y las de las que fueron curadas, engendran la convicción de que, si el Específico de que se trata no es un an- tídoto absoluto contra el vómito, sí es hasta hoy el que lo ataca con mejor éxito. Esto sólo basta para que se fije en él la atención de los hombres científicos, y para que en vez de contrariar por es- píritu de escuela un descubrimiento tan benéfico, le diese su apoyo y sus luces, á fin de perfeccionarlo, si es posible.' Por desgracia, entre nosotros, toda novedad que en algo con- traríe los intereses de algunas clases de la sociedad, encuentra ruda oposición, áun cuando la contrariedad no sea más que aparente y áun cuando más tarde esas mismas clases tengan qué felicitarse de un descubrimiento en el que, si no tuvieron parte, la experiencia viene después á probarles que les es útil y provechoso en todos los sentidos. Sucede algunas veces que las oposiciones que tienen por base la ciencia y no el amor propio, modifican un invento ó demues- tran su ineficacia; pero en el presente caso, en que se versa un in- terés general y humanitario y en que los hechos establecen que ha v un fondo de verdad en el descubrimiento, nada sería más triste y censurable que la contrariedad y el desprecio hácia un objeto que por ningún título puede ser indiferente. Por fortuna el Sr. Secretario de Fomento, inspirándose en ideas patrióticas, no se detuvo en discutir sobre la realidad y bondad del Plspecífico Pedrera, sino que de un modo práctico facilitó su en- sayo, y como los resultados han correspondido satisfactoriamente á la esperanza del alto funcionario, ellos le darán nuevo aliento para ofrecer una garantía más á los inmigrantes y colonos de nuestras costas. Sabemos, además, que el Dr. Pedrera, impulsado por la fé (pío tiene en su descubrimiento y seguro de perfeccionarlo y alcanzar mejor fortuna, ha ofrecido estar dispuesto para acudir adonde la fiebre se presente y con particularidad donde haya fuerzas milita- res, que por no estar aclimatadas en los puertos se hallan expues- tas á sufrir los estragos de tan formidable plaga. Creemos que el Gobierno acogerá esta generosa oferta, dando así lugar á que se rectifique la opinión pública, que en el último extremo es la que decide de la verdad y utilidad de todo descubrimiento. (La Epoca ) Juan de Dios Arias