()dti¿¿tr\¿4 •(?') ► ENSAYO SOBRE LAS CAUSAN MAS COMUNES Y ACTIVAS /)£ L^S ENFERMEDADES QUE SE PADECEN EN SANTIAGO DE CHILE CCW INDICACIONES DE LOS MEJORES MEDIOS PARA EVITAR SU DESTRUCTORA INFLUENCIA. Pob El Doctor Guillermo X2. Blest^miembro de las socie- dades DE MEDICIMA DELTCoLEJIODE LA TRINIDAD DE Dü- BLIN--DE LA QuiRURGICO-MBDICA DEL COLEJIO DE EDIM- BURGO--DE LA COMPAÑÍA DE CIRUJANOS-BOTICARIOS DE LONDRES--CORRESPONSAL DE LA SOCIEDAD HüNTARIANA Y LICENCIADO EN OBSTESTRICIA. Hoc opuscuculum ut in publicumk ederem, non fetit prqfecto inanis, ac popularis aurce captart- dce cupiditas, sed eo adductus sum, ut multis \^^*\ rneoirum (Bqualium hinc inde errantibus tiam ) r¿ monstrarem et aliquantulum munirem. SANTIAGO 1828. IMPRENTA DE R. RENGIFO* ADVERTENCIA. El autor no conoce el idioma castellano, ni él traductor la facultad médica. Por consiguien- te podrán haberse deslizado algunos defectos^ que él lector se dignará dispensar, en obsequio de la buena intención con que han emprendido^- este trabajo. L ENSAYO SOBRE LAS CAUSAS MAS COMUNES Y ACTIVAS DE LAS ENFERMEDADES QUE SE PADECEN EN SANTIAGO DE CHILE &c. &c INTRODUCCIÓN. ±y( ingun hombre ocupa en la sociedad si- tuación tan importante como el médico: pa- rece que su profesión le liga no solo con el siglo en que vive, y el pueblo en que resi- de, sino también con la posteridad; y todo el jenero humano, y todas las naciones de la tier- ra son el objeto de sus reflexiones. Como el custodio de la salud pública, y el preserva- dor de su especie, el profesor módico es obli- gado moralmente á esforzarse cuanto le sea posible, no solo á curar las enfermedades que se le presenten en la práctica, sino también á trasmitir los conocimientos que pueda ad- quirir en su carrera, á los que le sucedan. La esperiencia y los talentos confinados den- tro del mismo individuo que los posee, son tan inútiles al público como si no existiesen: son como un rio que tomando un curso sub- terráneo apenas se deja conocer de los se- cretos y solitarios arroyos que lo forman. Pero cunndo contribuyen á la diseminación jeneral de los conocimientos por medio de la 4 imprenta, se asemejan al que serpenteando su largo curso bajo un sol vivificante, convierte áridos campos en encantadoras heredades. El grande autor de nuestro ser ha grabado en el hombre una propensión á comunicar sus adelantos á la posteridad. La historia nos ma- nifiesta esta verqlad, y nos la prueban tam- bién las muchas publicaciones que han he- cho y hacen las imprentas sobre todas ma- terias. Si no fuese por esta útilísima propensión ¡ cuan deplorable no seria hoi el estado de las ciencias! La mas tenebrosa ignorancia y me- lancólica obscuridad y abatimiento reinaría en la sociedad.—En efecto, si no existiesen entre nosotros ciertos conocimientos, no tendríamos otra guia en nuestras meditaciones y acciones, sino el falible dictamen de nuestro juicio indivi- dual, ó los inconstantes impulsos de nuestra ca- prichosa fantasía. Si no fuese por la clasificación de los síntomas y la historia de los signos que distinguen una enfermedad de otra, por cuyo medio nos guian Hipócrates, Areteaus, Gale- no, Celso, Sydenham, Cullen, Swavage &c. la profesión médica sería hoi una empresa su- mamente tediosa, y padeceríamos el trabajo de clasificar los varios fenómenos de las enfer- medades y de formar correctos diagnosis. Debe- mos ciertamente confesar que la mayor parte de los conocimientos que poseemos sobre esta ma- teria, son adquiridos mas con el estudio de los escritores médicos, que con nuestra pro- pia esperiencia. Hai mui pocos médicos prác- ticos que hayan logrado instruirse por sí mis- 5 ^ao§: mui pocos que hayan adquirido un co- nocimiento de las varias formas de las enfer- medades por sus propias observaciones. En Verdad, la medicina es una ciencia que sobre f;odas las otras requiere para su cultivo va- riados talentos, y solo por la acumulación dé determinados hechos, y por los trabajos inte- lectuales de muchos individuos, puede lle- garse á la perfección. En este pais el culti- vo de la medicina ha sido mui vergozosamen- te olvidado. Quizas esta neglijencia habrá na- cido de la suposición que la descripción que dan los libros médicos de la naturaleza y cu- ración de las enfermedades en otras partes del globo, serán aplicables también á las que aquí se padecen. Tal suposición será desva- necida con el solo examen de ellas. Aquí el cam- po de las dolencias que aflijen á la huma- nidad es mui estenso y peculiar en su aspec- to. Unas no se encuentran en Europa, y otras aunque pertenecen á la clase y orden allá es- tablecido, se presentan agravadas y tan au- mentado el número de sus síntomas colate- rales, que es tarea difícil encontrar su seme- janza: mientras que otras son enteramente des- conocidas, y no se les puede asignar correc- tamente á alguna de aquellas clases.—Hai dos mui importantes razones para cultivar la me- dicina en el pais. La primera es la que aca- bamos de apuntar, y la segunda, la necesi- dad de algunos escritos esclusivamente con- sagrados á la naturaleza y causa de las en- fermedades á que están sujetos sus habitara 6 tes, para dar á los médicos estranjeros en el principio de su carrera profesional en él, los conocimientos de las enfermedades que se les presentarán diariamente. No podrán negarme mis compañeros los médicos europeos, que á su llegada ignoran enteramente la exacta fuer- za y testura, si puedo usar de esta espresion, de las enfermedades propias del clima, y que solo después de haber practicado algunos meses, comienzan á adquirir ideas sobre su naturaleza, y principios sobre su curación, Estos hechos innegables abogan enéticamen- te en favor de la necesidad de cultivar de un modo particular el campo de las enfermeda- des de Chile Por esta razón, y recordando las muchas dificultades que encontré al prin- cipio, me he decidido á emprender este en- sayo, confiando sinceramente en que el ejem- plo que da el mas humilde individuo de la facultad, producirá el provechoso efecto de excitar la atención de sus compañeros, y de inducirles á publicar el resultado de sus es- periencias, sobre las recónditas causas de tan- tas enfermedades que continuamente deben encontrar. Solamente añadiré que esto lo de- bemos á nosotros mismos, á la comunidad en que estamos incorporados y á la posteridad. Cumplir con tan sagrada obligación son los mas ardientes deseos de mi corazón. Pensando que este ensayo sirva solo de introducción á un examen mas estenso de las enfermedades que se padecen en esta parte de la República, y siendo escrito, como se 7 * ha dicho, con la intención de excitar á otroái profesores á la publicación de sus observa- ciones, me he limitado enteramente á la dis- cusión de las causas mas comunes de las que prevalecen. Por las mismas razones me he abstenido de ofrecer en este papel al- gunas observaciones patolójicas ó terapéuticas, reservando la publicación de mis opiniones sobre estos puntos, hasta que vea la recep- ción que merece al público esté trabajo. Al examen de cada una de estas causas, he añadido algunas advertencias sobre los mejores medios de prevenir sus efectos sobre el sistema humano. Según mi propia espe- riencia, tengo fundadas razones para espe- rar que si son observadas, la mortalidad dis- minuirá considerablemente en esta ciudad. DE LA POLICÍA MUNICIPAL. La ciudad de Santiago elevada cente- nares de pies sobre el nivel del mar—rodea- da de un alto y majestuoso cordón de mon- tañas— regada por infinitas corrientes de agua—favorecidos sus campos vecinos con va- rias fuentes medicinales, y socorrida con toda clase de hortalizas y frutos, parece que la naturaleza la hubiera destinado para ser la mansión de un pueblo, que gozase de la po- sible felicidad terrestre, y de la mayor lonje- 8 ridad humana. Con todo, mirándola con ojos menos deslumhrados y examinando con filo- sófica escrupulosidad su policía interior, en- contramos que solo es hermosa en la aparien- cia, y que la mayor parte de sus fruiciones las debe á las fértiles campiñas que la rodean. Comparando la robustez de los campe- sinos con la de los ciudadanos, aparecerá la salubridad de Santiago en su verdadero pun- to de vista. Visitando las haciendas vecinas, nada atrae tan agradablemente nuestra aten- cion, como el sano y tranquilo aspecto de sus moradores. Los corroedores cuidados no sur- can con ásperas arrugas su frente, ni su ájil figura demuestra alguna privación de los me- jores preservadores de la existencia, como el aire y el ejercicio. Sus alegres rostros, sus miradas, su marcha, todas sus acciones y mo- vimientos advierten su sanidad, y que todos lo's órganos de su máquina desempeñan pro- piamente sus ordenadas funciones. El invierno y el verano, la estación seca ó húmeda, cau- san el mismo efecto sobre sus rústicas cons- tituciones: ellas solo ceden á la inexorable guadaña del tiempo, ó á la destructora influen- cia de algún ejercicio corporal violento. En el campo todo es fragancia: las humildes cabanas son limpias y bien ventiladas: su habitador se acuesta en su duro, pero saludable lecho, y se levanta por la mañana lleno de frescura y vi- gor, y exento de enfermedades. No encuentra en frente de su puerta inmundicias amontona- das, ó si las hai, el benéfico soplo del céfiro 9 las ha purificado. Estrechas calles no le pri- van de respirar libremente el aire atmosfé- rico : ni aguas detenidas perturban con sus nocivos y pestíferos vapores el tranquilo y puro curso de su sangre. Tales son las de- licias del campo, tales las causas que propor- cionan salud y larga vida á sus habitantes. I Los de la ciudad disfrutan de estas circuns- tancias 1 i Están tan libres de enfermedades como aquellos'? No, sus pálidos y túrbidos rostros, sus abatidas frentes, sus lánguidos ojos, y su hastío á todo ejercicio corporal ó men- tal, manifiestan al intelijente observador que sus fluidos vitales han perdido su natural pu- reza, y que las semillas de alguna oculta en- fermedad están secretamente jerminando en su sistema. Hemos observado antes que raras veces encontramos en los campos ese en- fermizo aspecto, y que mui pocas se pide la asistencia de los médicos. El melancólico re- verso de estos hechos se ve todos los dias en Santiago. Escasamente pasará uno sin que se presenten á nuestra vista los tristes efec- tos de alguna desastrosa enfermedad. Cada casa parece un hospital, y cada hospital un lúgubre teatro de las mas espantosas dolen- cias con que el hombre puede ser atormen- tado. Si existe, pues, tan palpable diferencia entre la salud del campesino y del ciudada- no es necesarísimo é importante deber nues- tro, inquirir las causas de que procede esta diferencia. Pero al entrar en esta averigua- ción, la primera cosa que atrae nuestra aten» 2 10 cion es la policía. La mas superficial inspec- ción de ella será bastante para convencer á los mas interesados como á los indiferentes observadores, que ésta es la principal y cons- tante fuente de donde nace la mayor parte de las enfermedades. Las calles, á excepción de unas pocas, están mui mal empedradas, ó solo tienen por todo pavimento la blanda tierra: las acequias, sin duda destinadas en su oríjen á refrescar y limpiar la ciudad, son ahora receptáculos de toda clase de inmun- dicias, y no teniendo salida cómoda, mueren al derredor de la población en infeccionados charcos, eternos laboratorios de putrefacción. Las calles atravesadas permanecen en tan reprensible abandono, que es imposible mar- char por sus veredas sin tropezar con as- querosas suciedades, y sin cubrir con ambas manos ó con los pañuelos los canales de la respiración. Los suburbios en que reside la cla- se mas pobre y numerosa de la comunidad, se hallan tan cargados de basura • y lodo, que es difícil transitarlos aun á caballo. En casi todas las calles hai estrechos cuartos habita- dos por los artesanos y sus familias, donde no es raro encontrar siete ú ocho personas amontonadas con perros y gatos^ que satisfa- cen allí mismo todas sus naturales necesidades, y sin otro conducto para alumbrar y ventilar es>te hato que las solas puertas. Tal es el verdadero retrato de la policía de Santiago. Para convencer al curioso lector de su exac- titud, nos referiremos á las acequias de las- 11 calles y casas, á esos montones de materias en putrefacción en las calles atravesadas, á esos hondos barrizales y pantanos, y á esos aislados y encerrados aposentos que ha- bita la clase trabajadora y pobre. Antes de entrar en la relación de los perniciosos efec- tos que deben producir estas causas en todos los habitantes, y principalmente sobre los de esos departamentos que hemos indicado, no parecerá inoportuno á nuestros lectores, que les demos un breve bosquejo de la impor- tante función de la respiración y de algunos fenómenos que le son anexos. La respiración se mantiene por una corriente de aire que alternativamente se aspira y espele del pecho. Esta operación sirve en el hombre á impor- tantísimos destinos, y entre otros á comuni- car sus ideas por medio de la palabra, y á arrojar de su cuerpo un gas destructor de su existencia. (1) Los pulmones unidos á la tra- quea son los órganos que reciben el aire. Los pulmones se componen de vasos san- guíneos, nervios, membrana celular y celdi- llas para el aire. Sobre estas celdillas están dispersas las innumerables ramificaciones de una arteria que conduce la cangre venosa. Es- tas ramas se dividen y subdividen formando una randa esquisitamente delicada de vasos á los la- dos de las celdillas: por esta distribución taa admirablemente trazada de las ramas de las arterias pulmonares sobre esas celdillas, la (1) W. F. Edwards. De l'influcnce des agens physiques sur la vie &c. 12 sangre venosa que ellas conducen, se pone en contacto con efaire atmosférico, y por este contacto se convierte su color purpúreo obs- curo en un rojo claro; ó en otras palabras, la sangre venosa y espesa se vuelve sangre arterial encendida—Seria desviarnos de nues- tro objeto entrar en otros detalles de las va- rias y discordantes teorías que han formado los fisiolojistas y químicos sobre la mudanza de color que toma la sangre de los pulmo- nes. Bástenos decir que todos atribuyen este cambio á la acción del aire atmosférico, por- que se ha probado por repetidas y numero- sas esperiencias, que sin esta acción la san- gre permanecería de color purpúreo. Sucede á menudo que antes de morir un individuo, la sangre de las venas acumulada en los va- sos pulmonares, y estando los bronquios pri- vados de aire, conserva mucho tiempo des- pués de la muerte sus propiedades; pero si se introduce aire atmosférico en la traquea hasta dilatar la testura de los pulmones, in- mediatamente muda esta sangre acumula da, el color rojo oscuro en encarnado de vermellon. (1) Demos ahora una rápida ojea- da sobre los efectos que causa en la cons. titucion humana la falta del necesario aire ^ ■ — .. (1) Harvey's dispute upon the necessary renovation of the aerial succus alibilis.—J Gravis discription of the Py- raniids of Egipt. Halley's discourse concernig the means of. furnishing air at the bottom of the sea in ordinary depthg Phü-Tranaat-vol xxix-n. 349 p. 492 et seq. 15 atmosférico. Cuando cierto número de per- sonas se reúne en un lugar aislado, y en el qué el aire no puede renovarse fácilmente, la cantidad de oxíjeno disminuye con rapi- dez, y se aumenta la del ácido carbónico. Las personas allí reunidas se dañan unas á otras no solo privando al aire de su elemen- to respirable, sino también alterando su com- posición por la mezcla de todas las substan- cias que exhalan sus cuerpos: estas exhala- ciones animales volatilizadas, se corrompen en la atmósfera, y por medio de la respiración llevan á los pulmones el jérmen de las mas fatales enfermedades. (1) "Por repetidas obser- „ vaciones se ha demostrado plenamente que „ los efluvios animales condensados y estagna- ■„ dos en un aire encerrado, y donde haya », una multitud de jente reunida y rodeada j, de sus propias infecciones, aun sin la acción „ mórbida de una afección febril, adquiere este „ aire un alto grado de virulencia que le hace $, mortífero para los que están espuestos á „ él". (2) Atmosphera stagnans, dice Lancisi, (3) frequentia hominum polluta mors valde ran- ■cet,et adrespiralionem inepta est prorsus; immo aquae, dulcís balneum sorde cutánea ftzdatum putrescit atque putet bremssime. Ncc mirum est •hoc utique, quandoquidem a quelibet adulto hor (1) De Lys.translation of Richerand's ?jiysiology-p. 182 et seq. (2\./J^f-. ílanconck on Pestilence.^ (3) Lancisi de repenlinis nwrt¿bps*yLib, 1, ° cap. 6, 14 mine uncial 40 feri rancidi vaporis quotidíe exhalant. Esperamos que nuestros lectores en vista de las anteriores observaciones puedan formarse una idea exacta de los destructores efectos de una mala ventilación sobre la eco- nomía humana: y se convenzan de la justi- cia con que hemos asegurado, que los cuar- tos habitados por los pobres parecen calcu- lados para producir las mas perniciosas con- secuencias en la salud de aquellos individuos. La falta de limpieza y la naturaleza impura del aire en estas habitaciones, perjudica de dos modos al bien estar de las personas es- puestas á su influencie.. 1 ° Por la rei- terada aspiración de este aire corrompido., la sangre no puede esperimentar la pro- pia y necesaria mudanza ('.3 venosa en arte- rial. El mayor número de ios fisiolojistas con- vienen en que por esta r^u danza se produ- ce el principio que Uam? . calor animal (1) y se sigue de aquí la natural inferencia de que impidiendo este necesario cambio, el ca, lor animal debe tener r:i desarrollo defectuo- so. %° Porque debilita directamente el sis- tema nervioso. Esto solo produce tan terri- bles efectos en la constitución humana, que es imposible mencionar otros que sean mas mortíferos: efectos que contaminando los fluL- (1) Sobre este objeto vide Crawford on animal heat p. 73 á 84 Murray's System pf Chemestry vol iv. p. 4 84 ct seq.—Annales de-Chimie et Phisiqne tona. iv.—Medico- chírurgical Transact. vol. 7. part. 2. 15 dos vitales y entorpeciendo los movimientos de la máquina, deterioran completamente las funciones de la dijestion, secreción, absorción, y por último todas las que dan salud y fuer- za á la constitución. La venenosa influen- cia de tal aire en esos infelices, envilece las potencias de su alma, afloja sus espíritus, y debilita la vis vites de su naturaleza , hasta llegarlos á hacer fácil presa de las enferme- dades y de la muerte. Es bien conocida la melancólica historia de esas grandes epide- mias, que tantos destrozos han causado en- tre los habitantes de Europa, y en las que han sufrido mucho menos los ricos y los mo- radores de las campañas, que los pobres y los residentes en las ciudades. Los médicos que han escrito sobrG la materia dan por razón de esta diferencia que, los primeros habitan en ca- sas mas limpias y mejor ventiladas, con lo que sus constituciones se fortifican y son menos susceptibles de contraer esas enfermedades. Es bien digno de lamentarse que la pobreza que por tantos respectos es superior á las feli- cidades y fruiciones de la opulencia, sea acom- pañada con circunstancias tan poco merecidas por su naturaleza. Mas, ay • ¡En este mundo se encuentra mezclado el placer con el dis- gusto : no hai en él verdadera dicha ni la fe- licidad^ es permanente! Pensamos haber de- mostrado con claras y justas razones que las habitaciones que ocupan los pobres en esta ciudad, son en alto grado perjudiciales á la salud de sus miserables habitantes, y espe- IrJ ramos que en obsequio de la humanidad y en favor del aumento de la población, los que presiden los destinos de la República to- marán nuestras observaciones en considera- ción y remediarán los males que hemos enu- merado. El mejor medio de hacer habitables esos cuartos, seria el de obligar á sus propie- tarios á que en todos ellos abriesen espacio- sas ventanas, y que él que los alquilase sin este requisito incurriese en graves penas. Cuando la felicidad y salud pública se ven ame- nazadas, ninguna consideración acia los inte- reses de unos pocos individuos, debe impe- dir que la mano de la filantropía se inter- ponga en su favor. MIASMAS. Hai otra circunstancia en la policía de esta ciudad, que por su grande y di- versificada estension debe considerarse aun mas perjudicial que la que hemos antes ma- nifestado. Nos referimos al estado inmundo de las acequias y calles. Es demasiado y jeneral- mente sabido que en todas las estaciones del año y por varios consecutivos dias de cada se- mana, las acequias interiores de las casas se ha- llan tan completamente obstruidas por la acu- mulación de animales muertos y materias ve- jetales, que cierran enteramente el paso á la menor cantidad de agua. Las calles atra- vesadas y muchas de las principales, no son 'toénos inmundas, por lo que un estranjero qu@ 1? ■visita á Santiago, podría creer que es la po* lolacion mas sucia de la América del sur. Una triste esperiencia, principalmente en los últi- mos tiempos, ha enseñado que la descompo- sición de las materias organizadas, ya sean animales óvejetales, causada por el calor y la humedad, despide ciertos efluvios, cuyas propiedades son sobre manera perjudiciales á la salud del hombre. Las pruebas de esta ver- dad las encontramos en los escritos de una multitud de autores médicos. (*) Afortunada- mente para los habitantes de esta ciudad, el esta- do de su atmósfera _ no obra tan activamente sobre las materias en putrefacción, que pueda causar aquellas epidemias que cosechan tantos millares de vidas en varias partes de España, Norte América, India, Méjico, Panamá, Vera- Cruz y otras muchas rejiones de ambos mun- dos. A no ser asi, las campanas tocarían dia- riamente el triste doble de la muerte, y las casas serian melancólicos teatros de llanto y de dolor. Pero aun cuando no sea tan activa aquí la influencia de la atmósfera sobre las materias putrefactas, es innegable que ejer- ce su acción maligna sobre la salud, y que causa las disenterias, typhos y otras fiebres (*) V!de Dr. Jnckson on Fever-Dr. OHalloran on the yellow fever of Spain. Humbold's Political Essay on the king- don of New Spain. Elemens de Chimie art. Putrefaction de Subst. anioi. tom. iv Vol. n-Dr. Chisholm's paper in the Edinib. med. and Sirurg. Journal-An. 1810 p. 388 et seq Prigfr jrle. on the diseases of the army-p 322 et seq &. &. 18 que aparecen en ocasiones epidémicamente. En verdad, á alguna causa de esta natura- leza debemos atribuir las violentas y fatales disenterias que tanto prevalecieron en el año de 1826, y que se han repetido en los meses de abril y marzo del presente : esa molesta especie de fiebre puerperal que atacó á tan- tas mujeres recien paridas en los principios de 827, y los typhos ( ó chabalongos) que abundan casi todos los años. Raciocinando se- gún el principio jeneralmente reconocido, de que el aire caliente ocasiona mas exhalaciones en los cuerpos que el aire fresco, y según lo que sabemos que influye el calor de verano en otros países, deberíamos suponer que las enfermedades ocasionadas por les efluvios, se- rian aquí mas jenerales en verano que en in- vierno ; pero el conocimiento que tenemos de este clima nos sujiere la opinión contraria. Aquí en el verano la atmósfera es uniforme- mente limpia y clara, y las exhalaciones que se levantan no encontrando nubes ó nieblas que impidan su ascenso, se desparraman con facilidad por el grande espacio, y se mez- clan con los otros cuerpos de la atmósfera. Sucede lo contrario en el invierno. El calor del sol es siempre mui considerable, ó al menos suficiente, para estraer de esas acumu- ladas inmundicias los vapores nocivos con que las ha impregnado la putrefacción : al fin del día esos vapores encuentran con las nubes que nos rodean, y con el aire frió de la pró- xima noche, y consiguientemente son precipi- 19 tadós á la tierra, y echados por la brisa noc« turna al interior de las habitaciones. He aquí una juiciosa y fundada razón para que las enfermedades prevalezcan mas en el invier- no que en el verano; y juntando en nues- tras meditaciones esta circunstancia con la mala ventilación de que gozan las habitacio- nes de las clases pobres ( á que debe obli- garles su propia pobreza careciendo del so- corro de fogones, (*) y vestidos ó cobijas ) per- cibimos la causa por que en esa estación sufren mas enfermedades los pobres, que aquellos que pueden con el dinero guardar mejor sus casas de los rigores del invierno, sin contra- riar al mismo tiempo su salubridad. La jene- ralidad de las jentes perdiendo de vista las mudanzas atmosféricas, atribuyen la diminución- de las fiebres esporádicas en el verano al mucho uso de las frutas de esta estación. No negaremos que el uso de las frutas me- jora considerablemente la salud de aquellas personas que en el invierno y primavera se han mantenido con alimentos fuertes y esti- mulantes, propios á perjudicar las funciones de la dijestion. Pero estamos mui distantes de con- ceder al uso jeneral de las frutas el asombro- so beneficio que se supone jeneralmente. Sabemos que en otros países igualmente abun- (*) Regularmente suplen esta falta con los braseros,. que son doblemente perjudiciales en esas habitaciones cer- radas, asi por el tufo que despide el carbón en su com- bustión, como por el aire que consume ó descompone. 20 dantos dé frutas como Chile, perd menos favorecidos con un clima tan benigno, las enfermedades de carácter epidémico reinan mas en verano que en invierno. Por otras muchas razones que seria superfluo detallar, nos creemos justificados de disentir en este punto de la opinión pública, y autorizados para atribuir la diminución de esas enferme- dades en dicha estación, á causas mas con- formes con la filosofía médica, á saber, el be- néfico estado de la atmósfera en verano ; el ejercicio corporal que hacen todas las tar- des de esta estación las clases de la comuni- dad, y la buena ventilación de que gozan, permaneciendo casi siempre con las puertas abiertas, y aun durmiendo muchos al aire libre. HOMICIDIOS. Entre los defectos de la policía debe- mos mencionar otras dos fuentes mui fecun- das de enfermedades y mortalidad en esta ciudad, que son esos bárbaros instrumentos de destrucción tan jeneralmente usados por la clase ínfima, á saber: el cuchillo y la pie- dra. Es repugnante á la naturaleza humana; es vergonzoso para esta capital, que con or- gullo podríamos llamarla un pueblo libre j civilizado j es por último una horrible man- cha para la nación chilena, que en esta época de ilustración se permita que las clases ínfi- mas continúen matándose diariamente, sin qu& n *e tomen activas y eficaces medidas para contener su brutal ferocidad. ¿ Podrá oirse sin asombro que en la sola Ciudad dé Santia- go, cuya población apenas llegaré á 70 mil almas, en el año de 1828, ante un solo facul- tativo y en el corto periodo de trece dias, se hayan presentado 29 heridos por el cuchi- llo de los asesinos, de los cuales ocho sufrieron la muerte 1 ¡Q,ue en un solo hospital no baje la entrada mensual de treinta heridos por cuchillo ó piedra! ¿ Q,ué concepto formarán las naciones estranjeras que sepan estos hechos sin verlos marcados con nuestra indignación ? Si esta ciu- dad fuese visitada por alguna epidemia es- traña, que trajese un nombre espantoso como el de peste ó fiebre amarilla, y que semanal- mente arrebatase la existencia de cinco ó seis habitantes ricos í cual no seria el susto que se apoderaría de todos 1 ¿ Cual el triste y melan- cólico estado de las familias ? ¿ Cuantos pla- nes no se formarían y con cuanta actividad no serían ejecutados ? Solóle oirían proyectos, nin- guna medida dejaría de probarse, á cada ins- tante se convocarían juntas de sanidad, nadie dormiría ni descansaría hasta concluir con la causa destructora de la ventura del pueblo. Empero treinta ó cuarenta personas mueren mensualmente por el puñal de los asesinos, que con propiedad podría llamarse la peste de Chile, y ¿ ningún corazón se conmueve, ni ninguna medida se toma para contener este1 ignominioso diluvia de sangre humana? La voz de la naturaleza esclama contra esta bru» 22 laudad* ' Un país naciente llora su despobla* cion . ¿ Y no serán oidos sus jemidos ? ^ Nin- gún corazón se abrirá á la compasión, nin- gún brazo se armará en defensa del inocente contra el asesino ? Majistrados, hombres filan- trópicos, oid el grito de la naturaleza, y de- tened la salvaje carnicería de vuestros seme- jantes. Hacedlo por vosotros mismos, por la humanidad, por el bien de vuestra patria, por la causa de la civilización y por la reli- jion misma. Acordaos que tenéis que com- parecer ante el Eterno á dar cuenta de vues- tra acciones, y de los bienes que habéis deja- do de hacer. ¿Hasta cuando estará em-baina- da la espada de la justicia 1 ¿Hasta cuando nuestros majistrados con su apatía y fria indi- ferencia á los asesinatos que se cometen á su vista, harán que las naciones miren con horror y desprecio este encantador y delicio- so pais 1 Mientras que en otros países la crueldad aun con los brutos es castigada con prontitud y severidad ¿ será posible que en Chile se sufran los crueles é ignominiosos ase- sinatos, sin buscar medios de prevenirlos ? Hemos sabido que en dias pasados se colec- taban suscripciones para traer de Alemania una colonia de agricultores. ¿ Qué necesidad puede haber de esto ? ¿ Los chilenos campo- sinos son acaso inhábiles, ó la naturaleza les ha privado del uso de sus brazos ? No : ¿ y entonces porqué empeñarse en traer estranje- ros que trabajen lo que ellos son capaces. de hacer? Si se educasen esas clases hoir 23 abyectas, y se pro tejiesen sus vidas con leyes propias y eficaces, se vería que cultivaban mejor su suelo natal, que cualquiera otra raza que se pudiese introducir. ¿ Como po- dremos tener una abundante población, si la inmoralidad y todos sus malos efectos no son correjidos por una administración enér- jica de leyes adecuadas?—Recuérdese que Roma, la soberbia dominadora del mundo, cayó bajo el peso de sus propios vicios. Una vez corrompidos y degradados sus habitantes, fueron por consiguiente incapaces de gozar largo tiempo las delicias del don celestial de la libertad. INFLUENCIA SOLAR. Vamos ahora á considerar la tercera cau- sa de las enfermedades que aquí se pade- cen, es decir la influencia del sol. Antes de entrar en la consideración de este objeto, es necesario dar una breve noticia de las leyes de cierto principio á que tendremos frecuen- tes ocasiones de referirnos en las siguientes pajinas. Este principio es jeneralmente nom- brado irritabilidad, y existe en cadi parte por pequeña que sea de la máquina huma- na : de él dependen las saludables funcio- nes de todos los órganos del cuerpo. Todo estímulo tiene el poder de elevar la acción de este principio, y la acción asi producida es proporcional á la fuerza del estímulo aplica- do. Si la fuerza de este estímulo no es mui n grande, la irritabilidad se eleva solamente k ,un grado poco mas que natural; pero si ere* ce ó se aumenta, la irritabilidad se exaspera y ía parte á que se ha aplicado el estímulo, pasa al estado llamado wfiamaciont y si toda- vía es mas fuerte el estímulo, la irritabilidad se agota y cesan las funciones de la parte. J£l calor del sol que en un grado ordinario ¿sirve de un suave estímulo á la máquina ani- mal, favoreciendo las secreciones y excitan- do blandamente la enerjía del sistema, cuan- do se eleva a un punto mayor, es uno de los mas poderosos y penetrantes estímulos á que puede el hombre estar sujeto ; porque obrando constantemente sobre él, destruye la natural irritabilidad de todos sus órganos, y por tanto induce esa debilidad de las fibras musculares, esa circulación lánguida, y esa falta ele enerjía nerviosa que caracteriza tan partir cularinente la constitución de los naturales de jSantiago. La influencia del calor del sol en el verano es bien conocida de todos los ha* pitantes por §us propias sensaciones. Al le» yantarse por la mañana se sienten vigorosos, pero luego que el §o! desplega toda su fuer* za calórica, ven aumentarse la irritabilidad de su máquina, y poco después enervarse; y tal es fe languidez de todo su sistema, que les hace ¿lesear ansiosamente llegue cuanto antes el fresco de la noche. Esta estén uacion que se produce y repite diariamente, junto con Jas debilitadoras causas á qu e hemos aludido en injegtras anteriores observaciones sobre la 25 policía, minan gradual y lentamente la ene?* jía vital del sistema, y de aquí esa deterio- ración de las funciones del cuerpo, que le predispone á todas las enfermedades. El sa- bio é injenioso Dr. Unánue, hablando de la influencia solar se espresa asi: " Nuestra de- licada estructura no puede soportarla en toda su fuerza : porque el calor excesivo que re* sultaria de ella, consumiendo los líquidos y desbaratando el enlace y trabazón de los só- lidos, reduciría á cenizas lo mismo que anima, en un grado moderado. " (#) El calor del sol, como otros estímulos* qbra con peculiar fuerza en algunos órganos del cuerpo mas que en otros, y esto es parr ticularmente lo que sucede cuando el ca- lor no es acompañado con la humedad de la atmósfera, como en esta parte de Chile. K\ órgano cuya irritabilidad parece excitarse aquí mas común y activamente, es el mas im- portante de nuestro mecanismo, que se llama hígado. Esto nos lo prueba nuestra esperien- cia diaria, porque de veinte enfermos, pos ejemplo, que se nos presentan, encontramos dieziseis de ellos afectados de algún desor- den en el sistema hepático. La influencia 4ei sol sobre el hígado no es, como suponen algunos, un descubrimiento de los modernos, sino que encontramos en la historia de lo» ^ (*) Observaciones sobre el clima de Lima y su influen* cia en los seres organizados, en especial el hombre. Pofc el Dr. D. Hipólito Uníame. 56 epicúreos de la antigua Roma, que bien con- vencidos de ella y para gozar del principal lujo de sus mesas ( el mas grande hígado de ganso) mantenían á este animal en departamen- tos mui calientes, y á veces para satis- facer su apetito mas prontamente, ponían esas desgraciadas aves cerca de activos y constantes fuegos, y para impedir que se separasen los clavaban en tablas por medio de sus membranas interdijítalas. Los glotones franceses han usado del mismo plan y con el mismo intento de refinado lujo, siendo sus víctimas los patos de Moscovia. Como las enfermedades del hígado son las que mas jeneralmente abundan entre to- das las clases de habitantes de Santiago, y las que prueban mas fatalmente, nos dispen- sarán con gusto nuestros lectores que nos di» latemos sobre este punto, y que les ofrezca- mos unas pocas observaciones sobre el modo en que el sol obra en su producción. Cuando consideramos al hígado en todas sus situaciones: en su conexión anatómica con el diafragma, estómago, bazo, intestinos, riñon derecho, vertebras y las paredes abdomi- nales : en su coherencia fisiolójica con el canal alimenticio, y como algunos injeniosos fisiolo- jistas han demostrado, (*) con las funciones (*) Dr. Pierson's paper read to the Physic®-medical Society of rsíevv York—D. M' Donnell's paper on disposition to di- seases of the liver and lungsinduced by the inrluence of climate—Dr. James Johnson on the influence of tropical •iiiiicUüs &a, 27 de los pulmones y del cutis, no podemos de- jar de considerarlo como el órgano que me- rece altamente la atención de los médicos. Las funciones del hígado se reducen á secrestar un líquido llamado bilis, y ayudar á los pulmoneg á abstraer el carbono de la sangre. El destino de la bilis es de naturaleza mui importante en la economía humana. Ella sirve para estimular la acción peristáltica de los intestinos, para separar de los alimentos la parte escrementicia de la nutritiva, para impedir que las materias mucosas y otras dañinas se acumulen en los intestinos; y por sus propiedades antipútridas, para estorbar que la operación putrefactiva y fermentativa se apodere de la parte escrementicia del quilo. Viendo que este fluido es tan sumamente impor- tante para sostener y regularizar el mayor nú- mero de las funciones del cuerpo, es demasiado necesario que todo médico ponga en él la mas cuidadosa y constante atención, y exami- ne escrupulosamente el color de los escre- mentos de un paciente cuya enfermedad le sea dudosa. El médico que olvida este exa- men, olvida una de las mas interesantes y útiles guias para curar las enfermedades, cierra las puertas á su misma observación é instruc- ción, y no cumple con uno de los mas sa- grados deberes de su profesión. Habiendo mencionado las funciones del híga- do, y descrito los usos que su principal secreción ( la bilis ) desempeña, podemos ya entrar en una breve consideración 38 de la manera en que produce la influencia solar las enfermedades de este órgano. El efecto que causa el calor del sal sobre el hí- gado es elevar la irritabilidad de sus vasos, y esta irritabilidad asi elevada, aumenta la acción de los vasos y sigue el acrecenta- miento de la secreción biliaria, la conjestion de los vasos hepáticos ó una activa inflamación en el mismo hígado. Debemos aquí notar que la mui activa inflamación del hígado raramen- te ataca á los habitantes de Santiago, y la razón de ello es bien clara, según las siguien- tes fundamentos. La debilidad parcial que en parte produce en sus constituciones la neglijencia de la policía municipal, y en par- te la costumbre de acostarse tarde, junto con la comparativamente pequeña porción de irri- tabilidad de que se hallan dotados por el «lima, priva á la jeneralidadde ellos de aque- lla elasticidad de fibras que predispone á la inflamación activa. Por nuestra parte, jamas hemos encontra- do en nuestra dilatada práctica la inflama- ción hepática activa entre los naturales, y sí entre algunos estranjeros, y ciertamente las razones mas filosóficas que podemos ofrecer en esplanacion de este hecho, son las qu© acabamos, de referir. La acción acrecentada de los vasos del hígado se acompaña, como antes hemos men- cionado, con un aumento de la secreción bi- liaria. En algunos casos este aumento es se- guido por una diarrea biliosa; pero mas írecuen- S0 teniente hemos observado que el exceso dé "bilis asi producido, ó redunda al estómago, y produce un descaecimiento jeneral del cuer- po, dolores periódicos de cabeza con vómi- tos biliosos, pérdida de apetito, indigestio- nes y sus consecuencias, ó acumulándose en el mismo hígado se hace viscoso y consiguien- temente viciado, echando asi los fundamentos de esas tediosas y peligrosas enfermedades he- páticas, que los médicos encuentran diaria- nciQnte-Quoeque ipse misérrima vidi et quorum pars magna fui! El calor del sol mientras produce en algunas personas los efectos que hemos re- ferido, ocasiona en otras una eshaustion de la irritabilidad de los vasos hepáticos, lo que produce otro estado de estos vasos llamado torpor ó debilidad. Cuando este entorpecimiento se apodera de los vasos del hígado, es consecuencia natural que se dismi- nuya la secreción de la bilis, y de la dimi- nución de tan importante fluido nacen muchas acciones mórbidas en las varias funciones del cuerpo, como la estitiquez, dijestion y y quilificacion imperfectas, abatimiento de áni- mo &. Podríamos dilatarnos sobre las en- fermedades hepáticas, pero nos desviaríamos del objeto de este ensayo. Si nuestra salud nos lo permite, presentaremos al público en otra ocasión un tratado estenso y práctico de las enfermedades del hígado. 30 VICISITUDES DE LA TEMPERATURA ATMOSFÉRICA. Antes de tratar de los efectos produci- dos por las vicisitudes de la temperatura atmosférica, será necesario para Ja mejor elu- cidación del asunto, dar una corta descrip- ción anatómica y fisiolójica del órgano por cuyo medio estas vicisitudes producen las per- niciosas impresiones de que vamos á ocupar la atención del lector. Aquella tela que forma la estensa cubier- ta de todas las partes del cuerpo, y que es comunmente llamada culis, se divide por los anatómicos en tres distintas membranas. La primera ó mas esterior la nombran epi- dermis, ó cutícula: la segunda corpus, ó rete mucosum; la tercera dermis, ó cutis vera. Estas dos últimas membranas están dotadas con indescribible número de vasos sanguíneos y nervios, en tal grado que sería imposi ble poner la punta de la aguja mas fina en qual- quiera parte de ellas sin sacar sangre y sin excitar dolor. El cutis está cubierto de pe- queñas eminencias llamadas papilares, y hora^ dado por innumerable cantidad de pequeños vasos llamados exhalantes, tubos secretorios y absorventes. Por medio de ellos siente el hombre todas las sustancias que le rodean, y despide de su cuerpo un fluido nombrado traspiración. Vemos por esta corta descrip- ción de la anotomía y fisiolojía del cutis, que éste es un órgano importantísimo, que des- empeña por si mismo las funciones de la sen- 31 sacion, secreción y absorción : en esta triple capacidad ejercita la mas constante y es- tensa influencia sobre toda la máquina hu- mana. Si no fuera por estos grandes pode- res del cutis, particularmente el de la secre- ción jcuan pesada y miserable no seria la exis- tencia de aquellos seres que respiran el aire abrazador de los climas tropicales! Porque sin embargo de que el hombre puede su- frir por un corto tiempo el calor hasta la altura excesiva de 2G0.°, como se ha proba- do por repetidos esperimentos, le seria ab- solutamente imposible soportar sin alguna evacuación cuticular, el calor medio que no excediese de 100. "Al momento que nos colocamos bajo un sol vertical, dice el ilus- trado Dr. Jonhson, comenzamos á esperimen- tar la desagradable sensación de un calor á que no estábamos acostumbrados, y como la temperatura de aquella atmósfera, aun en la sombra, excede en diez ó doce grados á la de la sangre, y mucho mas en el sol, el calor producido en el cuerpo no puede ser es- traido con rapidez como antes, por el aire que le rodea, y seria por consiguiente mui pronto acumulado hasta destruir las funciones de la misma vida, si la naturaleza no abrie- se inmediatamente las compuertas del cutis, y por una corriente de traspiración no redu- jese la temperatura del cuerpo á su orijinal estado." (1) Pero no es solo bajo los trópicos (1) Dr. James Johnson on the iuüuence of tropical cli- *iaío:»3.tl edit. pag. 6. 33 que las evacuaciones cuticulares desempeñan tan importante parte en preservar las funcio- nes vitales de la deterioración y enfermedades» En todas partes del globo, exceptuando aque- llas oscuras y lúgubres lejiones, donde la naturaleza parece eternamente sumérjala en rigoroso invierno, y entorpeciendo á todas las criaturas animadas con su helado hálito , son necesarios los canales eseretorios del cutis para la preservación del hombre. Ellos están tan íntimamente unidos con las acciones or- denadas de los otros órganos, que cualquie- ra impresión mala que esperimenten, es igualmente perjudicial á todas las demás ope- raciones de la salud. Asi el frío que constri- ñe la acción del cutis y disminuye su secre- ción, hace que una grande cantidad de flui- dos caiga en los vasos de los órganos inter- nos. "La membrana mucosa del canal intes* tinal, dice el sabio Richerand, á mas de se-r eretar el mucus, exhala también un fluido f que aumenta mucho en cantidad, cuando la traspiración cutánea es lánguida, como se prue* ba por las diarreas serosas tan frecuentemen* te ocasionadas por la supresión de la tras* piracion. " (1) Y este hábil fisiolojista pudo ha* ber añadido, y también por los frecuentes ejemplos de inflamaciones intestinales que ocurren cuando se enfrian ó humedecen lo» pies de aquellos euerpos que están en tras» (1) Rieherand's Physiology 3.d $4> J¡>* 21& 33 piracioti. La importancia de la secreción del cutis se prueba también por su conexión eoii las funciones de los pulmones. Las exhala- ciones cutáneas y pulmonares se suplen mu- tuamente, y asi vemos que en los climas ca- lientes, cuando la acción del cutis se aumen- ta, disminuye proporcional mente la de los pulmones. Ademas de este ejemplo bien cons- tante de la acción recíproca del cutis y de los pulmones, nos dan otra prueba las per- sonas afectadas de asma ó de cualquiera enfer- medad orgánica de los pulmones, que ven agra- varse sus síntomas cuindo el tiempo es frío y húmedo. Si recorremos la historia de aque- llos casos de tisis, que no pueden ser atri- buidos á un vicio inherente en el sistema, encontraremos casi invariablemente que en su principio fueron señalados con algún desorden en la secreción cuticular. Todos sabemos que los sudores colicuantes que acaecen en las tisis confirmadas, nada mas son que los efectos de una acción aumentada de los vasos del cutis, para precaver al sistema de las malas con- secuencias que de otro modo se seguirían de la interrupción de las funciones pulmonares. En todos los paises cuando el calor medio no p-isa de 70. °, los vasos del cutis se es- timulan, y este estímulo abre los poros del cutis y mantiene su superficie constantemente húme- da ; y por e¡r te medio guarda el conveniente equilibrio en la acción de todos los órganos, é impide, que alguno de ellos tome una su- perioridad ó ascendencia que podría ser per* 31 judicial á los Otros. Este constante flujo de fluidos en la superficie cuticular, disminuye la cantidad de la sangre en los órganos in- ternos. Mientras continua libre el flujo de la traspiración, la sangre en aquellas partes corre sin embarazo, y no siendo en ninguna superabundante ó superílua , sino en todas igual, no causa alguna hinchazón viscosa. Esta armoniosa acción de todas las fun- ciones del sistema, será sin embargo subver- tida, si la traspiración por cualquiera causa se suspende repentinamente, y en este caso una pronta hinchazón aparecerá en los ór- ganos internos, y el nuevo estímulo que de repente se ha producido no dejará de exci- tar enfermedad en uno ú otro órgano en acción. Esta enfermedad variará en sus cir- cunstancias según la edad, hábitos y dispo- sición constitucional de la persona afectada. En unos causará inflamación de los pulmo- nes ó pleura, en otros inflamación del estó- mago ó intestinos; en estos en el hígado y ríñones, en aquellos inflamación del cerebro, y en otros conjestion del mismo órgano ó aplo- pejía será la consecuencia. Recordamos ha- ber visto en esta ciudad ahora dos años, un ejemplo de esta última violenta afección de apoplejía, que atacó á la persona de un acre- ditado abogado, que se espuso delante de una ventana abierta estando en traspiración, y des- de ese momento hasta hoi ha quedado este apreciable individuo triste víctima de una parálisis. So Trataríamos esta parte de nuestro asun* to mui imperfectamente, si no noticiásemos de un modo particular la conexión que existe entre las funciones del cutis y las del hígado: si no hablásemos sobre el perfecto sincronis- mo que la naturaleza ha establecido entre e>tas dos funciones, de que depende mate- rialmente la salud de las personas que habi- tan climas calientes ó templados. Esta im- portante conexión no es perfectamente co- nocida, y por consiguiente no es bien apre- ciada por la jeneralidad de los médicos. Ciertamente, aun algunos de los mas há- biles autores se han separado mucho del camino de la verdad cuando han tratado esta materia, y han establecido en sus escritos principios erróneos sobre las enfermedades hepáticas.—Desde el tiempo de Hipócrates, el mas celoso cultivador de la medicina, pero el mas ignorante fisioloji^ta, hasta el dia de hoi, muchos profesores médicos han supuesto que la simpatía que existe entre las secre- ciones cuticular y biliaria, observa las mis- mas leyes fisiológicas, que la secreción cuti- cular y la de los órganos internos. Hipó- crates que tan frecuentemente fué el ignis fatuus en otros puntos de la medicina, en éste lo fué ti mbien erando i sentó cutis varitas t alvis densitas. (1) Sobie este objeto el misino Richat, el astro mas reluciente que ha alum- (J) Epidem. VI. Chart tom. IX. páj. 433. 36 brado el horizonte médico de Francia, pare- ce haberse movido fuera de la órbita de sü acustumbrada exactitud. Hablando de la ana- lojía de sensibilidad que existe entre las mem- branas mucosas y el cutis, se espresa así: " Por el contrario cuando el calor del clima. „ ó de la estación, relaja y abre la superfi- „ cié cutánea, diremos que la superficie mu- „ cosa es constreñida en proporción : durante „ el verano en el sur &c. hay diminución en „ las secreciones interiores (1)" Pero esta antigua doctrina sin embargo de ser apoya- da por muchos respetables autores, es com- pletamente desaprobada por los fenómenos que se observan en gran número de enfer- medades. Nos contraeremos á una ó dos de ellas. En las afecciones crónicas del hígado, en las que las entrañas están estreñidas, en- contramos invariablemente el cutis destituido de traspiración. Es bien sabido que en las dia- betes, el cutis es seco, áspero y arrugado, y las entrañas uniformemente entorpecidas. En las clorocis el cutis tiene una aparien- cia mas árida, jamas es humedecido ni aun por la insensible traspiración, y la bilis, como observa el Dr. Saunders es mui disminuida en cantidad, y de un color mas pálido que en la salud. (2) Por último, usando de las pa- labras del sabio Dr. James Johnson sobre este objeto "existe entre los vasos estremos 0-) Bicbat on the anatomy and phisiology of the mu* Cous membranes—páj. 72. (2) Saunders on Liver complaints—Páj. 232. ,,'.) 37 de la vena portarum en el hígado, y los vasos estremos de la superficie del cuerpo, ó en otros términos, entre la secreción biliaria y la traspiración, una de las mas fuertes sim- patías de la máquina humana. Estas dos fun- ciones regularmente aparecen acrecentadas ó al menos influidas por un ájente particular (el calor atmosférico) desde la cuna hasta la sepultura, desde el polo hasta el ecuador. Todo observador concederá prontamente, como una lejítima conclusión teórica, que pue- de probarse apelando á los hechos, de que esta sola acción síncrona ó coetánea, indepen- diente de cualquiera otra conexión orijinal, aumentará esta poderosa simpatía, cuando cualquiera de estas funciones caiga bajo la influencia de otros aj entes." (1) Por lo dicho hasta aquí respecto á los usos de la secreción cuticular y de la es- tensa simpatía que posee, podrán nuestros lectores apreciar justamente los fatales efec- tos que produce la acción del frió sobre los órganos interiores, cuando lo siente el cuer- po estando en traspiración. Estos efectos del frió son mui diferentes de los del calor. Este excita en los vasos del cutis una corriente de traspiración sobre toda la superficie del cuerpo. El frió al contrario, contrae las fi- bras de estos vasos y su cavidad, y por tan- to reprime la traspiración. Por esta breve es- posicion de los efectos opuestos del calor y del (1) Dr. James Johnson on the influence of tropical cli- jmates &. páj. 13. 33 frió, podremos fácilmente saber por que las vicisitudes de la temperatura atmosférica, no solo causan detrimento en la secreción cuti- cular , sino que sirven de instiumentos para producir las peores consecuencias en las fun- ciones, y en el estado patolójico de los ór- ganos interiores. Las variaciones de la atmós- fera son muí frecuentes en este pais, y aun- que la alta y baja del termómetro las indi- ca menores que en otros lugares, con todo tal es la estrema sensibilidad de la super- ficie cutánea á causa de la sequedad del cli- ma, que el descenso aun de un grado en la escala termométrica, produce mucho mayo- res efectos sobre el cutis, y por su influen- cia simpática sobre los órganos interiores, que los que causaría en otros países la baja de ocho ó diez grados No solamente con la supresión de la traspiración perjudican las variaciones de la atmósfera á la salud de e»tos habitantes, sino también con esa suave humedad llamada traspiración insensible. La frecuencia de la tisis, reumastismos, diarreas, catarros, inflamación de los pulmones, pleura &. no la atribuimos á otra causa que á la acción de las vicisitudes atmosféricas. Hai otra en- fermedad mui frecuente entre la última clase de los habitantes, y que no es conocida en otro pais—á saber, el dolor y ardor de . es- paldas, que no puede tener otro oríjen que la transición atmosférica del calor al frío. 39 MEDIOS PRESERVATIVOS. " The end of every thing should direct the means." El orden que hemos dado á este escrito pedia que en primer lugar nos ocupásemos del modo de remediar los defectos de la poli- cía que quedan notados; pero esto sale de la esfera de nuestra profesión, y toca mas bien á la de los lejisladores. Sin embargo, es de la esencia de las instituciones políticas, y de los principios proclamados en el pais, que todo ciudadano concurra con el contin- jente de luces que haya podido adquirir en sus meditaciones, para la construccdion del edificio social, y bajo este respecto nos será permitido aventurar algunas reflexiones sobre este importante objeto. La autoridad de la policía se halla hoi refundida en la corporación del cabildo, y nada parece mas á propósito para enervarla, que mantenerla en un cuerpo colejiado y tan numeroso, cuando todos sus buenos efectos deberían esperarse de la enerjía y simulta- neidad de sus providencias, las que al princi- pio parecerían fuertes é injustas, como que chocarían con inveterados hábitos y con qui- jotescas pretensiones. Acostumbrados los ciu- dadanos á obrar arbitrariamente sobre este punto, y todavía en posesión de ridículos pri- vilegios, llevarían con repugnancia el freno que se les impusiese para su propio bien, comodidad y salubridad; 40 Si la nueva constitución que ha de dictarse es conforme á los deseos manifestados por los pueblos, se organizarán, sin duda, asambleas, juntas ó consejos departamentales, que tendrán por atribuciones el poder municipal, y enton- ces los cabildos serán innecesarios ó inútiles. En tal caso deberían suprimirse, y organizar* sobre sus ruinas y con sus fondos, el departa- mento de policía, que cuidase de la segur'- dad, aseo, salubridad y ornato de las poblacio- nes. El de esta capital podría componerse de un- Intendente con el sueldo anual de - 3000 Dos comisarios - - - id. - - - id. - - 2000 Un injeniero arquitecto.......1000 Un médico .............. 500 Una guardia de 50 hombres montados 8000 Presidio, su mantención y sobrestantes 4000 Para carros, herramientas &.---- 1500 20.000 Según se ve en este cálculo, tan preciosos objetos tendrían de costo veinte mil pesos anuales, cuya suma es menor de la que hasta hoi se ha invertido en bailes, fuegos de artifi- cio y sueldos tan superfluos como mal ganados. Un reglamento claro, presiso y de todos co- nocido, detallaría los deberes y obligaciones, y contendría á estos funcionarios en sus justos lí- mites. La censura pública, siempre severa en este particular, les impediría el abusar de las facultades, que por otra parte serian 41 circunscritas á la remoción de las causas que hemos indicado como perjudiciales al bien es- tar de los ciudadanos. Jamas permita el cielo que en las repú- blicas americanas sea conocida aquella policía inquisitorial y de espionaje que fué siempre tan útil á los tiranos.y que en Francia elevó á un gra- do de inaudita perfección el astuto Fouche; pero ojalá se establezca cuanto antes la que con- viene á los pueblos libres y civilizados, la que contiene el brazo del asesino y del ladrón, y la que asegura de todos modos la vida y ven- tura de los hombres. Con respecto á las enfermedades que se padecen en esta ciudad, si estuviésemos cier- tos de que este papel seria solamente leido por aquellos, que por la observación ó por los co- nocimientos médicos fuesen capaces de refle- xionar correctamente sobre sus sensaciones interiores, trepidaríamos de establecer medios para prevenir las varias afecciones á que he- mos hecho referencia en las anteriores paji- nas. Pero como es probable que sea leido por muchos, á quienes les sean enteramente desconocidas las funciones naturales de los órganos que componen su máquina, y por consiguiente incapaces de conocer los desvíos que acontecen en la acción de estas funcio- nes, es necesario que indiquemos algunos medios precautorios en términos que sean fácilmente entendidos. Como el mayor número de las afecciones del hígado nace de la superabundante ó de- 42 fectuosa secreción del fluido biliario, ofrece- remos algunas pocas observaciones para pre- venir este mal. El exceso ó superabundancia de la secre- ción de la bilis, no tiene un número cierto de síntomas que la denoten invariablemente. Pue- de, sin embargo, suponerse que existe, si en la estación caliente se sienten los siguientes síntomas—-languidez jeneral, vómitos, diarreas, asco á la comida, dolores de cabeza, ó si el paciente manifiesta uno ó dos de estos sínto- mas junto con la lengua sucia amarillosa, y replitud, y una sensación de calor estraordi- nario que se estiende desde el lado derecho hasta la rejion del estómago. En tal caso la práctica jeneral es tomar eméticos, cuya práctica es no solo puramente empírica, sino completamente opuesta á la naturaleza fisioló- jica de tales afecciones, porque sin embargo de que los eméticos limpian el estómago de la cantidad de bilis que podia haber redun- dado en él, la acción sobre los vasos del híga- do aumenta la secreción biliaria, y asi agravan en vez de disminuir la enfermedad. Si los eméticos son dados con el objeto de produ- cir una reversión acia el cutis y quitar el onus de los órganos interiores, también son contrarios, porque según dejamos demostrado la secreción cuticular no puede aumentarse sin aumentar también la secreción biliaria. El mejor remedio para correjir este flujo super- abundante de bilis, y para removerlo por evacuaciones, es el mercurio dulce, esta me» 43 dicina tan sin razón jeneralmente calumniada en este pais. Después-que se haya usado un oco de mercurio dulce, el paciente tomará ebidas compuestas de mucilago de goma ará- biga, ó de mucilago de linaza. Para evitar esta afección será necesario no esponerse mucho al sol, y á los ejercicios activos durante el calor del dia, usar alimentos lijeros, bebida* frescas y baños frios. La secreción defectuosa de la bilis, pue- de conocerce por los siguientes síntomas—Una incómoda sensación en el lado derecho, es- treñimiento de intestinos, escrementos de co- lor oscuro ó blanquizco, pérdida de apetito, erutos ventosos, lengua sucia, mal gusto en la boca por la mañana, abatimiento de espí- ritu y sequedad de cutis. Para la deposi- ción de estos síntomas, se indican los baños templados, el ejercicio suave á caballo ó en columpio, viaje por mar, el uso moderado del vino, y el de aquellas medicinas que tienen la propiedad de excitar los vasos del hígado á la ejecución propia de sus funciones. Vamos ahora á datallar los mejores me- dios de prevenirlos malos efectos de la varia- ción atmosférica sobre el sistema humano, y co- mo la secreción cuticular posee una grande conexión simpática, podemos aquí notar que las medidas propias para preservar su inte- gridad, sirven también para preservar la in- tegridad de las funciones naturales del mayor númoro de los otros órganos del cuerpo. En- tre los madios mas benéficos que el arte ha 44 inventado para preservar la fabrica humana de los malos efectos de los variables elementos, la vestidura tiene sin duda el primer lugar. Tan jeneral es el deseo de protejer el cuerpo contra las vicisitudes del tiempo, que á cuah quiera parte del globo, á cualquiera nación de la tierra que llevemos nuestra observación, encontraremos siempre al hombre provisto de alguna suerte de cobertura esterior. La benéfica influencia de este dictamen de la razón ha sido sin embargo desatendido por el de- seo de decoraciones esteriores, que la lijere- za de los modernos ha introducido, y que co- munmente llaman moda: un deseo que es á la vez indiscreto é impropio: indiscreto, por- que manifiesta poco buen sentido la perso- na que aventura el goce de la buena salud por el efímero deleite de aparecer en públi- co á la moda; é impropio, porque ningún ser racional debe despreciar la salud, que es el mas grande favor que le ha hecho la bondad de su criador. Hai dos jéneros ó artículos para vestirse, que son mas propios que los otros para preca- ver los malos efectos de las vicisitudes atmos- féricas, á saber la fraílela y el algodón. Recomendamos como digno de imitarse en este pais el método chino, que consiste en mudar de vestidos, según las variaciones de la temperatura. El vestido lijero blanco es el mas pro- pio para los meses de verano, y para aque- llas personas que tienen nesesidad de salir con 45 frecuencia de sus habitaciones. El algodón es en esa estación la cobertura mas apropiada para el cutis : es agradable , retiene sufi- ciente calórico en el cuerpo, y le provee del conveniente medio de trasmitir los fluidos que respira; mientras qué al mismo tiempo preserva á los órganos internos de cualquier sacudimiento que el repentino cambio de la atmósfera podría causarles por medio de la superficie cuticular. Siendo el vestido lijero, no excita superabundante traspiración, y co- mo permite fácil paso á la secreción fluida, jamas comunica al cuerpo esa sensación fria, que es propia del lino cuando se humedece con la descarga cuticular. El algodón solo conviene en los meses de verano, porque al fin de él refresca diariamente la atmósfera, y en particular á la aproximación de la noche, y entonces ya no es adecuado para mantener el cuerpo en abrigo. Desde el principio de abril hasta fin de octubre conviene vestir frane- la pegada al cutis, porque sin embargo de que suele haber considerable calor en los dias de setiembre y octubre, las noches son demasiado frías, y el cuerpo podría afec- tarse, sino lo protejiese la franela. Este jéne- ro es mal conductor del calórico, y por con- siguiente propio para conservar el cutis en la estación fria en un estado de calor agra- dable y benéfico. Pero las ventajas que pro- duce el uso de la franela pegada al cuerpo, no nacen enteramente del calor que comuni- ca, y del que retiene por su propiedad de 46 lhal conductor, sino que resulta en gran pa*. te de la uniformidad de temperatura en que mantiene al cuerpo, y del estado moderadp y constante de excitación en que conserva á los vasos del cutis, por el estímulo mecá- nico que proviene de su contacto con la superficie. Esta excitación es particularmen- te mas necesaria en una estación del año en que la evacuación cuticular puede ser su- primida por el frío. La costumbre jeneralmente observada por los que usan la franela pegada al cuer- po, de dormir con ella por la noche, es mui impropia, porque entonces se impregna de la traspiración, y acumulándose ésta en las noches sucesivas, en breve se priva este jé- nero de su propiedad de mal conductor, y debe tenerse mui presente que esta propie- dad es proporcional á su sequedad. A mas, como en la noche se aumenta el calor na- tural, y como las cubiertas de la cama son suficientes para conservar este calor, la fra- nela .es supérflua y mas perjudicial que útil. Quitándose la franela antes de acostarse y sustituyéndola por el algodón grueso, el cutis se conserva limpio, en una temperatura propia, y se evita que la franela se impreg- ne de los malos efectos de la traspiración nocturna, conservándose seca, lo que asegura la permanencia de sus buenas propiedades. Existe entre los pies y el resto de la superficie una simpatía mui activa, de modo que ai aquellos se enfriau4 no solo el cútié 47 ac predispone á ser afectado por la tempe- ratura, sino que las funciones interiores pue- den esperimentar algún desorden en su ac- ción. Hemos visto orijinarse las peores con- secuencias del frió de pies: hemos visto que ha causado tisis, y dos casos fatales de in- flamación de los intestinos. Nos ha informado una persona que después de comer se ve obligada á envolver los pies en una vayeta, porque le ha enseñado la esperiencia que cuando no toma esta precaución, el alimen- to permanece en los órganos dijestivos sin alteración por muchas horas. Los natura- les en las menores indisposiciones se ven ata- cados del frío de los pies, y para restaurar el sistema á su primitiva salud ocurren á las friegas, pediluvios &c.—Por éstas y otras mu- chas razones sobre que parece innecesario estenderse, juzgamos mui conveniente usar medias de lana en la estación fria, de modo que toda la piel esté cubierta de lana. En muchos casos los intereses mas sagrados del jenero humano, ya se consideren bajo un pun- to de vista físico ó ya moral, reciben la in- fluencia de circunstancias que no se apre- cian porque parecen triviales. Sin embargo, los hombres prudentes y observadores cono- cen el valor que deben darles; y por eso esperamos que las reflexiones que les hemos ofrecido sobre la necesidad de guardar la superficie cuticular de la influencia de las vicisitudes atmosféricas, aunque parezcan tri- vialos á algunos, serán apreciadas por otros, 43 como un bien que les aconséjala prudencia. Es- tando íntimamente persuadidos de su impor- tancia y utilidad, y mui interesados en la fe- licidad y larga vida de nuestros conciuda- danos, recomendamos con encarecimiento su adopción. Tai es la preeminencia que en nues- tra estimación tiene la franela como preser- vativo de enfermedades, y son tantos los be- néficos efectos que su uso ha producido en esta ciudad en muchos casos que la hemos recomendado, qie si se jeneralizase, estamos bien persuadidos disminuiría la mitad de la mortalidad que sucede anualmente de las en- fermedades de hígado, disenterias, reumatis- mos metásticos, catarros y tisis pulmonares. DE LOS ALIMENTOS. Conforme al plan que hasta aquí hemos seguido de dar alguna descripción de los ór- ganos sobre que obran sus efectos las cau- sas que discutimos, antes de entrar en el objeto de este artículo, nos ocuparemos de algunas breves observaciones anatómico-íisio- lójicas de la función de la dijestion y de los órganos principales de esta importante ope- ración. El estómago y los intestinos son los órganos mas interesantes de la dijestion, y los que trasmiten la parte nutritiva del ali- mento á todo el sistema. Su situación es de- masiado conocida para detenerse en espli- carla. El estómago g¿ un saco delgado y dfr 49 considerable tamaño, enteramente cruzado de venas, arterias, nervios y vasos absorventes. Los intestinos forman un largo y tortuoso tubo, que se estiende desde la boca mas baja del estómago hasta la abertura esterna lla- mada anus, y como el estómago, son igual- mente provistos de vasos sanguíneos, nervios y vasos absorventes. De la superficie interior del estómago mana un fluido mucoso, y otro líqui- do llamado suco gástrico. Hai dentro de los intestinos unos pequeños vasos que reciben la parte nutritiva del alimento y la llevan á la masa de la circulación. Después que el alimento es masticado pasa á disolverse en el estómago. De todos los ajentes á que los fisiolojistas han atribuido la disolución de los alimentos, ninguno hai cuyo poder á este respecto, sea tan bien probado, como el suco gástrico. En esta época tan adelantada en los conocimientos médicos, es innecesario repe- tir las pruebas del poder disolvente de este fluido, que han suministrado los espefimen- tos de Spallanzani, Haller, Reaumur, y Mr. Cruickshank. Sin embargo, como hasta hoi creen muchos profesores médicos, que la di- jestion puede hacerse sin el auxilio del suco gástrico, será preciso recordar los recien- tes esperimentos practicados en Inglaterra y Francia, (1) y por los qué se ha demostra- do de un modo plenamente satisfactorio, que (1) Inquiry into the laws of the vital functions, by Dr. Philips. Journal of the Roya! Institution of London. N. 63. páj. 17 et seq. Dr. Hastings on the eft'ects c-f dividing the 50 la secreción del suco gástrico depende en*. teramente de la influencia de los nervios dis- tribuidos en el estómago» y que la división de aquellos nervios impide la secreción de este fluido y destruye completamente la dijes- tion del alimento. Los puntos fisiolójicos tan convincentemente probados por dichos espe- rimentos, son mui dignos de recordarse por los médicos prácticos, como que ellos no solo han desparramado mucha luz sobre el verdadero oríjen de tantas enfermedades, cuya naturaleza ha sido á este respecto erradamente represen- tada por muchos escritores , y por consecuen- cia mal entendida por la jeneralidad de los médicos, sino que también ellos esplican el modo como ciertos artículos que entran en la composición de nuestros alimentos, produ- cen efectos dañosos á las funciones del estó- mago. Cuando un alimento de buena calidad es recibido por un estómago sano, se con- vierte por la acción del suco gástrico en una masa líquida, la que después de haber per- manecido algún tiempo en este órgano, pasa al intestino llamado Duodenum, donde encuen- tra con los fluidos biliario y pancreático, y se separa en dos partes, á saber, el quilo y los escrementos. La primera entrando en los vasos absorventes que indicamos hablan- do de los intestinos, se mezcla con la san- gre y es la fuente del nutrimento y de la eigíh pair of nerves. De 1' Influence du Systeme Nerveux »ur la dijestion stomachale par MM. Breschet.JEdwards et Vesasseur. Arch. Gener. 5Í fuerza: la última es espelida del cuerpo. Podemos aquí mencionar, que sin embargo de que los antiguos fisiolojistas suponían que los vasos lácteos, (los que acabamos de indicar) poseían solamente el poder de absorver la parte nutritiva del alimento, re- cientes esperimentos han demostrado que otros vasos poseen el mismo poder. Majan- die, Sir Eduardo Home, Mr. Brodie y otros, han probado que las venas de los intestinos tienen el poder de absorción, y de man- tener á los animales con el alimento que han tomado de los intestinos, cuando el con- ducto torácico se cierra por medio de liga- duras. Los últimos esperimentos de Von J. Tiedemann y L. Gmelin profesores de la es- cuela de medicina de Heidelberg, también de- muestran de un modo mui satisfactorio que las sustancias colorantes, salinas y metálicas pueden pasar á la circulación sin ir por el camino de los conductos lácteos y torácico, pero no las materias alimenticias. Hemos apun- tado estos hechos fisiolójicos, porque los cre- emos mui interesantes para esplicar gran nú- mero de síntomas curiosos que ocurren á las personas que padecen indijestiones. Habiendo descrito rápidamente las fun- ciones de la dijestion, y bosquejado las mu- danzas que esperimenta el alimento cuando entra en los órganos dijestivos de un hombre en salud, solicitamos la atención de nuestros lectores para tratar de los efectos que produ- cen sobre estos órganos los alimentos de natu- 52 raleza impropia, que con predilección se usan en este pais. Los naturales, jeneralmente hablan- do, siguen el ejemplo de otras naciones en la virtuosa abstinencia de licores espirituosos; pero tenemos el pesar de decir que no su- cede lo mismo con respecto á sus cocinas. Ellos no se contentan con asar ó cocer sim- plemente sus viandas, sino que las aderezan en mil formas, de mil sabores y en mil estados de composición, y como si obstinadamente ol- vidasen todas las pruebas que los fisiolojis- tas y químicos han dado de las propiedades indijestas y no nutritivas de las sustancias oleajinosas, uniformemente usan la mantequilla, aceite, grasa rancia, como los preferentes y fa- voritos artículos de sus manjares. El gusto depravado de la cocina de Chile, parece bus- car todos los ingredientes que tienen la pro- piedad de destruir los poderes del estó- mago, y por este medio de la salud y de la fuerza de todo el sistema. Ningún plato agra- da á sus paladares sino es un compuesto heterojéneo de carne, ají, pimienta, ajo, ce- bolla, tomates, grasa y otros perniciosos agre- gados; y sobre todos ellos devoran el queso y los dulces de todas clases sin alguna con- sideración racional de su calidad ó cantidad. Las consecuencias que se orijinan de la co- mida de estos artículos son directamente con- sonantes con sus venenosas propiedades. El primer efecto que producen estos alimentos es no solo crear un falso apetito, sino exci- tarlo á un grado tan excesivo, que hace co- 53 mer á una persona mas de lo que su estóma- go puede naturalmente contener; lo que debe producir dilatación del estómago, y por con- siguiente muchas sensaciones desagradables, como los insomnios y opresiones que dificul- tan la respiración, y las fatigas de que tanto se quejan en el pais. El segundo modo con que los alimentos en cuestión producen sus malas consecuencias, es destruyendo la ener- jía nerviosa del estómago. Ya hemos dicho en otro lugar de este Ensayo , que cuando una parte del cuerpo es activamente estimu- lada, la irritabilidad de esa parte se agota, y se suspenden sus funciones. Esto es exactamen- te lo que sucede en el estómago por las pro- piedades estimulantes de esos manjares com- puestos y fuertemente sazonados que se usan aquí. El estímulo del alimento diariamente repetido, agota la enerjía nerviosa del estó- mago, y así no solo destruye la secreción del suco gástrico, y con él el poder de la dijes- tion, sino que también debilita el tono de las fibras musculares del mismo estómago. Por todo esto se vendrá en conocimiento de los malos efectos que tales alimentos producen sobre todo el sistema. A mas de excitar el apetito, que cau- sa la dilatación del estómago y sus consecuen- cias, destruye el tono muscular, la enerjía ner- viosa, y hasta el suco gástrico del que depende la dijestion. Si se disminuye la enerjía nerviosa del estómago, debe disminuírsela dijestion, y hacer que los alimentos imperfectamente di- feridos en el estómago, se escapen así á los 54 intestinos, Pero no para aquí el mal. El alimento mal dijerido que pasa á los intesti* nos, no es disuelto por el suco gástrico, y sin embargo de las propiedades antisépticas del biliario y prancreático, entra luego en es- pontánea descomposición. De esta descompo- sición nacen otras fatales consecuencias, como el desarrollo del gas (llamado vulgarmente flato ) que produce esos dolores errantes por el abdomen, los bultos que parecen subir á la garganta, los cólicos, las grandes inflacio- nes de vientre, un dolor incómodo en el lado derecho, los peligrosos retorsiones en los dobleces de los intestinos ( enfermedad mui común aquí), y en muchos casos una cons- tante espulsion de aire por la boca y el anus. Debe notarse como una prueba no pequeña de la fatal naturaleza de los alimentos á que son tan aficionados los naturales, que los es- tranjeros residentes en el pais, que usan de los simplemente preparados, jamas son ata- cados por el menor síntoma de flato : jamas se prepara para ellos la bebida del falo. Ha- ciendo mención de esta bebida, no podemos dejar de observar que Grajales, que se cree el descubridor de esta mistura, ó que al mo- nos tuvo la injeniosidad de darle este nombre tan atractivo, no se haya querido recomendar con lasjentes pensadoras, ó no haya aspirado al renombre de preservador de la humanidad, no- ticiando á sus pacientes la perniciosa naturale- za de los alimentos, en vez de recetarles tempo- rarios paliativos para Los males que ellos causan. 55 Seria este Un error del entendimiento y no del corazón, porque Grajales era mui humano. De la misma descomposición que hemos apuntado resulta también la formación de varios fluidos aéreos que se apoderan de todo el sistema, y en muchos casos afectan fatal- mente los órganos por donde pasan, é irritan- do los intestinos no solo producen peligrosas enfermedades en este tubo, sino también en otros órganos distantes. En Inglaterra y Fran- cia se han descubierto muchas enfermedades producidas en la membranas de los intestinos y estómago, por la irritación que causan los alimentos indij estos como los que aquí se usan. Broussais, célebre escritor médico de Francia, ha atribuido á este oríjen las fiebres catarra- les y otras. (1) El Dr. Scoulton de Metz (2) también le atribuye la inflamación de la pia- mater. El Dr. Scudamore (3) en su aprecia- ble obra sobre la gota, observa que" una mór- vida interrupción de cualquiera parte de la se- rie de funciones dijestivas, puede ser una cau- sa activa y predispositiva de la gota, del mis- mo modo que lo es en todas las otras enfer- medades. "-Finalmente el injenioso Abernethy de Londres, ha probado claramente la estre- cha conexión que subsiste frecuentemente en- tre las afecciones locales y el estado de las fun- ciones dijestivas. (4) La frecuencia de las en- (1) De 1' inflamation de la membrane muqueusede vois disestives-par F. J. V.Broussais— {2) Journal Lniversel. (3) Dr. Scudamore on Gout &a pag. 82 (4) Abernethy on the origin and treatment of local diseases. 56 fermedades en esta ciudad de los órganos urina- rios, del corazón, de los nervios y la aplopejía, es una materia sobre la que hemos reflexio- nado largo tiempo, y estamos bien persuadi- dos que dependen en gran parte de la natu- raleza de los alimentos jeneralmente usados. Con respecto á los órganos urinarios no es difícil señalar el modo en que los afectan los desórdenes de la disjestion. En primer lugar vemos que los riñónos y los órganos dijesti- vos reciben la influencia nerviosa de los gan- glios splácnicos, y en segundo que el color, gusto y olor de muchas sustancias que en- tran al estómago se comunican á la orina, y es sabido que el espíritu de trementina toma- do en mucha cantidad produce una orina san- guinosa. Teniendo estos hechos á la vista ¿podrá dudarse que los alimentos estimulan- tes é indijestos no sean la causa mas común de las enfermedades que aquí se padecen en los órganos urinarios ? El Dr. Prout uno de los primeros físicos de Londres, hablando de las enfermedades urinarias se espresa así: "las secreciones viciadas de todo jénero, deben resultar de las causas jenerales ó locales, ó de ambas juntas. Pero cuando reflexionamos cuan poco espuestos están los órganos secre* torios á ser afectados, y cuan raras veces lo son, excepto por medio de la pérdida jene- ral de la salud, somos naturalmente inclina- dos á considerar ésta como la causa prima- ria de este desorden. La inferencia es ob- via. Cualesquiera remedios que tengan ten- 5T deneia á restaurar la salud jeneral, la tendrán igualmente á asegurar el buen desempeño de todas las funciones, y entre ellas de la secre- ción. No será necesario estenderme sobre los< principios que son por todos bien entendido sí y sobre la elucidación y aplicación de aque- llos que tan justamente se han calificado por los grandes descubrimientos de la medi- cina moderna; pero simplemente observaré que por atender ala saluden jeneral y espe- cialmente á las funciones del estómago y de los intestinos, he sido muchas veces testigo de la pronta remoción de los depósitos urinarios, y de la completa restauración de esta secre- ción á su natural apariencia y propiedades. "(1) La frecuencia con que encontramos aquí las enfermedades del corazón, también se debe atribuir á la naturaleza de los ali- mentos indicados, porque por su acción estimu- lante sobre el estómago, excitan una acción desordenada en la simpatía nerviosa que exis- te entre el corazón y este órgano, y por este medio producen un desorden en las funciones del corazón, que á la larga causa enfermedades orgánicas en este importante viscus. El efecto que acompaña á las medicinas que mejoran el estado de los órganos dijestivos, en los muchos casos de funciones desordenadas del corazón que diariamente nos ocurren, es una suficien- (1) Dr. W. Prout on the chemical properties and conv position oí'seme of the proximate principies of the úrine; pag. 37. 58 te demostración de la doctrina que deseamos inculcar. Con respecto á la terrible enferme- dad de apoplejía, ofreceremos algunas obser- vaciones que podrán enseñar á inquirir con mas éxito la naturaleza de una enfermedad, que desde el tiempo de Hipócrates ha perma- necido envuelta en una densa nube de oscuri- dad patólojica. Es sabido que la irritación del estómago é intestinos producida por las lom- brices, es causa mui frecuente de convulsio- nes en los niños. A la misma causa se ha atri- buido la manía, epilepsis y algunos casos de ceguera : la hidrocefalia también ataca á los infantes por la irritación que causa la denti- ción sobre la membrana de las encías, que es una continuación de la del estómago y de la de los intestinos. Los calambres en varias par- tes del cuerpo y los letargos comunmente aflijen á las personas afectadas por la enfer- medad que aquí llaman lipidia, y la que tiene su asiento en el estómago é intestinos. Algu- nas personas que tienen las entrañas estre- ñidas esperimentan dolores de cabeza, cuya circunstancia prueba la delicada simpatía que existe entre las funciones del celebro y de los órganos de la dijestion. Hemos visto en esta ciudad á muchas personas caer víctimas de la apoplejía, sin descubrir alguno de aquellos signos que los autores han mencionado como característicos del diatezis apoplético ; pero que han sido de constituciones mui débiles, y sujetas por muchos años á varios de los síntomas que denotan desorden en las funcio- 59 nes de la dijestion. Asistimos á una perso- na que tuvo dos ataques de apoplejía, y que frecuentemente esperimentaba su cabeza des- compuesta, cada vez que los intestinos no es- taban corrientes. Conocemos otras de mala dijestion que eran afectadas con la pérdida par- cial de la vista, y varios síntomas de las en- fermedades del celebro aparecían junto con los de la indijestion. Somos demasiado cau* tos sobre las opiniones patolójicas que reinan hoi respecto á la apoplejía, y conocemos que los primeros escritores médicos del siglo aconsejan el sistema de deplecion como el mas á propósito para su cura. Pero ; cuantas veces no hemos usado la deplecion en un gra- do estremo sin el menor suceso ! ¡Cuantas otras1, después de la muerte, no hemos encontrado que ras apariencias del celebro y sus membra- nas no justificaban nuestra determinación! Hemos visto aquí morir personas con todos los síntomas de verdadera apoplejía, cuyo cele- bro examinado no presentaba señal alguna de compresión ó turjencia, y hemos visto también otros muertos de la misma enfermedad en los que no pudimos encontrar signos de en- fermedad alguna, excepto en el estómago é in- testinos. Todos estos hechos nos hacen pensar que la apoplejía en jeneral mas es una en- fermedad de los nervios que del sistema vas- cular, y que el mayor número de casos que ocurren en esta ciudad, nacen de una irrita- ción del celebro ó sus membranas, que ha ve- nido á aquellas partes por medio de algún 63 desorden en la viscera de la dijestion. TJltU mámente estamos, bien persuadidos que todas las enfermedades do que acabamos de hacer mención, continuarán aíiijiendo á los habitan- tes de esta ciudad y haciéndolos víctimas de su furia, si ellos no adoptan un plan de dieta mas conveniente al tono del sistema, mas con- forme á la naturaleza, y mas adaptable á los órganos de la dijestion. DEL AYUNO. El ayuno merece ser contado entre las causas de las enfermedades de esta ciudad, ya sea por la frecuencia con que se practica, ó ya sea por el excesivo número de personas que hemos visto sufrir sus consecuencias. El ayuno repetido es bastante poderoso para producir los mas perniciosos efectos sobre la constitución humana. Es capaz de debilitar la máquina naturalmente mas robusta y sana, y de producir efectos superiores al poder del arte, y á la mano reparadora de la naturale- za, principalmente en personas delicadas. En primer lugar, decimos, que es pernicioso, porque sabemos por hechos bien auténtico», que cuando el suco gástrico no encuentra en el estómago alimentos ú otras sustancias es- trañas, obra sobre la sustancia misma del estó- mago. La acción de este fluido sobre los nervios del estómago, es la que produce esas sensaciones desagradables de debili- dad y desmayo (que llaman fatigas) que 61 esperimcítan las personas que se abstienen de tomar el alimento á las horas acostumbra las. Ensogando lugar es también perjudicial, por- que no da á los órganos de asimilación ó repro- ducción el suficiente au-;ilio de material nutri- tivo que los habilite para soportar la ener- jía del sistema, contra los efectos deteriorantes que los órganos escretorios están produciendo constantemente ; y últimamente es dañino, por que las personas que han ayunado mucho tiempo, ocurren al alimento, y con la ansia de llenarse olvidan el poder y capacidad de lo» órganos de la dijestion. Lamas superficial con- sideración de todas estas circunstancias no puede dejar de imprimir en el ánimo de toda persona pensadora una fuerte convicción de ■los males que causa el hábito que describimos. Es demasiado evidente que la abstinencia de alimento, especialmente por la mañana cuando el suco gástrico es mas activo y el es- tómago posee toda su enerjía, es mui propia á disminuir la cantidad como también á viciar la calidad de los fluidos circulantes ; á ener- var la enerjía del celebro y del sistema nervioso, y por consiguiente á debilitar las funciones de todos los órganos del cuerpo. Aun es mas fatal á aquellas personas de constitución na- turalmente delicada, á las que tienen alguna predispocision para la tisis y otras enferme- dades, á los jóvenes y viejos, y mui especial- mente á las mujeres que, por la laxitud de sus fibras musculares, son incapaces de resistir los efectos del ayuno. 62 Hemos llegado á la terminación de este ensayo, y cerrándolo debemos pedir á nues- tros lectores que lo examinen detenidamente, y que reflexionen sobre él con cuidadosa impar- cialidad antes de formar un decisivo juicio de su mérito. No ha sido escrito para com- placer la fantasía, ni para estraviar el juicio del público, y por eso confiamos que será juz- gado sin pasión, y que si se encuentra con- tener algunas observaciones conformes con la razón, ellas servirán de regla para la vida futu- ra de nuestros lectores y disminuirán la es- pantosa mortalidad que, en los primeros cua- tro meses del presente año, ha llevado al pan- teón de esta ciudad 1583 personas. Finalmente esperamos que la libertad con que nos hemos espresado discutiendo el esta- do de algunas circunstancias existentes, no será atribuida á intención de ofender, ni á la ridi- cula preocupación de no contentarnos con las costumbres que no han recibido la sanción de los usos europeos, sino al ardiente celo con que miramos la causa de la humanidad en jene- ral, y á nuestro impaciente deseo de ver cuan- to antes desterradas las causas que se oponen á la salud y felicidad de un pueblo, que por muchas razones debemos admirar y respetar. „ Edidi quee potui, non utvolui, sed ut „ me temporis angustia? coegerunt.'' FIN. Fajina Linea ERRATAS. Dice Léate. 22. . . 13. 28. . . 18. 38. . . 23. 39. . . 14. 45. . . 6. «6.. . 9. vuestra accionen , l . vuestras acciones. según las ..... según los reumastismos .... reumatismos construccdion . . - . construcción que respira .... que traspira diejestiou . . . . . dijestion 5t £>