ALGUNOS ACCIDENTES TERATOLOGICOS LA CIERRA DISCURSO PRONUNCIADO DR. ALFONSO BETANCOURT. l’OR EL EN LA SESION SOLEMNE De la Sociedad de Estadios Clínicos LA HABANA. Epí EL 10? £]WERSyiRIO/'lDE SU FlípÍDJieiOPÍ LA' NOCHE 30 DE ENERO DE 1899^ HABAÑA Imprenta de F. Xiqi es, Salud num 5.—Telefono 1480. isyy. ALGUNOS ACCIDENTES TEEATOLOGICOS LA GUERRA DISCURSO PRONUNCIADO POR EL DR. ALFONSO BETANCOURT. EN LA SESION SOLEMNE De la Sociedad de Estadios Clínicos LA HABANA. E]\[ EL 1Q? DE £tJ piJ]NÍD^eiO]^ LA NOCHE HDEL 30 DE ENERO DE 1899^ IIABAXA Imprenta de F. Xiques, Sai.un num !>.—Telefono 1480. 189'.). La Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana celebra esta noche su sesión solemne, ó mejor di- cho, celebra esta noche la mas solemne de sus se- siones; conmemora una fecha que representa diez y nueve años de continua, de incesante labor cien- tífica y se inicia la primera por los nuevos derro- teros que ha trazado la mano inquebrantable del destino supremo, á la vida del progreso, de la jus- ticia y de la libertad. Por eso digo y me atrevo a repetir, que esta es la mas solemne de sus sesiones: porque ade- más, señor Presidente, esta es la vez primera que no gravita en ese dosel que se levanta sobre vues- tra cabeza de cubano ilustre, la pesada corona opresora del pensamiento, enmudecedora del labio y torturadora del corazón. Os confieso que siento verdaderamente haya recaído en mí la elección de esta Sociedad para pronunciar un discurso de ciencia, no solo porque temo defraudaros en la honrosa misión que me ha- 4 beis conferido, sino porque abrigo la certeza de que no he de encontrar un tema científico que llene y satisfaga cumplidamente las necesidades de es- te momento, que es histórico, que es memorable porque marca con índice glorioso en la esfera de los grandes acontecimientos la fecha en que esta corporación inaugura su entrada en la nueva era en que se realiza la mas hermosa reivindicación del pueblo cubano. Séame pues, permitido no entrar en disquisicio- nes científicas y relataros simplemente algunos hechos de actualidad relacionados con los estudios de teratología que emprendimos en esta Sociedad y en la Academia de Ciencias Médicas durante el último año de esta guerra, mi distinguido ami- go el doctor Coronado y el que tiene el honor de dirigiros la palabra. Es el primer caso á que voy á referirme el de una señora secundípara, de 22 años de edad, que corría el segundo mes de su gestación en la ciudad de Matanzas, cuando tuvo lugar el bombardeo de aquella plaza por la escuadra norte-americana. Di- cha señora fué acometida á los primeros disparos, de violentos ataques convulsivos que terminaron por un estado de estupefación con pérdida abso- luta del conocimiento en cuyo estado permaneció 36 horas. Algunos días después, vino á esta ciu- dad solicitando mis cuidados, sin ofrecer durante el tiempo que la atendí, nada que merezca espe- cial mención. Su parto y alumbramiento se realizaron dentro de la mas perfecta normalidad, dando á luz una niña de pequeñas dimensiones, de seis libras de peso: pero con un labio leporino izquierdo com- 5 pleto y atrofia marcada del pabellón auricular del mismo lado. La segunda observación se refiere al caso de anancefalia también con labio leporino concomi- tante objeto de mi trabajo de ingreso en la Aca- demia de Ciencias el 28 de Agosto del ano próxi- mo pasado. Los que conocéis este caso ó el estudio que so-, bre él hice, podéis recordar que la madre de esa monstruosidad es una mujer joven, de unos 35 años de edad, fuerte y robusta, que ha tenido diez hijos á término y perfectos, sin ningún ante- cedente hereditario ni patológico á que poder atribuir la deformidad del onceno y que como an- tecedente etiológico solo puede invocarse una im- presión moral fuerte sufrida durante el curso del cuarto mes: la explosión del «Maine» que le produ- jo viva y profunda emoción. El tercer caso es el feto hemiectromelico con hidrocefalia é hidroenterocele derecho presentado en el mes de Diciembre próximo pasado por mi querido amigo el doctor Coronado. Los padres de este monstruo, son jóvenes, re- cien casados, sin antecedentes patológicos persona- les ni hereditarios y sin que les ligue vínculo al- guno de consanguinidad. En los primeros meses del embarazo se trasla- daron á Manzanillo. Ausente el esposo y encon- trándose sola la señora, se realizó el bombardeo de aquella plaza. Mientras duró el cañoneo, la se- ñora sufrió los sustos consiguientes, v una bomba que afortunadamente no explotó, cayó tan cerca de ella que le tocó sus vetidos. Esos sucesos se realizaron en los primeros días del sexto mes. 6 notando la madre, al terminar el bombardeo, la cesación absoluta de los movimientos fetales y presentándose síntomas evidentes de un aborto que no llegó á realizarse. Algunos días después reaparecieron los movimientos activos, el emba- razo siguió su curso normal y tres meses mas tar- de, dio á luz bajo la inteligente dirección del doc- tor Coronado, el feto monstruoso que os acabo de referir y que con el anterior, forma parte de la colección teratológica de la Academia de Ciencias. Como veis, por la exposición somera que os he hecho, parece existir entre estos tres casos tera- tológicos, diferentes entre si, una relación etioló- gica estrecha, que lo es sin duda, ó muy proba- blemente, una emoción moral intensa, fuerte y conmovedora, que vino á interrumpir las leyes naturales de la evolución fetal. En efecto, en el primer coso, tenemos la emo- ción en el segundo mes, produciendo un labio le- porino, es decir, entorpeciendo la formación de un órgano que termina su evolución á fines del tercer mes. En el segundo caso, tenemos la emoción jugan- do su papel en el curso del cuarto mes, dando lu- gar á un anancefálieo precisamente en la época en que los notables embriologistas Panum y Da- re«t aseguran que se produce la anancefalia por las trepidaciones flel huevo, En el tercer caso, el del doctor Coronado, ocu- rre el accidente durante el sexto mes cuando ya el feto está formado: pero le falta desarrollo y por eso la deformidad no afecta la ley de evolu- ción, sino la de crecimiento, dando lugar á un he- miectromélico cuyos miembros son perfectos, pero 7 atrofiados con las otras lesiones concomitantes, hidrocefalia é hidroenterocele que implican y jus- tifican la detención del desarrollo. Como complemento de estos i casos y para ro- bustecer la tesis que me propongo demostraros, os voy á referir la relación que hace poco me hizo una distinguida dama de nuestra sociedad, la es- posa de mi querido maestro, el venerable doctor don Domingo Cubas. El ¡iho 71 cuando tuvo lugar en esta ciudad el hecho teratológico mas estupendo (pie registra la historia de la humanidad [y digo teratológico se- ñores, por lo que tuvo de monstruoso] pues me refiero al fusilamiento de los estudiantes de Medi- cina, en cuyo hecho tuvo el doctor Cubas tan digna y gloriosa participación que le valió el amor de todos sus discípulos y que uno de ellos, el notable escritor Escobar, (ligera en su semblanza: «El día que el doctor Cuba-s muera, maldito sea el cubano que no vierta una lagrima sobre su tumba.»—Pues bien, en esa época y por esos mismos sucesos sufrió su esposa, que corría el oc- tavo mes del embarazo tan violentas emociones, que al mes siguiente, dió á luz un feto hidrocefá- 1 ico que murió á los pocos meses á consecuencia de las lesiones que entraña esa deformidad.—Y conste que el doctor Cubas ni su señora pueden ser terreno abonado para deformidades, pues para convenceros, aquí teneis esa prueba que él mues- tra con orgullo, con una de las mas bellas y pre- ciadas flores del vergel cubano. También una señora muy relacionada con el doctor Cubas, por vínculos de amistad-y paren- tesco, la esposa del doctor donr Domingo Eeon y 8 Mora que sufrió las mismas impresiones que la an- terior por consecuencia de los mismos dio á luz pocos dias después que aquella, un feto en quien persistió el agujero de Botal y que mu- rió á los pocos instantes de nacer, cuya lesión re- vela también una suspensión de desarrollo. Es indudable que aparte de las causas innatas y hereditarias así como patológicas que predisponen el organismo á estas alteraciones, es indudable, repito, que las verdaderas causas positivas de los vicios de conformación fetales son las alteraciones patológicas del embrión y sus anexos, especial- mente, las que interrumpiendo de algún modo la circulación embrionaria dan lugar á su mal for- mación: pero, también es indudable que las emo- ciones morales, fuertes, del mismo modo que lo ha- cen los traumatismos, pueden según su intensidad y su duración, producir esas alteraciones patoló- gicas que actuando de un modo mas ó menos in- tenso, mas ó menos permanente sobre la circula- ción embrionaria dan lugar á una anomalía por detención del desarrollo fetal ó á su muerte y ex- pulsión del claustro materno, como lo prueba la larga serie de partos y abortos provocados por los cañonazos americanos durante los cuatro meses de bloqueos y bombardeos. La influencia moral es pues, sin duda, un fac- tor irrecusable en esta clase de alteraciones, y si en la mente de alguno pudiera caber la menor duda acerca de los efectos materiales que ejercen las in- fluencias morales sobre el organismo humano, piense y recuerde, porque está en la mente de todos, que no hace muchos días, precisamente á fi- nes del mes pasado, en esta misma ciudad y fue- ra de ella han fallecido á consecuencia de una afección cerebral, de un delirio furioso, ó de un verdadero schoc híspano-fubico, algunas personas que no luin podido soportar resignadas la caida del pabellón que ondeara soberano cuatrocientos años en el Morro, ni acaso tampoco, que al ple- garse para siempre allá en los anaqueles de al- gún museo nacional ocultara entre sus pliegues, para mostrarlos á la historia, como si fuera el fú- nebre sudario de nuestras desdichas, todas las concupiscencias, todas las injusticias y todas las vejaciones que ha sabido sufrir el pueblo cubano. Y hasta aquí llega, señoras y señores, la rela- ción suscinta y compendiada de esos casos que os he citado porque un deber reglamentario me im- pone el compromiso ineludible de decir algo que sea de medicina, cuando yo siento en el alma la necesidad imp3riosa de esquivarlo. Sí, señores, porque estos son momentos tan solemnes, que el cerebro detiene sus funciones para cedérselo todo al corazón: que así como la tierra guarda en su seno gérmenes de • vida esperando el calor vivifi- cante de un rayo de sol, ó la humedad de una gota de rocío, para brotar al mundo convertidos en ar- busto que crece, mariposa que vuela, ó flor que embalsama, el corazón también tiene entre sus fi- bras ocultas y adormecidas, sus gérmenes que ex- plotan á los estímulos del sentimiento que las excita, y entonces, no es ciencia loque él produce, sino frutos de entusiasmo, de amor y de bendi- ción que recoge el cielo. Ya voy, señores, á terminar: pero no quiero hacerlo sin espresaros antes mi gratitud profunda, mi reconocimiento sincero, por esos aplausos que 10 me habéis prodigado y que no he merecido: pero que los recojo entusiasmado porque los necesito, porque me hacen mucha falta. ¿Sabéis para qué? Para ofre- cérselos á la mujer cubana, á esa mujer tierna y candorosa que ha sabido templar el alma de sus hijos al calor de la mas excelsa de las virtudes, de la fé. La fe inquebrantable que ha inflamado el pecho de esos héroes y de esos mártires que han regado con su preciosa sangre esta tierra li- bre y bendecida que todos adoramos. Sean pues para ellas todos vuestros aplausos, para ellas que han venido á este lugar, no solo á enaltecer con sus encantos los esplendores de nuestra fiesta, si que también á recordarnos con su presencia, que ellas son siempre las dueñas absolutas del triunfo y déla gloria puesto que son las soberanas del sentimiento y del amor. Perdonadme pues señor Presidente y señores Asociados, en gracia del momento si no he llenado cumplidamente mi deber reglamentario, pero yo no he venido aquí esta noche como otras veces, á acompañaros á recoger la espina punzadora de la ciencia, yo he venido aquí esta noche á partici- par de vuestro jubilo y de vuestro regocijo, y á pedirle al Dios, que rige los destinos del hombre, que impulse esta sociedad de Estudios Clínicos para que surja siempre entusiasta y vigorosa en esta tierra como para gloria y orgullo del Mundo americano, ha surgido Cuba libre y redimida, co- mo Sirena encantadora de entre las azuladas hon- das del mar Caribe. He dicho.