CLINICA QUIRÚRGICA I‘E HOSPITAL IOS M MATO" POR EL DR. D. JOSE L. ALARGO 1 *:rofésor de Clínica «mir (troica en la FpniKacl de Medicina. entrega i Tétano Traumático.—Ataxia ibeomotriz.— Pterigion IMPRENTA I>EE ESTAD' . CÚUiIjE J>K I.V lílFA, NlI.MKK'í /jS L JUA. 1 87H. CLINICA QUIRÚRGICA DF.I HOSPITAL "DOS DE MAYO” POR EL DR. D, JOSE L. ALARGO de CJlínica Quirúrgica en la Facultad de JVIédicina Profesor LECCIONES REDACTADAS Y PÜBLICADAI POR FRANCISCO A. FUENTES, Doctor en Medicina LIMA. IMPRENTA DEL ESTADO. Calle de la Rifa, Número 58 1878. TÉTANO TRAUMÁTICO. Señores: He llamado la atención de ustedes, desde dias atrás, so- bre el enfermo que ocupa la cama número 15 de la sala de Santo Domingo; y recordarán que les dije que se trataba de un tétano crónico, por causa traumática. Para precisar mejor el diagnóstico y justificar el trata- miento que basta boy he adoptado, no será de más que recorramos la historia de este enfermo y que mencione ante ustedes los datos que ha sido posible obtener. El 8 de Junio sabó este individuo á cazar; fatigado, des- pués de largas correrías, se sentó en una tapia del camino y dejó caer al suelo su escopeta; al chocar la culata contra, el piso, se disparó el arma y vinieron á encajarse algunas municiones en el talón derecho del cazador, ocasionándole 2 una herida contusa; tuvo que regresar á pié á su casa, don- de se hizo asistir hasta el dia 21, que ingresó por la tarde al hospital. Ya desde el dia 18 habia experimentado cierta molestia y dolor bastante agudo en la pierna derecha; has- ta el dia de su entrada á esta sala, fue extendiéndose ese dolor hácia el muslo; aparecieron contracciones bastante fuertes del miembro inferior, que se propagaron al tronco y después al cuello; vino el trismo. Pero, lo que mas ator- mentaba al enfermo no era tanto el tétano, que ya comenza- ba, cuanto el no poder reducirse él mismo, como estaba acostumbrado á hacerlo, una voluminosa hernia inguino- escrotal antigua : por esto vino al hospital, y el médico de guardia se limitó á practicar, por la noche, la reducción de la hernia; el enfermo quedó un poco tranquilo. Al siguiente dia, por la mañana, presentaba los siguien- tes síntomas : estaba en decúbito dorsal, que persiste has- ta hoy ; la cara ligeramente encendida, disnea, la caja to- rácica inmóvil, respiración abdominal; los músculos de esta región fuertemente contraidos ; las extremidades inferiores en extensión y rígidas ; la piel madorosa; en la región ingui- nal izquierda se notaba el tumor ocasionado por la hernia, que habia vuelto á franquear el anillo. Se hizo la reducción de ésta por el interno del servicio, ayudado por el jefe de Clínica, habiendo sido esta operación bastante difícil á causa de la fuerte contracción muscular del abdomen. El dia 28 persistían los mismos síntomas, y notábase además: sed vehemente, inapetencia( náuseas; la lengua estaba saburrosa; constipación intestinal desde dos dias antes ; dificultad para abxir la boca y masticar ; deglución fácil. Respiración diafragmática acelerada ; el número de movimientos respiratorios era de 50 por minuto. El pulso CLÍNICA QUIRÚRGICA, pequeño, frecuente y concentrado ; 86 pulsaciones por mi- nuto ; la inteligencia en estado normal; la sensibilidad un poco aumentada (hiperestesia ); insomnio completo desde el dia 21, movimientos convulsivos repetidos; dolores muy violentos en las extremidades inferiores, tronco y cuello, menos agudos en la articulación temporo - maxilar; con- tracción permanente de los músculos de la vida de rela- ción, dando todos ellos al tacto la sensación de cordones duros y tensos, de tal manera que el paciente se hallaba como de una pieza, y encorvado hácia la parte posterior. El aparato urinario funcionaba con regularidad.—Tempe- ratura axilar : 38° por la mañana; 37°,6 por la tarde. Tra- tamiento : inyección intra-venosa de 12 granos de doral; 18 granos por la turde. El enfermo durmió dos horas. Desde el dia 23 hasta hoy ( 28), se ha mejorado consi- derablemente ; y hé aquí el cuadro que nos suministra la temperatura axilar, y el número de respiraciones y pulsa- ciones por minuto ; TÉTANO TRAUMÁTICO, Dia 24.—T. A. 37°,4 mañana.... 38 tarde. 88 pulsaciones 100 pulsaciones. 45 respiraciones 36 respiraciones. Dia 25.—T. A. 37°,4 38°.6 P. 72 80 R. 35 28 Dia 26.—T. A. 37° 37°,8 P. 76 98 R. 20 26 Dia 27.—T. A. 37° 37°,8 P. 100 82 R. 24 19 4 CLÍNICA QUIRÚRGICA. Dia 28.—T. A. 37°,2 mañana 37°,6 tarde. 75 pulsaciones . 78 pulsacioges. 24 respiraciones 20 respiraciones. La dosis de doral inyectado en las venas asciende hoy á cuatro dracmas y media, á saber : MAÑANA. TARDE. NOCHE, TOTAL, . ,nQb‘ioa itouw.f .til c>3ü.n.: hhh hq|.qI »mw> Dia 23 12 granos 18 gr. ” 30 — 25 24 ” 26 ” 30 ' 80 — 25 24 ” 26 ” 30 80 . _ 26 32 ” ” ” ” 32 — 27 30 ” ” ” ” 30 — 28 30 ” 30 ” 12 72 Suma de granos ........ 824 nemos conseguido que el enfermo duerma algunas horas, y en la actualidad puede poner en flexión las dos piernas y estirar después la izquierda con mas facilidad que la dere- cha ; persiste aun la rigidez de los músculos del abdomen, pero evidentemente menos intensa que en dias pasados. Tal es, Señores, la historia de este enfermo, sobre el que he querido llamar la atención de ustedes. El tétano es una enfermedad relativamente rara entre nosotros ; tanto en mi práctica de hospitales cuanto en mi práctica civil, he visto pocos casos. El tétano empieza muchas veces por un trismo súbito; el enfermo no puede abrir la boca á causa de la contracción espasmódica de los músculos maseteros y terigoideos inter- TÉTANO TRAUMÁTICO. nos; otras veces, si el tétano es traumático, sus primeros síntomas se manifiestan en el mismo sitio de la herida; ésta cambia completamente de aspecto, el enfermo empie- za á sentir dolores agudos en ella, rigidez y convulsio- nes en el miembro, que se propagan al tronco, al otro miembro, al cuello y á los músculos de las mandíbulas; en otras ocasiones, al mismo tiempo que se observan modi- ficaciones en el aspecto de la herida, aparece el trumó. • Pero, por lo general, el primer síntoma tetánico se obser- va en los músculos animados por el ramo motor del quinto par : así, se manifiesta desde luego la contracción enérgica de los maseteros y terigoideos; simultáneamente se nota rigidez muscular del cuello ; sus movimientos son imposi- bles ; los músculos de los lábios están contraidos y se des- vían, imprimiendo á la fisonomía un aspecto particular, que se ha llamado risa sardónica; inmediatamente después aparece la contracción de los músculos de la faringe; al poco tiempo la rigidez invade los músculos del tronco y los de los miembros ; los músculos respiratorios se ponen in- móviles, y Solo el diafragma funciona durante la respira- ción. Los músculos de los miembros dibujan muy clara- mente sus formas, como se puede ver en nuestro enfermo: parece una estátua, en la que predomina la contracción de los flexores de las piernas y muslos. Los músculos de los miembros superiores no están muy contraídos en este enfermo, y ustedes pueden observar que hoy se encuentran en ligera relajación. rrrr A*Yfffffpj . ' . OiíIOt) Esta contracción tónica és siempre muy dolorosa ; pero no es uniforme : unas veces se ejerce en los músculos del dorso, y se presenta la forma de tétano designada con el nombre de opistótonos; otras, en los músculos de la parte 6 CLÍNICA QUIRÚRGICA. anterior del tronco, y se halla el cuerpo arqueado hacia adelante: es la forma emprostótonos; en otras ocasiones, en fin, el cuerpo está encorvado hácia un lado, por la mis- ma causa, y el tétano es entonces pleurostotonos. En cual- quiera de estas formas el pobre paciente se halla, con mas ó ménos frecuencia, bajo la influencia de una contracción brusca, rápida y muy dolorosa : diríase que una chispa eléc- trica circula por su cuerpo. El enfermo se queja, su fisono- mía se contrae de una manera horrible, y todo su cuerpo se arquea, á tal extremo que, cuando las contracciones son violentas, forma una verdadera curva con dos puntos de apoyo ; la cabeza y los piés. Este fenómeno se repite mas ó ménos frecuentemente, según la gravedad de la afec- ción. Fácil es concebir que semejante estado de contracción ge- neral no puede pasar desapercibido para las demas fun- ciones : respiración, circulación, etc. Así, la respiración se acelera ; se pueden contar 40. ó 50 respiraciones por mi- nuto; el pulso es frecuente; llega hasta 114, 120 ó mas pulsaciones al minuto ; el calor aumenta; y, aunque el té- tano es apirético, es sin embargo la enfermedad en que la temperatura del cuerpo llega á su máximum, siendo este fe- nómeno uno de los elementos mas seguros para el pronós- tico de la enfermedad: si ésta debe tener un término fatal, se ve subir hasta 41° ó 42° la columna del termómetro ántes de la muerte. En el curso del tétano, la temperatura es siempre constante, lo que no sucede en las piréxias, en las que, como ustedes saben, se nota casi siempre un aumento vespertino en la temperatura, y una disminución por las mañanas. Mas, no es este el único fenómeno térmico pro- pio del tétano; hay otro sumamente digno de llamar la TÉTANO TRAUMÁTICO. 7 atención, y que ustedes pueden apreciar fácilmente: durante cada acceso, durante cada una de esas convulsiones brus- cas que asaltan al tetánico, y que acabo de señalar, la columna termométrica se eleva, y esta elevación se halla en relación con la intensidad y duración del paroxismo. Más todavía : si, como he dicho ántes, el enfermo atacado de tétano debe fatalmente sucumbir, la temperatura sube gradualmente hasta 41° ó 42° y una fracción, y poco tiem- po después sobreviene la muerte. Consumada ésta, con- tinúa aun ascendiendo la temperatura durante una ó dos horas, y se la ha visto llegar hasta 45° ó 46°. Leyden pre- tende que en los tetánicos ese aumento de calor depende de las contracciones permanentes de los músculos ; Wun- derlich es de opinión que existe un agotamiento de la iner- vación medular; que, enferma la médula, el trisplánico, que nace de ella, y es el encargado de las funciones vaso- motoras, y por consiguiente de la calorificación, se encuentra abandonado á sí mismo. Sea de ello lo que fuere, el hecho es qne la temperatura aumenta en los tetánicos hasta des- pués de la muerte. Este aumento de temperatura explica los sudores copiosos que se nota en los tetánicos y que producen en ocasiones una erupción miliar bastante con- fluente. La contracción tónica de los músculos ejerce también su influencia sobre la función urinaria y la defecación; la emisión de la orina se hace con alguna dificultad; hay ge- neralmente constipación intestinal. Tales, Señores, expuesto muy rápidamente, el conjunto de trastornos que se nota en todo tetánico y que ustedes pue- den estudiar en nuestro enfermo. Este, además, hace tiem- 8 CLÍNICA QUIRÚRGICA. po que tiene una hernia inguino-escrotal, que nunca con- tuvo, y que, por consiguiente, salia á cada momento; el enfermo la reducia siempre con gran facilidad, pero, esta vez, bajo la influencia del tétano, la hernia no pudo ser reducida, á causa de la fuerte contracción del músculo oblicuo mayor, que, como es sabido, contribuye por sus fibras aponeuróticas á formar el anillo inguinal externo. Este estado de cosas se limita siempre á los músculos de la vida animal; los músculos de la vida orgánica quedan libres de contracciones. ¿ Cuáles son las causas que pr oducen el tétano ? En primer lugar, los traumatismos, y se denomina en ese caso tétano traumático: las heridas, especialmente las contusas, de las manos y de los pies; los desgarramien- tos articulares; las heridas de los órganos sexuales; la avulsión de un diente. Pero este traumatismo necesita algo mas para originar el tétano i la impresión del frió ; y es tan cierto esto, que puede repetirse con Bardelehen, que en el tétano traumático, la herida, el traumatismo, es la can. sa predisponente y el frió su causa determinante. Este mismo cambio de temperatura engendra, no existiendo heí rida alguna, el tétano espontáneo ó afrigore. Una y otra forma de tétanos son una enfermedad refle- ja, una neurosis cerebro-espinal. Hay otra forma de tétano, por causa directa : el estríe- nico ó experimental, que se puede producir en los animales administrándoles la estricnina, la hrucina, etc. Uo nos ocu- paremos de esta forma. El tétano espontáneo reconoce siempre por causa una infrigidación, una supresión brusca de la perspirácion cu- tánea. La impresión del frió, asociada al traumatismo, produce el tétano traumático; y á esta doble causa, según las observaciones del Barón Larréy1, débese el gran número de caáos de tétanos ocurridos durante las campañaá de Na- poleón I; en Egipto, en las Pirámides y en Aboukir; des- pués, en Alemania, en Eylau y en Dresde, y durante'la guerra de Kusia. Y, sin ir tan léjos, la misma observación se ha hecho durante la guerra separatista de la América del Norte y la mas reciente aun franco-prusiana. En los países cálidos expuestos á súbitas variaciones at- mosféricas es frecuente el tétano. TÉTANO TRAUMÁTICO. Además de esta división del tétano, en espontáneo y trau- mático, hay otra mucho mas práctica é importante : la que distingue el tétano en ayudo y crónico. El tétano ayudo es esencialmente mortal - mueren los enfermos en cuatro ó cinco dias; su invasión y marcha son tan rápidas y violentas, que no dan tiempo para curarlo. El crónico, al contrario, dura dos, tres ó cuatro semanas, y es con frecuencia curable, O’Brein dice haber observado doscientos casos de tétano agudo, de los que no salvó uno solo. Yo he asistido, hace pocos meses, á un individuo atacado, en el hospital de San Andrés, de un tétano espon- táneo, que después de algunas alternativas, revistió sú- bitamente el tipo agudo, ocasionando la muerte del en- fermo. Al contrario, un caso de tétano traumático crónico que tuve en mi servicio, hace seis años, producido por mía he- rida en el talón, (herida que cicatrizó desde luego, pero que tuvé después que volver á abrir para extraer de ella una 10 CLÍNICA QUIBÚEGICA. estaca de madera ), curó perfectamente con el empleo de fuertes dosis de haschisch y de alcanfor. Fuera de las causas que he mencionado como capaces de producir el tétano, se encuentra la raza, como causa pre- disponente ; la negra es mucho mas propensa que la india’ y esta que la blanca. En la Habana son muy frecuentes los casos de tétano en los negros. Las heridas contusas ó por arrancamiento en las manos y en los piés son, ya lo hemos dicho, las que mas á menudo engendran el tétano; la sacadura de una muela lo produjo también en una señorita de nuestra sociedad, que sucumbió. Lo que puede explicar la aparición del té- tano, á consecuencia especialmente de las heridas de los piés y de las manos, es la anatomía de esas regiones: la piel de la mano, por ejemplo, es excesivamente delicada á causa de los filetes nerviosos que debajo de ella se encuen- tran ; siendo el tétano una afección refleja, puede ocasionar- lo una lesión en la mano, que hiera un nervio; de ese nervio herido parte el estímulo que, irritando la médula, provoca la enfermedad. La sección incompleta do un nervio la pro- duce : Vidal de Cassis refiere que Dupuytren asistió á un in- dividuo en quien estalló el tétano, producido por el nudo de la punta de un látigo que, después de haber cortado la piel, quedó clavado en el nervio cubital. Ocupémonos de la parte mas importante de la historia del tétano : el tratamiento. Contra esta afección se ha ensa- yado toda clase de medicamentos. Hipócrates recomendaba el abrigo, y muchos médicos aconsejan provocar una copiosísima diaforesis. El tétano, han dicho, es producido por la supresión brusca de las fun- TÉTANO TRAUMÁTICO. 11 ciones de la piel, que origina la impresión del frió: resta- blézcanse esas funciones y curaremos al enfermo. Esto es lógico ; pero, por desgracia, insuficiente ; el abrigo, la su- dación, son impotentes contra el tétano. Otros médicos han seguido el camino opuesto; han em- pleado los baños frios, las duchas, etc.; pero también sin éxito. En época mas reciente se ha querido atacar el mal mu- cho mas resueltamente. Se ha empleado la estricnina, la aconitina, la belladona; el opio se ha dado, por decirlo así, á manos llenas ; Roux ha administrado hasta una onza de c pió, enorme dosis, que no obstante no ha producido efecto alguno; lo que se concibe muy bien si se tiene en mienta que en los tetánicos puede decirse que ha desaparecido la absorción intestinal; no de otro modo puede explicarse el hecho que yo he tenido ocasión de observar cuando seguia la práctica del Dr, Ornellas ; he encontrado, haciendo la autopsia de un tetánico, que el estómago contenia las píl- doras íntegras de extracto de tebaico. La morfina ha sido empleada igualmente. En estos últi- mos tiempos se la ha administrado en inyecciones hipo- dérmicas, é intra-muscuíares según quiere Demarquay. ¿ Habrá alguna ventaja en poner la morfina en contacto con los músculos, y no solo con el tejido celular, donde su absorción es tan rápida como segura ? Háse aconsejado también contra el tétano las pulveri- zaciones de eter y de cloroformo á lo largo de la columna vertebral. Por su acción relajadora de los músculos, contraria, por consiguiente, á la de la estricnina, se ha empleado la nico- tiña, que estuve» algún tiempo en voga, pero qtie no satisfi- zo las esperahzas de los qué la administraron. Poco tiempo después, Morgan, en Lóndres, y Vella, en Italia, emplearon, en 1859, el cvxare, pero sin éxito definí- tivó favorable. Varios médicos, y entre ellos Eben-Watson, en Ingla- terra, y Giraldés, en Francia, en 1866, han empleado el ha- ba de Calábar: no han obtenido ningún resultado pro- picio. Liebreich indicó la posibilidad de curar el tétano con el doral; pero Yerneuil fué el primero que lo usó con este objeto, en 1870. Tras de él muchos otros lo han emplea- do igualmente y parece que se han obtenido curaciones. Yo, pór mi parte, conozco dos curaciones, que hallo consignadas ert mis notas tomadas en Europa; ambas ocurridas en heridos de la guerra franco-prusiana. El uno, resultado de una herida por un fragmento de bomba sobre el tendón dé Aquiles, fue curado por el Dr. Liégeois; el otro,, por una herida de bala en el antebrazo izquierdo, fué cu- rado por el Dr. Guéniot: era en un estudiante de medi- cina. Oré (de Burdeos) ha hecho uso del doral, como antí- doto de la estricnina, para los casos de tétano estricnico; lo ha administrado en inyecciones intravenosas y ha obteni- do buenos resultados. Yo he querido ya en otra ocasión, — y tal vez soy el primero que lo he hecho en el hombre, — aplicar el doral contra el tétano, pero no por ingestión en el estómago, sino inyectado directamente en las venas; mi primer ensayo no tuvo éxito favorable. Hoy vuelvo á insistir en el uso del mismo medio y á aplicarlo por la misma viá. 12 CLÍNICA QUIRÚRGICA. TÉTANO TRAUMÁTICO. 13 Ustedes han visto el efecto que en nuestro enfermo actual han producido las inyecciones intra-venosas; el enfermo durmió, el primer dia de su administración, dos horas ; en estos dos últimos dias ha dormido cuatro • los dolores y los síntomas convulsivos han mejorado notablemente y puede ya el paciente poner en flexión las piernas. Hasta hoy se le ha inyectado cerca de cinco dracmas de clpral. Insistí - rémos aun en el empleo de este método curativo, y veré- mos si se realizan nuestras esperanzas (1). (1) El enfermo entró en convalescencia el 10 de Julio, después de habérsele inyectado en las venas 1 onza — 7 dracmas — 54 granos de cloral, así distribuidos: MAÑANA. TARDE. NOCHE. TOSTAD. 29 de Junio.... 30 30 30 90 30 — — 30 30 30 90 l.°— Julio 30 30 30 90 2 — — 30 30 30 90 3 — — 30 30 30 90 4 — — .. 30 30 30 90 5 — — .. 30 — 36 66 6 — — 30 — 36 66 7 — — 30 — 36 66 8 — — — — 36 36 9 — — — — 36 36 Granos 810 Desde el 10 hasta el 16 de Julio, en que quedó completamente cu- rado, se le dió á tomar 1 dracma y 40 granos, repartidos como sigue MAÑANA. NOCHE. TOTAL. 10 de Julio 10 20 30 11 — 10 20 30 12 — — 12 12 13 — — 10 10 14 — — 10 10 15 — — 10 10 16 — — 10 10 Suman granos 112 14 CLÍNICA QUIRÚRGICA. En resúmen, pues, Señores, — y deseo llamar mucho la atención de ustedes sobre este punto,—en la práctica poco importa que el tétano sea traumático ó espontáneo : ara- bos son lo mismo en el fondo ; ambos constituyen una neu- rosis por acción refleja. Lo que importa sobre manera, porque con ella se baila vinculado el pronóstico, es la mar- cha de la enfermedad. El tétano espontáneo, ó traumático, de marcha aguda mata casi siempre; en cuatro ó cinco dias arrebata al enfermo: el tétano traumático ó espontáneo de marcha crónica, que dura dos, tres, cuatro semanas, se de- ja curar, por decirlo así; y muchos enfermos que presen- tan esta forma se salvan; el nuestro se halla en este caso; el doral ha influido ventajosamente en él; continuemos pues usándolo y ¡ ojalá que nuestras esperanzas no salgan fallidas ! ATROFIA DE LA PAPILA. - ATAXIA LOCOMOTRIZ. Señores : Aunque hasta cierto punto no me incumbe ocuparme de la afección de que padece el enfermo que han visto ustedes en la cama número 8 de la sala de San Antonio, pues se halla atacado de Ataxia locomotriz ó Esclerosis posterior de la médula espinal, he creido, sin embargo, de mi deber no de- jar pasar desapercibida la ocasión de señalarles, una en" fermedad rara entre nosotros, pues muy escasos ejemplos de ella se presentan en nuestros hospitales. Además, este individuo ha ingresado á la clínica, como él dice, para hacerse curar los ojos. Hoy está completamente ciego : ape- nas distingue, con mucha dificultad, los objetos de gran tamaño que se le presentan á cortísima distancia. Con el oftalmoscopio he hecho ver á Uds. que lo que hay en los órganos ópticos es una atrofia de la papila, completa en el 16 CLÍNICA QUIRÚRGICA. ojo derecho, y muy avanzada en el izquierdo. Si queremos, pues, estudiar la enfermedad que le ha producido la pérdi- da de la vista, tenemos que ocuparnos indispensablemente de la Ataxia locomotriz, que es la que ha engendrado, no solo la ceguera, sino la série de trastornos que este enfermo pre- senta, Examinen, pues, estudien atentamente este caso, sobre el que me propongo decir algunas palabras. Hace cinco años, el paciente notó que la vista se le opacaba; veía los objetos como al través de una nube ó de un velo espeso ; esta alteración en la visión se limitó, desde luego, al ojo derecho y, progresivamente, llegó á to- mar tal incremento, que, al cabo de cinco meses, ya con ese ojo no veía sino muy poco. Al año de la pérdida de la visión en el ojo derecho, se manifestaron los mismos sín- tomas en el izquierdo y siguieron idéntica marcha, sin lle- gar no obstante á inutilizarlo completamente. Durante largo tiempo, noten, señores, esta circunstan- cia, porque así comienza raras veces la Ataxia, la afección ha limitado sus desórdenes á los ojos : primero en el dere- cho, que gradual y paulatinamente presentó un escotomn, que fué ensanchándose y lo oscureció al fin ; llegó su tur- no, en seguida, al ojo izquierdo; siguió la alteración la misma marcha que en su congénere ; y, ántes de extinguir- se por completo la facultad visual, presentáronse otros sín- tomas que vinieron á imprimir el verdadero sello de la afec- ción. Aparecieron dolores erráticos, dolores agudísimos, fulgurantes, que asi se llaman, que le hadan dar gritos, que le impedían dormir, que ocupaban diferentes puntos del cuerpo, aún el tórax mismo, dificultando así la respiración; y si el enfermo conseguía alguna tranquilidad y dormía, tenia ensueños lascivos y, con frecuencia, pérdidas semina- les abundantes. Sucesivamente se declararon cierta pereza de la vejiga, la constipación intestinal, y sobre todo la pérdida de la facultad de mover ordenadamente los miem- bros inferiores, á tal punto que el enfermo no puede hoy imprimir á su marcha la dirección determinada por la vo- luntad. ATAXIA LOCOMOTRIZ. 17 Para que un movimiento se realizo, se necesita dos actos enteramente distintos, pero que concurren á un mismo fin: el uno, voluntario, cerebral, que ordena el movimiento, que lo determina y norma su fuerza, su extensión, etc.; el otro, puramente mecánico, automático, espinal, está constituido por las contracciones .musculares necesarias para realizar el movimiento deseado. En nuestro enfermo la influencia cerebral existe ; quiere moverse y lo hace, pero no en el sentido que queria; sus músculos obedecen, pero obedecen mal. Eompióse, pues, bajo la influencia del sistema ner- vioso enfermo, el equilibrio que resulta del mismo anta- gonismo muscular que se observa en todo movimiento por ligero que parezca ; yo quiero, por ejemplo, pdner en ex- tensión mi dedo índice ; los músculos, obedeciendo al man- dato de mi voluntad, entran en acción; el extensor tira el dedo para ponerlo en la rectitud que yo deseo, pero el flexor se mueve también para moderar ese movimiento, para hacerlo tal cual debe ser, lo que yo quiero que sea; esta coordinación, sinergia muscular, enteramente automáti- ca, falta en nuestro enfermo; hay ataxia, locura, en los movimientos de las extremidades inferiores. Existen también otros síntomas que el enfermo no puede apreciar, pero que á nosotros nos es fácil estudiar, pues se manifiestan aún muy patentes. 18 CLINICA QUIRÚRGICA. El nervio motor ocular externo (6.° par) del lado izquier- do está paralizado; el ojo se halla ligeramente desviado hacia adentro ; y si se quiere que gire hacia afuera, este movimiento es imposible. El ojo derecho conserva sus mo- vimientos. El patético está intacto en ambos ojos. El facial (7o par) izquierdo está también un poco paralizado ; de allí resulta que el enfermo no puede contener el aire cuando hincha la boca. El auditivo (8.° par) no presenta altera- ción alguna: oye el paciente la oscilación de un reloj á conveniente distancia y no ha perdido la percepción cra- neana. El olfatorio (l.° par) paralizado; no hay percep- ción, sino muy imperfecta, de los olores. Hay , pues, dos órdenes de nervios comprometidos : unos sensitivos y otros motores. Mas no es esto todo : la sensibilidad general ha sufrido igualmente. No basta que el tacto exista; es necesario que conserve la finura que le es propia en el estado fisiológico; y, para apreciar esta circunstancia, conviene emplear el procedimiento de Weber, como lo he hecho delante de us- tedes. Si, en una persona sana, por ejemplo, se aplica las dos ramas de un compás, muy juntas, sobre un punto cual- quiera de la piel, la sensación es única ; pero, por poco que se separe sus ramas, la sensación tiene que ser doble, pues doble es la impresión que se trasmite al sensorio. La sensibilidad de un individuo es, por consiguiente, tanto mas exquisita cuanto menor es la separación de las ramas del compás que produce una doble sensación. Ahora bien: ustedes han visto que, aplicando el compás en el pié izquier- do, no ha percibido el enfermo sino la sensación de una sola punzada cuando le hincábamos con las dos puntas ; y que, para hacerle experimentar una doble sensación, fué nece' ATAXIA LOCOMOTRIZ. 19 savio abrir mucho las ramas del compás, poner una en el talón y la otra en el dedo gordo. En la pierna tuvimos que colocar á pulgada y media de distancia las dos puntas para producir el mismo efecto. En el muslo la sensibilidad se conserva mas, y con poca separación percibe bastante bien las dos punzadas del compás. Dedúcese de esto que la sensibilidad se halla muy com- prometida en el pié, menos en la pierna y algo menos aún en el muslo. Pero, si la sensibilidad al tacto y al dolor se ha- lla notablemente disminuida, hay una sensibilidad que el enfermo conserva íntegra : la nocion de la temperatura. Ustedes notaron que al tocarle la pierna con mi mano y al preguntarle si sentía y sabia qué le había puesto en esa región, me contestó que lo único que experimentaba era la sensación del frió ; mi mano, en efecto, estaba fria. La sensibilidad de temperatura es la última que pierden estos enfermos, al punto que no es raro verlos, aún en su último período, como está este, apreciar perfectamente el grado de calor de las sustancias ú objetos que se pone en contacto con su cuerpo. La disminución de la sensibilidad, de que acabamos de hablar, explica un fenómeno propio de la Ataxia y que existe en alto grado en nuestro enfermo. El atáxico anda en desorden, como hemos dicho, pero al fin anda; sus piernas se mueven para un lado, para otro, en todos sen- tidos ; precipita, acelera la marcha como si corriera en pos de su centro de gravedad que se le escapa, y, en medio de esta locura de movimiento, puede andar, sin embargo, aun- que le es imposible imprimir á la marcha la dirección se- ñalada por la voluntad; pero, si á un atáxico se le dice que ande con los ojos cerrados, si por acaso se encuentra obli- CLÍNICA QUIRÚRGICA. gado á penetrar en un cuarto oscuro, se aumenta de una manera notable el trastorno de su marcha y, á los primeros pasos, cae irremisiblemente. Esto depende de que, entorpe- cida la sensibilidad táctil, el enfermo tiene que dirigir su marcha con la vista, tiene que ver cómo anda, tiene necesidad de sus ojos que puede decirse que camina con ello$. Por eso cuando nuestro enfermo, que ha perdido la vista, dejó, por mandato nuestro, su cama, agitó locamente, un momento, sus piernas y cayó en seguida; por eso el atáxico, cualquiera que sea, cae si quiere andar con los ojos cerrados ó á oscuras; sin que sea necesario invocar, á nuestro entender, para darse cuenta de este fenómeno, la existencia de lo que Bell ha llamado sentido muscular, es decir, la impresión que dá al sensorio la nocion de la con- tracción muscular y de su-fuerza. Miéntras tanto, en medio del desorden del movimiento y de los trastornos de la sensibilidad, — circunstancia ca- racterística en la Ataxia, — consérvase en todo su vigor la fuerza muscular. Hemos dicho á nuestro enfermo que pon- ga en extensión una de sus piernas enérgicamente; uno de ustedes quiso oponerse á ese movimiento, doblársela, y no pudo vencer la energía del enfermo ; ustedes lo han vis- to, no diré andar, sino saltar sostenido por dos sirvientes, y sin embargo, podria fácilmente llevar un gran peso so- bre los hombros. En la Ataxia hay, pues, además de la per- turbación progresiva en la coordinación de los movimien- tos, conservación é integridad de la fuerza muscular: esto es característico. Noten ustedes, Señores, como complemento de los sín- tomas que se observan en nuestro enfermo, su palidez, su profunda demacración (sus músculos están atrofiados) ATAXIA LOCOMOTRIZ. 21 y la expresión de la fisonomía : allí tienen ustedes el tipo de los amauróticos : la cabeza alta, los ojos tan abiertos cuanto es posible y la mirada incierta, vaga, sin vida, por decirlo así. Pero, volvamos al estudio de los trastornos ópticos, que son los que, con mejor título, deben reclamar nuestra atención ; y sobre todo fijémonos en el resultado del exá- men oftalmoscópico que, juntos, hicimos hace dos dias. ¿ Qué ha pasado en los ojos de este enfermo? ¿Qué ha producido la pérdida de la visión ? Han visto ustedes, por medio del oftalmoscopio, la pa- pila del ojo derecho de un blanco brillante como tendino- so ; las arterias han desaparecido casi, hallándose reducidas á un hilo finísimo ; en el ojo izquierdo, la mitad interna de la papila, (imagen invertida), presenta una coloración igualmente blanca ; en su mitad externa se conserva algo todavía del sistema capilar que le dá su color rosado ; liá- banse las arterias un poco disminuidas, y gruesas, en cam- bio, las venas. Ese color blanco del disco papilar es in- herente á su atrofia, que se caracteriza anatómicamente por la hiperplasia del tejido conectivo y la desaparición re- gresiva de los elementos nerviosos. Pero, para comprender bien la grande significación del color blanco de la papila en su atrofia, conviene recordar, aunque ligeramente, su es- tado fisiológico. La extremidad intra-ocular del nervio óptico, que es la papila, afecta, en la inmensa mayoría de casos, la forma oval, cuyo mayor diámetro es vertical; solo en los casos del vicio de refracción que se llama astigmatismo, su diámetro mayor parece horizontal. El borde del disco papilar se dis. 22 CLÍNICA QUIRURGICA. tingue, por lo ordinario, bien claramente del resto del fon- do ocular; y nótase frecuentemente, cerca de su borde, una mancha negra que no es sino un poco de pigmento ceroi- deo, depositado en la abertura de la coroides ; el color de la papila es blanco rosado, siendo este tinte mucho mas pronunciado en la periferia que en el centro ; aquí, en su centro, la papila presenta una mancha redonda, blanca, formada por una depresión, llamada cúpula, que resulta de la inflexión de las fibras del nervio en todos sentidos ; por esta depresión emergen los vasos centrales que van á dis- tribuirse por la retina, dividiéndose dicotómicamente, para formar un verdadero árbol vascular; pero, á mas de esta circulación, existe otra, señalada por primera vez por Galezowski, que se halla constituida por vasos capilares meníngeos y cerebrales: estos son los que nutren el nervio óptico ; estos los que dan el tinte rosado á su disco ter- minal ó papila. Comparemos ahora el estado fisiológico con lo que el of- talmoscopio nos hizo ver en el enfermo: ¡qué diferencia! La forma de la papila no ha cambiado, es verdad ; pero en el ojo derecho, su contorno se distingue con muchísima mas claridad que en el estado normal, pues, su color blanco brillante, nacarado, contrasta con el color rojo.ana- ranjado producido por la coroides á través de la retina ; los vasos que se distribuyen en ella están reducidos á hilifcos filiformes, en el ojo derecho; en el izquierdo, una de las mitades de la papila conserva aún un ligero tinte rosado (la interna, , imágen invertida); sus arterias han dismi- nuido de volumen; las venas están relativamente mas gruesas. Todo esto resulta de que el sistema capilar que nutre al nervio ha desaparecido, y con él su color rosado : privado de nutrición, el nervio muere, se reduce á una cinta fibro- sa mas ó ménos gruesa, pero sin vestigio alguno de elemen- to nervioso, que ha desaparecido por completo. Esto es lo que vimos con el oftalmoscopio ; por eso, en el ojo derecho, en el que la papila es toda blanca, la visión ha desapare- cido en lo absoluto ; por eso, el ojo izquierdo, en el que la nutrición no se ha ha extinguido del todo, se conserva aún la nocion cuantitativa de la luz y la percepción de ob- jetos de gran bulto, aunque trabajosamente. El nervio ha muerto en el ojo derecho, y la retina es incapaz de recibir y trasmitir las impresiones luminosas; la nutrición se halla profundamente perturbada en el ojo izquierdo, y sus funciones, por consiguiente, han disminuido en sumo gra- do. La misma pérdida de la nutrición explica otros fenóme- nos que el enfermo, sin duda, ha experimentado : el campo visual ó visión periférica, ha ido estrechándose gradual- mente hasta que hoy ya no existe en el ojo derecho, y se halla reducido, en el izquierdo, á unos cuantos grados ; la agudeza de la visión, su finura, la visión central, pues así se llama también, que, como ustedes saben, se halla en- comendada á la mácula y sus puntos vecinos, y se mide por escalas tipográficas, ha sufrido lo mismo que el campo visual. El enfermo, ya lo hemos dicho, solo ve con el ojo derecho, y eso muy confusamente, objetos y cuerpos grandes, como un hombre, por ejemplo. Pero hay otro fe- nómeno que merece fijar nuestra atención por un momeu- o : es la discromatopsia ó Daltonismo patológico, es decir la pérdida de la facultad que posee el ojo de distinguir los co- lores. Ustedes han visto que el enfermo ha llamado, al ATAXIA LOCOMOTRIZ. 23 24 CLÍNICA QUIRÚRGICA rojo, gris ó negro; al verde, azul: distingue este último co- lor ( azul) y el amarillo. Esto sucede siempre en la atro- fia de la papila ; mientras se conserve la mas ligera per- cepción luminosa, el enfermo distingue el color amarillo. Así, pues, en los ojos de este enfermo se han realizado trastornos debidos á una irritación crónica del nervio ópti- co, que, lenta, poro progresivamente, han determinado la desaparición del elemento nervioso, convirtiendo la papila en un disco blanco, y produciendo los trastornos funcio- nales que hemos señalado: disminución progresiva de la agudeza de la visión; estrechamiento progresivo del cam- po visual; discromatopsia. ¿ Qué relación existe entre la afección principal de nues- tro enfermo y la atrofia de la papila ? Los trabajos modernos han probado que la causa de la Ataxia es la esclerosis, ó induración atrófica, de los cor- dones posteriores de la médula. El nervio gran simpático nace á nivel de los dos primeros pares dorsales ; la sección de este nervio en el cuello, según el experimento tan co- nocido de C. Bernard, y la excitación de su extremo supe- rior, producen la hiperemia paralítica vaso-motora del fon- do del ojo; y la sección de las ralees medulares de donde toma su origen, produce igual fenómeno, la misma hipere- mia. Nada mas fácil, pues, de concebir que, enferma la médula, como sucede en la Ataxia, su irritación se tras- mite, por medio del simpático, á la sustancia cerebral, es- cogiendo como puntos atacados de preferencia las partes cefálicas del sistema espinal posterior, y muy especialmen- te los pediinculos cerebelosos posteriores, los cuerpos res- tiformes, los tálamos ópticos, etc.; y siendo cierta la in- fluencia que tiene el trisplánico en la Ataxia, se explica 25 tambien por ella misma la atrofia muscular que notamos en nuestro enfermo y ciertos fenómenos, que no hemos mencionado todavía, que se designan con el nombre de ocu- lo - pupilares : son enteramente semejantes á los que C. Bernard produce en sus experimentos fisiológicos, seccio- nando la porción cervical del gran simpático. Durante los intervalos de las crisis provocadas por los dolores, que son mas frecuentes y mas intensos á medida que la Ataxia se agrava, las pupilas se conservan contraí- das ; este estado de miosis es tan intenso á veces, que parece que la pupila se borrara; no desaparece ni bajo la influencia de la atropina, que, como ustedes saben, tiene una acción midriática poderosa ; esta contracción de la pupila coincide con una inyección mas ó ménos viva de la conjuntiva y aún de los vasos ciliares ; hay también aumento de la tem- peratura del ojo. Estos fenómenos desaparecen cuando las crisis dolorosas cesan ; las pupilas se dilatan entonces ; hay midriasis. El fenómeno provocado por la fisiología experi- mental se produce en los atáxicos bajo la influencia pato- lógica ; la causa que lo origina es evidentemente la misma. ATAXIA LOCOMOTRIZ. He llamado la atención de ustedes sobre el modo cómo se han encadenado los accidentes mórbidos en este enfermo. Empezó á oscurecerse el ojo derecho; algún tiempo des- pués le tocó su turno al izquierdo ; y mas tarde aún apa- recieron los primeros dolores fulgurantes y el desorden en el movimiento de los músculos; .pues bien, no es así como principia generalmente la ataxia. Los dolores rápidos, agudos, que ocupan distintas partes del cuerpo y se fijan á veces, mas ó menos tiempo, en algún sitio, que no son otra cosa que neuralgias, y mani- 26 CLÍNICA QUIRÚRGICA. fiestan el sufrimiento de la médula, son los que abren la escena. Con gran sorpresa nota el enfermo que no puede retener la orina miéntras duerme ; que el esperma se le escapa.en los momentos que hace esfuerzos para defecar, ó durante el sueño, coincidiendo esta espermatorrea con una verdadera anafrodisia ó, por el contrario, con una sobreexcitación genésica que se revela por erecciones fre- cuentes y por la capacidad, enteramente impropia del hom- bre, de poder repetir en corto tiempo muchas veces la cópula. A estos fenómenos, que revelan una grave pertur- bación nerviosa, se agregan con harta frecuencia la dificul- tad de emitir la orina, que puede ir hasta la retención, y la constipación intestinal. Los intestinos están, por decirlo así, perezosos, débilmente paralizados. Paralízame uno ó los dos faciales ; se paraliza la lengua, el motor ocular ex- terno, el motor ocular común, el auditivo y también el 5.° par, según lo ha observado Duchenne, presentándose en- tonces la insensibilidad de las mucosas del ojo, de la na- riz, de la boca, y de la mitad de la cara correspondiente al nervio parahzado. La parálisis del trigémino se presen- ta, por lo ordinario, no al principio de la enfermedad, sino cuando ésta se halla muy avanzada. Así ha sucedido en nuestro enfermo; ahora existe una ligera anestesia en la cara, en el mismo lado en que se marca la pérdida incompleta del movimiento por el com- promiso del 7.° par. Todas las parálisis de que hemos hecho referencia, por lo general, duran poco : se disipan casi con la misma rapi- dez con que se presentan; pero, en ocasiones, persisten, ó, si se disipan, vuelven para fijarse definitivamente. En el enfermo que nos ocupa se paralizó, desde muy al ,prin- 27 cipio, el motor ocular externo izquierdo; otras parálisis acompañaron á ésta; se han disipado, pero aquella persiste aún, no se borrará nunca probablemente. Tales son, Señores, los síntomas iniciales, en el mayor número de casos, de la Ataxia locomotriz. En nuestro en- fermo la alteración del nenio óptico se manifestó como pre- cursora de la enfermedad ; pero esto , ya lo he dicho, no ocurre frecuentemente ; la atrofia de la papila, sin embar- go, que venga tarde ó temprano, no falta nunca en la Ataxia ; por eso Charcot la llama amaurosis tabética (tabes dorsualis se ha llamado también á la Ataxia). Cierto es que la atrofia de la papila reconoce muchas causas capaces de producirla, como -afecciones de la retina y de la coroides, afecciones del encéfalo, afecciones diatésicas ó medulares; pero la esclerosis de los cordones medulares posteriores es una de las que la engendra con mas frecuencia. Hemos explicado ya por qué sucede esto ; hemos seña- lado el estrecho enlace que establece, entre la médula y el cerebro, el gran simpático ; y, si nos fijamos en la lesión anatómica que produce la Ataxia y en el modo cómo esa lesión marcha, hallarémos la explicación del modo diver- so como empieza la enfermedad. La induración de los cor- dones posteriores determina la Ataxia; la induración co- mienza, en la mayoría de casos, de abajo para arriba, de la cola de caballo para la parte superior ; por eso los sín- totomas de desorden en el movimiento ocupan, desde lue- go, los miembros inferiores; por eso, los primeros síntomas que llaman la atención del paciente se refieren á los órga- nos de la generación, á la vejiga, etc., síntomas que se acompañan de los dolores fulgurantes que, cualquiera que sea el sitio enfermo de la médula, no son sino la manifesta- ATAXIA LOCOMOTRIZ. 28 CLÍNICA QUIRÚRGICA. cion de ese sufrimiento, la irradiación, la expresión trasmi- tida á la distancia, por los nervios,, de la lesión medular. Supóngase 'ahora que en cierto modo se invierta la marcha clásica de la Ataxia; que, en lugar de marcarse mas la enfermad abajo que arriba de la médula, suceda lo con- trario ; entonces los dolores existirán siempre, sin duda; pero con ellos vendrá, como uno de los primeros síntomas, la ceguera progresiva, porque se hallará comprometido el trisplánico por la alteración medular correspondiente punto en que él toma origen. Pero, digámoslo nuevamen- te, lo ordinario es que la afección marche de abajo para arriba y que marche muy lentamente : de aquí resulta que los brazos se hallan libres durante muchísimo tiempo, ó que, si se comprometen, es muy al fin de la enfermedad; hoy mismo, después de chico años de padecimientos, se hallan ilesos en nuestro enfermo; pero, al fin, si no su- cumbe, como sucede ordinariamente, bajo la influencia de una enfermedad intercurrente, también les llegará su tur- no, presentándose entonces el extraño fenómeno de un in- dividuo con su cerebro íntegro, hábil la inteligencia y un sistema muscular que no obedece ya con el orden, con la armonía que debiera, á la influencia de la voluntad. Nuestro enfermo, Señores, presenta un síntoma que, mal apreciado, podría hacer creer en la existencia de una de esas afecciones articulares frecuentes en la Ataxia loco- motriz, demominadas artropatías, y que han sido descritas por Charcot, P. Dubois y M. B. Bell. En el caso actual, preséntase un dolor que ocupa la ar- ticulación tibio-tarsiana izquierda, los movimientos des- piertan y reagravan ese dolor; pero no hay tumefacción. En nuestro concepto, trátase únicamente de una neuralgia 29 que se lia fijado á nivel de esa articulación; neuralgia de la misma índole que las demás que se manifiestan en este enfermo. Las artropatías que entran en el dominio de lo que se llama trastorno trófico, presentan muy distinta fisonomía. El primer accidente que llama la atención del enfermo es la tumefacción, enorme á veces, no solo de la articulucion, sino de las partes inmediatas, sin que sea acompañada ni de fiebre, ni de rubicundez ni de calor. En medio de esta grande hinchazón, muy distinta del edema ordinario, pues es necesario comprimir con mucha fuerza para dejar la marca del dedo, se manifiesta la conyuntura mucho mas abultada que le resto de la superficie tume- facta ; las venas que serpean sobre ella se hacen mas aparentes á causa de la distensión de la piel, que, mas bien que roja, se pone pálida. Al cabo de pocos dias, la tume- facción de los puntos vecinos á la articulación se disipa y se ve ésta mucho mas aparante que ántes, distendida por cierta cantidad de líquido : hay hidartrosis. Si en este esta- do se imprime movimientos al miembro enfermo, nótase chasquidos, que son el indicio evidente de que la superficie articular comienza á desgastarse, cartílagos y huesos ; la alteración progresa y se producen luxaciones espontáneas que, al principio, se reducen fácilmente, pero que, al fin, se fijan de una manera definitiva haciéndose imposible su reducción. Cuando se ha hecho el exámen necroscópico de un miem- bro atacado de artropatía, se ha encontrado lo siguiente : al principio de una artropatía, edema profundo, extenso, que ocupa por lo general todo el miembro ; hidrartrosis; líquido claro, sin pus ni copos albuminosos. Mas adelante, progresando la alteración, se nota la destrucción de los ATAXIA LOCOMOTRIZ. 30 CLÍNICA QUIEÚBGTCA. cartílagos, la atrofia, el desgastamiento considerable de los huesos mismos ; y, en medio de estos desordenes, un núme. ro considerable de cuerpos extraños articulares. La causa de estas alteraciones articulares, recientemente estudiada, se halla, según Charcot, en el compromiso de la sustancia gris medular. En varias autopsias, de atáxicos que presentaban artropatías, se ha hallado las astas ante- riores sumamente atrofiadas, y cierto número de células nerviosas, las del grupo externo sobre todo, habian desa- parecido completamente, notándose además que la altera- ción se hallaba en el asta anterior del lado correspondiente á la lesión articular. Se manifestaba, por ejemplo, en la región cervical tratándose de una artropatía del hombro; mas abajo de la región lumbar, en una artropatía de la rodilla. Encima y debajo de estos puntos, la sustancia gris de las astas anteriores se hallaba intacta, Pero, repito, Señores, la articulación tibio-tarsiana de nuestro enfermo no se halla atacada de artropatía. Basta la rápida historia que acabo de hacer de este desorden, para ver claramente que no existe en él. Si en la práctica se nos presentaran siempre casos tan claros como el que lia sido objeto de esta lección, no hay duda que sería muy fácil formular un diagnóstico que, pue- de decirse, salta á la vista y se inscribe por sí mismo. Pe- ro cuando la Ataxia comienza, las cosas cambian de as- pecto y entonces conviene saberla adivinar. Hay cierto número de síntomas que, solos, nada signi- fican ; reunidos, dan el diagnóstico. Un individuo se pre- senta, por ejemplo, acusando dolores mas ó menos agudos, fulgurantes, que ocupan distintas partes del cuerpo y que ATAXIA LOCOMOTRIZ. 31 vienen y se van sin causa apreciable ; al mismo tiempo ha tenido, ó tiene actualmente, una diplopia con imágenes dobles cruzadas ó dobles homónimas, resultado de la pa- rálisis del tercer ó sexto par craneano; y estas parálisis, que vinieron bruscamente, se hicieron superiores á todo tratamiento y al fin cesaron del mismo modo que vinie- ron, espontáneamente: la unión de estos síntomas, su presencia simultánea debe hacer sospechar la existencia de la Ataxia; tarde ó temprano la falta de coordinación en el movimiento vendrá á ratificar el diagnóstico. No obstante, aiin en los casos tan claros como el pre- sente, un exámen poco atento puede inducir en error. Cuan- do examinamos al enfermo el primer dia, uno de ustedes dijo que era un paralítico. ¿ Qué es la parálisis, Señores? Es la pérdida de la contractilidad muscular; es la pérdida del movimiento ; y, ¿ acaso se halla este perdido en nues- tro enfermo? Cierto que no: él mueve todos sus miembros y con bastante energía; el movimiento existe, aunque des- ordenado : no hay, pues, parálisis. ¿ Trátase acaso de una corea ? Entre la Ataxia y esta enfermedad hay la siguiente diferencia. Al coreico le es imposible poner en reposo absoluto sus miembros agita- dos por movimientos convulsivos; solo durante el sueño cesan estos movimientos. El atáxico, por el contrario, puede, cuando su voluntad lo quiere, guardar el mas com- . pleto reposo. La parálisis general progresiva, considerando los tras- tornos de la motilidad que la caracterizan, especialmente los que se realizan en los miembros inferiores, puede con- fundirse con la Ataxia. Pero, en la parálisis general progre- siva, ó, si se quiere, ménigo-encefalitis difusa, se notan tras- 32 CLÍNICA QUIRÚRGICA. tornos de la inteligencia que no existen en la Ataxia ; la lengua se pone balbuciente, y, con frecuencia, comienza por este síntoma la enfermedad; la influencia nerviosa se debilita de un modo lento, pero continuo, y al fin se presen- ta la parálisis mas ó ménos completa. ¿ Puede confundirse la Ataxia con el alcoholismo cróni- co ? Si se compara el conjunto de ambos estados patoló- gicos, el modo cómo en uno y en otro caso se encadenan los accidentes, el error es imposible. Si se comparan los desórdenes de la motilidad en uno y otro caso, se hallan di- ferencias bien marcadas. En el alcoholismo crónico, desde luego, causa frecuente de parálisis general, la dificultad, la torpeza que se nota en los movimientos, son debidas á la pérdida de la energía en la fuerza muscular, que pron- to termina en una verdadera parálisis ; y ésta se acompa- ña de trastornos de la inteligencia, de alucinaciones espe- ciales y de desórdenes dispépticos que, desde mucho tiem- po atrás, han precedido á los desórdenes de la motilidad. Hay, finalmente, una verdadera ataxia, producida por la presencia de tumores en el cerebro; ¿ cómo distinguirlas una de otra ? Los desórdenes de la locomoción son muy semejantes en ambos, casos, puesto que en ambos se pierde la facultad de asociar, de combinar los movimientos ; y no podia ser de otro modo, á causa de las conexiones ín- timas del cerebelo y del sistema espinal posterior, sitio anatómico de la Ataxia. Pero, en las afecciones del cere- belo, tanto los miembros superiores cuanto los inferiores se comprometen al mismo tiempo, lo que no ocurre en la Ataxia; hay, además, en la afección [del cerebelo, vómi- tos, contractura de los músculos del cuello y cefalalgia mas ó ménos violenta ; la marcha de la ataxia cerebelosa tiene ATAXIA LOCOMOTRIZ, un sello particular; todo el cuerpo se balancea como lo hace un individuo ébrio ; y este balancoamiento coincide con una sensación de vértigo, que hace creer á los enfer- mos que su propio cuerpo, ó los objetos que los rodean se hallan animados de un movimiento de rotación. Como ustedes ven, Señores, con un poco de atención no solo se puede adivinar,—puedo emplear esta palabra,— la existencia de la Ataxia locomotriz, cuando apenas unos cuantos síntomas la señalan, sino que se la puede distin- guir fácilmente de otras entidades mórbidas que se confun- dieran con ella. La Ataxia sigue una marcha excesivamente lenta, sus síntomas progresan muy poco á poco y á veces parece que la enfermedad se detuviera en su curso, pero en reali- dad continúa su desarrollo sin detenerse nunca. Seis, ocho, veinte años invierte en recorrer todos sus periodos» en completarse la esclerosis medular ; y, á medida que esto sucede, la Ataxia, el desorden en el movimiento, se va borrando gradualmente, presentándose en su lugar la per' dida de la fuerza muscular, la abolición de la excitabilidad refleja y eléctrica y la atrofia de los músculos. Entonces el infeliz paciente, ciego como está el nuestro, y sordo también, como sucede en la gran mayoría de casos, se ha- lla condenado á permanecer quieto, absolutamente quieto, porque, si es verdad que la influencia cerebral persiste, pues está sana la parte anterior de la médula, la acción espinal ha desaparecido, aniquilada progresivamente bajo la acción de la esclerosis de su porción posterior. Tanto por la quietud forzada que el paciente se ve obligado á guardar, cuanto por la misma falta de la influencia ner- viosa, sobrevienen entonces escaras en diferentes partes 34 CLÍNICA QUIRÚRGICA. del cuerpo, sobre el sacro, sobre los trocánteres, lo mism0 que sucede en los individuos atacados de parálisis; esca- ras, que, al caer, dejan ulceraciones que no cicatrizan nunca y que, como en los paraplégicos también, producen la muerte si antes una enfermedad intercurrente (neumo- nia, enteritis, cistitis, etc.), no lo ha hecho ya. El éxito fatal tiene, Señores, tarde ó temprano que rea- lizarse bajo la influencia de la Ataxia; la medicina nada puede contra ella ; Romberg lo ha dicho: “ para los atá- xicos no hay esperanza” ; y así es, por lo ménos, hasta ahora. Se ha ensayado muchos remedios contra esta enferme- dad, pero todos sin éxito alguno favorable : el nitrato de plata, el fósforo, el yodo ; el bromuro de potasio, adminis- trado á fuertes dosis, como lo hace el Doctor Siredey, que comienza por dos ó tres gramos al dia y, aumentando un gramo diario, llega rápidamente á propinar ocho, diez y doce gramos ; todos estos medicamentos producen alivio, pero desgraciadamente nunca la curación. Tal vez durante el primer periodo de la enfermedad método antiflogístico, el calomel sobre todo, según lo indica Jaccoud, esta llamado á producir buenos efectos : la expe- riencia venidera resolverá esta cuestión.—La hidrotera- pia y la electricidad principalmente, en manos de Bene- dickt y Remak, han producido alivios notables. ¿Las cor- rientes, no por inducción, sino las constantes, curarán acaso la Atáxia, según lo afirman esos médicos? Mientras tanto, si la terapéutica es impotente contra la Ataxia, queda aiín al médico un importante y muy noble papel que desempeñar en presencia de un atáxico; nopue- 35 de curarlo, es verdad; pero si puede aliviarlo calmando los atroces dolores que agovian al infeliz viajero. Los nar- cóticos, administrados por la vía gástrica ó hipordémica, y ésta es preferible, son el mejor medio para conseguir es- te propósito: así lo hemos hecho con nuestro enfermo* Las inyecciones hipodermicas de morfina han disminuido la intensidad y frecuencia de sus dolores fulgurantes y procurádole algún reposo durante la noche. Ultimamen, 'te hemos reemplazado la morfina con el bromuro de al- canfor, y puedo decir que hemos ganado con el cambio: diez centigramos de ese medicamento, administrado noche y mañana, le han producido un notable alivio; tiene muy pocos dolores y duerme perfectamente. Hay un medio, Señores, harto sencillo y que, por lo mismo, debe emplearse si los demás recursos practicados contra las neuralgias no dan buen resultado; ese me- dio es el reposo absoluto. El Doctor Weir Mitchell, del hospital ortopédico de Filadelfia, ha tenido ocasión de ver los buenos efectos del reposo en atáxicos que, gracias á la misma influencia de la enfermedad, se habían fracturado el muslo y la pierna y estaban obligados á permanecer quietos durante un tiempo mas ó menos largo; en todo0 ellos, en virtud del reposo constante, la marcha ha podido realizarse aun estando el paciente con los ojos cerrados, y los dolores han disminuido notablemente. Este buen efecto no puede atribuirse á una simple coincidencia, pues cuan- tas veces se ha empleado §ste medio, ha producido igual resultado : parece, según la opinión del Doctor Weir Mit- chell, que el movimiento es perjudicial al atáxico desper- tando los dolores, del mismo modo que el movimiento des- pierta una neuralgia de la cara, por ejemplo. Muy sim- ATAXIA LOCOMOTRIZ. pie es el método y muy racional, sin duda, para no em- plearlo cuando la ocasión se presenta. La situación de nuestro enfermo es bastante desgracia’ da ; su ceguera, que lo ha traido al hospital, es incurable como lo es la enfermedad que la produce. Nos guarda- rémos, sin embargo, de decírselo: sería cruel arrebatar- le así toda esperanza. CLÍNICA QUIRÚRGICA. PTERIGION. Señores: Muchos puntos permanecen hasta hoy oscuros en la historia de la enfermedad ocular de que presento á uste- des ahora un caso. . Ignórase, por ejemplo, por qué el Fterigion, enfermedad á que me refiero, se manifiesta constantemente en el ángulo interno del ojo; ignórase la causa que le hace afectar invariablemente la forma trian- lar; ¿ignórase, por último, por qué al desarrollarse vá con frecuencia el Pterigion hasta el centro de la córnea, «fin pasar nunca mas allá. Numerosas son las hipótesis emitidas para explicar es- tos hechos, como se vé, muy singulares ; pero todas ellas no resisten á un exámen serio ; por mi parte, también he formado una que, si no me engaño, explica sencilla y fá- cilmente esos hechos, fundándome en la forma del ojo, en CLÍNICA QUIRÚRGICA. la de dos párpados y en el incesante movimiento de estos; por esta razón aprovecho la circunstancia que se me pre- senta para llamar la atención de ustedes sobre el enfermo que ocupa la cama núm. 1 de la sala de San Antonio, que tiene un pterigion en el ángulo interno del ojo derecho. En este sitio ven ustedes, en efecto, una elevación trian- gular cuya base se dirige hácia la carúncula y cuyo vér- tice avanza sobre la córnea, colocándose á nivel de la pu- pila : la base de este triángulo, bastante ancha, se con- funde insensiblemente con la conjuntiva en su fondo de saco; el vétice, aunque irregular, es muy estrecho; los bordes, gruesos, muy levantados, establecen un límite pre- ciso entre la elevación patológica y el resto de la conjun- tiva; su color es gris rosado, porque en toda su superficie se nota un número crecido de vasos capilares, muy tenues unos, y otros muy aparentes, que corren paralelos hasta perderse, adelgazándose, al llegar al nivel del limbo de la córnea. Bien se vé que este triángulo se adhiere, pero no muy fuertemente, á la esclerótica, puesto que, por me- dio del párpado, se le puede mover algo en todos senti- dos; pero en la córnea, bajo cuya capa epitelial parece que se ha desarrollado, la adherencia es íntima y el pterigion no se mueve absolutamente; mas, entre la porción situada en la esclerótica y la que ocupa la córnea, precisamente encima de la superficie de unión de la córnea y de la es- clerótica, existe constantemente una porción del pteri- gion que no se adhiere nunca y que forma un verdade- ro puente, debajo del cual se puede pasar un estilete de Anel, como ven ustedes que lo hago ahora. En todo el ojo hay señales de una irritación, que exis- te, según indica el enfermo, hace ya algunos años; la cór- PTERIGION. 39 nea pres«nta diferentes puntos opacos diseminados en su superficie, que se halla como empañada, y son mas apa- rentes en los lugares vecinos al vértice del pterigion; la conjuntiva bulbar y la palpebral se hallan inyectadas co- mo acontece en la conjuntivitis crónica; el ojo soporta bastante bien la impresión de la luz; y la pupila, smuv> como lo está el iris, se encuentra en un estado medio de contracción; la visión se presenta un tanto estorbada, no solo por el empañamiento de la ornea, sino porque el pterigion impide el paso franco de los rayos luminosos. El enfermo experimenta una molestia particular en el ojo, que él compara á la que produciría un cuerpo extra- ño entre los párpados; y esta molestia, que era apenas perceptible ántes, se ha exajerado, de algunos meses á esta parte, de una manera muy notable, porque la con- juntivitis se ha exasperado indudablemente, pues tal es la marcha que siempre sigue el pterigion. Al principio, en general, el enfermo no se percibe de nada; pero si se examina atentamente el ojo, se nota un lijero pliegue, en un punto inmediato á la córnea, blanco ó amarillo, del que parte un manojo de finos vasos capi- lares que sedirijen, divergiendo, hacia la carúncula; andan- do el tiempo, ese pliegue se desarrolla, crece poco á poco, casi insensiblemente, tanto en longitud como en latitud, afectando siempre la forma triangular; se extiende hasta el borde de la córnea, de donde no pasará quizá, quedando estacionario allí; ó se extenderá sobre la superficie de la córnea hasta su centro, de donde seguramente no pasará jamás. Pero, para llegar hasta ese punto, se necesita que trascurra algún tiempo, cuatro ó cinco años, como en el enfermo que nos ocupa, ó mas años aún, como sucede con 40 CRÍNICA QUIRÚRGICA. frecuencia en muchos otros enfermos; siendo de notar que durante todo el tiempo que requiere la evolución completa del pterigion, presenta este diferentes fases se- gún se halle ó no inflamado. Si la inflamación no exis- te, el pterigion se presenta bajo la forma de un tejido du- ro, pálido y poco vascular, como sucede en el caso que tienen ustedes á la vista, y se denomina entonces tenue, membranoso ó grasoso: pero si la inflamación se apodera de la conjuntiva, el pterigion, merced á la grande vasculari- zación que procura el elemento inflamatorio, se presenta rojo, hinchado, y mas ó ménos grueso, revistiendo á ve- ces el aspecto del tejido muscular; llámasele entóneos sar- comatoso, carnoso, vascular. Estas dos variedades, que ustedes hallarán señaladas en todos los tratados clásicos de Oculística, no son mas que dos aspectos diversos que toma la conjuntiva cuando está inflamada y cuando no lo está, y que reviste igualmente el pterigion, que no es otra cosa que un pliegue de esa conjuntiva, hipertrofiada: á lo ménos, eso es lo que resulta de los trabajos de Warlo- mont, Testelin y Eobin, quienes no han encontrado en el Pterigion ningún elemento extraño á la composición de la conjuntiva normal. Si ustedes fijan una vez detenidamente su atención en esta enfermedad, que entre nosotros no deja ser frecuente, difícil me parece que puedan confundirla con ninguna otra. Ni el panus ñi la pingüécula, ni mucho ménos el simblefaron, de que presento á ustedes también un ejem- plo en el enfermo de la cama núm. 12, pueden confundir- se con el pterigion, cuya forma y sitio son verdaderamente característicos. ¿ Cuál es la causa, señores, que preside al desarrollo del pterigion? ¿Por qué existe siempre en el ángulo in- terno del ojo y muy rara vez en el externo? ¿Y por qué reviste constantemente la forma triangular, á tai punto que esta singular propiedad lo ha hecho denominar Pte- riijion, ala? Hay dos puntos en la patogenia de esta enfermedad que parecen fuera de toda duda, y son: PTERIGION. 41 1. Para que el pterigion se desarrolle, es necesario el concurso de una irritación que se sostenga permanen- temente en el ojo, ó que se repita con frecuencia* 2. El pterigion no es mas que una hipertrofia par- cial de la conjuntiva. Ambos puntos pueden expresarse así: la conjuntiva se hipertrofia y produce el pterigion, porque uno de loa re- sultados de la inflamación crónica es modificar la nutri- ción de los tejidos en que ella reside y determinar su hi- pertrofia ó hiperplasia. Por esto, admitida la necesidad de una inflamación para engendrarse el pterigiop, toda causa capaz de producirla es capaz de producir el pteri- gion también: la queratitis crónica, la triquiasis, la con- juntivitis, etc. Por eso, las personas expuestas, por mo- tivo-de su profesión, á irritaciones en los ojos mas ó mé- nos continuas y frecuentes, como los albañiles, los pana- deros, están predispuestas á padecer del pterigion; y por eso también se señala la influencia de los climas cálidos, como el de Egipto, el de Madera, etc., como aquellos donde el pterigion abunda mas; porque, sea que el ojo sufra la influencia de cuerpos irritantes que lo estimulan constantemente, ó la del estímulo también poderoso de rayos de un sol tropical, el efecto sobre el ojo es el mis- 42 mo: irritación crónica, facilidad para formarse un pteri- gion como su consecuencia. Pero ¿por qué ha do presentarse constantemente el pterigion en el ángulo interno del ojo, rara vez en el ex- terno; y, cuando existe en este, hay otro pterigion mucho mas desarrollado en el ángulo interno; por qué, en fin, su forma ha de ser fatal é invariablemente la de un trián- gulo ? Como he dicho ya, estas singularidades no han recibi- do hasta hoy explicación satisfactoria. Por mi parte, creo hallar su sencilla y clara interpretación en la forma del ojo, en la de los párpados y en el frecuentísimo movi- miento que se realiza entre estos y aquel. El ojo, como ustedes saben, es un esferoide que ae ba- ila suspendido é inmóvil en un punto fijo de la cavidad orbitaria, gracias á los músculos rectos, á los oblicuos y á la capsula de Ténon. Los cuatro músculos rectos tie- nen su punto fijo de inserción hácia atrás, en el vértice de la órbita, y el movible hácia adelante, á distancia va- riable de la córnea; estos músculos, puestos en acción, ti- ran pues el globo del ojo hácia atrás, ó, en otros térmi- nos, propenden á hundir el globo ocular en la órbita; los dos músculos oblicuos tienen su inserción fija hácia ade- lante, en la base de la órbita, y la movible hácia atrás en el esferoide ocular; tiran pues á este hácia adelante; ó, en otros términos, propenden á hacer salir el ojo de la órbi- ta: los músculos rectos y los oblicuos son por consiguien- te antagonistas; y su acción opuesta no se hallaria equili- brada, sino rota á favor de los cuatro rectos, mas podero- sos que los dos oblicuos, si la cápsula de Ténon, por su* fuertes prolongaciones fibrosas que se insertan en la base CEÍNICA QUIRÚRGICA. PTERIGION. 43 de la órbita, no reforzase, por decirlo asi, la acción de los oblicuos y estableciese un perfecto equilibrio entre esto* músculos y los cuatro rectos; resultando de ahí que el ojo se mantiene siempre en el mismo sitio de la ór- bita; y que si la acción opuesta de los rectos y de los obli- cuos determina la quietud del ojo, la acción aislada de cualquier músculo produce necesariamente un movimien- to do rotación que, al efectuarse, dá lugar precisamente también á un rozamiento mas ó menos intimo y extenso entre el ojo y el párpado; entre este y aquel si es el pár- pado el que se mueve estando el ojo quieto. Hagamos, por ejemplo, que nuestro enfermo adapte su ojo para la visión de lejos y que, en esta situación, dejándolo inmóvil, cierre lentamente sus párpados. Al caer estos, fácil es notar, inspeccionando el ojo oblicuamente, que el párpado frota de una manera íntima la superficie ocular, á nivel del po- lo anterior; que á partir de este punto, hácia el ángulo ex- terno, el rozamiento es menos íntimo, y mucho ménos último en todo el segmento del ojo que se dirige ha- cia el ángulo interno. Así pues: contacto inmediato, ver- dadero frotamiento entre el párpado y el ojo á nivel del centro de la córnea; contacto poco marcado en la par- te externa del ojo y nulo ó casi nulo en la parte in- terna: lié ahí lo que se observa. Y esta diferencia de ro- zamiento en las distintas porciones del ojo que acabamos de indicar y que, como ustedes ven, se aprecia fácilmente estudiando con atención los movimientos palpebrales, tie- ne su razón de existencia en la forma del ojo y en la for- ma y dimensiones de los párpados; pues el ojo, esferoide suspendido en la órbita cuya cavidad es siempre mucho mas amplia que la que necesitaría el ojo solo, se halla 44 CRÍMI0A QUIRÚRGICA. cubierto por los párpados, que son dos velos móviles y cóncavos y cuya concavidad pertenece evidentemente á una esfera de mucho mayor radio que la del ojo, que se halla protegido por ellos; resultando do aquí que los pár- pados rozan tangencialmeute al ojo en algunos puntos de su hemisferio anterior, pero que en otros ese roce no exis- te, pues los párpados pasan delante de él y lo cubren sin tocarlo. En este rozamiento diferente hallamos nosotros la can* sa que preside á la producción del pterigion, á su forma triangular, á su situación constante en el ángulo interno del ojo y á veces en el ángulo externo. Véamos como pue- den explicarse estas particulares circunstancias. Hemos dicho ya que todos los autores aceptan, de con- formidad con los hechos, la necesidad de una irritación crónica, ó por lo menos, repetida frecuentemente en la conjuntiva, como causa indispensable para la producción del pterigion; y la inflamación que se prolonga de una manera indefinida en la mucosa ocular produce en ella, como en otra parte cualquiera del organismo, una per- turbación en la nutrición, una de cuyas consecuencias es la hipertrofia: la conjuntiva se hipertrofiaría pues toda, bajo la influencia inflamatoria, si los párpados, que se mueven incesantemente, no impidieran dicha hipertrofia en todos los puntos en que su roce íntimo comprime á ca- da momento la mucosa ocular; pues, comprimiéndola de ese modo, la desgasta, por decirlo así, porque la compren- sión sostenida produce la atrofia de los tejidos. Pero, en los sitios en que ese roce íntimo no existe, nada hay que se oponga ai desarrollo patológico de la mucosa y se pro- duce el pterigion. Por esta razón se presenta el pterigion PTERIGION. constantemente en el ángulo interno del ojo, porque allí la compresión de los párpados no existe, pues pasan de- lante de él sin rozarlo; por eso, muy rara vez semanifies- . ta el pterigion en el ángulo externo, porque allí los par- pados frotan sobre el ojo lo bastante para oponerse al de- sarrollo hipertrófico de la conjuntiva; y cuando ese frota- miento, por circunstancias particulares, como por ejem- plo, un ojo muy pequeño y párpados muy ámplios, se anu- la, el pterigion se presenta en el ángulo externo coinci- diendo constantemente con otro en el ángulo interno; por eso, lo que se llama falso pterigion, es decir el que, rarísi- ma vez, se presenta en la parte superior ó inferior del ojo, es siempre el resultado ó de una úlcera de la córnea que, al cicatrizarse, tira la conjuntiva-y se la adhiere, ó de una inflamación violenta cualquiera que produce la unión de la conjuntiva con un lugar ulcerado de la córnea. Esta alteración, á que, en nuestro concepto, no conviene el nombre de falso pterigion, porque en nada se parece al ver- dadero pterigion, es muy rara y, cuando existe, coincide frecuentemente con un simblefaron.. He ahí pues, Señores, explicada la situación singular de la enfermedad que nos ocupa; y las mismas considera- ciones que acabamos de hacer respecto del rozamiento de los párpados explica igualmente por qué el pterigion no avanza jamás mas allá del centro de la córnea: en efecto, cualquiera que sea la dirección del ojo, no deja nunca el párpado de pasar sobre esa membrana rozándola íntima- mente y el pterigion no va pues, mas allá del polo ante- rior del ojo, porque se lo impide el párpado, Véamos ahora de qué depende la forma triangular que reviste siempre el pterigion, Hagamos que el enfermo adapte sus ojos para la visión de lejos y que, en esta si- tuación, cierre lentamente los párpados. Fácil es notar, señores, y ustedes pueden observarlo, que en la dirección del meridiano vertical, ambos párpados, desde que co- mienzan á moverse, subiendo el inferior y bajando el su- perior, no dejan de rozar estrechamente el ojo hasta el instante cu que, terminado el movimiento de oclusión, los párpados se tocan y cubren del todo la superficie de la córnea sin dejar de continuar aplicados de una manera ín- tima sobre ella: si estudiamos ahora el movimiento de los párpados en la dirección del meridiano horizontal, fácil- mente se advierte también que ambos velos rozan al es- feroide ocular solo' en cierta porción de su superficie: pe- ro que llega un momento en que los párpados, por decir- lo así, se desprenden del ojo, ne lo tocan mas y caen, se cierran delante de él circunscribiendo asi un espacio trian- gular que queda vacio, situado entre la cara posterior de ellos y la porción correspondiente del ojo; espacio que es mayor en el ángulo interno que en el externo. Si pues 1» irritación crónica de la conjuntiva es la causa que predis- pone á la formación del pterigion, y este se desarrolla an los puntos en que la mucosa puede hipertrofiarse, gracias á la falta de la compresión palpebral, es evidente, como ya lo hemos dicho, que el pterigion se desarrollará de pre- ferencia cu los ángulos internos y externos; y también cla- ro es que, al desarrollarse, tomará la forma de un trián- gulo, porque la forma triangular es el espacio vacío que los párpados dejan detrás de sí y en el que viene á amol- darse la conjuntiva que se hipertrofia; y el pterigion se presenta con su aspecto clásico, con sus bordes salientes que lo limitan perfectamente, marcando de una manera CLÍNICA QUIRÚRGICA. PXEEIGION. 47 exacta basta donde se- extiende la porción de ia superficie del ojo que comprimen los párpados. Hemos dicho ya que el pterigion existía, en la inmensa mayoría de casos, en el ángulo interno del ojo, á veces en el ángulo externo, pero existiendo constantemente, en es- te último caso, otro pterigion en el ángulo interno, mu- cho mas desarrollado que su compañero del ángulo exter- no. Veamos como se puede explicar esto. La visión de cerca esia que mas ejercitamos: esta no puede realizarse sin que el ojo ejecute un movimiento de convergencia: ahora bien, en esta situación se señala mas, en el ángulo interno, el espacio triangular vacío de que acabamos de hablar; mientras que, en el ángulo externo, se borra casi por completo, en mérito de que el mismo mo- vimiento convergente que tira el. polo anterior, es decir la pupila, hácia el ángulo interno, hace girar el hemisferio posterior hácia afuera y adelanto y pone, por consiguien- te, en contacto con los párpados una superficie mas ex- tensa del ojo, sobre la que se realiza mayor y mas íntimo rozamiento; de ahí, que el pterigion exista siempre en el ángulo interno,, pues se hallan en este sitio las condicio- nes necesarias para su desarrollo; mientras que faltan es- tas ó, por lo menos, hállanse notablemente disminuidas en el ángulo externo, donde en realidad es mucho mónos frecuente el pterigion; y cuando existo en este sitio, es pe- queño, mucho menos desarrollado que el interno; la com- presión palpebral así lo hace. Dijimos, al principio de esta lección, que el pterigion se adhería débilmente á la esclerótica y de una manera íntima á la córnea con la que forma cuerpo, por decirlo así, desarrollándose, al parecer, bajo su cubierta epitelial; OliÍNlCA QUIRÚRGICA* y dijimos igualmente que, entre ámbas porciones del pte- rigion, la de la córnea y la de la esclerótica, existía siem- pre una parte libre que formaba como un puente, por de- bajo del cual se podia pasar fácilmente, sin romper la mu- cosa, un estilete: ustedes vieron, señores, que asi lo hice. Ningún autor, que yo sepa, ha señalado esta particula- ridad; y, sin embargo, el hecho debe ser constante; pues, por mi parte, lo he observado en todos los pterigions que he visto. Creo que esta singularidad puede explicarse do este modo: el músculo recto interno, que sin ser el único, es no obstante el principal agente del movimiento de con- vergencia del ojo, se halla situado en el mismo plano que el meridiano horizontal del esferoide ocular, y colocado precisamente detrás de la mucosa hipertrofiada que se lla- ma pterigion:, cada vez que el músculo recto se contrae y determina la convergencia, la conjuntiva se desliza sobre el ojo formando pliegues que se multiplican hasta llegar á nivel de la córnea, donde terminan, porque el pterigion se halla completamente fijo en ella; este deslizamiento de la mucosa, incesante, porque incesantes son también los movimientos del ojo, hace que el pterigion se adhiera débilmente á su porción esclerotical; y al cesar brusca- mente al nivel de la córnea, pol-que allí comienza la ad- herencia estrecha de la mucosa hipertrofiada, ese mismo deslizamiento hace que el pterigion se levante, se despe- gue y forme el puente que he señalado á ustedes y que se halla situado entre la porción que se mueve sobre la esclerótica, y la que no se mueve absolutamente en la córnea. Pronóstico.*—Mientras el pterigion queda encerrado en los límites de la esclerótica, solo daña á la regularidad del 49 ojo y produce alguna molestia cada vez que se irrita; pe- ro no sucede lo mismo cuando avanza en su desarrollo • invade la córnea, porque entonces comienza por estrechar el campo visual y acaba por entorpecer notablemente ó suprimir del todo la visión central: inutiliza el ojo. Tratamiento. — Poquísima fé abrigan hoy los oculistas modernos en el tratamiento médico contra el pterigion. Los astringentes, el acetato de plomo en especial, tan re- comendado por Decondó, no se emplean ya porque son ineficaces contra la hipertrofia de la conjuntiva; nada parecería, sin embargo, mas racional que su uso. Si el pterigion es el resultado de la inflamación crónica de la mucosa ocular, justo y necesario seria emplear, para com- batirlo, las sustancias capaces de oponerse al progreso y sostenimiento de esa inflamación; cosa que, entre otros medios, debe conseguirse con los astringentes. Pero, co- mo en la patogenia del pterigion, según nuestra manera de ver, no solo desempeña un gran papel la irritación, lenta ó nó, que se sostiene por largo tiempo sino también la falta de la compresión del globo ocular, quizás el uso de los astringentes, auxiliados por una compresión ligera sobre el ojo, llegaría á curar la enfermedad cuando «sta no ha alcanzado un gran desarrollo y, sobre todo, cuan- do no ha ocupado aún la cara convexa de la córnea. La compresión y los astringentes necesitarían, sin embargo, usarse por mucho tiempo, y nadie acepta gustoso un tra- tamiento largo, no exento de molestias é incierto en sus resultados; es pues preciso apelar á los recursos quirúr- gicos. Los diferentes métodos operatorios aconsejados y pues- tos en práctica contra el pterigion pueden reducirse á tres; PTERIGION. 50 CLÍNICA QÜIEÚEGIOA. la ligadura, la excisión y la írasjdaiitacion '4 desviación; agregaré un cuarto método, que voy á practicar ahora en nuestro enfermo, que he empleado ya dor¿ veces con buen éxito, y que yo llamo por inversión. La ligadura, propuesta y ejecutad?* por Szokalski, es á la verdad un ingeniosísimo métocho. Hé aquí como se practica: Se toma un hilo fino y resistente que Heva en- hebrada una aguja en cada mío de sus estreñios; se le- vanta ligeramente el pterigion con una pinza de iridec- tomia, y una de las agujas pasa por debajo de él á nivel del limbo de la córnea, pasando la otra aguja por la base del pterigion; córtase en seguida el hilo á nivel de las agujas y resultan entonces tres ligaduras: una externa, destinada á estrangular el vértice del pterigion; otra in- terna, que constriñe su base; y finalmente una tercera intermedia á estas dos, cuyo objeto es separar el pterigion de sus adherencias con la esclerótica. Los hilos se cor- tan inmediatamente sobre los nudos que con ellos se for- ma. Cuatro ó cinco dias después, el pterigion, privado de nutrición y de vida, se desprende fácilmente. Excisión.—La excisión se practica del siguiente modo: Separados los párpados, se coje el pterigion por medio de unas pinzas ó de un hilo que se pase detrás de él, y se le levanta; el operador, sirviéndose de las tijeras ó de un queratótomo, diseca cuidadosamente la parte de la con- juntiva hipertrofiada que se implanta en la córnea, y en seguida extirpa la parte que se halla sobre la esclerótica, prolongando la sección hasta un punto mas ó méuos pró- ximo de la base del pterigion. De este modo opera el Doctor Speriuo, profesor en la Universidad de Turin: pterigion desaparece, pero queda en su lugar una herida PTERIGION. de forma romboidal que tiene que reunirse por segunda intención. Wells practica la operación del mismo modo; pero di- seca y afronta los dos bordes de la sección de la conjun- tiva, reuniéndolos por medio de dos 6 tres puntos do su- tura. Pangenstecher, del Instituto oftalmológico de Wiesba- den, diseca el pterigion, reúne, lo mismo que Wells, las superficies de sección déla conjuntiva por medio de la su- tura y no excinde el pterigion, sino que lo deja adheren- te, por solo su base, en el ángulo del ojo, donde la com- presión palpebral lo atrofia. Con la ligadura, ó con cualquiera de los procedimien. tos de excisión que acabamos de indicar, es fácil destruir el pterigion, pero solo por tiempo, porque casi siempre, la experiencia lo ha dejhostradft¿ m reproduce • y no puede sor de otro modo, ya que persiste la causa que preside á la formación del pterigion, es decir, la falta de roce íntimo entre los párpados y el ojo; y por poco que la irritación de la conjuntiva, aunque sea ligera, con- tóme, el pterigion reaparece indudablemente. Mas no es solo este inconveniente, gravísimo, como se vé, el único que ofx-eceu la ligadura y la excisión, espe- cialmente cuando se deja sin reunión inmediata por la sutura los lábios de la herida conjuutival que queda en pos do la estirpaciou del pterigion; la cicatriz que repa- ra la herida, mas ó menos inextensible, estorba los movi- mientos del ojo, cuando menos, y en ocasiones determina un lijero estrabismo convergente.' Desmarres, á cuyo talento debe la Oculística moderna tantos y tan útiles progresos, comprendió perfectamente 52 CLÍNICA QUIRÚRGICA. los inconvenientes que ofrecía la operación del pterigion practicada por los métodos que hasta ahora He indicado á ustedes; y su fecunda imaginación inventó el procedi- miento de que voy á ocuparme, y que él ha llamado pro- cedimiento por desviación ó trasplantación. Hé aquí en que consiste: Separados é inmóviles los párpados por medio de los elevadores, cógese el pterigion con unas pinzas, se levanta y se separa mediante una disección prolija, sirviéndose de un queratótomo, toda su porción implantada sobre la córnea; al llegar á nivel d« la periferia de la córnea, se abandona el queratótomo, y empleando unas tijeras rectas, se separa de la escleró- tica el resto de la conjuntiva hipertrofiada, hasta su base. El pterigion, disecado ya por completo, continúa, sin em- bargo, adherente al ojo por su parte mas ancha, por la base del triángulo que él forma; y sobre esta única por- ción adherente tiene que girar la mucosa hipertrofiada para realizar de este modo la parte mas importante del procedimiento de Desmarres: la desviación del pterigion. La separación de éste de la superficie de la córnea y de la esclerótica, deja una superficie cruenta deforma trian- gular; en uno de los bordes del triángulo, en el inferior, y hácia la mitad de su longitud, se hace otra incisión en la conjuntiva, paralela al borde de la córnea; y en el es- pacio que limitan los dos bordes de esta última incisión, se va á alojar el pterigion que quedó flotante, adherido á la conjuntiva solo por su base. Para realizar esto, se atraviesa con una aguja, que lleva un hilo bastante fino, el vértice del pterigion, se le desdobla cuidadosamente y se le acuesta, por decirlo así, en la incisión paralela á la periferia de la córnea; situación en la que se le mantiene definitivamente, por ¿edio de un punto de sutura que fi- ja el vértice del ptejigion con el vértice de la incisión. Tal es el procedimiento de Desmarres, que su hijo, ac- tualmente oculista di tinguido en Paris, ha modificado en los casos en que d pterigion presenta una superficie y base bastante anchas. Desmarres hijo, después de haber disecado todo el pte- rigion, lo divide en dos porciones simétricas en el sentido de su longitud ; practicó dos incisiones paralelas á la cór- nea, una hácia arriba y otra hácia abajo, y en cada una «Je ellas aloja una del pterigion: es el mismo pro- cedimiento de Desmarres repetido dos veces: en- cima v debajo del meridiano horizontal. Como se vé, el pterigioa queda en el ojo, Vero ocupando una situación enteramente diversa. Se hVllaba en un lugar en que los párpados no tenían sobre él ninguna influencia ; desvia- do, se le coloca en una parte Vel ojo en que los párpados lo frotan y lo comprimen incesantemente y lo atrofian. Este es el motivo, a mi entender, que hacó que el proce- dimiento por desviación frecuencia resulta- dos satisfactorios. Otras son, sin embargo, 'as razones en que Desmarres funda su procedimiento de desviación. “ Hay otro método, dice, que oa excelentes resul- “ tados y que es ciertamente el mejor do cuantos se ha11 “ puesto en práctica : ha sito imaginado por mi padre, “ quien le dió el nombre de procedimiento por desviación. “ Este método se funda en á principio siguiente; todo pte- “ rigion adquiere su máximum de desarrollo cuando ha “ llegado al centro de la comea ; no va mas lejos ; y sise “ le hace desviar de su dirección .primitiva, continúa su PTKRIGION. 53 CLINICA QU1RÚKGI DÁ 54 “ marcha hasta su completa desarr olio, y se detiene (1).” Difícil es admitir esta especie de vida propia que Des- marres asigna al pterigion, que, ei i su concepto, aparece, se desarrolla y muere. Si el pt( ifigioin no se proyecta nunca, ó casi nunca, mas allá de ,1 centro de la córnea, depende ésto, como ya lo hemos di .«ho, de que los párpa- dos frotan en ese punto intimara» 3üte sobre el ojo, impi- den así que la conjuntiva se hipei '{rofie y cierran el paso á la enfermedad. Si desviado el . pterigion, se marchita, casi siempre en su nueva sitúa» «ion y desaparece, deV atribuirse el hecho, no á que la enfermedad, siguiendo la evolución fatal que Desmarr es le concede, haya ' ¿esa_ parecido, finalizando así sudes .arrollo, sino simpl i6meilte á que la conjuntiva hipertrofi ada se coloca, vayerce(j ¿ ja desviación que se le ha hecho sufrir, en una r±)arte ¿el es- feroide ocular donde lé alca nza la acción compresiva de los párpados, que llega á d á destruirlo. Des- marres, con su procedimr ¿nto, quita er, suma el pterigion de la situación que ocup a sobre el meridiano horizontal del ojo, situación en la que ]os p árpados pasan sobre él sin tocarlo, y lo coloca 4 en un h\gar inferior á ese meridia- no, donde lo somete ' á ]a acci on atrofiante de los párpados. Bueno, en realidad. muy bueno eg el procedimiento de Desmarres : no es S0i0 mj .experiencia cortísima la que lo abona ; es la aceptación qun ha merecido de parte de los oculistas mas distinguidos ; pero, séame permitido decir- lo, no deja de presentar skis inconvenientes. Así, por ejemplo, no es mny fácil coí jer con la exactitud debida, en (1) Le$ons cliniques sur la chirurgie oculaire, par Alphonse Des- marres, París, 1874, pág. 297. PTERIGION. medio de la sarigre que íá operación hace derramar, el'pte- rigion flotante para coloca rl° en la incisión que lo ha de recibir; además la desviad on del pterigion deja una par- te do la colijo jitiva, pequeña es verdad, que queda abando, nada á la su puración: circuir, stancia que noesdetodo pun- to inocente. Para obviar esU >s inconvenientes, he ideado un procedí) niento fácil en su ej ecucion y de resultados tan seguros, si. no me hago ilusionas, como el de Desmarres; jo llamo f procedimiento por inversión. Voy á ejecutarlo en nuest ro enfermo, del modo siguiente ; Sirvió mdome el cuchillo de de Grsefe, separo, con la ma- yor exa ,ctitud y prolijidad posibles, el pterigion do sus in- sercior ies 0n ia córnea; al llegar al borde de ésta, aban- donó < ¿I cuchillo y, empleando las tijeras, despego la con- junto- v-a de los tejidos'- subyacentes, del mismo modo que si quis' ¿era hacer la tenotomía del recto interno; la conjun- tiva . debo separarse en una extensión algo mayor que la e mide la parte del pterigion separada de la córnea; co- jo en seguida el vértice del pterigion y lo atravieso con 11 .na aguja que lleva un hilo fino cóm un pequeño nudo en su extremo ; hecho esto, la misma agmja atraviesa el fon- do de saco que ha dejado la conjuntiva despegada y, ti- rando el hilo, hago acomodarse al pterigicm> por decir!0 así, en ese fondo de saco, allí lo abandono, L’hre del hilo, que se escapa por poco que se practique una ligara trac- ción sobro él; el nudo rompe la mucosa y el hijo sale dejando invertido el pterigion ; es decir, que el lado que? antes de su separación de la córnea, se hallaba pegada á ésta, queda en contacto con la cara posterior de la con- juntiva esclerotical, y que el lado anterior queda en con- tacto con la esclerótica ; el vértice, en la parte mas leja- 56 CLÍNICA QUIRÚRGICA. na del despegamiento de la conjuntiva, y la base, doblada sobre sí misma, forma un verdadero relieve á nivel del bordo de la córnea. El pterigion, como be dicho, queda invertido, y por esa razón he denominado xirocedimiento por inversión al que practico actualmente. Varias veces, Señores, lie empleado ya este procedi- miento, y hasta hoy he conseguido buenos resultados. No pretendo, sin embargo, erigirlo en procedimiento ex- clusivo para la curación del pterigion. Quien pretenda ensayarlo hallará en él, además de su fácil ejecución, me atrevo á decirlo, todas las ventajas del procedimiento do Desmarres y ninguno de sus inconvenientes. En ese pro- cedimiento, como en todos, el pterigion queda separado de la córnea, donde su presencia es fatal, porque estorba mas ó menos la visión ; pero la conjuntiva, á la inversa de lo que sucede en el procedimiento de Desmarres, queda intacta, ninguna porción de ell« queda abandonada á la supuración; y si, según la doctrina del célebre oculista francés, el pterigion tiene que recorrer las distintas faces de una evolución fatal r morir, puede sin duda recorrer- las impunemente lo mismo trasplantado por Desmarres que invertido por mí: en uno y otro caso la córnea queda libre ; el pterigion contimia viviendo todavía algún tiem" po en el ojo, pero inofensivo ; al fin se marchita lenta- mente y desaparece. Mas no son estas las únicas razones que hicieron na- cer en mí la idea de invertir el pterigion. En la patoge- nia que he asignado á esta enfermedad, patogenia eviden. te, á mi entender, hállase no solo la justificación del pro- cedimiento por inversión, sino también el secreto de los buenos resultados que produce con frecuencia la trasplan- PTERIGION. taoion de Desmarres. La falta de roce íntimo, he dicho, entre los párpados y cierta porción del ojo, determina la presencia del pterigion, que reconoce como causa predis- ponente la irritación, aunque ligera, pero constante, ó, por lo menos, frecuentemente repetida en la conjuntiva. Pues bien, Desmarres, al desviar ó trasplantar el pteri- gion, lo quita de un lugar en que halla las condiciones necesarias de existencia, porque elude allí la acción del rose palpebral, para colocarlo en otro, desviándolo, en don- de esta acción lo alcanza ; invirtiendo yo el pterigion, ha- go .con él lo que con una cuña: levanto la conjuntiva, la hago salir, por decirlo así, al encuentro del rosamieuto de los párpados, que acaba por desgastar el pterigion, atro fiándolo.